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                  <text>Segunda época, número 11, enero - junio de 1992

LA CIUDAD, LOS
HOMBRES Y LA
·POLÍTICA ·Argentina
Brasil
México
Perú

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SIGLO XIX, número 11, encro:iunio de 1992

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�Segunda época, número 11 , enero - iunio de 1992

fONOO UNI VS1$1T,&amp;IO

[ccfficr1
Instituto
Mora

�Universidad Autónoma de Nuevo León

Rector
Manuel Silos Martínez
Facultad de Filosofía y Letras

.
sumano
Número 11

Director
Ricardo C. Villarreal Arrambide
Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora

Director
Hira de Gortari Rabieta
Revista Siglo XIX
Directorfundador: Mario Cerutti
Director: Juan Carlos Grosso
Director adjunto: Carlos Contreras
Editor: Hugo Vargas

Presentación

5

La estructura histórica del mundo urbano

José Luis Romero

7

La ciudad latinoamericana
y los movimientos políticos

José Luis Romero

15

La sociedad secreta de los Guadalupes,
una nueva forma de organización política

Vuginia Guedea

28

Ciudadanía, participación política y la
formación de una esfera pública en Buenos
Aires, 1850-1880 (edición simultánea con

Siglo XIX. Revista de historia cuenta con el auspicio del Instituto de
Investigaciones Histórico-Sociales de la Universidad Nacional del Centro,
Tandil, Argentina. • © Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis
Mora, Plaza Valentín Gómez Farías 12, San Juan Mixcoac. • Diseño:
Carolina Herrera. • Tipografía y formación: Schussheim y asociados. •
Edición al cuidado de la Coordinación de Publicaciones del Instituto
Mora. • Impresión y encuadernación: Encuadernación Progreso, S.A., San
Lorenzo Tezonco 202, México, D. F. Se tiraron 1000 ejemplares. • Para
envíos al exterior: $ 7.00 USA.

Past and Fresent)
Hilda Sabato

46

Redes parentales y facciones en la política
santafecina,1850-1900
Marta Bonaudo y Elida Sonzogni

74

Los artesanos del Cusco, la crisis regional y
el régimen republicano (1824-1869)

Thomas Krüggeler
111
Sáo Paulo e a elite letrada
brasileira no século XIX

Raquel Glezer

149

�Presentación

P

ara el nuevo equipo edítorial de Siglo XIX es una gran satisfacción poder presentar este primer número correspondiente a la
segunda época de la revista.
Durante la anterior etapa, la laboriosa y entusiasta dirección de
su fundador, el doctor Mario Cerutti, y la calidad de los diez números
que se sucedieron entre 1987 y 1990, permitieron que Sigl.o XIX conquistara un merecido espacio entre las publicaciones dedicadas a la
historia latinoamericana, y obtuviera una especial acogida y reconocimiento por parte de los especialistas y, en generaJ, de los estudiosos
de nuestro pasado. Este hecho motivó nuestros propios esfuerzos por
lograr la continuidad de su publicación, que encontraron un decidido
respaldo por parte de las instituciones que comparten hoy Ja responsabilidad de la edición de la revista.
Siglo XIX conservará las características que le otorgaron un definido perfil: cada número recogerá diversas contribuciones de especialistas que analicen una misma temática, alrededor de algunos de
los tantos aspectos y procesos que caracterizaron el desarrollo histó-

5

�Presentación

rico de los países latinoamericanos, y aborden reflexiones metodológicas sobre los problemas presentes en los análisis historiográficos.
Deseamos hacer explícito nuestro agradecimiento al amigo Mario Cerutti, y a la institución fundadora de la revista, por habemos
confiado tan valiosa herencia: tanto él, como la Universidad Autónoma de Nuevo León continúan comprometidos con este proyecto
académico y editorial. El agradecimiento lo hacemos extensivo a las
autoridades del Instituto Mora por el entusiasmo con que acogieron
esta iniciativa. La revista cuenta también con el auspicio del Instituto
de Investigaciones Histórico-Sociales de la Universidad Nacional del
Centro (Tandil, Argentina), y esperamos que en poco tiempo otras
instituciones del país y del exterior se sumen a este esfuerzo, no sólo
a través de la participación de sus investigadores, sino también como
editores de la revista. Finalmente nuestro reconocimiento a los colaboradores, del pasado y del presente, y a los lectores de Siglo XIX, que
de distintas formas han contribuido de una manera decisiva a la
continuidad de este proyecto.

La estructura histórica del
mundo urbano*
José Luis Romero

E

l objeto de este estudio es integrar sistemáticamente un vasto
conjunto de fenómenos dentro del concepto de "mundo urbano" e intentar el análisis de su "estructura histórica"; dos
nociones que a lo largo de sus páginas se precisarán adecuadamente.
Parte, o quizá escolio, de una vasta investigación sobre el mundo
burgués; el campo de este estudio está limitado a Europa y a las áreas
europeizadas, donde los procesos históricos de urbanización son los
fundamentales y se desenvuelven de manera homogénea. Ciertamente el mundo urbano no se confunde con el mundo burgués, puesto
que éste integró en su seno sectores no burgueses a los que redujo a
sus propios esquemas: el mundo urbano es la red de focos activos del
mundo burgués, en la que las burguesías urbanas han desempeñado,
directa o indirectamente, el papel hegemónico. Y de ese mundo
• &amp;te texto fue redactado como introducción a un estudio sobre la estructura
histórica del mundo urbano, y quedó inconcluso por el lamentable fallecimiento del
autor en 1977.

6

7

�LA estructura histórica

José Luis Romero

urbano es del que se postula que tiene una estructura histórica, esto
es un ordenamiento dinámico hecho en el proceso, en la que están
instaladas las sociedades urbanas y contra las que se desenvuelve la
vida histórica. Estructura real, estructura ideológica, sociedades urbanas y vida histórica son también nociones que se precisarán a lo
largo de estas páginas.
El análisis del mundo urbano y de su estructura histórica debe
conjugar diversos campos tradicionales de análisis y variados puntos
de vista. En la raíz de este intento está una pregunta acerca de en
qué consiste la historia de una ciudad. Esa pregunta no está contestada ni es obvia, puesto que el examen de la historiografía urbana
muestra una notable disparidad de criterio acerca de su propio
campo.
Dos clases de problemas parecen los fundamentales. El primero
es el concepto mismo de ciudad; no es su definición, por cierto, sino
su concepto básico. Este estudio procura mostrar que una ciudad es
fundamentalmente vida histórica o mejor, una forma de vida histórica
y no un recinto físico, ni una sociedad sorprendida en un determinado
momento de su desarrollo ni en un cierto espíritu o tradición, ni una
estructura rígida. La ciudád existe como una continuidad en el cambio
porque es, fundamentalmente, vida histórica.
El segundo es el del ámbito en el que la ciudad debe inscribirse.
La. historiografía urbana no tiene problemas cuando se trata de la
historia de una ciudad independiente, porque entonces aplica a la
ciudad los criterios utilizados para la historiografía nacional; pero la
ciudad dependiente - la mayoría, y aun la mayoría de las independientes en cierta etapa de su desarrollo- parece un campo difuso
y suele reducir su historia a una crónica municipal, a menos que, como
en el caso de las capitales, se identifique la historia de la ciudad con
la historia de la nación. Este estudio, no integra las ciudades en los
ámbitos regionales o nacionales a que pertenecen sino en un segundo
grado, partiendo de la base de que, en el mundo burgués, tal como se
constituye desde el siglo XI y llega hasta hoy, la integración fundamental se da en el mundo urbano, por debajo de las determinaciones
concretas e institucionalizadas.
El análisis del mundo urbano parece ofrecer una clave para la
comprensión de un vasto problema. Ciertamente, un cuadro inteligible de Europa y las áreas europeizadas - lo que habitualmente se
llama el mundo occidental, más los enclaves occidentales- no puede
hacerse a partir de su conjunto heterogéneo y difuso, ni tampoco
arrancando de la significación de sus partes yuxtapuestas, esto es de

las unidades políticas hoy constituidas y cuya formación y desarrollo
suponen procesos muy diversos. Si existe como una unidad ese ámbito
que llamamos Europa y las áreas europeizadas -y ciertamente existe
como antes había existido el imperio romano- no es por la mera
yuxtaposición de unidades políttcas ni por cierta vaga comunidad de
contenidos culturales. Europa y las áreas europeizadas constituyen,
en efecto, una unidad que, desde cierto momento, ha operado y opera
como tal y requiere, en consecuencia, de un análisis histórico unitario.
Pero esa unidad no puede ser solamente postulada a partir de su
acción: debe buscarse en la raíz de su acción; y allí donde realmente
se constituye. Este estudio parte de la hipótesis de que esa unidad se
apoya en una estructura común montada sobre una totalidad territorial y socioeconómica, y en un estrato más profundo que aquel en el
que se establecen las unidades políticas. Esa estructura es la del
mundo urbano, el mundo de las ciudades y las sociedades urbanas,
constituido con una dinámica propia que presta a esa estructura un
carácter radicalmente histórico.
Las ciudades creadas por la revolución burguesa desencadenada
a partir del siglo XI se desarrollaron como polos de actividad múltiple;
semejantes en sus rasgos externos a las que surgieron antes en áreas
diversas, se diferencian de ellas - incluso de las romanas - por
algunos rasgos que no por sutiles son menos fundamentales; cada una
de ellas constituyó un pequeño universo, aun cuando desde el primer
instante funcionaran como focos de una red; cada una de ellas
organizó su propia estructura, aunque por sus caracteres fueran
estructuras análogas en todas ellas, y cada una de ellas elaboró un
matiz individual dentro de una concepción de la vida que fue común
a todas las sociedades urbanas, cuyo núcleo activo fueron las nuevas
burguesías. Tal fue la primera expresión de esa gigantesca creación,
a partir de la cual se constituyó y organizó la Europa burguesa,
transferida luego a las áreas europeizadas.
Pero la creación urbana fue un proceso mucho más complejo de
lo que se tiende a imaginar cuando se piensa en la fundación formal
o en la restauración de una ciudad. Consistió, ante todo, en la creación
de un tipo de sociedades basadas en la preferencia del grupo por un
estilo de vida y en el establecimiento de una suerte de contrato, tácito
o expreso, que regulaba su funcionamiento de manera convencional.
Sus miembros aspiraron a realizar un proyecto común, fundamentalmente económico pero con otras implicaciones decisivas, basándose
en las vigorosas formas de solidaridad nacidas de un vínculo primario
no natural, que se conservaba y fortalecía por la concentración del

8

9

�La estructura histórica

José Luis Romero

grupo dentro de un estrecho ámbito territorial, generalmente amurallado, que aseguraba el control social del individuo.
Pero la creación urbana no se agotó en eso. Las nuevas sociedades surgieron de una revolución estructural, y ese surgimiento es el
hecho primordial de la revolución burguesa. Quienes constituyeron
esas sociedades escaparon o renunciaron a la antigua estructura en la
que estaban inscritos y al constituirse comenzaron a crear otra nueva.
Ciertamente, la estructura histórica que se dieron las sociedades
urbanas constituyó una creación, y los primeros siglos de la vida de
las ciudades nacidas de la revolución burguesa tuvieron el signo
inequívoco de la creación: todavía no se percibía el peso del sistema
porque éste aún era plástico, flexible, incompleto, abierto. Las sociedades urbanas, en dramático conflicto, experimentaron, bosquejaron,
perfeccionaron y reemplazaron sus creaciones sucesivas: normas,
formas de vida, sistemas de relaciones, costumbres, ideas, valoraciones, objetivos, ceremonias, todo lo que más tarde se ordenaría en
trabados sistemas caracterizados por una acentuada tendencia a la
institucionalización y a la inmovilidad, y que pareció durante esos
siglos provisional y legítimamente susceptible de ser modificado.
Puede ser considerada regla general la apreciación de Dante, cuando
decía refiriéndose a Florencia "que inventas tan sutiles providencias
y que las que urdes en octubre no llegan a mitad de noviembre.
lCuántas veces en el tiempo de que te acuerdas has cambiado de
leyes, de moneda, de oficios y de costumbres? lCuántas has variado
y renovado a tus ciudadanos?" (Purgatorio, VI, pp. 127 y ss.). Tal fue
la ciudad originaria. En ella, la vida histórica tuvo como finalidad y
preocupación primera lograr la creación de una nueva estructura
histórica, en tanto que luego, en la ciudad consolidada, la vida histórica consistiría primariamente en luchar contra ella, contra su rigidez,
contra las constricciones que imponía. Este estudio parte de la hipótesis de la existencia de un tránsito fundamental de la ciudad originaria a la ciudad consolidada.
La creación de una estructura histórica es, en rigor, una doble
creación, puesto que ella misma es dual. En efecto, en la estructura
histórica se distingue una estructura real y una estructura ideológica,
ambas en relación dialéctica y de cuyo juego nace la vida histórica.
Configura la estructura real el cuadro de funciones preestablecidas,
de los sistemas de relaciones vigentes y de los objetos creados; y
configura la estructura ideológica el cuadro de los modelos interpretativos y proyectivos. Las sociedades urbanas crearon una y otra,
según un estilo desusado.

La estructura real se ordenó sobre la base de nuevos sistemas de
relaciones vigentes, por una parte entre individuos y por otra entre
individuos y cosas, a partir de las nuevas formas de actividad económica, de las nuevas situaciones sociales, de las nuevas necesidades
políticas y de las nuevas tendencias culturales; y además, sobre la base
de los objetos creados en el flujo de la vida histórica e instalados
objetivamente con un patrimonio de la comunidad: utensilios, instituciones, obras de arte, tradiciones.
Pero en el orden de los objetos creados, las sociedades urbanas
produjeron la más vasta de las creaciones y también la más entrañable, y por eso la más singular: la ciudad física, que fue como un diseño
de toda la estructura real, y en la que se vieron instaladas las generaciones sucesivas de las sociedades urbanas. La ciudad física es un
reducido espacio delimitado de algún modo y subdividido para su uso;
hay trazados en él calles y espacios libres, monumentos, puentes, sin
olvidar los cementerios o las zonas de huertas. La ciudad física puede
ser grande o pequeña, opulenta o miserable. Pero lo importante es
cómo un grupo social se integró en un delimitado espacio urbano y
se consustanció con él. El recinto pudo ser sagrado o no, pero las
mismas obligaciones de lealtad que contrae frente al grupo cada uno
de sus miembros, las adquiere también con respecto al espacio donde
está instalado. Poco a poco cada lugar, cada rincón dentro del recinto
acumula una inmensa suma de recuerdos, una tradición, y ese enriquecimiento cultural del espacio urbano es uno de los factores que
más contribuye a que, más que ninguna otra, la sociedad urbana no
sólo sea sino que se sienta, además, una sociedad conscientemente
histórica. Como todo lo que constituye la estructura real, pero de .
modo más vehemente quizá, la ciudad física objetiva el legado cultural
que se transmite de generación en generación trasmutando el vínculo
biológico en vínculo cultural, éste menos renunciable aún que aquél.
La estructura ideológica, a su vez, se ordenó sobre la base de
nuevas actitudes y formas de comunicación. Los actos de conciencia
adquirieron formas inusitadas a causa de los singulares mecanismos
que la ciudad ofrecía para la formación del consenso y el disenso. La
plaza, el mercado, la taberna, el atrio ofrecían la oportunidad para un
nervioso ajuste de las opiniones individuales, hasta llegar a una
aproximativa coincidencia colectiva. Del juicio y la valoración de los
actos y accidentes de la vida histórica, de las situaciones y las opciones
abiertas, de los procesos elaborados, surgían actitudes que creaban
hábitos interpretativos y conducían, en principio, a un estilo de mentalidad, esto es a cierto estilo de interpretación de la realidad y de

10

11

�1A estructiua histórica

José Luis Romero

juicio y valoración sobre ella, de la que no participa solamente el
ejercicio intelectual sino muy vivamente las formas de la sensibilidad.
Hubo una mentalidad burguesa genérica y abstracta, pero hubo
innumerables estilos de mentalidad burguesa en las innumerables
sociedades urbanas, cada una de las cuales, frente a su peculiar
realidad, frente al mundo circundante, elaboró una estructura ideológica que funcionó como marco de referencia con respecto a la
estructura real de su ciudad, del mundo urbano y del mundo feudoburgués primero y burgués después. Esos estilos de mentalidad urbana se condensaron en modelos interpretativos de la realidad, y sobre
todo, en modelos proyectivos, porque la mentalidad burguesa se
caracterizó por su fuerte tendencia a volcarse hacia el futuro, indefinido lapso llenado intelectualmente con un proceso de transformación del presente, esto es de la estructura real.
Esa vocación de cambio mueve la vida histórica, puesto que su
raíz es la vida misma, que es fundamentalmente cambio biológico. La
vida histórica suma a la vida biológica una sucesión indefinida y
múltiple de acciones y creaciones que operan sobre la sociedad y
sobre las estructuras, enriqueciéndolas Y- transformándolas, unas veces a un ritmo lentísimo -que permite pensar en la inmovilidad- y
otras veces a ritmo acelerado. La vida histórica de las sociedades
urbanas cobró particular intensidad a causa de la estrecha contigüidad de sus miembros. Caracterizada siempre por cierto índice de
sofisticación, crece éste en mayor o menor escala según las contingencias; pero la sofisticación opera siempre, manifestándose en una
fuerte tendencia a cuestionar o a problematizar las acciones y crea. ciones, a cobrar conciencia de sus causas y fundamentos, a analizar y
a medir sus repercusiones sobre la sociedad y sobre la estructura, a
calcular su intensidad en vista de determinados efectos que se persiguen. Mientras más crece el índice de sofisticación más carácter
histórico tiene la vida, puesto que la historicidad proviene de la
interpenetración de temporalidad y conciencia situacional. La expresión más aguda de la sofisticación es la proyección hacia el futuro, la
tendencia consciente a modificar tanto la estructura real como la
estructura ideológica. Pero el signo más alto de sofisticación se advierte cuando se produce la galvanización o polarización del vínculo,
creando un tipo de experiencia - la experiencia urbana - en la que
se combinan intensamente la conciencia del vínculo del grupo urbano,
la conciencia de la situación y la conciencia de su proyección hacia el
futuro. La experiencia de la ciudad sitiada constituye la forma simbólica más expresiva de la vida histórica urbana.

La vida histórica urbana no concluye en sí misma, ni se integra
solamente dentro de las áreas más o menos institucionalizadas en que
está inserta. Sin duda, la ciudad esta incluida en una región, y la
sociedad urbana forma parte de la sociedad global. Pero la integración más vigorosa, la que condiciona más vivamente la vida histórica
urbana, es su integración en el mundo urbano. La creación urbana
delinea, con la ciudad misma, un sistema de relaciones, directas o
indirectas, entre ciudades, acaso apoyado en el juego de correspondencias económicas y políticas, pero fundado, en lo protundo, en la
coherencia de los grupos burgueses que predominan en el seno de las
sociedades urbanas, en sus formas de vida y de mentalidad.
El ordenamiento del mundo urbano significó la instauración de
una red de focos activos de vida histórica. En esa red se compenetraron, se interfirieron y se neutralizaron múltiples matices propios de
las distintas sociedades urbanas y revelados en sus acciones y creaciones, en sus estilos de vida y en sus estilos de mentalidad. Si cada ciudad
tiene su propia estructura histórica, del juego recíproco de todas ellas
nace una estructura secundaria, una compleja y difusa estructura del
mundo urbano en su conjunto, sólo ocasionalmente institucionalizada dentro de ciertos ámbitos, pero vigorosamente operativa en la
medida en que la coyuntura ofrece posibilidades reales.
La tendencia a constituir y consolidar esa estructura es tan vigorosa que sobrepasa los límites de las áreas institucionalizadas. Las
ciudades se insertan en ella, pero escapan a la·s determinaciones del
área regional o política a la que pertenecen, y a veces, a las determinaciones de las áreas culturales y religiosas. El funcionamiento de la
estructura histórica del mundo urbano es tan eficaz que, sobre el
modelo de las que se han constituido espontáneamente, se inventan
y crean otras cuya organización está programada junto con la creación
de ciudades, hasta el punto de que ciudad y mundo urbano se transforman en conceptos inseparables.
Es en el mundo urbano donde se han constituido -desde el siglo
XI hasta hoy, en un proceso continuo- los estilos de vida y los estilos
de mentalidad predominantes en el mundo actual. Casi todos los
problemas que hoy acusamos como característicos de nuestro mundo
y de nuestro tiempo, han surgido en su seno, como una consecuencia
del singular estilo de vida histórica que allí se elaboró. La sociedad de
consumo, la sociedad de masas, la sociedad competitiva, para poner
algunos ejemplos, son formas ocasionales de puntualizar aspectos que
son propios y exclusivos del mundo urbano. La soledad multitudinaria, las neurosis individuales y colectivas, la alienación, la insatisfac-

12

13

�La. estructura histórica

ción, el anhelo de realización individual, y tantos otros fenómenos
señalados como reveladores de un área cultural o de una época, son
expresiones del mundo urbano. No parece necesario agregar los
problemas inequívocamente relacionados con él: la vivienda, los
transportes, los suburbios aristocráticos, las ciudades y barrios precarios, el humo, los residuos, las colas. Podría agregarse que buena parte
de los problemas que no son del mundo urbano se definen en alguna
medida en relación con él, empezando por el problema del éxodo
rural. Son problemas de cada ciudad, pero la escala en que se comprenden y en la que puede vislumbrarse su desarrollo futuro es la del
mundo urbano, la más ingente de las creaciones y en la que se expresa
el más alto índice de sofisticación que el hombre haya alcanzado.

La ciudad latinoamericana y los
movimientos políticos*
José Luis Romero

E

n la vida política latinoamericana las ciudades y, especialmente las capitales, han desempeñado un papel de tal importancia
que con frecuencia ha permitido confundir su historia con la
del país a que pertenecen. Esta imagen debe ser corregida, pero
conviene prestar al hecho mismo toda la atención que merece, pues
aunque no es exclusivo de América Latina, adquiere en ella una
singular significación. La decisiva influencia política de las ciudades
corresponde fielmente a las peculiaridades del ordenamiento socioeconómico y sociocultural del área latinoamericana, y por eso es
importante establecer qué mecanismos la desencadenan y de qué
modo se ejerce.

• Jorge Enrique Hacdoy y Carlos Tobar (comps.), La urbanización en América
Latina, Instituto Torcuato Di Tella, Buenos Aires, 1969. Conferencia de los Cursos
Internacionales de Temporada de la Universidad de Buenos Aires, julio de 1966.

14

15

�La ciudad latinoamericana

José Luis Romero

I

Ciertos sectores poseen, al margen de las estructuras del poder
legalmente institucionalizado, una suerte de institucionalización social y jurídica que los capacita para enfrentarse con aquél. La ciudad
es el escenario fundamental de tales tensiones, no sólo porque en su
ámbito es más fácil y más eficaz la organización de los grupos competitivos, sino porque constituye el centro de más rápida comunicación
social. La información es en la ciudad más fiel y más precisa, y el
conocimiento de los cambios de situación más exacto y ajustado a sus
mecanismos profundos. Es esa información la que asegura la rápida
aglutinación de los grupos urbanos y la acelerada galvanización de las
opiniones, referidas a coyunturas concretas. En la ciudad la acción
posee, pues, una orientación más definida, y por eso más eficaz.

Núcleo político por excelencia, la ciudad impone ciertos caracteres
precisos a las formas de la convivencia social. Cualquiera que sea la
importancia que .is 'TT' las otras funciones urbanas, el uso que del
poder se hace en la ciuoau incide tan profundamente sobre todas las
demás que la función política resulta siempre eminente. Es en la
ciudad donde se opera la mayor concentración de poder político, en
distintas escalas, sin duda, pero siempre con la mayor eficacia instrumental. Por eso, la ciudad conforma en alguna medida la vida del
contorno regional y nacional, ordenando los cuadros dentro de los que
todas las actividades se desenvuelven, imponiendo los principios y
normas que las orientan según los designios de los grupos sociales
predominantes y montando los mecanismos coercitivos para asegurar
su vigencia.
La concentración del poder que se produce en la ciudad abarca
tanto al poder institucionalizado como al no institucionalizado. La
ciudad aloja a los representantes del poder institucionalizado: político y administrativo, legislativo, judicial, tanto en el orden nacional
como en el provincial y municipal, así como en el orden eclesiástico;
y aloja también los centros de decisión de los organismos coercitivos
con que cuenta el poder institucionalizado. Pero, además, la ciudad
aloja a una masa de opinión pública que, por hábito, por educación y
por necesidad, apoya directa o indirectamente el ejercicio del poder
institucionalizado, aun cuando alguno de sus sectores se oponga
circunstancialmente a quienes lo detentan. Porque la complejidad de
la vida urbana exige una regulación permanente, a veces imperceptible, pero se hace dramáticamente visible en el momento en que se
debilita o desaparece y fuerza la aceptación del poder.
Pero, además, es en la ciudad donde se alojan los grupos que
ejercen más vigorosamente el poder no institucionalizado. Vinculados a las actividades básicas de la colectividad, los grupos de poder y
los grupos de presión operan preferentemente en la ciudad, cerca del
poder institucionalizado y cerca también de los distintos sectores
sociales que pueden ser movilizados en favor de ciertas opiniones y
exigencias. En la ciudad esos grupos, generalmente sectoriales, multiplican su gravitación extendiendo sus propias opiniones y sus propias exigencias - a veces sutilmente encubiertas - a vastos grupos
que consciente o inconscientemente se pliegan a ellas, y pueden
aprovechar las características formas psicosociales de actuación de
los grupos multitudinarios.

16

11
Estos caracteres de la vida urbana se dan en las ciudades latinoamericanas, sin ser, claro está, exclusivos de ellas. Pero se dan de cierta
manera, en función de ciertos mecanismos peculiares y con modalidades propias. Así ha ocurrido a lo largo de toda su historia, conformando un estilo de comportamiento político que no sólo es revelador
de determinadas situaciones intransferibles - comparadas con las
situaciones contemporáneas en otras áreas - sino que es también
revelador de la continuidad de ciertos procesos y de la persistencia de
los factores que los desencadenan. No es esta la ocasión de extenderse
sobre ese desarrollo secular; pero aun para destacar sus rasgos de los
últimos ochenta años resulta imprescindible puntualizar, al menos esquemáticamente, algunos de los caracteres del funcionamiento político de la ciudad latinoamericana en ciertos momentos críticos. Sólo
de ese modo se puede comprender, a mi juicio, el papel que en la vida
latinoamericana ha desempeñado la ciudad a partir de los cambios
que se hacen patentes alrededor de la penúltima década del siglo XIX.
Instrumento de una política colonizadora destinada a impostar,
sobre un territorio considerado culturalmente neutro, las formas de
sociabilidad y la cultura de los países ibéricos, la ciudad latinoamericana nació como un reducto no sólo para asegurar la superviviencia
física del grupo conquistador y conservar inmunes sus formas de vida,
sus normas y sus creencias -esto es, su cultura - , sino también para
operar desde ella la progresiva ocupación del territorio circundante
y la reducción de las poblaciones autóctonas a sus propios esquemas
culturales. Todo esto requería una inflexible conducción política, esto

17

�La ciudad latinoamericana

es, el ejercicio de una autoridad centralizada que ejecutara un vasto
designio cuyo horizonte era mucho más extenso que la mera acción
militar, sólo en apariencia la más importante puesto que en realidad
no era sino un medio para alcanzar ciertos fines que la sobrepasaban.
La ciudad fue una base de operaciones socioculturales, instalada en
un medio considerado hostil, y en la que se custodiaba la vida de
quienes eran instrumentos de esas operaciones así como los imponderables elementos de la cultura que se proyectaba instaurar y transferir.
La garantía del éxito de esas operaciones fue la concentración del
poder en la ciudad, concebida como ciudadela militar y cultural a un
tiempo. La plaza mayor, foro urbano rodeado por el fuerte, el cabildo
y la catedral, constituía el foco de ese poder.
Esta situación se perpetuó a lo largo de los siglos xvn y XVIII, a
medida que se consolidaba la ocupación de la tierra, se organizaba la
explotación de las riquezas naturales y se sistematizaban las relaciones económicas de los grupos poseedores con las metrópolis y sus
mercados. La posesión de la tierra y, más aún, la explotación de sus
riquezas, originó la formación de grupos sociales poderosos, aristocracias coloniales viejas y nuevas, según las fluctuaciones de la vida
económica que, una vez abandonado el espejismo del retomo a la
patria europea, crearon en las ciudades americanas las condiciones
necesarias para disfrutar de sus riquezas, vigilar la adminitración de
sus propiedades y permanecer cerca de las fuentes del poder político
y administrativo a fm de mantenerlo favorable a sus intereses y _
compartir sus halagos. Fiel expresión de este designio fueron las
casonas y palacios que erigieron, a partir del siglo xvll y sobre todo
en el xvm, los ricos poseedores, frecuentemente investidos de títulos
nobiliarios: las moradas de los marqueses de la Torre de Cossio, de
Prado Alegre o de Calirnaya, o la del conde de San Mateo de
Valparaíso en México; la de Berrocal en San Juan de Puerto Rico; la
de los Mijares o la del conde de San Xavier en Caracas; la de
Chamorro o la de la Cueva, o la de los Leones, o la de Landívar en la
antigua Guatemala; la del marqués de San Jorge en Bogotá; la del
marqués de Maenza en Quito; las de Jarava o de Torre Tagle en Lima;
o las más modestas de los Uriburu en Salta, de los Allende en Córdoba
o de Colambres en Tucumán, estas tres en Argentina. Esta enumeración ejemplifica la generalidad del fenómeno.
Junto con el poder político se consolidaron en las ciudades los
grupos sociales y económicos más influyentes y de más decididas
actitudes conservadoras. Pero, además, se constituyó en muchas de
18

José Luis Romero
ellas durante la segunda mitad del siglo XVIlI una burguesía local
vinculada a las actividades mercantiles, a la administración pública y
a las profesiones liberales, que se segregó de los grupos monopolistas
y adhirió a las doctrinas liberales. Fue en las ciudades donde se
manifestó la tensión entre esos grupos. Si antes no habían aparecido
otras querellas que las jurisdiccionales entre autoridades eclesiásticas
y civiles, los conflictos entre las órdenes religiosas o los pleitos pueblerinos entre familias, la situación comenzó a cambiar lentamente:
la expulsión de los jesuitas, la emancipación de las colonias inglesas
de Norteamérica y la explosión de la revolución en Francia proporcionaron un marco ideológico a las tensiones espontáneas suscitadas
por el desarrollo económico, y poco a poco empezaron a constituirse
grupos de opinión o incipientes partidos políticos.
Esas nuevas burguesías urbanas de tendencia liberal fueron las
que agitaron el ambiente al producirse la crisis española de 1810. Allí
donde predominaron, trataron de imponer -no siempre con éxitouna política de modernización de las estructuras políticas de los
nuevos países, subestimando o desconociendo, a veces, la significación de las áreas rurales, en las que un proceso socioeconómico más
o menos autónomo -pero en todo caso dispar con respecto al de las
ciudades- había creado un orden social sui generis, con sus formas
de vida propias y con su propio sistema de ideas acerca de la convivencia social y política. Más tarde, en la primera mitad del siglo XIX,
las ciudades experimentaron un fuerte retroceso, no sólo en la medida
en que sufrieron las consecuencias de las convulsiones políticas y
militares propias de las guerras de la Independencia y de las guerras
civiles sino también en cuanto tuvieron que ajustarse -dado el
factum de la independencia y la necesidad de reordenar la vida dentro
de sus limites geográficos y de sus propios recursos- al papel que les
correspondía teniendo en cuenta la nueva significación que alcanzaron las áreas rurales, subestimadas en el momento de la fundación y
sometidas durante todo el periodo colonial al imperio urbano.
El retroceso urbano de la primera mitad del siglo xrx se advirtió
en muchas ciudades, que acusaron una disminución demográfica o al
menos una estagnación, así como acusaron un estancamiento en su
crecimiento espacial. Pero sobre todo sufrieron un retroceso político.
El poder pasó en muchas regiones a manos de caudillos cuyas fuentes
de poder estaban en las áreas rurales. Y con todo, la consumación de
cada triunfo significaba la instauración en la ciudad de un poder, a
veces de apariencia bárbara, que procuraba obtener de la tradición
colonial una convalidación formal. A medida que la situación social

19

�La ciudad latinoamericana

José Luis Romero

se estabilizó, sobre todo a partir de mediados del siglo, las ciudades
recuperaron su hegemonía y muy pronto se vio en el cambio físico
que sufrieron los signos de una mutación profunda en el ordenamiento de la vida de cada país y del área latinoamericana en su conjunto.
Tales cambios se produjeron, sustancialmente, en su ordenamiento social, y sus consecuencias pudieron advertirse sobre todo a
partir de las últimas décadas del siglo XIX. Comenzó a crecer el
volumen de la población urbana y, simultáneamente, a modificarse el
sistema de las relaciones sociales, porque a medida que aumentaba
el volumen demográfico, se acentuaba, por una parte, la movilidad
social de ciertos sectores y, por otra, la estratificación de los grupos
tradicionales. Estos cambios sociales se reflejaron muy pronto en el
paisaje urbano. La demolición de las murallas de Panamá en 1856, de
lima después de 1870, de San Juan de Puerto Rico en 1897, fueron
signos físicos de una expansión que, en otras ciudades, no requirió de
tales esfuerzos. Pero en casi todas las capitales y en varias ciudades
menores se produjo un crecimiento territorial que fue acompañado
generalmente de cierta modernización urbanística y arquitectónica,
y de una redistribución ecológica de la población. Para entonces se
produjeron y consolidaron ciertas formas nuevas de poder social y,
paralelamente, ciertas formas nuevas de poder político. La respuesta
social fue un vigoroso cambio de actitudes políticas en ciertos sectores, un planteo nuevo de las tensiones y los enfrentamientos políticos
que, en ocasiones, se cargaron de explosivos contenidos sociales.
Tales son los problemas que deben examinarse para comprender el
papel que las ciudades han desempeñado en la vida política latinoamericana en los últimos 80 años y que corresponden al periodo de
más pronunciado viraje producido en el área.

La incorporación del mundo productor latinoamericano al ámbito
económico europeo y norteamericano en las condiciones requeridas
por el desarrollo industrial, produjo generalmente en las últimas
décadas del siglo XIX una consolidación de las viejas aristocracias
terratenientes y, además, una renovación y un robustecimiento de sus
cuadros mediante la incorporación de nuevos sectores que respondieron eficazmente a las exigencias propuestas por las nuevas perspectivas. Las aristocracias se modernizaron en sus actitudes económicas y
culturales pero, al mismo tiempo, se retrajeron socialmente y adqui-

rieron ciertos rasgos de oligarquías conservadoras en su comportamiento social y político. Tal fue la respuesta de los sectores tradicionales vinculados a la riqueza nacional y al sistema económico y
financiero internacional, cuando el desarrollo de la actividad productiva, mercantil y a veces manufacturera, promovió la formación de
nuevas clases medias en las ciudades que constituían los emporios de
la administración y comercialización de las materias primas nacionales así como los centros de la importación de productos manufacturados extranjeros. Acrecentadas por el flujo inmigratorio - interno y
externo - las clases medias se orientaron hacia el sector terciario y
buscaron un nivel de vida que parecía posible alcanzar a causa de la
mayor disponibilidad de los bienes de consumo.
Las relaciones entre estos dos sectores - una clase alta con fuerte
tendencia a la estratificación y unas clases medias urbanas de gran
movilidad - alteraron el tradicional equilibrio social de muchos países, en la medida en que alteraban el juego de las fuerzas políticas en
el ámbito de las ciudades. Las clases altas acentuaban la defensa de
sus privilegios estrechando sus filas, precisamente cuando se producía
la lenta constitución de un conglomerado de imprecisos contornos
que comenzaba a ignorar los fundamentos de tales privilegios y
descubría la legitimidad de sus propias aspiraciones a compartir el
poder.
Este hecho nuevo - la progresiva pérdida del consenso tradicionalmente otorgado a los fundamentos de los privilegios de la clase
alta - fue el resultado de diversos factores que no es oportuno
analizar aquí. Pero es necesario señalarlo porque simultáneamente
actuó modificando la condición de las clases popula,es. Por razones
ideológicas comenzó a revisarse la actitud tradicional con respecto a
los grupos indígenas, tal como lo hizo el movimiento peruano que
encabezó Goozález Prada, o el movimiento que impulsó la revolución
mexicana. Pero, en rigor, las razones ideológicas correspondieron a
cierta transformación en el papel de esos sectores dentro de una
economía en cambio. Por eso se manifestó también en relación con
el naciente proletariado urbano al que, por su parte, procuraban
canalizar ciertos grupos sociales de formación europea y en la creciente resistencia contra las clases altas tradicionales, se formaban
vastos e imprecisos conglomerados disidentes cuyos miembros coincidían sólo en la oposición contra el orden tradicional, sin que sus
distintos sectores pudieran coincidir, sin embargo, en las soluciones
propuestas. Una aureola de población indiscriminada, económicamente indefensa -generalmente de origen campesino y preferente-

20

21

111

�La ciudad latinoamericana

José Luis Romero

mente inmigrada, a veces india o mestiza - circundaba en las ciudades a estos conglomerados prestándoles la fuerza de su número y
acentuando su estructura multitudinaria.

Entre tanto, las ciudades crecieron a veces vertiginosamente,
multiplicándose los distritos de clase media y las barriadas populares.
Si las clases bajas tradicionalmente integradas pudieron localizarse
en barrios antes periféricos y luego relativamente céntricos, ocupando en ocasiones colectivamente antiguas casonas de la alta burguesía,
los nuevos sectores que se incorporaban ·a la ciudad, atraídos por los
altos salarios o simplemente por la posibilidad de formas de vida
menos primitivas que las de las zonas rurales, comenzaron a instalarse
en viviendas improvisadas que se levantaron en terrenos ocupables.
Los materiales tradicionales -ramas, cañas, barro, paja - comenzaron a ser sustituidos por los desechos industriales: maderas de cajones, latas, cartones, chapas, o combinados de ellos. Así surgió el
cordón de subciudades que rodea hoy -por lo demás, como en
muchos otros lugares del mundo- a muchas ciudades latinoamericanas: cantegriles montevideanos, cayampas santiaguinas, favelas
cariocas, villas miseria bonaerenses, barriadas limeñas, sanjuaninas o
caraqueñas, a las que hay que agregar los barrios marginales para la
población indígena o negra, como el que está enclavado en Panamá
a pocos pasos de la Plaza 5 de Mayo.
Entre ambos extremos - las lujosas zonas residenciales de vieja
y de nueva data y las subciudades de emergencia - crecieron constantemente los barrios medios que alojaron extensos grupos sociales,
generalmente adscritos al sector terciario. Extenso y sumamente
móvil, el sector de las clases medias caracterizaba hasta las primeras
décadas de este siglo sólo a algunas ciudades latinoamericanas, especialmente a Montevideo, Buenos Aires y, en cierto modo, a Santiago
de Chile y San Pablo. Pero el desarrollo urbano ha significado la
concentración de ese sector en muchas otras ciudades que antes
revelaban la presencia predominante de dos grupos abismalmente
separados: ricos y pobres. Los variados subsectores de las clases
medias han impuesto una nueva fisonomía a diversas ciudades, como
Lima o México, y esa fisonomía refleja nue\?as tendencias sociales
que, a su vez, buscan su expresión política.

IV
Los cambios en el ordenamiento social urbano suscitaron una rápida
transformación de la fisonomía de las ciudades. De la ciudad que, aun
con algunos centenares de miles de habitantes, no había perdido los
caracteres de la "gran aldea", se pasó rápidamente a la "gran ciudad",
con la intensiva ocupación de los barrios céntricos, con la formación
de zonas residenciales de alto nivel, con la formación de barrios
medios y populares de modesta arquitectura y, sobre todo, con la
aparición de suburbios densamente poblados y ocupados generalmente por las clases populares recién incorporadas, que comenzaron
a extenderse a medida que lo permitió el desarroUo de los transportes.
Las zonas residenciales finiseculares atrajeron, generalmente, a
las viejas familias que abandonaban las casonas de la antigua plaza
mayor y de las caUes adyacentes. En las nuevas residencias, preferentemente imitadas de las delfaubourg Saint-Germain, adoptaron progresivamente un nuevo género de vida. En las proximidades del Prado
montevideano, del Paseo Colón limeño, de la Alameda santiaguina,
de Altagracia en Caracas, de Catete o Laranjeiras en Río de Janeiro,
en las colonias Roma o Juárez en México o el barrio Norte bonaerense, la aristocracia desplegó ciertas formas de convivencia social,
refinada y convencional, cuya más fiel expresión quizá haya sido el
espíritu que animó la poesía del modernismo: la de Gutiérrez Nájera,
José Asunción Silva, Julián del Casal, Julio Herrera y Reissig o
Leopoldo Lugones, aun inconformistas como parecen ser ellos mismos. Más tarde, al compás de su renovación y de la consolidación de
su riqueza, las clases altas volvieron a desplazarse hacia zonas más
alejadas, muy pronto valorizadas y provistas de inequívocos signos de
estatus: en Montevideo hacia Pocitos primero y hacia Carrasco después, en Lima hacia San Isidro y Miraílores, en Santiago hacia
Providencia, en Caracas hacia Los Caobos y las nuevas urbanizaciones que circundan el Country Club, en Río deJaneiro hacia Copacabana e Ipanema, en México hacia San Ángel y El Pedregal, en Buenos
Aires hacia la avenida del Libertador. Una arquitectura más espectacular y agresiva denotaba el acceso a la riqueza de nuevos sectores de
sensibilidad y actitud diferentes a las de las generaciones anteriores.

Las variaciones operadas en el ordenamiento social de las ciudades
originaron vigorosos cambios en las ac•.itudes políticas de los distintos
grupos. El fenómeno se advirtió sobre todo en las capitales, donde
tradicionalmente se concentraba _e l poder político y administrativo, y

22

23

V

�La ciudad latinoamericana

José Luis Romero

donde bastaba alcanzarlo para ejercer una autoridad incontrastable
sobre todo el pais. Sólo unas pocas ciudades que no tenían rango de
capitales, particularmente San Pablo y Guayaquil, operaron como
centros políticos importantes a causa de su vigoroso desarrollo económico. Fue tanto la transformación social de las ciudades como la
localización del poder de decisión en materia de política económica
lo que hizo de las ciudades el escenario necesario de las más vigorosas
tensiones políticas.
Aun en las capitales donde se constituía una vigorosa clase media
-y con más razón donde el fenómeno no era tan pujante- la
concentración de los grupos sociales que controlaban la economía
nacional les otorgó una fuerza que parecía incontrastable. Quienes
detentaban el poder económico exigieron y obtuvieron el poder
político. Estaban enfrente de esas oligarquías las clases medias y las
clases populares. Pero su acción era indecisa, y el espejismo del
bienestar que proporciona la vida urbana promovía cierto predominante conformismo, al que se agregaba la inexperiencia política de
los grupos populares apenas salidos de un régimen patemalista.
Heterogéneas e inconexas, las clases medias urbanas asimilaron los
principios del liberalismo y de la democracia formal, y conducidas por
ellos aspiraron sobre todo a compartir el poder político con la esperanza de obtener por esa vía una ligera modificación en el sistema de
distribución de la riqueza. Los grupos predominantes, más coherentes
y más herméticos, se broquelaron dentro de una estructura constitucional y legal; pero vigilaron celosamente su funcionamiento impidiendo el cumplimiento total de los principios que la inspiraban.
Pese a su coherencia como clase, sus intereses económicos o los
encontrados intereses de grupo suscitaron conflictos en su seno, a los
que no fueron ajenas las influencias de los grandes monopolios.
Para asegurar el mantenimiento del poder en manos de uno de
sus grupos, y al mismo tiempo para contener las aspiraciones de los
sectores más politizados de las clases medias liberales, las oligarquías
no vacilaron en recurrir a la dictadura, fenómeno que fue, sin duda,
el más típico de la vida política latinoamericana desde las últimas
décadas del siglo XIX.
Porfirio Díaz en México, Estrada Cabrera y Ubico en Guatemala,
Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez en Caracas, Machado y
Batista en La Habana, constituyen casos extremos, y por eso significativos, del desarrollo de una fuerte tendencia al poder dictatorial de
unas sociedades todavía controladas por vigorosas oligarquías vinculadas al capital extranjero y amenazadas por el inconteniQ,ie surgi-

miento de clases medias urbanas, ilustradas y liberales, que aspiraban
a hacer efectivos los principios que estaban escritos en todas las
constituciones sin que se cumplieran casi en ninguna parte. Ramón
del Valle lnclán primero -en Tirano Banderas- y Miguel Ángel
Asturias después -en El señor presidente- dejaron un testimonio
vigoroso de este tipo de poder dictatorial ejercido desde ciudades que
se transformaron en verdaderas cortes. Como en otras partes y otras
épocas, los sectores poseedores que confiaron su defensa a un individuo en cuya eficacia creían, no vacilaron en ceder parte de sus
derechos políticos, sabiendo que los recuperarían por la vía del favor
en un juego de trueque en el que se amasaban grandes fortunas. La
venalidad fue el signo de esas cortes, sin que estuvieran ausentes la
adulación y la crueldad. El poder político se hizo absoluto, y por su
intermedio se controlaba la totalidad de la actividad nacional. Esa
circunstancia hacía de la capital la meta de todos los peregrinajes, y
también el objetivo de todos los intentos de reacción.

24

VI

Las clases medias urbanas adquirieron su primera fisonomía como
cuerpo político bajo la influencia de ciertos sectores ilustrados -procedentes en su mayor parte de las profesiones liberales - , que desencadenaron movimientos cuya bandera era, simplemente, la letra de
la Constitución existente pero no cumplida. La Unión Nacional, en
Lima, inspirada por Manuel González Prada, y la Unión Cívica
Radical, en Buenos Aires, encabezada por Leandro N. Alero, son sin
duda los movimientos más representativos, a los que podría agregarse
el Partido Colorado en el Uruguay, bajo la inspiración peculiar que
le dio Batle y Ordóñez, aunque éste no surgiera en una situación tan
característica como las anteriores. Eran, sin duda, movimientos nacionales en alguna medida; pero su acción se apoyó sobre las burguesías urbanas ilustradas, y su planteo fue liberal y principista, lo cual
situaba en las ciudades sus principales baluartes. Estos movimientos
triunfaron precozmente en Uruguay y en Argentina, precisamente
por la gravitación que ejercían Montevideo y Buenos Aires, 'tuya
población representaba un alto porcentaje de la población del país.
Si no faltó un movimiento semejante en la ciudad de México
contra Porfirio Díaz -como el que al comenzar el siglo representó
en principio Francisco Madero-, la singular significación de las
clases rurales lo sobrepasaron y radicalizaron, y en esa misma medida

25

�La ciudad latinoamericana

José Luis Romero

fueron neutrales y a veces hostiles las burguesías urbanas a los movimientos encabezados por Emiliano Zapata y Francisco Villa, actitud
no muy diferente de la que habían tenido un siglo antes cuando se
produjeron las insurreciones de Hidalgo y Morelos. Pero allí donde
faltó una burguesía urbana liberal e ilustrada que encabezara la lucha
contra los dictadores y los grupos socioeconómicos que los respaldaban, las clases rurales permani::cieron inertes o sólo esporádica o
estérilmente activas.
Burguesías urbanas apoyaron el movimiento revolucionario de
Betancourt y Gallegos en Venezuela, y la acción de los partidarios
renovadores de diversos países como el de Liberación Nacional en
Costa Rica o el Democrático Revolucionario en Guatemala.

en condiciones óptimas para operar utilizando todos los mecanismos
de acción multitudinaria que ofrece la ciudad. El vasto despliegue
popular que se produjo en Buenos Aires el 17 de octubre de 1945 puso
de manifiesto la existencia de un nuevo dispositivo de acción, cuyo
parámetro puede hallarse acaso en la mecánica política del fascismo
europeo, pero que funcionó en este caso según la peculiar situación
de un grupo social concentrado en el borde de la capital como
consecuencia de las migraciones internas a que se había visto forzada
en la década de los treinta una buena parte de la población rural de
ciertas regiones.
El fenómeno de 1945 en Buenos Aires puede compararse con el
"bogotazo" en 1948. En ambos casos, la erupción asumió los caracteres de un movimiento popular incontrolado, sorpresivo para quienes
creían conocer la realidad social, manifestado en una reacción sin
finalidades concretas, destinada solamente a expresar una actitud de
rebelión y de protesta contra una situación que parecía no ofrecer
perspectivas para las clases desposeídas.
Distintos fueron los movimientos organizados, unas veces bajo la
forma de huelgas generales y otras bajo la forma de movimientos
típicamente políticos y partidarios. Pero la constitución social de las
clases populares parecería tender cada vez más a canalizar aquellos
movimientos eruptivos hacia estas formas más organizadas.
Foco del poder institucionalizado, por una parte, y marco de las
fuerzas sociales que buscan un reajuste del poder económico y el
poder político por otra, la ciudad latinoamericana ve acentuarse sus
tensiones internas. Contribuye aún más a acrecentarlas el incesante
proceso de concentración urbana, que constituye el signo predominante de la vida social contemporánea.

VII
Sólo en algunos países llegó a organizarse un movimiento socialista
de tipo europeo. Fue fuerte en Argentina, Uruguay y Chile; pero en
todos los casos formaron en sus filas preferentemente obreros urbanos, de los cuales, en los dos primeros países, constituía la mayoría un
sector proletario - manufacturero o industrial - radicado en Montevideo o en Buenos Aires y de origen inmigrante en gran parte. En
los mismos estratos buscó sus adeptos el comunismo, con menor
fortuna y con menos capacidad todavía que el socialismo para trascender los límites de las grandes ciudades. Y este hecho, singularmente revelador, confirma una vez más cierta heterogeneidad constitutiva
de la sociedad latinoamericana, en la que los sectores rurales, y los
sectores urbanos de las clases populares, revelan una diferenciación
más acentuada.
Los grupos, relativamente reducidos, de las masas populares
urbanas que se habían volcado al socialismo o al comunismo, y que
habían organizado el movimiento sindical según los principios de esas
líneas políticas, fueron sobrepasados en Argentina, a partir de 1945,
por los grupos adictos a Perón, constituidos en un impreciso movimiento popular cuyos baluartes principales estuvieron en el cordón
suburbano de Buenos Aires, y que reflejó, acaso antes que ningún
otro, una modalidad singular de la política urbana en Latinoamérica.
Fue el movimiento de los grupos sociales no integrados hasta entonces en la ciudad, con una fuerte conciencia de su marginalidad y una
actitud nacionalista de tradición criolla con la que desafiaban ala urbe
cosmopolita y a sus clases altas; pero eran, además, grupos situados
26

27

�Virginia Guedea

La sociedad secreta de los
Guadalupes, una nueva forma de
organización política*
Virginia Guedea

L

a muy noble, insigne, muy leal e imperial ciudad de México,
cabeza de todos los reinos y provincias de Nueva España y
metrópoli de la América septentrional, sede de los más altos
poderes novohispanos y centro de la toma de decisiones del virreinato, era el punto a donde confluía la información que se daba en todos
los órdenes en los niveles local, provincial e imperial. Era también el
centro urbano más poblado de toda Nueva España, lo que permitía a
sus numerosos habitantes un intercambio continuo de información
de ideas y de opiniones. Esto se daba a través de las diversas instanci~
de asociación formal existentes - academias, cuerpos colegiados,
cofradías o instituciones gubernamentales-, así como de los distintos
espacios públicos de reunión -paseos, cafés o mercados - , de las

funciones religiosas y civiles que en ella se celebraban y de las
actividades sociales que en ella se llevaban a cabo, como tertulias y
saraos.
Este intercambio de información, de ideas y de opiniones que
tenía lugar en la capital novohispana, se intensificaría al presentarse
la grave crisis iniciada con la desaparición del poder real en 1808, que
afectada a todo el imperio español y que llevaría a la implantación de
un nuevo orden político. Muchos de los capitalinos se preocuparon
por conocer y analizar, primero, lo que sucedía en la península y,
después, cuáles eran las opciones de cambio que venían a plantear
dentro del sistema los empeños reformistas y modernizadores del
nuevo gobierno central, en el que tenían ya representación los reinos
americanos. Igualmente, se intensificaría con el movimiento insurgente que se iniciaría en 1810 y con las opciones de cambio que éste
venía a ofrecer fuera del sistema, sobre todo a partir de que los
insurgentes intentaran establecer un órgano de gobierno alterno. El
ocuparse de los "asuntos del día" y discutir y opinar sobre lo que por
entonces sucedía tanto en España como en sus dominios, muy en
particular en Nueva España, fue una actividad que si bien se dio
primordialmente entre los sectores de más elevado nivel socieconómico, se fue extendiendo a otros sectores urbanos capitalinos y, una
vez tomada conciencia de lo que significaban esos cambios, algunos
de dichos sectores se decidieron a darles determinadas respuestas.
De una de ellas me ocuparé hoy aquí. Me refiero a la aparición
del grupo capitalino conocido como "los Guadalupes", una de las dos
asociaciones secretas surgidas por entonces en el virreinato.1 Esta
sociedad, junto con la aparecida en Jalapa como derivación de la
1

Sobre la sociedad de los Guadalupes contamos con numerosas referencias de
los historiadores contemporáneos, como Lucas Alamán, Carlos María de Bustamante
y Anastasio Zerecero. Véanse Lucas Alamán, Historia de Méjico desde los primeros
movimientos que prepararon su independencia en el año de 1808 hasta la época presente,
Imprenta de J. M. de Lara, México, 1849-1852, 5 vols.; Carlos María de Bustamante,

Cuadro histórico de la revolución mexicana, comenzada en 15 de septiembre de 1810por
el ciudadano Miguel Hidalgo y Costilla, cura del pueblo de los Dolores, en el obispado de
Michoacán, 2a. ed., Imprenta de Mariano Lara, México, 1843-1846, y Anastasio
Zerecero, Memorias para la historia de las revoluciones en México, 2a. ed., Dirección

• Este trabajo es una síntesis de las conclusiones a que llegué en una investigación
sobre la sociedad secreta de los Guadalupes, y cuyos resultados se encuentran en un
libro actualmente en prensa: Virginia Guedea, En busca de un gobierno alterno: los
Guadalupes de México, Instituto de Investigaciones Históricas-UNAM.

General de Publicaciones, UNAM, México, 1975. Asimismo, esta sociedad ha llamado
la atención de los especialistas, muy en particular de Wilbert ll Timmons y Ernesto
de la Torre, quien ha dado a la luz la correspondencia de los Guadalupes que fue
tomada aMorelos en 1lacotepec en febrero de 1814. Véase Wilbert H. Timmons, "Los
Guadalupes: a secret society in the mexican revolution for independence", H,spanic
Americanlfistorical Review, vol. 30, núm. 4, noviembre 1950, pp. 453-479 y Ernesto de

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29

�Los Guadalupes

Virginia Guedea

Sociedad de Caballeros Racionales fundada en Cádiz2 y las que
después de ellas surgieron, representó una nueva forma de hacer
política, que permitió la acción conjunta de individuos procedentes
de distintos estratos socioeconómicos y fue dando lugar al surgimiento de nuevos y distintos grupos de poder. Esta nueva forma, incipiente
y poco usada en sus inicios, se consolidaría y utilizaría cada vez más,
hasta convertirse en la principal forma de acción política que se dio
en el país una vez alcanzada la independencia.
Su aparición muestra que algunos novohispanos se habían decidido a utilizar un medio que, si bien era cada vez más socorrido en
varios países de Europa por quienes buscaban alcanzar ciertos cambios políticos y sociales, no había sido empleado hasta entonces en
Nueva España, donde no he encontrado que existieran realmente
sociedades secretas a finales del siglo xvm y principios del XIX. Incluso
asociaciones de otra índole que por entonces proliferaban en otros
países, como las económicas, las filantrópicas o las patrióticas, sólo se
dieron en ella de manera ocasional.
Tanto los Guadalupes como la sociedad de Jalapa - esta última
de filiación masónica como derivada de la gaditana- surgieron a
poco de haberse iniciado la insurgencia, y estuvieron directamente
vinculadas con este movimiento.3 Sería con posterioridad, a resultas
de la lucha entre constitucionalistas y absolutistas, que se dio por todo
el imperio español, que aparecerían otras nuevas ya sin vinculación
directa con la lucha armada y relacionadas todas con la masonería.4

Los Guadalupes y la sociedad de Jalapa, que surgieron en relación
directa con la insurgencia, lo hicieron al tiempo que este movimiento
alcanzaba su mayor fuerza y extensión e intentaba establecer un
órgano de gobierno alterno; ambas sociedades estuvieron vinculadas
con dos intentos insurgentes de establecer una junta de gobierno, la
de Zitácuaro y la de Naolingo. Fue, pues, el movimiento insurgente
organizado el que dio oportunidad de manera inmediata a su aparición, y condicionó en buena medida sus acciones. También condicionó en parte su desaparición.
Pero si bien la sociedad de los Guadalupes se creó para brindar
apoyo a la insurgencia, este apoyo fue tan sólo una faceta, aunque
bien importante, de las actividades de este grupo. Sus integrantes
actuaron también dentro del sistema, muy en particular a partir de la
implantación del régimen constitucional que vino a ofrecerles diversas opciones de participación política. Los Guadalupes no fueron
únicamente un grupo de partidarios de la insurgencia; fueron, más
que otra cosa, un grupo de criollos ilustrados que se hallaban colocados en una situación realmente esfratégica que les permitía no sólo
tener una visión global de las circunstancias novohispanas, tanto
domésticas como imperiales, sino también encontrar la forma de
utilizarlas en provecho de sus propios intereses.
La conformación de este grupo se derivaría de lo ocurrido en la
capital novohispana en 1808. El golpe de Estado dado en septiembre
de ese año por la Audiencia de México con el apoyo de un grupo de
peninsulares, vino a cancelar la oportunidad de acceder a la toma de
decisiones que habían encontrado los capitalinos descontentos, muy
en particular los autonomistas, con el régimen colonial a través de la
propuesta hecha por el Ayuntamiento de México y apoyada por el
virrey José de Iturrigaray de establecer una junta de autoridades que
gobernara al reino en ausencia del rey. La posibilidad, no realizada
entonces, se convertiría en una meta a alcanzar, y la propuesta de
establecer una junta de gobierno en Nueva España sería una constante hasta 1821. Convencidos de la dificultad de lograrlo por las vías
legales y del peligro que significaba actuar de manera abierta, los
descontentos con el régimen descubrieron que uno de los caminos a
seguir era el del secreto y la conjura, camino que los peninsulares y la
Audiencia habían recorrido con tanto éxito antes que ellos.
En los numerosos espacios de reunión que ofrecía la ciudad de
México, donde se discutían y analizaban acontecimientos e ideas, se
comenzó a pasar de la crítica al sistema de precisar objetivos y a buscar
vías de acción para alcanzarlos. Esto se dio principalmente en las

la Torre Villar, Los Guadalupes y la independencia, con una selección de documentos
inéditos, 2a. ed., Jus, México, 1985.
2

Para la sociedad de Jalapa, véase "Logia de los 'Caballeros Racionales' en
Jalapa-Fragmentos del proceso del canónigo Cardeña", Boletín del Archivo General de
la Nad6n, t. 111, núm. 3, julio-septiembre 1932, pp. 390-407, y "Retractaciones de
algunos miembros de la logia de Jalapa", ibid., pp. 408-440. Para la logia gaditana, véase
"Una sociedad secreta en Londres al servicio de la independencia hispanoamericana",
ibid., t vm, núms. 1 y 2, enero-julio 1%7.
3
Sobre algunas de las semejanzas y diferencias que se dieron entre ambas, véase
Virginia Guedea, "Las sociedades secretas durante el movimiento de independencia",
en Jaime E. Rodríguez O. (comp.), The independence ofMexico and the creation ofthe
new nf'ion, Universidad de California, Los Ángeles, 1989, pp. 45-62.
Según Mora, el partido escocés se fundó en la capital en 1813, José María Luis
Mora, "Revista política de las diversas administraciones que la república mexicana ha
tenido hasta 1837", en Obras sue/Jas, 2ª ed., Porrúa, México, 1963, pp. 7-S. Atamán registra
que la primera logia se estableció en la ciudad de México en 1817 o 1818, L Alamán,
lí,storia de México, t v, p. 48. La masonería se dio también en Yucatán hacia 1818, EJigio
Anoona,Historia de Yucatán desde la época más remota hasta nuestros dfas, Pone tercera,
época moderna, 2ª ed., Imprenta de Jaime J. Roviralta, Barcelona, 1889, t. 111, p. 117.

30

(

31

�Los Guadalupes

Virginia Guedea

tertulias -que permitían reunirse con cierta periodicidad y sin llamar
demasiado la atención - , en las que se podía hacer una adecuada
selección de los asistentes, incluidas algunas mujeres, y donde todos
ellos tenían una mayor libertad de expresión. En estos espacios de
reunión se comenzaron a establecer nuevas formas de vinculación
entre algunos de los que más tarde conformarían el grupo de los
Guadalupes o que estarían relacionados con él.5 Entre ellos se contaron varios de los participantes en los sucesos de 1808, así como
algunos distinguidos abogados. Así, pues, se puede decir qu: dos
instituciones capitalinas, el Colegio de Abogados y el Ayuntanuento
de la ciudad, facilitaron la conformación de este grupo.6 Había entre
todos ellos lazos previos de profesión, sociales, de amistad e incluso
de familia. No obstante, fueron su descontento con el régimen y sus
intereses autonomistas los que los llevaron a buscar estas nuevas
formas de vinculación.
Si bien los objetivos iniciales que se planteara la insurrección de
1810 se encontraban dentro de la línea del pensamiento autonomista,
quienes se unieron a ella procedían en su mayoría de sectores rurales
y buscaron reivindicar agravios de índole dislínta. Esto, unido a la
violencia que alcanzara en un principio el movimiento insurgente, le
enajenó el apoyo de muchos descontentos. Sin embargo, p~ra otros,
el prestarle apoyo presentó una opción para promover sus mtereses,
ya que ofrecía, por un lado, la posibilidad de contribuir a debilitar al
régimen colonial sin enfrentársele de manera directa y, por otro, de
llegar a influir en la dirección de la insurgencia y orientarla para la
consecución de sus propios fines.
Así, algunos de estos descontentos comenzaron a organizarse en
la ciudad de México para ayudar al movimiento insurgente. Fueron
varios y de distinta índole los intentos, y varios también los fracasos,
que los condujeron paulatinamente a perfilar un organismo eficiente.

Dentro de ellos vemos la fundación de un grupo secreto llamado de
"El Águila" así como las conspiraciones de abril y de agosto de 1811.
Los nombres de varios de los involucrados en estos intentos fueron
los de conocidos autonomistas que habían mostrado desde hacía
tiempo su inconforrnidad,7 pero también aparecen los de otros individuos, que actuaron de acuerdo con aquéllos y conjuntaron esfuerzos, movidos por el interés de alcanzar algunos cambios.8
Las autoridades superiores, temerosas de que la insurgencia
encontrara un apoyo capitalino organizado y que los descontentos se
aprovecharan de la insurrección para crearles dificultades en la ciudad de México, impusieron un control riguroso sobre los habitantes
de la capital. Esto convenció a los descontentos de la necesidad de
organizarse de una mejor manera y de proceder con el mayor de los
sigilos. Pero fue la propia insurgencia, con el establecimiento de ese
órgano de gobierno alterno, que intentó ser la Suprema Junta Gubernativa de América, la que brindaría la oportunidad de canalizar de
manera más eficiente los esfuerzos de muchos de los descontentos
capitalinos al abrirles -dentro del movimiento- diversa1, opciones
para su participación. Con la Junta, la insurgencia contó ya con un centro
coordinador con el cual establecer contactos de manera regular y a
través del cual podría dársele una ayuda efectiva en distintas formas.
Desde poco antes del establecimiento de la Junta se entabló
correspondencia directa entre el grupo insurgente de Ignacio Rayón
yvarios abogados capitalinos, todos ellos descontentos con el régimen
colonial que se hallaban vinculados entre sí por lazos previos de
profesión, de amistad y de compadrazgo. 9 A su alrededor convergieron los intereses y los esfuerzos de otros autonomistas y descontentos;
7

5 Se celebraban tertulias, basta donde be podido averiguar, en las casas de José
María Alba, Juan Nazario Peimbert, José Ignacio Espinosa y el marqués de San Juan
de Ra¡as, todos ellos integrantes de los Guadalupes.
Los Guadalupes que pertenecían al Colegio de Abogados fueron Manuel
Argúelles, Pedro Dionisio de Cárdenas, Manuel Cortázar, Manuel Díaz, José Igna~io
Espinosa, José Maria Fagoaga, Antonio Garcés, José María de la Garza Falcón, Bewto
José Guerra, José María Jáuregui, Félix Lope de Vergara, Antonio Ignacio López
Matoso, Juan Nazario Peimbert y Hernández, Ricardo Pércz Gallardo, Juan Bautista Raz y Guzmán, Juan Wenceslao Sáncbez de la Barquera y José Manuel Zozaya
Bermúdcz. Vinculado estrechamente con los Guadalupes se encontraba Jacobo de
Villaurrutia, miembro también del Colegio. Del Ayuntamiento lo eran Joaquín
Caballero de los Olivos, José María Fagoaga y Francisco Manuel Sáncbez de Tagle.

Quienes conformaron la sociedad de "El Águila" fueron Benito José Guerra,
Antonio Ignacio López Matoso, Juan Bautista Raz y Guzmán, Antonio del Río, Ignacio
Velarde, Félix Femández y Juan Nazario Peimbert y Hernández, A Zerecero, op. cit.,
p. 120. Entre los cinco integrantes de la junta de gobierno que se pensaba establecer al
triunfo de la conspiración de abril se contaron José María Alcalá, José María Fagoaga,
Carlos María de Bustamaote y Tomás Murphy; los dos primeros formarían parte de
los Guadalupes y los dos úJtimos estarían en estrecho contacto con este grupo. Entre
los trece ministros que debían integrar la nueva audiencia se contaban Manuel Argúelles y Juan Nazario Peimbert, ambos Guadalupes, así como Jacobo de Villaurrutia,
vinculado estrechamente con el grupo.
8
Para las conspiraciones de 1811, véase Virginia Guedea, "Tbe conspiracies of
1811. Or how the criollos leamed to organize in secret", (en prensa en la Universidad
de Calgary).
9
Entre ellos se contaba a los abogados Manuel Diaz, Benito José Guerra y Juan
Bautista Raz y Guzmán.

32

33

�Los Guadalupes
todos ellos lograron conformar un grupo que alcanzaría a cumplir los
objetivos que se trazó: mantenerse en estrecho contacto con los
insurgentes que integraban la Suprema Junta, proporcionarles una
ayuda eficaz y ser tomados en cuenta por ellos. Todo esto sin declararse abiertamente contra el régimen y sin comprometer su posición
personal.
Fueron varias las líneas de acción que se trazó el grupo en las
distintas tertulias y reuniones que celebraban sus integrantes. 10 En
primer término, el envío y recepción de información, para lo que
buscaron los mecanismos adecuados que les permitieran establecer
una correspondencia regular y segura. Uno de estos mecanismos fue
el empleo, a título individual, de distintos pseudónimos, incluyendo
el uso de determinados números.11 Otra linea fue el envío de individuos, muchos de ellos relacionados con el ejercicio de la abogacía,
para brindarle a la insurgencia su apoyo directo en el desempeño de
distintas tareas relacionadas casi todas con la organización politica
del movimiento. Así, se ocuparon de facilitar las evasiones y élel
cuidado y sostenimiento de las familias de los emigrados. 12 Una
tercera instancia fue el envío de una imprenta y de un impresor, lo
que permitó a los insurgentes tener a su alcance, de manera continua,
un medio de difusión y defensa que hasta entonces había podido
utilizar de manera muy esporádica. 13
Para llevar a cabo estas y otras actividades les fueron de gran
utilidad dos factores. Uno, el hecho de que la ciudad estuviera
rodeada de partidas de insurgentes, con cuyos jefes mantenían contacto, las que les sirvieron de enlace con los más altos dirigentes del
movimiento y a través de las cuales enviaron información, ayuda y
10

Virginia Guedea
14

hombres. Otro, el contar con la colaboración de varias mujeres,
todas ellas vinculadas por lazos de familia con diversos miembros del
grupo, que se ocuparon de la correspondencia, de ayudar a los que se
fugaban y de sacar la imprenta de la ciudad.is
Acontecimientos de diversa índole llevarían al grupo a replantear
sus objetivos, a reorganizarse, a ampliarse y a alcanzar su máxima
efici~ncia. En primer lugar, el hecho de que parte de su correspondencia con los msurgentes cayó en manos de las autoridades coloniales en mayo de 1812, lo que permitió a éstas poner a algunos de sus
miembros en prisión. 16 En segundo término, la derrota infligida a
Rayón poco después, que no sólo dio ocasión a que varios de los
fugados de la capital, con quienes los integrantes del grupo mantenían
estrecho contacto, fueran fusilados,17 sino que también marcó el inicio
del proceso de desintegración de una Suprema Junta que nunca llegó a
consolidarse. En tercer lugar, la importancia que por entonces cobraba la figura de José María Morelos, tanto por sus acciones militares
corno por sus esfuerzos por darle una mejor organización política al
movimiento. Por último, el establecimiento del régimen constitucional en Nueva España, que venía a abrir para todos los novohispanos
nuevos espacios de participación política dentro del sistema.
A partir de septiembre de 1812 el grupo fijaría su atención en
Morelos. Sin dejar de utilizar los pseudónimos referidos a determinados números, en la correspondencia con este jefe insurgente se
comenzó a emplear uno nuevo que ya no se refería a personas en Jo
particular, sino que hacía ver que detrás de él se encontraba un grupo:
el de los Guadalupes. 18 Por el contenido de las cartas así suscritas se
puede ver que fueron varios los individuos que se ocuparon no sólo
de recabar la información que se deseaba hacer llegar a Morelos -y
más tarde también a Carlos María de Bustamante y a Mariano
Matamoros- sino de su misma redacción y envío. Esto indica que

Uno de los lugares de reunión era la hacienda de León, a las afueras de la
ciudad, propiedad de Manuel y Díaz y de su esposa Antonia Peña.
11
Son varias las cartas firmadas por el "Número 12", pseudónimo que, según he
podido averiguar, era utilizado por el licenciado Juan Bautista Raz y Guzmán. l.ocalicé
una carta dirigida al "Caballero Número Primero", y hay menciones de cartas firmadas
con otros números, como "Número Dos" y "Número Tres".
12
En el frustrado intento de fuga de los licenciados José María Gallegos y José
Mariano Martínez Lejana, en febrero de 1812, tomaron parte Manuel Díaz, su esposa,
Antonio Peña y Francisco de Arce.
13
En la compra y envío de esta imprenta tomaron parte Francisco de Arce,
Nicolás Becerra, Manuel Díaz, Benito José Guerra, José María Jáuregui, José María
de la Llave, Antonia Peña, Juan Bautista Raz y Guzmán, así como Mariana Camila
Ganancia, esposa de Guerra, y Luisa de O rellana y Pozo, esposa de Raz y Guzmán. El
impresor parece haber sido un tal Ferráodiz, a cuya familia, que se quedó en la ciudad
de México, sostuvieron los Guadalupes.

Felipe Lailson fue quien perdiera esta correspondencia. Eñ esa ocasión fueron
presos Nicolás Becerra, José Ignacio Espinosa, José María de la Gana Falcón y Benito
José Guerra. Por su parte, Margarita Peimbert fue detenida.
17
Entre ellos el licenciado Jguacio Jiménez, novio de Margarita Peimbert y
compadre de Benito José Guerra.
18La .
pnmera carta firmada con este pseudónimo es del 15 de septiembre de 1812.
Véase E. de la Torre, op. cit., pp. 1-2.
'

34

35

14

Entre ellas se contó la que comandaba Felipe Lailson, encargado especialmente de conducir la correspondencia de la Junta con sus partidarios capitalinos.
ISM
. p . be
ar~anta eun rt _Y_Antonia Peña se ocuparon de la correspondencia, y la
segunda enVJó, además, auxilios y ayudó por lo menos en una evasión y a sacar de la
ciudad la imprenta para Rayón.
16

�Los Guadalupes

Virginia Guedea

dentro del grupo se formó una sección especial dedicada a esta tarea
en particular. Tan fue así, que ni siquiera en la correspondencia que
al mismo tiempo sostuvieron algunos integrantes del grupo con Rayón se llegó a utilizar este pseudónimo.
Su uso sería ciertamente feliz por varios motivos. Además de
mostrar su americanismo y su vinculación con un movimiento que
había escogido como patrona a la Virgen de Guadalupe, sirvió a su
propósito inicial de ocultar la identidad de los que así se firmaban y
del grupo al que pertenecían. Ni aun Morelos mismo sabía con
absoluta precisión quiénes se encontraban detrás de él; y sería el
propio Morelos, al hacer extensivo a todos ellos el pseudónimo
utilizado por los que se ocupaban de remitirle información y de
mantener correspondencia con él, quien acabaría por darles el nombre con el que los conocemos.
Además de no saber bien a bien cuál era el nombre que se daba
a sí mismo este grupo, tampoco he podido determinar con precisión
quiénes lo integraban, aunque se conocen los nombres de muchos de
ellos.19 Más difícil aún es establecer la manera en que estaba organizado. Este problema, que en buena medida es reflejo del buen éxito

que alcanzó, se debe no sólo a la habilidad que tuvieron sus integrantes para guardar el secreto de su composición y estructura. Se debe
también a la manera en que se fue dando su conformación.
Si bien se articuló alrededor de un interés común-el de acceder
por distintas vías a una mayor acción política - , su formación partió
inicialmente de vínculos ya existentes, entre los que se contaron los
de profesión, amistad, compadrazgo, familiares, sociales, clientelismo
y hasta amorosos, los que le darían una base sólida.20 El grupo se
fortaleció, además, con otros individuos sin vínculos previos, pero que
tenían también intereses autonomistas. Igualmente, se le unieron
partidarios decididos de la insurgencia. Asimismo se apoyó en individuos cuyo principal interés era molestar al régimen. Por último,
muchos de los que ayudaron en sus diversas tareas lo hicieron tan sólo
de manera ocasional. Todo ello daría por resultado que, pese a contar
con un núcleo que se podría llamar permanente y que coordinó y dio
continuidad a sus trabajos, sus integrantes y apoyos no fueran siempre
los mismos ni se ocuparan todos ellos de las mismas tareas. Esta
diversidad de individuos, de relaciones y de intereses que logró
articular el grupo, le permitiría actuar de manera por demás flexible
y dinámica.
Los resultados de algunos de los empeños, que es lo que de este
grupo se conoce mejor, nos permiten ver que tuvo la habilidad de
seguir distintas líneas de acción. También la capacidad que muchos
de sus integrantes lograron desarrollar para sacar el mayor provecho
posible, tanto de las circunstancias novohispanas como de los recursos
que tenían a su alcance para la consecución de sus propósitos. Finalmente, nos permiten conocer en ocasiones quiénes de ellos se ocuparon de determinadas tareas, así como hacer conjeturas sobre la forma
que adoptó su organización.
Por la información que se tiene sobre los Guadalupes, se puede
ver que reunían algunos de los requisitos que hacen de un grupo una
sociedad secreta. Desde luego que el secreto fue una de sus características. También lo fue la selectividad, así como el contar con una
cierta estructura y una eficiente organización. Por lo que de ellos

19 A partir de la documentación y la bibliografia consultadas, elaboré un cuadro

de los Guadalupes en el que incluyo a Ignacio Adalid, propietario y letrado; a José
María Alba y Llave, comerciante y propietario; al doctor José María Alcalá, canónigo
magistral; a Francisco de Arce, comerciante; al licenciado Manuel Argüelles; a Nicolás
Becerra; al licenciado José Antonio de Bustamante; al regidor Joaquín Caballero de
los Olivos; al ex gobernador de San Juan, Dionisio Cano y Moctezuma, cacique
indígena y comerciante; a los licenciados Pedro Dionisio de Cárdenas, Manuel Cortázar y José Antonio del Cristo y Conde; al doctor Manuel Díaz, abogado y propietario;
al licenciado José Ignacio Espinosa, a José María Fagoaga, propietario; a Agustín
Gallegos, a los licenciados Antonio Garcés, José María de la Garza Falcón y Benito
José Guerra; a Diego Andrés Hurtado de Mendoza, conde del Valle de Orizaba, noble
y propietario; a los licenciados José María Jáuregui, Félix Lope de Vergara y Antonio
Ignacio López Matoso; a Francisco de la Llave, comerciante; a José Maria de la Llave,
comerciante; a Ignacio Moreno y Barrios, marqués de Valle Ameno, noble y propietario; a José Cándido de la Parra; al licenciado Juan Nazario Peimbert; al presbítero
doctor José Maria Peláez; a los licenciados Ricardo Pérez Gallardo y Juan Bautista
Raz y Guzmán; a Antonio del Río, propietario; al licenciado y periodista Juan
Wenceslao Sánchez de la Barquera; al bachiller Francisco Manuel Sánchez de Tagle,
escritor y poeta, además de propietario; a José Mariano de Sardaneta y Llorente,
marqués de San Juan de Rayas, propietario; a Ignacio Velarde; al doctor Manuel
Villaverde,eclesiástico; a Anastasio Zerecero; a Valentln Zerecero y al licenciado José
Manuel Zozaya Berrnúdez. Incluyo, además, a tres mujeres: Margarita Peimbert,
Antonia Peña y Leona Vicario. Vinculados estrechamente con el grupo se encontraban
el oidor Jacobo de Villaurrutia y el ex gobernador de San Juan, Francisco Antonio
Galicia.

36

20

Como ejemplo, me referiré aquí a los lazos familiares. José María Alba y Llave
era sobrino de los hermanos Francisco y José María de la Llave. Manuel Díaz estaba
casado con Antonia Peña, la que al enviudar casó con Juan Bautista Raz y Guzmán.
Éste era tío de Leona Vicario. Agustín Gallegos era tío de Anastasio Zerecero, el que
a su vez era hijo de Valentln Zerecero; de estos dos era pariente Ignacio Velarde. Diego
Andrés Hurtado de Mendoza era cuñado de Joaquín Caballero de los Olivos y
Margarita Peimbert era hija de Juan Nazario.

37

�Los Guadalupes

Virginia Guedea

sabemos, se puede inferir que el grupo se componía de pocos y bien
escogidos individuos. Igualmente se puede inferir que determinadas
actividades fueron llevadas a cabo sólo por determinadas personas.
Esto es, que funcionaba, en términos generales, por secciones. Por
otra parte, el grupo dio cabida en su seno a individuos procedentes de
diversos sectores socioeconómicos: nobles, abogados, propietarios,
eclesiásticos y comerciantes; dependientes de algunos de ellos, dedicados a distintos oficios; varias mujeres y por lo menos un funcionario
indígena, lo que daría gran amplitud a sus posibilidades de acción.21
Se apoyó, además, en numerosas personas vinculadas de distintas
maneras con miembros del grupo, pero que no formaban parte de él.
Sin embargo, nada sabemos de una posible jerarquización dentro
de esta sociedad. Tampoco si en algún momento se celebraron ritos
de iniciación, ni si sus miembros hacían algún juramento especial o
contaban con determinados signos para reconocerse entre ellos. Si los
hubo -ritos, juramentos o signos-, no dejaron huella alguna. El
hecho de que su composición fuera un tanto cambiante indica que la
afiliación al grupo se dio en forma flexible y, en ciertas instancias, de
manera ocasional y para la real~zación de determinadas actividades.
Por último, por los objetivos claramente políticos y coyunturales que
se propuso alcanzar, su lucha desde la clandestinidad y su duración
limitada, me permiten calificarla como una sociedad secreta política,
concepto que tomo en su sentido más amplio.
Pero, independientemente de si el grupo de los Guadalupes
reunió o no todas las características necesarias para ser considerado
como una verdadera asociación secreta, su surgimiento es un indicio
de que se daba ya un cambio, y que nuevas circunstancias iban dando
lugar a nuevas formas de acción política. Por primera vez en Nueva
España apareció una organización de esta índole, y tan fue exitosa su
respuesta a las nuevas circunstancias, que mientras éstas no cambiaron el grupo logró alcanzar sus objetivos.
En relación con la insurgencia, las líneas de acción seguidas por
los Guadal upes serían, en términos generales, las mismas que se trazó
el grupo al establecer contacto con la Suprema Junta. No obstante, lo
harían desarrollándolas con mayor amplitud. Buscarían, además, nuevos
caminos, los que les permitirían actuar de manera más integral.
En primer lugar, se cuenta el envío y recibo de correspondencia,
lo que logró hacerse en forma regular y segura. No serían ellos sino
los insurgentes, como ya antes había ocurrido, quienes darían ocasión

a que fuera descubierta por las autoridades. La que ha llegado a
nosotros resulta trunca por partida doble, ya que es la dirigida tan
sólo a Morelos, a Bustamante y a Matamoros y, dentro de ésta, la
referida fundamentalmente a remitirles información.22 No obstante,
sabemos que varios de los Guadalupes mantuvieron correspondencia
con otros jefes insurgentes y que se ocuparon en sus cartas de muy
diversos asuntos, entre ellos de la organización política del movimiento. El haber logrado llevar a cabo felizmente esta actividad implicó
establecer y controlar los canales adecuados para su recepción y
envío, que se efectuaban por distintos conductos. Fueron numerosas
las personas que estuvieron involucradas en estas tareas, entre ellas
varias mujeres vinculadas estrechamente con el grupo.23 También
individuos dependientes de algunos de sus integrantes, ya fuera como
correos, o que se encontraran entre los insurgentes. Por último, varios
individuos ajenos a él. Todo ello revela su capacidad, tanto para
coordinar esfuerzos como para utilizar las relaciones de diversa índole con que contaban los integrantes del grupo.
Parte importante de la correspondencia la constituyó el envío de
abundante información, a través de cartas primero y, más tarde, de
manera ya sistematizada mediante un diario elaborado ex profeso.
Además de ocuparse de lo que pasaba en la capital esta información
se refería a las distintas actividades emprendidas por las autoridades
coloniales, principalmente en relación con la insurgencia. Se incluía
asimismo información sobre la propia insurgencia en distintas regiones, en particular sobre las partidas cercanas a la capital, y sobre las
actividades de los angloamericanos en apoyo del movimiento. Igualmente recogía información de fuera de Nueva España. El haber
podido reunirla demuestra que se contaba con diversos canales de
comunicación dentro de la ciudad y que éstos se daban en muy
distintos niveles, incluidas algunas altas instancias del gobierno colonial como la Secretaría del Virreinato. Demuestra también que hubo
contactos con otras regiones de Nueva España y fuera de ella. Demuestra, finalmente, que esta tarea requirió de la coordinación de
muchos esfuerzos y que su éxito fue el resultado de un bien conjugado
trabajo de equipo.

21

p ara 1a compos1ci
. '6n del grupo véase la nota 19.

38

22

De la Torre ha publicado la correspondencia de los Guadalupes con Morelos
Y Matamoros, op. cit. En cuanto a la sostenida con Bustamante, algunas cartas se
~ncuentran en el proceso seguido a Ignacio Adalid, Bancroít Library, Causa de
msurrección f onnada contra Ignacio Adalidy socios, 3 vols.
23
Antonia Peña y Leona Vicario se ocuparon de enviar correspondencia en varias
ocasiones.

39

�Los Guodalupes

Otra línea de acción fue el proseguir con eJ envío de individuos
que pasaron a incorporarse a las fiJas insurgentes para el desempeño
de diversas tareas. Asimismo, como había ocurrido con anterioridad,
el grupo tomó a su cargo la tarea del cuidado y sostenimiento de los
familiares y dependientes de quienes pasaron por entonces a unirse
al movimiento.
La tercera línea de acción fue la de continuar con sus auxilios
para que el movimiento contara, de manera permanente, con imprentas adecuadas. Fue ésta una de sus preocupaciones más constantes.
Tanto el grupo que encabezaba Morelos como el que dirigía Rayón
recibieron en distintas ocasiones prensas, impresos y escritos para ser
publicados. Esto constituyó una de sus mayores aportaciones a un
movimiento que -en una guerra en que por escrito se libraron
importantísimas batallas- se encontraba en posición de franca inferioridad frente a un régimen que controlaba casi todas las prensas.
Entre las nuevas líneas de acción estuvo la ayuda prestada a
distintas partidas de insurgentes que se hallaban en los alrededores
de la capital. Con algunas de ellas el grupo llegó a tener relaciones
por demás estrechas, ya que entre sus dirigentes se contaron individuos vinculados con los Guadalupes por lazos de amistad, de dependencia y, al parecer, hasta de parentesco.24 Estas relaciones le fueron
de vital importancia para controlar el acceso y la salida de la capital
y mantener así un contacto seguro y constante con Morelos y otros
jefes de la insurgencia.
Una línea de acción que terminó en fracaso fueron las negociaciones para concertar una entrevista entre Rayón y el virrey Francisco
Javier Venegas a fines de 1812. No obstante, resulta de especial
interés, ya que pone de relieve la amplitud y el elevado nivel de los
contactos, la capacidad de negociación y la posición de poder, tanto
en relación con la insurgencia como con el régimen colonial, de
algunos de los Guadalupes.25 Otro fracaso por distinta vía fue su
acercamiento al virrey Félix María CaIJeja, con el que algunos de los
GuadaJupes estaban en estrecho contacto.26 Esta empresa resulta
también de interés porque nos permite ver que el grupo dio cabida a

Vuginia Guedea

intereses un tanto diversos y que brindó a quienes lo conformaban
una gran amplitud de acción. La utilización de ambas vías revela algo
por demás importante: a pesar de su apoyo continuo y eficiente a la
insurgencia, el grupo no había roto abiertamente con el régimen
colonial ni dejado de buscar dentro del sistema un camino para hacer
realidad sus aspiraciones políticas.
Lo anterior quedó demostrado a partir de que se implantara en
Nueva España el régimen constitucional, que vino a abrir a todos los
novobispanos nuevos espacios de participación política, en particular
a través de los procesos electorales que brindaban la posibilidad de
ejercer una acción directa en el nivel local, en el regional y en el
imperial.
La primera oportunidad que tuvieron los capitalinos, y que abriría a los Guadalupes una nueva línea de acción, fue la de decidir
quiénes debían encargarse de la administración y del gobierno de la
ciudad de México. La elección del nuevo Ayuntamiento constitucional ofreció posibilidades a los distintos intereses de los americanos.
Brindó a los autonomistas un nuevo y muy amplio cauce legal para la
satisfacción inmediata de sus aspiraciones. Para los partidarios de la
insurgencia representó una buena oportunidad de debilitar al régimen colonial. Y para los indígenas de las parcialidades capitalinas,
que por el sistema constitucional debían perder su peculiar forma de
gobierno, y en particular para sus funcionarios, se convirtió en la única
vía a su alcance para tener representación. Y a través del proceso
electoral fue como lograron articularse todos esos intereses.
La primera etapa del proceso, en la que debía designarse a los
electores que a su vez se encargarían de nombrar a quienes debían
integrar el Ayuntamiento constitucional, se llevó a cabo el 29 de
noviembre de 1812.27 En ella resultaron electos únicamente individuos nacidos en Nueva España, muchos de ellos desafectos al régimen colonial y ninguno su incondicional. Para alcanzar tales resultados se llevó a cabo un considerable y bien coordinado trabajo previo
en el que tomaron parte, de diferentes maneras y en distintos niveles,
27

24

Enlre es1as panidas se contaron la que comandaba Manuel Arriaga Díaz, en
es1recho con1ac10 con Anlonia Peña, y la de Eugenio Maria Monlaño, administrador
de una hacienda de Ignacio Adalid, que se escribía con ésle.
25
La figura principal quesirviódeenlaceen eslasncgociaciones fucJuan Baulista
Raz y Guzmán.
26
José Anlonio del Cris10 y Conde y Francisco Manuel Sánchez de Tagle fueron
los Guadalupes que se acercaron a Calleja.

40

Para es1as elecciones, véanse Neuie Lee Benson, "The con1ested mexican
elec1ions of 1812", Hispanic American Historica/ Review, vol. XXVI, agosto. 1946, pp.
336-350; Antonio Annino, "Praticbe creole e liberalismo nella crisi dello spazio urbano
coloniale. Il 29 novembre 1812 a cittA del Messico", Quademi Storid", vol. 69, año xxrn,
núm. 3, diciembre de 1988 (cuya lraducción al español se encuenlra actualmen1e en
prensa en el lnstituto Mora,revis1a Secuencia, núm. 24), y Virginia Guedea, "Las
primeras elecciones populares en la ciudad de México: 1812-1813", Mexican Studies/Estudios Mexicanos, vol. 7, núm. 1, invierno 1991, pp. 1-28.

41

�Los Guadalupes

individuos de muy diversa clase y condición. Se celebraron juntas
previas para planear su organización, se seleccionaron los candidatos
más idóneos, se elaboraron y repartieron papeletas que contenían sus
nombres y se efectuó una eficaz labor de convencimiento. De igual
manera se trabajó en forma coordinada y eficiente durante las elecciones mismas.
Varios de los integrantes de los Guadalupes tomaron parte en
este proceso electoral. Esto se daría en dos niveles. Uno, formal y
abierto, ya que el antiguo Ayuntamiento capitalino debía ocuparse de
la organización y cuidado de las elecciones. El otro, informal y oculto,
por el interés que el grupo tenía en aprovechar una coyuntura tan
favorable para promover sus intereses. Los resultados inmediatos de
esta línea de acción fueron positivos. Salieron designados como
electores algunos de los integrantes del grupo.28 Esta participación y
estos resultados nos permiten percibir varias cosas. Por un lado, la
habilidad de los Guadalupes que intervinieron en el proceso para
conjugar sus esfuerzos y sus intereses con los de otros grupos e
individuos para la consecución de un objetivo común. Por otro, la
capacidad que tuvieron para controlar y dirigir a grandes sectores de
la población capitalina. Finalmente, que varios de ellos ocupaban
posiciones de importancia y gozaban de prestigio entre los habitan tes
de la ciudad.
Las elecciones demostraron que las aspiraciones autonomistas se
habían extendido a grandes sectores de la población, incluyendo a los
antes tranquilos indígenas. También pusieron de manifiesto la existencia de diversos y efectivos canales de comunicación entre todos
ellos. Asimismo, demostraron que un grupo articulado a través de su
cabildo tenía capacidad de dirección y movilización, capacidad que le
era reconocida y aceptada por una gran parte de los habitantes de la
ciudad. Por último, demostraron que los autonomistas, y no las
autoridades coloniales, controlaban el espacio urbano capitalino. Si
a lo anterior se une el hecho de que las elecciones se dieron en medio
de manifestaciones de regocijo, de críticas al régimen colonial y hasta
de apoyo a la insurgencia, y que por entonces ésta obtenía importantes triunfos armados, se puede entender la preocupación que causaron a las autoridades coloniales. Temerosas de que descontentos e
insurgentes se unieran contra el régimen, y decididas a evitar que se
28

Los Guadalupes que resultaron electores fueron José María Alcalá, Dionisio
Cano y Moctezuma, Pedro Dionisio de Cárdenas, José María Fagoaga, Antonio
Ignacio López Matoso y Juan Nazario Pcimbert.

42

Vuginia Guedea

debilitase su poder en la capital del virreinato, suspendieron tanto la
libertad de imprenta como el proceso electoral.
No obstante la actitud de las autoridades, las líneas de acción que
brindaba el sistema constitucional serían aprovechadas al máximo y
con óptimos resultados por autonomistas y descontentos, muy en
particular por los Guadalupes. Así ocurrió a principios de 1813, con
la reanudación del proceso electoral para designar al Ayuntamiento
constitucional capitalino: los electores escogieron a individuos nacidos en Nueva España y poco o nada afectos al régimen colonial, entre
los que se contaron varios integrantes de los Guadalupes.29 Igualmente ocurrió poco después con los procesos electorales para designar
diputados a Cortes, así como con quienes debían integrar la diputación provincial, en los que participaron de manera activa algunos
miembros del grupo con iguales resultados.30 Esto se repetiría en
todos y cada uno de los procesos electorales a que daría lugar el
régimen constitucional. Todos esos procesos dejaron en claro dos
cosas. Una, la capacidad de organización desarrollada por los autonomistas capitalinos. La otra, el amplio apoyo que al amparo de los
cambios constitucionales habían encontrado en distintos sectores de
la capital, incluidos los indígenas.
La coincidencia de que la implantación del régimen constitucional se diera al tiempo en que la insurgencia alcanzaba su mayor fuerza
y extensión y se organizaba políticamente, permitió a muchos de los
descontentos aprovechar de manera paralela las posibilidades que
ambas instancias ofrecían. No sólo esto. Los dos caminos de acción
política que ante ellos se abrieron de modo casi simultáneo dieron
también opción a que se llegaran a articular, conjugar y en muchos
casos incluso redefinir intereses un tanto diversos.
La instalación del Supremo Congreso Nacional Americano en septiembre de 1813 marcaría el punto más alto de coincidencia entre los
distintos intereses de los americanos. La insurgencia contó, por fin, con
un órgano de gobierno alterno, que debía ocuparse de constituir a la
nueva nación, y que fue resultado de una intensa labor de organización
y de un proceso electoral en los que se procuró incluir a todos ellos.31
29
Para el ayuntamiento resultaron electos Ignacio Adalid, Ignacio Moreno y
Barrios y Francisco Manuel Sáncbez de Tagle.
30
Salieron electos diputados a Cortes Manuel Cortázar y Félix Lope de Vergara
por Nueva España y José Maria Alcalá y et marqués de San Juan de Rayas por
Guanajuato. Para la diputación provincial salió electo José María Fagoaga y como
suplente José Antonio del Cristo y Conde.
31
Sobre este proceso véase Y-uginia Guedea, "Los procesos electorales insurgen-

43

�Les Guadalupes

Virginia Guedea

Los Guadalupes, que no sólo participaron activamente en esta labor
y en este proceso sino que ejercieron in.fluencia sobre ambos,32 se
entusiasmaron con las perspectivas a tal grado que algunos de ellos
llegaron a pensar en la posibilidad de hacer a un lado la vía que les
ofrecía un sistema constitucional cada vez más desvirtuado por las
propias autoridades coloniales.
No alcanzarían a decidirse. Si bien el Congreso lograría proseguir
sus trabajos y hasta elaborar una Constitución, las derrotas insurgentes de finales de 1813 y principios de 1814 cancelaron, de hecho, las
perspectivas que su instalación había abierto. Significaron el principio
del fin de la insurgencia organizada y que el movimiento pasara a la
defensiva. Significaron también que el régimen colonial tuviera pruebas fehacientes de las relaciones que con los insurgentes sostenían de
manera encubierta muchos americanos, entre ellos un grupo capitalino que suscribía su correspondencia con el pseudónimo de "los
Guadalupes".33

pués de la prisión y la muerte de Morelos a fines de 1815, al perder
el movimiento su centro común y fragmentarse cada vez más, convirtiéndose en una guerra de guerrillas, lo que haría difícil no sólo
prestarle apoyo y seguir un contacto con ella, sino mantener hacia el
movimiento la misma disposición.
La desaparición de estas dos opciones no significó la desaparición
de los anhelos de muchos de los americanos de alcanzar una mayor
participación política. Todos ellos, incluidos los antiguos Guadalupes,
buscarían nuevos caminos para hacerlos realidad, y aprovecharían al
máximo las oportunidades que se les presentarían. Incluso seguirían
actuando en conjunto, hasta alcanzar el poder en 1821. Seguirían
también organizándose a través de sociedades o grupos secretos - esa
"enfermedad del siglo", como se los calificó por esos años-, los que
alcanzarían su mayor desarrollo poco después de consumada la independencia. Pero nuevas y diferentes circunstancias daban lugar a
nuevas y diferentes respuestas, y entre ellas, la específica de los
Guadalupes ya no tendría lugar.

A las derrotas insurgentes se sumó en agosto de 1814 la vuelta al
antiguo régimen. Este retomo significaría muchas cosas. Canceló
para los inconformes la posibilidad de un cambio pacífico. Cerró a los
autonomistas la vía legal de acceso a la representación política abierta
por las Cortes. Reafirmó en los partidarios de la lucha armada la
convicción de que la ruptura definitiva era el único camino. Por
último, fortaleció al régimen colonial y dio, además, libertad a sus
autoridades para proceder en contra de todos ellos.
Cancelada la opción liberal con la suspensión del régimen constitucional, las averiguaciones y los procesos que desembocaron en
prisiones y destierros lograron ir cortando las relaciones que se habían
establecido con la insurgencia. Sucedió también algo todavía más
grave. Se logró desarticular en gran medida a las nuevas formas de
vinculación que los americanos habían logrado establecer entre ellos
y que les habían permitido actuar de manera coordinada. En el caso
particular de los Guadalupes, el grupo acabaría por ver seriamente
alteradas su composición y estructura, lo que imposibilitaría su acción.34 Por último, la opción insurgente acabó por desaparecer dest~. 1811-1813", Estudios de Historia Novohispana, Instituto de Investigaciones Históncas-UNAM (en prensa).

32
.
Benito José Guerra fue nombrado para el poder judicial. El marqués de Rayas
dio su voto a Morelos como generalísimo.
33
Morelos perdió, junto con todo su archivo, la correspondencia con los Guadalupes en llacotepec en febrero de 1814.
34
Por entonces salieron de la capital o fueron desterrados José María de la Garza

Falcón, José María Alcalá, Manuel Cortázar, Ignacio Adalid, Francisco de Arce, José
María Alba, Francisco de la U ave, Antonio Ignacio López Matoso, el marqués de San
Juan de Rayas y Félix Lope de Vergara.

44

45

�Hilda Sabato

Ciudadanía, participación política
y formación de una esfera pública
en Buenos Aires, 1850-1880*
Hilda Sabato**

E

l te~a de la participación p~lítica en las sociedades modernas
ha sido extensamente debatido, tanto en el terreno de la teoría
política como en el del análisis histórico. En buena parte de
la literatura clásica se ha asociado participación con ciudadanía
política, y a ésta con el ejercicio del sufragio. Más aún, en tanto se
considera que la ampliación de la ciudadanía política define el tránsito hacia la sociedad democrática, la universalización efectiva del
• Este artículo es una traducción del trabajo publicado en la revista Past ami
Presenten agosto de 1992, escrito durante mi estadía en el Institute for Advanced Study
of Princeton en 1990-1991. Agradezco a mis colegas del Instituto que discutieron una
versión preliminar del artículo, y en particular a Gary Gerstle, Jacek Kochanowicz,
Peter Wagner y Michael Walzer. Gran parte de la investigación que diera lugar a este
artículo se Uevó a cabo en Buenos Aires, con la asistencia de Ema Cibotti, Elías Palti
y Graciela Bonet. Las ideas centrales fueron discutidas originalmente con mis colegas
en el PEHESA-CISEA en Buenos Aires: Leandro Gutiérrez, Juan Carlos Korol, Luis
Alberto Romero y Beatriz Sarlo.
•• Investigadora del Conicet en el PEHESA-CISEA y profesora de la Universidad de
Buenos Aires.

46

voto se toma como el momento culminante de ese proceso. Históricamente, ese momento se ubica a comienzos del siglo xx, cuando se
habría completado el camino que, a través de sucesivas ampliaciones,
habría llevado desde el sufragio restringido, propio del siglo anterior,
al voto universal masculino. Los casos que se apartan de esta senda
son tratados como desviaciones del modelo, como anómalos e imperfectos en términos de su tránsito hacia la democracia.
Los problemas teóricos que plantea una concepción así restringida de la participación política han sido señalados en algunos tra~ajos recientes. 1 En el terreno del análisis histórico, diversos estudios
de caso muestran que el camino canónico de tránsito paulatino del
sufragio restringido al universal fue la excepción más que la regla.2
Además, algunos de ellos muestran que el voto era sólo una de las
formas de participación en la vida pública y la escena política, pero
de ninguna manera la única.3
En el caso de Argentina, este trabajo crítico aún no se ha
emprendido de manera sistemática. La interpretación canónica se
apoya en una concepción restringida de la participación política,
pero encuentra dificultades a la hora de aplicar el modelo clásico de
construcción de la ciudadanía política a la historia argentina. Al
mismo tiempo, esa óptica impide analizar los vínculos complejos que
se establecen entre la sociedad civil por un lado y el Estado y el poder
político por el otro, en particular durante el periodo formativo del
sistema político.
Este artículo propone un camino diferente para abordar el tema
de la participación política en Argentina, explorando el caso pa~~cular de la ciudad de Buenos Aires en las décadas en que fue adqmnendo los rasgos que pronto la convertirían en una ciudad burguesa por
excelencia. Luego de revisar y discutir las visiones más difundidas
acerca del papel del sufragio y las elecciones, se explora una dimensión de la vida política de la ciudad hasta ahora muy poco estudiada:
el proceso de formación de una esfera pública, proceso distintivo de
las décadas que siguen a Caseros (1852). Finalmente, se analiza el
1 Véase, por ejemplo, Albert Hirschman,

Shifting involvements, Princeton, 1982.
Un análisis crítico de la noción de participación en algunas teorías de la democracia se
encuentra en Carole Pateman,Participationand democratic theo,y, Cambridge y Nueva
York, 1970.
2
Véanse, por ejemplo, todos los trabajos incluidos en Quademi Storici, nueva
serie, núm. 69, diciembre 1988.
3 Véase, por ejemplo, José Murilo de Carvalho, Os bestializados. O Rio delaneiro
e a rept1blica que nao foi, San Pablo, 1987.

47

�Ciudadanía y participación política

Hilda Sabato

papel que tuvieron las prácticas electorales y la participación en la
esfera pública en el sistema político en formación.

autoridades electas legalmente que básicamente respetaron la Constitución y las leyes.
En este largo periodo se han reconocido dos etapas, antes y
después de la sanción de la Ley electoral de 1912 que estableció el
secreto y la obligatoriedad del sufragio, hecho considerado decisivo
en el proceso de ampliación de la ciudadanía política. La ley aparece
además como el resultado inevitable del crecimiento económico y la
modernización social experimentados en las décadas precedentes. Sin
embargo, se habría tratado de un resultado desfasado, en tanto que
los profundos cambios sociales que tuvieron lugar a partir de mediados del siglo XIX no encontraron su equivalente en el terreno político.
En palabras de Germani: "Las elites dirigentes no parecieron dispuestas a compartir y menos aún a ceder el poder a los nuevos grupos
que se iban incorporando a la vida nacional."5 Esta contradicción
estaba en el seno mismo del proyecto puesto en marcha por los grupos
dirigentes que eran conservadores en el terreno político, si bien
liberales cuando se trataba de los aspectos económicos, sociales y
culturales de la modernización. Esta elite había logrado mantener a
la mayor parte de la población alejada de la vida pública, estableciendo una república restrictiva. Las elecciones se controlaban y manipulaban desde arriba; el voto era una prerrogativa de minorías privilegiadas; el "pueblo" no tenía acceso a las urnas. La situación se
agravaba por la presencia masiva de los inmigrantes quienes, salvo en
el caso de algunas elecciones municipales, sólo después de nacionalizarse adquirían el derecho al voto. Dado que la mayoría de ellos no
optaba por hacerlo, quedaba al margen de los mecanismos formales
de vinculación con la política. De esta manera, aun después de la
sanción de la ley de 1912 subsistía un obstáculo muy serio para la
completa modernización del sistema politico.6
Sintéticamente, éstos constituyen los argumentos centrales de la
mayor parte de las interpretaciones sobre la historia de la formación
del sistema político argentino, proceso que aparece trabado por la
existencia de graves obstáculos en el camino esperado hacia el sufragio universal y la ciudadanía ampliada. Al considerar al sufragio como

La vida política en Buenos Aires: la interpretación canónica

A principios de la década de 1850, luego de la derrota de Juan
Manuel de Rosas, la ciudad de Buenos Aires albergaba a unos 90 000
habitantes. Por entonces ya era la ciudad más grande de Argentina
y el principal centro de negocios; muy pronto se convirtió también
en la sede del gobierno nacional y en 1880 fue designada capital
federal de la república. Este fue un periodo de extraordinario crecimiento económico, en que el país encontró un Jugar importante en
el mercado mundial como exportador de lana a varios países de
Europa. La ciudad se expandió física y demográficamente. Hacia
1887, más de 400 000 habitantes vivían en Buenos Aires, quintuplicando la cifra de 30 años antes. La inmigración europea fue el
principal factor de ese crecimiento poblacional; las cifras son impactantes: para fines de la década de 1860, de cada cuatro hombres
adultos, tres eran extranjeros. La mayor parte de los hombres estaban empleados en el comercio, el transporte y los servicios, en buena
proporción como asalariados en tareas no calificadas y muy inestables. Existía un número no desdeñable de trabajadores por cuenta
propia -pequeños propietarios de diversa índole, asociados sobre
todo con el comercio y los servicios - , muchos de ellos protagonistas
de 1a movilidad ocupacional ascendente característica de estos años.
El sector manufacturero, compuesto por pequeños y medianos talleres y establecimientos, ocupaba a menos del 20% de Ja fuerza de
trabajo.4
El país se regía por la Constitución de 1853, dictada bajo la
influencia del pensamiento liberal y el modelo de la Constitución de
Estados Unidos. Luego de la derrota del régimen de Rosas en 1852,
las fuerzas triunfantes se dividieron y la provincia de Buenos Aires se
separó de la nueva Confederación. Diez años más tarde, Buenos Aires
derrotaba a la Confederación mientras su elites políticas se proponían
hegemonizar el proceso de constitución de un Estado y de un orden
político nacionales. Desde entonces y hasta 1930, aunque la violencia
nunca faltó en el escenario argentino, el país fue gobernado por

5

Cfr. Hilda Sabato y Luis Alberto Romero, Los trabajadores de Buenos Aires,
1850-1880. La experiencia del mercado, Buenos Aires, 1992.

Gino Genoani, Polftica y sociedad en una época de transición, Paidós, Buenos
Aires, 1968,p.299.
6
Estos argumentos se eocueotrao ea la mayor parte de las ioterpretaciooes sobre
la historia política argentina. Los trabajos más sugerentes ea esta tradición son los de
José Luis Romero, Las ideas polfticas en la Argentina, FCE, Buenos Aires, 1946, y Gino
Germani, op. cit. Trabajos posteriores sobre este problema han seguido básicamente el
camino abierto por estos trabajos pioneros.

48

49

4

�Ciudadanía y participación política

Hilda Sabato

el mecanismo por excelencia de la representación ciudadana, estas
interpretaciones colocan a las elecciones como la piedra de toque del
sistema político. En consecuencia, se preocupan más por mostrar
cómo se tergiversaba y se limitaba el voto en elecciones manipuladas
y fraudulentas, que por comprender qué papel jugaban éstas en el
sistema político en formación. 7

dos del siglo XIX, su vigencia trascendió el nivel local y se afumó en el
orden nacional.
La interpretación canónica sostiene que, a pesar de las leyes, el
principio del sufragio universal se violaba en la práctica a través de
mecanismos electorales diseñados para mantener al "pueblo" lejos
de las urnas. De hecho, entonces, el derecho a voto aquí también
estaba limitado, de la misma manera que si hubieran existido restricciones legales a su ejercicio. Esta lectura descarta la importancia del
sufragio universal en el caso argentino y disuelve su especificidad al
asimilarlo al modelo general de ciudadanía restringida. Sin embargo,
la vigencia temprana del sufragio universal constituye un dato de
partida insoslayable a la hora de analizar cómo se organizó efectivamente el sistema político y, en particular, cuál fue el papel de las
elecciones y del voto en ese sistema.
Una primera mirada sobre las prácticas electorales en Buenos
Aires en las décadas de 1860 y 1870 arroja algunos indicios claros en
ese sentido. A lo largo de ese periodo los participantes en las jornadas
electorales representaban, en efecto, una proporción muy pequeña
de la población de la ciudad, proporción que oscilaba de elección en
elección pero que no experimentó un incremento sistemático a lo
largo de los años. Las cifras de votantes rondan el 2% de la población
total y el 10% de los habilitados en la mayor parte de las elecciones,
y aunque hubo momentos de mayor asistencia a las urnas, el máximo
registrado es del 25% de los habilitados.10
Pero lquiénes eran esos votantes? Escuchemos a los contemporáneos. "A las elecciones no asisten por lo general los hombres de
cierta posición social", se lamentaba un diputado en 1873,11 y el ex
presidente Sarmiento se quejó muchas veces con palabras semejantes
a éstas en 1887: "Sucede en Buenos Aires lo que no sucede en parte
alguna de la tierra, y es que los comerciantes, dueños del comercio
que paga las rentas, no votan en las elecciones." 12 Comentarios de este

Las elecciones y el sufragio
El primer problema con esta visión es que desestima un dato clave de
la historia electoral argentina: desde una fecha muy temprana el
sufragio fue universal para todos los hombres adultos nativos y nacionalizados. No existían limitaciones censatarias ni de capacidad al voto
activo y, por lo tanto, no hubo lugar para un proceso gradual de
extensión de la franquicia. En la ciudad y la provincia de Buenos Aires
el sufragio universal fue establecido en 1821, apenas una década
después de la revolución de Independencia, y en 1853 fue incorporado a la legislación nacional.8 Si se agrega que las elecciones para la
Cámara de Diputados de la nación eran directas, puede afirmarse que
se trataba de un caso excepcional en América Latina, y bastante
atípico aun en un contexto más amplio.
Está más allá de los objetivos de este artículo explorar las razones
de esta introducción tan temprana del sufragio universal, cuyas raíces
se han rastreado en la historia de la independencia y los años que
siguieron al colapso del orden colonial.9 El hecho es que, para media7

Tal es el caso incluso en artículos apoyados en una sólida tarea de investigación,
como los de Carlos Heras, "Un agitado proceso electoral en Buenos Aires", Trabajos
YComunicaciones, núm. IV, La Plata, 1954, pp. 69-109, y "Las elecciones de legisladores
provinciales en marzo de 1864", Trabajos y Comunicaciones, nóm. v, La Plata, 1955,
pp. 57-97. Para un enfoque.diferente, véase Natalio Botana, El orden conservador. La
polftica argentina enm: 1880y1916, Sudamericana, Buenos Aires, 1977, donde se analiza
el pai::I de las el~io~es en el ordenamiento político inaugurado en 1880.
La Ley pr&lt;Mnetal de 1821 establecía algunos requisitos de propiedad para los
candidatos, requisitos abolidos en 1853. Aunque la Constitución argentina no hace
referencia explícita aJ sufragio universal masculino, siempre se lo ha considerado
implícito en el texto constitucional. Cfr. Hilda Sabato y Elías Palti, "¿Quién votaba en
Buenos Aires?: Práctica y teoría del sufragio, 1850-1880", Desa"ollo Económico, núm.
119, octubre-diciembre 1990, pp. 395424. En el caso de los inmigrantes los requisitos
para la nacionalización eran limitados: después de dos años de residencia en el país
podían solicitar la ciudadanía argentina, convirtiéndose así en potenciales votantes_
9
Para un análisis muy sugerente de este tema, consóltense los trabajos de Tulio

50

Halpcrin Dongh~ en particular su Revolución y guerra. Formación de una e/iJe dirigen/e
en la Argentina criolla, Siglo XXI, Buenos Aires, 1972, e Ifütoria Argentina. De la
revolución de Independencia a la Confederación rosista, Paidós, Buenos Aires, 1972.
10

Las cifras de participación electoral aparecen registradas en la prensa de la
época. Cfr. Botana, op. cit., y Carlos lleras, "Un agitado" y "Las elecciones", loes. cits.
11
Cámara de Diputados de la nación, Diario de Sesiones, Buenos Aires, 1873.
Sesión del 6 de agosto de 1873.
12
Domingo F. Sarmiento, "El porqué y el para qué de las emigraciones a
América", El DiJJrw, septiembre 12, 1887. Citado en Domingo F. Sarmiento, Condición
del extranjero en América, La Facultad, Buenos Aires, 1928.

51

�Ciudadanía y participación política

l-Iilda Sabato

tenor son frecuentes y sugieren que los sectores acomodados de la
población en general se abstenían de votar. ¿Quiénes lo hacían
entonces? Los sostenedores de las tesis tradicionales nos brindan
alguna evidencia que puede contribuir a responder a esa pregunta.
Así, e~ su descripción de las prácticas electorales, que se apoya en
matenal de la prensa periódica, Carlos Heras cuenta que "en la
parroquia de San Nicolás ganaron las elecciones los peones del
ferrocarril" y que "los héroes de la jornada fueron los empedradores,
~os peones de los corrales y los alumbradores". 13 Expresiones semeJantes aparecen una y otra vez en periódicos de la época y en informes
de la policía que describen las jornadas electorales en el Buenos Aires
de las décadas de 1860 y 1870. "En las últimas elecciones [...] el Club
del ~ueblo tenía a todos los empleados de la aduana[... ] Tenía a los
manne~os que, a pesar de ser griegos, canarios y españoles, votaban
como cmdadanos", denunciaba La Tribuna en 1864. 14 Las memorias
de algu~as ~guras p~líticas de la época evocan también estas prácticas, no srn cierta dosis de nostalgia.Julio Costa, por ejemplo, recuerda
con orgullo que_"este grande y noble partido [el Autonomista] era
maestro en maruobras electorales y de comité; y no le hacía ascos al
concurso de los peones de aduana, ni al de los de la limpieza, ni al de
los comisarios de policía". 15
Contrariamente a lo sostenido por la interpretación tradicional,
q~e se refier~ vagamente a las minorías privilegiadas como protagom~ta~ de las Jornadas electorales, las fuentes sugieren que no eran
p_nnc1palmente los ricos, los burgueses, los profesionales o los comerciantes lo_s que iban a votar, sino más bien los jornaleros y peones del
ferrocarril, de la aduana, de la municipalidad o de los corrales.
En general, las fuentes se refieren a los votantes en términos
ocupacionales, como pertenecientes a un determinado sector laboral
Y social. Además, se los considera colectivamente. No se habla de
ciudadanos, de individuos que habrían ejercido su derecho y su deber
de votar, sino de los integrantes de una fuerza colectiva. Y, en efecto,
lo eran: grupos movilizados para la ocasión, huestes disponibles tanto
para la emisión del voto como para la otra cara de la lucha electoral,

la de la violencia. 16 Así anunciaba La Tribuna, con evidente ironía, el
advenimiento de un día de elecciones en 1864:

13

. .
Carlos Heras se re~ere aquí a las elecciones municipales de 1863 y a las que se
hi~ero~ en 1~ para elegir representantes a la legislatura provincial. Véase su "Un
agnado ,loe. cu., p. 80y "Las elecciones", loe. cit., p. 74.
~ La _Tribuna, l abril 1864.
Julio Costa, Entre dos batallas, Talleres Gráficos Mario, Buenos Aires 1927
P·_192. Véase también Félix Annesto, Mitristas y alsinistas (1874), Sudestada, Buen~
Aires, 1968, pp. 15-22.

52

El día de hoy tan esperado como en el que se fuera a dar una gran batalla
ha llegado por fin. Los timoratos no asomarán las narices fuera de las
ventanas de sus casas, esperan revoluciones, incendio, invasiones de
salvajes, asesinos que por placer sembrarán de cadáveres las calles,
antropófagos insaciables, y el infierno, en fin, reventando por cada atrio
de iglesia en una boca.17
El párrafo sugiere la violencia, pero también el juego. Se trataba
de una violencia controlada, cuyos límites estaban fijados de antemano, como en un juego. El escenario era cerrado (el atrio y espacios
vecinos), el objetivo era exclusivamente ganar y mantener una posición ("ampararse" de las mesas), los participantes estaban definidos
de antemano, todo se resolvía en un día y muy raramente había
víctimas fatales. Las jornadas electorales tenían todas las características de las jornadas de guerra, pero de una guerra vacía de carga
dramática, que los contemporáneos encaraban con espíritu casi deportivo.18
Todo esto sugiere una organización meticulosa. Durante estas
dos décadas, dos facciones políticas -el nacionalismo y el autonomismo - se disputaban el poder elección tras elección, dirigidas por
dos figuras prominentes de la elite política de Buenos Aires. 19 Estas
facciones fueron desarrollando un sistema muy particular de funcionamiento electoral. Apoyados en el control del Estado (delos distintos resortes de la administración pública nacional, provincial y municipal) formaron clientelas integradas en sus bases por los trabajadores
menos calificados, empleados en las reparticiones públicas o en empresas vinculadas con el Estado y dirigidas por caudillos ubicados en
diferentes escalones de la jerarquía laboral y política.
No resulta claro cómo se establecía la relación entre trabajadores, Estado y partidos. Es posible que el control del Estado diera
buenas posibilidades a una facción para reclutar empleados y conver16
Prácticamente todos los trabajos que se refiere)\ a las prácticas electorales en
este JK'.riodo subrayan su carácter violento.
11
La Tribuna, 14 febrero 1864. La Tribuna era un diario estrechamente ligado al
Partido Autonomista, dirigido por Adolfo Alsina.
18
Cfr. Sabatoy Palti, "lQuién votaba en Buenos Aires?" e Hilda Sabato, "El atrio
Yla plaza: dos ámbitos de participación polftica en Buenos Aires, 1850-1890. Notas
exploratorias", ponencia inédita presentada en las Jornadas Buenos Aires moderna:
historia y perspectiva urbana (1870-1940), realizadas en Buenos Aires en mayo de 1990.

53

�Ciudadanía y participación política

Hilda Sabato

tirios en votantes, y que a su vez el empleo fuera otorgado con
preferencia a los partidarios. En los periódicos de la época abundan
las acusaciones en ese sentido.w Pero no se trataba simplemente de
canjear un puesto por un voto. No bastaba con que un partido
accediera al aparato oficial para que tuviera de inmediato el control
de todas las actividades oficialmente bajo su esfera de influencia.
Además, la movilización de hombres era organizada y se realizaba de
manera colectiva, no individual. Esto requería mecanismos de dirección y encuadramiento que probablemente estuvieran vinculados con
las formas de organización laboral. Capataces y encargados actuaban
con frecuencia como caudillos políticos y constituían eslabones clave
en el reclutamiento de trabajadores/militantes.21 Finalmente, es probable que las relaciones entre las cabezas partidarias, los dirigentes
que habían sabido construirse una clientela electoral administrando
un empleo desde algún rincón de la administración y los caudillos
surgidos de las filas populares que tenían a su cargo el manejo de sus
bases mismas hayan sido de carácter muy complejo, cimentadas en
lazos de patemalismo, lealtad y deferencia muy difíciles de analizar.
En cambio, es fácil ver que estos votantes están muy alejados de
la imagen del ciudadano poseedor de derechos políticos, miembro de
la clase de "los mejores", y que un sistema político asentado sobre
esas bases debía distar bastante del modelo clásico de una república
restrictiva apoyada en el principio de la representación de los sectores
pnvilegiados de la sociedad, modelo que muchas veces se ha tomado
para explicar la organización política argentina antes de 1912. Tampoco parece ajustarse al modelo tradicional de representación colectiva propia de sociedades de antiguo régimen. En las zonas rurales y
en las regiones más tradicionales del país, los resultados de los
procesos electorales podían corresponder al peso relativo de los
distintos sectores de la elite social y económica, que controlaban
políticamente a "su gente" a través de complejos lazos de clientelismo.22 Pero en una ciudad como Buenos Aires, día a día se ampliaba

el espectro de sectores urbanos (burgueses y populares) no encuadrados en las viejas redes patemalistas. Al mismo tiempo, las facciones
políticas operaban con relativa autonomía con relación a los sectores
de poder económico y social. Fueron estas facciones las que montaron
una organización basada en la movilización de sus propias clientelas,
cuyo voto se hizo posible precisamente como consecuencia de la
vigencia del sufragio universal. De esta manera, las elecciones se
peleaban y ganaban según pautas que no correspondían a las de una
sociedad de antiguo régimen.
Esta descripción de las prácticas electorales porteñas no se ajusta
ni al modelo de república restrictiva ni al de sociedad política tradicional. Sin embargo, es probable que ello no sorprenda a nadie que
haya explorado la historia de casi cualquier sistema político del siglo
XIX. Existe un corpus importante de trabajos que analizan las formas
concretas de desarrollo de la ciudadania política en los diferentes
países de Europa y en Estados Unidos. En el caso de América Latina,
en los últimos años se han hecho esfuerzos en la misma dirección.
Ellos muestran que la constitución de una ciudadanía política siguió
diferentes caminos en distintas sociedades, pero en casi todas ellas se
reitera una pauta semejante de prácticas electorales caracterizada por
la manipulación del voto, el fraude, la acción violenta de los participantes, el clientelismo. Sin embargo, lo que se destaca en la mayor
parte de los ejemplos conocidos es el papel que esas prácticas electorales desempeñaron en la organización de redes políticas cada vez
más inclusivas, a partir de las cuales se fue conformando una ciudadanía política efectiva dentro de los límites de la ciudadanía legal.23
En la ciudad de Buenos Aires, sin embargo, las elecciones no
parecen haber cumplido esa función. Esto no quiere decir que no
fueran importantes. Por el contrario, cumplían un papel decisivo
como sistema establecido y aceptado para la renovación de autoridades, que debía garantizar la sucesión relativamente pacífica en los
distintos niveles de los poderes públicos. En Buenos Aires, en los años
que siguieron a la caída de Rosas, las elites políticas buscaron diseñar
un sistema electoral que, además de adecuarse a los principios democráticos establecidos por la Constitución nacional, abriera un camino
para la resolución controlada y relativamente "civilizada" de los

19

Adolfo Alsina dirigía el Partido Autonomista y Bartolomé Mitre el Partido
Nacionalista. La mejor historia politica del periodo se encuentra en Tulio Halperin
Donghi, Proyecto y construcción de una nación (Argentina 1846-1880), Biblioteca de
Ayacucho, Caracas, 1880.
20
Véanse, por ejemplo, los ejemplares del diario La Tribuna correspondientes a
los meses de enero y febrero de 1864, donde se denuncia la discriminación laboral en
la Aduana de Buenos Aires.
~ Sa~ato y Palti, "lQui~n votab~ en Buenos Aires?", loe. ciL
Existen escasos trabajos refendos a las prácticas electorales en el interior del

54

país. Constituye una excepción el artículo de Gcrrnan Tjarks: "Las elecciones salteñas
de 1876 (un estudio de fraude electoral)", Anuario del Departamento de lfütoria de la
Universidad de Córdoba, núm. 1, 1963, pp. 417-475.
23 Véanse los artículos incluidos en el mencionado número de la revista Quademi

Storici.

55

�Ciudadanía y participación política

Hilda Sabato

conflictos entré las elites. No fueron enteramente originales en la
solución que encontraron. Ya en la década de 1820 las facciones
políticas que competían por los cargos de gobierno peleaban y ganaban las elecciones a partir de la movilización de clientelas populares,
cuyo acceso a las urnas estaba permitido por la vigencia del sufragio
universal.24 El régimen instaurado en la década del treinta cambió las
reglas del juego y las elecciones se convirtieron en un mecanismo
plebiscitario de confirmación en el poder de Juan Manuel Rosas y sus
hombres. Después de su caída, las elites analizaron lo que consideraban la experiencia pionera de los años veinte, retomaron algunos
métodos y prácticas que habían sido ensayados entonces, y perfeccionaron un sistema que fue eficaz durante algún tiempo. Pero mientras
en su origen la participación de ciertos sectores de las clases populares
en las elecciones formó parte de una movilización mayor desatada
por la revolución y las guerras de Independencia, en las décadas de
1860 y 1870, la participación electoral involucraba a sectores cada vez
más minoritarios y marginales, y menos representativos del conjunto.
En consecuencia, las prácticas electorales terminaron convirtiéndose
en instrumentos internos del juego político, que no funcionaban como
mecanismos de mediación con la sociedad civil, ni como formas
significativas de participación.
Esta hipótesis abre el camino a dos problemas diferentes. Por una
parte, si las elecciones fueron un medio muy limitado de participación
política, lse desarrollaron otras formas de participación durante estas
décadas? Por otra parte, lcómo se daba la coexistencia entre estas
prácticas electorales y "la ficción de la representación"?25 En lo que
resta de este artículo se explorará la primera de estas cuestiones,
aunque en las conclusiones también se hará alguna referencia a la
segunda.

historiografía argentina ha interpretado este silencio como un síntoma de indiferencia política por parte de una sociedad compuesta
principalmente por inmigrantes más interesados en "hacer la América" que en participar en la vida política del país.26 Es posible, sin
embargo, proponer otra lectura de esta aparente indiferencia. Para
la mayor parte de la gente el voto no resultaba atractivo porque no
parecía significar demasiado. La noción de representación era muy
abstracta. Además, nadie consideraba el voto como un privilegio ni
como una forma efectiva de ejercer presión directa sobre las autoridades. Esto seguramente ocurría también en otros países, pero en la
mayor parte de los casos conocidos, la constitución de la ciudadanía
política fue precisamente un proceso gradual a través del cual se fue
construyendo la noción de representación, y las prácticas electorales
cumplieron en este sentido un papel fundamental.27 No fue el caso
de Buenos Aires donde, como se ha visto, las elecciones fueron una
práctica interna a la dinámica de las facciones políticas.
En este contexto, durante estas décadas la población de Buenos
Aires encontró otras maneras de actuar en la escena política, más
efectivas que el ejercicio del derecho a voto. Se desarrollaron así
diversos mecanismos de vinculación entre la sociedad civil y el poder
político, mecanismos que servían a distintos sectores de la sociedad
para incidir en el terreno político sin la mediación del voto. En ese
sentido, lo característico de este periodo fue la formación de una
esfera pública que se constituyó en un ámbito clave de participación
política. No fue el único, por cierto. Las elecciones eran, en cierta
forma, una vía de participación para un sector cada vez más marginal

Ciudadanía y participación política

Durante todos estos años de sufragio universal pero limitado, no se
escucharon reclamos por la inclusión en el juego electoral procedentes de la sociedad civil. Como un eco de las voces del siglo XJX, la
24

Sobre las prácticas electorales en la década de l820, véase Tulio Halperin
Donghi, Revolución y guerra e Historia argentina, ops. cits.
25
La expresión pertenece a Edmund Morgan. Cfr. su Inventing the people, Londres y Nueva York, 1988, que analiza con maestría "el surgimiento de la soberanía
popular en Inglaterra y Estados Unidos".

56

26 Una revisión de la bibliografía que ha sosteaido esta interpretación se encuentra en I Iilda Sabato y Ema Cibotti, "Hacer política en Buenos Aires; los italianos en la
escena pública porteña, 1860-1880", Boletín del Instituto de Historia Argentina y Americana, Dr. E. Ravignani, 3a. serie, núm. 2, primer semestre de 1990, pp. 7-46. Este
artículo, junto con otros trabajos recientes, ha comenzado a cuestionar esta interpretación analizando la participación política de los inmigrantes. Cfr. Silvia Cragnolino,
"Política, facciones y participación política en Santa Fe y la crisis del régimen oligárquico", Anuario 12, Escuela de Historia, Universidad de Rosario, 1987, pp. 423-446;
Marta Bonaudo, Silvia Cragnolino y Elida Sonzogni, "Discusión en tomo a la participación política de los colonos santafesinos. Esperanza y San Carlos (1856-1884)",
Estudios Migratorios Latinoamericanos, núm. 9, 1988; Eduardo Míguez, "Política,
participación y poder. Los inmigrantes en las tierras nuevas de la provincia de Buenos
Aires en la segunda raitad del siglo XIX", Estudios Migratorios Latinoomericanos, núms.

6-7, 1987.
21 Cfr., entre otros, Morgan, op.

cit., y los trabajos incluidos en el número citado

de Quadenú Storici.

57

�Ciudadanía y participación política
de la población. Estaba también la actividad partidaria, que no se
reducía al ejercicio del derecho a voto ni estaba limitada a aquellos
que votaban. Asimismo, persistían formas más tradicionales de relación entre quienes estaban en el poder y sectores más amplios de la
sociedad. Pero la formación de la esfera pública constituyó un dato
nuevo en esa ciudad que estaba rápidamente adquiriendo los rasgos
de una ciudad burguesa por excelencia.

La formación de la esfera pública

La formulación de esfera pública propuesta por Jürgen Habermas ha
resultado de utilidad para analizar la vida política de Buenos Aires.
Él ha definido a la "esfera pública burguesa[...] sobre todo como la
esfera de las personas privadas que reunidas forman un público" con
el propósito de entablar con el Estado "un debate sobre las reglas
generales que gobiernan la esfera -básicamente privada pero públicamente relevante- del intercambio de mercancías y el trabajo
social".28
Según Habermas, desde el punto de vista histórico la formación
de la esfera pública constituye un desarrollo clave en el proceso de
construcción de las sociedades burguesas. Por otra parte, teóricamente, la esfera pública es el espacio en el cual los ciudadanos deliberan
e interactúan discursivamente, y donde la autoridad del argumento
racional predomina sobre cualquier otra, por ejemplo, sobre la que
pudiera emanar de las jerarquías sociales. Es un ámbito en el que,
cumplidos los requisitos de admisión -educación y propiedad - , las
personas se relacionan entre sí como "iguales". Finalmente, en palabras de Nancy Fraser, es "un mecanismo institucional para 'racionalizar' la dominación política haciendo a los Estados responsables ante
[parte de) su ciudadanía".29
Tanto las formulaciones de Habermas como algunos de los comentarios críticos30 que ha despertado su trabajo, constituyen un
28

Jürgen Habermas, The strucniraluansformation ofthe public sphere, Cambridge,
Mass., 1989, p. 27 (traducción mía). Existe una edición en castellano de este libro,
Ediciones Gili, México, 1981, pero la traducción es poco clara, de manera que be
preferido utilizar la versión inglesa.
29
Nancy Fraser: "Rethinking the public sphere: a contnoution to the critique of
actualityex:isting democracy", Social Tert, 25/l6, 1990, p. 59 (traducción mía).
30
Los trabajos más útiles en este caso han sido: Fraser, "Rethinking the public
sphere"; Joao Landes, Women ami the public sphere in the age ofthe french revolution,

58

Hilda Sabato
productivo punto de partida teórico para analizar el desarrollo de un
espacio de mediación entre sociedad ci~ y sistema d~ poder en
Buenos Aires. Durante las décadas estudiadas, era habitual en ese
espacio la intervención de grupos y sectores dive~os para_ expre~ar
opinión o presionar por sus intereses de manera directa, ~m mediaciones políticas pero traduciendo reclamos y posturas particulares ~n
términos del juego político local. A su vez, desde el poder se atendía
a las señales que provenían de ese espacio, que fue convirtiéndose en
una fuente de legitimación para la acción política
.
Tres aspectos de la vida de la ciudad pueden interpretarse como
síntomas de este proceso: la expansión de la prensa escrita, el surgimiento de la actividad asociativa y el desarrollo de una verdadera
"cultura de la movilización". La prensa escrita y las asociaciones
fueron medios para actuar en la esfera pública, a la vez que instancias
decisivas en el proceso de su conformación. Ellas fueron, además,
parte activa en la gestación de un conjunto de prácticas que fundaron
toda una cultura de la movilización.
La expansión de la prensa escrita en Buenos Aires fue espectacular en los años que siguieron a la caída de Rosas. Varias decenas
de diarios y periódicos se publicaban en las décadas de 1860 y 1870.
Los más de ellos tenían corta vida, pero existieron publicaciones que
sobrevivieron muchos años. No es fácil dilucidar los motivos que
llevaron a los editores a realizar el esfuerzo de producir esas publicaciones, ni tampoco detectar quiénes habrán sido sus lectores. Es claro,
sin embargo, que ellas se constituyeron en un instrumento insoslayable para quienes aspiraban a tener alguna influencia en la vida
política. Los dirigentes políticos argentinos tenían en general prensa
propia y cultivaban cuidadosamente la relación con uno o más periódicos de la ciudad. Los editores, por su parte, necesitaban de sus
padrinos políticos para sobrevivir financieramente y, por lo tanto, no
desdeñaban la relación con el mundo de los políticos.31
lQuién constituía el público para esta prensa? Una creciente
ampliación del espacio de debate público parece haber sido una
característica del Buenos Aires posterior a Caseros. Si bien es difícil
saber cuáles fueron sus alcances y sus límites, es obvio que incorporó
Ithaca, Nueva York, 1988; Bemard Manin, "La conception de l'opinion publique", ea
"Opinion publique et démocratie", París, 1987 (edición mimeografiada del CNRS);
Oskar Negt y AJexander Kluge, Oeffentlichkeit und Erfahrung: zur Organimtionanalyse
von bürgerlicher und proletarischer Oeffen1lichkei1, Franlcfurt, 1972.
31 Tulio I lalperin Donghi ha analizado el funcionamiento de esta prensa periódica
enlosé Hemández y sus mundos, Buenos Aires, 1985.

59

�Ciudadanía y participación política

Hilda Sabato

a sectores que no circulaban por los ambientes estrechos - aunque
no clausurados- de las elites políticas e intelectuales locales. Surgimiento lento pero sostenido de una opinión pública que sería modelada, a la vez que cortejada, por la prensa escrita.32
Muy pronto, pues, tener un diario fue una necesidad no solamente para los dirigentes y aspirantes a dirigentes políticos, sino para
cualquier persona o grupo que quisiera tener presencia pública,
presionar por sus intereses, defender una opinión. Así por ejemplo,
las dirigencias de las colectividades inmigrantes percibieron rápidamente el papel que podía jugar la prensa escrita y contribuyeron a
incrementar su importancia. Desde muy temprano fundaron sus
propios diarios y periódicos que se proponían representar los intereses y las opiniones de los inmigrantes, pero fueron además instrumentos decisivos en la lucha librada por esas dirigencias en el proceso de
construcción y control de sus comunidades. Por otra parte, esas
publicaciones constituyeron un medio de expresión política más general, y es fácil ver que fueron activos participantes en los debates
públicos que tuvieron lugar por entonces en Buenos Aires. En ese
sentido, su actitud no era meramente pasiva, informativa; ellos producían opinión, contribuyendo así a dar forma a la esfera pública.33
Con frecuencia, estos diarios y periódicos estaban vinculados al
segundo tipo de institución que se ha mencionado, las asociaciones.
Los estudios sobre sociedades de ayuda mutua y más en general sobre
asociaciones organizadas por las colectividades inmigrantes han proliferado en los últimos años. En la mayor parte de estos trabajos,

aunque se muestra a las instituciones en cuestión jugando papeles
muy diversos, se las piensa centralmente, como baluartes de etnicidad.34 Desde la perspectiva de este artículo, las asociaciones pueden
analizarse con una óptica algo diferente.
En primer lugar, la creación de asociaciones no era privativa de
las colectividades inmigrantes. Durante todos estos años, grupos
diversos en diferentes lugares organizaban este tipo de instituciones
con propósitos de protección colectiva, ayuda mutua y defensa de
intereses y opiniones conjuntas.35 En segundo lugar, cualquiera que
fuera su origen, su composición y sus fines, en general estas asociaciones actuaban también como mediadoras en relación con el Estado.36 Por tanto, aunque trabajaban centralmente en el ámbito de la
sociedad civil, también formaban parte de la compleja red de instituciones que vinculaban a la sociedad civil con el poder político.
La prensa y las asociaciones fueron asimismo parte activa en el
desarrollo de la cultura de la movilización. La forma habitual de
expresar una opinión o un reclamo era a través de una declaración o
petitorio escrito, que se circulaba para la firma. La acción colectiva
culminaba generalmente en un mitin público o, en algunos casos, en
una concentración masiva. Estas prácticas eran promovidas por dirigentes de las colectividades extranjeras, de agrupaciones políticas o
de grupos de interés, y en general contaban con el apoyo de institu-

32

El papel de la prensa en la formación de la esfera pública y de una opinión
pública en diferentes sociedades ha sido extensamente analizado en trabajos recientes.
Véanse, por ejemplo, Jack Censer y Jeremy Popkin, Press and politics in revolutionary
France, Berkeley, 1987; Hugh Gough, The newspaper press in the french revolution,
Londres, 1988; Mona Ozouf, "L'opinion publique", en Keith Baker (comp.), The french
revolution andthe creation ofnwdem politica/ culture, 3 vols., Oxford, 1987, vol. l; Daniel
Moran, Toward the cenrury ofwords. Joham Cella and 1he politics ofthe public realm in
Germany, 1795-1832, Berkeley, 1990.
33
Las referencias a la prensa étnica abundan en la bibliografía dedicada a las
colectividades inmigrantes en Argentina. Desde el punto de vista de este artículo, el
trabajo de Ema Ciboni ha sido particularmente útil. Cfr. su "Mutualismo y política. Un
estudio de caso. La Sociedad Unione e Benevolenza en Buenos Aires entre 1858 y
1865", en Femando Devoto y Gianfausto Rosoli (comps.), L 'Italia ne/la societa argentina, Roma, 1988, y la "La elite italiana de Buenos Aires: el proyecto de nacionalización
del 90",Anuario 14, Escuela de Humanidades, Universidad de Rosario, 1990. Véase
también Beatriz Guaragna y Norma Trinchitella, "La revolución de 1880 según la
óptica de los periódicos de la colectividad italiana" presentado en las Jornadas sobre
Inmigración, Pluralismo e Integración, Buenos Aires, I 984.

60

34 Desde este punto de vista son particularmente relevantes los trabajos de Samuel
Baily. Véase, entre otros, "Las sociedades de ayuda mutua y el desarrollo de una
comunidad italiana en Buenos Aires, 1858-1916", Desa"olloEconómico, vol. xx:1, núm.
84, 1982. Buena parte de los artículos más recientes sobre asociaciones de inmigrantes
puede encontrarse en la colección de la revista Estudios Migratorios Latinoamericanos,
editada en Buenos Aires, y en los volúmenes compilados por Devoto y Rosoli, L 'Italia
ne/la societa argentina, ya citado, y La inmigración italiana en la Argentina, Buenos Aires,

1985.

35 No existen estudios sistemáticos de estas asociaciones. Su existencia, sin embargo, aparece mencionada una y otra vez en los diarios y periódicos de la época. Las
asociaciones de médicos, farmacéuticos y otros profesionales eran de las más activas, ·
como también parecen haberlo sido las que reunian a los dueños de negocios de
comercio de la ciudad. Asimismo, comenzaron a surgir sociedades de ayuda mutua
organizadas por grupos de trabajadores, como lo destaca Ricardo Falcón en Los
orfgenes del mcvimiento obrero (1857-1899), Buenos Aires, 1984.
36 Véanse, en particular, los trabajos citados de Ema Cibolli. También Femando
Devoto, "Las sociedades italianas de ayuda mutua en Buenos Aires y Santa Fe. Ideas
y problemas", Studi Emigrazione, vol. XXI, núm. 75, 1984, y Femando Devoto y
Alejandro Femández, "Asociacionismo, liderazgo y participación de dos grupos étnicos
en áreas urbanas de la Argentina finisecular. Un enfoque comparado", en Devoto y
Rosoli (comps.), L'Italia nella societa argentina.

61

�Ciudadanía y participación política

Hilda Sabato

ciones que, como la prensa y las asociaciones, contribuían a organizar
el evento. Los propósitos de estas acciones podían ser de diversa
índole, pero su objetivo principal era mostrar cuánta adhesión lograba concitar una causa.
Una de las manifestaciones más importantes de la época tuvo
lugar en 1878, y se organizó para protestar contra la imposición de un
nuevo impuesto a los alcoholes, tabacos y naipes. Es un buen ejemplo
que vale la pena explorar con cierto detenimiento.37

al rrusmo tiempo recomendasen a los 200 comisarios nombrados para
que consagren[...) su celo a fin de hacer reinar el mayor orden".40
Llegó por fin el día del mitin. Las crónicas de la prensa escrita
son elocuentes:

iAbajo los impuestos!
Hacia fines de 1878 el gobernador de la provincia de Buenos Aires
envió a la legislatura local un proyecto de ley estableciendo un nuevo
impuesto al consumo de tabaco, alcohol y naipes. De inmediato, el
"alto comercio" reaccionó solicitando a la legislatura a través de un
petitorio que rechazara el proyecto. A pesar de ello, la disposición
propuesta por el ejecutivo fue sancionada.38 El 14 de diciembre, una
asamblea de "almaceneros al por menor, confiteros, cafeteros, fonderos y cigarreros", designó a una comisión que convocó a una
reunión preparatoria de un "meeting popular" contra los impuestos.
La reunión se realizó al día siguiente en El Pasatiempo y contó con
la presencia de "por Jo menos 4 000 personas".39 Allí se tomaron tres
decisiones: aumentar el número de miembros de la comisión para
incluir a los representantes de los distintos gremios, solicitar al gobernador que vetara la ley y llamar a un mitin para el día 18 en la plaza
Lorea. La gestión ante el gobernador no dio ningún resultado, la ley
fue promulgada y los comerciantes prosiguieron entonces con la
organización de la protesta.
El 17 de diciembre la comisión publicó una proclama dirigida "Al
pueblo. A los minoristas y consumidores", invitándolos a concurrir al
día siguiente al mitin para pedir a la legislatura que suspendiera la
ejecución de la ley. Los diarios reprodujeron la proclama, que también apareció en carteles pegados en las calles de la ciudad y en todos
los comercios. "Nombráronse inspectores de parroquias para que
extendiesen entre los industriales la propagada [...) y encargándoles

Los almacenes, confiterías, cigarrerías, pulperías, restaurantes, se cerraron
todos a las diez de la mañana Un cuarto de hora después veíanse los tranway

atestados de gente, cruzando las calles y las veredas llenas también de
hombres de todos los gremios, que se dirigían a la plaza Lorea.41 [ •••]Treinta
mil personas, por Jo menos, se reunían pacíficamente en la plaza Lorea [...]
Sin exageración podemos decir que se encontraba representado [...] el
comercio minorista en masa La hora fijada para la reunión eran las once
de la mañana. Media hora más tarde, la plaza se encontraba completamente
llena Los grupos ocupaban además las calles de Santiago del Estero,
Victoria, San José y Lorea [...] Dos bandas de música se alternaban en la
ejecución de diversas piezas que aumentaban el entusiasmo de aquella
inmensa masa de gente. Los comisionados para dar la colocación de los
grupos andaban de un lado a otro[...] Allanadas todas las dificultades que
ofrece la formación para la marcha de una reunión tan numerosa se dio la
sefial de partida. Eran las doce del día. 42
Para el diario de la colectividad italiana La Patria, los asistentes
fueron italianos, franceses, españoles, ingleses, alemanes, "cincuenta
rru) personas de todas las lenguas, de t&lt;&gt;das las razas", representantes
de todas las gamas del comercio.43
Hasta aquí, la primera etapa del acto. Luego de la convocatoria,
la concentración. El primer dato que impresiona es el número. Aunque las cifras de asistencia estén sobreestimadas, de todas formas se
trata de cantidades significativas para una ciudad que entonces tenía
unos trescientos mil habitantes. También es interesante la participación masiva de los inmigrantes, la mayor parte de ellos pequeños
comerciantes, hombres (ly mujeres?) vinculados a distintas ocupaciones y profesiones.44 Por otra parte, llama la atención la organización del evento y la capacidad de movilización demostrada. Todo
parece previsto: la comisión se ocupó de dar las instrucciones para
que todo funcionara sin inconvenientes pero, además, pidió la cola40

He seleccionado este hecho entre varios ejemplos de acción pública detectados
en las décadas de 1860 y 1870 porque puede considerarse paradigmático.
38
La Nación, 10 diciembre 1878.
39
La Nación, 15 y 17 diciembre 1878.

La Prensa, 18 diciembre 1878.
El Porteño, 19 diciembre 1878.
42
La Nación, 19 diciembre 1878.
43
La Patria, 19 diciembre 1878.
44 El papel de los inmigrantes en este suceso ha sido analizado en Sabato y Cibotti,
"Hacer política.en Buenos Aires", loe. cit.

62

63

41

37

�I

Ciudadanía y participación política

boración de la policía y contrató a doscientos inspectores para asegurar el orden. Se deduce de los testimonios que la gente se organizaba
por grupos, que ocupaban lugares prefijados en la plaza. Ésta, por su
parte, era el punto de referencia para la reunión, pero no sería el lugar
definitivo de la misma. En efecto, a las doce, se dio la señal de partida.
lHacia dónde? Sigamos la crónica de los hechos:
La manifestación salió de la plaza tomando la calle Victoria. Abrían la
marcha varios comisarios de policía al frente de un piquete de gendarmes
de a caballo. Los manifestantes llevaban banderas de todas las nacionalidades, dos bandas de música y varios estandartes con las siguientes inscripciones: Igualdad para todo.s. Protección a la industria Equidad en los impuestos. Vivan los gremios unidos. Economía en los gastos. Nivelar los
presupuestos. Orden y legalidad. Protección al trabajo. Viva la libertad de
reunión. Honor a los defensores del pueblo. Justicia a nuestro pedido. La
unión hace la fuerza. Labor y economía Igualdad ante la ley. Honor, patria
y libertad. Viva el comercio honrado. La policía rechaz.ó un estandarte que
tenía la siguiente inscripción: iAbajo los impuestos!45
He aquí un rosario de consignas. Algunas se referían al tema
puntual de los impuestos o a cuestiones que aparecían vinculadas al
problema impositivo, como la de "protección a la industria". Otras
eran obviamente críticas de la política económica global en marcha,
que entonces estaba siendo cuestionada desde distintos flancos. Un
tercer grupo invocaba valores más generales como orden, legalidad,
patria, etc., asociando así un problema puntual con esos principios
que nadie podía cuestionar. Y finalmente, algunos carteles se referían
al evento mismo de la protesta, como aquellos que proclamaban "La
unión hace la fuerza" o "Vivan ]os gremios unidos". El tono general
es sin duda prudente y no se observan acusaciones personales a
funcionarios o miembros del gobierno, que en cambio abundaban en
los artículos periodísticos. Es cierto que el cartel más enfático fue
prohibido por la policía, pero de todas maneras, tanto el tono de las
consignas como la insistencia en el orden sugieren que los organizadores se esforzaban por subrayar el carácter moderado del encuentro.
Probablemente ésta haya sido una manera de responder a las prevenciones que en ese momento despertó el mitin, entre quienes lo veían
como un peligroso antecedente que podía ser utilizado por el socialismo internacional y derivar en "rebelión".46
◄S La Nación, 19 diciembre 1878.
Véase, por ejemplo,La Tribuna, que por entonces era oficialista

46

64

Hilda Sabato

Continuemos con la crónica:
La manifestación se puso en movimiento[...] por la calle de la Victoria.
Ocupaba varias cuadras literalmente llenas de pared a pared, y en el

camino se le unían grupos que llegaban de todos lados. Los gritos de
iViva el comercio! iViva la libertad! iViva el pueblo!, etc., etc., se
repetían a cada momento en medio de los acordes de la música y del
palmoteo de los transeúntes concurrentes. La manifestación llegó a la
calle de Maipú, tomando por ésta en dirección de la plaza San Martín.
Después de 20 minutos de marcha, más o menos, entró a la plaza
mencionada.47
Según el diario El Porteño,
Héctor Vareta, del brazo del doctor Cittadini y seguido por varios otros
amigos, entró a la calle Victoria para ir a la plaza[...] Todas las awteas,
ventanas, balcones y hasta los techos de las casas, estaban apiñadas de
gente que, al pasar aquella estupenda procesión de cuarenta mil almas,
los aplaudían y en muchas partes, arrojaban 0ores.48
Llegan así a la Plaza San Martín:
Delante de la estatua del general San Martín se había colocado una mesa
destinada a los oradores[. ..] El señor José Ghigliassa, presidente de la
comisión directiva, subió a la improvisada tribuna [...] Anunció que el
señor Daumas iba a dar lectura de la petición que la comisión pondría
en manos del presidente de la Cámara de Diputados[...] Terminada la
lectura de este documento [...] la comisión directiva subió en dos
carruajes y se dirigió a la legislatura [...] Una parte del pueblo reunido
en la plaza tomó idéntica dirección con el objeto de ganar buen lugar en
la barra[...] Entre tanto, ocupaban la tribuna popular en la Plaza San
Martín, un joven Vega y el redactor de La Patria, Basilio Cittadini [... ]
Ambos se expresaron convenientemente, recibiendo los aplausos de la
concurrencia.49
Mientras tanto, la comisión llegó a la legislatura a la una de la
tarde y allí Héctor Vareta pidió que el petitorio pasase a la comisión
47

La Nacién, 19 diciembre 1878.
El Porteño, 19 diciembre 1878, diario de Héctor Varcla. Varela era diputado y
jugó un papel importante en todo este evento. Actuó como vocero de los comerciantes
durante los debates iniciales de la ley, intentando cambiar su contenido, y luego se
vinculó de manera directa con la protesta.
49
La Nadón, 19 de diciembre de 1878.
48

65

�\

Ciudadanía y participación polúica

Hilda Sabato

de presupuesto, moción que fue aprobada. Luego la comisión volvió
a la plaza para informar a la gente del resultado. La multitud responde
con aplausos y "vivas", el mitin se da por terminado y los grupos se
desconcentran en orden. Unos días más tarde el gobierno anunció
que había cedido a las presiones públicas y que el impuesto sería
suspendido.
Las escenas de esta movilización muestran una multitud ordenada y organizada, convocada en tomo a una causa por un grupo de
dirigentes muy eficientes. Entre éstos se encontraban, en primer
término, los dirigentes surgidos del seno de los distintos gremios del
comercio, que integraron la comisión directiva y liderearon la protesta, organizando y movilizando a sus bases. En segundo lugar, pero
ocupando una posición muy destacada, estaban también algunos
personajes conocidos en la ciudad por su actividad pública, como
Basilio Cittadini y Héctor Varela, entre otros de su tipo. Cittadini era
el director del diario de la colectividad italiana La Patria y tenía
influencia entre los de su origen, además de una presencia destacada
en la vida pública local. Varela era un político menor en el concierto
nacional pero su figura era popular en Buenos Aires, especialmente
entre los sectores medios de la ciudad, y tenía gran ascendiente en la
colectividad italiana. La presencia de estas figuras conocidas entre la
población urbana, con predicamento entre quienes formaban en las
filas de los sectores medios en expansión, contribuía a dar atractivo a
la convocatoria, que recogía así adherentes y aplausos de diversos
orígenes. Finalmente, la dirigencia de las colectividades inmigrantes
tuvo un papel activo en la organización de la protesta. Sus principales
periódicos (La Patria, L'Operario, El Co"eo Español, entre otros)
convocaron a la gente a las reuniones y a la concentración, publicaron
la proclama de la comisión y cubrieron en detalle todo el evento. El
despliegue de banderas de diferentes naciones indica que también las
asociaciones étnicas actuaron de manera importante en la movilización de la gente.
Los diarios jugaron también otro papel: interpretaron el evento
para el público. Las descripciones que se han citado no son, por lo
tanto, neutrales. Los periódicos tomaron posición con respecto a la
protesta y el propósito de las crónicas no era solamente el de informar
a sus lectores, sino también el de brindar una determinada imagen de
tod~ el evento.50 Más aún, la prensa contribuyó a su impacto político,
un impacto no siempre logrado por la acción del público.

1878 fue un año de realineamientos políticos. Los dos partidos
tradicionales experimentaron fracturas y renovadas alianzas. En esa
atmósfera cargada, la protesta contra los impuestos tuvo una fuerte
repercusión en los círculos políticos porteños. Los diarios jugaron un
papel importante en este sentido, traduciendo ese conflicto particular
en términos políticos y vinculándolo a problemas más generales, cada
uno de acuerdo con sus simpatías y preferencias. Los diarios de
oposición al gobierno provincial, como El Porteño, La Patria y La
Prensa, aprovecharon para pedir la renuncia del ministro de Economía y para socavar las aspiraciones del gobernador a la candidatura
presidencial. Otros diarios, como La Nación, acusaban al gobierno
nacional, mientras que La Tribuna estaba totalmente a favor de las
autoridades provinciales y condenaba la protesta en duros términos.
Este despliegue de la prensa local muestra hasta qué punto el episodio
del impuesto adquirió peso político. El momento fue propicio para
esta acción pública masiva y bien organizada, que terminó en un éxito
rotundo.

50

Nuestra descripción del evento se apoya enteramente en esta imagen. Si bien

66

¿una esfera pública burguesa?

Las asociaciones, la prensa periódica, la cultura de la movilización:
ellas pueden interpretarse desde el punto de vista de la construcción
de una esfera pública burguesa. Fueron instancias de mediación entre
el poder político y sectores de la sociedad civil, en particular los que
conformaban esa franja nueva y heterogénea, producto del rápido
proceso de modernización. lPor qué, entonces, burguesa? He adoptado el calificativo de Habermas porque, en Buenos Aires, la organización de las instituciones que conformaron la esfera pública estuvo
básicamente en manos de elementos burgueses y pequeñoburgueses,
que atrajeron a otros sectores de la sociedad a ese nuevo escenario
de acción. La confluencia de estos elementos dirigentes y su capacidad para convocar y movilizar a las bases sugieren la existencia de
redes de vinculación y organización muy desarrolladas en el seno de
la ~ociedad civil. El público que fue formándose no fue, por cierto,
homogéneo, pero actuaba de manera coherente y unificada en la
esfera pública. Esto no quiere decir que en Buenos Aires no hubiera
no se observan dücrencias de fondo entre los distintos periódicos cuando describen la
protesta, si existen en cambio perspectivas diferentes. En este caso, en lugar de subrayar
esas diferencias, se ha destacado lo que tienen en común.

67

�Ciudadanía y participación política

Hilda Sabato

conflictos sociales, pero la esfera pública todavía no se había convertido, como lo haría más tarde, en "un campo de competencia de
intereses, competencia que asume la forma del conflicto violento".51
La esfera pública porteña no funcionaba como un espacio estrictamente igualitario. Si bien quienes confluían en tomo a una causa
común o a una identidad compartida dejaban de lado sus diferencias
en otros terrenos convirtiéndose en cierto sentido en "iguales", producían a su vez sus propias jerarquías: estaban quienes decían los
discursos y quienes los escuchaban, quienes escribían en los diarios y
quienes los leían, quienes organizaban los eventos y quienes asistían
a ellos. Oradores, periodistas y organizadores eran con frecuencia las
mismas personas, que a su vez controlaban las redes de vinculación y
comunicación sociales. Sin embargo, no se los consideraba como
esencialmente diferentes del resto, y tenían el papel del primus ínter
pares, que debía ratificar sus títulos ,e n cada ocasión. En este sentido,
las reuniones públicas eran momentos ideales para la confirmación
teatral de las jerarquías establecidas. Al pronunciar sus discursos en
la plaza, los líderes buscaban el aplauso de su público, mientras que
éste a su vez esperaba encontrar en ellos la voz que expresara sus
demandas y reforzara sus identidades compartidas (como comerciantes, como consumidores o como "pueblo", según las circunstancias).
lQuiénes eran esos dirigentes? En general pertenecían a los
sectores acomodados de la población, auque no figuraban entre ellos
los miembros de los escalones más altos de la sociedad porteña. Se
encuentra una diversidad de tipos ejerciendo ese papel: el periodista-intelectual, personaje muchas veces vinculado a alguna colectividad inmigrante; el político de segunda fila, que no tenía lugar entre
los poderosos de las facciones; el pequeño cÓmerciante o profesional
menor que buscaba pertenecer a la elite de su comunidad.
En cuanto á las bases - los miembros rasos de las asociaciones,
los lectores de la prensa, los asistentes de mítines y concentraciones - ,
puede ubicárselas dentro de un amplio espectro social que excluía
sólo a los muy ricos y a los muy pobres. Inmigrantes y nativos, hombres
de todas las edades, a veces también mujeres y niños, formaban parte
del público.52 Su convocatoria no tenía connotaciones clasistas. De-

pendiendo de la causa en cuestión, se reconocían como "los consumidores", "los italianos" o "la colectividad española", "los comerciantes" o, más simplemente, "el pueblo". Se trataba, en palabras que
podían haber sido pronunciadas por los contemporáneos, de un
ambiente "respetable". El tono general lo daba la dirigencia: era
moderado, civilizado, carente de toda violencia.53
Ruidosas y coloridas, estas formas colectivas de presión y expresión públicas no tenían un carácter contestatario en relación con la
autoridad del gobierno con el poder político. Los temas que se
ventilaban eran en general aceptables para las elites, aunque no
siempre fueran efectivamente aceptados. Cuándo y por qué algunas
demandas eran aceptadas y otras rechazadas, dependía no solamente
de qué era lo que se demandaba, sino también del contexto político
en que se producía la presión. Así, en momentos de tensión o conflicto
entre las facciones políticas, era más fácil obtener el apoyo de una de
las partes en pugna para la causa esgrimida. Sin embargo, es difícil
generalizar en este sentido, y cada caso requiere de un análisis
específico que explore las causas de su éxito o de su fracaso. 54

La esfera pública y el sistema político

El proceso de construcción de una esfera pública en Buenos Aires no
difiere demasiado del que puede observarse en otros casos. El papel
de la esfera pública en el sistema político local, en cambio, reconoce
algunas singularidades. Tanto teórica como históricamente, la participación en la esfera pública se ha asociado generalmente a una
creciente participación en el sistema electoral, y se considera que
ambos fenómenos concurrieron al proceso de constitución de la
ciudadanía política. En este caso, en cambio, las prácticas electorales
funcionaron como mecanismos internos del sistema político, que
53

Jürgen Habermas, "The public sphere: an encyclopedia article (1964)", New
Gennan Critú¡ue, vol. 3, 1974.
52
No se cuenta con estudios sobre el papel de las mujeres en la vida política y en
la esfera pública. El hecho de que no aparezcan explícitamente mencionadas en las
crónicas de la época, no necesariamente implica que estuvieran ausentes de la vida
publica poneña

la excepción a la regla fue una concentración organizada en 1875 para protestar contra la Iglesia y algunas figuras políticas. En principio similar a otros actos
públicos, culminó en hechos de violencia cuando algunos de 1~ participantes incendia•
ron el Colegio del Salvador, un esta]?lecimiento de enseñanza perteneciente a los
jesuitas. &amp;te resultado era inesperado y alarmó enormemente a los contemporáneos.
FJ acontecimiento ha sido interpretado como uno de los primeros síntomas de un nuevo
tipo de acción política, vinculada a las tensiones sociales crecientes. Cfr. Leandro
Gutiérrez, "El incendio del Colegio del Salvador, 1875: expresión de protesta social",
Buenos Aires, mimeo., s. f.
54
Cfr. Sabato y Qbotti, "Hacer política.", loe. cil.

68

69

51

�Ciudadanía y participación política

Hi/da Sabato

involucraron a unos sectores cada vez más marginales de la población
sin contribuir a la formación de una ciudadanía. Al mismo tiempo, la
esfera pública funcionó como un espacio de mediación entre ciertos
sectores de la sociedad civil y el poder político, y a través de ella una
parte considerable de la población de la ciudad se involucró en
actividades públicas que tuvieron efectos políticos.
Durante algún tiempo, las prácticas electorales fueron un mecanismo eficiente para designar autoridades de manera relativamente
pacífica y respetando el principio de soberanía popular establecido
por la Constitución. Por su parte, otras formas de participación
parecían satisfacer las expectativas políticas de la mayoría de la
población. El consenso relativo de que gozó el sistema político durante veinte años parece haber estado cimentado en esta combinación
de prácticas formales e informales.
La elite política porteña era consciente de la importancia de la
esfera pública en formación. Sus dirigentes desarrollaron una particular sensiblidad hacia la opinión pública y dedicaron crecientes
esfuerzos a conquistar al nuevo público urbano. Desde muy temprano
reconocieron el papel de la prensa, y no solamente apoyaron y
escribieron para sus propios diarios facciosos, sino que cortejaron
abiertamente a la prensa independiente. Hombres como Bartolomé
Mitre, Adolfo Alsina y otros miembros conspicuos de la elite política
local~ nunca dejaban de responder a las invitaciones que les cursaban
las sociedades de ayuda mutua o las asociaciones de inmigrantes para
asistir a sus celebraciones, figurar como miembros honorarios o
pronunciar un discurso en ocasión de sus reuniones. Estos hombres
no estaban, obviamente, buscando votos; la mayor parte de los miembros de estas asociaciones no sólo no votaban, sino que no podían
hacerlo. Buscaban, en cambio, el favor del público. Ocurría en Buenos
Aires lo que Keith Baker ha sugerido para Francia: "Políticamente
[...]la noción de 'público' se convirtió en la base de un nuevo sistema
de legitimidad en una cultura política transformada."55
Sin embargo, la importancia creciente de la esfera pública como
espacio de mediación entre la sociedad civil y el Estado no agotó la
cuestión de la legitimidad. La contradicción entre la retórica republicana de ciudadanía y la representación y las prácticas electorales que
funcionaban como un juego en el interior de las facciones, resultó

cada vez más evidente para algunos miembros críticos de las elites
políticas e intelectuales de Buenos Aires. Aunque ellos habían contribuido a construir esas prácticas, pronto vieron con ojos críticos a
un sistema que tendía a resolver los problemas entre las elites recurriendo a sectores cada vez más marginales de las clases populares.
Les preocupaba también Ja violencia creciente del juego electoral.
Finalmente, la distancia entre principios y prácticas, entre cualquier
definición ideal del gobierno representativo de las entonces en boga
y el sistema vigente, aparecía cada vez más problemática.
Así, en la década de 1870 se comenzaron a formular preguntas
nuevas. lQuiénes votaban realmente en la ciudad? lPor qué la gente
de bien no asistía a los comicios? lA quién "representaban" efectivamente los representantes? Mientras en otros países las leyes permitían solamente la participación de sectores privilegiados de la población en las elecciones y marginaban a las clases populares, en
Argentina parecía estar ocurriendo lo contrario. Una "oligarquía"
política apelaba al voto de clientelas populares para resolver sus
controversias internas, mientras aquéllos a quienes en verdad correspondía involucrarse en la vida pública - los propietarios - sólo
parecían interesarse por sus asuntos privados.56
A estas interpretaciones siguieron propuestas de cambio. Para
algunos, resultaba indispensable constituir una ciudadanía que incorporara a las clases acomodadas, como ocurría en aquellos países que
funcionaban como modelo. Por primera vez en muchos años, se
planteó el tema de los alcances del sufragio y se formularon propuestas para restringir el voto con base en requisitos de propiedad y
calificación, así como para hacerlo obligatorio con el propósito de
asegurar de esa manera la participación de quienes se mostraban
reticentes a cumplir con sus deberes públicos.57 A pesar de estas
discusiones, el sistema no cambió y hasta 1912 el voto siguió siendo
universal (masculino) pero no obligatorio. Ellas revelan, sin embargo,
que la cuestión de quiénes debían serlos votantes había entrado en las
preocupaciones de algunos contemporáneos, y que el problema de la
construcción de la ciudadanía estaba convirtiéndose en un tema de
debate público.
El problema preocupaba centralmente a las ~lites, y sólo ocupaba
un lugar marginal en la consideración del público más amplio, en

55

Keilh Baker, "Politics and public opinion under lhe old regime: sorne reflexions", en Censery Popkin (comps.), Press and politics in pre-revolutionary France,
p. 231.

70

56

Cfr. Actas de la Asamblea Constituyente de la provincia de Buenos Aires Buenos

Aires, 1870-1873,passim.

'

57 /bid.

71

�Ciudadanía y participacwn polúica

general muy aclivo en la expresión de sus opiniones y demandas pero
poco interesado por el voto. Como se ha sugerido antes, la mayor
parte de la población de Buenos Aires encontraba otras vías de
participación de la vida política más efectivas que el ejercicio del
derecho a voto. En la esfera pública no se escucharon reclamos en ese
sentido, por lo menos hasta la última década del siglo.
Esta situación es ignorada por la mayor parte de los trabajos
dedicados a analizar los cambios que experimentó el sistema político
argentino a principios del nuevo siglo. Predomina el criterio de que
la exclusión de la mayor parte de la población de la participación
política, a través de las restricciones al sufragio impuestas por el
régimen oligárquico, produjo una presión creciente desde abajo para
ampliar la ciudadanía. Esta presión popular habría encontrado una
respuesta desde arriba en la Ley electoral de 1912, conocida como
"ley de sufragio universal" (masculino), significaba que no había
limitaciones formales para la participación electoral de los hombres
argenlinos. En segundo lugar, el sistema político que se desarrolló en
Buenos Aires a partir de la década de 1850, basado en el sufragio
universal, paradójicamente no contribuyó a la conslrucción de una
ciudadanía política, restringida o no. En consecuencia, en 1912 el
problema no era cómo ampliar la ciudadanía sino cómo crearla.
Este problema, como vimos, se planteó por primera vez en la
década de 1870 pero no "desde abajo" sino "desde arriba", cuando
algunos miembros de las elites políticas e intelectuales comenzaron a
cuestionar la legitimidad del sistema. El sufragio universal había
significado que cualquiera podía votar, pero hasta entonces nadie
parecía preocuparse por quiénes debían votar, esto es, por la cuestión
de quiénes debían ser los ciudadanos activos de la república. En una
etapa de transformaciones sociales rápidas y profundas, ésta era la
pregunta que realmente desafiaba al sistema y que llevó a algunos
sectores de las elites a criticar las prácticas electorales y las leyes de
sufragio.
Esa pregunta sólo se respondería en 1912. Aunque muchas cosas
cambiaron hacia finales del siglo, la ley electoral de ese año puede
relacionarse con algunos de los problemas surgidos del sistema político desarrollado en las décadas anteriores. Al establecer el voto
obligatorio, la ley definió quiénes debían ser los ciudadanos, y fue un
punto de partida para la construcción de una ciudadanía política. De
allí en más, todos los hombres adultos argentinos habrían de formar
el cuerpo soberano de la república.
La hisloria que acabo de contar para Buenos Aires sugiere, sin
72

Hilda Sabato

embargo, otra perspectiva posible. Es difícil comprender el proceso
desatado por la ley de 1912 como de expansión de un cuerpo existente
de ciudadanos, ampliado gracias a la incorporación de sectores medios y populares antes impedidos de volar. En primer lugar, desde
fecha temprana la vigencia del sufragio universal.

73

�M Bonaudo y E. Sonzogni

Redes parentales y facciones en la
política santafesina, 1850-1900*
Marta Bonaudo y Elida Sonzogni**

La opresión y la corrupción - la corrupción que descendía de las altas
esferas gubernativas y penetraba y se filtraba paulatinamente por así
decirlo en todas las clases sociales, esa funesta corrupción que todo lo
desconciena y aniquila[...]- deja al hombres.in ninguna noción de lo
justo, de lo honesto, de lo lícito, y que haciendo del interés personal y de
los goces materiales el único objetivo de vida, arroja a los pueblos, como
un cadáver, a los pies de todos los tiranos y de todos los invasores.

Leandro N. Alem (1891)

P

ensar en la construcción o reconstrucción del orden político en
la realidad santafesina de mediados del siglo XIX -inmerso en
la matriz liberal-, significa analizar, en el proceso de conformación del espacio público, las relaciones que se estructuran entre
sociedad y Estado, entre gobernantes y gobernados, en tres dimensiones fuertemente articuladas y a su vez profundamente tensionadas:
la local, la provincial y la nacional.
La tradición independentista de la primera mitad del siglo ha permitido la consolidación de un poder local-provincial en la ciudad capital
que se había convertido, al disolverse las instituciones nacionales, en
"la unidad sociopolítica, en el grado máximo de cohesión social",
en la concentración mínima capaz de afrontar una administración.1
• Este trabajo continúa la línea abierta por las contnl&gt;uciones de Silvia M
Cragnolino, Ana María Galleti y Albeno Pérez en el seno del Programa de Investigación "Cuestión regional. Estado nacional Santa Fe 1856-1930" (a.JRENA).
1•• CONICET, Universidad Nacional de Rosario, Argentina.
José C. Chiaramonte, Mercaderes del litoral, FCE, Buenos Aires, 1991, p. 27.

74

Este centro urbano, sede del antiguo cabildo, bajo la p~eeminencia
de familias fuertemente ligadas a las actividades mercantiles, al~os
de cuyos miembros habían formado parte de la est1:1ct~ra bur~rat~ca
colonial, da cabida -en función del Estatuto ProVIsono Consti~ucional de 1819- a una híbrida estructura de poder en la que ~e articul_an
jerárquicamente, superponiéndose el espacio local y el mvel proVIIlcial.2
La crisis de Cepeda (1820), que posterga las posibilida?es de
unidad y el significativo proceso de ruralización de la vida ~oc1al con
su contrapartida de caudillismo y masas rurales armad~s d1sput~n~o
tanto en el espacio provincial de poder como e~ el ~acional, deJaran
su impronta particularista, frustrando los sucesivos mtentos de organización nacional.
La construcción de una verdadera dimensión provincial paralela
al proceso de consolidación de la organización naci?nal, impl~có no
sólo el sacrificio de aquellos intereses locales de la cmdad capital en
aras de la integración de nuevos sujetos sociales ~mergent~s del
desarrollo agroexportador en el mismo espa~o, smo ta~bién la
articulación de alianzas que permitieran la fusión de las diferentes
burguesías provinciales y la consolidación de una clase dominante de
dimensión nacional.
El presente artículo intentará seguir desde _S~ta Fe este p_r?ceso
entre Caseros y la disyuntiva que significa la cns1s y l_a revoluc~on del
año 90 marcando los modos de articulación de las diferentes mstancias, lo~ bloqueos y las tensiones que esa construcción social y política
implican.

Identidad política provincial: el marco jurídico-político de la
legimitidad y la representación

La estructuración de la comunidad política y de una forma de sociedad características en Santa Fe en la segunda mitad del siglo X1X, nos
remite en primer lugar al problema de la identidad o de las ide~tid_ades políticas reveladas en las no~~ const!tuciona!es de la proVIDcia.
Ello requiere acudir a la definicron de cmdadarua como referente
2

VVAA,Historia de las instituciones de la provincia de Santa ~e, Santa_Fe? 1967,
t 11. De acuerdo con esta Constitución, el órgano de representación pro;1oc1al que
acompaña al gobernador está conformado por comisarios ek:':tores proporciona~ente
en tos cuatro depanamentos existentes, los que a su vez, ehge_n a la corporación del
cabildo.

75

�Redesparentalesy facciones
necesario, tanto de tal identidad como de la propia soberanía del
Estado. Como lo puntualiza José C. Chiaramonte,3 el primer ordenamiento constitucional santafesino -el Estatuto Provisorio de 1819contextúa la identidad ciudadana entre dos parámetros extremos:
"todo americano es ciudadano" y quien "por su opinión pública sea
enemigo de la causa general de América o especial de la provincia",
pierde aquella condición.4
Estas dos vertientes de las formas de identidad política - la
americana y la provincial - se reafirman en la Constitución de 1841,
donde se establece que

son ciudadanos y gozan de todos los derechos de tales, conforme a las
declaraciones de este estatuto, todos los hijos nativos de esta provincia
y demás americanos naturales de cualquier pueblo o provincia de los
territorios que fueron españoles en ambas Américas, que residan en ella
en el presente, o residieren en adelante. Éstos son ciudadanos naturales.5
La identidad política americana desaparece como tal a partir de
la Constitución Provincial de 1856, en concordancia con la promulgación de la Constitución Nacional Argentina tres años antes de
establecer la calidad de ciudadano argentino. En cambio, ese sentimiento colectivo institucionalizado políticamente que constituía el
sustento de la identidad provincial con pretensiones de autonomía en
las decisiones del poder, deberá transitar un azaroso camino hasta
subsumirse en la matriz de la identidad nacional.
Un primer indicador de ese proceso, el reconocimiento de la
cesión de una parte de la soberanía a la esfera nacional, se refleja en
los artículos 1 y 11 de esta Constitución. En ella se afirma que la
provincia es integrante de la confederación argentina y se establece
que "la soberanía provincial reside en el pueblo, y la parte no delegada
expresamente a la confederación es ejercida con arreglo a la Constitución presente por las autoridades provinciales que ella establece".6
Esta integración se reformula en la clave de la nación al producirse la unificación después de Pavón y la definitiva incorporación de
la provincia de Buenos Aires a la comunidad política.
Resulta evidente que tanto la conformación del Estado nacional

M. Bonaudo y E. Sonwgni

como la de sus _partes integrantes aparecen en este peri~do como
problemas a resolver. En el caso santafesino, Estad~ y sociedad v'.111
configurándose paralelamente al calor de la ocupación del espacio,
el poblamiento, la viabilidad de pro~ectos de d~arrollo y 1~ emergencia de nuevos sujetos sociales. El sistema político _consolida
esta
dimensión los criterios de representación a part~ de un regunen
electoral basado en el sufragio universal, masculino y adulto, que
permanecen inalterables en el periodo analiza~o con respecto a la
representación provincial o nacional. Al exa~ar t:8te probl~ma,
debemos recordar - tal como lo señalan algunos histona_dores- que
en los regímenes liberales el voto no es nunca u~ mecarnsmo tendencialmente automático, a través del cual la sociedad logra su representación política, y sí en cambio ~ espacio en el que l~~ ~pos
sociales y de poder diseñan estrategias de control y adqu1S1c1ón de
electores. Si bien éstas serán examinadas más adelante, debem~s
adelantar, ya que en la propia instancia normativa se º?~ervan modificaciones que afectan particularmente la esfera muruc1pal. En esta
última, priva el sufragio censatario, aonque los derech~s electoral~s
se amplían al incorporar al extranjero, tanto en su capacidad ~e _elegir
como de ser elegido, lo que se hace explícito en la Ley ?r~~ca de
Municipalidades sancionada en 1872.8 Pero ~sta amphac1on_ su~e
notorias restricciones en ordenamientos postenores, dado que inhibe
al vecino no naturalizado en su calidad de elector.
Por otra parte, la representación r~vela no s?lo los ~lo~u_eos
devenidos del propio proceso electoral, smo que las p~ut~s J~nd1cas
anticipan un conjunto de atributos que la vuelven limita~va. Las
diferentes constituciones que se promulgan desde 18~6 mcluyen
prescriptivamente condicionamientos ~~ tomo a la calidad d_e los
representantes, al incorporar a los_reqwsitos de sexo, edad y residencia, los de propiedad y estatus social.
.
Paralelamente a la selección de los mecarnsmos de representación, se construyen las jurisdicciones a partir de las cu~les se ~a
de ejercer esa representación. Hasta bien avanzado el siglo, mas
precisamente hasta 1883, se mantiene la estructura de ~uatro departamentos redimensionada en esa fecha, con la creación de cmco
jurisdicciones nuevas9 a las que se les asigna distinta capacidad de

~º-

1

José C Chiaramonte, "Formas de identidad en el río de la Plata luego de 1810",
Boletfn del Instituto E. Ravignani, Buenos Aires, núm. 1, 1989, p. 74.
4 lbid.
5
6

Historia, op. cit., p. 116.
/bid., pp. 154 y 155.

76

7
A Annino y R. Romanelli (comps.), "Notabili, electori, elezioni", Quademi
Storid, núm. 69, 1988, pp. 675 y ss.
.
8
A Roselli, Leyes Orgánicas Municipales, Rosano, _1939, p. 66..
9
General López, San Lorenz.o, Iriondo, Las Colomas y San Javier.

77

�Redes parentalesy facciones
representación, en función de su peso demográfico. 10 Estas afirmaciones son aplicables para los diputados, que durante mucho tiempo
habían sido los componentes de un solo cuerpo legislativo (Junta de
Representantes en 1841,Asamblea Legislativa en 1856 o Cámara de Representantes en 1863). La complejización del cuerpo, a partir de
1872, mantiene la dependencia numérica con respecto a la población
en el caso de los diputados, pero reproduce el criterio nacional en el
de senadores, determinándose una representación de dos por departamento, hasta 1890 en que se reduce a uno.
La apertura desde 1858 del espacio municipal 11 expresa no sólo
el nivel de la complejización social, sino también los caminos a través
de los cuales el Estado provincial se va desplegando. Este proceso es
fruto tanto de la insuficiencia del aparato estatal para dar respuesta
a demandas sociales crecientes, como de la presión de esa sociedad
en obtenerla. Precedentemente, el estado ha mantenido sus niveles
de injerencia y de control sobre la sociedad exclusivamente a través
de funcionarios que dependen del poder central en una combinación
de funciones civiles y militares (comisarios generales, comandantes
militares, jueces de paz, jefes políticos, jueces de primera instancia,
tenientes alcaldes). Desde entonces, el espacio municipal se recorta
como una instancia diferenciada que va a ir construyendo su propia
identidad, en relación con el gobierno provincial.
La formulación más exhaustiva sobre el poder municipal y su
reglamentación se alcanza con la Ley Orgánica de la Municipalidad
de 1872. Este instrumento no sólo garantiza la independencia de los
municipios en sus funciones administrativas y económicas, modificando la normativa precedente de sujeción al poder provincial, sino que,
al mismo tiempo, le otorga autonomía en el plano electoral al establecer su independencia en este caso y el derecho de elegir directamente, primero al presidente del cuerpo colegiado municipal, y Juego
al intendente. Este nivel de representación depende de una base
poblacional baja y flexible. 12
A decir verdad, la ley del año 72 no hace más que convalidar,
desde la sanción institucional, una realidad que se ha venido gestando
a partir de la segunda mitad del siglo. La política de colonización,
10

En la primera etapa, la ponderación de los representantes es estimativa, y
ajustándose
con posterioridad a los resultados establecidos por el censo.
11
A Roselli, op. cit., pp. 41 y ss.

M Bonaudo y E. Sonz.ogni
conjuntamente con la preservación de l_as fronte~as y el desarro_llo
portuario y mercantil, ha hecho necesano formalizar estos espacms
recortados en el plano administrativo. Aunque la ópti~.~bemamental da la pauta para el funcionamiento de los m~mc1p1os en clave
administrativa, el protagonismo de los actores sociales en ta~to que
vecinos va perfilando la emergencia de prácticas y de estrateg1as_que
exceden crecientemente el referente prescrito. En consecuencia, a
medida que caminan hacia nuevas _form_as de "h~~r la poli~ica", v~n
construyendo simultáneamente su identidad poht1~ ~n _esa mstanc1a.
Es por eso que la liberalidad demostrada por los pnnc1p1os legales del
año 72 se ocluye en las regulaciones de 1883 y 1890.
le~es
demuestran la intencionalidad de coartar los niveles de part1c1pac1ón
en virtud de un claro proceso de recuperación de la c~ntralidad q~e
condiciona tanto el plano de la representación (supresión de org~smos colegiados, disminución del número de representantes, ~érd1da
del carácter electivo del cargo de intendente) como el de las mcumbencias ( educativas, civiles, judiciales, de control patr_imonial). 13
Esta oscilación normativa con respecto a las funciones y autonomía de la instancia local, está dando cuenta de ese progresivo entrecruzamiento de las identidades - la provincial y la municipal - que
tiende a antagonizar a los actores en un pr~ceso en el_ qu_e la disputa
se proyecta incluso hacia el control del gobierno prov1_nc1al.
Finalmente, la estructuración política de la comurudad expresada
en la dimensión jurídica que define las bases de la legitimidad y de la
representación sólo nos revela una parte del proble~a. Justamente,
la dinámica histórica nos permitirá encontrar los espaaos concretos en
los cuales se descubre la impronta de la "república posible". En ella
operan los reales mecanismos de reproducción de la jerarquía social en
el plano político, gestando un verdadero régimen de notables.

Am?~s

La jerarquía social en clave facciosa, entre Caseros y el Unicato

Luego de Caseros y Pavón, batallas que dirimen la hegemonía entre
el interior y Buenos Aires, el espacio público que se está construyendo
muestra la emergencia de agrupamientos "políticos" de características
facciosas. Los llamados "partidos" o "clubes" que aparecen tanto en

12

M. Bonaudo, S. Cragnolino y E. Sonzogni, "Discusión en tomo a la panicipación política de loscolonossantaíesinos: Esperanza y San Carlos (1856-1883)",Estudios
Migratorios Latinoamericanos, núm. 9, pp. 295 y ss.

78

13

M. Bonaudo, s. Cragnolino y E. Sonzogni, "La cuestión de la identidad política
de los colonos santafesinos: 1880.1898. Estudio de algunas experiencias", Anuario,
núm. 14, Escuela de Histona, Rosario, 1991, pp. 251 yss.

79

�Redes parentalesy facciones
Santa Fe como en las otras provincias de la región exhiben algunos
elementos comunes: la predominancia de intereses particulares sobre
el interés general, manteniendo firme la antigua tradición localista
filiada en la situación política de la primera mitad del siglo; el peso
de las redes parentales en su estructuración y accionar concretos; la
consecuente presencia de una figura fuerte, el "caudillo" o el "jefe",
indisolublemente unida a una estructura clientelar jerárquicamente
organizada, su funcionamiento inorgánico, coyuntural y no programático, y la continua apelación a estrategias de cooptación subordinada en el marco del sistema electoral para garantizar constantemente los intereses privados del grupo. Mientras, en Buenos Aires el
problema de la capital y otras cuestiones provocan la desestructuración del Partido Liberal porteño y la emergencia de dos desprendimientos: el Partido Nacional y el Autonomista, cuya dirigencia está
representada por Bartolomé Mitre y Adolfo Alsina respectivamente;
en Santa Fe, ambas coyunturas consolidan la escisión de los núcleos
dominantes entre el Club del Pueblo y el Oub Libertad. En las
décadas de los 50 y los 60, se gestan estas dos expresiones políticas
que, mostrando claramente la preeminencia de lo sectorial sobre un
interés general, intentan articular alianzas internas y externas, apostando -en este último caso- alternativamente al papel hegemónico
que pueda jugar la confederación o Buenos Aires en la concreción
del Estado nacional. En tanto que los miembros del Club del Pueblo
reivindican para sí una tradición federalista apoyándose coyunturalmente en la figura de Urquiza, los liberales, declaradamente antirrosistas, privilegian un entendimiento en Buenos Aires, vinculándose
-separada o concomitantemente- con las dos facciones de ese
tronco liberal.
Las disyuntivas internas que distancian a ambos clubes no están
marcadas indudablemente ni por diferencia~ ideológicas y menos aún
sociales, ni tampoco por la existencia de proyectos políticos alternativos. En un sentido general, ambas facciones comparten un mismo
modelo de desarrollo y una similar concepción de la política. El eje
de enfrentamiento pasa claramente por el control del espacio de
pode~, control que los conduce a rearticular, en cada oportunidad,
sus alianzas a fin de concretar el objetivo previsto. En este sentido, el
Club del Pueblo que hegemoniza la realidad santafesina desde 1868
.
'
reconsidera su antiguo alineamiento urquicista cuando participa, en
1871, en la orquestación de una convergencia política plasmada a
escala nacional: la Liga de Gobernadores, pergeñada al parecer
durante la Exposición Nacional de Córdoba, a la que Simón de
80

M. BonaWÚJ y E. Sonzogni

Iriondo y otros funcionarios provinciales concurren respondiendo a
la convocatoria efectuada por el presidente Sarmiento. Desde la
visión de uno de los más esclarecidos operadores de la facción autonomista, Jonás Larguía, la Liga estaría destinada a romper la lógica
facciosa, levantando "un partido compuesto especialmente de la
juventud ilustrada y de todos los hombres que no estuviesen fatalmente ligados a la política dañina de los partidos personales..."
La ruptura quedaría formalizada con respecto a la tradición
política precedente en la medida en que dicho "partido progresista"
pudiera levantar "la bandera de los principios [y] en éstos caben todos
los hombres y todas las nobles aspiraciones, porque, entonces, el que
gobierna levantado por su partido, tiene un programa invariable que
seguir, del cual no puede apartarse sin hacer traición a los mismos
que Jo elevaron." 14
No obstante tales formulaciones, en la práctica la Liga de Gobernadores sigue carriles bastante similares a los de las agrupaciones
políticas cuestionadas. El triunfo de Avellaneda sustentado por la
Liga significa para el Club del Pueblo la incorporación, al staff presidencial, de su líder máximo, Simón de lriondo, quien ocupa la cartera
del Interior.
La Liga es en realidad el preanuncio de la gran experiencia
oligárquica a nivel nacional que constituye el Partido Autonomista
Nacional, tras los intentos de conciliación de Avellaneda y la crisis
tejedorista en los albores del año 80. Se trata aquí de un experimento
en gran escala para proyectar una "democracia diferencial" en la que
la opinión de algunos pocos se imponga a su valor numérico.

Facciones y redes parentales. Espacio público y negocios privados

El diario opositor del Club Libertad, El Rosario, el 5 de septiembre
de 1864 hace una caracterización del fuerte peso de las alianzas de
familias en la conformación de las facciones y de su funcionamiento:
Sí, decimos oligarquía porque no hay otro nombre que darle al gobierno
de Santa Fe que hace cuarenta años reside en la familia Cullen. Juzgándolo ppr sus antecedentes políticos, no son unitarios ni federales, pero sí
son traficantes en ambos partidos. Lo mismo han gobernado antes que
ahora. Son realmente indefinidos los colores políticos de la casta Cullen.
14

Archivo Hislórioo Provincia~ Colección Jonás Largura, leg. 2, folio 2

81

�Redes parentalesy facciones
Siempre han estado amarrados al poder a dos anclas. Unitarios unos,
federales otros... Unos son urquicistas, otros mitristas; ora traicionan a
uno o ya traicionan a otro. Sólo queremos decir que esta familia fatal
para Santa Fe, ha hecho del gobierno de la provincia su patrimonio...
Ya se ha dicho que es una familia gobierno y he aquí la prueba:
Cullen I1 (don Patricio), gobernador de Santa Fe; Cullen I (don
José), senador al Congreso Nacional; Cullen m (don Guillermo), diputado a la legislatura provincial; Oroño (don Nicasio), cuñado de tos
Cullen, diputado al Congreso Nacional; Freyre (don Marcelino), jefe
político de la ciudad de Rosario, primer hermano de los Cullen; Freyre
(don Benito), hermano de don Marcelino, comandante general de
campaña; Oroño (don Gregario), hermano de don Nicasio,juezde paz
de San Jerónimo; Andino ( don Juan José), primo de Oroño,juez de San
Lorenzo.
Hombres honestos que jamás han ido al Congreso a representar los
intereses del pueblo de la provincia de Santa Fe, sino sus propios
intereses como acreedores del gobierno nacional. Jamás han presentado
un proyecto si no era el calculado sobre un futuro negocio para uno de
la familia. Si no venía ese proyecto a afianzarlos en el poder de la
provincia.
El texto condensa una práctica que no es ni particular ni exclusiva
del club liberal y refleja un modus operandi de las redes parentales
como verdaderas organizaciones sociales frente a la relativa carencia
de estructuras sociopolíticas.15
El patriciado santafesino remonta su asentamiento en el área a
los siglos de dominación colonial, particularmente con el dinamismo
que la reorganización del sistema otorga a la zona litoral atlántica,
cuya expresión juódico-administrativa es la creación, en 1776, del
virreinato del Río de la Plata. Es decir, el siglo XVIII da cabida en la
tierra de calchines y mocoretás a diferentes núcleos matrimoniales
cuyos miembros proceden de la península ibérica con una predominante filiación regional del norte de España. Los apellidos incluidos
en una muestra de troncos genealógicos así como los que abundan en
las crónicas históricas y relatos de viajeros hablan claramente de
oógenes vascos, gallegos y navarros, matizados por quienes abandonaron las tierras andaluzas de Sevilla y Granada o las de Murcia. 16

M. Bonauáo y E. Sonzogni

Sólo encontramos un asentamiento anterior, que alude a la primera
mitad del siglo XVll, cuando Juan Francisco Pascual de Echagüe
Andía y Lasterra arriba como funcionario al territorio santafesino. La
estructuración de redes parentales a lo largo de sucesivas generaciones como grupos de poder efectivo, fundamentalmente en las etapas
posteriores a la independencia, parece darse a través de un conjunto
de proyectos mutuamente implicados: las estrategias de casamiento,
la ocupación de cargos públicos, la participación en actividades mercantiles urbanas, desde las que se proyectan al espacio rural, alimentaron otras ambiciones de expectativas políticas y sociales.
En una aproximación quizás insuficiente pero reveladora del
interjuego de estas variables, se reconstruyeron nueve troncos familiares, a partir de la información (fragmentada e incompleta) ofrecida
por diccionarios biográficos, tratados nobiliarios y guías genealógicas. 17 Las familias incluidas en ese recorte son la ya citada Echagüe,
Aldao, Cullen, Iriondo, Iturraspe, Gálvez, Reyna, Freyre y López.
Como criterio determinante de las generaciones se adoptó el de su
instalación en Santa Fe, aun cuando en algunos casos el itinerario
previo incluye ya otras sedes permanentes o temporales. 18
Organizados los datos en función de los patrones de residencia 19
de los 210 matrimonios formalizados a través de tres, cuatro o cinco
generaciones, se observa que el 53% se realiza con familias del lugar
y el 31 % lo hace con miembros de "notables" de fuera de la provincia,
principalmente originarios de Buenos Aires, Córdoba y Entre Ríos.
Además, se detecta que, en la articulación de las alianzas, los
hombres se vuelcan predominantemente hacia un cónyuge dentro del
espacio provincial (60%), reduciéndose al 28% la elección de una

. ·1ares aparecen en 1a prensa opositora
·
anteos suru
del 80 respecto de la familia
Iriondo. Esta hipótesis ha sido destacada recientemente entre otras publicaciones por
D. Balmori, S. Voss y M. Bonman, Las alianzas de familias y la formación delpafs en
América Latina, FCE, México, 1990.
16
Entre los no hispanos, debe anotarse la familia Cullen de origen irlandés.

17
D. Abad de Santillán, Gran enciclopedia de la provincia de Santa Fe, EDIAR,
Buenos Aires, 1967; Graciela G. de Welschen, El linaje del patriarca, Santa Fe, 1986;
Carlos Calvo, Nobiliario del antiguo virrcynato del Río de la Plata, Facultad, Buenos
Aires, 1936; L Montenegro, "La gran propiedad territorial en la zona de la costa
santafesina en la segunda mitad del siglo XIX", Santa Fe, 1986 (mimeo).
18
Algunos de estos miembros fundadores se instalan previamente en el Paraguay,
otros en Corrientes, otros en cambio, recorren sucesivamente Montevideo, Buenos
Aires y Santa Fe. De las nueve genealogías analizadas, si bien una (Echagüe) se ubica
en el siglo XVII, se han tomado las generaciones desde el siglo siguiente. Del resto, una
(López) remonta su residencia a la primera mitad del siglo XVIII; tres se instalan en la
segunda; y las cuatro restantes se detectan desde principios del siglo XIX.
19
La residencia es uno de los elementos más significativos para obseivar el juego
del entramado en el pasaje de los espacios locales a los regionales. Del total de los casos
analizados, sólo se ha podido confirmar la procedencia del 84% de los cónyuges. El
16% restante corresponde a datos sin confirmación.

82

83

15 PI

�Redes parentalesy Jaccwnes
pareja de otro lugar; en tanto que las mujeres alternan menos diferencialmente entre un marido local (46%) y uno de otro Jugar (35%)
o de otro sector social (2%). Esta distribución reafirma una cierta
primacía de las mujeres como proveedoras de parejas exógamas.
En realidad, esta dinámica se manifiesta con mayor significación
a partir de las terceras o cuartas generaciones de los troncos estudiados, cuyos miembros han nacido entre las décadas de 1830 y 1850.~
La resultante de este proceso no consiste solamente en la estructuración de las redes, sino también en su desplazamiento a través de ramas
que se instalan en alguna de las provincias de la región.
Un ejemplo de este redimensionarniento espacial que proyecta
al grupo desde lo local hasta lo regional lo ofrece la familia Iturraspe.
En 1852 Juan Bernardo lturraspe se casa con Dolores Zorrilla de San
Martín, miembros de una reconocida familia de la elite rioplatense,
desplazando esta rama al escenario porteño donde volverá a reforzarse aquel parentesco cuando su hijo Arturo Vicente formaliza la
unión conyugal con María Mac Lennan Zorrilla de San Martín. Por
su parte, Federico Iturraspe Cabot se instala hacia fines del siglo en
San Francisco de Córdoba, interviniendo activamente desde entonces
en la política de esa provincia. De modo similar, Melchor de Echagüe
Dervez, quien contrae matrimonio con Elvira Cordeyro Gómez, da
origen a la rama Echagüe Cordeyro, asentada en Buenos Aires.
Algunos miembros de estos núcleos familiares, en función de la
dinámica política y de sus negocios privados, van a modificar, con
cierta frecuencia, su ámbito de residencia. Esta modificación no
implica su desaparición de la escena santafesina, sino más bien su
alternancia entre el propio espacio provincial y otros regionales o
nacionales. Así, Pascual Echagüe Dervez fija su residencia tanto en
Santa Fe como en Entre Ríos, alcanzando en ambas la primera
magistratura provincial. Por su parte, Manuel Dídimo Pizarra Leaniz
un tradicional apellido mediterráneo, al casarse con María Eustolia
de Iriondo Candioti, se avecina en Santa Fe. AJ poco tiempo, se
convierte en un hombre clave del situacionismo provincial bajo la
influencia de su cuñado, Simón de Iriondo. La desaparición de este
último y la crisis generada en el Oub del Pueblo lo reorientan a su
provincia, de la cual es gobernador en los inicios de la década de los
20

En los casos de las familias Aldao y López., en la quinta generación de ambas
(1835-60), agregan cónyuges provenientes de Rosario y su área de influencia (Puccio,
MaruU, Muniagurria, entre otros). La rama Freyre Maciel está instalada en esta ciudad
desde el nacimiento de Marcelino.

84

M Bonaudo j E. Sonzogni

90. Esta estrategia de expansión de los grupos locales resulta a veces
reforzada por casamientos intrageneracionales de miembros de una
y otra provincia. Así, por ejemplo, Clorinda Vicente de Iriondo ~~anta
Fe) y su hermano Simón Vicente contraen enlace con sendos htJOS de
Bernardo Fernún de Irigoyen (Buenos Aires), Bernardo e Irene, en
tanto Ignacio Cullen Comas (Santa Fe) y su hermana Joaquina lo
hacen respectivamente con Ignacia y Severo Gómez Borja (Buenos
Aires).
En cuanto a los niveles de endogamia y exogamia, es significativo
el porcentaje alcanzado por matrimonios realizados en el interior de
los nueve troncos (28%). A pesar de su alto involucramiento los
casamientos entre primos, hermanos, o tío y sobrina carnales se
reducen en el contexto de la muestra a unos pocos casos.21
Las pautas matrimoniales muestran a su vez fenómenos de reincidencia de cónyuges que han enviudado. El caso más notable es el
del gobernador José Bernardo Iturraspe cuya vida conyugal registra
cuatro casamientos sucesivos: Oara Cabot, Sofía Maurer, Ana Sieber
preceden la última unión con Dominga Cullen lturraspe, que había
enviudado de Emilio Eustaquio Cabal González. Otra lturraspe,
Luisa, tiene por maridos a Ramón Cadioti y, a la muerte de éste, a
Ulises Mosset. Juan Francisco de Aldao y Rendón crea dos ramas
familiares a partir de un primer matrimonio con Teresa Ordóñez
Echeverría, cuya descendencia alcanza a tres hijos, y de un segundo
con Leonor María Candioti y Zevallos, que le da una prole de nueve.
Aquella representación porcentual que evidencia el peso de la
endogamia en estos grupos familiares, es significativa también en su
anverso. La participación de ~ectores sociales nueve - algunos producto de los procesos de inmigración y colonización - a la par que
situados en las últimas generaciones (terceras a quintas, según el
tronco) es realmente ínfima (3%). Además de los casos ya mencionados de Cabot, Maurer y Sieber, cuya antigüedad de residencia no va
más allá de las décadas de los 50 o 60, puede apuntarse el de Nicasio
Oroño, a quien seria posible calificar como un parvenu. El corondino
Nicasio Oroño no revela demasiados méritos en su ascendencia.22
21

José Ignacio F.chagüe Ruiz de Arellano y Maria Francisca Lassaga Echagüe,
cuya bija a su vez contrae enlace con Cayctano F.chagüe Zavala; Marcela lturraspe
Freyre se casa con su tío materno Benito Freyre Rodríguez del fresno; Martín I..ópez
Frcyre necesita dispensa eclesiástica para casarse con su prima hermana Antonia López
Cardoso.
22
M. A de Marco "Nicasio Oroóo, el luchador santafesino", Todo es Historia,
núm. 98, 1975, pp. 8 y ss.

85

�Redes parentales y facciones
Su padre, Santiago, actúa en las milicias santafesinas de Estanislao
López con el rango de sargento mayor en la década de los 20, siendo
asc~ncl~do a capitán tras algún protagonismo en las campañas contra
los md1os. La mayor jerarquía militar es complementada con un
premio más utilitario: el gobierno de la provincia le otorga en
donación una fracción de tierra en el distrito de Coronda. Sin
embargo, la muerte del Brigadier le enajena la buena voluntad de su
hermano :-J~an Pablo- y el ahora comandante Oroño desaparece
de ~a pr?vmc1a, tras Lavalle primero y Paz después. Su esposa Juana
Ba1gom queda en Paraná con sus tres hijos, Nicasio, Genara y
Gregorio.
Desde una temprana inserción laboral en tierra entrerriana
Nicasio Oroño va experimentando un proceso de ascenso social'
facilitad? por relaciones de amistad con Justo José de Urquiza quie~
lo apro~~a, por_ u~a parte, a la esfera empresaria y por otra al grupo
de familias tradicionales, entre las cuales encontrará a su esposa
Joaquina Cullen.
'
Sólo tres núcleos familiares - los referidos Cullen e Iturraspe, a
los que se agregan los Iriondo- se muestran dispuestos a establecer
vínc~los conyugales con miembros de una burguesía agraria o mercantil en ascenso y de distinto origen étnico.
Es evidente que las estrategias matrimoniales implican de por sí
alianzas económicas, sociales y políticas. La mayoría de los miembros
de
tron~s familiares analizados originariamente (primera generac1on) deb10 su asentamiento al cumplimiento de funciones derivadas del Estado colonial, que abarcaban alternativa o simultáneamente esferas específicas de la administración colonial central militares
judiciales o capitulares. La función pública no inhibió la posibilidad
de operar en un espacio privado ligado ya a las actividades comerciales, ya a una ganadería de cría que en el periodo preindependiente
permanecía vinculada mayoritariamente al abastecimiento de recuas
?e mu!~s a los centros altoperuanos. Pero además es factible que esa
mserc1on en el aparato del Estado haya favorecido la formación de
pa~rimonios territoriales, como sucede en el caso de los Iturraspe
quienes heredan, conjuntamente con otros grupos, la importante
merced de Arrascaeta, que tocaba territorios santafesinos y cordobe23
ses. Dichos patrimonios se vieron incrementados, sin duda, a través
de la conformación de sociedades familiares destinadas o bien a
consolidar el espacio territorial controlado o bien a desarrollar acti-

!?s

M Bonaudo y E. Sonzogni
vidades mercantiles en un ámbito extraprovincial articulando Santa
Fe con Buenos Aires, Córdoba, Entre Ríos e incluso Montevideo.
Las guerras de independencia y las civiles desorganizaron las
actividades mercantiles y productivas de la provincia, originando en
muchos casos la pérdida de los bienes anteriormente adquiridos. Por
su parte, la presión indígena condicionó las posibilidades de corrimiento de la frontera -ganadera primero y agrícola después- encorsetando su crecimiento. Si para algunos dichos vaivenes pusieron
en jaque la fortuna familiar, para otros en cambio fue el momento
oportuno para acceder a la tierra a partir de un capital acumulado en
la actividad mercantil urbana. Tanto los lturraspe como los Aldao
pueden servir de adecuado ejemplo a los que se suman, en el proceso
de apropiación de tierras, entre otros, los Iriondo y los Zavala.24 La
paulatina recuperación de las condiciones de desarrollo a partir del
proyecto confederacional primero y del Estado nacional unificado
bajo el mitrismo después, ofrecieron perspectivas favorables para la
acumulación de riqueza en el espacio privado usufructuando la capacidad de presión y decisión que estas familias tienen en el espacio
público.
La recuperación de amplias franjas de tierra pública, el abastecimiento de los ejércitos provinciales o nacionales, la estructuración de
un circuito financiero prebancario y bancario y la consolidación de
una política ferroviaria orgánica se convirtieron en algunas de tantas
vías por medio de las cuales estos sectores acrecentaron sus posibilidades de acumulación, reforzando su prestigio y poder.
El acceso a la tierra puede devenir de distintas instancias. Mariano Cabal, por ejemplo, suma a las propiedades adquiridas a partir de
su fortuna mercantil, tierras nuevas en el área norte de la provincia,
una importante cantidad de leguas como contrapartida de los préstamos que él, conjuntamente con otros comerciantes y financieros
(Juan y Salvador Rusiño1, Carlos Grognet, Nicasio Oroño, Balestrino,
etc.) realizaron a fines de la -década de los 60 para financiar la
campaña del Chaco.25 Una parte de las propiedades incorporadas
durante la misma década le permitieron articular una sociedad familiar con su suegro, Patricio Cullen, en 1873 para llevar a cabo proyectos de explotación de tierras pero también de colonización. La crisis
24

Reginald Uoyd, Impresiones de la República Argentina en el siglo xx, Buenos

Aires, 1911.
23

La Merced de Arrascaeta, 1883, querella judicial, Fundación Tomquist.

25
Olentas de la Conúsión del Chaco, 1867-1868, Archivo Provincial de Santa Fe
(intermedio).

86

87

�Redes parentalesy facciones
desestructuró el patrimonio territorial de Cabal pero nuevas alternativas surgieron en la búsqueda de beneficios.26 Otra vía, no menos
eficiente, fue en parte la seguida por Simón de Iriondo. Tratando de
acordar con Ataliva Roca la compra de un campo en 1883, evaluando
las distintas ofertas y las perspectivas de crédito con que pueden
contar y la rentabilidad potencial a alcanzar, Iriondo le comenta a
Roca: "En el centro de Monigotes que va a ser la primera colonia de
Murrieta, hay 20 leguas de campo, la flor de aquel lugar que yo antes
de derogar la ley que daba privilegio hice denunciar a dos hombres que
me habían servido mucho."27
El párrafo antedicho evidencia cómo desde la función pública se
manipula la norma legal para así garantizar un rédito privado. El
planteamiento se refuerza en el mismo texto, cuando al felicitar a
Ataliva Roca por la compra de tierras de Santiago del Estero cercanas
a las de Murrieta, negocio en el que le recrimina no haberlo hecho
partícipe, Iriondo afirma que
los banqueros de Londres con sus grandes capitales, harán que, aunque
no le quedaran más de 20 leguas de las 200, siempre sería un gran negocio
la operación que usted ha hecho, pues usted puede quedar con sus 200
bien saneadas; y después de la pasión con que ha acogido su hennano en
mi conferencia de ayer la prolongación del ferrocarril de Santa Fe hasta
la frontera de Santiago con su prolongación hasta Tucumán por el
Chaco, le digo, descanse basta sólo el negocio de la tierra de Santiago.28
Los interlocutores epistolares están dando cuenta, asimismo, de
la extensión de los contactos que esta dirigencia tiene, tanto en el
espacio geográfico como institucional, reflejando los grados de connivencia subyacentes en las políticas públicas.
La capacidad operativa que ciertas redes parentales adquieren
en el espacio público crea una estructura de subordinació.n de los
otros poderes al ejecutivo, detentado por alguno de sus miembros. En
la concreción de sus obj~tivos, no vacilan en producir reformas acordes en la carta constitucional, como la que se hace en los meses de
marzo y abril de 1883, eliminando el principio de inamovilidad de los
jueces letrados. El corresponsal de La Plata Zeitung denuncia el 18
de julio de ese año la situación que vive la justicia santafesina y se
26

L Monte negro, op. cit., y Ezequiel Gallo, La pampa gringa, Sudamericana,
Buenos Aires, 1984.
27
28 Archivo Provincial de Santa Fe, Fondo Iriondo, carpeta 10, leg. 4, 6/8/1883.

/bid.

M Bonaudoy E. Sonzogni

pregunta "qué garantías de justicia tienen ahora los habitantes de
Santa Fe, después de haberse monopolizado hasta las leyes a favor de
la dinastía reinante?"29
La pregunta lo conduce a reflexionar sobre el peligro que implica
para la sociedad civil esta subordinación jurídica, y toma como ejemplo el pleito que ha estallado entre la familia Iriondo y su ª?_tigua
contrincante en el espacio político, la Iturraspe, por la poses10n de
una fracción de estancia con el argumento de que estos últimos no
poseían los derechos jurídicos que garantizaran la propiedad. Dirimido el litigio en los tribunales provinciales, el fallo es favorable a la
demanda de los Iriondo, restando a los lturraspe el reclamo ante la
justicia federal. Tal es el nivel de sujeción de los diferentes poderes y
funcionarios al ejecutivo que, ordenada la restitución a los Iturraspe
en el ámbito federal, "el jefe de policía de Santa Fe, desobedeciendo
la orden judicial, se negaba a ello, alegando que no recibía órdenes
sino de su gobiemo".30
El episodio pone una vez más en evidencia las dificultades que
existen, en el marco de acción de las redes parentales y de sus intereses
privados, en consolidar criterios de legalidad que respondan al interés
común. Pero por otra parte, muestra que pese a la discrecionalidad
con la que se manejan estos personajes, hay indicios, en la propia
sociedad, de la estructuración de una opinión pública, que a través de
la prensa escrita hace visibles sus cuestionamientos.
Si la progresiva enajenación de las tierras fiscales favoreció inversiones en las que participaron alternativa o simultáneamente funcionarios y empresarios privados, empresas más ambiciosas, como el
trazado de las redes ferroviarias o la creación bancaria semipública,
como es el Banco de Santa Fe, se convierten entre las décadas de 70
y 90 en nuevos espacios de acumulación y consolidación de riqueza.
En este tipo de negocios, donde la magnitud de la inversión
acrecienta los riesgos, es frecuente también la apelación desde los
sectores privados al Estado para que éste asuma parte de esos riesgos
a través de la contratación de empréstitos, los subsidios, las garantías
y la cesión de tierras. Esta apelación parece bastante posible, dado
que las relaciones parentales e interpersonales toman fluida la vinculación entre los funcionarios públicos y los sectores privados, ya que
en ambos frentes participan miembros de las burguesías capitalina y
rosarina. Desde esta óptica, es - en alguna medida - comprensible
29

El Mensajero, 28 de julio de 1883.

JO /bid.

88

89

�Redesparentales y faccicnes
la preocupación por controlar el aparato del Estado, que hace posible
obtener información cierta sobre los negocios y la marcha del mercado; manipular -como se viera antes- la esfera legal; ubicar al
funcionario adecuado en cada ocasión; prever, en fin, los problemas
que pudieran originarse y que lesionaóan los objetivos propuestos.
En ocasiones, la iniciativa parte de los propios integrantes del
aparato, cuya formación profesional los ubica en estamentos más
"modernos" del staff dirigente. Un ejemplo lo constituye la figura de
Jonás Larguía, que transita un significativo itinerario en la función
pública. En 1872, momento en que ejercía funciones en la Inspección
de Colonias, interesa al gobernador Iriondo para integrar una sociedad que ha formado con L. Walls, destinada a
proponer un tranway (a las colonias del oeste) que más tarde será
ferrocarril cuando la empresa sea explotada algunos ailos por los ingleses
o los franceses que para entonces habrán comprendido que no precisan
garantía ni aun para ferrocarriles, ofreciendo la ventaja nuestra idea de
que para tranway no se precisa tampoco garantía, porque cuesta la quinta
parte de aquél.31
Evidentemente, la carta hace explícito un problema clave en la
relación entre el Estado y los inversores privados: hasta qué punto el
primero está dispuesto a compartir los costos de la inversión, en la
medida en que la garantía se convierte en una fuerte succión de los
recursos del erario público.32
Esta preocupación vuelve a repetirse en ocasión de la construcción entre 1881 y 1883 del Ferrocarril Oeste Santafesino, iniciativa
empresarial cuya autoóa pertenece a Carlos Casado del Alisal. Natural de Valencia, fija su residencia en Rosario en la segunda mitad
del siglo y rápidamente tiene protagonismo en actividades económicas de diverso tenor. La presión de empresarios rosarinos y capitalinos sobre la dirigencia política, así como la estrecha vinculación de
Casado con ella, en tanto presidente del directorio del Banco Provincial, facilita la rápida concreción de la línea a la que el Estado, con
tierras y subsidios, complementa los aportes de la inversión privada
local y extranjera. Las críticas provienen nuevamente de las columnas
periodísticas alertando sobre el manejo discrecional de los perjuicios
31

La propuesta incluye también un cuidado de la "forma" en que debe presen·
tarsc para no suscitar críticas: "pero como no parece bien que tu nombre figure te
mando
32 el documento a nombre de Juan Manuel" (hijo del gobernador).
El l11dependie111e, 4 de agosto de 1878.

90

M. Bonaudo y E. Sonzogni

que pueden acarrear al patrimonio estatal tanto_ el contrato ~n la
sociedad del Oeste santafesino corno el desempeno de su presidente
en la dirección del Banco Provincial de cuyas arcas proceden los
resultados destinados a la obra ferroviaria.
La instalación del propio Banco Provincial, que se concr~ta en
1874 a partir de la demanda de sectores vinculados al ~memo, las
finanzas y los negocios inmobiliarios en la plaza rosanna, da muy
pronto cabida a los viejos troncos_~antafesinos que de~~estran u?a
ponderable capacidad de adaptac1on a las nuevas ~ond1c10nes sociales Mientras en el directorio de la casa central rosanna se entrecruzan
los. nombres de figuras locales (Casado, Carlés, Machain, Ibarlucea,
Carrasco, Muzzio, Arijón, Sugasti, entre otros) con alguna que otra
presencia capitalina (Caminos, ~i~ison, AJdao), la ape~tura ~e la
sucursal en la propia capital provmc1al congrega en cambio a miembros de los tradicionales troncos de manera casi excluyente: López,
AJdao, Crespo, Cullen, Echagüe, Torrent, Puig.
Tanto los directorios del banco como los de las empresas ferroviarias que operan en la provincia, a los que se agre~an los de firmas
inmobiliarias y financieras que se instalan en esos anos, dan c~e?ta,
por una parte, del paulatino ascenso del sur como polo de crec1m1ento; por otra, de un real proceso de articulación -por lo i:nenos en el
espacio del parentesco y de los negocios- de las burguesias de Sa?ta
Fe y Rosario. Esta imagen debe complejizarse ~n otras presencias.
Éstas provienen, básicamente, de los sectores sociales emergentes del
área centro-oeste. Colonos enriquecidos como Maurer, o Lchmann
0 Sicber que optan también por un proceso de "impla~tación multisectorial" se vinculan a troncos tradicionales santafesmos o bonaerenses O bien por el matrimonio -como ya se viera ~n páginas
precedentes- o bien finalmente por acuer~os comerc~ales. Este
último es el caso de Guillermo Lehmann, quien se convierte en el
testaferro de los negocios inmobiliarios de las familias Egusquiza,
Saguier, Quintana e incluso de Ataliva Roca.
.
.
Por otra parte, los directorios aparecen como otra mstanc~a a
partir de la cual se elaboran estrategias que es~imulan nuevas arllculaciones entre lo público y lo privado. A veces sirven como platafo~a
de presentación para una posterior función públi~~ otras, en camb1~,
su desempeño en ésta lo torna en un recurso_prest1g1oso pa~a cumplir,
en un nuevo ciclo, funciones de asesoramiento o gerenciales en el
ámbito privado.33
33

Un ejemplo de esta dinámica puede observarse en el doble papel que juega en

91

�Redes parenJalesy f accwnes

M Bonaudoy E. Sonzogni

El sistema electoral y sus espacios: la ciudad y la campiña
sometidas a la lucha facciosa

Pese a la especificidad de sus funciones, los clubes no plantean
una continuidad de acción en el espacio público y sólo se activan en
los momentos en que es imprescindible adquirir electores. Es por eso
que las crónicas revelan sucesivas instalaciones de sedes de tal o cual
club, siempre en vísperas electorales.36
.
Más allá de la confección de las listas de los candidatos y de la
distribución de las tareas proselitistas, los clubes sienten la necesidad
manifiesta de mostrar los niveles de consenso alcanzado por cada
facción. Esto motiva la institucionalización de espacios más amplios,
en donde se concrete aquel consenso, al tiempo que la comunicación
a la opinión pública de las respuestas positivas obten!das por tal
convocatoria. Las elecciones más frecuentes de esos recmtos recaen
en teatros u hoteles que alojan a dirigencia y seguidores. Así, por
ejemplo, en los trabajos electorales para la elección de diputados en
1864, los partidarios del Club del Pueblo se concentran e~ el Hotel
Universo o en el Teatro de la Esperanza - ambos en Rosano- lugar
donde irán sus ''socios" y "los que simpaticen con sus ideas".37 A su
vez los miembros del Club Libertad son invitados a concurrir todos
1os'sábados, "de ocho a nueve de la noche", al Café Argentino,
"recomendándose a todos los socios la más puntual asistencia". La
convocatoria rara vez alude, en el marco de un sufragio voluntario, al
"ciudadano". Los términos antes mencionados sumados al de "amigos", "vecinos" o "correligionarios" aparecen recurren temente en las
circulares o propagandas que la prensa partidaria incluye cotidianamente. En otras ocasiones, la presencia que se estimula queda sustantivada en el "pueblo" al que se ubica en un ambiguo terreno de
indiferenciación. El Fe"ocarrii, que no oculta su adhesión al Club
Libertad, en ocasión de las elecciones
una
. de 1864
. ,,informaba de
,,
reunión política "de la más grande tmportanc1a y presupoma que
"alli, en el seno de una de esas asambleas populares, que llevan el sello
de la soberanía, nos confundimos todos, nos perdemos entre las olas
de la multitud, y discutimos tranquilamente las grandes cosas que
interesan al pueblo.38
Veinte años después, en similar situación, el jefe político del
departamento San Lorenzo, Silverio Córdoba, emite una circular
convocando a la campaña electoral en estos términos: "Debiendo
reorganizarse el Oub del Pueblo y siendo necesaria su presencia y la

La clase dominante que se está construyendo a través de los mecanismos a~tes descritos y que ha formalizado un marco jurídico político
a partrr del cual pretende garantizar su perdurabilidad en el control
del aparato estatal, se enfrenta al dilema de conjugar tal control con un
sufragio que, en la norma, y pese a las exclusiones, amplía indudablemente la base electoral y por ende complica la búsqueda del consenso.
La ampliación cuantitativa y cualitativa del universo de electores hace
imprescindible que las fuerzas políticas que pretenden acceder algobierno replanteen, en el marco del sistema electoral, tanto mecanismos de control como de adquisición subordinada de votantes. En este
proceso, comienzan a diseñarse modalidades particulares de "hacer
la política" sobre las que pesan, por una parte, las nuevas formas de
articulación del espacio rural al urbano; por otra, la paulatina integración de esas dos realidades en un sistema político de verdadera
dimensión provincial y estrechamente proyectada a la nacional.
Las prácticas políticas que funcionan en el marco del sistema
electoral van definiendo, tanto en el ámbito urbano como en las áreas
rurales, espacios específicos de discusión y convalidación.
Si bien la casa familiar de los notables o la estancia, además del
café o el club social, persisten como los lugares en los que se formalizan las alianzas, surgen con un cariz peculiar los "clubs" o "centros
políticos" como instancias específicamente políticas que, desde un
núcleo base, instalado alternativa o simultáneamente en la ciudad
capital o en Rosario, comienza a operar creando filiales generalmente
en las cabeceras de departamento, o incluso en algunos de sus distritos.34 Paralela con el accionar de liberales o autonomistas, se observa
la emergencia de agrupaciones políticas locales en las áreas de colonias como el Partido Progresista que liderea Guillermo Lehmann
quien, operando dentro de una lógica facciosa, establece vínculos
cada vez más estrechos con la vertiente liberal. Dicha vinculación
tiene sus raíces en el apoyo que la misma da a los colonos en los duros
enfrentamientos con el gobierno autonomista en torno al espacio
municipal entre 1881 y 1884.35
relación con la creación del Banco Provincial, MelquiadesSalvá, quien primero actúa
como~pode rad~ de los inversores y luego como ministro de Gobierno.
El Rosano, 8 de octubre de 1864; Archivo Histórico Provincial Fondo Iriondo
caja 2, carpeta 12, folio 46, 14/10/1868.
'
'
35

M. Booaudo, S. Cragnotino y E. Sonz.ogni, "La cuestión ..", op. cit.

92

36
El Trueno, 29 de diciembre de 1864.
31
EJ Rosario, 13 de agosto de 1864, y 27 de septiembre de 1864.
38

El Ferrocarril, 20 de septiembre de 1864.

93

�Redes parentales y facciones

de f:&gt;s _amigos que gusten acompañarle y formar parte de este centro,
se mVJta a usted para el próximo domingo 10 del corriente a las 4 de
la tarde, a una reunión generaJ."39
No obstante, el término ciudadano tiende a ser apelado cuando
se_ trata ~e contraponerlo - también genéricamente - a minorías u
oligar~mas. Al ~ep~car al diario oficialista, El Rosario denuncia que
aquél llama mmona de hombres sin creencias políticas, a los centenares d~ c~udadanos honrados que componen el Club del Pueblo..."40
. · As1.ID1smo, lo habitual parece ser reservar el término a quienes
tienen su_ condición completa: la de elector y la de elegido. La
vanguardia del Club del Pueblo protesta ante la legislatura provincial,
el 16 de agosto de 1864, reclamando la anulación de los comicios del
día anterior. Y se dirige, precisamente, en esos términos: "Los ciudadanos nacionales que suscriben vecinos del Rosario..."41
J¿is firmas dan cuenta de aquella calidad: Melquiades Salvá,
~amon Ca~~s, José Antonio Echagüe, Augusto Agote, Nicolás M.
Alvare~,. Diogenes Casarabilla, Antonio Urraca, J. P. Lara, Máximo
Lara (hiJO), Leonardo Nicolorich, Nicanor González.
En tan~o ~iudadanos o vecinos, amigos o pueblo, el éxito de la
convoca tona tiende a medirse en función del número de concurrentes
Y de su convalidación al candidato a través de la propia asistencia a
~a que se agregan manifestaciones de viva voz y gestuales. El Rosario,
organo_ del Club del P_ueblo, d~cribe una manifestación de apoyo a
la candidatura de Manano Amigo que contabiliza la presencia de 350
personas, quienes "después de dar repetidas iVivas! a la candidatura
del señor Amigo, partieron en un grupo por las calles victoriando el
nombre de varios sujetos respetables de este pueblo..."42
De acuerdo con la ponderación de las cifras de concurrencia dos
o tres_ centenares de convalidantes colman las expectativas d~ los
orgaruz~dores, en tanto que la oposición procura disminuir el número
Ydes~alificar a los asistentes. Así, por ejemplo, El Rosario anticipa un
esp~o conglomerado de electores que darán su consentimiento a los
candidatos del Club Libertad.
~icen que el domingo[...] se reunirán todos los miembros del Oub
Libertad en asamblea general. No faltarán a esa reunión:

M. Bonaudo y E. Sonz.ogni

lo.- Los peones de tropa.
Alguna gente de San Lorenzo que dicen traerá al coronel
Caballero.
3o.- Algunos hombres del Arroyo del Medio que dicen vendrán con
el coronel Goytia...43
2o.-

A la descalificación de la base de reclutamiento de los contrincantes, los partidarios del Club del Pueblo descuentan responder "con
dos mil ciudadanos decididos; con esta juventud entusiasta que ha
comprendido al cabo lo que es sostener sus derechos como pueblo
libre..."44
Es evidente que la disyuntiva social que aquí se marca incide
profundamente en la estimación del consenso alcanzado.
En lo que aparentemente podría considerarse como una cesura
entre el mundo rural y el urbano se detectan ciertas fracturas: la que
separa a la elite del conjunto de empleados y trabajadores urbanos.
"La ausencia de libertades y derechos que soporta [la provincia] hace
que las fracciones políticas que antes se denominaban Club del
Pueblo y 25 de mayo, y que /.as componían una parte del pueblo ajena
al presupuesto han quedado hoy reducidas a los empleados de la admi-

nistración."45
En realidad lo que ocurre es que la conflictividad social sobre la que
se apoya la dinámica política está revelando que la estructuración de la
facción pasa por la ratificación, en clave política, de lasjerarquíassociales
refonnuladas. Alternativamente, las facciones esgrimen como mérito el
lograr el apoyo de "gente distinguida y de influencia". De este modo, al
comunicarle a Roca la formación de un centro político en Rosario,
Benjamín Virasoro señala que el mismo está formado por "personas de
posición social y pecuniaria". A su vez, E. Zeballos, en carta al comandante Rodríguez, le sugiere reúna para constituir la sede del Club
Constitucional en Santa Fe, "a los buenos vecinos y de posición social,
respetados por eso, más que los pobres".46
El estigma que parece pesar sobre los potenciales electores
rurales obliga a uno de los principales operadores del Club Libertad,
el coronel Goytia, a publicar una solicitada en el periódico EL Fe"ocarril, desmintiendo que sus acompañantes fueran peones y señalan43

: Archivo ?eneral de la Nación, Archivo Roca, leg. 40, 5 de agosto de 1884.
El Rosano, 22 de agosto de 1864.
El
Rosario, 16 de agosto de 1864•
42
El Rosario, 14 de agosto de 1864.
~

94

El Rosario, 15 de agosto de 1864.
El Rosario, 8 de octubre de 1864.
45
La Capital, 20 de enero de 1883.
46
Archivo General de la Nación, Archivo Roca, leg. 39, Sn/1884; Archivo Histórico Provincial, Fondo Rodríguez, carpeta 3, 18/11/1884.
44

95

�Redes parentalesy facciones
do que los mismos son, en cambio, "coroneles, tenientes, sargentos,
capitanes, alféreces y ciudadanos todos hacendados de Arroyo Pavón,
Arroyo del Medio, Arroyo Seco, comerciantes de Villa Constitución,
etcétera".47
Si bien parece pervivir una tensión entre los miembros de la elite
urbana, que tradicionalmente controlaron el espacio local, y los
representantes de las masas rurales, que durante la primera mitad del
siglo XIX habían alimentado el fenómeno del caudillismo, la nueva
articulación de ambos planos en un sistema político que se está
construyendo implica la redefinición de alianzas, realizadas ahora con
comerciantes, artesanos, hacendados, estancieros e incluso jefes militares, estos últimos a su vez estancieros o ganaderos.
De todo esto resulta una jerarquización política que trae aparejada una división de funciones: a los "notables" les corresponde tomar
las decisiones, elegir o liquidar candidatos, distribuirse cargos y merecimientos. A los electores urbanos o rurales les toca en cambio
otorgar el aval a quienes supuestamente son sus representantes. Este
consenso notoriamente artificial y sobreimpuesto obliga, además, a
recurrir a mecanismos de coacción.
Esta distribución de responsabilidades y funciones divide entonces en dos planos las formas de "hacer la política" en el sistema
electoral: la que se atribuye la elite como propia de su naturaleza
social y la que implica la articulación de esta dirigencia con la masa
de votantes. Esa articulación tiene dos momentos clave: el de la
campaña que precede a la elección y el comicio. Los instrumentos a
los que se echa mano en un verdadero proceso de cooptación del
elector consisten, por una parte, en la utilización de la palabra escrita
como herramienta ideológica para alcanzar el consenso. La prensa
facciosa acompaña y nutre el accionar de las agrupaciones políticas,
adoptando en parte su propia dinámica espasmódica. Los periódicos
aparecen y desaparecen en el marco de las coyunturas electorales,
como es el caso de El Tmeno, que en 1864 se acopla a la polémica
desatada entre El Ferrocarril, partidario de los liberales; y El Rosario,
vocero del autonomismo. De acuerdo con las afirmaciones de Gabriel
Carrasco, El Trueno se convierte en un verdadero "pasquín", incrementando de tal modo la tensión entre las facciones que los propios
clubes que antagonizan deciden bajar los decibelesde la controversia.
Ello conduce a una breve desaparición del periódico, que luego
retoma sus ediciones hasta principios del año siguiente, momento en
47

El Fe"ocarril, 20 de septiembre de 1864.

96

M Bonaudo y E. Sonzogni
que sale definitivamente de la escena pública. La importancia política
de la opinión periodística aparece claramente expresada en una carta
que Avellaneda le escribe a Jonás Larguía en 1874:
Habiendo terminado la lucha electoral, el diario La Unión Argentina pasa
a ser propiedad de una empresa particular; pero conti~uará s_iendo el
órgano del Partido Nacional [...] para cons~rvar as1 1~ urudad del
pensamiento entre los miembros de nuestro partido. Le esumaré obtenga en esa localidad, algunos suscriptores.
No podemos mantener nuestra organización de partido s~ ~n
órgano que exprese sus ideas y que infunda a todos un espmlu
común.48
.
El periodismo santafesino y rosarin?,tiene,,a_ lo largo del per!odo
que se analiza, una innegable connotac1on polil~ca, ora con el s1tuacionismo ora con las filas opositoras. Un pnmer mtento que procura
superar el carácter faccioso y efímero de las publicaci?nes se d_a en
1867 con la fundación de La Capital, dirigida por un reciente habitante de Rosario, Ovidio Lagos. La misma coexiste - en función _de la
dinámica de la nueva urbe- con una multiplicidad de expresiones
periodísticas49 que desde la crítica o _I~ ~dhesió~- asumen distintos
estilos no siendo ajenos a ellos los penod1cos satmcos que, como La
Cabridnera en la dé.c ada de los setenta, caricaturiza a los personajes
políticos y usa la ironía como arma de cuestiona miento social.
.
La construcción de un espacio público en el que la palabra escnta
es ciertamente protagonista, no se reduce a los núcleos ur~anos
mayores, sino que también aparece en el mundo ~ ,las col~m~s: El
Serrucho El Corondino, El Colono del Oeste, La Umon Provincial, se
agregan ; los originados en el seno de las colectividades..
En tal construcción comienza a observarse un paulatmo proceso
de profesionalización, más notorio en algun~s casos, _que ~ra~ como
resultado una mayor complejización del propio negocio ed1tonal que
incluye, entre otros rasgos, la distribución de c?rresponsa~~s :ocales
y la reproducción de notas de opinión transcntas de penod1cos de
otras ciudades. Un segundo elemento de cooptación está dado?ºr la
utilización de la influencia personal o política en la conformac1on de
relaciones clientelares.
48
Archivo Histórico Provincial, Colección J. Larguía, carpeta 2, leg. 2-1, folio 7,
ln/1874; Archivo General de la Nación, Archivo Roca, leg. 39, 8/7tl884.
.
.
49
La Opinión Nacional, El Sol, El Independiente, El Mensa1ero, La Discusión,
El Municipio, entre otros.

97

�Redesparentales y facciones

Los caminos elegidos para operar en este plano pasan o bien por
el entramado de vínculos que se estructuran en la relación laboral
entre patrones y empleados, y particularmente en el mundo rural
entre el estanciero y los peones, o bien por la presión que ciertos
individuos puedan ejercer desde la función. Una muestra cabal de la
adhesión alcanzada por algunos personajes que combinan la actividad
privada y la función pública se observa en la "solicitada de los troperos", que aparece en El Trueno del 14 de enero de 1865:
El club sucursal de la plaza de las Tropas, presentará el 23 del corriente
a los comicios electorales ochocientos argentinos que sostendrán la
bandera del Qub Libertad en el terreno que los busquen yprobarán una
vez más a los señores del Club del Pueblo que son los troperos capaces
de sostener sus derechos adquiridos y no consentidos.
Los firmantes aclaran que se habían engañado creyendo que en
las filas del Club del Pueblo estaban los "jefes" más prestigiosos pero
al descubrir que éstos formaban parte de la otra facción se vuelcan a
ella por cuanto los coroneles Goytia, Esquive!, Caballero y otros
"siempre han gozado de popularidad a la que son acreedores por sus
importantes servicios y por su honradez, razón por la que los paisanos
los quieren".
Dos figuras aparecen en este nivel como las de mayor capacidad
de acción, la del jefe político y la del comandante de milicias. Ésta
parece ser la instancia más coactiva en la construcción del elector, ya
~ue los mecanismos de presión que se ejercen sobre el mismo pueden
ir desde la convocatoria y el convencimiento, como lo planteaba la
invitación de Silverio Córdoba, pasando por la de compra de voluntades explícita o implícitamente hasta llegar a la violencia pura.
La prensa y la correspondencia privada "transparentan" esta
ope~atoria. Así, la voz del Rosario se levanta contra la "gran apuesta"
del Jefe político Marcelino Freyre quien cthace días recorre las calles
de esta ciudad buscando con quién apostar la cantidad de 500 pesos
plata contra cinco, a que él gana las elecciones que se practicarán de
un diputado, haciendo triunfar la candidatura oficial sobre la del
Pueblo".50
Apuesta que el funcionario acompaña con acciones concretas:

50

M BonaUIÚ) y E. Sonzogni
La reunión de ayer, promovida por la influencia oficial y capitaneada

directamente por la policía, ha sido de hombres traídos de las tropas de
carretas, es decir, peones de éstas sin que ninguno de ellos tengan
domicilio, ni residencia permanente en esta ciudad. Esos desgraciados
troperos desnudos y andrajosos eran conducidos por soldados y entregados allí para que aprobaran lo que dijeran tres o cuatro individuos
encargados de la representación teatral.51
El Trueno, por su parte y desde la facción contraria, denuncia la
recurrencia explícita al soborno: "Sabemos que nuestros opositores
andan ofreciendo un peso por voto, es decir, que se proponen comprar la conciencia de los hombres en favor de una causa despreciada
por todos. " 52
El editorial que Jonás Larguía elabora en El Fénix en 1871, donde
realiza una semblanza tipológica del "caudillismo", destaca la tarea
del "caudillo electoral":

Recibe de su jefe las instrucciones necesarias con recomendaciones
escritas para las autoridades de campaña que se creen menos decididas
por la candidatura que se trata de sostener; al mismo t;iempo recibe, sin
ruborizarse por cicatero, los fondos necesarios para desempeñar su
comisión honorablemenJe y comprar los votos vendibles en los departamentos: son vales a la vista las promesas de ascenso y empleos civiles que
el caudillo está facultado para hacer a los oficiales de la Guardia Nacional y otros personajes de campafia que se venden por moneda feble de
papel.

Munido de todos estos elementos sale nuestro hombre a la campaña
donde es esperado con el mismo deseo que el comisar,o pagador donde
ha precedido el anuncio de su llegada.
La carne con cuero, las pipas desfondadas y llenas con el tinto licor
del padre Baco, y el tentador sonido del boliviano que circula con
profusión en las carpetas de juego y canchas de taba son las razones más
poderosas que abogan en favor del candidato que se sostiene; sus méritos
están a la vista, patentes, materializados y convertidos en las preciosas
sustancias arriba expresadas.53
Cuando la cooptación a través de estos mecanismos encuentra
resistencias en el elector, se acude a la coerción directa.
La campaña electoral en la que participa por primera vez el
51
El Rosario, 13 de agosto de 1864.
52
El Trueno, 25 de diciembre de 1865.
53

El Rosario, 13 de agosto de 1864.

El Fénix, 30 de agosto de 1871.

98

99

�Redes parentales y facciones
Partido Constitucional en 1884 se ve obstaculizada por la acción de
los jefes políticos y por los comandantes, tal como se lo informa
Ovidio Lagos al presidente Roca.
Considero de mi deber participarle que es de todo punto imposible
establecer centros políticos en los pueblos de campaña por la tenaz
persecución que las autoridades despliegan contra todo aquél que no
forma en las filas de los clubs gobiernistas [...]
Los hombres del poder, especialmente Iriondo, comandante Orofio
y demás capitanejos han desplegado un lujo de persecución y amenaza
a los que no se enrolen en sus centros que los paisanos y los hacendados,
a pesar de estar animados de la mejor voluntad en el interés de cooperar
al avenimiento de un gobierno regular en esta provincia, y sostener la
política del gobierno nacional, se abstienen a fin de evitar que les lleven
los peones, o los persigan con el pretexto de enemigos del gobierno.54
La responsabilidad asignada a los comandantes y a los jefes
políticos se explica en virtud de la magnitud del ámbito sobre el que
ejercen su influencia, en el cual no desdeñan los servicios de funcionarios de menor rango, como los jueces de paz, que les quedan
subordinados. Ubicados en un nivel clave de las jerarquías política o
militar, estos individuos son candidatos "natos" para las listas de
electores o incluso, en una especie de cursus honoru.m, utilizan la
función como plataforma de lanzamiento para cargos políticos con
más expectativas. Un núcleo importante de los jefes políticos fueron
gobernadores, ministros, senadores, diputados, etcétera.
La tercera vía de cooptación consiste en avanzar y manipular las
modalidades adoptadas por la sociedad civil en construcción para
presentar y viabilizar sus demandas. La configuración de una cultura
de la presión que, más allá y más acá del sistema electoral crea la
demanda social, aparece como un espacio de convergencia y excluidos
del sistema político. Esta forma, que adquiere connotaciones muy
definidas en los espacios locales a través de los petitorios, las movilizaciones, las "cencerradas", los mítines55 se convierte en un lugar
nuevo donde vuelven a operar las facciones. Son llamativamente los
colonos de San Carlos los que en 1877 elaboran un petitorio manifestando su adhesión a la candidatura del coronel José Rodríguez:
"Ajenos como extranjeros y colonos a todo asunto que se cierna en
sentido político, manifestamos de la manera más imparcial que sería

M. Bonaudo y E. Sonz.ogni

la solución más acertada que pudiera hacerse en razón a los méritos
y servicios que dicho señor ha prestado a su país."56
La significación del manifiesto no sólo reside en la apelación a
una fórmula cotidiana para los colonos, como es el petitorio, sino que
fundamentalmente se halla en la articulación de las dos esferas dentro
de las cuales se hace la política: la del sistema electoral y la que se
halla fuera de él. Justamente estos "extranjeros y colonos" que no se
sienten incluidos en la primera van a abandonar la exclusión utilizando las herramientas que le son propias a su modo de hacer la política,
ingresando desde la segunda.57
En realidad, esa postura política colectiva preanuncia, de alguna
manera, la dinámica que va a caracterizar a la década de los ochenta,
cuando el debate social gire en tomo a cuestiones como la centralización, el espacio municipal, la secularización, que reformulan el
papel del ciudadano y, por ende, las formas de hacer política.
La descripción realizada hasta aquí reseñando la operatoria de
los mecanismos de cooptación vuelve a reaparecer en la instancia
comicial. En realidad, todas las previsiones que se han ido adoptando
en el curso de la campaña tienen como objetivo convertir al acto
eleccionario en una profecía autocumplida. La inscripción en el
registro cívico, la insaculación de los jueces, el acuartelamiento de los
votantes desde la víspera, el acto dela emisión del voto y el escrutinio
constituyen escenas eslabonadas de la subordinación del ciudadano
a los intereses de la dirigencia facciosa.
El comicio resulta así una condensación de protagonistas y tensiones: los candidatos facciosos, el electorado, las autoridades comiciales evalúan en ese momento la diferencial capacidad de cada una
de las facciones para la adquisición de electores. AJ mismo tiempo
muestra, entre los setenta y los ochenta, la consolidación de las redes
parentales que alimentan la facción autonomista, y que más allá de
sus propias fracturas, impide sistemáticamente la recuperación del
control del aparato estatal por parte de los liberales. Sin embargo, la
década de los ochenta en la que desaparecen dos de sus figuras
prominentes, Simón de Iriondoy Servando Bayo, va a abrir el camino
a un replanteo de las relaciones entre sociedad y Estado, entre
gobernantes y gobernados.

56 Archivo

54

Archivo General de la Nación, Archivo Roca, leg. 40, 2/9/1884.
55
M. Bonaudo, S. Cragnolino y E. Sonzogni, "Discusión en tomo...", op. cit.

100

Histórico Provincial, Fondo lturraspe, folio 188.

57 Esta perspectiva de exclusión se da en clave provincial o nacional, ya que a nivel

local los extranjeros tienen el derecho de voto comunal basta 1890.

101

�Redesparentalesy facciones

M. Bonaudoy E. Sonzogni

Hacia la reconsideración del papel del ciudadano.
Rosario y el Partido Constitucional

En realidad, la ciudad portuaria que fuera punto estratégico en
tiempos de la confederación, convirtiéndose más tarde en la principal
salida de la cada vez más importante producción agrícola, cuenta al
momento de aquellas reflexiones periodísticas con suficientes méritos
para requerir para sí la decisión de determinar quiénes deben ser sus
representantes. En tanto espacio municipal, ha logrado un crecimiento sin precedentes, tanto en lo referido a su población como a la
diversidad de sus actividades económicas y a la complejidad de las
funciones urbanas que le toca atender. En ella, se ha ido consolidando
una extendida capa social vinculada a los intereses mercantiles y
bancarios que tiene, como rasgos que la distinguen de la elite santafesina, la ausencia de una temprana residencia y la multiplicidad
étnica de sus pobladores, elemento este último que también caracteriza a sus sectores subalternos.
La indiferencia o marginación a que la somete la dirigencia de
Santa Fe lleva a Rosario, desde el propio inicio de su desarrollo, a
buscar en la articulación de alianzas por fuera de la provincia su
propia reivindicación y reconocimiento como espacio de poder politico. En tiempos de su institucionalización como ciudad, la entonces
elite rosarina acude a la influencia del presidente de la confederación
-Justo José de Urquiza- para obtener aquel rango. Los proyectos
sucesivos que se presentan en las cámaras proponiendo a Rosario
como capital de la república (y vetados también sucesivamente por el
ejecutivo nacional) han obligado a esa dirigencia a fortalecer contactos fuera de las fronteras provinciales. A esto se suma, ya en las
décadas de los setenta y de los ochenta, la cristalización del situacionismo iriondista cuyo modus operandi desalienta o directamente
ocluye la participación de la ascendente burguesía rosarina. Obviamente, este bloqueo va generando un clima de oposición que, desde
alguna perspectiva, se acopla al planteado por los liberales. Precisamente, el "partido" opositor tiene en Rosario los elementos que
hacen gala del más fuerte antagonismo al "gobierno de familia". Y,
transitados los primeros años de la década, el espectro opositor se
nutre en otro frente: el de las colonias agrícolas, que ven cercenada
su autonomía municipal ante el avance del gobierno provincial. Este
abanico de oposición va a adquirir una particulaf fisonomía política,
cuando, desde todos estos lugares, se converja en una propuesta
común: el Partido Constitucional.
El clima faccioso en el que se desenvuelve la politica electoral en
el país ha ido gestando demandas de revalorización del sufragio desde
los grupos disidentes coyunturalmente desplazados del poder. Así,

La complej ización de la realidad social en el transcurso de los ochenta
va a plantear la necesidad de redefinir, en la provincia de Santa Fe,
no sólo el problema de la representación, sino también el de la
legitimidad de los representantes. Su discusión se desarrolla en distint_as instancias y en diferentes realidades, cobrando especial significación ~n el mundo de las colonias y en el centro urbano que se ha
convertido en el polo del desarrollo provincial: la ciudad de Rosario.
Examina~ en el n:iarco de la puja facciosa el papel del espacio
~rb~no rosa~o, particularmente en la segunda mitad del siglo XIX,
significa en pnmer término recuperar para el análisis los mecanismos
a tra~~ d~ los cuales la elite capitalina en su búsqueda del poder
condicmno y bloqueó el acceso a él de estos nuevos actores que
e~?IDe~tan. un decidido proceso de ascenso social. En segundo
te~o, 1mplica una aproximación a aquel espacio, no ya volcada
~acta su propia interioridad, sino a su capacidad de articularse o
mterponerse con otros más abarcadores: provincia o nación. Rosario,
a diferencia de la ciudad capital, tiene un reconocimiento tardío de su
calidad de ciudad, aun cuando la sanción jurídico-administrativa anteceda a la del espacio municipal de Santa Fe. La construcción del
n:i~nkipio e~ tanto ámbito específico resulta así paralela a su integrac1on en los ruveles de representación provincial y nacional en el interior
de la pugna entre autonomistas y liberales por la hegemonía política.
La necesidad de la dirigencia santafesina de mantener bajo su
cont_rol los distintos niveles de representación, preservándose en tal
sentido de la potencial competencia procedente de esos nuevos actores, conduce a una estructura de representación que impone -a
escala departamental - unstaffde miembros pertenecientes o vinculados a las tradicionales redes parentales capitalinas. Esta continua
post~rgación de los rosarinos en las legislaturas, que se pone de
manifiesto en los candidatos correspondientes a sucesivas elecciones
a diputados va nutriendo la demanda. En 1883, La Capital bajo el
título de "Signos de decadencia", denuncia ante la elección'de convencionales: "Es por demás curioso verfigurar en la representación
del ~osario a los señores Iriondo, Reyna, Basabilbaso, Gálvez, etc.,
que tienen su domicilio en Santa Fe y que algunos de los cuales sólo
de nombre conocen el vecindario de esta ciudad." 58
58

l.A Capital, 20 de enero de 1883.

102

103

�Redes parentales y facciones

M Bonaudo y E. Sonzogni

por ejei:nplo, al final de la década de los sesenta, un grupo de intelectuales ligados a la facc~ón alsinista forman en Buenos Aires el Oub
Igualdad, en cuyo manifiesto se proclama la necesidad de

sociales: por una parte, grupos de jóvenes profesionales e intelectuales caracterizados como la "juventud ilustrada" que han abrazado la
alternativa del exilio en respuesta al clima oprobioso que vive la
provincia. No es ajena, entre las motivaciones que están detrás de
aquella decisión, su postura liberal frente a la cuestión religiosa que,
en 1884, se alza como tema principal - aunque ríspido- de la
controversia social. y con respecto al cual el gobierno santafesino
parece más proclive a defender -en la medida de sus fuerzas- las
posiciones clericales.
Asimismo, su experiencia fuera de las fronteras provinciales y más
concretamente en Buenos Aires, vincula a estos grupos con aquellos
integrantes del alsinismo responsables de la iniciativa de conformar
un partido programático y de principios, cuya influencia se advertirá
fácilmente en la propuesta que hagan al pueblo santafesino.61
Un segundo foco del euestionamiento procede de los grupos de
inmigrantes instalados en las colonias agrícolas santafesinas que
advierten con creciente preocupación el progresivo cercenamiento de
sus libertades municipales, lo que los insta a radicalizar sus expresiones y a buscar posibles aliados para la resolución de sus demandas.
Finalmente, la ya señalada postergación que sufre la pujante burguesía rosarina corre paralela a la marginación de sectores tradicionales
que militan en la facción liberal, y su predecible acercamiento genera
el tercer sujeto colectivo dispuesto a dar batalla al situacionismo.
No es entonces casual que la génesis del Partido Constitucional
se diera en Buenos Aires, donde estos "jóvenes ilustrados" crean el
Centro Santafesino, cuyo reglamento explicita su voluntad de "cooperar al progreso político y social de la provincia de Santa Fe"
comprometiéndose a "la organización popular de los ciudadanos de
Santa Fe a fin de que, por medios pacíficos y legales, ejerzan los
derechos políticos que acuerdan a los habitantes de la provincia las
constituciones nacional y provincial".
Ambos artículos que inician el reglamento hablan a las claras del
propósito militante de una intervención directa sobre la provincia,
aun pensado lejos de su territorio, estimulando la movilización ciudadana en dirección a lo que podría incluso suponerse un acto de
subversión: recuperar para sí el derecho constitucional del sufragio.

ll~var a cabo el ejercicio del de~e~ho electoral monopolizado hoy por
vmculos estrechos~ cuyo cumphffilento, al mismo tiempo de ser el más
sag~ad? para un crndadano, es el que más trascendencia tiene en las
repubh~ democráticas [... ] Progresaremos cuando los que nos dirijan
sean_ e!egidos por el pueblo y no por círculos pequeños que realizan sus
amb1c10nes bastardas por la intriga y el maquiavelismo.59
En los primeros años de los setenta, este mismo grupo, formando
parte de u_n nuevo club -Club 25 de mayo-, plantea un programa
que, ap~yan~ose e~ ~a reforma constitucional, toca aspectos clave de
la or~~ruz~c1ón polí_uca provincial: el imperio del sufragio popular, Ja
elecc1on d1:e_ct_a de Jueces de paz de ciudad y campaña, Ja autonomía
de los murnc1p1os, la descentralización administrativa la reforma del
poder judicial, etc.60 Dicha propuesta culminará en 1~ fundación del
Partido Republicano en 1877 y, aun cuando esta expresión política
fracasa, es un jalón en el intento de recuperar la figura del ciudadano
como fuente de legitimidad y de construir un sistema político sobre
la base de propuestas programáticas orgánicas.
. Si en la provincia de Buenos Aires los ensayos de una rectificación de las formas de hacer política electoral se dan en las décadas
apuntadas, Santa Fe debe esperar a los últimos años de la década del
s~t~nta Y principios de la siguiente para poder concretar un intento
SimJJ~r, c?ntextuado en una situación política que, a nivel nacional,
ha _cristalizado su unidad bajo la atenta supervisión de Roca. y tanto
a ~ste como a la oposición provincial preocupan, desde distintas
anstas, la progre~iv~ disolución política e institucional que está atrave~ando la provmcia. El caudillo máximo del Club del Pueblo ha
d~Jado la conducción del ejecutivo en manos de su cuñado el canómg~ Zavala, quien atien~e -en razón de su salud progresivamente
al VJcegobemador Cándido Pujato. Esta bicefalia institucional tiene
t~mbién_ su costado político, que tiende a originar y ahondar las
diferencias dentro de las propias filas del autonomismo. No obstante
la "familia" ~i~e manteniendo el control del aparato estatal.
'
La opos1c1on parece converger a partir de tres tipos de actores
5
~ Extraído de José C Chiaramonte,

61

Nacionalismo y liberalismo económico en

Arge'%na, Solar Hacheue, Buenos Aires, 1973, p.171.
/bid., pp.172y 173.

104

No sólo la propuesta convalida la filiación, sino también la adhesión concreta
que uno de los miembros del antiguo Partido Republicano, A C. Cambaceres, da a la
convención del Partido Constitucional; Convención del Partido ConstÍlucionaf, Buenos
Aires, 1885, Biblioteca Ernesto Tornquist, Política 277-17839, p. 36.

105

�Redes parentalesy facciones

M Bonaudoy E. Sonzogni

Al asumir un planteo político principista, el Centro Político
Santafesino se propone:

Santa Fe y Rosario son realmente "rivales" en la búsq~eda de ~a
hegemonía y el resto de las localidades les quedan subordmadas, sm
ediación de la estructura departamental. El otro elemento que
m
., •
aporta Ja primera sesión preparatoria de 1~ convenc1O~ tiene que ver
con los centros que envían convenciorustas. En pnmer lugar, se
destaca la presencia de extraprovinciales, el de Pa~~ná y e~ de Bue~os
Aires, y en segundo lugar, la desigual representac1on del area capitalina hacia el norte, ya que las delegaciones present~s son ~as de
Rosario Villa Constitución, Roldán, San Lorenzo, Jesus Mana, Esperanza'y Santa Fe. Las filas de las delegaciones están fundamentalmente nutridas por hombres procedentes de las redes parentales_que
militan en la facción liberal o de la burguesía rosarina.-~ ne~s1~ad
de evitar pujas instituye la instalación rotativa de la co~s1_on dir~ctiva
del partido. Sus bases de organización rep~oducen, casi sm _mod~caciones, los principios del Centro Santafesmo, en lo programat1co, y
en lo organizativo, crean una serie de instancias que, estrechamen~e
articuladas, presuponen la construcción de un consenso desde abaJO
hacia arriba. Desde esta perspectiva, los vecinos de cada departamento constituyen el club local y su respectiva comisión directiva; a su v~z,
cada departamento provee de un d~l~gado a la comisión ejecutiva
provincial. En el ámbito de las conus10nes d~p_arta~ent~les se encuentra la base de la primera instancia de part1c1pac1on directa ~n la
que los "correligionarios" son inscritos como mie~bros del partido Y
en donde toman sus decisiones en tomo a los candidatos para puestos
municipales y departamentales.
. .
El voto directo se sustituye por el mdirecto, a cargo de las
comisiones departamentales en el caso de las can~idaturas pa~a
elecciones generales.64 Evidentemente reaparece aqu1 la recurrenc1a
a interponer mediaciones entre los ciudada~os y s~s represent_antes,
lo que abre nuevamente el espacio a la mampulac1ón y a las alianzas
entre dirigentes.
De todas maneras, el aggiornamento que representa_esta fuerza
politica reside, tal como se expresa en el discurso ~el presidente d:,la
convención el doctor E. Zeballos, en la intención de alcanzar la
solidaridad de Ja familia política, la comunidad de los intereses, la palpitación uniforme de las aspiraciones y los designios recíprocos" en
definitiva en el intento - como lo planteaba Ovidio Lagos un año
antes- de' sentar sobre otras bases el pacto sOCI.al•65

l. El mantenimiento de la organización nacional, de la autonomía
provincial conforme a la Carta orgánica, mientras no sea reformada, y
la efectividad de los derechos de libre sufragio, de reunión, de petición
y de publicación por la prensa.
2. La realización de los grandes fines económicos y políticos de
nuestra Constitución nacional, especialmente en cuanto aJ mantenimiento de la paz interior, el aumento y mejora de puertos, muelles y
vías de comunicación, la protección a la inmigración, la libertad asegurada por una recta administración de justicia; la economía en los gastos
públicos por una honrada administración, la disminución y proporcionalidad en los impuestos; la amortización de los empréstitos, la uniformidad monetaria y un régimen bancario que repose en la convertibilidad de los billetes y asegure los beneficios del crédito a todas las
industrias[...]
4. La efectividad de'las garantías municipales por la autonómica
intervención de los vecindarios.62

Lo significativo del programa, especialmente en lo referido a la
declaración de principios, está dado por la incorporación de demandas económicas y políticas que los actores sociales que se comprometerán con el proyecto han ido expresando en distintos momentos,
particularmente la burguesía rosarina y los colonos del centro oeste. Resulta claro que desde la perspectiva de estos grupos es imprescindible
para concretar el mayor potencial del modelo de desarrollo -que no
entra en discusión - y de su propio papel dentro de él, el "ejercicio,
tranquilo pero firme y persistente de los derechos politicos."63
La organización, que no queda exenta de dificultades, se plasma
definitivamente en la convención del 16 al 18 de noviembre de 1884,
celebrada en la ciudad de Rosario. La estructura que el Partido
Constitucional pretende darse no se aleja de la tradición de los clubes
políticos, pero toma un dato de ella para garantizar la unidad de
acción. Divide a la provincia "en dos secciones, la de Santa Fe y la de
Rosario, que obrarán en cuanto fuera posible independientemente
con jurisdicción en los clubes a ella cercanos". La propuesta intenta
superar, indudablemente, la tensión entre ambas ciudades. Es en
realidad una resolución política que pone de manifiesto el conflicto:
62

EJ Mensajero, 4 de julio de 1883.

64

63 /bid.

Convención, op. cit.
,
65 "Las reformas de la Constitución entran en el orden del pacto comun, como le

106

107

�Redes parentales y facciones
En _los hechos, el proyecto debe enfrentar por un lado los gérmenes desmtegradores que operan en su interior y, por otro, la fuerte
resistencia que le ofrecen los grupos del oficialismo enquistados en el
aparato estatal. Más allá del discurso, algunos de los operadores de
vanguardia d~l Partido Constitucional, como es el propio ZebaIJos,
un verdadero mstrumento en las manos de Roca,66 terminan reinstalando la clave facciosa para construir su propia red clientelar: las
presiones sobre el comandante Rodríguez, las negociaciones con la
fracción "bayista" rosarina, los encuentros y desencuentros con los
sectores del Club del Pueblo que responden a Benjamín Virasoro
Cándido Pujato y Deolindo Muñoz se convierten en un boomerang e~
el momento en que Roca negocia el retiro de la candidatura de
Zeba!~os a 1~ gub~matura y privilegia la alianza ya pactada para la
elecc1on_ nacional. 7 Los acuerdos de cúpula, sumados a la negativa
correl~_c1ón de fuerzas en el espacio público provincial, explican la
reflexion desalentada de Camilo Aldao a Roca, con motivo de la no
presentación del Club Constitucional en las elecciones municipales
de Rosario, en diciembre de 1884:
Si. h~b~éramos cometido el disparate de presentamos a la plaza al
pnncipiarnuestra organización hubiéramos sido sacrificados inútilmente por 300 hombres a Remington y cerca de 2 000 traídos de todas partes
[...] lCómo es posible combatir legalmente contra el poder oficial

Uaman los con_stitucionalistas, para significar el resultado de la voluntad popular escrito
en cláusulas bien meditadas y discutidas, de manera que nose adquiera supremacía en
derecho con ventaja para los unos y con mengua para los otros.
existencia del gobierno propio comprende los términos precisos de elección
hbre Yd1recta Yrepresentación popular que nacen de los principios fundamentales que
aseguran la libertad, la igualdad, la propiedad de los derechos naturales del hombre"
La Cat,ital, 11 de enero de 1883.
'

. "La

La correspondencia privada del presidente muestra con meridiana claridad su
alto grado de involucra miento en el proyecto y el papel arbitral que juega con relación
a facciones e individuos.
67

Cfr. Archivo General de la Nación, Archivo Roca, carta de Camilo Aldao a
Roca, 20 de enero de 1884, leg. 36; carta de Eusebio Gómez a Roca, del 2 de enero de
1884, leg. 36; carta de E. Zeballos a Roca del 7 de febrero de 1884, leg. 41; carta de
Deolindo Muñoz a Roca del 14 de febrero de 1884, leg. 36; de Deolindo Muñoz a Roca
del 24 de febrero de 1884, leg. 36; de Gregorio Fúnes a Roca del 26 de febrero de 1884,
leg. 36; carta de Benjamín Virasoro a Roca, 17 de junio de 1884, leg. 38; de E. Zeballos
a Roca, 22 de mayo de 1884, leg. 38; E. Zeballos a Roca, 23 de mayo de 1884, leg. 38;
José Rodríguez a Roca, del 26 de mayo de 1884, leg. 38; de Nolasco Arias a Roca, del
31 de '.°~yo de 1884, leg. 38; de Camilo Aldao a Roca, del 8 de agosto de 1884, leg. 40;
de Ovid10 Lagos a Roca, del 2 de septiembre de 1884, leg. 40, e tcétera.

108

M Bonaudo y E. Sonzogni
teniendo a su frente al general Virasoro y al coronel Córdoba con sus
uniformes? [...] ¿ Y a usted mismo, como presidente honorario de este
centro?[...] Nuestros paisanos, general, necesitan hechos prácticos.68
El Constitucional prácticamente desaparece alrededor de 1886,
pero la crisis social y la crisis política de los noventa reabrirán -para
el proyecto y sus protagonistas- una nueva instancia en el marco de
la Unión Cívica, cuya primera convención - llamativamente reunida
en Rosario- congrega a varios de sus antiguos integrantes.69
Lo examinado hasta aquí permite seguir el proceso de construcción de un espacio público en el que, a través de ese .instrumento
político que es la facción, las familias de notables integran el espacio
privado y el espacio público; los ámbitos urbano y rural; y, por fin, las
tres dimensiones en las que interactúan sociedad y Estado: la local,
la provincial y la nacional.
En tal construcción las maneras de "hacer la política", contextuadas en el sistema electoral, revelan la capacidad de la práctica facciosa
para reproducir las jerarquías sociales en el sistema político. Pero al
mismo tiempo, alertan sobre las reformulaciones que en la década de
los ochenta esa misma sociedad está exigiendo. Esos reclamos provienen de actores sociales "incluidos subordinadamente" o de aquéllos que por su carácter de extranjeridad, resultaron excluidos de la
dimensión provincial o nacional. Las voces de unos y otros convergen
y recuperan como elemento esencial de su identidad al ciudadano,
considerado como "miembro activo" de la sociedad. Ello lleva implícito un intento de desenmascaramiento de la política, erradicando la
lógica facciosa y restaurando los derechos políticos a través de las
garantías electorales. En este proceso, el sistema electoral va adquiriendo centralidad, a medida que los actores comprenden que él
constituye la clave para incidir en las decisiones de poder y para
imponer sobre nuevos criterios de legitimidad la relación entre gobernantes y gobernados. Esa toma de conciencia se realiza a través
de una práctica que transita dentro y fuera del sistema: los ensayos
programáticos, como el Partido Constitucional, la reiterada recurrencia a la cultura de la presión, la discusión de la naturalización, etc.
Pero estas estrategias resultan, en defmitiva, insuficientes para vencer
68 Archivo General de la Nación, Archivo Roca, leg. 42, 14/l]Jl.884.
69

Es presidente de esa convención Juan E. Torrent, vicepresidente 2o. Mariano
Candioti y dos, de los cuatro secretarios, Agustín Landó y Lisandro de la Torre. La
Unión Cívica parece amalgamar, en ese momento, a mitristas, autonomistas y constitucionalistas que actuaran en las viejas lides santafesinas.

109

�Redes parentales y faccúmes

la "máquina". Quizás por eso, el manifiesto que en 1893 la junta
revolucionaria de la Unión Cívica Radical de Santa Fe lanza al
pueblo, reconociendo una nueva violación a la posibilidad de "verdaderas elecciones libres y legales", plantee como recurso último al que
se apela, la revolución:

Los artesanos del Cusco, la crisis
regi,onal y el régi,men republicano
(1824-1869)

La revolución no puede ser el remedio aplicable uniformemente a la
curación de los males que resultan del ejercicio deficiente e irregular de
las instituciones que un pueblo libre se haya dado; pero todo está
subvertido y es en vano intentardentro de la ley la reconquista de lo perdido.

Thomas Krüggeler

El sistema político, sostenido paralelamente a este sistema administrativo, puede condensarse en una frase: la supresión de todos los
derechos políticos que las leyes acuerdan a los ciudadanos.70

a historia del Cusco durante el siglo XIX, y particularmente la
historia de la ciudad del Cusco, ha recibido hasta ahora poca
atención de parte de los historiadores. Nos hemos dado por
satisfechos con algunas generalidades, sin investigar más profundamente la historia económica, social y política de la antigua ciudad
imperial.1 Dichas generalidades se refieren al aislamiento geográfico
y político, a la crisis económica y comercial de la región del Cusco y
al retroceso dramático de la población de la ciudad. La decadencia
del Cusco durante el siglo XIX es indiscutible. Con la apertura del
puerto de Buenos Aires en el contexto de las reformas borbónicas
durante las últimas décadas del siglo xvm, el Cusco perdió su posición
clave como centro del comercio con el alto Perú. Los bienes de
consumo, sobre todo textiles, que llegaron en grandes cantidades de

L

1

Museo Histórico Provincial, carpeta especial, 30 de julio de 1893-94, cuaderno
impreso ilustrado, p. 3.

El estudio más completo, aunque en ciertos pasajes muy descriptivo y con poco
análisis de fuentes primarias, es el de José Tamayo Herrera, lfütoria social &lt;kl Cusco
republicano, Editorial Universo, Lima, 2ª ed., 1981.

110

111

70

�Los artesanos del Cusco

Thomas Krüggeler

Gran Bretaña desde fines del virreinato al mercado del Cusco significaron una fuerte competencia para el sector manufacturero y fueron
un factor decisivo para el fracaso del sector textil de la región alrededor de 1840. Las destrucciones causadas por la guerra de Independencia y las guerras civiles durante las siguientes décadas contribuyeron también a la crisis de la región.
El Cusco no experimentó una transformación económica profunda durante las primeras décadas después de la independencia. La
ciudad estuvo aislada de los centros económicos del Perú y sufría una
grave crisis general. En comparación con el desarrollo de Arequipa
durante esta época, el Cusco parecía un pueblo soñoliento. Esta
descripción, sin embargo, pese a ajustarse a la realidad, es peligrosa
en tanto puede hacer suponer que el provincianismo del Cusco
impedía cambios sociales y económicos. Por eso en este artículo
queremos discutir no tanto la decadencia del Cusco y sus causas, sino
cómo funcionaba la economía de la ciudad en estas circunstancias de
crisis y cómo se desarrollaron algunas características de la vida social
cusqueña del siglo XIX.
Para acercanos a la vida económica y social del Cusco entre 1824
y 1869, nos concentraremos en el análisis del sector artesanal de la
ciudad. Los artesanos, aunque en general son ampliamente ignorados
por los historiadores, formaban un grupo social y económicamente
importante dentro de la sociedad cusqueña, al igual que en otras
sociedades urbanas. La diversificación de este sector, en términos de
ocupaciones artesanales, y su fuerza, en términos de números absolutos, son impresionantes en el Cusco del siglo XIX. Los artesanos no
eran solamente individuos pasivos, dirigidos por otros grupos sociales. En este sentido, la fundación de la Sociedad de Artesanos del
Cusco en 1870 la tenemos que interpretar como una reacción de los
artesanos frente al fracaso del sistema gremial y como un intento de
buscar una representación más eficiente en la sociedad cusqueña. La
Sociedad de Artesanos significó política e ideológicamente un cambio
profundo para los artesanos, cambio que no podemos tratar adecuadamente en un pequeño estudio. Por esta razón nos limitaremos aquí
a las cuatro primeras décadas del Cusco republicano.
Pero lquiénes son los artesanos del Cusco? lPodemos llamar
artesanos a los numerosos tejedores, costureras, hilanderas, cocineras, etc., o son artesanos solamente los sastres, zapateros, plateros, etc.,
ocupaciones para las que existía un sistema de aprendizaje y que tenían
sus gremios? El término "artesano", en su sentido más amplio, incluye a
todas las personas que producen algo con sus manos. Aquí, sin embargo,

nos limitaremos a los artesanos típicos de economías urbanas, es
decir, zapateros, herreros, carpinteros, etc. Estas ocupaciones tenían
gremios con sus sistemas de educación profesional y solamente sus
afiliados pagaban contribuciones de patentes. Pero en el Cusco en el
siglo XIX el problema es más complicado. Muchos pequeños sastres,
zapateros, etc., ejercían su ocupación fuera del sistema gremial. Ellos no
trabajaban exclusivamente como artesanos, no tenían oficiales y no
pagaban impuestos. Este grupo de artesanos urbanos tenía casi las
mismas características que los artesanos rurales (hilanderas, tejedores,
etc.). No obstante, vamos a considerar a este grupo, porque las fuentes,
muchas veces, no nos permiten distinguir entre un maestro zapatero
del centro de la ciudad y su pobre colega no organizado de la periferia
urbana. Además, estos pequeños artesanos mostraban un alto grado
de flexibilidad económica y permiten ver cómo reaccionaban frente
a la crisis económica algunos grupos de artesanos.
Los problemas que trataremos en este artículo son los siguientes.
En primer lugar, tenemos que preguntar en qué forma las importaciones de bienes de consumo influían en el sector artesanal y cómo
reaccionaba este sector frente a la competencia extranjera. En tanto
rechaza la noción de que las importaciones destruían la economía de
los artesanos urbanos del Cusco, nos interesa la vida interna de los
talleres. lCómo eran las relaciones entre maestros, oficiales y aprendices y ele qué manera la crisis económica afectaba estas relaciones?
Otro punto central de este estudio es la historia de los gremios
durante la primera mitad del siglo XIX lPor qué seguía siendo el
sistema gremial después de la independencia un sistema que era
considerado parte integral de la sociedad colonial? lQué cambios
sufrió el sistema gremial después de 1824? Finalmente, tenemos que
preguntamos qué posición tenían los artesanos en la jerarquía de la
sociedad cusqueña y de qué forma participaban en la política de la
ciudad. lConcedía el Cusco republicano más prestigio social a los
artesanos que el colonial? Una respuesta a estas preguntas requiere
la unión de los factores que determinaban la posición social de los
artesanos y que influían en las posibilidades de emancipación política.
Veremos, además, que si bien nuestro objetivo es la economía y
la vida social de un grupo crítico del Cusco en las décadas posteriores
a la independencia, veremos que el estudio de los vínculos económicos reales de los artesanos puede permitir que nos formemos una idea
un poco más general del Cusco entre 1824-1869.

112

113

�I
Los artesanos del Cu.seo

Thomas Krüggeler

La estructura del sector artesanal

todo algunas profesiones del sector textil (frazaderos, pelloneros,
etc.), que eran dominadas por artesanos indígenas. Los gremios de
indígenas eran instituciones administrativas que tenían sus orígenes
en la época colonial. Los miembros de estos gremios no pertenecían
a ningún ayllu y no se encontraban bajo el control de un cacique, sino
que gozaban de un cierto grado de independencia dentro de la
población indígena urbana. Parece que las funciones de los gremios
indígenas, a diferencia de las que cumplían los gremios de mestizos,
se limitaban casi exclusivamente a lo referido a las obligaciones
fiscales, porque los únicos documentos que hemos encontrado sobre
estas instituciones tratan de la contribución de indígenas. Durante la
época colonial, en cambio, los gremios de artesanos indígenas eran
instituciones mucho más activas, como lo prueban las fuentes y la
información que nos ha presentado Gutiérrez.2
En términos numéricos los gremios de mestizos eran mucho más
grandes que los de indígenas. Así la matrícula de patentes de 1839
para este sector contiene 289 maestros artesanos organizados, sin
mencionar la respectiva cantidad de oficiales y aprendices. Pero
sabemos que los maestros artesanos empleaban en esa época en
promedio a dos oficiales (véase infra, pp. 133 y ss). Esto significa que
había 867 mestizos artesanos en la ciudad en 1839. La matrícula de
indígenas de 1836, fuente del cuadro 1, registra solamente a 139 socios
de todos los gremios. Esta fuente no distingue entre los grados de
profesionalización porque todos los artesanos indígenas, tanto maestros como oficiales, tenían que pagar la contribución de indígenas.
Como para todos los maestros de talleres era obligatorio ser
miembros de sus respectivos gremios por la Ley de patentes de 1829,
Ycomo les estaba prohibido a los oficiales abrir sus propios establecimientos,3 tendríamos que suponer que en el Cusco del año 1839
había aproximadamente 1 000 artesanos de varios oficios y razas,
como lo indican las diferentes matrículas presentadas. Sin embargo,
los datos del manuscrito del censo de 1862, que presentamos a
continuación, van a probar que esta aproximación es muy incompleta
Yque la realidad de los años treinta era otra.
El censo de 1862 nos presenta 2 286 artesanos en 47 diferentes
profesiones en la ciudad del Cusco.4 Según estas cifras, el 18% de la

En la ciudad del Cusco los artesanos formaban un grupo económico
muy complejo y diversificado. Para presentar adecuadamente las
estructuras del sector artesanal, tenemos que distinguir entre su
estructura horizontal y verificar que su estructura horizontal significa,
en este contexto, la importancia del sector en términos de números
absolutos y su diversificación profesional. La diferenciación entre
artesanos ricos y pobres, entre artesanos de varias razas, entre profesionales con mayor o menor prestigio social, etc., atañe a la estructura
vertical del sector artesanal. Aquí empezamos con los aspectos horizontales, que van a mostramos la posición central que tenían los
artesanos dentro de la economía urbana. La estructura vertical la
analizaremos más adelante, cuando tratemos la posición social de los
artesanos en la sociedad cusqueña.
El cuadro 1 nos presenta la cantidad y variedad de gremios que
existían en el Cusco en la segunda mitad de los años treinta del siglo
pasado y nos indica que había 16 gremios de indios y veinte gremios
de mestizos artesanos. Para 9 profesiones artesanales (columna 1)
existían gremios de indios y mestizos paralelamente, mientras que
otros oficios parecían estar controlados sólo por unos u otros, sobre
CUADROl
GREMIOS ARTESANALES EN EL CUsco ( 1836-1839)

Gremios de
indios y gremios
de mestizos

Gremios de
mestizos

Gremios de
indios

Alfareros
Alfareros
Carpinteros
Curtidores
Panaderos
Plateros
Sastres
Sombrereros
Zapateros

Bordadores
Botoneros
Carniceros
Franjeros
Heladeros
Herreros
Hojalateros
Peluqueros
Pintores
Relojeros
Talabarteros

Chocolateros
F.scultores
Falceros
Frazaderos
Pelloneros
Tocuyeros
Veleros

.,

FuENTI:.S: Archivo Departamental del Cusco, Administración del Tesoro Público
(ADC.ATI'}; Libro estracto de matrículas de indígenas del Cercado, 1836; Matrícula de
patentes de l Cuzco, 1839.

114

2

Véase Ramón Gutiérrez, "Notas sobre organización artesanal en el Cusco
durante la colonia",//istórica, vol 111, núm. l, 1979, pp. 1-15.
3
Véase la Ley de Patentes de 10 de agosto de 1826 en Emilio Dancuart y José M.
Rodríguez, Anales de la hacienda pública del Perú. Jflstoria y legislación fiscal de la
l?púb/ica, 10 tomos, Lima, 1902-1908, tomo 1, p. 276.

115

�Thomas Klüggeler

Los artesanos del Cu.seo •
población económicamente activa estaba formado por artesanos.
Esta impresionante cantidad es aún más sorprendente si tenemos en
cuenta el descenso de la población urbana entre los años treinta y los
años sesenta así como la crisis económica que se agudizó durante este
tiempo.5 Por eso nos parece muy improbable que la cantidad de
artesanos creciera entre los años treinta y 1862. Mucho más probable
es que en los treinta, a pesar de las restricciones jurídicas, existieran
también numerosos artesanos fuera del sistema gremial. El censo de
1862 es el primer documento que nos muestra el sector artesanal del
Cusco en su verdadera amplitud y diversificación.
lCómo podemos explicar esta significativa presencia del sector
artesanal en una época de profunda crisis económica y la gran diferencia entre artesanos organizados y no organizados? Primero, parece muy probable que una cierta cantidad de oficiales trabajara clandestinamente en sus propios talleres sin tener una licencia de la
municipalidad y sin asociación con sus respectivos gremios. Segundo,
había muchos oficiales sin empleo permanente, los mismos que no
aparecen en ninguna matrícula, pero que son mencionados en el
censo. Tercero, había una gran cantidad de artesanos que probablemente ejercieron el oficio sin previo examen profesional y cuyos
establecimientos eran tan pequeños y sus ingresos tan bajos que ni el
Estado ni los gremios tenían interés en integrarlos a sus estructuras
de organización. Cuarto, muchas personas que aparecen en el censo
como artesanos eran exclusivamente vendedores pero no productores
de artículos artesanales y nunca pertenecieron a un gremio. Este
fenómeno era particularmente común entre panaderos y carniceros,
por ejemplo. Así, muchas mujeres se llamaban panaderas porque
vendían pan, pero el número de quienes producían este artículo de
primera necesidad y pertenecían al gremio de los panaderos era
mucho más limitado.
El factor más importante para explicar la gran cantidad de artesanos en el censo de 1862 es, probablemente, que en este documento
aparecen cientos de personas que trabajaban solamente de vez en
cuando como artesanos y que tenían otras fuentes de ingreso aparte
de sus actividades artesanales. Muchos pequeños zapateros, püf
4

ADC, Documentos de la Dirección, "República del Perú, censo general de la
provincia del cercado del departamento del Cusco, año de 1862", libro 19. Hemos
excluido aquí en todos los cálculos con base en este censo las parroquias rurales de San
Gerónimo y San Sebastián.
s Un resumen de desarrollo demográfico del Cusco presenta Tamayo Herrera,
op. cit., pp. 34-36.

116

ejemplo, no tenían licencias profesionales, sino que trabajaban tempüralmente en sus casas y ganaban una cierta cantidad de dinero para
contribuir a la subsistencia de la familia. Otras familias tenían sus
tiendas o sus chicherías y, sin embargo, el cabeza de familia se declaró
carpintero o curtidor, porque poseía ciertos conocimientos de un
oficio y trabajaba temporalmente para un maestro o por su propia
cuenta. La flexibilidad económica que se manifiesta en esta diversificación de actividades la vamos a analizar en el contexto de la economía de los artesanos.

Los gremios: herencias coloniales
e instrumentos del Estado republicano

En las ciudades preindustriales de Europa, el sistema gremial era
teóricamente favorable tanto para los artesanos como para la administración pública. Los artesanos organizados en gremios recibían el
monopolio de la elaboración de sus productos y podían, en colaboración con las autoridades municipales, determinar los precios. Los
gremios tenían sus sistemas internos de aprendizaje, fijaban las calificaciones necesarias para obtener el título de maestro y mantenían
un sistema de apoyo mutuo. La administración pública protegía a los
artesanos de la competencia de talleres no organizados. Para las
municipalidades, este sistema tenía la ventaja de que gremios hasta
cierto punto controlados por el municipio garantizaban el abastecimiento de la población con productos de primera necesidad; además,
la administración pública podía controlar con más fa. ilidad la calidad
y los precios de la producción artesanal. El caso de los panaderos nos
muestra la importancia que tenía este aspecto para la administración
pública. El control del peso, el precio y la calidad del pan era muy
importante para mantener el orden público y para evitar protestas de
las clases populares, sobre todo en épocas de crisis.6 Por otra parte, a
cambio de recibir el monopolio dentro de su rama de protección, los
gremios eran responsables, ante las municipalidades, de la educación
de aprendices y del manteninúento de un alto nivel profesional dentro
de sus oficios.
Bajo este sistema de cooperación entre la administración pública
6

El control del Estado sobre el gremio de los panaderos de Lima a fines de la
colonia es presentado por Alberto Flores Galindo,Aristocracia y plebe, Lima 1760-1830,

Mosca Azul, Lima 1984,pp.165-168.

117

�Los artesanos del Cusco
y los gremios, propio de la edad media pero vigente en algunos casos
hasta el siglo XIX, los artesanos formaron un grupo económica y
políticamente muy poderoso en muchas ciudades europeas; los maestros artesanos, por lo demás, tenían un alto prestigio social. En los
siglos XVJy XVII, cuando los españoles trasplantaron el sistema gremial
a América Latina, en ninguna ciudad Jo llevaron a un nivel tan
pronunciado como en España misma.
La razón más importante para explicar el fracaso del sistema
gremial en las colonias españolas es que las ciudades americanas
tenían una estructura económica muy diferente a las europeas. Eran,
en primer lugar, ciudades de consumo y no de producción, porque las
ciudades coloniales consumían productos importados y productos de
su hinterland en cantidades mayores a las de su propia producción.7
Esto significa que las estructuras económicas de las ciudades coloniales no ofrecían el espacio económico y social necesario para establecer
un poderoso sistema gremial. Además, la gran mayoría de los artesanos eran mestizos e indios, mientras que los españoles y criollos eran
activos en los sectores del comercio y la agricultura y rechazaban el
trabajo manual por considerarlo inferior. En consecuencia, los artesanos y sus organizaciones estaban socialmente separados de las
clases altas urbanas, las cuales les negaron la participación política.
Los gremios coloniales de la ciudad del Cusca no eran una
excepción del esquema presentado arriba. En la ciudad imperial
había pocos gremios y pocos maestros organizados durante el virreinato. Con excepción de los plateros, los artesanos tenían un bajo
prestigio social y su poder político era casi inexistente. Sin embargo,
Gutiérrez nos ha demostrado que, con las reformas borbónicas, en el
Cusco se dio una fuerte tendencia hacia una institucionalización de
los gremios. Las razones de esta tendencia las encuentra el autor en
los esfuerzos políticos para reorganizar el virreinato y facilitar la
cobranza de los impuestos.8
Después de la independencia, el Estado continuó e intensificó
esta política borbónica. Las fuentes prueban que durante las primeras
décadas de la república existían en el Cusco más gremios que en
cualquier momento de la época colonial y con un mayor número de
9
socios. Los maestros artesanos tenían que organizarse en gremios

Thomas Krüggeler
por ley, porque el Estado cobraba las contribuciones de patentes (o
de industrias) mediante estas instituciones. La falta de una adecuada
administración fiscal forzó al Estado a utilizar los gremios como
instrumentos fiscales. Ésta es la razón principal por la que en el Perú
los gremios sobrevivieron mientras que en otros países, en México por
ejemplo, fueron suprimidos inmediatamente después de la independencia por su vinculación con el odioso régimen colonial y sus
contradicciones con el liberalismo del siglo XIX. 10
El uso de los gremios por el Estado republicano cambió profundamente las características y funciones de estas instituciones, porque
los gobiernos, por un lado, forzaban a los artesanos a organizarse
para facilitar la cobranza de impuestos, pero, por otro lado, los privó
de casi todos los privilegios que caracterizaba al intercambio entre
Estado y gremios durante el virreinato. Desde el punto de vista del
Estado, los privilegios formaban parte de la economía colonial y
contradecían a la libertad de industria anunciada por los gobiernos
republicanos. Entonces, el espacio para los gremios como instituciones económicas era muy estrecho, marcado por sus obligaciones
fiscales frente al Estado y la ideología que se escondía bajo el lema
"libertad de industrias". Gremios que funcionaban como instituciones del Estado, pero sin privilegios para los artesanos asociados, ya
no eran organizaciones que pudieran defender los intereses de los
socios. Consecuentemente, durante las primeras décadas de la república los gremios fueron concebidos por los artesa~os como instituciones forzosas.
Veamos algunos ejemplos que aclaran la relación entre gremios
y Estado después de la independencia. Los contratos estatales para
la producción de uniformes para el ejército constituían una importante fuente de trabajo para los sastres del Cusco pero, por la adjudicación de estos contratos, el Estado pasó por alto las funciones distributivas de los gremios y se orientó exclusivamente a las ofertas de
maestros individuales. En una carta al prefecto del 5 de enero de 1830,
cinco maestros sastres se quejaron de la injusticia en la distribución
de dichos contratos.
Se dice en el documento:

9

Véase Richard KonelZke, Las orde11a11ms de los gremios como documemos para
la his1oria social hispanoamerica11a d11ra111e la época colonial, Madrid, 1949, pp. 481-524,
(F,stuf ios de I Iistoria Social de España, núm. 1.)
Véase Gutiérrez, op. cil., pp. 5-6.

Véase cuadro 1 de este artículo en comparación con los dalos presentados por
Gutiérrez, op. cit.
10
Un estudio muy interesante sobre los gremios de México, sobre todo durante
la colonia, es Manuel Carrera S1ampa, Los gremios 1ne,xicanos. La organimción gremial
en Nueva España, 1521-1861, M'éxico, 1954.

118

119

7

�Los artesanos del Cusco
Señor prefecto:
Que ha llegado a nuestra noticia, se va a aumentar los 1 000
vestuarios más de munición, por lo que se han presentado solicitando
dichos vestuarios solamente los maestros Romua)do González, Vicente
Acosta y ~e Urbano Bustamante, quienes siempre han singularizado por
lograr pnvadamente, y hacen el mal uso del monopolio, abarcando entre
ellos, cuanto hay por trabajar, segregando a los que somos más servidores
y que juntamente carecemos del pan para socorrer nuestra pobre familia.
Para evitar más conflictos entre los sastres, los autores de la carta
pidie~on la distribución justa de los contratos estatales "por lo que
ocurnmos a la recta que usted administra como tan amante a la
justicia, para que como pauta nos distribuya a todos por iguales
partes, como padre de la república, a sus hijos que no tienen más así
lo que hacer presente por este recurso a su injustificada protección".11
. Este enfren~amiento entre el corporativismo de los sastres y la
libr_e eompetencia postulada por el Estado prueba que los primeros
teman pro?le_mas para acostumbrarse a este nuevo sistema y pidieron
el reconoc1m1ento de su organización corporativista. Es curioso que
los maestros sastres se acordaran de su gremio siempre que la libre
competencia les parecía desfavorable. En 1836, V. Acosta, F. González_y N. Mon~erola, los maestros acusados en la carta presentada
arnba, s~ queJaron del maestro Bruno BoJívar. Según ellos, Bolívar
monopolizaba los contratos estatales y los tres maestros explicaron a
fa prefectura que esto tiene "graves perjuicios a todos los nuestros y
los demás operarios que componen el gremio"_ 12
Estas y otras peticiones de los sastres cayeron en saco roto. El
Estado continuó durante las siguentes décadas con su sistema de libre
c~mpetencia e ignoró en este aspecto la existencia de los gremios,
mientras las organizaciones artesanales se mostraban impotentes
para obtener reconocimiento.
En 1846, el prefecto del Cusco, José Miguel Medina, presentó un
nuevo reglamento de artesanos para el Cusco, mediante el cual se
proponía, entre otras cosas, reorganrzar los mecanismos de elecciones
de ~epresentantes de los gremios y reglamentar las obligaciones de
los Jefes ~e- talleres. 13 No era la intención de Medina apoyar el espíritu
corporat1v1sta de los artesanos. El objetivo del nuevo reglamento era
11
12

13

ADC, All'/Asuntos Contenciosos (Ac), leg. 77 (1829-1830).
ADC, ATP/AC, leg. 82 (1836-1837).

Biblioteca Nacional (BN), Reglamento de artesanos, Cuzco 1847, Colección de
Volantes 1859.

120

Thomas Krüggeler
utilizar las estructuras administrativas de los gremios para aumentar
el control municipal sobre los talleres artesanales. Pero el gobierno
de Lima no aceptó algunos puntos de la propuesta del prefecto. Los
artículos 11 y 12 de la propuesta original de la prefectura, que
ordenaban a los maestros artesanos informar a la intendencia de
policía sobre el traslado de sus talleres de un local a otro y presentar,
también a la policía, a nuevos aprendices, fueron rechazados por el
gobierno utilizando el argumento de que estos artículos eran "contrarios a la libertad de industria".
La idea del Estado de utilizar a los gremios como instituciones
fiscales tuvo en la práctica poco éxito. Hemos calculado que, entre
1830 y 1851, los cusqueños ( artesanos, comerciantes y profesionales
liberales) que tenían que pagar contribución de patentes, en realidad
pagaban solamente, en conjunto, 22.5% de la suma reclamada por la
Tesorería Fiscal.14 Las amenazas del Estado de cobrar el doble a los
contribuyentes que no pagan sus impuestos o de quitarles su licencia
profesional eran infructuosas. No hemos encontrado ni un solo caso
en el cual la falta de disciplina tuviera graves consecuencias para los
contribuyentes cusqueños. La tesorería fiscal del Cusco era demasiado débil para cumplir sus amenazas y las órdenes que llegaban de
Lima. Los gremios, por su parte, entendían sus obligaciones fiscales
como una carga forzada y tenían poco interés en imponer una disciplina fiscal a sus miembros, sobre todo porque el Estado no hacía casi
nada para satisfacer las demandas gremiales.
La conservación del sistema gremial en el siglo xrx era entonces
un fracaso para ambos lados. Para los artesanos, los gremios significaban más control estatal y menos reconocimiento de sus funciones
corporativistas. Para el Estado, los gremios se mostraban como organizaciones inapropiadas para cumplir funciones fiscales.
La última matrícula de patentes para el Cusco, antes de los años
setenta, es de 1851, porque con la reforma fiscal de Echenique en
1851-1852 quedó suprimida la obligación de cobrar contribuciones a
los artesanos del Cusco. 15 Con el aumento de sus ingresos por la venta
del guano, el Estado renunció a los impuestos relativamente insignificantes de los pobres artesanos de provincias. Para los gremios, esta
reforma sígnificó la p érdida de su función central; la cobranza de
14
Véase Thomas Krüggeler, "Sozial- und Wirtschaftsgeschichte des stadtischen
Handwerks: Cusco, Peru (1820-1880)", tesis de maestría, Universidad de Bielefeld,

RFA, 1987, cap. 111.
15

Véase "Ley exonerando del pago a los indus1riales que obtengan menos de 200

pesos de utilidad anual" del 5 de julio de 1851, en Dancuart, op. cit., t. 5, p. 95.

121

�Los artesanos del Cusco
impuestos. Consecuentemente, los gremios desaparecieron de la vida
pública del Cusco a partir de esta f~cha. Sin el reconocimiento como
insti~ciones corporativas no tenían suficiente sustancia para seguir
funcionando en un mundo económico que se entregó más y más al
libre comercio y al liberalismo, conceptos hostiles al sistema gremial.
Algunos gremios artesanales reaparecen en los años setenta y ochenta
del siglo pasado, cuando la Sociedad de Artesanos hacía un esfuerzo
para reorganizar a los artesanos del Cusco. Pero los gremios de fines
del siglo XIX eran instituciones de ayuda mutua, sin aspiraciones
corpora tivistas.

17wmas Krüggeler
CUADRO 2. IMPORTACIONES POR ISLAY (1844)

Textiles de algodón
Textiles de lana
Textiles de seda
Textiles de lino
Vinos y licores
Artículos diversos

25.5%ª
32.8
10.3
1.0

2.3
28.1

ª Los números absolutos que ofrece la fuente los presentamos en porcentajes.
FuENrE: Alberto Aores Galindo,Arequipa y el surandino, siglos XVIII-XX, Editorial
Horiwnte, Lima, 1977, p. 65.

La economía de los artesanos

El sector textil, es decir los obrajes y chorrillos de la región de Cusco,
sufrió bastante con la competencia de los textiles británicos que
inundaron los mercados del sur del Perú a partir del siglo XIX. Pero
tenemos que distinguir claramente entre los productores de textiles,
que en su mayoría estaban localizados en el campo, y los artesanos
urbanos. 16 En el caso de estos últimos, el impacto que les causaban
las importaciones de productos manufactureros dependía sobre todo
de dos factores: de la cantidad y variedad de productos extranjeros
accesibles en los mercados de la región y de la capacidad de los
mercados para absorber estos productos.
Sabemos que durante los primeros años después de la independencia, el 95% de las importaciones peruanas eran textiles y que
la composición de las importaciones se diversificó en los años treinta
y cuarenta. 17 Según Flores Galindo, las importaciones que entraron
al sur del país en 1844 mediante el puerto de Islay tuvieron la siguiente
composición:

16

Un estudio que analiza los efectos de los textiles británicos en el mercado del
Cusco durante las primeras décadas de la república es el de llcraclio Bonilla, Lía del
Río YPilar Ortiz de Zevallos, "Comercio libre y crisis de la economía andina: el caso
del Cuzco", lTtstórica, vol. H, núm. J, 1978, pp. 1-25. Aunque el artículo contiene
aspectos interesantes, creemos que los autores dan demasiada importancia a las
importaciones y no analizan suficientemente otros factores que causaron la crisis del
Cusco al comienw de la república.
J7 Bonilla, op. cit., p. 3.

122

Productos como perfumes, herramientas, joyas, etc. formaban
parte, entonces, del 28.1 % de todas las importaciones al sur andino
en este año. No hay duda que estos productos también aparecían
en el mercado de la ciudad del Cusca. En periódicos locales de la
década del cuarenta encontramos frecuentemente avisos en los
cuales los comerciantes ofrecen "perfumes de París" o "tela fina
de Alemania" y otros productos de Europa. 18 Muchos viajeros
extranjeros también cuentan qué productos importados había en
el Cusco durante la primera mitad del siglo XIX. 19 Pero estos
viajeros hablan también de la pobreza de la población, de la clase
alta disminuida y del aislamiento de la ciudad imperial. Este último
aspecto nos parece importante, porque el aislamiento del Cusco y
la falta de caminos hacían que los precios de las importaciones
subieran considerablemente hasta que llegaban al mercado de la
ciudad. La cantidad limitada de productos no textiles del extranjero en el mercado del Cusca, sus altos precios a consecuencia de las
dificultades del transporte y la limitada capacidad del mercado de
la ciudad para consumir estos productos nos indican que, a pesar
de la presencia de importaciones en el Cusco, había un cierto
espacio económico para los productores locales. Dicho de otro
wodo, los productos extranjeros no causaron la quiebra total del
sector artesanal del Cusco y numerosos herreros, zapateros, joye18

El Dcmocráta America110. Pcri6dico político, literario y merca11til, 4 de junio de
1847, año J, núm. 81, Universidad Nacional San Antonio Abad Cusco, Hemeroteca
(UNSAAc,H).
l9yéase, como un eJemplo,
.
el texto de Paul Marcoy (1846) en Raúl Porras
Barrenechea,Anrología del C11zco, Librería Internacional del Perú, Lima, 1961, pp.
232-252.

123

�Los artesanos del Cusca
ros, etc., continuaron produciendo y vendiendo sus productos en la
ciudad y la región del Cusco durante el siglo XIX.
Es muy difícil presentar datos exactos sobre los ingresos anuales
de los artesanos y sobre su poder económico. Los ingresos inscritos
en las matrículas de patentes, que forman la base para el cuadro 3,
nos parecen en muchos casos poco confiables, porque los artesanos,
cuando declaraban sus ingresos al maestro mayor del gremio y al
apoderado fiscal, probablemente presentaban números falsos para
evitar el pago de impuestos elevados. En el caso de los sastres, por
ejemplo, los contratos por montos considerables que firmaban
algunos maestros con el Ministerio de Guerra para confeccionar
uniformes para el ejército, no guardaban ninguna relación con sus
reducidos ingresos que aparecen en las respectivas matrículas (véanse infra, pp. 133 y ss).
Esto hace que tengamos que interpretar las cifras del cuadro 3
con mucho cuidado, aunque, a pesar de la inexactitud de éstas,
creemos que el cuadro nos muestra la estructura del ingreso de los
artesanos en una forma aproximada. Es evidente que la mayoría de
los maestros artesanos tenía un ingreso anual muy bajo (150 pesos o
menos), mientras que los artesanos ricos (300 pesos o más) formaban
una pequeña minoría. Los ricos eran algunos sastres, herreros y
carpinteros que constituían casos excepcionales dentro de sus respectivos gremios, así come entre los artesanos en general. Veamo~ un
ejemplo: en 1850 un solo herrero tenía un ingreso anual de 350 pesos,
mientras que los otros 16 socios de su gremio declararon ingresos de
100 pesos. No había gremios especialmente prósperos, sino solamente algunos maestros de pocos oficios que formaban la elite de los
artesanos cusqueños.
La tendencia que presenta el cuadro 3, pese a la inexactitud de
sus cifras, nos parece clara. El grupo pobre de los artesanos credó
significativamente entre 1832 y 1851. Mientras que en 1832, 56.8% de
los artesanos pertenecía al grupo A del cuadro; esta cifra creció a
87.4% en 1847. El retroceso de esta cifra a 77% en 1851 y las
fluctuaciones entre los años las podemos explicar más por problemas
en la renovación de las matrículas que por coyunturas económicas. El
poco cuidado que se ponía en las renovaciones de las matrículas, tanto
por los apoderados fiscales como por los artesanos, explica también
la gran fluctuación dentro del grupo C (38 maestros en 1833 frente a
2 en 1847). Los maestros intentaban por supuesto escapar al pago de
altos impuestos y entonces declaraban ingresos tan bajos como les
fuera posible o quizá sobornaban a los apoderados fiscales cuando

124

Thomas Krüggeler
sus ingresos declarados parecían sospechosamente bajos. El número
de maestros del grupo C dependía entonces, hasta cierto punto, de la
disciplina y responsabilidad del apoderado fiscal. Otras fuentes, corno
cuentas y testamentos que hemos consultado, nos indican que en la
década del cuarenta había por lo menos 25 artesanos de diferentes
profesiones con un ingreso anual significativamente más alto que 300
pesos. Esto significa que, en realidad, aproximadamente 10% de los
artesanos organizados en gremios perteneció al grupo C del cuadro 3.
No había ocupaciones artesanales en el Cusco que ofrecieran
prosperidad a todos sus maestros, pero podemos i~entificar ciertos
gremios en los cuales todos los maestros eran especialmente pobres.
Después de 1841 ningún maestro de los gremios de alfareros, altareros, barberos, botoneros, curtidores, franjeros, pintores y zapateros
apareee en el grupo B o C del cuadro 3. La situación económica de
los altareros, botoneros y pintores era tan grave que el subprefecto
del Cercado del Cusco y el apoderado fiscal excluyeron en 1847 a estos
gremios de la matrícula de patentes. En el caso de los pintores
decidieron

que no tenían ni cincuenta pesos de entrada al año y atendido a que _por
la miseria en que están sumidos, han buscado otra clase de especulación;
han quedado excluidos de la matrícula, por uniforme consentimiento de
la junta, la que se disolvió firmando esta acta.20
No podemos vincular directamente la pobreza de gran parte de
los artesanos del Cusco con los efectos del comercio libre en la
economía de la ciudad. Los barberos y panaderos, por ejemplo, cuyos
trabajos no se vieron afectados por ninguna competencia.del extranjero, pertenecieron siempre al grupo más pobre de los artesano_s,
mientras los sastres y herreros, que se enfrentaban a la competencia
extranjera (ropa y herramientas británicas, etc.), como es dable suponer, tenían siempre en sus gremios por lo menos a algunos maestros
relativamente prósperos. Las causas de la miseria de lo_s artesanos_ ~n
el siglo XIX tenemos que buscarlas más en la decade~c1a de la re~10n
que en el contexto del comercio libre.21 Las importac10nes extran1eras
20 ADC, All',

Libro de matrícula de patentes del Cuzco, 1847.

.

21 F.sta interpretación es similar a la que encontramos en Alberto Rores Gahndo,

Arequipa y el sur andino, siglos XVIJ•XX, Editorial Horizonte, lima, 19n, p. 53. Véa_se
también la interpretación contemporánea de Juan Bustamante, Apuntes_y_observac10nes civiles, políticasy religiosas con las rw1icias adquiridas en este segundo via¡e a Europa,
París, 1849, p. 31.

125

�CUADRO 3. INGRESO ANUAL DE MAESTROS ARTESANOS (1832-1851)

Años
Ingreso
(en pesos)
Grupo A
150 o menos
Grupo B
151-299
Grupo e
300 o más

1832
total

117

76

A,los

-Grupo A

150 o menos
Grupo B
151-299
Grupo e
300 o más

%
56.8

36.9

13
206

Ingresos
(en pesos)

1833

6.3
100

1838

total

1839

1841

'.

1844

%

total

%

total

%

total

%

total

%

131

61.5

220

84.6

204

70.6

177

64.1

161

84.3

44

20.7

35

13.5

80

27.7

93

33.7

27

14.1

17.8

5

1.9

5

1.7

6

2.2

3

1.6

38

213 100

1846

1847

~100

1848

28910()

276"1oo

191WO-

1849

1850

1851

total

%

total

%

total

%

total

%

total

185

83.7

180

87.4

210

82.7

201

78.5

226

31

14.0

24

11.6

36

14.2

44

17.2

48

5

2.3

2

1.0

8

3.1

11

4.3

12

221

~

206

256 10()

286

}O()

2541oo

total

%

211

77.0

16.8

48

17.5

4.2

15

5.5

%
79.0

100

274 lO()

FUENTES: ADC, Libros de Matrículas de Patentes del Cusco, 1839, 1841, 1844, 1846-1851. Las otras matrículas se encuentran en los siguientes
legajos de la Administración del Tesoro Público: 1832: Tributación, leg. 68, 1831-1849; 1833: ibid., 1838: Archivo General de la Nación AON, Matricula
de Patentes de la Ciudad del Cusco actuada en el año de 1839, H-4-1897.

�Los artesanos del Cusco
eran solamente un factor entre los muchos que provocaron la crisis
económica del Cusco después de la independencia. El aislamiento de
la ciudad, la ruptura de las relaciones comerciales con Potosí, el
fracaso del sector textil y los constantes conflictos militares en los
cuales el Cusco se vio involucrado durante las primeras décadas de la
época republicana son igualmente responsables de dicha crisis. En los
años treinta y aún más en los cuarenta, la población de la ciudad del
Cusco ~ su hinterland no disponían de recursos económicos para
consunur productos artesanales en grandes cantidades. Esto afectaba
a los ai:1esanos de _todas las profesiones, pero sobre todo a los que
producian cosas lujosas y costosas. No es casual que justamente los
alfareros, bordadores y pintores fueran excluidos de la matrícula de
1847. ~ ~lase alta, la Iglesia y las asociaciones cusqueñas ya no pedían
los servicios de estos artesanos de la misma manera que antes de la
crisis, si bien durante la época colonial estas artes cusqueñas eran
especialmente famosas por la alta calidad y belleza de sus productos.
Entonces, el comercio libre influyó en la economía de los artesanos
urbanos más indirecta que directamente, es decir fue uno de los
causantes de la crisis regional.
En este análisis de la economía del sector artesanal del Cusco
hemos considerado solamente a los maestros organizados en gremios,
pero éstos agrupaban exclusivamente a los maestros más prósperos,
a los que tenían un ingreso anual Jo suficientemente alto como para
pagar la contribución de patentes. Sin embargo, hemos visto que la
gran mayoría de estos artesanos era pobre y casi sin medios para
subsistir. Esto significa que la situación económica de los artesanos
de los gremios indígenas y de los numerosos artesanos no organizados
era por lo menos tan precaria como la de los maestros pobres organizados en gremios, pero probablemente su situación fuera peor. Sin
embargo, la cantidad de artesanos en la ciudad del Cusco no se
reducía, como lo indican las matrículas y el censo de 1862. La exclusión de varios gremios de la matrícula de 1847 es la única prueba de
que los artesanos, por lo menos temporalmente, se declararon en
cierto modo en quiebra. La pregunta palpitante es entonces: lpor qué
no se redujo considerablemente el número de artesanos entre los años
treinta y sesenta del siglo XIX, cuando el mercado se iba estrechando
para muchos de ellos y ya no les permitía comercializar su producción
en una forma económicamente razonable?
Las empresas artesanales pueden declararse en quiebra solamente si los jefes de los talleres llevan una contabilidad, considerando
factores como precios de materias primas y costos de mano de obra
128

Thomas Krüggeler
en relación con los precios que pueden obtener por sus productos en
el mercado. Cuando el margen de beneficios se reduce demasiado o
cuando no hay suficientes compradores para los productos artesanales, normalmente los maestros deberían retirarse de su oficio porque
la continuación del trabajo en términos de rentabilidad ya no tiene
sentido. Pero la mayoría de los artesanos del Cusco no obedecía
aparentemente a estas leyes básicas de la economía moderna.
Varios factores nos explican por qué esta racionalidad económica
significaba poco para los artesanos del Cusco. En primer lugar, los
costos de mano de obra se reducían bastante cuando los familiares
del artesano trabajaban como ayudantes. En segundo lugar, tenemos
pruebas de que muchos artesanos (o sus esposas) tenían, aparte de
sus talleres, una pequeña tienda, una chichería o sus chacras.22 En
estos casos los ingresos de los talleres artesanales constituían solamente una parte del ingreso para la subsistencia de la familia. Como
la actividad artesanal no era la única fuente de ingreso, el artesano
tenía la opción de retirarse de su profesión temporalmente, cuando
no había trabajo o cuando otras actividades parecían más lucrativas.
Estos factores indican que los artesanos del Cusco, aunque confrontados con la disminución de su mercado y la competencia de
productos extranjeros, disponían de una flexibilidad económica bastante amplia. Esta flexibilidad no les permitió escapar de la pobreza,
pero explica por qué muchos artesanos cusqueños seguían siéndolo
bajo circunstancias económicas muy difíciles. Las leyes del mercado
tenían entonces poca importancia para los artesanos del Cusco. Ellos
seguían su propia racionalidad económica y, según ésta, tenía sentido
ganar un poco de dinero como sa~tre, zapatero, curtidor, etc., porque
estos ingresos facilitaban el pago de los impuestos o la compra de
ciertos productos de consumo, en tanto la chacra aprovisionaba de alimentos básicos a su familia o la familia tenía otras fuentes de ingreso.
Por estas razones, la opción de declararse en quiebra no entraba
dentro del pensamiento económico de muchos pequeños artesanos.
El número de artesanos que intentó diversificar sus fuentes de
ingreso, sea como reacción consciente ante la crisis económica o sea
porque las consecuencias de esta crisis no le dejaron otra alternativa,
creció probablemente entre 1825 y 1869. Considerando el mercado
limitado de la ciudad y tomando en cuenta el número de maestros
organizados en gremios durante los años treinta y cuarenta, estima22

Las ocupaciones de las esposas de anesanos las encontramos en el manuscrito

del censo de 1862, op. cit.

129

�Los artesanos del Cusco

Thomas Krüggeler

mos que alrededor de 1 400 de los 2 286 artesanos que menciona el
censo de 1862 eran campesinos-artesanos o pequeños comerciantesartesanos.

maestros responsables de la confección correcta de los uniformes. La
información que nos falta en este primer ejemplo es de dónde exactamente compró el comerciante las telas necesarias. En 1862-1863,
cuando el Ministerio de Guerra, nuevamente representado por la
prefectura del Cusco, necesitó en otra ocasión 6 000 uniformes, las
fuentes nos dicen más sobre el origen de la tela. En este caso la
prefectura firmó un contrato con el comerciante arequipeño A Alvistur para la mitad de los uniformes pedidos, aunque otros solicitantes ofrecían precios más baratos.25 lPor qué se decidió la prefectura
por un arequipeño que pidió un precio más alto que sus competidores
cusqueños? La respuesta a esta pregunta nos la da una carta del 27
de enero de 1863 a la prefectura. En esta carta, el influyente cusqueño
y dueño de la fábrica de textiles en Lucre, Francisco Garmendia,
quien posiblemente colaboró con Alvistur, apoyó la solicitud del
arequipeño y dio una fianza por el comerciante por el importe de
30 000 pesos.26 Así, las órdenes del Ministerio de Guerra constituían
una importante fuente de ingresos para la fábrica de Lucre durante
sus inicios.
El maestro sastre que aparece más frecuentemente en el contexto de estos contratos entre 1830 y 1860 es el cusqueño Bruno
Bolívar. Solamente en mayo y junio de 1836 la tesorería fiscal le
pagó la cantidad de 24 000 pesos por contratos recién cumplidos.27
Bolívar no buscaba la colaboración de comerciantes para sus solicitudes. Parece que el sastre tenía los medios económicos suficientes para comprar las telas necesarias para confeccionarlas y gozaba
de la confianza de la prefectura. Sabemos que en 1855, cuando el
gobierno de Castilla canceló un contrato por 1 50(, uniformes que
Bolívar ya había confeccionado para el gobierno de Echenique, el
maestro sastre no atravesó situación grave pues, pese a que había
realizado considerables inversiones en la tela y la mano de obra,
depositó los uniformes en su almacén y los fue vendiendo poco a
poco en los siguientes años.28 Bolívar era probablemente el maestro sastre más rico del Cusco, en parte por los contratos que recibía
del Estado. Es curioso notar que a consecuencia de sus actividades
como contratista se presenta en los documentos una cierta confusión sobre su ocupación. En los contratos encontramos como

El caso especial de los sastres: los contratos del Estado
Entre los artesanos urbanos, los sastres o, mejor dicho, los maestros
sastres más ricos, se experimentó una coyuntura económica especial
entre 1829 y los años sesenta. Se les presentó la oportunidad de
aprovechar los contratos del Estado para confeccionar uniformes
para el ejército y la gendarmería. Estos contratos eran a veces bastante cuantiosos, con encargos no excepcionales de, por ejemplo, 5 o
6 000 uniformes. La base legal de estos contratos era un decreto del
23 de septiembre de 1829 mediante el cual el gobierno en lima
ordenó que para la confección de uniformes del ejército y de la policía
se empleasen exclusivamente telas nacionales.23 El Estado Sud-Peruano (1836-1839) seguía la misma práctica y aumentó aún más las
cantidades de estos contratos. La intención de dicho decreto era, por
supuesto, proteger hasta cierto punto las manufacturas de textiles del
país frente a la competencia extranjera. Sabemos que esta medida no
evitó el fracaso de los obrajes del sur andino, pero para algunos sastres
del Cusco fue muy favorable.
Algunos elementos de estos contratos nos van a mostrar las características de esta colaboración entre Estado, comerciantes y sastres. FJ
comerciante Felipe Cajigas solicitó a fines de 1829, junto con los maestros sastres R. González, V. Acosta y U. Bustamante, un contrato para
la confección de 2 000 uniformes para el ejército y los solicitantes
firmaron un contrato con la prefectura el 15 de enero de 1830.24
Cajigas era evidentemente responsable ante la prefectura por el
cumplimiento del encargo y entregó las telas a los sastres, quienes
eran responsables por la confección de los uniformes. La colaboración entre el comerciante y los sastres fue provechosa para ambas
partes. Los sastres posiblemente no disponían del capital para comprar
las telas necesarias y dependían del capital mercantil, mientras que el
comerciante usó a los sastres para mostrar ante la prefectura a 1~
23

Véase el decreto en Juan Oviedo (comp.), Cclección de leyes, decretos y 6rdoltS
publicadas en el Perú desde el año de 1821 hasta 31 de diciembre de 1859, 15 vols., L 4,
pp. 87-88.
24 ADC, ATP, "Expcd.1ente segu1.d o por los sastres para hacerse cargo de la construcción de dos mil vestuarios del Estado", leg. 77 (1829-30).

130

25 ADC, ATP/AC, "Sobre el remate 6 000 ternos vestuarios para el ejército", leg. 98

(1862-1863).
26
La carta de Garmendia la encontramos en ibid.
27 Véase varias cuentas y recibos en ADC, ATP/AC, leg. 82 (1836-1937).
28 ADC, ATP/AC, "Vestuarios de gendarmes", leg. 95 (1856-1857).

131

�Los artesanos del Cusco

Thomas Krüggeler

ocupación de Bolívar "maestro sastre", "contratista de vestuarios" y
"comerciante". Lo que llama la atención es que Bolívar mismo se
llamaba preferiblemente comerciante. De esta manera utilizó su
poder económico para separarse socialmente de los otros sastres de
su gremio.
Los contratos entre los sastres y comerciantes, por un lado, y el
Ministerio de Guerra, por el otro, nos confrontan con el problema de
cómo los sastres manejaban las órdenes. Bolívar, Monterola, Bustamante y los otros grandes sastres empleaban en 1835 a cinco o seis
oficiales y parece imposible que este pequeño número pudiera confeccionar miles de uniformes en pocos meses. Más probable es que
los contratistas emplearan temporalmente a numerosas costureras
fuera de sus talleres para cumplir con sus contratos. La prefectura
utilizaba el término muy general "artesano" al referirse a los trabajadores de sus contratistas, mientras que Bolívar habla varias veces de
sus "trabajadores de telas"29 y los precios que le cobran para confeccionar los uniformes. Pero los términos no importan tanto como el
hecho de que los contratistas utilizaban temporalmente mano de obra
aparte de los oficiales de sus talleres.
En el Cusco, la.práctica de contratar a comerciantes y sastres para
la confección de uniformes para el ejército tenía importantes consecuencias. Primero, en tanto el Estado no aceptaba la función reguladora del gremio de los sastres, los contratos favorecían a algunos
maestros, que se aprovechaban de este sistema para separarse económicamente de los otros maestros de su gremio. Segundo, la mayoría
de los sastres que solicitaban contratos del Estado dependían de la
colaboración de los comerciantes, probablemente porque no disponían de los recursos para comprar directamente las materias primas
necesarias. Los sastres utilizaban esta forma de colaboración para
escapar de la esfera económica tradicional de los artesanos y para
integrarse más a la esfera del comercio. Tercero, los contratos del
Estado les daban la oportunidad a algunos comerciantes y sastres de
establecer un sistema de empleo temporal de trabajadores para
cumplir con órdenes de grandes cantidades (putting-outsystem).
Pero no podemos identificar el desarrollo del sector textil urbano
entre 1829 y 1869 con el desarrollo general del Cusco. Tenemos que
damos cuenta de que el putting-out system lo podemos verificar
solamente en el sector textil. No tenemos ninguna información que
nos indique que algo similar ocurrió en algún otro sector. Además, es

importante tener presente que el sector textil de la ciudad del Cusco
no reaccionó frente a una verdadera coyuntura del mercado. Los
contratos del Ministerio de Guerra significaron en cierta forma un
impulso económico artifical, que desapareció durante la crisis de la
segunda mitad del siglo XIX. Sin este impulso, el putting-out system no
podía sobrevivir porque el mercado libre no ofrecía nada para sustituirlo.

19

Cana de Bolívar al prefecto del 11 de septiembre de 1856, en ibid.

132

Maestros, oficiales y aprendices:
la vida interna de los talleres artesanales
La escasez de fuentes hace muy difícil analizar las relaciones entre
maestros artesanos y sus oficiales y aprendices, pero la importancia
de este aspecto de la historia social de los artesanos para explicar la
transformación que experimentó el sector durante el siglo XIX, no nos
permite obviarlo. Algunas observaciones instructivas nos muestran
las características de las relaciones internas de los talleres y prueban
que estas relaciones fueron cambiando, aunque la economía cusqueña no experimentó una transformación profunda después de la independencia.
El libro de matrículas de los artesanos del Cusco de 1835, base
del cuadro 4, es el úniCQ documento que nos indica el número de
empleados de talleres durante la primera mitad del siglo XIX. Esta
matrícula no fue hecha con propósitos fiscales y proporciona información diferente (lugar del taller, número de oficiales, etc.) a la de
las matrículas de la tesorería fiscal. Esta lista es resultado de un
intento de la municipalidad por controlar el número y tamaño de las
empresas artesanales de la ciudad. Pero el valor de este documento
es limitado pues se trata de un fragmento. La matrícula no nos presenta todas las profesiones artesanales del Cusco (véase cuadro 1).
Además, la cantidad de empresas mencionadas nos parece, por lo
menos en algunos casos, subestimadas en comparación con otros
datos. Evidentemente, el autor de la matrícula empezó su trabajo en
los talleres más grandes del centro de la ciudad y abandonó su obra
antes de llegar a empresas más pequeñas. Esto significa que el
número de artesanos por taller presentado en el cuadro es correcto
solamente para los más grandes. En el caso de los sastres, por ejemplo,
la matrícula nos presenta los 16 talleres más grandes, en los cuales
encontramos hasta seis oficiales y aprendices. En una matrícula más
completa, que también mostraría a los numerosos maestros pobres
133

�Los artesanos del Cusco

Thomas Krüggeler

CUADRO 4. NÚMERO DE EMPLEADOS DE EMPRESAS ARTESANALES (1835)

ciertos encargos que realizaban en sus casas. Esta forma de trabajo
era posible sobre todo para artesanos cuyos oficios requerían inversiones muy limitadas en herramientas, como es el caso de zapateros,
sombrereros, sastres, etcétera.
Para la época colonial, Gutiérrez ha resumido las pocas informaciones que tenemos sobre las relaciones entre maestros artesanos y
sus aprendices y oficiales.31 El autor nos muestra el sistema de
aprendizaje para algunos oficios y la forma como eran cerrados los
contratos entre los maestros y sus empleados. Para la época republicana no sabemos prácticamente nada sobre el particular. lSeguían
vigentes los antiguos sistemas de aprendizaje y no había cambios en
las relaciones entre maestros y oficiales?
En sociedades que experimentaban procesos de industrialización
durante el siglo XIX (Inglaterra, Estados Unidos, Alemania, etc.), la
vida y el trabajo de los artesanos se transformaban profundamente.
Miles de artesanos, sobre todo oficiales, pero también maestros
empobrecidos, formaban la mano de obra del nuevo sistema industrial y en las fábricas se perdieron las relaciones patemalistas que
determinaban la vida interna de un taller artesanal. La competencia
de las fábricas intensificó los conflictos entre los maestros y oficiales
que continuaban trabajando todavía con el sistema tradicional, porque los maestros se vieron forzados a pedir de sus oficiales un grado
más alto de disciplina y eficiencia. Sabemos muy bien que esta transformación no ocurrió en el Cusco y que las relaciones entre maestros
y oficiales no experimentaron cambios profundos. Pero una dinámica
económica muy limitada, como en el caso del Cusco, no significaba
que las relaciones entre los maestros artesanos y sus empleados no
cambiaran después de la independencia.
En el siglo XIX las relaciones entre maestros y oficiales se caracterizaban mayormente por la falta de contratos escritos y de obligaciones bien precisadas de ambos lados, así como por cambios frecuentes de oficiales de un taller a otro. Es probable que estas
características ya fueran comunes durante la época colonial, pero lo
nuevo es que los intentos de los gremios por aumentar el control de
los maestros sobre sus oficiales fueron bloqueados por el Estado y que
el fracaso del sistema gremial y la crisis económica, sobre todo en la
segunda mitad del siglo, causaron la intensificada desestabilización
del sistema laboral del sector artesanal.
Cuando los sastres presentaron en 1833 un nuevo reglamento de

Profesionales

Barberos
Carpinteros
Franjeros
Hojalateros
Plateros
Sastres
Sombrereros
Zapateros

Empresas
con oficiales
y/o aprendices
6
11
2
1
15
16

Número
de oficiales
8
21

Promedio de
empleados

28

2
53
85
51

31

54

1.3
1.9
2.5
2.0
3.5
5.2
1.8
1.7

110

278

25

5

FuarrE: UNSAAC, Hemeroteca, Libro de Matrículas de los artesanos que existen
en esta ciudad. Corre a cargo del señor intendente general de policía coronel Salvador
Bayarri. Año de 1835.

con pocos o ningún empleado, el promedio de empleados por sastrería bajaría probablemente hasta 2 o 2.5. Según mis cálculos, el promedio de empleados por taller no excedió en general de dos oficiales
y/o aprendices. 30 Pero cualquier aproximación al tamaño de los talleres artesanales es necesariamente muy insegura, debido a que no
sabemos cuántos familiares (esposas, hijos, primos, etc.) trabajaban
como ayudantes del maestro. En muchos casos, esta forma de mano
de obra era más importante que la cantidad de oficiales empleados.
La creciente crisis del Cusco durante las decádas posteriores a
1835 posiblemente provocó una reducción del número de oficiales y
aprendices, mientras la cantidad de pequeños talleres se elevó. Este
fenómeno parece paradójico solamente a primera vista. La apertura
de nuevos talleres no era una reacción ante una coyuntura económica
favorable, sino un intento desesperado de muchos oficiales para
escapar del desempleo cuando eran despedidos por sus maestros.
Esto se da sobre todo después de 1851 puesto que, al desaparecer
prácticamente el control de los gremios, los oficiales desempleados
tenían la oportunidad de trabajar por cuenta propia. Los oficiales
independientes no establecieron necesariamente talleres con licencia
de la municipalidad. Más probable es que recibieran de vez en cuando
30

31

Véase Krüggeler, op. cit., cap. 4.

134

Véase Gutiérrez, op. cil.,, pp. 9-13.

135

�Los artesanos del Cusco
su gremio, el prefecto demandó profundos cambios antes de aprobarlo.32 Los cambios requeridos no eran nada arbitrarios, sino que
expresaban la actitud de la prefectura frente a los gremios en general.
Primero, la prefectura aceptó la autoridad de los sastres en todos los
asuntos que se referían a la calificación profesional de los oficiales y
maestros. Estas partes del reglamento no eran tocadas por las autoridades del Estado. Segundo, la prefectura intervino en todos los
asuntos en los cuales los sastres mostraron su fuerte espíritu corporativista e intentaron limitar los derechos de sus empleados. Así, los
maestros pidieron, por ejemplo, que "todo maestro de tienda pública
o taller sea respetado por sus oficiales y tratado por ellos como un
padre" (artículo 30), pero la prefectura suprimió este artículo. De la
misma manera trataron las autoridades los artículos en los cuales los
maestros se reservaban el derecho a castigar físicamente a sus empleados.
El mensaje de la prefectura a los maestros sastres fue claro. El
prefecto aceptaba- la autonomía del gremio en los asuntos profesionales, como los exámenes para los oficiales, las exigencias de calificación para los maestros, etc., pero, al mismo tiempo, rechazaba los
intentos de mantener características corporativistas dentro del gremio, como un sistema paternalista y cuasi jurídico.
Sin embargo, el hecho de que los maestros y el gremio perdieran
poder sobre los oficiales tuvo consecuencias limitadas para los empleados. La intervención del Estado les facilitó el cambio de taller y
probablemente también el establecimiento de sus propios talleres
pero, en general, la situación de los oficiales entre 1825 y 1869 se
caracterizaba por la inseguridad del empleo, el poco reconocimiento
social y político y la falta de una representación de este grupo económico dentro de la sociedad cusqueña. Tenemos que darnos cuenta,
por otra parte, que el reglamento de 1833 del gremio de los sastres es
el único que nos muestra que por lo menos un gremio intentó formalizar sus relaciones internas y frente a las autoridades estatales después de 1825. La gran mayoría de los gremios funcionaban sin reglamentos y, consecuentemente, sin acuerdos válidos sobre las
relaciones entre los maestros y sus empleados.
Las relaciones paternalistas entre maestros y oficiales, que los
sastres querían conservar por lo menos formalmente en su reglamento de 1833, en realidad sufrieron bastante durante el siglo XIX. Es
32

BN, "Reglamento del gremio de los sastres de la ciudad del Cuzco, Cuzco, julio
26 de 1833", manuscrito D10806.

136

Thomas Krüggeler

cierto que tenernos casos en los cuales los maestros artesanos defendieron a sus oficiales cuando éstos se metieron en problemas, pero en
general las fuentes indican que los maestros desconfiaban de sus
oficiales, controlaban el uso de las herramientas y escondían de ellos
las materias primas. El caso de Mariano Mejía, oficial del maestro
sastre Vicente Acosta, es excepcional. Acosta evidentemente se sentía responsable de defender los intereses de su empleado e insistió
exitosamente en 1826 para que la justicia castigase a José María Silva
quien, durante una disputa, había atacado con un cuchillo a su oficial
Mejía.33 No obstante, mucho más numerosos son los casos en los
cuales los maestros acusan a sus oficiales de robos de herramientas o
materias primas. En los respectivos expedientes de las actas de la
Corte Superior del Cusco encontramos frecuentemente acusaciones
de los maestros contra sus oficiales. En éstas, los jefes de talleres
caracterizan a sus empleados como flojos, irresponsables y de poco
fiar; según los maestros, estos empleados pasan más tiempo en las
cbicherías que en sus talleres.34 Muchos maestros lamentan, asimismo, que los oficiales no muestren ninguna forma de agradecimiento
a sus jefes, que les dan trabajo durante tiempos muy difíciles.
Los testimonios de los maestros en estos juicios reflejan claramente las relaciones conflictivas entre los jefes de talleres y sus oficiales entre 1825 y 1869. Estos conflictos tienen varias raíces. En primer
lugar, parece que la pobreza de los oficiales causó una creciente
delincuencia entre ellos. Posiblemente la inseguridad del empleo y el
grado de explotación que sufrían también contribuían a que los oficiales no se sintieran responsables por el funcionamiento de los talleres
y engañaran a sus maestros. En segundo lugar, los maestros extrañaban el poder sobre sus empleados. Este poder, garantizado en el antiguo sistema gremial, les permitía castigar a sus empleados y controlar
su vida privada. Pero justamente este privilegio les fue negado por el
Estado republicano, cuando limitó las funciones gremiales y empezó
a destruir las características corporativistas de los gremios.
Igualmente frágiles y poco reglamentadas eran las relaciones
entre maestros y aprendices. Los contratos de aprendizaje mayormente eran simples acuerdos orales entre el padre del aprendiz y el
maestro. Con la decadencia de los gremios, y sobre todo después de
su práctica desaparición en 1851, sufrieron las reglas internas para el
aprendizaje de muchos oficios. Sin gremios funcionando (y sin un
33
ADC, Actas de la C.Orte Superior del ÜISoo, Juicios Penales (ACSC.JP) leg. 2, 1826.
34
Véase numerosos juicios en ADC, ACSC.

137

�Los artesanos del Cusco

Thomas Krüggeler

nuevo sistema de aprendizaje puesto en práctica por el Estado, como
por ejemplo escuelas de artes y oficios), las reglas para la educación
de un aprendiz se perdieron y los exámenes para obtener el título de
oficial se volvieron menos esmerados y menos controlados en las
décadas que siguen a la independencia. La preocupación por el
descenso que sufrieron el nivel técnico y la calificación de Jos artesanos fue precisamente un factor decisivo para la fundación de la
Sociedad de Artesanos de] Cusco en 1870.35 La crisis del sistema de
aprendizaje permitía a los maestros, además, olvidarse de sus obligaciones frente al aprendiz y utilizar su mano de obra para trabajos fuera
del oficio. Por eso la prefectura determinó, en el artículo 23 del
Reglamento de Artesanos de 1847: "Ningun maestro empleará a sus
aprendices y oficiales, contra su voluntad, en servicios domésticos a
menos que así no lo estipulasen."36
Hemos visto que la vida interna de los talleres artesanales del
Cusco experimentaba algunos cambios importantes en las décadas
posteriores a la independencia. Estos cambios no están relacionados
con una profunda transformación económica de la ciudad sino, en
primer lugar, con la decadencia del sistema gremial y la crisis económica del siglo XIX. El Estado, que era en parte responsable por la crisis
de los gremios, no ofrecía ninguna alternativa para mejorar la situación del sector artesanal. Su política económica no contribuía de
ninguna manera a crear condiciones que ofrecieran la posibilidad de
estabilizar las relaciones laborales.

Para determinar la posición social de varios grupos de artesanos
dentro de la sociedad urbana, tenemos que considerar algunos criterios clave que nos faciliten determinar la afiliación de varios grupos
a ciertas clases sociales. En el Cusco del siglo XIX los siguientes
criterios son los más importantes:
1) Etnicidad: la pertenencia al grupo de blancos, mestizos o
indios era decisiva para determinar la posición social de una persona.
Los indios, por ejemplo, formaban la clase baja de la ciudad, _mientr~s
que los blancos constituían la clase alta._Pa~a ascen~er_en la 1erarqu1a
social, la pertenencia al grupo de los md10s constitma una barrera
invencible.
2) Propiedad de medios de producción, de ~ie~~ raí~ e ingreso:
la propiedad es importante para la determmac1on soci~ de una
persona, porque de este cri~erio d~pendía~ la~ o~ortumdades de
participación política (sufragio). El mgreso mflu1a, Junto c?n la propiedad, en el nivel de prestigio social de un cusqueño del s~g~o XIX:
3) Profesión: dentro del grupo de los artesanos, el pr~sttgio social
dependía también del oficio específico que un maes~ro e1~utaba. El
valor social de un oficio dependía del grado de cahficacion y de la
inversión de capital necesaria para su ejecución, así como también de
la limpieza o suciedad vinculada con las pro!esiones.
.
La etnicidad como criterio para determmar la pertenencia de las
personas a determinadas clases sociales nos ~o~onta con un p_rob~ema central de la historia social del Cusco: l.cuáles eran los cntenos
de la sociedad para decidir que ciertas personas eran indios ~ consfderar a otras como mestizos o blancos? Este problema es aun mas
importante en la segunda mitad del siglo XIX, cuan~o desapareció la
contribución de indígenas y los ayllus, como medios claros para la
identificación de los indios dentro de la ciudad, perdieron su importancia administrativa. Hablando sobre la importancia de la etnicidad,
Valcárcel nos dice que a comienzos del siglo xx en el Cusco todavía
"las relaciones entre las clases sociales dependían del color de la
piel"_:r, Pero el color de la piel no nos par~ suficiente para distinguir
entre un indio y un mestizo o entre un mest120 y un blanco. Tampoco
es suficiente confiar en la conciencia histórica de los contemporáneos.
Por supuesto, hasta cierto punto el origen de ~na familia_ determinaba
su pertenencia a una raza y a una clase social en el s~glo XIX. _Una
persona cuya familia pertenecía desde muchas generaciones a cierto

Aspectos de la vida social y política de los artesanos

La gran cantidad de artesanos de la ciudad del Cusco y la impresionante diversificación del sector artesanal, mostradas en la primera
parte de este artículo, no nos permiten hablar en términos generales
sobre la posición de los artesanos dentro de la sociedad cusqueña o sobre la vida política de ellos. Demasiado grandes son las diferencias
sociales y económicas entre un respetado maestro del centro de la
ciudad y un pobre artesano de Santa Ana, por ejemplo. Igualmente,
son grandes las diferencias de oportunidades de participación política
entre diferentes grupos de artesanos.
35

Véase"Acta de fundación de la Sociedad de Artesanos del Cuzco", publicada
en el ~riódico del Cusco,El Sol, 10 de junio de 1936.
BN, "Reglamento", op. cit.

37 Luis E. Valcárcel, Memorias, José Matos Mar, José Deustúa C. Y José Luis
Rénique (coords.), IEP, Urna, 1981, p. 83.

138

139

�Los artesanos del Cusco
ayllu era considerada india, así como era blanco un miembro de la
clase al!a que tenía p~ebas de su origen español. Pero creemos que
en el s~glo ~ el ~ngen, de una familia como único criterio para
determmar la identidad etnica de una persona ya no es confiable.38
En el contexto de este artículo no podemos tratar a fondo este
problema, pero quisiéramos presentar algunas observaciones.
El censo de 1862 ya no considera ayllus dentro de la ciudad· sin
embargo, contiene la columna "condición", es decir, "raza". EJ ~álisis de este documento nos indica algunos criterios más para determinar_!~ "condiciones" de los cusqueños. Una persona que sabía Jeer
Yescnbu y tenía un propiedad rústica o urbana era, según el censo,
blanca. La dueña de una pequeña tienda podía ser mestiza si el local
&lt;:5taba ubicado en la Plaza San Francisco, pero era india si tenía su
tienda en Santa Ana o en la periferia de San Pedro. Un artesano casi
sie~pre e~a &lt;:°~iderado mestizo si tenía capital manufacturero, pero
pod1a ser md10 s1 no era el dueño de su vivienda y no vivía en el centro
de la ciudad. Estos ejemplos nos muestran que la clasificación étnica
era determinada por criterios muy concretos. Propiedad, educación
pro!es_ión y luga! de vivienda eran los criterios más evidentes, pero n~
los urucos. Hab1a otros, como los vínculos familiares, la red de relaciones sociales de una persona, las formas de vestirse, etc., que no se
pueden identificar directamente con base en el censo. Pero la consideración de todos estos criterios y su interrelación detefit!inaban si
una persona era india, mestiza o blanca
Creemos qu~ un análisis crítico del censo de 1862 nos presenta
un resulta~o muy Imp?rtante; la estructura étnica del Cusco en el siglo
~ se e~~c~ hasta cierto punto por los criterios que los contemporaneos utilizaban para determinar la pertenencia racial. Es decir un
indio no_ vivía en_ S~ta Ana y era pobre porque era indio, sino ~ue
era considerado md10 porque era pobre y vivía en Santa Ana. De la
misma manera, es posible que alguien fuera considerado blanco
aunque su piel fuese trigueña simplemente porque era dueño de una
casa en el centro de la ciudad y disponía de una considerable cantidad
de dinero. El análisis de la estructura étnica de la sociedad cusqueña
es entonces mucho más complicado que una simple diferenciación
con base en el color de la piel.

Thomas Krüggeler

Impuestos de varias razas (castas) y 105 problemas de determinar estos grupos
étnicos trata también, María Isabel Remy, "La sociedad local al inicio de la reptíblica.
Cuse.o 1824-1850",RevistaAndina, vol. 6, ntím. 2, 1988, pp. 451--484, ver pp. 460-469.

sociedad cusqueña, las observaciones que hemos presentado arriba
significan que todo el grupo de artesanos indígenas pertenecía a la
clase baja de la sociedad. En números, esto significa que en 1836 los
139 artesanos indígenas de los gremios de la parroquia de la matriz
pertenecían a la clase baja de la ciudad, más un número desconocido
de sus colegas en otras parroquias de la ciudad. Los datos de 1862
indican que 21.8% de los artesanos del Cusco pertenecía a la clase
baja, simplemente porque eran considerados indios. El censo de este
año prueba que los artesanos indígenas eran pobres y que la mayoría
de ellos vivía en la periferia de la ciudad. Ellos no detentaban poder
político, probablemente no tenían vínculos colegiales con los maestros mestizos, ni durante la época cuando para los dos grupos existían
gremios distintos ni cuando el sistema gremial fracasó. La etnicidad
como barrera entre las clases sociales era demasiado fuerte y separó
completamente a los indígenas de la clase media y les negó la oportunidad de ascender en la jerarquía social.
Otro grupo de artesanos que pertenecía a la clase baja lo constituían los oficiales. En el caso de este grupo, su identidad étnica como
criterio para determinar su posición social es menos importante que
la inseguridad de empleo y los sueldos bajos que recibían. El prestigio
social de los oficiales era muy bajo y, además, eran considerados
ladrones, irresponsables y alcohólicos, como hemos visto. Y en efecto,
las actas de la Corte Superior prueban que los oficiales, tanto indios
como mestizos, aparecen más frecuentemente que cualquier otro
grupo social en los expedientes sobre robos, peleas, agresiones y
homicidios.
A los maestros artesanos que estaban organizados en los gremios
de mestizos (entre 191 y 289 durante los años treinta y cuarenta, véase
cuadro 3) podemos tenerlos como pertenecientes a la clase media del
Cusco, porque ellos eran considerados mestizos y maestros de sus
respectivos oficios. Además, eran propietarios de sus medios de
producción, lo que, en algunos casos (herreros, carpinteros), significaba una considerable inversión de capital. Algunos de estos maestros
tenían también propiedades urbanas o rústicas que les permitían
integrarse a los círculos de electores de la ciudad. La combinación de
estos factores, raza y propiedad, distinguía a estos artesanos de los
artesanos indígenas y de los oficiales.
Pero dentro de este grupo podemos también identificar fácilmente importantes diferencias sociales. El sastre Bruno Bolívar, que
conseguía constantemente los contratos del Ministerio de Guerra y
que empleó a seis oficiales, como hemos visto en el apartado N,

140

141

Para nuestro análisis de la posición social de los artesanos en la
38

�Los artesanos del Cusco
ocupaba una posición social distinta a la de un pequeño maestro
botonero. Podemos identificar un pequeño grupo de maestros (mayormente sastres) que formaba la elite dentro de los artesanos del
Cusco entre 1830 y 1850. Esta elite r.s casi idéntica a la de los artesanos
que colaboraban con los comerciantes de la ciudad y que disfrutaban
de una cierta preferencia del Estado, como hemos visto antes.
Podemos hablar de una elite porque estos maestros tenían propiedades y un ingreso mucho más alto que la mayoría de sus colegas.
El maestro Norberto Monterola no solamente era el dueño de una
sastrería, por ejemplo. Tenía, además, una licorería en la ciudad, una
hacienda yun terreno (puna) en San Blas.39 De Bolívar sabemos que
era propietario de varias casas. En 1835 vivía en su propia casa en la
calle Fierro, mientras que el local de su sastrería, en el portal del
Comercio (plaza de Armas), era alquilado del monasterio de Santa
Teresa. En 1846 tenía además otra casa en la calle Plateros y en 1858
una pequeña casa en la calle Meloc y otra en la calle Avenida.40 Había
otros artesanos que eran propietarios de sus casas, pero al parecer los
pocos sastres que trabajaban frecuentemente para el Estado tenían
la oportunidad de acumular capital en cantidades considerables.
Propiedad significaba también participación política. Es cierto
que no había artesanos como regidores del Concejo de la ciudad antes
de 1870 y es igualmente cierto que la municipalidad no representó
necesariamente el verdadero círculo de poder del Cusco. Sin embargo, es interesante constatar que en 1833 los sastres Urbano Bustamante y Vicente Acosta formaban parte de la mesa del colegio
electoral de la parroquia matriz para el Concejo de la provincia y que
ese mismo año Norberto Monterola intentó integrarse al círculo de
los electores, si bien fracasó porque no consiguió suficientes votos.41
Para entender la posición social y la conciencia política de los
artesanos más ricos del Cusco debemos tener presente esta participación en los rituales políticos formales. Por supuesto, la participación
39
40

Véase ADC, ACSC, leg. 77, 1843.

Los datos que se refieren a las propiedades de Bolívar son de UNSAAC, H, "Libro
de Matrícula de los anesanos que ecsisten en esta ciudad. Corre á cargo del Sor.
Yntendente Gral. de Policía coronel Salvador Bayassi., año de 1835"; ADC, ATP,
"Estrato de la matrfcula de predios urbanos de la provincia del Cercado del año
1847";Diblioteca Municipal del Cusco, Archivo Histórico (BMc "Oasificación de las
casas,41tiendas, y chicherías de la población del Cusco", 1857, leg. 1 (1854-1859).
Véase UNSAAC, H, "Encomienda la." en El Colleo de Encomiendas, núm. 13,
s. f., ibid., "Manifiesto de los justificativos. Que han deservir para anular las elecciones
de electores de la parroquia matriz de la provincia del Cercado del Cuzco", Imprenta
pública por P. Evaristo González, Cusco, 17 de abril de 1833.

142

11wmas Krüggeler

de algunos individuos, sin mandato alguno de los demás artesanos,
no significaba una representación política del sector artesanal. Tampoco significaba que estos maestros se integraran a la clase alta de la
ciudad. La clase alta era muy cerrada y se componía exclusivamente
de grandes terratenientes y unos pocos comerciantes.42 Sin embargo,
las actividades políticas de estos maestros artesanos nos muestran que
eran ciudadanos respetados, que se sentían como buenos patriotas,
con la voluntad de entrar al ala política y que su estatus social de
artesanos no les impedía figurar en la esfera de la vida pública.
Tenemos otro caso que nos dice mucho sobre los artesanos en
tanto ciudadanos en la primera mitad del siglo XIX. En un panfleto de
1831, el sastre Urbano Bustamante, ya mencionado arriba, presenta
un conflicto que tenía con doña Rosa Villavicencio, dueña de la casa
en la cual él alquilaba un taller.43 Este panfleto no es importante sólo
por tratarse de la única publicación antes de 1870 en la cual un
artesano ha cambiado su herramienta por la pluma, sino también por
su interesante contenido, además de su estilo humorístico e irónico.
Según Bustamante, la señora Villavicencio rescindió su contrato de
alquiler de un día para otro, simplemente porque Bustarnante, en su
calidad de sargento del regimiento cívico, arrestó a un empleado de
"esta humilde y santa señora" que no cumplía con sus obligaciones
cívicas. En el artículo, Bustamante defiende su actitud y dice que
solamente cumplía estrictas órdenes militares cuando arrestó a su
subordinado. En el texto Bustamante se presenta como un ciudadano
responsable y disciplinado y pide justicia para un "pobre artesano"
que se pone al servicio del público.
Los ejemplos mencionados prueban que no todos los artesanos
del Cusco eran política y socialmente marginados después de la
independencia. Algunos maestros disponían de suficientes recursos
económicos como para entrar directamente en política. Para obtener
funciones en el regimiento cívico las barreras económicas eran menos
altas y por eso es muy probable que varios maestros carpinteros,
herreros, etc., sirvieran a esta institución.
Este grupo de maestros, que hemos llamado la elite de los
artesanos, nunca se integró a la clase alta del Cusco. Insistimos en que
pertenecían, junto con los maestros mestizos más pobres, a la clase
media. Los vínculos entre ellos eran que poseían sus propios medios
42

Véase Tamayo, op. cit., pp. 49-55.
Véase "Historia del maestro sastre Urbano Bustamante y doña Rosa Villavicencio. Escrita por él mismo", LA Brújula, núm. 16, 1831, separata, UNSAAC, H.
43

143

�Los artesanos del Cusco

Tlwmas Krüggeler

de producción y que pertenecían al mismo grupo étnico. Las considerables diferencias de ingreso entre los maestros (véase cuadro 3) se
traducían solamente en ciertas graduaciones dentro de la misma clase
social. El ingreso como criterio independiente para distinguir varios
grupos sociales entre los artesanos pierde su significación sobre todo
en la segunda mitad del siglo pasado, cuando la crisis económica de
la ciudad llegó a su apogeo y cuando podemos observar una cierta
polarización de la sociedad cusqueña. Durante esa época, el ingreso
de muchos maestros mestizos bajó a un nivel mínimo y es muy
probable que sus ingresos se aproximaran a los de muchos maestros
indígenas y de oficiales de los talleres más grandes. Pero, sin embargo,
la posesión de los medios de producción, sus títulos profesionales y
su identidad étnica los distinguían claramente de los artesanos que
pertenecían a la clase baja.
Las diferencias sociales entre distintas ocupaciones artesanales
también constituían solamente graduaciones entre el grupo de los
maestros mestizos y no podían prevalecer sobre la importancia del
criterio de propiedad. El trabajo de un platero gozaba de un prestigio
social más alto que el trabajo de un curtidor, porque el público
asociaba la ocupación del primero con un alto grado de calificación
profesional y con la elaboración de materias primas valiosas, mientras
el trabajo de un curtidor era considerado sucio y maloliente. Pero esta
diferenciación era relativa. Las propiedades y un establecimiento
rentable de un maestro curtidor podían compensar el bajo prestigio
de su ocupación. Igualmente, la pobreza de un maestro platero era
socialmente más importante que el alto prestigio de su ocupación.
Considerando las difíciles circunstancias económicas por las que
atravesaban los artesanos, nos parece sorprendente que en el Cusco
hubieran pocas protestas contra el libre comercio y que existan pocas
fuentes en las cuales los artesanos expresan sus demandas políticas.
No hemos encontrado, ni para los años inmediatos a la independencia
ni para los cuarenta o cincuenta, cuando la crisis económica se
intensificó, ningún panfleto, o artículo de periódico que trate de las
dificultades económicas de los artesanos urbanos y que nos muestre
sus demandas políticas. Los pocos artículos aparecidos en El Sol del
Cuzco a fines de los años veinte, en los cuales sus autores piden
protección para la industria cusqueña, tenemos que verlos con cuidado.44 En primer lugar, estos artículos no defienden las manufacturas

de la región y mucho menos a los artesanos urbanos y, en segundo
lugar, son poco numerosos, lo que nos prolube hablar de una verdadera campaña en favor de la industria cusqueña. Creemos que la falta
de una presencia política de los problemas y las demandas de los
artesanos del Cusco antes de 1870 se debe a cuatro razones. Primero,
la representación política de los artesanos mediante los gremios
fracasó durante esta época, como hemos visto antes. El estado limitó
el poder de estas corporaciones y los gremios no eran considerados
por la elite de la sociedad cusqueña como instituciones importantes
porque no representaban a un grupo numeroso de electores. En este
aspecto, los gremios del Cusco se distinguían claramente de sus
organizaciones hermanas de Lima, como lo ha mostrado Gootenberg.45 Según este autor, los gremios de Lima tenían bastante influencia política antes de 1850 y luchaban exitosamente por sus intereses.
En Cusco, en cambio, no surgen nuevas y más eficientes formas de
organización artesanal hasta 1870. Segundo, los artesanos eran importantes productores locales, pero eran separados de la elite regional, que se componía de los grandes terratenientes y comerciantes.
Esta elite estaba integrada en el sistema económico regional de
exportación e importación y no se ofrecía como posible aliado para
defender los intereses de los artesanos. Tercero, los pocos artesanos
que tenían una cierta influencia política, como los grandes sastres, no
representaban los intereses de los artesanos en general. Al contrario,
ellos gozaban de la preferencia del Estado y se aprovechaban de los
contratos estatales. Este grupo escapó de esta manera de la crisis
económica que sufrían sus colegas y se separó de los demás artesanos.
Cuarto, parece que la competencia de las importaciones para los
artesanos del Cusco no era lo suficientemente grave como para
provocar fuertes protestas o rebeliones locales. Las importaciones
dejaban, evidentemente, un cierto espacio económico para los productores locales. Además, es probable que los artesanos comprendieran que las importaciones no eran su principal enemigo, sino la crisis
de la región en general, sobre todo la disminución del mercado,
causada en primer lugar por la caída demográfica de la ciudad.

44

Bonilla, op. cit., utiliza estas fuentes para probar una fuerte campaña protecctorusta en el Cusco.

45 Véase Paul Gootenberg, Bell\leen si/ver ami guano commercia/ policy and the
state in postirulependence Peru, Princeton University Press, Princeton, 1989, pp. 49-53.

144

145

.

.

�Los artesanos del Cusco

Conclusiones
Los artesanos del Cusca, durante las primeras décadas posteriores a
la independencia, formaban un grupo muy heterogéneo. La gran
va~edad de ocu~aci~nes artesanales y los diferentes niveles de prospendad econónuca vmculados con ellas, las importantes diferencias
económicas y sociales entre representantes de la misma profesión, la
diferencia étnica, la relación entre los relativamente prósperos artesanos organizados en gremios y los pobres .artesanos rurales, no
muestran el sector en todos sus aspectos, y no nos pe rmiten hablar
sobre los artesanos en términos muy generales.
El análisis de la economía del sector artesanal ha probado que
entre 1832 y 1851 la mayoría de los artesanos del Cusca experimentaba un proceso de empobrecimiento, causado por la decadencia
regional y el impacto de los productos manufactureros extranjeros
en el mercado de la ciudad. Este proceso se intensificó probablemente durante las siguientes décadas, cuando la crisis del Cusco
llegó a su apogeo. Sorprendentemente, hemos visto que la pobreza
de muchos artesanos no repercutía en la disminución de su número
durante la misma época. La pobreza de la ciudad misma y el proceso
de ruralización que experimentaba el Cusca permitía a los artesanos
reaccionar en diferentes formas frente a la crisis económica. La
reducción del número de empleados y el uso de la mano de obra de
sus familiares eran algunas de las estrategias de sobrevivencia de los
maes!ros artesanos. Muchos oficiales escaparon de la pobreza total
trabaJando por lo menos temporalmente por su propia cuenta. Otros
artesanos div~rsificaban sus actividades económicas y algunos aprov~haban los ingresos de sus esposas e hijos, que trabajaban como
chicheras, placeras o domésticos. La diversificación de fuentes de
!ngreso para la subsistencia de la familia reducía la dependencia del
ingreso de la ocupación artesanal y permitía que muchos artesanos
abandonasen sus actividades por lo menos temporalmente. Los
vínculos familiares con el sector agrícola ofrecían otra forma de
escapar a 1~ dependencia total de los ingresos que proporcionaban
las ~upac,ones artesanales. La posesión de una pequeña chacra
también convertía el ingreso más en una fuente adicional que en la
principal. Pode~os afirmar entonces que los artesanos aprovechaban las oporturudades que ofrecía una ciudad en crisis la ruraliza.,
'
c1on y la falta de una transformación económica, para reaccionar de
una manera bastante flexible ante las dificultades económicas.
Los artesanos indígenas eran socialmente separados de los maes-

146

Tfwmas Krüggeler

tros mestizos por los fuertes prejuicios raciales de la sociedad cusqueña. Pero la pobreza del sector artesanal era la razón principal para
que el Cusca negara a casi todos los artesanos un prestigio social más
alto. Los criterios de propiedad e ingresos que la sociedad cusqueña
utilizaba para determinar la posición social de los ciudadanos eran
una barrera invencible para la gran mayoría de los artesanos. La crisis
del sector tenía consecuencias también dentro de los talleres artesanales. Un sistema gremial en decadencia y la crisis económica eran
los responsables de unas relaciones laborales muy inestables y conflictivas. Sin embargo, los conflictos entre maestros y oficiales no
resultaban en la formación de organizaciones distintas de estos grupos. Las circunstancias económicas y políticas del Cusca no permitían
todavía el desarrollo de sindicatos u organizaciones similares.
Pero no todos los artesanos vivían en la pobreza. El pequeño
grupo de artesanos prósperos estaba dirigido por algunos sastres
ricos, que aprovechaban los contratos estatales. Debemos tener presente que los contratos para la confección de uniformes para el
ejército no reflejaban una coyuntura económica, sino que eran más
bien consecuencia de una política económica temporal, un impulso
artificial, que contribuía poco al desarrollo de la ciudad a largo plazo.
No obstante, estos contratos tuvieron el efecto de constituir la base
económica que permitió que algunos sastres se integraran al comercio
y a la política de la ciudad. Los capitales acumulados gracias a estos
contratos les permitieron diferenciarse económica y socialmente del
resto de artesanos.
Los sastres ricos gozaban de un prestigio social más alto que los
otros artesanos y, hasta cierto punto, podían participar en asuntos
políticos porque se convertían en comerciantes, pero no eran los
representantes políticos y sociales de los artesanos del Cusco.
Políticamente, los artesanos vivieron en un vacío entre 1824 y
1869, sin una adecuada representación. Sus organizaciones tradicionales, los gremios, eran utilizados por el Estado como instituciones
fiscales, sin recibir sus privilegios como monopolios de un alto grado
de autonomía interna y sin gozar de reconocimiento político.
Como organizaciones políticas, los gremios fracasaron totalmente en el Cusca republicano. Después de 1851, cuando los gremios
desaparecieron, pasaron 20 años antes de que los artesanos constituyeran una nueva forma de representación social y política.
La Sociedad de Artesanos, fundada en 1870, aumentó el prestigio
social de los artesanos mediante su fuerte actitud patriótica e integró
poco a poco a los artesanos en la política de la ciudad.

147

�Los artesanos del Cusco
Pero el interesante y complicado proceso de la historia de los
artesanos del Cusco de fines del siglo pasado será tema de un estudio
más amplio.

Sáo Paulo e a elite letrada
brasileira no século XIX
Raquel Glezer*

(Sáo Paulo)... a cidade academica, a Coimbra americano1

E

ste artigo tem por objetivo apresentar a fun~o principal
exercida pela cidade de Sáo Paulo, Brasil, no século XIX, que
foi a de formar urna parcela ponderável da e 'ite letrada brasileira, na Facultade de Direito, fundada em 1828, que criou os
quadros administrativos e políticos necessários para o desenvolvimento das atividades do e no Império.
A Faculdade de Direito de Sáo Paulo, também chamada de
Academia de Direito do Largo de Sáo Francisco, formou hacharéis
em Direito e Ciencias Sociais que exerceram múltiplas atividades na
sociedade brasileira dos séculas xrx e xx, como políticos, burocratas,
administradores, jomalistas, escritores e poetas.
Ao lado de nomes famosos e reconhecidos, relacionados abriga• Departamento de História, FFLOWSP, Sao Paulo, Brasil.
Américo de Campos.A cidade de S. Paulo em 1877. Almanach li11erario de Siio
Paulo para o all/W de 1878, facsimilar, Governo do Estado/Casa Gvil /lmprensa Oficial
do Estado/Secretaria do Estado da Cultura Arquivo do Estado/Instituto His16rico e
Geográfico de Sao Paulo, Sao Paulo, 1982, pp. 1-9.
1

148

149

�Sáo Paulo e a eliJe letrada

Raquel Glezer

toriamente nas histórias da literatura brasileira e nas histórias políticas do Brasil, encontra-se também hacharéis que náo obtiveram o
mesmo reconhecimento social e cultural, mas que exerceram diversas
fun~ e papéis sociais, espalhados pelas cidades em todo o pais,
integrados na sociedade, divulgando os ideais es as vivencias resultantes de sua experiencia academica paulistana.
Além dos citados há mais um aspecto fundamental a destacar na
atua~o dos hacharéis formados na Faculdade de Direito da cidade
de Sáo Paulo - a própria cria~o e estructura~o do Estado brasileiro: o Estado Imperial, único na América Latina que existiu de 1822 a
1889. Da mesma maneira a fizeram com o Estado republicano, cuja
proclama~o em 1889 foi possivel gra~s a intensa campanha republicana realizada de modo predominante pelos estudantes e hacharéis desde o final dos anos sessenta do oitocentos. Campanha republicana realizada em paralelo com a campanha abolicionista, nem
sempre pelas mesmas pessoas, nas quais nao faltaram as presem;as
atuantes dos estudantes e dos hacharéis em Direito do Largo de Sao
Francisco.
A perce~ao da fun~o social da Faculdade de Direito de Sáo
Paulo era táo clara que um autor, egresso da própria Academia, no
ano de 1877 comparou a cidade a Coimbra, cidade portuguesa onde
se formaram os hacharéis que estructuraram e exerceram a administrat;áo no Império colonial portugues.2
Durante o longo periodo colonial, de 1500 a 1822, na área
geográfica de dominio portugues na América do Sul, na qual se
formou o Império do Brasil náo houve criat;ao de escolas superiores
ou universidades, diversamente do que ocorreu nas áreas de colonizat;áo hispanica.
Houve apenas um sistema restrito de colégios e seminários, de
algumas ordens religiosas, o qual tinha a finalidade de formar o clero
para as funt;óes religiosas locais.
No último quartel do século xvm, após a expulsáo dos jesuítas e
do fechamento de seus colégios e serninários, foram criadas asAulas
Régias, c.om a intenc;áo de substituir a a~o educacional jesuítica, em
algumas cidades e vilas. Elas foram poucas e esparsas pelo vasto
território, e náo atingiram os objetivos iniciais propostos, apesar de
haver sido criado um imposto especial, cuja arrecada~o des ti nava-se
formalmente ao processo educativo, denominado Subsi.dio Literário.
A educac;áo e forma~o cultural no território de ocupat;áo dispersa e

diminuta, mesmo considerando apenas os homens livres, náo foi
realizada concretamente como havia sido proposto pelo govemo
metropolitano no periodo pombalino.
Durante o longo periodo colonial as familias mais ricas enviaram
seus filhos para estudar na Europa, Portugal ou Franc;a. As de menor
poder económico colocaram seus filhos nos seminários das ordens
religiosas, que tanto formavam seus quadros localmente, nos moldes
metropolitanos, como mandavam os alunos mais promissores para a
Europa.
Para o exercicio administrativo no Império portugues, além do
respeito ás "leis de pureza de sangue", que garantiam o sangue
"cristáo velho", sem mistura de judeus, mouros ou negros, a Metrópole exigía a forma~o de bacbarel em Direito, realizada ha cidade
de Coimbra, em Portugal, fundamental para o dominio da complexa
legisla~o de várias tradisóes que conviviam no cotidiano e das instancias concomitantes de poder ou a forrna~o militar. Desde logo, a
área metropolitana, e o fato de serem naturais do Brasil nao era
obstáculo para a carreira burocrática, desde que tivessem os certificados Jegais exigidos para a inscri~o nas escolas superiores portuguesas, demonstrando a "pureza de sangue". A emaranhada teia de
relat;óes exigidas, mesmo que obviamente fossem falsas as afirma~s
do conteúdo: os antepassados eram sempre brancos, livres, "cristáos
velhos", os país sempre casados perante a Igreja. Nenhum dos jovens
estudantes que da América se dirigiram á metrópole para os seminários ou a Faculdade de Direito em Coimbra possuia em seus ancestrais as manchas infames de bastardía, oficios mecanicos ou atividade
mercantil, oficialmente.
Os administradores metropolitanos que vieram para a colonia
exercer suas atividades burocráticas ou militares eram profissionais,
que percorriam a v~ta área imperia_! colonial portuguesa: América,
Africa Ocidental, Africa Oriental, India, Ceiláo, China e ilhas do
Índico, exercendo seus en cargos en situaciones diversas e sempre
temporárias, considerados "nobres" por serem quer "letrados", isto
é, formados em Direito, quer oficiais militares.
Em 1808 quando a Corte portuguesa mudou-se para o Rio de
Janeiro, escapando da onda de transformat;óes do continente europeu, a administra~o metropolitana passou a ser realizada no Brasil.
Datam de entáo as primeiras escolas de nivel superior, algumas
transferidas de Portugal e outras criadas no Rio de Janeiro e em
Salvador, visando suprir as necessidades de pessoal administrativo e
militar no imenso território de dominio portugues.

2 !bid.

150

151

�Siio Paulo e a elile letrada

A especificidade do processo de Independencia que transformou
o Brasil na única monarquia da América Latina entre 1822 e 1889
pode ser explicada em alguns aspectos pela decisao de parte dos
quadros administrativos metropolitanos de náo retomar á Portugal
em 1821, quando o Reí Dom Joáo VI regressou, for~do pela Revolu~o do Porto.
Logo após a proclama~o formal de independencia, em 07 de
setembro de 1822, nos debates na Assembléia Constituinte em 1823
e 1824 a idéia de criar escolas superioes e universidade foi apresentada e aceita.
Em 1828 foram criadas duas FacuJdades de Direito no Brasil:
urna na cidade de O linda, depois transferida para a cidade de Recife,
para atender a regiáo nordeste e norte, e outra na cidade de Sáo
Paulo, para os habitantes do centro, sudeste e do sul.
Rec~e _e_ S_áo Paulo sáo ambas cidades tradicionais, que datam
dos anos 1mcia1s da colonizac;áo, no século XVI, com func;óes próprias
e específicas e trajetórias históricas diferenciadas.
Recife em Pernambuco desde seus primórdios fora urna cidade
mer~ntil, po~uária, vivendo da exporta~o do ac;úcar dos engenhos
e das ~portac;ot:5 dos bens necessários ávida e explora~o da la voura
can_~VJeira, dommande urna rede de comunica~o que abrangia a
regiao nordeste e a norte do país.
Sáo Paulo era quase o seu oposto, pequena cidade localizada no
alto do planalto, logo após a Serrado Mar, em direc;áo ao sul, voltada
para_ o sertáo, para o interior, tendo explorado e desbravado os
caminhos e as regióes de criac;áo de gado e de minerac;áo.
O ponto oomum entre ambas as cidades era o dominio de urna
rede de comunica~o, estruturada por motivos económicos es com
formas e tradic;óes diversas.
A ci~ade Sáo Pa~lo ~oi escolhida, pelo que se pode acompanhar nas d1scussoes constituc1onais, tanto pelo clima serrano e frio em
~ela~~ ao_litoral, considerado mais adequado aos estudos, como ~ela
mexistenc1a nela de outras atrac;óes que pudessem servir de motivos
de distra~o dos jovens.
As cidade de maior porte físico e financeiro foram consideradas
poten~ialmente perigosas para a finalidade de estudo, visto que
deve~am receber e atender jovens de quatorze anos em diante, que
estana~ afastados ~a familia, isolados, sem tutores ou responsáveis.
A_ c1dad~ de Sao Paulo possuia o título imponente de Cidade
lmpenal, de'?d~ ao fato de em suas proximidades ter sido proclamada
a Independencia, mas era urna antiga e pequena cidade, com os

d:

152

Raquel Glez.er

irregulares trac;ados coloniais, casas de taipa de piláo (barro b~tido
moldado em formas), térreas, marcada apenas pelas torres das 1grejas, que eram as construc;óes de maior destaque, ocupand~ ~u~na
área numa colina entre os rios Tamanduatei e Anhangabau, pronma
ao rio Tiete e cercada por varzéas que ficavam inundadas quase que
o ano inteiro. Era de pequeno porte físicamente e por volta do inicio
do oitocentos contava com cerca de 10 000 habitantes, incluindo
escravos.
O núcleo que deu origem á cidade foi o Colégio de Sáo Paulo de
Pirantininga, fundado em 1554 por padres jesuítas, com o objetivo
declarado de fazer a catequese dos índios. Em 1560 o Govemadorgeral Mem de Sá transferiu para a área do Colégio urna vila que existía
no planalto, Santo André da Borda d? Campo.
.
Os anos iniciais da vila foram dificultados pelo 1solamento do
litoral, onde estava concentrada a colonizac;áo portuguesa, a falta de
alimentos e os ataques indígenas, que reagiam ao proces~o de escra~
vizac;áo do "negro da terra". Por muitos anos a vila de Sao Paulo fo1
a área de domínio portugues mais distante do litoral.
O distanciamento de alguma maneira manteve a vila com un
certo grau de autonomía diante do controle ~dministrativ~ me~ropolitano. Como exemplo disso tero-se a expulsao dos padres 1esmtas ~a
vila por discordarem eles do processo de escraviza~o indígena: A vila
era cercada por aldeias indígenas destinadas á catequese e baVJa urna
constante disputa da máo de obra local.
.
Os habitantes da vila possuiam pequenas fazendas, nas qua1s
platavam os generos alirnentícios necessários, mas para obter máo de
obra escravizavam os índios. Para tal finalidade percorreram os sertóes, até mesmo os mais distantes, buscando encontrar outros povos
indígenas.
_
Pela procura de máo de obra farta e barata, os bandeu-antes, nome
dado aos habitantes do planalto paulista, populac;áo mestic;a de brancos e índios, percorreram vastas extensóes do interior do Br~sil,
atingindo até a regióes de domínio espanhol, ~argando as f~onterras
portugesas no continente e finalmente descobnndo ouro e diamantes
no interior.
Ero 1711 como recompensa pelo fato de seus habitantes t_ere~
colaborado nas descobertas das minas de ouro e diamantes, a vila fo1
transformada em cidade, mas continou pequena e insignificante, coro
popula~o esparsa e escassa. Diversamente de ou!ras cidades e vilas
coloniais náo possuia uro produto de exporta~º- que a t_omasse
importante, pois o ouro e os diamantes eram remetidos das areas de

153

�Sao Paulo e a elite letrada

minera~o diretamente para o Rio de Janeiro, capital do Vice-Reinado e daí para Lisboa.
_ A vila era pequen~, pobre e sem vida cultural. A própria Capitarua da qual era a capital acabou sendo extinta e só em meados do
século XVIII foi restaurada, mas a cidade cootinou pobre e com
popula~o dimiouta.3
A caracte~stica _de ser urna cidade pequeoa, sem atrativos que
pudessem desV1ar as JOvens mentes da finalidade principal foi utilizada os debates para escolha dos locais das escolas de Direito.
Náo é muito comentado pelos autores que estudaram a história
da :~culdade ?e Direit~ de Sáo Paulo o papel desempenhado pelos
P?lit1cos de ongem paulista que atuavam eotáo, como os Andrada e
Silva, para a escolha da cidade como sede da Academia de Direito.
A cria~o da Faculdade trouxe tansforma0es para a velha cida~e, náo na estrutura física, mas cultural e socialmente. A presea~ de
JOvens estudaotes de todo o país, que vinham e permaneciam nela nos
meses _escolares, habitando em pensóes ou em "repúblicas" ( moradias
exclusivas de estudantes), que estudavam no aotigo prédio de Convento da Ordem de Sáo Francisco, ao lado da igreja, alterou táo
profundamente o modo de vida da cidade que os historiadores mas
conservadores consideram o período urna fase da cidade.
Tradicionalmente, a história da cidade é dividida em tres fases:
a colonial, que vai da fundac;áo do Colégio dos Jesuítas em 1554 á
cria~o da Faculdade de Direito; a academica, de 1828 até o último
quartel do século XIX, e a atual.
. A cidade que os jovens estudantes de direito encootraram náo
t1~a bares, teatros, grandes comemora0e5. As familias pouco se
V1S1tavam e os bailes eram raros.
A presenc;a dos estudantes alterou a vida na cidade de tal forma que
ela se transformou em "cidade dos academicos", dos jovens que se
dt:51~ de todos os pontos do país para cursar a Academia de
Drre1to,
~a elite ~grária ou apenas detentores de "capital social",
~os de fa~as arrumadas finaoceirameote ou afiJhados de pessoas
n:35, ~pr~ndiz.es do poder ou membros do aparelho burocrático admirustrauvo unperiaJ, que nela viveram suas aventuras/travessuras juvenis.
Robert_Avé-Lallement, um dos viajantes que percorreu a regiáo
sul do Brasil em meados do século XIX, deixou a seguinte descri~o
dacidade:

filh°"'.

3

Raquel Glezer
Cheguei a Sáo Paulo ao meio-diaó
Que devo dizer da cidade? Muita coisa me contaram da eleglincia das
ruas, da limpieza das casas, do esplendor das igrejas e cei:13 apare~cia
aristocrática da popula~o ero geral, muita coisa que, a vános respe1tos,
nlio devia ver enganosamente.
_
Algumas ruas, um ou outro bairro bonito e ás vezes até m_agnificos;
ero alguns lugares, fileiras de casa assombradas e, além d1sso,_ boro
empedramento con cal~das, mas em geral cuas estreitas e a c1dade
absolutamente irregular.
As igrejas que vi slio bonitas, algumas ornadas, n? e~tanto nenhuma
me causou grande impresslio. A Faculdade de D1~c~t? dá u~a boa
impressáo e parece-me o mais notável de todos os edif1c10s da c1dade.
Tudo... parece monacalmente velho e impresslio semelhante me
deu Slio Paulo. Ali cheira a Témis e a velho jesuitismo; o primeiro odor
4
aumenta, pois a Faculdade de Direito tem 500 a 600 alunos.
Apesar das duras palavras do visitante, na realidade, o a~nh~do
espac;o físico da cidade dos "moc;os da Academia" recebeu ~rilho, ~da
e vigor. As velhas constru~es de taipa foram palco e plate1a de VI~as
juvenis romanticameote vividas/imaginadas, que sonhadoramente 10dustrializaram o futuro.
Essa cidade de barro náo existe mais, destruída para dar lugar ao
tijolo no último quartel do século XIX e depoi~, ~o século XX, ao
concreto. Daquele momento restaram apenas as 1déias, trac;os palpáveis da vida academica, frágil e efemera como a própria vida dos
autores (tantos dos quais precocemente mortos_deAtu~erculose~ quer
nos jornais acadernicos, pequeoos, d~ brev_e existenaa, explosoes de
idéias para revolucionar o mundo, neo ve10 de dados ~~bre a ~xperiencia vivenciada e sobre a fonna~o de urna classe pobttca nacional;
quer na poesia e prosa romanticas que marcam o início da lite~atura
nacional; quer nos jomais boje seculares, fundad~s por ba~haré1s para
divulgar e defender as idéias que transfonnanam o pais; quer nos
textos dos memorialistas, historiadores e jornalistas egressos da Academia de Direito do Largo de Sáo Francisco.
Foram os al unos e hacharéis formados pela Academia de Direito
que movimentaram o espac;o físico da cidade, com bailes, ~ebedeiras,
brincadeiras, cac;adas, paixóes avassaladoras, pescanas, representa0es teatrais, e, de modo fundamental, o espac;o intelectual,

Ver !!istória geral da civilizofiio brasileira, Sérgio Buarque de Holanda (dir.) 9
v., OIFEL, Sao Paulo, 1961.
'

4 Robert Avé-Lallement, ViagellS pels provincias de SantD Catarina, Paraná e Sao
Paulo (1858), Itatiaia/EOUSP, Belo Horizoote/Sáo Paulo, 1980, pp. 331-352.

154

155

�Sáo Pau/,o e a elite letrada

destruindo o marasmo das velhas idéias coimbrás, o domínio total dos
dogmas católicos, introduzindo novas conce~ de sociedade e
direito.
De modo característico, náo foi através do ensino regular na
Academia que as novas idéias foram conhecidas, adquiridas e divulgadas.
O estudo de Sérgio Adorno, Os aprendizes do poder demonstrou
que a cria~o dos cursos jurídicos no Brasil fara urna necessidade
imperiosa para a independencia cultural e forma~o de quadros para
a burocracia do Estado, o que levou ao controle rígido do conteúdo
ministrado neles pelo Estado. O dominio das exigencias politico-administrativas-burocráticas no conteúdo e desenvolvimento do processo de forma~áo de hacharéis de um lado esvaziou a possivel politiza~º do curso, e de outro permitiu o desabrochar de urna vasta e rica
experiencia extra-curricular.5
Foi nesta, na vida extra-academica, na prática diária que se deu
o processo formativo dos jovens estudantes, que conheceram as novas
formula&lt;t&gt;es político-sociais na leitura de romances e obras estangeiras, predominantemente francesas; pela experiéncia em editar jomais
academicos de curta existencia; pelos la~s de amizade estruturados
nas turmas e nas "repúblicas" cstudantis; nas associa&lt;t&gt;es juvenis de
tipo iniciático, como a Bucha; nas sociedades secretas como a Ma~
naria, a qual quase todos se filiavam, com exc~áo dos católicos
ultramontanos.
A Academia de Direito do Largo de Sáo Francisco oáo se distinguiu como um local de cria~o de saber jurídico liberal por seus
professores no século XIX. Ao contrário, parece ter dominado em seus
ensinamentos o jus-naturalismo e o direito canónico, urna das fontes
do direito portugues.
Entretanto, apesar da irregularidade dos cursos e da monotonia
do conteúdo, calcado no modelo coimbráo, os alunas seus tiveram
extraordinária atividade literária e política. Dentre os autores romaticos de prosa e poesía do século XIX cursaram a Academia: AJvares
de Azevedo, Bernardo Guimaráes, Castro AJves, Fagundes Varela,
José de AJencar, Tristáo de Araripe e tantos outros. Como escritores,
jornalistas e políticos destacaram-se: Afonso Celso, Américo Brasiliense, Crispiano Soares, Duque Estrada, Joáo Teodoro, José Bonifácio de Andrada, Martim Francisco de Andrada, Otaviano de AJ-

Raque/Glezer

meida, Pimenta Bueno, Rodrigues AJves, Rui Barbosa e muitos
outros.
Listar autores literários e políticos de renome nacionais do século
XIX e início do xx é sempre arralar ex-alunos e hacharéis da Academia
de Direito.
Mas náo apenas as personalidades de reconhecimento público
guardaram as marcas da experiencia academica paulistana. Numerosos hacharéis após a formatura dirigiram suas atividades para os
quadros burocráticos-administrativos de menor porte: no Judiciário,
como juízes, promotres, advogados; nos Cartórios Oficiais como
escriváes e oficiais para os registros necessários de pessoas, propriedaaes, a tos civis; na Administra~o Pública como procuradores, oficiais, secretários, na política como deputados provinciais e vereadores. E inseridos na sociedade fundaram escotas, jomais, associa&lt;t&gt;es
culturais ou litera-recreativas dando um outro tom a restrita vida
urbana onde quer que se einstalassem.
Quaisquer que fossem as atividades escolhidas ou as possibilldade de inser~o no restrito mercado de trabalho livre, os hacharéis
deixaram sinais de sua atua~o.
Ana Luisa Martins em seu estudo sobre Os Gabinetes de LeiJura
na Provincia de Siio Paulo. . . encontrou as marcas deixadas pelos
borneos que passaram pela Academia do Largo de Sáo Francisco e
que foram exercer atividades nas pequenas cidades do interior ou do
litoral, que tiveram o empenho de transformar os sonhos juvenis em
realidade, criando urna rede de Gabinetes de Leitura pela Provincia
de Sáo Paulo.6
Gabinetes estes que se pode supor bra~ civis de lajas ma~nicas,
casas de leitura livre, com escotas de "educa~o popular", laicas, que
tiveram a trajetória de ser originariamente Jocais de elite para elite,
litero-recreativas, mas que se transformaram no correr dos anos, em
locais livres, onde borneos e mullieres podiam ler o que desejassem, fara
do estrilo controle oficial católico, e onde podia-se entrar sem estar "decentemente vestido" ou cal~do, escotas deeduca~o laica para meninos
e meninas, e até mesmo escotas notumas gratuitas para escravos.
Junto com os livros e as letras, difundiram as idéias abolicionistas,
republicanas, anti-clericais. Contudo, deve-se reconhecer a fra~dade e ambiguidade do projeto, liberal-conservador, branco, propnetá-

Sergio Adorno, Os aprendizes do poder. O bacharr:lismo liberal na política brasi/eira, Paz e Terra, Rio de Janeiro, 1988.

6 Ana Lu{sa Martins, Os Gabineles tk Leinua da Provincia tk Siio Paulo: a
pluralidatk tk um espai;o esquecido (1847-1890), Disserta~o de Mestrado em História
Social, m.ol/USP/Sáo Paulo, 1990.

156

157

5

�S/io Paulo e a elite letrada

Raquel Glezer

rio de escravos, que marcou a impossibilidade da continuidade no
periodo republicano.
A transforma~o dos Gabinetes de Leitura em meros clubes
recreativos e o abandono das atividades políticas denotam a fragilidade do projeto. De todos os 19 Gabinetes localizados na provincia
de Sáo Paulo apenas tres permanecem como tais em nossos dias, os
de J undial, Sorocaba e Ria Oaro.
Mas a outra marca fundamental que os hacharéis deixaram foi a
própria forma~o do Estado brasilerio. Deve-se destacar que diversamente das experiencias hispanoamericanas o processo de independencia brasilerio nao foi revolucionário, nacionalista e anti-metropolitano.
'
Maria Odila Leite da Silva Dias em seu estudo A interioriz.afiío
da metrópole (1808-1853) chamou a atem;áo dos estudiosos brasileiros para a necessidade de ver com novos olhos o processo de emancipa~o, abandonando as visóes europeizantes que ainda dominam
os nossos estudos.7
Segundo ela, o processo de emancipa~o deve ser visto como urna
continuidade desde 1808, quando da transferencia da Corte portuguesa para o Brasil. As transfoma~es exigidas no processo administrativo a ser implantado no Brasil, as novas e crescentes necessidades
fiscais, as tensóes entre Portugal, dividido entre liberais e conservadores, e o Reino do Brasil, buscando criar rela~óes interprovinciais
que até entáo inexistiam, sáo todos complexos elementos a serem
considerados con processo de emancipa~o.
A vinda da Corte deu início a transforma~o da colonia em
metrópole, o que ela denomina de "metrópole interiorizada". Isto é,
a Corte do Río de Janeiro tomou a si o encargo de controlar e explorar
as outras "colonias" do continente americano.
Desde o início da coloniza~o no século XVI cada urna das capitanías existentes no continente americano relacionava-se diretamente com Lisboa, dela recebendo ordens e funcionários, a ela prestando
contas adminstrativas e financeiras, sem sofrer na prática coma a~áo
dos Governadores-Gerais e dos Vice-Reís. A transferencia da Corte
para o Río de Janeiro obrigou á mudan~ da rela~o de autonomía
entre as capitanías, criando urna hierarquiza~áo e dependencia que
antes inexistiam.
Maria Odila Leite da Silva Dias, "A interioriza~ da metrópole (1808-1853)",
en Carlos Guilhenne Mota (org.), 1822· Dimensoe.s, Perapectiva, Sáo Paulo, 1972, pp.
l(i()..184.

O Estado metropolitano fixou-se na regiá centro-sul e as demais
capitanías foram obrigadas a aceitar a centraliza~o e o dominio real,
processo que teve continuidade e amplia~áo nos anos seguintes á
Independencia.
A complexa situa~o do Brasil no período pós Independencia
necessita ainda de muitos estudos para o seu esclarecimento, principalmente quando nos anos após 1840 explodiram movimentos locais
contrários á centraliza~o burocrático-administrativa.
Apesar da generaliza~o que ainda se faz nos estudos sobre o
processo de Independencia e forma~o do Estado nacional, é possivel
destacar o papel desempenhado pela elite burocrática-administrativa, que manteve colabora~o constante entre as classes dominantes
nacionais e a administra~o pública, tal como se fizera em toda época
colonial. Muitos dos administradores das capitanías continuaram
suas actividades no Império e procuraram agir de modo eficiente no
processo de centraliza~o.
Quando e Império iniciou suas atividades contava com um eficiente
corpo burocrático-administrativo fiel ás suas diretrizes e orienta~.
Para dar continuidade a essa situa~o, criou seu próprio corpo burocrático através da funda~o das Faculdades de Direito, que formaram as
elites letradas imperiais, as quais serviram fielmente ao Estado.
Examinando de mais perta o período imperial fica evidente que
a elite letrada serviu ao Estado imperial, criando o Estado nacional
brasileiro nos anos 40, refor~do o poder central, reprimindo violentamente os movimientos locais acusando-os de separatistas. Coube a
essa elite redigir, debater, votar e aplicar a legisla~o imperial em todo
o território nacional.
Na prática, a forma~o jurídica dada pelo menos na Academia
de Direito do Largo de Sáo Francisco em Sáo Paulo serviu para tomar
os hacharéis fiéis servidores do Estado, pela complexa teia de rela~
sociais entre a elite dominante e o aparelho de Estado em cria~o e
implanta~o.
A aten~o, quando se tem por objeto os hacharéis formados pela
Academia de Direito do Largo de Sáo Francisco em Sáo Paulo, é
geralmente dominada pelo consensual: o papel fundamental desempenhado por muitos deles na forma~o da cultura nacional. Estáo
ainda muito obscuros os papéis sociais que exerceram na divulga~o
de "novas idéias" e o fundamental papel político na cria~o do Estado
Nacional, na conclusáo do longo processo de interioriza~o de urna
metrópole no continente americano, na subordina~o de todas as
capitanías ao poder central imperial.

158

159

7

�Slio Paulo e a eliJe letrada

Deve-se ter em mente, de modo claro, que se a cidade de Sáo
Paulo teve, ero certo período histórico, a fun~o principal de ser um
centro de forma~o educativo e cultural, tal fato náo a transformou
ero cidade coro lideran~ política expressiva. Ao contrário, ao longo
da história do Brasil, com exce~o do periodo denominado de Primeira República, entre 1889 e 1930, a lideran~ política coube e cabe as
outras regióes do país.
Ero nossos dias, ocorre mesmo a subrepresenta~o parlamentar
das regióes sudeste e sul, apesar do peso demográfico e do poder
económico nelas concentrado.

160

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Instituto
Mor~

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