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                  <text>Revista
de Historia

TRABAJADORES, VIDA
COTIDIANA Y FORMAS DE
RESISTENCIA EN EL XIX
(Uruguay, Argentina, México,
Cuba, Bolivia y Venezuela)
Año III, número 6
julio-diciembre de I 988

Facultad de
Filoso[ ía y Letras
Universidad Autónoma
de Nuevo León
Monterrey- MéXlco

��SIGLOXIX
Revista de Historia

Publicada por la Facultad de Filosofía y Letras
de la Universidad Autónoma de Nuevo León
Apartado postal 3024, 64000 - Monterrey, México

Este número fue editado con la contribución académica
del Programa de Estudios de Historia Económica y Social
Americana (PEHESA) d~I Centro de lnvesligaciones Sociales
sobre el Estado y la Adminislración (CISEA), Buenos Aires,
Argentina

Universidad Autónoma de Nuevo León
Rector,
INGENIERO GREGORIO f ARIAS LONGO RIA

F acuitad de Filosofía y Letras
Director,
LICENCIADO BERNARDO FLORES FLORES

Editor Responsable
'.\1ARIO CERllTIJ

Editor Adjunto
MIGUEL GO"'ZALEZ QUIROGA

Cuidado de la edición: Sylvia Eloísa Morán y Mario Cerutti

Tipografía: Andrea González Corona
Impresión: Editora! El Sol
Aparición semestral
Para envíos al exterior, U. S. A. $7

�AÑO

ill

NUMERO

6

JULIO-DICIEMBRE DE

1988

5igloX1X
REVISTA DE HISTORIA

SUMARIO
Nota del Editor. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 1 1
FCMIPO u1uvw1TAA

º

Luchas populares y cultura alternativa en Uruguay. El Centro
Internacional de Estudios Sociales .... CARLOS ZUBILLAGA

11

Condiciones de la vida material de los sectores populares
en Buenos Aires, 1880-1914 . . . . . . . LEANDRO GUTIERREZ

41

La clase obrera textil del valle de O rizaba, en México. Migraciones
y origen . ..... .. ... . . . . . . . .BERNARDO GARCIA DIAZ

77

Trabajo, inmigración y colonización en Cuba
(1789--1847) . ..•.. . ... .... .. ... EDUARDO BITLLOCH

109

Evolución y persistencia del colonaje en las haciendas
de Cochnbamba . ..... .. . . . . . . . . . ROBERT H. JACKSON

145

La formación de la clase obrera en Venezuela.
Notas introductorias . . . . . . . . . . . . . . . . . ALhERTO PLA

163

Conflictos obreros y legislación laboral en Nuevo León
(1885-1918) . . . . . . . . . . . . . . . JAVIER RoJAS SANDOVAL

187

Estructuras de dominación y formas de resistencia
en las haciendas yucatecas a fines del
porfiriato . . .... .. . GILBERT M. JOSEPH Y ALLEN WELLS

215

�Nota del Editor

El mundo de los trabajadores en el largo siglo XIX que se abrió
con las reformas borbónicas y terminó con la Primera Guerra
Mundial, la extrema diversidad que en nuestro continente matizaba ese mundo, las formas de resistencia que se pusieron en
marcha contra los propietarios y -en algunos casos- las propuestas de alternativas a la dominación que los trabajadores
soportaban, constituyen el eje de este número 6 de Siglo XIX.
Revista de Historia.
Con el aporte de nueve especialistas que abordan seis casos
nacionales, así, se cierra el tercer año de vida de esta publicación: un proyecto que si nació con timidez en el extremo norte
de Latinoamérica, bajo el vientre mismo de Texas, ha sido generosamente alimentado por instituciones, colegas y amigos de las

�Nota del Editor

2

Siglo XIX

más variadas latitudes. Este dossier, por ejemplo, fue articulado
en parte gracias a la contribución del Programa de Estudios de
Historia Económica y Social Americana del Centro de Investigaciones Sociales sobre el Estado y la Administración (CISEA), de
Buenos Aires.

La compilación se abre con el artículo de Carlos Zubillaga,
dedicado al Uruguay finisecular. Tiempos en que el proyecto
modernizador que llevaban adelante los propietarios rurales estaba en pleno desenvolvimiento: haría factible la integración de
este pequeño país al mercado mundial de alimentos.
Eran años en que, simultáneamente, despertaba una limitada industria urbana y Montevideo se convertía en el corazón de
las prácticas políticas y del debate ideológico. La ciudad veía
emerger, a la vez, un conjunto de sectores populares que no dejaría de mostrar su disgusto con el llamado orden oligárquico,
ante una específica "cultura del poder".
Una cultura saturada del positivismo spenceriano, con su impacto inevitable en los ámbitos universitarios. Y a su lado, señala Zuhillaga, la menos hegemónica pero también activa acción
de los conservadores católicos que "levantaron la alternativa de
un retorno a los supuestos solidaristas del corporativismo medieval".
En una actitud de franca ruptura con liberales y católicos,
especialmente en lo que hacía a la cuestión social,_surgirían, empero, corrientes claramente contestatarias: el socialismo inspirado en el marxismo y el tempestuoso anarquismo fueron las fundamentales. Como en la vecina Buenos Aires, esta disidencia se
vio nutrida por el arribo de inmigrantes europeos: dieron forma
a una resistencia que Zubillaga describe en términos de una cultura alternativa.

3

Fue en este plano que sobresalió el Centro Internacional de
Estudios Sociales, tema central del ensayo, fundado en 1897
bajo el impulso "de un núcleo de inmigrantes italianos, en su
mayoría sastres". Con trazo ágil, el autor narra las actividades
del Centro y de qué manera contribuyó a discutir la cultura del
poder y el poder de la cultura dominante. O, como dirán Joseph
y Wells al hablar sobre Yucatán, el idioma del poder. Capítulo
particularmente interesante es el referido al uso del teatro como
instrumento de comunicación y rebeldía.
Para Zubillaga, el Centro Internacional configuró "una experiencia inédita" en Montevideo, "una peculiar forma de protagonismo intelectual por parte de sectores tradicionalmente excluidos de una reflexión socialmente legitimada".

Leandro Gutiérrez aborda la vida de los sectores populares
en la otra gran urbe del Río de la Plata: Buenos Aires. Pero en
este caso se pone énfasis en las condiciones de la vida material
de estos segmentos sociales, ampliados drásticamente por el
auge exportador y el arribo de decenas de miles de europeos.
No obstante las transformaciones que se operaron en el Buenos Aires de fines de siglo, Gutiérrez se extraña por la escasez de
estudios dirigidos a la vida cotidiana de semejante masa urbana,
a sus necesidades de consumo y de servicios.
Buenos Aires creció aceleradamente con tanta migración extracontinental (en la que sobresalían italianos y españoles). Y
un grueso paquete de problemas técnicos, administrativos y sociales tuvo que ser enfrentado por sus capas dirigentes.
Es en este contexto que Gutiérrez analiza el agudo dilema

�4

SigloXIX

de la vivienda y brinda pormenores sobre la alimentación de los
grupos populares urbanos. La aparición del conventillo (residencia colectiva) y la difusión de los asentamientos periféricos al
casco céntrico de Buenos Aires fueron dos momentos diferenciables en el primer tema. La contradicción que viviría la ciudad -capital de una sociedad exportadora de cereales y carne
pero con serias dificultades para proveer alimentos baratos a sus
pobladores- es el segundo punto discutido.
Vivienda y alimentación, termina Gutiérrez, eran en verdad
componentes de una realidad única. Implicaban un uso alternativo de recursos: el acceso a una mejor habitación podía obligar
a optar por un comer más precario, a menos que la propiedad
de un lote urbano facilitara la cría de animales domésticos y el
cultivo de hortalizas. La acción del Estado y sus organismos, por
otro lado, nunca resultó suficiente para paliar las difíciles condiciones de la cotidianeidad popular.

Bernardo García Díaz -como Gutiérrez- sugiere mecanismos nuevos y campos distintos en el estudio de los trabajadores.
En su caso, investiga la constitución de los núcleos obreros de la
industria textil del valle de Orizaba, en el pujante Veracruz del
México porfiriano.
Tras explicar las características empresariales de la concentración fabril de Orizaba, García Díaz pasa a describir las peculiaridades de la fuerza de trabajo ocupada. Un predominio completo de brazos provenientes de otros ámbitos regionales mexicanos fue la más relevante: de paso, queda evidenciado cómo se
estaba conformando en el México posterior a 1880 un mercado
de fuerza de trabajo libre. Y en contraste con los casos de Montevideo y Buenos Aires, los migrantes no provenían de distantes
tierras europeas.

Nota del Editor

5

La novedad más notable, según manifiesta el autor, sería la
importancia numérica de los oaxaqueños: llegaban desde comunidades muy alejadas de Orizaba, desde el extremo sudocc1dental del país. Significativa era, asimismo, la ola de poblanos, revestidos de una experiencia fabril que no habían viVIdo los oaxaqueños.
El itinerario no siempre finalizaba en el valle de Orizaba.
Con frecuencia era sólo un escalón de un ciclo mayor ligado a
oportunidades de empleos rurales y urbanos, abierto gracias a la
profunda penetración del capital en la producción. En Orizaba,
sin embargo, quedaban muchos. Allí arraigarían obreros con antecedentes vitales en conflictos y en organizaciones que pugnaban por ocupar su espacio en el rígido sistema porfiriano.
El autor rescata este matiz y no olvida otro: el conectado
con las solidaridades étnicas. Todo eso influyó en la formación
de la clase obrera en Orizaba, creada por medio "del desplazamiento geográfico de cientos de hombres", por una "abigarrada
multitud que ingresaba y salía incesantemente" de las fábricas
algodoneras: escenario propicio para una maduración social que
"se alcanzó relativamente en pocos años y de manera más cabal" que en otras áreas del mismo México.

Si Uruguay y Argentina crecieron gracias al arribo de trabajadores libres europeos, y si México logró conformar un mercado laboral austentadb en caudalosas migraciones internas, diferente fue el caso de Cuba durante el mismo siglo XIX.
Eduardo Bitlloch puntualiza los matices que asumió la producción en esta isla caribeña a partir de la gran expansión provocada por la insurgencia e independencia que golpearon a
Haití, en la cercana Santo Domingo. Con tierras aptas para el

�6

Nota del Editor

SigloXIX

cultivo del ílZÚCar y del café, Cuba se amparó en la legislación
borbónica para dinamizar su desarrollo agrícola. Pero la mano
de obra utilizada sería, aquí, de otro continente: Africa.
"Se sentaron así las premisas históricas que permitieron la
transformación de Cuba en una 'gran plantación"', detalla
Bitlloch. Y, simultáneamente, comenzó un gran debate, minuciosamente seguido en el artículo: ¿debía usarse indefinidamente el esclavo negro o atraerse -también- agricultores blancos? La opción, ya se sabe, fue la primera. La mayor o la más
segura rentabilidad del esclavo habría determinado el camino,
seguramente estimulado por el uso intensivo que se podía hacer
de su energía, de su consideración como un instrumento de trabajo, como capital constante.
Se implementó un régimen laboral sensiblemente cimentado
en la violencia abierta -sobre este punto se habla asimismo en el
ensayo dedicado a Yucatán-, en el que las condiciones de vida
diferían de las que se desenvolvían en otros espacios latinoamericanos. La alimentación de los esclavos, por ejemplo, puede
mostrar esas distinciones: el autor dedica a este punto parte de
su exposición.
Bitlloch cierra su aporte aludiendo a las dificultades que la
clase dominante cubana enfrentó para modificar este régimen de
trabajo. La importación de asalariados europeos resultaba "absolutamente inviable". Hacia mediados del XIX se intentó establecer un régimen de servidumbre que, estrictamente, no alcanzó a alterar el sistema esclavista.

Rohert Jackson y Alberto Pla analizan otras dos situaciones
sudamericanas: Bolivia y Venezuela. La aguda diversidad regional del continente queda reafirmada por estos trabajos.

7

Jackson alude a esos vínculos en la producción rural que se
denominaron colonaje. Hasta fines del XIX, comenta, era la
''forma principal de relación laboral en las haciendas de Cochabamba", su área de estudio en el contexto boliviano. Su perdurabilidad devenía de "la habilidad de los hacendados para obtener este tipo de trabajo servil": es que se trataba de "un importante factor para la propia rentabilidad de la agricultura" a pesar
de los limitados y cambiantes mercados.
Jackson polemiza con otros especialistas en tomo a los orígenes y desarrollo del colonaje. Insinúa una reinterpretación de
este sistema, basado en el uso minucioso de fuentes primarias.
Especifica que el arriendo de tierras a cambio de trabajo se originó en el siglo XVII, en respuesta a la inestabilidad de la fuerza
laboral y al dinamismo del mercado de granos en el Potosí.
Además de enumerar las obligaciones complementarias que
el colono soportaba en el siglo XIX, apunta que realmente la revolución de 1952 terminó de extirpar este régimen en el Altiplano. Su decadencia, empero, se "había iniciado al transformarse
la estructura de la tenencia de la tierra en los valles centrales" en
las décadas primeras del siglo actual.

Pla, por su lado, centra su artículo en la formación de la clase obrera venezolana, un proceso que comenzó a transitarse en
el último tercio de la centuria pasada.
Destaca con amplitud ciertos mecanismos organizativos del
proletariado incipiente: sus puntos de referencia son las manifestaciones mutuales, por una parte, y la emergencia de segmentos de asalariados ligados a las explotaciones petrolíferas, por
otra.
Pero todo ello se protagonizaba en un marco fuertemente

�8

SigloXIX

precapitalista, en el que los levantamientos campesinos eran el
dato fundamental del conflicto social.
Tras un repaso a la actividad de las organizaciones mutualistas, Pla practica una revisión de determinados elementos de expresión de la clase obrera en constitución: la prensa es uno de
ellos; las huelgas que comienzan a desatarse es otro (en ferrocarriles, puertos, servicios como el telegráfico o de tranvías, petróleo); las relaciones entre los escasos inmigrantes europeos Y
la Internacional, un tercero.
Ya en la década inaugural del siglo XX, los movimientos de
protesta se acentúan: influye en ello la lleg~da más ~o.rosa del
capital extranjero y la difusión de las relaciones capitalistas. La
·dictadura de Juan Vicente Gómez, desde 1908, pondrá un veloz
límite a estas expresiones, en forma análoga a lo que Díaz concretaba en México. Pla finaliza con una alusión a la polémica SO·
bre las influencias anarquistas y comunistas en los peldaños
inaugurales del devenir proletario, y a los embates descargados
para derrocar a Gómez (que moriría, en el poder, en 1935).

México es tema de estudio en este dossier con otros dos
trabajos que perfilan no sólo la diversidad regional en escala
continental, sino en ese mismo y múltiple Estado-nación.
Uno de ellos, el de Javier Rojas Sandoval, enfoca los cambios que en la legislación laboral se vivieron en Nuevo León
(en el noreste), adoptando muy particularmente a Monterrey
-una urbe en proceso de industrialización desde 1890- como
núcleo de atención.
Rojas investiga un aspecto de la realidad que -desde su perfil jurídico- también brinda pistas para analizar las transforma-

Nota del Editor

9

ciones sociales. Sobre todo porque el examen se realiza en un
período caracterizado por esa enorme explosión que fue la Revolución Mexicana.
Para destacar las diferencias que se van definiendo, el autor
reseña primero la escasa legislación de los tiempos porfirianos,
cuando el estado de Nuevo León era administrado por el general Bernardo Reyes. El advenimiento de la Revolución -como
en Yucatán- trastornaría las relaciones de poder: los nuevos gobiernos -desde el tímido momento de Francisco I. Madero hasta
los que siguen a la Constitución de 1917- fueron forzados a
responder a la tempestad social, y también es verdad que resultaron más sensibles a las necesidades y requerimientos de los
trabajadores rurales y urbanos.

En el otro extremo, en Yucatán -más cerca de Cuba que de
Estados Unidos- existía un mundo sustancialmente distinto.
Gilbert Joseph y Allen Wells ofrecen un aporte enriquecedor de
un tema vastamente estudiado: el impacto del henequén en el
devenir de esa península.
Luego de definir los mecanismos de explotación a que fueron sometidos los peones yucatecos -los herederos de la cultura
maya- tras la instauración de la finca de monocultivo, señ.alan de cuántas maneras se resistió la opresión derivada del auge exportador.
Obligados a modificar drásticamente sus ritmos de producción -al ser desmontada la hacienda maicero-ganadera y al inventarse formas mecánicas de desfibramiento de la hoja del henequén-, los peones locales quedaron insertados en un esquema
que combinó la ·coerción, el aislamiento y el patemalismo. La
fusión de estos tres elementos, nítidamente descritos por

�10

SigloXJX

Luchas Populares y Cultura
Alternativa en Uruguay. El Centro
Internacional de Estudios Sociales

Gilbert y Wells, conformó el idioma del poder de la esplendorosa casta divina asentada en Mérida.
Pero los autores intentan sobre todo poner énfasis en las actitudes de resistencia de aquellos mayas convertidos en peones
acasillados. Pese al silencio y a una cotidianeidad en apariencia
pacífica, el conflicto estuvo siempre presente y tuvo sus expresiones violentas.
Cuando llegó la Revolución, Yucatán estalló en insurgencias
impensables para un ojo no avizor. Y los ejércitos que bajaron
del norte se vieron obligados a desmontar aquel aparato de poder construido sobre la impresionante expansión del henequén.
Un nuevo mundo, una distinta relación sociopolítica amanecería entonces a orillas del Caribe mexicano.

En síntesis, el dossier de este número 6 de Siglo XIX evidencia la notoria diversidad de la América Latina decimonónica. De
tal magnitud que cada día cuesta más asumir un enfoque global
de este continente, y cada día parece más urgente insistir en la
importancia metodológica de la investigación regional para tan
decisiva centuria. El mundo de la producción, del trabajo y de
los trabajadores no fue, es obvio, una excepción.
Nos satisface pues editar y suscribir este conjunto de materiales sobre la Hispanoamérica que discurrió entre Carlos ID y la
Primera Guerra.

Mario Cerutti
Monterrey, México, agosto de 1988

Carlos Zuhillaga*

l.

LA "CUESfIO SOCIAL" COMO PROBLEMA IDEOLOG ICO

Los ori'genes de la "cuestión social" en Uruguay

El proyecto modernizador que a partir de la década de los 70 llevó adelante el núcleo de propietarios representado por la Asociación Rural del
Uruguay, supuso una racionalización de la empresa pecuaria (el alambramiento de los campos y la consiguiente consolidación de la propiedad, la
mestización del ganado criollo, el desarrollo de la explotación ovina, el
desplazamiento de la mano de obra excedente hasla entonces "agregada" a
la estancia tradicional o "cimarrona"), tendiente a ofrecer una producción
primaria de calidad y de precio aceptables, así como de volumen creciente,
para los mercados consumidores de las sociedades industrializadas (en particular, de la Gran Bretaña).
Este programa, para cuya implementación hubo de recurrirse al poder
militar (como único factoF político con capacidad para imponer los profundos cambio~ socio-económicos que el modelo modernizador requería),
se complemento con un proyecto industrial concebido como sustituidor de
importaciones en ramos elementales de la producción (alimentos, vestimenta, materiales para la construcción, que requerían escasos insumos

*Ce~tro ~atinoamericano de Economía Humana (CLAEH) y Departamento de Histonolog1a, Facultad de Humanidades y Ciencias, Universidad de Montevideo Uruguay.
•

�12

C. Zubillaga: Luchm populares y cultura alternativa en Uruguay

Siglo XIX

tecnológicos como valor agregado).
La política arancelaria de signo proteccionista fue el instrumento al
que se recurrió para fomentar la industria nacional incipiente, que tempranamente (1879) articuló un organismo defensor de sus intereses: la Liga
lndustrial. 1
El primitivo carácter artesanal de la industria uruguaya inhibió el desarrollo de organizaciones sindicales formales, aunque ciertas modalidades de
asociacionismo asistencial (sociedades de socorros mutuos) entre elementos asalariados se registraron ya en 1870. Fueron asimismo tempranas las
expresiones de interna&lt;·ionalismo obrero que alcanzaron a manifestarse en
el país, aunque más bien como reflejo de la problemática europea.
A medida que se incrementó el papel de la industria en el sistema productivo nacional, expandiéndose correlativamentf' el volumen y la significación del sector servicios, Jas necesidades de los sectores populares urbanos fueron siendo objeto de continuas demandas que se tradujeron en una
conflictividad social de ritmo e intensidad crecientes.
Amparado en la inexistencia df' una legislación social previsora o reparadora de los perjuicios dimanados de la condición asalariada, el capital
acentuó sus aspiraciones de lucro: sometió a los sel'tores populares a condiciones de vida y de trabajo que nacionalizaron la "cuestión social", rt'produeiendo en d país las ya viejas injusticias que el liheralismo manchesteriano venía generando en los centros del sislt'ma.
En qué medida esta probkmática fue asumida por la socie,lad uruguaya eomo un desafío a las práctil·as poi íticas, es tema quP hac1· a la identificación de los condi&lt;'ionami1·ntos que sufría la "cultura del podt&gt;r" (en tanto rellt'xión desde y al scrvil"io del statu quo), ya t•n sus manifcstal"Ío111·~
formalizadas (la educación univt'rsilaria, por ejt'mplo), }ª l'n ;.us expn·siones ideológico-organizativas (d neocorporativismo eatólico, como la más
audaz de las implemt"ntadas).

que hizo batir en retirada a las concepciones espiritualistas no sin severas
(y declamadas) confrontaciones. Evocando esta situación señalaría en
1945 Dardo Regules: "La ciencia se enclaustró en lo experiencia!. Y la
moral, y el derecho, y la cultura, y el arte, y la religión, quedaron reduci2
dos a la medida de un común denominador positivo ".
El ventarrón positivista que se filtró en los claustros universitarios fue
sustancialmente de cuño spenceriano. No sin razón, pues, el rector Vásquez Acevedo despedía a los egresados en 1887 recordándoles que pertenecían
a esa hermosa escuela que lo espera todo de las leyes naturales;
que no admite las transformaciones rápidas ni el cambio de las
viejas instituciones por otras nuevas antes que se hallen bien organizadas para ocupar el lugar de aquéllas; que tiene grandiosos
ideales, pero que no se empeña en alcanzarlos mientras se encuentran en contradicción con el estado real de la sociedad.3
Las teorías sociales individualistas )' liberales que Spcncer expuso rigurosamente en sus obras Social Statics (1850) y The Man versus the State
(1884) encauzaron su pensamiento en el marco filosófico del darwinismo
social: cimentaban el convencimiento en la ninguna utilidad social df' los
individuos ineptos (en consecuencia, en la falta de pertinencia de las políticas estatale:-i de asistencia a los sectores menesterosos), en que la libre
competencia fructifi,·aría en _un mejor sistema económico, en la inconvenirncia de la intervención del Estado en la economía (salvo para hacer
cumplir los contratos y salvaguardar los dem·hos individuales). Un aporte
de ~la naturaleza transferido a los dau~tros universitarios tradujo la función q11/ la sociedad uruguaya le atribuía a la formación superior de sus
élites: la de convalidar intelectualmente (resguardando) las relaciones sociales de dominación existentes. Con agudeza lo advirtió Alberto Zum Felde al señalar:
Razones de orden social determinaban asimismo la adopción de
esa doctrina fría, por parte de Jo que podría llamarse la intelectualidad de las clases conservadoras, en un sentido jurídicoeconómico. El individualismo social de Spencer, liberal y progresista afirmaba sin embargo, en su integridad, la razón del orden
4
jurídico existente, es decir, del régimen capitalista y propietario.

El auge del positivismo spenceriano
Las r«·formas programáti«·al' :y la ori«·nta«·ión el«• los plam-s inlrodm·idas t'n
la Universidad dt&gt; Mont«·vidco a partir dt' 1885 (m:lorado del do1·tor Al fredo Vást1uez Ae.-wdo) rnnfiguraron un ava111·1· del positivismo filosúfirn,

13

La

proyect·1on del evolucionismo spcnceriano en las cátedras que tenían
particular la

por misión abordar los problemas económicos y sociales (en

�14

Siglo XIX

de Economía Poi ítica y Finanzas) resulLó significativa. Las Lesis doctorales
5
de los estudianles, así como las orientaciones de los cursos, pagaron
tributo al liberalismo individualista que tan caro resultaba a los sectores
empresariales de la induslria nacional en crecimienlo. Tanto Carlos María
de Pena como Eduardo Acevedo (que ocuparon alternativamente la
referida cátedra en las dos últimas décadas del siglo XIX y primera del XX)
sostuvieron criterios spencerianos en lomo a la "cuestión social". En
particular Acevedo defendió en sus clase.-, conceptos incqu ívocamente
inspirados en las enseñanzas del filósofo inglés:
Apenas tenemos necesidad de agregar que el trabajo para ser fecundo reclame la más amplia libertad. La reglamentación industrial por medio de la ley, pone obstáculos insalvables al progreso
sofoca el espíritu de reforma y coloca al Estado en (...) fataÍ
pendiente (...) La intervención del Estado es grande y fecunda
en lo que se refiere a las leyes de higiene. Lo demás, debe y pue?e quedar li~rado a la concurrencia sin trabas ... (... ) problemas
igualmente mteresantes plantean el antagonismo entre el obrero
y el capital y la intervención del poder público en la reglamentació~ de! ':1'abajo (... ) Su grande y fecunda misión es la de garantir
el eJerc1c10 de los derechos. Fuera de esa intervención indiscutible, sólo puede actuar el Estado en circunstancias muy limitadas
para garantir la higiene y la seguridad del obrero en los talleres,
para reglamentar el trabajo de los niños que carecen de voluntad
propia y que no pueden quedar sacrificados a la voracidad de los
padres y de los patrones.6
En ese semillero de políticos y dirigentes sociales y económicos que fue la
universidad uruguaya de fines del siglo XIX y comienzos del XX, menudearon los "estudiantes que juraban por Spcmcer ", como recordaba en
1963 el líder socialista Emilio Frugoni, evocando el escándalo que su
marxismo juvenil provocara en tal contexto.7

C. Zubillago: Luchas populares y cultura alternativa en Uruguay

15

-particularmente en Francia-, varias experi~ncias de ~rgan_i~ción originadas en la creciente preocupácion de la Igfes1a por la s1tuac1on de- las clases
trabajadoras. La mayor parte de estos intenlos por Íncidir e~ la orientac!ón
de la ''cuestión social " estuvo sjgnada por un fuerle conterudo paternahsta
y caracLerizada por una metodología asistencial-caritativa.
Fundada en 1855 por el abate Charles Maignen y por Augusto Cochin,
y reorganizada en 1871 por René de la Tour du Pin y Albert de Man, la
obra de los Circulo!; CaLólicos de Obreros tuvo en Francia un desarrollo
importante y logró una proyección internacional considerable. Sobre sus
limitaciones en el plano de la acción social deT catolicismo inserto en el
proceso dé industrialización, ha dicho Federico Rodríguez:
Los Círculos se fundaban en la desigualdad de las élases sociall!S
como en un hecho consumado, no sólo en cuanto al hecho de la
desigualdad, sino también en cuanto a las circunstancias de su
atribución concreta. Eran patemalistas, y creían, con una ingenuidad que vivía cincuenta años retrasada entonces, en la posibilidad de organizar corporaciones mixtas en las que trabajadores y
patrones conviviesen pacíficamente, por supuesto sin colocar a
8
ambos en situación de verdadera igualdad.
No ohstanlt' '11 earencia referida, y partiwlarmente con anteridad a 1891,
loi; Círculos gozaron de cierto predicamento, avalados por León XIII en su
virtualidad operaliva. El papa no había dado -todavía- el paso fundamental en su prédica so1:ial: la consagraciím dd sindicato obrero como instrumenlo de acción de los trabajadores; paso que rncién se haría explícito en
la Rerum nouarum, y cuya significación en el plan&lt;'&gt;: de las definiciones
1."Clesiales rnntemporáneas fue muy grande,

Discrepantes con los fundamenlos filosóficos del evolucionismo spenceriano, pero convergentes con sus propuestas económico liber.tles los sectores
católicos conservadores levantaron la alternativa de un reto:no a los supuestos solidaristas del corporcttivismo medieval. La expresión organizativa
de esta propuesta fue la denominada Obra de los Círculos.

En este marco de gravitación creciente de las opciones paternalistas en
el seno de la Iglesia universal, se op,:ró en 188!) el nacimiento del Círculo
Católi(•O de Obreros de Montevid,•o, germen del Const&gt;jo Superior de los'
Círculos Católicos de Obreros instalado en 1900. El nacimiento del Círculo no fue ajeno a la corriente palernalista qut&gt; lo inspiró, con su t:orrelato
de alternativa pat:ifisla a la violencia revolueionaria de socialistas y anarquistas. 0 1, allí que el discurso inaugural de Francisco Bauzá -SU primer
presidente- revelara una especial preocupación por tomar dis~cia frente
a las experiencia:,; de sindicalización obrera, presentadas como instrumentos de acc:ión de opl'ionf's ulÓpi1·as:

La segunda mitad del siglo XIX vio surgir en el seno del catolicismo

Se ha querido hacer ele! obrero, un elemento de trastorno social;

La avanzada neocorporativista

�16

S;gtoXIX

cuando' es por excelencia la base de todo orden regular; y pretextando darle mayores recursos a trueque de grandes esperanzas, se
le ha dejado sin esperanzas y sin recursos. Díganlo si no los millares de hombres honestos que distraídos de sus ocupaciones por
ilusos propagandistas, se han encontrado sin trabajo ni medios
para obtenerlo, al día siguiente de aquel en que sus Mentores les
habían ofrecido un paraíso terrestre.9
En esta concepción el movimiento de los Círculos debía traducir un acuerdo social pleno: capital y trabajo dispuestos a cumplir con fidelidad sus
respectivos deberes en un clima de armonía derivado de la común aceptación de los valores cristianos. El planteo adolecía -sin embargo- de una
carencia sustancial: creer en la igualdad de condiciones de actuación del
capital y del trabajo, y confiar excesivamente en la justicia contractual
(que suponía ineludiblemente aquella igualdad). Semejante enfoque
-ajeno a la realidad- ubicó a los sostenedores de los Círculos muy cerca
de los liberales conservadores, con su m Ítica confianza en el valor de los
contratos (que León XID pondría en entredicho en la Rerum novarum).

Los balbuceos socialistas
En una actitud de franca ruptura con las respuestas que el liberal-eonservadurismo (de matriz spenceriana) y el neocorporativismo católico dieron
a la "cuestión social", se ubicó el socialismo inspirado en los supuestos
teóricos del marxismo, que tuvo en la última década del siglo XIX sus primeras expresiones en Uruguay. Concibió la lucha de los asalariados como
un esfuerzo org-,mizativo tendiente a lograr la presencia activa de un nuevo
actor socio-político (el partido de clase), mediante la inserción en' la dinámica del sistema político vigente (democrático-representativo).
La propuesta socialista implicó el reconocimiento de la vía legislativa
como modo de convertir la realidad. Para ello estribó su acción en la organiztción gremial de los asalariados y en la prédica pubJicística (periodismo
de tesis, literatura "comprometida'), todo ello en la perspectiva de la sanción de una legislación social previsora y reparadora, que ampliara el espacio protagónico de los sectores populares a la vez que mejorara sensiblemente sus condiciones de vida.
Hacia 1895 esta vertiente tenía ya definidas sus propuestas de acción
a través de organizaciones sindicales (como la Sociedad Cosmopolita Unión
de Obreros Panaderos y la Sociedad Cosmopolita de Obreros Albañiles de

C. ZubillQga: Lucha, popularea y cultura alternatioo en Uruguay

17

Mutuo y Mejoramiento) y órganos de prensa (como el semanario ~l Defendel Obrero): encabezaron un movimiento tendiente a la conqwsta de la
sor
·
da laboral de ocho horas (en el marco del reclamo de 1as "tres ocho " :
JOrna
' '') l
l
.,
"para el descanso, para el trabajo, para la il_ustra~ion , a reg :mientac10n
legal del trabajo de niños y mujeres, y el me1oranuento de los ruveles de retribución salarial.
En 1896 el periódico El Grito del Pueblo dio a publicidad el programa
de principios del Partido Socialista Obrero, concretado en cuatro puntos
fundamentales:
lo La transformación de la propiedad individual o corporativa de
los instrumentos de trabajo en propiedad colectiva, social o común. 2o. La organización de la sociedad sobre la b~e. de la fun~ción ec-onómica, cuya unidad la forma la colectMdad gremial
obrera, la sección industrial o agrícola, con el derecho de _usufructo de los medios de producción, confederadas estas s~cc1ones locales en comunas autónomas que a su vez se hallan umdas a grandes federaciones regionales que robustezcan y garanticen la administración por todos y para tod?s. 3o. La_ igualdad de tod?s ante
los medios de desarrollo y accion; es declf, que a cada miembro
de la sociedad se le garanta la enseñanza general, científica y especial en cada profesión, y su participaci~n en el ~~ajo. 4o. La
igualdad de todos en las ventajas, es decir, la ~olic1on del asalariado la realización del derecho de cada trabajador a una parte
alícu~ta en el valor de los productos, cuyo valor se medirá por la
cantidad de tiempo de trabajo social necesario para su producción; y la satisfacción por la sociedad de las necesidades de los impedidos por edad o padecimiento, 10
0

Los intentos de promoción del partido, en cuanto a la capaci~ad de operar electoralmente con mínima relevancia, resultaron frustraneos hasta
1910 en razón de la legislación electoral restrictiva por entonces vigente,
así ~mo del fuerte condicionamiento tradicionalista que las prácticas políticas conservaron hasta bien entrado el siglo XX.

Las concepciones socialistas chocaron con los postulados anarquistas
en sus diversas vertientes, a partir del rechazo frontal que todas éstas hacían del Estado ( en consecuencia, de la vía parlamentaria para allegar soluciones a la "cuestión social') y de la prédica antiorganizacionista de que
hacía gala un vasto sector de los elementos ácratas (que inhibía todo intento de federar las organizaciones sindicales de base y potencializar la
acción conjunta de las clases populares).

�18

Siglo XIX

La tradición &lt;lJnarquista
Co~áneam;nte con el proceso de industrialización sustitutiva ae importaciones a que. s~ ha hecho r~ferencia, un grupo de trabajadores de origen
e~opeo orgamzo en MonteVJdeo la Federación Regional de la República
Onental _del Uruguay _(ta~ién denominada Federación Montevideana),
com~ ~~al de la Asoc1act0n Internacional de los Trabajadores, iniciando
la difusion local de los principios doctrinarios del internacionalismo de
tendencia federalista libertaria (inspirada por las enseñanzas de Proudhon
Y Bakunin). Los estatutos de la nueva organización consignaron el concepto-meta de "emancipación económico-social" en término inequívocos:
Librarnos de toda tiranía, así social como económica, cualquiera
se~ su nombre y cualquiera sea la forma en que se halle constituida. Hacer que el capital, las primeras materias y los instrumentos ~~ trabajo, vayan a parar a manos de los que directamen~ l~s utili~an, o se~, a manos de trabajadores organizados en asooaciones libres, agricolas e industriales, a fin de librarse de la esclavitud del salario y conseguir que la sociedad llegue a ser una libre federación de libres asociaciones obreras.

Dos años m1 tarde el Comité Federal de la AIT con sede en Chaux-auxFonds (Suiza, que nucleaha a organizaciones obreras de Francia Italia
España, Suiza, Bélgica y América Latina, enfrentadas a ·1a conducció~
marxista del movimiento internacional y que, en consecuencia, no habían
reconocido la disolución de la Primera Internacional declarada en Nueva
Yo.rk en 1876) aceptó la adhesión de la Federación Montevideana, la que
en m~yo de 1878 dio a luz El Internacional ("órgano de las clases trabajadoras ), desde cuyas columnas predicó la irreconciliabilidad del capital y
cl trabajo~
La i~eal aven~ncia. ~e ambos elementos es una quimera, y los
1PabaJa~or~ solo VtVImos de realidades (... ); en tanto cuanto
los capitalistas sean los verc!,ugos de la humanidad, los sacrificadores del trabajo, el duelo entre las vÍ&lt;;timas y lo.s verdugos entre
nosotros y ellos, tiene que ser un duelo a muerte.11
'
El inicio de la década de los 80 vio debilitarse el intento Federacionista
uruguayo, al compás de la crisis irreversible que había hecho desaparecer
formalmente a la Primera Internacional.
En 1884 un grupo de inmigrantes franceses y españoles fundó en Montevideo la Asociación Internacional de Obreros, en vinculación con las actividades de la rama francesa del anarquismo, qne en el Congreso de Londres

C. Zubillaga: Lucha, popularu y cultura alternativa en Uruguay

19

de 1881 había concurrido junto con las organizaciones ácratas de España,
Austria, Italia, Inglaterra y Estados Unidos a la Fundación de la lnternational Working People's Association, considerada como continuadora de la
Primera Internacional.
La entonación ideológica de esta nueva expresión del anarquismo en

Uruguay difirió de la de la década precedente. Sustentada en la idea de
''la unión de los trabajadores ( ...), sobre la base de la solidaridad en la lucha del trabajo contra el capital", lucha que debía "tener por coronamiento la completa libertad de_l trabajo", la Asociación apeló al combate
"sin tregua ni descanso" por el camino de "la persuación, por el buen
ejemplo, jamás por la violencia". Las ideas matrices de la organización
anarquista, difundidas por La Lucha Obrera (periódico semanal "defensor
de las clases obreras') se sintetizaron en la cuaternidad: "Libertad, Igualdad, Fraternidad y Justicia ".12
La acción anarquista de los años posteriores estuvo representada fundamentalmente por la difusión de las ideas que llevaron a cabo diversas
hojas periodísticas y grupos ácratas (no siempre integrados a una programación común), formados por asalariados inmigrantes y criollos y por
propagandistas extranjeros que operaban indistintamente en Montevideo,
Buenos Aires y Rosario.
Los periódicos anarquistas explicitaron la controversia propia de los
sectores ácratas entre "antiorganizacionistas" y "federacionistas". Los
primeros se expresaron en numerosos órganos de prensa obrerista 13 (El
Libertario, La Aurora, El Derecho a la Vida, entre otros); los segundos
tuvieron su tribuna tanto·en hojas obreras14 (El Obrero Panadero en su
segunda época fue uno de los ejemplos más claros), como obreristas (El
Internacional, Federación de Trabajadores, entre otras).
Los "antiorganizacionistas" centraron su prédica en la doctrina ácrata,
dejando de lado la práctica sindical, por considerarla "una cosa transitoria
en las luchas de íntegra emancipación". El énfasis de esta prensa estuvo en
la difusión de un pensamiento que apostaba al espontane~mo revolucionario de los sectores postergados de la sociedad, que llegarían a la acción sin
necesidad de una organización previa ni de una regimentación de sus conductas (regimentación que, aún consensual, era vista como expresión de
autoritarismo que resultaba preciso ahogar para que no se filtrara en el
mundo de los desposeídos el "perjudicial engranaje" del poder coercitivo).
"¿A qué reglamentar, a qué federar estas agrupaciones ya federadas por el

�20

SigloXIX

dolor común y por la esperanza futura?", se pregunta en 1901 La Aurora,
en un ejercicio, sin duda ingenuo, de confianza en la capacidad espontánea
de los trabajadores para descubrir el camino de su redención y transitado
sin forma alguna de ordenación y potenciálización de sus fuerzas. El fondo
individualista de esta vertiente ácrata se manifestaba en la concepción
medular de su prédica.

Al rech~ los modos organizativos de los "federacionistas", postulaba la idea de la huelga general revolucionaria como el cwnplimiento de
un imperativo histórico ( en una suerte de ''neoprovidencialismo "). Textos
como el de El Derecho a la Vida en su edición del 29 de abril de 1894 resultaban, así, paradigmáticos:
Cuando llegue la ocasión no se precisará forzar a los seres inconscientes a empuñar las armas. Cada desheredado comprenderá que
pelea por su redención económica, por el bien de toda la humanidad, y ya se sabe de lo que es capaz el hombre cuando lucha sin
que le hagan héroe forzoso.
Desde su perspectiva, los "federacionistas" propugnaron a través de su
prensa e impulsaron en las organizaciones sindicales el principio de la solidaridad entre los obreros de las diversas profesiones en cada país, y la
unión fraternal entre los trabajadores de todas las naciones. La prédica periodística resumió esta aspiración en la idea de la asociación de todas las
fuerzas obreras como presupuesto para "derrumbar las bases" del régimen
social imperante y "sobre nuevos cimientos", levantar una sociedad en que
las riquezas fueran socializadas y "la libertad reemplazará a la tiranía".

La fe en la instrucción

Descubrir su condición de clase supuso en el seno de los sectores asalariados una labor educativa que estuvo en el centro de la prédica anarquista.
En 1878 lo advirbó El internaoional al definir su programa e identificar el
origen de la lucha reivindicativa con la capacidad de los hombres de reflexionar sobre sí mismos y sobre su situación ("llegó un día, no muy lejano,
en que las clases obreras, desheredadas de todo bien, menos de la inteligencia, comprendieron su angustiosa situación").

Esa tarea educativa tuvo un marco de cumplimiento preferencial en
el movimiento sindical: la instrucción de los jóvenes, para que tuvieran

C. Zubillago: Lucha&amp; populares y cultura alternativa en Uruguay

2l

"íntima
cncia de sus derecbQs,,'.', comenzó con el establecimiento de
"clases especiales\ que permitieran desarrollar las capacidad intelectuales
generalmente "adorme~das" por el trabajo sin descanso. Esa labor didáctica encontró en la prédi\;a periodística una continuación natural. La Voz
del Trabajador lo señaló clarame~te, en 1889, al decir: "(...) este semanario (...) se consagrará ( ...) a i'\iciar (a la clase obrera) al estudio y desarrollo de los descubrimientos de la~ leyes de la ciencia sociológica, que pueden llevarla a su completa emancipación moral y material".

Una confianza de fuerte signo racionalista en la eficacia de la instrucción presidió esta apuesta estratégica del movimiento sindical, y caracteri-

zó un tramo importante d~ su historia. "A regenerar por medio del estudio" convocaba con términos inequívocos La Voz del Obrero, al esbozar
1896. Con similar entusiasmo reflexionaban los editores de
Tribuna Libertaria al comenzar el si_glo: ·

su Programa en

La instrucción de las clases trabajadoras debe forzosamente preceder a su emancipación,,porque nunca una clase ignorante o más
atrasada que las otras se &amp;a elevado ni ha salido de su abyección.
El primer deber de las clases obreras, su más imperiosa y urgente
necesidad es la de instruirse.. Todo debéis sacrificarlo a este sagrado deber.

La labor educativa que implicó la autopercepción clasista fue considerada
por las diversas vertientes del tronco ácrata como un camino para la revolución social y, consecuentemente, la alternativa al sindicalismo reivindicativo (o economicista). "Los males sociales no se curarán con sueldos más o
menos grandes" -advertía El Derecho a la Vida en 1895-, sino con "la
revolución social que acabe con la desigualdad de explotados y explotadores"; y la revolución no sería un fruto espontáneo de la dinámica social, sino la consecuencia de un esclarecimiento ideológico logrado mediante un
esfuerzo pedagógico llevado a cabo por los propios trabajadores.
En esta línea de acción el Centro Internacional de Estudios Sociales
fundó en noviembre de 1902 una escuela "nocturna y libre" para trabajadores, en la que se impartían cursos de sociología, historia, economí~, fi.
siología e idiomas, con el concurso de "varios intelectuales" montevideanos.

Se trató, en consecuencia, de una modalidad de autogestión en el plano intelectual que ignoró el sistema educativo formal (por considerarlo

�22

C. Zubíllaga: Luchas populare, y cultura alternativa en Uruguay

SigloXIX

funcional al régimen capitalista) y cimentó las bases de una cultura alternativa, cuyas manifestaciones alcanzaron los campos de la creación literaria,
las ciencias sociales, la plástica y la música. Rasgos identificadores de esta
cultura alternativa fueron, según la ajustada observación de Carlos Real de
Azúa, tanto
el optimismo y la ingenuidad con que desconoció la capacidad de
resistencia de las fuerzas orgánicas sociales o confió en el nudo
impulso de un entusiasmo suscitado por la palabra tonante y

exaltada (como la) tonalidad ética que concebía la reforma social como una parte, casi como una consecuencia, de la reforma
individual, una palingenesia de lo íntimo con sentido religioso, al
modo del evangelismo tolstoiano.15
Más que de un autodidactismo cabría hablar en el caso de un mutuodidactismo, en cuanto los participantes de esta experiencia nunca desdeñaron el
hecho de compartir con sus iguales el descubrimiento del mundo: de los
defectos de la organización social, de las utopías entrevistas al impacto de
lecturas de diversas matrices ideológicas, de los parámetros de una nueva
ética. Ese mutualismo cultural signó la conducta de varias generaciones de
asalariados, más allá de su adhesión o rechazo final a las propuestas ácratas. Se trató, más que de un avance del anarquismo como doctrina encauzadora del cambio social, de una aceptación generalizada por vastos secto•
res de las dases trabajadoras de los modos más eficaces de acercarse al conocimiento de los supuestos de ese cambio.
En este proceso jugó un papel relevante no sólo la prensa obrera y
obrerista (canal de tesis y de denuncia) sino también la difusión de las ediciones Sempere, de VaJencia, que vendidas a precioJ muy accesibles para
los sectores populares -quince centésimos el volumen- pusieron al alcance
de ávidos (y desprevenidos, en más de un sentido) lectores, las obras de
~roudhon, Nietzsche, Marx, Jaures, Bakunin, Reclus, Kropotkin... Un
esfuerzo local comparable (si se tienen en cuenta las dimensiones del mercado uruguayo} inauguró hacia el 900 el anarquista italiano Orsini Bertani,
cuya librería fue a la vez cenáculo literario de avanzada.

II. EL CENTRO INTERNACIONAL DE ESTUDIOS SOCIALES
Una función peculiar

Así como el Oub Católico (fundado en 1875) y el Ateneo de Montevideo

23

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· · ·' us acti"vidades en 1877) fueron los ámbitos de la polémica
,que imc10 s
. .,
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que pautó el proceso de seculanzac1on de la socieda
filoso co-reliaiosa
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uruguaya durante la etapa de la modernización, el Cuc ~
to 1co e
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Montevideo
la
Universidad
y
el
Centro
Internacional
de EstuObreros d
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constituyeron
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reductos
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. •,
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lógica sobre la "cuestión social" adquirió mayor dunens1on_ e~ e timo
· 1 XIX y primera década
del XX:.
,
,. En .1904
. surgma
. un nuevo
, .
lustro de1 sigo
protagonista del debate: la Union Democratico Cnstiana, vertiente cato1•ca diferenciada netamente del neocorporativismo conservador. Que postuló un modelo social autogestionario y coadyuvó acti:a~ente _en la con·sta de las reivindicaciones básicas del movimiento smdical: Jornada de
qm
ab . d ·ocho horas, descanso dominical, regulación legal del tr ªJº e mnos Y
mujeres, previsión y reparación en accidentes de trabajo, etc.
El Centro Internacional de Estudios Sociales (denominado indis~tamente Círculo Internacional. ..) comenzó sus actividades e~ 1897, al~italianos, en su mayona sastres: ms1 de un núcleo de inmiurantes
~so
~
ámh' d
·tos en la corriente del anarquismo, decidieron crear un
1to e
en
. .d.
I
discusión y capacitación abierto a todos los que comc1 , 1~ran en ~ n~cesidad del cambio social en profundidad. El rec~zo aJ re~men cap~tallSta
y a los valores que le eran funcionales, co~figuro el comun. den~m_ma~or
de los elementos integrados a la nueva entidad. El espectro 1deologi~ un. do en los participantes de esta experiencia fue desde• el, comumsmo
pl1ca
1
·
anárquico hasta el socialismo científico, si bien predommo a vertiente
ácrata de entonación antiorganizacionista hasta transformar al Centro en
sinónimo de anarquismo a ultranza.

16

Como señaló acertadamente Zuro Felde, "el individuo libre en 1~ comunidad libre, fue el lema del Centro"¡ y. en él_ se, n~garon y comb~tieron
en absoluto "todos los principios econom1cos, 1undicos y moral~ sobre
los cuales se fundó "la sociedad contemporánea desde la Revoluc1on Francesa ". 17
Ambiente propicio para la lectura de los "cl~icos" revol~cionarios
y de la prensa avanzada de todo el mundo, el Centro fue a un tiempo palestra de debates foco irradiador del activismo social, campo abonado para
el surgimiento d~ una cultura alte~ativa (o pop~ar), escuela de_ ''.agitadores" sindicales cenáculo de bohemtos que combmaron su estetic1SID0 decadente con
encrispada aspiración de la utopía libertaria, lugar de encuentro (de esparcimiento y de relación afectiva) de numerosos compo-

¡¡

nentes de los sectores populares.

18

�24

SigloXlX

C. Zubíllaga: Lucha, populares y cultura alternativa en Uruguay

La significación que el Centro alcanzó en su época se reflejó no sólo
en la adhesión que casi sin excepciones le brindaron los elementos avanza19
dos, sino más bien en el reconocimiento de los sectores funcionales al
sistema, cuyos voceros fueron vehículo constante de información de las
actividades del Centro (tal fue el caso de El Día, órgano periodístico de la
-fracción populista del Partido Colorado) o llegaron a formular evaluaciones
no exentas de advertencia precautoria. En este último caso se inscribió la
revista Rojo y Blanco, semanario dirigido por Samuel Blixen, que en 1901
señaló:
El Centro Internacional (... ) desempeña un rol de importancia
';1'1e conviene no desconocer, entre las clases obreras pues que en
el, franqueadas sus puertas a todas las ideas y tendencias sociales,
se elaboran Y han elaborado la mayor parte si no todos esos movimientos_gremiales que de algún tiempo a esta parte suelen agitar
a Montevideo (... ). Las huelgas producidas aquí han encontrado
inmedi~ta ac?gida en el Centro Internacional de donde han partido de ~~diato las voces amigas que alientan y contribuyen a la
pr~longacion de aquellas hasta obtener el mejoramiento o las ventaJas para cuya adquisición se lucha. En la tribuna del Centro van
formándose, además, oradores que adquieren mayor vuelo cada
día Y no extraña, por esta misma circunstancia, escuchar al mismo tiempo q_~e la palabra ruda y áspera del trabajador inculto, la
de hombres Jovenes educados e instruidos que han caído tal vez
e~ las primeras_ Iu_chas de su existencia y que hablan con persuasion y convencrmiento.... no es suficientemente conocido en el
~aís el Centro Internacional que puede convertirse en (. . . ) el
~~ulsor poderoso de ocultas fuerzas sociales, con sorpresa de los
mdiferentes y aún de los hombres estudiosos que no se hayan detenido a examinar su marcha y tendencias. Bueno es que todos vivan advertidos. . . no esperar a que truene para acordarse de
Santa Bárbara (... ).

t

25

tendencia a polemizar respecto de todo lo que los componentes de la "sociedad burguesa" opinaran, creyeran o defendieran,

La confrontación con la Iglesia Católica constituyó una de las prácticas permanentes en la acción del Centro Internacional de Estudios Sociales. Resultaron frecuentes las reuniones anti-clericales o las polémicas sobre temas relativos al dogma, las definiciones teológicas o las prácticas litúrgicas, mediante las cuales se intentaba inhibir las tareas catequísticas
de la Igleisa uruguaya o desvirtuar las propuestas del neocorporativismo en
términos de una real atención a los pr'oblemas de los asalariados.
Dirigida "al pueblo en general y al obrero en particular", la invitación
a una "reunión anti-clerical" moti~ada por la celebración del Primer Congreso de los Círculos Católicos de Obreros del Uruguay en mayo de 1900,
que formulaba en grandes caracteres y en primera página Tribuna Libertaria, 21 constituía un ejemplo del aludido plano de confrontación. Temas
conexos con los religiosos (tales como el del "amor libre" o el de la emancipación femenina), que permitían atacar convenciones sociales con sustento tradicional en preceptos o criterios eclesiales, fueron frecuentemente
abordados en la tribuna del Centro Internacional de Estudios Sociales por
divulgadores del ideal ácrata como el argentino Pascual Guaglianone, el
italiano Rómulo Ovidi y el vasco Julián Basterra.

La intensidad de estas acciones preocuparon a los sectores católicos
conservadores que contrapusieron la imagen de los Círculos Católicos de
Obreros (ámbitos de concordia social, de "buenas lecturas" y de adhesión
a las "sanas costumbres'') con la del Centro Internacional de Estudios Sociales ("antro revolucionario" en el que "se predica el odio y la guerra
contra la sociedad y su actual organización", como advertía El Amigo del

Obrero).22
La polémica como principio
La controversia (oral y escrita) constituyó no sólo el modo de operar sobre
la realid~d. social que los _anarquistas privilegiaron, sino un principio básico
de su predica, desde que esta se justificaba por su- capacidad cuestionadora
del orden existente. Se trataba de poner todo en entredicho (instituciones,
costumbres, valores, prejuicios, adhesiones) de forma de encontrarse en
condiciones de impulsar un trastocamiento cabal de la sociedad, para cimentar sobre nuevas bases la Acracia redentora. Una propuesta de tal naturaleza exigía de sus partidarios una firme capacidad dialéctica dotes de oratoria, habilidad para la réplica punzante u oportuna, y una' como obsesiva

Pero no sólo la religión configuró el objeto de las polémicas que tuvieron lugar en el Centro Internacional de Estudios Sociales; también la
prédica liberal-conservadora y los ataques al ideal ácrata que protagonizó
la mayor parte de la prensa montevideana resultaron motivo privilegiado
de controversia. En agosto de 1900, el Centfo Internacional, junto a los
Círculos anarquistas de Montevideo (Redención, Justicia, Antorcha, Tierra y Libertad, Aurora, Vida Nueva, Germinal, El Hambre es Terrible,
1
Acrata, Nuestra Patria es el Mundo Entero, Libre PenfladOrC!j y Progreso),
desafió a los diarios El Siglo, El Bien, La Razqn, La Tribuna Popular, 23
El Pa{s y La Espaff.a "a pública discusión", a efectos de evitar que siguie-

I

�26

Sigl-OXIX

ran "tergiversando y difamando el ideal de la anarquía". Más que una invitación al debate, se trataba de imponer la polémica, a riesgo de que su
elusión fuera asimilada a un reconocimiento de derrota ("si huyen y no
discuten, tendremos el derecho de creer que los periódicos citados están
escritos por hombres farsantes, embaucadores del pueblo y causantes de
todos sus males").24
Este perfil cuestionador, por momento incisivo en la opinión pública,
tuvo consecuencias no deseadas por los anarquistas pero que reflejaron
el grado de préocupación con que el sistema política advirtió la capacidad
"desquiciadora" del statu. quo que poseía la continuidad de aquella prédica, sobre todo en instancias electorales en las que la práctica tradicional del
clientelismo exigía la "participación tutelada" de los sectores populares.
En octubre de 1901 el Jefe Político y de Policía de Montevideo clau•
suró varios locales sindicales y la sede del Centro Internacional de Estu•
dios Sindicales: prohibió la celebración de reuniones gremiales, bajo el
pretexto de la creciente conflictividad social que se registraba en la ciudad,
coincidente con los aprestos electorales para el mes de noviembre en que se
celebraron comicios padamentarios. El cotidiano El Trabajo, vocero oficioso del Centro Internacional, comentó el hecho a lo largo de varias ediciones. Bajo el título ''Por el derecho de reunión" señaló:
En ningún artículo de la Constitución se determina que el Jefe
Político pueda por sí y ante sí cerrar ningún centro político ni
social (... ) lPretende el Jefe Políti,co no renovar esos derechos e
imponer su voluntad educada en el cuartel? (Para concluir con
una amenaza:) si continúa el poder burlándose de los trabajadores, estos entonces tomarán sus medidas y declararán la huelga general y conste que únicamente falta una chispa para que estalle.25
Con recurso a otros argumentos, El Trabajo contrapuso la clausura del
Centro ("donde antes se estudiaba, se diecutía y se enseñaba al pueblo')
cpn la complicidad policial con el juego de azar clandestino, manifiesta en
la impunidad que le aseguraba la Policía a los garitos donde aquél se practi,
caba (''El juego da resultado. La ciencia es cosa vieja y cosa de tontQS, y
no da para comer. Ya sabemos bastante. Para qué queremos estudiar más?",
ironizaba el vocero anarquista),26 y con las toleradas prácticas fraudulentas
y sediciosas de los clubes políticos tradicionales ("en los clubs de blancos y
colorados... se politiquea, se conspira, sin que nadie incomode a nadie ").27
La apertura de los centros clausurados, dispuesta ~ los pocos días

C. Zubillaga: Luchas populares y cultura alternativa en Uruguay

27

de celebradas las elecciones parlamentarias, confirmó las razones de fondo
de la medida policial, mereciendo la alusión punzante de los anarquistas:
"galantería gubernamental".

La contribución al movimiento sindical
Intimamente vinculado al movimiento sindical, el Centro Internacional de
&amp;tudios Sociales no constituyó, sin embargo, ni una central obrera, ni un
organismo· integrado a una estructura formal de los sectores asalariados.
Fue más bien una entidad solidaria, concurrente a la lucha sindical, que
ofreció a la vez un ámbito para reuniones gremiales,28 una tribuna para el
esclarecimiento de los problemas que estaban informando las plataformas
reivindicativas, un "proveedor" de oradores y propagandistas (de "agitadores" en el lenguaje de la prensa defensora del statu. quo, que los periódicos anarquistas hicieron suyo como un nuevo desafío). Todo ello en la
perspectiva de un avance de las ideas ácratas como fruto de una participación activa en la conflictividad social creciente que se registraba en Uruguay al finalizar el siglo XIX.
Así lo valoraba en 1901 Tribuna Libertaria, al realizar un balance general del movimiento obrero, señalando que el Centro Internacional, "sos•
tenido, a través de todas las reacciones y de todas las persecuciones que
esta gran agitación trajo, por grupos de compañeros batalladores y entu•
, siastas", fue el que dio "e) contingente de oradores y de agitadores a las.
masas".~

Si bien, como se ha visto, la labor desarrollada por el Centro Internacional distó mucho de configurar el intento de creación de una central
obrera, la persistente contribución a las luchas reivindicativas de las sociedades de resistencia (que en 1901 alcanzaron a representar a la mayoría de
los sectores asalariados),30 dio en los hechos a la entidad los Easgos de una
proto-central obrera, en cuyo seno los componentes de organizaciones sindicales de oficios comenzaron a reconocer la interrelación de sus situaciones, a comprender la globalidad de la ·"cuestión social" y a comprobar la
eficacia de la solidaridad en el combate.
Por lo mismo, resultó frecuente la imputación de personería delegada
del Centro Internacional, que se hiw respecto de los agitadores que actuaron en las grandes huelgas del período. En noviembre de 1901, por

�28

SigloXIX

ejemplo, el di~o El Día señalaba que la huelga que mantenían los recolectores de basura (dependientes de la Junta Económico Administrativa
de Montevideo) había sido declarada por "dos delegados del Centro Internacional". Similar señalamiento efectuaban por entonces los gerentes
de las compañías (británica y alemanas) de tranvías de Montevideo.
"Varios socios" suscribieron en el cotidiano El Trabajo una aclaración
que resumió el sentido que los militantes anarquistas le atribuían a su tarea, así como el· deslinde que de la misma hacían respecto de la labor del
Centro Internacional, que aunque funcional a aquélla, no revestía carácter
de directiva y orientación sindical específica:
(. . . ) el Centro Internacional no da ninguna delegación oficial
a nadie, pues todos sus socios toman participación en la lucha
o~rera :spontáneamente, por libre iniciativa; y toman participac1on, pr!111ero, porque esto concuerda con sus principios y luego,
para evitar que los obreros sean engañados por procuradores y
políticos.31

La reflexión como sistema: las conferencias
El instrumento fundamental de que se valio el Centro 'Internacional para
la prédica del cambio social (también, en ocasiones, para explicitar su solidaridad con las luchas sindicales concretas) fue el de las conferencias. La
tribuna del Centro irradió así, intensamente, el ideario anarquista, ya a
través de acreditados propagandistas extranjeros, ya a través de fogosos
orado~~ locales (un po~o.literatos, un poco bohemios, un poco agitadores)
que h1c1eron de esta predica un modus operandi personal que no se prolongaba demasiado en el tiempo.32
Entre los conferenciantes extranjeros se destacaron Pietro Gori y
Enrico Ferri (que editaban en Buenos Aires la revista Criminología Moderna); del primero diría en 1899 el periódico anarquista El Derecho a la
Vida que predicó cual nuevo Cristo en la tierra, sin odio, sin alteración,
con mucha calma y sangre fría, haciendo el retrato exacto de las miserias
humanas, y anunciando el advenimiento de una era de felicidad en toda
la superficie de la tierra".33
Los temas abordados, por lo general en régimen de "tribuna libre"
(es d~cir, permitiendo la participación, sin restricciones de los asistentes), fueron del más variado espectro, aunque todos conc'urrentes a ta acción contestataria que configuraba la metodología del centro: el derecho

C. Zubillasa: Lucha, populare, y cultura alternatiúa en Uruguay

29

de reunión, la "cuestión social", las luchas econom1cas, el delito y la
"cuestión social", "las huelgas ante la Razón", la emancipación femenina,
la religión y el Estado como enemigos de la libertad . . . Celebradas en la
mayoría de los. casos durante la tarde de los domingos, estas conferencias
se complementaban con actuaciones teatrales o musicales (entre estas últimas era de rigor la interpretación del himno "Hijos del Pueblo", a cargo
del Orfeón Libertario).
Particular relevancia adquirían las conferencias del lo. de mayo, en
las que intevenían varios oradores: centraban la atención en el conjunto de
los problemas sociales que afectaban a los asalariados y en la dimensión internacional de esas circunstancias, a partir del señalamiento de la tríada
responsable: Capitalismo-Gobierno-Religión.
La confianza en la capacidad persuasiva de esta modalidad de la prédica social, que evidenció su reiteración por parte del Centro Internacional
de Estudios Sociales, denotó un cierto esquematismo operativo, que derivó en prácticas ritualizadas que, al promediar la primera década del siglo
XX, habían dejado de preocupar a los sectores conservadores, seguros ya
de que el "apocalipsis social" tantas veces anunciado como inininente por
los anarquistas, constituía más un motivo de reflexión que un ejercicio
creíble de prospectiva política.

Una comunicación alternativa: la actividad teatral

En el seno del Centro Internacional de Estudios Sociales alentó una modalidad de acción cultural que habría de tener consecuencias relevante en el
desarrollo intelectual del Río de la Plata: el teatro social.
Un grupo de jóvenes, conformado entre otros por Florencio Sánchez,
José Eulogio Peyrot y Edmundo Bianchi, dio vida a un conjunto "filodramático" que se dispuso a trasladar la protesta social a las tablas. Piezas cortas, escritas y representadas tanto en castellano como en italiano, verdaderas "declaraciones de fe, trasladadas desde el folleto de propaganda o desde
34
la oratoria (...) que(...) conseguían apenas presumir de teatro", alimentaron entonces la labor de este núcleo: Senza Patria, "escenas sociales"
de Pietro Gori; Si fuera cura, monólogo de Rómulo Ovidi; Felice il Cerimoníoso, farsa en un acto de Bartolomé Ardy; ¡Mártir!, "drama en.cinco
cuadr~s y una apoteosis", de Mario Lazzoni ... Pasos de comedia, pequeños dramas, breves bocetos escénicos, estas obritas fueron muchas veces el

�30

SigloXIX

sucedáneo eficaz de la disertación sociológica, profunda pero aburrida, que
el auditorio escuchaba con más disciplina que entusiasmo.
Florencio Sánchez, que al correr de la década siguientt se convertiría
en el primer dramaturgo rioplatense, participó con entusiasmo de esta nueva modalidad de militancia. Como señaló García Esteban en su biografía
de Sánchez,
Florencio intervino en las veladas como actor de muy principalísimo papel. Hacía en ellas unas conferencias dialogadas, en las
que hartaba a sarcasmos a la policía y, sobre todo, al comisario
La Sota, terror de los anarquistas de entonces. Lo hacía en tal
fonna, y con tal arte, y tanta chispa, que el heterogéneo auditorio se retorcía de risa y premiaba aquellas inolvidables Conversaciones con estruendosos aplausos.35
Un paso más en esta labor fue el que en ese mismo año de 1897 cumplió
Flor~ncio Sánchez escribiendo su "scherw en un acto" Puertas adentro,
cruda sátira sobre la sociedad montevideana a cargo de dos sirvientes, que
al paso revelan aspectos relacionados con las condiciones de trabajo del
servicio doméstico.
Faltos de obras en las que la inmediata reaJidad montevideana resultara aludida, el grupo filodramático del Centro Internacional debió recurrir a sus integrantes más audaces para escribir piezas ad hoc. Hacia 1901,
y al impulso de Florencio Sánchez, éste, José Eulogio Peyrot y Edmundo
Bianchi, produjeron sendas obras. Sánchez escribió ¡Ladrones!, que sería
el primer esbozo de su popular Canillita ( obra estrenada en 1902 en
Rosario, Argentina); Peyrot produjo Desquite; y Bianchi dio forma al
"boceto social en un acto" Nobleza de Esclavo. Las tres piezas se estrenaron simultáneamente en el Centro Internacional en julio de 1901.36

El teatro social fue un inteligente recurso frente al desafío de encauzar popularmente, la denuncia de situaciones injustas y la promesa de un
futuro redimido. La burla, la compasión, la protesta, el sarcasmo, se convirtieron en los breves actos de estas piezas, en nuevas armas de lucha, cu•
ya incidencia en los sectores populares reveló nuevas posibilidades de propaganda y ancho campo para la receptividad del discurso revolucionario.

C. Zubillaga: Luchas popular&amp; y cultura alternativa en Uruguay

31

La mútica revolucionaria

M' de diez órganos de la prensa obrerista estuvieron vinculados en su surgi:iento, organización, redacción o difusión, al Centro Internacional. ~e
Estudios Sociales. 37 Algunos de estos periódicos tuvieron_ una ~elac1on
institucional con el Centro, como en los casos de Tribuna Li~ertarw, cuya
(calle de
direcCI·o'n y administración se localizó en la sede de la entidad
U d. ·a1
Río Negro número 274) y ·que llegó a publicar bajo su se o e 1t?n.
38
("Biblioteca de Tribuna Libertaria'") fo~le~os anarq~stas que se d1stn~
buían en las conferencias y veladas artISticas orgamzadas por el Centro,
del cotidiano El Trabajo, la idea de cuya aparición y los primeros pasos
:rganizativos tuvieron lugar en el Centro Internacional, al impulso del
entusiasta Florencio Sánchez.
Sin perjuicio de jugar un importante papel como difusores del ideal
ácrata, como receptores de denuncias sobre violacion~ a los de~ec~os
humanos en el mercado laboral montevideano, como vmculos solidanos
con organizaciones obreras de otros países, estos periódic~s cu~plieron
f inalidad pecuJiar: la de contribuir a la mística revoluc1onana, es de~
~
cir a la sublimación de la utopía-posible Oa Acracia). El lenguaje u izaOa entonación voluntarista de todo el discurso p~riodístico) no_ difirió en todo caso sustancialmente, del de las conferencias, y por lo mismo,
car~ió de proy~cción intensa en los medios aslaria~os por más q~e provocara inquietud en los círculos gobernantes y motivara el sosterudo recelo policial.

d&lt;/

En una similar lfuea de servicio a la mística revolucionaria se inscribieron los homenajes que el Centro Internacional tributó a las grandes figuras
internacionales que encarnaban en ese momento los antivalor~ ~e los que
el anarquismo hacía su bandera de lucha: Emile Zola y EIIBee Reclus.
C
tivo de la muerte de Zola, el Centro Internacional, junto con
on mo
d
• · · d
o umvers1tano
los eIement oS liberales (Club Liberal) y el estudianta
. ,
•f
·' e
Montevideo (Asociación de Estudiantes), orgam_zo una ~aru estac1o_n c~Uejera, en la que fueron discernibles el contmgente liberal-estudiantil
(trescientos hombres) que marchó al frente y separado del resto -~e la columna y el nucleamiento anarquista (estimado por La Rebelwn entre
cuatro' y cinco mil personas), encabezado por el estandarte rojo Y ~egro
del Centro Internacional con la inscripción "Germinal. Los anarqmstas.
Emilio Zola apóstol de la Verdad y del Trabajo".

�32

SigloXIX

El ritualismo cuasi litúrgico de las manifestaciones ácratas tuvo en
la ocasión un abrupto epílogo, del que diera cuenta la crónica de la época:
De regreso los i:nanifestantes al punto de partida, el grupo de liberales Y estudiantes doblaron hacia la calle 18 dirigiéndose a
sus locales (...). Los anarquistas al contrario continuaron en
línea_ ~ecta hasta el centro de la Plaza, donde 'y aunque estaba
proh1b1do hablar por ser silencioso el mitin, el compañero Roberto de_ las C~eras pronun,ció un pequeño, pero vibrante discurso.
1:ermmado e~te, p~esentose el Jefe Político pidiendo se disolvi_eran. Se disponian los compañeros a hacerlo, cantando el
himno de los trabajadores, cuando fueron brutalmente atropellado~ por el_ Escuadrón de Seguridad, siendo un compañero
agredido a punetazos por un esbirro, educado en los prostíbulos
Y en los b?~i~hes de barrios bajos. En pequeños grupos y escol~dos _se ding1eron luego al Centro Internacional, al cual les fue
1mpos1ble entrar por impedirlo la policía que lo tomó por asalto.39

Como complemento de este homenaje eJ Centro Internacional editó un
"número único" de Pro-Zola, con trabajos de Angel Miranda, Enrique
Crosa, Emilio Frugoni, José Ingenieros, Edmundo Bianchi, Perfecto B.
López, José Santos Chocano, José Eulogio Peyrot, Leopoldo Durán y
Soledad Gustavo.40

C. Zubillaga: Luchas populares y cultura alternativa en Uruguay

33

La solidaridad internacional
La concepción internacionalista informó la prédica ácrata como lógica derivación del repudio aJ Estado (apreciado en tanto estructura política de
dominación en manos del capital) y a las divisiones nacionales que tenían
al Estado como categoría sustantiva. De allí que los sentimientos de fraternidad proletaria representaran tanto el reconocimiento de una común problemática (y en consecuencia, de una común lucha), como una expresión
negatoria del Estado en cuanto modalidad organizativa de la sociedad.
"Internacionalismo versus nacionalismo" constituyó una de las constantes de la prédica anarquista, manifestada de múltiples maneras en la
actividad del Centro Internacional de Estudios Sociales. En esa perspectiva se inscribió la lectura pública de sus Cart,as de un flojo, que Florencio
Sínchez realizó en 1901 en el salón del Centro. Texto en el que se enjuiciaban las prácticas belicistas de la política criolla (el frecuente recurso a
la guerra civil para dirimir las contiendas partidarias), Cartas de un flojo
fue también el testimonio personal deJ joven dramaturgo (que había participado en 1897 de la revolución saravista) de su ruptura con un "orden"
social sustentado en valores darwinistas:

El duelo por la muerte de Reclus por su parte, fue solemnizado por
el Centro Internacional de Estudios Sociales mediante una velada artísticoliteraria celebrada en el Victoria-Hall de Montevideo el 23 de julio de
1905 : inte~nieron c~n sendos trabajos Pascual Lorenzo, José Eulogio
Peyrot, Emilio Frugoru, Angel Falco, Edmundo Bianchi y Julio R. Barcos.
41
Reco~dos en un folleto, junto a un texto de Kropotkin traducido expresamente de Les Temps Nouveaux de París, los trabajos aludidos constituyeron el homenaje de los sectores avanzados de la sociedad montevideana (incluidos los socialistas), que no contaron en la oportunidad con
el concurso de liberales ni de estudiantes, lo que llevó a Pascual Lorenzo a
advertir que

Te declaro con toda franqueza que quisiera ser más optimista
acerca de la suerte de este país; pero no puedo ver de color rosa
lo que se está poniendo de un gris muy oscuro. Creo que tengan
ustedes las bellas condiciones de que me hablas, pero nada positivo espero de ellas, desde que veo a esa intelectualidad joven
quemándose las cejas sobre amarillos mamotretos, empeñados en
desentrañar enseñanzas de las epopeyas de nuestra raquítica existencia americana, en vez de ocuparse de los hermosos problemas
científicos que agitan las mentalidades contemporáneas, agrupada
en pos de las tibias resacas del primer gaucho clásico que se le
ocurre héroe, enarboladas a guisa de ideal, o de las piltrafas vivas
de cualquier pseudo caudillo, tropero de pasiones, en lugar de estar con los que desde ahora trazan rumbos sobre el porvenir,
desperdiciando en una subordinación lamentable de lo que vale a
la insignificancia, toda su exhuberante vitalidad. No creo en ustedes, patriotas, guapos y politiqueros.43

entre (... ) los habitantes de Montevideo, ni existen liberales ni
existe juventud estudiosa que rebelándose a los viejos y aplasta~res prejuicios sepan pensar de acuerdo con los grandes ideales
unpuestos por el ininterrumpido progreso en su marcha triunfal
hacia la libertad. 42

Conteste con la opción que Florencio Sánchez establecía en su contestatario texto, el Centro Internacional mantuvo una permanent~ preocupación
por los sucesos internacionales que afectaban la situación de los trabajadores, manifestando su solidaridad mediante conferencias y mitines que, según el grado de compatibilidad que sus objetivos presentaban con respe&lt;;to

�34

SigloX/X

a los supuestos locales del orden establecido, resultaban en ocasiones
acompañados por organizaciones liberales y estudiantiles. La enumeración
taxati~ de estas expresiones resultaría fatigosa, pero su mención parcial
puede ilustrar los extremos de una conducta que se encauzó fluidamente
en la vocación internacional del Uruguay.
En septiembre de 1901 la protesta del Centro Internacional se refirió
a ~'la injusticia de que eran víctimas los proletarios de La Coruña (...) a
ra1z de una huelga en que el pueblo fue despiadadamente atropellado ,,_44
En e~e~~ de 1905 e! Centro encabezó Gunto al Partido Socialista y a la
~c1ac1on de Estudiantes) la convocatoria al mitin de protesta ''por los
cr1menes perpetrados por la autocracia rusa, que inhumanamente sembró
de cadáveres de obreros las calles de San Petersburgo ".45
En marzo del mismo año el Centro Internacional y el Partido Socialista volvieron a protagonizar un mitin de solidaridad, referido en la ocasión
a los obreros argentinos, víctimas de la represión dei;atada por el gobierno
de_ Quintana al imponer el estado de sitio para dominar la huelga portuaria .46 En mayo de 1909 la demostración organizada por el Centro Internacio1;1 estuvo referida a los sangrientos sucesos bonaerenses del lo. de mayo, en tanto que en octubre del mismo año protagonizó la más importante demostración popular registrada hasta entonces en Montevideo, en
repudio al fusilamiento en España de Francisco Ferrer. El mitin celebra~º. en ~~ ocasión'. a iniciativa del Centro Internacional, contó con la. par~c1pac10n oratona de, eleme~tos liberales (incluidos legisladores del parti_do gobernante: Rodo, Martmez Thedy) y de connotadas figuras anarquistas Ouana Buela, Angel Falco, Francisco Corney) y socialistas (Emilio
48
Frugoni). No obstante lo cual, los anarquistas dieron su impronta al
acto, portando carteles que reivindicaban el carácter de la movilización
(''Protesta del Pueblo"), y que terminaron en manos de la policía.

CONCLUSION
Fermento de luchas ideológicas por demás gravitantes en la historia uruguaya contemporánea, el Centro Internacional de Estudios Sociales
configuró una experiencia inédita en el ambiente urbano de la capital,
condicionado por la modernización. Implicó una peculiar forma de protagonismo intelectual por parte de sectores tradicionalmente excluidos de
una reflexión socialmente legitimada. En su tribuna, antes qúe la significación de los grados académicos, se consagró el valor ético de la militancia

C. Zubillaga, Lucha&amp; populares y cultura alternativa en Uruguay

35

social. No fueron, en consecuencia, los "bachilleres" quienes hicieron en
sus salones uso y abuso de la retórica, al compás de los últimos textos universitarios no siempre bien traducidos del francés; si hubo retórica (y en
verdad la hubo) esta fue mucho más "ingenua", como propia de quienes
hacían las primeras armas en el esfuerzo por comunicar ideales asumidos
como verdades indiscutidas (y por lo mismo, como los únicos medios para
"despertar a la sociedad adormecida" y conducirla por los senderos de una
"redención" definitiva).
Más allá de sus carencias (de sus debilidades ideológicas, de la excesiva
confianza en el poder transformador de la palabra), la acción del Centro
Internacional de Estudios Sociales marcó un estilo y señaló una conducta
que no resultaron ajenos a la conformación del movimiento sindical ni al
surgimiento de los "partidos de ideas", factores ambos que habrían de
profundizar, en las décadas siguientes, los cauces de una acción unitaria.

NOTAS

l. Sobre el rol cumplido por esta entidad como grupo de presión, cfr. Jacob,
Raúl, "Política -industrializadora y grupos de presión (1875-1898)", en Siglo
XIX. Revista de Historia. No. l. Monterrey (México), enero-junio de 1986,
pp. 146 ss.

2. Regules, Dardo, "Sobre la creación de la Facultad de Humanidades", en Anales de la Universidad. Entrega 155. Montevideo, 1945, p. 40.
3. Citado por Odoone, Juan y París, Blanca. La Universidad uruguaya desde el
militarismo a la crisis (1885-1958). Montevideo, Departamento de Publicaciones de la Universidad de la República. 1972. tomo l, p. 12.
4. Zum Felde, Alhe~o, Proce$o intelectual del Uruguay. Crítica de su Literatura,
tomo II. La Generación del Novecientos. Montevideo, Ediciones del Nuevo
Mundo, 1967, p.17.
5. Ejemplo de est.a tendencia fue la tesis presentada en 1884 para optar al grado
de Doctor en Jurisprudencia por José T. Piaggio, que versó sobre "El Socialismo y el trabajo a partir de los principios metodológicos de Spencer".
6. Acevedo, Eduardo, Economía Política y Finanzas. Extracto del Curso dictado
en la Universidad. Montevideo, Imprenta El Siglo Ilustrado, 1903, pp. 39, 183184.

�36

SigloXIX

7. Frugoni, Emilio, "Eduardo Acevedo, evocación de un maestro", en Gaceta de lo
Universidad. Año VI. No. 2. Montevideo,junio-julio 1963.
8. Rodríguez, Federico (comp.), Doctrina Pontificia. lli. Documentos sociales.
2a. edición. Madrid, Bfülioteca de Autores Cristianos, MCMLXIV, pp. 196-197.
9. Círculo Católico de Obreros de Montevideo, Album de los Bocla4 de Oro. 18851935. Montevideo, 1936.
10. El Grito del Pueblo. Montevideo, 11 de noviembre de 1896 ("Aspiraciones del
Partido Socialista"),
11. El Internacional. Montevideo, 12-5-1878 ("Un favor y un disfavor").
12. La Lucha Obrera. Montevideo, 13-7-1884, p. l ("Nota").

n.

Denominamos prensa obrerista a aquellos órganos periodísticos que respondían
con su prédica a alguna corriente de pensamiento que perseguía la instauración
de un proyecto social de cambio, sin que en todos los casos sus propulsores pertenecieran• claramente a los sectores asalariados y a sus organizaciones de clase.

14. Denominamos prensa obrera en cambio a aquellos órganos periodísticos publicados por organizaciones gremiales específicas.

C. Zubillaga: Luchas populares y cultura alternativa en Uruguay

37

20. Rojo y Blanco. Montevideo, 18·8·1901, p. 137.
21. El texto de la invitación alud fa al motívo de la reunión: "Para protestar contra
el Congreso clerical que en perjuicio de la clase trabajadora pretende imponerse
por medio de la mistificación, arma de la que se han valido siempre los negros
sayones de la Inquisición". (Tribuna Libertaria. Montevideo, 20-5-1900, p. 1).
22. El Amigo del Obrero. MonteVideo, 25-8-1901, p. 2 ("Los anarquistas").
23. La confrontación del Centro Internacional de Estudios Sociales con el diario
La Tribuna Popular tuvo ribetes de agresividad. En octubre de 1901 "varios so•
cios del Centro Internacional" requirieron que el periódíco rectificara su insinua•
ción de que afiliados a la institución anarquista intervenían "en las huelgas como
agitadores interesados" que vivían a costa de los obreros. Ante el silencio de La
Tribuna Popular y bajo la firma de más de quinientos adherentes al Centro lnter•
nacional de Estudios Sociales (que encabezaban Edmundo Bianchi y Pascual
Guaglianone), los anarquistas reiteraron su desafío en lenguaje de inequívoca
provocación: "nosotros, que tenemos virilidad sobrada para poderle dispensar al·
guna de limosna al que nos injuria rastreramente (...), volvemos a desafiar al
tilingo y estulto redactorzuelo que (... ) ha escrito alevosa y vilmente, escudado
en el anonimato(...)". El Trabajo. Montevideo, 25·10- 1901, p. 2; 31-10-1901,
p. 1.
24. Tribuna Libertaria. Montevideo, 2a. quincena de agostoJ.900, p. 3.

15. Real de Azúa, Carlos, Ambiente espiritual del 900. Montevideo, Biblioteca del
Autor Nacional, 1984, p. 25.
16. No deja de resultar significativo que el vocero anarquista El Obrero (de tenden•
cia federacionista) formulara en 1905 la siguiente crítica a la orientación de los
responsabl~ del Centro: "Los administradores del Centro Internacional, ultra·
libertarios, por excelencia enemigos de los reglamentos, partidarios acérrimos de
la libre iniciativa a parole se entiende, porque en los hechos son todo lo conúario,a no ser que por libre iniciativa se entienda reducirla a una cuestión determinada, como hacen ellos, que consideran a todo aquel que no comulgue en
su capilla. antianarquista, como si la propaganda de una idea pudiera reducirse
a un medio tan estrecho" (El Obrero. Montevideo, 10·9-1905, p. 3.).
17. Zum Felde, ob. y tomo cit., p. 28.
18. Alvaro Armando Vasseur (el primer crítico y difusor serio de Marx en Uruguay)
precursor del P'artido Socialista, señaló en una ''nota autobiográfica" escrit;
en 1955 Y dedicada al primer senador socialista, doctor José Pedro Cardoso
•
que tenía ''idea de que hasta ciertos domingos por la tarde se bailaba (en el Cen~
tro)".
19. El citado Vasseur fue una de esas raras excepciones. En una "memoria autobiográfica" de años posteriores, enfatizó al respecto: "Si bien nunca me permití
concurrir a dicho Centro, por no haber sido nunca profesional teórico del 'anar·
quismo' (...). sabía por diversos conocidos y amigos, cuán extraordinario era el
pres~igio que había alcanzado en razón de la frecuencia y del interés social que
suscitaban las conferencias doctrin_arias de tantos intelectuales extranjeros y las
~esoluciones huelguísticas de los líderes anárquicos" (Vasseur, A. A., Infancia y
¡uventud. Montevideo, Editorial Arca, 1969, p. 74).

25. El Trabajo. Montevideo, 5-11-1901, p. l.
26. El Trabajo. Montevideo, 5-11-1901, p. 2 ("Ciencia y vicio").

21. El Trabajo. Montevideo, 21-11-1901, p. 1 (''El Círculo Internacional-Sigue la
clausura").
28. El Trabajo informaba en septiembre de 1901: "El Cúculo Internacional de
estudios Sociales nos comunica que pone sus salones a disposición de todos
los gtemios o sociedades que deseen celebrar reuniones (...)" (El Trabajo. Montevideo, 17-9-1901, p. 2. "El Círculo Internacional de Estudios Sociales-Ofrt.
ciendo su local gratis a los obreros").
Por su parte, Rojo y Blanco ofrecía frecuente cobertura gráfica de las reunio•
nes obreras celebradas en el Centro (véanse por ejemplo: 13·10-1901, p. 268.
"La huelga de cigarreros. En el Centro Internacional"; 20-10-1901, p. 278, "La
lucha obrera. En el Centro Internacional. Asistentes a las Conferencias. . .").
29. Tribuna Libertaria. Montevideo, 7-1-1902, p. 2 ("1901. Balance general del
movimiento obrero").
30. Los gremios en conflicto a lo largo del año fueron los de fideeros, panaderos,
obreros de la construcción del p_uerto de Montevideo, zapateros, conductores
de carruajes, molineros, cerveceros, pelloneros, cigarreros, cartoneros, curtidores, alpargateros, horneros, tranviarios, herreros, peones de barraca (Cfr.: Zubi·
llaga, Carlos y Balbis, Jorge, Historia del movimiento sindical uruguayo. Tomo
I: Cronología y Fuentes (hasta 1905). Montevideo. Ediciones de la Banda
Oriental, 1985, pp. 73/78).
31. El Trabajo. Montevideo, 2-11-1901, p. l. ("Movimiento obrero-Ecos de la huel-

�38

SigloXIX

ga de basureros").
32. Un ejemplo claro de esta situación lo ofreció el caso del argentino Pascual
Guaglianone, quien entre 1897 y 1902 desarrolló una intensa actividad en los
medios asalariados de Montevideo como conferencista, orador y periodista,
siendo objeto (en noviembre de 1901) de un atentado criminal cuyos autores
nunca fueron identificados por la policía local. Retornó por entonces a Buenos
Aires donde continuó hasta 1904 su labor agitativa, para pasar - como recordará
alguna vez- "a trabajar seriamente", ingresando al Ministerio de Instrucción Pública y dedicándose a la docencia. En esta carrera culminó su actuación como
Subinspector General de Enseñanza Secundaria y Profesor universitario en La
Plata y Tucumán, alejado de "todas las locuras que se hacen antes de echar la
muela del juicio" (según su propia confesión).
33. Et Derecho a la Vida. Montevideo, diciembre 1899, p. 2 ("La verdad en marcha").
34. Cúneo, Dardo, Anotación a "Puertas adentro", en Sánchez, Florencio, Teatro
Completo. Veinte piezas seguidas de otras páginas del autor compiladas y anotadas por Dardo Cúneo. 3a. edición. Buenos Aires, Ed. Claridad, 1964.
35. García Esteban, Femando, Vida de Florencio Sánchez. Con cartas inéditas del
insigne dramaturgo. Santiago de Chile, Ediciones Ercilla, 1939, p. 72.
36. La Razón. Montevideo, 2-12-1920 ("Autores uruguayos"."Creo que daremos
al mundo - dice el señor Edmundo Bianchi- nuestra gran cooperación artística").
37. Fueron ellos: El Derecho a la Vida (1898-1900), La .Aurora (1899-1900), El
Amigo del pueblo (1899-1900), El Libertario (1900), Tribuna Libertaria (19001902), Et Trabajo (1901-1902). La Rebelión (1901-1903), Vida Nueva (1902),
Tiempos Nuevos (1903), Futuro (1904-1905), El Combate (1905).
38. En 1900 dio a las prensas el trabajo de Kropotkin La anarquía en la evolución
socialista.
39. La Rebelión. Montevideo, 12-10-1902, pp. 23 ("Manifestación pro-Zola").
40. Pro-Zola. Número único. Montevideo, editado por el Centro Internacional de
Estudios Sociales (1902) (18 pp.).
41. Elueo Reclus. Homenaje. Montevideo, 1905 (original conservado en el lnternational instituut voor Sociale . Gechiedenis - Amsterdam ).
42. lbidem, pp.14/ 15.
43. Sánchez, Teatro Completo. ..• cit., pp. 503/504 (Cartas de un flojo. ll. No creo
en ustedes).
44. Et Trabajo. Montevideo, 16-9-1901,p. 2.
45 . Diario Nuevo. Montevideo, 28-1-1905, p. 2.
46. De este mitin, que convocó a más de 4 000 personas, participaron los dirigentes

C. Zubillaga: Luchas populares y cultura alternativa en Uruguay

39

argentinos Alfonso Grijalbo (anarquista) y Alfredo Palacios (socialista) (El Obrero. Montevideo, 11-3-1905, p. l).
47. Caras y Caretas. Buenos Aires, 15-5-1909.

48. Caras y caretas. Buenos Aires 23-10-1909.

�Condiciones de la Vida Material de los Sectores
Populares en Buenos Aires, 1880-1914

Leandro Gutiérrez*

El siguiente trabajo tiene como propósito describir y analizar algunos aspectos de la vida material de los sectores populares en la ciudad de Buenos Aires en los años que median entre 1880 y 1914. En Buenos Aires,
como en otras ciudades latinoamericanas, estos fueron años de profundas transformaciones en la sociedad en su conjunto y en los sectores populares en particular: fueron adquiriendo una dimensión antes desconocida y s.e fueron conformando sus actitudes y modalidades.
No obstante su relevancia, este acontecer histórico no recibió, hasta
hace pocos afios, un tratamiento equivalente entre los historiadores profesionales, que se orientaron más bien a efectuar la historia de gobiernos
y gobernantes antes que la de la sociedad. Sin embargo, desde otros campos del quehacer intelectual surgieron libros, folletos y diversos tipos de
publicaciones que sí tuvieron a algunas fracciones de los sectores populares como sujeto de sus análisis. Existen algunos trabajos paradigmáticos
~e marcaron ciertas orientaciones en obras posteriores- de los que conviene reseñar brevemente sus características para estimar sus logros y limitaciones.
En nuestro caso, y para el período que nos ocupa, son fundamental-

*Programa de Estudios de Historia Económica y Social Americana (PEHESA) y Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), Buenos Aires,
Aigentina. Una versión inicial de este trabajo fue incluida en Revista de Indias, Consejo Superior de Investigaciones Científicas (Espafia), vol. XLI, 163-164, enero-junio
de 1981.

�42

SigloX/X

mente tres los textos que reúnen esas características.1 En primer lugar,
cada wto de ellos es producto dpl trabajo de dirigentes sindicales de los
distintos signos ideológicos (anarquismo, socialismo y sindicalismo) que
dominaron la escena en esos años formativos. Constituyen cada uno un
ferviente alegato en favor de sus posiciones, a la vez que una fuente de información de singular valor. No obstante esta fuerte diferencia, tanto las
fuentes utilizadas como las dimensiones recorridas son comwtes. Las
fuentes son los periódicos y actas de los congresos de diferentes organizaciones aunque, naturalmente, interpretados de manera distinta según
cada autor. En cuanto a las dimensiones analizadas, todos se ocupan casi
exclusivamente de la organización sindical, las ideologías dominantes y la
acción de protesta. Cabe señalar que estas orientaciones establecieron una
cierta tradición en los estudios posteriores: aún hoy historiadores y sociólogos profesionales continúan por esos caminos iniciales, aunque profundizando la información y aportando algunos nuevos conocimientos.
Pero para nuestros efectos la reseña efectuada tiene por objeto remarcar que importantes aspectos de la historia de los sectores populares no
fueron atendidos por esos textos y, tampoco, por quienes siguieron sus
lineamientos. Las condiciones de la vida material fue uno de ellos. Esta
particularidad parece compartirla nuestra historia con lo acontecido en
otros contextos. Eulalia María Lahmeyer Lobo sefiala idénticas situaciones para el caso brasileño cuando afirma:
Estos enfoques dejaron de lado aspectos ·fundamentales, tales como las condiciones de vida en general de la clase obrera y, en
particular, en la fábrica, las peculiaridades de la clase obrera en
función del proceso de transición de la artesanía hacia la manufactura y de ésta hacia la industria, y perjudicaron el hallazgo de
un método más adecuado de mvestigación.2

Las disgresiones precedentes tuvieron por objeto fundamental mostrar
wta de las causas de la legitimidad de emprender una investigación tendiente a esclarecer las singularidades de las condiciones de la vida material de los sectores populares, y tratar de hallarles alguna explicación. Pero, además de las carencias bibliograficas, existen otras de carácter más
teórico que incrementan tal legitimidad.

En primer término, los estudios sobre organización, ideoJogía y acción toman a los trabajadores instalados en su lugar de producción: espacio sin duda relevante para comprender su constitución como tales pero

L. Gutiérrez: Condicione, de vida populares en B. Airea

43

que deja al margen el lugar del consumo, donde también se articulan y estrechan componentes de tal constitución. Particularmente en contextos como Buenos Aires, donde por las características del mundo del trabajo ~
comparten más experiencias fuera del lugar de trabajo que en su propio
~no.
Este conjunto de experiencias compartidas se trasmutará en el proceso histórico en atributos de la cultura popular que permitirán a estos sectores, al mismo tiempo, identificarse y diferenciarse del resto del conjunto
social.
El conjunto de problemas que encierra el tema es muy amplio y alcanza desde algunos inmateriales y de muy difícil medición hasta otros
más claramente definidos,3 que indudablemente le corresponden. Los
tratados en este artículo corresponden a este último grupo: habitación y
vivienda son sin duda aspectos centrales de las condiciones de vida de los
sectores populares, particularmente en context~s de rápida urbanización.
Estas dos dimensiones procurarán ser analizadas con una proyección
más extensa que lo simplemente cuantitativo y, con ello, resolver el problema planteado por la vertiente de la historiografía que se detuvo particularmente en el análisis de los nive]es de vida obviando el problema de su cali-

dad.
En este sentido resulta de interés conocer los lineamientos de la discusión surgida en tomo al pr'oblema de los niveles de vida de las clases trabajadoras inglesas a comienzos de la Revolución Industrial. La diferenciación
existente entre ambas corrientes se tradujo o provenía del uso de determinadas fuentes y métodos de investigación. Así, quienes estudiaban fundamentalmente el nivel de vida emplearon el salario real como el indicador
más apropiado. Este indicador merece sm embargo algunas objeciones provenientes del mismo campo de los economistas que Taylor resume: 1) conciernen básicamente a los salarios y no a los ahorros; 2) no dicen nada acerca del desempleo; 3) no toman en cuenta los cambios en la distribución de
ocupaciones dentro de la economía; 4) no permiten ver las continuas variaciones en las necesidades y carencias como lo que se expresa a través de los
presupuestos familiares. Por otro lado, quienes se inclinan más por estudiar la calidad de la vida convienen en señalar que "se da el caso -el fenómeno es perfectamente posible- de que las medias estadísticas y las experiencias humanas lleven direcciones opuestas".4

�44

SigloXIX

El Buenos Aires de los años bajo estudio ofrece un estimulante campo
de análisis de esa divergencia. Aún aceptando totahnente el crecimiento de
los salarios reales, como lo demuestra para ciertos conjuntos de trabajadores quizá la única investigación realizada con esta perspectiva,5 las condiciones de habitación, salud y alimentaciór{, la incertidumbre laboral y los
trastornos y frustraciones de numerosos inmigrantes desesperanzados parecen haber sustraído parte de las ventajas posibles de obtener con mayores
recursos monetarios. La pieza de conventillo* ~e habrían podido pagar
no sólo confinaba a los trabajadores arribados a Buenos Aires a un clima de
insalubridad y hacinamiento semejante quizá al que dejaban atrás, sino
que también los obligaba a reestructurar relaciones familiares y crear, no
siempre con éxito, nuevos sistemas de solidaridad.
Algunos problemas semejantes podrían plantearse en el campo de la
alimentación. No parece suficiente demostrar que se podían adquirir alimentos sino también preguntarse por su calidad cuando, en parte por problemas derivados del mismo crecimiento urbano, su adulteración era un
hecho frecuente. Y la elaboración afinada de esos alimentos era imposible
por las características de la vivienda y el pobre instrumental doméstico
existente.
Finalmente es preciso indicar que las fuentes utilizables no son muy
abundantes, aunque tampoco escasas. Existen presupuestos familiares tp1e
no son muy frecuentes y que merecen un análisis minucioso. Hay informaciones de periódicos y ensayos parciales sobre algunos temas conexos; y las
tesis universitarias referidas a las condiciones de los sectores populares y a
problemas de consumo de bienes básicos para mejorar la vida, son abundantes y utilizables. De cualquier manera, el tratamiento de la cuestión
exige gran versatilidad en el empleo de fuentes puesto que, como afinna
Kula,
el sistema de consumo se halla ligado a todos los elementos de la
vida social. Necesita ser analizado en su más amplio contexto y

sobre la base de fuentes documentales más diversas. No es posible abandonar la tarea cuando no existan presupuestos familiares
o datos cuantitativos. Los ritos populares, los proverbios, las diversas metáforas, etc. : . todo ello es susceptible de abrimos camino hacia el examen de unos problemas humanos trascendentales.6

*Nota del Editor: véase la definición de conventillo brindada por el autor y la descripción de Eduardo Wílde en el apartado dedicado a vivienda.

L. Gutiérrez: Condiciones de vida populares en B. Air.es

45

BUENOS AIRES ENTRE 1880 Y 1914
La República Argentina inició hacia 1880 ~ pro~ que hab~a de concluir con su incorporación plena a la econom1a mundial como pais p~o~uctor de alimentos. Fue una inserción dependiente a un mercado capitalista
desarrollado facilitada por agentes externos, capitales y mano de obra, e
internos, como la disponibilidad de tierra abundante para la expansión de
las actividades agropecuarias productoras de bienes exportables.
Entre 1880 y 1914 el crecimiento de la población, el intercambio comercial y la renta por habitante fueron notables. Junto al desarrollo de las
exportaciones fue reordenándose la estructura pr~uctiv~ interna en fa_vor
de rubros más modernos que los cueros, lanas sucias, tasaJO y otros art1culos de escasa elaboración, que constituían las anteriores listas de productos
negociados con el exterior. Las importaciones también aumentaron en
estos años. Su composición incluía el capital y materias primas para manufacturas locales. Las inversiones externas, particulannente británicas, se
volcaron, en una primera etapa, hacia los préstamos al gobierno bajo_~ersas formas. Luego de la retracción de inversiones siguiente a la c ~ de
1890 se reiniciaron en los primeros años del siglo XX con una nueva onentació~: ferrocarriles, compañías de tierras, bancos y frigoríficos fueron, a
partir de entonces, quienes se beneficiaron.
El crecimiento de la población fue acelerado y basado en la incorporación de migrantes europeos, especialmente italianos y españoles. El total
de habitantes pasó de 1 836 490 en 1869 a 3 955 060 en 1895 y 7 ~5 237
en 1914. La expansión territorial constituyó el factor interno que, J?nto a
los señalados, permitió la incorporación del país al mercado mun~al. La
conquista y ocupación de tierras inexplotadas modificaron sustantivamente la extensión de las áreas cultivadas.7
Así como factores internos y externos contribuyeron a la expansión
final resultante, agentes de igual carácter influyeron para que _en su proceso
se registraran etapas diferentes de distinto signo. Para el periodo que estudiamos se encuentran por lo menos tres:

a) La década de 1880 hasta la crisis de 1890, durante la cual ~ubo u~ elevado saldo inmigratorio positivo, crecimiento del comercio extenor Y
de las inversiones de capital británico en la Argentina.

�46

SigloXIX

/,. Gutiérrez: Condiciones de vida populares en B. Aires

b) Desde la crisis de 1890 hasta los primeros a.fios del siglo XX, en que e)
ritmo de ingresos de migrantes externos disminuyó y se interrumpió el
flujo de capitales.
c) A partir de los primeros a.fios de la centuria y hasta 1913, en que se retoma la expansión de la inmigración, con afluencia de capitales y de
inversiones en infraestructura.
El carácter exportador del modelo económico trajo como consecuencia el crecimiento rápido de la ciudad de Buenos Aires: lugar de embarque
de los productos y de arribo de la mano de obra, se instaló en ella una parte considerable de la población y de la red de comercialización. Es preciso
agregar que su carácter de capital y centro administrativo del país. contribuyó a tal crecimiento, al tiempo que la necesidad de procesar, por lo menos en parte, algunos de los productos exportables y el auge de la demanda
urbana misma, decidieron la instalación de establecimientos de transformación de cierta magnitud y una considerable cantidad de pequeños talleres manufactureros.

CRECIMIENTO DE LA POBLACION Y LA OCUPACION (1869-1914)

1869 .•.......
1887 .........
1895 .........
1904 ...... .•.
1909 ........•
1914 .........

1

Población P.oblación
total
ocupada Argentinos ºlo Extranjero@ º/o
177 787
433 375
663 854
950 891
1 231 698
1 575 814

98 723
203 272 54 607 26.9
305 124 84 500 27.7
406 681 141 443 34.7
641944 254 019 39.6
792 361 279 678 35.3

La incorporación de nuevos espacios modificó el tamaño del radio urbano donde, además, se realizaron diversas obras de mejoramiento. Las distancias interurbanas se acortaron con la instalación progresiva de vías de
tranvías que dibujaron una apretada malla. Naturalmente, el crecimiento
de la población total resultó acelerado y, simultáneamente, se e~p~dió la
ocupada. El cuadro I permite apreciar una y otra cosa como, asmusmo, la
participación de los extranjeros.

Una información más desagregada de esta población empleada puede
verse en el cuadro II. Muestra, en primer lugar, el mantenimiento, en l~eas
generales, de una cierta distribución de las ocupaciones d~nde_ predo~an
las actividades de servicios, junto a otras con denommac1ones mas o
menos estereotipadas que no permiten una clara diferenciación en ténninos de relaciones de producción. Es decir, no sabemos cuantos de ellos son
trabajadores dependientes con relación salarial definida, y cuántos especi~listas con algún grado de autonomía. De cualquier manera, para los prop~
sitos de la investigación, esta diferenciación no parece ser un dato decididamente significativo: ambos conjuntos forman parte sin duda de los
sectores populares, cuyas condiciones materiales constituyen el objetivo
de la investigación.
LA VIVIENDA

CUADRO 1

Afio

47

148 665
220 634
265 538
387 925
512 683

73.1
72.3
65.3
60.4
64.7

FUENTES: Censos Nacionales de 1869, 1895 y 1914.
Censos Municipales de 1887, 1904 y 1910.
Scobie, Buenos Aires, del centro a los barrios, 1870-191 O, citado.

Las condiciones de habitación de los sectores populares en el período
8
estudiado pueden dividirse, como lo ha hecho Yujnovsky, en dos etapas
definidas: la) 1880-1900, cuando predomina el conventillo; 2a) 19001914, en que el conventillo se reduce parcialmente y se difunde el asentamiento periférico.
Los conventillos eran viviendas colectivas donde alquilaban habitaciones los trabajadores. Las mismas se caracterizaron por sus condiciones de
habitabilidad deficientes en extremo, por la ~arencia usual de un número
de baños suficiente, carencia de cocinas, aire e iluminación poco adecuados, etc. Los testimonios de contemporáneos son probablemente los aportes más precisos para su conocimiento. Algunos de ellos provienen de destacados hombres públicos que, sensibles a lo crítico de la situación, emprendieron campañas para su mejoramiento. Eduardo Wilde, por ejemplo,
describía en 1893:
No trataremos de las casas de las personas bien acomodadas o que
tienen una mediana posición; hablemos de lo que son las casas de
inquilinato para los pobres.

�48

Siglo XIX

L. Gutié"ez: Condiciones de vida populares en B. Aires

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En est.as condiciones vivía una cantidad de personas cuya magnitud fue
considerable como puede observarse en el cuadro III.

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No sé si todos las conocen.
Yo, por mi profesión, me veo obligado muchísimas veces a penetrar en ellas, y tengo ocasión de observar lo que allí pasa.
Un cuarto de conventillo, como se llaman esas casas ómnibus, que
albergan desde el pordiosero hasta el pequeño industrial, tiene
una puerta al patio y una ventana, cuando más; es una pieza cuadrada de cuatro metros por costado, y sirve para todo lo siguientes: es la alcoba del marido, de la mujer y de la cría, como dicen
ellos en su lenguaje expresivo; la cría son cinco o seis chicos debidamente sucios; es comedor, cocina, despensa, patio para que
jueguen los niños, sitio donde se depositan los excrementos, a lo
menos temporalmente, depósito de basura, almacén de ropa sucia
y limpia si la hay, morada del perro y del gato, depósito de agua,
almacén de comestibles, sitio donde arde de noche un candil, una
vela o una lámpara; en fin, cada cuarto de éstos es un pandemónium donde respiran, contra las prescripciones higiénicas, contra
las leyes del sentido común y del buen gusto y hasta contra las
exigencias del organismo mismo, cuatro, cinco o más personas.
De manera que si hubiera hecho algo con el propósito de contrariar todos los preceptos higiénicos, al hacer un conventillo, no se
habría acertado mejor.9

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49

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Naturalmente estos indicadores resumen situaciones de diferente orden. En efecto , la distribución de los conventillos fue desigual dentro de
la ciudad: se nucleaban más en algunas secciones que en otras, como lo informan tanto los datos censales como las fuentes cualitativas. 10 . El mayor número de conventillos por extensión se registró en las áreas centrales
de la ciudad donde, como lo señala el comentarista del censo municipal de
1887, se concentraban las fuentes de ocupación de los habitantes de los
. .
11
mismos.
También se registraban diferencias en lo relacionado al porcent.aje de población habitante de los inquilinatos respecto del total de
la población. Existieron barrios do~de la población habitante de los mismos llegaba al 40%, como por ejemplo La Boca. Los del centro de la ciudad, por la razón anteriormente apuntada, agrupaban una porción considerahle de la población, entre un tercio y un cuarto, en estas deterioradas viviendas.
Durante el subperíodo 1880-1900 los barrios más alejados, como
Belgrano y Flores, casi no contaban con este tipo de viviendas.

�50

SigloXIX

L. Gutiérrez: Condicione, de vida populares en B. Aires

51

El promedio de personas por cuarto para toda la ciudad escondía
asimismo realidades diferentes. Ciertamente muchos albergaban sólo a un
matrimonio con sus hijos o un número de personas cercano al promedio.
Pero eran numerosos los casos, como los que da noticias Scobie, donde la
aglomeración era sensiblemente mayor al promedio. En efecto, cuartos de
conventillos donde vivían ocho o más personas no eran infrecuentes. Así,
por ejemplo:

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El conventillo de la calle Salta 807 tiene ocho piezas habitadas
por 48 personas. En el cuarto número 5, de 5 varas por 6, dormía
un matrimonio, una niña de quince años y seis hombres. En la
pieza número 2, de 5 por 5, dormía una mujer, cuyo marido estaba en el lazareto, y cinco hombres más. Dos cocinas albergaban
once hombres y la pieza número 7 a seis hombres más.
Algunos años después, en una sorpresiva visita nocturna a los conventillos de La Boca, el jefe de servicio de salud pública encontró habitaciones en las cuales dormían doce personas. 12

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CUADRO IV

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CONVENTILLOS EN EL CENTRO DE LA CIUDAD (1887-1904)

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en el centro

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877

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35 277

32.5

30.3

1904 (distritos
13-14)

647

26.3

34.790

26.8

25.2

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FUENTE: Scobie, citado, cuadro 5.

�52

Siglo XIX

También respecto a las características de la construcción de las casas convertidas en conventillos el dato global oculta diferencias. En los barrios
centrales lo predominante lo constituían las casas de material de construcción antiguas, a muchas de las cuales se les habían agregado instalaciones
más precarias con el objeto de obtener mayores beneficios con su arrendamiento. En otras secciones de la ciudad, especialmente en el barrio de La
Boca, lo dominante eran las construcciones de chapa y madera sin mejoras atenuantes del frío o el calor.

Las diferencias apuntadas no anulan las semejanzas, vale decir lo que
era común a todas estas viviendas. En primer término, las nacionalidades
dominantes. No es extraño que en una ciudad que creció por la incorporación de trabajadores inmigrantes, el grueso de la población habitante de
estas barracas, además de trabajadores, fuesen extranjeros. En el año 1887
la proporción de extranjeros inquilinos para toda la ciudad era del 66%.13
En verdad, aunque se hallasen casas donde una nacionalidad prevalecía, en
la mayoría de ellas la plurinacionalidad se reiteraba.
Luego, las condiciones de habitabilidad. Las casas construidas o adaptadas para conventillos carecían en mayor o menor medida de elementos
necesarios para una vida confortable. Los extremos de aquella casa con
300 habitantes, con sólo seis llaves de agua, dos baños - que los menores
de diez a catorce años no podían usar- y tres mecheros de gas para alumbrar todo el edificio, parecen poco corrientes. 14 Sin embargo, fue característico que sólo tuvieseil una puerta como única comunicación al exterior
y logar de entrada de aire y luz. La falta de duchas, canillas y baños fue
constante a pesar de las disposiciones municipales reglamentarias. 15

La preparación de las comidas se realizaba habitualmente en braseros

de carbón colocados a la entrada de las habitaciones, ya que las piezas no
poseían cocinas individuales ni el conventillo las tenía comunes. El equipamiento doméstico era por demás escaso probablemente porque los ingresos no eran suficientes para mejorarlo pero, además, porque el tamaño de
las habitaciones no lo permitía. El espacio en ellas estaba ocupado fundamentalmente por personas. El activo en moblaje lo formaban habitualmente una cama, una mesa, alguna silla, a veces un lavatorio, aunque generalmente el aseo personal se efectuaba fuera de la habitación, en algún
recipiente sencillo. Estaban también los que los contemporáneos llamaban
"los efectos morales" derivados de la convivencia en un único ambiente de

L. Gutiérrez: Condiciones de vida populares en B. Aires

53

matrimonios con hijos de diferente sexo y edades, de adultos no emparentados con menores y adolescentes.
El hacinamiento y las malas condiciones de habitabilidad de los edificios hicieron de la vivienda popular un foco de generación y difusión de
enfermedades infecciosas, epidémicas y otras relacionadas con las carencias que apuntamos. Médicos preocupados por la higiene pública, funcionarios de la administración, estudiosos, dirigentes de organizaciones populares diarios del origen más variado y otras fuentes dan cuenta de este fe,
·
•
16
nómeno que no es menos grave por ser conocido.
El rápido crecimiento de la población y el no igualmente rápido de la
vivienda provocaron el hacinamiento.
El costo de la vivienda tuvo significativa incidencia en los gastos de la
familia trabajadora. Las estimaciones de los contemporáneos, aceptadas
posteriormente, lo ubican entre el 20% y el 30% del gasto total. Cortés
Conde obtiene un 22% promediando presupuestos de diferentes años entre 1897 y 1918.17 Asimismo el costo del alquiler consumía una parte importante del salario. Esta participación tendió a crecer en la década de 18801890. Posteriormente, en la siguiente, podría haber descendido en términos nominales. "Sin embargo, el dato para 1896 indicaría que se habría
· ºdenc1a
· sobre el salario
. " . 18
mantenido o incluso aumentado la mc1
El crecimiento notable del número de conventillos ocurrió entre 1880
y 1890, disminuyendo luego para alcanzar los anteriores niveles nuevamente en 1904. El movimiento está estrechamente vinculado a las fluctuaciones en el saldo inmigratorio y a los ciclos de la economía en su conjunto.
De cualquier manera, en la última etapa las condiciones de la vivienda mejoraron no tanto porque los edificios donde se agrupaban los trabajadores
hubieran cambiado sustancialmente, sino porque la difusión del servicio de
aguas corrientes, cloacas, recolección de desperdicios y otros mejoraron la
higiene pública, particularmente en los barrios céntricos de concentración

de la vivienda popular.
En los años que siguieron a 1900, hasta 1914, hubo cambios que permiten diferenciarlos del anterior período. En primer lugar se redujo el porcentaje de ocupantes de los conventillos sobre el total de la población. Por
otro lado, un conjunto de circunstancias favorecieron la descentraliza-

�54

SigloXIX

ción de la población y la adquisición de lotes de tierra urbana, donde luego _se construiría, o de casas construidas por parte de los trabajadores que
meJoraron de esta manera sus condiciones de vivienda. Los conventillos
continuaron existiendo en el centro de la ciudad.

El proceso de traslado de la población basado en la adquisición de la
propiedad de lotes de tierras periféricas fue posibilitado por algunas circunstancias concurrentes: a) electrificación de la red tranviaria que acortó
las distanc~as entre los barrios alejados y los lugares de trabajo, y abaratamiento de las tarifas del transporte por ese medio; b) incorporación al
mercado de tierra urbana que, fraccionada, se ofrecía a precios accesibles
Y con facilidades de pago; c) nuevo ciclo de auge de la economía nacional
con cierta estabilidad monetaria.
Durante estos años, hasta 1910 aproximadamente,19 " ... la adquisición de un pequeño lote y de una casa modesta estuvieron al alcance del
obrero especializado, del artesano o del empleado de Buenos Aires".20
Esta situación, al desagregarse, muestra que " . . . han quedado en
los conventillos las capas de población de menores recursos, sin ingresos
suficientes para el acceso a -la propiedad inmobiliaria",21 y que eran los
italianos los mayores adquirentes en el anillo periférico.

No parece haber duda que en esta etapa hubo una modificación favorable en la cuestión vivienda de los sectores populares. De cualquier forma,
persistieron algunos problemas relacionados con el tipo de servicios colectivos ejecutados usualmente por alguna instancia del Estado. Muchos de
los terrenos en que se asentaban las nuevas viviendas eran anegadizos, sin
obras que resolvieran el drenaje de las aguas. Tampoco le alcanzaban las
extensiones de agua corriente ni los servicios cloacales.22 Allí los problemas de morbilidad consecuentes con el conventillo habían desaparecido
en lo que hace a la propagación, ya que el hacinamiento difusor de enfermedades cedió terreno con la vivienda aislada. Lo que, en cambio, no
se solucionó fue la persistencia de enfermedades infecciosas y gastrointestinales derivadas, sobre todo, de la utilización de aguas con~inadas,
provenientes de pozos cercanos a sumideros o de las compradas a aguadores sin condiciones de higienización suficiente.
Otro problema preocupaba por lo menos a los inspectores del Depar-

L. Gutiérre~: Condicione, de vida popularu en B. Aire,

55

tamento Nacional del Trabajo y seguramente también a los sectores populares: el tamaño de la vivienda.
En la vivienda del obrero inglés -decía el Boletín del Departamento Nacional del Trabajo- predomina el tipo de 4 y 5 piezas,
en el alemán de 3 piezas y en la del francés 2. Entre nosotros la
vivienda de una pieza predomina con 70 por 100, alcanzan las de
2 piezas a 24 por 100 escaso y el tipo de tres y más piezas, que
numéricamente da el 6 por 100, es en realidad parir el obrero desconocido.23
Todavía en 1919 la mitad de las familias obreras vivía en una pieza y el

38% en dos.24

No hay ninguna duda de que el crecimiento de la población y, consecuentemente de la demanda de vivienda, abrió la posibilidad de obtener
grandes beneficios a los propietarios urbanos. Esta posibilidad estuvo favorecida por la acción del Estado, que no intervino en el funcionamiento del
mercado de vivienda.25 Los poderes públicos, nacionales o municipales, se
abstuvieron de iniciar cualquier acción significativa tendiente a mejorar
la situación habitacional de los sectores populares. Es cierto que hubo algiinos intentos provenientes en primer lugar de los poderes municipales,26
pero o sólo fueron iniciativas o tuvieron poca extensión sea en cuanto al
número de viviendas construidas como a los grupos que pudieron favorecerse con ellas. El análisis de la política estatal ha demostrado que la ideología liberal dominante fue la que orientó su no participación en el mercado de vivienda, dejado, en consecuencia, libre para la acción de la actividad privada (favorecida y estimulada a su vez por diversos mecanismos).
Si bien el Estado no mostró preocupaciones por solucionar la vivienda del trabajador, sí las tuvo por los problemas que la mala vivienda podía ocasionar al conjunto de los sectores sociales. Esto determinó que se
dictasen nonnas municipales tendientes a disminuir en lo posible, y sin
afectar los mecanismos del mercado, los perjuicios de las viviendas insalubres: la mayor parte estuvo orientada contra la proliferación de gérmenes
e insectos portadores, y se originó y reactivó en períodos epidémicos.
Otras disposiciones eran más puntuales y obligaban a denuncíar los casos
de enfermedades cuya propagación era incontenible si no se procedía a un
rápido aislamiento del afectado. La viruela mereció especial atención en
este sentido.
Todas estas disposiciones fueron frecuentemente eludidas. Periódicos

�56

Siglo XIX

L. Gutiérrez: Condiciones de vida populares en B. Aires

57

e instituciones daban cuenta frecuente de ello y de los mecanismos con
los que se eludían las posibles infracciolies y las sanciones de la autoridad
de aplicación. En última instancia, el medio que el Estado empleaba para
proteger la salud pública amenazada por estas viviendas y sus habitantes
era su desalojo. Casi a diario los periódicos y otras fuentes informaban sobre estas acciones.27 Pero al margen de la efectividad que se haya observado en el cumplimiento de las ordenanzas, importa señalar que siendo el
cuidado de la higiene pública su principal objetivo, poco se cuidaba la
situación de los habitantes de las casas desalojadas. La fuerza era el
instrumento empleado frecuentemente contra inquilinos de viviendas
cuyos propietarios no realizaban las mejoras obligadas, simplemente porque usaban intensivamente su capitaI.28

dieron construir allí su vivienda, en medio de un ciclo de auge de la ec9nomía y de estabilidad monetaria que permitió la adquisición y construcción
financiada. Esto pudo haber significado un mejoramiento en las condiciones de la vivienda popular a pesar de no alcanzarles las obras de mejoramiento urbano y sanitario. También habría representado un proceso de
diferenciación al interior de los sectores populares, donde los nuevos propietarios se distingu Ían de los que nada poseían. Estos últimos continuaron viviendo en los hacinamientos de los antiguos barrios que, sin embargo, habían mejorado relativamente con la extensión de los servicios de
aguas corrientes, cloacas, pavimentos, barrido de calles, etc., aunque no en
todas las zonas por igual, dado que algunas, como La Boca, no perdieron
sus carencias.

Por otro lado, mientras la oferta de viviendas no crecía al ritmo de la
demanda, y la casa Ómnibus, con gran concentración de población, era
la alternativa habitacional (por el costo del alquiler) para los sectores populares, los desalojos no conseguían otra coas que desplazar el hacinamiento de un lugar a otro, con lo cual el propósito de mejorar las condiciones de higiene pública volvía a quedar insatisfecho. Esta paradoja, ya
señalada por los contemporáneos, ha sido retomada por los estudiosos
actuales.29

Algo, con todo, se mantuvo inalterable y fue el costo de la vivienda.
"El alquiler en la Capital Federal -decía el Boletín del Departamento Nacional del Trabajo en 1912- es mucho más elevado que en otras partes del
mundo y pesa mucho más sobre el inquilino que en los países europeos y
más que en las ciudades norteamericanas ".30 Para los que habían adquirido
ai parcela el precio de las cuotas pesaba de igual manera y los obligaba a
serias restricciones en otras áreas del consumo.

En síntesis, el rápido crecimiento de la población de Buenos Aires
durante los treinta años recorridos no fue acompañado por un proceso
semejante en el parque de vivienda. Consecuentemente, viejos edificios y,
en medida mucho menor, otr.os construidos al efecto, constituyeron la
habitación de los sectores populares. En ellos se agruparon en condiciones deficitarias: al elevado número de personas por habitación se agregó
la insuficiencia de instalaciones confortables dentro (falta de baños, cocinas y llaves de agua) y fuera (cloacas, pavim.entos, drenajes, etc.) de la casa. Los poderes públicos nada hicieron por mejorar la situación de la vivienda de los trabajadores en los conventillos. Se ocuparon, sí, de los aspectos en que la mala vivienda se vinculaba con la higiene pública. El
éxito de esta preocupación estuvo limitado fundamentalmente por la paradoja señalada.
Estas condiciones, sin embargo, no fueron iguales a lo largo de todo
el período. En los últimos diez años, particularmente, hubo una expansión
hacia los suburbios basada en la adquisición de la propiedad privada de tierra urbana en lotes que fueron reduciendo su tamaño. Los trabajadores que
participaron en este proceso, los de mejores y más estables ingresos, pu-

A pesar de estas circunstancias adversas, son escasos los hechos colectivos en relación al problema de la vivienda. Un movimiento de protesta de
alguna magnitud tuvo lugar con la " huelga de inquilinos" de 1907 que, si
bien se extendió por la ciudad y tuvo repercusión amplia y aún reconocimiento de su justeza por parte de agentes del Estado, no pudo provocar
modificaciones definitivas en lo que constituían sus demandas. 31 Ciertamente, a partir de entonces los partidos políticos más sensibilizados con
las preocupaciones populares propiciaron cambios en las políticas públicas
Y privadas respecto de la vivienda; poco es lo que se obtuvo, sin embargo,
salvo la definición más explícita de parte de los sectores dominantes en favor de la no intervención del Estado en la materia.32 Los sectores populares, por último, tampoco organizaron instituciones destinadas a solucionar
colectiva y autónomamente el problema. El único conocido y exitoso, una
cooperativa de crédito, requería para poder utilizar sus ventajas la posesión
de un cierto capital inicial y la capacidad de amortización del préstamo. El
campo de beneficiarios se limitó, consecuentemente, a los trabajadores de
mejores y regulares ingresos.

�58

SigloXIX

ALIMENTACION
En la Argentina no existen estudios sobre la cuestión de la alimentación
que permitan observar qué tipo de modificaciones resultaron, por lo menos coetáneas, al proceso de urbanización e incipiente industrialización registrado en la ciudad de Buenos Aires para el período en análisis. Obviamente no pueden hacerse inferencias sobre si la inserción de los migrantes
en el ámbito urbano en formación provocó desajustes en su dieta alimentaria.
Sería deseable llegar a conocer con certeza, por lo menos, dos circunstancias: la composición de la canasta de consumos alimenticios en diferentes años, y la relación entre el tipo de alimentación en el país de origen y
la consumida en la ciudad de Buenos Aires. Sin duda alguna, la primera
cuestión, junto con la posibilidad de plantear algunas hipótesis referidas a
si la dieta satisfacía o no los requerimientos de la recuperación cotidiana
de la fuerza de trabajo, parece más probable de resolver que la segunda,
que exigiría de un trabajo comparativo con los países de origen inmigratorio, en particular Italia y España.
En el estudio de los problemas de alimentación en la ciudad de Buenos
Aires debe tenerse en cuenta por lo menos dos características importantes:
1) la ciudad era, y es, el nudo central de un país exportador de alimentos,
en particular carne y cereales; 2) no contaba con una estructura industrial
importante productora de los alimentos requeridos por una población en
rápido crecimiento. Buena parte de los productos alimenticios, en consecuencia, provenía de la importación.
En líneas generales puede afirmarse que el precio de los alimentos en
d período estudiado, habida cuenta de fluctuaciones, mantuvo una tendencia a subir .33 Este crecimiento parece vincularse fundamentalmente
al registrado en los precios de los principales productos componentes del
gasto en alinfentos en la población: la carne y el pan.34 A ellos puede
sumarse la leche, otro artículo significativo en la dieta popular.
La carne fue, a diferencia de lo ocurrido en otros contextos, un con91mo habitual y abundante en la ciudad de Buenos Aires. Naturalmente,
se combinaba con otros productos para constituir el alimento cotidiano,
pero la incidencia de los mismos era decididamente menor a ella.35 El
consumo de carne por habitante en la ciudad, según las cifras de que se
dispone, fue siempre superior a los 100 kilogramos por año, llegando en .
oportunidades a 180: a formarlo concurrían las carnes vacunas, ovina y

L. Gutiérrez: Condiciones de vida populares en B. Aires

59

porcina, aunque en diferentes proporciones, alcanzando la primera de ellas
d 85% del total. "La abundancia y el precio de la carne son legendarios
, un VIaJero
..
·
ali1,..."d
, ec1a
en 1888.36 El testimonio
de un europeo daba
cuenta de las diferencias de cantidades registradas entre las ciudades de su
continente y las que observaba en la rioplatense. De cualquier manera,
d problema de la carne estuvo presente desde los años iniciales del período
dado que las variaciones en el precio y, luego, en el consumo, preocuparon
a los habitantes de Buenos Aires alejados de las ventajas comparativas.
Ya en 1880, a continuación del conflicto armado que decidió la federalización de la ciudad de Buenos Aires y la constituyó en capital de la
nación, un incremento en el precio de las carnes agravó la situación de los
habitantes de un medio enrarecido en todos sus aspectos por efectos de
37
la guerra. Aunque parecía que la coyuntura bélica era la responsable del
aumento registrado, el mantenimiento de los niveles alcanzados obligó a
buscar los motivos en otros lados. ''Hemos tratado de inquirir las causas
de este grave inconveniente -decía La Prensa- y no se nos ha podido explicarlas".38 El hecho fue de tal significación que provocó pequeños tumultos protagonizados por "gente de modesto vivir" en una ciudad que
desconocía las manifestaciones de protesta por el precio de los alimentos.39
Al tiempo que continuaban las conjeturas en relación al posible ori-

gen del fenómeno, la mayoría de las cuales pasaban por atribuir la responsabilidad a los comerciantes minoristas, se ofrecieron alternativas para
su solución que informan sobre las orientaciones e intereses de sus proponentes. En efecto el Cluh Industrial -una institución que reunía a propietarios de la incipiente manufactura urbana y apreciaba acciones estatales que favoreciesen el desarrollo de sus actividades- proponía un control
más estricto en la formación del precio y la intervención municipal en la
comercialización de la carne. Sin duda a este sector le preocupaba seriamente el aumento del costo de la vida y las consecuencias previsibles en
té~nos de los salarios, sobre todo en una etapa histórica donde el capitalJSta no estaba muy alejado de sus trabajadores.40 Desde otra perspectiva, el diario La Prensa, vinculado estrechamente al liberalismo económico
propiciaba como medio necesario para producir un abaratamiento dei
precio no el control por parte de las autoridades sino, por el contrario, el
mejoramiento de los mecanismos de mercado libre y de los métodos de comercialización. La propuesta reclamaba un mayor número de bocas de expendio, atacando la concesión de radios privilegiados a los constructores de
mercados, y el abastecimiento de la venta, a precio libre, por unidad de pe-

�60

SigloXIX

L. Gutiérrez:: Condiciones de vida populares en B. Aires

so y no a destajo (por pieza, como era y siguió siendo el método habitual a
lo largo de los treinta años). 41
Dado que el problema continuó subsistiendo, la autoridad municipal
intervino aunque no con medidas directamente vinculadas al precio. En
efecto, al tiempo que se disponía efectuar una investigación en tomo a la
posibilidad de la existencia de especulación abusiva en el abastecimiento de
carne y pan, se suspendieron algunos impuestos y se facilitó el traslado de
animales solicitando la cooperación de las compañías ferroviarias en el
abaratamiento del flete. 42
0

Ninguna de las medidas adoptadas fue efectiva. Tampoco prosperaron
intentos de consignatarios que ofrecieron carnes de cordero a precios menores,43 o la de crear carnicerías cooperativas "imitando a las de Europa"
donde los suscriptores adquirían carne a precio de costo.44 Lo que se había presumido de importancia capital para ordenar el mercado y disminuir los precios, la venta por peso y no por pieza, no resultó cierto: los
precios se mantuvieron elevados aún donde se efectivizó la norma.
Probablemente las causas fuesen otras. El ofrecimiento de un introductor de ganado de proveer carne a la ciudad a un precio sensiblemente
menor al corriente volvió a hacer pensar en la especulación como origen ele
los trastornos. En este punto se enfrentaban comerciantes por mayor y al
menudeo en la atribución de responsahiliclades.45 1880 transcurrió sin que
se hallasen soluciones aceptables y, por las noticias recogidas, la inquietud
persisitió en años siguientes aunque sin alcanzar niveles críticos. La descripción del suceso tiene importancia, sin embargo, porque aparecen todos
los actores involucrados de allí en más en torno a la cuestión de la carne:
consumidores, comerciantes en toda su gama y poderes públicos y algunas
instituciones que, como la red ele intermediación, se convertirán en objeto
sistemático de la acusación.

61

pal que lo comparaban con datos de las ciudades europeas.47 La comparación denunciaba una posición favorable a Buenos Aires en cuanto a la cantidad. Nada decía, en cambio, del problema de la calidad, que ya se insinuaba con una relación inversa. Los primeros cuatro años del siglo XX
mantuvieron tales características, aún teniendo en cuenta el alerta que hacía el Anuario Estadístico de la Municipalidad de Buenos Aires en tomo a
las importantes cantidades de carne que, figurando como consumidas en la
ciudad, eran embarcadas para alimento de tripulaciones y pasaje de las embarcaciones salidas del puerto.48
En cuanto a los precios, en los primeros años del siglo volvieron a
elevarse. Las fuentes municipales dan cuenta de este proceso y salen al paso de quienes atribuyen su existencia a los impuestos. 49 Es claro que el
aumento del precio de los alimentos parecía más generalizado, al punto
de motivar estudios acerca del encarecimiento de la vida.50 Los datos que
poseemos dan cuenta, asimismo, de la reducción del consumo anual por
habitante. Aunque las fuentes oficiales se inclinan en alguna oportunidad
a explicarlo por presuntas fallas estadísticas, el consumo medio durante
la primera década disminuyó respecto de fines de] siglo XIX. Algunos otros,
en cambio, atribuían al aumento de los precios la retracción de] consumo:
La disminución que se observa en el consumo del principal producto de alimentación - se afirmaba en 1914- no es sólo del año
que estudio, sino también de los anteriores y provienen sin duda
alguna del encarecimiento que ha tenido la carne procedente de
los animales bovinos y ovinos y de las dificultades para la vida que
se anotan como resultado de las perturbaciones económicas que
pasa el país.51

Lo cierto es que hacia 1912 el Boletfn del Departamento Nacional del Trabajo daba cuenta de la alarma por el precio alcanzado, semejante al de al-

Los primeros tiempos posteriores a la crisis de 1890 observaron· también un fuerte incremento en los precios, pero en esta oportunidad sí se
pusieron en marcha recursos por parte del poder municipal para detenerlo.
Se distribuyó carne gratuita a los necesitados y fuertes controles de precios fueron implantados,46 destinados seguramente a aliviar tensiones sociales en medio de una situación conflictiva y amenazante.

gunas ciudades europeas y mayor que los vigentes en Estados Unidos e
Inglaterra, a pesar de ser este último importador de carnes argentinas. Justamente el papel del mercado externo en una economía abierta aparecía
ahora como una de las causas probables del encarecimiento del producto.
La demanda externa provocaba no sólo tal elevación de precios sino, también, la desmejora relativa del animal dedicado al mercado interior que, sin
embargo, costaba más por efecto de las inversiones en el mejoramiento de
planteles destinados a la exportación.52

El consumo anual de carne por habitante continuó siendo elevado en
la década de 1890, y alegraba a los compiladores de la estadística munici-

Además de esta circunstancia se observaban también las características de la estructura de la oferta. El exceso de intermediación seguía sub-

�62

SigloXlX

sistiendo y era, para algunos analistas, el factor decisivo en la determinación del precio y su crecimiento.53 El argumento sostenía que el monto
de las ventas que esos pequeños comercios alcanzaban no satisfacía márgenes de utilidad aceptables sino con precios comparativamente altos. Y
estos pequeños comerciantes, que no comerciaban sino media o una res
por día, er~ numerosos. A ellos se agregaban carniceros ambulantes.54
Existían otras circunstancias que contribuían al aumento de los precios. Una de ellas era la venta por piezas y no por unidad de peso. Obtener la adopción de este sistema que permitía una menor arbitrariedad en la
negociación constituía un antiguo intento de las autoridades. No obstante
la existencia de disposiciones en ese sentido, todavía a finales del período
que estudiamos continuaban las ventas con un sistema tan poco preciso
como el destajo. Es difícil saber si su persistencia era producto de una
acción consciente por parte de los comerciantes solamente o los hábitos de
los consumidores seguían teniendo peso en su mantenimiento. Los sistemas de faena del ganado destinado al consumo también aportaban a, por
lo menos, la no disminución de los precios. En 1896, el intendente doctor
Francisco Alcobendas seilalaba que siendo la carne el primero de los artículos del consumo, se podría exigir mataderos más acordes con los adelantos tecnológicos existentes y más aptos para obtener una carne "fresca
apta para la alimentación".55
Nuevas y mejores instalaciones comenzaron a construirse para habilitarse ailos después aunque sin poder emplearse por la oposición de gremios vinculados al comercio de carnes.56 Más todavía, enl911 la matanza
en mataderos municipales estaba léjos de efectuarse con procedimientos
mecánicos adecuados para reducir costos de producción en condiciones
higiénicas aceptables. Esto provocaba los temores de una monopolización
del mercado por parte de los frigoríficos que ofrecían a precios menores,
seguramente, por una mejor estructura de costos.
La higiene de la faena era en general deficitaria y se hacía en lugares
que un intendente, en 1901, no vaciló en denominar "inmundos corrales",
como de antihigiénica a la costumbre de transportar la carne en carros.57
Esta carencia de higiene no sólo atentaba contra la salud de la población
sino también con el nivel de precios, porque las sucesivas limpiezas originaban una pérdida que debía ser compensada y la suma de compensaciones Uegaha al consumidor final imposibilitado de transferirla. Si bien la
acción de la policía municipal podía atenuar los efectos insalubres en mercados, su acción alcanzaba mucho menos a otros comercios y menos aún a

L. Gutiérrez: Condiciones de vida populares en B. Aires

63

los vendedores ambulantes, cuya existencia puede encontrarse en parte
justificada por la dispersión pohlacional en algunos barrios periféricos.
El aumento del precio de la carne, junto con el registrado en otros
rubros de la alimentación, preocuparon a las autoridades municipales que
decidieron medidas tendientes a contenerlo sin afectar la libre competencia, que era la hase del funcionamiento de la economía nacional. Con este
objeto crearon instituciones que procuraban poner en contacto directamente a productores y consumidores. En 1907 fue el primer intento de
instalar las "ferias francas" con ese objetivo, sin éxito continuado. Nuevamente se lo procuró en 1911, con éxito en lo relativo a la estructura del
mercado. Sin embargo, el precio de la carne continuó su alza sin duda alguna por la influencia del comercio exterior, que constituía una causa
más estructural que la intermediación o la red comercial, compleja y pocoeficiente.
Los datos que se poseen para el resto de los alimentos son menos frecuentes y más imprecisos. Esto es válido para el pan y la leche, no obstante su importancia en la dieta de los sectores populares. Los precios medios
anuales del pan parecen haber registrado un aumento, a partir de 1885,
que alcanzó su punto culminante en 1891, afio en que la Unión de Panaderos alertaba sobre dicho aumento: lo vinculaba a las exportaciones de trigos y harinas y a los acaparadores.58 El encarecimiento que tuvo la carne
desde los primeros años del siglo alcanzó también al pan, como dan cuenta
los testimonios. Esta situación Se prolongó hasta 1914. La investigación
llevada a cabo por el Departamento Nacional del Trabajo en 1912 comprobó que el precio en dicho aAo era un 33% superior al de 1902.59 El pan
más barato había subido de 13 centavos el kilo en 1900 a 22 centavos en
1909 ... ; "el pan costaba más que en París, Londres, Amsterdam o Nueva
York", afirma Scohie.6 Ciertamente, el crecimiento relativo de los precios
fue en este período mayor en Buenos Aires que en las ciudades señaladas.

°

El encarecimiento de los alimentos registrado desde comienzos del
siglo alcanzó también a la leche aunque, parece, en medida menor. Fueron
los de la carne los que subieron relativamente más y eso explicaría que, a
pesar del aumento de los precios, el consumo del pan por habitante -tomando como indicador la cantidad de harina elaborada en panaderías- haya crecido de manera notable. La fuente estadística municipal señalaba
que en 1894 se habían elaborado 64 kilos de harina por habitante en las
panaderías y que

�64

SigloX/X

este consumo de pan por habitante que resulta para Buenos Aires
es notablemente bajo, comparado con el que tuvo París en 1887
y en 1889. En dieciocho años... cada habitante de París consumió, respectivamente, 148 y 140 kilos de pan. Si faltó, pues, carne al parisiense comparado con el habitante de Buenos Aires, en
cambio le sobró pan; y vaya lo uno por Jo otro .61
El consumo de pan continuó aumentando a largo plazo, con oscilaciones
intermedias, llegando en 1914 a 116 kilos por habitante. Ciertamente estaba ocurriendo un cierto proceso de sustitución en los consumos alimenticios, presionado por el crecimiento de los precios de la carne.
A primera vísta este aumento {el del pan) resulta injustificado
-comenta la fuente-, desde el momento que la estadística comprueba una disminución de carne y leche en el consumo, pero si
se reflexiona un poco se ve que él puede explicarse por las mismas
dificultades económicas... A falta de esos dos productos de mayor precio, la población ha recurrido al pan...62
Respecto de la leche, aunque los precios parecen haber subido en los períodos en que crecieron más notoriamente el pan y la carne, es decir los
tiempos inmediatos a la crisis de 1890, sin embargo no se observó en el siguiente ciclo tal aumento.63 Lo que es cierto, con todo, es que el consumo por habitante no era elevado, alcanzando para 1909 a 357 gramos por
día por persona. Habría que tener en cuenta, no obstante, el papel que en
este mantenimiento jugó la adulteración del producto. Según los propios
expendedores, se agregaba un litro de agua por cada 16 de leche; otras opiniones, en cambio, indicaban que el aumento de volumen alcanzaba el

30%.
El problema de la adulteración no se restringía a la leche. En su caso
confluían la falsificación del producto y los problemas de salud muy francamente al mezclar una leche sin control sanitario con agua muy probablemente contaminada. Pero no era el único caso. El hecho parecía bastante
frecuente dado que estos dos problemas -adulteración y condiciones sanitarias deficiente- mantuvieron insistentes reclamos :vrovenientes, en particular, de círculos médicos y quírnicos64 y también desde diferentes órganos de expresión.
El fenómeno de la adulteración no era nuevo en Buenos Aires, que bahía tenido una Oficina Quúnica para controlar alimentos, suprimida por
un tiempo por cuestiones presupue,starias y luego reinstalada. Pero ahora

L. Gqtié"ez: Condiciones de vida populares en B. Aires

65

parecía reactivarse, al tiempo que se descubría la inexistencia de normas
que regularan el estado sanitario de los alimentos para prevenir que su insuficiencia actuase como disparador de enfermedades difusivas.
El pan, la leche, los vinos eran objeto de manipuleos frecuentes. Una
investigación realizada por una junta de médicos en diciembre de 1878 sobre el pan fabricado en 151 panaderías concluyó con el siguiente dictamen:
pan de mala calidad, 38 panaderías; pan malísimo, 51 panaderías; pan mal
elaborado, 55 panaderías; y pan bueno, 7 panaderías. Las falsificaeiones se
realizaban eon productos químicos tendientes tanto a mejorar el aspecto
del producto como a acelerar el proceso de elaboración, disminuyendo la
mano de ohra.65 Recién entrado 1892 se propone una reglamentación para
la fabricación y venta de pan, donde se incluye no sólo la calidad de la
harina que debe emple,_~ sino también la prohibición de emplear en su
factura agua de pozo.
La leche es el objeto de falsificaciones por parte de los expendedores, que no solamente le extraen la manteca sino que le ,agregan
agua en gran cantidad y algunas sustancias, tales como feculas y
Pedazos de cerebro de cordero o de buey para darle la densidad
que normalmente debe tener y el aspecto que posee la manteca.66
Ya se ha visto como todavía en 1914 la leche seguía adulterándose mediante el empleo de agua pero, además, la ordenanza municipal sobre higienización de la leche fue proyectada por Emilio Coni y aprobada por el
Concejo Deliberante años después ..
La carne provenía hasta 1881 de la faena de animales inspeccionados
deficientemente. La renuncia del veterinario municipal por la falta de asistencia a sus funciones por parte de los empleados del matadero, permitió
comprobar que la inspección de carnes no estaba sometida a reglamento
alguno, se practicaba de manera imperfecta y sólo en el matadero municipal, quedando absolutamente fuera de control las matanzas hechas en establecimientos particulares, en especial de lanares y cerdos. A propuesta de
la Sección de Higiene Municipal de la Municipalidad, se dictó un reglamento circunstanciado para la inspección de carnes siguiendo los lineamientos
del Congreso Internacional de Higiene reunido en Turín a fines de 1880.
No obstante, un artículo adicional proponía la creación de la inspección
veterinaria en establecimientos particuJares faenadores de lanares y cerdos
y también vacuna.67 Por otro lado, ya se ha señalado de qué manera las
características del establecimiento municipal, y el transporte desde allí a

�66

Siglo XIX

los mercados, afectaban la higiene de la carne; que, también, era adulterada, "estirada", por la acción de los carniceros, aun cuando entró en plena
.
. Ia ord enanza que unpoma
.
' Ja ven ta de carne por peso.68
VIgencia
Las autoridades municipales dictaron disposiciones y crearon organismos de control en procura de mejorar las situaciones descritas. Sin embargo·, es sostenida la opinión de que no eran suficientes. Cuando se reereó la
Oficina Química Municipal, el químico designado declinó el ofrecimiento
porque " ... el trabajo que se acumularía sobre una persona sola sería excesivo y los resultados, por consiguiente, deficientes... ";69 y el autor del
reglamento de inspección de carnes apuntaba, diez años después, el extremadamente reducido número de profesionales a cargo de la tarea especí70
fica. Es probable que esta circunstancia se vincule a problemas supuestamente presupuestarios o de cierta despreocupación estatal hacia los problemas de la alimentación destinada fundamentalmente a los sectores populares. Pero también es legítimo suponer que el crecimiento del consumo,
derivado del de la población, era más acentuado que el posible de supervisar en los organismos de control e inspección.
Los alimentos transitaban por varias manos, como se ha insinuado, en
su trayecto entre el productor y el consumidor. Esto constituía la red de
intermediación a la que se atribuye una considerable participación en
el crecimiento de Jos precios. La carne, la leche, las frutas y verduras llegaban al consumidor luego de cuatro o cinco etapas que no introducían modificación al producto. En el extremo estaba el comerciante detallista. Estos comerciantes podían estar agrupados en mercados municipales; en mercados privados, que gozaban del privilegio del monopolio sobre una zona
circundante al mismo; dispersos en diferentes lugares de la ciudad o ser
vendedores ambulantes.
En los primeros, los controles por parte de la autoridad eran factihles
y los alquileres de los locales más bajos que los que se abonaban en los
mercados particulares. En éstos la municipalidad no tenía ningún control
sobre los precios. A pesar que ya en 1903 un intendente propuso municipalizar todos los mercados particulares, en 1912 seguía en estado de proyecto. En estas concentraciones de vendedores las condiciones de higiene
estaban lejos de lo óptimo. Muchos carecían de techados, estaban recorridos interiormente por caminos adoquinados que transitaban los carros
proveedores, donde se concentraban abundantemente materias orgánicas.
La instalación de piletones para el lavado de frutas y verduras y eJ reem-

L. Gutúírrez: Condiciones de vida populares en B. Aires

67

plazo de los mostradores de madera por mármol eran considerados, en
1901, avances significativos.
Si las condiciones de higiene y calidad eran difíciles en los inercados,
lo fueron aún más, sin duda, en los comercios aislados y entre vendedores
ambulantes. En este complejo conjunto de comerciantes (a quienes se pensaba responsables del incremento de los precios y en donde se había comprobado la proveniencia del mayor número de adulteraciones), adquirían
sus alimentos los sectores populares, usualmente al contado porque "para
conseguir libreta en el almacén -que se retira en épocas de huelga- es
· ,,.71
menester presentar b uenas referenc1as

CONSIDERACIONES FINALES

La revisión hecha a las condiciones de vivienda y alimentación de los sectores populares en Buenos Aires permite efectuar algun~ reflexi~nes, ~e
pueden hacerse separadamente para una y otra cu~~on. La diferenciación, sin embargo, tiene carácter meramente expositivo dado que en la
vida cotidiana ambas situaciones constituían solo una. En primer término,
pon¡ue implicaban uso alternativo de recursos; en segundo _lugar, los trabajadores que accedieron a la propiedad del lote urbano tuvieron la op~rtunidad de disminuir el gasto en alimentación y, presumiblemente, meJorar
su calidad mediante la cría de animales domésticos y el cultivo de verduras
para el autoconsumo. Vivienda y alimentac~ón, en consecuen~a, ~ vi~culahan en estos casos estrechamente. Es dificil, por el contrano, lfilagmar
buenas condiciones en la alimentación de los habitantes de los conventillos donde, por las de la vivienda, desde la cocción hasta la ingesta se
efectuaba en un contexto material y social deteriorado.
Las malas condiciones de la vivienda popular, su deficiente habitabilidad y su carestía, parecen estar estrechamente vinculadas al proceso de
rápido crecimiento de la población urbana, constituyente de una demanda
· que no podía satisfacerse rápidamente. La vivienda para trabajadores no fue
una preocupación empresarial. No se registraron, por lo menos hasta
1914, planes de construcción ni públicos ni privados con ese destino de
importancia.

,

En el caso de los alinientos, el fenómeno del crecimiento urbano parece haber sido determinante en el aumento de los precios de los principales
artículos del consumo popular, como parece indicarlo el hecho de que el

�68

SigloXIX

L. Gutiérrez: Condiciones de vida populares en B. Aires

mayor incremento es contemporáneo a un nuevo ciclo de auge de la inmigi-ación. Tampoco la oferta se acomodó inmediatamente a la demanda. El
fenómeno del crecimiento y, después de 1904, sobre todo la dispersión de
la población, han de haber operado favorablemente en el desarrollo de una
red comercial compleja, numerosa y encarecedora de los productos. El
mismo incremento de la demanda y la laxitud del aparato de control, originado en la diferencia entre la inercia de crecimiento del aparato administrativo y de la población, facilitaron sin duda la práctica de la adulteración (destinada casi siempre al "estiramiento" de los productos).
Asimismo, en tanto país exportador de alimentos, el mercado exterior
jugó un papel importante en el alza de los precios del pan y la carne, especialmente a partir de los primeros años de este siglo. Los testimonios son
reiterativos en este sentido.
Había en consecuencia, en el caso de los alimentos, dos tipos de causas
presionando sobre ellos. U nas, que compartían con la vivienda, estaban vinculadas al proceso de urbanización, finalmente coyunturales y de soluciones tecnológicas. Al finalizar el período estudiado algunas han sido practicadas, pero no se ha superado aún el desajuste. La otra presión sufrida por
los alimentos, conectada con el carácter exportador de la economía nacional, se vinculó al modelo de acumulación dominante. Era, entonces,
estructural, y cualquier solución aparecía incompatible con aquél.
Los sectores populares no podían esperar acciones estatales tendientes
a mejorar su situación que, al mismo tiempo, alterasen los mecanismos del
mercado y las bases del proceso de acumulación. En todo caso, esas acciones tenían como objeto mejorar esos mecanismos: ya fuese aumentando la
competencia, como con la instalación de las ferias francas, ya procurando
normalizar la operación mediante la fijación de unidades de venta (venta
de carne por peso y de leche de acuerdo al sistema métrico decimal) y de
otras medidas con igual orientación. Dentro de esos mecanismos, parte de
los sectores populares pudieron acceder a otro tipo de vivienda que los alejó de los conventillos. En relación a la alimentación, en cambio, habrían
reorientado sus recursos, desplazándolos de la carne al pan.

'

69

NOTAS

l. Nos referimos a los libros de D. Abad de Santillán, La FORA: ideología y trayectoria, 2o. ed., Buenos Aires, Proyección, 1971; Sebaslián Marotta, El movimiento sindical argentino, Buenos Aires, Lacio, 1960-61; y Jacinto Oddone,
Gremialismo proletario argentino, Buenos Aires, La Vanguardia, 1949. La
persistencia de esta corriente orientada a las ideologías, organizaciones y acciones tiene manifestaciones más recientes en los libros de Iaacov Oved, El
anarquismo y el movimiento obrero, México, Siglo XXI, 1978; y Edgardo
Bilsky, La FORA y el movimiento obrero (1900-1910), Buenos Aires, CEAL,
1985, y La semana trágica, Buenos Aires, CEAL, 1984. Son muy pocos los
ejemplos de un traamiento diferente de los problemas de los sectores populares. En parte ello puede encontrarse en estos títulos: H. Spalding, La clase trabajadora argentina, Buenos Aires, Galerna, 1970;José Panettieri, Los trabajadores, Buenos Aires, Jorge Alvarez, 1967; James Scobie, Buenos Aires, del centro
a los barrios, /870-1910, Buenos Aires, Solar-Hachette, 1977; y Roberto Cortés
Conde, El progreso argentino, I 880-/ 914, Buenos Aires, Sudamericana, 1979.
2. Eulalia María Lahrnever Lobo. "Las condiciones de vida de los artesanos y de
la .clase obrera en Río de Janeiro en la década de 1880 hasta 1920", en H/LSA
V, lo. semestre de 1985, pág. 91.
3. A. Taylor, The standard of living in Britain in the Industrial Revolution, Londres, Methuen, 1975, "El poder adquisitivo, la habilidad para comprar alimentos y ropa, el costo y calidad de la vivienda y la salud y la expectativa de vida,
todos estos temas están comprendidos dentro de la esfera de la existencia material. Igualmente las virtudes comparativas de la vida urbana y la rural y los
efectos psicológicos que la transición del campo a la ciudad ejerce sobre los
individuos, ambos pertenecen a lo que Hobsbawm llama 'territorios no materiales'. Pero entre estas dos esferas existe una amplia tierra de frontera donde las
condiciones de existencia material y la calidad de la vida se dan frecuentemente
mezcladas al punto de hacer imposible su separación".
4. E.P. Thompson, La formación de la clase trabajadora inglesa, Barcelona, Laia,
1977, T .11, pág. 39.
5. Roberto Cortés Conde, El progreso argentino, Buenos Aires, Sudamericana,
1979.
6. Witold Kula, Problemas y métodos di&gt; la historia económica, Barcelona, Península, 1973, pág. 225.
7. Para un examen más acabado del período véase Roberto Cortés Conde y E. Gallo, La formación de la Argentina moderna, Buenos Aires, Paidós, 1967; y La
República conservadora, Buenos Aires, Paidós, 1972.
8. Osear Yujnovsky, " Políticas de vivienda en la ciudad de Buenos Aires, 18801914", en Desarrollo Económico, IDES, No. 54, Vol. 14, Buenos Aires, julioseptiembre de 1974.

�70

Siglo XIX

L. Gutiérrez: Condiciones de vida populares en B. Aires

71

9. Eduardo Wilde, Obras completaf, tomo II, pá~. 29-30.
10. Guillenno Rawson, ''Estudio sobre las casas de inquilinato", en Escritos y Discursos, tomo 1, Buenos Aires, Compañía Sudamericana de Billetes de Banco,
1891. "Suponiendo dividida la ciudad por la calle de la Victoria, se puede
apreciar que los barrios del Sur han sido siempre descuidados por la autoridad, de suerte que los trabajos concurrentes aJ saneamiento van aJlí más despa,cio que en el lado Norte. Las grandes casas, los edificios públicos mismos, los
hoteles, están, con rarísimas excepciones, todos en el lado del Norte; y hacia el
Sur gran parte de las caJles no están pavimentadas, y la edificación, por tanto,
se resiente de la escasa atracción de esta región para los capitales. No es que la
población sea aquí menos numerosa seguramente, pero es indudable que ella
por lo generaJ está poco acomodada. Es tradicional el hecho de que las epidemias, sea de las enfermedades exóticas, sea de las enfermedades endémicas que
suelen tomar forma difusiva, tienen su origen y su punto de arrastre en los barrios menos cuidados del Sur, lo que probará, sin más demostración, que son
éstas las secciones donde menos se ha atendido a la salubridad de la ciudad"
(págs. 164 y si~.).

ll. Censo General de Población (Edificación, Comercio e Industria de la Ciudad de
Buenos Aires), 1887, tomo 11, pág. 78: "Resulta que la sección 20 es la que
tiene mayor número de conventillos, debiendo observar que en esa sección son
todos ellos de madera y constan de dos pisos, pero la 5a., una de las más centrales de la ciudad y que se compone sólo de 40 manzanas, es la que con relación a su extensión tiene más conventillos... En las nuevas secciones (Flores
y Belgrano ~ .. el censo no menciona conventillos, no siendo esto extraño porque los moradores de conventillos son siempre jornaleros y operarios que, por
razón de sus ocupaciones, no pueden alejarse del centro del municipio".
12. Scobie, citado, pág. 199.
13. Scobie,citado, pág.194.
14. La Protesta, 30 de mayo de 1905.

15. Scobie, citado, pág. 189: " ... como en 1983, cuando se estableció que debían
proveer por lo menos una ducha para hombres y otra para mujeres( . .. ); sin
embargo, el Concejo Deliberante insistió en 1899 en que hubiera una ducha por
cada diez habitaciones. En la práctica, dichas instalaciones jamás alcanzaron los
niveles establecidos por la Municipalidad; en 1904 había aún un promedio de un
cuarto de baño con ducha para cada 60 personas".
16. Guillermo Rawson y Eduardo Wilde, citados, y Samuel Gache, Les logements
ouvriers aBuenos Aires, París, 1900.
17. Roberto Cortés Conde, ''Tendencias en la evolución de los salarios reales en la
Argentina, 1880-1910. Resultados preliminares", en Economía, año XXII,
No. 2-3, mayo-diciembre de 1976.
18. Yujnovsky, citado, pág. 356.En pág. 358: Relación del alquiler promedio de un
cuarto de conventillos o casa de inquilinato al salario en la ciudad de Buenos
Aires:

Monto del alquiler por lO0tsalario mensual
estimado

Año

Alquiler
mensual
$

1881 ............
1883 ... ,........
1886 ............
1890 ............
1896 ... .........
1903 ............
1904 ............
1907 ............
1907 ............
1912 ............
1913 ............
1914 .., .........

5.23
5.44
11.00
15.51
18.00
14.90
15.47
21.69
27.50
28.15
27.40
23.20

Promedio obreros
industriales
ºto

Oficial
albañil
ºto

Oficial
Carpintero
ºto

13.6
9.6
16.4
18.7
19.2

30.l
27.2

17.7
16.5
18.l
22.7
27.6
22.1
24.0

18.3.
21.5
21.4
16.6
18.4

26.0

19. Esto puede observarse en la curva de superficie vend(da. El Boletín del l_)e~tamento Nacional del Trabajo, No. 21, del 30 de noviembre de 1912, dice. La
gran extensión de nuestra capital, la tendencia de las familias a vivir se~aradas
unas de otras en una sola casa, y la facilidad existente, hasta hace P?Cos anos, ~e
adquirir relativamente barato el terreno para edificación de la vivienda pro~!ª•
ha causado entre nosotros la prevalencia del sistema de casas para una fam~a,
el que recién en los últimos años se ha visto obligado a ceder su lu?~ al caseron
de alquiler, tipo común en las grandes ciudades de Europa y America del Norte", pág. 422.
20. Scobie,citado, pág. 229.
21. Yujnovsky, citado, págs. 263-265.
22. F .R. Cibils: "La descentralización urbana en la ciudad de Buenos Aires", en
Boletín del Departamento Nacional del Trabajo, No. 16, 31 de marzo de 1911.
En pág. 89 dice: "En busca de los terrenos más ~~atos, los nuev?5 pobladores
los han adquirido generalmente en la especulac1on, muchos baJos Y algunos
hasta inundables ( ... ). En el deseo de hacerse propietarios ~isponiendo gene~almente de fondos limitados... han poblado en terrenos baJos, de subsuelo unpermeable, y donde los pozos de agua común y los de agua servida_están_ ~lo a
tres, cuatro o cinco metros de la superficie y, por tanto, en necesana Y fac~ ~municación. Al Sud y al Oeste, en los bañados y bajos de Barracas,_San Cnstobal Flores Vélez Sarsfield y San Carlos; en el Norte, en los anegadizos de San
Ber~ardo, Palermo, cuenca del Arroyo Maldonado, barrio de Darwin Y Alvarez
Thomas Sportiva bajos de Belgrano, de Saavedra, etc., se han levantado en pocos año; numero~s centros de población y edificación que carecen en gene:aJ Y
salvo raras excepciones de servicios de aguas corrientes, empedrado, desagues Y
alumbrado".

�72

Siglo XIX

23. Boletín del Departamento Nacional del Trabajo, 1912, pág. 426.

L. Gutiérrez: Condiciones de vida populares en B. Aires

73

37. Scobie, citado, pág.. 176-177.
38. La Prensa, 15 de julio de 1880.

24. Carlos M.' Coll, "Casas para obreros", en Boletín del Museo Social Argentino,
año VIII, 'fo. 5, julio-septiembre de 1919, p~. 91-93 (CoU era entonces presidente de la Comisión Nacional de Casas Baratas).

39. La Prensa, 19 de septiembre de 1880.

25. Yujnovsky , citado.

40. En la sesión del Concejo Deliberante del 27 de julio se leyó una nota donde el
Club Industrial indicaba las resoluciones tomadas por su comisión administradora: I) que se fije diariamente por una comisión adhoc el precio de las reses en

26. El único proyecto exitoso a nivel nacional durante el período fue el presentado
por Juan F. Cafferata en 1912, convertido en Ley en 1915, que creo la Comisión Nacional de Casas Baratas.
Z"/. Yujnovsky, citado, pág. 336: "Por ejemplo, la intendencia de Torcuato de Alvear desalojó 210 casas en 1884, y en 1892 se especifican: 'La inspección ha sido severa y enérgica, habiéndose desalojado en los años 1891 y 1892, 890 casas
por las mal&lt;!S condicione,s y 336 piezas por exceso de habitan tes' .

los mataderos; 2) que se fije su venta por libra al menudeo y su precio consiguiente con el aumento que sea justo; 3) que se supriman los impuestos muoicipales a la carne aplicándolos al cuero; 4) que se establezcan carnicerías municipales en todos los barrios; 5) que se bajen los alquileres de los puestos de carne
en los mercados municipales. En muoicipalidad de Buenos Aires.Actas de Sesio•
nes del Concejo Deliberante, 27 de julio de 1880.
41. La Prensa, 19 de septiembre de 1880.
42. Actas del Concejo Deliberante, 24 de septiembre de 1880.

28. La Prensa, 21 de enero de 1885: " ...a un inspector cualquiera le parece que tal
o cual casa está en mal estado higiénico y pasa a sus dueños una intimación. Por
una u otra causa el dueño de la casa o negocio no puede encontrar un alojamiento adonde poder trasladarse en un término perentorio. ·Qué hace entonces
el inspecto de Higiene? Haciendo de lado toda clase de co~deraciones solicita
el auxilio de la Policía e imponen por la fuerza a los propietarios a abandonar las
casas sacando el menaje de las habitaciones".

43. La Prensa, 26 de septiembre de 1880.
44. La Prensa, 26 de septiembre de 1880.
45. La Prensa, 24 de septiembre y 17 de octubre de 1880.

46. Scobie,citado, págs.177-178.
29. Gaché,Scobie y Yujnovsky,citados.
30. Boletín del Depart,amento Nacional del Trabajo, No. 21, 30 de noviembre de
1912, pág. 427.

47. Anuorio Estadístico de la Ciudad de Buenos Aires, 1896. Se compara el consumo de Buenos Aires con Roma.

48. Anuario Estadístico de la Ciudad de Buenos Aires, 1904.
31. Yujnovsky , citado, y Hobert A. Spalding, "Cuando los inquilinos hacen huelga ...", en Extra, Buenos Aires, septiembre de 1966; Scobie, citado.
32. Yujnovsky, citado, pág. 346.
33. Cortés Conde, El progreso argentino, citado, pág. 144.
34. A. Bunge, "El costo en la vida en Argentina, de 1910 a 1917", en Revista de
Economía Argentina, año 1, Lomo !,julio de 1918, págs. 39 y sis,.: "En nuestro
país los dos artículos de mayor consumo son la carne y el pan; cada uno de ellos
absorbe el treinta por ciento del valor total invertido en alimentación ...".
35. Scobie, citado, pág. 76: "La comida si bien más modesta y menos abundante,
era muy parecida a la que se servía en las casas acomodadas. Con frecuencia el
desayuno consistía en uno o dos mates. El maíz, Ja harina de maíz, guisada o
como polenta, constituía un importante rubro de la dieta. Sin embargo, la carne seguía siendo su componente más importante. El puchero, principalmente de
carne, zapallo y papas, era a menudo eJ plato fuerte del almuerzo, y hasta de la
cena'".

36. E. Daireaux, Vida y costumbre del /'/at,a, Buenos Aires, Lajouane, Lomo f, 1888,
pág. 173.

49. Memoria Municipal, 1903.
50. Por ejemplo: " Los obreros y el trabajo", serie de 40 artículos publicados por La
Prensa a partir del 16 de agosto de 1901. El primero se titula "El encarecimiento
de la vida. Falta de ocupación y miseria en el país de la carne y el trigo";Juan
B. González, El encarecimiento de la vida en la República Argentina, Buenos Aires, l908;y otros.
51. Anuario Estadístico de la Ciudad de Buenos Aires, l 914.
52. Boletú1 del Departamento Nacional del Trabajo, 30 de noviembre de 1912,
pág. 340: " .. .hay que agregar, como factores de alza, los malos años y también
el exceso de exportación que ha hecho que día a día los criadores vayan mejorando el tipo de exportación, con detrimento y encarecimiento a la vez del animal destinado al consumo interno del país''.
53. ldem, pág. 342: "En cuanto a las tarifas de detalle se ha puesto en evidencia,
una vez más, la influencia perniciosa que ejerce en este comercio la extrema subdivisión de la venta sobre una cantidad de carne más o menos constante, destinada a satisfacer las necesidades del consumo".

�74

Siglo XIX

54. "De las 600 carnicerías de esa naturaleza establecidas en el municipio fuera de
los mercados no es aventurado decir que 500 operan con una sola o media res
de carne", Boletín Nacional del Trabajo, No. 21, 30 de noviembre de 1912,
pág. 347.

L. Gutiérrez: Condiciones de vida populares en B. Aires

75

66. Jdem, noviembre de 1880.
67. La l'rensa, 6 de enero de 1901.
68. La Voz de la Iglesia, 9 de enero de 1902, publica una nota titulada "El triunfo
de la chacra: la venta de carne al peso. Ordenanza de ñanga pichanga. Mucho
peor que antes".

55. Memoria presentada al Honorable Concejo Deliberante por el intendente municipal don Francisco Alcobendas, 1986, pág.113: "Los animales cuya carne es destinada al consumo de la población son sacrificados a causa de la defectuosidad
de las instalaciones, en la forma implantada por nuestros padres los españoles
en los antiguos saladeros .. . , esperamos la terminación de los nuevos mataderos
para asimilamos los procedimientos que permitan obtener una buena carne fresca apta para la alimentación".

70. Emilio R. Coni, Memorias de un médico higienista, Buenos Aires, 1918, pág.
218.

56. Memoria de la Intendencia Municipal, 1898-1901, pág. 67.

71. Boletín del Departamento Nacional del Trabajo, pág. 309.

57. "La carne Uega por la noche del matadero, de donde la traen largas filas de carros cubiertos; su viaje no es muy largo, pero en cambio es peligroso .. · ., y dichos carros están construidos para atravesar profundos lodazales, donde a veces
se quedan enclavados.( ... ) Es una maravilla ver... que hombres y caballos puedan en los Uuviosos días de invierno emprender y Uevar a cabo este trabajo hercúleo; dos caballos bastan para arrastrar esta carga por un camino empedrado;
pero antes de llegar a dicho empedrado tienen que emprender una especie de escalamiento por calles llenas de baches donde apenas son suficientes para salir del
paso seis caballos de refuerzo, rudamente azotados y hostigados por los gestos,
gritos y espuelas de los gauchos que los montan; entran en la ciudad los carros
Uenos de lodo y entregan, de mil vaivenes, su mercancía traqueteada, que a no
ser por este penoso viaje no tendría sin duda valor alguno. A veces, para completar el cuadro, el carro lleva, colgada por las partes de afuera, una ternera muerta
al nacer, cuya carne temblona y mueUe agitada a cada vuelta de las ruedas con
movimiento de pólipo viscoso constituye, según parece para los aficionados, un
plato escogido, el bacaray. A las diez, todo el mundo se ha marchado ; el mercado vacío no es más que un pasaje invadido por las moscas, cuyo número es tal
que a los hombres asistan" (E. Daireaux, citado, pág. 1775 ).
58. La Prensa, 21 de abril de 1891.
59. Boletín del Departamento Nacional del Trabajo, No. 21, 30 de noviembre de
1912, pág. 325.
60. Scobie, citado, pág. 180.
61. Anuario Estadístico de la Ciudad de Buenos Aires, 1894, pág. LXXI.
62. ldem, 1914
63. "Las casas revendedoras sotienen, a su vez, que la leche es uno de los pocos
artículos de primera necesidad que ha mantenido uniforme su precio en los últimos diez años...", Boletín del Departamento Nacional del trabajo, pág. 376.
64. La Revista Farmacéutica y la Revista Médico-Quirúrgica abundan en denuncias
sobre adulteraciones y falta de medidas sanitarias respecto a los alimentos.
65. La Revista Farmacéutica, 21 de enero de 1879.

69. Revista Médico-Quirúrgica, año VIU, No. 5, 8 de julio de 1881.

�La Clase Obrera Textil
del Valle de Orizaba, en México
MIGRACIONES Y ORIGEN

Bernardo García Diaz*

l.

.,

Edward Thompson en su libro sobre la formación de la clase obrera inglesa, convertido en clásico desde la primera edición, s11brayaha la importancia de estudiar la clase obrera en SllS relaciones con el pasado y otros
grupos sociales. Escrihía en 1963, fecha de aparición de la obra:
La formación de la clase obrera es un fenómeno de historia política y cultural tanto como de historia económica. No nació por
generación espontánea, producto del sistema fabril. Sería lamentable suponer una fuerza exterior - la revolución industrialque habría operado sobre una materia prima humana indiferenciada y fantástica convirtiéndola por arte de mecanismos mágicos
en una "nueva raza de hombres". La relaciones de producción en
proceso de cambio y las condiciones de trabajo existentes en la
revolución industrial obraron, no sobre una materia prima de
ninguna clase, sino sobre el "inglés libre de nacimiento", tal como lo había dejado Paine o lo había moldeado el metodismo. 1

En la década siguiente, en ocasión de la presentación de un número monográfico de Le Mouvement Socia~ dedicado al nacimiento de la clase
obrera, la profesora Rolande Trempe lamentaba el hecho que uno de los

*Centro de Investigaciones Históricas, Universidad Veracruzana, Jalapa, México. Una
primera versión de este ensayo fue publicada en Historias, 19, Instituto Nacional de

Antropología e Historia (lNAH), México.

�78

SigloXIX

problemas peor estudiados fuera precisamente el de los orígenes geográficos, sociales e históricos de la clase obrera.2 Rolande Trempe aprovechó la presentación para desarrollar un largo alegato sobre la necesidad de
investigar estos orígenes, en general vagamente definidos.
Por fortuna, desde entonces a la fecha se ha escrito un respetable número de trabajos al respecto en diversos países .de Europa y en los Estados Unidos, que se podrían considerar ejemplares desde el punto de vista
metodológico. Atrás de ellos sin duda estuvo el impulso inicial dado por
trabajos pioneros como los de los dos grandes historiadores antes mencionados. En América Latina, en cambio, son menos frecuentes las investigaciones emprendidas desde una óptica de historia social.
La historiografía mexicana sobre el tema no es excepcional. Se posee
un amplio acervo bibliográfico sobre la historia del movimiento obrero:
sobre sus luchas más dramáticas y sus sindicatos y centrales más importantes. Empero, no se cuenta sino con pocos estudios que ofrezcan una
explicación totalizadora del complejo proceso de formación de la clase.
De hecho se insiste en equiparar la historia del movimiento obrero con
la historia de la clase obrera. Debe señalarse sin embargo que -afortunadamente- algún cambio comienza a observarse desde principios de la presente década, con la aparición de diversos ensayos y más aún con la conclusión de numerosas w,gis, elaboradas con una óptica diferente.3
El presente artículo pretende colocarse precisamente dentro de estas
nuevas vertientes de la historiografía de Ja clase obrera. Nos interesa describir y comenzar a analizar el caso de las migraciones que nutrieron las
fábricas de textiles de algodón del valle de Orizaba, entre los años 90
del siglo pasado y la primera década del actual. Específicamente, tenemos la preocupación de relacionar los desplazamientos de población con
el problema de la formación de la clase obrera orizaheña y las formas de
conciencia que adquirió y heredó.
A partir de la década final del siglo XIX asistimos al auge del desarrollo textil de Orizaha, protagonizado dentro del proceso de expansión
que vivía la industria para esos años. En efecto, en este período, que alcanzaría su final hacia 1904-1905, se crearon varias sociedades anónimas,
encabezada sobre todo por franceses, que fundarían compañías en una escala descono~ida anteriormente. Fue la concentración de capitales acumulados en el país, a través del comercio, principalmente, y en menor
medida, de capitales europeos canalizados a través de "La Sociedad Fi-

B. García Díaz: L~s obreros textiles de Orizaba

79

nanciera para la Industria de México", fundada en París en 1890, lo que
permitió una inversión masiva para la modernización de la industria. Pero
también contrihuyeron las modificaciones en el comercio internacional de
los países centrales: hacían ahora hincapié en la exportación de bienes de
capital (un cambio fundamental para la industria fue la introducción de la
energía eléctrica: permitió innovaciones tecnológicas, en tanto que hizo
posible la introducción de husos de alta velocidad, telares automáticos y
estampadoras).4
El proceso de modernización vino a inaugurarse, precisamente, con
la creación de la Compañía Industrial de Orizaba (CIDOSA). Esta compañía fundó la fábrica Río Blanco en 1892, la cual sería entonces la más
grande y moderna del país; compró además San Lorenzo, Los Cerritos
y la Cocolapam, las renovó y amplió e integró a la Río Blanco, para constituir un solo proceso productivo. Mientras estas tres últimas.fábricas se
especializaron en el tejido y la hiladura de telas, la Río Blanco se encargó
de su blanqueo y estampado.
A estas factorías se sumarían en los años siguientes la Santa Gertrudis,
elaboradora de productos de yute, y la Mirafuentes, una hilandería establecida en Nogales, ambas compañías de capital extranjero. El proceso culminaría con la creación de la Santa Rosa, inaugurada en 1899 y también propiedad de inversionistas franceses agrupados en la Compañía Industrial Veracruzana, S. A. (CIVSA). La Santa Rosa tendría 1 400 telares, 40 183
husos y cuatro estampadoras; la Río Blanco en cambio, llegaría a contar
1 650 telares y 43 000 husos. Si se piensa que una década antes las fábricas
tenían como promedio cien telares y 2 000 husos, se puede tener una idea
de la magnitud de estas factorías. Para mover en 1905 la Santa Rosa, por
ejemplo, se necesitaban alrededor de 1 800 operarios, sin contar los técnicos extranjeros.5

La elección de Orizaba para instalar fábricas grandes y modernas no
fue fortuita: una conjunción de circunstancias creaba allí un medio favorable para la intalación-de empresas textiles. El valle no sólo sacaba provecho
de la presencia cercana del Citlaltépetl, que desempeñaba el papel de distribuidor de abundantes aguas, sino de la humedad de su clima, que permitía la confección de telas de textura más fina que las elaboradas e!! el clima relativamente seco de la Mesa Central. Además el ferrocarril pennitía a
los industriales explotar la condición intennedia del distrito entre el puerto
de Veracruz, lugar en que se concentraba el algodón, y el populoso Altiplano, principal centro de consumo y de distribución de los textiles hacia

�80

Siglo XIX
B. García Díaz: Los obreros text,1es de Orizaba

81

el resto del país.
No obstante el valle sufría una limitación esencial: no tenía suficiente
gente interesada y capacitada para echar a andar la industria de la zona.
Las dos fábricas más grandes, antes mencionadas, se esta:blecieron en terrenos casi deshabitados, pertenecientes a dos pueblos indígenas instalados en
las mon_tañas que circundaban el valle. La San Lorenzo, que se ubicó en el
pueblo más importante del valle, después de Orizaba, también tuvo, como
veremos enseguida, que importar una gran cantidad de tejedores; y así pasó
en cada una de las fábricas.
¿De dónde viene la gente, de dónde salen los inmigrantes que permi-

tirán la elaboración de telas? A partir de la información de un padrón electoral de 1892 del municipio de Nogales, se pudieron identificar 427 obreros que trabajaban en su mayor parte en la San Lorenzo y, en porcentaje
menor, en la recién inaugurada Río Blanco.6 La gran mayoría era inmigrantes, a excepción de 54 nativos de la región, 30 de Orizaba y 24 de Nogales. El estado que más proporcionaría inmigrantes sería Puebla, que
aportó aproximadamente la mitad del total (144 de la capital y 66 del interior del estado). En segundo lugar se colocaría la ciudad de México con
66 textileros. Después, pero a mucha distancia, vendrían los grupos de inmigrantes de los estados de Tlaxcala y Oaxaca, 27 del primero y apenas
once del segundo, y un minúsculo grupo que llegó de otros lugares de Veracroz, especialmente de Xalapa. Por último estaban unos cuantos de Hidalgo, Querétaro y Guanajuato. Otros más tenían un origen no precisado.
Estos inmigrantes eran en su mayoría jóvenes. Entre ellos predominaban los solteros: constituían alrededor de un 57%. Los obreros casados y
solteros que vivían con su pareja y sus hijos conformaban un 26.46%; y
los casados que vivían solos alcanzaban un 13.58%. Los solteros tenían
24 años de edad promedio, los casados 31 años y sus esposas 27, y sus fa.
milias eran pequeñas, con dos hijos como promedio. Los obreros casados
que vivían solos se colocaban alrededor de los 34 años como media. En
suma, una población joven: el 62% del total de esta población obrera oscilaba entre lo 18 y 30 años. Un rasgo interesante de estos migranLes es el
gran número de los que sabían leer y escribir: 183 de 427, más del 42%.
Pero esta migración, que es fruto de las primeras oleadas que llegan,
sufrirá sustanciales modificaciones para mediados de la década siguiente,
que coincide con el funcionamiento pleno de las dos fáhricas más grandes.
De acuerdo con datos desglosados de la muestra de 603 obreros de la fá-

brica Santa Rosa -un tercio de su total- el radio de atracción se ampliará
y se volverá más variado. 7 Puebla seguirá manteniéndose a la cabeza como
el principal proveedor de inmigrantes, con 47%. Oaxaca que en la década
anterior ocupaba un lugar irrelevante, pasará en cambio al segundo lugar
con el 23%. México y su región textil circundante ofrecerán un 13°/o. En
seguida se colocará Tlaxcala con un 8% y, un poco después, Querétaro
con 5%. Estados como Hidalgo, Michoacán y Guanajuato también aportarán algunos inmigrantes.
La novedad más notable será la importancia numérica que adquiere,
en forma impresionante, la migración oaxaqueña. Menos evidentes pero
tan significativos serán los cambios que sufre en su composición la migración poblana. La ciudad de Puebla, que predominaba con 144 de los
210 inmigrantes poblanos en 1892, pierde ahora peso frente al ascenso de
los que provienen del interior del estado: la proporción se invierte y ahora
son solamente 41 angel~nos frente a 212. El descenso de inmigrantes de la
ciudad de Puebla implica, como contrapartida, un aumento de importancia
de los que vienen del campo: combinado con el aumento notable de la migración oaxaqueña, originaria en gran medida de la Mixteca, conlleva a que
el número de inmigrantes de procedencia rural se convierta en mayoritario
en forma clara. Por lo que se refiere al valle de México, aunque del segundo
lugar pasa al tercero, sigue conservando numéricamente su importancia. Lo
mismo pasa con la migración tlaxcalteca: si bien minoritaria, sostiene su
continuidad en el flujo. Querétaro sigue ocupando el último lugar dentro
de los estados que ofrecen una cuota regular de mano de obra, pero aumenta el número de sus inmigrantes en ténninos absolutos.
Si colocáramos a todos los inmigrantes dentro de dos categorías
-aquellos proveniente de sitios con industria textil y aquellos originarios
de sitios que carecen de ésta- encontraríamos la siguiente proporción:
34°/o para los primeros y 66°/o para los segundos.
Sin embargo, aún cuando estas informaciones son útiles no bastan
además de ser muy generales. Es necesario saber quiénes era~ estos tlax~
caltecas, oaxaqu~ños y queretanos: ¿por qué están saliendo de localidades
tan diversas como Tlaxcala, San Angel o Tajimaroa?; ¿qué experiencias
vividas o heredadas traían consigo?: ¿cuál era el fardo cultural e histórico
que aportaban cuando se trasladahan?8 Estas y otras preguntas similares
están detrás de este ensayo. Desde luego, las respuestas áÚn tienen un car-.ícter bastante provisorio y están cargadas de demasiados quizás y muchos
muy probablemen/e. Aún así, una de nuestras pretensiones principales es

�82

SigloXIX

llamar la atención sobre una línea de investigación que privilegie el estudio
de las connotaciones históricamente determinadas por las estructuras socia1es que preceden a la fábrica.

II.
f,os poblanos

Una de las mayores especia1idades de la ciudad de.Puebla, desde la época
virreinal, fue la producción de textiles; y no sólo de algodón, seda o lana,
sino de textiles de carne y hueso, es decir de artesanos y operarios textiles.
Se podría recordar aquí el barrio formado en la ciudad de México, en los
primeros años del siglo XIX, a partir de la llegada de decenas de artesanos
textiles que migraban de Puebla.9
A medida que el siglo avanzaba la vocación textilera de Puebla se acendraría y, ya para mediados del siglo y sobre todo con fuerza después de
1870, se daría un proceso de autorreproducción de la fuerza de trabajo
fabril por la heredabilidad del oficio. Esto se encontraba en relación con el
desarrollo de una nueva industria textil, ya mecanizada, que surgió desde
mediados de los años 30 en las márgenes del río Atoyac, en los a1edaños
de Puebla, tras la inauguración de la Constancia (la primera fábrica textil
del país) en 1835. Con ~os establecimientos se fue imponiendo de manera
lenta y gradua1, en convivencia con la producción artesanal, la industria
textil. A las diez fábricas que en 1843 podría conferírseles ese título, en
los años siguientes se sumaron otras más: para 1877 podían contabilizarse
veintiuna en el municipio.10
Alrededor de v¡µias de estas fábricas se organizaron villas fabriles para
garantizar el aprovisionamiento estable de mano de obra. En estas vi_llas se
autorreproduciría la clase obrera de una manera clara a partir de 1870, si
bien el proceso de captación de mano de obra continuó haciéndose, en parte, por el reclutamiento de una mano de obra en proceso de proletarización, tanto de sectores urbanos como del campesinado de pueblos circunvecinos. En las villas fabriles, como en los pueblos aledaños, que se podían
considerar como extensiones de las villas, se dio un proceso de reproducción a través de la promoción del trabajo familiar, lo que permitió por otro
lado mantener bajos los sa1arios individuales. Si las mujeres participaron
sólo marginalmente en este proceso, su ausencia se vió compensada por el
alto porcentaje de niños que ingresaba en la fábrica y constituía cerca de
una cuarta parte del tota1 de operarios textiles en 1878-1879.11

B. García Díaz: Los obreros textiles de Orizaba

83

Así, para el período de máxima expansión de la industria en el país,
Puebla pudo contar con un proletariado textil avezado en los modernos
métodos de producción. Proletariado que estuvo en condición de migrar
hacia otras regiones, como experto, en el momento en que se inauguraban
fábricas. Esto sucedió cuando los poblanos formaron parte del primer grupo de cien obreros contratados para Tajimaroa, Michoacán, en 1895,
"mientras se enseñan los hijos de la comarca", para iniciar los trabajos de
la fábrica La Virgen. 12 Lo hicieron también en años anteriores, cuando
fueron a la San Lorenzo, en Veracruz, en 1881 y posteriormente cuando
se trasladaron hasta Juanacatlán, Jalisco, en 1896.13
Según algunos autores, los poblanos migraban buscando mejores salarios. Por ejemplo Keremitsis anota que en la década 1880-1890 los industriales poblanos pagaban un sa1ario mínimo de 25 centavos, "uno de los
más bajos del país";14 en contraste con Orizaba, el mínimo era de 35. Juan
C. Grosso coincide con esa apreciación, pero agrega que existen diversas referencias sobre una situación de desempleo en la ciudad de Puebla, consecuencia de la incapacidad de la estructura productiva de absorber una creciente disponibilidad de fuerza de trabajo ligada al proceso de proletariza., de sectores campesmos
.
c1on
y artesanales.is
Pero no sólo saldrían poblanos de la capital del estado y pueblos circunvecinos. También migraron de los distritos agrarios de Chalchicomula,
Tecaniachalco y Tehuacán. Sobre todo de los pueblos de San Andrés Chalchicomula, Tecamachalco, Tochtepec, Auecholoc, Cañada Morelos, San
José Ixtapan, San Agustín del Palmar y de otras muchas localidades dominadas por las grandes haciendas.
Por ahora, en espera de estudios locales sobre estas regiones en la era
porfirista, sólo conocemos en forma particular el caso de los campesinos
de San José Ixtapan. Asfixiados por las haciendas cercanas, los josefinos se
vieron obligados a cultivar las tierras de estas haciendas como aparceros o
dedicarse a otras actividades rurales, como la arriería o la cría de vacunos.
Inclusive salieron en cuadrilla a trabajar cuando se tendió la vía del ferrocarril Esperanza-Tehuacán; también fueron a laborar a una cantera de mármol vecina. La construcción de la Santa Rosa, que ofreció trabajo a los
canteros, y su posterior funcionamiento, aparecería como una alternativa
' ante e1despOJO
· de sus medios de vi"da. 16
mas
Estos poblanos no sólo llegaban hasta Orizaba sino que seguían, en su
descenso, hasta las tierras más bajas del distrito agrícola de Córdoba, al

�84

SigloXIX

B. García Díaz: Los obreros textiles de Orizaba

85

trabajo en haciendas y plantaciones tropicales. 17 Contribuían así a renovar el material humano de la tierra caliente, tan escaso y tan propenso a
ser víc~ima de las fiebres y enfermedades tropicales. Por último debe
agregarse que algunos de estos migrantes rurales procedían en algunos casos de un contexto productivo artesanal, más que exclusivamente campesino. En el distrito de Tecamachalco existía en algunos pueblos, por
ejemplo, la tradición de] tejido de la lana en telares de manos. 18

la Mixteca no sufrieron a mediados del XIX los embates de los hacendados.
Aún así, al interior de Jas comunidades se dio un proceso de privatización
de las tierras comunales. El derecho de usufructo devino gradualmente en
una form_a de propiedad privada, que avanzó sobre todo debido al crecimiento de la agricultura mercantil en la región. De hecho se ha propuesto
una desamortiz~ción informal en parte de la Mixteca antes de 1856.21 Esta
desamortización parcial contrihu ía a la separación de algunos productores
de sus medios de vida.

Los oaxaqueños

Tan importante en la expulsión como la parcial disociación de sus medios de producción, o quizás más por ser un elemento permanente, sería el
embate que siempre han sufrido los mixtecos por la pobreza de su medio
natural. Insertos en una abrupta región, los recursos que les ofrecen sus
montañas son escasos. Incluso en sus valles, la agricultura de temporal es
difícil e inconstante: debido a su altura viven bajo las amenazas del hielo
negro y por otra parte las lluvias no están garantizadas. Ciertamente el
hambre es la gran espoleadora de la diáspora de la Mixteca. A ellas se podrían apljcar las palabras de Fernando Braudel sobre las montañas: fábricas de hombres para uso ajeno.22

Del estado de Oaxaca vendrían remontando a pie sus anchas serranías,
sembradas de órganos y candelabros, los indígenas de la Mixteca. Especialmente saldrían de los distritos de Tepozcolula, Coixtlahuaca, Tlaxiaco y
Nochistlán, ubicados en la Alta Mixteca. También llegarían de la región de
los valles centrales: de la propia ciudad de Oaxaca y de algunos pueblos de
su distrito. Unos cuantos saldrían incJusive de la región de la sierra de Juárez .19 Los oaxaqueños, los últimos en llegar al valle de Orizaba, para la primera década del siglo constituirían el segundo grupo estatal de inmigrantes, colocado solamente después del formado por los poblanos.
La migración de la Mixteca contrasta con la resistencia e indiferencia
de los indígenas nahuas de la sierra de Zongolica que no ingresan al trabajo
fabril. Mientras los nahuas se encuentran en las montaijas circundantes del
valle textil, los hombres de la Mixteca se localizan a muchos kilómetros de
distancia. Kilómetros que se multiplican si se considera el área no en términos de distancia-espacio, sino en términos de distancia-tiempo. La ida a
Orizaba implicaba para alguien que saliera de Santa Catarina Tayata, distrito de Tlaxiaco, un viaje de varios días. 2 Cargado su morral con totopos,
su harina de frijol, hecha con ºfrijol tostado y molido, y sus calabazos de
agua, dejaban atrás sus jacales de bajereque y se lanzaban hacia el cañón de
Tomellin que los Hevaba al valJe de Tehuacán. Tardaban hasta cinco días
en llegar a Tehuacán, en un viaje fatigante y pesado, subiendo y bajando
por montes y quebradas en ásperos caminos. Al sexto día, después de mecli_a jornada de camino, llegaban hasta Puerto del Aire: desde sus alturas pod,an ver finalmente con alivio, a sus pies, las tierras labrantías de AcuJtzingo, que iniciaban el valle de O rizaba por su parte sur: necesitarían entonces
de sólo unas horas para desencumbar y entrar en las primeras villas fabriles
del distrito.

°

A diferencia de las comunidades del centro del país, los habitantes de

AJ parecer la migración a Orizaba fue precedida por migraciones temporales de jornaleros agrícolas hacia las tierras del Golfo. Por una protesta
de las comunidades sabemos que, a finales del siglo XIX, anualmente subían enganchadores a reclutar cuadrillas al distrito de Huajuapan de
23
León. Estos comision~dos de los propietarios extranjeros, de las fincas
tabacaleras de la región de San Andrés Tuxtla, reparten dinero a los que
quieren comprometerse a trabajar por un periodo de seis meses en el levantamiento de la cosecha. Una vez que reúnen suficiente gente, la traen
hacia Tehuacán, donde se embarcan las cuadrillas para la costa en el ferrocarril. Ahí se toma el ramal de Tehuacán a Esperanza, Puebla, y después
transbordan al F crrocarril Mexicano para ir hacia Veracruz. Durante el
viaje, después de descender las cumbres de Maltrata, atravesarán los pueblos fabriles de O rizaba, que en esos años acaban de inaugurar sus fábricas
más grandes. Según el jefe político de Huajuapan de León, la oposición de
los pueblos nace del abuso y los atropellos que cometen con las cuadrillas.
Sostiene que los contratistas se aprovechan de la necesidad de los individuos y por un puñado de dinero se los llevan prometiendo beneficios que
recibirán y un clima saludable, aunque después resulte todo lo contrario.24
Es posible que estos migrantes pendulares que se anotan en las cuadrillas, sean los que vayan posteriormente hacia Orizaba. De hecho, la moder-

�86

8. García Díaz: Los obreros textiles de Orizaba

SigloXIX

nizac1on de la industria hizo que el proceso productivo se volviera más
complejo y se subdividiera en un mayor número de etapas.25 Así por un
lado se hacía necesaria la contratación de obreros experimentados para las
actividades que requerían mayor calificación; por otro, apareció una gama
de empleos que no requería ninguna especialización: podían ser ocupados
por migrantes que vinieran directamente del campo a trabajar por temporadas. Esto pasaba en particular en los departamentos de estampado, tanto de la Río Blanco como de la Santa Rosa, donde al lado de oficios calificados como el de grabador o tintorero, había grupos de trabajadores que
sólo desarrollaban labores manuales de fácil ejecución. Además en todas las
fábricas necesitaban cuadrillas de peones para realizar trabajos duros y desagradables. Ya familiarizados los jornaleros con la ruta de inmigración de
la Mixteca hacia Tehuacán y de aquí hacia Veracruz, podían probar fortuna en las fábricas de Orizaba. Allí los empresarios franceses los necesitaban tanto como ocupaban tejedores expertos.
Si el trabajo fácil les resultaría mucho más extraño que las labores
agrícolas a desarrollar en las fincas tropicales, no sufrirían las mismas
coacciones para permanecer por prolongados períodos. En las fábricas
podían estar durante algunas semanas, hasta que se cansaran o les pareciera insoportable el trabajo, la disciplina fabril tan terriblemente novedosa
para· ellos, o el tipo de vida que se llevaba ahí, y regresar libremente a sus
pueblos. Y de hecho tardaron en afincarse en la región. Todavía en el cuarto lustro de este siglo, durante los primeros años del sindicalismo, los militantes gremiales sufrirían su desinterés en la organización: en tanto que
eran trabajadores temporales, en incesante ir y venir, entre la fábrica y sus
comunidades, poco entusiasmo mostraban en la causa sindical.26
Pero también cabía la alternativa opuesta de que se fueran familiarizando, desde su trabajo en la cuadrilla de peones, con los diferentes departamentos, y terminaran aprendiendo las labores en algún puesto de trabajo.
Y efectivamente, así lo hicieron algunos. Quizás Orizaba y sus fábricas aparecieron como una forma de opresión menos terrible, si bien más extraña,
que el trabajo en las fincas. Además conforme la corriente migratoria se ensanchó con la llegada sucesiva de parientes y paisanos, los mixtecos pudieron desarrollar formas de solidaridad que les hicieran la vida menos adversa
en esta lejana tierra. Numerosos testimonios de historial oral27 coinciden
en señalar los fuertes lazos de hermandad que se creaban entre ellos: "ay
hermano", decían cuando moría alguno. Algunos viejos trabajadores se
quejaban de lo montoneros que solían mostrarse los mixtecos cuando de
pelear se trataba: no se podía tocar a uno, porque todos se venían encima.

87

Esto lo supieron bien los queretanos que tendrían pleito casado con ellos,
. d ustr1·a1es como en Atlixco.2s
lo mismo en V eracruz que en otros centros m
Esta cohesión interna, que era en parte una respuesta al menosprecio por
parte de los mestizos arribeños y en parte una solidaridad impuesta por las
mismas necesidades de la emigración, nacía también de la profundidad e
identidad étnica mixteca: no desaparecía con la migración, que no implicaba automáticamente una renuncia a su cultura, ni una descaracterización étnica.29
De la región de los valles centrales saldrían de la ciudad de Oaxaca y
del distrito de Etla. Aunque más distante que la Mix:teca, se volvería cercana con el ferrocarril Mexicano del Sur, que comenzó a circular desde
1892, comunicando desde entonces a la Antequera con el resto del país.
En Etla se habían instalado dos pequeñas factorías: la San José y la Vista
Hennosa, en 1875 y en 1885 respectivamente.30 De aquí saldrían operarios para Veracruz.

La tercera región oaxaqueña que aportaría inmigrantes sería la de la
Sierra de Juárez. En Xía, Tomás Grandison, un empresario inglés, instaló
m 1875 una fábrica textil, en medio del campo, para aprovechar la riqueza hidraúlica del lug-.ir.31 Enemigo de importar trabajadores y con un
proyecto de dominio patriarcal que incluía viviendas, tienda, escuela y
capilla, creó su propia fuerza de trabajo a partir del reclutamiento de serranos. Su proyecto de forjar obreros y obreras en el campo se revelaría al
parecer exitoso, durante el período que funcionó la fábrica: de aquí salli-ían asalariados textiles lo mismo para Veracruz que, posteriormente, pa32
ra Etla, cuando dejó de trabajar la fábrica.

los mexicanos
Fue de la ciudad de México, de Tlalpan, de Contreras, de San Angel, de
Miraflores, de Tlalnepantla y de Toluca, es decir, de las poblaciones y zonas con industria textil, de donde saldrían los obreros que del estado de
México y de la capital del país irían a Veracruz. Esta zona de México vivió tempranamente un proceso de instalación de fábricas textiles que le
pennitieron competir con Puebla por la supremacía textil. En algunos años
llegó a tener más trabajadores textiles que Puebla, como en 1877: había
3 261 operarios ubicados en catorce fáhricas, mientras en las veintiuna de
Puebla se encontraban sólo 2 760. 33

�88

Siglo XIX

La instalación de fábricas se inició en la tercera década del siglo '&lt;IX y
para 1843 eran diecisiete las factorías establecidas. 34 La mayor parte de
las fábricas grandes se ubicarían en tres zonas: an Angel y Tlalpan, Tlalnepantla y Chalco. Las trt's estaban comunicadas entre sí, y de hecho se
podría hablar de una sola región textil. La concentración de más de 3 000
trabajadores en una misma zona permitiría el desarrollo temprano de una
red de comunicación y solidaridad. 35
Aquí también se dió un proceso de reproducción de la fuerza de trabajo semejante al de Puebla. -\sí, para 1870 había varios casos de maestros, algunos de ellos salidos de las filas obreras, otros del artesanado, que
habiendo iniciado su trabajo en los salones textiles desde niños, ya podían
sustituir a maestros y operarios calificados extranjeros. A esto contribuyó
la fundación de algunos talleres escuela desde 1830, pero también la
transmisión del oficio textil de una generación a otra, facilitado por la conformación de comunidades en los alrededores de algunas fábricas que contaban con viviendas para sus trabajadores, como La Fama y San Fernando
en Tlalpan. tn estos barrios se comenzaron a formar pequeños núcleos de
obreros que romperían con su entorno rural, y empezarían a ensayar formas asociativas y de lucha 1¡ue marcaron el inicio de una identificación de
clase. Ilustrativos de una idrntificarión a partir del trabajo son los desfiles
que hacían con sus instrumentos de trabajo. Por ejemplo, en 1873, en
Contreras, los trabajadores desfilaron con sus lanzaderas y otros instrumentos para recibir a una comisión del Gran Círculo de Obreros.
Pc,-o más significativas fueron las numerosas luchas regionales que sostuvieron, así como los intentos organizativos que levantaron lo obreros:
ya fuera en forma autónoma, como la experiencia de "Las Fábricas Unidas", o en los que participaron bajo la dirección del artesanado, como con
el Gran Círculo de Obreros (GCO). Por lo que se refiere a las luchas, de la~
41 huelgas textiles que estallaron en el país en el período 1850-1883, 2i
tuvieron lugar en el Distrito .Federal} en rl estado de ~léxico, es decir casi
36
dos l!·rcio:;. En este sentido se podría afínnar que el centro de gravedad
de la lucha textil, en las déeadas de aparición del sistema de fábrica, estaba
t·n la zona. Las mutualidades se vinieron creando desde los años 60 y paulatinamente se transformarían en sociedades de resistencia; cuando se formó el GCO, se afiliaron, } para 1875, de las 28 sucursales que coordinaba
d Gran Círculo, do&lt;·e &lt;"Orrespond ían a fábricas textiles. El importante peso
que los textiles tenían en la composición del GCO se reflejaría en la atención que el periódico oficia] del Gran Círculo daba a los problemas y luchas de los obreros, lo que provocaría a su vez que algunos operarios fue-

B. García Díaz: Los obreros textiles de Orizaba

89

1311 asiduos lectores y sostenedores de esta prrnsa. ,\ través de su par~ci~ación en el GCO, los obreros obtendrían O&lt;'asionalmrntc a}-uda econom1ca
01 sus huelgas y la difusión de sus problemas.

En el difícil camino de su constitución como clase, más importante
fue sin embargo la experiencia de "Las Fábricas l rudas", que funci?naba
como una suerte de coordinador de las organizaciones del Valle. Scrra una
agrupación más netamente obrera que el GC?: su dirección estuvo en manos de los propios trabajadores y ya no mas en las de l?s artesanos. ~u
importancia estribaba en que contribuyó a superar el caracter l~cal y aJSlado de las luchas y generó w1a red de solidaridad. En este sentido fue u~
antecedente del Gran Círculo de Obrero;; Libres creado en 1906 en Onzaba, sólo que más limitado geográfÍl·amentc. Acle,~~• dc_b~_mencion~
que la población de la región textil del \ alle de Mex.ico VlVlO la expcnencia fundamental de luchar en la guerra de Intervención, contra los franceses. Algunos tejedores que se &lt;·onvirtieron en guerrilleros y lucharon en
contra del Imperio de Maximiliano, y a favor de las Leyes de Reforma, serían reconocidos como líderes de sus comunidades después de la guerra.37
Los obreros mPxicanos se caracterizaron, en los años previos a que un
contingente de ellos se trasladara a Orizaba, por una gran riqueza en su vi:
da asociativa y por su constante efervescrncia y disposición a la lucha. S1
tomamos como índice el número de huelgas y los proyectos organizativos
que promovieron, debemos admitir que sin lugar a dudas constituían una
de las vanguardias del incipiente prolt'tariado industrial.

Coincidentemente, en los años inmediatamente anteriores a la apertura de las fábricas francesas de \, ecacruz, se dio una oleada de represión patronal para acabar con la org.inización de los trabajadores: se elaboraron
listas de operarios que no eran aceptados en ninguna fábrica, se disparó
contra huelguistas y asambleístas y se encan:eló a dirigentes destacados.
Entre los más golpeados estuvieron los trabajadores de Tlalpan, a quienes
la prensa calificaba como "hábiles, tenaces y testarudos,-.38 Verdaderamentc qut&gt; lo eran: a pesar de haber sufrido una severa derrota en 1875, se
declararían en huelga en cuatro ocasiones en el bienio 1876-1877; y su
Dlf'sa directiva terminó en prisión en 18,i.
Entre las filas de la migración vrnían -con seguridad- algunos de estos curtidos militante o algunos otros luchadore del valle de Anáhuac,
tan testarudos o cmpednados como ellos. De la misma manera que se ha

�90

Siglo XIX

relacionado la llegada de migraciones transatlánticas con la efervescencia
política en los puertos de arribo, deberían conectarse estos desplazamientos internos (por ahora poco estudiados) con Ja extensión de la agitación
y de la organización.

Los tlaxcaltecas
Y o viví en Nogales. .. como yo era el mayor, recuerdo cuando
llegamos a Nogales. Allá trabajó mi papá por un tiempo. Según
mi papá fuimos porque mis abuelos también se habían ido en
busca de trabajo. Mi familia completa ya tenía la costumbre de
irse para Veracruz, le habían probado en algunos pueblos de Tiax.
cala, habían buscado en fábrica la cosa de los textiles por todo
11axcala, pero había mejor paga allá en Veracruz, además había
más movimiento en topo. La cosa fue que a veces también vendíamos, llevábamos comida; la fruta de aquí, carne, quesos, en
fin muchas veces las vendíamos entre nuestros parientes o compadres. Allá en Río Blanco también teníamos familia que trabajaba
en las textileras...

Este testimonio de Gregorio Serrano,39 "campesino-obrero" de Santa
Inés Zacatelco, nos da algunas de las razones de la migración hacia Orizaba. Nos habla de la búsqueda de trabajo y de un salario mejor, pero también de los hábitos de los tlaxcaltecas (de la región sur-centro del estado)
de salir de sus comunidades a buscar trabajo, de probar suerte en las fábricas textiles y de dirigirse hacia el estado de V eracruz. Don Gregorio Serrano, que ~duvo por tierras veracruzanas en la última década del porfiriato,
pertenec1a a un grupo que se caracterizó tanto por su movilidad geográfica
como ocupacional.
Históricamente, los pueblos ubicados en el corredor Apizaco-Puebla
fueron como los barrios pobres, las reservas proletarias de la Puebla colonial. A Puebla y a su región circundante la proveían de gente para la construcción de edificios públicos, para sus talleres y para que trabajaran como
segadores.
En el siglo XIX la favorable ubicación de la zona, surcada por los ríos
Atoyac y Zahuapan y por el Ferrocarril Interoceánico, y la crianza intensiv~ de ov~!as; hicieron de los pueblos de la región lugares escogidos para
la ms~ac1on d: -~na docena de fábricas textiles, que pudieron aprovechar
ademas la tradic1on en la producción textil doméstica. Con la instalación
de las fábricas se fue creando un proletariado de tiempo parcial que com-

B. García Díaz: Los obreros textiles de Orizaba

91

binaba su trabajo en el campo con el de las factorías. La experiencia de
buscar un ingreso adicional fuera de la agricultura, como artesanos, comerciantes ambulantes y arrieros o fabricantes, no era una novedad en la zona. El exceso de población rural de la región, que radicaba en pueblos con
terrenos comunales fraccionados en minúsculas e insuficientes parcelas,
que se explotaban individualmente, hacía indispensable la búsqueda de un
· 40
ingreso complementano.

Así, cuando vino el despegue industrial de Orizaba, que se tomó
cercana con el tránsito permanente de ferrocarriles, la ida a las factorías
no implicó una gran aventura, ni siquiera un cambio drástico en las formas de ganarse la vida. Realmente lo que pasaba era que se hacía más
amplio el radio de acción dentro del cual deambulaban los "campesinosobreros", que también fueron a trabajar a otra zona textil de Veracruz,
la de Xalapa-Perote. 41 Aunque el hecho de alejarse de Tlaxcala por.temporadas de semanas, o ~un de meses, hacía más marcados y definidos los
tiempos ocupados en el trabajo de la industria y los tiempos utilizados en
las labores agrícolas: lo que llevaría a que algunos inmigrantes tlaxcaltecas
en el mediano plazo tomaran una decisión más definitiva respecto al trabajo fabril .
Los habitantes de este minúsculo estado del centro de México se significaban por provenir de pueblos con una tradición de protesta y lucha
contra los hacendados. Más singular resultaba, no obstante, la reciente difusión de un movimiento religioso disidente en la región: el metodismo.42
El metodismo se propagó con éxito en la zona centro-sur de Tlaxca-

la y buena parte de su membrecía estaba constituída precisamente por estos trabajadores móviles que, trasladándose de un lugar a otro, portaban
consigo su credo. Este fue el caso de Agustín Flores Serrano, tejedor tlaxcalteca: lo primero que hacía una vez que se instalaba en el trabajo era localizar un lugar vecino donde hubiera reunión evangelista, lo mismo estu-·
viera en Santa Cruz, Tlaxcala, en Metepec, Puebla, en la ciudad de México
o en Río Blanco, Veracruz. Agustín Flores había transcurrido su infancia
en el pueblo de Zompantepec, que además de ser un centro metodista era
un foco liberal. En algún 16 de septiembre -recuerda don Agustín-, su
tío Petronilo Serrano, que era juez local, en un momento importante del
discurso oficial diría: "en una mano la santa biblia y en otra la santa Constitución". Con la misma emoción rememora, y aun entona, algunos fragmentos en francés de La Marsellesa, que uno de sus maestros liberales le
enseñó en su educación prirnaria. 43

�92

SigloXIX

El metodismo, además de conformar un espacio de solidaridad de tipo mutualista, tuvo un papel importante como fuente educativa para los
trabajadores tlaxcaltecas. A través de la celebración de veladas, o más
precisamente actos cívicos-religiosos, celebrados el 5 de febrero, el 21 de
marzo, el 5 de mayo y el 11 de septiembre y otras fechas fundamentales
del santoral liheral, se exaltaba la figura de Juárez, Hidalgo y Morelos y se
ponderaba lo que se consideraban lás virtudes del liberalismo mexicano.
Ahí surgían precisamente las críticas contra el gobierno porfirista; aJ observar el abismo entre la realidad política y los principios democráticos de
la Constitución liheral.
En esta labor eran importantes, además de la circulación de periódicos
protestantes como El A bogado Cristiano Ilustrado, la actividad y el· celo
de los propagandistas locales, que después de haber asistido al seminario
de Puebla, regresaban a sus comunidades en entusiasta labor proselitista.
Varias familias tlaxcaltecas que se adhirieron al metodismo, cuando emigraron a Orizaba participaron en la. conformación de una congregación en
Río Blanco, junto con migrantes que arribaron de Miraflores, ChaJco y de
otras partes del país donde el metodismo había cundido. La congregación
de Río Blanco, dirigida por José Rwnbia, jugaría un papel clave a la vuelta
del siglo. Sería sede, bajo el impacto de los militantes del Partido Liberal
Mexicano, de la primera organización obrera militante de la zona: el Gran
Círculo de Obreros Libres (GCOL). Además de Samuel A: Ramírez, nativo
de Zompantepec y personaje central de la historia local del GCOL, saldrían
desde las filas del metodismo otros militantes de los círculos, como Manuel
Avila y Andrés Mota.44

Queretanos y de otros estados
Vinieron además migrantes de los estadt&gt;s de Querétaro, Hidalgo, Michoacán y Guanajuato. Pero serían unos cuantos, a excepción de los queretanos que constituían alrededor de un 5% del total de los inmigrantes que
arribaron a la región. Los queretanos provenían de la capital del estado y
del poblado textil creado alrededor de la fábrica Hércules; cuando fue fundada esta planta, en los años 40 del XIX, se trajo la maquinaria de Francia,
de donde también se importaron artesanos y obreros calificados para que
durante tres años instruyeran a los mexicanos que luego los sustituirían.45
Después de varias décadas, también Querétaro exportaba operarios para
Jnanacatlán, Jalisco, para Uruapan, Michoacán, para Veracruz e inclusive
para la zona de Atlixco, Puehla. 46

B. Gorcía Díoz: Los obreros textiles de Orizobo

93

m.
La riada de inmigrantes que vino a nutrir las fábricas y a revitalizar la condición de tierra de forasteros de Orizaba fue muy variada, en tanto que era
bija de un México decimonónico caracterizado por una marcada diversidad
regional. Aún así se podrían agrupar principalmente dos tipos de inmigrantes. Aquéllos para quienes las factorías no representaban sino una ocupación esporádica y temporal, una forma de ganar el pan entre otras, aceptaih únicamente por razones de sobrevivencia; una mano de obra que tenía
aún como lugares fundamentales de su identidad las comunidades rurales,
la familia agrícola y el campo. Otros, en cambio, que salían de regiones
textiles, para los cuales la fábrica ya formaba parte de su destino o aJ menos así lo consideraban. En el medio de los dos tipos se ubicaba además
una gran diversidad de inmigrantes, como los llamados "campesinos-obreros" del altiplano.
Los miembros del segundo grupo, si bien no constituían la mayoría
del contiugente de migrantes, desempeñarían un papel central para que la
masa de trabajadores lograra avanzar en su autoreconocimiento de clase.
Ellos serían los promotores de las agrupaciones de resistencia y los animadores de las luchas en Orizaba, aunque nunca sus únicos protagonistas. Orizaba se vio favorecida en este sentido por el arribo de un grupo pequeño,
pero a la vez consistente, de obreros que ya habían pasado por experiencias fabriles en diferentes grados. Algunos eran verdaderos operarios expertos, con años de trabajo en el ramo; otros eran jó'!enes que recién habían
ingresado al mundo fabril en sus regiones de origen, pero que en ciertos
casos habían tenido ancestros relacionados con las fábricas: realmente se
harían obreros en Orizaha o en algún otro nuevo centro industrial como
Atlixco, distinto a su lugar de origen.
Estos obreros vendrían a formar parte de un proletariado textil que
se caracterizaba por su transhumancia a través de un eje o corredor textil
que se extendía desde el valle de México hasta Veracruz, atravesando desde luego la regiim textilera Puebla-Tlaxcala, y que incluía eventualmente
las fábricas del Bajío, establec\das en Querétaro, Jalisco y Michoacán. En
tanto no tenían propiedad de la cual vivir, estaban condenados al mercado
de mano de obra de una industria que se caracterizaba en general por su
inestabilidad, y debían 1:!asladarse a donde les compraran su fuerza de tra-

bajo.
Este proletariado nómada se movía en forma colectiva: ya fuera en

�94

Siglo XIX

B. García Díaz: Los obreros textiles de Orizaba

equipos volantes -integrados por pequeños grupos de amigos o parientes
solteros- que surcaban las regiones textiles, o en colectividades enteras de
docenas de operarios que, ante el cierre de su fábrica o el despido masivo
se veían ohligados a emigrar l1evando a cuestas sus familias y sus e ~
pertenencias.
Los movimientos, que en ocasiones se daban al interior de una misma
región y otras veces de un estado a otro, eran numerosos. En 1865 106
huelguistas de San Ildefonso, en el estado de México, son desalojados y
se trasladan a la fabrica La Colmena y Barrón.47 En 1868 hay un éxodo
masivo de trabajadores de Tlalpan, Contreras y Tizapan hacia la zona tex48
til de Tialnepantla. En 1875 huelguistas de La Fama y San Femando, de
Tlalpan, no son aceptados en su trabajo al término de su movimiento y dehen emigrar hacia las fábricas de San Angel y Tlalnepantla.49
Exodos mayores fueron el de 1868, de los huelguistas de la Magdale.
na, La Fama Y San Fernando, hacia el estado de Pueblafº el de 1873, de
~uelguistas de ~~peji del Río, Hidalgo, hacia San Ildefonso;51 el que realizaron 300 familias de huelguistas que, en 1877, emigraron desde Hércules, Querétaro, a La Fama de Tlalpan;52 el de 1889, de 200 obreros, que
acompañados de sus familias llegan de Jalisco como esquiroles a una huelga en San Fernando, en el Valle de México ;53 el que se hace de Puehla hacia San Antonio Abad, en 1893, para romper otra huelga;54 el de 1896, de
San Fernando hasta Juanacatlán, Jalisco, de cien obreros con sus fami.
' do sena
, conservado en la memoria por un corrido:
lias .55 Este u'ltimo
exo
Ya se acabó San Femando
Y a los obreros se van,

'

Se llevan la maquinaria,
Se van a Juanacatlán.
Conrado Carranza y otros
se van a armar los telares
pa cuando llegue la gente
ya estén listos sus lugares.
Roberto Carlos y algunos
Juan Pérez y don Sarnuel
se fueron a armar las mulas
y tróciles a nivel.
Adios, pulquito curado
con plátano de manila

95

...

nos vamos para Jalisco
a tomar puro tequµa.56

AJ igual que de San Femando llegarían contingentes de obreros de Querétaro, Puebla y de la región de Guadalajara. Los éxodos están lejos de ser
excepcionales y no pasan muchos años para que ocurra alguno.
Pero también estos trabajadores se movían en forma individual. Sin embargo: ¿cómo aprehender, cómo reconstruir capilarmente los movimientos,
las direcciones, los posibles itinerarios de estos tejedores e hilanderos girovagos, para los cuales las fábricas más que un sitio de estabilidad o de certidumbre parecía ser un lugar de continuo pasaje, un puerto de permanente
circulación?
Sus historias son agitadas y difíciles de seguir. Aún así, a través de la
historia oral se conoce algo de ellas. Un caso _sería el de Primitivo Soto:
mtivo de Puebla, se mudó a Nogales en donde trabajó como tejedor en
57
1904; posteriormente se trasladaría hacia Contreras y San Angel. Tras
una huelga en la Hormiga se tuvo que ir para La Carolina. Más tarde viajaría a Metepec, Atli.xco, donde también después de una huelga hubo vacantes. Posteriormente deambularía por las fábricas del municipio de Pue.
bla, finalmente regresaría a Orizaba y se instaló en la Santa Rosa. Otra historia es la de Alberto Lara Rojano, un obrero sobreviviente de la huelga del
7 de enero de 1907, originario de Miraflores, Chalco.58 De tradición familiar textil, pues su abuelo materno fue tejedor y sus tíos obreros del ramo, a los pocos meses de haber nacido Alberto su familia se dirigió a TlaJ.
pan, a la San Femando: su padre iba siguiendo a su tío, que era engomador. Cuando cierra San Femando, el padre de Alherto se traslada a Contreras; en cambio su tío se va a la Providencia y la San Pedro, fábricas de
Uruapan, Michoacán. Más tarde migran su padre y sus tíos a Puebla y fi.
mlmente llegan a Río Blanco; ahí los alcanzará Alherto, para ingresar en
el departamento de telares. Un caso más es el de Agustín Ramírez, un
chiquillo tlaxcalteca del puehlo de San Salvador Tzompantepec que cuando no ha cumplido aún los diez años de edad ingresa a la Trinidad, en Santa Cruz; de aquí pasará junto con su hermano a Metepec, donde un tío lo
ayudará; la siguiente escala será La Carolina, en el Valle de México, donde
también encuentra parientes, y en 1911 vendrá a Río Blanco, lugar en el
que se estahlecerá.59 De Querétaro tenemos el caso de Antioco Mosqueda,
que llegó en 1901 a la Santa Rosa después de haber estado en La Reforma,
e.n Salvatierra; del valle de Orizaba regresaría a Occidente a La Virgen, de
Tajimaroa, y sólo retornaría a Orizaba hasta 1918.60 Estas, pensamos, son

�96

SigtoXJX

B. García Díaz: Los obreros textiles de Orizaba

97

lústorias menudas entre decenas.
Y son historias de gente que se arraigó finalmente en Orizaba. Pero
más numerosas serían las de aquellos que no se quedaron y sólo se detuvieron temporalmente. Por ejemplo, para la fábrica Santa Rosa se ha observado en el período 1901-1906 una tasa de entradas y salidas bastante alta: de
1 348 obreros que trabajaban en 1901 sólo el 14°/o de ellos continuó laborando cinco años más tarde.61 ¿A dónde se trasladó el otro 86°/o?, ¿se
dirigió a otra fábrica del mismo valle o lo abandonó en búsqueda de una
mejor suerte?. Es una investigación todavía por hacerse. Lo evidente es que
era una clase obrera difícil de sedentarizarse, y al movimiento permanente
de población que llegaba correspondía otro flujo igualmente vigoroso de
gente que se iba. El valle debió. dar la impresión, en esos años, de ser un
honniguero con toda esa masa colorida y fluctuante que entraba y salía
permanentemente.
A la movilidad contribuían varios factores. En el caso de la gente que
venía directamente del campo, y regresaba a éste, desde luego su retomo
tenía que ver con las dificultades para adaptarse, y atrás de ello estaba
quizás un intercambio estacional entre agricultura e industria. En cambio,
para los integrados de manera menos parcial a las textileras, la inestabilidad expresa la creación de expectativas y no sólo insatisfacción. La movilidad era signo del deseo de mejorar la propia condición, tanto como reflejo de la crisis en que caían algunas fábricas. Como las ocasiones de trabajo habían aumentado, los obreros calificados no se sentían obligados a
adaptarse a un mal empleo ligándose a la primera oportunidad que encontraran. Así, se movían con el afán de encontrar una mejor posición y salarios más elevados. Si no hallaban con la migración una mejora, no aceptaban establecerse y continuaban viajando o regresaban a la región de la
que habían salido.
Este sector de trabajadores, a pesar de que se caracterizaba por no permanecer fijo, perteneció a una generación que estaba preocupada más por
la existencia de un puesto de trabajo, eventual o permanente, y por la creación de asociaciones de resistencia, que por el regreso a la tierra. La dimensión de este contingente, formado por varios centenares de obreros, es
mínima si se le compara con la del proletariado textil ocasional o semicampesino, pero disminuye más aún su presencia si se le pone en relación
con los trabajadores de un México central fundamentalmente agrario, o
con el más amplio mundo artesanal del período. Es un sector minoritario
que coexiste en las textileras con aquellos operarios que ingresan directa-

mente del campo a la fábrica y que viven la actividad textil como una p~sihilidad de rehabilitar.su economía campesina, a la cual regresan. Con~ve,
...._L· •
ianwten, c0 n aquellos
- que combinan en forma permanente labores
l
)agnc&lt;r
las e industriales, ya sean campesinos libres (como los tlaxca tecas_ o peoe entran al trabajo fabril, de acuerdo con los ritmos de la agncultura
Ías órdenes del propietario textil que es, al mismo ~empo,.hacen~ado.62 En este último caso no sería difícil enc~~trar trabajadores_ md~str1ales controlados y retenidos por sistemas tradicionales de eeonaJe, tíend~
de raya y dependencia por deudas. Aún así, e~tos p~~eros obreros textiles modernos, a pesar de ser más bien personajes at1p~~os en_ la estructur~
iaJ de la segunda mitad del XIX, en período de crJS1s seran muy sens1soc
, all'
bles a la agitación y tendrán capacidad para ampliar sus protestas mas a
de los límites del escaso número que representan.

~

Estos fabricantes se formaron en la comparación y en el inte~cambio
de ideas y de experiencias regionales. Habían madurado ademas en el
con~to y en la discusión con otros sectores, _c~mo los art~san~s, Y en varios oasos no sólo sabían leer, sino hasta escrih1an y contrihu1an al mantenimiento de periódicos. Y no raramente además h~~ían -~dquirido ~s
¡ropias convicciones poi íticas, maduradas en su partic1pac1on en asociaciones obreras y artesanales.
Comenzaron a existir como grupo desde los años 60 y 70, o al menos
así lo hace suponer la serie de migraciones que efectúan entone~, que nos
muestran grupos de operarios que no regresan al camp~, o a ~c~VIdades artesanales, ni aún por razones de sobrevivencia, y prefie~e~ VIaJar e~ busca
del trabajo textil. Pero de hecho su presencia se consolido en el te11do social con la aparición de las grandes fábricas fundadas en lugares como
Orizaba O Atlixco, y con la modernización y ampliación de al~as del
Valle de México. Es decir, su existencia se afirmó con la expans1on Y el
auge de la industria en los años que se colocan a caballo entre el pasado
agio y el presente.
Se puede decir que empiezan ya a constituir parte de lo que sería_un
mercado libre de trabajo, si bien se valen de lazos de parentesco y paISanaje para tener acceso a algunas de las fábricas, particularmente en las menos grandes (en donde eran fundamental~ tal~- lazo~ para el control del
merca~o de trabajo). E_fect~;amente, la migrac10~, leJos de ser_ un desorden, exigía cierta orgaruzac1on de contacto~, no solo para es~ mformado
sobre las zonas en que había realmente demanda de trabajo y sobre las

�98

SigloXIX

condiciones de éste, sino para el moment~ del arribo. En el caso de Orizaba, el mercado de información fue creado por los primeros en llegar que
transmitían las noticias hasta sus lugares de origen. Con el crecimiento de
la inmigración, la familia y la más amplia red de parientes irían adquiriendo una siempre mayor importancia como transmisores de comunicaciones
sobre la oferta y la demanda de trabajo. Esto era aplicable tanto para los
que venían del campo como para los que salían desde distintas factorías.
La comunicación fue facilitada por el tránsito permanente de los ferrocarriles, que contribuyeron así al desarrollo de la migración interna en
estos años. No fue una casualidad que la mayor parte de las rutas de inmigr-ación concidieran con el tendido de vías férreas. El ferrocarril, a través
de sus empleados y pasajeros, no sólo hacía posible la difusión acerca de
las nuevas oportunidades que se abrían, sino que -como se ha señalado
acertadamente-, su gr-an velocidad pudo haber disminuido los costos psicológicos de la separación del hogar y la familia para muchos inmigrantes.63

La estructuración de los desplazamientos tuvo como consecuencia
que se formaran cadenas de migración: iban desde pequeños pueblos, algunos de ellos apenas minúsculos caseríos encerrados por las montañas,
como Santa Catarina Tayata, y desde las villas fabriles de la mesa central,
hasta Orizaba, hacia las fábricas en que se encontraban trabajando familiares, amigos o conocidos de la patria chica. Ahí, en los barrios obreros,
se recrearían en la mayoría de los casos relaciones de solidaridad entre
paisanos y parientes.
Esto, que fue un rasgo particular de los migrantes oaxaqueños de la
Mixteca -bastaba que se reunieran cuatro o cinco de ellos para recrear
:Ñuñuma, el país de las nubes, es decir la Mixteca-, no era exclusivo de
ellos. Según Gregorio Serrano los tlaxcaltecas establecidos en Nogales
"siempre apoyaban a sus paisanos y los ayudaban, ya con comida, con
dinero, con asilo, hasta que entraran a trabajar a la fábrica".64 Con él
coincide Agustín Ramírez, que recuerda la alegr-ía que sentía cuando
llegaba alguno de su rumbo y cómo él mismo fue auxiliado por sus pa·
rientes de Tlaxcala cuando arrib&amp;' a Río Blanco.65 Los de San José lxtapan, Puebla, contaban con un paisano, Marino López, maestro de preparación de telares, que funcionaba como una llave de entrada a la fábrica. Los mismos josefinos se agruparon en un barrio llamado San José,
en las orillas de Santa Rosa. 66 El mapa de movilidad bien puede reflejar
las redes de parentesco y de paisanaje, que a su vez reflejan otra geografía: la que nace de las constricciones del mercado de trabajo, que mueve

B. García Díaz: Los obreros textües de Orizaba

99

a los grupos de inmigrantes de un lado hacia otro.
Si en el conjunto se podría hablar de una clase obrera joven, tanto
biológicamente -por su edad- como socialmente (por su reciente pasado
preindustrial), también es posible afirmar que en su seno contenía ya un
sector que pertenecía a la segunda generación de la clase obrera textil del
país, y que formaba parte de un grupo de trabajadores que nacionalmente
se dedicaba de manera profesional a ser obreros. En este sentido se podría
decir que no toda la clase textil 0rizabeña comenzó a formarse en ese lluvioso valle en los últimos lustros del siglo XIX. Una porción de ella se
venía creando desde varias décadas antes en diversas zonas, al menos desde
la mitad del siglo pasado.
Sería este grupo ya más familiarizado con el incipiente mundo industrial del país, y más próximo a su constitución como clase, a pesar de su
movilidad, el que comenzaría a absorber a los nuevos. Una parte de esta
fracción de trabajadores se encargaría informalmente de integr-ar a los recién incorporados al mundo fabril, tanto en el sentido de enseñarles a
trabajar como en el de transmitirles, por vía del ejemplo cotidiano, los
hábitos del comportamiento obrero. Ellos debieron enseñarles cómo adquirir un concepto urbano del tiempo tanto como las propias sirenas de
las fábricas. Algunos de estos obreros, y esto como influencia del metodismo, asumirían abiertamente la función de promotores del orden y la
ll&gt;hriedad entre la masa de los inmigr-antes.67
Pero la influencia de los obreros asimilados al sistema fabril no sólo se
daría en un sentido disciplinario. También contribuía a acelerar el proce!l&gt; de definición social de los recién incorporados a través de la dirección
de los primeros movimientos y de las primeras organizaciones: si observamos las luchas obreras, y la lucha proletaria por excelencia, la huelga, nos
damos cuenta que no tuvieron que pasar muchos años antes de que se pusiera en práctica. Las formas de resistencia colectiva comienzan desde el
momento mismo en que inician sus actividades las fábricas. En San Lorenzo estalló una huelga en 1881, año de su inauguración.68 Lo mismo sucedió en Santa Rosa en 1899, donde hubo una huelga a pocos meses de haber iniciado las labores en forma regular, y cuando ni siquiera Porfirio
Díaz había llegado a inaugurar oficialmente la factoría.69
Estos datos revelan que los primeros migrantes, los que llegaban a
"domar" las máquinas, ya estaban familiarizados con las formas modernas de lucha obrera y no ten Ían que recorrer un largo camino antes de en-

�100

Siglo XIX

frentarse colectivamente a los empresarios. Igualmente es notable la
precocidad que mostraron en superar el localismo de sus proyectos organizativos. Cuando en 1906 se funda el Gran Círculo de Obreros Libres
(GCOL), se decide promover la fundación de filiales a lo largo de todo el
altiplano y aún en Oaxaca. Este temprano rompimiento con los límites locales tiene que ver, desde luego, con los proyectos magonistas de crear
W1a oposición nacional al régimen porfirista, y con los lazos de los migrantes con sus orígenes. Pero es, al mismo tiempo, una herencia de las experiencias de ''Las Fábricas Unidas" , y de la del Gran Círculo de Obreros
(GCO), que se levantó 34 años antes en el valle de México. La similitud de
nombres que tienen el "GCO" y el "GCOL" no es mera coincidencia: el
recuerdo y la tradición del primero persiste en el segundo, aún cuando sean
dos organizaciones sustancialmente diversas que corresponden a distintos
momentos históricos del acontecer de la clase.

B. García Díaz: Los obrero, textües de Orizaba

101

pionera, aún siendo estrechos, eran mayores a los existentes normalmente
ro. las fábricas enclavadas en el campo.

Además, el funcionamiento más o menos regular y permanente de las

distintas fábricas contribuiría a que se fuera creando un núcleo de trabajadores estable. Esta fracción, si bien numéricamente fue ínfima al inicio,
año con año fue creciendo en forma paulatina hasta convertirse en un conjunto importante, que se reproduciría a sí mismo. Así, en la Santa Rosa
vemos que en 1898, año de apertura de la fábrica, se quedaron más de 23
trabajadores; al año siguiente se les agregan otros 12; en 1900 otros 33: así,
con cuentagotas, hasta llegar a 190 en 1905 y a 347 en 1909.71 En esta
forma, para un grupo de textiles transhumantes, su último movimiento sería precisamente hacia Orizaba. De esta manera, simultáneamente a la
persistencia de la movilidad de la gran mayoría de los trabajadores, se
inicia una tendencia en contrario, de sedimentación de un núcleo obrero.
Esta contratendencia no concluiría sino hasta la tercera década del siglo,
con la afirmación del sindicalismo y su control del mercado de trabajo, y
con la constitución de comunidades obreras.

Si en Orizaba asistimos a un punto de arribo de este proceso de formación de la clase obrera textil decimonónica, es también gracias al carácter de las fuerzas económicas que ahí tenían sede. En efecto la modernidad de las fábricas francesas actuaría en el sentido de ofrecer la base material .para que cristalizara este proceso en relativamente pocos años. Las
compañías francesas fueron de las pocas firmas de carácter monopólico en
el ramo, en esta época, organizadas en verdaderas sociedades anónimas y
centralizando considerables volúmenes de capital. El tamaño de sus establecimientos concentraba en unos cuantos recintos a un importante conglomerado de obreros. En estas plantas las relaciones de producción eran
más anónimas, más carentas de cualquier participación afectiva y personal, lo que hacía que las relaciones de clase fueran más advertibles.

El proceso no se dio ciertamente en forma automática. Los distintos
componentes de la masa proletaria lo vivieron con diferente ritmo y diversa conclusión. Así, a pesar de la modernidad del sistema fabril en Orizaba,
no se constituyó en el corto plazo una clase obrera moderna más que parcialmente. Una buena parte de los contingentes que se congregaron en el
valle conformaban una clase obrera que no quería serlo, o al menos no de
tiempo completo, y que encontraba muchas dificultades para convertirse en tal. El nuevo tipo de trabajo y la vida que conllevaba les eran muy
extraños, representaban todo un choque cultural, y sólo lo aceptaban en
la medida en que les era impuesto y en que eran empujados por la necesidad.

Una mentalidad empresarial más moderna, más urbana que la de la
mayoría de la patronal textil, se reflejaba en las relaciones laborales. 70 La
dominación de tipo patriarcal, en la que el patrón se apersonaba con frecuencia para mantener su dominio por medio de su presencia física, con
su mansión construida en medio de la fábrica, no existía más en Orizaba.
Aquí los obreros lograban sacudirse el ordenamiento social jerárquico a
que estaban sujetos en aquellas fábricas establecidas en el campo (que formaban en ocasiones parte de una hacienda), en donde los propietarios o
sus administradores intentaban ejercer un modelo de relaciones de corte
paternalista. Los márgenes de libertad e independencia de la población

Dado que se trataba de una clase rica en contrastes y pobre en homogeneidad, el camino hacia una toma de conciencia colectiva sería sinuoso
y cuesta arriba. No debe haber sido fácil la convivencia y la creación de
lazos de solidaridad entre grupos de obreros con tan diferentes orígenes
geográficos, sociales, culturales y hasta étnicos. Si no hubo más que parcialmente los problemas de falta de comunicación, nacidos de la diversidad de lengua, que existieron históricamente en numerosos países en el
momento de constitución de la clase, sí debieron manifestarse fuertes diferencias culturales y de procedencia social en su interior. En la fábrica
trabajaban lo mismo el obrero que vestía flex de casimir y sombrero de

�102

Siglo X/X

fieltro, que venía de un pasado fahril y estaba orgulloso de su oficio, que el
recién llegado del campo, que usaba calzón de manta y huaraches. La relación entre ambos no siempre fue fácil.

Los agrupamientos regionales informales y las mutualidades serían
los que originariamente buscarían resolver los problemas y, al mismo tiem.
po, los promotores de la solidaridad. No sería sino en un segundo momento cuando organizaciones más generales retomaron en sus manos la
búsqueda de soluciones, una vez que los primeros organizadores hubieran
librado algunas batallas al interior de la clase a fin de ganar consenso para
la construcción de agrupaciones que fueran más allá de la solidaridad entre paisanos o parientes, y que arribaran al enfrentamiento con los empresarios como vía de solución de los problemas.
Si los militantes tuvieron que trahajar arduamente para encuadrar en
sus proyectos a gente con tan diversos orígenes y expectativas, para los
administradores extranjeros no fue más sencillo pugnar con este multiforme proletariado. A la vez que enfrentahan a los militantes y sus simpatizantes, que al menos en forma parcial habían interiorizado y asumido el
sistema de fábrica (y que luchaban por mejoras salariales), tenían que
bregar con un proletariado más incontrolahle y espontáneo, más sensible
a rechazar las formas de administración:72 sus formas de resistencia eran
tanto o más difíciles de combatir que las colectivas medianamente organizadas.
En este sentido debe decirse que el movimiento obrero orizaheño, en
sus primeros años, no sólo fue hijo de las experiencias de la segunda generación de textiles: también descendía en línea directa de las formas de protesta y de resistencia de los recién llegados del campo. Después de todo no
se debe olvidar que el movimiento más dramático de esos años no fue una
huelga precisamente, sino una revuelta: la del 7 de enero de 1907.

IV. CONSIDERACIONES GENERALES

La clase obrera textil congregada en -el valle de Orizaba durante el Porfiriato se creó a través del desplazamiento geográfico de cientos de hombres,
provenientes de un vasto espacio territorial. De un área amplia que comprendía tanto los territorios de México, Puebla y Tlaxcala -que consti-

B. Garcfa Díaz: Los obreros textiles de Orizaba

103

tuían la principal sede de la industria textil del período- como al suriano
ec¡tado de Oaxaca, y que abarcaba inclusive a otros estados más distantes
de Veracruz, como los del Bajío. Dada la extensión del espacio, se localizaban en su seno variadas y diversas regiones, poseedoras cada una de ellas
de específicos y singulares rasgos históricos, sociales y culturales. De ellas
salieron las migraciones que confluyen en Orizaba desde los aiíos 80 del
¡¡glo XIX.
.
Dentro de estos flujos migratorios se hallaban hombres de distintos
oficios y condiciones sociales, que junto con sus familias traerían consigo
una diversidad de formas de vida y de pensamiento. Venía el indígena de la
Mixteca, para quien el ingreso a la fábrica no era sino una de las vari~ modalidades económicas -la más diversa seguramente-, que le ofrec1a su·
descenso temporal a las tierras intermedias y bajas de Veracruz; las otras alternativas podían ser el corte de caiía en los ingenios del Papaloapan, o el
trabajo como jornalero en las fincas tahaqueras. Arribaban también los
obreros del valle de México, en algunos casos tejedores de segunda generación, que venían en pos de las oportunidades que ofrecía esta nueva zona
en expansión. Con ellos compartieron la experiencia de la migración los
"campesinos-obreros" de Tlaxcala, que con su viaje a Orizaba ampliaban
91 ámbito de circulación entre la factoría y el campo. Otros más que se
desplazaron fueron el campesino poblano, que huía de las presiones territoriales de los hacendados; el antiguo artesano ferrocarrilero, que proveniente ~e Apizaco mudaba de rama industrial; o aquél que combinaha el comercio pueblerino, la arriería y el trahajo en la industria.
En suma, era una abigarrada multitud la que _ingresaba y salía incesantemente de las compaiíías francesas productoras de géneros de algodón.
Como consecuencia de ello, esta clase se caracterizaría por conformar un
conglomerado heterogéneo y por ser un grupo muy difícil de fijar en el
espacio geográfico y social: un mismo obrero, debido a su movilidad, podía ser por ejemplo orizaheño o tlaxcalteca, de acuerdo al lugar en que laborara temporalmente, o ser campesino, artesano o trabajador, según la
labor que desempeñara. En realidad, esta falta de unidad y homogeneidad no era sino una confirmación de lo que ha sido una constante histórica en el momento de formación de la clase obrera en distintos países.
De importancia ha resultado identificar, dentro de ese conjunto de migrantes, a un núcleo de trabajadores que no inician su proceso de constitución en Orizaha, en el momento de apertura de las fábricas, sino que hunden sus raíces en la segunda mitad del siglo XIX, en la experiencia que re-

�104

Siglo XIX

presentaron las primeras fábricas textiles que se alzaron en el altiplano.
Fue un grupo que se consolidaría hacia los últimos lustros de la era porfi.
riana, cuando con el desarrollo de zonas textiles como Atlixco y Orizaha
empezó a defuúrse por su concentración geográfica el proletariado textil.
Fue en estas regiones fabriles (por mucho tiempo, desde el punto de vista
cuantitativo, realidades minoritarias), que el rostro del proletariado se dibujaría finalmente, de manera riítida e incontrastable, y hasta dramáticamente, en ese México aún profundamente agrario.
Estos antiguos obreros estuvieron preparados al comienzo del nuevo
siglo para absorber a los recién llegados al mundo fabril. Contribuirían sin
duda a producir auténticos semilleros de aprendices en los talleres en que
ingresaron, a la vez que socializaban de manera lenta y dificultosa las nuevas formas de vida y de pensamiento que traía consigo la aparición del sistema de fábrica. En medio de la renovación contínua de las filas proletarias, característica de la clase obrera en vías de constitución, el papel de
este núcleo, no siempre sedentario, sería fundamental para brindar alguna suerte de continuidad al proceso organizativo.
Las grandes compañías textiles constituirán, por otra parte, un escenario propicio en el momento en que este núcleo minoritario y los militantes del Partido Liberal Mexicano buscaran crear asociaciones obreras
con claros fines reivindicativos y de oposición al régimen porfiriano. Sin
duda la capacidad de amalgama de las modernas factorías contribuiría a
acelerar el proceso de unificación e identificación de los textiles "orizaheños". Mientras en las décadas anteriores se venía formando un proletariado sin grandes sobresaltos, a través de una lenta mutación que duró décadas, y que en ocasiones estaba fundada en una fuerte y secular tradición
artesanal o manufacturera (como en Querétaro o en Puebla), en el Valle
de nuestra atención esta maduración se alcanzó en relativamente pocos
años y de manera más cabal, en correspondencia con el desarrollo especta·
cular de la industria textil en la zona.

B. García Díaz:: Los obreros textiles de Oriz:aba

105

NOTAS

l. E.P. Thompson, ÚJ Formación Histórica de lo Clase Obrera, vol. l, Barcelona,
LAIA, 1977, pp. 16-7.
2. Rolande Trempe, "Presentación", en Le Mouvement Social, 97, París, octubrediciembre 1976.
3. Victoria Novello nos ofrece una lista que aun cuando incompleta recoge los
nombres de varios de estos nuevos trabajos en " Los Trabajadores Mexicanos en
el ~o XIX. Artesanos u Obreros", manuscrito, Ciesa, 1988.

4. Dawn Keremitsis, ÚJ Industria Textil Mexicana en el siglo XIX, México, SepSetenlas, 67, 1973, pp. 60-154.
5. Bernardo García D., Un Pueblo Fabril del Porfiriato: Santo Rosa, Veracruz,
~1éxico, Sep-Ochentas, 2, 1981. pp.11-29.

6. Padrórt General del Censo de Población del Municipio de Nogales (/892), Archivo Municipal de Nogales, Letra P. núm. 6. Los datos de este padrón fueron
procesados en computadora por los pasantes en lnfonnática Edda Arrez ReboUedo y Marte Meza, quienes diseñaron el programa de organización de la información.
7. Para aprender este flujo migratorio se trabajó en los libros de nacimientos del
Archivo del Registro Civil del municipio de Ciudad Mendoza. Se anotaron los
padres y los testigos que llevaron a registrar niños entre 1900 y 1908.
8. Algunas ideas desarrolladas en este ensayo fueron tomadas del proyecto colectivo "Formas y Formación: Historia Social de la Clase Obrera en México, 18801940", elaborado por Lief Adleson, Mario Carnarena y Gerardo ecoechea. Pero más importante aún fue la lectura de la iluminante conferencia que impartió en Roma en 1978 Rolande Trempe: "Storia Sociale e fonnazione della
classe operaia in Francia", en Annali della Fondazione Lelio e Lisli Bassolssaco, vol. IV, Roma, Franco Angeli Editore, 1982.
9. Juan Carlos Grosso, Estructura Productiva y F uerz:a de Trabajo: Puebla 1830.
/890, Cuadernos de la Casa Presno, 2, p. 31.
LO. Leticia Gamboa Ojeda, Los empresarios de Ayer, Puebla, 1985, pp. 25-33.

11. Véase para el problema de la reproducción de la fuerza de trabajo, el ensayo
citado de Juan Carlos Grosso.
12. José Alfredo Uribe Salas, ÚJ Jndustia Textil en Michoactin 1840-1910, Morelia,
Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, 1983, p. 138.
13. Jorge Durand en l,n PURblo Obrero, Zamora, 1983, pp. 131-2.

�106

Siglo XIX

14.. Keremitsis, Op. cit., p. 202.

B. Carcfa Diaz: Los obreros textiles de Orizaba

107

34. Margarita García Luna, El movimiento obrero en el Ettado de México, México,
UAEM, 1984, pp. 36-7.

15. J. C. Gros.50, Op. cit., pp. 33-34.
16. Bernardo García Díaz, Op. cit., pp. 35-36.
17. Teodoro A. Dehesa, Memuria General del Estado de Veracruz 1896-1898,
Xalapa, Gobierno del Estado, 1898, p. 21.
18. J.C. Gros.50, Op. cit. p. 30.
19. Para la migración oaxaqueña véase Bernardo García, Op. cit., apéndice, p. 158.

20. Timoteo Reyes/Bernardo García, Programa de Historia Oral del Centro de
Estudios Históricos (PHO.CEH); Melesia Valentina Espinoza/Bemardo García,
PHO-CEH.
21. Esta tesis es sostenida por el profesor RodoÍfo Pastor; veáse: Francis R. Chassen,
"Oaxaca: del Porfiriato a la Revolución, 1902-1911 ", UNAM, Tesis de doctorado en estudios latinoamericanos, 1986, pp. 73-83.
22. Femando Braudel, El Mediterráneo y el Mundo Mediterráneo en la época de
Felipe 11, vol. I, México, FCE, 1953, p. 148.

23. Archivo General de Oaxaca, Sec. de Gobierno, correspondencia, Reg. 96, exp. 7,
julio de 1903.

24. Karl Kaerger, "Tabasco en Chiapas", en Friedrich Katz, La Servidumbre Agraria en México en la Epoca Porfiriana, México, Ed. Era, 1982, pp. 77-82.

25. Cuauhtémoc Carnarena Ocampo, "Las luchas de los trabajadores textiles Mexicanos: 1865-1907", ENAH, tesis de Lic. en Antropología Social, 1985, p. 60.

35. Estas páginas sobre el Valle de México están tomadas fundamentalmente de la
excelente tesis de Cuauhtémoc Carnarena.

36. Cuauhtémoc Carnarena ''Las luchas de los Trabajadores Textiles, 1850-1907",
en Leticia Reina (coord.), Las Luchas Populares en México en el siglo XIX,
México, Cuadernos de la Casa Chata, 90, 1983, p. 189. Para la historia del
GCOL, que es bastante compleja, véase el importante trabajo de José Villaseñor
Orígenes del Movimiento Obrero Mexicano. El Gran Círculo de Obreros de México, 1870-1880, Avances de Investigación, 51, Cela, UNAM 1982.

37. Cuauhtémoc Carnarena, tesis cit., pp. 131-140.
38. [bid., p. 230.

39. Entrevista realizada por Beatriz Cano a don Gregorio Serrano, 12/sept/1979, en
la ciuda~ de México.

J. Buve, "Protesta de Obreros y Campesinos durante el Porfiriato", en Boletín de Estudios Latinoamericano,, 13, diciembre de 1972, pp. 1-20.

40. Raymond Th.

41. Abe) Juárez, "El trabajo en la hacienda de San José de Los Molinos", en Mario
Cerutti (coord.) De los Borbones a la Revolución, México, COMECSO-GV
Editores-UANL, 1986, pp. 204-5.

42. La infonnación sobre el Metodismo en Tiaxcala está tomada de: Jean Pierre
Bastián, Protestantismo y Sociedad en México, México, CUPSA, 1983 e "Itinerario de un Intelectual Menor de la Revolución Tlaxcalteca,José Rumbia Gu7.lllán,
Pastor y Maestro de Escuela Metodista, 1865-1913", mecanoescrito, 1986, pp.
7-11.

26. Francisco T. Olivares/Bernardo García, PHO-CEH.

43. Agustín Ram írez Serrano/Bernardo García, PHO-CEH.

27. Entrevistas realizadas con Luisa Muñoz, Gonzálo García Ortíz y Federico Madrid, PHO.CEH.

44. Peri~~c~, ~io Bl~nco,,, 28 de febrero y 13 de marzo de 1876, en Jean Pierre
Bastián, I tinerano. . . .

28. Agustín Ramírez Serrano/Bernardo García, PHO-CEH.

4.5. Margarita García Luna, Op. cit., pp. 23-4.

29. La vitalidad étnica permanece viva en el correr de los tiempos: lo demuestran los
etnólogos, que encuentran la reproducción de esta etnicidad en espacios poco
adecuados y alejados del ámbito comunal. Véase: Miguel A. Bartolomé/Alicia
M. Barabas ''La Pluralidad Desigual en Oaxaca", en Etnicidad y Pluralismo Cultural, México, INAH, 1986, pp. 73-75.

46. Para Juanacatlán, véase Jorge Durand, Op. cit., p. 131-2; para Tajimaroa véase
José Alfredo Uribe Salas, Op. cit., p.138.

47. Cuauhtémoc Camarena, tesis cit., p. 177.
48. lbid., p. 180.

30. Francis R. Chassen, Op. cit., p. 125.
31. lbi1., p. 126.

49. Cuauhtémoc Carnarena, Op. cit. (1983), p. 230.
50. lbid., p. 216.

32. Arturo Hernández/Bernardo García, PHO.CEH.
51. lbid., p. 221.
33. Moisés González Navarro, Las huelgas textiles en el Porfiriato, México, Cajica,
1970, pp. 36-37.

52. lbid., p. 236-7.

�108

Siglo XIX

53. lbid., p. 255-7.
54. /bid., pp. 262-3.

Trabajo, Inmigración y Colonización
en Cuba (1789-1847)

55. Jorge Durand, Op. cit., pp.131-2.
56. Jbidem.
57. Primitivo Soto/Bernardo García, PHO-CEH.

Eduardo Bitlloch*

58. Alberto Lara RojanofBernardo García.
59. Agustín Ramírez Serrano/Bernardo García.
60. Carmelita Mosqueda/Bernardo García.
61. Bernardo García, Op. cit., pp. 62-3.
62. Luis G. Morales, "Los obreros de Mayorazgo, 1912-1918", UAM-1, tesis de licenciatura, pp. 47-50, encontró el caso de peones endeudados todavía para la
segunda década del siglo.
63.

John H. Coatsworth, El impacto Económico de los ferrocarriles en el Porfiriato, México, Era, 1984, pp. 65-0.

64. Entrevista de Beatriz Cano con Gregorio Serrano.
65. Agustín Ramírez Serrano/Bernardo García Díaz.
66. Bernardo García Díaz, Op. cit., p. 39.
67.

Jean Pierre Bastian, "Itinerario ...", p. 7.

68. Cuauhtémoc Camarena, cit. (1983 ), pp. 244-5.
69. Periódico El Reproductor, 9 de febrero de 1899.
70. Es!as observacion~ _sobre el tipo de empresario textil francés que invierte en
Onzaha son de Letic1a Gamboa Ojeda.
71. Estos cálculos han sido elaborados en base a listas de personal del Archivo de la
Conpañía Industrial Veracruzana, S. A.
72. Para los problemas de indisciplina se puede ver Bernardo García Díaz. Op. cit.,
pp.46-48.

LA PLANTACION

La ruina de la colonia francesa de Saint-Domingue en 1791, gran productora mundial de azúcar hasta entonces (era llamada la reina de las islas azucareras), 1 significó la prosperidad de Cuba, a la cual consideraba ya
algunos años antes Thomas-Guillaume Raynal en su Histoire. .. que ella
sola podía valer un reino. 2 La insurrección haitiana tuvo para Cuha una doble importancia: por una parte, dejó libre un espacio en el mercado internacional del azúcar y del café; por otra, generó una inmigración de colonos franceses que aportaron capitales y esclavos, pero fundamentalmente
ó1i práctica en el manejo de plantaciones y su experiencia técnica.3
Ramón de la Sagra había señalado ya en 1831 la importancia de esos
hechos históricos:
El mismo suceso de Santo Domingo, cooperó poderosamente á
las medidas de protección dispensadas por el Gobierno supremo a
esta Isla, favoreciendo la industria agrícola y estableciendo el
comercio de la Habana sobre otras bases diversas de las que regian en el sistema colonial; con la mira de conseguir, que se llenase con los frutos cubanos, parte del hueco que aquel funesto
suceso· dejaba en el mundo mercantil.4

*Este artículo sintetiza diversos capítulos de la tesis doctoral que el autor prepara solre la formación de la clase obrera en Cuba en el siglo XIX, bajo la dirección del pr0fesor Gerrit Huizer, en la Universidad de Nijmegen, Holanda.

�110

SigloXIX

Es que en Cuba se dieron todas las condiciones requeridas para facilitar
su auge:

1. a) Tierras aptas para el cultivo del azúcar y del café ubicadas geograficamente en las cercanías de las zonas portuarias, requisito básico en esa
época en que la existencia de escasos caminos y su mal estado representaban un aumento excesivo en los costos de transporte;5 b) montes abundantes, que suministraban las maderas necesarias utilizadas tanto en la
construcción de ingenios y cafetales, como en carretas, en la fabricación de
utensilios y, más aún, como combustible; e) ganados suficientes, para ser
utilizados como fuerza motriz y, en parte, para la alimentación de los esclavos.6
2. Una legislación favorable al desarrollo de la agricultura; fueron dicta-

das en la última década del siglo XVID una serie dé leyes que propiciaban
no solamente el cultivo del azúcar, sino también los del café, añil y algodón. El más antiguo ejemplo al respecto es el llamado privilegio, por el
cual no se podían embargar los ingenios, concedido a Cuba por Felipe II
el 30 de diciembre de 1595. Posterior en el tiempo, aunque quizás objetivamente más importante, fue la Real Cédula del 30 de agosto de 1815 de
"libertad de montes y plantíos", que permitió la demolición de numerosas fincas antiguas y la formación de nuevos ingenios, cafetales y potreros. 7
3. La mano de obra necesaria, facilitada por la introducción masiva de
africanos -hasta ese momento la trata se hacía por el sistema de asientostras el dictado de la real Cédula del 28 de febrero de 1789 "(...) á fin de
acudir a la estrecha necesidad con que se hallan de estos brazos, sin los
cuales no pueden prosperar y florecer, ni producir al estado las inmensas
riquezas que ofrece su clima y fertilidad de sus terrenos. ,,s
A esas condiciones se sumó una aristocracia agraria que supo visualizar y hacer uso de su oportunidad, "(. ..) que consiste en aprovechar este
momento, el único en que puede darse un fomento increíble á la riqueza nacional, ó lo que es lo mismo á la agricultura.'~
Coincidiendo con tal propósito de favorecer la agricultura, en los artículos 7 o. y 80. de la cédula de 1789 se establecía, respectivamente, que:
a) la corona de España iba a gratificar a razón de cuatro pesos por cada
africano a los españoles que los introdujeran de "buena calidad"; b) que
como el principal objetivo para la concesión de libertades en el tráfico de

E. Bitlloch: Trabajo e inmigración en Cuba (1789-1847)

111

esclavos iba determinado a fomentar la agricultura, se imponía una capitación anual de dos pesos por cada africano_que no fuese destinado al trabajo rural, sino al servicio doméstico en las ciudades y pueblos.
Otras leyes prorrogando y ampliando el comercio esclavista fueron
promulgadas el 20 de febrero y 24 de n?viem_bre de 1791 Y_ el 22 de abril
de 1804, siendo esta última la qué_ cerro el ciclo de concesiones negreras
hasta la firma, el 24 de septiembre de 1817, del tratado entre España e
Inglaterra. Como consecuencia, a 'partir del cambio de ratificaciones el 11 .
de noviembre del mismo año, se prohibía la trata y se la declaraba totalmente abolida en todas las p~esiones españolas -eomo fecha tope- desde el 30 de mayo de 1820.
Pero vencido este definitivo plazo legal, se inició la era del contraband~ negrero que iba a durar hasta bien avanzado el siglo pasado, debido
a la tolerancia de las autoridades, que no encontraban otro modo de
reemplazar la fuerza de trabajo· esclava. Esto se agravaba, además, por. fiº
que la reproducción natural de los ese1avos era lllSU
ciente.10
Se sentaron así las premisas históricas que permitieron la transformación de Cuba en una "gran plantación". Simultáneamente con esos
cambios económicos, comenzaron los debates sobre el sistema de trabajo -esclavista o asalariado- y sobre la inmigración y colonización blanca. Resultaban cuestiones pri~ritarias en una economía de plantación que
era inconcebible sin esclavos debido a su mismo carácter: grandes extensiones de tierra y numerosos productores que efectuaban una labor rutinaria en extenuantes jornadas de 18 horas. Cuestiones que fueron debatidas prácticamente a lo largo de todo el siglo XIX, y que tuverion su
antecedente teórico más lejano en el que puede considerar el primer historiador cubano, José Martín Félix de Arrate, que hacia 1754 escribió que
los esclavos ·
(... } a más del preciso desembolso de su compra, sirven al _coste
y riesgo de sus dueños; quienes reportan los gastos de su ~unen-

to vestuario y curación, y la paga de sus fugas, hurtos y entierros,
pe~diendo muchas veces su valor antes de utilizar~e de su servicio:
espuestos continuamente a ser enfadosos y nocivos a los amo~,
por la rudeza y barbarie casi común en todos, y la mala condición y viciosa costumbre de muchos de ellos.11

�112

Siglo XIX

TRABAJO ESCLAVO Y TRABAJO ASALARIADO
En su sesión del 29 de febrero de 1844, la Real Junta de Fomento de
Agricultura y Comercio de La Habana consideró el nuevo plan de población por medio del cual se resolvía fundar sociedades anónimas de colonización blanca, disponiendo una serie de medidas prácticas: subsidios, reglas de funcionamiento, carácter que se debía dar a la inmigración, etc.
Pero una semana más tarde, en una nueva reunión efectuada el 7 de marzo, se decidió no fomentar colonias agrícolas -algo implícito en la resolución anterior- sino "importar inmigrantes" en ealidad de jornaleros.12

La burguesía cubana comenzaba así a buscar una solución posible al
problema de la carencia de mano de obra, agudizado progresivamente tras
los acuerdos de 1817. En el decenio de 1840 coincidieron distintos factores que agravaron esa cuestión que, suscintamente, se pueden compendiar
en: externamente, una mayor agresividad política inglesa, no sólo ya en lo
concerniente a la extinción del tráfico negrero, sino también de la esclavitud como sistema económico;13 internamente, en la conspiración de la Escalera de 1844, cuyos alcances verdaderos -como conjura- están todavía por precisarse, pero que aterrorizó a gobernantes y hacendados y que
sirvió, en última instancia, para liquidar a un sector social de africanos Ji.
bres -artesanos, comerciantes, profesionales- que podían tornarse una
amenaza potencial a nivel económico y político.
Raynal había señalado en 1780 que las pocas industrias artesanales
existentes en Cuba estaban en manos de mulatos y negros Libres;14 casi
cincuenta años más tarde, José Antonio Saco había advertido en la "Memoria sobre la vagancia en Cuba" tal peligro: "Por una desgracia harto lamentable, casi todas las artes se hallan en nuestra Isla en manos de la
gente de color."15
Pero en Cuba la controversia sobre el trabajo y la inmigración estaba
íntimamente unida a la cuestión del rendimiento de los ingenios. En las
firmas cubanas el crecimiento era condicionado por el propio método de
trabajo, por la competencia de otros países productores de azúcar y por
el progresivo desarrollo de una industrial europea de azúcar de remolacha.
Esta última, inicialmente relativizada como concurrente eventual en el
mercado internacional, terminó por provocar aprensión para una posible
expansión de las plantaciones cubanas .

E. Bitlloch: Trabajo e inmigración en Cuba (1789-1847)

113

El azúcar de remolacha, mirada á los principios con desden, y
con menosprecio cuando se indicaba en relación con el futuro
cultivo de la caña, ha llegado á inspirar verdaderos temores, tanto
por la masa de productos que ofrece al mercado, cuanto por los
medios que para favorecerla, adoptan los gobiernos de Europa.
Al mismo tiempo, la enorme producción del azúcar escediendo á
los consumos, ha producido en los precios una baja que no admiten las fincas actuales, establecidas sobre un plan vicioso de prodigalidad y desperdicios. 16
Su trascendencia se reflejó, igualmente, en Saco, quien dedicó un trabajo
a esa industria y analizó sus probabilidades de prosperar en Francia y sus
consecuencias, tanto para las propias colonias galas como para Cuba.17
Para poder continuar exportando, manteniendo, por lo tanto, precios
competitivos a nivel mundial, había que tecnificar la producción de las
haciendas cubanas. Pero esto era prácticamente imposible mientras sub!'istiera el trabajo esclavo como base principal de la economía. Los esclavos no tenían interés ni capacidad, dado el régimen embrutecedor en que
se desenvolvían, para hacerse cargo de tareas que requerían como precondición cierta fonnación técnica. La coacción u obligación extra-económica
tenía su correlato en los pobres niveles de las técnicas utilizadas, en la
rotura de los instrumentos de trabajo, en el desperdicio de las materias
primas. Circunstancias que
(... ) encarecen la producción basada en la e~clavitud. En ésta, según la notable expresión de los antiguos, el trabajador sólo se distinguiría del animal y de la herramienta inanimada como el instrumentum vocale se distingue del instrumentum mutum (. . . )
Pero el propio esclavo hace sentir muy bien a los animales y a los
instrumentos de trabajo que están muy lejos de ser sus iguales,
que él es el hombre. Para darse ese placer, los maltrata con amore.
Por consiguiente es un principio económico aceptado en ese modo de producción el de que se deben emplear los instrumentos de
trabajo más rudos y pesados, para que su bastedad y peso los hagan más difíciles de deteriorarse (... )18
Tal era la conclusión a la que llegaba Karl Marx, bruándose en las afinnaciones de dos hombres, John Elliot Cairnes y Frederick Law Olmstead, que
habían recorrido las plantaciones algodoneras del sur de Estados Unidos. 19
Sagra y Saco habían formulado apreciaciones similares. Según el primero, no dejaba de ser una fuente constante de inconvenientes para todo
intento de perfeccionamiento de la agricultura;

�114

E. Bitlloch: Trabajo e inmigración en Cuba (1189-1841)

Siglo XIX

115

(...)la clase de trabajadores que se emplean para el cultivo;porque el negro esclavo, por mal dirigido, es grosero en su trabajo,
no distingue la constancia y la asiduidad de la fuerza material, y
emplea esta siempre y cuando se propone cumplir mejor, por
voluntad ó por miedo. El grande y uniforme cultivo que se hace
en los ingenios y cafetales, y los vicios introducidos en su régimen, han hecho que s~ disponga de las masas de operarios como
máquinas de fuerza, y se deja poco ó nada al tino y a la previsión.20

Con Jo que, de hecho, los comerciantes perdían las garantías de sus
préstamos. Concretamente, en cuanto a la abolición de la esclavitud, proponía cuatro disposiciones:

Saco, por su parte y también refiriéndose concretamente a la labor esclava
en Cuha, escribió que

2. Borrar o destruir la preocupación de color: aconsejaba que se forma-

la indolencia y a veces la perversidad de los esclavos, es causa de
muchos quebrantos en un ingenio. El animal que se suelta, y es·
tropea el sembrado, el caballo que se pasma, el bu que se des·
nuda, la chispa que salta y quema el cañaveral (... )2

como una forma de ir obteniendo la desaparición paulatina de los preJW·
cios de color.

1y

l. Abolición efectiva del tráfico de esclavos: la única manera de lograr

tal objetivo era por medio de un estricto control legal, pero eso dependía de las autoridades, cómplices, hasta ese momento, del contrabando negrero.

ran colonias mixtas, compuestas por jornaleros blancos y mujeres ne~~•

3. Mejorar la condición de los esclavos. Indicaba una serie de medidas
tendientes a mejorar la situación de los africanos: disminución de los

El problema para los plantadores cubanos consistía, enlonces, en cómo
transformar esclavos en asalariados sin desestabilizar el orden existente.
Por otra parte, si se aceptaba el principio de la abolición, cómo ejecutarla,
traLando de armonizar los distintos intereses en pugna. Las soluciones pro. puestas eran disímiles. Arango y Parreño, el mejor representante de su cla•
se -como intelectual y como empresario-, el hombre que había pensado
a Cuha como una enorme plantación, que hahía pugnado por la introduc•
ción masiva de africanos,22 se había convertido, años más tarde, en 1832,
en un abolicionista, descubriendo que los esclavos"(...) trabajan en general, más de lo que deben. Se les castiga cruelmente. No se les alimenta, viste ni asiste en sus enfermedades(.. .f,23
Pero no había en ello arrepentimiento moral Oo que, obviamente, no
entraba en sus cálculos -en 1789 hahía calificado a la trata de "miserable comercio", pero al mismo tiempo se quejaban de no poder participar en la misma-), sino el más craso interés económico. Es que él veía
más allá que su clase, la que en conjunto se distinguía por su codicia y
por su atraso, percatándose de que el mantenimiento de la esclavitud
significaba a largo plazo la desaparición del ingenio y, por ende, la de un
grupo social. Simultáneamente su antiesclavismo era una expresión de la
contradicción hacendado-comerciante, ya que sugería la medida económica perfecta contra los segundos: "(. . .) que se declarenglebae adicti
los esclavos campestres, no pudiendo rematarse, ni aun para pagar al Fisco, y solo cuando ellos lo soliciten con justa causa, sea permitida su separación de la hacienda en que se hallen (...)',24

días laborables, menor intensidad en el ritmo de trabajo, mejoras en la
alimentación, en la vestimenta, en el alojamiento y en la asistencia médica, etc.

4. Establecer un sistema de manumisión gradual: debía ser elaborado y
puesto en práctica un sistema de manumisión que no superara los límites
. •25
señald
a os por la expenenc,a.
Otros aconsejaban separar las operaciones agrícolas de las de elaboración en los ingenios, dejando a colonos blancos la siembra y el cultivo, y
a los propietarios, la manufactura.26
A la polémica sobre la supresión de la esclavitud se sumaba otro inconveniente: cómo evitar el desequilibrio demográfico entre blancos y
oegros.27 La respuesta -tan difícil de implementar y que, por otra parte,
nunca asumió otra forma que la simple condición de un paliativo- era
dramáticamente sencilla: fomentar la población blanca. Es que el recuerdo de la revuelta haitiana de 1791 permanecía fresco en la conciencia
colectiva de los hacendados cubanos.

Pero había que ver si las condiciones de la economía eran favorables
para la inmigración, que carácter debía darse a la misma. Antes de respon-

�116

E. Bitlloch: Trabajo e inmigroción en Cuba (1789-1847)

Siglo XIX

der a estas y otras preguntas debemos interrogarnos qué es un esclavo y
qué es un asalariado, cuáles eran las diferencias de sus costos para los
plantadores cubanos. Finalmente debemos preguntarnos sobre algo que
resulta problemático y enojoso de responder: cuál era la rentabilidad del
trabajo esclavo.
Recapitularemos los pro y los contra en la labor esclava según el clásJ.
co estudio de Cairnes. Entre los pro mencionaba el poder omnímodo
(fundamental para la organización del trabajo en gran escala que requiere
toda plantación) que los amos ejercían sobre los esclavos y la apropiación
total de los productos del trabajo. Entre los segundos indicaba: a) se trata
de un trabajo hecho de mala gana y en consecuencia su productividad depende de la vigilancia que se ejerza: en el momento en que esta disminuye,
el esclavo relaja sus esfuerzos. i\sí, los costos del trabajo esclavo están proporcionahnente relacionados con el grado de concentración o de dispersión
de la fuerza de trabajo, según las necesidades de la producción, en el espacio de la plantación; b) es un trabajo inevitablemeente no calificado. No
existe interés del esclavo en su labor: a esto se suma el hecho de que es inducido a no ejercer ninguna de sus facultades. Se puede afirmar que la
Pducación en la ignorancia es prioritaria para el funcionamiento de la esclavitud; e) se trata de un trabajo carente de la más mínima versatilidad:
cuando los esclavos aprenden una tarea no pueden ser utilizados en otra
distinta.28
Estos aspectos perjudiciales del trabajo esclavo, continuaba sosteniendo Cairnes, tienen sus lógicas consecuencias. En primer lugar sobre la
agricultura y, en segundo lugar, sobre la industria y el comercio: inmoviliza
grandes sumas de capital en esclavos, lo que torna problemática la acumulación o la impide directamenle.29

117

queña en las actuales circunstancias, pues 5 Y ~ún 7°/o, no ~orresponden a un sistema de industria a l_a vez agronomo Y fabril, que
exige la anticipación de grandes capitales, y que se halla expues. 31
to a innumerables d esgrac1as.

Un historiador contemporáneo, Eugene D. Genovese, menciona a Edmund
Ruffin, autor de The Political Economy of Slavery (Washington, 18~7),
quien se oponía a las tesis del ricardiano Cairnes manif~tando, que m1~ntras hubo tierras fértiles y baratas, la habilidad en el trabaJO tema un caracter secundario. Fue el agotamiento de los terrenos lo que generó "(... )
las condiciones que exigían una participación inteligente de la fuer1;a de

. (...)',32
traba.Jº
Pero Ruffin, concluye Genovese, nunca terminó por elucidar su idea
al respecto, ni sacó las correspondientes conclusiones.

ORG t\..'JIZACIO - DEL TRABAJO
Aunque los esclavos trabajaran en relación a sus propias capacidades, los
límites a las mismas estaban determinados por condiciones quizás ajenas
a su voluntad. La vigilancia, por ejemplo, es necesaria en todo modelo de
sociedad cimentado en el antagonismo entre el productor y el propietario: cuanto mayor es ese antagonismo, más importante es el rol que adquiere el control laboral, que alcanza su apogeo en el sistema esclavista.
Charles S. Sydnor puntualizaba la eficacia de la supervisión del trabajo
en una plantación de M~issippi, especificando la diferencia de algodón
cosrchado en relación con un día habitual de trabajo:

Aún cuando Cairnes pueda haber caído en cierta desmesura en sus
observaciones, no existe la menor duda de que las mismas coinciden con
las de la mayoría de los economistas y viajeros de la época. Sagra, que
quizás escribió los mejores tratados sobre la economía cubana en el siglo
XIX, señaló la misma contradicción. Remarcaba: a) la imposibilidad de
toda organización científica de la agricultura mientras que el cultivo se
efectuase con esclavos; b) la irracionalidad de un sistema que consideraba
la estúpidez como una cualidad preciosa de los esclavos, a fin de mantenerlos en una perfecta sumisión.30 En una obra anterior decía:

El 27 de septiembre de 1830, un grupo de catorce esclavos, e?
una plantación algodonera de Mississippi, recolectaron 4 520 libras de semillas limpias. de algodón o sea, un promedio de 323
libras por esclavo. La mayor cantidad recolectada ese día, ~or un
esclavo fue de 415 libras y la menor fue de 240. El trabajo fue
concie~zudamente observado, por ser una labor pagada, Y los resultados fueron lo suficientemente inusuales para ser publicados
en la prensa. Por ello, es evidente que los esclavos calificados, bien
estimulados, podían recolectar dos o tres vec,es más que lo que_ un
esclavo común era capaz de efectuar en un d1a. El esclavo corriente, bajo condiciones normales, no era obligado a trabajar hasta el
33
límite de sus fuerzas.

De todos modos la utilidad que rinden los ingenios es muy pe-

Pero cuando la·vigilancia degeneraba en un castigo constante, la negligen-

�118

Siglo XIX

cia y la despreocupación eran incesantes en la vida de las plantaciones.
Cuba no fue una excepción a esa pauta de control de las tareas diarias. La
figura del mayoral, el barracón, el aislamiento, el castigo, emergen -como
símbolos de la estricta vigilancia- de la lectura de los escritos dejados por
los viajeros de esos años, aunque también se deducen matices divergentes
en el trato dado a los esclavos entre un ingenio y otro, y de acuerdo a las
34
distintas épocas. Louis-René Villermé reproduce un cuestionario que le
envió a Dé la Sagra:
(. . .) que ha vivido mucho tiempo en la Habana, de querer responder a esta pregunta: ¿quiénes son, en la isla de Cuba, los que
tratan mejor a sus esclavos, y quienes los que los tratan peor? He
aquí cual ha sido su respuesta:
En primer lugar hay que poner a aquellos que tratan peor a los esclavos, les exigen de más y se muestran crueles con ellos: los negros libres.
Después vienen los mulatos.
En tercer lugar los blancos de condición media.
En fin, aquellos que tratan mejor a los esclavos son los blancos
mas ricos.
Los esclavos más maltratados son los pertenecientes a hacendados
pobres y aquellos de la agricultura. Los últimos son puestos bajo
las órdenes de blancos sin educación y crueles, nacidos en los
campos de la isla de Cuba, o de naturales de las islas Canarias, que
fueron a Cuba a hacer fortuna, como administradores de explotaciones rurales. La mejor condición para los esclavos es la de domésticos de la clase rica; ellos viven mejor que un gran número de
obreros en Europa. Así por poco humano que sea su amo, ellos la
prefieren a la libertad.35
En general se puede sostener que el tratamiento dado a los esclavos estaba
determinado por la cantidad disponible, por su precio, por las técnicas de
producción y por las condiciones del mercado. Un buen paradigma al respecto es Arango y Parreño, que en el cénit de su desvelo abolicionista propuso que se premiara a los dueños de ingenios que lograran tener, entre sus
dotaciones, mayor número de esclavos nacidos que muertos.36

LA ALIMENTACION
Otro de los factores que debe haber influido en el ritmo de trabajo de los
esclavos es la dieta. Si bien por ley los propietarios de las fincas tenían la
imposición de suministrarles una cantidad de alimentos establecida como
escribió Frederika Bremer, ¿quién podía controlarlos?37 Evident:mente

E. Bitlloch: Trabajo e inmigración en Cuba (1789-1847)

119

die pues todo airaba en tomo a la obtención de superbeneficios que era,
to•
d ah"

na'

en última instancia, lo que determinaba las jornadas intensivas e tr . ªJº·
De modo que la dieta cumplía un cometido específi.~o, y era dependie~te

de los intereses económicos. Ambos aspectos determmaban los promedios
de vida de los esclavos.

Arango y Parreño se habían preguntado en su "Discurso,~bre la ~ culmra. . . " cómo lograr que los esclavos trabajaran el maxnno posible
con el menor costo de alimentación:
Los ingleses, franceses y portugueses en la mayor part_e ~ienen
un mismo modo de alimentar sus esclavos. No les dan m din~ro,
ni alimento (aunque esto último se Jo prevengan sus leyes), smo
un pedacito de terreno para que lo cultiven, y el tie~po que cada
nación ha juzgado conveniente. Nosotros dam_os el m!smo terre~o
y el mismo tiempo para el cultivo al que se qmere aplicar:; pero sm
perjuicio de la ración diaria de carne y menestra. Los m?Jeses Y
los franceses tienen menos días festivos y por consecuencia sacan
mayores tareas de sus esclavos.38

Los viajeros mencionan casi unánimemente y sin demasiadas variacio~es en
el devenir del siglo XIX, un régimen alimenticio consistente en tasaJO y/o
bacalao, harina de maíz, arroz y plátanos. Alimentos que variaban -para
bien O para mal- entre las distintas plantaciones, ~e~ido no sol_ament~ a
los criterios particulares con que cada plantador adrmrustraha su finca, smo
también en función de las existencias -en el sentido de capacidad de producción- de materias alimentarias en cada región.39
En cuanto a la calidad de los alimentos podemos ver las observaciones
del médico negrero Honorato Bemard de Chateausalins, que sostuvo que el
tasajo y el pescado salado llegaban muchas veces con un principio de fermentación pútrida sumamente dañosa, así como las del cónsul inglés
Richard R. Madden, su antípoda ideológica, quien aseveró que el tasajo
de Brasil era extremadamente duro, de escasa materia nutritiva, de mal sabor y peor olor.40

En cuanto a la cantidad de comestibles suministrados a los esclavos
podemos formular un modelo hipótetico de dieta41 cotidiana basado en:

�120

Siglo XIX

E. Bitlloch: Trabajo e inmigración en Cuba (1789-1847)

tasajo:
arroz:
harina de arroz:
bananas:

230 gramos
112 gramos
336 gramos
6 u 8 piezas

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t.)

Al analizar los componentes de dicha dieta es posible establecer el
cuadro de la página siguiente.

3 400 unidades
85 gramos
100 gramos

todo lo referente a la dieta de los esclavos.

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*Mi agradecimiento a la doctora Paula Poldennan por sus consejos y asesoramiento en

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En general podemos decir que, de acuerdo con la comida que se suministraba, no se pueden deducir otras deficiencias alimentari~, aunque
esto no implique negar otro tipo de enfermedades debidas a las condiciones higiénicas de trabajo y vivienda o a la calidad de la comida.42 Además,
debemos tener en cuenta que, después de cierta cantidad de horas diarias

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En conclusión, se puede afirmar, teniendo en cuenta el ritmo de trabajo de los esclavos, que eon esa alimentación sufrían un proceso progresivo de adelgazamiento y, por consiguiente, de debilidad, provocados por
la escasa cantidad de calorías y grasas que recibían. Dos enfermedades
concretas originadas en la falta total de vitamina A son la _xeroftalmía y la
alteración de la capacidad visual nocturna. Las vitaminas B y C se adquie1
ren con 1a ingestión de bananas, por lo que este alimento cumple un papel
tan importante que se lo podría considerar "el salvador de los esclavos".

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10 miligramos
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1.4 miligramos
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Un hombre entre los 20 y los 35 años y de un peso aproximado de
70 kilos y que desarrolla diariamente una labor física intensa necesita:
calorías:
albúminas:
grasas:
hidratos de carbono:
hierro:
Vitamina A:
Vitamina B :
1
Vitamina C:

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121

�122

E. Bitlloch: Trabajo e inmigración en Cuba (1789-1847)

Siglo XIX

de labor intensa, el ritmo de trabajo decrecía por agotamiento físico.
Madden, refiriéndose a los esclavos del ingenio O/anda, dijo: ''El aspecto
de los negros en esta propiedad, era miserable en extremo, lucían muertos
de cansancio, indiferentes, estupefactos, macilentos y extenuados(... )"43
En las sociedades de economía de plantación la estructura del trabajo determina que los beneficios de los hacendados se obtengan por simple
extensión del tiempo total de labor de los productores, es decir, mediante
la prolongación del proceso de trabajo:

•

Es en Cuba, hoy día, cuyos ingresos se cuentan por millones y
cuyos plantadores son príncipes, donde vemos que la clase servil
paga el precio más alto, con la labor más exhaustiva e infatigable, y aún más con la destrucción absoluta de una parte de sus
miembros cada año, causada por la lenta tortura de trabajar demasiado y dormir y descansar insuficientemente (... )44

COSTO DE LA MANO DE OBRA, INMIGRACION Y COLONIZACION
Pero si la jornada laboral y la dieta influían objetivamente en el rendimiento del esclavo, ¿cuál era la rentabilidad del trabajo esclavo? De
esta pregunta se derivan otros interrogantes: ¿cómo transponer legítimamente a un modo de producción esclavista el problema de la rentabilidad, propio de un modo de producción capitalista? Y si fuera posible
hablar de rendimiento: ¿se trata del rendimiento del esclavo o de un modo de producción? Pero si bien en Cuba existían problemas de rendimiento (tal como lo prueba la existencia misma del debate sobre los sistemas de
45
trabajo), éstos no eran lo suficientemente profundos como para que
pudieran provocar una transformación de las relaciones de producción.
Lo que no implica desconocer las diferencias, en la capacidad y el interés
en su labor, entre un esclavo y un asalariado.
La fluidez del capital, la versatilidad del trabajo y la indiferencia del
trabajador por el tipo de labor que tiene que cumplir -en tanto que perciba que siempre le reditúa el mismo producto: dinero- son propias de una
46
sociedad capitalista. Además el esclavo pertenecía a un amo, equivalía a
capital constante y debía ser amortizado -igual que una máquina- proporcionalmente con su vida útil, que oscilaba entre 10 y 15 años. 47 El esclavo recibía en especies los elementos necesarios para su manutención.

123

El asalariado, por su parte, debe venderse al capital, no a un patrón determinado, por lo que dentro de ciertos límites lógicos tien~ posibilidad de
elegir y de cambiar, y recibe los medios para su subsistencia en forma de
dinero.
Al analizar las diferencias entre un esclavo y un asalariado dejamos de
lado todo juicio de valor sobre las condiciones de vida de uno y otro. En
este aspecto, quizás, no había demasiadas disparidades considerando la
miseria en que vivían los proletarios europeos.48 Moreno Fraginals dice:
El bárbaro sistema de explotación de los asalariados ingleses durante la primera mitad del siglo XIX fue un poderoso argumento
justificador de la esclavitud. Quien lea las trágicas descripciones
de Engels sobre los irlandeses en Gran Bretaña o el vibrante White
Slaves in England de John C. Cobden, dará en cierta forma la razón a los negreros cubanos.49
Lo cual no deja de sorprendernos porque si -refiriéndonos a un aspecto
tan específico como el de las condiciones de vida- en algún momento los
esclavos fueron tratados mejor se debía, simplemente, a que eran una inversión de capital. Además, un proletario europeo o sus hijos podían socialmente progresar, mientras que un esclavo ni siquiera tenía existencia
jurídica: era simplemente una cosa.
Llegados a este punto nos debemos preguntar si, en términos estrictamente económicos, la transición del trabajo esclavo al trabajo asalariado
no afectaba la competitividad del azúcar cubano en el mercado internacional. Vázquez Queipo, en el anteriormente citado Informe fisc.al. .. , ya
se había formulado tal pregunta y agregaba:
Para ello se hace preciso fijar el salario en que hoy puede regularse el jornal de los esclavos, y el precio ínfimo del azúcar que
permite cubrir este salario, sin beneficio alguno para el propietario. Sin estos datos carecería absolutamente de base el proyecto
de inmigración de jornaleros blancos, y si la Real Junta no los
reunió y discutió, preciso es confesar que su determinación en
materia tan grave ha sido menos el resultado del convencimiento
emanado de un detenido y concienzudo examen, que el de una
noble impulsión espontánea, que se parece mucho á la tentativa
ó ensayo de aclimatación de una planta que se juzgase útil, pero
cuyas condiciones de cultivo y temperamento se ignorasen.50

�124

Siglo XTX

E. Bitlloch: Trabajo e inmigración en Cuba {1789-1847)

125

pesos (anuales)

Su análisis precisaba los costos anuales de un esclavo de la siguiente manera:

120

Salario mensual a 10 pesos
pesos (anuales)
Cecina o tasajo, 1/2 libra diaria a 2 pesos la arroba

14

Dos esquifaciones o vestidos de lienzo completos,
con una frazada

4

Maíz, plátanos u otras viandas de la finca a 1/8 de ·
real el día

Cecina o tasajo, la misma ración y calidad
que para un esclavo

14

Maíz, plátano, etc., etc.

5

Médico y botica para las enfermedades, que no
excedan de cuatro días

1

5
Total

Médico y botica para una finca de 200 negros, 400
pesos

2

Interés del capital de 300 pesos valor medio de un
negro de la dotación

30

Amortización del capital, suponiendo 5% de mortandad o 20 la vida media en este país

15

Total

140

70

Tal era el costo de un esclavo anualmente.51 A estos cálculos de Vázquez Queipo corresponde efectuar dos observaciones: en primer lugar,
en la tan manoseada palabra costos solamente pudo verificar aproximadamente los alimentos producidos por los propios esclavos, cuando esto
es básico para la obtención de los costos reales; en segundo lugar, como lo
señaló Juan Pérez de la Riva, no es menos cierto que la competencia del
azúcar de remolacha había iniciado un período de baja en los precios del
52
azúcar de caña. Según Vázquez Queipo el precio de la arroba de azúcar,
necesario para cubrir los gastos de producción, en este caso, era de 5 1/3
reales.
Determinando esto para los ingenios con esclavos africanos, resta
imaginar el hipotético cultivo por asalariados blancos de una plantación.
Sin tener en cuenta los gastos de inmigración de los jornaleros europeos,
los mismos serían:

De tal manera el salario anual mínimo para un jornalero europeo, estimándolo lo más bajo posible, duplicaba los costos de un esclavo.53 El salario
mensual de diez pesos Vázquez Queipo lo calculaba en base a lo que se
pagaba por el alquiler de un esclavo -que sabía un ofi.ci&lt;&gt;-:- y que oscilaba
entre 15 y 17 pesos mensuales, siendo para los simples braceros de diez
pesos. 54 Reconocía, además, que ni la comida -tasajo-- ni la casa -barracón- podían ser dadas a los europeos. A ello se debía añadir el hecho de
que los últimos no aceptarían el severo régimen de disciplina a que eran sometidos los esclavos.ss Por último es preciso señalar que el precio de la
arroba de azúcar necesario para solventar los gastos en esta "hipótesis de
plantación" debería ser de 8 reales.
Antt&gt;riormente, Arango y Parreño y José Antonio Saco, entre otros,
bahían manifestado apreciaciones parecidas -en cuanto al costo de la
mano de obra-, pero particularizadas por las diferentes épocas en que
fueron formuladas, por los intereses distintos y por los enfoques divergentes de las posibles soluciones.Arango, en 1805, calculaba en 200 pesos anuales el costo de un esclavo (comprendía los gastos de subsistencia
y amortización anual) y en 400 pesos el de un trabajador libre, aunque advirtiendo lo bajo de este último cómputo.s6 Saco, si bien no lo verificaba
con cifras, aseveraba: "(...) bien se que el trabajo de los esclavos, materialmente considerado, y atendiendo a las circunstancias del momento, es
más barato que el de los lihres. ,.r:,J
Estas elementales estimaciones salariales -a las que debemos adicionar
los elevados precios de artículos de primera necesidad: carnes, pescados,

�126

Siglo XIX

ropas, así como arrendamientos de viviendas-,58 evidenciaban la impractibilidad de todo proceso inmigratorio de operarios europeos mientras perdurara la misma organización esclavista del trabajo y, por consiguiente,
idénticas técnicas de producción. Como prueba de esto tenemos el fracaso
de los diversos -y sucesivos- ensayos y tentativas de colonización y elaboración de azúcar con obreros a sueldo. Es que, en la práctica, faltaban
las condiciones de producción que permitieran la formación de una clase
trabajadoras asalariada barata.59
Para el autor del Informe fiscal. .. , la única viabilidad real de promover la población blanca en la isla de Cuba residía en modificar su mapa
econtmico, desarrollando otras industrias y cultivos, especiahnente el tabaco. Con lucidez sustentaba que el problema esencial de los plantadores no radicaba en incrementar la productividad -dada la transformación
que, por entonces, se operaba en el mercado mundial en azúcar, café, tabaco- sino en reducir los gastos en la producción, y esto no se obtenía
con la introducción de emigrantes provenientes de Europa. Enunciaba
así -con otras palabras y en otro contexto- algo que ya bahía sido expuesto teoréticamente en 1836 por Andrés de Zayas: ante las dificultades
concretas de innovar tecnológicamente, lo que debería hacerse era efectuar una reorganización del trabajo esclavo.61
Pérez de la Riva, en su artículo antes citado, parte de una realidad innegable: las altas renumeraciones que se abonaban a los jornaleros rurales
-y en particular, a los que sabían una profesión- en todas las colonias
europeas del Caribe con economía de plantación. Terminaba afirmando
que "(...) los salarios cubanos eran de tres o cuatro veces superiores a los
europeos de la misma época, afios 1845-1850, pero si se tiene en cuenta
el poder de compra de la moneda en la adquisición de alimentos, serán sólo
del doble(.. .)':62
No sabemos adónde quiso llegar Pérez de la Riva con esta afirmación:
nos parece incorrecta la comparación de los jornales entre dos sociedades
cualitativamente, absolutamente diferentes como la Cuba colonial y esclavista por un lado y Francia e Inglaterra (no sólo en plena expansión industrial, sino las potencias hegemónicas del momento), por otro. Por otra par·
te la evolución de los salarios es diametrahnente opuesta entre esos países:
mientras que en Cuba aumentan los estipendios rurales, los urbanos per·
manecen estables -algo ya marcado en 1861 por el hacendado Francisco
Diago en su informe a la Real Junta de Fomento-; a su vez en Francia e
Inglaterra recorren la vía inversa. Además debemos sefialar que le quita

E. Bitlloch: Trabajo e inmigraci6n en Cuba (1789-1847)

127

valor a la comparación el hecho de que utilice una moneda (el peso) sin
uso en el comercio de la época, pues los valores dependen de la tasa de
63
cambio aplicada en uno y otro caso.
Pero los elevados estipendios que se pagaban a los jornaleros rurales
en todos los países con economía de plantación (y Cuba no era una ex64

cepción a la regla), y el aumento progresivo del precio de los bozales,
obligaban a los hacendados cubanos a resolver el ~ema de 1~ i~~~iencia
de mano de obra, especiahnente de aquella con cierta espec1al1z~c1on. Como el plan de población de la Real Junta de Fomento de Agricultura Y
Comercio -que contemplaba la importación de inmigrantes blancos- era
absolutamente inviable, resucitó una vieja institución: la servidumbre contratada. Así implementaron la compra e introducción de trabajadores asiáticos chinos en el caso particular de Cuba, que también estaban siendo llevado~ a gran parte de las colonias francesas, holand~ e ~gl":8as. ~eonar~
Wray había elogiado, en los culíes chinos, su frugalidad, mtelige~cta, esptritu de iniciativa y capacidad técnica, considerándolos como los Jornaleros
65
ideales para las colonias europeas de las Antillas. El primer contingente
de los nuevos inmigrantes, que habían firmado contratos de labor por un
66
plazo mínimo de 8 años, llegó en 1847 .
En resumen, la servidumbre contratada no fue otra cosa que una solapada forma de reorganización del trabajo esclavo y, por ende, un intento,
el último, de perpetuar la sociedad esclavista.

NOTAS

l. Los ponnenores, así como las consecuencias de ese proceso revolucionario que
detenninó la ru,ina de Saint-Domingue como gran colonia azucarera son, en general, conocidos, pero, de todos modos, no esta de más_cit~, a título info~_ativo, algunas obras al respecto: José Luciano Franco, Huto~ra de la R~lucion
de Haití; David Patrick Geggus, Slavery, War and Revolut1on. The Bntuh Occupation of Saint-Domingue, 1793-1798. En 1789 Saint-Domingue tenía: 793
ingenios, 3117 cafetales, 3151 fincas en las que se cultivaba y elaboraba el
añil, 789 plantaciones de algodón, más de 170 destilerías de ron. Pien:e Plucchon en la introducción a Justin Girod de Chartrans, Voyage d'un Su,ue. ..,
p. 32. Obra fundamental sobre el Haití colonial es la de Médéric-Louis-Elie
Moreau de Saint-Méry, De3Cription. .. de la partie fraru;aise de / 'isle de Saint-

�128

Sigú:&gt;XIX
E. Bitlloch: Trabajo e inmigración en Cuba (1789-1847)

129

Dom ingue, cuya primera edición fue hecha en Filadelfia en 1797.

2. T. III, p. 257.

3. Gabriel Debien, Colons de Saint-Domingue réfugiés aCuba (1793-1815).
4. Historia económica-política. •., p. 139. En las citas de libros antiguos respetamos la ortorgrafía de la época.
5. Véanse al respecto, José de Arazoza, ''O tro discurso sobre caminos . ..", en Memorias de la Rrol Sociedad Económica de la Habana... 1817, pp. 57-68;José
Antonio Saco, "Memoria sobre caminos...", en Colección de Papeles. . ., t.
1, pp.61-150.
6. "Al presente necesitamos comprar algunos cientos de miles de arrobas de carne
salada á los vecinos de Tampico y Buenos Aires, cuando en tiempos pasados
podíamos proveer a otros pueblos." Francisco de Arango y Parreño, "Discurso
sobre la Agricultura..." en Obras, t. 1, p. 95.
7. Saldándose, así,~ favor de los hacendados, el viejo conflicto que tenían con la
marina española por la posesión y utilización de los bosques. El desmonte indi&amp;criminado que siguió a esta ley fue denunciado por De la Sagra: "En estas tumbas se sacrifican todos los árboles, y caen bajo el hacha esterminadora ( ... ) árboles de maderas preciosísirnas que el fuego consume en pocos días. Los cortes
de leña, ya para los ingerúos ya para hacer carbón, sacrifican también árboles
del mayor precio, que ni se reponen ni es posible conseguirlo en cuatro generaciones. De resultas de esta tala asoladora y del sistema de imprevisión que 1a dirige, se ven transformados en llanuras estériles y abrasadas terrenos antes pingües y frondosos, se han abandonado fincas valiosas por falta de combustible,
se ha acrecentado el costo de los materiales para el establecimiento de las nuevas, y sucesivamente se verán subir la temperatura y escasear las lluvias en las inmediaciones de las ciudades...". Op. cit., p. 184.
8. José María Zamora y Coronado, Biblioteca de Legislación Ultramarina..., t. 1,
p.123.
9. Arango y Parreño, loe. cit., p. 54.
10. José Ahumada y Centurión, Memoria histórico-política. .., pp. 41-42. " La esclava preñada y parida es inútil muchos meses, y en este largo período de
inacción, su alimento debe ser mayor y de mejor calidad. Esta privación de trabajo, este aumento de costo en la madre, salen del bolsillo del amo. De él sale~
también los largos, y las más ( de las) veces estériles gastos del mismo recién nacido, y á este se unen los riesgos que se corren en las vidas de madre é hijo; y todo
fonna un desembolso de tánta consideración para el dueño, que el negro que
nace en casa ha costado más, cuando puede trabajar, que el que de igual edad se
compra en pública feria." Arango y Parreño, "Representación. .. ", en Obras,
t. 2, pp. 194-195.
11. Llave del nuevo mundo• .•, p. 40.
12. Manuscritos de América, 19519, hojas 1-5. En este mismo manuscrito se encuentran referencias sobre una serie de premios monetarios a concederse -por la alu-

dida Junta- a los propietarios que cultivasen sus fincas con .!amilias blan_cas,
(hojas 6-11 ). La.5 disposiciones de esas r~u11;iones fueron, tamb1en, reproducidas
por Vicente Vázquez Queipo en los apend1ces a su Informe f,scal• . ., pp. 1-7.
13 A este respecto pueden consultarse: Hubert H. S. Aimes, A History of Slavery in
· Cuba 1511 to 1868; Arthur F. Corwin, Spain and the Abolition of Slavery in
Cuba: 1817-1886; José Luciano Franco, Comercio c~ndestino de e~clav~s Y La
diáspora africana en el nuevo mundo; Franklin W. Kmght,Slave Soc1ety m Cu~a
During the nineteenth Century; Richard R. Madden, La ~s~ de Cuba; DaVJd
Murray, Odious Commerce. Britain, Spain and the A bolitwn of the Cuban
Slave Trode; Fernando Ortiz, Los negros esclavos; Rebecca J. Sco~e, Slave
Emancipation in Cuba, the Tronsition to Free Labor, 1_860-1899; DaVId Turnbull Travels in the west. Cuba, with notices of Porto Rico and the Slave Trade.
Sob;e la historia del movimiento aboliciorústa inglés, véanse: Thomas Fowell
Buxton, The African Slave Trade and its Remedy; íbid. _Memoirs; R. ~?land,
The British Anti-Slavery Movement; William Law Matl11e84?n, ~reat Bntam and
the Slave Trade, 1839-1865; ibid., British Slave Emanc1patton, ,1838-1~~9;
íbid., British Slavery and its Abolition, 1823-1838; Howard Temperley, Br1t1&amp;h
Antislavery, 1833-1870.

14. Op. cit., t. DI, p. 266.
15. En Colección de Papeles. .. , t. l , p. 188¡en pp. 216-221, se explaya más ~xtensamente .sobre este asunto. Su "Memoria..." es, también, sumamente interesante por las referencias que hace a asilos, casas de beneficenc!a y cárceles como
instituciones formadoras y educadoras de futuros proletanos, pp. 197-199.
Aunque posterior, el R(fflamento para el aprendizaj~ ~e _artes y o[icius, de
1849, es un buen ejemplo del trabajo tomado como d1SC1plinante social. A~go y Parreño había criticado en 1811 la existencia de una numerosa clase de libertos y el riesgo que ello entrañaba: "Por el más funesto descuido d~ nuestra
soñolienta policía, y por el más culpable olvido de todos nu~t~os mtereses,
nuestras casas en todas épocas han estado plagadas de esclavos Sll'Vlentes de ambos sexos, y principalmente de hembras, que viven comodísimamente, y por I?
mismo contraen todo género de vicios, siendo los más seguros la pereza y la liviandad. Todos tienen su~ión, y muy numerosa los más; y todos, la facilidad
de libertarse y libertarla á ella y á si mismos; de lo cual ha resultado en 1odas
nuestras poblaciones esa infinidad de gentes de color que con tánto cuidado, como nosotros habrá V.M. observado en los padrones que enviamos. El daño en
esta ciudad Úega á tan alto punto, que casi están á la par los libres de color con los
esclavos; y, unidas ambas clases, llegan á una asombrosa suma de 55.077, que es
muy superior á la de blancos, cuyo mal á cada paso !orna tan~ incr~mento,
que, en el número de bautismo de los dos años antenores, casi salimo~ a dos de
color por uno blanco. Pensar en medidas violentas para echar de las cmdades y
transportar á los campos estas gentes en lo general corrompidas, es pensar un
imposible( ... ):' "Representación...", p. 201. "El odio que tienen los libres de
color á la agricultura, ó quizá la poca protección que en ella encuentra t~o el
que la emprende sin caudal Di mayores proporciones, y sobre todo, el estunulo
que ofrecen las ciudades á sus vicios, ó á su aplicación preferente á las-~~
mecánicas, son causas que explican en gran parte su asombrosa propagacron .
Antonio del Valle Hernández, "Sobre la población de la isla de Cuba" en Ar311;go
y Parreño, op. cit., t. 2, p. 260. En los censos de 1827, 1841 y 1846 se percibe
la importancia numérica de los libertos - hombres y mujeres- en diferentes oficios: albañiles, carpinteros, jornaleros, sastres, tabaqueros, talabarteros, zapateros, costureras, lavanderas, tejedoras de sombreros, domésticas, etc. En lo re-

�Siglo XIX

130

lativo a los orígenes y eclipse de ese sector social, son esenciales dos obras:
una de Pedro Deschamps Chapeaux, El negro en la economía habanera del
siglo XIX; y la otra de este mismo autor y Juan Pérez de la Riva, Contribución
a la historia de la gente sin historia. En cuanto a las relaciones sexuales entre las
distintas clases y razas en la sociedad esclavista cubana, es imprescindible la
lectura de Verena Martínez-Alier, Marriage, Class ami Colour in NineteenthCentury Cuba.
16. Sagra, op. cit., p. 104.
17. "Manoria sobre el azúcar de remolacha" en Colección de Papeles• .., t. 2,
pp. 20-30. Emile Légier, en Histoire des Origines de la Fabrication du Smre en
Fmnce, realizó una inestimable síntesis sobre los comienzos y evolución de esta industria hasta 1850. Como prolegómeno a su obra repreduce la memoria
presentada en 1747 por Andreas-Sigismond Marggraf a la Academia de Ciencias
de Berlín, comunicando su descubrimiento sobre la posibilidad de obtener azúcar de la remolacha, pp. 8-14. Pero, como casi todo precursor, sus observaciones
pasaron desapercibidas hasta 1799 en que el químico y naturalista CharlesFrédéric Achard logró los primeros resultados prácticos tras trece años de experimentación en su finca de Caulsdorf, en las cercanías de Berlín.

E. Bitlloch: Trabajo e inmigración en Cuba (1789-1847)

131

'll. Sobre la evolución de la población cubana durante la primera mitad del siglo
XIX, véanse: Cuadro estadístico... correspondiente al año de 1827; Resumen
del censo de población. .. del año 1841; Cuadro estadístico. .. corre.fpondiente
al año de 1846. Sagra reproduce en su Historia • .. las estadísticas demográficas
de 1774, 1792 y 1817. Por su parte Antonio López Prieto llevó a cabo un extracto de los padrones y censos hechos en Cuba entre 1768-1879, Cuadro sinóptico . .. Una obra moderna sobre la historia demográfica cubana es la de Kenneth
F. Kiple, Blacks in Colonial Cuba . . .; sobre el tráfico de esclavos es de consulta
inprescindible el libro de Phillip D. Curtin, The Atlantic Slave Tmde, A Cen•
sus.

28. Caimes, op. cit., pp. 43-47. Análogas apreciaciones formuló Olmstead , op. cit.,
pp.104-105,337-339 .

29. Cairnes, op. cit., pp. 66-70.

·30. Estudios coloniale.f con aplicación a la Isla de Cuba. De los efectos de la supre#Ón en el tráfico de negros. Un óptimo -y al mismo tiempo olvidado- ensayo
sobre el sistema de la esclavitud en las colonias europeas, es el de Henri Wallon,
De l 'esclavage dans les colonies. ..

18. El capital, t. l, nota 18, pp. 202-203.

31. Historia . . ., p. 109.

19. Caimes, The Slave Power. ••, pp. 53-63 ; Olmstead, Seabord Slaves States. ..,
pp. 46-47, 402.

32. Genovese, Economía política de la esclavitud, p. 49. El historiador estadouni-

20. Op. cit., p. 87.
21. "La abolición del tráfico de esclavos ... ", en Colección de Papeles• .., t. 2, p.

118.

dense Ubich Bonnel Phillips -nostálgico del viejo sur esclavista- produjo la
mejor introducción, hasta este momento, sobre esta temática en su American
Negro Slavery, pp. 344-358.

33. "On Septernher 27, 1830, a force of fourteen slaves on a Mississippi plantation
picked 4 520 pounds of clear seed cotton, an average oí 323 pounds per hand.

22. Véanse al respecto: "Primer papel sobre el comercio de negros"; " Representación manifestando las ventajas de una absoluta libertad en la introducción de ne-

The largest amount picked by any one slave on this day was 415 pounds and the
smallest was 240. The work was closely observed hecause it was done on a
wager, and the results were sufficiently unusual to call for newspaper notice. It

gros, y solicitando se amplíe á ocho la prórroga concedida por dos años";
"Papel número 2 que se cita en la representación antecedente"; " Oficio acompa•
ñando copia de la representación sobre la introducción de negros, y corroborándola con razones muy sólidas", en Obras, t. 1, pp. 7-13, 31-38, 39-41, 43-45,
respectivamente.

is thus evident that skilled slaves with proper encouragement could pick two or
even three times as much cotton as the average slave picked in a day. The
average slave under normal conditions was, therefore, not driven to the limit of
this power ... Slavery in Mississippi, p. 16, y en general sobre el trabajo de vigilancia, ver pp. 6 7-85. En Phillips, op. cit., ver pp. 260-290.

23. "Representación al Rey sobre la extinción del tráfico de negros y medios de
mejorar la suerte de los esclavos coloniales", ibid., t. 2 , pp. 654-ó55.
24. lbid., pp. 656-657. A fin de fomentar la producción azucarera estaba legalmente prohibido confiscar ingenios por deudas, pero los esclavos no estaban incluidos en tal disposición por lo que podían ser embargados. Así, de aprobarse
la propuesta de Arango y Parreño, todo el aval sobre los empréstitos, a favor de
los comerciantes, se evaporaba irremediablemente. Manuel Moreno Fraginals, El
ingenio..., t. l, pp. 289-291.
•

25. "Representación al Rey ... " , loe. cit., pp. 647-658.
26. " Industria agrícola. ¿Puede suplirse á la falta de brazos esclavos en el establecimiento de un ingenio de fabricar azúcar?", en Memorias de la Real Sociedad
Económica de La Habana, no. 7, mayo de 1836, pp. 35-48.

34. Los libros de viajeros constituyen una fuente inapreciable para la recuperación
de la historia de las clases laboriosas cubanas. En ellos se encuentran referencias a comidas, viviendas, alquileres, horarios y fonnas de trabajo, fiestas, juegos, etc. En una palabra, reproducen la vida cotidiana de aquellos que un francés decimonónico llamó classes dangereuses. Abiel Abhot, John Abhot, JeanJacques Ampere, Frederika Bremer, Richard Dana, Walter Goodman, Samuel
Hazard, Julia Howe, Francis Robert Jameson, la condesa de Merlin, Amelía Murray, Arthur Morelet, F. Trench Townshend, Anthony TroUope, Edward Bean
Undemill, son los nombres de algunos de ellos.

35. " . . . qui a longtemps habité la Havane, de vouloir bien répondre

a

cette question: Quels sont, dans l'rle de Cuba, ceux qui traitent le mieux leurs esclaves, et
ceux qui les traitent le plus mal? Voici quelle a été sa réponse:
D faut mettre au premier rang de ceux qlli traitent mal les esclaves, en exigent le
plus et se montrent cruels envers eux, les m;gres libres.

�132

E. Bit/loch: Trabajo e inmigración en Cuba (/789-1847)

Sis/o XIX

Puis viennent les mulatres.
Au troisiime rang les blancs de médiocre condition.
Enfin, ceux qui traitent le mieux les esclaves sont les blancs les plus riches.
Les esclaves les plus maltraités sont les domestiques des mames pauvres et ceux
de l'agriculture. Les derniers sont placés sous des blancs sans éducation et
cruels, nés dans les campagnes de l'ile de Cuba, ou sous des naturels des ilea
Canaries, qui vont Cuba pour faire fortune, comme gérans de fermes ou d'
exploitations rurales. La meilleure condition pour les esclaves est celle de domestiques de la classe riche; elle veut mieux que celle d'un tres grand nombre
d'ouvriers en Europe. Aussi, pour peu que le maitre soiut humain, ils la préfe.
rent la liberté." Tableau . .., t. 2, nota 1, pp. 63-04.

a

a

36. "Documentos anexos á la Representación al Rey ... ", en Obras, t. 2, p. 655.
37. Cartas desde Cuba, Jl. 79. El 31 de mayo de 1789 había sido sancionada la na.
mada "Real Céduh, é instrucción circular sobre la educación, trato y ocupación
de los esclavos", reglamentándose minuciosamente en sus catorce artículos. En
su capítulo O, la vida del esclavo, referido a alimentos y \'estuario, se especifica.
ha: "Siendo constante la obligación en que se constituyen los dueños de esclavos de alimentarlos y vestirlos, y á sus mugeres é hijos, ya sean estos de la misma condición , ó ya libres, hasta que puedan ganar por sí con que mantenerse,
que se presume poderlo hacer en llegando á la edad de 12 años en las mugeres,
y 14 en los varones; y no pudiéndose ~ar regla fija sobre la cantidad y cualidad
de los alimentos, y clase de ropas, que se les deben suministrar, por la diversi•
dad de provincias, climas, temperamentos y otras causas particulares; se previene, que en cuanto á estos puntos, las justicias del distrito de las haciendas,
con acuerdo del ayuntamiento y audiencia del procurador síndico, en calidad
de protector de los esclavos, señalen y determinen la cantidad y cualidad de
alimentos y vestuario que proporcionalmente, según sus edades y sexos, deban
suministrarse á los esclavos por sus dueños diariamente, conforme a la costumbre del país, y a los que comunmente se dan á los jornaleros, y ropas de que
usan los trabajadores libres, cuyo reglamento, después de aprobado por la audiencia del districto, se fijará mensualmente en las puertas del ayuntamiento y
de las iglesias de cada pueblo, y en las de los oratorios, ó ermitas de las haciendas, para que llegue á noticia de todos, y nadie pueda alegar ignorancia." Zamora y Coronado, op. cit., t. 3, pp. 131-132. Este mismo autor se explaya más
extensamente, en lo concerniente a la legislación negrera en las pp. 108-142.
Sobre la condición jurídica de los esclavos ver, también, Ortiz, op. cit., pp. 309356, 401-487.

133

41. Elaborada en base a las informaciones dadas por tres libros: Justo Cantero, Los
Ingenios; Samuel Kazard, Cuba .. .; Ortiz, op. cit.

42. Sobre la vida cotidiana de los esclavos véanse: Barrera Y Domingo, Reflexiones•. •; Chateausalins, op. cit.

43. Op. cit., p. 70.

44. Weston, Progress 'of Slavery, citado endCaITllb.esilli,~P- cit.,dp. 1h11. "lit ist in Cubpa~t
this day, whose revenues are reckone y m ons, an w ose P an ers ~e
ces, that we see, in the servile class, the coarses! íare, the m~st exh~ustmg and
unremitting toil and even the absolute destruction of a portion of 1ts numbers
every year, by the slow torture of overwork and insufficient sleep and rest."

45. En el aspecto de la rentabilidad nos hemos limitado a enunci~ ~gunas cuesti~nes metodológicas sin desarrollarlas, a fin de no exceder los limites de estas paginas. Pero sí de~os agregar que, e? todo ~ríodo corres~ndiente a este
artículo, la producción de azúcar y cafe estuvo ~~l~ble~~nte !1gada a la COI?·
pra masiva de esclavos. Sobre el debate trabaJo-mn11grac10!1, veanse: Antomo
Conrado y Asprer, Cartas sobre inmigTación y colonias; J~ Curbelo, Proyect~
de inmigración nacional para la Isla de ~uba! Urbano Fe1~00 Sotomayor, Inmigración de trabajadores españoles; Fe~ m F~era, Es~1os sobre la Isla de Cuba La cuestión social; Doningo de G01couna, !tfemor,a/. .• para el aumento de
la ~oblación blanca; Ramón Hemández Poggio,Aclimatación e higiene de los europeos en Cuba; Cristóbal Madan, El trabajo libre y el (ibre cambi~ en_ Cuba; Carlos Palance Gutiérrez, Proyecto de inmigración tonk,na y cochmch1na para las
islas de Cuba y Puerto Rico; Conde de Pozos-Dulces, La cuestión del trabajo agrÍ•
cola y de la población en la Isla de Cuba; _Joa~ ín Rodr~ez San Pedro, La
cuestión social en las Antillas españolas; Jose Suarez Argudm, Proyecto o representación afectuosa sobre inmigración africana.

e!

46. Marx,EI capital, libro 1, capitulo VI (inédito), pp. 70-72.
47. Un viajero de esos tiempos, Gustavo d11espel d'Harponville, afirmó -al i~al
que Vázquez Queipo- que la vida útil era, aproxirnadarnent~, de unos 20 ~os.
A) otro extmno debe situarse F. Trench Townshend, para quien el promedio de
vida era de 5 años, Wild Life in Florida with a Visit to Cuba, pp. 198-199.

48. Por ejemplo, la mortalidad en Inglaterra, en_ la ~rim~ra mi~ad del sigto X~ -Y
tomando modelo comparativo tanto los d1Str1tos mdustnales como agr1colas
más importantes era la siguiente·

38. En Obras, t. l, pp. 66-67.
39. Del examen de las balanzas del comercio exterior de la isla de Cuba pueden deducirse, con bastante exactitud, las cantidades de alimentos importados destinados a los esclavos, pero simplemente consultando los escritos de Ramón de la
Sagra se infiere la c:yltidad progresiva de arroz. harinas, tasajo y bacalao impor·
tado; además, se puede deducir el atraso de la agricultura cubana, en cuanto a
métodos de cultivos y productos obtenidos: "El total de las especies vegetales
destinadas al alimento del hombre cultivadas así en las grandes como en las pequeñas fmcas es muy poco numeroso y muy escaso en variedades( ... )". Histo•
ria• .., p. 80. Una visión completa de la economía cubana se halla en el trabajo
de Julio Le Riverend, Historia económica de Cuba.
40. Chateausalins, El Vademecum . .., p.14;Madden, op. cit., p. 169.

Expectativas de
Sobre 10 000 muertos habían
vida
cumplido
Distritos más
40 años
:
10 años
manufactureros
años
5386
34
3369
Monmouth
20
5962
3959
York ( distrito Est)
121/2
6953
4852
Lancastl'r
,.,
Distritos más
agrícolas
43
4826
2801
Hereford
39
5044
2947
York (North)
, .
Villermé, Tableau .. . , tomo ll, pp. 267-269. En esta obra no se c1lan estad1sticas
sobre Manchester.

�134

Siglo XIX

E. Bitlloch: Trabajo e inmigración en Cuba (1789-1847)

Sobre l_as con~cio~es de vida: horas de trabajo, desocupación, enfennedades,
al~hohsmo, d1vel'Slones beneficencia, tasas de mortalidad, nacimientos, casarme~tos, salarios, ~entos, etc., se pueden ver abundantes referencias en
Eugene B';ll"et! La misere des classes laboriewes. .. ; John Cobden, The White Slaves• • :; Fnednch Eng_els, La situación. ..; H.A. Frégier, Des classes dangereuse.iM;
de Ger:rn_do. De la b1enfainsance• .. y Le visiteur du pauvre; F .M. L. Naville, De
la c"":1te• ..; Ro~rt A. Slaney, Stnte of the Poorer Classes•.. La literatura 00
fue a~ena a la.~dad des~ bem_po: Les Mysteres de Par-is, de Eugene Sue,es
una Viva_ descr1pc1on de la vida ml6erable de los trabajadores franceses. En cuanto a la literatura ~ubana merecen citarse tres magníficas obras: Anselmo Suárez
Y_ Rome~o, Francisco. El ingenio o las delicias del campo; Cirilo Villaverde, Cecilia Valdes o la loma del ángel; Antonio Zambrana, El negro Francisco. Novela de

costumbres cubanas.

135

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op. cit.

64. Entre 1844 y 1858 se habían duplicado los precios de los bozales, Pérez de la
Riva, loe. cit., p.145.
65. The Pmctical Sugar Plante,. .., pp. 82-112.
66. Sobre los culíes chinos en Cuba, véanse. Denise Helly, ldéologie et ethnicité..•;
Pérez de la Riva, El barracón. .•

49. Op. cit., t. 1, p. 261.
50. P.18.
51. !bid., pp.18-19.

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53. Vázquez Queipo, op. cit., p. 23.
54. lbid., p. 21. J .D.B. De Bow en su Industrial Resources. .., t. 1, pp. 161-162 reproduce los gastos anuales de un plantador de Carolina del Sur de los cual~ se
deducen los altos salarios que ganaban los especializados coro~ carpinteros y
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60. Op. c~t., _PP- 37-49. En lo referente a la contradicción entre el azúcar y el tabaco
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das las Leyes Vigentes de Indias, y estractadas las de algún uso,
aunque solo sea para recuerdo histórico: las dos Ordenanzas de
Intendentes de 1786 y 1803; el Código de Comercio de 1829, con
su Ley de Enjuiciamiento; las reales Cédulas, Ordenes, Reglamentos y demás disposiciones legislativas aplicadas á cada ramo,
desde 1680 hasta el dt'a, en que se comprenden las del Registro
Ultramarino con oportunas reformas, y agregación de Acorda•
dos de Audiencias, Bandos y Autos generales de gobierno; y cuan•
tas noticias y datos estadúticos se han creido convenientes para
marcar el progreso sucesivo de las posesiones ultramarinas, y á
los fines de su más acertado régimen administrativo, mejoras que
admita, y represión de abusos. 7 tomos, Madrid, Imprenta de Alegría y Charlain, 1844-1849.

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pp. 174-183, 255-273.

�Evolución y ·Persistencia del Colonaje en las
Haciendas de Cochabamba

Robert H. Jackson*

El colon.aje era a fines del siglo XIX la forma principal de relación laboral
en las haciendas de Cochahamha, en Bolivia. La habilidad de los hacendados para obtener este tipo de trabajo servil de parte de los colonos
resultó ser un factor importante para la rentabilidad de la agricultura, a
pesar de los cambiantes o limitados mercados.
Algunos autores han analizado los orígenes del colonaje y su importancia en el seno de la economía interna de fa hacienda. Brooke Larson en
particular estudió la estructura rural de Cochabamba a fines del período
colonial, y Gustavo Rodríguez Ostria examinó la agricultura y la hacienda
bolivianas al término del siglo pasado. Si se hace un análisis más detallado,
sin embargo, se encontrará que la caracterización del colonaje hecha por
estos autores es inadecuada. Este ensayo intenta proporcionar una reinterpretación del colonaje, centrándose en las postrimerías del siglo XIX.

0RIGENES DEL COLONAJE
Larson sostiene que su origen en el siglo XVill sirvió para resolver el problema de mercados reducidos y escasez de capital. Según Larson, la obten-

*Este trabajo resume algunos tramos de la tesis doctoral "LiberaJ Land and Economic
Policy aod the Transfonnation of the RuraJ Sector of the Bolivian Economy-: The
Calle of Cochabamba. 1863-1929", que el autor presentó en la Universidad de California en Berkeley (USA), 1988. Traducción del inglés a cargo de Isabel Cristina Mata
Velázquez y Miguel A. González Quiroga.

�146

ción de mano de obra de los arrenderos redujo o transfirió el costo de
producción del hacendado hacia su inquilino. Por otra parte, al desarrollarse el arriendo de la tierra a cambio de servidumbre, el hacendado puso menos atención en la producción del demesne. * En otras palabras, con el descenso de la demanda de harina y granos de Cochabamba, los hacendados se
preocuparon menos por la explotación directa de las tierras agrícolas, y
por la participación en el mercado, y las rentaron -entre otros- a campesinos.
Como evidencia para su interpretación del colonaje, Larson presenta
una estimación del valor de la hacienda Aramasi en Calliri, en el valle del
río Tapacari. La superficie de la hacienda era de l 218.82 hectáreas, sin
incluir la estancia en las lomas vecinas. Del área total, .551.30 hectáreas
eran ~ierra cedida a arrenderos· (45%), más otras 80.46 hectáreas (l°lo)
trabajadas por el administrador indio. El demesne constituía menos de la
mita_d de la tierra agrícola localizada en el valle del río. La vasta superficie
de tierra arrendada muestra, según Larson, la emergencia del colonaje en
d siglo XVIII. 1
La explicación que da Larson a este surgimiento en función de cambios en el mercado está abierta a modificación. En gran parte ignora el
papel de los cambiantes patrones demográficos en lá evolución de las relaciones de trabajo de la hacienda. El arriendo a cambio de trabajo servil
desempeñó una importante función en el esquema de producción de la
hacienda en la época de su formación en Cochabamba, a fines del siglo
XVI e inicios del XVII, en la cúspide del auge minero de Potosí. Los productores de Cochabamba participaron activamente en el lucrativo comercio de granos y harina hacia Potosí, que llegó a tener una población de
160 000 habitantes hacia 1611.
~l hacendado atraía mano de obra, en un período en que escaseaba,
mediante el ofrecimiento de tierra. En tiempo de escasez de mano de
obra y tecnología estática, los terratenientes pueden usar su abundante
tierra como una forma no monetaria de pago a la mano de obra, la que
de otro modo constituiría el insumo más costoso en la agricullura si se le
· remunerara en efectivo. Además, el terrateniente podría tratar de exten-

147

R.H. ]ackwn: El colonaje en Cochabamba

Siglo XIX

der sus propiedades a costo de las comunidades campesinas con el objeto
de privarlas de sus tierras, y con ello forzar a los indígenas a vender su
fuerza de trabajo por temporadas, o a aceptar el status de colono.
La hacienda se desarrolló en los valles centrales de Cochabamha como respuesta a la demanda y a los altos precios en Potosí, pero también
durante un período de inestabilidad en la población rural. Antes de la
conquista española los valles centrales estaban escasamente habitados, y
la población rural permaneció poco estable hasta fines del siglo XVIll.
Nos concretaremos a su evolución en el Valle Bajo, uno de los tres que
fonnaban el centro agrícola de la región durante el período colonial.
La población indígena del Valle Bajo consistía de dos grupos con
status bien definido: originarios con plenos deyechos a usufructuar la
tierra en una de las tres comunidades indígenas del Valle, y forasteros
gn tierras, muchos de los cuales habían abandonado sus cemunidades
!'JI el Altiplano para evitar los tributos y el reclutamiento de mano de
obra fijados por el estado colonial. La mita, este reclutamiento forzoso
de trabajadores organizado por el virrey Francisco de Toledo en la década de 1570 para proporcionar mano de obra barata a Potosí, Huancavelica y otros centros mineros del Altiplano, resultó ser particularmente

CUADRO 1

NUMERO DE TRIBUTARIOS EN.EL VALLE BAJO, 1573-1804
Año

SipeSipe

1573
1633
1683
1732
1786
1798
1804

815
201
386
274
401
395
368

Quillacollo 4

Paso

Tiquipaya

Total

680
111
427
213
230
226
202

502
183
394
226
402
472
416

1 997
666
1 624
983
1317
1 430
1 252

171
417
270
284
337
266

*Tributarios categorizados como forasteros
~ierras explo_t;idas ~e manera directa por el propietario. Eran las mejores de la hacien~a; tarnb1en sohan ser trabajadas por colonos y la producción se destinaba al
dueno.

FUENTE: Nicolás Sánchez-Albomoz, Indios y tributarios en el Alto Perú
(Lima, 1978), p. 106.

�148

Siglo XIX

R. H. Jackson: El colonaje en Cochobamba

perturbadora para la economía de subsistencia de los indios incluidos en
sus distritos. La reacción generalizada de los miembros de las comunidades
era escapar hacia los valles de Cochabamha u otras áreas de frontera
donde, como forasteros, estaban inicialmente exentos de trabajos forzados.3 Muchos iban a trabajar como yanaconas a las haciendas y otras
propiedades prívadas en el Valle Bajo o bien ocupaban tierras comunitarias ociosas o parcialmente utilizadas como resultado de la declinación
en el número de originarios.
Hasta fines del siglo XVIII el total de tributarios del Valle Bajo,
tanto originarios como forasteros, fluctuó bajo el impacto de enfermedades y de cambios en la legislación colonial española que regulaba el
tributo. El número de tributarios descendió entre fines del siglo XVI y
principios del XVII de 1997 en 1573, cuando se organizaron las tres comunidades indígenas, a 666 en 1633. El arribo de forasteros hizo aumentar
su cantidad a 1624 en 1683, pero la cifra luego se desplomó hasta 983 en
1732. En la década de 1680, el virrey Duque de la Palata realizó un estudio general de condiciones en el Alto Perú, y modificó la estructura tri-

149

butaria para eliminar las exenciones de las que anteriormente disfrutaban
los forasteros. Con la supresión de las exenciones del tributo y la mita, los
forasteros tendrían menos incentivo para permanecer en Cochabamba. Es
probable que algunos regresaran a sus comunidades de origen o fueran a
Oruro y otros centros mineros como trabajadores libres. La emigración
de forasteros al final del siglo XVII contribuyó a la caída del número de
tributarios. A mediados y fines del XVID la cifra volvió a ascender, esta
vez debido a la reproducción natural y a un descenso en las tasas de migración. Según datos publicados por Larson, sólo un 3.4% de varones tributarios estaban ausentes de Valle Bajo en la dérada de 1780.4
El número de tributarios es un indicador insuficiente para medir

las dimensiones de la fuerza laboral de la hacienda. Algunos forasteros
vivían en las comunidades indígenas o bien trabajaban en las chácaras,
propiedades de mediana o pequeña extensión. Un censo de yanaconas

CUADRO 3
POBLACION DE YANACONAS EN COCHABAMBA EN 1692
PORJURISDICCION

CUADRO 2
TRIBUTARIOS EN JURISDICCION DE TRES COMUNIDADES

POR CATEGORIAS

Varones 18 a 50 años

SipeSipe

Paso

Tiquipaya

Año

o

F

y

o

F

y

o

F

t

1683
1732
1750
1786
1792
1798

65
70
116
68
156
132
133

222
204
147
333
264
263
235

99

113
56
94
38
108
95
99

232
157
107
192
128
131
103

82

66
158
138
90
143
142
143

257
66
84
312
290
330
273

71

1804

O = Originario
F == Forastero
Y = Y anacona
FUENTE: Nicolás Sánchez-Albomoz, Indios y tributarios en el Alto Perú
(Lima, 1978), p. 163.

Presentes

Jurisdicción
Valle Bajo
Capinota
Caraza
Sacaba
Valle Alto
Total

!

Presentes º/o

Ausentes

787
73
128
258
1 079

265
19
75
116
335

2 325

810

'

Ausentes

ºfo

100
13
22
42
147

34
50
28
29
38

198
13
58
101
244

66
50
72

324

35

614

65

71

62

FUENTE: José Gordillo Claure, "El proceso de extinción del yanaconaje
en el valle de Cochabamba. Análisis de un padrón de yanaconas (1692)",
Cochabamba, mimeo, 1987.

�150

Siglo XIX

en Cochabamba de 1692 documenta más directamente una de las causas
de la inestabilidad de la fuerza de trabajo, en este caso a fines del siglo
XVII. Alrededor de la cuarta parte de los yanaconas registrados como residentes en las haciendas habían huido, y la mayoría de los ausentes pertenec ían al grupo de varones con edades de 18 a 50 años. Un total de 810
yanaconas, el 26% de su población, h~bían abandonado las haciendas de
la región, y de esta cifra 614 (16%) eran varones cuyas edades iban de
los 18 a los 50 años.5 En otras palabras, un gran porcentaje de la fuerza
laboral de las haciendas abandonó la región de Cochabamba, probablemente como consecuencia del cambio en el status tributario propuesto
por el Duque de la Palata y formalizado por decreto real en 1689.

Contrario a lo que argumenta Larson, el arriendo a cambio de trabajo
servil se originó en el siglo XVII, si no antes, como respuesta a la inestabilidad de la fuerza laboral y no a cambios en el mercado. Un inventario reali•
zado en 1666 en la hacienda Londo, en Caraza, pequeño valle que colinda
con el Valle Bajo, muestra que la tierra cedida a yanaconas ocupaba 41.02
hectáreas, el 21% de la superficie total de la hacienda de 192.40 hectáreas.6
Los hacendados utilizaban la tierra para atraer la escasa mano de obra ya
desde mediados del siglo XVII, por lo menos.
La, orígenes del colonaje en Cochabamba guardan una estrecha semejanza con la evolución del inquilinaje y del peonaje en la parte central de
Chile y en el Bajío mexicano.
Los productores chilenos de trigo exportaban hacia un reducido mer•
cado en Perú a fines del período colonial. Según ciertos cálculos la cantidad de trigo exportada a Lima podía cultivarse en unas 45 000 hectáreas,
y las haciendas del área de Santiago dedicaban un promedio de unas 25 a
100 hectareas de tierra a la producción para la economía de exportación,
apenas un pequeño porcentaje del área total de las haciendas.7 El inquilinaje se desarrolló debido a la escasez de la mano de obra, pero con el crecimiento de la población rural durante los siglos XVlli y XIX los hacenrfat.los lograron que los inquilinos les proporcionaran servicios adicionales.
El excedente de mano de obra, junto con el crecimiento de la población,
permitieron al hacendado imponer condiciones aún más favorables. A fi.
nes del XVID y principios del XIX, el crecimiento del mercado en Guana·
juato creó, en el Bajío mexicano, una demanda del trigo abastecido por
los grandes productores de las tierras agrícolas aledañas al centro minero.
Los hacendados atrajeron trabajadores agrícolas ofreciendo tierra.8

R. H. Jack,on: El colonaje en Cochabamba

151

EL COLONAJE COMO FUENTE DE RENTA FUA EN EFECTIVO
O. arguyó que el
En un estudio realizado en 1977, Gustavo ·Rodríguez
dinero pagado por concepto de renta constituyo' una ·unpo rtante . fuente
de ingresos para los propietarios de haciendas, y que esto era refleJO de la
mentalidad rentista de los terratenientes de Cochabamba. Para prob~ tal
interpretación Rodríguez presentó datos que muestran que durante cmco
de los primeros años del siglo XIX las rentas fij:15 sobre la tierra sumaron
d 57º/o del ingreso de la hacienda CalaCala, SI?1ada en las afueras de la
ciudad de Cochahamha.9 La hipótesis de Rodnguez puede ser ~u~ta a
rueba si se verifica la superficie cedida a colonos dentro del temtor10 de
~s haciendas, la renta que pagaban y las alternativas abiertas a los hacendados para la explotación directa de sus tierras.
Algunos contratos de venta y tasaciones de haciendas contienen infonnación acerca del área de las parcelas concedidas a los colonos. El
registro en 1898 de la partición de la finca MolleMolle, en Punata, ~ ~~
Alto, consignaba no sólo el área total de los dos suyos. en que fue dJV1dida la hacienda, sino también el área de los terren~s asignados a los colonos. El lote oriental tenía un área de 63.46 hec~reas, Y las parc~l:15 de
subsistencia de los colonos 2.04 hectáreas (el 3.2 fo de la superf1c1e total) La fracción occidental medía de 65.79 hectáreas y las de los colonos. 2.18 hectáreas (3.3% del total). 1º En 1889, la finca Sopo'. en el
Cantón Sicaya, Arque, localizada en un estrecho valle del. Altiplano,
presentaba un área del 310.46 hectáreas, más las tierras de pastizal y -~onte. La, cultivo~ más importantes eran trigo, cebada y papa, los b:151cos
en la agricultura del altiplano. La renta de los pastizales, el herbaje, e~
también una fuente considerable de ingresos. Los colo:os ocupab'.111 terrenos con una superficie total de 8.70 hectáreas, el 2.8 1o de 1~ hac1en~a,
y pagaban una renta anual de 193 pesos. 11 Los do~ cas~s menc1ona~os mdican que el terrateniente facilitaba sólo un pequeno porcentaJe del
área de la hacienda, aunque los documentos no registran el númer? de _colonos ni indican las necesidades de mano de obra de los prop1etanos.
Otro ejemplo es el de Arocagua, localiz_ada en el v~e de Sacaba. En
1875 el cuerpo principal de la hacienda, mcluyendo tierras en el valle
2
y colinas circundantes, abarcaba un área de 1 2~.62 ~ectáreas: : Un reporte de 1869 sobre el manejo de la hacienda brmda mformac1on acerca
de otras fuentes de ingreso aparte de los de la venta de las cosechas. La
renta fija pagada por los 121 colonos totalizaba 1 485 pesos, Y sus par-

�152

R. H. ]ackron: El colonaje en Cochabam ba

Siglo XIX

celas ocupaban 143.78 hectáreas, el 11.5% del área total. También contabiliza renta de pastizales (90 pesos), chal,a de papa, venta de restos
que tras la cosecha servían como forraje (323 pesos) y la tasación de
papa y oca (100 pesos). 13
Un caso final es el de la hacienda Hornillos, uhicada en un valle del
Altiplano, en la provincia de Totora. La superficie de la propiedad en
1867 era de 77.08 hectáreas. El demesne ocupaba 4.16 hectáreas (5.8%),
y las tierras rentadas más las parcelas asignadas a colonos, 67.92 hectáreas
14
(94.2%). Al término dersiglo XIX la proporción de las tierras asignadas
a los colonos variaba de un caso a otro, y no pueden observarse tendencias
claras en los aquí documentados.
El diner9 pagado en renta fija por los colonos en algunos de los casos
constituía apenas un pequeño porcentaje de los ingresos totales de la hacienda.

mercado sin tener q~e invertir mucho capital, ni inmovilizarlo por largo
tiempo, o preocuparse por su depreciación.

CUADR04

RENTA DE HACIENDAS EN DETERMINADOS ~os, POR REGION

Muestra

Bajo

Valle
Alto

1860-1869
1876-1885
1890-1899

65
75
59

19
16
10

199

45

VaJle

Total

Un informe de los ingresos y egresos de una parte de la hacienda Tucsapucyo, en el valle de Sacaha, para los años de 1869 a 1876, da una clara
idea de la importancia de la producción agrícola en su economía interna.
El documento (1876) menciona dos fuentes de ingreso: la venta de granos,
7 261 pesos con un real por los ocho años (90.9%); y la .renta de pastos o
herbaje, 730 pesos (9.1 %). Los salarios pagados a colonos daban un total
de 663 pesos con 3 1/2 reales, lo que demuestra claramente que el negocio
de la hacienda era la agricultura y que no en todos los casos utilizaba
la tierra como sustituto del salario en moneda. 15

se

En 1880, la mayor parte del ingreso de la hacienda Changolla, en el altiplano de Araque, provenía de la venta de granos. Según un estudio catastral preparado hacia 1912, Changolla tenía una superficie tntal de 1190.08
hectáreas, con una pohlación de 140 colonos. 16 La venta de trigo y cebada
rindió un total de 2 595 pesos (92.l %), y la renta pagada por colonos,
223 pesos (1.9% ). 17
La evidencia presentada aquí sigiere que la venta de los productos
agrícolas -y no la renta pagada por colonos- constituía la fuenta más importante de ingresos, lo que refuta la hipótesis de Rodríguez. La alternativa más común para asegurar un ingreso de parte de la tierra sin los riesgos
ni gastos de la explotación directa era la renta a corto plazo de la hacienda
completa, lo que heneficiaba tanto al dueño como al arrendador. El terrateniente se aseguraba un ingreso estable, y el arrend.atario lograba entrar al

153

Chapare/
Sacaba

Provincias del
Altiplano

TotaJ

8
12

'.13
38
45

135
140
126

31

126

401

11

FUENTES: Protocolos notariales de Cochabamba y Quillacollo, Archivo
Histórico Municipal de Cochabamba.

El análisis de tres muestras de transacciones de tierra registradas en los
protocolos notariales entre 1860 y 1899 muestra que el arrendam_iento de
haciendas era una práctica común hacia fines del siglo XIX, espe~1almente
en los valles centrales. La renta de una hacienda resultaba lucrativa y por
lo tanto atrayente, por lo que siguió siendo una alternativa a la inversión a
largo plazo que representaba su compra. Po~ otra part~,.fue la fo~a preÍfrida de admi!Wtración en el caso_ ?e las orden~ rehgio~ que aun poseían propiedades rurales. La contahihdad de la hacienda ~liza en Valle AJ.
to en el año de. 1877, tras un período de tres años _de arnendo, demuestra
la rentahilidad de esta fonna de operación. Esta hacienda, propiedad del
monasterio de Santa Clara de la ciudad de Cochabamba, era la más extensa de Valle Alto. Segu'n un ·cálculo de 1828 la hacienda sumaba una superficie de 2 563 hectáreas, con valor de 300 000 pesos. 18 ManueI Sáinz Y
José Urquidi organizaron una sociedad limitada basada en partes d~~es
para trabajarla: 80% de las ganancias para Sáinz, y 20% para Urqwdi. ~
los tres años, el ingreso neto fue de 18 952 pesos con 7 reales, lo que eqwvale a un rendimiento del 19% del capital invertido.

�154

R. H. Jackson: El colonaje en Cochabamba

Siglo XIX

CUADRO 5
INGRESOS Y EGRESOS, HACIENDA CLIZA (1875-1877)

Egresos

Ingresos

Partida

Importe

Partida

155

les servicios. Hemos encontrado dos casos en la década de 1890 en los que
la producción se organizaba basándose en la aparcería (compañía): la e&amp;
tancia Uculapia en el Cantón Pazo di Valle Bajo (1890), y la finca Alalay
en el Valle de Sacaba (1892).2º La aparcería fue ganando importancia en
los valles centrales durante el siglo XX y sustituyó al colonaje como relación dominante en las haciendas.21

Importe

La mayoría de las obligaciones incluían trabajo directo en el demesne
Venta de maíz
87 532p 1 1/2 r
Venta de papa
13 732p 4 1/2 r
5 879p 1 r
Renta de huertos
Ingresos varios
12 504p 2 r

Total

119 048p 1 r

Renta
78 900 p.
Impuesto por "exceso de predios" en 18 75
para costear la guerra
civil
600p.
Diezmo y costos
de producción
20 595 p4r
100 095 p 4r

FUENTES: Escrituras públicas, expediente No. 129, Archivo Histórico
Municipal de Cochabamba.

SERVICIOS DE MANO DE OBRA Y ECONOMIA INTERNA DE LA
HACIENDA
Un artículo publicado en 1907 en un diario de Cochabamha resumía en
forma sucinta la importancia de las obligaciones laborales de los colonos en
la explotación directa de la hacienda
Existen enormes y numerosas estancias en lastue los costos de
producción se reducen a la compra de semilla, teniendo los colonos la obligación de transportar el producto al mercado en el que
el patrón cree conveniente vender. Por otra parte, existen fincas
en las que el costo de cultivo, a pesar del alto precio de los salarios y el transporte, permanece bajo a causa de estas circunstan·
cias. 19
Los servicios prestados por los colonos incluían tres tipos básicos de obligaciones: pongueaje o servicio personal, trabajo en los distintos aspectos
de la producción del demesne, y tareas de mantenimiento y transporte del
producto al mercado. Sin embargo, no todos los terratenientes recibían ta-

y las cachas, transporte del producto al mercado, lo que eliminaba o redu-

cía los costos de producción y transporte para el propietario de la hacienda. No obstante, las obligaciones no eran las mismas para toda la región.
Nuestra intención es ofrecer un resumen de ejemplos específicos en haciendas de los valles centrales y del Altiplano, registrados en sus tasaciones
La importancia de la mano de obra en lasescasamente pobladas yungas
de la región productora de coca, en la provincia de Chapare, en la región
oriental de Cochabamba, se manifiesta claramente en una tasación de la
hacienda de Santa Rita de Pucara de 1861. El valor de la finca era de
9 275 pesos con 3 1/2 reaJes, y el principal cultivo era la coca, planta
de hoja narcótica tradicionalmente masticada por los campesinos del Altiplano para aumentar el vigor, y que hoy se usa en la producción de cocaína.
Doce colonos proporcionaban la mano de obra directa, y se contabilizaban
en el valor de la propiedad a razón de cincuenta pesos por colono: seiscientos pesos, o sea el 6.5% del valor total.22
En 1863, los 51 colonos de la hacienda Montecillo, localizada en el
cantón Tiquipaya de Valle Bajo, pagaban una renta de doce reales por arroba de tierra concedida en usufructo, abastecían de leña al terrateniente,
limpiaban el canal de irrigación, sembraban, quitaban la maleza y levantaban las cosech~en el demesne, llevaban los productos al mercado por un
salario de diez reales, y prestaban servicios personales por dos reaJes a la semana. Montecillo era una típica hacienda de Valle Bajo, que contaba con
tierras tanto en el valle como en las laderas y colinas. Las tierras principales
de la hacienda tenían una superficie de 113.51 hectáreas, y la estancia no
estaba medida. Los cultivos principales incluían trigo, maíz, papa, oca, cebada, papa lisa, quinua y hortalizas.23
En 1867, los doce colonos de la finca Caico, localizada en el cantón
ltocta cerca de Cochahamha, tenían como obligación el abasto de leña y
mukear dos veces al año (mukear era moler maíz para iniciar el proceso de
fermentación de la chicha, cerveza de alto consumo en Cochabamha y

�156

Siglo XIX

R. H. Jacklon: El colonaje en Cochabambo
24

otras partes de Bolivia). Diez años después, el número de colonos se había elevado a dieciocho, y las obligaciones eran algo diferentes: abastecer
de leña, prestar servicios personales y producir sobre la hase de la aparcería. 25

Las obligaciones en otras haciendas de los valles centrales eran similares. La estancia Choroco, en el cantón SipeSipe de Valle Bajo, contaba una
fuerza laboral de veintidós colofios y un área de 467.17 hectáreas. Los eolonos prestaban servicios personales o quedaban exentos mediante un pago, transportaban el producto y la leña al mercado y elaboraban escohas.26
Los quince colonos de Lloquemayu, en el valle de Sacaba, brindaban servicio personal y mano de obra para la producción en el demesne. 27
Los colonos de las haciendas del Altiplano tenían obligaciones semejantes: los de la finca Queraya, en Ayopaya, llevaban el producto al mercado, lo que era importante si se toma en cuenta los altos costos del
transporte y las malas condiciones de los caminos del área.28 Podemos citar varios casos en Arque y Tapacari. En 1889 las cuatro haciendas de
Sopo, Larama, Huainapata y Cori, en el cantón Sicaya (provincia de Arque), tenían una fuerza laboral total de veintinueve colonos: pagaban una
renta de 1 215 pesos y proporcionaban servicios personales y mano de
obra para el demesne. 29 La hacienda Calliri, en el cantón del mismo nombre en la provincia de Tapacari, presentaba en 1885 una superficie de
701.52 hectáreas y un valor de 31 882 pesos con 11/2 reales. Los cultivos
principales incluían maíz, vegetales, alfalfa, trigo, papa y otros tubérculos.
La fuerza laboral estaba formada por colonos y trabajadores que recibían
un salario basado en las dimensiones de la parcela que cultivaban. Sus obligaciones implicaban producir en el de.mesne, tareas de mantenimiento remuneradas con la distribución de raciones alimenticias y de coca, y el
transporte del producto al mercado por un pequeño estipendio. El terrateniente organizaba el resto del trabajo de la hacienda bajo el sistema de salarios en efectivo.30
La hacienda Londo, en Caraza, pertenecía a José Aguirre, miembro de
una importante familia terrateniente con intereses en él altiplano de Colomi, en la provincia de Chapare, el valle de Sacaba, y el Valle Bajo. La superficie de la propiedad era de 190.97 hectáreas en la década de 1890. Los
colonos mantenían y limpiaban el sistema de irrigación y otras instalaciones de la hacienda a cambio de una ración de comida, proporcionaban mano de obra para el demesne, transportaban quince cargas de leña a la ciudad de Cochahamha cada quince días por una ración de alimentos con va-

/

157

Ior de veinte centavos, llevaban el producto al mercado por otra ración alimenticia, y prestaban servicios personales al terrateniente. Los hijos de los
colonos que trabajaban para el patrón en la casa de la hacienda percibían
un salario semanal de cuarenta centavos, mientras que las mujeres, que
31
proporcionaban el mismo servicio, no recibían retribución alguna.
Durante el primer lustro de nuestro siglo el gobierno municipal de
Cochabamha administró diversas propiedades estatales en Arque, Tapacari y Vacas, y arrendó dichas tierras con el fin de obtener fondos para
apoyar la educación pública. En 1917 y 1922 el ayuntamiento publicó las
~ligaciones de los colonos en siete fincas diferentes. Su arriendo incluía el
derecho a recibir las habituales obligaciones de trabajo de los colonos. Los
de Vacas aportaban mano de obra para la producción en el demesne y en
ciertos casos se establecieron acuerdos de aparcería, transportaban productos al mercado, y prestaban servicios personales. Los colonos de las otras
haciendas tenían obligaciones similares.32

EL OCASO DEL COLONAJE
El colonaje persisti6 hasta la reforma agraria de 1953, pero su decadencia
se había iniciado al transformarse la estructura de la tenencia de la tierra
en los valles centrales. Los colonos aprovecharon la expansión del mercado de tierra para adquirirla, y en muchos de los casos compraron las parcelas que ya laboraban. A partir de las últimas décadas del siglo XIX aumentó el número de propiedades en los valles centrales, la posesión de haciendas se volvió inestable y ¡¡e subdividieron algunas de ellas. Con la
adopción de la política de libre comercio y la construcción del ferrocarril
Antofagasta-Oruro, en 1892, para unir al Altiplano con la costa, Bolivia
abrió las puertas a la harina de trigo barata procedente de Chile y más
tarde de Argentina y Estados Unidos, lo que hizo que se malvendiera el
producto de Cochabamha en su principal mercado: los centros urbanos y
mineros del Altiplano.
Con la pérdida de esos antiguos mercados se inició un período de cri-

sis y estancamiento en la agricultura de Cochabamha que contribuyó al
decaimiento de la hacienda. Algunos terratenientes perdieron sus propiedades a causa de hipotecas, mientras que otros aprovecharon el valor ascendente y la demanda de tierras para vender pequeñas parcelas.33 Al
mismo tiempo, el número de colonos disminuyó. La participación en el
mercado local mediante la venta de excedentes permitió a los cam11esinos

�158

SwtoXIX

R. H. ]aéluon: El colonaje en Cochabamba

159

sin tierras acumular el dinero auf:iciente para comprarlas.34 Entre 1882y

La habilidad para obtener esos servicios concedía prestigio a los pro-

1912, aproximadamente, la cantidad de colonos del departamento de
Cochahamha cayó de 41 491 a 31 757 (ver cuadro 6). En las provincias altas del departamento mencionado, sin embargo, los hacendados mantenían

pietarios pero, como hemos visto, guardaba importancia secundaria en el
e;quema de trabajo de la hacienda. Ya desde 1923, el Congreso boliviano
consideró establecer una legislación que aboliera el pongueaje, pero no se
realizó ninguna acción.36

la tierra agrícola casi monopolizada, y el crecimiento demográfico de los
campesinos sin tierra les permitió sacar trabajo adicional de los colonos.

CONCLUSIONES

CUADRO 6
NUMERO DE COLONOS PORPROVlNCIA EN AROS SELECCIONADOS
Provincia•

c.1882

c.1902

Cercado
Cliza
Tapacari
Arque
Mizque
Ayopaya
Chapare

1 500
12 890
8 000
4 978
5 858
4000
4 265

1394
10466
5 016
4 830
5 858**
2 317
4 265**

c. 1912
1 074
7 888
4 567
4412
6 149
4046
3 621

Total
41 491
35 146
31 757
*Se han conservado las jurisdicciones políticas que existían en 1882 para
mantener la validez de la comparación.
**La misma cifra que en 1882, lo que indica que no se había efectuado un
nuevo estudio catastral.
FUt:NTES: El Heraldo, 23-IX-1898; Zenón Cosío,Jnforme del Prefecto y
Comanda_nte ~eneral d~I. Departamento, 1915-1916 (Cochabamba, 1917);
Y Honono Pmto, Bolw,a, tierra y población. 1844-1939 (Lima, 1978).
La persistencia del colonaje y los abusos con él asociados se convirtieron en una cuestión importante para los políticos reformistas del período
posterior a la guerra del Chaco (1932-1935), y el fracaso en sancionar una
legislación refonnadora en la década de 1940 contribuyó a desatar una
rebelión campesina en la provincia de Ayopaya, en 1947. Entre los abu806
se hallaban la amenaza de desalojo y el uso de la fuerza para expulsar colo~s de _los_ terrenos de la hacienda.35 Los servicios personales eran el objetivo pnnc1pal de la reforma, pero su abolición no alteraría en lo fundamental el régimen de trabajo de la hacienda ni mejoraría el status de los
colonos en cuanto a subordinación a su dueño.

El sistema de colonaje surgió en los valles centrales de Cochahamha a principios del siglo XVII, en respuesta al dinámico mercado de granos del Potosí y a una población rural inestable. Los terrateniente adquirieron grandes extensiones de tierra fértil, y utilizaron la superficie excedente de la
que requería la producción para el mercado para atraer fuerza de trabajo
(que era limitada y, por lo tanto, significaba el insumo más importante en
llll sistema agrícola caracterizado por escasos cambios tecnológicos y una
pesada dependencia de la mano de obra). Conforme funcionaba el sistema
en el siglo XIX, los colonos cedían una renta y su trabajo, pero era esto .
último el aspecto más importante.
A fines del XIX y principios del siglo XX la crisis y la transformación
de la economía agraria de Cochabamba contribuyeron a la disminución del
colonaje, especialmente en los valles centrales. Los hacendados lo sustituyeron por la aparcería que, a diferencia del primero, transfería los costos
y riesgos de la producción al campesino. El sistema de aparceros resultó
ser una alternativa viable 'll la explotación directa por parte de los hacendados, en la economía de mercados restringidos y variables de principios
de siglo. Asimismo, los propietarios vendieron tierras, con lo que el número de campesinos independientes aumentó mientras que el de colonos
disminuyó.
En las provincias del Altiplano del departamento de Cochahamha,
por otra parte, y en e~cial en la de Ayopaya, la crisis económica tuvo
menos impacto: los hacendados mantuvieron, así, el virtual monopolio de
la tierra. El aumento demográfico entre los campesinos sin tierra permitió a los dueños de haciendas modificar las obligaciones de servicios para
imponer trabajo adicional, como también ocurrió en el valle central de
Chile durante el siglo XIX. La persistencia del colonaje en el Altiplano
contribuyó a acrecentar la tensión social que desembocó en la agitación
eampesina de 1927 coincidente con un movimiento a gran escala en todo

�160

Siglo XIX

R. H. ]ack,on: El colonaje en Cochabamba

Bolivia, y que se repitió en 1947. El programa de reforma agraria decretado en 1953 eliminó el colonaje: su mayor impaeto se dio en las provin.
cías del Altiplano.

161

9. Gustavo Rodríguez Ostria, "Acumulación originaria, ca),pitalism
º 1 o ,.Y agricultura
precapitalista en Bolivia (1870-1885), Avance, 2 (1978 pp. 1 9-1...
3
10. Registro de Derechos Reales, departamento de Cochabamba, provincia de Punata, 1898.

ll. Escrituras Públicas, expediente 147, Archivo Histórico Municipal de Cochabamba (de aquí m adelante citado como EP).

NOTAS
l. Brooke Larson, ''Economic Decline and.Social Change in an Agrarian Hinterland:
Cochabamba (Bolivia) in the Late Colonial Period", tesis doctoral sin publicar,
Columbia University, 1978, pp.117, 126. Princeton University Presa prepara
el estudio de Larson para su publicación.

2. lbid., p. 33.
3. Para las migraciones de los siglos XVI y XVII;- en el Alto Perú, véase Nicolú
Sánchez-Albornoz, Indios y tributo&amp; en el Alto Perú (Lima, 1978), pp. 74-9;
Thierry Saignes, "Ayllus, mercado y coacción colonial: El Teto de las migraciones en Charcas (siglo XVD)", en Olivia Harris, Enrique Tandeter y Brooke
Larson Participación indígena en l01 mercado&amp; 1urandino1 (Cochabamba, de
próxim~ publicación); y Ann Zulawski, "Wages, Ore Sharing._ and Peasant
Agriculture: Labor in Oruro's Silver Mines, 1607-1720", The Hispanic American Historical Review 67 (1987), 405-430. Saignes destaca que los kura~
de los ayllus del Altiplano conseguían a veces aplicar y exigir tributo a los rrugrantes proveniente de distintas partes del Alto Perú, incluso de Cochabamba.
Zulawski sefíala que los trabajadores indígimas de Oruro recordaban su- ayDu
de origen durante varias generaciones. Por otra parte, según un censo de 1683,
había forasteros y yanaconas de Cochabamba en Oruro, o descendientes de
quienes habían emigrado de Cochabamba para trabajar en las minas de Oruro.
Loe indígenas recordaban su ayllu de origen, y es posible que hayan rete~o
Jos derechos de usufructo de las tierras de la comunidad a pesar de su ausenCll.
4. Larson, "Economic Decline", p. 106.

12. Protocolos Notariales de Cochabamba, 1873, Archivo Histórico Municipal de
Cochabamba (de aquí en adelante citado como PN).
13. EP, expediente 118.
14. PN Cochabamba, 1867.

15. EP, expediente 128.

16. Catastro de la Propiedad Rústica, provincia de Arque, cantón Tacopaya.
17. PN Cochabamba, 1880.

18. Larson, ''Economic Decline", pp. 79-80.
19. La Patria, 17/IV/1097.
20. EP, expediente 153; PN Cochabamba, 1890.
21. En la década de 1940 el colonaje seguía siendo la relación laboral dominante en
las haciendas de la provincia de Ayopaya, en el Altiplano, donde la hacienda fue
la fonna primordial de tenencia de tierras hasta la refonna agraria de 1953.
Jorge Dandler y Juan Torrico, ''From the National lndigenous Congress to the
Ayopaya Rebellion: Bolivia, 1945-1947", en Remtance, R ebeUion and Comciousneu in the Andean Peaaant World, 18th to 20th Centurie,, Steve Stern
editor (Madison, 1987), p. 336. Sobre la aparcería en los valles centrales de
Cochabamba, véase Rafael Reyeros,EI pongueaje, la servidumbre personal de lo,
indios boliviano, (La Paz, 1949), pp. 225-6.

2'l. EP, expediente 104.

5. José Gordillo Claure, ''El proceso de extinción del yanaconaje en el valle d_e
Cochabamba (Análisis de un padrón de yanaconas, 1692)", Cochabamba, Dll·
meo, 1987. Algunos autores establecen una distinción entre yanaconas y colonos, pero en la práctica parece haber sido lo mismo.

23. EP, expediente 107.

6. José Gordillo Claure, ''El origen de la hacienda en el Valle Bajo de Cochabam~
Confonnación de la estructura agraria (1550-1700)", tesis sin publicar, Urovusidad Mayor de San Simón, 1987, p. 229.

25. PN Cochabamba, 1877.

24. EP, expediente 115.

26. PN Cochabamba, 1875.

7. Amold Bauer, Chilean Rural Society from the Spanúh Conque,t to 1930 (Cam·
bridge, 1975), pp.13-15.

27. EP, expediente 123.

8. David Brading, Hacienda&amp; and Rancho, in the Mexican Bajío, Leon 1700-1860

28. PN Cochabamba, 1881.

(Cambridge, 1978), p. 12.

29. EP, expediente 147.

�162

SwloXIX

00. PN Cochabamba, 1885.

NOTAS INTRODUCTORIAS

31. EP, expediente 149.

La Formación de la Clase Obrera
en Venezuela

32. Citado en Alberto Rivera,''Los terratenientes de Cochabamba", Coohabamba,
mimeo, 1987.
33. Sobre la apertura de la economía nacional y la construcción del primer ferrocarril que permitió la importación de harina chilena barata, véase Antonio
Mitre, Lo, patriarCIU de la plata (Lima, 1981), pp. 156-179. La transformación
de la estructura de la tenencia de la tierra en Cochabamba entre 1860 y 1929 es
examinada con mayor detalle en ''Liberal Land and Economic Policy and the
Transformation of the Rmal Sector of the Bolivian Economy: The C- of
Cochabamba, 1863-1929", de Robert H. Jackson, tesis doctoral sin publicar,
University of California, Berkeley, 1988.

Alberto J. Pla*

34. En 1917, por ejemplo, al concluirse el ferrocarril Ormo.Cochabamba, surgió 111
gran número de colonos y pequeños propietarios que vendían sus productoe
en Oruro. Christine Whitehead, "Cochabamba Landowners and the Agrarian
Refonn ", tesis sin publicar, St. Hugh's College-O:xford University, 1970, p.17.
35. Roger Simmons, Palea and Pucaro, A Study of the Effects of Revolution on
Two Bolivian Haciendas (Berkeley y Los Angeles, 1974), pp. 70-71. Carlos dela
Riva anplea la historia oral para documentar la violenta expulsión de colonos de
una hacienda de Cochabamba en la década de 1930: "Sacabamba, 1U1a historia
para tomar en cuenta", en Historia y evoluci6n del movimiento popular (Cochabamba, 1986). pp. 311-29.

36. El Heraldo, l/Xll{l923.

I.
El proceso formativo de la clase obrera venezolana abarca un período que
podríamos acotar entre dos acontecimientos posibles de registrar: por un
lado la aparición de las primeras organizaciones mutuales de artesanos,
poco después de mediados del siglo XIX; y por otro, el surgimiento del
proletariado petrolero, que va a adquirir una personalidad en los años
veinte del presente siglo.
Si bien la aparición de organizaciones mutuales artesanales no es expresión directa de la existencia de una clase obrera, sí constituye el antecedente que permite registrar una serie de procesos sociales, económicos
y de organización que nos conducirán a su presencia. Por otro lado, el
hecho de que aparezca conformado un proletariado petrolero no debe inducir a pensar que es recién entonces cuando se constituye un sector obrero en el país. Por el contrario, en Venezuela, lo mismo que en los demás
países de América Latina, el proceso de formación de la clase obrera debe
identificarse con el proceso de cambio de las relaciones de producción, es
decir, con la aparición de relaciones capitalistas tanto en el campo como en

*Instituto de Investigaciones. Facultad de Humanidades y Artes. Universidad Nacio~ de Rosario. Argentina. El texto reproduce la introducción a "Sindicatos y política en Venezuela. 1924-1950", tesis doctoral presentada por el autor en París VIO.
1985.
·

�164

Siglo XIX

la ciudad. Y este proceso es tardío, en Venezuela, referido aJ contexto de
otros países latinoamericanos. :
Los movimientos de contenido social del siglo XIX fueron creando
las condiciones para romper con las sujeciones precapitalistas existentes
desde el período colonial. En tal sentido, se puede decir que las guerras
por la independencia son un lejano antecedente de la aparición de un problema social en el pa Ís, pero es recién a mediados de siglo en que aparecen
movimientos con mayor contenido. Y naturalmente esta convulsión aparece primero en el campo.
Ya en la insurrección campesina de 184748 s.- levantó un programa
que reclamaba "tierra y hombres libres", y asoma entonces un pensamiento social que traducen en ados los campesinos armados. En la nueva insurrección de 1858-63, en rl mareo de la guerra federal, se plantea en el programa la "igualdad social", que el autor venezolano Federico Brilo Figueroa interpreta &lt;'Orno "subjetivamente equivalente a la abolición de las clases sociales". Si bien es un tanto exagerada tal interpretación, en dicho
programa se dice "el pobre igual al rico, el negro al blanco", y éstt' fue el
credo de los oprimidos del campo "humillados y ofendidos".1 Como se
puede apreciar aún eslá vigente la reivindicación que corresponde a las relaciones sociales de la colonia, con la equiparación de las llamadas "castas".
En el mismo trabajo Brito Figueroa enmarca estas convulsiones campesinas dPntro de un proceso de difusión de las ideas socialistas utópicas en
VPnezuela de.scfe la década de los años 40. Señala distintos aconlccimien·
los: a) la ll&lt;&gt;gada de inmigrantes franceses después de l848; b) la &lt;:dición
del periódico Credo Igualitario, en La Victoria, entre 18:'&gt;2 y l8S5, por
parlt; de Pit'rre Cerreau; c) el hel'ho de que "uno ele los rnlaboradores más
Íntimos dt' Zamora en las dos insurre,·ciones campesinas fm· el inglés José
Brandford, 4ue en 1850 escrihía crónicas para The Red Republican, ~rna·
nario cartista que se edil.aba en Londres ".2
La guerra federal, verdaocra insurrcrción camp,·sina d1· rnntcnido social, pero manipulada al Lriunfar en 1863 por sus dirig1·nt1·s lilwralcs ya 4ut·
Eze(1uiel Zamora fue mucrlo hat·ia t&gt;I final de la campaña, ha dejado al
país en una siluaeión c:rÍLi,·a: desorganiza1·ión prorlut·Liva y 1·nd1•udamimto
con el exterior. En esas 1·ondii-ionf's el presidente liLt'ral Antonio (;uzrnán
Blam·o, 4u1• asurn1· f'n l870, lralará d ... modernizar al país. Las clas1·s domina ni c.~, derrotadas 1•n la expresión de sus vif'jos eaudillos, s1· acercan al
nuevo goht&gt;rnant,• y los acuerdos surgen naturalmente.

A. Pla:" Fonnación de la cltue obrero en Venezuela

165

Desde un punto de vista económico la construcción y reparación de
caminos se complementa con la introducción de capital extranjero para
tender líneas ferroviarias. Este hecho marca el comienzo sistemático de
una inversión imperialista del capital, inglés de manera esencial, y que
se une a la existencia de la deuda externa (empréstitos) para configurar
d carácter de la dependencia venezolana en sus primeros pasos de modernización capital_ista.
Guzmán Blanco domina el panorama poi ítico venezolano desde 1870
hasta 1887. Gobernó directamente en tres períodos (1870-77; 1879-84;
1886-87 ). Venezuela sigue siendo país agrícola y sus rubros más importanles de producción son el café y el cacao. Guzmán Blanco neutralizó a los
caudiUos, centralizó el poder del Estado y estableció una firme alianza con
los hacendados, los comerciantes (casas extranjeras), iniciando la inversión
sistemática de capital extranjero. Su política liheraJ se corresponde con la
onda dominante en ese momento (matrimonio civil, laicización de cementerios, el&lt;:.).
La construcción de puentes, vías férreas, carreteras, muelles .Y enseguida el telégrafo al.rae trabajadores, se contratan técnicos e ingenieros. La
producción minera es favorecida y ciertamente los capitales extranjeros
combinan la inversión productiva (minas de cobre de Aroa, por ejemplo),
con la construcción del ferrocarril (Tucacas-Aroa) todo de capital inglés,
y que acerca la producción al puerto. Es de notar que en Venezuela no se
construyó una red ferroviaria sino líneas troncales solamente. Más aún, ni
siquiera en la actualidad existe una verdadera red ferroviaria en el país.
Si por un lado Guzmán Blanco desvirtuó el contenido de la revolución
campesina federal, por el otro se constituyó en el gobernante que intentó
en Venezuela un proceso institucional de liberalización y modernización
del Estado. En otros países ese proceso se realizó hasta su expresión final
(por ejemplo, como lo hizo la burguesía argentina a partir de 1880), pero
t'll Venezuela el proceso quedó muy pronlo desvirtuado con el regreso de
los caudillos al poder.
La fuerza de trabajo se reclutó principalmente entre los campesinos,
y este desplazamienlo se acentuó enseguida con el crecimienlo urbano. Demás está decir que aún no existía legislación laboral, excepto para compulsar la gente a Lrabajar. Típicas de ello eran las reglamentaciones contra lo
que denominaban "la vagancia". Dicen unas Ordenanzas de los años setenta:

�166

Siglo XIX

será considerado vago y mal entretenido toda persona, que a pesar
de estar en perfectas condiciones físicas y mentales no esté trabajando por el bienestar de la nación y a1 contrario causándole gastos innecesarios al Estado. Las personas que trabajan no podrán
abandonar sus empleos sin previo aviso a los dueños, pues se considerará como causante de pérdida para la nación.3
Para tener una idea sobre las características de la organización del trabajo y
el avance tecnológico, se puede mencionar que recién en diciembre de
1874 se instaló la primera máquina a vapor, en los talleres tipográficos de

La Opinión Nacional.

A. Pla: Formación de la clase obrera en Venezuela

167

En 1865, el Gremio, en un Memorándum a "Senadores y Diputados
de los Estados Unidos de Venezuela", al oponerse a la manera en que se
aplicaba el arancel aduanero, clecía:
El arancel favorece la importación del artefacto extranjero que
daña al consumidor, que pone en ocio y desaliento al artesano, que
mata a las artes como está sucediendo con la herrería, con la carpintería, con la sombrería, con la latonería, con la fundición y
· hasta con la imprenta... Ya la peinetería no ~xiste, la platería
expira... el extranjero se lleva el dinero... y sus artefactos a ~oco tiempo inutilizados completamente, a la vez que han perdido
el fruto de su trabajo, ha disminuído también las riquezas del
país. . .

II.
La existencia de gremios artesanales es un hecho que viene desde la época
colonial. No obstante, aquellos gremioi,: de artesanos privilegiados prácticamente van a desaparecer al vaivén de las guerras por la independencia y
las luchas caudillescas, que durante toda la primera mitad del siglo XIX
desorganizan la vida nacional. Con el proceso de modernización comenzaron a surgir nuevos gremios de artesanos que poco después intentarán ya
organizar mutualidades de otro tipo.
El primero es el Gremio de Artesanos de Caracas, cuyos principales organizadores son Valentín Espinal y su hijo Mariano. En el Archivo Histórico
del Congreso de la República figuran las notas enviadas por el Gremio al
Congreso Constituyente en abril de 1864, así como la lista de sus miembros; y por la correspondencia se puede apreciar el tipo de actividades
que realizaba, como por ejemplo conciertos gratuitos. Su tarea más importante fue establecer un Monte de Piedad y el Banco Popular de Crédito
Mobiliario. El Gremio dice que estas actividades no deben ser consideradas
"como industria", sino como "obras piadosas". Asimismo sostiene una
Academia de Instrucción Popular, "en donde se dará instrucción gratis a
quinientos alumnos". Dicho Instituto no sólo daba instrucción gratuita
sino que proporcionó "libros a los alumnos y aún vestido a los niños que
por su extrema pobreza", en caso contrario, se verían obligados a abandonar el estudio. El Gremio se pronunció también por la lucha para "mejorar
la condición de las clases más necesitadas". La intención era que a partir
del Monte de Piedad pudiera formarse una verdadera "Sociedad de Socorros Mutuos". 4

Aparte del contenido del alegato, es interesante la enumeración de las actividades productivas consignadas: como se puede apreciar son típicamente
artesanales, y aún no se perciben las características ni ele un modo de producción capitalista, ni de la existencia di' un proletariado verdadero.
El Memorándum abunda en argumt'ntos y dice: "De allí el espectáculo
de multitud de hombres sumidos en la vagancia", a quienes luego les aplicarían las Ordenanzas contra la vagan&lt;'ia ya mencionada. Por ello agrega
que dicho comercio, que favorece a los productos extranjeros contra la
producción local, es "la tumha de las artes".5 Lo que muestra un_a clar_a
percepción de estos artesanos, pero no alcanza a proponer alternativas diferentes al predominio del capital y de los comerciantes extranjeros, y
busca sólo mantener las condiciones preexistentes sin comprender que no
era ya posible. Su dt&gt;íensa de un proteccionismo comercial tiene como referencia la defensa del antiguo taller. Ello está ubicado en el pro&lt;:eso de la
Lransición hacia la incorporación de un modo de producción capitalista en
el país, lo que llevará también a eliminar talleres artesanales)' hará emerger
algunas fábricas, aun cuando al romienzo ocupen pocos obreros. En cambio van ir surgiendo se1;tores obreros en las adividades de servicios }'
construcción (transportes, comunicaciones, caminos y puentes, etc.).

a

En relación a la prensa artesanal, puntualit·emos que en 1879 aparece
un periódico llamado El Obrero. Será el anll'c1·dentc de varios pcriódi('.oS

&lt;lcl mismo nomlm• publicados en Caracas}' Maracaibo.

�168

Sigl-OXJX

El de 1879 revela una mezcla de posiciones: si por un lado torna del
Manifiesto Comunista la consigna de que la emancipación de los trabajadores será obra del proletariado mismo, por el otro se declara cristiano.
Se editaron sólo treinta y cinco números de este periódico,
pionero de
este tipo de actividades. En 1890 aparece otro periódico El Obrero, que
sólo publicará catorce números; más coherente que el anterior ataca a la
religión y cita a Proudhom como fuente de inspiración. Hasta l 911 seguirán apareciendo diversas publicaciones del mismo nombre.
En la década del noventa, con la presencia de una inmigración europea de origen obrero y artesanal, comenzarán las referencias a las actividades obreras en Europa y sus organizaciones. Hay que tener en cuenta
que esa nueva inmigración europea incluye algunos participantes en hechos
como La Comuna de París, así como perseguidos por las leyes de excepción de Bismarck contra los socialdemócratas. Se publican algunas noticias sobre el Congreso de Liverpool y el socialismo inglés (El Pueblo, 7 de
octubre de 1890): sobre la personalidad de Engels (El Avisador Comercial,
1896); sobre los sucesos de Chicago, en diversas oportunidades. La prensa
de la época se hace eco de af'ontecimientos mundiales y es sistemática la
difusión de artículos en defensa del proteccionismo comercial como manera dt&gt; promover el desarrollo de la manufac-tura (El Mensajero).
En 1893 aparecerá una información significativa: en el Café Caracas
se reúne, el 25 de julio, un grupo de obreros alemanes que eligen como
su representante ante el VI Congreso Internacional Obrero a Franz Schleese
y el al'to termina con el canto de "La Internacional". Esto no implicaba la
existencia de un movimiento obrero -en-el sentido de verdadera organización- pero muestra un dalo interesante de la actividad precursora de los
obreros ~ue, en Venezuela como en otros países de América Latina con
ma)or fuerza, introducen concepciones qut&gt; hacen a una comprensión internacional amplia, de acuerdo con las corrientes de pensamiento de la
época. En Venezuela, esta actividad no lcndrá continuidad posterior, a la
inversa de lo que SU&lt;:edió en países como Argentina o Uruguay. Decía la
información sobre esta reunión:
Acta de la primera reunión de trabajadores socialistas de Venezuela, realizada el 25 de julio de 1893 en Caracas, en el Restaurant
'Café Caracas'. La asamblea, con la asistencia de 14 camaradas,
fue abierta por el camarada Bruno Rossner a las 9.30 de la noche.
Luego de algunas palabras introductorias de su parte, se principió
por la elección de un Buró, y se escogió para integrarlo a los camaradas: Adolfo Pickel, H. Willhoft, Bruno Rossner. A proposi-

A. Pla: Formación de la clase obrera en Venezuela

169

ción del camarada B. Rossner se elaboró un acta con el propósito
de legitimar al camarada Franz Schleese por ante el IV Congreso
Internacional Obrero y fue firmada por todos los camaradas presentes. La misma es del tenor que sigue: 'Los trabajadores socialdemócratas de habla alemana reunidos hoy aquí en Caracas, capital de la República de Venezuela, en virtud de la presente, nombran al ciudadano Franz Schleese, nacido en Magdeburg el 7 de
abril de 1861 como su delegado ante el IV Congreso Internacional Obrero d; Zurich de agosto de 1893. Después de la firma de
esta acta por todos los camaradas, y luego del agradecimiento de
Fránz Schleese por la confianza en él depositada, instó al camarada Picket a transformar esta reunión de provisoria en permanente y realizar, por tanto, a la brevedad, una nueva as:im~~ea.
Terminada la parte formal, a las 11 de la noche se pros1gwo la
reunión con una pequeña tenida durante la cual se formularon
y fueron acogidos múltiples deseos relacionados con nuestras
tareas. Tras el canto de la Marsellisa de los Trabajadores, finalizó la asamblea a la una de la noche.
En 1895 se realiza la primera manifestación de desempleados. Para esa
fecha existían en Caracas unos 3 000 desocupados, y el 20 de enero
salen a manifestar a la calle. Llevan carteles con leyendas tales como
"Pedimos protección para el Gremio de Artesanos" y "El pueblo perece" y aparece un dirigente llamado Antorúo Acosta. Es disuelta por la policía y se detiene a muchos manifestantes. Ante la protesta de la prensa,
el gobernador responde justificando la represión con el argumento de
que "es la onda del socialismo que invade al Viejo Mundo". Así lo narra
Ramón J. Velázquez:
El gobernador de Caracas, Juan Francisco Castillo responde a la
prensa: "no se trata de una manifestación sino de un motín",
afirma, y explica: "no se pidió permiso ni se dió aviso a ninguna
autoridad y además las leyendas de los carteles constituían la
más clara incitación a la asonada". Y agrega Castillo: "El pueblo
conoce la penuria del gobierno" y concluye al referirse a la manifestación de trabaJadores: "es la onda del socialismo que invade al Viejo Mundo".
Al año siguiente (1896) se realizará una importante reunión: se denominará "Primer Congreso de Obreros de Venezuela", y marcará toda una
etapa en la historia social venezolana y en los intentos de artesanos-obreros por hallar formas de aglutinamiento, de organización. Este Congreso
se instaló el 28 de octubre en la Biblioteca "Obreros del Porverúr",
su
presidente fue el doctor Alberto Gonzá]ez Briceño y su secretario Leopoldo Torres Abandero. No vamos a seguir ahora la polémica entablada sobre

�170

SigloXIX

el carácter de esta reunión, pero creemos importante que sectores artesanales e intelectuales tuvieran esta iniciativa. Es más, en el orden del día
se incluyó la propuesta de formar un partido político, que no llegó a plasmarse.
Organizaron este Congreso las siguientes instituciones (que dan una
idea de su composición): el Centro Popular, el Liceo Pedagógico, la Alianza del Trabajo, la Alianza Filantrópica, y los gremios de artesanos, de impresores gráficos, carpinteros, ebanistas, etc. En un remitido publicado en
El Tiempo de Caracas del 20 de octubre de 1896, se incluyen también
otras corporaciones benéficas del Distrito Federal tales como Mutuo Auxilio, Vínculo de Caridad, Amparo Recíproco, Aurora Benéfica, etc.8
Según informa El Tiempo, 9 en el Congreso se declaró fundado el
''Partido Popular". Y ya con fecha 9 de noviembre, ese mismo periódico
anunciaba haber recibido el primer número del periódico El Partido Popular, que apareció el 7 de noviembre de 1896 y que decía ser el órgano
del "Centro Popular y de los Gremios".

Las resoluciones def Congreso se refieren a la educación popular, al
fomento de 1a "economía entre las clases obreras", a "mejorar la situación de las clases obreras según los principios del trabajo", el ahorro y el
cooperativismo entre sus miembros, etc. Este Congreso es el síntoma más
significativo de los cambios que se iban produciendo en Venezuela, y del
surgimiento de nuevas preocupaciones sociales. En este sentido debemos
puntualizar que el gremio más importante entre los presentes en el Congreso es el de los impresores de Caracas, y que ya no se trata de un gre·
mio artesanal, sino obrero. Este gremio se constituyó en 1890.
Como se puede apreciar estamos ante los primeros pasos organizativos e ideológicos. Las expresiones que se encuentran son entonces fragmentarias, aisladas, faltas de continuidad, pero al mismo tiempo significa·
tivas. Hay periódicos, hay reuniones, hay presencia de ideas socialistas y
anarquistas. Si bien no existieron organizaciones socialistas (sociaJdemÓ·
eratas), sino sólo algunos intentos por constituirlas, las ideas socialistas
están presentes y en la prensa se recogen algunas de sus manifestaciones.
En 1893 escribía Pedro E. CoU sobre el lo. de mayo:
es un día grande y hermoso para todos los que aman verdadera•
mente al pueblo y anhelan el triunfo de la verdad... pero taro·
bién... es el día en que la gran familia obrera, compacta, for-

A. Pla: Formación de la cla# obrera en Vennuela

171

mando un solo cuerpo y una misma alma, se presenta al gobierno y a la sociedad reclamando derechos y pidiendo justicia. ..
así como también es el día cuando ... los gobiernos se rodean
con bayonetas, la policía se dispone a hacer fuego sobre el pueblo y la gente acomodada se va al campo, a sus quintas, lejos,
bien lejos... IO
Este Pedro Emilio Coll será luego ministro de Fomento del presidente de
Venezuela José Gil Fortoul, durante un breve interregno en el período
gomecista. Es decir, durante el largo período d?minado J&gt;C?r ~a dictadura
de Juan Vicente Gómez (1908-1935), en la que este gobemo directamente
0 a través de presidentes adictos. CoU era ministro en el año 1914, cuando
estalló la importante huelga de los telegrafistas que fue, aparentemente, la
primera huelga nacional de un gremio en Venezuela; y como ministro la
enfrenta y trata de derrotarla.
La formación de la clase obrera y las primeras organizaciones artesana-

les y de apoyo mutuo fueron suficientes para asustar a las clases dominantes, que creían o querían mostrar los peligros de la nueva situación social.
Sin haberse constituido un sector significativo donde ya se desarrollaban
relaciones capitalistas de producción, las ideas y los programas socialistas
0 anarquistas apuntaban a expresarse. Los inmigrados europ_eos, que no
eran muchos en Venezuela, encontraron así en algunos intelectuales (maestros, abogados) y algunos artesanos, un medio propicio para sembrar las
primeras inquietudes sociales de una nueva clase social, que existía más
como germen que como realidad significativa. Mientras esto fuera así, perscmajes como Coll podían ser sensibles a ciertas reivindicaciones, como lo
hizo en 1893. En 1914 se ha trocado en ministro del sistema gomecista y
su posición ha cambiado radicalmente.
EUo no significa que estas posiciones finiseculares de obreros, artesanos e intelectuales no encontraran contradictores que veían el peligro social inherente a las nuevas ideas. Con motivo de los acontecimientos de los
años 1895-96, el periódico El Obrero Católico exclamará refiriéndose a los
artesanos: "¡Qué ejemplo para enseñamos a comer el pan, amasado con el
sudor de nuestra frente, sin soñar nunca con imposible nivelaciones sociales!". Y se lanzaba contra "la revolución" que azuzaba a los obreros diciendo: "¿Por qué ha de haber pobres y ricos? ¿Quién es ese Dios que da a
wios tanto, y a otros tan poco? Así lo grita la Revolución a los Obreros, ·
excitando en ellos la ambición, el orgullo, la soberbia y el espíritu de rebeldía ".11

�172

Siglo XIX

En resumen, para fines del siglo XIX existían en Venezuela diversos
elementos destacables en lo que se atafle al lento proceso de modernir.ación del país: la introducción en algunos sectores de relaciones de producción capitalistas, con el consiguiente efecto de la aparición de núcleos verdaderamente obreros y ya no sólo artesanales; la inversión de capital extrañjero y sus consecuencias en cuanto a la dependencia de tipo imperialista, y no sólo comercial del país, frente a los centros metropolitanos
(especialmente Inglaterra); y por último, una confrontación de ideas sociales distintas, unido a intentos organizativos que no por incompletos o
fracasádos dejan de ser parte de las nuevas condiciones.
En lo que se refiere al petróleo, señalemos que ya en 1878 se había
otorgado una concesión para su explotación a la Compañía Petrolia del
Táchira. Sus operaciones son las primeras en este rubro, y sólo nos indica una fecha en que las actividades ligadas a este tipo de actividad económica comienzan a expresarse. Los trabajadores de estos campos son más
bien jornaleros en pequeño número, aunque al mismo tiempo constituyen
d antecedente de la formación del proletariado petrolero.

' en Caracas y
En 1902 aparecen varias entidades de tipo mutualista
en el puerto de La Guaira (en esta última se denominará "Sociedad Vínculos de Caridad'} Y también en otras ciudades del país comienzan a formarse mutualidades de trabajadores de talleres de pequeña producción.
Una de las características de la época, es que los diversos gobiernos, en
época de crisis, rebajan los sueldos de sus empleados. Así por ejemplo, en
agosto de 1901 se disminuyen los sueldos como consecuencia de la guerra
civil, y la rebaja es "proporcional de los sueldos que pasen de cien bolívares, desde un 15 hasta un 500/o. Esto último para los de mil bolívares en
adelante ...",12 según consta en el periódico El Obrero de Maracaiho. Un
poco más adelante se mencionan los sueldos que se pagan en las oficinas de
telégrafos: Jefe de estación, 120 bolívares; guarda, 60 bolívares; repartidores, 1 Oholívares.13

m.
En la primera década del siglo se hacen más frecuentes los movimientos de
protesta de diversos sectores de trabajadores.

A. Pla: Formación de la cime obrera en Venezuela

173

En 1908 hay una huelga en el puerto de La Guaira y otra de tranviarios de la ciudad de Caracas. Por fin, en 1909 se registrará un nuevo intento organizativo de las asociaciones activas en el momento, y que agrupan a
verdaderos núcleos obreros. Se trata de la "Asociación ele Obreros y Artesanos del Distrito Federal", que publica un órgano de prensa: Unión Obrera.

Ese mismo año se aprobó el Estatuto del Gremio de Tipógrafos, que
ya cuenta entre sus estipulaciones que quien·sea presidente de la República será Presidente Honorario de la sociedad. Así el Gremio se dirige a Juan
Vicente Gómez para comunicarle su designación como Presidente Honorario. Era un requisito legal para poder actuar, pero se debe tener·en cuenta
que el gobierno de Gómez, en sus primeros años, no era todavía la dictadura que fué posteriormente. En ese momento, era sólo el caudillo de turno.
Es oportuno señalar que Gómez había derrocado a su compadre el
general Cipriano Castro en 1908, quien gohemaba desde 1899. Castro se
caracterizó por oponerse a pagar las deudas a las potencias extranjeras, con
lo cual adquirió una cierta aureola de luchador nacionalista, y ello suscitó
un conflicto internacional en 1902. En ese año las escuadras alemana e inglesa bloquearon las costas venezolanas. Ese bloqueo se produjo mientras
se desarrollaba en el país una insurrección armada dirigida por Manuel A.
Matos. Fue la llamada "Revolución Libertadora " y estuvo financiada por
empresas como Raison and Co. de Londres, el Ferrocarril Alemán, The
New York and Bermúdez Co. y la Corporación del Cable Submarino, francesa.
La coincidencia del bloqueo llevó a que la burguesía y los comerciantes locales se unieran al reclamo de que Castro accediera a las demandas de
las escuadras que cerraban los puertos. Castro se niega. Hay una acción mi~tar con la cual, el 17 de enero de 1903, los buques de guerra alemanes trataron de romper la barra del puerto de Maracaibo, pero fracasan por la
eficaz acción de la artillería venezolana. No obstante, Castro debe acceder
a garantizar el pago de la deuda con el 30% de los ingresos del puerto de
La Guaira. Con todo esto se suscita una intervención holandesa y también
de los Estados Unidos, y continúan los roces con las grandes potencias
hasta que, el 20 de junio de 1908, este último país rompe relaciones con
Venezuela. Pocos días después también lo hace Holanda. Castro ha enfermado y Juan Vicente Gómez aprovecha para tomar el poder manifestando
que se trata de "una evolución dentro de la misma causa ".14

�174

Sigk&gt;XIX

Gómez cuenta con apoyo del exterior, y especialmente de los &amp;tados
Unidos. Se inicia así una larga dictadura que si comenzó como otro pron~~ciamiento ~udill~, será al mismo tiempo el último caudillo del tipo
mihtar-&lt;¼lmpesmo del siglo XIX. Sólo que Gómez aprovechará la bonam.a
petrolera para convertir al país en monoproductor, garantizando a las compañías extranjeras el orden necesario para su explotación. Se convierte así
en gendarme de las compañías para asegurar ei' funcionamiento de los campos de petróleo. Los grandes beneficiarios, a través de un proceso de traspaso de concesiones de exploración y explotación, serán la Standard Oi)
Co. y la Royal Dutch Shell.

Las relaciones de producción capitalistas -empero- se abren paso
muy lentamente. Un documento de 1911 explica cómo se realizaban las
tareas rurales. Según testimonio asentado en el Archivo Histórico de Miraflores,15 la carta que envía desde Santa Bárbara del Zulia el Jefe Civil del
Distrito Colón al presidente Juan V. Gómez, describe como "completa~ente desastroso y tirano (...) el mal tratamiento que tienen los peonesJOmaleros de las distintas haciendas del Distrito", y califica la situación no
como de ciudadanos libres sino "como de animales y esclavos". El mecanismo de explotación incluye multas y demás "cargos indebidos" a los
efectos de "sostener el hacendado una deuda de cada peón, para que éste
esté obligado a vivir esclavizado en un trabajo, perdidas por completo sus
garantías ciudadanas".
Como se puede apreciar se trata de la supervivencia de relaciones sociales de producción muy comunes en la América colonial, que se han
denominado sistema de "peonaje", o sea servidumbre por deudas. El salario rara vez supera los dos bolívares diarios, que generalmente recibe el
peón en mercancías, cuyo precio está recargado por el monopolio que ejerce la tienda de raya de la hacienda. A veces para mencionar el valor de una
hacienda no se dice cuánto cosecha, sino cuánto produce la pulpería. Estas
formas precapitalistas siguieron prevaleciendo hasta casi mediados del siglo
XX, pero en la época en que el Jefe Civil hizo su denuncia era lo común.
Sobre todo se debe tener en cuenta que nos estamos refiriendo a un distrito
e~ donde,se ha dado ya el impacto del desarrollo petrolero, y es de las reg10nes mas adelantadas del campo venezolano. Para terminar la anécdota
diremos que los hacendados de la zona y los personeros gomecistas acusarán
al Jefe Civil. Entre los acusadores se encuentra el general Régulo Olivares,

A. Pla: Formación de la clase obrera en Venezuela

175

a quien veremos aparecer unos años más tarde en la escena política de Maracaiho, y un tal señor Ménd~z, que consiguen al poco tiempo una solución
acorde con la orientación del propio Gómez: la destitución del Jefe Civil.
Entre febrero y marzo de 1914 se llevó a cabo el movimiento de huel-

ga más importante del período que estamos tratando: la huelga de los telegrafistas, que adquiere carácter nacional. Se quejaban de Ja rebaja de sueldos y de la limitación de las partidas para el mantenimiento de los equipos.
Indica el documento del Archivo Histórico de Miraflores:
En marzo de 1914, los telegrafistas de todo el país fueron al paro
por razones laborales. La Dirección General de Telégrafos había
acordado una rebaja general de salarios y la eliminación de las partidas destinadas a la conservación de los equipos. A esta disposición que afectaba de manera grave a la vida familiar de los operarios, respondieron los trabajadores. Al movimiento de protesta
iniciado por los operarios de la Estación Central de Caracas respondieron los Jefes de Estación Oriente, encabezados por Jacinto
López, Carlos Savelli, Felipe Rivas, J. Fernández Ortíz y F.
Croes, de Irapa, Macuro, Yaguaraparo, Río Grande y Güiria, respectivamente. Otro tanto hicieron desde Río Chico Nemesio Parada, Abraham Carrillo, Femando Azpurúa y Domingo Russián.
Igual Valencia, Trujillo, Maracaibo. En San Cristóbal la intervención de Eustoquio Gómez impidió el movimiento de solidaridad.
El Presidente Provisional Dr. Gil Fortoul dictó medidas de prisión
contra los promotores de la huelga. 16
Los trabajadores, al recibir la comunicación con las mencionadas medidas,
envían inmediatamente un telegrama al Direclor General en el cual terminan manifestando: "Esperamos aumento de sueldo y mejor trato o reemplazo inmediato". El gobierno decide un aumento de 10 bolívares por
quincena, que es rechazado. El 2 de marzo, en otro telegrama, los trabajadores dicen que no sólo protestan sino que renuncian a sus cargos, "si no
se nos aumenta el sueldo. Los telegrafistas de Venezuela son demasiado
abnegados para tan poca recompensa".
El movimiento sigue y se forma una Junta de los operarios para hacer
frente al gobierno. Es interesante notar que los telegrafistas siguen en sus
puestos y controlan las líneas de la red, por lo que sus telegramas, organizando nacionalmente la huelga del gremio, es un instrumento esencial de la
lucha. Su actuación es legal y hasta las convocatorias a las reuniones las
hacen por la red nacional de telégrafos. Est.á insinuada una ocupación de
las fuentes de trabajo, y el gobierno reacciona ordenando la prisión de to-

�176

Siglo XIX
A. Pla: Formación de la clase obrera en Venezuela

dos los jefes de estación. Los operarios responden y desde Oriente llega el
primer telegrama a las autoridades: "Pedimos se suspenda la orden de prisión contra los jefes de estaciones de esta ciudad y de Carúpano, o si no
que se ordene también nuestra prisión, pues somos solidarios de nuestros
compañeros".
Este telegrama muestra la segunda faceta importante que podemos
destacar de este movimiento, no muy bien conocido por lo fragmentaria
de la información que nos ha llegado. Si por un lado es un movimiento
nacional y los operarios actúan durante varios días ocupando las estaciones y utilizando la red telegráfica, por fin demuestra un solidaridad en la
lucha que caracterizará m~chas luchas obreras venezolanas posteriores.
Digamos por último, que el propio documento del Archivo señala:
"No se encuentran en el Archivo documentos que relaten el finaJ de la
jornada, pero a deducir por uno de los últimos telegramas que aquí se
publican, los telegrafistas lograron las modificaciones del Presupuesto que
originó la protesta".
En 1918 se produce otro movimiento importante: la huelga ferrocarrilera del mes de junio. En la zona de Aroa se encontraban minas de cobre que habían S1do explotadas desde mediados del siglo XIX con intervención de capitales británicos. Asimismo, desde la costa. y aprovechando
el puerto de Tucacas se extendió la línea ferroviaria de Aroa-Tucacas, por
supuesto también de capital inglés. Citando a Carlos E. Febres se constata :
Desde principios de 1918 los empleados y obreros del ferrocarril
Tucacas-Aroa comenzaron a expresar su descontento por los bajos
sueldos y salarios que devengaban, así corno por las pésimas condiciones de trabajo que imperaban en la zona. Vale notar que las
relaciones de trabajo estaban regidas por el "Re;Iamento Interno
de Ferrocarriles Ingleses para América del Sur". 1
Y un poco más adelante:
Los primeros días de julio estalló la huelga y paralizó totalmente
las actividades de la "Bolívar Railway Company Limited" en sus
estaciones de Aroa, Tucacas y Duaca así como las actividades extractivas y procesadoras de la "South American Copper Synd.icate
Limited". El conflicto ocasionó también la paralización del tráfico de goletas entre Tucacas y las Antillas Holandesas, ya que por
el tren eran embarcados los productos agrícolas que abastecían a
Curacao, Bonaire y Aruba.

177

El gobierno de Gómez envió fuerzas policiales y un comisionado, ante lo
cual los huelguistas descarrilaron trenes de carga en diversos tramos de la
línea y paralizaron el tráfico en forma completa. Ante la gravedad de los
hechos las compañías ofrecen un pequeño aumento de salario, que los
obreros resisten. No obstante, la represión traducida en la detención de un
grupo de trabajadores termina por hacer que los ferrocarrileros acepten el
ofrecimiento de la compañía. Es interesante notar cómo aquí también aparece una acción obrera muy decidida, con el descarrilamiento de trenes,
métodos de lucha que no se volverán a repetir más adelante.
En ese mismo año de 1918 se publica en Caracas un periódico que
volverá a llevar el nombre de El Obrero. Su principal animador es Leopoldo Torres Abandero, a quien vimos como secretario del Congreso Obrero
de 1896. Los primeros siete editoriales están dedicados a explicar "Qué es
bolchevismo". Con respecto a este atrevimiento, es necesario aclarar que la
prensa del régimen gomecista venía sacando artículos sobre la revolución
rusa, terminando siempre por mostrar que los bolcheviques eran propiamente el diablo, arrasaban los campos y realizaban desmanes y saqueos de
todo tipo. Torres Abandero pensó narrar con mayor objetividad los hechos, lo cual en verdad lo ubicaba en una línea de simpatía hacia la revolución rusa y los bolcheviques, sin que se pueda afirmar que fuera comunista.
Sin embargo, y a pesar del tono descriptivo y periodístico de los textos, la
dictadura no se engañó:
El Obrero es clausurado violentamente, incinerados los ejemplares

localizados y solamente se salvan algunos números que sirven de
apoyo a esa referencia histórica. Los redactores son presos y conducidos a La Rotunda de donde jamás salen en libertad: allí mueren tal es la orden de Juan Vicente Gómez, quien sí intuye la
' que diSlffiU
. 1an aquellos e diton.ales... 18
verdad
Aclaramos que La Rotunda era la prisión gomecista, que se hizo famosa
pues allí iban a parar los presos políticos en -esta época. Salir con vida de
La Rotunda era casi un milagro.
En 1919 se organizó una Confederación General Obrera sobre la base
de los trabajadores tranviarios de Caracas, del Gran Ferrocarril y de Teléfonos, participando también obreros de la electricidad. Publicó otro periódico El Obrero de corta vida.
En ese mismo año hay diversas huelgas, como las de los zapateros,

�178

A. Pla: Formación de la clase obrera en Venezuela

Siglo XIX

tranviarios, tipógrafos, de miner&lt;?S dP cobre de Aroa (que consiguen un aumento de salario de 15,5 céntimos diarios), etc. Los tranviarios realizaron
diversos movimientos durante este período } se pueden contabilizar las
huelgas reivindicativas de 1913, 1919, 1921, 1925 y 1930, según testimonió más adelante Pedro Ortega Díaz, abogado del sindicato y dirigente comunista.19
Es dP destacar que en esos años se desarrollan divrrsas actividades económicas 4ue serán centro dr formación de núcleos proletarios: una fábrica
de cemrnto en La Vrga, varias fábricas de cervPza y de textiles, moderni1,ación dP los ferrocarriles, } otras. Con el fin de la Primera Guerra \1undial
Uegarán a Venezuela varios militante~ anarco-sindicalistas qut&gt; influyeron
para organizar diversos sindicatos di' oficios: zapateros, albañiles, carpinteros, panadt&gt;ros, empedradores de calles y caminos, etc. Estos sindicatos de
oficios muestran la existencia amplia de talleres donde se mezcla la vieja
relación artesanal subsistente con el proceso de la formación de una clase
obrera manufacturPra más diversificada.
Otra huelga importante de este período es la del puerto de La Guaira,
Pn junio de 1919. Los trabajadores de The La Guaira Harbor Corporation
Ltd ., ped Ían un aumento de sueldo dt&gt; tres bolívares por tont&gt;lada que S&lt;'
descargara. Estos trabajadores cumplían un horario de trabajo de 10 horas
todos los días, indu idos los domingos. La huelga duró menos de una semana. El administrador informó así sobre el movimiento:

. . . fuí infonnado por el caporal que él podía formar una nueva
cuadrilla para atender el trabajo, pues había hombres suficientes
dispuestos a trabajar. Le autoricé para ello y más tarde me informó que tenía una cuadrilla de 40 hombres y los extraordinarios
que necesitase... En las primeras horas de la mañana como 10 de
los huelguistas se estacionaron en la puerta inferior del rompe
olas diciendo que no pennitirían pasar a ningún hombre de los
muelles; informé al prefecto de esto y él ordenó a la policía que
hicieran salir dichos hombres de las propiedades de la compañía;
salieron todos y entonces la nueva cuadrilla pasó a los muelles y
se dió comienzo a la descarga del vapor; pero al salir el primer
tren de pasajeros y equipajes, los huelguistas aumentados por muchos otros hombres del pueblo, detuvieron el tren en aduana, diciendo que no permitirían descargaran el equipaje ...20
Con esta solidaridad del pueblo del puerto, los huelguistas consiguen hacer
retroceder a la compañía, que acepta una mediación del Prefecto. Los
trabajadores nombran una comisión que los presenta y se llega al acuerdo

179

de volver al trabajo pagando la compañía 2 ,25 bolívares por tonelada descargada, y un bolívar extra si la tarea se realiza después de las seis de la
tarde, o en d Ías domingo o feriados.
En relación a los ferrocarriles y sus trabajadores, sPñalemos que de
acuerdo con las investigaciones de José l. Urquijo se consiguió en ese sector el primer contrato colectivo en Venezuela, tan temprano como en

1919.
El ferrocarril tiene una larga historia en el país, pues los primeros intentos de trazar una línea se remontan a 1835. Luego de diversos proyectos fracasados, fue en 1877 cuando se logró este avance. Se trataba precisamente del ferrocarril que unía Tucacas con las minas de Aroa. En 1914
existían diez líneas de ferrocarril , con una extensión de 831 kilómetros
de acuerdo a los datos del ministro de Obras Públicas. La mayorÍa de ellas
df' capital extranjero. A ello había que agregar unos 98 kilómetros más de
vías locales para la actividad minera.
El Gran Ferrocarril de Venezuela, al cual sr lo conocía como el ferrocarril alemán por estar en manos de capitales alemanes, era una de las
mejores IÍneas y tenía una longitud dr 180 kilómetros. Su estación de partida estaba situada en Caracas y tocaba veinticinco estaciones hasta llegar
a la ciudad de Valencia. Para 1911 el ferrocarril alemán contaba con 423
trabajadores y es de hacer notar que la mayoría tenían alguna calificación,
dado el tipo de actividad .
En 1919, según el periódic? El Obrero, había dos gremios de trabajadores ferroviarios: la Corporación Obrera del Ferrocarril Central de Venezuela y la Corporación Obrera del Gran Ferrocarril de Venezuela (el ferrocarril alemán). La empresa del ferrocarril alemán era de las que se podían
drnominar progresista para su época, ya que había construido hospital para sus obreros, cuidaba las condiciones de trabajo y estimulaba el trabajo
con premios y reconocimientos. El 19 de julio de 1919 la empresa accedió a firmar un convenio con sus trabajadores. En dicho convenio, que
llrquijo considera legítimamente un convenio colectivo, se estipulan varias
conquistas de los trabajadores, que en esta oportunidad no fué necesario
arrancar por medio-de un movimiento de fuerza. El convenio, publicado en
El Universal del 18 de julio de 1919, lleva por título "En el Ferrocarril
Alemán; Bases del Acuerdo entre la Dirección y los Empleados y Jornaleros". Se consignan allí once cláusulas, de las cuales las más salientes dicen:
a) aumento de sueldos y jornales de un 25% siendo el minimum Bs. 40

�180

Siglo XIX

y el máximo Bs. 50; 2) todo empleado con más de cinco años de antigüedad tendrá sueldo mensual; 3) se fija 9 y media hora de trabajo para todos
los jornaleros; 4) se acepta un seguro por accidente que será entre 2 500
Bs. y 5 000 Bs. "tomando en consideración las condiciones de tiempo y
sueldo del empleado"; 5) se dará un descanso anual de quince días a todo
empleado a sueldo: 6) habría indemnización en caso de muerte del trabajador; etc.21

A. Pla: Fonnación de la clase obrera en Veneruela

181

ro se vio en aprietos para rescatar un pasado comunista que tuvo influencia
real en el movimiento obrero, al mismo tiempo que tomaba distancia con
las primeras actividades de esos comunistas.
Con respecto a Pío Tamayo, un comunista romántico de su época y
no un anarco comunista, los testimonios son unánimes al declarar que
hablaba no sólo de materialismo histórico, sino de organización sindical y
política.

IV.
Según Rodolfo Quintero, militante comunista de muy vasta y contradictoria trayectoria, el movimiento obrero venezolano se inició con la
influencia anarco sindicalista. En realidad esta visión es exacta a medias,
ya que si bien Uegaron anarcosindicalistas al país lo cit&gt;rto es que diferenciar a los primt&gt;ros comunistas de aquellos sindicalistas es tarea difícil.
Ha) elementos contradictorios de tipo ideológico a considerar. Quintero
dice así, por ejemplo, en un trabajo:
... el predominio del taller artesanal y la pequeña manufactura,
las prédicas y gestiones de los anarcosindicalistas europeos, espa-

ñoles e italianos principalmente, y el contacto con un grupo de
estudiantes influenciados por las charlas del anarco comunista
Pío Tamayo en los calabozos del Castillo de Puerto Cabello fueron los factores económico-sociales e ideológicos que signar~n la
propaganda obrerista de los primeros tiempos.22
Como dijimos, Quintero, como comunista, en sus escritos más actuales da
una versión matizada de los ht&gt;chos pasados. Hay que recordar que como
militante tuvo actuación destacada aún antes de participar en la fundación de un sindicato en 1932, en la zona petrolna.
Pero t&gt;I argumento de Quintero es que él mismo fué influenciado en
aquella época por las ideas anarquistas, razón por la cual se hizo una autocrítica. Era la manera más rápida y menos comprometida de borrar
la actividad de los comunistas venezolanos, especialmente a partir de
1928 cuando imperó el criterio de lucha de "clase contra clase" en la
lntrrnacional Comunista. Se descalificó toda una época, hasta 1935, invocando una influencia anarquista que part&gt;cc enorme ) en realidad ha
sido pequeña. Es sintomático que rsas influencias "anarquistas" se tra·
duzcan en incitación a actuar en política, lo que estaba más de acuerdo
con la posición comunista del llamado "tercer pt&gt;ríodo ". Sólo que Quinte·

A Pío Tamayo oímos por primera vez en su charla llena de imágenes poéticas, el relato de las luchas de los partidos políticos, de las
huelgas, de la constitución de los sindicatos.
A él, quien estaba en vigilia permanente de muerte, le escuchamos
por primera vez una concepción materialista de la historia y una
teoría cabal de cuanto acontecía en Venezuela.23

Pío Tamayo era un poeta, con lecturas del materialismo histórico y una inquietud política que lo hizo caer en los sótanos de la cárcel. Pero los comunistas, incluso aún dirigentes del Partido Comunista venezolano hasta pocos años 'atrás, se nutrieron de aquella influencia de la cual Tamayo fue
uno de los primeros en abrir un nuevo horizonte.
Sin embargo Quinteto dice que los rasgos anarquistas de aquel período
inicial se pueden observar por las "formulaciones, objetivos y tácticas,, de
las organizaciones de la época. La autocrítica de Quintero llegó a mencionar que
las "Lecciones Obreras" redactadas por mí y difundidas en Caracas en 1930 reflejan un estado de confusióo ideológico y los efectos de los planteamientos hechos por aquellos equivocados pero
respetables compañeros anarco-sindicalistas. Los gremios de panaderos, tranviarios y otros organismos denominados de "mutuo
auxilio" fueron seriamente penetrados por las ideas de Proudhom
y Bakunin.
Es más, sostiene que en el sindicato petrolero, SAMOP, fundado en 1932,
"predominaban tendencias anarquistas". Es importante señalar que esta es
la fecha también de la aparición del primer manifiesto del Partido Comunista. Y es interesante encontrar la coincidencia de lo que dice este manifiesto con lo que, a la distancia de los años; Quintero califica de anarquismo. La concepción de clase contra clase inspiró el primer manifiesto comunista.

�182

Siglo XIX

Ya volveremos sobre el problema del comurúsmo. No obstante no queremos negar la existencia de la influencia anarquista. Existió y se expresó
en la organización de los sindicatos por oficio, que es parte de toda una
concepción, pero en forma limitada. El periódico Compañero transcribía
un testimonio interesante de un viejo militante sindical:
Yo recuerdo, ya para los años 27 y 28, época de las luchas estudiantiles, que todavía existían muchos anarcosindicalistas. Ellos,
subestimaban al partido político y le daban fundamentalmente
importancia al sindicato. Consideraban que el sindicato era la
fuerza definitiva para la transformación de la sociedad y que la revolución tenía que fundamentarse en una huelga general que desquiciaría la actual sociedad y que necesariamente convertiría a la
clase obrera en el elemento determinante de la dinámica social.
Ellos predicaban esto e impulsaron organizaciones de las más antiguas, como la de zapateros, albañiles, y algunos grupos gráficos
que nacieron bajo el signo del anarcosindicalismo... Los anarcosindicalistas fueron los que enseñaron a los intelectuales las primeras cosas referentes a los sindicatos.24
Junto al proceso de formación de la clase obrera y las primeras manifestaciones organizativas así como de las luchas que entablaron, se va a ir
desenvolviendo un proceso de resistencia a la dictadura de Juan Vicente
Gómez: culminará en la formación de diversas organizaciones políticas.
Cipriano Castro fué el que inició el dominio de un grupo de caudillos
del estado Táchira de los Andes venezolanos. Los sucesivos gobernantes
desde 1899 hasta 1945 son tachirenses y generales (Castro, Gómez, López
Contreras, Medina Anagarita ), y especialmente Gómez combinó todas las
artes de la dictadura con la represión más violenta en beneficio del grupo
de hacendados, del qüe formaba parte, y de las compañías petroleras. En
el gobierno se convierte en el aliado de las empresas petroleras, que encuentran en el gobernante venezolano la garantía policial para la impunidad de sus actividades.
No obstante, esta situación generó recelos y resistencias. Hay una
combinación de elementos en esta resistencia a Gómez: viejos caudillos
desplazados, nuevos sectores sociales que buscan mejorar sus condiciones
de existencia como son los trabajadores de diversos ramos y por fin, el
surgimiento de un sector de intelectuales y estudiantes que van a nutrir
varias empresas antigomecistas.
Surgen entonces diversas organizaciones políticas, donde la mayoría

A. Pla: Formación de la clase obrera en Veneruela

183

de las veces. se confunden algunos viejos caudillos con los jóvenes estudiantes que quieren abatir la dictadura. Haremos una menció~ de algunas
de estas organizaciones, con la intención de mostrar que aun antes de
1928, fecha de la rebelión estudiantil, ya existía un gérmen de preocupación y organización política. Las diversas organizaciones que van emergiendo muestran los intentos, en c_ondiciones de clandesti~dad, r~r encontrar una respuesta política y aun social como alternativa al regimen.
Si la dictadura no fué abatida, ya que se mantuvo hasta la muerte de
Gómez, en diciembre de 1935, es importante señalar la existencia de
elementos que explicarán a los protagorúslas posteriores. En este ~er~odo
que cubre de 1918 hasta 1929 se pueden considerar dos etapas distintas
en cuanto a organismos de resistencia contra la dictadura.
En primer lugar una etapa de organizaciones en el exilio, que resumidamente comprende las siguientes:

1918- "La Nueva Venezuela", en Nueva York. Son conservadores, pretendían invadir

1918-

Venezuela, pero no lo consiguen.

"La Unión Patriótica". Del mismo carácter que la anterior.

1918- "La Sociedad Patriótica". Del mismo carácter que las anteriores.
1919- ''Partido Republicano Democrático", en Cúcuta, Colombia. Son
nacionalistas y como los anteriores se preparan a invadir a Vene•
zuela, sin lograrlo.

1922- ''Partido Republicano", en México. Se los ha calificado de socialistas utópicos, se inspiran en la revolución mexicana. Organizaron dos invasiones: una es la de Arévalo Cedeño en marzo de
1924 a través del Río Arauca (Colombia): y la otra es la de Rafael
Simón Urbina, que lo intentó por Coro en Venezuela.

1922- ''Unión Revolucionaria Venezolana", que se organizó también en
México y pretendió invadir, sin conseguirlo.
Estas organizaciones todavía reflejan la presencia de corrientes tradicionales de la política venezolana: viejos caudillos desplazados, en su mayoría de mentalidad conservadora o en el mejor de los casos nacionalista.

�184

Siglo XIX

Algunos de los protagonistas de estas luchas contra Gómez participarán en
las organizaciones que surgirán en Ja segunda etapa que hemos mencionado.
Esta segunda etapa ve nacer a otro tipo de organización, con una preocupación social mayor. Entre otras comprendió:
1926- "Partido Revolucionario Venezolano" (PRV), que se organiza en
México. Quieren invadir pero se fijan el objetivo político de
concientizar al pueblo, y buscan desarrollar en el interior del país
una acción coordinada con el grupo en el interior. Hay allí ya una
influencia de la Internacional Comunista que se combina con la
de la revolución mexicana. Plantean ''la emancipación del obrero
de la arbitrariedad capitalista". Intentó dos veces derrocar a Gómez. La primera invasión la dirigieron Gustavo Machado -luego
uno de los principales dirigentes comunistas hasta la época presente- y Rafael Simón Urbina, por la vía de Curacao. Esta invasión
tuvo ribetes de heroísmo y fué el más importante de todos los
intentos desde el exterior. Después de derrotada esta invasión en
territorio venezolano, Urbina realizará un segundo intento, también fallido.
1927- "Unión Cívica Venezolana", en Nueva York. Se pronuncia contra
el caudillismo y contra el comunismo.
1929- ''Partido de Liberación Nacional", en París. Organizan una invasión por el oriente de Venezuela, entrando por Cumaná. Antes de
ser derrotados tienen varios choques armados importantes.
Como se puede apreciar, al mismo tiempo que la dictadura se consoli-

da, se va modificando de manera paralela el tipo de organización que surge
para oponerse. El más importante sin duda es el PRV, que va a ser un centro de aglutinamiento de los pocos comunistas venezolanos de la época. Hay
que tener en cuenta que la presencia de la Tercera Internacional en el Caribe, por esos años 20, va a ser importante y también surge allí, con sede
en México, la Liga Antimperialista de las Américas, que publica un periódico llamado El Libertador por lo menos entre los años 1925 y 1928. En
dicho periódico figuran como miembros de su dirección dos destacados comunistas venezolanos: Salvador de la Plaza y Gustavo Machado. Se destaca
por el apoyo a las luchas de Sandino en Nicaragua, y si en general se queda
en un planteamiento antimperialista, preconiza la táctica de "frente único",
aprobada en el Primer Pleno del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista en diciembre de 1921.

A. Pla: Fonnación de la clase obrera en Venezuela

185

Por último mencionemos la existencia de una organización denomina-

da ''Unión Obrera" , formada por emigrados venezolanos en Nueva York
y cuyo principaJ dirigente es el doctor Carlos León. De este grupo, José
Rafael Pocaterra dijo en sus Memorias:
Venía a ser este grupo, chico y todo, un punto de contacto para
corrientes dispersas . . . Pero naturalmente fuera de los intereses
de los dos o tres que dragoneaban allí de jefes, acogióse con simpatía y algunos les prestaron ayuda -nunca mejor que el sacrificio que se imponían sus propios fundadores- a aquel grupo, y se
25
creyó que sería el núcleo de un partido obrero organizado".

OTAS
l. Brito Figueroa, Federico. TAS repercusiones de la revoluci6n socialista de Octubre en Venezuela. Ed. Vanguardia, Caracas, 1977.
2. Brito Figueroa, Federico. Las repercusiones. .. , op. cit., p. 17.
3. Ordenanzas 1870-1876. Resoluciones y Acuerdos sancionados por el Consejo
Municipal. C~nsejo Administrativo del Distrito Federal. Secció? XXV, p. 41~3.
Citado por Carlos E. Febres et. al." Antecedentes y primeros nucleos proletanos
venezolanos 1870-1914". Facuitad de Ciencias Económicas y Sociales, UCV, s/f,
mimeo, p. 64.
·
4. Arclúvo Históricodel Congreso de la República, Caracas, 1864.

5. "Solicitud de los Representantes del Gremio de Artesanos a los ciudadanos Senadores y Diputados de los Estados Unidos Venezolanos", Archivo Histórico
del Congreso de la República, 1865. Reproducido en el periódico El Eco de las
Artes, Caracas, 19 de mayo de 1865.

6. Citado por Naudy Suárez. "Un capítulo inédito en nuestra historia de las ideas.
Socialdemócratas en la Venezuela de fines del siglo XIX". En re\·ista Nueva
Política, no. 17-18, Caracas,julio-diciembre de 1975.
7. Velázquez, Ramón. La caída del liberalismo amarillo. Caracas, 1973, p. 327 Y
sigs.

8. Parra Aranguren, Femando Ignacio. Antecedentes de la ley del Trabajo de 1928.
Universidad del Zulia, Maracaibo, 1975, p. 45-43.
9. El Tiempo, Caracas, 16 de diciembre de 1896, no. 1122.
10. El País Caracas 2 de mayo de 1893. Citado por Leonardo Rodríguez, "El primero le mayo e~ el siglo XIX", en revista Esfuerzo, Caracas, no. 10, mayo-junio
de 1981, p. 16.
11. El Obrero Católico; Tovar, año 1 , no. 3, 20 de julio de 1896.

�186

Siglo XIX

12. El Obrero, Maracaibo, no. 35, 12 de agosto de 1901.

PORFIRIATO Y REVOLUCION

13. El Obrero, Maracaibo, no. 85, 10 de octubre de 1902.

Conflictos Obreros y Legislación Laboral
en Nuevo León (1885-1918)

14. Croes, Hemmy, El movimiento obrero venezolano, Ed. Movimiento Obrero,
Caracas, 1973, p. 47.
15. Archivo Histórico de Miraflores, no. 32, septiembre-octubre de 1964, p. 183189.
16. Archivo Histórico de Miraflores, no. 28-29, enero-abril de 1964.

Javier Rojas Sandoval*

17. Febres, Carlos Eduardo. "La huelga ferrocarrilera de junio de 1918", El Nacional, Caracas, 4 de mayo de 1980.
18. Brito Figueroa, Federico. La, repercusiones. .., op. cit. p. 21.
19. Ortega Díaz, Pedro, en Aquí Está, 31 de mano de 1943.
20. Arcila Farías, Eduardo. Centenario del Ministeriode Obra, Pública, 1874-1974,
Ministerio de Obras Públicas, Caracas, 1974, p. 265.
21. Urquijo, José l. R.P. "El primer contrato colectivo en Venezuela", en Revisto de
Investigaciones sobre Relaciones Industriales y Labora/e,, Universidad Católica
Andrés Bello, Caracas, septiembre-octubre de 1979, no. 2, p. 35-46.
22. Quintero, Rodolfo. "Bajo el signo anarquista se inicia el movimiento sindical
venezolano", en Jesús Prieto Soto, Las luchas obrera, por nue1tro petróleo, Maracaibo, 1970, p. xn.xm.
23. Femández, Carlos E. Hombres y sucesos de mi tierra, (1909-1920), Caracas,
1960, p.133.
24. Compañero, Carneas, no. 2, mayo de 1976.
25. Pocaterra, Rafael ;J. Memorias de un venezolano de la decadencia. Ed. Edime,
Caracas-Madrid, 1966, 4 lomos, vol. IV, p. 25.

Este trabajo es un breve estudio sobre la situación de los obreros fabriles
de Monterrey, y de los trabajadores en general de Nuevo León (en el noreste de México). Abarca dos períodos: el primero comprende el gobierno
del general Bernardo Reyes (1885-1909); el segundo, algunos momentos
fundamentales de la Revolución, entre 1912 y 1918.
El aspecto principal que se trata de describir es el relativo a los decretos sobre derechos obreros emitidos tanto por el régimen de Bernardo
Reyes como por los grupos de revolucionarios que se sucedieron en el poder local, desde los maderistas hasta los constitucionalistas.
Al final se hace una comparación sobre dichas medidas legislativas con
otros estados de México con el objeto de conocer el avance realizado en la
protección de los derechos de los trabajadores durante todo el período.

l.

LA LEGJSLACION LABORAL DURANTE EL REYISMO

En principio, cabe aclarar que no es del todo acertado hablar de una legislación laboral durante el mandato de Bernardo Reyes, como tampoco en el
régimen de Porfirio Díaz: los derechos obreros no estaban plasmados en

*Facultad de Filosofía y Letras, Universidad Autónoma de Nuevo León (México)

�188

Siglo XIX

instrumentos jurídicos específicos. Sin embargo en Nuevo León, durante el
reyismo, se produjeron algunas iniciativas legales que de alguna manera pretendieron regular las relaciones obrero-patronales. Tal fue el caso de la Ley
sobre Accidentes de Trabajo expedida en 1906, sobre la cual y en torno a
otras iniciativas jurídicas relativas a los obreros trataremos en el presente
trabajo.
El período que va de finales de la octava década del siglo XIX hasta
1909, que compr~nde parte del gobierno de Lázaro Gana Ayala y las dos
décadas del régimen de Bernardo Reyes, ha pasado a la historia regional
como el del despegue industrial de Monterrey.
Fábricas de- acero y otros metales, cerveza, vidrio, textiles y cemento,
entre otras, se instalaron y crecieron bajo la política liberal del Estado porfirista y de su representante local Bernardo Reyes.
Con lo anotado, no ..se pretende atribuirle el mérito exclusivo y determinante en el proceso de industrialización a los personajes que estuvieron
al frente del gobierno de Nuevo León, y de manera señalada a Bernardo
Reyes. Sólo se pretende subrayar que la política aplicada por Reyes constituyó un factor que, junto con otros, fue de primordial importancia para
el proceso de industrialización local.
El gobierno reyista no solo otorgó concesiones y exenciones de unpuestos a los empresarios. También les proporcionó un ambiente de paz
laboral mediante la aplicación de instrumentos legales como una forma de
control sobre la fuerza de trabajo, lo que permitió la formación de una
mano de obra segura, estable y disciplinada, y posibilitó una sostenida y
ascendente acumulación de capital.
Durante el reyismo, en ausencia de una legislación laboral que amparara los derechos colectivos de los obreros, el sistema que reglamentaba las
relaciones entre éstos y los patrones se basaba en los códigos Civil y Penal
y, en particular, en el contrato individual. Dejaba así en manos del con•
tratante las prerrogativas de fijar las condiciones de trabajo: jornada, salario, etc.. Por lo cual, en los casos en que el obrero no cumpliera con las
normas dictadas por los propietarios de las fábricas, podía ser despedido
sin ninguna responsabilidad para el empleador.
Primero fue la penalización de la vagancia (1886): todo aquel ciudadano que no ejerciera "alguna industria, arte u oficio honesto de subsistir"

J. Rojcu S.: Conflicto, y legulación laboral en Nuevo Le6•

189

era obligado a cpntratarse en las fábricas o las haciendas mineras en calidad

de prófugo de la justicia, o bien, enrolado en el servicio militar. En caso
contrario tenía que depositar una fianza de entre 100 y 300 pesos, hasta
que se ocupara en un trabajo honesto.* Era una forma de proveer de
mano de obra, por parte del Estado, a una industria urgida de fuerza de
trabajo ''libre ".1
Frente a las intenciones que los asalariados pudieran abrigar de realizar
huelgas o cualquiera otra forma de acción para mejorar sus condiciones de
vida ¡ de trabajo, el régimen aplicaba mano dura. Según el Código Penal de
la época, se castigaba con ocho días y hasta tres meses de prisión, o era
sometido a trabajos forzados -además de pagar de 25 a 500 pesos de multa-, quien empleara violencia física o moral con el objeto de hacer subir o
bajar los salarios o jornales obreros.2 Otro ejemplo de esta política de
mano dura lo constituyó el hecho de que en mar1.o de 1898, con motivo
de la huelga del Ferrocarril del Golfo, se envió una circular a los jueces de
Letras en la que se recomendaba proceder con todo el rigor de la ley, negando el derecho df' libertad bajo fianza a los involucrados en delitos contra la propiedad, el servicio o el orden público. Señalaba de manera especí- ,
fica a los huelguistas ferrocarrileros. 3
Para los efectos de capacitar la fuerza laboral que requerían las empre•
sas, '; recurría a los contratos de aprendizaje. Los aprendices, que podían
ser adultos o menores de edad, eran contratados por los patrones sin ningún compromiso de retribución salarial. Si el aprendiz abandonaba el centro de instrucción, el propietario tenía facultades para demandarlo (a él o
a su representante, en el caso de menores de edad) por los perjuicios ocasionados al abandonar el lugar de trabajo. 4
Pese a tal situación, Bernardo Reyes se dio a la tarea de sancionar leyes
en favor de los trabajadores. Francisco l. Madero sostendría en su libro La
sucesión presidencial que estas leyes obedecían a propósitos propagan•
dísticos, con el objeto de ganar adeptos en su promoción para la presiden•
cia de la repúhlica.5 Y es probable que esas hayan sido las motivaciones de
Reyes para impulsar algunas importantes disposiciones legales -como las
que se señalan abajo- en favor de los asalariados.

*Curiosa moral, cuando algunos de los capitales amasados por empresarios do Monterrey habían surgido del comercio ilegal realizado con Estados Unidos.

�190

J. Roj&lt;u S.: Conflict.o, y legulaci6n laboral en Nuevo Le/Jn

Sip,XIX

Jornales y fraude

Al parecer eran frecuentes los abusos cometidos por algunos patrones
~ecíficamente en las sociedades anónimas- quienes, aduciendo insolvencia económica, no pagaban los salarios. Ello hizo que el gobierno reyista tipificara como delito de fraude o robo sin violencia estos casos,
mediante una refonna al Código Penal del estado promovida en 1906.6

Accidentes de trabajo

En febrero de 1907, un periódico local, el Monterrey News, publicó un
artículo editorial sobre la necesidad de legislar en materia de accidentes
de trabajo. Decía el periódico:
En estos momentos en que los fatales acontecimientos de Río
Blanco se relacionan, parécenos oportuno llamar la atención hacia la falta de una ley sobre accidentes de trabajo. La industria comienza a desenvolverse con cierta amplitud y adquirir las formas
que tiene en los pueblos civilizados, en donde por desgracia la
pugna entre el capital y el trabajo reviste con no poca frecuencia
gravísimos caracteres. .. Entre nosotros el capital tiene como es
debido toda clase de garantías, y a esto debemos su inmigración
que tantos beneficios ocasiona, puesto que viene a fomentar la
riqueza y dar impulso al progreso y a la prosperidad de la Nación,
no acontece otro tanto con el trabajo que puede decirse carece
del apoyo del poder público. for estas tierras se ignora si los edificios q1.1e albergan las industrias tienen la necesaria amplitud para
contener a los que están expuestos a contraer enfermedades a causa de las substancias que manejan o de las emanaciones que aspiran, si trabajan más tiempo del que pueden resistir sin lesionarse el
organismo humano, si las mujeres y los niños son dedicados a
labores que los agoten, si la maquinaria está en buenas condiciones de seguridad e instaladas de tal manera ~ue aleje la posibilidad·dc una desgracia no imputable a descuido.
Del texto citado se pueden inferir en parte las condiciones de trabajo pre•
valecientes durante el reyismo, lo cual explicaría la expedición de la Ley
sobre Accidentes de Trabajo. Conviene tener presente que esta ley tuvo como antecedente inmediato la promulgada por Vicente Villalda en el Distrito Federal, en abril de 1904.
La reglamentación reyista obligaba al patrón a indemnizar a los obreros en casos de accidentes de trabajo. En su artículo cuarto se especificaba

191

que la indemnización comprendía "el pago por la asistencia médica y far.
macéutica de la víctima, por un tiempo no mayor de seis meses, así como
el de los gastos de inhumación".8
Había tres tipos de accidente en que el patrón quedaba eximido de
responsabilidad civil: a) los de fuerza mayor, extraña a la industria de que
se tratara; b) por negligencia inexcusable o culpa grave de la víctima; c) los
derivados de la intención del empleado y operario por causarse daño.
El artículo segundo establecía: "independientemente de la imputación
de la causa todo accidente se estima como accidente de trabajo y por lo
tanto es responsabilidad del patrón, hasta en tanto no se compruebe lo
contrario".9 No obstante lo anterior, en el considerando once establecía
que la prueba "de estas excepciones -se refiere a los accidentes en donde
el empresario era eximido de responsabilidad- queda a cargo del patrón o
propietario de la industria ". 10
Es importante hacer notar que la citada ley hace referencia exclusivamente a los accidentes de trabajo, y deja fuera de consideración las enfermedades profesionales. Tampoco se contemplan los casos del trabajo infantil o de mujeres embarazadas.
Según Santiago Roel, en un trabajo publicado en 1931, la aplicación
de la ley fue muy limitada:
Los patrones se rehusaban a cumplirla y obligaban a los trabajadores a acudir a los tribunales de justicia para reclamar sus derechos alegando siempre aquéllos que el operario sufría el accidente
por impericia o descuido y, tras una tramitación que duraba largos
años, o la acción deducida por la víctima era abandonada o se
concedía la razón al patrón. Aquella humilde ley de accidentes de
. era com bati'da energicamen
' .
t e por e1 cap1'tal.11
trab aJo

Ley de Jornales

Un año antes que renunciara a la gubematura de Nuevo León, Bernardo
Reyes decretó (agosto de 1908), la Ley sobre Jornales: prohibía los abusos
que cometían los hacendados con los peones agrícolas, quienes eran vinculados a las haciendas mediante el otorgamiento de préstamos o adelantos
monetarios. De esa manera los peones quedaban sujetos al hacendado de
por vida, y era frecuente que sus hijos heredaran las deudas.

�192

SigioXJX
J. Roja, S.: Conflictos y legislación laboral en Nuevo León

Dado que las industrias demandaban cada vez mayor número de ohr&amp;ros, el régimen reyista decretó la ley citada. Establecía que "e] salario de
los jornaleros no está sujeto al pago de anticipos que se hagan a éstos a
cuenta de trabajo... el pago del anticipo sólo será exigible hasta la tercera
parte de la cantidad que importe dicho jornal en un afio ".12 No prohibía
pues el trabajo por deudas: sólo reglamentaba dicho sistema.

Junto a la legislación del reyismo operaba la política laboral de los
propios empresarios. Consistente en el otorgamiento de casas y escuelas,
!lis acciones se dirigían a fijar y, por lo tanto, controlar la fuerza de trabajo.
Con respecto a los salarios que se pagaban en esa época en las industrias, era evidente su superioridad en comparación a los rurales. En 1906,
por ejemplo, mientras Cervecería Cuauhtémoc pagaba un peso por jornada diaria, en el campo los trabajadores agrícolas recibían en promedio cincuenta centavos. 13
Entre los trabajadores de una misma empresa existían diferencias salariales de consideración, que rebasaban los promedios. Sin embargo, cabe
advertir que ello obedecía, principalmente, a la existencia de técrúcos extranjeros -como sucedía en las grandes fundiciones y en la Fábrica de Vidrios y Cristales- quienes recibían salarios más elevados. En Fundidora
de Fierro y Acero, el salario era hacia 1906 de tres pesos con 75 centavos,
en tanto que en Vidrios y Cristales llegaba a cinco pesos el pagado a técrúcos alemanes.14
Conviene señalar empero que los obreros regiomontanos no disfrutaban de una situación de privilegio en comparación con otros de la república. Si se comparan los salarios devengados por los trabajadores textiles de
Veracruz (que en promedio ascendían a un peso 25 centavos en 1906) con
los obterúdos por los obreros de la misma rama industrial de Nuevo León,
la diferencia es negativa para estos últimos en 25 centavos.
Si bien es. cierto que los trabajadores regiomontanos recibían algunas
prestaciones, como casas y educación para sus hijos, es difícil considerar
que esto los convirtiera en obreros que gozaban de coqdiciones excepcionales: en otros centros fabriles del país se otorgaban similares prestaciones.

193

A) lado de estas prestaciones era frecuente el trabajo infantil en empresas

como las textiles, con salarios muy inferiores a los de los adul tos. 15
En cuanto a acciones huelguísticas y paros obreros, se tienen pocas
noticias: la de los ferroviarios de 1906, cuya demanda principal era la
igualación de los salarios de los obreros regiomontanos con los d~
extranjeros; la huelga de 1906 promovida por alemanes contra la fábrica de
Vidrios porque la empresa les descontó una parte del salario, debido a que
descansaron el 5 de mayo, lo cual no estaba contemplado en los contratos;
00 1907 se registraron conflictos menores en las fundicion~ Y_ otro en el
Ferrocarril Central, por aumento de salarios y por el reconocuruento de las
uniones gremiales.

1?8

De los datos consignados se puede anotar que la acción obrera durante
d reyismo fue mas bien débil. Ello puede explicarse a partir de una serie de
hechos combinados, como los siguientes: la política laboral de los emp~esarios; la legislación laboral del gobierno y su ac~itu~, conten~~ora_ ~, finalmente el desarrollo tardío del proceso de orgaruzac1on y politizac1on obrera (po; ejemplo, hasta
no han ~o~alizado e~presiones del an~~
mo u otras corrientes pohtícas e 1deologicas ohrerJStas durante esos anos.
tanto la organización como la ideología predominantes fueron el mutualismo y el cooperativismo).

ah~r:1 ~

Esto no significaba, empero, que no existiera en Monterrey el _pro~~ema obrero. Se expresaba justamente por la carencia de una legislac1on
que amparara los derechos fundam~ntale~ de los asalariados_, ~to de
sus condiciones de vida y de trabajo as1 como del reconocumento de
sus organizaciones. Es decir, no cab~a _el recono~imie~t? de los d~r~~?8
de asociación, de huelga, jornada maxuna, salarios ~numos, prohib'.~1on
del trabajo infantil, salarios iguales de los obreros meXJcanos con relac1on a
los extranjeros, días de descanso pagados, horas e~tras, etc., L~ prueba de
que tales prerrogativas no existían, ni en el pape~ ru en la practica, fue_ que
serían demandados reiterativamente por los trabaJadores durante el penodo
revolucionario.

ll. EL MADERISMO Y EL MOVIMIENTO OBRERO
En La sucesión presidencia~ Madero hace referencia de manera específica
a los conflictos de Río Blanco y Cananea. 16

�194

Sigi-OXIX

Sobre las huelgas textiles, si bien justificaba las acciones emprendidas
por los obreros y reconocía las causas que las motivaban, concedía no obstante la razón a Porfirio Díaz por no haber obligado a los empresarios a
que aumentaran los salarios, al mismo tiempo que criticaba a los trabajadores por haber decretado la huelga en un momento inoportuno. Asimismo
juzgó como un momento de extravío el asalto a la tienda de raya realizado por los obreros de Orizaba.
En relación a Cananea, Madero censuraba a D íaz por no haber procedido a formar colonias agrícolas con los desocupados. Lo mismo decía
respecto de los textiles de Orizaba y Puebla.
Ya en el poder, el maderismo se mostró más conservador que revolucionario en relación al problema obrero. Madero retomó las funciones del
Departamento del Trabajo creado por el presidente interino Francisco
León de la Barra. El organismo gubernamental se concebía como un instrumento para controlar y mediatizar las huelgas.

. Rosendo Salazar, un historiador del movimiento obrero nacional , ha
dicho que
la democracia maderista temía a los dirigen tes obreros y, a veces,
los mandaba al exilio; el órgano periodístico maderista Nueva
Era, tildó a la Casa del Obrero Mundial de ser un nido de anarquistas que difundían propaganda perniciosa y conspiraban contra el gobierno. Temeroso de la influencia que alcanzó la Casa del
Obrero Mundial entre los círculos obreros, Madero ordenó su
clausura, la supresión de su periódico, el arresto de sus dirigentes
mexicanos y el exilio de los extranjeros. Simultáneamente los
funcionarios del gobierno propiciaron la formación de una ~rganización rival y menos militante: La Gran Liga Obrera.17

En Monterrey, la familia de Francisco l. Madero tenía importantes intereses
económicos, tal y como lo han revelado las investigaciones de Mario
Cerutti. El abuelo del revolucionario, Evaristo Madero, había amasado,
desde la segunda mitad del siglo XIX, una respetable fortuna que sería
luego invertida en negocios industriales y otras empresas cuyos capitales
se encontraban asociados a los Madero.
Debido a ello, no es extraño que uno de los dos personajes que ocuparon la gubernatura del estado durante el período maderista haya sido,
precisamente, miembro. de la familia Madero: Viviano L. Villarreal, tío

J. Rojas S.: Conflictos y legislaci6n laboral en Nuevo León

195

político del presidente, casado con Carolina Madero, que fue presidente
del Consejo de Administración del Banco de Nuevo León (fundado por
Evaristo Madero). Villarreal figuraba además como accionista en importantes empresas locales. El otro gobernador fue el general Gerónimo Treviño, quien concluyó el ciclo maderista: mantenía múltiples lazos empresariales con los Madero, incluyendo al citado Banco de Nuevo León. 18
En el aspecto obrero, hasta ahora no se ha podido encontrar información que indique las repercusiones inmediatas del cambio de régimen
político entre los trabajadores regiomontanos. Existen algunos datos
que comprueban que dentro del marco de la apertura política creada
por el maderismo, algunos grupos obreros participaron en actividades
políticas.
Se tienen referencias de la constitución del Primer Círculo de Obreros Libres en abril de 1912, que agrupaba a los asalariados textiles de las
fábricas La Industrial y El Porvenir. Es probable que la constitución de
este organismo haya estado relacionado con la convención de industriales y obreros de la industria textil realizada en julio de 1912, cuando se
estableció el reglamento que normaría las condiciones de trabajo de esta
rama industrial a nivel nacional, problema que surgió durante el gobier•
no maderista. En este mismo lapso se tienen noticias de la huelga promovida por la Unión Fraternal de Obreros de la fábrica textil La Fama,
por aumento de salarios.
Hay que anotar que durante el ciclo maderista la economía regional
no sufrió alteraciones en su funcionamiento. Por el contrario -según ha
19
argumentado un historiador local- mantuvo su nivel de desarrollo.

ID. EL HUERTISMO
Ramón Eduardo Ruiz, historiador del movimiento obrero durante la revolución mexicana, asienta que "el régimen huertista, ya fuera deliberada
o accidentalmente, irónicamente contribuyó a ampliar la esfera de las
reformas laborales".
Agrega que si bien el dictador ordenó clausurar la Casa del Obrero
Mundial
al mismo tiempo .designó para la jefatura del Departamento del

�196

Siglo XIX

Trabajo a Andrés Molina Enríquez y a Rafael Sierra, reformadores muy capaces (. . .) Según reconocieron los mismos constitucionalistas, bajo el régimen de Huerta el gobierno aceptó por
primera vez en la historia de México la importancia del Departamento del Trabajo, el cual no sólo creció en tamaño, sino que
también contó con un presupuesto de ciento once mil pesos, suma dos veces mayor que la asignada por el gobierno de MaderoJ
mayor que la que más tarde le dieron los constitucionalistas.
La actitud del dictador Victoriano Huerta, en relación a los obreros, tenía
un propósito político muy preciso: evitar que los obreros engrosaran Jac;
filas de los eonstitucionalistas, ya que difícilmente podría atribuírsele alguna simpatía por aquellos.

A nivel local, al hacerse Huerta del poder, nombró gobernador de
Nuevo León a Salomé BoLello (ex-diputado reyista, asesor y apoderado de
varias empresas), quien se dedicó a organizar la contrarrevolución con el
apoyo de algunos industriales.21
Es esle gobernador quien promueve la instalación de la Cámara del
Trabajo de Nuevo León, a cinco meses de haber tomado las riendas de la
administración, el 18 de agosto de 1913.22 Medida que era consecuencia
de la política de Victoriano Huerta. El hecho tiene particular importancia
porque tal vez sea el primer organismo gubernamental creado específicamente para atender los asuntos obrero-patronales en Monterrey.
Aunque para el objeto de su constitución fueron convocados empresarios y trabajadores, los puestos principales de la junta direcliva de la
Cámara fueron ocupados por connotados empresarios y funcionarios
gubernamentales. La presidencia quedó bajo el mando del industrial Manuel
G. Rivero, varias veces diputado durante el período de Reyes.
Es probable que el organismo no haya logrado funcionar debido a los
conflictos políticos que desencadenaron Jas acciones armadas de los constitucionalistas.

IV. LA REVOLUCION CONSTITUCIONALISTA
A) El carrancismo y el movimiento obrero
Si bien el proceso revolucionario post-maderista entrelazó varias corrientes

]. Rojas S.: Conflictos y legislación laboral en Nuevo León

197

(la villista, la zapatista, la carraneista y la íloresmagonista), no obstante!ª
que determinó su rumbo fue la de los terratenientes del norte del pa1s,
representados por Venustiano Carranza.
Como se sabe, el punto de referencia del programa político del carrancismo fue el Plan de Guadalupe: tenía como fin desconocer a Victoriano
Huerta como presidente y nombrar a Carranza como primer jefe del Ejército Constitucionalista. El documento no contiene programa alguno de
reformas sociales.
o es sino hasta después de su ruptura con la Convención de Aguascalientes que Carranza -desde Veracruz, en diciembre de 1914- dio a conocer adiciones al Plan de Guadalupe. En ellas se comprometía a expedir
y poner en vigor una legislación para mejorar las condiciones del peón rural, del obrero y en gener-dl de las clases proletarias.
De una manera más amplia, Carranza expuso sus ideas sobre el problema del trabajo en su discurso del primero de diciembre de 1916, durante
las juntas preparatorias del Congreso Constituyente. Carranza planteó reformar la fracción XX del artículo 72 de la Constitución de 1857, mediante el cual se confería al poder legislativo federal facultades para expedir
leyes sobre el trabajo con las que se implantaran instituciones de progreso
social en favor de la clase obrera y de todos los trabajadores.
Carranza hizo además referencia a la reducción de la jornada de trabajo, las responsabilidades de los empresarios en casos de accidente, al ~eguro
de-enfermedad y vejez, los salarios mínimos, entre otras demandas. Sm embargo, no abordó el punto atinente al derecho de los obreros a formar
sindicatos.
A pesar de estos pronunciamientos favorables a la clase obrera, la práctica demostró que Venustiano Carranza estaba muy lejos de pretender realizar reformar profundas sobre sus derechos. Así lo confirmó el decreto
de agosto de 1916, con el cual Carranza condenó a pe~a de muc~te a los
electricistas que se habían declarado en huelga por meJoras salanales. En
los considerandos, Carranza fue tajante en su posición contra los trabajadores, al expresar que si bien la revolución había tenido como u_no de sus
principales fines la destrucción de la tiranía capitalista, no hab1a de permitir que se levantase otra tan perjudicial... como sería la tiranía de los
trabajadores.23

�198

Siglo XIX

Con esto Carranza pagaba el acto de adhesión que un año y medio
atrás la Casa del Obrero Mundial le había hecho patente, al formar los Batallones Rojos para combatir a los campesinos revolucionarios zapatistas.
Como argumenta un tratadista del derecho mexicano del trabajo
Nestor de Buen, "las consecuencias sociales de la revolución, y en particular las contenidas en el Artículo 123, se produjeron no gracias a Venustiano Carranza, sino a pesar de él".24

J. Rojas S:: Conflictos y legislación laboral en Nuevo León

199

l · ·ento del salario mínimo, acabar con la desigualdad entre los
estab ecum
, d I ah . inf til
obreros nacionales y los extranjeros, la prohibicion e tr ªJº
an ,
etc.
Justamente en noviembre de 1914, cuando los revolucionarios a~
mantenían controlada la ciudad de Monterrey, los obreros de~~ Comp~1a
Minera, Fundidora y Afinadora estaban reclamando la reducc1on de la Jor26

nada de trahajo.

B) De Antonio l. Villarreal a la Junta Central de Conciliación y Arbitraje

En la exposición de motivos del decreto, el jefe revolucionario ~frece
su visión de la sociedad regiomontana y en general de Nuevo Leon de

l. La prohibición del trabajo por deudas

esos tiempos. Decía Villarreal:

A mediados de 1914, Salomé Botello, adicto al huertismo, fue obligado a
renunciar por los revolucionarios constitucionalistas. Quedó al frente del
estado el general Antonio I. Villarreal, nombrado por V enustiano Carranza.
Como resultado de los enfrentamientos armados entre huertistas y
constitucionalistas, las actividades económicas de Monterrey se vieron
afectadas considerablemente. Se habla incluso de una semiparálisis de la industria, el comercio y las comunicaciones, lo que trajo escasez y el encarecimiento de múltiples productos de consumo popular.
Después de tomada la plaza, los revolucionarios procedieron a confiscar los bienes de las personas que habían colaborado con el huertismo, lo
que hizo que muchos propietarios de empresas y negocios huyeran y se
internaran en los Estados Unidos.25
En este contexto y a un mes de haber tomado posesión de la administración del gobierno de Nuevo León, el general Villarreal emitió ul\ decreto
prohibiendo los trabajos personales en compensación por deudas.
Resulta interesante hacer notar lo limitado del decreto, particular•
mente por cuanto su autor había sido un destacado militante del movi•
miento floresmagonista, movimiento que se había caracterizado por representar la corriente más radical del constitucionalismo en relación al
problema obrero.
El general Villarreal había firmado el programa del Partido Liberal en
1906: contemplaba la reducción de la jornada de trabajo a ocho horas, el

En el Estado de mi gobierno -y este debe ser un timbre _de or~
gullo para los nuevoleoneses- puede decirse que n~, existe e
proletariado con los caracteres de miseria y abyecc10_n_ ~~e se
perfila en la mayor parte de los estados mexic_anos. ~a d1v1s1on de
la propiedad, la extendida costumbre de antano arraigad~ d~ celebrar contratos de aparcería con los labradores; la peq~ena industria siempre floreciente; la multitud de escuelas esparcidas por todo su territorio, etc., han contribuido a que sea un p~co menos
conflictiva la condición de la causa desamparada y huerfana, objeto de todas nuestras solicitudes...
Hasta aquí la parte optimista del documento, que r~ta el pro~eso ~e
Nuevo León. Luego menciona el problema que seg~m el revoluc1onar10
era el que más afectaba a algunos sectores de asalanados: las deudas de
peones y sirvientes:
pero todavía quedan resabios coloniales y restos ~-e tiranía
fe~dal; aún existen peones y sirvientes que de ge~erac1on en generación vienen soportando el peso de las cue?t3:8 inacabables debidas a los amos; aún en los talleres y en las fabncas se consum,en_
obreros sin poder redimir ni con su sangre las deudas_de_l patron,
, en e1 seno de las familias vegetan, desesperados s1rv1entes
aun
d
' de
todas las clases que no alcanzan jamas a ver el fruto e sus 1mprobos trabajos, porque todo lo abonan a_ la deuda, esa deuda que
mientras más se afana por solventarla, mas _c~ece; y es_p_o~ todo lo
expuesto, obligación de est~ _gobierno, ~x1gir el sacnf1c10 de los
pudientes en auxilio y benef1c10 de los miserables.

· Villarreal decretaba·· 1) Queda estrictamente prohibido
E n consecuencia,
exigir trabajos personales en compensación de deudas; 2) Los contravento-

�200

Siglo XIX

res serán considerados como enemigos de la causa y castigados severamente; 3) Amos, patrones, etc., quedan_ obligados a dar a conocer este decre~ a los sirvientes de _ambos sexos, fijándolo en lugares visibles; 4) Habrá
mspectores para el meJor cumplimiento de esta disposición.27
_ El documento tiene particular significado porque tal vez haya sido
Junto con la creación de la Junta Central de C011ciliación y Arbitraje del
estado e~ octubre de 1918, la instrumentación jurídica más importante
~e- realIZaron sobre los derechos de los trabajadores de Nuevo León los
disbntos grupos revolucionarios que se sucedieron en el poder local.2s
El de~reto de Antonio I. Villarreal revela que el trabajo por deudas no
era e_~clus1vo para los trabajadores del campo: el general revolucionario
tambien hace ~ef~renci~ ~ fábricas y talleres. El sistema de trabajo por
~eudas en las fabncas quIZas tuviera como base las Liendas de raya que func10"1&gt;an en algunas empresas.
icuán real era la visión optimista que expresara el general Villarreal en
la primera parte del decreto? Aunque el nivel de las investigaciones realiz~das hasta el presente no nos permite hacer generalizaciones, tenía razon _rl general revolucio~rio al comparar la situación de Nuevo León ( que
tenia e~ Mo~~errey un area industrializada y con alto desarroUo urbano),
con la ~1tuac1on muy d~erente de otros estados de la república en donde
p~edommaba la econom1~ agrícola. Acudiendo al estudio de algunos conflictos obreros que se ~egistran durante el gobierno del general Villarreal,
nos podemos dar una idea, aunque sea parcial, de las condiciones de trabajo en que se desempeñaban los obreros regiomontanos. .
Antes de esto, conviene apuntar un factor que habría de influir decisivamente como estímulo de las luchas obreras: nos referimos a la desarticulación de la aclividad económica como consecuencia de los enfrentamienlos ~~dos, como ya lo mencionamos anteriormente, lo que hará
que las peticiones sobre aumentos de salario sean la demanda más frecuente de los movim'.entos huelguísticos. Las otras demandas prioritarias
ohrera_s ~ran las relativas a la reducción de la jornada de trabajo y el reconoc1mienlo por parte de las empresas de las organizaciones gremiales.

De los conflictos obreros más importantes registrados durante el go-

J. Rojas S.: Conflictos y legislación laboral en Nuevo León

201

hiemo del general Villarreal, pueden anotarse los siguientes:
a) La huelga del Sindicato de Motoristas y Conductores de la Compañía de Tranvías, Luz y Fuerza Motriz de Monterrey, empresa de capital extranjero (canadiense) que e11 1916 fue intervenida por el gobierno.29
Esta huelga· generó una división entre los grupos revolucionarios, ya
que el general Ildefonso Vázquez envió una escolta de diez soldados, a
petición de la empresa, para brindar protección a los empleados de la
compañía. En tanto, otro militar revolucionario, el coronel José E. Santos,
remitió otro contingente armado el día siguiente de iniciada la huelga
con instrucciones para que no se obedecieran las órdenes de los representantes de la compañía, sino únicamente las que emanaran de las autoridades militares.
Entre las exigencias de los trabajadores huelguistas figuraban el reconocimiento del sindicato, aumento de 23 centavos por día a los salarios
y el retiro de tres empleados de la compañía, entre ellos el superintendente. La empresa no accedió a las demandas obreras. En particular, se
negó a reconocer al sindicato y a otorgar el aumento de salarios.
Este conflicto tiene particular significación por la crítica que hacen los
obreros al movimiento constitucionalista y por la respuesta que diera el general Villarreal a sus delegados, a quienes expresó que no era momento de
hacer huelgas.30
b) En octubre de 1914 los obreros de la Compañía Manufacturera de
Cerillos, agrupados en el Sindicato de Cerilleros, declaran una huelga, por
segunda ocasión, en demanda de la reducción de la jornada de trabajo de 9
a 8 horas, el reconocimiento del sindicato, para que la empresa contratara
obreros exclusivamente del sindicato, supresión del uso de fósforo blanco
por su alto riesgo para la salud de los trabajadores, cancelación del trabajo
. y aumento de salarios.
. 31
a destaJO
La empresa se niega a satisfacer las peticiones y amenaza con cerrar la
planta, despedir a los agitadores y recontratar nuevo personal. Al parecer
los empresarios hacen efectiva parte de la amenaza, ya que un año después
del conflicto, un grupo de obreros acude: ante el gobierno del estado pidiéndole interceda por ellos para que la empresa los reinstale en sus antiguos puestos de trabajo.
·

�202

Siglo XIX

J. Roja&amp; S.: Conflicto&amp; y legislaci6n laboral en Nuevo Le6n

203

e) Los gremios de la Compañía Minera y Fundidora de Monterrey van
a la huelga en noviembre de 1914, en demanda de aumento de 50 centavos
al salario y reducción de la jornada de diez a ocho horas.32

se expresaba como la libertad irrestricta de los patrones para contratar
fuerza de trabajo según sus necesidades e imponiendo sus condiciones en
cuanto a jornada, salario y otros. _,

La empresa juzga que la huelga es ocasionada por la acción de unos
cuantos descontentos y da a conocer, en carta dirigida al gobierno, que los
obreros reciben 25 centavos diarios como premio (anteriormente sólo era
para los que trabajaban domingos y días festivos y religiosos), que además
ofrece medicinas y servicio médico gratuito y la mitad del sueldo por enfermedad.

Lo que sí hicieron los sucesores de Villarreal fue instrumentar medidas
para la reconstrucción y la desconfiscación de los bienes, para ganar así la
confianza de los empresarios.

d) En este mismo período se producen otros conflictos obreros en las
fábricas textiles: por aumentos de salarios, por la reinstalación de trabajadores despedidos, por la creación de una bolsa de trabajo para los desempleados y por el reconocimiento del derecho de sindicalización.

El general Pablo A. de la Garza, gobernador designado por Carranza
en junio de 1915, duró en el cargo -exceptuando los tres meses que ocuparon la plaza los villistas- hasta 1917.
De la Garza procedió a desmantelar la Oficina Confiscadora y devolvió los bienes a los propietarios que habían sido afectados por los revolucionarios del gobierno anterior. La otra medida tomada por Pablo A. de
la Garza fue la de poner en vigor las antiguas disposiciones del Código Penal reyista, destinadas a castigar la vagancia y la mendicidad.

3. Las huelgas de l 918
Finalmente, es importante anotar que durante el gobierno del general
Antonio l. Villarreal se fundó la que, tal vez, haya sido la primera organización multisindical del estado: La Federación del Trabajo de Nuevo León,
en octubre de 1914.33
Aunque al parecer fue una organización que no agrupaba a los sindicatos y uniones obreras de las grandes empresas, no dejó de tener representatividad. Los sindicatos fundadores de la Federación fueron los panaderos, albañiles, carpinteros, pintores, curtidores y zapateros.
2.

De la confiscación a la reconciliación

Los gobernadores que sucedieron al general Villarreal hasta la promulgación de la Constitución local, en diciembre de 1917, no tuvieron ni el tiempo ni quizás la intención de introducir reformas significativas en favor de
los asalariados.
La reiterada demanda obrera de que les reconocieran sus organizaciones gremiales se topó con un empresariado que no estaba dispuesto a
aceptar un poder extraño dentro de la fábrica. De aceptarlo, significaría
renunciar a la vieja práctica del capitalismo liberal de la época reyista, que

El primer gobierno constitucional fue el de Nicéforo Zambrano: tomó las
riendas del estado en mayo de 1917 y permaneció hasta 1919.
Durante la administración de Zambrano se expidió la Constitución de
Nuevo León, se eligió la primera legislatura constitucional y se fundó la
Junta Central de Conciliación y Arbitraje de Nuevo León.

Entre 1917 y 1918 se computó un gran número de huelgas en las
cuales se vieron involucradas las más importantes empresas: las fundiciones, las cuatro fábricas textiles (La Leona, la Fama, el Porvenir y la
Industrial), la Compañía de Tranvías, Luz y Fuerza Motriz, la Cervecería
Cuauhtémoe. También,
los maestros de las escuelas municipales de
Monterrey.
Fue un período de auge huelguístico en demanda de aumentos salariales, reinstalación de obreros despedidos, firma de contratos colectivos,
aplicación de la Ley sobre Accidentes de Trabajo, reducción de la jornada y reconocimiento de las organizaciones gremiales.
La mayoría de esos movimientos exigían el cumplimiento de las dis-

�204

Siglo XIX

J. Rojas S.: Conflict-Os y legislación laboral en Nuevo León

205

posiciones del Artículo 123 de la Constitución Federal, recientemente
aprobado, lo que daba a las demandas obreras legitimidad frente al Estado y frente a los empresarios.

condiciones que probablemente existían en otras empresas de la misma rama. El documento es importante, también, porque los obreros toman como referencia lo estipulado por el Artículo 123. Decía:

Conviene tener presente que detrás de esta avalancha de acciones obreras se encontraba una serie de hechos que tomaba difícil la situación de la
población trabajadora. Entre ellos cabe mencionar la sequía que azotó la
región desde 1914 hasta 1917, provocando una reducción considerable de
la producción agrícola; y las dificultades para importar alimentos de Estados Unidos, debido a la Primera Guerra Mundial. Ello trajo como consecuencia la escasez de alimentos y su encarecimiento.

a) "no se respeta la jornada nocturna de 7 horas en varios departamentos" (por lo cual los obreros exigen el tiempo extra, como lo estipulaba la fracción 1 del art. 123).
b) ''La empresa no concede el día de descanso semanal obligatorio".
c) "No existe el reparto de utilidades".
,
d) ''Los técnicos extranjeros ganan de 6 a ~ pesos po~ d1~, en ~to
que los obreros mexicanos que realizan el mJSmo trahaJO solo reciben
de 2 a 3 pesos".
e) Se pedía que el gobierno nombrase una comisión del Consejo Superior de Salubridad para que inspeccionara las casas de los obreros,
ya que carecían de los servicios más elementales.
f) "No se respeta la ley contra accidentes de trabajo. Solo existen en el
interior de la empresa, para atender los accidentes, agua oxigenada,
alcohol y petróleo" ( reconocen los servicios de un médico en la planta, pero pocas veces lo localizaban. Agregan una descripción de las
condiciones antihigiénicas que prevalecen en la fábrica).
g) ''La empresa no respeta el derecho de los obreros a organizarse en
sindiéatos" ( denuncian que fueron despedidos en masa los miembros
35
de la directiva del sindicato).

Otro factor que contribuyó a agravar aún más la situación de la población, fue la epidemia de fiebre española que tuvo lugar a mediados de
1918. Según los informes del gobernador Zambrano, provocó alrededor de
5 600 defunciones.34
Ante la ola huelguística y las dificultades para resolver los conflictos
sólo bajo sus buenos oficios, y como consecuencia del mandato constitucional, Zambrano resuelve convocar a las uniones y sindicatos obreros, así
como a los gerentes de las negociaciones industriales y al presidente de la
Cámara de Comercio de Monterrey. Su objetivo era constituir la Junta
Central de Conciliación y Arbitraje del estado (JCCyA), de acuerdo con los
términos del texto constitucional (que en su preámbulo y la fracción X
facultaba a los gobiernos de los estados a legislar en materia del trabajo).
En marzo de 1918 quedó instalado el organismo conciliatorio, integrado por cinco miembros: dos patrones, dos obreros y un representante del
poder público.
Desde sus primeras intervenciones en los conflictos obrero-patronales,
el organismo oficial enfrentó las reticencias de los empresarios, que no
acataban los fallos emitidos por la Junta, sobre todo los extranjeros.
A dos meses de haberse constituido, la Junta intervino en el conflicto de los trabajadores siderúrgicos y metalúrgicos. Los representantes
obreros enviaron una carta al gobernador Zamhrano exponiéndole la actitud del gerente de la compañía ASARCO, quien no acataba las disposiciones emitidas por la Junta. Es importante citar algunos de los puntos de la
carta porque reflejan las concliciones de trabajo en la fábrica mencionada,

El gerente de ASARCO envió al gobierno del estado una respuesta a
las denuncias formuladas, negando su veracidad. Los obreros deciden lanzarse a la huelga poco tiempo después.
En general, la actitud adoptada por el primer gobierno constitucional
no fue más allá de la conciliación de los conflictos. Hasta ahora no se han
encontrado referencias que indiquen que se haya inclinado en favor de los
asalariados. Por el contrario, en algunos casos apoyó abiertamente a los
empresarios y no faltó ocasión para que amenazara con reprimir los mo~mientos de huelga, como el promovido por los trabajadores del Ferrocarril
36
Constitucionalista en septiembre de 1918.
Los conflictos más agudos estallados en 1918 fueron los de las fundiciones ASARCO, Compañía de Minerales y Metales, Fundidora de Fierro
y Acero, Compañía Fundidora y Afinadora Monterrey y Compañía de
Tranvías, Luz y Fuerza Motriz.

�206

Siglo XIX

A principios de junio de 1918, los obreros de Fundidora de Fierro y
Acero declaran un paro exigiendo de la empresa el pago de tiempo extra
por el trabajo de los domingos. Ante la negativa de la gerencia, buscan la
solidaridad entre compañeros de las otras fundiciones. Se suman los tranviarios, quienes incorporan su rechazo a un nuevo reglamento que quiere
imponerles la empresa.

El movimiento de las grandes fundiciones amplía su pliego de demandas al incluir el reconocimiento de las uniones gremiales y sindicales, el
cumplimiento de la Ley de Accidentes de Trabajo, mejorar la higiene y
seguridad en el interior de las fábricas y que ningún trabajador sea despedido sin causa justificada.

El conflicto obliga a realizar un congreso de sociedades obreras, con
el objeto de conjuntar fuer.i;as y así hacer una mayor presión sobre los
patrones. Las huelgas concluyen con la firma de sendos convenios en los
cuales los trabajadores logran sacar adelante la mayoría de las demandas.
Esto sucedió el 10 de junio de 1918. Pero un mes después, los trabajadores
vuelven a promover paros y otras acciones en protesta porque los empresarios se niegan a cumplir con lo pactado el 10 de junio.
El gobernador de Nuevo León, en su informe de 1918, expuso los resultados finales de los movimientos huelguísticos registrados durante ese
año. Informó que los obreros tranviarios fueron cesados en masa; los de la
Fundidora de Fierro y Acero regresaron al trabajo sin haber conseguido solución alguna a sus demandas; en tanto que los obreros de ASARCO y de
la Compañía Fundidora y Afinadora Monterrey (Peñoles) habían levantado sus huelgas por solidaridad.37

Dos años después, en 1920, se vuelven a plantear, en las mismas empresas, excepto en la de tranvías, nuevas acciones huelguísticas por las mismas causas que motivaron las de 1918.
. Puede anotarse que estos movimientos huelguísticos constituyeron las
primeras grandes derrotas que sufrió la clase obrera regiomonlana, según
se desprende de la documentación estudiada.

J. Roj&lt;U S.: Conflictos y legislación laboral en Nuevo León

207

CONCLUSIONES PRELIMINARES
En vista de que el trabajo desarrollado constituye un primer acercamiento

al tema sobre la problemática obrera durante el período aludido, no es
posible derivar conclusiones consistentes.
Sólo se puede dejar apuntado que en la documentación revisada se
observa que los distintos grupos de revolucionarios que se sucedieron en
el gobierno del estado, desde el maderismo hasta el primer gobierno constitucional no lograron instrumentar acciones legislativas de fondo que ampararan 1~ derechos fundamentales de los trabajadores (to~avía en 1918 el
Secretario General de gobierno recomendaba a la gerencia de la Compa•
ñJa de Tranvías Luz y Fuerza Motriz la instalación de una tienda de raya,
,
•
38
como tenían otras empresas de la localidad).
De una manera preliminar se puede dejar anotado que en términos
comparativos con otros estados, Nuevo León muestra un apreciable retraso
en el reconocimiento y reglamentación de algunos de esos derechos: de
huelga, reducción de la jornada, y prohibición del LTabajo infantil, entre
otros.
Como se sabe, el texto constitucional de 1917 contemplaba en el Artículo 123 el amparo de tales derechos, además de facultar a los congresos
de las entidades federativas a legislar en materia laboral.
A partir del mandato constitucional, los estado~ que primero reconocieron y legislaron sobre el derecho de huelga -.segun Alberto Trueba Urbina- fueron Veracruz, Yucatán y Nayarit en 1918; Sonora en 1919;
Coahuila y Sinaloa en 1920; Michoacán y Puebla en 1921. En Nuevo
39
León no se decretó hasta 1924.
La diferencia resulta todavía más notable si se compara a otros aspectos de la legislación laboral realizada en otros estados antes que se promulgara la Constitución de 1917. Para ilustrar lo anterior vale la pena c!~ a Mario de la Cueva, sobre la acción legislativa promovida por los pn·
meros gobiernos revolucionarios post-maderistas:
(... )Después de la caída de Huerta, enjulio de -~914, los jefes de
las tropas constitucionalistas iniciaron la creac1on de leyes protectoras de los trabajadores.
.,
E.l 8 de agosto de 1914, se decretó en Aguascalientes la reducc1on

�208

Siglo XIX

de la jornada de trabajo a 8 horas; se impuso el descanso semanal
y se prohibió cualquier reducción de los salarios.
El 15 de septiembre del mismo año se dictó en San Luis Potosí un
decreto fijando los salarios mínimos. Cuatro días después se fijaron en el estado de Tabasco los salarios mínimos, se redujo a ocho
horas la jornada de trabajo y se cancelaron las deudas de los campesinos. En Jalisco, Manuel M. Diéguez expidió un decreto sobre
jornada de trabajo, descanso semanal obligatorio y vacaciones; el
siete de octubre, también en Jalisco, Aguirre Berlanga publicó
un decreto que tiene el mérito de ser la primera ley del trabajo de
la revolución constitucionalista, sustituido y superado por el del
28 de diciembre de 1915 que contenía: jornada de trabajo de 9
horas; prohibición del trabajo de los menores de 9 años; salarios
mínimos en el campo y en la ciudad; protección del salario; reglamentación del trabajo a destajo; aceptación de la teoría del riesgo
profesional y creación de las juntas de conciliación y arbitraje. El
cuatro de octubre de 1914, se dispuso el descanso semanal en el
estado de Veracruz y el 19 del mismo mes, Cándido Aguilar expidió la ley del trabajo del estado, cuya resonancia fue muy grande
en toda la República: jornada máxima de 8 horas, descanso semanal, salario mínimo, teoría del riesgo profesional, inspección del
trabajo y reorganización de la justicia obrera. Un año después se
promulgó en el mismo estado, la primera ley de asociaciones profesionales de la República.
En el mismo año de 1915, el general Salvador Alvarado se propuso réformar el orden social y económico del estado de Yuca•
tán, a cuyo efecto expidió las leyes agrarias, de hacienda, del catastro, del municipio libre y del trabajo. Esta última reconoció y
declaró algunos de los principios básicos que más tarde integrarían el Artículo 123 de la Constitución de 1917 .40

J. Rojas S.: Conflictos y legi,loción laboral en Nuevo León

209

NOTAS

l. Código Penal del Estado de Nuevo León, art. 808, delitos contr~ el orddenNpÚ•
blito. Capítulo primero: vagancia y mendicidad. Imprenta del gobierno e uevo León, 1893.
2. [bid., capítulo XHI, art. 877, penas contra las huelgas.
3. La voz de Nuevo León, marzo 26 de 1898.

4 _ Código Civil del Estado de Nuevo León, capítulo V del contra~o de aprendi·zaje.
Impreso en 1891 y reimpreso con sus reformas correspondientes en 18 99 Y
1906.
5. Francisco l. Madero, La Sucesión Presidencial, Editora Nacional, México, 1967.
p.279.
6. Código Penal del Estado de Nuevo león, cit., art. 394, del robo sin viole;cia.:
particular la reforma al art. 395. fracción VHI : "S~ impondrá _la pena e ro__
sin violencia en los términos siguientes: al que habiendo obterudo la prestac1on
de servicios por jornal no pagara la retribución debida, conforme a los artículos
2391 y 2392 del Código Civil del Estado de Nuevo León ..."
7. Monterrey News, febrero 22 de 1907.
8. Ley Sobre Accidentes de Trabajo, Gobierno del Estado de Nuevo León, noviembre 9 de 1906.

Desde mucho antes que se expidiera la Constitución de 1917 se habían
puesto en marcha ya, en varios estados, importantes reformas en favor de
41
los asalariados. Nacionalmente, la reglamentación del Art. 123 consti•
tucional no se realizó hasta 1931, cuando se expide el Código Federal del
Trabajo. Previamente, el presidente Emilio Portes Gil, en 1929, había
promovido la primera reforma al Art. 123 federalizando la facultad de legislar en materia de trahajo.42

9. /bid.
10. lbid.

u.

Santiago Roel, La Ley del trabajo. Apuntes y breves comentarios, Talleres L.
Canlú Leal, Monterrey, 1931.

12. Ley Sobre Jornales, Imprenta del Gobierno del Estado de ~uevo León, 1908.
13. Mario Cerutti, Burguesía y capitalismo en Monterrey (1850 -1910), Claves Latinoamericanas, México, 1983, pp.146-149.
14. Cerutti, obra citada, p. 149; Archivo General del EstadoCde alNuev; León
(AGENL), documento sobre huelga en Fábrica de Vidrios y rist es, cretaría de Relaciones Exteriores, 1903.

�210

J. Roj&lt;u S.: Conflictos y legislación laboral en Nuevo León

Siglo XI&gt;.

15. Cerutti, obra citada, p.162.

211

traje del estado.

16. Madero, obra citada, pp. 211-16.

29. AGENL, carta enviada por el Sindicato de Motoristas y Conductores al general
Antonio l. Villarreal, noviembre 24 de 1914, Conclu ídos.

17. Ramón Eduardo Ruiz, La revolución mexicana y el movimiento obrero 19111913, Era, México, 1978, p. 58.
·

30. /bid.

18. Cerutti, obra citada, pp. 68 y ss; Cerutti, "Militares, terratenientes y empresarios
en el noreste. Los generales Treviño y Naranjo {1880-1910)", en Mario Cerutti
{~rd.). ~onterrey, Nuevo León, el Noreste. Siete estudios históricos, UniverSidad A utonoma de Nuevo León, Monterrey, 1987, especialmente anexo sobre
empresas con participación del general Treviño.

31. AGENL, comunicación del Sindicato de Cerilleros enviada a la gerencia de la
empresa, 9 de octubre de 1914. Correspondencia de gobernadores.

19. Isidro V~cay_a ~ales: Los orígenes de la industrialización de Monterrey (18671920), E di tonal Librena Tecnológico, Monterrey, I 971, pp. 127-128.

33. AGENL, carta enviada por el Comité Directivo de la Federación del Trabajo de
Nuevo León. Octubre de 1914. Varias carpetas.

20. Eduardo Ruiz, citado, p. 63.

34. Memoria del gobernador Nicéforo Zambrano, septiembre de 1918.

21. Aspectos_ de la gestión de Botello pueden consultarse en Rocío González M ·
El huertismo en Nuevo León. Un caso: Salomé Botello Monterrey Arch%:
General del Estado de Nuevo León, 1985.
'
'

35. AGENL, comunicación de los representantes obreros ante la Junta Central de
Conciliación y Arbitraje, dirigida al gobernador del estado, 22 de mayo de
1918.

22. AGENL, Acta constitutiva del comité organizador de la Cámara del Trabajo de
Nuevo León, Concluidos, caja sin número, 16 de agosto de 1913.

36. AGENL, carta de la Unión de Mecánicos Mexicanos Suc. No. 9, dirigida algobernador del estado 27 de noviembre de 1918.

23. Eduardo Ruiz, citado, p. 81.

37. AGENL, Informe del gobernador Zambrano, 1918.

24. Nestor de Buen, Derecho del trabajo, Ed. Porrúa México 1977 2 tomos vol J
p.299.
'
'
'
'
. '

38. AGENL, del Secretario General de gobierno, licenciado M. Treviño, a la Compañía de Tranvías, Luz y Fuerza Motriz, 25 de febrero de 1918, Concluidos,
caja 2.

25. O~a_r Flores T?~es, "La presencia de la continuidad en el cambio. Grupos econormcos Y poi 1ticos en Monterrey 1909-1923". Ponencia presentada en Seminario de Historia Regional, organizado por la Asociación de Historiadores Profesionales de Noreste de México, A. C., Monterrey, 11 al 13 de febrero de 1986·
González Maíz,citado.
'
26. AGENL, comunica~ión enviada por el Sndicato Obrero Fundición No. 2, dirigíal _empresario Vicente Ferrara el 23 de noviembre de 1914, Concluídos, caja
sm numero.

~ª

27. AGENL, decreto del gobernador y comandante militar de Nuevo León general
Antonio l. Villarreal, 7 de mayo de 1914.
'
28. Hasta el momento se dispone sólo de información acerca de medidas legislativas
concretas para el amparo de los asalariados regionales desde 1922: cuando se
decret_:m la jo~ada de ocho horas y el domingo como descanso obligatorio.
Dos anos despues el general Porfirio G. González reconoce el derecho de huelga contenido en la reglamentación de la Junta Central de Conciliación y Arbi-

32. AGENL, documento del Sindicato Obrero de la Fundición No. 2, miembro de
la Casa del Obrero· Mundial, 23 de noviembre de 1914. Varias Carpetas.

39. Alberto Trucha Urbina, Evolución de la huelga, Ed. Botas, México 1950, pp.
133 y SS.
40. Mario de la Cueva, El nuevo derecho mexicano del trabajo, 2 vols., Ed. Porrúa, México, 1984, tomo I, pp. 45-46.
41. En Nuevo León podemos enlistar las siguientes reformas laborales a partir de
su fecha de expedición: Ley Sobre Accidentes de Trabajo 1906; Ley Sobre
Jornales, 1908 : Decreto prohibiendo el trabajo por deudas, 1914; Creación de
la Junta de Conciliación y Arbitraje, 1918; Reglamentación de la jornada máxima y Descanso Dominical, 1922 ; Derecho de huelga y Prohibición del trabajo
infantil, 1924.
42. Emilio Portes Gil, Quince años de política m exicana, Ed. Botas, México, 1941.

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ANEXO

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LEGISLACION SOBRE DERECHOS LABORALES

en

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Según el año en que fue emitida en diversos estados

o

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~

Derecho
huelga

Estado

Reducción
jornada

Salario
mínimo

Descanso
semanal

Prohibición
trab. infantil

Distrito y T.
Federales

1917

1917

1917

1917

1917

Yucatán

1915

1915

1915

1915

1915

Veracruz

1918

1914

1914

Nayarit

1918

Sonora

1919

Sinaloa

1920

Coahuila
Michoacán

,,

Accidentes de
trabajo
1904*

1914

1920
1911

Puebla

1921

Durango

1922

San Luis Potosí

1922

Chihuahua

1922

Querétaro

1922

Jaliseo

1923

Guanajuato

1924

Nuevo León

1924

Campeche

1924

~

Colima

1925

Oaxaca

1926

~
~
o

Tabasco

1926

Tamaulipas

1926

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Zacatecas

1927

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Chiapas

1927

Hidalgo

1928

Aguascalientes

1928

1914

1914

1915

1914

1915

1922

1924

1922

1924

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que se indica. Durante la batalla contra Villa en Celaya (abril de 1915), Obregón expidió un decreto estableciendo el salario mínimo
y haciéndolo extensivo a los estados de Michoacán, Querétaro, Hidalgo y Guanajuato.

r

El cuadro fue elaborado a partir de la información contenida en las siguientes obras:
Alberto Trueba Urbina, Evolución de la huelga, Ed. Botas, México, 1950, pp 133-236.
Mario de la Cueva, El r1uevo derecho mexicano del trabajo, Ed. Porrúa, 2 tomos, México, 1984, vol. 1, pp. 50-52.
Nestor de Buen, Derecho del trabajo, Ed. Porrúa, 2 tomos, México, 1977, vol. I, pp. 300-305.

w

* La primera ley sobre accidentes de trabajo fue expedida en el Distrito Federal por el gobernador Francisco Villalda, en el año

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�EL MONOCULTIVO IIENEQUENERO
Y SUS CONTRADICCIONES

Estructura de Dominación y Formas de
Resistencia en las Haciendas Yucatecas
a fines del Porfiriato
Gilbert M. Joseph*
Allen Wells**

INTRODUCCION
iSí son conscientes!. .. En sus pechos los peones acasillados sienten odio y un deseo de venganza en contra de sus amos y de las
autoridades que ayudaron a esclavizarlos.

Tomás Pérez Ponce

La sensacional entrevista con Tomás Pérez Ponce, defensor público y organizador laboral radical, publicada a mediados de 1911 en El Ciudadano.
fugaz diario de Mérida, debe haber disgustado a los hacendados henequeneros de Yucatán, acostumbrados a dominar las condiciones del debate
tanto en la prensa local como en sus fincas. 1 Pérez Ponce, calificado por
periodistas pagados por los hacendados como "el líder del peonaje", exigía en forma provocadora el fin del acasillamiento del peonaje, la libertad
*University of North Carolina, Chapel Hill (USA).
**Appalachian State University y Bowdoin CoUege (USA).
Los autores agradecen el apoyo recibido, para la investigación y para la redacción de
este ensayo, del Center for U.S. Mexican Studies (University of California, San Diego), la American Philosophical Society, el University Research Comittee of Appalachian State University y del lnstitute of Latin American Studies de la University
of North Carolina, Chapel Hill. Traducción de Isabel Cristina Mata Velázquez y
Miguel A. González Quiroga.

�216

Siglo XIX

Joseph Y Wells: Dominación y resistencia en las haciendas yucatecas

217

de movimiento para los jornaleros del campo2 y mejores salarios para los
trabajadores del henequén. El advenedizo abogado, que había pasado la
mayor parte de los últimos años del porfiriato en la penitenciaría Juárez
de Mérida por movilizar obreros urbanos y rurales, y por su desatada crítica de la oligarquía, aprovechaba ahora la apertura maderista para hacer
públicas sus visitas a las haciendas de la zona henequenera.3

que El Ciudadano concedió amplio espacio a Pérez Ponce para la exposición de sus radicales puntos de vista, el diario morenista mantenía distancia de esos comentarios. Una cosa era reclutar la ayuda de agitadores,
y otro muy distinta apoyar el tipo de cambios radicales y la lucha de clases que Pérez Ponce había hecho suya.

En la entrevista (que llevaba el conveniente título de "La gravísima
cuestión agrícola'), Pérez Ponce señalaba con astucia que el culpable de
este nefasto régimen laboral eran las demandas incesantes del monocultivo del henequén.

Es evidente que los problemas planteados por la entrevista guardaban
el propósito de asustar a los terratenientes de la región. Los morenistas en
busca del poder tenían mucho que ganar, al menos a corto plazo, al fo.
mentar el caos en la porción noroeste de la península: su intención era
maquinar un desasosiego "manejable" que provocara el derrocamiento del
gobernador maderista, José María Pino Suárez.

En su alegato a favor de la diversificación, prevenía a los henequeneros de que, a menos que se suavizara la despiadada presión de la producción mediante la siembra de maíz y frijol, y con la reintroducción de
la cría de ganado en la zona henequenera, existía la posibilidad de ,¡ue
los peones acasillados - hartos de que los terratenientes y políticos locales los embaucaran y se aprovecharan de ellos- recurrieran a la violencia contra sus antiguos amos y escaparan a los pueblos, cabeceras y centros urbanos aledaños: Mérida, VaUadolid y Progreso. Enseguida, Pérez
Ponce exhortaba a los jornaleros para que desconocieran sus "ilegales"
deudas y abandonaran sus fincas. Si los jefes políticos los arrestaban y los
hacían regresar a la hacienda, sus familiares deberían comunicarselo: Pérez Ponce aseguraría que "las autoridades hicieran cumplir las leyes".4
Tan descarada agitación hubiera sido inconcebible die~ años antes. La
puhlicación de la entrevista en julio de 1911 es significativa por varias razones: desde el punto de vista político, demuestra la voluntad de una
facción elitista descontenta, conocida localmente como los morenistas
(por su abanderado, el periodista Delio Moreno Cantón), de recurrir a
elementos progresistas de la sociedad meridana.5 Frustrados en sus intentos previos por alcanzar el poder en el estado, los morenistas sentían
que no tenían más alternativa que adherirse a organizadores del estilo del
elocuente Pérez Ponce, que tenía importantes contactos con las clases trabajadoras urbana y rural.
Por otra parte, la entrevista señalaba el reconocimiento de las élites
de que el problema "laboral" mral era lo que había que plantearse -al
menos en forma retórica- como el quid pro quo para lograr el apoyo de
persuasivos hombres claves, o de agitadores como Pérez Ponce, durante los
primeros meses del período maderista. Resulta interesante que, mientras

No obstante, la libertad de movimiento que Pérez Ponce preconizaba
en 1911 para los trabajadores del henequén, habría amenazado la esencia
del monocultivo al socavar de un modo efectivo las relacio~es sociales de
1
producción. Si los jornaleros partían de sus fincas hacia lQ.s pueblos y ciudades aledañas para convertirse en lo que entonces llamaban ''hombres libres", el mundo que los henequeneros conocían se vería en serio peligro.
El hecho de que esta cuestión pudiera salir a la luz pública en forma
tan dramática y abierta da fe de las divisiones que existían en Yucatán en
las postrimerías del porfiriato. El descontento rural, generalizado de 1907
a 1911, permitió a facciones elitistas descontentas (como los morenistas,
que luchaban por el control político del estado) reclutar peones de hacienda y campesinos marginados para participar en el mosaico de jacqueries,
disturbios y rebeliones que estremeció la península en los años iniciales de
la Revolución.
Este ensayo no intentará desenmarañar por completo la madeja de
contradicciones políticas, económicas y sociales que fomentó las olas de
rebelión por todo el estado durante los primeros años de la Revolución
(verdaderas "tiempos de rebelión" que sólo con grandes dificultades fueron reducidos a la inocuidad por las élites y las autoridades locales hacia
mediados de 1913). Se dedicará -tan sólo- a examinar las posibilidades
y limitaciones de la movilización dentro de una de las regiones más importantes de Yucatán: la zona henequenera.6
Es interesante notar que, tal vez debido a las comparaciones con
otras regiones mexicanas que sufrieron un pasado revolucionario más violento, los historiadores modernos siempre han subestimado la resistencia

�218

Siglo XIX

]&lt;&gt;&amp;&gt;eph y Wells: Dominación y resi.stencia en las haciendas yucatecas

219

que el campesinado yucateco mostrara antes del derrocamiento del dominio oligárquico por el Ejército Constitucíonalista del Sureste, al mando
del general Salvador Alvarado, en marzo de 1915. En particular se ha malinterpretado el comportamiento social y la mentalidad de los peones acasillados: a diferencia de los hacendados porfiristas y de su adversario Tomás Pérez Ponce, los escritores modernos han desestimado la capacidad de
los peones para oponerse o protestar ante las demandas de sus amos.

explícita la estructura de dominación formada por el Estado y los hacendados, que obstaculizó las posibilidades de movilización en la zona henequenera durante sus años de auge; 2) relatar el amplio espectro de formas "rutinarias" y "cotidianas" con que los peones respondían a las exigencias del monocultivo; y 3) esbozar a grandes rasgos las intensas contradicciones sociales que alimentaron reiterados ciclos de desasosiego en
todo el área rural yucateca durante los años finales del ancien régime.

Los henequeneros usaban con efectividad la táctica de la zanahoria y
el garrote: mezclaban incentivos paternalístas y cierto grado de seguridad
con mecanismos restrictivos de coerción y aislamiento. No es de sorprender, por tanto, que sus sirvientes carecieran del potencial revolucionario
- "movilidad táctica", según Eric Wolf7 - tan evidente en los comuneros,
vaqueros, mineros y campesinos serranos que formaron los ejércitos revolucionarios del centro y norte de México. No obstante, y por la misma razón, los peones acasillados que se afanaban en las haciendas henequeneras de Yucatán no eran de naturaleza pasiva. Su representación en la literatura histórica como una masa despreciable de dóciles sirvientes es una
profunda exageración. Lo más irónico es que tal descripción hace evocar
los estereotipos de aquella época propuestos (por muy distintas razones)
por cronistas extranjeros hipercríticos y apologistas henequeneros por
igual.ª

Primero, empero, caracterizaremos de modo breve la hacienda henequenera, con especial atención en el problema particular que el monocultivo representaban para las relaciones laborales en dicha zona.

Nuestra propia investigación en el Ramo de Justicia del Archivo General del Estado de Yucatán sugiere una caracterización muy diferente del
campesinado de fines del porfiríato. En particular, modifica la idea generalizada en cuanto a la incapacidad de los acasíllados para resistir a sus amos.
Afirmamos que sí bien la estructura de dominación característica del monocultivo del henequén restringía el potencial de insurrección autogenerada en las fincas, a menudo no podía evitar que los acasillados se unieran a
revueltas originadas en los alrededores de la zona henequenera en los inicios de la era revolucionaria. Además, el hecho de que los peones yucatecos no se rebelaran tan abiertamente como los comuneros que residían
fuera de la zona henequenera, no significa que no resistieran al régimen de
monocultivo. Por el contrario, sus testimonios personales así como otros
documentos locales sugieren que participaban "en formas de resistencia cotidianas" mas silenciosas: resultaban a la larga más seguras y exitosas para
impugnar, simbólica y materialmente, los acelerados ritmos de trabajo y
otros aspectos poco gratos del monocultivo henequenero.
Este ensayo, por lo tanto, se ha fijado las siguientes metas: 1) hacer

LA HACIENDA HENEQUENERA: UNA INSTITUCION HIBRIDA
El mundo que en las haciendas forjaron durante el auge henequenero peones y propietarios -mundo en buena medida autosuficíente- abundaba en
inconsistencias. El boom de finales de siglo fue tan repentino que no logró horrar los vestigios de la hacienda maicero-ganadera, unidad productiva que había dominado el área noroccidental entre 1760 y 1850. Una
breve comparación del monocultivo del henequén con el complejo azucarero, su equivalente caribeño de mayor desarrollo, confirmará que las fin.
cas henequeneras nunca llegaron a convertirse en plantaciones comerciales modernas.
Mientras que la industria azucarera del Caribe utilizó técnicas nuevas
para separar los sectores agrícola e industrial, y con ello hizo crecer la
productividad y la eficiencia durante la parte final del XlX, los henequeneros yucatecos no realizaron cambios importantes durante el auge en los
medios y factores de producción. El complejo agro-industrial azucarero
se singularizaba por ser una propiedad· corporativa, con amplia capitalización, ganancias máximas y una fuerza laboral diversificada (aunque dependiente), organizada para abastecer un mercado distante pero considerable. Todo ello característico del prototipo de plantación. En contraste,
la síncrética finca henequenera de Yucatán, en lugar de la administración
corporativa, quedaba en la categoría de propiedad familiar; se caracterizaba por una clase empresarial que deseaba seguir los pasos de sus antecesores, con desmesuradas aspiraciones de status que inhibían la reinversión de las ganancias; y enfrentaba una crónica insuficiencia de capitalización como consecuencia de las volubles fluctuaciones del precio de la
fihra en el mercado mundial. El resultado era un tipo de finca engranada

�220

Siglo XIX

a las operaciones comerciales modernas, pero carente de una clase gerencial y propietaria con sofisticación suficiente para completar su transformación.9
Si bien la hacienda henequenera pudo haber tenido semejanzas físicas con la plantación comercial moderna -maquinaria de reciente creación, sistemas internos de transportación tipo decauville, y cultivo intensivo del producto básico- la propiedad familiar, la administración y la
mentalité continuaron infundiendo a la institución características de la
hacienda anterior al advenimiento del henequén. Símbolo de una sociedad rural en medio de un complicado proceso de transición, la mejor
caracterización de la finca henequenera es la de una institución híbrida
que conservaba algunos de Jos rasgos de su antecesora, la hacienda maicero-ganadera, pero que reflejó ya inevitables ajustes de tecnología, mano
de obra e infraestructura.
Parece que la emergencia de una sociedad de plantación plenamente
desarrollada se encontraba inhibida - también- por vestigios persistentes de la institución anterior, como en particular, la forma en que los
hacendados enfrentaban sus problemas de mano de obra. En el modelo
de plantación clásica, los administradores se sirven de un mercado laboral libre (o relativamente libre) y pagan salarios en efectivo. 10 A diferencia de la hacienda, la plantación moderna no tiene que depender de
las deudas ni cultivar una relación patemalista.
Por el contrario, las fincas henequeneras se parecían más a su escasa·
mente capitalizada antecesora, la hacienda maicero-ganadera, que " ...
comprometía a la mano de obra ·por medios distintos al salario en moneda ". 11 Los terratenientes seguían dependiendo de prácticas laborales tra•
dicionales como el acasillamiento de peones y la tienda de raya para
asegurar un régimen de mano de obra dependiente e impedir la movilidad. Por otra parte, las técnicas coercitivas como el uso de la fuerza
bruta y la manipulación de deudas iban aparej~das con métodos más
sutiles e indirectos como el reparto de parcelas de subsistencia y la
"institucionalización de las relaciones personales entre el empleado Y
el patrón", 12 para asegurar una fuerza laboral sumisa al menos en apariencia.
Como resultado de su preferencia por la mano de obra dependien·
te y del rápido auge, los propietarios de Yucatán se enfrentaron con
la nada envidiable tarea de convertir las tradicionales relaciones de tra-

Joseph y Wells: Dominación y resistencia en lai haciendas yucatecas

221

bajo de la hacienda en la disciplina rigurosa que se requería para la producción del henequén. Forzadas por la demanda norteamericana, las exportaciones subieron de 30 000 pacas de fibra cruda en la década de 1870, a
más de 600 000 por afio en la década de 1910. lnevitablemente, en la medida que la economía henequenera se comprometía más y se subordinaba
a las demandas del capitalismo internacional, las condiciones de trabajo se
tomaban cada vez más rigurosas. Los encargados y sus capataces mayas
(mayacoles) guiaban las cuadrillas de peones que limpiaban, sembraban,
deshierbaban y cosechaban la fibra durante todo el año. Por otra parte, la
desfibradora, equivalente industrial del ingenio azucarero localizada en la
finca misma, requería equipos de trabajadores disciplinados que quitaban
la corteza y comprimían miles de pencas de henequén al día.
Empero, lo que resulta más interesante es que la naturaleza de la producción del henequén no hizo necesario un conjunto de especialistas entrenados que se hiciera cargo de tareas agrícolas e industriales específicas.
Si bien los adelantos tecnológicos aumentarían la capacidad productiva, la
industria henequenera nunca exigió una fuerza laboral especializada, sino
un grupo cuantioso y móvil de trabajadores que se desempeñara en todas
las fases de la producción, según las circunstancias. A diferencia de la caña
de azúcar, el agave fibroso se cosechaba durante todo el año, pbr lo que requería de mano de obra permanente, descartando desde el punto de vista
admirústrativo los esquemas de empleo temporal de mayor flexibilidad y
rendimiento.
En esencia, el monocultivo del henequén gestó relaciones sociales que
en cierto modo semejaban un proletariado rural ( cuadrillas de trabajo rutinario, trabajo a destajo, salario diario y una economía casi de contado)
pero, en otros aspectos, seguía encamando muchas de las características
de la paternalista hacienda maicero-ganadera.
Aunque las condiciones laborales en la híbrida finca henequenera eran
en realidad más pesadas que las de su antecesora de cultivo extensivo,
continuó ofreciendo una medida esencial de seguridad a los peones acasillados, por lo menos, como veremos, hasta las postrimerías del porfiriato. Las nuevas disposiciones agrarias y laborales implicaban la total dependencia de los mayas con relación al amo y al encargado para procurarse
alimentos, leña, agua, auxilio contra el hambre, justicia, protección, servicio médico y otras ayudas. Para los peones yucatecos, la vida en la hacienda henequenera representaba una especie de pacto: la institución del monocultivo les ofrecía un mínimo de seguridad, pero a costa de su autono-

�222

Joseph y Wells: Dominación y resistencia en las haciendas yucatecas

Siglo XIX

mía.
Aun c~ando los p~~es residentes mostraban la mayor preocupación
por el sentido de estabilidad y seguridad que las nuevas relaciones social~ f?m~ntahan, los henequeneros perseguían un proyecto muy distinto:
dismmmr el contacto directo entre ellos y sus siroientes. A diferencia de
sus_ padres Y ab~elos, esta generación de terratenientes consideraba prioritar1ame~te a. sus fincas como inversión comercial, y en segundo lugar como patnmoruo. La especulación de bienes raíces rurales -en particular dur~nte las é~ocas de quiebra en la economía regional- forzó a los empresano~ a co_ns1derar las haciendas henequeneras como activos. En este clima
de m:ers1ones imprevisibles, donde se hacían y deshacían fortunas con regularidad, resultaba difícil para los peones mantener una relación estrecha
con sus amos. Si bien existió una relación patrón-cliente en la zona henequ~nera, como veremos, nunca alcanzó el nivel de sofisticación que preval~cia en _el sur norteamericano previo a la guerra de Secesión, por la sencilla r~on de que la mayoría de los productores de henequén no dedicaba el ~empo Y el esfuerzo necesarios para nutrir tan compleja relación.
A m~dida que avanzaba el auge, y que se multiplicaban las inversiones 00•
merc1ales ~ que los_ crédi_tos hipotecarios se canjeaban a un ritmo vertiginoso, los vmculos clientelislas se deterioraban irremediablemente.

La incompleta transformación de las haciendas productoras de maíz
Y ganado del noroeste de Yucatán en modernas plantaciones comerciales
durante el bo~m de la ~ibra, y una debilitada actitud paternalista, estimularon las. te~smnes soc1~es entre autoridades, hacendados, encargados y
peones. Si b1e~ los mecarusmos de control social que utilizaban los supervisores de l~~ fmcas Y las autoridades locales durante el porfiriato sofocaron la acc1on colectiva, no evitaron que los peones acasillados mostraran
su de~contento con el nuevo orden. Antes de examinar la reacción de los
trabajadores frente a esta híbrida institución, primero caracterizaremos el
~ntorno de cooptación y represión en el que tenían que luchar los trabajadores henequeneros de Yucatán.

EL IDIOMA DEL PODER: AISLAMIENTO, COERCION y SEGURIDAD
¿Por qué la obediencia de los trabajadores henequeneros a sus amos llegó
porfiriato? La sola fuerza (o la amenaza de su uso)
no habna ~astado para mantener sometidos a los peones. 13 Si bien el temor al castigo es un ingrediente esencial en todos los sistemas coercitivos

ª tal gra?o durante el

223

de trabajo, debe combinarse la fuerza con la obediencia implícita a la autoridad para asegurar la sumisión. El triunfo final en la historia de estos
sistemas asimétricos ha dependido de la habilidad de las élites para convencer a sus trabajadores de que tal forma de existencia era la más beneficiosa. Incluso las más infames formas de servidmnhre tuvieron elementos
que al menos fingían apoyar los "derechos" y necesidades de los trabajadores dependientes.14
Las clases subordinadas deben· ser llevadas a creer que el sistema represivo es parte del orden lógico e inmutable de las cosas y que, por ende, la acción colectiva no es una alternativa viable. Asimismo, mientras
esas clases no comparen su propia condición con la de sus amos (aceptación implícita de su propia inferioridad), las perspectivas de rebelión disminuyen enormemente.15
Para poder apreciar cómo los henequeneros inculcaban la obediencia en los peones acasillados durante el porfiriato, nos concentraremos
brevemente en los idiomas del poder: es decir, las modalidades históricas de representación del aspecto coercitivo ante las clases subordinadas.16

En muchas de las sociedades premodemas, tradicionales, la fuerza
se presentó casi siempre de un modo transparente y directo, cara a cara.
Aunque a veces este idioma personalista del poder estuvo disfrazado por
estrategias tan ingeniosas como el compadrazgo, el patemalismo y los intercambios asimétricos de regalos, ni a los elementos subordinados ni a
los superiores les cabía duda de que la dominación era la esencia de tal
relación.
En épocas más recientes surgió un idioma materialista del poder:
la relación desigual se representaba como poder sobre los bienes, no sobre los individuos. Con el desenvolvimiento del capitalismo moderno,
las relaciones obrero-patronales se despersonalizaron cada vez más en la
medida que ambas partes se separaban de las mercancías que producían.
La dependencia estaba " disfrazada bajo la forma de relaciones sociales
entre los productos del trabajo ". 17 La relación de poder resultante, diluida por la creciente alienación del entorno laboral, ya no estaba representada por el poder sobre las personas, sino oculto como poder sobre
las mercancías.
Las relaciones sociales del monocultivo del henequén representan

�224

Siglo XIX
Joseph y Wells: Dominación y resistencia en las haciendas yucatecas

algo así como el punto medio del continuum que une a los idiomas
personalista y materialista del poder. AJ,í como la sincrética finca hene•
quenera combinaba las características de la hacienda tradicional y los tipos
de plantación comercial, también sus relaciones de trabajo representaban
la amalgama de ll!l' dos modalidades de coerción. En efecto, muchos de los
elementos esenciales del idioma personalista de las sociedades tradiciona•
les, como el paternalismo velado, el compadrazgo y la omnipresente acción
de la violen~ia humana, ilustrada por las flagelaciones administradas por los
encargados, perduraron en la nueva sociedad estilo plantación.

FIGURA l

EL MECANISMO DE AISLAMIENTO

La comprensión de tres mecanismos complementarios de control social (seguridad, aislamiento y coerción) resulta útil para ilustrar plenamente el modo en que el idioma del poder en el monocultivo henequenero
adaptó algunas características de las tradicionales relaciones laborales a los
requerimientos de un más "proletarizado" régimen. Apoyados en el aparato político del Estado, estos mecanismos permitieron a los terratenientes
mantener disciplinados ritmos de trabajo en la producción. Aislamiento,
coerción y seguridad funcionaron simultáneamente para cimentar una re•
lación estructural que no sólo se ajustó a los requisitos de la producción,
sino que también sirvió a las necesidades de subsistencia de los trabajadores,
al menos hasta las vísperas de la Revolución Mexicana.18

PERIFERIA DE

YUCATAN
FRONTERA
Partición de

~

Aislamiento

Los henequeneros inculcaban la obediencia a la autoridad mediante un
diestro manejo del espacio físico y social. Haciendo uso de cuatro esferas
reforzadas del aisJamiento - conceptualizadas como círculos concéntricos
en la figura 1- las élites terratenientes de Yucatán y su aliado, el Estado,
lograban canalizar y sujetar a los jornaleros a las haciendas, al tiempo que
bloqueaban otras alternativas y vías de escape.
En el núcleo del mecanismo de aisJamiento se encontraba la misma
hacienda henequenera. Una serie de estímulos positivos y negativos asegu•
raba que los peones permanecieron atrapados en la finca. Aun cuando los
trabajadores estuvieran constreñidos por la deuda, la tienda de raya, el
castigo corporal y sus documentos de identificación, su condición se ha·
cía más tolerable gracias al pago del trabajo a destajo, la atención médica,
y el adelanto de fondos para bodas, entierros y bautismos (las estrategias
coercitivas y paternalistas se discutirán después con mayor detalle). Sin
embargo, a pesar de estos atenuantes aspectos paternales, la estrategia de

225

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Incursiones de
los cruzob
Reclutamiento
para la guerra de

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Ocupación por
parte del
Estado

Limitaciones
ecológicas

Castas

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Vigilancia fronteriza
en Campeche

Enfermedades

de la selva

�226

Siglo XIX

doble filo de los henequeneros ..estrihaba, a la postre, en la coerción: los
peones acasillados sólo podían salir de la hacienda con el consentimiento
expreso, por escrito, de los propietarios o de los capataces.
Los henequeneros promovían concientemente el aislamiento de sus
trabajadores al regular su comunicación con el mundo exterior. Si bien a
algunos lugareños se les concedía acceso periódico a la finca en calidad de
trabajadores por hora, los terratenientes se oponían a que sus peones trabaran amistad o contrajeran matrimonio con residentes de otras haciendas
y pueblos. Por lo general, los hacendados impedían el paso a visitantes citadinos y vendedores ambulantes, y confinaban sus peones a la finca. Por
supuesto, el primitivo sistema de caminos de Yucatán impedía de cualquier
manera tales relaciones e intercambios. Por último, la heterogénea composición de la fuerza laboral acrecentó el predominante clima de aislamiento.
Para hacer frente a la escalada en la demanda de fibra posterior a 1880, los
henequeneros agruparon diversos conglomerados humanos que diluyeron
las mayorías de peones mayas endeudados y de trabajadores por horas de
los pueblos en una mezcla de grupos étnicos y lingüísticos extrafios: yaquis deportados, asiáticos contratados, enganchados provenientes del centro de México. De este modo, la estrategia de los henequeneros de ''importar" trabajadores mexicanos por contrató y prisioneros de guerra, y lo
que ellos denominaban con eufemismo "colonos extranjeros", no sólo solucionaba una endémica escasez de mano de obra: también, disminuía las
posibilidades de creación de viables comunidades de trabajadores.
El poder y la influencia henequeneros, desde lnego, trascendieron los
límites físicos de la finca. Los propietarios contrataban regularmente cazadores y jefes políticos (estos últimos por lo común miembros de sus
extensas familias y clientelas) para hacer regresar a los peones fugitivos
que buscaban refugio en las áreas urbanas o, más probablemente, en los
pueblos o fincas vecinas dentro de la zona henequenera. Durante los afios
iniciales del auge de la fibra, los henequeneros anunciaban en los periódicos de Mérida y ofrecían recompensas por la devolución de los sirvientes
escapados. Sólo desaparecieron estos avisos cuando periodistas de la ciudad de México los citaron como clara prueba de ]a existencia de esclavitud
en la península. 19
Tan precaria era la existencia en los pueblos de la zona que, ellos
mismos, constituían en conjunto la segunda esfera complementaria del
mecanismo terrateniente de aislamiento. El hecho de que los henequeneros pudieran ejercer el poder tan libremente y que los fugitivos tuvie-

]o$eflh y WeU,: Dominación y re,i,tencia en hu hacienda, yucatecaa

227

ran tan sombrías esperanzas de encontrar refugio, sugiere en parte la existencia miserable de las comunidades a fines del porfiriato. A medida que
las alternativas económicas se estrechaban y la urdimbre social de la vida
en el pueblo se disolvía, se canalizaban más y más campesinos hacia las
grandes fincas henequeneras.
Como es fácil suponer, la lógica expansionista del monocultivo relegó
al olvido la vida tradicional del campesino. Al intensificarse el auge, el
cultivo del henequén requirió cantidades cada vez mayores de tierra y
mano de obra. Los henequeneros compraron las tierras de los pequeños
propietarios colindantes, tanto con el propósito de adquirir su fuerza laboral como para extender la producción a esos campos.
Absorbieron esas pequeñas propiedades auxiliados por la política
agraria del estado oligárquico: por disposición de las leyes de reforma de
1856, todas las formas corporativas de tenencia de la tierra habían sido
abolidas, y las tierras ejidales debían ser divididas entre los cabezas de
familia del pueblo, cada uno de los cuales recibiría una pequeña dotación.
Con el auge inminente de la fibra, los hacendados no perdieron tiempo y
compraron las tierras ejidales de los jefes de familia de la zona. Sesenta y
seis ejidos, que totalizaban 134 000 hectáreas, fueron adquiridas por las
haciendas invasoras y entregadas al cultivo del henequén desde 1878 hasta
1912.20 En ocasiones el deslinde y parcelación de los ejidos estuvo acompañado por disputas y actos de violencia, sobre todo en las menos controlables áreas periféricas del área henequenera. De cualquier modo, al final
los comuneros y pequeños propietarios resultaron impotentes para detener
la expansión.
Tarde o temprano, la mayoría de los campesinos acudieron a trabajar
en las haciendas henequeneras en calidad de inquilinos, jornaleros por horas o, más comunmente, como peones acasillados. Los censos de fines del
siglo XIX revelan que el número de peones se elevó de 20 767 en 1880, a
80 216 en 1900: un anmento del 386% en dos décadas.21
A medida que las fincas se robustecían, los pueblos se debilitaban. El
auge no sólo transformó las relaciones sociales de producción en la finca
henequenera: también alteró la compo~ción y el papel de los pueblos y
cabeceras de la zona (véase mapa).
El asalto efectuado por la hacienda a la tierra y mano de obra de los
pueblos se intensificó con el papel cada vez más importante del Estado

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Siglo XIX

Joseph y Wells: Dominació,n y resistencia en ku haciendas yucateca,

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1

229

en la vida rural, a partir de la segunda mitad del siglo. La elevación de impuestos, las frecuentes levas militares y las arbitrarias obligaciones de la
coroée (fajina) socavaron aún más los lazos corporativos de los pueblos y
debilitaron la relación simbiótica que habían mantenido con las grandes
fincas aledañas. Con algunas notables excepciones -como Hunucmá, cabecera situada a 25 kilómetros de Mérida, que siempre (y a menudo con
violencia) se opuso a la irrupción de la hacienda y a las exacciones del
Estado- los poblados campesinos de la zona henequenera se habían reducido para fines del porfiriato a una sombra de lo que había sido su existencia semiautónoma.
Para los campesinos que optaron por permanecer en los pµeblos, ahora desprovistos de tierra y con apenas un frágil sentido de comunidad,
el encontrar sustento se hizo cada vez más difícil. La mayoría se vió forzada a aceptar trabajo discontinuo en las fincas henequeneras de los alrededores, en donde se les pagaba " por pieza" en el corte de pencas de
henequén, o desmontando nuevos campos (planteles). Aparte de eso,
los pueblos de la zona ofrecían magras oportunidades de empleo a sus
residentes: unos cuantos afortunados consiguieron empleo en la estación
de ferrocarril cargando pacas de fibra; otros se emplearon en la Guardia
Nacional para restituir peones fugitivos a las haciendas vecinas, o hicieron cumplir el cobro de impuestos y los trabajos forzados en los caminos
para el jefe político; otros más trabajaban en establecimientos mercantiles
de la localidad o tejían hamacas y bolsos de henequén que se vendían en
Mérida. En ocasiones los campesinos tenían que combinar varias de estas
tareas en su lucha por mantener en los pueblos una existencia marginal
de "hombres libres".

Las condiciones de los campesinos se agravaron aún más a causa de las
limitaciones ecológicas de la suh-región.22 Debido a que el cuadrante noroeste de la península tiene un asentamiento de piedra caliza porosa, el agua
ha tenido históricamente un valor más elevado que la tierra. Al no haber
ríos, y con apenas unos cuantos cenotes a los cuales recurrir, el agua se
ha extraído de profundos canales subterráneos con ayuda de costosas
bombas y molinos de viento. El desarrollo de grandes latifundios durante
el auge concentró los escasos mantos acuíferos en manos de los henequeneros en expansión, que así contaban con otra herramienta para reclutar
campesinos como fuerza laboral.
A menudo, aún donde el agua no constituía un problema, lo era la delgada capa de tierra cultivable. Las cosechas insuficientes de maíz han sido

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Siglo XIX

siempre un problema para los campesinos mayas que residen en los calcáreos distritos del noroeste. La combinación de escasez de agua, baja calidad del suelo, plagas periódicas de langosta y expansión de latifundios redujeron al extremo la inventiva de los campesinos locales. Hacia fines del
porfiriato, muchos campesinos, despojados ya de la infraestructura colectiva que el ejido tradicional les había proporcionado, no pudieron sobreponerse individualmente a la pobre calidad del suelo del yermo, rocoso noroeste.23
Enfrentadas a las magras oportunidades de empleo y al inhóspito entorno social y físico de los pueblos que rodeaban la zona henequenera, la
mayoría de los campesinos tomó la decisión económicamente racional de
residir en las haciendas. La finca no sólo les proporcionaba empleo y artículos de primera necesidad (maíz, agua y leña): ofrecía también la exención legal de las levas militares y de la fajina. Por lo demás, el ámbito henequenero no presentaba otras alternativas. Incluso la huida hacia Mérida
o Progreso, principales centros urbanos, ofrecía pocas ventajas a los fugitivos o a los acosados campesinos. Podían encontrar refugio temporal en
los crecientes cinturones de miseria del puerto o la capital. Pero con su escaso conocimiento del español o de la ciudad, sin empleo, y exhibiendo las
maltratadas manos de un cortador de pencas, el jornalero maya era, al
final, blanco fácil de descubrir por las autoridades locales. Si tenía suerte, Jo regresaban a la finca para ser azotado o encarcelado; si no, podría
verse obligado a ingresar a la milicia estatal por orden de un prefecto de
distrito en busca de hombres aptos para cumplir con su cuota de leva.
Una tercera, reforzadora esfera de aislamiento redujo aún más la
posibilidad de fuga. A diferencia de sus ancestros, estos peones no se daban el lujo de "votar con los pies", de encontrar una zona de refugio en
plena selva del sureste.24 La brutal Guerra de Castas de mediados de siglo
había excluido efectivamente tal posibilidad al seccionar la península
en dos áreas distintas: la noroeste, de agricultura comercial dominada
por las élites de blancos, yucatecos, y las densas selvas plagadas de enfermedades de) sureste, último refugio del maya rebelde. En efecto, aún a
principios de este siglo, gran parte del sureste se encontraba bajo el dominio del implacable saqueador cruzob y del semi-autónomo pacífico, un poco más tratable. Aún cuando el aculturado maya del noroeste pudiera de
algún modo abrirse paso hasta la selva, salvando todos los obstáculos impuestos por las autoridades estatales, hallaba poco en común con sus hermanos, el cruzob y el pacífico, ya culturalmente distintos.25 No es de sorprender, por lo tanto, que pese a sus vastas extensiones de tierra fértil y

Joseph y Wells: Dominación y residencia en uu haciendas yucatecas

231

barata, el sureste permaneciera sin desarrollar, casi como tierra de nadie,
durante la segunda mitad del siglo XIX.
Una de las principales preocupaciones de las autoridades peninsulares
durante el auge fue la de mantener a salvo de las incursiones del cruzob a
los distritos del noroeste, entregados a la producción de henequén. Sin
embargo, desde la perspectiva del campesino maya o de los peones, ser llevado a los confines para prestar servicio en la primera línea de la milicia
estatal, en contra del cruzob (en caseríos remotos como Xoccén o Chemax ), significaba la mala suerte.
En 1901, cuando el presidente Porfirio Díaz envió un ejército federal
a erradicar el cruzoh de una vez por todas, insistió en que las colonias mili26
tares del sur yucatecas participaran en la campaña de "pacificación". Más
de 2 000 yucatecos morirían en la expedición, muchos de ellos campesinos
27
mayas de la misma zona henequenera.
Los reclutas aborrecían por igual las levas para las colonias Y para la
Guardia Nacional del estado; muchos de ellos intentaban escapar al vecino
Campeche al ver llegar los odiados jefes políticos. A l~s_hombres ~~ ~ntre
quince y sesenta años de edad se les exigía pre~~ sem~to ~n ~a.milicia cada año. Había tres modos de asegurar la exenc1on: a) s1 el individuo lograba pagar una cuota fija o encontrar quien lo r~mplazara en el se.~ cio;
b) si padecía una enfermedad debilitante (se exig1a compr?ban~ m~fico~;
c) 0 si se le clasificaba como trabajador permanente adscnto ~ease ac:1:'1llado ') a una hacienda.28 En vista de que normalmente la pnmera ?pcton
quedaba fuera del alcance de muchos campesinos, y ase~ar el ce~~fica~?
médico también resultaba costoso, los que deseaban evttar el semc10 militar en las colonias o en la milicia del estado a menudo se refugiaban (y endeudaban) en las haciendas.
De este modo, el estado usurpador y los intereses locales, a los que a
menudo servía, habían creado un mecanismo que era utilizado por el gobierno federal en su campaña para eliminar al cruzob, al tiempo que aseguraba a los henequeneros una fuerza laboral permanent~: Es importante
notar que los estatutos de reclutamiento creaban el espeJtsmo de una _alternativa, al hacer creer a los campesinos que ellos eran los que prefenan
la servidumbre en la finca a la "libertad" en los pueblos.
En 1902 las "alternativas" de los campesinos se restringieron aún
más, cuando ;l gobierno nacional seccionó la península con la creación del

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Siglo XIX

terri_torio federal de Quintana Roo.29 Ahora, el interior ya pacificado se
hab1a transformado en una vasta prisión federal para mexicanos criminales, desertores obstinados y prisioneros de guerra yaquis. Los opositores
del régimen de Díaz cumplían su sentencia en campos de trabajo infestados de paludismo y patrullados por el ejército federal, talando árboles de
ce~o y caoba, o laborando en concesiones chicleras auspiciadas por el
go~_1emo. La selv~. del sureste, refugio tradicional del disidente maya,
deJo de ser una opc10n viable en las postrimerías del porfiriato.
El ~ecino meridional de Yucatán, Campeche, no ofrecía mejores
perspectivas. Campeche fue en esencia un Yucatán en miniatura dura~te el po~iriato, con sus haciendas henequeneras, una leva propia, los
m1Smos confines hostiles y una milicia estatal que patrullaba la frontera
con Yucatán en busca permanente de jornaJeros rebeldes.
En resumen, el contorno de la península actuaba como una prensa
que confin~a a los campesinos, haciéndoles ver que su mejor opción
era el trabajo estable en las haciendas henequeneras. La leva, la Guerra de
Castas, los campos de trabajo de Quintana Roo, las fiebres de la selva y un
vecino en el sur que no ofrecía refugio seguro, todo conspiraba para enseñarle a los campesinos que "votar con los pies" estaba cargado de riesgos.
Por último, la remota ubicación de Yucatán, alejada del resto de ~éxico, constituyó el cuarto círculo de aislamiento que apuntalaba los idiomas del poder transmitidos por henequeneros y autoridades estatales. En
el fondo, por lo que concernía a los localistas campesinos mayas, Yucatán
era una isla encerrada en sí misma. Aun cuando los campesinos hubieran
d~s_eado abandonar por ~ompleto sus hogares y su patria chica (cosa que no
hicieron por un buen numero de razones culturalmente válidas), les habría
resultado muy difícil consumarlo: ferrocarriles y carreteras hacia el resto
de la nación no se implementarían sino hasta después de la Segunda Guerra \4undial. Entretanto, el único medio de comunicación con el resto de
la república lo constituía un irregular servicio de buques de vapor rumbo al
puerto de Veracruz. La geografía reforzaba el mecanismo de control concéntrico al restringir libertad de movimiento a las clases trabajadoras de
Yucatán.
Si la falta de movilidad sujetaba al maya yucateco a la zona henequenera, la distancia de Yucatán a la capital federal disminuía sus esperanzas
de alcanzar justicia social. La documentación existente sugiere que el gobierno central puso oídos sordos a las quejas de los campesinos durante

Joseph y Wells: Dominación y resistencia en las hacienda&amp; yucatecas

233

el porfiriato. Hasta su famo..a visita a la península en 1906, el presidente
Porfirio Díaz seguía siendo un concepto abstracto para la gran mayoría
del campesinado yucateco. Entre las decenac; de miles de cartas escritas a
Díaz durante el ejercicio de su cargo, apenas un puñado procedía de esos
campesinos, y menos aún de los peones acasillados.30 Si bien la política
porfirista era jerárquica y se basaba en el inOuyentismo, parece evidente
que los mayas se sentían excluidos de acudir a tal jerarquía. Rara vez se
tomaron la oportunidad de recurrir directamente al Gran Patrón de la
ciudad de México (aunque, sin duda, muchos peones se habrían sentido
demasiado apremiados para pensar siquiera en eso).
Incluso si los campesinos encontraban un abogado compasivo que
consignara sus quejas por escrito, eran escasas las probabilidades de recibir alguna respuesta significativa de parte del dictador. En general , Díaz
contestaba a peticionarios y gobernadores por igual, en un estilo mecánico y críptico. Muchas cartas parecen no haber obtenido respuesta alguna.31
El aparente desdén del dictador por enfrascarse en cuestiones puramente locales sólo habría sido igualado por la renuencia de sus gobernados a presentar quejas ante una autoridad superior. Los campesinos yucatecos de la época no mostraban los mismos sentimientos que sus ancestros de la colonia tenían por su soberano, el rey de España. La veneración
por el cargo presidencial brillaba por su ausencia y, sobre todo después
de 1910, los mayas acudían a instituciones locales, como el sistema judicial, en busca de remedio a la fonna injusta en que eran tratados.
En suma, los cuatro círculos concétricos de aislamiento actuaron a
semejanza de polos magnéticos, creando un campo de fuerza que repelía de los pneblos, de Mérida y el sureste a los campesinos (y peones rebeldes), y los atraía a las fincas henequeneras. En ocasiones esto se lograba mediante la coerción, pero con más frecuencia mediante la disminución del atractivo y posibilidad de otras alternativas. El mecanismo de
aislamiento no sólo predisponía al campesino a obedecer la autoridad de
la hacienda y facilitaba los aspectos coercitivos de las relaciones de poder: también, daba a los campesinos que "observaban desde fuera" una
visión distorsionada de la finca henequenera misma. Al evaluar sus alternativas, muchos campesinos acosados llegaron a preferir el status de residente en la hacienda que su mísera existencia en el pueblo (véase más
abajo el análisis sobre la seguridad).

�234

Siglo XIX

Joseph y Well&amp;: Dominación y resistencia en las haciendm yucateCIU

Es importante recordar que el mecanismo de control social de aislamiento no privó por completo a los campesinos independientes de la capacidad de decidir acerca de su propio futuro (y el de sus familias). Las
limitadas alternativas, se tratara de una preferencia personal por aceptar
el status de residente, contratarse como peón por horas, o no moverse de
las languidecientes cabeceras y pueblos de la zona henequenera, brindaban
a los campesinos mayas la sensación de ser actores independientes, aun
cuando las opciones concebidas por la élite terrateniente y el estado casi
equivalieran a elegir entre el menor de dos males. De cualquier modo,
quienes optaron por la permanencia en la finca henequenera, se toparon
con un tipo de coerción que explotaba su trabajo mediante la efectiva
combinación de los idiomas personalista y materialista del poder.

Coerción

/

Si el mecanismo de aislamiento otorgaba a los mayas yucatecos del noroeste cierta variedad ilusoria de elecciones, el embrollado asunto de la coerción les recordaba a los peones residentes en las fincas que podía emplearse
la fuerza directa si no se mantenían ritmos disciplinados de trabajo. Pero
incluso la coerción era un mecanismo multifacético que transmitía imágenes difusas de poder a los jornaleros. Esta cualidad ambigua, que permitía
impartir la coerción en algunos casos con furia catártica y, en otros,
transmitirla en forma más sutil para intimidar o ''imponer un castigo
ejemplar", era lo que confería a este mecanismo de control tal versatilidad.
A semejanza de las plantaciones azucareras del Caribe, la finca henequenera era un mundo aparte. Con la bendición del estado, los hacendados forjaron un poderoso sistema extra-legal de justicia que reforzaba su
relativo aislamiento. Los capataces (mencionados en los libros de cuenta
de las haciendas como "encargados", "mayordomos" o "personeros") sólo debían responder de sus actos ante sus patrones (que, en promedio, visitaban sus propiedades un fin de semana cada mes).32 Por ello, hasta que
la rebelión nacional maderista abrió un espacio político mayor, rara vez los
peones registraban sus quejas por la brutalidad del encargado o por otros
abusos ante las indiferentes autoridades estatales "de fuera".
El idioma personalista del poder tuvo su más clara representación en
el castigo corporal. Se creía que la flagelación era la herramienta más efectiva del encargado para controlar a sus peones. La representación más
gráfica de esta venerable práctica se encuentra en una fotografía que apa•

235

reció en la cruda narración de Henry Baerlein, México: Land of Unrest
(1914). La foto exhibe la espalda llena de cicatrices de un sirviente maya
de la hacienda de don Rogelio Suárez, yerno de Olegario Molina. Los encargados utilizaban el látigo por una variedad de razones: insubordinación,
rehuir el trabajo, disimulo, evasión y como antídoto regular contra la violencia generalizada que formaba parte de la rutina diaria en las haciendas
henequeneras. La flagelación, después de todo, no le costaba al hacendado
el trabajo diario de sus jornaleros, lo que sucedía al encerrarlos en el calabozo de la hacienda.33
El aforismo yucateco "d indio oye sólo con la espalda", era algo más
que simple humor negro: reflejaba la creencia generalizada entre la clase
dominante de que la disciplina debía ser reforzada por el ejemplo riguroso. El gobernador Santiago Méndez reafirmó este arrogante modo de pensar cuando observó: 34
En general se considera a los indios yucatecos como mansos, humildes, y que no se dejan llevar fácilmente por la ira y la crueldad... el castigo más usual entre ellos era la flagelación aplicada
con moderación. Este tipo de castigo no los ofendía, si se les informaba la razón por la que se les aplicaba, ni lo consideraban degradante ...

Aunque hoy nos repugna tal idea, muchos encargados compartían la opinión de que los azotes "con moderación" reforzaban la disciplina en el sitio de trabajo, y que eran una herramienta efectiva de control social. Otro
observador comentaba que los jornaleros mayas eran "dóciles, obedientes
y sumisos ante las órdenes del amo, la aplicación de unos cuantos golpes,
35
como último recurso, resulta invariablemente efectíva". Las implicaciones de la racionalización de los henequeneros era un mensaje inequívoco
para las clases trabajadoras: los jornaleros eran subordinados que requerían, incluso esperaban, el látigo, tal como los niños esperan que sus padres
los disciplinen. Esta deshumanización explícita asumió en Yucatán un carácter racista: los mayordomos y otros administradores invariablemente tenían apellidos españoles, mientras que los peones eran, en su mayoría, indios mayas.
Uno de los pocos casos hallados en los registros judiciales en que un
peón residente protestó por una flagelación, demuestra por qué tales
casos rara vez se llevaban ante el poder judicial del estado. En 1912 los padrastros de un sirviente de dieciséis años de edad condujeron ante un tribunal al mayordomo de una pequeña hacienda del distrito de Sotuta, por la

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Joseph y Wells: Dominaci6n y resistencia en las hacii&gt;ndas yucatecas

Siglo XIX

flagelación de su hijastro (debida a insubordinación). Sin embargo, avanzado el proceso, los demandantes se retractaron y dijeron que el mayordomo sólo había disciplinado a su ingobernable hijo, que tanto lo necesitaba. La madre, de hecho, contradijo su propio testimonio anterior: negó
que el muchacho hubiera sido azotado, a pesar del testimonio médico que
corroboraba el castigo corporal y que los mismos demandantes habían presentado.
Huelga decir que los cargos fueron retirados. Si bien tal vez nunca sepamos con exactitud qué sucedió, las implicaciones son claras: el hacendado (en este caso, Hemando Ancona Pérez) tenía tantos modos de ''persuadir" a sus sirvientes de la importancia de arreglar sus asuntos fuera de los
juzgados, que pocos acasillados aprovechaban sus derechos como ciudadanos mexicanos.36 El mínimo uso de los peones residentes de los recursos
legales de reparación muestra un contraste claro con la actitud de los campesinos libres, situados al margen del monocultivo: recurrían con regularidad a presentar sus quejas ante las autoridades judiciales.
La "Justicia"/coerción de la hacienda también se administraba mediante el uso de calabozos construidos para encarcelar provisionalmente a
los infractores. En vista de que el alcoholismo constituía un grave problema, muchos peones que provocaban desórdenes cuando se intoxicaban terminaban durmiendo la borrachera en el calabozo. En la hacienda Tamanché, camino a Progreso, la cárcel anexa a la tienda de raya era tan pequeña
que parecía poco más que una celda para confinamiento solitario. De techo bajo y con sólo dos ventanas pequeñas para contrarrestar el asfixiante sol tropical, aun una breve estancia en el calabozo de Tamanché debió haber sido una experiencia infernal.
El mecanismo de la deuda y su complemento, la tienda de raya, eran
dos componentes indispensables del personalista idioma de poder de los
henequeneros, adaptados ambos de la hacienda maicero-ganadera tradicional. Esas instituciones conjuntadas reforzaron la inmovilidad de los
peones. En 1882 la Ley Agrícola Industrial del Estado de Yucatán reiteró leyes de peonaje que estipulaban que el peón que abandonara el empleo sin pagar las cantidades que adeudaba sería e~juiciado legalmente.
Además, si el sirviente deudor escapaba y se refugiaba en otra finca el
propietario que lo ocultara podría ser arrestado.37 En contraste el 'artículo V de la Constitución de 1857 (por el cual nadie debía ser obligado
a prestar servicio personal sin justa compensación y pleno consentimiento, cláusula que tomaba ilegal el acasillamiento) era ignorado por las

237

élites: violaban el espíritu de la ley federal justificando el peonaje con
el eufemismo de que era un "simple contrato que convenía a ambas partes ".38
Después de todo, las deudas eran una práctica de trabajo establecida
desde la época de la colonia, y había impregnado a través de la historia
las relaciones sociales en la península. El peón tenía dos tipos de deudas,
la chichán cuenta y la no hoch cuenta. La primera representaba una pequeña deuda por compras diarias y sueldos semanales, mientras la última era una cuenta grande (utilizada para eventos importantes como matrimonios O bautizos) de la cual el peón raramente se libraba. De hecho
la deuda del peonaje estaba tan arraigada en las prácticas de trabajo locales que los contratistas ferroviarios yucatecos utilizaron esla institución
para limitar la movilidad de su escasa fuerza laboral. Además, los estatutos legales locales aceptaban el avalúo de la deuda del trabajador como
gasto legítimo, lo que concedía mayor legitimidad -sin m~ncionar la
ventaja financiera- aJ acasillamiento. Específicamente, el articulo 2030
del Código Civil del estado estipulaba que las deudas de los peones deberían incluirse en el inventario de la propiedad. Nelson Rubio Alpuche,
prominente abogado local, lo expresó sin rodeos en un expediente legal
de 1895 cuando dijo: "En Yucatán no existen cuadrillas libres de peones. . . La hacienda que no cuenta con personas obligadas por contrato
.
. , val ,,39
personal ... no tiene mngun or.
Por consiguiente, si el endeudamiento de la mano de obra era una
práctica establecida, lo que cambió durante el auge fue la apremiante ?ecesidad del henequenero de asegurarse de que sus jornaleros no saldarian
las deudas. 4º Como resultado, las relaciones relativamente flexibles que habían caracterizado el régimen laboral prc-henequenero se endurecieron con
rapidez. Ahora, los henequeneros conseguían la ayuda de la a~recentada
burocracia del estado para asegurar que las deudas no fueran cubiertas. Los
jueces de paz y jefes políticos a nivel de distrito ~?°peraron_ con los pr~pietarios para dificultar a los deudores la reparac1on en el sistema de tribunales. En muchos casos, la colaboración estaba consolidada por lazos de
parentesco entre hacendados y los funcionarios estatales.
El caso de Juan Bautista Chan es un ejemplo útil de tal colaboración
entre las élites.41 Para 1912, Chan, peón acasilJado de la hacienda San José en el municipio de Hoctún, había acumulado unos 400 pesos de deuda.
Por razones que no se especifican, huyó de San José y se estableció en
Tahmek, un pueblo distante. De acuerdo con Chan, trató de pagar la deu-

�238

Siglo XIX

da aJ juez de paz de Tahmek, Segundo Sergio Echeverría.42 Sin emhargo, el juez rehusó aceptar el pago porque el asunto quedaba fuera de su
jurisdicción. Aconsejó aJ peón regresar a Hoctún y pagar en el establecimiento comercial de Aurelio Gamboa, un hacendado de San José de gran
poder político. El abogado de Chao señaló que su cliente tenía el derecho
legal de pagar la deuda en la jurisdicción que eligiera, y solicitó al Tribunal
Superior que obligara al juez a aceptarlo. Por su parte, el juez Echeverría
negó conocer a Chao y presentó testigos que apoyaron su argumento. Como era de esperarse, el Tribunal Superior falló en favor del juez. El caso es
una ilustración implícita de la afinidad entre los henequeneros y el sistema
de justicia, e indica lo difícil que resultaba para los acasillados el pago de
su deuda, incluso en los raros casos en que podían hacerlo. Por otra parte,
sugiere que Chao no estaba dispuesto a regresar a Hoctún, ya que podría
ser atrapado por las autoridades locales confabuladas con Gamhoa para enviarlo de regreso a San José.
Si las autoridades trabajaban mano a mano con los henequeneros para
dificultar el pago de deudas, las tiendas de raya proporcionaban a los hacendados la excelente oportunidad de acrecentar el pasivo de sus jornaleros. La mayoría de los peones acasillados adquirían sus bienes en estas
tiendas, ya por la disponibilidad de crédito, ya por simple conveniencia:
como hemos visto, a menudo los peones tenían dificultad para salir de la
hacienda y hacer las compras en otra parte. Las tiendas de raya, que en
ocasiones pertenecían al mismo henequenero y en otras se rentaban a comerciantes locales, coadyuvaban a reforzar la inmovilidad de los peones.
Los hacendados pagaban los salarios en vales canjeables en la tienda.43 El
uso de vales variaba de una hacienda a otra y sólo en raras ocasiones podían negociarse en tiendas de los pueblos vecinos. Aunque a muchos jornaleros se les pagaba por pieza y no mediante un salario diario
fijo (para acelerar los niveles de producción), sería desacertado concluir que estos "proletarios rurales" eran asalariados en el sentido moderno del término. Nunca hubo pretensión de parte de los henequeneros
de que los jornales alentaran una economía monetaria o un mercado laboral libre en la zona. Los peones henequeneros tenían poco acceso al
dinero "real": el salario que ganaban se deducía de una cuenta que prácticamente nunca se saldaba.44 Por último, como para añadir afrenta al
agravio, algunos documentos de las haciendas revelan que los propietarios acrecentaban la deuda de sus jornaleros cobrándoles el desayuno.45
Como podrá imaginarse, el peón nunca tenía que salir del sagrado recinto de la hacienda. Desde el punto de vista de la comodidad, la tienda

Joseph y Wells: Dominación y resistencia en las haciendas yucateca&amp;

239

ofrecía una amplia variedad de artículos, que incluían alimen~os, manta
cruda y enseres domésticos, escopetas y pólvora para la caz~ Y finé!-illlente,
· • m odo último en popularidad ' licor. Los hbros de. cuenta
aunque de rungun
, .
de Ja Compañía Agrícola del Cuyo y Anexas, S. A._, empres:i mulbfacehca
de la remota región oriental, son evidencia del co_ns1der~le ~ngreso que generaba a sus propietarios la cantina anexa a la be~da. Si ~1en algu~as haciendas no tenían cantinas en el predio, la mayona v~n~1a aguardiente a
sus trabajadores. Los críticos sociales, afectos a fasbd1ar al g~bernad~r
Olegario Molina por sus intentos de infundir a las clases. trabaJadoras de
Yucatán una moralidad positivista y pistina que predicaba ~n fo~a
enérgica la abstinencia, se regocijaban en señalar esta evidente hipocres1a.
De este modo, el flexible mecanismo de coerción. qu~ &lt;:°mbinaba elementos de castigo corporal, un sistema extra-legal de JUSbc1a en favor del
propietario, el acasillamiento y la tienda de raya, era un arm~ -~dero5:1
el arsenal de control social del henequenero. Fue la yuxtapos1c1on de di: ~ instiruciones personalistas -en forma individual y combinada-:- Y
modo materialista de producción implantado en la finca, lo que al~en~o
las mayores contradicciones sociales en el monocultivo del h~~equen. Sm
em bargo, dado que la meta definitiva era, la máxima producc1on. de. fibra,

de!

los hacendados comprendieron que pod1an exagerar el autontartS~,º ,~
e a menudo, la fuerza era más efectiva si se aplicaba "con moderac1on .
:a' es la razón por la que instiruciones coercitivas ~orno 1~ deuda y 1~
· da estaban tan m
' tunº amente ligadas a otro mecarusmo mas aceptable.
ben
la seguridad.

Seguridad
Había que hacer creer a los peones residentes que las relaciones s?ciales de
la finca, aun cuando fueran de explotación, les ofrecían algo mas que flatos ocasionales y una deuda de por vida. El hecho de que los hen~quene:s pudieran emplear con eficacia instiruciones como el endeudauue~to
la tienda de raya para constreñir a los acasillados (al tiempo_que restnn~a
su movilidad y les proporcionaba un cierto grado de segundad), acenbia
la multiplicidad de papeles desempeñados por es~ instiruci~?es durante el
Yucatán porfírista. El mecanismo de seguridad Vta cooptac1on era el ~do
opuesto del aislamiento y la coerción, ya que proporcionaba algo tangible

'!

�240

Siglo XIX
]oseph y Wells: Dominación y resistencia en 10$ haciendas yucateCO$

a los peones residentes a cambio &lt;le su trabajo: una fundamental seguridad
47
de subsistencia. Como explica un estudioso del tema: "los peones permanecían en la hacienda (no obstante el maltrato) porque era lo razonable,
además de lo acostumbrado".48

241

con el de los periféricos.

CULTIVO DE MAIZ EN LA ZONA HENEQUENERA, 1896-1912ª
Al proporcionar un abasto continuo de maíz importado, frijoles y carne en la tienda, los henequeneros se convertían en los únicos en controlar
la clave para la subsistencia en la zona henequenera. Después de 1880, con
las atractivas ganancias del monocultivo claramente a la vista, los henequeneros se apartaron de la autosuficiencia y se apresuraron a convertir sus
maizales en henequén. A pesar de que el maíz importado era más costoso,
resultaba más rentable comprarle a los comerciantes de granos de Mérida
los alimentos básicos necesarios para los peones acasillados.
Es interesante hacer notar que estos esforzados importadores eran las
mismas casas exportadoras que compraban la fibra a los henequeneros.49
Lo más importante: los henequeneros ya no tenían que dar parcelas a los
milperos, puesto que podían conseguir maíz en la tienda. Aun cuando los
peones henequeneros se quejaban amargamente de la baja calidad del
maíz importado (al que algunos llamaban "rancio" y le atribuían erróneamente el origen de los brotes de pelagra, desorden nervioso causado por deficiencia de la vitamina B), para 1910 el maíz importado ya había reemplazado al autóctono como sustento principal en la dieta del campesino yucateco.50 Una vez más, perdían los campesinos: durante más de un siglo habían disfrutado de un considerable mercado interno, al proporcionar su
excedente de maíz y frijol a las haciendas cercanas.
La infraestructura del monocultivo (cuatro líneas ferroviarias que comunicaban las zonas agrícolas con Mérida y el puerto de Progreso) erosionó la viabilidad económica de los pueblos de la zona al transportar maíz
importado, frijoles y carne desde el puerto a la península. Para 1910 el
cultivo de maíz en la zona se encontraba en un estado de irreparable decadencia. Las estadísticas (véase el cuadro anexo) narran la historia: los niveles de producción de partidos comoMaxcanú, Mérida, Motul y Tixkokob
demuestran hasta qué grado los tentáculos del monocultivo habían usurpado las tierras de la milpa en d noroeste. Si comparamos las cifras referentes al cultivo en la zona con los de los partidos "periféricos", encontramos que el cultivo en los distritos henequeneros palidece en comparación

Partido

Promedio de hectáreas
cultivadasb

Acanceh
Hunucmá
Izamal
Maxcanú
Mérida
Motul
Progreso
Temax
Tixkokob
Promedio de la zona henequenera
Promedio de la zona no-henequenera
Promedio de Yucatán
a)

2 332
4 515
4 225
3 461
579
1 800
313
2 792
1 073
2 343
5 683
3 805

Existen datos confiables para cada partido para 1897-l?0~, 19081910, y 1912. Los datos del promedio de cultivo de Yucatan •~cluyen
todos los años mencionados más los de 1896 y ~ ~~~. El partido, Las
formaba parte de Yucatán antes de la d1vmon de la pe~tnsuI1
, de¡ tern·tono
· de QUJ ntana
las as,
en que
1902, con la subsecuente creacion
Roo, se excluyó para 1896-1901.

b) Los promedios por partido fueron calculados y redondeados po~ los
t
Debe tenerse cuidado con "rulS cifras: representan las milpas
en las haciendas y villas, y ~o s~n ci~r:is globales de_producción. Las plagas de langosta y las lluvias ,msuf1c1entes y ex~es1vas causaban estragos en la producción de ma1z en_ toda_ la pentnsula. Por
desgracia, los datos en el estado eran demasiado rrregulares para resultar estadísticamente útiles.

;r;;:~as

FUENTES: para 1896-1901, Boleti'n de Estadística, passim; datos sobre el
cultivo del maíz para 1907-1912, El Diario Yuc~teco, 22 d~ f:brero de
1910; El Agricultor, 1907-1908 passim; y Boletin de Estadistica, 19081910, passim.

�242

Siglo XIX

En efecto, en los distritos en que el henequén no invadió totalmente
las tierras y donde las comunidades campesinas pennanecieron relativamen.
te intactas (por ejemplo: los partidos de Tekax, Valladolid, Ticul, Espita,
Tizimín y Sotuta) el cultivo promedio de maíz superó en más del doble
al de la zona henequenera (5 683 has. vs.2 343 has.). Mientras que medio
siglo antes los partidos del noroeste suministraban los artículos de primera
necesidad a los distritos de la periferia, ahora importaban maíz mexicano y
extranjero. La parasitaria economía henequenera, al absorber la tierra y
mano de obra de los pueblos de la zona y negarle a esas comunidades un
papel de consideración en la economía regional, condenaron a los acosados
pueblos a una lenta y dolorosa muerte económica durante el porfiriato.
Obviamente, sin medios de vida suficientes en las comunidades, las abundantes reservas de la tienda de raya adquirieron mayor importancia dentro
de la estrategia general del hacendado para atraer (y confinar) trabajadores.
La tibia clase de paternalismo practicado en las fincas henequeneras
también sobresalió en el mecanismo de seguridad. Como hemos visto, la
mayoría de los hacendados yucatecos eran propietarios ausentes que deja•
han el manejo diario de las explotaciones a sus encargados. Por lo comun,
el jornalero planteaba sus problemas, quejas y peticiones a un empleado a
sueldo. Los hacendados escrupulosos visitaban sus haciendas los fines de
semana, prefiriendo pasar el resfo del tiempo en Mérida, donde podían
vigilar sus innumerables inversiones y disfrutar de los atractivos c~lturales
de la vida urbana. Esto no significó que ciertos hacendados no se mteresaran por sus peones, o que no existieran en Y ucatán durante el porfiriato
relaciones patemaJistas basadas en las obligaciones y responsabilidades mutuas. La institución del compadrazgo, por ejemplo, ataba inform~ente al
,
51
peon y su amo.
Pero sería un error suponer que ese patemalismo alentaba lazos vigorosos de adhesión. Menos aún, algún acuerdo o entendimiento cultural
entre el maya asimilado y sus amos.52 El sirviente maya y el dzul (el amo
yucateco) estaban divorciados por una polaridad cultural que socavaba la
confianza.
Un claro ejemplo de cómo esa división cultural debilitaba el paternalismo se reflejaba en las maneras diferentes en que dzules y mayas - durante
el porfiriat0- percibían los tratamientos médicos, la atención de la salud.
Los hacendados proporcionaban una mínima atención sanitaria e~ la hacienda. Puesto que los médicos no eran elementos permanentes en runguna
finca, salvo las más grandes, la mayoría de los sirvientes, cuando enferma-

Joseph y Welh: Dominación y resistencia en las haciendas yucateca&amp;

243

han de&gt; gravedad, eran transportados por tren a la villa de su patrón en
Mériaa: allí los atendía el médico de la familia hasta que se recuperaban.
Si los acasillados requerían los servicios del hospital O'Horán de Mérida,
la única instalación sanitaria auténtica del estado, necesitaban ir acompa·
ñados de su amo o contar con penniso escrito de las autoridades de la hacienda.53 Sin embargo, los campesinos mayas se mostraban reacios a encomendarse aJ médico personal de su amo. Menos todavía a un hospital:
consideraban culturalmente desconcertantes, incluso aterradoras, las prácticas de los médicos citadinos.
Un ejemplo que viene al caso es la infortunada historia de Eleuteria
Ek, muchacha que vivía en la hacienda Santa Bárbara, cerca de Cansahcab,
en el partido de Temax.54 El 8 de octubre de 1907 Ciriaco Santos, mayordomo de Santa Bárbara, ordenó a los padres de la enferma Eleuteria, de
doce años de edad, trasladarla a la casa principal. Eleuteria estaba afectada
de influenza, atestiguó Santos, y la hacienda tenía por norma aislar tales
contagios. Al principio los padres de Eleuteria, Crisanto Ek y Micaela López (quien provenía del cercano Cansahcab pero que ahora vivía en la hacienda), rehusaron entregar a su hija, alegando que la necesitaban en casa
para los quehaceres domésticos. De acuerdo con el testimonio de Crisanto
y Micaela, fue entonces que los hombres del mayordomo arrastraron físicamente a Eleuteria hasta la casa principal, y se previno a los padres de que
los azotarían si se seguían oponiendo. Al día siguiente, Eleuteria fue llevada en tren a Mérida para recibir tratamiento médico y convalecer en casa
del hacendado, Pedro Luján.
La escena (descrita con emoción en el testimonio de los padres ante el
tribunal) de la niña sollozando histérica mientras su padre y su madre observaban impotentes en la estación ferroviaria de Cansahcab, pone de relieve los mundos diferentes en que vivían el campesino maya y sus paternalistas amos. Aunque en general, durante el auge, no se separaba a las familias
los campesinos mayas temían que después de que se llevaran sus hijos a la
residencia del amo, en la capital, podrían quedarse como sirvientes. Quizás
por ser oriunda de un pueblo, Micaela se atrevió a presentar la queja ante
el juez de paz de Cansahcab. El juez le concedió penniso para viajar a Mérida, recoger a su hija~ regresada a la finca. Resulta interesante el hecho de
que el expediente se cierra con la declaración de Micaela, quien dio fe de
que Eleuteria fue bien tratada en Mérida: un tranquilizante epitafio judicial para tan perturbador incidente. Es evidente que el tribunal deseaba ha.
cer saber que si bien se permitía que los padres condujeran su hija a casa,
también era preciso que la reputación del hacendado quedara absuelta de

�244

Joseph y Wells: Dominación y resistencia en las haciendas yucatecas

Siglo XIX

cualquier sospecha de maltrato.
. La historia de Eleuteria es una ilustración gráfica de la falta de confianza entre el maya y el dzul. Algo en apariencia tan inofensivo como el
tratamiento médico era distorsionado por tensiones culturale~ que debilitaban, en lugar d~ reforzar, los lazosclientelares. Tal vez la observación que
hace Nancy Far~ss acerca del maya yucateco de la colonia sea apropiada
para los ~e~e_nd1entes me~?r asimilados por la cultura de fines del siglo
XIX y pnnc1p1os del XX: Los mayas no tenían hospitales ni deseaban tenerlos, pues _habían llegado a la conclusión, no del todo infundada, según
sus observaciones, de que estas instituciones europeas eran para irse a morir" 55
Resulta irónico que tales sospechas fueran albergadas por las familias
mayas precisamente cuando las intenciones del amo eran a toda luces
altruis~s (si bien paternales). Los apologistas se han empeñado en elogiar a
los benevolos hacendados que se preocupaban por sus sirvientes enfermos
ya transportándolos a sus casas de Mérida, o llevándolos personalmente~
56
ho~pital O'Horan. El caso de Eleuteria, y otros semejantes, hacen necesar~o un _nuevo examen del paternalismo en la finca henequenera: el altruJSmo bien puede estar en los ojos del observador.
Aun~ue las discordancias culturales entre amo y sirviente templaron
sus relaciones, la fundamental seguridad de subsistencia que ofreció el
mon~cu~tivo durante gran parte del porfiriato, aparejada con el deceso
econom1co de los pueblos cercanos, permitía reclutar peones y engancharlos a los disciplinados ritmos de la producción de fibra. El hábil ma~ejo por parte de los henequeneros de los tres mecanismos complementa~os de control social (seguridad, aislamiento y coerción) mantenía a los
Jornaleros ~tados al trabajo. Sin embargo, pese a que se encontraban muy
a la defensiva durante el auge del henequén, con frecuencia lograron responder a la estructura de dominación por vías diversas y creativas.

LAS FORMAS DE LA RESISTENCIA

-

Con todo y lo formidable que era, la estructura de dominación del monocultivo henequenero no privó -de hecho, no podía privar- por completo
a los peones acasillados de recursos para protestar y para expresar su calidad de humanos. Una cierta cantidad de "juego" debe introducirse aún en
los sistemas laborales más coercitivos. La implementación de cualquier me-

245

dio de control social (trátese de azotes de parle del encargado, uso de documentos de identificación para inhibir la movilidad del trabajador en el
campo, reclutamiento a la despreciada Guardia Nacional o maniobras del
sistema de justicia penal), requiere un cierto grado de flexibilidad para
asegurar su máxima eficiencia. Si el mecanismo de control es demasiado rígido o restrictivo, si no permite excepciones, es probable que su
utilidad disminuya: aquellos a los que está dirigido se resistirán cada
vez más. No es de sorprender que hayamos descubierto que, pese a sus
aspectos coercitivos, el idioma del poder característico del monocultivo henequencro permitía a los peones residentes un cierto margen
de adaptación a las rápidamente cambiantes circunstancias, utilizando
los recursos culturales a su alcance. En el proceso, se convirtieron en
agentes activos en la reformulación de las condiciones de su propia
opresión.
uestro argumento en este punto apoya hallazgos recientes relacionados con el casi contemporáneo régimen esclavista que impulsó al monocultivo azucarero en Cuba. A pesar de profundas diferencias en otras cuestiones, tanto Manuel Moreno Fraginals como Rebeca Scott sostienen que
57
los esclavos cubanos consiguieron forjar una cultura altema. Incluso bajo
las brutales condiciones de trabajo de los ingenios -donde laboraban hasta
veinte horas al día durante la zafra, literalmente sonámbulos entre calderas hirvientes y peligrosa maquinaria que cobraba vidas y miembros- los
desarraigados esclavos no consintieron (ni permitieron ser doblegados por)
el tratamiento que sus amos les propinaban. Scott concluye: "Los esclavos podían ser engañados, y sin embargo participar en una economía monetaria. Podían estar mal alojados, y aún así luchar por mantener a sus familias. Podían ser tratados peor que a las bestias, mas no convertirse en
bestias ,,_ss
Comparados con los bozales nativos de Africa y los esclavos criollos
que se afanaban en los ingenios cubanos, los peones ma} as de Yucatán
(que siempre integraron la gran mayoría de la fuerza laboral de la finca
henequenera) disfrutaron de diversas ventajas que acrecentaron su capacidad de resistencia. Como hemos visto, pese a su aislamiento y subordinación al dzul, el maya del noroeste poseía todavía una cultura definida, basada en la familia nuclear y extensa, y reforzada por creencias y
prácticas religiosas sincréticas. ,\ diferencia de muchas sociedades esclavistas, la familia maya de la zona henequenera rara vez era separada, aun
por los amos más despóticos. De hecho, la escas1·z crónica de mano de
obra, característica permanente del auge, operó para limitar cualquier

�246

Siglo XIX

des~lazamiento del peón de una fir.ca a otra. Además, las familias de los
acas1llados habitaban viviendas de varas entretejidas y blanqueadas con
cal, y no en las barracas impersonales -en las que se separaba a los hombres d~ las ~ujeres, y que contenían hasta doscientos esclavos- de los
vastos mgemos cubanos. Es decir que, por lo menos, la unión familiar de
los mayas ofrecía un cierto grado de consuelo y refugio contra los estragos del sistema de explotación.59
Sin duda, la habilidad de los peones para moldear una cultura alte
. b
~. ~
se vio o stacuiizada durante el auge por la intensificación del régimen laboral. No obstante, los henequeneros siguieron considerando con cierta
ala~a. la potencia~ soli~aridad maya y, como hemos visto, diluyeron a
P~~~SJto la _aproxunac1on de los acasillados con grupos étnicos y lin~1~ticos foran_eos. Los dueños de las plantaciones cubanas adoptaron
SJmilar estrategia al c~ntratar trabajadores chinos. Sin embargo, ninguna
de las ~~s clases domma_ntes logró eliminar finalmente el espacio cultural
que legitimaba l?s des~fws a su heg~monía. Parece evidente que los indígenas de Yucatan teman mayor capacidad de resistencia que los esclavos
cubanos, muchos de los cuales eran "forasteros", desarraigados y trasplantados desde el extranjero.60
. _Por supuesto, las formas de resistencia que los peones de Yucatán cons~gu1eron mont_ar c~ntra el monocultivo fueron configuradas por las relacione~ de dommac1on en coyunturas históricas concretas. Hasta fines del
porfinato, los peo~es mayas de la zona henequenera, al igual que sus equivalentes en las soc1e~des esclavistas más formales, rara vez se arriesgaban
ª, to":1ar parte en acciones colectivas violentas contra la élite terrateniente.
Cons1derand~ los ni_veles múltiples del mecanismo represivo que los henequneros haluan ÍOIJado en colaboración con d Estado las revueltas e insurrecciones, así como las operaciones organizadas de' bandolerismo estaban condenadas al fracaso, incluso a la masacre. Sin duda se suscit.ilian
estallidos esporádicos, indicadores de las desesperadas respuestas locales a
los ~articularmente atroc~s abusos de los henequeneros (y que, por lo
comun, provocaban excesivas venganzas por parte del hacendado). Pero
de manera general los peones mayas, como los esclavos del sur de Estados
~ni~os los del Caribe, no eran suicidas: ellos también consideraban que
s1 bien el hombre puede ser muerto a hierro ... ninguno desenvaina la espada para morir, sino para vivir por ella " .61 Además contaban con otras
alternati~as, con estrategias más modestas con las que los peones acasillados_ ~odian asestar un golpe, material y simbólico, a las exacciones y dominac1on de sus amos.

!

Jo,eph y Welu: Dominación y ruistencia en /a¡¡ hacienda, yucateca,

247

Estas "silenciosas" o "cotidianas formas de resistencia", como las denomina James Scott, podían incluir pequeños actos de incumplimiento
en beneficio propio, tortuguismo, zafarse del trabajo y fugarse; o, en plan
más agresivo, actos clandestinos de robo, incendio premeditado y sabotaje.
Aunque los científicos sociales les han concedido poca importancia, este
"fuego de armas ligeras de la guerra de clases", estas "armas de los débiles"
que acontecen fuera de los límites de los movimientos organizados, siempre han constituido la mayor porción de la política campesina (y de la
propia clase obrera).68 Asimismo, como afirma Scott en tono persuasivo,
es probable que hayan logrado así lo que no obtuvo la infructuosa resistencia annada: "conferir ventajas materiales inmediatas y concretas al
3
·
·
tiempo
que se ruegan
recursos a 1as c1ases usurpadoras... ,'16
En la zona henequenera, tales "rutinas" de resistencia resultaban muy
apropiadas para el ambiente de la plantación, socialmente heterogéneo y
de máximo control: requerían poco planeamiento, apenas un mínimo de
espacio para maniobrar, podían ser realizadas en secreto por un solo jornalero o por informales grupos diminutos. Además, evitaba cualquier confrontación directa (y por fuerza costosa) con el amo o sus encargados. El
sentido de tal resistencia no era el irrealizable objetivo de derrocar el sistema de dominación del monocultivo, sino más bien el de sobrevivir dentro
de él: hoy, esta semana, esta temporada. Es que, tal como generaliza
Eric Hobsbawm, la aspiración fundamental de los campesinos ha sido
siempre la de operar dentro del "sistema con un mínimo de desventajas.,_64
Esta diaria resistencia plantea un problema metodológico desafiante al
historiador social. Se la menciona poco en los documentos oficiales porque
no genera declaraciones programáticas, encuentros violentos y manifestaciones públicas que tienden a cautivar la atención del Estado. De hecho, la
meta de sus ejecutores es, precisamente, no atraer la atención. Además,
la burocracia estatal y las élites terratenientes locales tenían poco interés
en divulgar la incidencia de la insubordinación campesina: hacerlo significaba reconocer la existencia de políticas impopulares y lo límites de su
hegemonía. De este modo, con mucha razón afirma Scott que la historiografía de la lucha de clases ha sido estadólatra. Las insurrecciones menores
predestinadas al fracaso que han dejado huella en el papel impreso continúan preocupando a los estudiosos más allá de toda proporción frente a
su impacto en las relaciones de clases; mientras, "los silenciosos actos de
evasión, sabotaje y hurto, que pueden tener mayor importancia a la larga,
65
rara vez son mencionados ".

�248

Siglo XIX

En tanto que antropólogos como Scott asumen el papel de observador
participante para comprender de primera mano tales estrategias no confrontacionales, a los historiadores se nos ha dejado una relación escrita
incompleta que, de manera sistemática, resta importancia a las formas cotidianas de resistencia. Por ejemplo, sólo unas cuantas muestras sohre
peones que se zafaban de sus obligaciones, se hacían los disimulados, o se
insubordinaban (principales fonnas de protesta en las fincas henequeneras) han logrado colarse por las grietas de la documentación histórica. Los
funcionarios del estado consideraban que dicho comportamiento era demasiado insignificante para documentarlo (excepto en contadas y enfadosas disgresiones burocráticas), mientras que los henequeneros prefirieron no extenderse sobre el lado oscuro de la vida de las haciendas en las
ilustradas memorias que encomendaron a la posteridad.66 Por desgracia, en
lo que respecta a los peones, se pudo entrevistar a pocos con edad suficiente para recordarlo: ya no quedan muchos ancianos que den testimonio
de ello. Además, las historias orales incompletas que se han obtenido aluden al pasado en términos nebulosos y no permiten una comprensión profunda de las formas cotidianas de resistencia.67
Este dilema metodológico explica en buena medida el retrato más
bien estático y monocromo que surge de la literatura histórica sobre la
vida porfiriana en la zona henequenera. Como ya hemos observado, se
ha caracterizado a los peones como criados dóciles y atemorizados, y a
los amos y sus representantes como patrones omnipotentes y ubicuos que
se negaban a tolerar la más pequeña crítica a su autoridad, mucho menos
un desafío constante a los estrictos ritmos de producción. Por supuesto, tal
imagen suprime de la documentación histórica no sólo las formas rutinarias de resistencia, sino también, como veremos, los actos de protesta de
mayor coordinación y violencia que los peones iniciaron o secundaron durante las postrimerías del viejo régimen.
Pese a estar incompletos y desorganizados, y plenos de prejuicios ofi•
ciales (problemas que hemos abordado en otro lugar68 ), los expedientes
penales de Yucatán ayudan a corregir las deficiencias metodológicas e interpretativas de la literatura histórica. Los testimonios de los tribunales
documentan casos de las formas más rutinarias de protesta69 (eludir tareas, tortuguismo e insubordinación) y captan las fonnas más agresivas
70
de resistencia (abigeato, incendio premeditado, sabotaje). Por último,
proporcionan también un mirador hacia los motines, revueltas e insurrecciones que brotaron durante la época maderista. Además de arrojar luz
sobre los modos de resistencia, los testimonios personales ante el tribunal

Joseph y Wells: Dominación y resistencia en las haciendas yucateca

249

revelan en forma gráfica (Y a menudo conmovedora) momentos de la clase trabajadora durante el auge hencquencro que son testimonio de la
dura lucha cotidiana por sobrevivir. Si bien aquí no nos es posible reconstruir la textura y los matices del proceso global, sí podemos ilustrar la
amplia gama de resistt&gt;ncia que culminó con la ola de insurgencia de los
afios iniciales de la revolución mexicana.
Pese a las diversas formas de coerción que se aplicaron, el rehuir responsabilidades y el ausentismo siguieron siendo un problema durante el
auge para los encargados de mantener los niveles de producción. Los hacendados y su personal se quejaban continuamente de los flojos e inútiles
mayas. Los libros de cuentas de las haciendas comunmente muestran listas
de peones que, por una u otra razón médica, no trabajaban determinado
día: resulta imposible indicar cuánlas de eslas enfermedades eran fingidas.71 Es evidente que los henequeneros no lograron inculcar una actitud
''proletaria" en sus acasiJlados: es que :;u régimen laboral híbrido no era el
apropiado para producir tal cambio de menlalidad. Los peones, obligados
materialmente a cortar de 1 500 a 2 000 pencas espinosas al día bajo el
implacable sol tropical, que subsistían en perpetuo endeudamiento y con
severa constricción a su movilidad, encontraban formas de evitar el trabajo.
Aunque se les hubiera pagado por pieza, la deuda aumentó tanto para fines del porlirialo que pocos tenían perspectivas reales de liquidar sus
cuentas. En realidad, ;,qué incentivos podían tener los peones para
realizar las tareas asignadas, sin hablar de adquirir una ética del trabajo, si lo
único que generaba su esfuer-i:o era una insignificantt' disminución de la
deuda?.
o es de extrañar (Jlle el jornalero buscara escapes en el alcohol, con lo
que se agravaba el problema del ausentismo. Ni siquiera las flagelaciones
sistemáticas evitaban la costumbre popular de prolongar los fines de semana para abarcar el San lune.~. El alcohol era, por supuesto, el principal alivio de los peones residentes: la facilidad para conseguirlo en la tienda de raya indica que, en otro nivel, los henequeneros apreciahan su valor como
mecanismo de control social. De ahí que el alcohol represenlara un asunto
complejo en términos sociales., y es probable que aumentara o disminuyera
la resistencia en las fincas. Además de estar vinculado con el ausenlismo,
parece ser que t&gt;Ste tipo de intoxicación tuvo importante influencia en el
crimen y la violencia, endémicos en el agro yucateco durante el porfiriato.
Por ejemplo, en 1906 y 1907 los arrestos por escándalos en estado de embriaguez representaban del 55 al 70% de todas las aprehensiones hechas

�250

Siglo XIX

por las autoridades estatales. 72 Si bien las estadísticas de gobierno son muy
poco confiables y reflejan tanto patrones urbanos como rurales, destaca la
asombrosa incidencia del abuso del alcohol. Por otra parte, las cifras de gobierno no incluyen los incidentes manejados con más "discreción", fuera
del sistema judicial del estado, por los hacendados y encargados en las mismas fincas.
Los expedientes penales abundan en muertes y crímenes en los que el
tribunal dedujo que fueron inducidos o estimulados por el alcohol.73 Los
crímenes recorren toda la gama de ofensas: desde simple hurto y abigeato
de ganado hasta incendio premeditado, desde riñas domésticas y agresión,
hasta asaltos y asesinato. En muchísimos casos (probablemente en la mayoría) los peones eran victimarios de otros peones, 74 el anverso de la noción de resistencia "rutinaria" que da Scott: afirma con validez que en
~to los camp~in~~ están reducidos a arremeter contra (o ahusar de) sus
iguales, la aprop1ac1on por parte de las clases dominantes se ve favorecida
w~de~~~
'
Sin embargo, los expedientes penales contienen también una variedad
de casos en que los peones robaban ganado u otros bienes (e incluso asaltaban y mataban) a encargados y hacendados. Invariablemente, los defensores y testigos invocaban el beber en exceso: ya como explicación, ya como atenuante. Al parecer, el tipo de preguntas planteadas por los acusadores influía o predisponía las respuestas de los defensores, lo que sugiere la habilidad de los delincuentes rurales pobres para "seguir el juego".
Como sabían que los crímenes premeditados se castigaban con mayor severidad, al defensor le convenía alegar que la ofensa había sido causada
por embrutecimiento alcohólico, o en forma imprevisible.76 En consecuencia, es probable que los expedientes penales presenten un exceso de
actos no premeditados. Las autoridades comprendieron la importancia del
alcohol como un escape para el campesino, y los jueces parecen haberse
complacido en el estereotipo del indio ignorante y borracho.77 Pero estos
mismos jueces (por lo general hacendados o clientes suyos) también reconocían que si cada infractor (borracho o en plena posesión de sus facultades) recibiera su "justa" sentencia, las cárceles se habrían desbordado y
quedarían pocos brazos para trabajar en los campos henequeneros.78
En contadas ocasiones se nos presentan caso2 evidentes de resistencia
(episodios de abigeato, hurto y sabotaje) en que los peones hayan sido
aprehendídos en el acto mismo. El incendio intencional, por ejemplo, se
convirtió en una formidable modalidad de resistencia en la zona heneque-

Joseph y Wells: Dominación y re&amp;istencia en /tu hacienda.! yucatecas

251

nera, y se vislumbró como una amenaza constante a la producción durante
su auge. En 1908 Santiago May, jornalero maya, fue sorprendido con los
cerillos en la mano prendiendo fuego a 120 mecates de henequén (valuados
en 3 000 pesos) en la hacienda San Pedro, partido de lzamal.79 Aunque el
peón alegó haber estado bebiendo aguardiente, el juez, apoyándose en el
testimonio de numerosos testigos presenciales, llegó a la conclusión de que
el maya había actuado con premeditación y que nunca perdió el control de
sus facultades. Fue declarado culpable y condenado a seis años de prisión,
sentencia en extremo rigurosa si se considera que los homicidas a menudo
recibían penas más leves en el Yucatán del porfiriato.
La severidad de la sentencia de May (y de otros veredictos, aplicadas
en casos de destrucción de planteles y demás bienes de la hacienda) sólo
puede ser interpretada como una clara señal del estado oligárquico a los
peones: los delitos contra la propiedad constituían la ofensa más grave, y
no serían tolerados.80 Por otra parte, el incendio premeditado representaba uno de los pocos casos en que las autoridades estatales sentían la imperiosa necesidad de meterse en los asuntos internos de la hacienda: es que
podía borrar en cuestión de horas los ahorros de toda una vida.81
Aunque el veredicto en el caso May fue muy claro, a menudo se dificultaba a los jueces decidir sobre hechos de incendio intencional a causa del
clima tropical de la región. Los accidentales eran comunes en la zona durante la prolongada estación seca que abarcaba desde octubre hasta abril:
sobre todo en los abrasadores meses de marzo y abril, en que los campesinos
de los pueblos cercanos, empleando técnicas de agricultura tradicional
(swidden ), prendían fuego a sus milpas y desmontaban la tierra para la
próxima siembra. En ocasiones, un cambio en la dirección del viento transportaba chispas a los planteles henequeneros aledaños: una vez iniciado el
fuego, poco podían hac8t los encargados para evitar la conflagración, ya
que la capacidad para combatir incendios era muy limitada en el árido
noroeste. Uno de los mayores incendios de fines del porfiriato ocurrió en
la hacienda Temozón, a unos cuarenta kilómetros de Mérida, durante la
temporada más cálida de la estación seca, a finales de abril de 1908.
31 700 mecates de henequén de primera, valudos en más de cuatrocientos
mil pesos, se convirtieron en humo.82 Aunque por lo regular los jueces
porfiristas ordenaban diligencias tras la destrucción de planteles, dada la
naturaleza de la ecología se veían en apuros para encontrar culpables (más
aún para juzgar el delito).83

�252

Siglo XIX

Es evidente que las consideraciones sohre la mentalidad del peón y la
ecología de la región, así como la representatividad y parcialidad de los
•
mismos documentos oficiales, loman problemático extraer conclusiones
sobre la incidencia de la "resistencia consciente". James Scott afirma que
el historiador social difícilmente alcanza una comprensión cabal de las motivaciones del campesino. La efectividad y seguridad de la resistencia cotidiana dependen del secreto y de la aparente conformidad. Más aún, sos-tiene que las intenciones pueden estar tan incrustadas en la subcultura
rural y en la lucha diaria por asegurar la subsistencia, que permanecen
"inarticuladas".
A falta de evidencia definitiva, finalmente, el historiador debe evaluar
&lt;' inferir la int1·nción o motivación de los hechos mismos.
Cuando los intereses materiales de las clases dominantes se encuentran en
conflicto directo con los de campesinos o peones (por ejemplo, en lo que
atañe al acceso a la tierra, a la subsistencia o salarios y condiciones de
trabajo), Scott sugiere que los actos de abigeato, hurto y sabotaje put'den
a menudo presumirse como hechos de resistencia.84 Es probable que Scott
considere las defensas expuestas ante los tribunales por los peones (deterioro mental, accidentes derivados del ambiente) como coartadas convenientes que disfrazaban actos clandestinos de la lucha de clases.

el ambiente local

Scott bien puede exagerar en cuanto a una estrategia constante de la
resistencia cotidiana, en particular en lo concerniente a incendios. Si del
contexto social se debe inferir la resistencia, el historiador necesita estar
preparado para presentar un argumento convincente, si no de máxima garanlía.85 En Lodo caso, nuestros datos sobre las fincas henequeneras de
Yuca tán bastan para concluir que los peones acasillados desafiaban el régimen del monocultivo en diversas formas, que se intensificaban según los
daños que inílingían } el riesgo que conllevaba~
Sin duda la respuesta más conmovedora, negativa y total a la explotación era el suicidio. Los expedientes judiciales documentan un aterrador
número de muertes autoinfligidas, mU1·has de ellas inducidas por la pelagra
(deficiencia de vitamina B que produce descamación de la piel, comezón,
y en sus etapas avanzadas, desórdenes mentales)- '\sociada con el alcoholismo endémico de la zona hencquenera, la pelagra a menudo tenía trágicas
coTIS&lt;'cuencias. Que tantos peones se colgaran de los árboles o de las vigas
de sus casas, o se arrojaran a las norias, era prueba de su pobre dieta, atención médica inade1·uada y sentimientos de desesperación, con&lt;licionr~ que
se agudizaron aún más duran t.- los últimos años del porfiriato.86

Joseph y Welb: Dominación y resütencio en las haciendas yucatecas

253

La investigación judicial de la muerte de José María Eb proporciona
un espeluznante relato de los efectos perniciosos de la pelagra y el alcoholismo, y destaca el deterioro del paternalismo y seguridad en las fincas de
fines del porfiriato. Eb era un peón maya de setenta años de edad de la hacienda San José, finca ubicada en el rico distrito henequenero equidistante de Cacalchén y Motul. Fue descubierto completamente sepultado bajo
las pencas de un plantel henequenero por sus compañeros de trabajo Isidro
May, de 84 años, y Toribio Escobarrubias de 75. Los ancianos camaradas
de Eh fueron guidos hasta su cadáver por una concentración de buitres. Lo
que encontraron era tan horrible que resultaba casi indescriptible: los buitres habían devorado el cuerpo hasta dejarlo casi irreconocible, y se logró
identificarlo sólo por la ropa característica de Eh y su sabucán (costal). El
médico que lo examinó encontró el cadáver cubierto de las lesiones indicadoras de un caso avanzado de pelagra. May y Escobarrubias atestiguaron
que, debido a la enfermedad y a las intensas borracheras, Eh se había desplomado y perdido repetidamente el sentido de las semanas anteriores. En
ocasiones hasta había d&amp;iconocido dónde se encontraba y lo habían te87
nido que llevar a su trabajo en los campos.
Si bien el caso de Eh no se manejó como suicidio, sino que se imputó
a una aguda congestión alcohólica, los desórdenes mentales que con frecuencia acompañaban los nexos de pelagra y alcoholismo solían empujar a
los jornaleros a quitarse la vida. Es significativo resaltar que, a menudo,
los peones se colgaban de árboles o vigas, una forma de adhesión a los ritos y usos tradicionales.88 Las creencias religiosas precolombinas de los
mayas sostenían que los suicidas, a diferencia de la mayoría de los muertos -que enfrentaban un arduo viaje al otro mundo- eran recompensados con un viaje directo al paraíso. Se les asignaba un cielo especial, donde junto con otros infortunados, como criaturas sin destetar, "pasarían
una vida de alegría y ocio con todos los deleites imaginables bajo la sombra de una ceiba gigantesca (la sagrada yaxché) ". En realidad los suicidas
eran transportados a este paraíso por la diosa maya Ix Tab, "La de la cuerda" o "Diosa de los ahorcados".89
Aunque los arqueólogos no están seguros en cuanto al motivo por el que
los mayas concedían tan especial distinción a los suicidas, el hecho de que
esta creencia cultural probablemente lograra persistir hasta el siglo XX
confirma nuestro argumento de que la élite terrateniente y la Iglesia nunca
remodelaron completamente la ideología de los aculturados mayas d~I noroeste. La práctica y la percepción mayas del suicidio por ahorcamiento
sugiere que pudo haber otras tradiciones y creencias indígenes sustentan-

�254

Sy¡to XIX

do los actos diarios de resistencia: así, los mayas reformulaban otras formas
culturales de la sociedad dominante, y les conferían una significación y
relevancia diferentes.90

Aunque en muchos aspectos las formas de resistencia "más calJadas"
que utilizaban los acasillados se asemejaban a las que emplearon los esclavos de toda América, los recursos culturales con que contaban los mayas
tomaban más efectivas tales estrategias. En conjunto, representaban más
que un escape de las diarias indignidades de un sistema de explotación:
con la notable excepción del suicidio (que tenía su propio fundamento
cultural), estos mecanismos revelan una tenacidad para perseverar y, cuando se presentaba la ocasión, para impugnar las exigencias de los henequeneros sin arriesgar una confrontación abierta (y desigual). En .realidad, hasta los últimos años del porfiriato estas "pequeñas armas" eran las únicas
en el arsenal de los peones. Pero les permitieron hacer valer sus propios
intereses dentro de un régimen brutal, aun cuando esto significara tan sólo operar "el sistema con un mínimo de desventajas".
No obstante, después de 1907 nuevas coyunturas históricas facilitaron patrones más dinámicos de resistencia. Las consecuencias de la crisis financiera mundial de 1907-1908 en México (y en particular su forma
de socavar el régimen de Díaz) han sido tema de reciente debate, pero
no cabe duda de que el pánico internacional tuvo un profundo impacto en
todos los niveles de la sociedad del monocultivo dependiente de Yucatán.91 Con el desplome de la cotización de la fibra en 1908 (que continuó
casi constantemente a la baja hasta 1912) y la escasez de crédito una reacción en cadena de bancarrotas y quiebras comerciales asoló la p~nínsula y
repercutió en numerosos pequeños y medianos henequeneros.
Entre la espada y la pared, los apurados productores pasaron al ataque:
redujeron salarios, restringieron anticipos a los peones, extendieron el crédito en la tienda de raya, con una reducción radical de los tradicionales beneficios e incentivos paternalistas. Al mismo tiempo, los henequeneros aceleraron los ya coercitivos ribnos de producción: sus mtensas demandas dejaban a los peones poco tiempo o energía para atender sus pequeñas milpas,
en los casos cada vez más raros donde la finca no las había subsumido totalmente al monocultivo. Aparte del trabajo adicional que extraían de los
jornaleros, es posible que los hacendado,¡ hayan empezado a apropiarse di-

]0$eph y Welll: Dominación y resistencia en /0$ hacienda&amp; yucateea&amp;

255

rectamente del esfuerzo de los familiares de los sirvientes. Durante mucho
tiempo, los peones habían aumentado sus ingresos domésticos mediante el
jornal extra de los hijos adolescentes y las labores hogareñas desempeñadas
por esposas e hijas. El henequenero, ahora, privaba al acasillado y a su fa.
milia de un recurso estratégico en la continua lucha por mantener asegurada su subsistencia, al explotar en forma directa la fuerza laboral de los fa.
92
miliares dependientes, en particular de hijas y esposas.
Después de 1907, cuando el paternalismo ya no era más que un simple
eco y las exigencias del trabajo se intensificaban a medida que el acceso a
la milpa y los ingresos familiares suplementarios disminuían, los peones
residentes se convencieron cada vez más de que su calculado intercambio
de autonomía por seguridad ya no proporcionaba garantías de una subsistencia permanente. Sequías periódicas y plagas casi anuales de langosta entre 1907 y 1911 desgastaron aún más su horizonte de expectativas.
No es de sorprender, por consiguiente, que la confrontación violenta
-antes el último recurso y el más peligroso- se convirtiera después de
1907 en una respuesta más frecuente.
No se necesita recurrir a una simplista teoría volcánica de la violencia colectiva para explicar los motines locales y las revueltas campesinas
que ocurrieron en la zona henequenera entre 1907 y 1911, o las oleadas
más vastas de rebelión rural que recorrieron el estado en 1911 y 1912,
en las que se logró considerable apoyo de los acasillados. Los modelos
volcánicos o de curoa J sugieren que, al empeorar las condiciones económicas, se generan una relativa escasez y descontento que, con el tiem93
po, desencadenan la furia de las masas y la aci:ión colectiva. Sin duda,
en lo que atañe a los peones, la creciente espiral en el deterioro de las condiciones de trabajo y bienestar económico abatieron el umbral de tolerancia hacia la opresión y, tal vez, generaron múltiples encuentros (aunque aislados) después de 1907. Pero, como veremos, el agravamiento de
las condiciones económicas nunca desencadenó una más generalizada ola
de protesta de violencia en el estado, y mucho menos dio origen a un movimiento masivo que hiciera tambalear al régimen oligárquico.
La prensa regional reportó una variedad de violentas controversias
sobre el recorte de salarios, el deterioro de las condiciones laborales y el
abuso físico ante la baja del precio de la fibra entre 1907 y 1911. Por
ejemplo, en 1909 un encargado redujo los salarios de cuatro maquinistas
de platafonna que se negaron a trabajar los domingos en la hacienda
Eknakán, propiedad de Luisa Hühbe de Molina, cuñada de Olegario Mo-

�256

Siglo XIX

lina (el hacendado más rico de Yucatán y dirigente de la facción oligárquica dominante). Cuando estalló la violencia, se envió la Guardia Nacional a restaurar el orden. Un capitán fue herido por los peones y la Guardia se vio obligada a retirarse; un sirviente resultó muerto y ocho más
resultaron heridos. Fue necesario enviar refuerzos desde Mérida, a toda
prisa, para sofocar el disturbio.94
Asimismo se reportaron episodios en que los peones protestaban por

el trato abusivo y por castigos en las fincas. A fines de 1907, ciento diez
peones marcharon desde la hacienda Oxcúm, propiedad de Avelino Montes, yerno de don Olegario, hasta el palacio municipal de la &lt;;ercana Umán
para protestar por el encarcelamiento de tres compafieros de trabajo. De
Mérida, a seis kilómetros de distancia, se despacharon tropas de la Guardia
Nacional. Sin intimidarse por el despliegue, seis peones de Oxcúm asaltaron
más tarde al odiado encargado de la finca. Se llamó de nuevo a la Guardia
Nacional, esta vez para arrestar a los seis transgresores.95
Varios afios después, en marzo de 1911, el régimen de trabajo por demás brutal de la hacienda Catmís, aislada en el sur, cerca de Peto, produjo
la chispa que encendió el episodio tal vez más violentq entre las protestas
de los ~casillados bajo el antiguo régimen. Con furia catártica, los peones
destruyeron maquinaria y acuchillaron al hacendado, miembros de su familia y del personal.96
En cada caso, la 1,iolencia se presentó en respuesta a causas locales específicas, y fue aislada y velozmente reprimida por las autoridades estatales. Como hemos observado, dichos motines y revueltas habían sucedido
esporádicamente durante el auge porfirista. Entre 1907 y 1911, sin embargo, su incidencia parece haber ido en aumento. De hecho, para 1911, tanto dentro de la zona henequenera como en su menos controlable periferia,
los motines y un abrupto incremento en actos afines de abigeato y robo se
convirtieron en las principales formas de resistencia entre el campesinado
maya.97

MOVILIZACION Y DESMOVILIZACION EN LA ZONA HENEQUENERA
Los jornaleros no estaban solos en su descontento. Pese a la fabulosa riqueza generada por el auge henequenero, la primera década de este siglo fue
un verdadero "verano de descontento" para la enorme mayoría de los productores regionales, comerciantes, trabajadores urbanos y campesinos Ji-

Joseph y Wells: Dominación y resistencia en las hacienda.t yucatecas

257

bres, subordinados de una u otra forma a la camarilla oligárquica basada
en el parentesco de Olegario Molina y Avelino Montes. Esta facción dominante (o casta divina, como se le llamaba y llegó a autodenominarse a
principios de siglo) tenía intereses homogéneos, una membrecía relativamente cerrada y, debido en parle a su,colaboración con el principal con:iprador de la fibra cruda, la lntemational Harvester Company, mantema
tal control sobre las palancas, económicas y políticas del poder en la región que -en las postrimerías del porfiriato- era capaz de frustrar las oportunidades de grupos hacendados rivales.98
Para fines de 1909, cuando la represión molinista les cerró el camino
electoral, estos frustrados terratenientes, organizados ya en dos grupos
rivales comprendieron que la rebelión era el único medio para forzar a
una n~eva y más equitativa repartición del botín henequenero. Así como la coalición nacional maderista derribaría a la oligarquía porfirista,
los científicos, así las facciones de hacendados disidentes (popularmente
conocidos corno morenistas y pinistas por sus respectivos abanderados,
Delio Moreno Cantón y José María Pino Suárez) aspiraban ahora a romper el dominio absoluto de la casta divina. Cada ~arilla elitista hizo un
veloz intento por construir amplias coaliciones con mtelectuales de la clase media, la pequeña clase obrera y artesana urbana y, lo que resulta tal
vez más importante, pero que hasta ahora no ha sido explicado por completo, el campesinado maya. Con rapidez, el verano de desco~t~nto_ se agudizó y violentos períodos de agitación sacudieron el orden ohgarqu1co desde 1910 a 1913.99 Aunque nunca tuvieron un papel principal o autónomo
en estos ciclos de agitación, los peones acasillados de la zona henequenera
integraron a menudo un componente importante de los bandos rebeldes.
Por supuesto, los expedientes judiciales nos permien hablar con ~ayor confianza acerca del carácter de las movilizaciones que de las rnobvaciones de los peones que se incorporaban a ellas o que se negaban a hacerlo.
De hecho, muchos estudiosos de los movimientos sociales se preguntan
si alguna vez podremos determinar con exac~tu~, sob~e ~o~o en forma
retrospectiva y con datos incompletos, las motivaciones ~div1d~ales. En el
particular contexto de estos motines y rebeli~nes, los ~msmos insurgentes
pueden no haber estado conscientes sobre que los motivaba en el m~mento en que se unieron a un bando. Un peón yucateco, Mar~s Cha?, hi~o este sucinto comentario en el juicio: "Me preguntaron que SI quena unmneles y yo dije que sí" 100 ¿Cómo podemos ~canza~ a entender lo que p~ba por su mente? ¿Cómo podemos saber s1 habna actuado_ en forma di~tinta un día O una semana después si se le presentaba la misma alternalJ-

�258

Siglo XIX

va? Algunos estructuralistas encuentran tan subjetivo el ejercicio de juzgar la motivación, que desisten por completo de preguntar por qué actuaba
la gente. Intentan comprender tan sólo cómo actuaba.101

Sin duda estos críticos practican una observación válida. Una lectura cuidadosa de los expedientes penales sugiere que cada uno de los peones puede haberse unido o rehusado a unirse a los bandos insurgentes por
una multitud de motivaciones conscientes (a menudo interconexas): beneficios económicos, lazos familiares y un vivo deseo de venganza, entre
otras. Pero más allá de estas motivaciones evidentes había sin duda otros
factores inconscientes, de sustento psicológico, que tal vez influyeron en
las decisiones individuales.
Por ejemplo, los psicólogos han documentado la reducción colectiva de los umbrales de inhibición en turbas y otros fenómenos de masas:
de hecho, algunos episodios de la insurgencia yucateca semejaban fiestas
públicas en las que grupos enteros de personas, acompañados por la banda de la comunidad, desertaban en masse. 102 ¿Y qué papel desempeñaba
la relación mujer-hombre en la motivación? En algunos casos encontramos madres y esposas incitando a su.s familiares varones, retando de hecho el machismo: "¡Andale, por que no matas a ese cabrón ahora que
pu.edes, ten por segu.ro que él no se portaría tan blando contigo!".1º3
Es verdad que una diversidad de motivaciones y variables conscientes e inconscientes, así como muchas otras contingencias entran en juego cuando tenemos que examinar la cuestión de por qué los individuos participan en motines y rebeliones (y de hecho en cualquier acción social).
Empero, al intentar abordar analíticamente estos actos de resistencia y
rebelión, finalmente nos sentimos obligados a ensayar una explicación general, a ofrecer al menos una causa aproximada del por qué sucedieron y
por qué los peones decidieron incorporarse a ellos.
Para tal fin, estamos obligados a ver más allá de la propia creencia del
insurgente ante sus acciones. Debemos considerar mas bien estas convicciones en el contexto de las condiciones estructurales que afectaban al individuo como miembro de uno o más grupos, y como parte de una formación social más extensa. En efecto, esto significa que hay que evaluar todo el rango de relaciones "externas" de poder, además de las propias per-

Joseph Y WeU,: Dominación y re.tútencia en /tu hociendas yucatecas

259

cepciones "internas" de la gente en cuanto a sus condiciones y comportamiento.104
Se han analizado con cierto detalle las dinámicas relaciones de dominación en la zona heoequenera durante los últimos años del porfiriato.
Hemos sugerido que las condiciones cada vez más miserables de vida y el
present~iento entre los sirvientes de que la finca ya no podía garantizar
la segundad por la que habían canjeado su autonomía, probablemente
convencieron a muchos de que debían participar en la insurgencia. Del mismo modo, y aunque no era nuestro principal terna de interés, hemos mencionado la severa amenaza que significaba la expansión de la hacienda henequenera para la existencia de las poblaciones pobres pero libres del área
y de lsu menos controlable periferia. Esta amenaza, aparejada con el dete~ord del~ condiciones e~nómicas ~ con la ampliación del espacio político ~espues de 1910, sugiere por que tantos cabecillas y reclutas de estas
revubltas provenían de esos pueblos asediados pero de mayor movilidad
táctiba (como los de Temax, Unucmá, Muna y Santa Elena en particu~~
'

•

El historiador social británico E.P. Thompson proporciona lo que bien
podría ser el mejor indicador para la desafiante tarea de penetrar la mentalidad de los peones (o campesinos) durante los episodios de in.surgencia: 106
El grado de conciencia de un obrero no es una curva que ascienda
Y descienda con los precios y salarios; es de una vida de experiencia y socialización, tradiciones heredadas, luchas ganadas y perdi-

das . .. Es este pesado bagaje el que interviene en la formación de
la conciencia del obrero y proporciona la base de su comportamiento cuando las condiciones maduran y el momento se presenta.

La percepción de Thom pson puede ser provechosa a la luz de las evidencias del período. A los agitadores como Tomás Pérez Ponce y a los cabecillas ROSteriores se les recibía generalmente en forma ambigua cuando llegaban a ~s fincas henequeneras en brisca de partidarios o reclutas, entre
1909 y 1913. Pese a lo malas que llegaron a ser las condiciones, muchos
peones eludían aún la estrategia de confrontación. Probablemente pensaban q1M, como en el pasado, tales acciones estaban condenadas al fracaso:
los limitados beneficios que momentáneamente obtendrían no valían el
riesgo de perder la seguridad mínima que las fincas aún proporcionaban;
menos, la potencial pérdida de la integridad física o la propia vida. Además, no todos los henequeneros habían abandonado los incentivos pater-

�260

Siglo XIX

nales, ya que las condiciones variaban de una hacienda a otra. Sin duda,
muchos peones favorecían la estrategia de obtener cuanta seguridad pudieran y resistir a las exigencias del monocultivo con métodos más "rutinarios,, y menos riesgosos.107
Con todo, muchos sirvientes se arriesgaron a unirse a la insurgencia popular. Coincidimos con gran parte de la literatura de ciencias sociales sobre
revueltas campesinas en que, por afligidos o "motivados'' que estén, los
campesinos en general esperan a tener evidencias de que quienes detentan
el poder se han debilitado y/o dividido antes de asumir los riesgos de una
insurrección. La noticia de tales oportunidades para la revuelta a menudo
es llevada a los campesinos por elementos externos (casi siempre, élites disidentes) o por agentes locales intermedios con cierta experiencia cultural
en la sociedad dominante que les complementa (de hecho realza) su posición en la sociedad rural suhordinada.108 En el caso de Yucatán, los propietarios independientes, pequeños comerciantes, bandoleros, artesanos,
maestros y exoficiales del ejército con frecuencia se convertían en cabecillas e intermediarios: enlazaban los grupos encabezados por hacendados disidentes con los nucleamientos de peones y campesinos. Por lo común, los
hacendados morenistas y pinistas y los intelectuales de clase media radicados en Mérida planeaban una revuelta (sincronizando su complot regional
con una conspiración a nivel nacional) y luego, mediante una extensa red
de intermediarios que incluían contactos y espías locales conocidos popularmente como "orejas", movilizaban elementos simpatizantes (y no pocas
veces obligaban a los que no lo eran tanto) en rancherías pueblos y haciendas.109
Durante la serie de conjuras e intrigas elitistas que tuvo lugar en la
víspera de la rebelión maderista, un líder morenista declaró: "Tengo más
fe en la gente del campo que en los meridanos."11º Durante 1910 y principios de 1911 la tenue alianza entre las facciones elitistas disidentes de las
ciudades y los influyentes intermediarios rurales del interior continuó creciendo. Mientras las élites aseguraban armas y dinero, los cabecillas locales
reclutaban adeptos entre los pueblos y fincas vecinas. Sin embargo los morenistas y pinistas pronto se pusieron a reconsiderar la sensatez de su movilización de peones y campesinos. Para la primavera de 1911, la última ronda
de motines y revueltas empezó a girar fuera de control.
Lo que las élites no evaluaron plenamente cuan.do construyeron estas
redes rudimentarias de insurgencia fue que los incipientes rebeldes rurales
también tenían su propia agenda, y que no era congruente con los pro-

Joseph y Wells: Dominación y resistencia en IIJ8 haciendas yucatecas

261

yectos políticos más bien limitados de la élite. Gradualmente, a partir de
la abortada conjura de Candelaria en octubre de 1909, pasando por la fallida rebelión en Valladolid de fines de la primavera de 1910, hasta las revueltas más incontrolables que con regularidad hicieron temblar a1 estado
durante 1911 y 1912, la movilización y protestas populares habían comenzado a adquirir vida propia, y concedían poca importancia a actitudes políticas o resultados de elecciones fraudulentas. Las élites contendientes de
Yucatán habían abierto la caja de Pandora y, por más que se esforzaron,
nunca supieron encauzar la furia que explotó en áreas l!eriféricas como en
Puuclll y el partido oriental de Temax.
Allí, en la periferia del monocultivo, durante 1911 y 1912, las haciendas fueron asoladas por bandas merodeadoras que "liberaban" a
peones y propiedades por igual, a veces de las mismas élites morenistas
y pinistas que al inicio fomentaron la movilización. En algunas fincas, las
revueltas surgieron desde dentro. En varias cabeceras, los rebeldes dinamitaron las casas y tiendas de los notables locales, atacaron los cuarteles de
los destacamentos de la Guardia Nacional y "sometieron a juicio" sumario
a los abusivos jefes políticos, autoridades municipaJes y personal de la hacienda.112 Durante dos días ocuparon Halachó, cabecera de regular tamaño
en el Puuc, y comenzaron a nombrar nuevas autoridades municipales.113
En ocasiones bandas dirigidas por popuJart:S cabecillas, junto con peones
locales, allanaban las casas principales para luego detrozar desfihradoras y
tramos de rieles del sistema Decauville, muy a la manera ludista. Tras años
de explotación y degradación racial, los sirvientes mayas se encontraban de
pronto en tienditas y bailes populares sabatinos, discutiendo -entusiasmados- sus acciones: "Yo encendí la dinamita que hizo volar la caldera", decía fulano; "Y o derribé las alharradas que rodeaban el nuevo plantel", comentaba mengano; "Imagínense", intervenía zutano, "todas estas ropas finas se pagaron con las ganancias sacadas de las costillas de nuestro pueblo ".114 En varias ocasiones durante 1911 y 1912 esta insurgencia popular
en la periferia henequenera amenazó con extenderse y paralizar la producción del corazón de la zona. 115
De este modo, a semejanza de la gran rebelión campesina del siglo XIX
conocida como la Guerra de Castas, la participación masiva de grupos subaJtemos en estas rebeliones de la era maderista comenzaron a infundir en
la lucha una resistencia local a la dominación elitista que se convirtió en
motivo de preocupación entre los mismos núcleos dominantes que en
principio precipitaron estas movilizaciones. Una vez más, en la lejana periferia de la nación, los campesinos y peones mayas comenzaban a sacar pro-

�262

Siglo XIX

vecho de las disensiones entre las élites: huyendo de las fincas, colocando
en la mira las propiedades y familias de los individuos abusivos y, en algunos casos notorios, estableciendo redes clientelares que más tarde se consolidarían en cacicazgos cuando la Revolución ganara arraigo en Yucatán,
desde 1915. Fue esta dicotomía estructural entre mentalidades y políticas
populares y elitistas, manifiesta en los tiempos de rebelión de la era maderista (como lo fue durante la Guerra de Castas), lo que constituyó el desafío más dramático a la hegemonía del monocultivo antes de la llegada del
ejército revolucionario del general Alvarado.116
Diversos factores, así como las provisionales estrategias de emergencia
de los henequeneros y el Estado, explican por qué en Yucatán -en última
instancia- el conflicto político y la insurgencia popular detuvieron secamente la generalizada rebelión que tuvo lugar en muchas otras partes de la
república. 117
Ante todo, en Yucatán el viejo orden tenía ciertas ventajas "inherentes" que le permitían contener el enconado descontento popular y mantenerse alejado del precipicio. La remota ubicación de la península (no hubo
carreteras hacia el centro del país sino hasta después de la Segunda Guerra
Mundial) impedía la comunicación con los jefes revolucionarios del centro y del norte de México, haciendo casi imposible la coordinación de
campañas. Segundo: hemos visto que el sistema de dominación del monocultivo del henequén, coercitivo y de alto control, que mantenían los
terratenientes y el estado, operaba para impedir la colaboración entre campesinos y peones y para mantener aislados los estallidos locales.
Por otra parte, la "memoria social" o mentalidad de la clase henequenera podría considerarse como otro factor estructural. La obsesión que
representaba para los henequeneros el inquietante espectro de una nueva
Guerra de Castas les hacía meditar sobre una movilización total de empleados portuarios y de ferrocarriles, sin hablar de los peones y campesinos mayas. Aunque los hacendados morenistas y pinistas estaban impacientes por derrotar a la camarilla molinista, la mayoría temía que al armar a las masas rurales se socavaran los elaborados mecanismos de control social que con tan buen éxito afianzaron el auge henequenero. Ahora
bien, si las movilizaciones encabezadas por hacendados suscitaban una revolución social, las élites contendientes en Yucatán podrían perder sus propiedades, su mundo social, y hasta sus vidas en otra Guerra de Castas. El
que ciertas élites corrieran ese riesgo, armando a los campesinos, demues-

}o&amp;eph y Wells: Dominación y re,istencia en la, hacienda, yucatecas

263

tra la disensión en el seno de la clase dominante en Yucatán, así como el
sentimiento de desesperación de algunos henequeneros durante el porfiriato tardío.
No obstante, incluso con la serie de obstáculos estructurales en su
contra, la insurgencia popular alcanzaba peligrosos niveles para fines de
1912. Esto obligó a los henequeneros, por lo pronto, a hacer algunas concesiones a los peones o, como lo expresa Knight para México en su conjun,
. . ,,11sra1 como 1as pnmeras
.
to: "Halagar y prometer, as1 como repnmir .
rebeliones esclavistas del Caribe o del sur de Estados Unidos, los tiempos
de rebelión popular en Yucatán generaron la redacción de una agenda reformista por hacendados progresistas Qa Liga de Acción Social) Y verdaderas concesiones materiales en algunas fincas, aun cuando provocaron medidas más severas de control en otras.119 En general, hemos encontrado
que, después de 1913, los tribunales locales, aun bajo el control de los hacendados demostraron más interés ert tomar nota de (e incluso en enmen,
120
dar) los abusos más atroces contra los peones.
El Estado desempeñó un papel complementario en la desmovilización
de bandos de campesinos sublevados. La imposición del régimen militar
por el general Victoriano Huerta, a principios de 1913, institucionalizó el
estancamiento político de las tres facciones elitistas contendientes en Yucatán: las obligó de hecho a aceptar una entente que preservara la paz social. Una vez resuelta la cuestión del poder del Estado, al menos de momento, se procedió a aplicar la justicia, unas veces con sagacidad porfiriana
y otras con creatividad. Los poderes Ejecutivo y Judicial indultaron! cooptaron algunos poderosos cabecillas y mandaron a otros al paredon. Para
mediados de 1913, el campo había sido desmovilizado.
Sin embargo, la promulgación de un decreto aboliendo el acasillamiento al año siguiente da fe de lo tenue que era en realidad la ~az
en ~ ucatán. El decreto nunca entró en vigor y parece haber sido emitido so,o
por conveniencia, para ganar tiempo, a raiz de la nueva andanada de ~~tines y violencia que precedieron a la caída de Huerta. De hecho, la elite
terrateniente se esforzó por mantener en calm;i al campo justo hasta antes
del desmoronamiento de su hegemonía, cuando el ejército constitucionalista de ocho mil hombres al mando del general Alvarado invadiera la pe-

soc!~

nínsula en marzo de 1915.
A su vez, el reformista Alvarado comprendió de golpe que el campe-

�264

Siglo XIX

sinado había cambiado con su participación en las recientes insurrecciones. El tribunal militar que instaló recibió oleadas de peticiones: los peones exigían aumentos de sueldo a sus patrones y mejores condiciones de
trabajo. Por ejemplo en un pintoresco proceso, el veredicto favorable del
tribunal no fue suficiente para calmar al líder de una delegación de peones,
quien siguió demostrando la arrogancia y crueldad del mayordomo hasta
que se le acusó de desacato y tuvo que ser sacado por la fuerza. El comandante que presidía la corte escribió al general que ese hombre estaría bajo
arresto hasta que se calmara, de mane¡a que " tan incendiario comportamiento no promoviera antagonismos de clase tan lesivos a la producción y
al espíritu de trabajo", principios rectores del régimen modernizante y progresista de Alvarado .121
Si bien el autoritario caudillo recibió con sorpresa tan agresiva conducta, los hacendados la habían observado fermentar a través de los años. Los
archivos judiciales y la prensa regioftal de 1910 a 1915 revelan que muchos
encargados y patrones se quejaban de que sus sirvientes ya no se quitaban
el sombrero ni les besaban la mano.122 La advertencia de Tomás Pérez Ponce a los hacendados había resultado profética: a pesar de las complejas
precauciones que habían tomado en el curso del auge porfirista para subordinar y controlar a sus sirvientes, los henequeneros dolorosamente descubrieron, durante el período de Madero, cuán conscientes eran sus peones.
Mientras que los campesinos libres conformaron el liderazgo y las primeras filas en los movimientos populares de Yucatán, muchos peones residentes aprovecharon la apertura que acompañó a la caída de Díaz para
combatir con violencia el régimen del monocultivo. Su participación en
estas efímeras revueltas representó la respuesta política apropiada en una
coyuntura dinámica y estratégica. En tanto que los peones acasillados del
noroeste habían elegido usualmente actos de resistencia "más callados" y
"cotidianos" para combatir una estructura de dominación en apariencia
inconmovible, ahora, muchos arriesgaban a asestar un golpe más efectivo
contra el régimen social que los sometía y explotaba. Para 1913, en el remoto y oligárquico Yucatán, como en otras partes de México, los modos
tradicionales de conducta y respeto retrocedían ante una asertividad y formas de autoridad novedosas: lo que Knight denominó "la nueva insolencia
plebeya ".123 Los tiempos de rebelión popular fracasaron en Yucatán, pero
echaron los cimientos de aspectos fundamentales para más extensas movilizaciones bajo regímenes revolucionarios radicales posteriores. 124

Joseph y Wel/.f: Dominación y re,istencia en las hacienda, yucatecas

265

NOTAS

1. El Ciudadano, 10 de junio de 1911, 34.

2. Debemos aclarar los diversos términos que empleamos en este ensayo para caracterizar a los trabajadores rurales de Yucatán durante el porfiriato. Jornalero
de campo es un tÚmino genérico aplicado al trabajador agrícola: lo utilizamos
libremente para abarcar trabajadores henequeneros, inquilinos y trabajadores de
tiempo parcial (llamados lunero, en Yucatán, por trabajar los lunes). Los peones
acasülados o 1irvientes eran peones de residencia permanente, atados a la finca
henequenera mediante el mecanismo de la deuda. Los campesino, o comuneros,
por otra parte, eran campesinos ''libres" que podían o no poseer tierra, pero que
vivían en las comunidades aldeanas y no se encontraban atados por deudas a las
haciendas vecinas.

3. Dentro de un radio aproximado de setenta a ochenta kilómetros de Mérida
(véase mapa).
4. El Ciudadano, 10 de junio de 1911, 34.
5. Los moreni,tas, que gozaron de poder político durante el cuatrienio de gobierno
del General Francisco Cantón (1897-1901), habían esperado con impaciencia,
durante más de una década, para retomar el poder estatal. Porfirio Díaz había
elegido a Olegario Molina y su camarilla (los molinistas) para que gobernaran el
estado de modo ininterrumpido desde 1902 a 1911. En este último año los morenistas se rebelaron cuando se les excluyó, de nuevo, con la imposición del
gobernador maderista, José María Pino Suárez. Sobre los orígenes del descontento morenista durante los últimos años del porfiriato, véase Gilbert M. Joseph y
Allen Wells, "Yucatán: Elite Politics and Rural lnsurgency in a Period of Transition, 1897-1913", enMexican Revolution,: Essay, on Regional Mexican History,
1910-1929, Thoma.~ Benjamín y Mark Wasserman eds., de próxima aparición,
University oí New Mexico P~.
6. Este ensayo representa sólo una porción de un extenso estudio, actualmente en
desarrollo, sobre política y sociedad en Yucatán titulado Summer of Discontent,
Seiuons of Upheaval: Elite Poli tic, and Rural Rebellion in Y ucatán, 1890-1915.
En este trabajo, más amplio, empleamos el rico testimonio personal de los casos
penales, así como la historia oral, para sondear la mentalidad del campesino y de
los participantes de la élite, con mucho mayor detalle del posible en esta síntesis.
7. Eric Wolf, Pecuant Wars of the Twentieth Century (Nueva York, 1969), introducción; John Tutino explica con mayor claridad: "En los lugares donde ocurrieron los cambios económicos más radicales del porfiriato, donde las comunidades campesinas establecidas fueron súbitamente incorporadas a la economía
en calidad de productoras, hubo escasa insurrección revolucionaria después de
1910". Tutino, From lmurrection to Revolution in Mexico: Social lJase3 of

I

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/

/\

�266

Siglo XIX

Asrarian Violence, 1750-1940 (Princeton, 1986), p. 296.
8. Un retrato reciente del peón acasillado maya en el que se lo describe como tranquilo se encuentra en Alan Knight, The Mexican Revolution, dos vólumenes
(Cambridge, Reino Unido, 1986), 1:89. Para un análisis general de la literatura
sobre los trabajadores henequeneros durante el porfuiato, véase Wells, Yuootán 1
Güded Age: Haciendas, Henequen and lnternalional Haroester, 1860-1915 (Albuquerque, 1985), capítulo 6.
9. Este punto está tratado con mayor detalle en Wells, "From Hacienda to Plantation: The Transfonnation oí Santo Domingo Xcuyum ", en New Approaches to
Mexican Regional Hutory: Land, Labor, and Capital in Modern Yucatán, Gilbert M. Joseph y Jeffery Brannon eds., University of Alabama Press, de próxima aparición. Sobre la transformación de la industria azucarera del Caribe, véase
Manuel Moreno Fraginals, "Plantations in the Caribbean: Cuba, Puerto Rico,and
the Dominican Republic in the Late Nineteenth Century", en Between Slavery
and Free Labor: The Spanish-Speaking Caribbean in the Nineteenth Century,
Moreno Fragi.nals, Frank Moya Pons y StanJey L. Engarman eds. (Baltimore,
1985), pp. 3-21; y Christian Schnakenbourg, "From the Sugar Estate to Central
Factory: The Industrial Revolution in the Caribbean (1840-1905)", en Crisis
and Change in the lnternational Sugar Economy, 1860-1914, Bill Albert y
Adrián Graves eds. (Norwich and Edinburg, 1984), pp. 83-93.

10. En un trabajo fundamental escrito hace más de tres décadas, Eric Wolf y Sidney
Mintz intentaron dar una defmición rigurosa de haciendas y plantaciones. Una
"hacienda" es "una finca agrícola operada por un gran propietario. . . y una
fuerza laboral dependiente, organizada para abastecer un mercado a pequeña escala por medio de capital escaso, en la que los factores de pr?ducción se emplean no sólo para acumular capital sino también para sustentar las aspiraciones
de status del propietario". En contraste, una "plantación" es "una finca agrícola
operada por grandes propietarios (por lo general constituidos en corporación) y
una fuerza laboral dependiente organizada para abastecer un mercado a gran escala mediante capital abundante, en la que los factores de producción se emplean en primer lugar para acumular más capital sin considerar las necesidades de
status de los propietarios". Aunque esta clasificación de tipos ideales simplifica
instituciones coro plejas, pone de relieve las diferencias claves de la posesión de
tierras, capitalización, mercados y el deseo de consumo ostentoso de los terratenientes. Véase Wolf y Mintz, "Haciendas and Plantations in Middle America
and the Antilles", Social and Economic Studie1, 6 (1957): 380412.

11. /bid, p. 390.
12. /bid, p. 401.
13. La penetrante intuición de George Hegel en The Phenomenology of Mind resulta aquí particulannente apropiada: el poder personal llevado al extremo finalmente se contradice a si mismo, "pues la dominaciórt total puede convertirse
en una forma de dependencia extrema hacia el objeto del poder, y la carencia
total de poder puede convertirse en el camino secreto hacia el control del sujeto

Joseph y Welh: Dominación y re,istencia en las haciendas yucatecas

267

que intenta ejercer tal poder". Hegel citado por Orlando Patterson en Slavery
and Social Death: A Comparative Study (Cambridge, MA, 1982), p. 2.
14. Pltilip Mason, Patterns of Dominance (Londres, 1971), p. 11.
15. lbid, p. 11.
16. El siguiente análisis de los idiomas del poder se inspira en gran medida en Orlando Patterson, Slavery and Social Death, cap. l.
17. Karl Marx, El Capital, I :77, citado en Patterson, Slavery and Social Death, p. 19.
18. Diseñados por los henequeneros para limitar la movilidad y autonomía de los
trabajadores, los tres mecanismos se reforzaban mutuamente tanto y tan a menudo que, a veces, resulta difícil delimitar donde comienza uno y donde tennina
el otro. Por ejemplo, instituciones como la tienda de raya cumplían múltiples
funciones. En un plano, la tienda daba a los henequeneros un mecanismo seguro
para acrecentar la deuda del trabajador (coerción). Sin embargo, a otro nivel, al
suministrar alimentos básicos y útiles para el hogar, disminuía en los peones residentes la necesidad de salir de la propiedad para adquirir bienes, minimizando
así los riesgos de contacto potencialmente perjudicial entre los peones acasiUados y los campesinos y agitadores de las cercanías (aislamiento). Por úJtimo, la
venta de maíz, frijol y otros productos básicos aseguraba la subsistencia de los
peones residentes (seguridad). En suma, la tienda de raya era el vehículo perfecto para apoderarse de la mano de obra en un mercado en que escaseaba: facilitaba la dependencia y la inmovilidad, al tiempo que transmitía un cierto grado
de conveniencia y seguridad a los peones sin tierra. Sin embargo, para fines heurísticos desglosaremos estos mecanismos interconexos para esclarecer cómo se
hacía llegar e/ idioma del poder a los jornaleros y campesinos de la zona henequenera. Empero, siempre debe recordarse su convergencia estratégica.
19. WeUs, Yuca1án '., Giided Age, pp.161-162.
20. Antonio Betancourt Pérez, Revoluciones y crisis en la econom(a de Yucatán
(Mérida, 1953). p. 52.
21. Víctor Suárez Molina, La evolución económica, dos volúmenes (Mérida, 1977),
1:160.
22. Para un examen completo de la ecología de Yucatán, véase Eugene M. Wilson,
"Physical Geography of the Yucatán Península", en Yucatán: A World Apart,
Edward H. Moseley y Edward D. Terry eds. (University, Alabama, 1980). pp.
540.
2:J. Para un análisis de la pobre calidad del suelo y las bajas cosechas de maíz en la
wna henequenera, véase Malcolm K. Shuman, "The Town Where Luck Frll:
The Economics of Life in a Henequen Zone Pueblo" (Ph. D. Dissertation, Tulane University, 1974),cap. 5.

�268

Siglo XIX

Joseph y Wells: Dominación y resistencia en las haciendas yucatecas

269

24. Nancy Farris.5 hace una enérgica defensa de su tesis en cuanto a la propensión
migratoria del maya yucateco durante la colonia en Maya Society Under Colonial Rule: The Collective Enterprise of Survival (Princeton , 1984), especialmente en el capítulo 12.

36. Archivo General del Estado de Yucalán (de aquí en adelante, AGEY), Ramo
de Justicia, "Flagelación a Julio Pérez", 1912.

25. Para un análisis del nuevo trabajo en lomo a la Guerra de Castas, los cruzob y

38. Knight, "Mexican Peonage", p. 51.

los pacíficos a partir de la publicación de The Caste War of Yucatán de Nelson
Reed (Stanford, 1964), véase Joseph, Rediscovering the Past at Mexico's Periphery: Essays on the History of Modern Yucatán (University , Alabama, 1986 ),
capítulos 2 y 3.

37. Wells, Yucatán 's Gilded Age, p. 157 .

39. AGEY , Ramo de Justicia, "Incidente promovido por el apoderado de D. Dolores Guerra de Mendoza pidiendo la suspensión del remate de la hacienda
Xcuyum ", 1895. La cita en El Crédito del Estado, 15 de julio de 1895, 12; y
Wells, Yucatán 's Gilded Age, p.157.

26. La correspondencia entre Díaz e Ignacio Bravo, general a quien confió la campaña del cruzob, revela que ambos estaban decididos a eliminarlo por completo:
lo percibían como una raza perniciosa. Colección General Porfirio Díaz (de aquí
en adelante citada como CGPD), Ignacio Bravo a Porfirio Díaz, legajo 30, caja
25, 23 de junio de 1905, 009756. Véase también Marie Lapointe, Los mayas
rebeldes de Yucatán (Zamora, Michoacán, 1983).

27. Wells, Yucatán 's Gi~ed Age, p.105, n. 30.
28. lbid, p. 159.
29. El cerebro que ideó la separación de Quintana Roo fue Manuel Sierra Méndez,
científico confiable y hermano del ministro de Educación Justo Sierra. Es interesante notar que Sierra Méndez, nativo de Yucatán, sostuvo con fiermeza (pero
al final en vano) que la separación debería ser temporal y que tras la pacificación del cruzob, el territorio debería ser reincorporado a Yucatán. Véase CGPD,
memorandum de Sierra Méndez a Díaz, "Apuntes sobre la campaña de indios
presentados en croquis explicatorio de ellos", legajo 22, caja 17, 12 de julio de
1897, 008128-008140. Para un análisis detallado de la separación, véase Wells,
Yucatán 's Cilded Age, capítulo 4.

30. CGPD, passjm.

40. Un estudio reciente del peonaje en Puebla y Tlaxcala durante el porfirialo indica que algunos acasiUados buscaban en realidad incrementar su deuda: pensaban
que el tamaño de la misma indicaba sta~s social e_n la hacie~d~. Herbe~t J .
Nickel, Peonaje e inmovilidad de los traba1adores ogrico/as en Wex1co: la situación de los peones acasillados en las liaciendas de Puebla y Tlaxcala, lrad . Catalina Valdivieso de Acuña (Bayreuth, 1980), pp. 54-55. Aunque carecemos de datos sobre este fenómeno en Yucatán, es evidente que muchos acasillados acumularon altísimas deudas duran le el porfiriato. Lo que no queda claro es si restaban
importancia a la deuda y por lo mismo pedían prestado tanto como el administrador de la finca se los permitía, o s í, en efecto, consideraban a la deuda como
símbolo de status dentro de la comunidad de la hacienda.

41. AGEY, Ramo de Justicia , "Acusación presentada por el c. Juan Bautista Chan
contra el juez Segundo de Paz de Tahmek", 1912.
42. Un punto que no fue señalado en la queja presentada por Chan fue cómo ~l jornalero pudo pagar tan enorme suma: el salario diario en el campo en esa epoc:1
era de aproximadamente un peso. Sin otros apoyos financieros hubiera sido d1f ícil reunir tanto dinero para liquidar la deuda.

43. Sobre el pago con fichas o vales, véase Edwin C. Leslie y A.F. Pradeau , Henequen Plantation Tokens of the Yucatán Península (Washington, D. C., 1972).

31. En ocasiones, D íaz ~licitaba a sus gobernadores investigar las quejas específicas, pero es difícil discernir si los problemas eran tomados en cuenta. CGPD,
passim.

32. Wells, Yucatán 's Cilded Age, pp. 176-177.
33. Henry Baerlein, México: land of l/nrest (Philadelphia, 1914), pp. 19-20, 182;
Alan Knighl, "Mexican Peonage : What Was lt and Why Was il?", Journal of
Latin American Studies (de aquí en adelante citado como JLAS), 18:1 (mayo de 1986 ), 61.
34. Méndez, citado en Wells, Yucatán 's Cilded Age, p. 178.

35. Citado en Knight, "Mexican Peonage", p. 61.

44. Para un interesante análisis de deudas y salarios en las haciendas de henequén Y
maíz yucatecas durante el auge, véase Chrislopher J. Gill, "Regional Variation
and Patlems of Resistance: The Henequen Boom in Yucatán, 1880-1915"
(Seniors' Honors Thesis, University oí Michigan), capítulo 3. También véase
Wells, " From Hacienda to Planlation"; y Joseph, Rediscovering tl1e Past, pp.

59-81.
45. AGEY Ramo de Justicia, "Tercer cuenta de administración de la finca San Pedro sujeta al juicio hipotecario promovido por la repr~ntación ~e . Don Perfecto Eduardo Bolio Rendón y continuado por Don \\enceslao Lazarraga Patrón contra Doña Mercedes [rigoyen de Herrera", 1911 ; e ídem, "Segunda
cuenta de admin.istración que rinde el depositario de la finca sujeta al juicio que
siguen los Sres. Avelino Montes S. en C. contra Marcos Díaz Cervera", 1911.

�270

Siglo XIX

46. AGEY, Ramo de Justicia, "Cuenta de administración de la Compañía Agrí.
cola del Cuyo y Anexas, S. A.", 1910.
47. El concepto se analiza con mayor detalle en Tutino, From lnsurrection to Revolution.

48. Knight, "Mexican Peonage ", p. 64.
49. Para un análisis de los papeles múltiples desempeñados por las casas exportadoras durante el auge, véase Joseph y Wells, "Corporate Control of a Monocrop
Eoonomy: lnternational Harvester and Yucatán's Henequen industry During
the Poñrriato",Latin American Re.,earch Review 17:l (1982): 69-99.
50. Fernando Arjona,Breves apuntes sobre la pelagra (Mérida, 1898).
51. Knight, "Mexican Peonage", p. 64.
52. Aunque los asentamientos de acasillados predominantemente mayas carecían incluso de los escai;os recursos organizacionales y culturales de las comunidades
sitiadas de la zona, como veremos no estaban despojados por completo de afinidades y recursos culturales, sobre todo en la familia y la religión.
53. Esta también es una ilustración clásica del mecanismo de aislamiento en juego
Alejandra García QuintaniUa, comunicación personal, 20 de noviembre de 1987.
54. AGEY, Ramo de Justicia, "Diligencias en la averiguación del delito atentado
contra la libertad de la menor Eleuteria Ek, denunciado por Micael López", caja 658, 1908.

Joseph y Wel/8: Dominación y resistencia en hu haciendas yucatecas

271

60. Sir Mores Finley prefiere caracterizar a los esclavos como "forasteros" en vez de
"desarraigados": Ancient Slavery and Modern Jdeology (New York, 1980), capítulo 2. Las limitaciones de espacio y lo incompleto de los datos nos impiden
reconstruir aquí los patrones de resistencia de los trabajadores importados a la
zona henequenera (yaquis, asiáticos, enganchados y deportados del centro de
México). La resistencia y mano de obra de origen no maya (y las dificultades
que entraña su estudio) se discuten en Joseph, Rediscovering the Post, capítulo
4,en especial las pp. 70-81.
61. De james Harrington, A System o/ Politics, citado en Eugene D. Genovese,
From Rebellion to Revolution: Afro-American Slave Revolts in the Making o/
the New World (Baton Rouge, 1979), p. vi.
62. James C. Scott, Weapons o/ the Weak: Everyday Forms o/ Peasant Resistance
(New Haven, 1985), y "Resistance without Protest and without Organization:
Peasant Opposition to the lslarnic Zakat and the Christian Tithe ", Comparative
Studies in Society and History (de aquí en adelante, CSSH), 29:3 (julio de
1987): 417-452. Scott no puede atribuirse todo el crédito (y no lo hace)de enfocar la atención hacia las formas "calladas" de lucha que no dieron como resuJ.
lado la insurgencia. Reconoce que su trabajo se basa en estudios previos sobre
temas agrarios similares realizados por eruditos que se dedican a otra área: por
ejemplo, Eugene D. Genovese, Roll, ]ordan, Roll: The World the Stave, Made
(New York, 1972); y Michael Adas, "From Avoidance to Confrontation: Peasant Proles! in Precolonial and Colonial Southeast Asia", CSSH, 23:2 (abril de
1981 ), 217-247. Para un estimulante y actualizado estudio sobre la resistencia
campesina en sus diversas formas, véase Steve j. Stem, "New Approaches to the
Study of Peasant Rebellion and Consciousness: lmplieations of the Andean Experience" en Resistance Rebellion and Consciowness in the Andean Worls:
18th to 20th Centuries, Stem, ed. (Madison, 1988), pp. 3-25.

55. Farriss,Maya Sociely Under Colonial Rule, pp. 268-269.
63. Scott, "Resistance without Protest", 450.
56. Por ejemplo, véase Alberto García Cantón, Memorias de un ex-hacendado henequenero (Mérida, 1965).
57. Scott, Slave Emancipation in Cuba; Manuel Moreno Fraginals, El ingenio: complejo económico social cubano del azúcar, 3 volúmenes (La Habana, 1978).
Para reseñas del debate historiográfico sobre las condiciones de trabajo cubanas, véase Franklin W. Knight, "The Caribbean Sugar lndustry and Slavery",
LARR, 18:2 (1983): 219-229; y Wells, "The Terrible Green Monster: Recent
Literature on Sugar, Coffee, and Coerced Labor in the Caribbean ", LARR,
23:2 (1988), 189-205.
58. Scott, Suwe Emancipation in Cuba, p. 19.
59. La historia social de la familia maya aún no ha sido escrita,. Nuestras observaciones generales en cuanto a la zona henequenera de fines del siglo XIX y principios del XX derivan de una gran variedad de fuentes, 'incluyendo el Ramo de
justicia del AGEY y la prensa regional y datos contenidos en la literatura etnográfica y etnohistórica (p. ej., Farriss, The Maya Society Under Colonial Rule).

64. Eric J. Hobsbawm, "Peasants and Politics", Journal of P00$0nl Studies, 1:1
(1973), 12; también citado en lbid, 424.
65. Scott, "Resistance without Protest", 422; ef. Weapons o/ the Weak, capítulo 7.
Scott señala, por ejemplo, que la acumulación de miles de actos individuales de
evasión fiscal, robo o deserción pueden trastocar seriamente a las élites e, incluso, desestabilizar regímenes.
66. Si bien los juicios hipotecarios y documentos de la hacienda nos informan SObre categorías tales como salarios, deudas, producción, maquinaria, valores y
bienes disponibles en la tienda de raya, dicen poco acerca de la interacción diaria entre empleado y patrón en la finca. El Ramo de Justicia contiene menciones
aisladas de tortuguismo, excusas para evadir el trabajo, etc. (véase la nota 69),
pero se advierte la ausencia de tales detalles en las memorias de hacendados: por
ejemplo, García Cantón,Memoria.f de un ex-hacendado, y Gustavo Molina Font,
La tragedia de Yucatán (México, 1941).

�272

Siglo XIX
)oseph y We/ls: Dominación y resistencia en las haciendas yucatecas

67. Un ejemplo perfecto de este vago impresionismo se encuentra en el documental
de 1971, "México: The Frozen Re,olution ", en el que se entrevista a un anciano
sobre la naturaleza de las relaciones de trabajo durante el auge henequenero. En
Joseph, Rediscouering the Post, capítulo 4 y epilogo, se encuentran menciones
de la escasa literatura histórica oral.

68. "Summer of Discontent, Seasons oí Upheaval: Towards an Analysis oí Elite Politics and Rural RebeUion in Yucatán, 1890-1915 ", trabajo presentado en la
Conferencia sobre el Desarrollo Histórico de Yucatán, Mérida, abril de 1987.
69. Por ejemplo, en cuanto a eludir el trabajo: AGEY, Ramo de Justicia, "Denuncia que hace Lorenw Díaz de varios hechos delictuosos cometidos por Federico Trejo", 1910; ídem, ''Toca a las diligencias practicadas en averiguación de
las lesiones que presenta Francisco Lugo contra Temístocll'-S Correa Gutiérrez",
1914. En cuanto a tortuguismo, desobediencia e insubordinación, ídem, ''Toca
a la causa seguida a Antonio Puc y socios por los delitos de motín y destrucción
de propiedad", 1911.

70. Por ejemplo, en cuanto a abigeato y robo: AGEY, Ramo de Justicia, "Causa seguida a Severiano Baas y socios, por el delito de abigeato", 1911; ídem, ' 'Toca a
la causa seguida a Hermenegildo Nah y socio por los delitos de robo y destrucción de propiedad ajena por incendio", 1912. En cuanto a incendio premeditado y sabotaje, ídem, ''Toca a la causa a Santiago May por el delito de de¡;trucción en propiedad ajena por incendio". caja 674, 1908; ídem: "Denuncia que
hace Manuel Ríos de destrucción en propiedad ajena ". 1914.

71. Por ejemplo, AGEY, Ramo de Justicia, "Cuenta dr administración de la finca
San José 11.uché y su anexa San Francisco correspondiente a un mes corrido de
25 de julio a hoy agosto 25 de 1897", 1897. La literatura comparada sobre la
esclavitud contiene un abundante análisis de enfermedades fingidas como forma
de resistencia. Los relatos de viajeros contemporáneos de Barlein and John
Kenneth Tumer, &amp;rbarous México, Chicago, 1910, entre otros, contienen diversidad de quejas de hacendados referentes a embriaguez y pereza de sus peones.

273

a la causa seguida a Manuel Baas por rl delito de de,strucción en propiedad ajena
por incendio", 1912. Baas alegó estar "completamente embrutecido por el al.
cohol" cuando incendió la cabaña. Se le impuso una sentencia muy leve.

77. Por ejemplo, véase la l'aracterización de los campesinos maya en AGEY, Ramo
de Justicia, ''Toca a la causa seguida a Hermenegildo '.\jah y socio", 1912; e
,'dem, '1'oca a la causa seguida a \'isitación Gonzálcz } Magdalena \lcocer de
Gon?..ález por injurias a funcionario público y resistencia a la autoridad", 1914

78. Para un fascinante análisis de la actitud del sistema judicial colonial hacia el abuso del alcohol, qur ha resultado muy útil para el presente trabajo, véase ~illiam
B. Taylor, lJrinking, Homicide and Rebel/ion in Colonial Mexican I il/ages
(Stanford, 1979).

79. Un mecate equivale aprox1rnai.unente a un ane. AGEY, Ramo de Justicia, ..To.
ca a la causa seguida a Santiago May", caja 674, 1908.
80. Una muestra de algunos otros veredictos inusitadamente severos por destrucción
de propiedad ajena incluyen AGEY. Ramo de Justicia, "Toca a la causa seguida
a Felipe Medina por el delito de destrucción ajena por incendio" 1908 (siete
años y nueve mrses por incendiar una vivicnda);ídt&gt;m, "Toca a la causa seguida
a Pedro May y socios por el delito de robo ~.1912 (dos años y seis meses por robar una modesta cantidad de maíz); íclt&gt;m, "Toca a la causa se~ida a Francisco
Vázquez por destrucción de propiedad ajena", 1914 (un año por hacer milpa
ilegalmente en ocho hectáreas dr monte del hacendado). Compárese con la leve
sentencia por a;;esinato en ídem, ''Toca a la l'ausa seguida a \1anuel Femández y
Antonio Tos por el delito de homicidio". caja 680. 1908 (Femández recibió cinco a,ios y i;eis meses por matar a otro jornalero).

81. Las cortei; inglrsa.s del siglo X VIII defrndinon de un modo similar la inviolabilidad de la propil'dad privada. Vfase Douglas Hay, "Property, Authority, and
the Criminal Law ", en Albion '.f Fatal Tree: Crime and Societ_y in Eightl'l'nthCentury Englnncl, Hay, Peter Linebaugh, John G. Rule, E.P. Thompson y Carl
Winslow, eds. (Londres, 1975): 17-64.

82. Carlos R . Mcnéndez, Nouenla allos de liistoria de Yucatán {1821 1910) (Mfrida
1937). p. H7.

72. Diario Oficial, 9 de enero de 1908, 3096.
83. !'ara una investigación íru;;trada, véase AGEY. Ramo de .luslicia. "Toca a la l'au73. Para eJemplos de muertes atribuidas a congestión alcohólica, véase AGEY, Ramo
de Justicia, ''Toca a las diligencias practicadas en averiguación de la muerte de
Manuel J. Chávez", 1913; ídl'm, "Toca a las diligencias practicadas en averiguación del motivo de la muerte de Victoriano Chan " , 1913 .

74. llasta ahora, no hemos intentado cuantificar los datos sobre delitos del Ramo de
Justicia. Lo desorganizado e incompleto de los mismos torna extremadamente
difícil y problemática tal empresa.

75. Scott. Weapons of the Weak, p. 302.
76. Un caso que ilustra esto perfectamente está en AGEY , Ramo de Justicia, "Toca

sa seguida a Pedro Chi por el delito de deslrurción de propiedad ajena por incendio", 1912.
84. Scott, "Resistance without Protest ", 452.

85. !'ara un análisis y crítica dd razonamiento de Scolt, véaSI' Joseph, "On the Trail
oí Latin American Bandits: Recent Trends and New Concepts for the Study of
Peasant Reisistance ", /,.1RR, de próxima apari1·ión.
86. Un grupo de observadores contemporáneos, incluyendo al general Salvador Alvarado y al poeta yucateco Antonio Mt'diz Bolio, comentaron la endémi&lt;"a incidencia del suicidio entre los peones durantr el auge. Véase Jame;; C. Carey,
The ifexican Ret&gt;0/u1ion in Yucalán. 1915-1924 (Roulder, 1985), p 78, nota
29. Resulta interesante notar que las investiga,·iones sobre- el maya yucateco de

�274

Siglo XIX

la colonia realiz.adas por Nancy Farriss y Grant Jones no han descubierto una incidencia alta de suicidios (correspondencia personal, inviemo y primavera de
1988). Esto puede ser reflejo de diferencias en las condiciones sociales y/o en
la forma de llevar archivos_ El Estado porfirista estaba tal vez más dispuesto, y
por cierto mucho mejor equipado, para investigar muertes violentas en el campo practicando detalladas diligencias para cada episodio.

87. AGEY , Ramo de Justicia, "Diligencias en averiguación de la muerte de José
María Eh, vecino que fue de la hacienda San José", 1912. Algunas veces, la pelagra empujaba a sus víctimas a cometer actos socialmente agresivos, incluyendo el
homicidio. Por lo común las víctimas eran parientes cercanos o compañeros de
trabajo. En 1912, Hermenegildo Puc golpeó con sus sandalias a Desideria Canul
hasta dejarla inconsciente en su hamaca. Puc creía que Canul era una hechicera
que lo había embrujado "oscureciéndole la vista y negándose a sanarlo". El tribunal determinó que la pelagra había alterado a tal grado los sentidos del acusado que ya no era responsable de sus actos, de modo que se envió a Puc al sana torio Ayala, de Mérida, para su tratamiento.Jdem, "Toca a la causa seguida a
Hermenegildo Puc por el delito de homicidio", 1912.

88. Por ejemplo, AGEY, Ramo de Justicia, "Diligencias con motivo del suicidio de
Candelario Cauích, sirviente de la finca Chunkanán", 1913; ídem, "Diligencias
con motivo de la muerte de Vicente Cen", caja 714, 1908; ídem, Diligencias
en el suicidio del que se cree llamarse Valerio Godoy, verificada en la Hacienda
Vista Alegre", caja 296, 1897; e ídem, "Toca a las diligencias practicadas en
averiguación de la muerte de Enrique Canché Piña", 1912. Estos son episodios
conmovedoramente descriptivos, pero se podrían proporcionar múltiples referencias del Ramo de Justicia para cualquier año de este estudio.

89. J . Eric S. Thompson, Maya History and Religion (Norman, Oklahoma, 1970),
p. 301.
90. Por supuesto, la creación del culto de la CJUZ Parlante después de la Guerra de
Castas por parte de los mayas rebeldes del sureste, proporciona el ejemplo mas
notable de la reformulación de formas y símbolos tradicionales dentro de un
proceso dinámico y progresivo de resistencia.

91. Para 1ID debate sobre el pánico véanse Knigbt, TheMexican Revolution, 1: 64-65, y
Fried.rich Katz, "México: Restored Republic and Porfiriato", en Cambridge
History of Latin America (Cambridge, 1986 ), V: 62-68. El siguiente análisis del
pánico económico y sus consecuencias políticas en Yucatán se basa en gran medida en Joseph y Wells, "Yucatán: Elite Politics and Rural lnsurgency", y
"Summer of Discontent: Economic Rivalry among Elite Factions during the
Late Porfiriato in Yucatán ", ]LAS, 18:2 (noviembre de 1986 ), 255-282.

92. Gill, "Regional Variation ", capítulos 3 y 4, proporciona un estudio microhistórico del deterioro en las condiciones de trabajo, la escasez de crédito y la
amenaza a la seguridad de subsistencia del peón durante los últimos años del
poñlriato. Ver en particular su análisis preliminar del modo en que el hacendado se apropiaba de la mano de obra doméstica (pp. 39-40, 60-61 ).

93. Para una crítica perspicaz de tales modelos, véanse Rqd Aya, "Theoríes oí Revolution Reeonsidered: Conlrasting Models of Collective Violence", Theory and
Society 8 (1979): 39-99; y Aya, "Popular lntervention in Revolutionary Situations", en Statemaking and Social Movements: Essays in History and Thoory,

Joseph y Wel/s: Dominación y resistencia en las haciendas yucateca.t

275

Charles Brigbt y Susan Harding eds. (Ann Arbor, 1984 ), 318-43.

94. La Revista de Mérida, 20 de septiembre de 1909.
95. La Revista de Mérida, 5 de septiembre de 1907 ;El Imparcial, 6 de septiembre de
1907.
96. Sobre el incidente Catm ÍS y sus consecuencias, véanse el Diario Oficial, La Revista de Mérida y el Diario Yucateco del 8 al 12 de marzo de 1911.
97. Existe, sin embargo, el peligro de exagerar tanto la novedad como la amenaza
que representaban estos episodios violentos de fines del porfiriato. Hubo estallidos aislados durante todo el antiguo régimen, pero no fue sino hacia 1910 que
comenzaron_ a reportarse con persistencia, y a veces de manera exagerada, en la
prensa opoS1tora vinculada a las facciones elitistas que disputaban la hegemonía
a la oligarquía molinista. Institución largo tiempo reprimida y amedrentada, la
prensa opositora incrementó su cobertura de los disturbios de la zona henequenera cuando se abrió un espacio político a raíz del estallido de la rebelión nacional maderista. Véase José Luis Sierra Villarreal, "Prensa y lucha política en
Yucatán, 1895-1925", mimeo, 1984. Algunas indicaciones sobre la creciente
ola de bandolerismo y abigeato en la periferia de la zona henequenera aparecen
en AGEY, Ramo de Justicia, ''Testimonio de la causa seguida a Herminio Ba1~ y socios por los delitos de homicidio y robo por asalto", 1911; e ídem, "Diligencias practicadas con motivo del asalto y robo hecho a AbsaJón Váu¡uez, administrador de la finca Uayalceh ", 1911.

98. La economía poi ítica del henequén durante las postrimerías del poñiriato, y en
particular la preponderante influencia de la lntemational Harvester (tema que ha
generado considerable debate tanto dentro como fuera de Yucatán), se tratan a
fondo en Joseph y Wells, "Corporate Control" y Yucatán y la lnternational
Harvester Company (Mérida, 1986 ).

99. Para una reconstrucción más detallada del período de 1909 a 1913, véase
Joseph y Wells, "Yucatán: Elite Politics and Rural lnsurgency".

100. AGEY, Ramo de Justicia, ''Toca a la causa seguida a Juan Jiménez y socios por
el delito de provocación al delito de rebelión", 1913.
101. Véanse, por ejemplo, Joseph Foweraker, Personal Networks and Political Strategies: The Making of Democracy in Spain (Cambridge y Nueva York, de próxima aparición); y Theda Skocpol, States and Social Revolutions (Cambridge,
1979), en especial pp. 16-18.

102. Véase por ejemplo La R evista de l'tférida, 16 de mayo de 1911.
103. AGEY, Ramo de Justicia, ''Toca a la causa seguida a Luís Uc y socios por los
delitos de amenaza e injurias", 1913.
104. Taylor, Drinking, Homicide and Rebellion, pp. 128-142, y Stem, "New Approaches", presentan análisis reveladores de la relación entre la mentalidad del
campesino y las relaciones estructurales de poder en el origen de las insurgencias
rurales.

�276

Siglo XIX
J~ph y WeU,: Dominación y re.Tistencia en las haciendlU yucatecas

105. La movilización y mentalidad de los poblados campesinos " libres" se tratan con
mayor detalle en Joseph y Wells, "Seasons of Upheaval: The Crisis of Oligar.
chical Rule in Yucatán, 1909-1915", en The Mexican Revolution, Jaime E. Rodríguez ed., de próxima aparición.
106. Thompson, citado en Peter Winn, Weavers of Revolution: The Yarur Workers
and Chile 's Road to Socialism (Nueva York, 1986 ), p. V.
107. Episodios que revelan mucho de esta ambigüedad y ~omplejidad se ~~cuentran
en AGE Y, Ramo de Justicia, ''Toca a la causa segt11da a Pedro Ch1 , 1912; e
ídem, ' 'Toca a la causa seguida a Juan Jiménez", 1913.
108. Véase por ejemplo Tutino, From lnsurrection to Revolutions, pp. 13-32.
109. Un caso que documenta en forma gráfica este sistema de reclutamien_t~, r~pleto
de agentes intermedios y orejas se encuentr_a en AGEY, ~amo de J~~c~~• Cau~
sa seguida a José Policarpo Mendoza y socios por el delito de rebelion , 1912,
véase también la nota 107 .
110. AGEY , Ramo de Justicia, "Causa seguida contra Alfonso Cámara y Cámara y
socios por el delito de rebelión ", 1909.
111. Lomerío que va de Maxcanú a Muna, en el partido de Ticul.
112. Para ajusticiamientos populares, véase AGEY, Ramo de Justicia, "Causa seguida
contra Pedro Crespo y socios por el delito de homicidio, rebelión y robo",
1911; e ídem, "Causa seguida a Bemabé Escalante por suponérsele presunto
cómplice del delito de homicidio, para la continuación respecto de Juan Osorio, Juan Campos y socios" , 1912.
113. AGEY Ramo de Justicia, ''Toca a la causa a José Dolores Cauich Y socios por
los delitos de rebelión, robo y destrucción de propiedad ajena", 1912.
114. Véase, AGEY, Ramo de Justicia, "Causa seguida a Guillermo Canul y socios

por los delitos de daño y destrucción de propiedad ajena ", 1912.
115. Los henequeneros se sentían tan amenazados por la ~enerali,zación de 1~ violencia que a mediados de 1911 pidieron al gobernado~ Pmo ~~z y al _g~~1erno
federal protección militar adicional. AJ final P~o Suarez 5?hc1to y recib10 de la
ciudad de México dos batallones federales mas y un envio de ametralladoras.
Diario Oficial, 8 de julio de 1911, 4180, y 16 de agosto de 1911, 4213.
116 . Para una comparación de los dos ciclos de rebelión popular, véase Joseph, ' 'The
United States, Feuding Elites, and Rural Revolt in Yucatán, 1836-1915", en
Rural Revolt in Mexico and U.S. lntervention, Daniel Nugent ed. (La JoUa,
próxima publicación).
117. El siguiente análisis de la desmovilización de la insurgencia popular se basa en
gran medida en Joseph y WeUs, "Seasons of Upheaval".
118 . Knight, The Mexican Revolution, l: 221.
119. Véase por ejemplo, Genovese, From Rebellíon to Revolution, pp. 110-11~ ;
sobre '1a Liga de Acción Social. véase Ramón Chacón, " Yucatán and the Mex1-

277

can Revolution: The Pre-Constitutional Years, 1910-1918" (Ph. D. dissertation, Stanford University, 1981 ), pp. 118-131.
120. Esto sugiere un paralelismo con el sistema de plantaciones del sur de Estados
Unidos antes de la guerra de Secesión. Como Genovese y otros han demostrado, la ley cumplía en parte una función hegemónica, dejando -al menos- la
apariencia de un modelo desinteresado de jll8ticia en las mentes de los subordinados. Genovese, Roll, Jordan, Roll, pp. 25-49. Véase, por ejemplo, el juicioso
manejo en los tribunales del notorio caso "San Nicolás" de·•.abusos cometidos
contra los peones (uso consunte de grilletes, flagelaciones con alambre, etc.);
AGEY, Ramo de Justicia, "Toca a la call8a seguida a Pedro Pinto y socios por
los delitos de lesiones y atentados contra la libertad individual", 1914.
121. AGEY, Ramo de Justicia, "Diligencias contra Juan Córdoba", 1915.
122. Véase, por ejemplo, AGEY, Ramo de JU8ticia, "Incendio en la Finca Texán",
1914;y La Revista de Yucatán, 31 de marro de 1914.
123. Knight, The Mexican Revolution, 1:169.
124. Sobre movilizaciones más amplias bajo el régimen de AJvarado, del gobernador socialista Felipe Canino Puerto y, más tade, ~o el cardenismo, véase
Joseph, Reoolufion from Without: Yucatán, Mkico anti the United S1aie.,
1880-1924, ed. rev. (Durham, 1988), pp. XX-XXV y 93-298.

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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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