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                  <text>Revista
de Historia

FINANZAS, INVERSIONES
Y POLITICA ESTATAL EN
EL SIGlO XIX
(Brasil, Ecuador, Argentina,
Uruguay y México)
Año 111, número S
enero-junio de 1988

!"acuitad de
Filosofía y Letras
Universidad Autónoma
de Nuevo León

•

Monterrey-México

��SIGLOXIX
Revista de Historia

Publicada por la Facultad de Filosofía y Letras
de la Universidad Autónoma de Nuevo León
Apartado postal 3024, 64000 • Monterrey, México

Este número fue realizado con la contribución académica del
Departamento de Filosofía de la Universidad Autónoma Metropolitana
lztapalapa, México - D. F.

Universidad Autónoma de Nuevo León
Rector,
INGENIERO GREGORIO F ARIAS LoNGORIA

F acuitad de Filosofía y Letras
Director,
LICENCIADO BERNARDO FLORES FLORES

Editor Responsable
MARIO CERUTII

Editor Adjunto
MIGUEL GONZALEZ QUIROGA

Cuidado de la edición: Sylvia Eloísa Morán y Mario Cerutti
Tipografía: Andrea González Corona
hnpresión: Editora El Sol
Aparición semestral
Para envíos al exterior, U. S. A. $7.

�ÁÑO

fil

NUMERO

5

ENERO- JUNIO DE

1988

sigloXIX_
REVISTA DE HISTORIA

FONDO UNIVWITAltlO

SUMARJO

Nota del Editor. . . . . . . • . . . • . • . . • . . . . • . . • . • . . . . . • • •

1

La revolución republicana en Brasil: ¿ La burguesía en el
poder?. .... ..•. •. . ... .• .. ••.••... STEVEN TOPIK

9

Las finanzas públicas en el Ecuador del
siglo XIX . . . . . . . . . . . . LINDA ALEXANDER RODRIGUEZ

45

Políticas de desarrollo económico y deuda externa en
Argentina (1868-1880) . .. . • •.•.... . CARLOS MARICHAL

89

Las inversiones francesas en los ferrocarriles
argentinos (1887-1900) • .... ANDRES MARTIN REGALSKY

125

Los grandes negocios en Uruguay . ... . .. JULIO C. RODRIGUEZ

167

El poder de las finanzas y las finanzas del poder en México
durante el siglo XI.X. ....••... . . BARBARA TENENBAUM

197

Crisis fiscal y reforma hacenda ria en el siglo XIX
mexicano . . .•.....• . . . . . . . . . JAVIER PEREZ SILLER

223

�Nota del Editor

Finanzas, inversiones y posibilidad de funcionamiento efectivo
de un aparato estatal fueron tres variables ampliamente vinculadas durante el siglo XIX en las sociedades latinoamericanas. En
la medida que recientes investigaciones profundizan estos aspectos, se perfila la necesidad de conectarlos aún más firmemente,
y de brindarles un peso estructural en el trabajoso y lento proceso que llevó a la configuración de los estados nacionales en el
continente.
Este número 5 de Siglo XIX se nutre, precisamente, con materiales referidos a esta temática. Como sucediera con nuestros
números 2 ("El siglo XIX y las ideas") y 3 ("Liberalismo:
reforma y contrarreforma en el siglo XIX"), el dossier que ahora
se presenta fue compilado gracias a la gestión directa de un
reconocido especialista: Carlos Marichal, jefe del área de Estado
y Sociedad del Departamento de Filosofía de la Universidad

�Nota del Editor 3

2 Sig!oXIX

Autónoma Metropolitana-Iztapalapa, de la ciudad de México*.
.
·
' una de sus propuestas
S. l XIX mantiene en VIgenc1a, as1,
.
ig o
.
, .nas a es ecialistas capaces de sugenr
inaugurales: abnr sus pagi
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· tes de diferentes
un tema central y de reunir trabaJOS provemen
países de América Latina.

,
abre con el firmado por Steven
El cuerpo de articulos se
.
B il En tono
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l evolución republicana en ras .
Topik, centra o en, ª. r To ik se permite dudar de interpretapor momentos polemico, P , .
, · as adoptadas por
e las pohticas econom1c
ciones que aseguran qu
.
destinadas a favorecer el
los gobiernos po~ impe~i_ale_s estuVI~:º~nas de esas interpretacrecimiento fabril. El e1erc1tob, .segu , . dustrial y a la clase mehab ía aliado a la urgues1a m
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los cambios hacia el capitadia urbana en un mtento e ace1erar
lismo.
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Susten~ndose en un edeta:~i:h:políticas -entre otras, la
puntos de VIsta y con~y. qu Rui Barbosa- fueron más bien
impleme~tada. ~ord:l 1:~e:ales, y no una ruptura con ellas.
una cont_muac1~n . ificati~as no habrían sido proyectadas para
Las medidas mas ~~- al de la industria brasileña: por el contrafavorecer el auge imci
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niega que se era c1
rio -y aunque no se
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po generalindustrial- se motivaron para complac~r a_un gru 1m erío"
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usufructuando as po 1grandes negocios que consumaron
ticas del Estado central.
•
Universidad de Harvard (U . S. A.). EntJe
$(:arios Marichal es doctor en Histona
la
México (1800-1925), México, 1986,
sus publicaciones se cuentan &amp;:nea y :e:oz:;:n liberal y los partidos políticos en Es·
ue editó con Leonor Llldlow' Y La
~ña, 1834-1844, Madrid, 1980.

pod

El ensayo de Linda Alexander Rodríguez ofrece un interesante panorama sobre el Ecuador decimonónico. Si bien alude básicamente a los problemas que planteaban las finanzas
públicas y sus requerimientos siempre urgentes en materia fiscal, insiste en un aspecto que nos parece fundamental para todo estudio de la época: las hondas diferencias regionales que
obstaculizaban o frenaban la constitución del Estado-nación.
La autora es explícita desde el principio: el regionalismo, los
aislados y casi autosuficientes mercados serranos, el gran sector
de subsistencia, las barreras geográficas que limitaban los flujos
de bienes e ideas y las dificultades para alcanzar un consenso
político global perturbaban la eficacia de las prácticas fiscales.
Es decir, resquebrajaban todo proyecto de alimentar con recursos a un Estado que tenía mucho de invertebrado.
Una atención particular se destina a la costa, con centro en
Guayaquil: por sus exportaciones de cacao se ubicó en un lugar
estratégico frente al sistema fiscal nacional. Otra referencia destacada es la de los ingresos aduanales: en Ecuador, como en la
mayoría de los países latinoamericanos, los recargos al comercio
externo, muy particularmente a las importaciones, constituían
una fuente inmediata y segura de recursos para la avidez nunca
complacida de los gobiernos.
La tributación que se exigía a determinados sectores sociales o raciales, el peso de la deuda exterior y la aparición de los
primeros bancos en Ecuador completan el amplio trabajo de
Linda Alexander Rodríguez.

El caso argentino es revisado por dos artículos. El primero,
a cargo de Carlos Marichal, concentra su atención en los vínculos que se plasmaron entre la conformación de un gobierno central efectivo, la deuda externa y el desarrollo económico desde

�4

SigloXIX
Nota del Editor

finales de los años 60. Para el autor, el estudio del papel del Estado "en la promoción del desarrollo económico en Argentina y
en otros países latinoamericanos durante el siglo XIX constituye
un tema todavía poco explorado". o deja de reconocer, empero, que estudios recientes mencionan que los gobiernos influyeron más de lo que se supone en el desenvolvimiento capitalista
que se protagonizaba en la segunda fracción de la centuria
pasada.
Marichal pone énfasis que en Argentina se dio, inclusive, una
institucionalización de estas políticas de promoción. Entre 1868
y 1880, por ejemplo, la modernización de los sistemas d~ _comunicaciones y transportes fue prioritaria. o sólo para facilitar las
cada vez más generosas transacciones mercantiles: también, para acentuar el peso e influencia de la administración pública en
una escala nacional.
Se describen en el trabajo la implantación y expansión del
correo y los telégrafos, del sistema de caminos y puentes, de los
puertos y de la navegación fluvial, y finalmente se alude a la
política ferroviaria: tareas todas impulsadas por el ministerio del
Interior, convertido en una auténtica agencia de desarrollo. El
examen se agota con el empréstito de Obras Públicas de 1871,
calificado como una operación financiera cara pero no impro•
ductiva. La promoción del desarrollo económico era ya, a estas
alturas, "una de las prioridades de las funciones del Estado" en
Argentina.
Andrés Martín Regalsky prosigue esta temática. Pero la circunscribe a las inversiones extranjeras en los ferrocarriles argentinos, particularmente las de origen francés y en décadas siguientes a las investigadas por Marichal.
Apunta que si bien las inversiones ferroviarias francesas nunca se situaron en la dimensión de las británicas, no dejaron de

5

resultar significativas en estos años: cuando Argentina se integraba -con una pujanza que jamás recuperaría en su historia
contemporánea- al mercado mundial de cereales y carnes.
Regalsky delínea la actividad de tres grupos inversionistas
que, por lo general, solían entrelazar a poderosos grupos bancarios con grandes compañías metalúrgicas. Un especial interés
presentó la instalación de redes en la provincia de Santa Fe,
donde el auge en las explotaciones cerealeras se llevó adelante
conjuntamente con un aluvión inmigratorio y un sistema de
utilización de la tierra poco frecuente en el contexto latinoamericano.
Explica asimismo las condiciones generales de la inversión
francesa, la recaudación de los respectivos fondos, la marcha de
las empresas una vez concretada la construcción de las redes y
las características de los contratos, que requerían de amplias
garantías por parte del Estado. Su exposición ratifica no pocas
de las apreciaciones previas de Marichal, y ofrece nuevos elementos para esclarecer ese protagonismo al que Linda Rodríguez perfiló al hablar de "el Estado activo".

El análisis que Julio Rodríguez efectúa sobre el Uruguay del
siglo XIX retoma en fuerte medida algunos de los planteamientos de Topik sobre Brasil: insiste en los grandes negocios que derivaron del surgimiento de las instituciones bancarias y del usufructo de la deuda pública.
· Remontándose al momento inmediatamente posterior al
desprendimiento de España, recuerda que las repúblicas del
continente nacieron con "un oneroso y, hasta si se quiere, heróico estigma: la deuda pública", contraída con suma frecuencia por urgencias bélicas, para atender guerras civiles e
internacionales. Así, el vivaz puerto de Montevideo se conver-

�6 Siglo XlX

tiría, en el sureño Uruguay, en un inevitable abastecedor de recursos aduaneros destinados a la amortización de deudas viejas
y de nuevos y sedientos empréstitos.
Rodríguez efectúa una minuciosa descripción de las formas
con que operaban los grupos burgueses ligados a las penurias
estatales, y muestra sus diferentes facetas en el devenir decimonónico. Destaca la sensible intervención de acreedores extranjeros (sobre todo de ingleses y brasileños), la febril actividad de la bolsa en la capital del país y el nacimiento de los bancos en la década de los 50.
El trabajo se cierra con una mención al auge bancario de las
décadas finales del siglo, en el que sobresalió la creación Y derrumbe del Banco Nacional, entre 1887 y 1890. De tanta inestabilidad, resume el autor, surgiría en Uruguay "el presupuesto
económico-financiero, ético y psicológico que permitió el establecimiento del Banco de la República", al que considera una
institución que logró asumir una "formidable proyección" en

Nota del Editor 7

La autora dedica un largo tramo de su exposición a la gestión de Agustín de lturbide, a quien ciertos núcleos dominantes
apoyaron con impaciencia porque esperaban que la independencia les devolvería ''su antigua gloria y trajera la prosperidad". No fue así, sin embargo, y el mismo Iturbide se vio obligado a alterar sus iniciales propuestas en materia fiscal.
Su caída abrió un período en que la inestabilidad política
fue la norma. La primera república federal, el lapso del centralismo, las experiencias administrativas de Santa Anna y la situación gestada por la guerra con Estados Unidos son descritas en
el ensayo, que no deja de destacar la insistencia de los gobernantes en recurrir -para solventar sus urgencias implacablesª los bienes y recursos de la Iglesia.
Habrá que aguardar al porfiriato, tras el impacto de las reformas liberales, concluye Tenenbaum, para que se avizoren
soluciones al déficit público y para que, a la vez, el poder político se establezca con mayor firmeza.

la economía uruguaya.

Tras un muy sugerente título, Barbara Tenenhaum traza el
panorama de las vinculaciones entre necesida~e_s fiscale~, _fmancimiento del aparato gubernamental y estabilidad pohtica en
México: procura explorar "la relación entre liderazgo político
y los ingresos hacendarios", o "entre el poder y el dinero".
Las luchas de independencia dejarán a los nuevos administradores -como en Uruguay- dificultades financieras serias.
Los gastos militares llegarían a tener un peso abrumador. Frente
a ello, Tenenhaum señala la negativa casi permanente de los grupo$ propietarios para admitir cargas impositivas fijadas por un
poder político que no sólo era inestable, sino que en ocasiones
acudía a recetas tan impensables como originales de tributación.

Javier Pérez Siller, precisamente, enfoca su análisis hacia la
parte última del siglo en México: la reforma hacendaría que
impuso el liberalismo, indica, se convirtió en un elemento vertebral para lograr soluciones a la crónica crisis señalada por
Tenenhaum.
Sus planteamientos rozan aspectos metodológicos destacables. Como apuntaran tiempo atrás en España historiadores como Josep Fontana, el estudio de la hacienda pública no se agota
en un simple ejercicio técnico, sino que constituye un paso fundamental para la comprensión de procesos de significación estructural en una sociedad que procura transitar hacia el capitalismo. Por ejemplo: la conformación del mercado interno y la
consolidación del Rstado Nacional.

�8

Siglo XIX

La reforma liberal enfrentó aspectos estructurales y -quizás ·
por ello- se atrevió a avanzar en el plano fiscal. Entre las vías
propuestas estuvieron, comenta el autor, modificaciones administrativas, reformulación en cuanto a crédito y moneda y
alteraciones en lo estrictamente tributario. En la hase de todas
estas medidas se encontraba el fomento a la producción-para la
exportación.
Tras detallar las diferentes fases que atravesó esta reformulación, Pérez Siller brinda relevancia a un hecho llamativo: los
ingresos provenientes del mercado interior, en 1893-94, igualaron los derivados de los productos importados y/ así, "pudo superarse la dependencia del erario con relación a esos impuestos". Quedarían ratificadas de esta manera las afirmaciones de
quienes han puesto énfasis en la importancia que asumió el mercado nacional en sociedades como la mexicana, a fines del XIX.
El ensayo termina destacando que la reforma hacendaria logró sus objetivos, y pudo sentar entonces los cimientos materiales para el Estado que dirigió el país hasta 1910.

La Revolución Republicana en Brasil:
¿La Burguesía en el Poder?
Steven Topik*

Los años transcurridos entre 1888 y 1894 han sido considerados un pe:
ríodo clave en el desarrollo económico del Brasil. Los analistas concuerdan en general con Albert Fishlow en cuanto a que dicho período repre- ·
sentó la primera experiencia brasileña de industrialización basada en la
sustitución de importaciones,1 y las manufacturas se desenvolvieron con
rápidez. La mayoría de los estudiosos argumentan que las políticas del
Estado fueron en gran parte responsables de tal desarrollo. Anm'bal Villela y Wilson Suzigan, por ejemplo, sostienen que ''los primeros años de la
república fueron tal vez el único período anterior a los treinta en el cual
las políticas
del gobierno manifestaron interés por promover el desarrollo ".2
Se menciona generalmente que la inclinación del Estado en favor de

Estimamos, en síntesis, que este número de Siglo XIX reitera el objetivo alcanzado por algunos de los precedentes: en forma paralela ofrece una gruesa cantidad de información y proporciona puntos de vista que, seguramente, enriquecerán la aún
parcial visión que se tiene de una centuria fundamental. La respuesta obtenida por autores de diferentes latitudes, tanto americanas como europeas, es. un estímulo inestimable para los
editores.

Mario Cerutti

Monterrey, México, enero de 1988

la industria fue causada por la revolución política ocurrida en esos años: la
abolición de la esclavitud en 1888, la sustitución de la monarquía por la
República en 1889, y el régimen militar de 1889 a 1894 permitieron las
primeras políticas de estado progresistas encaminadas al desarrollo del
Brasil. Durante los turbulentos y caóticos años iniciales de la República,
el ejército supuestamente se alió con la burguesía industrial y la clase media urbana para acelerar la transformación de un régimen esclavista a relaciones capitalistas plenas. Hélio Silva, por ejemplo, afirma que "la naciente burguesía industrial (era la) fracción hegemónica del bloque gober3
nante ", mientr'ls que Nelson Werneck Sodré sostiene que "la burguesía
(estuvo) en el centi:o del escenario ".4 En efecto, ciertos eruditos han
afirmado que la revolución republicana fue una revolución burguesa. Como el diputado Alexandre José Barbosa Lima dijo en esa época, ''la bur*Departamento de Historia de la Universidad de California en lrvine, U. S. A. Ponencia presentada en el encuentro sobre Historia Económica organizado por la
Universidad de California en Los Angeles, en mayo de 1985. Traducción de Isabel
Mata y Miguel A. González Quiroga.

�10

S. Topik: Revolució11 republicana y burgue,ía e11 Bra,i/

Siglo XIX

guesía se alzó intrépidamente contra los aristócratas'~

5

Las medidas económicas seguidas por el Estado en los años 1889 a
1894 se señalan como una marcada desviación de las políticas de laissez
faire hasta entonces prevalecientes. Esto se refiere sobre todo al programa de Rui Barhosa, quien presidió el ministerio de Finanzas desde noviembre de 1889 a enero de 1891: se lo considera uno de los pensadores
económicos más iluslrados del Brasil y, según Sodré, "el intérprete de la
6
ascendente burguesía ".
Por desgracia, según la versión general, la clase terrateniente se alió
con los especuladores para luego derrotar este atrevido intento para estimular el desarrollo. El activismo del Estado cayó en el descrédito. La
oligarquía exportadora recuperó algo del poder en 1891 y retomó el gobierno en 1894, regresando al régimen de laissez faire e impidiendo la
corriente industrializadera.7 Fue hasta después de 1930 que la burguesía industrial pudo de nuevo ejercer una gran influencia en las políticas del
Estado. El período de 1889-94, por tanto, se considera como una oportunidad perdida que hay que lamentar; el fracaso de las políticas de ese
período se juzga como evidencia de los obstáculos para implementar una
política progresista de industrialización en una economía de exportaciones dominada por los latifundios.
Este trabajo tiene como propósito demostrar que las políticas económicas de los gobiernos militares, así como su legado, han sido malinterpretados. Las medidas económicas republicanas fueron la continuación de las
imperiales, y no su ruptura. Esto no debe sorprender ya que, en realidad,
ni los industriales habían alcanzado la hegemonía, ni los militares gozaban
de autonomía suficiente como para crear un proyecto industrial independiente. De hecho, el supuesto paladín de la industria y pensador económico progresista, Rui Barbosa, no tenía como preocupación principal a
los industriales. Sus medidas más importantes suponían más bien, como
objetivo primordial, complacer a un grupo generalmente ignorado: la élite
comercial y financiera del Imperio. Cuando un gobierno militar más interesado en la industria asumió el poder en 1891, trazó un rumbo que se asemejaba más al de los regímenes terratenientes que prevalecieron a partir
de 1894, que al del primer equipo militar. La política monetaria expansionista de Rui Barhosa cayó en descrédito basta la depresión de la década
de 1930 no porque favoreciera a la industria, sino porque intentó recompensar principalmente a un pequeño grupo de especuladores y financieros que poseímt importancia política. Así, la revolución de 1889 no dio a
luz la clase de República con que habían soñado los republicanos militantes.

11

LA REVOLUCION REPUBLICANA
Cuando los sol~ados del Campo de Sant'Anna de Rio de Janeiro derrocar??1 al lmpeno, el Economist de Londres reportó que "ninguna revoluc1on de .,
tal magnitud se había efectuado con tan escaso alhoro.
to" s
La revoluc1on, a 1a que algunos ~e sus más radicales defensores compararon con _l~ ~rancesa, fue en realidad un golpe palaciego.9 Los únicos disparos se dirigieron, a un perro que intentaba morder los talones de un soldado. Uno de los lideres republicanos recordó después:
Casi r_io ~ubo colaboración de parte del sector civil, (la gente) se
quedo_ sm h_acer nada, atontados, como bestias, atónitos y sorprendidos, _sm saber lo que estaba sucediendo. Muchos de ellos
creyeron sinceramente que estaban presenciando un desfile!º
El S~uth American Journal reportó que la revolución ocurrió "sin derramamiento de sangre Y con apenas un ~oco más de la emoción acostumbrada en las calles durante el Carnaval".1 El Imperio se desmoronó más por
falta de ~poyo_ que por una fuerte oposición. Los paulistas anhelaban la
a~tonom1a regional y el apoyo a la inmigración; los dueños de plantacwnes en el Valle de Paraíha estaban resentidos por la pérdida no indemniza~a de su~ esclavo~; l?s s~_ldados fueron impulsados a la rebelión por los
baJOS salarios y la mc1tac1on de los civiles; los clérigos estaban molestos
por la falta de apoyo del Imperio.
Los republicanos no contaban con la suficiente cohesión interna ni
con el apoyo n~cional para imponer un programa económico radicalmente
nuevo e~ ~l. pa1s. En los reductos republicanos del Centro.sur, el partido
es_taha d1~dido entre reformadores radicales, como Antonio de Silva Jardm, Y anti~os esclavis~ como Manoel Ferraz de Campos Sales. Mientras
q~e _los seguidores del pnmero soñaban con un Brasil urbanizado e industrializado, muchos de los miembros del ala conservadora deseaban sobre
todo ~~rar una mayor autonomía local y detener la reforma agraria.12
La f~cc!on c?nservadora ~unfó: ~ampos Sales llegó a la presidencia de la
Republica mientras que Silva Jardm nunca desempeñó un puesto público.
, ~uera del Centro.sur, el republicanismo era aún más débil como fuerza
pohtica. Era_ ~asi inexistente en el noreste, que aún contenía más del 40%
de la poblac1~? d~l B~as~., El Jornal de Notícias de Bahía reportó en mayo
de 1890 que la mscnpc1on en la antigua bandera ha cambiado los hombres en el poder son invariablemente los mismos'? Luego explicaba que
la adhesiór_i a la Repúb~ica no implica un cambio completo para
ellos (los lideres de_Bah1a). S~n Republicanos porque se rindieron
a la fuerza de las crrcunstanc1as, son, y seguirán siendo, ambicio-

�12

Siglo XIX
sos. 13

Asimismo las fuenas armadas estaban demasiado débiles y divididas para
efectuar ~a refonna profunda. El ejército sólo contaba con 17 000 _soldados en todo el país. Importante era asimismo que el cuerpo de oficiales
estaba dividido en dos: los jóvenes y politizados subalternos y los d~ rango
superior más sumisos que se oponían al cambio. Los celos prof~10nales
' crearon discordi ~ tan senas
que
entre el ' ejército y la' marina taro b"1en
.
culminaron con la revuelta de la marina en 1893. Estas diferencias se manifestaron en desacuerdos sobre la política económica en el seno de las
fuenas annadas. 14
El mariscal Deodoro da Fonseca, que gobernó del 15 d? noviembre de
1889 al 24 de noviembre de 1891, pertenecía al grupo mas conservador.
Según sus propias palabras, se creía "competente sólo para coman~ar las
tropas".15 Así que se apoyaba en los civiles, pero no en los republicanos.
El Rfo News observaba en el obituario de Deodoro, en 1892:
Soldado simple y de educación regular, se vio c~&gt;nducido, tr~
más de cuarenta años al servicio de la monarqu1a, a un movimiento político con el cual nunca había te~do contacto personal y por el que parecía sentir poca simpat1a. No cabe duda de
que la revolución de 1889 torgó tanto por sorpresa al General
Deodoro como a Don Pedro II.
Quintino Bocayuva, dirigente del Partido Republ~cano _Nacional en 1889,
recordaría más tarde que Deodoro "desconoc1a casi por completo al
,, 17
grupo rep ublicano .
Aunque Deodoro designó a prominentes republicanos como ministros en la mayoría de los puestos después del. }5 de novie'!'~re, quie_n
más responsabilidad ejerció en la implementac1on d~ la pol~tica econ~mica, el ministro de Finanzas Rui Barbosa, no se hab1a adhen~o al moVImiento republicano: obtuvo el puesto gracias a sus estrech?~ vm_~ulos con
el ejército tras su campaña en la prensa a favor de la pohtiz~,c1on de 1~
fuerzas armadas(lo que resulta irónico en vista ~e la repu~c1on ~u~ Rm
tiene en la historiografía brasileña como palad m d_el gob•~rno CIVll por
su fallida campaña presidencial de 1910). Rui afirmo postenonnente que
"era un monarquista sincero en ese tiempo (1889)". 18 Luego de que Barbosa y el gabinete completo renunciaran ~n enero de ~891, Deodoro ~ostró de nuevo su alejamiento de los republicanos al designar a monarquistas
del noreste para sustituir a los salientes del Centro-sur.
Dado el escaso entusiasmo popular que suscitó la Revolución 8:epublicana, la estrecha y dividida base política de los republicanos y los militares,

S. Topik: &amp;volución republicana y burgue,ía en Bra,iJ

13

y la inclinación conservadora del mariscal Fonseca, no es de sorprender
que el gobierno de Deodoro no rompiera abruptamente con la política imperial. El programa económico del primer gobierno republicano estaba motivado principalmente por la necesidad de conseguir simpatizantes del régimen entre la clase dominante imperial, y no para recompensar a la recién llegada clase industrial.

EL PROGRAMA ECO OMICO
La meta de la primera política economica republicana consistía en reducir y descentralizar la intervención estatal y estimular los mercados de tierras, productos, mano de obra y capital. Brasil estaba efectuando la misma
transición a relaciones capitalistas que gran parte del resto de Latinoamé19
rica realizaba en ese momento. Pero ésto no era una innovación republicana. El proceso ya estaba en marcha desde la última década del Imperio.
Más aÚn, la mayoría de las reformas pretendía beneficiar a los banqueros y
terratenientes, y no a los industriales.
El paso más importante en la transformación de las relaciones de producción fue sin duda la abolición de la esclavitud, el 13 de mayo de 1888.
Pero ese fue un logro del Imperio. Cierto que los dirigentes imperiales actuaron con lentitud y Brasil fue el último reducto de la esclavitud del
mundo occidental. Pero ésta ya había perdido importancia en forma dramática desde que el tráfico de esclavos africanos fuera abolido a mediados
de siglo. Para 1889 apenas un 5% de la población brasileña aún se mantenía esclavizada (además, muchos de los republicanos sostenían una posición ambivalente en cuanto a la abolición, o incluso se oponían a ella).20
La oleada de inmigrantes, una de las principales contribuciones atribuida a la República, ya se había iniciado con anterioridad. Los últimos
tres años de la monarquía contemplaron el ingreso al país de 150 000 inmigrantes europeos. Si bien es cierto que la provincia de Sao Paulo cubrió
gran parte del subsidio para el pasaje de estos europeos, el gobierno central
había dedicado una cantidad mucho mayor para tal propósito en los últimos años. El presupuesto de 1889 destinó 10 000 contos para los inmigrantes, equivalente a unos cinco millones de dólares, la cuarta parte del
presupuesto del ministerio de Agricultura. Los subsidios gubernamentales
aumentaron rápidamente después de 1889. Tan sólo en 1890 Francisco
Glycério comprometió al gobierno a aportar 700 000 contos en contratos
de colonización, equivalentes a todo el presupuesto federal del cuatro
años. Aunque la mayoría de las compañías colonizadoras eran empresas especuladoras que nunca cumplieron sus contratos, el objetivo, tanto antes
como después de la Revolución, era proporcionar trabajadores agrícolas

�14

SigloXIX

que reemplazaran a los esclavos liberados, en vez de crear un proletariado
industrial.21
Los republicanos también intentaron estimular lps n:iercados d_e _tierrs
para incrementar el crédito y la líquidez rurales. El gobierno pro~sional,
como parte del proyecto de colonización, otorgó gener~~ concesion~s a
particulares en 1890 (lo que provocó quejas de corrupcion). La Consbtución de 1891 concedió la gran mayoría de las tierras federales a los estados
para facilitar su distribución, otorgándoles jurisdicción ~?bre los der~chos de agua y minerales. Como resultado, el _E~do_verdio el monopolio
de los derechos de aguas y minerales que habia e1ercido dur3:11te el Imperio, que pasaron a ser propiedad privada. Asimismo, el gobierno central
intentó establecer un registro de tierras en 1890 para aclarar lo co~cerniente al título de propiedad de las tierras y el alcance de los-gravamenes.22
Muchas de estas medidas no eran nuevas. En 1845, el gobierno imperial había intentado demarcar y distribuir la tierra de las comunidades indígenas, y en 1850 había emitido una ley para regularizar los_ tí~los_ ~e
los posesionarios y proporcionar un proceso ordenado para la distribucion
de la tierra pública restante. Hubo también intentos f~Uidos para estahl~cer
un registro de hipotecas. Fracasaron porque el gobierno _ce?tral sencillamente no podía evitar la apropiación privada de ti~~as publi~ Y_~orque
los endeudados terratenientes se rehusaban a perm1br una legislacion que
facilitaría las ejecuciones hipotecarias. ~ampoc? l~ gobiem~s repub~canos tuvieron éxito en salvaguardar las berras publicas Y, legalizar_ l?s btulos de propiedad.23 Una vez más, las medidas pre~ndi:m b~?eficiar al
sector -dinámico de la clase terrateniente y alentar la mrrugracion para la
mano de obra rural.
El nuevo gobierno republicano puso especial atención en el mejoramiento del transporte y las comunicacion~ _para ref?r,zar el ?1ercado de
productos. El ministro de Agricultura, Glyceno, autonzo_ ~ solo en 189~
certificados de garantía de participación en la constru~ci~&gt;n d~ 15 000 kilómetros de nuevas vías férreas cuando la red ferroviaria eXIStente en el
Brasil era de unos 9 000 kilómetros. El sistema telegráfico se extendió
rápidamente. La República también alen~ó e~, desarrollo del~ marina mercante mediante subsidios y la nacionalizacion del comercio costero en

1891.24
El Imperio ya había realizado grandes avances en las com_~cacion~s
internas. En términos absolutos, la década de 1880 presencio un cre~imiento de la red ferroviaria que fue el segundo en importancia en la historia del Brasil (mucho mayor que el de la década de 1890) gracias a los

S. Topik: Revolución republicana y burguesía en Br08i/

15

generosos subsidios públicos y a las inversiones directas en los ferrocarriles estatales. De hecho, una tercera parte del sistema nacional era propiedad d~l ~stado e~ 1889; En efecto, Brasil disfrutaba de la más amplia red
fe~~ana ~n ~atmoamerica. La marina mercante también había recibido
su~SI~os p~licos_ ~urante mucho tiempo, y el sistema telegráfico había
recibido una atencion notable, aunque inadecuada.25
Del mism~ mod? _que en los_ mercados de tierras y mano de obra, los
~e~os por mtensificar el flu10 de mercaderías tenía como propósito
pnncipal ayudar al sector de exportaciones agrícolas. Los ferrocarriles se
concentraban en_ las regiones cafetaleras del Centro-sur, y en las cañeras
del nores~. Los ~ntereses ~e motivaban a la red telegráfica eran la defensa
de la nacion, su mtegracion, y la expansión de la autoridad del Estado. El
apoyo a los _embarques internos tenía como propósito auxiliar a los productores agncolas, com_o los cultivadores de arroz y los ganaderos de Río
Gran~~ do Sul, ª. ~?mmar los merc~dos nacionales. Aunque Ja industria
t.:imhien se beneficio con la expansion del mercado interno, sus retribuciones ~~ron más b!en una coincidencia. Más aún, al mismo tiempo que
la Repu~lica extendia el sistema de transportes, obstaculizaba el flujo de
mercanc1as enn:e los estados al concederles el impuesto de exportación
~ste se aplicaba_ a los artículos cuando cruzaban los límites estataJes, estu:
vieran o no destinados al extranjero.
. , Es ~n hec~o que el incremento a los derechos de importación beneficio a la mdustría . En 1890 Barbosa estableció derechos aduanales pagaderos en oro y no en devaluados milreis; esto ayudó en forma efectiva a
ma~tener la tasa impositiva real de un 10 a un 20% por encima de lo que
h~biera sumado de no aplicarse tal medida. No obstante, el objetivo princi~~ de _Barbo5;3 no era proteger la industria nacional. Antes de ingresar al
miruSten? babia declarado ser "intrínsecamente hostil" a la protección
arancelana para la industria. 26 Implantó los derechos pagaderos en oro en
1891 para defender las finanzas federales y el valor de la moneda. Esto Jo
demuestra el hecho de que el arancel de Barbosa estableció impuestos en
oro_ a todos los artículos de importación antes que conceder privilegios especi~~ a los bienes de capitaJ importados y a las materias primas, como
lo hicieran los aranceles de 1889 y 1892. Además, al utilizar el oro de los
derechos ~e importación para combatir la caída del milreis, Barbosa socavaba parcialmente la barrera protectora de la industria: un milreis debilitado hacía ~bir el precio de las importaciones, lo cual ayudaba a los produ~tores nacionales. Por otra parte, el nivel protector de la tarifa arancelaria de 1890 fue de hecho inferior al de 1889.27
. Otra medida tomada por el gobierno provisional a favor de la industria, la lei dos similares decretada en 1890, era en realidad sólo una ver-

�16

SigloXIX

sión disminuida de la promulgada tres años atrás. Con el objeto de proteger la industria local, el gobierno imperial había decretado que ningún
artículo quedaría exento del pago de derechos de importación si se producía uno similar en el Brasil. La revisión de 1890 estipulaba que sólo los
artículos producidos en cantidades suficientes para satisfacer toda la de. ' 28
manda ·mterna tendr'1an derecho a tal protecc1on.
El compromiso que el gobierno de Deodoro tenía con la industrialización fue también puesto en tela de juicio por el tratado comercial
Blaine-Mendonca entre los Estados Unidos y Brasil. Este último, para
evitar los derechos de aduana estadounidenses sobre el azúcar y el café
brasileños, otorgó la exención total, o bien una reducción del 25°/o a las
tarifas arancelarias a un gran número de productos norteamericanos, algunos de ellos industriales. El tratado provocó una fuerte oposición de
parte de los industriales, la clase obrera y las organizaciones comerciales
porque "golpeaba duramente a . .. las nacientes industrias, que indiscuti29
blemente se hallaban en un período de considerable desarrollo". El
tratado de hecho socavó la única industria que había recibido ayuda gubernamental sustancial y directa, en forma de préstamos y garantía por utilidades : las centrales azucareras. El acuerdo comerciaJ sólo permitía al Bra30
sil exportar hacia Estados Unidos el azúcar relativamente no refinado.
Muchos economistas sostienen que el desarrollo de la industria durante los inicios de la década de 1890 en realidad se debió más a una po31
lítica monetaria expansionista que a la protección arancelaria. La política monetaria fue considerada en esa época como el principal instrumento económico del gobierno, y desde entonces se le ha visto como el
elemento más controvertido del programa económico republicano.
La escasez de capital y de empresarios capitalistas han sido durante
mucho tiempo citadas como las razones principales por las que el Brasil
no habría realizado su enorme potencial. Si el gobierno hubiese estado
dirigido por una ascendente burguesía industrial, una de sus preocupaciones
principales habría sido la de incrementar la disponibilidad de crédito.
Es en esta área donde Rui Barbosa se ganó su reputación. Por lo tanto
la examinaremos con cierto detalle. Para poder apreciar el significado
de 1as reformas emprendidas y a quienes pretendían beneficiar, es necesario recordar el sistema financiero de los últimos años del Imperio.

'
POLITICA MONETARIA
BAJO EL IMPERIO
La abolición de la esclavitud en mayo de 1888 creó serias dificultades pa-

S. Topik: Revolución republicana y burgue,ía en Brasil

17

ra el subdesarrollado sistema financiero del Brasil, llevando finalmente a
una reforma ~ompleta. En 1888 eJ país tenía sólo 26 bancos que totalizaban un capital de 145 000 contos -apenas diez milreis o cinco dólares
per capita. Incluso, sólo siete de los veinte estados brasileños contaban
con bancos. El prósper? _estado. de Sao Paulo apenas poseía una séptima
parte de todos los depos1tos, mientras que el Distrito Federal albergaba
más de las dos terceras partes.
A~arte de estar subdesarrollada y concentrada por regiones, la red
~ancana e~a co~rv~dora. En parte por la inseguridad legal y la incertidumbre inf1ac1onana, los bancos preferían manejar préstamos a corto
plazo, descuentos y operaciones cambiarias, en lugar de prestar a largo
plazo. El crédito agrícola era escaso.32
El gobie~o ~perial ~~ía desempeñado un importante papel en
cuanto a restringir el crecumento de los mercados financieros. Con el
fin ~e incrementar el valor de la moneda oficial, el milréis, y de regresar al
p~tr~n oro, el ministerio de Hacienda había hecho que bajara un 30°/o en
·termmos reales la cantidad de circulante per cápita en los años de 1870 a
1888. Asimismo, había solicitado grandes préstamos internos. La deuda interna, de la cu_al unas tres cuartas partes se había contraído con personas
dentro del pa1s, era tres veces y media más grande que los depósitos en
todos los _bancos nacionales. ~l mercado de valores estaba dominado por
el comerc10 de bonos del gobierno, y muchos de los bancos más importantes ~ran acreedores de enormes deudas flotantes, aparte de la consolidada.3
. Con el rá~ido crecimiento que la economía experimentó en la segunda
~~~ de la decada de 1880, la abolición de la esclavitud y la afluencia de
lDillgrantes para la mano de obra asalariada, fue necesario efectuar cambios importantes. La primera medida consistió en firmar acuerdos con el
B3!1co do Brasil y el Banco de Bahía en el segundo semestre de 1888 para
prestamos por 18 000 contos (unos nueve millones de dólares) a la agric~ltura. En noviembre, el gobierno autorizó a los bancos privados la emiSion de moneda hasta por un total potencial de 600 000 contos, tres veces
la reserva monetaria existente. Sin embargo, la cautela de los bancos causada por la inestabilidad política y los estrictos requisitos para la emisión
de mon~da invalidaron las medidas. Se dedicó poco dinero para préstamos
a la agricultura (4 300 conto:¿, y ningún banco aprovechó las concesiones
para la emisión de circulante.
El último primer ministro del Imperio, el Vizconde de Ouro Preto,
~u8? en marcha un programa mucho más generoso de crédito agrícola en
Jumo de 1889. Firmó contratos con diecisiete bancos, ofreciéndoles un

�18

S-,glo XIX

total de 86 000 contos sin intereses; los bancos debían proporcionar un
fondo equivalente, y concederlos en préstamos a largo plazo y al 6% a
la agricultura. Considerando que la deuda total del sector cafetalero se había calculado en 300 000 contos en 1883, se pensaba que el préstamo de
Ouro Preto tendría un gran impacto.35 Al parecer el Estado transfería fondos del sector financiero al agrícola, ya que el ministerio de Hacienda emitió bonos para pagar ~l préstamo, en lugar de imprimir moneda o utilizar
las contribuciones recaudadas.
Ouro Preto también emprendió la expansión de la reserva monetaria y
por tanto del crédito, mediante la revisión de la ley sobre bancos de emisión. En vista de que la nueva ley prometía niveles más generosos de circulante y de que la moneda del Brasil había estado a la par durante nueve
meses y se tenía la confianza de que así permaneciera, trece bancos solicitaron y recibieron concesiones para emitir billetes convertibles en oro. Tal
paso fue un importante punto de partida pues el ministerio d~ Hacie~da
había intentado recuperar el monopolio de emisión durante mas de vemte
años. Ouro Preto no sólo concedió el privilegio de emisión a bancos privados, sino que previó el eventual retiro de todos los billetes de ~ t~rería.
El Banco Nacional debía sustituir dicha moneda con sus propios billetes
en un período de cinco años. Sin embargo, la medida no significaba un
rompimiento abrupto con la ortodoxia económica. Ouro Preto no intentó
acelerar las imprentas para crear dinero barato que aliviara la carga de los
endeudados dueños de cafetales. Los bancos tenían que emitir billetes convertibles en oro a una tasa de cambio de 27 centavos, nivel alcanzado sólo
un par de veces en los últimos cuarenta años del lmperio.36 De tal modo
que al retirar la moneda no convertible de latesorería y sustituirlo por dinero convertible a la par, la reforma pretendía en realidad estabilizar la tasa de cambio a un alto nivel. Esto no representaba un prospecto agradable
para los cafetaleros insolventes del valle de Paraiba, quienes preferían recibir más milréis por libra esterlina ya que asi reducirían sus deudas y gastos por mano de obra. Sin embargo, la medida fue aplaudida por los acreedores de los terratenientes y los tenedores de títulos públicos.

La ayuda al préstamo agrícola fue con mucho la mayor en su género
en la historia del Brasil de aquella época. Fue también una de las más controvertidas. A simple vista parecía ser una operación de rescate de los acorralados y endeudados esclavistas para asegurar una lealtad prolongada al
Imperio. Como tal se le podría considerar como una medida que benefició
en primer lugar al sector precapitalista. Ouro Preto declaró que los préstamos realmente salvaron a muchos fazendeiros del valle de Paraíba de
caer en bancarrota.37

S. Topik: Revolución republicana y burguesía en Brasil

19

En realidad, se emplearon principalmente en las ciudades, donde originaron el boom del mercado de valores conocido como el encilhamento.
Para empezar, la mayoría de los bancos que recibieron fondos gubernamentales en forma de préstanios agrícolas eran empresas especulativas
creadas precisamente para aprovechar tales fondos. Los principales beneficiarios de los préstamos de la tesorería, el Banco de Crédito Real do Brasil
y el Banco dd Lavoura e do Commércio do Brasil, que debían recibir casi
la mitad de los fondos gubernamentales (40 000 contos), tan sólo habían
desembolsado 7 740 contos de su capital oficial de 40 000 contos y tenían
reservas combinadas de apenas 268 contos. El Banco Lorena recibió la
concesión para ayuda agrícola incluso antes de que el público se enterara
de que tal banco existiese. Por otra parte, el Banco do Brasil, que contaba
con un amplio historial sobre préstamos de fondos gubernamentales a la
agricultura, recibió sólo 2 000 contos sobre la suma otorgada por la legislación de 1888.38 Hasta Francisco de Paula Mayrink, cuyo Banco de Credito Real receptara una de las mayores concesiones, acusó a muchos de los
bancos de ser puramente especulativos (con excepción del suyo, por SU·
puesto), y el presidente del Banco do Brasil denunció la existencia de una
"especulación (que era) más que irregular".39 Algunos de los bancos prestaron todos sus fondos gubernamentales y luego acudieron de nuevo a la
tesorería para obtener más dinero público, en lugar de facilitar su propio
dinero como se había convenido.40
Aún cuando los fazendeiros obtuvieron dinero, por lo común no se
quedaron con él. Uno de los principales propósitos del préstamo era el de
ayudar a los terratenientes a cubrir deudas contraídas con bancos y comerciantes, y no a ampliar la producción y pagar a los trabajadores. 41 Lo.s
préstamos agrícolas a largo plazo representaban un riesgo y no eran muy
provechosos. El Banco do Brasil había dejado de concederlos en 1884 y
sólo aceptó el contrato del gobierno en 1888 por "espíritu de patriotismo". 42 Cuando los bancos extendían crédito a largo plazo bajo el programa de ayuda agrícola, lo hacían a menudo mediante comisarios, que ya
eran clientes suyos, para otorgar los préstamos a terratenientes que habían
tenido dificultades en saldar deudas a corto plazo. Con frecuencia, los terratenientes no llegaban a ver el efectivo: una cifra registrada en su cuenta
pagaba la deuda a corto plazo y establecía una hipoteca en su lugar. El resultado para el banco que otorgaba el préstamo era que contaba con
efectivo y una hipoteca en lugar de una deuda vencida a corto plazo. El
efectivo podía luego ser prestado donde mejor pareciera, por lo general en
las ciudades.
Los fondos gubernamentales también se empleaban en pagar deudas
morosas a largo plazo. Muchas hipotecas pendientes estaban garantizadas
por esclavos. Este era el caso, por ejemplo, del 61°lo de las hipotecas del

�20

Siglo XIX

Banco do Brasil en 1888. La abolición de la esclavitud significó que nuevas
43
' habr1an
' de negociarse.
.
formas de garant1a
Las concesiones del derecho para emitir billetes también recompensaron más al sector financiero y comercial que al agrícola. El principal diario especializado del Brasil, el Jornal do_ ~omercio, pensaba que 1~ refo~a
era sólo otra manifestación de una poütica gubernamental de quince anos
de antigüedad, que otorgaba préstamos sin in~er~ ~ los bancos ~ero,~o a
la agricultura. Afirmaba que los bancos eran 'los umcos favorecidos por
la ayuda al programa agrícola.44
Aunque Ouro Preto autorizó que trece, bancos e~itie~~n circulante,
apelando al sentimiento federalista que tem1~ la centralizac1?n y el mo~~polio en un solo banco emisor, el Banco ac1onal fue autonzado a _effiltrr
más de la mitad del circulante. Para muchos observadores, parec1a una
elección dudosa ya que había sido fundado apenas en septiembre de 1889.
Por otra parte, había desembolsado tan sólo el 20°/o de ~ capital y casi_ n~
tenía reservas. El banquero Mayrink (ciertamente resentido por no recibir
la concesión) secundó el sentimiento común de ese tiempo: el Banco Nacional había sido "inventado" por "exigencias políticas", es decir, para
"contribuir poderosamente al triunfo en unas elecciones que producirían
una Cámara (de Diputados) que obedecería a Celso (Ouro Preto)".44
Muchos argumentaban que la necesidad de comprar amigos no sólo para la monarquía, sino también para el gabinete liberal de Ouro Preto, era
un factor más importante de la política bancaria que las exigencias de la
economía. La amistad y las relaciones comerciales que unían a Ouro Preto con el Conde de Figuereido, organizador del Banco Nacional, tal vez
expliquen por qué la concesión fue otorgada al Nacional y no al del ~rasil. Después de todo, el Banco do Brasil contaba con el doble de car1ta1
realizado y un gran fondo de reservas. Asimismo poseía un largo ~torial como agente gubernamental en el extr~jero y com? banco_ eIDJsor
(1853-1864). Mientras que el Nacional tema fuertes vmculos internacionales ya que la mitad de sus accionistas eran franceses, el Banco do
. , . Banng.
. 46
Brasil mantenía estrechas relaciones con la casa bntan1ca
El resultado más notable de los préstamos agrícolas fue el arranque
del boom del mercado de valores: el encilhamento. Entre la abolición de
la esclavitud en mayo de 1888 y el fin del Imperio, la Bolsa de Río presenció tantas negociaciones como las realizadas en los, sesent:i años anteriores. La mayoría de las nuevas transacciones se referia a acciones bancarias, y no a compañías agrícolas o industriales: Casi ~160% de todo el capital accionario en diciembre de 1889 estaba invertido en bancos. De los
cuarenta bancos en funcionamiento para fines de 1889, no menos de ca-

S. Topik: Revolución republicana y burguesía en Bra8ÍI

21

torce habían sido fundados un año antes.4 7 Las acciones bancarias se compraban on margin, así que se desembolsaba poco capital y se apartaban pocas reservas. El capital real de todos los bancos equivalía apenas al 29%
del capital; en contraste, las otras corporaciones en la bolsa de valores habían realizado el 60% del capital. 48 Surgieron nuevos bancos mientras
que los antiguos incrementaban su capital con el objeto de aprovechar los
privilegios gubernamentales: préstamos y el derecho a emitir criculante.
Los especuladores invertían en acciones bancarias, las utilizaban para solicitar préstamos con los que compraban más acciones, y repetían la operación varias veces. Mientras las cotizaciontS estuvieran al alza, las ganancias
continuaban. Hasta noviembre de 1889 las acciones subieron con rapidez.
El Jornal do Commercio describía el ambiente: ''La compra (tomada) de
acciones era hecha no sólo con emoción, sino con locura, con delirio, con
49
vértigo y aturdimiento ''.
ingur.o de los bancos creados en Río era en
realidad banco hipotecario agrícola.5 0
Aunque Ouro Preto pertenecía al partido Liberal, que tenía al federalismo como uno de sus puntos principales, la reforma bancaria reforzó la
concentración del capital en la ciudad de Rio de Janeiro. Los bancos con
base en Río recibieron menos de la mitad de las concesiones para ayuda
agrícola, pero percibieron el 84% de los fondos. Del mismo modo, se les
había concedido sólo cinco de las trece concesiones para la emisión de circulan te, pero estaban autorizados para emitir el 84%.51 Esta política condujo a Rui Barbosa y a otros liberales más radicales a denunciar el ministerio de Ouro Preto como '&lt;un ataque en contra del partido Liberal", y una
"transparente invasión de la corona" que había convertido al ministerio en
"un instrumento del Imperio en contra de la nación".52
Frank Colson ha argumentado que la reforma bancaria de Ouro Preto
constituía una desesperada medida de la élite conservadora de Río para evitar el ascenso de la burguesía terrateniente de Sao Paulo. Los inversionistas de Rio, que controlaban muchas de las más importantes empresas fe_
rroviarias, bancarias, de embarques, portuarias y de inmigración de Sao
Paulo, trataron de utilizar los fondos para mantener su posición.53
Aún cuando hay algo de verdad en esto, lo más probable es que exagere la situación. Los paulistas aprovecharon la expansión de los medios
de pago, combinada con la escalada en los precios del café, para ampliar
en gran forma su cartera de inversiones durante 1889 y 1890. El Banco do
Brasil, con hase en Rio y anteriormente uno de los principales prestadores
de Sao Paulo, vendió su sucursal de Sao Paulo porque no pudo competir
con los numerosos bancos paulistas que surgieron. Pero ya fuera que las
reformas intentaran mantener el dominio de Río o siniplemente ayudar a
todos los financiros y comerciantes, originaron una acalorada oposición.

�22

SigloXIX

La Gazeta de Noticias lanzó una advertencia en el sentido de que a causa
de las políticas de Ouro Preto "la revolución republicana llegará mucho antes de lo que hasta ayer suponíamos".54
Parece extraño que Ouro Preto no asignara más fondos a la agricultura, considerando el supuesto dominio político de los fazendeiros. La razón
es que el Brasil no estaba dominado únicamente por los terratenientes, sino por terratenientes adinerados, banqueros y comerciantes. Como mencionó el secretario de la Associnrao Commercial de Sao Paulo:
En el ·estado de Rio de Janeiro, que incluye el Distrito Federal,
así como en la vida financiera del país, siempre se ha dejado sentir la influencia benéfica o dañina de los acaudalados, ya sean nacionales o extranjeros.55
_

S. Topik: Revolución republicana y burguesía en Brasil

23

Preto. El Banco da Repuhlica, el mayor de la nación desde 1890 contaba
entre sus accionistas a veintiún barones, tres condes y dieciocho ~condes
y vizcondesas. Posiblemente Ouro Preto deseaba ganarse a los ricos terratenientes, comerciantes, banqueros y altos personajes del Imperio mediante
su reforma bancaria, ~ás que acudir en auxilio de los f azendeiros en quiebra. O, com? lo creyo mucha gente de su tiempo: podría haber estado inter~do, mas IJ?e nada, en enriquecerse a sí mismo y a sus amigos. El Financzal News afirmaba que ''Este ~nisterio Liberal es el más corrupto que
haya_ ocupado el poder en el Imperio, y se han realizado algunos de los más
ultraJantes contratos. Es (el ministerio) propiedad del Conde de Figueiredo
(presidente del Banco Nacional)!-.6 1

POLITICA MONETARIA BAJO LA REPUBLICA
Muchos de los ricos terratenientes del valle de Paraíha habían invertido
siempre en bonos, acciones y bienes raíces urbanos. Ya en 1878 un terrateniente insolvente de Rio hacía notar que había diferentes fracciones en
la clase de los fazendeiros, y que poseían intereses diferentes: "Hay tres
tipos de terratenientes: los capitalistas, los cómodos y los que sufren".56
Esta tendencia se aceleró a medida que los ten:atenientes ricos invertían
en las casas bancarias y comerciales de Rio. También en Sao Paulo lo practicaban cada vez más en acciones, bonos y empresas urbanas conforme su
liquidez aumentaba en la década de 1880.57
El grupo de banqueros y comerciantes fue adquiriendo cada vez mayor influencia durante la última década del Imperio. Los comissários
(agentes de venta de café a comisión) acumularon riquezas y emprendieron diversas actividades. En 1885, Van Delden Laeme hizo su famosa observación: "los comissários, de ser agentes de los agricultores, se convirtieron en sus banqueros". 58 Y a diferencia de lo que sucedía en el comercio
mayorista de importaciones y exportaciones, la gran maioría de comissários eran brasileños e inmigrantes que invertían en Brasil. 9
También los banqueros acrecentaron su importancia en la década de

1880. La inminente abolición de la esclavitud liberó al capital. El gobierno
imperial concedió diversos privilegios para fortalecer al sector y el capital
extranjero entró al país, estableciendo tres bancos europeos y realizando
inversiones en algunos brasileños.60
Durante mucho tiempo la clase imperial gobernante había hecho importantes inversiones en bonos de gobierno, y cada vez más en otros documentos financieros. Por ejemplo, muchos de los primeros ministros del Imperio pertenecían a las juntas directivas de los bancos y poseían considerables inversiones: ltaborahy, Souza Dantas, Cotegipe, Joao Alfredo y Ouro

La ~toriografía br~ileña generalmente ha dado por hecho que el ministro
de Fmanz~ del gobierno provisional, Rui Barbosa, rompió abruptamente
con la ~ohllca de Ouro Preto para favorecer a la burguesía industrial sobre
la agrana, a la que,en apariencia había brindado su apoyo Ouro Preto. Nelso~ Wemeck Sodr~ co1?entó: ''En su posición como ministro de Finanzas,
Rw Bar~osa contribuyo al desarrollo de las relaciones capitalistas gracias a
las medidas que propuso o ejecutó en detrimento de los intereses de los la62
tifundi
, a Barbosa como el "ministro de la
_
os" • Hu mh
. erto Bastos aludra
:?de~endencia económica hrasileña".63 Pelaez y Suzigan concluyen que
Rw Barb_osa fue uno de los pocos ministros de fazenda del período (Primera Republica) que consideró acertadamente la necesidad de impulsar el
desarrollo del país". Y Hélio Silva se refiere a Rui como a "uno de los líderes más activos de la naciente burguesía industrial': 64
Su reputaci?n se debe a su política arancelaria (ya discutida) y a sus
reformas bancanas. De hecho, las reformas financieras de Rui tenían como
objetivo poner de su parte a los mismos especuladores de bolsa entusiasmados por las medidas de Ouro Preto. La declaración más citada de Rui (''El
desarrollo de la industria no es para la nación una cuestión principalmente
económica, sino política') supuestamente demuestra su apoyo al sector fabril.65
En realidad, Barbosa no se refería únicamente a fábricas cuando mencionó "la industria", sino más bien a la formación de nuevas corporaciones,_ Y_ª fu~ra_ en la banca,_~l transporte, la cons!1"'1cción, o en empresas de
~~c10 pú_hlico. ~a cuestion era sobre todo pol1tica: no porque la burguesia mdustnal hu~1era logrado acrecentar su poder, sino porque, al igual que
'?uchos terratementes, comerciantes, financieros y políticos, tenían inversiones en tales empresas.

�24

SigloXJX
S. Topik: Revolución republicana y burguesía en Brasil

Cuando Barbosa se hizo cargo de la cartera de finanzas, el mercado de
valores iba en picada a medida que el número de vendedores sobrepasaba
al de compradores. El cambio de regimen había ocasionado que muchos
de los poseedores de la moneda convertible del Banco Nacional la cobraran
en oro temiendo una caída de la tasa de cambio. Esto provocó una contracció~ del crédito. La Asociación Comercial de Rio y los especuladores
de bolsa exigieron acción de parte del gobierno para auxili~ a los banc~s.
El Jornal &lt;!o Commércio, vocero conservador de la comurudad comercial
de Rio, se oponía a una nueva ayuda a los bancos: "¿Sería justo imponer
un sacrificio a catorce millones de personas para favorecer a tres o cuatro
mil hombres imprudentes o ambiciosos?".66 Sugería no dar ayuda a los
bancos y poner fin a la compra de acciones on margin, una práctica cada
vez más común pero ilegal.
Sin embargo, Rui decidió continuar con la política de ayuda de Ouro
Preto a bancos y especuladores de bolsa. Barbosa había reconocido que la
revolución republicana "se originó por accidente ... Ciertas reformas... la
hubieran evitado... La Nación lo aceptó (al movimiento republicano) pero
., )"67
no era suyo (de la nac1on
.
Para ganarse el apoyo de la élite imperial, Rui intentó primero mantener en funcionamiento los bancos respaldados en oro y emisores de Ouro
Preto, y firmó contratos para emitir billetes convertibles con nueve insti~ciones, así como confirió un préstamo de 18 500 contos al Banco Nacional y al Banco do Brasil para canalizarlos al mercado. Asimismo continuó con la ayuda al &amp;rograma agrícola durante algún tiempo, pero más
tarde le puso término.
La revolución republicana provocó temores en el extranjero que a su
vez causaron la caída del milréis. Los Rothschilds suspendieron el crédito
extranjero del erario brasileño y el Banco de Pay Bas se negó a adelantar
divisas al Banco Nacional. Como resultado, los bancos emisores rehusaron
emitir circulante convertible a la par.69 Rui encontró entonces otro medio
de hacer frente a las exigencias de los inversionistas.
En diciembre Je 1889 se entrevistó con miembros de la élite imperial
("algunos banqueros, comerciant~s, y corredores debo~'.), foero ~on ningún industrial, para hallarle soluc1on a la escas~z de credi_to. Mas tarde,
junto con el banquero Francisco de Paula Maynnk, redacto uno de los proyectos de ley más controvertidos del siglo XIX. Esta ley, promulgada el 17
de enero de 1890, facultaba a tres bancos regionales la emisión de hasta
450 000 contos de circulante no convertible, más del doble de lo que se
hallaba entonces en circulación. Privilegios sin precedentes fueron concedidos a los bancos para crear empresas industriales, comerciales, agrícolas

25

y de transporte así como preferencia en los contratos de gobierno para las
concesiones, terrenos gratuitos para el establecimiento de colonias o vías
férreas, y exención de impuestos para la importación de bienes necesarios
para sus empresas. Algunos autores han afirmado que Rui intentaba crear
el equivalente brasileño de los grandes bancos alemanes para estimular la
industrialización.71
Dos elementos más ponen en tela de juicio el propósito de las concesiones de promover el desarrollo: la ley permitía que los valores corporativos se negociaran tras
haber cubierto apenas el 10% de su valor (a lo
cual se había opuesto en forma enérgica el Jornal do Commércio, por considerarlo una medida en favor de los especuladores) y el banco que operaría en el centro del país, desde Paraná hasta Espirito Santo, fue concedido
al hombre que había ayudado a redactar la legislación, Mayrink. El banco
que recibió tal privilegio, el Banco dos Estados Unidos do Brasil (BEUB), y
a cuyos promotores el South American Journal Uamara "gavilla de especuladores", se creó solo diéciséis días después de que se promulgara la ley .72
La ley provocó una tremenda protesta pública. Rui admitió que los
industriales se oponían a ella porque concedía a Lres bancos privilegios
casi monopólicos para la creación y financiamiento de nuevas industrias.
También la mayoría de los republicanos históricos en el gabinete del gobierno provisional se oponían a tal medida porque abandonaba el patrón
oro, otorgaba excesivos privilegios a unos cuantos bancos y ceBtralizaba el
crédito. Sao Paulo quedaría bajo la jurisdicción de un banco regional con
base en Rio, exactamente el tipo de maniobra que Rui había denunciado
en la reforma de Ouro Preto. La discusión fue tan violenta que todos los
ministros estuvieron a punto de renunciar por su causa. Sólo el apoyo de
Deodoro permitió que la ley de Rui fuera aprobada.73 Incluso entonces tuvo que reformarla al conceder primero a Sao Paulo un banco emisor y autorizar después tres bancos más en el norte. Asimismo se redujo la cantidad que cada banco podría emitir. La cuota del BEUB cayó de 200 000
contos a 50 000.
La decisión de Rui de elegir a Mayrink como consejero y a su BEUB
como base del sistema bancario nacional subraya su dependencia de la
clase gobernante imperial. Mayrink había sido uno de los más importantes
financieros del Imperio y estaba íntimamente ligado a la monarquía. Su
padre había sido miembro importante de la corte de Pedro II, su tío senador y presidente de la provincia de Pernambuco, su hermano vizconde, y
el mismo Mayrink fue concejal imperial. Cuando Dom Pedro huyó a Europa, lo hizo en uno de los barcos de Mayrink. Tan estrechamente estaba
ligado aJ Imperio, que cuando se declaró la República fue arrestado por
fervorosos soldados. No obstante, pronto se congració con miembros pro-

�26

SigioXIX
S. Topik: Revolución republicana y bu,gue,ía en BrtUil

minentes del gobierno provisional y Hegó a ser uno de los arquitectos de la
,. financ1era.
• 74

pol1tica

Parece desconcertante que el banco de Mayrink resultara elegido para
recibir la concesión por el distrito central. Es probable que sus antecedentes imperiales no le perjudicaran mucho porque los presidentes de _los o~os
dos grandes bancos del país, el Banco Nacional y el Banco do Brasil, ten~an
vínculos semejantes con la monarquía. Sin embargo, el banco de Mayrink
acababa de iniciar su existencia, había desembolsado escaso capital, no
contaba con reservas ni había entablado relaciones con bancos extranjeros.
Desde el punto de vista económico, el Banco nacional y el Banco do Brasil ambos con experiencia como instituciones semioficiales, constituirían
m;jores opciones. Pero la cuestión no era simplemente económica.
Rui estaba en contra del Banco acional porque había sido creado por
Ouro Preto. Aunque se le había invitado a formar parte del gabinete de
Ouro Preto, Rui se había negado porque pensaba, que era ''un inc~eíhle
ataque al partido Liberal" y "no representaba mas que a la co~e _lffip~rial".75 Como castigo por sus virulentos y constantes ataques al m1ruSteno
de Ouro Preto y sus tendencias centralizantes (irónico en vista de las políticas que más tarde el mismo Rui adoptaría), el partido Liberal negó a
Barbosa un escaño como diputado federal. Fue esta acción la que reparaba Rui cuando en esencia anuló la concesión del Banco Nacional y eligió al
BEUB en su lugar.
La razón por la que no se eligió al Banco do Brasil es un poco más
oscura. El Banco do Brasil contaba con un capital desembolsado de 66 500
contos y una enorme reserva (18 077 contos), un largo historial de relaciones estrechas con el gobierno, y un presidente, Manoel Pinto de Souza, que
era amigo íntimo y protector político de Rui. Que su amistad~ enfrió algo después de que Rui asumiera el cargo, se hace evidente a traves de su correspondencia, pero las razones no son claras. Tal vez se d_,~ba en parle al
resentimiento de Rui por no haber sido designado en el gabinete de Dan tas
en 1884.76
Aunque las medidas de Rui se han explicado siempre en términos de la
racionalidad de la teoría económica, puesto que fue así como en forma elocuente justificara Rui su programa, es probable que un aspecto no teóric_o
influyera profundamente en la decisión. El triunfo de Mayrink al consegu!r
la concesión se debió en parte al hecho de que era uno de los hombres mas
ricos del Brasil. La riqueza del financiero quedó manifestada en f?rn:1ª elocuente al ceder al gobierno ff'deral el Palacio Catete, cl_que ha~1a s1~0.adquirido a un cafetalero con problemas fmancieros. ~ayn~ hab1a dec~d1do
entregar Catete, que se convirtió en la suntuosa res1denc1a de los presiden-

27

tes de Brasil de 1897 a 1960, porque era más pequeño que la residencia
del banquero en Engenho Velho. Pasada la Revolución de noviembre, los
republicanos se apresuraron a disfrutar de sus canonjías políticas, colocando a amigos y familiares en importantes puestos del gobierno. También
vendieron su influencia al mejor postor. Por ejemplo, Quintino Bocayuva,
presidente del partido Republicano nacional antes de la Revolución y ministro de Justicia en el gobierno provisional, había sido secretario en una
compañía ferroviaria propiedad de Mayrink y aún mantenían estrechas relaciones:
Mayrink ya está en la capital y tal vez sería conveniente que usted
le comunicara mis intenciones (de comprar una fazenda cafetalera) y mis necesidades. El prometió ayudarme en este aspecto y
supongo que estaría de acuerdo en cumplir su promesa. Mi situación actual no es mala y puedo vivir en fonna modesta. Sin embargo, eso no me bastaría. Acaso no tengo derecho a aspirar a algo en este país y esta república para la cual, creo, he trabajado
con esfuerzo y buena voluntad.n
La riqueza de Mayrink puede haber influido en la economía personal de
Rui. El Río News afirmaba que Rui vivía sin pagar renta en una casa perteneciente a Mayrink, quien ofreció también comprarle una casa a Rui cuando abandonó el ministerio. Barbosa era el director de tres compañías propiedad de Mayrink y su cuñado se hizo rico especulando en valores que en
parte eran coinversiones con Mayrink. 78 Algunos años después, enzarzado
en la lucha política con Barbosa, el diputado Ceasar Zama lo acusó de
enriquecimiento inexplicable durante su período como ministro de Finanzas: "Durante el gobierno provisional poseía carruajes con un tiro de cabalJos, y numerosos diamantes hasta el punto de deslumbrarnos con el lujo ostentoso que demostraba''. Y concluía: "Siempre he dicho que no hay
nada peor para una sociedad que un gran talento combinado con la ausencia de escrúpulos (como en el caso) del señor Rui Barhosa". La Cámara de
Diputados le respondió con exclamaciones de "muy bien, muy bien".79
Las acciones de Rui demuestran un interés por ayudar a los grandes
bancos al costo que fuera. Su genio residía en la habilidad para justificar
de manera convincente acciones contradictorias. Después de permitir al
BEUB la emisión de moneda inconvertible, pero a costo del retiro gradual
de la deuda interna pública, en marzo concedió al BB y al BN el derecho
a emitir 25 000 contos de circulante inconvertible respaldado en oro sin
costo algunos para los bancos. En septiembre, todos los bancos recibieron
autorización para emitir circulante inconvertible respaldado en oro. Cuando los bancos no contaron con dinero suficiente para la compra de bonos
de gobierno o de oro que sirvieran como garantía, Rui les prestaba la ga-

�28

Siglo XIX

S. Topík: Revolución republicana y burgue,ía en Bra,il

29

80

rantía, socavando por completo el propósito de ésta.

A pesar del hecho de que por lo común se ha considerado al nacimiento de la República como un triunfo de la descentralización federalista,
los tres grandes bancos, dirigidos todos por prominentes monarquistas, llegaron a dominar la reserva monetaria, el crédito y las inversiones, concentrando así el poder en el Distrito Federal. Para septiembre de 1890 los tres
bancos de Rio suministraban el 87% de todos los billetes de banco. Además, el Banco acional poseía una cuarta parte de las acciones de otro
banco emisor. El BEUB ayudó en la fundación del banco emisor de Sao
Paulo, el Banco Uniao.
El Mail and Express reportó en junio de 1890 que la mayoría de los
bancos de Sao Paulo estaban pasando apuros para formar el capital y tenían que depender de los financieros con sede en Rio: "Parece haber una
sed de ... monopolios, a la cabeza de la cual se encuentra el señor Mayrinch (sic), hábil maquinador y financiero'.' 81 El BEUB también poseía :,Odas las acciones de uno de los bancos del norte. Por lo tanto, solo el 5 1/o
de todos los billetes no estaba controlado por ellos. Por añadidura, el
BEUB tenía también participación importante en otros cinco bancos.
Para acentuar aún más la concentración de la banca, el presidente del
Banco acional y el hermano del presidente del BEUB eran directores del
Banco do Brasil.82 Los Bancos eran también los principales inversionistas
de valores, y organizadores de numerosas emisiones accionarias. El BEUB
había invertido 21 540 contos en veinticuatro compañías para agosto de
1890, y el Banco do Brasil 11 133 en acciones en 1891_. Rui ~bservó en
1890: "raras son las compañías creadas (lanchada) este ano aqu1 o en Sao
Paulo, que no hayan sido ayudadas efectiva y poderosamente por el BEUB
y sus filiales ".83
En diciembre de 1890 la concentración de la banca se elevó aún más
cuando Rui permitió la fusión del hiperextenso Banco acional y el Bl!:UB
paraºintegrar el Banco da República dos Estados Unidos_d~,Brasil. E~to reforzó también la influencia de Mayrink cuando se convut10 en presidente
del nuevo banco mientras se dejaba al margen a Figueiredo. El nuevo b~co poseía un capital autorizado de 200 000 contos y el derecho de emitir
hasta 600 000 contos: en otras palabras, el derecho a duplicar la moneda
en circulante a voluntad.
El Banco da República despertó especial hostilidad a causa de su magnitud y privilegios. Alfonso Peña, futuro presidente, escribió: "El eje de
todo fraude financiero es el Banco da República, que trata de imponerse

como la encarnación del nuevo régimen, haciendo que la estabilidad de este último dependa de su (del banco) destino".84 Esta concentración de poder provocó una especi_al preocupación porque una buena parte de los
fondos del BR fue prestada a un puñado de los mismos directores del
banco. Por tales acciones Rui se ganó la reputación de "Law del Brasil",
en referencia al especulador de bolsa responsable del auge especulativo al
que siguió un espectacular derrumbe en la Francia del siglo XVID.85
Inclusive, después de que Barbosa renunciara a su puesto en enero de

1891, el gobierno de Deodoro continuó cortejando a la comunidad financiera mediante el otorgamiento de amplio crédito para su inversión en valores. De hecho, el cónsul británico C. F. Frederick Adam reportó que
los especuladores de la bolsa de valores están firmemente a su favor (de Deodoro), y muchos de los miembros de la Asamblea se
han contagiado de la fiebre especulativa... y por consiguiente es
probable que voten por él. 86
El mini~tro británico relató más tarde que Deodoro había de hecho ganado
las elecciones en buen parte debido a que los especuladores que se enriquecieron a su amparo sobornaron a los electores titubeantes.87
La influencia ininterrumpida de la élite imperial se hizo más evidente
cuando Deodoro sustituyó a los ministros republicanos que renunciaban
por prominentes mo11arquistas del noreste. El nuevb dirigente de su administración no sólo había sido monarquista, sino también miembro del
partido Conservador imperial, gobernador de Pernambuco, terrateniente
cañero, y propietario de esclavos: el Barón de Lucena. A Lucena, que desde su elevación al poder había sido descrito como un "saqueador" por el
ministro británico, se le dejó la avalancha creada por la legislación banca88
ria de Rui. Continuó los vínculos amistosos con Mayrink y otros banqueros, y siguió favoreciéndolos, particularmente al banquero Henry Lowndes,
Conde de Leopoldina.
El efecto colateral del vertiginoso encilhamento había sido un índice
inflacionario cercano al 50%, que ocasionó un irónico comentario del
Rio News: "Si la tasa actual de progreso financiero se mantiene por mucho tiempo más, pronto tendrá uno que organizar una compañía de cien
contos ($50 000) cada mañana para poder desayunar".89 Para hacer frente
al perpetuo crecimiento de la demanda de crédito, Lucena propuso aumentar la emisión de circulante. Además prestó sumas considerables del
erario público a bancos debilitados por inversiones imprudentes. Supuestamente brindó a cuatro bancos el equivalente de más de $10 000 000 que
nunca fueron reembolsados.90

�30

SigloXIX

S. Topik: Revolución republicana y burguesía en Brasil

Durante el segundo trimestre de 1891, la burbuja accionaria mostró
signos de estallar. Los precios de las acciones comenzaron a desplomarse;
los suscriptores, que habían pagado entre el 10 y el 40% del valor de las
acciones, se negaron a aparecer con el resto, perdiendo la inversión original.
Los bancos con excesivos préstamos, en especial el Banco da República y
el Banco do Brasil, fue perdiendo solvencia a medida que muchos de sus
préstamos asegurados por acciones se iban quedando sin valor. En el tercer trimestre el valor del milréis se desplomó en forma dramática. El Congreso se rebeló y exigió que ya no se emitiera circulante debido a la devaluación e inflación que se estaban provocando.
Sin embargo, en septiembre Lucena sugirió al Congreso que autorizara un aumento en las emisiones del Banco da República aunque estas
no contaran con un respaldo real. Ponía como razón que
era natural que el gobierno de la revolución completara su proyecto de coparticipación directa en el movimiento en marcha,
facilitando la creación de compañías y bancos que pondrían su
capital a disposición de la mano de obra, y de las muchas otras
(actividades) que explotan la riqueza nacional.

los días de dinero fácil del encilhamento. La importaci·o'n de maqumana
· ·

.,
tamhxen
comprobaba el arranque de la actividad industrial.94

, . Pero el cr~cimiento de la fabricación fue un efecto colateral de la po-

hti~ monetaria,_ no su interés principal. De hecho, apenas el 5% de las
acc1on~s comerciadas en la bolsa de Río pertenecían a la industria textil.
Ade~as, gran parte del crecimiento del capital accionario de las compañías
te~es no ~r~ prueba de nuevas inversiones en las fábricas, sino que eran
accmnes ~lllltidas
ya como dividendos, o para comprar compañías textiles
que se uman.95
.
La_ mejor evidencia del poco interés que sentían Rui y Lucena por la
mdus!1"1a es el hec,h~ de que los industriales y los partidarios del sector se
o~oman a ~s políticas monetarias. Los representantes del Congreso Indus~al, por ejemplo, s~ alzar~n en contra de la política de dinero fácil. El
~putado Barbosa Luna, energico defensor de la industrialización denuncio
de Deodoro , que desvirtuaba "una de '1as pnn•
· alel "falso industrialismo"
•
c1p . ~s conquJStas de la sociedad moderna, la corporación" .96 Continuaba
queJandose de que
El ej~c~tivo (utilizó) ~l prestigio y la fuerza del gobierno para encubrir ~numerables irregularidades, vicios, fraudes, organizados
por ~~dia docena de individuos altamente protegidos... con el
propos1to de hacer fortuna rápido.97

Proseguía diciendo que el gobierno "tenía que acompañar la febril marcha
de la libertad de asociación de las compañías... para fortalecer la fe en las
instituciones repuhlicanas'.'.91 El congreso no estuvo de acuerdo.
Las diferencias entre el ejecutivo y la legislatura se pusieron de manifiesto cuando Deodoro clausuró el Congreso el 3 de noviembre de 1891 y
gobernó por decreto. Permitió que Lucena autorizara_velozmente una
mayor emisión de billetes, reformara la ley corporativa para que los bancos
pudieran recibir sus propias acciones como garantía de préstamo, prestara
a bancos sus propias garantías depositadas en el erario público para que pudieran utilizarlas como respaldo a nuevas emisiones de circulante,"/ prestara fondos del gobierno depositados en Londres al Banco da República.92
Es cierto que la ayuda a los bancos durante los dos primeros años de la
República dio origen a una considerable industrialización. En Río, el aumento real en las empresas textiles de algodón fue mayor en 1889 que durante todos los seis años anteriores. Fue aún mayor en 1890. Los tres grandes bancos financiaron muchas empresas industriales. En Sao Paulo la fabricación creció con rapidez; el Banco Uniao era su principal h1versionista.
El crecimiento de la fabricación se extendió hasta Pernamhu.co donde el
cónsul británico relató en 1894: ''La evolución industrial de los últimos
cinco años ha sido grandiosa" .93 De las fábricas industriales existentes en
Río en 1905, por lo menos el 30% habían sido fundadas entre 1890 y
1895, y muchas del 50% iniciadas antes de 1889 se expandieron durante

31

Como hizo notar un crítico, a causa del encilhamento, mucha gente llegó
te9~
que las corporaciones eran "sinónimo de asalto a mano annada . . En lugar de fundar una nueva política monetaria progresista y vigo~ar los mercados de capital, como bancos y mercado de valores el
encilh~mento o~ó un regreso a la economía ortodoxa y la desconfianza hacia las pol~ticas de desai:rollo gubernamentales. El problema no era
que ~os terr~ten~entes se opusieran a las políticas porque negaban apoyo
a la mdustn~, smo porque las reformas bancarias favorecían sólo a unos
cuantos, y dejaban en la miseria a miles.99
·

ª

Las políticas de Deodoro no eran populares entre la ·población en general. El sucesor de Deodoro, Mariscal Floriano Peixoto era mucho más
P~P?lar. A diferenci~ de Deo~oro, basó s? apoyo en los ;epuhlicanos. Sus
rmrusn:os eran de vemte a tremta años mas jovenes que los de Deodoro; la
mayona eran del Centro-sur. Sólo dos de los designados habían sido conse1:adores bajo el Imperio (uno de ellos era el representante de los terratementes paulistas, Franciso de Paulo Rodríguez Alves), mientras que
cuatro eran republicanos históricos.
Floriano era especialmente popular entre las clases media urbana y

�32

SigloXIX

obrera, y los oficiales subalternos y soldados de tropa de la milicia. Se le
considera el presidente que más favoreció la industrialización durante la
Primera República. Sodré afirma que durante su administración "la burguesía estuvo en el centro del escenario ". 100 Y sin embargo adoptó una ~lítica monetaria diametralmente opuesta a la de Deodoro. Por lo comun,
la expansión de la reserva monetaria no era considerada un acto a favor de
la industria.
Floriano redujo el crecimiento de la reserva monetaria e ~tentó equ_il~brar el presupuesto. En 1892 se suspendió el derecho bancano para eIDJllr
moneda y el ministerio de Hacienda reanudó la emisión de circulante. A
fines de 1893 el Banco da República se fusionó al Banco do Brasil. Pero esta unión representó la incautación del poder financiero por parte del Estado, más que su concentración en manos de unos cuantos banqueros co~o
sucediera con la fusión de 1890. El presidente del nuevo banco, el vicepresidente y uno de los directores fueron designa~os por _el g~biemo !
ejercían el poder de veto. Por otra parte, se desterro a los fmanc1eros mas
importantes del encilhamento. Mayrink fue obligado a ab~donar la presidencia del BR y marchó al exilio en el interior de la nac1on. El banquero conde de Leopoldina, amigo íntimo de Lucena, fue desterr~do al Am_azonas por una supuesta complicidad en un complot monarqu1Sta. Al ffilSmo tiempo el gobierno inició un proceso de bancarrota en contra del
'
'
101
conde, haciéndole perder la mayor parte de su fortuna.
El gobierno de Floriano mantuvo la práctica de otorgar ~uantiosos
préstamos a los bancos privados. Durante 1892 y 1893, presto 120 ~
contos. Pero ahora el banco más grande estaba bajo el control del gobierno. Los bancos más gequeños perdieron sus privilegios gubernamentales Y
muchos fracasaron. 10 El propósito de la fusión, más que ampliar la inversión y las emisiones monetarias de la nueva institución como sucedió co~
la primera fusión, era el de enmendar el caos creado por los numerosos billetes. Como se informó en febrero de 1892:
Noticias del interior afirman que el comercio se ha vuelto casi imposible por la incertidumbre r~la~ionada con_ la v~dez de la ~oneda. Es del conocimiento publico que vanos billetes han sido
retirados de la circulación, pero nadie parece ser capaz d~ determinar cuales son, por consecuencia los campesinos vacilan en
aceptarlos. 103
Este problema debía corregirse con la apropiación de todos los billetes, tarea realizada por el BR con la supervisión del gobierno.
El grado hasta el cual los intereses fabriles se oponían a la con~~ción que el gobierno hacía a los bancos quedó ilustrado por el empresti-

S. Topik: Revolución republicana y burguesía en Brasil

33

to de apoyo a la propia industria, en 1893. Autorizaba una emisión en bonos por 100 000 contos para su uso en créditos industriales, y a menudo es
mencionado como el primer préstamo considerable con miras al desarrollo
en el Brasil. El ministro de Finanzas Felishello Freire aducía que con el
préstamo "los poderes públicos entraban a una nueva fase de proteccionismo, al dar preferencia a la industria sobre la agricultura~' 104
Sin embargo es un hecho que muchos indus~ales se opusieron a la
medida. Una carta supuestamente firmada por 405 industriales rechazaba
el decreto por considerar que la industria ya había recibido suficiente ayuda del gobierno y no necesitaba más. Temían que los bonos, que se tomaban en las oficinas del gobierno como pago por deudas, aumentaran el suministro monetario, crearan inflación y devaluaran el milréis. Como muchas industrias importaban alrededot de la mitad de sus materias primas
así como su maquinaria, las afectaría adversamente.105
La otra queja principal era que el préstamo no era para las industrias.
El diputado Oiticica resumió una posición común: "Se puede decir que los
bonos no se emiten para ayudar a la industria; se emiten para ayudar al
Banco da República ". 106 Nilo Pa~anha, enérgico defensor de la industrialización, estaba en contra del empréstito porque pensaba que iría a parar
en manos de amigos de políticos y sería usado por el Banco da República,
el que se suponía iba a administrarlo para auxiliar a las empresas en deuda
con el banco y para colocar a gente allegada en el consejo directivo de las
compañías.107 El parecer de muchos de los diputados, aún de aquellos que
eran industriales como Pacifico Mascarenhas, era que en la mayoría de los
estados la industria estaba prosperando (las fábricas textiles de su familia
estaban distribuyendo dividendos de más del 20°1o) .Sólo las grandes plantas textiles padecían porque se había unidoa la fiebre especulativa al invertir en otras industrias y fundirse con otras más pequeñas. 108 El grado de
inquietud que se tenía de que el BR empleara los fondos del empréstito
para fines distintos del fomento de la industria, se reveló con la forma alterada en que al final se lo aprobó. En lugar de permitir que el BR prestara a
quien deseara como lo habría hecho Mayrink, el Congreso estipuló que
sólo una tercera parte de los préstamos se destinara a empresas del Distrito Federal. Puesto que el Distrito Federal es donde el BR concedió la gran
mayoría de sus préstamos, y donde se localizaban la mayor parte de las
grandes fabricas del país, ésta fue una clara medida de descentralización,
así como contraria al BR. Parece que esto se hizo cumplir: al final el Distrito Federal recibió sólo un tercio de los préstamos mientras que Sao
Paulo recibía casi un 30°/o, suma que excedía en mucho a su porcentaje en
la industria nacional. Aunque el 20°/o de los préstamos se dedicó a la agricultura, la industria recibió más de la mitad del capital. 109

�34

Siglo XIX
S. Topik: Revolución republicana y burguesía en Brasil

CONCLUSION
La transición del Imperio a la República no señaló un rompimiento brusco
en política económica con una burguesía progresista que llegaba al poder.
La abolición de la esclavitud en 1888 había sido el parteaguas. De hecho la
República no presenció iniciativas nuevas en el campo de la política económica. La agricultura no se hizo acreedora a ningún favor particular, ni fue
la industria la beneficiaria en especial.
En realidad, durante los dos primeros años de la República, la fuerza
directriz detrás de la política era la élite financiera imperial, grupo al que a
menudo se considera parasitario más que empresarial. Contrario a lo que
sostienen la mayoría de los estudiosos de este período, en el sentido de
que Rui Barbosa representaba a la burguesía industrial y bahía puesto en
práctica una política de desarrollo perspicaz y progresiva, Rui buscaba ganarse el apoyo político de la clase imperial gobernante. En lugar de estimular la acumulación de capital en el sistema bancario y crear bancos de
desarrollo, las reformas de Barbosa condujeron a fracasos masivos y a la
bacarrota de algunos de los financieros más acaudalados del país.
El hecho de que sus iniciativas del uso de bancos como instrumentos
de desarrollo y la separación del patrón oro no fueran adoptadas por subsecuentes administraciones, no es prueba del limitado pensamiento económico de la burguesía agraria, sino una crítica al modo en que Rui ejecutó
sus políticas: desacreditó los análisis estructuralistas y devolvió la ortodoxia económica a los forjadores de la política económica del país. La milicia en el poder no parece haber sido un breve interludio de poi íticas progresistas sino, al menos durante la administración de Deodoro, una carrera para disfrutar de las canonjías del oficio. Plus ga change. ..

35

de Jaime Larry Benchimol (Rio: Editora Campus, 1979), p. 91. Flávio Rabelo
Versiani afirma en "lndustrializa~o e economía de exporta~o: a experiencia
brasileira antes de 1914", Revi.sta Brll$ileira de Economía, 34 (1980), p. 9, que
el gran aceleramiento industrial de Brasil comenzó en la década de 1880, mucho
antes de la política monetaria expansionista del año final del Imperio.
2. Anníbal Villela y Wilson Suzigan, A política do governo e crescimento da economía brasileira, 1889-1945 (Rio: IPEA/INPES, 1973), p. 127. Véase también
E. Bradford Burns, A History of Brasil, 2a. edición (NY: Columbia University
Press, 1980), p. 293; y Humberto Bastos, O pensamento industrial no Brasil
(SP: Livraria Martins, 1954), p. 19. Fishlow en ''Orí.gens" p. 12 sostiene que el
crecimiento industrial de la época no solamente no fue planeado, sino a veces lo
opuesto a las metas de las poi íticas.
3. Helio Silva, 1889: A república na esperou o amanhecer (Rio: Civiliza~o Brasileira, 1972), p. 76.
4. Nelson Werneck Sodré, Hi.stória da burguesía brasileira (Rio: Civiliza~o Brasileira, 1976), p. 162.
5. Brasil, Congresso, Documentos Parlamentares, Alexandre José Barbosa Lima,
Di.scursos parlamentare&amp; (Brasilia: Camara dos Deputados, 1963), p. 120. En una
versión modificada de este punto Nícea Vilela Luz afirma en ''O papel das classes médias brasileiras no movimento republicano", Revista de Hi.stória 68
(1964) p. 20 que "por primera vez, con el advenimiento de la República se unieron los elementos de una nueva clase, de una nueva burguesía": Florestan Fernándes concluye en A revo/Ut;ao burguesa no Brasil, Ensaio de interpreta,;ao
wciológica (Rio: Zahar Editores, 1974 ), pp. 203-205 que 1888 y 1889 marcaron el inicio de la transición de la "era señorial" a la "era burguesa". Hubo muchas alusiones conscientes a la Revolución Francesa a principios de la década de
1890. Los oficiales de gobierno aludían unos a otros como "ciudadano", el grupo republicano más combativo se denominaba "Jacobinos" y una revuelta en el
sur fue llamada la "Vendee" del Brasil.
6. Sodré, Burguesía brasileira, p. 189.
7. Véase, por ejemplo, de Carlos Manuel Pelaez y Wilson Suzigan, Hi.stória monetária do Brasil: análise da política, comportamento e institu&lt;¡oe&amp; monetárill$ (Rio :
IPEA/INPES, 1976), pp. 179-185.

NOTAS

8. Economi.st, Londres, nov. 23 de 1889, p. 495.
9. Para los sucesos del golpe de estado véase a Silva, 1889, pp. 87-136; Delso Renault, O dia-a-dia no Rio de ]aneiro segundo os jornai.s, 1870-/889 (Rio: Civiliza~o Brasileira, 1982), p. 236.

l. Albert Fishlow, "Origens e conseqüencias da substitui~o de importa~oes no
Brasil", en Flávio Rabelo Versiani y José Mendo~ de Barros (eds.), Forrn&lt;u;ao
económica do Brll$il, A experiéncia da industrializat;ao (Sao Paulo: Saraiva,
1978), pp. 8, 12. Para puntos de vista similares ver Wilson Cano, Raize&amp; da concentraf(lo indu&amp;trial em Sao Paulo SP: DIFEL, 1977), p. 145; Eulália Maria
Lahmeyer Lobo, Hi.stpria do Rio de laneiro, (Do capital comercial ao capital
industrial e financeiro) (Rio: IBMEC, 1978), vol. 2, p. 456; Nícia Vilepa Luz,
A /uta pela indmtrialízaf'lo do Brll$i/ (1961 rpt. SP: Alfa Omega. 1975), p. 66;
Stanley Stein, Origen&amp; e evolu,;ao da indrútria textil no Brasil, 1850-1950, trad.

10. Citado en Silva, 1889, p. 88.
ll. South American ]ournal, diciembre 14 de 1889, p. 757.
12. George C. A. Boehrer, Da monarquía a República, história do Partido Republicano do Brasil ( 1870-1889), trad. de Berenice Xavier (Rio: MEC, Servicio de Documentac;ao, 1954), passim; Hildiberto Ramos Cavalcanti A. Junior, "Os republicanos fluminense na legislature de 1888", en Richard Graham (ed.), Ensaios sobre

�36

SigloXIX
a político e a economia do provincia fluminen&amp;e no seculo XIX (Rio: Arquivo
Nacional, 1974), pp. 248-283; Richard Graham, "Landowners and the Overthrow of the Empire", Luso-Brozilion Review 1 (1970), p_p. 44-5 6; Barbosa Lima
Sobrinho, Preseni;.a de Alberto Torres (suo vido e pell.$0mento) (Rio: Civiliza~o
Brasileira, 1968), pp. 69-103; Joao Sebastiao Witter ed. Jdeias políticos de Francisco Glicério (Rio: Funda~o Casa de Rui Barbosa, 1982), pp. 31-36.

13. D. Burke al Departamento de Estado de EEUU, Salvador, Bahía, 19 de junio de
1890. Burke concordaba con la apreciación del periódico. Le Temps informó
el 18 de noviembre de 1889 que Bahía estaba en contra de la revolución republi-

cana.
14. En "Soldiers in Congress, 1890-1894", un manuscrito inédito, he .demostrado
mediante un análisis de los Anois de la Camara dos Deputados de 1890-1894 que
los 31 militares activos que ocupaban un escaño en la Cámara Federal de Diputados disentían en cuestiones económicas. En las cinco votaciones que localicé, los diputados militares se dividían en la misma proporción de 60°/o-40°/o
que la Cámara en general.
15. Joao Moura de Dunshee de Abranches, O golpe de Estodo, otos e otos do Governo Luceno (Rio: Oficinas Gráficas do Jornal do Brasil, 1954).

S. Topik: Revolución republicano y burguesía en Brasil

37

25. Alfonso Celso de Figueiredo, (Visconde de Ouro Preto), A décoda republicano,
(Rio: Companhia Typ. do Brasil, 1899), p. 63; Castro Carreira, Histório Finonceira, vol. 2, pp. 477, 837; Frederic Stirton Weaver, Clos&amp;, Stote, and Industrial
Structure (Westport Ct.: Greenwood Press, 1980), p. 80.
26. Citado en Luz, Luto pela industrializ:~o, p. 169.
27. Versiani, "lndustrializa~o antes de 1914", p. 36; J. P. Wileman calculaba en
Brazilian Exchange: The Study of an Inconvertible Currency (1896 rpt. NY:
Greenwood Press, 1969), p. 215, que la protección aduana! promedio de la
tarifa arancelaria de Barbosa era casi idéntica a la de la tarifa anterior 44º/o a
43°/o. Los derechoss de aduana del oro no fueron una innovació; radical.
Como escribió D. Burke al Departamento de Estado de los Estados Unidos el
23 de mayo de 1891 en "Despachos de los Cónsules de Estados Unidos en
Bahía, Brasil, 1889-1895", Archivos Nacionales, Registros del Departamento
de Estado, Grupo de Registros 5 6, la tarifa arancelaria había tenido niveles
flotantes que dependían del tipo de cambio. Cuando la moneda brasileña se
depreció, el impuesto aumentó para compensar el valor real de los derechos,
que se calculaban sobre un valor de 24 peniques ingleses por milreis.

16. Río News, 22 de agosto de 1892.

28. Ministério da Fazenda, Relatório 1893, p. 123; Centro Industrial do Brasil a
Alfonso Pena, sin fecha, archivo Alfonso Pena, Arquivo Nacional, AP 11-1.2.
1382.

17. Quintino Bocayuva, 31 de julio de 1902 en archivo Q. Bocayuva, QB 01.02.05
cp.

29. Camara dos Deputados, Anois, 1891, vol. I, pp. 222-224; Congresso Constituente, Anois, 1890, vol. 3, p. 52.

18. Rui Barbosa, A queda do imperio vol. 1 (Rio: MEC, 1952), p. 15.

30. Congreso Constituente, Anois, 1890, vol. 3, p. 65. Para mayor información
acerca del tratado véase Steven Topik, "Informal Empire? The U.S.-Brazilian
Trade Teaty of 1891 ", M. A. thesis, University of Texas, Austin, 1974.

19. Ciro F. S. Cardoso y Héctor Pérez Brignoli, Historio económica de Américo
Lotino, vol. 2 (Barcelona: Editorial Crítica, 1979), pp. 29-63.
20. Robert Conrad, The Destmrction of Brazilion Slavery, 1850-1888 (Berkeley:
University of California Press, 1972), pp. 95, 220.
21. Brasil, D.iretoria Geral de Estatistica (DGE), Anuário estotístico, 1939/I 940
(Rio: Imprensa Nacional, 1940), p. 1307; Liberto de Castro Carreira, Histório finonceiro e or(}Omentário do império no Brasil vol. 2 (1889 rpt. Brasilia:
Senado Federal/ MEC, 1980), p. 642; Witter, ldeios de Glicério, vol. 1, pp.
88-91.
.
22. Rio News, 17 de marzo de 1891; Banco Hypotecário a Floriano Peixoto, Río de
Janeiro, 18 de octubre de 1893 en archivo F. Peixoto, ArquivoNacionalCaixa
8L Pacote 5.
23. Thomas Holloway, lmmigrants on the Land (Chapel Hill: Univ. of North Carolina Press, 1980), p. 317.
24. Witter, Ideias de Glicério, vol. 1, pp. 86, 87; Brasil, Ministério de Via~o e Obras
Públicas, Relat6rio, 1921, pp. 188-191; Camara dos Deputados, Anois, 1892,
vol. I, pp. 100-110; Pan American Union, Bulletin, marzo de 1894, p. 665. La
nacionalización del transporte costero no se realizó de hecho sino hasta fines
de la década de 1890.

31. Fishlow, "Origens", p. 7; Werner Baer y Anníbal Villela, "Crescimento industrial e ind ustrializa~o: revisoes nos estágios do desenvolvimento económico
do Brasil", en Wemer Baer, A industrializafQO e o desenvolvimento económico do Brosi~ 4a. edición (rio: &amp;litora de Funda~o Getúlio Vargas, 1979). pp.
288 289. Versiani, en "lndustrializa~o antes de 1914", afirma que la proteCCJon arancelaria fue importante.

.r

32. Almanok Laemmert, 1889, pp. xvii. 1205-22; M. F. J. de Santa Anna Nery,
Le Brésil en 1889 (Paris: Librairie Charles Delagrave, 1889), pp. 347-351;
Joao Ribeiro, Bancos, memoria apre1entada ao Congresso lndustriol de Minos Gerais (Juiz da Fora; Typ. Central, 1903), p. 48.
33. Nery, Le Brésil, p. 452; Contadoria Geral do Império, Balam;o do receito e
despesa para 1888 (Río: lmprensa Nacional, 1891), p. 11 y 1925 (Rio: Imprensa Naciona,
prensa Nacional, 1926), p. 248; Atada Se~o do Conselhode Estado, Rio, 12 de
marzo de 1885 en Instituto Histórico e Geográfico Brasileiro, Cole~o Instituto, Pasta 55, Lata 545; O. J. Placido e Silva, Caixas económicas federais e
opera!(oes bancárias (SP: FAitora Rumo, 1930), pp. 12, 33, 66; Maria Bárbara
Levy, História da bolsa de valores (Rio: IBMEC, 1979), pp. 107, 108, 280;
Gustavo Henrique Barroso Franco, Reforma Monetário e instobilidode durante
a transi!,{lo republicano (Rio: BNDES, 1983), p. 146.

�38

SigloXlX

34. Banco do Brasil, Relatório de 1889 (Río: Typ. Carioca, 1889), p. 121; L.R.O.
Quatro mezes de adminútra~o financeira (Lisboa: Typ_ Universal, 1890), p.
18; Anón. Os projectos sobre banco de credito real (SP: Typ. King, 1889),
pp.4-17.
35. Ernília Voitti da Costa, Da senzala a colonia (SP: Difusao europeía do livro,
1966), p. 215. El Provincia de Sao Paula calculaba en octubre 23 de 1889 que
la deuda agrícola de Sao Paulo se aproximaba a los 160 000 contos y que el
total de la deuda flotante del estado tal vez no era menor.
36. Contrato del Banco Nacional con el Ministerio de Fazenda, 2 de octubre de
1889 en Casa Rui Barbosa, Pasta Banco do Brasil; DGE., Anuário estatístico,
1939/ 1940, p. 1353.
37. Figueiredo, Década republicana, p. 245.
38. Castro Carreira, Hút6ria financeira, pp. 696, 697; Memorándum de Francisco
de Paulo Mayrink, Casa Rui Barbosa, Pasta Banco do Brasil. Mayrink de hecho
aseveró que Ouro Preto intentaba arruinar al Banco do Brasil.
39. Banco do Brasil, Relat6rio, 1890, p_ 14.
40. Ministério da Fazenda, Aux,1ios a lavoura (Rio: (mprensa Nacional, 1889), p.
53.
41. Banco do Brasil, Relatório, 1888, pp. vü, 22.
42. !bid, 1890, p. 32. El Banco do Brasil continuó reduciendo sus obligaciones hlpotecarias, de las cuales más de la mitad estaban atrasadas. De un alto nivel de
29 000 contos en 1879, bajó a 19 120 contos en 1888, 17 600 en 1889, y
13 034 en 1890, Relatório 1889, p. 20, 1890, p. 32, 34.
43. Amaro Cavalcanti, Resenha finaceira do império (Río: Imprensa Nacional,
1890), p. 50; Banco do Brasil, Relatório, 1888, p. 18. El Diario Popular observó el 30 de noviembre de 1889 que la ayuda a la agricultura no benefició a
aquéllos que realmente la necesitaban: "Los miles de contos ya entregados (por
el gobierno) han servido principalmente para consolidar las cuentas de dichos
establecimientos (bancos) y ayudarlos a liquidar deudas vencidas".
44. Jornal do Commércio, 8 de septiembre de 1889 en Casa Rui Barbosa, Recortes,
1889; véase también A Na~o que exponía que el plan daba "ayuda a los bancos Y no a la agricultura" en Joma/ do Cammércio, 30 de agosto de 1889 en
Recortes de CRB.
45. Memorándum Mayrink, CRB; O Dia, 30 de agosto de 1889, Recortes de CRB;
el South American Journal declaró el 14 de diciembre de 1889, p. 757, que
"durante más años de los que pudieran contarse la rama administrativa estuvo
podrido hasta la médula".

S. Topik: Revolución republicana y burgue1ía en Brasil

39

Re,enhafinanceira, p. 76.
48. Calculado de Castro Carreira, Hút6riafinanceira, vol 2, p. 776.
49. Jornal do Commércio, diciembre de 1889, CRB, Recortes 1889.
50. Juca Faro a Quintino Bocayuva, Río de Janeiro, 4 de enero de 1892 en QB
891.03.31 cp; Banco Hypotecário a Floriano Peixoto, Río de Janeiro, 18 de
octubre de 1893, en archivo F. Peixoto, AN Caixa 8L, Pacote 5.

51. Franco, Reforma monetória, pp. 84, 85. El crédito de la ayuda agrícola no se
con~ntró en la m!5"1a proporción en beneficio de los deudores de Rio, ya que
la ?1~tad de los prestamo_s del Banco do Brasil fueron a parar a Sao Paulo (Relatorw, 1~90, p. 4~) Y solo una cuarta parte al estado de Rio, aunque sin duda
la mayor1a de las hipotecas que ayudaban a refinanciar estaban en poder debancos C?n base en Rio. Más de tres cuartas partes de la ayuda a fondos agrícolas se
~lizaron a las provincias centrales de Sao Paulo, Río de Janeiro y Minas Gerais.
52. Cazeta de Noticias, 9 de junio de 1889, CRB, Recortes 1889.
53. Colson, " On Expectations", pp. 281,292.
54. Cazeta de Noticias, 9 de junio de 1889, CRB, Recortes 1889; Banco do Brasil
Relatório, 1891, p. 4. Si bien no hay duda de que el control carioca sobre Sa~
Paulo era bastante fuerte, es probable que Colson exagere. Por ejemplo Colson
afirma que Sao Paulo aún dependía comercialmente del puerto de Río• cuando
en realidad, de acuerdo con el Relatório apresentado ao Ex. Sr. Presidente da
Provincia de Sao Paulo pela Commissao Central de Estatística, (SP: Leroy King
Bookwalter, 1888), pp. 128, 258, casi el 90º/o del café de Sao Paulo salía por
Santos ya en 1886-S7. Por otra parte, los bancos propiedad de paulistas como
el Banco de Comércio de Sao Paulo y el Banco de Ocdito Real de Sao Paulo ya
eran bastante importantes en 1887.
55. Joao Pedro de Veiga Filho, Estudo económico e financeiro sobre o estado de
Sao Paulo (SP: l'Yp. do Diario Oficial, 1896), p. 16.
56. Congresso Agrícola, cole~o de documentos (Río: 1878), p. 134.

57. Ze~ M. ~doso de Mello. "Contribui~es ao estudo da natureza do empre~nado paulista", en e] X encontro nacional de economía de la Associa~o Nactonal dos Centros de Pos-Gradua~o em Economía, Aguas de Sao Pedro, Río
Gr~e do ~ul, 1982 (Porto Alegre: 1982), 1060. 1064, 1068; Jospeh Earl
Sweigart, "Financing a.nd Marketing Brazilian Export Agriculture: The Coffee
Factors of Rio de Janeiro, 1850-1888", PhD. Dissertation, University of Texas,
Austin, 1980, pp. 225, 226.
58. C.F. van Delden Laerne, Brazil and Javo: Report on Coffee-Culture in Ame.
rica, Asia and A/rica to H. E. the Minúter of the Colonies (Londres: W. H.
Allen, 1885), p. 212.

46. Frank Colson, "On Expectations - Perspectivcs on the Crisis of 1889",lournal
of Latin American Studie3, 13 (1981), p. 285; Franco, Reforma monetária, p.
92; Banco do Brasil, Relatório, 1891, p. 3.

59. Sweigart, "Financing Exports", pp. 69, 70,225.

47. Almanak Laemmert, l 890, passim, Castro Carreira, ~l. 2, p. 77 6; Cavalcanti,

60. Los bancos británicos se habían fundado en 1862 y 1863, y un banco alemán en

�40

Siglo XIX

S. Topik: Revolución republicana y burguesía en Brasil

41

1888. Inversionistas franceses suscribieron la mitad del capital del Banco NacionaJ, Ministro de Fazenda a N. H. Rothschild, Rio, 8 de febrero de 1887 en
Cole',30 Francisco Belisário, IHGB, Lata 277, Documento 31.

71. Francisco de Paula Mayrink, Financas do Brasil; Discursos proferidos na Camara_dos Deputados nas sessoes de 25, 26 28 de agosto de 1891 (Rio: Companhia Impressora, 1891), p. 44.

61. Financia! News, Noviembre 26 de 1890 en Recortes de CRB. 1890; Banco da
República. Relatório, 1892, p. 22; Almanak Laemmert, 1889, passim.

72. Cazeta de Notícias, 16 de marzo de 1892; Almanak Laemmert, 1890, pp.
1132, 1211, 1212, 1~22; The South Americanlournal, 21 de junio de 1890,
p. 79_8. Uno d~ los duectores del BEUB incluso sugirió que la efigie de Rui y
~ayr_mk apare~~eran en la moneda del BEUB, idea que fue rechazada por considerars~le_pohtI&lt;:3~ente irrealizable. Resulta irónico que, cuando el gobierno brasdeno dec1d10 en 1985 crear el billete de mayor denominación a causa
de la peor inflación en la historia del país se imprimiera la efigie de Rui en el
billete de 10 000 cruzeiros.

62. Nelson Werneck Sodré, História militar do Brasil (Rio : Civiliza',30 Brasileira,
1965), P. 164.
63. Humberto Bastos. Rui Barbo&amp;a, ministro de independencia económica do Brasil
(Rio: Casa Rui Barbosa, 1949).
64. Pelaez y Suzigan, História monetária, p. 179; Silva, 1889, p. 73.
65. Véase, por ejemplo, Versiani. "lndustrializa,¡ao antes de 1914", p. 27; Rairnundo Faoro, Os Donos do poder; formai;ao do patronato político brasileiro, vol.
1 (SP: Editora Globo, Editora da USP, 1975), pp. 517-519; Sodré, Histório da
burguesía, p. 189.

e

73. Ministério da Fazenda, Relatório, 1890, p. 46; véase también Abranches, Atas
do govemo provisório.
74. Francisco de Paula Mayrink Lessa, Vida e obra do Conselheiro Mayrink (Rio·
Pongetti, 1975), pp. 27, 49, 54.
·

15. Cazeta de Notícias, 9 de junio de 1889, CRB, Recortes 1889.
66. Jornal do Commercio, diciembre de 1889, Recortes de CRB, 1889. Esta cita
pone en duda la opinión común recabada a partir del Visconde de Taunay, O
Encilhamento, Cenas contemporaneas da Bolsa do Río de laneiro em 1890,
1891, e 1892 (1893 rpt. Belo Horizonte: Editora Itatiaia. 1971), según la cual
todos, desde el recadero hasta la alta burguesía, estaban involucrados en la especulación de vaJores. El banco que con mucho era el mayor y más activo en
actividades bursátiles. el Banco da República, reportó tener apenas unos 1 250
accionistas en 1892 (Banco da República, Relatório, 1892 (Rio: TYp. da Gazeta
de Noticias, 1892), pp. 20-24.
67. Citado en Silva, 1889, pp. 88, 89.

76. Carlos Viana Bandeira, Lado a lado de Rui (1876-1923) (Rio: MEC y Casa de
Rui Barbosa, 1960), p. 25.
77. Quintín? Bocayuva a R. Abreu, Valen(?, Rio de Janeiro, 11 de mayo de 1892
en archivo Q. Bocayuva, CPDOC, QB 891.03.31 cp. Véanse también: Ministério
da . F~nda, archivo en la Casa Rui Barbosa para solicitudes de cargos; Américo
Jacobina Lacombe, (ed.), Correspondencia do Conselheiro Manuel P. de Souza
Oantas
Dant°:' (Rio: Casa de Rui Barbosa, 1962), pp. 98, 106, 108, 121, 123; Lessa.
Mayrmk, pp. 149, 179-182, 195, 204; Barbosa Lima Sobrinho, Alberto Torres,
PP. 91, 92. El ofrecimiento de cargos llegó a los niveles más aJtos. El Almanak
La_e_mmert reportó en 1891, pp. 43, 44, 47, que Oeodoro designó a cuatro familiares en altos cargos y realizó maniobras para ganar senadurías para uno de
ellos.

68. Rui afirmaba que había puesto fin a la ayuda al programa agrícola porque los
bancos y no la agricultura, eran los que recibían los fondos. En cambio, autorizó al' Banco Hypotecário Nacional, en potencia el mayor banco hipotecario
en la historia del Brasil. la emisión de hasta 100 000 contos por hipotecas en todo el país. No es de sorprenderse que el presidente del banco fuese hermano de
Francisco Mayrink; más tarde el mismo Mayrink se hizo cargo de la empresa.
Véase Raimundo MagaJhaes Júnior, Ru~ o homen e o mito (Rio: Editora Civiliza,;ao Brasileira, 1965 ), pp. 5 6-58. Se suponía que el banco estaba financia~o
por capital extranjero, pero en realidad fue establecido por financieros _de R10.
Al mismo tiempo, Rui escnl&gt;ió a Prudente de Morais de Sao Paulo (R10, 9 de
agosto de 1890, archivo P. Morais IHGB) que no autorizaría un banco hipotecario regional para Sao Paulo porque "los bancos hipotecarios regionales nunca podrán producir resultados en un país que no puede organizar un sistema
de crédito sin capital extranjero".

81. Mail and Express, 7 de junio de 1890, CRB, Recortes, 1890.

69. Agencia Havos, Lisboa, 14 de diciembre de 1889, Recortes de CRB 1889;
Wyndam a Salisbury, Rio, 23 de diciembre de 1889, British Foreign Office
Box 658; Franco, Reforma Monetária, p. 100.

82. Mayrink a Rui Barbosa, 22 de agosto de 1890, CRB Pasta BEUB· Mayrink
Questao financeira, p. 42; Almanak Laemmert, 1890, p. 1207 ; Vítor Viana:
O Banco do Brasil (Río: JornaJ do Commercio, 1926), p. 609.

70. Banco do Brasil, Relatório, 1890, p. 14; Camara Syndical dos Corretores de
Fundos Publicos da Capital Federal. Relatório, 1895, P. 25.

83. Ministé!io da Fazenda, Relatório, 1890, p. 15 ; Mayrink a Barbosa, ibid; Felisbello Freue, Hislória ~o Banco do Brasil (Rio : Typ. d'O Economista Brasileiro,
1907 ), p. 171. El Diputado federal Oiticica observó en Documentos Parlamen-

78. Bandeira, Lad'! a lad~, pp. 41, 49, 50; Almanak Laemmert, 1891, p. 1261 ;
Magalhaes Junmr, Ruz, 71-80; John Schulz, " The Brazilian Army and Politics:
1850-1895)", PhD. Dissertation, Princeton University, 1973, p. 209.
79. Camara dos Deputados, Anais, 1896, vol. 6, pp. 331, 332.
80. 675.
Adams a Salisbury, Rio, 23 de enero de 1891 , British Foreiun
..,.. Office, Box

�42

Siglo XIX

S. Topik: Revolución republicana y burguesía en Brasil

tares Meio circulante 1893-1894 (Rio: Imprensa Nacional, 1917) que a principio~ de la década d~ 1890 "el Banco da República organi~ba todo lo que
fuera empresa, viable o no viable, posible o im~sible". Veiga en Estudo financeiro, p. 25, señaló que el Banco Uniao orgamzado en ~o Paulo por Ma}'rink debía 4 000 oontos en capital industrial Esto oontrad1~ un
el parecer de werner Baer y Anníbal Villela en "Alguns co~entanos a O~igens ,~
conseqUéncias da substitui~o de importa~es no Brasil de Albert Flshlow
en Estudos Económicos 3 (abril de 197 3), p. 130, en C?3nto _a que expansión de crédito a inicios de la década de 1890 no benefici? a la mdustna ~rq~e
prácticamente no hubo crédito bancario para ellos: casi toda la expans1on md ustrial provino de sus propias utilidades reinvertidas.

P:&gt;~

!ª

84. Alfonso Pena a F.P. Rodrigues Alves, Barbacena M. G., 2 de diciembre de
1891, en archivo A. Pena AP. 2-1.1.512.
85. Mayrink en Quest.ao financeira, pp. 28, 38, 39, admitió ~ue tanto el BEUB ~mo el Banco Nacional habían hecho préstamos a sus drrectores, co~o lo ~ciera casi la totalidad de los bancos. Mientras que refutaba la afümac1on de F1gueiredo en el sentido de que el banco da República prestaba sus fondos a
"media docena de personas" Mayrink concedió que el banoo prestaba "sumas
extremadamente grandes" a ~as cuantas personas que recibían la mayor parte
de los préstamos bancarios.
86. Adams a Sanderson, Petrópolis, 4 de febrero de 1891, British Foreign Office,
R.G. 13.
87. British Foreign Office, 27 de febrero de 1891, Box 675.
88. Taunay, Encilhamento, p. 4.
89. Río News, 17 de enero de 1891.
90. Figueiredo, Década republicana, pp. 92, 94,215; Gazet.a de Notícias, 16 de marzo de 1892.

43

Economía brasileira, uma visao histórica (Rio: Editora Campus, 1980).

96. Barbosa Llma,Discursos, p. 154; Luz, Luta pela industrializar;ao, p, 174.
97. Camara dos Deputados, Anais, 1892, vol. 3, p. 352.
98. Cazet.a de Comércio e Finanr;as, 5 de diciembre de 1895, p. 2.
99. Wileman en Brazilian Exchange, p. 172, calculaba una baja real del 21º¡o en los
salarios entre 1890 y 1894. La gravedad de la situación fue descrita por el Ministério da Justi~ en Relatório 1892, p. 3: "Las crecientes estadísticas de crímenes cometidos recientemente en contra de la propiedad y en contra de la
seguridad individual; la audacia de sus autores; la vertiginosa velocidad con la
que crece la clase de los vagos y malvivientes; la enorme avalancha de los hetereogéneos elementos que actualmente componen la población de esta capi. tal. .. (demuestran) la urgencia de medidas apropiadas".
100. Sodré, História da burguesía, p. 162.
101. Arlindo A. Leoni, Embargos n. 2 286: Henry Lowndes, Conde de Leopoldina,
Embargados Banco do Brasil e a Uniao Federal (Rio: Typ. do Jornal do Commercio, 1918), pp. 9, 10, 13, 17, 22, 26. En una carta mecanografiada al reverso de la oopia del hl&gt;ro hallado en la biblioteca de Rui Barbosa, éste admitía que Floriano había provocado la quiebra de Leopoldina por razones políticas. Lessa,Mayrink, pp. 93,168,169.
102. Veiga Filho estima en Estudo Financeiro, p. 126, que se liquidaron dieciséis
bancos y cuarenta y siete oompañ ías tras del estallido del encilhamento en Sao
Paulo. En Río, según Levy, Bolsa de valores, p. 174, el número de bancos que
comerciaban en la bolsa cayó de cuarenta y tres en 1890 a catorce en 1892. Muchos de los más grandes fracasaron como el Banco Universal. El Banco da
República salió tan mal librado que el otrora gigante, producto de la fusión del
Banco Nacional, el BEUB y el Banco do Brasil, hubiera ido a la ruina en 1900
debido a las deudas contraídas durante el encilhomento, de no ser porque el
gobierno lo nacionalizó y lo sacó del apuro.

91. Barao de Lucena, Exposir;ao de motivos sobre a situ~ao financeira e ideias de
reforma (Río: Imprensa Nacional, 1891), pp. 11, 12; Ca.mara dos Deputados,
Anais, 1892, vol. 3, p. 134.

103. Rio News, 22 de febrero de 1892, p. 5.

92. Camara dos Deputados, Anais, 1892, vol. 3, p. 135. _El Jornal do Commérc'.? dijo en su Restrospecto comercial de 1891 que el Cierre d~! C~ngreso era_ un,~
conspiración en contra del erario" destinada a ayudar a los amigos financieros
de Lucena.

104. Freire, Banco do Brasil, p. 195. Stein en lndúslria texti4 p. 91, sostiene que esta emisión de bonos representaba la victoria de los industriales y que de allí en
adelante hubo un vínculo reconocido entre "el desarrollo industrial y la intervención del gobierno".

93. Pan American Union Bulletin julio de 1895, pp. 13, 14. F. P. Mayrink a R.
Barbosa, Rio, 22 de ;gosto de' 1890, CRB Pasta B~UB; _Freire, &amp;neo do Br~il,
p. 171 ; Viana, Banco do Brasil, pp. 603-604; Veiga Filho, Estudo financeiro,
p.25.

105. Camara dos Deputados, Anais, 1892, vol. 3, pp. 150,217; vol. 4, pp. 300, 329,
330. Los defensores del proyecto sostenían que todos los fümantes de la carta,
con excepción de 69, eran extranjeros que representaban a importadores, y no a
industriales. En cualquier caso, un considerable número de ellos eran industriales.

94. Franco, Reforma monetária, p. 122; Versiani, "Industrializa~o antes de 1914" ,
p. 10.

106. Congresso, Meio circulante, 1893, p. 61.

95. Levy, Bolsa de valores, p. 175; Camara dos Deputados, 189P2ul, voNI. 3uh,P. 14ed0.
Véase también: Maria Bárbara Levy, "O Encilhamento" en a o e aus .

107. Jornal do Commércio, 12 de junio de 1894, p. 4.
108. Camara dos Deputados, Anais, 1892, vol. 3, pp. 139-142, 148, 149. Wileman, en

�44

SigloXIX
Brazilian Exchange, muestra que muchas empresas aún realizaban ganancias de
más del lOºJo.

109

Las Finanzas Públicas en el
Ecuador del siglo XIX

Banco da República, Relatório, 1895, p. 24; Ministério da Fazenda, Relatório,
· 1895, p. 112; Congresso, Meio circulante, 1893, a 1895., p. 11.

Linda Alexander Rodríguez*

Las condiciones estructurales que retardaban el desarrollo político, social
y económico del Ecuador ~ l regionalismo, los aislados y casi autosufi-

cientes mercados serranos, el gran sector de subsistencia, las barreras geográficas que limitaban el flujo de bienes y de ideas, y la ausencia de consenso poi ítico- perturbaban también sus finanzas públicas. Fueron esos
factores, y no las ideologías, los determinantes fundamentales de las prácticas fiscales ecuatorianas. Como esas condiciones prevalecieron durante
todo el siglo XIX, no debe sorprender que existieran similitudes en los
problemas financieros que tuvieron que enfrentar sucesivas administraciones y en las soluciones propuestas para resolverlos. La persistencia de
tales obstáculos tampoco debe llevar a la conclusión de que en la economía política del Ecuador no cambiaba nada. Los gastos gubernamentales aumentaron y se diversificaron a medida que cambiaban las actitudes
hacia el papel del estado. En varias etapas de ese proceso evolutivo, sin
embargo, tentativas gubernamentales de equilibrar el presupuesto, cobrar y administrar los ingresos derivados de los impuestos, negociar préstamos extranjeros y efectuar otras operaciones fiscales fracasaron debido
al aislamiento geográfico, el regionalismo, la pobreza y la lucha civil. En
suma, aun cuando el sistema se desarrolló y se hizo más complejo, las condiciones físicas, económicas, políticas y sociales subyacentes restringían
la capacidad del estado de formular e implementar una política financiera.
Igual que en otros aspectos de la vida nacional, el regionalismo afectaba las finanzas gubernamentales. La costa proporcionaba la mayor parte de los ingresos del gobierno central. Desde 1830 la aduana, y en particular los impuestos a las importaciones, han sido la más importante fuente
de ingresos ordinarios del estado (v. cuadro 1). La costa y su principal ciu-

-Centro de Estudios Latinoamericanos, Universidad de California en Los Angeles,
U.S.A.

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CUADRO 1

en
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INGRESOS ADUANALES COMO PORCENTAJE DE LOS INGRESOS
GUBERNAMENTALES EN Al"IOS SELECCIONADOS, 1830-1900

Afio

Cantidad absoluta1
en millares

1830
1832
1839
1846
1852 1ª 1
1853
1854
1855
1856
1857
1861
1862
1863
1864
1865
1866
1867
1868
1869
1870
1871

312
200
321
371

310
546
503
498
559
623
927
559
542
549
565
745
752
765
880
1 346
1 463

1872

1873
1874
1875
1876
1877
1878
1879
1880
1885
1886
1887
1888
1889
1890
1891
1892
1893
1895
1896
1897
1898
1899
1900

1 681

1 768
1 525
1 127

1 329

1 278
1 438
1 830

981

1 155
1 775

385
2 817
2 478
3 181
3

2 333

2 860

3 509(b)

3 236(b)

3 678

5 373
6 129

º/o de los ingresos
gubernamentales ordinarios

44
36
39
34
41
53

51

47
53
49
64
50
40
38
36
54
47
53
53
60
59
58

57
49
40
56
59
59
60
40

4:6

56
76
70
80
76
65
75

8h&gt;

~ ~( b)

78
79
6 008
79
7 396
91
l. Pesos corrientes de 1830 a 1880; sucres corrientes de 1885 a 1900.
(a) Incluye solamente los ingresos desde el lo. de noviembre de 1852

hasta el 30 de junio de 1853.
(b) Para este año fue imposible calcular el _porcentaje por disponer solamente de datos incompletos sobre los ingresos gubernamentales.

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FUENTES: Cálculos basados en datos de Ecuador, Ministro Secretario de
Estado, Exposición 1831; Ecuador¡ Ministro de HacíendaÁ Informe 1833,
1847, 1894,
1853, 1902.
1857, 1863, 1867, 873, 1880, 1885, 18i57, 1888, 1890,
1892,

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~

�48

Siglo XIX

dad, Guayaquil, eran la principal fuente de ingresos de la nación porque
producían casi todas las exportaciones del país y recibían la mayoría de
sus importaciones. La economía monetaria de la costa, en contraste con
la economía principalmente de subsistencia de la sierra, daba además al
estado oportunidad de imponer una variedad de impuestos directos e indirectos. Así, aun cuando la región contenía pocas personas, rendía al
gobierno ingresos mucho mayores que la populosa sierra. Además, empresarios costeños proporcionaron a los regímenes ecuatorianos la mayor parte de sus fondos de emergencia hasta la fundación del Banco .Central en
1927.
En el siglo XIX, los gobiernos frecuentemente recurrían a arbitrios
extraordinarios para financiar sus actividades porque los ingresos ordinarios, incluyendo los impuestos y los derivados de servicios y propiedades
del estado, no les proporcionaban fondos suficientes para cubrir los gastos del gobierno. Hasta la creación de bancos comerciales en la década de
1860, los capitalistas costeños aportaron préstamos voluntarios o forzosos
para cubrir el déficit presupuestario. El gobierno también buscaba tales
préstamos en la sierra, pero los nego.ciantes de la costa parecían ser blanco
fácil para tales exacciones porque poseían más capital líquido que sus contrapartes de la sierra. En la sierra la riqueza consistía generalmente en tierra, con la cual el gobierno nacional no interfería. Entre 1860 y 1925 los
bancos costeños reemplazaron a los individuos particulares como principal
fuente de préstamos al gobierno.
Los impuestos eran el segmento más importante de los ingresos ordinarios del gobierno, pero por una variedad de razones las diversas administraciones nunca fueron capaces de formular o aplicar un sistema tributario
eficaz. La pobreza del país y su escaso potencial de desarrollo, en vista de
la tecnología contemporánea, reducían la hase imponible. Al mismo tiempo, la política limitaba la capacidad impositiva. Había obstáculos geográficos, sociales y políticos para el desarrollo de un gobierno nacional fuerte.
Hasta bien entrado el siglo XIX el Ecuador fue una serie de regiones
tenuemente articuladas más que una nación. La tributación eficaz requiere
autoridad y eficiencia del gobierno, pero los regímenes ecuatorianos fueron en general débiles e ineficaces. La inestabilidad y la división civil características del sistema político ecuatoriano hacían la recaudación de impuestos difícil y en muchas ocasiones imposible. Aun en períodos comparativamente tranquilos, las actitl.ldes individuales dificultaban la recaudación: los ecuatorianos no tenían inclinación a pagar impuestos y el estado
no tenía fuerza para imponer en general el cumplimiento de la ley. Una de
las convicciones más intimas del país es que pagaba exceso de impuestos.

L. A. Rodríguez: Las finanzas públicas en el Ecuador

49

Sin datos exactos sobre la economía, el gobierno oo estaba en condiciones
de refutar semejante idea, ni de formular un código tributario racional ni
de juzgar la eficacia de sus sistema fiscal. Por último, durante el siglo XIX
los regímenes ecuatorianos no disponían de una burocracia entrenada para
administrar impuestos. Por consiguiente, el país se sirvió de los impuestos
fáciles de cobrar, sin considerar su equidad, su productividad o su racionalidad económica.
Los esfuerzos por aumentar la productividad del sistema tributario se
centraban en el procedimiento relativamente simple y generalmente ineficaz de modificar las leyes fiscales en lugar de corregir los problemas estructurales que dificultaban el proceso impositivo. Cuando la legislación
se reveló incapaz de resolver la cuestión, los gobiernos empezaron a pedir
préstamos para obtener los fondos necesarios. Como no podían obtener
fondos en el extranjero porque el Ecuador había dejado de pagar préstamos
anteriores y no podía reanudar el servicio de la deuda, la única alternativa
era el préstamo interno.
Los gastos gubernamentales aumentaron durante el siglo XIX a medida que el campo de su actividad se ampliaba. En el momento de la independencia, el papel del estado consistía principalmente en mantener el orden interno y la seguridad exterior, pero gradualmente se fue expandiendo
para incluir el bienestar social y el desarrollo económico, y la tendencia
culminó en la multiplicación de las funciones gubernamentales a medida
que el gobierno intentaba resolver algunos de los problemas sociales y económicos más complejos y apremiantes de la nación. El desarrollo del estado activo, que requería un aumento del gasto gubernamental, no dejó de
encontrar oposición ni evolucionó en forma sistemática. Los regionalistas,
por ejemplo, lograron más a menudo canalizar los nuevos recursos estatales hacia sus propios proyectos, que el gobierno modelar un consenso nacional. Con frecuencia el estado fracasó en la persecución de objetivos nacionales si requerían transferir recursos de una región a otra. Con todo, los
gastos gubernamentales nacionales aumentaron con el tiempo y el papel
del estado se expandió.
LA LUCHA POR EL CONTROL FISCAL
A lo largo del siglo XIX hubo una lucha de regionalistas y nacionalistas por
el recurso cada vez más valioso que era el estado. El conflicto entrañaba

enfrentamientos anuales entre grupos de interés que reclamaban porciones
mayores del creciente presupuesto nacional, así como un choque ideológico entre quienes intentaban centralizar el control fiscal y quienes defendían la descentralización. El Ecuador heredó de España un sistema financiero descentralizado que asignaba ingresos específicos a proyectos o acti-

�50

SigloXIX

vidades individuales. Después de la independencia, los regionalistas trataron de preservar y expandir el sistema antiguo, prefiriendo que agencias
especiales, juntas locales autónomas creadas para cumplir funciones específicas, recaudaran y desembolsaran la mayor parte de los ingresos gubernamentales. Por el contrario, los nacionalistas trataban de extender el poder del estado a través del control centralizado de los ingresos gubernamentales. En general los legisladores y los funcionarios locales defendían
la descentralización mientras que la rama ejecutiva era favorable a la centralización. Cada lado creía que su sistema era el que mejor satisfacía las
necesidades del país. Los nacionalistas argumentaban que un sistema de fi.
nanzas centralizado permitiría al gobierno asignar sus escasos recursos en
forma eficiente y así superar los obstáculos a la unidad nacional. Los regionalistas defendían un sistema descentralizado porque las dificultades
de la comunicación y la continua inestabilidad política hacía impráctico
un sistema centralizado. Creían que la descentralización aseguraría financiamiento ininterrumpido para proyectos y servicios locales vitales.
Los argumentos de los regionalistas y los nacionalistas encubrían desacuerdos más fundamentales relativos al desarrollo nacional. Los regionalistas juzgaban la eficacia y el valor de los gastos del gobierno según el impacto inmediato que tenían en sus respectivas áreas. Por lo tanto, favorecían los proyectos y servicios locales e insistían en que los fondos fueran
asignados de manera que imposibilitara su reorientación hacia otros fines.
Los nacionalistas preferían una asignación integrada y, en su opinión, más
racional de los recursos nacionales. Daban prioridad a los proyectos que
impulsaban el desarrollo nacional general, sin preocuparse por su impacto
en regiones particulares. Para emprender programas nacionales de desarrollo, el gobierno necesitaba el control fiscal centralizado que le permitiera transferir recursos de un área a otra. El conflicto entre esas dos posiciones se intensificó en la segunda mitad del siglo XIX mientras el crecimiento de la economía exportadora de cacao generaba nuevas expectativas sobre el papel deJ gobierno nacional. Tanto regionalistas como nacionalistas trataron de moldear el estado activo en emergencia a sus propios propósitos. Ninguno alcanzó una victoria duradera en la lucha que
abarcó todos los aspectos de las finanzas gubernamentales, incluyendo la
contabilidad, la tributación y el manejo del presupuesto. 1
Los ministros de finanzas trataron de tomar el control de las cajas o
tesorerías locales a comienzos del período nacional. En 1831 el ministro
de finanzas se quejó de que la nueva nación era en realidad cuatro estados diferentes en términos de finanzas gubernamentales: los departamentos de Quito, Guayaquil, Cuenca y Cauca -en ese tiempo este último era
considerado parte de el Ecuador-. Cada uno de los departamentos era intensamente regionalista y defendía sus propios intereses por medio de una

L. A. Rodríguez: Las finanzas públicas en el Ecuador

51

administración fiscal independiente. l&lt;:s posible que el sistema hubiera funcionado bien para la Gran Colombia, cuando la capital de la ~ación es~a
en la lejana Bogotá, alegaba el ministro, pero ahora con,ced1a demasiado
poder a departamentos individuales. En cambio prop~&gt;n1a_ una estructura
fiscal nacional en que las cajas departamentales actuanan simplemente como oficinas recaudadoras de impuestos. Sólo la tesorería nacional tendría
autoridad para desembolsar fondos gubernamentales. En opinión del ministro el control fiscal unificado no sólo fortalecería el estado nacional
sino q~e debilitaría y por fin eliminaría las sublev~ciones oc~i~n~das por
intereses regionalistas. Además, el sistema centralizado perm1tiria al gobierno uniformar los procedimientos de contaliilidad y simplificar las auditorías de las cuentas estatales.2 El congreso respondió instaurando un
sistema centralizado de finanzas gubernamentales. Como siempre, era más
fácil aprobar leyes que hacerlas cumplir.
Los informes de ministros de finanzas del siglo XIX están llenos de
quejas contra las autoridades locales que se negaban a obedecer la _ley y
las directivas ministeriales. Por ejemplo, los esfuerzos hechos para mtroducir un sistema de contabilidad único y para hacer auditorías en las cajas provinciales tuvieron escaso éxito. Eran demasiado pocas_ l:15 personas
fuera de Guayaquil que poseían habilidades contables suf1c~ente~ para
aplicar los nuevos métodos. Al mismo tiempo, muchos fnnc1onanos locales ignoraban la orden de presentar sus cuentas para su examen.3 El
impulso hacia la uniformación de la contabilidad recibió nuevo ímpetu
cuando en la década de 1850 e] ministro de finanzas introdujo una versión simplificada de la contabilidad de doble en~rada. Recibido por los
contemporáneos como un adelanto notable, el sistema nó parece haber
tenido éxito. La primera administración de García Moreno tuvo que introducirlo nuevamente en la década de 1860. En años posteriores, los
ministros de finanzas continuaron informando que las cuentas locales
se llevaban en forma irregular, que en el país se usaban muchos métodos diferentes y que era extremadamente difícil hacer auditorías en las
cajas locales. En consecuencia el gobierno no tenía un cuadro correcto
de las finanzas nacionales. Todavía en 1897 a los lilierales les costó mucho
implementar un procedimiento contable reformado porque había escasez
de personal con conocimiento ade~uado del sistema de r~gistro ~~ doble
entrada en las provincias internas. La lucha por la umformac1on y el
control de las finanzas gubernamentales continuó hasta bien entrado el
siglo XX.
La legislación impositiva constituía otra fuente de conflicto entre regionalistas y nacionalistas. Legisladores regionalistas introducían leyes
impositivas y modificaban las viejas de modo de asignar los ingresos a
proyectos o funciones específicos. P.ara impedir la desviación de esos

�52

Siglo XIX
L. A. Rodríguez: úu /inan'Z04 públicas en el &amp;uador

dineros, creaban juntas autónomas para recaudar y/o ~dmin~~rar esos
fondos. Las leyes de ese tipo condujeron a un sistema unpos1t1vo muy
complicado donde a los impuestos existentes se añadían muchos ~ gos
extra. Las tarifas aduanales en particular soportaban numerosos y finalmente ridículos cargos adicionaJes pese a los intentos del gobierno de simplificar los procedimientos aduanales consolidando los numerosos cargos
adicionales en un derecho único. Por ejemplo, la tarifa aduanaJ reformada
de 1885 sustituyó muchos cargos extra por un solo 20% adicional, c~~os
fondos serían subdivididos entre cincuenta y nueve proyectos y servicios
financiados por medio de los cargos adicionales. Tales reformas pr~ducían
solamente mejoras momentáneas, porque el congreso nunca vacilaba ~n
crear nuevos impuestos adicionales o suhllividir el producto de ~os eXJstentes.5 En consecuencia, la recaudación y el desembolso de los ingresos
siguió siendo un proceso tedioso y complicado hasta bien entrado el
siglo XX.
La legislación impositiva de intereses especiales tenía efectos negativos de largo alcance. Los impuestos adicionaJes prolif~~aban porque. e~an
la principal fuente de capital de desarrollo, y cada region estaba dec1d1da
a recibir su parte. Por ejemplo, la expansión del sistem~ _de trans~rtes en
el siglo XIX fue financiada con fondos especiales. Tamh1en del mismo modo se financiaron proyectos de educación, agua corriente, salubridad y
construcciones públicas. Inevitablemente, la legislación de intereses esp~ciales socavó los intentos gubernamentales de tomar el control de las fi.
nanzas nacionales; despojaba a la rama ejecutiva de autoridad para regular la recaudación de impuestos y asignar los fondos gubernamentales. El
costo de la recaudación de impuestos y la administración de programas
aumentaba a medida que se multiplicaban_ las age? cias especiales: La te~dencia a dividir los ingresos entre un creciente numero de agencias au!onomas reducía los ingresos de muchas juntas; algunas a veces no ten 1an
dinero ni para cubrir sus propios costos administrativos: En otros caso~, organismos autónomos tenían un e~cedente que ?? ~d1an gastar. El ~Jecutivo estaba impotente para corregir esos desequilihnos porque la ley 1mped ía la transferencia de fondos de una agencia a otra. Los problemas de la
contabilidad y las auditorías también aumentaban con la proliferación
de juntas. Muchos organismos utilizaban sus propios proc~dimientos pa~a
llevar sus libros, ignorando los pedidos del gobierno de umformar l~s metodos de contabilidad. En algunos casos, las agencias no estaban obligad~
por la ley a someter sus registros aJ gobierno nacional, y en consecuencia
el gobierno no tenía conocimiento ni control de un segmento grande del
ingreso y los gastos nacionales.6
Los esfuerzos de los regionaJistas en el congreso por utilizar el goh~~rno nacionaJ para capturar para sus áreas los s ímbolos del progreso tamb1en

53

tuvieron un efecto pernicioso sobre la formación del presupuesto nacional.
A medida que el campo de la actividad del gobierno se expandía en la segunda mitad del siglo XIX para responder a las crecientes demandas de
progreso material, los legisladores con frecuencia aprobaban gastos incompatibles con proyecciones realistas de los ingresos ordinarios. En lugar de
limitar el número de proyectos a los que el estado pod Ía efectivamente fi.
nanciar, el congreso aumentaba arbitrariamente las estimaciones o6ciales
de los ingresos gubernamentales de manera que, en el papel, los ingresos
cubrían los egresos que habían votado para sus distritos. Los ministros de
finanzas exhortaban infructuosamente a la legislatura a adoptar proyecciones reaJistas de los ingresos gubernamentales, basadas en las recaudaciones pasadas, para que el proceso presupuestario pudiera irse volviendo
más racional. El gobierno necesitaba presupuestos realistas para no tener
que buscar ingresos extraordinarios en préstamos a fin de pagar gastos ordinarios y necesarios. Pocos legisladores aceptaron tales proposiciones, especialmente durante el boom del cacao. En consecuencia, el estado con
tinuó soportando graves déficits hasta los últimos años del siglo XIX.
LA TRIBUTACIO
El sistema tributario ecuatoriano era a la vez inadecuado e injusto. Los ingresos tributarios nunca eran suficientes para cubrir los gastos ordinarios
corrientes porque los ecuatorianos eran renuentes a pagar impuestos. Las
recaudaciones más fructíferas de la nación eran impuestos indirectos, como derechos de aduana, que se recaudaban principalmente en la costa. La
clase gobernante ecuatoriana sólo aceptaba dos impuestos directos signi6cativos: el tributo de los indios y el diezmo, impuestos que recaían principaJmente sobre los pobres y sobre la región costeña, menos poblada. Los
gobiernos ecuatorianos trataro n de mejorar la recaudación de impuestos a
la vez que intentaban inútilmente convencer a los terratenientes de la sierra de que pagaran la parte de los impuestos que en justicia les correspondía.
El Ecuador del siglo XIX confiaba principalmente en los impuestos indirectos para los ingresos ordinarios del gobierno. De esos impuestos, los
más productivos eran los derechos de aduana (v. cuadro 1). Los ingresos no
derivados de impuestos, como los provenientes de servicios y propiedades
estatales, apenas contribuían una pequeña cantidad a los ingresos ordinarios del gobierno. Los impuestos directos no generaban ingresos sustanciales. Esto estaba en marcado contraste con el período coloniaJ cuando el
tributo de los indios, un impuesto directo a la población indígena, constituía la principaJ fuente de ingresos de la colonia (v. cuadro 2 ). El principal cambio en la estructura tributaria post erior a la independencia fue el
aumento en la recaudación de derechos de aduana. En la última parte del

�54

Siglo XIX

L. A. Rodríguez: Las finanzas públicas en el Ecuador

CUADRO 2

INGRESOS GUBERNAMENTALES
Fuente
Tributo de los indios

Aguardiente
Alcabalas
Temporalidades, Noyenos, Vacantes
Mayores y Menores
Tabaco
Papel Sellado, Habilitaciones,
Timbres Móviles
Orden de Carlos JU
Aduanas
Total

1807

1830

248 951 *
91 727
32 252

201 379*
39 618
69 605

71592
5 539

60 138
9 329

11317
81 663

15 892
1 000
311 500

543 041

708 461

* Pesos
FUENTE: Ecuador, Ministro Secretario de Estado, Esposición, 1831, Cuadro 1, 2.

período colonial los derechos de aduana se establecían en general en España, o en alguna otra parte del imperio, al exportar hacia el Ecuador. A
la entrada a la jurisdicción de la Audiencia de Quito sólo se cobraba una
modestasuma.7
La costa se había beneficiado con los camhios imperiales en las reglamentaciones del comercio de fines del siglo XVIII. En el momento de la
independencia la región estaba en medio de un boom de las exportaciones de cacao mientras que la sierra, el área más poblada del país, sufría
una prolongada depresión. Los tejidos, su principal industria de exportación, ya no podían competir con las telas europeas, mejores y más baratas. Además, tamhién su principal mercado, las minas del Perú, estaban
en declinación. En consecuencia, lejos de producir ingresos gubernamentales, la sierra los consurn ía. Por eso el gobierno nacional se apoyó en la
creciente economía exportadora costeña corno fuente principal de impuestos indirectos.8
Las exportaciones de cacao eran fundamentales para la economía y

55

el sistema fiscal de la nación. Aún cuando los productores de cacao pagaban impuestos a la exportación y diezmos - este último sustituido por
un cargo especial a la exportación cobrado sobre el cacao en la década de
1890- éstos no proporcionaban ingresos grandes al gobierno. En camhio,
las exportaciones de cacao contribuían a los ingresos nacionales en forma
indirecta. Las exportaciones de cacao producían los ingresos que permitían a los ecuatorianos adquirir un volumen relativamente alto de productos importados.9 Cuando la producción de cacao disminuía, o cuando había dislocaciones del mercado, las ganancias derivadas de la exportación caían; en consecuencia había que reducir las importaciones y los
ingresos del gobierno caían tamhién. La espectacular actuación del cacao como exportación hasta la década de 1920 pagó la expansión del
gobierno y la emergencia del estado activo en el Ecuador, pero el boom
del cacao no transformó a un país pobre, dependiente de la exportación
de un solo producto de la agricultura tropical, en una nación rica. Aún
durante los mejores años del cacao los impuestos a las importaciones no
fueron suficientes para superar los obstáculos al desarrollo que enfrentaba el Ecuador.
Durante el siglo XJX los ingresos de los gobiernos ecuatorianos dependían de los derechos de aduana, y sólo ocasionalmente se usaron para
promover el desarrollo. De las veinte leyes tarifarias promulgadas entre
1830 y 1894, ninguna era proteccionista. En algunos casos los códigos
eximían de impuestos a la maquinaria y bienes necesarios para industrias locales y proyectos públicos, o les aplicaban una tarifa reducida. Pero tales exenciones eran generalmente de corta duración. Como la inestabilidad política del país generaba reiteradas crisis gubernamentales, regímenes en guerra, enfrentados a la necesidad urgente de aumentar los ingresos, gravaban nuevamente los bienes antes exentos y aumentaba las cargas sobre la importación.10
Los regímenes del siglo XIX ensayaron varios métodos para estimar
los derechos de importación con el fin de crear un sistema tributario que
fuera a la vez productivo y fácil de administrar. Todos los gobiernos trataron de mantener los derechos equivalentes al 25°/o del valor en el mercado de los bienes importados. En el siglo XJX ese objetivo se alcanzaba
por medio de tarifas que daban el valor específico de los derechos por
cada artículo importado. El sistema tenía dos grandes dificultades. Pese a
las periódicas revisiones de las tarifas fijadas, los funcionarios aduanales
no lograban seguir el paso ni del aumento de los precios de los artículos
importados ni de la introducción de productos nuevos en el pa-ís, y la
aduana estaba siempre envuelta en complicados litigios sobre la clasificación correcta de importaciones no incluidas en la lista de tarifas. En consecuencia , los artículos que sí estaban en la lista y tenían tarifas fijadas ra-

�56

Siglo XIX

ra vez pagaban el 25°/o ad valorem; a veces los derechos de aduana caían
hasta el 10°/o del valor en el mercado antes que los funcionarios pudieran
aumentar los derechos para reflejar los precios aumentados. En la década
de 1860 se hicieron esfuerws por sustituir el 25°/o del valor por el sistema
de derechos específicos, pero esa reforma y otros esfuerzos por modificar
la estructura tarifaria fallaron. Los defensores del sistema existente alegaron que el estado podía mantener la productividad de la tarifa con sólo
revisarla frecuentemente; pensaban que era más fácil hacer esas revisiones
administrativas que tratar de controlar el fraude que un sistema ad valorem
pod ía acarrear.
Para la década de 1880 las tarifas específicas habían llegado a ser demasiado engouosas. En 1884, por ejemplo, importaciones legales estimadas en 15 416 163 gesos pagaron solamente 1 668 917 pesos de derechos
de aduana, el 10.8 1/o del valor declarado. Y la declaración aún de ese
modesto impuesto era una operación dificuJtosa. Antes de calcuJar la
tarifa, los importadores y los funcionarios aduanales tenían que ponerse
de acuerdo sobre la clasificación correcta de los artículos imponibles. Los
desacuerdos a menudo desemhocaban en prolongadas disputas que tenían
que resolverse en los tribunales o por funcionarios gubernamentales de
mayor categoría. Una vez que las autoridades acordaban una clasificación,
tenían que computar los derechos. Algunos gravámenes se calcuJaban en
base al peso, otros en base a las dimensiones de los artícuJos importados,
otros más según el número de piezas del embarque. Una vez establecido el derecho básico, los funcionarios aduanales tenían que sumar la
miríada de cargos adicionales destinados a financiar agencias o proyectos especiales. Esto a menudo requería una docena de cálcuJos diferentes antes de Uegar a lo que debía pagar determinada importación, y cada paso ofrecía amplio espacio para divergencias entre el servicio aduana)
y el importador.
La campaiia de la década de 1880 por la reforma de la aduana trató de
simplificar la administración aumentando al mismo tiempo la productividad de las tarifas. Las reformas se concentraron en dos puntos: el establecimiento de un derecho general uniforme y la eliminación de los numerosos
cargos adicionales. Varios ministros de finanzas propusieron un derecho único basado en el peso bruto de las importaciones, sistema que se
utilizaba con éxito en Colomhia, Venezuela, Costa Rica y icaragua. Los
reformadores afirmaban que México y Chile habían decidido pasar del impuesto ad valorem a otro basado en el peso bruto debido a la dificuJtad para controlar el fraude. Sostenían que sería más fácil administrar ese derecho que una tasa uniforme ad valorem porque no se pedía, al servicio aduana!, que estableciera el verdadero valor de los artículos importados, tarea
difícil porque los comerciantes podían presentar declaraciones falsas. 11

L. A. Rodríguez: úu finanzas públicas en el Ecuador

57

Finalmente el gobierno promulgó un nuevo código aduanal basado en
el peso en 1885. Pero la nueva legislación no establecía un derecho uniforme: en cambio dividía las importaciones en nueve clases, imponibles a tasas diferentes cada una. Los viejos cargos adicionales se consolidaban en
uno solo, del 20°/o. El derecho básico iría al tesoro nacional; los cargos
adicionales se distribuirían entre los proyectos y las agencias autónomas
autorizados por el congreso a recibirlos. El nuevo sistema impositivo aumentó por algún tiempo los ingresos de la aduana, pero para 1896 la recaudación ya había descendido al 21.69°/o del valor declarado de las importaciones legales. El ministro de finanzas se quejaba de que los ingresos
del Ecuador decaían en el momento en que otras naciones estaban cobrando derechos hasta del 38% ad valorem. Además, el 20% de cargo
adicional resultó insuficiente para financiar las agenciás autónomas, por
lo que el congreso impuso nuevos cargos adicionales. Para el nacimiento
del siglo el nuevo sistema aduanal había llegado a ser tan complicado, tan
engorroso y tan ineficaz como el que había reemplazado.12
En contraste con los impuestos aduanales indirectos, los directos disminuyeron en importancia durante el siglo XIX. Sólo dos impuestos directos, el tributo de los indios y el diezmo -un impuesto del 10% sobre
la producción agrícola bruta- eran significativos. Aun cuando en el
período colonial habían sido las principales fuentes de ingresos, después
de la independencia declinaron en relación con otros gravámenes. Los
enemigos de esos impuestos afirmaban que no eran equjtativos y que
constituían una traba para el desarrollo nacional. Sin embargo, el tributo
de los indios subsistió hasta 1857 y el gobierno no abolió los diezmos hasta
1889. Muchos ecuatorianos urbanos de clase media y alta se negaban a pagar impuestos directos, pero estaban perfectamente dispuestos a apoyar
los que recayeran en la población indígena. Los indios no sólo tenían que
pagar el tributo sino que en la sierra contribuían con una parte desproporcionada de los diezmos. La pesada carga fiscal sobre ese segmento de la población estaba en relación directa con su importancia en la sociedad ecuatoriana.
El tributo de los indios, el impuesto directo más productivo de la nación, se recaudaba únicamente en la sierra. En la costa no se había cobrado
desde 1820.13 Durante la primera década de vida nacional el tributo de los
indios representó entre un tercio y un quinto del total de los ingresos ordinarios del gobierno. Su importancia declinó en los años siguientes y finalmente fue abolido en 1857 (v. cuadro 3).
La campaña por la abolición del tributo indio y la contraria lucha por
mantenerlo constituyeron un aspecto de los conflictos regionales que dividieron la nación en el siglo XIX. Las condiciones locales }'. los valores so-

�L. A. Rodríguez: Las finanzas pública., en el Ecuador

58

59

Siglo XIX

ciales conformaban las actitudes en conflicto de la costa y la sierra sobre el
tributo de los indios. Los costeños se oponían al impuesto arguyendo que
los indios de la costa, liberados de esa pesada carga, producían más que sus
contrapartes de la sierra. Afirmaban que la abolición del tributo estimularía la producción en la sierra e integraría a los indígenas a la economía de
mercado, pero sus argumentaciones dejaban de lado dos problemas importantes. Sólo unos pocos indios vivían en la costa, y la población de la región estaba más integrada económicamente porque escaseaba la mano de
obra y porque la costa era el centro de la economía exportadora. Esas
condiciones no existían en la sierra. Los políticos y los terratenientes de la
sierra alegaban que el impuesto era necesario porque los indios eran perezosos y no trabajarían a menos que se les obligara a pagar tributo. Advertían además que el estado no podía permitirse perder tan importante
fuente de ingreso. Los legisladores serranos lograron frustrar los intentos
de varios gobiernos de abolir el tributo de los indios. Hicieron falta los
esfuerzos combinados de las administraciones de José María Urvina
(1851-1856) y Francisco Robles (1856-1859) para abolir el tributo en
1857 .14 Esos presidentes alcanzaron su objetivo porque ambos eran militares con fuertes vínculos con la costa. La insatisfacción en la sierra por la
abolición del tributo constituyó un elemento importante en el derrocamiento del gobierno de Robles y la subsiguiente llegada al poder de Gabriel García Moreno y los conservadores.

CUADRO 3
TRIBUTO DE LOS INDIOS, 1830-1857

Año

Cantidad en pesos

º/o de la renta
gubernamental ordinaria

1830
1831
1832
1839
1847
1855
1856
1857

201 379
205 652
197 000
176 845
168 188
150 558
156 995
147 289

28.4
26.4
35.6
20.3
15.2
15.2
14.9
12.6

Como se había previsto, los ingresos derivados de impuestos declinaron en forma dramática tras la abolición del tributo de los indios. En 1858
el ministro, de hacienda señaló que las cajas de las provincias del interior
ya no pod1an hacer frente a rus obligaciones. Para remediar esa situación
el ?obiemo t_uvo que_tra_nsferir fondos recaudados por la aduana de Guayaquil_ a las caJas de P1chmcha, Cuenca y Loja (v. cuadro 4). Como para el
gobierno la transferencia de ingresos de Guayaquil hacia las provincias del
interior era ~a solución de~adable pero necesaria, instó al congreso a
proveer a la sierra de sus propias fuentes permanentes de financiamiento. 15
El pr?b~ema de cobrar impue51:os ~n una región densamente poblada pero
econom1camente atrasada contmuo frustrando a generaciones de funcionarios gubernamentales. Mientras la industria y la agricuJtura de la sierra siguieran aisladas de la costa, la sierra tendría que recurrir a transferencias
de fondos de la costa para pagar servicios necesarios. Esa situación convenció a los costeños de que su área estaba siendo explotada para mantener a
un interior improductivo.

CUADRO 4
EFECTOS DE LA ABOLICIO DEL TRTBUTO E 1857

Provincia
Pichincha
Imbabura
León
Chimborazo
Cuenca
Loja
Total

Ingresos

Gastos

Déficit

3 499
1 857
1636
1 949
1 436
573

12 588
1 721
1 232
1 259
3 289
681

9 089

10 950

20 779

11 059

Superávit

136
404
690
1862
108
1200

l.

Sólo las cifras para Quito incluyen gastos militares.

2.

Estos déficits habrían sido mayores y más provincias hubieran tenido
déficit, a no ser porque en las cuentas de 1857 se incluyeron cobranzas tardías de tributos.

FUENTE: Ecuador. Ministro de Hacienda, Esposición, 1858, p. 5.
FUENTE: Cálculos basados en datos en Ecuador, Ministro Secretario de
Estado, Esposición, 1831; Ecuador, Ministro de Hacienda,Memorúz, 1833;
Ecuador, Ministro de Hacienda, Esposición, 1847, 1855, 1857, 1858.

~us quejas pasaron a formar parte de la retórica regionalista y siguieron siendo fuente de conflictos hasta bien entrado el siglo XX.

�60

Siglo XIX
L. A. Rodríguez: La8 finanzu pública8 en el Ecuador

El diezmo era el otro impuesto directo importante en el siglo XIX
(v. cuadro 5). Los diezmos sustituían a un impuesto colonial llamado los.
novenos. El producto del diezmo se repartía entre la iglesia y el estado.
Hasta 1867 dos tercios del total recaudado iban a la iglesia y un tercio a1
gobierno. Posteriormente, como resultado de enmiendas al Concordato de
1862 negociadas por Antonio Flores Jijón, la parte del gobierno aumentó
a la mitad. El Vaticano además cedió al gobierno ecuatoriano una donación especial de diezmos de 1863 a 1866 que elevó transitonamente la
parte del estado a los dos tercios. A partir de 1872 el gobierno recibió el
60°/o de los diezmos. En todos esos acuerdos el estado aceptaha que la
iglesia tendría prioridad y el gobierno devolvería parte de esos fondos en
el caso de que la parte de la iglesia no alcanzara para atender a sus necesidades.16
Como el estado no poseía la burocracia necesaria para administrar
los diezmos, confiaba la recaudación a contratistas particulares. El sistema era ineficaz y daba lugar a muchos abusos; el gobierno recibía apenas una ínfima parte de lo recaudado mientras que los recaudadores a
menudo robaban a los indios y pequeños propietarios rurales. El gobierno
advirtió repetidamente a los recaudadores que no estimaran más del 10%
de la producción agrícola y que se abstuvieran de aceptar pollos, cuyes y
otros productos que era imposible dividir en diez partes. Pero los ministros de hacienda denunciaban que los recaudadores ignoraban los reglamentos y que sus abusos perjudicaban a la agricultura.17 El impuesto resultaba particularmente oneroso para los indios de la sierra, que se veían
obligados a desprenderse de bienes cuyo valor a menudo excedía al de todo el henefjcio anual de sus pequeñas parcelas. Como los diezmos se calculaban sobre la producción agrícola bruta y no neta, en los años buenos los
terratenientes podían llegar a pagar el 20 o el 30°/o de su ingreso. En los
años malos las obligaciones del diezmo podían obligar a agricultores pequeños a abandonar la tierra. Dada la estructura socioeconómica del
Ecuador del siglo XIX, los indios eran particularmente vulnerables a la explotación por los recaudadores de impuestos. A veces las exacciones terminaban en choques s.angrientos entre comunidades indígenes y recaudadores; en otros casos los sobrecargados indios abandonaban sus tierras y
huían a la costa para salvarse de los impuestos.
El diezmo rindió más altos ingresos en la sierra que en la costa durante
la primera mitad del siglo XIX. Hasta 1850 la mayor suma producida por
los diezmos en la diócesis de Guayaquil ascendió a 34 761 pesos, pero después de la mitad del siglo la situación tuvo un cambio dramático. En 1854
el diezmo de Guayaquil produjo 43 842 pesos y para 1857 había aumentado a 127 589 pesos, mientras que los diezmos de Quito y de Cuenca
producían tan sólo 88 226 y 28 188 pesos, respectivamente. Como los

61

CUADROS
INGRESOS GUBERNAMENTALES PROCEDENTES DE
DIEZMOS, 1830-1889

Año
1830
1832
1846
1854
1855
1857
1861
1862
1863
1864
1865
1866
1867
1868
1869
1870
1871
1872
1873
1874
1875
1876
1877
1878
1882
1884
1885
1886
1887
1888
1889
1
a.
b.

c.

Cantidad ahsoluta 1
60 138ª
37 820
37 634
57 075
43 107
81 334
117 723
92 537
200 518~
152 881b
431 089b
66 109
326 279
36 166
100 712
118 666
181 632
228 478
296 882
347 039
141 007
367 496
224 497
266 269
187 132
308 223
390 008c
448 378
451 656
392 150
363 754

º/o de los ingresos
gubernamentales ordinarios

8.5
6.9
3.4
5.6
4.1
6.3
8.1
8.2
14.9
10.6
27.2
4.8
20.2
2.5
6.1
5.3
7.3
7.8
9.6
11.2
4.9
15.4
10.4
10.8
8.5
9.7
15.5
14.1
10.1
9.7
11.7

Pesos hasta 1884 y sucres en adelante.
Estimación del ministro secretario de estado en 1831
Los ingresos gubernamentales por diezmos aument~on en esos años
p~r una donación especial de la iglesia católica, impuesta por la enmienda al concordato del 26 de septiembre de 1862.
Ingresos gubernamentales procedentes de diezmos, 1830-1889.
Rentas gubernamentales estiniadas. El total recaudado por diezmos en
1885 fue de 686 663 sucres.

FUENTES: C~1;1!-1os basados en dato~ &lt;!e: E_cuador, Ministro Secretario de
Estado, Esposicton 1831; Ecuador, Ministeno de Hacienda Informe 1833
184?, 1855, 1857, 1858, 1863, 1867, 1880, 1885 1887 '1888 1890· EÍ
N,
acional (Quito) no. 327 (1868).
'
'
'
'

�62

SigloXIX

L. A. Rodríguez: Las finanzas públicas en el Ecuador

diezmos de todo el país para 1857 ascendieron a 244 004 pesos, Guayaquil sola había contribuido más de la mitad. De ahí en adelante la recaudación de diezmos aumentó lentamente en la sierra, pero en la costa se elevó en forma dramática debido al boom del cacao. Como eso coincidió con
la abolición del tributo de los indios, que constituía el mayor impuesto de
la sierra, el papel de la costa como principal fuente de ingreso g~ernamental se hizo aun más pronunciado. En un intento de aumentar sus mgresos, el gobierno tomó directamente el control de la recaudación del diezmo
en la costa en 1869. Sin embargo los contratistas particulares continuaron
cobrando el diezmo en la sierra hasta que se abolió en 1889. A partir de
1869 el gobierno se benefició directamente de la expansión económica de
la costa porque a través del diezmo recibía una cantidad sustancial del
del principal cultivo de exportación del país. Préstamos del Banco del
Ecuador financiaban la comercialización de las exportaciones de cacao del
gobierno.18
Muchos ecuatorianos criticaban el diezmo como un impuesto regresivo
que perjudicaba a la agricultura. Pero su importancia como fuente de ingresos y la ausencia de un impuesto alternativo en la sierra s~lenciaba~ a
sus opositores. En varias ocasiones diversos reformadores hab1an sugendo
que el gobierno debía reemplazar los diezmos por impuesto~ a la renta, y
a la propiedad, pero nadie aceptaba seriamente tales alternativas. Ad~mas,
la iglesia se oponía a su abolición hasta que encontrara un nuevo ~etod_o
de financiar sus actividades. Finalmente en la década de 1880 el mteres
económico indujo a los terratenientes conservadores y proclericales de la
sierra a unirse a sus contrapartes liberales y anticlericales de la costa para
suprimir el diezmo. El 16 de noviembre el gobierno ecuatoriano llegó a un
acuerdo con el Vaticano que abolía los diezmos y destinaba al sostén de la
iglesia un impuesto de tres sucres por mil al valor de la propiedad rural.19
Igual que en el caso del tributo de los indios, la abolición de ~os die~n:i~s
redujo el ingreso gubernamental, obligando al estado a cuhnr el deficit
con préstamos bancarios e impuestos adiciona1es sobre el cacao. La supresión de los diezmos no puso fin a los abusos relacionados con su recaudación en la sierra. Los cobradores de los nuevos impue.stos siguieron explotando a los pobres que cargaban con una parte desproporcionada del nuevo gravamen. Y quienes no podían pagar veían sus bíenes confiscados y
vendidos.
El bajo rendimiento del nuevo impuesto directo a la propiedad rura1
demostró que los grandes terratenientes serranos no estaban dispuestos
a pagar. Utilizaban su influencia para evitar el pago o subestimaban grandemente sus posesiones y por lo tanto su irnponihilidad. El gobierno no
podía derrotar a los intereses arraigados locales. Las actitudes hacia la
tributación no habían variado desde la década de 1850, cuando el gobier-

63

no fracasó en su intento de sustituir el tributo m·di'gen
·
d.
1
•
a por un impuesto
,recto a a pr?pieda_~ rura1. Como los ecuatorianos ricos rechazaban el
concepto de trihutac1on progresiva la practica coloru·a1 de
l
.
,
pasar os costos 0el gobierno a los menos capaces de pagarlos continuó hasta el siglo

1

XX.

La admini~tración de la tributación ha planteado problemas serios al
estado ecuatonano. Durante el siglo XIX y comienzos del XX
' ·
mente t 0 d l
. .
d h
, practica.
os os_ mmistros e acienda se quejaron de que los reglamentos
CXJstentes
eran madecuados , afirmando que la recaudac,on
·' d e impuestos
·
.
, .
meJ?raria si s~ _contara con legislación adecuada. Casi todas las administraciones modificaron las leyes impositivas convenci·das de
1
·
hah' fall
,
que as antenor~s
'.~ . ª~?, _pero pese a los numerosos cambios el rendimiento de
1~ tributac1~n- s1gw? _siendo bajo y los gobiernos escasamente podían financiar los servicios bas1cos. La historia de los impuestos al aguardiente local
hecho de caña de azúcar, es un excelente ejemplo de los problemas'.
.
Los fun;ionarios ecuatorianos estaban divididos entre la necesidad de
unJJ?ner algun gravamen al producto y el deseo de limitar su uso. La maY?na de los ~dministradore~ . deploraban, el amplio consumo de aguardiente, q~e ve ian como un Vicio que aflig1a a las clases bajas inutilizando a
los trabaJador~. Peco no podían abolir el impuesto porque lo consideraban una lucrativa fuente de ingresos; en realidad, funcionarios guherna'.11entales buscaban ~I modo de aumentar los ingresos procedentes de los
impuestos a las bebidas alcohólicas. Justificaban su acción destinando 1
productos del aguardiente a empresas meritorias como la manumisión
esli~lavos, Y proyectos de lazaretos, escuelas y obras para el bienestar púb co.

J:

f

El gobiern~ ~e Antonio Flores Jijón estableció el modelo de buscar
ormas de maxu~~zar los ingresos derivados del aguardiente. En septiem~~e de 1830 ahoho ~1- monopolio estatal del alcohol que existía, reemplanandolo p~r el reqws1to de u~a ~~encia para los productores. Pero la ley
O
e prov~y~ nada sobre ~u ~phc~c1on y la accidentada topografía facilitaba
1
flo1:e~1m1e~to de destilerias sm licencia. Como era de esperar, el sistema
restto maphcahJe, para junio de 1831 el gobierno de Flores reconoció
su, acaso Y lo abolio. A continuación introdujo un impuesto a la caña de
azu~ar, que se cobraba a nivel local y se basaba en la cantidad de tierra
:1tivada.. Para estimular una administración eficiente, la ley autorizaba
as ~utondades canto~ales a re~audar el impuesto y a retener el 5°/o de lo
0
_hterudo.
nuevo metodo fallo cuando los propietarios se negaron a refstrar sus _tie~as. Como los funcionarios cantonales tenían vínculos sociaes Y econom1cos con los terratenientes locales, no podían imponer la ley.

r,

E!

�64

Siglo XIX

El congreso suspendió la medida en noviembre de 1831 y de ahí en
adelante se asignó a todos los destiladores, importadores y distribuidores
de alcohol conocidos, un cargo mensual de entre uno y seis pesos, según la
magnitud de las- operaciones y las circunstancias locales. Pero el nuevo
arreglo tampoco generó mucho ingreso. En 1835, sólo cinco años después
de su abolición, el gobierno de Rocafuerte volvió a imponer el estanco de la
producción de- azúcar en la sierra, conservando para la costa un sistema de
cargo mensual modificado. Pero el estanco volvió a fracasar y,fue abolido
otra vez en 1837. De ahí en adelante, el gobierno volvió a la política de
regular la producción y la venta de aguardiente.21
En las siguientes décadas los gobiernos ensayaron, descartaron .y volvieron a instaurar una variedad de enfoques en su búsqueda del mejor método de extraer ingresos al aguardiente. El congreso aprobó catorce leyes
que reestructuraban los impuestos a las bebidas alcohólicas entre 1830 y
1893. Todas resultaron por último inadecuadas. Sucesivos ministros de
hacienda pidieron cambios en las leyes que regulaban el tráfico de alcohol
en la vana esperanza de terminar con el fraude y el contrabando, aumentando a la vez los ingresos gubernamentales. La mayoría de Los administradores creían que si pudieran descubrir el modo de cobrar impuesto a
todo el aguardiente que efectivamente se producía y se comercializaba en
Ecuador, podrían recaudar ingresos inferiores solamente a los aduanales.22 Por consiguiente, muchos gobiernos dedicaron cantidades extraordinarias de tiempo y esfuerzo a tratar de aumentar una fuente de ingreso que
raramente producía siquiera el 5°/o del ingreso estatal (v. cuadro 6).
Pero ni leyes perfectas hubieran podido asegurar la recaudación eficiente de impuestos al aguardiente. El problema estaba en las actitudes del
público hacia la tributación y en la incapacidad de los funcionarios públicos para imponer las leyes fiscales. El gobierno simplemente no tenía
el personal necesario para aplicar las leyes fiscales y cobrar los impuestos. Sus empleados, mal preparados y mal pagados, encontraban más conveniente acceder a los deseos de los que debían regular que obedecer las
instrucciones del gobierno.
Además, gracias a las influencias locales los funcionarios del aguardiente solían ser parientes y amigos de los destiladores clandestinos: los
lazos de parentesco y las relaciones clientelares hacían improbable que personas influyentes fueran castigadas o la producción ilícita en gran escala
terminara. En cambio la aplicición de la ley solía desviarse hacia el pequeño productor y el transgresor modesto. Pero aún en los casos en que los
funcionarios se proponían aplicar la ley, se lo impedía la escasez de personal para regular la producción y r:ecaudar impuestos en las regiones aisladas. Aún en condiciones ideales las reglamentaciones del gobierno sólo

L. A. Rodríguez: Las finanzas públietu en el Ecuador

CUADR06

INGRESOS GUBERNAMENTALES DERIVADOS DEL AGUARDIENTE
1830-1924
0

Año
1830
1832
1836
1837
1838
1839
1846
1852
1853
1854
1855
1856
1857
1861
1862
1863
1864
1865
1866
1867
1868
1869
1870
1871
1872
1873
1874
1875
1876
1877
1878
1879
1882
1884
1885
1886
1887
1888
1889
1890
1891
1892
1893
1895

Cantidad absoluta1
39 618
15 400
27 150
37 942
30 370
27 841
44 007
14 483
50 170
31 468
40 170
51 636
56 127
52 517
72 036
56 291
62 744
69 258
71 440
71400
66 493
90 687
100 404
100 844
112 074
118 410
122 632
121 408
134 627
97 667
122 436
124 165
83 425
180 633
149 558
154 198
146 234
112 794
112 714
132 643
171827
185 834
176 679
75 430

/o de los ingresos
gubernamentales ordinarios
5.6
2.8
3.6
4.9
3.8
3.4
4.0
1.8
4.8
3 .1
4.8
4.9
4.4
3.7
6.4
4 .1
4.4
4.3
5.2
4.4
4.6
5.5
4.4
4.1
3.9
3.8
4.0
4.2
5.7
4.5
5.0
4.1
3.8
5 .7
5.9
4.8
3.3
2.8
3.6
3.2
4.8
4.9
4.1
a

65

�66

Siglo XIX

L. A. &amp;dríguez: Las fuumz&lt;U pública&amp; en el Ecuador

CUADR06

Año
1896
1897
1898
1899
1900
1901
1902
1903
1904
1905
1906
1907
1908
1909
1910
1911
1912
1913
1914
1915
1916
1917
1918
1919
1920
1921
1922
1923
1924

Cantidad absoluta1

tenían probabilidades de ser aplicadas en las inmediaciones de las grandes
ciudades o junto a los principales caminos.

(sigue)

°lo de los ingresos
gubernamentales ordinarios

267 822
322 106
330 205
337 553
379 826
339 093
356 786
343 758
355 861
254 161
541 525
384 678
586 900
832 361
721 323
752 404
797 847
962 265
1 023 099
928 297
1048251
1 035 865
1 260 761
1 020 461
976 480
743 401
953 563
1 511 240
1 485 824

l.

Pesos hasta 1884 y sucres en adelante.

ª·

Datos incompletos impiden calcular el porcentaje.

67

a

4.7
4.2
4.4
4.7
3.2
3.8
3.4
4.2
2.2
4.2
3.1
4.6
5.2
5.4
5.6
4.0
4.8
6.0
6.2
6.5
6.3
9.1
6.7
5.7
4.7
5.l
8.2
7.0

FUENTES: Calculado a partir de datos de Ecuador, Ministerio de Hacienda Informe 1833 1847 1855 1857, 1858, 1863, 1867, 1880, 1885, 1887,
1888, 1890, 1892, 1894, 1898, 1901, 1902, 190~,. 19~6, 1912, _1913,
1915 1916, 1917, 1919, and 1921; Ecuador, M1msteno de Hacienda,
Boletín de estadística fiscal y comercial III {1912), VII (1_917); El Nacional (Quito) no. 327 (1868); Ecuador, Ministerio Secretario de Estado,
Esposición 1831· Ecuador Ministerio de Hacienda, libro de balances
1919-1920, 1922-1925; E¿uador, Ministerio de Hacienda, Balance general
y sus anexos 1920.

Para superar esas dificultades, muchas administraciones confiaron la
recaudación de los impuestos sobre el aguardiente a contratistas particulares, puesto que la experiencia había demostrado que éstos eran más
eficientes. Cuando el gobierno nacional intentó recaudar los impuestos,
los ingresos cayeron abruptamente. Peco también los recaudadores independientes tenían sus defectos. Como el estado carecía de datos sobre la
producción y el consumo de aguardiente, no podían establecer un precio
mínimo basado en una estimación realista del rendimiento del impuesto,
y tenía que aceptar la oferta más alta. Así, el gobierno actuaba sin CO·
nocer la cantidad de beneficio que obtenían los recaudadores, lo que en las
áreas más alejadas planteaba problemas serios. Los recaudadores privados
tenían además el poder de impedir al gobierno que los reglamentara o
creara competencia. Muchos de ellos, que se dedicaban a la compra en
gran escala y la distribución de aguardiente, compraban grandes cantidades del alcohol y las almacenaban. Si el estado intentaba cobrar directamente los impuestos o rematar el contrato a algún otro, el recaudador saliente lanzaba al mercado su provisión de aguardiente. Esa venta no sólo
atascaba el mercado sino que, como ese licor ya había pagado el impuesto,
reducía profundamente los beneficios del nuevo recaudador y los ingresos gubernamentales. Así unos pocos individuos monopolizaban las subastas del impuesto al aguardiente, y el estado raras veces pudo desafiar con
éxito su posición de privilegio.25
La experimentación con diversos enfoques para aumentar Ja eficacia
de la tributación no se limitó a un solo artículo. Los legisladores modificaban continuamente las leyes impositivas en su esfueczo por aumentar los ingresos gubernrunentales, pero, al igual que en el caso del aguardiente, esos esfuerzos fracasaron porque no apuntaban a los obstáculos
reales. La legislación no podía modificar las actitudes públicas hacia el
pago de impuestos, y el congreso nunca creó la burocracia adecuada, bien
preparada, necesaria para imponer la tributación a una población renuente.

LA DEUDA EXTER A
Mucho gobiernos latinoamericanos del siglo XIX recurrieron a los préstamos extranjeros como forma de atender gastos extraordinarios, especialmente a comienzos del período independiente. Pero el Ecuador no podía negociar préstamos porque no había pagado su parte de las sumas obtenidas en préstamo por la Gran Colombia durante la guerra de independencia. 24 En 1838, el Ecuador asumió el 21.5 por ciento de la deuda,

�68

Siglo XIX

L. A. Rodríguez: Las rmanztu públicas en el &amp;uador

equivalente a 1 424 579 libras esterlinas (7 122 896 p~s).2 ~ Durante los
diez años siguientes no pagó nada debido a que los co~flictos mtern?s ocupaban toda la atención y todos los fondos de l°:' gobiernos del pa,s. Para
1848 la deuda había aumentado, con los intereses no pagados, a
17 210 475 pesos.26
El gobierno ecuatoriano inició, en 1850, renegociaciones con los representantes de los poseedores ingleses de bonos de la deuda de la Gran
Colombia. Después de cuatro años de difíciles regateos,, las ~a.rtes llegaron
a un acuerdo para el pago de la deuda. El Ecuador acepto emitir nuevos bonos en septiembre de 1855 por valor de 1 824 000 libras esterlinas
(9 120 000 pesos) para refinanciar la deuda original y 339 421 libras esterlinas de intereses atrasados. Esos ''bonos ecuatorianos de la deuda extranjera consolidada" pagarían un in~rés del 1% ~ual mientras los ingresos
de la aduana de Guayaquil estuVIeran por debaJo de los 400 000 pesos
anuales· de ahí en adelante la tasa de interés aumentaría proporcionalmente ~ lo recaudado hasta alcanzar un máximo del 6%. El gobierno retuvo un cuarto de los ingresos de la aduana de Guayaquil para pagar capital e intereses. Los nuevos bonos no consolidaban todos los intere~s no
pagados que se habían sumado al ~apita! original. El Ecuador cancel~ ~a~te de los intereses cuando entrego a los poseedores de los bonos bntán~cos ciertos documentos peruanos que tenía; el resto de la deuda se amortizaría cediendo a los acreedores grandes extensiones de tierr~ en Esmer~:
das y en el Oriente. Esa parte de la deuda no producía interes_ y se cuhn?
con una emisión especial de bonos, llamados "bonos ecuatonanos provisionales"1 por la suma de 996 646.50 libras esterlinas (4 98~ 232.50 pesos). Los adquirentes de los bonos tenía~ veintiún añ~~ a partir de la_fecha
en que entró en vigor el acuerdo para ejercer su opc10n sobre las- tierras.
, automati;31Den
, ·
te .27
Si no lo hacían, los bonos se cancelar1an
El acuerdo de 1854, igual que todos los arreglos suhsiguien~ ~ntre el
Ecuador y sus acreedores extranjeros, se convirtió en blanco de _c~1tícas severas y cada vez más duras. Desde el momento en que se ratificaban los
acuerdos sobre la deuda, empezaban los ataques de los críticos internos
del gobierno, que pensaban que los términos eran demasiado one~os&lt;:&gt;5.
Los vecinos de Ecuador, Colombia y Perú, también plantearon ob~ec10nes al tratado porque afirmaban tener derecho sobre algunas _de las tierras
cedidas a los poseedores de bonos.28 Esos prolongados vo~1íerantes a~ques al acuerdo sobre la deuda proporcionaban una rac1onal1dad al subsiguiente incumplimiento.

r

Entre 1855 y 1891 el Ecuador hizo apenas unos pocos pag~s según el acuerdo de 1854. Inic!alm~~te suspendió los pagos durante periodos
de perturbación interna e mvasion externa, como en 1859-1860, 1863

69

y 1864. García Moreno trató, sin éxito, de renegociar la deuda durante sus
dos administraciones (1861-1865 y 1869-1875) con la esperanza de obtener un nuevo préstamo para construir un ferrocarril de Guayaquil a Quito
y liquidar la deuda del gobierno con los bancos locales. En 1869 ordenó
una suspensión de pagos hasta que fuera ratificado un nuevo acuerdo. Los
representantes de Ecuador no podían renegociar la deuda anterior ni obtener un nuevo préstamo porque ni el congreso ni el público tenían expectativas realistas: se negaban a tomar en cuenta la historia de inestabilidad po·
lítica del país, su mal desempeño como deudor y su limitado potencial
para el desarrolle a corto o mediano plazo, e insistían por el contrario en
obtener términos similares a los acordados a las naciones europeas, mayores y más estables. Por ejemplo, los ecuatorianos proponían un préstamo
a cincuenta años al 6%de interés con un descuento de sólo 14%, garantizado por el 25°/o de los ingresos aduanales del país. Esos términos resultaban inaceptables para los financistas extranjeros, y el Ecuador seguía en
mora. Asediados por las dificultades internas, la mayoría de los gobiernos simplemente ignoraban la deuda externa. Aun cuando los acreedores
formaron la Ecuador Land Company Ltd., sus esfuerzos por llevar a la
práctica el acuerdo de transferir tierras a los poseedores de bonos extranjeros fracasaron. 29
En 1888, el presidente Antonio Flores Jijón dio prioridad a la restauración del crédito exterior del Ecuador porque el país necesitaba
capital extranjero para desarrollar un sistema de transportes moderno. Evidentemente no podía obtener capital mientras estuviera en mora. Después
de dos años de negociaciones, el congreso aprobó un nuevo acuerdo en
1890. El Ecuador accedía a emitir 750 000 libras esterlinas (3 750 000
sucres) en nuevos bonos para reemplazar las 1 824 000 libras esterlinas
(9 120 000 sucres) de los bonos consolidados de 1854 y las 442 560
libras esterlinas(2 112 800 sucres) de intereses no pagados que se habían
sumado en los veintitrés años que el país había estado en mora. Como
los poseedores sólo presentaron para su conversión bonos antiguos por
valor de 1 753 500 libras esterlinas el Ecuador sólo emitió bonos nuevos por valor de 713 900 libras esterlinas (3 569 500 sucres), al 4.5%
de interés anual durante los primeros cinco años y al 5°/o de ahí en adelante. Un impuesto adicional del 10% sobre las importaciones se destinaba a la amortización de la deuda. En el caso de que el nuevo impuesto
no produjera ingresos suficientes para pagar la deuda, el gobierno se com,
prometía a cubrir la diferencia con otras rentas.
Aún cuando el nuevo acuerdo beneficiaba al Ecuador, parte del público y algunos funcionarios gubernamentales sotuvieron que el gobierno
había reconocido una cantidad excesiva de la deuda original, que el plan
de pago era demasiado largo y los !f1tereses demasiado elevados. Los crí-

�70

Siglo XIX

ticos no tomaban en cuenta que el nuevo acuerdo consolidaba la deuda a
aproximadamente el 40% de su valor original y cancelaba completamente los intereses atrasados. no pagados. Sin embargo, los críticos triunfaron. En 1894, después de sólo tres pagos semianuales, el congreso suspendió los pagos a la espera de la resolución de la crisis monetaria mundial y
de una revisión del acuerdo de 1890. La administración Cordero logró
obtener un acuerdo nuevo y más beneficioso que entró en vigor en marzo
de 1895. El nuevo arreglo resultó tan efímero como sus predecesores.
Cuando los liberales llegaron al poder suspendieron los pagos de la deuda
externa en marzo de 1896 con el argumento de que la revisión de 1895
no servía a los intereses nacionales.30 El viejo problema de la deuda externa quedó sin resolver.

L. A. &amp;dríguez: úu finanzas públicas en el &amp;uador

oscila_ban entre 5?0 000 y 800 000 pesos. Pese a decididos esfuerzos por
reducir la deuda interna, para 1864 había aumentado y se estimaba en
3 903 201 pesos. Pese a que continuó creciendo durante el resto del
siglo, la expansión de los ingresos gubernamentales procedentes del cacao redujo la tasa de crecimiento de la deuda, de modo que sólo aumentó a 5 528 929 sucres para 1891 (v. el cuadro 7).32

CUADRO 7
DEUDA PUBLICA INTER A
1831-1891
Año

LA DEUDA INTERNA
Incapaz de cubrir sus gastos por medio de la t~utació? o de n_egociar nuevos préstamos extranjeros, el Ecuador recumo al prestamo mtemo para
cubrir su perenne déficit presupuestario. En 1836 Vicente Rocafuerte describió el tesoro nacional como agotado por la guerra, la falta de exportaciones y el estado de subdesarrollo de la agricultura. Esa situación subsistió todo el resto del siglo. A pesar de que los recursos gubernamentales aumentaron, especialmente después de la mitad del siglo, debido ~ la expansión de la demanda mundial de productos de la agricultura tropical, nunca
alcanzaban a cubrir las obligaciones del gobierno, que también habían aumentado. Los efectos de la inestabilidad política sobre las finanzas del gobierno se agravaron en 1852 cuando el congreso aprobó una ley que hacía
responsable al estado por los daños a la propiedad pri~~da re~ultantes de
invasiones extranjeras, insurrecciones y otros actos polthcos VIOientos. De
ahí en adelante las reclamaciones individuales por tales pérdidas aumentaron considerablemente la deuda interna .31
Los registros de las fmanzas públicas en el siglo XIX eran caóti~os, lo
que acarreaba pérdidas tanto para los particulares como para el gobierno.
Los acreedores o sus herederos con frecuencia no podían establecer la validez de sus reclamaciones. El desorden, sin embargo, favorecía a los inescrupulosos que presentaban con éxito reclamaci?n.es fraudule~tas o cobraban varias veces la misma deuda. umerosos mmtStros de hacienda trataro n valerosamente de imponer un control a los registros de la deuda interna, pero su éxito fue limitado : el Ecuador no poseía ni los recursos financieros ni el personal preparado para poner en orden sus finanzas. Por
eso fue imposible establecer la magnitud precisa de la deud_a interna ~e _la
nación en el momento de la independencia. Durante la pnmera adm1rustración de Flores (1830-1834 ). lo~ ,-álculos oficiales de la deuda interna

71

183 1
1865
1877
1888
1889
1891

Cantidad
absoluta1
800 oooª
3 903 201ª
4 432 99{'í
4 981 985
5 424 398
5 528 929

a. Estimados.
l. Pesos hasta 1884 y sucres en adelante.

FUENTES: Cálculos basados en datos de:
Ecuador, Ministro de Estado, Esposición, 183 1, p. 16;
Ecuador, Ministro de Hacienda, Esposición, 1865, p. 12-13.
Ecuador, Ministro de Hacienda, Mem oria, 1880, p . 26 ;
Ecuador, Ministro de Hacienda, Informe, 18 90, cuadro R;
Ecuador, Ministro de Hacienda, Informe, 1892, cuadro P.

La deuda interna estaba formada por diversas obligaciones. Las deudas heredadas de la Gran Colombia constituían la parte más importante
en .e! momento de la independencia: esa obligación consistía en bo nos
emtltdos por la Gran Colombia en 1827 que Ecuador aaimió al independizarse. Aun cuando el nuevo gobierno sólo fue amortizando lenblmente
esa deuda su importancia di,sminuyó rápidamente a medida que crecían
otras obligacio nes. Los s.alarios no pagados, las pensiones y beneficios de
retiro, los préstamos voluntarios y forzosos, los intereses y el valor de bienes Y servicios requisados sustituyeron pronto a los bonos grancolornhia-

�72

SigloXIX

nos como elementos más significativos de la deuda interna. En la segunda
mitad del siglo XIX los préstamos de bancos locales contribuyeron a la
creciente deuda interna.33
Los salarios civiles y militares atrasados se convirtieron en una forma
particularmente perturbadora de endeudamiento público. El gobierno no
podía reclutar empleados públicos capaces porque los salarios eran inadecuados y se atrasaban con frecuencia. Quienes ingresaban a la burocracia estaban tan preocupados por cobrar su sueldo que el gobierno quedaba casi paralizado. Los altos funcionarios del ministerio de hacienda tenían que dedicar una cantidad de tiempo tan desproporcionada a la consideración de exigencias de pago de salarios atrasados que sus demás tareas se resentían. La situación generaba además otros problemas porque
los empleados públicos no pagados con frecuencia no tenían otro camino
para sobrevivir que la corrupción. Y, desde luego, un ejército al que no se
pagaban sus sueldos constituía la peor amenaza' para el gobierno y el orden público: los soldados en la miseria recurrían al tumulto y el saqueo
mientras que sus oficiales tramaban revoluciones. Pese a esos peligros, la
mayoría de los gobiernos del siglo XIX suspendían periódicamente el pago
de los sueldos del ejército.
El estado intentó resolver el problema de los salarios por varias vías.
A corto plazo, recurría al expediente de pagar a sus empleados con boletas
de crédito que servían para pagar los impuestos o podían cambiarse por
tierras públicas en disputa, en el Oriente. La práctica se inició en 1830
cuando el gobierno emitió 100 000 pesos en títulos de crédito y se prolongó por todo el resto del siglo. Pocos empleados públicos estaban en
condiciones de utilizar los títulos para los fu:ies previstos o de esperar su
eventual redención; como tenían que venderlos para sobrevivir, se depreciaban rápidamente. Los importadores los adquirían con enormes descuentos y los usaban para pagar los derechos de aduana, reduciendo así los ingresos gubernamentales. En períodos de crisis financiera, el estado, desesperado por dinero en efectivo, se negaba a aceptar los títulos o bien los
aceptaba solamente como pago parcial de impuestos, deprimiendo aún
más su valor.
La única solución a largo plazo para el estado era amortizar la deuda,
pero aunque la mayoría ~e los presupuestos incluían sumas destinadas a
pagos atrasados, en general los fondos resultaban insuficientes para cancelar la deuda o se desviaban hacia el pago de otros costos. No era nada inusitado que los pagos de la deuda interna tuvieran décadas de atraso. Por
ejemplo, el 15 de agosto de 1855 el presidente de la Dirección General del
Crédíto Público anunció con satisfacción que la administración había

L. A. Rodríguez: Las finanZQ8 públicas en el Ecuador

73

amortizado una porción sustancial de la deuda interna acumulada hasta
e~ 6 de marzo de 1845. Pero más de 500 000 pesos de obligaciones del gob_1~mo, g_eneradas entr? marzo de 1845 y agosto de 1855, fecha de redacc10n,del mforme, segu 1an en pie y no se pagaron por otros diez años. Hasta
1~ _decada de 1890 los ~resupuestos incluían provisiones para la financiac10n de pagos atrasados.
_Durante los ~rimeros treinta años de vida nacional, los préstamos de
part1cul~res conshtuy~ron la principal fuente de ingresos extraordinarios
del gobierno. En penodos de desorden interno esos préstamos co~ frecuencia fueron la única fuente de ingresos del gobierno, porque la activid~d de los rebeldes impedía a la administración cobrar los impuestos.35
Sm embargo, a pesar de su importancia, la mayoría de los ecuatorianos
consideraba que los préstamos extraordinarios eran nocivos para el estado.
·
Los primeros dos presidentes ecuatorianos, Juan José Flores y Vicente Rocafuerte, criticaron severamente el costo de los préstamos de particulares. Durante esos años turbulentos, empresarios costeños exigían tasas
de interés de hasta el 3°/o mensual en préstamos a corto plazo al gobierno.
Y esas ~asas no eran excesivas si se consideran los riesgos que corrían los
prestamistas. Aunque algunos individuos hicieron fortunas considerables
prestando dinero al estado, otros, como Miguel Anzoátegui que ayudó a fi.
nanciar el movimiento independentista y además garantizó el préstamo para la guerra de 1832 contra Colombia, murieron en la pobreza. Los gobiernos generalmente pagaban con mucha lentitud a sus acreedores.
Pero además, _después de cada cambio de gobierno los nuevos dirigentes a menudo obligaban a los acreedores a renegociar los términos de sus
ª:uerdos, en especial si habían sido sus adversarios políticos. Las reclamaciones de esos infortunados individuos en general se reducían drásticamente y a veces eran rechazadas por entero. En vista de tales circunstancias, las altas tasas de interés estah'an justificadas. La literatura oficial sobre las finanzas gubernamentales en el primer período nacional en América ~atina está llena de referencias a los "agiotistas" que desangraban a los
gobiernos con s_us altas tasas de interés. Esas acusaciones, provenientes gener~mente d~ Jefes de estado o ministros de hacienda, no dicen que los
gob1e~nos teman una historia crediticia desastrosa y que los que prestaban
prove1an de fondos a regímenes que no tenían ninguna otra fuente de recursos. 36

BANCOS Y POLITICA
Dada la crónica insolvencia del estado y su limitada capacidad para au-

�74

Siglo XIX

mentar sus ingl"esoS ordinarios u obtener préstamos extranjeros, era natural que el gobierno usara su poder de autorizar la creación de bancos co~o
medio para obtener más fondos. La primera legislación sobre la au~~nzación de bancos vinculaba la aprobación de sus estatutos a la conces1on de
préstamos y otros servicios al gobierno. En las décadas de 1830 y 1840 v~rias administraciones trataron infructuosamente de promover el establecimiento de un banco en Guayaquil; buscaban impulsar el desarrollo económico de la nación y también crear una institución que refinanciara la deuda interna y le prestara al gobierno al 9°/o anual. Esos esfuerzos fracasaron
hasta la década de 1860, cuando la expansión de la economía costeña había alcanzado dimensiones suficientes para sostener nuevas estructuras financieras. Si bien los gobiernos siguieron endeudándose con p~rtic~ares
debido a su incapacidad para pagar salarios y responder a sus obligac10nes,
desde la década de 1860 se volvieron cada vez más hacia los bancos de
37
Guayaquil para cubrir el déficit de su presupuesto.
Entre el gobierno ecuatoriano y los bancos existía una r~lación de
dependencia mutua. Los bancos suministraban fondos al gobierno Y el
gobierno fijaba los límites de la actividad bancaria. La b~~a en el Ecua~~r,
era una empresa tan política como e~nómica. La expans1on o ~ntracc1on
del crédito generalmente dependía mas de las demandas de prestamos del
gobierno que de las condiciones económicas del país o de las instituciones
prestadoras.
Gabriel García Moreno, pür ejemplo, pidió al Banco Luzarraga, establecido en Guayaquil en 1860, que prestara a su administración 100 000
pesos a cambio del derecho a emitir billetes por valor de 500 000. El
estado se comprometía a aceptar los billetes como moneda legal en tod;1¡
las transacciones públicas, incluyendo el pago de derechos de aduana.
Acuerdos similares precedieron a la fundación de otros dos bancos de Guayaquil: el Banco Particular y el Banco del Ecuador. Entre 1860 y 1861
la administración de García Moreno pidió prestado a los bancos 500 000
pesos para defenderse de sus enemigos. Corno el conflicto político se_r~olongó por algún tiempo, el gobierno no pudo pagar sus deudas ~ _obligo ~
los bancos a renegociar la forma de pago. En 1863 y 1864 el regimen pidió prestados 800 000 pesos más para cubrir el déficit ~el presupuest~ Y
pagar la deuda anterior. De ahí en adelante el pago de prestamos bancarios
39
se convirtió en parte importante de! presupuesto n~cional. General_me~te
se daba prioridad al pago de los prestamos bancanos so~re otras obligac1~nes del gobierno porque el estado necesitaba nuevos prestamos P'";ª seguIC
funcionando. Pero los bancos, igual que antes los acreedores parbculares,
no tenían ninguna garantía de la lealtad o el apoyo del gobierno. Durante
el siglo XIX varios bancos de Guayaquil naufragaron cuando el estado, des40
pués de depender de ellos, los abandonó.

L. A. Rodríguez: Las finanzas públicas en el Ecuador

75

Los gobiernos ecuatorianos no siempre negociaban préstamos con los
bancos; en algunas ocasiones simplemente se apoderaron de los fondos.
En 1867 ~arcía Moreno o~li~~ al Banco Particular a entregarle 3 902 pesos depositados por el mumc1p10 de Guayaquil. Esa práctica llegó al extremo en 1882-1883, durante la lucha contra el gobierno de Veintimilla. En
esa época Guayaquil quedó en manos del presidente Ignacio de VeintimiUa mientras que Quito estaba bajo el control de una coalición de liberales
y conservadores autodesignada gobierno provisional. La coalición serrana
financió su campaña de dos maneras: primero se apoderó de 174 000 pesos de la cuenta personal de V eintirnilla en el Banco de la Unión de Quito
afirmando que probablemente los había robado al tesoro nacional. A continuación el gobierno obligó al Banco de la Unión y al Banco de Quito a
prestarle 130 000 y 125 000 pesos respectivamente. Veintimilla respondió
afirmando que el Banco de la Unión había transferido el dinero al Banco
del Ecuador en Guayaquil donde tenía una cuenta con saldo de 115 000
pesos. En Guayaquil el banco se negó a entregar el dinero sin autorización del banco de Quito. Entonces el general Veintimilla envió a sus soldados a cobrar un préstamo de 200 000 pesos. Estaba considerando pedir
un "préstamo" adicional al Banco de Crédito Hipotecario cuando lo derrocaron sus contrincantes a mediados de 1883.41
Generalmente los gobiernos empleaban formas más sutiles de coerción para obtener préstamos bancarios. Por ejemplo, el gobierno tenía derecho a aceptar o rechazar determinados documentos bancarios en las oficinas gubernamentales. Las instituciones cuyos documentos eran aceptados por las oficinas fiscales prosperaban; las que eran rechazadas enfrent:m~n una perspectiva desastrosa. Las licencias concedidas por el gobierno
limitaban el derecho de los bancos a emitir moneda, de modo que los bancos siempre estaban cortejando al gobierno para obtener el derecho a emitir más dinero. El 7 de noviembre de 1871 la administración introdujo una
ley bancaria uniforme que entre otras cosas exigía a los bancos mantener
una reserva de oro y plata igual a un tercio de la cantidad emitida en billetes. La misma ley establecía la regulación gubernamental a través de una
inspección periódica de los registros bancarios. Aun cuando ]a legislación
fue revisada en 1878 y de nuevo en 1886, el requisito de la reserva y la
provisión sobre la inspección gubernamental no fueron alterados. El estado utilizó ese poder de regulación en forma selectiva de acuerdo con su
propio interés. Los bancos que apoyaban al gobierno tenían tratamiento
preferencial. En algunos casos los inspectores bancarios entendían que
''.billetes en circulación" significaba solamente el dinero que estaba efectivamente en manos del público, mientras que en otros incluían también
lo depositado en las bóvedas de los bancos. Eso era importante porque en
el siglo XIX los bancos generalmente imprimían más billetes de los que la
ley les permitía. La reacción gubernamental variaba entre exigir el retiro

�76

SigloXlX

inmediato de todos los billetes con respaldo insuficiente, aunque el banco
estuviera en condiciones de acrecentar su reserva metálica, e ignorar el
asunto y dar a la institución un plazo ilimitado para retirar de la circulación el papel sin respaldo o aumentar sus reservas. La respuesta del gobierno en tales situaciones dependía de la relación que tuviera el banco con
el régimen.42
El gobierno aplicaba deliberadamente una poi ítica bancaria flexible
para fortalecer o desgastar la posición de determinados bancos. Por eso
para las instituciones financieras era conveniente cooperar plenamente con
el estado y conceder préstamos que eran parte integrante de la poi ítica fiscal del gobierno. El alto precio de no responder a las exigencias de una
administración y las recompensas a la complacencia se hicieron evidentes
antes de 1870. También quedó claro que los pasados servicios al gobierno
no aseguraban la posición de un banco: mucho más importante era la capacidad de proporcionar ayuda futura a regímenes eternamente escasos de
fondos. Sucesivas generaciones de banqueros no desaprovecharon esas
lecciones, y por consiguiente la política de los bancos reflejaba la comprensión de que las únicas instituciones no desechables en Ecuador e~
las que mantenían estrechos laws con el gobierno. Los banqueros ten1an
que estar dispuestos y en condiciones de subordinar una poi ítica bancaria
prudente a la conveniencia política.

L. A. Rodríguez: úu /inan%a4 públicas en el Ecuador

77

yó la fundación de un nuevo banco con capital y reservas suficientes para
prestar al gobierno 800 000 pesos y para convertir sus billetes en especie
cuando se le pidiera. Después de varios intentos infructuosos, un grupo de
empresarios de Guayaquil fonnó en 1867 el Banco del Ecuador, con capital y reserva considerablemente mayores que los del Banco Particular. Uno
de los primeros actos del nuevo organismos fue conceder al gobierno un
préstamo de 500 000 pesos en 1868, a cambio de un contrato que concedía al banco en exclusividad el derecho a presentar sus bilJetes a la par en
las oficinas públicas. Eso selló el destino del Banco Particular. El Banco
del Ecuador pasó a ser la principal fuente de ingresos extraordinarios de
García Moreno hasta su muerte en 1876. A fines de 1873 el gobierno deb Ía al banco 1 254 263 pesos y tenía una Iínea de crédito adicional de un
millón de pesos, que podía utilizar a voluntad. Para garantizar los préstamos García Moreno hipotecó el 90°/o de los ingresos aduanales de la nación, los diezmos de la diócesis de Guayaquil y la mitad de los ingresos
gubernamentales por el monopolio de la sal. En esencia García Moreno
cambió las principales fuentes de ingresos futuros del gobierno por un
crédito ilimitado del Banco del Ecuador.

La relación de dependencia mutua entre el gobierno y los bancos
prósperos que caracterizaba al sistema bancario ecuatoriano se establ_eció apenas se inició la banca moderna en 1860. Dos bancos de Guayaqwl,
el Particular y el del Ecuador, tipifican esa relación. El Banco Particular
fue el sostén de la administración de García Moreno en los años de 1862
a 1864, prestando al gobierno 800 000 pesos. A cambio de ello la administración se comprometió a aceptar a la par. los billetes del banco en
todas las oficinas públicas como pago de impuestos y contribuciones. Como el dinero a menudo se descontaba al trasladarse de una región a otra,
la aceptación de los billetes por el estado por su valor declarado _f~rtaleció
la confian7,a del público en la institución. Pero el apoyo del regimen no
duró mucho. En 1865 García Moreno resolvió no aceptar los billetes a la
par en la sierra; esa acción debilitó al Banco Particular y contribuyó a su
desaparición en 1870.43

Una expansión rápida de la cantidad de dinero existente a través de
la emisión de moneda por los bancos precipitó una crisis monetaria y financiera. Entre 1872 y julio de 1874 el valor del peso declinó de $1,02 por
dólar a Sl,63. En consecuencia el público perdió confianza en el Banco del
Ecuador y empezó a redimir sus billetes cambiándolos por oro y plata. Para
salvar al banco, el gobierno prohibió la exportación de esos metales y limitó el derecho del público a redimir billetes, dando al Banco del Ecuador
ocasión de reducir el volumen de su moneda en circulación y fortalecer su
posición financiera. El banco reclamó la mayor parte de sus préstamos a
particulares pero no exigió al gobierno que pagara su deuda a pesar de que
el estado era con mucho el mayor deudor. En ese caso las acciones del gobierno protegieron al banco, porque el gobierno continuó dependiendo de
él por su crédito. El Banco del Ecuador sobrevivió y continuó dando crédito a otras administraciones; siguió siendo el banco dominante en el país
durante el resto del siglo XIX y la principal fuente de crédito del gobierno.
En 1890 el estado debía al Banco del Ecuador 1 183 710 sucres, de los
2 046 148 que había obtenido en préstamos de bancos ecuatorianos.44

La quiebra del Banco Particular rstuvo directamente relacionada con
la campaña de García Moreno para obtener otro préstamo grande. En
1865, el gobierno decidió que la institución no era suficientemente grande
para proporcionar aJ estado otro préstamo importante y por lo tanto apo-

El monto de los intereses pagados a los bancos en el período de 1883
a 1889 (v. el cuadro 8) indica la continuada importancia de los préstamos
al gobierno y su carácter regional. Los bancos de Guayaquil, las instituciones más grandes y mejor capitalizadas del país, cuya fuerza derivaba del ac-

�78

SigloXIX

L. A. Rodríguez: Las finanzas públicas en el Ecuador

. extranieras
generadas por la economía
ceso al oro Y Ias diVisas
~
f costeña,
· ah 1
tenían la mayor parte de la deuda del gobierno. ~ fuerza en atiz a a
importancia de la región como principal fuente de mgreso gubernamental,
realidad que exacerbaba los antagonismos regionales.

CUADRO 8
INTERESES PAGADOS A LOS BANCOS, 1883-1889

Año

Instituciones
de Guayaquil1

Instituciones
de Quito2

1883
1884
1885
1886
1887
1888
1889

74 257
80 071
80 071
88 145
306 552
116 242
166 834

9 665
13 222
3 466
7 352
10 561
8 460
6 191

l.

2.

Total

83 922
93 293
83 537
95 497
317 113
124 702
173 025

Incluye: Banco del Ecuador, Banco Internacional y Corporación Comercial.
Incluye: Banco de Quito y Banco de la Unión.

FUENTE: Calculados a partir de datos de Ecuador, Ministro de Hacienda,
Informe, 1890.

LA EMERGENCIA DEL ESTADO ACTIVO
Los presupuestos del siglo XIX reflejan el ~umento del al~nce de la activi~
dad estatal. La tendencia secular aumento tanto en los mgr~so~ como e
los gastos gubernamentales en el período 1830-1895. El crec1m1ento de la
economía de exportación de la costa hizo posible el aumento d_e escala de
la actividad estatal. En 1830 los ingresos y los gastos se esti_n_iahan en
708 000 y 692 000 pesos respectivamente, aparte de gastos militares extraordinarios. Para 1893 el ingreso gubernamental había aumentad~ a
4 326 000 sucres y los gastos a 4 433 000. Ese aumento en los gastos iba

79

de la mano con la multiplicación de las funciones gubernamentales.
En los primeros decenios de vida nacional, los gastos militares y el servicio de la deuda consumían casi la mitad del presupuesto nacional. En
esos años, el gobierno en buena parte se limitaba a autopreservarse. Por
ejemplo, en 1830 el 73.9°/o del presupuesto se destinó a los militares. Durante los treinta años siguientes, los gastos militares siguieron
siendo eJ elemento más importante del presupuesto, absorbiendo cuando
menos el 30°/o del presupuesto y superando con frecuencia el 50%.
Esas cifras subestiman el nivel real de los gastos militares, porque grandes
gastos extraordinarios de guerra no se incluían en el presupuesto. Si bien
los gastos militares disminuyeron como porcentaje del presupuesto en la
década de 1860, siguieron siendo el renglón más importante deJ presupuesto de la nación durante todo el siglo. En la segunda mitad del siglo XIX las
fuerzas armadas insumieron entre un cuarto y un tercio de todos los ingresos ordinarios del gobierno. Períodos de guerra civil e inestabilidad política aumentaban los gastos militares; cuando se producían, el gobierno tenía que pedir prestados ingresos extraordinarios importantes. Como los
préstamos internos eran una necesidad política, el servicio de la deuda se
convirtió en el siglo XIX en parte significativa del presupuesto. Entre 1830
y 1878 el servicio de la deuda insumía normalmente entre un cuarto y un
tercio de los egresos ordinarios, pero en algunos casos llegó al 40°/o de los
gastos presupuestados.
Los gobernantes ecuatorianos, empezando por Flores y Rocafuerte.
aspiraban a expandir la actividad gubernamental en la educación, las obras
públicas y el bienestar general. Sus discursos, informes y legislación servirían como ideal para el futuro. Rocafuerte, por ejemplo, sostenía que los
caminos no sólo mejorarían la comunicación y el transporte sino que impulsarían el desarrollo económico. También creía que la educación era
imprescindible si el país había de tener una población ilustrada y productiva.45 Pero a pesar de que esas opiniones eran ampliamente compartidas
no había mayores posibilidades de llevarlas a la práctica en la primera mitad del siglo XIX. La pobreza de] país y su constante agitación política
impedían a los gobiernos destinar recursos a esos propósitos en cantidades
significativas. Durante los veinte años siguientes a la independencia el gobierno destinó menos del 10% de sus ingresos a la educación, las obras públicas y el bienestar.
El potencial de acción estatal empezó a cambiar en la segunda mitad
del siglo XIX, como resultado del rápido crecimiento del sector exporta-

�80

Siglo XIX

L. A. Rodríguez: Las finanza, pública$ en el Ecuador

dor. Además el gobierno aumentó sus rentas al introducir en la costa un
sistema más eficiente de recaudación de impuestos. El aumento en los ingresos gubernamentales coincidió con un aumento de la demanda pública
y de que el estado adoptara un papel más activo en la expansión de la infraestructura socioeconómica de la nación. Los empresarios costeños en particular exigieron la introducción de mejores sistemas de comun~cación y
la expansión del sistema educativo.46
·
La mayoría de los historiadores han aceptado la idea de que García
Moreno fue el principal arquitecto del estado activo en Ecuador. Frede~ck
B. Pike distinguido estudioso que ha examinado cuidadosamente la literatura ~cundaria, resumió recientemente esa actitud al escribir: ''Pese a
la enconada oposición que provocó, García Moreno llevó más progreso a
Ecuador que ningún otro presidente antes que él o después. ,,47 Esa creencia está ampliamente difundida debido a la escasez de investigaciones sobre
la historia de Ecuador en el siglo XIX. Un examen de la acción gubernamental en la educación y las comunicaciones, sin embargo, muestra que
García Moreno no obró en forma distinta de otros dirigentes nacionales.
Pese a que el principal presidente conservador de Ecuador hizo contribuciones importantes en ambas áreas, no fue el primero en hacerlo y tales
empresas no se acabaron con su muerte.48

81
'

Un ~t,udio del -~eri~o 1841-1894 indica que la educación primaria
se expandio en relam~n directa con el crecimiento de la economía exportadora de cacao. El numero de escuelas aumentó de 166 en 1841 a 254 en
1857. Después de la asunción de García Moreno en 1861 la educación
contin,uó expandiéndose aproximadamente al mismo paso.' Y no declinó
despues de su muerte en 1875. En realidad, para 1894,justo antes de que
tomaran el poder los liberales, había el doble de escuelas, con dos y media
veces de los alumnos existentes en 1875, cuando García Moreno fue asesinado (v. el cuadro 9).
Las cifras del cuadro 9 obviamente no pueden evaluar la calidad de la
educación. Sin un análisis detallado de la educación en el Ecuador del siglo
XIX, no es posible sino extraer conclusiones elementales de los escasos datos disponibles. Sin embargo, el creciente énfasis puesto en la educación
el crecimiento del ~istema escolar y 1~, rápida expansión de los fondos gu~
bemamentales destinados a la educac1on, todo atestigua la importancia del
estado en la provisión de los servicios sociales necesarios para el desarrollo
de un sector urbano modernizante en Ecuador a fines del siglo XIX (v. el
cuadro 10).
CUADRO 10

GASTO GUBERNAMENTAL PARA EDUCACION, 1847-1893
CUADRO 9

EDUCACION PRIMARIA, 1841-1894

Año
1841
1854
1857
1867
1873
1875
1885
1890
1892
1894

Número de escuelas
166
212
254
343
433
526
800
853
1106
1 209

Número de alumnos
4 769
5 862
10 348
13 495
22 448
31 795
51 000
56 126
68 274
76 152

FUENTE: Calculado a partir de datos de Ecuador, Ministro de Instrucción
Pública. Informe, 1890, 1894; Ministro de Interior, Esposición, 1857.

Año

Cantidad1

Año

Cantidad1

1847
1855
1857
1863

3 052
7 639
15 234
35 307

1884
1887
1888
1889

244 638
284 397
317570
336 174

1865
1871
1879

50 952
151 189
191 624

1890
1891
1893

459 902
491492
379 005

1 Pesos hasta 1884 y sucres en adelante.

FUENTE: Calculado a ¡.,artir de datos de Ecuador, Ministro de Hacienda
Informe, 1847, 1855, 1858, 1865, 1873, 1880, 1885, 1888, 1890, 1892:
1894.

. Durante la se~nda mitad del siglo XIX también preocupaban al gobierno las obras publicas, en especial las comunicaciones (v. el cuadro
ll). En 1830-40 gastó en obras públicas 1 256 pesos, pero para 1891 ese

�82

Siglo XIX

L. A. Rodríguez: úu finanza, públicas en el &amp;uador

gasto ascendió a 685 005 sucres. Como ya se ha indicado previamente'. ~l
gobierno dedicaba una parte considerable de sus recursos a la construcc1on
de caminos y más tarde a la construcción de vías férreas. En realidad , los
re novados esfuerzos por refinanciar la deuda externa de la década de
1880 estuvieron directamente ligados a los deseos de la administración de
obtener dinero para proyectos viales y ferroviarios. Aun cuando las administraciones de García Moreno y Antonio Flores hicieron contribuciones
importantes a la construcción de caminos en la sierra , fracasaron en el intento de construir un ferrocarril.

CUADRO 11

GA TOSGUBER AME TALE PARA OBRA PUBLICA
1839-1891
Afio

1839-40
1846-47
1854-55
1863
1865
1871
1879
1887
1891

Cantidad1
1 256
3 776

20 517
11073 1
139 017
430 025
512254
588 695
638 005

l. Pesos hasta 1884 y sucres en adelante.
FUENTE: Calculados a partir de datos de Ecuador, Ministro de Hacienda,
Informe, 1847, 1855, 1865, 1867, 1880, 1888 y 1892.

Para realizar tan gran proyecto los ecuatorianos necesitaban capital
extranjero que no podían conseguir en términos aceptables. ~os p~yectos de telecomunicaciones en cambio eran realizables, y el gobierno instaló un sistema telegráfico entre la cost a y la sierra entre 1880 y 1900. El
aumento de velocidad de la comunicación tuvo un impacto tremendo en
el país al provocar una dramática expansión de la autoridad guherna~ental.
El telégrafo permitió un grado de control fiscal de los fondos centralizados

83

nunca antes imaginado. Y el mejoramiento de las comunicaciones no sólo
hizo más fuerte y eficiente el gobierno nacional sino que condujo a un aumento de la demanda pública de servicios estatales que la prosperidad de la
nación a fines del siglo XIX paree ía posihilitar.49
La expansión de la educación y el mejoramiento de las comunicaciones son sólo los ejemplos más prominentes del surgimiento del estado
activo en Ecuador. Para el final del siglo la esfera de acción del gobierno
estaba altamente diversificada. Los ecuatorianos percibían cada vez más
al gobierno como encargado de un papel importante en la promoción del
desarrollo social y económico. Esa opinión derivaba en mucho ímpetu de
la continuada expansión económica de la costa y, paralelamente, de una mayor complejidad de la sociedad. También estaba ligada con deseos regionales de mejoramiento local. Guayaquil y la costa fueron las primeras en beneficiarse de los nuevos programas gubernamentales sobre los proyectos
de obras sanitarias y salud, así como embellecimiento urbano. Pero al poco tiempo Quito y otros centros serranos aspiraban a similares comodidades modernas.
Para las décadas de 1880 y 1890 era ampliamente aceptada entre los
Pr11atorianos la idea de que el estado tenía la responsabilidad de promo-

CUADRO 12

GASTO GUBER AME TAL E BIE ESTAR SOCIAL
1854-1893
Afio
1854-55
1863
1871
1878
1884
1888
1890
1893

Cantidad1
615
6 574
20 921
79 479
91 826
139 473
124 874
249 299

1 Pesos hasta 1884 y sucres en adelante.
FUENTE: Calculado a partir de datos de Ecuador, Ministro de Hacienda,
Informe, 1855, 1865, 1873, 1880, 1885, 1890 y 1894.

�84

Siglo XIX

L. A. Rodríguez: Las finanzas públicas en el Ecuador

ver el bienestar económico y social, aunque es~an en ~esacuerdo sobre
el grado de participación gubernamental necesano. Por e1emplo, los gastos
en bienestar social aumentaron de 615 pesos en 1854-55 a 249 299 sucres
en 1893 (cuadro 12).
Para 1893 la educación, el bienestar social y las obras públicas ~r3'.1
depositarias del 26.8% de los gastos del gobierno. Sin embargo el p~nc1pal costo gubernamental siguió siendo el manteni~ent~ del ord~n mterno y la defensa exterior. Hasta el siglo XX no _h:ilma un mtento exito~o de
efectuar una diversificación masiva de las act1V1dades estatales a traves de
la asignación de una parte mayor de los recursos públicos a funciones no
militares.

Ec d Director del Tesoro "Informe. June 12, 1931 "; Ecuador, Presidente,
l. ''M::~j; especial", en Ecuador, Ministro de Hacrenda, Informe, 1930, p. 359.
2. Ecuador, Ministro de Estado, Memoria 1831.
3 _ Ecuador, Ministro de Hacienda, füposición, 1855, Documentos; Memoria,
1858, 36~ p. 5-8;Esposición, 1865, p. l.
4. Ecuador, Ministro de Hacienda, Informe, 1863, p. 4; 1896-97, p. 60-61.
Ecuador Ministro de Hacienda, Esposicwn, 1873, p. 9; Informe 1883, p. 18;
· Informe: 1896-97, p. 25-26; Ecuador, Director del Tesoro, Informe, 1930,
Ec11ador, Ministro de Hacienda, lnfon-:ie, 1890, p._ 3~-3~j 1892, p. 5.1-52 ;
· 1894 P 26-27· Esmeraldas, Gobemacion de la Provmc1a., Info~e, abril 11,
' ·en Ecuador
'
· ,fo l n1orme,
r.
1894·• Leon,
1894"
Ministro de Hacren......,
. . Gobemad H
ción d~ la Provinci~ "Informe, Abril 18, 1894", en Ecuador, MIIllstro e acienda, Informe, 1896-97, p. 26.

7 Este mismo fenómeno ha sido señalado para la Gran Colombia ~r ~avi~
· Bushnell en The Santander Regime in Gran Colombia, Newark: Umvers1ty o
Delaware Press, 1954. p. 79.
8

10. Ecuador, Ministro de Estado, Informe, 1831; "Lei de Octubre 25, 1833", en
Ecuador, Primer registro auténtico nacional, Quito, 1839, I, p. 427-28 (cit. en
adelante como PRAN); Ecuador, Ministro de Hacienda, Informe, 1883, p. 18.
11. Ecuador, Ministro de Hacienda, Informe, 1885, p. 18-22; füposici6n, 1867, p.
12-13; 1855, p. 11-12; 1857, p. 18-19; 1858, p. 19; 1873, p. 18-19;lnfonne,
1883, p. 14-18.

12. Ecuador, Ministro de Hacienda, Informe, 1888, p. 7-11; 1896-97, p. 25.
13. Ecuador, Ministro de Hacienda, Memoria, 1857, p. 12. Hamerly, en Historia social parece indicar que el tributo continuó cobrándose en la costa. Como el mismo autor indica que el resurgimiento demográfico de los indios de la costa es
atribuible en gran parte a la migración de la sierra, es posible que esos inmigrantes serranos hayan continuado pagando tributo.

15. Ecuador, Ministro de Hacienda,Esposicwn, 1858, p. 2-6.
16. El Nacional (Quito), no. 235 (6 de julio de 1866); no. 225 (14 de abril de
1866); Ecuador Ministro de Hacienda, Esposición, 1867; 1873, p. 10-11, 22;1nforme, 1888, p. 12. Para un examen de la política que rodeó la aprobación del
Concordato y las subsiguientes enmiendas v. César Bustos-Videla, Church and
State in Ecuador : A History of Politico-Ecclesiastical Relations in the Age of
Gabriel García Moreno. 1860-1875 , Tesis doctoral, Georgetown University,

1966, p. 57-97, 287-308, 326-334.

p. 21.
6

9. Ecuador, Ministro de Hacienda,Memoria, 1857, p. 18-19.

14. Ecuador, Ministro de Hacienda, Memoria 1857, p. 8-13; Esposición, 1858, p.
2-3. Acerca de la dificultad para abolir el tributo de los indios cf. Marck van
Aken, 'The Lingering Death of lndian Tribute in Ecuador",Hispanic American
HistorÍCfJ/ Review, 61:3 (Agosto de 1981), p. 429-459.

NOTAS

5

85

s bre la economía de obrajes en la sierra ver Robson Tyrer, "The ~mographic
· ;d Economic History of the Audiencia of Quito". Sobre la econo~ 1a d~ la ~sta durante el primer período nacional, véase Michael T. Hamerly, Hutorwils~c~~
• · de la an,;=,n
y econom,ca
•.,._ provincia de Guayaquil.1763-1842, Guayaqu •
chivo Histórico del Guayas, 1973.

~

17. Ecuador, Ministro de Hacienda,lnforme, 1887, p. 8; 1885, p. 12; 1883, p.11;
Esposición 1855, p. 2; Memoria, 1857, p. 14, 21-22; Esposición, 1865, p. 6;
Memoria, 1880, p. 14-15. Para un estudio de la carga dediezmosaplicadaalos
indios v. Piedad Peñaherrera de Costales y Alfredo Costales, Historia social del
Ecuador, 3 vols. Quito: Llacta, 1964, I, p. 98-116.
18. Ecuador, Ministro de Hacienda, Esposici6n, 1885, Cuadro A; 1858, p. 15-16;
1873, p. 10-11; Banco del Ecuador, Historia de medio siglo, 1868-1918, Guayaquil, Imprenta de El Independiente, 1919, p. 61.
19. Ecuador, Ministro de Hacienda, Memoria, 1833, p. 17; Informe, 1885, p. 12;
1890, Documentos xili-xv, p. 12-13; 1892, Cuadro E; 1894, p. 33-35. Para un
análisis del papel de Antonio Flores Jijón en la abolición de los diezmos v. Luis
Robalino Dávila, Orígenes del Ecuador de hoy, 7 vols., Puebla: Editorial Cajica,
1967-1970, VI, p. 219-247.
.
20. Ecuador, Ministro de Hacienda, Memoria, 1857, p. 2-6; Ecuador, Gobernador
de la Provincia de Pichincha, "Informe, Abril 27, 1894 ", en Ministro de Hacienda, Informe 1894; Ecuador, Presidente, ''Mensaje, 15 de mayo de 1890", en
Alejandro Noboa, Recopilación de meTl$0jes dirigidos por los presidentes y vicepresidentes de la república, jefes supremos y gobiernos provisorios a las conven-

•

�86

L. A. Rodríguez: úu finanzas públicas en el Ecuador

SigloXIX

ciones y congresos nacionales desde el año de 1819 hasta nuestTos días, 5 vols.,
Guayaquil. Imprenta de A. Noboa e Imprenta de El Tiempo, 1900-1908, t. IV,
p. 1-13; Ecuador. Ministro de Hacienda. Informe, 1892, Cuadro E; Ecuado~•
Contaduría Mayor del distrito del Guayas, "I,nforme. 10 de agosto de 1853 •
en Ministro de Hacienda. Esposición, 1853.
21. Las leyes que regulaban el aguardiente en el prim~r período se encuentran en
PRAN, l, p. 56-57. 14647, 185-86, 317-18, 523-34.
22. V. por ejemplo Ecuador, Ministro de Hacienda. Esposición, 1845, p. 4-5 ; 1867,
p. 18;/nforme, 1863, p. 13; 1885, p. 10-12;E&amp;J]osición, 1873, p. 7; lnfonne,,
1887, p. 10; 1888, p. 16-17; 1890, p. 10; 1892, p. 15-17.
23. Los Informes de los ministros de hacienda contienen mucha informaci~n acerca
del aguardiente. V. especialmente los lnfo~es de 1901 1904. El,metodo _de
recaudación de los impuestos al alcohol vanaba en el pa1s: algunas_areas tenian
contratistas mientras que en otros el gobierno se encargaba de ello drrectamente.
V. Los Informes de. los gobernadores de Tunguragua, Chim borazo Y ~uay, en
Ecuador, Ministro de Hacienda. Infonne, 1901, para algunos de esos diferentes
enfoques.

,ª

24. Para una discusión de la fuente de esa deuda original v. David Bushnell. The
Santander Regime, p. 112-117• y Emilio M. Terán,lnfonne al Jefe suprem? General Eloy Alfaro sobre la deuda anglo-ecuatoriana, Quito, Imprenta Nacional,
1896,p. 147.
25. Ecuador, Ministro de Hacienda. lnfonne, 1912, CXLVIIJf-CL; Terán, Informe,
p. 61-95.
26. TeránJnfonne, p. 95.
27. /bid., p. 222-231; Ecuador, Ministro de Hacienda. Esposición, 1853, p. 7; 1855,
p. 5-7;/nforme, 1912, CXLVIII-CL; 1863, p. 5-7.
28 _ Para un estudio de las críticas a las diversas negociaciones y acuerdos del siglo
XIX entre Ecuador y los poseedores de bonos extranjeros v. Terán. Informe.
29. /bid., p. 417-597 ; Ecuador. Ministro de Hacienda. Esposición, 1865, p . ll_-12;
1867, p. 29-30; 1873, p. 22; Informe, 1888, p. 32; Documento XVII; Alejandro Noboa. Recopilación de mensajes, t. lll, p. 3-14. 19, 132.
30. Terán, Informe, p. 701-735, 743. 788-793; Ecuador, Ministro de Hacienda,
Informe 1890 Documento XVDI ; 1894, p. 44-50; 1912, CL-CLX; Ecuador,
Diario Oficial, 'no. 245 (20 de febrero de 1894); no. 287 (4 de agosto de 1894);
"Mensaje del Presidente al Congreso Extraordinario''. 24 de mayo de 1890,
en Noboa.Recopilación de Mensajes, t. IV. p. 15-31.
31. Ecuador Ministro de Hacienda, Memoria, 1857, p. 18, 19, 31-33; Informe,
1863, p.• 1-3; "Informe del Gobernador de la Provincia del Guayas", en Ecuador, Ministro de Hacienda. lnfonne, 1894.
32. Ecuador Ministro de Estado, Memoria, 1831, p. 16; PRAN, t. I. p. 35-36;
Ecuador: Ministro de Hacienda. Memoria, 1833, p. 34; Esposíción, 1865, p.
12-13; 1867, p. 33-35; 1858, p. 6, 10.

•

87

33. Ecuador. Ministro de Estado. Memoria, 1831, p. 15; Ecuador. Ministro de
Hacienda. Esposición, 1847, p. 11-12; 1853, Cuadro 3-4; 1867, p. 33-34;
1873, p. 15-21 ; 1875, p. 20; Memoria, 1833, p. 3; " Informe de la Dirección
Jeneral del Crédito Público", en Ecuador, Ministro de Hacienda. Esposición,
1857; Ecuador, Jeneral Jefe del Estado Mayor. Memoria, 1833.
34. Ecuador, Ministro de Estado, Informe, 1831, p. 17; Ecuador Mirustro de Hacienda, Memoria, 1833, p_ 3, 7; Esposición, 1853, Cuadro 3, 71; "Informe de
la Contaduría Mayor del distrito del Guayas", 1847-1853; p. 11-12; 1858, p.
6-10; 1865, p. 12-13; 1873, p. 15.
35. Ecuador, Ministro de Hacienda_ Memoria, 1833, p. 1-2; Esposición, 1853, p.
13; Ecuador, Secretarío Jeneral, Sección de Hacienda. lnfonne, 1861. p. 10-11.
36. Ecuador, Presidente, "Mensaje, 1831 ", en Noboa. Recopilación de mensajes,
t. l, p. 183-95; Ecuador, Ministro de Estado. Informe, 1831, p. 16 ; Ecuador,
Ministro de Hacienda, Esposición, 1853, p. 9; 1865, p. 3; 1855, p. 10; 1873,
p_ 15.
37. Julio Estrada Y caza, Los bancos del siglo XIX, Guayaquil, Archivo Histórico
del Guayas. 1976. p. 19-30, examina los primeros bancos.
38. La Unión Colombiana (Guaya,quil), no. 9 (5 de diciembre de 1860).
39. Ecuador, Presidente. Mensaje, 1863, p. 4; Ecuador, Ministro de Hacienda.
Informe, 1863; 1865, Cuadro D; 1867, p. 37, Cuadro R. '
40. "Mensaje del Jefe Supremo, 1896-97", en Noboa, Recopilación de mensajes,
t. IV, p. 222; Ecuador. Ministro de Hacienda. Informe, 1887, p. 14, Cuadro E;
1888, p. 29.
41. Estrada, Los bancos, cit.,
me, 1883, Documento V.

p. 89-100. Ecuador, Ministro de Hacienda, Infor-

42. Ecuador. Ministro de Hacienda, Informe, 1894, p. 41 ; Estrada. Los bancos, p.
59-123.
43. Estrada, Los bancos, cit. p. 33, 48-49; Ecuador, Ministro de Hacienda.Informe,
1867, p. 37-38; Aurelio Noboa, Colección de las leyes, Guayaquil, Imprenta de
A. Noboa. 1901, p_ 37-38.
44. Luis A. Carbo,Historia monetaria y cambiaria del Ecuador, Quito: Imprenta del
Banco Central, 1953, p_ 33-34; Estrella de Panamá (Panamá), 10 de jumo de
1874; Ecuador, Ministro de Hacienda. Informe 1892, p. 29; Banco del Ecuador,
Historia de medio siglo, p. 91-96, 135; El Nacional, lo. de septiembre de 1886;
Ecuador. Ministro de Hacienda. Infonne, 1890, p. 30.
45. V. las cartas de Rocafuerte a Flores en Jaime E. Rodríguez, Estudios sobre Vicente Rocafuerte, Guayaquil, Archivo Histórico del Guayas. 1975, p. 194-341;
Ecuador, Ministro del Interior, Memoria, 1833; Ecuador, Mirustro de Estado.
Esposición, 1841, p. 25; Noboa, Recopilación de mensajes, t. 1, p. 259-60.
46. Ecuador, Ministro de Hacienda, Memoria, 1857, p. 18-19, 31-32; Ecuador, Mi-

�88

Siglo XIX
nistro del Interior y Relaciones Exteriores, Esposición, 1863, p. 5-6, 11-15;
1865, p. 12-27.

47. Frederick B. Pike, The United States and the Andean Republics: Peru, Bolivia,
and Ecuador, Cambridge, Mass.. Harvard Unive!sity Press, 1977, p. 114.

48. Entre los estudios sobre la educación, ver Darío Guevara, Rocafuerte y la educación pública, Quito: Casa de la Cultura Ecuatoriana, 1965 y ~ranci~o ~ira?.da
Ribadeneira, La Primera escuela Politécnica del Ecuador, Qwto, Ed1tonal La

Políticas de Desarrollo Económico y Deuda
Externa en Argentina (1868-1880)
Carlos Marichal*

Unión", 1972.
49. Ecuador, Ministro de Hacienda, Informe, 1894, p. 4.

El estudio del papel del Estado en la promoción del desarroJlo económico
en Argentina y en otros países latinoamericanos durante el siglo XIX constituye un tema todavía poco explorado. Sin embargo, en los últimos años
un creciente número de historiadores ha comenzado-a prestarle mayor
atención, si bien las publicaciones detalladas al respecto siguen siendo todavía relativamente escasas.1 Debe añadirse, por otra parte, que este tópico también ha despertado el interés de algunos científicos políticos y sociólogos contemporáneos, los cuales han insistido en la necesidad de analizar la evolución del Estado dentro de las sociedades latinoamericanas' desde una Óptica propiament~ histórica.2 Ello contribuiría, en principio, a
que se pudiese traspasar el marco estrictamente coyuntural y posiblemente
encaminaría a los investigadores hacia la formulación de un enfoque de
"largo plazo" del cambiante rol económico del Estado.
Quizá la hipótesis más innovadora que emerge de los estudios (todavía preliminares) sobre esta problemática sea aquella que subraya que en la
mayoría de los países latinoamericanos del siglo XIX los gobiernos ejercieron una influencia mayor en eJ proceso de desarrollo capitalista de lo
que generalmente se suponía.3 Es decir, ya no parecen aceptables aquellas
interpretaciones tradicionales que tendían a subvalorar el peso del Estado
dentro de la economía o, alternativamente, sostenían que el establecimiento de los regímenes "liberales" en América Latina, desde mediados
del siglo, podían definirse sencillamente en términos de una serie de poi íticas del más puro laissez-faire. Al contrario, las investigaciones actuales
tienden a enfatizar que la paulatina construcción de los estados/naciones
*Universidad .Autónoma Metropolitana-IztapaJapa, México.
Una versión preliminar de este trabajo fue presentada en la reunión del Conference
on Latin American History celebrada en San Francisco, 27-29 de diciembre de 1983.
Agradezco los comentarios de Stev_en Topik y Barbara Tenenbaum. asf como las
"Valiosas correcciones y sugerencias de Adela Harispuru.

�90

Siglo XIX

en la región no sólo sentó los cimie~tos legales pa~a un incipiente proceso
de desarrollo capitalista, sino ademas que las entidades gohem~men~es
contribuyeron al establecimiento de los primeros sistemas bancarios nacionales a la modernización de la infraestructura urbana y de transportes Y,
en al~os casos, a la defensa de sectores manufacwreros locales.
El grado relativo de éxito o fracaso de tales programas ~arió ~nsiderablemente, dependiendo del país y del período que se a~alice. EVIdentemente el Estado como tal no llegó a jugar un rol tan prommente d~ntro de
las economías latinoamericanas como había de ser el caso a partir d_e los
años de 1930. Ni tampoco resultan aceptables los ~nfoques que su~er~n
que el Estado fue, en si mismo, uz pieza clave y artic~adora del c~p1talismo del siglo XIX:.4 Pero al mismo tiempo debe enfatizarse, que sm efectuar un análisis crítico de esta problemática- y ~ás espe~1fi~amente de
la relación entre gobierno, clases sociales y cambios econonnco~- andaríamos profundamente errados. Pues como ha señalado Jean BouV1er en un
reciente artículo de síntesis:
¿Qué ha sido el Estado, en los siglos XIX y XX, sino... la mayor
y más grande de las empresas? Por l_a ~asa de su personal, por 1~
enormidad de sus negocios y el movumento d~ fondos de los ~~a
les era el receptor, por la diversidad de las fun~iones que ª~~10 Y
los servicios que proporcionó, el Estado fue siempre el mas m(lu,
•
5
yente de los agentes econom1cos.
Existen varios posibles métodos para interpretar el ?apel del Estado
como promotor del desarrollo económico durante el siglo XIX, de l~s
cuales citaremos tres de los más relevantes.-~º~ nos ,e~plaza a c~ntrar ~
atención sobre los cambios en la formulacwn 1deolo~tca de los ~roy~
t de desarrollo,, de los grupos dirigentes en una sociedad dete~mada.
segundo enfoque pone mayor énfasis en el análisis de las políticas concretas que se adoptaron y la manera en que~ implemen~on ? lJn~ ter~e~
ra perspectiva resalta la necesidad de estudiar_ los ~canismos de financia_
miento de los programas económicos del gobierno mcluy~ndo, claro ~ta,
tanto los ingresos y egresos como la poi ítica de endeudamiento del gob1erno.8

J:

Nuestra intención en el presente trabajo se encamina a vinc~ar tale~ enfoques- ya que son en cierto sentido inseparables- per?, haciendo hincapié en la institucionalización de las políticas de promoc1on del desarrollo
económico en la Argentina de la segunda mitad del siglo XIX. En otras
palabras, consideramos fundamental tratar de exp_licar como lo~ proyectos
económicos del gobierno nacional fueron traducidos a la reali~a~. En el
caso argentino ello implica pres~r una a~encf~n especial al crec~ent? ~~
las funciones de aquella institucion mult1facet1ca que se denomino Mlllls

C. Marichal: Políticas de desarrollo y deuda externa en Argentina

91

terio del Interior. Aunque este organismo fue creado en 1862, no cobró vida sino hasta la administración de Sarmiento (1868-74) a partir de cuando
fue adquiriendo su carácter de principal "agencia del desarrollo" del Estado nacional, función que seguiría cumpliendo hasta fines de siglo.9
Pero debemos enfatizar que el ejemplo argentino no fue de ninguna
manera singular sino al contrario más bien típico de lo que ocurría en el
resto del suhcontinente. Desde mediados del siglo XIX, la mayoría de los
Estados latinoamericanos establecieron varios géneros de ministerios y organismos que asumieron la responsabilidad por la planificación e implementación de los proyectos para el crecimiento económico. En sus inicios, tales
agencias administrativas eran de pequeñas dimensiones y se limitaban a tareas relativamente simples como podían ser la supervisió_n y reparación de
los sistemas rudimentarios de caminos, la operación del servicio de correos
o la recopilación y publicación de informes estadísticos y técnicos sobre
algunos importantes sectores de actividad, agricultura, minería, etc. Pero,
con el pasar del tiempo, las funciones asignadas fueron multiplicándose y
haciéndose más· complejas, incluyendo planes para la modernización de los
principales puertos, la construcción de ferrocarriles, la promoción de la
inmigración, colonias agrícolas, canales y regadío o proyectos para la realización de obras de infraestructura urbana.
El origen y la evolución de tales organismos estatales varió de país en
país dependiendo de una amplia gama de factores que no se veían circunscritos al nivel de estabilidad política o de desarrollo económico alcanzados
en la respectiva nación sino que, además, podían ser determinados por el
acceso al poder de ciertas élites que deseaban impulsar la modernización
del Estado y la economía. Entre tales iniciativas puede citarse la creación
de la "Secretaría de Fomento" (1853) en México bajo la inspiración de las
ideas deJ político conservador Lucas Alaman.10 En Brasil fue unos años
más tarde, en 1861, que se estableció el "Ministerio de Agricultura, Comercio y Obras Públicas" mientras que en Venezuela y Guatemala no fue hasta
principios de los años de 1870 cuando los respectivos "Ministerios de Fomento" fueron organizados. u En Chile se siguió un camino administrativo
algo distinto ya que la mayoría de los programas económicos estatales fueron colocados bajo la jurisdicción del "Ministerio del Interior" , entidad pública que también cumplía una serie de funciones políticas claves. Pero ya
desde 1837 este ministerio chileno se responsabilizaba por los pequeños
departamentos de obras públicas, caminos, correos y programas de sani~ad, hecho que tiende a sugerir el considerable grado de madurez y estabilidad alcanzados por la administración gubernamental en ese país desde fechas relativamente tempranas.12 En Argentina, como ya se ha señalado, las
mismas funciones también fueron colocadas bajo el techo del Ministerio
del interior, aunque ello no pudo efectuarse de manera definitiva hasta la

�92

C. Marichal: Políticas de desarrollo y deudo externa en Argentina

SigloXlX

consolidación del gobierno nacional a principios del decenio de 1860.
Si uno se propusiera efectuar una comparación de tales entidades estatales en los düerentes países mencionados, ser_ía razonable esperar a
priori que se descubrirían diferencias sustanciales de carácter tanto ideológico como administrativo entre ellas. Pero esto no debe oscurecer el hecho primordial -en nuestra opinión- de que los gobiernos latinoamericanos de la época efectivamente intentaron realizar esfuerzos coordinados
por definir prioridades para el desarrollo económico, creando mecanismos
institucionales para cumplir esos objetivos.
·

93

re~ultaha_ casi invariable .que los políticos saludasen los rinci ios del
laissez-faire con r~v~renc1a, frecuentemente denigrando la ~apacfdad del
Estado como admm1Strador de empresas. 14 No obstante cuando e ah
b
J t
.
,
s
oca_an a a area ~oncreta ~e Implementar los programas económicos, los dir~entes argentmos tend1an a fa\Torecer una participación creciente del gobierno en las esferas del transporte, las comunicaciones, la banca, etc.

Nuestro plan de trabajo en el presente ensayo consiste en efectuar
primero un rápido repaso de algunas de las principales propuestas económicas de la élite argentina de mediados del siglo XIX, para luego adentrarnos en el estudio específico de su implementación a través de la ampliación
de las funciones del Ministerio del Interior desde 1868 hasta 1880. Ello
nos llevará, por otra parte, a enfocar la atención sobre el ámbito económico más importante de actividad estatal: la política ferroviaria y las
formas que el gobierno utilizó para su financiamiento.

Tropezamos
· ·
, aqui' por conSigWente
con una serie de contradicciones
que. no eran solo aparentes sino que tenían algunas consecuencias práctiCl_lS mesperadas. ~Uo se debía en parte a que ese conjunto de ideas O ·de
pro~ectos financieros, comerciales, agrícolas y fiscales que propug ah
los mtelectuales y políticos era -en verdad- bastante heterogeneo.
, n pan
or
1ado hay que tener en cuenta que hasta 1852
otro
·
ti"'
b
no ens o un p1an gu~rname~tal ~~y consistente para favorecer el desarrollo económico a
nivel n~ciona_J. Es más, inclusive durante el decenio siguiente, 1852-62
~a dcoe~~tenc1a _de dos entidades estatales rivales -el gobierno de la Con~
~ e:acion Y ~I de 1~ provincia de Buenos Aires- impuso un sello conflictivo ªi la Vida politi_~ Y por, ende a la elaboración de planes sistemáticos para a transformac1on economica.

IDEOLOGIAS DEL DESARROLLO.ECONOMICO

a

Los políticos e intelectuales argentinos más destacados de mediados del
siglo XIX compartían una serie de conceptos acerca de cómo estimular el
crecimiento · económico del país tanto en el plano interno como en sus
transacciones internacionales. En una reciente revisión de los escritos de
los principales ideólogos del período, Halperín ha argumentado que "Un
sólido consenso va a afirmarse entonces en torno a los princifios básicos
1
para la renovación económica postulada para la Argentina ..."
La inmigración, la apertura al capital extranjero, el libre comercio,
una política monetaria más o menos estable, y la expansión de la frontera agrícola y ganadera fueron, sin duda, algunos de los instrumentos que
se consideraron indispensables para impulsar el desarrollo o el "progreso", para utilizar la terminología correspondiente de la época.
Sin embargo, tales proposiciones no fueron ni inmóviles ni totalmente inflexibles. Las opiniones de los voceros más renombrados de la élite
política y económica cambiaron frecuentemente, de acuerdo con las
circunstancias, y el consenso podía verse transformada en virulenta disensión dentro de los salones legislativos o en las páginas editoriales de los
más influyentes periódicos. Tales contradiccion~ fueron especialmente
manifiestas en el terreno de la discusión sobre el papel del Estado en el
proceso de expansión económica, aún cuando en sus discursos y artículos

Pero debe sug~r~e. ~ue ya a partir de este último decenio comenzó
per?-1arse una d~mc1on entre las posiciones de los ideológos que fa.
v~rec1an. la adopc~on de políticas liberales más puras (libre comercio
~zssezfazre) y aquellos que abogaban por un programa de carácter saint~
Simomano favorable a una fuerte intervención del Estad
J
' E 1
•
·
o en a econo~ z~. n e gobierno de la Confederación este enfrentamiento se expreso un~amentalm~nte en la confrontación de las ideas de Juan Bautista
~erdi Y de M:U-1ª.~º Fragueiro. Los influyentes escritos de Alberdi reeJahan la destilac1on de algunas de las tesis centrales de J
I d
Adam Smith
dº ,
.
a escue a e
e. d
y sus_ JS~1pul~s, rruentras que Fragueiro se apegaba a una
8
~e planes samt-sunomanos para permitir la monopolización del
cred1to por el Estado, cuya finalidad consistía aparentemente en lograr
un esarroUo económico dirigido desde arriba. 16
. En la provincia de Buenos Aires los contrastes entre diferentes poi':as no e~an menos significativ?s, pues aún cuando las autoridades l~«:8 tendieron .a favorecer, el libre comercio e intentaron atraer a los
°'.1P1talest; extranJeros, el prospero gobierno provincial dedicó una atenc1on pre e~ente a dos entidades económicas que fueron apoyadas luego progreSJvamente controladas por el Estado: el Banco de I p Y. ·
y el Fe
arriJ O
.
a rovmcia
rroc
este, ambas las pnmeras empresas importantes del país
1
en os ramos de banca y transportes.17
A raíz del establecimiento del gobierno nacional en 1862, los de-

�94

Siglo XI.X

bates legislativos pronto revelaron que existía un acuerdo tácito entre
diputados y senadores para continuar con las políticas de desarrollo ensayadas por los gobiernos anteriores. Las críticas anti~statistas siguieron
siendo frecuentes pero también persistía alguna conciencia que, al menos en ciertos terrenos, no podía prescindirse de la participación activa
del Estado. Sin embargo, la relativa penuria -fiscal no pennitió avances de
mucha importancia durante la administración de Mitre (1862-68) cuando
las finanzas del Estado se vieron de tal manera subordinadas a las necesidades de cubrir los costos de operaciones militares (especialmente la
Guerra del Paraguay) que resultó ilusorio proponer que se realizase un esfuerzo sistemático por promover un programa de obras públicas. En este
terreno la función del Estado se limitó a ser garante de la inversión privada.
A partir de 1868, en cambio, la nueva administración encabezada por
Sarmiento adelantó un plan para acentuar el papel económico del Estado,
aún cuando simultáneamente seguía defendiendo la libre empresa. En su
discurso inaugural ante el Congreso, en 1869, el nuevo presidente subrayó
su deseo de dibujar un nuevo curso político y económico fundado en la
promoción de una amplia gama de proyectos que incluían la construcción
de ferrocarriles y telégrafos, la modernización de los puertos, el apoyo a la
colonización agrícola y la celebración de una primera exposición nacional
de industria y agricultura en la ciudad de Córdoba.18 La elección de Córdoba resultaba sin duda significativa pues esta ciudad era el eje principal
del comercio este/oeste y norte/sur del país. Implícito en tal decisión podía vislumbrarse el deseo de impulsar un mayor grado de unidad riacional
tanto en el plano mercantil como en el político/militar.
Para Vélez Sarsfield, ministro del Interior-desde 1869, verdadero estratega de las políticas de desarrollo económico de la administración, los
mayores enemigos del progreso los constituían "la distancia" y "el desierto". La construcción de caminos y puentes, la extensión de los telégrafos
y el fomento de los ferrocarriles se presentaban por consiguiente como
los instrumentos indispensables para vencer tales obstáculos. Vélez Sarsfield afirmó en su informe al Congreso: "Adelantos materiales: ese es en el
día la política única que en el Litoral y el Interior de la Refsública, hacen
hoy tanto el Gobierno General como los Gobiernos locales". 9

Y ello se vinculaba estrechamente con los cambios que se iban produciendo en el plano político y social:
Nuestros pueblos aprenden paulatinamente que la paz es la mejor
garantía del trabajo... Ya no son ni las ambiciones ni los disturbios los que hacen la política argentina. La República se ha

C. Marichal: Políticas de desarrollo y deuda externa en Argentina

95

lanzado ansiosa de adelantos, por el camino del progreso, y hoy
son la pal~ Y el arado los que abren la tierra, donde, hasta hace
P?co, la pica y sable del montonero abrían heridas en el corazon de la patna.

rJ

Para
,, dlas ¡ autoridades
•. nacionales' por lo tanto , la "paz" ( osea larepreSion e os movmnentos P?puJares ~egionales y disidentes) constituía un
~aso fu~da~ental para abnr el cammo hacia un desarrollo sostenido de
tipo c~p1tal1Sta; Pero la realización de las metas económicas enunciadas
req~ena ~de~as la ~ues~ en m31:cha de una serie de reformas adminis~ativas, teci:ucas Y. fmanc1eras. Mas específicamente, la nueva cúpula dirtgeJJte se vio obligada a determinar con precisiÓJJ cuál de los departa~~ntos gubernamentales iba a hacerse cargo efectivo de la implementa~•on de sus pr?gramas_. ~~iento y V élez Sarsfield evidentemente no duaro~ en elegir al Mm1Steno del Interior como el instrumento idóneo
ampliando sus funciones de manera que se pudieran institucio al'
1'
proyectos que ya habían sido esbozados.
n izar os

~io~i~~TERIO DEL INTERIOR COMO "AGENCIA DEL DESADe _los cinco _ministerios que fu_eron establecidos en 1862 poi: el nuevo
g~bi_ern~ nacmnal, cuatro teman funciones claramente definidas: el
M1n1Ster10 de Guer~a, el de H~ciehda, el de Justicia, Educación y Culto~ _Y e! de Relac1?nes Extenores. Pero el quinto departamento -el
~mISteno_ del Interior- era mucho más heterogéneo desde el
t d
vista _fu~c1onal y administrativo.21 El organigrama de su complefa°:;uc~
tura mdica que, desde mediados de los años 60 esta i·nsa·tu . ,
abili ab
, .,
,
c1on se respo~ , z ,a por 1a supems1on y administración de gastos de un mu
v_anad? catálo~o de entidades que incluían al Congreso Nacional, la Pr[
S1denc1a, el sIStem~ ~acional de correos, el departamento de caminos
P_~entes Y obras púhhcas, el Archivo Nacional las oficinas de · · '
c1on y est d 1' 1·
1
. ,
'
mrmgra,.
a st ~a, a po1_1c1a municipal de Buenos Aires, el Consejo de
Htgtene de la capital, y vanas otras agencias.22
E_I M~~erio. del Interior aparecía, por consiguiente, como un pote
~o cab1an estrictamente dentro de la Jºurisdicción de los de '
· _qu
no E 1
, •
mas m1Il1Stes. n a prac~1ca, no obstante, este repartición vino a asumir esencialm~n_te d_os funciones, una política y la otra económica. Siendo el único
mimsteno ve!daderamente "político", era lógico que se responsabili
Jl?r el,,mane~o ! la coordinación de las complejas y cambiantes "si:~
;;ones provmc1ales y municipales. En otras palabras, le incumbía la taa de mantener el control sobre los jefes poi íticos regionales y locales,
poum ~d.minis~atívo, al cual eran relegadas todas aquellas actividades

�96

Siglo XIX

premiándoles por su lealtad o alternativamente cas~i,gándoles e~ casos
de disidencia pronunciada. A ello se agregaba la func1on de orgaruzar las
elecciones de tal manera que el régimen en el poder pudiese esperar res~tados relativamente favorables, aunque debe indicarse que en los decenios
de 1860/70 la maquinaria electoral todavía no estaba suficientemente bien
. tales obºJetlvos.
. 23
aceitada para garantizar
Al mismo tiempo, el Ministerio del Interior era virtualmen!e _la única
agencia nacional dedicada a la promoción del desarroU? eco11onuco. Los
dineros requeridos para tales fines naruralmente proveman de las arcas del
Ministerio de Hacienda pero el del Interior era el organismo encargado de
gastarlos y administrarlos. Al principio sus funciones "econói_ni~" no estuvieron bien definidas, pero desde fines de los años 60 y pnnc1p1os de l?s
70 los encargados de la cartera fueron ampliando los departamentos exJSte~tes y creando algunos nuevos: entre las suhreparticiones administr~~vas
más importantes -de carácter económico- pueden señalarse las oficm~s
de correos y telégrafos, el Departamento de camino~! puen~es Y obras publicas, la Oficina nacional de ingenieros, la Inspecc1on nacional de ferrocarriles, y el Departamento de agricultura.
Durante este período la prioridad del Ministerio consistió clarame~te
en la modernización del sistema de comunicaciones y transportes a ruvel
nacional. Que así fuese no tenía nada de extraño pues este programa
efectivamente unía los objetivos claves de la adininistración en la esfera
política y económica. El establecimiento d~ _una red más ext~nsa Y eficiente de comunicaciones, por ejemplo, facilitaba las tr~sacciones ~ercantiles, pero de manera igualmente importante contrihma a la c?n~hdación de la administración política a nivel nacional.24 De forma sunilar, la
promoción de los ferrocarriles no sólo fa~or~cía la expansión d_el_ comercio sino que representaba un instrumento mdISpensable para el rap1do despliegue de las fuerzas militares donde eran requeridas: por ejemplo e~ el
caso de incursiones de diversas tribus de indios guerreros o, alternativamente, para reprimir levantamientos provinciales dirigidos en contra del
gobierno central.25
.
El análisis detallado de la compleja relación entre la esfera económica
y la político/militar, no obstante, trasciende los límites del presente ensayo. Nuestro propósito aquí consiste en limitarnos a la revisión de las
funciones del Ministerio del Interior, estrictamente en términos de los
programas de desarrollo económico adoptados por los gobernantes contemporáneos, y las formas de financiamiento que utilizaron para llevarlos
a cabo. Para evaluar la importancia relativa de los diferentes proyectos
emprendidos nos parece esencial proceder a la deli~~ación de 1~ c~tegorías funcionales en las que se encuadraban las actiVJdades economicas

C. Marichal: Políticas de desarrollo y deuda externa en Argentina

97

bajo la jurisdicción del Ministerio. Comenzaremos con unos breves come!1tarios acerca de la operación del sistema de comunicaciones (correos y
telegrafos) para pasar luego al de transportes (puentes caminos navega.,
f
arril 26
,
'
c1on Y erroc .. es). Este _enfoque nos ayudará a explicar por qué un
campo de actIVJdad en particular - la construcción de ferrocarriles- se
converti~ía. e~ el objetivo econóinico primordial del gobierno nacional
desde pnnc1pios del decenio de 1870.

EL ESTADO Y LA EMPRESA PRIVADA EN LA ORGANIZACION DEL
SISTEMA NACIONAL DE CORREOS

~l primer paso qu~ e~prendió la administración nacional para mejorar el
sistema de comumcac1ones fue el establecuniento de un servicio de correos que abarcó a las catorce provincias de la república. Para realizar esta
tarea, ~to el gobierno de Mitre (1862-08) como el de Sarmiento (186874), tuVJeron la fortuna de poder construir sobre las bases que habían sentado los gobi~mos anteriores. Más concretamente, durante la década
1850/60 !ºs_ ~1der~s de la Confederación ya habían formado el esqueleto
de. un prurutJvo sistema de correos al autorizar la contratación de una
sene de po~t~ Y dil~encias regulares para transportar la correspondencia
entre las pnnc1pales cmdades del interior y a lo largo de los ríos Paraná ·y
Uruguay.21
Estas iniciativas fueron continuadas después de 1862 y por una nueva ley d_e _1866 el Congreso Nacional estableció las condiciones a regir en
los semc1~s contr_atados con los empresarios que se encargaban de las
c?ntadas lmeas eXISt~ntes: De acuerdo con esta legislación, varias diligencias de corre?s deb1an ~1rcular por las cuatro principales rutas que conectaban la cmda~ de Cordob_a con las de Jujuy, Catamarca, La Rioja y
Mendoza, respectivamente, mientras que la correspondencia entre los
pue~los secundarios de las provincias del norte y occidente se conducía
mediante postas de a caballo.28

. A P~ de l~s avances logrados a mediados de los años 60, la hurocraci~, Y las 1nstaJac1ones de estos servici&lt;&gt;s seguían siendo exiguas, no amph~ndose hasta unos años más tarde cuando la Administración Nacional
de C~?'eos co~e~ó a consolidarse. En 1869 el Congreso autorizó la construcc1on de. edifi~1os adecuados para las oficinas en Buenos Aires y en
?tras poblaciones unpo~ntes y por primera vez se delegaron una serie de
mspectores para superVISar las operaciones en todas las provincias. Los
contratos pronto se multiplicaron en base a negociaciones con una multit~d de pequeñas compañías. El correo a reinitirse por el Río Paraná, por
eJemplo, fue contratado con el naviero David Bruce y el del Río Uruguay

�98

SigloXIX

con el empresario Uladislao Barañao. En 1872 se firmaron acuerdos para
el establecimiento de postas regulares entre Tucumán y San Juan Y para
varias rutas en regiones del centro y oeste del país. Las comunicaciones ya
existentes entre las capitales provinciales fueron complementadas por una
serie de correos a los ·pueblos rurales pequeños, como podía notarse a
raíz del establecimiento en 1873 de veinte líneas nuevas en la provincia
de Buenos Aires y varias otras que llegaron a las colonias agrícolas recien29
temente fundadas en la provincia de Santa Fé . En el año 1876 _Y~ estaban
en operación noventa y dos líneas de diligencias de correos subsidiadas por
el gobierno nacional y unas treinta y cinco postas a caballo que alcanzaban, en su conjunto, a la mayoría de los distritos más poblados del país.Jo
El sistema de correos nacionales creció con rápidez en años subsiguientes, según lo atestigua el hecho de que existi~~n unas, 400 oficinas
postales a mediados de los años ochenta. Pero tamhien habria que rem~car que seguía siendo un servicio manejado esencialmente por firm~ pnvadas pues eran éstas las que efectuaban el transporte _terrestre y flu~al de
la correspondencia. El gobierno, por supuesto, superYISaba las operacio?es
pero su función fundamental consistió en apoyar a los numerosos capitalistas involucrados mediante el otorgamiento de subsidios y contratos.JI
EL SISTEMA TELEGRAFICO: PRIORIDADES MILITARES Y MERCANTILES
En contraste ·con los correos, la red telegráfica nacional fue controlada más
directamente por el Estado. La construcción de este segundo y más moderno sistema de comunicaciones arrancó verdaderamente bajo la administración de Sarmiento. En octubre de 1869, el Congreso Nacional creó la Inspección General de Telégrafos y a partir de entonces esta oficina inició n~gociaciones con una serie de compañías contratistas para el tendido ~e miles de kilómetros de cables hacia el norte, sur y oeste de Buenos Aires Y
2
Rosario, incluyendo una línea que llegó hasta la frontera cbilena.J
El costo abultado de estos proyectos requirió nuevas formas de fi.
nanciamiento. En 1869 la legislatura nacional resolvió acudir al mercado
local de capitales autorizando la venta de un monto considerable de ~onos estatales -llamados "acciones de caminos y puentes"- para financiar
el programa de construcción de telégrafos así como algunas otras obras
públicas.J3 De esta manera el gobierno pudo invertir unos 880 000 pesos
(obtenidos en la Bolsa de Buenos Aires) para tender las largas líneas que
cruzaron las provincias del interior y otras más cortas en el litoral. Para
1876 ya existían más de 8 000 kilómetros de telégrafos, de los cuales
aproximadamente el 60% pertenecía al Estado.

C. Marichal: Políticas de desarrollo y deuda externa en Argentina

99

Debe agregarse que tal empresa supuso 1a importación de grandes volúmenes de materiales -especialmente cables desde Inglaterra- lo cual obligó al gobierno a abrir una cuenta especial con la casa bancaria londinense
de Cristóbal Murrieta and Co. para agilizar los pagos por el equipo contrátado.34
Ello revelaba la complejidad técnica y financiera que ya comenzaban
a alcanzar los planes de desarrollo económico del joven gobierno argentino.
L~ _importancia mercantil de estos proyectos era igualada por su utilidad militar como ha demostrado Colin Lewis en sus estudios acerca de las
c:1~pañas co~tra los indios pampas en los años de 1870. El telégrafo ejerc10 un papel 1DStrumental en las mismas, facilitando de manera inédita los
movimientos coordinados de tro~as a lo largo de las fronteras sur y oeste
~e la provincia de Buen?s Aires. 5 Por otra parte, no hay duda que políbcamente, este nuevo sIStema ultra/rápido de comunicaciones facilitó el
proceso de centralización administrativa que había de culminar en los
años 80.36
LA MODERNIZACION DEL SISTEMA TRADICIONAL DE
TRANSPORTES: CAMINOS Y PUENTES
Si ~ien el mejo~ami~nto de las comunicaciones mediante el correo y los
telegrafos constituyo un objetivo vital dentro de los planes de desarrollo
del Ministerio del Interior, más importante aún fue la reforma de los sis37
t~mas básicos de transporte. La tarea no resultaba fácil. A mediados del
siglo XIX el vasto Y poco poblado territorio argentino contaba con una
red caminera rudim~ntaria de raig;tmbre colonial.38 En la zona pampeana
los ganaderos Y .:igr1cultores segu1an dependiendo de las lentísimas carret:18 de buey~, vehículo universal para el transporte de mercancías. A par~ del decemo 1830/40, algunos ricos propietarios y comerciantes establecieron empresas de carre~ qae pe~itieron un flujo de tráfico algo más
regular, pero el gran ohstaculo contmuaba siendo el tiempo: se requerían
semanas para trasladar el creciente volumen de lanas, caeros y granos hasta los puertos. Y el, problema se tomaba cada vez más agudo en la medida
qae la frontera agr1cola/ganadera se iba extendiendo hacia el sur oeste y
norte.
'
En las provincias del interior los arrieros, con sus largas recuas de mulas, se encargaban del transporte a través de las zonas montañosas mientras
que en los valles y las estepas semidesérticas se utilizaban diversos tipos
~e carros Y carr~tas que transitaban por las mismas rutas de hacía tres
stglos. _La urgenc'.a de modernizar era aquí todavía más apremiante que en
las regiones del litoral, pues las trayectorias de los viejos caminos no resul-

�100

C. Marichal: Políticas de desarrollo y deuda externa en Argentina

Siglo XIX

ta.han adecuadas para las cambiantes nece~idad_es de sus _eco~?~ías. ~rante la colonia, el grueso del tráfico del mtenor se habia_ dirigido hacia
las zonas mineras del Alto Perú o, alternativamente, a Chile, pero desde
mediados del siglo XIX el comercio se reorientaba en direcci?n a los dinámicos polos de crecimiento surgidos alrededor de Buenos Aires Y Rosario.
A partir de la independencia y has~. los años '60 l~ _gobiernos provinciales poco habían hecho para modificar la ~ed trad1:1onal d~ transporte, no sólo por la frecuencia de los conflictos mte~-regionales smo fundamentalmente a causa de la escasez de fondos. Umcamente en la provincia de Buenos Aires podía encontrarse una tesoreria lo suficientemente
próspera como para pagar a las empresas contratistas e~ca~adas de re~aración y construcción de caminos. En el resto de la rep~~ca,_ en cambio,
la implementación de un programa de reformas recaena meVItablement~
sobre los hombros del gobierno nacional y, más específicamente, del Ministerio del Interior.
Durante la presidencia de Mitre, no obstante, los recursos ~~tales
disponibles para tales fines fueron tan limitados que no s~ logro smo
reparación de algunas viejas rutas.39 ~esde 1869, e~ ~amh10, se prod~JO
un notable avance, especialmente a ra1z del establec1mtento_ d_~ la Ofi~ma
Nacional de Ingenieros.40 A pesar de ser ésta una reparttc1on relat~vamente pequeña, habría de cumplir una misión fundamental en la reah_~ción del conjunto de los ambiciosos proyectos de desarroll~ que se m'.·
ciaron bajo la administración de Sarmiento. Y así _lo reconocieron 1~ rru·
nistros que llegaron a ocupar la cartera del Interior en años postenores.
En 1878, por ejemplo, se señalaba:

!ª

Hasta 1869 las obras públicas se contrataron con empresas o
compañías particulares sin intervención las más veces de personas competentes... ; creada la Oficina de'lngenieros en esa fecha,
empezó a establecerse un sistema más regular en este impo~tante servicio de la administración pública. .. Fue... en ese periodo
de 1869 a 1875, que se contrataron y empezaron en su mayor
parte los ferrocarriles, puentes, caminos, líneas telegráficas, etc.,
., 41
que hoy posee 1a N ac1on.
Ingenieros nacionales como Pompeyo Moneta, Knut Lindmark, Carl~
Chriesternsson, Guillermo Villanueva y Julio Lacroze, entre otros, reali·
zaron una tarea fonnidable, recorriendo el país para trazar los planos de
los nuevos caminos, puentes y líneas ferroviarias proyectadas, publicando
42
sus informes y efectuando la inspección de las. obras en marcha. Fue
precisamente a partir de este esfuerzo que se pudo comenzar a articular ~
programa coherente para expandir las principales arterias del comercio,

101

especialmente en las provincias del centro y occidente.
En algunos casos, los mismos ingenieros estatales se encargaron de la
construcción de las carreteras y puentes pero en general su labor consistió
e? la sup_ervisión _de la 1ecución _de aquellos contratos negociados con
diversas firmas pnvadas.4 Es decir, el E!&gt;tado proporcionaba el financiamiento y la asesoría técnica mientras que los empresarios individuales se encargaban de reunir la mano de obra y llevar a cabo-la mayor parte de la construcción. Ilustrativo de tales capitalistas fue el multifacético
catamarquefio. Adolfo Carranza, q~en tuvo especial empeño en promover el desarrollo de las provincias del noroeste del país. Habiendo obtenido los contratos para el transporte del correo desde Tucumán a Catamarca y San Juan en los aiios 60, pronto captó los contratos para el tendido de líneas telegráficas a lo largo de las mismas rutas. Por ello no. fue
sorprendente que en 1873/74 decidiera entrar en negociaciones para la
construcción de caminos entre estas ciudades ni que más tardíamente se
convirtiera en activo promotor de los primeros proyectos ferroviarios en
dichas regiones.44
El ejemplo de Carranza refleja con precisión de que' manera los programas de modernización de los sistemas de correos, telégrafos, caminos,
p~entes y ferrocarriles estaban basados en una integración mutua y func10nal. En este sentido el gobierno jugaba un papel regulador fundamental
fª que era la única instancia con capacidad técnica y financiera para
unpulsar este paquete de servicios esenciales para el incipiente desarrollo
capitalista. Los resultados iniciales, en lo que se refiere al transporte terrestre tradicional, no fueron espectaculares pero sí constituyeron un
avance prometedor. Entre 1870 y 1875 el gobierno nacional financió el
tendido de diez puentes importantes en las provincias de Salta, Tucumán, Santiago del Estero, Córdoba y la construcción de 18 nuevas carreteras en las provincias.45
LOS PUERTOS Y LA NAVEGACION FLUVlAL: LA NEGLIGENCIA
ESTATAL
El mejoramiento de las instalaciones portuarias existentes y de los sistemas de navegación fluvial fueron objetivos complementarios asumidos
por el Ministerio del Interior, pero en este caso, el monto de fondos
efectivamente invertidos fue tan reducido que las iniciativas guhername~tal~ resultaron francamente decepcionantes. Es cierto, como ya se
ha md1cado, que las autoridades nacionales firmaron una serie de contratos con diversas compañías de navegación para transportar el correo
entre los puertos fluviales durante los aiios de 1863-74, pero posteriormente se cancelaron la mayoría de los subsidios, dejando el fomento del

�102

Siglo XIX

tráfico fluvial y de la marina mercante enteramente en manos de empresas privadas, locales o extranjeras.46
Más sorprendente aún fue la negligencia casi total del Estado con
respecto a la modernización de los puertos, cuyas instalaciones no se
habían modificado sustancialmente desde la época colonial a pesar del
enorme incremento en el tráfico naviero internacional realizado a través
de ellos. En 1869 dos grupos de capitalistas anglo/argentinos presentaron
propuestas para dragar el puerto de Buenos Aires y construir algunos
muelles, lo cual hubiese permitido que los navíos de mucho calado pudieran descargar directamente sin tener que efectuar el lento y engorroso proceso de transbordage como seguía siendo la práctica habitual.
Pero ni la legislatura provincial ni la nacional aprobaron los proyectos a
pesardelas enérgicas gestiones a su favor por parte de Sarmiento.47 Por
consiguiente, el mayor puerto de la república seguiría operando con graves deficiencias hasta fines de los años 80. De acuerdo con las Memorias
del Ministerio del Interior (1873 y 1874), las únicas obras portuarias emprendidas consistieron en el establecimiento de algunos faros, almacenes
de aduanas y lazaretos, estos últimos sirviendo como oficinas de cuarentena establecidas a raíz de la terrible epidemia de fiebre amarilla de 1871 y
de los brotes de cólera (durante 1871) en Buenos Aires y Corrientes. Las
sumas ridículamente exiguas gastadas durante el período, claramente sugieren que las prioridades del gobierno no se orientaban a impulsar el tráfico fluvial o marítimo sino que se centraban en los requisitos del transporte terrestre y, de forma cada vez más acentuada, en la expansión de
ese nuevo y revolucionario instrumento que era el ferrocarril.

LA POLITlCA FERROVIARIA DEL MINISTERIO DEL INTERIOR
Dentro del campo del desarrollo económico puede argumentarse que la
organización de la red ferroviaria nacional representó el mayor desafío
técnico, administrativo y financiero que enfrentó el Estado argentino durante la segunda mitad del siglo XIX. De hecho, la construcción de los fe.
rrocarriles absorbió cerca del 75°/o del total de gastos públicos asignados
para proyectos de desarrollo a lo largo de los años '60 y '70 (véase cuadro I). Ello ayuda a explicar por qué en el año de 1880, el Estado ya
controlaba cerca del 50°/o del kilometraje nacional de ferrocarriles, además de proporcionar cuantiosos subsidios para la mayoría de las líneas
privadas (véase cuadro II).
El repaso de los documentos contemporáneos revela, una vez más, el
rol crítico de la administración de Sarmiento en la implementación de esta
estrategia económica, aunque no debe hacerse caso omiso de aquellos an-

C. Marichal: PolítiCO$ de desarrollo y

deuda externa en Argentina

103

tecedentes legislativos y prácticos que contribuyeron a la formulación paulatina de_ ~na poi íti~ ferroviaria nacional.48 No hay duda, por ejemplo,
que el regimen antenor, encabezado por el general Mitre, había considerado que la introducción de la locomotora era un prerequisito indispensable para el crecimiento económico. Pero es igualmente cierto que no sería
hasta 1870 cuando el gobierno comenzó a determinar con precisión cual
debía ser el papel del Estado en este sector.
La experiencia extranjera sugería una serie de modelos posibles, como
bien lo sabían los miembros más educados de la élite argentina. En Gran
Bretaña y Francia el gobierno había asumido un rol insignificante en el desarrollo ferroviario, política que podía atribuirse a la extraordinaria abundancia de capitales que existían en aquellos países y que fueron canalizados hacia este tipo de negocio. En Estados Unidos, el Estado tampoco tomó una participación directa en las compafiías, pero las autoridaiJes federales las favorecieron ofreciéndoles una serie de atractivos incentivos en
la forma de concesiones de vastas extensiones de tierras ricas en recursos
naturales. En contraste, desde 1860, en Australia se produjo una situación radicalmente distinta, pues los gobiernos provinciales sostuvieron un
virtual monopolio sobre la red ferroviaria, tendencia que podía atribuirse,
al tnenos en parte, a la falta de interés por parte de ·ganaderos y mineros
locales en invertir sus fuentes relativamente limitadas de capitales en empresas de esta naturaleza.49
. , Nu~~':°sos historiadores han sugerido que en el caso argentino tamb1en ex1s~~ una esc~ez de capital privado local, lo cual explicaría porqué
se depend10 alternabvamente de empresas extranjeras o del mismo Estado
para financiar su construcción. Esta disyuntiva, asimismo, podría considerarse como una de las causas del carácter contradictorio de las políticas
adoptadas por el_ E~tado, La primera compañía ferroviaria argentina fue
estatal; las dos s1gwentes fueron de capital británico y la cuarta de tipo
"~xto'_', en la cual coparticipaban accionistas privados argentinos y britámcos Juntos, con el gobierno nacional.50
Al comenzar la década de 1870, sin embargo, la administración de
Sarmiento resol~~ _imponer un programa algo más coherente para el fo.
m~nto Y supervis1on del sector. Su iruíovación técnico/administrativo
mas destacada fue la creación de una repartición especializada llamada
Inspección Nacional de Ferrocarriles que dependía indirectamente de la
Oficina Nacional de Ingenieros. Este nuevo departamento, encabezado inicialmente por el ingeniero Pompeyo Moneta, tuvo jurisdicción sobre el diseño d~ !odas las rutas proyectadas, además de ser responsable por la implementac10_n _de 1~ leyes sobre operación de ferrocarriles que fueron ratificadas casi sunultaneamente por la legislatura nacional.51

�....
o

~

CUADRO 1

en

~
o

~

INVERSIONES ESTATALES REALES EN PROGRAMAS DE DESARROLLO ECONOMICO*
(en miles de pesos fuertes)

(1863-1880)

Año

Obras (a)
Públicas

1863
1864
1865
1866
1867
1868
1869
1870
1871
1872
1873
1874

104
135
100
43
20
82
197
195
205
178
419
424

44
46
122
69
1 591
614
325
890
1 160
2 136
3 728

1875
1876
1877
1878
1879
1880

299
250
67
132
71
89

5 149
1 560
359
1,122
530
1 430

Construcción (c)
Telégrafos

Construcción (b)
Ferrocarriles

-

-

-15
1

1

;-

'

25
293
298
297
60
70

13
25
78
40
30

Construcción
Edif. Publ.

22
34
21
15
6
14
21
79
53
66
159
177

Inmigración

L"

2
15
15
15
22
25
71
53
66
159
177

Agricultura

-r

12
12
28
46

~

232
223
59
30

232
223
321
379
498
396

~
.,¡:;•

41

*

La infonnación incluída en este cuadro se refiere únicamente a inversiones de capital para ampliar instalaciones, etc. No se incluyen aquí los gastos ordinarios por operación de los servicios.
Este rubro incluye esencialmente inversiones en construcción de caminos y puentes aunque ocasionalmente algunos gastos de subsidios a empresas de navegación o referentes a algunas obras portuarias.
b) Este rubro incluye inversiones directas por el Estado en los ferrocarriles Andino y Central Norte adec) más de garantías pagadas a compañías privadas en proceso de construcción.
En este rubro se incluye el monto de capital líquido y de bonos entregados a los contratistas para la
construcción de los telégrafos estatales. No se incluyen los 30 000 pesos anuales que se pagaron a la
empresa del telégrafo transandino entre 1869 y 1880 ni los dineros invertidos en telégrafos militares;
éstos últimos comenzaron a ser importantes en 1875.
a)

:,-

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i:
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i

'&lt;

~
1:

~
~

~

g
FUENTE: Memoria de Ministerio de Hacienda {1863-1880), en particular las "Cuentas de Inversión". De
particular
utilidad fueron los resúmenes estadísticos de las Memorias de 1876, pp. LXXXVI-XC y de 1880,
p. XLV-LXXIX.

(1)

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~

~

1·
.....

~

�106

Siglo XIX

C. Marichal: Políticas de desarrollo y deuda externa en Argentina

CUADRO II

FERROCARRILES ESTATALES Y PRN ADOS COMPARADOS
(1865-1880)
(en ºJo de 1as variables elegidas)

.
,,(a)
Ferrocarriles estatales y " mixtos

Kilometraje
Capital declarado
Pasajeros transportados
Carga transportada
Ingresos totales

1870

1875

1880

ºlo

ºJo

º/o

º/o

EL EMPRESTITO DE 1871 Y LA POLITICA FERROVIARIA

58
50
32

78
68
31
74
40

70
50
36
55
53

65
54
34
56
55

El 16 de mayo de 1870, el mandatario argentino Domingo Sarmiento presidió las ceremonias de inauguración del Ferrocarril Central Argentino
que unía las ciudades de Rosario y Córdoba. Esta línea, iniciada cinco años
antes, había sido construída con capitales mgleses y argentinos.52 Para Sarmiento, su terminación significaba una combinación de adelantos de carácter económico y político. Declaró :

71

Ferrocarriles privados (b)

Kilometraje
Capital declarado
Pasajeros transportados
Carga transportada
Ingresos totales

El otro paso impo.rtante que emprendió el gobierno nacional fue la
planificación y construcción de un esqoeleto de Iíneas a través de las provincias, extendiendo la ruta ya existente de Rosario-Córdoba hacia el norte
a Tucumán y hacia el oeste a Me,1doza. Pero para realizar estas obras se
requería una cantidad sin precedentes de capitales, recursos materiales y
mano de obra. Para cumplir con taJes necesidades, en 1870 el Congreso
Nacional aprobó la emisión de un gran empréstito extranjero -conocido
como el ''Empréstito de Obras Públicas"- que, dicho sea de paso, fue el
mayor préstamo que ·el gobierno argentino había solicitado hasta entonces.

1865

53

42
50
68
29
47

22
32
69
26
60

30
50
64
45
47

35
46
64
44
45

a)

Ferrocarriles estatales y "mixtos" se refiere a 4 em_presas fer~oviart;
El Ferrocarril Oeste de la Provincia de Buenos Air~s (propiedad e
obiemo de la Provincia de Buenos Aires; Ferro~arril Andmo Y ~en~ral Norte del gobierno nacional; y el Ferrocarril Central Argentmo,
empresa mixta.

b)

Los ferrocarriles privados eran cinco empresas pr?piedad de ca1;&gt;italistas británicos: Ferrocarril Gran Sur de Buenos Arres; Ferrocru:z-il Buenos Aires-Ensenada; Ferrocarril Argentino del Este; Ferrocarril Norte
de Buenos Aires; Ferrocarril Buenos Aires-Rosario.

FUENTE, El cuadro está basado en un resumen de las estadístic~ detall~:
das sobre todos los ferrocarriles que se encuentran en las Memorias del M
nisterio de Obras Públicas (1898-1899).

107

El ferrocarril inaugurado será el resorte principal de la unión
de la República en sus intereses materiales, como conductor de
sus progresos morales y como agente para la realización de sus
instituciones. ..53
La construcción del Central Argentino constituía, sin duda, un primer paso
en esta dirección, pero además, las autoridades gubernamentales tenían
muy claro que debía ser ampliado y completado con una serie de líneas
troncales adicionaJes que alcanzaran a las demás capitales del interior. Dentro de este programa , dos prioridades concretas, de carácter geo/político y
económico se perfilaban con nitidez: la primera consistía en la necesidad
de construir una línea ferroviaria (que se llamaría Ferrocarril Central del
Norte) desde Córdoba hasta las provincias norteñas de Tucumán, Salta y
Jujuy. La segunda meta se abocaba al tendido de una vía férrea (que se llamó FerrocarrilAndino)haciael oeste, hacia San Luis, :,an Juan y Mendoza.
En realidad ambas trayectorias habían sido proyectadas desde hacía
algunos años. La propuesta más antigua -aceptada por el gobierno de la
Confederación en la década del '50- había contempJado la posibilidad de
crear una ruta transcontinental desde Rosario, pasando por Córdoba y
llegando eventualmente a Valpara íso en Chile, uniendo el Atlántico con
el Pacífico mediante el riel. Tales esperanzas, excesivamente ambiciosas,
pronto se vieron frustradas, pero a partir de principios de los años 60

�108

Siglo XIX

C. Marichal: Políticas de de8arro/lo y deuda externa en Argentina

.
· · ·
l · portancia
numerosos legisladores naci~nales volVIer:n a ~IS~rl:nco~:cción de
que tendría para la formac10n del Emlerca od na~1?t Sarsfield afirmó en
una línea troncal de este a oeste.
sena or e ez
1862 que
El ferrocarril creará un gran centro de comercio en Córdoba~ al
. , sin duda todos los pueblos que hoy comercJ.aD
cual Chile
concurrrran,
• se hallan al pie
• de la Cordillera
busLos pueblos que
.
con,
. . .m as' u' til y más fácil • las mercaderías
caran como
. 54 que vienen del
Atlántico al puerto de Buenos Aires o Rosano.

, tard e, en noVI·embre de 1867 ' el gobierno 1nacional. ratificó
Unos años mas
. d
un decreto que asentaba_ la urgenJte ne)ces;dad de a~erc~l ~i:;~VI;::ori~
Cuyo (Mendoza, San Luis y San uan a os merca, os
:
d
b la realización de un detallado estudio topografico y ~nanc1ero e 1a
za a línea. Esta se !Jamaría "Ferrocarn.1,Andino,, y su pnmer .tramo
futura
h co/
, d de Villa María (la última estacion del Central ArgentJno) asta
rrenaCuarto
es ambas en la provincia d e Cor
, do ba.55 por otratalparte' se .,
anunRío
' para llevar las v1as
, h asta Mend za aunque
extens10n se
ciaron planes
percibía como todavía algo prematura.

°

·

La idea de construir•un ferrocarril hacia el norte a •~_provincia de T;cumán (que pronto se convertiría en una importante regi~n ~rod;ctorad e
azúcar) era más novedosa. Pero desde fines de los añ~s , O, os iputa os
senadores de las provincias nortefias estaban preSiona~~o con mayor
!hínco aún que sus colegas de Cuyo para lograr la/ontrat~~: .de u::.:;:
troncal que diese salida a los productos locales. orno sen
a e1s . nal.
de Jujuy, Araóz, este proyecto era indispensable para el desarrollo regio ·

P~ºi

Por falta de este ferrocarril se puede decir que está, muerta_ la
d ·ón O ahogada en todas esas provincias (Tucuman, Santiago e
. Y Salta) • • • Este será la gran arteria ·que llevad lal sanEucci
stero, JUJUY
gre vivificante las acción de los capitales, de las ideas Y e. proe o de Ei:ir;pa y especialmente del litoral y de Buenos A~es a
gr
s estas provmcias
. . que se encuen tran casi en completa mactodas
•,
56
cion.,.

El roblema principal que enfrentaban los legisladores de_ 187~ se cifraba
en 1as formas de financiar la deseada red ferroviaria en el mten?r de la nación. El capital local era extremadamente escaso en estas regiones y los
obiernos provinciales no contaban con los abundantes recurs~s ~e las
gh
as provincias del este. Las únicas opciones reales, por consigment~,
erman
.
consegwr
consistían en ofrecer concesiones a empr~9:19 extranJeras O en
que el gobierno nacional asumiese esa prodigiosa tarea.

109

Las opiniones estaban divididas. Inicialmente se abrieron negociaciones con el empresario William Wheelwright, que estaba terminando la línea de Rosario a Córdoba. En conversaciones preliminares las autoridades
estatales sugirieron que se le adjudicaría la concesión para la nueva ruta a
Tucumán y J ujuy, pero paulatinamente las relaciones entre el flemático capitalista y el gobierno se enfriaron.57 Que así fuese se debió, en buena
parte, a la emergencia de un movimiento popular en la ciudad de Córdoba.
Más concretamente, cuando los rieles del Central Argentino finalmente llegaron a Córdoba en la primavera de 1870, los habitantes de la provincia,
comerciantes, ganaderos y pequeños agricultores, esperapan grandes transformaciones pero pronto fueron defraudados. Los directores británicos
de la empresa inmediatamente aumentaron las tarifas sobre el transporte
de pasajeros y mercancías. Por lo tanto no fue sorprendente que unas semanas después de la inauguración las-protestas se multiplicasen y que se
celebrasen reuniones públicas en la ciudad para protestar contra los abu58
sos de la compañía. Al mismo tiempo, algunos artículos comenzaron
a circular en la prensa cordobesa sugiriendo la conveniencia de nacionalizar al ferrocarril.
Estas propuestas pronto se hicieron escuchar en los salones del Congreso Nacional. Varios senadores recordaron que, tanto Mitre como Sarmiento, habían invertido cuantiosas sumas de dineros públicos en el Central Argentino desde sus inicios en 1865. De hecho, entre esa fecha y 1870,
el Ministerio del Interior había desembolsado aproximadamente dos millones de pesos para adquirir acciones de la empresa, además de concederle
cerca de 200 000 hectáreas en tierras públicas y otorgarle subsidios anuales que ya totalizaban un millón de pesos.59 A pesar de ello, ni Wheelwright, ni los demás directores extranjeros de la firma manifestaron su
disposición a rebajar las tarifas.
Cuando la administración de Sarmiento decidió hacer públicos sus
proyectos ferroviarios, en junio de 1870, quedaban pocas dudas que el único camino políticamente viable consistía en el control estatal sobre los
nuevos ferrocarriles a construirse. El ministro de Hacienda, Gorostiaga, hizo notar que sin estas vías resultaba dudoso que la economía argentina pudiese lograr los niveles de prosperidad de los países capitalistas más avanzados, afiadiendo:
Estamos conformes en que es más conveniente que esas grandes
obras se ejecuten por cuenta de la Nación y no por empresas particulares (ya) que sería necesario formarlas con fuertes garantías
y con grandes recompensas...60
La cuestión clave entonces no era el control privado o estatal - pues

�110

SigloXIX

ya se había decidido a favor de este último- sino específicamente cómo
reunir los dineros requeridos. En general existía consenso que sería virtualmente imposible conseguir suficientes fondos en la Bolsa de Buenos
Aires. Por consiguiente, el poder ejecutivo propuso que se emitiera un gran
empréstito externo por valor de 30 millones de pesos fuertes (aproximadamente 6 millones de libras esterlinas) en los mercados europeos de capital.
De esta enorme suma aproximadamente 60°/o se destinaría a proyectos ferroviarios estatales, 20°/o para obras portuarias y para la cancelación
de algunos créditos impagos, y finalmente, 20°/o para cubrir los gastos de
colocación, comisiones de banqueros, etc. (cuadro III).

En su conjunto la propuesta de un " préstarn¿ para el desarrollo" fue
aceptada por unanimidad en las Cámaras de Diputados y Senadores, pues
aún los más acérrimos opositores del gobierno, como Nicasio Oroño, senador por Santa Fé, reconocían que la nueva transacción financiera representaba una ruptura, en cierto sentido radical, con el pasado y en particular con el endeudamiento militar que había caracterizado a la administración de Mitre. Oroño hizo notar en el recinto que
Es sabido que las deudas casi todas de la República Argentina han
sido contraídas para sostener guerras fratricidas. Ahoia (el gobierno) piensa de otro modo, piensa que debe contraer esos emprés61
titos para hacer ferrocarriles...
_
Y luego añadió: "Acepto ese empréstito en las condiciones que viene porque se destina por primera vez en la República Argentina al desarrollo de
los intereses materiales del país...''62
A pesar del consenso acerca de los beneficios a obtenerst mediante
empréstitos para el crecimiento económico (en contraste con préstamos
para la guerra) existían ciertas discrepancias con respecto al destino de los
fondos que se obtuvieran. Para un grupo de senadores encabezados Por
Aiaóz, de Jujuy, el dinero debía utilizarse en primer lugar para estatizar
el Ferrocarril Central Argentino y luego para financiar la construcción de
nuevas I íneas.63
Tales propuestas incitaron al ministro de Hacienda a acusar a los legisladores disidentes de estar proponiendo medidas que violarían los derechos
a la propiedad privada establecidas por la Constitución de 1853. Más pertinente y convincente fue su argumento de que cualquier plan de nacionalización casi seguramente haría fracasar la negociación del empréstito externo.

C. Marichal: Políticas de desarrollo Y deuda externa en Argentina

111

El ministro Gorostiaga exclamó.entonces:
No se podría ir con esa ley señor
.d
ropeos, y mucho menos a' la
pres1 :nte, a los mercados eumundo, como se ha dicho d Igranl capital de los capitales del
•
e ng aterra a pedir c · tal
verur a expropiar una propiedad en ue , , . a~1 es para
los principales accionistas.64
q los subditos mgleses son
El argumento era contundente y or co . .
retirar su propuesta aunque n .P d . ns1gu1ente los senadores decidieron
lativamente moderadas.
o sm e1ar constancia de sus protestas, ya rePor último, quedaba pendiente la cuestión de)
,
de las condiciones a exigir por lo b
monto del prestamo y
gabinete opinaba que la colocac· ,s danqlueros _encargados de la emisión. El
,
ion e os tremta ·11
d
nos deh1a ser negociada con una fuert fir b
~ ones e pesos en boanunciar públicamente cual había de :er
a~can~ ~e Londres, pero sin
biemo. El responsable de Hac·e d
. -~ prec10 m1,mmo aceptable algosistiría en otorgarle poderes~ nli;/;:¡mº que el _metodo más efic'._1Z conestaba en camino a la capital: lesa :;:nte ofic1~ de Argen~a (que ya
la mejor oferta.
g
) P que pudiese detennmar cual era

7ª

Por otra parte, la poderosa casa de B . B h
do al ministro de Hacienda que si I
t ~;gd rot ers ya le había adverticar los bonos exitosamente te d :18 au on a es argentinas deseaban coloción, tanteando a los difer~ t n ~an que pro~eder con la máxima discremiento público que despertarnaesl anc?~, y ealvitando cu~quier pronuncia.
a avanc1a o ternati
!os mversores potenciales.65
'
vamente, e1 temor de
Los legisladores no se opusieron a este ar
caron el gran volumen del présta
El
d gumento pero algunos critihincapié en los peligros que pres::.~ , sena or Or?,ño, por ejemplo, hiw
se podían invertir los fondos recib .dna una operac1on tan cuantiosa si no
mente designada. El caso del empr~:s c:~ rapi;e~ y en la fonna previa1858 era ilustrativo: los fondos ohte -~ c e~ ~ errocarriles del año de
absorbidos por un grupo de ca italis m os _en on r~ fueron rápidamente
sidente Montt. El oro extr . p habt::18 chil_enos, arrugos o aliados del preanJero
ia semdo par
t· J al
1ocal pero no contrihu ó d
. . . . a es imu ar comercio
. .
y
e manera significativa a la
tr . , f
VIana. Ahora en 1870 el Estad
.
cons ucc1on erro.
o argentmo enfrentab
•
.,
Jante ya que no era probable
1
.
.
a una s1tuac1on semeque os seJS millones de lib
1·
diesen ser invertidos inmediatamente en Jo f
. ras ester mas pusenador Oroño observó que
s errocarriles programados. El
La oportunidad ·es la más brillante
difícilmente se podrá encontrar
para hacer el empréstito y
otra mejor por el bajo interés

�112

C. Moricha/: Políticas de de,arrollo y deuda externa en Argentina

Siglo XIX

del dinero en Europa... Pero en e~ta mateJiª· .. la experiencia
y la historia nos aconsejan ser muy discretos.
La "discreción", sin embargo, no constituía la máxima prioridad de los
dirigentes políticos en esa coyuntura. Lo urgente era aprovec~ar la fie~re
especulativa en Ja Bolsa de Londres para obtener el oro req~endo para implementar los ambiciosos lroyectos. de desarrollo que hab ian hecho presa de la imaginación de la ebte argentma.
EL DESTJNO DE LOS FONDOS DEL EMPRESTITO DE
OBRAS PUBLICAS DE 1871.
Cuando el agente oficial del gobierno argentin~, ~ariano Vare!~, ~ornen, a negociar los términos específicos del emprest1to de obras públicas en
~: ciudad de Londres, recibió una carta de Sanniento e~ la cual se le recomendaba que abriera discusiones con la casa bancana de Tho?15on,
Bonar. Ello ocurría en octubre de 1870, pero pocas semanas despues Vareta estaba celebrando conversaciones paralelas y secretas con por ~o _menos dos firmas londinenses adicionales, Lo~s Cohen and Son~ y Cnstobal
· ta and Co67 Las negociaciones continuaron hasta abril cuando el
Murne
.
L
. .
, . rta sen
contrato definitivo fue firmado con Murrieta. a noticia causo_ c1e
:
sación entre los círculos financieros de Europa y de Buenos Aires, no~lo por el desplazamiento de los dos primeros me;chant ~anks mencionados, sino sobre todo porque el gobierno no habia ~refendo bu_scar los
servicios de la prestigiosa banca de Baring B~ot~ers, la firma financiera ~ue
se habí!\ encargado de los ante~ores ~mp~estitos ~xtemos de Argenbna:
Pero la casa de Murrieta tambien tenia vmculos _1mportant~s. con el gol
biemo argentino desde hacía algún tiempo, habiendo participado e~ e
financiamiento del Ferrocarril Oeste de la Provincia de Buenos AtitS
68

(empresa estatal) desde 1860.

Posiblemente el hecho de que la firma de Murrieta n? fuese de las~
meras del mercado londinense haya sido un fact~r ~ue dific~tara la ve do
de los seis millones de libras en bonos del emprestlto argentino. En to
caso, Murrieta solamente pudo colocar tres millon~ de1lib~as en _1~71/72:
después de lo cual las ventas amainaron.69 En ello mfluyo la_ ~nSlS finan
ciera internacional de 1873 que provocó una baja en l:15 act1V1dades bur:
'til
E última instancia los banqueros se vieron obligados a vender pe
sa es. n
,
d, d
· d h~·
queñas parcelas de bonos argentinos durante toda la eca a no sien ? .
ta 1880 cuando se vendió el último lote de los valores de este empre¡;tito.

d:

En la práctica, por consiguiente, tanto la re~epción de los fondos
empréstito de 1871 como su desembolso efectivo tardaron m_ucho ~ .
70
tiempo de lo que se había estimado en un principio. Para explicar cu es

ll3

fueron los métodos empleados por las autoridades hacendarías argentinas
para escalonar las operaciones financieras puede resultar conveniente prestar una atención especial al "ciclo de vida" del empréstito, o sea sus distintas etapas.
En la primera etapa -correspondiente a los años de 1871 y 1872- el
gobierno recibió el grueso de los fondos del empréstito. De acuerdo con los
objetivos marcados por la ley de agosto de 1870, los dineros debían destinarse para la construcción de ferrocarriles estatales, la modernización de
puertos y, en menor grado, la devolución de algunas deudas pendientes
(véase cuadro ID). Sin embargo, desde fines de 1872, apenas se habían
iniciado las obras públicas proyectadas. Por lo tanto él ministro de Hacienda resolvió que se utilizaran los dineros para cancelar un viejo préstamo otorgado por el Banco de la Provincia de Buenos Aires al gobierno nacional, colocando el oro restante en cuentas abiertas con varias instituciones bancarias de la capital. De acuerdo con el informe anuaJ de 1872
_(presentado al Congreso por el Ministerio de Hacienda), la mayoría de los
fondos fueron depositados en el Banco de la Provincia a una tasa de interés del 5°/o anual, en bancos privados a 7°/o, y otra porción en letras de
crédito a 8°/o. Un año más tarde el poder ejecutivo informaba que m:ás de
ocho millones de pesos fuertes seguían en las cajas del Banco de la Provincia.71 El Estado, evidentemente, estaba recibiendo intereses sobre sus depósitos pero, al mismo tiempo, tenía que efectuar todavía mayores pagos
a los tenedores de los bonos.
Durante los dos primeros años de vida del empréstito, por lo tanto, el
oro de Londres no fue utilizado para financiar actividades productivas, sino que fue transferido para su custodia a las arcas de diversos bancos bonaerenses. De esta manera, tales instituciones financieras recibieron una
tremenda inyección de capital a corto plazo que pudieron utilizar para incrementar sus operaciones ordinarias de crédito.72
Pero, eventualmente, el gobierno si pudo comenzar a canalizar los
ingresos externos hacia las obras públicas proyectadas, lo que constituía
una segunda etapa en la vida del préstamo. La mayor parte del efectivo
fue utilizada para la construcción de los ferrocarriles estatales. Más concretamente, las primeras partidas se destinaron al ambicioso proyecto del
tendido de) Ferrocarril Andino desde la provincia de Córdoba hasta la de
Mendoza. Dos millones de pesos fuertes del préstamo se gastaron entre
1872 y 1874 en la construcción del primer tramo- que cubría el trayecto
de Villa María a Río Cuarto- alcanzando unos 132 kilómetros. Una ex~nsión de Río Cuarto a Villa Mercedes en la provincia de San Luis iniciada en 1873, absorbió otros dos millones de pesos73 (véase cu~dro
III). En su conjunto para 1875 las dos secciones del Andino cubrían

�114

Siglo XIX

254 kilómetros, siendo equipadas con varias locomotoras y varias docenas
de vagones de pasajeros y de carga.
De acuerdo con los planes del Ministerio del Interior la línea debía
seguir avanzando hacia el oeste para dar salida a la creciente producción agrícola y frutícola de Cuyo. Pero la grave crisis fiscal que sufrió el
gobierno nacional, a principios de 1876, trajo el virtual congelamiento de
las obras públicas en marcha. Por ello, no sería sino hasta 1880 que las autoridades pudieron reemprender e impulsar la construcción del Andino para alcanzar su meta definitiva. Con el dinero proveniente de un nuevo empréstito, negociado en 1881 con banqueros franceses e ingleses, los ingenieros y obreros argentinos lograron colocar los rieles que llegaron hasta
San Luis en 1882, La Paz en 1883, Maipú en 1884 y las capitales de Mendoza y San Juan en 1885. Al presidir la inauguración de la línea ya completada- después de 15 años de trabajos- el presidente Roca se refirió a la
ciudad de Mendoza como "la Chicago Argentina", añadiendo que el ferrocarril permitiría un gran aumento en la exportación de vinos y frutas de
esa región, "nueva tierra de Canaan que se abre a-la inmigración y a los capital~s argentinos y extranjeros".74
El otro gran proyecto ferroviariG estatal iniciado con los fondos provenientes del empréstito de 1871 fue la construcción de la ruta denominada "Central Norte" que unió a las ciudades de Córdoba y Tucumán. Iniciada en 1872, se llevó a cabo bajo la dirección del contratista Telíener
(un empresario y aristócrata de origen austriaco) cuya empresa trajo docenas de técnicos y obreros especializados de Europa para realizar los trabajos,
aunque el trazado básico fue efectuado por miembros de la Oficina Nacional de Ingenieros. El gobierno financió el conjunto de las obras entregando
al contratista una mitad de los fondos en efectivo y la otra mitad en bonos del empréstito.75 A su vez, Telfener entregó los títulos a varias firmas
financieras para que procedieran a venderlas en la Bolsa de Londres. Con
ese dinero, la empresa pudo adquirir el equipo esencial que requería para
la puesta en marcha del ferrocarril: rieles, materiales para puentes, locomotoras, vagones, etc. Para mediados de 1875 la vía ya había llegado a
Tucumán, siendo la línea ferroviaria más larga de la nación (547 kilómetros).
Poco después de concluída la obra, el influyente periódico el London
Times atacó al conde Telfener, sugiriendo que había robado ingentes
cantidades de dinero merced al contrato. Esta difamación, sin embargo,
no tenía fundamento pues -como ha señalado Scalabrini Ortíz- una
comisión oficial realizó una detallada investigación a raíz de las denuncias levantadas y encontró que el contratista había cumplido al pie de la
letra con las estipulaciones acordadas con el gobierno.76 La crítica britá-

C. Marichal: PolítiCM de desarrollo y deuda externa en Argentina

115

nica parecía obedecer a los recelos de las compañías privadas ferroviarias
(de capi~ inglés) que habían comenzado a operar en el Río de la Plata,
pues tem1an los avances del Estado en este terreno.

CUADROIII
EL EMPRESTITO DE OBRAS PUBLICAS DE 1871
CUENTA DE FONDOS AUTORIZADOS Y GASTADOS
(en miles de pesos fuertes)

Objetivo
Empréstito Banco
de la Provincia
Ferrocarril Andino
Ferrocarril Central Norte
Puerto de Buenos Aires

Fondos Autorizados

2 800 000

2 800 000

ººº

4 696 255

14 700 000

9 276 208

4 000 000

184 893

2 150

Puerto de Rosario
Gastos Emisión de los Bonos
Totales

Fondos Invertidos

350 000
6

ººº 000

30 000 000

350
6

ººº

ººº 000

23 307 356*

*Saldo: De acu_erdo con la Memoria de Hacienda de 1880 el saldo restante
de 5 845 643 pesos fuertes se gastó de la siguiente manera:
1) 3 837 144 en compras de annamentosporley del 16 de mayo de 1879
2) 1 161 4?2 e.~ gastos finan~ieros dive~sos incluyendo pagos de intereses
y amortizac10n sobre el mismo emprestito.
3) 694 008 en bonos sin colocar

FUENTE: Memoria del Ministerio de Hacienda (1880), p. 100. Para un
d~sglose detallado de los desembolsos hasta 1876, véase Memoria de Hacienda (1876) sección 11, Parte IV, p. 83.

�116

SigloXJX

No había dudas: el establecimiento de esta poderosa em~res_a estatal abría una parte del centro/ norte del país al d~ll~ cap1tal1sta. Y
régimen pres1denc1al
de 1880-86
sob re esta 1,mea troncal el subsim,,ente
i,,
al
· t
había de construir una espesa red de ram~es qu~ alcanz:i-nan . con1un o
de los distritos más productivos de la region. As1 lo hab1a preVIsto el pi~
original de 1870 y así Jo previó el presidente Avellaneda en su mensaJe
oficial de 1877:
Este hecho Qa inauguración del Ferro;ai:ru Có~doba-T~cumán)
es el acontecimiento capital de los úl_ttmos tiempos,. por sus
efectos sociales y económicos que empiezan ya a sentrr~e. Los
habitantes del norte de la República han q~edado ap~oxrmados
en diez o doce días a las ciudades comerciales del litoral que
proveen con las mercaderías extranjeras a la may?~ parte de ~s
consumos y los valiosos productos de aquella reg1on de la Rep~blica se e~cuentran a su vez en posesión de nuevos mercados. ..
Por último, cabe agregar que los fondos restantes del Empréstito _de Obras
Públicas -unos cinco millones y medio de pesos fuertes- tuvieron un
destino bastante distinto del que se había proyectado o~almente. ~e
acuerdo con la legislación de 1870, algo más de cuatro mill?nes deb 1an
utilizarse para la modernización de los puertos de Buenos Aires Y Rosario. En la práctica, apenas medio millón se desembolsaron para este fin
mientras que casi 4 millones se gastaron en la compra de armamento en
Europa. ¡Era éste el precio que había que pagar por el progreso!

REFLEXIONES FINALES
En resumidas cuentas, el Empréstito de Obras Públicas de 187~ r~ultó
una transacción financiera cara, pero no improductiva. Sus pnnc1pales
defectos fueron dos. En primer lugar, el largo plazo que ocuparon tanto
la recepción como la inversión de los fondos imp~CÓ :nertes gastos fi.
nancieros sobre capitales que no produjeron beneficios smo hasta algunos
años más tarde. En segundo lugar, el propósito original de utilizar una
porción de los fondos en obras portuari~ quedó ~~virtuado ya que_ ~e
desembolsaron principalmente para finalid~des m~~res_- ~~ro tamh1en
fue cierto que la mayor parte del oro extran1ero recib1~0-s1Mo_ para la r~lización de una serie de importantes proyectos ferroVIanos baJo las administraciones de Sarmiento y Avellaneda.
El volumen de fondos invertiaos en el sector ferroviario demostró
con claridad que éste se había convertido en el ámbito_ prioritari~ de los
programas de desarrollo económico del ~s~do ~entm?. ~ cifras de
inversión estatal en infraestructura econonuca as1 lo md1can, aunque

C. Marichal: Políticas de desarrollo y deuda externa en Argentina

117

variaron sustancialmente de año en año: antes de 1870 no alcanzaban al
5°/o de los gastos totales del gobierno nacional; entre 1870 y 1875 la inversión ascendió hasta cerca del 20°/o de los desembolsos globales; pero
luego de la crisis internacional tendíó a decaer ya que entre 1876 y 1880
bajó a poco menos del 10°/o?8 Sin embargo, la nueva tendencia era manifiesta: la promoción del desarrollo económico se había convertido en una
de las prioridades de las funciones del Estado argentino. Tales logros, como ya se ha sugerido, constituyeron precedentes fundamentales para la
administración del general Roca (l.880-1886), cuyos programas de expansión ~conómica se asentaron, por lo tanto, en bases ya sólidamente establecidas.

NOTAS
1.- En el caso argentino resulta curioso constatar que existe un mayor número de
estudios detallados sobre las finanzas estatales de la primera mitad del siglo

XIX que sobre la segunda mitad. Para el período de 1800-1850, véanse por
ejemplo, Miron Burgin, The &amp;onomic Aspects of Argentine Federali.sm, 18201852 (Nueva York, 1946); Tulio Halperín, Gue"a y finanzas en los orígenes
del Estado argentino {1791-1850) (Buenos Aires, 1982); Juan Carlos Vedoya.
La verdad sobre el empréstito Baring (Buenos Aires, 1971); y Sergió Bagú. El
plan económico del grupo rivadaviano {1811-1827) (Buenos Aires, 1966).
2.- El ejemplo más relevante posiblemente sea el reciente trabajo del sociólogo
Osear Oszlak, La formación del Estado argentino (Buenos Aires, 1982).

3.- Véanse, entre otros, los trabajos de Steven Topik, The Political Economy of
the Brazilian State, 1889-1930 (Austin, Texas, 1987); Heraclio Bonilla, Guano y burguesía en el Perú (Lima, 1974); y Linda Alexander RodrÍguez, The
Search for Public Policy: Regional Politics and Govemment Finances in Ecuador, 1830-1840 (Los Angeles, 1986).
4.- Por ejemplo, Oszlak llega a afirmar en una oportunidad que el Estado argen-

tino del siglo XIX se encargó de "crear, transfonnar, promover y_ .. ensamblar
los diferentes factores de la producción, regulando sus relaciones." Ello sugiere una imagen equivocada de un Estado casi omnipotente. Oszlak, op. cit.,
p. 141.

5.-

Jean Bouvier, "Histoire financiere et problemes d ·anafyse des dépenses publiques", Anales E.S.A. no. 2 (marzo-abril, 1978), pp. 207-215.

6.- Un excelente trabajo en este sentido es el de José Carlos Chiaramonte, Nacionalismo y liberalismo económicos en Argentina, 1868-1880 (Buenos Aires,
1971).

7 .- En el caso argentino se ha prestado particular atención a la implementación de
políticas monetarias: A. G. Ford,El patrón oro, 1880-1914. Inglaterra y Argen-

�118

Siglo XIX
tina (Buenos Aires, 1966); J. H. Williams, Argentine lntemational Trade under
Inconvertible Currency, 1880-1900 (Cambridge, Mass. 1920); H. Cuccorese,
Historia de la conversión del papel moneda en Buenos Aires (1861 -1867) (La
Plata, 1959). Sobre la implementación de políticas arancelarias véase Chiaramonte, op. cit., y Carlos Díaz Alejandro, Ensayos sobre historia económica argentina (Buenos Aires, 197 5).

8.- Sobre el tema específico del financiamiento estatal del desarrollo económico
hay pocas muestras en la bibliografía histórica argentina. Para el periodo 18601890 quizá las obras más útiles sigan siendo las de Alberto Martínez, El presupuesto nacional (Buenos Aires, 1890), y la de Eteocle Lorini, La República
Argentina e i suoi migliori problemi di economia e di finanza (Roma, 19021910), 3 vols.
9.- A fines de la dúcada de 1890 se llevó a cabo una importante reforma administrativa a partir de la cual se desdoblaron las principales funciones económicas del
Ministerio del Interior en dos nuevos ministerios: el Ministerio de Obras Públicas y el Ministerio de Agricultura y Ganadería.
10.- Véase Barbara Tenenbawn, "Hwnboldt's Heirs: Development Planning in Mexico under th~ Reforma and the Empire", trabajo presentado al X Congreso del
Latín American Studies Association.

ll .- Para el caso brasileño véase la discusión acerca de las consecuencias del decreto

C. Marichal: Políticas de desarrollo y deuda externa en Argentina

119

Gregorio Weinberg, Mariano Fragueiro, Pensador Olvidado (Buenos
1958).
Aires,
17.- ~bre la ~storia temprana del Ferrocarril Oeste véase Eduardo Zalduendo,
1
~ b"!" -&gt;; ne/es &lt;But:n~s Aires, 1975), pp. 264-283. Sobre el Banco de la Provtncta vease O. Gamgos. El Banco de la Provincia de Buenos Aires (Buenos Aires, 1873).
18.- Para el texto ~el discurso de Sarmiento véanse los Diarios de Sesiones del Con.
greso; alternativamente, D. F. Sarmiento, Obras (Buenos Aires, 1920), vol. 50.
19.- Véanse los detaJJados comentarios de Vé lez en la Memoria del Ministerio del
Interior (1869), pp. 7-14.
20.- Memoria del Ministerio del Interior (1871), p. XI.
21.- Para un muy apretado resumen de sus funciones véase Oszlak (1982) p. 159.
22.- Para detaJJes. v~anse Memoria del Ministerio del Interior (1863-1866) y la lista
de subr~partic1~nes enumeradas en las Memorias del Ministerio de Hacienda
de los mismos anos, en las secciones de las "cuentas de inversión".
23.- Sobre el funcionamiento electoral en períodos posteriores véase Natalio Botana, El orden conseroador. La política argentina entre 1880 y 1916 (Buenos Aires, 1979).

fundacional del 16 de febrero de 1861 en Relatorio da Repartii;ao dos Negocios
da Agricultura, Comercio e Obras Públicas (Rio de Janeiro, 1861). En el caso
venezolano véanse los comentarios acerca de la importancia del decreto del 24
de agosto de 1874 por el cual se organizó el ministerio correspondiente en Memoria del Ministerio de Fomento (Caracas, 1876). Sobre Guatemala véase la reciente monografía de David McGreery, Desarrollo económico y política nacional; el Ministerio de Fomento de Guatemala, 1871-1885 (Guatemala, 1982).

24.- A título de e~emplo puede citarse la opinión del Inspector de Postas y Caminos
del ?e~te, Irineo ~ega, quien señalaba en 1865: "aproximar la capital de la
Republica las relac10nes que hoy existen a distancias remotas es una medida
polí~ca que por sí sola se recomienda, pues así se hace efectiva la acción del
Gobierno", Memoria, Ministerio del Interior (1865).

12.- Para información detaJJada sobre el caso chileno véase la "Memoria que el Ministro de Estado en el Departamento del Interior presenta al Congreso Nacional" ( 1839) contenido en el volumen Documentos Parlamentarios, Discursos de
Apertura, Memorias Ministeriales, correspondientes a la Administración Prieto
(1831-1841) (Santiago de Chile, 1858), vol. I, pp. 99-100.

25.- Para una descripción de la importancia del ferrocarril y del telégrafo en la lucha contra las poblaciones indÍgenas véase Colin Lewis "La consolidación de
la_!~ontera argenti_na a fmes de la década del 70: los indios, Roca y el ferrocar~ en G. Ferran Y E. Gallo eds., La A,gentina del 80 al centenario (Buenos
Aires, 1980), pp. 469496.

13.- Tulio Halperín Donghi, Proyecto y construcción de una nación: Argentina,
1846-1880 (Biblioteca Ayacucho, Caracas, 1980), p. LXXIX.

26.- ~o intE:11taremos. aqu[, ~ ¡¡nálisis del "Departamento de Agricultura" ni del
'Co~seJo de lnm¡grac1on . Ambos comenzaron a tener cierta efectividad desde
los ~ -o s de 1870 pero con presupuestos mucho más reducidos que los de las reparticiones encargadas de comunicaciones y transportes. Véase nuestro Cuadro . I al respecto. Para el primer informe escrito sobre el Departamento de
Agricultura puede consultarse la Memoria del Ministerio del Interior (1874)
p.XLV.
'

14.- Véanse, por ejemplo los textos de Mitre, Hernández y Alberdi recopilados en
Halperín, op. cit., (1980).
15.- La preocupación central del gobierno de Rosas en la provincia de Buenos Aires fue siempre la militar como se demuestra detaJJadamente en Halperín, op.
cit. (1982).
16.- Cwiosamente las diferencias ideológicas referidas no llevaron en la práctica a
conflictos profundos en la implementación de las políticas económicas de la
Confederación. Para una confrontación de las propuestas formales de reformas
económicas véanse Juan Bautista Alberdi, Sistema económico y rentístico de la
Confederación argentina (Buenos Aires, 1854) y Mariano Fragueiro, Organización del crédito (Santiago de Chile, 1850), de la cual existe una reedición en

27.- Sobr~ la~ co°!~nicaciones ~n esta_época véa~ Walter Bose, "Historia de lascomurucac1ones en Academia Nacional de Historia, Historia Argentina Contemporánea (Bue~os. ;-üres, i96?), vo!. 3, pp, 575-655. Para una escueta pero
detaJJada descnpc1on del funC1onam1ento de los servicios de correos bajo la Con- ·
federación véase Moussy (1860), vol. II, pp. 569-571. Debe añadirse que la misma empresa que se había encargado de las diligencias de correo en el Interior du~te la Confederación- "Lasmcnsagerías Nacionales" (establecida en 1854)disfrutaba de esta concesión en 1864. Cinco años más tarde en 1869 el Ministro

�120

Siglo XIX

C. Marichal: Políticas de desarrollo y deuda externa en Argentina

121

del Interior, Vélez Sarsfield informaba al Congreso que el empresario Pedro Ramayo era el encargado de administrar esta empresa. Para detalles véase Memoria
del Ministerio del Interior (1864), pp. XLI-Lll; (1869) pp. 11-12..

pone al desarrollo comercial e industrial d I
b .
.
objetivo de mis labores
,, Memo . d Me.~ po_ laciones, ha sido el punto
I
· · · • · r,a e m1Steno del Interior (1869), p. 8.

28.- Para el texto de la ley de Correos véase Diario de Sesiones de la Cámara de Diputados (1866), p. 406. Para información detallada sobre el servicio de correos
en ese año véase la Memoria del Ministerio del Interior (1866), pp. 308-380.

38.- Sobre el transporte en la primera tnitad del .
,
Historia de los medios de comunicación tr. Siglo X1X vease R~~n Carcano,
na, (Buenos Aires 1893) y 1 - t
Y ansporte ~n la Republlca Argentide1 año
1863 citados e; Osz:t0 ;~:~t:~.c~; ~~~'.os del ministro Rawson
7

29 .- Para detalles acerca de los contratos de correos durante estos años véanse Memoria del Ministerio del Interior (1873), pp. 31-38 y (1874), pp. XXV-XXXXI,
y el anexo "correos", pp. 330-395.
30.- Para una excelente reseña estadística véase Memoria del Ministerio de Hacienda
(1876 ), sección I, Parte I, p. XI.
31.- Durante los años de 1863-67 el promedio de las apropiaciones de fondos por el
Congreso para subsidios a las compañías denominadas "mensajerías" alcanzaron
un promedio de 30 000 pesos fuertes por año, subiendo a cerca de 60 000 pesos
en 1873/74. Para mayor información véase Estadística del Comercio y de la Navegación de la República Argentina, correspondiente al año de 1883 (Buenos Aires, 1884 ), pp. 290-97.
32.- La creación del puesto de Inspector General de Telégrafos fue ratificada por la
ley 350 del 6 de octubre de 1869 en el Senado y el 7 de octubre en la Cámara
de Diputados. Para información sobre contratos aprobados inmediatamente después véase la discusión breve acerca de las leyes 353 y 359 del 7 y 9 de octubre en
el Diario de Sesiones de la Cámara de Diputados.
33.- Los bonos internos llamados "acciones de puentes y caminos" fueron autorizados por las leyes 61 y 362 de los años 1863 y 1869 respectivamente. Pero la venta de tales bonos no comenzó hasta 1869. El procedimiento normal consistió en
que el Ministerio del Interior pagaba a los contratistas de telégrafos con bonos
en vez de líquido. Entre estos contratistas los más destacados fueron las firmas
de E. A. Hopk.ins, Fusoni Hermanos y A.N. Rojo; ellos luego vendían los bonos
a través de intermediarios financieros en las bolsas de Buenos Aires y Rosario.
Para información precisa sobre las emisiones anuales de estos bonos entre 1869
y 1874 véase Memoria del Ministerio de Hacienda (1874), pp. 105-106.
34 .• Para detalles sobre la cuenta de telégrafos abierto con Murrieta véase, por ejemplo, la información en Memoria del Ministerio de Hacienda (1874), Anexo A.,
p. 236.

39.- Memoria del Ministerio del Interior (1864), pp. XXXII-XXXm.
40.- No conocemos ningún estudio hist' ·
ros a pesar del rol clave que ju ó co;:co de _la O~ci~a Nacional de Ingeniemayor parte de las obras púbicas de 1:pe!"1~r tecmc~ Y -ª~ministrador de la
oficina fue establecida por la ley 325 s anos 70 Y pnnc!p1os de los '80. La
septiembre de 1869.
aprobada por la legislatura nacional en
4 1.- Memoria del Ministerio del Interior (1878), p. 20l.
42-· ~ responsabilidades del Departamento ·
, .
.,
cion de caminos· 2) supe .. , d ti
me_1u1an. 1) construcc10n Y conservaestatales; 4) obr~s hidráui;;::;n5) eotrro~iles ,na~ionales; 3) telégrafos civiles
del Interior (1878), p. 201. '
ras O ras publicas. Memoria del Ministerio
De acuerdo con la Memoria d I J,,lº .
. d H.
nda
(1878), p. 49, el Departamenti de i~';!':u":'roseco
' "Cu:nta de lnv~rsión"
ros y 6 ayudantes de ingenieros, cifras que aumen~ a en e~ ano con_ 13 ingenielos demás ingenieros nacionales de 1 - 70 aron en ~os postenores. Entre
ber, White, Stavelius Dumesnil Tao~ anos . pued~n citarse a Dahlquist, Hubre su actuación co~súJtese la
~~VI~, Pdelllelschi f Castilla. So73, 74 y 78).
m,s eno e nterwr (1871, 72,

ª:~

Me:~~ s;:~~-

43.- Para información sobre contratos de camino·
,
Ministerio del Interior (1873) PP 39 51 (187,4 y puentes vease Memoria del
•
• • Y
), pp. 33-38.

44 -- Algunos datos sobre los contratos de Carr

mes anuales del Ministerio del Inte .
~ pueden encontrarse en los inforPara mayor información sobre el p~rºsor,npoa·er e1empArmloen el de 1873, pp. 34, 40.
• .
~ vease
ando Bazan "R fl ·
so bre 1a h 1stona contemporánea de Cat
,, Bo ,
, e ex1ones
nal de Historia, vol. XLy (Buenos Aire
l~tm de la 1cad~,mia Nacio fo Esteban Carranza, el Wheelwright de~tam) Y ~~úl E. ?onzález, Don Adoltoria de Catamarca, vol. III (Catamarca, 1966).arca , en Primer Congreso de His-

~~c;3 •

35 .- Lewis, op. cit., p. 489.

45.- Memoria del Ministerio de Hacienda (1876), Parte I, pp. XI-XIII.

36.- Un testimonio elocuente de ello se encuentra en las palabras del Ministro del Interior del año de 1875: "El Gobierno encuentra en él (el télegrafo) al mismo
tiempo un poderoso auxiliar del orden y la paz. La rapidez con que fue vencida_
la última rebelión lo prueba evidentemente, pues allí donde llega el hilo eléctrico
está también la acción, la influencia y el poder de la nación".
Memoria del Ministerio del Interior (1875), p. XVII.

46.- Los subsidios presupuestados para las corn - ,
.,
guientes (en pesos fuertes):
panias de navegac1on fueron los si-

37 .- El ministerio del Interior, Vélez Sarsfield, sintetizaba esta aspiración en su informe de 1869 señalando: "Abrir caminos; facilitar el tráfico y la comunicación;
abreviar las dificultades que la distancia, ese enemigo constante del progreso,

1863

61 000
1868
83 000
1864
61
1869
58
1865
69 000
1870
45 000
1866
57 000
1871
70 000
1867
80
1872
4
, . del Comercio y de la3Nav
Fuente.. Estadistica
correspondiente al año de 1883, (Buenos

ººº
ººº

ººº

ººº

1873
1874
1875
1876
1877 , .

Aire:~~;:)~;: f;g_~:~~
.,

43
43

ººº
ººº

_
Argentina,

�122

Siglo XIX

47 .- Sarmiento inclusive Je escribió al famoso promotor del Canal de Suez, Lesseps,
para obtener su opinión sobre la modernización de los puertos del Río de la
Plata. Posteriormente el presidente argentino 1&gt;_resionó para que se aprobaran
los proyectos presentados por el ingeniero británico Bateman para el puerto de
Buenos Aires.
48.- El análisis más detallado de las políticas ferroviarias iniciales se encuentra en
Raúl Scalabrini Ortiz, Historia de los ferroca"iles argentinos (Buenos Aires,
1974, 60. ed.), y en Zalduendo, op. cit.
49 .- Sobre la inversión estatal en ferrocarriles en Australia véase Noel G. Butlin,
"Colonial Socialism in Australia, 1850-1900" en Hugh Aitken, ed. The State
and Economic Growth (Nueva York, 1959). Para una visión general de la política ferroviaria en varios países contemporáneos véase Henry Parry, Govemments and Railways in the 19th Century (Londres, 1965).
50.- Nos referimos al Ferrocarril Oeste (ets. 1857) que era propiedad del gobierno
de la provincia de Buenos Aires; el Ferrocarril Gran Sur (1862) y el Ferrocarril
Buenos Aires.Campana (1863), ambos de propiedad británica, y el Ferrocarril
Central argentino (1865), empresa mixta en la cual participaban como accionistas el gobierno argentino y capitalistas argentinos y británicos.
51.- Para el texto íntegro de la ley de inspecciones de ferrocarriles véase Diario de
Sesiones, Cámara de Diputados (1872), pp. 894-899.
52.- Sobre el Ferrocarril Central Argentino véase Scalabrini Ortíz, op. cit., pp. 118155; Zalduendo, op. cit., pp. 286-302; Lewis, op. cit., pp. 55-68; Y Alberdi,
La vida y los trabajos industriales de William Wheelwright en la América del
Sur (P&amp;rís, 1876).
53.- Sarmiento, Obras, vol. 50, p. 375.
54.- Diario de Sesiones, Cámara de Senadores (1862), p. 186.

55 .• Para detalles véase Scalabrini Ortíz, op. cit., pp. 287 y ss.
56.- Diario de Sesiones, Cámara de Senadores (1870), p. 40.

57. Para una interpretación algo parcial de las relaciones entre Wheelwright y el gobierno véase Alberdi, op. cit., pp. 225-228.
58.- El senador Araóz observó que la protesta nopular fue tan virulenta que eventualmente la empresa ferroviaria se vió obligada a reducir sus tarifas de 22 a 16
pesos por tonelada de mercancía transportada entre Rosario y Córdoba. Diario
de Sesiones, Cámara de Senadores (2 de junio, 1870), p. 40.
59.- Los datos son de Scalabrini Ortíz, op. cit., p. 149, pero deben ser comparados
con la información reunida en los informes anuales del Ministerio de Hacienda.
60.- Diario de Sesiones Cámara de Senadores (1870), p. 326.
61.- !bid. p. 321.
62.- !bid. p . 333.

C. Marichal: Políticas de desarrollo Y deuda extema en A rgentina

123

63 .· En caso de no proceder a la nacionalización Araóz sostu
"
de media República va a quedar trib t .
F
. vo que el comercio
1
sometido a sus caprichos.,, Diario d uf~ e ;r_rocarril Central Argentino y
p. 353.
e esiones, uimara de Senadores (1870),

¿

64.- Ibid. p. 351.
65.- Ibid. pp. 330-331.
66.- !bid. p. 324.
67.· lnformación detallada sobre estas tr
.
préstito de 1871" Carpet
/nsacctones P~ede encontrarse en "Ero209
tema de Argentin; (Minist~o de Econ!;?a~~• Archivo de la Deuda Pública Ex68.- Sobre las transacciones de M •
(1975), p. 285. Para otros de~~:~o~: el F~rrocarril Oeste véase Zalduendo
véase Memoria del Departamento de H. su_s vmculos ~ las finanzas provinciales
Buenos Aires (1871), pp 204-0
ac,enda, Go?ier"? de la Provincia de
5
1
forme de la Comisión de A.guas C Y_e ante~o II del mismo informe titulado "Inornen es.

69.- ~l precio inicial de la emisión en 1871 fue de

o
,
unplicaba que el gobierno cobraría un
t d 89.5
Despues de gastos ello
los bonos. Pero después de 1873 1
ne ~ e 86.5 /o del valor nominal de
d
,
as proporciones recaudadas se red ·
d b.
o a 1a ca1da de los precios en la Bolsa V,
Alb
. UJeron e I·
argentinas. Estudios e ideas sobre
. ease , . erto de Guemco, Finanzas
1886); Y H. E. Peters, The Foreig:i;;::::¡';,t~stitos _extRemos {!3uenos Aires,
1934).
e rgentine epublic (Baltimore,

tg.

70.- Para información adicional véase H J Cuccore
"E
, . .
obras públicas, Contribución a la hi¡to¡;.a finan _se, d I Iaempre_suto _mglés para
to" en Humanidades t XXXVII
(L p
ctera e pres1denc1a Sarmien• ·
, no. 2 a lata, 1961).

71.- Véase información en Memoria d ¡ Mi ·
•
Y (1874), pp. 31-32 Y Anexo B {amb~~isterio -~e HaCcienda (1873), pp. 24-29
.
n consu tese uccorese (1961), p. 271.

72.- Véase Chiaramonte (1971), pp.1I0-l 20.
73.- Sobre el financiamiento del And.
,
M
.
(1875), p. LVII y p. 223.
mo vease emona del Ministerio de Hacienda
74.- Citado en William Fleming "Mendoza el
cional entre 1854 y 1884 ,: 1
. . Y de:rrollo de la red ferroviaria nade 1977 (Buenos Aires).
• nvestrgacwnes y nsayos, no. 23 julio-diciembre,
75.- La inversión anual del Ministerio del Interi
1 ,
,
aproximadamente la s' ient .
or en a línea Cordoba.Tucumán fue
1874. 3 400 000· I81f\
pesos fuertes; 1873 - 484 000·
Véase información en Memo . d ;l Mi" : 1 ~00 000.
'
(1873) p . XXIX; (1874) An::o ; ..
d~ H~cienda _(1~72), p. 135;
(1875) p. LVIJ ; (1876) V, pp. 82-83.
pres o e bras publicas" pp. 2-3;

1tó ¿gJ\s~iº ººº

~;ist~ri:t

76.- Scalabrini Ortíz, op. cit. (1974), pp. 212-213.

�124

Siglo XIX

.. Ort'z
1 • o•n
77 _. Citado en Scalabnru
,... cit• (1974), pp. 211-212.
"Cuentas de inversión" de las Memorias del
78 . Calculado en base a datos de las
ial los excelentes resúmenes en
· Ministerio de Hacienda (1~?2· 1880),
Y en la Memoria de 1880 pp.
la Memoria de 1876 Secc1on 1, PP'

[~;!

LXI-LXXV.

Las Inversiones Francesas en los
Ferrocarriles Argentinos (1887-1900)
Andrés Martín Regalsky ~

En el presente trabajo nos proponemos estudiar el desarrollo de las inversiones francesas en el sector ferroviario argentino desde mediados de la
década de 1880 hasta el final del siglo pasado. Estas inversiones, si bien
fueron mucho menores que las británicas, revistieron especial significación por tratarse de las primeras inversiones extranjeras de otro origen que
se registraron en el sector. Su desarrollo comprendió dos fases: una de auge, previa a la crisis de 1890; y otra de liquidación, en el curso de la década
posterior. Nuestro análisis estará centrado en la actividad de los grupos
inversores que intervinieron en ese proceso, deteniéndonos particularmente en los factores que llevaron a su introducción, las modalidades con que
recaudaron e invirtieron sus capitales, y los resultados que arrojó su accionar.
Los últimos años de la década de 1880 se caracterizar,-,n por una copiosa entrada de capitales extranjeros en la Argentina, mucho mayor que la
registrada en la primera mitad de esa década. Una de las características más
notables de este flujo fue la gra¡i proporción en que se volcó hacia las inversiones ferroviarias (ver cuadro 1). Sin duda los inversores extranjeros se
veían a.traídos por las perspectivas de una elevada rentabilidad, que era posihle bajo las nuevas condiciones del comercio internacional. La aptitud de
los territorios argentinos para la producción de los bienes primarios más
demandados auguraba un creciente tráfico para los nuevos fen;ocarriles. 1
En ese contexto, no puede extrañar que una porción significativa de
los capitales franceses que ingresaron al país en esos años se invirtiera
también en el rubro mencionado. Las primeras inversiones francesas en la
Argentina habían tenido lugar a principios de la década de 1880, cuando
'Consejo Nacional de Investigaciom:s Científicas y Técnicas (CONICET) y U:niversi•
dad Nacional de Luján, Buenos Aires, Argentina."Ponencia presentada en las VII
Jornadás de Historia Económica Argentina, Rosario, octubre de 1985.

�126

A. M. Regalsky: Inversiones france/laS en "err~M....:¡
.
J'
v ~ . . esargentinos

Siglo XIX

CUADRO 1

INVERSIONES EXTRANJERAS ANUALES ACUMULADAS
1881-85 Y 1886-90
1881-1885
miles de pesos oro

Empréstitos públicos
Cédulas hipotecarias
Compañías ferroviarias
Compañías diversas
Total

0

1886-1890
/o

31 313
13,000

68.1
-22.5
9.4

199 287.2
170 619
215 121
60 023

138 859

100.0

645 050

94546

--

0

miles de pesos oro

/o

30.9
26.5
33.3
9.3

para atraer capitales externos intervinie d
vasta que si lo hacía como tom d dirn o como garante era mucho más
buscara promover de esta maneª olr
ectdo. Es probable que el gobierno
.
ra a entra a de nu
•
en el negoc10 ferroviario para qu
..
evos grupos mversores
,
e compitieran con l
tahl .
provecho de los terratenientes de l
.
os ya es
ec1dos en
rantir un 5% de beneficios
~ zonas involucradas. El sistema de gatroducción de grupos finan _por u~ apso muy prolongado favorecía la inc1eros ªJenos a la activid d
obtener sus recursos mediante la
.. , d ,
ª , porque les pennitía
sultaban de más fácil colocac'ó emlis1on e titulos de interés fijo, que re1 n en os mercados europeos.

CUADR02

CAPITALES FRANCESES EN LA ARGENTJNA AL 31-DIC-1890.

100.0

FUENTES: J. Williams, Argentine lnternational Trade under Inconvertible Paper Money, Cambridge, (Mass.), 1920, pp. 41-3, 85, 91, 93
y 101. Hemos suprimido en el rubro empréstitos 1886-90 22 861 000
correspondientes a créditos de corto plazo y empréstitos reemboldos. Aún así las cuentas de Williams presentan otras imprecisiones que
obligan a tomar las cifras con reservas.

Capitales franceses

l:.mpréstitos nacionales
Empréstitos provinciales
Compañías ferroviarias
Compañías diversas
Total

importantes consorcios de bancos franceses contrataron los empréstitos del
gobierno nacional. A raíz de la crisis de 1882, que sumió aJ mercado financiero de París en una profunda depresión, esos grupos fueron desplazados
por otros británicos y alemanes de esa esfera de negocios.2 Con la reactivación del mercado francés en 1886 se reanudó el interés de los grupos inversores de ese origen por la Argentina, pero esta vez se dirigieron principalmente a la contratación de empréstitos provinciales y a la creación de compañías ferroviarias (ver cuadro 2).
Su irrupción en el campo de los negocios ferroviarios tuvo relación
con las oportunidades abiertas a raíz de la nueva política implantada por
Juárez Celman en 1887, que mediante la aplicación en gran escala del régimen de beneficios garantizados dio gran aliento a las inversiones ferroviarias directas. Esto significó un viraje profundo respecto de la política seguida por la administración Roca, de encarar grandes construcciones ferro·
viarias recurriendo al endeudamienl:9 extemo.3 La capacidad del Estado

127

miles de pesos oro

º/o

15 181
19 736
26 457
8 800

21.6
28.1
37.7
12.6

70 174

100.0

FUENTES: para calcular los ca ital fr
versas obras entre las cuales p es d anceses hemos consultado di'
.
merecen estacarse
A N
.
ces eontemporames
París 1910
VI
• eymarck, Fmanp. A gote, l nJorme
,+.
'
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' vo1.
'
335-8
1
VII
del Presidente del C 'd·
, .Y vo.
' 266-7;
res, 1889, T. V 50-84· R
~e ito Publico. . ., Buenos Ai130· R A M 'd H ! . A., Memoria de Hacienda (1890) T 11
nda
2088, 2096' y 209e7 ·
M' dArcF~ivo de la deuda pública, carp'~t~
•
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e manees
·
ses en A rgentme Uuin 1911) .·L 'E
. , Etat d es eapitaux
Francaidfversas). Para calcular los ~api/;¡no71ste Francais, 1888-89 (fechas
c1ones de compañías hem
li es ran~eses colocados en obligamos para los empréstitos p~ivm~pc1·calado(la misma proporción que hallaes ver nota 2).

:_c~

�128

Siglo XIX

A. M. Regauky. Inversiones francesas en ferrocarriles ªllfentinos

Es de destacar que todas las compañías formadas por los grupos franceses se hicieron bajo este régimen de los "ferrocarriles garantidos". En tal
sentido podemos afirmar que las inversiones francesas no se proyectaron
en función de obtener una elevada rentabilidad derivada de la explotación,
sino sobre la hase de que la prosperidad económica de la Argentina posibilitaría a sus ,gobiernos actuar como garantes de una rentabilidad mínima, y
permitiría entretanto a los inversores obtener una serie de ventajas o beneficios de tipo indirecto.

o

U')
U')

Lo podemos advertir examinando la composición de los grupos inver•
sores que participaron en la creación de las compañías ferroviarias. Se hallaban integrados por un lado por financistas y bancos de negocios, dotados de abundantes fondos propios que les permitían intervenir en operaciones de riesgo, y por otro, por compañias metalúrgicas con una larga trayectoria en el ramo ferroviario. Con su participación, tanto unos como
otros buscaban asegurarse un nuevo mercado para sus operaciones habituales: los banqueros, encargándose de la emisión de los títulos con que se
financiaría la inversión y adelantando los fondos necesarios; y las compañías metalúrgicas, mediante la provisión de locomotoras, rieles y otros materiales. Esta asociación de intereses financieros e industriales en pos de
mercados externos fue estimulada por las condiciones de estancamiento
absoluto en que se desenvolvió la economía francesa durante la década de
1880, que redujeron sus posibilidades de acción en el mercado interno.

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Paribas y Fives Lille fundaron dos compañías: FCA (Compagnie
Francaise de Chemins de Fer Argentins) y FCSF (Compagnie Francaise de
Chemins de Fer de Santa Fe). Con la primera, que cubría el trayecto de
Tucumán a San Cristóbal (Santa Fe), buscaban participar en el pujante
auge azucarero de aquella provincia. La línea acercaba su producción a los
puertos de Santa Fe, mediante un empalme con la segunda compañía,
FCSF. Est.a última servía una región con una producción cerealera ya desarrollada y con abundantes recursos forestales. Ambas compañías forma•
han en realidad un mismo sistema, y si se habían constituído separadamente era porque la primera tenía origen en una concesión nacional y la segun·

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4J

V

En el p-eríodo que estudiamos intervinieron tres grupos inversores
franceses o con participación francesa. El más importante estaba integrado
por el poderoso banco de negocios Paribas y la compañía metalúrgica
Fives Lille, de dilatada actuación en la construcción de ferrocarriles en Europa. Los otros dos grupos estaban constituídos por un sindicato de financistas franco-belgas y por la Société de Batignolles, otra firma metalúrgica
interesada en las construcciones feroviarias.4 Todos estos grupos formaron
compañías que funcionaron bajo concesiones otorgadas en 1887, o cuyo
origen puede rastrearse en ese año (ver cuadro 3).

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'º
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&gt;

CN,

;:s i:: .... o
~¡¡,--,;:s .... ....

129

�130

Siglo XIX

da en una de la provincia de Santa Fe.
En cuanto a los otros dos grupos, sus inversiones presentaban un patrón de localización diferente, más acorde con las tendencias prevalecientes
en materia de concesiones ferroviarias en 1887. El sindicato franco belga
fundó la GFCCSA (Compagnie du Grand Chemin de Fer Sud-Américaine),
de Reconquista a Fonnosa y Pilcomayo, en plena región chaqueña, donde
el auge de concesiones estaba ligado a la adquisición de _la~ndios con
propósitos especulativos. La Societé- de Batignolles constituyo el ~NOA
(Compagnie Francaise de Chemins de Fer du Nord-Ou~t Arge~tin), de
Villa Francaise de Chemins de Fer du Nord-Ouest Argentin), de Villa Mercedes (San Luis) a La Rioja. Esta línea se internaba en la región andina, en
comarcas de antiguo poblamiento y ahora marginales, donde también hubo abundantes concesiones, relacionadas más bien con la política oficial
de alianzas provinciales.5
Ahora bien estos dos últimos grupos constituyeron sus respectivas
compañías en ~omentos en que se iniciaba la crisis de 1890, y esta circunstancia les impidió realizar la emisión de obligaciones con que proyectaban financiar las construcciones. Con recursos propios muy menguados,
Batingnolles apenas logró construir un pequeño tramo de la línea o~al,
mientras que el grupo franco-belga ni siquiera pudo completar las pruneras
construcciones.6 Por eso en los puntos siguientes nos vamos a referir solamente a las actividades desarrolladas por el grupo de Fives Lille y Paribas,
que fue el único que pudo llevar a cabo íntegramente sus planes de inverSJOn.

LA CONFORMACION DEL GRUPO FRANCES Y EL ORIGEN DE SUS
INVERSIONES
El interés del grupo Paribas-Fives Lüle en los negocios ferroviarios argentinos puede comprenderse claramente si analizamos las características y antecedentes de las fumas que lo integraban.

Paribas era el más importante establecimiento especializado en operaciones de banca de inversión en Francia. Junto a otros grandes bancos de
París se había beneficiado del proceso de concentración de recursos que se
venía experimentando en el mercado financiero francés desde la década de
1870 y con mayor intensidad en la de 1880. Esto lo había llevado a ex:p~dir su radio de actividades a escala internacional, inicialmente en el continente europeo, y luego a países de ultramar. Entre 1881 y 1887 había e!1·
cahezado el sindicato encargado de colocar en Francia los grandes emprestitos argentinos de obras públicas. También bahía desarrollado su accionar

A.M. Regaltky: Inversiones francelaS en ferrocarriles argentinos

131

en otros países sudamericanos. Esto lo convertía en el establecimiento de
mayor influencia entre el público comprador de títulos de ese origen en
París.7
La creación de compañías ferroviarias en la Argentina atraía su interés por cuanto le permitía abrir una nueva línea de negocios en el mercado
financiero francés, con perspectivas de un fructífero desarrollo. Por Lo menos, así lo dejaba entrever el ejemplo de los títulos ferroviarios en el mercado de Londres. Por otra parte, la apertura de esta línea de negocios le resultaba necesaria para mantener en movimiento el mercado de títulos argentinos, hasta entonces confinado a los empréstitos públicos nacionales,
un rubro que por la nueva orientación del gobierno tenía pocas perspectivas de actividad emisora.
El otro socio, Fives Lille, era una de las principales empresas francesas
dedicadas a la construcción de maquinaria, locomotoras y otros materiales de uso ferroviario. Bajo su antigua razón social,Parent, Schaken et Cie.,
había tenido participación en las construcciones ferroviarias del continente
europeo desde la década de 1860. Sin embargo sus posibilidades en ese
mercado se veían menguadas por la atenuación del ritmo de construcciones
y la competencia de las industrias locales. Esto la bahía llevado a buscar
nuevas oportunidades en ultramar.
A fines de la década de 1870 había logrado penetrar en el mercado argentino, en el rubro de maquinaria para los ingenios azucareros de Tucumán, y en poco tiempo obtuvo un completo predominio sobre los competidores ingleses. En el rubro ferroviario sus resultados fueron menos exitosos. A principios de la década de 1880 había conseguido algunos pedidos
para los ferrocarriles estatales, principalmente para la provisión de puentes
metálicos, pero no había logrado colocar locomotoras ni rieles, cuya provisión estaba en manos de los competidores ingleses, belgas y norteamericanos. Con respecto a estos fabricantes se hallaba en inferioridad de condiciones por el alto costo de los insumos en Francia.8 De ahí que apareciera,
como una alternativa interesante, la creación de compañías ferroviarias,
por la posibilidad de hacerse de mercados cautivos a los cuales pudiera vender sus productos al abrigo de toda competencia.9
Ahora bien, si estos antecedentes explican suficientemente el interés
de los inversores por participar en estos negocios, no bastan para entender
la forma en que se produjo su entrada, que estuvo influida en gran medida
por circunstancias locales. Es precisamente la confluencia de intereses locales y de otros grupos extranjeros con los del grupo francés lo que nos
pennite explicar las características peculiares con que se dio ese proceso.

�132

Siglo XIX
A.M. Regalsky: Inversiones francesas en ferrocarriles argentinos

En efecto, el origen de las dos comp~í'.18 se puede relacionar con un
proyecto formulado por el gobierno provmcial ya a fines. ~e 1884. En ese
proyecto el gobierno de Santa Fe se planteaba la ~xpans10n, de su re~ de
trocha angosta en dos direcciones: por un lado hacia Tucuman_ y Santia~o,
con el objeto de transformar a los puertos provinciales en el eJ_e com~rc_1al
del interior del país (lo que daría lugar al FCA); por otro, ~a~ia las ~tintas zonas de la propia provincia de Santa Fe, de m~era de engir un s~ma
elI
paralelo al de la trocha ancha , que con fletes. mas baratos favoreciera
,
•
aumento de la producción y del valor de las tierras (lo qµe dana ongen a

FCSF). 10

La red provincial había sido construida y financiada por un gru~o ~ritánico constitmdo por las firmas de J.C. Meiggs ( contratistas ferrovi:ri~s)
y C. de Murrieta (banqueros). Este grupo, a principios de 1~87, paso a mteresarse en un nuevo negocio que consistía en la construcc1on del Cen~
Córdoba y la compra del Central No~. Esta circu:"~cia es la IP;1e posib'.litó la intervención del grupo frances, pues Mumeta iba a necesitar desligarse de sus negocios anteriores par~ co~centrar sus ~ecursos en las nuevas
operaciones, y el gobierno santafecmo iba a requerir el concurso de un
nuevo grupo para poder concretar su proyecto.

LAS NEGOCIACIONES PRELIMINARES
El grupo de Fives Lille y Paribas co~enzó la búsqu~da de n~evos ne~ocios
en la Argentina aún antes de que surgiera la oporturudad de mtroduc~ en
los ferrocarriles de Santa Fe. En un principio int~ntó obtener diver~s
negocios de construcción _Y ~anciación de _obras public_as con los gobiernos nacional y de la provmc1a de Buenos Aires. En septiembre-octubre ~e
1886 inició gestiones por intermedio de Portalis (representan~ &lt;:°mercial
de Fives Lille) para obtener la contratación de 1~ obras ~1ntrias de La
Plata, a la vez que envió un agente directo ( el ingeru~ro Soulie~ para pro~oner la construcción y :financiación de un canal de crrcunvalac1on en la cmdad de Buenos Aires. Estos proyectos, cuyo trámite se prolongaría durante
1887 fueron finalmente rechazados por motivos técnicos y financieros,
pero dan cuenta del interés de los inversores por abrir nuevas líneas de ne. en el pa1s.
, u
goc1os
La orientación del grupo francés hacia los ferrocarriles de Santa Fe data de un tiempo después, de los meses de abril y may_o de 18_8!. Fue en c~
momento cuando el grupo deMeiggs y Murrieta tomo la _dec1S1on de _adquirir la concesión de J. Temple para construir el ferrocarril ~en?"al Cordoba
y comprar al gobierno nacional el Ce_n~ Norte, qu~ constitu1a el compl~mento natural del priniero. Que ello nnphcaba su retirada de los ferrocarn-

133

les de Santa Fe parece haber quedado claro desde un principio, pues casi al
mismo tiempo el gobierno de Santa Fe comenzó a buscar nuevos interesados para proseguir su programa de expansión ferroviaria y transferirles el
control de la red provincial. 12 Enseguida entró en negociaciones con el
grupo francés a través dePortalis, con quien acordó el 31 de mayo la construcción de una línea de San Cristóbal a Tucumán ( el futuro FCA ). Esta
concesión, que se hacía bajo el réginien de los beneficios garantidos, configuraba un paso previo para la transferencia al grupo francés de toda la red
provincial existente.U Es probable que el gobierno provincial exigiera su
construcción como requisito para otorgar el resto del negocio. Pero también podía revestir un interés especial para el propio grupo francés, pues la
línea permitiría la ampliación de uno de sus mercados tradicionales: al
proveer una comunicación más directa de Tucumán y Santiago con los
mercados del Litoral, favorecía la expansión de la industria azucarera,
abastecida casi exclusivamente por Ja propia Fives Lille.
Este proyecto sufrió un serio traspié antes de que llegara a ejecutarse,
porque la poderosa compañía británica del Ferrocarril Buenos Aires al Rosario - FCBAR - decidió construir una Ünea más directo y con un trazado
paralelo que uniría Rosario con Tucumán. Esto sin embargo no llevó a un
abandono del proyecto, sino a una reformulación del mismo. Como las
perspectivas de rentabilidad de la línea de San Cristóbal se veían comprometidas, el grupo francés requirió una mayor sólidez de la garantía estatal. Para eso pasó a negociar la concesión con el gobierno nacional, cuya
solvencia como garante era mucho mayor. 14 Bajo Ja nueva concesión, que
se aprobó en septiembre de 1887, Portalis obtuvo condiciones más favorables, que examinaremos en detalle en el próxinio apartado.
No obstante, deberían transcurrir todavía muchos meses hasta que se
firmará el contrato definitivo, y Fives Lille asumiera directamente sus ejecución (el 15 de mayo de 1888). Aún entonces, quedaban pendientes las
gestiones para el traspaso de la red provincial, que constituía la segunda
parte del negocio (el futuro FCSF), y que recién se concluyeron el 12 de
octubre de 1888 (ver cuadro 3).
Estas demoras se pueden atribuir en parte a los avatares en la discusión
de las condiciones, que registraron numerosas modificaciones en el curso
de la negociación. Pero también advertinios que guardaron una estrecha
correlación con las dificultades del grupo Murrieta para concretar la compra del Central Norte. Al respecto debemos recordar que del resultado de
esas gestiones dependía que Murrieta se retirara del negocio de los ferrocarriles de Santa Fe, lo cual era una condición indispensable para que el grupo francés pudiera introducirse en el mismo. Este verdadero reparto de esferas de influencia entre ambos grupos no quedó totalmente definido sino

�134

Siglo XIX

después de varias contramarchas.
El proyecto de enajenación del Central Norte, que Murrieta pensaba
obtener mediante la adjudicación directa, luego de un agitado debate legislativo desembocó en una licitación. En ésta se interesaron también un
sindicato británico que representaba el Central Argentino, y el propio grupo de Paribas. La licitación fue finalmente ganada por Murrieta, luego de
15
un trámite más que dudoso, recién en diciembre de 1887. Al discutirse
los mecanismos de pago en 1888, afloraron nuevas dificultades por la imposibilidad de rescatar el empréstito nacional de Ferrocarriles de 1881, que
tenía un gravamen lúpotecario sobre el Central Norte. Como ese empréstito no contaba con una cláusula que permitiera su amortización anticipada se decidió propiciar su conversión voluntaria por los títulos de la nueva
compañía que explotaría el ferrocarril. Esta solución supuso a su vez un
acuerdo más estrecho con Paribas, cuya colaboración er&amp; indispensable
para obtener el consenso de los tenedores franceses de dicho empréstito.16

LAS CONDICIONES GENERALES DE LA INVERSION
Resulta interesante examinar las condiciones pactadas por el grupo francés
en los sucesivos contratos y concesiones, porque nos permiten apreciar las
perspectivas con que encaró el negocio en sus diferentes aspectos y en los
distintos momentos de su tramitación. En términos generales, la estrategia
del grupo inversor consistió en procurar las garantías más sólidas por par•
te de los respectivos gobiernos, que redujeran a un mínimo los riesgos de
una baja rentabilidad de la explotación. Unido a esto, pusieron especial
énfasis en asegurarse ventajas en aspectos ajenos a la explotación, referidos
a la construcción y financiación de las líneas. No obstante esa inclinación
por los beneficios de tipo indirecto, también intentaron dotar a su red de
un trazado que le permitiera cierta competitividad e independencia frente
a los sistemas vecinos, como el del FCBAR.
Con respecto a la primera concesión, otorgada por el gobierno de Santa Fe para la construcción del ferrocarril de San Cristóbal (FCA), contenía las disposiciones habituales en el régimen de los ferrocarriles garantidos. El gobierno garantía un 5°/o sobre un capital calculado en base a un
costo de construcción máximo de 18 mil pesos oro por kilómetro. Las sumas
garantidas se entregarían previo descuento de los beneficios de la explota·
ción, para lo cual se establecía un coeficiente máximo de gastos del 50°/o
del producto bruto. 17 Los contratistas obtenían la línea en propiedad perpetua, pero el régimen de garantía se concedía por 20 años, con cargo de
devolución.

A.M. Regalsky: lnvertiones france8a8 en ferrocarriles argentino,

135

. Al renegociarse la misma concesión con el gobierno nacional, en septiembr~, de 1887, Portalis hizo incluir otras cláusulas que equiparaban la
o~eracion a un verdadero empréstito. La vigencia de la garantía se extendia a ~5 ~os, al cab,o de los cuales la línea sería entregada al gobierno. Esto equiv~1a a un prestamo de los contratistas por 55 años contra el pago
de an?ali~~des del _5% (es decir un 4.5% de interés y un 0.5% de
amortizacion, aproXImadamente), pero con la ventaja para el
po inver~r. de _que la co_nstrucción y explotación quedaba a su cargo. 1 Otras modificaciones teman por objeto elevar el margen de beneficios de fundador
que los inversores podrían obtener, que dependía de la diferencia entre el
costo de construcción reconocido por el gobierno y el efectivamente reali19
zado . _P?r un lado se aumentaba el costo reconocido por el gobierno hasta~~ maxuno de _18 500 pesos por kilómetro, y por otro se reducía el peso
exigido para los neles de 25 a 21.5 kg. por metro lineal.2º

Fr

En el contrato definitivo de la línea de San Cristóbal, del 2 de abril de
1888, Portalis h~? incluir todavía nuevas modificaciones, que probablemente fueran exigidas por el grupo inversor para tomar directamente a su
cargo la con?esión. Esta~ ~_?dificaciones, referidas al mecanismo de pago
de_ 1~ garanbas y a la fiJac1on del costo de construcción, apuntaban a su~i:irmr los elementos_ de condicionalidad que subsistían en Ja ley de conces10~. C~n ellas, l_os m~ersores aumentaban las garantías de la operación,
equiparandolas aun mas con las de un empréstito, a la vez que se asegurab~n un mayor 1?,argen de beneficios de fundador. Con respecto a las garanhas, se está.hlec10 que el gobierno las pagaría automáticamente sin descontar los beneficios de la explotación, que podrían ser retenidos indefinidamente por los empresarios. En cuanto al costo de la construcción se transformó el costo máximo en costo fijo, librando a los contratistas de una ulterior inspección estatal y facilitándoles la obtención de una diferencia con
el costo efectivo.21
Esto h_abla bien a las claras de cuáles eran las perspectivas que los inversores avizoraban para el negocio FCA, que pasaban fundamentalmente
por las g:3;11ancias de ~po indirecto, mientras que sus expectativas de que la
explotacion fuera redituable eran escasas. Su principal interés radicaba en
~btener las ma~?res garantías posibles del gobierno, con el objeto de facilitar la colocacion de los títulos de la futura compañía entre la habitual
clientela de títulos públicos argentinos en París.
En cuanto al contrato con la provincia de Santa Fé para la toma de
c?ntrol de la red provincial ( el futuro FCSF), presentaba marcadas diferenc~as con el c~ntrato del F~A. Por ~n lado comprendía una serie de operaciones financieras complejas, relacionadas con la retirada de Murrieta del
negocio y con la menor solvencia del gobierno provincial. Estas operacio-

�136

A. M. Regahky: Inversiones france&amp;a&amp; en ferrocarriles argentinos

Siglo XIX

LOS FERROCARRILES DE SANTA FE ANTES
DE LA ENTRADA DEL GRUPO FRANCES

137

nes constituían una interesante fuente de beneficios, ajena por cierto a los
resultados de la explotación. Por otro lado, el hecho de que la garantía
estatal resultara menos sólida implicaba un mayor riesgo, pero este riesgo
se compensaba por las perspectivas más tangibles que se avizoraban en la
rentabilidad de la explotación.

1
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Las disposiciones referidas a la retirada de Murrieta nos permiten advertir el grado de interrelación que tenía la entrada del grupo francés en este negocio, con la reorientación del grupo británico hacia el Central Córdoba. Para tomar el control de la red provincial existente, el grupo francés debía rescatar previamente un primer tramo de los títulos provinciales emitidos por Murrieta para su construcción (por valor nominal del 079 500 Ji.
22
bras esterlinas) , y asumir el compromiso de retirar el resto (2 191100 libras esterlinas) en los tres años siguientes. Esto resultaba particularmente
beneficioso para Murrieta pues le permitía liberarse de una porción sustancial de títulos que retenía en cartera por el fracaso parcial d._e las emisiones, y contar así con fondos adicionales para respaldar la conversión del
empréstito nacional de Ferrocarriles de 1881.23

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Había además otros elementos que permiten sugerir la existencia de
un acuerdo previo entre ambos grupos en sus respectivas operaciones.
Murrieta necesitaba la colaboración de Paribas para obtener la conversión
de los títulos del empréstito de Ferrocarriles que habían sido colocados
en Francia precisamente por dicho banco. Por su parte el grupo francés
necesitaba del consentimiento de Murrieta para tomar el control de la red
provincial sin haber retirado todavía la mayoría de los títulos que la gravaban, máxime si consideramos que sus tenedores venían administrando la
red hasta ese momento.

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Para financiar el retiro de los títulos provinciales, el grupo francés estaba autorizado a emitir otros títulos de la nueva compañía que iba a explotar la red provincial. Sin embargo, solo podía hacerlo por una cantidad
equivalente a la de los títulos que se retiraran. El gobierno provincial había
exigido este condición para no tener que afrontar el pago de las garantías
sobre una suma mayor de la que pagaba hasta entonces. Esto implicaba un
quebranto para el grupo inversor, por lo menos en lo que respecta al primer tramo de títulos, pues debía rescatarlos por su valor a la par, mientras
que de momento solo podía colocar los nuevos títulos en Francia a un precios bastante inferior a la par.
Este quebranto, que formaba parte del precio de la transferencia, se
compensaba en realidad con la autorización para construir 500 kilómetros
de nuevas líneas en condiciones de costo más ventajosas que las que el
mismo grupo había obtenido en el caso del FCA. El costo reconocido por

�138

Siglo XIX

A. M. Regalsky: Inversiones francesas en ferrocarriles argentinos

kilómetro se fijaba en 20 400 pesos oro, y el peso de los rieles en 18 kg.
por metro. Esto dejaba suficiente margen como para costear el quebranto
del primer tramo del reembolso y aún para obtener las correspondientes
ganancias de fundador.

LOS FERROCARRILES FRANCESES HACIA 1893

Tucumán,/

Resistencia

!

139

La Sabana

1 -·-·-·-·-·-·
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1

En cuanto a la garantía de los beneficios, las condiciones eran similares a las convenidas en el contrato del FCA. Regía sobre el capital invertido en las líneas ya construídas de acuerdo al monto de títulos emitidos, y
sobre el de las líneas a construir en hase al costo kilométrico mencionado.
De tal manera el gobierno abonaba en concepto de garantías las mismas sumas que antes hacía por servicio de los empréstitos. La diferencia con el
régimen anterior consistía en que el grupo francés aceptaba tomar en pago
de las garantías una nueva emisión de títulos provinciales, según su cotización en Europa, y acordaba un plazo de espera de tres años para su servi-

c10.

I

Este sistema equivalía a una refinanciación del servicio de los anteriores empréstitos con la emisión de otros nuevos, y puede ayudar a explicar
el interés del gobierno por transferir la red al grupo inversor. También
puede explicar el interés de este grupo por lo menos de Paribas, ya que
además de la emisión de los títulos de fa nueva compañía :francesa (FCSF),
daba lugar también a dos operaciones conexas (el rescate de los títulos de
Murrieta y la emisión de los nuevos títulos con que se pagaría la garantía)
de las cuales podía obtener ganancias.

nta Fe

_ _ _ _ Central Norte Y
Central Córdoba
.•• ·-··--······· otros

Otro aspecto interesante del contrato era el referido a la construcción
de los 500 kilómetros de nuevos ramales. Ante todo debemos destacar que
los inversores se hicieron autorizar esta longitud de líneas antes de tener
noción de qué rutas eran convenientes.24 Como hemos visto, esto les interesaba para poder licuar en su costo los gastos de rescate de los títulos de
Murrieta y también por la gran magnitud de pedidos de material que involucraba. De todo modos el trazado finalmente elegido nos permite
advertir que la preocupación por la rentabilidad de la explotación no
estaba ausente (ver mapas).
Dos de los ramales proyectados apuntaban a mejorar la poS1c1on
del sistema frente a la competencia de la línea Rosario-Tucumán del
FCBAR. Se trataba de las nuevas líneas directas entre San Cristóbal y
Santa Fe, así como entre Santa Fe y Rosario. Con la primera se mejoraría la articulación de la red provincial con la futura línea San Cristóhal-Tucumán 25del FCA, proveyéndole una salida más corta por el puerto de Santa Fe. Con la segunda se dotaría al conjunto del sistema de una
salida propia hacia Rosario, que hasta entonces dependía de los empalmes
con el FCBAR. Por otra parte se proyectaba una línea hacia la estrihacio-

�140

Siglo XIX

nes del Chaco santafecino, en una zona despoblada pero que despertaba
gran interés por su rique~a de recursos forestales, y particulannente de un
producto cuya exportación presentaba perspectivas muy favorables: el
quebracho colorado. Al contrario de las otras rutas, servía un área muy
alejada del radio de acción de las compañías ya establecidas y permitía
establecer allí un lucrativo monopolio de zona:

A. M. Regalsky: Inversiones francesas en J'
-rerrocam·1esargenttnos
.

141

marcha de la explotación de las com - ,
nes, etc.). Es por eso que el mer dp~n;, 5?b~e el curso de sus cotizaciopicio para la colocación de em rf ti~ e _ar1~ siempre había sido más prorísticas de una renta fija y la p ~, ~públicos, que reunían las caractemos visto al analizar los conJ:anha . ecta de los gobiemos.21 Como hetía estatal sobre los ferrocarrilesos, losimil~versores procuraron que la garan, .
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ara lo ,
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prestítos, para aprovechar la rece ti .d d
. mas pos e a a e los emcia los títulos públicos arge tm· p VI a creciente del mercado francés han os.

LA RECAUDACION DE LOS FONDOS PARA LA INVERSION
Una vez concluida la fase de negociaciones con el gobierno, el grupo francés procedió a encarar la siguiente etapa, que correspondía a la recaudación de los fondos necesarios para llevar a cabo la inversión. El primer paso
consistió en la creación de las compañías que iban a tomar la explotación
de las respectivas concesiones. Para ello Fives Lille transfirió los derechos
obterúdos del gobierno, a cambio de hacerse cargo de la construcción. El
capital accionario fue suscripto en su totalidad por el propio grupo inversor. La mayor parte debió haber sido tomada por Fives Lille, puesto que
sus directores ocuparon la presidencia y vice-presidencia de las dos compañías. A su vez Fives Lille parece haber retrocedido una parte de sus acciones a una tercera firma con la que estaba muy ligada, la Banque Russe et
Francaise. Sabemos que esta última detentaba el 14% del capital acciona26
rio del FCA y el 7.3°/o del de FCSF.
De todos modos la magnitud de fondos aportados por vía de la suscripción de acciones era bien modesta: un millón de pesos oro nominales
en el caso del FCA y dos millones en el del FCSF, integrados en un principio sólo en la cuarta parte. El objetivo era simplemente asegurarse el control de las sociedades a un mínimo costo,atender los gastos de constitución,
conformar una garantía para las obligaciones con que se iban a financiar las
construcciones y eventualmente proveer el capital de trabajo que se necesitará en el curso de la explotación. Mediante el control accionario de las
sociedades, los inversores se aseguraban su participación en aquellas operaciones que les interesaban: la provisión de los materiales en el éaso de Fives
Lille y la emisión de obligaciones y demás operaciones financieras en el caso de Paribas.
La adopción del sistema de emitir obligaciones de interés fijo (S°lo)
para financiar las obras se debía a que esa era la forma más factible de recaudar fondos a través del mercado de París. La clientela de títulos-valores
estaba compuesta principalmente por pequeños ahorristas, más proclives a
colocar sus fondos en títulos de renta fija que a hacerlo en valores de interés variable (acciones). Par.a operar con estos últimos se requerían una serie
de conocimientos especializados que los ahorristas no poseían (sobre la

Por otra parte este ,sistema presentaba vari
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�142

Siglo XIX

Los inversores emitieron en primer término las obligaciones del FCA,
el 10 de agosto de 1888. En realidad realizaron esta emisión con mucha
anticipación con respecto a las fechas en que necesitaban los fondos. Tenían plazo hasta marzo de 1889 para presentar los estudios (que recién
estaban comenzando) y, luego de que fueran aprobados, otros tres meses
para iniciar las otras. Estas anticipación para concretar el lanzamiento de
los títulos se puede explicar por la situación del mercado financiero y las
perspectivas futuras. A mediados de 1888 el mercado de valores argentinos en París pasaba por su mejor momento, con una gran receptividad del
público ahorrista y un alza general de las cotizaciones. Sin embargo las
perspectivas futuras no eran muy favorables porque había un gran número de emisiones provinciales en vista, que amenazaban con provocar una
saturación del incipiente mercado.31 De ahí la premura del grupo de Paribas por anticiparse a esa avalancha.
Las obligaciones fueron ofrecidas a un 90.5% de su valor nominal y,
descontados los plazos de pago, a un 89.6% efectivo.32 Aparentemente
los resultados fueron exitosos. Paribas anunció que hubo 14 mil suscriptores que hicieron pedidos por una suma total diez veces mayor que
la ofrecida. No obstante, este éxito queda relativizado si tomamos en consideración la evolución posterior. En los meses siguientes, en que Paribas
y sus allegados debían recolocar sus propios pedidos, las cotizaciones no
llegaron a superar el precio de emisión, como resultado de la saturación
del mercado a que hicimos referencia. Después de la crisis de 1890 Paribas.
todavía mantenía en cartera un monto equivalente al 10.2°/o de la emisión.33
Esta desfavorable evolución del mercado financiero puede haber influ ído también para que los inversores postergaran la emisión de la segun·
da compañía, FCSE, que se realizó recién el 25 de abril de 1889. Esta demora resulta más notoria si tenemos en cuenta que Paribas ya había adelantado fondos propios a principios de enero, para efectuar el rescate de
los títulos provinciales de Murrieta, según lo estipulado en el contrato.
Por entonces la situación era poco propicia porque a la saturación de títulos argentinos se agregaba la desconfianza del público europeo por la
creciente alza de la prima del oro en Buenos Aires. La decisión de emitir
en abril no parece haber respondido a que esta situación se hubiera revertido sino más bien a que las perspectivas futuras eran más inciertas. Esto incluyó en el precio de la emisión, que se fijó en un 85.5% (85°1o
efectivo), bastante inferior al de las obligaciones del FCA.
Los resultados de la emisión fueron mediocres. El anuncio oficial de
que los pedidos habían sido dos veces superiores a los títulos ofrecidos era
ya de tono menos optimista que en el caso anterior. Por otra parte las

A. M. Regalsky: Inversiones franc= en J'
.rerrocam·les argentinos
.

143

cotizaciones experimentaron una continua h .
. . .
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LA INVERSION DE LOS FONDOS
El análisis de la inversión de los fondos
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para el estudio del accionar del
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A.M. Regalsky: lnversione4 francesas en ferrocarri/e4 argentinos

Siglo XIX

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145

En el cuadro 4 hemos volcado nuestras estimaciones sobre la distribución de los fondos. Estas estimaciones tienen un carácter solamente áproximado, pues la información disponible no siempre es suficientemente precisa. Particularmente en el caso del FCA contamos con algunas cifras muy
poco desagregadas, que hemos debido desglosar por analogía con el

FCSF. 36
Entre los principales rasgos que podemos señalar, se destaca la baja
participación del rubro construcciones en el capital total de las compañías: un 30°/o en el FCSF y un 55u/o en el FCA. Medido en relación a la
longitud de las líneas, el monto gastado en obras ascendía a 10 100 pesos
por kilómetro en el FCSF y 9 700 pesos en el FCA. Esto representaba en
ambos casos aproximadamente la mitad del costo kilométrico reconocido
por el gobierno para el pago de las garantías. Este bajo nivel resultaba coherente con las condiciones generales en que se efectuaba la inversión. Como el gobierno reconocía anticipadamente un costo fijo, los inversores
tendían a maximizar sus beneficios cuanto más lograran reducir sus gastos
por debajo de los costos oficiales.
En este sentido podemos destacar también las elevadas comisiones percibidas por Paribas y los demás banqueros participantes en las emisiones.
De acuerdo a la diferencia entre los fondos recaudados y los disponibles
para la inversión, estas comisiones habrían alcanzado un 8.50/o·en el caso
del FCSF y un 13.5% en el del FCA. Estos niveles se pueden considerar
muy altos para los parámetros de la época. Lo que llama la atención es que
hayan sido más elevados en la emisión del FCA que en la del FCSF, ya que
la primera fue una operación más segura, por las mejores condiciones del
mercado y la mayor sólidez de las garantías. Esto podría explicarse por la
existencia de otro tipo de gastos financieros, como la adquisición de la
concesión a Portalis. En el FCSF este gasto no existía porque la concesión
fue tomada directamente por el grupo inversor. Si bien la actividad de gestor de Portalis no era realmente independiente del grupo inversor, como
para justificar una suma tan abultada, también podía suceder que una parte
de esa suma retomara a dicho grupo por vías informales. En efecto, era habitual que los financistas franceses que dirigían sociedades anónimas (como Paribas) buscaran percibir una parte de sus comisiones fuera de contrato para no tener que rendir cuentas a sus propios accionistas.37
Finalmente, podemos señalar el alto costo de los servicios financieros
de las obligaciones del FCA (un 18.5% del total). Esto fue el resultado de
haber emitido las obligaciones con más de un año de anticipación con respecto al comienzo de las obras, que a su vez demandaron casi tres años más
para su conclusión. Este elevado costo fue entonces la contrapartida de los
beneficios que los inversores recogieron por disponer libremente de esos

�146

Siglo XIX

A. M. Regalsky: lnver&amp;iones francesa&amp; en ferrocarrile&amp; argentinos

fondos durante un período tan largo.
La valuación de los gastos destinados a las construcciones también es
útil para medir el mercado que estas inversiones representaron para Fives
Lille, en su condición de proveedor de materiales. Sin embargo, no todas
esas sumas se canalizaron hacia dicha firma. Una parte sustancial correspond ía a la adquisición de terrenos38 y a diversas obras subcontratadas
con empresarios locales (desmonte, terraplenamicnto, durmientes). Lamen•
tablemente, no disponemos de información suficientemente detallada co~o para desglosar esos rubros. En cambio, podemos esbozar una imagen
del mercado que obtuvo Fives Lille por el volumen de los materiales empicados. Con respecto a la vía permanente, podemos calcular, en hase a
las especificaciones de los contratos, que representó pedidos por unas
48 mil toneladas de rieles. En cuanto al material rodante, disponemos de
un estado detallado, clasificado según los distintos fabricantes.
En el cuadro 5 se puede observar que las firmas que tomaron la mayor
parte de los pedidos fueron la propia Fives Ljfü, y Dietrich, que probable•
mente estuvieran relacionadas. Significativamente, ninguna de las dos ha•
hía logrado acceder al mercado argentino en esos rubros. En cambio, Dyle
et Bacalan, la más importante constructora francesa de vagones, y la única
que tenía una posición competitiva en el mercado argentino (donde ya había colocado unas 770 unidades) apenas tuvo una participación marginal.
Esto permite apreciar cómo el negocio estaba concebido como un medio
de procurar la penetración comercial de firmas que de otra manera no tenían acceso al mercado argentino. También se puede destacar que las firmas británicas que habían sido habituales proveedoras de la red provincial antes que entrara el grupo francés, fueron prolijamente excluídas de
los pedidos.39
Con respecto a la marcha de las obras, ya hemos aludido al considerable retraso con que se iniciaron las del FCA. A pesar de que los fondos se
hallaban disponibles desde el segundo semestre de 1888, las obras no cobraron impulso hasta principios de 1890. Esto puede atribuirse s61o en
parte a factores externos, como los trastornos climáticos que asolaron la
provincia de Santa Fe en 1889. También fue un reflejo de la improvisación
con que los inversores abordaron inicialmente los aspectos técnicos del negocio, interesados como estaban en sus facetas financieras e industriales.
El estudio y aprobación de la traza demoró un año (hasta julio de 1889) y
aún después los contratistas debieron pedir importantes modificaciones,
para suprimir tramos que atravesaban áreas totalmente improductivas o
que ofrecían muchas dificultades técnicas. Lo mismo sucedió con la línea
del FCSF hacia el Chaco santafecino. En un principio no se había establecido ni su punto de arranque ni el de su terminación, y su relevamiento re-

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147

�148

Siglo XIX

A. M. J!.egalaky: Inversiones francesas en fe"ocarri/es argentinos

cién se completó en 1891.

CUADR06
CONSTRUCClON DE LAS LINEAS FRANCESAS (FCSF Y FCA)

Compañía

FCSF
red
antigua

FCSF

Secciones

Santa Fe - Rafaela- San
Cristóbal

Longibtd Fecha
(en km.) apertura

200.9

15-VIII-85

Contratista

J. Meiggs
&amp;Co.

Ramales diversos (a San Carlos, Gálvez, Colastiné, S. José,
Soledad y frontera de Córdoba)

295.3

Santa Fe-San Justo
Reconquista

l-III-88/
316.6 24-11-90 J. Meiggs

Santa Fe-Rosario y ramales

180.9 1-VI-91/
l -Xll-91

Fives Lille

M. Gálvez (Nelson) - San
Cristóbal

119.7 2-Xl-91

Fives Lille

Vera - Paralelo 28 (La Sábana)

179.8 l-XI-92

Fives Lille

San Cristóbal-Fortín Inca
Fortín Inca- Fortín Melero

161.4 1-V-91
141.1 l-II-92

Fives Lille
Fives Lille

F. Melero - Suncho CorralAurora

152.4 7-VII-92

Fives Lille

Aurora - Tucumán

144.7 7-Vll-92

Fives Lille

35.0 7-VIl-92

Fives Lille

l-Vll-86/
l-VI-88

líneas
nuevas

FCA

Ramales diversos

149

J. Meiggs

-

FUENTES: R. A., Dirección General de Ferrocarriles, Estadística de
Ferrocarriles en explotación (1892 y 1914), Tabla l.

El desarrollo posterior de las obras nos muestra, entre otros aspectos,
la importancia que los inversores asignaron al tráfico de Tucumán como
eje articulador del sistema FCSF-FCA, y su preocupación por la competencia de la línea rival del FCBAR (ver cuadro 6). Las construcciones que
abordaron en primer Lérmino fueron las de las secciones de Rosario a Santa Fe y de Santa Fe a San Cristóbal, que iban a permitir el acceso del tráfico del FCA por la vía más corta. En el otro extremo del sistema, incorporaron al plan de obras una nutrida red de ramales y desvíos hacia los ingenios ubicados en las proximidades de la ciudad de Tucumán. 40
El intento de los inversores de disputar el transporte de la producción
tucumana se aprecia también en la precipitada terminación de las últimas
secciones del FCA, que se habilitaron con un año de anticipación sobre los
plazos del contrato. De esta manera intentaban aminorar el retraso que llevaban con respecto al FCBAR, que bahía llegado a Tucumán en febrero de
1891. Empero, la razón más decisiva para apurar los trabajos fue la de anticipar la fecha en que el gobierno se haría cargo del pago de la garantía
sobre toda la línea. Esto los eximiría de seguir distrayendo recursos propios que ya se estaban agotando.
Hacia fines de 1892 el grupo francés completó también los últimos
tramos del FCSF. La conclusión de estas obras, que se ajustó apenas a los
plazos establecidos, resultaba irrelevante para el cobro de los intereses garantidos, pues el gobierno provincial ya había entrado en cesación de pagos. En cambio, tenía importancia para afianzar la posición de los inversores en las negociaciones que por entonces se desarrollaban para canjear
las garantías por la propiedad perpetua de la red.

LOS RESULTADOS DE LAS INVERSIONES Y LA MARCHA DE LA
EXPLOTACION
En los puntos anteriores hemos examinado el accionar del grupo francés en
las sucesivas fases del desarrollo de las inversiones. A través de ese análisis
hemos podido apreciar cómo su intervención estuvo guiada por la obtención de una variada gama de beneficios. La mayor parte de estos beneficios
los podemos calificar de indirectos: se relacionaban más con el control
que dicho grupo tenía sobre el proceso de inversión que con el uso de sus
fondos propios.
Como hemos visto, los resultados no siempre estuvieron a la altura de
Jas expectativas de los inversores. Su éxito dependía del mantenimiento de

�r·

150

Siglo XIX

las condiciones generales existentes en 1887-88, cuando tuvieron su origen
las inversiones: creciente interés del público europeo en las colocaciones
argentinas, alza del valor de la tierra y mantenimiento de una mínima estabilidad cambiaría. Sin embargo, en el período en que se ejecutaron las inversiones (1889-1892), se produjo un viraje hacia condiciones más adversas, tanto en la coyuntura internacional como en la situación de la Argentina. Esto impidió realizar plenamente los beneficios previstos, que dependían de la completa colocación de las obligaciones y de la continuidad en
el proceso de especulación y colorúzación de tierras. Al respecto, cabe consignar que el grupo francés había hecho varias inversiones colaterales~ tanto para promover la explotación de las tierras servidas por el ferrocarril co41
mo para beneficiarse de la valorización que el mismo engendraría.
Ahora bien, el hecho de que los inversores estuvieran prioritariamente
interesados en este tipo de beneficios no significa que descartaran totalmente la obtención de los beneficios directos, vale decir los derivados de la
inversión de fondos propios, en su condición de accionistas. Como hemos
visto, el hecho de que el capital .accionario fuera una porción minoritaria
del capital total les permitía potenciar al máximo los beneficios derivados
de un excedente cualquiera. En los contratos habían hecho incluir una
cláusula para devolver las garantías sólo cuando los beneficios de explotación superaran el 6 %. El excedente que esto implicaba les permitiría repartir hasta un 10% de dividendos sobre el capital accionario. Por otra
parte, el hecho de que aceptaran fijar los gastos de explotación en el 55°/o
de los ingresos brutos indicaba cuando menos que esperaban obtener un
rendÍIJliento suficiente como para cubrir esa proporción.
La experiencia de la explotación de los ferrocarriles hasta 1895, año
en que los inversores renegociaron las condiciones con el gobierno, demostró que esas expectativas de una mínima rentabilidad no se cumplieron.
Los resultados fuer~n tan pobres que no sólo impidieron repartir dividendo alguno sobre el capital accionario, sino que tampoco bastaron para
atender el servicio de las obligaciones ni para cubrir el coeficiente de explotación estipulado en los contratos. En el caso del FCA, los ingresos ni siquiera alcanzaron a equiparar los gastos de la explotación, dando !ugar a
un drenaje de recursos de los propios inversores para mantener la !mea en
funcionamiento.
Estos resultados se pueden explicar en parte porque la explotación
comenzó cuando ya se había iniciado el proceso de aguda depreciación
del papel moneda. Entre 1889 y 1892 el papel perdió un 42°/o de su valor en términos de oro, que pasó de 0.52 a 0.30 pesos oro. Esto reducía la
significación de los beneficios en relación al capital invertido. En cambio,
los altos coeficientes de gastos y aún los resultados deficitarios sólo pueden

A. M. Regalsky: Inversiones francesas en ferrocarriles argentinos

151

explicarse por el escaso tráfico obtenido en las áreas de influencia.
La e~olución del FCSF, si bien en términos generales arrojó resultados mediocres, se puede dividir claramente en dos períodos: 1889-92
en qu~ la red funcio?? con _sólo una parte de su longitud total, por esta;
todav1a en construcc1on vanos ramales a cargo de Fives Lille y deMeiggs,
Y !893 en ~delante, en crie la red funcionó con su longitud completa. El
pnmer periodo comenzo con un resultado deficitario en el año 1889
debido a los trastornos provocados por las inundacion;s de ese año. Pos~
t~riormente los ingresos comenzaron a aumentar, aunque con menor rapidez qu~ el aum~~to de la longitud de la red, por el escaso aporte de las
nuevas_ lme~ ~abihtadas. Esto se reflejó en un coeficiente de gastos, que
alcanzo su maximo en 1892 con el 91.3°/o de los ingresos brutos.
_ En el segundo período los resultados globales experimentaron una leve
meJora por el aumento del tráfico en las nuevas líneas del área forestal
Mie~tras tanto, el de las lín_eas antiguas del área cerealera registró un estan~
caimento que se prolongar1a hasta el final de la década. El coeficiente de
gastos comenzó a bajar, y se situó en un promedio de 85.9%. De todos
~odos, se~ía estando ~uy por ?n?ima del 55°/o reconocido por el gob1crno, y aun del obterudo en el ultimo año de la administración inglesa
del 76.4°/o (ver cuadro, 7). Los beneficios promedio tanto en el primer~
co~o en _el segundo perwdo resultaron insignificantes en relación al capital mv_er:iido: alr~dedor del ~-5%, es decir un décimo de lo necesario para
el semc10 financiero de los titulos afectados a las líneas.
Mucho más estrepitoso fue el fracaso de la explotación del FCA. En
1~91 -92, en momentos en que la línea funcionó con una parte de su longitud ~tal, los gastos ~eron más de 10 veces superiores a los ingresos.
Todav1a en 1893, el prlDler año completo en que funcionó toda la línea
el ?ºeficiente de_ gastos llegó al 187% de los ingresos (ver cuadro 7). Pos:
te~1ormen!e _los mve~res lograron mejorar l~s resultados, hasta llegar al
pnmer y umco superav1t en 1895. Esto se debio en parte a un aumento del
tráfico,_ que creció a un ritmo inferior al de los ingresos. En mayor medida
~e posible por el aumento tarifario que los inversores obtuvieron del gobierno en 1894, y fundamentalmente por el drástico recorte de los gastos. ~ste recorte c~?'espondi? enteramente a los rubros de vía y obra,
tracc1on y conservac1on de veh1culos, lo que significa que los inversores desaten~ieron las necesidades de mantenimiento de la vía y el tren rodante,
pre~1sa~ente cuando el mayor_ tráfico generaba un mayor desgaste. Este
desmteres por el estado de la !mea se puede vincular con el hecho de que
ya estaban en marcha las tratativas para transferir la propiedad al gobierno.
Otro indicador claro del fracaso de esta línea fue la baja participación

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VI
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CUADRO 7

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RESULTADOS DE LA EXPLOTACION DE LOS FERROCARRILES FRANCESES
FCSF
1888
A) Longitud media en explotación
(en km.)
1

B)

Tráfico
(miles de toneladas)

l.

Volumen carga
Recorrido medio (km)
Composición carga:
Cereales
(º/o sobre total)
Maderas
(º/o sobre total)
Azúcar
(º/o sobre total)

2.

'

l.

Producto total
Producto carga
(º/o sobre total)

3.

1 307 1 635

341.3

460.5
161

588.11
220

201.5
43.7
150.3
32.6
14.9
3.2

162-1
27.6
269.5
45.8
22.4
3.8

--

960.1
726.5
75.7

1 558,7
266.9
81.3

422.8
76.4

624.2
83.6

824.7
85.9

--

--

168.7

--

--

--

----.
--

--

- -1

·,

--

--

553.1

J

'

Gastos totales
(º/o sobre producto)
Composición:
Vía y obra
Tracción y conservación
vehículos
Tráfico estaciones
Movimiento trenes
Administración
Directorio y representantes
locales

..!._

--

-'

.

746.6

--

,_

Beneficios totales
Media por kilómetro

--

--

;

1

---

--

- -

1

1897-9

1 307

1_1· _ _

.-

1893-5

943

210.8

Resultados de la explotación
(en miles de pesos oro):

2.

453

--

C)

~

1890-2

FC A
1892*

130.3
0.28

122.8
0.13

1894

1895

635

635

635

73.2

187-2
121

195.6
133

273-2
136

--

6-2
3.3
99.1
52.9
10.8
5.8

5-3
2. 7
82.5
42.1
28.9
14.8

5-2
1.9
83.8
23.7
23.7
8.7

74.9
66.8
89.3

220.5
182.2
82.6

320.1
262.1
81.9

415.9
364. 7
89.9

251.6
80.3

143.4
191.5

412.3
187

391.2
122

374.1
89.9

365.9

--

124.8

114.4

100.4

318.6
125-5
84.2
84.2

480.1
192.7
90,2
90.2

40.3

59.3

138.2
0.11

1893

314.2
0.24

--

--

-,
--

--

--

133. 7
3 1. 7
58.6
58.6

127.2
32.9
64.4
64.4

--

20.3

20.5

16.0

· 191.8
-0.30

· 71. 1
·0.11

41.8
0.07

· 68.5
· 0.11

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27.3
58. 7
58.7

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FUENTES: R. A., Dirección General de Ferrocarriles, Estadística de Ferrocarriles en explotación (1892-1899), passim.
Provincia de Santa Fe, Mensajes del Gobernador (1889-92), passim.

*

datos del 2o. semestre solamente.
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VI

w

�154

Siglo XIX

del azúcar y la caña en el tráfico total. Ese rubro, en el que los inversores habían basado grandes expectativas, participó entre 1893 y 1895 con
sólo el 10.5% de la carga total. Los mediocres resultados del transporte
del azúcar se pueden apreciar mejor si comparamos su volumen con el de
las otras lfoeas que unían Tucumán con el litoral.
En 1894 el FCA transportó solamente 28 915 toneladas, frente a las
69 986 del FCBAR y las 97 101 del Central Córdoba. Por otra parte ni siquiera esa magra cantidad se volcó a la red del FCSF, que ·ese año transportó ll 968 toneladas. En realidad la mayor parte de la carga transportada
por el FCA no se canalizó hacia el FCSF sino que más bien correspondió a
un tráfico local, entre las estaciones de la última sección, que concluía en
la ciudad de Tucumán. Esto significaba un serio revés para los planes franceses, desde que la carga total del FCA había alcanzado en 1895 a ~~presentar un 56% de la del FCSF y hubiera ayudado a elevar la rentabilidad
de esta última compañía.42

LA CUESTION DE LAS GARANTIAS Y LA RENEGOCIACION DE LOS
CONTRATOS
Como podemos apreciar por los resultados de la explotación, el cobro de
las garantías asumía para los inversores una importancia vital a los efectos
de mantener en pie el esquema financiero sobre el que habían montado sus
negocios. Sin embargo, la crisis de 1890, al colocar_a l?s g?~~ernos na~ional
y provinciales en un estado de completa insolvencia, 1mp1d10 que los mv~rsores pudieran recurrir a este mecanismo. Esto dio. lugar a un compl~Jº
proceso de negociaciones, en que las distintas parte.s mvolucradas en las mversiones intentaron liquidar sus pérdidas al menor costo posible.
En el caso del FCSF los inversores habían reconocido tácitamente la
insolvencia del gobierno santafecino desde el momento mismo de la firma
del contrato, cuando aceptaron recibir el pago de las garantías en nue~os
títulos provinciales en vez de efectivo. A fines de 1889 el go~ierno provmcial autorizó la emisión de tres millones de pesos oro en titulos, con los
que entonces se pensa~a cubrir el se~~cio de la ga_~tía d~-los tres pr~eros años. La negociacion de las cond1c1ones de em1S1on rec1en concluyo en
junio de 1890. Los inversores acordaron tomar los títulos al 75% de su
valor nominal (cotizaban entonces al 88/90%) ! hacerse :argo de sus ~ntereses en los tres primeros años. La transferencia de los titulos todavia se
demoró hasta agosto y ya para entonces las cotizaciones h_abían cajdo p~r
debajo del precio pactado. En los meses siguientes la ca1da no hizo mas
43
que acentuarse, hasta llegar a sólo un 30% de su valor nominal.

A. M. Regahky: Inversiones francesas en ferrocarriles argentinos

155

Ante esta situación, y el fracaso de su intento de obtener un lote adicional de títulos, los inversores adoptaron la decisión de suspender los
servicios financieros afectados a la garantía. Como esto involucraba a los
empréstitos provinciales de Murrieta aún en circulación, se llegó a una situación muy compleja en la que los inversores franceses reclamaban algobierno el pago de la garantía, el gobierno reclamaba a los inversores el pago
d~I servicio de los empréstitos provinciales, y los tenedores ingleses de esos
titulos demandaban a ambos por los intereses caídos. Además, como el
crédito exterior del gobierno provincial había virtualmente desaparecido
,
'
no se pod1a recurrir al expediente de una nueva emisión que saldara los
intereses de las anteriores.
. ~~ situació~ pareció destrabarse en 1892 cuando el gobierno nacional
dec1d10 concurrir en apoyo del de Santa Fe, y los franceses accedieron a
hacerse cargo del arreglo con los tenedores ingleses. Por el contrato del 29
de septiembre el grupo francés obtenía la propiedad "absoluta y definitiva" de toda la red, incluso de la parte hipotecada por los empréstitos ingleses, a cambio de su renuncia a las garantías y su compromiso de reembolsar los empréstitos pendientes. En realidad, esta última condición ya fi.
guraha en el contrato de concesión, según el cual los inversores debían haber co~pletado_ el rescate de los títulos en octubre de 1891. Por su parte
el gobierno nac1onal aportaba al grupo francés tres millones de pesos oro
en títulos 6°/o del empréstito Morgan (con garantía de las aduanas nacionales) en reemplazo de los títulos provinciales recibidos en 1890. 44
Las condiciones no fueron muy bien recibidas en la legislatura cuando
se debatió el contrato, y si bien éste fue aprobado, se incluyó una cláusula
para el caso de que fracasara, que propiciaba como alternativa la retención de las líneas en manos de la provincia y la entrega a los inversores
franceses de una cantidad menor de títulos. Sin duda los terratenientes
santafecinos veían esfumarse con esta operación el proyecto de una red
~e transportes con tarifas de fomento, más bajas que las de las líneas particulares.
, De todos modos, el convenio quedó en suspenso porque el grupo frances no logró el, consentimiento de los tenedores ingleses, que se negaron a
cancelar sus titulos contra la transferencia de los bonos nacionales. En
esos momentos las cotizaciones de los títulos santafecinos en Londres llegaban a su mínima expresión, por debajo del 20°!o de su valor nominal.
Desde principios de 1892, en que se produjo la quiebra de Murrieta, regis~aban una continua caída mientras los demás valores argentinos evidenciaban una tímida recuperación. El grupo francés seguramente entendía
que esta circunstancia debía llevar a sus tenedores a reducir el nivel de aspiraciones. Por su parte estos últimos, representados por la influyente

�156

Siglo XIX

River PI.ate Trust Co. confiaban en que sus conexiones con las esferas oficiales argentinas les permitirían conseguir un mejor resultado por la vía
judicial. En abril de 1894, asesorados por Manuel Quintana, iniciaron un
juicio contra la provincia por el pago de los intereses atrasados que ya sumaban 2 318 960 pesos oro.45

Mejores resultados tuvo el grupo inversor en sus negociaciones con los
tenedores franceses de obligaciones. A diferencia de los títulos provinciales, la mayor parte de esos valores estaba afectada a la construcción de las
líneas nuevas, y su servicio se atendía con los fondos destinados a las mismas. No obstante, el grupo francés había suspendido los pagos desde principios de 1892, cuando todavía faltaba un tramo importante de las obras.
Luego de fracasar sus intentos por convertir las obligaciones en nuevas
acciones, los inversores consiguieron hacer aceptar su canje por nuevas
obligaciones de interés variable. Estos valores tendrían derecho al 90%
de las utilidades hasta que fueran saldados los intereses originales, período
en el cual no se podrían repartir dividendos a las acciones.46
En cuanto al FCA, su situación hizo crisis bastante después que el
FCSF, a mediados de 1893. Hasta ese momento los inversores habían pagado el servicio de las obligaciones normalmente, inclusive el del primer semestre posterior a la habilitación total de la línea. A su vez habían logrado cobrar en títulos Morgan la primera cuota de la garantía, correspondiente a una sección abierta en 1891. Sin embargo desde. mediados de
1892 era perceptible un viraje en la política del gobierno nacional, que se
negaba a seguir emitiendo títulos Morgan para las garantías, y exigía a las
compañías ferroviarias la entrega del 45% de su producto bruto para retomar el pago en efectivo.
Frente a estas perspectivas inciertas, los inversores resolvieron colocar
a la compañía en liquidación judicial, en julio de 1893. Según el informe
de los liquidadores sólo quedaban 204 178 pesos oro (correspondientes al
saldo del capital accionario) para seguir atendiendo los gastos de funcionamiento del ferrocarril. En octubre de ese año el grupo inversor arribó a un
concordato con los tenedores de obligaciones similar al del FCSF. Los tenedores obtenían derechos sobre el 95% de las utilidades pero a diferencia del caso anterior aceptaban que se repartiera el 5% restante entre los
accionistas, aún cuando no se hubieran cancelado los intereses originales.
·Esto era importante porque las posibilidades de obtener un saldo distribuible por vía de la garantía eran mayores que en el caso del FCSF (pues
el gobierno nacional conservaba cierta solvencia).47
La situación de la compañía se mantuvo sin variantes hasta principios
de 1895. En el interín los escasos fondos disponibles se consumieron rá-

A. M. Regalsky: Inversiones francesas_en ferrocarriles argentinos

157

p~damente por los continuad~s déficit ~e explotación. Los inversores pudieron mantener el ferrocarril en funcionamiento sólo porque a mediado~ de 1894 el gobie~~ retor_:t el pago de las garantías, aunque por un
40 1/o de los valores ongmales. A comienzos de 1895 se prod ·
· ·
1
J' •
UJO un nuevo Vlr_aJ_~ en a po 1tica,oficial, tendiente a cancelar las garantías mediante
la em1S1on ~e nuev_o~ htulos públicos. Bajo esta nueva situación los inversores negociaron rapu]~mente, la transferencia al gobierno de la línea. Evidentemente, e~, ausencia del regimen de las garantías, no les convenía mantener _la poseSion de una línea deficitaria que iba a requerir un contínuo
drenaJe de fondos. Por otra parte, la transferencia no afectaría sus intereses
en el FCSF,
'
· d pues en, razón. de su diseño la línea de San Cns·tóbal segu·1na
man temen o su caracter tributario de esa red.
Las ?ondi~io~es del contrato de transferencia establecieron que el grupo frances recibina el pago en títulos nacionales a razón de 16 000
kil ,
d ,
. .
pesos
o~o por ometro e v1a _principal y auxiliar, además del monto de garanbas _que se hallaban pendientes de pago. Este sistema implicaba una mayor
longi~d (670 km.) que _el _que se venía utilizando para la liquidación de las
garantias (650 km.). AsimlSJJlo el precio kilométrico era más favorable que
e! calculado por la Comisión Especial de Ferrocarriles Garantidos, que estimaba el valor de la línea a razón de 10 000 pesos oro. 49
Estas cues~~nes así como las críticas habituales sobre la pobre calidad
de la co~cc1on y las malas condiciones de mantenimiento motivaron
que el gobierno ~ope~~a con muchas dificultades para hacer aprobar el
contrato, Y su _rati:6cac1on se demoró desde abril de 1895 (en que fue firmado) ~asta enero de 1896. T?d_avía l~s invers?res debieron aguardar has~ com1enzos de 1898 para recibir los htulos puhlicos, que resultaron suficientes para reembolsar a la par todas las obligaciones concordatorias
Duran~e el período de demora (1896 y 1897) recibieron los intereses d~
esos tJtulos, del 4% anual, lo que les permitió repartir un módico dividend? _sobre el capita} obligatorio y sobre su propio capital accionario. En
de_fimtiva, la o~eracion les pe~i~ó recuperar el capital invertido y restituir el que habia aportado el publico ahorrista, aunque sin reportar intereses durante un~ parte del ti_empo e~ ~e estuvo inmovilizado. Igualmente
quedaron en pie_ las ganancias de tipo mdirecto que habían logrado obtener en las operac10nes de recaudación e inversión de los fondos.

LA NEGOCIACIONES FINALES Y EL COMIENZO DE UNA NUEVA
ETAPA
Al mismo tiempo que arreglaban su salida del negocio del FCA, los inversores franceses reanudaban sus negociaciones con los tenedores ingleses pa-

�158

Siglo XIX

A. M. Regalsky: Inversiones francesas en ferrocarriles argentinos

.
.
. , del FCSF. En enero de 1896 lograron ratifi~
ra regulanzar la S1tuac1on l
tim"e to de los tenedores ingleses. Sm
el convenio d~ 189~ con ed ~o:::n ea~an or la negativa del gobierno ?ª·
embargo, su e1ecucion que o M qu
. ~ almente convenidos. Debian
cional a. apo~t.ar los tí~os org:°re:~su posición, lo que se produjo
transcumr mas de tres ~o~ para_ 4;Ill Roca
e procuraba concluir con totras el ascenso de la ad~mmstrac1on timulJ'1una nueva oleada de inversiodas las cuestiones pendientes para es
nes extranjeras.
- 'ashcuya. situación
En 1899 el FCSF era una de las P?:as co~panih
.dido en sefa.
.
P
t.ambien debieron a er mc1
guía sin regul~ar. or ~-ntonces~e ·ones del obierno provincial, que se
vo~ de una rap1~a soluc1on l::U~ d:sfavorableg en el litigio entablado en
veia comprometido por ~n
almente interesado estaba el grupo
1894 por los tenedores ingleses. Igul
er en marcha nuevos pla,
d se ha llegar a un arreg o para pon
,
1
frances,.
que
.
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a
.
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de
la
favorable
evolución
de la compañia en os
nes de mvers1on, en VlS
últimos años.
sultados de la explotación fueEn efecto, en el período 1897. 99
- 1os rtee . s El promedio de los in.
. es a los anos an nore .
ron notoriamente supenor
. al d 1
,odo 1893-95 y el aumento
fu
62% supenor
e pen
. d
b
gresos rutos e un
b fi .
del 127 .3%. En matena e
fue aún mayor en el caso de los, ene c1os~
acteres definitivos:
tráfico, la red del FCSF co~olido en esos an:~:n el principal comel tráfico forestal siguió creciendf
coQ~izás lo más significativo fue
ponente de la carga total, con e
. odi.. on a las líneas más nuevas y
ás grandes correspon er
E
l
que os progresos m
el área forestal como en la ce~alera. sdistantes de la cabecera, tanto en l d
11 del tráfico p9d1a deparar
to era un índice elocuente de qu~ e -~sarr;ot otra parte, esas líneas, que
todavía mejores result:idos de e~! ::~:; con el territorio nacional del
en un caso se extend1an hasta
C, d ha tenían por delante grandes
. •
t h ta la frontera con or o ,
Chaco y en o ro as
,
. . 1 b·etivo de futuras amp1iacioáreas sin explot.ar que pod1an constJtuu e o ~
nes de la red.50

4~ª;~

.
, . . o a reducir la incidencia
El desarrollo del tráfico contribuyofias~JSmthaJ·ó a un promedio del
d
plotación cuyo coe cien e
,
de los gastos e ~x .
' º'/o ara 1899 Este descenso fue mas mar80 3°1o para el tnemo, Y 75.5
P
· dir ., lo que siunifica
.
d
. . nto de trenes y
ecc1on,
&gt;t&gt;·cado en los rubros e movume ,
un mejor aprovechamiento de la
que se pudo atender el mayor tráfico con .
A su vez este menor coefi· · t·
operab\ia
,
misma estructura admuustra wa y , 1 . .
res incrementar fuerteti
ennitio a os mverso
,
ciente de gastos opera vos .P .
de vías del tren rodante, que veman
mente los gastos de manterum,~nto .
- : por la escasez de recursos.
siendo postergados desde hacia varios ano

159

Este mayor interés de los inversores por la mejora del estado de la red
se advierte también en su política de distribución de beneficios. En el
período 1897-99, en que los beneficios de la explotación acumulados represent.aron un 5.6% del capital en obligaciones, los inversores repartieron sólo un 30% de los mismos a sus tenedores. Con los beneficios reinvertidos emprendieron diversas obras de mejora, la ampliación del puerto
propio de Colastiné y la adquisición de nuevo material rodante. Al concluir el período, las existencias de vagones se habían incrementado en
228 unidades, o el 18.75º/0 •51
Esta política de capitalización puede interpret.arse también como
una política de redistribución de ingresos. Con recursos obtenidos a partir de una situación de suspensión de pagos que perjudicaba a los tenedores de obligaciones francesas tanto como a los tenedores de empréstitos
ingleses, el grupo inversor aumentaba la capacidad de la red de generar
utilidades, a la vez que desplazaba el momento de su distribución hacia
una etapa futura, en que la reforma del concordato le permitiera percibir dividendos sobre su capital accionario.
Esa nueva etapa se abció a partir de los acuerdos celebrados en diciembre de 1899. Por esos acuerdos los inversores obtuvieron la reforma
del concordato en el sentido apuntado, así como la aprobación de los postergados contratos con la provincia de Santa Fe y con los tenedores ingleses_s2
El contrato con Santa Fe tenía las mismas características que el de

1892. Los inversores recibían en propiedad perpetua la totalidad de las
líneas y tomaban a su cargo el rescate de los empréstitos en poder de los
tenedores ingleses. Asimismo recibían del gobierno nacional unos 4 875 000
pesos oro en títulos de 4%, en vez de los tres millones de pesos oro en bonos de 6% que se habían convenido en 1892. Por el contrato con los tenedores ingleses les transferían esos títulos nacionales junto con otros
3 170 000 pesos oro en nuevas obligaciones de 3% de la compañía francesa. De tal manera, los tenedores ingleses recibían en total nuevos títulos
por el 74% del valor de los empréstitos que tenían en cartera, aunque en
términos de intereses esos nuevos títulos les reportaban sólo el 53% de lo
que percibían antiguamente.
Este arreglo puede calificarse como satisfactorio para los tenedores ingleses, si tenemos en cuenta la debilidad de su posición. Los empréstitos
que mantenían en cartera tenían una muy baja cotización (en enero de
1899 era del 34% y un año antes del 22%) La antigua casa emisora
rMurrieta) había quebrado y no jugaba ya ningún papel en la captación de
capitales para la Argentina que hubiera permitido exigir un tratamiento es-

�160

Siglo XIX

A. M. Regalsky: Inversiones francesas en ferrocarriles argentinos

·a1 Finalmente las líneas hipotecadas contra los empréstitos eran mepectretazos
.
' principal, y su posesion
, no o fre ct,a
, o t ra ven taJ·a que la
ros
de la red
de ser una herramienta de presión sobre el grupo frances.
Más satisfactorio resuJtaha el arreglo para el grupo francés que ohte~ía
la ropiedad perpetua de toda la red, aunque sólo bahía ap~rtado el 60 fo
deicapital invertido en la misma. Además concretaba el rearo_ de los tenedores ingleses utilizando mayormente títulos del g?hiemo nacto~~- ~e tal
manera la operación implicaba un gravamen equt~alente al 22 .'º e 1os
beneficios de la compañía en 1899, y con perspecbvas d~ reducll"SC ª medida que los resuJtados de la explotación continuaran me1orando. P?_r
parte el retiro de los títulos ingleses implicaba una verdadera defl~c1on e
"tal que quedaba reducido a una cifra más cercana a lo efectwame~te
=~d~ en obras, y más adecuada para obtener una rentabilidad atractiva
en un plazo más corto.

o:~

En cuanto a la reforma del concordato pactada con los ten~d~res_ ~e
obligaciones francesas, tos inversores ofrecieron una mayo~ parbc1pac1on
a los tenedores en los beneficios distrihuihles. (de~, 93.25 fo en ~ez del
90%) y como contrapartida obtuvieron autortzac1on para repartrr el ~manen~e como dividendos para su capi~ ªC&lt;;ion:t"o, Y que~ru:on facu_ ·
tados para emitir nuevas obligaciones de mtercs fiJo cuyo servicio ~oz~ria
de prioridad sobre los anteriores títulos emitidos. Desde el P~_nto e vista
de los tenedores esta solución implicaba una nueva postergact0n en sus aspiraciones a retomar el interés del 5°1o estipulado .º~~~mente, aun:
se compensaba en el largo plazo con la mayor parbc1pac1on que toma ,
1 saldos distrihuibles. Desde la óptica de los inversores el ~pecto m~
en os
,
. • bliga
es que si
favorable estaba tal vez en la autorizacion para emitir o
c1on , .
de momento apuntaba a la conclusión del arreglo con los te?edores m~eses los colocaba nuevamente en condiciones de poder recumr al merca 0
de París para alimentar los planes de expansión que ya se estaban gestando.s3

161

2. Hemos descrito este proceso en nuestros trabajos: "Las inversiones francesas en
empréstitos provinciales en la década de 1880", V Jornadas de Historia Económica, Universidad de San Juan, 1983 y "Las inversiones francesas en empréstitos
públicos nacionales, 1881-1890", VI Jornadas de Historia Económica, Universidad de Córdoba, 1984.
3. Mientras en el gobierno de Roca se otorgaron sólo 3 concesiones por 459 kilómetros, en el de Juárez Celman se dictaron 25 leyes de concesión garantidas por
13 482 kilómetros. Particularmente en 1887 se concedieron 14 líneas con garantía por 7 724 kilómetros, además de la enajenación de las dos líneas estatales por unos 1 200 kilómetros. En cuanto a las construcciones ferroviarias, .e n
1881-86 totalizaron 3 651 kilómetros y en 1887-92, 6 956 kilómetros.R. A., Dirección General de Ferrocarriles, Estadística de Fe"ocarriles en Explotación
(1895), passim.
4. El sindicato franco-belga estaba integrado entre otros por Deves (Cfedit Foncier de Francia), Otlet (Compañía de Gas de Río de Janeiio) y Empain (ferrocarriles del Perigord). SAJ (fhe South American Journal), 27-IX-90, 377. Sobre la Société de Batignolles y su fundador Gouin hay abundante información en R. Cameron, Francia y el deaarro/lo económico de Europa, 1800-1914,
Madrid, Tecnos, 1971, pp. 76, 106-7, 274 y ss.

5. Sobre la especulación con latifundios en el Chaco hay abundantes referencias en
los periódicos de la época. Al debatirse la concesión de Peláez, El Diario (4VIII-87) publica una "nómina de los que han obtenido tierras en el Chaco y se
verán favorecidos por este ferrocarril", que incluía a P. Groussac, Langworthy,
T. Malbrán, Casares y otros. En 1887 también se otorgaron concesiones en el
Chaco a F. Younger (Paraná-Tartagal), A. Lanús (Resistencia-Metán) y J. Martínez (Nanducito-Presidencia Roca). En cuanto al área andina, hubo también
abundantes concesiones ese año: l. Quiroga (S. Juan.(:humbicha), P. Prud'home
(Chilecito-Mejicana), Sánchez e lgarzábal (S. Juan.(:hilecito) y A. Carranza
(Chumbicha Tinogasta). R. A., DSCD (Diario de Sesiones de la Cámara de Diputados), 1887, II, 1.107.08.
6. Batignolle, habilitó 86.5 kilómetros el l-Xll-90 (V. Mercedes-La Toma). En
1891 redujo las obras a un mínimo (14 hombres trabajando) por falta de fondos. En cuanto al grupo franco-belga, en agosto de 1890 debió suspender las
Qbras por un litigio con Peláez, y en octubre de 1891 las interrumpió definitivamente. R. A.,Memoria de Obras Públicas (1889-91), 11, 21-7, 156-9 y 252-6.
SAJ, 20 y 26-IX-90, 335 y 373.
7. E. Baldy, Le, Banques d'Affaires depuis 1900, París, 1922, 28-30 y 140-159.
Sobre su participación en los empréstitos argentinos, véase nota 2.

NOTAS

t:: :t

l. Entre 1880 y 1886 se registró una fuerte baja de los ~ete~ m~í~o~
mitió abastecer el mercado europeo de productos pnmanos e . e P 1
.
alejados, como la Argentina. H.S. Ferns, Gran Bretaffa y Argentma en el_ s'8l0
XIX Buenos Aires, Solar, 1966, p. 407. También se encuentran referencias en
L
(L 'Economiste Francais), 15-1-1887, p. 78.

'EF

8. The Economist, 25-VII y l-VIIJ-85, 906 y 958. Sobre la actividad deFives Lille en
Europa puede consultarse R. Cameron, ob. cit., 70, 107, 274 y ss. Su predominio en el mercado azucarero es testimoniado por el cónsul británico Egerton. The Ecorwmist, 12-11-81, 1 400. También, L 'EF, 7-1-82, 15. Sus ventas a
los ferrocarriles estatales en R. A., Registro Nacional, 22-Vll-84.
9. Este interés por la exportación de capitales como vía de penetración comercial
se reflejaba en la prensa financiera francesa. "Inglaterra nos vence en el terreno
del gran consumo. Lo hace por un procedimiento que ignoramos: la importa•
ción de capitales. Es así como se ha apoderado de todas las grandes empresas que

�162

Siglo XIX
dan a los capitales ingleses rendimientos que... casi nunca bajan de 10°/o... y
no consumen más que productos ingleses. Lo que muestra el cuadro general de
nuestras relaciones con la República Argentina es que allí como aquí permaneciendo estacionarios perdemos terreno. ·No hemos hecho nada por ganarlo, buscando en este país nuevo el empleo de capitales que abundan en Francia sin empleo" LEF, 14-Xll-86, 755.

10. Ley de la provincia de Santa Fe promulgada el 2-1-85, en E. Schlatter (DGVC),
Leyes, contratos y resoluciones referentes a ferrocarriles, Buenos Aires, 1903,
IV, 141-2. Los propósitos de esta expansión fueron claramente explicitados por
el gobierno."...nuestro engrandecimiento como pueblo está hoy perfectamente
asegurado, desde que el sistema de ferrocarriles de trocha angosta está destinado
a formar en la República, con Santa Fe como centro, una red completa que
atraiga el comercio y la producción andina, chaquense y del extremo noroeste,
a los puertos principales del Litoral. .. " (ministro Cafferata, en PSF, Memoria
de Gobierno 1887, LXIX). " ... el transbordo de una línea ancha a una angosta
quedará suprimido por el único medio natural y practicable que consiste en dar
a la trocha angosta todos los Puertos que tiene la trocha ancha ... De este modo
la carga podrá tomar/ una u otra / aprovechando de las competencias en los precios que con beneficio del país tienen forzosamente que establecerse dentro de
lúnites prudentes y racionales " (gobernador Galvez, en PSF, Mensajes del Gobernador (1888), 25-VI).

A. M. Regalsky: Inversiones francesas en ferrocarriles argentinos

163

17. A partir del undécimo año de explotación. PSF.Memoria.. ., 73.
18. Ese fue el argumento de Láinez para oponerse a la concesión: "El 5º/o durante
55 años viene a ser la amortización del capital entre 42 y 45 años con el 4º/o de
interés y l de amortización. Luego, a los 45 años, si la nación mandara a construir por su cuenta este ferrocarril, sería completamente dueña de él, después de
haberlo explotado durante ese tiempo". DSCD, 10-X-87, 58.
19. Esta categoría de beneficio es analizada con especial detalle-en R. Hilferding,EI
Capital Financiero, Madrid, Tecnos, 1973, cap. VII. "Mientras que el capitalista
monetario recibe interés por prestar su capital, el Banco emisor de acciones, que
en este caso no presta nada, tampoco recibe ningún interés. El interés lo reciben
más bien los propietarios de acciones como dividendos. Al Banco afluye la ganancia del empresario; pero no como ingreso anual sino capitalizado como ganancia de fundador. . . Este método asegura para los fundadores tos beneficios
extraordinarios que han de esperarse de la fundación y de todos los progresos futuros y coyunturas favorables, mientras la ganancia del público poseedor de títulos queda fijada en un límite constante que no sobrepasa demasiado el interés."pp. 122 y 136-7.

20. Ade1!1~~ se recono~ía un coeficiente de gastos ?e 55º/o por los 55 años. Según la
Com1s10n de In tenor del Senado, Portalis hab1a pedido una garantía del 6 /o sobre un capital kilométrico de 20 mil pesos oro. DSCS, 27-IX-87, 636.

11. E/Diario, 21-1-87 y 10-V-87,y LEF, 29-X-87.
12. Para la tramitación del Central Córdoba puede consultarse E. Schlatter, op.
cit., íll, 5-10. Las primeras negociaciones de Murrieta para comprar el Central
Norte y del gobierno santafecino para vender la red provincial se hallan testimoniadas en El Diario, 14-IV-30-V-87.

13. PSF,Memoria de Gobierno (1887), 72. " ... lanzada la concesión al mercado, ~a
despertado tal interés que sus concesionarios han realizado operaciones ventaJosísimas para ellos y para la Provincia, atrayendo capitales franceses ... Se puede,
en ese concepto, anticipar una idea que germina ya en las combinaciones financieras de algunos sindicatos europeos. Nuestros ferrocarriles serán objeto dentro
de poco de negociaciones para que pasen á la acción particular. Estas negociaciones se producirán sin que el gobierno las provoque, demostrando así que somos
objeto del estudio de las eminencias financieras de la Europa, que ... tratan de
vincularse con grandes capitales a nuestro porvenir económico" (ídem, LXIX-

LXXIO.
14. Las dificultades acarreadas por la concesión del FCBAR son reconocidas en la
Memoria de Gobierno ya citada (p. LXX). La nueva propuesta ante el gobierno
nacional contó con el apoyo explícito del gobierno de Santa Fe. DSGS (Diario
de Sesiones de la Cámara de Senadores de la Nación), 1887, 383.
15. El Diario (21 y 23-XII-87) informó acerca de tres propuestas, de las cuales la
más alta era la de Bouwers (FCCA). Luego el gobierno dio a conocer una cuarta
oferta a cargo de Hume Hermanos, que resultó triunfadora. Lo llamativo es que
los Hume eran meros representantes de Meiggs, que había presentado una de las
propuestas más bajas. R. A., Memoria del Interior, 1888, 623.
16. R. A.,M. de Hacienda, Archivo de la Deuda Pública, carpeta 2088.

21. E. Schlatter, op. cit., III, 121-3. "Como se ve, por el contrato se alteraba la ley
de concesión, puesto que no debían entregar al gobierno el 45º/o del Producto
Bruto.. . comprobándose la negligencia, por no usar de una palabra más fuerte,
de los gobiernos que violentaban las leyes en sus contratos, perjudicando al tesoro público en beneficio de los particulares " (senador FigueJoa, en DSCS,
21-XII-1895, 920).
22. El monto emitido había sido en realidad de 1 039 500 libras esterlinas. La diferencia (40 000) corresponde al costo de construcción del ramal S. Fe-Colastiné.
Sin embargo este ramal estaba incluido en el prospecto de emisión de las
1 039 500 libras esterlinas. The Economist, 12-XII-85, 1.521.
23. Sobre el fracaso parcial de las primeras emisiones, SAJ, 5-l-89, 3. Con respecto a
las últimas, hay testimonios de que Murrieta retenía un importante stock en
Reuiew ofthe Riuer Plate -RRP-, 27-U-92, 12 y SAJ, 3-11-94, 129.
'
24. Por la ley del 19-IX-88 se autorizaba a Fiues Lüle "la construcción de 500 kilómetros de líneas nuevas, que se determinarán de acuerdo con el Excmo. Gobierno." E. Schlatter, op. cit., IV, 153.
25. La ruta de Tucumán a Santa Fe vía San Cristóbal quedaba reducida a unos 750
kilómetros, mientras que la ruta de Tucumán a Rosario vía Sunchales (FCBAR)
era de 850 kilómetros.
26. LEE (L 'Economiste Européen), 1-IX-1894, 273. El presidente de FCSF -Ewald
integraba simultáneamente los directorios de Fives Lille y de la Banqu; Russ/
Esta última institución estaba involucrada en negocios en Santa Fe desde fines
de 1887, cuando se ocupó de emitir las primeras obligaciones de CFSF Crédit Foncier de Santa Fe. El Diario, 14-X-87 y LEF, 5-XJ-87.

�164

Siglo XIX
A. M. Regalsky: Inversiones francesas en ferrocarriles argentinos

27. Véase R. Cameron, op. cit., 96 y 440. En 1852-81 los emprésJitos representaron el 51.6º/o de las inversiones externas, y en 1892-1913, el 62 /o.
28. R. Cameron, op. cit., p. 481.
29. Véase las memorias de ambos bancos

en LEF, 16-Il-1889 Y 27-IV-1889.

30. Así pues a fines de abril de 1887 se explicaba la débil cotizaciÓn del empréstito' argentino de Obras Públicas emitido a principios de enero de ese año porque
su colocación no estaba todavía suficientemente avanzada (LEF, 27-IV-87,
486).
31. "Se anuncia un empréstito de 10 millones de la provincia de Catamarca, ~ ~mpréstito de 7 y medio de la provincia de San Juan y finalmente dos emprestltos
de 60 millones en conjunto de la ciudad y provincia de Córdoba. La simultaneidad de todas estas operaciones puede impedir por un tiempo que estos títulos
alcancen la pa.i:." LEF, 4-VIII-1888, 151.
32. Se debía abonar el 25º/o al contado, el 30°/o a dos meses y el 35.5°/o restante a
4 meses. LEF, 4-VIII-88, 156.
33. "El Banco, que ha prestado sus mostradores a las compañías /FCA y F~S~! para la emisión de sus obligaciones, posee desde hace tiempo 21 355 obligaciones
de FCSF y 11 433 de FCA ". Memoria de Paribas en LEF, 2-Vll-1892, p. 30.
34. LEF, 13.7 y 24-VIII-1889.
35. (Ver nota 32). Fives Lille tomó la construcción de las líneas mediante un c~ntrato de riesgo, Jo que significa que aceptaba recibir parte del pago en obliga.
ciones (LEF, 18-V-89). En su asamblea del 30-XI-95, los directores de esta firma
declararon un saldo acreedor de 751 094 francos, pese a las amortizaciones
anuales de 200 mil francos. LEE, 4-1-1896, 11.
36. En la cuenta de construcciones de FCA correspondiente al primer año, se incluía también la prima de las obligaciones emitidas. Para poder desagregar ambos
rubros partirnos del supuesto de que los gastos específicos de construcciones debieron representar c;n eJ primer año el mismo porcentaje sobre el total gastado
hasta el final de las obras que en el FCSF (11°/o).
37. Un testimonio de esta práctica aparece en los informes de Pellegrini sobre las
negociaciones por el empréstito de Obras Públicas: "Me han hecho pedir una
comisión extraordinaria y fuera del contrato por una parte del anticipo ... Me
han hecho decir que en esa comisión estaba todo el secreto de la operación ...
/Los / franceses ... son sociedades anónimas y las comisiones son una parte para
los Directores y otra para la Sociedad. . . y por consiguiente la parte de los Di·
rectores no figura ... o si figura será a nombre de un tercero - Mallman, Bem•
berg o cualquier otro, quien recibe y distribuye." R. A., M. de Hacienda, Archivo• .•, carpeta 2096, Pellegrini a Pacheco, 20-V-1885.
38. Las sumas a gastar en terrenos estaban especificados en el contrato del FCSF
(unos 500 mil pesos oro). En cambio no lo estaban en el-caso del FCA. SegÚn
la versión disponible de su balance de 1889, se habí;in imputado 1 742 000
mil pesos oro en "Securities on land" (SAl, 9-Vlll-90, 173).

165

39. Las secciones construidas por Meiggs habían sido equipadas con materiales de
firmas inglesas, exclusivamente (Railway Carriage, Brown Marshall, Cloucester
Wagon, etc.). Dirección General de Ferrocarriles, op. cit., 1894, .passim.
40. El gobierno no aceptó otorgar garantías sobre una parte de esos ramales: "porque los hubieran construido los dueños de ingenio por propia conveniencia."
DSCS, 21-XJI-95, 920. El FCBAR peticionó contra la garantía de esos ramales,
que conducían a ingenios ya servidos por dicha compañía. RRP, 24-Xl-94, 7.
41. El grupo francés había invertido en tierras indirectamente, a través de CFSF.
Esta compañía había tomado posesió.n de tierras próximas a la línea del FCA
Y al ramal chaqueño de FCSF, C. Chapeaurouge, Atlas Catastral de la República Argentina, Buenos Aires, 1901. También hubo inversiones directas. Tras su
liquidación, se supo que la Banque Russe había invertido 453 797 francos en
lotes Y terrenos de Santa Fe, Santiago y Tucumán, y ouos 473 800 en acciones
de la Société des Terres de l'Inca, con 142 500 hectáreas cerca de Fortín Inca
(FCA). LEE, l-IX-1894, 273.
42. En 1896 y 1897 alrededor de un 90°/o de la carga fue despachada desde estaciones ubicadas a más de 500 kilómetros de San Cristóbal, mientras que el re.corrido medio del total fue inferior a los 140 kilómetros.Dirección General de
Ferrocarriles, op. cit., l 896 y 1897.
43. SAJ, 7-111-1891, 301.
44. J. B. Peña, Compilación de leyes... y contratos sobre la deuda pública nacional
Buenos Aires 1907, 1.097-99. Ya en 1891 Cafferata anunciaba la intervenció~
de PeUegrini en la resolución del conflicto PSF,Mensaje..• (1891), 24.
45. SAJ,24-IV-94,477.

46. Concordato celebrado el 26 de abril y ratificado el 6 de julio de 1892. LEF,
2-VlIJ Y 13-Vlll-92, 30 y 220. Annuaíre Générale, Paris 1910.
47. CFC -Cámara Francesa de Comercio en Buenos Aires- agosto-noviembre
1893.
'
48. Junto al FCNEA fue la única compañía que solicitó el pago en papel a fin de
atender los gastos de funcionamiento (CFC, febrero 1895).
49. El texto inicial y las observaciones de la Comisión Especial, en DSCS, 21-XII-95,
920-3 y DSCD, 7-I-96, 1.015.
50. Entre 1896 Y 1899 las líneas de Pilar a Frontera de Córdoba y de Humboldt a
Sobedad aumentaron su participación en la región cerealera de un 20.7 a un
330 /o. Las de Vera a Reconquista y a Paralelo 28, que en 1896 aportaban el
47_ /o ~~ la carga procedente del área chaqueña, en 1899 despacharon el 54.3º/o.
Duecc10n General de Ferrocarriles, op. cit., 1896 y 1899.

51. ldem nota 50. CFC, octubre 1899 y LEF, 7-VIl-1900.
52. El l-Xll-1899 la River Plate Trust infonnaba haber obtenido el consentimiento
de suficientes tenedores como para ratificar el acuerdo (SAJ, 2-XII-99, 639). La
asamblea de tenedores franceses que aprobó los contratos y aceptó reformar el

�166

Siglo XIX
concordato se celebró el 8-XH-99 (LEE, 15-Xll-99, 750-1). Para el texto del
contrato con Santa Fe ver E. Schlatter, op. cit., IV, 176-77.

53. A partir de la finna de estos convenios el grupo francés, comenzó_ a _preparar el
mercado francés para nuevas emisiones de FCSF, a traves de una ms1stente propaganda sobre sus títulos, y ya a fmes de 1900 an~nció su_propósito de prolongar las líneas al territorio del Chaco y a la provmc1a de Cordoba (RRP, 15-XIl1900, 15).

Los Grandes Negocios en Uruguay

Julio C. Rodríguez*

El Uruguay del siglo XIX, conmovido cotidianamente por las guerras civiles, poseía, sin embargo, una segura póliza contra la bancarrota económica:
la producción natural de pasturas y ganados. Con o sin guerras, averiado
apenas el ciclo biológico por secas y epizootias, la ca111paiia oriental producía año tras año millonarias pariciones de terneros y corderos, prodigiosamente dispuestos a seguir comiendo pastos a pesar de las tormentas que
de tanto en tanto, surgían en el mundo de sus pastores.
La escasa población que se disputaba el beneficio de aquellos ganados
y el monopolio de aquellas pasturas, con un rtl ínimo gasto de fuerza de
trabajo, obtenía varias veces más -&lt;lecenas de veces más- cueros y kilos
de carne por habitante que los más desarrollados países del Atlántico
Norte. La sociedad cimarrona que allí crecía casi ignoraba que detentaba
una gruesa cuota de lo que los clásicos de la economía poi ítica habían
llamado renta diferencial del suelo. Fue a caballo de ese prodigioso margen
de exceso sobre la ganancia media de la explotación agrícola-ganadera
mundial, que el Uruguay del siglo XIX fue realizando su acumulación de
capital nacional.
A ese elemento primordial de acumulación agregóse, ya desde los
umbrales coloniales, el usufructo del puerto montevideano, que incluso
luego de la separación nacional continuó desarrollándose por encima de las
estrictas necesidades del mercado uruguayo, para derramarse como puerto
de tránsito para buena parte del Cono Sur. Esta segunda forma de acumulación de capital conoció períodos de amplia expansión, tanto en la Guerra
Grande (complicidad mediante el bloqueo anglofrancés a Buenos Aires)

*Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de la República, Montevideo, Uruguay.
Este trabajo fue publicado por el Instituto de Investigaciones Históricas de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Universidad de la República en 1970.

�168

Siglo XIX

como, y en especial, en la Guerra con Paraguay, en que Montevideo se
transformó en la base marítima de operaciones de los expedicionarios
brasileños.
De más está decir que el mejoramiento del proceso productivo y económico de la ganadería, la sucesiva expansión de la demanda mundial de
nuestros productos no hicieron sino reforzar estos elementos excepcionales de acumulación uruguaya.
Para la sociedad dominante que comandaba el usufructo de esa alta
renta nacional y de esa altísima productividad hora/ hombre, uno de los
más divertidos modos de entretenimiento lo constituyó el cómo distribuir
y redistribuir esa renta nacional. Los "grandes negocios" del siglo no fue~on -en una primera instancia- la producción misma obviamente nacida
de los trabajadores, ni la administración concreta de esa producción, desde
el estatuto de estanciero hasta el de empresario y comerciante urbano. La
altísima y excepcional valoración social del banquero y del bolsista uruguayo del siglo XIX no hizo sino reflejar un fenómeno económico real.
Allí, en su privilegiado giro, se organizó la más formidable acumulación de
capital. La banca y la Deuda Pública fueron los "grandes negocios" del
Uruguay precapitalista.
EN EL PRINCIPIO FUE LA USURA...

Las repúblicas latinoamericanas nacieron con un oneroso y, hastá si se
quiere, heroico estigma: la deuda pública. Contraída para atender las urgencias de los ejércitos revolucionarios, se transformó de necesidad con cara de hereje, en hereje sin necesidad. En el Uruguay, aquellos modestos
compromisos del Cabildo rebelde de 1822-23, y los todavía aceptables
sometimientos de los que financiaron la revolución de 1825, fueron adquiriendo un carácter progresivamente más turbio con la cohorte usurera que
financió la expedición de Rivera a las Misiones y que aprendido el oficio se
descargó sobre el país independiente a partir de 1830.
En el país que entonces nacía, sin rentas establecidas, sin estructura
económico-social moderna, con islotes mercantiles en un océano de producción seminatural y de intercambio de subsistencia por trabajo y servicios, la posibilidad de erigir una arquitectura tributaria ágil, eficiente y
barata era una utopía. La extrema facilidad con que el país podía obtener
sus rentas de aquel puerto casi· monopolista de Montevideo, transformó
tempranamente las Rentas de Aduana en la casi única fuente de amortización.de deudas viejas y empréstitos nuevos.
Si se enfoca la situación del país con esa forma abrillantada de la igno·

J. C. Rodríguez: Los grandes negocios en Uruguay

169

rancia que se llama .ª sí misma "técnica financiera apolítica", podría suponerse que nada hu?1e~~ co~ta~o levantar de inmediato un empréstito a largo plazo con_ suscnpcwn publica que hubiese fácilmente enjugado la deuda
flota~te sem11Tecon?cida y semiclasificada. Pero la escasa oligarquía de comerciantes que tenia los comandos en sus manos, había bebido hasta las
heces los_ valore_s de~ mundo colonial semifeudal, donde la privis legio y el
monopolio hab ,an sido las formas consuetudinarias e institucionalizadas de
acumula~ión de capital. El crédito moderno con las técnicas correspondiente~ ?ahria de ser en el Uruguay también, el fruto tardío del completo dom1ruo de las relaciones capitalistas en toda la estructura económico-social
Y, ~~r Jo ta?to, -~el t?tal ~orecimiento de su réplica teórica en economía
pohtica, legislac10n fmanc1era, y en su contexto ético en el mundo de los
valores y estilos de vida.
Cuando los ministerios de hacienda de Pereira, Santiago Vázquez y
Lucas Obes (1830-34) vendían por uno, cinco y diez años los anticipos
de las rentas de patentes, sellados, corrales, tablada, etc., no habían avanzado un centímetro ?e los modales publicanos de la república y el imperio
romanos. Eran el ep ,gono charrúa de aquellos judíos y lombardos medievales que amamantaron, crecieron, quebraron y engordaron con los barones feudales y las monarquías de fe púnica.
El país conocí? tempranamente (1834-35) la división de la proto-Bolsa de valore_s en guelfos (Lacas Obes, Antonio Montero, Doming_o Vázqucz, ~tm _de Castro, José E!lauri, Manuel Herrera y Ohes) y gibelinos
(Juan Marta l'erez, Jorge y R.amon de las Carreras, Ramón Masini Francisco Muñoz, Antonio Díaz) con el triunfo aplastante del clan usur~ro encabezado por Juan María Pérez y que dio lugar a la que hubiera sido una
~rillante op~~ación d~ bolsa ~Co~solidación de la deuda de 1836 y postenor convers10n en prestamo mgles) de no haber mediado el levantamiento
de Rivera.
·
De 1843 a 1851 , la ciudad aislada de la Campaña, sostenida intermitentemente ~or el in_íl~~iento de sus negocios en los períodos de bloqueo
de Buenos Aires, vend10 una lras otras sus rentas a sucesivas sociedades de
com_erciantes en su mayoría extranjeros residentes, cuyos montos de usura
hubieran hecho palidecer a los logreros judíos del muy católico reinado de
Casti~la y León o a los l~mbardos que sangraban a Francia e Inglaterra en
la baJa Edad Media. La llamada ''Sociedad de Aduanas del 48" o la del
''51 ", aquellos Antonini, Lafone, Hocquard, Weill, que prorrateaban los
abastos _de armas, vestuarios, alimentos, a las legiones extranjeras y cuerpos nacionales de la Defensa, no sólo se enriquecieron en contratos fraudulentos Y dolosos, sino que además consolidaron un estilo financiero todo
un género de vida, alimentaron determinado espíritu de empresa' y un
mundo de valores ético-poi íticos siniestro para los intereses de la nación.

�170

Siglo XIX

El especulador el bolsista, fue desde en-tonces la más alta caracterización de un objetiv~ de vida. Fue no sólo, la más rápida ,Y. fulminant~ forma de acumulación de capital que conocio el Uruguay decimonono smo, Y
además, la más paralizante y reaccionaria forma de aplastar el desarrollo
económico y productivo. En el seno de las clases altas ~~uguayas, se ~e
larvando una tradición según la cual, determinadas fam1l1as sol~ pod1an
dedicar su ocio a la rueda de Bolsa y al trajín bancario. Lo demas, el desarrollo tecnológico de la ganadcr ía, la aplicación del capital a ~a manufactura y a la industria era cosa de gringos, de vascos o de transfugas.
Sin embargo, gran parte de la fortuna gringa _(inglc~es, !ranceses) apli~
cada al desarrollo moderno de la ganadería hab,a nacido Justamente ali,
en el inframundo de la usura, de la compra de sueldos al 5 por mil, de pensiones de viudas y huérfanos al l por ciento, en la venta de vcst~arios,
apolillados al precio de cachemiras, de trigo ardidos para la tr~~a cotizados
como especias de las lndias. Ellos, venidos de un mundo versahl Y mercantilizado en todos los poros, giraban rápidamente en sus posturas Y como el
tordo ponían el huevo en todos los nidos.
~] país conoció sus Jacques Coeur, en personajes ~e alucina~1te, c~rrera y catastrófica plancha final. Samuel Lafone, el ~ron de M~ua, bm1lio Reus fueron las más altas cumbres euyas trayectorias han deJado en la
sombra a traficantes más ladinos y más grises porque se retiraron tempranamente a invertir el fruto de sus felices operaciones en los rubros que el
mundo moderno exigía: la ganadería moderna y la industria desarroll~da
silenciosamente a la sombra de las altas tarifas aduaneras que ~mort•~ban la deuda pública. Los hijos y nietos de los usureros de la primera mitad del siglo fueron en definitiva los que ajusticiaron a los usureros de la
segunda mitad.

EL ESQUEMA Y LA TECNICA
Sobre la historia de la deuda pública del Uruguay es posible construir un
modelo comprensivo de sus más peculiares atributos. Un p~Ís siempre escaso de rentas, incapaz de cubrir su presupuesto anual c_n. e?ocas no~ales por la inflación de su lista civü y militar, acumula def1c1ts,- Al mLSIJIO
tiempo la guerra civil permanente impone gruesos compromJSOs para el
pago d~ armas, vestuarios, alimentos. Déficits presupuesta(~s Y gastos de
guerra son apenas los cimientos para edificar las pagodas afiligranadas con
que luego los operadores montan sus birlibirloques de Bolsa.
La concurrencia de todos los acreedores a las sucesivas llamadas del
gobierno (representado en cada etapa por un Junta ele Crédito Público)

f. C. Rodríguez: Los grandes negocios en Uruguay

171

supone:
a) El reconocimiento de la legitimidad de la deuda.
b) Su clasificación, o sea el orden de prelación de cada crédito.
c) Creación del plan de consolidación o sea su transformación en nuevos
títulos de deuda con fondo amortizan te.
d) En caso de que las rentas normales no proporcionen el capital suficiente, contratación de um empréstito a largo plazo que proporcione
el capital para la amortización ele la deuda consolidada, de modo tal
que el largo plazo permita aminorar las partidas anuales del servicio de
la deuda.
En cada etapa se ha diseñado un proceso que es más o menos así: el
sector más rico de los acreedores no acepta que sus contratos de remate de
rentas, o de abastecimientos, etc., pasen a ser depreciados en la conversión
del conjunto de la deuda flotante. Logran generalmente ser separados de
la convención y mediante presiones diversas (embajadas, escuadras de guerra, etc.) obtienen servicios especiales de amortización para sus deudas. El
sector menesteroso de los acreedores, funcionarios públicos y militares,
jubiJados y pensionistas, vende sus sueldos a los grupos bajistas que justamente impiden r l pago de sus haberes o provocan por sus conexiones en el
aparato de gobierno la desesperación en este sector.
Del mismo modo, los pequeños tenedores de créditos por abastos,
préstamos, letras de tesorería, etc., lejos ele la estrategia de la Bolsa y de la
poi ítica, venden sus documentos apenas leen en el diario de la mañana que
el Estado no podrá pagar a sus acreedores. Cuando esta enorme masa de
documentos de crédito contra el Estado se halla en manos del grupo que
hasta entonces jugó a la baja, comienza la segunda operación. En primer
lugar, el grupo pugnará por acceder de inmediato al gobierno si ya no se
encontraba en él. Se le verá entonces pontificar sobre la ignominiosa situación del crédito nacional que por su incumplimiento nos coloca aJ nivel de las tribus africanas.
Una bien orqurstada campaña poi ítica y period ísitca, elevará poco a
poco los valores de sus títulos en la Bolsa. Con los valores en alza, podrá
entonces o vender sus documentos y quedar satisfechos con la diferencia
de una mera alza de los valores, o ir mucho más lejos, y comienza entonces la tercera etapa ele la operación: la conversión. El grupo ahora alcista
aumentará el ritmo ele su desconsuelo público por ver el crédito de la nación despreciado por los pulperos de campaña y los mercachifles de la ciudad, recordará la&lt;; viudas de la fndependencia o de la Defensa que no cobran sus haberes; conmovidos suficientemente los que están y los que no
están en la pomada, será entonces fácil arribar a la extrema necesidad en

�172

Siglo XIX

J. C. Rodríguez: Los grandes negocios ,en Uruguay

, ·
t a jero que al traer los
que se halla el paí~ de co~f~rat~ u:~:::e~=gt:c~:s \ npennitirá enjugar la
capitales del exterior toru •~~a n
deuda que nos oprime y averguenza.
. . , de los que no están en
la, pandilla
no es
A todo esto si la opos1c1on
mhº
ali' e puede
'
1
t
quito y ta ien , s
muy rui~osa, pu~den ~os valo~es ab~::: :e:p)ados. Per.o el buen jugador de
vender s1 no se tiene os nerviods . 1
tener la ganga de ser enviado a
· ,
e ando Pue e me uso
.
b 1
o sa, segwra esp r l . , ft con lo cual el bolsista traga los vientos
Londres a corretear e empres ' o, d
.
t dos ·los alcistas, allá marde la gloria. Pero como no se pue e enV1ar a o
chan dos o tres y el resto espera.
, .d demasiado las formas. Se coloca
'
En Londres no hay por que cm ar d las condiciones las imponen
el empréstito como sedpBuede,ddeRtodtso~; i:s quebrantos del monto del
Bari
Thompson an
onar ' o e
.
. .
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. ,
40% otro diez se irá en com1s10nes, ecapital oscilaran desde el 25 al
, .
al país llegará lo que pueda.
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tes, seguros, P
f . t
a coronar la operac10n e conPero eso que Uegu_e debe ser su 1c1en pt:nces los bolsistas que organizaversión de deuda mterna en elxtema. n t 'tulos (o el oro) y vender enseron la trama pueden cobrar os nuevos '
guida, porque sólo Dios sabrá qué pasará dentro de un mes.

i

e edecir
los escanAdemás, claro, están los negocios de 1as " p1ay,ºtas"'bass
un documen. .
d
'ditos que toman como
dalosos reconoc1m1entos e crel
tt· 1· por miJ· así cobró Carlos de
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esos y os mu 1p 1can
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o 4· y otro tanto pero multiCastro en 187_1 ~n cMred1to lmHu tip acay ~is:Cl~ussen con un terreno sub•
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ihº, BatUe y al que BatUe clavó en la cruz
Este fue el Uruguay que rec JO
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tardad moderna. ero, e aro
'
de su prob1 a y meo ', .
dºar las deudas espúreas, organizar el
lo que hizo, sanear el cred1to, r?u 1
arte de las rentas al ciclo proaparato tributario moderno y vo car ~~n ~ah, asistido alelada a· los fueductivo justamente porque su generac10n , 1a
. .
gos artificiales de la especulación de la belle epoque fmJSecu 1ar.
. , d 18:i l " a uete" de la Consolidada que
La escandalosa convers1on e . ,' e p. q
fu dación
iebra del
realizó Reusen 1887 con la conversJon Barmg, la n_, e 1~ :ntalidad
Banco Nacional y crisis del 91, provocaron una erupc1on n
económica de la época.

173

En esos años finales del siglo XIX y de principios del XX, los nuevos
hombres de la industria y ganadería capitalista, los Vidiella, Serrato, Acevedo, Gallina!, Barreiro y Ramos, Lanza, Caviglia, etc., eran los representantes de un mundo de valores totalmente distinto, donde la burguesía había
por fin interiorizado la libre concurrencia de los capitales en la deuda pública como el acceso democrático, igualitario y proho de todos los poseedores de capital a la suscripción del crédito público, que debía además ser
el instrumento de las inversiones reproductivas. Eran ya la burguesía nacional, pujante, austera y honrada.

LA HISTORIA CONVULSA (1851-1859)
El Gobierno de Juan Francisco Giró, fruto de un compromiso político,
férreamente vigilado por el Imperio brasileño y las potencias europeas,
caminando sobre el filo de una navaja, debió enfrentarse a una situación paradoja!. Dirigía un país sin rentas, o mejor dicho con rentas que
estaban en manos de particulares. Incapaz en un principio de enfrentar a
los "propietarios" de las rentas públicas contrató para salir de sus primeros apuros un empréstito de 300 mil pesos y declaró las tierras públicas
afectadas al pago de la deuda general. Al mismo tiempo las cámaras autorizaron al gobierno a proceder al arrelgo, clasificación y liquidación de la
deuda, previa venia legislativa. Como en 1853 aún nada habíase resuelto
sobre el tema, las cámaras autorizaron al gobierno a contratar un empréstito de un millón de pesos, pero como de todos modos subsistía el problema de fondo , el gobierno nombró una com_isión de 30 personas. La-Comisión, sabedora del aluvión de créditos a liquidar, consideró necesario acceder a la conversión y consolidación de la deuda general mediant_t un empréstito de 8 millones de pesos y otros arbitrios para el servicio de la conversión y de los intereses que variarían según el origen de la deuda. Para
entonces la comisión que recibía la información sobre los créditos contra
el Estado la estimaba en 30 millones de pesos, que devengaban J millón
230 mil pesos anuales de intereses.
En abril de 1853, propuso el gobierno se le armara desde ya con rubros capaces de realizar la amortización cuando se finalizara la liquidación de la deuda, pidiendo se autorizara la creación de una caja de amortización que recogiera los fondos de los diversos arbitrios amortizantes.
Poco después el gobierno presentó un proyecto de clasificación de la
deuda según una jerarquía que recibiría diversos abatimientos del monto. De todo lo discutido sólo se transfonnó en ley un proyecto de Eduardo Acevedo, por la cual se creaba la ~a de amortización y rescate a la
puja de la deuda general del Estado, que recibiría el 5°/o de, prácticamente, todas las rentas del Estado.

�174

Siglo XIX

J. C. Rodríguez: Los grandes negocios en Uruguay
Entretanto la Junta de Crédito Público informaba que la estimación
de la deuda reconocida llegaba ya a 40 millones de pesos y que toda ella
se hallaba ya en manos de un escaso grupo de especuladores que había
comprado los documentos originales a precios ruinosos, cuando no casi
gratuitos (los sueldos incobrados se habían vendido al medio por ciento) y caJculaba que, con exageración, los 40 millones habían sido comprados al 10°/o de su valor por especuladores que esperaban agazapados el
arreglo de la deuda.
Como el país así endeudado era una bicoca se vio a truhanes de todo
género (Gounouilhou -el popular Guruyú-, Agell, Murguiondo, Maines),
poseedores de 3 millones
500 000 pesos adquiridos por algunas decenas
de miles, o como f'emando Menck, en representación de inversores franceses, o a Jaime Estrázulas (en representación de conspicuos comerciantes extranjeros y caudillos rurales agrupados en una "sociedad de población y fomento"), ofrecer increíbles contratos supuestamente capaces
de aliviar al país del peso de aquella deuda de granito.
Las cámaras, muchos de cuyos integrantes participaban del cohecho,
aprobaron algunas de esas propuestas, cuya total inviabilidad fue en definitiva la que ahorró al país las terribles consecuencias que aparejaban.
Una accidental formación política que jugaba a la baja tuvo la nefasta idea de inaugurar en todo el planeta la creación de la deuda por perjuicios de guerras a particulares Qey de 14 de julio de 1853), cuerda con la
que nos ahorcarían sucesivamente los gobiernos inglés, francés, italiano,
español, brasileño, y cuanto selenita tenía en el Uruguay un compatriota,
haeiéndose pagar onza sobre onza los más funambulescos montos de
"pérdidas", cuyos expedientes de liquidación se inventaban como folletines por entregas, y fueron posteriormente cobrados a libro cerrado y
puño en alto por los embajadores extranjeros. Y como el país exhausto
y hepático rechazaba una taza, las cámaras le ofrecieron dos con la Ley
de Reforma Militar, que suponía el retiro del supernumerario plantel de
oficiales sin guerra a la vista, mediante el precio de 2 a 6 años de sueldo.
Pero había un sector, rico, restringido y en lo fundamental integrado por comerciantes extranjeros residentes en el país, que no hallaba satisfactorio el curso de las cosas. Formado principalmente por acreedores hipotecarios y prestamistas con contratos bien timbrados, habían
recibido y administraban con sus propios empleados, la aduana, la oficina
de patentes, mercado, correos, etc., ya desde los años anteriores de la
Guerra Grande. A estos ricos, bien situados y protegidos, acreedores ex·
tranjerus, no les gustaba que se jugara con sus contratos ni aceptaban que

175

se arrojase al fondo común de la de d
.
gocios de remate de rentas y c trutoa generfal sus muy bien cotizados neC d
on a s con ondos amortiz t
.
uan o obedeciendo a la resolución d I . Asambl
_an es propios.
la administración de las ofic•
d
e a
ea, el gobierno les quitó
•
mas e rentas con las que eU
gah
,
mJSmoas religiosamente los honorabl
.
os sepa an a s1
nas y los rematadores d~ las d , es miembros de la Sociedad de Adua.,
emas rentas arquearon la
·
.
peccion y pensaron que el p ,
b '
,
s ceJas con c1rcunsa1s comenza a a escaparseles de las manos.
Cuando el gobierno empezó a ne .
. .
rentas a quienes le prestaba d'
gociar anticipos sobre esas mismas
n meros en sus urgenc· d I d, 1 .
grey d e acreedores no pudo
.
ias e 1a, a Vieja
más a los prestamistas de h
menols qdue colegir que el gobierno amaba
.
ºY que a os e ayer Homh
.
Y d e paciencia regular no se lanz
·
res poco angustiados
da porque hubiera debido cobrar:;: a v~nigÍ s~s documentos de deuellos, aunque más no sea por un de·o ~:s e
o e su v~or original, y
aqueJla caterva de bandido
J
orgullo, no quenan transar con
s que ya comenzaban a llamarse "bajistas".
Comenzaban a desperezarse -aún no a dese erarse
. .
vestíbulos de sus respectivas emha'ada
sp
- y a as1Stir a los
nes de moda donde
d,
:J
s, y de tanto en tanto a los salo,
po 1an conversar co
fi ·a1
uJ
Asamblea en pleno furor ba. i t
. . , ~ o c1 es e tos, cuando la
tratos " quirografiarios" con / s ~ decid; mvelar _sus sacramentales conjuicios de guerra" y "reform~ ~ =es'~ :euda rnventada por, los " perso de los que ya comenzaban a llamarse·.. n~onc~ h~t~ _el mas perezolución como una bofetada y se
. , alcistas recih10 aquella resopuso en acc1on.
El Triunvirato que s~cedió a Giró duró I d,
.
el general Flores consolidara su
di . , do~ ias suficientes para que
la situación del erario estaba baj;on c1~n e Jefe de gobierno, y como
fensa' aceptaron que po I
cero!, os. grandes acreedores de la Der o menos se es diesen 50 ·1
de la Aduana para la amortización d
, .
m1 pesos mensuales
tas de papel sellado y mere d F e sus cred1tos y el 50°/o de las ren1
a o. ueron anuladas por ...
al " ¡
eyes que había creado la "ba'ista" C . d
. ., mmor es as
la deuda pública y lo
~
. ªJª e Amortizac1on y rescate de
,
s arreglos particulares ea1i d
dores de deuda a la ba1·a Pe
lb
r -~ª os con 1os compra. ,
. ro como e ruta! ba,on de 1
rrut,a componendas Flores d . , d
li
,
as rentas no adnas y se enruló en' un sub -d~Job e ·1c~mp r con la Sociedad de Aduas1 10 ras1 eno de 60 mil
,
pesos mensuales, y
dado que los contratos en el U
ños acamparon en Montevideo. ruguay poco vahan, 4 000 soldados hrasileDe acuerdo con los tratados e . .d
.
llegar al arreglo de la de d
XIgid os por Brasil, el gobierno decidió
. d
u a contratan o con Femando M k
,
hto e 12 millones de pesos L d . .
.,
, ene un empres·t
d
.
·
a
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mmistrac1on
aprobo
ade
,
,
t1 o e 2 millones par
r Rf
..
mas un empresa cump tr Ia e orma m1l1tar y una nueva ley de con-

�176

Siglo XIX

solidación que reconocía como deuda la liquidada por la Junta de Crédito
Público (la misma que antes se había rechazado_f&gt;r inm?r~), compl~tando
aparentemente el círculo de la perfec~a ope~ac10n hols1s~ca que exige que
primero se clame contra la deuda espurea (jugar a la baJ~) y luego se considere su pago como una cuestión de honor de la nac1on Gugar al alza).
Para entonces laJ unta estimaba la deuda general en 48 000 000 de pesos donde titilaba con detonante brillo la cifra de 23 000 000 por sueldos
atrasados bocato di cardenale de los usureros de levita, que habían comprado ~ hermoso paquete de deuda en poco más de 100 000 p~o~;- la
Junta comunicaba que en la cifra no se hallaban computados los per.JUICI~
de guerra y suministros de ganado que ya andaba p~r los 12 000 000_, ?1
los 2 millones y medio de otra deuda externa, el millon y pico del subs1d10
francés y el millón y medio del brasileño.
Cuando la Junta estimó finalmente la deuda de carácter interno en
60 000 000, no supuso jamás que los "perjuicios de guerr~" la har!an trepar
otro poquito h·asta los 100 millones. La Junta propogia amortizar sen:ie_jante deuda en 32 años a un precio no mayor del 25 ~o de su_ valor origi·
nal. El plan de consolidación de julio de 1854 fracaso estrepitosamente,
amortizándose a menos del 4 °/o los primeros documentos pre~~t~dos, de
modo tal que el gobierno en 1855 estableció que no _se admitir~an propuestas que superasen el 5°/o del precio eriginal. Alguien estaba ~ugando
nuevamente a la baja, lo que parece tonfirmarse cua~~o se lee el mform~
de la Junta de crédito público, donde la deuda clas1f1cada llegaba en diciembre de 1856, a 102 572 240 de pesos, apenas 50 años de presupuesto
nacional.
Los fatigados ingleses integrantes de la ~ocieda~ de Aduanas !~~aron
por fin que la embajada inglesa respaldara e mspecc1onara el cum~limiento
de un contrato arrancado al gobierno de Flores, por el cual un mto~~le
octavo de la renta de Aduana debía dedicarse mes a mes a pagar s~s vieJOB
créditos... y el costo de las tropas de marinería ingle~ en la capital que
habían aprendido del Imperio brasileño cómo se garantizaban los c~ntra·
tos en el Uruguay. Así garantizados, su l 077 000 pesos, los comerc1ant~
ingleses de Montevideo se repatingaron en sus s~ones y vieron entonces si
con inocultable alegría, cómo el resto de los onentales se despedazaba en
el jueguito de alza y baja ... con la d~uda de otros_. Pudo entonces aceptar
que el gran jugador a la baja, don Irineo Evangehsta de Souza, ~arao de
Mauá, repleto ya de los Bonos de la Consolidada co~prad~ en c~as que
iban del 1 por mil al 3°/o, hiciera uno de sus _neg~~1os del siglo (hizo muchos en el siglo) con la grande y famosa Consohdacion del 59 •
Cuando los bolsillos de Mauá se hallaban desbordantes de Bonos de la

J. C. Rodríguez: Los grandes negocios en Uruguay

177

Consolidada, cuando comprendió que la cabeza ya se estaba uniendo con
la cola, es decir cuando aquellos Bonos debían por fin convertirse en onzas
de oro sellado, ruvo la indescriptible suerte que las Cámaras declararan cerrada la conversión de la deuda por perjuicios de guerra en Bonos de la
Consolidada, impidiendo de ese modo que los Bonos por él comprados de
tanto acelerar en la baja llegaran al abismo de venderse a menos de lo que
por ellos había pagado.

DE LA CONSOLIDACION MAUA AL AÑO TERRIBLE (1859-1875)
A me~iados de 1~59, don Andrés Lamas, en representación de Uruguay, y
el Baron de Maua en representación de un grupo de acreedores formalizaron un convenio por el cual todos los créditos convertidos en Bonos de la
Consolidada se le aceptarían al 5°/o de su valor, y todos los créditos (fundamentalmente sueldos devengados desde 1854) de la Deuda Exigible se
le aceptarían al 10°/o de su monto original. A todos los acreedores que firmaran el convenio se les entregaría títulos de Deuda Fundada (la. serie) con
6°/o de interés anual_ y 1°/o de amortización anual a la puja (si los títulos
se halJ~an por dehaJo de la par) o a sorteo (cuando estuviesen a la par o
por encuna de ella); como garantía se destinaban el 2°/o de importación el
4°/o de exportación, cuyas cantidades serían depositadas semanalmente,en
el Banco _Mauá (fundado en 1857). La Ley que aprobó el convenio, exigió
que los firmantes por lo menos reunieran 80 millones de pesos nominales
de Bonos Consolidados y extendió a 5 años el plazo dado a los acreedores para entrar en el Convenio. Cuan.do el arreglo se hizo definitivo, 89 millones y medio de pesos de la Consolidada se transformaron en la Deuda
Fundada de 4 790 713 pesos con un servicio mensual de 28 744.
En febrero de 1860, 80 millones de Consolidada habíanse transformado en Fundada. Andaban por ahí 14 millones de pesos que remoloneaban sin querer aceptar el quebranto. Ya volverían muchos de sus tenedores, diez años después, briosamente enhorquetados en un ministerio, a hacer su propia conversión a un tipo que haría poner amarillo de envidia al
propio Mauá.
El peor de los arreglos de la deuda pública, por más que haya sido fru.
to de una operación de bolsa siniestra, por más que signifique que un grupo de especuladores le junte la cabeza a centenares de pequeños o medianos especuladores, siempre que posea un regular y no demasiado oneroso
servicio de amortización, era una bendición para el Uruguay que recibió
d~n Bernardo Berro en 1860. De ahí que por más que 4 millones y medio de pesos era una deuda terriblemente alta, era por lo menos una cifra
terrenal, lejos de aquella sideral, superior a los cien millones, que ni se pa-

�178

Siglo XIX

gaba, ni estaba garantizada, ni daba paz a los hombres en su perpeluo darse
de codos para cobrar los unos anles que los otros. Corno todo triunfo
espectacular de una muy bien colocada pandilla de bolsistas, era por fin
un triunfo, y por lo tanto un tratado de paz en la Bolsa. De tocios modos, era esperable, y los primeros años de gobierno de Berro así lo confirmaron, que el crecimiento económico del país abatiera el ¡,orcenlaje anual
de cada presupuesto destinado a la amortización de aquella accidentada
deuda pública.
Pero estaban los derrotados. Estaban aquellos que no aceptaban arrojar el valor de sus documentos de crédito al fuego de la conversión con un
quebranto del 95º/o, estaban los ricos comerciantes ingleses, franceses y
los hacendados brasileños. que se consideraban demasiado poderosos para
comer la migaja de la Conversión al 5°/o. El fuego fue roto por ingleses y
franceses residentes en el país, que llamaron en su auxilio a sus respectivas legaciones para que cohonestaran con amenazas y con la armada en el
puerto de Montevideo, que ellos no eran acreedores como aquellos que
Mauá había comprado al uno por mil. Ellos se llamaban Young, 'tirling,
Jackson, Tomkinson, Duplessis, Mclntire, McEachen,McColl, Cash, eran ricos comerciantes; o poseían apellidos vasco-franceses y de creer sus expedientes habían poseído más ovejas que Australia. Ellos no solo se cobraron lo que quizás habían perdido en incidentes bélicos, sino lo que hubieran podido perder. Cobraron sustos, incomodidades, fantasías, todo a Ji.
bro cerrado. El gobierno de Berro, por más que mostró en la oportunidad
toda la dignidad de que era capaz, debió resignarse y aceptar el reconocimiento de la llamada Deuda-Franco-Inglesa con un capital de 3 millones
200 mil pesos.
uevos e insatisfechos acreMores, y los llamados acreedores hipotecarios que poseyendo rentas amortizantes propias no habían acudido a la
Conversión de Mauá,aceptaron convertir sus créditos en la llamada Deuda
Interna de 1861 que se vio enormemente acrecentada con motivo de la
invasión de Flores y de los gastos de guerra consiguientes. Acudieron solícitamente a la suscripción lanzada en 1863 el Banco Mauá, el Banco Comercial y la Casa Platero, que tomaron 2 millones y medio de pesos
(1 550 000, 250 000 y 700 000 respectivamente) al ruinoso tipo de
40-40 1/2°/o. El fuego de la guerra impuso al gobierno de Berro someterse
casi incondicionalmente a la bolsa de Mauá, quien por convenio celebrado
en octubre de 1863 se constituyó en proveedor de fondos del gobierno
hasta la suma de 6 millones nominales al 4!J°/o, bajo el rubro Deuda Interna, comprometiéndose el gobierno a no hacer otras emisiones bajo dicho
título.
El apoyo financiero que Mauá ofreció al gobierno de Berro provocó

J. C. Rodrí((UPZ: Los grandes negocios Pn Uruguay

179

la ira de Flores, quien amenazaba continuamente a los prestamistas con
desconocer por siempre jamás la validez de los títulos de Deuda con que
creían estar garantizados. La preocupación de Mauá ante tales amenazas lo
obligó a aprovechar la autorización legislativa y emigrar a Londres donde
convirtió 4 millones 700 mil pesos de Deuda Interna en el primer empréstito externo que oprimió al país: el Empréstito Montevideano Europeo
por un millón de libras esterlinas.
Cuando Flort"s se recibió del gobierno tuvo a bien enterarse 1¡ue como
consecuencia de la invasión y guerra por él precipitada, la deuda pública
del Uruguay había pasado en dos años aproximadamente de 6 a 12 millones de pesos (7 millones localizados en Montevideo y 4,7 en Londres).
[ra el turno de Flores. Para abrir el apetito, los herederos de la Casa
de AJzáihar-Solsona, Lavalleja, etc., habían logrado que se les reconociese
el derecho a 250 leguas cuadradas de tierra; de inmerliato cedieron sus
derechos a los Magariños Cervantes, a Samuel Lafone y al grupo RowleySolsona. Estos, ávidos por hacer fructificar aquellas inconmensurables leguas no encontraron mejor expediente que aprovechar la ausencia de los
que guerreaban en Paraguay para ocupar sus campos. El escándalo fue tal
que Flores se vio obligado a detener la inicua acción, canjeando sus derechos a "ubicar tierras fiscales" por los títulos de deuda de Rescate de tierras que en enero de 1869 alcanzaba ya a 2 millones de pesos.
Para todos los gastos de guerra efectuados por Flores como para los
sueldos impagos de sus oficiales y tropas y demás créditos, a fines de
1866 se estableció una comisión encargada de estudiar las reclamaciones.
En enero de 1868, los acreedores reconocidos fueron llamados a convertir sus documentos en títulos de Deuda Jnterna (2a. serie), cuya emisión
fue cerrada un año después con el bonito rubro de 6 838 676 pesos. En
1867, Mauá reconciliado con Flores realizó un convenio que dio lugar a
la Deuda Fundada, 2a. serie, por casi 2 millones. Por último, Los subsidios brasileños aumentaron la deuda nacida en 1851 de 1.7 millones a
más de 3 millones. Era el carnaval. A fines de 1868, el Estado se reconocía deudor por 31 millones de pesos. Se estaba nuevamente a fojas cero.
Cuando el general Lorenzo BatUe ocupó el gobierno, los amagos revolucionarios de Máximo Pérez, Caraballo y sobre todo la larga y devastadora "revolución de las lanzas" de Timoteo Aparicio, aumentaron hasta
el paroxismo la deuda pública, pero nada de ello fue tan importante como
el desbarajuste que sobre el fisco produjo el desastre bancario y la incontrolada emisión que sin respaldo fue enjugada por el gobierno mediante un
nuevo empréstito extranjero, el "Empréstito Uruguayo", celebrado en octubre de 1871, por 3 millones y medio de libras esterlinas, destinado en su

�180

Siglo XIX

mayor parte a enjugar los 7 millones de billetes sin respaldo. El Empréstito Uruguayo por un valor real de 10 472 673 pesos, comprometió al país
en 16 450 000 millones de pesos, pero ni aún aquella cifra llegó físicamente al país, porque por comisiones, primera cuota y otras yerbas, llegaron realmente al país, 8 695 000, o sea ¡ ¡la mitad!! ¡ ¡La usura inglesa
era así más del 50º/o1 ! Terminada la guerra civil, diversas emisiones de empréstitos ("Pacificación", la. y 2a. serie, "Consolidados del 72", etc.)
empujaron la deuda reconocida a 40 millones de pesos, cuya cifra siguió
creciendo bajo la administración Ellauri (fue en su período que la Legación
italiana arrancó su famoso crédito de 1 millón 200 mil pesos por perjúicios de guerra a sus connacionales en la Guerra Grande!!).
En 1873, la situación financiera del Uruguay era si se quiere terriblemente peor que aquellos divertidos años de 1854, en que la deuda estaha estimada en 116 millones de pesos. En esta fecha, se sabía que tal
cifra era meramente nominal, y toda la riña se hallaba en quién atrapaba
el negocio de la conversión y a qué tipo de quebranto se realizaría. Pero en
1873 era sustancialmente distinta. La deuda era en cifras, inferior a la mitad, no alcanzaba quizás a los 50 millones. Pero los tenedores de esta deuda no eran de arrear con el poncho ni se iban a dejar convertir sus papeles
con un quebranto del 95%. 16 millones se hallaban en Londres y en Londres nadie jugaba a las muñecas. 2 millones y medio era perteneciente a la
Franco-Inglesa, cuyo servicio se cumplía como los dioses bajo la severa mirada de ambas embajadas. Y el resto se hallaba repartido entre los favoritos del régimen que estaban dispuestos a cualquier cosa menos a jugar a la
baja contra sus propios títulos.
Fue justamente para cobrarse esta deuda interna que frisaba los 19 millones y que se hallaba en sus manos, que el grupo de tenedores nacionales decidió hipotecar al país en otro empréstito extranjero que pagara en
oro los documentos que poseían. El país no podía soportar el pago anual
de 3 millones y medio por concepto de amortización e intereses. Esto lo
sabían muy bien los acreedores. En cualquier momento, y por cualquier
circunstancia, el fisco haría agua, y la suspensión del servicio de la deuda
llevaría sus papeles al abismo. En cambio, la conversión permitiría traer
oro al país, tonificar los negocios y reducir a la mitad el servicio anual de
la deuda. Si de este modo se hipotecaba el futuro y se ahorcaba a la nación bajo la cuerda inglesa no era asunto que preocupara demasiado a los
cortacupones de la nación charrúa.
Aprobada la autorización legislativa, partieron a Londres los Dres. Pérez Gomar y Bustamante, quienes ad referendum contrataron con Thompson Bonard y Cía. de Londres un empréstito con un quebranto del 25 °lo,
cuyo monto líquido dejaría 19 763 500, suficientes para quitar el susto

J. C. Rodríguez: Los grandes negocios en Ur"glJay

181

a los atribulados acreedores uruguayos y convertir su paquete de deuda
de incierto futuro en oro de contacto cierto. Las cámaras rechazaron el
acuerdo provocando gravísimas consecuen~ias con ciertos contratos recientemente realizados bajo la garantía de ser cubiertos con el oro de la
conversión inglesa. "La situación es a:fligente -diría un ministro de hacienda- y no podemos demorar, porque el agua nos llega a los labios".

EL DELIQUIO DE LAS CONVERSIONES (1875-1887)
Las cámaras prefirieron que el a1:,rua les llegara a la coronilla, por lo cual no
puede extrañar 11uc el 15 de enero de 1875, hubiera 1¡uienes creyeran necesario derribar al gobierno y ver •Jué pasaba con la dictadura. Pero la situaciún había llegado al término previsto por aquellos IJUC habían perseguido la conversión externa. El país, además gravemente empapelado por
emisiones de bancos privados sin respaldo, llegó al límite de sus fuerzas y
el 27 de marzo de 1875, se suspendió el servicio de las deudas nacionales
y de la externa; de la bancarrota sólo se salvaron la deuda franco-ingfosa
y la italiana.
'
La situación llegó a su peor grado al comienzo del año 76. Los títulos de deuda se cotizaban entre 15 y 21, y a,¡ucllos 11ue en esos meses compraron los depreciados títulos de deuda interna, debieron ser conceptuados o demasiado locos o demasiado clarividentes. El caos en la Bolsa y el
boicot orista derribaron al gobierno de Varela-Lemus y dieron paso a
Lorenzo Latorre. Los arreglos hechos por éste con los tenedores de títulos elevaron sus cotizaciones casi al doble, por lo que en pocos meses los
compradores a la baja de febrero vendieron al alza a mediados de año, duplicando sus inversiones, exactamente poco antes 1111e en 1877 el gobierno
volviera a incumplir el convenio y dejase de pagar los servicios de la deuda. Las violentas oscilaciones de la Bolsa entre fines del 74 y mediados del
77 son quizás uno de los períodos más interesantes para la técnica de las
operaciones de Bolsa y para probar la sólidez cardíaca de sus participantes.
Las conversaciones iniciadas con los tenedores de deuda interna y externa a fines de 1877 y los buenos auspicios con que fueron realizadas elevaron su cotización de tal modo, que los arreglos ,lefoútivamente firmados
en 1878 estabilizaron las cotizaciones de la deuda interna entre 30-35 e impulsaron la deuda franco-inglesa y la italiana a 65-75. Como éramos pocos,
la deuda pegó otro cstironcito con el reconocimiento de la deuda francesa
por subsidios (2 millones) y las garantías al ferrocarril inglés (otro milloncito).
Al finalizar 1879, la deuda consolidada se hallaba en 30 millones y la

�182

Siglo XIX

pendiente de arreglo en 9 más. En la administración Santos-Vida] hasta
mediados de 1882 se reconocieron viejos créditos y se contrataron nuevos
em1,réstitos por casi 10 millones. El país estaba maduro para otra conversión. Todo comenzó con un nuevo convenio con los tenedores de deuda
interna con los cuales se convino un nuevo plazo de diez años y un servicio mensual de 105 mil pesos oro con amortización a la puja. La operación fue en realidad una excelente operación de bolsa realizado por los
favoritos del régimen.

AJ comienzo del 82, bajaron las cotizaciones de al¡.,'lmús papeles, y los
rumores inciertos sobre la finalización del convenio del 78, hi:r.o 11ue el grupo bajista incorporara a su cartera la mayor parte de los títulos de deuda
interna. Fueron ellos 1¡uicncs celcbrar011 el convenio del 82 y quienes se
garantizaron a sí mismos un servicio decoroso pero firme para el pago de
esos títulos. El mejoramiento de la balanza de pagos del país permitió al
1nismo tiempo vislumbrar con cierta esperanza la posibilidad de una conversión extc-rna de la deuda. De tal modo, los papeles tJue al nacer 1882 se
hallal,an entre 20 y 35, fueron convertidos (luego de una acelerada alza de
los valores) en mayo de 1883 en una escala que iha del 75 al 100°/o de
su valor nominal. Fue seguramente la más grande y mejor organizada operación de bolsa t¡uc haya realizado jamás un grupo alcista en el país.
El "Empréstito Urúficado" fue aprobado el 12 de mayo de 1883 bajo
el ministerio de José Ladislao Terra, primo del Barón de Mauá. Su destino
era retirar el "~mpréstito Urub'l.1ayo" radicado en Londres, y todas las deudas internas consolidadas, mediante la emisión de un nuevo empréstito en
Londres. El 18 de octubre de 1883 fue aprobado el contrato con la casa
Thompson Bonard y Cía., que suponía la emisión de 11 127 000 libras
esterlinas nominales.
El defecto capital de esta combinación financiera - diría años
después Eduardo Acevedo- consiste en el abandono del sistema
ya definitivamente conquistado de la amortización a la puja, imponiendo al tesoro público la obligación de efectuar el rescate sobre la base del valor escrito.
Efectivamcntl\ los 11uc enhebraron, bordaron y cerraron la operación de
alza de valores de 1882 a 1883 y la conversión, la habían realizado para
hincharse de oro a reventar. Veamos el increíble curso de esla operación
financiera.
'
La administración Santos finalizó con continuas emisiones de deuda, particularmente bajo el rubro de la llama1la Deuda Consolidada de
1886, cuya 2a. serie fue lanzada por Taj(·s apenas tomó el poder en no-

J. C. Rodríguez: Los grandes negocios en Uruguay

183

vie~re del m~mo año. Por el canal de esta emisión fueron emitidos gran
cantidad de millones de pesos de deuda a un tipo lamentable de alrededor del 50%. Era demasiada carnada para una caña como la que usaba
Emilio Reus y su pandilla.
Denominación de

Antes de

la Deuda

aprobarse
la ley

"Billetes del Tesoro"
Títulos adicionales.
Empréstito Extraordinario .....................
Empréstito Extraordinario, 2a. serie ......
Deuda Fundada, 2a.
serie (bis) .................
Empréstito Pacificación, la. serie..........
Empréstito Pacificación, 2a. serie...........
Deuda Rescate de
Tierras......................
Otras deudas.............

Cotización en el
momento de la

Tipo a que se
convirtió (º/o)

la conversión

58
48

72
61

126
100

48

55

100

46

52

100

46

51

100

44

51

100

44

51

100

44
10-35

49
15-40

100
30-78

En los primeros días de 1887, una febril actividad se produce en la
Bolsa, un desconocido grupo de inversionistas, cuya residencia se halla
en Buenos Aires, comienza a comprar febrilmente los bonos de la Consolidada del 86. El año 87 se abre con los Consolidados a 55 en febrero
están ya a 60, marzo cierra a 82 , de allí emprc11J,c11 una veloz 'carrera 1,ara
saltar a 96 en mayo. Quienes se habían dedicado a inflar los valores de los
Consolidados del 86 (Aquí estamos comprando Deuda Consolidada de la
la. Serie, desde el día en que se pusieron de mal humor unos cuantos bolsistas, dice Emilio Reus en La Nación del 28 de abril de 1887), sabían lo
1¡uc hacían. El 29 de julio de 1887, cJ gobierno fue autorizado para contraLar con el Banco Inglés del Río de la Plata un empréstito de 20 millones
destin~do al rescate en metalico a la par de las Deudas Consolidadas, la. ;
2a. sene. A,¡ucllo era un negocio dodccaé«lrico. Realizado en definitiva el
empréstito con Baring Brothers, el país reconoció una deuda de 20 millones, de Jos que recibió 15 y medio para pagar en oro, 12 millones y medio de ~onsolidados del 86 a la par, y que antes de que Reus los acaparara ten1an un _valor de Bolsa de 6 millones. Fue con ese oro que se fundó
el Banco Nacional. Reus no era un banquero, era un prestidigitador.

�184

Siglo XIX

EL CREDITO PREBANCJ\RIO

El establecimiento dd crédito privado en el Urut,ruay conoció los humildes
orígenes que suelen hallarse detrás de los pn.-stigios de la b~nca escocesa_o
de los Bancos de Inglaterra y de F'ra11cia. En la época ~loma], ~le lenta c_irculació11 &lt;le mercancía transoceá11ica, la moneda metálica deb ta ncccsanamentc acumularst" en mayor proporción c¡ue la conocida en Europa en relación a la masa de mercancía circulada. A pesar de ser la Ba~da Oric~1~al uua
plaza relativamente cercana a las fuentes de produccwn me~1ca de
Potosí y Brasil, la moneda fue escasa y tendió a atesorarse ~o solo por
los hábitos prccapitalistas, sino y sobre todo por~1uc la m_oclal1d~d del ~omercio así lo exigía. , ólo los grandes 111011opohstas -: Vilanlcbo, l\1ac1_el,
Magariños, J11a11icó, etc.- dispusieron drl 1·xcc5? de circulante nccr5:1~0,
y en esa condición fueron tcmpranamc11tc los pnmcros agentes del c~d1to
privado a los escasos eslabones mercantiles de la estructura de su epoca.
La ruptura del monopolio español - coincidente ~011 d proceso de independencia- y la sucesiva inserción de la ~anda Onen~ en l?s conglomc:rados monetario-financirros de Buenos \ires ) de Brasil, traJcron a¡,an·jados profu11dos eamhios. Por 1111 lado, la a_Ita valorización d~· los prod~ctos exportables nacionales y la ma) or vrloc1dad de los cambios co111erc1alcs produjeron un ritmo mucho más alto de afluencia del rnctal, c!uc no St'
tradujo necesariamente en un balancc· favorable por la coi:respomhenlc' elevación de las importaciones. Esta ''escasez'' de ml'lal '.'º nen_~ 11ada 1¡11t· vc·r
con la antigua, se procrsa en un momento en c¡111· la circulae1011 de mercancías c•s 111uclias veces mayor, y en c¡uc ha invadido vcrc·das antes 110 fn•.
cucntadas.
Por otro lado la Banda Oriental conoce por primera vc1. la emisión de
papel bancario - s~rgido del Banco de la Provincia clc Bue11os \ircs ) la
invasión de la 111011eda fraccionaria clr cobrc· brasileña. La galopante ) desmesurada emisión de: ambas especies, no sólo 110 se detuvo e~ la Inclcp~·!•·
tlrncia de 1828, sino 1¡uc aumentó vertiginosamente por la mtro~ucc!1111
en especial de la mom·da de vellón brasilciia. El Urugu~y se asomo a~• l'll
1830 con un mercado dinerario totalmente corro111p1do y dcpend1l'nt1•
de- centros c·conómicos 110 manrjables por la I lacimcla pública nacional.
El cobre brasileño en especial. sobrcprcciado un 35°/o en \lontevideo
con relació11 a Río dt· Janeiro, fue 11articularmentc i111¡,ortado por el grau
comercio montevideano vinculado a ac¡urlla pla1.a, eonstitu)c111lo así un
fraudulento mc,lio de acumulación cli· ga11a11cias) di' distorsión de nuestro
mercado. '\l mismo tiempo, el litoral urugua) o y en especial el "hintc·rland" ,¡uc iba de Colonia a Mercedes usaba rl billete argentino con prrfc·-

J.

C. Rodríguez: Lo, grande, negocio, en

Uruguay

185

rmcia a otros instru111cntos. Fue entonces una de las primeras providencias la de desterrar estas monedas c¡uc inundaban la plaza y provocaban el
atesoramiento de las buenas) antiguas monedas espaiiolas. Cna sociedad
de comerciantes, por suscripción rública, al tiempo c¡uc logró el retiro paulatino de la rmisic'm mediante un préstamo al Estado a111ortizablc con un
adicio11al ,le Aduanas, impuso en el país el primer antecedente de billete
11acional emitido 11or la misma sociedad, pero de inmediato cancelado, apenas la buena moneda afluyó nuevamente a la circulación.
Este lento proceso de deyección de las fiducias argentina y brasileña se
desarrolló desde 1825 a 1835 aproximadamrntc. Selló sin duda la conciencia de los co111ercia11tes c¡ur en esa época ad,¡uirieron sus primeras armas de
la ciencia económica. Desde rntouccs, u11a larvada co11eic11cia orista y despreciadora del curso de los papeles 1¡uc Juraba11 pagar oro al portador y a la
vista se fue gestando ya no sólo en los eslabones comerciantes de la sociedad, sino incluso cutre los gaucl1os ,¡uc habían anuado sus cigarrillos con el
deprcciacl ísi1110 papel del Banco dr la provincia de Buenos Aires. La sociedad oriental se su111crt,rió nm·varnentc en el n1u11do monetario y bancario
porteño, claro está, durante el período 184.3-51, } sin oh'Ídar esa nueva
experiencia papelista de la campaiia oriental, alcance con pensar c¡uc el
Uru¡.,rua) independiente ) comerciante leía atentamente las locas aventuras
de la depreciación del papel argentino dura11tc las décadas de 1820-50.
o 1111cdc extrañar entonces c¡ue el primer senado posterior al pacto
ele la unión del 5 l, fuese extremadamente dcscon fiado y pacato e11 el tratamiento de los J.lroyectos dt• fu11dación de bancos &lt;¡ur fueron surgiendo.
La deficfrntr experiencia papelista de 1825-34, y la tradición aún 1,cor del
proceso monetario y bancario argentino, furron los primeros tratados de
economía política ,¡ue leyeron los financistas de entonces.
También el crédito público, las urgl'llcias dinerarias del gobierno provocaron en nuestro país los primeros amagos de casas dedicadas al descuento de documentos y tomadoras de letras de tesorería. ~in olvidar c¡ue muchos y ricos comerciantes ejercieron dichas funciones durante las presidc•ncias de Rivera ) Oribe (tales como Juan \1aría Pércz, Jorge ) Ramón
de la Carreras, etc.), un grupo financiero (Agustín di' Castro, Antonio
\1ontcro, i\ntonio \1aría \1arc.¡ues Guirnararns, Domi11go \ á:r.c¡ucz, José
\1aría Estévc1., Cayetano Regalía, etc.) fue el primero c¡ue contrató con el
gobierno (ministerio Lucas Ohes) la provisión regular de fondos en cuenta
&lt;'orricnte, emitiendo sus propios documentos privados c111c circulaban
como billete de buena ley t·n las transacciones usuales del comercio.
La debilidad drl crédito público y la insaciabilidad de Rivera, y sobre
to1l0 el enfrentamiento del grupo de comerciantes dirigido ¡,or Juan \1aría

�186

Siglo XIX

J.

Pérez, no sólo provocaron la derrota de esta primera experie~cia semi~ancaria, sino incluso la estrepitosa 11uicbra del grupo prestanusla Y ennsor.
En el período 1835-1851, '\1ontevideo sólo conoci~ la ma}or o me,~or
seguridad de los documentos ele los principales comcrc1~ntcs, 4ue pod 1an
circular con cierta reguJaridad asistidos o no de los sucesivos endosos_en ~a
medida en que su primer emisor fuera, por demás, fuerte ~ seguro cap~talista. 0 fue entonces, sino después de 1851, en 1p1e el l'ª's se enfrento a la
ncct"Sidad de solucionar la creación de una estructura bancaria.

LA DISCUSIO

TEORICA

Inmediatamente de la paz del 51, y antes de la fundación d_c los Jtrimeros
bancos, tanto la Agencia Mauá, fundada para atender el trafic~ de _do~umentos de crédito contra el Estado, como la Sociedad de Cambios, CJ~fCleron sin reglamentación ni fiscalización de nin¡,runa clase las oprracio_nes
normales de descuentos de efectos del comercio y de letras d_c :csorena Y
de Aduana. Las antiguas Sociedades de Aduana, q_ue admimstraban las
rentas de exportación c importación, fueron necesanamc_n~c arrast~ad~ ~
tráficos similares, creando desde bastante antes las cond1c1oncs ¡1s1col~gicas y las facilidades comerciales 1¡ue terminaron por imponcrsr como 1111postcrgahles.
Las primeras discusiones sobre creación de b~ncos dividieron. ~a opinión entre la actitud conservadora - cuyos moltvos hc1~1os a,~~n,;ado
,1uc no aceptaba 1¡11e la e111isió11 de billetrs superara~ enca1c m~l?~co, )' la
opiniÍ&gt;n audaz de los jóvenes 1¡uc sostenían la vcnlaJa de la e1111s1on 1~r el
duplo y triple del encaje, basados en los resultados de las plazas financieras
desarrolladas. Con motivo de la discusión del banco propuesto por Men_c_k,
viosr ) a 1¡uc la mayoría de los csprcialistas co11cd.1ía anll· todo la func1011
bancaria como servicio particularmentr vinculado a las finanzas estatales,
pagando tributo desde temprano no sólo aJ prcsti~o del Banco ~e Inglaterra y de Francia sino, y sobre todo, al ~rra~o. CJem¡1lo ~aucano po_rtt·ño, CU}as notorias incapacidad1•s se 1·nknd1an fac1lmentc evitables n11·~1ai'.te la emisión contenida y el control público y férreo por parte de las_ mstitucioncs y d comercio. Pero no faltaron los pro) celos que en_tcn~I '.ªn la
funciún bancaria como u11 giro privado de irrestricto derecho 111d1V1dual.
Los 1 ►roy&lt;'ctos prcsrntados por Juan José Arkaga, Ambrosio V daY.ru y t''.1
¡,articular el de José Cabrid Palomc&lt;JU!', se amparaban en la muy con_oc1da &gt; exitosa organización de la banca t·scoc1•sa, por la_ cual se re~o,!ocia d
derecho de crear bancos a todos los particulares o sociedades anorumas de
n,-sponsahilit!ad ilimitada, con 1lerccho a emitir billet1:s ~e acuerdo a reglamentaciones corrt.-sporulicntcs. Oc lodos modus las opunones sobre la cr&lt;·a-

C. Rodríguez:

Los grandes negocios en Uruguay

187

ción de bancos no adt¡uiriero11 el tono de aííos posteriores. Será luego de
1865, }' en particular en los grandcs debates sobre libertad bancaria de las
cámaras principistas, 1¡ue los acton-s lanzarán sobre el ruedo el peso de las
contrapuestas opiniones de M. L. Wolowski (en especial "La question des
banques", París, 1864), de J. E. Hom ("La liberté desbanques", París,
1866), J. G. Courcelle-Seneuil (''Tratado teórico y práctico de las operaciones de banca", edición española, París, 1874) y de otros autores, que
en la década del 60 habían convulsionado Francia sobre las tesis enfrentadas de libertad bancaria y reforzamientos de los privilegios del Banco de
Francia.
El ¡•aís llegó hasta 1865 sin posl'cr otra lc¡,rislación fina11ciera 1¡uc la
que se resolvía en la autorización concreta a cada sociedad o persona que la
solicitaba. Y si en esa peripecia se fue resolviendo de hecho la libertad de
creación de bancos, no fue sino el 23 de marw de 1865 11uc, bajo el rubro
de reglamento orgánico de bancos, se consagró definitivamente el principio
de libertad bancaria con las restricciones que veremos en el período correspondiente, y que recogía en reaJidad las escaldaduras singuJares que el país
había sufrido en los 7 u 8 rulos de funcionamiento de los bancos de plaza.
Para entonces, el autor del Reglamento, do11 Tomás Villalha, poilría recoger aííos dl'spués (1868) la rxpt&gt;riencia urugua} a, afinnando 1¡ue ..1pcli¡,rro
no se haJlaba en la libertad de bancos sino en el demasiado estrecho contacto de los bancos con el Estado, cuyas aventuras financieras y descrédito
hah ían arrastrado al sistema bancario en su caída. El brra,1 comercio orista
} los representantes del Banco de Londres y Comercial hicieron oir su voz,
tambiÍ'n contra los bancos cursistas vinculados a las operaciones cll' gobi1•r110 ) a las cspcculaeio111·s Je Bolsa; y si bien, José Pedro Ra111írl':t., Elbio
Femández, etc., sostuvieron entonces lo irrestricto de la libertad bancaria
como única gara11tía 1lc funcionamiento r1·g11lar del siskma, era) a cvidcntt- 1¡11c la discusión de principios disimuJaLa aprnas la dl'fcusa de situaciones de hecho vinculadas a las tradiciones bancarias ('11frentadas en la rt·alidad del país.
Cuando e11 1873 José Pedro Ra111 írez sostuvo nucvament1' la libertad
absoluta de c111isió11, par('cía difícil qui' el Júpiter d1• los irrcstrictos derecl1os individuaJt•s se topara con u11a cámara legislativa 111ás papista 1¡u&lt;' el
papa } c¡U(• votaba corazón contento el derecho de todos los habitantes de
la república para emitir notas y billetes por cuaJ1¡uicr cantidad, convertibles a la vista en metálico. La violencia con c¡ue sc enfrentaban los partidarios de entonces impidió toda innovación sobre el reglamento de 1865, que
no sufrió prácticamente cambios hasta el surgimiento del Banco acioual en 1887.

�188

Siglo XIX
J. C. Rodríguez: Los grandes negocios en Uruguay

SE VIENEN LOS BANCOS... !!
En 1854, el diputado Hordeñana presentó en Cámara w1 proyecto ,¡ue
autorizaba al Poder Ejecutivo a promover la organización de un Banco Nacional de Descuentos y Depósitos, con facultad de emisión, pero sin curso
forzoso. Luego de sucesivos rctot¡ucs parlamentarios, la ley fue ¡,romulgada el 15 de julio de 1854, con w,a severa limitación, según la cual, la cmisió11 no 11odría sobre¡,asar el encaje metálico.
Fue de acuerdo a esta ley que en 1855 se presentó Femando Menck, a
nomhre de un sindicato europeo de inversores, solicitando autorización para fundar un banco con un capital de 3 millones de pesos. La ley de su
aprobación le garantizaba el monopolio de emisión, cuyo monto no podría sobrepasar el duplo del encaje. La autorización solicitada no fue de todos modos aprovechada. Quien sí usó de la puerta fue el Barón de Mauá,
poseedor del mayor y más suculento paquete de deuda flotante y Consolidada. El 2 de julio de 1857, la ley que autorizó el funcionamiento del
Banco Mauá, establecía que ~ capital provisorio alcanzaba un millón
200 mil pesos y podría ser ampliado hasta 6 millones. La emisión no podría exceder el triple del encaje. Parecido origen tuvo la Conversión de la
Sociedad de Cambios en Banco de emisión, depósitos y descuentos, cuyo
nuevo giro dio lugar al Banco Comercial, autorizado a funcionar por ley de
23 de julio de 1857 y convertido en sociedad anónima w1 año después. Pero las condiciones de su giro fueron mucho más duras que las sufridas por
el Banco Mauá. AJ Banco Comercial se le impuso en su primer año la responsabilidad ilimitada de sus fundadores, se abatió a 600 mil pesos su capital inicial co11 facultad de ampliar a 2 millones y se le impuso un poder
emisor &lt;le sólo el duplo de su encaje.
En el período que va desde 1857 hasta la entrada del General Flores
en Montevideo (febrero de 1865), el derrotero de ambos Bancos fue divergente. El Banco Mauá era ante todo el proveedor de fon~os de un Es~do
crónicamente exhausto, razón por la cual, durante los gobiernos de Pererra,
Berro y Aguirre fue el directo impulsor y beneficiario del "arreglo" de la
Deuda pública y de la primera conversión de deuda 11acio11al en deuda extranjera (1865). El Banco Comercial, donde junto a escasos ca¡,italistas nacionales (Juan M4,,uel Martínez) prosperaban comerciantes ingleses (Tom·
kinson, Jackson), españoles (Cibils, Sácnz de Zumarán), franceses (Duplcssis), ¡rero de estricta residcucia en el ¡1aís, eligió fumlamcutalmente la tradicional manera de la banca escocesa, giro solvenh- con transacciones comerciales, industriales y de comercio exterior. Quizás hacieudo de la necesidad virtud, transformó lo 'JUe fue en su orige11 una limitación legal -escaso poder emisor- en atributo de respetabilidad y seguridad para sus depositantes. Alejado siempre del carnaval de la Deuda, no fue asiduo toma-

189

dor de los papeles del Estado, y cuando fue 11restamista del mismo sus lristoriadores no dejan de agregar t¡uc lo hizo en carácter forzoso olvidando
1¡uc. ~or esa violencia hecha a la voluntad del Banco se le otorgó '1a adrninistrac1on de rentas para su amortización.
Ya en la agonía de la administración blanca, corrido el Banco Mauá
por ~a saca de oro de los que emigraban y de los que se quedaban con desconfianzas, amenazado por Flores que no olvidaba en cada manifiesto de
d_eclarar como no r~ados_los empréstitos otorgados al gobierno constitucional de Berro, logro Maua que el gobierno le arrojara la tahJa del curso
forzoso que pe~tió salvar su B~nco, mientras él corría a Londres para
transformar_ s_~s títulos de deuda mterna en deuda inglesa. Garantizada su
doble cond1Cion de banquero y bolsista por este doble cerrojo de seguridad -curs~ forzoso y ~onversión-, Mauá esperó entonces tranquilamente
que el Gobierno Flores Inaugurara una nueva política bancaria.
Obra de Tomás Villalha, el decreto-ley del 23 de marzo de 1865 fue
como lo definiera Eduar&lt;lo Accvedo "el primer reglamento orgánico de
Ba,_•~~s". Por dicha ley, se autorizaba la creación de Bancos de depósito,
em1s10n y descuento. La emisión sería cu billetes pagaderos en oro seUado al portador y a la vista sobre un III ínimo de diez pesos. La emisión
de fracciones no podría exceder del 20% de la circulación de cada banco.
Se prescribía la liquidación inmediata del Banco que no convirtiese en oro
todo billete llevado a sus ventanillas. Se uniformaba el tope de emisión
e~ el_ triple del encaje metálico, los tenedores de billetes eran acreedores privilegiados. El Gobierno 110 podría imponer emprestitos a los Bancos ni
otorgar concr-sioncs 11ue fueren contra las leyes generales del giro bancario,
etc.
~ue bajo ~l imperio de esta ley que, junto a los bancos Mauá y Comercial Y al pruner banco extranjero (Banco de Londres y Río de la Plata,
1865), se ~egaron los bancos Montevideano (1865), Navia, Italiano
(186.6) y Or~ental (1867). Poco después abrían sus puertas el Banco Mercantil de] Rio de la Plata, el Banco Alemán-Belga del Kío de la Plata y el
Banco Hcrrcra-Eatsman y Cía. y las "casas de cr[-ilito" de Lcgrand, EsteVt&gt;,S, Hoffma11, Platero, etc., enriquecidos con los préstamos a corto plazo
al Estado y en el buen manejo de las deudas mejor servidas (sus nombres
son los q~e c?n mayor fre?uencia se encuentran entre los que concurren a
las amortizaciones a la puJa de la deuda franco-inglesa y de la Fundada).
ORISTAS Y CURSISTAS

Las primeras noticias llegadas a Montevideo sobre la terrible crisis financiera

�190

Siglo XIX

inglesa no hicieron sino precipitar los factores de la que ~quejab,a ~ endeble
país que no conocía la paz desde Asencio. En pocos d1as el p~li~o depositó en el Banco Mauá más de un millón y medio de billetes solic1tando el
oro contante y sonante. Nuevamente el curso forzoso decretado por el gobierno salvó al Banco Mauá de la liquidación. Sólo el Banco de Londres y
el Banco Comercial ("oristas") no sólo no 11eccsitaron sino que protestaron
por la medida dirigida a salvar al Banco Mauá y a los demás pequeños, endebles y audaces bancos de plaza. Alentados, antes que pr~cavidos, por el
curso forzoso los bancos "cursistas" llevaron hasta el paroxISrno la especulación y la emisión. Un ministro "orista", Pedro Bustamahte, sosteni~o por
una sólida alianza de "banca seria" y "prensa seria", por el comercio mayorista de exportación e importación y por la bastante sólid~ autoridad militar de Lorenzo Batllc, despreciamlo las amenazas de Mana y los amagos
militares, conminó a los Bancos a someterse al decreto-ley de 1865, reabriendo sus puertas el lo. de junio de 1868 para someters? ~ la prueba de
fuego de la conversión. Ni Mauá ni los pequeños bancos resIStieron la prueba. Su cierre tuvo graves consecuencias entre la amplísima masa de tenedores de billetes de los "quebrados", pues la cotización de los mismos descendió a valores irrisorios.
El brote "orista" tuvo corta vida. Poco después de un mes caía el ministerio Bustamaute y el gobierno de Batllc lanzaba el decreto de 16 de
julio de 1868, por el cual declaraba moneda legal por el término de 2~ ~eses los billetes de los bancos que acreditaran su solvencia ante una com1S1on
nombrada al efecto y que ofrecieran valores que garantizaran su monto.
Apenas si en medio de la cohonestación del Curso forzoso, el gobierno
aminoró las posibles reiteraciones de la crisis obligando a los _bancos "cursistas" a reducir su enúsión hastc el tope del duplo del encaJe. Los pasos
sucesivos y contradictorios llevaron al Banco Mauá a un nuevo cierre y el
estallido de la guerra civil del 70 frustró todos los planes.
Establecida la paz en 1872, fue necesario el Empréstito Uruguayo en
Londres para rescatar la emisión que en 1871 ascendía a un circulante de
7 millones. En 1874, quedaban apenas 500 000 pesos en billetes, pero la
grave crisis financiera y económica impidió que el triunfo orista ll??ara a la
defi11itiva extinción del papel. El motín de enero de 1875 reabno 11ucvamente el viejo panorama.
Otro Bustamante, José Cándido, fue el encargad~ desde el ministe~o
de Hacienda de promover los defü1uios del triunfo cursista. A diez d1a_s
apenas del motín se creó la Junta de Crédito Público encargada de emitir hasta 3 millones de pesos en billetes ,¡ue serían canjeados al qu~ se pre·
sentase con no menos de 4 pesos 70 centavos. La Junta adelantana algo•
bierno hasta 2 millones de pesos quien garantizaría su pago con hipotecas Y

J. C. Rodríguez: Los grandes negocio&amp; en Uruguay

191

bienes. F.sta primera y curiosa institució11 oficial de emisión recibió la orden Je conservar un encaje metálico no menor a la tercera parte de su circulante, pero c1_i !onna ,flor demás divertida no recibió los medios para hace~ del escumdizo y aureo metal. Claro está, sólo el curso forzoso podía
~bhgar a !?s tene~ores ~e oro ª. vo!car en la Junta el metal necesario para
compr~ los billetes 1mprescmdihles en los pagos al Estado y demás
transacc10ncs. E11 marzo se obligó a los tenedores de deuda a recibir los
pagos en billetes, se decretó la proscripción de la moneda metálica en los
pago~ 3! gobierno, fuer?n nacionalizados los billetes derrengados del Banco NaVIa_ Y se establecieron fortísimas multas a c¡uienes operaran en oro.
La euforia de los cursistas llegó a tal fiebre que se declaró retroactivo el
uso del papel moneda para los contratos anteriores 11ue lo prescribieran
expresamente en oro. En agosto la soberbia cursista debió someterse a las
buenas maneras de un hombre de Mauá, pero infinitamente más prestigioso y paciente: Andrés Lamas.
El famoso plan financiero de Lamas descansaba fundamentalmente en
la creación de un gran Banco Nacional privilegiado, de emisión y descuent~s, con un ~eso capital inicial d~ 20 millones de pesos. El proyecto supon 1a la absorc1on de los bancos existentes, y en cuanto a la emisión la "limitaba" a los 3 millones autorizados en enero de 1875 a los bille~es naciona~zados de Mauá y al saldo de los billetes nacio~alizados del 68,
amortizados en su casi totalidad. Lamas, comprendiendo la utopía que perseguían los pequeños bancos "quebrados" -no era lo mismo el cursista Na1
via ¡ue el cursista Mauá- derogó la increíble disposición de la retroactividad del curso forzoso y se disruso al concordato con los tenedores de deude cuyo servicio estaba interrumpido. Las reclamaciones brasileñas alimentad:i5 por Mauá enc~ntraron un comprensivo interlocutor en Lamas quien
al firmar las convenciones del 22 de octubre y 9 de noviembre de 1875 entregó n~,evamente a Irineo, Evangelista de Souza el suculento negocio de la
eo~vers1_on de la _Deuda__Publica. El proyecto del Banco Nacional pasó a
meJ~r VIda, M~ua reabno, sus p~ertas con algunos privilegios que empalid~c1an los antiguo~: pod1a ex1gu el r•ago en oro de las obligaciones pend'.cntcs, se le ¡,cruutía subrogar la emisión nacional de billetes por la propia cuyo to~e se elevaba nuevamente al triple de su capital realizado, para
cuya ~arant,a el Estado ofrecía su solidaridad )' bien&lt;,-s, y rentas afectadas
espec1ficamente; la emisión Mauá sería la única recibida en las oficinas del
Estado, y gozaría además del privilegio de la emisión fraccionaria de los
depósitos judiciales y del servicio de la deuda pública. Los billetes ~acionalcs se canjearían por la emisión l\1auá y pasarían a transformarse en deuda
11acio,,1al sii!,i11~e~és _( i,',wtahl~ desprendimiento!). Por su parte, el gobierno
tcndna el pnVIlc¡,'lo de girar en descubierto contra el Banco hasta el
monto de dos 111illo~1es de pesos... cmiti&lt;los por Mauá, cuyo valor (vale
la pena recordarlo) solo estaba garantizado por la solidaridad financiera del

�192

Siglo XIX

Estado y por las rentas afectadas para su amortización. Por tamaño esfuerzo, el Gohicmo Varcla-Lamas logró que el Luperio retirara sus notas de encendida reclamación. Los buenos modales 11uedaron a salvo.
Los oristas clamaron y ejercieron su oficio, depreciaron los billetes y
con la loca carrera hacia el abismo del papel, se derrumbó la ca¡1acidad fiscal del gobierno y su posibilidad de servir la deuda con .billetes ~e nadie
aceptaba -sino con el descuento correspondiente que variaba ~d~mas todos
los días. A fin~ del 75, la casi unanimidad del mundo economico montevideano firmaba el ''Convenio del Comercio" por el cual los suscriptores se
comprometían a no usar otra moneda que el oro en sus transacciones. El
21 de febrero de 1876 caía Andrés Lamas, pocos días después el ex-banquero quebrado Pedro Varela seguía sus pasos. Allí estaba Latorre.
Los oristas, reunidos en la casa del Juez de Comercio Juan A. Vázquez, no sólo impusieron a Latorre como el candida~o d~eable para oc~par el gobierno sino que impusieron también al prop10 Vazquez co~o Ministro de Hacienda, una de cuyas primeras medidas fue la anulacion del
contrato Mauá y la conversión de la emisión circulante mediante una
sólida amortización garantizada por rentas nacionales, de modo tal que en
1877 habían sido extinguidos 6 millones de pesos. La rescisión del contrato con Mauá -realizado de común acuerdo- supuso una fortísima erogación en letras de Tesorería (un millón 700 mil pesos) y el reconocimiento a
favor de Mauá de una deuda nacional por 12 millones en billetes. El gran
comercio montevideano se salvaba de Mauá y el cursismo pagando un
grueso rescate cuyo monto, claro está, sería pagado multitudinariamente
por todos los uruguayos.

EL BANCO NACIONAL
De 1875 a 1886, el aumento de la ca11acidad productiva del país, particularmente ganadera, y el mejoramiento de los precios inte~acionales Y
cierto comienzo de sustitución de importaciones por produccion m~~acturera nacional provocan un vertical mejoramiento del balance econo~cofinanciero del país. La balanza comercial arroja un superávit &lt;le 19 nnlloncs de pesos oro, la colocación de deuda pública en el exterio~ atrae -~O
millones de pesos nominales y los emprestitos arrojan sobre la crrculac,on
35 millones de pesos oro. Este aumento brusco y desmesurado de valores
sobre una plaza particularmente prC'capitalista y especuladora (aumento
precipitado especialmente con la hipoteca .de las ren1:3s nacional~ encar••adas de enjugar en el futuro los compro,msos financieros conlra1dos) '~º
hiw sino agudil'.ar la cocaínica estructura comercial y bancaria del pa1s.

J. C. Rodríguez: Los grandes negocios en Uruguay

193

El gabii~ete de la "con~ili~ción" de 1886 fue el fruto de una plaza que
ya no necesitaba del pretonamsmo para la custodia de la tradición orista.
El oro ya no sólo a11cgaba los "ca11alcs rle circulación" monetaria sino , ,e
11
se derrama}&gt;a ~'~ el atcsoram~~nto, y en su flexible conversión en alhajas
y en la mas ngida trasmutacion en palacios, muebles, carrozas y menage
suntuario. Veintisiete bancos aplastaban la plaza en lugar de sostenerla.
más de cien sociedades anónimas con m1 .fantasmal capital de más de 400
millones de pesos ofrecían al uruguayo la posibilidad de integrar una "sociedad del ~iencstar" av~nt la lettre. Fue en el curso de ese apresurado'
amontonamiento de sociedades de fomento, de crédito hipotecario, de
trazado de puentes y caminos, de explotación de minas, de loteo de quin~ solariegas, de construcción de barrios, de edificación suntuaria, que surgio en la cresta de la ola especuladora, el Banco Nacional y su artífice
Emilio Reus.

E,~ el mensaje por &lt;'l cual se enviaba al parlan1ento el proyecto d&lt;' Banco Na~10nal (25:4'-18~7J, el ¡'.residente Tajes anunciaba orgullosamente que
el gobierno hahia rec1h1do diez propuestas de fundación de Bancos apoyadas en otras tantas ofertas &lt;le capital proporcionado por inversores extranjeros. El capital financiero internacional rompía, hacía ya tiempo, las
c?sturas de las ~e~.ópolis nacionales y se derramaba sediento de ganancias sohre las prumtivas plazas del mundo americano. Una habilidosa tra".1ª ~&lt;' C01~1pad~azgos políticos y financieros definió la puja a favor del
smdicato fmanciero encabezado por un grupo de capitalistas residentes en
Buenos Aires, a cuya cabeza se hallaba el dos veces quebrado aventurero
español Emilio Reus.
El Banco Nacional, creado el 24 de mayo de 1887, estaba inscrito dentro de los modelos conocidos del banco Lamas-Mauá de 1875 y del abortado Banco del Uruguay (1883) autorizado bajo el ministerio del primo de
Mauá -José Ladislao Terra- que no llegó a nacer por el fracaso en la recolección de capitales. El Banco Nacional de 1887 fue creado con un capital de 10 millones en acciones de 100 pesos. Se le otorgó la facultad de
acuñar moneda nacional hasta 10 millones y establecer Casa de Moneda.
Se le autorizó a emitir billetes hasta el duplo de su capital en billetes de
10 a 500 pesos y emitir billetes fraccionarios hasta el 40%, con la obligación de un encaje metálico del 25°/o. El Banco además monopolizaría
el sci:vicio de la deuda pública y los depósitos judicial&lt;'s, poseía exenciones fiscales y otorgaba al gobierno un giro en descubierto hasta 1 millón
500 mil pesos. El gobierno designaría el Presidente del Banco, la tercera
part~ del Direct?rio y al jefr del dcpartarncuto de Emisión. El Banco posecria dos secciones: co111ercial e hipotecaria; S11 concesión duraría 40
arios.

�194

Siglo XIX

El "apogeo ) caí&lt;la" del Banco acional pertenece ya al acervo folklórico del Uni¡,ri1ay, y sus principales detalles fueron profusamente divulgados en el sc'.ili&lt;lu Uruguay que va desde el nacirni~nto del_ Ba~\co República hasta el reavaJúo de 1935. En la sesuda y sena orgaruzac1on bancaria del Estado batllista, hasta sus muy recientes epígonos de la inmediata
postguerra (1946), la tradición bancaria Mauá-José L. Terra-Emilio Reus
fue el ogro con que se espantaba toda alocada expansión del capital bancario privado y de su conmi.xtión con la peripecia financiera del Estado.
Claro está, en el Urnguay 1¡uc conoció la crisis bancaria de 1965 } la cam·ra devaluacionista 11ue llega a nuestros días, no se encontrará un niíio 11ue
se espante por a1p1cllas maniobras de los filibusteros y financistas del siglo
pasado, pero entonces, el pánico que provocó la catástrofe del Banco Nacional, fue el presupuesto económico-financiero, ético y psicológico que
permitió el establecimiento del Banco de la República de formidable y
positiva proyección en la historia y desarrollo económico del Uruguay y
de( primer tercio del siglo XX.
El Banco acional lanzó la suscripción pública de sus acciones en julio
de 1887. Ofrecida una suscripción de 20 mil acciones por un total de 2 millones de pesos, en diez días los registros recibieron ofertas por 16 111illo11cs.Lanzadas a la Bolsa, las acciones meramente suscritas, adquirieron rápidamente el duplo de st.¡ valor nominal. La Bolsa fue entonces teatro de
alquitaradas operaciones por las cuales la pandilla de bolsistas que medraba
en el Banco ¡ aeional jugaba al monito con los funcionarios públicos y artesanos, pC(JUeños comerciantes, amas de casa, empresarios, estancieros, y
que presas de terible codicia o de pánico estupidizante? :1°daba~ a la c~a
de rumores, noticias, confidencias, datos, que les pcnmbcra abnr a la baJa
y cerrar al alza, por más que el balance semanal los di&lt;'~a ~orno pcnn~11t·ntes perdedores en la selva inextricable de aquellas oscilac1011es de pizarra
por la que sentían un religioso r&lt;'spcto.
En tanto 11ue en la Bolsa jugaba al alza y a la baja. el Banco acional
comprometía en su casa central el oro del capital suscrito y de sus depositantes y clientes. Los incrcibles capitanes de empresa 1¡ue haliía11 organizado el Banco habían realizado w1a ya vieja Y. conocida maniobra: habían integrado la mayor parte del capital con oro contante y sonante (~acido a su vez de la jugada de Bolsa dt· la consolidada del 86 y convcrs1011
Baring Brothers del 87), con dicho capital habían dominado -obviamenteel paquete de acciones y la dirección del Banco - era su criatura, but'nO
fuera- ; pero apenas abiertas las puertas d&lt;' la honorable casa de crédito, se
habían prestado a sí mismos el capital que habían integrado, y posteriormente, en su inmensa mayoría, habían vendido al alza las acciones de un
banco que ya no tenía capital. Cuando arrastrado por la caía de las eotizaciont's de Bolsa } &lt;le los valores territoriales y por las especulaciones sin

J. C. Rodríguez: Los grandes negocios en Uruguay

195

freno, el Banco Nacional suspendió el 5 de julio de 1890 la conversión de
los billetes, el pánico ll1'111, las calles de gente y las bocas, dt' silencio.
Producida la quiebra, las cámaras aprnas pudieron hacer otra cosa
que homologar el desastre: se suspendió la conversión de billetes por seis
meses; se separó el departamento de emisión que fue puesto bajo el control de una comisión fiscal encargada de vigilar el circulante, cuyo precio se
intentó sostener. La inconversión fue prorrogada continuamente hasta que
la caída de la Banca Baring precipitó la definitiva liquidación del Banco
Nacional. Un intento del presidente Julio Herrera y Obes y de su ministro
de finanzas Carlos María R.am Írcz por crear otro Banco -acional servido
con capitales europeos fracasó tempranamente. Recién bajo el gobierno
de Idiarte Borda y ¡K&gt;r iniciativa de su ministro Vidiella, prosperó la
reconstrucción de un banco nacional que comenzó a funcionar en 1896
regido por la Ley Orgánica del novel Banco de la República, y posible entonces por la nueva y próspera situación económica del país expresada en
continuos y favorables saldos de la balan:,,,a comercial y de pagos y por el
remanente de un nuevo empréstito iuglés.

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Viesca, Carlos. Emilio Reu, y su époce, Banda Oriental, 1963.

�El Poder de las Finanzas y las Finanzas del
Poder en México durante el siglo XIX
Barbara Tenenhaum*

Muchas de Jas naciones de Hispanoamérica llegaron a ser independientes
como consecuencia, en parte, del heroísmo y la determinación de un sólo
líder. Pero a menudo el comandante de las tropas -ya fuera Bolívar,
Santander, O'Higgins o Iturbide- se vio imposibilitado para gobernar.
Este ensayo explora la relación entre el liderazgo político y los ingresos
hacendarios o, dicho de un modo más directo, entre el poder y el dinero.
La mayoría de las recién independizadas naciones de Latinoamérica
durante los años de 1820 carecía de ambos. Habían sufrido más de una
década de luchas por su independencia, y en países como México, Venezuela, Colombia y Pení, las guerras habían destruido propiedades y trastornado el funcionamiento normal de la economía. Más aún, este trastorno económico iba aparejado con una crisis de legitimidad política tras la
liberación de la Corona española. Durante las prolongadas luchas, los virreinatos regidos por España habían si'do reemplazádos por un conjunto de
feudos controlados por insurgentes o por jefes realistas. A las nuevas naciones les llevaría décadas restablecer la autoridad sobre los territorios
que España había poseído en 1790. Sin embargo, aunque España había
mantenido el control político sobre sus posesiones del Nuevo Mundo por
el resto del período colonial, fue perdiendo con rapidez su capacidad para
solventar su administración.

EL CONTEXTO FISCAL DE LA INDEPENDENCIA MEXICANA
Las Reformas Borbónicas de fines del siglo XVID alteraron en forma importante la estructura fiscal de la colonia. En 1760, la Corona recaudó
impuestos por un total de 4 675 178 pesos; en 1790, acumuló 11493 748
"Colaboradora de l Handbook -of Latin American Studies, Washington, D. C., U.S.A

�198

Siglo XIX

-un aumento del 246°/o para un período de treinta años. La mayoría de
los ingresos se presentaron en forma de tarifas, cobros diversos, e impuestos a los salarios. El nuevo monopolio del tabaco, establecido en 1766 y
cuyas ganancias iban directamente a España, proporcionó un 9% de la
recaudación total de 1790.1
El aumento en los cobros fiscales, combinado con el pago por mercancías únportadas, contribuyó a la escasez generalizada de efectivo en toda la Nueva España. Como resultado, el comercio se realizaba con frecuencia a crédito. En una sociedad donde la tenencia de tierras era en general
la única garantía aceptable para los préstamos, los comerciantes, por su
actividad y su acceso al efectivo, formaron alianzas con los hacendados,
con los que a menudo se involucraron en operaciones mineras, sobre todo
en el Bajío. Como resultado, se formó un tipo de empresa familiar-elitista
que llegó a ser la hase de la sociedad colonial, apuntalada por la riqueza del
clero.2
Según TePaske, en las décadas de 1770 y 1780, cuando las ganancias
mineras dieron un espectacular salto, los gastos de guerra y defensa aumentaron de un modo igualmente brusco. Además, los ingresos enviados a España casi se quintuplicaron entre 1700 y 1790. Para los años 90, la real hacienda en México debía un poco más de tres millones de pesos déficit que
para 1810 sumaba 31 millones. Hacia 1798, la hacienda había engullido
hasta 16 millones de pesos de sus reservas, y afirma TePaske que para 1810
"las instituciones laicas y clericales y los mexicanos ricos habían sido muy
duramente exprimidos, casi hasta el punto en que era poco lo que les quedaba por dar al gobierno virreinal. ,,3
Para fines del siglo XVTII, las necesidades monetarias de la Corona
amenazaron incluso el papel tradicional de la Iglesia. En 1798, España
ordenó a la Iglesia vender todas las propiedades pertenecientes a instituciones benéficas, hermandades, obras pías y funcionarios eclesiásticos, y
la forzó a prestar los beneficios a la real hacienda, al 3% de interés anual.
Luego, el 26 de diciembre de 1804, el Virrey José ltnrrigaray promulgó la
Ley de Consolidación, culminación del ataque borbónico al poder y riqueza clericales, iniciado con la expulsión de los Jesuitas en 1767. La Ley de
Consolidación decretaba que los préstamos que se debían al clero fueran
pagados, y que los fondos se enviaran a España. Para 1809, la Iglesia había remitido más de diez millones de pesos, 25% de los cuales procedía de la arquidiócesis de México exclusivamente.4
La situación empeoró con el comienzo de la rebelión de Hidalgo
en septiembre de 1810. Como resultado, los funcionarios de la ciudad
de México aumentaron las tasas de Los impuestos de venta (alcabala) y del

B. Tenenbaum: Finanzas y poder en México

199

comercio (almojarifazgo), gravaron el pulque y el tabaco, exigieron nuevos
donativos, y descontaron los salarios de todos los funcionarios púhlicos.5
. No ?hstan~e, la rebelión de Hidalgo asustó tanto a españoles como a
nacionalistas cnollos, y los indujo a una nueva lealtad hacia España. Desde
1808 a 1810, los terratenientes proporcionaron a la Corona ocho millones
de pesos y, hasta 1812, prestaron en forma voluntaria sumas adicionales
6
al gobierno colonial. Pero en 1812, los préstamos dejaron de ser voluntarios, y el Virrey Venegas se vio forzado a imponer tasas más altas a todos
los artículos consumidos en las áreas urbanas. En la ciudad de México los
funcionarios fijaron un impuesto del 10°/o a todos los bienes raíces u~han~s, y uno del 3 al 12% sobre la renta. También fijaron un impuesto especial a las conductas y fueron especialmente insistentes en el cobro de la
alcabala.7
Cuando se hizo evidente que la Corona no podría liquidar los préstamos anteriores, los comerciantes y otros acreedores se volvieron muy reacios a prestarle más dinero. Después de 1812, los comerciantes empezaron
a rechazar las peticiones de fondos, a menos que tuvieran la certeza de obtener garantías complementarias satisfactorias, tales como hipotecas sobre
futuros cobros fiscales. El virrey Félix Calleja se quejaba ya en 1813 que
el ~ohierno había ca~d? _completamente en manos de sus acredores, y para
abril, calculaba un def1c1t mensual de 260 000 pesos: cuando acudió a las
élites para solicitar un préstamo, le exigieron una hipoteca sobre los ingresos por alcabalas de la ciudad de México y las áreas circundantes sobre el
impuesto al pulque, el del dos por mil por uso de caminos, y el de guerra
sobre los alimentos. Calleja tuvo que comprometer la mitad de la recaudación fiscal de la ciudad de México para poder conseguir suficiente dinero
Y mantener el monopolio del tabaco, la fábrica de pólvora y la Casa de Moneda en funcionamiento. 8
El 13 de septiembre de 1813 las Cortes españolas promulgaron un
Nuevo Plan de Contribuciones Públicas que sugería el reemplazo de las alcabalas _Y los monopoli~s por impuestos portuarios y capitaciones, junto
con un rmpuesto del 1O 1/o sobre la propiedad urbana, de 1% sobre la plata acuñada, y un incremento del 50% al precio del tabaco. Calleja envió
una carta a sus superiores en la corte, donde señalaba que si tal plan fuera
puesto en práctica " mi gobierno será inevitablemente detestado!''IJ
El 21 de julio de 1814, Calleja estableció nuevos principios para aumentar la recaudación fiscal mediante comités que evaluaran tasas y redactaran listas en todo el virreinato, para efectuar cobros regionales por
mes. Después de la caída de las Cortes en 1814, Calleja rebautizó los nuevos inipuestos como "subvención temporal de guerra", y tuvo tal dificuJ-

�200

Siglo XIX

tad en hacer que los residentes contribuyeran a un préstamo forzado que
debió amenazarlos. A fines de 1815, la situación se había agravado tanto
que intentó establecer una lotería forzosa, idea que pronto abandonó.10
Como ha señalado TePaske, para fines de 1815 la tasa de incremento
de la deuda había disminuido considerablemente porque se había ya extraído hasta el último centavo de la colonia. Hasta la plata doméstica y la
de las iglesias había sido donada para financiar la guerra. Para fines de
1816, un cálculo aproximado indicaba que el Ministerio de Hacienda de
México debía 81 millones de pesos.11
Para empeorar las cosas, muchos españoles ricos prefirieron abandonar
México después de la revuelta de Hidalgo o simplemente enviar su riqueza
fuera del país en espera de mejores tie_mpos. Lamentablemente, aún es imposible calcular el monto de la fuga de capitales, pero José María Quiroz
la fija en 786 millones de pesos. 12
Con el objeto de hacer la independencia más aceptable, Agustín de
Iturhide prometió en su Plan de Iguala que la Iglesia Católica estaría segura en el nuevo entorno político, y queios españoles también encontrarían
ahí un hogar protegido. De esta manera, el movimiento iturhidista aseguró a sus partidarios que se restablecería el crédito en la misma medida que
antes, y que los peninsulares ricos no necesitarían enviar su capital a ninguna otra parte. Estas promesas tranquilizadoras, y los temores de lo que
podría acontecer en una Nueva España gobernada por unas Cortes españolas liberales, ayudaron a preparar el terreno de la independencia.
Los poderosos grupos elitistas -la Iglesia, los comerciantes, los propietarios de miiias, los terratenientes, el ejército- esperaban que la independencia les devolviera su antigua gloria y trajera la prosperidad predicha por
Alexander von Humboldt. Pero la república mexicana tendría que reconciliar esas expectativas con el legado de minas anegadas, enormes deudas y
dafios generalizados a la propiedad. Por lo tanto, antes de que pudiera convertirse en una nación en vías de consolidación, la república mexicana tendría que resolver tres problemas prioritarios.
Primero, restablecer el control político y fiscal sobre su territorio. Como lo ha demostrado TePaske, los erarios regionales casi habían suspendido el pago de impuestos anuales a la caja central de la ciudad de México; la
nueva nación necesitaría esos fondos para establecer un régimen viable.13
Segundo, lturbide tenía que recobrar la lealtad de una población descontenta por las frecuentes exacciones y la constante inseguridad, y hacerlo rápida y convincentemente para poder revertir la añeja tendencia ha-

B. Tenenbaum: Finonz&lt;U y poder en México

201

cia la enaje~a~ión y la atomización. Hecho esto, la nueva república podría
esperar un facil acceso a los préstamos y la confianza pública.
. Terc_e~o, el nue~o régimen tendría que crear una nueva y aplicable hase unpoSitiva, a partir de las ruinas de la estructura colonial, de tal modo
que pudiera pagarse al ejército. El gobierno nacional debía diseiiar un sistema fiscal que pudiera satisfacer sus necesidades sin sacrificar demasiado
su popularidad.
Iturhide, al igual que la mayoría de los líderes del movimiento independentista, creía que su popularidad personal como liberador de México
le otorgaría poder suficiente para construir un gobierno viable para la nueva nación. Ignoraba que las élites criollas esperaban que la independencia
mexicana las liberara de las cargas del sistema tributario colonial español, y
de las incesantes exigencias de préstamos no respaldados por parte de la
Corona. No tenían intención de proporcionar a ningún líder mexicano más
recursos suyos, aún cuando la nueva nación necesitara ayuda para establecer u~ gobierno estable. Más bien, pensaban que Iturhide (y sus sucesores)
dehenan buscar esas sumas en alguna otra parte. Dadas estas premisas,
lturhide solo contaba con su popularidad; no tenía poder para obligar a
las élites a hacer lo que se requería para construir la clase de nación que decían desear, pero que estaban muy poco dispuestas a pagar.
Como lo demostrará este artículo, no existió dicotomía entre el poder
y el dinero durante gran parte de la historia de México del siglo XIX. Las
élites, con excepción importante de la Iglesia, que era demasiado pública y
demasiado vulnerable a la intervención gubernamental, se rehusaron a pagar contribuciones, dejando a los gobiernos demasiado empobrecidos para
proporcionarles la estabilidad que ellas supuestamente requerían. La solución a este dilema llegó recién durante el porfiriato, cuando las exportaciones mexicanas volvieron a tener valor y las élites al fin reconocieron la necesidad de un gobierno nacional fuerte y estable.

ITURBIDE Y EL PRINCIPIO DEL DEFICIT
Durante sus cuatro primeros meses en el poder, la administración de Iturbide fue poco a poco descubriendo la naturaleza del sistema fiscal que había heredado, a medida que emprendía la construcción de una estructura
fiscal interina. Pronto abolió los impuestos sobre el aguardiente y el mezcal, las subvenciones temporales de guerra, el impuesto directo de guerra, el de las conductas, el del 10% sobre el valor y renta de casas y exportaciones, los impuestos sobre el henequén, y todos los pagos extraor-

�202

Siglo XIX

'.linarios. Además, redujo 1a alcabala sobre artículos nacionales, del 16%
al 6°1o, y el de los importados, del 16°/o al 8°/o. Con el objeto de ayudar
a los propietarios de minas, el gobierno asimismo combinó once impuestos
14
separados en uno solo del 3% ad valorem.
Además, el Ministerio de Hacienda tranquilizó a las élites en cuanto a
la posibilidad de impuestos adicionales poniendo fin a la Administración
de Arbitrios, que había determinado nuevos impuestos durante las guerras
de independencia. El gobierno estableció una junta de crédito público para investigar el estado de la deuda pública, aparentando con ello asegurar
a los acreedores criollos que sus créditos serían redimidos. Más tarde, Hacienda publicó una nueva tarifa del 25% ad valorem (que anteriormente
era del 36.5 °lo) y decretó la restitución de la propiedad confiscada durante
la guerra. Además restableció el monopolio del tabaco.
Al mismo tiempo, el gobierno fijó el salario de lturbide en 120 000
pesos anuales y fijó el pago d~ los tres regentes a 10 000 ca~,ª ~n~, el d~ los
secretarios en 8 000, y asigno a la viuda de Juan O'DonoJu, último VUTey
de la Nueva España, una pensión de 12 000. Más tarde, la regencia estableció reglamentos para la organización de los cuatro ministerios (de Relaciones Exteriores, Guerra, Justicia y Hacienda) a un costo anual de 21 720
pesos cada uno. 16
Sin embargo, la estructura fiscal mexicana no se recuperó tan rápido
como se esperaba. El 31 de diciembre de 1821 el erario contenía tan sólo
6 647. A principios de enero, el gobierno autorizó que lturbide solici~a
en préstamo 1 500 000. El 4 de enero lturbide instó a la junta de gobierno a atender sus súplicas y pagar al ejército. Cinco días más tarde, pidió a
los obispados de Guadalajara, Durango y Oaxaca 750 000 pesos en un plazo de seis meses.17

B. Tenenbaum: Finanzll$ y poder en México

203

general. Por consiguiente, se reabrió la casa de moneda en Zacatecas, se
prohibió la fabricación de pólvora y se mejoraron las instalaciones portuarias en Guaymas y Mazatlán de tal modo que pudieran ser reabiertas para
recibir buques extranjeros. Once impuestos separados sobre monedas y plata se combinaron en uno solo del 3% sobre su valor en efectivo, y se redujeron los gravámenes sobre aquilatamiento y otros impuestos de acuñación, subieron los impuestos al aguardiente extranjero a 20°/o (del 6%
anterior), y se fijaron los de licores nacionales en 12% (febrero 20). 18
El primer congreso de la nación mexicana fue instalado en forma oficial el 24 de febrero de 1822. Tres días más tarde, el ministro Rafael Pérez Maldonado presentó su Memoria de Hacienda. Su presupuesto para
die-.t meses ( de septiembre de 1821 al 30 de junio de 1822) mostraba que
los gastos (11 311 063 pesos) sobrepasarían los ingresos (10 212 373) por
1 921 973 pesos, pero el reporte tenía un tono confiado y optimista. Pérez
Maldonado pensaba que el sistema tributario colonial pronto empezaría a
funcionar de manera normal, y que generaría aumentos considerables en
los ingresos.
El ministro de Hacienda sostenía que el restablecimiento de paz tras
las guerras de independencia pronto estimularía el comercio y la agricultura y que las élites, ahora liberadas de impuestos arbitrarios, regresarían
a los negocios como siempre y reinvertirían su riqueza. Instó a Iturbide a
alentar la minería y mejorar la administración del monopolio del tabaco
para que las ganancias regresaran a sus altos niveles anteriores. También
sugirió simplificar el gobierno civil, reduciendo el ejército mediante la
creación de milicias nacionales, y estableciendo una contribución directa moderada, ya que el erario había tenido que pedir prestados 900 000
pesos en menos de seis meses.

Aunque se había restablecido la paz, las élites seguían sin estar dispuestas a invertir lo que les quedaba de sus fortunas en México. En un
obvio intento por detener la seria fuga de capitales, el gobierno ordenó una
sobretasa del 15% en la exportación de monedas. Pero la crisis persistió
sin cambio de tal modo que el 16 de febrero la Regencia prohibió especialmente la exportación de efectivo, con excepción del necesario para el comercio, sin un permiso específico.

Pérez Maldonado era demasiado optimista, pero tenía escaso conocimiento de la situación que la nación mexicana había heredado de la Nueva España. Supuso incorrectamente que el nuevo régimen podría rescatar
una estructura tributaria colonial española completamente funcional que
pronto produciría sustanciales ingresos dándole el tiempo y el manejo adecuado. Además, el ministro de Hacienda, interesadamente, olvidó incluir
las enormes deudas que la nueva nación había accedido a pagar para ganar el apoyo de las élites.

A principios de febrero de 1822, el régimen de lturbide ya estaba
adoptando las tácticas de sus predecesores. Se declaró ante la Junta ~e
como el gobierno necesitaba con urgencia recursos para mantener el e1ercito el erario había transferido fondos del consulado de la ciudad de
México, de la Casa de Moneda y de donativos para obras pías, a la reserva

Lo que es más importante, Pérez Maldonado no tuvo en cuenta la suposición tácita de las élites sobre que podían evitar contribuir al mantenimiento del nuevo gobierno. La fuerza del compromiso de la élite con esta
posición condujo a una seria confrontación entre el Congreso y el liberador de México.

�204

Siglo XIX

ITURBIDE Y EL CONGRESO
Las élites pronto demostraron que no tenían intención de apoyar fin~ci~ramente al nuevo gobierno. Durante su primer mes, el Congreso actuo rapidamente para proteger la riqueza de las élites a costa de la hacienda del
país. El 16 de marzo de 1822, transformó el préstamo f~rzado de
l 500 000 pesos en donativo voluntario, y el 22 de marzo revoco la ley en
contra de la exportación de efectivo y permitió a la gente abandonar el
país en el plazo de un mes con las sumas que desearan.20
Durante todo el resto del período de sesiones, el Congreso no promulgó una sola nueva ley fiscal, aunque sí permitió un pré~tamo de 60~ 000
pesos que sería recaudado principalmente de los comerciantes de la c1?dad
de México y reducciones de salarios de hasta un 20°/o para los ~nc1onarios. La insuficiencia de ingresos se manejó recurriendo a extran1eros ~~
proveyeran los fondos necesarios. Por consiguiente, el Congres? autorizo
un préstamo externo de 25 a 30 millones de pesos con todo el mgreso ~acendario nacional como garantía. Ordenó el inventario de todas las propiedades pertenecientes a los misioneros filipinos y los "santos lugares de Jerusalén•: hizo que el impuesto del 2°/o sobre oro y plata acuñados abarca'
ra al cobre, y al tero' 1os gravamenes
sobre 1·icores.21
Mientras tanto la crisis fiscal empeoraba debido a que muchos en el
ejército se creían ~erecedores de f~vores especiales, asce~s. o gratifi~ciones, a semejanza de lo que suced1a en el resto de la rec1~n lib~rada Hisp anoamérica. Como Lorenzo de Zavala dijo exagerando, 'la nntad de la
· · ' no e~a nada desu·
nación pedía tal o cual recompensa. ,.22 Su aprec1~c1on
sada, pues cuando Iturbide no recibió lo que ~0~1der~a ?n JUSt~ reconocimiento a su lealtad hacia la Corona, se conVlrtlo de súh1do en msurgente.
Como observó Joel Poinsett, "en tanto que (lturbide) posea los me:
dios para pagar y recompensar (a los oficiales y soldados), se mante?dra
en el trono; cuando éstos le falten, se verá arrojado de él. •'24 En abril de
1822 Iturbide enfrentó un ejército ávido de recompensas y un Congreso
reaci¿ a decretar los nuevos impuestos necesarios para proporcionarlas.
Más aún, desde que el Congreso había empezado a reunirse, la recaudación se había desplomado en forma drástica. De acuerdo con la conta;
bilidad de marzo de 1822, el gobierno recaudó 819 184 pesos y gasto
813 612 pesos, dejando un excedente de sólo 5 672.,La may?r parte de
esos ingresos (304 854 pesos, o sea el 37%) provema del prestamo forzado de los consulados, o de ingresos aduanales (163 000 pesos, o sea el
20°/o). Pero para cuando el préstamo forzado fue rescindido en mayo,

B. Tenenbaum: Finanz04 y poder en JI.léxico

205

los ingresos habían disminuido a 302 892 pesos, de los cuales 143 502,
o sea el 47°/o procedía de un excedente hacendario del mes anterior.
Debido a que el ministerio de Hacienda contaba sólo con 969 pesos para
el primero de junio, el ingreso para los 28 días siguientes disminuyó hasta 245 419, de los cuales la mayor parte (79 886 pesos, es decir el 32.5°/o)
provenía de ingresos arancelarios.25
Iturbide intentó hacer frente al problema mediante el cambio de su
ministro de Guerra, Antonio Medina, al de Hacienda, el primero de julio de
1822. Sin duda pensaba que Medina podría hallar la solución a sus dos
problemas más urgentes: el descontento del ejército, y las arcas vacías. Pero para octubre de 1822, la situación fiscal se había vuelto tan desesperada
que Iturbide se vio forzado a apoderarse de una conducta que transportaba plata con un valor de 1 200 000 pesos y que pertenecía a comerciantes
de Perote. Justificó su "expropiación" observando correctamente que
no había fondos para pagar al ejército ni a los empleados de gobierno, las arcas estaban vacías, no se conseguía dinero a préstamo en el país, y los préstamos extranjeros se llevaban más tiem-

po.26

Medina presentó su clara y realista Memoria de Hacienda el 28 de octubre
de 1822, y después de reportar que el erario tendría un déficit de
2 826 630 pesos para fines de 1822, aconsejó a lturbide en forma franca:
Sin duda Su Excelencia preferirá dar los pasos más convenientes
para equilibrar los ingresos y los egresos... f¡ero en el futuro, serán necesarias nuevas fuentes de recaudación. 7
Medina atribuyó el obvio desequilibrio entre el ingreso y los gastos a las
reducciones en los cobros fiscales y a las necesidades adicionales del
ejército, que incluían los costos de manutención de los soldados españoles
que habían capitulado ante el ejército insurgente y estaban en espera de
ser repatriados a España.28 Sin embargo, dedicó la mayor parte de su reporte hacendario a un examen sumamente detallado de todas y cada una
de las categorías tributarias existentes desde los tiempos de la Colonia.
Hizo notar que los costos por cobro, particularmente de los salarios, permanecían fijos, y que la recaudación de cada tributo había descendido
excepto la alcabala, que debería haber producido más a causa del mayor
comercio. ¡Incluso la lotería registró una baja del 75°/o debido a la pobreza general!29
El ministro de Hacienda sugirió que México pidiera préstamos voluntarios o iristituyera nuevos impuestos. Como la nueva nación no podía proporcionar reservas para pagar los cargos por intereses y amortización de un

�206

Siglo XlX

préstamo voluntario, éste pronto se convertiría en una exacción forzada.
Aunque Medina también"trlencionó la posibilidad de emitir papel moneda,
hizo notar que, al igual que un préstamo voluntario, también requería confianza en el Ministerio de Hacienda, el cual "estaba en estado crítico" porque había que pagar a las tropas sus sueldos atrasados y los corrientes.

Medina concluyó que lturbide debía presionar por el establecimiento
de un impuesto provisional que sería dividido entre los residentes adinerados para cubrir el déficit y darle tiempo al Congreso para tomar acción
más permanente. Estas nuevas recaudaciones ayudarían también a restablecer el monopolio del tabaco y alentarían la minería. Luego se podrían
agregar impuestos directos e indirectos en el futuro. De otro modo, advertía, las quejas se acumularían y Hacienda (y todo el gobierno) quedarían
desacreditados.30
Pero las élites ya estaban hartas de Iturbide. El 26 de agosto de 1822,
el Emperador se enteró de un complot en contra de su gobierno y arrestó
a quince prominentes diputados y a otras treinta y cinco personas. En represalia, el Comandante de las Provincias Interiores de Oriente, Felipe de
la Garza, encabezó un levantamiento para conseguir su liberación, y Vicente Rocafuerte laboró incansablemente entre sus contactos diplomáticos para aseJrrarse de que lturbide no recibiera mucha ayuda de los Esta·
dos Unidos.
Dada la situación, el Congreso permaneció impasible ante las conclusiones o sugerencias de Medina, y se mantuvo firme en su determinación
de no contribuir el mantenimiento del gobierno. Un día después de que
Medina presentara su reporte, el Congreso emitió una nueva ley quepo·
nía fin al monopolio del tabaco en 1825, privando así al gobierno de una
de sus más importantes fuentes d ingresos, y rehusó aprobar planes para
un nuevo préstamo, a pesar de las promesas de reembolsarlo por parte de
lturbide.32

Así pues, Iturbide concluyó en forma sensata que no estaba en posibilidades de poner en práctica las recomendaciones de Medina para aumentar la recaudación, dada la fuerte oposición por parte del Congreso. Como
ha sefialado Anna: "durante sus nueve meses de existencia, el Congreso
había fracasado en cuanto a plantear las cuestiones básicas de la consolidación del imperio".33 Peor aún, el Congreso probablemente había estorbado todos y cada uno de los esfuerzos por decretar medidas apropiadas para
solucionar la crisis.
El 31 de octubre de 1822, lturbide disolvió el Congreso, quejándose

B. Tenenboum: Finanzas y poder en México

207

de que, entre sus otros pecados no había dis - d I
ria propia de una nación indepe~diente 34 L e~a o. a estructura hacendates de la desesperada confrontación .
i°s h1Stonadores, poco concienca de las medidas fiscales han
d entrde e emperador y el congreso acer'
con ena o en forma ge
I I h"d
1o que creyeron una medida arbitraria Sin e b
_n?r~ a tur J e por
rador hubiera permitido que el C
. l m argo, dii1cil!"1ente el empeongreso e negara nuevos un
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peraba que su gobierno sobrev1V1era.
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IMPUESTOS Y TIRANIA
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·· e J Congreso el 31 de octubre de 1822 Iturb"de tabl
.,
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,.
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edeclaró su intención de implanta Y
. antiguos diputados, la cual
cit. El 5 de noviembre la Junta d r nu~vos unpuestos para reducir el défines de pesos, seguido ;or la emisi:c:e: ~n pres~o forzado de 2.8 millomoneda el 20 de diciembre A] d, . . uatro lm~o~es de pesos en papel
· 'ª siguiente' eahmm18tro Medina presento,
su presupuesto para 1823 en I al
,
e cu enumer a gastos por 20 328 740
pesos previendo un déficil de 6 000 000 T
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.
Iturbide declaró que cada provi .
, . ras ed anuncio del presupuesto,
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d talp pers?na (Mex1co y Querétaro
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que con wr con el 40% del al tasad
e sus berras; la Iglesia pagaría sólo el 5%. 35
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, ·
bide falló EUos tamb •, tu . '
runguno tuvo exito donde Itur.
,en vieron una extraordinaria popularidad en el

�208

Siglo XIX

inicio de sus regímenes, que se evaporó en proporción directa con la escalada de sus exigencias fiscales. Sin embargo, el destino y la historia fueron más benévolos con la mayoría de ellos que con el liberador de México.

B. Tenenbaum: Finanzas y poder en México

209

PRECEDENTES PERNICIOSOS

tructura hacendaría colonial, la destrucción de la economía minera y los
once años de incertidumbre política, por no mencionar la nula disposición
de las élites a pagar más impuestos o a prestar sumas adicionales a tasas nominales.38 La persistente fijación en los gastos alimentó la lucha de facciones ya que cada bando acusaba al otro de derrochar y pagar favoritos, interpretación que continúa en tiempos modernos.

La caída de Iturbide estableció tres desafortunados precedentes fiscales
que determinarían gran parte de la historia del México del siglo XIX.

LA PRIMERA REPUBLICA FEDERAL, 1824-1836

El primero y más importante fue la firme negativade las élites a pagar
impuestos. Su falta de disposición para contribuir al mantenimiento de su
gobierno alimentó el faccionalismo y la inestabilidad. Esta situación se vio
también exacerbada por el hecho de que ningún grupo elitista -fueran mineros, comerciantes, la Iglesia, o los hacendados- era lo suficientemente
fuerte como para dominar al resto, como lo hicieron los estancieros aliados de Rosas en la Argentina.
El comportamiento de las élites condujo al segundo precedente problemático. Durante todo el período, los gastos militares siguieron siendo
una considerable sangría a una recaudación inadecuada. A excepción del
costo de los préstamos agiotistas en la década de 1840, los salarios militares resultaron la partida más grande del presupuesto mexicano durante
gran parte del siglo XIX. Cuando las arcas se vaciaron, el ejército se quedó
sin paga, y los soldados se rebelaron, lo que explica el gran número de
distintos gobiernos que rigieron México de 1821 a 1856. La inestabilidad consecuente hizo poco por convencer a las élites de que debían mostrarse más cooperativas en cuanto a proporcionar fondos al erario, y estropearon los esfuerzos de México por obtener más préstamos, o atraer inversiones de capital europeo.

Con el objeto de crear apoyo suficiente para un gobierno viable, la estructur~ fiscal de la primera república federal (1824-1836) pasó la carga trihutana a los derechos aduanales sobre el comercio exterior. Durante los años
de 1824 a 1827, la ganancia inesperada proporcionada por los dos préstamos bancarios ingleses liheraron a la administración de Guadalupe Victoria
de agobiar a los ricos, aunque el cobro de impuestos por sí solo no podía
aún solventar los costos de gobierno. Cuando las arcas se vaciaron de nuevo, sin embargo, el gobierno aprendió con rápidez a obtener préstamos internos de los agiotistas, a plazos cortos con altos intereses, a menudo reembolsables directamente en la aduana, la única fuente confiable de recaudación.
No obstante, para 1829 se hizo evidente que los derechos de importación por sí solos no podían mantener el erario, así que el ministro de Hacienda Lorenzo Zavala decretó nuevos impuestos. En el plazo de seis semanas, el gobierno anuló esos impuestos y destituyó a Zavala. 39 La siguiente administración, de Anastasio Bustamente y Lucas Alemán, proml",tió erróneamente que podría pagar los costos de gobierno mediante la reducción de los gastos, pero también se vio forzada a tomar dinero a préstamo.40 Sus sucesores liberales, como Gómez Farías y Zavalá, idearon la estrategia de llenar las arcas ordenando a la Iglesia vender sus propiedades a
nuevos dueños que pagaran impuestos por ventas, idea que con el tiempo
condujo al colapso del gobierno y de la primera república también. De este modo, durante los años de 1821 a 1834, los gobiernos se vieron en la
imposibilidad de añadir un sofo nuevo impuesto aJ inadecuado sistema hacendario.

El tercer precedente fue el resultado de la testarudez y el carácter interesado del debate acerca de problemas fiscales, que permaneció sin cambio desde la independencia hasta después de la Reforma. Si bien los costos
administrativos eran en gran parte fijos, como correctamente hizo notar Antonio de Medina en 1822, los líderes políticos mexicanos persistieron en afirmar que los gastos, y no la falta de ingresos, era el problema fundamental. Naturalmente que esta interpretación surgió de la
negativa elitista a pagar impuestos.

CENTRALISMO, 1836-1847

Su insistencia en considerar los gastos como el problema, y no a los
ingresos insuficientes, queda ampliamente demostrado en los ataques al
régimen de lturbide, tanto contemporáneos como históricos, que resaltaron su lujosa corte y extravagante salario, y no la desintegración de la es-

De cualquier modo, la administración federalista de 1832-1834 dejó un
importante legado para el desarrollo del centralismo y de una estructura
fiscal independiente. Su disposición para destruir la Iglesia tradicional con
el objeto de financiar el nuevo Estado amenazó el status quo lo suficiente

�210

Siglo XIX

como para hacer añicos el sólido frente elitista en contra de las contribuciones. La Iglesia consideró oportuno dar a Santa Anna pagos mensuales
para postergar la inevitable desamortización de sus propiedades. Pero se
enfrentó a una amenaza inmediata y tangible que no afectó en forma directa a otros grupos. Estos empezaron a contribuir también por miedo a
la desestabilización social que resultaría del restablecimiento del control
federalista/liberal, y por el consentimiento de los centralistas de dejarles
llevar la voz cantante en sus localidades. Más aún, como en algo había
revivido la economía, podían permitirse ser un poco más generosos.
Sin embargo, como demuestra este breve resumen, las élites no se
apresuraron a contribuir con su gobierno. Los centralistas habían planeado al principio evitar los impuestos mediante la simplificación de las
administraciones tanto nacional como estatal, pero la sublevación en
Texas los forzó a imponer su "subsidio de guerra extraordinario", una
sobretasa en el precio de venta de la propiedad urbana en noviembre de
1835. Las élites se quejaron tan enérgicamente que el gobierno tuvo que
convertir el impuesto en un préstamo, pagando el 6°/o de interés anual.41
Enseguida, el ministerio de Hacienda decretó un préstamo forzoso sobre
las corporaciones religiosas, terratenientes y comerciantes, para "cubrir el
déficit nacional" el 16 de junio de 1836. 42 Cuando esta táctica falló, el
gobierno implantó los primeros impuestos nuevos en la historia de la república -dos pesos al millar sobre la propiedad urbana, tres al millar sobre
la propiedad rural, e impuestos sobre la renta en comercios urbanos proporcionales a su tipo y ubicación ("propiedades, rentas y giros"). Durante los años de 1836 a 1844, estos impuestos rindieron tanto como el
17 .3°/o de la recaudación Lolal.43
Asimismo, el gobierno buscaba recaudar mayores contribuciones del
comercio bajando los derechos aduanales un 10°/o, hasta sus niveles de
1821. Estas Lasas se revocaron en 1842 porque Santa Anna quería complacer a los algodoneros de Veracruz y sus aliados empresariales, pero sus resultados no fueron nada espect.aculares.44 Cuando los franceses bloquearon
el puerto de Veracruz durante la Guerra de los Pasteles, el gobierno de
Bustamantc implantó un "impuesto extraordinario" sobre el comerrio, las
profesiones, el capital (invertido o en bonos), y los artículos de lujo (definidos como carruajes, caballos y otros animales de carga, sirvimtas, cm
barcaciones, fincas, y literas) divididos en sectores. Estos impuestos produjeron cantidad ínfimas durante 1839 y 1840 y fueron revocados.45
Cuando el gobierno decretó un impuesto mensual sobre las cabezas de familias, comunidades y corporaciones eclesiásticas (capitación mensual), las
élites se resistieron a tal extremo qut&gt; el erario pudo recaudar tan sólo
10 717 pesos.46 Más Larde el gobierno elevó el impuesto sobre artículos de
importación vendidos fuera de los puertos, de un 5 a un 15%, pero se vio

B. Tenenbaum: Finanzas y poder en México

211

obligado a revocarlo al mes siguienle.47 El 11 de mar1.,0 de 1841, la administración de Bustamanlc decretó un impuesto del 3 al millar sobre la propiedad, y el 8 de abril añadió una capitación mensual de entre 2 reales y
2 pesos por cada mexicano de más de 18 años de edad.48
La combinación dt&gt;I 10% de aumento en el impuesto al consumo y
los impuestos directos a la propiedad y a los individuos, finalmente destruyeron la coalición centralista. El 28 de septiembre de 1841, Santa Anna,
Paredes y otros promulgaron las Bases de Tacubaya, que exigían al Congreso rrdactar una nueva Constitución. El experimento centralista original
había llegado a su fin.
Santa Anna y su nuevo gobierno no estaban en posición dr aprender
de los errores de sus prr&lt;lecesorrs. Al principio, solicitó el apoyo de las
élites eliminando por completo el impuesto del 15% al consumo y modificando el de tres al millar sobre la propiedad urbana y rural. Pero el ministro de Hacienda Trigueros pronto decretó nuevos impuestos sobre establecimientos industriales, sueldos y salarios, pro[esiont&gt;s y ocupaciones, artículos de lujo, y una capitación de medio real al mes. En efecto, el nuevo
sistema proponía gravar a cada habitante de México. El paquete fiscal se
parecía mucho a un sistema tributario moderno, y como tal requería una
bien organizada } eficiente administración (o su equivalente para fijar las
tasas y recaudar los nuevos impuestos), que México no poseía.
Aunque los nuevos impuestos produjnon una mayor recaudación,
los costos de la misma fueron astronómicos. Sólo en 1842, los impuestos
produjeron el 42.1 °/o de los ingresos totales del año, pero los cestos de
recaudación constituyeron el 69°/o de los gastos de operación de todo el
sistema hacendario.49
En septiembre de 1843, el gobierno aumentó los derechos de importación a 3Oº/o, su nivel más alto, con un 1°/o de sobretasa } un 5°/o extra de impuesto sobre la venta en puertos y en el interior. Más tarde el ministerio de Hacienda agregó una sobretasa del 2°/o para pagar la construcción de un ferrocarril de Perote a San Juan. De inmediato, los comerciantes protestaron, Uamando a la nueva contribución "la hija de la tiranía y
de la reacción''?l Finalmente, el 21 de agosto de 1814, el gobierno decretó un aumento del dos al millar al gravamen sobre la propiedad rural, un
nuevo impuesto de 3 al millar sobre el valor estimado de las fábricas de paños e hilos, el equivalente a un año de impuestos en bonos, y uno y dos
al millar sobre el dinero invertido en el fondo para la minería o en el gremio mereantil.51
Por afiadidura, Santa Anna continuamente solicitaba dinero a la Igle-

�212

Siglo XIX
B. Tenenbaum: Finanz08 y poder en México

sia. Al principio había buscado el apoyo de los clérigos permitiendo que
los Jesuitas regresaran a México, y autorizando el establecimiento de la
Congregación de las Hermanas de la Caridad. Sin embargo, pronto exigió
500 000 pesos (que más Larde redujo a 200 000 pesos) y el derecho de venta de una antigua propiedad Jesuita. Durante 1842 y 1843, el gobierno
emitió muchos decretos anticlericales incluyendo un impuesto del 15°/o
sobre todas las recién adquiridas propiedades y capitaJ, y la prohibición
en contra de Ja venta de ornamentos eclesiaJes, so pena de enjuiciamiento
por robo. Santa Anna obligó asimismo a la Iglesia a vender las propiedades del Fondo Pío de las CaJifornias a precios determinados caJculando la
tasa anuaJ de rendimiento aJ 6%.52
Los nuevos impuestos y el ataque a la IgJesia contradecían las prome-

sas fiscales del centraJismo y revelaron su bancarrota política y financiera.
Posteriormente, los líderes de Jalisco y Querétaro convencieron aJ generaJ
Mariano Paredes y Arrillaga a pronunciarse en contra de la dictadura el
2 de noviembre de 1844. l-Iacia fines del mes, la nación estaba bajo ley
marciaJ, el Congreso había sido suspendido, y Santa Anna se había facu!tado para administrar el erario y el ejército. El gobierno cayó el 6 de diciembre de 1844.

213

Estas cifras reflejaban la respuesta del gobierno a Ja presión referente aJ pago de préstamos atrasados, supuestamente para recibir nuevos préstamos. Según Ja Memoria de Hacienda de 1841, aunque los gastos del Departamento del Tesoro en 1840 fueron de 12 484 048 pesos,
se desglosaban en 2 375 314 para verdaderos gastos hacendarios, y
10 108 733
"préstamos, pago de intereses, y liquidación de dine, . para
. ,,5s
ro en depoSito
en eI erario.
Así pues, los centraJistas no lograron sacar aJ erario del ruinoso patrón de empréstitos que sus predecesores habían iniciado. Peor aún, los
centraJistas necesitaban los préstamos aún más que los federaJistas. Primero, porque se suponía que el centraJismo, después de todo, iba a suprimir los estados en nombre de la eficiencia fiscaJ. De ahí que sus proponentes no quisieran reconocer que aún no podían encontrar fondos suficientes para administrar el gobierno, ni siquiera con un sistema centralista. Segundo, a diferencia de los federaJistas que pJaneaban resolver el
problema fiscaJ mediante la expropiación de la lgJesia, los centrali~tas ya
habían agotado todos sus ardides, así que se vieron forzados a pedir prestado más que sus predecesores cada año.
La incapacidad básica del centraJismo para poner fin aJ federalismo y
las revueltas que engendraba exigía gastos ruinosos, pero fue la herencia
de pasadas deudas -extranjeras y nacionaJes- lo que mantenía las arcas
vacías, y débil aJ gobierno nacionaJ. Y estos préstamos se atribuyen directamente a la negativa de las élites para pagar impuestos.

La raída de la dictadura militar de las Bases Orgánicas puso un caUado fin a la era centraJista de la historia de México. Después de 1844, hasta sus proponentes admitían en forma tácita que el centraJismo no había
cumplido sus promesas cuando respaldaron el golpe supuestamente promonárquico de Paredes. Posteriormente, los centraJistas se presentaron a
las élites como protectores del modo mexicano de vida ante los federaJistas, y no como proponentes de un método superior de administMción
fiscal.53

LAS FINANZAS DURANTE LA GUERRA MEXICO-AMERICANA

El centraJismo logró crear una estructura fiscaJ un poco más confiable, pero los déficits presupuestarios de cada año fueron mayores que
durante el anterior período federalista. A pesar de la creciente actividad militar que caracterizó esos años, los déficits se produjeron por la necesidad de liquidar los préstamos intPrnos iniciados en 1827 cuando el
gobierno, desesperado por más fondos, había tenido que acudir a los comerciantes convertidos en agiotistas.

Desde el 6 de diciembre de 1844 aJ 20 de junio de 1848, diez diferentes
administraciones "gobernaron" México: Herrera, Paredes y Arrillaga, Bravo SaJas Gómez Farías Santa Anna Anaya, Santa Anna, Peña y Peña,
~aya, P~ña y Peña, y finaJmente He:rera. Durante este c~ótico perío~o,
ninguna administración se las arregló para cobrar nuevos tmpuestos e mcluso las declaraciones de tal intento muJtiplicaban la inestabilidad, provocaban revueltas.

A partir de 1835-1836, los gastos hacendarios eclipsaron a t~d?s
los demás. Por ejemplo, en 1839 la diferencia en gastos entre los m1rusterios de Hacienda y de Guerra sobrepasó los diez millones de pesos, en
1842 subió a casi doce millones, y el año siguiente aJcanzó los catorce
millones. En efecto durante los años del centraJismo, los gastos hacendarios sobrepasaron' los costos militares por un promedio de casi siete
y medio millones por año.

Cuando Santa Anna llt:gó a México para saJvar a la nación, reimpuso
la constitución federaJista de 1824 y su distribución de ingresos entre los
gobiernos nacionaJ y estataJ. También abolió la aJcabaJa y volvió a fijar impuestos sobre la propiedad así como una sobretasa del 50% en los impuestos aJ comercio, la renta y los artícuJos de lujo cobrados por los estados.
Esta ley pronto fue revocada junto con un cambio de ministro de Ha-

�214

B. Tenenbaum: FinanZ08 y poder en México

Siglo XIX

cienda, y el erario acudió de nuevo a la Iglesia.56 Después de la caída de
Monterrey, el gobierno no pudo darse el lujo de seguir esperando. El 2 de
octubre de 1846, el gobierno decretó que todas las corporaciones tenían
que contribuir con la renta de un mes al erario, calculada ésta al 5% del
valor total de 1~ propiedad. Pocos días antes que el ministro de Hacienda Antonio Haro y Tamariz renunciara, ordenó a la Iglesia aceptar
una hipoteca de dos millones de pesos sobre su propiedad que serían proporcionados por los agiotistas.57
La Iglesia rehusó vender su propiedad pero consintió en prestar al gobierno un total de l 850 000 pesos, con toda la propiedad no hipotecada
como garantía. En los primeros días de 1847, las tropas de Santa Anna
combatían desesperadamente a los invasores norteamericanos en Buena
Vista, mientras otras unidades militares trataban de repeler la toma de
Veracruz por parte de Estados Unidos. Las arcas estaban vacías otra vez y
el gobierno ya no tenía nada para asegurar más préstamos. Por lo tanto, el
II de enero de 1847, el vicepresidente Gómez Garías decretó la nacionalización y venta de propiedades de la Iglesia con valor de quince millones
de pesos.
No es de extrañar que la Iglesia pusiera un hasta aquí. Convenció a
la guardia nacional de la ciudad de México para que organizara la "rebelión de los polkos" (llamados así por su supuesta adhesión al presidente
norteamericano James Polk). Aunque la rebelión no logró derrocar al
gobierno, obligó a Santa Anna a regresar a la ciudad de México, revocar la
ley y despedir a Gómez Farías a cambio de una garantía por un préstamo
de l 500 000 pesos. Empero, eL daño ya estaba hecho. En los meses anteriores, el gobierno había autorizado préstamos hasta por 20 000 000 pesos que serían asegurados por piezas específicas de propiedades de la Iglesia.51f
Las exigencias centralistas en cuanto a las riquezas del clero, iniciadas
en 1834, debilitaron en forma considerable a la Iglesia como institución financiera, y ayudaron a precipitar la división de las élites. La guerra Méxicoestadounidense y sus constantes solicitudes de fondos impactaron en forma durísima sobre la Iglesia y asestaron el verdadero golpe de gracia a la
institución de "manos muertas". Para 1848, los agiotislas habían adquirido gran parte de la riqueza que la Iglesia había perdido, y aún así la venerable institución seguiría siendo el blanco más fácil para los erarios necesitados.
FEDERALISMO Y SANTA A

A, DE UEVO (1848-1855)

Los años que van de 1848 a 1855 parecen una versión exagerada de los

215

períodos de 1824 a 1827, y 1842 a 1844. Tras la firma del tratado de
Guadalupe Hidalgo en 1848, que puso fin a la guerra, Estados Unidos pagó a México una indemnización de quince millones de pesos en plazos
anuales de tres millones cada uno. Como resultado, el presidente José
Joaqufu Herrera, al igual que Guadalupe Victoria antes que él, cumplió
Lodo su período en el cargo sin que el gobierno pudiera convencer a las
élites, tambaleantes aún por el impacto de los préstamos forzados durante
la guerra, de que pagaran más impuestos. Todas y cada una de las propuestas gubernamentales acerca de nuevos impuestos, ya fueran destinados a
ricos o a pobres, eran rechazadas sin miramientos. Lo que es más conmovedor, el gobierno nacional falló por completo en sus intentos por obligar
a los estados a pagar sus contingentes o cualquier otro impuesto al erario
nacional.59 Cuando el dinero de la indemnización se agolÓ en 1852, el presidente Mariano Arista cayó poco después.
En este momento de incertidumbre, Santa Anna regresó como la opción de los centralistas/conservadores. Los agiotistas de inmediato presentaron al ministro de Hacienda, Antonio Haro y Tamariz, una propuesta
para fundar un banco que manejara los préstamos y transacciones en
efectivo del gobierno, y emitiera papel moneda. Se comprometieron a dar
al gobierno nacional 9 000 000 pesos anuales a cambio del derecho de cobro y administración de todas las contribuciones. Haro y Tamariz rechazó
el plan y en vez de ello acudió a la Iglesia.60 Propuso que la Iglesia prestara
al gobierno 17 000 000 pesos y emitiera una suma equivalente en bonos al
6% de interés anual. La Iglesia se negó y Haro y Tamariz renunció a su
cargo.61
Santa Anna encontró, en cambio, nuevas entradas por la venta a EE.
UU del territorio conocido como La Mesilla en quince millones de pesos,
los que más tarde se redujeron a diez millones. Tras la firma del tratado de
venta, Santa Anna emprendió la guerra en contra de su viejo enemigo
federalista, el caudillo Juan AJvarez. Durante los dos años comprendidos
entre la renuncia de Haro y Tamariz en agosto de 1853, y la de Santa Anna
en agosto de 1855, el ministerio de Hacienda decretó la reimposición de la
alcabala y de impuestos directos. Más aún, implantó una serie de impuestos indirectos que incluían el de tres pesos por devanade.ra sobre las máquinas de fabricación de hilo de algodón, lana y lino, y ordenó el cobro de
un peso por perro por familia cada mes, así como sumas adicionales por
ventanas y puertas exteriores.62 A medida que las necesidades monetarias
de Santa Arma aumentaban, disipó los fondos provenientes de ventas de
tierras, con préstamos por adelantado a intereses exhorbitantes, obtenidos
de unos cuantos agiotistas favorecidos.63 AJ final, dejó a sus sucesores un
erario vacío, y la determinación nacional de no vender más territorio a los
1-:stados Unidos para llenarlo.

�216

Siglo XIX

CONCLUSION: REFORMA, RESISTENCIA Y RESULTADOS
A PARTffi DE 1855
Los revolucionarios de Ayutla que habían derrocado a Santa Anna retuviron su sistema hacendario, a excepción de los impuestos mensuales por
puertas, ventanas y perros. El nuevo ministro de Hacienda, Guillermo Prieto, tomó una I Ínea de conducta centralista. Aspiraba a equilibrar el presupuesto mediante el recorte de la burocracia y el rjército. Había afirmado: ''la organización del erario reside en el ministerio de Guerra ".64
Pero las reducciones en los gastos no pagan las cuentas.
Como era de esperarse, Prieto solicitó primero al Arzobispo de México un préstamo de l 500 000 pesos. Enseguida propuso la venta de
12 000 000 en bonos del gobierno, disponiendo que la lgleisa comprara
1 500 000 y forzando a los empleados a pagar en proporción a sus salarios. Finalmente, propuso que la Iglesia hipotecara sus propiedades y diera
al gobierno 3 000 000 de pesos en abonos con más de la misma propiedad
como garantía.65 La Iglesia rechazó todos estos proyectos.
Después que Puebla se sublevara el 12 de diciembre de 1855, en respuesta a la emisión de la Ley Juárez, las contribuciones bajaron bruscamente porque los cobros aduanales de Veracruz, el puerto más grande,
tenían dificultad para llegar a la ciudad de México. in embargo, buscando
ganarse el favor de los agiotistas, el gobierno abolió el monopolio del tabaco que algunos de ellos controlaban", y les pagó sumas considerables.66 Para
abril de 1856, después de la victoria del gobierno sobre los rebeldes de
Puebla, México estaba al borde de la bancarrota.
Por último, el gobierno ofreció una nueva solución al problema hacendario con la Ley Lerdo, que decretaba que la Iglesia debía vender sus
propiedades a sus arrendatarios o, tras un período indicado de tiempo, a
cualquiera que ofreciese dinero. El erario recibiría entonces un 5°1o por
el impuesto de venta, y en el futuro se recaudarían los impuestos a la propiedad. El gobierno desea·ba hacer uso de la Ley Lerdo como la base de
una estructura tributaria completamente nueva.
En lugar de ello, la nueva ley provocó una serie de conflictos que culminaron en el establecimiento de un imperio extranjero en 1863. Aunque
las élites siempre habían creído que los extranjeros debían pagar los gastos de administración de la república a través de los impuestos sobre artículos de importación, no deseaban ver que todas las oportunidades comerciales dentro de la nación fueran usurpadas por empresarios y comerciantes europeos.

B. Tenenbaum: FinanZQ.f y poder en México

217

Al finaJ Juárez y los liberales derrotaron a las tropas francesas y ejecutaron al emperador Maximiliano. Sin embargo, serían necesarios muchos
años más, y las habilidosas maniobras políticas de Porfirio Díaz, para convencer a las élites de que México merecía su apoyo financiero desinteresado.

NOTAS

1. Fabián Fonseca y Carlos de Urrutia. Historia General de Real Hacienda vol. I
México, Imprenta de Vicente García Torres, 1845, introducción, pp. i~xxxvüi
Y cuadro 3; John TePaske en colaboración con José y Mari Luz Hernández
Palomo, L:1 _Real Hacienda de Nueva España: La Real Caja de México (15761816), Mex1co, Departamento de Investigaciones Históricas, Colección Científica. Fuentes (Historia Económica de México) 41, 1976, sin número de página; y "Sumario General de Cartas Cuentas de Veracruz", proporcionado por el
profesor TePaske, Duke University.
2. John E. Kicza. Colonial Entrepreneurs: Famílies and Business in Bourbon
México City, Albuquerque, University of New Mexico Press, 1983, pp. 13-42;
Richard B. Lindley, Hacienda.f and Economic Deve/opment: Guadalajara, Mexico at lndependence, Austin, University ofTexas, 1983, capítulo 2.
3. John J. TePaske, "The financia! disintegration of the royal government of México during the ePoch of independence, 1791-1821", de próxima publicación en
Proceedings of the Conference on lndependence and the Creation of the Federal
Republíc, Universidad de California en Irvine, febrero de 1987. La autora agradece aJ profesor TePaske el haberle permitido citar esta obra.
4. Doris M. Ladd, The Mexican Nobílíty at lndependence 1780-1826, Austin,
Instituto de Estudios Latinoamericanos, University of Texas, 1976, p. 99, tabla
20,pp.100-101 y 102-103.
5. TePaske, "Financia! disintegration", pp. 11-12.
6. Lindley, Haciendas, pp. 89-J 22; Brian R. Harnnett, "Royalist Counterinsurgency and the Continuity of Rebellion: Guanajuato and Michoacán, 1813-1820",
en Hispaníc American Historícal Reuiew, vol. 62, 1982, pp. 19-48; Timothy
E. Anna, The Fa/1 of the Royal Government in Mexico City, Lincoln, University
of Nebraska Press, 1978, pp. 151-158.
7. TePaske, "Financia] disintegration", p. 12.
8. Brian R. Harnnctt, Reuolucíón y contrarreuolución en México y el Perú (líberalí&amp;mo, realeza, y separatismo 1800-1824), México, Fondo de Cultura Económica, 1978, pp. 87-88.
9. /bid., pp. 93-94.

�218

Siglo XIX

10. Anna, Fall of Royal Government, pp. 155-158.
11. TePaske, "Financia) disintegration", p. 15.
12. Ladd, Nobility, pp. 148-153. Para un interesante punto de vista acerca del problema de la fuga de capitales, véase a Romeo Flores Caballero, Counterrevolution. The Role of the Spaniards in the lndependence of Mexico, I 804-1838, trad.
de Jaime E. Rodríguez O., Lincoln, University of Nebraska Press, 1974, P- 72.
13. TePaske, "Financia! disintegration", p. 9.
14. Rafael Pérez Maldonado, Memoria que el Ministro de Hacienda present~ al soberano Congreso sobre el estado del erario, México, 1822, p. 9; Memorw de Hacienda 1870, PP- 67-68.
15. Pérez Maldonado Memoria de Hacienda 1822, pp. 9, J9;Manucl Dublán Y José
María Lozano Legislación mexicana o colección completa de las disposiciones
legislativas es/edidas desde la independencia de la República, México, Imprenta
del Comercio, 1876-1912, vol. 1, p. 590.
16. Dublán y Lozano, legislación mexicana, vol. 1, pp. 552-553.
17. William Spence Robertson, lturbide of Mexico, New York, Greenwood Press
Publishers, 1968, pp. 152-153.
18. Pérez Maldonado, Memoria de Hacienda 1822, pp. 10, 21; Dublán Y Lozano,
Legislación mexicana, vol. 1, pp. 594-596; Robertson, lturbide, p. 153.
19. Pérez Maldonado,Memoria de Hacienda 1822, pp. 15-17, 21.
20. Colección de órdenes y decretos de la soberana junta provisional gubernativa Y
soberanos congresos generales de la nación mexicana, vol. 2, México, 1839, pp.
13, 17, 34.
21. /bid., pp. 7, 49, 52-53, 56-57, 72-73; Dublán y Lozano, legislación mexicana,
vol. l,pp. 617-619.
22. Lorenzo Zavala, Ensayo histórico de las revoluciones de México, vol. 1, México
1918, p. 126, citado en Robertson, lturbide, p. 203.
23. Timothy Anna, "The independence of Mexico and Latin America", en ~slie
Bethell (ed.), The Cambridge History of Latin America, vol. 3, Cambndge,
Cambridge University Press, 1985, p. 87.
24. Joel Poinsett, Notes on Mexico, Filadelfia, 1824, p. 68, en Robcrtson, lturbide,
p.192.

B. Tenenbaum: Finanzas y poder en México

219

(1823-1946), México, El Colegio de México, 1968, p. 15.

27. A~tonio de Medina, Memoria de Hacienda, México, 1822; Iturbide Papers, Biblioteca del Congreso, Washington, D. C., microfilm, rollo 9, pp. 1-2. La autora
desea agradecer la ayuda de Wanda Turnley, Colección Latinoamericana Benson
University of Texas, Austin, para armonizar el manuscrito de este reporte co;
la versión impresa.
28. /bid., pp. 2, 3, 7. Según Medina, costaron aproximadamente 35 000 pesos al
mes.
29. Medina, "!1;moria de Hacienda 1822. Aunque su cuidadoso análisis palidece en
comparac1on con el de Manuel Payno y Bustamante en 1844, era muy superior
a la clásica discusión del sistema tributario colonial que Matías Romero tomara
de Fonseca y Urrutia para utilizarlo en su Memoria de Hacienda 1870.
30. Medina,Memoria de Hacienda 1822, pp. 2-7.
31. Timothy Anna, "The Rule of Agustín de Itrubide: A Reappraisal", ]ourna/ of
Latín American Studies, vol. 17, p. 100; Jaime E. Rodríguez, The Emergence of
Spanish America, Berkeley, University of California Press, 1975, pp. 60-64.
32. Colección de decretos, vol. 2, pp. 87-88.
33. Anna, "lturbide", pp. 100-101.
34. /bid.
35. "Presupuesto por el año de 1823", Antonio de Medina, México, 21 de diciembre
de 1822, INAH, T-3, 35, Colección Antigua. Decreto del Emperador y de la
]unta Nacional Instituyente, el 21 de diciembre de 1822. Se dispuso que los comerciantes aceptaran hasta un tercio del pago de sus mercancías en el nuevo papel moneda. La autora desea agradecer al profesor Timothy Anna (Universidad
de Manitoba) por proporcionarle información sobre esta cita.
36. Robertson,Jturbide, pp. 221-225.
37. "Quejas del pueblo control el papel moneda", México, 1823, Colección Hernández Y Dávalos, Colección Latinoamericana Benson citado en Anna, "Iturbide", p. 99. Por ejemplo, en los primeros tres meses de 1823, el gobierno recaudó 49 303 pesos, 49 143 pesos, y 43 259 pesos, respectivamente. Véase la Gaceta imperial de México, 9 de enero de 1823, p. 16; 8 de febrero de 1823, p.
70; 6 de marzo de 1823, p. 120; Gaceta de México, 10 de abril de 1823, p. 182.
38. Anna, "lturbide'', pp. 96-99.
39. Memoria de Hacienda 1870, pp. 97-98, 100-103.

25 _ Gaceta imperial de México, cuadro opuesto, emisiones del I de abril, 5 de junio
y 1 de julio de 1822.
26. Lorenzo Zavala Umbral de la independencia, México, Empresas Editoriales,
1949, p. 196, ~itado en Jan Bazant, Historia de la deuda exterior de México

40. Memoria de Hacienda 1832, pp. 10, 1 J, y estado general;Memoria de Hacienda
1833, cuadros 12 y 13.
41. Memoria de Hacienda 1838, p. 15;Memoria de Hacienda 1840, p. 21; Memoria
de Hacienda 1841, p. 20, segunda parte, 1841, p. 19; Memoria de Hacienda
1844, p. 5.

�220

B. Tenenbaum: Finanzas y poder en México

Siglo XIX

42. Memoria de Hacienda 1870, pp. 152-154, 162-163.
43. Memoria de Hacienda 1838, p. 75; Memoria de Hacienda 1840, p. 21 ;Memoria
de Hacienda 1841, p. 20, segunda parte, 1841, p. 19; Memoria de Hacienda
1844, p. 5.
44. Memoria de Hacienda 1836/37, pp. 73-74; Memoria de Hacienda 1839, p. 10;
Memoria de Hacienda 1840, p. I0;Memoria de Hacienda 1841, p. 19.
45. Dublán y Lozano, Legislación mexicana, vol. 3, pp. 512-533; Memoria de Hacienda 1840, p. 22;Memoria de Hacienda 1841, p. 19.

46. Memoria de Hacienda 1840, p. 20.
47. Dublán y Lozano, Legislación mexicana, t. 3, pp. 673-674; t. 4, pp. 11-12.
48. /bid., t. 4, pp. 11-12.
49. Memoria de Hacienda 1845, p. 5
50. Guillermo Prieto, Indicaciones sobre el origen, vicisitudes, y estado que guardan
actualmente las rentas generales de la federación mexicana, México, Cumplido,
1850, p. l6;Memoria de Hacienda 1870, pp. 245-246.
51. Memoria de Hacienda 1870, pp. 255-256.
52. Hubert Howe Bancroft, History of Mexico, vol. 5, San Francisco, A. L. Bancroft
and Company, 1885, pp. 239, 246, n. 58; Jan Bazant, Alienation of Church
Wealth in Mexico. Social and Economic Aspects of the Liberal Revolution
1856-1875, trad. de Michael Costaloe, Cambridge, Cambridge University Press,
1971, pp. 25, 27-28.
53. Véasi;, por ejemplo, el manifiesto Conservador en los cinco volúmenes de Lucas
Alamán, Hiswria de Méjico.
54. Memoria de Hacienda 1870, pp. 118-119; Memoria de Hacienda 1835, pp.
55-61; Memoria de Hacienda 1837, pp. 33-34; Memoria de Hacienda 1839, pp.
73-75; Memoria de Hacienda 1840, segunda parte, pp. 5-7,Memoria de Hacienda 1840, pp. 3-7; Memoria de Hacienda 1841, pp. 19-21; Memoria de Hacienda
1845, p.5.
55. Memoria de Hacienda 1841, p. 14.
56. Dublán y Lozano, Legislación mexicana, t. 5, pp. 175-177. José Fernando Ramírez afmna que los impuestos fueron revocados debido a sobornos pagados al
ministro de Hacienda Antonio Haro y Tamariz. Véase a José Femando Ramírez,
México during the War with the United States, ed. Walter V. Scholes y trad. de
Elliott B. Scherr, Columbia, Missouri, University of Missouri Press, 1950, p. 90.
57. Bazant, Church Wealth, p. 29; Jan Bazant, Antonio Haro y Tamariz y sus aventuras políticas l 8ll-1869, México, El Colegio de México, 1985, pp. 48-50.
Para la explicación que da Bazant sobre la renuncia de Haro, véanse las pp. 5051.

221

58. Véa~ Mic~ael Cos!eloe, '_'The_ Mexican Church and the Rebellion of the Polkos"
en H';'pamc Amencan Historical Review, vol. 46 1966 pp 170-178 T b"' '
Ramuez Mé · d · w
•
• ·
. am 1en,
.
,
xico uring ar, pp. 104-107. Ramírez sostiene que el Vicario
Capitular Juan Manuel Irisarri financió la revuelta y que a los rebeldes les sobraron 9 3 000 pesos después de los gastos. Culpa a la Iglesia por la pérdida de Ve
r~~ruz (p. ~ 13_) Y afmna que hubo un notable descenso en el respeto a la reli:
g¡on tras el mc1dente (p. 114)
59. Documentos relativos a la reunión en esta capital de los gobernadores de los estados convocados para pr~veer a las exigencias del erario federal, México, J.M.
L3!a, 1851. _Para un estudio completo acerca del intento del gobierno por institu~ ~uevos unpuestos, véase Bárbara A. Tenenbaum, México en la época de los
agzotutas 1821-1857, México, Fondo de Cultura Económica, 1985, capítulo 4.
60. Ant?nio Haro _Y Tamariz, Informe presentado al presidente por el Ministro de
H,acienda, México, 1853, pp. 23-25.
61. /bid., pp. 9-14.
62. Memoria de Hacienda 1870, p. 412.
63. ~anuel_ Olasagarre (ed.), Cuenta de la percepción, distribución e inversión de los
diez_ millones de pesos que produjo el tratado de la Mesilla celebrado por el
gobiern? _supremo de la república con el de los Estados Unidos de América el
13 de diciembre de 1853, México, 1855.
'
64. Guillermo _P~ieto, Circular del ministro de hacienda a los gobernadores de los
estados, Mex1co, 1855, pp. 8-15.
65. "Pr~yecto de préstamo", Fondo Bustarnante 50, núm. 54, Archivos del Museo
Nacional de Antropología, México. lldefonso López, "Préstamo patriótico",
15 de octubre de 1855, Fondo Bustamante 50, núm. 25, Archivos del Museo
Nacional de Antropología, México.
66. M~m?r_ia de Hacienda 1855-1866, pp. 43-53. El gobierno ganó algún dinero al
pnnc1p10 con la vent~ de un poco de tabaco y cuantos artículos poseía por
813 238 pesos._Deb?r~ recordarse,q~e el entonces ministro de Hacienda, Manuel
Payno, era amigo intuno del mas importante prestamista, Manuel Escandón.

�Crisis Fiscal y Reforma Hacendaria en el
siglo XIX Mexicano
Javier Pérez Siller*

La cuestión más difícil que se puede presentar a los hombres de
estado en México, y cuya solución ha ofrecido siempre muchas y
muy graves dificultades es la de nivelar los ingresos con los egresos del erario público. Esta cuestión ha ocasionado la caída de
varias administraciones, y no podría considerarse que la Nación
disfrute de una manera estable y sólida, los beneficios de la paz
y la seguridad mientras no se le dé una solución conveniente y satisfactoria.
Matías Romero

PRESENTACIOt\t
El artículo sostiene la tesis siguiente: que la reforma hacendaría realizada
durante el periodo 1867 a 1892, es un elemento decisivo para comprender
la conformación del mercado interno y la consolidación del Estado Nacional en México.
Desde la Independencia, los gobiernos vivieron en una continua crisis fiscal que les impidió tener estabilidad. A partir de 1867, con la restauración de la República, se inició un proceso de reformas radicales a la
hacienda pública para solucionar dicha crisis. Se tomaron entonces medidas para fomentar la producción de excedentes económicos y para establecer los instrumentos fiscales de captación de recursos.
Las distintas crisis económicas que conoció el último tercio del siglo
X1X aceleraron este proceso: con la de 1890-92, la reforma alcanzó sus
objetivos.

*Facultad de Ciencias Políticas, Universidad Nacional Autónoma de México. Este
Uabajo fue originalmente presentado en el " Il Encuentro Nacional de Historiadores Mexicanos de la ADHILAC", Puebla, abril de 1983. Aquí sólo se agregan algunas
cifras para tomar más compren51ble las tendencias que describe.

�J. Pérez Siller: Cri8u fiscal y hacienda en Méxi~

224 Siglo XIX
Advertiré que el artículo es el resultado de una investigación sobre los
ingresos federales y el gasto público en México de 1867 a 1913 que vengo
realizando, y de la que hasta ahora he concluido la parte relativa a los ingresos. Este estado inacabado de la investigación quizá se revele en la argumentación que sigue. Las fuentes para la investigación de las que hablo han
sido las Memorias de Hacienda y las Cuentas del Tesoro Federal del periodo, así como libros y documentos de la época.1
Así pues, el tema que trataré es el de la reforma hacendaria del siglo
XIX. Para ello veré primero la crisis fiscal, luego las medidas que se propusieron para superarla, las que llegaron a adoptarse y sus resultados. Finalmente ofreceré algunas consideraciones para la reflexión.

I.

CRISIS DE LA HACIENDA PUBLICA

Durante el periodo de 1821 a 1867, aunada a la constante inestabilidad
económica, política y social, los gobiernos que se sucedieron experimentaron una permanente crisis fiscal. Este fenómeno provocó el derrumbe de
varias administraciones, pues sin ingresos suficientes para cubrir su gastos,
los gobiernos no podían enfrentar las sublevaciones opositoras. ¿En qué
consistía la crisis fiscal'? y ¿cuáles fueron sus elementos?.
A grandes rasgos la crisis se reflejaba en una continua situación deficitaria que impedía a los gobiernos solventar sus gastos y los obligaba a
buscar recursos vía créditos o la ampliación de impuestos.
Algunos de los elementos de esta crisis fueron: el caos del sistema
hacendario, la baja de los ingresos, los altos gastos y los ruinosos compromisos del crédito.
El sistema hacendario de ese periodo, 1821-1867, seguía siendo el mismo que el que había funcionado durante la Colonia después de las Reformas Borbónicas; lo nuevo estaba en que, debido a las necesidades de los
gobiernos en turno, se le habían agregado, de manera anárquica, una serie
de disposiciones impositivas y organizativas que ahondaban más la crisis;
se había provocado un caos en la aplicación y recaudación de los gravámenes y no existía un control sobre los gastos. Los ingresos recaudados generalmente no llegaban al Gobierno Federal, sino que eran utilizados por
las autoridades o los jefes militares locales.
Por otra parte, a pesar de que se creaban y abolían impuestos, los ingresos federales recaudados durante este periodo se redujeron casi a la
mitad de lo obtenido por la Real Hacienda durante los últimos años del

225

Virreinato.2
CUADRO 1

COMPARACION DE INGRESOS EFECTIVOS 1792-1867
(miles de pesos)
años

monto

1792
1802
1812 a 1816
1821 a 1866

19 522
20 200
11 726
472 344

promedio anual

19 522
20 200
2 345
10 268

FUENTE: para 1972 y 1802, Humboldt A., Ensayo pol{tico sobre el reino
de la Nueva España, México, 1978, pág. 540; para 1812-16, Macedo P.,
la evolución mercantil; comunicaciones y obras públicas; la hacienda pú.
blica; 3 monograf{as, México, 1905, pág. 369; para 182 Hi 7, Memoria de
Hacienda, 1870, págs. 834-835.

Por otra parte, la estructura de los ingresos tenía el inconveniente de
que cuatro de los impuestos aportaban más del 80°/o del total de ingresos,
y uno solo, el impuesto a las importaciones, concentraba más del 60º/o.3
Lo reducido de los ingresos y la excesiva concentración de ellos en los
product9s de los impuestos a la importación hacía muy vulnerable al erario. Una guerra que bloqueara el comercio exterior, la toma de una aduana
o una sublevación bastaba para que el Gobierno no contara con más de la
mitad de sus ingresos.4
Por el lado de los egresos, la inestabilidad política, los constantes levantamientos y las luchas contra las invasiones extranjeras hicieron que los
gastos destinados a gobernación y a guerra ocuparan el primer renglón del
presupuesto. A lo largo del periodo ambos rubros representaron en promedio el 77°/o del totaJ.5
Además, el caos administrativo hacía más costosa la recaudación de
los impuestos. Según Matías Romero, de 1825 a 1867 el costo de la recaudación fue en promedio de 16°/o del producto de lo recaudado.6 De
esta manera, el costo del control interior del país y de su defensa, unido a
los gastos de recaudación rebasaban el 89°/o del total. Con un 11°/o del
presupuesto los gobiernos quedaban incapaces de realizar cualquier polí-

�226 Siglo XlX

J. Pérez Siller: Crisis fi1cal y hacienda en México

CUADR02

RECAUDACION PROMEDIO DE LOS PRINCIPALES IMPUESTOS
1822-1867

Impuestos
Producto de aduanas ( 1)
Alcabalas en el D. F. (2)
Contingente (3)
Papel sellado (4)
Total de ingresos efectivos (5)

Producto Medio
(Miles de pesos)

º/o del total
efectivo

6 399
1 027
863

62.3
10.0
8.4
1.4
100.0

148

10 268

FUENTE: Memoria..., 1870, págs. 835-846.
l.

2.
3.

4.
5.

Incluye los impuestos a la importación y exportación, así como los
servicios aduanales. Es un promedio de 44 años.
Término medio de 18 años y medio, 1825-26 a 1836-37, 1841 a 1844,
1848-49, 1853 y 1856.
Corresponde por término medio a 15 años y medio de Contingente,
1825 a 1835-36, y de 1848 a 1851-52.
Corresponde por término medio a los 26 primeros años de papel
sellado, 1825 a 1845 y de 1848 a 1856.
Corresponde por término medio a los ingresos habidos de 1822 a
1867.

CUADR03

DISTRIBUCION PORCENTUAL DE GASTOS FEDERALES
POR RAMOS
1821-1867

Guerra
70°/o

SHyCP

Deuda
10°/o

Gobernación

Total
99°/o

FUENTE: M. Romero, Memoria de Hacienda . .. 1870, y G. F. Aguilar,
los presupuestos mexicanos desde los tiempos de la colonia . ..
Los porcentajes son un promedio anual demasiado relativo.

227

tica. en materia económica. Peor aún, el 10% de los ingresos estuvo
destinado al pago de las deudas. Esto condujo a una constante situación deficitaria que puso en quiebra permanente a la hacienda pública y
con ello a los gobiernos en turno, pues, sin ingresos suficientes, éstos se
volvían inestables. AJ respecto Pablo Macedo comentaba lo siguiente:
el señor ingeniero Don Francisco Bulnes ha condensado la ley
que rigió la relación entre nuestro deficiente y nuestras revoluciones, le.y que puede expresarse así; "mientras el deficiente no
llegaba al 25 por 100 de los egresos, aunque surgiera una revolución, la dominaba siempre el gobierno establecido, si el deficiente excedía del 25 por 100, la revolución triunfaba y el nuevo gobierno venía a desempeñar una función liquidadora de los
compromisos de su antecesor, pasándolo al capítulo de la deuda
pública".7
Una de las formas de aminorar la bancarrota fue la venta de los bienes de
la Nación y los préstamos de los particulares; pero en lugar de resolver la
situación, ambas medidas la prolongaron: la venta de bienes, además de esporádica y limitada, se realizó a bajos precios en la mayoría de los casos a
crédito.
Los préstamos, por su parte, metían a la hacienda en un "círculo vicioso". AJ otorgar crédito al Gobierno, los prestamistas imponían tan altos
intereses que no podían ser pagados, a la vez que exigían la hipoteca o el
arrendamiento de las principales fuentes de ingresos, con lo cual se reducían las recaudaciones y se obligaba al erario a recurrir nuevamente al
crédito.
La crisis fiscal, y con ello la inestabilidad de las administraciones fue
objeto de múltiples críticas de distintos sectores de la población.8 La
opinión mayoritaria era realizar una reforma a la hacienda pública que produjera un aumento de los ingresos y así superar el deficiente.
Se había tocado el meollo del problema: necesidad de mayores re.cursos para sostener al gobierno. Sin embargo, la forma de obtener esos recursos no estaba resuelta. Los conservadores proponían el proteccionismo
y el fortalecimiento de la industria nacional, mientras que los liberales se
inclinaban por el lihre cambio, la reducción de la deuda y la enajenación de
los bienes eclesiásticos. Si bien ambas propuestas se encaminaban a obtener
mayores recursos para el erario, ninguna de las dos fue totalmente viable.
Pues lo que se debatía en el fondo de esta lucha por imponer una política para aumentar los ingresos era el tipo de Estado que se quería crear
y, como éste dependía de la reestructuración de las fuerzas sociales, que

�228 Siglo XIX

aún estaban en proceso, esto no podía llevarse a cabo. Aún no se daban
las condiciones para imponer un Lipo de Estado.
En 1867, con el triunfo de la República sobre el Segundo Imperio, se
marcó un momento definitivo en el proceso de consolidación del Estado
Nacional y, con ello, se pusieron las bases para que el nuevo grupo en el
poder impulsara un nuevo tipo de Estado. En estas circunstancias, la reforma hacendaría no sólo se presentó como algo viable, sino necesaria para
el sostenimiento del Estado y de su consolidación política.
Sin embargo, la reforma debía de elaborarse y ajustarse a las grandes
tendencias de la sociedad y a las posibilidades del nuevo grupo en el poder,
así como debía enfrentar los obstáculos que se le presentaran. Por ello, la
reforma hacendaría no pudo darse de golpe, en una acción que diera respuesta definitiva a las necesidades para superar la crisis hacendaria, sino
mediante transformaciones paulatinas que se realizaron a lo largo del periodo. Cada una ofreció soluciones parciales al problema y venció la resistencia opositora; pero entre todas esas medidas existió una coherencia
para superar el caos financiero. Aquí es donde se ubica la continuidad de
la política seguida por los gobiernos que se sucedieron de 1867 a 1910.
¿En qué consistió esa reforma hacendaría?; ¿cuáles fueron los planteamientos y las medidas que se impusieron?; ¿qué resultados tuvo?

II. PLANTEAMIENTOS DE LA REFORMA HACENDARIA
Fue hasta después de 1867 cuando las iniciativas encaminadas a modificar la crisis hacendaría se concretaron y dieron origen a la revolución de
las instituciones estatales. Esa revolución fue uno de los pilares que fortaleció al Estado recién consolidado y ~eguró su permanencia.

J. Pérez Siller: Cri3is fecal y hacienda en México

229

crediticios que el gobierno manejaba en esos años.
Para incrementar esos recursos se propusieron tres vías, cuya orientación estuvo dirigida a impulsar las actividades productivas y el intercambio mercantil del país. Estas fueron: la administrativa, la del crédito
y la moneda, y la fiscal.
La vía administrativa estuvo encaminada a modernizar el aparato de
recaud;ción y distribución de ingresos y a reducir el gasto público. Se
pretendió reformular el papel de la Secretaría de Hacienda, el de la Tesorería de la Federación y el de las oficinas recaudadoras en el interior
de la República, con el objetivo de centralizar la toma de decisiones por
el Ejecutivo.
La centralización de las decisiones era de vital importancia, pues durante los 45 años de vida independiente se habían arraigado prácticas en
el manejo de los recursos y la toma de decisiones en materia hacendaría
que ya no dependían de la Secretaría, sino de las urgencias monetarias de
las autoridades o los jefes militares locales.
De aquí que la reorganización se enfocara a centralizar las decisiones sobre la aplicación de las leyes y la distribución de ingresos a partir de
un plan fiscal general que controlara el propio Secretario de Hacienda.
Con relación a la reducción del gasto, se pretendió modernizar los
aparatos administrativos y recaudatorios, y reducir el gasto de guerra. Para
administrar los recursos se propuso organizar los presupuestos y las Cuentas del Tesoro mediante la creación de un sistema de estadística fiscal que
funcionara en todas las dependencias y principalmente en la Tesorería.
Con ello se esperaba reducir los costos de la recaudación y mejorar la administración de los recursos.

Estos cambios institucionales tuvieron dos momentos: el primero
comprende la elaboración jurídica de las reformas y el segundo las medidas adoptadas para llevarlas a cabo. Es a este proceso que denomino
reforma hacendaría.

Gran parte de los deficientes presupuestales te~ía su ori~_en_ en los altos gastos de la Secretaría de Guerra, la que sostenia a un e1erc1to de entre 70 a 80 mil hombres. La reforma se proponía reducirlo de 16 a 18
mil soldados. 10

Los planteamientos de la reforma hacendaría comenzaron a ser elaborados por el grupo en el poder durante los primeros años del periodo. De
1867 a 1875 se produjeron una gran cantidad de informes, proyectos, iniciativas de ley y Memorias,9 documentos donde se exponen los principales
planteamientos que durante todo el periodo de 1867 a 1910 sirvieron de
hilo conductor para la reforma hacendaría. Su objetivo central fue superar el continuo deficiente mediante el aumento de Los recursos fiscales y

La vía del crédito y la moneda buscaban allegar recursos al erario
para aliviar el deficiente y fomentar la circulación de mer?~cías. Las m~didas propuestas fueron: el arreglo de la deuda y la em1s10n de 18 oullones de pesos en billetes del Tesoro.
Ya en 1867 se tenía una visión general sobre el estado de la deuda
externa y cierto conocimiento sobre la intema.11 Sólo faltaba tomar

�230 Siglo XIX
medidas. Fue entonces que el Gobierno propuso una iniciativa para que
todos los tipos de deuda pública se redujeran a una sola clase de títulos,
causantes del mismo interés y pagaderos de la misma forma. 12 .

A pesar de que se sah ía que esta iniciativa para arreglar la deuda era
una respuesta provisional -pues en tanto el erario no registrara excedentes
era imposible atender los pagos de la deuda- se pretendía obtener con
ello la confianza de los prestamistas.
No obstante, mientras no se obtuvieran excedentes o se lograran nuevos préstamos, se propuso emitir 18 millones de pesos en billetes del Tesoro con el fin de cubrir el faltante del dinero que resultaba del desfase
entre la lenta recaudación y los apremios de los gastos. La curiosa propuesta -que tendía a la creación de un banco de emisión ligado al Estado- consistía en emitir billetes equivalentes al presupuesto de ingresos,
darles curso forzoso entre los acreedores del Gobierno, erogar cada mes
sólo la duodécima parte del monto total y recibirlos en todas las oficinas
federales para el pago de impuestos o para su reconversión en dinero metálico. 13
La tercera vía: la fiscal, fue el punto central a partir del cual se puso
en práctica la reforma hacendaria. El planteamiento más acabado sobre
la vía fiscal se encuentra en la célebre Memoria de Hacienda de 1870,
donde Matías Romero, después de hacer un balance histórico de la hacienda mexicana, propone los cambios radicales para la reforma~
Los cambios propuestos por Romero enfocan tres rubros: f omeny superar la dependencia del
erario con relación a los impuestos a la importación. Para fomentar la
minería se proponía desde la reducción de los múltiples impuestos a uno
solo, que pesara sobre las ganancias de los mineros, hasta la recuperación
de las casas de moneda por el Gobierno.
to., la minería, estimular el intercambio

Con relación al intercambio se propusieron varias medidas: para el comercio interno, la política estatal se centró en la abolición de alcabalas y
el impulso a la construcción de medios de comunicación que comunicaran
a toda la República. Para el comercio exterior se propuso rebajar los impuestos a las importac_iones, abolir los derechos de exportación, fomentar
las líneas de vapores y prohibir a los estados gravar las importaciones y las
exportaciones.
Finalmente, para suprimir la dependencia con relación a los impuestos a la importación, la vía fiscal propuso la creación de un gravamen a la
riqueza interna y al consumo denominado Renta del Timbre.

J. Pérez Sil~r: Crisis fucal y hacienda en México

231

La hase de todas estas medidas se encontraba en el fomento a la producción para la exportación, especialmente a los metales preciosos. Se
pensaba que el desarrollo de la minería traería como consecuencia el florecimiento de la agricultura y de la industria y, con ello, el de los intercambios. De esta manera aumentarían los ingresos internos y podría superarse Ia crisis fiscal.
Estos objetivos -fomentar la minería, estimular el intercambio y superar la dependencia- apuntaban hacia las grandes tendencias que marcaron la historia de México en el siglo XIX: la conformación del mercado intemo y la consolidación del Estado Nacional.

III. MEDIDAS ADOPTADAS Y RESULTADOS DE LA REFORMA
HACENDARIA
¿Se realizó este plan de verdadera regeneración económica y fiscal?, fue
la pregunta que se hizo Pablo Macedo en 1904.15 A ella responderé con la
descripción de las medidas adoptadas por el Gobierno a partir de los objetivos que se iban logrando en cada una de las vías de la reforma hacendaria.
Primero describiré cómo se superaron las dificultades para que se llevara a
cabo la reforma y el modo en que se establecieron sus bases, proceso que
se apoyó en la respuesta estatal a la crisis de 1873-76. Luego veré cómo la
crisis de 1884-86 puso los cimientos para consolidar la reforma, y finalmente describiré los resultados obtenidos por la reforma después de la
crisis de 1890-92.
1) Condiciones y bases para la reforma: 1867 a 1882

La experiencia hacendaría de la primera mitad del siglo XIX demostró que
no podía existir un erario estable sin obtener la paz social. También enseñó que el establecimiento y la recaudación de los impuestos era un punto de conflicto con las autoridades regionales. No se podía llevar a cabo
ninguna reforma radical a la hacienda hasta que se consolidara la paz y
los gobiernos locales aceptaran un estado de derecho federal. 16
En 1867, el triunfo sobre el imperio permitió al nuevo Gobierno establecer la paz en todo el territorio y legitimarse ante la nación. Sin embargo, hasta después del triunfo del Plan de Tuxtepec se logró enteramente la
paz social. Mientras tanto, el establecimiento del sistema de derecho federal para los ciudadanos y las autoridades de los estados se fue afianzando
en el Congreso de la Unión.
Se puede afirmar que la primera prueba de ambas condiciones -paz

�232 Siglo XIX
social y sistema legal federal- fue el cambio de poderes de 1880, cuando
Manuel González asumió la presidencia de la República de forma constitucional. Paralelamente a la superación de esas dificultades, se empezaron
a erigir las bases de la reforma hacendaría para cada una de) las vías establecidas.
En relación a la vía administrativa, de 1867 a 1882 se llevó a cabo la
reorganización de la Secretaría de Hacienda y se redujo el gasto público.
En ese tiempo, el Gobierno estableció mediante diversas iniciativas que se
sintetizaban en las Memorias de Hacienda una política fiscal general
aprobada en el Congreso, a la cual se subordinaron todas las dependencias, las autoridades y los gobiernos regionales; además, se modernizó desde 1867 el aparato hacendario y en 1882, con la creación de la Dirección
General de Estadística se formalizó el sistema de estadística nacional para
controlar y administrar los recursos! 7
Con estas medidas la Secretaría de Hacienda se convirtió en un potente aparato que centralizó la autoridad fiscal del país y estableció los mecanismos administrativos adecuados para recaudar los ingresos en toda la
República. Con el establecimiento del plan fiscal se pudieron reducir los
gastos, vía economías, en la administración y la reducción del presupuesto de la Secretaría de Guerra. En 1881, el gasto de guerra se redujo del
50°/o del total de egresos que había mantenido desde 1867, a sólo el
30°/o. A partir de 1882, el gasto militar permaneció por debajo del
25°/o.18 Con estos ahorros se aminoró el déficit del erario.
En relación a la vía del crédito y la moneda, en esta primera etapa,
1867-1882, el Gobierno reconoció parte de la deuda externa y llevó a cabo
almonedas para el reconocimiento de la deuda interior, operaciones que
concluyeron en 1871. Además en 1873, se reconocieron las deudas con
Estados Unidos. Todo ello dio como resultado el restablecimiento del
crédito interno, y en consecuencia la obtención de préstamos para cubrir los deficientes del gasto público y para fomentar los medios de comunicación.
Señalamos antes que la vía fiscál estaba orientada a tres objetivos:
fomentar la minería, estimular el intercambio y superar la dependencia
del erario de los impuestos a la importación. En esta primera etapa de la
reforma, 1867-82, las medidas tomadas para lograr estos objetivos fueron:
para la minería, a principios de 1868 el Gobierno nombró una comisión
encargada de examinar los impuestos que pesaban sobre este rubro y proponer las modificaciones en la legislación. 19 La comisión tomó medidas para enfrentar la crisis minera que se desató en 1872 y los problemas que trajo la baja de la planta de 1873.

l. Pérez Siller: Crüü Fiscal y hacienda en México

233

CUADRO 4
DISTRIBUCION PORCENTUAL DEL GASTO FEDERAL
POR RUBROS.1868-1913
1868-1881

1882-1890

1892-1913

ºlo

ºlo

º/o

Guerra
Deuda
Comunicación
Fomento
Gobernación
Hacienda
Instrucción

47.2
6.3
8.4
1.6
8.8
14.0
2.3

25.4
35.9
11.9
1.8
6.7
11.6
1.3

20.1
33.7
12.4
1.9
9.8
10.6
4.9

Total

88.6

94.6

93.4

FUENTE: El Erario Federal en el último decenio y Memorias de Hacienda,
Cuentas del Tesoro Federal ·de los años correspondientes.
Los totales no cubren el 100°/o a causa de otros rubros no incluidos en
el cuadro.

Como resultado, en 1872 se derogó la prohibición de exportar metales
preciosos en pasta, implantada nuevamente en 1877. Al año siguiente,
1878, se declararon libres de todo derecho de im~rtación a los insumos
para beneficiar el metal y en 1882 se redujo el 50 1/o a los derechos de exportación a los metales preciosos.
Por otra parte, la crisis influyó para que en 1874 el Gobierno pudiera
recuperar, a excepción de la de México, las casas de moneda que tenía
arrendadas a los particulares desde la Independencia. Este logro fue efímero, pues en 1876 la crisis financiera del gobierno de Lerdo de Tejada
obligó a éste a arrendarlas de nuevo a cambio de algunos préstamos. Todas estas medidas fomentaron la minería, que desde 1873 veía reducir los
precios de sus principales productos.
Para estimular el intercambio se dieron varias medidas relacionadas
con el comercio exterior, el interior y las comunicaciones. En cuanto al
comercio exterior: con el objeto de frenar el contrabando, se estable-

�234 Siglo XIX
cieron de 1868 a 1871, los contraregistros en la frontera norte y, mediante los aranceles de 1872 y 1880, se redujeron los impuestos a la importación y a la exportación de metales preciosos. Para estimular el mercado
interno, en 1872 se emitió una iniciativa para la supresión de alcabalas
que no tuvo eco en el Congreso.
Por otro lado, desde 1868 el Gobierno emprendió el fomento a las
comunicaciones mediante el impulso a la reconstrucción de caminos y la
subvención a vapores que tocaran nuestros litorales. Además, dieron concesiones para la construcció~ de los ferrocarriles y en 1873 se terminó el
ferrocarril México-Veracruz. Gracias a ello estimuló de manera sustantiva
el intercambio en esa zona comercial.
Como vimos, en los planteamientos de la reforma, sobre la base del incremento del mercado interno y mediante la creación de rentas interiores,
se pretendió superar la dependencia del erario. En 1871 se creó la renta del
timbre, la innovación fiscal más importante del periodo. La renta del timbre fue el símbolo de la reforma hacendaria. Consistía en establecer un impuesto en todo el país orientado al intercambio mercantil. Aunque establecida en 1871, la renta del timbre empezó a funcionar hasta 1875, debido
a la oposición de comerciantes, mineros, industriales y gobiernos locales y
a la falta de máquinas impresoras. En 1876 se decretó una nueva ley del
timbre que no afectó a las mercancías y sólo abarcó a las estampillas comunes y a la contribución federal. Con la ley de 1880 y la de 1881 el
timbre se extendió a varias mercancías, con lo que se venció la oposición
que se Je tenía.2º Así, el Gobierno Federal estableció con el timbre un instrumento fiscal capaz de transferirle recursos de los estados y municipios y
darle a él cierta autonomía.
Con todas estas medidas, para 1882 se cubrieron los requisitos y se
erigieron las bases de la reforma hacendaria.
2) Consolidación de la reforma hacendaría: 1884 a 1892

La crisis nacional y mundial de 1884-86 puso a la hacienda pública en
quiebra; ya no podían cubrirse los deficientes con los empréstitos internos
como en los años anteriores, y las rentas afectadas por las deudas en un
90°/o habían disminuido. Mientras tanto, los gastos crecían por los compromisos del Gobierno en el fomento de los ferrocarriles, telégrafos y vapores, y las reservas del Banco Nacional de México se encontraban agotadas. De tal suerte que el erario no tenía de donde echar mano. Fue entonces cuando la dinámica de la situación aceleró las medidas de la reforma hacendaria.

J. Pérez Siller: Crisi8 fiscal y hacienda en Méxwo

235

Ante _este panorama era urgente la búsqueda de créditos externos y
el arreglo mterno de las deudas. Después de múltiples negociaciones en el
Congreso, en noviembre de 1884 el Gobierno reconoció la deuda de Londres, cuyo arreglo definitivo tuvo lugar el 23 de julio de 1886. A la par se
dio la iniciativa de junio de 1885, mediante la cual, después de cuatro
años de trabajo, el Gobierno logró convertir 1os diversos tipos de crédito
que formaban la deuda interior y exterior en una sola categoría de bonos.
Como lo refiere Pablo Macedo "esta medida fue la piedra angular del edificio de nuestro crédito público", gracias a que con ella se consiguió el tan
buscado arreglo general de las deudas y se abrió la puerta del crédito exterior.21
A la vez que se solucionaba el problema del crédito, en 1884 el gobierno alentó la fundación del Banco Nacional de México y emitió el Código de Comercio, con el que se reglamentó el funcionamiento de los
bancos. Este Código otorgó al Banco Nacional múltiples privilegios, entre
ellos el de auxiliar en la administración de los recursos del erario y del
crédito público. En suma, con el arreglo de la deuda pública y los convenios realizados con el Banco Nacional, se liberaron las rentas afectadas y se redujeron las presiones sobre los ingresos del erario. Además, el
gobierno pudo enfrentar sus gastos gracias a los empréstitos extranjeros.
Por otra parte la crisis de 1884-86 tuvo efectos en el mercado interno
y en el externo: ambos se contrajeron. Esta situación forzó al Gobierno a

tomar nuevas medidas. En relación al comercio exterior se emitieron las
Ordenanzas Aduanales de 1885, 1887 y 1891, que redujeron los impuestos y las tarifas. En cuanto al comercio interior, en 1883 se celebró una
reunión de representantes de los estados para estudiar la desaparición de
los impuestos alcabalatorios, que representaron una verdadera traba al intercambio y, que en esas circunstancias ahondaban la crisis. En esa reunión se vio que los ingresos de los estados dependían de un 30°/o a un
70°/o del cobro de las alcabalas, razón por la cual no podían suprimirse
de golpe.22 Para 1890 se realizó otra conferencia donde se establecieron
las bases para su abolición definitiva.
La crisis también afectó a la minería que vió reducir nuevamente los
precios de sus productos. Ante ello, en 1884 el Gobierno decretó el Código Minero, que redujo los diversos impuestos existentes a uno sólo, y
bajó las tarifas.23
Por el lado de las comunicaciones, el Gobierno continuó subsidiando
con los empréstitos extranjeros la construcción de medios de comunicación (Véase cuadro 4). De 1882 a 1890 aumentaron las subvenciones a los
vapores, se extendieron los telégrafos y el correo, y sobre todo, se cons-

�236 Siglo XIX

l. Pérez Siller: Crim fucal y hacienda en México

truyó la mitad de la red fer,oviaria que se tendió durante el porfiriato. Con
esta infraestructura quedó unida gran parte de las zonas productoras y comerciales del país.
Finalmente, con las leyes de 1885 , 1887 y 1892 el impuesto de la
renta del timbre se amplió a todos los productos del intercambio, y con
ello se consolidó como instrumento fiscal de captación de recursos: al
grado de que, en 1892 aportó el 24% del total de ingresos24 (Ver cuadro
5). Así, pues, la reforma hacendaría salió consolidada de la crisis de
1884-86 y vio sus frutos después de 1894.
CUADRO 5

CRECIMIENTO Y PORCENTAJE DE LA RE TA DEL TIMBRE
1867-1913

1867-1882
1884-1890
1892-1913

Monto

Cree. Prom.

(Miles p. c.)

Anual
'01o

2 572
6 749
26 718

5.7
9.0
6.6

0

/o del Tot.

de Ingresos

13.8
22.5
34.8

FUENTE: El Erario Federal en el último decenio y cuentas del Tesoro Federal de los años correspondientes.

3) Resultados de la reforma ha(;endaria: 1894 en adelante

De 1890 a 1892, la crisis internacional por la que atravesó el mundo tam·
bién afectó al país. En estos años se desplomó el precio mundial de la plata
y se perdieron gran parte de las cosechas nacionales, lo que influyó fuerte•
mente en la economía.
La caída de los precios de la plata afectó a la minería, que se vió
obligada a fortalecer sus técnicas para compensar con productividad la pérdida en los precios, a la vez que obligó a los capitales con poca productividad a concentrarse en los más fuertes o a abandonar esa rama productiva.
Por otra parte, la baja de la plata provocó una devaluación de hecho
que redujo la capacidad de importación, amplió las perspectivas para la
exportación y ofreció muchas ventajas a los inversionistas extranjeros. Es-

237

ta s!tuación atr~jo a lo~ capi!3les nacionales retirados de la minería y a los
capitales extran1eros a invertir en la agricultura de export .,
1 ·
d
· L
·
.
ac10n y en a m~tna. a primera, favo~ec1da por los precios competitivos a nivel mund,aldy, 1la ~gunda, _protegida por los aranceles e indirectamente por locostos e as unportac1ones.
Con estos cambios, y las medidas que la reforma hacendaría había impuesto en los ª~?s anteriores, el país salió de la crisis con una economía
fuerte,· 'que erecto
de forma acelerada hasta 1907-08· El crec1m1ento
· ·
1
repercut10 en e merca~o interno y con ello en los productos de los ingreso1s ffederales. De aq~1 que desde 1894 se empezaron a ver los resultados de
a re o~a hacendana.
.
En primer _lugar, la renta del timbre aumentó considerablemente sus
mgreso~ ~n el mcremento del mercado interno, de tal suerte que en 189394 llego a igualar a los productos de los impuestos a la importación y pudo
superarse la depende~cia del erario con relación a esos impuestos. Con
ello, el E_stado :iseguro una fuente de ingresos propia que incrementó su
autonom1a relativa.
CUADRO 6

ESTRUCTURA PORCENTUAL DE LOS INGRESOS FEDERALES
1867 -1913
Ramos e Impuestos

Importación
Timbre
Contribuciones
Correos
Telégrafos
Exportaciones
Casas de Moneda
Otros
Total

1867-1882

1884-1890

ºlo

ºlo

0

53.7
13.8
10.4
2.6
0.5
5.7
2.3
11.0

53.2
22.5
8.3
2.3
0.7
0.7
0.3
12.0

42.4
34.8
8.2
4.9
1.7
1.3
1.2
5.5

100.0

100.0

100.0

1892-1913

/o

FUENTE: EI_Erario Federal_ en el último decenio y cuentas deJ Tesoro Federal de los anos correspondientes.

�238

Siglo XIX

J. Pérez Silkr: Crim fecal Y hacienda en México

En segundo lugar, la propia expansión del mercado interno no pudo
tolerar las alcabalas; éstas mantenían los privilegios de circuitos comerciales regionales, razón por la cual se les derogó en 1896. Este hecho eliminó la última traba que tenía el mercado interno, y demostró la fuerza
del Estado Nacional frente a los grupos regionaJes.25
Finalmenle, el crecimiento económico incrementó los produclos de
los impuestos federales al grado de que
por primera vez en nuestra historia como pueblo independiente, o
más bien desde que estalló la guerra de Independencia de 181 O, el
año fiscal de 1894-95 presentó un superávit en nuestras rentas públicas y la nación aplaudió con alborozo hecho tan importante e
insólito.26
De esta manera, el proceso de reforma hacendaria logró sus objetivos y sentó la base material sobre la que el Estado se mantuvo hasta 1910. Sin embargo, aunque la estructura del Estado permaneció inmutable, esa base
material fue socavada por los movimientos sociales y económicos que se
dieron entre 1892 y 1907. La crisis que se inició en este último año obligaría al Estado a adecuarse a las nuevas condiciones, como se haría evidente
con la Revolución de 1910.

CONSIDERACIONES FINALES
A lo largo del artículo hemos visto cómo el Estado superó por medio de la
reforma hacendaria la crisis fiscal que lo ahogaba. La reforma hacendaria
fue decisiva para la constitución del aparato estatal ya que sin una base
económica firme el Estado no habría podido intervenir en la constitución
del mercado interno y en todo lo que esto implica para el desarrollo del
capitalismo en México. Para concluir este trabajo, qoiero compartir algunas de las ideas que surgen a partir de esta afirmación.

1.- La reforma hacendaria ofrece elementos indispensables para entender
los cambios que experimentó el Estado durante las crisis del último tercio del siglo XIX. En otros términos, el estudio de la reforma hacendaria
es un puente para integrar de manera más orgánica las modificaciones del
aparato estatal con las crisis económicas.
2.- La reforma hacendaria ofrece también los elementos para entender la
reestructuración de las fuerzas sociales: los grupos regionales, la burguesía con proyección nacional y el propio Estado en tanto fuerza política.

239

3.- .El ~~tudio de la reforma hacendaría ofrece una vía alte
.
explicac,on muchas veces politicista de la dictadura
. . mabva a la
~ite c_omrend; la _eficiencia de una estructura econ!:~;::t:~::~::
a ecuo a as ten enc,as de la acumulación de ese periodo.

4.- En suma, el estudio de la reforma hacendaría -dicho e t, .
;~es, de la_ constitución del aparato económico del Esta~oe:1:i°;i;i:
- ~~ un mstru~en_to de análisis más fino para entretejer los elementos poi tltcos y econom,cos de la historia del siglo XIX
d .
estos hilo 1
· ·, d
, es ec1r, para atar
inte
atahcolns~t~cion e la clase capitalista, la creación del mercado
mo, e es
ec1m1ento del estado nacional y lru, fo
1• .
que se tradujo.
rmas po 1t1cas en

r

~OTAS
1 P,
Sill
·
.- ere~
er, Jay¡er., Los ingr~sos federa/e, en México: 1867-1913, Tesis de licenCJatura, FCPyS. UNAM' Mex1co, 1982, 492 pa'gs., 2 T .
2.- P~. el añ? de 1802 _la Real Hacienda obtuvo 20 millones de pesos de recaudaCJon de ingresos, mientras que para el periodo de 1821 a 1867 se obtu
promedio anual 10 millones de pesos. Ver Pérez Siller ob cit P~º 53
drvo e4n
, • - ...,. , cua o .
3.- Ver, Pérez Siller, ob. cit. pág. 66, cuadro 5.
4.-

~ esto se d~be que bl?&lt;Jueo o la_ toma de aduanas fuera el primer paso que reali_zaran los mtervenCJorustas enenugos que vio el país de 1821 a 1867; en es _
~al la de Veracruz, pues es~ sola aduana aportó casi el 35°¡0 del total de ios
1t1,F.esos federales en ese periodo. Ver Pérez Siller, ob. cit., pág. 132, cuadro

e!

5.- ~éase,_Aguilar, Gustavo F., Los presupuestos mexicanos desde los tiempo, de la
oloma hasta nuestros días, México 1940, SHyCP, pág. 21.
6.- Los cistos de la recaudación ~scal de 1825 a 1867 fueron en término medio de
16.05 '/o sobre el producto. Vease Memoria de Hacienda 1870, pág. 852.
7.- Macedo Pablo, Tres Monografías.• . México, 1905, J. Ballescá y Cía., pág. 423.
8.- Muc~as opiniones sobre 1~ necesidad de una reforma a la Hacienda Pública se
pub~caro~ durante el periodo de 1821 a 1867: en la mayoría de los informes
preSJdenctales el ejecutivo planteó al Congreso la necesidad de una refo
para _superar el ~ntinuo deficiente. Ver México a través de los Informes
denc,ales: la llac,enda Pública, T. 4, L. 1, SHyCP, México, 1976, págs. 1 a 121
Por el lado de lo~ particulares la propuesta que tuvo más éxito fue la de lo·
conservadores, quienes en 1830 propusieron el impulso a la industria mediant:

p:::t

�240

Siglo XIX

el proteccionismo y la creación del Banco de Avío. Ver Cañas Domínguez,
Manuel. La lnduslTia Textil Mexicana.1790-1845, Tesis de licenciatura, FCPyS,
UNAM, 1981,Cap. IX.
Otras iniciativas que los particulares impulsaron para la reforma de la Hacienda
fueron hechas por: Esteban de Antuñano en 1838, Marcos Amaud el mismo año
y Manuel Escandón en 1853. Este último propuso la fundación de un banco
nacional con 6 millones de pesos de capital para administrar por cuenta propia
las rentas del Estado. Ver Trápaga Delfín, Yolanda, Bibliografía de la historia
económica de México: 1821-1857, Tesis de licenciatura, FCPyS, UNAM, México 1978, Cap. VI.
9.- Al respecto ver el balance bibliográfico de Rodríguez López, Guadalupe, Bibliografía de la historia económica de México: 1857-1876, Tesis de licenciatura,
FCPyS, UNAM, México, 1980, Cap. 6.
10.- Exposición que el Ejecutivo dirige al Congreso de la Unión•.. , México, 1870,
pág. 27.
11.- Ver Rodríguez López, ob. cit., pág. 175.

12.- Exposición e iniciativa del Ejecutivo Federal sobre la situación Hacendaria . •.,
México, 1869, pág. 1J.
13.- Exposición e iniciativa. .•, 1869, págs. 83-87.
14.- Memoria de Hacienda•.. , 1870, México, págs. 1003 a 1006.
15 .- Macedo, Pablo, ob. cit., pág. 4 28.
16.- Memoria de Hacienda . .•, 1868, enero, págs. 7 a 12.
17.- Ver Pérez Siller,ob. cit., pág. 79.
18.- Consultar los cuadros estadísticos del tercer anexo de Pérez Siller, ob. cit., pág.
423.
19.- Memoria de Hacienda••. , 1868, septiembre, pág. 16.
20.- Con relación a la oposición que enfrentó la renta del timbre, ver Sierra, Carlos Y
Martínez Vera, Rogelio, El papel sellado y la ley del timbre; 18211 1871, 1971,
México, 1972, SHyCP. Estos autores afirman que uno de los motivos de levantamiento del Plan de Tuxtepec fue la oposición a la renta del timbre.
21.- Macedo, Pablo, ob. cit., pág. 443.
22.- Memoria de Hacienda ... , 1883-84, México, pág. XXXV.
23.- Memoria de Hacienda • .., 1883-84, México, pág. XXXLX.
24.- Ver Pérez Siller,ob. cit., pág. 105, cuadro 13.
25.- Ver Pérez Siller,ob. cit., pág. 183.
26.- Macedo, Pablo, ob. cit., pág. 475.

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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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