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                  <text>�ROLANDO GUZMAN FLORES

UNIVERSIDAD, SOCIEDAD
Y CAMBIO SOCIAL

♦

1

1 ••

•

1

..

•

Dirección General de Preparatorias
Sub-Dirección de Extensión

UNIVERSIDAD AUTONOMA DE NUEVO LEON

�Rolando Guzmán Flores, Licenciado en Ciencias Jurídicas. Fue Secretario General del Sindicato de Trabajadores de la Universidad de Nuevo León. En l 970 fue jefe
del Departamento de Extensión Unive.rsitaria de la
UANL, profesor de la Preparatoria Número Uno y actualmente es Secretario de la Unidad Xochimilco de la
Universidad Autónoma Metropolitana.

VI

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"Universidad Crítica" se publica mensualmente en la Dirección General de Preparatorias. Sus objetivos son
estimular la investigación y cultura universal y ser
vehículo de extensión y comunicación universitaria.

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�La Universidad Napoleónica y los cambios sociales.

Nuestras universidades, al igual que las de toda
América Latina han cumplido un papel histórico meramente funcíonal, por ello siempre se han mantenido como espectadoras de los grandes cambios sociales y políticos ocurridos en nuestros p~íses y en el Continente,
así ocurrió ante los movimientos de independencia o
ante los movimientos revolucionarios. (1)
Son los grandes cambios sociales, los que han dado
un impulso renovador a nuestras universidades, y esto
no puede ser de otra manera, porque a pesar de la gran
influencia y compromiso social de la universidad, no es
posible concebirla (por lo menos hasta hoy) como foco
de cambios estructurales en· uná sociedad.
Es por ello, que reconociendo el desarrollo histórico de éstas, y si queremos transformar nuestras universidades en verdaderos motores de los cambios sociales, debemos ser muy cuidadosos en la.búsqueda de los caminos, es decir, las estrategias y la táctica que hemos df3 seguir para conseguirlo.
En este sentido el análisis histórico es un elemento
fundamental, pues en la historia de las universidades y
en sus transformaciones encontramos la práxis que nos
muestran los errores, las limitaciones y los avañces logrados al interio¡ de ella y su relación con el contexto económico y social en que se han desarrollado.
La universidad de la época de la colonia respondía
en sus funciones y su estructura, a una refacíón también
de dominac.i ón en ta cual los grupos que participaban
eran el clero y los criollos, los primeros en su función de
enseñanza y los segundos como la capa privilegiada de
las enseñanzas de la universidad y que debían su poder
social por su vinculación con la metrópoli y su poder
económico por su propfedad sobre la tierra y la explotación de los indígenas.
(1) Así lo demuestran Héetor SIiva Mlchelen.AY ttelnz Rudolf S, en su tra•
bajo "Universidad, Dependencia yRevoJuclón",Ed . Sllglo XXI. (primera parte).

5

�Este tipo de universidad que reproducía las relaciones de dominación de la metrópoli sobre nuestros países, estaba muy lejos de ser una universidad crítica, su
transformación por mínima que fuera dependería de los
lazos de dependencia que a nivel económico y político
operaban en esa época.
En efecto, fueron las. luchas de independencia las
que posteriormente, abrirían el camino a un nuevo tipo
de universidad, la que conocemos hoy en día como la
"napoleónica". Por basarse en el profesionalismo, la
descentralización de la enseñanza superior, es decir, por
organizarse en centros de estudios superiores, por la
erradicación de la teología y el culto a las nuevas instituciones jurídicas del capitalismo, y por separar la docencia de la investigación, esta universidad es diferente a la
anterior.
Sin embargo, este transplante de los países· europeos a nuestras condiciones específicas, significó también la presencia de nuevos centros de dominación, es
decir, de una nueva dependencia de nuestros países, que
eran llamados a cumplir una nueva función en la división
internacional del trabajo, pero en condiciones de dependencia.
Esta universidad no sólo no contribuirá al cambio
social en nuestros países, sino que adémás puede ser
entendida como un elemento q~e no encaja en el
desarrollo de los mismos, es una especie de consumo
suntuario de las clases dominantes, con un marcado
acento elitista y por lo rms~ conservadora. Ahora los
nuevos grupos participantes 'son los hijos de los terratenientes, los comerciantes" y los funcionarios públicos.
No obstante estas limitaciones, la universidad "napoleónica" contribuyó a la difusión de las ideas liberales
del positivismo científico y a la generación de los primeros brotes de una conciencia na,cional y un espíritÚ crítico.
El desarrollo en el mundo del capitalismo monopolista; que genera un cambio en las relaciones de depen-

6

dencia de nuestros países, genera una nueva estructura
económica y social en América Latina, fundamentalmente el surgimiento de grandes ciudades y una nueva y
fortalecida clase media. La universidad está .llamada a
jugar un nuevo papel en nuestros países que se han
incorporado casi de manera definitiva a lo que hoy
conocemos como capitalismo sübdesarrollado.
Lo anterior constituye el marco que ha de servir
para explicar los nuevos intentos por reformar la universidad, que se inician con la Reforma Universitaria de
Córdoba en 1918. Uno de los objetivos fundamentales
era la participación de los estudiantes en el gobierno universitario y la autonomía de la universidad.
Con esto se transformaba la universidad "napoleónica" y se emplazaba, en forma casi definitiva, la influencia" del clero en las universidades, aunque sin duda, quedaban vestigios de la anterior universidad, básicamente la profesionalización y la descentralización de los
estudios superiores.
La trascendencia de estas reformas iniciadas er:i
Córdoba es muy grande, pues toda vez que quedan institucionalizadas la libertad de cátedra; de pensamiento y
de investigación, a través de la autonomía, se ponen I ímites rígidos a la coacción del Estado, lo cual coloca a la
universidad en una situación diferente en sus relaciones
con la sociedad y el Estado.

Aunque este movimiento no trasciende los muros
de· la universidad, es decir, no cuestii;&gt;na la estructura social en que se desenvuelve la misma, sí es un punto de
arranque en los procesos críticos posteriores. Sin duda
en ello contribuyó también el acentuamiento de las relaciones neocolonialistas, que significó en América Latina
la proliferación de gobiernos militares, es decir, la desaparición· y persecución de los partidos políticos de izquierda, que a la vez que negaban los esquemas democráticos, obligaban a la población, y sobre todo a la estudiantil a una participación, o por lo menos a una toma
de posición poi ítica.
En este contexto se enmarcaron los movimientos

7

�estudiantiles de 1952 en Venezuela y el de Perú de
1955, al igual que en Uruguay, Argentina, México y Brasil, que responden a una crítica a la estructura social
latinoamericana.
Los movimientos estudiantiles acentúan su crítica
a la sociedad en la década de los años sesentas, ante la
presencia de una represión social más aguda, el surgimiento de grupos armados que se enfrentan al estado y
sobre~todo, ante la presencia y significado de la revolución cubana.
Sin embargo, su alta participación en los problemas
nacionales a través de la protesta, no encuentra los canales adecuados y es reprimida bruscamente precisamente
en la década de los sesentas, hoy los movimientos estudiantiles, podríamos decir, de ser el eje de la participación en la sociedad de las universidades, han entrado en
un receso que podemos considerar muy largo.
Sin duda, las violaciones a la autonomía y la represión de los movimientos estudiantiles, no son un fantasma, son una realidad cotidiana, que más allá de ser una
amenaza o de haber sentado un precedente, son una
medida de control sistemático del movimiento estudiantil y sindical en las universidades. Por ello, que si
bien podemos encontrar una desmovilización de los grupos estudiantiles, ésta se debe a la decisión y la forma
en que han sido reprimidos en el pasado.
Este es en general, un bre·ve panorama histórico de
las universidades en América Latina, veamos ahora la
situación histórica en México. (2)
México:
1968.

Los Movimientos Estudiantiles y su Crisis en

(2) Para la sección anterior, véase fundamentalmente: Universidad, Dependencia y Revolución, de Héctor Silva Michelena y Heinz Rudolf S. Op.
Cii4

8

Hasta la revolución mexicana, la universidad en México juega un papel similar que en el resto de América
Latina, es decir, se aprecia después de la independencia
el surgimiento de la Universidad "Napoleónica" como
una reforma a la universidad de la colonia, pero esteparalelismo histórico se rompe al igual que la explicación
de otros muchos fenómenos·pol íticos y sociales por los
acontecim~tos de la revolución mexicana.
En efécto. la reforma universitaria de Córdoba tuvo
poca, si bien nula, influencia sobre el desarrollo de la
universidad en México, pues de hecho a oartir de la re-volución, los grupos revolucionarios en el poder habrían
de durar muchos años en lucha poi ítica para garantizar
su hegemonía en el país.
Esa lucha por hegemonía culmina precisamente en
el período cardenista, con la Reforma Agraria, la consolidación del unipartidismo y la centralización de la polftica educativa. ·
Así, mientras que en el resto de América Latina
proliferaban los planteamientos del movimiento Cordobés de 1918, en México, el movimiento cristero que enf.ientara al nuevo gobierno con las armas, apenas había
sido derrotado militarmente, pero en la universidad los
grupos rel1giosos y privilegiados reaccionarios, se agrupaban con los grupos industriales y comerciales pará, en
aras de la autonomía garantizar su control sobre la ense-ñanza media, como básica y superior.
Es así, como en México no se forma un movimiento realmente universitario en favor de la autonomía,
sino que el concepto de autonomía cobra diversas acepciones marcadas en una lucha de poder que es más amplia y que se deriva de los sucesos de la revolución mexicana. (3)

13) En este sentido, wase: Autonomía Universitaria y J&gt;laneaclón Educativa en M6xlco", de Alb.-to Bremauntz, Ed. Ediciones Jurídicas y Sociales, Mblco, 1969.

9

�Los movimientos estudiantiles durante esta época
se suman a las concepciones más radicales sobre reforma
universitaria que dentro de los grupos contendientes,
sustentaban los que luchaban por la hegemonía del nuevo gobierno nacional, que logran consolidarse en el período de Cárdenas. Es decir, se resuelven en un contexto
más amplio y significan, más que una oposición al Estado, una unión con el mismo, en la búsqueda de una nue,
va dinámica política y social.
Es hasta después de la segunda guerra mundial, Y
cuando la economía mexicana empieza a entrar en crish
(1954), que repercute socialmente con la re~r~sión de!
movimiento ~ los ferrocarrileros, que el mov1m1ento estudiantil mexicano, empieza a cuestionar seriamente el
nuevo proyecto económico y social de los gobiernos "r:
volucionarios", a través de su solidaridad con los movimientos sindicales reprimidos y de una participación
política más decidida en los partidos de izquierda, que
sin reconocimiento político operan en el país a conse·
cuenda del unipartidismo oficial.
Las represiones en México de los movimientos sindicales, y la revolución cubana y la proliferación en
América Latina de las luchas contestatorias contra los
regímenes aut oritarios y militares, abren la discusión
sobre la necesidad de temar una actitud crítica ante la
sociedad, que en Mexíco no había asumido el movimiento estudiantil.
El fuerte crecimiento de las áreas urbanas y el consecuente crecimiento de las clases medias, que en México se registra durante el período de 1950-1960, tam·
bién de presión y crecimiento de las universidades, ante
un capitalismo que en lo interno se consolidaba y recia·
maba aún más recursos humanos altamente calificados.
Así, mientras el sistema capitalista presiona por una res·
tructuración de las universidades para satisfacer su demanda por profesionales, nuestros estudiantes están ante
una situación económica, política y social que empiezan
a cuestionar.

cuando la situación que prevalece en América Latina, en
relación con las uhiversidades es reencontrada por el
movimiento estudiantil mexicano. La situación de América Latina, se ve acentuada por el fenómeno universitario europeo, que iniciado en Alemania, termina con la
revolución de mayo en Francia.
Podríamos decir, que el espíritu de la lucha estudiantil en México durante esta dé1:ada, es una búsqueda
porque las universidades se comprometan con un espíritu crítico de las estructuras de la sociedad mex icana,
contra su dependencia y la presencia del imperialismo
en nuestros paises, presencia que se veía deteriorada por
las derrotas que sufría frente al heróico pueblo de Viet
Nám.
Pero este proceso, como ya lo señalaremos a nivel
de la región latinoamericana, culmina t&amp;mbién, en México, con los sangrientos sucesos de 1968, (el 2 de octubre). A partir de ese momento, el gobierno ha adoptado
una actitud inflexible contra todo movimiento que provenga de las universidades, la violación de la autonomía
y la represión son una realidad que se hace presente en
todo momento.
Ciertamente, los análisis del movimiento estudiantil de 1968 en México han apuntado haciá los vínculos
que se establecieron entre el movimiento estudiantil y
otros grupos soci~les, esta relación que se iniciara a través de esas luchas fue suspendida por la represión. Sobre
este punto, no podríamos aventurar nada acerca de si
dicho acercamiento en otro contexto, hubiera sido duradero, o deberían de buscarse nuevas formas de relación,
lo que sí es cierto, es que hoy por hoy, el movimiento
sindical universitario tiene un peso mayor en la vida de
nuestras universidades que el propio movimiento estudiantil, y ello se debe fundamentalmente a que es más
flexible, o más adecuado para vincularse a la lucha _de
otros sectores de- la población, y a que su misma existencia presupone una respuesta en contra del actual esquema política y sindical que existe en México, toda
vez que se trata, en la mayoría de los casos de un sindicalismo independiente.

Es pues, precisamente la década de los sesentas,

10

11

�Pero si bien es cierto que los movimientos sindicales universitarios independientes en lo político trascienden muros de la universidad y condicionan una buena
parte de la vida interna de las mismas, también es cierto,
que hasta ahora sus incursione'S sobre el sentido de la
autonomía y la reforma universitaria, son más bien inexistentes.
El movimiento sindical universitario no está solo,
pues ha sabido vincularse a la lucha sindical en el contexto nacional, representar las esperanzas de los partidos poi íticos de izquierda, que ante la imposibilidad de
luchar abiertamente en un contexto social más amplio
encuentra su peso más importante en la población universitaria.
En este contexto, el triunfo del sindicalismo universitario no puede ser entendido como una lucha exclusiva por mejores condiciones de trabajo, es una lucha
contra el sindicalismo charro y contra el unipartidismo,
que ha llevado a nuestro País a una situación e.ida vez
más dependiente en lo económico y más autoritaria en
lo político.
Las luchas estudiantiles del 68 y el surgimiento del
sindicalismo universitario, aunados al caos económico
que vive el país, han hecho que la situación actual de
nuestras instituciones de educación superior sea calificada como "la cris~ de la universidad". Analizamos a
continuación la verdadera crisis de nuestras universidades.

La Crisis de la Universidad: Mito o Realidad.
El pano.rama actual de las universidades en México
ha sido calificado por todos aquéllos que se han preocupado de su desarrollo, como una situación de crisis. 'Sin
embargo, a pesar de que existe consenso en calificar su
estado actual como crítica, no sucede-lo mismo si nos
preocupamos por saber cuáles son las características de
este proceso -y cuáles son las alternativas de solución.
Para algunos, la crisis es de financiamiento, para
otros es un problema del empleo de los egresados de la
universidad, existen planteamientos en el sentido de
que la crisis se debe a un disfuncionalismo entre el
"producto" que go/1era la universidad y la demanda por
esos recursos humanos que hace la sociedad o el mercado, pero una de las apreciaciones más frecuentes y generaljzadas es que efectivamente la universidad no cu~ple
~ la función que le corresp~nde eh n_uestras sociedades subdesarrolladas y depend ,entes. ·Sin pretender ser
muy exhaustivgs, podríamos decir, que el eje de todas
las argumentaciones, o propuestas de solución que se
dan a lo que .se ha denominado crisis, se refiere a uno o
varios de estos puntos. Hagamos un análisis de cada posición.
Quienes señalan que la crisis se debe a las pocas
probabilidades de empleo de los egresados de la universidad, se basan efectivamente en el fenómeno que ya se
empieza a sentír en México de subempleo del profesionista y de la rígida piramidación ele los distintos niveles
de enseñanza. (4)
Es cierto que el subempleo de nuestros egresados es
un probiema actual, pero es necesario precisar con claridad cuál es su origen, pues de lo contrario al proponer
soluciones podemos equivocarnos gravemente, en ese
(4) Jaime castreJón Diez, en "La Educación Superior en México" sellala:
" .. . de 16 millones de estudiantes que forman el sistema educativo
nacional, 300,000 cursan estudios superiores y de éstos sólo egresan
30,000 ..• " El problema es por tanto de empleo para los egresados
y desde el punto de vista de la universidad, de la tntegraci0n social de
sus productos. Véase pág. 6.

12

13

�sentido lo que tenemos que preguntarnos es si efectivamente para la universidad es un problema de integración
social de sus productos, a lo que yo preguntaría de otra
manera, lla estructura o el elenco de carreras con que
cuenta la universidad, tesponde o no a la estructura de la
demanda y en qué sentido? Aquí no hay duda, nuestras
universidades ofrecen en las distintas áreas un elenco de
carreras que yo calificaría de suficiente en número y necesidades, por ejemplo en el área de ciencias naturales y
exactas contamos con 22 carreras, entre las que se cuentan computación electrónica y sistemas de computa•
ción, es decir, tenemos carreras para responder a las Aecesidades más modernas de nuestros países; en el ár1::,a
de ciencias médicas contamos con 16 carreras; en el área
de ingeniería y tecnología contamos con más de 50
carreras.
Por lo anterior yo no me atrevería a señalar que
exista una crisis por esta razón, pues disponemos de la
infraestructurt suficiente para abastecer las necesidades
de la demanda social por profesionistas, consecuentemente, el problema surge de la incapacidad del sistema
económico para crear trabajos productivos, o bien, pudiera existir incongruencia entre lo que se estudia al
interior de las distintas carreras y el tipo de calificación
que se requiere para los distintos trabajos específicos.
T o&lt;fos conocemos bien que una de las características más importantes del desarrollo del capitalfsmo en
nuestros países es la dependencia tecnológica, que tiene por resultado la formación de estructuras industriales
monopólicas que no permite el uso adecuado de nuestros recursos productivos entre los cuales se encuentran
los humanos, pero que además no permite el desarrollo
de nuevas tecnologías, e implanta sistema.s poco competitivos con una fuerte tendencia al estancamiento, esto
hace que el ritmo de crecimiento de la industria mexicana impida un crecim iento adecuado de la demanda por
profesionales y por todo t ipó de recursos humanos calificados y no calificados. (5)
(5) Para este punto véanse los trabajos de Mler Merhav " Oitgopollo y De·
pendencia Tecnológica", Ed. Periferia y el trabajo de SaCJI Trejo Reyes
"La Industrialización en México", Ed. Siglo XXI.
-

14

Si a lo anterior agregamos que la alta concentración de la propiedad de la tierra, la improductividad de
los minifundios y la ineficiencia del sistema ejidal, tenemos como realidad en el país una industria poco dinámica y un sector agrícola estancado e improductivo, que
obviamente explican no sólo el subempleo de nuestros
profesionales, sino el desempleo de un alto porcentaje
de nuestra población económicamente activa, que hoy
se denomina marginada, y de una muy acentuada concentración de los ingresos.
Es indiscutible, que la universidad no puede resolver estos problemas, que son problemas de capital productivo y de estructuras de mercado definidas, por ello
nos parecen ingenuas las proposiciones que señalan que
nuestras universidades ante este problema deberían
"crear instituciones económicas que tiendan a crear
plusvalía ... promover lo que se llamarían empresas comunitarias .. . el móvil principal d·e fortalecer o ere.ar
empresas universitarias sería crear empleos . . . y poner
en marcha procesos económicos que terminen en la creación de más fuentes de trabajo". (6)
No podríamos pensar en forma más inapropiada
para la solución de estos problemas que la referida, pues
desconoce, no sólo los orígenes reales del problema, sino
que también desconoce la viabilidad de dichos proyectos
y no sólo en lo económico, como ya lo señaláramos antes, sino los sociales que tienen que ver con una función
social más alta de nuestras universidades.
Veamos ahora el problema de la disfuncionalidad
del producto que generan las universidades y las necesidades sociales reales del país, que pretende explicar el
problema del subempleo y la falta de trabajo para nuestros profesionales.
Sin duda uno de los problemas que afrontan nuestras universidades es el referido a las características expecíficas o los conocimientos específicos que deben te(6) Esto es lo que propone Noel McGuln, profesor de la Universidad de

Harvard, véase su ponencia en "Unlv«sldad y cambio social en América Latina". Ed. UAM•X. Pág. 39.

15

�ner nuestros estudiantes para que el sistema, con las limitaciones que ya señalamos antes, los incorpore en trabajos productivos; este problema se sitúa en la capacidad
que tenemos para captar nuevas demandas a través de la
apertura de nuevas carreras, para ello nuestras universidades cuentan con la infraestructura necesaria, no sólo
para investigar el surgimiento de nuevas demandas, sino
también para estudiar las prácticas profesionales específicas relacionadas con cada carrera, es por ello que este
factor no lo consideramos como una crisis, sí lo reconocemos como un problema, pero ante el cual nuestras
universidades cuentan con los recursos adecuados para
encontrar las soluciones debidas.
El problema más importante y más discutido y que
es anunciado en las portadas de todos los libros de análisis de la educación superior, es el que se refiere al papel
que la universidad debe jugar en el cambio social y que
en la vida de nuestras universidades se refleja a través de
las acciones de los sindicatos universitarios y que en algunos casos se generaliza al movimiento estudiantil, es
decir, la búsqueda por establecer un compromiso con las
grandes mayorías de la población obrera, campesina y
marginada de nuestro país.
Este problema, que no siempre se discute abiertamente, y que muchas veces se le distorsiona a través de
concepciones muy diversas robre el concepto de cambio
social es realmente fundamental en la vida actual de
nuestras universidades.
Sin duda el concepto de cambio social es muy amplio, hay quienes lo entienden como una desvinculación
de disfuncionalidad de la universidad con el desarrollo
del capitalismo, de ahí que sus proposiciones lleven a la
idea de un mayor acercamiento y acaso control de la
iniciativa privada en el interior de nuestras universidades.
En realidad si nos limitáramos a entender así el
problema tendríamos que concluir en primer término
que si algo han h~cho nuestras universidades es participar y apoyar el desarrollo del capitalismo en nuestros

16

países, por la vía de proporcionar recursos altamente
caHficados a las empresas industriales y a la estructura
gubernamental para la administración y control del
desarrollo capitalista, en segundo término, esta idea
de cambio social. conlleva necesariamente una actitud
contraria a todas las inquietudes del movimiento sindical y estudiantil, pues en la medida, en que como ya lo
señaláramos antes trasciendan y critiquen las estructuras económicas, políticas y sociales del país, son entendidas col"no una amenaza por el sistema.
Pero si nos situamos en otra perspectiva, es decir,
en la de consíderar el cambio social, como la búsqueda
de nuevas estructuras que respondan a un compromiso
con las grandes mayorfas no privilegiadas del país, entonces lo que tenemos que concluir es que nuestras
universidades han sido hasta ahora un instrumento del
desarrollo capitalista dependiente en nuestros países, es
decir, que nuestras universidad~ se han dedicado a producir cuadros técnicos aptos para un sistema sin cuestionamiénto alguno, por ejemplo, nuestras universidades no deSárrollan la investigación científica y tecnológica, simple y sencillamente porque somos países dependientes en lo tecnológico, e incluso en lo cient meo.
Es lo ant~riot lo que explica que en nuestras universidades la investigación científica sea prácticamente
inexistente- y de que cuando se realiza alguna investigación lo haga con poco sentido para el desarrollo de
nuestros países~ pues no sólo hemos importado los
problemas que se estudian en otros países, sino incluso
las metodologías. Esto demuestra claramente el funcionalismo de nuestras universidades con el sistema, al cual
no critica, pues ciertamente, líl'I país que importa toda la
tecnología de los países centrales, no requiere de investigación tecnológica y cient mea, requiere sólo de preparación de profesionales para integrarlos a la producción
y a la administración, es por ello que nuestros presupuestos universitarios, se dedican tasi exclusivamente al
aspecto de docencia.
En este sentido coincidimos -aunque no en todos
sus alcances-\ con la nueva corriente que al interior de
I

17

�nuestras universidades plantea la necesidad de acentuar
un espíritu crítico que tenga como objetivo la consecución de la incorporación de nuestras universidades en
proyectos que signifiquen un cambio de estructuras.
(7)
Es-ta perspectiva plantea una crítica al sistema actual en el que vivimos y su sentido en último término es
la extensión de los beneficios del desarrollo a las capas
más amplias de la población la adhesión y formación de
un nacionalismo más radical en nuestros países y sobre
todo una vía más clara de independencia económica,
tecnológica y cultural. Sin embargo, surge una cuestión
que no es fádl de responder, esto es, un proyecto nacionaJ de este tipo debe ser una realidad no sólo económica
sino política y su decisión no puede surgir del interior
de nuestras universidades, además de que la extensión
de los beneficios del desarrollo a las capas mayoritarias
de la población tropieza con grandes obstáculos dados
los objetivos de la clase capitalista.

Sin duda, de existir un proyecto nacional de ese
tipo nuestras universidades podrían jugar un papel muy
importante en sú i"1plementación, pues reformista o no,
nuestra universidad no necesita ser convencida de participar en el cambio social, ya lo está haciendo, aunque de
una manera poco crítica y sería preferible tener una universidad funcional ante un proyecto social más justo que
seguir siendo funcionales bajo las presentes condiciones.
En estos momentos nuestras u·n iversidades luchan
por un reencuentro con las clases populares y bajo la
perspectiva de una posición crítica ante las actuales estructuras económicas, poi íticas y sociales, en ese contexto, significa una oposición contra el sindicalismo charro
(7) Estll Idea generada por Osear Varsavsky, en su ((bro "Proyectos Nacionales", Ed. Periferia, ha sido retomada por algunas de las personas

más 11ersadas en nuestro pafs sobre el problema de tas universidades,
tates como Rodolfo Stavenhaven y Pablo Latapl, et planteamiento es
en los siguientes términos: si hemos de transformar nuestra sociedad,
dentro de los limites del desarrollo del capitalismo, hagéimoslo por
la vía del mejoramiento de los grandes grupos sociales y en relación
a problemas tan concretos como alimentacl6n, vestido, etc. de 10 que
Infiere que la tllrea de nuestras universidades es estudiar la viabilidad
de estos proyectos. Véase la ponencia de Stavenhaven, en: "Universldlld y Cambio Social" Op. Cit.

18

y el unipartidismo, a la vez que una lucha contra lo precario de las condiciones de vida de la población.
De esta situación particular proviene la crisis, pero
no la crisis de la universidad, sino de las estructuras poi íticas, que ven amenazada su estabilidad por la posibilidad de que una gran población con alta capacidad de
análisis político y social se ponga al servicio de las luchas
contra el establecimiento.
Veamos ahora lo que se ha denominado la crisis
económica de nuestras universidades, buscando también
sus orígenes y sus consecuencias.
En muchos casos se ha manejado que la-crisis de las
universidades es económica; si el enfoque fuera en los
términos de que las universidades deben .dar cabida a la
demanda por educación superior, tal vez debiéramos
aceptar que los recursos son insuficientes. Es esto admisible después del substancial incremento que en forma
de subsidios se dio en los últimos años a las Instituciones de Educación Superior.
El argumento más fuerte es en otro sentido: La
universidad debe depender menos de los subsidios federales y de ser posible autofinanciarse, ya sea mediante
las cuotas que deben ser cobradas o buscando subsi_d ios
dentro de la iniciativa privada.
El argumento se presenta lleno de aspectos de eficientismo y .mejoramiento en el uso de los recursos
económicos, sin embargo, proviene de la incapacidad de
comprender que la única instancia con que cuentan
nuestros países para hacer efectiva una poi ítica de mayor independencia tecnológica y científica son las universidades públicas.
En ese sentido la preocupación nuestra no debiera
ser lcómo puede la universidad autofinanciars-e?, sino
más bien cómo podemos ser capaces de, a través de la
universidad, concretizar una poi ítica de desarrollo tecnológico,,-que, tenga en cuenta las características particulares de nuestros país-es.

19

�Porque en efecto, un breve análisis del crecimiento
de los recursos de las universidades señala que estos se
han incrementado en los últimos ~ños en más de 100%
en términos reales.
El incremento de la población universitaria apenas
si alcanza un 91 % de crecimiento entre 1967 y 1975,
pues subió de 288,900 alumnos a 553,200, obviamente
si comparamos el crecimiento de la población universitaria y los ingresos ele las universidades no podemos
aceptar que la crisis sea económica.
Sin duda existen universidades que cuentan con pocos recurosos; en el D. F., se gasta más del 60% del presupuesto de las universidades y tiene una población
menor al 60%, hay universidades que cuentan con pocos
recursos en donde el costo de formar un profesionista es
bastante bajo.
En realidad los ingresos y las poblaciones de las diferentes universidades muestran una gama tan amplia
que podemos decir que es que algunas sufren problemas
presupuestales, pero de ah r a pla"ltear que la crisis de
nuestras universidades es económica tiene bien poco sentido.

La búsqueda de una nueva relación entre la Universidad

y la Sociedad.
Ya señalamos que las interpretaciones diferentes
del concepto de cambio social están ligadas a soluciones
muy diferentes para los problemas de la universidad,
pero ello no se debe a la flexibilidad-de los paradigmas o
los planteamientos teóricos, por el contrario resumen
los intere~es divergentes de los distintos grupos sociales,
o sea de su diferente procedencia de clase.
Si vemos así las cosas de, inmediato apre&lt;;:iamos que
las clases privilegiadas detentadoras de la riqueza y el poder económico hacen planteamientos muy concretos sobre cuál debe ser el nuevo tipo de universidades que se
ajuste a su jnterés y del papel que en ese sentido le corresponde al Estado.
Las formas de penetración en las universidades de
los grupos privilegiados son fundamentalmente cuatro:
la funcionalización, la academización, las universidades
privadas y la creación de universidades experimentales.
Todas tienen en común, que buscan la desaparición del
espíritu crítico de la comunidad universitaria y una presencia y control más directo de las clases dominantes
sobre el quehacer universitario, plantean en el mejor de
los casos que el Estado - anulando la autonomía de
las universidades y funcionando · como u1,1a especie de
árbitro garantice la implementación de estas cuatro
alternativas. (8)
La " funcionalización" es entendida como la adaptación y "puesta al día" de la universidad, adaptándose
a las estructuras modernizantes, servir a las exigencias
de la soc;iedad capitalista respecto a la formación, educación y especialización de profesionales, debiéndose
;i&lt;iaptar a la altura de la realidad económica y social,
ta1 como está determinada por los poderosos, este planteamiento nos llega a través de lo que se ha denominado
"econom ía de la educación" y cuyo objetivo fundamen(8) Para el desarrollo de este punto, nos basamos en el trabajo de Héctor
Silva Michelena y Helnz Rudolf s., op. cit.

20

21

�tal es la despolitización.
La "academización" parte por considerar que la
universidad es una institución social con un orden propio: es un lugar dedicado a la investigación y la enseñanza.
Por su parte la creación de universidades privadas,
es la reconstrucción del elitismo y la marginalización
de más amplios grupos sociales de los beneficios de la
educación y el desarrollo. Por otra parte, las universidades experimentales se basan en la búsqueda del deterioro de las universidades autónomas y la creación de
universidades dependiente's.
El reconocimiento de estas cuatro alternativas
como pertenecientes a los intereses de las clases dominantes nos trae de nuevo ante la realidad que señaláramos antes a propósito de _lo que se ha dado en llamar la crisis de las universidades, cuando decíamos que
lo que está en crisis no es precisamente la universidad
-aunque tiene algunos problemas- que lo que verdaderamente sucede es que las clases dominantes ven
minado su poder por la actitud y espíritu crítico de
nuestras comunidades universitarias y saben que de
dejar que esto siga sucediendo entrará en crisis todo su
esquema de dominación política y social, si bien entienden que la universidad o desde la universidad no se
hará la revolución, también entienden que es un enorme catalizador que atenta contra el propio sistema,
por eso su preocupación central es despolitizar y desprestigiar a las universidades y aumentar su control sobre las mismas. Es por lo anterior que en México, quienes entienden y se colocan en esta perspectiva y reconociendo que
hoy por hoy el sindicalismo universitario es más fuerte
que los movimientos estudiantiles, tratan de salir al paso, en su intento por cortar la salida de la comunidad
universitaria en la búsqueda de una relación más sana
con la sociedad; ese es el objetivo del tan discutido apartado "C" constitucional.

Hoy sin embargo, la comunidad universitaria se
niega a aceptar ese tipo de soluciones, pues entiende
bien que su compromiso con una sociedad que es explotada y marginada es irrenunciable, nuestra comunidad
universitaria no puede ni debe ser enajenada con esas
ideas de funcionalización y academización, pues entiende que el origen de la situación es el propio desarrollo
dependiente y capitalista de nuestros países, entiende
que una de sus tareas es la denuncia y la efectiva búsq_ueda de la universidad con la sociedad en una perspectiva de transformación de las estructuras económicas,
políticas y sociales y que todo ello se puede hacer o ayudar a hacerse a través de una redef inición de la universidad.
Es aquí donde surge una perspectiva: la transformación de la universidad en una universidad crítica, que
partiendo de la negación de las estructuras arcaicas que
hoy son ya un estorbo a la renovación académica, señale
las perspectivas alcanzables dentro de una sociedad que
es necesario reconocerlo, limita de muchas maneras su
transformación. En efecto, la universidad siempre podrá
~r transformada una vez que la sociedad lo haya sido,
sm embargo nosotros nos encontramos dentro de un
problema mayor, transformar la universidad en una sociedad que se niega al cambio.
Aun _dentro de esas limitaciones que ya señalamos,
la formación de una universidad crítica es viable y se define fundamentalmente en que la actitud crítica de la
universidad apunta en sentidos muy concretos: la transf~rmación de las estructuras económicas, poi íticas y sociales; esto no quiere decir otra cosa que la formación de
u,n_ espíritu que rechaza la dependencia económica y poltt1~a de nuestros países, que rechaza la· explotación, mi~~1a y la marginalidad de las amplias capas de ia poblac1on, que es una universidad que se identifica con el proletariado, los campesinos y los marginados, que rechaza
las formas de dominación política en nuestro país, con:
cretamente el unipartidismo y el charrismo sindical. Esto es la definición de universidad crítica, una definición
que no se queda en el cienticismo y establece el compromiso social en forma clara.

�Para lograr una universidad que responda a este
planteamiento, lo primero que requerimos es que la formación del estudiante se base en un conocimiento integral de la ciencia y su relación con los problemas nacionales señalados anteriormente, pues sólo así lograremos
que su espíritu crítico sea permanente, pero además necesitamos abandonar la idea de la formación de técnicos;
los estudiantes deben conocer las implicaciones pol(ticas
que están por atrás de las "técnicas", en nuestros países
lo anterior significa una concepción adecuada _de nuestra situación de países subdesarrollados. El estudiante
debe ser formado bajo la perspectiva de un compromiso
social irrenunciable.
Los anteriores planteamientos conllevan a una serie
de reorganizaciones internas de la universidad, una de las
principales es la desaparición de las carreras verticales y
los centros de investigaciones, nosotros debemos lograr
que la formación de nuestros estudiantes esté basada en
la unidad entre la investigación y la docencia, no es posible que un país como México dedique del presupuesto
de sus universidades tan sólo el 6% a la investigación. (9)
Por otra parte, el diseño de los -sun:i1ot,1l-tta debe
estar basado en dos aspectos fundamentales de su vida
profesional; la realidad nacional enfocada con esp fritu
crítico y las prácticas profesionales concretas; ello dará
como resultado, una actitud de crítica permanente y renovación personal del profesionista.
Pero además de estas transformaciones, existe la
necesidad de redefinir la relación entre la untversidad y
la sociedad, en este sentido ya señalamos que una de las
tareas fundamentales es que los conocimientos y la capacidad de la comunidad universitaria sirvan de apoyo
a la reorganización y la lucha de los movimientos populares, esto se puede lograr no sólo con las relaciones naturales que se dan entre las organizaciones sindicales y
estudiantiles de nuestras universidades con otras organizaciones, se puede lograr también a través de una redefinición de la extensión de la universidad.
(9) Para este punto véase Jaime CastreJ6n Diez, y para las lmpllcaclones de
esta ausencia de Investigación dentro de nuestras universidades véase el
trabajo de Jorge Wltker V . Universidad y Dependencia Clentfflca Y
Tecnológica en América Latina, Ed. UNAM. 1976.

2l4

El Sistema Económico, Político

y Social Mexicano y

los Límites en las Universidades.
Nuestro país, no sólo es un paí-s dependiente, es
también una estructura política y sindical autoritaria,
que impone necesariamente I ímites muy grandes a la
realización de una transformación de las universidades.
Es por lo anterior que los objetivos que hemos
señalado para nuestras universidades rebasan con mucho
los que plantean en estos momentos personas como Stavenhaven o Latapí, porque reconocemos que para integrar a la universidad en un proyecto de reformas a nivel
nacional, no basta con que nosotros como comunidad
universitaria nos comprometamos a dicha tarea.
Los países deben tener las universidades que se
merecen y en ese sentido, reiteramos, pensamos que un
proyecto como el referido debe ser producto de una
conducción nacionalista que en México e~tá muy lejos
de ser factible, se requeriría una conducción decidida
políticamente a enfrentar la reacción de los grupos privilegiados y una libertad de acción a las organizaciones
democráticas consustancialmente diferente a la que existe actualmente en nuestro país.

Se requeriría el abandono de las poi íticas de control universitario basadas en los recursos mediatizantes
7
En nuestro pais en el que se impide la participación d~
partidos de izquierda, donde prácticamente se ha cercado su actividad a ·los centros universitarios y en cond,ciones en las que la iniciativa privada no sólo no permite
un crecimiento más importante del Estado en las actividades económicas, sino que incluso cuestiona su actual
participación, en donde existe una crisis económica fundamental impulsada por la reacción sectaria de los grupos privilegiados, un programa de este tipo es casi inconcebible.
En estas condiciones, de poco serviría que nuestras
universidades se suscribieran a un plan de este tipo, pues
actuar_en forma unilateral en las perspectivas más amplias de los problemas sociales, es en este caso frustran-

25

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