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.

ORGANO INFORMATIVO Y CULTURAL DE LA ESCUELA PREPARATORIA NUM. l. - U.A.N.L.
NUMERO 7

MONTERREY, N. L., MEXICO, ENERO DE 1984

- e

·•

UNA INTIRPRETACION DE D. AI.IRIDO GRACIA VICINTI
Guía para estudiantes

GERARDO Cantú Guzmán, n1a 1nuy adecuadas para subes el autor de El Oro Negro. Ge- rayar las numerosas formas
rardo Cantú Guzmán nació en que reclan1an la atención del
Nueva Rosita, Coahuila, en ... espectador. Las texturas nos
1934; nosotros lo considera- parecen ligeras dadas las dimmos regiomontano p o r q u e ensiones del mural; ciertos ritdesde niño llegó a :Monterrey mos curvos animan el espacio
con sus padres y hern1anos; y otorgan dinamisn10 a las foaquí realizó sus prin1eros estu- rnias.
Advertin1os en seguida que
dios y en la "Prepa Uno", entre 1951 y 1953, vivió, junto a el espacio pictórico está divila aridez de las clases, el flo- dido y subdividido por diverjear sabroso de los pasillos es- sos elementos, dos de ellos forcolares y de la plaza vecina mando una cruz y otros f orllena entonces de flores. Ven- n1ando tres páneles perpendidrían luego los estudios de ar- culares a la base: así se forn1an
te, las aventuras de andar y espacjos n1enores a manera de
ver por los caininos del n1undo, con1partin1ientos; en sentido
hasta remansar en la ciudad figurado podrían1os decir que
de México donde ahora reside estos espacios menores son
consagrado a los suyos y a su con10 los párrafos de que consarte. Monterrey tira de él de ta un discurso.
El título de la obra, "El Oro
vez en cuando. Y aquí lo tenemos, presente en "'' El Oro Ne- Negro'', nos sirve de puente de
gro"; es el cuadro que hubiera con1prensión. Rigiendo la compintado, que soñó p i n t a r , posición ven1os al centro del
cuando estudiaba el bachille- mural y en calidad de eje vertical de la cruz, la estructura,
rato.
a
El Oro Negro no es propia- 111odo de pirámide truncada,
mente un 111ural ya que esta de un pozo petrolero. Esta f ordenonlinación la reservamos ma plástica está cargada del
usualmente para la pintura n1isn10 contenido ideológico
que se ejecuta sobre un muro; que llevan los versos ~e López
en este caso se trata de una pin- Velarde:
tura realizada para un muro.
Por sus grandes din1ensiones . . . el niño Dios te escrituró un establo
y por cubrir totalmente el es- y los veneros de petróleo el diablo.
pacio a que se la destina, acepEl otro eje de la cruz lo
tan1os que se le llan1e mural.
constituye
la figura de una
La pintura mural tiene muchas
razones para existir y una de mujer q u e horizontalmente
e_lla~ es que parece an1pliar la desenvuelve su s curvilíneas
libertad del artista y, desde f orn1as, de la derecha a la izluego, amplía el número de los quierda del lienzo. Esta figura
fe1nenina, "n1ujer atravesada"
posibles espectadores.
"El Oro Negro" es, pues, un de cambiante significado, que
gigantesco cuadro de 4.40 x ... hen1os visto en otras pinturas
5.17 mts. realizado con pintura de Gerardo Cantú, nos da, de
acrílica sobre lona con basti- golpe, una inquiet_a nte y ácida
dor de aluminio y madera. Es- nota del humor característico
tá destinado al muro que da del artista. La torre de petrófrente al Aula "Francisco 11. leo y la mujer distribuyen la
Zertuche", a la entrada de la escena; mejor dicho, crean los
Escuela Preparatoria, que ocu- escenarios.
A la izquierda, vemos en acpa parcialmente el histórico
Colegio Civil.
tivo los centros de trabajo y
Al llegar frente a esta gran producción y el Cerro de la Sitela -casi 23 metros cuadrad- lla, sín1bolos omnipresentes de
os-, tenemos la sensación de 1Ionterrey; en la parte infeque el color estalla por todas rior de este escenario, el ocio
partes en múltiples y gratos gozoso, tierno y melancólico
a~rdes; predominan los tonos de una juventud que se repite
vivos en busca de armonías c- en cada generación, que estuontrastadas, que el autor esti- dia, ama, confía y espera. Lo

EL OUO NEGRO, mural de Gerardo Cantó en Ja entrada del ala norte del edificio del
Colegio Civil.

que no se repite son esas bellas
flores de la época de los cincuenta, vivas y n1usicales, que
Gerardo Cantú evoca tan sabiamente.
El espacio del centro, de
arriba a abajo, presenta una
multitud de personajes y objetos que se constituyen en el
nudo del discurso; éste adquiere acentos un tanto declamatorios contra la injusticia
social, contra la prepotencia
del dinero, contra la visible humillación de "los de abajo",
contra la corrupción de los
n1ás sagrados valores: petróleo
y dinero, fuerzas oscuras que
generan el 1nal.
El espacio de la derecha está ocupado por la fachada del
noble edificio de la escuela; al
fondo, otra montaña emblemática de la ciudad y, en primer plano, cultura viva, docentes y alu1nnos en un haz
de fecundas inquietudes.
Paralelamente a la mujer
atravesada, coronando el cuadro vemos una n1onstruosa boca, desprendida quizás de alguna pintura del Bosco. Presa
de la horrible boca, muchos seres humanos se debaten ante la
inminente y fatal deglución
que les aguarda. Este descarado apéndice proviene del cuer-

po también deforme, del rostro infan1e de un ente que el
autor presenta como implacable consunüdor de bienes preciosos y vitales.
Estas observaciones tienen la
pretensión de estimular al espectador para que por sí mismo descubra nuevos valores.
Por nuestra parte agregamos
solamente que "El Oro Negro"
es una evocación lírica-plástica del Monterrey de los cincuenta; es una importante contribución de Gerardo Cantú
Guz1nán al acervo de la pintura n1exicana contemporánea.
El Oro Negro, por sus planteamientos críticos, gustará a·
unos y disgustará a otros; pero todos disfrutaremos el jovial
expresionismo del autor, el placer que emana de una auténtica obra de arte.
ALFREDO GRACIA VICENTE
lo. de Marzo de 1980.

NOTA: - El moral "El Oro Negro" fue
fijado en el muro de la entrada Norte del
Edificio de la Preparatoria No. 1 (Colegio:
Civil), en 1980. El 31 de octubre de ese año
fué develado en ceremonia presidida por el
rector Dr. Alfredo Piñeyro López. En marzo
de 1980 el maestro D. Alfredo Gracia Vicente, distinguido hombre de cultura, escribió,
básicamente para los alumnos de nuestra &amp;.cuela, el presente comentario.

�PAGINA 2

RENACIMIENTO

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EL ARPA DE HIERBA
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• l

ENERO DE 1984

Hemos bautizado esta página con el
nombre de "El Arpa de hierba", tomándolo de una de las más bellas
novelas del famoso escritor norteamericano Truman Capote. Desde
aquí, por si acaso, le damos las gracias al estimado novelista.

ALE ANDRA MIGUEL

REMINISCENCIAS
Por PABLO RABIELA

( 1 9 7 8, Invierno)
Esta ciudad es de polvo y pretenciosa cuando la veo desde el interior de mi automóvil;
adentro todo silencio, afuera ruidos y tumultos
que adivino.
Me gusta recorrer esta ciudad así, encerrado
entre cristales y en silencio ver el exterior.
Gente por las aceras caminando de prisa; otros
lentos, otros solos o acompañados; luces que
cambian de color y el auto breve, sereno, que
circula por entre las calles sin ser visto, sin ser
notado apenas.
( 19 7 6 ,

Invierno )
¿Cuándo fué la primera vez que la ví? Casi
no recuerdo. Es 1norena. Morena llan1ativa.
Con el rostro firn1e, indígena. Con ojos pequeños que n1iran muy grande.
Firme ahí, de pie y platicando. Como si cualquier cosa.
Hablamos. De todo y nada. Sin profundizar,
sin con1prom~terse y viéndonos n~utuamente.
Sin hablar, sin expresar lo que se intuye.
Poco a poco. Una visita, otra más, un pretexto, un café y siempre el rostro firine, ahí,
mirando al fondo de las cosas.
Los abrazos, los besos, el lecho húmedo de
amor y después, la n1irada fría, fija en el techo. El silencio. El amor.
Mientras tanto me involucro. Enan1oramiento. La entrega.
Y me mudo con ella. A'hí los dos. Firn1es los
dos. Y sien1pre aquel silencio compartido de
charlas breves y lejanas.
Ahí el amor. Ahí el silencio.
Soy feliz a mi manera. Empiezo a construir
de aquello. Y el desliz existencial se dá. Furtivo. Ensimismado. Quieto. Aquella contemplación tan laboriosamente fabricada por lo cotidiano. Por las ren1iníscencias de dos amigos.

( 1 9 5 7 , V eran o )
Cómo corren. Cómo vuelan. Ahí mi hermana
con su amiga favorita, juega juegos que no
puedo jugar. Son de niñas, son alegres.
Acá Manuel per~igue el carro rojo, aquel repintado cada año que fue de él, del otro y mío.
Que fue bombero en sus inicios cuando mi padre lo llevó a la casa. Reluciente con su placa
y su sirena falsa y que al final, cuando fue mío,

MISTERIO

se aferraba aún con un tornillo en el techo repintado y viejo.
Y aquí sentado en 1ni banqueta n1iro el ruido,
las carreras, los gritos y sonrío. Así. En paz
sonrío.
( 1 9 7 7 , Primavera )
No me dí cuenta cuando e1npezó todo. No
me dí cuenta. Creí que eran palabras o vientos pasajeros.
El silencio comenzó a invadirlo todo. Aquel
silencio, on1inisciente y seco; que lo invade todo, todo lo oxida; no como aquel otro. Compulsivamente sereno.
Y la mirada indiferente. Cuando me dí cuenta, ya era diferente.
Y comenzó el barullo. Gritos sordos y el silencio. Silencio de cal. Silencio de banderas. De
paredes. De noches secas.
Me resistí a creerlo. Hasta que sentí esa mirada en mi cabeza. No n1iraba al fondo de las
cosas. Miraba el odio de las cosas a través de
los visillos de su historia. Destructiva y silenciosa. Pupilas negras, ácidas, que punzaban
firmemente. Sólo ahí, donde se hiere y n1arca.
Una mesa. Frases breves. Me voy, te vas,
adiós.
Sin tiranías. Sin dran1as fuertes. Sin ruido.
Como todo lo nuestro.
Cuartos solos. Solos los techos. Sin miradas
frías ni penetrantes. Solos ahí. Solos los techos.
( 1 9 8 O, Invierno )
Abrir la puerta lentan1ente. Suavemente. Temeroso a la luz externa, dominante. Aire nuevo. Eterno. Correr cortinas, abrir ventanas.
Ahí, tranquilan1ente, mi reencuentro.

( 1 9 7 8 , Invierno )
Evito las calles atestadas de vehículos. No
puedo contemplar n1i ciudad con tanto ruido.
Frenar, pisar, acelerar y todo lo demás. Tome
Coca o no dé vuelta, y si la dá, que sea con precaución y bajo su riesgo. Alguien corre sin fijarse a donde cruza.
Las luces continúan cambiando sisten1áticas, constantes. Siempre ahí. Siempre firmes.
Siempre solas.

Monterrey, N. L., Octubre, 1983

ERES

En este otoño del ochenta y
(tres
el Aula Magna se vistió de
(gala:
hubo un gran hon1enaje en
(nuestra sala
por la jubilación de n1ás de
(diez.
Gloria Ocañas, don Juan,
(Toño Madrid,
Don Pablo, el Profe. Osorio,
( don Manuel,
Urrutia, Reginaldo, Faz,
(Rangel,
(los cuales aún siguen en la
(lid ... )
Y Lupito Lozano que de
(nuevo
quisiera su camino con1enzar,
con10 Osorio, que retan al azar
co11 perenne deseo de renuevo.
Y aplaudimos tainbién esta
(mañana
la creativa labor del Doc.
(Ornelas
cuyo grupo "Ars et Vita" deja
( estelas
de su incansable entrega coti( diana,
Aun aquellos n1aestros evo( cados
Leopoldo y Juan Manuel, que,
(aunque ausentes
sentimos sus espíritus presen(tes,
han sido en nuestra escuela
(recordados.
No cabe duda que en la Pre(pa Uno
se cultiva el espíritu de unión
bello acierto de la Administra( ción
este hon1enaje fraterno y
(oportuno.
Alcen1os una copa en nues( tras n1anos
brindando por el gesto de la
(Prepa,
que nos llene de orgullo y que
(se sepa
que unidos trabajan1os como
(hermanos.

A Rosa Ma. Valenmela

Eres la tierra de bellas y sinuosas forn1as
Mujer blanca y perfumada, como lín1pido
pródiga de amor y de alimento.
(clavel; Eres la flor delicada y bella que
esparce su espíritu alegre e inquieto.
conservas mil misterios en tu suave y tersa
_
(piel;
Eres la fruta jugosa y fresca que
misterios del presente, n1isterios del ayer,
incita a disfrutar con n1is sentidos sus secretos.
misterios que en la vida yo nunca imaginé.
Eres el agua, eres el aire, eres la vida;
eres un Dios, eres no sé; eres misterio.
:Misterio es tu sonrisa,
misterio es tu altivez;
misterio está en tu rostro,
misterio está en tu tez;
IRINEO MORALES MONSIV AIS
misterios que en la vida yo nunca descifré ...

LUNES 28 DE NOVIEMBRE DE 1983
Lic. Hugo Miguel Garza Vázquez
Lic. Ignacio .Zapata Narváez
Lic. Francisco Javier Ramos Salinas

NOTA:-En noviembre de 1983 la Direc·
ci6n de la Preparatoria No. 1 realizó en el Aula Magna un programa de reconocimlento para los trabajadores de la Escuela --docentes, administrativos y de intendencia- que han sido jubilados durante
los dos últimos años. Dllnlllte dicho acto fue leído este poema aln·
si-ro.

PAGINA 3

EN RECUERDO DE

Renacimiento.

HOMENAJE
A
NUESTROS
JUBILADOS

RENACIMIENTO

ENERO DE 1984

UN CUENTO DE HORACIO SALAZAR DRTIZ
Para Alfonso Rangel Rodríguez
EL CabaUo fue ultimado en una emboscada, el 25 de julio del año sesenta y siete. Su
cuenta pendiente era de diecisiete muertes
basta esa fecha, sin contar los tres forajidos
que dos días después fueron sepultados, a consecuencia de sus últimos disparos. Es fama,
y un corrido lo registra, que su inseparable
escuadra Browning 9 milímetros le fue fiel
basta esos segundos cruciales que marcaron
el fin.
Sobreviviente de las despiadadas masacres
de la guerra cristera, en la que se batió con
fervor contra los federales de mi general Plutarco Elías Calles, fue de los hombres valientes más nombrados en la Tierra Caliente,
que junta en un recodo del mapa tres Estados beligerantes entre los que componen la
geografía de México~ Guerrero, México y Michoacán. No supe de nadie en esas caldeadas
tierras, en las que peligrosamente merodeó,
que conociera su nombre de Aldegundo Antillón, con el que sin duda figura todavía en
el Registro Civil de San Jacinto.
Casualmente, el mismo año sesenta y siete, con fecha 22 de octubre, fue acribillado
en un baile que se celebraba en La Florida,

uno de los barrios de San Jacinto, otro de mis

antiguos camaradas: Manuel Antúnez, uno de
los supuestos asesinos. Junto con Antúnez,
apodado El Perro por su fiero aspecto de
bulldog, cayeron los otros tres cabecillas que
componían su banda. A todos se les señaló
como autores de la emboscada del 25 de julio. Su sorpresiva aniquilación fué obra de
los temibles bandoleros que integraban la Policía Montada comandada entonces por el
implacable mayor Pasténez.
Estos dos hechos violentos siniestramente
concatenados, con todo y su chocante precisión, me fueron referidos minuciosamente en
diciembre de aquel año por Alejandra Miguel, que los conoció directamente. Como es
de suponerse, yo mismo fuí testigo de algunos pormenores.
Para los que conozcan aunque sea un poco de estas cosas, estos asesinatos, que casi
siempre quedan impunes, son el pan de cada
día en la :rierra Caliente. Por algo se ha establecido estadísticamente que esta región es
la más pródiga en hechos de sangre, entre
todas las regiones rurales de México. Y eso
contando con las hazañas de los famosos pistoleros de la frontera del Norte, de Nuevo
León y Tamaulipas, que por algo también figuran casi todos inmortalizados en corridos.
Por estos y otros motivos, puede parecer arbitrario que yo tome, como al azar, un
par de estos hechos violentos, con la pretensión de particularizarlos al darles registro en
esta crónica. Voy pues a explicarme: Existe una sola causa que explica la intención que
me anima: El Caballo y El Perro, cada quien
a su modo. fueron, honrosamente, mis- amigos.
los dos también, cada uno a su manera, me
hicieron confidente de sus afectos y rencores,
Y también, sin esperar nada de mí, sin hacer
cálculos, me impusieron su riesgosa protec-cióo en un tiempo angustioso de mi vida. A
los dos les vivo agradecido. Y parte de ese
~imiento se manifiesta precisamente en
estas líneas, con las que intento salvar del
olvido, acaso inútilmente, un poco de aquel
IUcgo inapagable que consumió sus días.

Dos

nombres, aparte de su enemistad renY casi clandestina, ligaron a estos dos
IIDigos míos. El nombre de San Jacinto, su
tierra lllllal, de la que violentamente salieron

corosa

muchas veces para regresar siempre, y el nombre de Alejandra Miguel, a quien ambos peligrosamente amaron, si bien sólo El Caballo
tuvo presencia en los afectos de Alejandra.
Alguien pudiera preguntarse qué pinto yo
en todo esto, y por qué he llamado mis amigos a estos hombres valientes, que por su edad
y carácter primero fueron amigos de mi padre. La cosa fue así. A principios de la década de los cincuentas llegué huyendo a San
Jacinto, en donde todavía tengo parientes por
parte de mi madre. Con razón o sin ella, y
acaso por fantasías propias de la edad, tenía
la impresión de andar a salto de mata. Y aun•
que la nota dominante en estos casos es la
desconfianza, se impone también, al mismo
tiempe, la necesidad de protección. Fue así
como lo primero que hice al llegar a San Jacinto fue seguir la pista de los viejos amigos
de mi padre, partiendo de lo que recordaba
de las pláticas oídas en el hogar de mi niñez.
Así fue como dí con Aldegundo Antillón y
Manuel Antúnez.
Por indicación de El Caballo fuí a dar a
la casa de Alejandra Miguel, quien, entre
otras cosas, se dedicaba a dar asistencia alimenticia a los forasteros que de tiempo en
tiempo caían por San Jacinto, o a quien se
lo pidiera.

radamente, tal vez, se amaron, acosados por
la tenaz premonición del fin. Esa misma noche, gravitando sobre el murmullo familiar de
las cigarras y la linterna blanca e intermitente
de las luciérnagas, un bubo cantaba, imperturbable y lúgubre, entre la fronda de uno de
los truenos del patio. Los amantes sintieron
un estremecimiento. Intentaron ahuyentarlo
arrojando piedras entre las ramas, pero, tras
la finta de un desmañado aleteo, el canto
presagioso continuaba. Así, invadidos por un
oscuro recelo, amanecieron aquel día.

asiento de al lado y que me iba diciendo que
dentro de su costal de ixtle llevaba un garrafón de mezcal de la sierra, legítimo, para tener tragos durante su permanencia en el Distrito Federal. El único peligro era que, con
tanto zangoloteo del camión, el garrafón
podía estallar. También me dijo que no le
gustaba el pulque. Que tenía mal aspecto y
mal olor. Eso me platicaba y me preguntaba
también qué tan lejos quedaba Monterrey, que
cuár.to me habían costado mis anteojos y que
por qué me había dejado crecer las barbas
En esas íbamos cuando, viniendo de atrás
del camión, una voz conocida, me nombró.
Habían pasado casi quince años desde que
la oí la última vez. Era Alejandra Miguel, salida quién sabe de dónde, que acababa de
reconocenne y poniéndome la mano en el
hombro me dijo algo al oído: "Los que no
se mueren vuelven a encontrarse". Luego,
con su dulce voz, le propuso al campesino de
Tlapehuala que le cambiara el asiento. El
campesino fué a sentarse atrás y ya no supe
más de él hasta que, llegando al Distrito Federal, en la vieja estación de San Antonio
Abad, me dijo adiós echándose el costal al
hombro. Alejandra y yo platicamos largamente, sin dormir en toda la noche. Bueno,
esto es un decir, ya que cuando el sueño nos
vencía, por momentos, nos apoyábamos el uno
en el otro, nos dimos calor y basta algo de
instintiva ternura. Sus hermosos ojos negros
brillaban, esporádicamente, en la oscuridad del
camión. Esa noche me contó todo lo que aquí
dejo registrado. Me habló, con reprimida emoción, de Aldegundo Antillón, El Caballo, el
hombre a quien amó. Ahora, fatalmente, era
tiempo de dar vuelta a la hoja. Tenía decidido alejarse definitivamente de San Jacinto.
Olvidarse de la vieja casa donde nació, en la
que transcurrió su juventud, y en la que, acaso sin saberlo, conoció la felicidad.

Era el 25 de julio, marcado en el calendario por una consulta que El Caballo tenía
pendiente con el doctor Filós, en Cutzamala,
distante unos treinta kilómetros. Conque a
eso de la una de la tarde. solo en su alazán,
salió de San Jacinto. A escasos tres kilómetros, o algo más, lo alcanzó la muerte. Entró,
alerta y vagamente preocupado, en el callejón
de La Peña Mojada, bordeado por frondosos
cacahuananches, ceibas, parolas y otros árboles que oscurecen aquel paraje en pleno día.
Avanzó apenas unos treinta metros por el callejón cuando, veintisiete balazos, saliendo de
entre la sombra de aquellos árboles y barrancos, pusieron fin a su vida. Antes, tuvo tiempo de disparar, un poco al acaso, la última
carga de su pistola. Así murió El Caballo,
acosado y solo, luchando con entereza y coLo primero que recuerdo es la casa de Ale- raje basta el final.
jandra. Como casi todas las de la región,
Lo velaron en el patio, acaso bajo el trueno
pertenecientes a las clases pudientes, tenía donde aquel búho tenaz le anunció la muerte.
altos muros de adobe, encalados por dentro Al día siguiente, cuatro hombres entre los
y por fuera, con tejados rojos sostenidos por que fueron sus amigos, cargaron el ataúd has•
entarimados de otate. Aquella casa era am- ta el camposanto, seguidos por los dolientes y
plia, con varias habitaciones, aunque yo nun- la banda del pueblo, que tocaba en sordina
ca las conocí todas. Por el lado norte tenía sus piezas fúnebres, como se acostumbra en
un amplio corredor flanqueado por pilares de aquella tierra.
ladrillo y pretiles del mismo material. Parte
de los pretiles estaba cubierta por cuidadas
En diciembre del sesenta y siete, año en
macetas multicolores. En el vasto patio y en que sucedieron aquellos hechos, abordé en
el frente, frondosos árboles de sombra, truenos, Tlalchapa, mi pueblo natal, el autobús que
Se dirigía a Mexicali. en Baja California,
tamarindos, acacias, mangos, guayabas, limo- me dejaría en la capital del país tras un viaje con destino final en Los Angeles, donde tenía
neros, hacían aparecer la casa como en m~- de catorce horas. Mi destino final era Mon- una hermana residente casada con un antiguo
dio de un huerto.
terrey. Como lo hago siempre que puedo, ha- emigrado de Zacatecas. Y o, por mi parte, rebía ido al sur a pasar la Navidad con los gresaba a Monterrey, mi dura tierra adoptiva,
Acaso me sea permitido ahora, sin que se míos. Eran las seis de la tarde cuando salí donde vive la mujer a quien amo y donde
me tomen en cuenta excesos y redundancias, del pueblo y a las siete el autobús se detuvo nacieron mis hijos. Nos separamos en la esdedicar unas líneas a la figura querida e in- en Ciudad Altamirano, donde descendieron tación de los Transportes del Norte de Sonoolvidable de Alejandra Miguel.
algunos pasajeros y subieron otros. Era fres- ra, en la ciudad de México, cuando ella aborEn aquel tiempo era una muchacha de unos ca la tarde y los vendedores de chucherías se dó el autobús que la llevaba hacia el futuro,
veintidós años, que vivía con su madre, doña aglomeraban alrededor del autobús ofrecien- hacia su nuevo destino. Lo último que me
Altagracia, en la casa que be nombrado. Even- do sus mercancías. Comenzaba a anochecer dijo fue que no se llamaba Alejandra Miguel.
tualmente, esta noble dama, que conservaba cuando, por fin, partimos rumbo a Tlapehua- Que era hija del mayor Melesio Pasténez, pevisible su antigua belleza, se dejaba ver en el la, Arcelia, Teloloapan, Iguala, el viaje de ro que, por la vida que llevaba, por respeto
corredor o en la cocina, o bajo los árboles del siempre, entre el oleaje pétreo de las monta- a su padre, se había cambiado el apellido,
patio.
ñas de la Tierra Caliente de Guerrero. En de acuerdo a las antiguas costumbres de
Alejandra Miguel era una muchacha tri- Tlapehuala subió un campesino que ocupó el nuestra tierra.
gueña, de regular estatura y porte discretamente sensual; dotada de largas pestañas negras en unos ojos que sabían mirar fija y proRENACIMIENTO
fundadamente, y en los que a veces aparecía,
Organo Informativo y Cultural de la Escuela Preparatoria No. 1 de la
como un relámpago, la ternura. Pocas veces
Universidad Autónoma de Nuevo León.
sonreía y sus palabras eran siempre bien escogidas y nunca fueron muy abundantes. Y aunDirector responsable: Lic. Horacio Salazar Ortiz.
que en San Jacinto se le consideraba poco
menos que una muchacha de la vida alegre,
Colaboradores:
ha sido la muchacha más leal, inteligente y
ajena a la vulgaridad que be conocido. Es
Hel'IWI Cortez Sepúlveda, Bogo Miguel Gana Vázquez, María Esther Gonúlez
cierto que tuvo suficiente capacidad y cinisRangel, Francisco Javier Ramos Salinas, Antonio Simón Ríos Mendoza, Hennllo
mo para amar, abierta y sucesivamente, a vaSalazar Suárez, Minerva Sotelo Suárez, Alfonso Verde Cuenca, Ignacio Zapata
rios hombres. Pero esto en nada disminuye el
Narváez. Colaborador artístico: Erick Estrada Bellman. Favor de dirigir corresesplendor de su imagen. Y o, por mi mala
pondencia a Oficinas: Departamento Editorial de la Preparatoria Número 1,
estrella, no la conocí en el amor; aunque tamWashington y Colegio Civil, 29 Piso, Monterrey, Nuevo León, México.
bién, a mi manera de aquellos años verdes,
temerariamente la amé.
Se reciben colaboraciones de egresados de esta Preparatoria.
La víspera del día de su muerte El _Caba·
llo, estuvo en la casa de Alejandra. Desespe.

�PAGINA 4

RENAC I MIENTO

ENERO DE 19&amp;4

Reconocimiento a dos Ameritados y
Distinguidos ·Ma·estros Universitarios
1

LIC. ERNESTO CARRILLO CAMARENA, DIRECTOR DE LA ESCUEL\
PREPARATORIA NUM. UNO, DE LA
U . A. N. L.; SR. PROFR. SALVADOR
VILLARREAL; ESTIMADA FAMILIA DEL MAESTRO VILLARREAL;
LIC. VICENTE REYES AURRECOBCHEA, MAESTROS, AMIGOS.
UNA emoción singular experimentamos al
estar bajo estos centenarios muros de la Preparatoria, muros venerables que han dado abrigo espiritual a mochas generaciones. Bajo estas arradas bulliciosas ha corrido el río impetuoso de la juventud; por estas aulas han pasado figuras próceres de maestros inolvidables. Bajo este techo a lo largo de más de un
siglo se ha forjado un espíritu que prevalece
a través de los años.
Es el espíritu del Colegio Civil que mantiene abiertas sos puertas a todos los ecos del
mondo y de la vida, para decirlo en palabras
del que fuera ilustre rector Don José Alvarado; que se impregna y se nutre de la más
generosa tradición liberal. Es el espíritu que
hoy se manifiesta -aquí y ahora• en este convivio en que se hermanan los jóvenes que
atisban el esplendor del porvenir, los que hemos avanT.ado en el camino y los mayores de
quienes tomamos la norma y el ejemplo.
Esta noche nos congregamos, amigos y
apreciados universitarios de diversas generaciones, para rendir homenaje a dos maestros
eminentes, el Profr. Salvador Villarreal y el
Lic. Vicente Reyes Aurrccoechea. Ambos de
trayectoria trascendente y de prendas humanas magníficas.
Al maestro Salvador lo recordamos desde
nuestros lejanos dias de la Preparatoria. Sabíamos de su estilo mesurado y sencillo en la
cátedra, propio de los que poseen la verdadera sabiduría. Sabíamos de so erudición en
materia literaria, de sus libros, de su sensisibilidad para el arte y de su devoción por la
cultura.
El maestro ·Salvador ocupó por muchos
años la Secretaría de la Preparatoria, función
que desempeñó con ejemplar celo e insupera•
ble espíritu de orden. So larga y fructífera
labor docente fue recompensada con el má•
ximo galardón que se confiere a los maestros:
la Medalla Altamirano. Justicia plena a quien
con tanto amor y por tanto tiempo se dió a
la generosa siembra del magisterio.
Hoy disfruta del don de los libros. En su
hogar apacible y armonioso, enclavado en el
espléndido marco natural de las cordilleras
del Huajuco, además de la amorosa solicitud
de su esposa, tiene la compañía inefable de
sus libros, que son goce del alma y fonna
sutil de felicidad. Gracias maestro por darnos
este ejemplo vivificante.
Hay un nombre que se vincula a una eta•
pa esplendente de la Uruversidad, el nombre
de Vicente Reyes. Poseedor de ágil ingenio y
viva inteligencia, el Lic. Vicente Reyes se ha
caracterizado por su verticalidad ideológica,
por su juicio certero producto de su fino espíritu analítico y por so adhesión inquebran•
table a las causas progresistas.
Lo recordamos como jefe del Departamen•
to Escolar de nuestra Universidad en tiempo,
que los más nostálgicos llamamos la época
romántica, lo recordamos con so estilo sim•
pático y con su memoria proverbial.
Eran los hermosos dias del bachillerato, la
Universidad no rebasaba los diez mil esto•
diantes. Había muchos profesores que se pa•
recian espiritualmente a Don Quijote: el Dr.
Mateo A. Sáenz con sus inflexibles convicciones liberales; el maestro Zertoche, con su
pasión por las letras; Don Ricardo Covarru•
bias, con su fervor patriótico y tantos otros
acreedores de nuestra veneración.
Si más sondeamos el pasado más nos muerde la nostalgia, y es que en la óptica del tiem•
po pensamos que algo muy nuestro, irresca•
table, SE' ha ido con los años. Es el dolorido
sentir de que hablaba el poeta.

EL pasado sábado 17 de diciembre, (1983), los maestros Salvador Villarreal y Vicente Reyes Aurrecoechea fueron objeto de un cordial y merecido homenaje por parte de un grupo de universitarios.
En los corredores de la Preparatoria Uno, Colegio Civil, se verificó la reunión-cena a 1a que asistieron,
además del Director de la Escuela, distinguidos universitarios de diversas generaciones quienes manifestaron su reconocimiento a los apreciados maestros.
El Lic. Mario López, maestro de la Preparatoria, presentó al Lic. Hennilo Saluar qnien hizo el ofre.
cimiento del banquete y a los Licenciados Francisco Javier Ramos y Bogo Miguel Garza V., quienes dieron lectura a sendas composiciones poéticas alusivas al acontecimiento.
Posteriormente el Lic. Ernesto Carrillo, Director de la Preparatoria Uno, hizo entrega de pergaminos a los maestros homenajeados, pronunciando unas palabras de bienvenida al grupo reunido.
Los presentes disfrutaron de una exquisita cena y departieron amigablemente. La noche del 17 de
diciembre fue una evocación. La cordialidad imperante y la presencia de los maestros tan identificados con
la Universidad la harán una velada memorable.

Diría en versos memorables Don Allonso
Reyes:
"Somos la verdura de la era
marchitas hojas que la fronda olvida
a cada turno de la primavera".

ces del ayer y sin duda las palabras de hoy dad.
tendrán eco en el mañana, Así el tiempo no
Nos congratulamos de estar acompañando
es ruptura sino integración.
esta noche a dos maestros muy queridos. A
Nuestro Colegio, nacido en los lragores de ellos les diremos que las palabras son incala Reforma bajo ideales avanzados, fue la se- paces de expresar toda la intensidad de naesmilla de roble, que al paso de los años pro- ro afecto.

Pero la primavera se repite. Y nos confor- yecta su sombra fresca y bienhechora al porta y nos enorgullece ser legatarios de una tra• venir, y que en el pasado reciente fue el vien•
dición venerable. Somos receptivos a las vo- tre generador de nuestra bienamada Universi•

MUCHAS GRACIAS.
Hennilo Salazar Suárez
Monterrey, N. L., a 17 de Diciembre de 1983

••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••o•••••••••••••••••••••,••••••••••••••••••••••••••••••••••••••
•

Gvocación

1

Homenaje a los Maestros Profesor Don Salvador Villarreal Cavazos y Licenciado Don Vicente
Reyes Aurrecoechea.

Colegio Civil, venero perenne
de espíritus libres que vienen y van:
tu historia, saben1os, gloriosa se nutre
de aquellos que dieron, que dan y darán
su vida en el noble ejercicio "manchego",
la dulce tarea de amor enseñar!
A dos de tus hijos, Colegio de próceres,
un grupo de amigos por franca amistad
rendirles queren1os un justo homenaje
en este diciembre y en este lugar ...
Aquí, y al amparo del noble recinto
que ha sido escenario de luz y verdad.
Dos sabios maestros que en varios decenios
gozaron la dicha del arte de dar,
de dar a raudales, de ser paradigma
de las juventudes que son y serán;
varones egregios de grandes virtudes
que el tiempo acrecienta con sólo pasar,
de grandes virtudes que son privilegio
de los biennacidos de la humanidad.
Se trata de ustedes an1igos queridos
cuya trayectoria en la Universidad
ha sido pren1iada con justo descanso,
y en justo retiro ahora estarán
disfrutando siempre y envidiablemente
del dulce deleite del intelectual:
las doradas páginas releyendo amenas
en suave remanso de tranquilidad.
Y aquí con ustedes estamos nosotros
en este dicien1bre y en este lugar
compartiendo el ritmo de antiguos acordes
compartiendo afectos, compartiendo el pan...
y en tropel acuden con mansa nostalgia
los versos de antaño que dibujarán
el momento mismo que ahora vivimos:
"Qué bello es recordar los tiempos idos,
"volver a ver en el presente lo pasado;
"las horas tristes y alegres que vivimos
"recordar que muy lejos se quedaron".

Hugo Miguel Garza Vázquez,

Pardbofa

1

En brazos de mi madre un día del camino,
al divisar, la tarde de aquel :abril de luz,
a la sombra de un árbol de frondas refrescantes
tañendo una guitarra envuelto en santa paz,
cantando un buen anciano la vieja melodía
de algún remoto tiempo, que yo no comprendí.
Su luenga barba blanca, sus pardos ojos
(suaves,
su rostro venerable, su porte de Señor,
decían a n1is ojos de niño aún de brazos
no sé qué de ternura de no sé qué placer .
¿ Quién es, madre? le dije, yo niño qué sabía!
¿qué dice lo que canta? quería preguntar
y hubier~ preguntado si mayorcito fuese
qué fuerza lo movía para cantar así
el hondo sentüniento de una profunda vida
vivida largamente con un in tenso amor.

Y con edad más firme bienentendido
(hubiera:
su voz de tono grave no obstando el hombre
(aquel
vivía lo cantado de modo que irradiaba
·
no ya tribulaciones, perenne juventud l
Maestro, Licenciado Señor Vicente Reyes,
usted tan1bién, Maestro Salvador Villarreal,
al amparo, a la sombra del árbol del recuerdo
cantáis tan1bién vosotros vuestra dulce canción,
la canción del amor, de la profunda vida ...
Yo soy aquí aquel niño crecido que entendí:
mi madre el Alma Materos ha reconocido
por vuestro dulce tono, y os quiere complacer...
luz disteis largo tiempo con fuego del espíritu
y aquí vuestros amigos os decimos: Salud!
Francisco Javier Ramos Salina~

Colegio Civil,
Monterrey, N. L., Méx., Diciembre 17 de 1983

1 ..

,

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