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                  <text>PoR Esos l\lluNDos
l'lJHLIC.\CIÓX ,\IEX"'L'AL ENCICLUPEIHC.\

VIREC íOR·l'RllPIETARlO

J. DEL PEROJO
Dbn~FOND()

•-~MAl.ooNADO

Vt)LUi\llEN XIV.--¡-\l'\O \l III
ENERO-JUNIO, 1907

MADRilJ)
IMPRE~A PARTICULAR DE "POR ESOS \{UlfDOS' , SAST.\ Elí!&gt;RACIA, ¡7

�Ale YHilll
OBRAS /"\AESTRAS DE FINTURA

LA BELLEZA CLÁSICA FEfv\ENINA
Los mayores triunfos de los más gran - «¡Qué rostro tan hermoso! ¡Es el rostro
des artistas que h rn rendido culto á de una madonnal», hubo quien mecenPintura van principalmente asociados á suró por colocar aquel trabajo en lugar
la representación que han dado en sus preferente de la habitación, añadiendo:
obras al indiscutible imperio de la belle- «¡ Parece mentira que haya artistas que
pinten rostros en los
za femenina. Sin
queaparecen retraembargo, es rara
tadas tanta vileza
la ocasión en que
y tanta ruindad!» Y
aparecen de acuerde este día y de tal
do los idea les de
incidente nació en
los pinlorescuando
mi ánimo la idea
tratan este asunto
que el presente aren sus lienzos más
ticulo rela la á los
famosos. Y es helectores, y quepuse
cho curiosísimo y
en práctica a penas
muy in teresa n te
nacida en mi cereque la hermosura
bro.
de la mujer-tema
Quería yo conoacerca del cual tocer la opinión de
do el mundo tiene
los principales arsus opiniones tistas y críticos consea diametralmentemporáneos acerte comprendida, no
ca de la in terpresólo por razas distación que á la betintas, sino aun por
lleza femenina han
indivíd uos de un
sabido dar en sus
mismo pueblo y de
obraa los grandes
idéntico exquisito
maestros de la Piny elevado gusto.
lu ra; y reuniendo
En mi gabinete
en mi poder las mede trabajo tengo
jores y má&lt;( perfeccolocado un bellítas fotografías que
simo retrato demuencontré de los majer. Son muchos
g ii;trales cuadros
los artistas y las
La (fioco1ida, cuadro de Leonardo Da Vinci. que se
conserva
en
el
Museo
del
Louvre,
de
Paris
que
reprod UZCO en
personas de refinaestas páginas, conda educación que
me visitan: pues mientras una de éstas, en vidéá aquéllosá un banquete,en el cual mi
presencia del cuadro, elogiaba la belleza toast fueron estas exclamaciones y esta
de la mujer retratada. diciendo extasiado pregunta: «¡Loor á la belleza femenina!

�4

LA BELLF.ZA CLÁSICA FEMENINA

5

POR ESOS MUNDOS

¡Gloria á los pintores que han sabido in- más concienzudamente los discuten y
terpretarla[ Pero... ¡cuál es vuestra opi- critican; Miss Corelli expresa decidinión acerca de este particular?» Quince da preferencia por Lady Hamilton, baeran mis invitados, lector amigo: quince cante, de Romney, que figura en la Nacelebridades en la Pintura y en la Lite- tinnal Gallery, de Lóndres. «Lady Haratura. ¡Con gran dificultad convinieron milton, esta mujer que acompañó á Neldos de mis comensales en elegir una son en su vida, era realmente-observó
misma fotografía!
Miss Corelli-una belleza excepcional,
Mientras Marcus Stone, el gran pintor de gracia y sensibilidad -exquisitas que
inglés, miem_ _ _ ___
hacían resalbro de los más
lar más aún
conspicuos de
su hermosura
la Royal Acafísica: no codemy oj .Arts,
nozco nada
concede puesmejor que este
to preferente
retrato, cu yo
á la figura feambiente poém eni na que
tico es verdaaparece en el
deramenteenconoeidísimo
,._,,---=,._,
cantador.»
grupo Loslíu En opinión
_qonotes, do
de Sir James
John Everett
Linton, que
Millais, otro
preside la Roafamadoartisyal Sociel!J oj
ta, G. D. Lesfllusirators,
lie, asegur&gt;1
«nada excede
que, «sin gécomo reprenero alguno
sentación del
deduda,lacaencanloydela
beza de lamabelleza femedonna en el
nina á Miss
m a r a vi II oso
L i nl e !J , d e
cuadro La
GainsboVlr,gen y el
rough. » Es
Niño Jesús, de
interesante reRa fa&gt;el, que
cordar queesexiste en el
ta Miss LinMuseo de
ley retratada
Dresden, es la
,-:;..,,..-...,.
por e I gran
representaclásico inglés
ción más perera tan agrafecla é inspidable como
rada de mujer
virtuosa y beque jamás se
lla, y mereció
ha hecho, suque madama
perior aún á
D'Arb la y la
las Concepcio..
.
.
llamara medio
nes de Mu- La Co11cepc1on, de lllunllo, quéex,ste en el Museo del Prado,de l\ladrirl angel medio
rill~.» Arthur Hacker, otro gran pintor muJer al considerar cuánto había hecho
inglés, se dicide por La Gioconda, de Dc1 por el bienestar de los demás aun sacriVinci, que seconse.rva en el Louvre, de ficando el suyo propio.
París, asegurando que su rostro es «el
Otro cuadro de Gainsborough, Lad!J
rostro más bello que se ha pintado, sobre Eardley, que se conserva en el Museo de
todo por su dulcísima y encantadora ex- Grafton, se lleva las preferencias del nopresión.»
table artista Mr. Solomon J. Solomon, de
Miss Maria Corelli, la ilustre novelista la Royal Academy oj Arts, de Lóndres.
á cuya opinión nadie niega importancia
El honorale John Collier, que goza auen asuntos de arte por ser una de las toridad en estos asuntos, se cuenta entre
personas que mejor los entienden y que los que hallan dificultad grande en ex-

-~--111111!

La Vírgen y el Niño Jestís, de Rafael. Consérvase esto CUldro en el Museo de Uresden

presar su preferencia por los cuadros de
aquel género: para él todos tienen valor,
aunque sobre ellos cree que el primer
lugar corresponde á Santa Bárbara, de
Palma Vecchio. «Y al decirlo,-añadeno es que yo suponga que esta sea la figura
más bella de mujer que aparece representada en el lienzo; si me inclino á creer
que no se la tiene en la estima que mere-

ce, porque no es tan conocida por el
gran público ni por los inteligentes, como
otras obras de arte más encomiadas y
de menos valla.» «Asimismo creo-dice
lord Collier-que uno de los cuadros que
mejor interpretan la belleza femenina es
el que Tiziano bautizó con el nombre de
Amor sagrado y Amor profano: las dos
figuras de mujer que en este lienzo hay

�6

POR

~sos

MUNUUS

son verdaderamente hermosas. Tam- «Creo que el encanto de las mujeres que
bién algunos cuadros de Luini que re- Boticelli pintó, sus Madonnas, como sus
presentan mujeres poseen extraordinario Venus, no tienen igual: es lo mejor que
encanto. Pero, en realidad, no puedo existe. Otra belleza femenina tendría
referirme á pintura alguna que deba ase- para mí el mismo mérito, si estuviera
gurar quepintada: me
constituye el
refiero á la hermás bello cuamosa María de
dro de belleza
Lucca que Jafemenina que
co b o della
hayan trazado
Quercia ha sa•
1os pinceles.
bido esculpir
Varios artistas,
tan magistralantiguos y momente.»
dernos , han
En cambio,
hecho trabajos
un escultor, el
magníficos,
famoso Thosorprenden tes
mas B rock,
en algunos demuestra inclitalles; pe ro ,
nación p r efetriste es decirrente por los
lo, no merecen
trabajos de su
iguales califiespecialidad, y
cativos en la
dice que nada
obra total.»
de cuanto hasQuizás el
ta ahora se ha
gran público
pin ta do para
no conozca mucopiar la bellecho el nombre
za femenina
deDudley Har•
podrá igualardy; pero los fa.
se nunca á la
miliarizados
Venus, de Micon obras de
l o. De las
arte saben que
obras pictóries uno de los
cas, la mejor, á
maestros más
su juicio, es la
brillantesde la
Venus ante el
pintura ,m la
espejo, del inépoca presenmortal. Velázte. Dudley dice
quez, ,&lt;retrato
que el cuadro
imaginativo de
que más llama
mujer el más
su atención es
bello de cuanaquel en que
tos existen»,
Gainsboro ugh
dice Brock.
representa á
El resto de
Mrs. Siddons,
las opiniones
vestida de gris
consultadas
y azul, que se
decide sus preguarda en la
ferencias por
National Gala imágen de
ller¡¡, de LónSanta Elena,
d re s. « Esde Veronesa,
añade-extreque aparece 11n
Santa Bárbara, de Palma Vecchio
m ad a mente
la célebre Viexquisito, con todos los refinamientos fe. sión que de este maestro se conserva en
meninos y artísticos, y ofrece una dispo- la tantas veces citada National Galllery,
sición de color llena de verdadero atrac- y por el hermoso cuadro Beatrice Cenci,
tivo.»
de Guido R.eni, que se guarde. en el PalaWalter Grane, ilustre acuarelista, dice: cio_Barbarelli, de Rom11.

_

I ,a Visión de Santa l!.le11a, d e Veronese, que_,.....
se conserva en la cNational
y, , de Lóndreo
.........._Galle·
__

�8

POR E!ó!OS MUNDOI

Beatrice Ce11ci, de Guido Reni,
que se guarda en el Palacio Barbarelli, de Roma

iQué cuálesmiopinión1
Yo me decido por el admirable retrato que Sir
Thomas Lawrence hizo
en 1827 de Miss Croker,
cuando esta belllsima y
encantadora mu chacha
solo contaba diecisiete
años de edad. Es uno de
los trabajos más deliciosos en retratos de mujer
.
Los hugonotes , de
porque permite admirar Everett Millais
toda la belleza femenina
que una honesta imaginación puede concebir.
Pero, á pesar de lodo, yo hago constar
aqui que participo de la opinión de los
que creen que cuando se trata de decidir
nuestra preferencia por cualquier cuadro nos viene á la imaginación el recuerdo de otros muchos exquisitos ~rabajos que nos han proporcionado grande
y verdadero deleite.
Las únicas apreciaciones que han sumado. más de una opinión son aquellas
que otorgan la palma de la belleza femenina á las imágenes que pintaron los
maestros clásicos, especialmente Murillo y Rafael. Esta coincidencia no es
casual: es consecuencia natural y legitima de lGs fines y de las aspiraciones que
persiguen los artistas autores de dichas
opiniones.

LA BELLEZA CLÁSICA FEMENINA

9

Y se comprende, además, que asi sea
porque aquellos pintores estaban poseídos de gran ardor místico, que supieron
comunicar á las obras salidas de sus pinceles: intensamente dominados por un
espíritu de religiosidad y devoción, con
el pensamiento puesto en las imágenes
que pintaban, justo era que la maestria
con que dominaban el arte de la Pintura
la pusieran en estas ocasiones á disposición de sus ideas y de sus entusiastas
fervores, llevando á cabo verdaderas
obras divinas.
A Murillo, por ejemplo, ¿puede, acaso,
negárse1e arrobamiento espiritual, mística contemplación, cuando trazaba sus
célebres Concepciones°! Fíjese bien el
lector en la fotografía que reproducimos
en estas páginas del cuadro que se conserva en
el Museo del Prado, de
Madrid. Puede asegurarse que esta inimitable
Concepción figura en primera línea respecto á belleza espiritual: la expresión gloriosa del rostro de la Virgen, la exaltación en que se nos
ofrece, la pureza, la inocencia y la juventud que
presenta, constituye todo
ello uno de los triunfos

M1'8. Siddo11s, de Gainsborougb, que se conserva en la , National Gallerp, de Lóndres

1..ady_ llamilto&gt;1, bacante, de Romoey. Consérvase
en la ,National Gallery&gt;, de Lóndrea

más grandes del arte magistral. La media luna sobre que descansa la Concep ción simboliza la castidad y la pureza de
Maria Santísima, así como su excelsa
virtud.
Timoteo Cole, un ilustre artista norteamericano que ha dedicado grandes estudios á los obras clásicas de la pintura
española, y mu y especialmente á los

lienzos de Murillo, dice que la idea d&lt;J
las Concepciones la obtuvo este inmortal
maestro de Ribera, «el cual,-añade Cole
-tué el primero que la empleó. En esta
Concepción,-conti n ú a hablando dicho
artista- las alegrías celestes aparecen
expresadas en la cohorte de ángeles que
ha y á los piés de la irnágen, mientras que
á derecha é izquierda del rostro de la

�10

POR ESOS MUNDOS

Virgen querubines y ser¿¡fines radiantes
de felicidad expresan ante la divina persona que rodean la sabiduría, la contemplación, el amor y la adoración.» Los ángeles se supuso siempre que pertenecieron al sexo masculino, y Mad. de Stael
asegura que el motivo de esta su posición
obedece á que la unión del poder con la
pureza constituye la suma perfección quf:l
los mortales pueden concebir. Es, pues,
un caso realmente sugestivo que en
esta Concepción se encuentre la Virgen
rodeada del elemento masculino y bañada al propio tiempo por un torrente de
gloria divina.
El fondo de este cuadro, cuya belleza
nunca termina de admirarse, es de una
delicadísima radiación de luz y de color,
que se suaviza en las tintas de las nubes
que rodean á María Santísima mientras

los ángeles ostentan radianlesvarios atributos de virgi11idad: uno, tiene un rama de lilas indicando la pureza y ah.diendo á la vara de San José, que floreció cuando fué elegido esposo de María;
otro, presenta una rosa, emblema de incorruptibilidad; el tercero, sostiene una
palma, representación de la victoria; el
cuarto, retiene el ramo de oliva, signo
de la paz, y como si quisiera recordar
la rama que el Angel Gabriel llevaba al
anunciará la Virgen que sería madre de
Dios. Aparece, en fin, María Santísima
vistiendo de color blanco, símbolo de
la inocencia y de la pureza, y revestida
de manto azul, color que indica la verdad
y el pesar: la Purísima Concepción es
la madre de los pe:sares y del consuelo.
El cuadro todo, en suma, es una ex-

MOTITAS

11

Amor sagrado y Amor profairn, de Tiziano

pléndida obra de luz y de colores. El fondo de nubes doradas y plateadas, el rico
azul-obscuro del manto de la Virgen y su
blanca túnica, forman una encantadora
combinación de sencillez y de grandeza,

que hacen de este lienzo uno de los que
mejor representan la belleza femenina
pura y sin mancha, aquella hermosura
que tantos enamorados subyugó entre los
grandes maestros de la Pintura clásica.

ARTURO LAWRENCE

/v\OTITAS
(Cantares de mujer

Este mundo se hundiría
si las desdichas pesaran
al Jleso de mis desdichas ...
Cuando tú me abandonaste
tu muerte á Dios le pedí.
Después ... cuando le ví enfermo,
¡ yo sé lo que padecí! ...

Dicen que alegran la vida,
ilusiones y recuerdos,
pero á mí solo me sirven
ambas cosas de tormento.
Cuando me despierto,
¡cuánto me maldigo!. ..
Porque, despierta, estoy sola;
y, en sueños... ¡estoy contigo!
fL BACHlLLER CORCHU ELO

Ma.:Omw, cuat!10 .le Boliccl!i1 'I·'º .e guarda en Is ,~ational GJllery , ! , Lóndrcs

�13

SOCORRITO

fradia el Viérnes Santo á la calle de las

SOCORRITO
(NOVELA CORTA)

La calle es estrecha, tortuosa. Ec:; una
calle sevillana del barrio de Santa Cruz
con su pavimento desigual, con sus case:
rones blancos rematados en floridas azoteas, con sus ventanucos de podridos hierros pintados dti verde, por entre los cuale~ serpen,te~ la enredadera y forman en?ªJes fantásticos las hojas del rosal y del
Jazmín. Allá al final cierran la calle las
viejas tapias ~e un convento, que se alzan
?bscuras y_ tristes, coronadas por un teJado verdinegro con jaramagos y ortigas. Un ancho portalón da entrada á la
iglesia: una iglesia pequeñita y coquetona, celeste y oro, con sus mil lucecitas
con sus altarcitos pequeños cuajados d~
flores, cuyos perfumes embriagan, trastornan. Formando ángulo con los muros del convento, una casita elegante
limplsima, afiligranada, rompe con suco~
lor rosa la monótona blancura· tiene en
el piso bajo una reja, por andalu;a, mora ;
por mora, llena de flores; por las flores,
alegre ...
Amanece.
En la _calle, se res_Pira silencio, quietud; arriba, el pedacito de cielo se tiñe
de rosa levemente; un pajarillo baja y
revolotea azorado, creyéndose preso en
aquella estrechez, Por fin la claridad del
dla ~lumina el cielo, y el pajarillo sube y
se pierde en la altura piando alegremente. La campana del convento saluda al
alba, y su toque hiende la solemne soledad, el augusto silencio, y espanta á un
ejé~cito de palomas, que pasan y repasan
bahend~ sus alas velando el pequeñlsimo horizonte. Una de las casas de la ca-

lle abre sus puertas, y sale calmosamente
y soñoliento un hombre que va al trabajo. Después, una por una, ábranse las
p_uertas todas. En alguna de ellas una vieja
riega la entrada. La esquila del convento
toca pausada mente á misa. La casita ele~ante se abre también, y Socorrito, vestida de negro, con su mantilla de blondas
y su rosario y su libro, sale persignándose y entra en la iglesia, al mismo tiempo que un viejo sacristán hace girar el
pesado portalón.
-Buenos días, señorita Socorro.
-Buenos días, Juan,-contesta la sevillanita.
Y se pierde en la semi-obscuridad del
templo.

II
. Don F_rancisco acaba de pagar el último recibo de la Cofradía, y lo estruja
entre sus manos.
-¡Eso! Pague usted puntualmente, sea
usted el hermano más antiguo, asista usted á todos los cabildos, y luego ... ¡para
qué, ¡Para no salir de simple cofrade!
¡No, pues no sigue esto asil Mañana mismo me presento en Secretaria y mando á
freir espárragos á la Muy Real Hermandad.
¡Ahí es nada! El llevaba veinte años
haciendo méritos; él habla hecho hermano de la Cofradía hasta al ¡;tato de su
casa; él, Don Curro, como le llamaban
sus compañeros, no debía un céntimo ...
¡Y qué1 ¡Se quería nombrar una comisión para que se avistara con el arzobispe, Pues se nombraba la comisión sin
acordarse de Don Curro ... Llegaba la Co-

Siel'pes, y se encontr9:b~ con otr~; Don
Francisco repartla cmazos á d1~stro y
siniestro 1 resultando con contusiones y
otras averias. ¡Bueno! Pues nadie se
enteraba de la haiaña de Don Curro.
Y sobre todo, lo que ocurría con la
Cru; la pesadísima cruz de sándalo,
caob~ y oro que él tanto am~icionaba.
¡ni por soñación se les ocurrió que la
llevara un año el buen cofrade, y eso
que él hablaba del asunto ~on todo~ los
cabildos relatando, entusiasmadís1mo,
sus innu~erables méritos. Primer méri •
to: El amanecía todos los Sábados de
Gloria en la Prevención. Segundo mérito:
El, Don Curro, si llegaba á la iglesia,
llevaba á cuestas el Sin Pecado, la bandera dos ó tres canasfülas de hermanos
diputados, y media docena de cirios bajo
el brazo de otros tantos na.iarenos que :se
habían quedado rezagados en lo&lt;; _tab~rnas. Tercer mérito ... Pero ¡que s1 qmeres! La Cruz iba siempre á parará manos de un hermanito, que odiaba Don
Francisco con todas las veras de su
alma.·
¡Y que no se daba tono el niño de la
Cruz! El enorme símbolo era paseado en
alto, gallardamente, sin una vacilación,
sin un tropiezo, todos los V1érnes Santos
por el mismo hf:rmanito. Y al tio aq_uel
no le pesaba, m se cansaba nunca, m se
morl11 de repente... ¡ni nada!
Y Don Francisco estrujaba más y más
el recibo de la Cofradía, furioso como un
demonio, cuando entró en su 'habitación
la señora Mariquita diciendo:
-¡Esta niña miase vá á desgrasiá!
-Ni la niña es de usted, ni se desgracia la niña ,-contestóDon Francisco á la
vieja criada, que, desde que se murió la
pobre Doña Socorro, era la que hacia y
deshacía en la casa.
-¡Ay, Don Francisco! Usted no sabe
ná de natta... Si viviera aquella santa
que se nos llevó el Padre Eterno, otro
gallo nos cantara ... Yo n_o soy su mad~e,
tiene usté razón: pero quiero á Socorrito
como si lo fuera ... ¡Usted no se ocupa .n.ás
que del vino! ...
-¡Señora!
-¡Si, señor, del vino recondenao , que
lo trae á usté loco!
-¡A mi lo que me trae loco es la dichosa Hermandad!
-¡Eso, la H clrmandad, también la Hermandad! Y entre aquello y esto, usted no
se ocupa de Socorrito ... ¡Pobrecita mia,
pobrecita mía!

-Pero... ¡á qué vienen ahora esos aspavientos,
-Pues vienen á lo que hace más de
un año que estoy reventando por decirle.
- ¡Reviente usted, señora Mariquita!
-Pues, butno ... Es necesario mudarse
de casa.
-¡Caracoles!
-Si, señor ... Socorritotiene ahora veinte años. Socorrito está pálida , no se rle
nunca ... ¡Y usted sabe lo que le hace falta á Socorrito7
- ¡Como no sea un mono!
- ¡¡Un novio!!
- ¡Un novio á Socorrito1 ¡Y usted cree
que le hace falla un novio7
-Si. señor.
- ¡ Y ella lo cree también1
-Eso no se lo puedo yo decir ... Pero
es cosa que salta á la vista.
-¿Que salLa á la vista7 ¡Pero si Socorrito el dia menos pensado se mete á
monja! ¡Si se pasa el dia en la iglesia! ¡Si
no pierde un sermón! ¡Sil.. .
-No desbarre uslé, Don Francisco.
Usté no conoce á la niña ... ¡ni de vista!
-No exejere usted ... ¡Se trata de mi
hija l
-No exejero ... ni tanto así.
-Pues yo creo que si. ..
-Pues yo creo qu11 no.
- Bueno, pues usted allá.. . ¡Un novio1
Pues que tenga un novio ... y ¡á vivir!
- ¿Y cómo7 ¡Valgame la Virgen! ¡Usted cree que hay muchacho que se le ocurra pasar por esta calle que no tiene salid8' ¡ Ea, Don Francisco! Múdese usté á
otra que sea más animarla ...
-Pero, señora, ¡la niña no sale todos
los días con usted á la clase de música1
¡Es acaso que e&amp;tá aqu í encerrada SocorritoL. Y,sobrelodo, ¡yo nomeacabode
convE'ncer de que á mi hija le haga falta
un novio!... ¡A ver! ¡Socorritoo!
-¡Socorritool
- ¡Niña! ... ¡Socorritoo!

III
-Aquí está Socorrito,-entró diciendo
la niña y pensando á la vez: «¡La señora
Mariquita tiene muy larga la lengua! ¡No
se la puede contar nada! Veremos. »
Y, en efecto, después de un breve silencio, dijo DJn Francisco.
-Bueno, niña ... El caso es que te he
llamado para preguntarte una cosa, y no
sé cómo hacerlo.
:--\Lo dicho, lo dichol-pensó Socorr1to

�14

SOCORRITO

POR ESOS MUNDOS

-Sabrás que nos mudamos un día de usled, que no sabe cómo buscar jaleo!
-Bueno, pues yo, ¡ea ! yo. ¿Qué hay1
estos, porque ...
La niña echó una mirada terrible á la ¿,Tú crees que yo no le conozco? ¿Tú
crees 1ue no leo yo en tus ojos y no comseñora Mariquita.
- ... porque-siguió Don Francisco- prendo tus suspiros?
- ¡Mis suspiros!
porque ... ¡Bueno! Porque ... ¡Caramba,
-Sí, tus suspiros, que á alguna parte
que te lo diga la señora Mariquita!
-Yo no ... Eso, usté, ¡usté, que es su van dirigidos ... ¡á menos que vayan á
Juan, el sacristán de las monjas!
padre!
Socorrito se echó á reir, y dijo:
-Bueno.. . Pues, vamos á ver: con
-Está bien ... Arréglese usted , que vafranqueza, ~le gustaría tener un novio?
-¡Jesús, María y José! ¡Eso se lo ha mos á ir á casa de la maestra de piano.
dicho á usted Mariquita, que la pobre Hoy volveremos en seguida.
-Pues ... andando.
está chocheando y no sabe qué hacer
por mi! ¡Si yo no he pensado nunca en
V
eso! ¡Ni mucho menos! ¡Y bien sabe usted que no son esas mis inclinaciones!. ..
Don Francisco miraba y remiraba la
¡Y no le haga usted caso á la señora Mariquita!... ¡Y yo no quiero que usted túnica de raso bordada en oro, y hacía
suponga siquiera que yo!. .. No, señor, cálculos sobre lo que le darían por ella.
en una casa de empeño!,'!.
no, ¡en la vida! ¡Bien lo sabe usted!
I
-iLo ve usted, señora?
- dijo Don Francisco.
- El caso es que yo no
le he dic'ho á usted tanto,
-replicó la señora Mariquita.
-¡Vaya, vaya! ... Dejarme solo, que quiero arreglar mis asuntos con la
Cofradía.
- ¡Adios, papá! ... Y por
mi parte ...
-¡La Cofradía, la Cofradía l-salió murmurando la señora Mariquita.
En la puerta la espera ba Socorrito, de la que se
ganó un pellizco monumental.
IV

- ¡Pero niña!. ..
-Pero, señora, iquién
le ha contado á usted ese
cuentoT
- iPues no me has dicho tú mil veces, y me lo
has repetido esla mañana , que querías mudarle
á otra calle más alegre?
-Sí. .. Pero de eso á lo
que le ha contado usted á ...,._.,..
mi padre ...
-Yo no le he contado
nada. Todo se lo ha figu rado él.
-¡El, él! iQué se va á
- ¡Pero, señora! ¿La Diña no sale tcdos los días con usled?-dijo Don Cnrro
,á la señora Mnríquita
figurar él, señora1 ¡Eso •

¡Decidido! La empeñaba, y con la papeleta en la mano acudiría al Cabildo y
. tomarla 19: palabra para decir:
«Señores: Yo no soy orador, pero tengo la fuerza suficiente en los pulmones
para gritar muy alto que el mundo está
lleno de desagradecidos. ¡Sí, señores!
Aquí estoy yo, el hermano más 11ntiguo,
el más jerviente, el más condescendiente,
el más valiente, el más inocente, ¡ veinte
años pagando puntualmente! ¡EI que más
méritos reune, y del que no se acuerdan
los oyentes cofrades!. .. ¡Y hasta aquí llegó
mi paciencia. tQné se han creído ustAdesf ¿Yo seguir postergadoT ¡Nunca! ¡Ni
la Cruz se meha concedido un año! Pero,
poco me importa: siga usufructuándola
el mismo hermanito, y la semana que
_ viene, que es la S~mana Santa, no saldré
yo en la Cofradía, por dos razones. Primera: porque no me dá la real gana. Segunda: porque, aunque quisiera desistir
de este propósito, no podría, pues he empeñado la túnica y he gastado el dinero en manzanilla ... He dicho».
VI

~

Y allá vá nuestra Socorrito, la sevillana gitana más gil!ma de Sevilla, haciendo como que pisa , aligerando el paso y
obligando á !udar la g&lt;.ta gorda á la señora Mariquita, que con el método de
Eslava 'bajo el brazo la sigue á duras
penas, trotando corto y sonriendo á los
sevillanos de pura cepa, que se quedan
petrificados al pasar Socorrito y la dicen
con toda el alma cualquier cosilla.
«Si fuera Josué, paraba er só pa que
yegara osté ante.»
«No sea usté mala sangre y déiese os té ver.»
«¡Quién pudiera mandá en la mano
con que s'e recoja usté la fdlda l»
«Paese mentira que con dos piñonst tos se corra tanto!»
«No corra usté, mi arma, ¡ya lo dise er
cantá: «¡Jasta mañana no prenden á los
ojitos negros!»
«¡Quién fuera adoquln!» (Esto lo dijo
un concejal muy gordo).
«¡¡¡Ay!!!» (Un viejo).
«¡¡Onl!» (Un célibe entrado en años).
«¡¡¡Ah!!!» (Un poeta de esos de chalina).
«¡Juy!» (Un macareno).
En fin,á Santa Cruz iba Socorrito,y al
pasar por delante de una de las puertas
de la Catedral huyeron las palomas que

15

en lo alto de las gárgolas había porque
no estaban acostumbradas las pobres á
que la vecina eslátua de San Pedro echara piropos.
La pobre señora Mariquita se quedaba
atrás, y entre ella y Socorrito ib11 también
á buen paso Perico, con su bombín inclinado á la izquierda y su cigarro en la
boca.
Y Socorrito iba diciendo:
-¡Sí, sí! ¡Que me sigue, que me siguet
Cuando yo pasé por la plazad1:1 San Francisco salia de la calle de las Sierpes, y...
¿Por qué le habré mirado, madre mía?
¡Claro, como una es tan inocente •.. hace
las cosas sin pensarlas y así salen
ellas ! Y por la calle Génova he cogido los adoquines atravesados y he pisado la mar de rayas. ¡Y con lo malo
que es pisar una raya! Bien me estoy
desquitando ahora por el Alcázar, q11e no
se vé una ni por un milagro ... ¡Maldita
farola, vaya una sombra que dál Y es.
estrechita: ¡media legua! Yo no la piso ...
¡Ya llego! Donde no hay rayas, deben
considerarse como tales las sombras ...
Ya llegué ... ¡Yo salto!
Y saltó.
Un moreno.-¡De lo bueno poquito, mi,
alma!... ¡Negras!
-¡Jesús, sí que son negras! ¡Vaya lodo por Dios!. .. Parece que no me sigueel de la calle de las Sierpes. ¡Ave Maria ,
sí, que me sigue, que me sigue! ¡Cómo
se alarga su sombra ... Y la voy pisando ... ¡Mala sombra! ¡Qué foo y qué largo! El sombrero parece un cucurucho ...
Y esa guía del bigote tiene medio metro
en la sombra ... ¡Toma, toma , en la cabez1! ¡Así, así! ... ¡Ahora en el pescuezo!. .. ¡Toma, toma!... ¡Con qué ganas.
voy pisando! ¡Si pudiera hacer con el
dueño lo que con la sombra!... Ahora le
piso el pecho ... Ahora la cintura ... Ahora le piso ... ¡¡Madre de mi alma!! ¡Yo
me echo á un lado! ¡No, pa el otro, que
la sombra vá pa ese! ¡Ay, ya se va achicando ... ya se vá achicando! ... ¡¡ Gracias
á Dios!! Bueno. Y á este paso la señora
Mariquita vá á tener que tomar el tranvía
pa alcanzarme ... tY cómo me paro yo
ahora? ¡Es capaz de soltarme la declaración en mitad de la calle ... ¡Sinvergonzón!. .. La verdad es que voy cansadillal... ¡Jesús, mi salvación! Pur allí viene
la feísima C'lrlotita PJrez. Ahora ... ahora me paro á hablar con ella; ése, separará también, y yo le voy dando oueltas á
Carlotita y lo veo de frente .. . ¡á ver qué-

...

�SOCORRITO

16

POR ESOS MUNDOS

-· Ay hiJ. a de mi alma, vengo ajogaita

' prisas
'
por \as
que le das.t
.
á
-Cuando llegue usted á casa beber

-¡ Aligere usted, señá Mariquita!
-¡Otra vez, hija?
-¡¡¡ .. .!!! ... ¡¡Lt1.drón, ladrón, la?rónl!
¡Sinv~rgüenza, sin vergüenza, smvergüenza!

VII
Don Francisco, antes de empeñar la
túnica, decidió quemar el último cartu~ho y llamó á su casa al hermano crucero para decirle, sobre poco más ó menos:
«Mire usted, yo estoy chalao por llevar
la Cruz y es menester que usted me la
ceda este año.&gt;&gt; Si el nene decía que no,
ali[ mismo ocurriría una catástrofe.
Y llegó el usufructuario de la Cruz, un
mozo alto, guapo, simpático, que asi que
se enteró de lo que pretendía Don Curro,
le dijo secamente que ¡No!, y Don Curro
-se puso hecho una furia. Presintiendo el
mozo la catástrofe, tomó las de Villadie•
.go ... y en la puerta se encontró con Socorrito, que volvia de casa de la maestra
-con Mariquita, toda sofocada. Ambos se
cruzaron dos ó tres miradas, y Socorrito
entró y el mozos~ quedó en la calle agradablemente sorprendido y pensando que
la niña aquella le con venia y que era la
mar de guapa.
Huelga decir que cuando la s eñora Ma•
riquila se encontró con Don Francisco
le contó punto por punto lo sucedido desde la casa de la maestra allí y la desesperación de Socorrito al ver deshechas
sus rosadas ilusiones.
Ni lo creyó ni lo dejó de creer Don
Francisco, al que no se le quitaba el mal
humor. Y mientrasél volvía á hacer cálcu•
lossobre lo que le darían por la túnica en
la casa de empeños, y la señora Mllriquita arreglaba la comida, Socorrito se asomó al balcón lo menos seis veces, y todas
ellas encontró á su repentino admirador
parado en la acera de enfrente.
-Pues, señor, - pensaba la niña_¡,quién será? Mi padre debe conocerlo,
porque él salía de aquí. ¿Pero cómo salo
pregunto yo? ¡Y no es foo!
-¡A comer -gritó Maria.
Y Socorrito se retiró al comedor, pensando:
-Veremos si vuelve mañana.

VIII
¡Vaya si volvió! Allí estaba desde las
tres de la tarde.¡Bueno, menos mal! Pero
ella no con.sideraba oportuno salir al
balcón y decidió, pasara lo que pasara,

17

abrir su pecho á la señora Mariquita.
Ella est11ba enamorada ... ¡y eso es la cosa
más natural del mundo! ¡Cuántas veces
se lo habla dicho la vieja! ¡La cosa más
natural del mundo!
Y como lo pensó, lo hizo. La señora Mariquita le aconsejó que se dejara ver, y
al cuarto día de tener de mártir al jóven,
Socorrito salió al balcón.
Y así se pasaron dos días. Los dos se
miraban y los dos, aburridos por fin, al
caer la tarde abandonaban sus posiciones ... ¡Aquello era insostenible!
Pero, señor, ¿por qué no se atrevía el
muy tonto? ¡Parecía mentira!
¡Y era tan guapo!.. . Aquellos ojos
negros la traían que «no daba pié con
bola», y aquel bigote tan rizado, tan limpio, tan brillante era su perdición.
Y el caso era que el condenado no se
retiraba de la acera así le molieran á pa•
los ... ¡Bueno! Ella tampoco se retiraría
del balcón. ¡Y ya sentía unos dolores en
los brazos y en el pecho! ... ¡Nada que
iba á pillar una enfermedad por el muy

granuja!
¡Vaya un pretendiente! Y ella se lo merecía ... ¿A ver al espejo? ¡Ya lo creo que
se lo mereclal Algún ángel se quedó cieguecito el pobre porque aquellos ojos
azules y grandes eran cosas del cielo.
Pues ¿y su mata de pelo, rubio como el
oro, y su carilla de muñeca de China, tan
colora dita?¡Y no v1ilían nada sus dientes7 t.Y el cuello1 ¡Hasta ahí blandura! ¡.Y
lo que dejaba ver el picarón descoteT ¡Ni
la nieve!
¡Al balcón!. .. ¡Pero qué tontos son algunos hombres.
¡Qué buena pareja si se casaran! El,
moreno, gu,apo; ella, blanca, bonita.
¡Buen contraste! ¡Y que no iban á tenerles envidia los recién casados de la
casa de junto. ¡El era más soso y más
serio! Con los pelos para arriba, parecía
su cabeza una alcachofa ó un acerico
con muchos alfileres. Ella, fué una lamentable equivocación del Señor, que le
sacó de un molde de hacer cirios.
Su prima Ju lita sí que iba á pasar un
berrenchín bueno. Se había casado la
pobre con un viudo que cuando pasaba
por alguna esquina se reunían en ella
la mar de transeuntes, esperando á que
pasara su vientre para poder proseguir
el camino ...
Pero, como buena sevillana, ¡qué embusterilla y que exajerada se había criado Socorritol Se tenía que enmendar,
para cuando entrara en relaciones con
2

�18

na .. ¡No, eso es exigir mucho! Antes de
que concluya la semana que viene, que
es la Semana Santa ... Ya pre~onó una
vez ... ¡Y otra!. .. t1Y otra!!. .. ¡¡¡Y otra!!!
¡Qué tío! ¡Quiere meter la mercancía por
las na rice~! ¡Ni que fuéramos sordos!. ..
Anda, hijo, pregona otra vez ... Así. .. ¡Míralo, qué cara pone!... ¡Guapísimo!
-¡Ya se vá haciendo de noche! ¡Otro
día perdido!
iSe habrá creído que mi padre es mu y
malo! ¡Qué engañado está!
¡ Digo! Pues si
no ha ce muchos días me
preguntó que
si me gustaría
, un novio ... ¡Y
tanto! So I a mente que ciertas cosas no
se les pueden
decir á los pa dres. iPor qué
no se atreveráL. Si mandara á la señora Mariquita a•
Eso no tiene
comprar cualgrasia. Lo buequier cosilla ...
no es que no
¡Eso no se me
se deshagan.
había ocurri¡Eso! Pero, no;
do!...
cogeré otro¡.;
-¡Ea,yabamás duros, y
j a Maria! ...
solamente
¡Virgen de su
dos ... ¡Está tan
alma! ¡Y se le
alto el balacerca el precón! ... Ahotendiente ...
ra ... ¡Uno/¡Na¡Qué plancha
da, cayó entese hubiera tirito!. .. ¡Dos!
rado el pobre
¡Jesú!'l. le dió á
-¡Ahora! 1Unol ¡Narla, cayó enterito!-decín Socorrito arrojando á
si la señora
la calle un terrón de \ierra
él! ¡Vaya un
Mariquita no
compromiso!
supiera
todos
mis
secretos!
¡Por fin, y le
¡Y nadai ... Miró, se sonrió y se volvió á parar otra vez ... ¡Qué colornda se ha dado una carta! Mire u_sted que no
habla puesto! Bueno; eso de los terrones habérsemeocurrido hacer salir á la bueno oale, porque ella dijo que tenían que na María liasta ahora ... ¡y haber tenido
llegar enteritos al suelo, no al sombrero al hombre esperando, tantos días!
-¡A ver qué dice eso! Ahora sí que
de aquel prójimo.
-Dos muchachas vienen para acá... llegó el compromiso grande ... ¡Pero ya
Ya pasan ... Y entran en la igle~ia ... ¡No está salvado! La primera vez se tiene
les ha dicho nada! ¡Es de leg! ¡Eso sella- que decir que no... Pero &amp;Y si lo toma á
ma querer á una mujer!... ¡Por alli vie- mal y no vuelveL. ¡A escribir! «Querine el lío de las aceitunas. Si pregona do ... &gt;&gt; ¡Eso es adelantar mucho las cosas.
nada más que dos veces en la calle, ha- «Apreciable» .. ¡ Eso es casi tanto!. .. «Muy
brá paoa antes de que concluya la serna- stñor mio.» ¡Qué seriedad! ¡Pero así irá l

el pillastre de la acera. ¡Y que no iba á
decirla él cosas dulces en la reja! ¡Bueno
se iba á poner el sereno, que había tomado la costumbre de pasarse la noche junto á la ventanal
Y el muy tonto no dejaba de mirar. ¡Si
ella pudiera hacerle alguna señal ¡Bonito esta ria!
-¡Ea. ahora se vá á pasear! ... ¡Y viste
bien .... Parece
que no anda
mal de cuartos ... ¡Bah, el
dinero es lo de
menos, habiendo cariño!
Vamos á ver:
voy á echará
á la calle estos
tres terroncitos de la maceta de claveles; si se desm o ron a n al
llegar al suelo,
es queme quiere; si nó. nó.
¡Pero qué tonta! &amp;No se van
á desmoronar1

19

SOCORRITO

POR ESOS MUNDOS

Y la gentil sevillana corrió la pluma
casi rasgando el papel, y escribió:
«Yo, sí, la verdad, no me es usted-indiferente ... Pero habrá de saber que soy
muy formal. Ante todo, háblale á mi padre. Yo, por mi parte, sí: ¡para qué decir
otra cosa l»
Y echó la firma y dió un suspiro que
llegó hasta los cielos.

JX
-¡No la toman, no la toman!
Así entró diciendo en su casa Don
Francisco, con la túnica bojo el brazo.
-¡Ilastaenestotengomala pata! Bueno,
pues lo mismo dá,-pensó.-Hoy descanso y cobro energías y no bebo. Mañana
me avisto con el chisgaravís que no quiere concederme la Cruz, y á las primeras
de cambio le rompo las muelas ... es decir,
apenas me conteste: «Bien, gracias. ¿Y
usted1
Y entró en su habitación hecho una furia.
-Don Francisco ...
-Papaito ...
-iQué pasaT
-D1selo tú, niña.
-No, no, usted, señora M'.lriquita.
-Pues el caso es que ... la niña ... tiene ... un pretendiente ...
-¡Ah!. .. ;.Pero no quedamos
en qu~?...
t.f•._ ... ~
-S1 ... Pero es lo que dice la
pobre: ¡nadie se oe libre de estas

decimos que entre al pretendiente esef
-Bueno ... tOué más me dáT Que entre
y echaremos un pitillo.
Y Don Francisyo se fué á su despacho,
donde al poco ralo se presentó el pretendiente.
X

- ¡Cómo! ¿UsledT ¡Pero usted! ¿Usted
es el pretendiente?... tUsted, el usufructuario de la CruzL. ;.Y se atreve después
de lo que me dijo hace días áL.
-¡Calma, Don Franci~co!- contestó el
jóven. -Yo no sé á qué pretendiente se
refiere usted, ni yo vengo á pedir nada,
11i, en fin, ~é á lo que usted se refiere.
Yo vengo mandado por el hermano mayor de la Cofradía á rogarle que acepte
usted el viérnes que viene, Viérnes Santo, la Cruz que usted desea y que yo he
disfrutado tenlo tiempo.
-1,La Cruz? Pues ... siéntese nsted , jó-

cosas!
-Bueno, en resumidas cuentas: &amp;qué tripa se le ha roto á
Socorrito1
-Ninguna, gracias á Dios,
Don Francisco ... Pero la niña
parece que no mira con malos
ojos al...
-Bueno, bueno, ¡ustedes allá!
Pero, señor, tá mi qué me cuentan ustedesT
'-Es que Socorrito ... quiere
que usted le conceda permiso
al muchacho para ...
-¡Concedí-do, concedido ...
- ... Y el muchacho ... está
esperando que usted se digne
recibirle ...
-¡Yo! ¡Para quéT ¿Qué le voy
á decir -yoT Le ad vierto á usted
que conmigo no querrá casarse ...
-Bueno, Don Francisco: ¡le

El Uo de las aceitunas parecía, por lo que se de,11:ailitah• gritando
que quer,a ven'1er la mercn11cia il todo trance
'

�20

ven ... Le diré ... Si, señor, ¡con mucho tura, andar lento y reposado, elegancia,
gusto!-Y al decir esto lloraba de ale- etcétera, etcétera.
-¡Muy bien, muy bien!
gria.-¡Ya lo creo, si, señor! ¡Por fin se
-Y ... á otro asunto.
acuerdan de mí! ¡Yo la llevo, yo la lle-Usted dirá.
vo! ¡Merecido lo tenia! tNo cree 11sted
-Yo quiero ser el novio de su hija de
que lo tenia merecidof
-Sí, señor ... Por eso vengo yo mismo usted.
-¡Ah! iCon que no me engañaba1¡Haá ofrecérsela.
-Pues la acepto, hombre, pues la berlo dicho antes! ... ¡Socorritooo l
-No, no la llame usted, Don Curro.
acepto ... Tome usted un pitillo.
-Bueno,
-Gracias.
pues no la lla-Y, ahora,
mo ... Por mi
dígame, para
parte, no he
no tener que
de meterme
ir á pregunen ese asunto.
tarlo al CabilAllá ellas .. .
do: Nué es lo
-Pero .. .
que hay que
¿usted
me da.
hacer1
su consenti-Casi namiento?
da. Llevar la
-Si, homCruz, que pebre, si. ¡No
sa un poquituviera más
llo, siempre
que ver! ... De
derecha, y al
modo ... quela
pasar pur la
Cruz
.. .
Plaza de San
-La disFrancisco se
frutará usted
para usted
este año.
frente al estra- Pues ...
do de las autono se lo diría
ridades, gira
ni á mi padre;
usted sobre
pero, en fin,
los talones, y
allá va. Me
una vez frente
había proá ellas hace el
,:,uesto empesaludo de or' ñar la túnica.
denanza; ya
¿Quiere usted
sabe usted: ina.coro pañarclinar la Cruz
me y desemy el cuerpo,
peñaremos el
un poco, ducordón de oro,
rante unos seque es lo únigundos; y poco que me han
nerse nuevaquerido tomente deremar1
cho, volver á
-Usted me
girar y seguir
A la cabeza de la Cofradía iba Don Curro, cubierta la cara con la máscara
manda,
Don
andando. Nade terciopelo, llevando la pesada Cruz
Francisco.
da más.
-Pues ... andando. Vamos allá, y char-Si, sí... ¡Perfectamente! ...
-Usted va al frente de la procesión, y laremos un rato.
Se pusieron en pié y encendieron senya le darán un itinerario, que es el que
dos pitillos.
tendrá que recorrer.
Y salieron á la calle, mientras Soco-Bien, bian ...
-Además, es usted el más obligado á rrito y la señora Mariquita, que, como
no levantarse el anlifaz de terciopelo ... es de suponer, habían estado oyendo la
¡Y poco que sudará usted, se lo aseguro! conversación, abrazadas, se besaban una
á otra, sin poder contener las lágrimas
-Eso importa casi nada.
.1-Bueno ... Y, sobre totlo, buena a.pos~ ' de ·a legría .
'

'

,·

21

SOCORRITO

POR SSOS MUNDOS
EPÍLOGO

I
Llegó, por fin, el tan deseado Viérnes
Santo, y Don Francisco no cabía en si de
gozo. ¡Por fin había conseguido lo que
quería! Por fin iba á marchará la cabeza
de la larga fila de hermanos, con su Cruz
de ébano, caoba y oro; por fin, al pasar por delante de la presidencia del
Ayuntamiento, giraría elegantemente sobre los talones, inclinando la Cruz y el
cnerpo un instante, para volverá enderezarse, girar nuevamente y seguir por
la Plaza de San Francisco, andando pausadamente, contoneándose, enamorando
á las marquesas y condesas, marquesitas
y condesitas, de los palcos y plateas.
Y salió la Cofradía, y á la cabeza Don
Curro, que, para solemnizar el acontecimiento, había bebido más de lo regular.
La verdad, él no sabia lo que le pasaba. La Cruz le parecía de plomo, y se le
doblaban las piernas y sudaba la gota
gorda.
-¿Será debilidad?-se decía, y en cada
una de las tabernas que encontró al pa so, se echó al coleto un buen vaso de vino para fortalecer el estómago.
Y llegó, por fin, á la entrada de la Plaza de San Francisco.
-«Ténte Curro, ténte Curro, que vas á
hacer un mal papel,-murmuraba Don
Francisco viendo la plaza regiamente
iluminada, la calle ancha y limpia que
tenía que recorrer, y á un lado la aristocracia en sus palcos, y á otro las sillas,
todas ocupadas por personas elegantes.
Enderezóse lo mejor que pudo y entró
en la plaza.
¡El saludo! Ya iba á llegar frente al
señor alcalde, frente á las autoridades,
que le esperaban en sus sillones rojos,
para ponerse en pié contestando al saludo.
-¡Ay, Curro, Curro!-seguía murmurando.-Me parece que al girar vss á d11.r

en tierra. Y si no al girar, cuando inclines la Cruz será ella ....Verdaderamente,
ahora es cuando me he convencido de
que estoy borracho. ¡Ténte derecho! ¡Anda despacio, que así se nota menos!
E iba el hombre á pasos muy cortos y
muy despacio, disimulando lo que podía.
Ya llegaba al estrado, ya se Je abrlan
las carnes, ya iba á dar un costalazo ... :y
ya iba á oír mil y mil carcajadas de las
condesitas y de las marquesitas. ·
-¡Yo no giro, yo no girol-pensaba.
Y así llegó á la presidencia del Ilustrísimo Ayuntamiento. Paróse un momennto, dudó un rato, probó á dar media
vuelta ...
Y como se le iba la Cruz, sin volver
la cara, muy derecho, siguió andando
y gritó:
-¡Quearse con Dió, zefi,ore!

II
Don Curro puó en la Prevención,cosa
que él tenía descontada. Y mientras dormía la mona sobre un banco de madera,
Socorrito, tras las flores de su reja, pe\9.ba la pava con su novio.
Er11. la quinta vez.
Y allá al terminar la noche, cuando la
luna declina majestuosa y las estrellas
titilan agonizantes; allá cuando los harmónicos trinos de los pajarillos saludan
al nuevo día y el sol colora de oro y grana los débiles celajes del explendoroso
cielo, los dos amantes se despiden, y entre frases de cariño suer.a un beso, pero
un beso puro, amoroso, celestial, que,
confundiéndose con los débiles triunfos
de los pajarillos y con el leve susurro de
la brisa matinal, forma parte del eterno
himno de amor y de gloria que á la naciente aurora tributa la Naturaleza.

*

**
¡Me perdonará el lector que le ha ya
entretenido con esta bagatela?
PeoRo PEREZ FERNANDEZ

Ilustraciones de F. de la Mota

�POSESIONt:S ESPAÑOLAS EN MARR UECOS

111ehlla, vista desde el mar

POSESIONES ESFANOLAS EN fv'\ARRUECOS
La e:r:tra~rdinaria import~ncia_ que alcan.ia cuanto se relaciona con el imperio marroqut , donde el órden in~erior perturbadoamena.ia los mtereses europeos allícreados, de cuya ~aloagu~rdia !J defensa se ha encargado una misión hispano francesa
presta gran mter_és a este artículo que recuerda nuestra tradicional política afri~
cana en las posesiones que en aquel territorio ondean al oiento la bandera española.
la ep_opeya de la Reconquista
hubo termmado con la ocupación de
Granada y Málaga por los Reyes Católicos, _todo parecia indicar que el secular
~uah,smo entre la Cruz y la Media Luna
iba a traspasar el Mediterráneo para
asentarse en Marruecos, lerrilorio africano qu_e, se~ún la frase estereotipada,
es conhnuac1ón natural de España y á
donde nos llaman de antiguo más de una
razón y de una conveniencia. Y asl debla
esperarse del entusiasmo con que aquellos e~forzados monarcas emprendieron
las primeras empresas españolas en Berberla, secundados con no menor celo
por el célebre cardenal Cisneros. Pero
ocurrió entonces que Cristóbal Colón,
con su transcedenta l descubrimiento torció nC' poco el empeñado ánimo de !~Primera Isabel, que hubo de dedicar á las
~mpresas de América lodo el interés que
intentó reservar para las de Africa las
c~ales se continuaron ya con mucha tibieza porque la muerte arrebató la existencia del citado cardenal Cisneros man'
CUANDO

tenedor el más entusiasta de las conquistas á los moros.
No pretendemos hacer filosofías de la
Historia; pero el tiempo ha venido á demostrar que el fastuoso imperio colonial que en América tuvimos contribuyó
más á esquilmar la vida y la sangre de
España, que sus riquezas á hacernos
prósperos y poderosos. La fuerza de los
hechos. ha venido. con~rmando, por el
contrar10, la cap 1 tal importancia que
para España representa el simultáneo
dominio en ambas orillas del Mediterráneo, y todos los monarcas españoles que
desde los Reyes Católicos hasta nuestros
días han existido, forzados por las circunst~ncias han prestado atención, aunque bien poca, á los asuntos de Africa.
Pero no era ciertamente el esplritu del
testamento histórico de Isabel la Católica lo que guiaba las postsriores y escasas empresas de España en el Norte de
A_frica? ni si9uiera el instinto de la prop~'l ex1stenc1a, de la seguridad de la nación lo que nos alentaba:era la fatalidad,

23

la pirateria, la causa que llevaba á los es- de aquellos tiempos, sino que, á través
pañoles de cuando en cuando á aquellas de todos los siglos transcurridos, en el
regiones. La audaz piraterla,que se des- x1x precisamente más que en ningún
arrolló prolifera en Berberla , fué, en otro, cuanto á Marruecos se refería insefecto, la causa que impul~ó más de una piraba repugnancia en todas las clasesesvez á España á emprender expediciones pañolas. Asilo demuestran las repetidas
contra los focos donde aquella anidaba, y intenciones manifestadas para enagenar
los corsarios no se limitaban ya á dificul- nuestras reducidas posesiones de la costar el comercio internacional, entor.ces ta de Marruecos, que si no han prosperado débese á la caracteristica desidia
naciente, sino que caían sobre las costas
española,
que impide tanto la realización
mediterráneas asolando comarcas y rede
lo
bueno
como de lo malo. Efectivaembarcando con el botin cuando el enemente, las Corles de 1821 resolvieron famigo acudía á batirlos.
España é Halia, por su mayor proximi- vorablemente el expediente de tal enagemidad á Africa y por la importancia de nación, que no llegó á realizarse porque
sus marinas mercantes y tráfico, eran las la guerra civil que había estallado en
primeras interesadas en impedir el des- Marruecos impedía al sultán dedicarse á
arrollo de la piraterla. Para lograrlo, no otros asuntos, y además porque su extuvieron otro remedio que atacar el mal hausta bolsa no hubiera podido dar los
en sus propios criaderos: las armadas de diez millones de reales en que se hablan
Génova y Venecia, separadas ó unidas á valuado nuestras posesiones, excepción
las españolas, dieron más de una batida hecha de Cauta, que no entraba en el
á los tocos piratas que, si lograron de- pacto.
Aquella poderosa cintura de plazas esbilitar, no consiguieron extirpar, á pesar de que, por parte de España, se pro- pañolas qufl en pasados tiempos bordeacedió á ejercer una ocupación permanen- ba las costas berberiscas, desde Bugía y
te que trataba de imposibilitar en abso- Trípoli hasta Santa Cruz de la Mar Peluto las arles del corsario. Añádase á queña, ha sido restringida no poco, limiesto el odio secular, siempre vivo, entre tándose la barrera á estrechar el impemoros y cristianos, y se tendrá el verda- rio marroquí desde las Chatarinas hasta
Río de Oro, comprendiendo Malilla, Al&lt;iero carácter de aquellas empresas.
Como se ve, nuestra polHica africana hucemas y el Peñon de Vélez, en el Meno reconocla como móvil el que entraña diterráneo, Cauta y el islote del Peregil,
toda política colonial moderna, eminen- en el Estrecho de Gibraltar, y las isla~
temente expansiva, sino que respondia á Canarias y Santa Cruz , aun no ocupada,
la necesidad imperillsa de contener los en el Atlántico: 1ialones que nos han queprogresos de la piraleria, que vegetaba dado de nuestras antiguas conquistas!
siempre pujante en el Mediterráneo. De Bugía, Trípoli, Bona, Tunez, Argel,
aquí nacen nuestras empresas en Africa, Orán, Mazalquivir y tantos y tantos flodonde España careció siempre de una rones más del esbozado imperio español
P,OlHica a frica na fija y de t,e rminada; en Africa, que mucha sangre nos cospor esta razón no consideramos nunca taron, han pasado á manos rivales por
imprescindible la conservación de las tibieza, por tuerza. por fatalidad.
Solamente en 18-1~, ejemplo único en
plazas conquistadas, que con facilidad
nuestra
historia, hubo un destello de inabandonábamos, para repetir, al cabo de
teligencia,
cuando, anticipándonos á
algunos años, el trabajo de recuperarlas
Francia,
se
ocuparon las islas Chafaricon el inúlil sacrificio de vidas preciosas
nas,
la
más
moderna
y más oriental poque tales empresas llevaban en sí. Este
esplritu lo dá á conocer, con bien triste sesión española, de tal importancia que
elocuencia por cierto, un historiador de ya en 1767 el general de la Armada Don
mucha fama, el Padre Mariana, el cual, Pedro Castejón, contra la corriente que
al exponer el concepto que á España entónces se iniciaba de enajenar nuesmerecían aquellos trabajos, dice que Fe- tras posesiones africanas, probó en un
lipe 11, y con él todos sus hombres de luminoso escrito, no sólo la necesidad de
gobierno, estaban convencidos de que en conservar estas, sino de extendernos
Africa no convenia edificar, sino des- hasta Chafarinas.
Si quisiéramos extremar la antigüedad
truir.
de
las ocupaciones territoriales en MaLo malo fué que esta clase de interés
rruecos
por parte de España, habríamos
que nos inspiraban entonces los asuntos
&lt;le Africa no ha sido patrimonio exclusivo de remontarnos á la época de la manar-

�24

POS ESIONES ESPAÑOLAS EN

Desde entonces el pabellón de Castilla ha
ondeado sin interrupción sobre los torreones de aquella plttza africana. Ctiuta,
aunque ganada ante-

25

quilamente sus pipas llenas de opio, la latente el odio y acudiendo repetidas vellegada de los compradores: hay alli ces con sus tropas á poner cerco á Merincones tan típicos y pintorescos que lilla. Entre los sitios más famosos sofuera preciso irá Oriente para hallarlos bresalen los comenzados los años, 1687,
semejan1694 yl696;
tes.
mas, á peEl desasar de la
rrollo cotenacidad
me r ci al
desplega·
queMelilla
___
da, los maha adquiri---'""·---~
rroquies
do en estos
,,;.,-.,.,"1111!!!!'\ ' \
no lograú I ti m os
ron nunca
tiempos ha
su objeto.
desfiguraTal estado hasta su
do cesó, al
misma fifin, desde
son o mí a
el momenm i l i t ar .
to en que
Antes , la
•
se crearon
incomunirelaciol).AS
cación con
mercantilos moros
les entre el
fuéco~ple- •
campo y la

ta durante

MueI{e de ~1~1illa

plaza. Prin-

s i g los' ,
cipiaron
pues la hostilidad entre españoles y rifle~ los·moros por introducir alli huevos y
ños no conocía tregua. En efecto, ningu"' gallinas, y actualmente hacen con Mena plaza ha permanecido tanto tiempo en hila un comercio que llega á diez miuna absoluta incomunicación con el cam- llones de pesetas anuales. El comercio
po fronterizo como Melilla, hasta el pun• ha conseguido, pues, lo que las armas
to de que todas las vituallas, el agua nunca hubieran alcanzado: deponer la
inclusive, era llevada allí desde España. actitud hostil de los riffeños, de tal suerLos riffeños mantenían cerco continuo, suerte que hoy son ellos los primeros
11 egando
in t eresahasta imdos en que
pedir que
Melil a
el c uerpo
permanezde centine.,....__
ca en nueslas asomatrasmanos,
se á través
porque asi
de las aspipueden con
iteras: un
mayor setusil, siemguri,dad y
pre vigifacilidad
lante,siem•
proveerse
pre avizor,
de las roerse encarcaderiasde
gaba de reprocedencordar al
_.,_~~
cia euroa t re v i do
pea y nego•
centinela
ciarcon el
su descuíinterior.
do. Ad e _ __
Puédese
más de la
suponer el
hostilidad
MuellemilitardeMelill&amp;
interés de
manifiesta de los rifteños, los sultanes los mo1•os en contarnos por buenos vecimarroquies se encargaron, por su parte, nos, conociendo las dificultades que el
de protestar de la presencia de los espa- aprovisionamiento de sus kábilas repreñoles en sus territorios , manteniendo sentaba cuando las caravanas_tenían que

~~~~=:¡jií

1,!;,_:¡t;¡¡.j~~

MELILLA

MARRUI-:cos

�26

POR !!SOS MUNDOS

ir nada menos que á Fez para proveerse ninguna ventaja, cierra las puertas de la
de té, café y azúcar, entre otros artículos plaza. Entonces, todo enmudece, y Malique hoy se encuentran en Malilla á pocos lla, que de día es un emporio moderno,
pasos de todos los poblados de aquella re· retrocede un par de siglos: la tristeza domina en
gión. Ade·
sus calles,
más, los
y sólo inteprecios del
rrumpe la
mercado
monotonía
de Fez eran
alguna pa- .
exageradítrulla a r simos, somada que
brecargahace servidos con
cio de imacostosos
ginaria, el
transporeco sonoro
tes desde
de uncialos puertos
r í n, ó el
de la costa
ruido seco
atlántica.
del batir de
Hoy Melilas ola R
lla esla llamediterráve comernea s. En
Ceuta, vista desde el mar
cialdel Riff
las afueyde todo el
mediodía marroquí, y á nuestra plaza ras, en el campo moro, imperan la misma
acuden caravanas de distintas regiones soledad y análogo silencio, interrumpidel oriente y centro de Marruecos, que dos tan sólo por los muezzines de las
dan vida y animación á aquel lugar, an- mezquitas que anuncian lasoraciones.
tes triste y solitario.
Es grande el contraste que ofrece la
CEUTA
ciudadela, de calles tétricas y vetustas forLa primera impresión que Cauta protalezas, con el Mantelete, donde radica el
comercio y donde el bullicio y la sed de duce al viajero que hasta allí llega es de
negocios que comienza con la apertura sorpresa, al encontrarse ante una ciudad
de las puertas de la plaza, no termina genuinamente auropea. En efecto, vienhasta que la ley marcial, vigente siem- do las modernas casas y calles de la po pre allí con todos sus inconvenientes y blación, no parece que Cauta se asienta

Sdrrallo cristi11.no, luerte más av'lnzado del campo español, en Ceuta

POSl!:SIONES ESPAÑOLAS EN MARRUECOS

27

en el africano suelo. No se respira allí el que sería casi imposible hacer de ella un
ambiente particularísimo de las demás emporio mercantil de regular importanciudades morunas: apenas ha yen sus ca• cia. En Cauta sólo hay en la actualidad
lles moros y hebreos. Bien es verdad que una fuerte guarnición, un numeroso vela situación especial de Ceula en el extre- cindario y un no menos numeroso penal.
La ciudad con su territorio se compomo de una lengua de tierra , rodeada
ne de tres reúnicamente
cintos:
el pripor la kábila
mero, lo forde Anghera , y
ma el monteen
entre dos locos
que
se asienta
de comercio
la Torre del
cu a I es son
Hacho, que coTánger y Terona la altura
tuán, no es la
más saliente
más á propóde Cauta y misito para que,
de 195 metros
tanto moros
de
elevación;
como hebreos,
el
segundo,
lo
que sólo van
constituye un
tras el negopequeño valle
cio, acudan á
cultivado,
en
la ciudad.
el que ya exisEl aspecto de
ten buen núCeutaes carac•
mero de consterístico: no
trucciones, y
tiene el cariz
termina en la
de las ciudacolina de la
des orientales
Almina; el terque Malilla
cero,
está forpresenta, ni la
mad o por la
mezcla de cosciudad propiam o poli ti s mo
mente dicha.
que se deja
Las fortificasentir en Tánciones
que deger, ni ofrece
fienden el tela coquete ría
rritorio, que es
parisién de Arbastante
escargel. Cauta no
Puerta y puonte levadizo qu~ dan entrada á la población amurallada
pado, a hunde Cauta
·
se puede comdan, sobre toparar con ninguna ciudad africana: es una urbe euro- do en el istmo que termina en la falda
pea, que tiende á ser lo que Gibraltar es. oriental de la Montaña del Marabut,
No hemos de hacer aquí la historia de nombre que recibe el mon~e. donde se
Cauta desdeque, apareciendo como asen- entierran los santones de S1d1-Muza, y
tadora de las columnas de Hércules, que en Cauta se conoce más generalmenatraviesa y participa de la triste suerte te por la Casa del Renegado, por ser
del conde J ulián y pasa después por fama que uno de éstos fué el que dió origrandes vicisitudes cayendo indistinta- gen á esa generación de santones.
Siendo el territorio bastante estrecho y
mente en manos de portugueses, españoles y moriscos, hasta la gloriosa guerra reducido, los fuegos de los fuertes sirven,
de 1859 durante la cual dicha plaza fué á la vez que para contener al enemigo de
el centro de operaciones del ejército es- tierra, para batir al que en la mar nos
pañol. Hoy, que tanto se habla de nuestra asedie. El terreno es muy escarpado y
influencia en Marruecos, bueno es recor- forma profundos barrancos, cubiertos
dar que, gracias á la más funesta de las por espesa maleza, algunos de los cuales
incurias, Cauta, que pudo ser por sus es- van á morir bruscamente en el mar.
El campo neutral se extiende hácia el
peciales condiciones un centro comercial
importantísimo é impedir el desarrollo Oeste y en él se conservan las ruinas de
del comercio inglés y francés por Tánger la antigua Septa de los romanos.
En Cauta no existe puerto, y cuantas
y Tetuán, se ve hoy anulada de tal modo

�28

POR ESOS MUNDOS

POSESIONES ESPAÑOLAS EN MARRUECOS

obras se han intentado para formarlo en victimas que ocasionó la guerra de 1859.
la bahia natural han sido siempre desCauta, como Malilla, es puerto franco,
truídas, ó por el mar, que incesantemen- aunque, á la verdad, para el escaso cote las halla, ó por las arenas que arras- marcio que allí se hace resulta inútil
tran lascoesta concerrientesdel
sión.
Estrecho.
Hay una
La costa
c os a e n
ofrece, coCauta que
mo el resto
llama mude la macholaatenrroquí del
ción, y es
Estrecho,
¡;........-.----:
la compaalgunaspeñla de moqueñas enros, formasena das,
da poralque sirven
gunos made refugio
rroquíes,
á todo gé.
.....
cuya prinn ero de
- ..........
cipal micontrabansión condistas.
sis te e n
El fa ro
adornar la
deCeuta se
Coman eleva sobre
j
da ncia geel cerro de
neral dánlos M O S_ Compañia de moros tiradores de Cauta, mandada por oliciales del ejército español dola guar-

i,

.J

queros, á 180 metros, y es de luz blanca dia. Sus trajes, son, en efecto, muy vistofija. Aunque no es de los peores que sos y parecidos á los uniformes de los
España tiene, forma, sin embargo, gran zuavos franceses. Antes del año 1860,
contraste con los magnificas eléctricos esta compañía residía en Malilla y la
que sobre la opuesta costa ha instalado formaban los moros confidentes de las
la Gran Bretaña.
diversas posesiones y los que se señalaComo queda dicho, ofrece Cauta todo han como más adictos á España; pero,
el aspecto de ciudad europea, bastante poco después, fuá destinada á Ceuta,
bien u rbadonde dinizada; pe- '
cho pequero no por
ño cuerpo
esto puede
constituye
asegurarse
una figura
que desdecoraticuella por
va. Los mala magnifid r i 1años
cencia de
conocen el
sus edifiaspecto de
cios ni caestos molles. De los
ros porque
estuvieron
primeros,
en la capilosmás notal de Establiis son
paña para
la Comanrendir pleidancia getesía al rey
nera 1, la
Don AlfonCatedra 1,
so XIII en
que es obra
Islas Chalarinas. Islote del Congreso
sus bodas
del siglo
xv, el Ayuntamiento, y el Penal, que con la princesa Ena de Battenberg.
El presidio de Ceuta es el principal de
antes fué convento de franciscanos. Monumentos sólo existen dos: uno elevado cuantos España sostiene en Marruecos.
á Carlos IV, y otro en memoria de las Es casi seguro que desde las conquistas

29

primeras los penados marchaban siem- mariscal Mac-Mahon, entonces coronel,
pre juntos con los guerreros, con objeto quiso poner en práctica el proyecto acat:!e hacer las obras de fortificaciones; así riciado, preparando una expedición que
resultó con el tiempo que los presidios, habla de ocupar para Francia el estratégico archique entoni piélago. Peces eran
ro enterado
hasta cierto
deestospropunto necepósi tos el
c es arios,
G oh ierno
han echado
español, orhondas raídenó urgences, de tal
temente al
modo que
general Separece que
rrano, capinadie se
tán general
atreve hoy
de Andaluá extirpar
cía, la inestas terrimediata orbles c líniganización
cas de las
de una exllagas sopedición
cial es de
que se adenuestras po•
lantara á la
sesionas
Islas Chafarinas. Islote de Isabel JI
francesa.
marroquíes, dignas, por oierto, de mejor suerte.
Fué aparejada con urgencia una fragata en el puerto de Málaga, y en ella
embarcaron algunas tropas que, favoreLAS ISLAS CHAFARINAS
cidas por el buen tiempo, arribaron á
Forman un archipiélago de tres islotes Chafarinas oportunamente, plantando la
que ocupan una estratégica posición fren- bandera española el 6 de Enero de 18J8
te á la desembocadura del caudaloso río sobre las mayores alturas de las tres isMuluya, no lejos del arroyuelo el Kiss, las.
que forma la frontera entre Argelia y
Dícese que pocas horas después llegó
Marruecos.
á la vista de Chafarinas la expedicióa
Desde 18-15, terminada felizmente la francesa, toda ajena á la realidad de lo
guerra de ocupación de la nueva colonia ocurrido. El asombro de Mac-Mahon al
francesa de
ver que onArgelia
deaba la
con la subandera esmisión del
pañola no
emir AbdreconoEl- Kader,
ció límites.
las autoriPero no tu- ·
dades franvo más recesas abrimedio que
gaban prodisimular
yectos exsu enojo,
pansio nishaciendo
tas en Maviraren rerruecos
d o n do el
que, en
buque que
1848, iban
le conduá efectuarcía.
se con la
Están las
previa ocuVista de la plaza y puerto de Isabel 11
tres islas
pación de
en si tu alos islotes citados, conocidos por los mo- ción tan singular que forman con la cosros con los nombres de Xaferin ó El-Já- ta marroquí, que se levanta á pocas millera Kebdana (Peñas de Kebdana). El llas, el más abrigado puerto natural del

�POSESIONES ESPAÑOLAS EN MARRUECOS
POR 8808 MUNDOS

30
lituidos por soldados que son los que hoy
mundo. ¡Cuántos naufragios hubieran representan Ia soberania española en
ocurrido sobre las inhospitalarias costas aquellos solitarios peñones.
berberiscas de no existir como providenModernamente, un africanista muy
cia salvadora las Chafarinasl Buques de ilustrado y entendido, Don Saturnino Xitodas nacionalidades y clases afluyen á ménez, obtuvo la concesión de una facsu protectora rada cuando un temporal toria en la Isla del Rey, empresa que no
furioso se desencadena en el Mediterrá- ha podido llevar á cabo por la injusta
neo. Entonces, aquel despreciado para- oposición que se le hizo creyéndosele
je, que en tiempos de bonanza visita tan agente de Alemania.
sólo cada semana el buque que hace el
Acordada ya de un modo oficial y soservicio de correo del Estado, es la San- lemne la construcción de los tres p~erlos
t11. Bárbara de quien nadie se acuerda de Chafarinas, Malilla y Ceuta, habrá
sino cuando truena.
que esperar que esta magnifica posesión
Por su posición y condiciones tan fa- española, más i,oportante por su siluavorables para la construcción de un puer· cion y condiciones que por su extensión,
to de refugio y a vitualla miento, se pro- adquiera toda la importancia que merece.
yecta desde antiguo el mejoramiento del
puerto natural que ofrecen las islas. BasEL ISLOTE DE ALHUCEM,t.S
tará para ello unir dos de estas: lasconocidas por habel U y del Rey, pues la
Alzase frente á una anchurosa y floritercera, la del Congreso, dista mucho de da vega que riegan el Nüker y sus afluen•
la primera, que es la central, y ofrece tes. Por este nombre le conocen los riffeprofundidades bastante grandes. Ya el ños. Alhucemas 6, mejor aún, El-M1Jemaño 1858 el comandante de ingenieros ma, fué in illo tempore una población floseñor Aparici fué autor de un proyecto reciente; pero hoy no quedan de ella sino
de puerto en el que se condensaban ruinas, que yerguen sus ruuros carcomilas ideas generales que hoy se han trasla- das frente al peñasco, por entre los flodado al proyecto aprobado. Esta obra ridos vergeles de la vega, que usufrucserviri11. de base para hacer de Chafari- túan los kabileños de Beni- U riaguel. El
nas un puerto comercial de la mayor im- islote ocupó un modesto lugar en un rinportancia, que sirviera no sólo á las ex- cón de la anchurosa ha hia que limitan los
porL11.ciones de Marruecos (,¡ue hoy to- cabos conocidos por Morro ~ uevo y Quiman el molesto camino de Marnia para lates. Primitivamente, Alhucemas tué un
irá embarr.ar todavía al puerto de Orán, baluarte de la dinastía fundadora de Maá más de 400 kilómetros de la frontera rruecos, de los venerados sherifes de
marroqu1), sino también para crear un Muley-Ed-Driss, centro del más exagecentro de abastecimiento de la navega- rado y violento fanatismo musulmán.
ción, negocio fabuloso que hoy casi acaMide la roca que forma el islote una
paran en el Mediterráneo los puertos longitud máxima de 150 metros, alcande Gibraltar y Argel.
zando una anchnra de 70. La allura maS1 bien en 18~7 fueron declaradas las yor no pasa de 27 metros.
Chaf&gt;1rinas, como las demás posesiones
Es increible cómo los ocupantes puesp11ñolas africanas, puertos francos, dieron fijar su atención en tan estéril roesto no ha bastado para que adquieran ca. Cualquier buque moderno podría fáel desarrollo comercial á que tienen cilmente arrumbar en sus entrañas el isderecho, debido más que nada á la falla lote entero, donde no habitan más de
de comunicaciones con el campo moro.
trescientas personas.
Hisla hace poco, las Chafarinas, como
A pesar de su insignificancia, su polos demás peñones, han sufrido un cre- sesión, que mantenia E5paña, fué codicido numero de presidiarios, y por su ca- ciada por Francia . á cuyo embajador en
lidad de penal se han visto perjudica- Marruecos en 1665, Roland Fréjus, se
das con los inconvenientes 11.nejos que atribuían propósitos de pedir la ocupaacarrea la situación. El edificio del pe- ción del islote, con objeto de establecer
nal estaba en la isla de Santa Isabel, que factorlas comerciales que preparasen la
es la más poblada y donde radican el influencia y penetración francesa en el
Gllbierno y l11 gnarnición de las islas. En R1ff. Si algo de cierto hubo en ello, como
los dos restantes islotes sólo habla an- es creible, lardaron mucho, demasiado~
tes una guardia, formada por algunos en poner en práctica los propósitos perpenados de mejor conduela que, al ser seguidos, pero es verosimil suponer quetrasladado el penal á Malilla, fueron sus-

31

t~les fueran las intenciones del diplomá- qui~n con sus recelos y suspicacias
tico f~ancés que justificaran la toma de o_bhgó á España á cuidarse de su posepose~16~ por parte de España de aquel sión. Sucedía esto en 1873, un año desperdido islote. No de otro modo se conci- pués de haberse hecho la última tentativa
be la oc~pación de tan árida peña sin de desprendimiento de las plazas de Arrice. A_ntes de esto, á Fernando VII se le
que mediara causa alguna.
~l ~8 de A~osto de 1673 los navíos del ocurrió la peregrina idea de canje11r Alprmc1pe de :\Iontesacro, San Agustín y hucemas con el sullán de Marruecos i por
San Carlos, llegaron á la vista de Alhu- unos cuantos caballos árabes! Pero la
cemas, desembarcando tropas que forti- casualidad ha ido sorteando todos los
ficaro~ ~a ro~a, quedando en ella una escollos, y Alhucemas ha llegado hasta
guarmc1ón, bien provista. Desde entón- nuestros dl_as en poder de España.
En el mismo peñasco se putide ver el
ces, es Alhucemas posesión española.
D_urante algunos días del mes de No- ~rad_o de pr~ocupación que siempre nos
viembre de 1838 se sublevaron los nu- inspiró. C~b1erta la ~sléril roca con promerosos confinados políticos alli recluí- fu~16n d_e mverosimiles y antiquísimas
dos, declarándose por el pretendiente ed_1ficaciones, nada revela allí un mejoraDon C~rlos después de reducirá la im- !Dien~o en las construcciones, y se da el
potencia á la escasa guarnición de la mcre1_ble caso de que las balarías todas
plaza, á la que encerraron en las prisio- h~n sido suprimidas y desmontadas las
nes que ellos hablan ocupado. Pero teme- piezas de bro_ncii por la inseguridad que
rosos de la llegada de refuerzos y de ser ofrece el penasco, pues hubo ingenieros
nuevamente sometidos, huyeron, embar- &lt;lue cr~yeron que el peñón podría resencándose en dos buques de vela á la sazón hrse s1 en él se hacian disparos de cañoen la bahla .. uno de los cuales pudo lle- nes. En este punt.o, bueno es hacer consga_r á Argelia, encallando el otro en la tar que, _asentadas atrevidamente las
construc?1ones sobre rocas, encima de
misma costa.
. Poc?s hechos importantes registra la sus más imperceptibles saliente8, los muh1s_tor1a de A(hucemas, que con las Cha- ros, que de!&gt;afian las leyes de la Naturafarmas han sido las posesiones españo- leza, ~arecen de la solidez y garantía nelas que de más tranquilidad han disfru- cesarias para permanecer levantados. y
tado, contrastando ciertamente con las aun la base, el propio islote, debe estar
aza_rosas continuas luchas de Malilla y el !oca vado profundamente en sus enLraPenón de Vélez. Quizás haya influido en nas por las rompientes continuas de las
~llo el mayor apartamiento de aquellas olas, pues en días de temporal el peñón
oscila casi
islas de la
1mpercepcosta, cosa
tiblemenLe,
que ha imaunque de
pedido momanera sulestarnos á
ficiente palas kábºlas
ra llevar la
vecinas.
intran quiAlhucelidad á sus
~a~ha parmor ad ot1ci p ad o
res, que se
más que
creen ameninguna
nazados de
otra poseser sepulsión espatados en el
ñola del
fondo del
abandono
mar. A pepunible en
sar de esto,
que siemy quizás
pre se tupor esto
vieron
Vista de Alhucemas
nuestras
.d
mismo, la
colonias, pues hasta llegamos á olvidar ".1 8 allí tiene especiales encantos y alra~qu~ tal parte del globo existiera: los edi- h vos.
El problema de las subsistencias en
ficios se derrumbaban y Alhucemas se
despoblada. Fué entónces el extranjero Alhucemas, como en los demás peñones,

�32

POR ESOS MUNDOS

es el más caraclerístico y el menos fácil
Cada habitante tiene una ración de
de resolver, sobre todo cuando las cir- agua señalada, cantidad que está en recunstancias imposibilitan el abasteci- lación con su categoría; así, mientras los
miento de la plaza. Sin vegetación algu- más conspicuos la disfrutan de sobra, hasta
na, hasta sin agua, todo debe ser allí im- para bañarse, los soldedos, y los presos,
portado. En estos tiempos, se han anu- sobre todo, no cuentan sino con algún
dado retaque otro liciones cotro, que tiemerciales
nen que
con losmoesca timar
ros del veáfin de que
cino ca mles alcance
po, que impara todos
portan los
los usos y
ce lebérrin ece~idamos huedes. Con
vos morulas subsisnos, no tan
tencias que
económi •
llegan del
ca mente
campo mocomo anro l!e hace
tes, macitambién relentas gaparto, en
Tipos rilfoños del Pellón de Vélez de la Gomera
llinas, horel que se
talizas, carbón, frutas y alguna que otra guarda un turno riguroso entre los hacosa más. Pero cu9ndo toda comunica- bitantes todos, tomándose en cuenta para
ción con los moros estaba prohibida, las establecer dicho reparto el número de
subsistencias tenían que llevarse desde individuos de cada familia. Toques de
España, con miles de fatigas por cierto, campanas ya convenidos anuncian á la
pues la navegación á vela no era la más plaza la llegada de huevos, de gallinas,
ventajosa para la rapidez en las comuni- de pescado, etcétera, pues todo tiene
-caciones ni para el aporta miento de los numero señalado de campanadas. Y hay
víveres.
que ver cómo acuden al mercado los más
Por esta razón, Alhucemas, con el próximos al turno, regresando con sucoPeñón de Vélez, han atravesado algunos rrespondiente ración, mientras el resto
-éxodos de hambre, hasta el punto de que se va con las manos vacías.
para prolongar la situación hubo que
En estas condiciones especialisimas se
poner en libertad á los presidiarios tras- vive en los presidios del Ritf. La poblaladándolos al campo moro, y allá hubie- ción de todos ellos la forman elementos
ran ido á parar todos los habitantes si el análogos, teniendo preponderancia el misocorro hubiese tardado más en llegar. litar, bajo cuya jurisdicción absoluta se
Hoy, destinado especialmente un buque hallan. Los presidiarios, hoy recluidos en
al servicio de los presidios menores, como Malilla y Ceuta, formaban también por
-en términos oficiales se llaman nuestras su número el segundo elemento de estas
posesiones del Riff, no ofrece el proble- poblaciones; pero descartados ya de las
ma de las subsistencias el mismo pavo- demás posesiones, sólo quedan en ellas
roso aspecto que antes. Este buque (que algunos empleados oficiales con sus fano es cosa de sobra decir que se denomi- milias, y contados comerciantes cuyo
na Seoilla y va mandado por Don Onofre número aumenta paulatina pero proBasch que hace mucho tiempo presta es- gresivamente.
te servicio y que por los auxilios facilitaPuede decirse que, hasta hace poco, la
dos á un vapor francés, al que libró de población civil de estos islotes la formacaer en manos de los piratas r1ffeños, fué ban algunas numerosas familias insulacondecorado por el Gobierno de la Repú- res que, desde generaciones atrasadas,
blica vecina con la Legión de Honor), viven sobre la costa riffeña. Familias de
este buque lleva, además, varios depósi- estas hay que cuentan numerosas las
tos-algibes, y el agua que conduce la va victimas que en ellas han causado los
dejando á su paso por los peñones en cu- moros; pero, afortunadamente, ese sisteyas rocas se han practicado excavacio- mático odio entre moros y españoles se
-ciones que sirven de tanques.
ha dulcificado no poco, y hoy el comer-

33

POSESIONES ESPAÑOUS EN MARRUECOS

-cio, embrionario en Alhucemas como en
-el Peñón y CbaCarinas, hace convivir y
-compenetrarse á unos y á otros.
EL PEÑÓN DR VÉLEZ DE LA GOMER.\

Como mudo testigo de un pasado lleno
-de épicas luchas queda este árido peñón
en nuestras manos.
En poder de España en tiempos de los
~odos, fué patrimonio de los árabes los
siglos que siguieron á la rota del Guadalete. Entre las atalayas de aquellos cerros y tajos se incubó el genio audaz y
atrevido de los gomeres, aquellos tamibles piratas que calan sobre las indefenas costas de Andalucla, abordándolas de
noche para aprovecharse del pánico y
-contusión que causaban y robar así impunemente bienes y mujeres. Los quebrantos de estos moradores eran tantos y tan repetidos y la inseguridad de
la navegaci6n tan grande, que elevaron queja ante Fernando el Católico, mo-narca que dedicaba á la sazón buena parte de su atención á las empresas de
Africa.
Dispuso, al efecto, aquel rey que la escuadra que se alistaba en Málaga contra
Orán, hiciese rumbo hácia el nido de la
piratería, y sin gran dificultad ocupó el
r,ñón el almirante Pddro de Navarro,
ete de la armada española, el 23 de Juio de 1508. Ya instaladas alll,las fuerzas
españolas comenzaron á hostilizar á la
vecina ciudad de Vélez, á cuya defensa
no tardaron en acudir tropas del rey de
Fez, que no lograron arrojar á los espa.ñoles hasta el año de 1522 en que fué .
sorprendida y pasada á cuchillo la guarnición que alll prestaba sus servicios.
Pronto se rehizo la piratería de sus paados quebrantos, y comenzó nuevamente
á asolar las costas españolas, dificultando
la navegación y el comercio. Y también acudieron los andaluces deman-dando protección á las gradas del Trono. Intentóse otra vez batir al enemigo
-del orden; pero u11a tentativa frustrada
que hizo el marques de Mondéjar en o~tubre de 1525 \sólo sirvió para aumentar
la pujanza y osadla de los piratas, engreldos con el fácil triunfo logrado.
Felipe 11. en Julio de 1563, ordenó la
alida de Málaga de una poderosa escua-dra, que puso á las órdenes óe Don S rn -cho Martinez de L,yva. EntrA sus más
•forzatlos capitanes figuraba Don Alvaro de Baün, que con ocho galeras se
cdelantó arribando felizmente frente al

i

peñón. Poderosamente defendido este lugar, y previendo el de Bazán un resultado desfavorable si lo atacaba por mar,
procedió al desembarco de cinco mil
hombres, que, tras de ocupar la vecina
ciudad de Vélez, hostilizaron á los piratas del peñón desde las alturas de la costa, que dominaban por completo. Pero este ejército in va sor fué tan tenazmente
hostilizado por los naturales del país que
se hizo imposible á Don Alvaro reconcentrar su atención en la toma del islote. En
tan criticas circunstancias, tuvo que pro•
ceder precipitadamente al reembarque
de los suyos, porque una acción combinada de los del peñón y los hombres de
tierra podía ser fatal á los españoles. As{
se malogró aquella expedición.
Entretanto, la piratería, envalentona•
da, crecfa de tal suerte que el honor y
la propia seguridad de Eipaña reclamaban la organización de una magna expedición decidida á destruir por completo
aquel temible foco. A tal efecto, hizose un
supremo esfuerzo, reuniéndose nueva poderosa l!Scuadra que llevaba nada menos que diez mil hombres de desembarco, en cien galeras y sesenta buques menores. A la empresa, que revistió casi !os
caracléres de una cruzada, acudieron
fuerzas de mar y tierra de todos los fütatados alemanes é italianos, que, con Por•
tuga 1, eran los que más sufrían los efectos de los corsarios.
Pero fué nuestra patria la que más contribuyó á la emoresa, que iba á los cuidados de Don García de Toledo, au:,r,iliado por el célebre Doria y los ya dichos
capitanes Sancho MarUnez de Leyva y
Alvaro de Buán.
Esta armada llegó al peñón el l. 0 de
Septiembre de 1564, procediendo desde
luego al desembarco de las fuerzas, que
se apr.raron, como en la última expedición, á ocupar la ciudad de Velez.
Prescindiendo del peñón, dedicáronse
las tropas á quebrantar las hordas rifftñas que ya comenzaban á hostilizarles
con tenacidad, y que fueron las que el
año anterior hicieron malograr los propósitos de Don Alvaro de Buán.
Este plan dió el resultado apetecido.
Derrotados los riffeños, y libres, por tanto, los nuestros de este embarazo por
parte de tierra, pudieron acumular todo
el ejército sobre el peñón, que no tardó
en sucumbir ante er.apuje de tanta fuerza. El caíd que lo defendía, Cara Mustatá,
aprovechó una noche obscura y tormentosa para ir con su gente al campo, de3

�•
POR ESOS MUNDOS
34
uarnición que fué pasada totalmente á
jando abandonados á una treintena de
~uchillo.
Las fuerzas del peñón, sabedosoldados que, al verse en tal tran.ce, no
ras
del
desgraciado
fin d.e sus compatardaron en rendirse. El 5 de Septiembre
ñeros
hicieron
una
sahda al campo,
fué ocupado definitivamente por los nuesel peñón. En aquellos sucesos lomó par- logra~do recuperar la perdida for~leza;.
te muy principal un renegado espa- pero no contando con fuerzas suficientes
ñol llamado Ferret, cuya casa en ruinas que distraer en aquel nefando fuerte,
convinieron en arrasarlo, como asilo
aún se vé desde la costa.
hicieron.
Dlas más larde, llegaron ~efuerzos de
Posteriormente, en los años 177~, .1781
Fez que no pudieron desaloJar á los es- y 1790, fué el peñón nuevamente s1t~ado,
pañ~les de las fortificaciones que estos sin mejor resullado que las an~er1ores
ocuparon y que los mismos moros ha~ian veces; y desde entonces.~o ha sido más
reparado antes para su de~ensa. DeJóse objeto de ninguna hoshhda~.
ten guarnecido y abastecido el penón,
La dominación de los espanoles en esta
y la armada de Don Garcia de Toledo
parte
del Riff debió tener una gran ~xabandonó aquellas costas.
tensión, pues asi lo revelan la profusión
Varias é insistentes fueron después las de ruinas de fortalezas que pululan en
acometidas al peñón de los sultanes de los alrededores de la costa, tales como
Fez, que á todo precio quer!an_ r~cuee- los fuertes de la ciudad de Vélez y del
rarlo, y asi fué como. á los d1ec1se1s ano~ Cantil y las célebres Torres de ~lcalá
de la conquista acudió el sultán Mu ley
situad~s en el territorio de la kábila de
Amar con diez mil hombres que eslable- Beni-Bu-Frah. De todo ello, no queda
ciero~ un cerco riguroso; pero la guar- más que el árido peñón cor_no mudo.tesnición se defendió valerosamente, recha- tigo, coronado de construcciones anhquizando á los sitiadores y malogrando la simas.
empresa contra ellos tramada. ~l sulEl Peñón de Vélez es, como Alhucetán Muley Ismael, uno de los más impor- mas una estéril roca, aunque de mayotantes de Marruecos, envió uno de sus res proporciones, y se alza frente á la
numerosos hijos (dícese que tuvo más d_e desembocadura del Ued-Támeda.: en U!l
ciento) con catorce mil soldados aguerri- escarpado rincón de la costa riffena. Un1dos, aumentados con contingen~es de las do á otro peñasco, la Isleta, ~or un pu2;¿
kábilas comarcanas, para arroJar á los te de madera, mid~ una.longitud de
españoles de los puntos de la costa que metros (110 más con la isleta). Las consocupaban.
trucciones forman una sola ~a lle, que se
En 1701 comenzó una cruenta lucha, enrosca al rededor de la pena hasta albravamente sostenida por ambas parles. canzar su altura, que es de 77 metros
Al cabo de un año, el 5 ~e Febrero si- sobre el ni ve! del mar.
guiente, consiguió la morisma gana~ por
Mucho de ¡0 que dijimos de Alhucela traición el fuerte que .los e~panoles mas podemos referirlo al ~eñón, cuya
edificaron sobre una emmenc1a de la analogia con aquella posesión e~ muy
costa. La tradición dice que los mo_ros, grande. U nicament~' su población es
fingiendo retirarse deseoso~ .de terminar mayor, como mayor es su perlmetro: el
la lucha y aparentando debilidad, !ban- peñón puede con.tener poco menos de
donaron el teatro de la pelea y se rn~er- cuatrocientos habllantes.
_
naron donde no pudieran ser descubier.En idénticas condiciones, el penón ha
los por los españoles. Cu1:1ndo la tranqu!- atravesado vida análoga á la de Alhu~elidad renacia, uno de los jefes de la káb1- mas si bien, como ya se ha dicho, ha s1~0la propuso al gobernador de la fort~ leza más' disputado por los moros! y ha sufriproporcionarle una porción de muJeres do sitios tenaces, de que el islote de Alara que tomando parte. en una fiesta, hucemas se ha visto libre. Pero no f~eron
~legrase~ la vida, bien triste, de la guar- únicamente los moros co!1tra quienes
nición recluida día y noche en el est~e- tuvimos que defender el penón: en .1~21
cho recinto del fuerte. Aceptada con _Jú- los holandeses atacaron la g~armción
bilo la oferta, una noche, ya co~venida, española, y si no lograron rendir la plaavanzaron sigilosamente multitud de za debióse á la tregua que, á 1~ sazón,
sombras blancas, que los soldados espe- hubo de concertarse entre Espana y Horaban anhelosos; pero aquellas sombras
'd h
no eran sino aguerridos soldados q~e ca- landa.
Por lo demás, el peñón ha sufr1 o amyeron de improviso sobre la descuidada

35

POSESIONES ESPAÑOLAS EN MARRUECOS

bres terribles, sobre lodo en los años
1647, 1662 y 1812, en que fué preciso libertar á,160 presos para mejor prolongar
la situación; y si en Alhucemas fueron
carlistas los sublevados, aqui fueron los
mismºos confinados, que en 1836 intentaron apoderarse de la isla: después de
malherir á los centinelas, disponíanse á
sorprender al resto de la guarnición, que
logró dominar á los sublevados, entre
los que se contaban los crimina les más
famosos de aquellos tiempos. Con frecuencia, los confinados se evaden al campo moro, donde son bien acogidos porque ejerciendo casi todos algún oficio
resultan útiles á los riffeños, que no son
ciertamente muy diestros para el trabajo.
Estos prófugos abrazan muchas veces la
religión nusulmana y se casan con hijas del pais, siendo entonces considerados como iguales por los moros. Antiguamente, cuando éstos devolvian algún preso, eran gratificados con veinticinco pesetas; pero sucedía que los presos se ponían en connivencia con alguno de ellos
para partir la diferencia, y las fugas
abundaban demasiado. Hoy son en menor número los fugados que nos devuelven. En estos últimos meses, entre los
criminales más célebres que han escapado del peñón figura el tristemente famoso Chato de Jaén.
En 1872, con motivo del desprendimiento de unas rocas del peñón que
arrastraron varios edificios, no faltó quien
propusiera á las Cortes la voladura del
islote, y hasta el general Fernández de
Córdova facilitó el proyecto. Providencialm~nte, no prosperó la idea y el peñón
ha llegado hasta nuestros dias en manos
de España.
·
El lugar de la costa riffeña donde se
asienta el peñón tiene la especial particularidad de ser el punto del Mediterráneo más cercano á Fez, capital del imperio marroquí, de la que sólo le separan
en Unea recta noventa kilómetros. Si
bien el camino es muy accidentado á

causa de las cordilleras del pequeño Atlas que se interponen en la ruta, no por
eso es impracticable en absoluto, y á
nuestro entender constituirá el día de
mañana la vía comercial más rápida
para llegar al interior de Marruecos.
EL ISLOTE DEL PEREGIL

Situado en pleno Estrecho de Gibraltar,
este islote hállase deshabitado, y lo forma una enorme roca que se yergue cerca de la costa marroquí, á corta distancia de Ceuta. Aunque un hombre público
español, el señor Moret, declaró en cierta
ocasión que el islote no pertenecía á España, el Gobierno inglés pidió y obtuvo
recientemente de nuestro Gobierno el
permiso para extraer de allí la piedra
que necesitaba para las vastas obras que
acometía en Gibraltar. La piqueta inglesa arrancó toneladas y toneladas de piedra, hasta el extremo de haber reducido
notablemente las dimensiones del islote,
como si pareciese que quisiera hacerlo
desaparecer por completo.
Terminaron las obras, y el islote permanece abandonado, sin que nadie se
acuerde de él.
SANTA CRUZ DE LA MAR PEQUEÑA

Tan olvidada ó más que el islote del
Peregil permanece esta posesión, aun no
ocupada por parte de España.
Nuestra nación ohtnvo esta concesión
por el Tratado de 1860, para reconstituir
la población que con dicho nombre tuvo
en el Sur de Marruecos en los primeros
siglos de la Edad Moderna. Pero como
todavía no se ha ocupado. y menos aun
seña lado con certeza, el sitio que se haya
decidido conservar, cuanto dijéramos
aquí habrla de limitarse á antecedentes
históricos y disquisiciones que no servirían sino para embrollar las discusiones
que sobre ello sustentan los historiógrafos y los africanistas.
GUILLERMO

RITTWAGEN

�37

RECUERDOS DE ANTAÑO

RECUERDOS DE ANTAAO

EXCESO DE SABIDURÍA
cuanto se necesitaba para la
creación y sostenimiento de una revista periodística: un editor, el señor Do, rregaray, con mucho dinero·, dispuesto á
gastarlo gallardamente, y dos grandes
escritores, iniciadores de la idea, dispuestos á secundar los buenos propósitos
qne habían sugerido al editor.
Y tué creada La Academia, revista
científico-literaria, semanal é ilustrada, á
cuyo frente se pusieron, en clase de directores, Don F~ancisco Maria Tubino y
Don Juan de Dios de la Rada y Delgado.
Como redactores estábamos el insigne é
inolvidable Manuel de la Revilla y yo.
Teníamos, como se ve, un director para
cada uno. ¿Qué más podíamos desear?
Por falta de dirección no se malograría
la empresa.
Revilla, generoso conmigo, me cedió
graciosamente su parte de subordinación: declaróse en franca rebeldía desde
el primer momento, y no parecía por la
redacción limitándose á enviar sus artlculos, rebeldía que le toleraban por ser
él quien era: llamándose Manuel de la
Revilla podía permitirse el lujo de ser rebelde á cualquiera dirección de periódico. aunque esta fuese doble.
Yo, que apenas me llamaba Pedro, me
puse modestamente á las órdenes de ambos directores: en aquella época hubiera
aceptado hasta media docena. Pero como
el señor Tubino iba poco por la redacción, quien me dirigía-y me impulsaba
-asiduamente era el señl)r Rada y Delgado, sabio arque0logo y gran bibliófilo,
crítico cientifico y copioso erudito. Este
amable señor me confundió, me tomó por
otro, mejordicho,comoverá elqueleyere.
HABÍA

Debo advertir, ante todo, que para ingresar en aquella Redacción me entendi
directamente con el editor, por mediación y recomendación, muy cariñosa y
sincera, por cierto, de Revilla.
Don Juan de Dios de la Rada y Delgado empezó por decirme que tenía que ir
á la R~dacción todos los días á las diez de
la mañana. El primer día que empecé á
cumplir la orden recibida, en cuanto llegué, y sin darme tiempo á tomar resuello
ni siquiera á sentarme, Don Juan, dentro
de sus funciones de director, hubo de decirme:
-Oiga usted, j :Sven: tiene usted que ir
á la Academia de San Fernando y ver un
cuadro de Fulano, del cual t(del cuadro)
tiene usted que dar cuenta en una breve
noticia. De allí se va usted al Museo Ar•
queológico, y que el directo!, Don Antonio García Gutiérrez, le enseñe unos vasos etruscos que acaban de traer y que
son una verdadera maravilla: tome una
nota circunstanqiada de esos vasos, para
hacer un artículo extenso y bien meditado; el asunto lo merece. Después va usted á la Academia de la Hi&amp;toria y presencia la sesión, si llega a tiempo, para reseñarla latamente. Y luego se pasa us•
ted por el Museo de Reproducciones á
ver si Mengano tiene alguna noticia interesante para la revista.
-¿Nada másf-le pregucté, con cierta
ironía.
-Por hoy, nada más,-me contestó
tranquilamente.
-¿Y he de ir ahora mismo?
-Ahora mismo.
Me despedi de Don Juan y salí disparado ... y en el disparadero.

Todos los días, durante el primer mes,
se repitió la misma función con desesperante monotonía y perfecta regularidad.
El dia que menos me enviaba Don
Juan á cinco ó seis centros científicos...
teniéndome constantemente fuera de mi
centro. En cuanto llegaba á la Redacción,
sin dejarme respirar, me lanzaba á la
calle en busca de materiales para la revista. Y todo estaba lejos, muy lejos... Yo
obedecia ciegamente, y, al parecer, Don
Juan de Dios estaba muy contento conmigo, le complacia mi diligencia en la
recolección y le contentaba la forma que
daba á lo recolectado.
Pero, como todo llega en este mundo, y
no hay plazo que no se cumpla, llegó el
día l. 0 del mes siguien te y, por fin, cayó
de su burro el señor Rada y Delgado.
Antes de pasar á la Administración á
cobrar mi •sueldo, presenté á Don Juan
iie Dios pira que lo autorizara con su
Visto Bueno, un recibito con la cuenta
detallada de lo que habla gastado en coche para el servicio de la Redacción (entonces no habla tranvías) durante el mes
anterior.
¡Qué escena aquella!...
.
Primero, se aterró, se encolerizó después, y luego estuvo algunos minutos pa •
sando del asombro á la estupefacción y
viceversa.
-¡Treinta y dos duros de cochel-gritó, por último, blandiendo el recibo.¡Ciento sesenta pesetas! ...
Y añadió en seguida:
-¡Quéenormidad,quéeseándalol ... ¡De
ninguna manera autorizo este recibo!. ..
-En ese caso,-le contesté tranquilamente-voy á ver si lo autoriza el editor. Seguramente, el señor Dorregaray no
me ha traído á su revista en clase de andarín, sino como escritor, y usted me ha
confundido, me ha tomado por otro, Don
Julln.
Reflexionó un momento y me dijo, ya
con menos aspereza:
-Parlamos la diferencia: pague usted
la mitad.
-Lo siento mucho ... Pero no puedo permitirme el lujo de obsequiar á una empresa tan rica como esta. Además, he pedido prestado ese dinero.
Tornó á refl.exion11.r, puso al cabo el
Visto Bueno en el recibo, y, algo más
tranquilo, añadió:
. -¡Esto no puede repetirse, no se repe-

tirá!

-Es lo que vivamente deseo, Don Juan,

que no se re!)ita.

-Por mucho menos, por casi la mitad
de lo que ha gastado usted en coche, tendremos un noticiero que irá á pié á todas
partes.
-Celebro de todas veras su determinacion, que me parece acertadisima. Por
ah! debla usted de haber empezado.

***
Despejada la situación y convencido el
señor Rada y Delgado de que yo no era
nada andariego, mi obligación qu_edó
reducida á ir diariamente á la Redacción,
que estaba hácia el comedio de la calle
de Ferraz, por mañana y Larde, estando
allí á las órdenes de Don Juan de Dios,
que me mandaba dar forma á las noticias
y notas científicas, que recolectaba u!1
jóven simpático y resistente que es~ribía haber sin hache y áoido por habido,
el cual jóven tenia veinte duros de sueldo ... sin coche, desde luego. A. parte sus
defectos ortográficos, de los cuales debe
haberse corregitio á estas fechas, aquel
noticiero era una excelente persona y ten fa unas piernas de acero.
Como yo pasaba casi todo el dia en la
Redacción, algunas tardes disfrutaba de
la autoridad de ambos directores, y el señor Tubino me encargaba también algún que otro trabajo, científico por supuesto. ¡Alll todo era científico!
El primer mes habla sido de dura,
prueba para mi. Ocupado la mayor parte
del dia en correr de acá para allá (aunque en coche), no me quedaba tiempo
para escribir, y muchas noches hube de
acostarme á las tres de la madrugada
por tener que redactar artículos y noticias para la revista.
.
Después, cuando por consecuencia de
haber gastado treinta y dos duros en coche, y en evitación de males mayor~s, se
tomó un noticiero de á pié, normahzóse
mi situación y se regularizó mi trabajo:
fui un redactor de la revista, y no un demandadero. Aquello era ya soportable.
Pero tampoco estaba satisfecho, por varias razones: primeramente, aquellos dos
ilustres sabios me intimidaban, me infundian un respeto muy parecido al temor;
y, luego , la revista tenía tan marcado
carácter científico que muchas veces no
entendia ni lo que yo mismo había escrito
bbedeciendo órdenes de los directores.
Los articulos literarios de Revilla, los
mios y los de colaboración, se publicaban muy rara vez, pagándose, no obstante, los últimos á buen precio. Don Fran-

�38

cisco Maria y Don Juan de Dios, enfrascados y encastillados en su arqueología,
no dabaa ninguna importancia á los trabajos imagina ti vos, de puro entretenimiento, de vaga y amena literatura, que
calificaban de «juegos infantiles}): sentian una espi,cie de compasivo desdén,
que ni siquiera pretendían ocultar, hácia
los literatos. En aquella publicación no
se trataba más que de ánforas, vasos
etruscos, bargueños y demás chirimbolos y cachinches anejos á esa ciencia
maravillosa.
Yo estaba aburridísimo; no porque desdeñara la Ciencia en sus múltiples manifestaciones, eino, sencillamente, porque
mis gustos y aficiones eran y han sido
siempre puramente literarios, y porque
de tener alguna inclinación científica
nunca hubiera caldo del lado de la Arqueología, ciencia de conjeturas y de hipótesis más que de afirmaciones lógicas
y concretas, en la cual entra por mucho
la fantasía y buena voluntad del sabio
candoroso ...

*

**
El propio Don Antonio García Gutiérrez, director entonces del Mui:;eoArqueológico, me confesó, con aquella su ingenuidad encantadora, que no le gustaba
la tal ciencia y que allí, en el Museo, se
aburría soberanamente.
Yo conocí al autor insigne poco después de mi llegada á Madrid, la noche
del estreno de su hermoso drama Doña
Urraca de Castilla, en el Teatro-Circo
de la Plaza dei Rey, estreno que fué un
acontecimiento.
Desde aquella noche memorable tuve
la honra y la satisfacción de tratar asiduamente al gran poeta, que era modesto como pocos y como pocos afable y cariñoso con los jóvenes escritores.
La primera vez que fui á verle á su
establecimiento cientifico con motivo de
los ya mentados vasos etruscos, me acogió, como siempre, con marcada afabilidad, me dijo que no sabia una palabra de
lo que le preguntaba, llamó á su subalterno, le encargó que redactase una nota
detallada y minuciosa de lo que yo necesitaba, y, en cuanto nos quedamos solos
en su despacho, comenzamos á hablar
de lo único que podía importarnos: de
los últimos estrenos y de los que se preparaban, de las novelas de Alarcón y
de Valera, de un tomo de poesías que
acababa de publicar Zorrilla, á quien

39

RECUERDOS DE ANTAÑO

POR ESOS MUNDOS

Don Antonio rendía merecido culto, acabando por leerme fragmentos de un drama que á la sazón escribía y que, si mal
no recuerdo, s·e titulaba Un grano de

arena.
Cuando, al cabo de más de una hora,
apareció el empleado con la nota redactada, ambos hubimos de exclamar, al
unísono:
-iTan pronto7
Y Don Antonio me dijo, al ver que yo
me levantaba en seguida:
-Quédese otro ratito ... No me abandone tan precipitadamente.
-Bien quisiera, Don Antonio, quedarme aquí toda la tarde: pero, no puedo:
tengo un coche á la puerta ... y es por
cuenta de la Redacción.
Y me despedí del autor de El Trooador
sin que, ni por casualidad, volviésemos
á hablar una sol11- palabra de arqueología.
Se comprenderá que no cuento esto en
son de censura para el director del Museo Arqueológico; muy al contrario, creo
que García Gutiérrez, que tanto había
honrado á su patria siendo una de las
más legitimas glorias de la literatura nacional, tenía indiscutible derecho á un
retiro honroso, en cargo aún más elevado que el que ejercía, sin que en la técnica del mismo tuviera que intervenir:
para eso hay de sobra gente secundaria .
Don Antonio García Gutiérrez, con dejar su autógrafo en la nómina, dispensaba honor señaladlsimo á su país. Después de todo, eso únicamente, firmar la
nómina y cobrar el sueldo, es lo que hacen muchos altos funcionarios del Estado que no tienen ni remotamente los merecimientos que podía alegar con estricta justicia aquel esclarecido poeta dramático.
*

**
Dirijíame una tarde hácia la Redacción, ocupado mentalmente en buscar
un consonante difícil que me librase
al propio tiempo de un ripio q11e parecía
inevitable (á la sazón componía una piececilla cómica para el Teatro Martín),
cuando, de pronto, frente al ya derruido
cuartel de San Gil, entre el polvo, que lo
habla en abundancia, vi una viejisima y
desgastada herradura.
Dicen los supersLiciosos (y debo advertir que yo lo soy en grado máximo) que
encontrarse una herradura vieja es de
buen agüero y muy conveniente conser-

var el hallazgo para tener buena suerte
y lograr próspera fortuna. No sé lo que
en eso habrá de verdad; pero conozco
muchos sujetos respetables que rinden
fervoroso culto á la herradura vieja encontrada al acaso. El toque está, según
dicen, en colgar la herradura de la puerta del propio domicilio, por la parte de
adentro, naturalmente. Dejando para me•
jor ocasión la busca y captura del consonante rebelde, recogí la herradura, la envolví cuidadosamente en un periódico y
seguí mi camino.
Surgió en mi mente la idea de un sacrificio penoso, el cual sacrificio coosistia
en utilizar aquella herradura para otros
.ftnes y desprenderme de ella ... en aras
de la Ciencia. ¿Era redactor de una publi•
cación científica7 Mi deber profesional
debla estar sobre mi particular conveniencia y quería significarme prestando
un importante servicio á la buena causa.
¡Todo por la Ciencia! Tal era mi divisa
en 11quel momento.
Cuando entré en la Redacción con mi
plan ya meditado y concluido, me dijo el
ordenanza que los directores (¡ los dos
estaban, los dos!) hablan preguntado por
mí y me esperaban en su despacho para
una cosa urgente. Mucho me alegré de
que estuvieran juntos. Todo favorecía mi
plan y colmaba mis deseos. Así podría
matar-satisfactoriamente- dos pájaros
de un tiro.
Estaban á puerta cerrada, que empujé
suavemente, y penetré en la Dirección:
alll se encontraban, en efecto, sentados
frente á frente, teniendo en medio la
mesa, sembrada profusamente de cuartillas, de periódicos y de dibujos, Don
Francisco Maria Tubino y Don Juan de
Dios de la Rada y Delgado, en actitud
reflexiva, meditabunda é imponente.
Saludé, sin que ninguno de los dos me
contestara, y adelantándome, en actitud á
la par tranquila y triunfadora, saqué el
envoltorio, descubrí la herradura y arrojándola en el centro de la mesa, hablé reposadamente:
-Hay motivos para creer,-dije, usando la muletilla corriente en los que hablan de cosas que ignoran - que esa
hdrradura es del famoso Babieca, el caballo del Cid Campeador, de una de sus
patas traseras, probablemente de la derecha ... Todavía tiene el polvo de los siglos, y yo entiendo ...
No me dejaron concluir. Esta inocente
broma les hizo el efecto de una banderilla de fuego, dicho sea con el respeto

debido. Se revolvieron, airados, contra
mí, con igual ímpetu que si les hubiera
ofendido en un delicado punto de honra;
gritaron desaforadamente y me increparon con dureza: me pusieron de ignorante que no había por dónde cogerme, y
hubiéramos llegado á un desenlace trágico en la representación de aquel sainete sin la prudencia de que yo me revestí,
primera.meramente por la libertad que
me habla tomado y la equivocación que
habla sufrido al ver que no aguantaban
la broma, y después por respeto á los
años de aquellos señores.
Cogí la herradura (aun la conservo como precioso talismán), la envolví nuevamente en el periódico, me la guardé, juntamente con los denuestos, y les respondi humildemente:
-¡No lo tomen ustedes así, no se incomoden de esa manera! La vida es corta y
no es cosa de pasarla en un grito por
cuestiones de tan poco momento. Ustedes dispensen y perdonen. Para mi suposición tengo iguales motivos y fundamentos que los que ustedes aducen para
hacerme tragar ciertas píldoras arqueológicas. ¡;Ustedes no quieren tragar esta7
Po es, tan amigos ... Yo me voy con mi he•
rradura y ustedes se quedan con su re•
vista.
Al cabo comprendieron que se trataba
de una broma sin ánimo de ofenderles,
y fueron tan buenos que se opusieron á
mi retirada; mas yo insistí con tal empeño que, al fin, me admitieron la dimisión
de redactor de La Academia.
Ya era hora. Respiré libremente. ¡Qué
peso se mi, quitó de encima! ... Estaba
cansado, ahíto de ciencia, y la imaginación, la loca de la casa, deseaba recobrar
su imperio.
Cuando me encontré en la calle, á mis
anchas, libre ¡por fin! de la Arqueología,
torné á buscar el consonante dificil, y
¡cosa rara! en seguida lo encontré; pero
he de confesar con cierto rubor que no
pude evitar el ripio, que, implacable, me
acechaba, si bien hube de consolarme al
considerar que no era yo el primero ni
serla el último de los versificadores ~ue
incurren en ese delito, no comprendido
todavía, por fortuna, en el Código Penal.
*

**
A las dos semanas de haberme yo mar•
chado con la herradura, que era, puede
decirse, el cuerpo del delito, Revilla se
aburrió también y dejó de figurar como
redactor de La Academia.

�40

.

LA IDEA

A La Academia le ocurrió lo que á los
valientes y al buen vino: duró poco. No
podía durar mucho, á no contar con la
caja del Banco de España ó con un numeroso público compuesto de sabios ~e
cierta tndole; y como no contaba con nm•
guno de esos menesteres, hubo de sucumbir.
Al vulgo de ios mortales aquella revis•
ta se le cela de las manos... al peso de la
ciencia que contenía, una ciencia maciza
y uniforme que pesaba como plomo ..
El editor perdió los bríos del primer
momento, se cansó de perder dinero inútilmente, vió, sin duda que no_hab_ía salvación posible para una pubhceción de
tal laya, y la mató. ¿Qué ~a bia de hacerT
Murió, pues, La Academia, por exceso
de sabiduría.
También murieron años después aquellos dos sabios arqueólogos, que eran,
á parte su treme_nda equivoca?ió°: periodística, dos escritores de mérito iududable; y asimismo murió mi compañero de
redacción (aunque él siempre estuvo á
respetuosa distancia de la misme),elnunca bastante llorado Manuel de la Revilla,
escritor insigne, orador de dialéctica poderosa, primer crítico de su época Y. uno
de los primeros de la pasada centuria.

Dj lo que queda di_c~o, podría co!lje_turarse que, en _mi opmión, un per19d1~e&gt;
debe prescindir en absoluto de la literatura científica, propiamente dicha. Nada
de eso. Creo, por el contrario, que en las.
publicaciones periódicas de importancia
debe haber redactores especialistas, facultativos, que traten los temas cienlificos
con la debida competencia; pero creo
también, al propio tiempo, que la ~~ena
literatura, aun le de puro entretenimiento, sin otra finalidad que la de recrear el
ánimo, esa literatura ten desdeñada por
algunos sabios intransigentes é indigestos, es el elemento principal de dicha_s puhliceciones, si aspiran, como es lóg1c_o, á
111 popularidad, fundamento de su vida.
Hay que convencerse, aunque el hecho
se11 doloroso pera los sabios sistemáticos, de que los lectores de peri?dic?s, en
su inmensa mayoría, no son cient1ficos;
y los que lo son, no buscan la ciencia en
esas publicaciones.
Los señores Tubino y Rada y Delgado no supieron-ó no quisiero~-mezclar lo útil con lo dulce en la debida proporción (cargando la mano en lo dulcedesde luego), y fracasaron ruidosamente,
á pesar de que disponían, de los elementos necesarios para triunfar.
FRANCISCO FLOílES~GARCfA

LA IDEA
Como un rayo de luz surge la idee,
vestida de bel1isimos colores;
y es ya un jardín de encantadoras flores,
ya un astro que entre nubes centellea.
Ora de Marte en el fragor chispea
dando á l11 Libertad sus resplandores,
ora junto á la Paz, cantando amores,
entre núbiles castas aletea.
Iluminando al Arte en sus alturas,
ó á la Ciencia en sus nobles heroísmos,
es un sol de grandezas y hermosuras ...
Mas cuando deja glorias é idealismos
por alumbrar del Crímen las locuras,
es fuego de Luzbel en los abismos.
Jost. G. VILLA

LOS ESPAÑOLES EN NORTE-AMÉRICA
Háblase mucho de la idiosincracia de nuestra raza: dicese que los españoles oioimos
apartados centurias enteras de esta en que actualmente nos encontramos. Es halagüeño para nosotros que tal idea la desmienta con articulo tan rawnado como
este que damos á conocerá eonttnuación un pueblo práctico y positioo para todos
los fines de la oída, el pu,eblo norteamericano. De una importantísima reoista
de Nueva York, The Munsey's Magazine, traducimos, con mucho gusto, las siguientes líneas:
ESPAÑA! ¡Los españoles! He aquí que
en esta serie de articulos dedicados á
los pueblos que han contribuido con su
trabajo y sus esfuerzos y con el carácter
de su personalidad á formar los E~tados
Unidos Norteamericanos, le ha llegado
el turno á aquella noble raza bajo cuya
bandera nació América.
¿Y qué podemos decir de la obra de
España y de los españoles en este continente7 Justo es reconocer, como hecho
supremo y de capital importancia, que
Colón llevó á cabo su viaje bajo los auspicios de aquel pueblo: fué España la
que proporcionó los medios al gran genovés, y también fué esta nación la que,
con Portugal, recorrió primero el camino
de nuestro continente y lo enseñó á las
demás naciones. No contentos con esto,
los españoles continuaron durante varias ~eneraciones, siempre unidos á los
portugueses, siendo las avanzadas de
todo el mundo en los trabajos de exploración en América. ¡Fué aquel un siglo de
oro y de aventuras que ningún ibérico
podrá olvidar jamás I Inmediatamente
después de Colón, el célebre portugués
Vasco de Gama encontró "l camino á la
India por el Cabo de Buena Esperanza;
luego, el español Balboa descubrió y dió
nombre al Pacifico; más tarde, el portugués Magallanes hizo el primer viaje al
rededor del mundo y señaló en el mapa
la existencia de las Filipinas; y en esta
serie de descubrimienLos, nos hallamos
con que Ponce de León halló la Florida,
Pinzón, hermano del capitán de la carabela Ptnta, el río Amazonas; Cabrillo,

la California. En suma, la geografía del
mundo nunca sufrió tantas alteraciones
como desde los años 1492 á 1550, cuando
dominaban como reyes de los mares España y Portugal.
Las maravillosas hazañas de Hernán
Cortés, en Méjico, y de Pizarro, en el
Perú, causarán siempre el entusiasmo de
todas las generaciones. En efecto, lasa udacias y las valentías de aquellos dos
aventureros no tienen igual en la Historia del mundo: es preciso 'tener en
cuenta que estos dos héroes se encontraban en el centro de países completamente desconocidos y que sólo contaban con
un número muy reducido de soldados
para dar cima á empresas en las que
se apoderaron de emperadores y capturaron inmensos reinos. Y para los que
prefieren las victorias de la paz á las que
dá la guerra, ¡qué figura puede ser ruás
interesante que la del Padre Las Case~,
el cual exhortó y obligó á sus compatriotas á considerará los indios como á
semejantes, cuando todos los trataban
como animales?
Impreso, además, ha quedado en todo
nue~tro país el nombre de España, como
si fuera poco importante la labor que sus
hijos han realizado aquí. Cinco de nuestros Estados lleven nombres españoles:
Montaña, California, Nevada, Colorado y
Florida, además de los territorios de Nuevo Méjico y de Arizona; importantes ciudades, como San Francisco, Los Angeles, Sacramento, San Diego, Santa Bárbara, San Antonio y Santa Fe, fueron
fundadas por monjes españoles; y les pa-

�POR ESOS MUNDOS
42
labras españolas cañón, adobe, rancho, carril elevado de Nueva York, á pesar
.sombrero, corral, burro, bona~a, y otras de las dificultades casi insuperables que
muchas, importadas á América por los para tal empresa se le presentaban; cuaantiguos moradores de nuestros campos, tro años después, previendo que dicha
han adquirido aqui carta de naturaleza población estaba destinada á ser una
eon el mismo significado que ti(1nen en el ciudad de grandes hoteles de familia,
edificó las casas llamadas de Naoarro,
idioma de Cervantes.
Los españoles f11eron los primeros que que miran al Parque Central, ocho edifieolonizaron nuestro vasto Sudoeste: f..,n- cios hermosos cada uno de los cuales
daron á Santa Fé, que disputa á San Agus- lleva el nombre de una provincia espatin el honor de ser la más antigua de las ñola. Navarro puede considerarse tameiudades americanas; habitaron la mara- bién como el fundador del negocio de
villosa tierra de California, y mucho an- cementos americanos: en 1889 perfectes de la gran concurrencia en busca de cionó el procedimiento del cilindro giraoro, supieron fundar y sostener próspe- torio, y estab.leció la Atlas Cement
ros establecimientos en la costa del Pa- Company, que hoy emplea tres mil homcifico, de tal modo que en toda aquella bres y produce al día cuarenta mil baparte existen descendientes de las prime- rriles. Navarro es el único superviras familias: los Picos, los Castros, los viente del grupo que fundó la célebre
sociedad de seguros sobre la vida titulaAlvarados, los Carrillos, y otros asL
Pues ¡y la labo1· actual de los españoles da La Equitatioa, de la que todavía es soen N orte-AméricaT Sostienen la fama cio activo. Es también inventor de un
que adquirieron sus antepasados en los procedimiento para economizar carbón,
negocios, en las profesiones y en las ar- y que será origen de verdaderas maravites. Vayan unos cuantos ejemplos. En llas en la producción de calor. Sus dos
1834, Agustin V. Zamorano, de Monte- hijos son bien conocidos en los circulas
rrey, llevó á C11lifornia la primera má- financieros y sociales de América
Otro español que debemos mencionar
quina de imprimir que alli se conoció:
es
Rafael Gustavino, que al venir á Améera de reducidas dimensiones, y la habla
comprado de lance; pero aquella máqui- rida se dió á conocer resucitando un ména hizo el servicio oficial del Estado. En todo de con.strucción cohesioa, muy cono;\ueva York, un periódico diario espa- cido en Persia hace quince siglos. Gustañol, El Comercio, ha visto la luz durante vino es un verdadero especialista en este
treinta y dos años. Y, actualmente, tam- orden de cosas: en 1881 era afamado arbién se publica en Nueva York, siendo quitecto en Barcelona; luego, obtuvo
conocidísimo y muy estimado en todo el grandes premios en la Exposición celemundo, Las Nooedades, importante se- brada en Filadelfia con motivo del Centemanario de literatura, cuyo director, José nario de Colón; ahora se ha hecho súbGarcla, es hombre de extraordinarias dito nort~americano, y sus trabajos emdotes de ejecución y de tan grande habi- bellecen muchos de nuestros edificios
lidad que ha logrado que el Gobierno de públicos.
Otros bien conocidos hispano-amerilos fü;tados Unidos se haya suscrito por
canos
pueden citarse en este articulo. Ridoscientos ejemplares á su periódico para
cos
se
han hecho en los negocios, Paulidedicarlos á completar la enseñanza del
no
Echeverria,
Don A. de Lima, Arístiidioma español en las Escuelas militares
de West-Point. Además, publican regu- des Martínez y Antonio González, todos
residentes hoy en Nueva York; célebre é
larmente ediciones españolas El Comer- ilustre
músico es Alberto Jonás, presicial y El Científicl) Americano, de Nuedente del Conservatorio de Michigan;
va-York.
Esto por lo que hace relación á la difu- R. D. Cortina, que en tiempos pasados
peleó lealmente á favor del pretendiente
sión del idioma castellano en Norte Amé- Don
ha obtenido lisonjeros éxirica. Que, en otro orden de ideas, debe tos enCarlos,
la
enseñanza
idiomas en Nueva
ser citado en lugar preferente el nombre York; en esta capitaldetambién
son conside José Francisco de Navarro. Este espa•
derados
entre
los
mejores,
los
escullares
ñol notable, que nació el año de 1823, ha
Fernando
Miranda
y
Domingo
Mora; y
sido, sin duda alguna, más emprendedor
que ningún otro americano: en 1859 otros dos Moras, Francisco Luis y José
construyó el célebre .Matan:as, primer Jacinto, nacidos en Montevideo de famivapor de hierro que navegó en Améric11; lias ¡españolas, están domiciliados aquí
como pintores y grabadores y son prefeen 1878 hizo la linea del primer ferro-

LOS ESPAÑOLES EN NORTE-AMÉRICA
rido11_entre los más buscados; en elevado~ circulas sociales de nuestros Estados
O~i~ntales Y Occidentales hay muchas fa~ihas qui: pueden ostentar origen histór,1co_ espanol descendiente del más puro
hnaJe castellano.
Pero, por lo general, todos los españoles se encuentran algo fuera de su elemento en u~a república tan moderna
tan progreSiva COf!!O los Estados Unidol
Son ~na raz~ antigua, y su historia rom~nh~a tropieza con el obstáculo de tres
mil anos de procedimientos muy distintos y hasta opuestos á los que aqui se emplean. Y es que el pueblo español vive
d~ recuerdos del pasado y de sus tradiciones, r es.le hábito de grandezas les da
cierta d1gmdad personal y una reserva
9ue ~ocas veces se encuentra en nuestra
mq~ieta p_oblación. Ninguna otra nacionalidad s1e!1te, en efecto, más orgullo
que _l~ espanola: la larga historia de su
f~m1ha es de grandísimo valor para un
~1udadano de e~a raza. y aunque el espanol sea po~r~, Jamás pierde la fina cortesía Y_ amab1h~ad que es característica en
ellos. n~ se dió este caso ni aun cuando
se ma.~ifestaron los fuertes sentimientos nac1onale~ á que dió lugar la guerra
de 1898.
Quizás desde entonces, suprimidos ya
hotlemente los prejuicios que pudiera
a er entre España y Norte América es
cuando más amistoi:;as son las relacidnes
:e ªtbos pueblos. Nosotros hemos rectil ca O muy favorablemente á los españoes el concepto que de ellos y de sus
tbras de colonización y civilización halamos erróneamente formado, y desde

43

e!ltonc~s má~ que en toda nuestra anterior existencia hemos conocido los encantos y la dulzura del idioma y de la literat~ra españoles. Respecto á esto, debe
m~nc!onar~e que el más moderno de los
ed1fic1os pubhcos de Nueva-York es el
Museo Español, que se levanta en la Calle
156; es un hermoso edificio de piedra,
construido por Archer M. Huntington
uno de los mayores entusiastas que cuen'.
ta el arte español, y que ha empleado
gran_p!lrle de sus heredadas riquezas en
reunir los t~soros que hoy se exhiben en
el .m~seo citado, en el que figuran inscripcion~s referentes á la gloria histórica
de Espana en los días de sus héroes romanos y moros, l~yéndose, además, en
las paredes del edificio los nombres in~ortales de Cervantes, Velázquez, Ignacio de L~yola, Lope de Vega, C,dderón,
C~rlos \, Almanzor, Rodrigo Díaz de
Vivar, Teresa de Jesús, El Cid y otros
tan famosos como estos.
. Ea ~urna, en el descubrimiento y colomzac1ón de América, en poner los jalones de los elementos que hoy constituyen
nuestra nacionalidad, España fué la
a~an~ada_ de Europa; le siguió otra nación 1bér1ca, Portugal, y tras ellas dos, y
c~ando ~~has hablan trazado ya el camino, vinieron los demás pueblos del
globo. Y á_juzgar por la estrecha y verdadera amis~ad que hoy existe entre los
Estados Umd~s y España, es evidente
que los ~spanoles continuarán siendo
e~emento importante de nuestra población, pues, como hemos visto el relato
de sus proezas y triunfos de oÍros tiempos no es cosa terminada aún.
HERBERT N. CASSON

�LA E.NSEÑA.NZA _DE LA MUJER

LA ENSENANZA DE LA /1\UJER
todos los problemas sociales que
D complican
la vida contemporán_ea
E

ninguno quizás de tanta transcendencia,
y á pesar de ello tan descuidado, singularmente en España, cerno la educación
de la mujer: cualquiera que s~a el punto
de vista desde que se le examme y estudie su importancia es inmensa.
Én el orden moral, la educación de la
mujer,-madre, hija ó esposa-es el fundamento, el origen de las costut?bres_de
un pueblo. De una madre licenciosa, ignorante ó grosera, difícilmente puede resultar una descendencia virtuosa, culta ni
sociable. A parte de la heren~ia fisiológica los hábitos humanos comienzan en el
hogar, de cuyo ejemplo, bueno ó malo,
sólo pueden sustraerse en absoluto los
caractéres superiores de una energía,
sana ó perversa, lo bastante poderosa
para contrarrestar el influjo del medio
nativo.
En el orden social, basta decir que la
mujer es el centro de gravedad de_ la familia, cuya acción así. puede estimular
como impedir las humildes y obscu~as,
pero indispensables, virtudes domésticas
corrigiendo con amor los .d~fectos del
marido, atrayéndole á la fehci?ad d~l ho•
gar y al cuidado de la prole, é irradia~do
desde allí una influencia sana en la vida
de relación, capaz de orientar los sen_timientos religiosos y pollticos y la sociabilidad de un pueblo.
.
En lo económico, á todas las clases importa y afecta la educación, que.aquí podríamos decir aptitud, de la ~uJer. Si la
familia es rica moderará el luJO, á menudo ruinoso; ordenará la hacienda, aplicará el caudal con acierto, fomentará en
todos sentidos el bien de los suyos y aun
el de los afines y extraños. Si su po~ición
no repasa los límites1 con frecuencia an-

gustiosos, de la clase media, será para e)
haber del marido ó del padre un excelente ministro de Hacienda, y para los
niños un preceptor que sustituirá, quizás
con ventaja, los grandes elementos edu:
cadores de los colegios costosos. Y si
se trata de la familia obrera ó de las
más ínfimas capas mesocráticas, á más
de todo aquello podrá aportará los ingresos col~ctivos el pr~ducto de su trabajo doméstico ó asalariado, tanto ma¡or
c~anto más perfecta y útil fuese la e ucación recibida.
Una de las preocupaciones más eslúpidamente nocivas que urge desterrar de
la vulgaridad ambie_nte esp~ñola es el
menosprecio al trabaJo fem_e~mo, ~on la
consiguiente nota de casi infamia que
recae sobre el hombre, padre, esposo ó
hermano, que consiente á la sociedad familiar sus beneficios.
Hay que combatir esta preocupación
rutinaria. Cierto que el puesto de la ~ujer es el hogar y su p_r~ferente atención
el c.uidado de la familia y de la casa.
Pero por eso mis~o h_ay que_ fomentar
multitud de lucrativas rndustrias domésticas que la mujer pu~de ate?d~r· simu_ltáneamente con sus caracterishcas obligaciones. Y para cuando esto no baste_ y
para los mú.ltir,les casos en q~e la muJer
ha de vivir á sus expensas, hbre de los
vínculos familiares, conviene disponer
de cuantas ocupaciones sean compatibles
con la debilidad de su sexo.
El menosprecio social no_ ~ebe alcanza1· sino al hombre vago, vicioso ó pervertido que prete°:de constituir á Ia mujer en fuente próvida de sus neces1d~des.
No á quien, obligado por la penu~1~ de
su posición, integre de grado la_fehc1d11d
doméstica con el fruto del trabaJO de uno
y otro cónyuge ó de hijas ó hermanas.

Tanto como moderar las tempranas
exigencias de un feminismo politico
que la aptitud media actual de la mujer
está muy lejos de justificar, conviene dotar á la bella mitad del género humano
de condiciones suficientes para obtener
una independencia económica que la
ponga á cubierto de los requerimientos
deslumbradores de la corrupción, difundiendo entre las mujeres de todas las clases sociales la cultura, estableciendo con
profusión escuelas prácticas de oficios femeninos, dando entrada á la mujer en
carreras oficiales y ocupaciones particulares compaLibles con su economía fisiológica, organizando en forma humana el
servicio doméstico, la asistencia al taller,
la permanencia en la fábrica, las labores agrico,as, la dependencia comercial
y mercantil, y sinnúmero de ;oficios y
empleos, proscribiéndola de cuantos puedan perjudicará su salud y aún á la especie, y reservándola, en cambio, muchos otros en los cuales la orgullosa superioridad del hombre debe sentirse disminuida.
Esta acción social, iniciada en España
por la «Asociación para la Enseñanza de
la Mujer» (institución que motiva este
artículo), y apenas secundada por algunos centros oficiales, muy pocos, y aún
menor número de empresas particulares,
como, por ejemplo, la de Teléfonos urbanos de Madrid, serla indudablemente
el mejor patronato contra las diversas
tratas tan odiosas y lesivas á los sentimientos humanos que sufre el sexo femenino.
De su eficacia en la modesta proporción que cabe obtenerla á un solo centro
de enseñanza pretende dar idea la información que sigue. Perdónesele al periodista la inofensiva vanidad de este pequeño preámbulo en el cual quiso consignar sus opiniones.
RESEÑA HISTÓRICA

El día 21 de Febrero de 1869 el sabio y
virtuoso sacerdote Don Fernando de
Castro, entonces rector de la U niversidad Central, inauguró con un notabilísimo discurso una serie de conferencias
dominicales sobre la educación de la mujer.
Celebráronse dichas conferencias en
la Universidad. Y da cumplida idea de su
importancia pedagógica esta breve enumeración de temas y iiisertantes, tomada
de la colección de folletos minúsculos

45

que tengo á la vista: «Discurso inaugural», como ya he dicho, Don Fernando
de Castro; «La educación de la mujer por
la historia de otras mujeres», Don Juan
de Dios de la Rada y Delgado; «La educación literarill de la mujer», Don Francisco de Paula Canalejas; «Influencia del
Cristianismo sobre la mujer, la familia y
la sociedad»,Don Fernando Corradi; «La
mujer y la legislación castellana&gt;), Don
Rafael Maria de Labra; «Lamentos de
Jeremías&gt;), Don Antonio Maria García
Blanco, presbítero; dnfluencia de la madre sobre la vocación y profesión de los
hijos&gt;), Don Segismundo Moret; «Influencia del estudio de las Ciencias füllcas en
la educación de la muje1 &gt;), Don José
Echegaray; «Influencia de las Cienci11s
económicas y sociales en la educación de
la mujer», Don Gabriel Rodríguez; «Misión de la mujer en la sociedad», Don
Francisco Pi Margall; «Influencia de la
mujer en la sociedad&gt;), Don José Moreno
Nieto; «Del lujo&gt;), Don Antonio María Se•
govia.
Ignoro si anLes, simultáneamente, ó
poco después, pero desde luego en el mismo año 1869, D,rn Fernando de Castro
creó la Esou~la de Institutrices, instalada
primeramente en la Normal Central de
Maestras. Transcurridos varios meses,
los necesarios para acreditar el gran éxito de su primera iniciativa, en 1870, el
venerable rector de la Central congregaba cincuenta ó sesenta amigos, filántropos como él, de verdad generosamente
filántropos, profesores oficiales en sumayoría, para constituir la Asociación para
la Enseñanza de la Mujer, que en un
principio redujo su acción á sostener
aquella Escuela.
En 1878 amplió sus enseñanzas, creando la Escuela de Comercio para señoras,
aprobada por el Ministerio de Fomento,
y en 1880, insuficiente ya el primitivo lo•
cal que cediera el Estado, establecióse
por su cuenta en la casa número 14 de
la calle de la Bolsa, que hoy ocupa el Colegio Notaria l.
Un decreto del señor Moret, ministro
de la Gobernación, inició para la mujer
española algún porvenir en el Estado, y
la Asociación establAció entonces la Escuela de Correos y Telégrafos, cuyo feliz
éxito quedó evidenciado ingresando en
la primera convocatoria todas las alumnas de esta especialidad. Seguidamente,
organizó secciones de idiomas, modelado, pintura, música, enseñanza primaria
superior y elemental, que sumaban en

�46

LA ENSEÑANZA DE LA MUJER

POR 8808 MUNDOS

1884 un total de 403 educandas, asistidas
por 24 profesores, 10 profesoras y 8 auxiliares, formadas éstas, con la sola excepción de la de armonium, en las Escuelas
de la Asociación.
No quiero olvidar que la Escuela de
Telégrafos desapareció á la segunda convocatoria á consecuencia de la inexplicable resolución de un ministro rutinario
que deshizo la obra del Sr. Moret, restando esta pequeña esperanza de redención
á las mujeres.
RECONOCIMIENTO OFICIAL

Más adelante consignaré los frutos de
positivo crédito que enaUecen á esta benemérita fundación. Allí se verá cómo la
obra educadora de la Asociación para la
Enseñanza de la Mujer proporciona á sus
alumnas seguras y holgadas posiciones
que dignifican el sexo y redimen á esta
bella mitad humana de la inferioridad social en que arbitrariamente pretenden retenerla la vulgaridad y la ignorancia.
Aqui referiré algunos testimonios oficiales y privados que demuestran su utilidad.
Los trabajos remitidos por la Asociación fu e ron premiados en las Exposiciones universales y pedagógicas de Viena,
Filadelfia, Madrid, Paris, Chicago y Bilbao.
El Estado, la Diputación provincia\ y
el Municipio de Madrid y algunas sociedades han proclamado la transcendencia
y eficacia de su acción, otorgándola modestas subvenciones acompañadas de los
más laudatarios reconocimientos.
He aqul cómo se expresaba en· real
decreto de 2 de Enero de 1880 el ministro de Fomento Don Fermln Lasala: «Teniendo en cuenta los brillantes resultados que viene dando la Asociación para
la Enseñanza de la Mujer, y con el fin de
auxiliarla para llevar á cabo los fines de
su instituto ... »
El Círculo de la Unión Mercantil, á
cuyo exámen fueron sometidos los libros
de contabilidad formarlos por las alumnas de la Escuela de Comercio en 1879,
dictaminó: «Están rigurosamente ajustados á las más adelantadas prácticas de
contabilidad moderna, hallándose en las
múltiples operaciones que abrazan la expresión, claridad y ~xactitud _tan necesarias en lo que constituye la vida del comercio»; y añadía estar destinada aquella Escuela á prestar grandes servicios á
la clase mercantil, por lo que debian los

socios llevar sus hijas á recibir una instrucción que tantos beneficios tenia que
reportarlas.
Análogas manifestaciones, con mención de gratitud para su inolvidable fundador, hicieron el ministro de Fomento
Sr. Albareda, el Ayuntamiento, que á
cambio de su subvención dispone de cincuenta plazas para las alumnas de las
escuelas municipales, la Económica Matritense y la Junta de primera enseñanza.
Verdad es que, á parte la excelencia de
sus estudios y régimen pedagógico, de
los cuales procuraré dar luego sucinta
noticia, ha desfilado y actúa hoy en sus
cátedras lo más notable de la intelectualidad española, sin distinción de ideas ni
partidos: Giner de los Rios, Florez, Machado, Azcárate, .Maestre de San Juan,
Pedrallo, Salmerón, Villamil, Ruiz Castizo, Benot, Gradilla, Lozano, González
Serrano, Soler (Don Eduardo y Don
Leopoldo), Vicuña, Villanueva, Rebolledo, Sama, Puje.Ido, Guimerá, Ruiz de
Quevedo, Gabriel de la Puerta, Martín
Ferreiro, Becerro de Bengoa, Torres
Aguilar, Sánchez Moguel, Torres Campos, Riaño, Sardá, Mellado-que ni aún
siendo alcalde de Madrid abandonó ln
cátedra,-Blas Lázaro, Salillas, Luis Hoyos, López Silva, Beltrán y Rózpide,
Pulido, González Rothwos...
ORGANIZACIÓN ACTUAL

Gobiernan la Asociación, austeramente atenida á las subvenciones consignadas, á las cuotas de los socios y al importe de las modestas matriculas, la Junta
directiva y el claustro de profesores,
constituidos en la siguiente forma:
Junta directioa: Presidente, Don Gumersindo de Azcárate; vicepresidente
primero, Don Manuel Maria del Valle;
segundo, Don José Maria Olózaga; tercero y director de estudios, Don José Maria
Ponles; interventor, Don Constantino
Rodríguez; tesorero, Don Mariano S!lbas
Muniesa; consiliarias, Doña AntonioAhijón, viuda de Ruiz de Quevedo, Doña
Carmen Rojo, Doña Concepción Saiz y
Doña Matilde Garcí11 del Real; secretario
goneral, Don Enrique Garcia Herrero~;
contador, Don Ramón Haro; secretaria
de las Escuelas, Doña Asunción Vela;
bibliotecaria, Doña Clementina Rangel.
Claustro de profesores: Enseñanza primaria, Doña Concepción García, Doña
Teresa Cornellas, Doña Clementina Albéniz, Doña Ana García y Doña Sara Ruiz;

preparación para la Normal, Don José

47

LA CASA Y LOS ESTUDIOS

Maria Ponles, Doña Herlinda Iglesias y
Doña Asunción Vela; segunda enseñanza y Escuela de Institutrices, Don José
María Pontes, Don José A. Irueste, Don
Pablo Sánchez, Don Marcelo de Usera,
Doña Isabel Ortiz,Doña Felisa Abad, Don
Constantino B. de Quirós, Doña Pilar
Pascual, Doña Clementina Rangel, Doña
Isabel Baquero, Doña Encarnación Romero, Doña Sofía Camps, Doña Concepción Saiz, Don Baldomero Bonet y Don
Alberto Segovia; Escuela de Comercio
Don Ramón Haro, Don José Maria Olózaga, Don Hilario Bueno, Doña Clementina Rangel y Doña Encarnación Romero; clase de sombreros, Doña Maria Escobar.
RÉGIMEN PEDAGÓGICO

Los principios pedagógi~os por q11e se
rige esta Asociacion son análogos á los
de la Institución libra de Enseñanza
(que será objeto de otro articulo en PoR
Esos MuNoos): en general, respecto de
las matemáticas y ciencias físicas y naturales, el método intuitivo; con relación
á las filosóficas y morale!;!, el procedimiento socrático; en cuanto á las enseñanzas
de aplicación rige lo que se aprende y se
enseña con la práctica, la experiencia.
Tampoco hay exámenes. De acuerdo
con las modernas teorías docentes fueron
suprimidos hace años, sin que por ello se
haya resentido la enseñanza, sino, muy
al contrario, dignificado y enaltecido, hasta en concepto de las educandas, libres
hoy de la enojosa y mortificadora emulación de la nota y del lugar en lista, que
á menudo fomentan la envidia y otr1ts
malas pasiones.
El celo excelente del profesorado,
atento por generoso altruismo á los humanitarios fines de la Asociación, suple
co_n solícita perseverancia, con requerimientos paternales y constante atención,
aquellas arcaicas y desacreditadas pruebas de fin de curso, que acaso pueden
probar la suerte ó la lucidez de un instante, pero no el trabajo y aprovechamiento de todo el año.
~l terminar el curso, en primeros de
J!lho, se cel~bran todos los años exposiciones públicas de labores femeninas y
toda clase de ejercicios prácticos: bordado, corte, sombreros, confección de ropas_, adornos, flores, dibujos, modelado,
cahgraffa, documentos comerciales, etcétera, etc.

Hoy la Asociación dispone de un magnifico local propio en la calle de San Mateo, con fachada también á la de Beneficencia, inaugurado solemnemente en
1892. Es un ámplio y lujoso eqificio de
tres pisos construido ad hoc, donde ni el
más exigente peda~ogo podría advertir
la ausencia de requisito alguno higiénico
ó escolar. Todas las aulas, espaciosas,
ventiladas, claras, convergen á un gran
patio rectangular cuya acción neutralizan las galerías de cristales, dejando entre aquellos y el espacio abierto ancho
pasillo que mitiga los rigores del clima.
Tantas son que apenas he podido darme cuenta del número de aulas; todas
expléndidamente provistas de material
ajustado á los más modernos adelantos.
Con ser numerosas las enseñanzas, hállanse instaladas con holgura, pudiendo
albergar cómodamente la Asociación un
total de ochocientas á mil alumnas.
Baste decir que hay estudios: primarios, elemenlales, dividido!\ en dos grados, y superiores, donde se cursa Lengua española, Aritmética, Geometría,
Dibujo, Geografía, Historia, Religión y
Moral, Derecho, Higiene, Bellas Artes, trabajos manuales, Gimnasia, Historia Natural, canto y francés; de segunda enseñanza, ó sea ampliación
de los anteriores: análisis gramatical y
lógico, prácticas de redacción, nociones
de Retórica y Poética, ejercicios de dibujo geométrico, trazado de mapas, Fisiología y Lógica, Física, labores y manejo
de la máquina de coser, música, francés, dibujo de linea y figura, corte, caligrafía y sus aplicaciones más usuales;
Escuela de Institutrices: Lengua y Literatura españolas, AritmÁtica, Algebra,
Geometría, Sociologia, Ética, Derecho,
Economía politica, Geografía é Historia
universales con trazado de mapas y gráficos de toda índole, Química, Fisiología
é Higiene, Psicología, Pedagogía, Historia de las Bellas Artes, labores, corte,
francés, inglés, música, dibujo y pintura; '
Escuela de Comercio: previa, como en la
anterior, la preparación exigida para el
ingreso, en la que figuran, entre otros
muchos conocimientos enciclopédicos, la
Taquigrafía y el manejo de la máquina
de escribir, Aritmética general y mercantil, Teneduría de libros, correspondencia
mercantil en español, francés é inglés,
Legislación mercantil, aduanera é industrial, Geografía comercial, Caligrafía con

�48

POR BSOS MUNDOS

ejercicios de escritura á máquina, cálculos mercantiles, prácticas de contabilidad, ejercicios de cálculos mercantiles,
prácticas de contabilidad, ejercicios de
conversación comercial en francés é inglés y conocimientos de primeras materias y productos mercantiles; Escuela
preparatoria para el ingreso en la Normal de Maestras y en la segunda enseñanza, que comprende todas las materias exigidas en los programas oficiales.
Para obtener los títulos de institutriz y
profesora de Comercio, las alumnas practican un ejercicio escrito, cuya forma y
extensión se acuerda en cada caso.
Se admiten matrículas sueltas en las
clases especiales de sombreros, encajes,
corLe, flores y taquigrafía.
Y para tan magna labor, que serla imposible sin la abnegación generosa del
profesorado, sólo cuenta la Asociación
con las cuotas mensuales de un c.mtenar
escaso de socios, las subvenciones modestas del Estado, la Diputación provincial y el Ayuntamiento-égte á cambio,
como queda dicho, de cincuenta plazas
gratuitas,-el auxilio del Círculo de la
Unión Mercantil, el corto importe de las
matriculas, y, por rara excepción, algún
donativo.
FRUTOS DE LA ASOCIACIÓN

Corporativos, ninguno. Está visto que
en España no prende la buena semilla
pedagógica.
Antes de la Asociación, en 1869, se
fundó el Ateneo de Señoras, de cuya existencia eflmera apenas tienen noticia los
bibliófilos. Años después, á ejemplo de
la de Madrid, establecióse en Mál11ga la
Escuela Malacitana, fundada con el concurso de aquélla por la Asociación malagueña para la Enseñanza, é instalada en
un edificio rotul~do Escuela Schollz; pero
vivió poco.
Menos mal que varios círculos gremiales y regionales establecidos en Madrid
y algunos de provincias atienden, en mayor o menor grado, por expontánea iniciativa, á la educación de la mujer sosteniendo clases de corte, dibujo, flores,
sombreros, cocina y otras enseñanzas
prácticas, de cu y a benemérita acción
pueden servir de ejemplo en Madrid los
Centros de Instrucción Comercial y Gallego.
Los frutos individuales de la Asociación que noticiamos son tantos como
alumnas hicieron ali! su aprendizaje para
la vida.

Una profesora de la Asociación, Doña
Josefa Barrera, fué maestra de las dos
hermanas de Don Alfonso XIII; y Maria y
Asunción Moret, Rosalfa Salmerón, Rosario Labra y Maria Goiri-ésta doctora
en F1losofia-á las clases de la Asociación asistieron. Y como estas distinguidlsimas señoritas de la mejor sociedad española, innumerables más rigen hoy hogares que el talento, la virtud y la elevación mental de la mujer, á porfía con su
hermosura, hacen infinitamente dichosos.
Otras muchas alumnas, las que por
vocación ó necesidad hubieron de poner
á satisfacción sus aptitudes, lograron en
buena lid muy ventajosas posiciones y la
justa fama de sus nombres honra á la
mujer española: Carmen Rojo, directora
de la Normal de Madrid; Matilde Garcla
del Real, publicista notable é inspectora
de escuelas públicas; Adela Ginés, pintora premiada en muchas Exposiciones;
Clementina Albéniz, directora de una escuela semejante á la Asociación, que hubo en Mayagü~z (Puerto Rico); Nieves
Gibelalde, Josefa Barrera, Concepción
Sáiz y Maria L1rrigada, profesoras de la
Normal de Maestras, autoras las dos últimas de muy útiles libros de enseñanza,
y la señorita Sáiz, además, mantenedora
de una celebrada polémica sobre filosof1a con el ilustre González Serrano, en el
semanario profesional La Escuela Mo-

LA ENSEÑANZA DE LA MUJ ER
MEJORAS PROYECTADAS

Proyectadas digo, y debiera decir eternamente. deseadas, porque en España á
toda acción progresiva de carácter priva&lt;lo ~e. opone~, en primer término, la estulticia ambiente y después la indifereneiadel Estado, pródigo, en cambio para
atenciones caprichosas.
'
Asl ~uelga decir que la Asociación jamás disfrutará de holgura económica
para desarrollar sus ideales. Quizás un
.día se le mueva el corazón á algún millonario de l?s muchos que pretenden
hacer compatibles los deberes socia las de
su posición y su ~varicia, y sacrifique
unas pesetas para rnstalar la calefacción
de ~ápor, ,18: clase de cocina y la cooper_allva de utiles ~e ens~ñanza, que constituyen los más mmediatos propósitos de
la junta de gobierno.
Pero de esto á dotarla expléndidamen-

49
te para completar y entender su acción
social.en beneficio ~e toda España, existe
un abismo de tacanerla. Y es lástima.
Porque he aqul cómo expresa la propia
Asociación sus ideales:
«Animada la Asociación del sentimiento de amor á la cultura popular que inspiró á su sabio y generoso fnndador, y
fiando más que en nada en la ilustrada
y patriótica protección del Ayuntamiento
y de la Diputación provincial, proyecta
n~ev~s reformas: la de dar mayor ampliación á sus actuales escuelas, organiz_a~do de u~a man_e~a eficaz la important1s1ma sección de idiomas; abrir otras escuelas en puntos del radio de Madrid
que hagan accesible su enseñanza al ve:
c~n.d~rio de los más extremos arrabales;
~1r1g1r_s~ á las provincias, respondiendo
a la m1S1ón de Madrid como capital de
la nación, para despertar en ellas el necesario interés por su cultura; y promo-

derna.

Obtuvieron por oposición escuelas municipales: Pilar Garcia del Real, Encarnación Salcedo, Felisa Cuervo, Maria
del Prado González, Aurora González y
muchas más cuya enumeración aumentaría las proporciones de este artículo.
En las Normales de provincias actúan
Maria Quesada, Casilda Mejia y varias
otras.
Al frente-de la escuela insta lada en las
caballerizas del real palacio está Dominica Alonso.
Carmen Marquez, procedente de la Escuela de Comercio de la Asociación, es
mecanógrafa del Instituto de Reformas
Suciales. Y otra alumna de esta misma
Escuela, Elolsa Aramburo, es tenedora
de libros de la Sociedad de Explosivos,
con s~is mil pesetas anuales de sueldo, y
tiene á sus órdene~ á su compañera de
estudios Eugenia Florit.
Con los ejemplos referidos rreo que
queda cumplidamente demostrada la
utilidad incalculable de esta Asociación.

E&lt;iillclo de la calle de Sau M;teo, eu Madrid, donde ae halla instalada la Asociación para la Enseñanza de la Mojer

4

�POR ESOS MUNDOS
50
ver la creación de establecimientos c?n- esperanza, cuando las agitaciones Ylas )usagrados á este primer fin de la vid~, chas con la injusticia y la desgracia !e mcontribuyendo asl á que nuestra patria dignan y exasperan , é_ infundién~olevalor
vaya elevándose, que mucho le taita para cuando amargan y acibaran la yida_la perello, al nivel alcanzado por los demás secución, el olvido óel desprecio. S1 la mujer no es hoy aún todo eso, culpa es gran
pueblos civilizados.»
parle del hombre, que no muestra más
FERNANDO DE CASTRO
vivo y solícito interés en educ~rl~.» .
»Tres condiciones han de d1stmguir y
Fuera injusto terminar este trabajo sin
hacer interesantes estasendedicar algunos renglones
señanzas:
moralidad, reliá la memoria de este sabio
giosidad
y
belle1a.
Todas se
y virtuoso maestro, fundaayudan
reclprocal!1ente
Y
dor de la Asociación que
determinan
el
sentido
Y
llnoticiamos. El más noble
mite natural de cada una.
y adecuad? homenaje que
»Sirve la primera para
cabe rendir á un pensaque la severidad. del pri~dor es, sin duda, divulgar
cipio moral arraigue la virsus ideas.
tud en su espíritu y ?onduc·
Veamos, para b~en conta formando enérgicos cacluir, cómo explicaba el
ra'ctéres en sus hijos é inpropio Don I:ernand_o de
fluyendo en su marido y _en
Castro, en el discurso m~utoda su familia para forllfigural de las conferencias
car el puro amo,.al bien y
dominicales sobre la edu8 ún a\ sacrificio á la ley
cación de la mujer, la coneterna del deber en la vida.
veniencia y los fines de la
»No es, ciertamente, m~Asociación que con ta I obr.os esencial la piedad rehjeto surgiera á _poc~ de la Presbltero DonFern~ndorleC~•giosa·, nero
no meram_ente
iluslre fundador de la Aaoc,a•
1·
~
é
Escuela de InsLitutricespor tro
cloh paro. la ~.naeilanu. de l11
fundada en una 18 pasiva
él fundada:
..
Mujer
inerte, sino ilustrada por la
«Figuráos si será auxilio
..
razón
y
por
la
conciencia,. sin l? cual,
estimulo para su marido y sus h1JOS una
exaltada
la
mujer
por su impresionable
~ujer de cierto despejo y gus_to educado,
fantasía,
se
entrega
á un culto_pursmente
cuya bondad y suave bo~est1dad de cosexterno
olvidando
adorará
Dios en _esp_ttumbres, unidas al atractivo y encanto de
maneras delicadas y no~les, de dulzura, ritu 1/ oerdad, cayendo en la supershc1on
de discreción y prudencia en _el ~rato, de y el éanalismo y creyendo de buena teq~&amp;
sentimientos generosos y carit!hvos,. re- asl agrada al Creador y cumple sus obli.
.
velen un alma ange)ical_y pura, msens1ble gaciones.
»Inspirar, por ulllmo, á 1a muJet e1
á los halagos de la hsonJa y d~ la co~ueterla asl como sufrida á la mgrahlud y sentido y gusto de lo bello en la naturade;lealtad, paciente y tolerante con )as leza en la vida y en el arte; formar, en
fallas de los que la rodean .. U~a m~Jer sum'a, lo que se ha llamado su ed~cación
semejante, tan tierna y misericord1?~ª estética, si en algún tiempo fué ~en1do por
como digna, tan obsequiosa co!Do d1h- ocioso y frívolo recreo, no es SID? el meente que no se descompone, m se. alte: dio más eficaz y a~e~~ado de a_h_men_tar
~a ni'se muestra airada, ni soberbia, m y purificar su sens1b1hdad exquisita, mco~oce la venganz~, ni_ guarda rencor, fundiéndole el amo1· á todas las gran~es
conservando un ámmo igual en la p~o~- cosas que constituyen la poesía de la vida
peridad y en la deegracia ... 1qué auxilio tan propio en_ la que debe embellecerla
.
.
más digno, eficaz é intimo para. el hom- con su atractivo.
»Nunca
ha
de
perder
de
vista
la
muJer
bre capaz de inspirarse en el b1e~ Y ~n
debe educarse, ante t1do., para. ser esla virtud! No olvidéis que una muJer sm que
posa
y madre, y que la Prov1denc1a la ha
dulzura y sin discreción es c~mo una
flor sin aroma ó como una fruta sin sabor, colocado al lado del homb!e en la~ tres
ue las dotadas más ó menos de la les edades que recorre e~ su vida: en la rnfa~para guiar los primeros pasos del mietfecciones alcanzan á salvar al hom, cia
ño;' en la virilidad, para mo~erar las pabre en momentos supremos y hasta
siones del hombre; en la veJez, _para manconvertirlo en héroe, derramando
ve-ces sobre su corazón el bálsamo e a tener el vacilante paso del anciano.»

:t°iª

LA AMADA

»Obsérvase hoy cierto divorcio y como
separación entre el hombre y la mujer.
Son como dos extranjeros que, partiendo
juntos de una estación, siguiendo la mismas linea, yendo al mismo punto, y tal
vez con idéntico objeto, no se hablan,
porque no se entienden: aunque aparecen juntos, no están unidos, sino apartados en sus almas. Es imposible que por
mucho tiempo esté contenta una mujer
ignorante al lado de un hombre instruido, ni que éste sea feliz junto á una mujer privada de aquellosconocimienlosque
mantienen una vida de íntima y conlinua
relación con la que es su esposa y lamadre de sus hijos y debiera ser además
su consejera, su amiga y la depositaria
de sus pensamientos y aspiraciones. La
distancia y la cultura entre el hombre y
la mujer es hoy tanto mayor, y el malestar tanto más vivo, cuanto mayores son
los progresos entre los hombres respecto de las mujeres. A medida que sea más
perfecta la educación de éstas, más grande será también su influencia sobre aquéllos; y en vano será que intenten alcanzar una sin otra.
»Mujeres: Es de rigor que levantéis el
nivel d_e vuestra instrucción, para llegar
á término tan deseado. Cuando tal hayáis
conseguido, influid sobre el hombre, para
que valga y sea algo en la vida é historia
de su tiempo, algo en religión algo en la
polftica de vuestro país, algo ~n las demás esferas y fines de la vida. Guardáos,

51
sin embargo, de pretender imponerle nada en el orden religioso, ni en el político,
ni en otro alguno. Vuestro destino, como
esposas y como madres, es aconsejar é
influir. De ninguna manera imperar. ,En
el momento en que os empeñéis en ejercer coacción sobre el hombre, prevahéndoos del ascendiente é imperio que os
dan vuestra debilidad y vuestras lá~rimas, cometéis la falta más grave é imperdonable. Puesta la mano sobre mi
conciencia, os aseguro que no existe ningún derecho, divino ni humano, que os
obligue á imponer nada al hombre, aunque sea en materia de religión, pues que
de ello habrían de seguirse luchas, desasosiego, desabrimiento y ruptura de la
paz en las familias. Cuando para conseguir un intento á todas luces justo y asequible no basten vuestra moderación y
vuestros consejos, resignaos pacientemente, y encomendadlo á Dios, que es
quien puede tocar y mover los corazones.
Fuera de los quehaceres de vuestra casa,
que principalmente os incumben, asociáos en buena hora para la caridad ó la
enseñanza, ó para algún otro fin esencial de la vida; mas no encerréis en estrechos moldes vuestro puro amor á la
verdad y al bien, qne debe ser el vínculo
universal entre los hombres, ni lo profanéis al contacto de las pasiones de partido. Sóis llamadas á unir. ¡No dividáis!)
No debo añadir, por mi cuenta, una
palabra.
A. AGUILERA Y ARJONA

LA AMADA
-Que hable,-gritó el concurso. Y el poeta
levantando su copa desbordante
dejó escapar su cláusula vibrante,
como escapa del arco la saeta.
Y habló sin descansar. Habló á la inquieta
turba, de vino y goce rebosante;
y á cada nuevo verso centelleante
redoblaba su ímpetu el estela.
Cuando el último acorde de aquel canto
fué á acrecentar la estúpida alegria
que en torno del vidente resonaba,
ella, la Amada, sin fijarse, en tanto,
ruidosamente en su sitial reía
y... «¡Que bable más! ¡Que nos divierta!» aullaba.
M. BARRERO ARGÜELLES

�LOS SIETE PECADOS

53

Por unos instantes, en muda contem- vez tan sólo, ~e dejéis examinar vuestro
plación, midieron nuestros ojos todo c~erpo, gue, si está tan grave como á la
aquel sombrio cuadro que cosa fuera de simple vista parece, será preciso su traslo conocido Y. vulgar semejaba, y por la~o _á otro mejor sitio donde pueda ser
nuestros espíritus flamearon sensacio- a~ist1do, no como.si fuera de rey ó prfnnes jamás sentidas.
cipe, pero si como de criatura ... que hasNos aproximamos á la ermita, y mi ta para las be~tias ha y ~uranderos y unacompanante tocó en la puerta. Entonces, güentos, y_todos los animales por instinoim?s una voz opaca, sutil, casi imper- to son dóciles y agradecidos... Dadme
ceptible,_que desde dentro nos contestaba. pue!J, hermano Da vid, vuAstra mano
EmpuJa~o.s la puerta y, sin dar un mostradme ~l pecho y la espalda.
paso, que sitio no habla pRra ello, quedaY ~orno m !os oid~s del ermitaño ni
mos delante del ermitaño David cuyos sus ºJ?S parecieron m haber oldo ni comhorrorosos martirios y fama de s~nto co- prendido palabra de la súplica del médirrían ya de boca en boca por toda la tie- co, éste adelantóse y pulsó una mano del
rra andaluza.
enferm.o; después descubrió el pecho á
Estaba el solitario tendido en el mismo cuya vista quedamos absortos y no pudisuelo, _sobre hoj11s de higuera y maíz, con mos contener un grito de horror. Era
el hábito puesto y un rosario entre las
1oda una llaga el pecho
manos. Su faz no perecfa de ser viviente, sino
de momia; su guedeja
y barba eran blancas,
y el negro de sus ojos,
ya sin brillo, se extendía por toda la cara
hasta confundirse con
la abertura de la boca·
los labios no tenfan go~
ta de sangre que los tiñese; la piel de todo el
rostro amenazaba romperse para dar salida á
los pómulos: y los de- •
dos de aquel hombre
eran huesos de esqueleto.
Dentro de la cabaña
perciblanse olores nauseabundos de humedad
y de carne podrida.
Mi amigo saludó al
asceta David, que parecfa algo asombrado y
molesto por nuestrll
pro~ana visita, y su voz
débil, apagada, doliente, de niño expirante,
era como súplica de suprema hora. Y asl hablaron los dos:
-Vengo, hermano á
curaros-dijo mi amigo
-de graves enfermedat
des que aseguran sufrís. Soy el médico de
Su Ilustrlsima el obispo
1· ,,.. ,
de Córdoba, quien me
ordena esta visita y que
La ermita del Padre David aparecfa cerrada por una puerta muy Tieja
os ruegue que, por esta
remendada con 1oeas y tablas

-

y

LOS SIETE PECADOS
(C UENTO)

rriada ... Por el silencio y nitidez parecla
-Hermano: ¡queréis guiarnos á la eraquel sitio cosa puesta fuera del mundo.
mita del Padre David7
El sol brillaba en lo alto con fuego intenso,
-Hermanos, aún os falta mucho camiy en el azul del cielo ni la más ligera n uno, que el reLiro del penitente David está
lejos: es la última y más escondida de las be se descubrla.
Desde algún picacho de la sierra poermitas, y tiene un allozo á su puerta.
díase contemplar,en lo hondo, otro gran•
Caminad por este sendero sin descanso
dioso panorama: la Córdoba moruna, no
media hora, y antes de prima tarde ya
más extensa, con sus enjalbegadas, sus
enconLraréis la morada del justo.
estrechas
tortuosas calles; sus paseos,
Y los dos amigos nuevamente nos pu- sus torres ysarracenas
y su mezquita; al
simos en marcha para recorrer una de
otro lado, el rfo, el Guadalquivir, fertililas partes más abruptas y de dificil paso
zando á las pomaradas de la orilla. Y ni
de la sierra de Córdoba, campo bravío,
una chimenea de fábrica, ni edifbación
famoso en leyendas y refugio romántico
moderna, ni los barcos en el rio, ni las
de superiores varones.
Poco á poco íbamos trepando por el máquinas, nada, en fin, que descubriese
nuestro siglo , se observaba en el antiguo
monte,JC uyas tierras y peñas cubrialas
reino de los tres Abderramanes. Sólo de
casi por completo una vegetación caprivez en vez, en la lejanfa, el silbido de alchosa de zarzales, brezos. carrascas, azaguna locomotora y su carrera al través
ros, pitas y almendros silvestres, de aromás penetrantes. Y todos los arbolillos y del boscaje despertaba nuestros soñadoplantas vivían a\li lozanamente, jugosas, res pensamientos á la realidad ...
La senda habla concluido y el monte
con verdores de huerta: los madroños esse intrincaba cada vez más y nos cerrataban con fruto, y sus motas rojas con el
ba el paso. A la izquierda columbramos
negro de los racimos de las moreras y el
una hondonada, y en la parte más cublanco de la flor de los almendros y el
bierta y esquiva la ermita del Padre Daamarillo de las de los juncos, eran como
intensas y juguetonas pinceladas de un vid.
Era una misera choza pintada de blanarte tan exquisito y bien dispuesto que
co, tan reducida que parecla cabaña de
convertían todo aquel campo en un agrapastor. Cerrábala una puerta muy vieja,
dable paisaje de hermosura sin igual.
remendada con sogas y tablas; encima de
Da trecho en trecho veíanse , como unas
la
puerta habla un agujero, y sobre el
manchas, más blancas y grandes que las
vano una cruz; al rededor de la casa crede los 11lmendros silvestres, las ermitas
cían lentiscos, astodetos, un granado, un
diseminadas por el monte. Al rededor de
peral y una higuera; en un huerto, del ta•
aquellas casas nada atalayabtl nuestra
maño de una sabanilla, allí junto, alguvista que acusase vida humana: ni siluenas hortaliz11s y plantas; el allozo daba
tas de hombres, ni cantos de los gayasombra á la puerta de la ermita, y al pié
nes, ni la noria, ni el relinchar de las
del árbol, una muy desgastada peña desbestias, ni los aceños, ni el correr del
cubrimos, tal vez el sitio más preferido
trillo, ni la esquila, ni la voz del zagal
azuzando al mastin tras la civeja desea- por el único morador de aquella casa.

\¡t. . . . . . . .

�54

POR ESOS MUNDOS

del misántropo David, tan avanzada, que
todos los huesos de las costillas estaban
mondos; veíanse huecos tan profundos
que llegaban hasta el esternón, y la parte del abdómen limpia de pus aparecia
acardenalada; por los hombros, hasta
perderse en la espalda, corrían unas vetas muy obscuras, negras.
Lll vida de aquel hombre en el estado
en que le vieron nuestros ojos er~ caso
único y milagroso, y de su salvación no
quedaba ni la _más. remola esperanza. Y
mirándonos s1lenc1osos y consternados,
leyendo, tal vez con claridad su~erior,
nuestros tristes y confusos pensam,1entos,
el espiriLu del moribundo se reammó.
Entonces el ermitaño David quiso hablar. Con sus manos llevóse á los labios
unas hierbas cocidas, que en un pedazo
de cazuela tenia á su alcance, y poco á
poco, su voz se hi~o per~~ptible, y
por media hora, sm casi mterrupción, dijo asi:
.
.
-Hermanos: Dios os premie vutlstra caridad y al obispo de Córdoba su
cariño para con este ~ran peca_dor sobre la tierra, y al Cielo ben~igo que
es tan justo que cuando, ya sm fu~rzas, ibame á morir en esta ermita,

LOS SIETE PECADOS

donde he vivido veinte años, dirige hasta
este apartado lugar hombres que puedan
oir la confesión del culpable, para que
después ellos vayan por el mundo descubriendo verdades y enmendando _er:rores.
Yg veo, con claridad jamás perc1b1da, la
voluntad del Señor: hágase, pues, como
El lo desea...
.
»Escuchad, hermanos: diréis al obispo
de Córdoba y á todas l~s fientes q_ue quieran oíros, que el erm1tano_ David es el
sor más abominable y maldito de la Creación: ante su recuerdo, enseñad á los muchachos que con una y ~t~a mano hagan
la cruz; á los jóvenes v1?1osos, que co~
todos los malos pemsam1entos ui~an m1
nombre; y á los p_ro~ectos varones, ~u•
digan siempre:. «~1 e1en ~uerpos hubiera
tenido el erm1tano David, á todos con
igua1 fuerza debiera haber macerado

-Al Cielo bendig, -noa dijo el Padre
David-que basta ;ni os manda para que
oigáis la confesión de 11te pecador

55

»Pero, transcurrido el primer mes,hube
constantemente y dejado pudrir de llagas». Y, por último, que en uno y otro de notar cosa tan extraña que su descupueblo y aldea se me conozca por el pe- brimiento me llenó de pavor. Era el caso
cador de los siete pecados, que por todos insólito que á diario, y hasta en una misme veo aquí próximo ya á condenarme. ma hora, no sólo un vicio me dominaoa.
Pdquécon todos, y desde jóven ya los sen• Y como no podía saciarlos todos á la vez,
tia como alestores, como demonios des- mi vida llegó á hacerse insufrible. ,Qué
encadenados, recorrer mi cuerpo, con podría ya discurrir mi loca imaginación
una fuerza inexplicapara no llegar al
ble que, fatalmente,
tedio irremediablef
me llevaba al pecaVáis á oirlo,quenada ociosa estuvo
do; pero no en falta
hasta dar con ello.
vulgar y casi perdoY descubrió mi innable, sino á las más
abyectas y premediclinación perversa
tadas de las culpas ...
reunir todas las
Mi pensamiento era
mujeres, todos los
tan veloz en los siete
siete vicios capitaerrores capitales que,
les bajo un mismo
á diario, me vencía
techo, en un sólo
uno: ya la concupishogar y prisión, de
cencia, ya la soberdonde yo no saldría
bia, ya la gula, ya la
nunca, puesto que
envidia, ya la pereza,
on ella estaban mi
ya la ira ... ¡en fin,
vida y mis deseos.
todos! Aristocráticos y
Hice como lo ideó
ricos eran mis pa1i1i pensamiento y,
dres, y al morir
á poco, pude coellos fui el único
menzar mis soñaheredero de una
das orgías, yo en
fortuna poderosa;
medio de aquellas
entonces, libre de
furias del Averno
tutelas y consemás que á mujeres
jos, preocupóme
parecidas.»
sólo satisPor unos instanfacer mis
tes guardó silencio
deseos.¡ Peel penitente, y sus
ro de qué
ojos blancos llenámanera!. ..
ronse de lágrimas.
Yo, que ya
Después, transido
me conocía
de pena, y como si
á fondo en
el recuerdo de esmi pervertas olvidanzas considaddedesumieran todas sus
generado,
debiles fuerzas, siideé plan
guió, poco á poco,
soberbio
con honda laxitud,
par a, en
ya en estado agónitodos mis
co, el término de su
-De los eaoombros de mi casa,-no1 diJo el asceta-una mano
dlas, tener
herética historia. Y
piadou sacó á un hombre uuevo
contentosá
dijo así:
mis siete vicios: en siete casas distintas
-Yo ,,ivi con ellos, con los siete pecacoloqué otras tantas mujeres hermosas, dos, y gusté de todos á la vez ¡un sólo
dominada cada una por un pecado capi- dial... Pero los vicios, cual yo no había
tal; y cuando yo sentía el vicio de la sober- previsto, declaré ronse en guerra unos
bia, iba á buscar á la mujer soberbia; con otros, con saña sin igual, dentro de
cuando la avaricia, á la más avara de to- su albergue, de mi casa ... Y uiiradme que
das; cuando la gula,á la más glotona ... ¡Y tiemblo como un azogado al recuerdo,
asi á todas!. .. Y sus genios malditos me en mi mancha indeleble, de la ferocidad
emborrachaban, me enloquecian ....
de aquella lucha titánica, como nunca

�56

PODER. DE LA CONSTANCIA

pueden imaginarla serenos espíritus._.. Entonces, 'JO no viví ya 'u n mome~to dicho.so; y arrepentido, cob~rde, guise terminar con mi obra, conmigo mismo: prendí
fuego á mi casa, y una noche, cuando lodos nos embriagábamos saciando ánuestros capitales defectos, purificadoras_ llamas vinieron á lamer nuestros últimos
besos. Y morirnos todos... De los escombros de mi casa una mano piadosa sacó
á un hombre nuevo, á mi arrepentido pecador que con algunas penitencias en
muchos años cree, ahora que va á morir, que nada ha hecho que pueda borrar
uno sólo de sus espantosos pecados.

&gt;)Hermanos: Dios os premie vuestra ~!ridad y al obispo de Córdoba su carm&lt;;&gt;
para con este gran pecador que nada merece ... Y al Cielo bendigo, que, cuando ~a
sin fuerzas, ibarne á morir en esta ermita, dirige hasta ~tia hombres para que
oigan mi confesión m?ral, y por esas
tierras vayan descubriendo verdades y
enmendando errore!':.
&gt;)Hermanos mio~: Que todas las buenas gentes ha~an la cruz ante mi_ nombre y digan: (&lt;Si cien c~erpos hubiera tenido David, el de los siete _pecados, á los
cien, con igual fuerza_, debiera haber macerado y dejado pudrir de llagas ... &gt;)
MANUEL CARRETERO

LAS Óf'ERAS MAS CÉLEBRES DEL MUNDO

"ROMEO Y JULIETA'\ DE GOUNOD

Ilustraciones de F. de la Mota
En nuestro número del mes de Noviembre último comenzamos esta serie de artículos
que dan a conocer cómo se han escrito !J compuesto las óperas más célebres en el
mundo. Para los aficionados que oiven aleiados de las grandes capitales !J que, por
tanto, no disponen de ocasiones para oir las óperas en la escena teatral, los eco¡¡
de esta llegan únicamente hasta ellos por medio de la prensa, cuvos críticos solo se
ocupan en la producción específica, oloidándose de lo que la obra es en sí con relación á la historia de la música ó de las concepciones de los compositores. Nues tro propósito en estos artículos es considerar los obras desde un punto de vista
diferente !J poner de relieve el espíritu de los grandes hombres que han desarrollado el arte del drama musical.
ALLÁ por los años de 1843 á 1850, antes

FODER DE LA CONSTANCIA
1,No ves la gota que con golpe lento
é insensible quebranta la dureza
de la roca, que excede en fortaleza
á ese pequeño y liquido elemento1
¡Quién le da tal poder ó valimiento
si débil la formó Naturaleza1
¡Cómo es que no le ~guala en sutileza
ni el rayo que atraviesa el firmamento?
El encrespado mar con saña airada
ó el fiero impulso de aquilón bravío,
con tal roca al chocar, no le hacen nada;
y la gota, qu~ tiene menos brío,

deja esa dura piedra taladrada
¡porque está en su constancia elpoderiol
VíCTOR BASILIO DE SANTA ANA

que escribiera su primera ópera, Carlos Gounod pensaba abrazar la carrera
eclesiástica. De carácter sombrío y taciturno, estas condiciones le hacían amar
la vida del claustro y de la soledad. Y á la
música religiosa, que ya había enriquecido con magistrales composiciones, hubiera dedicado este insigne compositor
francés todo su talento, si madama Viardot, célebre prima-donna, no le hubiera
pedido con insistencia, precisamente en
el año 1850, cuando más sentía Gounod
los deseos de recibir órdenes eclesiásticas, que compusiera para ella una ópera;
uniendo á estos ruegos la indicación de
que el famoso dramaturgo Augier, gran
amigo su y o, escribiría el libreto. La
forma en que la gran cantante hacia
su petición era tentadora para la imaginación y el orgullo de un jóven compositor; y ~si fué como nació la ópera Safo,
que, ciertamente, no obtuvo un verdadero éxito, pero sirvió para que Gounod
decidiese continuar la carrera en que se
habla dado á conocer en tan buena compañia como la de Mad. Viardot y M. Au-

gier. Sin embargo, hay motivos para dudar si el temperamento de Gounod se
adaptó alguna vez con verdadero amor y
entusiasmo al dramatismo de su arte.
Verdi fué su contemporáneo en Italia, y
Gounod nunca obtuvo ovacionestancalurosas como las que el maestro italiano
alcanzaba con frecuencia. En efecto, si
Gounod logró gran éxito con sus óperas
Fausto y Romeo !J Julieta (tan hermosas
las dos que no se puede ase~urar con
certeza cuál de ellas lo sea más), entre la
primera, escrita en plena juventud del
maestro, y la segunda, compuesta cuando, como él mismo decía, «era ya un viejecito&gt;), existe una cadena de fracasos:
Filemón !J Baucis, La reina de Sabá, Mireille y La Colombe, fueron, por este orden en que las citamos, despedidas de la
escena con bien poca cortesía, por cierto, para la fama y el nombre de su autor.
Así fué como en 1881 volvió Gounod á
escribir música sagrada, y desde entonces hasta su muerte, acaecida en 1893, la
originalidad de este compositor contribuyó mucho al adelanto del divino arte en
Francie.

�58

POR ESOS MUNDOS

Romeo!/ J ulieta es ópera poco conocida de la generación presente en España,
porque hace ya mucho tiempo que aqui
no se canta; pero su música reproduce
muy bien, al extremo de causar verdadera sensación emotiva en el público que
la oye, la deliciosa juventud que Shakespearesupo imprimirá los héroes de aquella hermosa obra suya y la maravillosa
manera como los condujo á desesperada
tragedia por pertenecer los dos enamorados á cada una de las familias de Capuletos y Montescos, cuyos seculares
odios tan célebres son.
En la ópera de Gounod, el libretista
omitió algunos personajes de la tragedia shakespiriana, y creó, en cambio,
uno nuevo: Esté/ano, paje de Romeo.
Además, en la ópera nunca figura Julieta como prometida de su primo Tubalt,
a pareciendo en todo lugar como novia de
París. Otra novedad que introduce este
libreto con relación al dram&amp; de Shakespeare es que las consecuencias del narcótico que Fra!J Lorenzo hace ingerir á
Julíeta no se producen en la noche precedente al día de su boda, sino cuando
la citada jóven se encuentra entre los
que asistieron á esta ceremonia.
E:npieza la ópera con un baile de máscaras, que se celebra en los salones del
palacio del jefe de la familia de los Capuletos. La fiesta, en el momento de alzarse
el telón, está en su mayor animación: los
invitados cantan y bailan, y Tubalt y
París, herederos de la rica y poderosa
familia que ha organizado el sarao, esperan anhelosos que su prima Julíeta,
hija del Capuleto, haga su entrada en los
salones. Llega, por fin, la jóven, encantadora doncella que sólo cuenta trece
prima veras, pero que ya está prometida á
París en matrimonio, y toda la concurrencia hace un alto en la diversión, para
contemplar la belleza de Julieta, que recorre los salones del brazo de su novio
y seguida por todos los concurrentes.
Cuando el salón principal queda desierto, hacen su entrada en él Romeo,
Mercutio y Benoolío, acompañados por
media docena de camaradas. Estos hombres pertenecen á la casa de los Monta9ues (6 Montescos, como la traducción
los llama en lenguaje español), y van al
baile únicamente para mostrar su osadia y su arrogancia llegando hasta el
solar enemigo; pero un resto de prudencia los hace asistir enmascarados.
Romeo se muestra desconfiado y lúgubre, pues la bella Rosalina, por la que

suspira, no se encuentra entre las damas
que han acudido á la fiesta. Pensando
esto, Romeo ve á Julíeta, cuya aparición
le parece un sueño divino. Rosalina queda olvidada, y Romeo se entrega entonces á la pasión de su vida. Se dirige á
Julieta con palabras francas, de gran
ardor, y al preguntarle por su nombre
sabe que la mujer de quien se ha enamorado es la hija del enemigo secular
de su casa y de su nombre.
Entra Tubalt y sospecha de la persona
del enmascarado, á quien, por el porte y
las maneras, cree que es Romeo. Oye Julieta este nombre y exclama para si: «¡ Mi
único amor va á fijarse en mi único od10!))
TubaltquierQ lanzarse sobre Romeo, pero
le contiene Capuleto, que le impone de
los deberes de la cortesía y la hospitalidad aún para los que han acudido á la
fiesta sin ser invitados. El acto termina
como empezó: con alegres bailes y divertidas canciones.
El segundo acto comienza con la clásica
escena del balcón. Esté/ano, el paje de
Romeo, sostiene una escala por la que su
amo llega al alto de la tapia que defiende
las habitaciones de Julieta. Se oye á lo
lejos la voz burlona de Mercutio. Mientras Romeo canta, Julíeta sale al balcón.
Ella no le ha oído, y creyéndose sola,
profiere su confesión de amor. «Haz desaparecer tu nombre-canta-porque con
él mi amor será imposible para ti.&gt;&gt; Romeo, que la oye, contesta: «En adelante,
no me llamar{, más que Romeo.))
Avergonzada Julíeta al verse sorprendida, aunque feliz con !U amor, acoge á
Romeo con entusiasmo y le jura felici•
dad. Como la mayor parte de las mujeres
creadas en las obras de Shakespeare, Julieta piensa en seguida la manera de realizar sus ensueños: el mismo día siguiente debe llevarla Romeo á donde pueda celebrarse en secreto la ceremonia de su
casamiento. Romeo obedece y se dirige á
Frav Lorenzo, del que consigue que autorice la ceremonia privada.
A la celda de Fra!J Lorenzo acuden
Romeo, Julieta y la nodriza de ésta, y
antes de que el sol haya aparecido por
completo se verifica el deseado casamiento. Pero la alegría de los novios se
interrumpe bien pronto, pues Romeo se
ve obligado á alejarse del lado de Julíeta
para tomar parte en una disputa entre
capuletos y montescos, en la que muere
Tgbalt á manos de Romeo.
Esto origina el destierro de Romeo, el
cual, antes de que amanezca el día en

LAS LÁGRIMAS DE CORTÉS

que debe salir de Varona, consigue llegar
hasta la cámara de Ju lieta.
Los primeros fulgores del alba lucen
precisa mente cuando se a Iza el telón
para el cuarto acto. Romeo sP despide de
su desposada, y apenas ha salido, Capuleto y Frag Lorenzo entran en las habitaciones de Julieta para anunciarle que
antes de que transcurran algunas horas
deberá casarse con París. Las lágrimas
que surcan el rostro de Julíeta supone
Capuleto que son derramadas por el dolor de la muerte de Tubalt, y para distraerla de este pesar apresura la celebración de la boda, por cuya razón, para
ordenar mejor los preparativos de la ce.
remonia, deja á su hija sola con Frag
Lorenzo. Este ofrece á Juheta una droga ·
que le dará la apariencia de muerta: pero
sólo sufrirá un sueño, del que despertará
á las cuarenta y dos horas libre de la influencia del narcótico; entonces, se encontrará al lado de su marido que la auxiliará y la salvará de cuantos obstáculos
se opongan á la felicidad de ambos. Bebe
Julieta la pócima que Frag Lorenzo Je
entrega en una redoma, mientra el ór-

59

gano de la capilla donde va á celebrarse
la boda empieza á lanzar torrentes de
harmonía. Entran Capuleto y París en
las habitaciones de Julieta para conducirla á la iglesia.
Cuando Paria quiere colocar el anillo
en el dedo de su prometida, ésta retrocede, arranca la corona nupcial de su frente, y, vacilante para sostenerse en pié,
pide socorro. Apresúranse los invitados
á rodearla, mientras Julíeta cae al suelo
aparentemente sin vida, en los brazos d~
su padre.
El quinto acto empieza con la entrada
de Romeo en el mausoleo de los Capuletos, donde Julieta ha sido colocada. La
carta que Frau Lorenzo envió á Romeo
no ha llegad? á su destino, y el jóven
cree que Julteta ha muerto en realidad.
Romeo abraza el cuerpo de Julieta y á la
vez se envenena. Julieta despierta antes
de que muera Romeo y, abrazándole,oye
de labios de su desgraciado esposo la
verdad de la tragedia. Julieta empuña
una daga que cuidadosamente guarda, y
se da muerte clavándose el puñal en el
corazón.

LAS LÁGRIMAS DE CORTeS
Hundes tus naves, sin la enseña santa
en torbellino ~e bullente espuma,
'
porque al!á leJo_s, tras e~pesa bruma,
surge un 1mper10 que hollará tu planta.
A nada temes, porque nada espanta
á tu valor, á tu fiereza suma:
á tu altivez se humilla Moclezuma
que, en sus desdichas, tus proezas canta.
Si ceñiste el laurel de la victoria
si causó asombro tu genial locura'
é inmortal héroe proclamado fuiste,
¿por qué nublóse el cielo de tu gloria
cu11~do llantos vertieras de amargura
al pié
del «Arhol de la Noche Triste?»
t
TOMÁS

TRUJILLO

�MADRID VIEJO

Casa donde tuvo au imprenta la viada de Quiñones, en la calle de este nombre

MADRID V l E JO
LA CARCEL DE M UJERES

En la muy antañona calle de Convalecientes, asi llamada por un hospital que
fundó Bernardino de Obregón ,-desde
hace luengos años Ancha de 'San Bernardo-esquinando con la via donde tuvo
su imprenta la piadosa viuda Quiñones,
grande amiga de las inmediatas religiosas de Santiago y á quien cupo la fortuna de presenciar el cándido prodigio que
dió nombre á la calle del Acuerdo, en
esa c!lle, añado, se alza la admirable fábrica barroca de Nuestra Señora de Montserrat.
Su fundación se debe á una comunidad de monjes benitos, los que fugitivos
cuando el levantamiento de Cataluña
contra Felipe IV mandaron construir
esta iglesia, que fué tenida por maravilla
arquitectónica á pesar de no estar terminada, pues fáltale la torre del ala derecha. En su nave central fué enterrado el
famoso cronista de Indias Don Luis de
Salazar y Castro.

Inmediato, formando parte del edificio,
está el pardo caserón de la Cárcel de
Mujeres, convertido en prisión desde mediados del siglo último: lóbrego lugar
por donde ha pasado toda la delincuencia femenina, desde Doña Baldomera Larra, hábil folletinesca que en vez de escribirlas vivió sus novelas y aún las
sacó pingües provechos, aunque con desdoro del apellido que le legara el ilustre
Figaro.
Muy en breve van á derribar esos muros pardos y hoscamente tristes. Poco se
ha escrito estéticamente emocional de
esos lugares de dolor que se llaman cárceles, hospitales y manico111ios, donde
rachas de pasión ó de infamia, angustias de la carne ó delirios de la voluntad
-todo un poema palpitante de vida y de
dolor- arrojan al alma humana en la
absurda zarabanda de la vida.
Al penetrar en una prisión se siente
una angustia plumbea en el alma, un
gran miedo á no volverá ver el sol. Jamás he sentido una impresión más deso-

lada que una mañana en el locutorio de audacias de Diego Corrientes e-,caltan la
la Cárcel de M:ijeres. Habla una abiga- fantasía de las presas y les flagela con el
rrada turba que aullaba á través de los extremecimiento de lo aventurero, lo
barrotes girones de sucesos íntimos, pa- e~ocionante y lo taLldico. Largas horas
labras de afecto, amargas noticias, po- pasan contemplando la lámina tosca y
niendo en la voz y en el gesto una brutal ágria de color en que uno de esos héroes
intensidad de vida y de pasión. Mezclá- populares se despiden de la morena de
banse ojos torvos encendidos en llamas ojos gitanos y boca sangrienta, gallardo
sobre su jaca alaperversas , bocas
zana, ó ante uno
marchitas, cabede
esos cuadros
zas desgreñadas,
cargados de nerostros lívidos y
gro y rojo en que
patibularios, y soun amanecer lívibre todo manos
do alumbra el lúcrispadas y amegubre tablado
nazadoras, que se
donde unas formovían extrañamas borrosas y
mente en el aire
contorcidas
muecomo trazando
quean en el sisignos que fuesen
niestro garrote.
cifra de venganEl sol baja alzas y próximas
g u n a s v e ces á
desolaciones. Y
alumbrar los paen vuello el cuatios de la prisión,
dro en un vaho
y este buen so 1
acre de pobreza y
de invierno, que
de carne humana.
es tan dulce y tan
Las reclusas vifraternal , es morven en común y
talmente triste en
duermen engranesos parajes. A
des naves, sepalos que nada tierarlos los lechos
nen , les habla
por cortinas de
melancólica mentonos chillones.
te de los buenos
Y en sus ocios
tiempos de libercontinuados, en
tad, de bullicio
los dormitorios y
de la calle, del
en los patios, fóraire sano del cammá nse grupos
po, de nostálgicos
pintorescos, vuelugares de intilan malicias grimidad y de caritadasi,n caló, lleño donde fueron
,,as de colorido y
un poco felices
de ambiente se eshace mucho tiemcriben las cartas
po. Entónces papara los desconoExterior de la i¡lesia de Nuestra Señora de Montserrat
san por las con cidos amantes de
allá arriba, y á veces ante los grupos fusas conciencias de la:; presas tiernas
pletóricos ~e bulliciosa al1.1gría canallesca ráfagas de sentimentalismo y los ojos se
cruza su silueta suave y humiide de una llenan de lágrimas bajo la inmortalidad
liermana de la caridad.
del sol.
Es sensible que por su estado ruinoso
Las más viejas cuentan lances de ham~a y galopec;ca que se hacían, allá en sus haya que derribar la admira ble iglesia
tiec_npos, tal vez muy cercanos á los de de la Virgen de Montserrat. Madrid perL_u1s de C~~delas que tiene su consagra- derá con este edificio una de sus más beción defin1llva en el seno de la picardla llas construcciones. La única torre que
militante. Todas las novelas del bando- posee este hermoso templo es una malerismo clásico son leidas en alta voz, y ravilla de estilo y de euritmia , y el conh1s L~rnuras pasionales del Tempranillo, junto una gran página de la historia del
la hidalga generosidad y las románticas glorioso arle viejo español.

�62

MADRID VIEJO

63

POR ESOS MUNDOS

que reparte bonos un dla determinado,
vividores ingeniosos á veces, plañideros descriptorAs de hórribles miserias en
memoriales petitorios, agudos biógrafos
de cándidos ó vanidosos burgueses ricachos
que dan unas pesetas á
cambio de unos cuantos ditirambos pomposos. La mayor parte
son borrosas figuras
inquietantes: horribles
andrajos, gorras astrosas, barbas pro fusas,
pelambres enmarañadas, rostros macilentos, como esos intensos
y desolados personajes
que pasan por el drama de Gorki En los baJOS fondos.

de los jardines públicos están derribados
para impedir el descanso de los trashumantes de los cafetines que poco á poco
se han ido aburguesando hasta arrojar
brutalmente al que se
· deja rendir por el cansancio.
Parece que un cruel
espíritu incógnito, de
refina da ¡,erversidad, obliga al miserarabie atarazado por el
hambre y borracho de
sueño al implacable,
al sobrehumano tormento de andar, andar,
andar ...
LAS INCURABLES

Es un caserón pardo
El número de los ady conventual sito en el
mitidos no suele pasar
número 11 de la calle
de treinta, y primero
de Amaniel.
son conducidos á una
Allá en tiempos regran nave con mesas
motos fué la casa solar
largas donde les sirven
de un noble, viejo y
una sopa con doshueaustero, el conde de
vos, tras de lo cual se
Monterrey, y aún á tradirigen á los dormitovés de tres siglos y de
ríos, que son grandes
haber sido varias veces
•salascon camas iguales
remozado el edificio,
y limpias. A las prime- Puerta del Hospital de Incurables, de Jesús parece flotar en el espí•
. .
Nazareno
•
d l
.
.
ras horas de1 s1gmente
r1tu e as antiguas vidía parten los asilados llevando un pan das. En 1824 fué adquirido por la condesa
y un par de huevos cocidos.
de Lerena y por su pfa voluntad converLos esfuerzos de esta piadosa congre- tido en asilo de:ancianas incurables.
gaciónnopueEn el ámplio
den impedir
portalhayuna
que centenahornacinacon
res de persouna imágen,
nas pasen la
ante la cual
noche en el
arde una lámrigor de la inpara roja y
temperie. Lo
cuelgan amamismolas clárillentos exsicas posadas
votos de cera.
de las Cavas
Yo he cruzaq u e I a del
do varias vePeine, por sus
ces ese portaprecios .crueIón en un !eles, son inacjano y triste
cesibles para
mes de Mayo,
los miserallevado por
bles. Los houna devoción
rribles chisdolorosa, y he
eones pa upé- Silla de Jesús para enfermas pensionistas, en el Hospital de Incurables
subido lentar r i mos de
mente 1a gran
quince ó veinticinco céntimos son esca- escalera jalbegada de azul ténue, en uno
sos y se repletan en seguida; los bancos da cuyos testeros y junto á un lienzo bo-

�64

POR BROS MUNDOI
Ci&gt;MEOIA DE AMOR

G5

rana y amorosa y de su bieneslar burYo también acudí á la capilla. La salgué3, por las salas heladas de aquel ce- modia grave, profunda, era como un somenterio de almas.
llozar de dolores confusos y antiguos.
Al declinar de una tarde vf á las reli- Un violín cantaba los estribillos y las
giosas r, uni:las en torno de un lecho dulces estancias de las Flores. A las vodonde agonizaba una enferma. No habla ces cristalinas de las religiosas se unfa el
á su cabecera ningún corazón familiar. coro áspero de las viejas, con un sonido
Su ro3tro era de color de tierra rojiza y que hacía vibrar los nervios.
de sus labios caían :.ina á una palabras
Las flores nuevas aromaban la capilla
incomprensibles y estertorosas.
blanca, de cándida liturgia, y profusión
Era la hora de las Flores y las enfer- de luces ardían ante la Santa Dolomas se dirigieron á la capilla. El órgano rosa.
salmodiaba solemne y lejano.
Cuando volví á la sala de la moribunY fueron pasando anle lús ojos vidria- da, lodo estaba en sombra y una campados de la moribunda, como un cortejo de na doblaba solemnemente. Junto al lecho
pesadilla, una tras otra, las siluetas con- ya no habla nadie. Las líneas rfgidas, antorcidas, borro~as, arraslrándose , con gulosas, del rostro se dibujaban confusas
algo medroso y de maleficio.
bajo un lienzo blanco ...

E~IILIO

Foto:1rajias de Rueda v de A lonso

CAR!lÉílE

COMEDIA DE AMOR
Acto primero: Un altar
bajo la nave do un templo.
Acto segundo: Un hogar
de honor y virtud ejemplo.
Acto tercero: Un jardín,
mansión de paz y cariño;
un rorro, una cuna, un niii &gt;
bello como un serafín.
Argumento: Acto primero,
Exposición: El amor
qua se jura ante el Señor,
profundo, inmenso, sincero.
Acto segundo: Tc1 mbién

el a mor grande y profundo;
el enredo, lodo un mundo;
el hogar, lodo un edén.
Acto tercero: Es preciso
que el amor de los amores,
deseo lazándose en flores
reproduzca el Paraíso.
Cae el telón y el aulor
ni un aplauso reclama.
Y en el álbum del Amor
deja un canto y una flor
á los actores del drama.
José PEóN CO~TRERAS

5

�EN NOMBRE DE LA LIBERTAD

N NOMBRE
~~-~~~~,~-----0~~~

Historia novelesca de los tiempos de la Convención
y el Terror, por OWEN JOHNSON
«¡Oh, Libertad, Libertad! ¡ Cuántos crimenes se
han cometido en tu nombref))-Madame Roland.
RESU~IE.N DE LOS CAPITULOS ANTER!Ofü..S (1)
1!:n el ~•s de A¡oslo de 1i9ll llegó á París ,on busca de empresas ¡randcs,, como el Don Juan de nuestra !oyendo, un
¡oven que, exaltado por IAS doctrmas revolucionarias, aspiraba oaua menos que á comparlit mano á mano y boca a
b(ICO. con ~taral, con Dan Ion, con Holnod. con Uesmoulins, las tareas que ostos palriolns se babiao impuesto en pro
de las ideas que delendion. Sin mils recursos que lres sueldos en los bolsillos y el traje que veslia, decomiso.do á un
arislócrala y que daba á nuestro jóven, Eu¡eni~ Barabanl lhmado, aspeclo mu•· sin¡ular, encontró el la! pobrísimo
alojamieolo en miser:i. bnhardilla Recorriendo después las calles de l:i. ~.pito.l 'traocesa. llegó a un centro de reu•
món arislocrillico. ciorlo curiosísimo calé, en el cual colóse de rondón nuestro aventurero, empezando o. decl:i.,uar
i11;ventivas coolra 1
a lir:iula y el ¡obiorno, y dando viv:i.s á la República que exaltaron a loe arialócro.tas y les comunicaron deseos de acabar con l:i. existencia del jóven, coso. que evitó Dossonville, un ciudadano zancudo y exlrava·
eanle _á quien Barabanl, avivad:,. su curiosidad ante su excenlrico tipo, iba siguiendo todn la mai\ono.. Bo.rabanl
conoció on lo. casa donde se hospedaba á N1cole, florista de profesión, que le sirvió de cicerone por varias ralles de
París llevandole lue10 il comerá lo. taberna de Santerre, célebre hospedero del laubour¡ de Sainl-Antoine. Después
de la comida y y:i. en lo. calle los dos jóvenes, tropezaron con Louison, otra Oorista que conoció á Barab,rnl lo. noche
enterior, J N,cole, despechada por los celos, alejóse airada del muchacho dejándole solo on medio de las turbulen·
tas calles parisienses. E.n aquella misma jornada asalló el populacho las Tullerias y se apoderó del palo.do, no aiD
baber sulrid o terribles pérdidas en muertos y heridos. Entre estos últimos contábo.se Barabant, al cual Nic~le llevó
a au habiLación y uisli~ y cuidó con gril.D celo y cariño. Repuesto Borabanl, daclaró su pasion amorosa i Nicole
la cual, á pesar rle bnllar,;e :,.nimada de los mismos sentimientos con reopeclo al jóven, rehusó conlesterle y decidió
alejarse de s11 lado, ternero.a •le la lelici 1ad que la uperabo. B•r•baot, p•r• dar celoa A Nico e, rlecid16 buscar A
Loulson, II\ fl ,ri.,a riv•I de aquelll\, coc ¡. que recorrió el mercaJo de florea y la• ralle&amp; priocipl\les ue Par I•. Al
fin, hicieron las ro.ces Bar&amp;bant y N1cole dando ¡¡us10 á sus deseos con amorosos coloquios. A todo e1to, l:i. l\ero•
lución precipitaba los sucesos a:,.n¡rientos, y fueron atrozmente o.aesioo.doa mucho• prisioneros y mujereo,
nidos y anciano,. Doss&lt;nville esluvo á punto de morir ahorcado, pero Jo¡tró escapar y a•lvar,e. Un aiio desouó,,
en ti93, sinliéronse en París los eleclos de todos estos sucesos: d pueblo estab:i hambriento y deaupora,lo porque
lll Revolución no babia solucionado los problemas qne creyó iba á resolver lo. nueva tormo. de gobierno. Javo,:ues,
un exalhdo m&amp;rsellés, á quien el pueblo temia, quiso prenderá Dossonville acnsándolo de traidor¡ pero éate des·
hizo los planes de su enemigo presentindole un nombramiento de a¡ente de policia, y para vanearse de aquél ruso
• su servicio á dos hombres de la peor r•l•o., o.podados Si11-Pe11as y El Cuen:o. Estos salvaron á un anci:,.no,
Goursac llamedo, buen po.lriola, b. quien Javogues quería asesinar porque temla que I&amp; honradez de éste deshiciera sus m&amp;nejos¡ pero, al cabo Goursac cayó en manos de Javo¡ues y lué condenado por el populacho comn
1 alcanzó 11. B"abant¡ pero b. éste In salvó Nicolo nbh¡¡ándole por su omor 4
iirondinn Eata acusación lambien
vitorear ante t~da I&amp; m11l11lud á los ¡acobmos Barabanl lué preso al On, en virtud rle lal,a denun.:ia de la mire
Corniche, que l01ró oonvonrer á Javoiu•s de 1~ traición de este jóveo. Nicole rlccidíó acompañu á Barlb&amp;nl en
la caree!, pero se vengó de este hecho y libró al pueblo de uo lirano m,to.ndo á Javocnes.

cia del Terror le alarmó en un sentido,
porque le inutilizaba para ayudar á Barabanl y á Nicole, con los cuales no se
EL PADRE DE LOUJSON
arriesgaba á comunicarse, á pesar de
no dejaba de velar por ellos, pues
Los turbulenlos meses que devastaron que
habían llegado las cosas hasta el extrela ciudad con la furia de la pesle fueron mo de que para salvarse no bastaba ser
para Dosson ville meses de regocijada jacobino ó moderado, sino que, además,
vida. Los lugares que aparecían rodeados era preciso ser persona muy afortunada.
de abismos eran recorridos por él con
La muerte de Javogues y la desapariverdadero gozo, pasando de uno á otro ción de Cramoisin, Boudgoust y Jambolado con agilidad y dominio del terreno y ny había facilitado mucho los trabajos
soñando con las intrigas que de sus la- de Dossonville. Sólo quedaba Genoveva
berintos nacieran. Pero la recrudescen- á quien vigilar, pero esto era cosa fácil,
pues la muchacha, á quien violentamen-

XIX

(1) Véanse los números 192 o. 143.

67

le había con vertido antes en mujer la chispa &lt;lel
•
amor, volvió á la
1
niñez.~ Dossonville la, vió; varias
veces cargan do
con el peso de
uns herrada de
agua, riendo como niiia y mirando con inocentes
ojos al mundo.
Libre, plfes,
Dosson villa de
sus más duros
cuidados, pasaba
e I tiempo recorriendo las calle en busca del
favor popular,
condescendiendo
con unos, riendo
á otros, pero sin
abandonar jamás
su serenidad:
senUase furioso y
frenético cuando
era necesario, y
moderado y conciliador en sus
palabras cuando
el ambiente era
•
de clemencia. y
cuando corrieron
aires de piedad
en la Convención, Dossonville enc&lt;Dtró rariasveces o. (hnovevaca, ¡andocoll 1
las,armas y fieras actitudes de Sin Penas b
e peso deuna herradadeagua
y_El Cueroo, los dos esbirros de DJssonia señalado la florista en estos tristes esville, fueron reempluadas por ramos de pecláculos, que fué baulilada y conocida
llores y por bromas que gastaban con lo- e~_lre la gente con el sobrenombre de La
dos los Lranseuntes.
hLJ~ de ~a guillotina. En el cabaret de La
A quien_ Dosson ville no dejaba de ver Guillotina! donde á la hora del almueno
era á. Lou1_son, que no fallaba á las esca- s~ lela la lista de los que hablan de ser
s~s t'Jecu~10nes que de vez en cuando ha- eJecula~os por la larde, Louison era ciLab1a; por E'Jemplo! la de Madama Du fü. da en~re la~ personas que jamás perdían
rry y !a de Ma11lard, para quienes en una eJecuc1ón; y cuando las discusiones
aquel. t1e~po seorganizóelespectáculo de sobre tales actos s~ enmarañaban y tola gu1lloltna. )'.' parecía, en eslos encuen• ma~a~ aspecto serio, Louison era la que
lros entre Lou1son y Dossonville que se dec1d1a de qué parle estaba la razón.
desa~rollaba m~luan:iente en los dos perTodo ~slo asombraba al principio á
sona_Jes una ~ur10sis1ma atracción y re- Dosson~1l_le; despu~s, llegó á molestarle,
puls1ón, que impulsaba ó limilaba el inle• Y: por ultimo, le disgustó tanto que un
ré:1 de~ astuto policía con la regularidad d1a no p~do callar ~ dijo á la jóven:
del fluJo .Y reflujo de las mareas: cuando
-Lou1~on,. no es JUSlo, ni humano, ni
Dossonv11le la vela 9n los bouleoards sen, decente s1qu1era, l,lamar la atención de
tia ~uerteme~le el magnetismo que sobra ese modo. Es preciso que variéis de conél ~Jarcia la.Jóven; pero cerca de la srui- duela, porque es peligrosa la que ahora
11.otma, Lou1son le producía una sansa- seguís: llegará á constituir en vos una
ctón fria y casi repulsiva. y tanto se ha- hmono~ania,
tanto que, á veces, parecéis
asta tnhumana.

�POR 8SOS MUNDOS

Le mere Baudrier obedeció, pero repi-Otros hacen lo mismo,-repuso ella.
tiendo:
-Pero no como vos ... ¡,Es que acaso
- ¿Es que esl?Y detenidaf¡ Deb? ser esto
os gusta que os llamen «La hija de la
una equivocación! Yo soy la crndadl.lnli
guillotina'»
-No lo sé ... Pero siempre es agrada- Baudrier. ¡,Do qué me acusanT
-Exactamente sobre ese punto neceble ser persona conociJ-a,
sito
interrogaros, y quizás sea larga la
-Mas no por unaafición tan repulsiva
conversación
... Sentáos.
como esta que demostráis.
La mere Baudrier, temblando, lomó
-Entónce~.. ipor qué asistís vos á las
una silla, sin dejar de mascullar palabras
ejecuciones7
alusivas
á su ciudadania.
Durante quince dias después, Dosson-No lo comprendo,-dijo, ya en alla
ville, colérico y contrariado, no se dejó
ver; pero á medida que Louison dejaba voz.-¡Todos os dirán que soy una verda·
de interesarle, empezó á excitar su cu- dera p11.lriota !
Dossonville, que apnrecia interesado
riosidad y sintió mayores deseos de estuobservando
el gran par8cido de la hija
diarla para dar con las razones de su
con
la
madre,
se aprovechó de la última
indiferencia al sufri,uienlo y de la ausenpala!)ra
de
ésta
y la dijo:
cia evidente de emociones en ella. Pasa-Ese
es
el
punto
que precisamente
dos esos dlas, encontró la jóven á Doshemos
de
tratar,
ciudadana.
,Qué es lo
son ville en los bouleoards; y acercá ndoque
constituye
un
buen
patriota1
¡,Conose á él y dedicándole una graciosa son céis
la
ley
de
sospechososT
risa, le dijo:
Echó hacia atrás la cabeza y cerró los
-Sé que me miráis y observáis muojos,
no tanto que no pudiera ~bservar
cho, como cosa curiosa ... ¡A ver lo que
la
expresión
del rostro de la mere Bauconseguís averiguar! Mi madre está ya
drier.
de vuelta.
-Pues si no la conocéis, yo os la diré,
Sin esperar Dossonville á que se lo re· -continuó
Dossonville.-Son sospechopitieran, dirigióse á la tienda de la pelusos:
todos
los
aristócratas, todos los saquería donde, efectivamente, adquirió la
cerdote!",
todos
los moderados, todos
certeza de que la mére Baudrier habia
aquellos
que,
aun
cuando nada hayan
regresado de provincias. Aquella misma
hecho
contra
la
Nación,
nada han rea·
noche, á eso de las once, hizo el policía lizado on su favor; todos los
que tengan
que sus dos satélites le acompañaran
correspondencia
con
los
enemigos
del
para llevará cabo el plan de campaña pais; todos los que habitualmente reciben
que babia ideado á fin de obtener la revelación que deseaba conocer. Dejó esta- en su casa á ext::-anjeros; todos. los que
tiempo pasado se han asociado con
cionado á Sin Penas en la puerta de la en
los
aristócratas, ya sirviéndoles, ya copeluquería, y él dió unos golpes con los
mo
amigos...
•
nudillos de los dedos, entrando sin espe-Por lo visto,-dijo Dossonville para
rar permiso.
Una mujer con una buj[a en la mano si-no se asusta de la palabra aristócrabajaba precipitadamente las escaleras, tas.
Y continuó en alta voz:
gritando:
-¡Ciudadana Baudrier, estáis acusa-¡,Quién anda ahiT
da de favorecerá los aristócratas!
-¡,Sóis la mere BaudrierT
El asombro se pintó en las facciones
-Si.
de la mujer, la cual logró por este me-Pues necesito hablaros.
contestar tan cumplidamente á la
-¡,Y quién sóisT-preguntó ella, mi- dio
acusación
hecha que Dossonville aiiadió
rando el desconocido con gran sorpresa
rápidamente:
.
.
y alarma.
-¡Ciudadana,
se
dice
que
en
Ltempos
-El ciudadano Dossonville, represen- pasados tuvisteis gran intimidad con altante de la Nación.
nobles!
-¿Y qué tiene la Nación que hacer gunos
Al asombro sul!edió una mirada de inconmigoT
de parle de la mére Baudrier.
-No tengáis cuidado, ciudadana, por- di"neción
&lt;:..¿YoT ¡La ciudadana BaudrierT ¡Vaya ,
que os daré toda clase de facilidades.
eslo es una broma bien pesada!
-,Para quéT ,voy á ser detenidaT
-Ciudadana Baudrier. escuchadmr :
Dossonville, sin contestarla, dijo:
se
acusa de tener una hija cuyo padr~
-Llevadme á donde podamos hablar no os
queréis revelar ... porque ese padre so
reservadamente.

EN NOMBRE DE LA LIBF.RTAD

un ar!stócrata y ui:i enemigo del país.
Al o1r esta acusación, la mére Baudrier
se lev~nló Y.. con g~an sorpresa de D J ·
sson:,r1lle. diJo, poniéndose e_n jarras:
- ,Blhl Y~ veo que esto es una jugarreta de Lou1son.
DJsson vi lle, en vez de contestar le
mostró la _placa de agente de seguridad.
La Brndrier retrocedió, cubriéndose el
ros~ro con las manos, mientras de sus
labios se escapaba esta palabra:
- ¡Jamás!
-Ciudadana,-griló Dossonville seve•
ramente-:- )s advierto que la única mane~a de smceraros es declarar
q~ién ~s el padre de vuestra
h 1Ja. S1 os negáis, preparáos á
contestará la acusación en to e1
el Tribunal.
La mujer
movió la cabeza en sentidonegativo.
- ¡ELCueroo! ¡Sin Penas.' - llamó
gritando Dosson vi lle.
A I ruido
que se produjo por la
entrada de
los satélites,
la mere Baudrier se levantó exclamando:
-¡Esperad,
esperad!
- E, e es precisamente , 1
Dossonville 1unto que hemos d• trata·
- hizo observar lJos, onvill~
dió orden de
ó. la mére B ,ud.ier
detenerse á
sus esbirros, á la vez que, bruscamente, decía á su interpelada:
- ¿03 decidís á hablarT
Parmaneció ella un momento indecisa
y de repente gritó:
'
-¡No, no!
-¡I~dudablemente, es un aristócrata,
Y for1~1dablc!-pensó D)Sson villa vienfo
la palidez del rostro de la Baudrier.
Luego, levantando la voz, volvió á llamar á sus esbirros.
Al verlos entrar, la mere Baudrier tembló ~oruo azogada; y al observar la cara
d~ ?_tri. Pe?as retrocedió como ante una
vision, gritando:
-:-1 El cura Sin Cuidados.' ¡El cura Sin
Cuidados!
- ¿Quién me llama por ese nombrd-

69

gritó S in Penag, verdaderamente asombrado.-¡Calla, yo CJnozco á esta mujer!
¡~laro!-exclamó después de examinar
bien el rostro de la Baudrier.-¡Por qué
asu_starseT ¿No fui yo siempre un buen
amigo dd La GloriosaT
-Se~ún eso, _¡lo sabéis todoT-gritó
ella furi~sa, volviéndose terriblemente á
Dossonville.
-No 1? sé, ni sabía nada,-contestó
DJssonv1lle.
. Y viendo que la casualidad había venido en parte á su ayuda, preguntó alegremente y con satisfacción á Sin Penas.
- ¡Qué sabéis de
ella f
-81slanle,- empezó á decir Sin Penas, sonriendo.-Yo
la con fes a ha cuando
era sacerdote.
La m e re
Baudrier, pálida, extendió la mano
pidiendo per'.
miso á Dosson vi lle para
hablar.
- ,seréis
ahora razunableT-la dijo el agente.
-Hablaré,
- contestó
Louison.
Y volviéndose á Sin
Penas, díjo:
-Ciudadano Sin Cuidados ...
-Ahorame
llamoSin Pe.
nas.
- C1u~adano Sin Penas, me acusan de
que Lou1_son, la florista, mi hija, ¡es hija
de un aristóc~ala!
-Pero vue~tra niña ¡se llam,ba Rosal
-La cambié después el nombre.
~or un momento, la mere Baudrier paree!? confundida; pero se repuso pronto

y dlJO:

-Vos podéis decir si el padre era aristócrata ...
-¡Ya lo ~reo que puedo asegurar acerca d_~l parhcularl Yo fui quien bautizó á
la nma. ¡Qu_e cómo se llamaba el padref
Alegrl~ ... ¡Simón Alegria!
-¡Simón Alegria!-exclamó Dosson-

�10

71
plan~as, bajo el suave follaje de los verdes arboles, Louison se detuvo, y encarándose con Dossonville le dijo·
-¡La vísleisf ¿O.s lo dijo1 ·
-No.
Louiso~ examinó atentamente el rostro de su interlocutor.
- ,qué os pasa hoy y por qué os
mostrá~s t~n reservado conmigo 7 i. N 0
promet1ste1s decírmelo1

EN NOMBRE DE LA LIBERTAD

POR ESOS MUNDOS

-No me atrevo.
vil\e, que, abandonando su reserva, cogió
-Yo tampoco.
á Sin Penas por el hombro, repitiendo:
Dossonville seguía marchando sin cui-¿Simón Alegrid
darse de la fatiga, absorto en absurdas
Pero, inmediatamente, haciendo un reflexiones, sin darse cuenta de los sitios
violento esfuerzo, se dominó; y despi- que recorría aún cuando los pasara tres
diendo con cierta precipiLación á sus ó más veces. Siempre vano y orgulloso
esbirros, volvióse hácia la aterrada mu- en su imperturbabilidad, encontrábase
jer aparentando una calma fingida.
por primera vez completamente fuera de
-Ese Simón,-preguntó-Les el que quicio ante esta visión del verdugo que se
acostumbraba á frecuentar el Café Pro- levantaba al lado de la muchacha que él
copé7
había estado á punto de amar: de repenLa mere Baudrier permaneció muda.
te se le habla revelado el misterio del ca-¿Es eseT-repitió Dossonville la pre- rácter de Louison, su insensibilidad ante
gunta.
los padecimientos, su curiosidad extraña'
-Si.
y su sangre fria impropia de una mujer.
-Bien... Vuestras explicaciones son
-¡Qué maldición! ¡Qué horrible hesuficientes. Quedáis libre.
!-repella.
Observó Dossonville el aspecto de sa- rencia
Bajo las incompletas siluetas de las citisfacción inmensa que en el rostro de la mas de las casas, á través del luminoso
Baudrier se manifestaba cuando, balbu- firmamento, de entre las misteriosas y
ceando las gracias, se disponía á salir vagas sombras de la noche, se le aparede la habitación.
cían más fantásticos y más siniestros los
-Entre paréntesis,ciudadana,-la dijo descendientes de la dinastía de los SanDossonville con alguna indiferencia.- sones, los parias malditos, aislados, luHacedme el favor de sentaros ... ¡Seria chando contra las barreras del prejuicio,
quizás el ciudadano Alegria algún otro ... procurando escapar en la obscuridad endisfrazadoY
tre sus conciudadanos, pero siempre desAterrada y cogida en la trampa, la mu- cubiertos, constantemente señalados por
jer se puso en pié de un sallo.
el dedo de la multitud, que se alejaba de
-Por ejemplo,-continuó Dossonville ellos como si la persiguieran. Y después
-¡podría ser el buAn ciudadano Carlos de la furtiva figura de Sansón aparecía la
Sansón, el verdugoT
tropa de sus malignos antecesores, enPor toda respuesta, la mere Baudrier mascarados de escarlata ó de negro, indió un agudo grito, acompañado al mo- diferentes al servicio que prestaban, á
mento por el ruido que produjo la caída pesar de que tras ese servicio vagaban
al suelo de su macizo y pesado cuerpo amenazadoras figuras de victimas, homvictima de un fulminante desmayo.
bres, mujeres, sacerdotes, monjas, niños
Y abandonando á la mere Baudrier, y ancianos, en danza macabra en redeDossonville se marchó de la estancia de dor del hacha, la horca y la guillotina.
la mujer aquella internándose furiosamente, seguido de sus dos corifeos y haXX
ciendo precipitados zigs-zags, en una y
otra calle de las que á su paso encontraLA HIJA DF. LA GUILLOTINA
ban.
-¡Se ha vuelto loco!-decia El Cueroo
En los primeros momentos de sus real observar la marcha de Dossonville.
flexiones, Dossonville se prometió no
-Decididamente, lo está,-asintió Sin volverá buscar nunca más á Louison;
Penas.-Ya hemos pasado tres veces la pero así que clareó por completo la maTorre de Saint Jacques.
ñana siguiente creyóse tan alejado de sus
-¡Qué le habrá ocurridoT
pasadas decisiones que, sometiéndose á
-¡Conoces á Simón Alegria1
un deseo poderoso de estudiará la jóven á
-¡Bahl ¡Claro que lo conozco! Es un la luz de los nuevos detalles que acerca
hombre insignificante.
de su familia conocla, dirigióse casi in-¡Será quizás hermano suyo1
conscientemente á la Plaza de la Revolu-No se parecen ... Pero, sea lo que ción, donde se estaban llevando á cabo
fuere, creo que es hora de que nos deje varias ejecuciones. A cada una que se
descansar.
verificaba, un murmullo se extendía por
-Mis piernas se resisten á moverse.
entre la multitud, que prorrumpía en un
-¡Qué ocurriría si le dijéramos que se grito convencional, indiferente:
detuvier8'

,,

-¡Viva la Nación!
Louison,. jamás inactiva, movíase entre la multitud bromeando y charlando.
Cuando un nuevo murmullo anunciaba
)a llegada de una victima del cadalso la
JÓV~n se volvía para dirigir una mir~da
curiosa al. que subía á la guillotina; y
después, ~m demostrar interés alguno,
daba media vu~lta y continuaba prego•
nando sus ramilletes, buscando á la vez
entre la
-SI.
multitud al-~Enlonces1...
gún parro-:No ha ocurrido nada.
quiano.
"'
-Dosson ville, estáis ne.
Absorto
gando contra vuestros deen la conseos ... Mi padre era un gran
templación
canalla ... ino es eso1
de la muDossoville no
chacha, y
contestó.
mara villán-¡Cuán estúpido
dose de las
sóis! ¡Creéis que
extrañas y
eso tiene importanterribles
cia! ¡Qué me
fuerzas que
importa á mí?
la a tralan
Yo no soy reshácia el caponsa dalso, Dosble de
sonville caello, ni
yó en prome imfunda abs- q
porta lo
tracción;
que mi
pero antes
padre
de que pufuera.
diera re ti-gY
rarse con la
si os
multitud
afecta
que se aleja•
lo que
ba, Louison lo vió
os diy corrió hácia él,
ga'-..
pre~untá ndole
-Encon imperioso gesto:
tonces,
-¡Qué ocurrió ano•
es que
cheJ ¡Qué dijisteis á
sabéis
mi madre1
algo,-gCómosabéisque
replicó
la v11-dijo á su vez
Lo
uiDoss_onvile sin poder
-Dossonvllle, ¿qué ocurrió anoche en vuestra conversación con
~~~
son insdom~n~r un ligero
.
tantámovimiento de repulsión y de extrañeza. nea~ente, saliendo al encuentro de Dos-Básteos con saber que estoy entera- sonv1lle, que se encogió de hombros
da.,-respondió ella.-Decidme qué ocu- des~a!1do aparentar resistencia, más qu~
rrió. Yo estuve allí esta mañana pero mi resistir, _pues su curiosidad era mayor
madre había salido antes de que' fuera de que .su piedad; ee:o como, en parte, se
día ... (I'engo la seguridad de que averi- hab1a hecho tr~ició_n á sí propio, dijo:
guá~te1s el no~bre de mi padre!
-No _me obliguéis á decíroslo.
Sm darle tiempo á Dossonville para
-Insisto y lo exijo.
negar, tomó l~ jóven ~l brazo del policía
-Me maldeciréis.
y le llevó hácia el Paho de la Reina, don-No.
de pasearon por entre los jardines. Alll
-Pues no puedo decíroslo á pesu de
'
entre los atractivos primaverales de la~ todo.

�POI\ ESOS MUNDOS

72

-Pero ... ¿quién es1-insistió ella riendo.-¿Felipe Igualdad1 ¡A.lgún gran agricultor ó general1 ¡B!iilly·t ¡,C11peto quizás1
¡Ya véis que cito los peores!
-Louison,-dijo Dossonville secamente-os llaman «la hija de la guillotina ... »
L1 jóven quedó perpleja.
-¡Y os lo llaman con propiedad!-repuso Dossonville.
-No volvamos á eso,-dijo ella de mal
talante.-liablamos convenido en que no
haríamos alusión á talcosa.
-Pero ... ¡y si vuestro padre fuera Sansón, el ve:-dugo y descendiente de generaciones de verdugosf
Louison prorrumpió en una escandalosa carcajada; pero, repentinamente, se
reprimió al ver la cara q 11e ponla Dosson·
vi lle.
-¿Habláis de verasf
-Si.

EN NOMBRE DE LA LIBERTAD

les brindaba el puñalilo que guardaba en
la cintura.
-¡Idos! 1Idos pronto! ¡A.hora mis:no!
-dijo á Dossonville.
Y como si desconfiara de ella misma,
llevando la idea del asesinato en su pensamiento, huyó, internándose en los jardi•
nes; pero en un momento, desolada ante
la cruel injusticia del hado, retrocedió
con los labios temblorosos por la pasión
y respirando o penas.
Dossonville, con su acostumbrada presencia de ánimo, ya se habla retirado de
aquel lugar dejando á Louison que se
consolara entre aquellos fragantes paseos entregada á inútiles y desesperadas
lamentaciones.
XXI

-¡Soy acaso hija de Sanson?
Con gran sorpresa de Dossonville,
Louison permaneció tranquila, mientras
con los ojos observaba al policía como si
esperase una negativa de sus labios.
-¡Cosa más curiosa!-dijo Louison al
fin.- ¡Jamás pensé en tal posibilidad!
Ahora comprendo por qué mi madre me
lo ocultaba ...
Viendo que V)Uison no se daba cuenta de la importancia de la revelación,
Dossonville relató rápidamente los hechos, asombrándose ante la calma de la
jóven y preguntándos~ si en el fondo habrfa algo más de lo que la muchacha
aparentaba.
En rigor, Louison no podia percatarse
inmediatamente de la situación, y se
limitaba á observar á Dossonville para
apreciar por su conduela la importancia
del cambio que hácia ella experimentaba. Y recordando la promes&amp;. que el policía la habla hecho en la Plaza de la Re·
volución de averiguar cuanto con ella se
relacionara, alarmada ante la reserva
de su amigo, le preguntó cJlérica, pero
con verdadera ánsia de respuesta, !-i la
noticia ejercerla influencia sobre él. Para
convencerse cuanto antes, avanzó un
paso y extendiendo los brazos como para
abrazará Dossonville, le dijo:
-Gracias,amigo mio. ¡Habéis cumplido lo que me anunciásteis!
Dossonville retrocedió sólo un paso;
pero este movimiento involuntario fué la
sentencia de Louison, la cual, lanzando
un grito desesperado dió un sallo atrás,
transformada por la furia, mientras sus
dedos luchaban contra la tentación que

LA FUERZA DEL Sl:--O

Entre la abi~arrada clientela del cabaret de La Guillotina empezó bien pronto
á murmurarse que á L')uison le ocurría
algo extraordinario. La jóven habla cambiado mucho: ya no permanecía indiferente y burlona ante el cadalso, ni tampoco presentaba la frente clara y serena
de antes, que ~hora parecia obscurecida
por una nube que también atacó á la fi.
jeza de la mirada característica en ella y
á la riquez&amp;. de palabras con que siempre
hablaba. Como á todo esto unianse modales y expresiones incomprensibles y extraños, r,unca observados anles en Louison, dieron las gentes en decir que la
gentil florista estaba perlurbada en su
imaginación y hasta aseguraban haberla
visto tres veces á media noche vagando
por las proximidades del cadalso.
Lo cierlo era que la propia Louison
observó bien pronto el cambio de conduela que con ella tenían sus compai1e ras, y en su mente torturada lo atribuía á
diferentes causas.
-¿P0r qué os apartáis de mif-!as preguntó un día.
-No nos apartarnos: es a prensión
tuya,-la dijeron.
-¿E:es supersticiosaT-preguntó inopinadamente á la amiga con quien hablaba.
-iYo1 Sí, un poco.
-¿P.&gt;r qué me llaman la hiia de la
guillotina? ¡No te parece exlraño7
Y al hacer esta última pregunta, l°!iririgió á su compañera una mirada rápida
y recelosa, como si quisiera sorprender
una confusión momentánea que le explicara lo que ella quería saber.

to Habíanse re.novado precisamente enhe::~~~be: eJecuciones, ~roduciéndose
ción de la p~r. la pretendida conspira' d s pr1s10nes, y una gran carreta
tegui{ ª .P 0 r la hez de 111. sociedad, lleva~
a iar1amente treinta cuarent
~1~!ª víclimas .al ~a dais~; y no seª po~1~
des urmurar s1qu1era de estas atrocidamaÍd~&lt;tl~e una mujer que al ver tanta
vas y IJO entre un corro de amigas sudel c:d:I meRprbodu~e malestar la vista
_so. o esp1erre es un canalla
~~e :i~~¡~~t! :utha rnte», apareció al
gu llotinados. n re os que debían ser

~a~: :i~

de estos, después que ya lleoacmcuenla el número de vlcti~as
deg~llada~.en la Plaza de la Rovolución
Lou1son d1Jo repentinamente á
'
chachuela d
.
_
una mu11
.e qumce anos que junto á
~á:ul~~esenc1aba el sangrien lo espee-

'i3

e~emigo Cramoisin, éste, como si le hubieran c~uzado el rostro con un látigo,
re~roced1ó murmurando y maldiciendo,
mientras que Nicole, apoderándose del
brazo de Barabant, decía á su amante:
-¡~arabant, qué has hecho7
-~~cole,-contestó él-¿recuerdas lo
que d1¡0 Goursac cuando lo detuvieronf
-~o.
. -Pues dijo: «Al prenderme, me dan
h~ertad.» Bien: yo deseo ser libre de la
misma ma_n~ra que Goursac: ¡durante
mes~s he v1v1do como un perro, y esta situación ha concluido ya!
. -¡Continúas, entonces, decidido á morn?
-Si.

-¡Sea como quieras!-dijo tristemente N1cole.
Ambos.~cuparon sus sitios en la larga
mesa, apmándose entre los hambrientos
Y los atormentados por la fiebre mien. -¿Sabes 10 que estoy pensandof Pues tras que los marmitones present~ban en
pienso en la extrañeza ue d b
.
cuando se esté allí.
q
e e senllrse grandes cubos el repugnante alimento.
D.eseo~a de saber Nicole cuál era allí
hácia la rrnUI·11ot·ma la slluac1ón de Cramoisin, iba á preguncoy adelantándose
·
· ·
.mo irres1:;t1blemente llevada hácia ella' társelo al vecino, un sacerdote cuyo aspusose la mano en l11 frente, y dando ca~ pecto bondadoso la daba ánimos para
ria aftl pueblo a~rojó al suelo el ceslito de h_ablarle, ~uando el sallimbanqui apareas or~s y gr1ló:
ció repenl1~amente á su lado y la dijo:
-¡Viva el rey!
-¡~h, N1cole, mi querida amiga! Si
En un ~omento se vió rodeada de gen- queréis saber lo que ro hago aquí, pretos que' a POr e·18 , gritaban
·
unas contra guntádmelo. y o~ lo diré. Soy secretario
otras:
de la ~onsp1rac1ón; llevo una lista de los
-¡Está loca!
conspiradores y procuro que sean recom-¡ Ha insultado á la Nación r
pensados. Yo traigo la}buena suerte:
-¡ Está borracha f
•
¡sólo llevo aquí una semana y hemos
-¡ Ya lleva varias ~emanas trastorna- guillotinado ya á cuarental '
dª pur completo!
-¡Le conocéis?-preguntó á Nicole el
-¡ Detened la!
sacerdote cuando el ridiculo Cramoisin
-i Es irresponsale !
se retiraba.
muy patriota!
~Es nuestro más encarnizado ene-1N_0 haya favor para ella!
migo.
Lou1son, á todo esto, permanecía en el
-Pues~lo que cuenta es verdad,-dijo
fentro, sol~, tranquila é indiftirente ante el sacerdote en voz muy baja.-Desde que
0 que tema que sucederla, continuanese hombre está aqui se~han llevado cuaO en)i9 ~ontem.plación de la silueta de
renta presos: él hace las listas todas las
a g~1 ?lina, mientras que en sus labios noches, y nosolros vivimos á voluntad
s~tbuJ aba aquella curiosa sonrisa que suya.
sd 0 se ve en el rostro de los mártires ó
-¡Vive aquí entre nosolrosT-pregune 1os locos.
tó Nicole con interés.
. Nuev.amenle se presentó Cramoisin,
XXII
J~C!anc1oso y con gestos de personaje,
d1c1endo en alta voz:
-Yo sor amigo de Fouquier, que me
Ct\A~lOISIN, FANTASMA DE LA MUERTE
ha prometido que dentro de dos semanas
Cuando Nic?l.e, en medio de la sala gti- podrán ponerse en este edificio papeles
neral de la pr1s1ón de la «Puerta Libre» de alquiler. ¡No indica esto una gran
se deteníaaterrada ante la aparición desu bondad para con nosotros7 ¡ Es muy sim-

-!':

f

�74

POR .BSOS MUNDOS

pático el ciudadano Fouquier! Yo soy su
buen amigo, yo, Eugenio Franz Cramoisin, á quien Fouquier ho!\ra con su confianza ... ¡Comed, comed tranquilos: le
hablaré en vuestro fa vorJ1~.
Continuó Cramoisi!l voceando su intimidad y asegurando á los presos que él
les llevaba la buena suerte.
Nicole repitió la pregunta:
-¡Vive con nosotros7
-Representa la farsa de ser uno de
los presos,-contestóle el vecino.
-,Pero dónde tiene su cama?
-Cerca de vos, donde colocan á los
presos de nueva entrada.
Y Cramoisin, que se habla detenido al
lado de una mujer, exclamaba:
-¡Esos arenques están podridos! ¿No
los véis1 Quejáos, señora: denunciad esa
falla.
- No es preciso,-le conlesló una voz
débil y temerosa.-No tengo hambre.
-¡ Bah 1 Vosotros los aristócratas no
tenéis el valor necesario para quejaros.
Y dirigiéndose á otro preso, habló así:
-1,Y á vos, jóven, os tratan mal7
El aludido, que, imprudentemente, había levantado la vista h&amp;sta encontrarse
con la de Cramoisin, bajó instantáneamente la cabeza; pero el saltimbanqui,
entre chacotas y burlas de los carceleros,
pretendiendo escucharle, exclamó:
-¿Qué, qué decís? ¡Que Robespierre
es un canalla?
-¡No he dicho nada!
-Pues si no lo habéis dicho lo habéis
pensado, y los pensamientos son ofensas.
Al llegar frente á Barabant, se plantó
ante él con los brazus cruzados y le dijo:
-1Bien, ciudadano Barabantl ¡Es bue•
na la comida?
Barabant, rechazando su plato, cruzó
también los brazos, y con cierto sarcasmo dijo á Cramoisin:
-1,Lo creéis asi1
-1Para mi es deliciosa!-respondió el
farsante.
-¡Lo cual no es extraño,-observó
Barabant - porque es comida de cerdos!
En toda la mesa dejóse oír un rumor
del que sobresalían débiles gritos de protesta:
-¡No, nol
-¡Eso es una calumnia!
-¡No somos de vuestra opinión, ciudadano!
Otros imploraban á Barabant que guar•
dase silencio temblando por las con-

secuencias de sus atrevidas palabras,
que consideraban bastantes para que no
quedara ni un detenido en la prisión.
Con pretexto de reprocharle su conducta, le rodearon suplicándole que tuviera
en cuenta su propia seguridad persona l.
Barabant se sometió, accedi:mdo á los
ruegos de los aterrados presos; pero
cuando, después de la comida, se dispersaron, dijo á Nicole:
-¡Ah! ¡Cuánto bien me ha hecho ese
desahogo, Nicolel Esta noche descansaré
perfectamente por la primera vez después de varios meses, en la confianza de
que pasado mañana dormiré el profundo
y tranquilo sueño de la muerte.
Esperó Nicole á que Barabant se durmiera, y entonces salió del cuarto y recorrió el largo pasillo hasta encontrar
una puerta bajo la cual salla un rayo de
luz. Entró suavemente, sorprendiendo á
Cramoisin, que en su pupitre confeccionaba la lista fúnebre del día siguiente.
-No vengo á haceros daño,-dijo la
jóven al saltimbanqui.
-¿Qué me queréis7-preguntóle éste
dando un gruñido.
Desde donde estaba, Nicole podía leer
la lista, que vió encabezada por el nombre de Barabant.
-Leed, si queréis,-dljole Cramoisin
con indiferencia.-Quizás la lectura os
proporcione algún placer.
En la lista, que constaba de diez nombres, no figuraba el suyo.
-Tengo que pediros una cosa.
-Pedidla.
-No voy á pediros que nos mandéis
juntos á la guillolina,-dijo ella intentando con astucia evitar un peligro-pues
eso seria demasiado favor para nosotros ... Lo que yo quiero es que sustituyáis ~l nombre de Barabant por el mio.
-¡De ninguna maneral-dijo Cramoisin mirándola con verdadero interés.No tengo intenciones de perderos.
-Si me denunciáis á mi en lugar de
él, si me juráis no hacer nada contra Barabant,-insistió Nicole-os descubriré
un secreto que os proporcionará la gratitud de Fouquier... 1,No acepláisT
-¡Cómo he de aceptar después de lo
de esta noche1
-¡Ciudadano!-exclamó Nicole.-Barabant está casi en delirio permanente:
lo que le ha hecho hablar así es la fiebre;
él mismo me ha confesado que fué injusto.
-¡Nada, nada! Irá á la guillotina ... Y
. vos quedaréis aquí.

75

EN NOMBRE DE LA LIBERTAD

-Cramoisin,-dijo Nicole friamente-Veámoslo.
j a más conseguiréis que yo os pertenezca;
-Cuando aceptéis.
y si esas son vuestras intenciones, os ad-No está mal la piedad en esta ocavierto que fui yo quien mató á Javo- sión ... Pero os advierto que no puedo sus•
gues ... ¡y vos no sóis Javoguesl
pender más de un día la acusación conAnte el fuego que se desprendía de los tra Barabant.
ojos de Nicole, Cramoisin murmuró:
-1,Y una semana no?
-¡Sóis más difícil que las mujeres de
Cramoisin movió la cabeza negativalos a rislócra la~!
mente.
-¡Os descubriré mi secrelol-excla-¡,Ni seis diasL. 1,Ni cinco siquiera1
mó Nicole de~esperada.-Podéis ha-¡Imposible!
cer uso de él en favor vuestro. Yo no
-¡Cramoisin, por piedad: ¡cuamalé á Javogues porque
tro días tan
me persiguiera: lo maté
sólo!
para destruir un tira no.
-¡Jamás!
Escribid mi nombre en la
-¡Por
lista en vez
piedad!
del de Bara-Os conbant, y yo re•
c e do tres
pe tiré es lo
días, pero naante el Tribuda más.
na 1: vos alCramoisin
canzaréis la
extendió la
gloria de hamano para
!Je r descurecibir el dibierto un
1
nero.
complot, y
-No,-le
Fouquier : os
dijoNicole.recompensaBorrad antes
rá.
el nombre.
-¿Y ese es
Borró Cramoisin á Batodo vute\tro
Nicole sorprendió l. Cramoisin haciendo la lista de loa que deblan ser
rabant y lo
S e C re O t rnillotinados a) día siguiente
preguntó Crasustituyó con
moisin despreciativamente - ¡No tiene estas palabras: La mujer Ntcole.
nada de nuevo ni de interesante!
-Poned: La ciudadana Nicole Bara-¿Qué? ¿Habéis oído lo que os he dicho bant.
y no ponéis ahí mi nombre?
- ¡Qué! ¡Sóis su mujerL. ¡Bueno!
Y cambiando el tono de la voz, aña- Dadme el dinero.
-1,Y no escribiréis el nombre de Badió:
-Si ponéis mi nombre en la lista, en rabant hasta dentro de tres días?
lugar de Barabant, os entregaré todo el
-No escribiré tal nombre hasta entonces.
dinero que tengo.
-Jurádmelo.
Con gran contento de Nicole, Cramoisin dejó ver en su rostro extraordinaria
-Lo juro.
-¡Por vuestro honor!
alegria é interés.
-¡Cuánto, cuánto tenéis'.2-preguntó el
-¡Bueno! ¡Vaya por mi honor! Pero,
dadme el dinero.
saltimbanqui.
-Veinte libras.
Nicole entregó el dinero, y, arrodillánAl oir la cantidad que Nicole quería dose repentinamente, exclamó:
darle, los ojos de Cramoisin brillaron;
-¡Gracias, gracias! ¡Tenéis corazón,
pero, repentinamente, se contuvo y pre- lo sé! Me cumpliréis la palabra dada.Sabéis ser compasivo. ¡Gracias, gracias!
guntó:
Y cogiendo aquellas manos horribles y
-iEn papel?
crueles, las cubrió de besos y de lágri-En oro.
mas. Después, escapando, huyó por el co-,Lo tenéis ahí?
rredor, volviendo al lado de Barabant.
-Si.

(Concluirá).
Ilustraciones de Reina Infante .

�LOS FANTASMAS Y LAS APARICIONES

LOS FANTAS/V\AS Y LAS APARICIONES
¿EXISTEN LOS FANTASMAS QUE TANTO TERROR INFUNDEN? ¿:-U EDE
EL HOJ'I\BRE HACERLOS OBEDECER SUS MANDATOS? EL ESPIRITISMO Y LOS MEDIUM

LAS verdinegras

aguas del Sena se ri- te «científica,, acerca de estos supuestos
zaban á impulsos de la fresca brisa fenómenos.
El nombre de Culos Richet alcanza
invernal, mientras que cúmulus blancos
en procesión fantástica y de variados fama y celebridad en todo el mundo, no
extraordinarios cambiantes seguían los sólo como aventajado investigador de los
mandatos del viento sobre los grises te- misterios de la vida , como ilustrado profesor de la F11cullad de Medicina de Pajados de la isla de Saint-Louis.
Mi acelerado andar siguiendo los mue- rís, como hombre científico y gran fisiólles y respirando el vivificante aire ma- logo, que dirige y en gran parte es autor
tinal avivó en mi organismo sangre y de un monumental Dictionnaire de Physiolouie, sino también cocerebro á la vez, y así
rno aventajado escritor,
afluyeron á mi imaginanovelisla, poeta, fabulista,
ción multitud de reflexiopromovedor en sus trabanes acerca de las apariciones de fantasmas á los
jos literarios de todo cuanto tienda á alcanzar yasehombres, asunto principal que me llevaba á vigurar la paz internacio!'IÍtar al profesor Charles
nal. Libros y folletos, formando una nota de color
Richet, que vi ve en aquecon sus variadas encualla isla.
dernacione~, cubren dos
Algunos dlas anles, halados de las paredes del
llándome en casa de un
amigo mio, oí, de labios
estudio de Richet; sobre
los huecos de dos elevade personas que tenían la
dos balcones que dan á
convicción de haber visto
un tranquilo y sombrío
fantasmas, mu chas exja rdln, y sobre la chimetrañas historias acerca de
nea del gabinete do estutan interesante asunto. Y
dio del maestro, vénse
aunque lº no dudaba de
hermosos retratos al óleo
la sinceridad de tales perde
amigos
en
sonas, no ponla mucha fé
M. Charles Richat, ilustre médico
·
d ly· cofrades
·
en la seguridad con que
y hombre de ciencia trance3
ciencias e insigne profe.
sor, y fotograflas en marhablaban; pero conociendo como conozco perfectamente las con- co y con dedicatoria de Federico My~rs,
diciones nada científicas que se obser- Federico P11ssy, el veterano pacifista, y
van en las sesiones espiritistas, lo que del padre de M. Richet, que también fué
quería saber y tenía grandísima curiosi- hombre de ciencia. U na estatua de Radad por oír era una opinión estrictamen- belais, con birrete y toga de doctor, coro-

77

na un armario que encierra documentos lado ... Mas es el caso, M. Richet, que yo
de importancia para las aficiones científi- he descubierto alguna otra cosa en sus
cas del profesor; un busto de Vollaire en trabajos, y como en esle descubrimiento
mármol blanco se levanta sobre un pe- hay algo así como una corriente de lo
destal en un áugulo cerca de la escalera; sobrenatural, materia en la cual no estoy
y en otro ángulo del despacho, una figura preparado, se me ocurre preguntarle:
en bronce representa un obrero rompien- ¡debo tomar esto como prueba de nuevos
do á gol pes de martillo u nas cuantas estudios que usted ha hecho en el terreno
espadas,
de las ciensímbolo de
cias ocullos paclfitasy que le
cos tiemhan llevapos venida•
do á deduros... ,Puecir esas
de conceconclusiobirse un
nes que
ambiente
yo no commás adeprendo1
cuado para
-Ciertainspirar al
mente, que con
me responánimos de
dió el protrabajar
fesor.- La
o c u p e
Metapsípuesto
quica ha
frente á la
tenido
mesa de
si e rn pre
despacho
grand es
de este cé• atractivos
1eb re propara mi: y,
Dibliotcca y estudio del profesor Richot, en la iota de Saint-Louis
fesor, endicho sea
tre montones de manuscritos y papeles1 entre paréntesis, esa es la nueva palabra
El profesor Richet, hombre alto y que debe aplicarse á los fenómenos psíbien conformado, de frenle elevada é in- quicos que ahora conocemos con los
telectual, y ojos á ratos somnolientos, hl- nombres de apariciones, telepatla y clarizome sentarme en cómodo sillón, al lado oidencia. [El Llérmino espiritismo, aun
del confortable fuego de la chimenea; y concediendo como concede la existencia
después de observaciones preliminares de los «espiritus», no es científico y consobre diversos arnntos, inicié yo la con- fu1ide, además, al investigador; la palaversación diciendo estas palabras:
bra ocultismo no es de muy apropiada
significación, toda vez que cualquier cienLOS ESTUDIOS DEL PROFESOR RICHET
cia se nos representa oculta, ignorada ,
al principio; y la denominación ciencia
-He leído recientemente, con mucho psíquica no es suficientemente exacta. En
placer por cierto, algunas de las novelas realidad, necesitamos una nueva denoé historias corlas que usted ha publicado, minación para los fenómenos que no enen las que aparece como héroe el perso- tran dentro del márgen de la psicología
naje Carlos Epheyre, al cual creo identi- ordinaria: ¡¡Jorqué no adoptar, pues, el
ficado con usted. Pero me he fijado par- neologismo Metapsíquica, del mismo moticularmente en sus estudios psicológi- do que decimos «Metafisica» lomando
cos titulados A la recherche du bonheur esta pn!abra del título de los capilulos de
y en sus úllimos escritos A la recherche Aristólel~s que vienen después de los dtide la gloire, y en ellos veo que se ex- dicados á las Ciencias flsicas7
tiende usted mucho en la rama científica
»Para volver, sin embargo, á la preque parece que más le agrada estudiar. gunta de usted,-continuó después de
No me ha sorprendido grandemente el una breve pausa el profesor Richet-perhecho, pues teniendo en cuenta la edu- mítame que, á la vez que le repita que la
cación científica y las afinidades del ci- Metapsíquica me ha interesado mucho y
tado personaje Carlos Epheyre, no debe profundamente, le dé un ejemplo de cómo
ni debería esperarse de usted otro res u1- mi imaginación estuvo abierta siempre,

�LOS FANTASMAS Y LAS APARICIOSNES

78

79

POR ESOS MUNDOS

desde que era yo muy jóven, á las nuevas existe.)) ¡Y est11 afirmación la estampa,
ideas cuando estas ap~recían apoyadas además, en letras mayúsculas, en caracpor la evidencia y á pesar del hecho ~e léres gruesos bien visibles!
»Creo conveniente recordar estos heque pudieran ser rechaz3:das por la opinión pública y los principales ~ombres chof,-dijo el profesor Richet-para que
de la ciencia clásica. En 1873, siendo yo pueda establecerse un paralelo entre la
alumno interno en el Hospital Beaujun, actitud pasada y presente de la Ciencia
me aficioné al estudio del hipnotismo á hácia el hipnotismo, y entre el pasado y
consecuencia de una visita que hice á el actual estado de opinión respecto á las
cierto hipnotizador, doce meses de expe- apariciones, te lepa lía, adivinaciónes y
rimentos en lo que entonces era campo otros fenómenos melapsíquicos. Hace
r.uevo de in vesligdción (pues Charcot no treinta años burlábase la gente al sólo
empezó sus grandes trabaj?s hasta cinco anuncio de tales fenómenos; hoy, gracias
aiíos más tarde), me produJeron el des- al ejemplo dado por hombres como Croo~ubrimiento de nuevos hechos que de- kes, Wallace, Lodge, Ochorowicz, _Lo~terminé hacer públicos. Sin embargo, broso, Myers, De Rochas y otros, ningun
anles de publicarlos, expuse los asuntos pensador niega la realidad. En una paante mi padre et cual, después que procu- labra, cada dia se reconoce más entre los
ró disuadirme de que llevara á cabo la l hombres de ciencia que estos fenómenos
empresa, me dijo: Tu vas te perdre, mon son dignos de estudio y que deben. ser
garr;onl ... Mail5, enfln, faites ce que tu sometidos á los mismos métodos de rigurosa experimentación que se aplican al
veux.
estudio
de las ramas ordinarias de la
))Reconocía mi padre que mis conclusiones estaban bien deducidas; pero Lal era Ciencia.
el prejuicio de los hombres científicos de
EXISTE~ FUERZAS O1!.SCONOCIOAS EN LA
aquella época contra el hipnotismo, que
NATURALEZA
creía que un joven compromelia su porvenir publicando un articulo sobre ~l
-Según eso, - pregunlé al sabio particular, aunque fuera, como yo lo hice, en el Journal de l'Anatomie et de la ¡sustenta usted la opinión de que la_s apaPhysiologie. ¡Hoy apenas si puede en- riciones y otros fenómenos semsJanles
sonopulls•
contrarse
los á los
quien croa
hechos
que hace
científicatreinta
mente esaiios se
ta
b l eciconsiderados1
ba el hip-De ninnotismo
guna
macomo punera. ¡Por
ra charlaqué motilatanerfa!
vo tiene
))Yo pueque con•
do dará
trariar las
usted,verdades
me dijo el
cien lífic as
profesor
existen les
levantánla prueba
dose y toexperimando un
mental de
libro de un
la lelepaarmario
lía ,ó, yende su bido
más
Jardín
de
la
quinta
del
profesor
Richet,
en
la
isla
de
Saint-Lou1s
bliotecaallá aún,
evidencia
clarísima, documentada, de lo que digo. la producción á vo 1un lad de fantasHe aqui una enciclopedia médica que mas materiales1 No: aunque tales fenó(aun cuando en otros conceptos ~s un menos parezcan extraños, no debemos
gran libro) declara, al h_ablar de! hipno- declararlos imposibles. La Ciencia, para
tismo, que «el magnetismo animal no ava.nzar en sus descubrimientos, necesi-

la las hipótesis más atrevidas, como la zas? Por ejemplo: ¿podría usted decirme
Historia ha demostrado: la Ciencia se qué ocurrió en los últimos experimentos
forma hoy con hechos que ayer eran ri- que realizó con Mademoiselle Martha B, '
diculizados. ¡No rehusó acaso Magendie que le sirvió como medium en la Villa
considerar como posible la anestesia qui- Carmen, en Argelia?
rúrgica, y no declaró Lavoisier que los
-Con mucho gusto conral!é á usted lo
meteoritos no podían provenir de las al- ocurrido. Estos experimentos se verifitu ras celestes porque allí no ha bia piedras? caron á fines del año 1905, en casa del
¡Quién
general
hubiera
NC' el y en
creído, anpresencia
tes del
de éste, de
descubrisu espo~e,
mionlo de
rle un selos Rayos
ñor lis maRontgen,
do Delanque sería
ne. de una
posible foseñora, de
tografiar
la citada
las apófimademoisis transs e I le B,
versa les
como mede las ,·érdi u m, y
tebras del
además de
hombre?
dos hermanas i;u-¿Ypuede darme
ya s. Tousted alma m os
guna exasiento en
plicación
rededor de
de la exisuna mesa
tencia de
circular,
cerca de
esos fenómenos melos corti ta- psiquinas de un
cosT-con~abintlte
de matetinué prerial iza guntan do
ción, y
al profeocupamos
s o r Riun ángulo
chet.
de la habi-Nintación.
guna. No
Nos alumpuedo adbraba una
mitir ni la
lámpara
de los esroja, colopíritus, ni
Supue.to lantisma d• una novia, aso,in.Llla momentos rlespu¿s de &amp;us despocada sobre
la de las
sorios. Aparición sorprendida por la cámara fotoiráfica en uaa casa &lt;le
un pedesradiaciocampo, en Franc:a
tal de manes hnmanas. Todo Jo que puedo decir es que dera, que se elevaba sobre el piso cerca
aparece cierto que en la Naturaleza exls- de un melru, y así podíamos vernos unos
tenjuerns desconocidas , y que nosotros á otros perfectamente. Antes de dar prinposeemos otros m~dio~ de conocimi_ento cipio á la sesión, M. Delanne y yo exaademás de los ordinarios y ya conocidos. minamos cuidadosamente b sala, no
encontrando nada sospechoso. Yo certifico que allí no había nadie ocullo; sin
UN FANTASMA QUE RESPIRA
embargo, cuando Mademoiselle B. se
-¿Y ha llevado usted á cabo alguna encontraba !'1lalizando su papel de meexperiencia personal acerca de esas fuer- dium, observamos que una forma con

�80

POR ESOS MUNDOS

turbante á la cabeza y túnica blanca apa- dividuos perfectamente separados ... Pereció detrás de la cortina, entrq en la ro, á pesar de todo, no quiero !ier termihabitación colocándose cerca del gene- nante en e_sta~ ~firmaciones y prefiero
ral Ne el, y desapareció dos veces, como reservar m1 opm1ón en cuanto á la posisi se la tragara la tierra. El fantasma b\lidad del engaño, porque, como ya he
pareció al pronto una bola blanca, lumi- dicho en los Ann1ls oj Psycltical Sciennosa, con líneas poco distintas, flotando ce, puedo haber sido engañado, aunque
sobre el suelo; después, se elevó rápida- desde luego aseguro que el medium que
mente como si saliera de una trampa. Es- lo hubiera logrado habría tenido que llevar á·cabo un grande y difícil trabajo.
to ocurría el 29 ,de Agosto.
»En otra sesión celebrada dos días des• R:»Puede decirse que siendo yo uno de
pués, el l.º de Septiembre, los medium los que formaban la comisión, que se
fueron la misma Mademoiselle B. y una componía de Lombroso, Gerosa y otros
negra llamada A'i•cha. Recibimos nue- hombres científicos conocidos, que estuvamente la visita de Bien-Boa, que de diaron las manifestaciones de Mademoiesta manera dimos en llamar al fantasma. selle B. en Milán hace doce años, obserQueriendo averiguar si era en realidad vé entonces muchas coses exlrañas tales
nn ser oioiente, le pedí que soplara en como la elevación de una mesa (1~0 peun tubo lleno de agua de barita; el fan- saba diecisois libras), en la cual estaba
tasma accedió á mi petición, y el conte- sentado el medium, la aparición de una
mano en la
nido del tubo
opaca luz de
apareció de
lo sala donde
pronto enturse celebraba
bia do, prola sesión, y
bándome esto
otros
fenómede una manenos igualmenra decisiva y
te inexplicaterminante
bles.
que la apari»En una
ción exhalaba
ocasión, al
ácido carbó·
encender las
mco.
luces, perci-Y estaba
bimos que el
usted seguro
medium se hade que la apabía trasladado
rición no fué
sin hacer ruisimulada por
do algunodes•
Mademoiselle
de la !eilla á la
B. ó por la
mesa. tCómo
negraAüchaf
y de qué ma- Es muy
nera lo hizo?
improbable
No lo Eé. Adque así pudiemitir que en
ra ser, pues
estos fenómeme parecen
nos se hayan
irreconci I i a practicado enbles el fraude,
gaños y tramla traro pa, con
pas por su
los hechos obparte, me paservad os.
rece cosa difíAdemás, veíacil; ¡pero es
mos nosotros
quo tampoco
á Bien-Boa á
Foto_i;ralíade un espíritu, obten_ida en J:i. casa do un 111edium anelrpodemos asela vez que
md10. Se supone que el aparecido es nn ayah ó enlermero mdfgena
gurar, porque
veiamosá Mademoiselle B. y á la negra A'i scha. Y de- no poseemos pruebas innegables de ello,
muestran también la verdad de lo que que no hubiéramos sido engañados en la
cuento las fotografías que hicimos duran- citada ocasión, ya por los propios sente las sesiones; en esas fotografías, los tidos de la persona que actuaba como
medium y el fantasma aparecen como in- medium, ya por los nuestros!

81

LOS FANTASMAS Y LAS APARICIONES

LA TRAGEDIA DE BELGRADO

al nombre en cuestión era Panta: pero
igua !mente podítt haberse da do como
l'antza, en cuya palabra ya háy algo mas
próximo á la r; francesa. Y no crea usted
que esto sea simple casualidad: en las palabras Banca, la mort
guette famille, hay algo más que debe estu diarse porque no podemos olvidarque el mensaje que contenía estas
palabras lo recibimos
(teniendo en cuenta la
diferencia de meridiano
entre París y Bslgrado),
en el mismo momento
en qub la muerte .amenazaba á los hijos de
Pan ta.

-Hablaré á usted ahora ,-continuó
~I profesor Richet - de un caso de lucí dez en esta clase de
experimentos,que llegó
á mi conocimiento el
lO de Junio de 1903, en
condiciones absolutamente irreprochables:
ocurrió en casa de un
amigo mio, en París,·
cuando experimentábamos en presenciad esiete personas, entre las
cuales me contaba yo.
83jando la intensidad
de la luz, aunque dejando la &amp;uficienle para
que pudiéramos leer,
recibimos el siguiente
mensaje, por medio de
UNA COINCIDENCIA
golpes que no formaban
INTeRESANTE
contacto: «Banca. la
mort g u e tte Jamille. »
En este punto de nues1,Qué podían significar
tra conversación hubo
estas extrañas pala Un bnta3m\ que respira: la a parición
una pausa, durante la
Bie1i-Boa, observada por el proltsor Ricual el profesor Richet
bras? Nos preguntamos
chet, en Argelia
y r,onsultamos unos á
.
djrigió sus ojos, pensaotros; pero como ninguno conocíamos el tivos, al balcón. 1 o me fijé entonces en
significado del nombre Banca, ni encon- el retrato, dedicado, de Federico Myers
trábamos aplicación á la frase la muerte que estaba en la repisa de la chimenea,
é inmediatamente pasaamenaza á la familia,
ron por mi imagina.
no dimos gran imporción los detalles de la
tancia á la comunicaestrecha a mistad que
eión. Sin embargo, al
volverá mi casa escribí
existió durante muchos
las palabras en uno de
años entre aquel primis libros de notas.
mer presidente de la
Veinticuatro horas más
S?ciedad, de_ investiga ctones pszquicas y M. Ritarde llegaron á París
las noticias d!ll asesina•
chet, que hoy desempeto de los rayes Alejanña este cargo. Recuerdo
dro y Draga de Servia,
las circunstancias en
que los dos se conociey el 12 de Junio, dos
ron: los experimentos
días después, leí en Le
de ambos en Suecia, en
Temps que el padre de
Sajonia, en la isla Rila reina Draga se llagaud y en L9ckhamp.
maba Panta. La semeton House, en Cambrid.
janza entre Banca y
ge; la admiración que
Panta llamó mi atenla fina inteligencia dti
ción. El cambio de la
My0rs y sus rigurosos
p en b era una equi vométodos científicos inscación sin importancia;
piraron
á su amigo, y
pero gcómo explicarse
Otra lotogralia del lantasma Bien-Boa,
el apoyo que el hom la trasmisión de la e
aparecido en una casa de Argelia
bre de ciencia francés
por la t? Al escribir á
Belgrado supe que la t en Panta es una recibió de aquél durante sus primeros
tj, letra que no existe en el alfabeto fran- estudios de Metapsiquica. Estos pansa cés. La traducción de Le Temps respecto mientas me llevaron al recuerdo de la
6

�82

POR ESOS MUNDOS

señora Thompson, la célebre medium tasrnas de la vida, emplea las siguientes
con la que Federico Myers llevó á cabo palabras: «Un interés general, una p~muchos experimentos interesantes; y en- sión común, forman la vena ó el nervio
tonces se me ocurrió preguntar al profe- que une y modifica el aislamiento monósor Richet si había visto alguna vez á tono de tas vidas individua les. ¿No es,
pues, conc_ebible qu~ est~s t~ansfe_rendicha señora en casa de su amigo.
-No, jamás,-fué la contestación.- cias telepáticas entre 1magmac1ón é imaginación, esPero he estatas asociaciodo á punto de
nes que pareconocerla , y
cen efectuarse
en circu nstanmás allá de
cias que dienuestro cono•
ron lugar á
cimiento y de
un incidente
que solamenmuy curioso,
te nos damos
relacionado
cuenta por su
con ese meaccidental indium. No mutrusión en el
eh o tiempo
FotograUas
estereoscópicas
del
l~n.tasma
Bien-Boa
y
de
los
mecampo
de los
antes de la
dium que intervinieron en su apa,ic1ón, tomadas en el momento ae
sen tidos, nos
muerte de
haber sido observado el fantasma e,:i presencia del prolesor R1chet
ro orci onen
y de otras vanns personas
p p
Myers invité
algo así como
á éste y Al profesor \Vtlliam James á que fueran á pa- la primera ojeada de un proc~dimiento de
sar un mes á mi quinta de Carqueiran- evolución psíquica tan verídico y ag~do
ne en el Sur de Francia, para que allí como cualquiera otro en el ,aun~o f1~1co ,
re¿lizaran experimentos con la citadt1 ó el conocimiento de alguna sol!d~r1dad
señora Thompson. Esta, que no tenía la incipiente orgánica entre las umdades
menor idea de lo que yo ha~ia hecho, e~- psíquicas que nosotros titulamos hombre
prendió una corta excursión por la Rt- y hombre"/» ¡Qué cree usted de esta teoviére antes de irá mi casa; y mientras ría de evolución psíquicaf
-Creo-me respondió Richet-que
paseaba por los jardines de Món~co, ~ió
sentado en un banco á un matrimomo, Myers pudo con toda posibilidad decir la
distinguiendo en el sombrero del caba- verdad en este párrafo que usted me rellero, con gran asombro suyo, la pal~br~ cuerda. ¡O es que supone usted, por un
Carqueiranne. Aunque de c~r.ácter t1mi- momento siquiera , que hemos llegado, al
do, la señora Thompson dec1d1ó entabl~r completo desarrollo de nuestras energ1as
conversación con ellos, cosa que consi- mentales y físicasf Yo no lo supongo.
guió aludiendo á un pe~rito que jugaba á Creo que qesde el punto de vista del deslos piés de aquel matr,momo . U na _pre- arrollo somos todavía unos niños, tanto
p;unta daba origen á otra, y la senora que de aquí á mil años, el hombre de
ent~nces verá cuán corta ha sido la disThompson dijo al fin:
tancia recorrida por nosotros en el cami- ¡Conocen ustedes Carq_ueiranne7
-¡Ciertamente! Esta misma sem_ana no de la evolución si la compara con la
pienso ir allf para conocer á un medwm. que él ha de recorrer. ¡Cree usted , acaso,
-Pues ese medium-respondió la se- que el hombre del porvenir, con sus conocimientos aumentados y sus poderoñora Thompson-soy yo.
sa!e energíHs de percepción, será tan estú pido que vaya á la guerra contra _su
LA DESPEDIDA
prójim&lt;,1 De ninguna n:ianera: en la h1s·
-Gracias, mi querido amigo y maestro toria futura de la soe1edad no tendrán
por los magníficos datos que acaba us- lup:e r las guerras, no podrán ex_i!ó:tir.
Y dicie11do esto, nos de~perl1mos, yo
ted de proporcionarme,-dije al profesor
Richet.-Pero antes de marcharme he muy agradecido al profesor Richet, y éste
de hacerle una pregunta. Recordará us- muy satisfecho de haber expla?ado un_a
ted que Myers, en el capítulo &lt;&lt;Método de vez máa sus interesantes teor1as y opiInteración Psíquica)) en el libro Los Jan- niones.
FEDERICO

LEES

HORÓSCOPO DE LOS MESES

ENERO: SOL EN CAFRICORNIO
mes, primero del año según el Calendario Gregoriano, deriva su nombre de Jano, que en la Mitología está considerado como el guardián de las puertas
del cielo. Represéntese á Jano con dos
caras que miran hácia opuestas direcciones, y Macrobio, al estudiar los meses
del año, dice que por esta actitud en que
aparece Jano es precisamente por lo que
fué dedicado el mes de Enero á d,cha deidad mitológica, porque, dada su situación, podía muy bien ser considerado como retrospectivo respecto al año recién
terminado, y prospectivo con relación al
año que empieza.
Fué consagrado el mes á Jano por medio de una ofrenda de harina, sal, incienso y vino, que se le hacia en el primer
día del mes. Este hecho trajo la costumbre de que desaparecieran todas las enemistades entre los que las tuvieran , y á
cambio de ello se hacían regalos unos a
otros.
Los sajones acostumbraban á llamar á
Enero mes del lobo por la gran escasez de
alimentos que en él se nota en los campos, caso que daba lugar á las correrlas
emprendidas por estos hambrientos animales. Los holandeses le llamaron laur.omaand, ó mes helado.
En este mes pasa el Sol (desde el 21 de
Diciembre hasta el 20 de Enero) , por la
constelación Capricornio, décimo signo
del Zodiaco, descrito como un signo femenino, seco, terrenal, variable, y cuyos
atributos más elevados son la inspiración y la absorción.
Una persona que nazca cuando el Sol
se encuentra en el límite del signo, ó sea
del 21 al 27 de Diciembre, no recibe toESTE

dos los beneficios de Capricornio ni de
Sagitario, que le precedió; pero participa
de las caracterísLicas de ambos.
Los que nacen bajo el dominio de Capricornio son profundos pensadores,
oradores naturales y aficionados á la
enseñanza. Los hombres gustan de buscar distinciones y supremacías en el
mundo político. Son de ideas elevadas,
confiados en sus fuerzas propias, y poseen una facilidad y libertad de maneras
que brinda, desde luego, á tratarlos con
la mayor confianza. Son, naturalmente,
aficionados á guiará los demás, de ánimo esforzado, independientes, muy ejecutivos y gustan de los ideales elevados.
Las personas nacidas en Capricornio
se resienten ante toda intervención en
sus asuntos, y ellas por si jamás se mezclan en los asuntos de nadie. Son de
corazón bondadoso, leales y amigas de
guardar secretos.
Son aptos para emprender más de lo
que pueden llevar á cabo con éxito,
despreciando generalmente los dela lles.
Prefieren encontrarse las cosas hechas
en vez de hacerlas por si, personalmente.
Sin embargo, al llevar á cabo sus propios y privados planes, arriman con gusto Al hombro á la rueda, como se dice
vulgarmente. Son astutos para los negocios, y muy deciciidos en ellos. Tienen
notable previsión en toda clase de asuntos, y poseen buena habilidad mecánica.
Generalmente, denotan en sus ojos lo
emprendedora que es su imaginaci0n.
Las personas nacidas bajo el signo
Capricornio tienen inclinaciones á la a 1tanerla y á la arrogancia, y por ello
necesitan ser contrariadas en estas ten-

�84

LA CALANDRIA

dencias: es preciso hacer esfuerzos constantes para que no se extralimiten en
sus deseos, pues la tendencia del signo
es la ostentación.
Los amigos que más simpatizan con
éstos son los individuos nacidos en Tauro, Virgo y Libra, ó los que nacen casi
en la misma época del año que ellos.
Cuando los nacidos en Capricornio no
poseen las cualidades descritas, sus faltas principales son el egoísmo y la desconfianza; hablan mucho, y exageran
sus disgustos; y cuando se encolerizan
son muy crueles.
Las uniones entre personas nacidas en

Capricornio y en Tauro son las más felices, y la descendencia que tienen goza
de fortaleza física. Hijos más intelectuales resultan cuando los de Capricornio se
unen con los de Libra, y todavía mayor
suma de poder y de genio se encontrará
en los que desciendan de parejas que na•
ciaron bajo Capricornio y Virgo.
Capricornio es gobernado por el planeta
Saturno. Las joyas de dtchu signo son el
topacio, el onix, la piedra luna y el granate; los colores astrales son el granate,
el moreno, el gris, el plata y el nagro; la
flor es el galanto ó campanilla blanca, y
el sábado el día afortunado de la semana.

LA CALANDRIA
, Sobre el junquillo en que rigió su asiento,
en la pintada fronda de colores
donde ensaya á los besos de las flores
sus azules pentágramas al viento,
la calándria su poético portento
desgrana en la canción de sus amores,
que ya imita de la ola los rumores
ó el tiernísimo arpegio de un lamento.
Y el árbol donde el pájaro sus notas
vuelca en soberbias reoeries de Schummann,
como el incienso de las piras notas
destreza sus corolas, que perfuman
el tálamo de rosas donde canta
¡a ocarina ideal de su garganta.
ENRIQUE JOSÉ NAUDEAU

ACTUALIDADES
santa: la Iglesia Cristiana tiene por principal y lógica razón de todas sus accioLector: Tócale'hoy al cronista regis- nes transformar cuanto le rodea en sertrar en esta sección de PoR Esos MuNDos vicio de su propio y gran fin, que no es
un asunto interesantísimo; y aunque muy otro que la Unica y Suprema Verdad.
difícil de tra lar, no por eso va á hurtarlo Contra tal esfuerzo va necesaria y fatalá tu conocimiento: procurará sortear las mente dirigido, aunque preciso es recodificultades de la cuestión y presentarla nocer que no siempre conscientemente,
á tus ojos sin que te moleste nada de lo todo lo que tienda á menoscabar el presque vas á leer, sean cuales fueren tus tigio y la influencia de la Iglesia y del
opiniones sobre el particular y las sim- Papado. En Francia este aspecto de la
cuestión es más intepatías ó antipatías que
resante que en ninla materia te sugiera.
gún otro país católico
Es el caso que la
ó donde el Catolicismo
lucha entre el poder
tenga alguna fuerza;
civil y el eclesiástico
porque mientras en
en la República FranAlemania, por ejemcesa llegó á su limite
plo, los católicos se
pacífico el 10 de Dihumillan intelectualciembre pasado. Al
mente ante la filosofía
día siguiente hubo de
y el método protestanempezar á mostrarse
tes, y en Italia y Esla fuerza: púsola en
paña los que mantiepráctica el Gobierno
nen el pendónde nuesque preside M. Clétro credo religioso permenceau ordenando
manecen silenciosos ó
que toda la propiedad
empiezan ahora á rede la Iglesia Católicovelar las facultades
Romana en la .nación
de su inteligencia, en
vecina fuese técnicaFrancia, por el con mente confiscada para
trario, á través de toser dedicada al uso de
das las edades y por
corporaciones públiel constante trabajo y
cas, por haberse neunión de pastores y
gado el Vaticano y las
gerarquias dependien• Mons. lt'rancie Mery Richard, car,lenal-arzobispo de ovejas, de sacerdoParís, que se vió obligado el 17 de Diciembre
tes y de fieles, siemtes de Roma á acep- de
tíllimo á. abandonar au residencia arzobispal en
tar la cláusula que se virtud de órdenes del Gobierno francés. Con este pre se ha mostrado
motivo organizaron los católicos tranoesos una
viva y palpitante, cotitula Asociaciones entusiasta
mrulitestación de simpatfa al cardenal
Cultuales en la ley de Richard, que trasladó provisionalmente su aloja- mo característica
Je nno de sus ami~os en la capital
principal y de una
separación de que es miento á la casa
de la vecina República
manera patente y poautor el ministro de
sitiva, la superior intelectualidad de los
Cultos M. Briand.
Ofrece dos aspectos, dos determinan- que profesan las creencias católicas sotes, esta cuestión. La primera es la cla- bre los adeptos de las demás doctrinas
se de oposición que el Catolicismo pre- que se les han intentado ó querido opoFRANCIA

Y LA

IGLESIA ROMANA

�86

POR ESOS MUNDOS

ner; y así ha contado el país vecino, en
estos últimos tiempos, con católicos como Pasteur, Piérre Curie, Brunetiére,
Coppée, que tomaron parte activa en la
defensa de sus principios religiosos sustentando la antigua rígida disciplina que,
á la vez que descubre, inmediatamente
l
extirpa la heregía.
Tal es el primer
aspecto de la situación. El detalle inmediato es el carácter del grupo que se
opone á loscatólicos.
¡Qué es lo que en
Francia teme ser
conquistado por el
Catolicismo, y quié- M. Georges Clemenceau,
nessonlos que ahora presidentetrances
~el.Gobierno
hacen desesperados
esfuerzos contra las fuerzas del Catolicismo7 Sencillamente, una alianza de todas
las fuerzas que no son católicas, entre
las que predominan con gran vitalidad é
influencia lo que pudiéramos llamar los
modernos hugonotes y los judíos. Existe
en Francia un cuerpo de hugonotes muy
reducido (apenas si llegará al dos por
ciento de la población), pero muy influyentd porque forma cerca de la quinta
parte de las clases acomodadas en algunos de los centros más importantes de la
sociedad francesa. Estos hombres han
acudidq en tropel á las profesiones liberales, y aunque sus creencias originales
se han debilitado al presente (llámense 6
no sus autoridades y secuaces con nombres tan ilustres como los Pichon, los Monod, los Réclus), es el hecho cierto que
todos se encuentran unidos en odio común hacia la Iglesia Católico-Romana.
La corporación judálca, por su parte, de
emociones fuertes, de intelectualismo
sencillo, pero directo y enérgico, no hace
más que aprovecharse del movimiento
de esós modernos hugonotes para ec[iar
leña al fuego, como vulgarmente se dice.
Intelectualmente, es probable que estos
judios desprecien en su fuero interno. a1
Catolicismo menos que lo desprecian
otros enemigos de esta creencia, porque
el pueblo judáico, por lo mismo que es
cosmopolita y fuerte, á pesar de la guerra que se le hace, tiene que dividir sus
odios entre muchas animosidades que
sufre; pero es, de todas maneras, un elemento, y en este momento de la cuestión, elemento de bastante interés para
no ser rotundamente despreciado.

... Pero estas dos fuerzas unidas, hugonotes y judíos, poco, poquísimo hubieran
logrado contra el Catolicismo si no hubiesen sido ayudadas en mucha parte por
los propios católicos. Parece esto cosa
rara, lector, mas constituye un hecho
real y positivo. Porque, en efecto: por
una serie de accidentes, que no son para
detallados ahora pero cuyo origen está
en la apatía y en la corrupción de la mitad del siglo xvm, parte de las tradiciones mundanas de la Iglesia han llegado
á formar antagonismo con algunas de
las más entusiastas aspiraciones nacionales francesas; y así es como, forzando su paso sobre ese antagonismo,
los anticlericales de dicho país, á pesar
de la exigua minoría de su número, han
logrado imponerse en parte á la nación:
no ha existido un solo conflicto entre el
clero y los anticlericales desde que se
fundó la República en Francia, en el
que, á pesar de lo ridículamente sencilla
que en algunos, en muchos, h .. biera sido
una acertada inteligencia,.no se haya decidido el triunfo contra la Iglesia y en fa:vor de la populachería.
Hasta ahora, el debate, la lucha entre
uno y otro partido había sido puramente
académica: diciendo I os anticlericales
que los católicos son reaccionarios, y presentándose ellos como porta-estandartes
del progreso y de las aspiraciones nacionales, el clero, guiado por el necesario
aislamiento de su posición, no comprendió 6 no quiso comprender tales maniobras, y ni siquiera aprovechó para los
fines de su causa el movimiento creado
á raiz del affaire Dreyfus contra los judíos, en cuya ocasión pudo restarse
buen número de enemigos y hacer que
muchos indiferentes
dejaran de serlo. Es
preciso tener muy en
cuenta esta que pudiéramos llamar debilidad del clero
francés: no debe olvidarse que la eneM. Aristides Briand, mimiga de aquellos monistro deCultosde la Redernos hugonotes y
pública trancesa
de los judíos no ha
sido directamente empeñada contra el
clero por el hecho de serlo: el clero ha
sido más que nada una especie de ideógrafo E1mpleado por los que odian al
Catolicismo, los cuales saben perfectamente bien que, al cabo, lograrán por su

ACTUALIDADES

87

política y su presencia permanente al clericales es que no exista tal autoridad,
trente del Gobierno de la República de- este compromiso no podía aceptarlo el
bilitar el lazo creado entre los franceses Vaticano, y no lo aceptó.
y su religión nacional.
Y esta es la cuestión. La batalla se ha
En efecto, durante años, la organiza- empeñado más pronto de lo que esperaeión anticlerical y la orgahan los anticlericales, que
nización masónica, á la
confiaban en una consuneual va aquella unida, han
ción lenta de sus enemigos
dicho abierta y sinceraempleando contra éstos promente que esperaban un
cedimiento que atacaran
momento determinado de
sus medios económicos de
indiferencia suprema para
vida; pero como, lejos deesllevar á cabo el golpe deperar tal consunción; qui-cisivoy final contra el Crissieron atacar de una vez
tianismo. Esperando este
echando sobre sí la tarea
momento se hallaban cuan·
de confiscar forzosamente
do se les ha presentado la
en una fecha dada todos los
-0casión actual, calculada
bienes eclesiásticos, tenia
por unos cuantos hombres
necesariamente que sobrede iniciativa del mismo
venir la cesación del letarmodo que se hacen los cálgo de los católicos, que han
&lt;mlos en una política bien
tenido en esta ocasión el
preparada y dirigida: midespertar del león ...
nando el terreno por medio
1,Qué ocurrirá1 La cuesde disposiciones legislatitión aún no ha sido resuelvas que han ido dictándose
ta. Pero An ella no son po-con continuo é inesperado
sibles los términos medios,
éxito durante los últimos
y fatalmente habrá de tecinco años; dígalo, si no, la Mons. Montaigninide Mirabello, au- ner una de estas dos !'Olu. lay d.e separaci'6 n ditor
de Ir, Nundatura de Su San•
61 1 del Gob1'er
propia
tidad en Paris,expulsado ~e.l terriClones:
a ey
entre la Iglesia y el Estado, torio trancés el 11 de D1c1embre no de Clémenceau se lleva
elaborada y votada, aun en
último
á cabo en todo su alcance,
-sus menores detalles, basándola en las tal y como está escrita (caso que determideclaraciones y aspiraciones del partido naráentreel Catolicismo y sus enemigos,
anticlerical y de las lógias masónicas.
una verdadera !u.cha, que no podrá meQuisieron coronar su labor los enemi- nos de generalizarse en todo el mundo
.gos del Catolicismo, y acudieron para aunque por el pronto y durante un corto
ello al arma más poderosa y fuerte de su periodo quede limitada á Francia); 6 los
panoplia: la confiscación de los edificios anticlericales franceses se repliegan á
empleados tradicionalmente paotras posiciones dando por equira el culto, á menos que la Igle_ _"
vocado el momento en que han
-sia Católica aceptara una forma
planteado la batalla y se avíepresbiteriana de gobierno. Tienen, ya de una manera exprene ello gran semejanza con lo
sa, ya de un modo tácito, á los
que el Gabinete inglés de Waldeseos de los fieles de la Iglesiapole dijo á los disidentes de su
Romana (hecho del que resul-época: «Se os permitirá la potará, aunque no la definitiva
sesión de vuestros edificios para
derrota de esos anticlericales, si
el culto, así como reuniros libre•
el fracaso de los planes que inmente, á condición de que fortentaron para conquistar una
méis una especie de episcopado
fuerte posición).
Mons. Turinaz, obispo
JLa
prueba de la victoria por
reconocl.do por el Gobierno.» de
Nancy. arrestado por
~
En realidad, no ha existido ni la gendarmerla lrancesa una ú otra parte7 Muy fácil y
por "ponerse á 1ª en- sencilla: si los católicos pueden
ex 1.ste duda alguna de que el cuación
de su residencia
Catolicismo hubiera aceptado
episcopal
oir misa sin dificultad ninguna
comités legales que retuvieran
después del presente mes de
los templos y los bienes eclesiásticos en Enero en una ciudad anticlerical (Brest,
depósito, á condición de que dichos comi- por ejemplo), en cualquiera de las igletés e-stuvieran bajo una autoridad cató- sias abiertas ordinariamente, significará
Uca; pero como todo el objeto de los anti- que ha.n alcanzado sus aspiraciones; pero

�88

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POR ESOS MUNDOS

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Invento del doctor Morage para la fotogralla de la palabra.-Perforaciones que convierten las endes son,ras
en escriLura telegrafiada

si ocurre lo contrario, si para satisfacer hace audibles los sonidos de las letras
los fervores del culto que profesan tienen vocales á los sordos. En su conferencia,
que verse obligados á forzar las puertas dijo aquel maestro que su invento está
de los templos, y los gendarmes ó lastro- fundado en el sistema Pollak-Virag, y
pas logran impedir este propósito ó al que mediante una cinta perforada recibe telegráficamentemenos se oponen~.., la escritura á una venazmente á su conselocidad de cuarenta
cución, los anticlericamil palabras por hora.
les podrán considerarNo debe olvidarse que
se victoriorns.
el aparato Morse usado
Cuál de las dos conpara el servicio teletingencias ofrecerá r"""'°'!"'(_gráfico ordinario no
mayor interés no es
puede comunicar más
este el momento oporde cuatrocientas palatuno de determinarlo,
! bras en dicho ~spacio
ni el cronista, que ya t
j de tiempo.
ha cumplido la misión
que se propuso, ha de
Palabra Alocución tel•grafiada mediante
MARCONI Y SUS
hacerlo a hora.
el invent &gt; del d~ctor Mora ge

Siinore Marconi, que ha
aplicado su invento de la
raoio-telegralla á estacioneeportátiles automó~iles

Mad. Adelina Patti, célebre cantante que se ha
despeJido de la escena
tes tral en Lóndres el 8
de Diciembre pasado

Doctor Laponni, lamoso
médico áel Papa León
Xlll, fallecido en Roma
el 7 de Diciembre próximo pasado

M. Fernando de Brunetiére, ilustM hombre público francés, tallecido en
Par(s e19 del pasado Diciembre

Dr. J. J. Thomson, de la
Universinad deCsmbtidge, agraciado c,,n el Premio áe Flsica de la Institución Nobel

Ilustre poeta italiano José Carducci, agraciado
con el Premio de Literatura de la Institución
Nobel

"

rr-

1----...........-~..--

s-•--·~.....-◄-

M. Waldemar Poulsen,
de Cop,nha gue, quo ha
descubierto un nuevo
sistema &lt;!e telegrafía sin
hilos

Prof•sor Korn, alemán,
que ha inventado un procedimiento para transmitir lotograffas por telégralo

INVENTOS

LA FOTOGRAFÍA DE LA PALABRA

Otro éxito logrado últimamente por e~
No puede dudarse que «hoy las ciencias trabajo de los hombres cienlificos es la
adelantan que es una barbaridad», como nueva aplicación que Marconi ha dado á
su sistema dedijo Ricardo de
lelegra fía sin
la Vega en el
hilos: t r á tasemás pop u lar
de una estade sus saineción portátil
tes. El doctor
radio-telegrá fi.
Mo:.-age, de
ca, montada en
Pa rls, acaba
un automóvil.
de inventar la
Lleva el nuefotografía de la
vo carro un
palabra. A los
aparato espealumnos de la
cial para utiSorbona, en la
lizar el motor,
capital de la
ya para la
nación francetracción ó ya
sa, el ilustre
para generáxsabio citado les
energfa
elécha dado á cotrica para la
nocer un extraordinario Otro invento del doctor Morage: dar oldo á los sordos. En la lototralía transmisión
aparato capaz aparece el citado pr~lesor comunicando y haciendo perceptibles los radio- telegráá una sordo-muda por medio del vibrador
fica, así como
de recibir el sonidos de las tetras vocales
lotográfico de su invención
ta rn b ién para
sonido median•
le la fotografia: valiéndose de un micró- elevar rápidamente el poste-antena fijo
fono recibe un discurso fotográficamente en el techo del automóvil. En diez mien lineas ondulantes. También ha inven- nutos puede esta estación disponerse para
tado el doctor Moraga un vibrador que funcionará la mayor distancia posible.

La ratificación del Acta de la Conlerencia de Algeciras sobre cue,tionee marroquíes, hecha el 1.º. del actual, presta
actutlidad á e~ta fotogralla de Muley-Abd-et-Azif: es el último retrato que se ha hecho del sultán de Marruecos

�90

POR ESOS MUNDOS

ACTuALIDADES

que es de ciento cincuenta kilómetros. gar por algunos años más la vida de este
Tralándose de cortas distancias funciona pont1fice, cuya naturaleza, débil y enfermientras el automóvil marcha á media miza por sí, había sufrido mucho y pavelocidad.
decido de manera cruenta por la consTiene este invento la ventaja de per- tante guerra que se hacía á las doctrinas
mitir el uso de un solo coche para trans- de la Iglesia Católica y al Vaticano.
portar la aqtena, el al-Otra fotografía reternador, los aparatos
trata á la insigne cany el personal, y no exitan te Ad e Iin a Pa tti.
ge el empleo de globos
¡Quién no conoce, aunque cuando reina -vienque sólo sea por haber
to no son convenientes.
oído su nombre, á esta
Por medio de una esilustre n.iva que, auntación de esta clase seque extranjera, poderá posible establecer
mos llamar compatriorápidamente lineas rata nuestra porque nadio-telegráficas en caso
ció en Madrid1 Empezó
de interrupción de las
su carrera artística en
lineas telegráficas ordiun teatro de Nueva
narias; y, sobre todo,
York, en 1859, cuando
ofrecerá medios rápisólo contaba dieciséis
dos y convenientes pa- Una nueva aplicación de la fotogralia sin hilos: años de edad, y desde
ra establecer la radio- estación portátil de radio-telegratia, montada entónces, cantando en
sobre un automóvil. En este grabado aparece
telegrafía en las cololas principales capitadesmontado el poste-antena
nias que las naciones
les del mundo y en toposean allende los mares. Esta nueva das ellas aclamada con frenético entuaplicación de la telegrafía sin hilos tiene siasmo, no ha cesado de deleitar al púahora por principal objeto el servicio del blico con la maestría de su arte. Ahora,
ejército italiano.
el 8 de Diciembre último, ha dicho su
Damos á conocer en estas páginas va- Adios al público, despidiéndose de la esrias interesantes fo tocena teatral en Albert
grafías de las nuevas . - ,
Hall, en Lóndres, con
conquistas logradas por
un concierto que ha sido
la Ciencia .
para la Patti muestra
patente ds las simpatías
NUESTROS RETRATOS
y cariño que los dilletanti sienten por la indiscuPublica esta sección
tibie maestra del bell
de nuestra revista vacanto.
rios retratos, además de
-El marqués del Real
los que guardan rala..
tl
Tesoro, contralmirante
ción con los asuntos ya
de la Armada española
registrados. Y de las
Don Juan Jácome y Papersonas á quienes se
_ _..,.
reja, aparece en estas
refieren y del motivo de
páginas por haber sido
su actualidad va á dar
nombrado ministro de
cuenta sucinta el eroMarina en el Gobierno
nista.
que preside el marqués
Uno de ellos es del
de la Vega de Armijo,
doctor Lapponi, famoso
en sustitución del genemédico de cámara del
ral Auñón, que no quiso
Vaticano. fallecido en
aceptar el cargo. MariRoma el 7 de Diciembre
no prestigioso y enten•
L
• h a bía en
El mismo automóvil presentando levantado y d ·d d
d
·
Ú1hmo • appom
disposición de tnncionar el poste-na.tena.
1 O, e gran es conoc1nacido en 1851, y aun- Esta operación puede hacerse con la mayor mientos acerca de lo que
que llegó bien pronto á
rapidez
deben ser una armada y
adquirir gran celebridad en su carrera, sus servicios auxiliares, mucho haría
su famA no quedó consagrada hasta el por nuestra presente y futura marina de
año 1888, en que, nombrado médico de guerra -si las contingencias de la política
cámara del Papa León XIII, supo alar- le dejaran desempeñar la cartera más

91

l

¡

Don Juan Jáeome y Pa•
reja, marqués del Real
Tesoro, mmistro Marina

Don J osé Ramón Mélida, Don Antonio Hernánder. Fajarnésy Don Juan B. Lázaro,
nuevos académicos de la Historia, de la Le0gua Española y de Bellas Aries,
respectivamente

vista y luego secretario de la redacción,
hast~ que, por úitimo, fué investido con
el car~o directoria!.
En 1893 la Academia Francesa le eliFERNANflO DE BRUNETIÉRE
gió para s~ceder al brillante periodista
Párrafo aparte merece hlpe:sonalidad Juan Lemoine.
Tales son los datos principales de una
ilustre de Fernando de Brunet1ére, fallevida toda de trabajo,
cido en París el 9 de
prematuramente inDiciembre último.
terrumpida. Pero la
Nacido en Tolón el
personalidad de un
año 1849 , hizo sus
hombre deestasconprimeros estudios en
diciones sobresale
el Liceo de Marsella
del estrticho cuadro
y los completó en
de una simple notiParís. La guerra con
cia
biográfica; la fiPrusia, e n 1 8 7 O,
sonomía de uno de
cambió al estudiante
los maestros de la
en soldado, porque
crítica
francesa, la
Brunetiére, aunque
importancia de su
exento del servicio
obra , sus . doctrinas,
.
militar á causa de
su
partic1pac1ón en
su extraordinaria
el movimiento de las
miopía, se alistó en
ideas, su sitio perun regimiento de lifectamente
marcado
nea por el tiempo
entre los escritores
que durase aquella
contemporáneos,
campaña.
exigen un homenaje
Una vez libre de
póstumo menos bresu compromiso mive,
merecido por el
litar, colaboró Bruautor ilustre de cinnetiére en la Revue
co volúmenes de EsBleue y en el diario
tudios Críticos, tres
Le Parlement¡ y en
de Historia y Lite1875 franqueó con
.¡
ratura,
dos de Cuesun articulo muy notiones de Crítica , uno
Doctor Flalger Thiele, de la Universid~d de Copenhatable sobre la novela ¡ue
ilustre astrónomo que ha descubierto u~ nuovo
realista, el temible eoi:ieta igual á una estrella de 8'5 magnitud en de Ensayos sobre la
Literatura c ontem ·
brillantez
umbral de la Reoue
poránea, otro sobre
des Deux Mondes,
en cuyas páginas es donde ha lleva~o á la Novela naturalista, otro más referente
cabo después toda su carrer~ de escritor: á El Teatro Frances, dos sobre la Eo?•
primero, fué colaborador asiduo de la re- lución de la poesía lírica en Francta
tiempo del que, desgraciadamente, suelen durar los Gobiernos en España.

�92

POR BSOS MUNDOS

~· ~-~ -

·~ '-----

¿
.¡,fA

.

No-vela homeopáticamente hidroterápica
y alopáticamente inv erosímil

~

/

~r~
_, .·

JV.-RESULTADO fENOf'\ENAL DEL ANÁLISIS (1)

• 1/"

y,sTo-por el general Pánico
.l\1\~-¡¡/'
~
el deplorable efecto que la gracia
de Lebrel había producido en el ánimo
del herboristero, puso la cara d~ lolé' con
sejos de guerra verbales, y le dijo al secretario en acre tono:
-Oye, oye, Lebrel: ó ejerces ~u cometido de secretario con la formalidad que
requiere el cargo, ó te pego una perdigonada.
. .
.
-Mi general , yo no pod1a 1magrnarme
que para desempeñar esta secretarla. se
necesitara saber lenguas muertas... Digo
yo que serán lenguas muertas estas en
qu~ me habla mi respetable Señor Don
Juan, porque no he oldo nunca. á ningún
vivo expresarse en esos termrnachos ...
-¡Cómo terminachos!-interrumpióle
Don Juan poniéndose rojo de ira.-tPues
no llama terminachos á la sagrada nomenclatura de la flora?
-Fíjese usted, Don Juan,-dijoDonPedro-en que el bueno y fiel Lebrel es un
profano y está ayuno de ciencias de toda
clase ... ¡Otra cosa hubiera sido si acertamos á traer de secretario al presidente de
la Academia de Ciencias Físicas y Naturales! ·
-Eso es una impertinencia, señor boticario,-exclamó Carranza.
-¡Eh, eh , señores! Aquí no se ha venido á pelear, ¡vive Dios[ que para pelear no he necesitado jamás de nadie: es
decir sí he necesitadóí'de los soldados,inter~aló el general después de recapacitar un poco.-Pero ni ustedes son solda"1

(

Don Alfonso XIII, gran mf!,eslre de la Real y Militar Orden de Santiago, sal iendo de la capilla regia despues de
tomar Juramento el d!a 7 del actual al n u evo Trer.e&gt;1azgo de dicha Orden

en el siglo x1x y algunas otras más. Sin
temor de afrontar nuevos adversarios,
después de los que ya. le había proporcionado su intransigencia literaria, sin
abdicar nada de su indep1rndencia ni
apartarse de su desinterés, Brunetiére
no podía encerrarse definitiva mente en
la torre de marfil del mandarín erudito
enamorado de las letras, del pensador altanero cuya frente , siempre un poco
fruncida , parece indicar cierta tendencia
á la misantropía; y desde hace varios
años, había salido deliberadamente de
ese castillo para desarrollar en plena lucha social el infatigable ardor de su actividad intelectual, y plegará las necesidades de la polémica la rigidez de su dog-

matismo. De ahí una campaña de proselitismo en la que empleó sus fuerzas en
artículos y conferencias, habiendo reunido
cuanto sobre esto llegó á decir y escribir
en unos volúmenes, que ha titulado Discursos de combate y Los caminos de la

Creencia.
A esta serie se refiere su último libro,
acabado de publicar y que se titula Cuestiones Actuales. La muerte le acechaba
ya cuando corrigió las páginas de este
libro y cuando escribía el prólogo. Resumida en ese trabajo toda la doctrina
política y moral lUe Brunetiére profesó, son sus páginas, en parte, algo así
como el testamento filosófico de un espíritu superior.

r

(1) Véanse nuestros números 139,142 y as

dos, sino hombres de ciencia , ni esto es
una l!iatalla ...
Las frases enérgicas del general pusieron bastante taciturno á los dos sabios, porque Lebrel ya lo eslaba.
-¡A ver qué ha puesto usted en ese
cuadernol-dijo DJn Juan arrebatándole
el libro al secretario.-¿Qué es estoT ¡El

timo de los perdigones! ...
-¿No me ha dicho usted eso una de
la vecesT
- No, señor: he dicho Thymus vulga-

ris.

-Pues, bueno: yo no sabía escribirlo
así, y como el Thymus más vulgaris es el
de los perdigones, lo he puesto de esa
manera.
- ¡Pa.ra perdigones los que te voy á
melar yo en la cabeza, mentecato!-decla
el general preparando la escopeta.
Más que por piedad por miedo, pues
ya les era conocida la puntería del general , se echaron Don Juan y Don Pedro
sobre él para evitar el disparo.
-¡No se ponga usted así, mi general!
-dijo Don Pedro.
..
-¡Señor, no es para tanto!-argü1a
Don Juan.
Y, mientras tanto, Lebrel pensaba para
sí: «Como dejéis que tire, ya veremos á
quién mata.&gt;&gt;
Apaciguado el general, propuso que el
naturalista escribiera él mismo el resultado de sus investigaciones, dada 1!1 ineptitud de Lebrel, y que .éste se pusiera al
servicio del químico, que no parecía tan
pedante.
Don Pedro se levantó de la peña pausadamente para entrar en funciones, y
llegándose hasta el manantial se arrodilló con prosopopeya ; una vez arrodillado,

�94

POR ESOS MUNDOS

q~itó bastante agua en las pequeñas por- Ponce, que es usted el hombre más prec1ones que podía recoger con los dedos visor de la tierra.
puestos en cogedor, á la manera que se
Lebrel también le miraba atentamenh_ace para repartir el agua cuando se te y creía muy de veras que se hallaba
riega , y sacó
rodead o de
de uno de sus
bolsillos dos
hombres saestuch es. Al
pientísimos.
A todo esto,
g eneral le inDon Juan Catrigó bastan te
rranza vagaaquello de los
ba por aquedos estuches y
llos alrededola oper9.ción
res arrancandel riego, y
do yerbajos y
abandonando
metiéndoles la
su asiento se
uña del dedo
dirigió tampulgar de la
biénalmananmano deretial para precha, ó mastisenciar intecando un poresantisi mas El qulmico r-.cogla agua con una jeringuilla y la iba depositando en nn vaso co, ú oliendo
operaciones.
otro poco, y
-He sacado esta pequeña cantidad de anotando después el resultado de su inagua previamente,-dijo Don Pedro diri- vestigación, sin apercibirse de lo que hagiéndose al general-porque no era cosa cía Don Pedro con el cual seguía algo
de que el análisis arrojase que se trata- amoscado.
ba de un mananlial de babas de burra ...
El señor Ponce introdujo, por fin la
-Comprendo,-le respondió el gene- jeringuilla en el pocete, y haciéndola' abral.-¡ l,!";stá usted en todo!... Y esos estu- sorber u_na pequeña cantidad de líquido
ches. gde qué son? !Alguna sonda'.il
la d_epos1ló en el vaso. Fsta operación la
-No , señor ... Esta es una jeringuilla rep1t16 tantas veces como fueron necesapara extraer el agua poco á poco, y este rios para llenar el tal recipiente.
un vaso de campo para ir depositándola,
En aquella misma actitud, de rodillas,
r-:::::,
porque no era cosa se llevó el vasu á la boca para coger un
de que me pusiera á buche; después, alzó el vaso y miró al
beber el agua de trasluz; luego , cerró los ojos, y asl perbruces.
maneció un gran rato. El momento era
-Veo con satis- solemne. El general y Lebrel no respirafacción, amigo señor ban para no perturbar en poco ni en mu-

j

Lebrel y el qulmico rodaron por el snelo uno encima del otro

LAS AGUAS DE SAN CANUTO

95

cho aquel gran espíritu. Ponce estaba no le importaba nada el cachete recibido,
sublime, parecia un penitente: recordaba ni las volteretas dadas en consorcio con
algo la divina Oración del Huerto.
el boticario.
Don Juan Carranza hallábase ensimisLa burra lanzó un estridente rebuzno,
y aquello debió de sacar al empírico al- mado con sus clasificaciones, á distancia
que , permitiéndole enterarse
quimista de su profunda medide todo lo ocurrido, hizole reírtación porque, abriendo los
se á sus anchas de lo cómico
ojos lánguidamente, exclamó
del accidente y de lo inmediata
en tono profético:
que había sido su venganza;
-General, estamos ante un
tanta rabia tenia al boticario y
manantial de aguas minerales.
á Lebrel que, de haber estado
El general al oir esta rotunda afirmación estuvo á punmás cerca de ellos, le hubieran
to de caer al suelo, y así huoido decir con gran júbilo:
«¡Hay Providencia!... ¡ Estoy
biese sucedido á no ser por Lebrel, que le ayudó á sostevengado!»
Empero este Don Juan ,como
nerse.
hombre curtido en las lides de
-¡ Eurekal-gritócuando ya
la vida, sabía disimular sus imse hubo repuesto.
presiones, y acercándose al
Y volviéndose hacia su criagrupo y por vía de cumplido que estaba pálido y temblomiento se dirigió á los dos leroso, le abrazó con gran efusionados muy cortésmente, y
sión, y en esta interesante postura estarían veinte minutos.
les preguntó:
- ¿Se han hecho m,tedesmuYa empezaba Lebrel á re- ,
sentirse de- tan pesada carga
cho daño?
-No, no,-exclamó el señor
como le hacía su señor, y tímiPonce.-Yo no he sufrido·sino
damente dijo:
algunos golpes leves al rodar;
-¡Señor, vuelvaensíl... Puepero me he asustado mucho ,
de que se equivoque el señor
porque estaba distraído y no
Ponce.
hallábase •nsi•
me dí cuenta de lo que nos suAl oir este juicio, el general Carranza
mismado en la cla~ificase irguió gallardamente, y desción de las plantas
cedía,
-¿Y usted , Lebrel? ·
cargó sobre su criado tan tre-Yo no me he hecho nada, señor Ca menda bofetada que, cayendo sobre el
químico, que aún se hallaba de rodillas rranza.-Lo peor hubiera sido la calda ,
y j'laladeando buches de agua, rodaron y como estaba debajo Don Pedro apenas
los dos confundidos por un trecho mayor he sufrido en el gol pe.
-Sin embargo, parece que ese carride cuatro metros.
El orimer cuidado de Don Pedro al le- llo de la izquierda le tiene usted bastant&amp;
vanta'rse un poco magullado de la impre- hinchado .
-Bien puede ser, porque me molesta
vista aventura fué volver al manantial
creyendo encontrar la jeringuilla yel vaso, bastante; pero, ¡vamos! no es tanto como
que se le fueron de la mano, hechos añi- parece.
Ya le enojaba al general que se hablacos; pero no era así: ninguno de los dos
frág:les objetos habla sufrido el más leve se de aquel pequeño incidente, como él
decía, é intervino en la conversación didetrimento.
El general, muy contrariado por la im• ciendo:
-¡Ea, eso ya pasó, qué demonio! Conprevista complicación del señor Ponce en
el suceso, le pidió mil excusas, recono- tinuemos cada cual en nuestro asunto.
-Yo ya he terminado el mío, mi ge ciendo que era impetuoso, y añadió que
quería castigar con mano dura la ofensa neral ,-repuso Don Juan.-Tengo anoque le había inferido Lebrel dudando de tadas más de sesenta clas1ficacior.es de
plantas, que son las que existen en toda
sus aseveraciones.
Lebrel, á su vez, explicó su JU1c10 di- la extensión de esta pradera. He ha liado
ciendo que él únicamente querla atenuar plantes de la familia de las compuestas
la impresión que habla producido en su (géneros Iraxacum é Ilicracium); de las
amo la revelación del quimico, sin dudar leguminosas (Satirus y Lotus) , y de las
ni un solo momento de crue fuese cierta, gramineas, borragineas, malváceas, cru•
puesto que de ella se alegraba tanto que cíferas y geraniáceas ...

�96

POR ESOS MUNDOS

-Conseguridad,-le interrumpió el ge•
neral-que Lebrel prefiere la bofetada á
haber tenido que escribir todo eso.
-Si, señor, -rapuso secamente Lebrel.
-Parfectamente. Pues véle á preparar
la comida, porque parece que yo siento
ya algo de debilidad ... Y,mientras tanto,
Don Pedro nos anticipará seguramente
algunos de los componentes del agua.
Lebrel se fué en busca de las alforjas
para cumplir la orden de su amo, y Don
Padro, que había recogido la alusión, se
dirigió al manantial para llenar otra vez
su vaso con el precioso líquido.
El general, seguido de D;m Juan, encaminóse á la peña donde antes habla estado, y poco después de sentados llegó Don
Pedro con el vaso lleno, sentándose á su
vez en medio de los dos, para que no se
perdiese palabra de cuanto iba á decir.
El señor Ponce levantó el vaso con el
mismo amor y en igual forma que el sacerdote oficiante levanta el cáliz, y después de hacer notar las burbujas que desde el tondo del vaso salían á la superficie
en franca revolución, dijo en tono enfo.tico:
-He dicho y sostengo que estamos
ante un caudal de aguas minerales cuya
acción terapéutica yo no puedo determinar, si es que tiene alguna acción terapéutica, porque hasta ahí no llega mi
ciencia; pero algo medicinal no dudo de
que es. Por lo pronto, los gases desprendidos por la ebullición, son ácido carbónico, oxigeno y nitrógeno.
Don Pedro miró alternativamente al
general y á Don Juan, y vió reflejado en
ellos el mayor estupor, un grande asombro.
Halagado por la impresión del preámbulo, en el cual habla procurado, y conseguido, achicar al herborisbero, prosiguió:
-Ahora bien, los elementos minerales
de que se compone, son, á saber ...
Bebió un sorbito de agua, la paladeó

ruidosamente haciendo castañetear la
lengua, cerró los ojos, y dijo:
...,
-Bicarbonato cálcico (paladeó nueva- .,
mente), magnésico (otro paladeo), ferroso
(otro paladeo), lítico (otro), sódico... ·
Sus adláteres estaban embelesados,
porque no concebían dominfo tan absoluto del sentido del sabor; y este triunfo
suyo no le pasó inadvertido á él en cuanto abrió los ojos.
Tornó á beber, y otra vez cerró los
ojos, y otra vez paladeó.
-Cloruro cálcico, magnésico, sódico,
potásico... Sulfato cálcico, magnésico,
sódico ...
-¡Admirable, amigo mío, admirable!
-prorrumpió el general entusiasmado.
-¡Asombroso, asombroso!-excla:mó
Don Juan.
El señor Ponce, sin inmutarse por las
lisonjas que suponían aquellas exclamaciones, volvió á beber y á cerrar los
ojos, y prosiguió diciendo, según paladeaba:
-Silicato sódico, aluminico; fosfato
alumínico, nitrato sódico ...
-¡B:lsta, basta! No haga usted más esfuerzo. ¡Eso que usted hace es prodigio so! ¡Eso no es una boca de hombre, eso
es un laboratoriol-gritaba el general.
-Y usted ¡qué dice?-le pregunlóDon
Pedro á Don Juan.
-¿Yo7 Que si tuviera ese paladar esta·
ha á estas horas en Jerez de la Frontera,
ganándome todo el dinero que me diera
la gana como calador de vinos.
Lebrel se aproximó al grupo, y dijo
respetuosamente:
-La comida está preparada ya. Cuan do los señores gusten pueden acercarse.
-¡Ahora mismo!-gritó el general en
el paroxismo del entusiasmo y del apetito.
Y levantándose echó á andar hacia el
lugar donde estaban preparadas las vian•
das, seguido de Ponce y de Carranza, q-0e
no cesaban de repetir por lo bajo:
-¡Qué paladar, Dios mío, qué paladar! En Jerez es una mina.
FÉLIX

Dibujos de Karikalo.

MÉNDEZ

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