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                  <text>�SIGLO XIX
Cuadernos de Historia
Edición conjunta de la Facultad de Filosofía y Letras de la
Universidad Autónoma de Nuevo León y del Instituto de
Investigaciones Dr. José María Luis Mora
Apartado Postal 3024, 64000 - Monterrey, México
Fax: (83) 40-40~

Universidad Autónoma de Nuevo León
Rector,
LICENCIADO MANUEL SILOS MARTINEZ

Facultad de Filosofía y Letras
Director,
LICENCIADO RICARDO

c. V ILLARREAL ARRAMBJDE

Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora
Director,
DocroR HIRA DE GoRTARJ

Editor Responsable
MAR10 CERUTTI

Cuidado de la edición: Sylvia Eloísa M. y Mario Cerutti
Tipografía: Alfonso García
Arte-diseño y corrección: Sylvia Eloísa Morán
Impresión: Impresora Monterrey, S.A.
Aparición cuatrimestral
Ejemplar: $15,000
Suscripción anual: $50,000 (incluye franqueo)
Para envíos aJ exterior: USA $5

�AÑO II NUMERO 4

OCTUBRE DE 1992

CUADERNOS DE HISTORIA

SUMARIO

Nota del Editor . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . S
Las viejas oligarquías y la Reforma liberal:
el caso de Guadalajara
JAIME OLVIDA . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

9

La expulsión de los españoles
en Xalapa y Veracruz (1827-1828)
CARMEN BLAZQUEZ DOMINGUEZ . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 31
Sección Internacional . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 59
El modelo región de refugio de Aguirre Beltrán.
Teoría, aplicaciones y perspectivas
EDUARDO MEDINA CARDENAS ......... . . . .......... 61
Trabajos publicados en Cuadernos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 84

�NOTA DEL EDITOR

Siglo XIX. Cuadernos de Historia abre su segundo año con materiales preparados por dos reconocidos y reconocibles investigadores que trabajan en centros académicos del interior: Jaime Olveda, de Guadalajara, y Carmen Blázquez Domínguez,
de Veracruz.

Jaime Olveda aborda un tema que le preocupa desde tiempo
atrás: el de la continuidad oligárquica en la capital de Jalisco.
En este caso concentró su atención en los tumultuosos años de
la Reforma, en las propuestas liberales y en los resultados socioeconómicos que arrojaron.
El autor aclara inicialmente que hacia mediados del siglo XIX
los grupos oligárquicos atravesaban, en México, lo que llama
la fase de resistencia. Es decir: un ciclo, abierto con la independencia, que obligó a grupos propietarios dominantes como
los de Guadalajara a "adaptarse a la nueva situación y reaccionar ante las constantes acometidas de las clases emergentes,
para no exponer su fortuna y perder su predominio".

�6

Siglo XIX. Cuadernos

Narra después cómo esa capacidad de adecuación se manifestó con particular agudeza en el período de cambios liberales
acelerado desde 1855, que habrían tenido como blanco principal la jerarquía eclesiástica y l~ iglesia católica. ".La cuestión
de los bienes del clero -menciona Olveda- atraJo al campo
liberal a muchos hacendados/comerciantes que con anterioridad habían estado inscritos en las filas de los conservadores.
Precisamente porque la desamortización beneficiaba a las oligarquías, la de Guadalajara se abstuvo de apoyar directamente
a su antiguo aliado (la Iglesia) en la Guerra de Reforma".
Una de las conclusiones finales de Olveda, tras analizar el
caso de Guadalajara, es que el proyecto liberal reformista "encaminado a formar una nueva sociedad no se cumplió del todo. No fue posible, tampoco, edificar un Estado democrático
y con división de poderes". Desde el punto de vista político,
lo que surgió, en cambio, fue "un Estado fuerte y autoritario"

Nota del Editor

7

ción, respaldada por las oligarquías regionales y los estratos medios, marcó el inicio de una ofensiva contra funcionarios españoles que permitió dar rienda suelta al sentimiento antihispano
latente... ''.
El escenario de 1827, los escoceses veracruzanos frente al "caso Esteva", el pronunciamiento yorkino de José Rincón, la aparición de Santa Anna, la expulsión de los españoles, y una poco feliz revuelta escocesa comprenden los sucesivos apartados
del artículo. ''El resultado de los acontecimientos de Veracruz
-cierra la autora- constituyó la destrucción final del partido
escocés... Para los españoles las consecuencias serían diferentes: su devenir se haría más difícil en las zonas de ascendiente
escocés".

Con el número 4 de Cuadernos se inaugura un espacio destinado a autores extranjeros: la sección internacional.
Carmen Blázquez, por su lado, enfoca su artículo a las ciudades de Xalapa y Veracruz, y a la década inmediata a la independencia de México. También aparecen aquí los grupos propietarios locales, pero envueltos en un contexto diferenciable
del que describe Olveda.
Eran los momentos de los años 20 en que las disputas entre

yorkinos y escoceses parecían arreciar, y cuando la figura de
Antonio López de Santa Anna comenzaba a adoptar, desde el
estado de Veracruz, perfiles llamativos. El proceso independentista, en tanto, había dejado irresuelto un serio problema: la
situación de los españoles.
Blázquez sigue en detalle los procesos políticos vividos entre
1827 y 1828 en ambas urbes, en las que se entrecruzaban la problemática española con agrias disputas por porciones de los poderes local y central. "Para abril de 1827 -acota- era de todos conocida la notoria influencia que los yorkinos ejercían en
el gobierno federal. La preponderancia alcanzada por dicha fac-

Sus páginas acogerán trabajos que, por razones diversas, sean
considerados de utilidad para los investigadores regionales que
laboran en universidades del país.
La sección podrá incluir materiales sobre el propio México
-como sucede en este caso- o sobre otras sociedades. Lo importante habrá de ser que el ensayo divulgado ofrezca elementos significativos desde el punto de vista de la información que
provee, del método instrumentado o del debate teórico o
histórico.
En este número se incorpora un artículo aparecido en 1987
en Cuadernos de Historia, publicación de la Universidad de Chile. El autor, Eduardo Medina Cárdenas, analiza el modelo región de refugio concebido por un muy distinguido estudioso
mexicano: Gonzalo Aguirre Beltrán.
Según Medina Cárdenas, quien opera desde la perspectiva
de la antropología social, el modelo -aplicado en principio al

�8

Siglo XIX. Cuadernos

LAS VIEJAS OLIGARQUIAS Y LA REFORMA
LIBERAL: EL CASO DE GUADALAJARA

estudio de las sociedades indígenas de México- guarda un interés que llega más allá "de los motivos inmediatos- que lo hicieron surgir". "En una primera aproximación -aclara- parece útil para el resto de los países latinoamericanos en la medida que en casi todos (existen) etnias aborígenes todavía diferenciadas''. Pero su instrumentación, termina el analista chileno, puede ser aplicable "para los contactos biculturales que en
todas partes significan las acciones profesionales asistenciales
con diversos grupos no-indígenas". Por ejemplo: las que se suelen manifestar entre enviados de las sociedades avanzadas y franjas sociales o poblacionales del Tercer Mundo.

La aparición de la sección internacional, por un lado, y la continuidad que a nuestra publicación le asegura la cada vez más
frondosa producción de estudios históricos regionales sobre el
México decimonónico, permiten a Siglo XIX. Cuadernos de Historia abrir con renovado optimismo su segundo año de
éxistencia.

Jaime Olveda*

Si se sigue de cerca el proceso formativo y expansivo de las élites coloniales que surgieron en el siglo XVI en las principales regiones del
virreinato novohispano, podrá identificarse el inicio, a partir de la
colonización, de una fase oligárquica que culminó con la Revolución
de 1910. El movimiento democrático-burgués que dirigió Francisco
I. Madero tuvo como finalidad primordial cambiar, precisamente, la
vía oligárquica que había seguido el desarrollo del capitalismo.
En efecto, la estructura económica y las relaciones sociales impuestas por las élites coloniales se mantuvieron sin mayores alteraciones
hasta principios del siglo XX, a pesar de haber tenido lugar la reforma liberal. Existen varias evidencias que ayudan a reforzar esta hipótesis. Una de ellas es la consolidación de la hacienda y su capacidad
de resistencia, no obstante las acometidas de algunos grupos sociales
y políticos en la centuria pasada. Como se sabe, la preeminencia del
latifundio, fuente del poder de las aristocracias terratenientes, comprende desde finales del siglo XVI hasta principios del XX.

Mario Cerutti
Monterrey, septiembre de 1992

En el proceso de conformación y desarrollo de las oligarquías coloniales se pueden distinguir cuatro fases. La primera es la formativa. Abarca del inicio de la colonización a principios del siglo XVII,
cuando emerge el gran latifundio. En ella podemos observar el surgimiento de las primeras fortunas a través de las ganancias que redituraron tanto las encomiendas como el ejercicio de los cargos públicos,

• Centro Regional de Jalisco, lns1i1u10 Nacional de Antropología e Historia (INAH)

�JO

Siglo XIX. Cuadernos

el acceso de los conquistadores y los primeros colonizadores a la propiedad, la concertación de matrimonios entre las f~~ilias poderosas,
la comparecencia de una nobleza titula?~• el cre~~nuento lento _P~~o
constante de las ciudades en las que res1d1an las elites, y la apanc1on
-alrededor de los centros urbanos- de las zonas agrícolas encargadas del abastecimiento de productos alimenticios.
La segunda fase es la expansiva. Comprende de los albores del ~VII
hasta finales del tercer cuarto del siglo XVIII, o sea, cuando deJo de
practicarse la política mercantil impuesta ~orlos Habsburgo. Dura~te el transcurso de esos años se fueron delineando, con mayor precisión, las regiones económicas del virreinato hasta alean~ una con~iguración propia. Los comerciantes, gr~~ias a la formac1on de los circuitos comerciales, empezaron a adqwnr fuerza y a extender su poder a todas las esferas de la vida social.
La tercera es la de consolidación. Abarca de la década de los setenta del siglo XVIII, cuando se implanta el libre comercio, al estallido de la insurgencia. En estos lustros las élites regionales encontraron las condiciones idóneas para afianzarse, gracias a la instauración
del libre comercio. En esta etapa se formó el mayor número de compañías mineras, mercantiles y agrícolas; circularon volúmen~s cuantiosos de capital, arribaron muchísimos inmigrantes, y las ciudades
ejercieron su verdadero papel: el que les correspo~dí~ desempeñar en
una economía cada vez con mayores rasgos capitalistas.
La cuarta fase es la de resistencia. Comprende de la consumación
de la independencia al estallido de la Revolución de 1910. A ~sta fase, precisamente, me referiré en este trabajo tomando como eJemplo
la oligarquía de Guadalajara.
LA FASE DE RESISTENCIA
Consumada la independencia, las escasas familias tapatías que detentaban la riqueza -alrededor de 200- tuvieron necesariamente que
adaptarse a la nueva situación y reaccionar ante las constantes acometidas de las _cl~ses ~mergent9s, para no exponer s~ fortun~ _Y P,e~der su predom1mo 1 • S1 se habrá por un lado de una revoluc1on hberal que pretendía socavar los cimientos de la estructura colonial,
por el otro debe mencionarse la "contrarrevolución" promovida por
las oligarquías para mantener inalterable el orden que había prevalecido en el período anterior.

O/veda: Oligarquías y reforma en Guadalajara

11

Si se toman en cuenta las actitudes adoptadas por las viejas élites,
podría decirse que a partir de 1821 se inició una fase de resistencia
en la que emplearon todos los medios para evitar el desmoronamiento de su imperio. Una de las primeras estrategias que aplicaron para
no perder el control fue la concertación de pactos y alianzas interoligárquicos. Con ellos se pretendió impedir que otros grupos las desplazaran del sitio privilegiado que ocupaban dentro de la estructura
social conformada a lo largo de la Colonia. La cadena de planes políticos de esencia oligárquica que se sucedieron, uno tras otro, a partir
de 1821, fueron confeccionados con el propósito de detener las aspiraciones de las clases medias2 • El primer documento elaborado por
las élites para reforzar su situación y garantizar la continuidad del
orden establecido, fue el Plan de lguala 3•
Este Plan, que sentó las bases de la independencia de México, constituyó la primera maniobra de resistencia al cambio por parte de las
clases privilegiadas que había engendrado el período previo. Su contenido era fundamentalmente de corte oligárquico, porque consagraba un conjunto de principios restauradores, impedía a otras clases
el acceso al poder, admitía y garantizaba la vigencia de los privilegios, fueros y otras preeminencias y, finalmente, reconocía y protegía la integridad del latifundio.
Dado que el país comenzó a organizarse sobre los principios del
Plan de Iguala, las viejas oligarquías ingresaron a la etapa independiente sin sufrir mayores descalabros. Aún después de suprimido este
documento e instaurado el régimen republicano, su integridad no fue
socavada, y sólo perdieron parte del poder político porque algunos
de los miembros de las clases medias lograron, por primera vez, ocupar cargos públicos de importancia4 •
Pero aunque su poder no fue cercenado, la mayor parte entendió
que su hegemonía y la conservación de sus fortunas dependía de la
capacidad y disponíbilidad que tuviera para adecuarse a la etapa republicana. A raíz de las innovaciones que se introdujeron a partir de
1824 se dio, por primera vez, una diversidad de posiciones; así, los
miembros de cada una de las familias oligárquicas fueron respondiendo de distinta forma ante los sucesos que se presentaban. Mientras
que unos rechazaban el proyecto y la legislación de corte liberal que
empezaron a aplicarse desde este año, por considerar que minaba los
cimientos del orden colonial, otros los vieron con agrado y comenzaron a sacar provecho.

�12

Siglo XIX. Cuadernos

Las convulsiones sociales y la inestabilidad política de la época,
al mismo tiempo que fueron modificando la conducta de las élites,
comenzaron a debilitar los lazos de solidaridad tradicional. La fisura
se profundizó más aún a medida que se difundían y se precisaban los
dos proyectos de desarrollo que fueron presentados ante la
sociedad5 • Esto no quiere decir que las oligarquías y las clases medias de la población se hayan polarizado en dos grupos bien definidos -liberales y conservadores-; todo lo contrario: surgió un abanico muy amplio de posiciones y virajes políticos, que impiden encasillar a cualquier individuo dentro de una sola categoría.
Luego de sortear los efectos de la primera ley de expulsión de los
españoles que amenazó con desintegrar a muchas familias, en 1828
un nuevo sobresalto vino a inquietar al sector más tradicional de las
oligarquías cuando Vicente Guerrero fue postulado como candidato
a la presidencia de la República. La sola idea de que el "héroe del
Sur" llegara un día a ser titular del Poder Ejecutivo alteró el ánimo
de los grandes propietarios. Semejante posibilidad significaba, entre
otras cosas, la llegada del indio al poder. Para que esto no ocurriera,
las oligarquías cerraron sus filas y concertaron una nueva alianza con
el clero y con una fracción del ejército.
Una de sus estratagemas consistió en lanzar como contrincante de
Guerrero a Manuel Gómez Pedraza; pero cuando éste decidió retirarse de la contienda a raíz de las presiones de los guerreristas, los
oligarcas se reunieron en torno de Anastasio Bustamante para derrocar al caudillo del Sur, quien había sido electo presidente por medio
de la fuerza y sin apego a la Constitución.
Anastasio Bustamante llegó a la presidencia de la República a través del Plan de Jalapa (1829), en cuyos postulados puede apreciarse
también el espíritu elitista. Los fines esenciales de este pronunciamiento
fueron dos: destituir a Guerrero y suprimir el federalismo. Con el arribo de Bustamante al poder y con la presencia de Lucas Alamán en
el ministerio de Relaciones se dio un viraje hacia el proyecto oligárquico. Sin embargo, esta situación se mantuvo poco tiempo: en 1833
Valentín Gómez Farías, aprovechando su condición de presidente interino, pretendió aplicar lo que se conoce como la Primera Reforma
con el propósito de modernizar la economía, la política y la sociedad. Como se sabe, el intento liberal tuvo como respuesta una sublevación promovida por quienes no querían correr el riesgo de ser
desplazados.

O/veda: Oligarquías y reforma en Guadalajara

13

La reacción oligárquica, que logró movilizar amplios sectores de
la población, fue tan contundente que nulificó las leyes reformistas
provocó la supresión del federalismo y derogó la Carta Fundarnentai
de 1824, la cual daba salida a las clases emergentes. El Plan de Cuernavaca (1834), además de consagrar estos objetivos, repudiaba cualquier tipo de reforma religiosa y disponía la separación de los funcionarios que habían apoyado el dispositivo transformador de Gómez
Farías.
Consecuencia inmediata del Plan de Cuernavaca fueron Las Siete
Leyes, obra que garantizaba "el respeto a las viejas tradiciones coloniales impidiendo la transformación radical y violenta" 6 • En efecto,
el contenido de este código es la expresión más fiel del pensamiento
co~servador. A partir de 1835, el poder político en la mayoría de las
regiones del país fue recuperado por los hijos de los miembros de la
aristocracia de origen colonial. Por ejemplo: quienes se hicieron cargo del gobierno de Jalisco -José Antonio Romero y Antonio
Escobedo- pertenecían a familias pudientes de gran prestigio social.
Los frecuentes planes políticos elaborados tanto por los promotores del cambio como por los partidarios de la inmovilidad, demuestran que todavía a mediados del siglo los primeros no habían llegado
a configurar un sistema bien fundamentado para avanzar, y que los
segundos tampoco habían encontrado los medios efectivos para mantener inalterable el orden que se empeñaban en prolongar. Sin embargo, de un plan a otro puede observarse una mayor precisión de
las tendencias y aspiraciones de los subgrupos en pugna.
Las Siete Leyes, al desconocer y marginar las fuerzas emergentes
que la Constitución de 1824 trató de encauzar, chocaron inevitablemente con la realidad. Una notable diferencia entre estas dos constituciones radicaba en que mientras la primera era intransigente con
las clases medias, la segunda transigía con los grupos oligárquicos de
origen colonial.
El Plan Progreso o Plan de Paredes del 8 de agosto de 1841 fue
también, una respuesta de las oligarquías a la política fiscal que trató
de aplicar Anastasio Bustamante, la cual perjudicaba sus intereses.
Los grandes comerciantes de Guadalajara (entre ellos José Palomar,
Manuel Jesús Olasagarre, Nicolás Remus, Juan de Dios Leñero, Salvador Batres, Jesús Ascencio y Rafael Basauri -miembros prominentes de Ia_~lite tapatía-), visiblemente molestos por el 15% de consumo que f1Jaba la ley a los productos de importación, contrataron

�14

Siglo XIX. Cuadernos

los servicios de Mariano Paredes y Arrillaga para que se levantara
contra la administración bustamantista.
En este pronunciamiento se puede apreciar hasta dónde estaban
dispuestos a llegar los sectores oligárquicos cuando se trataba de proteger y garantiz.a.r la autonomía de sus espacios de dominio, en los
momentos en que el Estado o los grupos subordinados trataban de
disputarles el control. Consecuencia directa de la rebelión de Paredes
y Arrillaga fueron los pronunciamientos de La Ciudadela que dirigió el general Valencia, y el que encabezó Antonio López de Santa
Anna, que culminó con la firma de las Bases de Tacubaya.
El siguiente eslabón que conecta la ininterrumpida reacción oligárquica es el de las Bases Orgánicas de 1843, que encumbraron un régimen despótico con fachada constitucional presidido por Santa Anna, quien tuvo como aliados incondicionales a "los poseedores de la
magra riqueza nacional"7 • Para muchos autores, este fue el instante en que mejor se entendieron los propietarios con el dueño de la
hacienda de Manga de Clavo. A este respecto Alfonso Noriega nos
dice: "los conservadores, casi sin titubeos, se arrojaron en brazos del
hombre fuerte que los adulaba y les hacía esperar el mantenimiento
de los intereses creados" 8 •
Santa Anna era entonces, sin duda, el caudillo que mejor podía
proteger los intereses de las élites que desde 181 Ovivían en continuo
sobresalto, temiendo que en cualquier momento se desplomara el régimen que consagraba sus privilegios.
En esta prolongada etapa de resistencia se observa un rechazo y
un temor constante a la transformación, al cambio, a la modernidad,
a la irrupción de otros grupos en el escenario político y hacia todo
lo que se apartara de lo que tenía sabor y esencia colonial. El pánico
creció todavía más cuando se derogaron las Siete Leyes a causa de
los pronunciamientos federalistas, lo que indujo a las élites a buscar
nuevamente la protección de Santa Anna. Esta vez, la alianza duró
muy poco; el motivo del divorcio fue una disposición que Santa Anna emitió a finales de 1844: señalaba una contribución extraordinaria de cuatro millones de pesos que debería ser cubierta por los grandes propietarios. Las "revoluciones" que surgieron en Guadalajara
y en San Luis Potosí, auspiciadas por las mismas clases pudientes,
lograron destituir al paladín veracruzano y encumbrar a otro militar
que parecía comprender e interpretar mejor los intereses oligárquicos: Mariano Paredes Arrillaga.

O/veda: Oligarquías y reforma en Guadalajara

15

Durante el breve período en que Paredes permaneció al frente de
la presidencia de la República-del 4 de enero al 28 de julio de 1846-,
las élites intentaron enmendar los errores que cometieron en los afios
anteriores proponiendo el establecimiento de una monarquía9 • No se
olvide que, todavía a estas alturas del siglo XIX, buena parte del proyecto oligárquico consistía en restaurar los principios del Plan de
Iguala.
Y es que para mediados de la centuria, las clases medias en México habían logrado un avance notable en su organización y en su carrera por conquistar el poder. En varias ciudades del país se hallaban
constituidas en círculos literarios y muchos de sus miembros ocupaban curules, senadurías y gubematuras 10• Los liberales que consiguieron irrumpir en el escenario político, en poco tiempo dieron pruebas
de pertenecer a una generación más aguerrida, experimentada y decidida a transformar la realidad social y económica que la que encabezaron Gómez Farías y José María Luis Mora.
El arraigo del liberalismo y las demandas planteadas por los sectores medios de la sociedad -entre otras: la supresión de fueros, monopolios y privilegios-, obligaron a las oligarquías a buscar nuevas
estrategias que impidieran la aplicación de cualquier tipo de reforma. En 1852, otra vez los potentados de Guadalajara tomaron la iniciativa. Fastidiados porque el gobernador Jesús López Portillo no había aceptado decretar el libre cultivo del tabaco en el territorio jalisciense, financiaron al coronel José María Blancarte, que ya se había
sublevado contra el mandatario estatal, para que se rebelara también
contra el presidente Arista y promoviera el regreso de Santa Anna,
quien se encontraba en el exilio 11 •
El 20 de octubre de ese afio se celebró en el Hospicio una junta
de notables para adoptar las medidas que garantizaran la integridad
de las viejas
oligarquías, amenazada por la nueva generación de
12
liberales • Otro de sus objetivos consistía en promover la instalación
de una dictadura capaz de someter a aquellos sectores de la sociedad
que exigían la aplicación de una reforma que acelerara el tránsito a
la modernidad, que en este momento consistía en sepultar el viejo orden y crear las bases de la industrialización y el libre comercio.
De este encuentro surgió el Plan del Hospicio 13, el cual constituyó la penúltima carta que jugaron las viejas aristocracias para impedir el advenimiento de un nuevo orden social. El triunfo de este movimiento reveló, por enésima vez, la fuerza del grupo y su desespera-

�16 Siglo XIX. Cuadernos

ción por encontrar cualquier fórmula que detuviera o, cuando menos retrasara por más tiempo el avance de las fuerzas emergentes.
El de abril de 1853, Santa Anna, con el apoyo de los hombres más
ricos, inició su dictadura.

20

BENEFICIARIOS DE LA REFORMA LIBERAL
Si el movimiento que surgió en Iguala en 1821 es identificado como
una maniobra oligárquica, al que brotó en Ayutla en 1854 con el propósito de sepultar la dictadura santanista y abrirle paso a la reforma,
debe considerársele como un pronunciamiento de la clase media emergente: su aspiración consistía en demoler el orden colonial.
La Reforma fue, ante todo, un proyecto con pretensiones de cobertura nacional que trataba de uniformar un país donde coexistían
distintas formas de producir; procuraba asimismo la homogeneidad
de un territorio que había permanecido hasta entonces _d~integra~o
e inconexo, con un regionalismo vivo, al que le era atnbmdo la dispersión del poder que existía desde antaño.
No es el propósito explicar aquí la respuesta de la Iglesia ni la de
11}8 comunidades indígenas; sí, en cambio, la de la élite de Guadalajara. El análisis del comportamiento y de las actitudes asumidas por
los oligarcas tapatíos permite afirmar que aceptaron de buena gana
la desamortización, y que por eso dejaron solo al clero en su lucha
contra la ley que afectaba su patrimonio. Esta postura no es del todo
sorprendente si se tiene en cuenta que siempre se ha estimulado y apoyado todo aquello que contribuya a que el capital obtenga mayores
ganancias. Por otro lado, es evidente que, ya para la década en que
fue aplicada la Reforma, los ricos comerciantes, cada vez más inclinados al agio y a la especulación, exigían y presionaban al gobierno
para que buscara la forma de ampliar el mercado de tierras.
No está por demás señalar que p~a las élit~s tradicion~es la Reforma no fue nada nuevo. La generación antenor yase babia enfrentado a una experiencia similar cuando los Borbones echaron a andar
su dispositivo reformista, que contemplaba la centralización del poder y la secularización de los bienes eclesiásticos 14. Además, no ha_r
que perder de vista que desde que se pusieron _en venta las temp~ralidades de los jesuitas, en el último tercio del siglo XVIII, los_l~t1fundistas no habían tenido otra oportunidad similar para adqumr propiedades a precios muy por debajo de su valor real.

Olveda: Oligarquías y reforma en Guadalajara

17

La venta de los bienes del clero fue promovida por los liberales
con el propósito de alcanzar, entre otros, tres objetivos bien concretos: lograr la primacía del Estado central sobre el poder eclesiástico,
promover el surgimiento de una nueva clase de propietarios y comprometer más directamente a los empresarios-prestamistasespeculadores en el desarro}Jo económico, abriéndoles la posibilidad
de adquirir, en forma ilimitada, cuanta propiedad quisieran.
Numerosas familias oligarcas tuvieron en la ley del 25 de junio de
1856 una gran oportunidad para beneficiarse. En efecto, como muchas de ellas adeudaban considerables sumas de dinero, al expedirse
la desamortización se les presentó una espléndida ocasión para recuperar hipotecas. Es cierto, por otra parte, que algunos miembros de
la élite, por cuestiones de conciencia y por las estrechas relaciones que
mantenían con la jerarquía eclesiástica, se negaron a comprar propiedades y estuvieron dispuestos a figurar como testaferros en las ventas ficticias que se llevaron a cabo, pero fueron los menos; la gran
mayoría aprovechó el trance para hacerse de más propiedades a bajos precios.
Por otro lado, la Reforma resultaba atractiva para las élites tradicionales porque una parte del programa liberal contemplaba la creación del mercado interno y el incremento de la producción con base
en la propiedad privada. Los oligarcas se dieron cuenta que, en la
consecución de estos dos objetivos, a ellos les correspondía desempeñar el papel principal, puesto que las autoridades y los demás grupos
sociales carecían de recursos financieros para llevar a cabo una empresa de tal magnitud. Tan sólo téngase en cuenta que, después del
triunfo liberal, el gobierno de la República otorgó provechosas concesiones a los empresarios que habían apoyado la Reforma para que
construyeran la red ferroviaria que conectaría las distintas zonas económicas del país.
Frente a este panorama tan prometedor, la mejor alternativa consistía en dejar que el movimiento reformador siguiera su curso; de
esta manera pudo evitarse que el cambio que promovían los liberales
modificara substancialmente la estructura social. Precisamente porque dejó intacta la fortaleza de los grupos que defendían el orden que
trataba de destruir, la Reforma no pudo cumplir con su cometido y
aparece, por lo tanto, como un proceso inacabado.
Así pues, la cuestión de los bienes del clero atrajo al campo liberal
a muchos hacendados-comerciantes que con anterioridad habían estado inscritos en las filas de los conservadores.

�18

Siglo XIX. Cuadernos

Precisamente porque la desamortización beneficiaba a las oligarquías, la de Guadalajara se abstuvo de apoyar directamente a su antiguo aliado en la Guerra de Reforma. Aún cuando algunos de los
miembros prominentes de la élite tapatía -José Palomar, P?r
ejemplo- estaban muy ligados con la Iglesia, la mayoría se sustraJo
del conflicto y dejó que la guerra siguiera su curso. En lugar de ofrecer resistencia o de afiliarse a alguno de los dos bandos en pugna,
los oligarcas aprovecharon el caos, generado por la contienda, para
llevar a cabo empresas mercantiles y mineras muy lucrativas.
Resulta evidente, pues, que a los liberales tan sólo le~ preocupó
poner en circulación los bienes amortizados por la Iglesia, Y no les
interesó suprimir los privilegios ni redistribuir la riqueza que detentaban las oligarquías de origen colonial.
Las élites, por consiguiente, no fueron afectadas a lo largo de la
reyerta, salvo por los préstamos forzosos que les impusiero!1 las partes beligerantes. Por otro lado, es preciso señalar qu~ los Ja&lt;:&lt;?bmos
jaliscienses-Pedro Ogazón, Miguel Contreras Mede~, Ignacio Herrera y Cairo, Ignacio L. Vallarta, etcétera-, combatieron con ~odas sus energías más bien a los líderes conservadores que defendían
a nivel nacional los intereses del clero -Zuloaga, Mejía, Casanova,
Manero-, que a dirigentes locales de la reacción, porque no llegó
a constituirse un grupo representativo que se opusiera a la reforma
liberal.

Así, el decreto que promovió la transferencia de propiedades en
gran escala, lejos de afectar los intereses oligárquicos, los fortaleció.
Hay que tener presente que los únicos que disponían de dinero líquido para adquirir los bienes del clero eran precisamente los ha~ndadoscomerciantes, quienes desde luego aprovecharon la oportumdad. Hubo por otro lado, inquilinos financieramente capaces de comprar,
pe;o algunos, por cuestiones morales, se negaron a adquirir las fincas eclesiásticas. La ley de desamortización, más que promover el
fraccionamiento de la propiedad, favoreció la concentración, porque
cualquier individuo solvente tenía la posibilidad de quedarse con cuantos bienes inmuebles quisiera15 •
Conforme a los protocolos de los principales notarios de
Guadalajara16, quienes primero adquirieron propi~ades eclesiás!icas
fueron individuos pertenecientes a las estirpes colomales: Pedro Pneto,
Ignacio Chiafino, José Ignacio Quevedo, los hermanos Camarena,
Miguel Gonzále:z Rubio, José María Plancarte, Vicente Ortigosa, Mi-

O/veda: Oligarquías y reforma en Guadalajara

19

guel ~aria Foncerrada, Francisco Martínez Negrete, José Palomar
Ignacio Caiiedo, Vicente Gutiérrez, etcétera.
'
Hu~o, desde luego, otros compradores que no pertenecían a la oligarqma. Se trataba de medianos propietarios y comerciantes modestos que recibían créditos de los grandes almacenistas. Ellos adquirieron especialmente casas y terrenos urbanos, cuyo valor no llegó a rebasar los 500 pesos. La posibilidad de obtener alguna propiedad rural estuvo fuera del alcance de los grupos a quienes la ley pretendía
beneficiar, porq_ue hubo varios factores (como el pago de impuestos
Yla falta de capital para el fomento) que impidieron a estos sectores
de la población tener acceso a la tierra.
La Ley Lerdo sí logró una tranferencia de la propiedad en gran
escala,_per~ se trató de un traspaso que benefició principalmente a
los _latifundis~ ~~e se aferraban al pasado. En menor proporción
creo un~ redu~idis1ma c_lase nu«:"a de propietarios que luego no pudo
competir, debido a su mcapacrdad fmanciera, con quienes concentraban las mayores extensiones.
L~ Ley de Nacionalización de los bienes eclesiásticos (1859) y las
amplias faculta~~ que otorg~ Juárez a los gobernadores liberales y
comandantes militares, tambien favorecieron la especulación con las
propiedades clericales.
Pero además de esto habría qua agregar que la misma época turbulenta no fue del todo desfavorable para los opulentos comerciantes tapatíos, no obstante que buena parte de las batallas que tuvieron
l~g~ durante la Guerra de Reforma se verificaron en el territorio jalisciense y en su capital, varias veces sitiada y parcialmente destruida.
La idea que queda luego de leer las fuentes que describen los hechos_de armas que se desarrollaron durante esta guerra, es que GuadalaJara atravesó por los peores aiios de su historia debido al impacto Y a la destrucción que dejó la contienda. Se habla, por ejemplo,
de que el comercio y la agricultura, pilares fundamentales de su economía, se vieron profundamente afectados como consecuencia del conf!icto. La ~ayoría de los autores afirma lo anterior basándose en las
cifr~ oficiales qu~ registran el índice de productividad, las cuales
son ciertamente baJas en comparación con las de los aiios anteriores.
Pero esta versión se diluye si se toma en cuenta que buena parte de
la p~oducción de este período no fue consignada en virtud de que el
gobierno, por cuestiones obvias, perdió el control sobre ella. De esta

�20

Siglo XIX. Cuadernos

circunstancia se aprovecharon los comerciantes, hacendados y mineros para no pagar impuestos y extraer los productos en forma
clandestina.
Si se toma en cuenta que una gran porción de la producción quedó
sin registrarse, deberá entonces aceptarse que el período fue más productivo de lo que hasta ahora se ha creído. El conflicto afectó primordialmente a los grupos de escasos recursos, al pequeño y mediano comerciante y productor, pero dejó incólumes a los poderosos propietarios que desde antaño venían controlando el mercado.
Conviene destacar el interés que empezaron a tener en esta época
tanto los comerciantes locales como algunos extranjeros por situar
sucursales de sus almacenes en el Bajío, sobre todo en León. Hasta
el estallido de la Guerra de Reforma, los principales mercaderes tapatíos sólo habían extendido sus negocios a Colima y Tepic y otros
puntos del norte, pero a partir de los años cincuenta sus capitales empezaron a incursionar en la región guanajuatense. Los hermanos Fernández Somellera, Teodoro Kunhardt y Emilio Alvarez, entre otros,
tenían filiales y representantes en algunas ciudades de esa área.
Para reforzar la hipótesis aquí planteada en relación a que el impacto de la guerra fue menos pernicioso para Guadalajara de lo que
comúnmente se cree, téngase en cuenta que durante este lapso se constituyeron numerosísimas compañías mercantiles, agrícolas e industriales, y que no se interrumpió el arribo de muchos inmigrantes extranjeros, especialmente de alemanes (entre quienes se distinguían Teodoro Kunhardt, Guillermo Augspurg, Enrique Sattler y Manuel Ernesto Riebeling). También fue muy importante la llegada de un buen
grupo de franceses, quienes con menos capital que los anteriores se
dedicaron a negocios más modestos.
La fundación de compañías comerciales en medio de la guerra fue
posible gracias a ciertas condiciones que favorecieron la práctica mercantil. Habría que mencionar, por ejemplo, el decreto expedido el 5
de septiembre de 1855 que declaró vigente el arancel Ceballos en los
puertos del Pacífico, para que los pueblos sintieran "los benéficos
efectos del triunfo de la Revolución de Ayutla" 17 • El arancel mencionado -publicado el 24 de enero de 1853- derogaba la prohibición de importar tejidos ordinarios de algodón, azúcar, manteca, harina, etcétera.
Para los comerciantes locales fue favorable también la orden dada

Olveda: Oligarquías y reforma en Guadalajara

21

p~r Ignacio -~omonfort el 8 de septiembre de 1855: prohibía a Mazatlan comerciar con otros puertos del Pacífico por no haberse adheri18
do al Plf!n de Ayut/~ • Libres por el momento de la competencia del
P~~rto smaloense, solo les quedaba por resolver el problema del band1dismo que obstruía el tránsito expedito de las mercancías.
-~te tal inseguridad, desde principios de 1857 los dueños de las
pnnc1pales casas comerciales formaron sus propias compafiías militares para que custodiaran los cargamentos que salían o entraban a
sus almacenes. Posterio!mente, una c&lt;!misión encabezada por José
Palomar en r~present~c1ón de los fabncantes, Guillermo Augspurg
por el ~omerc10 extr~Jero, Ramón Somellera por el local, Guadalupe Padilla P?r los mmeros, Luis Verdía por el clero, y Antonío Alvarez del Castillo P?r parte de ~os obreros, gestionó ante el gobierno
esta~~ el recon~1miento oficial de esos cuerpos paramilitares. Este
COffilte tuvo vanas reuniones con el gobernador, pero al final no pudo lograr su propósito 19 •
En 1860_correspondió a Pedro Ogazón dictar otra orden en favor
d~l comercio: otorgó amplias facilidades para que los barcos prove~entes d~ Panamá y San Francisco arribaran sin que tramitaran ningun pefffilso en Manzanillo y San Blasw. Al año siguiente, quedó dero~ado el decreto del 7 de octubre de 1857 que había suprimido la
fena de San Juan de los Lagos21 •
. Por presio~es de lo~ acreedores del gobierno y por cuestiones propias ~e la realidad social, la Guerra de Reforma y el mismo progra~a li~eral acabaron por identificarse más bien con los intereses olig~rq~1~os que con los de cuaJquier otro grupo. Al hablar de moder~c10n, los ~iberales se referían, entre otras cosas, a eliminar cual9wer barrera _mterna que obstaculizara el comercio, a construir y meJorar l?s ~am.mos Y, sobre todo, a iniciar el levantamiento de una red
f~~rovtana que ref~~zara el fomento de la producción y la circulac10n de las mercancuas; o sea, lo mismo por lo que venían luchando
los comerciantes tapatíos desde la supresión del Real Consulado
(1824). Si el sentido de la Reforma en México era éste ·cómo iba
a ~P?nerse la _élite? Reducir a la Iglesia a sus funciones ~t~ictamente
r_eligiosas eqwval~a a dis~~ su poder económico y dejar el campo
libre al. empresano para dmgrr la economía. En virtud de esto, los
comerciantes por supuesto que deseaban que las relaciones entre el
Estado Yla Iglesia se modificaran. Pero esta pretensión colocó, a muc~os de ellos, entre la espada y la pared pues, por un lado, figuraban
ciertamente sus intereses materiales, pero, por otro, quedaba la rela-

�22

Siglo XIX. Cuadernos

ción estrecha que mantenían desde siglos atrás con el clero Oa cual
los obligaba en cierta medida a solidarizarse con quien había sido su
aliado tradicional).
Si nos basamos en la actitud que asumió la élite de Guadalajara
frente a la guerra, podemos afirmar que se alineó más bien al lado
de los liberales, no de una manera franca y abierta, sino encubierta,
para no provocar el disgusto del clero. En síntesis, la Guerra de Reforma y el éxito que pudiera alcanzar la causa liberal significó, para
quienes controlaban el comercio y la incipiente industria de cada región, una nueva oportunidad para continuar sosteniéndose como grupo dominante ¿Tendría entonces sentido oponerse a este movimiento?
LA REFORMA Y SUS REPERCUSIONES
La Reforma liberal que implantó el grupo juarista ha sido considerada por algunos historiadores como el parteaguas de la historia de México, porque significó la muerte de toda supervivencia
novohispana22 • Otros estudiosos sostienen que a partir de la aplicación de ese dispositivo reformista, México entró en la era de la modernidad al ampliarse el proceso industrializador, al crearse el mercado interno, y al surgir nuevas clases y relaciones sociales23 •
Ambas aplicaciones indican que todavía la interpretación de este
hecho se apega mucho al cliché liberal. Lo más conveniente sería replantearse cuánto alteró, cambió o modificó la Reforma la estructura social y económica. Como todo proceso histórico, fue al mismo
tiempo ruptura y continuidad con respecto al período anterior. Es verdad que definió el ser político de la nación mexicana y que propició
la ampliación de las relaciones capitalistas, pero también es cierto que
no fue lo suficientemente amplia y efectiva como para destruir los
resabios coloniales, sobre todo en lo que se refiere a la fortaleza de
la hacienda y las oligarquías24•
Cuando los liberales aplicaron la Reforma, chocaron con una aristocracia muy poderosa -similar a la de las sociedades del "antiguo
régimen"-, que poseía suficiente vigor como para oponerse a cambios radicales. Gracias a esta fortaleza las oligarquías y el latifundio
prolongaron su predominio25 •
Como no se debilitó el grupo que encarnaba el período anterior
los liberales no lograron llevar a cabo el sueño acariciado durante tan:
tos años: la formación de una nueva clase social -medianos

O/veda: Oligarquías y reforma en Guadalajara

23

propietarios- que fuera el sostén principal del Estado surgido de la
Reforma.
A juzgar por los resultados se infiere que la idea que tenían los
liberales mexicanos de la doctrina que defendían era una teoría para
organizar el poder, y que no necesariamente tenía como objetivo llevar a cabo una revolución burguesa. Hay muchos indicios que sugieren que el liberalismo adoptado desde principios del siglo XIX, sin
que existiera entonces una burguesía, fue de corte aristocrático y que
su fin principal consistió en racionalizar formas de poder y principios políticos no burguese?'.
A lo anterior hay que agregar el hecho de que el triunfo liberal tuvo lugar cuando el capitalismo mundial atravesaba por su fase imperialista, lo que impidió que la incipiente burguesía mexicana pasara
por un período de fortalecimiento o recuperación. Como la clase emergente no tuvo esta oportunidad, y las oligarquías de origen colonial
siguieron conservando su poder, el Estado y el mismo esquema organizativo que surgió de la Reforma no fue esencialmente liberalburgués, sino l;!Jeral-oligárquico.
Conviene entoncés no perder de vista que en México el capitalismo se implantó sobre una base de acumulación débil o incompleta
y poco diversificada, lo que provocó que la clase propietaria se subordinara a la burguesía internacional, que al final de cuentas fue la
que controló la mayor parte de la producción, después de haberse restablecido la República.
Precisamente porque la Reforma dejó intactos el poder y los intereses de las aristocracias y porque al final fue un proceso inacabado,
la preeminencia de éstas se extendió hasta la Revolución de 191O. Para este tiempo todavía sostenían el predominio en Guadalajara muchas de las familias que encabezaban los nietos de los comerciantes
enriquecidos en la última parte de la Colonia: Palomar, Corcuera,
Martínez Negrete, Cañedo, Villaseñor, García de Quevedo, Vizcarra,
etcétera. La reducida clase que emergió del movimiento liberal triunfante no pudo sujetar a estos grandes propietarios, mucho menos imponerse como grupo dominante.
Por otro parte, las oligarquías tradicionales, siempre hábiles, siguieron empleando el mismo mecanismo que desde el tiempo de la
Colonia les había dado buenos resultados para sostenerse como grupo hegemónico: incorporar, a través del matrimonio, a los advenedi-

�24

Siglo XIX. Cuadernos

zos con ansias de ascender. Muchos prohombres de la Reforma acabaron casándose con las hijas de los hacendados ancestrales, y otros
terminaron adoptando sus hábitos desde el momento en que adquirieron propiedades desamortizadas. De tal suerte que el núcleo promotor de la Reforma fue asimilado por las viejas aristocracias, las
cuales lograron imponer a la nueva época casi todas sus costumbres
y estilos de vida.
Después del triunfo liberal, los lazos que estructuraban la sociedad y las relaciones basadas en el parentesco, tal y como se entretejieron durante la Colonia, se mantuvieron casi íntegros, a pesar de
las convulsiones del siglo XIX. Así pues, todavía muy a finales de
esta centuria se conservaban vivos algunos rasgos antiguos, como la
costumbre de vivir rodeados de una amplia clientela, tal y como solían pasar los días los altos funcionarios reales en los tiempos de la
dominación española. En la esfera de los negocios, inclusive, los lazos familiares de solidaridad tradicionales superaron las relaciones contractuales que son propias de las sociedades modernas.
José Cornejo Franco, uno de los historiadores jaliscienses que más
llegó a conocer la historia de la Perla Tapatía, también concluyó que
el cambio promovido por la generación de liberales que lidereaba Juárez alteró muy poco el orden existente.
Creo -afirmó el célebre maestro- que GuadaJajara, a pesar del impacto de la Reforma, y no obstante la europeización impuesta por el porfirismo, en el siglo XIX y en la primera década del presente continuó
la vida social que derivó de la Colonia, con hábitos y costumbres heredados y conservados punto de más, coma de menos: casi el mismo recinto; casi las mismas familias; idénticas amistades, de abuelos a nietos;
iguales respetos sociales; recatos y prejuicios similares ...27•

Olveda: Oligarquías y reforma en Guadalajara

25

¿Qué nos indica esto? Nos señala que el mundo político moderno que
pretendieron forjar los liberales encabezados por Juárez lo fue solamente en forma aparente: siguió teniendo rasgos y formas de organización antiguas ¿Es entonces el Porfiriato un período en el que se recrea el ancien régime? Tampoco hay que verlo así. Buena parte de
las élites porfiristas, descendientes directas de las borbónicas, al asimilar ciertos hábitos y prácticas modernas, se distinguen de sus
antecesores.
La vigencia de rasgos viejos permite extender el período que Jesús
Reyes Heroles llamó de la "sociedad fluctuante", que según él termina con la Reforma, hasta la Revolución de 191&lt;&gt;28. Al culminar este
movimiento se volvió a dar una reactivación liberal orientada a suprimir los lazos sociales antiguos, como la servidumbre por endeudamiento, por ejemplo; y, por primera vez, se atacó en serio la fuente
del poder de las élites tradicionales: el latifundio.
Podríamos entonces preguntamos: ¿qué tanto modernizó el país
la Reforma? El triunfo liberal no significó la actualización plena de
la sociedad mexicana sino el inicio de tal proceso, el cual fue evolucionando en la medida en que se ajustaba la economía a las exigencias del mercado mundial. Por consiguiente, durante el Porfiriato coexistieron dos mundos: uno viejo -el de la sociedad- y otro moderno -el del Estado-, los cuales necesitaron articularse mediante la
creación de una serie de mecanismos novedosos.

Señalamientos como el anterior hacen pensar que los liberales impusieron un proyecto que resultaba ajeno a las tradiciones reales de los
grupos sociales, y que el esquema político, social y económico surgido de la Reforma, si bien tenía una base moderna, en su funcionamiento participaban elementos de tipo tradicional.

Tiene mucha razón Francois Xavier Guerra al afirmar que el mundo
de las solidaridades tradicionales -los lazos de sangre, de parentesco, de compadrazgo, de lealtad, de fidelidad y de amistad- no fue
disuelto del todo por el proyecto liberal29• La ligera transformación
que sufrió la realidad no resultó suficiente como para modernizar todos los aspectos de la vida social y económica. Así pues, las fidelidades tradicionales siguieron constituyendo el tejido de la sociedad mexicana hasta la Revolución de 1910. Durante todo el siglo XIX, nos
indica Guerra, cohabitaron en el país actores sociales tradicionales
y actores políticos modernos, los cuales se articularon de muy diversa manera30 •

Es cierto que los antiguos vínculos sociales trataron de ser destruidos por el reducido grupo de liberales desde la promulgación de la
Constitución de 1824, y que este propósito fue refrendado en la reforma liberal, pero ambos intentos tuvieron tan poco impacto que
los lazos de solidaridad tradicionales siguieron subsistiendo.

Si es cierto que de alguna manera el Porfiriato fue una "recreación" de la Colonia, también es un hecho que la sociedad de esa época dentro de la lógica antigua fue modernizándose lentamente; o sea,
que las solidaridades antiguas, que señala Guerra, fueron transformándose. Esta mutación fue estimulada tanto por la acción de las élites

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Siglo XIX. Cuadernos

modernas -las que surgen en el Porfiriato-, como por el impacto

que tuvo la implantación formal del capitalismo. La presencia y el
uso de capital en mayor escala y la conformación del mercado interno, en combinación con la actuación de esos grupos modernos, fueron desgarrando lo que Guerra llama la "red de solidaridades
tadicionales".
Durante el Porfiriato se unificaron las élites tradicionales y los grupos emergentes, pero con el sistema antiguo de lazos personales. Poco antes, incluso, algunos miembros de ambos bloques habían participado en las mismas empresas con la intención de fomentar la conciliación nacional y el desarrollo económico. En Guadalajara, por
ejemplo, es muy ilustrativa la concurrencia de Ignacio Luis Vallarta
-líder de los liberales radicales- y de José Palomar -vocero de los
intereses oligárquicos- en una misma compaiiía: la que se organizó
para tender la red telegráfica a Jalisco en 1867.
1,

No debe pensarse, desde luego, en una unidad estrecha entre las
viejas élites y la clase emergente. Hay que tener presente que un subgrupo de esta última -los llamados "puros"- no estuvo conforme
con la desviación que sufrió la Reforma, e insistió en la aplicación
rigurosa de la ideología liberal. La resistencia de los radicales no se
prolongó por mucho tiempo, pues en la medida en que arraigaba el
nuevo proyecto de desarrollo y el porfirismo tendía sus redes sobre
todo el país, esa oposición fue desvaneciéndose.
Juntos, pues, conformando una sola clase social, se abocaron a
buscar los mecanismos necesarios para mantener subordinados a los
demás grupos de la sociedad. Es más, en las actitudes de algunos liberales victoriosos se puede observar que trataron de volver al orden
desquiciado por la Reforma, pero conservando las ventajas obtenidas en el movimiento triunfante. Son varios los estudiosos que nos
dicen que el grupo reformista, una vez en el poder, se apartó del modelo clásico31 • La misma adopción del positivismo como ideología
oficial, desde el triunfo definitivo del republicanismo, frenó el impulso revolucionario de la "burguesía mexicana".
De acuerdo con los principios positivistas, los cuales alcanzaron
una amplia difusión a finales del siglo XIX, la estructura de la sociedad era inalterable. Los elementos inmutables eran la religión, la propiedad, la familia y el lenguaje. Por lo que respecta a la propiedad,
debía ser reglamentada y no destruida. En cuanto al capital, era considerado como el principal e indispensable instrumento del
progreso 32 •

O/veda: Oligarquías y reforma en Guadalajara

27

Entonces, ¿qué clase social surgió de la Reforma? Efectivamente,
se trata de una burguesía, pero no a la manera clásica. Este grupo
estuvo formado por terratenientes, especuladores y agiotistas tradicionales que vivieron rodeados de signos modernos -relaciones capitalistas, mercado interno, fuentes crediticias, ampliación de la planta
industrial, teléfono, energía eléctrica, ferrocarril, etcétera- pero conservando muchos hábitos y actitudes de la Colonia. Buena parte de
la burguesía porfirista estaba conformada, como ya se dijo, por los
nietos de los comerciantes y propietarios más ricos de los tiempos borbónicos. Esta burguesía, a pesar de sus esfuerzos, no pudo apoyarse
en el trabajo industrial, puesto que quedó en manos del inversionista
extranjero.
Cuando fue creada la Cámara Nacional de Comercio en Guadalajara, el 20 de junio de 1888, estuvieron presentes muchos de los sucesores de las estirpes que fundaron el Real Consulado en 1795, lo cual
corrobora la hipótesis aquí planteada. Entre las familias tapatías más
ricas de las postrimerías del siglo XIX, cuyo poder se remontaba a
la época colonial, podrían mencionarse a García de Quevedo, Corcuera, del Valle, Bermejillo, Palomar, Foncerrada, Ascensio, Ugarte, Orendáin, Gómez, Vizcarra, Cañedo, Martmez Negrete, Luna, Remus y Moreno, quienes figuraban al lado de otras familias con menos tradición pero con igual poderío -Somellera Castaños, Fernández del Valle, Verea, Collignon, Basave, Alvarez del Castillo, Camarena, Vidrio- como propietarios de las principales haciendas y almacenes de la capital jalisciense.
No está por demás añadir que todos ellos estaban emparentados
mediante el mecanismo que las primeras familias oligárquicas del siglo XVI habían utilizado para mantener la hegemonía: las alianzas
matrimoniales, el compadrazgo y la amistad.
En suma, estudiando el caso de Guadalajara se llega a la conclusión de que el proyecto de la Reforma encaminado a formar una nueva sociedad no se cumplió del todo. No fue posible, tampoco, desde
el punto de vista político, edificar un Estado democrático y con división de poderes, sino un Estado fuerte y autoritario.

NOTAS
1. Entonces la población de Guadalajara se calculaba entre 40 y 50 mil habitantes.
Cfr. Victoriano Roa. F.stadística del Estado Libre de Jalisco. 2a. ed. Guadalajara,
Unidad Editorial del Gobierno de Jalisco (Serie Estadísticas Básicas, 3), 1981, p.

�28

Siglo XIX. Cuadernos

17; y Rodney D. Anderson. Guadalajara a la consumación de la independencia:
estudio de su población según los padrones de 1821-1822. Guadalajara, Unidad
Editorial del Gobierno de Jalisco (Temática Jalisciense, 3), 1983, p. 45.
2. Recuérdese que la aversión hacia la Constitución de Cádiz de 1812 se debía, en
parte, a que daba salida a las clases medias.
3. Para profundizar en la añeja polémica relativa al papel histórico que se les ha adjudicado a Agustín de llurbide y a Vicente Guerrero en la consumación de la independencia, véase el artículo de Ernesto Lemoine "1821: ¿Consumación o contradicción de 1810?", en Secuencia. Revista Americana de Ciencias Sociales. México, Instituto de Investigaciones Dr. José Maria Luis Mora, núm. 1, marzo de 1985.

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,,

4. En Jalisco, el primer gobernador constitucional fue un miembro de la clase media
-Prisciliano Sánchez-; la primera Legislatura (1825-1827) estuvo integrada en
más del 900Jo por diputados que pertenecían a este mismo sector: igual porcentaje
predominaba en el ayuntamiento de Guadalajara.

5. Uno proponía que la base de la economía mexicana fuera la agricultura y la minería, y se inclinaba por el libre comercio; el otro prefería desarrollar una planta industrial y que rigiera el proteccionismo económico.
6. Alfonso Noriega. El pensamiento conservador y el conservadurismo mexicano. México, Instituto de Jnvestigacinoes Juridicas de la UNAM, 1972, t. 1, p. 39. Este
autor es uno de los que mejor analizan el contenido y la esencia de las Siete Leyes.
1.

/bid., t. 11, p. 331.

8. ldem.
9. En Guadalajara tuvieron gran difusión los impresos de José Maria Gutiérrez de
Estrada, quien proponía la instauración de un régimen monárquico.
10. En la capital jalisciense, los liberales más radicales habían formado dos agrupaciones políticas con fachada literaria: "La Falange de Estudios" y "La Esperanza".
11. El hecho de que el pronunciamiento militar de este año, al igual que el de 1841
-ambos de cobertura nacional-, hayan surgido en la capital de Jalisco y no en
otra ciudad, denota que en Guadalajara se encontraba la oligarquía más poderosa
de la provincia mexicana. De la época de la Colonia existen también varias evidencias que lo confirman. Una de ellas es haber logrado la anuencia real para establecer un Consulado, en 1795.

O/veda: Oligarquías y reforma en Guadalajara

29

15. En lo que se refiere al problema agrario -latifundismo-, los liberales jaliscienses
de la primera generación tuvieron una idea más realista que el grupo juarista, porque cuando trataron de aplicar lo que se conoció como la Primera Reforma (1833),
el decreto sobre la desamortización de los bienes eclesiásticos no permitió a los compradores de fincas urbanas adjudicarse más de dos; respecto a las rústicas, señalaba que la venta de cada prediÓ no debería exceder de un sitio de ganado mayor,
con el propósito de evitar la concentración en pocas manos. Cfr. Colección de los

decretos, circulares y órdenes de los Poderes Legislativo y Ejecutivo del Estado
de Jalisco. Guadalajara, Tip. de Manuel Pérez Lete, 1875, L VI, pp. 164-178.
16. Entre ellos pueden citarse a Juan Riestra, Luis B. Arreola, Mariano Hermoso, Francisco Moreno de Tejada, Ramón Barbosa y Martín Román.
17. Colección de los decretos... , t. XIII, pp. 313-315.
18. /bid, pp. 316-317.
19. Archivo Histórico de Jalisco. G-15-857 GUA/ 109.
20. Colección de los decretos ... , 2a. serie, t. I, pp. 13-15.
21. /bid, p. 460.
22. Entre otros, Edmundo O'Gorman. La Supervivencia Polílica Novo-hispana. Monarquía o República. 3a. ed. México, Universidad Iberoamericana, 1974.
23. Es la idea general que sostiene, entre otros, Sergio de la Peña en La formación
del capitalismo en México. 3a. ed. México, Siglo XXI, 1977.
24. El liberalismo mexicano fue incapaz de resolver todos los problemas del siglo XIX.
Cfr. Antonio Annino. "El pacto y la norma. Los orígenes de la legalidad oligárquica en México", en Historias. Revista de la Dirección de Estudios Históricos del
INAH. No. 5, México, enero-marro de 1984, p. 4.
25. Después de la Reforma, la hacienda continuó como "una institución capitalista
corrompida por rasgos feudales". Véase el articulo de Magnus Momer. "La hacienda hispanoamericana: examen de las investigaciones y debates recientes", en
Haciendas, latifundios y plantaciones en América Latina. 2a. ed., México, Siglo
XXI, 1978.
26. Antonio Annino, op. cit., p. 5. Véase también Charles A. Hale. El liberalismo mexicano en la época de Mora (182/-1853). México, Siglo XXI, 1972.

12. Aparte de los militares José María Yáñez, José María Blancarte, Perdigón Garay
y Juan Suárez Navarro, integraron la junta los hombres más representativos del
conservadurismo tapatío: Lázaro J. Gallardo, José Palomar y Antonio Escoto, entre
otros. Cfr. Moisés González Navarro. Anatomía del poder en México. 2a. ed. México, El Colegio de México, 1983, pp. 277-316.

27. Obras Completas. Guadalajara, Gobierno del Estado de Jalisco-Departamento de
Bellas Artes, 1985, t. 11, p. 395.

13. Noriega afirma que dicho plan se convirtió en la base y punto de partida de todas
las acciones de los conservadores mexicanos. Op. cit., t. 11, p. 63.

29. Véase su libro México: del Antiguo Régimen a la Revolución. México, Fondo de
Cultura Económica, 1988.

14. Existe una enorme similitud entre las reformas borbónicas y la liberal.

30. Guerra explica que dicha articulación se dio así: "Muchas veces los actores políti-

28. Véase su libro E/ Liberal.ismo Mexicano. México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1958, t. 11.

�30

Siglo XIX. Cuadernos

c?s modernos son al mismo tiempo cabezas o jerarcas de los actores sociales tradicionales. Un hacen~ado ~ue es ~iembro de una logia masónica en el siglo XIX,
o de un clu~ revoluc,?nano en la epoca maderista, es un hombre político moderno
c_uando esta ~on sus.iguales en el mundo de la política moderna, pero es al mismo
tte~po una Jer:irqu1a de la sociedad tradicional, es decir de su hacienda, que él
g?bterna con vmc~los, co~ comportamientos y con valores, que son de tipo tradic1on~. Esto penmt~ precisamente_ a esta élite moderna, que es muy pequeña con
rela~•?n a la m~yona de la población en el siglo XIX, movilizar a la sociedad. La
movilizan precisamente con vínculos de tipo antiguo". Cfr. la entrevista que sostuvo el autor con Soledad Loaeza, Adolfo Gilly y Héctor Aguilar Camín publicada en Nexos, 134. México, febrero de 1989.
'

Dos años críticos

LA EXPULSION DE LOS ESPAÑOLES
EN XALAPA Y VERACRUZ (1827-1828)

Carmen Blázquez Domínguez*

31. Uno_de los autores que sostiene este punto de vista es Juan Felipe Leal en La burgues1a Y el estado mexicano. México, Ed. El Caballito, 1976, p. 166.
" I 11
111

f

11:; 1

32. Véase el l_ibro ~e_Leopoldo Zea. El positivismo en México: nacimiento, apogeo y
decadencia. Mex,co, Fondo de Cuhura Económica. Varias ediciones.

1

EL ESCENARIO DE 1827
En los primeros meses de 1827 fue evidente que México, a escasos
cinco años de su independencia, no había logrado recuperar la estabilidad y el progreso esperados por aquellos que impulsaron el Plan
de Iguala como una forma de resolver los problemas derivados de la
lucha insurgente. En consecuencia, si bien hacia el exterior México
daba la impresión de un Estado consolidado, en el interior constituía
un abigarrado conjunto de regiones, de grupos sociales con interes_es
heterogéneos y contradictorios cuyos desacuerdos y pugnas acerca de
la forma de gobierno y sociedad que deseaban construir, provocaban
el clima de efervescencia y agitación en medio de los cuales se desarrollaban los procesos formativos de la nación.
La desaparición del imperio iturbidista y el surgimiento de la república federal de 1824 sólo evidenciaron con mayor fuerza las discrepancias entre las nuevas oligarquías regionales y la vieja oligarquía indiana, y dieron paso a que las diversas disputas, que implicaban la defensa de intereses económicos y sociales específicos, se expresaran a través de las primeras formas políticas de agrupamiento:
las logias masónicas.

• Centro de Investigaciones Históricas, Instituto de Investigaciones Humanísticas, Universidad Veracruzana.

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11
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Siglo XIX. Cuadernos

Las logias yorkinas eran firmes partidarias de la autonomía regional. Contaban entre sus miembros a importantes políticos de provincia, pertenecientes a las oligarquías regionales, y sus füas se nutrían
con integrantes de los estratos medios de la sociedad como burócratas, profesionistas medios, empleados del comercio y pequeños propietarios de tiendas y talleres artesanales con expectativas de ascenso
social. Por el contrario, las logias escocesas tenían como principal eje
social de poder la antigua oligarquía indiana, y defendían una opción de reorganización centralista: grupos de propietarios, junto con
altas jerarquías eclesiásticas y militares, pretendían la centralización
de poder político como condición indispensable para concentrar a su
vez los flujos mercantiles que habían controlado desde la ciudad de
México en los tiempos coloniales.

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Dentro de la sociedad nacional, y por ende dentro de las sociedades regionales, las diferencias que tuvieron lugar en las décadas de
los 20 y 30 entre políticos, comerciantes, empresarios, propietarios
urbanos, hacendados, funcionarios, profesionistas, clérigos y militares (y que condujeron a decretar la expulsión de espafloles de los otrora dominios hispanos) pueden entenderse mejor en función del esquema descrito. Y -a la vez- si no se pierde de vista que las filiaciones
políticas no estaban aún dadas -como aconteció en las últimas décadas del siglo XIX-, que durante la etapa independiente existió una
vasta gama de criterios y opiniones, que los intereses regionales y de
grupo determinaron en gran medida el éxito o el fracaso de los proyectos políticos, que no había un poder central consolidado, y que
el ejército y los caudillos militares se transfonnaron, por la fuerza
de las circunstancias, en árbitros de los destinos del país. Así pues,
la ingerencia de las logias masónicas en la vida política, tanto a nivel
nacional como local, fue evidente desde los acontecimientos que llevaron a la firma del Plan de Casa Mata, y con el tiempo sus actividades afectaron cada ve:z, con mayor fuerza la tranquilidad pública.
Para abril de 1827 era de todos conocida la notoria influencia que
los yorkinos ejercían en el gobierno federal. La preponderancia alcanzada por dicha facción, respaldada por las oligarquías regionales
Y los estratos medios, marcó el inicio de una ofensiva contra funcionarios espafloles que permitió dar rienda suelta al sentimiento antiespañol latente desde los Tratados de Córdoba, cuando la permanencia de la antigua jerarquía económica y burocrática motivó el descontento de esos estratos medios por frustrar sus expectativas de ascenso social.

Blázquez
D.: La expulsión de los españoles (1827-1828)
1,

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La inquietud política y la deficiente burocracia incrementaron la
codicia por los empleos públicos ocupados por los españoles. El problema de la malversación de fondos, heredado de la administración
colonial, y el hecho de que los peninsulares siguieran viviendo a expensas del gobierno independiente, aumentó a tal grado el descontento en el país que el gobierno enfrentó con frecuencia reacciones
populares. En todas partes se manifestó el odio anti-hispano y ese resentimiento, aprovechado por los políticos yorkinos que buscaban
afianzar su poder, se vio reforzado por la negativa de España de reconocer la independencia de su antigua colonia. La capitulación de
las tropas españolas de la fortaleza de San Juan de Ulúa, en noviembre de 1825, no mejoró la situación de los hispanos radicados en México, y las amenazas de invasión condicionaron por varios aflos su
vida en la sociedad mexicana'.
Para unos, ante el furor y la violencia que presagiaban las pugnas
políticas, la emigración constituyó la única alternativa viable. Para
otros, la salida del país fue sólo una ausencia temporal que no significó la ruptura de relaciones económicas y políticas ni la pérdida de
la posición y de la influencia sociales, sino una etapa más en el proceso de acumulación de capitales que habían comenzado a desarrollar
desde los primeros aflos de la centuria decimonónica. Son los estudios monográficos de corte regional los que, paulatinamente, permitirán conocer las variadas formas en que la expulsión de españoles
afectó realmente el desarrollo económico-político de una área geográfica determinada, y el impacto que tuvo dentro de las oligarquías
regionales integradas, a final de cuentas, por individuos de ascendencia hispana.
Podría decirse que los yorkinos encabezaron el ataque contra los
espafloles contando con el apoyo popular. La lucha en su contra
aumentó de tono a través de las campaflas partidistas que se realizaron en la prensa. La xenofobia encontró justificación frente a conspiraciones como la del padre Joaquín Arenas, clérigo dieguino de origen español, que en la noche del 18 de enero de 1827 se entrevistó
con Ignacio de la Mora, militar y político nativo del puerto de Veracruz, comandante general del Distrito Federal y del estado de México
de filiación yorkina2, para invitarlo a participar en una revuelta destinada a restaurar la soberanía española sobre la Nueva Espafla. El
movimiento comenzaría el 20 de enero3• En poco tiempo, De la Mora reveló al presidente en turno, Guadalupe Victoria, lo que parecía
constituír un peligro inminente para la independencia de la nación,
y durante los meses siguientes la que llegó a ser conocida como cons-

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Siglo XIX. Cuadernos

piración de Arenas fue motivo de una prolongada y acerba
controversia.

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La detención de verdaderos o supuestos conspiradores, entre ellos
los generales veracruzanos Pedro Celestino Negrete y José Antonio
Echávarri, señaló el punto álgido de varias semanas de especulación
y rumores. A pesar de los esfuerzos realizados por Victoria par~ evitar que la conspiración se convirtiera en un nuevo foco de contienda
partidista, era inevitable que los yorkinos más radicales intentaran
usarla para impulsar la campaña anti-española: les proporcionaba la
oportunidad de excitar la hostilidad pública contra los españoles y
los escoceses. Por ello no es de extrañar que, tanto Negrete como Echávarri, fueran detenidos por una orden de arresto basada en una simple demanda fiscal girada por yorkinos, uno de ellos, De la Mora. Las
personas que firmaron las denuncias contra ambos militares eran de
filiación yorkina, al igual que los oficiales que los custodiaron y los
fiscales que los juzgaron. El propio Vicente Guerrero, cabeza de la
logia yorkina en México, el mismo día del arresto de los conspiradores se "vanaglorió" de que había requerido cuatro días para lograr,
finalmente, el consentimiento de Victoria4 •
El uso político que se dio a la conspiración de Arenas, es decir,
la tentativa de destruir el rito escocés, puso de relieve la profundidad
y la naturaleza de la división entre los partidos masones. Las masas
fueron irlcitadas a exigir de nueva cuenta los puestos de los gachupines y la expulsión de los españoles. Ya el 22 de enero, sólo dos días
después del descubrimiento de la conjura, el problema de los residentes vol'(lió a ser objeto de discusión por parte del público y del Congreso federal, como lo había sido meses antes, para finalizar con la
aprobación, el 10 de mayo de 1827, de la Ley de Empleos.

Blázquez D.: La expulsión de los españoles (1827-1828)

Empleos, los gobiernos estatales discutieron la posibilidad de adoptar decretos similares. Pero, como resultado del régimen federalista,
cada entidad debió decidir qué hacer con los españoles que tenían puestos no federales dentro de sus límites territoriales. A principios de mayo
Oaxaca se convirtió en.el primer estado que aprobó una ley de empleos y, entre finales de este mes y diciembre, por lo menos otros siete hici~r~n lo mismo. Y aunque en términos generales dichas leyes
eran similares a la federal, contenían también algunas diferencias
notables6•
Empero, ninguna de las disposiciones logró mucho en cuanto a satisfacer el sentimiento anti- español que se extendía a lo largo del país.
A pesar de haber sido despojados de sus puestos, los españoles retení'.111 pr~piedades y capitales, y si bien algunos aspirantes a cargos públicos VIeron sus anhelos coronados con el éxito, militares y políticos, Y tal vez gente común, se sirltieron frustrados en sus deseos. En
consecuencia, aunque en apariencia los ánimos se habían "enfriado"
casi siete meses después, en diciembre de 1827, se exigieron medid~
más radicales.
La aprobación de la Ley de Empleos fue, por otro lado, una derrota para los partidarios de la logia escocesa que, en su mayoría, se
habían opuesto a su confirmación en el Congreso. El fracaso de su
posición política parecía indicar la decadencia de su influencia y prestigio, además de que su directa asociación con la causa de los españoles ya era innegable. El resultado fue que, a lo largo del verano de
1827, cóncentraron sus actividades en el estado y en el puerto de Veracruz, último baluarte que les quedaba, donde pronto corrieron rumores de una nueva conspiración escocesa.
LOS ESCOCESES VERACRUZANOS Y EL CASO ESTEVA

El decreto prohibió a los españoles el ejercicio de cualquier cargo
público, civil o militar de jurisdicción federal mientras España no reconociera la independencia mexicana, prohibición en la que también
quedaron irlcluidos los miembros del clero regular y secular de naturaleza económica, administrativa y judicial, excluyéndose solamente
a los obispos. Los empleados suspendidos disfrutarían del cobro completo de sus salarios, los puestos vacantes se cubrirían de modo provisional con aquellos que siguieran en el escalafón y los nacidos en
España de padres mexicanos quedaban exceptuados de las previsiones de la Ley5.
Durante las semanas que siguieron a la publicación de la Ley de

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Para ese entonces la gubematura de Veracruz estaba regida por uno
d~ los principales políticos escoceses, Miguel Barragán. Originario de
Cmdad del Maíz, San Luis Potosí, comenzó su carrera militar desde
temprana edad participando en hechos de armas y movimientos políticos. Con el grado de coronel de las fuerzas realistas combatió a los
insurgentes bajo las órdenes de Agustín de Iturbide, formó parte del
Ejército Trigarante, apoyó el primer Imperio y posteriormente se pronunció en favor de la República. En 1824, por decreto del 20 de maY~, el Congreso veracruzano lo nombró gobernador constitucional
mientras Manuel Rincón, general de filiación yorkina, ocupaba el cargo de vice gobernador7•

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Siglo XIX. Cuadernos

De manera similar a lo acontecido en el plano nacional, la contienda partidista entre yorkinos y escoceses veracruz.anos había sido
belicosa y amarga. Un gobernante claramente ide~tificado co~o escocés una Legislatura dominada por escoceses IIllentras el g~b1erno
feder:U era en su mayor parte yorkino, y un grupo de descontentos
militares yorkinos (entre los que se distinguían José Rincón, hermano del vice gobernador, y Manuel López de Santa Anna, herm~?
del caudillo) no podían presagiar tiempos de paz y calma. La hostilidad cristalizó, como era de esperarse, en un movimiento armado, en
julio del 27 -cuando los ánimos se hallaban mucho más exaltados
por la falta de efectividad real de la ley decretada en, mayo ~0!1,tra
los españoles- anunciando los eventos que se presentarían en diciembre, cuando se dio a conocer el Plan de Montaño.
En coincidencia con la campaña anti-española y con las detenciones derivadas del descubrimiento de la conspiración de Arenas, comenzaron a circular rumores relativos a que la "Gran Logia" escocesa había ordenado a Barragán la organización de una nueva revu~lta
contra el gobierno federal. La concentración de españoles Y de dinero español que desde el mes de abril se había registrado en el puerto
de Veracruz y ronas circundantes, contribuyó a incrementar esos rumores así como el hecho de que una gran parte de los senadores Y
diput;dos veracruzanos fueran escoceses y c~oll_os "europeos". _Es
decir: individuos impregnados de la cultura 1bénca que compart1an
intereses económicos, políticos y sociales con los ~panos resi~entes
en la entidad y en el Altiplano, a diferencia de los cnollos amencanos
que, pese a su ascendencia hispana, se in~orp~raron de algún. modo
al pensamiento americano hasta llegar a 1dent1ficarse con los mtereses nativos, rechazando el dominio español que impedía su
desenvolvimiento8 • Además, casi todos los comerciantes españoles residentes en la plaza porteña pertenecían a la logia escocesa, o habían
mostrado su preferencia por esta sociedad.
La actividad desplegada por los diputados locales hizo considerar
a la opinión pública que la Legislatura veracruzana acaba~ía ~r encabezar un próximo movimiento rebelde. La efervescencia remante
llevó al gobernador Barragán a publicar un manifiesto a propósito
de la conspiración de Arenas, el 28 de enero de 1827, en el que aseguraba su deseo de conservar la paz y la estabilidad de la entidad, al
mismo tiempo que declaraba su lealtad al sistema y a las instituciones
federales:
Fórmense los ilusos detestables planes; complázcanse un tanto con sus
perversas intenciones. El gobierno supremo de la Federación y las auto-

Blázquez D. : La expulsión de los españoles (1827-1828)

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ridades de los estados velan incesantemente; la nación jamás dejará de
serlo; la ley ni por un momento dejará de ser respetada, y caerán bajo
su cuchilla cuantos maquinen la destrucción de los caros e inapreciables
intereses de la Patria.

Insistió en que los veracruzanos debían vivir "tranquilos", entregados a sus "tareas" sin que nada alterara su "quietud". Y añadió:
Si algunas disposiciones del gobierno os han llamado en estos días la atención, en ellas debéis mirar la más segura garantía de que el decoro nacional se conservará ileso de todas las ocasiones ... Una sea vuestra divisa: no déis oídos a rivalidades de ninguna especie ...

Y para finalizar añadió que respetaría la "independencia y la ley"
aun a costa de combatir por conservarlos si ello fuera necesario9 •
Sin embargo, en contradicción con las declaraciones de Barragán,
la Legislatura local prohibió peco más de dos meses después las sociedades secretas. El 18 de abril los diputados veracruzanos decretaron que no se permitiría en el estado de Veracruz ningún rito masónico, fuere cual fuere su denominación; serían desterrados por cinco
años quienes, pasados 60 días de la publicación de la ley, pertenecieran a cualquiera de ellas o asistieran a sus reuniones, mientras los empleados de la administración pública estatal que se hallaran en dicho
caso perderían, además, su empleo; y aquel que facilitara local para
celebrar sesiones sufriría cuatro años de presidio 10• En la misma fecha se adoptó otra importante disposición legal: se facultaba a las autoridades veracruzanas a detener y juzgar, en un término de 48 horas,
a todo "sedicioso" que con cualquier pretexto formara o siguiera partidos que perturbaran el orden y la tranquilidad de la entidad 11 •
El primero de estos decretos fue aplaudido por los yorkinos porque se consideraba que, dada la preponderancia de los escoceses en
Veracruz, la única sociedad afectada sería la escocesa. Empero, las
declaraciones yorkinas reflejaban más esperanza que convencimiento; las medidas decretadas no eran sino un mero síntoma de los serios
acontecimientos que iban a producirse. Aunque en algunos aspectos
los hechos se presentaban confusos, la realidad era que, en el primer
semestre de 1827, yorkinos y escoceses se enfrascaron en un enfrentamiento a través de la prensa local sintilar en acritud al del Distrito
Federal.
Así pues, los medios informativos tuvieron un activo papel en las
pugnas que se examinan. El Veracruzano Libre y El Comercio de Ve-

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Siglo XIX. Cuadernos

racruz, ubicados en el puerto, se caracterizaron por su sello escocés
mientras El Mercurio, también porteño, benefició a los yorkinos (provocando el resentimiento de los masones escoceses y de los comerciantes españoles ricos de todo el estado). Por su parte el Noticioso
Comercial y Científico, igualmente situado en la plaza porteña, eligió un tono moderado para tratar los temas políticos, como lo hizo
El Oriente, de Xalapa, propiedad de Sebastián Camacho, originario
del puerto de Veracruz pero radicado en la población xalapeña y vinculado a los grupos oligárquicos de ambos puntos 12•
Dos periódicos estaban involucrados: El Veracruzano Libre, publicación "inflamatoria y subversiva" en opinión de los yorkinos, y
El Mercurio, periódico pro-yorkino dirigido por Ramón Ceruti. Por
ese entonces los redactores del primero eran Pedro Landero, Juan Soto, militares hijos de comerciantes integrantes de la oligarquía porteña, y Tomás Pastoriza, miembro del ayuntamiento del puerto de Veracruz, con Eugenio de Aviraneta como colaborador prominente. El
segundo fue adquirido por Antonio López de Santa Anna en 1827,
pero al parecer su dirección quedó, como se ha mencionado, en las
manos de Ceruti sin que el caudillo interviniera en la política del
periódico 13 •
Se afirma que el crecido ritmo de la contienda partidista fue concebido como una medida preliminar, como un pretexto para el futuro levantamiento escocés. En el mes de marzo ya se había producido
una revuelta en Durango que pretendía deponer a una Legislatura
yorkina 14. El pronunciamiento no se extendió, pero los rumores en
torno a la posibilidad de un movimiento similar en el estado de Veracruz, indispensable para el gobierno federal desde el punto de vista
fiscal, constituyeron un motivo de preocupación y dieron por resultado el envío a la entidad, en mayo de 1827, de José Ignacio Esteva.
Esteva, otro político yorkino integrante de una acaudalada familia de comerciantes de origen catalán, alto dignatario de la masonería
yorkina '5, se había desempeñado como ministro de Hacienda en el
gabinete presidencial de Victoria hasta principios de marzo de I 827,
fecha en que renunció a su cargo para aceptar el nombramiento federal de comisario general del estado de Veracruz. Mantenía una estrecha amistad con el presidente, que databa de la época en que Victoria
había estado en la plaza porteña al frente de la comandancia militar,
y había cooperado para difundir con eficacia y rapidez en tierras veracruzanas el rito yorkino, de manera que es muy probable que su
comisión se relacionara con la necesidad de fortalecer la posición yor-

Blázquez D.: La expulsión de los españoles (1827-1828)

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kina y neutraliz.ar los manejos escoceses. José María Tome! señala
que el regreso a su estado nativo se apresuró " ... por las frecuentes
noticias que se recibían de estarse preparando una revolución contra
el gobierno, y aún se aseguraba que contra las instituciones, por los
jefes del partido escocés, a cuya cabeza se encontraba Barragán... '' 16•
Fue natural que la Legislatura local reaccionase con prontitud y
sensacionalismo, tratando de bloquear la proyectada llegada a la entidad de un yorkino de reconocido prestigio e influencia en una de
las plazas más importantes, el puerto de Veracruz, cuya designación
se veía respaldada por la prensa partidista. Cuando El Mercurio dio
a la luz pública una comunicación ministerial, en la cual Victoria indicaba a Esteva que había aceptado su renuncia al ministerio de Hacienda "por las muy reiteradas instancias" del Congreso de Veracruz
para que ocupara la comisaría general de la entidad 17, los diputados
locales respondieron con vehemencia: negaron la información periodística y aprobaron, el 17 del mismo mes, un decreto que refutaba
los supuestos trabajos en favor de Esteva18 •
Pese a las protestas, la designación de Esteva fue concretada y llegó a Xalapa el 25 de mayo. Ese mismo día el Consejo de Gobierno,
compuesto por los senadores José Antonio Sastré y Joaquín Cowley
y los diputados Javier Echeverría y Sebastián Palma, acordaron convocar a sesión extraordinaria para el 29 con el pretexto de dictar medidas para conservar la "tranquilidad pública", sentar la pauta de
futuros comicios, discutir un plan general de instrucción pública, reglamentar el alistamiento de la milicia activa del estado y discutir el
arreglo de la administración de justicia. El 30 de mayo, en tanto el
nuevo comisario general se ocupaba de asuntos inherentes a su cargo, la Legislatura de Veracruz acordó su salida inmediata del territorio de entidad. El decreto fue publicado por Barragán quien, al
comurucarlo a Esteva, manifestó su resolución de cumplirlo y aún de
usar la fuerza en caso necesario 19•

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Paralelamente a los eventos desarrollados por los diputados locales y el gobernador, la prensa escocesa lanzó una serie de ataques contra el propio Esteva y contra José Rincón, para entonces comandante militar de la plaza de Veracruz y de la fortaleza de San Juan de
Ulúa. El 1 de junio la presión fue tal que el periódico yorkino El Mercurio dejó de publicarse. El 2, El Veracruzano Libre atacó rudamente
a Esteva atribuyéndole la difusión de ideas "malignas" por influencia de sus redactores, principalmente de Landero, y de Ciriaco Vázquez, Manuel de la Portilla y Manuel López de Santa Anna. Míen-

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Siglo XIX. Cuadernos

tras tanto, Antonio López de Santa Anna al parecer se pronunciaba
en ~edio de la efervescencia y de la confusión políticas, por el extra~
ñanuento de Esteva, ofreciendo sostener, frente al gobierno federal,
el acuerdo de la Legislaturaw.
José María Esteva abandonó Veracruz el 2 de junio. Una serie de
cartas signadas por Miguel Barragán y otros militares avalaban su conducta. El 7, desde Perote, dio a conocer una exposición sobre las "ocurrencias" que habían motivado su salida de la entidad asegurando
que "no conocía otro partido que el de la ley", ni otro sistema que
el "sabio" que regía al país. Sabía que su presencia era molesta para
algunas personas "auxiliares" del partido que lo perseguía y
calumniaba:
Cartas, calumnias, escritos, anónimos, entró todo en el horno de las pas!ones, do?de sin cesar arrojan combustible los enemigos de nuestro sosiego; Yas, fue que a-eyéndose el estado en peligro, y sorprendida la buena
fe de algunos de sus gobernantes, se pidió convocatoria a sesiones
extraordinarias...

En su opinión, tales "aparatos" creaban en la imaginación de los "poco reflexivos" peligros que no existían. Por ello, algunos oficiales de
"poca edad Y menos sindéresis" se habían trasladado precipitadamente
de ~alapa, a Veracruz, "ostentándose defensores de la Patria" que,
segun decian, estaba amenazada. Y puesto que no quería impulsar
las "pasiones agitadas" abandonaba el territorio del estado no por
cumplir el decreto legislativo, que consideraba anticonstitucional, sino para no alterar el orden público21•
Por otro lado, el 19 de junio se dio a conocer un extenso manifiesto del Congreso veracruzano firmado por José Julián Tome!, Joaquín de Herrasti y Alva, Nemesio Iberri y José Joaquín Cowley, con
el cual los legisladores trataron de justificar sus actos. En términos
globales el documento representaba un ataque a los yorkinos, pero
también llamó a finalizar la violencia de las pugnas de partido solicitando la aplicación
de las leyes anti-masónicas que ya estaban en
funciones 22 •
Podría decirse que, formalmente, la designación de Esteva era, sin
duda, competencia del gobierno federal; pero también implicaba una
amenaza para la preponderancia escocesa, y no es de extrañar que
la acción de los legisladores veracruzanos tuviera todos los visos de
un desacato directo a la autoridad de Guadalupe Victoria y a la Federación. La victoria escocesa asombró a los yorlcinos porque había lo-

Blázquez D.: La expulsión de los españoles (1827-1828)

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grado dos objetivos: silenciar a la prensa yorkina y expulsar de Veracruz a uno de sus principales exponentes. Sin embargo, las noticias
de los acontecimientos parecían justificar las reiteradas acusaciones
yorkinas de que sus contrarios se disponían a destruir el sistema federal. Fue a partir de este momento cuando la situación política local
se puso realmente seria: el conflicto armado entre los bandos contendientes llegó a verse como una clara posibilidad,
EL PRONUNCIAMIENTO YORKINO DE JOSE RINCON
El enfrentamiento, inevitable pero no inesperado, se produjo de una
forma sin precedentes, y de nueva cuenta los ataques periodísticos
condujeron a una situación que ya no pudo resolverse con la expedición de un decreto. Las continuadas críticas realizadas por El Veracruzano Libre provocaron, como se ha dicho, la suspensión del órgano rival, El Mercurio, el 2 de junio, y la partida de su editor, Ceruti.
Se dijo que había recibido amenazas de muerte que lo obligaron a
cerrar y a huir del estado, y que ello fue resultado de la acción combinada de comerciantes españoles pudientes, de los hermanos Santa
Anna y de las autoridades estatales23 •
Poco después, el 25 de julio por la tarde, Eugenio de A vira neta,
colaborador de El Veracruzano Libre (que en reiteradas ocasiones criticó duramente a los oficiales de la fuerza militar acantonada en el
puerto de Veracruz) resultó agredido y apresado por un militar que
lo creía autor de varios artículos políticos. Según declaraciones posteriores, había recibido "infinidad de golpes". En la noche del mismo día, aduciendo las acusaciones y acerbas críticas periodísticas lanzadas por los escoceses, varios oficiales del 9o. Batallón de Infantería irrumpieron en los locales de dicho órgano informativo y destru24
yeron las prensas • Según El Correo, de corte yorkino, era un hecho lamentable pero justificado dadas las circunstanciasis. Habría
que agregar que permitió a los yorkinos iniciar el movimiento armado que vino a frustrar un proyecto de rebelión escocesa.
En la noche del 25, a las 10, el jefe del Departamento de Veracruz,
Manuel María Pérez, presionado por los redactores del periódico atacado, convocó en sesión extraordinaria a los integrantes del ayuntamiento porteñ.o. En realidad, el sentido de la reunión era dar a conocer a los munícipes el "atentado" sufrido por Aviraneta como una
prueba de que la tranquilidad pública estaba alterada, pero en medio
de las discusiones para tomar medidas en torno a la paz y el orden,
así como el respaldo a las leyes imperantes, se presentaron en la sala
de cabildos los coroneles José María Portilla, Manuel López de San-

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ta Anna, Pedro Landero y Ciriaco Vázquez para hacer patente su descontento por el ataque a El Veracruzano Libre llevado a cabo por
una " ... pandilla de zaragates cobardes". En consecuencia, el ayuntamiento solicitó la intervención del gobernador26.
El 26 de julio Pérez remitió a Miguel Barragán un largo comunicado en el cual l~entaba los eventos provocados por la agresión de
un militar sobre un periodista y la destrucción de uno de los principales órganos informativos de la plaza porteña. Al mandatario c~rrespondía, en su opinión, " .. .el pronto, eficaz y constante remed!o de
males de tal tamaño, como tan interesado en el esplendor nacional
y en la conservación de la tranquilidad pública y privada".

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Recalcó el poco "sosiego" de la fuerza militar situada en el vecindario. Decía que se habían tomado medidas militares "extraordinarias" y que muchos oficiales se presentaban en las calles armados,
lo- que no era habitual, " ...como si la Patria se (hallara) en algú~ peligro ... " De manera que infundían temor y sobresalto a un vecmdario "pacífico, tranquilo, amante de las leyes y del orden". Finalmente realizó una apasionada defensa de las autoridades existentes y del
sistema imperante declarando:
Yo protesto a V.E. que jamás transigiré con los abusos d7ningun_a clase
de poder, y que mi autoridad y la del excmo. ayuntanuento exigen la
más cumplida satisfacción, al paso que las providencias más enérgicas
para que nunca y por nínguna causa se repitan sucesos tan
escandalosos77•

El 27 de julio Barragán respondió tanto a la petición de la corporación municipal como a la exposición de Pérez, lamentando los hechos, "los más degradantes en un sistema libre ... " y dictando, según
señaló, las órdenes necesarias para cortar " .. .los males con toda la
energía que (correspondía)" 27 • Sin embargo, la actuación del mandatario no parece haber sido todo lo enérgica que se suponía, los rumores de que se hallaba involucrado en una conspiración escocesa
próxima a estallar tomaron fuerza y, finalmente, los acontecimientos
desembocaron en el pronunciamiento de José Rincón, comandante
de la plaza porteña de filiación yorkina.
Según versiones de autores de la época, existía el proyecto de una
revuelta fraguada por el propio Barragán, Antonio López de Santa
Anna y otro militar de nombre Berdejo que, bajo el pretexto de destruir ~ las sociedades escocesas, pretendía la supresión de la masonería yorkina y la destitución de Rincón. Se suponía que la rebelión es-

Blázquez D.: La expulsión de los españoles (1827-1828)

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tallaría simultáneamente en Xalapa, Veracruz y la Joya mientras el
caudillo santanísta ocupaba la fortaleza de San Carlos de Perote. La
presencia de Barragán en la plaza porteña en esas fechas, por disposición de la Legislatura local, parece haber obedecido a este plan. A
mediados de julio abandonó la población xalapeña con el pretexto
de mantener la paz pública en el puerto de Veracruz, "amenazada"
con la aparición, frente a las costas veracruzanas, de dos fragatas y
un bergantín españoles, y la llegada a la fortaleza de San Juan de Ulúa,
gracias a los manejos escoceses, del 7o. Batallón que pasaba de Yucatán a Matamoros con objeto de contener el espíritu de sublevación
que aparecía en Texas28•
Durante su estancia en el puerto las murmuraciones sobre un pronunciamiento cobraron fuerza y despertaron la inquietud de los yorkinos, porque se pretendía captar para la causa escocesa a la fuerza
militar. De manera que, como respuesta a la alarma y a la intranquilidad de los ánimos, José Rincón, informado de los manejos escoceses gracias a la "lealtad" de uno de sus oficiales, Juan Soto, primer
ayudante del escuadrón de Veracruz cuyo coronel era Manuel López
de Santa Anna, puso sobre las armas a la tropa bajo su mando en
la noche del 25 de junio, y dictó todas las disposiciones que creyó
necesarias para impedir la sublevación, actitud que le atrajo severas
críticas por considerarse que se excedía en sus facultades. Poco después tuvo lugar el ataque a El Veracruzano Libre29•
El 26, mientras Barragán ordenaba practicar averiguaciones para
castigar a los culpables e intentaba sin éxito arrestar a Rincón para
sustituirlo por José Antonio Mozo, Antonio López de Santa Anná
ofreció sus servicios al Congreso veracruzano para "defender" el pacto
federal30• Para el 30, el caudillo había sido nombrado comandante
de la guarnición de Veracruz por el mandatario veracruzano, y el 31
de julio por la mañana José Rincón y sus oficiales desconocieron la
autoridad de la administración estatal y declararon que sólo obedecerían las instrucciones emanadas directamente del gobierno federal.
Afirmaron que comunicarían al comandante general las causas de la
actitud que adoptaban, se mantendrían a la defensiva en tanto no recibieran órdenes de los "altos poderes" a los que se sometían y respetarían vidas y propiedades privadas31•
En el plano de la política estatal, el pronunciamiento de Rincón
significó un desafío a la mayoría escocesa que dominaba la Legislatura local y que probablemente estaba al tanto y respaldaba las actividades de Barragán, como lo había hecho en el caso de José María

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Esteva. De manera que, puesto que los esfuerzos del mandatario para volver al orden a los militares rebeldes resultaron infructuosos, los
diputados decidieron dirigir una exposición a Victoria para pedir el
pronto castigo de Rincón después de reafirmar su apoyo al sistema
federal, en un intento por salir airosos de la situación creada. Asimismo debieron aprobar, en medio de presiones, el decreto número
80, de 23 de agosto, por el cual se ordenaba que las autoridades averiguaran si existían españoles introducidos indebidamente en el estado, que se les reembarcara en el caso de haberlos, que se vigilara la
conducta de los llegados desde 1821 dentro del marco legal, y que no
se confiriera empleo de nombramiento del gobierno a ningún hispano en tanto España no reconociera la independencia de México. Por
último, el vice gobernador en turno, José Ignacio lberri, dio a conocer, por disposición de la Legislatura, una proclama que resumía los
acontecimientos ocurridos en el puerto de Veracruz y exhortaba a la
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tranquilidad y a "mantener la fe" en las autoridades estatales •

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Siglo XIX. Cuadernos

Los eventos del verano del 27 representaron un peligro para el control político y económico de las oligarquías xalapeña y porteña. Las
corporaciones municipales de Xalapa y Veracruz -integradas en su
mayor parte por comerciantes criollos, ligados a elementos hispanos
por afinidad de metas e intereses, de lazos familiares y alianzas
político-militares, cuyas actividades mercantiles databan de principios
33
de siglo, e inclusive de tiempos.coloniales en el caso de algunos- ,
trataron con especial empeño de evitar que las pugnas entre escoceses
y yorkinos repercutieran en el dominio ejercido sobre la capital del
estado y sobre una de las poblaciones portuarias más relevantes del
país.
Por lo que la documentación municipal permite examinar, a lo largo
de 1827 los capitulares en turno manifestaron una constante preocupación por mantener la tranquilidad pública y administrar "adecuadamente" la ciudad. Es evidente que no pudieron sustraerse a la influencia de las sociedades secretas; hubo ocasiones en que debieron
aceptar el compromiso político ante el desarrollo de acontecimientos
regionales y nacionales, pero en sus relaciones con el gobierno estatal
trataron de asumir posiciones avaladas por la legislación que los regía y defender su autonomía, que podría entenderse como la defensa
de su monopolio político y económico.
Además frente a la presión de los movimientos armados, como el

de Rincón en julio de 1827, el de Barragán en Xalapa, en diciembre
del mismo año, y el Santa Anna ·en Perote, en septiembre de 1828,
que de una forma u otra alteraron la estabilidad y las lealtades existentes, se inclinaron por apoyar la figura política del momento cuya
fuerza parecía poder garantizar la permanencia de sus fuentes de acumulación de capitales: en un principio el propio Miguel Barragán, posteriormente Guadalupe Victoria y Vicente Guerrero, y por último Antonio López de Santa Anna34 •
En el caso del ayuntamiento del puerto de Veracruz, más afectado
por el pronunciamiento yorkino de julio, los munícipes trataron de
mediar en el conflicto. Se formó una comisión con Feliciano Fernández Mirón, Ramón Garay y Francisco de Lizardi, todos reconocidos
comerciantes35 , quienes ofrecieron al gobernador la cooperación del
cuerpo capitular y dialogaron varias veces con Rincón. Se oponían
al traslado de su fuerza a la fortaleza de Ulúa con el argumento de ser
. .. muy aventurada la medida, pues que el pueblo al notarlo, desde luego
temería los funestos efectos de que se aumentase la tropa de Ulúa, y tal
vez al fin un resultado que lo redujera a la emigración dolorosa que ya
otra vez ha sufrido ...

Insistieron en que las fuerzas rebeldes abandonaran el puerto para
conservar al vecindario "sin ninguna clase de peligro ...", protestaron con energía ante Barragán y Rincón por la falta de acuerdo entre
ambos militares, e inclusive llegaron a considerar la posibilidad de
separarse de sus cargos porque su intervención parecía "infructuosa" y no representaba ya, en su opinión, los "intereses del
pueblo" 36 • Probablemente fue la dificultad para llegar a un entendimiento lo que motivó el agrado de la corporación ante el nombramiento de Santa Anna para suceder a Rincón.
La elección del caudillo santanista puso de manifiesto la poca importancia que el presidente Victoria pareció dar a las versiones que
lo relacionaban con la revuelta escocesa. Y como llegaría a ser costumbre en años posteriores, los eventos revelaron el carisma que comenzaba a cultivar entre sus paisanos, así como su gusto por las proclamas. En sesión del 6 de agosto el cabildo porteño "evidenció" su
contento ante el grandilocuente comunicado santanista que anunciaba el nuevo encargo, y se pronunció por agradecerle un "comportamiento propio de un general cuyos servicios (eran) de tanto aprecio
y estimación para la república mexicana, y muy particularmente para
este cuerpo ... " 37•

�46

Siglo XIX. Cuadernos

El 9 de agosto de 1827 Antonio López de Santa Anna asumió su
nuevo puesto reiterando su "lealtad" al sistema federal mientras criticaba la actuación de Rincón38, actitud que pareció reforzar el punto de vista escocés de que el plan del antiguo comandante era más
un instrumento de defensa personal que una acción dictada por el interés nacional y la rivalidad entre militares hijos de familias criollas
de la oligarquía regional39•
Tanto el caudillo santanista como el hermano de José Rincón, Manuel, habían hecho carrera en el ejército realista. Eligieron el bando
insurgente hacia el final de la lucha de independencia, cuando Agustín de Iturbide proclamó el Plan de Iguala. Sus caminos se cruzaron
en la etapa final de la lucha contra el dominio hispano, cuando la
ocupación de Xalapa y del puerto de Veracruz abrió una rivalidad
que se reflejaría en las actividades políticas de los años que nos ocupan.
Por entonces ambas poblaciones, sitiadas por fuerzas trigarantes,
capitularon ante Manuel Rincón, respaldado por Iturbide, dejando
de lado a Santa Anna, a pesar de las exhortaciones lanzadas por este
último en sentido contrario. Más adelante el descontento santanista
aumentó cuando su rival fue designado, sucesivamente, Jefe Político
de Xalapa e .Intendente de la provincia en 1821, vice gobernador en
1824 y Secretario de Guerra en 182740 • No es de extrafiar, pues, que
el amor propio humillado hiciera crisis en agosto, cuando las investigaciones de los hechos de julio involucraron a su hermano Manuel
en la conspiración escocesa que José Rincón pretendió descubrir con
su pronunciamiento.
El 14 de agosto Vicente Guerrero, nombrado por Victoria comandante militar del estado en sustitución de Barragán, a quien sólo se
dejó el mando político de la entidad, entró en la Ciudad de Xalapa
y ordenó el traslado a esta población de Rincón y de sus fuerzas, así
como el de los cuatro redactores de El Veracruzano Libre.
Su designación fue, en cierto modo, favorable a los intereses yorkinos y al propio José Rincón por los lazos de amistad que los unían
y en los cuales jugaban un papel importante las relaciones de su hermano Manuel. El jefe militar hizo su arribo el 28. Al parecer presentó documentación proporcionada por Juan Soto que incriminaba a
Manuel López de Santa Anna y que motivó su arresto a pesar del disgusto de familiares y amigos. Desde el puerto de Veracruz, el caudillo santanista escribió Sin éxito en defensa de su hermano. Manifestó
su enojo, exigió que el abogado fiscal de la causa, Pablo Unda,

Blázquez D.: La expulsión de los españoles (1827-1828)

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"miembro de la facción que lo combatía", fuera sustituido, y añadió
que era "escandaloso" que al "verdadero criminal", Rincón, se la
hubiera tributado un "cálido" recibimiento en Xalapa.
Parte del malestar de Santa Anna se debió a que, durante los casi
tres meses que Guerrero permaneció en la población xalapeña, visitó
con frecuencia a dicho militar, absuelto de los cargos que se le hicieron en abril del año siguiente, 1828, para discutir asuntos en los cuales la figura del caudillo era objeto de severas críticas41 •
Una semana después de la llegada de Vicente Guerrero a tierras
veracruzanas, el 8 de septiembre, Antonio López de Santa Anna renunció a su cargo pretextando falta de salud. En una proclama fechada en ese día declaró al ayuntamiento del puerto de Veracruz que,
desde el momento de su llegada a la plaza, su "físico" había sufrido
una notable "mutación" que lo obligaba, por recomendación de los
facultativos, a trasladarse a un clima más benigno, como el de Xalapa. Expresaba el "sentimiento" que su salida le producía, porque lo
alejaba del "país natal" que tanto "apreciaba" y terminaba indicando que recibiría con "particular distinción" las "insinuaciones" de
los capitulares, cualquiera que fuera el lugar y las circunstancias que
pudieran dedicarse a su "obsequio". ~n respuesta los munícipes agradecieron sus "protestas" y lamentaron el motivo que lo separaba de
" ... un pueblo que jamás (dejaría) de admirar el civismo y virtudes
patrias que (adornaban) a tan benemérito compatriota"42 •
Así pues, marchó para la población xalapeña el mismo día en que
hizo pública su proclama. Empero, Guerrero había más o menos acabado con el asunto Rincón. Conferenció con Barragán, Santa Anna
y otros jefes militares consiguiendo que se permitiera a José María
Esteva hacerse cargo del comisariado general de Veracruz, además
de obtener el compromiso de que se obedecerían las órdenes emanadas del Ejecutivo federal. El yorkino Ignacio de la Mora, procedente
43
de la ciudad de México, se hizo cargo de la guarnición porteña • Por
el momento, al menos en apariencia, se recuperó cierto orden. Aunque, en realidad, lo$ hechos qu1: rodearon el pronunciamiento yorkino -de José Rincón ya presagiaban la revuelta de enero de 1828 en
favor del plan de Montaño. A fin de cuentas, la animadversión de
las facciones políticas no había sufrido cambio alguno.
LA EXPULSION DE LOS ESPAÑOLES
La efervescencia y la agitación generadas por los eventos que tuvie-

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Siglo XIX. Cuadernos

ron lugar en el puerto de Veracruz, en el verano de 1827, f~eron producto de las campafias partidistas impulsadas por las logias. Cualquiera que pudiera ser su significado más ~plio en torno a l?s. grupos sociales que se vieron involucrados, es mnegable que pemut~eron
resaltar dos futuras personalidades claves en la lucha por la presidencia: Vicente Guerrero y Antonio López de Santa Anna. A través de
su actuación en la resolución de los acontecimientos veracruzanos,
el primero fortaleció su imagen pública y _afianz~ s~ apo_yos. Pero
ni escoceses ni yorkinos podían haber preVJsto la s1gruficac1ón del retorno a la vida pública del enigmático caudillo.
Desde su participación en los hechos que co?d~jeron a la ~da del
primer Imperio y a la instauración de la Republica, Anto~o López
de Santa Anna había permanecido en aparente y oscuro retLro ~orno
hidalgo rural, en su hacienda de Manga de Clav2, hasta su designación como comandante del puerto de Veracruz . No parece ~aber
tomado una parte muy activa y notoria en los inicios ?e las f~cc10~es
masónicas, y ha sido difícil para sus biógrafos defimr sus sunpat1as
por uno u otro partido.
Pero las críticas a José Rincón, el respaldo que le o~orgó el ayuntamiento porteño, las relaciones familiares con comerciantes espafioles tanto en Veracruz como en Xalapa, la defensa de su hermano Manuel mezclado en conspiraciones escocesas, y su posterior elección como vice gobernador por una Legislatura de diputados escoceses, llevan a concluir que, por lo menos en julio de 1827, sus intereses Yambiciones lo inclinaron por la facción escocesa (a pesar de sus proclamas de tinte federalista). Podría decirse que salió de l~s e~entos qu~
rodearon el pronunciamiento yorkino con su ~eputac1?n mtacta,. s1
no acrecentada, en una posición política ventaJosa y d1spuest~ a mtervenir personalmente en el poder público. Todo lo que l_e hacia f~ta era una ocasión adecuada: se la iban a brindar las elecciones presidenciales de 1828.
De los protagonistas de la crisis fue el único que obtuvo beneficios. Barragán, como se mencionó, fue reemplazado por Guerrero
ante la falta de confianza del gobierno federal. A Rincón, por su parte se le ordenó trasladarse a Tlalixcoyan, aunque por "dificultades"
e~ el transporte de su "impedimenta" eligió para residir Boca del
Río, población mucho más cercana ~ la plaza porteña. Los coroneles
Manuel López de Santa Anna, Cinaco Vázquez, Pedro Landero Y
José María de la Portilla debieron salir del puerto de Veracruz Y presentarse ante las autoridades militares de la villa de Xalapa. Y con

Blázquez D.: La expulsión de los españoles (/827-1828)

49

la muerte de Antonio Medina, senador por Veracruz, José Ignacio
lbarri, vice gobernador en funcion~. debió sustituirlo quedando en
su lugar, por decreto número 81 de 6 de septiembre, el caudillo
santanista45 •
Ahora bien, con Santa Anna y Barragán, (quien conservó el mando político) al frente del gobierno veracruzano, por sus antecedentes
y relaciones con la oligarquía regional, los empleados estatales españoles tuvieron poco que temer sobre la aplicación de la Ley de Empleos de 23 de agosto, hasta que la campaña partidista llevó de nueva
cuenta a provocar, a finales del año, una gran efervescencia política
que derivó en protestas y presiones populares demandando la expulsión hispana.
Desde el mes de septiembre se habían registrado peticiones para
poner en práctica tal medida política. En Orizaba, Xalapa, Veracruz
y Perote la irritación de las pasiones cristalizó en motines populares.
Ante esta situación, y ante la reticencia del Congreso local para tratar la cuestión, corporaciones municipales como la xalapeña y la porteña debieron argumentar que el Congreso de la Unión se ocupaba
en dictar medidas para que se verificara dicha expulsión. Invitaron
a esperar su resolución, declarando que "las ocurrencias populares,
por sagrado que (fuera) el objeto que las (determinara), siempre (eran)
temibles y peligrosas".
Para esas fechas, ambos cuerpos capitulares ya habían dado inicio
a los trabajos que les permitirían cumplir lo dispuesto por la Ley de
Empleos, pero también habría que decir que ninguno de los dos mostró una gran prisa por Hevarlos a buen término. Las relaciones familiares y los vínculos mercantiles habían creado una estrecha cercanía
con españoles, afines en intereses y metas, y con los cuales habían
convivido socialmente, en la mayoría de los casos, desde finales del
siglo XVIIl46.
Sin embargo la frecuencia de las manifestaciones populares entre
finales de noviembre y principios de diciembre logró, finalmente, que
los diputados veracruzanos decretaran la expulsión de los españoles.
El I de diciembre, cerca de 300 vecinos del puerto de Veracruz, reunidos en la plaza principal bajo la irtfluencia yorkina, exigieron la reunión extraordinaria del cabildo. Una comisión compuesta por Antonio Juille y Moreno, José María Cuesta, Juan Núñez del Castillo, Ramón Carrasco y Pedro Milán, relacionados con el movimiento mercantil y probablemente buscando desplazar el monopolio de comer-

�50

Siglo XIX. Cuadernos

ciantes espafioles, expuso al cabildo la pretensión del "pueblo": los
capitulares debían representar al Congreso local para demandar la
expulsión hispana del territorio veracruzano.
Tomada en consideración tal petición, el ayuntamiento se mantuvo en sesión permanente hasta la madrugada del 2, y pese a la oposición del jefe de la policía, la pasó al gobierno del estado para que,
a su vez, la presentara ante la Legislatura veracruzana. Por ?tro lado para calmar al público, emitió una proclama en la que dio a cono~er el desarrollo y las razones de los acontecimientos del día
anterior47 •
El mismo 3 de diciembre tuvo lugar una manifestación armada en
Córdoba, en donde Francisco Antonio de la Llave, teniente coronel
miembro de una de las principales familias de la oligarquía
regional encabezó un batallón de la milicia cívica que ocupó el palacio m~icipal. Portaba una petición firmada por ex-regidores, exdiputados, militares, vecinos acomodados y aún integrante~ _del ªY:'ntamiento, muy similar a la del puerto de Veracruz. Tarnb1~n aqui el
cuerpo capitular remitió una memoria al Congreso l?cal, mientras se
protagonizaban situaciones similares en Onzaba Y zonas
adyacentes49 •
Aún en la capital de la entidad, Xalapa, hubo motines Y brotes
violentos del descontento latente. El 5 de diciembre tuvo lugar una
gran manifestación anti-espafiola instigada por el coronel del 4o. ~atallón, Basadre, dirigente yorkino, y por el cor?nel ~el?º·. Batallon,
Unda, de la misma filiación, cuyo furor aumento al d1a siguiente. Muchos españoles fueron insultados y amenazados a tal grado que el
ayuntamiento se vio en la necesidad de pedir auxilio al gobernador
50
para mantener la tranquilidad pública •
La resistencia de los diputados veracruzanos no tuvo sentido frente a la presión popular: el 4 de diciembre expidieron el decr~to ~úmero 83 por medio del cual se expulsaba del ~tad?, en el ter~mo de
treinta días, a todos los españoles solteros, mcluidos los capitulados
que residieran en tierras veracruzanas indebid~ente. En e~ futuro
ningún español podría "avecindarse" en la entidad, ~ualquiera que
fuera su clase y condición, ni disfrutar de empleos oficiales. Aquellos
que debieran salir de Veracruz podrían llevar consigo todos sus bienes o dejarlos a cargo de ?-POderados de su confianza, puesto que el
gobierno estatal se los garantizaba. Sólo quedaban exceptuados los
españoles con cincuenta años cumplidos o los que hubieran prestado
51
"servicios positivos" con las armas a la independencia •

Blázquez D.: La expulsión de los españoles (1827-1828)

51

El decreto pronto sufrió una modificación respecto a los treinta
días fij~dos para la salida de los ex~ulsados, motivada por la representacion que efectuaron los extranJeros establecidos en el puerto de
Verac~z _a_través del ~n~ul ~ritánico. En ella se aducían "los grandes perJuicios que se ongrnanan al comercio en general con una tan
viole?ta separación de to?os ~quellos españoles que tenían negocios
pendientes o que no podían liquidarlos en un plazo tan corto ... " 52•
En consecuencia, la Legislatura dio a conocer el 15 de diciembre
el decreto !1-úmero 84_: declaraba que todos aquellos que tuvieran casa
de come~cio establecida, y los encargados de su giro, estarían obligados a salir del estado en el término que fijara la ley que iba a aprobar
el Congreso general53 y que fue publicada el 20 del mismo mes. A los
tres días estaba en marcha el levantamiento escocés, esperado durante tanto tiempo.
REVUELTA ESCOCESA
Los indicios de los meses anteriores, los frecuentes rumores y los eventos en Veracruz, permiten asegurar que hacía tiempo que los escoceses planeaban una revuelta como única alternativa viable para enfrentar la influencia yorkina sobre el gobierno federal.
Parece que el plan original contemplaba el inicio de las hostilidad~s e~ Veracr1;1z, pero después del éxito del pronunciamiento de José
Rincon y del mcremento de la ascendencia yorkina en la entidad a
pesar de_ la mayoría escocesa de la Legislatura local, se delineó un pi~
alternativo en la ciudad de México en reuniones encabezadas por el
vicepresidente Nicolás Bravo desde el mes de octubre.
Las actividades de los conspiradores eran bien conocidas en la capital Y par~~ ser que también Victoria sabía lo que estaba pasando.
~l 23 de diciembre de 1827 Manuel Montaño, encargado de una hacienda, publicó en la ciudad de Otumba un manifiesto en el que se
pedía la abolición de las sociedades secretas, el despido y reemplazo
de los miembros del gabinete y la expulsión de Joel Poinsett emisario de los Estados Unidos. El 31 Bravo abandonó la ciudad de México rumbo a Tulancingo, lugar de reunión de varios grupos rebeldes
y militares escoceses54•
•
Vicente Guerrero fue de nueva cuenta designado para combatir a
los pronunciados escoceses, meta que obtuvo en los primeros días de
enero de 1828. La revuelta había fracasado por falta de apoyo y por

�52

Siglo XIX. Cuadernos

un error táctico en la elección de la fecha para dar comienzo al movimiento armado. Era verdad que a lo largo de 1827 fueron derrotados
por los yorkinos y que su prestigio había decaído; probablemente se
encontraron en una situación apremiante que los obligó a actuar. No
obstante, perdieron de vista que la campaña anti-espaííola no era sólo un manejo político por parte de sus adversarios, sino que también
reflejaba, hasta cierto punto, la animosidad popular hacia el elemento hispano y las pugnas de grupos criollos regionales que buscaban
ocupar el lugar de los españoles.

ti

Por otro lado, Bravo confió en la adhesión de otros militares que
se habían manifestado en favor de las pretensiones escocesas. Pero
las probables garantías previas de apoyo no se materializaron. Un caso
ilustrativo fue el de Santa Anna. A los pocos días de tenerse noticia
de los acontecimientos de Otumba, apareció cerca de Tulancingo, en
la ciudad de Huamantla, con el pretexto de asistir a una "feria campesina", pero como Veracruz había sido centro de tantos rumores
y conspiraciones, muchos supusieron _que el_ entonces vi_ce gobem~d'!r
se uniría a los rebeldes. Su nombre, mclus1ve, se asoció a los pnnc1pales oficiales escoceses que estaban detrás de Montaño. Sin embargo, con el sentido de la oportunidad que siempre le caracterizó, y ante el mal éxito que presagiaba la rebelión, cambió de parecer y ofre55
ció sus servicios al ministerio de Guerra para reprimir la sublevación •

Blázquez D.: La expulsión de los españoles (1827-1828)

53

estaban al tanto de los movimientos reales de Bravo y de su posterior
derrota. La falta de coordinación salta a la vista. Pero la declaración
del Congreso veracruzano y el pronunciamiento de Barragán ponen
de manifiesto que ya de tiempo atrás se habían decidido por el movimiento armado.
No obstante, las medidas que tomaron resultaron inútiles porque,
en primer término, Guerrero había batido a los rebeldes. Ninguna otra
Legislatura estatal se atrevió a solidarizarse con la revuelta, de maner~ que quedaron aislados en la posición adoptada. Finalmente, debieron enfrentar la reacción inmediata del partido yorkino del puerto
de Veracruz y la repulsa de su ayuntamiento57•
La corporación municipal de Xalapa, por su parte, ubicada en el
centro de la acción y sensible a la influencia de la familia Santa Anna, estuvo de acuerdo en avalar la adhesión al plan de Montaño58 •
La noticia de la captura de Nicolás Bravo aceleró los acontecimientos. La Legislatura se vio obligada a reconocer que se había alejado
de la legalidad mientras los cabecillas rebeldes, Barragán y Santa Anna, se refugiaban en la hacienda de Manga de Clavo, en donde fueron capturados el 2 de febrero.
CONCLUSION

La falta de apoyo, pues, junto con el deficiente cálculo del _tie~po
y la organización incompleta explican el fracaso del pronunciamiento de Montaño. Y de la misma forma que el caso de Antonio López
de Santa Anna puede tomarse como ilustrativo de la ayuda no recibida, la rebelión que encabezaron Miguel Barragán y el hermano del
caudillo santanista, Manuel, en Xalapa, con objeto de respaldar la
revuelta escocesa, pone de manifiesto la falta de coordinación entre
los rebeldes.
El 6 de enero de 1828, cuando Guerrero había batido a Bravo, Manuel López de Santa Anna hizo del conocimiento de Miguel Barragán su adhesión al plan de Montaño, apenas cuatro días después de
que su hermano había abandonado a su suerte la causa escocesa. El
7 los diputados locales manifestaron su respaldo al plan mencionado. El mismo día Barragán, con el apoyo del batallón de la milicia
cívica del estado, bajo el mando de Gerónimo Peiía, se declaró en
rebeldía56•
Es evidente que ni el antiguo gobernador ni la Legislatura local

El resultado de los acontecimientos de Veracruz constituyó la destrucción final del partido escocés. La derrota y la captura de los dirigentes capitalinos aisló a los grupos regionales que, a partir de este momento, pudieron ser fácilmente vencidos. Los procedimientos judiciales siguieron durante varios meses, y culminaron con el destierro
de un importante grupo de políticos escoceses. Esto, en el plano de
la política nacional.
Para los españoles las consecuencias serían diferentes porque su devenir en las zonas de ascendiente escocés reconocido se haría más difícil. Puesto que el sentimiento anti-hispano tenía ahora mayor fuerza, el gobierno federal, y por ende los estatales, tuvieron que cumplir
las disposiciones marcadas por la ley de expulsión.
Se trataba de satisfacer las demandas yorkinas y evitar el renacimiento de la violencia. Las elecciones de 1828 sin embargo, mostrarían cuán lejanas estaban las posibilidades de estabilidad y cuán profundas eran todavía las pugnas políticas.

�54

Blázquez D.: La expulsión de los españoles (1827-1828)

Siglo XIX. Cuadernos

NOTAS

l. Véase Costeloe, 1983; Sims, 1984.
2. Ramírez Lavoignet, 1976, vol. II, pp. 188-192.
3. Sims, 1984b, pp. 37-38; Suárez y Navarro, 1850-1851, vol. 1, pp. 79, 390-394.
4. Sims, 1984b, pp. 41-53.

5. Dublán y Lozano, 1876-1904, vol. 11, p. 12.
6. Sims, 1982, pp. 26-27.
7. Blázquez, 1986, vol. XXII, p. 12,298; Costeloe, 1983, pp. 104-105.
8. González Hermosillo, 1984, pp. 230-231; Zavala, 1969, p. 326.

9. Trens, 1950, vol. III, pp. 567-568.
10. Gobierno de Veracruz, 1889, vol. 1827, pp. 83-84.
11. lbid., pp. 81-82.
12. Ramírez Lavoignet, 1976, vol. 1, pp. 193-198; Sims, 1984a, p. 67.
13. AMV, Actas de Cabildo, 1 enero 1827; Callcott, 1964, p. 61; Lerdo de Tejada,
1850, vol. 11, p. 294; Pasquel, 1981, pp. 181-182, 375-378.
14. Costeloe, 1983, pp. 121-122.
15. Pasquel, 1981, pp. 107-111; Sims, 1984a, p. 68.
16. Torne!, 1852, p. 130.

55

26. AMV, Actas de Cabildo, 25 y 28 julio 1827.
27. lbid., Actas de Cabildo, 27 julio 1827.
28. Gobierno de Veracruz, 1889, vol. 1827, p. 205; Rivera Cambas, 1869, vol. U, pp.
427-428; Sims, 1984a, pp. 71-72; Zavala, 1831, vol. II, pp. 19-20.
29. Bustamante, 1954, pp. 108-109; Treos, 1950, vol. III, pp. 579-580.
30. lbid., vol~ III, p. 581.
31. AMV, Actas de Cabildo, 31 julio 1827.
32. Gobierno de Veracruz, 1889, vol. 1827, pp. 207-209; Trens, 1950, vol. III, p. 583.
33. Blázquez, 1983, años 1800-1830.
34. AMV, Actas de Cabildo, 1827; AMX, Actas de Cabildo, 1827.
35. Blázquez, 1983, años 1827-1828.
36. AMV, Actas de Cabildo, 31 julio, 2-6 agosto 1827.
37. Ibid., Actas de Cabildo, 6 agosto 1827.
38. Costeloe, 1983, pp. 128-129.
39. Véase Díaz Díaz, 1972; Yáñez, 1982.
40. Ramírez Lavoignet, 1976, vol. I, pp. 73-82; Yáñez, 1982, pp. 50-54.
41. Rivera Cambas, 1869, vol. II, pp. 433-434; Sims, 1984a, p. 74.
42. AMV, Actas de Cabildo, 8 septiembre 1827.

17. Treos, 1950, vol. Ill, pp. 570-571.

43. Rivera Cambas, 1869, vol. 11, p. 433; Trens, 1950, vol. III, p. 587.

18. Gobierno de Veracruz, 1889, vol. 1827, pp. 47-49.

44. Callcot, 1964.

19. !bid., pp. 177-178; Rivera Cambas, 1869, vol. ll, pp. 426-427; Sims, 1984a, pp.
68-69; Treos, 1950, vol. lll, pp. 572-573.

45. Gobierno de Veracruz, 1889, vol. 1827, p. 212; Treos, 1950, vol. III, pp. 584-585.

20. Rivera, 1832.
21. Esteva, 1827.
22. Gobierno de Veracruz, 1889, vol. 1827, pp. 178-205.
23. Lerdo de Tejada, 1850, vol. 11, pp. 295-296; Sims, 1984a, p. 70.
24. AMV, Actas de Cabildo, 25 y 26 julio 1827.
25. Costeloe, 1983, p. 127.

46. AMV, Actas de Cabildo, agosto-octubre 1827; AMX, Actas de Cabildo, agostooctubre 1827; Blázquez, 1983, años 1800-1830; Rivera Cambas, 1869, vol. 11, p.
438; Sims, 1984a, p. 98.
47. AMV, Actas de Cabildo, 1-3 diciembre 1827; Lerdo de Tejada, 1850, vol. II, pp.
321-325; Rivera Cambas, 1869, vol. II, pp. 448-449.
48. Véase Pasquel, 1984.
49. Herrera Moreno, 1892, pp. 300-301.
50. AMX, Actas de Cabildo, 5-7 diciembre 1827; Rivera Cambas, 1869, vol. II, p. 439.

�56

Blázquez D.: La expulsión de los españoles (1827-1828)

Siglo XIX. Cuadernos

51. Gobierno de Veracruz, 1889, vol. 1827, pp. 218-220.
52. Rivera Cambas, 1869, vol. 11, pp. 448-f$9.
53. Gobierno de Veracruz, 1889, vol. 1827, pp. 220-221.
54. Costeloe, 1983, pp. 137-141; Sims, 1982, p. 38.

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Sección Internacional

�EL MODELO REGION DE REFUGIO
DE AGUIRRE BELTRAN
Teoría, aplicaciones y perspectivas•

Eduardo Medina Cárdenas*

l. GENERALIDADES
El contacto cultural, esto es, el proceso de relaciones de diversa índole entre dos o más grupos humanos diferentes, ha motivado numerosos estudios a lo largo de la historia. Desde que existe registro escrito, en el mundo occidental son innumerables los documentos elaborados por un representante ilustrado del grupo de mayor desarrollo
tecnológico y/o poderío militar, acerca del otro menos desarrollado
o menos fuerte, que pretenden analizar los diversos acontecimientos
y cambios sucedidos a lo largo del encuentro entre ambos. Que lamotivación del autor sea religiosa, política, costumbrista, económica o
militar es secundario respecto del afán primario tanto de dominio e
influencia del uno hacia el otro, como también de encontrar la mejor
justificación de las motivaciones y los acontecimientos sucedidos durante el período tomado en consideración.
Corriendo el riesgo de simplificar excesivamente una dinámica sumamente compleja, cabe destacar al menos tres características típicas del contacto cultural y, obviamente, de tales análisis. Una se refiere a la habitual comparación etnocéntrica, expresada en la dicotomia nosotros/ellos y manifestada en calificativos del tipo de civilizado/salvaje, complejo/simple, religioso/ pagano, puro/impuro, culto/inculto y otros por el estilo, por lo general contrastando rasgos

• Publicado previamente en Cuadernos de Historia, 7, Departamento de Ciencias Históricas de la Universidad de Chile, julio de 1987.

�62

Siglo XIX. Cuadernos

análogos presentes en cada uno de los grupos actores del proceso. Otra
deriva de la distancia, geográfica o de otro tipo, existente entre los
centros rectores de cada uno; usualmente la gran mayoría de estos
escritos integra el proceso de dominio del grupo en expansión que,
desde una ubicación lejana, envía a sus representantes a someter al
otro. La tercera manifiesta la situación común de que los análisis y los intentos por comprender el proceso de contacto siempre son posteriores a los primeros acercamientos y enfrentamientos
entre los grupos; por lo tanto, además de los inevitables sesgos derivados de la situación inicial, mucho de lo que sucede a continuación
debe irse hasta improvisando a partir de hechos consumados que ya
han impuesto al proceso una dinámica peculiar.
La Antropología Social se diferencia como ciencia independiente
profundamente asociada con este tipo de fenómenos, es decir, se desarrolla con la intención de colaborar con el buen gobierno de los grupos culturalmente heterogéneos. Por lo general ha intentado equilibrar los intereses del grupo dominante con la menor modificación posible en la organización social del grupo dominado; en los países con
larga trayectoria colonial, además, la posición del antropólogo ha sido muy delicada y ambigua, al estar su neutralidad de científico en
permanente conflicto con la lealtad que lo obliga con el grupo dominante del cual es parte. Sus monografías clásicas son, por así decir,
subproductos de la labor del antropólogo integrado como recurso logístico de la agencia colonizadora pero, al mismo tiempo, observador interesado por las costumbres que registra.
Una primera etapa del contacto cultural, pues, conlleva salvaguardar una diferencia categórica en los actores descritos, cualquiera sea
el tiempo de proximidad transcurrido entre ellos. Por comprensivos
que sean los estudios realizados, su meta siempre apunta al dominio
de uno sobre el otro, con relativa conservación de las respectivas individualidades de los grupos iniciales.
2. ANTECEDENTES
Cuando el contacto cultural es no sólo prolongado en el tiempo, sino que
también compromete activamente a ambos actores del proceso en mutuos intercambios, influencias y dinámicas que, de alguna manera,
conducen a la integración de ellos, este proceso es denominado
aculturación2 ; a través de él se va modelando una resultante diferente
y muchas veces inédita en relación con sus respectivos orígenes. La
aculturación designa, entonces, a una modalidad específica del con-

Medina C.: El modelo región de refugio

63

tacto cultural, cualitativamente diversa de otras posibilidades de cambio tales como la difusión o la asimilación.
En cualquier evolución cultural existen fuerzas favorables y contrarias al cambio, tanto interiores de cada grupo actor, cuanto entre
cada uno de ellos al estar en contacto permanente3 • Tienden a lo primero, internamente, la invención y el descubrimiento, y desde fuera,
el préstamo cultural; tienden a lo segundo el condicionamiento cultural o endoculturación, así como diversos controles, autoridades y mecanismos de dominación foránea respectivamente. Son contrarios al
cambio, por tanto, la fuerte asimilación de normas y tradiciones aprendidas desde pequeño y que guían luego las pautas de funcionamiento
adulto, como también una serie de presiones exteriores desencadenadas durante el proceso de dominio e impuestas por uno de los grupos
sobre el otro.
La Antropología Social orientada al conocimiento de las minorías
étnicas ha dedicado casi todos sus esfuerzos a la descripción de fenómenos culturales, sea el registro de los procesos favorables al cambio
o, en relación a los opuestos a éste, a las situaciones de endoculturación. Las interrelaciones que tienden a la dominación foránea del grupo bajo análisis, a diferencia de lo anterior, por lo general han motivado escasos trabajos en los cuales los factores económicos y sociales
percibidos se han asociado con fenómenos más circunstanciales tales
como prejuicios, rivalidades y conflictos entre las personas o los pequeños conglomerados en contacto; son escasos los estudios que detectan fenómenos sociales abarcativos, es decir, de los procesos globales de dominación, de tipo psicológico, educacional, económico o
legal, referidos a la sociedad dominante que alberga a tales minorías.
Por ello, numerosas monografías disponibles tienden a presentarlas
como entidades aisladas del contexto mayor nacional, con lo cual las
descripciones pierden su significación y dinamismo macrosocial y se
limitan a la mera exposición de características más o menos llamativas.
El surgimiento de los estados-naciones contemporáneos, luego de
la situación colonial anterior, necesariamente ha llevado a la construcción de una nacionalidad que integra a los diversos grupos participantes de la nueva unidad territorial. En la medida que los grupos
humanos que la Antropología Social analiza son no sólo conglomerados exóticos de ultramar sino también estratos arcaicos, tradicionales o populares de los mismos países modernos, esta ciencia se ha
estado aplicando al análisis de problemáticas apreciadas de determinada manera por la institución de la cual el antropólogo es parte, pe-

�64

Siglo XIX. Cuadernos

ro también más próximas a su particular cosmovisión en tanto que
ciudadano del país y miembro de un preciso estrato socio-cultural dentro de él; inevitablemente, por tanto, sus observaciones y conclusiones respecto del otro grupo connacional observado están inmersas en
un juego de criterios e intereses mucho más contingentes y relativos.

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La acción indigenista es paradigmática a este respecto, además de
prototipo de aplicación de la Antropología Social sobre etnias todavía diferenciadas dentro de numerosos países contemporáneos: en su
interior se pueden advertir numerosas diferencias e incluso antagonismos entre quienes quieren su integración o su protección respecto
de la comunidad nacional dominante. El abarcativo tema del desarrollo de la comunidad también ha sido recurrente en muchas partes,
en relación con la necesidad de integrar efectivamente a la vida nacional a todos los grupos existentes dentro del territorio de un país
con el objeto de mejorar su vida, bienestar y otras valiosas y plausibles metas; en las evaluaciones es posible advertir el registro frecuente de dificultades para ponderar la relación entre los recursos involucrados y los beneficios obtenidos, como también, frente a magros resultados, de proposiciones supuestamente explicativas tales como analfabetismo, ignorancia, poca inteligancia, superstición, etcétera.

Medina C.: El modelo región de refugio

65

ta a la existencia de un actor que cree conocer lo mejor o más apropiado sobre alguna área del saber o vivir de otro actor que parece carecer de posibilidades propias al respecto; todo ello significa asimismo un período de contacto prolongado entre ambos y, por
consiguiente, la ocurrencia de intercambios mutuos de diversa índole
y la necesidad de explicar y justificar lo sucedido. Expresado en otro
sentido, muchos países del Tercer Mundo muestran una estructura
dual4 que repite aproximadamente el mismo proceso de contacto cultural, el que por lo general es percibido más definidamente cuando
se relaciona con situaciones coloniales. Quienes en ellos tienen la responsabilidad de programar y evaluar actividades y recursos educacionales, sanitarios o de otro tipo, con frecuencia están preocupados
respecto a la relación costo/beneficio que captan en sus mediciones;
puesto que hay que justificar la inversión de recursos y los resultados
percibidos, nuevamente se repiten las descripciones comparativas duales ya señaladas, a veces supuestamente explicativas, mediante la oposición de características análogas (por ejemplo, culto/inculto, educado/ignorante, alfabeto/analfabeto, saneamiento/contaminación, inteligente/tonto, mentalidad lógica o científica/mentalidad prelógica
o arcaica, razón/superstición, etcétera).
3. EL MODELO REGION DE REFUGIO: TEORIA

Así, ya que el desarrollo ha sido la meta impulsada por las autoridades en el interior de cada país, particularmente en el Tercer Mundo
-sea entendido en aspectos económicos, educacionales, sanitarios y
otros-.se ha ido repitiendo la misma modalidad de contacto anteriormente percibida entre grupos dominantes y subordinados pertenecientes a mundos distintos. En efecto, aproximadamente podemos
imaginar, por un lado, a un grupo de técnicos en alguna área del saber intentando interesar a ciertos grupos "atrasados" acerca de determinadas innovaciones o formas de vida que ellos creen que serán
mejores para su futuro; y por el otro lado, podemos también sugerir
el desapego, cuando no la oposición, de tales grupos respecto de las
supuestas bondades con las cuales se intenta beneficiarlos. Más aún,
podemos agregar el desinterés, o la fácil crítica negativa del primero
frente a manifestaciones propias del segundo, cuando dice relación
con sus campos de acción (por ejemplo: formas de producción económica de tecnología simple, uso del idioma vernáculo, medicina tradicional, etcétera).
Se presenta, pues, análogo esquema de contacto cultural y aculturación, exteriormente tal vez menos forzado al compartir los dos grupos actores una serie de características y circunstancias, pero que orlen-

La acción indigenista y la conceptualización surgida de ella, el indigenismo, están en la base del desarrollo de esta teoría. Supone ésta,
por una parte, un proceso aculturativo y dos metas básicas, a saber,
la integración nacional y el desarrollo de la comunidad; toma en cuenta, por otra, la estructura dual persistente internamente en.los países
con pasado colonial; tiene presente, además, la necesidad de adelantarse a la dinámica propia de los hechos inherentes a la aculturación,
mediante el desarrollo de un cuerpo de doctrina " ... que contemple
los distintos momentos en que se manifiesta el proceso y que son particulares para cada uno de los países en vías de desarrollo" (Aguirre
Beltrán, 1973, p. XII).
Habiendo sido elaborada la teoría de las regiones de refugio en México, vale la pena mencionar sus principales antecedentes. En primer
lugar, el proceso revolucionario vivido a comienzos del presente siglo, en sus aspectos referidos a las comunidades indígenas todavía
diferenciadas dentro de su territorio. En segundo lugar y luego de lo
anterior, la construcción de un sistema de escolarización orientado
a la población rural pre-analfabeta, que buscó su alfabetización y la
promoción del desarrollo de la comunidad en cuanto a gestión agra-

�66 Siglo XIX. Cuadernos

ria, el fomento agrícola, la organización económica, mejores cond~ciones sanitarias y la reinterpretación de las nuevas ideas en las antiguas categorías y formas tradicion_ales. E? t~rcero, la refoi:ma agraria que reivindicó para las comurudad~s mdíge~as la prop~~dad colectiva de sus tierras, en la forma jurídica conocida como eJido. Por
último la creación de agencias estatales de mejoramiento e integración d; los recursos estatales y federales orientados hacia los grupos
indígenas, llamados Centros Coordinadores (Aguirre Beltrán 1967,

1968).
Esta teoría, pues, iniciada y trabajada por el doctor Gonzalo Aguirre Beltrán, surge de la necesidad de dinamizar favorablem_ent~ la_acción integradora de la vida nacional mexicana de sus etruas mdígenas, buscando conducir el proceso aculturativo en la forma menos
destructora posible para con las respectivas irtdividualidades culturales.
Su autor, además de su genio personal, ha tenido la inestimable
situación de estar ubicado precisamente en el interior de la estructura
estatal a cargo de realizar esta labor y, por consiguiente, de poder
confrontar de primera mano las situaciones vividas en el terreno con
la elaboración conceptual de los fenómenos percibidos; mas aún, fue
el primer director del primer Centro Coordinador creado a comienzos de los años 50 en el estado de Chiapas, el Centro Coordinador
Tzeltal-Tzotzil (Aguirre Beltrán y Pozas Arciniegas, 1973).
Se denomina región de refugio a aquel territorio en donde '' ... la
estructura heredada de la Colonia y la cultura arcaica de franco contenido preindustrial han encontrado abrigo contra los embates de la
civilización moderna" (Aguirre Beltrán, 1967, p. xv).
Consiste básicamente esta región en un complejo unitario sociodemográfico, con un centro urbano rector rodead? de una áre~ geográfica vecina que contiene diversos grupos poblacionales abongenes
dispersos en ella, sometido a una serie de relaciones e influencias mutuas de diversa índole.
Es esencial a una región de refugio el pr'!ceso 1o1J!inical. ~an_do
dos sociedades provistas de diferente capacidad_ tecmca ~ economic:i
entran en contacto, el grupo más desarrollado tiende a eJercer do!111nio sobre el menos complejo. "El juego de fuerzas que hace posible
la dominación y los mecanismos que se ponen en obra para sustentarla, es lo que llamarnos proceso dominical" (Aguirre Beltrán, 1967,
p. 1).

Medina C.: El modelo región de refugio

67

Los mecanismos dominicales son principalmente los siguientes: la

s~gregación racial, que levanta una barrera entre el afuerino y los natlvos Y sus mezclas, erando una sociedad dividada en castas con el
gru~o ~omin~n~e. ubicado en una ciudad señorial y los indíg~nas en
temtonos penfencos a la urbe. Ambos grupos se diferencian marcadament~ ~or el idio~a, la indumentaria, la habitación, sus dioses y
sus tr~di_ciones, tend_1endo todo ello a dar soporte a la vivencia de la
s~penondad de aq~el sobre éstos. En segundo lugar, el control político del grupo dommante sobre el gobierno, aceptando la participación con~rolada en el poder local de representantes del o de los grupos do~nados. En te~cero, la dependencia económica, que confiere
a los nativos el rol de mstrumentos de uso: la población colonizada
se dedica a labores campesinas productivas y/ o a servir al grupo dofl!-inante en oficios domésticos menores. En cuarto, el tratamiento desigual respecto al acceso a los distintos servicios públicos, tales como
una prevención coercitiva en lo sanitario, una limitada oportunidad
educacion_al o una justicia diferente de la que logra el sector poderoso. ~n qumto lugar está la distancia social entre ambos grupos, con
relaciones escasas y estereotipadas entre ellos. Finalmente la acción
evangélica que aporta un sustrato ideológico a estas relacidnes de dominación/ subordinación y promueve su tolerancia y conformidad.
Estos mecanismos dominicales, desarrollados en la época colonial,
se manifiestan también de diferentes maneras en períodos posteriores. En efecto, diversos grupos socialmente marginales se hallan sometidos a discriminación en su acceso a la riqueza, al prestigio y al
poder, aunque formalmente la ley del país que corresponda los consid7re iguales que el resto de la población; esto es particularmente noton&lt;? en el_caso de minorías étnicas locales, donde es posible apreciar
su distancia de las fuentes de poder, la persistencia de rasgos discrimirtatorios (por ejemplo, lengua, vestimenta, etcétera) y su propia conciencia social de constituir un estrato segregado5•
Una región de refugio, por consiguiente, conserva diversas características heredadas de su raigambre colonial, ya superadas en otras
partes de la unidad nacional que la contiene. Siguiendo al autor, es
mteresante agregar algunas manifestaciones más que complementan
el papel de los mecanismos dominicales ya sefialados. En cuanto al
h_a bitat ~ísico, consiste en un paraje hostil y de difícil acceso para la
Clfculación humana, lo cual limita la llegada de personas extrañas a
la etnia habitante y conserva mejor los limites territoriales de la población. En el plano demográfico y sanitario, el grupo nativo muestra una alta natalidad y menor expectativa de vida, así como también

�68

Siglo XIX. Cuadernos
Medina C.: El modelo región de refugio

mayores problemas tales como alta mor~~idad ~en_eral e infantil, deficiente estado nutricional y la mantenc1on en?em1c~ de e~ferma~ades infecto-contagiosas y parasitarias; en lo m1gratono, mas prec1s~mente, por lo general el movirnien~~ hacia el ~entro urba~o es transitorio y limitado, excepto si la pres1on pobla~1ona( determina la necesidad de recurrir a nuevas fuentes de subs1stenc1a.
La economía del grupo indígena es simple, con t~nologías arcaicas y una escasa división del trabajo, en co~parac1on c~n el ce~~ro
urbano de referencia; por otra parte, la un~dad ~roduct1va fam1h~r
es de bajo rendimiento, en un nivel de subs1stenc1a, ~on escas~ articulación al mercado urbano próximo; existen ademas, ~ec~ms~?s
de reciprocidad (tipo trabajo cooperativo) y otros _de red1~tnbuc1?n
de riqueza (gastos asociados con el des~mpeño de d1vers~ Jerarqm~s
civiles y religiosas dentro de la comurudad). Los mecarusmos dom!nicales existentes en la economía o, al decir del autor, la "econom1a
dominical" (Aguirre Beltrán, 1967, pp. 144-!48~ son por lo menos
tres: uno el trabajo migratorio temporal del md1gena_, _reclutado de
diversas formas desde su paraje y por lo genera~ en sit10s cercanos,
que con frecuencia desarrolla lazos de depen~e~c1a con su emplea~or
a través de deudas u otros medios; dos, el credito us~rero que _recibe
de terratenientes o comerciantes urbanos; y tres, la mtr?ducc1ó~ de
cosechas de.lucro (por ejemplo, café, caña de azúcar y tngo) ~estmadas al mercado exterior y que generan un producto d: precio ~uctuante. El equilibrio entre la producción de subsistencia (por eJet?plo, maíz) y la otra orientada al mercado, por una parte, ~ el t~abaJo
de subsistencia del grupo familiar compara~o con traba~o rrugratorio por otra, determinará mayor o menor mdependencia o dep~nde~cia de la comµnidad respecto del enclave urbano-rector Y de mfluencias foráneas más alejadas.
La estructura del poder interno en cada comunidad se mani~iesta
en un sistema de cargos civiles y religiosos esenciales para su existencia. Participan potencialmente en ~llos todos !os adultos del poblado
o paraje, con exclusión de los afuennos, ent~e est?s muchas veces también quienes puedan estar unidos e? matnmomo con alguno,?e los
miembros del grupo. Con la ideolog¡a subyacente de que no~ hombre verdadero" quien no haya pasado por estos c~r~?5 (Agm.rre Beltrán, 1%7, p. 139), el que se niegue queda en condi~1on margmal respecto de su propia comunidad. Estrechament: as?cia?? con t~es cargos, los mecanismos de recipr?cidad ~ de redistnbucron co~tnbuy~n
a reforzar la identidad colectiva y eVJtan que la natural d1ferenc1ación debido a las capacidades individuales desemboque en la forma-

69

ción de estratos económicos antagónicos y conflictivos.
La estructura ideológica existente en una región de refugio otorga
sustentos al proceso dominical. Aunque por lo general las posiciones
racistas o etnocéntricas descarnadas son mínimas, la cosmovisión del
grupo urbano tiende a legitimar su superioridad respecto del grupo
nativo. Sin duda que las características exteriores asociadas con uno
y otro ofrecen una importante fuente de rasgos contrastantes que confirman la identidad y dominio del primero respecto del segundo (por
ejemplo, gente de razón/ primitivo o salvaje, ocupaciones que favorecen el trabajo intelectual o artístico/ cultivo de la tierra o servicios
personales menores, casa y alimentación moderna/ vivienda y productos alimentarios indígenas, etcétera).
La teoría y modelo región de refugio culmina lógicamente en el
desarrollo de los Centros Coordinadores, mencionados anteriormente. En un contexto como el descrito evidentemente que la acción indigenista no sólo debe tener como meta de su acción a los grupos nativos, sino que necesariamente debe poner como su objetivo a toda la
región intercultural. En este tipo de región,
... cuya ecología, tecnología, economía dual, estructura social, política
e ideológica presentan rasgos incompatibles con la vida industrial moderna, las funciones especializadas implementadas por los ministros,
departamentos y organismos descentralizados, que se difunden por los
canales corrientes de la administración, no son utilizados por sus habitantes porque su aislamiento, la dispersión de la población, las herramientas primitivas de que disponen, las actividades primarias de producción a que han sido compelidos, el engranaje de relaciones y dominancia semífeudal con que se las constriñe y la ideología de conformismo y fatalismo que esas condiciones crean, les impiden aprovechar los
beneficios de la acción gubernamental especializada.. . (Así) el conocimiento, cada vez más lúcido, de los mecanismos que configuran los procesos de invención y aculturación, así como sus contrarios, los de endoculturación y dominical, al actuar en las regiones de refugio indígenas,
hicieron posible iniciar, con bases sólidas, proyectos regionales de desarrollo de comunidades -llamados Centros Coordinadores- que tomaron como sujetos de su acción no únicamente a los grupos indígenas subyugados, sino a la población entera en situación de subdesarrollo (Aguirre Beltrán, 1967, pp. 243-247).

4. APLICACIONES
No obstante que sería de interés presentar un panorama amplio de
las varias aplicaciones del modelo región de refugio, como también

�70

Siglo XIX. Cuadernos

referirse a otros autores destacados en la praxis indigenista mexicana
y latinoamericana, en esta sección sólo se hará mención al mismo Aguirre Beltrán en relación a la proyección de este modelo en los campos
sanitario y educacional. Resulta importante, por un lado, referirse
a acciones concretas originadas en la teoóa, que avalen su potencialidad intrínseca; desbordarla la intención descriptiva del presente trabajo, por otro, ampliar y profundizar su exposición más allá de este
autor.
La situación intercultural plantea características sanitarias peculiares. En efecto, siendo el continuo salud-enfermedad parte de un
contexto sociocultural preciso, ello condicionará una particular perspectiva en cada uno de los dos actores del proceso. Además de lo señalado anteriormente en los planos demográfico y sanitario, cabe agregar, a manera de imágenes, que existirán formas médicas de acción
tanto modernas como populares o tradicionales; que habrá distintas
consideraciones, cuando no valores, frente a la etiología y significado de los mismos procesos morbosos y de su relación con las circunstancias concretas de vida de cada cual; y que el saneamiento ambiental diferirá en cada caso.
La medicina moderna llevada sin más a una región de refugio también adquiere carácter dominical (Aguirre Beltrán, 1965). Ya que los
indígenas poseen interpretaciones propias tanto naturales como sobrenaturales sobre los fenómenos y procesos morbosos, ello provocará en el médico prejuicios desfavorables hacia tales interpretaciones, al mismo tiempo que lo hará descalificar los síndromes morbosos folklóricos (por ejemplo, susto o espanto, mal de ojo, etcétera).
El desconocimiento acerca de los valores al respecto del grupo beneficiario limitará la posibilidad de diálogo con este tipo de consultante, reducirá los interrogatorios diagnósticos y transformará la relación médico/paciente, " ... en forma muy semejante a como lo hace
el veterinario con los animales" (Aguirre Beltrán, 1965, p. 58).
El uso de lenguaje de carácter esotérico para el indígena es uno
de los mecanismos dominicales. Otros son los siguientes: el supuesto
de una naturaleza humana universal, que llevaría a cualquier paciente a responder siempre igual ante situaciones similares que lo afecten,
lo cual hace considerar al indígena como similar al no-indígena en
cuanto a su relación con el modelo biológico que sustenta a la práctica médíca moderna. Por otro lado, también se establece el supuesto
de la homogeneidad social, es decir que todos los consultantes muestran las mismas conductas ante los mismos problemas sanitarios, se-

Medina C.: El modelo región de refugio

71

gún los entiende el profesional moderno. Aquí se encuentra el origen
de un notable ~tnoce?tri~mo cultu~a! en el personal de salud para juzgar a los de!°as, ca~~ficandolos fac_ilmente, al difePir la realidad de
sus ex~ctat1v~s, de ... perezosos, mmorales, supersticiosos O retrógrados (Agmrre Beltrán, 1965, p. 50).
También ~e llega a suponer una identidad entre la ciencia médica
Y la base socialª. la cual se proyecta, puesto que en relación a los gru-

P?S urbanos ocodentales resulta habitual la oferta de asistencia indiv~dual e? agencia~ e~pecíficas. De ello surge la idea y los actos hasta
~1spend10sos, casi siempre ineficaces, de reconstruir en la situación
mter~ultural los I?ismos ambientes útiles en los otros entornos evide_nc1ab!e en lo~ diseños arquitectónicos o en la aplicación de téc~icas
as1~t;nc1~les onentadas al paciente individual, que omiten la conside~ac10n simultánea de sus familiares y otros personajes para él
importantes.
_Las norma~ básicas de acción que el autor recomienda son las sigu1ent&lt;:5 _(Agume Beltr~n, 1955): en primer lugar, llevar al indígena
1~ med1cma ~?derna, sm esperar que éste acuda a solicitar los servic1~s: La_mov1hdad del ~ersonal sanitario, su articulación con sujetos
ongmanos de la comurudad donde se actúa y la permanente revisión
de la labor efectuada, permitirá ir logrando las metas planteadas· por
o~ra part~, no es suficiente que se construya una pequeña clínica o
d1spens~r~o en un paraje nativo para que se genere una demanda por
sus serv1c1os, como tampoco es conveniente que el equipo de salud
permanezca enclaustrado dentro del recinto asistencial.
En ~egundo_ lugar_,, pon~r la medicina al nivel de la cultura de la
c?murudad ~aJo acc1on. Sm duda que será difícil obtener modificac_iones d~ ª:htudes y conductas ancentrales, las que por Jo general contienen s1g~ficados a veces mucho más profundos o abarcativos incluso de tipo sobrenatural o místico, que lo que parece en un primer
contacto.
En tercero, ajustar la medicina a las condiciones del medio social
esto es, no repetir mecánicamente procedímientos o cumplir estereoti~
padamente roles profesionales que no significan lo mismo que en un
conte~to urbano o dentro de un gran establecimiento asistencial. La
P_olandad salud-enfermedad, en el contexto indígena, tiene significac10nes naturales, sobrenaturales y hasta religiosas que involucran al
enfermo Y p~r, lo menos a su familia tanto en su significado como
en su resoluc10n.

�72

Siglo XIX. Cuadernos

Medina C.: El modelo región de refugio

Por último, la medicina moderna debe integ~arse al c?ntexto intercultural, es decir, los roles específicos de los d1feren~es_ mtegran~es
del equipo de salud deben armonizarse con las caractenst1cas ~ro~1?s
de la comunidad en la que labora. Así, por e~em~l.o, la real)zac10~
de campañas preventivas o curativas sin co?r.dmac1on entre_s1, la división del trabajo asistencial en roles esp~c1~1cos o el t~ato !~personal del paciente tan propio de un establec1m1ento hosp1talano urbano, serían allí seguramente artificiales y hasta contraproducentes por
completo.
A partir de tales normas, habrá que con~iderar otros factores propios del habitat de cada grupo. La eco!og1a, los pa!r~:mes de pobl~miento, las condiciones de vida, la cahdad de la ~1VIenda, la v~st1menta, la nutrición, las creencias y conductas ~so~13?a~ con el c1~lo
vital, etcétera, son todos factores que gener~~an dmam1cas especificas, a partir de tales normas básicas de acc1on.
Parece pues indudable que si un programa de salud fuese im~lementado ai;lad~ente, sin apoyo esencial de programas de educac1on, mejoras técnicas y económicas y, en lo general, de programas qu': eleven
los niveles de aculturación de las comunidades y ~avorezcan
integración a la sociedad nacional, operaría en gran medida en el vac10, ya que
no podría sentar las bases para obtener perdurablemente una conducta
higiénica en el pueblo. El programa de salud debe,_ por l? tanto, formar
arte de un programa más amplio de desarrollo regional mtegral que ata~ue las facetas todas de la situación_ inte~cultural ~~de todos las án~j
los posibles para conseguir un efectivo bienestar f1s1co, mental Y socia
de la comunidad (Aguirre Beltrán, 1955, pp. 24-25).

ei'

de un sólido estrato poblacional mestizo. A partir de la Revolución
de 1910, a continuación, han sido ensayadas estrategias tales como
la escuela rural, las misiones culturales, la casa del estudiante indígena y otras (Aguirre Beltrán, 1973 y 1983).
Análogo al caso de la medicina moderna, las acciones educativas
que sean simplemente trasplantadas a una región intercultural también adquirirán un carácter dominical. Conviene desde la partida tener presente algunas diferencias básicas entre las sociedades indígena
Ymoderna, subyacentes al proceso: una, la formación social del individuo breve en aquélla y muy prolongada en ésta, careciendo la prin:i~ra del período adolescente tan típico en la segunda y por ello, inic1ando~e ~uy temprano en la vida en roles adultos; otra, respecto al
aprendizaje de lectura, escritura y cálculo, la nimiedad o importancia otorgada a tales habilidades, respectivamente· una tercera referen~e ~ mismo proceso educativo, que lo hace ap~ecer ante 1o's ojos
del mdio como cargado de intereses ajenos a su grupo, en un conglomerado que va desde la inclusión de valores foráneos hasta el uso de
la lengua oficial de la nación.

s?

La educación dentro de la situación intercultural tamb_ién ofrece características especiales. Las comunidades pre-alfabeta~, que p_o~een
mecanismos endo-culturativos particulares, se adapt~a~ con d1f1cultad al uso de una escuela en su paraje; en con~ecuenc!a, ~1endo la e~ucación formal un proceso largo que v~ene a mterfenr_ntmos de vida
ancestrales, podrá llevarse a efecto solo cuando sus impulsores conozcan en su profundidad la cultura afect~da. La ~ducac1on, po~ otr~
parte, sigue los lineamientos ~ndig~nistas mte~rat1vos, p~r cual meVI:
tablemente se relaciona con s1tuac1ones muy a1enas a los mtereses co
munes del grupo.
La evolución que la educación orientad~ hacia las minorías étnicas ha tenido en México difiere de lo sucedido en ~gunas otras p~rtes. En efecto, desde el comienzo de la vida republicana fue perfilandose una política integracionista, teniendo como meta el desarrollo

73

~n cons~cuencia, en el mejor de los casos y siempre que el maestro
este converuentemente preparado para el desempeño de su rol las diná~cas surgi~as antagónicas y expresadas en deserción esc~lar pod_ran s~r ma~eJadas con cierta facilidad; si el caso es que haya ausen~1~ ?e 1done1_dad. para tal manejo, el ausentismo del aula originará
jutct~s etn?centncos? subjetivos supuestamente explicativos del tipo
de ex1ge!1c1as d_~medtdas _de los padres a sus hijos para participar en
el trabajo familiar, desaliento de los alumnos por el ausentismo de
su profesor o escasa capacidad de aprendizaje de los niños.
Alg~os de los mecanismos dominicales que surgen en el proceso
educativo no adaptado al contexto intercultural son los siguientes:
aculturación directa forzando la obtención de conductas ajenas al grupo nativo durante la interrelación pedagógica, uso del castellano com_o lengua única en la enseñanza, prohibición para usar la lengua vernacula en el aula o la extensión de un mismo programa educacional
en todas partes. El profesor, incluso cuando sea paisano de sus alumnos, t~bién J?Uede convertirse en agente dominical si carece de preparac1on suficiente o no está apropiadamente motivado hacia su contexto de origen y se deja influir por los valores nacionales que inevitablemente habrá incorporado mientras permaneció estudiando fuera de su paraje.

�74

Siglo XIX. Cuadernos

Las características y criterios que debería considerar la educación
intercultural son los siguientes (Aguirre Beltrán, 1973): uno, ningún
grupo humano es impermeable al cambio, sino que éste sólo requiere
que sea adaptado a las condiciones de vida del grupo; inversamente,
las razones para mantener en forma aparentemente obstinada los modos de vida ancestrales hay que buscarlas mucho más en la situación
macrosocial, política y económica sometida de estos grupos, que en
motivaciones individuales o de pequeílo conjunto.

Medina C.: El modelo región de refugio

~~:~:~~t r:~:~:~;ti\~ a los ad~ltos. Con est_e último propósito adebilidades precisas del g~pdoagboagJ.1oa ªs las n~~es1dades, intereses Y posiu acc1on.
-

Al decir del autor

'

Dos, el lenguaje significa una relación tan íntima con la cultura
del grupo que sólo el respeto por la lengua vernácula permitirá mejores logros en cualquier aspecto del proceso educativo. El uso de ella
en la alfabetización y como instrumento de la enseñanza garantiza
mejor discernimiento en los contenidos y facilita el aprendizaje de una
segunda lengua oficial, al mismo tiempo que contribuye a la salvaguarda de la cultura.
Tres, en estrecha relación con lo anterior, el maestro cumple en
todo este proceso un papel fundamental, por ser el depositario obligado de las culturas en contacto y de sus respectivos medios de comunicación. La competencia profesional mediante su capacitación
adecuada, el bilingüismo y el manejo conjunto bicultural facilitarán
su labor; además, la enseñanza formal de los primeros años del alumno
conviene que sea impartida por maestros coterráneos, para facilitar
el tránsito de la educación comunitaria informal a la enseñanza escolar formal.
Cuatro, la escuela misma dentro de cada comunidad deberá estar
lo más integrada posible al funcionamiento habitual y cotidiano de
ésta, es decir, moverse al ritmo de la comunidad y no con otro propio. Así, por ejemplo, no funcionará los días en que el ciclo agrícola
exija la participación de toda la mano de obra disponible, incluidos
los niños, o considerará las ceremonias habituales del ciclo vital de
las familias de los alumnos y de sus obligaciones propias de parentesco.

75

;~~e:csc~~nsint:;;:1 conjug~ campos de actividad que en condiciones norlubridad, Ia~cono::~\: ~~i¡~~:n!adi°s. La :iu;ación es.colar, \asasectoriales q?e l?s departamentos O
~o cotos pnvat1vos, se unen en una suma u 1
interrelaciona de tal mane a
q e as yuxtapone, agrega e
'
r ' que unas Yotras se encadenan Yentrela~~;~. reforzarse Yapoyarse mutuamente (Aguirre Beltrán, 1973, pp.

~r:t:~:d:~:a:i1::i::¡¡~~~~=

Cinco, la escuela debe adaptarse a los patrones de poblamiento.
Cuando éstos sean compactos no habrá problemas en la captación
de alumnos, pero cuando el caso es que sean dispersos habrá que innovar hacia mecanismos que les permita acudir desde ubicaciones
distantes.
Seis, además de la escuela rural y de la eventual escuela-albergue,
estrategias útiles para niños y jóvenes, la educación también consideLa importancia de la acción indigenista mexicana ha motivado que

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Siglo XIX. Cuadernos

numerosos pensadores y dentistas sociales se ocupen de ella desde perspectivas diversas; siendo Aguirre Beltrán durante los últimos 40 años
su ideólogo más destacado, su obra ha sido blanco inevitable de todo
tipo de análisis.
Cabe reiterar desde ya los supuestos de la teoría y del modelo región de refugio, en particular que la a~ción i~digenista b~sca la in!~gración de las etnias supérstites en la vida nacional, al reves de poht1cas existentes en otros países, que las mantienen segregadas en reducciones o reservaciones. Esta importante iniciativa se ve interferida por
aspectos estructurales inherentes a las situaciones intercu!turales
-que el modelo región de refugio describe y explica, como se ha
visto- en las que participan dialécticamente no sólo tales etnias sino
también los centros urbanos rectores vecinos. La acción indigenista
poco o nada lograría intentando unilateralmente la promoción de los
grupos aborígenes, por más coordinación que obtuviera de los recursos disponibles de sectores y agencias específicas, si no busca quebrar
la situación intercultural de castas sociales, transformándola en otra
de clases sociales; es decir, si no trata que los mecanismos dominicales entre la aristocracia urbana local y sus grupos tradicionales dominados sean transformados en una relación de estratos con identidad
e intereses propios, que busquen y luchen por la obtención de sus ~etas y lleguen a establecer un equilibrio entre eUos. En consecuencia,
lo que en último término busca la acción indigenista es integrar la región entera a las dinámicas macrosociales, políticas y económicas nacionales, impulsando localmente el desarrollo de un estrato o clase
media mestiza cuyos intereses específicos medien entre el estrato o
clase baja, laboral, trabajadora o proletaria, y el estrato o clase alta
dirigente, estos dos últimos con sus respectivos valores modificados
y ampliados desde su reducida cosmovisión parroquial en otra más
amplia regional y nacional.
La acción integral indigenista, previendo los dinamismos propios
de tan grandes modificaciones, busca impulsarlas a través de su propio quehacer pero, al mismo tiempo, pretende dosificar los conflictos y aminorar los inevitables choques, con el objeto de proteger 1?
más posible las características culturales de los grupos abongenes. As1,
surge una primera observación fundamental acerca de la posibilidad
de conservar los rasgos étnicos distintivos en tales circunstancias, puesto que
...el modelo ideológico que norma la acción indigenista que propone
Aguirre Beltrán es el de una sociedad capitalista, dividida en clases sociales, de cultura mestiza homogénea, en la cual no habría lugar para

Medina C.: El modelo región de refugio

77

el desarrollo autónomo de las diversas culturas indígenas del país (Stavenbagen, 1973, p. 248).
En efecto, el cumplimiento de un fin político de unidad nacional llevaría, en opinión de este autor, al sacrificio de las identidades étnicas.
Una segunda observación fundamental es que el aceleramiento del
proceso integrativo derivado de la acción indigenista refuerza la dependencia y explotación de los grupos aborígenes. Este efecto negativo en realidad está previsto en la teoría de Aguirre Beltrán, aunque
cree él que en la nueva relación de clases ellos podrán, en algún momento, diferenciar mecanismos y estrategias defensivos tales como líderes políticos, grupos sindicales, gremios u otros. Sin embargo, la
observación de los hechos acaecidos en la nación mexicana desde fines de los años 60 en adelante permite proponer que la continuidad
de su sistema capitalista dependiente
...supone necesariamente el mantenimiento de formas no capitalistas y
preclasistas en ciertas regiones del país... (Aguirre Beltrán) sobrestunó
las posibilidades objetivas del sistema para modificar de manera extensa
y radical la situación social y económica de las regiones ladino-indígenas
(Palerm, 1976, pp. 18-19)6.
En esta perspectiva existen otras observaciones menores respecto al
modelo comentado, puesto que sus capacidades descriptivas o explicativas no estarían acompañadas de proyecciones futuras que permitan predecir su viabilidad final (Van Zantwijk, 1973);· mas aún, el modelo ideal propuesto, no obstante su gran valor teórico, parecería débil en su aplicación real debido a la variabilidad de las circunstancias
locales; tal modelo, además, tendería a privilegiar el análisis de la situación intercultural desde el punto de vista de las castas, porque enfatiza las diferencias de todo tipo y la carencia de articulación
entre los actores, descuidando otro análisis complementario de un indio ya integrado a una clase proletaria local y por lo mismo sometido
a explotación de las otras clases más poderosas, si es que el énfasis
analítico estuviera en las circunstancias comunes e interrelacionales
entre ellos (Hunt, 1973).
En el nivel más bien académico, a mayor abundamiento, otra observación de interés es que el modelo incorpora el paradigma funcionalista, al buscar la descripción dicotómica contrastante usual, tipo
comunidad/sociedad, solidaridad mecánica/solidaridad orgánica o sociedad folk/sociedad urbana7. Más aún, parecería caer en alguna me-

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Siglo XIX. Cuadernos

dida en las mismas insuficiencias advertidas por el autor en otras obras
antropológicas, de presentar al grupo bajo análisis como en~ida~ ficticiamente aislada de la sociedad mayor, en este caso, la región mtercultural de la sociedad nacional (Albores, 1978).
El acopio de estas observaciones quiere sugerir las po_sibles ~andezas y limitaciones de la toería y del modelo en su pats de ongen
y más bien en el largo plazo, pero sin duda que ha co~tribuido a ~ntender las dinámicas interculturales en una forma supenor a cualqwer
otro intento anterior. Tanto entusiastas, escépticos e impugnadores
coinciden en su profundidad, seriedad, coherencia y consecuencia,
otorgándole calidad útil no sólo para los cientistas sociales sino ~ bién para los funcionarios de las agencias responsables de las acciones indigenistas y para los políticos próximos a ellas. Con todas sus
limitaciones, en alguna medida parece adelantarse válidamente a las
dinámicas aculturativas dejadas a su propio ritmo, posibilitando la
conducción de estos procesos y situaciones dentro de ciertos límites.

Medina C.: El modelo región de refugio

79

guiendo con la segunda observación fundamental analizada anteriormente, 1~ ~ragilidad de la acción indigenista propiamente tal cuando
l~s cond1c1ones ~lobales del país entran en crisis, problema que obv1a~e?te .no deriva del modelo mismo. Mas aún, incluso aceptando
la h1potesis respecto a que el sistema capitalista dependiente requiere
mantener algun~ formas ~o capitali~tas y preclasistas (Palerm, 1976)
el modelo no pierde su v1genc1a alh donde han podido actuar esos
Centros Coordinadores8 •
.Así, en síntesis, la experiencia indigenista mexicana ofrece los siguientes aspectos fundamentales: intención integracionista buscando
el desarrollo de las comunidades, base territorial comunitaria estable, enfoque intercultural integral a través de los Centros Coordinadores Y, como soporte, una columna vertebral propia y diferenciada
a tr.avé~ de todo el territorio de la República, el Instituto Nacional
Indigerusta. T~es aspe~tos bien pueden sugerir perspectivas para otros
contextos nacionales, mcluso el chileno, tan diferente del mexicano
en numerosos sentidos9•

6. PERSPECTIVAS
El interés del modelo región de refugio va más allá de los motivos
inmediatos que lo hicieron surgir, en el contexto de la acción indigenista mexicana. En una primera aproximación parece útil para el resto de los países latinoamericanos, en la medida que en casi todos ellos
existe una proporción variable de etnias aborígenes todavía diferenciadas; sin embargo, en una segunda aproximación, también parece
útil -si se lo considera desde una perspectiva estructuralista, de buscar las células básicas análogas o comunes con otras realidades- para los contactos biculturales que en todas partes también significan
las acciones profesionales asistenciales con diversos grupos noindígenas. Intentaremos en esta última sección ofrecer algunas sugerencias generales en ambos sentidos.
La acción indigenista mexicana actual, como ya ha quedado esbozado, deriva desde los primeros decenios del presente siglo, luego de
la Revolución de los afios 10, y comprende el desarrollo de las comunidades nativas sobre la base de la propiedad colectiva de sus territorios. A partir de estas bases jurídicas existenciales fundarnentales se
ha efectuado esta acción, la cual, definida desde la partida como integracionista, a partir de los años 50 diferencia los Ce_ntros Coordinadores. El modelo región de ref~gio ha sido muy útil en ~anto a
describir y explicar cada situación mtercultural y, en este sentido, s:guramente su utilidad continúa vigente; lo discutible parece ser, s1-

~ p~rtir del mismo modelo región de refugio en general y de sus
aphc~c1ones ya reseñad~s en los campos sanitario y educacional, pueden vislumbrarse otras mteresantes perspectivas ahora en ámbitos noi~dígenas, cuando éstos lo conforman grupos o sectores nacionales
diferentes de aquéllos de los cuales provienen los agentes profesionales de las. corr~~pond!ent~s age?cias. Piénsese, a manera de ejemplos,
en una situacion sarutar1a habitual en el nivel primario asistencial1°:
por .u?a parte, un consultante originario de un contexto popular o
tradicional urbano º. rural, o de un grupo socialmente marginal y,
por la otra, el profesional y su equipo de salud del cual es miembro·
o en otra situación habitual en ciertos sectores urbanos: por un lado'.
un gru~o de muchachos marginales consumiendo drogas y, por otro,
un eqmpo de salud mental que quiere su rehabilitación. Sin duda, que
en ambo~ casos sucede_un contacto cultural y un verdadero proceso
aculturattvo e? la medida que cada actor tiene su identidad propia
Yque las relaciones formales entre ambos se extienden en el tiempo.
N~ es el caso volver a toda la teoría ya expuesta, pero al menos recuerdese que cada actor tendrá sus propias dinámicas tanto internas
como e?tre sí favorables y contrarias al cambio (en este caso, tal o
cual act~tud y conduc!-3 relativa a la salud y la enfermedad); por otra
parte, bien pued~ aplicarse ª. la situación los conceptos de estructura
dual, grupo dommante/dommado y mecanismos dominicales· tal vez
arriesgando que se considere exagerado, incluso hasta puede ;ugerirse relaciones tipo castas entre ellos.

�80

Siglo XIX. Cuadernos

Ya fue descrito que la acción indigenista tuvo que superar diversos obstáculos con el fin de hacerla más eficaz, mediante la acción
integral y el enfoque intercultural. Ahora, desde una aproximación
estructuralista, puede plausiblemente proponerse análogas estrategias
para las acciones realizadas sobre este otro tipo de grupos, sean éstas
sanitarias o de cualquier otra naturaleza.

Medina C.: El modelo región de refugio

81

NOTAS
1. El autor agradece al profesor Carlos Munizaga Aguirre la lectura crítica del borrador de este trabajo.
2. Se sigue el significado establecido por el mismo Aguirre Beltrán (1968).
3. Aguirre Beltrán (1967). En este aspecto, Aguirre Beltrán cita a R. Linton El estu-

Continuando con los ejemplos sanitarios, las posibilidades susceptibles de proponer son numerosas. En las áreas del fomento de la salud (por ejemplo, nutrición, salud mental, recreación, participación
social, saneamiento ambiental, etcétera). De la protección de la misma (por ejemplo, control de agentes nocivos, prevención de enfermedades agudas y crónicas, cumplimiento de nonnas relativas al uso de
ciertas sustancias como las bebidas alcohólicas, etcétera), de la atención precoz de determinadas enfermedades o de la rehabilitación de
condiciones de minusvalía, sin duda, que las estrategias y actividades
que concerten el interés de ambos actores serán mucho más eficaces
que la mera imposición de acciones del grupo dominante al otro. Inversamente, las riquezas terapéuticas que parece encerrar la herbolaria medicinal y variadas acciones que suceden en el ámbito de la medicina tradicional o popular podrán ser mucho mejor comprendidas
y valoradas si similar cambio de actitud y conducta se produce.
Pueden, en realidad, encontrarse numerosas perspectivas interesantes al tener presente el modelo región de refugio. Expresado éste
más generalmente, para distanciarse de su punto de referencia indigenista, la acción integral en la situación intercultural (por ejemplo,
consultorio rural, escuela urbana popular, etcétera), parece permitir
un enfoque sistemático del fenómeno en observación, adquiriendo el
modelo comentado calidad de paradigma analítico apropiado para
la descripción y explicación de las características percibidas. El concurso laborioso de los especialistas del caso, según cada campo de acción, y de dentistas sociales idóneos, podrá ser fecundo en cuanto
a ampliar las perspectivas unilaterales, en aminorar los mutuos estereotipos y antagonismos de cada actor involucrado y en desarrollar
una teoría-acción más eficaz. Hoy como ayer, este tipo de sugerencias continúa la incesante tarea de ir obteniendo la conducción más
efectiva posible de los conjuntos sociales, cuando ya existe contacto
dinámico entre los actores ubicados próximos en el tiempo y el espacio.

dio de/ hombre; H. G. Barnett Innovation: Tbe basis of Cultural Cbange; A. Wa1/ace Culture and Personality; M. J. Herskovits The processes of cultural cbange·
B. Malinowsky The Dynamics of Cultural Cbange y otros autores.
•

4. Se refie~e a la c~xist~cia, incluso _cercana, de un grupo de tecnología arcaica,
econoDlla de subS1stencia y mantención de una serie de instituciones y valores ancestrales, con otro grupo de tecnología compleja, economía de mercado y desarrollo de múltiples instituciones modernas. El concepto de estructura dual es utilizado
por Aguirre Beltrán en toda su obra relacionada con indigenismo.
5. Es interesante mencionar que Aguirre Beltrán cita su coincidencia con G. Balandier, en relación con el análisis de las sociedades duales. Este autor, en su obra
Sociologie Actuelle de I'Afrique Noire (1963}, también se refiere a la estructura
dual e inclus~ a una historia dual, surgidas de la situación colonial, como también
a la separación de castas entre los estratos dominante y dominado.

6. Ladino: nombre genérico que, en la región mesoamericana, se han dado a sí mismos las personas pertenecientes a los estratos dominantes locales. Corresponde al
"misú" de la región andina.
7. Por ~azones de oportunidad no se entrará a una profundización del tema. Cabe,
eso s1, recordar los nombres de Ferdinand Tónnies, Emile Durkheim y Robert Redfield, respectivamente, como autores de las polaridades seBaladas.
8. Los Centros Coordinadores han ido aumentando en número dentro de México
desde su creación en 1951. Seguramente a la fecha no han alcanzado a cubrir t ~
las zonas indígenas del país.
9. ~staría fu~ra ~e lugar realizar un análisis indigenista comparado, pero las aplicaciones sarutanas y educacionales, entre otras, por sí mismas hablan de las import~tes diferencias entre ellos y de lo limitado de la acción propiamente indigenista
e,ustente desde hace varios decenios en nuestro país.

10. Primer contacto entre el consultante y la agencia de salud. Comprende las acciones sanitarias de baja complejidad técnica, orientada a resolver la mayoría de los
problemas de alta prevalencia pero de menor impacto médico en la población, y
otorgada en establecimientos menores del sistema de servicios de salud (por ejemplo, postas rurales y consultorios generales urbanos y rurales).

�82

Siglo XIX. Cuadernos

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• La versión inicial oo señala el año de edición de la mayoría de los trabajos enumerados

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Siglo XIX. Cuadernos

Trabajos publicados en Cuadernos
Referencia

Autor y trabajo
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norte de México (1850-1910)

2, feb/ 92

Contreras Cruz, Ciudad y salud en el porfiriato. La
política urbana y el saneamiento de Puebla (1880-1906)

3, jun/ 92

Flores Clair, Trabajo, salud y muerte: Real del Monte,
1874

3, jun/ 92

Gamboa Ojeda, Mercado de fuerza de trabajo e industria
textil. El centro-oriente de México durante el Porfiriato

l, oct/ 91

García Quintanilla, Salud y progreso en Yucatán en el
XIX. Mérida: el sarampión de 1882

3, jun/92

León, La banca chihuahuense durante el Porfiriato

2, feb/ 92

Olveda, Las viejas oligarquías y la Reforma liberal: el caso
de Guadalajara
4, oct/ 92
Romero Gil, Minería y sociedad en el noroeste porfiriano

1, oct/ 91

Sección Internacional
Medina Cárdenas, El modelo región de refugio de Aguirre
Beltrán. Teoría, aplicaciones y perspectivas
4, oct/ 92

De próxima aparición
Carlos González Herrera El
Id 1
.
mico chihuahuense dura~te ~tppeorfie. atagncultura en el proyecto econó.J, ' An
.
ma o.
ose
tomo Olvera Sandoval A ·c 1
.
en e! centro _sur de ~uevo León (~lou :~). nego Y problemas sociales
David Skemt, Coloruzación Y moder . .6
V~racruz en el siglo XIX.
mzac1 n del campo en el centro de
Ricardo Gamboa Ramí
l
.
en Saltillo.
rez, ntervenc1ón francesa Y finanzas municipales
Jolsé Juan Juárez, Intervención francesa Y finanzas m .. al
uruc1p es en
T axcala.
Francisco Télle:z, Intervención francesa fi
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loan Supplee y 1·t·1 · ·
Y manzas municipales en Puebla
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pu icos Y ganancias privadas en

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                <text>Siglo XIX : Cuadernos de historia</text>
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                <text>Revista de historia publicada por la Facultad de Filosofía y Letras de la UANL y el Instituto de Investigaciones José María Luis Mora, editada por Mario Cerutti. Contiene investigación histórica y económica de México.</text>
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              <text>Revista de historia publicada por la Facultad de Filosofía y Letras de la UANL y el Instituto de Investigaciones José María Luis Mora, editada por Mario Cerutti. Contiene investigación histórica y económica de México.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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      <name>Españoles en Veracruz</name>
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