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                  <text>Revista
de Historia

POBLACION, MIGRACIONES Y
CICLOS VITALES EN EL XIX
(Argentina, Brasil, Ecuador,
México, Costa Rica y España)
Año IV, número 7
enero.junio de 1989

Facultad de
Filosofla y Letras
Universidad Autónoma
de Nuevo León
Monterrey•México

��SIGLOXIX
Revista de Historia

Publicada por la Facultad de Filosofía y Letras
de la Universidad Autónoma de Nuevo León
Apartado postal 3024, 64000 • Monterrey, México

Este número fue editado con la contribución académica del
Instituto de Estudios Histórico-Sociales de la Universidad
Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires
(Argentina).

Universidad Autónoma de Nuevo León
Rector,
INGENIERO GREGORIO F ARIAS LONGORIA

Facuitad de Filosofía y Letras
Director,
LICENCIADO BERNARDO FLORES FLORES

Editor Responsable
MARIO CERUTTI

Editor Adjunto
MIGUEL GONZALEZ QUIROGA

Cuidado de la edición: Mario Cerutti
Arte y diagramación: Sylvia Eloísa Morán
Tipografía e impresión: Impresora Monterrey, S.A.
Aparición semestral
Para envíos al exterior: U.S.A. $7

�AÑO

ENERO-JUNIO DE

IV NUMERO 7

1989

SigloXIX
REVISTA DE HISTORIA
· FONDO

UNIVERSITARlO
SUMARIO

Nota del Editor . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

5

Patrones de mortalidad en las tierras nuevas
de la provincia de Buenos Aires:
Tandil (1860-1895) .. . .... . .. . .... NORBERTO

ALvAREZ
EDUARDO MIGUEZ

9

Café, ferrocarriles y población. El proceso de
urbanización en Río Claro, Brasil ... . DANIEL J. HOOAN
MARIA COLETA DE ÜLIVEIRA
JoHN M. SYDENSTRICKER NETO

71

Camino a la fazenda: estructura de la
familia inmigrante y cultivo del café
en San Pablo . . . . . . . . . . . . MARIA s.

95

BEOZZO BASSANEZI

Ecuador en el siglo XIX: movimientos de la población
en la región de Cuenca ... .. .. . ..... SILVIA PALOMEQUE 127
El mundo del trabajo en una parroquia
de Puebla a través de los libros
matrimoniales (1640-1910) . . ]OSE LUIS

AR.ANDA ROMERO
MIGUEL ANGEL CUENYA

177

Natalidad y mortalidad en _Tecali (Puebla):
1701-1801 . . . . . . . . . . .. . . . . . . . . . LUTZ

BRINCKMANN

Costa Rica, 1866-1973: tablas modelo
de mortalidad . .. ... . . .... ... . RECTOR

PEREZ BRIGNOU

271

La emigración española durante las décadas
del comercio libre (1765-1820).
El ejemplo catalán . . . . .... .. JosEP M .

DELGADO RmAS

315

S. 219

�,,

Nota del Editor

La población, sus ritmos vitales y movimientos, el impacto que
sobre determinados núcleos demográficos guardaron variables
que incluyen desde las epidemias hasta el ferrocarril, sus relaciones con el mundo del trabajo o con políticas migratorias, concentran la atención de este número 7 de Siglo XIX. Revista de

Historia.
El dossier que aqui se ofrece -"Población, migraciones y
ciclos vitales en el XIX'' - alude a cinco países latinoamericanos y a la Espai'ía que vio morir el Antiguo Régimen. La recopilación de estos materiales fue factible en una elevada proporción
gracias a la labor de Norberto Alvarez y Eduardo Míguez*, especialistas del Centro de Investigaciones Histórico-Sociales de la
Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires

• Norberto AJvarez cursa su doctorado en Demografía en la Ecole de Hautes Etudes,
en París. Entre sus publicaciones se cuenta El Estado y la economía en la Argentina,
1910-1955, editado en Buenos Aires. Eduardo Míguez recibió su doctorado en la Universidad de Oxford, Inglaterra. Es director del citado Instituto de Estudios HistóricoSociales y autor de Las tierras de lo$ ingleses en Argentina, 1870-1914, Buenos Aires,

1985.

�6

Siglo XIX

Nota del Editor

Y del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), Argentina.

Siglo XIX mantiene entonces la política de abrir sus páginas
a ~tudios?s de diversas latitudes que, por su adecuado conocirruento ~e areas específicas, se encuentren en condiciones de reunir
un dossier con aportes de diferentes países del continente.

. Son Alv~ez Y Míguez, precisamente, quienes abren el conJunto de articulos de este número 7. Lo hacen describiendo un
caso _de_la Argentina ~el XIX: el de Tandil, en el sureste de la
provm~ia de Buenos Aires. Los autores analizan los patrones de
~ortalid?d e? est~ }ncipiente centro urbano en décadas que arreciaba la ~~graci~n europea, volcada sobre las tierras nuevas
de la ubernma región pampeana.
La expansión poblacional y económica matiza asimismo los
dos ensay_os sobre Brasil. El primero, a cargo de Daniel J. Hogan, Mana Coleta de Oliveira y John Sydenstricker Neto está
enfoca~o a _las vinc~aciones entre cultivo del café, ferroca'rriles
Yurb~ción en Ri? Claro, en el estado de San Pablo. Los autores polenuzan con ciertas aseveraciones que se hao brindado en
d.erredor. de los moi_nentos de dicha urbanización, y ponen énfasis en la 1?1POrtaoc1a del mer~ado interior en este tipo de proceso~. M_ana Beozzo Bassane21, por su lado, sitúa su artículo en
el ~bito de la producción cafetalera: lo hace para encontrar las
relac1?nes entre las necesidades de fuerza de trabajo de los fazende1ros Yla estructura de la familia inmigrante. Aunque revisa sobre todo el caso de las familias italianas, Beozzo Bassanezi
no desdeña hablar sobre núcleos parentales autóctonos que de
~anera análoga a los anteriores, marcharon como colonos 'hacia la f azenda en tiempos que la agricultura del café transitaba
horas de esplendor.
Ecuador vuelve a ser analizado en Siglo XIX. Silvia Palomeque aporta ~a.síntesis de sus resultados de investigación en
torno a l?s moVJrruentos de la población durante la centuria pasada. El area de Cuenca es el espacio regional analizado, con una

7

núrada que sin dejar de tener en cuenta lo señalado por otros
autores incorpora una copiosa revisión de fuentes primarias. El
estudio atiende aspectos como los del trabajo en Cuenca y regiones aledañas, el fraccionamiento de la tierra y los vínculos
mercantiles.
José Luis Aranda Romero y Miguel Angel Cuenya, a su vez,
presentan su aproximación a los procesos demográficos en una
parroquia de Puebla (la de Sao Angel Custodio, Analco), a partir de la información de los libros matrimoniales y de lo que llaman el mundo del trabajo. El rastreo incluye una buena porción
de la etapa colonial y remata en 1910. Un segundo trabajo sobre
México -el de Lutz Brinckmaon-, también dedica su atención
a otra parroquia poblana, la de Tecali. En este caso, sin embargo, lo que se ofrece es una densa cantidad de datos atinentes a
natalidad y mortalidad durante todo el siglo XVIII.
Costa Rica, en cambio, es revisada por vez primera en nuestra revista: Héctor Pérez Brignoli adopta el período 1866-1973
para debatir sobre las tablas modelo de mortalidad. Junto a la
información específica de los procesos indagados, Pérez Brignoli alude a las peculiaridades de estos instrumentos de trabajo
y a la aplicación que han tenido en otras latitudes.
El conjunto de materiales se cierra con la colaboración de
Josep María Delgado Ribas, de la Universidad Autónoma de Barcelona. Sustentado en una ya reconocida tarea de investigación,
Delgado Ribas aborda el impacto y características de las migraciones catalanas en América en la segunda mitad del XVIII y en
vísperas de la independencia. Asumiendo como punto de partida la instauración del llamado régimen de libre comercio, menciona las actividades y distribución de los activos catalanes desde el Río de la Plata hasta México y el Caribe.

Como en algunos de los anteriores, este número de Siglo XIX
ha logrado entrelazar una densa información sobre el tema seleccionado y aportes significativos en lo teórico-metodológico.

�8

Siglo XIX

Para los responsables de su edición, esto parece ser una adecuada forma de inaugurar el cuarto año de existencia de la
publicación.

MORIR EN LA FRONTERA

Patrones de Mortalidad en las
Tierras Nuevas de la Provincia de
Buenos Aires: Tandil (1860-1895)

Mario Cerutti
Monterrey, México, mayo de 1989

Norberto Alvarez *
Eduardo Míguez *

In memoriam Marta Bruggi

En general la segunda mitad del siglo XIX es conocida, en lo que a
mortalidad se refiere, como una época de cambios. En algunas zonas,
especialmente el norte de Europa, se acentúa el movimiento de descenso que se había iniciado por lo menos medio siglo atrás. En otras, sobre todo en Europa del sur, recién durante este período -en algunas
regiones incluso hacia fines del mismo- se observa esta caída en forma sostenida, superando las oscilaciones de largo plazo que caracterizaron a los períodos precedentes, y se atemperaron los bruscos movimientos coyunturales de la mortalidad "de crisis", que sólo desaparecerán con los progresos de la medicina curativa y preventiva en el transcurso del siglo XX.

• Instituto de Estudios Histórico-Sociales de la Universidad Nacional del Centro de la
Provincia de Buenos Aires y Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas
(CONICET, Argentina). El presente trabajo es una versión abreviada y corregida de la
ponencia "De la Vida y la Muerte en una sociedad de frontera. Un análisis de la mortalidad en Tandil (Buenos Aires) en la segunda mitad del siglo XIX", en la que colaboraron como asistentes M.E. Argeri, M. Bruggi, S. Cosenlino, G. Medina, H. Otero, N.
Pastor, F. Urquiza y B. Zeberio, y que fue presentada en las Primeras Jornadas de Historia Argentino-Americana, organizadas por la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional del Centro de la Provinciade Buenos Aires en Tandil, septiembre de 1983.
Debemos agradecer las observaciones de los asistentes a dicho evento y, muy especialmente, del comentarista Nicolás Sánchez Albornoz, que contribuyeron a mejorar esta
versión.

�10

Siglo XIX

Es ésta, sin embargo, una visión excesivamente eurocéntrica. En
vastas regiones del mundo -que son precisamente aquellas de las que
sabemos menos- no está muy claro que en este período se hayan producido cambios permanentes muy significativos, y es muy probable que
no haya sido así.
La idea, entonces, de esta etapa como un hito significativo en el
cambio de los patrones de mortalidad -y esto como un factor de la
"transición demográfica"- requiere ser considerada en una perspectiva regional. Los estudios existentes sobre la Argentina han señalado
que el inicio de la caída regular de la mortalidad se produce durante
este medio siglo (más precisamente alrededor de las décadas del
70-80 1), pero la gran mayoría de estos trabajos han considerado el
conjunto nacional o la ciudad de Buenos Aires.
Los resultados, entonces, se refieren al principal conglomerado urbano del país, con características singulares, o son el promedio de un
conjunto enormemente diverso. Así, un intento de regionalización efectuado por Somoza que ofrece datos sólo a partir de 1914, muestra que
la expectativa de vida al nacer (eo) en esta fecha es en la provincia de
Buenos Aires algo superior a los 51 años, en el Litoral se aproxima
a los 49 años, en tanto que en Cuyo y en el Noroeste se encuentra en
41.5 y casi 38 años respectivamente. Para la misma época MÜller estima la de la Capital en 48.5 años casi idéntica a la del promedio
nacional2 • La diversidad de estas cifras es más evidente si tenemos en
cuenta que ellas ponen a la provincia de Buenos Aires en una situación
no lejana a las áreas más avanzadas del mundo, en tanto que el Noroeste muestra una situación intermedia entre las zonas de mayor mortalidad y aquellas que, como Italia y España, están en pleno proceso
de cambio.
Esta diversidad regional, entonces, no se observa sólo en escala
mundial, sino nacional -no sólo en la Argentina: se encuentra también en los países avanzados (Inglaterra o Francia) o en los que atraviesan la etapa de arranque de la transición (España o Italia)-, existiendo incluso marcados matices dentro de cada región. De por sí esto
sugiere la conveniencia de abordar el tema no sólo en la escala nacional (macro) y en la regional, sino incluso desde la micro regional, para
ir construyendo el conocimiento desde "abajo" por agregado de fenómenos locales. Por otro lado, a falta de recursos masivos para la investigación, sólo la escala micro permite la suficiente profundidad de
análisis como para poder formular hipótesis de conjunto más acabadas. En contraste los análisis micro sólo cobran sentido cuando se los
inserta en un marco más amplio.

Es con esta perspectiva que en el presente trabajo nos propone-

Alvarez y Míguez: Mortalidad en la provincia de Bs. Aires

I1

mos abordar los rasgos básicos de la mortalidad y su evolución a lo
largo de la segunda mitad del siglo XIX en un ámbito reducido, el partido de Tandil (en el sureste de la provincia de Buen?s Aires). P~a
ello contamos con los registros provenientes de los archivos parroquiales, católico y protestante, a partir de 1855 y 1861 respectivamente, Y
del Registro Civil a partir de 1889. Los datos parecen ser razonablemente continuos y completos sólo a partir de 1862/3, Y en lo que a
causas de muerte se refiere, recién a mediados de la década de 1870.
Esta información es completada con la proveniente de los censos nacionales de población de 1869 y 1895, el Censo Provincial de 1881 y
el Registro Estadístico del Estado de Buenos Aires de 18543•

El poblamiento blanco de Tandil se inició en la década de 1820,
como un fortín de frontera. Aunque la ocupación del suelo creció paulatinamente desde esa fecha -no sin algunos vaivenes- sólo a fines
de 1870 la línea de fuego de la frontera militar se alejó definitivamente
de la región.
Entre tanto una gran oleada de malones* a fines de la década de
1850 marcó el fin de la etapa más crítica del afianzamiento blanco en

la región; a partir de la década del 60 se inició un crecimiento demográfico y económico sostenido que para fines de siglo, cuando cerramos nuestro estudio, había hecho de la zona un núcleo destacado del
sur de la provincia, comparable en población y producción a zonas de
ocupación mucho más antigua.
El casco urbano declarado ciudad precisamente en 1895, fue un
centro comercial de ;elativa importancia ya desde la década del 60, Y
más aún desde su conexión a la red ferroviaria en 1883. Como tal se
fue desarrollando en él la oferta de servicios médicos y sanitarios _que,
aunque lejos de ser de avanzada, son visibles y crecientes a partir de
la década de 1870.
Como veremos más adelante, la inmigración ultramarina prov~yó
la parte principal de los contingentes ?umanos necesarios para realizar
esta transformación, los que predommaron en forma casi ~bsoluta :~
el ámbito urbano. En el espacio rural, en que la ganadena no ced10
• Nota del Editor: los malones consistían en ataques masivos lanzados por los _nú~leos
indígenas que ocupaban -con asentamiento P:~o- bu~~a parte de la p~ovmc1a de
Buenos Aires en la época analizada. La expuls1on y extenrumo de estos conungentes se
completó en el área pampeana argentina en los años 80, y facilitó la _explotación de una
vasta extensión de tierras fértiles para abastecer el mercado mundial.

�12

Siglo XIX

A/varez y Míguez: Mortalidad en la provincia de Bs. Aires

13

su pre~ominio en t?do el período -la agricultura se restringió a la z-ona pen-~rb~na, orientada al abasto local-, también son notorios los
gr~pos 4mm1grantes, aunque existió aquí mayor peso relativo de los
cnollos •

de partida no es el mismo, entonces, y si bien las condiciones de vi?a
también cambiaron aquí rápidamente, lo hicieron de forma muy distinta a Europa. Ni siquiera la difusión de la higiene y 1~ !ecnolo_gía sanitaria y médica fueron totalmente paralelas a las del vteJo contmente.

Un área de frontera, entonces, con rápido crecimiento demográfico, con fuertes contingentes migratorios, con amplios espacios "abiertos" a comienzos del período, que se "cierran" rápidamente en virtud
de una fuerte demanda de tierras generada por la creciente inserción
en el mercado i?terna~ional. Basta enunciar estas características para
perc~tarno~ de mmed1at?, que no sólo es necesario considerar la perspectiva regional en functon de sus propios ritmos: también hay otros
problemas.

Sin embargo, aunque se haya partido de situaciones diferentes Y
los factores de cambio no hayan sido iguales, existen puntos de contacto en la evolución del comportamiento de la mortalidad (a diferencia, por ejemplo, de lo ocurrido con_ la n~talidad). La tenden~ia general a una baja constante y regular, distorsionada por fluctuacion~ coyunturales, se inició en este período, al igual que _en algunas r~gionC;8
de migración. Más aún, buena parte de la po~lac1ón de Tan~ habia
vivido hasta muy poco antes en Europa, y eso impone la necesidad de
considerar el comportamiento de su mortalidad en relación al lugar de
origen. En resumen, no paree, posible interpretar la evolución regional mediante la aplicación mecánica del modelo clásico de la transición demográfica; pero resulta igualmente claro que la primera ~~
totalmente ajena a los fenómenos que el segundo trata de descnbrr .

El modelo clásico de la transición demográfica tiene en cuenta contextos q~e parten, o al menos parecen partir, de un cierto equilibrio
malt~~s1ano entre el nivel alimentario y las condiciones de salud. Si
las cns1s de escasez no provocan necesaria y directamente una alta mortalidad de famine, parece de todas maneras muy probable que los niveles globales de mortalidad se hallen en buena medida condicionados
por los alimenticios. En este contexto, las condiciones del medio ambiente natural introducen una variable relativamente más autónoma de
lo social en la conformación regional de la mortalidad.
El proceso de cambio que trae aparejado el crecimiento económico S?Stenido q~e se difunde progresivamente por Europa a partir de
mediados del siglo XVIII no sólo afectó, sin embargo, la disponibilidad de alimentos. Las condiciones materiales de vida en su conjunto
fueron variando -no siempre en sentido unívocamente positivo-, entre
ellas las condiciones de higiene y la tecnología de salud. AJ analizar,
entonces, la evolución espacial y temporal de la mortalidad, parece fundamental discutir cómo se conjugan estos factores en su caída.
Pero carnear un vacuno en campo abierto para pucherear, algo tan
remo!º com~ la luna para un campesino gallego, era aún posible para
su pnmo emigrado, que deambulaba por las cercanías de Tandil en
1860: Y si.esto no siguió siendo así por mucho tiempo, aún a fin de siglo
a casi_ nadie_ faltaba en la zona un pedazo de carne y una galleta; y quien
e_stuviera dispuesto al trabajo fuerte, seguramente no pasaría mucho
tiempo desocupado5 •
Por otro lado, dada la abundancia de tierra fértil y escasez de población, la productividad marginal del trabajo era bastante elevada
facilitando al trabajador el acceso a un nivel de ingresos considerable~
mente superior al de las áreas campesinas del viejo mundo. El punto

:s

Finalmente junto a las dificultades de interpretación que introduce un contexto t~ distinto al que dio origen a los modelos interpretativos mejor establecidos, existen problemas específicos en cuanto a la
medición de la mortalidad vinculados a estas sociedades "abiertas".
En efecto, todo parece indicar que a partir de la década d~ 1870 la información parroquial resulta razonablemente confiable. Sm embargo,
la gran movilidad física de la población, y la atípica estructura de edades provocada por la inmigración, vuelven inútil buena parte del arsenal metodológico desarrollado para el estudio de estos temas. Así, resulta impensable el uso de tablas de vida modelo1 , e incluso el intento de cálculo de la esperanza de vida por otros métodos no resulta totalmente confiable. Más aún, un indicador simple y descriptivo, como
la tasa bruta de mortalidad (T.B.M.) resulta difícil de interpretar: puede estar influido tanto por el nivel general de mortalidad como por una
estructura de edades muy favorable, con alta concentración en segmentos con menor riesgo.
Estos problemas, sin embargo, no deben desalentarnos. Si bien dificultan una caracterización demográfica de la sociedad estudiada, no
la impiden totalmente. Por otro lado, los fenómenos sociales vinculados al comportamiento poblacional no necesariamente deben ser_ interpretados en términos paramétricos; la descripción del comportamiento global -es decir, por ejemplo, la tasa de mortalidad independientemente de la estructura de edades, o la fecundidad total, en lugar de
la específica por edades- puede ser significativa para comprender el
desarrollo social, aunque no nos permita elaborar un modelo.

�14

Siglo XIX

Con esta perspectiva, pues, en las páginas siguientes comenzaremos por presentar muy brevemente los rasgos básicos de la población
de Tandil en el período en cuestión. A continuación veremos la evolución global de la mortalidad, y la existencia o no de "crisis", basados
principalmente en la T.B.M. En las secciones siguientes analizaremos
las causas de muerte, la estructura de edades de la mortalidad, con especial atención en la infantil, presentaremos el cálculo de la esperanza
de vida8 • Posteriormente veremos el ciclo estacional anual de la mortalidad, y al concluir abordaremos una cuestión clave en nuestro contexto: el comportamiento de la mortalidad de nativos y extranjeros,
relacionándolo con el de sus lugares de origen. Será en función de estos análisis, entonces, que en la sección fmal nos plantearemos una evaluación global de la mortalidad en el contexto estudiado.
LA POBLACION
Cuando el fundador de Tandil (entonces Fuerte Independencia) se retiró de la zona en 1823 dejó tras de sí 400 hombres de línea, unos pocos colonos y un cierto número de esos gauchos que habitualmente
deambulaban por la frontera sur de la provincia de Buenos Aires. Hacia 1836 sabemos que la inestable población de la zona estaba constituida por 689 personas, de las cuales 367 se encontraban en la campaña y 322 en el poblado. Para 1854 se había logrado una más amplia
estabilización de la población. Se observa un equilibrio mucho mayor
entre los sexos: 1 207 .mujeres de las cuales 512 eran menores de 15
años, y l 692 varones que incluían 513 de ese grupo de edad; de ellos,
2 210 habitaban la campaña y el resto -689- las inmediaciones del
Fuerte.
Como hemos señ.alado ya, en los años siguientes se producirán los
últimos grandes malones, y con ellos un considerable despoblamiento,
tras lo cual (a partir de 1858) el crecimiento poblacional será continuo
y vertiginoso, como se evidencia a través de los censos reseñ.ados en
el cuadro l.
Volviendo a las pirámides de población vemos que su forma es obviamente atípica. Los escalones inferiores, especialmente en 1869, muestran los rasgos clásicos de "antiguo régimen", pero a partir de los 15
años, especialmente en el sector masculino, se observan claramente los
efectos de la inmigración. En las edades activas se detecta un fuerte
desequilibrio entre los sexos, que como puede verse por los datos de
1881 y 1895, se debe, al menos en esos años, fundamentalmente a los
inmigrantes de ultramar. En las edades mayores se observa el rápido
aguzamiento de los regímenes antiguos, exagerado por el efecto inmigratorio. La inmigración también es responsable de que la base. es~

Alvarez y Míguez: Mortalidad en la provincia de Bs. Aires

15

CUADRO 1

POBLACION DE TANDIL POR ORIGEN Y SEXO: 1869, 1881, 1895

Varones

Mujeres

Total

Pueblo*

4 103
767
4 870

2 181

6 389
2 373
8 762

3 561

9 967
5 015
14 982

7 088

84.3
15 .7
100

44.8

72.9
27.l
100

40.6

66.5
33.5
100

47.3

1869
Nativos
Extranjeros
Total

2 102
578
2 680

Nativos
Extranjeros
Total

3 419
1 751
5 170

Nativos
Extranjeros
Total

5 043
3 491
8 534

2 001
189
2 190

1881
2 970
622
3 592

1895
4 924
1 524
6 448

Porcentajes de lo anterior

1869
Nativos
Extranjeros
Total

43.2
11.9
55 .0

Nativos
Extranjeros
Total

39.0
20.0
59.0

Nativos
Extranjeros
Total

33.7
23.3
57.0

41.1
3.9
45.0

1881
33.9
7.1
41.0

1895
32.8
10.2
43.0

• Habitantes del " centro urbano"
Fuentes: Censos nacionales de 1869, 1895 y Provincial de 1881

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GRAFICO 1

PIRAMIDES DE POBLACION

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años

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~

CENSOS DE 1869, 1881 y 1895
90
80
NATIVOS

0

EXTRANJEROS ~
Mase.

Fuente: ver cuadro 1

Sigue gráfico 1
PIRAMIDES DE ~OBLACION
CENSOS DE 1869, 1881 y 1895

~

aftos

~
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90
80

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70

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�18

Siglo XIX

cialmente a partir de 1881, sea relativamente estrecha respecto a los
grupos adultos (y ello, pese a que sabemos que la fecundidad era muy
alta). Por otro lado, aunque las distorsiones señaladas dificultan una
adecuada "lectura" de la evolución temporal de la población, en general parece observarse una tendencia a la "modernización", lo que
coincide, como veremos, con los datos sobre mortalidad.
La información sobre población "urbana" tiende a marcar ciertas peculiaridades respecto de la región circunvecina. En 1854 Tandil
era sólo un pequeño poblado de campaña, pero para 1869 ya era un
pueblo que agrupaba el 440/o de la población del partido, siendo el principal centro comercial y de servicios del sur de la provincia (el segundo, !)a_hía Blanca, apenas superaba los l 000 habitantes).,Aunque el
creclilllento rural fue mayor que el del pueblo para 188 l, Tandil seguía
siendo el principal núcleo poblado de la región, seguido de Juárez (2 691
habitantes) y Bahía Blanca (2 096 habitantes). Para 1895 había perdido esa condición en favor de Bahía Blanca (distante 400 kilómetros),
pero el peso relativo de la ahora ciudad había crecido respecto de la
población rural del partido. Esta concentración relativamente alta de
habitantes en el casco urbano se explica por su carácter de centro de
abastecimiento de bienes y servicios a un sector rural de frontera mucho mayor que su propio partido.
El peso relativo de la inmigración fue mayor en Tandil que en el
resto del sudeste provincial. En 1869 era casi el 16% del total de habitantes, alcanzando el 27% en 1881 y el 33.5% al final del período, frente
a un 13.9%, 24.40/o, y 32.2% respectivamente en la región. La media
de toda la provincia, en cambio, supera claramente a Tandil en 1869
(19.9%) pero, con un crecimiento más lento, queda por debajo de nuestro partido en 1895 (30.9%). La comparación con la región y con la
provincia sirven para marcar la evolución del área estudiada durante
el período: a medida que pierde su carácter de zona de frontera se va
asimilando cada vez más a la media provincial.
LA MARCHA DE LA MUERTE
Como hemos visto, el aporte inmigratorio jugó un papel crucial en el
crecimiento poblacional que alcanzó niveles sorprendentes. La tasa media anual de incremento fue de 3.25% entre 1854 y 1869, 5.02% entre
la última fecha y 1881, 3.91 O/o desde entonces hasta 1895, y 4.42% hasta
el censo de 1914. Al mismo tiempo el volumen anual de muertes también evidenció un tendencia creciente pero en proporción mucho menor.
En consecuencia la tasa de mortalidad mostró una clara tendencia

Alvarez y Míguez: Mortalidad en la provincia de 8s. Aires

19

a la baja. En el gráfico 2 hemos tratado de reflejar la evolución general de la tasa bruta de mortalidad (T.B.M.) anual a partir de las cifras
de mortalidad suministradas por los registros parroquiales y civil, y la
de población suministradas por los censos. Para los años intercensales
hemos estimado la población de acuerdo a la tasa indicada arriba.
Aunque nuestro trabajo termina en 1895 computamos hasta el censo
de 1914 para verificar la continuidad de la tendencia decreciente que
se evidencia en el último período. Para evaluar la evolución en el largo
plazo incluimos la recta de tendencia central estimada por el método
de los mínimos cuadrados, en tanto que para tener la medida de la mortalidad "normal" incluimos la media móvil propuesta por Livi Bacci
y Del Panta, sobre la que volveremos más ade1ante. Finalmente cabe
aclarar que, si bien es muy probable que exista un cuarto subregistro
de la mortalidad, particularmente en el sector rural del partido, este
no debe ser tan significativo como para alterar substanciamente los datos presentados. Por otro lado debe estar compensado en parte por un
subregistro similar en los censos. Por último, el subregistro debió ser,
sin duda, mayor hacia comienzos del período; si esto es así la disminución de la T.B.M. debió ser aún más marcada de lo que sugiere el
gráfico.
Disponemos de información de mortalidad para 1854, pero es muy
poco confiable: fijaría la T.B.M. en un 22.8 0100, valor próximo al de la
capital del estado al año siguiente. Pero si dejamos de lado este valor
inseguro, y partimos de 1863, cuando los datos se hacen más confiables, podemos establecer con claridad cuatro ciclos.
Durante la primera década, el accionar de la muerte parece haber
sido contundente; tres momentos críticos surcan la etapa: 1864, 1868
y 1871. Resulta difícil aseverar en los dos primeros la existencia de epidemias; las cifras lo sugieren, pero la falta de especificación de las causas de muerte plantea dudas. En cambio en 1871 sabemos con certeza
que la viruela se enseñoreó en la región, diezmando la población. Esos
once años (1863-73) fueron de alta mortalidad, con tasas claramente
de "antiguo régimen". En 1869, por ejemplo, un año "normal", la
T.B.M. fue de 45.2 0100, en tanto que para el conjunto del país se la
estima en 32 0/ 009 , y en la ciudad de Buenos Aires 35.2 010010• Y para
el año epidémico de 1871 ese indicador trepó al 66.1 0100 (el más alto
de todo el período), pero aún así quedó por debajo de la Ciudad Puerto, que padeció la fiebre amarilla.
A partir de 1873 y hasta 1895 el número de defunciones tiende a
volverse estacionario, lo cual, dado el crecimiento de la población, im-

�20

Siglo XIX

Alvarez y Míguez: Mortalidad en la provincia de 8s. Aires

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La comparación de las tasas de mortalidad en Tandil y Buenos Aires
nos muestra una cierta semejanza. El punto de partida parece ser más
alto en la región de frontera, para aproximarse luego, e incluso aventajar, a la zona urbana en la medida en que Tandil supera su relativo
aislamiento inicial, se facilita el acceso a los servicios de salud y mejoran las condiciones de vida (vivienda, calidad de la alimentación, etcétera), sin ser tan afectada como el gran centro urbano por el hacinamiento y la marginalidad. Pero lo que predomina en los dos ámbitos
es la clara tendencia a la baja, amortiguada sólo por periódicas epidemias que, sin embargo, parecen perder letalidad a partir de 1891.

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Como hemos señalado ya en referencia al conjunto provincial, esta transformación es muy notable dado que en el breve período analizado se pasa de una situación típica de regímenes antiguos a una bastante avanzada para la época. Por otro lado, si bien el indicador presentado está afectado por la estructura de edades de la población, durante el período en consideración no se produjeron modificaciones que
pudieran afectar las conclusiones que proponemos.

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plicó una baja regular muy significativa de la T.B.M. En el año censal
de 1881, por ejemplo, alcanzó al 26.8 0100, frente a un 20.4 0100 de
11
Buenos Aires y 28 0100 para el total del país • En 1886 la muerte retoma su accionar violento y hasta 1892 la alta mortalidad vuelve a ser
dominante. Este nuevo ciclo estuvo marcado por dos ataques epidémicos: el de 1886-87, debido a la difteria y la viruela, y el de 1890-91,
cuando la segunda se combina con el tifus y algunos otros brotes menores. En los puntos críticos, 1887 y 1891, la T.B.M. llegó al 33.7 y
37.4 0100, siendo el punto más bajo 1889 con el 22.7 0100. Entre tanto, Buenos Aires exhibía una tasa de 30.0 0100, que descendió al 23.8
12
0100 para 1891 •
Desde 1891 se inicia otro ciclo de estabilidad en las cifras mortuorias, frente al cual el aumento sostenido de la población marca una nueva retracción de las tasas de mortalidad: para 1895 resultó del 20.3 0100 .
y continuó descendiendo en forma lenta pero regular hasta el final del
período de observación, siendo en 1914 de tan sólo 14.5 0100.

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Queda dicho que difícilmente pueda asociarse en la región la evolución de l~ mortalidad con el nivel de consumo de calorías y proteínas. La alimentación puede haber mostrado algún defecto en su condición higiénica -un problema recalcado con frecuencia por el periódico local, y que suele ser de preocupación para las autoridades
municipales- 13, y sobre todo un cierto desequilibrio por falta de frutas y verduras frescas, en especial hacia comienzos del período (supe-

�22

SigloXIX
Alvarez y Míguez: Mortalidad en la provincia de Bs. Aires

rado luego por la generalización de la práctica hortícola difundida probablemente por la inmigración).
'
. En cambio parec_e, proba?le la conexión del nivel general de mort~1dad ~on la evo!uc10~ de ciertas prácticas culturales ligadas a la higie~e. P_nvada ~ret1cenc1a a la vacunación, consenso al curanterismo,
preJmc1os o mitos medicinales populares) y con los poco fructíferos
esfuerz?s de la higiene pública, que no contó hasta fines de siglo con
una se_ne de c~no~í~entos científicos, una tecnología médico-sanitaria
Ymedios de d1fus1on capaces de provocar un impacto significativo sobre la marcha de la muerte.
Cabe por último plantearse si los picos de mortalidad constituyeron verdaderas "crisis". Como es bien sabido desde los trabajos de
J. Me~vret Y P. Goubert, el análisis de las crisis de subsistencia no puede
reduc_me.al ~s~udio de la mortali?ad. En nuestro caso, sin embargo,
no exis~e mdic10 alguno que perffilta suponer la incidencia de crisis alime~tanas en la evolución demográfica, y más bien todo sugiere lo contrano. En este contexto la pregunta tiende a centrarse en si Ja intensidad d~ sobre-mortalidad epidémica justifica considerarlas auténticas cns1s.

!ª

. . Existen varios métodos propuestos para medir la intensidad de las
cns1s. No entraremos aquí e~ _la discusió~ técnica de los mismos, pero
po~~I?os sefialar que, aun utilizando el cnterio más amplio para su defiruc1on, I?~ mayores picos obituarios no alcanzan a constituir una verdade~a cns1s de mortalidad. En efecto, el método propuesto por Livi
Bacc1 Y I?el P~~ta consiste en considerar como mortalidad "normal"
una media ~ovil de once años que descarte los cuatro valores extremos (es decir, los_ ~os superiores y los dos inferiores). Estaríamos ante
una (pequefia) cns1s cuando el total obituario de un año dado supera
en un _5~0/o el valor c?rrespondiente de la media móvil para ese año
(las .~ns1s mayores senan cuando la mortalidad real supera a la "normal en dos, tres, cuatro o más vecesf4 • Ni en 1871 ni en 1887 ni
en 1891 :--los picos máximos de mortalidad-, tomando tanto el t~tal
mortuono como la T.B.M. estimada, se alcanza un incremento del 500/o
respecto del valor de la media móvil o el de la tendencia central como
puede apreciarse en el gráfico 2.
'

Se ha ?bjet~do a este método que al adoptar el año calendario puede
ocultar la mtens1dad de una crisis ocurrida entre dos años. Pero en nuestro caso, aún c?n~iderando los doce meses de mayor mortalidad en
1886-87 (a~osto-Julio)_ Y_ 1~90-91 (septiembre-agosto), no alcanzaron ver1
daderos ruveles de cns1s . Esto es especialmente significativo porque

23

en un ámbito reducido el efecto de las epidemias suele aparecer más
marcado que en un espacio más dilatado, donde la alta mortalidad de
una villa suele compensarse con otras no afectadas .
En síntesis, la presencia de epidemias, si bien provocó espasmódicas alzas de la mortalidad, no alcanzó a ~enerar auténticas crisis: Sólo
en 1871, cuando se produce uno de los mas nefastos ataques de vuuela
en la región, sumándose a una alta mortalidad "de base'', se observan
tasas realmente agudas. En cambio, en los puntos álgidos de la década
del 80 y comienzos de la del 90 las tasas "normales" habían caído sensiblemente y aunque la difteria y la viruela afectaron severamente la
población,' no alcanzaron a provocar niveles de mortalidad que pusieran en peligro la dinámica demográfica de la región.
Se hace evidente, entonces, que por encima de las fluctua~iones
coyunturales, lo más significativo es la clara y marcada tenden~1~ a la
baja, que se halla gráficamente reflejada en la recta de los ?11mmos
cuadrados (más aún, si trazáramos esta recta sólo para el pen?do que
consideramos centralmente, 1863-1895, aparece con una pendiente levemente mayor). Por otro lado es también llamativo el paralelo entre
la recta mencionada y la curva de medias móviles. Esta última muestra
algunas divergencias con aquella al señalar las fluctuaciones de mediano plazo, con sus inflexiones a mediados de la dé~ada del 70, y a comienzos del 80 y nuevamente del 90. Pero en realidad estas no ha~en
más que marcar pequeñas aceleraciones o retras~s dentro de la_rá~1da
marcha descendente. Y a partir de 1892 el paralelismo y la proxirmdad
de las tres lineas apuntan a confirmar no sólo la marcada tendencia
general, sino incluso la limitación de las fluctuaciones anual~s (la mayor divergencia entre la media móvil y la T.B.M. real postenor a 1892
es en 1902, y es sólo del 220/o, frente a un 420/o en 1891 y 48.50/o en 1871).
LAS CAUSAS DE LA MUERTE
Si las condiciones en que se desarrollan las vidas de los seres humanos
determinan en buena medida su duración y fin, la forma en que éste
tiene lugar suele reflejar esas vidas:
La capacidad de observación del médico debe en realidad ser muy
limitada si no lo ha llevado a la conclusión de que el motivo de la
muerte de cientos de personas en este pueblo debe buscarse en la falta de los elementos imprescindibles para la existencia. Es posible que
mueran de enfermedad; pero esta es inducida por las malas condicio16
nes de vida combinadas con el agotamiento laboral •

�24

Siglo XIX

La cita corresponde a otro momento y lugar, donde las condiciones
de vida de los sectores bajos eran sin duda más duras que las del Tandil decimonónico, pero el criterio implícito tiene una validez mucho
más amplia que la situación que la inspiró. Estudiar las causas de muerte, entonces, no sólo sirve para comprender sus patrones básicos, sino
también para aproximarnos a las condiciones de vida. Por ello en esta
sección enfocamos el tema no sólo desde las estadísticas surgidas de
los registros parroquial y civil, que aunque con falencias aportan una
imagen bastante precisa de la incidencia de los distintos tipos de mortalidad, sino también la forma concreta en que éstos actuaban, sus idas
y venidas, e incluso la reacción de los contemporáneos frente a ellos.
Este relato menos numérico busca ahondar en ·1os efectos de estas
plagas sobre el hombre y la sociedad, teniendo especialmente en cuenta la calidad y forma de la vida cotidiana. Constituyen parte de él desde el exagerado temor provocado por la fiebre amarilla de 1871 (la plaga
nunca llegó a Tandil), o por una epidemia de cólera que fue mucho
menos grave de lo esperado, hasta el resignado silencio que acompaiía
la alta mortalidad anual tuberculosa, o las medidas de escasa eficacia
con que intenta responderse a las grandes pestes.
El análisis cuantitativo presenta algunas dificultades. Las quince
categorías que presentamos en el cuadro 2 son el resultado de la reagrupación de más de cincuenta rubros -algunos subdivididos por
edades- en que habíamos sistematizado originalmente la información.
En general hemos adoptado una agrupación similar a la utilizada en
otros trabajos de este tipo para facilitar las comparaciones, desglosando de ellas ciertas causales que por su importancia estadístico-social
requieren un tratamiento específico. Algunas categorías (notoriamente el cáncer) han sido incluidas en forma independiente pese a su escasa representatividad para remarcar la diferenciación con períodos más
recientes en que adquieren mayor gravitación.
Hasta la década de 1870 la información sobre las causas de la muerte, como se observa en el cuadro, era muy fragmentaria y la mayor
parte de los casos registrados corresponden a la categoría "otras y no
especificadas". Sólo a partir de 1875 la incidencia estadística de este
rubro dejó de ser significativa. Es por ello que además de la columna
de resumen total hemos incluido otra que abarca el período que va entre este afio y 1895 para evitar la distorsión que en los años iniciales
provoca la falta de especificidad de la información.
Otro problema está constituido por la discontinuidad o inadecuada especificación de las causas. Así, la desaparición de una causa puede deberse a su inclusión en otras más imprecisas (por ejemplo entre

AJvarez y Míguez: Mortalidad en la provincia de Bs. Aires

25

1876 1878 el tétano infantil parece hallarse encu~ierto en de(miciones v:gas como "fiebres y convulsio~es"). A p ~ de 187?, sm embargo, este tipo de caracterizaciones tienen un baJo y ~ecreciente peso
estadistico. En general puede afi.rll!arse_que la mayona de las ~us~
señaladas en la fuente pudieron ser mclwdas en nuestras categonas sm
an riesgo de error, Jo que crea cierta confianza al menos en lo que
refiere al panorama global ~ue, p~r º!ro lado,. es convergente con
estudios contemporáneos refendos a ambttos próximos -~ayormente
a la ciudad de Buenos Aires- y con la información provemente de las
fuentes cualitativas locales.

fe

Infantiles

Dentro de la mortalidad infantil encontramos un conjunto de ~os atribuibles a causas específicas que afectan sólo ª. este grupo, Junto con
otras que actúan sobre el conjunto de la población. Dada la lffipo~ancia de la mortalidad infantil en el total obituario parece convemente
analizar por separado estas causas.
Podemos distinguir t~es grupo_s. El primero, p~~~atales, .~º~~es:
ponde a cuatro consignaciones distmtas en la fuente_. al nacer , as
fixia" "falta de desarrollo" e "inanición". Las prlffieras dos Y p~e
de la t~rcera corresponden a decesos ocurridos en los primeros mmutos u horas de vida, las restantes en el primer mes. Se agruparon s~bre
el criterio de que pueden atribuirse mayorment~ a problem~ endogenos en la gestación O al parto. En consecuencia su ev_olucion parece
ligada en general al ritmo de crecimiento de ~a p~bl~ción, Y sus fluctuaciones parecen deberse a problemas de diagnostico.
Bien distinto es el caso del tétano infantil. Esta enfermedad proviene de la infección de la herida umbilical, hallándose ~strechamente
vinculada a las condiciones de higiene durante y despues del parto, Y
por lo tanto a las pautas culturales relacionadas con este p~oce~o. Como hemos señalado existen dificultades respecto a su clas1ftC3:ción que
complican la evaluación de su incidencia exacta y su e~olución en el
tiempo pero el diagnóstico parece confiable en la mayona de los c~os
por tratarse de una enfermedad de síntomas claros Y muy conocid~s
en la época. Más allá de las carencias a las que hací_~mos referenc~a
(que posiblemente se evidencien en una sobrevalor~c1on entre 1871 Y
1873, y una subvaloración entre 1876 y 187~)_, los numeros co~rman
que se trata de un mal endémico con una accion regular ~da ano,. aunque parece observarse una tendencia de_s~ndente, en pamcular_teruendo
en cuenta el creciente número de nac1m1entos. Esto puede vmc°!ars_e
con la difusión de pautas de higiene más avanzadas, en parte atnbmbles al proceso migratorio.

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CUADR02

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CAUSAS DE MUERTE (1859-1895)

Causas

S9

Perinatales
Tétano infantil
5
Diarrea infantil
Infecciosas y
parasitarias
5
Viruela
Difteria
Tuberculosis y
consunción
1
Vías respiratorias
1
Cerebrales
1
Cardiovasculares
Cáncer
Parto
Alcoholismo
Accidentes,
violencia
5
Otras y no
especificadas
14
Totales

32

60

61

63

64

5

4

1

5

2
15

1
4

62

4
14

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66

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68

11
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32

41

41

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24

5
15

13
3

32
1
1

18

41

64
83

41
43

27
7

56
3

112
1

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14

95

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12
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10

2
18
1
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2
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1
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14
16
4
8
1
8

24
27
3
9
3
3

29
19
14
11
1
4

17
3
4
19

1
3

1

4

4

10

1

8

9

4

2

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6

14

15

15

57

18

42

27

50

23

15

56

83

166

134

143

155

224

146

98

85

90

77

53

42

46

69

18

88

130

180

139

152

163

248

212

224

335

307

208

232

271

271

19
17

35

- 246

sigue cuadro 2

Porcentajes
Perinatales
Tétano infantil
Diarrea infantil
Infecciosas y
parasitarias
Viruela
Difteria
Tuberculosis y
consunción
Vías respiratorias
Cerebrales
Cardiovasculares
Cáncer
Parto
Alcoholismo
Accidentes,
violencia
Otras y no
especificadas

0.6

15.6 5.8

5.7

3.1

15.6 20.3

5.7

1.6 0.6
11.5 2.2

2.9
15.9
1.4

4.5
4.5

3. 1
3.1
3.1

4.4
4.4

5.6

5.6

0.8
4.6

2.2

4.6

4.6

3.1

3.8

0.7

1.8
0.6

0.8

1.1

1.1

4.4
0.4

1.2

2.1

0.4

8.5

7 .1
3.8

1.0 1.3
14.3 12.3 13.4 19.2 10.3

1.9
5.5

4.8
1.1

13.0
0.5
0.4

18.3 19.1 13.4 13.0 24.1 41.3 24.7 38.6
24.8 14.0 3.4 1.3 0.4 5. 1
1.2
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3.0

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1.0

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10.0 7.0
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�sigue cuadro 2
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CAUSAS DE MUERTE (1859-1895)

Causas
Perinatales
Tétano infantil
Diarrea infantil
Infecciosas y
parasitarias
Viruela
Difteria
Tuberculosis y
consunción
Vías respiratorias
Cerebrales
Cardiovasculares
Cáncer
Parto
Alcoholismo
Accidentes,
violencia
Otras y no
especificadas
Totales

o'

Montos

78 79

80

81

82

83

84

85

86

87

88

89

90

91

92

93

94

Sub95 total Total

26 26
4 9
. 3

18
5
1

11
11
11

18
3
2

12
6
12

12
11
12

14
3
7

13
5
17

17
7
26

25
13
22

25
19
17

28
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47

25
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10
36

29
14
35

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325

48 59

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4
4

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28
5

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11

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33

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1

62
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78

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1 213 1 524
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21
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24
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17
51
9
16
7
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67
14
20
9

28
67
8
16
8

6

28
46
10
18
6
6
2

10

33
49
6
17
11
3
7

28
64
5
19
8
2
1

6
5

539 579
791 923
307 319
287 360
114 118
67 107
SS
SS

.

1

31
25
22
12
2
6

36
19
16
7
6
3
1

.

s

2
1

13

s

44

30
14
12

s

~

395
405
325

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12

24

6

12

14

10

13

20

27

20

IS

25

21

25

25

21

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19 10

19

21

30

26

17

32

41

34

48

29

34

36

43

30

27

21

640 2 202

255 210

208

230

182

168

215

199

385

412

340

268

389

476

306

291

286

638
a

299 5 907 8 644

sigue cuadro 2

PorctntaJes
Perinatales
Tétano infantil
Diarrea infantil
Infecciosas y
parasitarias
Viruela
Difteria
Tuberculosis y
consunción
Vías respiratorias
Cerebrales
Cardiovasculares
Cáncer
Parto
Alcoholismo
Accidentes,
violencia
Otras y no
especificadas

10.2 12.4
1.6 4.3
1.4

8.7
2.4
0.5

4.8
4.8
4.8

9.9
1.7
1.1

7.1
3.6
7.1

5.6
5.1
5.6

7.0
1.5
3.5

3.4
1.3
4.4

4.1
1.7
6.3

7.4
3.8
6.5

34.5 28.1 20.7 16.5 19.2 16.7 15.4 16.1 16. 1 13.4 14.1
. 2.0 16.6 14.9 0.6
1.9 12.2 6.0
0.5 20.3 17.2 7.9
0.4 1.9 2.2
12.2 17.2 12.0 6.1 15.4 11.9 11.6 10.1
9.8 9.0 18.3 11.3 12.6 16.7 22.3 9.1
6.6 7.4 14.6
8.6 7.6 8.7 9.6 7 .1
4.7
0.8
2.4

.

3.3
2.9
1.4
0.5

6.3
2.4
1.0
0.5

7.0
0.9
0.4

7.8

6.7

5.8 10.4

7.5

4.8

9.1

9.1

9.3 7.2
7.1 3.9
6.3 12.0

5.3
3.6
7.4

1.6
5.8
6.5

14.6 18.8 16.8 20.3
5.1 29.0
4.9 0.8 0.8

4.9
8.8
5.6

4.1 6.1 6.3 8.5
8.3 17.9 19.4 17.2
3.4 3.6
7.8 7.1

17.5 18.5 21.1 20.6 17.4
5.9 5.8
. 3.6 2.4

4.2
1.4
1.3
0.6

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7.6 14.0 10.3

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7.0 10.8 25.5

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2.6
1.6
0.3
0.3

5.4
1.9
0.5
1.5

2.1
1.5
1.8
1.2

6.0
2.6
1.1
1.1

5.1
2.3
1.3
1.5

3.8
1.3
1.3
0.4

5.2
2.6

7 .1

6.5 10.0

3.4

4.9

7.9

7.5

3.9

5.3

16.5 15.5

8.0 16.1

10.7

8.3 14.1

10.8

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1.9

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6.6
2.8
0.7
0.4

8.5
3.0
1.5
1.5

3.3

4.6
5.0
3.8

5.8
3.8
1.0
2.4

6.0
3.3
1.4
1.9

1.1

6.6
3.4
5.5

5.9 9.1 11.3 9.8 14.7 9.1 6.8
9. 7 21.9 16.8 22.4 10.0 13.4 10.6
2.1 2.6 2.1
1.8 4.7 5.2 3.7

4.2
1.8
1.2
0.6

4.4
l. 7

7.9 4.6 9.7
3.8 3.5 4.7
8.6 12.6 11.7

1.1

1.0

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7.1

• Período 1875-1895
Fuentes: Registro parroquial de defunciones, 1859-1889, parroquias católicas y protestantes de Tandil. Registro Civil de Tan dil, libro de
defunciones, 1889-1895.

s·

"

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ae.
~

�30

Siglo XIX

Esta enfermedad conocida generalmente como el mal de los siete
días, o simplemente el mal tuvo, como puede observarse en el cuadro,
un peso significativo en el conjunto de la mortalidad en la región, superior al que se evidencia en la ciudad de Buenos Aires. G. Rawson
sostenía que presentaba carácter endémico en la provincia de Buenos
Aires y amplias zonas del Litoral, y que se generaba por la falta de
higiene y la humedad del clima. En su tesis doctoral del año 1854, M.
Montes de Oca afirmaba que: '' ... del mal método de curar el ombligo
puesto en práctica por las comadres y los sectores del charlatanerismo
en nuestro país depende la extraordinaria frecuencia de una afección
tan mortífera" 17 •
Recién a fines de la década del 70 tomó difusión su etiología más
precisa: ''Es un hecho admitido en la actualidad, que el tétanus infantium o trismun nascentium conocido entre nosotros con el nombre de
mal de los siete días, no es otra cosa que un tétano producido por el
traumatismo del cordón umbilical" 18 •
Un médico danés que recorrió buena parte de la campaña bonaerense, a mediados del XIX, relataba en sus memorias:
Gran preocupación tenían los médicos por la frecuencia aterradora
del llamado "mal de los siete días", que se presentaba a este tiempo
del nacimiento, cuyo término casi seguro era la muerte de la criatura.
Todos los partos nos llenan de preocupación en la primera semana
que sigue al nacimiento, dicen los médicos ante el temor de que el
recién nacido sea atacado por la enfermedad denominada " mal de
los siete días'', que se anuncia por el hecho de que la criatura al quinto día suelta el pecho materno y grita. La boca no puede abrirse lo
suficiente para tomarlo nuevamente; le es imposible tragar nada líquido a lo cual se agregan calambres; la cara toma un color azul-negro
y adquiere una expresión horrible, terminando generalmente el proceso con la muerte de la criatura al séptimo día del nacimiento, de
lo cual deriva el nombre de la enfermedad. Acerca de los motivos de
la misma, así como su origen y tratamiento no se conoce nada concreto. La enfermedad era conocida también en otros países, pero nunca
con la misma asiduidad y violencia como en Buenos Aires 19 •

Esta letal afec~ión, que te~ía su origen, probablemente, en prácticas
culturales propias de la región (cortar el cordón con el facón• o tijeras
y untar Ja herida umbilical con bálsamos vegetales), 20 disminuyó fuer-

• Nota del Editor: cuchillo del peón rural o gaucho, de uso cotidiano.

Alvarez y Míguez: Mortalidad en la provincia de Bs. Aires

31

temente al haber mayor cantidad de médicos y parteras en la pr~vi~cia además del cambio de prácticas culturales aportado por los mm1gr;ntes. Esto tiende a ser confirmado por la observación de E. ~a~elli,
quien insiste que el tétano infantil encontraba el grueso de sus victimas
entre los hijos de pobladores del campo, mientras que los lactantes de
los centros poblados de la campaña bonaerense eran asiduos pacientes
de las diarreas, debido al hacinamiento y la contaminación.
El caso que estudiamos muestra también la presencia de este último mal. La diarrea infantil presenta menos dificultades para su análisis aue las otras dos afecciones infantiles. Se han incluido en ella las
muertes de niños de entre cero y tres años consignadas como "diarrea",
"enteritis" o "colitis", "cólera infantil" o "colerina". Es necesario
remarcar el carácter fuertemente estacional de la afección. El 26.8%
de los casos registrados tuvo lugar en enero y el 17.3% en diciembre,
en tanto que en los meses invernales sólo julio (4.6%) superaba el 3%
de los casos. Los cinco meses de mayor mortalidad (diciembre-abril)
suman el 77 .8%. Así, en algunos veranos los picos adquieren rasgos
muy agudos provocando una fuerte alza de la mortalidad general. Es
sabido que esta enfermedad, que es esencialmente una diarrea que puede
deberse a distintos orígenes, y cuya gravedad consiste en provocar deshidratación en el infante, puede combatirse fundamentalmente mediante
extremos cuidados en la higiene y alimentación de los párvulos.
Consciente de ello, la municipalidad, a través del Eco, solía dirigir
recomendaciones a madres y nodrizas acerca de cómo alimentar "sanamente" a los recién nacidos, exhortándolas y mostrando su responsabilidad sobre el particular: " ... es menester, de una vez por todas,
que lo hagan, pues en la lucha contra las causas que dan mayor número
de defunciones, a ellas les toca desempeñar el papel primordial" decía, citando a la Academia de Medicina21 •
En este aspecto Tandil no era singular. En la ciudad de Buenos
Aires, entre el 35 y el 50% de la mortalidad infantil tenía origen en
problemas del aparato digestivo: " .. .la estadística señala a la gastroenteritis en primer lugar de la mortalidad de la infancia, viene enseguida
la enteritis y la enterocolitis. Digamos en fin que el raquitismo corona
la obra ruinosa del mal alactarniento. " 22
Los años 90 fueron testigos en la Capital de una campaña emprendida por los médicos higienistas, destinada a ilustrar a las madres sobre la necesidad de amamantar directa y personalmente a sus híjos,
evitando los "pechos mercenarios" y los "sucios biberones". La hígiene alimenticia del bebé ocupó largos espacios en diarios, revistas y
libros especializados. Estas preocupaciones eran, en parte, el correlato

�32

Siglo XIX
Alvarez y Míguez: Mortalidad en la provincia de Bs. Aires

de medidas sanitarias de los países industrializados europeos, vinculadas al trabajo femenino, pero también la visión de una realidad que
ya resultaba propia:
Durante las horas del día el trabajo absorve a la madre y la obliga
a abandonar su casa; el recién nacido queda a cargo de alguna vecina
a quien sus propios quehaceres y cuidado de sus hijos la ocupan demasiado para que pueda dispensar atenciones al huesped, arrojado
en cualquier sitio, sobre un mueble o en el suelo; se revolverá hambriento hasta que a objeto de acallar sus gritos se le dé unos tragos
de leche, si la hay, o se le haga succionar el nauseabundo chupón hasta
el agotamiento de sus fuerzas23 •

Estrechamente ligada a condiciones sociales y culturales, la evolución
de la incidencia de esta afección en la mortalidad infantil fue reflejando el cambio de las condiciones de vida, pero este último no fue suficientemente marcado en el período estudiado como para que se evidenciara una reducción sensible de su desarrollo. Este flagelo mantuvo su letalidad para la población infantil en la provincia de Buenos Aires
todavía por un largo tiempo.

Infecciosas y parasitarias
En esta categoría se ha incluido un amplio conjunto de enfermedades
que presentan la etiologia señalada, junto con algunas descripciones
sintomáticas que parecen corresponder a este tipo de males.
Podemos distinguir cuatro subgrupos: 1) algunas enfermedades claramente identificadas aunque de escasa difusión, y que tienen poco peso
estadístico; 2) la descripción de síntomas cuya causa específica no es
consignada pero que corresponden muy probablemente a una enfermedad infecciosa -fiebres, llagas, convulsiones, etcétera-, cuyo peso relativo en el conjunto del grupo depende sólo de la calidad de la
informa~ió~, Y~ que a medida que ésta se hace más regular este tipo
~e descnpc1ó:'1 tiende a ~esapar~r; 3) afecciones en el aparato digestivo o unnano, a veces 1mprec1samente caracterizadas, cuya incidencia es intermedia, y exhiben gran regularidad en la medida en que se
precisa el diagnóstico; 4) enfermedades epidémicas, cuyo diagnóstico
es en general bastante exacto.
Junto a ellos es necesario considerar otros tres rubros del cuadroresumen que fueron separados para destacar su importancia relativa.
Se trata de las dos enfermedades que provocaron las epidemias más
agudas del período, viruela y difteria, y el mal pandémico con una incidencia más regular y devastadora, la tuberculosis.

33

De las cuatro categorías señaladas concentraremos nue_stro an~sis en las epidémicas, que son las más significat_ivas en _ténrunos soc_iales, lo que se refleja entre otras cosas en un d1agn_óst1co más preciso
y un mayor cuidado en su asentamiento en los registros. Por otro lado, su presencia puede ser confirmada por otras fuen!es tal~ como
memorias, periódicos, etcétera. Incluimos en esta_ categona ~ las infectocontagiosas infantiles, el cólera, el tifus y la fiebre amarilla.
Esta última, que es la que ha dejado más ttistes recuerdos en la
historia argentina, se destaca por su total ausencia en la región. El único caso reconocido de muerte por esta causa en Tandil corresponde
a un comerciante porteño de paso por el pueblo durante la gran peste
del verano del 71, y no se encuentra registrado en los libros parroquiales, posiblemente por no haber sido inhumado en el cementerio lo~.
Pese a ello la posibilidad de la expansión de este flagelo en la región
dio lugar a una serie de medidas municipales -tales como la habilitación de un lazareto y la formación de "consejos de peste" por los médicos locales- que aunque demuestran un total desconocimiento sobre la propagación del mal, constituyen un avance significativo de la
organización vecinal en la lucha antiepidémica24 • En definitiya p_arece que el clima poco favorable para el desarrollo del mosqwto libró
a Tandil de la fiebre, algo análogo a lo que debió ocurrir con el paludismo, también ausente en la región.
Los brotes epidémicos de las enfermedades típicas de la niñez
-eruptivas, paperas, tos convulsa- en cambio, no eran infrecuentes,
pero no parecen, salvo excepciones, haber presentado carácter agudo,
lo que en parte puede deberse a que no afectaban a una població~ infantil que sufriera un gran déficit nutritivo. De ellas son la escarlatma,
el sarampión y la tos convulsa las que acusan mayor gravedad, lo que
se refleja por primera vez en una epidemia de las dos últimas, que causan nueve y once decesos respectivamente en 1875. Con posterioridad
a esta fecha su difusión se observa en varias epidemias en distintas áreas
de la campaña bonaerense: en 1883 la tos convulsa se expande por casi
toda la provincia; en 1884 hay una epidemia de sarampión en Azul y
en 1887 nuevamente la tos convulsa ataca Dolores25 •
En Tandil su recurrencia sólo se refleja en los registros de defunciones con apariciones esporádicas y reducidas (no más de tres casos
anuales). Las excepciones son dos epidemias de tos convulsa -la primera, causa seis decesos conocidos en 1891, y la restante, siete, cuatro
años más tarde- y una epidemia de sarampión que cobró siete víctimas en 1890. En esta última ocasión el ausentismo escolar llegó al 30%,
pero no encontramos referencias al cierre de escuelas para evitar el contagio, medida habitual en las epidemias mayores, lo que sugiere que

�34

Alvarez y Míguez: Mortalidad en la provincia de Bs. Aires

Siglo XIX
26

no se la consideraba entre las enfermedades temibles de la época

•

Más grave parece el caso de la escarlatina. En el período estudiado
registramos en Tandil sólo dos epidemias. De la primera, _que tuvo lugar a mediados de 1886, se hallan asentados en los _registros .~arroquiales sólo tres víctimas; pero si nos atenemos a la mformac1on del
periódico local, la mortalidad debió ser mucho mayor:
¡Estamos de desgracia! -decía un artículo-. Después de la viruela,
que todavía combatimos, un nuevo enemigo se ha presentado a nuestras puertas. La escarlatina con una complicación de angina gangrenosa. Ya hemos enterrado muchas víctimas y hay muchos enfermos ...27

El diario propone que los cadáveres sean tratados en forma similar a
los de diftéricos y variolosos, reflejando la honda preocupación provocada en una opinión pública sensibilizada por un año en que confluyeron varias epidemias. Las actas registran un cierto número de defunciones caracterizadas como "anginas", que pueden corresponder
a ta complicación indicada por el periódico, lo que incrementaría el
índice de letalidad del mal. También es posible que dada la coincidencia con el terrible brote diftérico de ese año haya habido una cierta confusión en los diagnósticos.
Pocas dudas caben, en cambio, de la gravedad de la epidemia de
escarlatina de 1890. Entre mayo y diciembre, la enfermedad provocó
dieciocho víctimas, casi el 7 .50/o de la mortalidad general en un año
en que ésta se vio incrementada por la viruela y la diarrea infantil. Con
posterioridad a esa fecha no se vuelven a registrar picos agudos, aunque pequeños rebrotes pueden observarse al año siguiente (siete ~os)
y en menor medida en 1893 y 1894. Todas estas enfermedades tuvieron
poca incidencia en la mortalidad global, evidenciando en cambio cierto peso en la de niños entre uno y diez años.
Entre las epidemias mayores fue el cólera una de las que produjo
mayor alarma, aunque ésta fuera poco justificada por su incidencia
real en las estadísticas obituarias. Existieron sólo dos brotes de este mal
en el período estudiado: el primero en el verano 1867-68, que produjo
siete víctimas fatales, y el restante en 1886-87, con igual número de
muertes registradas. Aparte de esto conocemos muy pocos casos aislados. Ya de por sí, la consignación precisa de la causa de muerte en un
periodo en el que más del 900/o de los decesos son asentados sin determinar esta información evidencia la impresión provocada por la primera incursión registrada de este mal en el pueblo, lo que es confirmada por las medidas adoptadas para combatirlo.

35

En efecto, se prohibieron bailes y velatorios, se cerraron escuelas
se estableció la recolección de residuos, se prohibió la venta de frut~
traídas en galeras y se dispuso que el chanchero* retirara su negocio
y faenara sus animales fuera del pueblo; los muertos coléricos debían
ser enterrados a un metro de profundidad en un baño de cal y los enseres y utensilios de las víctimas quemados. La municipalidad organizó
una comisión de higiene presidida por el doctor Fuschini para hacer
cumplir_esta reglamentación. Fue también en ocasión de esta epidemia
que se dispuso la reorganización y limpieza del cementerio para lo cual
se destinó un presupuesto de 25 000 pesos y se contó con' la colaboración de la tropa de la guarnición local. Una crónica de la época relata:
"el ambiente era de tragedia, muchas familias huyeron del pueblo" .28
La mortalidad causada por el cólera no parece justificar el pánico aunque es posible que haya habido más víctimas cuya causa de muerte no
fue asentada en forma precisa en los registros. Así lo sugiere el hecho
de que 1868 marca un pico de mortalidad.
La información referida al segundo brote, sin embargo, sugiere que
el t~mor pro~ocado por el cólera en Tandil no se origina en su trayectona local, smo en sus fuentes europeas. En septiembre de 1884 el Congreso Nacional resuelve la clausura de los puertos a buques provenientes de algunas zonas de Europa en función de "las proporciones alarmantes que ha cobrado la epidemia de cólera morbus en algunos puertos europeos ... " . Poco después el descubrimiento de un caso en un vapor italiano llegado a la capital provoca nuevas medidas sanitarias29 •
Meses más tarde el periódico de Tandil difunde informaciones sobre
los estragos que la peste causaba en Europa -se mencionan 120 000
víctimas en España- , lo que debió contribuir a crear un clima de
intranquilidad.
Entre tanto, en agosto de 1885 el gobierno de Buenos Aires volvió
a disponer la clausura de los puertos por el desarrollo de la epidemia
en Francia Y España. Pero pese a las medidas, y con un año de retraso
(octubre Y noviembre de 1886) el cólera se hace presente en Buenos
Aires, Y para diciembre el mal se ha extendido a Tandil. El Eco expres~ una vez más :1, temor provocado: " Calma, cordura, tranquilidad",
pide a la poblac1on en grandes letras, en una editorial que informa sobre la declaración de algunos casos en el medio local. A continuación
describe la enfermedad y el fallecimiento de los dos primeros atacad~s, reproduciendo una serie de recomendaciones dadas por ta Academia Española de Medicina en ocasión de la gran epidemia última. El

*Persona que hace la faena de puercos: chanchos en Argentina ( Nota del ·editor).

�36

SígloXIX

mismo número informa sobre la creación de una comisión de higiene
formada por los tres facultativos más antiguos en Tandil que "ha tomado medidas enérgicas para evitar la propagación del flagelo mandando aislar las casas afectadas, quemar la ropa y muebles de los fallecidos e inhumar sus restos en un paraje bastante retirado del centro
de la población ... ''. Se establece también una casa de aislamiento para
los e~fe_rm?s y la I~tendencia hace traer desinfectantes de La Plata para distnburr gratmtamente a las familias sin recursos30
El periódico continúa reflejando en los días siguientes la alarma
provocada. Sigue caso por caso la evolución de los afectados31 , y relata cómo "los ranchos de la quinta del Sr. Lasalle donde han muerto
dos coléricos, han sido reducidos a ceniza". Pese a la alarma el brote
pronto desapareció. El cuatro de enero El Eco informa que ~o se han
declarado nuevos casos, y los registros obituarios parecen confrrmarlo.
Entre tanto la epidemia asolaba otras regiones del país: además
de Buenos Aires resultan afectadas Mendoza y Rosario, y un año más
tarde el mal provoca seis mil víctimas fatales en Tucumán. En Tandil
en cambio, la difteria, que se hallaba en pleno auge, pronto hizo desa~
~arecer la impresión causada por el cólera. Tres meses después del úIttmo caso de cólera El Eco, tratando de remarcar la necesidad de combatir el crup, destaca precisamente que se trata de una epidemia con
características más agudas que la otra32 • Resulta claro por Jo señalado que el !error prov?;ado por el. gran flagelo europeo del siglo XIX
se prop~go _por la r~gion ~e Tandil -probablemente incentivado por
la expenenc1a pre-IDigratona de muchos de sus habitantes- mucho más
que el propio mal.
. Tampoco el tifus provocó una mortalidad tan alta como la diftena o la vrruela, pero su presencia fue mucho más constante y maligna
que la ?el cólera. Los primeros casos registrados datan de 1867 y 68
observando~e pequeños brotes epidémicos en 1870/71, sin que alean~
cen a const1turr el 3% de la mortalidad global. A partír de entonces
Yhasta 1890 la presencia del_ ?1al es constante en el partido (una media
anual de 3.5 casos)~ excepc1on de brotes de mayor importancia en Jos
mes~ d~ enero-abril ~e 1877 y 78, en que se registran doce y quince
falleclffilentos respectivamente. Entre 1891 y 1895 la acción del tifus
se hace más grave con ~rotes,re_currentes a fines de cada período estiv_a} ~rovocando unas vemte vtcttmas cada año. Esto se refleja en el pen~co local q~e hace f~ec~entes referencias al mal en la década de 1890,
exigiendo medidas S3:D1tanas para su erradicación. Esto, sin embargo,
no altera a las autondad~ local~s, que no parecen preocupadas mayorm~nte por este ~al, ~ diferencia de lo que ocurriera con Ja amenaza
del colera o las ep1deIDias agudas de escarlatina, viruela y difteria.

Alvarez y Míguez: Mortalídad en la provincia de Bs. Aires

37

La última de estas enfermedades tuvo una única y terrible incursión en Tandil en el período estudiado. Los primeros decesos se registran en 1877 y entre entonces y junio de 1886 observamos sólo algunos
casos aislados. En julio comienza a desencadenarse una prolongada epidemia cuyo auge se extendió hasta mayo de 1887 con un promedio de
trece muertes mensuales, continuando luego con menor intensidad para desaparecer en octubre de ese año. Los picos de mortalidad ocurrieron en agosto de 1886 (dieeinueve casos) y abril del 87 (dieciséis casos).
Nuevos brotes con vigor decreciente tuvieron lugar en los dos otoños
siguientes, para ír declinando hasta desaparecer en 1892. La mayor mortalidad se produjo entre los niños de 1 a 11 años, abarcando el 72%
de los casos letales, en tanto que su peso fue ínfimo entre los infantes
(5% del total de casos). Esto provocó un inusual crecimiento de la participación de los niños en el total mortuorio en 1886 y 1887, que es
un 50% superior a la media (c. 30% frente a un 190/o). Por otro lado,
si exceptuamos las grandes epidemias de viruela de 1871 y 1891, la mortalidad por difteria es la más alta provocada por una única causa en
todo el período, como puede verse en la parte del cuadro con datos
porcentuales.
Los peligros de la difteria no eran desconocidos para los pobladores de la campaña de Buenos Aíres antes de 1886. Ya en 1884, por ejemplo, El Eco daba cuenta de un cruento brote en Chascomús. Sin embargo, no parece existir conciencia clara sobre el peligro del flagelo.
Contrariamente a lo que ocurriera con el cólera, y pese a la solicitud
de los médicos locales en tal sentido, pasan largos meses antes que se
dicten disposiciones tendientes a evitar la propagación de la difteria33 •
Incluso El Eco, en general alarmista, demora en reflejar la gravedad
de la epidemia. Las primeras referencias coinciden con el inicio del brote
pero no es hasta principios de 1887 en que el diario comienza a tratar
el tema en forma sistemática. Sus comentarios no sólo reseñan el avance
del mal sino que ilustran sobre ciertas prácticas que, a su juicio, contribuían a la propagación del mismo. La principal era los velatorios
y entierros de las víctimas, en especial, los muertos en la campaña, que
debían ser traídos al pueblo para obtener la autorización legal y poder
ser inhumados en el cementerio. El trámite podía durar un par de días,
durante los cuales el cadáver era un foco de infección. Otra fuente de
contagio serían los mismos médicos, portadores del mal en sus visitas
domiciliarias: la muerte de las dos hijas de Fuschini debió contribuir
a sustanciar esta idea. El Eco proponia una serie de medidas para evitar estos peligros.
Finalmente en 1887, cuando la situación se agravó por un nuevo
brote de viruela, la municipalidad adoptó las medidas solicitadas (rá-

�38

Siglo XIX

pida inhumación de los fallecidos, un lazareto para los enfermos y los
encargados de atenderlos), junto a otras medidas habituales de lucha
antiepidémica (cierre de escuelas y casas de baile, creación de un cuerpo de desinfección, etcétera). A partir de entonces (aunque posiblemente
no como consecuencia de ello), el mal comienza a declinar. En junio
llega al pueblo un médico enviado por las autoridades provinciales para estudiar nuevas medidas, pero ya ese mes los casos son muy aislados y desaparecen totalmente en octubre.

... •

El registro parroquial señala un total de 149 decesos producidos
por la epidemia, y El Eco, en mayo de 1887, hablaba de más de 500
víctimas, refiriéndose probablemente al total de enfermos. Más del
1.5%, por lo menos, de la población total del partido falleció por la
epidemia, y su incidencia fue mucho mayor en la población joven. Pero salvo los "coletazos" de los años siguientes, ya no volvería el crup
a azotar el partido.
La viruela, en cambio, se destaca por la temible reiteración con
que ataca la región. De las epidemias, fue ella sin duda la gran asesina
en esta historia de la población de Tandil. En un trabajo que data de
1883, el doctor Federico Cuñado señalaba que
la viruela apareció en Buenos Aires con carácter epidémico a fines
de 1861 y diezmó a la población urbana hasta fines de 1862 propagándose a la campaña. Desde entonces ha reinado constantemente
con carácter endémico, asumiendo en diversas épocas la forma epidémica Y causando un número considerable de víctimas
anualmente~ ·

En dos cuadros que abarcan el período 1855-1877 resume la información sobre la mortalidad provocada por la viruela' en la ciudad y campaña de Buenos Aires, mostrando que en el sector rural hay un escaso
desarrollo de la enfermedad hasta 1862. Se genera entonces un brote
epidémico que continúa hasta 1864 con un máximo de 368 decesos registr_ados en 18_63. Los años 65-66 muestran cifras muy bajas, pero a
partu de 1867 _es~as se elevan para colocarse en un nivel que oscila entre 300 Y700 v1ctnnas anuales, a excepción de fuertes epidemias en 1871
Y72 (3 271 Y3 104 víctimas respectivamente), y 1877 en que baja a 114.
~stos datos coinciden notoriamente con los que disponemos para
Tan~l. Los valores absolutos son sin duda bajos en esta región aún
r~lat1vamente desp~blada, pero acompañan marcadamente la tendencia general. Es posible, por otro lado, que el número de víctimas en
la primera ~pidemia _haya sido considerablemente mayor dada la endeblez de la mformac1ón del período, pero esta falencia también debe

Alvarez y Míguez: Mortalidad en la provincia de Bs. Aires

39

afectar los datos de Cuñado.
En los años posteriores el comportamiento de la viruela en Tan_~
mantiene el mismo patrón, con brotes epidémicos recurr_en~es de d1s1mil gravedad. En promedio se destaca como una de las pnnc1pal~ causas únicas de muerte, pese a hallarse ausente durante lar~os penodo~.
Pero Jo que hace de ella la principal malvada de la población de Tandil
es la ferocidad que alcanzan algunos de sus embates, lleg~ndo a provocar hasta el 290Jo de las muertes de un año: los mayores picos de mortalidad siempre coinciden con su presencia en el pueblo.
En la década de 1880 la viruela parece haber sido un habitante permanente de la campaña bonaerense, y es muy raro el año e~ ,que 1!1
Eco no traiga referencias a la existencia del mal en alguna ~eg¡on proxima a Tandil. En 1883, por ejemplo, la vemos en la Capital (6-1), Y
posteriormente en Balcarce (18-III), Azul (5-IV), Rauch (19, 26 Y29-IV)
y Dolores (3-VI), rodeando así a Tandil, donde sólo se producen unos
pocos casos benignos. Esto dio lugar a una intensa campaña de vacunación, pero, como veremos más adelante, eran escasos los resultados
que éstas producían.
En 1884 vuelve a desarrollarse una epidemia en la Capital Yalgunas zonas de la campaña y lo mismo ocurre en el 8535 • Finalmen~e en
1886 Je llega el turno a Tandil. Los primeros casos se dan en noviembre del 85, y El Eco vuelve a insistir sobre la nec~si_dad_ de la vacunación. En febrero el diario exige medidas a la mumc1palidad, y ante la
falta de inmediata respuesta, hace responsable a su presidente de la evolución ulterior. Haya o no habido descuido el mal continuó desarrollándose alcanzando su auge entre marzo y mayo. En agosto comenzó
a ceder, dejando su lugar como principal causa de muerte a la difteria,
para retornar en junio del 87, cuando la otra plaga comenzab~ a decrecer. Según El Eco este último brote puede vincularse con la 1mportación directa de la enfermedad por los inmigrantes:
Ahora nos ha venido a visitar la viruela a los vecinos de Tandil. .. Los
inmigrantes venidos para las canteras han llegado, puede d_ecirse, con
la viruela brotada, pues al día siguiente de llegar a Tandil se enfermaron diez, y llegaron aquí al día siguiente de desembarcarse~6

El registro parroquial confüma que fue entre las familias italianas de
picapedreros donde se produjeron los primeros casos fatales.

�40

Siglo XIX

Finalmente la enfermedad desaparece en noviembre de 1887, asolando en 1888 y 1889 otras áreas de la provincia. Tandil disfruta de
un par de años de respiro antaes del terrible embate de 1890-91. Entre
tanto la corporación municipal había tomado las habituales medidas
de combate antiepidémico en marzo del 86, reiterándolas en junio de
ese año y mayo del 87, sin lograr resultados visibles.

,.

Renglón aparte merece la vacuna como forma de lucha contra la
plaga. Esta había comenzado a ser utilizada en el país desde comienzos de la vida independiente, pero su aplicación y disponibilidad fueron irregulares hasta entrada la década de 1870. Durante ese período
se aplicó el método de la vacunación brazo a brazo, hasta que en 1878
se estableció en el país un laboratorio para producir suero animal, evitándose así el posible contagio de otras enfermedades (notoriamente
la sífilis) que podía producir la vacuna humana. Pero haya sido por
este temor, por la difundida idea de que con la vacuna se inoculaba
el mal37, o más probablemente por descuido o desinformación, la vacuna alcanzó poca difusión:
A pesar de toda la propaganda, a pesar del interés con que siempre
se ofrecía el virus y la constancia con que los poderes públicos se ocupaban de combatir la viruela, ni aún en las ciudades principales la
población respondía, y sólo cuando la enfermedad bacía su aparición
epidémica en algunos de los grandes centros urbanos y la prensa se
ocupaba del asunto llamando la atención sobre el contagio acudían
los habitantes a vacunarse. Así vemos en un período en que se llevó
estadística, de 1884 a 1885, en la ciudad de Buenos Aires sólo se inocularon 33 000 individuos sobre una población de 800 000 babitantes38 .

El comentario de Alvarez corresponde totalmente con la información
que disponemos sobre Tandil. La municipalidad disponía permanentemente de suero y los médicos vacunaban en forma gratuita. En reite•
radas oportunidades se insiste sobre el carácter obligatorio de la vacuna, especialmente para los niños en edad escolar. Pero el número de
personas inoculadas siguió siendo bajo.
Por otro lado cabe preguntarse sobre la eficacia de la inmunización lograda. Los estudios contemporáneos la confirman, aunque las
estadísticas en que se sustentan no son del todo concluyentes39 • Dada
la escasa vacunación en Tandil nuestros propios datos aportan poco
al respecto. Resulta llamativo, sin embargo, un cambio en la estructura de edades en la población afectada. De las epidemias de comienzos
de la década del 70 a las de comienzo de la década del 90 se observa

Alvarez y Míguez: Mortalidad en la provincia de Bs. Aíres

41"

una caída del 10OJo de la participación de niños en la mortalidad variolosa lo que quizás pueda vincularse a la mayor difusión de la vacuna
40
entr~ estos, abundantemente atestiguada por El Eco •
Las medidas higiénicas y preventivas poco pudieron hacer para impedir la gran epidemia. de 1891. A _comienzos_ del año anterior hubo
un suave brote que motivó la adopción de medidas por parte de la municipalidad. Este brote cedió entre agosto y septiembre, pero algunos
casos vuelven a registrarse hacia fines del año, preanunc1ando la gran
epidemia. Esta cobró ímpetu a comienzos del 91, y alcanza su pico entre marzo y agosto. En mayo se registraron 48 casos fatales. En septiembre el mal comienza a disminuir su actividad para desaparecer totalmente en noviembre, y ya no se registrarán nuevos casos de viruela
en Tandil en el período considerado. Este último embate, sin em~3:1'go, se había llevado en unos pocos meses más del 1O/o de la poblac1on
total del partido.
¿Afectó el mal a toda la población por igual? No podemos dar una
respuesta concluyente, pero no pareciera ser así. Los higienistas ~e la
época señalan que su propagación era mayor ~ntre lo~ ~ectores soc1al~s
más bajos, debido al hacinamiento, la carencia de higiene y el descwdo en la asistencia a los afectados.
La difusión de las epidemias en Tandil tiende a confirmar esta opinión. En 1887, por ejemplo, se inicia en las canteras causando varias
muertes entre las familias italianas que trabajaban allí, como ya hemos señalado. De allí se extiende al "Pueblo Nuevo", barrio marginal
de precarias condiciones donde "en una sola pieza hay más de cinco
camas", y "otras sirven de comedor, cocina, dormitorio y letrina a
la vez". En ocasiones "se trae un enfermo de viruela de la campaña
y se lo deposita en uno de esos inmundos tugurios viviendo en man&lt;:omún con el paciente"41 • Finalmente el mal llega al centro de la cmdad, pero su paso por allí fue mucho más leve.
El mismo patrón se repite en la epidemia de 1891, pero esta vez
el grueso de la mortalidad se halla entre la población baja de la campa2
ña. Lo mismo ocurrió con la epidemia de 1888 en 9 de Julio y Rojas~
En conclusión, parece claro que si bien todos los sectores sociales eran
afectados, los estratos más bajos sufrían mucho más sus consecuencias.
La otra gran matadora de hombres de la época fue la tuberculosis
(TBC), pero debido probablemente a que su actuar era constante y no
provocaba picos muy agudos de mortalidad los contemporáneos no nos
han legado una visión tan nítida sobre su acción en Tandil como lo
hicieran con la viruela o el cólera.

�42

Siglo XIX

En efecto, durante el período 1875-95 la TBC fue, en promedio,
la principal causa de muerte, provocando casi 27 decesos por año, es
decir un promedio de más del 9% del total anual. La desviación standar es apenas mayor a 7 casos lo que señala una marcada regularidad.
Estos datos coinciden con los que disponemos para la ciudad de Buenos Aires para el mismo período. En los años que van de 1869 a 1877,
la tuberculosis provocó el 9.6% de los decesos, en tanto que en 1880
fue responsable del 10% y del 8.6% en 1887. Según los datos del doctor Emilio Coni en Europa y Estados Unidos, la mortalidad por esta
causa era algo mayor, con valores que oscilaban entre el 12 y el 18%
del total.

"I

Pero pese a ser el mayor flagelo para el mundo occidental poco
pudo hacerse para combatirlo en el período estudiado. Hace ya más
de 100 años realizó Kocb su importante descubrimiento, pero no sería
hasta bastante más tarde que se estaría en condiciones de aprovecharlo
para la cura y prevención del mal. Por otro lado era difícil contrarrestar esta enfermedad en las inadecuadas condiciones alimenticias y sanitarias que predominaban en los sectores sociales más bajos. Si bien
la situación argentina no era la más desfavorable en el primer rubro
(y quizás de alli la incidencia algo menor a la observada en Europa)
las condiciones de vida de buena parte de la población pueden haber
contribuido a su exposición a la TBc43 •
Una característica del desarrollo de esta enfermedad en Tandil es
su marcada predilección por el sector femenino. En efecto, en tanto
que entre los hombres producía un 7 .65% de las muertes, en las mujeres llegaba al 13.04%. La misma tendencia puede apreciarse en algunos países europeos, pero en forma menos marcada. Coni, en cambio,
señala para Buenos Aires un mayor número de muertes masculinas coincidiendo con la información presentada por Viale, pero al no tener en
cuenta el índice de masculinidad general de la población, estos datos
pierden valor. En Tandil llama la atención el alto número de mujeres
jóvenes (15-25 años) fallecidas por esta causa. Aunque es poco probable que muchas de ellas tuvieran noticias de las desventuras de Margarita Gautier, parecería que no eran pocas las que corrían la misma suerte
que las heroínas románticas de su siglo.

Vías respiratorias
Las causas de muerte que hemos agrupado por su vinculación con este
sistema (excluyendo, claro está, la tisis) conforman el segundo grupo
en importancia relativa. Podemos distinguir en ellas dos tipos de enfermedades. El principal consiste en afecciones no contagiosas

Alvarez y Míguez: Mortalidad en la provincia de Bs. Aires

43

-laringitis, bronquitis, pulmonías-, y el restante, con una incidencia
relativa reducida, constituido por gripes y anginas.
En general la acción de ambos fue constante a lo largo del período
con algunos picos bastante pronunciados debidos a un alto númer_o de
bronquitis y neumonías. Se observa tambié_n una clara ~endencia_ al
aumento de los montos absolutos de mortalidad acompanando al mcremento de la población. En términos relativos su participación en
el conjunto de los decesos también crece, lo que indica que la tasa de
mortalidad por estas causas tiene mayor regularidad que la tasa de mortalidad general, en tanto que no se observa una mayor dif~renciación
de su incidencia por sexo o grupo de edad. Todo esto sugiere que se
trata de enfermedades de alta difusión, afectadas quizá por variaciones climáticas pero poco sensibles a los cambios de condiciones de vida ocurridos e~ aquella época o al desarrollo de la medicina-presulfarnídica.

Causas endógenas
Las tres categorías siguientes del cuadro 2 corresponden a esta caracterización, y muestran valores relativos no muy altos._ En general se destacan por una cierta regularidad y una suave tendencia al aumento tanto
de sus números como de sus valores relativos.
Excepción a ello es la mortalidad por afecciones cerebrales
-apoplegía, congestión, derrames- que muestran un ciclo de valores
altos en la década posterior a 1878, lo que contribuye a elevar su media para todo el período. Entre las cardiovasculares predomina el llamado "vicio orgánico del corazón", apareciendo también algunas afecciones circulatorias. Se incluyen además en esta causa las muertes denominadas "repentina" y que parecen corresponder a infartos de miocardio. Las distintas variedades de cáncer se hallan seguramente subregistradas por problemas de diagnóstico, pero aún teniendo esto presente parecería que su incidencia relativa fue muy baja en el período.
El incremento de sus montos totales hacia finales del mismo se vincula
en parte con el aumento de población sin que varíe la tasa de mortalidad por esta causa, pero también con la mayor precisión en los asien-.
tos del Registro Civil.
En general vemos que estas dolencias, atribuibles mayormente a
procesos de malformación o desgaste interno del organismo, y por lo
mismo más vinculadas a una edad adulta, suman sólo un 12% del total de la mortalidad en el período de información confiable, confirmando el peso abrumador de las infecciosas e infecto-contagiosas y las

�44

Siglo XIX

afecciones respiratorias en el régimen de mortalidad predominante en
la época.

Parto
Este rubro incluye a las muertes en el momento del alumbramiento,
o producidas como consecuencia de éste. Los casos más frecuentes son
las hemorragias e infecciones puerperales. El número anual de fallecimientos por esta causa es bajo, y también lo es su peso relativo en la
mortalidad general, aunque es significativo si consideramos sólo las
muertes femeninas (la media del período de información confiable es
de 5.60/o) y especialmente a las mujeres de edad fértil (casi el 15%);
porcentaje que se hace más elevado por tratarse de un grupo de baja
mortalidad.
Las edades de las mujeres fallecidas como consecuencia del parto
se distribuyen en forma proporcional a lo que debió ser la frecuencia
de edad en dicho momento. Los puntos extremos son 16 y 48 años,
y la media algo superior a los 28 años y medio, pero la mediana -26
años- y la moda -25 años- sugieren mayor juventud en el momento de dar a luz. Finalmente, si tenemos en cuenta la alta fertilidad reinante, apreciamos que la tasa de mortalidad de las parturientas no fue
alta.

Alcoholismo
Los relatos de la época sugieren que la embriaguez no fue un fenómeno inusual en el Tandil decimonónico. El doctor Lizarralde, refiriéndose en un informe sanitario a la frecuencia de las afecciones cardíacas, hepáticas y la estrechez esofágica en la región decía: " ... me inclino a creer que dependen del abuso del alcohol que es tan común en
la campaña44 •
Sin embargo las muertes provocadas por la dipsomanía no fueron
numerosas. Hemos incluido en esta categoría a los decesos atribuidos
directamente al alcoholismo y al delirium tremens, y el número total
de muertes en este rubro es marcadamente bajo. Su incidencia es mayor sobre los hombres que las mujeres, y obviamente entre los grupos
de edad más avanzados, pero todo indica que la fatalidad de la bebida
tuvo que ver más con su efecto inmediato de violencia en una población en condiciones de vida bastante precarias que con el lento deterioro del organismo provocado por el alcohol.

A]varez y Míguez: Mortalidad en la provincia de Bs. Aires

45

Accidentes y violencia
Este es uno de los rubros para el cual la información es más constante
y precisa, como se evidencia en el hecho de s~r el único para el cual
contamos con datos para todos los años del penodo. Su peso en el conjunto de la mortalidad es sin duda bastante s!~ficativ~, y lo es m~
aun si consideramos exclusivamente la poblacron masculina. La participación media de esta categoría en el conjunto de muertes de varones
para el período 1875-95 es de 10.40/o, y para el pe~odo total 10.5%,
con una desviación standar de 3.1 % y 5.3% respectivamente. La continuidad de la información se refleja en la similitud de valores_po~centuales entre el período 75-95 y el conjunto. Resulta bast~te_sigmficativa la mayor dispersión anterior a 1875, que ~uede atnburrse ª. dos
causas: en los años iniciales a defectos en el registro de 1~ mortalidad
general que sobrevalúa relativamente este rubro, y_en la ~ecada del ~O,
como veremos, a algunos brotes coyunturales de ~olenci~. Esto ~ugiere que como modalidad los accidentes y la violencia tendieron a merementar en algo su peso relativo.
Dentro de esta categoría hemos incluido tres tipos de asientos: las
muertes accidentales los homicidios, y un tercer grupo de casos descritos como "heridas;, o "golpes" y que pueden pertenecer a cualquiera
de los otros dos. Entre los primeros hemos contabilizado 182 decesos,
siendo los más habituales los ahogados, las quemaduras y los accidentes de caballo. También hay algunos golpeados por carros o carretas,
heridos por rayos y picados por serpientes. Hacia final~ d~l período
el ferrocarril y el trabajo en las canteras causan algunas VIctlfilas. Hay
163 casos asentados por "heridas" y "golpes" y suponemos que algunos deberían sumarse a la categoría analizada pero la mayoría fueron
probablemente homicidios. De hecho hemos podido comprobar a través de la información del periódico local que algunos de estos casos
corresponden a muertes violentas.
Al analizar estas últimas vemos que son preponderantemente masculinas salvo los suicidios, en que sobre un total de 19 casos hay nueve muj;res. En cuanto a grupos de edades predominan claramente los
adultos (mayores de 18), pero no se destaca ningún subgrupo específico entre ellos. Como hemos señalado los picos que presenta esta categoría en la década del 70 corresponden a hechos particulares de ~olencia: en 1872 hay 32 muertos en la llamada Masacre de Tata Dios, y
en el 74 y 76 ocurren sendas incursiones indígenas45 • La segunda produce 19 víctimas conocidas en tanto que en la primera se registraron
sólo nueve inuenes por los indios (además de un muerto durante la revolución mítrista), pero hay numerosos casos de decesos producidos
por "heridas" que pueden deberse al malón.

�46

Alvarez y Míguez: Mortalidad en la provincia de Bs. Aires

Siglo XIX

Aparte de estos hechos extraordinarios, el cuadro que surge de la
"sección policiales" de El Eco indica dos tipos de hechos de sangre:
uno menos numeroso con móviles de robo, que va desde el asesinato
de un pobre verdulero italiano en la zona de las canteras, o la confabulación de una hija con su marido para robar y matar a su padre en las
quintas que rodeaban a Tandil, ·hasta la muerte de un estanciero a manos de un peón de 19 años (quien había declarado que lo iba a matar
porque "ese viejo ha vivido demasiado y bien puede morir para que
yo tenga algo, si no por la razón por la fuerza")46 •

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Más frecuentes fueron los enfrentamientos a cuchillo (hacia fines
del período aparecen también las armas de ruego) por disputas ocasionales, muchas veces vinculadas a las pulperías y "casas de baile". Tienen alta participación en estos hechos los sectores bajos y desarraigados -jornaleros, peones, trabajadores de las canteras-, tanto nativos como ex_tranjeros.

Otras y no especificadas
Se trata de una categoría residual en la que hemos incluido los decesos
sin causa consignada o los atribuidos a "muerte natural", "enfermedad" y "enfermedad natural". También se contabilizaron en este rubro descripciones de síntomas demasiado vagos para conocer su origen, o enfermedades poco frecuentes no incorporables a las categorías
anteriores. Estas últimas son características del periodo final, en tanto
que las anteriores lo son de los primeros años: preponderantes hasta
1869 y conservando un peso significativo hasta 1875, lo cual, como señaláramos, dificulta la interpretación de los datos de la mayoría de los
rubros hasta ese año.
LA EDAD DE LA MUERTE
En esta sección hemos tratado de averiguar en qué momento solía interrumpirse la vida o, de otra manera, cuál era la edad de la muerte.
En una primera aproximación hemos dividido la población en cinco grandes grupos: infantil (hasta el año de vida), niños (de uno a once
años), adolescentes (doce a diecinueve años), adultos (20 a 69 años)
y ancianos (70 y más). A su vez el grupo de niños lo hemos subdividido
en dos: primera niñez (1 a 5 años) y segunda niñez (6 a 11 años); y
al de adultos en tres: adultos jóvenes (20 a 29 años); adultos mayores
(30 a 49 años), y adultos viejos (50 a 69 años).
Las connotaciones sociales primaron en esta clasificación por sobre la tendencia a agrupar en intervalos homogéneos. Para evitar las

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�Sigue cuadro 3

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MORTALIDAD POR GRUPO DE EDAD (1861-1895)

(1)

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Qulnque-

Adultos
Mayores (30-49)

Jóvenes (20-29)

nlos

1861-65
66-70
71-75
76-80
81-85
86-90
91-95

V

M

T

V

M

53
71
129
88
57
103
111

26
41
62
60
56
68
74

79
112
191
148

103
167
192
198
133
167
199

62
76
78
59
69
93
81

113

171
185

V

T

165 50
243 80
270 81
257 89
202 70
260 107
280 132

~

Ancianos
(70 y más)

Viejos (50-69)

M

T

V

M

T

13

42
29
36
34
62
45

63
122
110
125
104
169
177

8
20
36
30
31
67
61

6
15
17
15

14
35
53
45

0.3
0.5
0.3
0.4
0.4
0.4
0.3

0.5
0.6
0.4
0.5
0.5
0.5
0.5

24

55

32
57

99
118

Porcentajes divididos por nllmero de af\os del arupo

1.4
1.2

1861-65
66-70
71-75
76-80
81-85
86-90
91-95

1.1

1.0
1.2
1.4

1.5

1.2
1.0
1.0
1.2

1.3
1.1

1.4
1.4

1.4
1.2

1.3

1.1

1.1
1.3
1.1

0.9

0.9

0.8

1.1

1.1

1.1

1.3 0.7

1.3

1.2 0.7
1.0 0.5
1.1 0.6
1.0 0.6
0.7 0.5
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0.7
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Fuente: ver cuadro 2

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�50

Alvarez y Míguez: Mortalidad en la provincia de 8s. Aires

Siglo XIX

fluctuaciones erráticas de valores muy reducidos hemos agrupado los
datos en quinquenios. Hemos contabilizado el número total de óbitos
de cada grupo y la participación del mismo en el conjunto de la mortalidad. A este último porcentaje se lo dividió por el número de años que
abarca cada grupo, para hacer factible la comparación.

Sigue gráfico 3

O!o/aftos
grupo
29

Los datos muestran con claridad que la mayor frecuencia de muerte
se da entre los infantes y los niños más pequefios. Es evidente la alta
tasa de mortalidad infantil, que se prolonga en la primera infancia.
La participación de los restantes grupos, sin embargo, parece ser más
el resultado de la estructura de edad de la población que de diferenciales en la mortalidad específica.

28

27

Para salvar esta dificultad hemos calculado la tasa de mortalidad
específica para cada grupo de edad para los años en que esto fue posible. Para ello utilizamos la estructura de edades que proveen los censos de 1869, 1881 y 1895 cotejándola con la mortalidad de esos años.
Esta última fue estimada como la media de los cinco años pericensales
para evitar distorsiones que podían provenir de considerar un solo año.
En el caso del período 1867-71, descartamos este último año y el siguiente por tratarse de casos anómalos por su alta mortalidad, considerando el año 73 en su reemplazo (1867-70 más 1873 dividido 5).

26

25

24

El análisis de estos datos confirmó la alta mortalidad infantil y de
la primera niñez. A partir de ella se da una brusca caída, siendo la segunda niñez y la adolescencia los grupos con menor mortalidad. Desde allí se da un paulatino incremento de la mortalidad, que es lento
hasta los 40 años para hacerse mucho más marcado entre esa edad y
los 60, y volverse dramático a partir de entonces. Este patrón se mantiene casi inalterable durante todo el período (lo que no es sorprendente, ya que es un patrón habitual de mortalidad), aunque se observa una
clara disminución en las tasas.

23

22

3

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2

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1861-65 66-70

51

71-75

76-80

81-85

quinquenios

86-90

Si volvemos a los datos del gráfico 3 se observa que en líneas generales se mantiene una gran regularidad. Esta sólo se ve alterada en el
quinquenio 1886-90 por un fuerte incremento de la mortalidad de los
grupos B,C y D (1 a 19 afios) y, por lo mismo, una caída relativa de
la mortalidad infantil, lo que debe atribuirse a la epidemia de difteria
de 1886-87. En cuanto a la evolución de la mortalidad infantil, el incremento entre 1861 y 1870 debe atribuirse a un crecimiento relativo
de este grupo etario en el conjunto poblacional, en tanto que desde este momento hay una cierta tendencia a la disminución que refleja una
auténtica mejora de ésta.

91-95

A partir de la mortalidad específica por grupo de edad fue factible

�52

Alvarez y Míguez: Mortalidad en la provincia de Bs. Aires

Siglo XIX

calcular las expectativas de vida (eo). Estas no son enteramente confiables, en parte por la existencia de subenumeraciones tanto en los censos como en los registros obituarios, y en parte debido a que trabajamos con valores relativamente bajos, sujetos al azar de los pequeños
números. Sin embargo creemos que marcan adecuadamente la tendencia general de la mortalidad, confirmando lo que ya señaláramos respecto de la T.B.M.
En efecto, la eo en 1869 era de aproximadamente 25 años, elevándose bruscamente a casi 38 en 1881 , y más de 41 años en 1895. Como
puede apreciarse, era dramáticamente baja en el período en que Tandil se hallaba aislado como una sociedad propiamente de frontera, pero evoluciona muy rápidamente junto con el desarrollo socioeconómico de la zona.
Si se cotejan estos datos con la T.B.M. puede parecer exageradamente bajo el valor de 25 años para 1869, pero debe tenerse en cuenta
que la estructura de edad se hallaba muy abultada en grupos de mortalidad relativamente baja (20 a 40 años), lo que disminuye un poco la
mortalidad global en relación al conjunto poblacional. Por su importancia, la mortalidad infantil requiere un análisis más cuidadoso.
La mortalidad infantil

Al igual que en los regímenes demográficos antiguos, el primer año
de vida resultó una barrera difícil de franquear para los recién nacidos. Un editorial de El Eco comentaba: "Se ha dicho con razón que
la infancia es la primera edad de la vida, mas por la falta de higiene,
en nuestro pueblo suele ser con frecuencia también la última"47 •
La alta mortalidad infantil guardaba, por otro lado, correlación
con una también alta tasa de natalidad, dejando así fuera de peligro
el nivel de la reproducción vegetativa. Esto se refleja en los datos del
cuadro 4.
Como puede verse existe una considerable variación anual debida en
~uena medida a que _trabajamos con un universo relativamente pequeno, Y en parte t:11"b1~n ~ la posible existencia de subregistros. Pese a
ello, parece posible d1stmgwr claramente cinco ciclos en la evolución
de la mortalidad infantil, que por lo demás coinciden con los que pueden observarse para la mortalidad general.
El primero va hasta fines de la década del 60 evidenciando una
mortalidad relativamente baja (la media 1862-1869 está entre el 150 y

53

CUADR04

MORTALIDAD INFANTIL (1862-1895)
Año

Nac.

Def.

T.M.I.

Año

Nac.

1862
1863
1864
1865
1866
1867
1868
1869
1870
1871
1872
1873
1874
1875
1876
1877
1878

221
232
200
251
249
256
254
281
288
310
301
300
328
363
416
448
463

20

9.05
12.07
22.00
13.94
15.66
15.23
16.93
16.37
22.22
25.16
29.90
21 .33
17.68
27.00
17.79
19.20
15.12

1879
1880
1881
1882
1883
1884
1885
1886
1887
1888
1889
1890
1891
1892
1893
1894
1895

487
390
394
452
429

28
44
35
39
39
43
46
64
78
90
64
58
98
74
86
70

464

443
590
434
563
619
629
625
606
651
641
746

Def. T.M.I.
66
61
62
36
59
64
58
85
93
103
86
96
102
81
89
88
91

13.55
15.64
15.64
7.96
13.75
13.79
13.09
14.41
21.43
18.29
13.89
15.26
16.32
13.36
13.67
13.72
12.19

Fuente: ver cuadro 2.

160 0100 •) , aunque es probable que esto se deba en gran medida a un
subregistro bastante alto en estos primeros años. El segundo, el de mayor mortalidad de todo el período considerado, abarca desde 1870 hasta
1877, con una media de 225 0100 (probablemente para entonces el subregistro sea menor, aunque aún debía ser significativo). A finales de
este ciclo se observa una fuerte tendencia a la baja: se evidencia en una
media entre 1878 y 1886 de alrededor del 140 0/00, para subir posteriormente con las epidemias del ciclo 1887-1891, que arrojan una media del 170 0/00; y, finalmente, estabilizarse en 1892 en adelante en
valores próximos al 130 0/00 (a partir de 1890, en que el Registro Civil
comenzó a funcionar-adecuadamente, el subregistro tendió probablemente a ser mínimo)48 •
Puede observarse en general una suave tendencia a la baja. Pero
es evidente que es mucho menos marcada que la de la mortalidad en
general. Comparando la evolución en Tandil con otras regiones encontramos que no existe una gran discrepancia de los valores hallados con
los de otras áreas de la provincia. El alza que se produce hacia la década del 70 ya había sido observada para la ciudad de Buenos Aires49

�54

Siglo XIX

y para el total de la provincia50 • A fines de siglo Tandil mantenía un
nivel de 122 0/00 , similar a la región circundante (la región Sur muestra un 123 0100 ), y algo superior a las regiones Central y Norte de la
provincia de Buenos Aires (105 y 103 0100 respectivamente)51 • En la
Capital, a fines de la década del 80 se observan valores próximos al
170 0100 52 y en 1895 el valor había caído al l J2 o;oos3 • Estas tasas
eran superiores a las de París (103 0100) o Londres (115 0100 ) pero
inferiores a las de zonas más atrasadas de Europa54 •

.

En general se observa una mayor resistencia de la mortalidad infantil en las zonas rurales más nuevas que en las regiones más densamente pobladas o urbanas, lo que llevó al doctor Eduardo Berenguer
a una visión quizás un tanto exagerada del problema:

...

¡Qué distinta es, en efecto la suerte que le depara el porvenir al nacido en los grandes centros, donde al abrigo de la mansión confortable
y de todos los recursos asegura en parte su existencia, de la del pobre
de la campaña que en el rancho miserable donde vio por primera vez
la luz va a tener que correr todos los albures de una vida llena de
tribulaciones!
Otras veces la alimentación defectuosa por falta de elección en los
alimentos o por ingestión de éstos en malas condiciones, provoca tan
graves alteraciones que concurren rápidamente a la muerte cuando
no adquieren carácter de cronicidad. La leche, elemento indispensable en la alimentación del niño no es suministrada con los cuidados
exigidos en la lactancia artificial, unas veces por economía y las más
por negligencia o ignorancia de las madres, que desconocen las prácticas de esterilii.ación para impedir que sirvan de vehículo a tanto germen patógeno55 •

Es evidente que no son sólo las diferencias regionales sino fundamentalmente las sociales las que se hallan por detrás del diagnóstico del
higienista, pero quizás dé una pista sobre algunas de las causas de esta
persistente amenaza sobre la población local. Más adelante retomaremos este tema en la interpretación global de la evolución de la mortalidad en el período.
EL RITMO DE LA MUERTE
En la segunda mitad del siglo XIX era opinión generalizada entre los
médicos e higinistas que los factores climáticos condicionaban cuando no determinaban, el ritmo vital de la población. Son reiterad~ tanto
en los libros técnicos como en los periódicos, las referencias a' la influencia de las variaciones de temperatura, presión y humedad sobre

Alvarez y Míguez: Mortalidad en la provincia de Bs. Aires

55

la evolución de la mortalidad. La información que disponemos sobre
Tandil no permite establecer una dependencia demasiado estricta entre mortalidad y clima, pero el estudio de las regularidades anuales del
comportamiento necrológico nos ha revelado un ritmo estacional de
la muerte.
El clima, sin embargo, es sólo uno de los factores que condicionan
estas fluctuaciones. La desigual incidencia de las distintas causas, la
participación de los diferentes grupos de edad en el total obituario, las
condiciones alimenticias, el ritmo laboral y otro conjunto de factores
económicosociales actúan sobre la conformación del ciclo obituario
anual.
La compleja articulación de todos estos factores hace que resulte
muy difícil simplificar una tipología, aunque algún progreso se ha logrado en este sentido. Los estudios realizados sobre distintas regiones
de Europa señalan que en el norte parece haber predominado desde
muy temprano un aumento invernal de la mortalidad, en tanto que en
la cuenca mediterránea -especialmente España- predominó hasta el
siglo XIX una mortalidad estival -especialmente marcada en la mortalidad infantil-, acompañada en algunas regiones por un suave pico
invemal56 • Hacia fines del XIX, sin embargo, este ciclo ha sido reemplazado en España por uno exactamente inverso -predominio invernal,
con suave pico veraniego- para alcanzar hacia 1960 un absoluto predominio invernal.
La complejidad del fenómeno, sin embargo, se hace evidente cuando se compara el ciclo español con el italiano. Ya para 1871 en toda
Italia hay un neto predominio invernal, y sólo en algunas regiones del
centro-sur aparecían picos veraniegos, patrón que se remarca aún más
hacia fines del siglo. El contraste se hace aún más notorio si observamos que aún en las regiones más frías y desarrolladas de España el predominio estival es marcado en 1863 (aunque ya ha desaparecido de ellas
para 1900), en tanto que en las más cálidas y atrasadas de ·Italia, en
un año próximo (1871) ya se observa un predominio invernal. Es cierto que Italia en su conjunto presenta un patrón de mortalidad más "moderno" que España en la segunda mitad del XIX, pero la diferencia
no es tan marcada, y no es probable que las regiones más avanzadas
de España muestren atraso respecto del mediodía italiano.
El otro ejemplo retomado por Sanchez Albornoz -el estado de
Massachussets, en la relativamente fría y progresista Nueva Inglaterrar~fleja a mediados del XIX un marcado predominio estival, que se convierte en bipolar (picos veraniegos e invernales) hacia comienzos del
XX, y en netamente invernal a partir de la tercera década de este siglo.

�AJvarez y Míguez: Mortalidad ea la provincia de Bs. Aires

56

57

SigloXIX

En definitiva, el modelo tipo parece ser, para las zonas templadas
con verano cálido, un predominio de la mortalidad en los meses de verano
asociado a los períodos de mortalidad "arcaica", que evoluciona pasando por un patrón bipolar intermedio, hacia un neto predominio de
la época fría del año, vinculado a la modernización de las pautas obituarias. Esto, sin embargo, sujeto a variaciones regionales y a dinámicas de evolución desiguales, que reflejan una relación no lineal con el
progreso demográfico.

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Infantil
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No.
254 12.6
201
9.97
194 9.62
138 6.84
140 6.94
162 8.04
167 8.28
168 8.33
117 5.80
137 6.80
6.50
131
207 10.27

Niños
%
No.
129
115
130
121
124
102
98
116
109
107
111
112

9.39
8.37
9.46
8.81
9.02
7.42
7.13
8.44
7.93
7.79
8.08
8.15

Adultos
%
No.
366 11.16
267 8.14
276 8.41
247 7.53
273 8.23
253 7.71
229 6.98
292 8.90
280 8.54
280 8.54
254 7.74
8.02
263

total

No.
749
583

600
506
537
517
494
576
506
524
496
582

% %C.
11.23 10.86
8.74 9.28
8.99 8.70
7.59 7.59
8.05 7.79
7.75 7.75
7.17
7.41
8.63 8.35
7.58 7.59
7.86 7.61
7.44 7.44
8.72 8.44

Fuente: ver cuadro 2
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Dentro de este marco Tandil refleja un patrón estacional marcado. En
el cuadro 5 y en el gráfico 4 resumimos información sobre las variaciones porcentuales de la mortalidad mensual.

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11-

Para esto hemos considerado sólo el período posterior a 1866 dado lo endeble de la información anterior. Originalmente los datos fueron agrupados en forma quinquenal, para evitar que las oscilaciones
anuales erráticas desdibujaran el patrón estacional, y al hacerlo surgió
con características similares a las que se observan en el cuadro. No se
observaba, por otro lado, que éstas fueran variando a lo largo del período, pero en ciertos quinquenios se presentaba un comportamiento
anómalo, siendo especialmente notorio el péríodo 1886-90. Esto se de-

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�58

Siglo XIX

bía a la alta mortalidad por difteria y viruela, cuyo comportamiento
no se ajusta al patrón estacional de los ail.os "normales", lo que quedó en evidencia al reelaborar las cifras descartando los ail.os de peste.
En el cuadro, sin embargo, hemos incluido el período completo
ya _que la in~uencia de lo_s ail.os anómalos se pierde en el conjunto de
la mformacion. Esto sugiere, sin embargo, que en los ail.os "normale_s" los ritmos tendieron a ser algo más marcados que los indicados.
Fmalmente, en la última columna se presentan valores corregidos a meses de !reinta días para evitar las pequeñas dístorsiones que producen
las desigualdades de los meses calendario. El mismo procedimiento se
adoptó para el gráfico 4.

• 1

Alvarez y Míguez: Mortalidad en la provincia de Bs. Aires

59

a una estructura causal algo distinta a la del conjunto de la población
-mayor incidencia de infectocontagiosas no estacionales, como la difteria, viruela, escarlatina, sarampión, etcétera-. Los decesos de adultos, en cambio, se comportan de acuerdo al patrón general sobre el
cual tienen mayor peso relativo.
Este patrón de mortalidad continuó vigente en Tandil hasta la segunda década de este siglo, tendiendo a hacerse más pronunciado el
alza invernal, para ceder hacia la década de 1930 dando paso al predominío de la mortalidad invernal que se halla generalizado en la
actualidad59 •

L~ cifras. de! cuadro 5 muestran en forma clara que los picos de
mo~dad coi~ci~en con el período estival, y salvo un suave repunte
hacia fmes del mVIemo, se mantienen bastante constantes el re9'o del
ail.o. Este patrón coincide marcadamente -incluyendo el alza de
agosto- con el que presentan Coni y Viale para Buenos Aires en un
período similar. La única diferencia visible es un cierto adelanto en la
Capital del ciclo veraniego, vinculado a las diferencias térmicas entre
57
ambas regiones • El alza que se observa en los meses de verano debe
sin duda explicarse por la mayor facilidad de difusión y desarrollo de
algunas enfermedades infecciosas y la agudización de la diarrea infantil, en un clima caluroso. Esto sin duda tiende a coincidir con la estructura de causas de muerte que presentarnos más arriba.

Es notorio, entonces, el paralelismo con la evolución de Massachussets y Espail.a. Resulta en cambio destacable un cierto retraso en
~l avance hacia el predominio invernal, especialmente respecto del caso espail.ol. Esto es particularmente llamativo ya que, en lo que respecta a la T.B.M. o la esperanza de vida, ya a partir de 1880 la región
parecería hallarse en una posición de ventaja respecto a la mayor parte
de regiones espail.olas y probablemente parte de las italianas (sobre esto volveremos en la sección final del artículo). La comparación con
el ejemplo estadounidense, en cambio, sugiere la existencia de un ritmo de evolución occidental que guarda ciertas diferencias respecto del
europeo. Será necesaria, sin duda, mucha níás investigación para poder obtener algunas conclusiones más consistentes.

. Los contemporáneos, por otro lado, tenían clara conciencia del peligro que rep~esentaba la llegada del verano, como se refleja en varias
notas aparecidas en El Eco, similares a la siguiente:

CONCLUSION: INMIGRACION Y CAMBIO DE
LOS PATRONES DE MORTALIDAD

Aunque se goza actualmente de un buen estado sanitario (las enfermedades contagiosas que en la estación calurosa siempre visitan el
pueblo este año lo obviaron) no deben olvidarse algunas considerac~ones so~re la hi~ene, por ejemplo, frutas que se venden sin inspección preVIa, ~esc~do en la limpieza de establecimientos, inspección
de la leche, limpieza de las calles (algunas son todo un ejemplo de
desidia) casas o ranchos abandonados. Todo esto debe ser atendido
por las autoridades58 •

Hacia finales del período que analizamos, según ya señaláramos, más
del 40% de la población de la región estaba constituida por inmigrantes, casi en su totalidad europeos. Más aún, casi la mitad de los nacidos en el primer lustro de la década de 1890 eran hijos de inmigrantes,
Y más de un 10% de los restantes tenían padre extranjero y madre nativa. Para esa época había también un cierto número de hijos de nativos
que eran nietos de integrantes de los primeros contingentes de inmigrantes llegados a la región&lt;,() .

Al observar la estacionalidad de la muerte en los distintos grupos de
edad r~salta el infantil, debido sin duda a la agudización del ritmo necrológico provocado por la diarrea estival. En el grupo de uno a once
el patrón se hace menos evidente pese a que en los más chicos también
actúa este mal. Esto se relaciona a una mortalidad que corresponde

En resumen, para fines del período considerado el componente de
migrantes recientes y sus descendientes constituían bastante más de la
mitad (quizás cerca de dos tercios) de la población regional. A comienzos del período su presencia, si bien visible, era aún poco significativa.
Ante esto, es inevitable preguntarse qué influencia tuvo el flujo migratorio en las transformaciones de los patrones de mortalidad.

�60

Siglo XIX

Los mejores estudios sobre la mortalidad en la Argentina han coincidido en señalar que la expectativa de vida era considerablemente superior entre los extranjeros que entre los nativos. Para la ciudad de
Buenos Aires, MÜller marca aproximadamente cinco años de diferencia en la expectativa de vida a los cinco años de edad en 1887, extendiéndose a siete años para 1895 y reduciéndose en los años posteriores61 . Somoza señala una diferencia de casi seis para los varones y
ocho para las mujeres en 1913-15, para todo el país62 •

...

Lamentablemente, los datos que disponemos no nos permiten intentar un cálculo similar para la región estudiada63 • Una aproximación mucho más rudimentaria sin embargo, sugiere un diferencial en
el mismo sentido. En efecto, hemos comparado el porcentaje de participación de la población extranjera mayor de catorce años en el total
poblacional y en el total obituario, con los siguientes resultados64 •
En 1869 los extranjeros conformaban el 32.9% de la población masculina de quince y más años, en tanto que representaban sólo el 18.2%
de los decesos de ese mismo grupo de edad. En 1881, los valores respectivos eran del 48.6% y el 28.4% y en 1895 59.5% y 39.4%. Lo mismo puede observarse respecto de la población femenina. En tanto que
un 14.1 OJo de las mujeres mayores de 14 años eran extranjeras en 1869,
estas constituyen sólo un 4.54% de los decesos. Las cifras de fallecimientos femeninos extranjeros correspondientes a 1881 son demasiado exiguas para efectuar una comparación significativa, pero tienden
a confirmar, incluso de manera demasiado exagerada, la misma tendencia. Para 1895 los guarismos señalan un 38.4% de mujeres extranjeras adultas que constituían sólo el 12.2% de la mortalidad de ese
grupo.
En realidad todos estos porcentajes resultan poco confiables por
lo reducido de los valores implícitos (en especial los femeninos) pero
la consistencia de los resultados permite suponer que indican un fenómeno real65 • La cifra de los tres censos sugiere que entre los varones
la diferencia de mortalidad era favorable a los extranjeros en relación
1:1.75; y entre las mujeres mayor aún.
Obviamente, pese a la exclusión de los menores de quince años,
los resultados pueden reflejar tanto diferencias reales en la mortalidad,
como diferencias en la estructura de edades en la población nativa y
extranjera. Para 1869 no disponemos de la estructura de edades de la
población por origen. De la observación de la pirámide de 1881 surge
una concentración de extranjeros en las edades de menor riesgo, y una
presencia menor en las más avanzadas, lo que podría explicar parte

Alvarez y Míguez: Mortalidad en la provincia de Bs. Aires

61

de la diferencia. En 1895, en cambio, la participación extranjera se halla mejor distribuida en todos los grupos de edad, siendo su presencia
muy importante en los de mortalidad creciente (70% de varones entre
51 y 60 años, 53% entre 61 y 70; 50% y 40% respectivamente entre
las mujeres), lo cual no sólo otorga mayor confiabilidad a los datos,
sino que tiende a confirmar la sobrevida de los inmigrantes.
Sabemos además que la mortalidad infantil era marcadamente menor entre los hijos de extranjeros que entre los descendientes de
nativos66 ¿Son estos fenómenos producto de una inserción socio67
ocupacional distinta entre nativos y extranjeros, de diferentes pautas
culturales, o es más bien el resultado de trayectorias vitales diferentes
o de la "selección natural" provocada por el proceso inmigratorio?
Difícil es saberlo. Lo que parece en cambio evidente es que el aumento
de la población extranjera debió jugar un papel importante en la reducción general de la mortalidad.
Esto nos remite a las preguntas anteriores: ¿se debió al hecho mismo de ser extranjeros, o al papel que jugaron en el proceso de conformación de la sociedad local? En cierta medida esto equivale a preguntarse si esta influencia se debió a un traslado de pautas demográficas
desde su país de origen, o a la conformación de pautas nuevas según
su inserción en la sociedad receptora.
Una primera aproximación al tema nos lleva a comparar la mortalidad local con la de los principales países de emigración. Somoza Y
MÜller han efectuado algunas comparaciones a escala nacional con Italia, llegando a la conclusión de que recién en la primera dé~da de este
siglo las esperanzas de vida (eo) en la Argentina alcanzan, e mcluso superan, las de la península mediterránea68 • Esta comparación es sin embargo problemática dadas las desigualdades regionales en uno Y otro
ámbito. Al respecto es necesario hacer notar que si bien éstas eran marcadas en Italia, lo eran mucho más aún en la Argentina, y que la inserción de inmigrantes se produjo en su enorme mayoría en áreas más avanzadas del país. Por otro lado, durante el período que nos interesa hubo muy claro predominio en la emigración a la Argentina de las áreas
de menor mortalidad en Italia.

M.C. Caccopardo y J.L. Moreno también compararon la esperanza
de vida en Italia y Argentina, utilizando para ésta última los mismos
datos de Somoza y Müller, pero en este caso con mayor preocupación
por la cuestión regional italiana. Tomando la esperanza de vida a los
quince años (e 15, por ser la edad en que comienzan a insertarse los
inmigrantes en la sociedad local), llegan a la conclusión de que las condiciones fueron consistentemente más favorables en Italia hasta la dé-

�62

SigloXIX

cada de 1930, o en todo caso que en el mejor período argentino no
existieron mayores diferencias. Cotejando en cambio la T.B.M. se observa una situación inversa: esto se debe en parte a una estructura de
edad mucho más favorable en el Río de la Plata, pero también a una
mortalidad infantil inferior69 •
Como se observa, la situación es muy compleja. Los resultados varían muy significativamente según sea el indicado utilizado (ei; e 15;
T.B.M.; M.I., etcétera.) o en el área comparada. Para peor no siempre disponemos de la información necesaria, especialmente para el caso argentino donde los estudios de demografía histórica se hallan aún
poco avanzados7º.
No es este el lugar para intentar una revisión cuidadosa del problema. Nos limitaremos, por lo tanto, a efectuar algunas consideraciones generales sobre la relación entre los indicadores observados por
nosotros en el área estudiada y los de ciertas zonas de emigración, al
solo efecto de plantear algunas hipótesis interpretativas generales sobre la evolución de Tandil71 •

1

i

i
-1

Los datos de 1869 son taxativos. La sitúación del Tandil fronterizo no era superior (y quizás incluso era inferior) que las de las regiones
más atrasadas de España, sin duda el país de mayor mortalidad de los
que aportaron contingentes importantes de inmigrantes. Los indicadores
se corresponden más bien a regiones atrasadas de Europa en el siglo
?(VJII. Sólo la mo_rt~idad infantil parece ser menor a la espafiola e
1t~~na, lo que quizas se deba a ciertas condiciones sociales; pero es
dificil estar seguro dado el subregistro existente en la campafia de Tandil.
E~ _los años posteri~res las tr~sfo~acione_s en esta región fueron
dramat1cas. Italia part1a de una s1tuac1on considerablemente mejor a
mediados ~el ,siglo ,x1x,. y ~m!'ié~ estaba atravesando un proceso de
n?table meJona. Aun as1 vanos mdicadores sugieren que para 1881 Tandil había alcanzado una situación similar o superior incluso a las mejores regiones de la península.
En otra península europea, Espafia, el período 1850-85, surcado
po~ ham!'runas (1~57 y 68) y epidemias de cólera (1855, 65 y 85), no
trajo mejoras sensibles, por lo que a fines del mismo su situación era
claramente des~avorable respecto de Tandil (y, hasta donde sabemos,
d_e toda Argentma). Y pese a que entre la década del 80 y fin de siglo
s1 hu~o una mejoría notable, la situación de Espafia, salvo quizás en
el Pa1s Vasco (sobre el que, por otro lado, no disponemos de datos
precisos), seguía siendo notoriamente inferior a la Argentina.

Alvarez y Míguez: Mortalidad en la provincia de 8s. Aires

63

Italia, en cambio, continuó con su rápido proceso de ascenso, en
tanto que Tandil, afectado por el ciclo epidémico 1886-91, no avanzó
en la misma proporción que en el período anterior. Hacia fines de siglo las expectativas de vida al nacer en Tandil parecen ser similares al
promedio italiano y, por ende algo inferiores a las regiones más avanzadas (Veneto, Liguria), similares·a las intermedias (Piamonte, Italia
Central) y superiores a las de Italia Meridional. La mortalidad infantil, en cambio, parece seguir siendo inferior en el sur bonaerense.
Finalmente, Francia se halla en una situación extremadamente superior a mediados de siglo: salvo excepciones, las diferencias regionales parecen menores y si bien continuará mejorando hasta fin de siglo,
para entonces las diferencias se hacen mucho menos marcadas. Más
aún, en lo que a mortalidad infantil se refiere, la situación de Tandil
parece muy similar a la media francesa hacia fines de siglo (precisamente el período de información más confiable).

En sintesis: Tandil parte de una situación en general inferior a las regiones de emigración, pero ya para 1881 esta situación se ha revertido,
y a partir de entonces se produce un avance paralelo (aunque a distinto
ritmo) que tenderá a borrar las diferencias.
Persisten, sin embargo, fuertes peculiaridades, tales como una mortalidad infantil relativamente menor en Argentina, y una mayor mortalidad adulta. Cabría preguntarse si entre los inmigrantes la mortalidad de Tandil fue similar en las distintas nacionalidades, pero lamentablemente poco podemos señalar al respecto. La comparación de los
porcentajes de participación en la población inmigrante y en la mortalidad señalan una menor participación en la última parte de los italianos, los españoles con una intermedia, y sorprendentemente, los franceses y europeos del norte exhiben la más alta. Pero esto parece reflejar más los ritmos de llegada de la inmigración y su estructura de edad
que diferencias reales en las pautas necrológicas. Si algo puede deducirse de estos datos (lo que es dudoso), es que no parece existir una
correspondencia marcada entre la mortalidad en el país de origen y las
diferencias en el país de inserción.
Así las cosas, es difícil saber hasta qué punto existió una traslación de patrones de mortalidad por los inmigrantes, y hasta qué punto
éstos se amoldaron a una sociedad que estaba cambiando los suyos,
en parte como consecuencia de su propia llegada. Las diferencias en
el ritmo del cambio -el que, por otro lado, tampoco corresponde en
Tandil totalmente con el de la llegada de los inmigrantes-, en la es-

�64

Siglo XIX

Alvarez y Míguez: Mortalidad ea la provincia de Bs. Aires

tructura por edad y por causas y en el ritmo estacional, sugieren que
la evolución de los patrones de mortalidad en la sociedad receptora tuvo más que ver con su propia dinámica que con el simple traslado de
patrones europeos. Y que, por lo mismo la influencia en este proceso
de los inmigrantes se produjo por mecanismos más complejos.
La llegada de estos contingentes humanos influyó sobre el cambio
de patrones culturales y contribuyó al crecimiento económico. Por otro
lado, se adaptaron a una sociedad de relativa abundancia, o al menos
de menor escasez; a un mercado laboral con brutales exigencias que
tentaba con la perspectiva de ahorro y ascenso social, pero que cobraba a cambio -y sin seguridad de recompensas- un enorme desgaste;
quizás a un mejor cuidado de los hijos, facilitado por madres que en
general no tenían que hacer frente a las duras tareas campesinas, (los
niños no estaban sometidos al hacinamiento de la Europa en industrialización, y eran promesa de un futuro que parecía más abierto).
Todos estos factores articulaban una nueva realidad que, aunque
compartía con otras regiones la tendencia general de su evolución, remarcaba sus propias características. La rt-ducción de la mortalidad, tan
notable en la zona durante el período estudiado, en la que confluyen
un sinnúmero de factores sociales, económicos y poblacionales, forma
parte del proceso mismo de surgimiento de una nueva sociedad en un
territorio, también, nuevo.

65

4. En los trabajos mencionados en la nota anterior se describe en mayor detalle este
proceso, remarcando la utilidad del concepto de "frontera"~~ que.~acem~s referencia en el título), para comprender el proceso: frontera f1s1co-militar pnmero,
frontera económica (ocupación de nuevas tierras) luego, finalmente frontera de productividad (modernización tecnológica).
5. En los enormes espacios abiertos, sin cercos y poco poblados de la frontera s~r,
a la que perteneció Tandil por lo menos hasta la década de 1860, ~l ganado a~n
valía poco y casi exclusivamente por su cuero. En general no se c~ns1d~raba delito
el carnear ajeno, si era para comer y se entregaba el cuero~ pr~p1etano._ Ver relatos al respecto en W. Me Cano, Viaje a caballo por las provmc1as argeau~~s, Buenos Aires, Solar-Hachette, 1969 (primera edición i~glesa de 1853); tamb1en J.~.
Suarez García (comerciante gallego llegado a Tandil e~ ~860'. e~ cuyas n:iem~nas
se inspira la frase del texto), Apuntes autobiográficos, ~crón lirni~da de cien eJemplares, 1943; y J. Fugl, Abriendo surcos, Buenos Aires, Altanura, 1972.

6. Sobre el carácter heterodoxo de la transición demográ_~ca argentina: ;er E. Pantelides, op. cit.; también E. Míguez, "Migraciones, familia y repoblac1on del sudeste
bonaerense a fines del siglo XIX", ponencia presentada en el LIV Congreso Internacional de Americanistas, Amsterdam, 1988.
7. Véase el artículo de H. Perez Brignoli, incluido en este mismo volumen.
8. En esta versión del trabajo hemos eliminado por razones de espacio casi t'?&lt;1a referencia a la mortalidad diferencial por sexo, tanto en cuanto a la mortalidad por
edad, esperanza de vida, como a las demás áreas estu~adas; ~í como los difere~ciales por estado civil. Estos temas pueden verse en De la vida Y la muerte. .. •
9. M. Müller, La mortalidad ea la Argentina, Buenos Aires, CENEP, 1978 p. 5.

10.

z. Recchini, La población de Buenos Aires, Buenos Aires,

ITDT, 1971, p. 71.

11. [bid., y Müller, La mortalidad en la Argentina.
NOTAS
l. J.L. Somoza, La monalidad en la Argentina entre 1869 y 1960, Buenos Aires, ITDT,
1971; M.S. Müller, La monalidad en Buenos Aires entre 1855 y 1960, Buenos Aires,
ITDT, 1974; Edit A. Pantelides, "La transición demográfica argentina: un modelo no ortodoxo", en Desarrollo Económico, 88, enero-marzo 1983. Una revisión
más amplia de la bibliografía sobre el tema en M.S. Müller, "Bibliografía para
el estudio de la p0blación argentina", en [bid., 48, 1973. Un encuadre clásico del
caso argentino en el marco latinoamericano, en l". Sanchez Albornoz, La población de América Latina, Madrid, Alianza, 1977.

2. Somoza, op. cit., p p. 19 y 28; Müller, "La mortalidad.... ", p p. 11, 17 y 19.
3. Más detalles sobre las fuentes y su utilización en "De la vida y la muerte... "; ver
también "Población e historia social. Notas teórico metodológicas para el estudio
de una sociedad de frontera: Tandil (Buenos Aires), 1854-1895", ponencia presentada en el Encuentro Internacional Sobre Cuantificación en la Investigación Histórica, Florianápolis, Universidad Federal de Santa Catalina, Brasil, 1984.

12. E. Kern, La mortalidad en la ciudad de Buenos Aires, Buenos Aires, Facultad de
Ciencias Económicas, 1948, p. 71.
13. El Eco del Tandil (en adelante Eco). Hemos revisado la colección_a_ panir d_e su
aparición en 1882, encontrando frecuentes denuncias sobre la condición Ycalidad
de los alimentos, que el periódico vincula, sobre todo en verano, a problemas de
salud. El diario también refleja la preocupación municipal sobre el tema, que se
tradujo en una serie de medidas sanitarias.

14. Esto es así porque con " ... un aumento del 50070 de los deceso~ _d e un afio dete~inado no puede ser equilibrado por la capacidad de recuperac1on de la generación
nacida en el año de la crisis; en tanto que una multiplicación por cuatro de las m~ertes
no puede ser compensada por la capacidad de recupera~!ón
las l ~ generaciones
que, al momento de la crisis, tenían menos de 15 años. , L1v1 Bacc1 Y Del Panta,
op. cit., p. 405 (trad. de E.M.)

?~

15. El pico de viruela de 1871 estuvo totalmente contenido en ~e afio: con su epicentro
en agosto, aunque se repitió al año siguiente con menor mtens1dad.

�66

16. G. C. Holland, The vital Statistics of Sheffield (1893), capítulo 8; citado por E.P.
Thompson, TheMakingoftheEnglish WorkingC/ass, Middlesex, Penguin, 1963,
p. 360 (traducción nuestra).
17. Ambos citados por Jacinto Velázquez en La Argentina Médica, Buenos Aires, 1902,
p. 19.
18. Cándido González, Etiología y Profilaxis del Tétano Infantil, Buenos Aires, Facultad de Medicina, UBA, 1888.
19. Citado por Ernesto Vivanco en Un héroe cívil: Carlos J. Furst. La vida de un médico danés al través de veinticinco años de historia argentina, Buenos Aires, 1959,
p. 140.
20. E. Caselli, La enfermedad de los lactantes en la provincia de Buenos Aires, La Pla-

ta, 1902, p. 58.
21. Eco, 18-XU-83.
22. Laureano Araya: Estudios de los casos de mortalidad en la primera infancia, Buenos Aires, Facultad de Medicina, UBA, 1882, p. 35.

38. Femando AJvarez, en La viruela y la vacuna, Buenos Aires, 1915.
39. AJvarez, op. cit.; Emilio R. Coni, Apuntes sobre estadistica mortuoria, s/edit., s/f.;
Cuñado, op. cit.; L. Rufino, Observaciones estadísticas sobre la viruela, Buenos
Aires, 188 l.
40. Eco, 14-IX-84, 13 y 19-XII-86, 24-VIl-87, etcétera.

41. Eco, 25-IX-87 y 19-IV-91.
42. Jbid., 24-V-91 y 14-Vlll-88.
43. Coni, op. cit.; Adrián Viale: Estudios sobre la morlalidad ocurrida en Buenos Aires
durante e/ año 1880, tesis de la Facultad de Medicina, UBA, 1882, p. 58; Kem,
op. cit. (e.l documento data de la década de 1880).
44. D. Lizarralde, "Tandil, condiciones higiénicas. Patología.", en Carlos A . Grau,
La sanidad en las ciudades y pueblos de la provincia de Buenos Aires, Eva Perón,
Archivo Histórico de la Provincia de Buenos Aires, 1954, p. 258.

23. Enrique Day: De la mortalidad de los recién nacidos, Buenos Aires, Facultad de
Medicina, UBA, 1895, p. 92.
24. O. Fontana, Tandil en la historia, Tandil, Talleres Gráficos Di Tulio, Í943, s/n.

46. Eco, 26-VIII-83.

25. Eco, 29-11-83, 14-IX-84 y 6-V-87.

47. Eco, 26-11-86.

26. /bid., 6-VII-90.

31. Esto ~os _h~ permitido corroborar la información de los registros parroquiales y
la penodísuca, constatando su total coincidencia.

48. No presentamos los valores medios precisos porque tal exactitud sería ilusoria dado que los datos no son plenamente confiables. Debe tenerse en cuenta que hasta
la instalación del Registro Civil, los nacimientos son tomados de los registros de
bautismos. Con frecuencia éstos se apartan varios meses, e incluso años del nacimiento. Existieron sin duda muchos casos particularmente en la campaña, de niños que no llegaron a ser bautizados, y por lo tanto no figuran ni su nacimiento
ni su defunción. Si, sólo como ejemplo, suponemos veinte casos anuales de este
tipo en la década del 60, tendríamos una mortalidad infantil del 220 0/00, lo que
parece más probable. Al avanzar el período, el fenómeno debió disminuir, ya que
los bautizos tardíos se hicieron menos frecuentes, y con la mayor densidad de población rural se intensificó el control social de la Iglesia y el Estado, lo que hace
menos probable la abundancia de estas muertes "clandestinas".

32. Eco, 30-IIl-87.

49. Recchíni, op. cit., p. 73; Müller, La mortalidad en Buenos Aires...

33. Eco, 12-VIII-86.

50. Berenguer, op. cit., p. 72.

34. Vacuna y vacunación obligatoria, Buenos Aires, p. 60.

51. Berenguer, op. cit., p p. 61-63.

35. Eco, 24-VIl-84, 18-XI y 13-XIl-85.

52. M. Aberastury: La mortalidad de la primera infancia en Buenos Aires durante el
año 1889, Buenos Aires, Facultad de Medicina, UBA, 1890, p p. 16 y 40.

•
!

28. Ver Fontana, op. cit.

l

29. Eco, septiembre y noviembre de 1884.

~

-i

67

45. Sobre "Tata Dios" ver H. Nario, Tata Dios, Mesías de la última montonera, Buenos Aires, Plus Ultra, 1976. También E. Miguez "Política, participación, poder.
Los inmigrantes en las tierras nuevas de la provincia de Buenos Aires en la segunda
mitad del siglo XIX.", Estudios Migratorios Latinoamericanos, 6-7, 1987.

27. /bid., 4-VII-86.

.

A/varez y Míguez: Mortalidad en /a provincia de Bs. Aires

Siglo XIX

30. Eco, 12-VIII y 20-XII-85; 29 y 31-XIl-86.

36. Eco, 17-IV-87.
37. Ver, por ejemplo, Eco, 27-IV-90.

53. A. Lopez Córdoba, La lucha contra la mortalidad infantil, Buenos Aires, Facultad de Medicina, UBA, 1908, p. 47.

�68

SigloXJX

54. Berenguer, op. cit., p. 47; Perez Moreda, op. cit., p. 148.

55. Berenguer, op. cit., p. 43.
56. Sobre estos puntos ver N. Sanchez Albornoz, "La modernización demográfica. La
transformación del ciclo vital anual, 1863-1960", en su Jalones de la modernización de España, Barcelona, Aliel, 1975; también PerezMoreda, op. cit., p ;&gt;. 203-217.
57. Coni, op. cit., p. 29; Viale, op. cit., passim. Tandil posee un clima templado con
un verano menos caluroso que Buenos Aires (la media estival ronda en los 20 grados), y un invierno más frío (entre mayo y septiembre la media ronda los 8 grados).
58. Eco, l-III-91.
59. Debemos agradacer a G. Velázquez, que estudia con el apoyo de una beca del CONICET el componamiento demográfico de esta región posterior a 1914, los datos
referentes a ese período.
60. Sobre estos fenómenos ver E. Míguez, "Migraciones, familia ... ".
61. La mortalidad en Buenos Aires... , p. 32. Se toma la población a partir de cinco
años por los reducidos números de migrantes menores de esa edad.
62. Op. cit., p. 32. Hay que tomar, sin embargo, estas cifras con sumo cuidado ya que
al tomar al conjunto nacional reflejan no sólo las desigualdades según origen sino
también las regionales, ya que la mayor parte de los extranjeros vivían en zonas
de menor mortalidad.
63. Esto porque los valores absolutos de mortalidad por grupo de edad, desagregando
nativos de extranjeros, son demasiado bajos para producir resultados mínimamente confiables.
64. Excluimos a los menores de quince años ya que dada la alta mortalidad infantil
y la casi nula participación extranjera en este grupo de edad, su inclusión hubiera
distorsionado mucho los resultados.
65. Los valores de mortalidad utilizados para los años censales surgen del promedio
de cinco años, _el del censo más los dos anteriores y posteriores, para dar mayor
consistencia a la comparación.
66. Miguez, "Migraciones, familia ... ".
67. Sobre la desigual inserción ocupacional, ver N. Alvarez, E. Míguez y equipo Población y Sociedad, "La estructura socio-ocupacional de Tandil, 1869-1895 ", ponencia presentada a las VI Jornadas de Historia Económica, Vaquerías, Córdoba,
1984. También Míguez, "Política, participación, poder. Los inmigrantes en las tierras
nuevas de la Provincia de Buenos Aires en ta segunda mitad del siglo XIX", Estudios Migratorios Latinoamericanos, 6-7, 1987.
68. Somoza, op. cit., p p. 149-153, Müller, La monalidad en Buenos Aires, p p. 10-18.
69. Caccopardo y Moreno, "Características regionales, demográficas y ocupacionales
de la inmigración italiana a la Argentina (1880-1930)", en F. Devoto y G. Rosoli,
La inmigración italiana en la Argentina, Buenos Aires, Biblos, 1985, p-p. 77-80;

Alvarez y Míguez: Mortalidad en la provincia de Bs. Aires

69

sobre la mortalidad infantil italiana ver G. Caselli, "Mo~t~ e s~pravvi~e~ in
Italia dall'unita agli anni 30", en Asociación de Demograf1a H1stónca-S~1eta_ It~liana di Demografía Stórica, I Congrés Hispano Luso Italiá de Demograf1a H1storica, Barcelona, 22-25 de abril de 1987.
70. Para señalar sólo un ejemplo, Moreno y Caccopardo debieron conformar~e ~on
cifras de eo 15 sólo para la Capital y para el promedio nacional, por ser las urucas
disponibles para el período anterior a 1913-15. Hay_ buenas. razo~.es par~. supon~r
que en las provincias litorales (incluyendo Buenos Aires) la s1tuac1on deb10 ser mas
favorable que en los ámbitos señalados.
71. Los datos sobre la evolución italiana y española fueron mayormente tomados de
las ponencias presentadas en el mencionado congreso de Barcelon~ de 1987, espe:
cialmente la ya citada de Caselli y la de Lucía Pozzi, "Fattori ambientan, progres1
medid et evolucione delle cause di morte nelle regioni italiane fra la fine del XIX
e i primi decenni dal XX secolo". También Perez Moreda, op. cit.; M. Livi Bacci,
"Fertility and Nuptiality Changes in Spain from the Late 18th to the _Early 20th
Century", en Population Studies, XXII, 1968, 1 y 2; y Del Panta, op. cit.; N. Sanchez Albornoz, España hace un siglo, una economía dual, Barcelona, 1968, caps.
2 y 3; además de los datos citados por Somoza, Müller y Caccopardo Y ~oreno.
Para Francia nos limitamos a los conocidos datos retomados por E.A. Wngley en
Historia y Población, Barcelona, Crítica, 1985 (original e-n inglés, 1969).

�Café, Ferrocarriles y Población.
El Proceso de Urbanización
en Río Claro, Brasil

Daniel J. Hogan *
María Coleta F.A. de Oliveira *
John Marion Sydenstricker Neto *

l. INTRODUCCION

t

i

1
.f

La evolución de la red urbana del interior paulista, que se remonta a
los primeros días de la colonización del país, recibió su impulso definitivo en el siglo XIX. La configuración de esta red de ciudades preexiste a la economía cafetalera: se remonta al ciclo azucarero. Aunque
el desarrollo del cultivo del café condujo a la consolidación y expansión de la urbanización paulista, permanecen como objeto de polémica, entre los especialistas, los mecanismos responsables de dicho proceso. Cuna de la industrialización brasilera, esta región y su experiencia de urbanización nos brindan la oportunidad de reexaminar tanto
la teoría de la urbanización, como las transformaciones sociales, económicas y demográficas que marcaron al país a fines del siglo pasado
y a principios del XX.
Por un lado, las características de esta red urbana no confirman
algunos lugares comunes sobre la urbanización en el Tercer Mundo.
El crecimiento de la capital paulista, por ejemplo, nunca impidió la
expansión urbana del interior y, en el momento del primer censo na-

• Nucleos de Estudos de Popula~o (NEPO), Universidad Estadual de Campinas (Sao
Paulo, Brasil). El presente trabajo es resultado de un amplio proyecto de investigación llevado adelante por NEPO, referido a la transición demográfica en Sao Paulo
Y financiado por la fundación SEADE, FINEP y CNPQ. El período cafetalero
(1850-1930) representa el primero de los estudiados en el proyecto mayor. Sobre éste
y otros períodos ver Oliveira (1985) y Sydenstricker et al (1985). Traducción: María
Teresa Fantini.

�72

Siglo XIX

cional, San Pablo y Campinas casi se igualaban demográficamente.
C¿iando la capital adquiere "primacía urbana", una amplia y diferenciada red urbana ya se encontraba instalada en el estado. El gigantismo.de Sao !'abl?, hasta en escala internacional, no impidió la urbanización del mtenor a lo largo del último siglo.
. Por otra parte el hecho de que la urbanización emergiera fortalecida por la economía cafetalera no significó que el perfil de las ciudades estuviera marcado sólo por los servicios financieros y comerciales
generad?s por el café. Por el contrario, indicadores de las actividades
~nómicas pr~ntes en los principales centros urbanos del interior pauli~ta~ en _el penodo cafetalero, sugieren que la urbanización y )a industrialización marcharon juntas, y que la experiencia paulista contradice
la difundida ~eneralizac~ó!l de urbanización sin industrialización, típica de los pa1ses de Amenca Latina.
. Esta urbanización estuvo revestida de importancia e interés especiales. Ya fuese desde la perspectiva de la teoría de la urbanización
como de la comprensión del papel de la ciudad en las transformado:
nes. económi~ .Y demo~áfi~as de Sao Pablo en el siglo XIX, es necesano reconstitwr esta histona. El análisis de la urbanización sin embar_go_, es característicamente condu~ido a un nivel de agregación que
casi sie~p~e revela un proceso contmuo, de mayor o menor intensidad, comcidente o no con la evolución de otros procesos sociales y econ.~micos, pero siempre repstraodo aumentos en la tasa de urbaniza~ion. E~ "natur~ción" del proceso nos permite ver y evaluar )a
mfluenc1a de las diversas fuerzas que contribuyen al crecimiento urbano. En el ~so del interior paulista, por ejemplo, el impacto del café
Y de la asociada expansión ferroviaria tiende a ser evaluado mecánicam~nte. Ello fue r~ultado, por lo menos en parte, de una historiografia que en el penodo tomaba lo urbano como residual. Por todas
~tas ~azo_nes, el estudio de caso se presenta como una estrategia de
mvestigació~ capaz de poner al descubierto las raíces del crecimiento
urbano pauhsta.
~s datos e interpretaciones contenidos en este trabajo son fruto
precisamente, de esa estrategia de investigación. Buscando reconstruk
I~s proc~o~ demográficamente significativos entre 1850 y Ja grao crisis ~ononuca _del 29, el _municipio de Río Claro fue seleccionado en
f~~ión de su 1mportaoc1a como productor de café (tercero -en Ja provmcia de San Pablo en 1886) y como centro ferroviario. Además de
estos factor~, se es~~aba que la multiplicidad de estudios existentes
s?b~e la r~1on penrutlera una profundización de los mecanismos más
s1gruficat1vos. A estos estudios se agregaron una serie de fuentes nue-

Hogan _ C. de Oliveira - Sydenstricker: Urbanización en Rio Claro

73

vas, especialmente anuarios y crónicas de la época con riquísimas informaciones sobre la vida urbana.
La estrategia adoptada se mostró adecuada: si bien no para tod~
las cuestiones de interés, sí al menos lo fue en lo que res~ta ~ crecimiento urbano en el período cafetalero. A partir ~e la histona de la
evolución del núcleo urbano de Río Claro, los mecamsmos por lo~ cuales
se relacionan café, rieles y ciudad son revalorizados. Se cuestiona la
línea explicativa que atribuye a la vía férrea e_l papel ~e _motor de l3i
ubanización, al mismo tiempo que son redefimdos el tJmm~ d~l crecimiento urbano y el papel del mercado interno en ese crecmuento.
II. LOS ORIGENES DEL ASENTAMIENTQ EN LA REGION:
RIO CLARO COMO "BOCA DE SERTAO" (1739-1835)
Río Claro, con origen semejante a una gama de embrio~es urb~~~s
en la región, se desarrolló en el borde interno de la depresión penfenca paulista a partir de caminos transversales que comenzaban en Carnpinas Itú ; Sorocaba. Esos pequeños lugares eran pobl~ciones a la vera dei camino, levantados en las últimas décadas del siglo XVII Y la
primera del xvm. Estas rutas iban en dirección a las nuevas áreas de
poblamiento: la meseta del Oeste y las tierras del Mato Grosso.
El descubrimiento de OIO en el Mato Grosso, en 1718, aceleró la
ocupación del área donde nacería Río Claro. El camino inicial par~
el Mato Grosso iba por el Río Tiete hasta la cuenca del Paraná. Evttaodo los riesgos de contaminación por las fiebres de los pant~nos, las
caravanas marchaban por tierra, desde Piracicaba, por un cammo muy
difícil debido a sus pronunciadas irregularidades. Entre 1719 Y 1727
se abrió una ruta en un área más suave y baja, abandonada luego Y
reabierta sólo entre 1765 y 1775. Ribeirao Claro era lugar de posta para el descanso de Jas mulas, antes de comenzar la subida. Con el tiempo, algunos arrieros se convirtieron en ~.ueños negoci~tes. Tras s~plantar las tropillas, iniciaron un comercio rrregular de art!culo~ de pnmera necesidad que sirvió por muchos años a una población dispersa.
Esta región en esa época era boca de sertao: más adel~te, en la ~eseta, comenzaba lo que se consideraba realmente el desierto, o sertao de
Araraquara.
'
La ocupación incipiente de la región de Sao Joao da Beira do Ribeirao Claro situada en los desiertos de Morro Azul, tuvo probablemente su m~co de iniciación en 1729-1732, cuando las Sesmarías YPatentes registraron la donación de una sesmaría en esta área a Francisco

�74

Siglo XIX

Pereira de Carvalho. Pero hasta el comienzo del siglo XIX Río Claro
todavía estaba deshabitado, como lo demuestran los diversos oficios
~u~ la caracterizaban como "habitación exclusiva de las fieras sin vest1~os de suerte hu_mana" (Diniz, 1973:p. 169). La etapa más representativa del poblamiento de esta región recién ocurrió de 1817 a 1821.
En e~te lapso se intensificaron las concesiones de sesmarías, antes que
ese sistema d_e, dona~iones se extinguiera en 1822. Las grandes fazend_as de la reg1on tuvieron origen en la división de las antiguas sesmanas: ~ue el caso de la del Morro Azul, desmembrada en las fazendas
de Ib1caba, Morro Azul, Santa Gertrudis y Paraguazú.
H'.18ta 1850 el único título de posesión de tierra válido venía de esas
donaciones de ~esmarías, efectuadas por el virrey o por el gobernador.
En general teman una superficie de una legua cuadrada (44 Km2) y
c?stab~~- en aquel momento de 300 a 400 mil réis por gastos de exped1ent~, 1mp?rte q~e. no estaba mucho más allá de la capacidad de un
colo~~do~. hbre, s1 el ya estuvi~se empeñado en algún tipo de cultivo
econom1co (Dean, 1977:p.8). Sm embargo, las donaciones beneficiaban con frecuencia a personas ricas y con influencia política en los poblados,_ lo que mostró ser una regla en Río Claro. De las diez sesmarías
concedidas, nueve pertenecían a la élite.

..,

1

l
i

i

. . La p~opi~dad de la tierra estaba bastante concentrada. En la re~1on de P1rac1caba, donde se localizaba Río Claro, predominaba el cult1v~ de la caña: las mayores fazendas se dedicaban a ello al comenzar
el siglo XIX. ~ grandes fazendas poseían superficies medias en tomo
~ los 4 176 alque1res, 14.~% de las propiedades poseían 88.80/o de las
tierras en ~anto ~ue el 32.5% tenía sólo el 0.8%. La región de Morro
Azul se~ma el nusmo patrón: 5.6% de los propietarios sumaban más
de la nutad de las tierras, mientras que 460/o de ellos poseían apenas
2.6% de la superficie.
La d~isión de levantar una capilla (Capilla de San Juan Bautista)
en la r~g1~n de M?rro ~ul, a mediados de la década de 1820, llevó
a constlturr el pati:imomo de San Juan Bautista. Fue escogida un área
de 400 ?raza_s de tierra, en cuadrado, definida como "los terrenos en
los declives hndando con el corral de los Pereira y perteneciente a Ma~uel Alfonso Taborda y su suegro. Manuel Paes de Arruda". Posteno~mente fue do~ada por sus propietarios: los límites del patrimonio
cedido se exten~1an por. la actual avenida I, desde Ja calle 3 hasta la
calle 12, Ya ~artrr d~ al.U por las avenidas impares. El trazado de calles
desde el comienzo s1gmó el modelo utilizado en Piracicaba y Lº · .
· d
imerra.
en t a ble~o d e aJe r~z con calles casi paralelas en dirección de los puntos cardmales. Oficialmente la Capilla Curada de Río Claro fue cons-

Hogan _ C. de Oliveira - Sydenstricker: Urbanización en Río Claro

75

truida el 10 de junio de 1827: su primer capellán fue el padre Delfino
Barbosa. Río Claro pasó la feligresía el 9 de diciembre de _1830., cuando el núcleo urbano contaba con dos mil habitantes y poseia vemte casas de comercio.
Enmarcada en la urbanización de Río Ciar~ está la creaci~n d_e la
Sociedade Do Bem Comúm, en 1832. Dicha sociedad se co?stituyo en
una administración provisoria que durante siete años, aproXlllladame?te se ocupó de asuntos locales de la nueva ~oblación ~ue. el conseJo
m~nicipal de la sede del municipio (Constitución, ho! Prracicaba) d~cuidaba. Esa sociedad reunía a los más destacados cmd~danos ?e Río
Claro deliberando en asambleas generales, con resoluciones eJecutadas p¿r un mayordomo, un escribano y un procurador nombrados por
aclamación .
Luego de su organización, la sociedad di~i'!i~ _el área que sería el
centro del poblado, fijó el precio de los lotes e imct? su vent~. L~s fondos recaudados fueron utilizados para la construcción de la iglesia m~triz, que ftrmó su contrato a fmes de 1832. A medi~dos de 1833 la actividad de la sociedad disminuyó bastante, pero contm~ó en la con_st~cción de la matriz y en las cuestiones generales de la ciudad. Su última
sesión fue el 3 de enero de 1839. La disolución de la sociedad es desconocida, pero probablemente ~o de sus últimos actos fue el cierre del
cementerio en el centro de la cmdad y la apertura de una nueva etapa
de venta de lotes aún no trazados.
Por estar distante de los centros decisivos de la provincia, la sociedad asumió muchas veces funciones propias de las esferas del gobierno provincial o del poder judicial.. Pare~ que ~d~~~ de Río Claro,
solamente Limeira contó con semeJante tipo de 1IDc1at1va. Este h~ho
ya sugiere que Río Claro poseía en esta época (1830-40) un~ ?rg~ción social más sólida que la esperada de una poblac1on recién
constituida.
En cuanto a la actividad comercial, la clientela contaba en 1835
con sesenta residencias que desarrollaban actividades no agrícolas en
el centro del poblado: 23 en el comercio, 19 en la.co~trucción (~intería, principalmente) y quince en diversos ofic!os, mcluso una Joyería. Otros 34 se declaran joyeros, pagados por d1a, probablemente trabajando en la agricultura. Un secretario del Juez de Paz que funcio~aba como escribano público y el vicario completa~an el cuadro ~oci~.
Cinco de los anteriores declararon una renta supenor a los 200 mil réis,
siendo el más rico un comerciante que vendía telas y ganaba 500 mil

�76

SigloXJX

réis (Dean, 1977:pp.36-37). Según Dean, la actividad económica creció mucho en relación a 1822.
A partir del 8 de marzo de 1842, Río Claro pasó a estar subordinada al nuevo poblado de Limeira y no ya a Piracicaba. Río Claro fue
elevada a la categoría de villa el 7 de marzo de 1845, y a la de ciudad
el 30 de abril de 1857.

En esa época el café ya había entrado al municipio y comenzaba
a sustituir a la caña como principal producto. Mas, en una interpretación nada rara en los investigadores, el conglomerado urbano habría
sido entonces pequeño. Las razones apúntadas para las dimensiones
limitadas del núcleo han sido los precarios medios de transporte y la
autosuficiencia que caracterizaba a las fazendas de caña de azúcar y
de café de aquellos tiempos. Esos factores inviabilizaron el desarrollo
del comercio y de los servicios urbanos.
Diniz, por ejemplo, va en ésa dirección cuando afirma:
Río Claro, en esta lejana época de mediados del ochocientos, era poco más que un villorio sin vida propia, pues al estar rodeado de latifundios autárticos que se autoabastecían, no podían crecer su comercio, su industria, su artesanía, su burguesía: no había consumo para
lo que producían (1973: p.12).

Pero las informaciones sobre el período comprendido entre las décadas de 1840-70 son muy escasas. Los datos disponibles revelan que ocurrieron grandes modificaciones en el ámbito judicial y administrativo.
En diciembre de 1852 fue creado el distrito policial. Siete años después
Río CJaro pasó a ser la sede de la comarca, a través de ley provincial. En 1870 fue levantado un edificio para la cárcel, que en su segundo piso abrigaba el consejo municipal. En 1865 la ciudad tenía 466 casas y la escribanía del Registro General de Hipotecas sumaba 327 escrituras con un valor representado superior a 8 753 contos de réis.
Ocurrieron también algunos desmembramientos. En 1859 se formó el municipio de Brotas, que incluía una vasta región al oeste, abarcando un área delimitada por las actuales ciudades de Torrinha, Barra
Boníta, Bariri y Ribeirao Bonito. Descalvado, en el extremo norte de
Río Claro en 1857, fue desmembrado en 1865. Después de este período, con excepción del municipio de Analandia (formado en 1897 al sur
de Descalvado) sóJo ocurrieron desmembramientos en el siglo siguiente, a partir de 1935 (Itirapina, 1935; Santa Gertrudis y Corumbataí,
1948; y lpeúna, 1965) (Diniz, 1973: 16, mapa 2).

Hogan - C. de Oliveira - Sydenstricker: Urbanización en Río Claro

77

Río Claro permanecía, por lo tanto, como centro de una región
en la que haría sentir su influencia. Constituía el polo de la frontera
cafetalera. De hecho, basta aproximadamente el final de la década de
los 60, Río Claro era considerado el puesto más avanzado desde el punto
de vista de un poblamiento con bases relativamente estables. Esa condición estaba determinada fundamentalmente por las posibilidades de
acceso y de distribución de las zafras, que viabilizaban un mayor avance
de las fazendas de café hacia el interior.
III. RIO CLARO Y LA EXPANSION DE LA VIA FERREA

La construcción del ramal Santos - Jundiaí (1867) aseguró el avance
del café en el oeste paulista. En verdad, la frontera cafetalera estuvo
siempre por delante de la vía férrea que, el expandirse, satisfacía las
necesidades de los fazendeiros. De cualquier modo, la llegada de los
rieles tuvo por efecto la extensión de los limites económicos para el
transporte del café, al mismo tiempo que alteró la importancia relativa
de los núcleos urbanos preexistentes.
En 1872, el extremo del ferrocarril llegó a Campinas y, a pesar del
movimiento de los fazendeiros de Limeira y Río Claro para que avanzara más hacia el interior (ver Debes, 19 81, para un relato de esa actividad), solamente en 1873 el gobierno imperial autorizó a la provincia
la licitación de la obra. En 1874 se inició la construcción de la línea
por la Compañía Paulista de Vías Férreas y Fluviales, y concluida en
1876.

Al convertirse en punta de riel y permanecer en estas condiciones
basta 1884, Río Claro amplió su influencia sobre una vasta área: abarcaba el espacio comprendido entre las actuales ciudades de Torrinha
(al sur de Brotas), Jaú, Jaboticabal, Descalvado y Cordeiropolis (Diniz, 1973: 1970, mapa 7). En su condición de "terminal ferroviaria"
no sólo concentró toda la producción de las regiones interiores, sino
que reforzó su papel como centro de comercio para el abastecimiento
de las actividades que se desarrollaban en toda el área.
En la formación de la Compañía de Río Claro en 1882, que adquirió la concesión para la prolongación del ferrocarril más allá de Río
Claro, se manifiesta el grado de desenvolvimiento de la región y su poderío económico. Esa vía férrea fue la única construida hasta entonces
sin subvención del gobierno. La Compañía de Río Claro sucedió a la
Barao Do Pinhal &amp; Comp., que había obtenido la concesión para construir, usar y explotar durante cincuenta años una via férrea que, partiendo de Río Claro, llegara hasta Sao Carlos Do Pinhal. Su capital

�78

Siglo XIX

fue mayoritariamente aportado por los fazendeiros locales. En 1886,
año en que se terminó el ramal que desbordaba Río Claro, la compañía contaba con 254 accionistas. Cuatro grandes fazendeiros detentaban más el 50% del capital: el vizconde del Pinhal, el barón de Araraquara, el barón de Mello Oliveira y la vizcondesa de Río Claro.
Al transformarse en sede de una compañía ferroviaria, Río Claro
consolidó su influencia sobre el Sertaó y aprovechaba la posibilidad
de convertirse en un centro muy importante, en comparación con Piracicaba. El ferrocarril alcanzó San Carlos el 15 de octubre de 1884;
Araraquara el 18 de enero de 1885; Jaú el 19 de febrero de 1887 (Diniz, 1973: p. 165, mapa 6). Diniz ve en la extensión de los rieles el punto crucial para la retracción de Río Claro, ya que pasaba de punta de
riel a la condición de estación intermedia. Dean y Othake (después de
él) parecen ir en la misma dirección de Diniz, entendiendo el vaciamiento
de Río Claro como una etapa posterior a la dinamización impresa por
la llegada del ferrocarril.

...

.
La so~~evalo~ación de la importancia de esta verdad generó una
mterpretacion eqwvocada del proceso de urbanización. Se traza un perfil tal del crecimiento urbano que la proliferación de las actividades
urbanas y la explosión demográfica se dan como resultado de la llegada de los rieles a Río Claro en 1876 (trayendo vida al villorio aletargado). De esta manera, para simplificar, se escribe una historia de la ciudad pre y postferroviaria.
1

i
i

~
1

La interpretación se equivoca en ambas direcciones. Primero la
ciudad, a juzgar por los indicadores presentados hasta ese mome~to
no era tan insignificante como se creía. Como mostrará más adelant;
el análisis del Almanak de 1873 -tres años antes de la llegada del
ferrocarril- Río Claro poseía una notable y bien diferenciada insfraestructura que no podía ser atribuída a la llegada de los rieles.
La confrontación de las tasas de crecimiento de Río Claro en diversos momentos (cuadro 1) lleva a conclusiones semejantes. La etapa
que podría llamarse punta de riel, entre 1876 y 1884, presentó la tasa
menor (2.4% anual) en todo el siglo comprendido desde 1822 a 1920.
Tanto_en_el lapso anterior (1857-1872, con una tasa del 8.60Jo) como
en el s1gwente (1886-1890, con un 5.5%), se detecta una efervescencia
ausente en el momento en que Río Claro constituyó el más avanzado
punto del ferrocarril en la región.
~I impulso al crecimiento no se localiza, definitivamente alli. Los
análisis que se refieren a la autosuficiencia de las fazendas de caña de

Hogan . C. de Oliveira - Sydenstricker: Urbanización en Rio Claro

79

azúcar y de café como factor inhibidor_ del d~arollo urbano padecen
de problemas semejantes. No solo fue la mclus1ón de m~ fazendas aut&lt;_&gt;suficientes en el radio de acceso de Río Claro, prop1C1ado por la VIa
férrea, lo que impulsaría su crecimiento.

CUADRO 1

POBLACION DE RlO CLARO {1882-1920)

Año

Total

1822
1835
1857
1872
1886
1890
1900
1920

1 514
2 906
6 564
15 035
20 133
24 584
38 426
58 262

Fuente: Dean, 1977 (cuadro 6.2).
AnaJandia.

Crecimiento
Anual%
6.5
6.0
8.6
2.4

5.5
5.6
2.6

1857 incluye Brotas; todos incluyen

Cerca de 1870, con el café ya implantado en la región, el efecto urbanizador del mismo ya comenzaba a sentirse a pesar de ser casi autosuficientes en alimentos, materiales para construcción, animales de tracción y algunos artefactos. Las fazendas no eran autónomas y _satisfacían algunas de sus necesidades en la ciudad. El algodón, por eJemplo:
aunque fuera tejido por esclavos, en esa época ya era com~n 1~ compra de productos ingleses por yardas. Por otro lado, la fabncac1ón de
ladrillos y materiales afines -localizada en las fazendas aprovechando los yacimientos de cal y arcilla- contaba con demanda para su expansión. Además de las alfarerías, las propiedades rurales poseían con
frecuencia molinos y aserraderos movidos a energía hi~áulica o a v~por, que proveían también a la ciudad. A su vez, la cmdad ab~tecia
algunos productos manufacturados, como arneses, carros, trabaJos de
carpintería y hierro fundido. Los pequeños productores _rurales eran
los principales abastecedores de la ~ame de cer~o consunuda e? las fazendas, pues raramente era producida en las nusmas. Les vendian tam-

�80

Siglo XIX

bién, con menos regularidad, maíz. Otros productos (como los tejidos
ingleses mencionados más arriba) eran importados. Vemos así una economía regional que, aunque volcada principalmente hacia el café, daba margen a la realización de una gama diferenciada de actividades
urbanas y a relaciones rural-urbanas sistemáticas.
La interpretación ferrocarrilera se apoya en datos de 1883 (siete
años después de la llegada de Tos rieles y un año antes de su expansión). En ese año la ciudad poseía un comercio bastante activo, con
34 almacenes generales, 24 ferreterías, 22 mercerías con ropa y sombreros, ocho zapaterías, dos orfebrerías y siete sastrerías. Contaba con
maquinarias para el cultivo de arroz y café, fábricas de cerveza y licores. Tenía servicios médicos y educativos, por lo que podía ser considerada como un centro cultural. Disponía de cinco médicos, dos dentistas, dos maestros de canto y piano, cuatro farmacias, seis colegios
particulares, seis sociedades recreativas, un teatro y dos periódicos (Diniz, 1973: p.171). En 1884 la Asamblea Legislativa Provincial autorizó
a la cámara municipal de Río Claro a contratar la construcción de una .
línea de bonds en el centro de la ciudad, cuando los trolis ya formaban
parte, hacía tiempo, del paisaje de Río Claro. Jolio Jacob Meyer, su
fabricante en Río Claro, había instalado su taller en 1854.
Pero el impacto de la vía férrea sobre la vida urbana de Río Claro
es visto en sus efectos contradictorios por los estudios realizados anteriormente. Dean presta atención al hecho que, si por un lado, ocurría
la modernización de las pautas de consumo y de servicios por "efectos
demostración" del desarrollo que se procesaba en la capital, por otro
lado había un achicamiento de las distancias, y los servicios postales
y telegráficos permitían que los grandes fazendeiros se mudaran hacia
la capital y, desde allí, administraran sus propiedades. En la ciudad
quedaban una clase media y un proletariado no muy diversificados que
influyeron y marcaron el paisaje urbano a través de la homogeneidad
en las edificaciones, que aún hoy se observa. "La política local quedó
abandonada en las manos de los boticarios, en los dueños de almacenes, escribanos y otras personas destacadas de la clase media local"
(Dean, 1977: 56).
Ese vaciamiento por lo tanto era de la elite cafetalera, y no tuvo
implicancias en el estancamiento de la ciudad. Eran "los grandes fazendeiros" que Dean apunta los que, trasladando su residencia a la
capital, acarreaban así cambios en la vida política y cultural de Río
Claro. Por lo lo tanto la contribución a la demanda de bienes y servicios representada por las fazendas no se alteró demasiado con la migración de sus dueños. Fue esa demanda la que determinó el crecimiento
de la ciudad, proceso que no fue interrumpido. Al contrario: el crecí-

Hogan • C. de Oliveira - Sydenstricker: Urbanización en Río Claro

81

miento más lento del período punta de rieles (2.4% anual) fue inmediatamente seguido por la recuperación de altos niveles de crecimiento
(5.5%) en 1886-1890, cuando la ciudad pasó a ser una estación intermedia. El factor que parece haber impulsado su crecimiento fue justamente su carácter de centro ferroviario. Además de ser la residencia
de los trabajadores del ferrocarril, generando así una razonable demanda, se tomó también sede de los talleres de la Compañía Paulista de
Estrada de Ferro, con más de dos mil empleados en 1892.
La importancia del ferrocarril pareció tener implicaciones en esta
expansión del mercado de trabajo y en la consecuente demanda de bienes y servicios en la ciudad. Así, en el momento en que Río Claro dejó
de ser punta de riel, cuando la línea fue extendida hacia otras ciudades, es cuando aquella crece. Como sede ferro viaria, como residencia
de los empleados ferroviarios y, más tarde, en 1892, con los talleres
y sus dos mil obreros, Río Claro recibe su verdadero impulso. Estos
talleres debieron tener un efecto multiplicador, generando demandas
para otros servicios industriales y comerciales, que hicieron de la ci~
dad un centro regional industrial.
El desencuentro de los análisis sobre el efecto urbanizador de los
rieles se debe, entonces, a esa conclusión. Río Claro urbano crece y
se desarrolla por la presencia de un contingente de consumidores. Descartada así la explicación hinterland, deja de ser contradictoria la coincidencia constatada en esta investigación acerca o sobre la gran diferenciación de la estructura urbana anterior a la llegada de las vías. La
propia existencia de esa estructura refuerza y procura otras
explicaciones.
IV. EL ALMANAK DE 1873 Y EL TIMING
DEL CRECIMIENTO URBANO
El Almanak, una verdadera radiografía de la ciudad, identifica una
compleja estructura de actividades comerciales, industriales, culturales y sociales que revelan, ya en 1863, un centro bastante desarrollado.
El cuadro 2 presenta el número de establecimientos en funcionamiento en ese año. Se incluyen las actividades industriales de bienes de consumo personal, de materiales para construcción, de muebles, de metalurgia y mecánica, transporte y alimentos; de servicios de consumo personal, de esparcimiento, de comunicación y transporte. El sector de.
comercio incluía 127 establecimientos de los más variados productos.
Aunque algunas de las actividades relacionadas pueden represen-

�82

Siglo XIX

Hogan - C. de Oliveira - Sydenstricker: Urbanización en Rio Claro

(Sigue cuadro 2)

CUADR02
ACTIVIDADES ECONOMICAS EN RIO CLARO (1873)

1.6

INDUSTRIA / ARTESANIA

1.1

Bienes de Consumo Personal
Sastre
Sombrerero
Costurero
Modista
Orfebre
Zapatero

-:

·'"
..
'1
1

1.2

33
15
05
07

II.

COMERCIO / SERVICIOS

Il.l

Servicios de Consumo Personal
Tintorero
Almidonadora
Relojero
Cigarrero
Barbero

11

1

'

1.4

Mobiliario
Mueblero
Colchonero
Ebanista
Tapicero

·1

1.5

01
01
01
01

Otros
Tonelero
Pirotécnico

Materiales de Construcción
Alfarería

.!

Industria de alimentos
Fábrica de licores
Fábrica de vinagre
Fábrica de cerveza
Refinación de azúcar

1.8

03
05

02
05

Construcción Civil
Carpintero y Maestro de Obras
Albañil y Maestro de Obras
Vidriero
Pintor

1.3

1.7

14
01
10
04
02
08

Transporte
Fábrica de Trolies
Talabartero

No. de Establecimientos
l.

83

Il.2

11
04
02
06

Metalurgia y Mecánica
Fábrica de Máquinas
Vías Férreas
Herrero
Fundidores de Hierro y Bronce
Hojalatero o Chapista
Calderero
Maquinista

04
07
05
04
05
05

Servicios de Recreación
Billares
Juegos de pelota
Fabricante de guitarras
Hoteles

11.3

01
04
01
04
02

01
03
02
04

Servicios de Comunicación I Transporte
Alquiladores o arrendatarios de viajes / carros
Conductores de Carrozas
Cocheras
EmpreSas de Transporte
Arrieros
Propietarios

08
12
07
06
04
06

�Hogan - C. de Oliveira - Sydenstricker: Urbanización en Río Claro
84

tar empleo sólo para un artesano, un examen de las categorías pone
en evidencia que muchas de ellas involucran más personas, mínimamente un ayudante.

(Sigue cuadro 2)

11.4

Comercio de productos alimenticios

Panadería
Confitería
Dulcería
Carnicería
Almacén de bebida, vajilla
Almacén de depósito de productos de la tierra
Depósito de azúcar
Depósito de harina de trigo
Depósito de sal

•. ..

11.5

• .,rw

1

i

11.6

04
04
03

09
63
08

06
01

09

18
08
05

PROPIEDAD URBANA EN RIO CLARO (1873)
01
03

06
02

04
04
08

04

Salud

~

Casas de Salud
II.7

CUADR03

04

;

i

Confiriendo a las actividades el nombre del artesano o propietario
para llegar a determinar el número de personas que realizaban
las múltiples actividades, se llega a un total de 269 personas diferentes.
Si se consideran sus familias, los empleados y sus respectivas familias,
una estimación conservadora daría una población de 1 500 personas
que vivían de actividades claramente urbanas. Esto representaba el 10%
de la poblacióq del municipio (15 000, según el primer censo, del año
anterior).

Comercio en general

Tienda de estancias
Ferreterías
Depósito de calzados
Depósito de Máquinas de costura
Y géneros americanos
Depósito de correas para máquinas
Farmacias
Depósito de sombreros
Depósifo de maderas
Depósito de suelas y cueros
Depósito de zinc, hierro, cobre, plomo, estaiio
Casa ~e Importación, Exportación Y comisiones
Depósito de cal

. •,'

85

Siglo XIX

03

Ofo
Propietarios con 1 inmueble
Propietarios con 2 inmuebles
Propietarios con 3 inmuebles
Propietarios con 4 inmuebles
Propietarios con 5 inmuebles
Propietarios con 6 inmuebles
Propietarios con 7 o más inmuebles

188

63

69

23
10

30
3
3

3
3 (1)

Total de propietarios (2)

298

Total de propiedades (3)

568

1
1
1
1

Otros

Abridor
Afinador de piano
Organizadores de fiestas y funerales
TOTAL GENERAL

01
01

03
430

(1) Incluido el senador Vergueiro que había vendido recientemente seis o siete
manzanas, donde se levantaron más de veinte casas.
(2) Además de los 298 propietarios nombrados, hay más de 90 "cuyos nombres no se pudo obtener" y un número descontado de "otros".
(3) lncluídos los 90 sin especificación del nombre del propietario.
Fuente: Almanak de Sao Jiio do Rio Claro para 1873

.
Jos:~r:.:!aª f!~/rgaruzado
por Tho-

Fuente: Almanak de Siio Jofio do Rio Cl
maz Carlos Molina y publicado por

�86

Siglo XIX

Hogan - C. de Oliveira - Sydenstricker: Urbanización en Rio Claro

l Un segundo elemento que permite visualizar cuán desarrollado era
e ce;11tro urbano _Río Claro es la estructura de la propiedad urbana
L~ c1~:a~ ya h~b_1a !legado a presenciar en 1873 una razonable espe:
c ac1 n, mmobiliar1a. No era sólo el lugar de residencia de aquellos
~~e semana la economía cafetalera sino, también, un lugar de invers1 n,_ un~ fuente de rentas para una porción considerable de
prop1etanos.

La_ lista de pro~ietarios, analizados uno por uno, revela que de los
298 registrados norrunalmente, 37% tuvieron más de una propiedad (cua-

dro 3). Aunque no se conozcan estudios comparativos que apunten el
m~mento del desarrollo local en que surge la tierra urbana como fuente e rentas, ~?s dato~ indican un centro que es más que un conglomerado de serv1c1os destmados a la economía cafetalera.

CUADR04
OCUPACION DEL ESPACIO URBANO DE RIO CLARO (1827-1976)

Perfodo

Indice de Indice de
credmlentc: aeclmiento
Aumento Aumento
Total
de cuadras área/m2 a-no
de aaadras en área (m2) cuadras
anual

1827

(núcleo inicial)
1828-1835
1836-1870
1871-1881
1882-1886
1887-1900
1901-1945
1946-1953
1954-1964
1965-1976

1
8
35

7
26
71

244
296
227
564

10 000
80000
370 000
70 000
250 000
660 000
2 320 000
2 750 000
2 210 000
5 120 000

1
9
44
51
77

148
392
688
915
1 479

1
1.1

1
1
6.5
5.4

5.5
42.2
22.7
51

10 000
11 428
10 911
7 000
62 500
50 769
52 727
392 857
221 000
465 555

Fuente: Troppmair, 1978.

Este panorama es r~forzado por los datos presentados en el cuadro 4·
muestran la ocupación del espacio urbano de Río Ciar
1 , d.
d~ 1827 a 1976. Ya en_ 1~70, seis afios antes de la llega~:~:! ie~ca~
rril, el área urbana dehm1tada Y ocupada cubría cuarenta Y cuatro cua-

87

dras. El crecimiento regular y sustancial que caracteriza a la ciudad
en este período demuestra la importancia de la economía azucarera
en los comienzos de la urbanización rioclarense. Antes del predominio
del café y antes de la llegada del riel existía -ya- una estructura urbana sedimentada.
En cuanto a la importancia del ferrocarril, es interesante observar
que un mismo ritmo de crecimiento (ya en tomo del 1O/o al afio) se mantenía desde el núcleo inicial en 1827. El índice de crecimiento del período 1871-81 es ligeramente inferior al de los anteriores. A partir de 1882,
hasta la década de 1940, el crecimiento continúa en otro escalón, de
5 a 6% anual. Por consiguiente, no fue el momento de la llegada de
la vía férrea (década de 1870) el que asistió a un impulso de crecimiento, sino la década siguiente, marcada por la extensión de los rieles más
allá de Río Claro. Nuevamente, vemos que no fue la condición de punta
de rieles lo que hizo crecer a la ciudad, como no lo fue la pérdida de
esta condición lo que interrumpió el crecimiento.
Este hecho sugiere que no fue por su condición de medio de transporte que el ferrocarril contribuyó a la urbanización, sino principalmente por los empleos creados y la infraestructura de la industria, de
los servicios y el comercio generada. Es como sede, primero de la Compafiía Río Claro (1882) y después de los talleres de la Paulista (1892),
que el crecimiento urbano alcanza un ritmo acelerado.
Finalmente, es necesario notar que la conocida urbanización del
país de las últimas décadas también caracteriza a Río Claro con una
significativa expansión del área ocupada. Lo que esos datos sugieren,
en resumen, no son crisis y/o estancamiento del crecimiento de Río
Claro, sino una evolución constante. Su cambio de escala no indica
discontinuidad sino transformaciones en la relación rural-urbana.
V. RIO CLARO COMO CENTRO URBANO

El análisis desarrollado basta aquí permitió la reformulación de las interpretaciones comunes sobre el proceso de urbanización en el período
cafetalero y sobre el papel de la expansión ferroviaria en ese proceso.
A pesar de la importancia del cambio tecnológico que el transporte ferroviario representó, no es posible atribuirle un papel determinante en
las transformaciones responsables de la configuración de la red urbana. Ciertamente, el mayor o menor impacto de la vía férrea irá a depender de las especificidades locales y regionales. Pero seguramente a
su llegada ya se encontraban en acción las fuerzas que conducirían a
la consolidación de la vida urbana en el interior. Los datos consigna-

�88

Siglo XIX
Hogan •

dos a continuación reiteran las afirmaciones hechas más arriba y sugieren la necesidad de profundizar la investigación en la dirección
indicada.

..,

A partir de la mitad de la década de 1870 se registraron varias licitaciones para la iluminación de la ciudad por medio de lámparas de
kerosene. A mediados de la siguiente fue contratada, y en 1885 instalada, la iluminación eléctrica a través del sistema de arco voltáico: fue
así la segunda ciudad del país y la primera de la provincia en poseer
tal sistema. En 1889 se iniciaron una serie de cambios en el sistema y
en 1900 fue inaugurada la central eléctrica de Río Claro. Posteriormente ésta amplió su red para abastecer de energía a Limeira, Araras, Leme, a fazendas de estas regiones y a los poblados de Cordeiros y Pirassununga. Todos los sistemas de iluminación de Río Claro estuvieron
en manos de empresas particulares .
Antes de la instalación del sistema de agua corriente, la ciudad fue
abastecida por medio de pozos y vertientes. A comienzos de la década
de 1880 se abrieron licitaciones para la captación del agua de las nacientes de los ríos y abastecimientos de surtidores. En 1885 se inauguró el sistema de aguas de Río Claro. Todavia en esa época los domicilios no tenían agua corriente: el servicio fue inaugurado en 1887 con
las conexiones de cañerías en los domicilios particulares. El sistema cloacal se inició en 1898 con la instalación de cañerías y brazos recolectores. Tres años después fue inaugurada la red recolectora cloacal con
la instalación del primer filtro. El sistema de aguas y cloacas estuvo
siempre bajo responsabilidad de empresas particulares y sólo en 1929
pasó al poder público. En esta época el sistema contaba con 3 300 conexiones de agua y 1 700 conexiones cloacales.
A fines del siglo fue tendida la red telefónica de la ciudad, resultado de la formación, en 1895, de la Compañía Telefónica Río Clarense
de propiedad privada. Nueve años después la provincia concedió lo~
derechos, también a un particular, para comunicar a través de los teléfonos la ciudad de Río Claro con Aranas, Limeira y Anápolis (hoy
Analandia).
En lo que se refiere a salud, Río Claro desarrolló una red bastante
extensa. En 1863 fue designado un médico encargado de la vacunación
antivariólica. La enfermedad estaba presente en el municipio desde
1844, cuand~ apareció el prime: brote. En la últimas décadas del siglo
XIX ~l hospital ~ara el t:atamíento de la viruela se abrió y se cerró
en vanas oporturudades, siempre en función del control de la epidemia.
En 1872 Río Claro tenía tres asistencias públicas, mantenidas por

c. de O/iveira • Sydenstriclcer: Urbanización en Río Claro

89

la municipalidad y por hermanadades. En 1885 fue instalada ~a Santa
Casa de Misericordia, que en esa época er~ uno de los ,hospitales de
la provincia. En 1908 se inauguró el Hospital de los Lazaros. ~erró
sus puertas luego de dos décadas de_fu~c~on~ento y sus pacientes
fueron transferidos al hospital de P1rapitmg01.
Gracias a su excelente clima, Río Claro atraía a muchos ~nf~rmos
en busca de reposo. Muchos eran tuberc?losos, a pesar de la mexis~encia de un servicio específico para tratamientos pulmonares: En el siglo
xx fue inaugurada la Casa de Reposo, con baños y masaJes, Y reformada en 1919. ,En 1917 se creó el Sanatorio de Río Claro.
Los datos sobre la educación escolarizada en Río Claro son bastante dispersos y confusos. Sin embargo, es destacable el ~echo que,
junto con la creación de escuelas públicas, se desarr~ll_ó un numero considerable de establecimientos particulares. La apanción de escuelas en
Río Claro aparentemente data de mediados de la d~da de 1840, cu~do se formaron dos: una particular y otra subve~cion~da_por el murn:
cipio, que se mantuvo hasta 1885. La red ~ucatlva pubhca, como asi
también la privada, se consolidaron a partir de la década de 1870, de
acuerdo con los datos recogidos.
En la década de 1880 Río Claro contaba con cinco escuelas particulares. Destacaban entre ellas el Colegio Americano y l~ Escuela Alemana, embrión del actual Gimnasio Koelle. En la red pnv~da fue ~uy
marcada la presencia de instituciones prot_estantes_. A P~l!" del numero elevado de escuelas, el informe de la lQStrucción publica de fi~es
del siglo XIX apuntaba la insufici~mcia de esc~elas para la po~lac1ón
en edad escolar en Campinas, Río Claro, Sao Carlos do Pmhal Y
Piracicaba.
En los primeros veinte años de nuestro siglo surgieron aproximadamente cinco escuelas más, particulares. Entre ellas esta_ban las que
proporcionaban una formación profesional. Durante la decada del 20
surgieron algunos colegios más. Sobresalía la ~scuela Normal, desde
1928, que tuvo un papel importante e~ la ~ormac1ón de los!uturos ~aestros para toda la región. Durante casi tre~ta años 1~ Socie~ad Italiana
de Beneficiencia y el Círculo Obrero de Río Claro impartieron cursos
nocturnos de alfabetización para sus asociados.
En el campo cultural, Río Claro tuvo, luego de su consolidación
como ciudad, una actividad muy intensa, fomentada en gran parte por
los inmigrantes extranjeros.

�90

Siglo XIX

Hogan • C. de O/iveira • Sydenstricker: Urbanización en Rio Claro

En 1864 fue inugurado el teatro Sao Joao, de propiedad

articu-

~~~J;~~ el rgundo de la provincia, tenía dos palcos, 32 tertuli~, cuasit1·0 obli~gsaduogares e~ la platea Y la galería. El teatro de Sao Joao fue
para 1amosas comp - , líri
•
ras. En 1888 pasó a denominar aru~
cas nacionales Y extranjemente reformado En
s~h_e,mx, lu~go de haber sido entera1901
ciudad, en ese mi~mo teatr;.e e bio la pnmera película vista en la
Muchas sociedades artísticas, recreativas musicales ul
formaron Ydesarrollaron durante la década de 1870 Enir~ eJ:!es se
cen destacarse la orquesta de Río Claro (1871)· la Fil~óni Rí Cerlerense (1879) que en 1882 ·
, d
'
ca o ade Lectura ~on más de cua~~:f ~~ pianos de cola; Y el Gabinete
Revista do Gabinete. A fines del si;~~~;\: 1'!':e e~ 1910 d~tó la
del XX los clubes
•
.
pnmeras ecadas
Yde bailarin
grermos, soc1ed~des recreativas, grupos teatrales
.
es pro eraron en gran numero. Entre los r
. d
:xtr~Je!edos dmere~en anotarse la Sociedad de Ayuda
8~;)por
oy oci a ltahana del Brasil · la So 'ed d D
,.
Umberto I (1901) y el Club Glillil.ás' t' Ríe~ cªl rarnatica y de Danza
d, d
ico o arense En las p ·
eca as del XX se crearon dos escuelas de dib . .
i:meras
con el aporte destacable asimi
d
.UJO y una de pmtura,
•
smo, e extranJeros.

lit

1

i

¡

4

~!:~

El cine se instaló en Río Claro
.
.,
de proyección· Iris en 1905
con 1a maugurac1on de dos salas
con un proyector eÍéctrico. ~ : ~~~y~tordm~ual; Y. Bijou, en 1910,
En 1914 fue inaugurado el Teatro d/Vas_ ; ~ne tuv1er?,n poca vida.
con treinta Ydos palcos platea
. . ane a es, tamb1en particular
guración trajo consi o ~n m Yq~entos lugares populares. La inaudad. Algún tiempo ~espuésª:eº:~~ero de co!11pañías líricas a la ciuel cine Parques con aleo
t teron pehculas. En 1916 se creó
La década del 30 as· i"ó s Y pla~~as' pero cerró sus puertas en 1925
.
is t a 1a creac1on de Radio Club d Rí Cl
.
Ydel eme Excelsior (1938) 1 · 'al
e o aro {1933)
luego pasó a ser exclusiv~e:~ c::::n~: presentó obr~s teatr~es, pero
cia provocó una gran audiencia lo q · ll ~aaln s~tuos1dad e tmponen'
ue evo cierre del Teatro Phenix.
La intensa dinámica de la vida cult al d
,
bién en la gran cantidad de eriód. ur e Rt~ Claro se refleja tamla década del 70 Y que contuiuarontcos
suJgieron a comienzos de
renta años. Muchos fueron sus reda pro eran o dur~te más de cuacos tuvo vida efímera. Desde 1872 c::~es Y la _mayol?a de l?s periódiO
do Povo), hasta mediados de la
surgió el ~nmer diario (Echo
mente setenta periódicos.
poca del 20, surgieron aproximada-

{t;e

é

91

VI. CONCLUSIONES
La explicación sobre el desarrollo urbano como una secuencia de crecimiento incipiente pero reprimido por la falta de demanda de las fazendas, "boca de sertao ", un brote de urbanización en la etapa de punta
de rieles, y estancamiento con la extensión de los rieles (estación intermedia) y la pérdida de control del hinterland, no encuentra apoyo en
este análisis. El cuadro que emerge es el de un desarrollo bastante diferenciado ya antes de la llegada de los rieles, y que continúa en el tiempo. Si se estancó durante algún período fue justamente el de punta de
rieles. La vía férrea llegó cuando el café ya estaba bien establecido (y
había generado riqueza). O sea: la vía férrea sirvió a una producción
ya instalada, y no provocó ninguna extensión grande en la producción,
capaz de aumentar o diferenciar aún más la estructura urbana.
Los datos sobre la producción cafetalera (cuadro 5) en Río Claro
muestran que el nivel alcanzado en la década de 1870 sólo fue superado a fin de siglo, con su punto méUimo en 1901 (Dean, 1977: 52). Si
hubo retracción en ese período, con la marcha de los fazendeiros para
la capital, esto fue compensado con la extensión de los rieles más allá
de Río Claro. Lejos de haberle restado dinamismo a la ciudad, sustrayéndole el monopolio de acceso a una gran región productora de café,
fue el factor que más contribuyó para su crecimiento.
Frente a las tasas de crecimiento demográfico del período, y a la
compleja vida urbana revelada en el Almanak de 1873, es necesario
relativizar el obstáculo que para la urbanización representaba la autosuficiencia de las fazendas. Seguramente hacen falta más investigaciones para identificar y evaluar a los consumidores de la extensa gama
de bienes y servicios disponibles para la población rioclarense en 1873.
Pero no se puede negar la compleja estructura de la industria, del comercio y los servicios, la evidente especulación inmobiliaria, la vida
cultural rica y diferenciada, el ritmo de crecimiento del tejido urbano
que muestran a un centro urbano propiamente dicho.
Ese análisis llevó a la indagación sobre lo que diferencía a Río Claro
de otras ciudades que componen la red urbana del interior paulista.
Vale la pena recordar que fue en la fazenda lbicaba que se dio la primera tentativa de sustitución de mano de obra esclava por mano de
obra libre. Es posible que los inmigrantes hayan cambiado el perfil de
la demanda de bienes y servicios, además de contribuir, con el abandono de las fazendas por parte de algunos de ellos, a la población urbana. Hubo además cierto sector de la población que arribó específi-

,

�92

Siglo XIX

Hagan - C. de Oliveira - Sydenstricker: Urbanización en Rio Claro

camente para servir a los extranjeros: médicos, profesores y religiosos,
por ejemplo.

CUADR05
PRODUCCION DE CAFE Y CAÑA EN RIO CLARO (1822-1929)
en toneladas

alio
1822
1835
1851
1852
1853
1854
1855
1857/59
(media)
1862
1874
1876
1884
1886
1892
1894
1885
1897

1898
1899
1900
1901
1903
1905
1907
1909
1911
1913
1915
1917
1919
1929

café
0.5
294
470
756
1 671

caña

8 024
9 300
9 815
11 378
10 503
14 824
9 071
13 172
14 642
12 356
8 940
9135
10785
10 980
8 070
4 050

Fuente: Dean, 1977 (cuadros 2.1 y 2.5).

¿Qué nos enseña todo esto sobre urbanización y crecimiento poblacional?. En pocas palabras, que el motor del crecimiento urbano
fue el mercado interno. En último análisis residió en la economía cafetalera el origen del crecimiento: no como consumidora de productos
urbanos, sino por el efecto multiplicador que era capaz de gestar.

158
177
522

1 466
1 764
2 557
4 410
6 000
6 000
9 000
7 895
6 269

93

264

BIBLIOGRAFIA

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Cidade de Río Claro". Campinas: FAU / USP.
Troppmair, Helmut
1978 ''.Aspectos Geográficos". pp. 75-87 In: Río Claro Sesquicentenária,
citado.

INTRODUCCION
En el momento en que se produjo la crisis del sistema esclavista en Brasil, a mediados del siglo XIX, los fazendeiros paulistas buscaron solución para su problema de mano de obra para el cultivo del café -en
plena expansión- en la inmigración extranjera.
En torno a 1880 y principalmente después de 1884-1886, cuando
comenzó la inmigración subsidiada, fueron introducidos en San Pablo
y canalizados para la labranza cafetalera millares de trabajadores extranjeros, sobre todo italianos. Esta inmigración, al garantizar una gran
oferta de mano de obra para la agricultura del café, dio inicio también
a la constitución de un mercado de trabajo libre en el Brasil.
La continuidad de este flujo inmigratorio permitió la expansión
de la frontera cafetalera, al mismo tiempo que fue alimentada por ella.
Por otro lado, la propia forma en que estaba organizada la producción garantizó también esta continuidad (Vangelista, 1982).
Los fazendeiros de San Pablo, en este proceso de sustitución del
trabajo esclavo por el libre, insistieron desde el comienzo en contratar
no sólo trabajadores extranjeros, europeos de preferencia, sino tam-

• Núcleo de Estudos de Popula~ao-NEPO, Universidade Estadual de Campinas (Brasil). Este trabajo es parte de estudios que la autora realiza sobre la familia en el cultivo
del café en San Pablo. Una versión ampliada de los primeros resultados fue publicada
en Textos NEPO, 8, Campinas, UNICAMP, 1986. Traducción: María Teresa Fantini.

�M.S. Beozzo B.: Inmigrantes y café en San Pablo
96

bién trabajadores en unidades familiares. Dieron origen as1 al sistema
de organización de trabajo -característico de la labranza cafetalera
en el oeste paulista- conocido como colonato. En este sistema predominaban familias venidas de Italia septentrional, principalmente del Véneto. Familias ligadas a la agricultura y que eran las que más sufrían
con la crisis económica que entonces asolaba ese país (Alvim, 1986).
De esta forma, mientras que en Italia la emigración aparecía como la respuesta a la crisis de desempleo, para San Pablo la inmigración surgía como alternativa hacia la sustitución de la mano de obra
esclava en el cultivo del café.

..

lt.:

Por otro lado, al convertirse San Pablo en gran centro de atracción de mano de obra internacional, los cafetaleros acabaron por relegar a un segundo plano a los trabajadores nativos. Estos sólo comenzaron a ser reclutados cuando disminuyó el flujo migratorio internacional Ycuando un número cada vez mayor de extranjeros y sus descendientes dejaron la fazenda para dirigirse a los núcleos urbanos. Esto ocurrió de forma más acelerada en la década del 20, cuando grandes flujos de trabajadores oriundos del noreste del país llegaron a San
Pablo, en un momento de escasez de mano de obra y de una econornia
en expansión y diversificación.
Durante el proceso de introducción del trabajo libre, los fazendei-

ros se esforzaron no sólo por encontrar una nueva fuente de mano de
obra, s~o también por buscar otra forma de organizar y controlar est~ trabaJo, de modo que se presentase más rentable y con costos reducidos. El colonato representó el punto culminante de una serie de tent~tivas para ~daptar al proceso de producción de café a trabajadores
libres extranJeros en unidades familiares, los colonos 1•

•

l
i

J
1.

Colono pasó entonces a significar no el trabajdor aislado sino su
núcleo familiar. La ~a~ilia aparecía como unidad de producción, pues
al contratar los serv1c1os del colono, el fazendeiro estaba contratando
tod~ familia. Cada _je~e de familia se tornaba responsable de la
eJecuc1on de las tareas dianas que la familia -o al menos sus elementos aptos para el trabajo- debería desempeñar.

ª.

97

Siglo XIX

!ª

Al ecu:~cterizarse como un régimen de explotación del trabajo con
bases farm!1are_s: el colo?at~ entrelazó formas distintas de producción.
E~!,a com_bmac1on peculi~ tomaba este sistema muy complejo y tamb1en de ~1erto ?1odo ambigua 1~ figura de su personaje, el colono, que
era al rrusmo tiempo un asalanado, un trabajador de subsistencia un
productor Y negociante de mercaderías y un consumidor" (Hollo~ay,

1984: p. 126). Eso ocurría porque la actividad del n~cleo f~liar incluía el cuidado de los cafetales, la cosecha del cafe, trabaJo para la
producción directa de la subsistencia y prestación de servicios anexos
a la fazenda.

El colono recibía un pago fijo en dinero por el trato de cada mil
pies de café (el trato consistía en hacer limpieza de !as hierbas d~as
de tres a cinco veces por año). Ganaba una cantidad -tamb1en en
dinero- proporcional al volumen de café cosechado. Debía, segú~ su
contrato efectuar servicios sueltos (remunerados o no) al fazendeiro.
Al colon~ le era permitido el usufructo de mejoras y se le concedía vivienda gratuita. Podía cultivar maíz, porotos y arroz,. en terreno designado por el fazendeiro, mantener una pe_queña huert~ alrededor de
la casa, criar animales pequeños (aves, porcmos) y usar areas de pastoreo para algunas vacas y ~aball?s. Esta pro~~cción in~ependiente respondía no sólo a la subs1stenc1a de la familia: tamb~en generaba un
excedente que era comercializado, vendido al fazendeiro o a las poblaciones y ciudades vecinas (Bassanezi, 1973: pp. 208-209).
Para el fazendeiro, la explotación del trabajo familiar a través del
colonato era importante: al estimular la integración productiva de todos los elementos de la familia en condiciones de manejar Los instrumentos básicos de trabajo, conciliaba una mano de obra abundante
con la insuficiencia de recursos para el pago de salarios (Salurn, 1982).
La familia, al constituir una unidad de producción y consumo y obtener su subsistencia sin comprometer la producción volcada hacia el mercado, reducía los costos. Garantizaba para la fazenda una fuerza de
trabajo excedente, principalmente en el pico de la cosecha, cuando las
necesidades de trabajo aumentaban.
Para el fazendeiro también era interesante contratar trabajadores
en unidades familiares porque la propia familia funcionaba como elemento disciplinador: una vez establecido el contrato, la organización,
el funcionamiento y la calidad del trabajo quedaban a cargo del propio trabajador, dependiendo las ganancias obtenidas de su esfuerzo Y
del de su familia.
Finalmente, desde el punto de vista del fazendeiro, la familia grande con tres o más trabajadores, era ventajosa. Podría adaptarse mejo; a las condiciones de trabajo, cuidaría de un mayor número de pies
del cafetal, reduciría la cantidad de familias necesarias y el costo de
producción. Más aún, maximizaría la utilización de las mejoras y de viviendas en la fazenda.
Por otro lado, en la sociedad campesina italiana -origen de lama-

�98

Siglo XIX

yoría de los colonos- la producción agrícola ya se apoyaba en el trabajo familiar: éste, según Alvim, no era sólo un valor deseado sino
ta?Ib!én un valor a ser preservado por el inmigrante. El campesi~o inmigro como una forma de resistencia al proceso de proletarización des~t_ado en el país de origen, y veía siempre en la nueva tierra una posib1hdad de reconstrucción de su núcleo familiar. En este sentido concluye la autora, el trabajo en la labranza del café basada en el col~nato
representaba una atracción tentadora (Alvim, 1986: p.90).
El colono tenía interés, pues, en laborar dentro de la estructura
familia~: ~ra la cooperación de toda la familia la que aseguraba al grupo ;l mmur~o par~ su supervivencia. Era esta cooperación la que aparec1a como mcent1vo para la formación de un peculio; y éste, a su vez
dependía del grado de intensificación del trabajo y de la reducción deÍ
consu~o ª. lo estrictamente necesario, algo que el colono podría imponer a s1 mismo y a su propia familia.

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1.

. ~a form~ co_mo estaba organizado el trabajo reforzaba la cooperacion, la sohdandad y la combinación de esfuerzos de todos los miembros de_ 1~ familia para beneficio del conjunto. En esas condiciones,
las ~amihas grande~ po~ían sacar mejor provecho que las pequeñas:
hab1_a_ una proporc1~mahdad entre la cantidad de pies de café que la
fam1ha _tema ~ue cmdar y la cantidad de tierra disponible para cultivos
de subs1stenc1a. Cu~?to_ más trabajadores, más pies de café y más tier~a pa~a la p~oduccion m~ependiente: así, la producción para la subs1stenc1_a podia alcanzar ruveles por encima de las necesidades vitales
Ypermitía !ª_a_cumulación de excedentes que a su vez representaría una
mayor posi~1hdad de mej~ramiento social. Por otro lado, cuanto ~ayor e~a el numero de trabaJadores con que la familia podía contar más
ampha res~ltaba la división del trabajo. Las tareas serían ejecu~adas
con -~n meJor desempeño y con menor gasto de energía. Por eso la
fam1ha gran~e sería también valorizada por el trabajador: interes~ba
a su estrategia de supervivencia.
. Las ventajas que la familia grande presentaba tanto para el fazend~1ro com~ para el trabajad~r hicieron que el colonato apareciera asociado a!ª l~teratura y, también, a la tradición oral respecto a la familia
gr~~de 1tahana, ~orno se ,observa en el decir de un ex-colono: "las fam1has en a~u~I tiempo s1 que eran grandes. y las italianas de entonces ... Los itahanos tenían más hijos que las ratas".
El é~ito_ del sistem~ estaría relacionado al tamaño de la familia y,
por cons1gmente, a la idea de una prole numerosa. Esta sería el resultado de la forma en que estaba organizada la producción, como sugie-

M.S. Beozzo B.: Inmigrantes y café en San Pablo

99

ren o afirman varios autores que se preocuparon por el estudio del
colonato2 •
Stolcke, por ejemplo, afirma que
los intereses de los cultivadores de café en el tamaño y la composición de las familias inmigrantes influyó en el comportamiento demográfico al constituir un estímulo para la fecundidad( ... ) Aunque un
gran número de hijos pudiese representar inicialmente un peso considerable para la madre o el padre, esto significaba que, después de
los primeros años, la capacidad productiva de la familia aumentaría
anualmente. Como contrapartida, una familia con pocos hijos estaba en desventaja durante todo su ciclo de vida (Stolcke, 1986: p. 356).

Sostiene además que una madre con gran número de hijos pasaba una
parte considerable de su vida ocupada con su crianza. A pesar de ello,
según esta misma autora, la faena que representaba el trabajo en la
casa, la larga carrera reproductiva y los cuidados de los hijos, era reconocida como algo esencial, y consecuentemente valorizada bajo el
colonato. Por lo tanto, por ser socialmente reconocida, esta faena resultaba más fácil de soportar y no representaba problemas respecto al
aumento de la familia (Stolcke, 1986; p. 357).

Paiva, a su vez, intenta demostrar que en el colonato (y también
en la organización de la economía cañera del noreste), la importancia
notoria de la producción para el autoconsumo como garantía de la supervivencia familiar habría estimulado el mantenimiento de una fecundidad natural con efecto positivo sobre el tamaño de la familia. Este
autor sustenta que
la organización del trabajo, con sus diferentes formas desarrolladas
en la econonúa de subsistencia, mantuvo al proceso de reconstitución
de la fuerza de trabajo fuera de las relaciones monetarias. No estando su canasta de bienes de subsistencia expuesta a las variaciones de
precios, la pareja típica no era compelida, en el corto plazo, a ponderar los costos de sus hijos con los costos de otros bienes (Paiva,
1985: p. 215).

Por lo tanto, el colonato favorecía el mantenimiento de un patrón de
alta fecundidad: al permitir el usufructo de la tierra -aunque controlado- y la consecuente generalización de la producción de subsistencia,
evitaba la intermediación del mercado en el acceso a estos bienes3• Por

�100

Siglo XIX

eso, en la demanda de hijos, difícilmente la pareja podría evaluar sus
c~s~os en relación a otros bienes. En otras palabras, el colonato, al peroutir el acceso a la tierra, estimularía la reproducción ampliada de la
familia, a diferencia de situaciones donde el peso mayor del salario llevaría a la reducción de la prole vista como costo (Paiva, 1985: p.229).
Sin embargo, para Oliveira y Madeira, esta idea de que la forma
com_o es~ba organizado el trabajo en la labranza cafetalera podría haber mflwdo en el comportamiento demográfico, al premiar y/o estimular altas tasas de fecundidad, ganó fuerza mucho más como repetición que por respaldo empírico. Ambas autoras intentan demostrar que
los datos existentes no permiten sostener tales afirmaciones. Llaman
la atención sobre la importancia de las fases del desarrollo familiar en
la evaluación de los efectos de una prole numerosa:
La ampliación del tamaño de la familia significa una extensión de tiempo en que la unidad familiar se ve constituida por una minoría de
productores(... ) Sólo cuando la unidad familiar puede sacar partido
de una alta proporción de productores es que su tamaño ampliado
actúa en su beneficio(... ) Por lo tanto, la concentración de los beneficios en ~n período estrecho de tiempo deja dudas en cuanto a la
eficacia de la familia grande (Oliveira y Madeira, 1982: p.26).

Por otro l_ado, proc~~ también demostrar que predominó en el colonato un tipo de famiha bastante próximo al que hoy se conoce:

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J

Estimadas las probabilidades de supervivencia de la época, el grueso
de las familias no podía disfrutar de un tamaño final elevado ( ...)
Dadas las características de la producción cafetalera, esta adecuación
-de la f~a al sistema productivo- podría ocurrir, por un lado,
con una simple reorganización del trabajo y, por otro, por la acción
de mecanismos de distribución proporcional de tierras para los cultivos alimenticios (Oliveira y Madeira, 1982: pp. 26-27).

E? u~ trabajo ~ás reciente, Oliveira cuestiona aún más a fondo la hipotests q~e explica el ta~añ~ ~upuestamente elevado de la familia por
las necesidades de orgaruzac1on de la producción. Destaca la interfer~ncia de una ~erie de factores tales como la mortalidad infantil y el
ttem~o nec~sano para que u~ patrón de fecundidad se exprese en brazos dispombles para el trabaJo. La complejidad de la acción de estos
fac~ores reforzaría, para esta autora, la hipótesis de que el colonato
s_ena mucho más un sistema capaz de acomodar con éxito a las familias ~andes, que un sistema que demandaría estas familias. Por lo tanto:
un sistema capaz de absorber una oferta cuyos determinantes se encuentran en otra parte (Oliveira, 1985). En otras palabras Oliveira está

M.S. Beozzo B.: Inmigrantes y café en San Pablo

101

inclinada a buscar fuera de la organización del trabajo los condicio~
nantes del comportamiento demográfico del período cafetalero en San
Pablo. Tras afirmar que muy poco se sabe sobre la familia en el colonato y que una conclusión sobre el papel de la población en el período
está lejos de ser alcanzada, la autora apunta la necesidad de que se intensifiquen las investigaciones empíricas para que "aparezcan de modo más claro los contornos de la dinámica demográfica y sus componentes" (Oliveira, 1985: p.34).
De hecho, aunque en los últimos afios la literatura sobre el colonato aumentó sobremanera y muchos estudios importantes hayan surgido con la preocupación de estudiar la familia en este sistema de trabajo, aún no se sabe de investigaciones que demuestren que la familia
en el colonato fue realmente grande. Se desconoce la distribución de
las familias en cuanto al tamaño, a su fuerza de trabajo y a su posición
en los diferentes momentos del ciclo vital. No está clara aún la relación entre el tamaño de la familia y su capacidad de trabajo. No hay
datos suficientes, en tiempo y en espacio, para valorar el usufructo de
la tierra, la importancia de las retribuciones salariales y su impacto sobre la familia. Poco o nada se sabe sobre la nupcialidad, fertilidad,
morbilidad y mortalidad en el colonato. Muy poco también se especuló sobre las influencias que otras variables que no son económicas -religiosas o culturales, por ejemplo- ejercerían en su tamaño.
En este sentido es esencial también conocer y reflexionar sobre la
realidad de los migrantes -extranjeros o nacionales- en su región de
origen; sobre los valores que guiaban sus vidas. En fin: verificar cómo
eran las familias que se dirigían hacia el área del café. En el caso de
Italia, por ejemplo, Alvim apunta un elemento diferencial en la composición de los inmigrantes que arribaban al Brasil, en cuanto a época
y a región de emigración (Alvim, 1986: pp. 28-40). Se hace necesario,
también, acompañar a estas familias durante el tiempo que permanecieron en el cultivo del café, en un intento de captar posibles transformaciones ocurridas en el comportamiento demográfico mientras se incorporaban y fijaban en la labranza.
Para encontrar respuestas es que se está emprendiendo un esfuerzo de investigación en busca de evidencias empíricas esclarecedoras,
por lo menos en parte. Esta investigación se ha concentrado en el estudio de una subpoblación en un momento histórico dado: las familias
de colonos en la fazenda de Santa Gertrudis, entre 1890 y 1930.
La fazenda de Santa Gertrudis fue la más importante propiedad
cafetalera del municipio de Río Claro, en el Viejo Oeste paulista. Pro-

�102

p~edad mode~o, era una ejemplo de la compleja empresa capitalista dedicada al cafe. Poseía la mayor concentración de trabajadores extranjeros (y sus ?escendientes) entre las fazendas de la región, en el período en estudio.

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M.S. Beozzo B.: Inmigrantes y café en San Pablo

Siglo XIX

_ El pres:nte trabajo, resultado de esta investigación, pretende analizar el perfil demográfico de la familia inmigrante -italiana y nacional (cearense)- y sus semejanzas y diferencias en el momento exacto
de su introducción en la agricultura cafetalera. Busca detectar la fuerz~ de t~abajo potencial de las unidades familiares y tejer algunas consideraciones sobre la participación de la mujer en el trabajo productivo Yen el de subsistencia. Presenta además algunos datos sobre el número de hijos nacidos y sobrevivientes de las mujeres casadas entre los
15 Y 49 ~os, en el m?mento de su ingreso en el cultivo del café, que
abren pistas y/o suscitan cuestiones relativas a la nupcialidad y a la
fecundidad.
. Para este e~tudio se utilizó como fuente principal de datos los Registros de Matnculas de Inmigrantes del Hospedaje de los Inmigrantes
de San Pablo, además de la documentación de la fazenda de Santa Getrudis y otras fuentes.

103

Entre 1895 y 1930, los trabajadores de origen italiano representaban, en promedio, cerca del 65% de la mano de obra ocup~da con el
régimen de colonato (Bassanezi, 1973: p. 141). Este por_ce~taJe fue mayor en los años próximos al 1900, cuando la entrada de_1talianos al ~rasil, con el cambio de siglo, resultó también más volummosa. Se estima
que entonces los italianos sobrepasaron el 75% del total de los trabajadores. Para 1909-1918, cuando la inmigración i!aliana para el café
ya había declinado bastante, los colonos de ese ongen alcanzaban, en
promedio, el 640Jo (variando entre 53% y 68%) del total en la fazenda
de Santa Gertrudis ( cuadro 1)
CUADRO 1

FAMILIAS DE COLONOS SEGUN SU ORIGEN
(1909-1918)

origen
año

italianos
%
cantidad

no italianos
%
cantidad

total

. _El ~ospedaje de los Inmigrantes fue uno de los múltiples canales
mstitucionales ~reados para atender las necesidades de la agricultura
cafe~alera paulista: Tenía como objetivo recibir a los inmigrantes extranJe~os Y (posten?n:nente, los nacionales) que llegaron a San Pablo
a partrr de las dos ultlDlas décadas del siglo XIX, y que allí aguardaban el momento de seguir hacia su destino. Aunque la función inicial
del Hosp~daje fue alojar hasta por ocho días a los recién desembarca?ºs,_ paso luego a ser punto de encuentro de los fazendeiros con los
mDllgrantes para la contratación de mano de obra.

1909
1910
1911
1912
1913
1914
1915
1916
1917
1918

116
120
124
116
101
111
111
101
86
68

57.0
67.5
66.2
67.3
68.4
68.3
63.l
67.4
58.2
53.0

50
45
42
38
32
35
41
33
36
32

43.0
32.5
33.8
32.7
31.6
31.7
36.9
32.6
41.8
47.0

166
165
166
154
133
146
152
134
122
100

FAMILIAS PARA EL CAFE: 1TALIANOS Y CEARENSES

Total

1 054

64.0

384

36.0

1 438

1.

La fazenda de Santa Gertrudis reflejaba, en el período, la situación
gene~al de la labr~nza del café respecto a la mano de obra. En ella predo~a?an trabaJadores europeos, tanto en el cultivo específico como
en activ!dades ~omplement~ias (Bassanezi, 1973). Los italianos y sus
~esce~dtentes,siempre constituyeron mayoría entre los colonos; a cont1~u~ción ve~an portugueses, españoles y algunos pocos de origen germamco. Los.Japoneses no se adaptaron al trabajo en estas propiedad~ Ylos nac1?n~les, hasta 1920, fueron una pequeña minoría (apareciendo con mas mtensidad después de esta fecha, cuando un gran grupo de cearenses fue introducido).

Fuente: AFSG, Registro de pés de café entregue aos colonos, 1909-1918.

Para cuidar aproximadamente un millón de pies de café, esta propiedad necesitaba utilizar trabajadores asalariados adicionales. El empleo
de éstos, los llamados camaradas, aumentaba mucho el costo de producción. Siendo así, para evitar los perjuicios que la inestabilidad del
colono provocaba, el reclutamiento constante de nuevas familias era
siempre la gran preocupación del fazendeiro.

�104

Siglo XIX

Los cálculos efectuados muestran que en Santa Gertrudis debían
ser contratadas un promedio de 35 nuevas familias todos los añ.os (Bassanezi, 1973: pp. 151-152). Provenían directamente del Hospedaje de
los Inmigrantes en San Pablo, o eran reclutadas en las fazendas cercanas y/o en los municipios de la región. Por eso. era que en una misma
fazenda se encontraban trabajando, codo a codo, familias extranjeras
y nacionales, así como recién llegadas a San Pablo y otras que hacía
más tiempo residían en el lugar o región (por lo tanto, con alguna experiencia en el cultivo del café).

M.S. Beozzo B.: Inmigrantes y café en San Pablo

-""""

Para este estudio fueron seleccionadas aquellas que provenían directamente del Hospedaje de los Inmigrantes. O sea: las recién llegadas a San Pablo y que tenían como primer destino a Santa Gertrudis.
Familias que probarían por primera vez el trabajo del café: italianas
que se dirigieron a aquella fazenda entre 1867 y 1902; y venidas del
estado de Ceará (noreste) que llegaron desde 1920.

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Estas familias son consideradas separadamente en cuanto a su origen, y también analizadas en cuanto a su tipo; o sea, si eran nucleares
o no (ampliadas). El primer tipo abarca todas las familias formadas
por la pareja, por la pareja con hijos solteros y por uno solo de los
cónyuges e hijo (s); el segundo, por aquéllas que no llenaban los requisitos establecidos en el primero, como por ejemplo: familias donde. había padre y/o madre, hermanos, sobrinos, nietos, etcétera, del jefe,
además de otras combinaciones.

Tamaño y composición
Las 63 familias italianas que se destinaron a la fazenda de Santa Gertrudjs entre 1897 y 1902 eran, en su mayoría, nucleares: el 81 %, con
tamafto medio de 4.84 personas (mediana igual a 5.O). De éstas apenas
6% estaban formadas por parejas sin hijos, el 90% por parejas que
poseían entre 1 y 7 hijos y 4% compuesta por apenas uno de los cónyuges e hijo(s).
El tamaño medio de las familias compuestas por la pareja e hijos
era de 5.15 miembros; 3/4 partes poseían entre 4 y 6 personas y por
consiguiente de 2 a 4 hijos, o sea 3.15 hijos en promedio (cuadros 2 y 3).

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Las unidades familiares diferían entre sí no sólo en cuanto al grado de experiencia en el cultivo, sino también en cuanto a composición
y tamaño: podían ser tanto familias nucleares como ampliadas; podían
encontrarse en diferentes etapas de su ciclo vital. Por lo tanto, familias con niveles diferentes de capacidad productiva trabajaban simultáneamente en la gran propiedad cafetalera bajo el régimen de colonato.

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105

�106

M.S. Beozzo 8.: Inmigrantes y café en San Pablo

Siglo XIX

CUADR03
TAMAÑO Y COMPOSICION DE LA FAMILIA ITALIANA (1897-1902)

Tamaño

Familia

Cas. y Cas.

Nuclear

Familia

Total

no

general

Total

con hijo (s)

1 cónyuge
e hijo (s)

2

3

2

5

-

5

3

5

-

5

1

6

4

12

-

12

2

14

5

12

-

12

4

16

6

11

-

11

2

13

7

3

-

3

1

4

8

-

-

-

2

2

9

3

-

3

-

3

Total

49

2

51

12

63

nuclear

1

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Fuente: HI, Matrícula dos lmigrantes e Registros de Imigrantes, 1897-1902.

1

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1 •

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En grupo d 7las no nucleares (190/o) las familias alcanzaban un tamano promedio de 5.5 personas. Por lo tanto eran un poco mayores
que las nu~leares; con todo, presentaba una gran dispersión en tomo
de la media.
En cu~nto a s~ comr.osición, lo más común era la familia formada po~ el Jefe, muJer, hiJos y el padre o la madre del primero. Otras
vece~ mtegraban el grupo hermanos, hijos casados, nueras, nietos y
sobrinos del padre, no verificándose casos de hijas casadas O suegra
y suegro.
L~ co~posición de estas familias estaba en parte relacionada con
las exigencias para la adquisición del pasaje subsidiado:

107

Los miembros dependientes de la familia que podían ser incluidos en
el pasaje eran padres, hermanos solteros, cuflados y sobrinos huérfanos del jefe de la familia. Mujeres casadas que se iban a reunir con
sus maridos, podían ser escogidas ya en el Brasil, pero no primos y
parientes más distantes (Holloway, 1984: p. 79).

Por otro lado, el tamaño y composición de las familias tenía que ver
con la propia estructura familiar del grupo en su país de origen. En
el caso de Italia, por ejemplo, Alvim demuestra que las familias de pequeños propietarios, arrendatarios y medieros del Véneto, que predominaron en la emigración hacia el Brasil en el período anterior a 1885,
eran familias ampliadas (formadas por 2 ó 3 hombres con sus respectivas mujeres e hijos). Las familias braccianti, también del Véneto, que
formaron el grueso de brazos para el café después de 1885, ya poseían
-según declaraciones de la época- cinco personas como máximo: normalmente la pareja con hijos; algunas veces la integraban el padre o
la madre paternos (Alvim, 1986: pp.28-40).
En 1920 fueron introducidos en la fazenda los cearenses: un total
de 132 familias, de las cuales 650/o eran nucleares (casi 15% menos que
las italianas) y cuyo tamaño era en promedio de 4.8 personas (cerca
de 71 O/o de las familias poseían entre 2-5 personas). De estas familias
nucleares 160/o estaban formadas sólo por la pareja, 730/o por parejas
con hijos y 11 O/o compuestas por cónyuge e hijo(s). Las familias con
una pareja e hijos poseían un tamaño promedio de 5.52, y de éstas 520/o
poseían entre I y 3 hijos ( cuadros 2 y 4). Las no nucleares llegaban
a un tamaño promedio de 5.9 (cerca de 760/o contenían de 3 a 7
miembros).
Diferenciándose de las italianas, las familias cearenses incluían con
mucha frecuencia -además de progenitores y hermanos del padreagregados, cuñados, tíos, primos, sobrinos, abuelos y nietos, en una
clara demostración de que disminuyeron las exigencias en cuanto a la
composición de la familia que debía recibir el pasaje. Se constata por
otro lado que mujeres como jefes de familia aparecían con cierta regularidad, lo que era bastante raro entre las italianas y europeas en general. Las viudas predominaban como jefes, pero había también casos
de mujeres solteras con hijos, y de mujeres casadas sin marido, con
hijos y otros parientes.
Para el estudio del tamaño de la familia, el conocimiento del reparto de las edades es fundamental. Aquí, su importancia aumenta una
vez que también se pretende medir la fuerza de trabajo en un grupo
donde los niños de temprana edad (a partir de los 7-8 años) se inicia-

�108

Siglo XIX

M.S. Beozzo B.: Inmigrantes y café en San Pablo

ban en la ayuda de la familia. A los 12 afios ya eran considerados, de
hecho, como personas de trabajo, elementos aptos para el cultivo del
café.

CUADR04
TAMAÑO Y COMPOSICION DE LA FAMILIA CEARENSE (1920)

Tamaño

Familia

Nuclear

Familia

Total
general

1 cónyuge
e hijo (s)

Total

con hijo (s)

no
nuclear

2

14

4

18

3

21

3

11

1

12

6

18

4

12

2

14

5

19

5

17

-

17

4

21

6

7

-

7

11

18

7

3

-

3

9

12

8

5

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6

1

7

9

5

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5

3

8

10

1

I

2

1

3

-

-

-

1

I

12

2

-

2

2

4

Total

77

9

Cas. y Cas.

1

1
¡

4

.,

11
1,

Fuente: HI, Registro de lmigrantes, 1920.

86

46

132

109

Los datos sobre la edad, sexo y estado civil de los miembros de estas
familias italianas y cearenses se encuentran en los cuadros 5 y 6. Indican la presencia de familias relativamente jóvenes en una fase del ciclo
vital en que la mayoría estaba en medio de su proceso reproductivo.
En las familias nucleares los nifios y jóvenes entre 0-14 afios llegaban
a representar un poco más de la mitad del total (52% para los italianos
y 51 % para los cearenses); 99% de las mujeres italianas no pasaban
de los 49 aftos, mientras que 100% de los hombres alcanzaban los 54
años; entre los cearenses apenas 2.4% eran personas entre 50 y 65 aftos.
Exceptuando a las familias con sólo un cónyuge, se observa que
las mujeres italianas tenían en promedio 33.8 años y las cearenses 27.4
años; los hombres casados italianos presentaban una edad promedio
de 37.4 años y los cearenses 30.7; y finalmente la edad promedio de
los hijos era de 7.2 aftos para los primeros y 6.8 para los segundos.
Por lo tanto, las familias cearenses eran en general más jóvenes que
las italianas.
Las familias no nucleares italianas también perfilaban una estructura etaria más vieja que las cearenses. lndividuos entre 0-14 años formaban cerca de 1/ 3 de la población (32% para los italianos y 36% para los cearenses). En estas familias la incidencia de personas con más
de 50 años era mucho mayor que en las nucleares, siendo que la mayor
proporción de viejos se encontraba en las no nucle~res italianas.
En cuanto al total de los elementos que componían las familias nucleares se verifica un desequilibrio entre los sexos en las familias italianas, con mayor peso en favor de los hombres, principalmente en las
franjas de O a 14 aftos (la razón de sexo en estas familias es 125). ¿Se
habrán seleccionado en Italia familias con mayor proporción de hombres? Las familias cearenses casi alcanzaban el equilibrio, con un mínimo predominio de mujeres (razón de sexo igual a 98.9). En relación
a las familias no nucleares, las italianas presentaban un equilibrio entre los sexos; en las cearenses era mayor la proporción de mujeres (razón de sexo, 96.2), principalmente en las franjas superiores a los 30
aftos (cuadro 5 y 6).
Si se observa el estado civil de los mayores de 15 aftos, en las familias no nucleares, se verifica que para los italianos predominaban los
casados: 59% hombres y 55% mujeres. Para los cearenses, los solteros
conjuntamente con los viudos excedían a los casados; 44% de los hombres y 39% de las mujeres eran solteros. En cuanto a los viudos, el
menor porcentaje se encontraba entre los hombres cearenses: 7%; los
italianos alcanzaban 23 % . Finalmente, las mujeres viudas llegaban al
20% y 18% entre cearenses e italianos, respectivamente.

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CUADRO 5

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FAMILIA ITALIANA; EDAD, SEXO Y ESTADO CIVIL (\897-1902)

Familia

Grupo
por
Edad
O- 4
S- 9
10-14
15-19
20-24
25-29
30-34
35-39

40-44
45-49
50-54

e

Hombres

s

e

V

Mujeres

s

35

e

V

23
18
10
7

25
18
8
2
8
7
14
7
7
4

Nuclear

1

s

e

V

6

Total

1
1

~9

88

1

so

s

-

99

s

147

1

6
4
2
3

1
1

1

1

1

4

3

1

4

25

1
2
1

13

3

3
1

1
1

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V

2
4
7
4
4
1
1
1

2
3
4
1

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Nuclear

Mujeres

2
2
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4
2

SS-59
60 y+

Hombres

IS
8
17
21
23
12
13
4

s

1

Total
58
43
28

1

6
9
14
9

Familia

'foü:

s

14

12

18

Total
Total

Total

s

~

Hom. Muj
Oral.

V

10
8
4
3
1
7
1

39
29
20
8

2

8
8
7

29
22
12
12
9
16
14
12
6
6
1

32
20
14
29
27
27
14
14
8

7

s

4

9

9

170

s

13
13

IS

34

68

SI

14' 313

Fuente: HI, Matrícula dos Imigrantes e Registro de lmigrantes, 1897-1902

CUADR06
FAMILIA CEARENSE: EDAD, SEXO Y ESTADO CIVIL (1920)

Grupo
por
Edad

Familia
Mujeres

Hombres

e

s

O- 4
S- 9
10-14
15-19 2
20-24 IS
25-29 12&lt;&gt;
30-34 14
35-39 14
40-44 6
45-49 2
50-54
SS-59 3
60 y+
3

47
38
16

Total t79

127

V

e

s

Nuclear
Total
V
e s

SS

11
12
2
1
1

7
24
23
14
4
4

33
20
8

s

3
2
1
1

1
1
1

78

124

4

Fuente: HI, Registro de lmigrantes, 1920.

9
39
43
28
18
10
2
1
3
4
157

V

102
71
36
19
17
5
1

e

1
9

3
1
1

7
5
5
1
2

3

Familia
Hombres
s V
30
13
16
10
13
6
1

251

s

36

8
17

IS
1
1

1
1
1

1
2

1
1
91

e

no Nudur
Mujeres
Total
s V e s

5

3
14
7
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14
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1

79

1

4
23
14

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20

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2
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2

38
30
31
24
27
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3
1
2
1
1

170

Total Total
Hom. Muj
Oral.
V
77

SI
2
1
2
2
1
3
3
3
8
25

32
24
50
36
21
20
8

s

4

s

6
339

63
50
35
32

140
101
67

SS

108
75
45
34
16
10
12
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14

39
24
14
8

s

8
3
8

56

347 686

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�112

M.S. Beozzo B.: Inmigrantes y café en San Pablo

Siglo XIX

Diseñado, en líneas generales, el perfil de las familias que se dirigieron en diferentes momentos a Santa Gertrudis, siguen algunos comentarios sobre su significado en términos de la fuerza de trabajo.
CUADRO 7
FAMILIAS NUCLEARES. EDADES MEDIAS

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Padre

Madre

Hijos

Familia

Italiana
(1897-1902)

37.35

33.84

7.17

26.12

Italiana/
Austriaca
(1903-1914)

40.73

37.09

11.86

29.89

Portuguesa/
Española
(1903-1914)

37.11

33.56

9.87

26.85

Brasileña
(cearenses
1920)

30.74

27.44

6.80

21.66

·•

1

l

i
4

Nacionalidad

Fuente: HI, Matrícula dos lmigrantes e Registro de Jmigrantes, 1897/1920

' -'

La fuerza de trabajo

Para el cultivo del café, lo que más importaba era la cantidad de elementos aptos para el trabajo, preferencialmente hombres. Se entendía
por "persona de trabajo" al individuo (hombre o mujer) a partir de
los 12 años y hasta alrededor de los 60-65 años. Al fazendeiro le interesaba también conocer, además del número de elementos de trabajo,
el tamaño y composición de la familia, pues los demás miembros podían ser utilizados en la cosecha (lo que podía ocurrir desde los 7 u
8 años).
El.propio Hospe~aje de los Inmigrantes, como agente de mano de
obra vmculado a los mtereses del café, además de clasificar a los invididuos por sexo los distribuía en tres grupos etarios: de 0-12 años, de

113

12 a 45 y con más de 45 años, en una clara demostración de conocer
el potencial y la fuerza de trabajo de las familias. Además, entre las
exigencias para que una familia pudiese obtener el pasaje subsidiado
estaban que fuese de agricultores, y que tuviese por lo menos un elemento masculino de 12 a 45 años.
En procura de una medida más precisa y para caracterizar mejor
el potencial de la fuerza de trabajo de las familias recién llegadas a la
fazenda, se optó por subdividir los dos primeros grupos etarios establecidos por el Hospedaje en otros dos. El tercer grupo, o sea aquel
que contenía a las personas con más de 45 años, fue conservado idéntico ya que la cantidad de personas con más de 55 años era poco significativa.
Así, a los efectos de este análisis, los elementos fueron clasificados en
cinco grupos etarios:
representado por niños que necesitaban cuidal. O a 6 años:
dos especiales y constantes por parte de una mujer, generalmente la madre, o hermanos más
grandes; grupo que no producía y, aparte de eso,
dificultaba el trabajo productivo del elemento
responsable de su cuidado.
II. 7 a JI años:
constituido por aquellos niños que estaban en
condiciones de prestar servicio al grupo doméstico; por ejemplo: cuidar de los hermanos menores, llevar comida para el campo, ayudar en
los servicios de la casa, cuidar de la huerta y de
los animales, participar de la cosecha dél café y
colaborar en la labranza de subsistencia. La importancia de este núcleo para la supervivencia de
la familia residía en que contribuía a reducir las
labores de la madre en la casa. Y porque, junto
a ella en las tareas del cutivo y en actividades
auxiliares, coadyuvaban con una parte del dinero recibido durante el año por la familia.
III. 12 a 16 años:
los "media azada", o sea adolescentes incluidos
oficialmente en la fuerza de trabajo; aunque no
hubieran alcanzado la plenitud de su capacidad
física, asumían un papel importante en la supervivencia del grupo.
IV. 17 a 45 años:

formado por los trabajadores adultos o "azadas" con plena capacidad física, dedicados de
tiempo integral a los cuidados del cafetal y de
las labores complementarias.

�114

M.S. Beozzo B.: Inmigrantes y café en San Pablo

Siglo XIX

V.- más de 45 años: constituido por personas que continuaban dedi-

CUADR09

cándose totalmente al trabajo del café; por lo
tanto, eran consideradas "personas de trabajo",
pero su capacidad física y rendimiento tendían
a disminuir a medida que avanzaban en edad.
Con el objetivo de detectar la fuerza de trabajo potencial en las unidades familiares, se presentan en los cuadros 8 y 9 los resultados del agrupamiento de los componentes de las familias en las cinco franjas etarias propuestas anteriormente.

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1

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Grupo
de

Edad

Familia

Nudear

Familia no Nuclear

Total

Hombres Mujeres Total Hombres Mujeres Total General

O- 6

68

68

136

36

12

48

184

CUADROS

7-11

26

29

55

14

19

33

88

FAMILIA 1TALIANA: EDAD Y SEXO DE LOS MIEMBROS
Potencial que representaban como fuerza de trabajo

12-16

12

15

27

12

19

31

58

17-45

93

92

185

59

72

131

316

46 y+

8

2

10

11

19

30

40

Total

207

206

413

132

141

273

686

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Grupo
de
Edad

FAMILIA CEARENSE: EDAD Y SEXO DE LOS MIEMBROS
Potencial que representaban como fuerza de trabajo.

Nudear

Familia

Familia no Nuclear

Total

Hombres Mujeres Total Hombres Mujeres Total General

O- 6

43

31

74

6

7

13

87

7-11

28

17

45

4

4

8

53

12-16

13

8

21

-

3

3

24

17-45

42

48

90

14

16

30

120

46 y+

12

5

17

8

4

12

29

Total

138

109

247

32

34

66

313

,.

Fuente: HI, Matricula de lmigrantes e Registro de Imigrantes, 1897-1902

Para las familias nucleares italianas, 52% de sus miembros poseían más
de 12 años, por lo cual eran aptos para el trabajo productivo; para los
cearenses este porcentaje era un poco mayor, 54%. Por otro lado, las
familias nucleares italianas tendrían un 680/o de trabajadores en potencia mientras que las cearenses un 70%. Estos datos indican que para
el fazendeiro las familias no nucleares presentaban mayores ventajas
en el momento de llegada que las nucleares, porque ellas suponían más
trabajadores; mientras que las últimas sólo comenzaban a tener mayor

Fuente: HI, Registro de lmigrantes, 1920

proporción de productores después de algunos años, cuando los hijos
tomaban parte efectiva como fuerza de trabajo.
El argumento de que en las familias no nucleares habría más personas de edad avanzada que en las nucleares, no invalida la afirmación anterior. Sacando las personas con más de 60 años, probablemente
improductivas, aún así el porcentaje de elementos aptos sería mayor
en las familias no nucleares: 560/o y 670/o respectivamente para italianos y cearenses.
Es necesario destacar que no todas las mujeres participaban directamente en el trabajo productivo y que, por lo tanto, los porcentajes
presentados arriba, tanto en el caso de las familias nucleares como no
nucleares, podrían ser menores. Calcular sin embargo la real participación de la mujer adulta en el trabajo productivo se torna un problema de difícil solución. Es que una serie de variables, de lo más diversa,
interferían en el aumento o disminución de su participación.

115

�M.S. Beozzo B .: Inmigrantes y café en San Pablo
116

La mujer adulta, así como las menores de 12 a 16 años, era considerada "media azada", o sea que tendría condiciones de producir la
mitad que el hombre adulto. Pero en muchos casos, liberadas del "trabajo de la casa", llegaban a trabajar y a rendir tanto como el hombre.
Como observó un ex-colono:
Oh! sí trabaja. Había una mujer allá, qué barbaridad. Yo tengo una
cuñada ... Ella desafiaba a cualquier hombre con la azada ... En la cosecha hay mujeres que cosechan más que los hombres ... Ella trabaja
más en serio.

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117

Siglo XIX

Con los datos presentados en los cuadros 8 y 9 se puede verificar
que el total general de los individuos de lo~ dos ~rupos (? sea, 55%
de los italianos y 60% de los cearenses) tema 12 anos o mas Y, por lo
tanto, eran considerados aptos para el trabajo.
Una muestra significativa de estas mismas familias, localizada en
la documentación de Santa Gertrudis, en el momento de su llegada a
la fazenda, apunta que el 49% de los italianos y también de los ce~~nses eran ''personas de trabajo''. La muestra se compone d~ 26 familias
italianas con 126 personas (62 "de trabajo") y 101 familias cearenses
con 498 personas (246 "de trabajo").

La ~articipaci~n de la mujer casada y su rendimiento en el trabajo
productivo del cafe y en el de su subsistencia dependían también del
mo~ento de_l ci_clo vital familiar en el cual se encontraba el grupo. Silva D1az YOhve1ra observaron en sus investigaciones sobre el colonato
para un período más reciente, que el nacimiento de los hijos colocab~
ª.la mujer impedimentos para la ejecución de su trabajo, exigía su atención constante y aumentaba su tarea en la casa. Cuando los hijos comen~aban a ~recer, liberaban a la mujer para la labranza, y cuando
los niños teman 7 u 8 años ya realizaba varias tareas domésticas. Finalmente a medida que los hijos crecían, asumían sus funciones en el
trabajo productivo y la madre podía retornar a los domésticos. Aunque esto es para un período reciente, se cree también es válido para
los anteriores (Silva Díaz, 1981; y Oliveira, 1982).

Si se parte entonces del presupuesto de que todos los ho~bres mayores de 12 años eran trabajadores efectivos, podría deducuse que la
diferencia entre los porcentajes presentados (550/o - 490/o = 60Jo para
los italianos· 600/o - 490/o = 11 O/o para los cearenses) fincaba en las mujeres con más de 12 años que no participaban del trabajo productivo.

Todavía hay que considerar, en cuanto al trabajo productivo de
la mujer, los aspectos culturales. En este sentido hay una interesante
declaración de Maistrello donde muestra que los casamientos entre nacionalidades diferentes, aunque menos comunes, no eran raros. Existían

Aplicándose estos porcentajes a las 26 familias identificadas en la
documentación de Santa Gertrudis, se obtiene que 70 de 126 personas
deberían tener 12 años o más (36 hombres y 34 mujeres). Si todos los
hombres con 12 años o más fueran considerados trabajadores, y si el
total de trabajadores era de 62, se concluye que de las 34 mujeres, apenas 26 estaban incluidas en la fuerza de trabajo, o sea 23 .50/o de ellas
no estaban entre las consideradas "personas de trabajo" .

casos de casamiento de hijas de extranjeros con hombres de color,
hecho éste que tiene explicación en el hábito del nativo de dejar siempre a la mujer en la casa para realizar los quehaceres domésticos, cuando el extranjero por el contrario la lleva para el trabajo pesado del
campo (MaistreJio, 1982: p. 554).

Estas actitudes demuestran la dificultad de obtener una real representatividad de la mujer casada en el total de la capacidad productiva de
las familias, ya fuere en el cafetal o en la labranza de subsistencia.
Sin embargo, un ejercicio con los datos recolectados permitieron
que se especulase un poco más sobre el trabajo de la mujer, y que se
llegase a algunas evidencias.

Tomando como verdadero dicho presupuesto, fue posible entonces obtener la proporción de mujeres que participaban o no de la fuerza de trabajo.
En el caso de las familias italianas encontradas en la documentación del Hospedaje de los Inmigrantes, había 313 personas de las cuales 173 eran mayores de 12 años (89 hombres y 84 mujeres)~ o sea, 55.30/o
de las mismas. De ellas 51 O/o eran hombres y 490/o muJeres.

Siguiendo el mismo razonamiento para el caso de l_as familias cearenses, en la documentación del Hospedaje de los Irurugrantes fue posible verificar que 60.30Jo de las personas tenía 12 años o más. De éstas, 470/o eran hombres y 530/o mujeres.
Estos porcentajes aplicados a las 101 familias cearenses identificadas en los documentos de la fazenda muestran que 300 personas tenían
12 años o más de las cuales 141 eran hombres y 159 mujeres. Por lo
tanto, de un tdtal de 246 trabajadores, 105 eran mujeres. En otros tér-

�118

Siglo XIX

mínos, del total de mujeres el 34% no estaba incluido entre las "personas de trabajo".
Por lo tanto, si los presupuestos fuesen correctos, los cearenses tenían proporcionalmente una cantidad menor de mujeres que se ocupaban del trabajo productivo respecto de los italianos, entre quienes más
de 3/ 4 partes de las mujeres eran consideradas como
fuerza de
trabajo.
Nupcialidad y fecundidad: algunas indicaciones

Además de la contribución de la mujer para el trabajo productivo de
la unidad familiar, las fuentes ofrecen algunas indicaciones relativas
a nupcialidad y fecundidad.
Retomando los números del cuadro 7, se verifica que las edades
medias de los hijos de las familias nucleares italianas y cearenses están
bastante próximas, aunque las edades de los padres italianos alcancen
valores más bajos que las de los cearenses. Esto por sí sólo conduce
a la suposición de que la edad media al casarse era más alta para los
italianos que para el grupo nacional. Tal constatación es reforzada cuando se calcula la edad del hijo más viejo que aparece en los registros.
Para los italianos era de 9.6 años; por lo tanto, este hijo habría nacido
cuando la madre tenía 24.2 años y el padre 27 .8. Para lós cearenses,
la edad promedio del hijo mayor era de 8.1, lo que demuestra que la
madre al concebirlo tendría 19.3 y el padre 22.6 afios. Aunque no se
puede saber si el hijo mayor era realmente el primero, estos datos son
indicativos de que las parejas cearenses -en las primeras décadas del
siglo XX- se uruan antes que los italianos a fines del XIX4 •

1

l

i

J

.....,

No hay manera, con estas fuentes, de obtener directamente tasas
de nupcialidad, fecundidad y mortalidad. Pero pueden ser practicadas
algunas observaciones en relación a los hijos tenidos y sobrevivientes
en el momento del ingreso de estas mujeres, entre 15 y 49 años, y así
abrir algunas pistas respecto a la fecundidad.
Los cuadros 10 y 11 indican que las mujeres italianas comprendidas
en las franjas etarias de 15 a 34 tenían en promedio menos hijos que
las cearenses. Esto ocurría porque los cearenses se casaban antes y tendían a espaciar el nacimiento de los hijos en una fracción de tiempo
menor que las italianas. Los datos existentes para las mujeres con dos
hijos o más mostraron (en el 68.5% de los casos examinados) que el
tiempo entre el nacimiento de un hijo y de otro variaba de 1 a 2 años
para los cearenses, mientras que para las italianas (70.5%) oscilaba de
2 a 3 años. Llama la atención inclusive el hecho que un aumento ma-

M.S. Beozzo B. : Inmigrantes y café en San Pablo

119

yor del número promedio de hijos ocurría en el pasaje de la franja de
25-29 afios a la de 30-34 afios, y que en el caso de las cearenses este
aumento llegaba a ser de 2.1 hijos; en otr~ p~abras, pasaba de 2.5
hijos a 4.6 hijos, mientras que para el grupo 1tahano pasaba de 2.0 para 3.0 hijos.
Entre tanto la tendencia de las mujeres cearenses a tener un número promedio 'mayor de hijos que l~s ita~a~as ocurría apenas h~t_a
los 30 afios. A partir de ahí la tendencia se mvierte en favor de l~s.últ1mas. Pero la pequefia frecuencia de mujeres cearenses en las ultimas
franjas etarias del período reproductivo d~ja dudas e~ cu?nto a esta
afirmación, así como sugiere algunas cuestl~:mes: ¿que vanables estarían interfiriendo en los resultados? ¿las muJeres cearenses en las edades más avanzadas del período reproductivo estarían sujetas a una tasa de mortalidad mayor que las otras? ¿problemas ligados a la salud
estarían interfiriendo en la capacidad reproductiva de estas mujeres,
más en uno que en otro grupo?
CUADRO JO
FAMILIAS ITALIANAS (1897-1902)
número medio de lújos, sobrevivientes por mujeres casadas
en el momento de su ingreso al cultivo del café
Número

Grupo de

de

hijos

Total

Total Prom.

Edad

o

1

2

3

4

s

6

15-19

1

1

-

-

-

-

- -

2

1

0.50

20-24

3

2

2

1

-

-

- -

8

9

1.13

25-29

1

2

7

2

1

-

-

-

13

26

2.00

30-34

-

2

2

6

3

-

-

1

14

43

3.07

35-39

-

-

3

3

3

2

-

1

12

44

3.67

40-44

-

2

-

-

2

2

- 2

6

20

3.33

45-49

-

-

2

-

2

1

- 1

6

24

4.00

Total

6

9

16

12

11

5

o

61

167 2.74

7

3

Mujeres Hijo!

Hijos

Fuente: HI, Matrícula dos lmigrantes e Registros de Immigrantes, 1897-1902.

�120

Siglo XIX

M.S. Beozzo B.: Inmigrantes y café en San Pablo

CUADRO 11

FAMILIAS CEARENSES (1920)
No. medio de hijos sobrevivientes por mujeres casadas
en el momento de su ingreso a1 cultivo del café
Grupo de

·,

l
j

~.

de

hijos

Total

Total Prom.

Edad

o

1

2

l

4

s

6

7

8

9 10

15-19

5

3

2

-

-

-

-

-

-

- -

10

7

0.70

20-24

9

12

6

9

-

-

-

-

-

- -

36

51

1.42

25-29

3

6

7

5

5

3

1

-

-

-

-

30

76

2.53

30-34

1

-

l

7

2

-

3

3

1

- 1

19

88

4.63

35-39

2

l

-

2

2

-

l

l

-

- -

9

28

3.11

40-44

l

-

-

-

2

-

-

1

-

- -

4

15

3.75

45-49

-

-

-

1

-

-

-

-

-

- -

1

3

3.00

21 22 16 24 11

3

5

5

l

- l

Total
1

Número

Mujeres Hijos Hijos

109 268 12.46

Fuente: HI, Registros de Immigrantes, 1920.
Nota: fueron retirados cuatro casos cuyas informaciones eran imprecisas.

¡,.

,.

·l

J .. .

Estas cuestiones, aún sin respuestas, apuntan a la necesidad de inve_rtir más tiempo_en la investigación para conocer mejor el comportamiento reprodu~t1vo de estas mujeres en las regiones de origen y, así,
detectar las posibles alteraciones ocurridas durante su inserción en la
agricultura cafetalera.
CONSIDERACIONES FINALES
Este retrato de las familias inmigrantes italianas y cearensc,s, en el mo~ento ex~cto de su introducción en la labranza del café, muestra que
(mdependientemente de su origen extranjero o nacional) eran en su mayoría nucl~~res, basta_n_te jóvenes y de un tamafio relativamente pequefio. Tan:ibien las famihas_ no nucleares o ampliadas eran pequefias en
promedio, aunque ofrec1an una estructura etaria más vieja que las
nucleares.

121

Esto demuestra que a pesar de la propaganda para atraer mano
de obra para el café e insistir en conseguir familias numerosas y con
muchos brazos, como querían los fazendeiros, y que los observador~
italianos desaconsejaban a las famiglia piccole emigrar para el Brasil,
eran éstas las que se dirigían a las fazendas. Y cuando la migración
nacional substituyó a la internacional, las familias venidas del noreste
del país poseían un tamafio semejante al de las europeas y eran, aún,
más jóvenes.
Tales evidencias tiran por tierra las afirmaciones, consagradas y
repetidas por muchos, de que las familias inmigrantes eran grandes.
Por otro lado, un análisis comparativo entre los dos grupos estudiados (italianos y cearenses) constató ciertas diferencias.
Las familias no nucleares aparecían en mayor proporción entre las
cearenses que entre las italianas: en su composición, las primeras incluían elementos que se presentaban en una gama más variada, con
diferentes grados de parentesco en relación al jefe, que las segundas.
Las familias italianas mostraban una estructura etaria ligeramente
más vieja que las cearenses: se formaban más tardíamente, ya que la
edad promedio para casarse era más alta. Las familias no nucleares
en ambos grupos, a su vez, poseían también una estructura etaria más
vieja que las nucleares y consecuentemente un mayor porcentaje de trabajadores. En tanto las no nucleares llegaban a tener 68% y 70% de
elementos aptos para el trabajo productivQ., (italianas y cearenses, respectivamente), las nucleares cont~nían para estos grupos 520/o y 54%
de elementos que podrían tomar parte en la fuerza de trabajo familiar.
Los datos recolectados permiten suponer que, en cuanto al trabajo productivo de la mujer con más de 12 años, era realizado por lamayoría de ellas. En el grupo italiano en una proporción más alta. En
otras palabras, del total de mujeres italianas, las que no trabajaban
la tierra sumaban una menor proporción que entre las cearenses.
Además fue posible presuponer la existencia de comportamientos
diferentes entre los dos grupos estudiados en relación a la nupciaijdad,
en cuanto al número promedio de hijos sobrevivientes que tenían las
mujeres en las diferentes franjas etarias del período reproductivo y en
relación al espaciamiento entre los nacimientos de los hijos. Las mujeres cearenses se casaban antes, poseían hasta la edad de 34 años un
número promedio de hijos mayor que las italianas, y presentaban un
espaciamiento menor entre un nacimiento y otro. Dudas surgidas, prin-

�122

Siglo XIX

cipalmente respecto al comportamiento reproductivo de las mujeres con
más de 35 años, sugieren una continuación de los estudios en este
sentido.
Como estas familias se adentraban en el cultivo del café todavía
jóvenes, la posibilidad de ampliarse continuaba abierta.
Estudios realizados para las familias de la fazenda de Santa Gertrudis en la segunda década de este siglo indican que poseían un promedio de 7 personas (Bassanezi, 1986). Tamaño éste que no puede ser
considerado muy grande, pero sí mediano, teniendo en cuenta criterios actuales que consideran pequeña una familia con 4 ó 5 elementos.
Relacionando el tamaño de las familias, su fuerza de trabajo, su
producción y salario y otros ingresos monetarios, estos estudios condujeron a la constatación de que el sistema de organización del trabajo
en la fazenda de café paulista, si tenía que ver con el tamaño de la familia, no era por las ventajas económicas de los hijos.
Los datos evidenciaron que, mucho más que el tamaño de la familia, era la cantidad de trabajadores lo que respondía por la producción
y el rendimiento de la unidad familiar (era la capacidad de trabajo la
que determinaba el número de pies de café a cuidar y, consecuentemente, la cantidad de tierras disponibles para la labranza de subsistencia). Más aún, y sobre todo, era la relación productor- consumidor la
gran responsable por el éxito o no de la familia dentro del colonato.

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Como el aumento de la fuerza de trabajo no ocurría en la misma
proporción en que crecía la familia, el colonato acomodaría con éxito,
por un tiempo limitado, a familias que se encontraban en un período
favorable de su ciclo vital, donde la relación productor-consumidor estuviese bastante próxima a uno (incluso en este caso, las familias pequeñas y medianas conseguían obtener saldos relativamente más altos
que las familias mayores). Por consiguiente, este régimen de trabajo
no aparecía como muy viable para las familias donde esta relación fuese
menor a 0.5.
Es preciso recordar, sin embargo, cuáles variables, difíciles o imposibles de cuantificar, estaban también interfiriendo a cada instante,
aumentando o disminuyendo la expectativa de éxito de la familia: las
condiciones de trabajo ofrecidas por los fazendeiros (que podían variar de año en año), la postura de la familia en relación al trabajo, sus
condiciones de salud y aquellas impuestas por la propia naturaleza,
entre otras.

M.S. Beozzo B.: Inmigrantes y café en San Pablo

123

Todo esto, por lo tanto, debe ser tenido en cuenta para entender
porqué muchas familias, con tamaño y composici~n diferen_t~ unas
de las otras, llegaban a obtener al final del año agncola rendimientos
brutos y saldos bastante semejantes.
Aunque estas evidencias inclinen al investigador a descartar el régimen de colonato como uno de los responsables por el tamaño de la
familia que predominó en las áreas de plantación del café, ello sería
una actitud prematura. A pesar que la investigación hasta ahora realizada ha conseguido algunos avances, solamente un estudio que acompañe a estas familias en el tiempo, y que informe sobre el comportamiento de la nupcialidad, fecundidad, mortalidad y permita la comparación con familias bajo otras experiencias, estaría en condiciones de
presentar una respuesta conclusiva a esta cuestión: la forma como estaba organizado el trabajo en las fazendas de café paulistas, ¿tuvo influencias en el comportamiento demográfico del período?
NOTAS

1. Estudios recientes corno los de Hall y Stolcke, por ejemplo, tienden a ver el colonato no sólo como resultado de la ausencia de un mercado de trabajo, de la abundancia de tierras y la escasez de capital, sino tambien como producto final de años
de experiencia de los fazendeiros para implantar una fuerza de trabajo barata y
disciplinada. En este sentido des.tacan la interrelación entre la explotación del trabajo y la resistencia de los trabajadores que tornaron al proceso económico y político, al mismo tiempo: "la dinámica de la situación resultó tanto de las r~ones
económicas de los fazendeiros como del poder de negociación utilizado por los trabajadores al resistirse a las imposiciones" (Hall y Stolcke, 1983: p. 81). A ~u vez,
AJvim demuestra que el colonato se presentaba como una forma de trabaJo bastante próxima a la desarrollada en el país de origen de los inmigrantes. Según esta
autora, el sistema evitaba la destrucción del núcleo familiar, "única arma para escapar de la proletarización inminente". "Por eso (los colonos) luchaban todo lo
posible para mantener cultivos de subsistencia y la unidad familiar, pautando su
comportamiento con los valores de su sociedad de origen. Y lucharon al mismo
tiempo, para ser reconocidos en un país en el cual el trabajo y el grupo del trabajador eran meros objetos que los fazendeiros manejaban en su provecho." (AJvim,
1986: p. 114).
2. Entre estos autores se citan: Bassanezi, 1973; Silva Dias, 1979; SalJum, Jr., 1982;
Holloway, 1984; Paiva, 1985; Stolcke, 1986.
3. Era limitado el número de bienes que necesitaba comprar el colono. Estos bienes,
no producidos por la familia, eran adquiridos en el almacén o proveeduría de la
fazenda o en los almacenes de las poblaciones y ciudades vecinas, a través del sistema de libretas y de pagos al finalizar la cosecha.
4. Entre 1871 y 1881 la edad promedio de la mujer italiana al casarse era de 24 años
(Cippolla, 1965: pp. 582-583).

�124

M.S. Beozzo B.: Inmigrantes y café en San Pablo

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El movimiento de la población y la posibilidad de que ésta encuentre
sus condiciones de reproducción en el lugar de origen, o tenga que abandonarlo desplazándose hacia otras partes, es uno de los problemas cruciales para cualquier estudio donde se quiera entender la forma en que
los hombres comunes viven los fenómenos económicos y sociales
generales.

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En las próximas páginas 1 intentaremos comunicar el resultado de
nuestras investigaciones sobre los movimientos de la población, y su
relación con los períodos económicos y grupos sociales, en una de las
regiones del Ecuador: la de Cuenca2, ubicada en lo que hoy son las
provincias de Azuay y Cañar. Principalmente observaremos la existencia
de comportamientos diferentes e incluso contrapuestos de la población
en distintos momentos. En un primer momento, de retracción de las
relaciones mercantiles extrarregionales -cuando la región se mueve dentro de sus propias fronteras-, encontraremos un crecimiento sostenido de la población sin mayor emigración. En un segundo, la activación mercantil y de las relaciones con el mercado mundial coincidirán
con traslados de la población como opción a las dificultades de diverso orden que debe enfrentar para su reproducción.
Cabe señalar que no sólo nos hemos preguntado sobre la relación
general entre movimientos de población y períodos económicos sino

• Facultad de Filosofía y Humanidades, Universidad Nacional de Córdoba (Argentina).
La autora agradece las sugerencias y comentarios de Eduardo Míguez, cuya ·

colaboración y paciencia hicieron posible este artículo.

�S. Palomeque: Movimientos de Población en Cuenca
128

también cómo se da este proceso dentro de los distintos grupos sociales, subdividiéndolos de acuerdo a sus pertenencias al mundo rural o
urbano, a economías campesinas o de haciendas y también a su localización dentro del espacio regional.
1. ALGUNOS ELEMENTOS GENERALES SOBRE LA REGION
Durante el siglo XIX nos encontramos frente a la conformación de los
nuevos espacios administrativos republicanos luego de la ruptura del
pacto colonial. En el Ecuador se encierra en una frontera común a un
conjunto de regiones con identidades históricas propias y cuya integración en un proyecto nacional ha significado un largo camino que,
incluso, llega hasta el presente.

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Siglo XIX

La región de Cuenca, durante los últimos años del período colonial, ya es un espacio definido con características propias con respecto
a las regiones vecinas, con una vida económica, política y social nucleada alrededor de la ciudad de Cuenca, y con sus especializaciones
productivas regionales orientadas hacia la exportación al mercado interno colonial y al mercado mundial (Brownrigg, 1978; Deler, 1983;
Espinosa, 1981; Miaguashca, 1978; Palomeque, 1979y 1987; Wahburn,
1982). Estas especializaciones productivas consisten principalmente en
textiles baratos de algodón y lana que, junto a otras artesanías, se exportan hacia Lima pero también hacia el norte del Perú y a la costa
pacífica desde Panamá a Chile. Esta producción -de origen artesanal
campesino- vincula a la región con el mercado interno colonial y es
la base sobre la que funciona el resto del sistema mercantil. Junto a
ella también existe la exportación de cascarilla3 hacia el mercado mundial, vía monopolio comercial español.
En el segundo cuarto del siglo XIX la región verá disminuida significativamente sus relaciones con el mercado externo al suspenderse
las exportaciones de cascarilla a España y también las de sus textiles
por la competencia de los de origen inglés en los mercados del Pacífico, quedando así reducida a sus propias fronteras económicas.
Hacia 1850 se reinicia la vinculación con el mercado mundial a través de un ciclo intenso de exportación de cascarilla, que dura hasta 1885.
Aquí se dinamizan nuevamente todas las relaciones mercantiles y esto,
entre otras cosas, permite una fuerte acumulación de dinero pero sin
que existan modificaciones en las estructuras sociales regionales4.
Cabe señalar que - en el último cuarto del siglo- se da un fuerte
auge de las exportaciones del cacao que se produce en las tierras bajas
de la región vecina de la costa, cercana al puerto de Guayaquil, área

q?e se caracteriza por su clima malsano y una escasez de población agudizada por las demandas de la producción cacaotera. Esta situación
junto a la interrupción del ciclo cascarillero en 1885 y a que la regió~
d_e Cuenca no despliega ninguna economía sustitutiva hasta fines de
s1glo_,. hacen que la costa se convierta en el punto de destino de la migrac100 cuencana.
Otro elemento general que es necesario conocer es que la región
de &lt;?uenca es un mundo completo, con su centro urbano principal en
1~ cmdad de Cu~nca, y rodeado de un vasto espacio rural que a su vez
tie~e características diferenciadas. Si bien en términos generales puede
decrrse _que 1~ mayo_r parte de la población es campesina, debe anotarse la eXJstencia de diver_sas estructuras de distribución de la tierra. Hay
zonas donde predomman grandes unidades de producción -las
' ' haci~?~as''--;;, otras do~~e las medianas unidades son más importantes
-:-las fincas - Ytambien zonas donde la gran mayoría son campesinos que controlan pequeñas unidades con muy poca tierra5 •
2. LOS MOVIMIENTOS DE LA POBLACION
Investigacion~ anteriores ya habían realizado serios aportes sobre esto~ temas. To~as ellas concluyen que existió durante el XIX un crecimiento sosterudo de la población combinado con migración hacia la
Costa,el.que ~dquiere mayor ~ntensidad ~acia fines del siglo (Chiriboga, 1980, Espmosa, 1982; Espmosa y Achig, 1981; Estrada Icaza, 1977;
Hamerly, 1973; Wahburn, 1982).
_E ste trabajo.?º contr~dice ni discute aportes brindados por los invest~gadores recien mencionados6, sino que ha incorporado sus conclusiones ~enerales sus sugerencias, integrándolos como una de las
f~entes de mformacion. Lo que modificaremos es el sesgo que orientara las pre~untas, en t;anto trataremos de estudiar los movimientos de
la ~~blac1on en relación a la dinámica que se vive en el interior de la
reg100.

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Es indudable ~l cre~i,miento demográfico de la costa cacaotera alimen_tad? por 1~ _nugracion serrana, pero lo importante para nosotros
es dil~c1dar quienes son los migrantes, a qué grupos sociales pertenec~n, ~i se trata de migración definitiva que rompe con la sociedad originana o es _te~poral (en búsqueda de recursos) y cuáles son los ele~ent~s_que_mciden en 1~ deci~ión de ª?andonar el lugar de origen. En
smtes1s.- c_uales son las s1tua~!ones reg10nales internas que posibilitan
el mov~fillento de ~a poblacion. Además, ese movimiento no sólo se
da hacia la&lt;;osta smo_q~e ~ambien_existe dentro de la propia región,
donde adquiere una dmanuca propia -y previa- a la alternativa ex-

�130

Siglo XIX

trarregional. Todo esto se conjuga con los ciclos económicos regionales y las posibilidades físicas de reproducción dentro de la región.
Estimamos que las conclusiones a las que arribaremos, al igual que
las de los otros investigadores, deberán ser modificadas y revisadas en
futuros trabajos que consulten archivos parroquiales. En todos, hasta
el momento, nos hemos basado en estimaciones de población realizadas por distintos funcionarios del Estado con sistemas pre-estadísticos.

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medianas seguidas por la pequeña y escasa presencia de haciendas9•

Gl'l!po 2: con localización central, vinculadas al mercado de Cuenca
Y también del de Azogues'º. Predominio de unidades de producción
grandes Y medianas, siendo casi inexistentes las pequeñas 11 •

3. LAS FUENTES Y SU TRATAMIENTO

Grupo 3: localización centro-oriental, con difícil acceso a los mercados de Cuenca y Azogues. Claro predominio de pequeñas parcelas
acompa_ñadas
de escasas medianas y grandes unidades de
producción 12•

Los documentos pueden clasificarse en dos grupos: a) las estimaciones
de población en general; b) las planillas originales de censos.

G~upo 4: localización occidental, limítrofe con la zona de descenso hacia laCosta. Predominio de la gran propiedad territorial 13 •

El análisis de esta documentación ha sido prolongado y complejo.
En un primer momento se concentró sobre las fuentes más confiables:
las planillas censales y los análisis demográficos realizados por otros
investigadores. Posteriormente se incorporaron datos de las estimaciones generales de población, en tanto que las conclusiones globales que
se desprendían coincidían con las de las planillas censales y con el proceso socioeconómico que se vivía en la región .

(!rupo 5: l?Calizadas en la zona oriental, cercana a tierras cálidas
al .º~ente Y, al igual qu~ el grupo 4, lejos de Cuenca y Azogues. Predomtruo de la gran propiedad 14.

Las estimaciones de población en gen'eral
1.

S. Palomeque: Movimientos de población en Cuenca

Se han localizado catorce estimaciones generales de la población7 pero la información que cada una entrega no es homogénea. En casi todas se incluyen parroquias y cantones pero no todas comprenden la
provincia de Cañar. Todas subdividen la población entre hombres y
mujeres pero pocas diferencian la población infantil, la ocupación o
la "raza".
Parte de la información ha sido desechada, otra ha sido corregida8 . También se ha modificado la subdivisión administrativa: al respecto se adoptó la existente en 1825 y se la mantuvo durante todo el
siglo.
Con las parroquias rurales -muy numerosas- se conformaron
grupos semejantes y para ello se cruzó la información de población con
la que se tenía sobre tenencia de la tierra y con criterios de localización
geográfica respecto a los distintos mercados. Se conformaron cinco
grupos:

Grupo 1: con localización central y vinculación directa con el mercado de la ciudad de Cuenca. Predominio de unidades de producción

Estas su~di~isiones entre población de la provincia de Azuay y Cañ_ar, de los distintos cant?nes, de la población rural y urbana, de los
cmco grupos de p~oquias. rurales, etcétera, permitirán comparar y
?bservar !os movurnentos diversos de la población al interior del conJunto regional.
Planillas originales del censo de 1871
De_ las planillas originales del censo de 1871 se seleccionó a tres parroquias: San Sebastián, una parroquia urbana, y Molleturo y San Cristó~al? que ~on rurales. Se ha elegido a estas parroquias por sus caractenstlcas diversas y por. la posibilidad de que su conjunto representa
un~ muestra de la variedad de situaciones existentes en el interior
regional15•
Mollet~ro se divide en dos secciones: Molleturo, que es el centro
de parroqwa, YChaucha. La parroquia se encuentra en el límite occid7ntal de la provincia, a unos 2 500 metros de altura y en las estribaciones mo~taño~as _que b~jan hacia la costa. Por allí pasa el camino
del NaranJal, pnnc1pal VJa de comunicación de la región en el XIX.
. Existe cierta diversidad entre sus dos secciones. Molleturo está hab!ta~a por una ~omunidad indígena especializada en el conocimiento
tec°!co del cammo del Naranjal, sumamente valiosa para los contemp~r~eos, Yque logra una relación especial con el poder político provmctal. Sus tierras son de comunidad y, en general, puede percibirse

�132

Siglo XIX

como un grupo que resiste mejor que los demás indígenas las exacciones a las que son sometidos.
Chaucha tiene otras características. En sus tierras se encuentran
algunas haciendas junto a los pequeños y medianos productores. Parece ser la zona de una comunidad indígena sobre la que se ha superpuesto un desplazamiento de población blanco-mestiza. También por
sus tierras pasa un camino a laCosta que es de menor importancia que
el del Naranjal.
La población de ambas secciones aparece como exclusivamente agrícola pero es licito suponer, por su localización, que se combina la agricultura con la arriería ( cuadto 1)

Si c.onsideramos que la presentación del listado censal es un indicador de los criterios sociales válidos para los informantes, cabe mencionar que en Molleturo la lista comienza por el padre del Teniente Político (en segundo lugar sigue éste) y que ambos son indígenas; luego
vienen todos tos varones, todas las mujeres y, al final, se anota al cura. En Chaucha no se observa esta jerarquización y la preeminencia
de los apellidos indígenas es menor.
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San Cristóbal se encuentra en la zona centro-oriental, con su cabecera parroquial situada a unos 2 800 metros ·de altura, en las cercanías del río Paute .
Su población combina agricultura con artesanía. Los hombres en
su mayoría son agricultores pero un 150Jo son registrados como sombrereros; las mujeres son artesanas, la mayoría hilanderas y un 100/o
son sombrereras o costureras. A esta parroquia se la puede caracterizar como una zona de pequeñas unidades de producción de tipo familiar, con combinación de agricultura y artesanía.

u,11

S. Palomeque: Movimientos de población en Cuenca

133

mos considerado que esto es un indicador de la presencia de migrantes
rurales de especialización artesanal poco calificada, que constituyen un
sector con fuerte movilidad.
En la presentación de las listas censales no se registran apellidos
ni familias que ocupen lugares prominentes, pero se observa que comienza la lista con los hombres adultos, luego con las mujeres adultas
y siguen los niños. Si en las zonas de Molleturo, de trabajo comunal
agrícola, vimos que se pone en primer lugar a los hombres, si en la
de San Cristóbal, de economías familiares, el criterio de ordenamiento
está dado por las unidades familiares, en San Sebastián encontramos
que no se encuentran familias o personas importantes encabezando la
lista. Esta es una sociedad urbana de artesanos de migración reciente
y las mujeres adultas ocupan el segundo lugar de la lista, en correspondencia con la importante situación económica que allí detentan. El 670Jo
de las mujeres se ocupa de actividades artesanales, un 70/o de actividades vinculadas a la venta de alimentos (gateras, pulperas, chicheras,
etcétera) y sólo un 260/o mantiene vinculación con la agricultura. Los
hombres adultos, menos numerosos que las mujeres, están más vinculadas a la actividad agrícola: un 750Jo son agricultores y el 250Jo son
artesanos -sobre todo sombrereros-. En síntesis, la mayor parte de
los migrantes son mujeres y su ocupación es artesanal.
Estas son las tres parroquias estudiadas: diversas en lo económico
y en lo social, estimamos que representan un conjunto diferenciado e
integrado en la vida regional. Su análisis se constituyó en el mejor indicador de los movimientos de la población de esta investigación. Aparte
del estudio individual se las agrupó en un cuadro de síntesis que se estima representativo del movimiento poblacional regional.
4. LOS MOVIMIENTOS DE LA POBLACION ANTES DE 1871
(ANALISIS DE LAS PLANILLAS CENSALES)

El listado censal se presenta por agrupaciones familiares en orden
de jerarquía: primero el padre, luego la madre, siguen los adultos incorporados (abuela viudo, tía soltera, etcétera) y luego los hijos por
orden de edad. La familia que comienza la lista es la del cura y, al final
del listado, como encerrándola, está la familia del Teniente Político.

A través del análisis de las planillas censales se pueden observar principalmente tres procesos: a) los movimientos de la población antes de
1871; b) la migración masculina dentro y fuera de la región; c) la migración femenina interna a la región ( gráficos 1-2-3-4)

La parroquia de San Sebastián, en su sección primera, es totalmente
urbana y pertenece a la ciudad de Cuenca. Tradicionalmente se la ha
calificado como centro de residencia de sectores populares urbanos.
Observando la población de esta parroquia durante todo el siglo se detecta que sufría fuertes oscilaciones en el total de su población, y he-

Los movimientos de población antes de 1871 16
Este proceso hay que observarlo en las pirámides de población, en el
sector de las mujeres y tomando como referencia el año de nacimiento, dejando de lado el sector de los hombres por las deformaciones que
produce la migración.

�134

Siglo XIX

En las tres parroquias, y sobre todo en su suma, se puede trazar
una línea oblicua que va desde 1812 a 1851 y también podemos ver que
la línea salta entre 1832 y 1841/6. La inclinación oblicua de la línea
implica un rejuvenecimiento de la población que se vuelve más intenso
en el momento del salto. Desde 1851 hasta 1861 la línea se vuelve vertical, y desde 1861 en adelante vuelve a inclinarse pero en un grado menor al del perído 1812-51. La linea vertical implica un período de estancamiento de la población, que es seguido por un rejuvenecimiento,
aunque menor que en la primera etapa. Esta línea imaginaria es fácil
de observar en la suma de las tres parroquias y también en Molleturo,
que no tiene migración femenina.
Considerando que esta información unifica tramos de 5 y de 10
afios -lo que impide precisar los afios exactos de los movimientos de
la población- puede plantearse como conclusión que existe un nota-

ble crecimiento de la población durante los años comprendidos en las
décadas del 30 y del 40, que este crecimiento se interrumpe bruscamente en la del 50 y que la población vuelve a crecer -más lentamenteen la década del 60.
Estas tendencias coinciden y dan veracidad a lo planteado por las
estimaciones generales de población que estudiaremos más adelante.

La migración masculina, dentro y fuera de la región

Ut

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Sin duda en 1871 se está frente a un proceso de emigración masculina.
Esto se ve claramente cuando se compara la distribución de la población regional con la del Cerro de Paseo (Perú), lugar caracterizado como centro receptor de migración (cuadro 2). La emigración es en su
mayoría de hombres solteros. Esto lo confirma el hecho de que las mujeres son el 58% de la población económicamente activa que permanece en la región (cuadro 3), y de ellas casi la mitad está constituida por
solteras (cuadro 4). Pocas tendrán posibilidad de constituir familia ya
que dentro de la población soltera las mujeres son el 84% y los hombres el 16% (cuadro 5).
La migración masculina en los afios previos de 1871 se pudo conocer estudiando la relación entre los sexos en cada segmento de edad.
Para ello hay que observar la información de las pirámides (gráficos
1-2-3-4), el coeficiente de masculinidad (cuadro 6) y la serie del año
de emigración que corresponde a cada rango de edad (se estimó en 20
años la edad de migración, ya que en los listados censales esa es la edad
donde "desaparecen" los varones solteros).
Realizada la comparación entre las diversas informaciones se pu-

S. Palomeque: Movimientos de población en Cuenca

135

do ver que de 60 afios en adelante, con edad de migración anterior
a 1822, el número de hombres es menor que el de las mujeres en las
tres parroquias. Esto es más agudo en San Sebastián donde la presencia femenina se toma más importante por la emigración desde el campo a la ciudad.
De 50 a 59 años hay una relación normal entre hombres y mujeres
en la suma de las tres parroquias. Pero si se observa cada una de ellas
se ve que faltan hombres en San Sebastián y hay un exceso en Molleturo. De esto puede inferirse que en el período de 1832 a 1841 no hay
emigración hacia fuera del espacio regional, pero sí la hay internamente, y que se dirige hacia la estribaciones occidentales de la cordillera
(o quizás se trate de un movimiento general hacia tierras poco ocupadas que se encuentran alejadas de la zona del centro).
En el tramo que corresponde a los hombres entre 40 y 49 años,
con edad de migración entre 1842 y 1851, la suma de las tres parroquias señala un lento descenso del número de varones, que afecta sobre todo a San Cristóbal. Esto indicaría que hacia 1850 recomienza,
lentamente, el proceso de migración, en especial, desde las parroquias
con economías familiares y tendencia al minifundio, como San
Cristóbal.
De 20 a 39 años, con edad de migración entre 1852 y 1871, se detecta una notoria ausencia masculina, mucho más intensa que en el segmento de 40 a 49 años. Esta ausencia emerge en la suma de las tres
parroquias, pero es más notoria en San Sebastián y Molleturo que en
San Cristóbal. Se ha dado, entre 1852 y 1871, un marcado proceso de
emigración, más agudo entre 1852 y 1861. El que la ausencia masculina sea menos notoria en San Cristóbal se debe a que en esa parroquia
se da paralelamente una migración femenina hacia los centros urbanos
de la región, lo que trae aparejado una mayor regularidad en la distribución de la población entre los dos sexos.
La relación entre hombres y mujeres tiende lentamente a normalizarse de 15 a 19 afios, pero no en el grado que era dable de suponer.
Esto puede deberse a que algunos hombres migran cerca de los 18 años,
cuando comienzan a tributar o prestar servicios al Estado.
La información es irregular para los de menos de 14 años: por ello
se consideró incorrecto desprender conclusiones de estos datos.
En síntesis, esta información permite suponer que basta 1825-30
se da un proceso de emigración masculina que, combinada con la mor-

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S. Palomeque: Movimientos de población

en Cuenca

137

talidad de las guerras de la Independencia, origina la ausencia de varones det~da. En el período que va de 1830 a 1850 no hay emigración
en térnunos generales, salvo la población de las zonas minifundistas
que ya antes de 1850 comienza lentamente a desplazarse fuera del espacio. Sí hay movimientos intrarregionales. En la década del 50 se da
un P!º~º marcado de emigración masculina fuera de la región, que
continua en los 60 pero con menor intensidad.

ciendas en sus tierras. Si en Molleturo hay ausencia de hombres solteros pero también de casados, en San Cristóbal en su mayoría faltan
solteros. En Molleturo las mujeres -solteras o casadas- no migran;
en San Cristóbal migran las mujeres cuando no pueden conformar familia. En Molleturo las mujeres están asentadas como población agrícola, en San Cristóbal como artesanas, a pesar de que podemos suponer que en ambos lugares desarrollan ambas actividades (cuadros 1.4

La migración femenina

y 5).

El perfil femenino de la pirámide de San Sebastián muestra una irregular y abultada población femenina adulta que luego desaparece en
la _sum~ de las tr~ parroquias. Esto permite pensar que hay una clara
!1llgra~1ón fememn~ desde el campo hacia la ciudad, que toma distinta
mtens1dad en los diferentes períodos.

Estos datos aluden a dos comportamientos diversos cuando se podría haber supuesto lo contrario. Puede pensarse que en Molleturo parte
de los hombres emigran pero lo hacen en forma estacional o durante
el período en que se los denomina "económicamente activos"; luego
retornan cuando son mayores (ver el sector de ancianos del gráfico 2).
Mientras los hombres migran, la comunidad queda responsable de la
reproducción de las familias, lo que se realiza con fuertes contingentes
de trabajo femenino -de casadas o solteras-, y al retomo de los hombres éstos incorporan recursos monetarios que permiten una mejor reproducción económica de la comunidad. E, incluso, queda abierta la
posibilidad para las mujeres de casarse en algún momento.

En 1871 la migración es de mujeres solteras mayores de 25 años.
En la suma de las tres parroquias las mujeres solteras constituyen el
43% d~ la población femenina adulta en el promedio general. En San
Sebastlán sobrepasan la media y alcanzan a un 62% en San Cristóbal
están por debajo con un 36% y en Molleturo son ;l 430Jo, igual que
el general (cuadros 4 y 5).

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Siglo XIX

La conclusión es que hay un traslado de mujeres desde parroquias
n.u:ales como San Cristóbal hacia la ciudad, pero que en otras parroqwas -como Molleturo- la población femenina no migra.
. También h~y coincidencia entre los períodos de emigración masculina de la región y los de la migración femenina hacia las ciudades
lo que permite pensar que son parte de un mismo movimiento. Obser:
vando la parroquia de San Cristóbal y de San Sebastián en los listados
~nsales originales, viendo las edades de las mujeres solteras que no
tte°:en c~ntraparte de solteros masculinos, se ha podido inferir que la
m~~er IDigra cuando no tiene posibilidad de conformar su propia familia, a una edad mayor que la del migrante masculino.
Otro indica??r de la_s dificultades que tienen las mujeres para conformar una familia lo bnnda la parroquia de San Cristóbal donde pueden verse varias parejas de hombres de 50 a 60 años co~ esposas de
20 a 30.

Algunas conclusiones
Hay ~otorias diferencias _ent!e Molleturo y San Cristóbal, ambas parroqwas rurales y ambas md1genas, las dos sin mayor presencia de ha-

Este conjunto de datos nos habla de una reproducción social y económica de tipo comunitaria que se condice con los antecedentes que
teníamos sobre el acceso a extensas tierras de comunidad, la ocupación masculina en arriería y reparación de caminos, y la presencia de
un poder étnico muy consolidado.
En San Cristóbal en cambio, hay un proceso de parcelación de la
tierra y no se observan elementos que hagan pensar en la existencia de
actividades comunales (no se observa preeminencia de ningún grupo
étnico ni jefaturas), la producción se halla dispersa en unidades familiares individuales. Es así que cuando un hombre o mujer no tiene acceso a recursos que le permitan conformar una unidad doméstica debe
migrar, y sin retomo. No hay en este caso alternativas comunales de
reproducción que puedan absorber a ancianos, solteras, etcétera. En
cada grupo familiar se nota que algunas familias han incorporado a
algún abuelo o tía anciana pero no es lo común (posiblemente se trate
del pariente que les legó la tierra que ocupan).
El estudio de estos dos casos nos muestra que en las economías
agrícolas parceleras de organización familiar, cuanto más atomizadas
se encuentren y cuanto mayor sea el proceso de minifundización que
dificulte el acceso a la tierra a las nuevas unidades familiares, mayor
será la participación de su población en el proceso migratorio sin re-

�138

Siglo XIX

tomo. En contraposición a esto, los grupos indígenas que logran mantener formas de producción comunales e incluso la dirección de las autoridades étnicas, también se incorporan al proceso migratorio general
de la región, pero pueden incorporarlo en beneficio de su propia reproducción, no pierden su población femenina y la masculina retoma.
En ambos casos hay migración, una con retomo y otro sin él, pero
en un caso sin mayores desestructuraciones y en el otro sí. En ambos
casos se da en períodos similares como respondiendo a fenómenos generales externos a los grupos -aunque comunes a la región- pero la
respuesta a estas presiones externas dependen de la estructura interna
de cada núcleo a nivel social, y no tiene mucho que ver con su localización cercana o lejana de las zonas de atracción.

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También hay que pensar en el conjunto de la población regional.
La emigración de solteros sin retomo y la de solteras hacia las ciudades tienen que originar una disminución de la natalidad, lo que permite no sólo verificar sino también comprender mejor los movimientos
globales de la población. Comparando los flujos migratorios masculinos y femeninos con los movimientos de población para antes de 1871,
se puede concluir que el crecimiento de la población de los años 30 a
50, que fue muy intenso, se dio por la falta de migración fuera de la
región. Esto originó un incremento en las tasas de natalidad notable
y es esta población, la nacida entre el 30 y el 50, la que migrará desde
los años 50.
También podemos concluir en que se está observando un mismo
proceso desde distintos análisis estadísticos y que todos coinciden en
las conclusiones generales. Las tendencias planteadas en las estimaciones de población serán similares a las que hemos encontrado en las planillas censales.

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5. LAS ESTIMACIONES DE POBLACION Y SU RELACION
CON LOS PERIODOS ECONOMICOS17
Desde 1825 a 1850 aproximadamente la región vive un período donde
se retraen las relaciones comerciales externas y, consecuente a la falta
de interés de los sectores económicos dominantes por extraer plustrabajo a los campesinos, se da un crecimiento de la producción agrícola
de autosubsistencia.
En estos años encontramos un fuerte ascenso de la población originado por la disminución de la emigración y por un mejoramiento en
las condiciones de reproducción de la población. Este crecimiento alcanza hasta 1854: la población se ha incrementado en un 86% con res-

S. Palomeque: Movimientos de población en Cuenca

139

pecto a 1825, en lo que suponemos un proceso de rejuvenecimiento desconocido para las generaciones anteriores (gráficos 5-6-7-8-9-10).
Según veíamos páginas atrás, esta situación se explica por la suspensión de las emigraciones masculinas fuera del espacio regional, y
la de las mujeres hacia las zonas urbanas de la región, lo que ocasionaría un rápido ascenso de la tasa de natalidad. Para su mejor comprensión habría que imaginar un espacio habituado al drenaje del sector
masculino adulto por las migraciones hacia la Costa desde fines del siglo XVIII y por las guerras de la Independencia (Hamerly, 1973: 65
y 66), el que bruscamente deja de sufrir ese drenaje y se encuentra con
un mayor número de adultos en edad de procrear.
Desde 1825 a 1849 se da un crecimiento general de la población
tanto urbana como rural, y parte de ésta migra lentamente hacia la ciudad de Cuenca: el total de la población de la región aumenta un 36%
desde 1825 hasta 1838, mientras que en el mismo período la ciudad crece
un 1250Jo; de 1838 a 1849 el total regional aumenta un 20%, mientras
la ciudad lo hace en un 660Jo.
La población rural no sólo migra hacia la ciudad de Cuenca sino
que también lo hace hacia otras zonas rurales regionales, con tendencias que corresponden con el proceso de avance de la agricultura hacia
tierras que antes eran de uso ganadero (ver crecimiento parroquias grupo
4). Si se observa el origen de los migrantes se verá que éstos corresponden a parroquias con agricultura minifundista (grupos 1,3) que, muy
tempranamente, pierden su capacidad para absorber el crecimiento de
su población, o al menos de una parte de ella (gráfico 11).
La migración hacia la ciudad ocasiona la aparición de pobladores
urbanos desocupados, que rompen con las normas de convivencia habituales. Por primera vez encontramos quejas de las autoridades al
respecto:
Encargado por las leyes de cuidar la seguridad individual y propiedades de los ciudadanos de estas provincias, he apelado al medio de
hacer perseguir a los vagos y malhechores, cuyo número desgraciadamente ha crecido en esta ciudad, en tal extremo que por las noches andan reunidos· de 18 a 20 ladrones, que con frecuentes robos
y asesinatos, han hecho desaparecer la seguridad que todos los habitantes de esta ciudad y aun de las parroquias inmediatas han reclamado a esta Gobernación ...

Incluso, debemos anotar que no se intenta " disciplinarlos" y convertirlos en trabajadores " libres" dentro de la región sino que se los remi-

�140

Siglo XIX

te a la Costa: " ... en estas circunstancias be acordado que siendo escasos los brazos en esa ciudad .... _deseo que VS se sirva recibir a los vagos que remito ... " (1846, marzo 27. Del gobernador de Cuenca José
Vega y Chica al gobernador de Guayaquil. ANH/SA, F.A.L. 44 f.
102v).
También existe un proyecto de enviarlos al oriente -zona extrema de frontera, sin pobladores aún- y dejarlos librados a sus recursos(" ... por necesidad tendrían que ser laboriosos y reformar su conducta ...") y poner en el camino de retorno una partida militar que
" .. .les imposibilitaría el regreso... " (1846, julio 7, ANH/SA, L.142,
f.32) (cuadro 7).
En la década del cincuenta se modifican sustancialmente las condiciones económicas regionales. Se da abruptamente la revinculación con
el mercado mundial a través de la exportación de cascarilla lo ,que ocasiona una serie de cambies en muy cortos años.
El análisis de la población en esta década puede ser bastante detallado en tanto contamos con mucha información. Las estimaciones de
población se han localizado para los años 1849, 1854, 1856, 1857, 1858
y 1861, constituyendo para nosotros el período con mejor relevamiento de datos.

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En esta década vemos que se da el desarrollo pleno y la crisis del
modelo anterior con crecimiento ilimitado de la población y con tendencia a la concentración urbana. La década culmina con una baja de
la población ocasionada por la mortalidad y la emigración fuera de
la región, precedida por varios movimientos intrarregionales. A esto
lo comprendemos como consecuencia de las bruscas modificaciones en
las condiciones de la repr(?ducción de la población: la activación de
las relaciones mercantiles origina un notable incremento de las cuotas
de plustrabajo para la extracción de cascarilla, la construcción de vías
de comunicación y otras actividades.
En los primeros años de la economía cascarillera se genera una fuerte concentración de actividades artesanales y mercantiles en la ciudad
de Cuenca, ampliándose el mercado consumidor urbano y las parroquias ligadas a su abastecimiento. Es así como de 1849 a 1854 mientras
la población total crece un 12%, la ciudad de Cuenca lo hace en un
35%, siguiendo dentro de los comportamientos anteriores. Lo que se
modifica es que no sólo crece la población de la ciudad sino también
la de las parroquias vecinas y las de las estribaciones occidentales de
la cordillera donde se recoge cascarilla. Al mismo tiempo tiende a des-

S. Palomeque: Movimientos de población en Cuenca

141

cender la de la villa de Azogues, el centro urbano de Cañar, de localización cercana a la ciudad de Cuenca.

Este aumento de población con su veloz redistribución interna que
con~entra en la ciudad y sus parroquias cercanas un inusitado contingente de poblaciones, rompe con la relación tradicional que existía entre habitantes urbanos y rurales, ya que el 40% vive alejado de las tareas agrícolas. También comienza a darse un proceso de emigración
fuera de la región, todavía en forma lenta. Nuestras referencias de fines de la década del cuarenta nos hacen suponer que en este movimiento
participan sobre todo indígenas.
Ya a fines del período anterior podían observarse los primeros signos del proceso migratorio que aJiora se incrementa. Esto se infiere
de otras investigaciones (Estrada Icaza, 1977:17) y también de referencias documentales, donde se marca la preocupación por la fuga de indígenas tributarios a Loja y Guayaquil:
.. .informe de la Contaduría Mayor del Distrito de Azuai.. .los motivos a que se debe atribuir la rebaja que ha padecido el impuesto
personal de indígenas es la fuga de muchos de los de la Provincia de
Cuenca a la de Loja... (Quito, 1848, agosto l. En El Nacional n.
183) .. .las frecuentes inmigraciones que desde las provincias de Cuencia i Chimborazo hacen a la de Guayaquil en solicitud de jornales
para su subsistencia en donde perecen los más, en cada ailo por la
diferencia de la temperatura...(M. Hacienda 1848, en El Nacional,
n. 206). (tuadro 8).

De 1854 a 1861 observamos un brusco descenso de la población en general y sobre todo de la urbana. En siete años la población desciende
un 14% y la ciudad de Cuenca pasa de 38 056 habitantes en 1854 a
15 700 en 1861 18 •
El crecimiento sostenido de la población con su tendencia a la concentración urbana encuentra el limite a sus posibilidades. Al modificarse -en la década del cincuenta- el sistema económico regional,
se tenderá a orientar los esfuerzos productivos hacia la recolección, las
obras públicas y otras actividades, mientras los retornos monetarios
de origen cascarillero originarán un aumento general de los precios de
los alimentos que afectará principalmente a los pobladores urbanos,
alejados del acceso a la tierra.
Las referencias a los vagos continúan pero se modifica sustancial-

�142

mente el proyecto sobre su destino, con una nueva actitud que ya perdurará durante el resto del siglo:
.. .los delitos más comunes son robo y heridas ... el primero causado
más que por la pobreza por la falta de educación moral y religiosa
de la clase indígena y el segundo por la embriaguez y la prostitución
y vagancia que han cundido en el país... el abigeato ... causa inmediata del estado de atraso en que se hallan todas las haciendas y hatos de criar ganado ...

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S. Palomeque: Movimientos de población en Cuenca

Siglo XIX

...una ley de procedimiento contra vagos y mendigos, breve y sencilla, sería el acto más honroso a la nación y profundamente útil a la
sociedad... es obligatorio a las autoridades perseguirlos hasta que se
dediquen a alguna industria o se asilen en una casa de refugio... (1858,
agosto 4. ANH/Q, Com. y 1854, agosto 2, ANH/SA, F.A., L.61
f.50v).

El crecimiento de la población, su concentración urbana, el alza del
precio de los productos alimenticios, las coacciones para trabajar, las
malas condiciones de salubridad dentro de la ciudad sobre todo, son
elementos que se combinan y ocasionan que un fenómeno antiguo tome una dimensión diferente: la peste aparece como el elemento desencadenador del proceso de expulsión y reacomodamiento de la población.
Las pestes y enfermedades ya estaban presentes en la vida regional. En 1838 se informaba que" ... en el presente año el sarampión ha
desaparecido bastantes niños ... particularmente a los indígenas ... La
disentería ha conducido también al sepulcro a muchos hombres, lo mismo que las inflamaciones ... " (1838, diciembre 12. ANH/Q. Com.);
y en 1846 hay una peste de viruela (ANH/SA, F.A.L.42, f.54).
Pero en 1857 los informes tienen otro "tono" que condice con nuestras estimaciones de población. En 1856 ya hubo un "horroroso terremoto" (12-11-1856) y en 1857 el gobernador informa: " ... en el presente año la mortalidad ha sido considerable con la desoladora epidemia
de virual, que ha diezmado la población en todas las parroquias" (1857,
agosto 5. Informe del gobernador Valdivieso. ANH/Q, Com.).
Sin duda, a pesar del informe del gobernador que habla de "todas
las parroquias", esta peste tiene que haber sido muy fuerte en la ciudad por la concentración de la población y las pésimas condiciones sanitarias en las que se vive allí durante todo el siglo XIX.
En 1861 encontramos un informe municipal donde consta" ...que

143

la población de Cuenca se ve diezmada por la disentería a causa de las
aguas corrompidas que se beben i de no tener fuentes públicas que provean aguas potables". En 1890, ya con acueductos y pilas instaladas,
el problema de contaminación de las aguas sigue subsistiendo:
También carece la población de agua potable. Los acueductos que
conducen el agua a las pilas la reciben ya inmunda, después que ha
pasado haciendo el aseo del Colegio de los SSCC, casas de particulares, tintorería, curtidurías, etc. Hasta el agua del río es inmunda porque antes de llegar a la ciudad recibe una asequia de las letrinas del
citado establecimiento de los SSCC y de la casa de Ejercicios, y por
que además de ser el lugar donde arrojan animales muertos las lavanderas ensucian la pequeña cantidad de agua que lleva en ios meses de verano ... " (1890, febrero 25. Informe del intendente de Policía. ANH/Q.Com.).

En estos años las autoridades regionales demuestran en sus irtformes
la felicidad que los embarga por el auge de la explotación de la cascarilla Y el despegue económico de la región. Son muy parcos en todo lo
que sea referencia a áreas problemáticas como pueden ser las consecuencias desagradables que trae el auge económico mercantil y el increm~nto de
tas~ de e~plotación sobre las economías campesinas:
mencionan solo la existencia de varias sublevaciones (Vintimilla, 1980).

!as

Estos son entonces los años de la gran migración a lacosta o qui-

zá a otr~ regiones. La frecuencia de los datos que hemos lo•do
nos ~e1;111ten detenem~s, en su estudio para observar cómo operan los
movim1entos de poblac10n en este tipo de proceso vistos desde el interior de la región.
•
La emigración se da principalmente hacia laCosta. En el censo de
1858 de Guayaquil se observa que la población casi se duplica con respecto a_ la de 1840 (a~men_ta en 40 000 habitantes), además de que en
est~s anos se da el pnmer mcremento notable en el precio y las exportaciones de cacao. Este movimiento puede observarse si se compara
el ascenso de la población de Cuenca con respecto a las otras de la Sierra en 1858 (cuadro 8), donde se verá que es menor. No hay que dese ~ ,el qu~ parte de la migración se haya ido a Loja o Riobamba,
tambien vecmas, y con un inusual crecimiento de la población. ( cuadro 9).
Regresando a la región de Cuenca se observa que la población total pasa de 140 242 habitantes en 1854 a 128 420 en 1856, 122 243 en
1857, 120 846 en 1858 y se mantiene hasta 1861 en 120 407, en un pro-

�S. Palomeque: Movimientos de población en Cuenca

144

145

Siglo XIX

ceso de decrecimiento sostenido menos brusco que el de la ciudad de
Cuenca.
En estos aiios se dan varios movimientos en el interior de la región. En 1857/8 uno se encuentra con que han "desaparee.ido" 30 ~
habitantes de la ciudad de Cuenca 19 pero que en la población to~al solo faltan 18 000. Es decir: parte de la población abandona la cmdad,
trata de no migrar fuera de la región y de reubicarse en otras áreas.
Así vemos que en 1856, 1857 y 1858 se da un crecimiento inusitado
de las parroquias de Deleg, Biblián, Azogues y Cañar, todas ~rte~:cientes a la moderna provincia de Cañar, zona de donde se babia onginado la migración hacia Cuenca e~ l~s aiios ~849-54 (gráficos 6 Y_8~.
Estos son los aiios donde aparecen insistentes mformes sobre la act1v1dad artesanal de Azogues.
En el resto de las parroquias rurales la población no crece o lo hace muy lentamente. Queda al margen de este pr~c~o de r:torno ?esde
la ciudad de Cuenca o incluso participa del moV1m1ento m1gratono negativo, dando la sensación de que en 1854 también hubiera encontrado su techo.
Pero las cuatro parroquias de la provincia de Caiiar tampoco pueden absorber permanentemente esta inmigración de origen ~rbano. Ya
en 1861 vemos que -mientras se mantiene igual la población to~ de
la provincia, indicador de que continúa el proceso genera! ~e em1gr~ción general- la provincia de Cañar se ha despoblado VlSlbleme~te.
Las parroquias de Azogues, Deleg y Biblián retorn~ a la pobl~~ón
de 1854 y la de Caiiar pierde la mitad de su población en relacion a
la de 1854. Parte de esta población retoma ~acia la ciudad de Cuen~,
las parroquias rurales cercan~ a ella o haci~ la n~eva zona de crecimiento de la actividad mercantil: las parroqUias onentales en sus laderas calientes, con grandes propiedades (grupo 5) donde se r_ecolec~ cascarilla para la exportación y desde donde se avanza hacia las tierras
orientales.
De esta forma en el aiio final de esta fase nos encontramos con
que mientras conthlúa el proceso de emigración se retorna a la distribución habitual de la población entre las provincias de Azuay Y Cañar. Pero se ha dado un cambio decisivo que será de larga duración,
la población urbana ha disminuido y en términos relativos pasa a constituir el 25% de la población total, mientras la ciudad de Cuenca sólo
concentra el 18% de los habitantes del Azuay y el 13% de los de la
región.

Desde una perspectiva estrictamente referida a los hombres y a la
forma de acceder a los recursos que necesitan, habría que señalar que
esta crisis aparece como el agotamiento de un sistema donde la población tendía a concentrarse en las ciudades alejándose de la producción
agrícola en una región que tiene, como condicionante estructural, la
dificultad de obtener alimentos de otras regiones por los altos costos
de transporte que implican sus caminos. A este condicionante de larga
duración se aiiadió un crecimiento inusual de la población y, coyuotU:ralmente, el desarrollo de la actividad de recolección de cascarilla, las
labores artesanales y la búsqueda de huacas, todas ellas que también
restan brazos a la producción agrícola.
La solución a esta crisis implicó dos cambios esenciales en el comportamiento de la población. El primero es la emigración, tanto por
la atracción que brindan mejores ingresos como por el agotarniento de
las condiciones de reproducción en el lugar de origen. El segundo, es
la reducción de la población urbana con respecto a la población rural
lo que será una constante para el resto del siglo XIX. Luego veremos
cómo se va imponiendo un tipo de producción artesanal (el tejido del
sombrero de paja toquilla) que no implica la concentración urbana.
También el estudio de esta fase nos ha permitido acercarnos al co~
nocimiento del proceso migratorio hacia la Costa, su lugar de origen
y las causas centrales de su desplazamiento: si bien se refiere a la década del 50, creemos que pueden extenderse -con cuidado- hasta finales del siglo. Lo que se ha percibido es que la población rural, sobre
todo La de las áreas rninifundistas con combinación de agricultura doméstica y artesanía, tiende a migrar hacia las ciudades (o quizás los
pueblos) en un primer momento. Cuando se llega a un punto en que
esta concentración es insostenible por la falta de medios de subsistencia, se origina un proceso donde, mientras una parte de la población
emigra directamente hacia fuera del espacio regional, otra intenta retornar a las áreas rurales o de origen: los que no lo logran migran nuevamente, esta vez fuera de la región. Es decir que parte de los que migran tienen un origen urbano pero con un pasado reciente de origen
rural. Esto permitiría sugerir que, durante el resto del siglo, la migración a laCosta podría haber tenido un comportamiento similar al descrito en este período.
Hasta 1885 continúa el ciclo cascarillero y se va incrementando paulatinamente la producción -para exportación- del sombrero de paja
toquilla. De 1861 a 1885 tenemos un período que podemos definir como continuación de la década del cincuenta. Aqui no encontraremos
cambios bruscos ni reacomodamientos de la población: lentamente vuel-

�146

Siglo XIX

ve a incrementarse su número mientras la economía regional se adecúa
a las nuevas circunstancias. En los últimos afios del período, cuando
la recolección de cascarilla toma un ritmo febril para lograr exportar
antes de que ingresen al mercado mundial las cascarillas provenientes
de las colonias inglesas, vuelve a desaparecer el movimiento migratorio hacia laCosta. Dentro de este nuevo sistema económico regional
emerge un nuevo elemento: la falta de alimentos, debido a las condiciones climáticas desfavorables.
De 1861 a 1871-75 la población se incrementa. En 1871 ha crecido
un 10% con respecto a 1861 y llega a 132 935 habitantes. El coeficiente
de masculinidad de 1871 es de un 82%, reiterándonos la información
de las planillas censales que continúa el proceso migratorio hacia el exterior de la región. La población de la ciudad de Cuenca vuelve a aumentar y llega a 24 052 habitantes en 1875~ con niveles similares a los de
1849 pero sin la desproporción entre población rural y urbaná de 1854.
En la década del 70 se encuentran las primeras referencias a dificultades para obtener los alimentos necesarios (ANH/SA, F.A.L.94
f.14) y en 1875/6 se desata la primera crisis de subsistencia ocasionada
por la pérdida de cosechas (ANH/SA F.A.Ll27, f.26v). Son situaciones que deben haber incidido en la continuación del proceso migratorio y la lenta recuperación de la población, también afectada por las
bajas tasas de natalidad que origina la migración. No se observan cambios con respecto a los criterios de distribución de la población de 1861.
Aumenta la población de la ciudad, a sus alrededores y en zonas de
las estribaciones montafiosas orientales donde se recoge la cascarilla
o viven pequeños campesinos que complementan sus ingresos con la
recolección. La migración a la ciudad debe provenir del resto de las
parroquias rurales ya que éstas, si bien aumentan su población, no lo
hacen al ritmo de la ciudad.
Desde 1861 a 1875 la economía regional se basa principalmente en
la exportación de sombreros y de cascarilla, ninguna de las dos en grandes volúmenes ya que baja la exportación de cascarilla y, en la de sombreros, Cuenca recién comienza a participar. También vuelve a cobrar
importancia el mercado urbano y en general pueden definirse estos afio~
como de una economía diversificada que no logra absorber todos los
crecimientos de la población.
Desde 1875 a 1880 hay un ciclo agrícola muy favorable (ANH/SA,
F.A.L.143, f.14v), que coincide con que entre 1875 y 1885 se da el período con mayores exportaciones de cascarilla (en las que Cuenca aporta
sustancialmente). Nuevamente la población responde a los movimien-

S. Palomeque: Movimientos de población en Cuenca

147

tos de la actividad mercantil: la población total se incrementa en un
12% con respecto a la de 1871, dando la sensación de que no hubo
retomo desde las zonas de emigración. Pero eso sí: la ciudad se despuebla en un 25% con respecto a 1875, y su población masculina se
dirige hacia las parroquias rurales ubicadas en las zonas de recolección
de cascarilla.
En los finales de la crisis de la década del 50 vimos cómo comenzaba a incrementarse la población del cantón Gualaceo y de Paute. Ahora este proceso continúa y tenemos que esa zona es la única que duplica su población con respecto a 1858. En la estimación de población
de 1880 vemos que Cafiar, con sus estribaciones occidentales, también
se ha incorporado a este proceso: su población aumenta un 72% con
respecto a 1861, cuando el total provincial sólo sube un 24% para el
mismo período.
El ciclo de la cascarilla persiste hasta 1885. Esto implica que si el
comportamiento de la población siguió siendo similar, que si mientras
se dio no hubo migración hacia la costa, deben haberse vuelto a incrementar las tasas de natalidad y en consecuencia vuelve a darse el aumento de la población sin que se modifiquen las formas de obtener los recursos alimenticios. En 1882 se dio una crisis de subsistencias que ocasionó una fuerte mortalidad debido a la imposibilidad de obtener alimentos baratos desde otras regiones (ANH/SA,F.A.L.153,f.28).
1880-1893. Hay muy poca información para 1893. Incluso han tenido que unificarse cifras que da T. Wolf con las que la gobernación
remite para lograr una mayor representación en los aparatos políticos.
Aún así se intentará sacar algunas conclusiones.

A pesar de la crisis de subsistencias de 1882 la población total en
1893 se ha incrementado en un 31 OJo respecto a la de 1880. Es un crecimiento muy alto, que impresiona nuevamente como la consecuencia
del período anterior, sin migración hacia fuera de la región: a pesar
de ser de corta duración (1875-85, en que dura este auge cascarillero)
debe haber incidido en las tasas de natalidad, produciendo su aumento.
En los años que van desde 1885 hacia adelante comienza a incrementarse la exportación del sombrero de paja toquilla a nivel nacional. Participa cada vez más la producción de Azogues, Sigsig, Cuenca
Y otras parroquias, a medida que bajan los precios y las calidades de
los sombreros exportados.
La producción artesanal del sombrero de paja toquilla no implica

�148

Siglo XIX

el desplazamiento de los productores hacia las ciudades, se teje dentro
de las unidades domésticas campesinas y se lleva a los pueblos, a Cuenca
o a Azogues en los días de feria, donde son adquiridos por un grupo
de comerciantes que organiza el proceso del "acabado" en el espacio
urbano y luego lo exporta.
Esto implica que mientras se produce una artesanía para el mercado el agricultor puede mantenerse en pequeñas parcelas de subsistencia y producir parte de lo que consume. Con este sistema productivo
vemos que la población de la provincia del Azuay crece al mismo ritmo en las zonas urbanas que en las rurales, pero la de Cañar alcanza
un crecimiento mayor que toda la región (31 O'/o) llegando al 570'/o, que
debe orginarse en.la mayor concentración de tejedores y artesanos en
la zona de Azogues y en la migración hacia los "calientes" de Cañar
con cascarilla.

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Con la crisis de la cascarilla las zonas comprendidas dentro de los
cantones de Gualaceo y Paute sólo crecen un 270'/o, lo que indica que
pierden población con respecto al resto. Si bien las economías familiaresparceleras de esta zona participan en el tejido del sombrero, esta alternativa no logra ser tan exitosa como la del período anterior cuando
combinaba la agricultura con el trabajo de recolección de cascarilla.
Aparentemente, junto al alza general de la población, se vuelve a
dar el proceso de migración hacia laCosta. El coeficiente de masculinidad de la provincia del Azuay, que en 1880 era del 90.690'/o, se reduce
al 83.400/o en 1893. Este coeficiente tendría relación directa con la crisis de subsistencias que se da en 1893/4, similares a las anteriores
(ANH/SA.F.A.L.183, f.69v), y con las presiones sobre los trabajadores para la apertura de un nuevo camino hacia la Costa (el GirónMachala) cuando la región busca salir de la crisis comercial que la abate con la caída de la exportación cascarillera.
En este caso la relación entre crisis de subsistencias y migración
se puede constatar documentalmente: " ... habiendo abandonado sus
hogares muchísimas personas de los pueblos que componen este cantón, a consecuencia del hambre... " (Gualaquiza, 1894, 8 de diciembre. ANH/Q. Com.); " ...continúa migración de gentes a la Costa a
causa de la calamidad del hambre que aflige a toda la provincia... "
(Gualaceo, 1894, octubre 27, ANH/Q. Com.).
De estos años, ante la falta de alimentos y el alto costo de los transportes desde zonas con excedentes agricolas serranas, o por los niveles
de los precios, se debe recurrir a la importación de frijol desde Chile

S. Palomeque: Movimientos de pobladón en Cuenca

149

y otros puntos del Pacífico, introduciéndolo por Guayaquil (ANH/SA
F.A.,L.192, f.145 y 206 r/v).
Varios factores pueden explicar la existencia de las crisis de subsistencias. El origen más lejano está en el alza sostenida de la población,
que se ha venido dando durante el siglo. Pero también inciden el que
parte de la fuerza de trabajo se ha retirado de la producción de alimentos, y a que muchos ocupen tierras sumamente subdivididas2(), que en
general son de pobres rendimientos si no incorporan en abundancia
horas de trabajo humano. También hay que considerar que las tierras
controladas por las haciendas tienden a producir caña y ganados.
Los hombres adultos, los "más calificados" para el trabajo agrícola, son los que han tenido que migrar, trabajar en obras públicas,
en el pequeño comercio, en la minería ocasional o en la recolección
de cascarilla. En la parcela de subsistencia han quedado trabajando
las mujeres, los ancianos y los niños, combinando la producción agrícola con las actividades artesanales.
En estos elementos se encuentra la explicación a la crisis ya que
todos, cuando se redujo la parcela y el tiempo de trabajo, se dedicaron
a cultivar lo más adecuado ecológicarnente: el maíz. Por lo tanto cualquier accidente climático en una región casi monoproductora de maíz
afectaba a todos por igual, sumiendo a la población en el hambre. En
síntesis: en una crisis social de subsistencias.
Sin ninguna duda los migrantes se dirigen hacia la Costa pero no
lo hacen en forma permanente ni hacia todos los lugares donde haya
producción cacaotera. Una parte se dirige a la ciudad de Guayaquil,
donde consta en los censos de la ciudad21 y se observa que muchos artesanos tienen apellidos cuencanos. Pero el contingente más importante fluye hacia la parroquia del Naranjal o a la zona de Balao. Todos
los papeles de particulares que hablan de viajes a la Costa o de parientes, mencionan estos lugares frecuentemente. En 1893, en el informe
de los peritos evaluadores de tierras sobre la parroquia del Naranjal,
puede verse que la mayor parte de la población de esta parroquia es
de origen azuayo o cañarejo, e incluso una de las haciendas cacaoteras
más grandes pertenece a una familia de origen cuencano -Ordóñez
Mata-1 que emplea "150 peones del interior".

�I 50

Siglo XIX

6. SINTESIS Y CONCLUSIONES
Con todos los elementos aportados en este capítulo intentaremos despegarnos un poco de los datos y llegar a conclusiones sobre los movimientos de población, definiendo los períodos y sus puntos de cambio.
l. De 1825 a 1850. Fuerte ascenso de la población originado por
la disminución de la emigración y por un mejoramiento en las condiciones de reproducción de la población. Esta situación debe relacionarse con el crecimiento de la producción agrícola de autosubsistencia, la reducción de relaciones comerciales externa y la consecuente falta
de interés de los sectores económicos dominantes en la extracción del
plustrabajo a los grupos subalternos.

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JI. De 1850 a 1860. Desarrollo pleno y crisis de un modelo de crecimiento ilimitado de la población, con tendencia a la concentración
urbana que culmina con una baja de la población por emigración y
mortalidad luego de varios movimientos intrarregionales. Esto debe explicarse por la brusca modificación de las condiciones de reproducción
de la población. La activación mercantil origina un notable incremento de las cuotas de plustrabajo que se exigen a los grupos subalternos
para dedicarlos a la extracción de cascarilla, la construcción de vías
de comunicación y otras actividades. Al mismo tiempo se dan más libertades que en general, ayudan a la movilización de población.
III. De 1860 a 1875. Lenta recuperación de la población por crecimiento natural mientras se mantiene la emigración y las condiciones
de reproducción de la fase anterior. Aparecen deficiencias estructurales en el sistema de producción de alimentos que continuarán en lo que
resta del siglo.
IV. De 1875 a 1885. Desaparece la emigración y comienza un mayor ascenso de la población, que se retira tanto de las ciudades como
de las actividades agrícolas. Culmina el período con una grave crisis
de subsistencias en 1882/3. Estos movimientos deben relacionarse con
el auge final de la recolección de cascarilla que resta fuerzas a la
agricultura.
V. De 1885 a 1900. Prosigue aumentando la población debido a
la falta de migración del período anterior pero se reinicia el proceso
de migración hacia la Costa y hay más crisis de subsistencias. Esto debe
relacionarse con la crisis comercial que origina el gran debilitamiento
de las exportaciones cascarilleras y la búsqueda de nuevas opciones mercantiles externas, que implican nuevos esfuerzos y coacciones destinadas a construir un camino a Machala.

S. Palomeque: Movimientos de pobladón en Cuenca

151

Si tomamos en conjunto todo estos períodos podemos observar la
existencia de dos situaciones diversas de formas de reproducción de la
población.
La primera, que va de 1825 a 1850, se da en un período de retracción de las relaciones mercantiles extrarregionales y durante este lapso
encontramos las mejores condiciones de reproducción de la población,
señalado por su notable crecimiento.
En la segunda mitad del siglo encontramos una situación marcadamente distinta. Allí, junto al incremento de las relaciones mercantiles y de las cuotas de plustrabajo exigidas a la población, aparece la
ruptura del sistema de reproducción anterior con sus consecuentes secuelas de migración y con dificultades, incluso, para la obtención de
los alimentos necesarios dentro de la región.
Ambas situaciones, planteadas en términos muy simples, nos remiten a la conclusión lógica de que cuando la región invierte tiempos
de trabajo en la producción para exportación reduce los tiempos de
trabajo destinados a la producción de alimentos. Esto debilita el sistema de reproducción, sobre todo porque se da junto a condicionantes
estructurales: la región se encuentra imposibilitada de importar alimentos por los altos costos de transporte que implica su localización en
zonas montañosas y con malos caminos, y no hay modificaciones en
la tecnología ni en las formas de cooperación en la producción agricolaganadera. El dinero que ingresa por exportaciones será destinado al
pago de importaciones no alimenticias, mientras no se modifican las
bases sobre las que se asienta la producción de alimentos ni la reproducción en general de la sociedad: la economía de exportación se desarrolla sólo aumentando las cuotas de plustrabajo a las economías campesinas preexistentes.
Estas economías campesinas constituyen el punto original de todos los movimientos de población y el abandono de sus lugares de origen debe relacionarse con la búsqueda de recursos monetarios que, por
una u otra causa, no puede obtener en su lugar de origen.
Dentro de la primera etapa ya comienzan a observarse las dificultades de los sectores campesinos con mayor grado de rninifundización
y también de los grupos indígenas, en especial, sometidos a la obligación de pagar el tributo en metálico, en una economía con difícil acceso al dinero. Son los grupos que tempranamente comienzan a migrar
a Loja o Quayaquil.

�152

En la segunda fase, que comienza en 1850, cuando se dificultan
las condiciones generales de reproducción de la población pero se incrementan las relaciones mercantiles, podemos ver que los movimientos de población se corresponden con el desarrollo de este tipo de relaciones. Cuando aumenta la recolección de cascarilla en Gualaceo o Cañar, aumenta la población; cuando la crisis, tiende a bajar; y el aumento
de población en Azogues también se da cuando hay aumento de la producción de sombreros. Esto significa que la población es atraída por
los centros productivos donde mayor desarrollo tienen las relaciones
mercantiles. Claro está que los migrantes primero buscan trasladarse
dentro de la propia región y, en última instancia, cuando se agotan las
posibilidades dentro d~ ella, se trasladan a la región de la Costa,
principalmente.
La migración a la Costa se da por períodos. Estos están definidos
por el agotamiento de las condiciones de reproducción dentro de la región más que por la atracción de los ingresos que la economía cacaoetera pueda brindar. De no ser así la migración debería haber continuado entre 1875 y 1885, pero no fue así.

..

...,

S. Palomeque: Movimientos de población en Cuenca

Siglo XIX

Si bien sólo hemos podido conocer dos casos de estructuras agrarias con economías campesinas -Molleturo y San Cristóbal-, inferimos que la migración desde las economías campesinas se corresponde
con los períodos generales de migración regional, aunque sus comportamientos son diversos.
En economías campesinas como la de San Cristóbal, con gran minifundización de la tierra y presencia de unidades familiares independientes, la migración será más intensa, de ambos sexos y sin retomo.

153

que es la ciudad de Cuenca. Ella será el último punto donde los migrantes probarán suerte antes de emprender el camino hacia la Costa,
o donde permanecerán en calidad de "vagos y malentretenidos", quizá luego de haber migrado dentro de las parroquias rurales de la región hasta que se vean obligados a migrar.
En el transfondo de todos estos movimientos existe un espacio geográfico bien delimitado por nudos montañosos al norte y al sur, por
agudas variaciones climáticas al este y al oeste. Condiciones geográficas que si bien implican encierro, en la vivencia cotidiana e histórica
se han convertido en espacio conocido y propio.

NOTAS
l. Este estudio es parte de una invesúgación más amplia que trata sobre las transformaciones económicas y sociales que se dan en la región de Cuenca durante el siglo
XIX los periodos económicos regionales, los movimientos de la población, la forma de distribución de la tierra y las formas de dominación y resistencia (Palomeque, 1987).

2. Esta región está situada en la parte sur de la sierra ecuatoriana, su zona más poblada son valles interandinos de una altura media de 2 500 metros, con tierras muy
fértiles. Hacia el oriente y occidente se encuentra rodeada de altas montañas, con
estribaciones tropicales que la comunican con la selva amazónica al este y la región
de la costa al oeste.
3. Corteza del árbol de la quina que se usaba como medicamento.

En otras, como Molleturo, donde todavía persisten las formas de
organización indígena, también hay migración pero masculina y con
retorno: esta será en beneficio de su reproducción.

4. Una información más completa puede encontrarse en Palomeque, 1987.

Los ciclos migratorios afectan en general a todas las economías
campesinas, con modalidades diversas de acuerdo a las estructuras internas de cada una. No habría una relación entre la migración y la localización geográfica, ya que San Cristóbal está al oriente y Molleturo
al occidente de la región.

6. Sólo ocasionalmente se han corregido algunos datos y, sobre todo, se ha modificado la forma de agruparlos.

Del conjunto de elementos estudiados podemos percibir una visión
donde la región aparece como el espacio propio de reproducción de
varios grupos sociales, donde las dinámicas económicas afectan al conjunto y también donde todos se mueven alrededor de un eje principal

s.

Si bien la mayor parte de la población campesina es indígena y mestiza, también
se encuentran blancos pobres.

7. Las fuentes en las que se basa el trabajo estadístico, tomadas del Archivo Nacional
de Historia, Sección Azuay (ANH/SA) y del Archivo Nacional de Historia de Quito (ANH/Q), son: Estimaciones de 1825, 1826 y 1827. ANH/SA, S. Expedientes,
E.87 f.1, E.88 f.l, E. 90 f.l y E. 1125 f.28,35,54,13 y 21.
"Razón... número de las Parroquias sus ayudas y anejos comprendidos a la Provincia de Cuenca... 30 de octubre de 1835"; ANH/Q, Comunicaciones de la provincia de Cuenca; 1836, sept. 23.
"Censo de la población de la Provincia de Cuenca, Cuenca, julio 3 de 1849''.
ANH/SA, Exp. 1138.
"Censo de la población de la Provincia de Cuenca, Cuenca, agosto I de 1854"

�154

S. Palomeque: Movimientos de población en Cuenca

Siglo XIX

ANH/Q, Comunicaciones de la provincia de Cuenca, 1854.
"Censo de Ja población de la provincia de Cuenca, Cuenca, 1856" ANH/Q, Comunicaciones de la provincia de Cuenca, 1856.
"Censo de la población de la provincia de Cuenca, Cuenca, 1857". ANH/Q, Coro.
de la provincia de Cuenca, 1857.
"Censo de la población de la provincia de Cuenca, Cuenca 1858". ANH/Q, Coro.
de la provincia de Cuenca, 1858.
"Censo de la población del Cantón Gualaquiz.a, agosto 4 de 1861 ".
"Censo de la población del Cantón Paute, agosto 5 de 1861".
"Censo de la población del Cantón de Azogues, abril 11 de 1861 ".
"Censo de la población del Cantón Cuenca, 1861".
"Censo de la población del Cantón Gualaceo, 1861". ANH/Q. Coro. de la provincia de Cuenca, 1861.
"Censo de la población de la provincia de Cuenca 1875", ANH/SA, 1875.
"Censo de la población del Cantón de Cuenca en 1880", ANH/SA, Exp/1168,
1880, mayo 28, f.3.
"Resumen del censo de la población de la provincia del Azuay. Cuenca, junio de
1880" ANH/Q. Coro. de la provincia de Cuenca, 1880.
"Registro de la población de la provincia del Azuay en 1893, Cuenca, noviembre
27 de 1894", ANH/Q, Com. de la provincia de Cuenca, 1894.

155

las tendencias generales que son las que aparecen como más valederas. En las bruscas oscilaciones de la población en la década del cincuenta, debió incidir cierto grado de error en las estimaciones.
18. Estos "saltos" tan fuertes, sobre todo en la ciudad, pueden tener relación con la
redefinición de las parroquias urbanas. Pero estimamos que -aún así- estos movimientos tienden a reflejar la realidad.
19. Insistimos en recordar que esta cifra puede estar exagerada por existir en 1854/ 5
una reestructuración parroquial.
20. Ver Palomeque, 1987, cap. III.
21. El censo de población de la ciudad de Guayaquil en 1899 suma un total de 60 483
habitantes, distribuidos entre 27 767 hombres y 32 716 mujeres. También entrega
el lugar de nacimiento de la gente extraña a la costa: así vemos que originarios de
Quito son 2 828, de Ambato 1 342, de Riobamba 1 318, de Cuenca 1 768 y de Azogues 226 (En: Informe de la Policía Nacional, 1890-1911, G. 352, Biblioteca
Rolando).

8. Es el caso de totales y subtotales con errores de suma o copia.
9. Corresponde a las parroquias de San Roque, Baños, Sidcay, Valle y Cumbe.
10. Azogues es otro centro urbano secundario.
11. Corresponde a las parroquias de Paccha, Quingeo, Deleg, Biblián, Jadán y
Chuquipata.

BIBLIOGRAFIA

12. Corresponde a las parroquias de Sigsig, Ludo, San Juan, San Bartolomé, Gualaceo y Chordeleg.

Brownrigg, L.A.
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de Estudios Andinos, n. 14, Lima

13. Corresponde a las parroquias de Girón, Cañaribamba, Pucará, Juncal, Gualleturo, Suscal y a las que se le ha agregado Molleturo sólo por su localización cercana.

Chiriboga,Manuel

14. Corresponde a las parroquias de Guachapala, Paute, Taday, Navón, Oña, Gualaquiz.a y Rosario.

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(1790-1925). Ed. CIESE y Consejo Provincial. Quito.

15. En las planillas consta el nombre, apellido, sexo, edad, ocupación y si sabe o no
leer. Se ha realizado una sola corrección en los datos presentados en las planillas
censales. Se debió a que en los tramos de edad superiores (de 30 años en adelante)
la información tendía a "redondearse" alrededor de la década. Por esa causa se
ha trabajado la distribución de las edades con intervalos de 10 años a partir de los
30 años de edad.

Deler, Jean Paul
1983 "Estructuración y consolidación del área central (1830-1942)". En:
El Manejo del espacio en el Ecuador, Tomo I. Instituto Geográfico
Militar. Quito.

16. En este análisis existen varios supuestos en cuanto al comportamiento de la natalidad, mortalidad y edad de migración. Estimamos que aún en el caso de variación
de estos supuestos, las pirámides permiten observar señales inequívocas de las
migraciones.
17. Debe insistirse en el hecho de que en las estimaciones de población se rescatarán

Espinosa, Leonardo y Achig, Lucas
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157

Molleturo
Oficio
Hilado
Agricult.
Sombrer.
Costura
Músico
Zapatero
Herrero
Curtidor
Carpintero
Alfarero
Platero
Sastre
Panadero
Gatera
Pulpera
Chichera
Sillero
Chocolat.
Otros
Total

H

M

-

-

138

182

-

-

.-

-

-

-

-

S.Cristóbal S.Sebastün 3 parroquias
M

H

M

H

M

- 377
249
-

-

7
8
l

-

384
190

H

46

6
3

5

1

-

-

-

22
20

-

-

-

-

4

-

138

182

313

420

-

-

-

-

14
4

-

3
8

5

48

-

3
-

401
50

-

9
11

10

23

68

-

3

-

Total

'

384
591
83
68
9

14
10

-

13

14
1

7
4
3

14
1

-

3

1

15
13

1

15
15
10

16

13
12
6
4
3

-

-

12

-.
-

13

12
21
5
13

-

10
8

2
1
8

7
13

12

7
13

25

83

145

534

747

1281

2
1

8

-

10
8
2
8

Fuente: ANH/ Q. S. Empadronamientos caja l (elaboración de la autora).
Observaciones: en la fuente se considera "ocupados" a los mayores de 14 años
en la mayor parte de los casos. También hay adultos sin ocupación, de sexo
femenino

�158

S. Palomeque: Movimientos de población en Cuenca

Siglo XIX

CUADRO2

CUADRO4

DISTRIBUCION POR EDADES DE LOS HABITANTES DE LAS
PARROQUIAS DE CUENCA (1871) Y LOS DEL CERRO DE PASCO (1876)

ESTADO CIVIL DE LOS HABITANTES ADULTOS DE
TRES PARROQUIAS DE CUENCA (1871)

Estado
San
Cristóbal

Molleturo

Edad

46.4
8.8

Paseo
44.6
51.3
4.1

45.8
44.5
9.6

44.0
45.9
10.1
100.0

...e--,,
-..

S. Sebastián

S. Cristóbal

Molleturo
M
98
13
52 84

204 213

H
67

13 57
112 154

16 100

H M
357 371
13 70
180 338

329 424

83 160

550 779

H

H
86

o

138 195

3 parroquias

M

M
60

o o

100.0

100.0

Observaciones: en la fuente se considera "niño/ a" a la población menor de
14 años. De allí en adelante se la califica de "soltera", etc., en la mayor parte
de los casos de "adultos"

., • .,fu

r~;
,. ~ :.~

Casados
Viudos
Solteros
Total

100.0

100.0

Total

San
3
Sebastün parroquias

47.0
43.2
9.8

44.8

0-19
19-59
60 +

Cerro

159

CUADRO3
CALCULOS RELATIVOS

CUADROS

Molleturo

S.Cristóbal

S.Sebastián

3 parroquias
CALCULOS RELATIVOS

Edad

H M Total

H M Total

H M Total

H M Total

52

0-19 48
19-59 40 60
60 + 36 64

100 49
100 44
100 42

51
56
58

100 60 40
100 40 60
100 20 80

100 51 49
100 42 58
100 36 54

100
100
100

57

100 46

54

100 47

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47
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100 100 100

100 100 100

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S. Palomeque: Movimientos de población en Cuenca

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suposición de que la edad de migración oscila alrededor de los 20 años para
los hombres.

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Fuentes: 1825, 1849, 1854, 1856, 1857, 1858, 1861, 1875 y 1880, nota 7; 1778 y 1838, de Espinosa; 1892, de Wolf (1975,604).
Observaciones: se considera que la ciudad de Cuenca la conforman las parroquias de Sagrario, San Sebastián y San Bias. A San Roque
se la considera rural. En Caflar se consideran urbanas a las parroquias de Azogues y Caflar pero en 1892 la estimación de Wolf se
refiere a los pueblos, que incluyen normalmente parte de áreas rurales.

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Siglo XIX

S. Palomeque: Movimientos de poblaci6n en Cuenca

165

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INDICE DE MASCULINIDAD DE LA POBLACION URBANA Y RURAL
DE AZUAY Y CAÑAR (1778-1893)

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1802-06

1842-46

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60-64
55-59
50-54
45-49

1847-51

40-44

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1857-61
1862-66

35-39
30-34
25-29

1837-41
1842-46

1867-71

20-24

1847-51

15-19

1852-56
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DISTRIBUCION POR EDAD Y SEXO DE LOS HABITANTES DE LA PARROQUIA DE SAN CRISTOBAL (1871)
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1822-26

70-74

1797-01

65-69

1802-06
1807-11
1812-16

1837-41

60-64
55-59
50-54

1842-46

45-49

1847-51

40-44

1852-56
1857-61

35-39
30-34

1862-66
1867-71

1827-31
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GRAFICO 4
DISTRIBUCION POR EDAD Y SEXO DE LOS HABITANTES DE LA PARROQUIA DE SAN SEBASTIAN (1871)
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S. Palomeque: Movimientos de población en Cuenca

Siglo XIX

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GRAFICO 11

(Indice base 100 en 1825)

POBLACION RURAL DE CUENCA AGRUPADA
EN CONJUNTOS DE PARROQUIAS SEMEJANTES.

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�CAMBIOS Y PERMANENCIAS.

El Mundo del Trabajo en una Parroquia
de Puebla a Través de los Libros Matrimoniales
(1640-1910)

José Luis Aranda Romero
Miguel Angel Cuenya **

*

La intención del presente artículo es describir el mundo del trabajo de
la parroquia del Santo Angel Custodio (Analco), la cual formó parte
de la ciudad de Puebla en el período comprendido entre 1640 y 1910.

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Si bien la parroquia a estudiar no puede considerarse representativa de toda la ciudad de Puebla, debido a ciertas peculiaridades, nos
permite en cambio analizar con mayor profundidad la inserción en el
mundo laboral de la población indígena. Por otro lado, para dos investigadores resultaría sumamente arduo abarcar las cinco parroquias
y el Sagrario Metropolitano en que se encontraba dividida la ciudad' : sus dimensiones y la populosa comunidad que residía en ella
implicaría una labor de años.
La parroquia del Santo Angel Custodio comprende una amplia zona del oriente y sureste de la ciudad, separada de ésta por dos ríos.
Su jurisdicción abarca toda la margen izquierda del río Xonaca, hasta
su desembocadura en el río San Francisco, y de allí, toda su margen
izquierda hasta que sale de ciudad y desemboca en el río Atoyac. Su
límite oriental es el río Alseseca. Pertenecen a su jurisdicción los barrios de Analco, La Luz y Nuestra Señora de los Remedios, los Molinos del Santo Cristo, Santa Bárbara y de Guadalupe, los Ranchos de
Carreto y San Bartolomé y el pueblo de San Baltazar2 .

• Centro de Investigaciones Históricas y Sociales, Universidad Autónoma de Puebla
•• Colegio de Historia, Universidad Autónoma de Puebla

�178

Siglo XIX

El origen de la parroquia data de 1618, fecha en que los religiosos
franciscanos erigieron una ermita en la zona de Huilocaltitlán ("lugar
de las palomas"), en virtud de que en dicho lugar existía una populosa
comunidad que se encontraba territorialmente alejada de los templos.
En 1627, debido al continuo crecimiento ooblacional que presentaba
la zona, el obispo Don Bernardo Gutiérrez Quirós determinó la creación de la parroquia del Santo Angel Custodio, encargando a los frailes franciscanos la administración de los sacramentos. En 1640, al secularizarse todas las parroquias del obispado de Puebla, se establece
el primer párroco secular y se la separa de la jurisdicción de la orden
franciscana, al mismo tiempo que se crean dos visitas de curato: una
en el barrio de los Remedios y otra en el pueblo de San Baltazar, distante un cuarto de legua3 :
En 1812 a causa de los estragos producidos por la epidemia de fiebres, la parroquia de la Santa Cruz se incorporó a la jurisdicción del
Santo Angel Custodio, quedando Santa Cruz como ayuda de Analco
(situación que se mantiene hasta 1913 cuando se vuelve a erigir la parroquia de la Santa Cruz).
En 1812 la jurisdicción de la parroquia del Santo Angel Custodio
se vio incrementada notoriamente: abarca toda la margen izquierda del
río Sao Francisco, el pueblo de San Baltazar, las haciendas del _Gallinero, la Calera, San Diego de los Alamos, Sao Bartolo y el Santo Cristo, las ladrilleras de Azcarate y de Benitez, los barrios de los Remedios, La Luz, El Alto, San Juan del Río, Xonaca y los ranchos de la
Rosa y Virgen de Guadalupe4 •
La ciudad de Puebla desde sus orígenes (1531) adquirió grao importancia económica, cultural y religiosa, llegando rápidamente a convertirse en la segunda del virreinato. Cronistas e historiadores poblanos señalan -con gran claridad- el importante papel desempeñado
por la Puebla de los Angeles durante el período colonial s , situación
que es confirmada por viajeros y religiosos que visitaron la ciudad durante los siglos XVII y XVIII6 •
La historiografía contemporánea centró su atención en el carácter
peculiar y único de su fundación. El experimento llevado adelante por
el obispo Garcés y el oidor Salmerón en 1531, le otorgaron otro rasgo
peculiar: el de ciudad de españoles no encomenderos, proyectada desde su misma fundación como ciudad e intentando nuclear en su seno
a todos aquellos españoles pobres que quisieran trabajar la tierra como lo hacían en España7 • De esta manera la planificación urbana de
la Puebla de los Angeles fue elaborada a conciencia y el reparto de so-

Aranda R. y Cuenya: El mundo del trabajo en Puebla

179

lares se realizó con moderación dentro y fuera de la traza urbana, la
que se extendió alrededor de una amplia zona central.
La necesidad de contar con mano ~e obra indígena que participara en la construcción de la ciudad, motivó un acuerdo entre el oidor
Salmerón y caciques Tlaxcaltecas, Cholultecas, Calpantecas y Huejotzincas, por medio del cual "cada vecino pudo disponer de treinta indígenas para levantar sus casas, en un plazo de noventa dias, y otros veinte
prepararon sus campos de cultivo (en el Valle de Atlixco), sin especificar el tiempo en que tal faena habría de concluir ... " 8 • Repartimiento
temporal que fue convirtiéndose en permanente con el paso del tiempo, aunque el ñúmero de trabajadores indígenas fue disminuyendo.

La necesidad de contar con mano de obra indígena libre y permanente determinó que el ayuntamiento de Puebla dispusiera en 1550 el
otorgamiento de "algún sitio o solar para hacer sus casas", y que éstos "estén apartados y divididos de la traza de los españoles"9, dando origen -de esta manera- a los barrios indígenas, que rodearán
la traza por el norte, este y oeste, quedando solamente libre la zona
sur (que unía a la ciudad con las tierras comunales del ayuntamiento
poblano).
Los primeros asentamientos indígenas comenzaron a poblarse con
tlaxcaltecas y cholultecas, a orillas del río San Francisco, alrededor del
convento de los frailes franciscanos, asentamiento denominado Tlaxcaitecapan; al norte de la traza se formarán los arrabales de Xanenetla
y Xonacatepec; al poniente Cholultecapan y Huejotzicapan, los que
formarán el barrio de Santiago; en torno a la iglesia de San Sebastián
se formó el barrio de San Pablo de los Naturales y al noroeste el barrio
de Texcoco. A orillas de Tlaxcaltecapan surgirán los barrios del San
Juan del Río, del Alto y de Tecpan.
Al sur y sureste de la traza y separado de ella por el río Sao Francisco se fue formando la parcialidad de los tlaxcaltecas en un perímetro que formó el barrio de Analco ("al otro lado del río"), el que se
constituyó po11Tepetlapan (barrio de los Remedios), el arrabal de Huilocaltitlán ("lugar de los palomares"), que se convertirá en el más importante, el arrabal de Xochitlán ("lugar de las flores") y, al sur del
mismo, el arrabal de Yancuitlapan ("en la tierra nueva").
Durante los siglos XVI y XVII, diversas disposiciones del Ayuntamiento poblano, así como también virreinales, determinaban que los
indígenas se establecieran fuera de la traza al mismo tiempo que disponían que mestizos, negros y mulatos no habitaran en los barrios indígenas; disposiciones que se cumplieron estrictamente en lo referente

�180

Siglo XIX

al asentamiento de los indígenas, pero las restantes ordenanzas cayeron en letra muerta. Numerosos mestizos levantaron sus viviendas en
barrios indígenas, dando comienzo a importantes asentamientos de población mestizada en algunos barrios como San Sebastián, El Alto y
Analco, lo que producirá constantes quejas de los funcionarios
indígenas 10 •

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El recorrido de los ríos Xonaca y San Francisco separaba del centro de la ciudad una amplia zona, que en época de lluvias la incomunicaba por varios días. La construcción de puentes que dieran fluidez
al tránsito se tomó una de las mayores preocupaciones del Ayuntamiento, por cuanto a través de ellos se comunicaba con el camino a
Veracruz, la Mixteca y toda la zona sur de Puebla. Así también, porque en sus márgenes se instalaron varios molinos, curtiembres y diversos talleres artesanales. Por estas razones, muy pocos afios después de
su fundación (1555), se construyó el primer puente sobre el río San Francisco, "que unía al barrio del Alto con el centro de la población" 11 •
El segundo puente conocido como el de las "Bubas", data también
de 1555. Debido a la precariedad de su construcción, fue destruido varias veces por las aguas del río.
Hasta finales del siglo XVII (1699) el Alto y Analco se comunicaban con el centro de la ciudad por estos dos puentes. La actividad artesanal y mercantil de Analco, así como el creciente número de sus habitantes, determinó que se reestructurara el paso peatonal existente que
comunicaba la parroquia del Santo Angel Custodio con el centro "para mejorar las comunicaciones con Analco y que la obra se ejecutase·
a costa de los propios de la ciudad, con la mayor solidez posible para
que durase muchos años' 2".
Durante gran parte del siglo XVIII el puente del Santo Angel Custodio de Analco. como fue conocido, estuvo en ruinas, habiendo sido reparado varias veces pero con escasos resultados. En 1775, debido a la
imposibilidad de repararlo se construyó, dos cuadras al sur, el puente
de Ovando, que accede directamente a la plaza del barrio. Será recién
en 1795 cuando a instancias del Síndico Personero del Común se proceda a reparar el puente de Analco, el que quedará concluido y reforzado en 1808.
Durante gran parte del período colonial la parroquia se encontró
mal comunicada con el centro de la ciudad, situación que se agravaba
en época de lluvias debido al gran aumento del caudal que corría por
el cauce del río San Francisco (que en repetidas oportunidades desbordó). No obstante esta situación, la parroquia se fue consolidando, asu-

Aranda R. y Cuenya: El mundo del trabajo en Puebla

181

miendo características propias de un barrio indígena y mestizo, mercantil y artesanal.
Nuestra jurisdicción presentó durante el período colonial un comportamiento demográfico fluctuante en el que se interrelacionaron la
crisis económica que afectó a la ciudad de Puebla desde el último cuarto del siglo XVII y la mortalidad epidémica. La crisis económica afectó a importantes sectores sociales, especialmente a grupos marginales,
creando condiciones favorables para que las distintas enfermedades (epidemias, pandemias y endemias) azotaran con fuerza inusitada ocasionando una mortalidad diferencial entre las clases sociales y por grupo
étnico. Crisis económica y mortalidad que se conjugaron cotidianamente agudizando aún más la situación y generando un proceso
emigratorio13 • Lamentablemente, para el siglo XIX no hay estudios
sobre el comportamiento demográfico de la ciudad o de la parroquia,
pero a partir de la escasa información con que se cuenta 14 podemos
inferir que a lo largo del XIX el comportamiento demográfico fue similar al registrado en el período colonial.
Durante la colonia, la parroquia de Analco presentó un crecimiento
demográfico vigoroso hasta comienzos del siglo XVIII (1705), durante
el cual se verá afectada por importantes picos de mortalidad epidémica. Empero, el mantenimiento de una elevada fecundidad permitió mantener un crecimiento elevado .
En el primer cuarto del siglo XVIII (1706-1723), se pierde el vigor
del XVII, viéndose sacudida la población por la mortalidad epidémica
de 1708/ 1710, recuperándose entre 1724 y 1736, volviendo a alcanzar
durante estos 13 años los niveles de finales del siglo XVII. La crisis
de sobremortalidad de 1737 (matlazabuatl) ocasiona una fuerte y profunda depresión demográfica que abarca 36 años, en el que varias epidemias (1747/ 1748, 1761/ 1762 y 1768) frenarán toda posibilidad de recuperación demográfica. A partir de 1773 se acelera el ritmo de crecimiento, aun~ue las epidemias de 1779 y 1784 moderarán las
recuperación1 •
La guerra de independencia habría afectado de manera bastante
notable a la ciudad ocasionando importantes pérdidas pero, como señala Keith Davies, "es difícil saber con exactitud el monto de las pérdidas humanas" 16 • Al mismo tiempo, la mortífera epidemia de fiebres
pútridas de 1813 causaba 7 603 defunciones 17 ocasionando la fusión de
las parroquias de Santa Cruz en Analco y la de San Sebastián con la
de San Marcos debido a la poca feligresía que había quedado en sus
jurisdicciones.

�182

Siglo XIX

Aranda R. y Cuenya: El mundo del trabajo en Puebla

183

Entre 1823 Y 1827 se sucedieron casi ininterrumpidamente diversos brotes epidémicos que causaron la muerte de 10 046 personas situ~ción que se verá agravada en 1833 y 1850 con las mortíferas epidemtas de cólera morbus que ocasionaron la muerte de varios millares
de habitantes de la ciudad, especialmente los de menores recursos.

nas de las variables de su contenido: sólo se citan los nombres de los
contrayentes, la fecha de la ceremonia, la edad y estado civil. La mención del lugar de origen, tiempo de residencia o la ocupación del contrayente no aparecen.

LAS FUENTES

Sobre las omisiones en el contenido de las actas, Louis Henry nos
dice que éstas pueden ser de tres tipos: a) fortuitas; b) selectivas;- c)
sistemáticas.

Nuestro trabajo se basó en el análisis de los libros matrimoniales del
~chivo parroqui_al del S~to Angel Custodio, que por su carácter y
nqueza nos permtten aproXllllarnos al conocimiento del mundo del trabajo para el largo período que va de 1640 a 1910.
La parroquia del Santo Angel Custodio data de 1627 y su archivo
se encuentra muy bien conservado, estando los libros divididos en tres
grandes ~pos: libro~ de bautismos, libros de matrimonios y libros
~e defurtc1ones. No_ extste un ordenamiento numeral, lo que imposibilita s~ber con e~act1~ud los libros faltantes; no obstante, es posible determtnar la sene extstente guiándose por las fechas de las partidas al
comenzar y finalizar cada volumen.
La serie completa (1632-1910) consta de 50 libros, de los cuales corresponden 28 _al P:río_d~ colonial. El primero, muy incompleto
(1632-~670), re~stra mdistmtamente a indigenas, españoles y "gentes
de razon"; 1~ libros registran los matrimonios indígenas y once a esp~oles, mestizos y castas. Los libros matrimoniales correspondientes
al s1~o_XIX (!800-1910), son 22. A partir de 1810 desaparece la diferenc1ac1ón étmca de los contrayentes, agrupándose en un mismo libro
a españoles, mestizos, indígenas y castas.
. El. primer libro de matrimonios que se conserva comienza el 28
de Jumo ~e 1632. En _167_1 da comienzo a los registros separados, correspondiendo uno a md1genas y otro a españoles, mestizos y castas.
Entre 1743 y 1753 se abre un nuevo libro en la iglesia de Nuestra Señora de los Remedios, el que termina al comenzar el año 1754 volviendo
a asen~se los casamientos realizados en dicha iglesia, 'en la sede
parroqwal.
Existen al~as lagunas que es necesario mencionar. La primera
a~arca un peno~o d~_cuatro años (1634-1639), originada quizás en la
mtsma des~rganizac1on de los registros. Entre 1670 y 1710, los libros
correspondientes a españ.oles, mestizos y castas se han extraviado. La~as menores se encuentran en los años 1711, .1712 y 1718 en los registros matrimoniales de españoles. Entre 1876 y 1878 se omiten algu-

Las primeras proceden de imponderables (la enfermedad del párroco por ejemplo), o de los olvidos ... pero son menos frecuentes en
las actas matrimoniales a causa de su importancia. "La omisión selectiva ocurre cuando los padres creen inútil declarar un nacimiento, y
las omisiones sistemáticas afectan sobre todo a los decesos
infantiles" 18 • Es posible que las omisiones de 1711, 1712, 1718 y
1876/78 radique en la primera de las tres causas arriba mencionadas.
El contenido de las actas casi no varía en el curso del lapso estudiado, pero no siempre se asienta toda la información. Para los siglos
XVII y XVIII, una de las variables que se omiten con mayor frecuencia es la información sobre la o&lt;;upación del contrayente, pero nunca
se omiten nombre, estado civil o lugar de origen.
La estructura típica de un acta matrimonial es la siguiente:
• Nombre de la parroquia o templo donde se celebra la ceremonia.
• Datos del oficiante: nombre y cargo.
• Datos de los contrayentes: - nombre del contrayente
- estado civil (soltero, viudo)
- grupo étnico (para los siglos XVII y
XVIll solamente)
- ocupación
- edad (para los siglos XVII y XVIII
se omite esta variable)
- lugar de origen
- lugar de residencia
- nombre de los padres (si es soltero)
- nombre de la contrayente
- estado civil (soltera, viuda)
- grupo étnico (para los siglos XVII
y XVIII solamente)
- nombre de los padres (si es soltera)

�184

Siglo XIX

• Datos de los testigos:

Aranda R. y Cuenya: El mundo del trabajo en Puebla

- lugar de origen
- lugar de residencia

a) 1830-1860; b) 1870-1910._ D_e esta manera hem~s podido observar
el comportamiento de los distintos rubros ocupactonales.

- nombres
- grupo étnico (para los siglos XVII y
XVIII solamente)
- lugar de origen

Tratando de ser lo más claro posibles, r ~ o s el análisis del
mundo del trabajo tomando como base los pnnctpale_s ~bros, presentando en primer lugar un panorama general por ~&lt;:11vtda~ para todo
el período (1640-1910) y, posteriormente, un análisis particular, para
retornar al general en las consideraciones finales. La b~e~edad del p~esente trabajo nos impide incorporar dentro de &lt;:'lda act1vtdad a los distintos oficios lo que hubiera enriquecido considerablemente el panorama. No ob;tante, hemos incluido un apén~ce al final. en e! que d&lt;:5glosamos todos los oficios registrados en los libros matnmoruales, distribuido por rubros.

LA ESTRUCTURA OCUPACIONAL DE ANALCO
Nuestro interés se centra básicamente en la medición cuantitativa de
la presencia de los cónyuges en el "mundo del trabajo" de la parroquia de Aoalco. Es decir: abarca la población masculina cuyas edades
oscilan entre los 18 y 26 años. Si bien no cubre a la totalidad ~e lapoblación activa que vive y trabaja en la jurisdicción, permite acercarnos
al conocimiento de la estructura ocupacional existente, captando la realidad laboral colonial y decimonónica, observando los cambios y las
permanencias registradas.
Para este fin hemos tomado, en principio, la estructura de las ocupaciones que a través de diferentes trabajos ha sido diseñada por Carlos Contreras y Juan Carlos Grosso y ha servido de base para distribuir 19a la población ocupada en la ciudad de Puebla a lo largo del siglo
XIX • Por otra parte, la apropiación de dicha estructura proviene del
hecho de que después de conocer el inventario de las ocupaciones de
la parroquia, éste se adaptó a la disposición que ya habían tomado en
los trabajos de los investigadores arriba mencionados. No es una aplicación forzada aunque sí, de alguna manera, arbitraria; muy pocos oficios, una vez realizada la agrupación, quedaron sin solución.

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185

Cabe mencionar también que debido a la amplitud del período
a analizar, nos vimos obligados a utilizar para el período colonial un
muestreo, seleccionando tres años por década (años O, 1 y 2), obteniéndose de esta manera una muestra más que significativa (30% de los
matrimonios realizados), criterio que utilizó Juan Carlos Grosso cuando
analizó el "origen
y composición de la fuerza de trabajo fabril" para
20
el siglo XIX • Empero, debido a la importancia del período porfirista, creímos conveniente contar con toda la información (año por año)
registrada en los libros matrimoniales.
Finalmente queremos señalar que para analizar la información y
poder observar los cambios y las permanencias en la larga duración,
hemos agrupado los datos de la siguiente manera para el período colonial: a) 1640-1699; b) 1700-1749; c) 1750-1802; y para el siglo XIX:

La estructura ocupacional de la parroquia estuvo de~ermin_ada durante todo el período por seis actividades laboral~ (textiles, ~entos
y bebidas, agricultura, curtido y pieles, construcción y comercio~, las
que nuclearán entre el 67% y el 71 % del total de co°:trayentes registrados (véase cuadro X). De las restantes ramas ocupactooales, cabe mencionar a cerámica y vidrio, metales, transportes, madera Y muebles,
confección e indumentaria y producción de artículos para el cons~m?
doméstico, que mantienen una presencia permanente pero se veo dilwdas frente a los seis principales rubros.
¿Cómo explicarnos esta estructura ?Cup~cion:n: Consideramos ~ue
esta concentración laboral no es gratwta, smo t_1p1ca ?e todas las ciudades coloniales novohispanas. El car~cter semimargmal de l? parroquia inserta en una ciudad de españoles, nucleará aquellas act1V1dades
propias de una población pauperizada, así como también aquellas que
por sus características y su ubicación harán concentr:11"se en las cercanías a los trabajadores del ramo. La grao cooc~otrac1ón_de panader_o s
en la jurisdicción no implicaba que las panadenas _d e la ciudad es!uv1eran ubicadas en gran número dentro de la parroqma, como ~~a con
los molinos, sino por el hecho -creemos- de que es~a ac~tvtd~d _e ra
un trabajo insalubre y de muy bajo estatus social. S1tuac1óo similar
encontramos en el ramo curtido y pieles ªU?que, en este ~º• en su
mayor parte las curtiembres se encontraban ~taladas a o~illas d_el ~o
San Francisco y los trabajadores del ramo vtvían en sus mmediac1~nes, dentro de la jurisdicción parroquial (constituyéndos~ e~ una ~ct1vidad tradicional de Analco). Por su p~e, la rama text~ t1en~ _cierta
importancia desde el siglo XVII, y mantiene una pr_esenc1a ~ -1 malterable durante todo el período, siendo ésta una acttvtdad trad1c1onal de
la ciudad de Puebla. Así también, desde el siglo _XVI se fueron poblando los barrios indigeoas de la ciudad con trabaJadores de la construc-

�186

Siglo XIX

ción, tradición que se mantuvo a lo largo de todo el período colonial
y decimonónico, no siendo la excepción el barrio de Analco, La Luz,
los Remedios, San Francisco y el Alto, que en gran número se concentrarán en sus calles.
Una mención especial, merece la actividad agrícola dentro de la
parroquia. Para comprender la importancia del mundo rural, debemos
tener presente que a excepción del Sagrario todas las parroquias de
la ciudad extendían su jurisdicción sobre un amplio territorio, dentro
del cual se encontraban pueblos, ranchos, molinos y haciendas, por
lo que un amplio porcentaje de su población habitaba en zonas rurales
y se dedicaba a las actividades agrícolas. La parroquia de Analco -tal
como lo señalamos anteriormente-, extendía su jurisdicción sobre el
pueblo de San Baltazar, los molinos del Santo Cristo, Santa Bárbara
y de Guadalupe y los ranchos de Carreto y San Bartolomé. A partir
de 1813 se incorporarán a su jurisdicción el territorio de la parroquia
de la Santa Cruz, ampliándose considerablemente el entorno rural, situación que se mantiene hasta finales de nuestro período (1910).

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Los flujos y reflujos de los trabajadores agrícolas, desde la colonia al porfiriato, dependieron de la actividad económica de la ciudad
y de la oferta de mano de obra existente dentro del espacio urbano.
La crisis económica que afectó a la Puebla de los Angeles desde finales
del siglo XVII -dando comienzo a un largo período recesivo que habría culminado en la década de 1850/60- habría incidido en un aumento de las actividades rurales dentro de nuestra jurisdicción. Somos conscientes de que los registros parroquiales presentan limitaciones, ya que
la ocupación anotada en los libros matrimoniales dependía de la declaración del contrayente. Sabemos que la actividad rural se concentra
fundamentalmente en épocas de siembra y de cosecha, por lo que un
porcentaje importante de los trabajadores agrícolas podrían haber sido eventuales y desempeñado, durante una importante parte del año,
otro tipo de labores dentro del espacio urbano (lo que se nos escapa
totalmente ante la falta de fuentes que hagan referencia a esta situación).
La actividad mercantil no registra una presencia significativa, pero el incremento del sector es permanente. ¿Cómo explicamos que en
una ciudad eminentemente comercial se observe, para la parroquia de
Analco, que dicho sector tenga tan escasa importancia? Diversos factores pueden explicarnos esta situación. Hemos mencionado el carácter semimarginal y mayoritariamente indígena de Analco, factor importante a ser tomado en consideración ya que la actividad comercial
de la ciudad se concentraba en el centro de la ciudad, en donde se intercalaban comercios mayoristas y minoristas dedicados en gran parte

Aranda R. y Cuenya: El mundo del trabajo en Puebla

187

a la venta de artículos de Castilla y de la tierra, instalándose en los barrios que rodeaban a la "traza" urbana pequeños almacenes minoristas dedicados a la venta de diversos artículos necesarios para la vida
cotidiana: comercio que se complementaba con la actividad mercantil
desarrollada por los artesanos que vendían directamente su propia producción, pero que las fuentes utilizadas los registr~ dentro del rubro
artesanal en el que se encuentran insertos. También, debemos hacer
mención al hecho de que el comercio es una actividad desempei'lada
por españoles y en menor medida mestizos mayores de 30 ó 35 años,
por lo que tos libros matrimoniales no captan al grueso de la ~blación dedicada a la actividad mercantil, ya que la edad promedio del
matrimonio es bastante m~nor. Finalmente, hay que destacar que la
estructura étnica de la parroquia determina que el mundo del trabajo
esté marcado por otro tipo de profesiones, haciendo dismin~ir -en
el contexto general- el papel del comercio.
Ahora bien, las curvas registradas por las distintas ramas laborales, desde la colonia al porfiriato, estarán condiciona~as -en ~a}'.or
o menor medida- por factores externos a la parroqma, lo que limita
el análisis general. Pero más allá de esos imponderables, es claro que
la estructura laboral de Analco es típica de un barrio indígena Y mestizo que se encuentra inserto en una ciudad de españoles.

El ámbito agrario
El ámbito agrario parroquial concentrará, de la colonia al porfiriato,
gañanes, segadores, campistas y jornaleros, los que representan el 14%
del total de los contrayentes para el siglo XVII (1644-1699); el 12%
para la primera mitad del XVIII; y el 17% entre 1750-1802, tal como
puede observarse en el cuadro X.
Entre 1830 y 1860 los trabajadores agrícolas constituirán el grupo
laboral más importante con 250/o de los contrayentes, revirtiéndose la
tendencia en el porfiriato en que disminuyen a niveles casi similares
a los registrados a finales del período colonial.
Estos valores porcentuales nos indican que entre 1640 y 1749 el
sector agrícola ocupó una posición importante dentro de la estructura
ocupacional de la parroquia, siendo superado solamente p~r los rubros alimentos y bebidas y textiles; posición que se ve modificada en
la segunda mitad del siglo XVIIJ, al incrementar su participación e i~alar a alimentos y bebidas. Una tendencia que se acelera durante el siglo
XIX (1830-1860) superando ampliamente a los otros rubros, para retroceder durante el porfiriato.

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Siglo XIX

Aranda R. y Cuenya: El mundo del trabajo en Puebla

189

¿Cómo explicarnos la importancia del sector rural en el ámbito parroquial y sus cambios durante el largo período que estamos analizando? Cualquier tipo de explicación se enfrenta a imponderables que lo
relativizan. En primer lugar, el reducido universo de análisis nos impide generalizar ya que nuestra jurisdicción se integraba a un espacio mucho más vasto: la ciudad de Puebla. Pero si bien se mantendrán varios
interrogantes para los cuales no tenemos respuesta, nos atrevemos a
indicar que estos guarismos nos estarían indicando la pervivencia -de
la colonia al porfiriato- de un mundo urbano casi inalterado. Los cambios en la declaración de los contrayentes -de gañán a segador y de
campista a jornalero- no hicieron variar sustancialmente su identificación étnica, en el que los flujos y reflujos de la mano de obra dedicada a las actividades agrícolas estuvieron relacionados directamente con
la actividad económica de la ciudad y la demanda de mano de obra
en el mundo urbano. No obstante, volvemos a señalar que este tipo
de aseveraciones tiene que ser ratificada o rectificada después de haberse realizado un estudio que englobe a toda la ciudad de Puebla.

el 15% de los contrayentes se dedicaba a las actividades rurales, manteniéndose este porcentaje casi inalterable entre 1700-1749, para aumentar numérica y porcentualmente para la segunda mitad del siglo XVIII,
en que nuclea al 26% de los contrayentes indígenas.

Ahora bien,- para el período colonial contamos con un elemento
que desaparece después de la independencia: la composición étnica de
los contrayentes, lo que nos permite observar la relación existente entre etnia y ocupación, sus cambios y permanencias, posibilitándonos
comprender mejor el comportamiento de las distintas actividades .

Por las características de la parroquia y por la tendencia existente durante la colonia a concentrarse los miembros de un gremio en determinado barrrio, Analco nucleará los trabajadores de alimentos y bebidas (panaderos, molineros, mamoneros, semiteros, harineros, etcétera), a los herreros, loceros, curtidores y albañiles. Diversos factores
determinaron que desde sus orígenes Analco fuera seleccionado como
lugar de asentamiento de estos trabajadores. En primer lugar, el carácter indígena de la parroquia los marginó durante la colonia del centro de la ciudad. También determinó este tipo de concentración el que
sobre el río San Francisco se estableciera un importante número de molinos y curtiembres, por lo que sus trabajadores vivían en las
inmediaciones.

La distribución étnica de los contrayentes nos confirma el predominio indígena para todo el período colonial. Durante el siglo XVII
(1640-1699), el 90% de los matrimonios realizados corresponde al grupo indígena. Aunque el subregistro existente para el período, y la ausencia de registros de españoles, mestizos y castas entre 1670 y 1710, relativiza el porcentaje, la preponderancia indígena es absoluta21 •
El siglo XVIII muestra el proceso de mestizaje en la parroquia.
Para el período 1700-1749, los contrayentes indígenas representan el
74% del total, mientras que los matrimonios ·de españoles y mestizos
representan el 12% y 10% respectivamente. En la segunda mitad del
siglo (1750-1802) el proceso se acelera. Si bien los contrayentes indígenas representan la mayoría, disminuyen hasta el 56%, mientras que españoles y mestizos alcanzan el 21 % y 20% respectivamente. Las castas
tienen muy poca significación: mulatos, negros y pardos apenas llegan
al 2% para 1640-1699, y el 3% para la primera y segunda mitad del
XVIII (cuadros III y IV).
Analizando el mundo laboral por grupos étnicos, el panorama se
toma más claro. Si tomamos al indígena, vemos que entre 1640 y 1699

Por su parte serán muy escasos los españoles y mestizos dedicados
a las actividades agrícolas: solamente el 6% de los contrayentes entre
1640 y 1749, para disminuir al 3% en la segunda mitad del siglo (véase
cuadro VI). Las castas apenas tienen alguna significación en el mundo
rural (cuadro VII).
Vemos -por lo tanto- gue el grupo indígena casi monopolizará
hasta el siglo XIX las actividades rurales, situación que se habría mantenido hasta 1910. La participación de mestizos aumentaba en la medida que la parroquia se mestizaba.
Alimentos y bebidas

Así, los panaderos, mamoneros, semiteros y harineros habitarán
en número muy elevado en la jurisdicción parroquial, constituyéndose
en el grupo mayoritario, numérica y porcentualmente, de los contrayentes entre mediados del siglo XVII a mediados del XVIII, nucleando al 23%. Situación que se verá modificada a partir de 1750, en que
comienzan a perder fuerza dentro de la estructura ocupacional disminuyendo al 17%, una tendencia que continúa durante el siglo XIX de
manera inexorable (cuadro X y gráfica VII).
Este comportamiento puede explicarse a partir de los cambios en
Analco desde 1750. Es claro que el proceso de mestizaje de la ciudad
y de la parroquia incidirá directamente sobre el sector. Ello habría traído
aparejado una cambio en la dieta alimenticia, con la consiguiente disminución de las panaderías existentes en la ciudad, así como también

�190

Siglo XIX

el rechazo -suponemos- de los mestizos a desempeñar actividades
insalubres y de muy bajo estatus social. Por otro lado, el incremento
del sector agrícola, construcción y comercio a partir de 1750 hicieron
disminuir la importancia del rubro alimentos y bebidas.
En el cuadro V se puede observar con claridad la identificación
étnica existente dentro del rubro alimentos y bebidas. El número de
contrayentes indígenas que nuclea el sector es superior en todos los casos al 24%, mientras que la participación de contrayentes españoles
y mestizos es ínfima y de escasa significación (cuadro VI).

Los trabajadores textiles
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Esta rama de la estructura ocupacional mantuvo -tal como lo señalamos anteriormente-, una presencia importante y estable desde la colonia al porfiriato. Es sumamente conocida la significación que durante gran parte de la colonia tuvo la industria textil en la ciudad de Puebla. Producción que pierde fuerza en el siglo XVIII y que durante el
XIX constituye " ...un sector de escaso peso numérico en el mundo del
trabajo de la ciudad de Puebla y sus alrededores" 22 • No obstante este decrecimiento del sector y pérdida de importancia a nivel general
dentro de la estructura ocupacional de la ciudad, Analco mantuvo la
tradición sobrellevando los avatares del mercado. Con ello no queremos decir que gran parte de la producción textil de la ciudad se concentrara en la jurisdicción parroquial; sabemos que sería erróneo aseverar un planteamiento de esta naturaleza cuando otras parroquias de
la ciudad, como la de San José, concentraban mayor número de trabajadores. Pero al interior del espacio parroquial, el sector textil fue el
segundo rubro en importancia, a excepción del período 1750-1802, en
que es superado por alimentos y bebidas y agricultura (cuadro X y gráfica VII).
Durante el período colonial, los contrayentes indígenas dedicados
a esta actividad textil fueron en constante disminución frente a españoles y mestizos, quienes aumentaron casi permanentemente su participación en el sector marcando un claro predominio étnico dentro del
mundo textil, situación que se habría mantenido a lo largo del siglo
XIX (cuadros V y VI).

Los trabajadores de la construcción
El origen e importancia de los albañiles y trabajadores de la construcción en general en los barrios periféricos a la "traza" urbana poblana,
son bien conocidos y han sido señalados anteriormente. Uno de estos

Aranda R. y Cuenya: El mundo del trabajo en Puebla

191

barrios periféricos formados desde los siglos XVI/ XVII con albañiles
y trabajadores de la construcción será Analco, estableciendo una tradición que permanecerá inalterable durante todo el período. También
debemos señalar que en la circunscripción de la parroquia se encontraban buena parte de los establecimientos dedicados a fabricar materiales de construcción, situados a orillas del río San Francisco y en los
barrios de los Remedios, Xonaca y Xanenetla: de allí la permanencia
de los albañiles, canteros, areneros y ladrilleros en Analco.
Durante la colonia el rubro de la construcción no presenta un lugar preponderante dentro de la estructura ocupacional de la parroquia,
ubicándose en quinto lugar con aproximadamente el 4.5% de los contrayentes, recuperándose en la segunda mitad del siglo XIX, especialmente durante el porfiriato, hasta convertirse en el tercer grupo en importancia en el mundo del trabajo (cuadro X y gráfica VII).
Merece destacarse la importante recuperación de la rama de la construcción durante el porfiriato. La "modernidad porfiriana" cristalizó
en la ciudad de Puebla en algunos aspectos:
el auge de las construcciones, sobre todo públicas, que a partir de 1880 alt~raron la planta arquitectónica de la ciudad, el
desarrollo de los ferrocarriles que integraron el espacio conectando a la ciudad con la capital del país y con las principales
ciudades del interior y el impulso de la urbanización después
de 1907 le dio a la ciudad una nueva fisonomía23 •

Los beneficiarios de la reconstrucción del centro de la ciudad fueron,
en el sentido ocupacional, los albañiles, areneros, ladrilleros, canteros,
etcétera. El lapso de mayor expansión del empleo de la industria de
la construcción lo observamos entre 1895 y 1900. En este proceso participan activamente los contrayentes de Analco, y ello explica el desmedído crecimiento del sector.
La identificación étnica existente durante el período colonial es indíscutible. Entre mediados del siglo XVII y mediados del XVIII ningún contrayente español o mestizo declara como ocupación ser miembro del "gremio" de la construcción, registrándose entre 1750 y 1802
solamente cuatro, que representan apenas el 2%. Por su parte, el sector indígena muestra que entre 1640 y 1749 el 6% de los contrayentes
pertenecen a la rama de la construcción, para ascender durante la segunda mitad del XVIII al 9%. Estos guarismos nos indican también
que, durante gran parte del período colonial, los trabajadores de la construcción no ocupaban un lugar destacado en la estructura ocupacional.

�I 92

Siglo XIX

Curtido y transformación de pieles
"Cerdo, cochino, puerco y marrano come el poblano" rezaba un dicho popular en la colonia, reflejando una realidad que se observa en
la gran cantidad de tocinerías, jabonerías, velerías, tenerías y curtiembres que existían en la Puebla de los Angeles. El río San Francisco sirvió de marco para instalar en sus orillas a un gran número de industrias del cuero que volcaban en su cauce los desechos originados en el
proceso de la curtiembre de las pieles.
Analco verá instalarse en sus cercanías y dentro de su jurisdicción
a estas empresas, por lo que en gran número sus trabajadores habitarán en la zona, ocupando un lugar de importancia dentro de la estructura ocupacional. En el siglo XVII, el 100/o de los contrayentes ~eclarará una ocupación relacionada con la industria del cuero, sobresaliendo
los curtidores y zurradores. Sube este porcentaje al 11.5 entre 1700-1749,
para decaer durante los cien años siguientes (1750-1860), alcanzando
los niveles más bajos a mediados del siglo XIX. El porfiriato verá recuperar al sector hasta niveles históricos de mediados del XVIII.

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La industria del cuero agrupó especialmente a mestizos y españoles y, en mucho menor medida, a indígenas. Durante la primera mitad
del siglo XVIII (1700-1749), el sector agrupaba al 90/o de los contrayentes indígenas y al 180/o de los españoles, mestizos y castas, porcentaje que se modifica en el segunda mitad del siglo en que los contrayentes indígenas que declaran laborar en el rubro cuero y transformación de pieles disminuye al 70/o. Sucede lo mismo con los españoles,
mestizos y castas (120/o). Al interior del grupo étnico español y mestizo, la preponderancia de los segundos es notoria: agrupa en la primera
mitad del XVIII al 31 OJo de los contrayentes, frente al 40/o de los españoles, mientras que en la segunda mitad aumentan los españoles (5.50/o)
y disminuyen los contrayentes mestizos (18.60/o) (cuadros V y VI) .

El comercio
Ya señalamos que en el primer cuadro de la ciudad y, con mayor densidad en los alrededores del zócalo, se concentraba el mayor número
de comerciantes. Grandes y pequeños, tratantes y corredores, dependientes y traficantes convivían allí cotidianamente, constituyendo_el
"núcleo central del comercio poblano", distribuyéndose en los barnos
que rodeaban la "traza urbana", especialmente en el nort~ de la ciudad, una actividad mercantil en la que el pequeño comerciante era el
predominante.

Aranda R. y Cuenya: El mundo del trabajo en Puebla

193

Analco no será un barrio comercial y, si bien el sector presenta
durante todo el período una tendencia constante al crecimiento, talcomo puede verse en el gráfico VII y en el cuadro X, ocupará el sexto
lugar entre las principales actividades laborales. Situación originada en
las características de la parroquia, en la preponderancia indígena de
su población y en que las fuentes captan a un reducido grupo de jóvenes contrayentes, dejando de lado a una población mayor de 30 años
(entre los que se habrían encontrado la mayor parte de los
comerciantes).
Dejando de lado el siglo XVII -ya que la ausencia de libros matrimoniales para españoles, mestizos y "gentes de razón" no nos permite tener un panorama completo- vemos que entre 1700-1749 de un
total de 1 100 matrimonios solamente 25 declaran tener una actividad
laboral ligada al comercio, entre los que encontramos tratantes, traficantes y en menor medida comerciantes:
en conjunto representan
apenas el 20/o del total de contrayentes registrados para el período. Esta actividad se incrementará en la segunda mitad del siglo (1750-1802),
nucleando al 4.50/o de los contrayentes, tendencia ascendente que continúa a lo largo del siglo XIX: agrupa el 6.50/o entre 1830-1860 y el 6. 70/o
entre 1870-1910 (cuadro X).
La composición étnica de los comerciantes indica que desde 1640
a 1802 los contrayentes indígenas que declaran como oficio la actividad mercantil es insignificante: en ningún momento alcanzan el 1OJo,
mientras que españoles y mestizos nuclearán para la primera mitad del
siglo XVIII al 8.80/o de los contrayentes del sector, para incrementarse
al 9.50/o entre 1750-1802 (confirmando claramente el predominio de este
grupo en el sector comercial). Si tomamos por separado, para el siglo
XVIII, a españoles y mestizos, encontramos que para la primera mitad el 14.80/o de los contrayentes españoles declaran ser comerciantes,
frente al 4.50/o de los contrayentes mestizos, distribución étcnica que
se mantiene en la segunda mitad: los españoles nuclean al 160/o frente
a los mestizos que agrupan solamente al 30/o (cuadro VI). Por su parte,
las castas se habrían encontrado totalmente marginadas de esta actividad, habiéndose registrado para todo el período colonial a un solo comerciante (cuadro VII).
Esta identificación étnica se habría mantenido a lo largo del siglo
XIX, en que el grupo mestizo habría tenido una mayor participación
en la medida que la parroquia fue perdiendo su carácter étnico originiario y mestizándose.

�194

Siglo XIX

El lado oscuro del mundo del trabajo

Hemos descrito y analizado seis actividades cuya significación numérica es importante en la estructura ocupacional de la parroquia de Analco. En una subdivisión de veinte sectores diferentes, catorce tienen una
participación cuantitativamente pobre. Este hecho resalta en parte la
diversidad del empleo en una parroquia cuya transformación cualitativa es muy lenta, al igual que la de la ciudad.

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La gran cantidad de oficios existente harían interminable un análisis minucioso que abarcara a todos ellos. No obstante merecen destacarse algunos que, por tradición, se mantuvieron: por ejemplo, los trabajadores nucleados en la rama de la confección e indumentaria, metales y cerámica y vidrio.

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Los sastres mantuvieron una actividad permanente, a pesar de no
ser una zona de la ciudad que nucleara tradicionalmente a este sector.
Empero, durante el siglo XVII concentrarán al 4.20'/o de los contrayentes, porcentaje que se eleva al 7 .60Jo en la primera mitad del siglo
XVIII, al 8.00Jo en la segunda mitad, para descender durante el siglo
XIX (7.70Jo en 1830-1860, y 4.70/o durante et porfiriato). Esta actividad congregará tradicionalmente a españoles y mestizos, participando
la población indígena en menor medida (cuadros V y VI).

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Los herreros, por su parte, se concentrarán en gran número dentro de la jurisdicción parroquial lo que explica la permanencia del sector dentro de la estructura ocupacional de Analco desde mediados del
siglo XVII hasta comienzos del XX. La falta de registros para españoles, mestizos y castas durante el XVII hace disminuir los guarismos para el periodo. No obstante, entre 1640-1699 el 3.70Jo de los contrayentes realizará una actividad ligada al rubro metales. Durante el siglo
XVIII y primera mitad del XIX el 7 OJo de los contrayentes se nuclearán
dentro de dicha actividad, para disminuir al 50'/o durante el porfiriato
(cuadro X). Debemos señalar también que esta rama concentrará a españoles y mestizos: la participación indígena es netamente minoritaria
(cuadros V y VI).
Otra de las ramas con tradición en la parroquia serán cerámica y
vidrio, que se mantiene a lo largo de nuestro período para incrementarse entre 1870-1910. El barrio de La Luz será la sede de esta actividad, en la que alfareros y loceros, principalmente, elaborarán la tradicional cerámica roja. Indígenas, mestizos y españoles participarán en
el oficio, aunque el predominio indígena es indiscutible (cuadros V y
VI).

Aranda R. y Cuenya: El mundo del trabajo en Puebla

195

Carboneros, tabaqueros, aceiteros, botoneros, cortadores dejabón, cereros, veleros, candeleros, etcétera, a quienes agrupamos en el
rubro "producción de artículos para el consumo doméstico" tienen importancia durante el siglo XVII, pero pierden significación desde comienzos del XVIII, lo que se acentuará desde 1750 en adelante: agrupa
menos del I OJo del total de contrayentes.
El resto de las actividades se diluye en una gran cantidad de ocupaciones que no inciden en la estructura ocupacional de la parroquia.
CONSIDERACIONES FINALES
En los umbrales del siglo XX la ciudad de Puebla no había logrado
recuperar el importante papel que desempeñó en el "sistema de ciudades coloniales", en oposición al norte y al Distrito Federal que significarían el poder político y ~onómico del país.
Extendiendo esta verificación al ámbito parroquial, el mundo del
trabajo de Analco revela la predominancia de una estructura muy cercana a la colonial. El proceso de mestización de la parroquia, ocurrido
a lo largo del siglo XVIII, no trajo consigo la desaparición ni transformación de las profesiones indígenas sino su readaptación a las nuevas
circunstancias. Esto significa que la evolución de los oficios y su distribución marcharon al margen de los acontecimientos de orden político
y que su desarrollo está regido por circunstancias de orden interno, cuasi
parroquial. En términos de la estructura profesional, parece que la colonia vivió mucho más allá del siglo XVIII.
Esto se puede verificar en el comportamiento de las actividades cuya
frecuencia resalta en la larga duración. Tales son los casos de la rama
textil, cuya especialidad mayor son los tejedores; agricultura, llámense
gañanes, segadores, campistas o jornaleros; alimentos y bebidas (panaderos, mamoneros, bizcocheros, semiteros, reposteros, etcétera); curtido y pieles, que agrupa a zapateros, curtidores, zurradores y peleteros; construcción, en el que encontramos fundamentalmente a albañiles; y comercio.
En el análisis individual, la estabilidad que mantiene la rama textil
a lo largo de dos siglos y medio resalta su peso en el mundo del trabajo
parroquial, en el que convive con una gran cantidad de oficios. Concentró durante el período colonial a españoles y mestizos, situación que
se habría sostenido a lo largo de todo el siglo XIX reflejando en su

�196

Siglo XIX

interior el proceso de mestizaje.
La importancia del sector agrícola revela claramente la pervivencia de un mundo urbano cuasi-inalterado. Los cambios producidos en
la declaración de los contrayentes, de gañán y segador a campista y
jornalero, no hicieron variar la identificación étnica durante la colonia
y siglo XIX. Las alteraciones en las curvas, especialmente la brusca
caída durante el porfiriato, genera algunas interrogantes sobre las cuales no tenemos respuesta al desconocer lo que sucede en el ámbito urbano más general.

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El sector de alimentos y bebidas, dominado durante el período colonial por los panaderos, muestra una constante declinación desde mediados del XVIII. Este comportamiento se debe al proceso de mestizaje que se verificó en la ciudad de Puebla y que definió un cambio en
los hábitos alimenticios de la población de la ciudad, lo que habría motivado una disminución en el número de panaderías, aunque perdurara la fabricación de panes de consumo popular como las semitas.
Curtidores, zurradores, zapateros y peleteros existieron en el ámbito parroquial desde sus orígenes por la cercanía del río San Francisco, lo que nos explica su permanencia durante todo el período colonial. Su decaimiento en la primera mitad del XIX coincide con el pico
del sector agrícola (incidiendo este en una disminución porcentual del
resto de las actividades, situación que se verá modificada durante el
porfiriato al disminuir la influencia de la agricultura y regresando a
los niveles de ocupación que mantuvo durante el período colonial).
Resulta clara la elevada proporción que alcanzó la rama de la construcción en el porfiriato; el embellecimiento del centro de la ciudad creó
una demanda de mano de obra que fue satisfecha, parcialmente, por
los contrayentes de Analco. Los albañiles se instalaron en la jurisdicción parroquial desde sus orígenes, con una actividad similar a la que
presentan los textiles durante el período colonial. El aumento de las
construcciones después de 1840 hará que el grupo se incremente hacia
los niveles del porfüiato.
Finalmente debemos referirnos al comercio, sin tomar en consideración los registros del siglo XVII. Su presencia durante el XVIII será
limitada, debido a que el grupo indígena sobredeterm.ina la estructura
ocupacional, situación que se modificará si tomamos sólo en consideración a españoles y mestizos. Tratantes, traficantes, corredores y comerciantes incrementarán su actividad hasta alcanzar a mediados del
XIX cierto peso, que se mantiene hasta finales del período. Lamenta-

Aranda R. y Cuenya: El mundo del trabajo en Puebla

197

blemente la fuente no nos permite vislumbrar el tipo de comerciante
existente dentro del ámbito parroquial, pero por sus características sociales y económicas suponemos que eran pequeños comerciantes.
En suma, el lento proceso de mestizaje que terminará con una clara identificación étnica, siguió independientemente de los cambios producidos en el mundo del trabajo de la parroquia. Habrá que corroborar lo aquí expresado con un estudio que cubra toda la ciudad.

NOTAS
1. En los siglos XVII y XVIII la ciudad de Puebla estaba dividida en cinco parroquias
(San José, Santa Cruz, San Marcos, San Sebastián y Santo Angel Custodio) Y el
Sagrario Metropolitano.
2. Antonio Carrión, Historia de la Puebla de los Angeles, Puebla 1896-1897, pp.
378/379.
3. Antonio Carrión, op. cit., pp. 378/379.
4. Cfr. José Luis Aranda, Nupcialidad, migracién y ocupación en la parroquia de Anal·
co 1870-1910, tesis de Maestría, UAMI, 1987, p. 11.

5. Cfr. Juan de Villa Sánchez, Puebla Sagrada y Profana, Puebla, 1962; Antonio Carrión, op. cit.
6. Fray Antonio Vázquez de Espinosa, Descripción de la Nueva España en el siglo
XVII, México, 1944; Joseph Antonio de Villaseñor y Sánchez, Theatro Americano, México, 1952.
7. Cfr. Julia Hirschberg, La fundación de la Puebla de los Angeles. Mito y realidad,
Puebla, 1981.
8. Fausto Marin Tamayo, La división racial en la Puebla de los Angeles bajo el régimen colonial, Puebla, 1960, p. 15.
9. Archivo del Ayuntamiento de Puebla, Libros de Cabildo, No. 6, Folio 68.
10. Fausto Marin Tamayo (coord.), Puebla a través de los siglos, Puebla, 1962, pp.
26/ 33.
11. Oiga Yolanda Couoh, Los puentes históricos en el rio San Francisco en la Puebla
de los Angeles, Puebla, 1965, pp. 14/ 19.
12. Oiga Yolanda Couoh, op. cit., pp. 22/23.
13. Cfr. Miguel Angel Cuenya. Evolución demográfica de una parroquia de la Puebla
de los Angeles (1660-1800), tesis de Maestría, UAMI, 1985.

�198

Aranda R. y Cuenya: El mundo del trabajo en Puebla

Siglo XIX

14. Cfr. Carlos Contreras Cruz, La ciudad de Puebla. Estancamiento y modernidad
de un perffl urbano en el siglo XIX, Puebla, CIHS-UAP, Cuadernos de la Casa
Presno, 1987.

199

CUADRO/

CIUDAD DE PUEBLA. DEFUNCIONES (1823-1827)

15. Cfr. Miguel Angel Cuenya, op. cit.
16. Keith A. Davies, "Tendencias demográficas urbanas en el siglo XIX en México",
en Historia Mexicana, vol. XXI, 23, 1972, p. 515.
17. Carlos Contreras Cruz, op. cit., pp. 35/39.
18. Louis Henry, Manual de demografía histórica, Barcelona, Crítica, 1983, p. 62.
19. Carlos Contreras Cruz y Juan Carlos Grosso, "La estructura ocupacional Y productiva de la ciudad de Puebla en la primera mitad del siglo XIX", en Puebla en
el siglo XIX, Puebla, CIHS-UAP, pp. 111/176.
20. Juan Carlos Grosso, Estructura productiva y fuerza de trabajo en Puebla 1830-1890,
Puebla, ClHS-UAP, Cuadernos de la Casa Presno, p. 27 y ss.
21. Cfr:Miguel Angel Cuenya, op. cit.

Nro.

parroquias
Sagrario
San José
Santo Angel
Santa Cruz
San Marcos
San Sebastián

2 731
1 111
1 593

Total

6 430

hospitales

Nro.

San Pedro
S. Juan de Dios
San Roque
Religiosas

3 331
195
27
23

995
3 576

Fuente: Carlos Coiitreras Cruz, La Ciudad de Puebla. Estancamiento y modernidad de un perfil urbano en el siglo XIX, Puebla, Cuaderno de la Casa
Presno, 6, CIHS/ICUAP, 1986, pp. 37.

22. Juan Carlos Grosso, "Notas sobre la formación de la fuerza de trabajo fabril en
el municipio de Puebla 1835-1905", en Boletín de Historia del Movimiento Obrero, CIHMO-UAP, 1981, p . 17.

CUADROII
23. Carlos Contreras Cruz, op. cit., p. 21.

POBLACION DE LA CIUDAD DE PUEBLA
año

1678
1746
1793
1803
1825
1830
1835
1848
1856
1862

pobladón

año

pobladón

69 800*
50 366
57 168
67 800
44 756
43 000

1868
1869
1870
1876
1878
1887
1889
1895
1900
1910

70 916

40 000

71 631
70 000
75 000

60 000

65 000
65 000
76 817
72 743
78 530
88 674
93 521
96 121

Fuentes: Miguel Angel Cuenya, "Puebla en su demografía. Una aproximación al tema 1650-1850", en Puebla: de la Colonia a la Revolución, Puebla
CIHS/ICUAP, 1987, p. 53; Carlos Contreras Cruz y Juan Carlos Grosso,
"La estructura ocupacional y productiva de la ciudad de Puebla en la primera
mitad de siglo XIX", en Puebla en el siglo XIX: contribución al estudio de
su historia, Puebla, CIHS/ICUAP, 1983; Keith A. Davies "Tendencias demográficas urbanas en el siglo XIX en México", en Historia Mexicana, Vol.
XXI, 23, 1972.
• La cifra de 1678 corresponde a comulgantes y no a población total.

�200

Aranda R. y Cuenya: El mundo del trabajo en Puebla

Siglo XIX

201

CUADRO IV
DISTRIBUCION DE LAS ACTIVIDADES DE LOS CONTRAYENTES
INDIOS, ESPAÑOLES, MESTIZOS Y CASTAS (1640-1802)

CUADROIII

1640- %
1699

Actividad
DISTRIBUCION ETNICA DE LOS CONTRAYENTES
(1650-1802)

16~
1699
Indios
Españoles
Mestizos
Mulatos
Negros
Moriscos
Chinos
Pardos
Morenos
Extranjeros
No declaran

851
34
30
13
10

Total

%

17001749
854

2

90.34
3.61
3.18
1.38
1.06
0.00
0.21
0.00
0.00
0.00
0.21

942

100.00

o
2
o
o
o

%

17501802
621
236
219
19
1
1

1
11
1
1
1

74.07
12.32
10.23
2.08
0.00
0.00
0.09
0.95
0.09
0.09
0.09

1 153

100.00

1 109

142
118

24

o
o

o
o
o
o

10

%

Tot.

56.00 2 326
21.46
19.75
1.71
0.08
0.09
0.00
0.90
0.00
0.00
0.00

414
367

56
11
l
3
21
1
1
3

100.00 3 204

Alimentos y Bebidas
Textiles
Agricultura
Curtido y Pieles
Art. Cons. Doméstico
Construcción
Transportes
Confec. Indumentaria
Metales
Otros
Madera y Muebles
Cerámica y Vidrio
Actividades Artísticas
Domésticos
Edo., Clero y Educación
Comercio
Emp. Particulares
Establee. Fabriles
Viven de rentas
Profesiones Liberales

l

'
'
1

-

182
118
110
82
63
48
35
33
29
27
21
18
12
3
2
1

o
o
o
o

23.16
15.01
13.99
10.43
8.02
6.11
4.45
4.20
3.69
3.44
2.67
2.29
1.53
0.64
0.25
0.13
0.00
0.00
0.00
0.00

17001749
252
146
133
127
35
53
60
84

15
20
22
46
16
3
1
25

o
o
o
2

%
22.91
13.27
12.09

11.55
3.18
4.82

5.45
7.64
6.82
1.82
2.00
4.18
1.45
0.27
0.09
2.27
0.00
0.00
0.00
0.18

1750- %
1802
181 17.00
144 13.52
181 17.00
101 9.48
9 0.85
60 5.63
41
3.85
86 8.08
80 7.51
18
1.69
14 1.31
57 5.35
18
1.69
10 0.94
14 1.31
48 4.51
o 0.00
o 0.00
o 0.00
3 0.28

Fuente: Libros matrimoniales. Parroquia de Analco 1640-1802
Totales

786 100.00 1 100 100.00 1 065 100.00

�7W'n

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CUADRO V
DISTRIBUCION ETNICA SEGUN ACTIVIDAD DE LOS
CONTRAYENTES DE ANALCO (1640-1802)

1640-1699
etnias %
Indios

Actividad
Agricultura
Alimentos y Bebidas
Textiles
Art.Consum. Domes.
Confec. e Indumentaria
Curtido y Pieles
Metales
Cerámica y Vidrio
Madera y Muebles
Construcción
Comercio
Edo. Clero y Educación
Profesiones Liberales
Actividades Artísticas
Transportes
Empleados Particulares
Domésticos
Est. Fabriles
Viven de rentas
Otros

1
2
4

o
4
1
1

o
3
2

o
o
o
o
5

o
o
o
o
19

2.38
4.76
9.52
0.00
9.52
2.38
2.38
0.00
7.14
4.76
0.00
0.00
0.00
0.00
11.90
0.00
0.00
0.00
0.00
45.24

%

109 14.65
180 24.19
114 15.32
63
8.47
29
3.90
81 10.89
28
3.76
18
2.42
18
2.42
46
6.18
1 0.13
2
0.27
o 0.00
12
1.61
30 4.03
o 0.00
5 0.67
o 0.00
o 0.00
8
1.08

1700-1749
etnias %
Indios
10

3.66
1.83
56 20.51
o 0.00
31 11.36
50 18.32
41 15.02
JO 3.66
9
3.30
o 0.00
24
8.79
o 0.00
2
0.73
2
0.73
29 10.62
o 0.00
1 0.37
o 0.00
o 0.00
3
1.10

5

Totales
42 100.00
744 100.00
273 100.00
Fuente: Libros Matrimoniales. Parroquia de Analco, 1640-1802

123
247
90

~

%

etnias

1750-1802
% Indios

~
o
~
%

14.87
29.87
10.88
4.23
6.41
9.31
4.11
4.35
1.57
6.41
0.12
0.12
0.00
1.69
3.75
0.00
0.24
0.00
0.00
2.06

19 4.28
9
2.03
105 23.65
1 0.23
49 11.04
55 12.39
66 14.86
24
5.41
8
1.80
4
0.90
42
9.46
12
2.70
3
0.68
6
1.35
28
6.31
o 0.00
2
0.45
o 0.00
o 0.00
11
2.48

162 26.09
172 27.70
39 6.28
8
1.29
37
5.96
46
7.41
14
2.25
33
5.31
6
0.97
56 9.02
6
0.97
2
0.32
o 0.00
12
1.93
13
2.09
o 0.00
8
1.29
o 0.00
o 0.00
7
1.13

827 100.00

444 100.00

621 100.00

35
53
77
34
36
13
53
1
1

o

14
31

o
2

o
o
17

&gt;&lt;

CUADRO VI
DISTRIBUCION f'E CONTRAYENTES (ESPAl'IOLES Y MESTIZOS)
POR ACTIVIDAD (1700-1802)

Actividad

españoles
1700-1749 % 1750-1802 %

Agricultura
Alimentos y Bebidas
Textiles
Art. Consumo Doméstico
Confección e Indumentaria
Curtido y Pieles
Metales
,.
Cerámica y Vidrio
Madera y Muebles
Construcción
Comercio
Estado, Clero y Educación
Profesiones Liberales
Actividades Artísticas
Transportes
Empleados Particulares
Domésticos
Establecimientos Fabriles
Viven de rentas
Otros

-

."

Totales

8
3
36

2

6.25
2.34
28.13
0.00
9.38
3.91
21.88
3.13
0.78
0.00
14.84
0.00
1.56
0.00
6.25
0.00
0.00
0.00
0.00
1.56

128

100.00

o

12

5
28
4
1

o
19
o
2
o
8
o
o
o
o

'

14
3

8

6.45
1.38
23.96
0.00
8.29
5.53
15.67
4.15
0.92
0.00
16.13
5.53
1.38
0.46
5.53
0.00
0.92
0.00
0.00
3.69

217

100,00

52

o

18
12
34
9
2

o

35
12
3
1
.12

o
2
o
o

Fuente: Libros Matrimoniales. Parroquia de Analco, 1700-1802

mestizos
1700-1749 % 1750-1802 %
1
2
13

o
o
o
o

0.89
1.79
11.61
0.00
12.50
31.25
8.04
5.36
5.36
0.00
4.46
0 .00
0.00
1.79
16.07
0.00
0.89
0.00
0 .00
0.00

112

100.00

o

14
35
9
6
6

o
5
o
o

2
18

'1

5
5

1

2.53
2.53
24.24
O.SI
13.64
18.69
13. 13
7.07
2.53
2.02
3.03
0.00
0.00
2.53
7.07
0.00
0.00
0.00
0.00
O.SI

198

100.00

48
1
27
37
26
14

5
4
6

o
o
5
14

o
o
o
o

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�204

CUADRO VII

CUADRO VIII

DISTRIBUCION DE CONTRAYENTES (CASTAS)
SEGUN ACTIVIDAD (1640-1802)

DISTRIBUCION DE CONTRAYENTES
SEGUN ACTIVIDAD.1830-1860

Actividad

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Aranda R. y Cuenya: El mundo del trabajo en Puebla

Siglo XIX

1640- %
1699

Agricultura
Alimentos y Bebidas
Textiles
Art. Consum. Dom.
Confec. e Indumentaria
Curtido y Pieles
Metales
a.. imica y Vidrio
Madera y Muebles
Construcción
Comercio
Edo., Clero y Educación
Profesiones Liberales
Actividades Artísticas
Transportes
Emp. Particulares
Domésticos
Establee. Fabriles
Viven de rentas
Otros

1

5.26
o 0.00
o 0.00
o 0.00
o 0.00
o 0.00
o 0.00
o 0.00
o 0.00
o 0.00
o 0.00
o 0.00
o 0.00
o 0.00
o 0.00
o 0.00
o 0.00
o 0.00
o 0.00
18 94.74

Totales

19 100.00

Fuente: Libros Matrimoniales. Analco, 1640-1802

1700- %
1749
1

o
7
o
5
10
4

o
2
o
o
o
o
o
3
o
o
o
o
1

3.03
0.00
21.21
0.00
15.15
30.30
12.12
0.00
6.06
0.00
0.00
0.00
0.00
0.00
9.09
0.00
0.00
0.00
0.00
3.03

33 100.00

17S0- %
1802

o

2

0.00
3.45
17.24
0.00
13.79
20.69
20.69
3.45
3.45
0.00
3.45
0.00
0.00
0.00
6.90
0.00
0.00
0.00
0.00
6.90

29

100.00

1
5

o
4
6
6
1
1

o
1
o
o
o
2
o
o
o
o

Actividad

No.

%

Agricultura
Alimentos y Bebidas
Textiles
Art. Consumo Doméstico
Confec. e Indumentaria
Curtido y Pieles
Metales
Cerámica y Vidrio
Madera y Muebles
Construcción
Comercio
Estadp, Clero y Educación
Profesiones Liberales
Actividades Artísticas
Transportes
Empleados Particulares
Domésticos
Establecimientos Fabriles
Viven de rentas
Otros

151
63
89
6
47
34
43
30
25

11

24.71
10.31
14.57
0.98
7.69
5.56
7.04
4.91
4.09
7.53
6.55
0.33
0.16
0.49
2.62
0.00
0.65
0.00
0.00
1.80

Totales

611

100.00

46
40
2
1
3
16

o
4
o
o

205

1

1

�206

Siglo XIX

Aranda R. y Cuenya: El mundo del trabajo en Puebla

2()7

CUADRO/X
DISTRIBUCION DE CONTRAYENTES
SEGUN ACTIVIDAD (1870-1910)

#

Actividad

No.

%

Agricultura
Alimentos y Bebidas
Textiles
Art. Consumo Doméstico
Confecciones e Indumentaria
Curtido y Pieles
Metales
Cerámica y Vidrio
Madera y Muebles
Construcción
Comercio
Estado, Clero y Educación
Profesiones Liberales
Actividades Artísticas
Transportes
Empleados Particulares
Domésticos
Establecimientos Fabriles
Viven de rentas
Otros

353
152
378
12
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Aranda R. y Cuenya: El mundo del trabajo en Puebla

Siglo XJX

GRAFICA VII

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jardinero
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operario de campo
campero

2) ALIMENTOS
Y BEBIDAS
chilero
molinero
panadero
tocinero
mantequero
quesero
harinero
frutero
repostero
dulcero
semitero
bizcochero
fiderero
campechero
carnicero
tablajero
cervecero
obleitero
cernidor
lechero
3)TEXTILES

1640
1699

215

1700
1749

1750

1802

1830

1860

1870
1910

tejedor

cardador
cordelero
hilandero
sabanero
sariero
batanero
tintorero

6)CURTIDO Y
PIELES
curtidor
zapatero
zurrador
gamucero

calzonero

aparador
ensi.lelador

obrajero
pasamanero

talabartero

bordador
pañero

7) METALES
herrero
tilmero
ollero
guarnicionero
cerrajero
sedarero
fresadero
cuerdero
pailero
fabricante
platero
ovill~ro
cuchillero
indianillero
herrador
arpillador
arcabucero
flebotomiano
calderetero
campanero
4)ARTICULOS
entorchador
CONSUMO DOMESTICO barrero
velero
armero
carbonero
cobrero
jabonero
hojalatero
leñero
latonero
candelero
latero
tabaquero
jaulero
aceitero
guardafierros
cerero
fuellero
canastero
soldador

5)CONFECCION E
INDUMENTARIA

8) CERAMICA Y
VIDRIO

sombrero
guantero
sastre
botonero
galonero
camisero

locero
alfarero

9) MADERA Y
MUEBLES
carpintero

�216

Siglo XIX

perchero
sillero
tornero
entallador
ensamblador
serrador
carretero
guitarrero
carrocero
tapicero
10) CONSTRUCCION
albañil
pintor
cantero
arenero
pedrero
ladrillero
11) COMERCIO
tratante
comerciante
ambulador
viandante
corredor
traficante

12) ESTADO, CLERO
YEDUCACION
tte. de barrio
sacristán
escribano de cabildo
soldado
militar
guarda de aduana
fiscal de naturales
administrador del abasto
maestro
empleado de gobierno
13) PROFESIONES LIBERALES
oficial de la pluma
plumario
practicante de cirugía
amanuense de contaduría
farmacéutico
pasante de derecho
escribiente

Aranda R. y Cuenya: El mundo del trabajo en Puebla

14) ACTIVIDADES ARTISTICAS
cantor
músico
dorador
escultor
tallador de oro
tirador de oro
fotógrafo
grabador
novillero
dibujante
15) TRANSPORTES
arriero
cartero
cargador
cochero
enfardelador
maquinero
conductor
carrero
empleado de
ferrocarril
16) EMPLEOS PARTICULARES
empleado
mesero
caballerango

17) DOMESTICOS
sirviente
criado
lacayo
18) ESTABLECIMIENTOS FABRILES
operario de fábrica
industrial
fabricante de cerillos
mecánico

19) VIVEN DE RENTAS
propietario
20) OTROS
esclavo
peluquero
ciego
barbero
zarcillero

cohetero
rosariero
nagero
relojero
cajillero
ardero
tecalero
preso
calfonero
xatero
cigarrero
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purero
artesano
limosnero
encuadernador
temascalero
guarda de tabaco

217

�EL SIGLO XVIII EN MEXICO

Natalidad y Mortalidad en
Tecali (Puebla): 1701-1801

Lutz Brinckmann S. *

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INTRODUCCION
El presente trabajo pretende un análisis de estructura y movimientos
de la población del distrito parroquial de Tecali en la parte del altiplano correspondiente al actual estado de Puebla durante el siglo XVlll.
La base principal de la documentación usada son los libros de bautismo, defunciones y matrimonios conservados en el archivo parroquial
de Tecali, v.g. las micropelículas de esta documentación original obtenidas mediante el apoyo de la Sociedad Mexicana de Historia y Genealogía y con fondos financieros proporcionados por la Deutsche Forschungsgemeinschaft (DFG). La documentación relevante para la demografía del siglo XVIII comienza en junio de 1701 y termina en mayo de 1801. Para los capítulos de este artículo sólo se hace uso de los
libros de bautismos y defunciones con el intento de acercarse a los ritmos de vida y muerte palpables durante el último siglo de la colonia.
La segunda parte de esta investigación, en proceso, se basará en los
libros de matrimonios y en los dos censos generales de este Iugar y época que están a mi alcance: 1) el censo del virrey Fuenclara de 1744,
publicado por Villaseñor y Sánchez (1746); 2) el censo del virrey Bucareli de 1777 **

• Facultad de Filosofía y Letras, Universidad Autónoma de Nuevo León (México)
•• Archivo General de Indias (AGI), Sevilla: Aud. Méx. 2581.

�220

Siglo XIX

Peter Gerhard (1972) caracteriza el distrito de Tecali de la siguiente manera:
Tecali is in central Puebla, state, alonge the great bend in the Atoyac (Balsas) river where it changes course and heads westwards towards the Pacific. It is a bleak region, quite dry and cold, at 1 800
- 2 400 m. There is little surface water except in the river, which flows
at the bottom of a deep canyon.

El distrito político de Tecali en el siglo XVIII consiste -según la misma fuente- de las siguientes poblaciones:
Toe pueblos were Santiago Tecali (1950: Tecali de Herrera, villa), Sta.
Maria Aguatepec, S. Pedro Apaxtlaguaca, S. Salvador Ayotempan,
S. Buenaventura (Caltenpan), S. Martín (CaJtenco), Sta. Clara Huichitepec, S. Miguel Huiscolotla, or Acuexomac, S. Francisco Mixtla, S. Lorenzo Ometepec, S. Geronimo, Sta. Isabel, S. Bartholome
(TepetlacaJtechco), Tepeyehualco (¿Asuncion?), Sta. Maria Nativitas Tochtepec, Trinidad, and S. Juan Tzicatlacoyan. Three of these
places had acquires cabecera status by 1803. Twenty odd barrios which
appear in the 1777 padron of Tecali may correspond to old estancias,
moved in the congregacion.

Villaseñor y Sánchez es más explícito en su descripción del distrito y
de las actividades de sus habitantes a mediados del siglo XVIU. En la
página 321 dice:
Latitud 19 gr. 45 min. Longitud 275 gr. 10 aún. Cinco leguas de la
ciudad de Puebla a la parte del Suest, está la Jurisdicción de Tecali,
de que es capital el Pueblo de Santiago en donde reside el Alcalde
Mayor de la Provincia: y aunque el partido es de los de segunda classe, y pingüe, está reduzido a una sola cabezera, que es el referido Pueblo de Santiago, y a dos curatos de clérigos colados de este Obispado, empero el Gobierno de los Indios está dividido en dos Parcialidades, conviene a saber, la de Santiago Tecali, y la de Santa María
Toxtepec...

Y en las páginas 322 y 323 describe las siguientes actividades
económicas:
El trato y comercio de esta Jurisdicción por la mayor parte son las
siembras de maíz, trigo, frijol, sebada, alverjón, y otras senúllas por
lo general, aviendo en algunos Pueblos, y sus contornos crías, y engorda de ganado cabrío, en las partes que son aptas para ello, y assi-

L. Brinckmann: Natalidad y mortalidad en Puebla

221

messmo se ocupan los Pueblos de este Vecindario en algunos texidos
de mantas de algodón, y otra grangerías de su especie conque comercian y especialmente tratan en la fábrica de Esteras de palma, y canastos abundantemente bastantes para repartirle en todo el Reyno de
la Nueva España, aunque ay otras Jurisdicciones y Pueblos donde
se hagan, son éstos los más expendibles.
Cerca de tres leguas de esta Cabezera está una mina al modo de Cantera, de donde se corta el Mármol, y entre su betería sale mucha piedra Jaspe versicolorida, y blanca de que hacen muchas curiosidades
menudas, y se cortan lápidas para Aras, y clarabollas de iglesias para
resguardo del ayre, tan luminosas, que dan la mesma claridad, que
si fueran vidrieras, y de las que sacan diversidad en los colores se hacen exquisitas tablas para Mesas, y sólo en este Pueblo aprovechan
este beneficio natural de la tierra a distinción de otras partes donde
ay Alabastra y Pórfido, que por carecer de curia, y aver mucha desidia, no trabajan en el pulimento, y usufructo de dichas piedras, yéndose sólo a la cantería regular, fácil en su labor, y poco costosa en
su fábrica.

Podemos concluir que Tecali tiene un clima seco y generalmente frío,
"el clima semiárido y los suelos muy erosionados, delgados y pobres,
formados de barros y tepetates poco consolidados ... (M. Olivera,
1978:45)
Estas condiciones generales y la escasez de agua en la superficie
hacen a la agricultura aún hoy un oficio arriesgado, y con bastante seguridad lo era también en el siglo XVIll. En esta situación, tenían entonces y en la actualidad gran importancia las actividades de artesanía
mencionadas por Villaseñor y Sánchez, tales como la elaboración de
productos de mármol y alabastro (hoy llamado "Onyx"), y la elaboración y venta de carrizal y palmito. Estos últimos según M. Olivera
(p.43) actualmente elaborados por mujeres. Existe una posibilidad que
en el siglo XVIII formaran todavía parte de toda una industria especializada con considerable nível de calidad y amplia venta en el reino.
En los Libros Parroquiales de vez en cuando se menciona un cierto barrio de los amanteca y la existencia todavía en 1777 de barrios
de pedreros, carpinteros y albañiles, lo que indica la continuidad de
industrias artesanales pre-hispánicas durante la colonia. Hoy la industria del Onyx de Tecali y otros lugares ha conquistado al mercado nacional de ártesanías y es exportado en cantidad considerables al exterior.
La situación social de los habitantes de Tecali del siglo XVIII se
caracterizaba por el hecho de que la gran mayoría de los campesinos

�222

Siglo XIX

L. Brinckmann: Natalidad y mortalidad en Puebla

distrito de Tecali fue positivo; y aunque las cifras globales de nacimientos y decesos se reducen a partir de 1771 a causa de que el importante
subdistrito de San Miguel Tzicotlacoyan se convierte en curato independiente, en el año de 1801 hay un total de 9 149 individuos más que
en 1701. Tanto el promedio secular del 'ratio' entre bautismos y muertes de 2.2 como los 'ratios' promediales para cada cuarto de siglo demuestran que los nacimientos superaban a las muertes en forma
substancial.

indígenas trabajaba como terrazgueros en las tierras que eran propiedad de los caciques locales, herederos de la antigua clase de los Pilli
(pipiltin) o señores, y se empeñaban -junto con mestizos y mulatosen número crecido como trabajadores libres o gañanes en las haciendas y ranchos propiedad de familias españolas.
M. Olivera (p. 52) da las siguientes características generales:
En el siglo XVIII, la importancia de las repúblicas de Indios se había
reducido; la mayor parte de las comunidades que sobrevivieron dependían más de las haciendas que de la Corona. En efecto, el siglo
XVlll fue precisamente la edad de oro de la hacienda mexicana entendida como una propiedad rural que los colonos habían comprado
o quitado a los Indios, en la que solían agrupar las caballerías de cultivo y las estancias ganaderas que explotaban con mano de obra negra, esclava e indígena o mestiza, de supuestos trabajadores "libres"
llamados gañanes, que sustituyeron a los Indios de "repartimiento"
desde mediados del siglo XVII. Muchos gananes del siglo XVIll vivían en las haciendas y tenían prácticamente carácter de acasillados,
ya que además de su fuerza de trabajo podían venderse junto con las
tierras ... Otros muchos gañanes vivían en sus pueblos cerca de las haciendas de las que eran trabajadores temporales; su servicio segarantizaba a través de adeudos y la coerción.

223

GRAFICA I

TENDENCIAS DEMOGRAFICAS DEL SIGLO XVIII

10000
1000

A
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10

De sus cosechas precarias los indios comunes o macehualtin no sólo
tenían que pagar a los caciques la renta de las tierras que cultivaban,
sino también en muchos casos la renta de los lotes donde tenían sus
propias casas. Se requiere entonces de poca fantasía para imaginarse
el terrible impacto que tenían las cosechas pobres o fallidas sobre la
economía de la familia campesina indígena y se puede comprender, quizás mejor, que cada escasez de alimentos provocada por una cosecha
mala -originada por ausencia o abundancia exagerada de lluvias, sequías prolongadas o heladas- tenía como consecuencia el brote de enfermedades epidémicas entre un pueblo ya de por sí malnutrido.
Las epidemias más temidas del siglo XVIII fueron el matlazahuatl
-una especie de tifo, que atacaba principalmente a los adultos- la
viruela, el sarampión y la pulmonía (dolores de costado), que cobraron muchas víctimas durante el segundo tercio del siglo XVIll.
1. TENDENCIAS SECULARES DE VIDA Y MUERTE
A pesar de las epidemias y hambrunas concentradas principalmente en
el segundo tercio del siglo XVIll, el saldo demográfico global para el

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1-BAP.

En el promedio secular nacieron anualmente 8S.7 individuos más que
los que murieron. Estas tendencias se pueden apreciar también en la
gráfica, dado que el 'ratio' anda en la mayoría de los años arriba de
la línea del 1.
. Dividiendo el siglo en cuatro períodos de 25 años, se llega al sigmente cuadro general:
Período I (1701-1725)
El crecimiento acelerado durante este período arroja
una ganancia neta de 3 831 individuos debido a que

�L. Brinckmann: Natalidad y mortalidad en Puebla
224

225

Siglo XIX

GRAFICA 2

en
promedio nacieron anualmente 157.7 individuos
más que murieron.
Período II (1726-1750)
A pesar de sufrir cuatro epidemias fuertes hay un superávit de 1 794 individuos. En promedio anual _nacen 71.8 individuos más que los que mueren, reduciendo el superávit demográfico a la mitad.
Período III (1751-1775)
No obstante haber pasado tres epidemias y dos crisis
de subsistencia sube el superávit demográfico a 2 267
individuos. Nacen en promedio anual 90.4 individuos
más que los que mueren.
Período IV (1776-1801)
.
Aunque soportaron 3 epidemias, por lo menos una ensis de subsistencia y la disminución del distrito parroquial por la separación de San Miguel Tzicotlacoyan,
hay todavía un superávit de 1 163 individuos. Nacen
en promedio anual de 48.7 individuos más que los que
mueren.

2. RITMOS DE NATALIDAD
Esquema general de concepciones y bautismos

Como es de suponer en una sociedad como la de Tecali del siglo XVlll,
donde la mayoría de sus miembros vive de la~ activi~ades agrícol~,
la vida -y en especial la fertilidad humana- sigue el ntmo de las actividades agrícolas, dictadas por las estaciones climáticas.
La zona de Tecali como toda la zona central del altiplano de México, experimenta d~s períodos anuales de se~uía (enero-abril Y
noviembre-diciembre); y un período central de lluvias entre mayo Yseptiembre el cual llega a su clímax durante los meses de julio Yagosto.
Estas c~ndiciones climáticas se transmiten a los períodos de siembra
y cosecha para las variantes básicas del maíz, base de la ali~entación
de la población de Tecali. El período de siembra es determmado por
las variaciones climáticas y regionales entre marzo-mayo, Y el de la cosecha entre octubre-diciembre (Gibson, p. 304).
La gráfica calcula los promedios de todas las concepciones Yba~tismos por mes durante el siglo XVIII, y demuestra claramente 1~ diferencias estacionales en el comportamiento sexual de la población.

CONCEPCIONES Y BAUTISMOS EN GENERAL

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El tiempo de la sequía, de noviembre a marzo, es la temporada de máxima actividad sexual de la población adulta, debido obviamente al descanso por las pocas actividades en el campo. Durante los meses de diciembre y enero se registran las máximas concepciones por afio. Por
consecuencia, los meses de siembra y los meses de trabajo intensivo
de campo durante la estación lluviosa de mayo a septiembre están caracterizados por el descenso en el número de concepciones y el aumento en el de los nacimientos. Junio marca el punto más bajo de la actividad sexual, y julio y agosto son los meses del más alto promedio de
natalidad anual.
Concepciones y bautismos en tiempos de crisis

Las frecuentes crisis demográficas del siglo XVIII alteraron también
en cierta forma los ritmos seculares de concepciones y bautismos.
El alto promedio de concepciones en febrero y los valores también relativamente altos para enero, noviembre y diciembre demuestran que
los meses de la sequía invernal son poco afectados por las enfermedades epidémicas. El descenso más marcado que el normal entre los meses de marzo a junio (punto más bajo para ambos esquemas), y su recuperación más lenta hasta octubre demuestra -más allá del ritmo
estacional- que la mayoría de las muertes ocurre durante la estación

�226

Siglo XIX

L. Brinckmann: Nat.alidad y mortalidad en Puebla

Concepciones y muertes

de lluvias (a pesar de que muchas epidemias empiezan tan sólo al final
de la estación de lluvias).

En el mismo grado en que se acerca la estación de lluvias disminuye
la frecuencia de concepciones llegando a su punto más bajo en junio,
mes en el cual se dispara la mortalidad de verano hasta septiembre.
A partir de septiembre aumenta el ritmo de las concepciones en el mismo grado en que disminuye la mortalidad. Durante los meses de crisis
se observa una interacción diferente entre las concepciones y muertes.

GRAFICA 3
CONCEPCIONES DURANTE EL SIGLO XVlll

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CONCEPCIONES Y MUERTES EN TIEMPOS DE CRISIS

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GRAFICA 4

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CONCEPCIONES Y MORTALIDAD EN GENERAL

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La gráfica demuestra la preferencia de las epidemias para la segunda
mitad del año. La mortalidad es muy alta en los meses de julio y agosto, cuando la mortalidad estacional normal está reforzada por la mortalidad repentina de algunas epidemias que aparecen en verano. A diferencia de los tiempos normales, no baja en los meses siguientes en forma acentuada: sigue alta hasta el fin de año debido a otras epidemias
que brotan de octubre a diciembre.
Lo interesante es que las concepciones tienden a descender con tres
meses de anticipación al comienzo de la mortalidad. Esta disminución
es más marcada que la normal, provocada por la cercanía de las labores de siembra ai comienzo de la estación de lluvias. ¿Estaban antici-

pando algo los genes?
Nacimientos múltiples
Según la demografía moderna hay en toda regla un nacimiento de ge-

�228

Siglo XIX

L. Brinckm1111IJ: Natalidad y mortalidad en Puebla

melos por cada cien alumbramientos y en el caso de trillizos es de
1 x 10 000 nacimientos (Henry, Louis: Population, p. 64). Con un promedio secular de 0.38% era en Tecali, en el siglo XVIII, considerablemente por debajo de esta norma moderna. Lo mismo para los trillizos.
En el total de 25 043 bautismos registrados durante este siglo -debido
a algunas lagunas en la documentación (faltan los bautismos de 1717)debió haber sido aún más, y se podría esperar por lo menos dos nacimientos de trillizos. Pero si uno de éstos no se perdió en la documentación incompleta de 1717, hubo tan sólo uno (en 1710).
Con 48.1 O/o de varones y 51. 90/o de mujeres en nacimientos múltiples, estamos dentro del rango normal de proporción sexual entre recién nacidos. Durante todo el siglo no hay noticias sobre nacimientos
múltiples de cuatro o más individuos.
Dada la naturaleza de la documentación parroquial, no se puede
distinguir entre gemelos univitelinos y gemelos nacidos de dos óvulos.
Aunque es posible separar a los gemelos de sexo diferente, quienes con
seguridad son polivitelinos. Queda el gran resto de gemelos con el mismo sexo quienes pudieron haberse desarrollado de uno o de dos óvulos. El caso es inabordable. Por esta razón no se distingue en esta investigación entre ambas posibilidades y se toma tan sólo en cuenta el
número de nacimientos múltiples/ año y se calcula su porcentaje en
base al número total de bautismos/ año.

Durante la primera mitad del siglo XVIII los nacimientos múltiples son
notoriamente más frecuentes que durante la segunda mitad, tanto en
las frecuencias por año como en el total de nacimientos por período.
También son interesantes los períodos donde no hay ni un solo nacimiento múltiple como entre los años 20 y 30, 42 a 60 y 72 a 85.
GRAFJCA 7
RATIO BAP/ MUER Y EL% DE GEMELOS

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GRAFICA 6

229

El ratio entre bautismos (bap.) y muertes (muer.) está arriba del nivel
1 en los añ.os en que la natalidad supera a la mortalidad. El porcentaje
de los gemelos (gem. O/o) está arriba de la linea del 1O/o cuando hay por
lo menos un nacimiento múltiple en cada cien nacimientos por año.
El gráfico permite distinguir entre tres períodos claramente señalados:
1701-1730: Los seis casos de nacimientos múltiples en la línea del 1O/o
o arriba, y el ratio -con excepción de 1727- asentado entre los niveles 2 y 4 indican una población en un proceso
de fuerte crecimiento.
1734-1784: Sólo dos casos de nacimientos múltiples en la línea del 1O/o
o arriba. El ratio experimenta bruscos cambios entre los niveles 0.2 y 9, provocados por las epidemias y épocas de crisis de subsistencia de este período y los subsecuentes lapsos
de recuperación demográfica. Sólo dos de estos períodos

"

�230

Siglo XIX

de recuperación, el de 1742 después del Matlazahuatl de
1737 y el de 1755 que marca la recuperación de la natalidad hacia un nivel relativamente normal después de la brusca caída de 1749, se transmiten en números normales de
natalidad múltiple. En los demás años el porcentaje de gemelos sí se recupera cuando se aumenta la natalidad después de una epidemia, pero no alcanza el nivel normal del
1%.
1785-1801: El número de casos de nacimientos múltiples arriba del 1%
(5), y el ratio de bautismos / muertes asentado aun más bajo
que durante el primer tercio del siglo, pero sin grandes altibajos, señala la recuperación sostenida de la población hacia finales del siglo.

Parece entonces que un crecimiento sostenido de la población, expresado a través de un ratio arriba de 2, es la precondición indispensable
para alcanzar y/o superar las normas modernas para la gestación de
gemelos y trillizos, sobre todo en las condiciones demográficas reinantes en sociedades agrarias anteriores a la Revolución Industrial.
Falta mencionar por último el extraño caso ocurrido en septiembre de 1773. El cura menciona que le fue reportado el nacimiento de
gemelos muertos. Según el reporte, un pariente de la madre les había
administrado el bautismo en artículo mortis, pero en vez de notificar
al cura para sepultarlos, sus cadáveres fueron arrojados al río Atoyac.
Durante todo el siglo XVIII no hay otro reporte de semejante indiferencia y/o brutalidad con un cadáver humano, porque hasta los cadáveres de los bandidos ajusticiados por la Acordada recibieron siempre
sepultura eclesiástica. Puede ser que se tratara de un alumbramiento
ilegítimo, y la familia de la madre quisiera ocultarlo a toda costa, pero
no lo sabemos: no se menciona el nombre y el estado social de la madre, ni los nombres de los parientes. Parece que la investigación del
cura sobre este incidente no pudo aclarar nada.

Hijos ilegítimos y expuestos
Durante el siglo XV111 se bautizó un promedio de 10.8 niños nacidos
fuera de matrimonio. Anualmente, esta cifra corresponde al 4.4% en
promedio secular de los bautismos registrados en la parroquia de Tecali. La terminología empleada por los curas para distinguir estos niños de la mayoría de los hijos nacidos dentro del matrimonio eclesiástico era la de hijo (a) legitimo (a) de legítimo matrimonio, pero en la

L. Brinckmann: Natalidad y mortalidad en Puebla

231

mayoría de los casos se usaba la fórmula abreviada hijo (a) legítimo
(a). Hijo (a) natural o hijo (a) ilegítimo (a) era el nombre que se daba
a los hijos ilegítimos declarados en el bautismo por uno o ambos padres, y también a los hijos ilegítimos expuestos dejados por sus madres
desconocidas en las puertas de una iglesia o -más frecuentementeen las puertas de las casas de otras familias (y presentados por ellas
a la iglesia para el bautismo).
Las familias adoptivas de los niños expuestos eran muchas veces
-pero no siempre- vecinos prominentes (españoles, caciques, mestizos). de los pueblos, barrios, ranchos y haciendas del distrito de Tecali. Pero también hay casos en que las madres solteras depositaban a
sus hijos no deseados en las puertas de casas de viudas o mujeres no
casadas, permitiendo de esta manera una cierta duda hacia algunas
adopciones fingidas destinadas a mantener el niño deseado, pero ilegítimo, y salvar al mismo tiempo la reputación personal en una sociedad
rural sujeta a un rígido código sexual. Esta práctica era especialmenta
atractiva para las viudas relativamente jóvenes -y hubo muchas después de las grandes epidemias del segundo tercio del siglo- quienes
no podían o no querían casarse en segundas nupcias, pero tampoco
tenían intenciones de vivir como monjas.

Durante todo el siglo XVIII el sistema de adopciones era tao eficiente que absorbía -también en tiempos de epidemias- el 100% de
los nifios expuestos. Se criaban en las familias adoptivas eomo huérfanos junto con los hijos legítimos del matrimonio. Al menos en las familias socialmente prominentes, estos huérfanos eran los futuros criados y ganaban su vida como trabajadores domésticos y/o del campo.
El promedio secular de niños expuestos es de 5.4/ año (2.5 mase.
y 2.9 fem.). La diferencia en el sexo varía considerablemente en años
diferentes, y no permite afirmar una supuesta costumbre general de
abandonar a las hijas y retener a los hijos. La costumbre de exponer
a los hijos no deseados tenía como causa en estos tiempos, como hoy
en día, más bien la presión social que la económica, aunque también
motivaba en las sociedades preindustriales de Europa a muchos matrimonios pobres a abandonar hijos que ya no podían alimentar. (Ver
Haensel y (,retel de los hermanos Grimm).
Dada la pobreza manifiesta de los indígenas y castas en el campo
(la vasta mayoría de ellos no hacía un testamento al morir -a pesar
de las insistencias del cura- por no tener qué testar, muchos eran tan
pobres que los curas les daban los servicios de la iglesia de limosna,
i.e. sin cobrar) no podemos estar seguros de que todos los hijos expuestos fueron procreados por madres solteras o viudas.

�232

Siglo XIX

L. Brinckmann: Natalidad y mortalidad en Puebla

GRAFICA 8

GRAFICA 9

BAUTISMOS E HIJOS ILEGITIMOS

HIJOS ILEGITIMOS: DECLARADOS Y EXPUESTOS

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La comparación gráfica entre hijos ilegítimos declarado_s e_ hijos ilegítimos expuestos demuestra dos períodos claramente delimitados donde prácticamente todos los hijos ilegítimos son expuestos:

1- ILEB.X

GRAFICA 10

NIÑOS ILEGITIMOS: DECLARADOS/EXPUESTOS

Lagráfica demuestra que el fenómeno de los nacimientos ilegítimos tiene
mucho que ver con las consecuencias de las crisis agrícolas y demográficas que comienzan en Tecali a principio del segundo tercio del siglo
XVIII. Aunque los porcentajes más altos son las consecuencias inmediatas de las epidemias del matlazahuatl de 1737 y de la viruela de
1797/98, los nacimientos ilegítimos no vuelven a bajar entre las epidemias a los niveles del primer tercio del siglo, pero forman una plataforma bien estable de entre 3 y 6% de todos los bautismos entre 1730
y 1780. Durante el último tercio del siglo este porcentaje aumenta aun
más (entre 4 y 8%) e indica así que la población se estaba recuperando numéricamente -ratio mayoritariamente arriba de 1- pero menos en la calidad social.

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�234

Siglo XIX

L. Brinckmann: Natalidad y monalidad en Puebla

1708-1713

Las epidemias de viruela y tabardillo de 1709 a 1711 (Florescano, cuadro 14) provocan un brusco ascenso en la mortalidad y bien pueden
ser la causa -junto con la altísima tasa de natalidad en estos años,
las malas cosechas y la escasez general, que anotan varios autores (Florescano, cuadro 10)- para la formación de una severa crisis demográfica y de subsistencia, ocasionando la abundancia de niños expuestos.
Llama además la atención que, tanto en 1709 como en 1712, fueron
abandonados mucho más niñas que niftos. El caso es bastante extrafio, y se repite-aunque no tan extremadamente- de 1764 a 1766, cuando también todos los hijos ilegítimos son abandonados.
1758-1767

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La crisis agrícola de 1759/60, las epidemias de viruela y matlazahuatl
de 1761/62 y el período de mal clima entre 1762 y 1768 (Florescano,
cuadro 10) ayudaron a que en este período casi no existieran hijos ilegítimos declarados. En 1759, el máximo con esta tendencia, predominó el sexo femenino entre los expuestos, ambos sexos están casi igualmente representados en 1760, y en 1762 predominó el masculino. Los
años de 1763 a 1766 parecen haber sido económicamente tan difíciles
para Tecali, que la gente abandonaba la totalidad de sus hijos ilegítimos.
A consecuencia de la epidemia de sarampión de 1768 hay nuevamente un alto índice de abandono de hijos ilegítimos, pero a pesar de
la crisis agrícola general de 1771 / 72, baja el número de hijos expuestos
hasta a finales del siglo drásticamente a O, a pesar también del nutrido
número de hijos ilegítimos declarados que caracteriza este período. La
crisis agrícola de 1801/ 02, que se inicia con el mal clima de 1797 y conduce a las malas y mediocres cosechas de 1800 y 1801, aumenta nuevamente el número de hijos expuestos con 500Jo más mujeres expuestas
que varones.
Por otro lado, hay la categoría de los hijos naturales declarados.
Durante la primera mitad del siglo XVIII estos hijos ilegítimos son presentados por sus madres -en toda regla solteras e indígenas, aunque
entre ellas hay una que otra viuda o hasta casada- para el bautismo
eclesiástico. En estos casos se anota en el libro de los bautismos nombres, casta y lugar de origen de la madre y de los abuelos matemos
del niño.
Este estado tradicional de las cosas -mater certa pater incertusempieza a cambiar en forma significativa desde mediados de siglo. A
partir del año de 1749 aparecen con más frecuencia ambos parientes

235

de un niño ilegítimo en el bautismo, y los curas tienen que inventar
el término técnico consorte para caracterizar al fenómeno nuevo de padres solteros que aceptan públicamente su responsabilidad paternal y
quienes, por supuesto, no siempre son solteros. Hay entre ellos viudos
-lógicamente- pero también uno que otro casado. Pero la mayoría
son solteros quienes viven obviamente en una especie de concubinato
o unión libre con la madre del niño y tolerados por el clero.
Esta nueva tolerancia moral, ca,acterística en los años 60 y 70 del
siglo XVIII, se refleja también en la terminología de los libros de bautismo, que llama a los hijos de estas uniones "hijo(a) de ..." y siguen
los nombres de ambos padres no casados sin el distintivo peyorativo
de natural o ilegítimo para la criatura. Pero si se conoce tan sólo a fa
madre, se siguen empleando los términos tradicionales de natural o ilegítimo. Aunque se puede apreciar durante algún tiempo una cierta tolerancia hacia los concubinatos y uniones libres, sin duda motivada por
las epidemias y frecuentes crisis de subsistencia, esta tolerancia no es
la regla general: a partir de 1780 ya predominan nuevamente los hijos
naturales en los registros parroquiales de Tecali, aún cuando ambos
padres sean conocidos.
La cronique scandaleuse de Tecali culmina en 1780 con el caso de
una hija -soltera- de un cacique local, que pretende pasar a su hijo
natural como hijo legítimo de otro matrimonio. Pero el esquema de
engaño falla -probablemente a causa de chismes-, hay una investigación por parte del cura, y como consecuencia una entrada oficial al
.libro de bautismos. Otra cause celebre ocurre en 1787: esta vez se presentan dos parejas de solteros como presuntos padres de un recién nacido, caso que quedó aparentemente sin "solución oficial".
En 1797 ocurre finalmente el único caso anotado en los libros de
bautismos en el cual una mujer casada presenta su hijo ilegítimo. Otra
rareza es la declaración de un hijo natural, cuyo padre es casado.
Pero a pesar de estos casos raros e interesantes y hasta excepcionales, hay que tener siempre presente que, a pesar de epidemias espantosas, hambrunas y conflictos sociales, se logra mantener intacto el esquema social tradicional, porque en promedio el 950Jo de los niños bautizados durante el siglo XVIII nace dentro de la institución del matrimonio eclesiástico.
3. MORTALIDAD INFANTIL

La calidad de los documentos parroquiales es por lo general tan buena
que sólo para 1701 , 1703 y 1711 existen insuficiencias graves. Los re-

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1

1

�236

Siglo XIX

L. Brinckmann: Natalidad y mortalidad en Puebla

237

gistros para los demás años permiten por lo menos el cálculo de la mortalidad infantil total para cada año, y ofrecen también la relación porcentual con la mortalidad total (i.e. de todos los individuos). Mientras
el término demográfico moderno -niño/nifla- comprende a los infantes de entre Odías y 4 años de edad, basándose en los conocimientos actuales sobre el desarrollo físico y psíquico de los infantes, en los
registros eclesiásticos de siglo XVIII se usaba el término párbulolpárbula, basado en la supuesta facultad del infante de compren~er y recibir los sacramentos de la iglesia. Por consecuencia este térmmo demográfico comprende en toda regla a los infantes de ambos sexos de entre
Odías y 6 años de edad. Debido al número considerable de párbulos
cuyas edades no fueron anotadas en la fecha de sus entierros, no se
puede aplicar el término moderno. Si se usa desde aquí en adelante la
palabra niño(a) se entiende infantes de hasta 6 años de edad.

Como se puede apreciar en las gráficas este valor promedial está sujeto a una variación muy amplia entre sus extremos, y durante el último
tercio del siglo generalmente más alta que entre 170l y 1771. La máxima mortalidad de niños ocurre durante la epidemia de 1734, año en
el cual el 76.20/o de los muertos (389 individuos) son niños; el mínimo
secular de 17 .20/o ocurre durante la trágica epidemia del matlazahuatl
de 1737 donde perecen 1 148 personas Oa máxima mortalidad/ afio en
este siglo), pero tan sólo 202 de ellos son niflos menores de siete años.

El promedio secular señala, que la mortalidad infantil_ (0 días a 6
años) era el 53.2% de la mortalidad total anual durante el siglo XVIII.

AÑOS DE MORTALIDAD INFANTIL ALTA

Un alto porcentaje de mortalidad infantil puede coincidir con períodos definidos por una alta mortalidad general, pero ocurre también
con frecuencia en años con una mortalidad general relativamente baja.
CUADRO 1

Años con epidemias
1708
1734
1746
1747
1768
1778/ 81
1797
1798

GRAFJCA 11

MORTALIDAD INFANTIL TOTAL

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Años sin epidemias
1701
1713

1716
1717
1739
1740/42
1752
1754
1792

Debido a la falta de datos adicionales a los registros parroquiales, se
puede explicar tan sólo algunos casos, como el de los años 1739-1742.
En este caso parece que la altísima mortalidad entre adultos -durante
el matlazahuatl de 1737- afectaba durante los años siguientes de la
catástrofe también a los niños, por la falta de atención o quizás debido
a la escasez de alimentos.
Mortalidad infantil total por sexo

0

MORINF.

■ T.MORT.

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MORT.%

En el promedio secular mueren 42.1 varones y 40.6 mujeres anualmente. Pero estas cifras son sujetas a variaciones muy considerables en años
específicos, como con la epidemia de 1734, cuando mueren 204 mujeres y tan sólo 185 varones. Pero en otros años los varones son mucho
más afectados que las mujeres: por ejemplo, 1727 (180 varones/ 116
mujeres).

�238

Siglo XIX

L. Brinckmann: Natalidad y mortalidad en Puebla

239

GRAFICA 12
MORTALIDAD INFANTIL TOTAL/SEXO

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Mortalidad infantil por grupos de edad

Niños sin edades
La calidad de los registros parroquiales para Tecali queda demostrado
por el hecho de que en promedio secular mueren tan sólo 12 nifios/ año
sin que el cura o sus vicarios anoten la edad en el momento de la muerte. Pero la falta de edades en las partidas de defunción se concentra
marcadamente en algunos años específicos.
Las deficiencias más altas las encontramos durante 1703 a 1706 y
1711/ 12. En todos estos años no hay epidemias ni una mortalidad muy
notable por otras razones. El problema radica más bien en el estado
caótico de la administración parroquial, porque parece que no hubo
cura propietario presente entre 1701 y 1706; pero seis vicarios que tenían a veces estancias muy cortas en el distrito, mezclaron frecuente-

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Durante el último tercio del siglo domina la mortalidad entre las mujeres, y tan sólo en 1780 y 1798 la mortalidad afecta más a los varones.
En lo general las cifras totales no demuestran grandes diferencias entre los sexos. Pero esta relativa homogeneidad se altera cuando se analiza la mortalidad infantil en sus diferentes grupos de edad.

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�240

L. Brinckmann: Natalidad y mortalidad en Puebla

Siglo XIX

mente los registros de entierros con otros de bautismos en una manera
muy desordenada. La situación mejora con la toma de posesión del
Br. Antonio Vazques como cura propietario en enero de 1706. Quizás
debido a una ausencia del cura Vazques, y la falta de interés de sus
vicarios Brs. Manuel Cárdenas, José López de Aguilera y Joseph Alejandro de Alarcón, se produjo el fracaso de 1712 cuando menos del
10% de los niños muertos tienen sus edades anotadas. Las fallas de
l 720 son también atribuibles a funcionarios eclesiásticos, pero en el
caso de 1722 pudo haber influido la pequeña epidemia de este año. A
partir de 1723 podemos notar una mejoría drástica en la calidad de la
documentación a pesar de las grandes epidemias que se desataron. Tan
sólo los años de 1738 (siguiente a la gran epidemia de matlazahuatl),
y el de 1752 son una excepción.

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�242

Siglo XlX

La racha de mala documentación entre 1773 y 1778 puede haber sido
-por lo menos parcialmente- causada por la epidemia de 1773/74
y ocurre durante la larga tenencia del Br. Gerónimo Matheos Gil de
Taboada y Bunges como cura propietario de Tecali
(12.1.1773-21.IX.1797). Sus vicarios Joseph Antonio Bonfil, Mariano
Días, Francisco Matheos, Josef Gonzáles y Joseph Fabián tenían en
su mayoría cortas estancias -a veces repetidas- en el distrito. Durante los demás años y hacia el final del siglo XVIII la documentación
es muy satisfactoria a pesar de las epidemias que se presentaron en este
período.

L. Brinckmann: Natalidad Y mortalidad en Puebla

243

GRAFICA 16
MORTALIDAD l. 1701-1801 (HASTA UN MES DE EDAD)

Investigando la hipótesis de que la falta de edades tendría un trasfondo 'sexista', tanto la gráfica 15 como los promedios seculares demuestran
que esto no es cierto. Los promedios seculares para ambos sexos (varones 4.7, mujeres 4.5 individuos/año) son muy cercanos uno de otro
para atribuir las disparidades ocasionales a las tendencias generales de
mortalidad en aquellos años. Entre 1701 y 1771 el promedio anual es
de 4.2 varones y 3.6 mujeres, mientras en el último tercio del siglo hay
5.9 varones y 6.5 mujeres sin edades en promedio anual.

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Queda entonces establecido, que las deficiencias en la documentación parroquial no se deben al exceso de trabajo en período de crisis
demográficas, ni a prejuicios 'sexistas' sino al sistema r~tativo de los
vicarios y la vigilancia, a veces muy deficiente, por curas desinteresados y ausentistas.
El análisis de muertes infantiles por grupos de edad tiene que basarse en un cuerpo relativamente homogéneo de datos. Por esta razón
no se ha tomado en cuenta los años que tengan arriba de 10OJo de
niños sin edades.

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AÑOS
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En promedio ~ecular' el 5.1 % de los recién nacidos no sobrevive el primerl mes de ~1da, _Y la mortalidad relativa de este grupo es el 18 1%
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CUADR02

I

Mortalidad de niños hasta 1 mes de edad
Se estudiará la mortalidad de los recién nacidos tanto relacionada al
número de los bautismos/año para obtener la relación con la tasa de
natalidad anual, como en relación con el número total de niños muertos/año para establecer la conexión de este subgrupo con la mortalidad infantil total/año.

MORTALIDAD DE LOS RECIEN NACIDOS
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1701-1801
1701-1771
1771-1801

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durante el ultimo terc1_0_ del siglo, pero debido a la natalidad geneialme?te alta, las probabilidades de supervivencia del grupo son bastante
;e1ores que duran~e los años de 1771 a 1801 con descenso marcado
e la tasa de natalidad (nro. de bautismos/año).

o

�244

Siglo XIX

L. Brinckmann: Natalidad y mortalidad en Puebla

245

El alto porcentaje de los recién nacidos entre la mortalidad total inf~til se debe principalmente a 1801, cuando se registra una mortalidad
de 55.6% para los recién nacidos durante los primeros cinco meses del
año, sin que las fuentes documentales disponibles nos ofrezcan una
explicación.
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Como es de esperar, por lo general mueren más varones (6.6 individuos/ año) que mujeres (5.3 individuos/ año), pero la gráfica 18 demuestra que a nivel de años individuales hay fuertes diferencias entre los
sexos. Este es el caso de los aiíos de 1709 a 1718, afectados por la epidenúa de 1707/ 08, cuando se registra un exceso de mortalidad femenil; pero el caso más drástico proviene de la epidenúa de 1727, cuando
mueren más de dos veces más niiías que niiíos, núentras la mortalidad
masculina supera a la femenina durante los años de 1729, 1732/33,
1735/ 36, 1746/ 47, 1753, 1760 y 1764. En el último tercio del siglo hay
un donúnio de la mortalidad masculina muy marcada durante la epidemia de 1770/ 80, y una mortalidad alta, pero pareja para ambos sexos, durante la epidemia de la viruela de 1797.

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1701-1801
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La mortalidad de este grupo tiene un promedio secular de 18.50/o de
la total infantil por año. Como en el grupo anterior, la tasa de mortalidad (MORT.0/o) aumenta hacia el fin del siglo.

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PROMEDIOS I

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1701-1801
1701-1771

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18.5
17.8

�246

Siglo XIX

L. Brinckmann: Natalidad y mortalidad en Puebla

Por las epidemias de 1734 (52 individuos) y 1727 (44 individuos) la mortalidad individual de este grupo de edad llega a su máxima durante el
siglo XVIII. Pero fue en 1764 (44.23%) y 1794 (41.18%), cuando el
grupo de los niños de 2 a 6 meses de edad llega a su máxima secular.
1764 se caracterizó por una mortalidad general e infantil baja y un repunte notable de natalidad después de la epidemia de 1761/62. Tanto
en este caso, como en el de 1794, no disponemos de información alguna para poder explicar la alta mortalidad porcentual de los niños de
este grupo.

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-- MORT%

�248

L . Brinckmann: Natalidad y mortalidad en Puebla

Siglo XIX

Según los promedios seculares mueren ligeramente más varones (6.8
individuos) que mujeres (6.1 individuos), pero como se puede apreciar
en la siguiente gráfica, mueren durante las epidemias de 1727 y 1734,
en 1770 y en la de 1773 mucho más mujeres que hombres.

249

Niños de 7 meses a 1 año de edad

Este grupo tiene con un promedio secular de 20% el valor más alto
dentro del rango de mortalidad de niños de hasta I año de edad.

GRAFICA 20

GRAFICA 21

MORTALIDAD/ SEXO DE NIÑOS DE 2 A 6 MESES DE EDAD 1701-1801

MORTALIDAD DE NIÑOS DE 7 A 1 AÑO DE EDAD 1701-1801

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AÑOS

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Como entre los grupos anteriores, también en este grupo aum'!nta la
mortalidad porcentual durante el último tercio del siglo XVIII.

�250

Siglo XIX

L . Brinckmann: Natalidad y mortalidad en Puebla

En el promedio secular hay poca diterencia entre la mortalidad de varones (8.9 individuos) y mujeres (8.8 individuos). Pero al igual que en
los anteriores grupos de edad, mueren mucho más niñas que niños en
las epidemias de 1734, 1747, 1762, 1779, 1797/ 98. Durante la de 1727
mueren más varones que mujeres.

CUADROS
PROMEDIOS 11
Individuos

1701-1801
1701-1771

Grupos

Mase.

Fem.

M.Grup.

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7

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7.ó

17.6
18.7
15.9

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Niños de 2 a 3 años de edad
19.95
19.55
19.97

Los picos de la mortalidad individual coinciden generalmente con los
años de gr~des epi~emias como 1727, 1734, 1747, 1772, etcétera, pero las máximas relativas caen en años que se caracterizan por una mortalidad general baja, pero en ascenso, y una natalidad también en ascenso como en 1725 (44.4%), 1765 (32.6%) y 1785 (44.3%).

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Con un promedio secular de 21.70/o, los niños de entre 2 y 3 años tienen la más alta mortalidad dentro del rango de la mortalidad infantil.
GRAFICA 23
MORTALIDAD DE NIÑOS DE 2 A 3 AÑOS DE EDAD 1701-1801

GRAFICA 22

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■ FEM.

0

MASC.

-MORT.%

11 M.GRUP.

□ T.MOR

�252

Siglo XIX

L. Brinclanann: Natalidad y mortalidad en Puebla

253

La mortalidad culmina en el segundo tercio del siglo XVIII, entre 1746
a 1771, con un promedio anual de 24.8% de la total. Dos de los tres
valores más altos coinciden con las epidemias de 1768 (40.5%) y 1780
(30.80Jo), caracterizadas por una alta mortalidad infantil general.

En el promedio secular mueren ligeramente más mujeres (10.3 individuos) que varones (9.6 individuos), pero tanto en 1727 como en 1737
y 1780 -todos
años de epidemias- la mortalidad masculina supera a la femenina.

El tercer pico, el de 1742 (41.9%) cae en el período de recuperación demográfica después de la gran epidemia del matlazahuatl de 1737,
en un ambiente general de drástico descenso de la natalidad y ligera
alza en la mortalidad general.

Niños de 4 a 6 años de edad
El promedio secular de mortalidad relativa es con 18.1 o/o, notablemente
más bajo que los valores de los dos grupos anteriores.

CUADR06
PROMEDIOS III

GRAFICA 25
Individuos

1701-1801
1701-1771
1771-1801

Grupos

MORTALIDAD DE NIÑOS DE 4 A 6 AÑOS DE EDAD 1701-1801

Mase.

Fem.

M.Grup.

M. lnf.

9.6
10.9

10.3
11.9

81.8
89.2

6.5

6.5

19.8
22.9
13.0

65.3

21.7
23.8
17.2

Este grupo también es el único, en que la mortalidad porcentual baja
significativamente durante el último tercio del XVIII.

400

5

1

N

1

n35o
0

40

l.. l . .

:

1

30

GRAFICA24

1

MORTALIDAD/ SEXO DE NIÑOS DE 2 A 3 AÑOS DE EDAD 1701-1801

■ FEM.

1

~
1

1

1

1

1

1

5

1

\

1

"9■ /■ 20

1•' 10

11

\./

0 MASC.

6

IIMfillAWl.._....._o
- 21 26 30 34 39 43 49 54 58 62 66 70 79 83 89 93 97
AÑOS

C'lO
A
f&gt;10

■ T.MORT.

o

~o

- 18 2427 30 33 36 40 43 47 5155 58 616467 70 72 818589 92 95 98
AÑOS

-MORT.%

0 M.GRUP.

�254

Siglo XIX

L. Brinckmann: Natalidad y mortalidad en Puebla

La mortalidad relativa más alta ocurre entre 1730 y 1780, para disminuir durante el último tercio del siglo.

CUADRO 7

1701-1801
1701-1771
1771-1801

En promedio secular mueren anualmente 9.3 varones y 8.9 mujeres,
pero la mortalidad masculina domina en 1727 y la femenina en 1734
y 1780.
Resta constatar que, en la mortalidad infantil, están establecidos
dos subpattems bastante distintos: a) la mortalidad de los niños de O
días a l año de edad; b) la mortalidad de los niños de 2 a 6 años de edad.

PROMEDIOS IV
Individuos

255

Grupos

Mase.

Fem.

M.Grup.

M.lnf.

8.3
10.6
6.6

8.9
9.4
7.6

18.1
19.8
14.2

81.8
89.2
65.4

El grupo con la supervivencia más arriesgada es el de los niños de
2 a 3 años de edad.
19.1
19.5
18.1

Los tres valores más altos coinciden con las epidemias de 1761/62,
1772/73 y 1779/80; el pico de 1740 corresponde a un año caracterizado por una mortalidad general muy baja y un repunte drástico en la
natalidad correspondiente a la fase de recuperación demográfica después del matlazabuatl de 1737. La mortalidad relativamente alta de los
niños de 4 a 6 años de edad en este afio puede ser causada por un pequeño rebrote de la epidemia y/o por la falta de atención durante los
tres aíios de vida, debido a la altísima mortalidad de adultos por la
epidemia.

4. MORTALIDAD DE LOS SOLTEROS
El grupo de los solteros comprende a todos los individuos de 7 años
en adelante que no se han casado. La edad inicial para este grupo - 7
años- significa la edad fijada por la Iglesia Católica, en la cual los
jóvenes de ambos sexos pueden recibir los sacramentos, y nv corresponde a los conceptos modernos del cambio de la infancia a la
adolescencia.
Para facilitar el análisis me parece permisible dividir este grupo de
solteros en los siguientes subgrupos:

Solteros sin edades: todos los individuos no casados ni enviudados

GRAFICA 26

MORTALIDAD/SEXO DE NIÑOS DE 4 A 6 AÑOS DE EDAD 1701-1801

Adolescentes:
Solteros adultos:

a partir de 7 años cuyas edades no fueron anotadas en sus partidas de entierros.
jóvenes con edades entre 7 y 16 aíios de edad.
jóvenes con edades entre 17 y 30 años.

Mortalidad total de solteros
En el siglo XVIII murieron en total l 642 solteros y solteras, lo cual
corresponde a un 10.3% de la mortalidad total en el distrito de Tecali.
Durante el período de junio de 1701 hasta mayo de 1771, cuando se
redujo el distrito parroquial de Tecali por la separación del subdistrito
de San Miguel Tzicotlacoyan, murieron l 117 solteros lo que equivale
al 9.5% de la mortalidad total. Durante el último tercio del siglo murieron 524 solteros y la mortalidad relativa de este grupo subió al 12.5%
de la mortalidad total.

03

E

e

2

At

s
o

~

- 18 24 27 30 33 36 40 43 47 51 55 58 616467 70 72 818589 92 95 98

■ FEM.

�256

Siglo XIX

L. BriDckmann: Natalidad y mortalidad en Puebla

GRAFICA 27

A pesar de la reducción de la población del distrito, debido a la separación del subdistrito de San Miguel Tzicotlacoyan en junio de 1771,
sube la mortalidad de los solteros durante el último tercio del XVIII.

MORTALIDAD TOTAL DE SOLTEROS

•

N120

•

1

R
01000

800

•

35

CUADR09

30

MAXIMAI

25

.J
•

1701-1801
1701-1771
1771-1801

120

1

Fem.

H.Grup.

H.Toul.

Hort.%

146
146
60

175
175
72

321
321
132

1 148
1 148
542

33.9
27.97
33.9

La máxima mortalidad en cifras absolutas ocurre durante la gran epidemia del matlazahuatl de 1737, pero es con la de la viruela de 1798
cuando alcanza su máximo relativo de 34% de la mortalidad total/año.
Durante el último tercio del siglo no hay cifras absolutas tan altas: las
máximas corresponden a la epidemia de 1779/80 (año en el cual también hay con 29.30Jo un alto porcentaje de solteros entre las víctimas,
notablemente menor que en 1798). Los promedios de mortalidad/ sexo
muestran cifras muy cercanlls para ambos sexos (masculino 8.1 individuos/femenino 8.0 individuos).

10

o
- 7 14 21 28 35 42 49 56 63 70 76 83 90 97
AÑOS

•

Hase.

15

5

-MOR%

257

M.TOT.

□ M.GRUP.
GRAFICA 28

1

1

'

Las máximas de la mortalidad de los solteros coinciden con las grandes epidemias de 1737, 1779/80 y 1797/98. En estas ocasiones, la mortalidad de los solteros pudo alcanzar cifras de entre 30 y 350Jo de la
mortalidad total/año. Pero los promedios anuales de mortalidad alcanzados en estos años catastróficos se encuentran más bien entre 5
y 150Jo de la mortalidad total.

N
R

o
D
E

CUADRO 8
PROMEDIOS V
Mase.

Fem.

H.Gl'UJ&gt;.

H.Tot.

Mor.%

8.1
7.6
8.7

8.0
7.9
8.2

16.1
15.7
16.9

153.3
166.5
134.9

8.3
7.4
10.2

e
A

1701-1801
1701-1771
1771-1801

s

o

s

MORTALIDAD/ SEXO DE SOLTEROS

180
160

0 MASC.

1-CO
120
100
80
60
40

■ FEM.

20

o
-

7 14 21 28 35 42 49 56 63 70 76 83 90 97

AÑOS

�258

Siglo XIX

L. Brinckmann: Natalidad y mortalidad en Puebla

La situación documental mejora drásticamente entre 1738 y 1769.
Durante estos años todos los solteros muertos aparecen con sus edades
anotadas. Pero durante el último tercio del siglo vuelve la mala situación documental, y es especialmente fuerte desde 1785 a 1798, caracterizado por una mortalidad bastante baja entre los solteros. Hay que
buscar la causa para estas fallas -como en el caso de los niños- en
las omisiones de la administración parroquial, por un lado: pero también en el hecho de que muchos de los individuos clasificados como
solteros eran en realidad adultos no casados, cuyas edades al morir tan
sólo se anotaban en casos excepcionales.

Empero, durante las epidemias de 1737 y 1779 mueren mucho más solteras que solteros; en la de 1734 y en la de 1772/73 mueren más hombres que mujeres.

Mortalidad de solteros sin edades
GRAFICA 29
MORTALIDAD DE SOLTEROS SIN EDADES

N

100

R 350f •
O 300 ~
· 250 ,,
D 200
E 150
100
e 50
A

s o

90
80
70
60
50
40
30
20

1
1

I

t •
i 1' l 11
111,1.a.wr~ ■

■,,.

I

,.•~
I
V

O

-

S

AÑOS

lw. l
••

10

l.

o

7 14 21 28 35 42 49 56 63 70 76 83 90 97

-MOR%

0 M.GRUP.

■ M.ADOL

GRAFICA 30

MORTALIDAD/SEXO DE SOLTEROS SIN EDADES

N

R40

º20
. 00

ºª
E60
40
c20
A

s
o

s

Un promedio secular de 31. 711/o de solteros muertos no tienen sus edades anotadas en las partidas de defunciones (valor que está muy arriba
del de 13.60/o de niños sin edades). Como demuestra la gráfica 29, los
años buenos y los años malos de la documentación para este grupo están claramente separados unos de otros. Las deficiencias se concentran en el primero y el último tercio del siglo XVIII, empezando con
valores altos a principios del siglo, pero disminuyendo claramente hacia los años 30 con excepción de las epidemias de 1727 y 1737, donde
quizá el exceso de trabajo (escuchar las confesiones, administrar los
sacramentos, etcétera) contribuía a que los curas olvidaran de anotar
las edades de muchos adolescentes in articulo mortis. De todos modos
no acostumbraron anotar las edades de los solteros adultos (aproximadamente arriba de 16 años de edad). La fuerte mortalidad de adultos (casados y viudos) en la epidemia de 1727 apoya esta hipótesis.

259

7 14 21 28 35 42 49 56 63 70 76 83 90 97
AÑOS

0

MASC.

■ FEM.

No existe un desequilibrio sexual en la práctica de anotar o no las edades de los solteros difuntos, porque las máximas representan las tendencias generales de mortalidad/sexo en las epidemias de 1737, 1774
y 1779/80.
Por desgracia no existe un método cuantitativo para repartir los

solteros sin edades entre los dos subgrupos de 'adolescentes' (07 a 16
años de edad), y 'solteros adultos' (17 a 30 años de edad). Pero, partiendo de la hipótesis de que la gente del siglo XVIII se casaba entre
17 y 25 años de edad, supongo que cerca de 3/4 de los solteros sin edades pertenecían al subgrupo de los adolescentes.

�260

Siglo XIX

L. Brinckmann: Natalidad y mortalidad en Puebla

Mortalidad de los adolescentes

261

en 1705 y durante las epidemias de 1722, 1724 y 1734. Las cifras absolutas de mortalidad alcanzan su máximo durante la gran epidemia de
1737, pero debido a los muchos solteros sin edades que mueren, el porcentaje de los adolescentes alcanza tan sólo el 30% de la mortalidad
total de solteros.

El subgrupo de los adolescentes, i.e. los solteros entre 7 y 16 años de
edad, comprende en el promedio secular a 49.6% de todos los solteros
muertos.

Entre 1739 y 1766 los adolescentes integran la mayoría de los solteros muertos, incluso durante algunos años de este período (1739, 1744,
1749, 1752/ 57, 1761 y 1767) todos los solteros muertos son del subgrupo de los adolescentes. Durante el último tercio del siglo baja la mortalidad promedio porcentual notablemente, y sólo 1794 y la viruela
de 1798 cobran un alto porcentaje de adolescentes muertos. Como demuestran los promedios anuales, mueren más mujeres que hombres,
una tendencia que se refleja también en las máximas.

GRAFICA 31
MORTALIDAD DE ADOLESCENTES

GRAFICA 32

N

MORTALIDAD/ SEXO DE ADOLESCENTES

R50

o

40
■ M.AOOL.

-MOR%

Llama la atención que entre 1742 y 1769 casi todos los solteros muertos pertenecían al subgrupo de los adolescentes. 1749 fue la excepción.

C10
A

s o
o -

CUADRO JO

1701-1801
1701-1771
1771-1801

S

Mase.

Fem.

M.Grup.

M.Adol.

Mor.%

3.4
3.6
2.9

4.1
4.6
3.0

7.5
8.2

16.1
15.7
16.9

49.6
58.8
28.6

5.9

6 12 18 2-4 30 36 42 -48 54 60 66 71 77 83 89 95 1

AÑOS

PROMEDIOS VI

La mortalidad de los adolescentes aumentó durante el primer tercio
del siglo, aunque en una forma muy errática, alcanzando valores altos

O

MASC.

■

FEM.

Tan sólo en 1707, en la epidemia de 1734 y en 1776 mueren perceptiblemente más hombres que mujeres. Prácticamente en todos los demás años domina la mortalidad femenina. No puedo ofrecer una explicación a la debilidad de los adolescentes femeninos, que difiere tanto de la relativa robustez de las niñas menores de 7 años de edad.

�262

Siglo XIX

L. Brinckmann: Natalidad y mortalidad en ~la

263

Mortalidad de los "solteros adultos"
del siglo XVIII. Junto con la reducción de la población en cifras absolutas después de la división del distrito parroquial en 1771, influye en
este caso definitivamente el drástico aumento de solteros sin edades (ver
parte 3) durante estos años. Por esta razón parece factible atribuirles
por lo menos una tercera parte de los solteros sin edades entre 177J
y 1801.

Este subgrupo comprende a los solteros de ambos sexos entre 17 y 30
años de edad. Durante el XVIII, en Tecali, estos solteros adultos aportan el 12% -en cifras absolutas- de los solteros muertos en el período. De este conjunto muere el 10.6% durante los primeros dos tercios
del siglo XVIII, y tan sólo 1.4% en el último tercio del siglo, después
de la separación del subdistrito de San Miguel Tzicotlacoyan.

En 1742 -el máximo secular- todos los solteros muertos pertenecen al subgrupo de solteros adultos, y en 1764 el 70% de ellos; cifras
fidedignas, porque en ambos años no se registraron solteros sin edades. No se sabe qué afectaba a los solteros adultos, porque ambos años
están caracterizados por una baja mortalidad general y una natalidad
relativamente alta (¡años buenos, pues!). Durante el último tercio del
siglo hay 21 años durante los cuales no hay muertes registra~as para
el subgrupo de los solteros adultos. Estos años ocurren especialmente
entre 1782 -una mortalidad relativamente alta para nuestro subgrupoy 1799, un año después de la epidemia de viruela. Tomando en cuenta
el incompleto estado de los registros parroquiales, se puede est~ seguro que un buen número de los solteros adultos (¿30%?) fue reg¡~rado
sin edades. La máxima corresponde a 1733, cuando muere un numero
inusitadamente alto de hombres (13) al inicio de las epidemias de
1733/34. La máxima para las mujeres (5) cae en las epidemias de 1762
(viruelas y matlazahuatl) y 1768 (sarampión y "fiebres").

GRAFICA 33

N
R 350

MORTALIDAD DE 'SOLTEROS ADULTOS'

:I

O 300
· 250

o

70
60
1- 50
40
30
20

200

E 150

e

100

A

s
o
s

10

o
AÑOS

MORTALIDAD/SEXO DE 'SOLTEROS ADULTOS'

0 M.GRUP.

■ M.ADOL

-MOR%

TABLA 11

o

PROMEDIOS VII

1701-1801
1701-1771
1771-1801

GRAFICA 34

E4

Mase.

Fem.

M.Grup.

M.Adol.

Mor.%

1.24
1.7
0.3

0.71
0.8
0.5

1.34
2.5
0.8

16.1
15.7
16.9

17.13
20.8
8.7

También los promedios anuales demuestran que la mortalidad de los
solteros adultos se reduce a más de la mitad durante el último tercio

c2
Aº-+ttt'Pi'""
6 12 18 24 lJ 36 41 49 =:;4~r1

S

O
S

AÑOS

■ FEM.

~

71

O MASC.

�264

Siglo XIX
L. Brinckmann: Natalidad y mortalidad en Puebla

La mortalidad masculina domina hasta 1750 con picos marcados en
1701/12 y 1730-1736. Después cambia el cuadro y la mortalidad femenina sobrepasa a la masculina hasta el final del siglo XVIII. Esta tendencia está respalda~a también por las cifras de los años seguros, cuando no hay solteros sm edades. Entre 1735 y 1752 domina la mortalidad
mas~ulina; posteriormente domina la mortalidad femenina sin que se
pudieran aportar causas lógicas para la explicación de este fenómeno.

265

El máximo secular ocurre durante el primer año de la epidemia del matlazahuatl de 1772/73, cuando el 81.3% de los muertos corresponde
al grupo de los adultos. Durante la mayoría de los demás ~os del siglo XVIII, la mortalidad de los adultos oscila entre el 30% y el 50%
de la mortalidad total.
CUADRO 12

5. MORTALIDAD DE LOS ADULTOS

PROMEDIOS VIII

El término a~ulto es aplicado a todos los hombres y mujeres que aparecen en los hbros de defunciones del distrito parroquial de Tecali durante el siglo XVIII, con las siguientes clasificaciones: a) casado/casada; b) viudo/viuda; c) soltero viejo/soltera vieja.
La mayoría de los individuos muertos de estas categorías fueron
registrados sin sus respectivas edades en el momento del entierro. En
total mueren entre junio de 1701 y mayo de 1801, 5 975 adultos, cifra
que significa el 37.4% de todos los individuos muertos en este período. El 48.9% de ellos son hombres y el 51.1% mujeres, una proporción completamente normal.

1701-1801
1701-1771
1771-1801

Mase.

Fem.

M.Cirup.

M.Tot.

Mor.%

28.6
29.8
25.9

29.9
31.1
27.3

58.6
60.9
53.3

156.8
166.5
134.6

38.6
38.2
39.5

Los promedios anuales de mortalidad indican un ascenso del porcentaje de los adultos muertos durante el último tercio del siglo.

CUADRO 13
MAXIMA 11

GRAFICA 35
MORTALIDAD DE ADULTOS

N

~1200¡
.1000

•
1

O 800

E400
60oi-l'
S "'~
- . ... 11¡

e

A

200

s

._... 50
"lll"'S 40
■

1

•

s

o

~

t ::
t ~~

-

I

1,

7 14 21 28 35 42 49 56 63 70 76 83 90 97

30

20
10

o

AÑOS

-MOR%

■ T.MORT.

0 M.GRUP.

1701-1801
1701-1771
1771-1801

Mase.

Fem.

M.Cirup.

M.Tot.

Mor.%

220
220
145

234
234
168

454
454
314

1 148
1 148
542

81.25
62.II
81.25

La máxima mortalidad en cifras absolutas no coincide con el máximo
porcentaje de adultos muertos. A pesar de que el matlazal_i?atl de 1737
cobró el máximo número de víctimas por año -tamb1en entre los
adultos- este grupo figuró tan sólo con el 39.6% en el total de las
víctimas debido al alto número de víctimas entre los niños y solteros.
Este cuadro cambia radicalmente en 1772. Esta vez la epidemia
-nuevamente el matlazahuatl- es precedida por varios años con mal
clima y malas cosechas. La crisis de salud coincide con el pico ~e la
crisis agraria con el resultado de que, por lo menos durante_ el pnmer
año de la epidemia, son los adultos -agotados y malnutridos- los
que mueren en cantidad mayor (81.3%).
Otro año de mortalidad inusitadamente alta entre los adultos es

�266

Siglo XIX

L. Brinckmann: Natalidad y mortalidad en Puebla

el de 1766, con el 62. 1% de la mortalidad total anual. Esta vez no hay
epidemias, ni crisis agrícola, tan sólo hay noticias sobre lluvias abundantes. En ausencia de otra información, no tengo ninguna explicación para este fenómeno.
El mínimo secular de mortalidad entre adultos ocurre durante el
primer año de la epidemia del sarampión de 1779/80: sólo el 9.3%
de los muertos corresponde a los adultos.

GRAFICA 37

MORTALIDAD COMPARATIVA DE GRUPOS DE EDAD

~'ººº

o

100

GRAFJCA 36

o

MORTALIDAD/SEXO DE ADULTOS

E 10

N250T

R
0200

e
;.

150

s
o
s

D

EIOOt
e

267

7 14 21 28 35 42 49 56 63 70 76 83 90 97
AÑOS

I

50

M.INF.

♦ M.ADUL

+

M.ADOL

A

s

,so
L.-.

7 14 21 28 35 42 49 56 63 70 76 83 90 97

AÑOS

■ FEM.

0

MASC.

Tanto los promedios anuales como la gráfica indican una mortalidad
femenina -en lo general- ligeramente más alta que la masculina. Esta tendencia se acentúa dramáticamente durante las epidemias de 1727,
1737, 1762 y 1772. Sólo en la de 1737 mueren más hombres que mujeres.

6. MORTALIDAD COMPARATIVA
La siguiente gráfica trata de visualizar -como conclusión- el distinto comportamiento de los diferentes grupos de edad frente a las crisis
demográficas del siglo XVIII.

El rango bajo de mortalidad está ocupado casi exclusivamente por _solteros, incluyendo a los adolescentes. Sólo en 1737 Y_ 1779 (esta vez Junto con los niños) entran en el área de alta mortalidad.
El campo del centro está dominado por los adult?s durante el -~rimer tercio del siglo; después se mezcla con la mortalidad de los runos
en el área alta del rango.
Los niños dominan el área alta del rango_ medio de mo~d~d.
Mortalidad infantil y mortalidad de adultos se Juntan en las ep1detn1as
de 1727, 1734, 1737, 1762 y 1772.
Una alta mortalidad infantil ocurre exclusivamente en 1701,
1747/48, y 1797/98.

�2ó8

Siglo XIX

L. Brinckmann: Natal1da
. d Y mon;úklad en Puebla

BIBLIOGRAFIA
Calvo, Thomas: Acatzingo.
1973 Demografía de una Parroquia Mexicana.
Instituto Nacional de Antropología e Historia.
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ABREVIATURAS EN TABLAS y GRAFICAS

BAP.
BAP.0/o
CONCRIS.
CONGEN.
DEC.F.
DEC.M.
FEM.
GEM.0/o
ILEG.0/o
MASC.
MORGEN.
MORT.0/o
MORT.INF.
MOR.O/o
MOR.CRIS.
MOR.INF.
MUER.
M.ADOL.
M.ADUL.
M.GRUP.
M.INF.
M.TOT.
M.TOTAL
NACIM.
RATIO Bap./Muer.
T.BAP.
T.DECL.
T.EXP.
T.MORT.
T.MOR.

Número de bautismos/ año
Tasa de natalidad
. .
Concepciones en tiempos d~ cns1s
Número general de concepciones
Hijas ilegitimas declaradas
Hijos ilegítimos declarados
:::~~je de nacimientos múl~ples_(g~~elos)
Porcentaje de nacimientos de hiJos ilegit1mos
Masculino
Mortalidad general
= Mort. O/o
Mortalidad infantil
Tasa de mortalidad
. .
Mortalidad en tiempos de cns,s
= Mort.inf.
Número de muertes/ año
Mortalidad de adolescentes
Mortalidad de adultos
Mortalidad/Grupo de edades
= Mort. Inf. = Mor.lnf.
Mortalidad total
= M. Tot.
Número de nacimientos
Relación numérica entr~ bautismos Y muertes
Totalidad de hijos ~au~dos/ año
T talidad de hijos ileg1timos declarados
T~talidad de hijos ilegítimos expuestos
= M.Total = M.Tot.
= T.Mort.

269

�Costa Rica, 1866-1973:
Tablas Modelo de Mortalidad

Héctor Pérez Brignoli •

INTRODUCCION
En este trabajo presentamos cinco tablas de mortalidad de Costa Rica
para ambos sexos, en el período 1866-1973. Las tablas correspondientes a 19S0, 1963 y 1973, son oficiales. Las de 1866 y 1927 fueron calculadas como parte de la presente investigación. Las cinco tablas corresponden a aiios censales y aunque cubren un amplio espectro de variaciones en la mortalidad, presentan limitaciones importantes.
Las tres primeras están separadas por períodos de observación muy
largos, lo que dificulta el conocimiento de situaciones intermedias; y
los datos que sirven de base para la construcción de las dos primeras
tablas son, probablemente, de inferior calidad que los correspondientes a las tres tablas oficiales. Por todo ello resulta indispensable el recurso a las tablas modelo de mortalidad. Se estudian los diversos siste-

• Centro de Investigaciones Históricas, Universidad de Costa Rica. Este trabajo forma
parte de una investigación más amplia titulada "La población de Costa Rica, 17SO.l 950.
una historia experimental". El autor agradece los comentarios del profesor Robert
McCaa de la Universidad de Minnesota, y de los investigadores del programa "Cuantificación e historia interdisciplinaria" de la Universidad de Costa Rica: William Castillo, Rolando Cuenca y Arodys Robles. La colaboración prestada por el personal de
CELADE (San José) merece una mención especial; hubo tres sesiones de trabajo destinadas a su discución, y Antonio Ortega leyó y criticó el texto final con particular
agudeza y dedicación. Debe mencionarse también el apone de Juan Chaclciel y Dirk
Jaspers, en la fase inicial de la investigación, y recordarse también, como es usual,
que el autor asume plena responsabilidad por el contenido del trabajo. Este fue concluido durante el segundo semestre de 1986, mientras el autor, en goce de licencia sabática, se desempeiiaba como Fulbright Visiting Scholar en el Departamento de Historia de la Universidad de Minnesota.

�272

Siglo XIX

H. Pérez Brignoli: Tablas modelo de mortalidad en C. Rica

mas ~po?ibles, ~n sus ventajas y desventajas, y luego de una comparación sistemática se presenta un sistema de tablas modelo adecuado al caso de Costa Rica, derivado de la Red 1 de Lederm~.
LAS TABLAS DE MORTALIDAD

clonadas. Las funciones más frecuentemente usadas son las siguientes:
función

definición

nqx

Probabilidad que tiene una persona de edad exacta •
de morir antes de cumpir la edad exacta x+n
Supervivientes de la generación hipotética hasta la
edad exacta x.
Defunciones en la generación hipotética entre las edades. y x+n.
Número de años ~vidos por la generación hipotética
J. entre las edades • y x+ ª·
Número de arios vividos por la generación hipotética
J. desde la edad hasta que la generación se extingue.
Esperanza de vida: número medio de años que le resta vivir a cada miembro de la generación hipotética J.
cuando alcanza una determinada edad.
Relación de supervivencia: probabilidad que tiene cada miembro de la generación hipotética de sobrevivir
cinco años más una vez que alcanza la edad •.

I

La ~la de mortali~ o tabla de vida constituye el instrumento más
prectSO para el estudio de la mortalidad y sus variaciones por edad,
sexo, causas de muerte2 y otros factores3 • Todos los índices que la
C?mponen son independientes de la estructura por edades de la población! con lo cual las comparaciones pueden efectuarse en forma directa, sm tener que recurrir a procedimientos de estandarización. Por lo
~emás, algunas funciones de la tabla tienen aplicaciones prácticas muy
IDlportantes en otros campos del análisis demográfico.
El principio básico para el cálculo de una tabla de vida es un conjunto de probabilidades de morir o sobrevivir, disponibles para una
población determinada. Esta idea se puede expresar con mucha claridad acudiendo a la imagen de una generación o cohorte. -digamos
todos los nacidos en Costa Rica durante los años 1840-45:_ sometid~
~ riesgo de morir durante un cierto período. Si escogemos'una duración de 80 o 100 años podremos observar la cohorte desde el nacimiento h_as~ su total extinción. El cálculo de las probabilidades es inmediato s1 disponemos del número de nacimientos (tamaño inicial de la cohorte) Y!os dat?s sobre las defunciones de esa generación cada año,
o cada cierto numero de años.
Aunque es sencillo razonar en estos términos, rara vez se dispone
de d~tos d~ esa cl_ase. La info~ación demográfica habitual para la población baJo,el_nesg? de monr proviene de un censo, y las defunciones, de estad1st1cas vitales. Tanto en un caso como en el otro disponemos de datos que corresponden a distintas generaciones y no tenemos
la posibil½iad directa de separarlos por cohortes. Las ~as específicas
de mortalidad, así calculadas, no constituyen una probabilidad. Afor~damente, no es difícil transformarlas y existen varios métodos prácticos para ese efecto"'.

1:85 probabilidades de muerte, comúnmente conocidas como nqx5,
constituyen la base de la tabla de mortalidad. A partir de ellas se calcul~ di~ers~s.índices o funciones, suponiéndose una cohorte o generación hipotetica compuesta de 100 000 nacimientos (este número se
denomina r_aíz de la tabla, a veces se usa 1 000 o 10 000, y en ciertos
casos especiales 1), y sometida a las probabilidades de muerte ya meo-

273

J.

nLx
Tx
o

e.
sPx.x+4

La tabla de vida puede calcularse por edades simples, y en ese caso se
denomina "tabla completa"; o bien con edades agrupadas, en cuyo
caso se obtiene una "tabla abreviada". Para la mayoría de las aplicaciones prácticas la tabla abreviada es suficiente. ·si se requiere una tabla completa puede procederse a estimarla mediante procedimientos
de interpolación, a partir de la tabla abreviada. O, si se dispone de datos de excelente calidad en cuanto a la declaración de la edad, a calcularla en forma directa.
Es también usual el cálculo de tablas de vida para ambos sexos,
para cada sexo por separado, y según distintos niveles de agregación
de los datos: todo el país, por regiones, por provincias o departamentos, para ciertas ciudades, etcétera. Es necesario, de todos modos, contar
con un número suficiente de casos en cada grupo de edad para evitar
la incidencia de posibles fluctuaciones aleatorias.

Habitualmente, la tabla de mortalidad se calcula para un año censal. El denominador de las tasas específicas de mortalidad es provisto
por la población por edades enumerada en el censo y el numerador se
calcula con un promedio de las defunciones ocurridas alrededor del año
censal. Existen también procedimientos para calcular una tabla de vida utilizando dos censos espaciados en cinco o diez años, y otros "mé-

�274

Siglo XlX

todos indirectos"6. Se trata, en todos estos casos, de tablas de vida
calculadas para un período o fecha determinada. Eso significa, en otros
términos, que la tabla refleja una experiencia de mortalidad que pertenece a un número relativamente grande de cohortes o generaciones.
Ya hemos explicado que, por la carencia de datos, es muy difícil el cálculo de tablas de vida por cohortes', aunque desde el punto de vista
teórico esa noción es de primordial importancia en el análisis demográfico. Debe mencionarse, sin embargo, que hay otras razones prácticas, además de la falta de datos apropiados, para no insistir mucho
en el estudio de la mortalidad por cohortesª.
LAS TABLAS DE MORTALIDAD DE COSTA RICA
(AMBOS SEXOS)

Tabla de 1865-67 (cuadro 1)

H. Pérez Brignoli: Tablas modelo de mortalidad en C. Rica

275

este hecho aparece confirmado en los registros de defunciones de todas las parroquias), por lo cual la tabla revelará una situación promedio de la mortalidad, pero con un nivel relativamente extremo.
La población enumerada en 1864 fue estimada al 30 de junio de
1866, y se procedió al cálculo de la tabla con el procedimiento que se
indica en seguida. En ese primer experimento se observó una relación
anormal entre la qo y la 4Q1 12. Una inspección de dicha relación en tablas correspondientes a niveles de mortalidad parecidos, confirmó enseguida esa presunción. Examinando las tablas modelo de CoaleDemeny y Ledermann, se escogió una corrección apropiada de la qo
original (1.678) de modo que la relación .qt!qo fuera igual a 0.95. Desde el punto de vista del ajuste de la información básica dicha corrección implica aceptar que las defunciones de los menores de un año tienen un subregistro mucho mayor que las defunciones de los otros grupos de edad13 •

Datos básicos
Cálculo de la tabla
La población por edades fue extraída del censo de 18649 • Las defunciones por edades fueron provistas por los curas de cada parroquia,
en informes correspondientes a los años de 1865, 1866 y 1867, según
lo requirió el director del censo Fernando Estreber, y publicadas como
anexos al censo de 18641º.

Ajustes
Las defunciones registradas fueron incrementadas en un 25%. Dicho
factor de omisión fue calculado utilizando un procedimiento diseñado
por Preston, Coale, Trussell y Weinstein 11 para corregir el subregistro de las defunciones de la población de 10 años y más. Para aplicarlo
se requieren las defunciones por edades, la población por edades enumerada en el censo, y una estimación de la tasa de crecimiento de la
población. Se efectuaron varias iteraciones, con diferentes tasas de crecimiento de la población (dentro de lo considerado plausible para el
caso en estudio), y tres hipótesis en cuanto a la estructura de edades
en la población total (población sin corregir, población corregida por
el método de las Naciones Unidas, población corregida mediante interpolación osculatriz).
Los resultados fueron siempre coherentes y se observaron muy pocas variaciones en torno al factor de 25% de omisión. Ello prueba tanto la calidad del valor estimado cuanto lo robusto del método propuesto
por Preston, Coale, Trussell y Weinstein. Debe notarse, por otra parte, que la mortalidad fue particularmente elevada en 1866 y 1867 (4 789
y 4 380 defunciones registradas, respectivamente, frente a 3 125 en 1865;

La qo fue estimada mediante el método de Greville14, haciendo uso de
las defunciones y los bautizos correspondientes a los años 1865, 1866
y 1867. El resto de las oqx de la tabla fueron calculados a partir de las
tasas específicas de mortalidad mediante el método de Reed y
Merrellis. Para evitar la influencia de la mala declaración en la edades (preferencias por ciertos dígitos) se calcularon las oq, para los grupos de edad de 1 a 4 años, de 5 a 9 años, y en forma decenal a partir
de los 10 años. Con ese primer conjunto de oq, se procedió al cálculo
de los supervivientes hasta la edad • (función h de la tabla de
mortalidad).
Enseguida se interpolaron valores de la h para los grupos quinquenales de edad, y se procedió a recalcular las oq,. Por último, se
efectuó un ajuste gráfico de las nq,. La tabla abreviada de mortalidad
fue calculada entonces con el paquete Pandero 16. Como opciones estandar, tanto en esta tabla como en las demás, se utilizaron las siguientes: a) un factor de separación de 0.3 y 1.24 para el cálculo de las Lo
y las 4L1, respectivamente; b) una estimación de la Lso+ mediante la
fórmula de Ortega1'.

Tabla de 1927 (cuadro 2)

Datos básicos
La población por edad fue tomada del censo de 192718. Las defunciones por edad del mismo año fueron extraídas de los Anuarios Estadís-

�276

Siglo XIX

ticos publicados por la Dirección General de Estadística y Censos. De

la misma fuente se tomaron los nacimientos y las defunciones por edad
correspondientes a los aíios 1921-1928.

Ajustes
Las tasas específicas de mortalidad fueron multiplicadas por 1.15. En
otros términos, fueron aumentadas en un 15 % . Dicho factor fue elegido con base en los siguientes argumentos: a) el censo de 1927 parece
tener una omisión no mucho mayor del 5% 19; b) los nacimientos de
ese período tienen una omisión aproximada del 5%, mientras que en
las defunciones el subregistro alcanza un 20%2(). Una prueba independiente de lo anterior fue proporcionada por el método de Brass para
estimar el subregistro en las defunciones a partir de la estructura por
edad de las muertes21, el cual produjo resultados equivalentes.

Cálculó de la tabla
Las qo, q1, q2, q3 y q4 fueron estimadas con el método de Greville22,
utilizando los nacimientos y las defunciones de los años 1921-1928. Enseguida se calcularon las tasas específicas de mortalidad y las oqx (Método de Reed y Merrell) pa.ta los restantes grupos de edad, de acuerdo
a la distribución por edad de las defunciones que aparece en los Anuarios Estadísticos: 5-14, 15-19, 20-29, 30-39, 40-49, 50-59, 60-69, 70-79
Y80 y más. Con ese primer conjunto de oqx se procedió a calcular las
respectivas lx, y luego por interpolación se obtuvieron los valores intermedios correspondientes a los grupos quinquenales de edad. Se recalcularon las nqx, y se procedió a su ajuste gráfico. La tabla fue calculada entonces con el paquete Pandero y las opciones ya indicadas
en el caso de la tabla de 1866.
Tablas de 1950, 1963 y 1973 (cuadros 3, 4 y 5)

En este caso se dispone de tablas oficiales, calculadas con base en las
defunciones por edad y la población censal. Los autores de dichas tablas efectuaron cuidadosas evaluaciones y correcciones de los datos originales. Para los fines de este trabajo no se consideró necesario revisar
esos cálculos 23 • El conjunto de oqx para ambos sexos fue extraído de
las tablas respectivas24• Enseguida se calcularon las tablas abreviadas
con el paquete Pandem y las opciones ya indicadas.
LAS TABLAS MODELO
Las cinco tablas de mortalidad muestran, como era esperable, un descenso gradual en la mortalidad. La medida más sintética de ese fenó-

H . P&amp;ez Brignoli: Tablas modelo de monalidad en C. Rica

2n

meno es proporcionada por la esperanza de vida al nacimiento (eo),
que pasa de 21.56 aftos en 1866 a 68.26 aftos en 1973. La función lx
es particularmente útil para analizar este fenómeno por edades. Con
esa finalidad se presenta en el gráfico 1. En 1866, la mitad de la generación (50 000) desaparecía antes de alcanzar los cinco aftos de edad;
en 1927, ello ocurría recién entre los 40 y 45 aftos. En 1950, ese momento solo se presentaba entre los 65 y los 70 aftos, y en las tablas de
1963 y 1973 todavía más wde, entre los 70 y los 75 aftos. En el mismo
gráfico puede observarse la existencia de cierta similaridad en la forma
de las curvas, y ese patrón común de variación puede también reconocerse en cualquiera de las otras funciones de las tablas de vida. En otros
términos, la mortalidad cambia de nivel a lo largo del tiempo, pero
se conservan ciertos rasgos comunes en el comportamiento del fenómeno por edad.
Esta característica peculiar de los cambios en la mortalidad se ha
observado en todas las poblaciones humanas para las cuales existen datos disponibles, y no resulta difícil en términos generales explicar por
qué se produce. Los cambios en la mortalidad tienen que ver con un
conjunto muy grande de factores entre los que se incluyen las enfermedades predominantes, las condiciones ecológicas y ambientales, las actividades económicas predominantes, aspectos socio-culturales y componentes genéticos y raciales. Aunque estos factores también se m~fican a lo largo del tiempo, su incidencia es permanente y se refleJa
en ese patrón específico de comportamiento de la mortalidad por edad.
La construcción de tablas modelo de mortalidad es posible, precisamente, por el hecho recién mencionado. Una tabla modelo representa, en consecuencia, una especie de promedio estadístico de diferentes
situaciones observadas empíricamente o, en términos más simples, una
representación de la forma de variación de la mortali~ por eda_d, desde
los niveles de mortalidad más altos, hasta los más baJos conocidos. La
utilidad de las tablas modelo queda, en todo caso, fuera de discusión:
permiten comparaciones, cálculos y estimaciones para situaciones intermedias entre dos tablas observadas, evaluación y corrección de datos de calidad sospechosa, estimaciones a partir de información incompleta, y muchas otras aplicaciones prácticas.

Existen dos métodos básicos para la construcción de tablas modelo. El primero puede llamarse "estadístico". El conjunto de tablas observadas es analizado con técnicas estadísticas que permiten agrupar
aquellas que presentan un comportamiento parecido. Cumplido este
primer paso se pueden elegir ciertos parámetros "de entrada" para generar las tablas modelo. Este método fue empleado para construir las
tablas modelo de las Naciones Unidas25 , el sistema de "tablas regio-

�278

Siglo XIX

n_ales" de Coale y Demeny2', y las tablas de Ledermann27, y más reC!entemente un nuevo conjunto elaborado por la División de Poblae1ón de las Naciones Unidas28•

Las tablas observadas en que se basan todos estos sistemas pertenecen sobre t&lt;&gt;:&lt;fo a la ;xperi~cia europea de la segunda mitad del si~o XIX Yel siglo XX . Urucamente en los sistemas más recientes se
mcl~yen como base tablas de las poblaciones del Tercer Mundo pero
cubn~ndo sólo una experiencia de mortalidad intermedia y baja. Así
por ej~mplo, en las nuevas tablas de las naciones Unidas el nivel de
mortalidad más alto elnpieza con una eo de 40 ailos.
En el primer sistema de tablas modelo de las Naciones Unidas el
P~ámetro_ de entrada utilizado fue la mortalidad infantil (qo). Ello
qwere decir qu~ ~ índice determina en forma unívoca el resto de las
nQ•, Ypor c?nsiguiente, el resto de la tabla. La extraordinaria rigidez
de esta opción llevó a construir otros sistemas.
. Co~e YDemeny observaron cuatro patrones regionales de mortalidad ~iferentes, después de analizar J92 tablas de vida diferentes. Introdujeron así _un ~nmer par~etro cualitativo: la región Norte, basad~ en el expenencia de los paises escandinavos (nueve tablas); ta región Este en la de Europa central y oriental (31 tablas)· la región Sur
e!l la de ~uropa m~terránea (22 tablas); y la región Ckste, una especie _de residuo que mcluye experiencias de Europa Occidental, Estados
Urudos, ~adá, Australia, Nueva Zelandia, Japón, Taiwan, Sud Afri~ (población blanca) e Israel (130 tablas). Una vez seleccionada la región, el parám~tro de entrada en las tablas de Coale y Demeny es la
esperanza de vtda a los 10 ailos (e,o).

H. P&amp;ez Brignoli: Tablas modelo de mortalidad en C. Rica

diferentes. En conjunto, el sistema es mucho más flexible aunque también más complicado de manejar. Provee varias "redes" o sistemas
de tablas modelo con un parámetro de entrada: eo, sqo, ,qo, ,sqo, 20Q30,
20Q•s y mso+ (tasa de mortalidad para la población de 50 años y más),
y tres redes con dos parámetros de entrada.

Las nuevas tablas de las Naciones Unidas se basan en 72 tablas
que cubren una experiencia de mortalidad reciente en países subdesarrollados de América Latina, Asia y Africa. El sistema incluye cuatro
patrones regionales diferentes (identificados mediante "cluster analysis"): latinoamericano, chileno asiático sudoriental y asiático oriental, mientras que un quinto patrón "general" resulta de la combinación de los cuatro primeros.
W. Brass30 desarrolló el segundo método para la construcción de
tablas.Jllodelo. El procedimiento puede denominarse "relacional". La
idea básica es que una tabla de mortalidad puede expresarse, previa
transformación adecuada, como una función lineal de otra tabla igualmente transformada, que puede llamarse "tabla estandar". La función logito aplicada a las h cumple bien con esos requisitos y constituye la base del sistema de Brass. Dos aspectos requieren aclaración:
la elección de la tabla estandar y el significado de los parámetros. Brass
mismo calculó una tabla estandar general, y otra especial aplicable a
las poblaciones africanas. El sistema permite, por otra parte, escoger
cualquier estandar que se considere conveniente. Flexibilidad en este
sentido, es uno de los rasgos más notorios del sistema de Brass. Los
parámetros especifican la relación entre la tabla estándar y la tabla observada según la ecuación:

Yx =A+ B Yu
La región Oeste, basa~a en un número apreciable de tablas, repre-

senta un patrón de mortalidad que puede considerarse como "estandar" (en 1~ prácti~ muy similar al presentado en las tablas modelo
de las Nac!ones Umdas). ~ demás regiones representan experiencias
~ás espec1ficas, que se desvian de dicho patrón "estandar". Así por
eje_mplo, el modelo Norte se caracteriza por una mortalidad infantil
baja, un~ mortalidad juvenil relativamente alta, y tasas de mortalidad
por debajo del promedio para los mayores de 50 ailos. El modelo Este
ofrece un patrón con alta mortalidad infantil y en la población de más
de 50 ailos. El modelo Sur, en cambio, presenta una elevada mortalidad en los niños menores de cinco ailos, baja mortalidad en los adultos (entre 40 y 60 años) y elevada en los mayores de 65 años.
El sistema de Ledermann parte de un conjunto de tablas (154 en
total) similar al utilizado por Coale y Demeny, pero utiliza parámetros

279

donde Y.

= logito de h (tabla
observada)

Yu

= logito de h (tabla
estandar)

El valor de A está asociado con el nivel general de la mortalidad, mientras que B representa la estructura por edad de la mortalidad en ~el~ción con la tabla estandar. Cuando B = 1 ambas estructuras comciden, mientras que cuando B es mayor o menor que la unidad dichas
estructuras divergen.
El sistema de Brass es sencillo y flexible, en muchos casos no es
fácil lograr un buen ajuste a los datos observados. Una posible s~lución consiste en aumentar el número de parámetros, lo cual ha sido
31
efectuado por Ewbanks, Gómez de León y Stoto • Se estiman entonces dos parámetros adicionales, a los ya mencionados: K que mide la

�280

Siglo XIX
H. Pérez Brignoli: Tablas modelo de mortalidad en C. Rica

mortalidad en los menores de 15 años y L que hace lo propio con los
mayores de 65 años.
ELECCION DE UNA TABLA MODELO
Las cinco tablas de mortalidad de Costa Rica recién presentadas cu~ren un ~p~o espectro de variaciones en la mortalidad y más de un
stgl? ~e histo~a de la población. Las tablas fueron calculadas con procedimi~ntos directos, para los año~ en que había datos disponibles. Aunque extsten otros dos censos nactonales, en 1883 y 189232, no se dispone para esos años de una estadística de mortalidad adecuada. Los
pocos datos disponibles exigen ajustes demasiado drásticos como para
otorgar a tablas así calculadas el mismo grado de confiabilidad que
a las que acabamos de presentar.
Para los años 1900, 1910 y 1920 disponemos de datos sobre la mortaµ?~3d mucho más confiables, extraídos del archivo del Registro
Civil . Pero esos años están demasiado alejados de los censos con lo
cual la estimación de la población total en cada grupo de edad ;e toma
problemática.
No hay medio directo pues, para llenar con alguna tabla de mortalidad los 6 l años que transcurren entre 1866 y 19'27. Afortunadamente,
entre 1927 y 1973 el espaciamiento de las tablas es relativamente adecuado. Las tablas modelo pueden ofrecer una buena solución a la situació~ presentada. Una vez identificado el sistema que mejor se ajusta
a las cmco tablas observadas se podrán efectuar estimaciones indirectas, utiliz.ando la información fragmentaria disponible para el período
1866-1927.
La elección de un sistema de tablas modelo presenta cierta comP!ej~dad. Prestaremos particular atención, en lo que sigue, a los procedimientos de comparación y a las opciones y supuestos implícitos. El
ejer~icio tiene valor, por otro lado, como test sobre la aplicabilidad
de diferentes tablas modelo en Ja demografía histórica latinoamericana. Utilizaremos las tablas de Coale-Demeny y Ledermann el sistema
logito de Brass y la reciente extensión de este sistema a 4 ;arámetros
efectuada por Ewbank, Gómez de León y Stoto. Se excluyen las nuevas tablas modelo de las Naciones Unidas debido a que cubren una experiencia de mortalidad más limitada.

Las tablas de Coale-Demeny y Ledermann
La comparación básica es sencilla. Para cada una de las tablas observadas (1866, 1927, 1950, 1963 y 1973) se selecciona una tabla modelo,

281

según las opciones ofrecidas por los diferentes sistem~. En el caso de
Coale y Demeny se escogió una tabla para cada región con una eo
igual a la de la tabla observada34• En el caso de Lederm~, ~uego _d_e
varias pruebas, se resolvió trabajar con la Red 1, lo que ~plica utilizar dos parámetros de entrada, la sqo y la 20Q4s. Se o_btuv1eron así 20
tablas del sistema de Coale y Demeny y 5 tablas del stStema de Ledermann. La comparación se efectuó sobre la función nqx, _un índice particularmente sensible ya que no tiene, como otras func1o?es de la tabla un carácter acumulado. El análisis gráfico de la relactón Rx35 permitió examinar las variaciones en el ajuste para_ cada _edad (gráfi~s
2.1, 2.2, 2.3, 2.4, 3.1 y 3.2), mientras que la cons1derac1ón de las diferencias entre las nqx de cada tabla observada y oqxm de cada tabla modelo (cuadro 6), nos provee de una medida resumen para escoger el
mejor ajuste.
Ambas comparaciones conducen al mismo resultado: el sistema de
Ledermann parece más apropiado que las tablas modelo de Co~e Y
Demeny. En este último caso, las v~aciones son bastante_ errá~tcas'.
y no hay coherencia en cuanto a la re81:ón que produce el meJor aJ~te.
en 1927 la diferencia mínima es ofrectda por el modelo Norte, mtentras que en 1866 y 1950 ocurre lo propio con el Oeste; el modelo Norte
vuelve a ser la mejor opción en 1963 y 1973.
Aunque el sistema de Ledermann prod~ce los mejor~ ajust~ (cuadro 6), los gráficos (3.1 y 3.2) revelan también que hay ciertas.diferencias sistemáticas entre aproximadamente los 10 y los 35 años. en esas
edades las nqx del sistema de Ledermann son invariablement~ más el~
vadas que en las tablas de Costa Rica. El carácter sistemá!1~0 de dichas diferencias permite pensar que se trata de ~na caractenst1ca específica atinente al comportamiento de la 1:llorta~dª?• Y n~ ~ errores en
los datos. Esto requiere, en todo caso, mvest1gac1ón adicional.

El sistema de Brass
Las primeras aplicaciones del sistema de Brass se efectuaron recurriendo a diferentes tablas estandar: las dos tablas propuestas por B~ass (estandar general y estandar afroasiático); una tabla correspondie~te al
modelo Oeste con eo = 39 años; la tabla de 1927, Y un pron_iedio de
las Ix en las cinco tablas de Costa Rica. Aunque las esttma~1ones _de
los parámetros A y B variaron un poco, ~o se obser:varo~ d1ferenc1as
significativas en la escala de dichas variaciones; la dispersión_ fue muy
parecida en todos los casos y lo mismo ocurrió con la relac1ó~ entre
el valor de los parámetros. Con base en estos resultados se resolvtó continuar el trabajo utilizando como estandar la tabla de 1927. Los parámetros así estimados se presentan en el cuadro 736•

�282

Siglo XIX

Los ajustes son satisfactorios, y los cambios en el parámetro A (nivel general de la_mortali~ad) corresponden a lo esperado. Pero el par~etro B también ~uctua: es mayor que 1 en 1866, iguala casi a la
~~ad.en 1950! descie~de en 1963, y vuelve a la unidad en 1973. La
utiliz.ación práctica del slStema de Brass implica pues una decisión acerca
del valor.que puede asumir el parámetro B. Las opciones son dos. La
más sencilla consiste en considerar B = 1, despreciando las mencionadas fluctuaciones, lo cual equivale a suponer que la forma de la curva
d_e 1~ L. &lt;:5 siempre similar a la de la tabla estandar. La segunda op.
C1Ón llDplica aceptar variaciones de B. Lo primero es muy simple pero
también ?3~Y drástico. Sus resultados pueden verse en el cuadro 6: las
tablas as1 aJustadas no son mejores que los modelos de Coale-Demeny
o de Ledermann.
Aceptar variaciones en B implica también alguna hipótesis plausib!e acerca de su .c&lt;:&gt;mportamiento a lo largo del tiempo, cuando se modifican las condic1on~ generales de l~ mortalidad. Si no existe un patrón general de cambios en B, es obvio que el uso práctico del sistema
logito se toma limitado. Para investigar el posible patrón de variaciones d~ los parámetro_s del sistema de Brass se efectuaron dos aplicaciones diferentes. La pnmera, a las tablas de mortalidad femenina de Suecia YFrancia. La segunda a las tablas modelo de Coale y Demeny. Los
resultados de la primera aplicación se muestran en el cuadro 8. Los
datos de Suecia y Francia, aparte de ser de indudable calidad cubren
un amplio espectro en la evolución de la mortalidad. Las variaciones
de A son monotónicas, y a_umentan en forma regular a medida que se
produce el descenso en el ruvel general de la mortalidad. Pero los cambios en B son irregulares, y más amplios en la experiencia sueca que
en la francesa. La segunda aplicación (cuadro 9), mostró, como era
de esperar, resultados mucho más regulares. Tomando como tabla estandar la del nivel 9, en el modelo Sur, el parámetro A se comportó
de acue~do a lo esperado, mientras que B presentó cambios monotónicos crecientes, alcanzando un valor de 1 justamente alrededor del nivel
9. Con resultados tan divergentes es difícil la construcción de una hipótesis plausible acerca de cuáles podrían ser las variaciones de B en
un caso como el de Costa Rica.
. Otra JX?Sibili~ad es la de usar la extensión a cuatro parámetros del
S1Stema logito recientemente propuesta por Ewbank Gómez de León
YStoto. Dichos autores argumentan que, con cuat;o parámetros es
posible, un ajuste virtualmente perfecto entre la tabla estandar y 1a'ta~la ob~ervada. Pero en ~a segunda etapa de cualquier aplicación práctica es llD~rtante también que los mencionados cuatro parámetros puedan_ reducrrse a por lo menos dos. De otro modo, la cantidad de tablas
posibles, entre por ejemplo dos situaciones observadas, es tan enorme

H. Pérez Brignoli: Tablas modelo de mortalidad en C. Rica

283

como inmanejable. Los resultados de la aplicación y el valor de los
parámetros estimados con este procedimiento se muestran en el cuadro 9. Lamentablemente, el patrón de cambio en los parámetros es errático, y no resulta posible una reducción a dos parámetros.

Discusión
Podemos evaluar ahora las ventajas y desventajas de cada uno de los
modelos presentados. El principal problema en las tablas de Coale y
Demeny parece provenir del hecho de que se basan en experiencias de
mortalidad algo diferentes de las de países latinoamericanos37• Aunque el sistema de Ledermann fue construido con una base similar, la
posibilidad de entrar con dos parámetros permite un ajuste a los datos
óbservados de mejor calidad. El sistema logito presenta dificultades
más serias. Las variaciones en el parámetro B resultan difíciles de interpretar y prácticamente imposibles de estimar a partir de información empírica indirecta o incompleta. Esas variaciones parecen ser, por
otra parte, independientes de la tabla estandar que se esté utilizando38•
La extensión del sistema a cuatro parámetros no provee, aparantemente,
una solución a este problema, sino más vale complicaciones adicionales. Por todo esto no parece que el sistema lo~to pueda reempl~
con ventaja las tablas modelo elaboradas a partrr de métodos estad1st1cos. Continua siendo, en cambio, un instrumento precioso por su flexibilidad y sencillez para la comparación y el ajuste de datos.
TABLAS MODELO PARA COSTA RICA
La identificación de un conjunto de tablas modelo de mortalidad de
aplicación aceptable al caso de Costa Rica puede ef~u~se a ~artir
de la red 1 del sistema de Ledermann. Nótese que la pnnc1pal discordancia encontrada con las tablas de Costa Rica sólo afectaba las edades comprendidas entre, aproximadamente, los ~O y 35 lm:os. _Aun~~e
podría efectuarse un ajuste para controlar esa discrepancia ststemat1ca ello afectará relativamente poco el conjunto de cada tabla ya que,
co~o es sabido, la fuerza de la mortalidad es baja en esas edades.
El uso práctico de la red 1 de Ledermann implica empero solucionar todavía otro aspecto. Es necesario encontrar una relación entre los
dos parámetros de entrada a las tablas, esto es la sqo y la 20Q4s. En las
tablas de Costa Rica 39 dichos valores se comportan de acuerdo a relaciones aproximadamente lineales, tal como puede verse en el grá~co
4. Cuando la mortalidad desciende y se observan esperanzas de vida
al nacimiento mayores de 55 años (tablas de 1950, 1963 y 1973), la relación sigue siendo aproximadamente lineal J&gt;t:ro la pendiente_ de la rect_a
se modifica. Por eso se calcularon dos ecuaciones de regresión: la pn-

�284

Siglo XIX
H. Pérez Brignoli: Tablas modelo de mortalidad en C. Rica

mera para el período 1866-1950 (esperanzas de vida al nacimiento entre 20 y 55 años) y la segunda para el período posterior a 1950 (esperanzas de vida al nacimiento superiores a los cincuenta y cinco años):

período 1866-1950
20Q◄s

= 0.20417 +

0.632282 sqo

cr2

= o.9966) u1

período 1950-1973
20Q◄s

= 0.092476 + 1.255634 sqo

cr2 = o.895) r21

Ello permite, enseguida, una estimación de las combinaciones relevantes de los dos parámetros, y el cálculo, utilizando las ecuaciones de regresión provistas por Ledermann-40,de las nqx correspondientes a cada
nivel de mortalidad. Ello se presenta en el cuadro 11; como anexo se
facilita un programa de computación que calcula las nqx y genera la
tabla de mortalidad respectiva.
En los gráficos 5.1 y 5.2 se presentan dos comparaciones de las
tablas modelo de Costa Rica con el sistema de Coale y Demeny. Las
diferencias son sobre todo notorias en las nqx a partir de los 20 años
de edad. En el nivel 5 -una situación de alta mortalidad-, la tabla
de Costa Rica se aproxima al modelo Sur y diverge del Oeste, al menos
entre los 20 y los 60 años, y después de esta última edad se separa de
ambos. En el nivel 13 -representativo de una mortalidad mucho más
baja-, los tres modelos difieren mucho menos, pero el costarricense
se parece más a la región Oeste que a la región Sur.
En lo cuadros 12 y 13 se presentan dos ejemplos de utilización del
sistema. Para el período 1919-1921 es posible calcular, mediante el método de Greville, las nqx desde O hasta cinco años. En 1910 la información sólo permite calcular la qo. Con ambos datos como criterios
de entrada, es posible calcular las respectivas tablas de mortalidad. En
el primer caso, al disponerse de la sqo, la entrada en el sistema es directa por medio de la ecuación [I]. En el segundo, es necesario efectuar varias iteraciones, con diferentes valores de sqo y la misma ecuación [l), hasta que se encuentra una tabla de mortalidad con una qo
igual a la observada en 19l O. El programa provisto induye la ecuación
[l] en la instrucción 190, por lo cual el cálculo de las tablas se puede
lograr con un mínimo de operaciones.

285

CONCLUSIONES
Podemos enumerar ahora las principales conclusiones de este estudio:
1) las cinco tablas de mortalidad presentadas cubren un ~plio.~pectro de variaciones del fenómeno, y presentan una coherencia numma como para que sea plausible la entrada en algún sistema de tablas
modelo;
2) de los diferentes sistemas examinados (Coale-Demeny, Ledermann, Brass y Ewban.k-Stoto-Gómez de León) el de Ledermann (red
1) produce un ajuste más coherente y próximo a las tablas observadas;
3) hay amplia evidencia, -y la comparación de las t~blas costarricences con los diferentes sistemas de tablas modelo constituye una confirmación adicional-, de que existen uno o varios patrones "latinoamericanos" de mortalidad.
En lo que hace a este último punto hay que decir que se necesita
mucha investigación adicional. Las nuevas tablas modelo de las Naciones Unidas constituyen apenas un primer esfuerzo en esa
dirección41 • En demografía histórica necesitamos, ade más,tablas que
cubran apropiadamente situaciones de alta mortalidad, y en est_e sentido hay que decir que todos los sistemas de tablas modelo extstentes
tienen profundas limitaciones.

NOTAS

l. Ver Barclay, George W. Techniques of Population Analysis. New York, John ".Viley, 1958; Shryock, Henry S., Jacob S. Siegel, et al, Tbe M~ocI_s and Matenal~
ofDemograpby, 2 vols. Washington, D.C., U.S. Govemment Prin~g (?ffice, 1970,
Pressat, Roland. El análsis demográfico, Métodos, resultados, aplicaaones. Trad.
A. Joubet. México, F.C.E. 1967; Pressat, Roland. TheDictionaryo~Demograpby.
Edited by Christopher Wtlson. Oxford, BI~ckwell Reference, _1985; S~1egelman, Mortimer. Introduction to Demography. Chicago, Toe Actuanan Society, 1955.
2. Preston, S.N. Keyfitz and Robert Schoen. Caus~ of Deatb. Life Tables for National Populations. New York and London, Semmar Press, 1972.
3. Haines, Michael R. "The use of model life tables to estimate mortality for the United States in the late nineteenth century". Demograpby 16 (2), 1978, pp. 289-312.

4. Ver Shryock et al., op cit.; Pressat, El análisis demográfico, pp. 137-143; Ortega,
Antonio. Tablas de mortalidad, San José, CELADE, 1982.

�288

Siglo XIX

H. Pérez Brignoli: Tablas modelo de mortalidad en C. Rica
34. El único parámetro de entrada que produce estimaciones insesgadas en el sistema
de Coale y Demeny, es la e10. Pero en las aplicaciones prácticas esto raramente se
respeta. En nuestro caso, no hubo prácticamente diferencias en cuanto a la tabla
escogida, entrando con la eo o la e10.
35. q, (tabla observada)/ qm. (tabla modelo).
e

36. En esta aplicación, al igual que en la que extiende el sistema de Brass a cuatro parámetros, se utilizó la transformación logito según la fórmula que se muestra en el
cuadro 3.7. También es de uso habitual la fórmula logito J. = 1/2 la ((1 - l.)/ !.J.
En este caso se modifica el signo del parámetro A.
37. No está de más notar que Coale y Demeny excluyeron las tablas latinoamericanas
porque su comportamiento difería considerablemente del de las tablas europeas más
confiables. Ver Coale y Demeny, op. cit. p. 12. Como lo muestran las nuevas Tablas Modelo de las Naciones Unidas, existen patrones específicos de mortalidad en
las poblaciones latinoamericanas.
38. AJ cambiarse la estandar se modifican obviamente, los valores del parámetro B. Pero sus variaciones peananecen más o menos constantes, como si al utilizarse otra
estandar se produjera apenas un cambio de escala.
39. Se efectuó también un estudio de las variaciones de OQ5 y 20Q•5 en las tablas del modelo Oeste de Coale y Demeny. La relación observada fue también lineal, con una
pendiente similar a la calculada para el caso de Costa Rica.

40. Véase, Ledermann, Sully. op. cit. pp. 73-76.
41. Vale la pena también mencionar el trabajo de grado de Ramiro Coa Clemente, Tablas modelo de mortalidad para América Latina, CELADE, Programa de Maestría
en Demografía 1985-86 (inédito), que desarrolla y mejora dichas tablas; y un intento pionero en Brasil: Frías, Luiz A. Medeiros y Paulo Rodríguez, "Brasil: Tábuas
Modelo de Mortalidade et Popula~oes Estáveis", Anais.Segundo Encontro Nacional Estudos Populacionais. ABEP, Sao Paulo. 1981, vol. l.

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289

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CUADR02

~-

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o

COSTA RICA, 1927. TABLA DE MORTALIDAD PARA AMBOS SEXOS

Edad

o
1
5
10
15

20
25

30
35
40
45
50
55

60
65

70
75
80

nmx

0.22726
0.03465
0.00766
0.00407
0.00513
0.00693
0.00874
0.01058
0.01251
0.01456
0.01678
0.02027
0.02684
0.03845
0.05777
0.08446
0.12229
0.20240

0.19607
0.12649
0.03760
0.02014
0.02534
0.03408
0.04275
0.05155
0.06065

0.07025
0.08053
0.09647
0.12576
0.17539
0.25238
0.34868
0.46829

1.00000

~

,.

nQx

100 000
80 393
70224
67 584
66 223
64 544
62 345
59 680
56 603
53 170
49 435
45 454
41 069
35 904
29 607
22 135
14 417
7 666

&gt;&lt;

ndx

nlx

T.

e.

nP.,•••

19 607
10 169
2 640
1 361
1 678
2 200
2 665
3 076
3 433
3 735
3 981
4 385
5 165
6 297

86 275
293 506
344 519
334 516
326 917
3 17 223
305 061
290 707
274 433
265 512
237 222
216 307
192 433
163 778
129 354
91 379
55 206
37 873

3 953 220
3 866 945
3 573 439
3 228 919
2 894 404
2 567 486
2 250 263
1 945 202
1 654 496
1 380 063
1 123 551
886 329
670 022
477 589
313 811
184 457
93 079
37 873

Pb:
39.53
48.10
50.89
47.78
43.71
39.78
36.09
32.59
29.23
25.96
22.73
19.50
16.31
13.30
10.60
8.33
6.46
4.94
wP,,;

0.75956
0.90715

1472

7 718
6 751
7 666

0.97096
0.97729
0.97035
0.96166
0 .95295
0.94402
0.93470
0.92480
0.91183
0.88963
0.85109
0.78982
0.70642
0.60414
0.40689

CUADRO 3
COSTA RICA, 1949-51. TABLA DE MORTALIDAD PARA AMBOS SEXOS

Edad

.m.

nQx

lx

o

0.10414
0.01574
0.00274
0.00136
0.00193
0.00315
0.00375
0.00453
0.00565
0.00688
0.00929
0.01272
0.01964
0.02822
0.04182
0.06609
0.09988
0.17749

0.09706
0.06034
0.01361
0.00677
0.00960
0.01563
0.01858
0.02239
0.02784
0.03383
0.04538
0.06162
0.09360
0.13178
0.18929
0.28358
0.39961
1.00000

100 000
90 294
84 846
83 691
83 124
82 326
81 040
79 534
77 753
75 588
73 031
69 717
65 421
59 298
51 483
41 738
29 902
17 953

1
5
10
15
20
25
30
35
40
45
50
55

60
65
70
75
80

ndx
9 706
5 448
1 155
567
798
1 287
l 506
1 781
2 165
2 557
3 314
4 296
6 123
7 814
9 745
11 836
11 949
17 953

nlx
93 206
346 139
421 341
417 038
413 627
408 415
401 434
393 217
383 354
371 549
356 871
337 846
311 797
276 953
233 054
179 101
119637
101 147

T.
5 565 725

5 472 519
5 126 381
4 705 039
4 288 001
3 874 374
3 465 960
3 064 526
2 671 309
2 287 955
1 916 406
1 559 535
1 221 689
909 892
632 939
399 885
220 784
101 147

ex

nPx,x+•

Pb:
55.66
60.61
60.42
56.22
51.59
47.06
42.77
38.53
34.36
30.27
26.24
22.37
18.67
15.34
12.29
9.58
7.38
5.63
wP1s:

0.87869
0.95902
0.98979
0.99182
0.98740
0.98291
0.97953
0.97492
0.96921
0.96049
0.94669
0.92290
0.88825
0.84149
0.76849
0.66799
0.45813

Fuente: Dirección General de Estadística y Censos, Tablas de Vida de Costa Rica, 1949-51 (San José, 1957).

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CUADR04

~

COSTA RICA, 1962-64. TABLA DE MORTALIDAD PARA AMBOS SEXOS

.m.

Edad

o
l
5
10
15
20
25
30
35
40
45
50
55
60
65
70
15
80

0.08502
0.00795
0.00154
0.00083
0.00115
0.00163
0.00202
0.00252
0.00313
0.004) 7
0.00571
0.00802
0.01263
0.02004
0.03237
0 .05136
0.07530
0.15658

.q.
0.08024
0.03113
0.00765
0 .004)5
0.00573
0.00810
0.01004
0.01253
0.01554
0.02063
0.02815
0 .03933
0.06122
0 .09543
0.14972
0 .22759
0.31685
1.00000

l•

.el.

.L.

T,

e.

100 000
91 976
89 113
88 431
88 064
87 559
86 850
85 978
84 901
83 582
81 857
19 553
76 424
71 746
64 899
55 182
42 623
29 118

8 024
2 863
682
367
505
709
872
1 077
1 319
1 724
2 304
3 129
4 679
6 847
9 717
12 559
13 505
29 118

94 383
360 002
443 860
441 238
439 059
436 024
432 071
427 198
421 206
413 597
403 526
389 943
370 424
341 611
300 203
244 514
179 353
185 964

6 324 177
6 229 794
5 869 793
5 425 933
4 984 695
4 545 636
4 109 612
3 677 540
3 250 342
2 829 136
2 415 539
2 012 013
1 622 069
1 251 645
910 034
609 832
365 318
185 964

Pb:
63.24
67.73
65.87
61.36
56.60
51.91
47.32
42.77
38.28
33.85
29.51
25.29
21.22
11.45
14.02
11.05
8.57
6.39
.,p,,:

~
o

~

.,.....
0.90877
0.97684
0.99409
0.99506
0.99309
0.99093
0.98872
0.98597
0.98193
0.97565
0.96634
0.94994
0.92222
0.87879
0.81450
0.73351
0 .50905

Fuente: Romero et. al. Tablas de Vida de Costa Rica. 1962-64 (San José, 1967).

is.:- ----------CUADRO 5
COSTA RICA, 1971-1974. TABLA DE MORTALIDAD PARA AMBOS SEXOS

Edad

o
1

s
10
IS
20
25
30
35
40
45

so

SS
60
65
70
75
80

.m.

.q.

,.

.d,,

.L.

T,

e.

nP-....

0.05130
0.00324
0.00079
0.00059
0.00103
0.00144
0 .00154
0.00200
0.00263
0 .00351
0.00485
0 .00703
0.01069
0.01732
0.02865
0.04633
0.07120
0. 14830

0.04952
0.01283
0.00396
0.00293
0.00512
0.00716
0.00768
0.00993
0.01304
0.01738
0.02398
0.03453
0.05208
0.08300
0.13367
0.20761
0.30222
1.00000

100 000
95 048
93 829
93 451
93 183
92 706
92 042
91 335
90 428
89 249
87 698
85 595
82 639
78 336
71 834
62 232
49 312
34 409

4 952
1 219
372
274
477
664
707
907
1 179
1 551
2 103
2 956
4 304
6 502
9 602
12 920
14 903
34 409

96 534
376 826
468 214
466 600
464 723
461 871
458 444
454 410
449 194
442 368
433 233
420 587
402 438
375 423
335 164
278 859
209 302
232 024

6 826 213
6 729 680
6 352 853
5 884 640
S 418 039
4 953 316
4 491 445
4 033 001
3 578 591
3 129 397
2 687 029
2 253 796
1 833 209
1 430 772
1 055 348
720 184
441 325
232 024

Pb:
68.26
70.80
67.71
62.97
58.14
53.43
48.80
44.16
39.57
35.06
30.64
26.33
22.18
18.26
14.69
11.57
8.95
6.74
wPn:

0.94672
0.98913

Fuente: DGEC/ CELADE. Tablas de Vida de Costa Rica, 1972-74 (San José, 1976).

0.99655
0.99598
0.99386
0.99258
0 .99120
0.98852
0.98480
0 .91935
0.97081
0.95685
0.93287
0.89276
0.83201
0.75056

:l::

l

~

ig,
.,

;;;i
O'

f

l"
~

a

1
t

a
0.52514

!')

~
~

�294

Siglo XIX

H. Pérez Brignoli: Tablas modelo de monalidad en C. Rica

295

Sigue cuadro 6
CUADR06

COMPARACION DE LAS TABLAS DE MORTALIDAD DE COSTA RICA
CON LAS TABLAS MODELO DE LEDERMANN Y COALE-DEMENY
Y EL SISTEMA LOGITO DE BRASS

modelo

Diferencias entre las probabiDdades de muerte
de cada ubla con respeao .1 las talas modelo

SUffl.11

de las diferencbs
.JI Cll.1CIDdo

diferenm
cmdlida media

Tabla de 1963

modelo

SUN

de las diferend.Js
.11 cmchdo

clfef'ell(U

audmla medi.1

Tabla de 1866

Ledermann
Oeste
Norte
Este
Sur
Brass

0.002179
0.055227
0.065765
0.062852
0.074642
0.017842

0.000128
0.003249
0.003869
0.003697
0.004391
0.001049

Tabla de 1927

Ledermann
Oeste
Norte
Este
Sur

Brass

0.000488
0.002438
0.002058
0.005641
0.007167

o

0.0000287
0.0001434
0.0001210
0.0003318
0.0004216

o

Tabla de 1950

Ledermann
Oeste
Norte
Este
Sur
Brass

0.000540
O.000623
0.003340
0.001920
0.002321
0.000934

O.00003 18
0.0000366
0.0001960
0.0001132
0.0001365
O.0000549

Ledermann
Oeste
Norte
Este
Sur
Brass

0.0011910
0.0052500
0.0014200
0.0073880
0.0027700
0.0041580

0.0000700
0.0003087
O.0000835
0.0004350
0.0001630
0.0002445

Tabla de 1973

Ledermann
Oeste
Norte
Este
Sur
Brass

0.0005926
0.0031850
0.0008298
0.0042610
0.0017320
0.0020710

0.0000348
0.0001874
0.0000488
0.0002500
0.0001019
0.0001218

Este Sur corresponden a las cuatro familias de las tablas
Nota: Oeste, Nalorte,D Y En el caso de Ledermann se utilizó la red 1 (dos
modelo de Co e Y emeny ·
parámetros: sqo Y lOQ•s).

�296

Siglo XIX

H. Pérez Brignoli: Tablas modelo de mortalidad en C. Rica

297

CUADRO 7
CUADROS
PARAMETROS DEL SISTEMA DE B
(TABLA ESTANDAR: COSTA RICA,~;~

Tabla de
mortalidad

A

B

PARAMETROS DEL SISTEMA DE BRASS
TABLAS DE MORTALIDAD FEMENINA (SUECIA Y FRANCIA)

Error
estandar
de la

esdmad6n
1866
1950
1963
1973

0.47416
0.47638
0.71516
0.95734

1.11898
0.99353
0.92593
1.05646

0.00965
0.02255
0.03563
0.02953

~ota: Lo~it? !. = 1/2 l.(lx/(1 _ l.)J
proceduruento puede resumirse como si .
en_ las tablas de mortalidad (incluida I
gue. a) se ~culan los logitos de l.
raiz de cada tabla debe ser igual a 1 . a que se va a ut1hzar como estandar, la
zando como variable independiente{~b)I se.calculan regresiones lineales, utiliY como variable dependiente los logitis
de l. de la tabla estandar (Yu),
rbla obtenemos una ecuación de regresió den! ~da tabla (Y,); c) para cada
os valores de Y. estimados con cada
n_ e ~ orma: Y,= A+ B (Yu); d)
versión a valores de lx) para el cálcul ec;ac1ón, sirven de base (previa recono e las tablas modelo del sistema.

~:ts

Suecia *
Año

1758-63
1801
1821
1841
1881
1901
1921
1941
1967

Francia +

A

B

Año

A

B

-0.2900
-0.2799
-0.0856
-0.0202
0.1526
0.3208
0.5407
0.9107
1.3100

1.04
• 1.17
1.11
1.01
0.92
0.98
1.12
1.34
1.48

1700-70
1805-07
1825-27
1845-47
1885-87
1905-07
1925-27
1947-50
1967

-0.4147
-0.1386
-0.0945
-0.0132
0.0557
0.1909
0.5407
0.5939
1.1314

1.16
1.05
0.987
1.04
0'.99
1.13
1.12
1.14
1.23

• Se usó como estandar la tabla sueca de 1861. La tabla de 1758-63 es la de
Wargentin recalculada por Dupaquier. Las del período 1801-1941 aparecen
reproducidas en el artículo de Brass, "Sobre la Escala de la Mortalidad"
(Ver Brass, Métodos para estimar... , pp. 135-180). La tabla de 1967 aparece
en Keyfitz y Fliegert. Demografía. Métodos estadísticos. Buenos Aires, Marymar, 1979.

+ Se usó como estandar la tabla francesa de 1871-72. Todas las tablas fueron
extraídas, a excepción de la de 1967, de Bourgeois-Pichat, J. ''The General
Development of the Population of France since the Eighteenth Century",
in Population in History, Essays in Historical Demography edited by D. V.
Glass y D.E.C. Eversley, Chicago, Aldine Publishing Co., 1965, pp. 474-506.
La tabla de 1967 proviene de Keyfitz y Fliegert, op. cit..

�298

Siglo XIX

H. Pérez Brignoli: Tablas modelo de mortalidad en C. Rica

CUADRO 10

CUADR09

PARAMETROS DEL SISTEMA DE EWBANK,
GOMEZ DE LEON Y STOTO
(SISTEMA LOGITO CON CUATRO PARAMETROS)

PARAMETROS DEL SISTEMA DE BRASS
TABLAS DE MORTALIDAD FEMENINA
MODELO SUR. DE COALE y DEMENY'

eo
25.00
30.00
35.00
40.00
45.00
50.00
55.00

A
0.4622
0.2932
0.1416

o

-0.1360
-0.2741
-0.4167

299

B
1.2719
1.1537
1.0660

1.0000
0.9539
0.9196
0.8934

Tabla de
mortalidad
1866
1927
1950
1963
1973

A

B

k

-0.5942
-0.1049
0.4033
0.6673
0.8737

1.1340
0.9151
0.9544
0.8669
1.0616

0.1387
-0.0547
-0.3581
-0.5222
-0.4776

-0.2238
-0.0434
0.0840
0.1934
0.0180

Nota: Tabla estandar: modelo sur, nivel 9 (eo=40.00)
Nota: Los parámetros fueron calculados con el procedimiento iterativo descrito en Ewbank, D.C., J.C. Gómezde León y M.A. Stoto, "A Reducible FourParameter System of Model Life Tables". Population Studies, 37,1985, pp.
105-127, haciendo uso de la estandar general de Brass modificada. De acuerdo
a dichos autores los cuatro parámetros tienen el siguiente significado: A =
mide el nivel general de mortalidad; B = mide la forma general de la función
h, o, en otros términos, la mortalidad alrededor de los 50 años; k = mide la
mortalidad entre los 2 y los 35 años (pero sobre todo la mortalidad infantil
y juvenil); 1 = mide la mortalidad de los ancianos (compara la mortalidad de
70-74 años con la de 60-64 años).

�300

Siglo X])(
H. Pérez Brignoli: Tablas modelo de mortalidad en C. Rica

CUADRO 11

Sigue cuadro 11

TABLAS MODELO DE MORTALIDAD
(AMBOS SEXOS) PRO
PARA COSTA RICA
BABILIDADES
(RED I DE LEDERMANN)
DE MUERTE (.q,)

Niveles
Edades
eo

o
1
5
JO
15
20
25
30
35
40
45
50
55
60
65
70
15
80
85
sqo
alQ4S

1
20.00
0.32874
0.34974
0.07508
0.04267
0.06040
0.08340
0.09108
0.09752
0.10681
0. 11543
0.12567
0.15124
0.19273
0.25030
0.32721
0.44012
0.54956
0.65857
1.00000

0.579
0.570

3
25.02
0.28606
0.27770
0.06225
0.03610
0.05151
0.01099
0.07698
0.08244
0,09051
0.09892
0.10944
0.13326
0.17140
0.22641
0.30175
0.41218
0.52525
0.64226

5

7

9

30.11

35.03

40.05

0.24763
0.21857
0.05133
0.03043
0.04385
0.06()35
0.06503
0.06968
0.07676
0.08491
0.09554
0.11778
0.15296
0.20541
0.27887
0.38664
0.50254
0.62665

301

1.00000

1.00000

0.21388
0.11134
0.04227
0.02566
0.03740
0.05143
0.05513
0.05913
0.06540
0.07327
0.08391
0.10478
0.13740
0.18740
0.25884
0.36390
0.48189
0.61209
l .00000

0.4935
0.5162

0.418
0.4685

0.353
0.4274

0.18205
0.13105
0.03420
0.02134
0.03157
0.04339
0.04631
0.04975
0.05533
0.06288
0.07345
0.09305
0.12334
0.17086
0.24005
0.34219
0.46176
0.59755

1.00000
0.293
0.389

Edades

11

13

15

17

19

21

eo

45.02

50.10

55.04

60.01

65.05

70.01

o

0.15242
0.09749
0.02715
0.01749
0.02635
0.03623
0.03857
0.04152
0.04651
0.05374
0.06419
0.08265
0.11084
0.15594
0.22272
0.32180
0.44244
0.58319
l.00000

0.12364 0.09675
0.06875 0.04564
0.02074 0.01520
0.01391 0.01072
0.02148 0.01709
0.02958 0.02362
0.03145 0.02516
0.03398 0.02731
0.03844 0.03133
0.04533 0.03787
0.05564 0.04804
0.07305 0.06458
0.09932 0.08921
0.14195 0.12948
0.20607 0.19082
0.30183 0.28312
0.42308 0.40448
0.56835 0.55355
l.00000 1.00000

0.07973
0.03322
0.01147
0.00819
0.01296
0.01774
0.01842
0.01991
0.02268
0.02771
0.03576
0.04871
0.06820
0.10293
0.15898
0.24468
0.36605
0.52451
1.00000

0.05908
0.02020
0.00770
0.00576
0.00932
0.01272
0.01306
0.01414
0.01623
0.02034
0.02720
0.03802
0.05431
0.08471
0.13574
0.21521
0.33496
0.49920

0.03931
0.01025
0.00453
0.00364
0.00613
0.00838

0.1405
0.2930

0.113
0.2343

0.080
0.1929

0.0499
0.1540

1
5
10
15
20
25
30
35
40
45
50
55
60
65
70
15
80
85
sqo
20C}4S

0.2385
0.3550

0.187
0.3224

0.00854

0.00928
0.01083
0.01409
0.01983
0.02877
0.04222
0.06829
0.11378
0.18625
0.30294
0.47153
1.00000 l.00000

�302

Siglo XIX
H. Pérez Brignoli: Tablas modelo de mortalidad en C. Rica

CUADRO 12
CUADRO 13
COSTA RICA, 1919-21: TABLA MODELO DE MORTALIDAD
COSTA RICA, 1910: TABLA MODELO DE MORTALIDAD

Edades

o

l.

0.22066 100 000
0.18046
77 934
0.04405
63 870
0.02660
61 057
0.03868
59 432
0.05319
57 134
0.05707
54 095
0.06420
51 007
0.06763
47 886
0.07555
44 647
0.08620
41 274
0.10734
37 716
0.14047
33 668
0.19098
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15.69
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0.05852
0.06274
0.06928
0.07725
0.08790
0.10924
0.14275
0.19362
0.26581
0.37186
0.48916
0.61726
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53 065
49 959
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43 581
40 214
36 680
32 673
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22 586
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307 529
296 291
286 402
272 968
257 560
241 960
226 014
209 488
192 235
173 381
151 703
126 485
97 919
67 495
39 342
18 393
7 584

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41.87
47.24
44.36
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37.11
34.10
31.07
27.98
24.87
21.75
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15.58
12.75
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�314

Siglo XIX

La Emigración Española Durante las
Décadas del Comercio Libre. (1765-1820)
EL EJEMPLO CATALAN
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Josep M. Delgado Ribas *

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l. LA EMIGRACION ULTRAMARINA ESPAÑOLA
DURANTE EL SIGLO XVIII
No puede afirmarse que la preocupación por el fenómeno de las migraciones ultramarinas sea tardía en la historiografía del siglo XX: basta
con recordar los dos extraordinarios volúmenes editados entre 1929 y
1931 conjuntamente por el National Bureau of Economic Research
(Nueva York) y el Bureau International du Travail (Ginebra), o el coetáneo trabajo de Carrothers sobre la emigración colonial inglesa, aportaciones seguidas de una considerable literatura posterior que sería engorroso enumerar1•

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También a finales de la década de los veinte el tema comenzaría
a preocupar a los hispanistas como quedara de manifiesto en la Exposición Iberoamericana de Sevilla (1929), donde se presentó un Catálogo de Pasajeros a Indias para los siglos XVI al XVIII que contenía re2
ferencias acerca de 70 000 personas que cruzaron el Atlántico • Curiosamente, este mismo año Im.re Ferenczi publicaba una nota en los Annales d'Histoire Economique et Sociale para comentar las informaciones recibidas desde España sobre la abundancia de fuentes existentes
para el estudio de las corrientes migratorias y la lentitud de unas investigaciones que contaban con tan rico material, además centralizado en

• Depanamento de Historia Económica, Facultad de Ciencias Económicas, Universi•
dad Autónoma de Barcelona. Este artículo fue publicado previamente en Boletín Americanista, 32, Universidad de Barcelona, 1982.

�316

Siglo XIX
J. M. Delgado R.: La emigración española (1765-1820)

el Archivo de Indias, atribuida a la falta de recursos económicos del
país para financiar un programa de vaciado a corto plazo de las fuentes que podría obviarse mediante la ayuda internacional3 •
Cuarenta y cinco años después, Magnus Mórner en su exhaustivo
trabajo "La emigración española al Nuevo Mundo antes de 1810" realizaba una síntesis del caudal bibliográfico editado sobre las migraciones ultramarinas durante la edad moderna, concluyendo que si bien
se habían producido importantes progresos por lo que respecta a los
siglos XVI y XVII, el siglo XVIII continuaba siendo prácticamente
desconocido4. Esta laguna, aun hoy no cubierta, dificulta considerablemente el estudio de las relaciones entre España y sus colonias durante el Setecientos, por constituir el flujo migratorio una de las pocas
aportaciones positivas de la metrópoli al desarrollo económico hispanoamericano, a la vez que una fuente de acumulación para la burguesía mercantil española, cuyos miembros se desplazaron al Nuevo Mundo
sin perder por ello la voluntad de retorno.
Por otro lado, existen suficientes elementos de juicio para sostener que los flujos migratorios transoceánicos de la época borbónica
poseen un carácter sustancialmente distinto a los de la etapa anterior
no siendo descabellado calificarlos en conjunto como el puente que enlaza los desplazamientos de población a larga distancia durante la etapa preindustrial con la consolidación de un mercado internacional de
trabajo, ya en los siglos XIX y XX. Los rasgos distintivos del fenómeno emigratorio en el siglo XVIII permiten distinguirlo tanto de unos
como de otros. En pocas palabras, podríamos decir que sus características esenciales son:

Un cambio en los incentivos. Durante los dos primeros siglos de
la Edad Moderna predominan los factores de expulsión ("push factors") en la determinación de los españoles de abandonar la
5
península • Entre ellos cabe destacar el progresivo empobrecimiento de
la vida campesina como resultado del incremento de la presión tributaria, las continuas levas, la persecución religiosa y el temor a las enfermedades epidémicas. En el Setecientos,a la vez que varían los factores de expulsión -cada vez es más importante la presión
demográfica- cobran superior relieve los factores de atracción (''pull
factors") que parten de la economía colonial (demanda de artesanado
cualificado, deseo de realizar especulaciones mercantiles, disfrute de
algún cargo público, etcétera).
Descenso en el flujo migratorio. Si aceptamos para el siglo XVI
la cifra de 200 000 emigrantes y 350 000 para el XVII, las estimaciones, un tanto aventuradas, que poseemos sobre el siglo XVIII, hablan

317

de 55 000 viajeros, contabilizando tanto la emigración legal como la
clandestina6 • Este descenso es aún más sensible si tenemos presente el
peso mayoritario del funcionariado y de los comerciantes en el cómputo total'.

La acción del Estado. La administración española siempre fue reacia a permitir el éxodo masivo de peninsulares al Nuevo Mundo y así
se refleja en las Leyes de Indias8• No obstante el intervencionismo llegaría a extremos desconocidos en la época borbónica, limitándose la
concesión de licencias de embarque a supuestos muy concretos: funcionariado, eclesiásticos, encomenderos con sus dependientes y familiares cercanos de algún español establecido en América.
Aumento porcentual de la emigración clandestina. El incremento
de las restricciones a la emigración no vino acompañado de una mejora en los sistemas para evitar el embarque de polizones. La habilitación sucesiva de una docena de puertos peninsulares para el comercio
libre actuó en sentido contrario al descentralizar las vías de acceso al
Nuevo Mundo. Cabría añadir que la presión ejercida sobre la marinería, obligada a matricularse y a prestar servicio en la Real Armada «estimuló» las deserciones de buena parte de los tripulantes de embarcaciones que arribaban a puertos americanos9 •
El peso de la periferia. El cuadro I nos muestra_ la procedencia ~eográfica de los emigrantes espaftoles, en cuatro peno~os de la doinJnación colonial. En él puede observarse cómo las regiones que proporcionaban la mayoría de sus efectivos (Andalucía, Castilla-León, Extremadura), durante los siglos XVI y XVII, pasan a un segundo plano,
según los datos que hemos elaborado para el_ trienio 1794-1796. ~ún
poniendo en duda la validez de estos porcentaJes -no ha~ que olvidar
que el papel de la emigración cl~destin_a nos es descono~tdo-, resulta innegable y perfectamente l_ógico ~l mcremento_ co~stderable de la
participación, en los saldos m.tgratonos, de la penfena. La raz_ón de
este cambio debe buscarse en la aparición, como elemento determ.tnante
entre los factores de expulsión, de la presión demográfica. Son efectivamente las regiones donde el equilibrio población-subsistencias se hace más precario, aquéllas que registran un incremento más notable en
sus porcentajes11 •

En la apertura comercial que se inició con los decretos de libre comercio, la regulación restrictiva de la emigració~ al Nuevo Mundo fue
objeto de una especial atención por parte del legislador. _El R~glam_ento de 1778 distinguía a la hora de conceder las preceptivas licencias

�318

Siglo XIX

J. M . Delgado R.: La emigración española (1765-1820)

CUADRO/
PROCEDENCIA EN PORCENTAJE DE LA EMIGRACION
ULTRAMARINA ESPAÑOLA to

Hispano-

Hispano-

américa

américa

(1493-1539) (154~1579)
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0.5
0.5
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16.1
11.2
0.9
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7.5
15.1
0.2
0.8
100

319

- Poseer la nacionalidad española, garantizada con la presentación de una fe de bautismo.
- Ser mayor de 18 años y estar emancipado o contar con permiso
paterno.
- Los casados, obligación de presentar licencia conyugal.
- Documentar, mediante certificado expedido por la aduana, haber cargado géneros en una embarcación por valor mínimo de 52 941
rs. 6 maravedís 13 •
La decisión de impedir mediante los oportunos controles todo tipo de emigración ilegal se patentizaba en otra disposición de marzo
de este mismo año:
Con el fin de precaver los medios imaginables según conviene que
en las embarcaciones del libre comercio que salgan de los puertos habilitados de España para los de América se embarquen polizones, llovidos u otros pasajeros sin las licencias prescritas ... ha resuelto el Rey
por punto general que ningún individuo pueda pasar a Indias, excepto los comprendidos en el rol de matrícula que se forma a cada buque del enunciado comercio; bien entendido que siempre que en los
navíos de guerra o mercantes a los puertos de Indias se encuentre algún sujeto sin asiento formal en las listas o roles de matrícula, o que
no lleve Real Licencia expedida en virtud de orden dada por esta
vía reservada o el Consejo de Indias, será relnitido indispensablemente
a España bajo partida de registro en la misma embarcación que fe
hayan conducido, sin permitirle saltar a tierra 14•

entre _«tripulantes», «cargadores o encomenderos» y «pasajeros». A
los pnmero~ ~e les concedía la autorización a través de la Real Patente
d.e Navegac1on, en la cual el capitan se hacía responsable, bajo caución, de toda la dotación del buque:

La concesión de la licencia presuponía el retomo del cargador en la
misma embarcación, aplicándose a su estancia una prórroga máxima
de tres años «en el caso solamente de no despachar sus efectos y
géneros» .

... y_en lo que mira a la tripulación, que deberá componerse de gente
matnculada Yconstar que lo sea por lista certificada que ha de entregar, obligándose a cuidar de su conservación y responder de sus
faltas 12•

Como «pasajero» sólo excepcionalmente podría viajar un comerciante, reservándose tal condición a funcionarios, clérigos o militares
con plaza en América. La práctica del comercio colonial tendería a mitigar esta norma, tomando en consideración si el solicitante poseía al15
gún pariente allí establecido en cuya ayuda acudir •

La con~ición de cargad~r o encomendero -según se viajase por cuenta P1:0p1a o por c~enta aJena- presuponía la existencia de una partida
de ge~er?s ne~oc1ables en algún mercado colonial. Para obtener la necesana h~enc1a de embarque era necesario que el interesado se hallara
e~ p_oses1ón de una serie de requisitos que resaltaban el carácter restnct1vo de la concesión, recogidos en la Real Orden de 27 de junio de
1778:

Todas estas disposiciones, refundidas en los artículos 10 al 14 del
Reglamento de Libre Comercio se mantuvieron vigentes hasta que la
guerra de la independencia obligó a tomar medidas excepcionales que
evitasen la entrada en América de afrancesados y desertores. Así, una
R.O. Circular de 9-VI-1810, establecía nuevos requisitos para fa obtención del correspondiente permiso:

�320

Siglo XIX

- Haber sido «fiel a la Patria».
- No hallarse encausado en ningún proceso.
- Gozar de exención del servicio de armas.
- No estar inscrito en la matrícula de marina.

11. LA PARTICIPACION CATALANA
En el co?t~xto d~ las m~graciones transoceánicas, el caso catalán posee
caractensticas d1ferenc1ales que permiten aislarlo como un fenómeno
particular. Primeramente, por su corta duración cronológica. Los emigrantes del Principado sólo llegarán a constituir una partida de consideración dentro de la emigración española durante el último tercio del
siglo XVIII y primeras décadas del XIX: los datos reunidos en el cuad~o I po.nian ya de relieve su insignificancia para la época de los Austnas, nuen_tras que algunas investigaciones recientes sobre el período
1700-1765 mducen a pensar que antes de esta última fecha difícilmente
alcanzarían el centenar los catalanes instalados en América16• Una explicación excesivamente simplista tiende a asociar este hecho con la presencia de ciertas limitaciones legales que entorpecían el acceso de los
hombres de la periferia peninsular al Nuevo Mundo. Sin negar la posible existencia de restricciones17, las razones que justifican la ausencia
de cata}anes en la~ listas de pasajeros a Indias durante la mayor parte
~el penodo colorual -y su posterior eclosión en la etapa del comercio
libre- son de índole económica. Pierre Vilar ya puso de manifiesto
en su día la existencia de una coyuntura catalana cuya evolución a largo plazo no coincidía con la de la Espafia Imperial 18 • Así, al esplandor demográfico de Castilla en el siglo XVI correspondía una lenta recuperación de Cataluña, restañadora de los efectos de la crisis bajomedieval. Del mismo modo, la depresión del siglo XVII, c_uyo peso fuera
decisivo como determinante de los factores de expulsión demográfica
que actuaron en la meseta, resultó más corta y menos intensa en el Principado, donde el cambio de tendencia se anticiparía varias décadas. y
la influencia de la coyuntura también contribuiría a la especifidad del
fenómeno migratorio catalán durante el siglo XVIII.
Si aceptam~s el descenso general de los flujos ultramarinos, particularmente sensible en las regiones que tradicionalmente aportaban la
mayor parte de su caudal, aquél debe explicarse a través de un análisis
de la economía española que insista en la recuperación castellana y
muestre cómo el litoral comienza a sentir las consecuencias negativas
del crecimiento demográfico en el marco de una sociedad preindustrial.
Pero la presencia en progresión de los emigrantes catalanes en las rut~~ atlántic~s no ~e reduce al resultado de un desequilibrio entre poblac1on y subs1stenc1as que favorece la expulsión de la población exceden-

J. M. Delgado R.: La emigración española (1765-1820)

321

taria. En el siglo XVIII Cataluña es la región más densamente poblada, pero también es la más rica, y la base de su prosperidad se encuentra en un proceso de especialización productiva que culminará en el
último tercio de siglo merced a la conquista de un importante mercado
exterior: Hispanoamérica. El asalto a este mercado tras la liberalización de los intercambios propiciada por el libre comercio es la razón
última que justificará el desplazamiento de cientos de catalanes a los
principales núcleos comerciales de las Indias. De ello se deriva otra característica peculiar de la emigración catalana: su homogeneidad.Cerca del 98% de los casos documentados a partir de más de 3 600 referencias corresponden a sectores sociales que participan en el comercio
colonial 19 •
El deseo de aprovechar al máximo las posibilidades de especulación que esta actividad mercantil permitía se traducirá en el predominio de una emigración temporal -entre 3 y 9 años- y rotatoria que
aseguraba la continuidad de los negocios pero no de las personas. Es
la convicción de que su estancia en América no era definitiva lo que
provocaba la resistencia, observada por algunos contemporáneos, del
inmigrado catalán a dejarse asimilar por la sociedad criolla20 •
A pesar de tener en común una misma procedencia y pretender objetivos similares, la situación en que cada emigrante efectuaba su viaje
podía ser muy distinta. Hasta la última década del siglo XVIII perduraría la iniciativa individual cristalizada en pequeñas comendas cuyos
socios-factores marchaban a vender unas mercancías adquiridas a
21
crédito ; frente a esta figura del comerciante-aventurero la burguesía
mercantil catalana, necesitada de peones para mover sus negocios americanos, fomentaría la emigración de profesionales del comercio, asalariados o con una mínima participación en los beneficios, que poseían
unos conocimientos teórico-prácticos suficientes para manejar sin errores empresas de cierta envergadura22 • Numéricamente, el pequeño negociante quizá fuera mayoritario en el conjunto de la emigración catalana; sin embargo cada vez le correspondió un papel más modesto, hasta
quedar reducido a la condición de simple botiguer, supeditado a las
compañías mayoritarias de las cuales recibta el suministro.

La tienda y el almacén constituyen el centro de trabajo y principal
medio de vida de la mayoría de los emigrados. Su punto de partida
siempre es el mismo: una primera expedición como encomendero o con
mercancías propias que obliga, ante la dilación de las ventas, a comprar o alquilar una dependencia resguardada de las inclemencias del
tiempo donde depositar su cargamento y evitar así su deterioro hasta
el momento de darle salida, y que a la vez le servía de improvisada
vivienda23 •

�322

Siglo XIX
J. M. Delgado R.: La emigración española (1765-1820)

En función del tiempo de estancia de los catalanes en América podríamos hablar de tres tipos de asentamiento:
a) Temporal, inferior a tres años, tiempo con que, en principio,
contaban los sobrecargos para proceder a la venta de los géneros embarcados. Concluido con éxito tal empeño, el almacén o tienda se cerraba y el comerciante regresaba con el producto de su negociación en
plata o coloniales. Por su rasgo de inestabilidad, hemos omitido en el
apéndice toda referencia a este grupo de inmigrados, que apenas dejaron huella de su estancia en Indias.
b) Semipermanente, corresponde al de aquellos factores o encomenderos cuya estancia se prolonga hasta cuatro y seis años -tiempo
máximo permitido por la R.O de 12 de agosto de 179024- y que venía a coincidir con el período de duración de la compañia a cuyo cargo
se había realizado el viaje. El carácter temporal podia no afectar la permanencia de los establecimientos sino que se arbitraba como mecanismo ideal para relevar periódicamente a los que gestionaban el negocio
en ultramar.
c) Permanente. Fórmula adoptada en los negocios de tipo familiar. Los relevos, cuando se producen, tienen lugar en períodos mucho
más largos y siempre para dar paso a las nuevas generaciones. El asentamiento permanente actúa como polo de atracción para nuevos emigrantes, unidos por vínculos familiares o de afinidad.
El carácter modesto de sus negocios hace que la inmensa mayoría
de los catalanes establecidos en América {el 96.8%) no posean un peso
específico propio en la comunidad de adopción. Sólo unos cuarenta
nombres llegarían a formar parte de la élite mercantil colonial, matriculada en los consulados25•
En el apéndice hemos distribuido todas las observaciones en cuatro grandes distritos regionales, según el lugar de asentamiento: I Nueva España, II Barlovento y Costa Firme, III Colombia-Venezuela y IV
Virreinatos del Plata y Perú. Las cifras obtenidas hablan de una mayor densidad del asentamiento en el área caribeña (43%), seguida de
la América meridional (26.4%). Los motivos de esta predilección son
de tipo consuetudinario. En primer lugar, la corriente migratoria documentada en la época del comercio libre continúa una tradición anterior que se remonta al siglo XVII con la llegada de los primeros capuchinos catalanes al oriente venezolono26 y, más recientemente, aparece vinculada al área de expansión de la Real Compañía de Barcelona,
dos de cuyas zonas de privilegio, Puerto Rico y Cumaná, registran el
mayor número de referencias en sus respectivas regiones27 • También

323

se observa con claridad que la colonia catalana es tanto más nutrida
cuanto más anterior es la fecha de la inclusión en el libre comercio.
Ello explica la escasa implantación en Nueva España (12.43%), habili28
tada en 1789 , frente a las Antillas, cuyo tráfico se liberalizó en 1765,
o el Río de la Plata (1778).
Dentro de cada región en concreto, los catalanes muestran una clara
preferencia por los puertos habilitados, o mercados interiores urbanos;
sólo un 2. 71 % de los ejemplos observados, que corresponde a pequeños tenderos, escapa a esta regla.
Cinco localidades de la costa catalana aportan el 75% de los naturales del Principado establecidos en América: Barcelona, Vilanova iLa
Geltrú, Sitges, Mataró y Tossa. Si bien para Barcelona y Mataró
(24.07% y 12.03, respectivamente) este dato pudiera ser poco significativo, no sucede lo mismo, por ejemplo, con Vilanova y Sitges, que
conjuntamente aportan el 22.62% del saldo migratorio. En este caso
-y lo corrobora el peso relativo de otras poblaciones de la c&lt;;&gt;st~ de
poniente (Torredenbarra, Altafulla, Tarragona), todo parece md1car
una especialización de estas localidades en el surtimiento de efectivos
para la emigración comercial catalana. Ello no es nada extraño cuando ya hemos demostrado en otros trabajos cómo los pueblos de la costa
de Levante, singularmente Canet, Arenys y Blanes aportaban buena
parte de las tripulaciones de los buques que ~articipa_ban en la Carrera
de Indias y de los representantes del comercio catalan en los enclaves
coloniales de la Península29 •
La importancia de los nexos familiares o de pura amistad a la hora de elegir un destino se refleja en la coincidencia. de las pr~ferenciaJ
que manifiestan los miembros de una, misma com~dad de ongen. As1,
mientras los barceloneses son mayona entre los emigrados a Nueva España (48.4%), su presencia es residual en el área caribeña (13.6%); por
su parte, los naturales de Vilanova se dirigen en un 61.2% de los casos
a la región antillana donde representan el 28. 7%_ de los c~talanes establecidos, e igual destino eligen el 74% de sus vecmos de S1tges,- Dentro
de su modestia la presencia de los hombres del Levante catalan alcanza el 40.2% en Nueva Granada y Venezuela, destacando sólo las aportaciones particulares de Mataró y Tossa.
Un examen más detenido de la ubicación de los distintos emigrantes catalanes en suelo americano refuerza la hipótesis de dos movimientos migratorios superpuestos y de disti!1t? carácter. Uno, ~ue arranca
de mediados del siglo XVIII y se contmua durante el penodo del comercio libre se dirige a las áreas tradicionales de asentamiento: Puerto

�324

Siglo XIX

Rico, Santo Domingo, Santiago de Cuba, La Habana, Cumaná, Nueva Barcelona, distinguiéndose por el predominio de los hombres de raigambre marinera de Vilanova y Sitges, actores de un comercio a peqoeñ.a escala gestionado a través de comendas aglutinadoras de varias
unidades familiares a menudo emparentadas, para los cuales la navegación trasatlántica no era desconocida antes de 177830• El segundo,
característico del último tercio del siglo, nace de Barcelona y de los pueblos de la costa de Levante, singularmente Mataró y Tossa, y se encamina hacia las regiones más ricas del imperio colonial españ.ol (Veracruz, Campeche, Cartagena de Indias, La Guaira, Buenos Aires), enclaves fundamentales para los negocios de la gran burguesía mercantil
catalana donde tejerá una red de corr~porrsalías y factorías dependientes estrechamente de la metrópoli, regentadas por factores permanentes.
Esta distinción entre dos corrientes migratorias corresponde a otra
entre comercio a gran escala, practicado con las regiones ricas en plata
y coloniales apreciados, y que tiende a ofertar productos manufacturados de lujo e importación, y «comercio de abarrote», habitual en
la región antillana, que se agota en el menudeo de productos agrarios
catalanes y manufacturas de poco aprecio. En un informe al Consejo
de Indias, el gobernador de Santo Domingo, Joaquín García, describía con precisión este comercio de la pobreza, típico de los asentamientos catalanes en las áreas marginales del Nuevo Mundo:

J. M . Delgado R.: La emigración española (1765-1820)

325

APENDICE

LA EMIGRACION MERCANTIL CATALANA (1778-1820)
La información que aparece resumida en este Apéndice reúne los datos disponibles acerca del l 263 emigrantes de procedencia catalana d~cumentados a través de 3 616 referencias contenidas en las fuentes utilizadas para la elaboración de mi tesis d~ctoral CatalunY_a y el sistema
de libre comercio, 1778-1820'2 • El matenal de base consiste en los expedientes individuales remitidos a través del Juzgado de Arribadas ~
Ministerio de Indias con los requisitos necesarios para obtener la licencia de embarque, que hoy se conservan fragmentariamente repart!dos entre el Archivo de Indias, Simancas, Corona de Aragón Y escnbanias de Marina de Barcelona y Mataró33 • A t~do ello hay q~e ~ñadir otro tipo de fuentes de carácter notarial y pnvado que no mdican
el momento en que se realiza la travesía, pero _sin embarg? _denotan
la presencia de un emigrante catalán establecido en Amenca Y su
actividad34 •

l. Comerciantes catalanes establecidos en América (1778-1820)

l. VIRREINATO DE NUEVA ESPAÑA
El Principado de Cataluña es casi el único que se emplea en la remisión de cortos renglones a esta ciudad, que son quincallería, zapatos,
pañuelos ordinarios, poco aceite, menos cantidad de vinos, y éstos
malsanos por-fuertes y adulterados: pasa, higos, almendras, algún
jabón, rara o ninguna vez harinas, ni velas de sebo, grasas, ni otros
tan precisos como indispensables a la subsistencia. Estas embarcaciones catalanas carecen de fondos para emprender un registro completo por lo cual se componen de tantos cargadores como marineros
las tripulan. Esta: razón tan concreta acredita la debilidad de los efectos que nos conducen; como pobres hacen sus empleos en muchos
renglones de corto o ningún momento, procurando por este medio
aumentar sus pequeños caudales31•

No.

lugar
Nueva Orleans
Veracruz
Puebla
México
Cayocan
Durango
Zimapán
Cocula
Campeche
Villahermosa de Tabasco
Total

localizadones
4
128
2

9

1
1

9
1
157

% zona

2.54
81.53
1.27
5.73
0.64
0.64
0.64
0.64
5.73
0.64
100.

% del total

032

10.13
0.16
0.71
0.08
0.08
0.08
0.08
0.71
0.08
12.43

�326

Siglo XIX
J. M. Delgado R.: La emigración española (1765-1820)

II. BARLOVENTO Y COSTA FIRME
«Barlovento»
Santo Domingo
Puerto Príncipe
Puerto Rico
La Habana
Santiago de Chile
Sancti Spiritus
Matanzas
Bayamo
Bonavacua
Villaclara
Honduras
Guatemala

2. Procedencia de los inmigrados

49
4
6
258
154

9.03
0.74
1.10
47.52
28.36
9.76
0.18
0.37

53
l
2
3
2

0.55
0.37
0.18
0.37
1.47

1
2
8

Total

543

100.0

3.88
0.32
0.47
20.43
12.19
4.20
0.08
0.16
0.24
0.16
0.08
0.16
0.53
43.0

III. NUEVA GRANADA Y VENEZUELA
Santa Marta
Cartagena de Indias
San José Cucutá
Maracaibo
Caracas
Puerto Cabello
La Guaira
Cumaná
Trinidad
Nueva Barcelona
Guayana

,,,..

Total

25
45
2

3
JO
5
47

58
17
12

JO
234

11.52
20.74
0.92
1.38
4.61
2.30
21.66
24.79
7.26
5.13
4.27
100

1.98
3.56
0.16
0.24
0.79
0.40
3.72

4.59
1.35
0.95
0.79
18.53

l. VIRREINATO DE NUEVA ESPAÑA
1. Nueva Orleans
Barcelona
Mataró
Vilanova
Torredenbarra
2. Veracruz
Barcelona
Mataró
Sitges
Vilanova
Arenys
Canet
Torredenbarra
Blanes
Quadres de Rocacrespa
Serdanya
Girona
Tossa
Sant Poi
Lloret
Vilanova de Palafolls
Manresa
Tarragona
No consta
3. Puebla
Vilanova

1
l

68
21
7
6
6

5
2
2
1
l
1
1
1

1
l
3

2

IV. VIRREINATOS DEL PLATA Y PERU
Montevideo
Buenos Aires
Lima
Chuquisaca
Puno
Potosí
Total

180
141

5

329

54.71
42.87
1.52
0.30
0.30
0.30
100.

14.25
11.15
0.40
0.08
0.08
0.08
26.06

4. México
Barcelona
Ripoli
No consta

5. Cayoc.in
Erp

6.Durango
Mataró

5
1
3

327

�328

Siglo XIX

J. M. Delgado R.: La emigración española (1765-1820)

7. Zimapán
Martorell
8. Cocula
Canet
9. Campeche
Canet
Mataró
Barcelona
Vilanova
No consta

2
2
2
2

II. BARLOVENTO y COSTA FIRME

1. Barlovento
Sitges
Barcelona
Vilanova
Tossa
Lloret
Caldes d'Estrac
Canet
Mataró
Arenys
Valls
2. Santo Domingo
Vilanova

17
8
6
4

4
3
3
2

4

3. Puerto Príncipe (Haití)

4. Puerto Rico
Vilanova
Sitges
Barcelona
Mataró
Tossa
Arenys

1
2

1

10. Villahermosa de Tabasco
Figueres

T?.radell
Tossa
Sitges

Caldes d'Estrac
Lloret
Torredenbarra
Igualada
Calella
Pineda
Artes
Canet
Blanes
Vilamajor
No consta

2

2
2

105

52
29
18
15
12

5. La Habana
Vilanova
Barcelona
Mataró
Sitges
Tossa
Canet
Torredenbarra
Arenys
Creixell
Blanes
Lloret
Les Guinyoles
Calella
Pineda
Vilafranca del Penedes
Sant Pere de Ribes
El Vendrell
Reus
Altafulla
No consta
6. Santiago de Cuba
Sitges
Tossa
Barcelona
Vilanova
Calella
Canet
Sant Pere de Ribes
Llers
Arenys
No consta

36
30

25
13
9
7
6
3
3

2
2

1
2

9

25
11
4
3

3
2
2

329

�330

Siglo XIX
J. M. Delgado R.: La emigración espaflola (1765-1820)

7. Sancti Spiritus
Vilanova

Mataró
Vilanova
Tossa
Lloret
Sitges
Sant Pere de Ribes
Blanes

8. Matanzas
Sitges
Arenys

9. Bayamo
Sitges
Vilanova

2

10. Bonavacua
Canet

12. Honduras
Palafrugell

2

13. Guatemala
Barcelona
La Bisbal
Figueres
Mataró

3
2

2
1

2

Arenys
Barcelona
Sitges
5. Caracas
Mataró
Sitges
Tossa
No consta

2
l

6. Puerto Cabello
Vilanova
Tossa
Barcelona

3
1
1

5

2

3
2

111. NUEVA GRANADA Y VENEZUELA

7. La Guaira
Tossa
Barcelona
Mataró
Sitges
Vilanova
Canet
Blanes
No consta

l . Santa Marta

11

6
4

4. Maracaibo
2

11. Villaclara
Sitges

1,

3. San José de Cucutá
Barcelona

13

Tossa
Barcelona
Sant Feliu
Blanes
Canet
Mataró
Sitges
Vilanova
Altafulla
Girona
Arenys
El Vendrell
2. Cartagena de Indias
Barcelona

14

8. Cumaná
Sitges
Barcelona
Vilanova
Tossa
Canet
Arenys

12
10
9
5
2
1
1

2

21
10
8

3
2
2

331

�332

Siglo XIX

J. M. Delgado R.: La emigración española (1765-1820)

Mataró
Vilafranca de Penedés
Reus
Caldes d'Estrac
Avinyonet
Altafulla
Tarragona
No consta

2
2

1
1
1
2

9. Trinidad
Tossa
Mataró
Canet
Arenys
Sitges
Calella
Altafulla

6
3
2
2
2

10. Nueva Barcelona
Vilanova
Barcelona
Blanes
Altafulla
Sitges
11 . Guayana
Tossa
Barcelona
Vilanova
Torredenbarra
Calella

4
3

2
2

3
2

t
2

IV. VIRREINATOS DEL PLATA Y PERU

1. Montevideo
Barcelona
Vilanova
Mataró
Arenys
Calella
Tossa
Sant Feliu
Caldes d'Estrac
Blanes

41
41
25
12
7

5
4
4
3

Lloret
Torredenbarra
Calonge
Figueres
Vilasar
Cubelles
Torroella de Montgrí
Santa María de Olost
Sant Pere de Ribes
Ripollet
Sant Andreu de Llavaneres
Sitges
Altafulla
Constantí
Reus
Els Pallaressos
No constan

2. Buenos Aires
Barcelona
Mataró
Vilanova
Calella
Arenys
Lloret
Castelló d'Empúries
Canet
Sant Sadurni d' ,.µoia
La Bisbal
Arbucies
Blanes
Sant Martí de Centelles
Artés
Pineda
Sabadell
Altafulla
Tarragona
No consta
3. Lima
Barcelona
4. Potosí
Barcelona

3
3
2
2
2

2
1
1
1
1

1
1
1
1
1
1

12

57

22
18
6

5
3
2

2
2

1
15

5

333

�334

Siglo XIX

J. M. Delgado R.: La emigración española (1765-1820)

5. Chuquisaca

Constantí
Els Pallaressos
Erts
Les Guinyoles
Les Quadres de Rocacrespa
Llert
Manresa
Martorell
Ripoil
Ripollet
Sant Andreu de Llavaneres
Santa María d'Olost
Sant Marti de Centelles
Sant Poi de Mar
Sabadell
Serdanya
Torroella de Montgrí
Valls
Vilamajor
Vilanova de Palafolls
No consta

Barcelona
6. Cocbabamba
Barcelona

3. Resumen procedencia

,,

-1

Barcelona
Vilanova
Sitges
Mataró
Tossa
Arenys
Canet
Lloret
Calella
Torredenbarra
Blanes
Caldes d'Estrac
Altafulla
Sant Feliu
Sant Pere de Ribes
Figueres
Pineda
Reus
Artés
Creixell
La Bisbal
Tarragona
Vilafranca del Penedés
Castelló d'Empuries
Cubelles
El Vendrell
Girona
Igualada
Palafrugell
Sant Antoni de Colonge
Sant Sadurni d'Anoia
Taradell
Vilassar
Vilassar
Arbucies
Avinyonet

304
255
157
152
80
47
33
21
20
17
15
14
10
6
6
4
4
4
3
3
3
3
3
2
2
2
2
2
2
2
2
2
2
1
l
l

24.07
20.19
12.43
12.03
6.33
3.72
2.61
1.66
1.58
1.34
1.19
1.11
0.79
0.47
0.47
0.32
0.32
0.32
0.24
0.24
0.24
0.24
0.24
0.16
0..16
0.16
0.16
0.16
0.16
0.16
0.16
0.16
0.16
0.08
0.08
0.08

Total

l
l
1
l
l
1
1
1
1
1
l
l
l
57

0.08
0.08
0.08
0.08
0.08
0.08
0.08
0.08
0.08
0.08
0.08
0.08
0.08
0.08
0.08
0.08
0.08
0.08
0.08
0.08
4.50

l 263

100.00

335

NOTAS
l.

Bureau Intemational du Travail (Geneve) - National Bureau of Economic Research
(N. York), Intemational Migrations. Vol. l Statistics, compiled on behaJf of the
IntematÍonaJ Labour Office, with introduction and notes by lmre Ferenczi, and
edited on behaJf of the NationaJ Bureau of Economic Research by WaJter F. Willcox. New York, N.B.E.R. 1929, y Vol. II lnt.erpretalions. New York, N.B.E.R. 1931.
Especial interés posee la información recogida en las páginas 229 a 1.087 del primer volumen que contiene todos los datos disponibles sobre migraciones internacionales, reunidos en 643 cuadros estadísticos para 116 países. A Ferenczi debemos
otros importante trabajo sobre el fenómeno migratorio en el marco de un mismo
continente, donde distingue cinco fases de evolución a lo largo de la historia: Emigración "solicitada" (s. XII-XV), "forzada" (s. XVI-XVln, "de reclutamiento"
(s. XVIIQ, "de proletarios" (s. IX-1914), y "macroemigración" (1914-1929). Cfdo.:
lmre Ferenczi, Kontinental Wanderungen und dieAnniiberung der Volker, Ein geschicbtlicher uberblic. Jena, G. Fisher, 1930. Por su parte, el estudio de Carrothers,
Emigration from the Britisb Isles, witb special referenre to tbe development of tbe
Overseas Dominions, London, P .S. Kingand Son, 1929, arranca de 1815, cuando
el problema de la sobrepoblación cobra nuevo realce, como resultado del crecimiento
demográfico de la segunda mitad del siglo XVIII y el empobrecimiento del país
provocado por las guerras napoleónicas.
Una bibliografía reciente y completa sobre el tema puede encontrarse en el volumen editado por la Commission Intemationale d'Histoire des Mouvements Sociaux
et des Structures Sociales, Les migrations intemationales de la fin du XVIII siecle
a nos jours, París, C.N.R.S., 1980.

e

�336

2.
3.

Siglo XIX

J. M. Delgado R.: La emigración española (1765-1820)

Ministerio de Trabajo y Previsión, Catálogo de pasajeros a Indias durante los siglos XVI, XVII y XVlll, Madrid, 1930.

8.

La legislación respecto a la emigración americana para los siglos XVI y XVII aparece resumida en Josep de Veitia y Linage, Norte de la Contratación de las Indias
Occidentales; Buenos Aires, Comisión Argentina de Fomento Interamericano, 1945
(ed. original, 1672), p. 302 y ss.

9.

"Los marineros que frecuentaban nuestras colonias creyeron que estableciéndose
en aquel Hemisferio lograrían mejorar fortuna y podrían al mismo tiempo evadirse del servicio de campaña que miraban con horror. Desde entonces empezó a notarse la baxa en las tripulaciones de los buques que regresaban a la península porque los individuos que aspiraban a mudar de residencia aprovechando las coyunturas favorables para quedarse en América" (Cfdo.: Ceferenio Ferret, Exposición
Histórica de las causas que más han influido en la decadencia de la marina española e indicación de algunos medios para restaurarla, escrita el año 1813, Barcelona,
Roca y Gaspar, 1819, pp. 89-90).

lmre Fe,re~czi'. "Comment s'elabore l'histoire des migrations intemationales", An-

nales d H1sto1Te Economique et Sociale, IV, (1932), pp. 295-300.
4.

5.

6.

M. Morner. "Spanish Migration to the New World prior to 1810: A Report on
the State of Research", en F. Chapelli (edit.), First lmages of America: The Impact of t~~ New World on the (!ld. Berkel~y, University of California Press, 1976.
Hay vers1on española en Anuano de Estud1o_s Americanos, vol. XXXII, pp. 43-131.
Vi~. Jordi Na~al._ La pobfación española (S. XVI a XX) Barcelona, Ariel, 1973
(3 .. ), pp. 60-71, Vicente Perez Moreda. Las Crisis de mortalidad en la España In~~rior (s. XVI-XIX). Madrid, s. XXI, 1980, pp. 245-326; Javier Malagón Barceló,
~oledo and the New World in the Sixteenth Century", The Americas, vol. 20,
n. 2 (1963), PP- 97-126, p. 98; Enrique Otte, "Die europaischen Siedler und die
Probleme der Neuen Welt", lahrbuch für Oeschichte von Staat Wirtschaft und
C:esellesch~ft Lat~i~amerikas (1969), pp. 140, pp. 32-33; Antoni¿ Domínguez Oruz,_ El Anuguo Regimen: Los Reyes Católicos y los Austrias, Madrid, Alianza Editonal, 1974, pp. 168-172, etcétera.
Cifras elaboradas a partir de M. Morner "La emigración española al Naevo Mun15, Y p.-~• teniendo en cuenta que los "factores de expuls10~ actuan de una forma mas mtensa en la segunda mitad del siglo XVII. Para
el siglo_~VII_!, recogem~s la estimación de Mario Hernández Sánchez-Barba, "La
poblac10~ H1spa_n_oamencana y su distribución racial en el siglo XVIII", Revista
de Estudios Pobucos n.º 78 (1954), pp. 117-118.

~~ ª.~tes ~e 18!0», p.

11

l
1

7.

Según una muestra a~alizada por Mario Hernández Sánchez-Barba, para los años
1729, 1749 Y 1?SO, cnados, comerciantes, funcionarios y eclesiásticos suponían el
5_7% de los emigrantes ("La po~lación Hispanoamericana ... ", p. 118). Creemos,
sm em_bargo, que estos porcentaJes no son representativos de la media secular· dado lo •~adecuado de los años elegidos para la cata, especialmente para realz:ir la
P_resenc1a del es~en~o mercantil. Las dos primeras fechas quedan fuera del penodo _de mayor 1_ntens1dad en las relaciones comerciales a raíz de la liberalización
del trafico colorual, Y la tercera corresponde a un año central de la guerra contra
Inglaterra (1779-1783) durante el cual los intercambios quedaron prácticamente colapsados. ~or otro ~ado, Boyd-Bowman calculaba en un 6.25% el porcentaje de
los comer~1an~es emigrados entre 1560 y 1579, añadiendo que manifestaba una clara tendencia a mcrementarse, especialmente para el siglo XVlll (Peter Boy-Bowman
"Patterns of Spanish Emigration to the New World (1493-1580)", The Americas:
vol. ~11. 1 (1976_), pp. 76-77), poco reflejada en el 13% que Hernández SánchezBarba ati:ibuye estncta~ente a la clase mercantil. Si consideramos como más representativa las observaciones efectuadas sobre J 721 emigrantes que se desplazaron entre 1794 Y 1796 al Nuevo Mundo, los porcentajes quedarían como sigue:
Comerciantes y negociantes ...... .... ... .. ......... .
Funcionarios civiles ............................... .
Militares con destino ...............................
Eclesiásticos ....................... ... ............ .
Artesanos .. ............... .... ..... . ............. .
Labradores ... ...... ... ..... ...................... .
Sin especificar .................................... .

724 (42.1%)
560 (32.5%)
51 (3%)
160 (9.3%)
106 (6.2%)
12 (0.6%)
!08 (6.3%)

337

JO. Fuentes:
Columna 1, P. Boyd-Bowman, "La procedencia de los españoles de América,
1540-59", Historia Mexicana, vol. 17, n. 0 65 (1967), pp. 37-71.
Columna II, P. Boyd-Bowman, "Patterns of Spanish Emigration to the New World
(1493-1580)", The Americas, XXXlll (1976), pp. 78-95.
Columna lll, J.l. Rubio Mañé Edit. "Gente de España en la Ciudad de México,
año de 1689", Boletín del Archivo General de la Nación, México, vol. VII, n. 0
1-2 (1966).
Columna IV, A.G.l., Indiferente general, "Relaciones de pasajeros y cargamentos
de embarcaciones que van y vienen de -Indias", legs. 2 168-2 169; "Licencias de
embarques y sobrecargos", legs. 2 118-2 119; A.G.S., Secretaría de Hacienda, legs.
887-888; A.H.P.B. (Archivo Histórico de Protocolos de Barcelona), Escribanía de
Marina, manuales de 1794 yl796.
11. Vid., para establecer tal comparación, Emiliano Fe~á!ldez de Pinedo '.'Coyuntura y política económicas'', en Historia de España, ding1da por M. Tu ñon de Lara,
.Vll, Centralismo, Ilustración y agonía del Antiguo Régimen, 1715-1833, Madrid,
Labor, 1980, p. 21.
12. Este texto figura impreso en todas las patentes de navegación, buena pane de las
cuales se halla dispersa por los legajos de Indiferente General, en el A.G.I.
13. A.H.N., Hacienda, Colección de Ordenes Generales, lib. 8 030, fols. 335 y 338.
14. A.G.I., Indiferente general, leg. 2 422.
15.

Las solicitudes de real licencia a título de pasajero se fundamentaba casi siempre
en este argumento. Así, Antoni Pagés i Bosch de La Bisbal solicitó, y ob~vo en
16-11-1793, licencia para pasar a Guatemala "donde es llamado por su tJo !ºan
Pagés i Tort, para cuidar deél" (AGI, Indiferente general, leg. 2117). Del mismo
modo Gabriel y Joan Marwuach obtendrían licencia, en septiembre de 1804 para
unirs; "a la compañía de su tío Josep Marwuach, establecido en Montevideo con
casa de comercio" (A.H.P .B., Escribanía de Marina, manual de 1804, fo. 478).

16. Vid. Carlos Manínez Shaw, Cataluña en la carrera de Indias, Barcelon~, Critica,
1981, p. 137 y ss.; José Ma. Oliva Melgar, La Real Compañía de Comercio de Barcelona, tesis doctoral inédita, Universidad de Barcelona, 1982.

�338

Siglo XIX

17 · Sobre 1~ ~iscus!ones en torno a la posible exclusión de los catalanes en el comercio
con ~me_nca, vid., J • Ma. Delgado Ribas, "América y el Comercio de Indias en
(la H1stonografia catalana (1892-1978)", Boletín Americanista, Universidad de Bar0
celon~, n. ~8 (19;8), pp. 179-187; C. Martínez Shaw, "Catalunya i el comer\: amb
Amenca:_ Fmal d un~ legend~"• L'Aven9, n. 0 15 (1979), pp. 19-23; "Cataluña y
el comercio con Aménca. El Fm de un debate" Boletín Americanisca n • 30 (1980)
pp. 223-236.
'
' .
'
18. P. Vilar, Cata/unya dins l'Espanya Moderna Barcelona Ed 62 1973 (4a) vol
JI, p. 227 y SS.
•
•
•
•
. •
.
19. Este porcenca~e. equivalente a 1 263 emigrados, constituye la muestra utilizada en
nuestro trabaJo.

1

'

20. Así, F._ J?e_pons en s_u Voyage á la partie orienta/e de la Terre-Ferme, dans /'Amerique menru_ona/e, fait pendant les années 1801 á 1804, comentaba el comportamiento
de los emigrantes españoles establecidos en Venezuela:
''.Les Espagnols, gi-aves par caractere, sédentaries par habitude, se déplacent difficilment: Aucu_n, d'eux, une fois rendu en Amérique, ne conserve la moindre désir
~e revou ses dieux penates; il s'en fait de nouveaux ou le sort le jete; souvent meme
1I se d?nne une femme et des infants avant d'avoir pourvu asa ptopre subsistance.
Les B1~yen~ et les,;at~lans sont les seuls en qui l'amour patriotique ne s'eteigne
pas auss1_ fac1lment (Cit. por Jean Paal Duviols, Voyageurs Frani;ais en Amerique, Pans, Bordas, 1978, p. 253.

J. M. Delgado R.: La emigración española (1765-1820)

339

25. Veinte estaban matriculados en el consulado de Veracruz: Vicent Novella, Jaurne
Tutsó, Josep Gibert, Josep Grau, Bonaventura Martorell i Alsina, Mane! Pla i Coll,
Josep A. Feliu, Jaume Guañabens, Joan Bta. Soler i Plana, Geronim Font, Maurici Sagrista, Mane! Serrat, Maria Pujo!, Josep Nicolas Carbó, Lluis Seré, Francesc
Bagarola, Josep Penades i Magarola, Josep Julia, France5\: Mustich, y uno, Paul
Roset i Bavi, era corredor de comercio (Almanak Mercantil o Guía de comerciantes para el año de 1806, pp. 479-480; cinco fuguraban en el de Guatemala, Joan
Pagés i Font, Antoni Coloro, Antoni Pijoan, Tadeo Piño!, Jaume Mateu (lbidem,
p. 482), y dieciséis en el de Buenos Aires: JaumeAlsina i Verges, Joan Viola, Josep
Roca, Jgnasi Tomba, Francl:S\: Bosch, Antoni Ferrer i llavallol, Joaquim Pintó,
Adjutori Clasca, Miguel Cornet, Jaume Nada!, Joan Reixach, Santiago Flotats,
Montells i C., Joan Vilardebó, Josep Riera y Antoni Carbonen (Almanak Mercantil... para e/ año de /796, pp. 433-434).

26. Vid., Relaciones históricas de las Misiones de Padres Capuchinos de Venezuela,
Siglos XVII y XVIII, Madrid. Librería general de Victoriano Suárez, 1928; Pau
Vila, loan Orpi, L 'home de la Nova Cata/unya, Barcelona, 1967; Marc Aureli Vila, Els Caputxins cata/ansa Vea~uela, Barcelona, 1976.
27.

Puerto Rico, con 258 inmigi-antes documentados -un 20.4% del total- constituye la colonia catalana más numerosa. Por su parte, Cumaná, con 58, alberga una
cuarta parte de los catalanes establecidos en Nueva Granada y Venezuela.

28. Por Real Orden de 28 de febrero (A.G.I., Indiferente general, leg. 1 832).
21. Cf.: Josep _Ma. Delgado Ribas, Catalunya ye/ sistema de libre comercio, 1778-18/8.
Una_ reflexión S-Obre las raíces del reformismo borbónico, tesis doctoral inédita, Universidad de Barcelona, 1981, vol. 11, pp. 187-212, sobre la comenda y el papel en
ella del pequeño comerciante.
22. En mayo _de 1798, el Diario de Barcelona publicaba un "Discurso político sobre
el ~mercio Y lo que por punto general debe saber un joven para seguir esta carrera ' do~de se tr32é!b~ el grado de especialización elevada gue debía exigirse a los
comerciantes profesionales:
"U_n mozo destinado a la carrera de negociante, se coloca en una tienda o un escrit?no para apr~nder el comercio; adquiere en ellos el conocimienlb de las mercadenas de que quiere hacer el objeto de su negocio, se instruye de los parajes de donde
se sacan con mayor ventaja, y de los que pueden despacharse con mayor utilidad
de los seguros, etc ... . aprende los términos del arte, la aritmética, el modo de llevar
la cuenta Y rarzón y tener los libros. No basta esto, es preciso de que más a más
posea_ otros conocimientos de comercio; que sepa el modo de combinar muchos
cam_b1os,_ para conocer qué plaza ~ más ventajosa para el r.ecíproco giro de las letras,_ el cálculo Y las reglas del cambio, el modo de entablar la correspondencia mercantJI Y de mantenerla, las leyes y costumbres usadas entre los negociantes, el de
sacar todo el partido de la situación local del país; las producciones de su terreno·
l~s reglas de la navegación mercantil; y otras mil circunstancias que le son necesa'.
nas para gobernar con cierto su negocio y hacerlo florecer" (Diario de Barcelona
4--V-1798).
'
23. A.~.I., ~éxico, legajo 1 554, informe de Angel Puyade al virrey de Nueva España
Rev1llag¡gedo.
24. Cf.: A.H.P.B., Escribanía de Marina, Pablo Raurés, m. de 1794, fol. J.

29. Vid., al respecto, Josep Ma. Delgado, "Cádiz y Málaga en el comercio colonial
catalán posterior a 1778", en Actas del I Congreso de Historia de Andalucía, Andalucía Moderna (s. XVIII), tomo 1, Córdoba, 1978, pp. 127-139.
30. En las expediciones indianas efectuadas por catalanes antes de 1778, los patrones
de Sitges y Vilanova gobernaban cerca del 35070 de las embarcaciones. (Cf. P. Vilar, Cata/unya dios l'Espanya Moderna IV, pp. 376-379; José Ma. Oliva, «La aportación catalana a la Carrera de Indias en el siglo XVlll», en Actas del I Congreso
de Ha. de Anda/llcía, Andalucía Moderna, IV. pp. 126-131; Carlos Martínez Shaw,
Catalunya en la Carrera de Jadias, Barcelona, Crítica, 1981, pp. 305-332.
31. A.G.I. Indiferente general, leg. 2 435.
32. Vol. I, pp. 2-87.
33. Cada expediente contaba de varias piezas: solicitud razonada del interesado, copia
del acta bautismal legalizada por el párroco, certificado de la aduana expresando
el valor de los géneros embarcados, licencia conyugal o paterna, caución notarial
garantizando el regreso y licencia regia para efectuar el viaje.
34. La mayor parte de estas informaciones proceden de escrituras de poder otorgadas
desde la Península a catalanes ya establecidos en América.

��NORBERTO AL V AREZ y EDUARDO MIGUEZ, Patrones
de mortalidad en la pro,·incia de Buenos Aires (1860-1895) •
DANIEL
HOGAN, MARIA C. DE ÜLIVEIRA v
]OHN M. SYDENSTRICKER, El proceso de urbanización en
Ria Claro (Brasil) • MARIA S. BEOZZO B., Familia
inmigranre v café en San Pablo • SILVIA PALOMEQUE,
,Hovimienros de población en Cuenca • ]OSE LUIS
ARANDA y MIGUEL ANGEL CUENY A, El mundo del
trabajo en una parroquia de Puebla • LUTZ BRINCKMANN,
Natalidad v mortalidad en T ecali (Puebla) • HECTOR PEREZ
BRIGNOLI, Tablas modelo de mortalidad en Cosca Rica •
]OSEP M. DELGADO RIBAS, La emigración española en
las décadas del comercio libre •

J.

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              <text>Vázquez Buenfil, Luis, Cuidado de la Edición</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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