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                  <text>PoR Esos MuNoos
AÑO VIII

i\IARZO, 1907
-------·-- --

NÚl\lL 146

LAS MONTAÑAS DE LA LUNA
EL DUQUE DE LOS ABRUZZOS EN EL RUWENZORI

Lóndres,el 12 de Eneroúltimo,ante un
E concurso
de sabios honradocon la pre-

gücclad. Y es que no hay en el mundo otra
cordillera como la del Ruwenzori, con sus
sencia del rey Eduardo VII de la Gran Breta- volcanes extinguidos y sus ventisqueros v
ña y la del heredero de la corona inglesa, dió sus minaretes nevados bajo un sol ecuatoriRI
el duque de los Abruzzos una interesanü~i- en el lejano interior de un territorio salvajP.
ma conferencia en Queens·s llall acerca de
No cabe duda alguna de que el Ruwenzori
Ru excursión á las llaha sido el origen prinmada;; Montañas de
~
cipal de las antigua~
la Luna. El ilustre
leyendas que se refieexplorador llegó á esren á las ~Ion tañas do
calar puntos más elela Luna, monta1ias d1•
rndos que los alcanzaincreíble elevación,
dos por los intrépidos
C&lt;1n aspecto semejante•
hombres de ciencia
al de I satélite cuyo
que hasta ahora le hanombre llevan,con su;
bían precedido en esmanchas de nieves y
tas ascensionci-: vuso
l'OCa'&gt; que aparece11
las plantas de sus piés
O&lt;'asionalmente como
en los dieciseis picos
visiones celesle_s, sepamás altos de aquellas
radas de los bosques y
montañas. La hazaña
llanuras por lienzos de
de I príncipe italiano
nuhes; montaña,s cuviene á coronar una
yas corrientes copiosas
larga serie de esfuer• se unieron para forzos que se han hecho
mar el nacimiento del
para arrancar de las
Nilo.
Montatias de la Luna
Los principios de
los misterios que ha11
esta leyenda alcanzan
envuelto duru11tP tanla primera civilización
to tiempo la mayor
del Mediterráneo por
corclill('nt del contiEgipto. Es muy pronente africano.
bable que J1ace cinco mil arios los antiLA LEYENDA DEL
Un riachuelo en la falda del Ruwenzori
guos egipcios estableRUWENZORI
cieran relaciones comerciales co11 los negros del Sudán y del
Las Montañas de la Luna han tenido siem- valle del Nilo Blanco, y también con .\bis.inia
pre exlraña y terrible fascinación para los de semejante con tac lo entre el egipcio caucá&lt;'X lorarlores, aun desde la más remola anti- sico y los hombres nilóticos resultó un tipo:
N

Pico central del Monte Duwoni 6 Speke, en 1a cordillera del Ruwenzori._ Por su
falda corre el rio Semliki, en cuya parle Oc.te hállase el Pais de lo, Pigmeos,
en la Gran Selva del Congo

�LAS )lO~TAÑAS DE LA LU~;.\.
1\)6

POR E!-OS ~IUNOO$

ncaro intermedio, y este tipo, ambicioso y mercantil.
en "busca de esclavos y de marfil, incienso y otros productos del Sudan quizás se internaría en el Sur hasta
el límite de los bosques ecuatoriales. Algún criminal
egipcio allí refugiado, ó t~I otro mercader de e&lt;;clavo~.
acompañaría á sus consocios negros en estas cxpecl1cioncc;.
Pero, de cualquier modo, el raso fué que se establ, ció la comunicación Pnt1 e los negros del Africa
Central y el hombre del :Mediterráneo al que loo historiadores ·uaman egipcio anti~110.
El impulso el!&gt; este primitivo comercio egi1,cio c;iguió
p1inc1palmente el cur:-o del Nilo, aunque se Yem bloqueado con,-iderableme11te por la pantanosa región
que se halla entre las fronterac; del Ug~n?a y )a unió11
del Nilo y del Sobat. Parece que ha ex1c;hrlo c•erta comunicación comercial entre el elevado y extinguirlo
volcá11 de Elgon, cerc,l del Victoria Nyania, y el Su
doe te del .\bic;inia. inclu\'rndoc;c ta111hii'•n en este comercio la rue11ca del La~o-Hurlolf.
Los ext anjeros ob~erra lore,; que viajaron en esta
dirección pudieron haber drscubierto desde gra11des distanciac; los nevado" picos de Kcnia y de Kilimanjaro; pero lodo induce á rreer que fu(, la cordillera del
Ruwenilori lo que primero atrajo la atención de los
ne~rJ~ inteligentec;, los cualC'!- transmitieron á las gentes del :Mediterráneo el conocimiento que de estoc;
montes tenían. Ec;tas levendas de las Montañas de la
Luna tuvi&lt;'ron la mayo1: consistencia y verosimilitud
(juntamente con la hi-.toria de los lagoc; que han dado
orígen al Nilo) en el primer siglo después de .Jesu&lt;'risto.
y fueron conservadas para la futura consideración del
mundo crh,tiano por Claudio PtolomC'o.
Durante muchos si¡dos después, ruando empe:t.ó á
declinar el imperio romano, cesó lodo intcré,; por la,
Montañas de la Luna, para revivir en tiempo de la,
~nquistas de los árabe.-s, que con su-; viajes y a ven
!.Tiras aumentaron la civilir.ación y cultura europea
poniendo á esta parle del mundo en contacto con 1
Africa Tropical. Los riajeros ó geóp;rafos ápbc;; transmitieron sus informnciones resperto al «.lah .. al-Kumr•
(como traducen literalmente el nombr,· dr las \lont.,ña;:1 de la Luna), á lo~ filóc;ofo, de Europa en los siglos
xrn v xvm, y así fur como reaparecieron esto;. pico~
nevados del Africa Eru:1lnrial en lo,; mnpa,; universales. El criticismo de;;trnclor de Dcsborough Cooley
hizo de~aparecer mucho, disparates hipoli'•licos en la
p;eografia africana; pero ni mi;;mo tiempo borró del
mapa la&lt;; '.\[0tJla1ias de la Luna y redujo el curso &lt;ll'I
Nilo á un miser,thle c·lrnrco más allá ele su unión co11
rl Rio Azul. de .\bisinia.
Sin embargo. c~la desaparición de las referidas '.\lonta1iac; ocurrió ca-;i 1,arnlelame11te ú la época en qne se
daba un· pa&lt;:o práctico hácia Ht clrscubrimiC'nto cientifico por los maravilloso,; viaJes de Krapf ,· lkh111ami.
J·:-..tos clos admirable, precnr~ore-; de lo, moderno"
rxploradores africanos eran misioneros ele \\'ürlemJ, •rg. empleado~ por la Sociedad '.\lisionera Eclesiáslira de Inghterra. Rebmann de;;cnhrió Kilimanjaro, y
Krapf el Monte Kenia.

1!)7

gatHlo ha,;la l .33j mrtros, en el valle de Bola~u. UU metro:; subii'&gt; tres atios después, en
Ya qurda dicho que han sido n11mero~o~ 1.8\H,el naturalistaG. F. Scoll-Elliot.En 1\JOO,
los intentos rcaii;mdo,.; pant ir explorando J. E. S. )loore, ascendió al Kiyanja, bautiza¡¡radualmrnlc rsta en otro tiempo miste- do luego ron el nombre de Monte Baker,. hac;riosa cadena de 111onlmias. ,\unque ya 1'11 ta una altura de 1.970 metros, formando parel año :ioO ante;; de ,Jesucristo, llerodoto le de la rxpedición ta11¡¡a11rika. De,;pués, Siihace mención de los pigmeo,; ele la Selrn JJarry Jonbston, siendo comisionado del ProSemliki. i• lliparr·o y otros e;;critores re- tectorado de Uganda. subió al mic;mo monte
motos 1la11 noticia de las relativas posicio- casi a igual altvr,t quP Mr. ~foore. En 1901,
.\ugu,;lu:; Ulandy \\\1nes llel Xilo y de lai
tlt• llegó hasta lo$ cinco
c·ilada:; '.\lonlai1a" de la
mi: metro;;.
Luna, registrúse, como
En 1903-4 el Ruwenva hemo-, apuntado en
zori fué visitado por
anteriores párrafo,., un
una dama: la seiiora Fisgran lap,-o de tiempo
&lt;·her, que subió con su
durante el cual rnHla ó
su marido ha;\la la mer·asi nada llegó á saberse
seta helada de .Mubutle aquellos lugares; y
• li.u. Dicha señora es la
aunque es probable que
prrmera y hasta ahora
rl ilustre natmalisla Sir
la úmca mujer que ha
:::iamuel I3aker viera los
llegado al Ruwenzori.
picos del Ruwen:t.ori en
En HlO í y HJO¡j, el docen 186J, cua11do destor DaYid v ;1h. !l. E.
r·ubriú el lago .\lberto
~laddox llegaron al 1msN yanr.a viaja11do por el
1110 punto, v ('11 Enero
Este del Africa Central
ele 19Oü el propio Matlen compañía de su esdox, con Rodolfo Graposa, bien puede decir,;c
ner ,. el mision('l'O II.
que hasta el año 1875
\Y. Te g a rt, subieron
el explorador moderno
;;.010 metros. Un me,;
no tornú á su rargo t•l
después, otra expediestudio de las referidas
ción, que formaban A.
1\fonlai1a&gt;'.
1~. W o llaston, R. B.
Los primeros explo\\'oosnam y R. E. Dent,
radores, 11. )[. Stanley,
llegó al pico deK.iyanja,
e11 dicho año tic 18í,l. \'
señalando el aneroide
Rómolo üessi, en 1876.
una altura de 5.160 meobservaron que los inmetros; los mismos Wodip;enas del país descollas ton r Wooc;nam, 0011
nocían la naturaleza dr
Carruthers, subieron el
la nieve que rubria las Las ~!ontañas ,¡, la LJnn tal y como ernn couocid 906 l
0
tia,
,le
los
anti~uos
cartó~rafos.
La
posición
de
lus
1
. de Abril e 1
a
alturas creyendo que Arbole. de la Limo en la Selva de los Pi~meos, pico
Duwoni, de menos
era un metal para ellos l)s propias ~Ion tañas de la Luna y las rnrias col K"
r1ientes del Nilo que dirigen su cur,o entre los elevación que e 1yandesconorido que brilla- ;ranJes
lagos, repre,én:ansc en su relativa l"JSl· ja. á donde tambií•n lleha al refü•jar lo-i rayo..;
ción en el mapa harleiano qu, reprodacimu,
·
dos d1as
· d cspu é,s.
garnn
dPl sol tropical. El misY compitiendo con todo, estos explora1lores
mo Stanley, en 1887, vió dos picos tll&gt;! Ruwenzori desde el Sudoeste del Alberto Nyan- r venciéntlúlos á todos en intrepidez, el du;¡ue tle los .\brnzzos, en un e,;pacio de tiemza, y oyó el nonmbre R,rnssori de labios
po ele treinta y cinco días, desdo _el 1_0 de
de los banlu5 que poblaban aquel distrito.
Junio al U dt• Julio de 1906, suL1ó a los
En 1889, el teniente \V. G. Stairs subiú
diecisei;:; pico, más altos del Ruwenzori.
parte del Ruwen:t.ori. á una altura de 3.51i0
metro!-, y calculó que el punto más elevado
FHrTOS m: I..\S l'.XPHD1CIO::-E$
pudiera ser de 5.535 metro"· Con Stairs em'
pc:t.ó á imbir Emin-l'athit. pero solo le acomEste e:; el órden cronológico de ascensiopa1ió una corla distancia, de,;istiendo luego
nes; pero como la noticia que acabamos de
del empeño que se propnsiera.
dar es mn\' escueta, fuerza es que retrocedaEn 1891, el doctor Stuhlmann hizo una
mos pam regi,;lrar en estas páginas algunqs
a,..cen:;ión á las nieve,; del Ruwenzori. lle-

�198

POR ESOS :MUNDOS

interesantes particulares de dichas expedicio- les de Baker no eran en rigor otra cosa que
la parle inícrior del Ruwenzori. Sin emb,trnes.
En efecto, así que Krapf y Rebmann hu- go, aunque pare1.ca increíble, ni Baker ni
bieron dado cima á su trabajo, empezarnn los Emin, ni ningún otro de los numerosos exgeógrafos á dudar de los asertos de ambos, ploradores ingleses que trabajaron bajo la
hasta c.¡u&lt;l en un periodo de diez año~, desde dirección de Gordon, descubrieron jamás las
1870 á 1880, el grnn explorador Slanley,des- nieves de Ruwenzori. Es verdad que Gessi
pués de circunnavegar el Victoria .N p~za y Pasha, italiano, creyó ver montañas nevadas
arlquiriralgunas noticias acerca de la ex1s~e~- en las regiones etéreas al Sur del Alberto
cia del elevado volcán Elgon, pasó harrn Nvanza, v 11nn ó dos rmplearlos del Gobierno
t' el Sudan regisOeste á la región
l rnruu idéntico
que en lónces .l)gusuceso.
Pero no
r aba absolutase
prestó
atención
mente en blanco
á
estas
relacione"
en el mapa de
por los geógrafos
Atrica,ó sea la reeuropeos, y solo
gión en que exisStanley, al visi lar
ten los lago!'! del
el Congo Superior
Nilo Alherlino Y
en 1882-83, dijo:
del mismo Ru~
«Anotad mis pawenzori.
labras: la mavor
A través de la!=!
de las maravillas
nieblas y de las
africanas se enfrecuentes nubes
contrará en aquenegras y azuladas
lla región descotempestuosas,
nocida que existe
Stanlev tm·o coentre el lag~ Alnocimiento deque
berto. el Yictoria
ciaba la Yuclta á
Nyanza y la cuen1a base de I a s
ca del Congo, y
montañas giganc r e o que estas
tescas, cuya alli1Iontañas A:mles
tud calculó en vade que habla Barios puntos en
ker han de procinco mil metros,
porcionarnos algo
y recordó histo:;orprendente.
•
rias oídas de los
Stairs
y Stanindígenas relatiley suponían que
Yas á la coronad,
la máxima altitud
nieve que ostende dicha cadena
taban esas monnevada e r a d e
tañas. Entónces,
5.835 m e t r o s;
pasó á descubrir
Scott-Elliot, que
el curso del Con~iguió á éstos en
go, y parece que
sus
exploraciones,
en aquel tiempo
no
expresó opiprestó poca atennión alguna decición á la posible
Asombn;sa Te:einción en la,; vcr,ienlc. del Ruwenzor,
dida en cuanto al
existencia de otras
lllOlllañas neYadas en el Africa Muatorial. punto más alto del Ruwenzori, porque enSpeke y Grant habían hecho ya 1:011:itar la contró serias dificul'ades para observar la
existencia de los volcanes 1\1 fumbiro, que cordillera en el constante obciláculo que la
alcanzan alturas superiores á 4.7UO mtJlros y interposición de las nieblas y las nubes opolos cuales, aunque se encuentran al Sur de nían á sus estudios; Stuhlmann, uno de lo~
Ruwe11zori, algunas veces se ven coronados más cuidadosos exploradores de estas regiode nieYe~. E~tos rlos exploradores Jan noti- nes, apreció como demasiado baja la altura
cia de «unas •uontañas de colosal altitud•, delerminada por Stanlev v Stairs, dada la
tal y como Baker las babia !.eñalado ya en las tan considerable cantidad de nieve y de conMontañas Azules al descubrirlas &lt;lrsde las gelación que allí se re¿1slraba; pero J. E.
aguac;del Alberto Nyam:a. Las Mon•añas ,\7,u- Moore, que con su misión fué quizás el pri-

mu

LA!'; ~!ONTAÑAS DE J,A LUNA

m"ro que, en realidu&lt;l, llegó á la,; 11iere:-,
aceptó el cálculo de Slanley. Muy de cerca /1
~{uore, siguió Sir l larry Johnston, el cual.
acompañado por Do::¡gclt y Vale, llegó hasta
las nieves y el hielo del Ruwenzori sobre el
valle :iiubuku, en Agosto rlel aiio 1900.
LA F.:-&lt;PEDICIÓ:'i DE SIR IIAflRY JOIIXSTO~

He aquí cómo describe este ilustre geó:irafo y naturalista su reírrida rxp1,dición ni Ru-

wenzori:
«Atacamos la cordillera montañosa quir.ás
en su punto más débil respecto á las facilidades para la ascensión: suhimos el valle de
la corriente del .Mubuku, que se eleva en el
lado oriental de uno de los más importantes
ventisqueros, y al lago Dweru. La ültima altitud que determinamos con precisión en el
borde mismo de los terrenos nevadoci íué de
4.950 metros. Es verdadcramenle notable
el hecho de existir tan grande cantidad de
nieve y hielo como laque en Ruwenzori hay,
dada la posición de esta cordillera bajo el
Ecuador, en allitudes relativamente baja&lt;.:
allí se registran nieves pa~ajeras á los cuatro mil metros, y el que esto escribe ha marchado entre bloques de nieYe medio helada
á solo i-.350 metros de elevación.
,Aunque hay señales evidentes de haberse registrado allí en una época cierta actividarl volcán;ca (por ejrmplo, cráteres exlin-

;¡nidos, con sus lagos, sus manantiales calientes y algunos choque3 sei:lmicos), la formación del Ruwcnzori como cordillera montañosa es probable que haya sido originada
por una plegadura en la superficie de la tierra, aumentada sin duda por el valle volcánico del Semliki y ele los lagos Albertinos.
»La región de las .Montañas de la Luna es
una de las más lluviosas del mundo. !\fochas
de las colinas que rodean la base están parrialmente desnudas de bm,que,como resultado de operaciones agrícolas continuadas é
importantes.
,Al llegar3e á la altura de dos mil metros,
la zona permanentemente inhabitada casi
toca á su fin, y se entra en un magnífico bosque tropical; ya entonces empiezan á observarse en la abundante vegetación alta.&lt;.
yerba-cañas coronadas por brillantes flores
amarillas ó hermosas lobelias con bojas semejantes á las del aloe, y lanndas gigantescas. A los 2.350 metros, se yen helechos y
elevados tejos (podocarpus) y el único conífero que se conoce en esta flora monlaño~a; empieza también á verse el bambú, que
forma la parte principal de la vegetación
&lt;'uando la altura es de 2.670 metros, para
desaparecer bruscamente al llegarse á la altitud de tres mil metros; siendo entonces
reemplazado por una gigantesca vegetación
de brezos, elevadas lobelias coo troncos finí~imos y una corona de hojas imitando á 1&amp;

..

&lt;h-oundlel, planta gipnte del Ruweuzori. Alcan-

za. una altura de siete metros y la Oor sobresale de
la hoja noventa centimelros. Tiene un tallo peludo
re•eslido M abundante liquen

Curso del rio Mubuku, en el Ruwenzori. Este gla-

cier es la masa mayor de h1tlo que se conoce en
aquellas montadas, y t lravés de ella se han hfchO

muchas interesantes excursiones

�J..\~ ~O'&lt;T.\X.\S DE L.\ Lü:-IA

~00

POR ESOS 11UNOOS

Rado á desarrollarse en aquellas vertiente:
hasta adquirir la corpulencia de grandes ill'•
bole,;, produciendo ante la Yisla un paisaje
admirahle que Mr. Wollaston describe diciendo que «constituye un espectáculo mag•
nifico y agradable, al propio tiempo que in•
funde pavor: cuando no se encuen nn lo,
ojos ante e\'.lraordinai·ia vegetación de bambúer;, se ven sorprendido,s por gigantesco;
árboles reve,;lidos de gruesas masas de abun•
dante líc¡uen, ó admiran á los 4.200 metro;
de eleYación e,;pe~ísimo mu,go y grande!
lobclias, que van desapareciendo grndualmente, á medida que se sube má • de esi
OTROS DETALLE!:i DE L.\ YIOA I,~ EL RU\\'E'lZOHI
altura, para dejar plaia solamente ú la nicn
y á los hielos, coronando tod,i este panora•
Una expedición que anteriormente al duma la roc2
que de los
escueta -y
Abruzzo:;vilimpia, e .
i;itó el Rupico de lr
wenzot-i ( la
montaüa, er
formada por
un a palaM r. R. B.
bra.» « La
Woosnam.
inmensa ba•
como direcrrera de ro•
tor v por
ca granitici
Legge,'Denl,
y volráuica
Carrulhers v
del RuwenWol laston,
zori- añamiembro esde Wollaste último del
ton- ejerce
Cl11b Alpital influenno), aunque
cia en la vino con,;iguió
da de aquel
visitar los
ambiente,
dieciseis pique los viencos señalatos parecen
do:-; por el
ser atraído~
príncipe itaconstan teliano, 1 o mente hácia
gró, sin emlas vertienDloqucs Je hi~lo en )lllbuk,,
bargo, posites enhiestivos resultados para la Ciencia. Fut'• esta expedici{)n tas de bo,;que, y casi todas las tormentas y
organizada por el ~luseo de Historia Natural tPm pestades que allí se desarrollan se prede South Kemington, en Lóndrc", , en las cipitan ele puerto en puerto estrellándo,w
cuatro ascem;iones que realizó hiio extra- r.ntre lo,; hurC0" de las altura~.•
ordinarias y ricas y variadas colercione,; de
LA CO"'FEHE~CIA DEL l'RÍ"'Cll'E lTi\LIA~O
}a¡.; exlrai1as fauna y flora de las )[ontañas.
Los mamífero, y aves coleccionados. cuXadie ignora que Luis-Amadeo, duque de
yas pieles y plumas se han tra,;porta1lo á
lo"
Abrur.zos. es madrileño: en esta capital
Europa, pasan tle tre:i mil, y sou también en
nació
el ~9 de Enero de 1873, cuando su
gran número las plantas, reptiles y otro" obpadre
caballeroso príncipe .\madeo de Sajetos recogido,. De la,; aves, son bastante~ boya, el
ya difunto, era rey de Espa1ia. Es el
las especieR I u 'ras para la Cienc·ia, all(una,-; hijo de aquel monarca uno de lo,; príncipes
de plumaje nrnra\·illoso en extreme, llegando á veinte el número de los mamífero,; dc:;- más ilustrados del mun,lo, y por sus condiciones persouales uno ele h, que mayore-;
conocidos.
simpatía-;
cuentan en toda~ partes. En LúnEn cuanto al reino vegetal, pre,;enla el
drcs
dió
su
conferencia en coneclísima haRuwenr.ori curio~idade,; muy sorprendente,:
1,la
inglesa.
y ,lescle el primer momento ea11vlanlas diminutas. corno las lohelia--. han lle·-

dr estas, á través de un lugar muy ac&lt;·identado, una larga cordillera va elevándo~e dc,-;dc baja.s colinas en ambas e:,.:trcmidadcs por
entre bord&lt;-s recosos, hasta lleg,1r á una crc~ta de brillante nieve. La visión, aunque admirablemente recibida, resulla algo más fa,,.
cinadora que sublime. Una e:,.:tensa depresión limpia de nieve, perfectamente situada
para servir como puerto de paso, y usada
como tal por los natun1les del país, separa
c,-ta cima de una abrupta cresta &lt;le roca y de
birlo.•

llielo y nieve en los vcnli$•¡ueros ,!el Ruwenzori, bajo un sol abruador

palmera, altos hipericones con preciosas flores de los colores amarillo y carmesí, arbu,-;los espinoso~, plantas umbelíferas semeJantes á inmem;as cicutas, siemprevivas y
las extraordinarias lobel i&lt;t deckeni, que
también ,-e encuentran en las altitudes alpinas de Kilimanjaro. La lobelia de Von dcr
Deckcn, al contrario de la que después lomó
el nombre de St11hlmann, tiene las hojas semejantes á las del aloe, colocadas cerca de la
tierra; no presenta tronco largo ni fino; la
columna de flores de esta lobelia ~e eleva á
considerable altura (de tres y medio á seis
metros) como un obefüco redondo. Las flores son de un brillante color mm! marino, \'
están ocultas bajo hojas rnrde~ escamosas. •
»La forma de vegetación más notable á
gran altitud cerca de la nieve es la del gigantesco senecio, ó árbol-ca1ia. El tallo clP
este sen,ecio va remontado por hojas pare:idas á las de la col, de las que se elevan racimos de flores de color amarillo ámbar; con
mucha frecuencia el tronco está bellame11k
revestido de liquen usnea verde gl'is.
,Aunque el color de la zona alpina clesd"
los 3.17Ometrosá los 1.850 presenta generalmente carácter algo sombrío, con tendencia
al verde-gris, gris-amarillo y moreno obscuro, ofrécese cierta riqueza en algunos de sus
aspectos. Los troncos de muchos árboleR
muertos están cubiertos por enormes capns
de musgo que suelen tener sesenta centímetros de espesor. Este mu,-:!!O e, de color ve1 -

lle-amarillo hasta llegar al rojo purpúreo,
pasando por el obscuro dorado y carme,;i.
La yerba en algunos sitios e:; de color verdeesmeralda, y entre esta yerba hay orquídeas,
grandes margarilirs, ranúnculos amarillos.
no-me-olYides, y otras flores de aspecto más
ó menos europeo. El mamífero que más generalmente se encuentra en el Ruwenzori
es el conejo, que hace vida parcialmente arbórea y parcialmente rocor;a: por la noche
lanza ruidosos y la,;timeros chillidos que repercuten en todos los rincone,, del bosque.
•Se cuentan hi:;torictas de fieras y pájaros
extraordinario~, completamente nue,·os para
la Ciencia, de murciélagos gigantescos y de
grandes buhos y águilas. El que esto escribe
vió algo así como una enorme águila-buho
Raliendo de los árboles en plena luz del día
á una ele,·ación de cuatro mil metros.•
DIPRESIONE.S DE OTRO EXPLORADOR

'.\Ir. D. \V. Freshfield, en The Geoarapltical Jo1mwl, del~faro del atio último, cue1 la de esta manera la~ impresione,; que obtuvo al recorrer las Montañas de la Luna:
«Desde las alturas próximas á Butiti, misión á veintisiete kilómetros de Fort-Portal v
á sesenta y cinco ele los hielo~ del Ruwe1Ízori, gozamos de una vista completa y ele,;pejada de la cordillera, ele extremo á extremo. En el terreno circundante adelánlanse
atrevidas algunas colinas grises, y más ,i\lá

201

�LAS MONT.\"ÑAS Df!: LA LUNA

POR ESOS MUNDOS

••

.'

203

elato,; referentes á la geología, la flora y la amanecer en la cúspide de altísimas montafauna de aquellos lugares, comprobó el du- ñas vírgenes hasta entonces dehumanahuella.
El duque de los Abruzzos ha merecido
que en su expedición que no hay con_exión
entre los picos ncrndos del Ruwen,1on y el del Gobierno de su nación por los importanglaciar ó ventisquero del Mubuku; ha visto, tísimos trabajos que ha llevado á cabo en esta
asimismo, que el afluente Norte del Mubukn, expedición un honor muy distinguido: la
ó s~a el Bugiogo, tiene una importancia no medalla de oro de Italia, recompensa que
sospechada pues sus aguas corren al rededor constituye el galardón científico más preciade una montaña que oculta su corriente á do que puede otorgarse en aquel país.
las miradas desde el valle inferior; tras ·1a
EL PAIS DE LOS PIGMEOS
montaña referida hay otra vallada que penetra en el corazón de la cadena de montañas
l:Iemos hecho alusión al tratar de las Mon,
donde se elevan las cúspides más altas. De
este modo, la gran masa rocosa del Kiyanja, tañas de la Luna del País de los Pigmeos que
ó Monte Baker, á la cual va rodeando el se halla en la Gran ~elva del Congo, al Oeste
Bugiogo, es como un gendarme colosal que del río Semliki.
Hasta los últimos cuarenta años se descosepara la corriente de este río de la del olunocía la existencia de las tribus enanas. La
buku.
Al llegar á este punto de la conferen~ia, el primera noticia que se tuvo de ellas fué el
teatro quedó á obscuras, y en el gran lienzo descubrimiento de los enanos en los bosques
del fondo del escenario fueron apareciendo, del Loango. Poco después se descubrió en el
sucesivamente magníficas proyecciones de Gabón otra tribu llamada akoa, y otra, los
las fotografías obtenidas por el Sr. Vittorio ·obongos, en el Ogawe. Stanley descubrió más
Sella que acompañaba al duque. Este, al hacia oriente, en la gran selva del Congo, los
mismo tiempo, continuaba su relato, que á batwas. Schweinfurth estudió algunos enala vista de las provecciones aumentaba de nos, á los que llamó ctkkas, en el país de
interés. Enteróse así el púhlico de CÓITI:) el Mangbattu, que forma parte de la cuenca del
Congo, cerca de las fuenilustre viajero, acompa1es del Nilo.
ñado por dos guías, pudo
Los más conocidos de
trepar hasta las cimas do
lodos
los enanos tropicalos cinco picos más altos
les son los famosos akkas,
del Ruwenzori, y cómo
nombre que se cita en un
durante su ascensión y
antiguo
monumento egipen las mismas cumbres
cio cuya existencia era
hizo observaciones con un
conocida de Homero y
barómetro de mercurio y
confirmada por Aristótetomó otros datos científiles, Plinio y Ptolomeo y
cos de importancia.
que en estos últimos años
La emoción del auditoha sido minuciosamente
rio fué más intensa cuanestudiado
y escrito por
do el conferenciante refiSta n I e y, Ju n k e r y
rió que una noche, estanSchweinfurth.
do acampado en las falLos akkas viven asociadas del Ruwenzori, un
dos con los balias, atickyleopardo se acercó cauteticky ó tikki-tikki, batlosamente á su tienda é
was, wambutus y banzuintentó arrojarse sobre él.
gus.
El duque rolaba y tuvo
Schweinfurlh entró en
presencia de ánimo sufirelaciones con los akkas
ciente para ahuyentar á
1
t&gt;U el país de Monbuttu
\a fiera.
(.\fangbattu),situado en el
También dió cuenta el
ríncipe italiano de las El duque de los Abruzzos, que ha escalado los l í m i t e Nordeste, en la
dieciseis
picos
más
altos
de
la
cordillera
dol
P
cuenca del Congo. Midió
largas y angustiosas jorRuwenzori
á las personas principales
nadas de la expedición
de
la
tribu
y
tomó
notas exactas acerca de
bajo lluvias torrenciales y por lerrenos encharcados; las tristes é interminables noches ellas; pero sus papeles fueron destruidos por
de campamento; las horas de incertidumbre el fuego. Sin embargo, pudo recordar aliu•
¡tbrumadora, lo, momentos de peligro, y nos datos para hacer una descripción exacta
luego, los encantos indc1 i &gt;les del fantástico de estos pigmeos entre los cuale;; vivió.

- - -----·--

�PHDI \ \'EH.\
201:
Stanley descubrió otros miembros &lt;le la blo, pero Stanley ha ob;;errndo dºfercncia~
entre ellos. Describe las &lt;los ra1.as como
tribu más al Sur y al Oeste, en el valle del •comµletamente llistinta,.; por el color de la
río lturi.
)[ás al Norte de e;;tos enanos cu \loriales, tez, por la conformación de la cabe1.a y por
se halla el grupo descrito por ~cl1,1·einlurth los ra;;go,.; del seroblante.• No sabemos si los
y Junker. ~egím estos viajeros, la estatura batwas forman una nación ,. los wambuttus
de los hombre;; varía de 1 metro 20 cenlime- otra, pero difieren unos de otro&lt;: tanto como
diferir un turco de un escandinavo.
lros á 1 metro 15 centímetros, siendo el tér- puede
Los batwas tienen la cabeza alargada, la
mino medio 1 metro 32 centímetros y medio. Estas cifras son superiores á las media,; cara larga y c"trecha, los ojo-, pcc1ucños y
pero juntos, lo que les da un asde los pigmeos africano,;, lo que prueba que rc•don&lt;lo~,
pecto parecido al d,•I hurón, desaborido y
el grupo de que se trata ha experimentado pendenciero. Los wambuttus ,-on de cara realteración mezclándose con los negros.Emim
Pa;;ha cree, en efecto, que la estatura de un clonda, ele ojos parecidos á los de la gacela.
metro 32 , enlimetro,; y medio es la máxima -,eparado;;, dr frente despejada, de aspecto
franco y &lt;le tez amarillenta parecida al marpara un pigmeo de sangre pura.
fil. Los wambuttus ocupan la milacl meridioLos enanos má,.; próximos á los akkas son
del distrito referi&lt;lo (es decir, entre los
las tribus descritas por Stanley con los nom- nal
nos Ituri y Ngaiyu, en el Noroeste del Conbres de batwas y wambutlus, que tienen gran go); los batwas, la mitad septentrional en su
interés por la pureza de su raza. Las relacio- rxtensión por el Sudoeste basta las selva&lt;: &lt;le
ne,; en estas dos tribus no son bien conoci- .\wamba. en las dos márgenes del rio Semli•
das.
Según Burrows, pertenecen al mismo pue- ki, y al Este del lturi.»

cos~rórous

PRIMAVERA
Esta mañana me ha visitado la Primavera
con sus perfumes, con sus colores, con su alegria,
con sus murmullos encantadores de ave parlera
y con las galas con que la adorna la Fantasía.
Vino cantando sus ignorado-; casto,; amores,
moviendo el aire con placenteros rumores de ala~.
de e»encia llena tan delicada como sus flores;
vino brindando de sus jardines la!&gt; ricas galas.
Ya por mis vena~. corre la sangre más presuro;;a,
con nuevos bríos, nuevos afane,;, nueva t•arrcra:
que engalanada con flores varias fre~ca y hermosa,
esta maúana me ha visitado la Primavera.
SAJ.\',\UOH ,\

LFONSO

(FRAGMENTOS DE LAS "MEMORIAS DEL MARQUÉS
DE SAN FÉLIX")

I

A viérYEH

/ ~,w
/

colonia; sólo mis manos. de cuya complexión elegante estoy org11lloso, obtienen de mí
cuidados especiale&lt;:. Siempre visto de negro
y calzo botas de charol; mis sombreros, aún
en invierno, son flexibles y &lt;le color gris; en
las noches de estreno, la blancura de mis
corbatai; flotantes v las tonalidade:- chillonas
de mis chaleco-., iñteresan la ahmcióo.

ne.~. á las
'
cualr.i de
la tarCtl't s1 mu parnua naulhlllal no miente,
hace treinta años cabale,; que mi ¡;anta madre
Doña .\delina de Cifuente;:. y mi padre el bin
zarro Y varias ycces noblr marqués de San
Una mañana, hace poco más de ocho día&lt;.,
Félix. ·me trajeron al mundo.
recibí
la visita de mi excelente amigo Don
El hecho de penetrar hoy rn la pl,,nit11d
Ezequiel
,\rago. Es un hombrecillo cencrño
de la vicia. rn que esta edad &lt;¡uc el líric·o fay de e~tat11rn rnlgar, en quien una antigua y
moso malcli}o parPC'&lt;' poner un trn;r.o vertical
,. rotundo entre la jKventucl moccra y la ,,i- prrtinaz afección al e!itómago dejó la cosrilidad reflexiva y templada, me obliga á ha- tumbre. humilde como un ge;;to servil, de
inclinado hacia adelante. Tiene más
cer de mi per-:ona un "egundo retrnto. Rr- raminar
de cincuenta años. Por las manga~ dr su lartrato ¡ayl bien diferente de aq11rl otro que mi ga lenta negra tbo111an sus mano-;, distinguipluma sincera dibujó en las páginas primeras
clas y amables como las de un abate; bajo su
&lt;11• estas Memorias.
[101·. tras un rato de vigorosa auto-disrc- alta frente, orlada de cabello-; blancos, los
rión q11c me ha permitido justipreciar cxac- ojos azules, serenado:; por el fastidio de vivir,
ta1nente la ¡;ituarión de mi espíritu, mr colo- miran dulcr111ente.
Don Ezee¡uicl parecía mu y ¡neor11pado.
cpté delante del espejo. Y en la luna a;r.ogada
Extra1iando
verle tan drscentrado ,. fuera
aparrció mi cuerpo limpiarnente,con aquella
rnisrna nitide;r. c:rucl ro11 que mi e:,píritu ara- ele :-í, no :-upe abstenerme ele preguntárle por
de su cavilación.
baha de reflrjar;;e sobre el cristal 1,rnñido, el origen
~ada me ,urede,-tepuso -absolntasin márulas ni raspadura-:, de mi conciencia
nwntr nada ... Lo aseguro ...
cslóic·a.
La vehemencia inútil dr su negativa y la
So, re&lt;'iO 'í rorpnlenlo, y los a,ios, al rrrepentina
lividez que invadió sus mejillas
,lo11dear111e e: pecho y los hombro,;, dieron á
,-orroboraron
mis !iOspecha-:. Pero me abstumi busto un a;;pecto fiero y cnérgiro. qur
ve
,le
:;egnir
inlerro~ándole. Continuamos
cantirn la-; Kimpatias femeninas. ~[i cabeza
&lt;-hartando
de
asuntos
baladíes hasta medioe~ grancle y ruadratla, y las lineas vigorosa,.;
día.
De
pronto,
Don
Ezequiel
se leva11tó.
&lt;le• mis mandíhnlas "e desYancren en un cue-)fo
marcho,dijo.
llo atorado. lleno U&lt;' pasión. como el de un
-/~o desea usted almorzar conmi!!o'f
Olcllo c,-;rulpido en rnár1110I hlanco. Tenrro
- '\o... 110 puedot. .. Tengo que harer ...
pcc¡ucña la frente. el rntrcrejo hostil. la naIba Y venía por la estancia frotándoiw la;;
ri1. a¡!nilPita, el hi:.!ot&lt;' e·opio::;o y empingoro- 111a11os nerviosamPntr. in&lt;'apa:r. ele sobrepota&lt;lo {l lo mo~c¡11clNo: mi rostro, en ¡;uma.
Rería exccsirnmente seYero y hasta antipáti- nerse á su inqnietucl. Yo le observaba de reco ,;i la herrncia no hubiese dcja&lt;lo en mie- ojo clesile el hueco de un balec'.n, mientras
labio,; aquella cxpre,.:iú11 dr dulzura inefab!P fingía mirar á la calle.
Don Ezequiel acababa de parar,e drlantc
qne ni los aiio,.. ni las dc:-il11sio1ws, ni ann la
ele mí, tendiéndome su mano ~twerdotal,
rni,m1a 11111ertr, pudieron horrar d&lt;- la hora.
hlanda ,· suaYc.
perpétuamrntr risueña, de mi maclr&lt;-.
,;_QÜi~rc usted- rxclamó-&lt;¡ue luego drEn lo c¡ue al afeite de mi pcr,ona con,·irr1110,; un paseo juntos:&gt;
nc, soy celoso, aunqne no atildado ron 111uLa proposición, por extrava!tante que fuejenl excrso. Diariarncnte y en tocio tiempo
,;e,
no me sorprendió, pues era i11dudahle
me bañc,en agua fría, y de~pués me froto con

�206

Pon ES JS \lü.\1)1),'

que mi iuterlocutor deseaba comunicarme
algo muy importante r ~ecreto.
-E~t?y á sus órde~e~,-repuse.
Vacilo un mnmenlo. Al cabo, dije:
-Eutonces ... le espcru á usted, á las cuatro d.e la tarde, en el Paseo de la Castellana.
esquina á la calle de ...
Esta cita extraña, al aire libre y en punto
lan apartado de nuestros respectivos hogares, acr~centó mi curiosidad, y ya no dudé
de que a Don Ezequiel le sucedía al"o novelesco, imprevisto, fuera de los caminos corrientes y trillados.
-Perfectamente,-repuse.-lre.
-((Será usted puntual?
-Absolutamente.
-Yo también seré exacto.
. Y agregó, poco á puco, deteniéndose intenc10nadamente en cada silaba, cual si subrayase las palabras:
-Es muy probable que vara á buscarle á
usted en coche... Conviene, pues, que repare
usted en los vehículos que pasen.
-Lo haré así.
Cogi~ su sombrero para marcharse, y yo.
C?~º _siempre, salí á despedirle hasta el re'.
c1b1m1ento. Allí me dió la mano desvaidamente, y se fué haciéndome una reverenci·1
enigmática.
'
Bruscamente, el ritmo, habitualmente noble, de su actitud se había descompuesto en
el ademán agradecido y bajuno del hombr1•
que acaba de recibir un gran favor.
111

Llegué al lugar de la cita cinco minutus
a~tes de la hora fijada. Era una tarde de l\ov1embre, alegre y templada; el sol, medio
oculto tras un telón de nubes ampulosa-; i·

blanc~s, de;;leia en el espacio azul un claror
~uro, rngra~o á la v(sta; los árbolel,;, mal , est1doc; de hoJas .amar1llcnlas y rugosas, pintaban sobre el bien barrido suelo del paseo
s?m~ras temblequcantes y ligeras; más allit,
s1gu1endo las líneas serpeantes de las enarenada~ callejuelas de los jardinillos, pasaban
nodr17:as robustas } madres pensativas que
empujaban lentamente cochecillos minúsculos donde reían cabecitas infantiles tocadas
•le armiñados encajes; por el comedio del
p~eo algunos ti~buris huían veloces y sin
ruido, como manposas voladora.&lt;;, entre i,us
dos grandes ruedas que la velocidad de la
ca~Tº:ª tornasolaba.... Sobre las lejanías del
pa1s~Je flotaba una mebla verdcante y sutil.
. Dieron las cuatro. Yo empezaba á impac1enl~rme y consulté varias veces mi reloj.
Conviene o~servar que todo lo que implica
espera _6 .quietud. m~ encoleriza y arrebata
el domm10 de m1 mismo. Cuantos coches venían ha~ia la esquina donde yo aguardaba,
me hacian levantar la cabeza. Tranc;currieron varios minutos, más de un Cttarto de
hora, y llegué ~ convencerme de que al pobre Don Ezequiel le había sucedido una desgracia.
D.e pronto, pasó cerca de mi un landó de,&lt;'ub1~rto, dentro del cual iba una joven de
admirable belleza, cuyo:s rubios cabellos tremolados por la brisa parecían :3acúdi1• al redcdur de su rostro blanquísimo un polv!ll,}
de sol. Yo la conocía mucho de vista: era
.fulita Serra, la primogénita de los vizcondes
¡Je Z.
Al verme, las facciones correctísimas, impecables, ~orno labradas con arreglo á la»
leyes estnctas de la más soberana harmonía
de la vizcondc:sita Julia, expre:saron un::
••moción subidísima de sorpresa; sus ojos ,o

l

EJ. BIE.'IHECIIOR

dilataron bajo las cejas lindas; después sonrió, y su mano ensortijada dejó caer disimuladamente un pañuelo fuera del landó...
&lt;(Qué significaba aquello?
Permanecí turulato, pre;;a del pasmo que
infundiría en cualquiera de nosotros la repentina realización de un cuento mágico. El
coche se alejaba rápido, y el pañuelito de la
vizco11desa quedaba allí, pintando sobre el
5uelo húmedo y obscuro del paseo un punto blanco. Me acerqué á él poco á poco y
mirando á todas parles, cual si fuese á cometer una mala acción, y lo recogí. Era un
pañuelito· pulcramente bordado y perfumado
con esencia de nardos, y que me lle,·é á los
labios maquinalmente, mientras pensaba en
la boca breve y roja de la vir.condesa.
Nublaba mi cerebro un colarro de imaginaciones descoyuntadas y obscuras. ,;,Cuándo pudo enamorarse de mí Ju lita Serra, aquella hermosura indócil recuestada inútilmente por tantos «profesiona!es, afortunados de
Cileres'!... Y, aun suponiendo que estuviese
fanáticamente prendada de mi en virtud de
esas atracciones avasalladoras que muernn á
ercer en predestinaciones y maleficios de
otra vida, ;,era vorosímil que la cc0ruedacl de
::.J pasión la hicie~c atropellar toda clase de
pudorosos miramientos, echar desenfadadamente por los peligrosos trigos de la deshonestidad y mostrar:;;e á mí, más que como
doncella recatada y celosa de su buen nombre, como mozuela andariega y liviana?...
En este dédalo de estupendas preguntas
andaba perdido cuando me acordé de mirar
otra vez mi reloj. Eran las cinco. Entonces,
automáticamente, eché á andar. Iba tranquilo, una emoción sc1lante de felicidad llenaba
mi cuerpo, y ante mí parecían dilatarse panoramas dichosos y agradables, por nadie
hollados.
Ya no pensaba en Don Ezequiel: sin saber
por qué, hallaba natural que no hubiese acudido á la cita. Y es que las perspectivas de
nn gran amor matan en los hombres la amistad.
1\"
Quince días después un amigo me presentaba en casa de los vizcondes de Z. El jefe
de la casa ccleb.aba su fiesta onomástica;
todos los allí reunidos eran •íntimos, de la
familia. Los señores graves jugaban al tresillo, la juventud bailaba en el salón, las señoritas charlaban de modas ,, cuchicheaban
amoríos en el hueco de los balcones.
Julia había penetrado en la serre. Yo la
seguí, y un momento pudimos hallarnos casi
solos en aquella vasta estancia, sobre la cual
un arco volláicoverlía su discreto resplandor

La vizcondcs,ta expresó una emoción dt sorpresa en su rostro y Juego me •onrió

20i

lechoso de ensueño. No~ habíamos sentado
en un diván, al pié de una palmera enana
que extendía por el ambiente tibio sus anchas hojas verdes y tristes.
Las primeras palabras de la vizcondesa
me dejaron desconcertado.
-Creo- dijo riendo-que no estará usted quejoso de mí: no he podido ser má~
complaciente ...
-Efeclivamenle,-repuse-la bondad con
que ha fijado usted sus ojos en mi es inaudita, inmensa...
No contestó, y advertí que el carmín de
un sincero rubor abrasaba sus mejillas. A
fuer de galán caballero, acudí en su auxilio.
-Eso---exclamé-nada tiene de parlicular... ;.Por qué ser esclavos siempre de la costumbre? ¿Por qué, en determinados casos,
en esos trances excepcionales en que la intensidad de una pasión parece legalizar los atrevimientos más absurdos, las mujeres no habían de declarar sus sentimientos con la
misma franqueza que los hombres u~amos?...
Advertí que la jóven me miraba con cierta extrañeza y que tardaba en replicar.
-Yo tenía-dijo-verdaderos deseos dl'
conocerle personalmente ...
llice con la cabeza un gc::lto afirmativo.
con el que pretendí significar cuánto agradecía aquella curiosidad.
Ella prosiguió:
-Yo de usted sólo cono:'ia el espíritu...
esa alma romántica, ardiente y desigual, que
con tan inagotable copiosidad y prodi¡(iosa
maestría ha sabido usted ir de:scribiéndome
en sus carlas.
Repelí asombrado:
-]Mis carlas! ...
-Si... Las conservo todas... ¡todas!... Le
aseguro á usted que la mitad de ellas bastarían á labrar la reputación de un novelista.
Hubo un largo silencio, durante el cual
los dos permanecimos inmóviles, mirándonos fijamente á los ojos, como maravillado::,
el uno del otro. Al fin, hallé alientos para decir:
-¡Pero si yo jamás he tenido el honor
de escribir á usted!
-;,Cómo'!
-Lo que usted oye. ¡Este es un misteriu
inaudito! ...
No pude seguir hablando, porque la emoción me estrangulaba. Julia había apoyado
su cabem de oro contra el respaldo del sillón; sus mejillas pasaron, instantáneamente, del rojo carmíneo á la lividc1. hipocrática,
y sus párpado, ~e cerraron. Pero de aquel
sincope recobróse pronto, y entonces la vi
erguirse delante de mi, poseída de febril cu,
riosidad, devorándome á preguntas.

�209
208

-\l'engo-dijo-á que me dés de comer,
porque estoy en la miseria. Los viajes han
devorado nti fortuna; la necesidad de olvidar
un dolor muy grande me llevó de aquí
para allá, y he gastado sin cálculo, creyendo

POR ESOS MUXDOS

-¡Dice usted que nunca me ha e:;crilo!. ..
Entónces ... ¡Dios mío! ... ¿_Qué es esto... qué
ha pasado aquí?... ¿Me habré equivocado:'...
¡Qué humillación, qué vergüenza! ... ¡Oh! ¡Qué
ligereza la mía! ...
Su confusión acabó por deshacerse en
llanto ágrio y copioso. Traté de consolarla
reconociéndola en medio de su dolor más
hermosa que m,nca. Ella repetía:
-No crea usted que mi acción es de esas
que no tienen disculpa, ¡no la tiene, he sido
una loca! ...
Después, emprendimo.-; al rededor de aquel
enigma que tan inopinadamente 1:º.,; b~bía
reunido una minuciosa labor de mvest1gación y rebusra, cuyos detalle~ omito.
Entonces supe cómo
desde harí • más de un
at'ío la vizcondesila veoía recibiendo semanalmente una ó dos carlas
de un adorador &lt;lescooocido. El interé:; que
aquellas páginas, primorosamente escritas, inspiraron á la joven fué
extraot· din a no.
Ellas le aseg-nraban que desde el
misterio habít
1m hombre que
la seguía á todas
partes, fuese á
pió ó en coche, y
que luego la hablaba del color
de sus Yeslldos.
de los sitios don/
de esluYo. de los
perfumes que última111enle había
comprado, de las
amigas á quienes
saludó en el paseo. Y alternando con estas cuuver:;acioncs
vulgares, había reflexiones y momentos do
asotilada p,ücología, que bien claramente reYelaban el espiri tu exquisito de su aulor.
La curiosidad, entre tanto, de Julia Sena
iba creciendo, tanto más cuanto que las tale;;
c·artas no iban firmadas, ni solicitabau contestación, y nada hay que poetice y magnifique tanto las co,as como el saberlas distantes de nosotros.
Una de aquella¡; r·arlas dccia: «No me
atrevo á que usted me conozca; quir.ás no
me atreYeré nunca: temo que mi figura yul¡(ar la inlerese menos que mi espíritu.,
La Yizrondesa .) ulia agregó:
-¿Puede usted medir el camino enorme

r¡ue una lite ratura así, llena de espiritualidad, puede recorrer, en el transcurso de todo
un a1'ío, sobre un temperamenlo tan impresionable como el mío·~ En su última carta,
mi sigiloso cortejador se decidía á quitarse
la careta: «Es necesario-decía-que esta
situación conclu ya. Si quiere usted verme,
mañana, á las cuatro de la tarde, estaré en el
Paseo de la Castellana,: esquina á la calle
de ... Míreme usted con ojos I e1évolos. Si
deja usted caer su pañuelo, comprenderé que
aún debo alimentar esperanzas de ser feliz.
Yo fní... ;,Quién se resiste·t... Fuí ... y le vi ii
usled ... Pe~sé que u&amp;led á quien esperaba e•·a
á mí, y el pañuelo i,e me cayó de la mano...

\

Hace seis años que Julia Serra y yo
nos casamos, reuniendo con nuestros
destinos una fortuna cuantiosa. Soy dichoso. Kc.o::s.ro
hotel, edifica &lt;lo
en la parle má~
alta de Madrid.
&lt;•s sólido y ámpliocomo uncas•
tillo; aires serranos, saludables
y fríos, lo orean:
á su alrededol
r recen árbol e;-;
copudos; tengo
abundan tes y
buenos muebles,
es tal u !3-S
ry c u;a1:. '?, ··~ - d r o_~ y
muchos
.,
/
libros;dc
f
·•'
!os ~itt'o'sonáa'os
- ¡Yo era- me d_ijo D~n Ezc~uie;
quien dclna vnrir aquí.
te c·h os
pen'cf e11
orandrs furos eléctricos. Es una de esas man~iones opulenlas donde nadie comprendeda
la poesía bohemia de los libros de Miii•gcr.
Junto á nuestro lecho, hay una cuna:·:
.
Días alrá:; recibí la visita de mi buen ami"º Don Er.equiel ,\ raoo, que asi¡;(ió á mi bocla
yal que, desde cnlo~ces, no hab!a vuelto á
ver. Acababa Je llcgar del extranJero; le en ·
rontré muy viejo, y tanto la ex~rema~a
pobreza de su yeslido com~ la tir_mdez de
~us ademanes, mediero I la 1mpres1ón de un
hombre arruinado.
Nuestra conversación fué breve, pero inlen:;a, exlraordinal'ia, asombro::;a, digna cic
1111 folletín. Desde el primer momento, Don
Er.equiel comenr.ó á tutearme.

que la vida me duraría menos que el dinero... ¡No ha sido así!
-Estoy á su disposición,-repuse.-Cuente usted conmigo para todo, incondicionalmente...
Don Ezequiel hizo un signodeasentimiento.
-Gracias,-dijo.-No. esperaba otra cosa
de ti, tanto más cuanto que lo que has de
darme es, en cierto modo, una restitución de
lo mucho, de lo muchísimo, que me debes...
Sus labios tuvieron una sonrisa fría y
amarga. Sus ojos recorrieron la estancia.
-¡Yo era-añadió-quien debía vivir
aquí!
Y entonces, cediendo á una invitación
mía, me refirió su historia, una triste histo- 1
ria, que yo sospechaba.
El había estado ciegamente enamorado de
la vizcondesita de Z. Y el autor de aquellas
cartas admirables, de las que Julia Serra
tantas veces me habló, era él.
-El día en que me resolví á que meconociese tuve miedo á que me hallara viejo y
feo. ¿Pero cómo advertirla ya de que no fuese á la cita'? Entonces me acordé de tí: «Que

vaya el marqués-pensé-que es apuesto y
jóven., Fué un deseo bien natural: el deseo,
un poco coquetón, de seguir triunfando; porque yo temía que mi figura triste estropease
la ilusión que estaba cierto de haber levantado con mis cartas... Oculto detrás de · un
árbol ob;;ervé toda aquella escena que yo
mismo preparé y que, de pronto, había de
herirme mortalmente. Vi cómo la vizcondesa se acercaba en su landó, cómo te miraba,
cómo dejó caer su pañuelo... y cómo tú te
acercaste á recojerlo... Y en el acto me sentí
desfallecer, porque ya no dudé de que te
enamorarías de ella y de que tu pasión sería
correspondida. Cuando ella fué á verte, su
corazón ya era tuyo: ¡te lo había conquistado vol ...
No pudo decir más, y por sus mejillas
flacas, como las de los muertos, resbalaron
dos lágrimas. Sobre su pobre cabeza, sem brada de cabellos blancos, flotaba una terrible melancolía. Dominando á duras penas mi
emoción, llamé á Julia, á quien informé de
todo.
-Desde hoy,-añadi-Don Ezequiel vivirá
con nosotros... A la cabecera de nuestra mesa
solo él ha de sentarse; la mejor babitaci6n
de esta casa para él ha de ser... Quiérele, hija
mía, como yo le quiero: él nos ha reunido.
¡Es nuestro bienhechor!
EDUARDO

llusfraciones de F. Z,.Jontagud

DESCRIPTIVA
•

La inmensa llanura deslumbra v abrasa
cual beso de fuego del áfrico sol,'
y un lago remeda que el cauce rebasa
tendiendo su linfa de claro color.
Por el ámplio cielo que el éter enra~a
baiiando en azures la comba extensión,
ni cruza una brisa ni un pájaro pasa
rompiendo el mutismo con leve ruidor.
No hay agua que calme la sed de la ai·enn,
no hay árbol que muestre su túnica amcua
sobre el llano estéril que inunda la lu1. ...
Solo lejos su dorso destaca una lona
bajo cuyo palio que un asta corona,
la nómada tribu se da á la quietud.
R.

FONT

ZA:\IACOIS

�tos

LOS REGIMIENTOS DE NUESTRO EJÉRCITO &lt;')
llL DÉ INF ANTERíA DE SABOYA, NÚMERO
•

6

1

creado en 30 de Marzo de 1633, reci•
F hiendo
el nombre de Tercio de Sab01Ja,
UÉ

en razón á que había de formarse en Italia
con elementos de los que ocupaban el país.
Usa por sobrenombre El Terror, á causa
del espanto que su valor é intrepidez lle•a•
0
ron á infundir en los Cranceses.
Guerra de llaliC1.-Apenas creado, recibe
.,u bautismo de fuego en la batalla de Cera•
no, y conquista en ella sus primeros laureles
batiéndose con extraordinaria bizarría. En
Tornavento rivaliza en intrepidez con las
t:Jpas más aguerridas del ejército, que ad111iradas de su decisión y arrojo, le reciben
con estruendoso aplaüso al terminar la acríón.
Asiste en 1636 á la conquista del Piasentino, sitio de Niza, ataque y toma del Castillo de Aicino, batalla de Mombaldone, conquista de Ponzone, sitio y toma de BrenneGuzmán, Yescelli, Pondestura, Trino y Asli.
En la sorpresa de Turin vuelve á conquistar nuevas glorias atacando el campamento
francés situado frente á la plaza y al que dit
por tres veces el asalto, llegando á locar la
cresta de los parapetos. Asiste después· al
socorro de lvrea y batalla de Bestagno, en la
que con un valor rayano en heroísmo pa•
lentiza su ya proverbial bravura, sufriendo
impávido en su marcha, avanzando, el horrible fuego de _las baterías enemigas.
Después de concurrirá la toma ele Moncalvo en 1541, toma parle en la defensa de
Torlona rechazando bravamente los asaltos
de los franceses y haciendo temerarias salidas, en las cuales llega á penetrar en el campamento enemigo. En el sitio de Vigebano y
batalla de Afora confirma su fama de heróico
y arrojado, singularmente en la última defen Jien&lt;lo tenazmente las márgenes del Pó. En
{1) Vé1mse nuestros nümcro5

uo, 142, lH y H5.

el combate de Bozolo se debe la victoria á
sus titánicos esfuerzos.
Siguiendo la campaña se encuentra en la
batalla de Rivasolo, defensa de Cremona sorp,resa d~ Asti, asalto y toma de Tri~o y
(;rescentrno, conquista de Casale (1652 ;,
combate del Cerro y batalla de Fontana
Santa.
Flandes.--Terminada la guerra en Itali.1.
el Tercio de Saboyc, es destinado á Flandes,
entrando en fuego en la batalla de Stafarda
(1690), donde envuelto por los flancos y re·
taguardia se defiende intrépidamente contra
triple número de fuerzas enemigas, abrién ..
rlose paso entre ellas con admirable valor,
En el sitio de Orbasano se bate con tal tena•
ciclad que sufre pérdidas considerables, quedando casi en cuadro.

Gttei.,-a de Sucesión (Campa11a de Ita•
lia).-Defensa de Mántua y batalla de Lu•
zara, en la cual se hace notar por su intrepi•
dez. Toma de Guastala (1702) y combate de
Stradella, en que, ,aladas sus fortificaciones
por las minas y agotado con sus municiones
todo medio de defensa, se ve obligado á capitular. Conquista de Vercelli, Ivrea (170. 1
Berrua, batalla de Castione y defensa de
Pavía.
Campa11a de Espa,ia.-En esta campaña
toma parte en el sitio y reconquista de Alcor
y Denia, cuya plaza toma al asalto; sitio v
toma de Alicante, combates de Balagucr, Almenara y Peñalva, batalla de Zaragoza, asalto de Brihuega y batalla de Villariciosn
(1710),en que sus proezas exceden á todo en•
comio; acciones de Calaf y Prats de Rey, ataque y toma de Carmona, donde adquiere inmarcesibles laureles; sitio y toma de Barcelona, en cuyas funciones de guerra asalta la
Puerta Nueva, haciendo prodigios de heroismo.
Gttei·ra de Italia.-Sitio, asalto y rendición de Messina; batalla de Francavila y defensa del Castillo de Apremont, distinguién•

fiEGDIIENTOS bE NUESTRO EJERCITO

211

tlosc notablemente en esta última; accione~ ria rechazando con heroísmo el ataque de los
de Sopello y Oneglia, paso y toma _de las franceses al arrabal de Cuarte. En la acción
formidables posiciones de Las Barnc~&lt;las; de :Molino de Rey y después de realizar
toma del arsenal de Tour-de-Pont; sitio y proezas sin cuento, arrebató á los franceses
1·endición de Demont, donde ofrece nuevas la artillería que tenían emplazada. Asistió
pruebas de su denuedo y disciplina; batallas á la batalla de Tudela, pasando después á
de Madona del Olmo y Basignana, en las que Zaragoza, donde adquirió gloria imperecede,·onquista nuevos triunfos; sitio y toma de ra, batiéndose con sin igual tenacidad en el
\" alenza, sorpresa de Codogno, batallas de Barranco de la Muerte; en Valls (1810) le
Tedone y Plasencia, y combate de O1egg10, llevó su bizarría á pelear con fuerzas muy
c1 el cual toma bizarramente las pos1c10nes superiores, sufriendo pérdidas considerables
sin decaer su valor. Estuvo después en la
que defendía el enemigo.
G,,erra de Africc, (1724).-Defensa de defensa do Gerona, y tales actos de valor
Cauta, en que se cubre de glori~ atacand~ y realizó que constituyen una verdadera apo·
lomando con su proverbial arr0J0 los atrm• teosis. En Valls (segunda batalla), acomete
cheramientos de los moros; socorro de Orán, al enemigo con tales bríos y arrojo que le
en el que desaloja intrépidamente al enemi- bate y destroza, obligándole á refugiarse en
"º de la im?ortante posición de la Barranca la ciudad; en la defensa de Tarragona se
;le Tenegraz, desde la que hostigaba cons- bate no sólo en la muralla, sino cubriendo la
brecha abierta por la artillería enemiga,
tantemente á la plaza.
asombrando á los mismos franceses su sereG,rei-m con Inglatei.-a.-Sitio de Gib\:alna intrepide,.
tar en 1727.
G,,erra de América.-Estuvo en la toma
G1te1·racon Po1·lttgctl.-Ataque de las Tade
Medellín y acciones de Cumbres Altas,
lladas y combate de Escalos (1762), donde
vence con tenaz resistencia de las tropas an- San Andrés y Huatusco; en la de Hayotlán
nsaltó los parapetos de los insurgentes, y con
glo-portuguesas.
Af,-ica (1791).-Al estallar esta guerra repelidos y bnosos ataques se apoderó de
fué destinado á reforzar las guarniciones de seis banderas y veintitres cañones, poniendo
Orán y después de Ccuta, alcanzando seña- á sus contrarios en precipitada fuga. Después
lados triunfos en la defensa de estas plazas, ele tomar relevante parte en muchas funcio•
al rechazar briosamente las feroces acome- nes de guerra, distínguese glorio~amente en
el sitio de Córdoba, en el cual mtentó dos
t:&lt;las de los moros.
C+uer.-a con F,wicia (cmnpC1ña del Ro- asaltos á la plaza.
Primera guerra civíl.-En esta lucha in.sellón).-En esta campaña alcanzó nuevos
r explendentes lauros, singularmente _en la testina se batió con bravura en el sitio de
toma y defensa de Vinzac, donde el capitán Morella, Ulldecona, Tora, La Guardia, Mora
Don Manuel Artaza y el teniente Don de Ebro, Guimerá (en la que se hizo notable
Juan Orteo-a con cincuenla soldadoR resis- en denuedo y bizarría), Olot, J:'obla de Setieron herÓicamenle á fuerzas considerables, gur, Rocafort, B_lancaflor, Tórá de 1~ _Selva,
hasta que reforzados por una compañía to- Sitio de Cantav!8Ja, Riu de Colls, s1!Ios de
maron la ofensiva y acometiendo al enemi- Mora de Ebro y Prades, socorro de Amposgo á la bayoneta le obligaron á abandon_ar ta Villar del Arzobispo, Chelva, Las Cabrisus posiciones. Asistió después á la conquis- ll;s, Chesta, San Quintín y Malagarriga, eu
ta de Villafranca y acciones de Muset, Mon- la cual escarmentó duramente al ene!Illgo, y
lalia v Monferrall, tomando bravamente los otras muchas basta la acción de Peracamps
ntrinCheramientos enemigos en la acción de en 184-0.
S1tcesos poUíticos (1842).-Hallóse en el
t:ornellás. En la de Olleta, después de combatir con marcado heroismoi se lanzó sobre combate librado en las calles de Barcelona
las posicionef&gt; enemig.is. tomando la artillerfa v en la defensa de la ciudadela y castillo de
)lontjuich; sitio y rendición de Alicante l
á la bayoneta. En las acciones de Monlesquieu, San Ferriol, Ceret, San Telmo, Colliu- Carlagena; los Alfaques, Benifasar, ermita de
re v- otras. ~e hace memorable por su tena- Santa Bárbara de Horta, Nonaspe y Salerla
ddád y d~nuedo, hasta que termina la cam- (1848), en las que triunfa batiendo y disper-•
sando á las partidas focmosas.
vaíia en 1795, con el ataque de Bellverl.
Canipm1a de Africa (1854).-0curridos
G-uerm con Portugcil (1801 ).-Sitio y
los acontecimientos de Melilla, fué destinado
rendición de Campomayor y Onghela.
G,,e,-ra de la Independencia.-La rup• á la defensa de esta plaza, en la cual se distura de hostilidades provocada. por el. alza- tinguió de una manera notable atacando las
miento del 2 de Mayo de 1808 determmó su posiciones de los moros y arrojándolos de
marcha á Valencia, donde se cubrió de glo- ellas en lucha cuerpo á cuerpo.

�212

LA COl'A ROJA
1

'I

áue&gt;Tlt de Africa (18,,9),-En esta guerra formó parte del primer cuerpo de ejército defendiendo los reductos construidos frente al Serrallo en cuya acción cargó á la bayoneta sufriendo á pecho descubierto el nutrido fuego de los enemigos y desalojándolos
del bosque donde estaba instalado el reducto de Isabel H. Distinguióse notablemente el
corneta Domi1:go ~tontaña salvando á un
ayudantl\ que había caído herido y que estaba en poder de los moros. En la batalla de
los Castillejos, atrarnsando con brioso ímpetu por masa~ considerables de fuerzas
marroquies,coni-iguió relevará los batallones
que mandaba el general Prim, repelienrlo
con brillantes carias á la bayoneta las furio!,as acometidas del enemigo. De;;puó, del dificil paso de los desfiladel'Os de l.lonte-Ne¡:(l'Ón y río A.zmir, toma ¡larte en el combate
&lt;le Cabo !iegro, en el cual, trepando como
águila por los acantilados del desfiladero y
sallando de peña en peña por las c,•estas ele
aquellos elevados monte.s, toma la primera
linea de las po::-iciones mnrroquie::,;, y esca1

11

l

'

~'

1

!ando extraordinarias alturas ataca sus trincheras, las arrolla y se hace due1io de las formidables y gigantescas crestas de la cordlllero. Llegada la batalla de Tetuán, se corona de gloria ~obresalicndo él capitán Don
José Bernard, que con su compatlía asaltó
el campamento moro entrando por la tronera de un cañón, á pesar de ser barrida por la
metralla la mitad de sus tropas; y termina la
cam palia apoderándose en la !¡a talla de WadRás de las posiciones que defendían los moro~.
Segunda grierrn cfril.-Dcmostrada de
nuevo su bravura en multitud de acciones
en Cataluña y las Vascongadas, conquista
nuevos laureles en Monte Abril, donde domioando el bosque y dcn·ochando temeri•
dad corona las posicione, enemigas (1874),
continuando la campaña en busbil l' Santa
A~ueda, siempl'C acompañado de su notoria
fama de arrojado y valeroso, que no desmintió en ninguna ocosión.
Tiene por escudo la cruz de plata de la
casa de Saboya, en campo de gules.
A~TO~IO PAllEJA

SERR.IIH

LA COPA ROJA
Xo extrañes que, ya henchida, se desborde
la copa soñadora de mis rimas ...
Si á la ílor que es tu boca la aproximas,
mustios tus labbs dejará su borde.

Brilla un cielo,
un cielo extraño en sus cambiantes rojo.~,
rastro de la mirada de unos ojos
ó ele una estrella que cayó del cielo.

Cincelada
en un instante de locura ó fiebre,
e),_,a copa, capricho de un orfebre,
es el presente que me hiciera un hada.

Roja es la copa en que mi alma abreYO,
ele ,m rojo ardiente ds rubí ó de llama,
y aunque tan llena está que se derrama,
abierta se halla siempre al vino nuevo.

;\las ¡ay! que en ella el genio de mi vida
ha dejado caer á borbotones
el llanto abrasador de las prisiones
y la caliente sangre de una herida.

Bebe en ella;
que nada iguala al cálii donde escancia
la sangre purpurina su fragancia
y su divino resplandor la estrella.
AR!ST!DES

MOLL

RECUERDOS DE ANTA~O

LOS MANIÁTICOS DE LA LITERATURA
antiquísimo dice que ,de poe•
U tasrefrán
y de locos todos. tenemos un poco»,
N

Pues, como dice el refrán,
en esta sanfo mansión
n·i están todos los que son
ni son todos los que están.

y también corre desde l!empo inmemorial
como cosa averi;uada, la temeraria y ame~
nazadora afimac,ón de que todo español, de
Tampoco hay que olvidar, al tratar de
doce años para arriba, tiene embotellad&lt;1,
uguardando el salto &lt;lcl lapóu, su comedia este asunto, la opinión de aquel otro loco
que afirmaba muy seriame:ote, con pleno corespectiva.
,
Cuanto á lo de poetas, cl'CO resuellamen- nocimiento, que los que andan sueltos gote 1~ que dice el refrán . i.Qué enamorado no zan de tal libertad •porque todavía no se les
se s1!nte_poeta, en mayor ó en menor grado: conoce la locura,.
Cuestión es esta á la cual ha y que dar do
y que cnatura humana se sustrae al podero"' inílujo del amoú Todo liombre capar. de lado, -cno se lo vayan a conocer á uno, si
llegar hasta el sacrificio para realizar una ac• ahonda mucho en la matcrja.
En lo tocante á que todos los espalioles
c1ón generosa en beneficio de sus semejantei:;, es un poeta, aunque desconozca el se- tienen su comedia dispuesta y preparada
creto de la rima; .que h_a y poetas en 'prosa para la pl'imera covuntura que se presente
mas _hondos y mas delicados que muchos de poder estrenarla, puede afirmarse que
- esa es ¡ay! una verdad como un templo. ~uversificadores que nunca consiuuen Herrará
0
h~ inspiración poética. Adcmás:la juve ntud chos tienen más de una, y hasta hay quien
~1cn~e I_a poes.ia, es la poesia misma, y todo las tiene por docenas, de todos géneros y
senlim1enlo tierno, patético y melancólico. dirnensio11e~.
Para comprobar esa verdad, triste v asoreviste la forma poética ... que no e~tá !lamadu a desaparecer, como han aseaurado los laclota, bastada con darse una vuéltecita
que tienen la desgracia de no senÍir ui com- por las contadurías de los teatros-en )lapl'Cnder la_ bellez~ literaria en su más genui- drid y provi11cia:-.,--interrogal· á empresarios y direclore~, examinando de paso: á ojo
11a expresión, y a los cuales se les pod!'ia
de buen cubero. los rimeros de produccio&lt;lec:ir;
nes existentes en los armarios, me:sa~ y cajodQw!sabe el ciCf/O ,u[eliz
nes de los centros mencionado~. Hay que tede los colol'eS del pl'is111a?...
ner en cuenta quo diariamente se dc,·uelven muchas obras, y que otras muchas no
.\demás, ra lo dijo Bécqucr:
se prnsentan, unas veces por pudor (que hay
Jliwlras el corazón y la cabeza
quien lo tiene en tal sentido) y otras por
.
halallaudo prosigan;
falta de relaciones ó ele acol((e/il'ic/wl.
11,,.•11/ras hay&lt;t esperanzas y recuerdos ...
Si después de una escrupulosa selección
¡habrá poesía'
110 represcntimdose más comedias que las d~
Respecto de la locma, mu atengo á lo que los autores sancionados que dan más dinero
C:amyoamor hace derir á un alienado, en é inspiran mayor confianza, y alguna que
otra de los autores nuevos 1 fuertemente rcf;U lamo::.a rornedia inJ·u~lamP11te olridada
Cucnlos !J locos: '
·
·
' romendadu~1 hay tanto:-; fracasos, ¿cómo st•·

�LOS l-lANJÁTICOS DE LA LITERATURA

21!

POR BS05 MUNDOS

r.i la inmensa mayoría, la casi totalidad de
las obraa que se escriben por todo bicho viviente con la pretensión de que sean representadas? Pues ... como son: más que obras
escénicas, parecen escandalosos y punibles
atentados contra la gramática y contra el
sentido común.

•••

¡lj

l

1

Por rara anomalía que escapa á la investí gación más sagaz, el autor de afición, el escritor empírico é inconsciente que se lanza
á producir y produce á destajo, aun sin la
más rudimentaria preparación, obras disparatadas, se enamora ciega y perdurablemende sus desdichados monstruo•os engendros,
y ni los siete sabios de Grecia lograrían persuadirle de su incapacidad literaria. Podrá
ser un médico afamado, ó un abogado insigne,ó un matemático ilustre, Q cualquiera otra
cosa de viso y de mérito: nada le importa su
carrera, su profesión, que es su modo de vivir; lo que él desea á oull-ance, y en ello
pone todo su empeño y todo su amor propio, es ser autor dramático. Los que están
en este caso tienen más de locos que de poetas, y merecen en estricta justicia el calificativo de maniáticos de la literatura.
El empeño de muchos de esos señores
cuando se convierte en manía, llega á con,'.
tituir un peligro para los que, por deber ó por
sinceridad, se ven en el caso de desahuciarles ó desengañarles. ¿Desahuciarles ó desengañarles, he dicho? Lo primero puede realizarse, desde luego, por el empresario ó director sobre quien caiga el autor inepto y
maniático, si biei, al hacerlo puede contar,
seguramente, de por vida, con la fiera enemistad y el odio rencoroso del desahuciado.
Cuanto á desengañarles, como eso depende
esencialmente del convencimiento del interesado, es más dificil que hacer una raya en
el agua, que dice el vulgo. El que está atacado de esa locura, mientras viva creerá firmemente en su talento, en su genio, en el poder de su inspiración... No puede meter la
r.abeza en los escenarios1 salir a la superficie
y conq11ista1· la gloria y la fortuna

lle,gando al templo auyusto ele la Fama.

1

1

porque no tiene amigos que le protejan al
dar los primeros pasos, porque los empresarios y directores son unos ignorantes que
sólo dan valor á las firmas conocidas, porque
existen pandillas de autores mediocres que
acaparan los teatros ... ¡Por todo, menos porque sus obras sean malas! Eso piensan, eso
creen y jamás llegarán á persuadirse de Jo
contrario.

,Es el amor propio-dice Zoroaatro-una
pelota llena de viento, de la cual salen borrascas en cuanto la pican.,
Como Zoroastro no conoció, por su fortuna, á los maniáticos de la literatura que tiran para autores dramáticos,el amor propio
á que se refiere es el que sienten y padecen
los hombres en general, batallando con sus
pasiones en las luchas ordinarias de la vida.
De haber conocido la especie i11h11mana que
motiva estas consideraciones, hubiera dicho,
de seguro, hablando la verdad, que el amor
propio del autor inepto, del que da á cono?er en. sus primeras producciones que será
mserV1ble para el caso mientras le dnre la
existencia, es un sentimiento avasallador que
e~ sobre todas las cosas y constituye su
vida entera, llegando á veces el que lo abriga á ser un caso patológico tan dificil de estudiar que escapa á la más perspicaz investigación terapéutica.
No ya «una pelota llena de viento, de la
c~al salen borrascas en cuanto la pican,•
smo una bomba rellena de dinamita, que
produciría muerte y exterminio si estallase.
es el amor propio de los inéditos maniáticos.

Decirle á uno de esos se1iores que su obra
es mala, es inferirle una ofensa gravlsima
que no perdona ni olvida jamás.
El hombre más sesudo, más juicioso, de
más linfático temperamento, de carácter más
apacible, sereno é imparcial, se transforma
p_or completo, tornándose en ligero, impres10nable, irritable, intransigente, discolo é
irreductible, en cuanto se contagia de la enfermedad (incurable, una vez contagiado) de
ser autor dramático, sin preparación y sin
condiciones para ello: él cree que las tiene, y
eso le basta. Cuanto más evidente sea su
ineptitud, más fuerte será su empeño en llegar al fin que se propone y mayor la cantidad de amor propio de que habrá de cargarse su turbado espíritu.
En honor á la verdad, muchos literatos de
reconocida fama contribuven eficazmente á
mantener y alimentar esalocura, que parece
pacifica y que á menudo resulta furiosa. Muchos maniáticos, antes de llevar sus obras al
teatro las someten al juicio de algunas eminencias literarias, y éstas, que no arriesgan
nada al emitir una opinión favorable, les dicen que son magnificas y que deben procurar su representación. Hay quien lleva la
crueldad de su benevolencia hasta el punto
de dar una recomendación á tal efecto.
Esos señores conocen bien a los maniáticos y no quieren crearse antipatías y em••
mistades por cosas de tan poco momento.
Por algo sr ha dicho que

siempre fueron los corteses
c&lt;implices rle los C1Ilpablrs.

•

*

:,11

El estreno reciente, y ya famo:--o, de una
obra singularisima, cuyo autor no he de
nombrar paro no darle el pretexto· de contestarme, apoyaclo e,, la Ley, como acostumbra, cogiendo por un cabello la ocasión
ele exhibirse, ha traído á mi memoria otro
l'streno, aún más famoso, y el nombre de
otro autor que, en la larga lista de los mauiáticos, es el caso más célebre y más agudo que registra la chiflaclttra literaria.
Allá por el año de 1866 comenzó á clesJnmlar como poeta !frico en la ciudad de
)!alaga un afamado veterinario llamado Don
.losé Pascual ) Torres. Tenia éste un •ran establecimiento, propio de su facultad, en la
Puerta de la Alhóndiga, y por ali!, por aquella acreditada hNrería, pasaban cuantos cua&lt;lrúpeclos necesitaban calzado 6 ~istencia
facultativa en sus enfermedades.
El señor Pascual y Torres estaba reputado
como el mejor veterinario de la población y
~•naba bastante dinero.
Pero, el diablo, que no duerme y que, nuturalmente,está siempre haciendo diabluras,
porque ese es su oficio, turbó y perturbó el
ánimo de aquel herrador honradísimo y parifico, metiendo en su cabeza el temMario
propósito de hacerse poeta y la peligrosa
idea de aspirar á la gloria literaria, no bastándole, por lo visto, la fama científica do
que sin regateos disfrutaba.
Dando de mano á las herraduras-· crerenclo que iba á dar en el clavo de la poesía - V
,lcscuirlando el tratamiento de las elolcntia~
flC sus clicules, se aplicó con ardor inusitado
al culli,·o ele his bellas letras y produjo. con
pasmosa fac1hdad, buen número de campo·
siciones. ,\bandon8.ndosc á su natural i11:-tinto y adclantimdosc á su época, invento
una metrificación que no se parecía en nada
á la conocida hasta entónccs.
Uno do sus primero::.; trabajoH fui~ un soneto fasí lo llamaba él) á Ca,telar, del rual
recuerdo los dos primeros ve1"sos. Hélos aqui:

215

cual y Torre.~ cayó en buenas manos. Si11
duda para caminar sobre :--cguro, fué.'-e al dnmicilio :--acial del cCírcnlo artistico-literarfo
de la juventud malagueña, y s;ometió :,..\h
primeros trabajos al juicio y sanción del
pre~idente y ele los sorios más conocido:; du
dicho centro: y como

la sociedad toma cí risc,
tocio lo que llega al c,lma,
y aquella sociedad literaria se componía rlr
jóvenes alegres, de humor festivo, capacrs
de burlarse hasta de su p1opia sombra, excusado es decir que aquellos 111e11úwes se
divirtieron grandemente al conocer los frutos del nuevo ingenio y que alentaron é imp11lsal"OII al herrador con los elogios mas
pomposos y entusiá•ticos .
Como el i11Ú!1"[eclo no estaba va en condiciones mentales de poder apreciar el valor
exacto de aquellas irónicas alabanzas, la
pérfida semilla cayó en tierra feraz y dió sus
naturales frutos en una abundancia que hubiera sido dificil de prever y aun de precaYer.
Don José Pascual y Torres se fué agravando gradualmente en su locura poética, y
manto más avanzaba por el camino literario que había de conducirle derechamente á
la gloria, más se iba desprestigiando como
veterinario; lo cual le importaba tres comino:; porque, como decia, su porvenir estaba

en olm pade.

En vista de sus progresos literm-ios, de su
creciente popularidad y de que, respondiendo á su abandono, le abandonaba su
clientela, trMpB!-iÓ la tienda, en malísima:-;
con&lt;liC'iones, y con ardiente vocaeión se consagró de lleno á la lilerc1(1U'lt ...
1llabía hecho su suerte!

Ya en libertad provis1uual y dueño de sus
acciones, lo primero que hizo fué fundar un
periódico, J,c, a11rom bol'ea1, del cual solo
consiguió publicar el primer número ... a
c·ausa de haberse ,·endido únicamente cinco
,•jemplares; fracaso que nadie se explicaba
Elocuente h'ibiwo
~atisfactoriamente, porque el numerito en
ma,·«l'illoso clipulado.
cuestión era una filigrana, una joya literaria
Lo maravillo::.io, roa-, aún que el diputado, es de valor inapreciable. Siento de todas vera.s
Cl:ie modo de hacer: esa sinceridad esa fran- no poder ofrecer al lector una muestra de
&lt;¡ueza de expresión, maravillan realmentr. aquel único y !'Oro ejemplar.
No se desammó Pascual y Torres por su
Ei•a fué srf mrmera en todo lo que escri
fracaso
periodístico, y dirigiendo su mirada
bió, ,¡uc no fué poco.
de
águila
hacia más amplios y dilatados hoAl dar los pri10eros pasos por la más aucha vía de la república de las letras. esta rizontes, pensó en lo que piensan todos los
alegre república donde viven sin correr el maniáticos ele su especie, en abordar el ten·
menor riesgo tantos illdociw1e11lndos, Pa,- tro, que es, según ellos, lo más fácil y lo que
1

�216

ron

más cantidad de gloria (y metálica) proporciona.
Consultó el caso con los que él llamaba ya
sus compañeros de letras y, ocioso es decir
que éstos le animaron y le empujaro1i con
más entusiasmo que nunca.
Con segura mano y con aquella su peli~rosa facilidad trazó en pocos días, como
quien lava, una comedia que ha llegado á
ser famosa y que se titulaba ¡¡A la mar!! ...
En seguida, trató, como era natural y justo, de
poner dicha obra en escena. Una previa lectura en el Círculo a,·tistico-literario produjo verdadero frenesí. La opinión unánime
fué de que había que llevar aquello á la escena, costase lo que costase.
Pascual y Torres empezó, como era de rigor en aquellos tiempos, por enviar su obra
á la previa censura. En la última página del
ejemplar impreso de ¡¡A la rna,·J! ... , que
tengo á la vista, cam1,ca gallardamente el siguiente decreto:
,Examinada esta comedia, no hallo inconveniente en que S\J. representación se autorice (si háy algún teatro que la ponga en escena) con las supresiones hechas.
Madrid, 20 de Diciembre de 1867.--EI
censor de teatros, Ntwciso Serra.•
¡Narciso Serra frente á Pascual y Torres!
¡Qué tremendas ironías ofrece el Destino! ...
,:Qué pensaría, qué dll'ía aquel insigne maestro de poetas, ilustre autor de Don Tomás,
de La calle ele la Montera y ele cien joyas
más de nucstroTeatro,al leer ¡¡A la mar!!... ?
Al decir en su decreto, &lt;si hay algún teatro que la ponga ~n escena,, seguramente no
creía que lo hubiera. Lo hubo, sin embargo,
en ~!álaga, como lo hubo en ~ladrid para estrenar la obra á que aludo más arriba. En la
portada de ¡¡A la mm·!! ... se Ice lo siguiente:
,&amp;trenada en la noche del 21 de Mayo de
1868, en el Teatro del Príncipe Alfonso, con
fervoroso, entusiasta y a1ila11cli&lt;lo éxito.,
Ese e!-:ilreno parece como que presagiaba
la revolución ... v la destrucción del teatro.
Con efecto, la révolución no se hizo esperar ... y el hermoso coliseo fué convertido en
solar por un voraz incendio. No quedó allí
piedra sobre piedra. Hubo teatro que puso la
obra en escena; pero pagó bien caro su atrevimiento.
No se crea que estrenaron la obra del herrador (que había quitado el banco, llamado
á más altos destinos) unos simples aficionados ó unos cómicos de la legua: nada de eso.
,\ctuaba á la sazón en el citado teatro una
excelente compafíia de verso, é interpretaron
¡¡.:1 la mar!.' ... nrlistas tan reputados como
\'irginia Pére·-:, )larin Imperial, Julio ParreJio, Enrique Marlincz, Pedro Rico, Joaquín

Ilarberá y el famoso Perico García, actor cómico de curo mérito se hacen lenguas cuantos le conocieron.
No podía decirse en aquel trance ,á tal
señor tal honor., Ni aquellos cómicos pudieron venir á menos,ni Don Jose Pascual y Torres llegar á más.
,.Que cómo y por qué aceptó engendro semejante el director de la compañia del Príncipe Alfonso? Cediendo á la presión ele fuertes recomendaciones que en modo alguno
pudo desairar.
Sólo teniendo en cuenta que en Andalucía
se vive en broma la mayor parle del tiempo,
se explica hecho tan inaudito.
El estreno de ¡¡A la mm·!! ... hizo época
en los fastos teatrales, fué un acontecimiento sin precedentes y sin solución de continuidad. Unicamentc los que lo presenciaron
(y entre ellos se cuenta el que esto escribe),
pueden tener la Yisión exacta de lo que alli
sucedió.
Baste decir que hubo versos con expresivas dedicatorias,coronas de flores y de ajos y
palomas; que cayeron sobre el escenario en
cantidad asombrosa toda clase de legumbres
y hortalizas; que todo ello lo conrirtió en
substancie, Pascual y Torres, el cual salió ú
escena, llamado poi· el público, más de cuarenta veces durante la representación y casi
otras tantas después de esta; que la concurrencia, enorme y regocijada hasta lo inverosímil, no cesó de reir, de aplaudir y de gritar
un solo momento ... ¡La última vez que salió
á escena el festejado aulor le hundieron
por un escotillón, fué á dar con sus huesos
en lo profundo del foso y esturo á pique de
romperse una pierna!
La locura del público fué aquella nocho
superior á la del autor de la obra.
Un detalle curioso y cómico á la vez. El
autor entró en el teatro vestido de frac, y á
la conclusión del estreno estaba de cl,aqueta ... sin haberse quitado aquella prenda. En
un rapto de alegria, un entusiasta fervoroso
le había cortado los faldones, sin que él se
apercibiera de la maniobra: tan confuso y regocijado estaba su ánimo ... Unas horas después, cuando notó la fransformación de su
indumentaria, sonrió satisfecho y se encogió
de hombros, como diciendo: «Que me quiten
lo bailado.,
Tres noches conscculirns !'iC representó
¡¡A la mar!!... , con el teatro llcnisimo, con
fervoroso, entusiasta y cipla11dido éxito,
como dice el ejemplar, siendo tan delirantes
las ostensibles manifestaciones de la dcsatiiiada concurrencia que el gobernador hubo

217

LOS )IHJ.\TJC08 DE LA LITERATURA

ESOS )IU,OOS

de prohibir las representaciones por cuestión
de orden público y ante el justificado temor
de que Pascual y Torres no saliera vivo de
las ovaciones que provocaba. No era infundado el temor de aquella autoridad, pues
hubo un entusiasta que llevó su admiración
hasta el extremo peligroso de disparar un
cachorrillo junto al oído del autor...
No íué inmotivado, ciertamente, el frenético entusiasmo del público en el estreno y
sucesivas representaciones de aquella singu
larisima producción. Lo de Don Fulano Lárrio, alcalde de barrio, lo de ver á Colsa en
la Bolsa, pasar el rato con Benalato y otras
bellezas de la comedia no ha mucho estrenada en Madrid, se quedan en mantillas si
se comparan á la forma la sensible de 11A lci
rnar!! Como eso no se ha escrito nada. ¡,Se
quiere una prueba? Baslará con copiar aquí
el monólogo con que empieza la obra.
Aparece Julia, sentada al lado del balcón, e-dedicada con un bastidor á primores
ele su sexo,, y dice:
4

Qué tarde
tan hermosa hace,
el céfiro s1wi·c
arnlado celaje.
Del balcón clistinyo
lct pasea11te reunión;
es clomi11go,
hay mucha ctuimctción,
¡ Qué guapos mozos.
1cm arrogan/es y briosos!
¡ Qué corceles
la 11 ,·cípiclos,
tan rcloces'. ...
:lfano cí le, labor,
mirada al salón;
¡.l la labor, cí lu labor!
¡Cómo palpite, mi co1·azó11!
Y así, por ese órcle11, éstá escrita toda la
obra. Dígase, en vista de la muestra, si hay
motivo para el más frenético entusiasmo y
hasta para el tiro con que fué obsequiado el
autor. Todo lo merecía y todo era poco para
premiar tan inimitable /abo,·.
Inimitable he dicho, y no me vuelvo atrás.
¡El más hábil literato podría escribir, de intento, algo parecido á lo que dejo copiado?
No, seguramenle. Pues, así, repito, esta es
crita toda la obra.
Además del monólogo transcrito, no resisto
a la tentación de copiar un pequeño trozo de
diálogo:
4

VIZCOND:O.

.luw.

Dele11éos.
¡bien mÍo!
no huir.
¿Caballero,
ci estas homs,

quié-n os 111mula
venir?
V1fco~DE. ¡Mi frenesí.'
JULIA.
No ba$ta. X1mca
os pocl1·é ,·ecibil·.
V1zco~oE. I11ferin,
me vais hacet morir.
JULIA.
Paciencia y sufrir.
Hasta en ]as acolaciones,-si hubieran po
dido llegar al público durante la representación-hay motivo de franco regocijo. Véase
la siguiente:
«Llaman á la puerta de enfrente. Beatri,.
abre y huye, haciéndose un ovillo de confusiones, sin saber por qué puerta escapar.-.
Pero, no escapa; se queda en escena, y
dice:
4

¡Socon·o, socorro,
¡P11f, el vizconde!

El cual vizconde se apresura á decir:
e· Due-iía mla,

por qué liuirP
¡A visitcirte ve11go,
con sumo fl"enesí!

La

**~:

obra está dedicada á Don Juan Valeru
y Soto, subsecretario que era entonces del
Ministerio de la Gobernacion.
Para que se vea que el autor de ¡¡A lci
mar!!... manejaba lo mismo el ,·erso que la
prosa, allá "ª el texto de la dedicatoria:
«Recibid, amigo mio, c;ta peque1\a mueslra de sincero afcclo, tributo á la ami~tad 1
óbolo á las bellas letras; tiempo empicado y
aprovechado en los ratos de ocio, que aunqae la pequeíia obra que os dedico carece de
mérito literario debe dispensarse, en cambio,
de observarse aplicación y aprovechamiento en afición á las artes, á lo bello, á las
creaciones de Calderón, Moratin y tantos varones ilustres del suelo ibero.,
Persuadido del valor inapreciable de su
comedia, y temiendo que se la robaren, estampó esta nota:
,Todo ejcmplur que no lleve el timbre v
Jq firma del autor, así como un signo de la
i·nprenta, (¡,"/) se declarará furtivo y ,e perseJuirá ante la Ley.,
Todos estos maniáticos invocan la Ley para defender su derecho á la locura y para
molestará lo~ que intentan voherle:-:; á la
razón.
El autor de la disparatada comedia recientemente estrenada en Madrid, á que aludo repetidamente c!l este artículo, c¡ue se
apoya en la Ley para hacer que se reprcscuten sus c.-:pcrpcnlos y para ocupar un csp 7

�,
ESFINGE
218
dia de cadena, con lo cual Pascual y Torres
eio en los periódicos que tienen la im pm•iquedó vengado, tranquilo y salisfecho ..
sión de nombrarle, no ha hecho otra cosa,
Las bromas, pesadas ó no darlas, dice el
"n ese punto, que seguir las huellas de su refrán. Por broma se han estrenado en Madigno antecesor Don José Pascual y Torres.
Al día siguiente del estreno de ¡;A la drid, que yo recuerde, El garba11z~ negro.
El cfrculo de hierro, La noble y rica pas·
11u11·!! ... , un periódico de Málaga, ere?. que
y, últimamente la comedia á que ta_ntas
fué El Amigo del Pueblo, la emprcnd10 con tora
veces he aludido en este relato y cuyo htul_o
los actores y con el público, censurando no he de estampar por las razones antediilgriamente el espectáculo grotesco de estre- chas; por broma se estrenó en Málaga ¡¡A la
no semejante y diciendo, entre otras cosac;, mar!!... y, por virtud de esa broma perpc•
todas ellas razonadisimas, que era lamenta- tua, que deja de ser pesada para merecer el
ble y vergonzoso que una ciudad culta y hu- calificativo de vituperable, se alimenta, se
manitaria se burlase tan despiadadamente de mantiene y se perpetúa la raza de los maun pobre loco.
de la literatura.
El pobre loco, por consejo de sus amigos, niáticos
Ya basta señores bromistas. Si no por
compañeros y ad~1radores, entab_ló quere- amor al pr~imo, por obediencia á los más
lla criminal por miuria y calumma, contra rudimentarios preceptos del buen gusto Y
el director de aquel periódico. _C_elebróse un del buen sentido, hay que poner formal em•
juicio de faltas, y el juez mumc1pal, _conta- peño en atajar y extirpar de ra1z, á ser po'giado del perpetuo humorismo de_ la t)erra y sible, ese cáncer literario. Hay_ que _acabar
de acuerdo con los amigos y part1dar10s del con los maniáticos de esa especie peligrosa.
autor, condenó al periodista á diez años Y un
FRANCloCO

FLORES G.\RClA

VERSALLES Y SUS EXPLENDORES
en nuestro número de FeD brerocuenta
último de la fastuosidad y el lujo
DJ03

con que se celebraban en Versalles durante
el reinado de Luis XIV las fiestas de Carnaval. Vamos á recordar hoy á los lectores de
PoR Esos MUNDOS otras solemnes ceremonias que en aquella expléndida corte del Rey
Sol tenían lugar.
LA CEREMONIA DEL LAVATORIO

I'

•

1:

ESFINGE
1
1

1

Yo soy como esas olas gigantescas
que sobre el lomo enorme
riel mónstruo azul se agitan y retuercc11
\" van rodando sin saber á dónde.
· Yo soy como esas negras tempestad e,
que obscurece~ el orbe, _
\' como inmensas furias _desgrenadas
iloran mientras los amb1tos recorren.
y O soy como 8505 rudos huracanes
qni., ~!\ las obscuras noches

lanzan hondos quejidos lastimeros
cn las arcadas de los anchos bosques.
Yo no sé qué pesares espantosos
el corazón me roen,
al mismotiempoqueel alma me engrandecen
,, hacen que gima, y me retuerza y llore.
" Y, sin embargo, ante el alegre mundo,
que mi mal no conoce,
¡ri(I y me apropio la fria.ldad que ostentan
las estátuas de bronce!
JULIO

FLÓREZ

Verificase el Lavatorio, como nadie ignora, el Jueves Santo. Todos los años en esta
fiesta, lavaba Luis XIV los pies de trece po•
bres, y la ceremonia revestía inusitada pompa y solernnidad. Celebrábase en el gran salón de los guardias ele Versalles, y el Merc11re de aquella época la relata de esta manera:
«El Miércoles Santo, durante las Tinieblas, á las que concurría el rey, uno de los
limosneros del monarca, acompañado del primer médico de cámara y seguido de cirujanos y barberos, se trasladaban á un lugar
donde habla gran número de chiquillos
pobres esperando socorros de los cortesanos
y de los fieles. Hacían el limosnero y el médico la elección de trece de estos pobres, los
cuales habían de estar precisamente libres
de toda enfermedad ó miseria contagiosa. El
limosnero pasaba relación de los pobres al
tesorero regio, el cual daba las órdenes necesarias para la ceremonia, que desde entonres era ya cosa &lt;le su cargo.
,El Jueves Santo, á las seis de la mañana.
los barberos pelaban á los trece niños, los
cuales pasaban luego á un baño de agua caliente, bien perfumada. Después del baño se
les cortaban las uñas de los dedos de los piés.
Se les vestía con túnicas de tela roja con caperuzas á la espalda, y se les envolvían los
piés, y así eran conducidos por sus padres y

madres ó por algunos de sus parientes al
salón donde se había de verificar la ceremo•
nia. Alli se les bacía sentar en un banco,
vueltos de espaldas á la mesa donde el rey
les había de servir, y frente al púlpito donde el gran limosnero, ó algún otro prelado
elegido para oficiar, les explicaba el asunto
de la ceremonia. Después de esta explicación.
cantábase el .Miserere, terminado el cual el
gran limosnero, ó el que oficiara, bendecía á
los trece pobres.
,Entonces, el rey adelantábase hácia los
niños, y arrodillándose ante ellos les lavaba
el pié derecho. El gran limosnero llevaba la '
jofaina, que era de plata sobredorada, y uno
de los limosneros de servicio sostenía el pié
lavado y lo secaba después.
» Terminada la ceremonia, los niñoe pasa•
han al otro lado de la mesa, y allí el rey
entregaba á cada uno de ellos trece platos de
madera conteniendo pescado, huevos, vegetales y un frasco de vino. Todos los platos
eran presentados uno á uno al rey por la
princesa Maria Adelaida, duquesa de Borgotia, esposa del heredero del trono, que asi,1.ia á la ceremonia acompañada de los grandes oficiales palatinos. El primer máitre
&lt;l'hótel asislía también á esta ceremonia y
desfilaba delante del rey con su bastón de
ceremonias. Detrás de los niños iba otro )i.
mosnero, que recibía los platos tan pronto
como el rey los colocaba encima de la mesa,
y los ponía en las cestas que llevaban los
padres de los chicos. Al cuello de cada uno
de éstos colgaba el re, una bolsa de cuero
rojo conteniendo trece monedas de plata del
valor de medio duro. El tesorero regio presentaba estas bolsas á Luis XIV.
,Concluida la ceremonia, dirigiase el monarca á los oficios con gran acompañamiento
do príncipes, de la nobleza y de los oficiales
de la corte. Después de los oficios, llevando

�ron E.&lt;OS in:XDOS

un cirio en la mano y s~guido por el mism?
cortejo, Luis Xl V acompañaba al Santi«mo hasta el monum,•nlo propio del Juércs
Santo.»
• EL m:Y TE TOCA PARA QUE DIOS

1[ '

1'1
1,

n:

CUfiE »

Otra ceremonia que revestía gran solemnidad en \' ersalles, y que se celebraba en
Pascua de Resurrección, Pentecostés, Todos
los Santos y Naridad,. era la que se hacia
tocando el rey á varias personas que padecían escrófula. El 16 de )layo de 1698, yfspera de l'entecostés, tocó á tres mil de ellas.
lle aquí cómo describe este suceso el ya citado Jfercm·e:
,Enfermos procedentes de todas partes
del mundo, algunos también de España, llegaban á Versalles y eran colocados en fila
por los oficiales de la casa real, algunas veces cerca de la capilla, otras en sitios diferentes. (En 1675, por ejemplo, el rey tocó á
los enfermos en el naranjal de \' ersalles.:
Se arrodillaban, cruzaban las manos é imploraban la ayuda de Dios. Después de la misa,
llegaba el rey acompañado de su gran limosnero. Los doctores y cirujanos se colocaban
detrás de los enfermos para sostenerles la
cabeza, á fin de que Luis XIV pudiera tor·arlas cómodamente. Deteniéndose delante
de cada persona, el rey les pasaba la mano
por la frente, de parietal á parietal, dicién-.
do les: El ,·ey te toca para que Dios le cure,
y daba lue•u il cada uno su bendición haciendo la s~ñal de la cruz. El ~ran limosnero entregaba á cada enfermo cinco sueldos,
si era extranjero, y dos á los nacionales. El
primer 111áilre d'll6tel llevaba una jofaina
de plata con Yino y agua para que el rey se
layara después las manos ..,

dirigiéndose á la parroquia de Vcrs!llles. El
rey, con la cabeza descubierta, seguía a pié,
acompañado por más de mil pajes de cámara, por los grandes y pequeños caballerizos y por cieq _s~izos y guardias de ?º'.P';
![erando todos crnos de blanca cera. Lm,XI\
iba sc•uido por los sacerdotes de la misión y
por toda la corte. Después de oir ~isa en la
parroquia, volvía el rey á p1\ac10 en carruaje.»
RECEPCIÓ'1 DEL DUX DE GÉXOVA

En 1685 encontrábase el Rey Sol en el
apogeo de su gloria y de su brillantez. Victorioso en dos guerras, se había anexwnado el
Franco-Condado, Strasburgo I Luxemburgo;
su armada sumaba doscientos cincuenta barcos, y su ejército llegaba á cuatrocientos mil
hombres; el prestigio de aquel soberano en
Europa era grande.
Habiendo· Génova fallado á los compromi•
sos contraídos con Luis XIV en la ~uerra
que sostuvieran ambos monarcas, el Rey
Sol ordenó a Duquesne que bombardeara la
ciudad de los dux, y asi lo hizo el almirante
francés; pero no se satisfizo el Yencedor con
e~te acto de fuerza, y exigió que el genovés
fuera á Versalles á pedirle perdón. Así futi,
en efecto: el 15 de Mavo de 1685, el dux
Lescari y cuatro senadoÍ-es genoveses tuvieron el honor de ser recibidos en audiencia
pública por el Rey Sol, ante quien el primero
presentó las excusas de la República de Génova. El Me&gt;'cure da cuenta de la ceremonia en esta forma:
,Después de subir la escalera que conduce i1 las habitaciones del rey, el dux y los se•
nadores entraron en el Salón de la Guerra,
desde donde pasaron á la gran galería, más
allá de la cual se encontraba el monarca en
el Salón de la Paz. Todas las dependencias
0111.\S cl.RE,IO\IAS RELIGIOSAS
y las galerias de palacio encontrábanse soberbiamente amuebladas y decoradas, conLa ceremonia de la OrJcn &lt;le! Espíritu teniendo objetos por Yalor de muchos milloSanto se celebraba el dia de Año Nuevo, el nes de libras. La multitud era tan numerosa
de la Candelaria y en la Pascua de Resu• en todas parles que el dux y sus cuatro se•
rrección. Los caballeros de la Orden, en traje nadorcs, á pesar de los esfucr,os que hacia
de gala, marchaban en procesión diriiién- la guardia de Versalles para r~antener el paso
dose ·• la corle, donde celebraban Cctpít1tlo libre, encontraron mucha d1ficultad al cruante el rey, concurriendo todos después á
las galerías.
una solemne misa que se cantaba en la ca- zar
,El mariscal duque de Duras. capitán ,le los
pilla del reu_l palacio.
. .
. .
guardias de corps, acompañó al &lt;le Génova
La proces,ón del Co11111s Clmst, rcnsl1ó hasta el pii, del trono. Era este de plata,
siempre magnificencia y grandiosidad ex- elevado en dos gradas sobre el sucio. El Deltraordinarias en Versalles. Los patios de pa• fín, príncipe Luis de Francia, y F,·lipe, dulacio ostentaban hermosos tapices de la que de Orléans, hermano del rey, ocupaban
corona, y se adornaban con naranjo!-, cuyos cada uno do los lados del trono, al que rotroncos eran revestidos con tubos de plata deaban todos los príncipes de la sangre y los
sobredorada. La procesión salía de las gale- grandes signatarios de la corona. La comitiY~
ría de palacio y recorria la Plaza de Armas

clel dux, como era numerosa, no Be aproxi- de.,;¡1/eya,• mlo,· en s11 desgrncia, sin 11i11[/•í11 servilismo. Añadió Luis XI\' que la
1116 al trono, a~uardando en la galería el fin
misión que desempeñó el dux no tenia nada
de la ceremonia.
,Cuando el rlux vió á Luis XIV y percibió de fácil, pero que la babia llevado á cabo
que era por él reconocido, so descubrió, y de manera que merecía su aplauso.
avanzando unos pasos hiw 1Ios profun&lt;las
RECEPCIÓN DE U'1A E\IHAJAnA SL\\!ESA
reverencias al rey, imitandole los senadorc:,;.
Púsose en pié Luis :XIV y contestó á estas
Ahora que se anuncia la llegada del rey de
reverencias levantando ligeramente el sombrero con que estaba cubierto, r muy luego Siam á Paris y Madrid, es oportuno recor•
el Rey Sol recibió en
hizo una indicación con la mano al dux para dar la manera como
0
que se le aproximara. Subió el dux el pri- Versalles, el 1. de Septiembre de 1686, á
mer escalón del trono, donde hizo una ter• una embajada que al poderoso monarca mancera reverencia, siguiéndole los cuatro sena- daba aquel lejano reino. Ilé aquí la relación
doro.s, que permanecieron detrás de él. El que de la ceremonia se hizo enlónres:
,El rey dió audiencia a los embajadores
rey y el dux se cubrieron, y lo mismo hicieron todos los príncipes; pero los senado- de Siam en un trono levantado al extremo
res permanecieron descubierto::!. Pronunció de la galería, próximo al Salón de la Paz. El
inmediatamente el dux un discurso, y cada órden y disposición de los salones era hervez que mencionaba el nombre del rev, el moso. Los embajadores hablaron mu, bien,
dux y Luis XIV :-e descubrian, como asiinis- sirviéndoles de intérprete el abad de Lyon.
mo todos los princi(&gt;e::-, cosa que ocurrió mu- Permanecieron al pié del trono hasta el mochas mees. El rey replicó al dux que estaba mento en qua presentaron al rey la carla de
satisfecho de la sumisión mostrada por la su soberano; enlónces, subieron· hasta enea
República de Génova, á la cual sentía haber del sillón del monarca. Los siameses demos•
tenido que demostrar su disgusto, pero que traron profundo respeto y, según la costumse alegraba del estado actual de las cosas! bre de su país, llegaron hasta el fin de la gaporque creía que era el principio &lt;le relacio- lería ágatas, no consintiendo en rol ver las
nes muy amistosas pues veía f'n el acto rea- espaldas al rey. •
• Eran tres embajadores, cuatro noble, )'
lizado una promesa de buena fé por parle de
la República; y toda vez que Francia sentia dos secretarios. El resto de la comitiva estapor ella estimación alta, aprovecharia todas ba formarlo por criados. Luis XlV ,·istió para
la~ ocasiones para darle muestras de su fa- recibirles una casaca bordada y adornada con
vor. Con respecto al dux, habló Luis XIV de ~rnndes diamantes.•
sus méritos personales con mucha bondad,
RECEPCIÓN' DEL DIBAJADOR DE PERSIA
haciéndole ver la estimación particular que
por él sentía. Después de la respuesta del
El 19 de Febrero de 1715 recibió el Rey
rey, los cuatro senadores, uno por uuo, le
Sol
en Versalles á un embajador persa.
prc.-;entaron sus respetos, y Luis XIV con•
testó a cada cual con agrado, especialmente Como se tenian dudas aeerca de la autent.•
a ~1. Sal vago, que había vivido algunos años cidad de este embajador, «ni él ni si, séquito,
-dice un cronista de la época-merecieron
en Francia como enviado de Génova,.
Al terminar la audiencia, el rey saludó al atención.•
El asunto jamás se puso en claro. Cna
dux. Este r los senadores hicieron tres re•
verencias profundas al retirarse. Cuando lle- rersión que ha llegado hasta el tiempo pregaron á la i_alería, se cubrieron, y regresa- sente dice que un gran funcionario persa
ron en el mismo órden, encontrando por lo- había enviado un comerciante á París para
das partes tanta gente qua les costó algün concluir algunas negociaciones sobre asuntiempo llegar á las habitaciones que les tos mercantiles, y que el conde de Pool•
chartrain, canciller de Francia, utilizó á este
tenían preparadas.
Toda la corle y toda la población &lt;le Ver• comerciante para que ofreciera sus homenasalles supieron que el rey babia recibido con ¡es al re,, ya anciano y algo decaído de ániagrado el dux y que éste se mostraba encan- mos, con la idea de hacerle creer que los
tado de la manera como Luis XIV le había días de su apoteosis volvian pues hasta Pertratado. No se hablaba de otra cosa. El rey sia, sugestionada por su gloria, le enviaba
en la comida dijo palabras muy encomiilsli• sus embajadores. Si fué esto, hay que recocas del dux en presencia de la corte, mani- nocer en ello una broma cruel y una irofestando que le habia encontrado bien edu- nía terrible, en la que se hacia vestir de iala
c1•fo é infPlir¡Pnfe ..~i11 dPmnsfrar rlificu1- á un anciano, que fué el terror de Europa y
lades en la expresión, habiendo sabido que había conservado su prestigio il pesar

�!,loTttAS

'Il

l

1

de la desgracia, para recibir á un embajador
apócrifo.
«El rey,-dice Dangeau-vistió casaca de
terciopelo negro bordada en oro y llena de
diamantes por valor de doce millones y mertio de libras. Tanto pesaba esta casaca que
Luis XIV se despojó de ella inmediatamente
después de comer. Además de las joyas que
llevaba encima, el rey se había despojado ya
de un juego de diamantes y perlas, que dió
al duque de Maine, y de un aderezo de piedras de color, que entregó al conde de Toulouse. El duque de Orléans vestía casaca
de terciopelo azul bordada con perlas y diamantes, que fué muy admirada.
l ,El embajador de Persiano llegó á Versaales hasta las once de la mañana. Un poco
ntes de su llegada, apareció el rey en el
balcón de su cámara, y el pueblo que llena~. el patio le vitoreó. Los vivas procedían
rle todos los patios, y también de la Avenida de París, que estaba ocupada por la
multitud hasta la casa de Bontemps, donde el
embajador bajó del carruaje y montó á caballo. Entró con su séquito en el patio del
palacio, apeándose ante la residencia del
duque de Guisa. Mientras el embajador subía, pasó el rey á la galería, en uno de cuyos lados había asientos elevados que estaban ocupados por mas de cuatrocienntas
damas de la corte y de la ciudad,elegante y
lujosamente vestülas. El rey, al entrar, pasó
cerca de estos .sientos para que las damas

pudieran ver la magnificencia de su traje.
,Subió al trono, teniendo á la derecha al
Delfin, que vestía traje negro y sombrero
cubierto de joyas. A la izquierda del re¡ estaba el duque de Orléans, y detrás todos los

príncipes de la sangre, según su rango, con
sus respectivos cortejos. Sobre las gradas del
trono, detrás de los príncipes, estaban los
cuatro primeros caballeros de cámara y los
dos maestres de guardarropía. La galería hallábase • ocupada por cortesanos ricamente
vestidos y por muchos extranjeros. La audiencia fué larga.•
El 13 de Agosto del mismo año dió el rey
audiencia de despedida al citado embajador.
Para ello hizo Luis XIV grande esfuerzo,
pues ya se hallaba dicho monarca mu y enfermo y achacoso: como que este fué el último
acto público de su vida. La audiencia, que resultó fué larga, fatigó al soberano francés,
que se vió obligado á resistir el deseo de dormir que le acometió. Después se hizo llevar
en su silla de manos á las habitaciones de
Madame de Manitenon, en las que se celebraba un pequeño concierto. Al abandonar
estas habitaciones, se detuvo para que la
duquesa de la Rochefoucauld Je presentara

otra duquesa, la de Rocheguyon, su nuera,
que fué la última señora presentada al rey.
La duquesa de la Rochegu yon tomó asiento
aquella noche en 1' cena dada por Luis XIV,
que tambrén fué la última gran cena dado

por este monarca.

VEN GANZA
(CUENTO ASTURIANO)

rtacL eon el que _fácilmente se adivina que
JUiuug 1iudo nvcn1rse el carácter bullanguero
pAUSADA,tE,TE clió b

cuatro el reloj ele la
catedral.
Apenas calló la campana, desincrustáronse los serenos de los quicios donde dormita-

ban,

'f

requiriend~ la alabarda, insignia &lt;le

su noc\urna aulomlad. después de hundir de
un golpe en la cabeza el mugriento sombrero_ de ancha~ alas y de ceñirse el pardo cemck, recomeron la ciudad cantando la hora
con perezosa y destemplada voz que hacia
trea:iulant~ el sutil frío de aquell~ madruga.
da mvermza y casi cubría el chocloteo de
los pesados zuecos.
-¡Ave Maria Purísima! ¡Las cuatro y ser~nol-se oyó en todos los barrios de Pla-

v10sa.
Embozado hasta los ojos en la capa, calada hasta las orejas la gorra con que se cubría, y apoyándose al andar en un grueso
bastón, cruzó á toda prisa las desiertas calles de Pluviosa en demanda de su casa y
de su cama, Jaime San Martín, el más tra-

MOTITAS
/Cantares de mujer)

~o digas, porque no es cierto,

1

1

•¡uc nos quisimos tú y yo:
di que yo á ti si te quise,
pero lo que es tú á mi, nó ...
Solo quería olvidarte ...
No lo pude conseguir,
,. entónces empecé á odiarte ...
Mi guitarra es, de mi dicha,

una caja funeral;
las cuerdas, las plañideras,
que no paran de llorar.

¿Cómo quieres que yo pon~•.
nada de fé en tus ¡Jalabras?
Dices que me amas por buena ...
¡y quieres volverme mala!
Creí que te odiaba ...
y, cada vez que te veo,
el llanto me abrasa el alma
Haz que me lo crea,
finje que me quieres.
Tan solo te pido, cuando esté soñando,
que no me despiertes ...
EL BAC1JILLER CORCHUELO

v~eso, aleg:e y atrevido alumno de la univcrs,_dad pluviosana y, por añadidu,·a, jefe ind!scuhble de la_más revoltosa y temida pandilla de d10bleJos estudiantiles que pisó las
calles de la ciudad que vela el sueño eterno
del santo guerrero.

tlnl rnuchacho.
. De todas l_as prohibiciones que su tío Je

unpusie~at ninguna le molestaba tanto como
la de sahr de casa dcsvués de cenar. Afortunadamente, el viejo acostábase temprano v
.hume, con la ~omplicidad de los criados,
abandonaba la Jaula, á la cual no volvía hasta muy avanzada la noche, después de haber preparado con sus compañeros de travesuras unos cuantos disgustos á los burgue-

ses que estaban en turno de victimas.
Aterido de frío y cayéndose de sueño y de
cansancio, llegó Jaime á la puerta de su casa
la noche_ de nuestro cuento. _Quedamente
lnzo la sena! para que el criado de guardia

abriese, como otras veces; mas esta llamó en
vano, y la puerta permaneció inmóvil en sus
goznes_, á pe~ar de lo_s continuados y cada
ve1. mas estndentes silbidos del rapaz.
Dábase éste á todos los demonios, renegando del pesado sueño del Chosco que
aquella noche se hallaba en turno de p;rtero
cuando oyó detrás de la cerrada puerta un;
risita budona y satisfecha, que puso el colmo á la ira que de nuestro amigo se iba apoderando.
-¡Choscol ¡Abrem'a porta! ¡Malos demos

le lc\·en!-rugieron los labios del estudiante

Vivía Jaime con su tío y único pariente
Don Jacobo San Martín, un buen anciano un

apretados contra el ojo de la cerradura.
Mas la puerta, insensible á las maldicio-

tanto sordo y tre~ tantos miope, que eje;cía,
además de otras mdustrias, la de alquilador
de carruaies, y no tenía otra debilidad que
su s~brino, á quien ~doraba y al cual pretend,a educar baJo cierto régimen de severi-

Acor~óse entónces Jaime de que días antes el Nacho, otro de los criados de su tío
le había sorprendido en muy íntimo coloqui~
con la novia del Chosco, y no dudó de que

nes, continuó cerrada.

�Í'OR ESOS MUNDóS

el burlado amante, enterado del caso, aprovechaba la ocasión para vengarse.
Por una ele las ventanas de la cuadra llamó á los otros criados:
-¡Sacho! ¡Pulpeiro!... ¡Abricle, !adrons!
Y también allí sonaron risas contenidas,
hacia el lado donde arrebujados en sus mantas y tendidos sobre la paja fingían dormir
los dos ganapanes.
¡Los bribones estaban de acuerdo con su
compañero!
En otra ocasión)aime no hubiera seguido
llamando; pero en aquella el cansancio, el
sueño y el frio hiciéronle claudicar, y de nuevo volvió á la puerta.
-¡Chosco! ¡Chosco!- suplicó con voz doliente. - ¡Po !'anima de que más queras,
abre, que morro de frío!
• Una ruidosa carcajada que detor,ó en el
portal hizole recobrar el sentimiento de su
dignidad, y á buen paso marchó á refugiarse
bajo los soportales de la rua.
Todavía duerme en las graníticas columnas el eco de la interminable sarta de maldiciones y juramentos con que acompañó el
estudiante su pasear furioso en la soledad de
la fumosa calle.
Cuando bien pasadas las siete de la mañana pudo entrar Jaime en su casa, muerto
de frío, de sueüo y de cansancio, la voz burlona de Chosco le saludó:
-¡Tarde acabó la fiesta!
-Aún no ha concluído,-murmuró el maltratmlo, entrando , trabajosamente en su
cuarto.

rr
Quien no ha vivido en Pluviosa, quien no

ha visto caer agua sin cesar durante una semana, dos, tres, ¡un mes!, menudamente
unos ratos, á chaparrón otros, pero cayendo
siempre, sin una clara, sin una interrupción,
sin un descanso, no sabe lo que es llover.
Las piedras de las calles, de las fachadas
v de los portales, agoreras del aburrimiento y la tristeza, monarcas indestronables de
Pluviosa, anuncian con molesta anticipación
la lluvia, volviéndose negras antes de que el
cielo se encapote; y apenas transcurrida la
primera media hora de lluvia, las anchas bocas de los p(:treos canalones, largos de un
metro ó más, comienzan á vomitar estrepitosamente sobre la ralle el agua que recojen
de los tejados, y el tedioso estruendo casi no
cesa en muchos largos inacabables días, duran!~ los cna.les el alma más alegre se rinde
al peso de tristeza tanta y acaba por ponerse
negra como la., piedras de las calles, de la&lt;,
fachadas y Je los' portales. ·
Pues al anochecer de un día de estos,

transcurrida escasamente una semana del
suceso relatado, presentóse en el despacho
del tío de Jaime, situado,segím la costumbre
pluviosana, en la planta baja' de la casa, un
caballero de poblada y negra barba medio
escondida en el levantado ámplio cuello de
un largo gabán que apenas si dejaba ver
otra cosa de la cara del visitante que unas
enormes gafas obscuras, que servían de escondite á sus ojos.
-¿Es aquí donde se alquilan carruajes?preguntó.
•
-Aquí es,-contestó Don Jacobo.-Pase,
siéntese v espere un momento mientras hago que traigan luz. - Y se dirigió á la
puerta.
-No hace faltaluz,-repuso el desconocido a.tajando el pa~o al viejo.
.
-Pues usted dirá en qué puedo servirle.
ti del largo gabán expusoenbreves y bron•
ras palabras el caso. Era necesario llevar
inmediatamente á su casa en Santa María de
Pazos, á tres leguas y media de Pluviosa, á
un .estudiante enfermo, y para ello quería
que Don Jacobo le alquilase un carruaje.
-,;_Con este tiempo!-exclamó el viejo.
-No se repara en precio,-ronte3tó le
otro.
~
...:..Dudo que los criados guiera~ ...
-Se. les dará una gran proprna, ·buena
cena y abrigada cama.
La codicia transformó para el Chosco y
Pulpeiro :iquella endiablada noche en una
noche estival; y todavía el Nacho. no menos
codicioso que sus compañeros, se enganchó
en la expedición alegando la necesidad de
sus servicios en los atascos y demás accidentes que eran de temer con aquel diluyi?·
Dos horas después, un pesado coche, VJeJO
y despintado, del cual tiraban cuatro mulas
y un rocín, dclúvose ante una casa de la
apartada calle del Loureiro,que todavía aquella misma tarde ostentaba en balcones y ventanas los papeles indicado1·es del deseo de
alquilarla.
Un jóven que esperaba en la puerta habló
á los conductores del carruaje.
-Os darán diez duros de propina á cada
uno -les dijo.-Pero es necesario que conduz~áis el coche al paso. Los vah·enes de
una carrera, por corta que fuese, un golpe,
podrían causar la muerte del enfermo ... y
entonces 1adios, propina!
-Descuide, señor,-replicaron el N(tcho y
el Chosco, dispuestos á dejarse matar antes
que perder los diez pesos.-Llevaremos las
mulas del ramal.
-Y si así y todo quieren correr,-agregó
Pulpeiro desde el pescante-aquí estoy yo.
Hácia la escalera sintióse ruido de gente,

VE.'lGAi&gt;ZA

?2&amp;

�POR ESOS MUNDOS
226
Y golpeando en los cristales,
Y media hora después, al pasar por el Fa- ¡Señor! ¡Xa cbegamosl- griló.-¡Xa cheramello, le ronlestó Pulpeiro:
-Y á mi que estén cerradas las taber- gamos!
-Puede que se baya dormido,-opinó el
nas.
Kacho,
viendo que el del coche no contes-¡Si que vendría bien un pouco de viño
taba.
encima de tanta agual-apuntó el Nacho.
-Preguntad ahí en el mesón de Ventura.
-Calla, que ya te hartarás de él.
-aconsejó Pulpeiro.-Puede que, en él nos
Y no hablaron más. La esperanza de la
estén es¡,xplén&lt;lida cena, d1•l fuego restaurador,
perando
de la abrigada cama y, sobre tocio, de
los parienlos diez pesos por barba, les dió alientos
tes del enpara aguantar. sin m~ldecir las turbonafermo.
das que les caian encima.
-¡Tam-Ya estamos llegando,- dijo al cabo
bién tienrs
uno de ellos. Y los tres ele1'aron á las nurazónl bes una mirada desdeñosa.
contestó el
-¡Aprieta! ¡Aprielal-dijo despreciatiCh osco.
vamente el ('hosco, al sentir cómo auquien, sin
saber por
mentaba
qué, c ola violenmenzaba á
cia del
sentir vachapagos temorrón.
res por la
Poco dese en a, el
pués, á la
.
fuegoy los
una y media de la
í::.~ ~
diezpesos.
Los do~
noche, ni
1
minuto
arriba ni
\;;!'.~1,..:=\=-/==z-t¼==~·-7::i~,::t.-h.,,.,
segundo
abajo, un
, t • · /2
puerta del
violento
•.J_
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P
,e:-:...;;_- .,,:.:;: mesón du~~-(
l ,../'
~ - rante buen
tirón de
riendas
-~
- - - - ~ rato.
- ,;Sal:iZJ parar
ben
d·e la
á las mufamilia de
las ante
un es tulas prime-'
diante enras cas:is
-¿Es aquí donde se alquilan
fermo que
carruajes? Quisiera uno pa~
de una al- ~ -:
llcvnr á tres leguas )' media
traemos
dea asendel puebloá un cstud,anteenahí en un
fcrmo
tada en la -.cocbe?carretera.
1
El Chospreguntaron á la cabeza que asomó á una deco y el NacJio descendieron del pescante, las ventanas de la posada.
avanzaron unos pasos y, un poco desconcer-¿Y para eso me despiertan?-gruñó el
tados, se volvieron hácia Pulpeiro.
mesonero cerrando de golpe.
.
-No hay nadie, tú,-le diieron.
De nuevo volvieron á llamar á los crista-Mirade bien.
del coche.
Tirando trabajosamentr ele las entumeci- les-¡Señor!
¡Xa chegamos!
das piernas, en dos zancadas recorrieron el
-¡Xa chegamos! ¡Señor!
lugar sin topar alma viviente.
-1Morreul-dijo de pronto el Nacho.
-¿Qué hacemos'?
El Chose-0 abrió decidido la portezuela.
-Úay que preguntarle cuál es su casa.
-¡Señor! ¡¡Sei1orll ¡¡¡Señoril!- gritó suMas cuando el Nacho iba á abrir la porte- biendo cada vez más de tono.
zuela del coche, le detuvo el Chosco.
Y como tampoco obluviera contesta:ión,
-¿Qué vás á hacer?-le dijo.-¿No sabes volviéndose consternado á sus companeros
que si abrimos se puede morir'? Que abra él,
les dijo con dolorida voz:
si quiere...

227

VENGANZA

-¡Morreu de vezl
-1Señorl-insisti6 todavía el Nacho.
Y cuando iba á locar al del coche, la mano
prudente de Pulpeiro le contuvo.
-¿Qué vas á hacer? ¿No ves que está
muerto y solo le puede tocar la justicia? Hay
,que avisar al pedáneo.
En el mesón, tras nuevo aporreo de puer1as, les dieron las señas de la autoridad ruml. Vivía en Cruce$, á dos kilómetros de alli.
No tenía pie1·cle: bastaba con tomar la corredofra que á la derecha de la posada hatbía, llena de peñascales, de zarzas y de agua
que bajaba saltando de piedra en piedra, y
.al final, frente al cruceiro, en una casa que
tenia un hórreo delante vivía el alcalde de

barrio. El Chosco y el Nacho dispusiéronse,
renegando, á la ascensión, no sin protesta de
Pulpeiro á quien no agradaba quedarse solo
con el muerto. Descolgaron un farol del coche, y maldiciendo de su suerte, corredoira
arriba, aquí caigo y allí vuelvo á caer, emprendieron el camino de Cruces.

IV
De alli regresaron pasadas dos hora:-,
en compañía del pedáneo, un paisano alto,
seco, nudoso, con cara de vaqueta, embutido en su capa de junco y apoyado en fuerte
y larga moca. Dábale escolta su sobrino Jesús, el de la Marrueca, el mozo más terne
de aquellos lugares, quien llevaba para alumbrar el camino
un miserable farol de aceite,
y para resguardarse con su toí
de la lluvia un ámplio paraguas encarnado bajo el cual

:~:¿.~.;

:.-:,

-Nos hemos traldo al enfermo para que usted lo cure,-dijeron los criados á 1u amo

�POR 'ESOS MUl\DOS

podría cobijarse cómodamente toda la feli gresía de Cruces.
No fué tarea fácil sacar al pedáneo de i-11
cama. Pero lo quP 110 consiguieron súplicas
lograron amenazas; y el temor á _perder el
mandiiío si los zagales, como ofrecieron, daban cuenta de su resistencia al Juzgado, le
decidió á seguirlos, echando por su buca la
111ás pintoresca colección de venablos, que
para aquella y otras solemnes ocasiones tenía reservada el buen alcalde rural.
Y como ni los zagales ni el sobrino eran
mudos, el cuarteto de juramentos y maldiciones que resonaron en la corredoira de
Cruces aquella endiablada noche formaba
adecuado acornpaiiamienlo al ária sobre el
mismo lema entonada noches antes bajo los
soportales de la rua.
Llegaron al coche.
-¿Dónde está el muerto?-preguntó con
cierta solemnidad el alcalde ele barrio.
-Ahí denlro,-le contestaron.
Tomó el farol de manos de su sobrino,
alumbró el interior del coche, tocó el caclúver... y al encontrarse con un muñeco de
paja envuelto en unas mantas vieja~ y s:1cias sin hablar palabra descargó v1gorosamedte su moca sobre las costillas que teni:1
más cercanas, que no eran otras que las del
Chosco, quien al sentirse golpeado arrebató
Yiolentamente la tralla á Pulpeiro, y con ella,
ni corto ni perezoso, devolvió con creces la
caricia.
Terció á paraguazo limpio el sobrino del
pedáneo, tor:1aron cartas en el juego Pul peiro y el Nacho, y entablóse la más porfiada,
la más furibunda, la más sai'tuda batalla
campal que registran los anales de Santa
:ifaria de Pazos, fecundos como pocos e.,
violentos,encarnizados y descomunales combll.tes.
El cansancio y el dolor, y la lluvia, r¡ue
pudo más que Lodo y más que todos, puso
términoá la lucha.
-¡Bulrarse de mini ¡Bulra'.se de mín!nwi:l
furioso el• alcalde, recogiendo del suelo
e
capíl. y monteira.
E irguiéndose súbito,
-1A la cárcel todos!-decidió &lt;le prnnto.

Las explicacrones de -los otros, y, sobrn
todo, la cbnsideración de la legua larga que
había desde allí á la cárcel de fria moderaron su furia; y apaciguados los ánimoq, cacl-¡t
cual lomó ei camino de su casa; porque pensar que la desconfianza campesina, que e11
el mesón romo en las demás viviendas de la
aldea se alojaba, les abriese ninguna puerta
después de la batahola de la refriega, era
pensar eu lo imposible; y así, mientras el pedáneo y su sobrino subían trabajosamente á
Cruces, los criados de Don Jacobo tornaron
á Pluviosa, maldiciendo al que en tal trance
le;; puso, y llorando por la perdida cena, el
apagado fuego, la deshecha cama, r sobre
todo ¡ay! por los diez pesos por barba que
les hicieron confundir aquella noche pluviosana con una noche del estío andaluz.
-¡Solo quisiera saber-dijo amenazado1·
el Ch osco-quién es el grantlisimo ladrón que
en lal trance nos puso!
-¿Y quién ha de ser, inocente?-le contestó el avisado Pulpeiro-sino el argallanfa
del sobrino de nuestro amo. á quien por causa tuya hicimos pasar poco más ó menos las
mismas que estamos pasando.
-¡Puede ser! ¡Puede ser!-repusieron los
otros.
-¡Es!- afirmó convencido Pulpeiro.
V

-;,Qué tal el enfermo'?-les preguntó al
siguiente día Don Jacobo, mientras Jaime,
sin poderlo remediar, reía con la mejor
gana.
-Nos le hemos traído para que usted lo
cure,-contestóle malhumorado el Chosco,
poniendo en sus manos el monigote que con
tanto cuidado condujeron.
-¿Qué es esto?
-¿No lo vé? ¡O filio mayor d'o demo de
seu sobriño'?
-¡Bien se vengou Don J4üne! ¡Bien se
vengou! Mire... ¡Entrábanos el agua por el
pescuezo y salianos por los piés!-dijo Pulpeiro en voz baja al es'tudiante.
El cual nunca más volvió á llamará altas
horas de la noche á la puerta de su casa sin
que al instante leJranquease solícita el paso.
ALEJANDRó

llus:r·acioncs de Esteban ]lenóndez

PÉREZ LUGÍN

NAPOL EÓN EN SANTA ELENA
figura de Napoleón es la única de que el
L
mundo moderno puede servirse para
encontrar en los modernos tiempos personaA

lidad que iguale las grandes aventuras militares de Alejandro, Julio César, Jenghiz y Timur, y hasta parece imposible que haya existido antes quien merezca parangonarse con
el corso conquistador de Europa.
LO~ AMIGOS DE NAPOLEÓN EN SA.J.~TA ELENA

co Bal'l'y O'Meara, que prestaba ,;us servicios
en el crucero Bellerophon cuando aprisionó
al emperador en Rochefort. Ta11lo simp8tizó
con él Napoleón que pidió que lo agregaran
á su séquito. Fuéle concedido e;;;te favor, y
el jó,-en doctor irlandéR sirvió en San la Elena cerca de tres años, hasta que el general
Sir I-Judson Lowe, gobernador de la isla.
concluyó por de::spedirle porque intentó también el envío de cartas á Europa sin someterlas á su censura.
A O'~feara sucedió Francisco Antommarchi, corso de nacimiento y médico de reputación en Floreneia.
Próximo ya el fin del destierro, fueron á
Santa Elena al lado
de Napoleón dos sacr.rdotes italianos. el
padre Bonavita y el
abate Vignale,enviad 1s por el Papa á
ruego especial de Bo11;1 parte. Es te, que
durante cierto liemp o había profesado
el mahometismo, haciendo entonces burla de la religión ca1ó lica, abjuró de sus
errores y murió en
el seno de la Iglesia
romana.

Enlre los que acompañaron á Kapoleón en
la isla que le sirvió de prisión figuraron tres
oficiales generales que, después de Waterloo,
se unieron á él más íntimamente que nunca
lo estuveron: Be rtran d, que también
le acompañó en Elb a; Gourgaud, que
foé ayudante del duque de Berri, pero
que volvió al lado
drl emperador d U·
rante los Cien Días;
y Jlontholon.
·
Otro compañero rlP
la desgracia de Napoleón fué el condP
de Las Cases, antiguo consejero de Estado en Francia. E!
conde era mayo:- en
,1ad que los tres
J.A LITERATURA
militares ci lados y
NAPOLEÓNICA
supo mantener es trecha intimidad con
De todos los que
el desterrado: tanta.
acompañaron á Naque los ingleses lo
poleón en Santa Eleecharon de de la isl11
na, los únicos que no
en Noviembr~ de
e~cribieron las ob1816 por intentar
servaciones que allí
(violando las condiNapoleón Bonaparte en los últimos años de su vida
hicieron fueron estos
ciones en virtud de
las cuales se le permitía residir allí) ei dos sacerdotes, al menos para el mundo.
Por esta circunstancia de haber escrito toenvío de una comunicación secreta á Luciano
dos los amigos, vigilantes y carceleros de
Bonaparte, hermano del emperador.
Seguía á Las Cao;es en intimidad el m6cii- Bonaparte al~o referente á su estancia en

�i31
POR !!.SOS MUNDOS

230

estación naval por el almirante Sir Pulteney
Santa Elena, es importante la literatura na- Malcolm.
Entónces fué nombrado también gobernapoleónica, ya que, además, cada acto de tan
maravilloso hombre ha sido estudiado y ana- d0r de la isla un general á quien el Gobierlizado desde todo'! los puntos de vista posi- no i1111:lés había elegido para la ingrata )
bles. Aun sobre los últimos seis años de s11 odiosa tarea de hacer la prisión de Napoleón
vida, época que, exceptuando la de su niñez, lo ba..tante rígida, de modo que el temido
es la menos sensacional de la existencia de cautivo no tuviera ni la más remota posibi~apoleón por haber dejado éste de ser la po- lidad de escapar. E,;te hombre célebre fui•
tencia que era en el mundo, se ban escrito Sir Hudson Lowe, cuyo nombre ha sido inmultitud de libros; y, á pesar de haber sido mortalizado por las maldicione:; acumuladas
rnuy escasa en acontecimientos la estancia contra él. Durante sus cinco añr,s de resi1lel gran capitán en Santa Elena, constituye dencia en Santa Elena, Lowe esctibió mucho
capitulo interesantísimo de su historia. Alli sobre toda clase de asuntos, grandes y pele vemos despojado (destituido, como él queños, relacionado... con Napoleón; y desdecla), de los resplandores de la gloria y con pués, con la vana esperanza de detener el
la simpatía que producen los efecto!! de su torrente de censura;; que le abrumaba, pro•
porcionó á William Forsyth, escritor muy
calda.
Bertrand escribió algunas notas, dictadas conocido por su Vida de Cicerón. material
por Bonaparte, sobre las campañas de Egipto bastante para una ,'indicación extremaday Siria, notas que se publicaron muchos año-; mente extensa, que no apareció hasta desdespués. Los demás escribieron también, con pués que, desacreditado y arruinado, murió
mayor ó menor extensión. El emperador ani- el general Lowe.
maba á todos á que así lo hicieran, y para
El almirante ~lalcolm 110 c--cr1l.Jió, segú11
mayor estímulo dijo á Gourgau&lt;l que podría creemos, articulo ni libro alguno sobre Sanganarse de quinientos á mil luises diario:; ta E:ena; pero lady Malcolm, su esposa,
publicando las conversaciones que sostenían llevó, mientras estuvo en la isla, un diario,
en Longwood, afirmación menos absurda de que se ha publicado. Y otros varios oficiales
lo que á primera vista parece pues el mun- británicos, visitantes de la isla. también han
do entero ansiaba noticias ó alguna referen- escrito cuanto pudieron ver y oir.
cia de la pequeña isla donde el mayor espi·
Además, han escrito algo sobre este interitu del siglo estaba encarcelado. La'&gt; Case" resante particular, los comisionados extranhizo una fortuna con su Memorial de San- jeros que fueron á la isla, en representación
ta Elena, y los libros de Warden y O'Meara de sus respectivos Gobiernos. Estos comisioalcanzaron una venta que en aquellos días nados fueron el marqués de Montchenu, de
Francia; el conde Balmain, de Rusia; el bapudo calificarse de fenomenal.
Los carceleros del emperador (carceleros rón Sturmer, de Austria. Como en Santa
decimos porque es la palabra que él emplea- Ele1&gt;a eran muy e-casas las distracciones, es
ba, quizás por no encontrar otra peor), natural que todos se dedicaran á escribir
eran todos igualmente aficionados á la \.tera- Memo1·ias,que era de esperar fuesen impartura. El capitán .Maitland, comandante del ciales; pero estos escritos son relativaBelleroplwn, que tomó á Napoleón á bordo mente de poca importancia, pues ninguno de
en Rochefort, empezó á escribir sobre el los citados comisionados habló nunca con
particular, y lo hizo relatando una disputa Napoleón.
que tuvo con su prisionero, el cual acusnha
al capitán de mala fe respecto á las condiCO~DUCTA DE LOS IXGLESF.S &lt;.:ON BONAPARTK
ciones de la rendición. El relato fué recogido
por el almirante Sir George Cockburn, cuyo
A pesar de lo mucho que "e ha escrito renavío. el Nortlumiberland, llevó al empera• íeren le á la última etapa de la vida de Napodor á Santa Elena. El doctor William \Var- león, sobre su estancia en la isla de Santa
den, médico del l\,orthumberland,que acom- Elena, aun se discute y no ha llegado á propañó á Napoleón durante el viaje y en la barse la manera como Bonaparte fué tratado
isla, al regresar á Inglaterra publicó un vo- por los ingleses en ar¡uella prisión. ¿Fué
lúmen de cartas narrando sus conversaciones tratado bien, ó fué objeto de grandes desconcon el emperador. En estas conversacione:; sideracione,; el emperador francés'r
Las Cases les sirvió de intérprete, pues W :nPara demostrar la parte que el sentimen den no hablaba el trancés, ni Napoleón el in- tali!!m0 toma en la lli:;loria, basta recordar
glés. Cockburn permaneció en Santa Eleail que durante su vida activa ningún hombre
desde la llegada del Nor/1mmberland (1ó fué más devotamente adorado, ó más temido
de Octubre de 1815) basta el verano sigu ien- y odiado que este que tuvo energía bastante, que fué reemplazado en el mando de la

dica mucho L',-pacio á hacer una severa rete para proclamarse emperador de los fran- probación del carcelero de Bonaparte, en
c_eses; per? cuando el De!ltino, que por tanto tanto que de é;;te escribe con manifiesta simllempo fue su esclavo, le volvió las espaldas patía. Difícil encuentra lord Rsoeberv abo··y le arrojó del más poderoso de los tronos
11 a; este
hastala más
pu II to d&lt;'
solí taria de
las relaciolas p risiones en tre
nes, el senNapoleón v
ti mi en to
Lowe, po·r
que su situatratarse de
ción inspicio~ h o m raba hizo
bre;,que haque el odio
bitando en
se convirtieuna isla dera en piesierta estadad. Los diban en con,;bujantes
de
tente dispu•
los ¡,erió&lt;liT..ongwood. res1drnc1a de Napol_cón Bonaparte durante su cautivrrio y virla
la: uno de
COS p a r i _
en la isla de Santa Elena
l~s
dos
era
un
~ran
hombre,
el
mayor quisienses, dando pruebas de mal gusto, ,-1, diz~s
de
toda
la
Ilistoria;
el
otro,
en
comparavertían ofreciendo Íl su,- lectores caricaturm;
ción,
era
de
una
absoluta
insignificancia;
¡¡ju
del desterrado de Santa Elena. olvidando las
embargo,
«todo
el
mundo
tiene
derecho
á
que
simpalias que este prisionero inspiraba en
todas parle;;: aun en Inglaterra, país que el ~e )e. haga ~usticia, y, después de todo, el
emperador llamaba sn más co11sia11fe ene- mdmduo mas grande en la Humanidad tiene
migo. el sentimiento público estaba il favor mome~tos en que se condure como el más
de Napoleón. Este senfmiento encontró eco pequeno.•
Esto dice lord Rosebery. Lowe era soldaen el Parlamento británico donde se criticó
do
.. Se le rnandó ir á Santa Elena para que
la conducta del gobernador ingté~ de Santa
Elena por la manera como trataba á Napo- a~h de;;empeñara una misión: la de vigilar
león; pero el Gobierno de Lóndres se defen- bien al hombre que cuando e:;taba encerradió e_scudándose con la nece,-idad política. do en la d~rada jaula de Elba e~capó y llevó
No hizo caso la opinión de tales excusas, la alarma a toda Europa. Y. lo cierto es que
y el general_ Lowe no consiguió que !':e le 1:owe cui:npl_ió la miRión que se le encargó.
escuchara: m aun la defensa c¡ue Sir \Valter l\O era d1fic1l la tarea porque Napoleón estaba prisionero en
Scotl hizo de la
cumplimiento de
conduela de I colas cláusulas de un
mandante de la priTratado entre Insión de Bonaparte,
glaterra , Austria
.
'
defensa que íué
Rus1a y Prusia, firmuy bien presenmado en París en
tada y en m 11chos
Ago:sto de 1815 r
conceptos convinla conducta q
cente, logró hacer
con é I había de
impresión, y Sir
se:ruir:;c en la isla
lfudson, que y a
se fijó en una ley
había perdido por
que el Parlamento
completo el respeinglés votó en Abril
to del público, lu\'o
de 1816 y que lle1¡ue ver cómo el
vaba por titulo Paliobierno á quien
m 111ayo1· eficacia
había .~ervido con
tfp 7a ¡wi.~ián &lt;fr
fidelidad le abanSapolcú11 Buonadonaba
á la execra- Jamcstown, única población que hay en ta isla de Santa Elena
ción popular.
parte. Este nombn·
_Pura demostrar que aún perdura la ene- d_e Buo1wpc!1·te asi escrito envolvía lt\ nega
miga contra Lowe citaremos el libro publica- ltva de considerar al prisionero como empedo hace seis años por lord Rosebery acerca rador y hasta como francés. Siguiendo lo
de la estanci~ de Napoleón en Santa Elena, que _rr.iand~ba la 1:eferida ley y las mu\'
en cuyas pá~ma~ C'sle ¡rran político ing,lrs de- cxphc1las m~lrncc1ones de lord Bathursl,

;I e

�232

POR ESOS 1IUNDOS

&lt; ue se reducían á negar toda clase de hono_ministro entonces de las Colonias de In_gla- /es reales á Napoleón, dieron lugar_ á mull1lerrá, ,la actitud de Lowe con r~specto a su lud de pequeñas cuestiones; l' es merto que
car·go est.nba perfectamente dcfimd_a.
.
la conduela de Lowe en algunas de ella~
Í,or&amp; Ro'icbery concede en su citado l!bro (como, po,· ejemplo, el no entregar~ Bon aparrri·án importancia al hecho de nega1:sc n~u- te un libro dirigido al Irnperaton Napoleo ·
iosamenle á Napoleón su lílulo i~per1al, ni) tocó en lo ridículo. Es precíso no p~rnr
¡Íorque así demostraba la Gran B_retaua con- mientes en la conducta del emperador ~acta
,;ecuencia con su conduela de siempre: e~t~ su guardián: Napoleón fué tan pequeno en
nación fué la única entre todas las pot~ncia» esa conduela como pudo ser colosalmentc
que se negó en absoluto á reconocer a Na- rrrande. En realidad, se condujo malame ntl'
poléón como emperador; durante más de 0
con Lowe: su
Yei n te años SO$lenguaje Jué el
t11 vo una lucha
mismo que emá muerte conplearíaun golfo
tra Bonaparte,
cal!ejero con el
derramando
policía que le
sangre inglesa
detuviera, y no
sin limitación
el que el e be
alguna y gasusar un empetando en la
rador con un
contienda cuageneral.
tro mil millones de duros,
LA PERSOXALIhasta que conDAD DE LOWE
Rigu,ió arruinar
" someter a I
Si Lowe no
iiom b re que
hubiera sido
h a b i a jurado
gobernador de
conquistarla. A
SantaElenadu ·
pesai· de todo,
rante el cautilord Roscbery
verio de Napo&lt;lice que hubieleón, sería hoy
ra sido magnárecordado conimo saludarle
roo un soldado
en su prisión
que tomó in_t~como emperaresanle parl!c1dor, y que el
pación en las
negarle es lo
granJes g ~ e sólo es disculrras de su tiempable como flapo. De la misqueza humana.
ma edad que el
Por otra parte,
e m p e r ad o r
Napo I eón no
francés, pu e~
debió dará esnació en 1769,
te hecho tan1a
.
ouerreóen Cór.
·
. ..
l , v'a ue alcoba y de estucho
"
T ¡·
importancia s1 Napoleón en la pequeñadhab,lh?'º\~":eve d~R~ma, era el único de Jo, cega. en O on
hubiera recor- en Longwood. El lmst0. e 51º.n'f~ adorno de esta habitación
y en otros pun. d
pocos, qutzas e u
•
b.
dado la acl1tu
V
al tos &lt;lel Jledilerráneo. En 1799 fue no~ iaverda&lt;l.eramenle real de Carlos ' que
d
mandante del cuerpo de dosc1ento'i
abandonar su trono dijo: El nombre de C~r- c~rs~~ •1e se formó á sueldo de Inglatena.
los me bastcirrí, ya q1te en a,lelante solo
él yq su; hombres pelearon en. Egipto
Carlos he ele se1·.
.
. . Y en Es aña á las órdenes de Sir John
El almiranle Cockburn, &lt;lrce Rosebe1 y' iioore co~tra las huestes napoleónicas. En
inauguró resueltamcnt~ la solemne farsa eles- 1.805 or anizó V mandó en ltalia un gra~
de que Napoleón llegó~ bordo ~el bcq~:b~~~ cuer o Je soldado,; C'Xtranje1·os, y defendió a
Pslc marino mand~ba. ~anto dicho. oc , de- Capr~ contra fuerzas francesas al mando de
&lt;·orno Lowe cumphan órdenes prec)sas l
r . Después fué nombrado gobernafinidas que sus superiores le~ ha~1an dado,
l~;n;~~&gt;~~·te de las Islas Jónicas. En 1813 se
porque un soldado y ~n mar~nEo lienóe1~¡ecc- ;e ordenó presentar:;e en el territorio alemán
sariamenteque conducirse as1. stas i enes,

NAl'OLEÓX EX ·SANL\ ELEXA

donde operaba Napoleón, y allí ejerció l'I
cargo de inspector de los Yeinte mil soldado,
prusianos que cobraban sueldo dC'I Gobierno
inglés. Estuvo con Blücher durante gran parte
de la campaña, y permaneció con este general cuando los aliados invadieron á Francia.
Indudablemente, se consideraron sus servicios dignos de recompensa pues recibió graneles honores y se le ascendió á mayor general, además de recibir condecoraciones ele los
Gobiernos ruso y prusiano.
En la campaña de 1815, fué Lowe algunas
,:emanas jefe del Estado ~layor General de
\Vellington, y antes de Waterloo se le envió
á Génova donde tomó el mando de las tropas
que allí se organizaron. Al entrar en Francia, ocupó á ~Iarsella, y cuando abandonó
usta población después de constituirse un
gobierno bo1·bónico, los ciudadanos marselleses le presentaron un testimonio de gratitud por haberle;; salvado del saqueo napoleónico. Su pnesto en Santa Elena se consideraba ele importancia, y allí cobraba un
sueldo de se,enta mil durus anuales. Se lo
eligió para esle cargo por sus conocimientos
del francés y del italiano, así como por estar
relacionado con la roa yor parte de los grande., hombre,, de aquella ápoca.
NAPOLÓEN Y LOWE FRENTE Á FRE::'&lt;TE

Tal era el hombre que al presentarse á Napoleón se encontró con que el emperador
no quiso escucharle ni le dejó hablar, abrum:tndole con multitud de bravatas en que pedía á toda costa la libertad ó la muerte, brarnlas acompañadas con una porción de insu llos personales á Lowe, á quien el furioso
emperador, llamándole ya entonces su cm·celero, dijo que sus e;;critos sobre la campaña
de 1814 estaban plagados de necedades y de
falsedades. Cuando Lowe pidió á .Kapoleón
que le indicara sus deseos sobre la construcción de una casa para él, para la cual se
habían llevado los materiales de 111glaterra,
el emperador contestó: «Creo que habéis recibirlo órdenes de asesinarme, y para ello no
os detendréis en minucia de más ó menos., Y
Lowe tuvo que retirarse de la presencia de
Bo11aparte sin obtener respuesta á sus preguntas. En la quinta entrevista que ttn·iero11.
Xapoleón recmrió á su idioma nativo, el ita¡iano, según hacía con frecuencia, )' dijo á
Lowe que no era soldado, sino nn escribiente, im esbiiTo siciliano, y que no tenía nada
de general inglés )' si mucho de jefe ele b1·igantes. A todo esto, contestaba Lowe que
cumplía con su deber y obraba con arreglo á
las órdenes recibidas. «¡Eso hace el verdugo!, replicaba el emperador. Tambien dice

Lowe que el lenguaje de_ Napoleón era inciYil
é impropio de un caballero, y que por este
motivo decidió no escucharle suprimiendo
desde aquel día toda relación personal con
su prisionero.
Es po&lt;iible que faltara á Lowe el suficiente
lacto para el cargo que se le confió, pues
apenas tienen una palabra bondadosa para él
cuantos por aquel tiempo estuvieron en Santa Elena; pero es indudable que la provocación al amor propio del soldado foó extraortlinaria, y aunque hubiese tenido la diplomacia de l\faquiavelo combinada con la
paciencia de Job, no hubiera conseguido
atraerse á Napoleón. El objeto del desterrado imperial era mantener constantes querellas contra sus guardianes á fin de aparecer
ante el mundo corno un mártir; tanto que,
sólo por llamar la atención de todas las gentes fué por lo que Napoleón vendió su vajilla, con objeto de hacer ver por esle medio
que carecía de recursos con que alimentarse; y asi fué también como rompió su cama,
para que se creyera que carecía de leña con
que calentarse. Todo esto no era más que
una aparatosa demostración de pobreza hecha por quien lenía millones á su disposición.
Era el juego de Napoleón. Juego pequeño,
quizás, pero aquel hombre extraordinario se
entretenía en lo pequeño cuando no podía
entretenerse en lo grande. _\demás, indudablemente creía el emperador que así tendría
probabilidades de atraerse las simpatías de los
ingleses, hasta el punto de que llegó á decir,
según afirma Gourgaud, que un cambio de
Gobierno en Lóndres podría ocasionarle la
libertad. Esto prueba que Napoleón estaba
mu y equi,·ocado respecto al temperamento
inglés; pero continuó su sistema hasta Jo
último, y aun cuando nada consiguió para
su persona, logró difamar irreparablemente
á Lowe.
Se ha hablado mucho de lo indigna que fu&lt;•
la exigencia de ,¡uc Napoleón foera visitado
diariamente por un oficial inglés para asegurarse de su presencia en la prisión. Cierto
que Lowe &lt;lió tal órden, pero no la hizo
cumplirá rajatabla, aún cuando para ello
tenía atribuciones. Dia:·iamente se presentaba en Longwood un oficial de l ejército inglés,
pero era rara la ocasión en que conseguía
ver á Bona¡nrte porque éste solía permanecer una semana ó más sin salir de sus habitaciones. Además, para ju7.gar esta órden de
Lowe debe recordarse que el Gobierno inglés
había sido severamente criticado en el Parlamento por deficiencia de precauciones
cuando Napoleón se fugó de la isla de Elba.
Esta costosa aventura se hizo posible, ó al

�HORÓSCOPO DE LOS MESES

MARZO: SOL EN PISCIS
mes, tercero del año en nuestro calendario, cuenta treinta y un días. En
los tiempos del llamado Ail-o Romano era el
primer mes, y el aii.o legal comenzaba el 25
de Marzo. Fué denominado con el nombre
c¡ue tiene, porque estaba consagrado al dio~
Marte. En el presente mes entra la Primave .
ra, y el signo del Zodiaco que preside á Marw es Piscis, que reina desde el 19 de Febrero al 25 del actual.
La constelación Piscis, duodécimo signo
del Zodiaco, es un signo con caractéres flemático y afeminado y de actividad nocturna.
Es el último gigno de la Triplicidad Acuática, siendo sus compaiieros Cáncer y Escorpio. Sus atributo,; má,; elevados son la emoción y el silencio.
Los nacidos bajo este signo ~on reflexivos.
industriosos, sensibles, perseverantes y amlliciosos para obtener conocimientos de cada
objeto, especialmente en asunto~ cientificos
y mecánico:.. Son lógicos y positivos en sus
opiniones, a la vez que afables y sumisos
aparentemente, teniendo decidida afición al
cumplimiento de sus planes, que son si~mpre resultado de grandes y cuidado~as deliberaciones. Lo mismo proceden en ol cumplimiento de una ley ó promesa, para lo cual
ofrecen gran decisión y fidelidad. Presentan
,,na razón para cada cosa, y pueden dar explicaciones de sus actos en cualquier asunto.
Son cxcépticos y materialistas. Poseen fuertes idea~ &lt;le justicia y verdadera consciencia de lo que son, temiendo mucho per•
dcr lo que es su yo para no caer en la dependencia de otro,. De impulsos generosos, ha&lt;'&lt;'O por lo general muchas obras de caridad.
Aman la hermosura en la Naturaleza y en el
STE

E

SANTA ELENA, CASA DE VtU:,iDAU

Cierto e;,' por todo lo que hu visto _e~ lec·•
tol' que el cautivo emperador no rc~~b:ó d~
In '1at,)rra las atenciones que le hub1er,~mo.
g d'do los que hoy nos hallamos hbre&gt;conre 1
,
ero no
de \og rencores de aque11 ª ep?ca: P
be duda que todo ello tiene chsculpa. ,\un·
~:e no fueran motivo bastante para ,-eme·
¡~ntes precauciones el temor de_ una segunda
·r'uga de Napoleón y la'- exigencia'&gt; de las pu
tencias aliadas contra Oonaparte, la atmós•
fera extraordinaria de mútuo _r~celo, grand '
hostilidad sospechas de tra1c1one;-; que en
·. e Santa Elena se respiraba era
.
.
1a co1on1a
circunstancia que auloriiaba cierto ngor con
d nrisionero.
.
. Q'\l .
F:emplos son de ello que unentra: . N·
a dejaba escapar en su diario Voice fro11_,
Hele,w el odio más profundo ~~ntr,\
Lo.we que lo había despedido del semr.10 dl·
la ar~1ada británica &lt;le estación en aquella
. 1 F'orsyth en su Captivily of Napoleo!i
,s a,
·
e d1
defiende al general inglés Y a~egnra e¡~ . ·
cha obra está llena de incxacl1tudt•,;. El hbru

J'

St

Arte, y se distinguen por la modestia que á
todos, viejos y jóvenes, les caracteriza.
Los nacidcs en Piscis tioneo gqneralmente plácida y dulce mirada. Su temperamento
es el linfático-bilioso on los climas cálidos 6
meridionales, y linfático-nervioso en las latitudes del Norte. La impaciencia y la ansiedad. junto con la superstición, son las cosas
que más pueden temerse en los individuos
que pertenecen á este signo, los cuales parece que siempre están esperando que les ocurra algún suce:;o desagradable, tendencia
que les hace envejecer prematuramente.
Los mejores amigo, de los hijos de Pisci,-;
son los nacidos bajo los signos do Virgo y
Capricornio, y cuando se unen individuos
de cualquiera de estas tres constelaciones la
degcendencia resulta fue•te é intelectual.
En la ciencia de la A:strología, Pisci,s e~.
con Cáncer y Escorpio, uno de los signo,
del Zodiaco conocidos por más fructíferos y
bienhechores para la agrieulturr, á causa de
las lluvias que durante su imperio se dejan
sentir.
El dia de la semana más afortunado pam
los nacidos en Piscis es el juéves, y Mayo v
Junio los meses on que mejor y con más probabilidades de éxito pueden emprender cual,¡uier empresa ó negocio. Júpiter y .Neptuno
son los planetas que gobiernan á Piscis¡ el
rubi, la joya de este signo; el blanco, el rosa.
el verde-esmeralda y el negro, los colores
astrales; y el narciso, la ílor.

Vamos á dar ahora algunas explicacionc&lt;;
generales &lt;le este Horóscopo ele los mese~•

�UNA MELANC0LIA ...
ceras partes de su propio mes y die;. día¡,
que venimos publicando en las páginas de del mes precedenle.
POR Esos Mmmos desde Octubre último.
La precisa época en que el Sol pasa de un
Los doce signos del Zodiaco representan signo á. otro es un periodo al que se llama la .
la contextura fisica del hombre: cabeza, cue- cúspide. Lo,- nacidos durante las cúspides de
llo, hombros, manos, piés, etcétera. Los cua- los signos del Zodiaco participan de las catro elementos Fuego, Tierra, Aire y A.gua, racterísticas, tanto del signo que el Sol deja
son las cuatro triplicidaáes que gobiernan como de aquel en que va á entrar. Esto pueaquellos signos, tre,; de los cuales pertene- de ser una ventaja ó una de~ventaja, según .
cen á cada triplicidad. Siete planetas en turno que los dos signos se encuentran ó nó en
rigen á estas constelaciones: Júpiter y Ve- harmonia. El Sol tiene que residir en el nuenus, que son propicios á ellas; Marte y Sa- vo signo durante seis días, y cualquier
turno, que les son contrarios: Mercurio, que tiempo menor á este hace que el individuo
e~ el más indeciso y variable; y el Sol y la nacido en esa época tenga alguna de las
Luna, que modifican las influencias favora- características del signo precedente. En cambles ó desfavorables de los otros. El Sol pasa bio de esto que puede ser una desventaja,
sucesivamente por cada uno de los signos existe una fuerte y duradera simpatía entre
zodiacales, y la duración de estos suele ser personas que pertenezcan á si¡mos del misde treinta días; pero el cambio empieza ha- mo grupo ó triplicidad, los cuales congenian
cia el 20 del mes, con lo que resulta que siempre en toda cla::;e rle asuntos.
una de dichas constelaciones abarca dos tertHASE

ÉRi\SE UNA MELANCOUA...
l\lelancolia de las noches solas
que todos mis deliquios los inmolas
en el ara lustral de un amorío
que arrasara mi vida y mi albedrío:
Aléjate, llevando entre tus olas
las tranquilas y suaves barcarolas
que ayer nacieron en el pecho mío
y que hoy se alejan cual se aleja un río.
¡Aléjate!... Mi espíritu embebido
en los regios coloquios con el Arte,
busca el místico amparo de su olvido
Como busca á la véspera neblin1
el viejo muro ó el alero aparte,
cansada de volar, la golondrina.
CONSTANTINO OBANDO ESPINOSA

r~---,~~--~-_...-------......
'

L.
.,

''

l.EYENDA DE LA BRETARA ROMANA, ENTRE LOS
AROS 410 y 446 DE LA ERA DE CRISTO

por C. BRYSON TAYLOR

,

Personajes:
N1CA)IOR, narrador _de cu~ntos, hijo de
.
RA.TH?1'rns, ~ampesrno suJeto á la esclavitud.
SUSANA, muJet' hebrea, esposa de Rathumu'\
EUDE~IIO, noble romano.
-VARIA, su hija.
HITO, mayordomo de la casa de Eudemio.
NERISSA, doncella de Varia.
LrvlNIO, ami_~o de la infancia de Eudemio.
¡ l\IARIO, ~u h1Jo, de las legiones romanas de
la Gaha.
MARCO SrLENO POMPONIO, conde de Sajonia;
AURELIO MENOTO, dunviro de Andérida·
CA;O JULIO VALENO, ciudadano romano:
huespedes los tres de Eudemio.
FELIX, Juu~, NIGIDIA, PAULA, GRATJA, hijos
de los huespedes de Eudemio.
CHORIS, ciudadano cosmopolita.
SADA, mujer sajona.
EUNICE, mujer griega.
ELDRIS, esclava bretona convertida al Cristianismo.
'
WANDO Y MARCOS, esclavJs en la casa de
Eudcrnio.
VAL~ruo, romano, soldado de fortuna .
....., .
TOBIAS, hebreo, artista en marfil.
CEALIN ·efe de tribu
WULF, EL ROJO, piquero sajón.
TUERTO , J
escocesa.-PADRE AMBROSIO, sacerdote cristiano.-NiCOOEMUS, E•I,
. de un
, comerciante
inglés.-M:YLEIA,
su esposa.-BALUUS, un desterrado.-JUNCINA, muJ~r
pescador.-SosrA,
su hija.

Una fforista, tfü ccintor sajón esclcivos e
, . tes l' ,
..
liles romcmos
'!J mujeres pcdricia;, ho ,nb tes
. ' iine_i
ciansc~¡ones
.. po icta
mtlziar,
mineros, no.
e cu-mct,S
'!J muc!ws
extranjeros.

LA HEQENCIA DE MELCHOR

. 'AL
co1~iewl~-&lt;le nu~_stra hist?ria, Ralhu. mus el lc1 ,1dor, h1JO ele H.az1s, broncifita,
Y meto de Jllelcbor, narradol' de cuentos re~re,:ab:i por enlre sendas \' Yeredns de 'una
montaña á su pobre y mí;cra ,·iricn la. El
· cuerpo alto y delgado de Ratbunw~ isc encor-

vaha al peso de haces de leña que cargaba1J
sus homb:?s, Y ya cerca del anochecer, cuando las luc~crnaga~ centellean entre los pantanos, el lenador v1ó á su hijo Nicanor sentado
en 1:1na roca, las manos cruzadas sobre Ir, ,
rod1l l_as y la voz hablando alto á las estrellas
del etelo.
Rathumus no interrumpió á su hijo, )' de-

�AMOR DE DAMA Y AMOR DE &amp;;CLAVA

-&lt;¿38

POR ESOS !IIUNDOS

•tuvo un punto la larda caminata que á s119 piés imprimía:
'Contempló á Nicanor, y n'cordó
.al momerto que Melchor, su
.abuelo, fué, cuando vivió, un
·talento, un hombre á quien
,od05 oían, ensimismados, referir leyendas y cantar baladas. Y emprendiendo de nuevo
~I paso, que ya hizo algo má5
ligero, llegóse al lado de Susana, su mujer, á quien dijo:
-¡El talento de nuestro
gran padre Me lchor ha
sido heredado por Nicanor! Ahora canta á las estrellas. Cuando las estrellas le hayan oído y le
hayan enseñado lo que
ellas sabirn, cantará á los
hombres. Dejémosle así:
~s la vocación, que le re-clama.
Susana respondió:
-Será un hombre que
sobresaldrá en t re los
hombres, y un grande entre los graLdes. ¡llasta es
p os i b le que Eudernio,
nuestro nobln y honrado
se1'íor, lo llame á su lado!
Rathumus dijo gravemente:
-¡Pide á los dioses di·vinos que no haga mal
-empleo de sus facultades!
Llegó en esto Nicanor
al lado de sus padres, y
el encanto de las estrellas
parecía habersctransmilido á él. Era el retrato de
Rathumus: delgado y cargado de espaldas, grises
los ojos, cuyas miradas cambiaban desde la
tranquilidad inocente de la niñez á las profundidades y embelesos del conocimiento
que alborea.
Rathumus le preguntó:
-¿Qué hacías, hijo?
Nicanor, como el que despierta, contestó:
-No lo sé. Quizás dormiría anoche al aire
libre, á la luz do la luna, y el astro me perturbó ... ¡Padre, he llegado á pensar que haré
grandes cosas! Recuerdo que un día me dijiste que el destino de la vida del hombre
en sus propias manos está.
A lo que repuso Rathumus con prcslc7.a:
-Recuerda que también están las manos
-del hombre en las manos de los dioses, como
las del esclavo entre las de su señor. No olvi-

na-y se dedicaba á referir cuentos á lo-;
anlcpa.c;ados de nuestro setlor Eudemio, de
los que fué el primer siervo ... Tu padre cree.
que has heredado de Melchor el don que á él
adornaba y que un pliegue de su manto ha
caído sobre li. .. Ahora, hijo mío, quiero que
me digas qué pensamientos se apoderan de
ti cua11do la noche extiende sus sombras y
cuando la inmensa tierra murmura somnolientos cánticos: ¿has sentido alguna vez qu&lt;'
los sueños exciten las cuerdas de tu corazón
como :icordes de mú,iea delicadai'
- ¡Jlaclrel-exclamó Nicanor apretándol,1
en sus brazos.-¡Tú lo comprendes, tú conoces esa música y su letra! Enséñamela. ¡Yo
longo visiones y pensamientos lan rápido,;
que desaparecen antes de que llegue á conocerlos bien. Sobre todo, la letra, las palabras,
nunca puedo dominarlas: ¡me es imposible
expresar las cosas que quiero decir!
Susana reía y acariciaba la cabeza de su
hijo.
-Yo conozco la letra, poseo las palabras,
hijo mio,-dijo suavemente-pero carezco
de la música para cantarlas. Las mujeres no tienen
en su vida más que un aire,
y este siempre en la misma
clave: ¡un canto, uno solo,
tiene la mujer en toda su
vida, y cuando ese canto
-. cesa se apaga nuestra voz!
Pero no te importe, hijo
mío: Dios querrá que comprendas lo que significan
las palabras y que las dés
su verdadero valor: el del
pensamiento, que es la piedra fundamental sobre que
que has de edificar tu porvenir. Y, entonces, las palabras afluirán á tus labios... ¿Qué visiones has
tenido, querido hijo?
- ¡No sé, madre mía!
Ahora, en mi frente, siento
la inspiración: está mi imaginación como si se encontrara ante una cortina de
niebla que va desapareciendo á la faz del mundo... Veo debajo de mí nubes que se escapan del horizonte, vagas montañas,
extensos y solitarios desiertos y ciudades grises,
durmiendo todo bajo la protección de la benéfica lu1. de
::iusana dió un forllsimo
la luna, ¡pues para mi consabrazo á su hijo y se .destantemente es d e noche
pidió de él

separóse de su lado y trepó escaleras arriba
en dirección al desván donde acostumbraba
á dormir.
Pasados algunos momentos, Susana, qul'
suspiraba por su hijo ahora más que ante,
puesto que veía que empezaba á seguir ciegamente los designios del hado, subió también las escaleras y se sentó al lado de Nicanor, creyéndole dormido; pero el joven
deslizó una mano entre las de su madre, y
se esc11rrió en el jergón hasta acercarse del
todo á ella. Susana le recibió en sus brar.o«,
apretó la poblada cabellera de Nicanor contra su pecho, y como á infante de pocos meses lo meció cariñosamente. El muchacho,
dominado por el sueño y por el bienestar,
murmuraba negligentemente, y la madre so
inclinaba hacia él para no perder palabra do
las que pronunciaba el hijo.
-Hace tres noches que habló mi padre
de Melchor, y este nombre ocupa constantemente mi imaginación. ¿Quién fué Melchor
y qué fué?
-Era el abuelo de tu padre,-dijo Susa..!

Ilatbumus vió á su hijo Nicanor sentado
en una roca hablando alto á las estrellas

des, hijo mío, que eres muy joven y todavía
no posees completas tus facultades. Procura
no enseñar lo que tú mismo no has aprendido, porque en ese camino encontrarás la burla y el desprecio de los hombres.
-Ahora soy yo el que no comprende á
dónde se dirigen tus palabra~,-dijo Nicanor.
Y sus ojos grises, a la vacilante luz de la
antorcha, expresaron la duda. Luego, añadieron sus labios:
-Yo no enseño á nadie: ¡quizás no fuera
yo, después de todo, el que durmió anoche
bajo los rayos de la luna!
Púsose á cenar Nicanor. Más que cena
era una colación lo que tomó: un potaje de
judías negras. Y sin preocuparse de los cariñosos pensamientos de sus padres hacia él,

�l'OH l&gt;OS )lU;-;UO:-

110

A!IIOR DE DMIA Y AMOR DE ESCLAVA

I)urmió Xicanor, Y lo-, rayos de la _luna,
las cosas suceden siempr~ en sn&lt;:iios, ~- ªº.- &lt;¡uc lle¡rah:rn has la él desván_ e_n qu~ el JOYen
. ies de que yo .P~•.eda apreciarlas IHcn c:-cap,1
.
ab~... envolvieron al v1s1011ano en una
de~cans,
la tentadora ns10n! ...
C'orrienle
de plata.
11· b·
. Acritóse el joven intranquilameute, )' a~11
Abajo, al lado de Ralhumus, s_e h~ a ~
i:- d.. ma· s· la &lt;"tbeza en el seno de su rn,1escon JO
'
,
•
.
Susana. cuyos párpa•.los ¡,enna1_1e~1an ICh~I _
1 que le acarir·iaba en s1lenc10.
&lt;rduando volvió Xic·anor á usar de la pala- des al suc1io prPlc11&lt;hrndo &lt;les&lt;·1f1 ,u los Ulh
torios de la obseu ridad.
',n dijo exta!-iado:
'.'-Yo también i::eré ll:ll'rador de cne_nt~~,
11
m1 p,1d1 l1e:
"0m0 lO f Ut·, 11~relchor. el abuelo de
•
En serlo está toda mi alegría, sm pe1!as •
Nicanor hallábase sentado al lado del
. ·Y seré grande más grande aun que
pesares. 1
'
t ._ ven.,·rn "º Sus manos cru;.mdas abrazaban la~. o
~[elchor, y más gra11de que cuan o
,,,
!la~, los ojos estaban fijo.:; en las roJ i:,:~s
detrás de mi!
¡ 1· d
,·1·ybles llama~. En i::u rededor, en el para
100
mano
sobre
los
a
nos
e
S usana pUso Una
roo,• acurrucábase una ban el a de pastores
¡~
trashuman
les
procedentes,
de
todo
el
~a:
,;u
hijo:
¡
c·
1
lla'
Eso
es
.
·C· lla por amor de ie o, ca , . .
. -. •~ ''. de la J·actanC'ia jamás re,-ulta el circunvecino, c¡ue conducian sus gana º"•
Jactancia, )
.t
¡ •e v ron- &lt;le vuelta ya de pacer. para enr1•rrarlos en ('I
bien. E.scúchamc, escuc1ia a u mac I , ,
!-erva siempre rnis palabra"
"11 lo más profundo de tu
~orazón: ellas :-;erán como
un encanto que te defienda
contra todo peli¡rro.. Ru~ga
durante la noche ª. D1?s,
conserva las mano,; hmp,a~
de i-angre, el cuerpo hhrr
de lascivo pecado, _la lc1:~
"Uª ,írcren de toda 1mpo.
tura:
i-erás pu:o y tus
· palabras pro:-;peraran, !J~rque el fruto s111 mancha J~más dejó de fl?recer._ Ter~
presente que~'º" quiere a
todas sus criatura-:, y lo
mismo que á tí ama a las
demás.•\si como lit llen1s
en tu f-ér el bien y el_mal.
así también ocurre a tus
prójimo~, por lo que_ h~s
de hablar de ellos ear1ta~1vameutc, como qu~rrias
que ele tí dijeran. ,\ lt prul&gt;io jÍlíioatc ..~cveramentc_.
como s1·ºrueia,,
a' J·uzcrar
·~ a
lo, clemá~. y así con!,ervará~ la justiciera balan~;~.
Diú Susana un forll,mno
Leso á su hijo y ,-.e alejó dt•
- 1 B·tJ.ó las escaleras. y al
e·
'
11 ll&lt;"•ar al último pe e ~no.
todavía llegaba á s~~ o1clo"
la confusa voz de };1canor,
que decía:
.
- ¡Seré grancl_e, mas
graulc qne el anciano q u&lt;·
me precedió, más gran&lt;ll'
,¡ue los n. cQ, mil-: ;;r_andi_
•
. res cruzada~ l:i➔ mane» :í las rodillas y lo; ojos
que cuan los nazcan Ira,, de
:-,ieauor,
ro,lea&lt;l,i
de.IJ03
pa,lo el 'r,.e•o
canta!Ja una balada
.
..
•
,. o ,
1 lD
mi!
·

/~t

!

así

2-Í1
redil durante la noche. Cerca del fuego, á lanzar ruidosas exclamaciones de gozo y de
intervalos discretos, yacían los rebaños, se- triunfo. Gustaba, relatando cuentos referenparadamente. En torno de cada grupo de tes al mundo de las tinieblas, hacer que sus
carneros vigilaba una figura negra, cayado en oyentes se exlremecieran y dirigieran inmano, para mantener la paz entre los anima- quietas miradas á uno y otro h,do procules que quisieran perturbar la tranquilidad rando investigar con ojos escrutadores los
de los demás. Los pastores, en lomo del fue- misterios de la obscuridad que les rodeaba y
go, descansaban de las fatigas del dia, &lt;lesta- fijando estúpida admiración en el resplandor
cánrlose á la luz de las llamas las rudas fac- que las lamas despedían... Porque no debe
ciones y pobladas y enmarañadas barbas de olvidar el lector que se retrata aquí una
aquellos hombres záfios y groseros. )lás reti- época supersticiosa, en la que cada campiña
rados, unos cuantos grupos, sentados en y cada hogar tenían su genio que presidía el
círculo, echaban los dados ,sobre una piel de bien ó el mal, y en la que había muchas cocarnero, oyéndose entre los jugadorei-, de vez sas de las cua!es los hombres hablaban con
en cuando,ahogadas risas. El almizclado olor el cornzón palpitante y las manos elevadas
de los animales impregnaba las primeras sen- al Cielo.
saciones del oto1io que ¡:endian en la atmósNicanor, gozoso y triunfante, terminó su
fera y se extendían por el páramo, vasto y narración con estas palabras:
silencioso, y por las cumbres sombrías que
•Así murió este hombre, sin que sufrier1'
iban á perderse en los misterios de la noche. castigo alguno. Su cuerpo fué l1eV'ado á un
Sobre.la obscuridad que del mundo se ense- campo de flores, en medio del cual levantábañoreaba, una luna en menguan le, de pronun- se una ciudad. El espíritu del muerto entró
ciados cuernos, vagaba por entre las nubes, en esta ciudad, y se aterró; porque al hallarse
ahora ocultándose, luego apareciendo.
entre las flores vió sus pétalos salpicados de
La voz de Nicanor se elevaba y descendía sangre r percibió que lodo el ambiente hecon las crugient&amp;,; llamas, mientras sus ojos día á crimene::; y matanzas, á los malos hebrillaban y temblaba su rostro. Los hombres chos que él había cometido cuando vivió
que se encontraban al alcance de su voz apa- sobre la tierra.,
recían pendientes de las palabras que proSordos murmullos y viva agitación prodununciaba. Gradualmente, palidecían las risas jeron estas palabras entre la multitud que
de los jugadores de dados: uno tras otro, rodeaba á Nicanor, y al momento una voz
fueron abandonando los grupos para uniri:;e que salió del grupo habló así:
al circulo que rodeaba al fuego. Nicanor ob-¡Por la cruz de Cristo! ¿Cómo es que esse1 vaha esto, y llegó á ~e11 lir en su cornzón le fátuo adolescente se atreve á expresar con
el orgullo del amor propio sati,;fecho. No sus lábios lo que ocurre en la vida de ultraotra cosa era la que él ansiaba: vagar durante tumba? ¡Se trata de muertoi-, y los muertos
la noche y encontrar 1uulliludes de pagtores pertenecen únicamente á la Santa lglesial
ambulantes, ó de letiadores ó carboneros; ¿,Con qué derecho nos hablas de lo que tú
empezar su canto bruscamente y en med:o mismo aseguras que ningún mortal conocer
de las conversaciones de los demás; ver cóMuchos de los pastores protestaron, grimo .los oyentes se iban acercando á él expre- tando:
sando en sus miradas la admiración y el te-¡Calla, Rag, sella tus lábios, y deja harror, ó la risa y las lágrimas, según los sen- blar á este joven!... Y dinos tú: ¿qué le ocutimientos que él deseaba imprimir ásu audi- rrió al hombre malvado de tu cuento':&gt;
torio, al cual, en suma, quería dominar como
Pero Rag no estaba dispuesto á dejarse
los vientos del marjal dominan los caliave- vencer, y contestó:
rales... A veces, cuando el sentimiento de la
-Insisto en que lodo eso es blasíemar:
influencia que ejercía sobre los demás se . .ningún hombre puede charlar así de lo que
apoderaba también de él, experimentaba la ocurre más allá del sepulcro.
mayor delicia viendo á sus oyentes mirarse
Una voz apoyó débilmente á Rag:
unos á otros para ponerse en seguida á sollo-Creo que tiene razón nuestro compañezar, á pesar de ser hombres de luengas y en- ro. ¿Cómo vamos á saler que este Yisionario
canecidas barbas, y respirar difícilmente 'y dice verdad, si no conoce lo que pasa desperder el dominio: parecían corno chicuelos pués de esta vida? Dínos: ¿qué crédito puede
sencillos nacidos en el páramo y el bcw¡úe, dar~e á lo que cuentas?
cuyas emociones podía Kicanor modelár del
Una voz gritó:
misi:no modo que el alfarero moldea la ar-¡En
nombre de los dioses, Rag, véle otra
cilla.
vez á dormir! Tú, el más e3túpido de los paAl observar estas cosas, sentía el hijo de l&lt;tnes de Bretaña, cometes una mala acción
Ralhumus grandes deseos de reir alto y de al venir aquí inoportunamente á interrum-

4-

�AMOR DE DAMA Y AMOR DE ESCLAn
POR ESOS MUNDOS

lanzarse unos conlra otro.;;. ~icanor creiasc
pirnos de manera tan grosera... y tú, jóven con esto más grande que ?u bisabuelo, y con
llllerl.do, no hau0 ¡Js caso de es_a_e; intcrrupcio- la sangl'e agolpatla a· Jas sien es de'.,eaba prociones, ,· continúa ln n:urac1on:
. .
. e;lamar su grand&lt;'za á todo el mund_o.
La yor. de Ra~ r11~ió en :;rgu1da. d~c~endo.
Pero pronto la&lt;:. cosas ~?maron diverso as- .\hora que e;:;toy aquí no vol~·ere a dor- ll""lo. ¡:,11 ac¡uella ronfus1on, Rag, que se ha. l1r,st:vque f'epa
.
'" :wo-;tado e,, el suelo a11 ado de sus?ª·
nm
·s·1e'" la mentira
. la que liaba
me ha cl!'spertado ... Y si es una impostura,
maradas, sin·
¡In,; imposturas
tió,:,r pisoteado.
deben
admiEslo
hizo que
110
1i1·-e!
se levantara.
Ladiscrepanbramando cocía entre los
mo un loro Y
queriendo to0 y en tes aumenlaba: uno~
mar fu r i osa
,leseaban q u e
yenganza. Y ensiguiera el rerarú 11dose e on
l¡tlo. olros que~ieanor, le harían saber de
hlúdeeslamaqué medio¡¡. se
nera:
ha b ¡ a valtclo
- ¡)lira, se,u¡uel jóven flami lle ro de perc:ucho para haclición, lo que
blarles de I o
has conseguido!
pasado y de lo
.\ 11 o ~er por
porYenir. LI eti y ¡&gt; o r l u ~
eraron á la~ maneéios cuentos.
7,os I Llf\ que
e lariamosdur&lt;I is r II Li a n ,
111ie II do como
iuienlrn-; el jachombres de
tancioi'IO llag.
bien y como
que dió motirn
huenos trabaal tumulto. fu{·jadores que so~e tl'anc¡uilamos. Cuanto
mente á contiaquí pasa e H
nuar e I sue110
obra tuya, proque había inleduelo de esa~
rrumpido, deluspalabras sojando que sus
breelcielo, y el
compañeros
infierno, y las
arreglaran p_or
flores que vo~i las cuesllomilan sangre.
nes que él ha·Se ha oíd o
(,
hía suscitado.
nunca cosa se¡.\si se condumejante? Si no
c·en los que ron
sabes lo q u e
su s p a Iabras
charlas, mienexcilan las ma, 1 res se cnretl.\ron :i ~o:pcs, _micnt,n, na~, &lt;1.uc dió motivo ni
tes al charlar;
1as pasiones!
I.os pn o
tumnltn, fuése tranqmlamcnlc á dormir
y si Jo sabes,
Do~ paslore;: se
posees
el
negro
arte
ele
la
magia,
ores ~1~a
enredaron á golpes y uno d~ ello~ cay? en Ias i,,omhra del demonio. c¡11e pone á tu serv1c10
r;Jlienles cenir.a~ ele la ras,. cxl11!g_u1~la ho- familiares suyos que le dicen cosas descono"ue1·,a. Los 1·11rnmcnlo, de c,le h1c1e1on que
I
d
~
1 1 ll se cidas para e mun o.
.
PI desórden aumcnlarn. y á la )aru o
Al oir la estentórea voz de Rag, sus parllme1,cló el balar de lo,; a~11,-tados carneros Y_ darios le apoyaron, y Nicanor se encontró
e! jurar &lt;le log pastore: q11c se rsforzaban poi rodeado de semblante~ hostiles y brazos en
erilar la l11ga drl rebano.
.
alto. Lle~ú t"·l también á enfure.cerse, Y
Nicanor ~enlia íntimamente que _,;u pat)ie olvidando que con sus palabras ha_b~a llevan9 pre;;enciara aquel lumull~, que ni el -~ii:,do 11 aquellos hombres hasta el de)mo Y qu:·
mo l\lelchor hubiera consegmdo producn ha- sus emociones se vol dan contra el, empunó
e\endo que sus oyent&lt;'s llegaran al punto de

su cuchillo. Uno de los hombres se lo arrebaló y lo anojó al fuego, mientras que negrns figuras que empezaron á danzar en su
rededor, le derribaron al suelo, yle pisotearon,
le apalearon, le hirieron ... Hasta que aquel los hombres, perdiendo loda noción del herito primitivo, pelearon, no ya por la cabeza
de Nicanor, sino que proclamando creencias
paganas antiguas, en las cuales diferían extraordinariamente, de la discusión de un
cuento romántico pasaron á una guerra religiosa. Un individuo con la cabeza manando
sangre por un fuerte garrotazo recibido ca )'Ó
sin sentido cerca de Nicanol'. Este, que se
encontraba muy mal parado, se arrojó al
suelo y se escurrió. ltasla que consiguió
cubrirse con el cuerpo de aquel desgraciado.
¡.\sí quizás fuera como el hijo de Rathumus
logró salvar su vida en aquella tremolina!
El combate tuvo fin después de algunos
minuto~, tan bruscamente como había empezado. De entre los pastores salió este grito
rfo desesperación:
-¡El ganado! ¡El ganado se escapa!
En efecto; los animales. asustados por el
lumullo, rompieron el cordón y se lanzaron
hacia la obscuridad. Al instante, se olvidó la
discusión: individuos que en aquel momento
&gt;&lt;J disponían á golpearse, abandonaron la refriega y corrieron tras de sus carneros. Al
observar Nicanor desde su escondite la fuga
ele los pastores, colocóse en pié al lado del
fuego y so puso á considerar el aspecto que
su persona presentaba: Yió los destrozos
hechos en sus ropas, sintió que de la nariz le
brotaba la sangre, y pasó sus manos por una
herida que tenia en la sien derecha. ¡Lastimoso aspecto, en verdad! Y como toda protesta por lo que él consideraba tremendo desafuero á su grandeza, hubo de contentarse
con levantar el puño cerrado y amenazar
ron él á sus apaleadores, que huían.
-¡Por Dios y por su Cruzl-exclamó repitiendo el juramento del Rag.-¡Yo os haré
creer lo que os cuente, aun cuando lo que
diga sea que vuestro infierno es el cielo.y
,·uestro cielo el infierno! Me habéis herido v
apaleado: ¿por qué? ¡Porque os decía cosas
que vuestros duros cerebros no pueden concebir! Cierto es que os habéis mofado do mí;
mas prometo que de aquí en adelante seré yo
quien de vosotros me burle: haré que me temáis, y que tembléis al oir mis palabras, y
que beséis la tierra que piso. ¡Así aprenderéis á temerme y á respetar mi poder, y así
me adularéis, como hombres viles y despreciables que sóis!
Nicanor se dirigió á su casa temblando do
rabia y de vergüenza; y herido en el cuerpo,
y todavía más herido en la dignidad, dijo á

243

¡;u madre que deseaba marchar del lugar.
Rathumus y Susana creyeron haber oído
al Hado por boca de su hijo. La madre lloraba, y el padre movía la cabeza, grave y lentamente. Nicanor, molesto por la injusticia
con que los pastores le habían tratado,
!,ería fuertemente el suelo con sus pisadas, y
dando rienda suelta á sus lamentaciones exclamó:
- ¡Soy más fuerte que ellos! ¡Les conquistaré, les domaré, les haré reconocer que val~o y soy más grande qu&lt;' ellos! Esla será mi
\'enganza, y aun cuando ha ya de emplear en
la empresa todos los años do mi vida, conseguiré vencerles.
-¡IJijo. hijo!-deeiale Ralhumus, severamenle.-No hables así: sólo para los diose.;_
es la venganza.
Kicanor se dirigió al desván donde dormía, y s11 n111lre le acompaiió, consolánclole.
-Ya conseguirás vencerlos, hijo mío; pero Lén cuidado con los procedimientos que
emplees ... Y, ahora, escúchame. Yo haré que
tu padre pida á n11cslro gracioso sciior Eudemio que le permita irá la Iglesia Cristiana
ele San Pedro, en la isla do Bramble, para
que allí aprendas á Yivir. Aunque nuestro
amo no e; creyente en la Fe, es bondadoso para nosotros, que somos sus esclavos, y
no dudo que nos dara su consentimiento. Y
una vez allí, buscarás á un hombre llamado
Tobías, orfebre en marfil, y quizás él te
ayude.
Susana calló y contempló el roslro de su
hijo, que sostuvo la mirada de su madre sin
inmutarse y sin que se le ocurriera preguntarla acerca del significado de sus palabras.
Susana sonrió poseída de íntimo gozo y de
felicidad.
-Tobías es un hombre sabio,-añadióy posee buena cantidad de riquezas. lla viajado mucho por extraños países y ha visto
notables maravillas. Te enseñará grandes cosas cuando sepa que eres hijo de Rathumus y de su esposa Susana, y de este modo
!legarás pronto ll ser sabio y bondadoso
como él.
Y al día siguiente, Nicanor partió solo á
recorrer el mundo, llevándose la bendición
de sus padres, que era todo cuanto éstos podían darle, y las más grande,, ilusiones para
descubrir en el mundo el dostino que el Hado
le tenía preparado.
Haciendo el jóven su caminata por las ondulantes montañas y desiertos páramos que
se encuentran bajo la gran muralla de Adriano, descendió el largo camino que en dirección Sur conduce bácia Londinium. Pasó
Eboracum sobre el río Urus, cruzó el anchu-

�AMOR DE DA)IA Y A)IQR DE ESCLAVA

l · do-

POR ESOS Mu°XDOS

f eran rudos co omza
es que los romanos u
que la tarea que
h y que reconocer
.
f

244

1 Abus tomandolo por el
a tarea dura: s1 con reroso caudal det to b~bía oído hablar, y en res; pero a
océano ?el que h ª~aba al paso pedía lim?sna, tenían á su car~o er les fué porque tratalas granJas que \
eia v oía y observando- cuencia apar~c.1dn cr~e n 'salvajes como las
fijándose en cuan o v ntafias y por los valles ban con mdl~1 uos ;dad es que los romalo todo. Sobre_ las m: marcha Nicanor, legua fieras del desi_erto.bVelutos del supremo_ ~ader, y v1V1an
tenia que cont_mu~:s los obstáculos que se le nos eran duenos a so
en la abuntras
legua, evitan
---~-~------ - - - -~ ~~
pre sentaban,
dancia aprointroduciénv echándose
dose por podel trabajo de
blados bosJos siervos inques, atravedígenas Y essando vastas
el avos, _en
y solitarias
hermosas CIU·
llanuras, dedades, en pajando atrás
lacios majesciudades mut u os os, gusradas señalatando alimendas en toda
tos costosos Y
5 u extensión
gozando
porel paso de
cuantos lujos
las grandes
se conocían
le"iones Y por
en aquellos
lo~ surcos de
remotos tieminnumerables
po;:;, mientras
ruedas. Y cobnjo ellosmomo a tra,•és
ria la masa
del mundo lode la poblados los camición conquis11 0 s condutada, luchancían á Rolna,
do con la carasí en Brctaga de l~s
üa todas la;:; .
contri buc1~v ¡ as condunes , esclavicían á Londizada al terrunium, í por
ño, viviendo
tanto á Thoren chozas teney, ó Isla de
chadas de paBramble, lu-..
ja y laborando
aar donde res1d1n el s:lbiJ
terrenos de
rico Tobías.
señores que
no les paga111
ban salarios;
pero también
Londinium no era ya,
es verdad que
en los tiempos de e_stas lesi Roma no
·eudas, 1a colección d e
8 e hubiera
)h
s
de
barro
ocupadas
c oza
.
.
e
O n d ucido
por bretones pmtarraJcaasí,
no habría
dos de azul, y de la cual
d 1 ·cndo su caminata
sido tan foer-1
N¡canor partió á recorrer el mun o, iact
tantos misteriosos cuentos
por d, ,iertos páramos
te aún en e
se referían; sino que floderío y los romanos no
,
medio de una
.
recia
en'ó como nu nea se había conoc1- des~enso de td/ºrelener á Brelatia tanto
.
·¡·
1
c1v1 1zac1 nno se ,·o1ve11a
.· á conocer hasta hubieran po
. l .eran pues por mar Y
do y como
iios dec; u(-,_: fué aquello un tiempo como 1a re1~v!les de la civilización
. ra en 1º" im1
. . t
centenares de a i .~ á Bretaiia antes que p,:,r t ter
, .
taban las tribus mqme as
rayo de luz qu~¡° ca:'.\e!o que los bárbaros que manteman, es ;:; ·ones aprovecbán&lt;locayera sobre e ª e
d con su invasión de escoceses, p1ctos y J todo momento de
tendieron ni mu 11do ?uªté -~ea mano. Cierto ¡:e de todo pretexto, e
~en ta ron su lenta pc1 o i

y

f

descuido, para producir perturbaciones, asonadas y rebeliones. Y esta severa disciplina
produjo indudablemente muy buenos resultados, pues bajo la dominación romana
toda la superficie de la tierra sufrió profundos
cambios: grandes ciudades amuralladas y
fortificadas se elevaron en los sitios donde
apenas existían aldeas rodeadas de pantanos;
se desecaron muchas lagunas, se construyeron puentes, se encauzaron ríos, se roturaron montes, se utilizaron inmensos terrenos
antes considerados improduclibles, se extendió el empleo del arado que obligó al suelo á
dar grandes rendimientos; la tierra, en suma
sobre la cual ponía Roma una vez su sello,
jamás perdía por completo esta marca, y
permanecía unida á aquélla por lazos que extendiéndose á través de los siglos eniranaban
lo futuro con el pasado: los hijos de Roma, al
edificar con la labor de sus corazones y de
sus manos, construyeron no solamente para
el día sino para los sig!os que habían de venir; las ciudades encontraban modelo en su
gobierno municipal y en sus leyes relnlivas
al impuesto de la tierra y á la distribución
del personal y de lo&lt;; bienes de las comunidades. Rema, en fin, legó sus antiguas costumbres á los que después habrían de ocupar los sitios ocupados entonces por sus hijos; los nombres de sus deidades, que dió á
los días de la semana planetaria; sus supersticiones y su folk-lore, de profundas raíces.
Bretaña con toda su riqueza vírgcn, sin
explotar, dió á Roma enormes provisiones
de alimentos, la envió muchos miles de hombres que lucharon al lado de los ejércitos romanos, y recibió á los nuevos colonos llevados allí de acuerdo con la política invariable
de Roma de transplantar á la tierra de una
nación los cautivos hechos en otra. A~1, la
población de Bretaña, compuesta de gentes
de casi todas las razas y tribus que habían
sido subyugadas por el imperio, fué extrañamente heterogénea, aunque extrañamente fui;iona'1a; que así como Roma destru vó la nacionalidad de sus cautivos, así, á su· tiempo,
destruyó inevitablemente la suya propia.
Preciso es reconocer que únicamente por
estos medios podía mantener l'l raza conquistadora la circulación de corrientes de
vida en las más remotas parles de aquel
gran imperio, viejo, podrido interiormente
hasta la decadencia más espantosa, que cobró nueva vida, cual si se le galvanizara,
con la sangre que sus colonias le llevaron.
En aquellos días obscuros que empezaron
en la segunda centuria del Cristianismo y
terminaron casi al finalizar el quinto siglo,
cuando llegó la última etapa de la lucha y la
extinción del imperio de Occidente, el muo-

245

do parecía que caminaba á su ruina: derrocábanse los reinos y levantábanse nuevos
poderes; los hombres se encontraban en la
mayor de las perturbaciones, no comprendiendo lo que les pasaba, y veían que la
más fiera intranquilidad se había apoderado
de la tierra amenazando concluir en la formación de un nuevo mundo y un nuevo orden de cosas. No hay que extrañar, pues,
que aquellas gentes, desconcertadas, avasalladas y oprimidas por la turbulencia universal, desconociendo lo que había de ocurrir, predijeran y creyeran que pronto llegaría el fin del mundo.
Para creerlo así no les faltaban razones:
la metrópoli no podía ya hacer frente á las
fieras tribus del Norte de Europa; los godos,
los vándalos y los hunos, cada raza en el momento que le convino, se unieron al ataque;
Roma, la Todopoderosa, la Eterna, la Invencible, cuya fuerza ningún hombre creyó que
acabaría, tuvo por útlim 1 r;ue mostrarse á
la defensiva; é impotente, , sangrada por heridas interiores y atacada y torturada por los
enemigos en el exterior, con una horda de
bárbaras fieras que pugnaba por hacerla presa entre sus garras, vióse precisada ü llamar
en su socorro á sus provincias lejanas. ¡Los
doce siglos de su poder babi: 1 transcurrido,
y comenzaba para ella la fúnebre tragedia
de su historial
Bretaña sufrió pronto las consecuencias
del estado en que so encontraba la metrópoli. Al Norte, esperaban el momento oportuno para echarse sobre ella las bandas siniestras de piclos y escocese;:, indi,ciplinados y
refractarios á toda reglamentación; al Sur se
movían los sajones, los terribles hombres de
los cuchillos cortos; y en las costas Este y
Sudoeste menudeaban los piratas que, arrojados de sJs propios lares, buscaban nuevos
lugares donde residir. En Bretaiia nadie creía
que la colonia quedaría entregada á si propia; pero Roma se encontraba demasiado
lejos, y, además, en peligro, para que pudiera interesarse por los demás. Y así fué
como en el décimo año de la quinta centuria cruzaron el mar cartas del emperador
Ilonorio apremiando á las ciudades de Bretaña á que proveyeran á su propia defensa,
puesto que la metrópoli no podía auxiliarlas. Para Bretaña fué este el lento principio
del fin: las invasiones comenzaron á sucederse, y por los años 420 los ingleses y los
sajones ya habían logrado establecerse gradualmente en las costas de Levante y del
Sur, mientras que otras tribus aliadas molestaban de continuo á los distritos oc.::identa•
les.
Desde entonces, el ejército de la segunda

�247

A:\tOR DE DAlllA Y AMOR DE ESCLAVA
POR ESOS MUNDOS

246
centuria romana en Eboracum, la gran ciudad que desde su fundación babia sido el
a~iento del gobierno de toda Bretaña, redújose á cuatro legiones; porque después de la
rarta de IIonorio, las restantes fuerzas tu, ieron que hacerse á la vela con el procónsul, que abandonó aquella capital para dirigirse con sus soldados más hácia el Sur del
pais. De este modo lograron fácilmente ocupar á Eboracum los caledonios y los sajones,
que bajaron del Norle estableciéndose en
ella. Y después, á medida y siempre que los
romanos abandonaban las ciudades septentrionales, buscando mayor seguridad en las
provincias del Sur, los barbaras_ a~anzaban.
y se posesionaban de ellas, consiguiendo as1
la conquista tranquila del país por que tanto
habían luchado.
Estos últimos días de la dominación romana en Bretaña fueron días agitados. Las
ciudades de la isla, gobernadas por señores,
cada uno de ellos en feudal independencia,
rompieron al principio los lazos con que
Roma los había unido; pero al cabo todos
pusieron sus pensamientos en esperar la
Yictoria de la metrópoli para de esta manera
arrojar al invasor, á quien ahora soportaban
forzosamente; y uno y otro día. á lo largo de
las grandes vías, transitaba constantemente
una cohorte, abundante en número, valiente
para el combate, con estandarles enarbolados
y con la vista puesta siempre hácia el Sur.
hácia el mar y hácia Roma.

olra parte del camino pastaba el ganado en
extensas praderas; y en sendos campos, hombres y mujeres, uncidos como bueyes, se esforzaban ante el látigo del labrador, mientras
en algunas canteras cientos de operarios trabajaban sin descanso bajo cargas abrumadoras, aguijoneados por golpes y juramentos.
Llegó al fin un día de la caminata de Nicanor que no fué para ésto de tanta soledad
y tan ~in compañia como los anteriores. Era
un día gris, tocado de la brisa fresca del
otoño, y en el que todo el campo se hallaba
semivelado por ligera niebla. Muy de mañana aún, se trabajaba ya en el campo y en el
bosque. Def:de una granja llegaban el canto
del gallo y el ruido do un molino oculto en
un próximo bosque. Nicanor, que amaneció
sentado al lado del camino y en el sitio donde babia dormido, desayunábase con los
restos que de la cena anterior habían quedado en sus alforjas.
Detrás de él, en el camino, oyó de repente
la voz de un hombre que entonaba una canción alegre y báquica. El que cantaba se
acercó á Nicanor: era un individuo de cabellos negros, que vestía una especie de chaqueta de cuero, sin mangas, y un casco de
brillante latón; llevaba barba poblada, y al
costado lucía larga tizona. En alta voz y mu y
alegremente, dijo á Nicanor.
-Buen muchacho, ¿podrías decirme dónde e!'\loy?
-Si -respondió Xicanor con cierto orgullo y' baci,endo gala de sus ?onoc_imie?to~
lV
del paü:.-Eslamos cerca de Fmei:, a treinta
de Londinium.
Esto fué lo que encontt·ó fücanor en los millas
-1Tonlo do mi,-repuso el de la barba
alrededores de Londinium. Pero no trope?.ó poblada-que no sé dónde estoy ni á qué
~olamente con guerreros y patriolas;sino que parte voy cuando tengo un poco de vino en
vió nobles y esclavos, comerciantes y arlilict's, y una multitud diver~a que, á juzgar el cuerpo!
Y sentándose al lado de Nicanor, lo prepor s·us trajes y sus modales, procedía de
guntó:
~
.
muchas y bien distintas tierras. El hijo de
-,;,Sabes de algún gran seuor que nec~s1Hathumus, fiera y fo,ca la mirada, altivo el te un criado robusto y capaz de servirle,
rontinente, como si fuera señor poderoso, ca- que sepa trinchar carne de animal ó carminaba con;;tantemente hácia el Sur,siguien- 11e humana, que tenga habilidad con la espado á los soldados. Empezaba á darse cuenta da ó la honda, y que sepa conducir una ca&lt;le que el mundo era un lugar de gran im- rroza tirada por dos ó cuatro caballos?
portancia en el cual no había él so?ado ja_-No,-contestó Nicanor. - Soy forastero
más. A rnedida que se acercaba a Lond1- en todos estos contornos.
nium el tráfico v la circulación aumenta- r,Vas á Londinium?
.
ban· ~umentaba támbién el movimiento de
No. Me dirijo á Thorney, más conoCido
tropas, que constantemente abandonaban el por el oombre de Isla de Bramble,- repuso
país para pelear con los bárbaros; y ya en- con sencillez el hijo de Rathumu;;.
tre las bajas colina~, Nicanor pudo Yer lo
-Pues entonccR... también me decido yo
mismo bellas y majestuosas residencias que á ir á Thornev.-dijo el desconocido con
se destacaban entre verdes alamedas, que amabilidad.-Mé encuentro endiabladamenchozas de enyesado bal'ro con techos de te perdido, arrojado de la_ ciuda~ y del ca~paja donde residían flacos esclavos adorna- po, y por primera vez obligado a ser sobno
dos ~on los collares de sus señores. En la

.

·.

durante toda una semana. ¡Y todo por Baco!
í por las mujeres, ¡por las mujeres también!
í el extraño individuo movió tristemente
la c·abeza y ,uspiró honcla111enle.
,;_Y qué tienen c¡ue ver con ello las mujrre!-':'- preguntó Nicanor.- ¿Son ellas las
1¡uc te arrojan de la ciudad y del campo'f
¡.\h! No es eso lo peor: me arrojan, pero
me llaman,-coutestó el hombre de la cnrrr,-pada cabellera negra.
Y de repente, dijo ú fücanor:
Puesto que ¡.;eguimos el mismo camino,
puesto que he decidido dirigirme á cualquier parle, ;_haremos juntos el viaje'~ So,·
Valerio, en otro tiempo de la novena legi61Í;
hoy tengo mi lice11cia del servicio ... Y me encuentras persiguiendo la fortuna, con una
espada tan larga como la bolsa que la alquile.
~icanor, mitad asustado, mitad complacido, con el nuevo conocimiento, corrcspontlió
á Valerio diciéndole su nombre y su situación.
-Tú y yo seremos buenos amigos,-dijo
luego el soldado.-¡A fé que no me gusta
poco la compañía y la amistad de los muchachos animosos como lúl Yo pelearé por
tí, y tú robarás para mí: he aquí una magmlica división del trabajo... Con que, más ánimo ahora que antes, y en marcha ya. ¿Estás
listo'?
Se pusieron los dos á andar, y ya en

camino Va\erio hablaba sin tasa ni medida
pronunciando muchos extraños juramento~
'f exclamaciones. Co11taba sucesos fantásticos
cl_e la vida en los campos y en las populosa,e1udade,-, hasta el punto de excitar la imaginación de Nicanor, que ansiaba recorrer todo ese mundo y hacer las mi,;mas cosas que oía. Y luego, tocó el turno en la
co11Yer,-ación á Nicanor, el cual, en meno,de media hora, contó á Valerio toda su historia, sus hechos, sus ambiciones.
.\! llegar el mediodía, comieron los dos
amigos en el borde del camino real en compaiiia de otras dos personas, bondadoso1:;
mercaderes, y después continuaron la caminata, encontrándose con otras gentes con las
las que Valerio pa~aba el tiempo en conversac-ión.
Así llegaron, al punto de ponerse el sol,
al mi:;mo tiempo que otros viajeros á pié y
á caballo, á Thomev, á la Isla de Bramblc
bulliciosa y animadá por una población fij~
~· flotante mu y numerosa, que&gt; rendía culto a
Dios en la grandiosa iglesia de San Pedro v
al bello .\polo en su alegre templo.
' ·
Nicanor pem,ó que jamás había visto cosa
tan maravillosa y quedóse perplejo ante tamaña magnificencia, mientras que Valerio
canturreaba su báquica tonada y mascab,t
un trozo de hoja que daba á los labios ,· a
los dientes un linte rojo ,·i\'o.
•
( Co1tli1111ar&lt;Í)

ll11sl1 acioncs de Reina lufante

�¿CUÁL ES ~11 OBRA PREDILECTA?

ción á la que está surgiendo y á las que han
de seguirla.
-Siendo así, la obra predilecta de hoy
será La voluntcid de vii&gt;ir...
. -Sí... Pe~·o sólo por muy pocos días, pues
pienso termrnarla ar.tes de una semana. Entonces, comenzará á serlo la novela de la
plaza de toros, que hace tiempo len"º deseo de escribir, y que pronto será un °hecho
proponiéndome marchar á Andalucía dentr¿
de un mes para documentar dicha obra y
escribirla inmedialamenle con el título de

¿CUÁL ES MI OBRA PREDILECTA?
En niiestro número ele !iovienibre ~lti!iio coi;~f~~~;}~:i

~;ª7

!~i ti:~i

1

~;r:;;~~:~};1¿u&amp;t:s
otro objeto qne civen{Juar por pt opta mm
7
.
e·isamienio ya por las
preclilecfa, va por lci pe1:fe_cC'ión con _q1!0 _clesarrol
J!i.t ¿:cito que loqró el trabacil'cw1,Stancias q-ue presidieron su q.e1Lsts, ycip.enl fi. '4ralcle's B1·e'o'n p'érez Galdós
•
el 'bl' Ec'teJarai; et acw ~
,
r ,
'
jo al ser conocicl~por EJm lC?- Al. ·e" bi'iinont y Amacleo Vives han expuesto ya
los hermanos Quintero ii9enio t~tJ .,
.
. . , O;namos ahora lo qiie dtceii otros maesf1 os,

m:n ff

º~~~

~

Vicente Blasco lbáñez

.

que cuando álguien me cuenta un episodio
de ellas tengo que hace~ un esfu~rzo para
recordarlo, y á duras pe1ns lo consigo.
.
- Sin emba,.go,-insi,limos- ¿no habra
a\auna que merezcaº en cierto modo,
pr~eminencia? ,;_Ni
siquiera La ba-

· d
Desde que, á prim~,·os de año, regreso e
París el genial novelista, encerrósc en su gabinelc d e trabajo
con formal propó~itodenoveránadie hasta dar por
t"raca?
terminada su pró-Tampoco. ¿Por
xima n11vela, La
qué esa, y no otr:~-~
voluntacl de vi~i!·,
La mayor po11ular1imponi~ndoso titadad que haya adnica labor de más
quirido e,~ ltspaña
de doce horas diano puede Juit1fica.r
rias. Venciendo la
mi preferencia; '1/.J y
aisladora consigna,
lejos de el:o, enlicua el repporter
cuentromucho maal Íado clel maestro
yor mério en olras,
y escucha las palacomo Ca11os y babras que co~ _verrro, por ejemplo,
bosidad mend1onal
escrita cinco años
íl u yen de sus labios
r-!1111111!~_,,m á s t a r d e que
sonrientes.
aquella; y si hubic-Con tolla sinra de atenerme al
ceridacl, debo d~éxito logrado en el
cirle que entre mis
extranjero, Lct Caobras no tengo pretedraZ lo ha len ido
dilección por ninmuy superior al de
guna. Apenas _l~rLa barraca ... Yo
mino de escnbuvivo todas mis nolas les tomo avervelas del modo más
sió~; la corrección
intenso p o si ble,
de pruebas es para
mientras las promí el mayor de los
~-=-.;,...___.._;.....,;__
&lt;luzco; pero dessuplic:os, y sufriría
_
pués de impresas
un ataque de ~erVicente Blasco lbánez
las olvido. De aquí
vios si me obhga.
.. que no pueda señalar preferencias de ningusen á leer una novela mía escnta hace t:e:; na clase entre ellas, pues sólo presto atenó cuatro años... Tan por completo las olvido

Sangre y arena.

Manuel Linares Rivas

2{0

de autor, la tragedia familiar que, por extrañ~ capri?h? del Destino, tuvo lugar para

m1, comc1d1endo con aquel éxito ...
Y, con efecto, recordamos la terrible coincidencia: mientras el público aclamaba con
entusiasmo el nombre del autor de Aires de
fuera, viendo en él una legitima gloria de la
dramática española, la Fatalidad, implacable
guadañadora de alegrías, dispuso que dejase
de existir el ex-ministro liberal padre del
ilustre autor cuyo nombre encabeza estos
renglones.

Miguel Blay

Con su largo blusón de trabajo, el gran esEl autor de Bodas de plata, A&gt;1oranzas cultor catalán prepara una de sus futuras
y tan tas otras
obras, hermosa
obras teatrales,
composición
descansa trabaque habrá de
jando. Reciehembellecer 1a
tes aún sus úlfacha da del
timos triunfos,
grandioso edifino deja enmo, cio que conshecer su pluma
truye la Sociey prepara, endad Coral de
tre otras cosas,
·Barcelona. Soruna pieza para
prendido pür la
el Teatro de
pregunta en
Apolo, deseoso
cuestión, Blay
de dominar en
no sabe qué
a b so I u to el
contestar, y se
único género·
pasa por la
que se I e ha
frente la mano
resistido algún
manchada en
tanto.
yeso.
Alzando la
-No sé ... no
vista de las
sé... Una resc ua r tillas e n
puestacategórique escribe, la
ca es r.iu y difídirige á su incil de dar...
terlocutor, quo
Y rebusca en
le hace la preun cartapacio
g un ta consadonde conserbida.
"ª reproduccio-Sin vacilanes fotográficas
ciones puedo
de sus obras,
contestarle, sin decidirse
dice.-Si he de
p o r ninguna,
Manuel Linares Rivas
fijarme, p ar a
hast~ q u e, al
determinar mi predilección, en la obra que fin, entresaca de ellas el hermoso grupo esmás influjo haya podido ejercer en mi vida, cultórico que reproducimos, el cual es un
le citaré, sin dudarlo, Aires ele {1tera. Es mi fragmento del soberbio monumento á Chaprimera comedia grande, en la cual YÍ rea- varri, erigido en la plaza de Portugalete. Sin
lizada la aspiración suprema de todo autor embargo, hace proteslas de no estar absolutadramático, al conseguir que se estrenase en mente decidido por esta obra, ni por otra
e~ Teatro Español bajo los buenos auspi- alguna, para considerarla preferible á las decios de Maria Guerrero y Fernando Diaz de más.
Mendoza. Además, contribuye á hacer meY termina la breve entrevista ofreciendo
morable dicho estreno, decisivo en mi vida el maestro proporcionar datos y fotografías

�-

Fraimenlo del monumenlo lernntado á Ch;varri en la Plaza de Portugalete.-Escultura, por Miguel Blay

¿CUAL ES 1\11 OBRA PREDILECTA?

25,1

nalidad en que incurriría el quo no saliese
airoso del compromiso había de consistir en
pagar almuérzo y cena durante ocho ,días
consecutivos para todos los que tomábamos
parte en el convenio, lo cual constituía séria
amenaza de un más que regular desembolso,
sirviendo de acicate para que todos procuTomás Luceño
rásemos no dormirnos y pusiéramos en pre1:El ingenioso y culto escritor cuyo nom- sa la imaginación.
•Claro está que no se llevó el asunto á punbre antecede otorga su predilección al saifct de lanzet: toleróse que el que no sinUern
nete titulado Amén, ó el ilustre enfermo.
-Conste,-dice en un arranque de modes- el título que le cupo en suerte lo permutara
con otro que se
1ia, en él carachallase en igual
lerísti ca - quo
caso; asimismo
no es que yo
consideramos
suponga mérito
como cosa lícita
alguno en es a
el acoplar algún
obra, ni en ninasunto preYiaguna de I as
mentc concebimías; es, sencido, y aún obras
llamente, el roy a hilv·anada$,
cuerdode )ama,,,empr.e que S&lt;'
nera como naacomoda,en it
ció lo que prol a s exigencia~
voca semejante
del título q u e
preferencia.
correspondió á
Y con sn
cada cual.
charla scncil !a v
» Todos trababondadosa, evo'jamos con ahinca la génesis de
co durante lo;
su obra favorita.
treinta días si-Allá por los
guien les á la
años de ochenta
apuesta; y á pary tantos nos rete de algún caso
uníamos en una
excepcional, cocasa de la calle
mo el de Estrede la Victoria,
tremcra, áquien
que ostentaba el
u n a desgraci:1
nombre de Cende familia impitro Artistico 11
dió cumplir Jo
Literario, to pactado, al finados ó casi todos
lizar el mes nos
los que por
r.cunimosdc
aquella é p oc a
Miguel Blay
nuevo llevand,
rendían c u 1to
en Madrid á la literatura: allí concurrían, cada cual su correspondiente manuscrito.
entre otros, Ramos Carrion, Vital Aza,Ricar- completamente 'listo, terminado y en dispodo de la Vega, Sinesio Delgado, Pepe Estre- sición de ir á manos del maestro que hubiemera, Fernando Manzano, y muchos más. Y ra de ponerle música ó á las del director de
allí,cierto día, entre bromas y veras, nos com- escena para ensayarlo. Entre ellos figurab:111
prometimos solemnemente á escribir cada algunos de los grandes éxitos del género chico:
uno, en el plazo porentorio de un mos, una Las doceymedia 11 sereno,Labaraja fran-·
obra teatral en un acto, con el imprescindi- cesa, Sn Excel,encici, El chaleco blcinco ...
»Y entre ellos también se encontraba mi
ble requisito de adaptarla á un título forzado, que la suerte debía designar, á cuyo fin sainete Amén ó el ilusfre enfermo, que fué
colocáronsc en un sombrero varias papele- estrenado el 8 de Abril de 1890 en el Teatro
tas con los nombres de los conjurados, y en Lara, representándose cincuenta y tan la~
otro igual número de frases ó palabras, es- noches consecutivas, cifra exhorbitante para
critas á capricho, y que debían servir de tí- aquella época en que las obras no se hacían
tulos obligados para las futuras obras. La pe- tan viejas como ahora en los carteles ...
suficientes para que los lectores de PoR
Esos MlJNDOS puedan tener idea de la labor
del insigne artista mediante una semblanza
del mismo que, Dios mediante, se publicará
en uno de los números próximos.

�¿Ct,;ÁL ES MI OBRA PREDILECTA?
POR ESOS

252

Salvador Rueda

~tu:-mos
no le tengo inclinación porque crea que posee mérito ninguno, sino porque en ella so
canta el que yo creo tema más capital, sagrado é inmenso de la vida humana y de toda la vida universal, cual es el acto de reencarnarse y de transmitirse todos los organismos á la inmortalidad por medio de la
cópula.
»De teatro, entro La M1,sa (cuya idea capital la veo reílorecer en otras obras no
mías),enlre Lci guitarra y otras producciones
que tengo inéditas, prefiero La guitarra, no
tampoco por
~ suponerle mérito, sino por ser
un trozo de España.
• Y en poesía,
por úllimo, no
prefiero , como
1as prefiere el
público, F11enie
ele sciluci y

¿Quién no concede al nombre de Salvador
Rueda la importancia que merece? En España, nadie desconoce la personalidad de
este poeta, quizás el único gran poeta que
nos quedn. En la América latina, menos que
aquí es ignorado: han querido imitarle, y no
lo han logrado, porque los dones del ciclo
no pueden imitarse, y Salvador Rueda posee
como pocos el inestimable ~alardón de
la Poesía: ante su pluma se rinde esta musa
y á su pensamiento se
muestra sumisa
v obediente.
Preguntado por
el t·epporle'I· ,
contesta:
«De mis
ohras,·,:,mi prc&lt;lilecta't P ar a
Tromvet{IS d e
hab'ar con sinór[Jano , s i n ~
ceridad, ninguque prefiero m1
na obra deternueva colección
minada, y si el
de
poesías , en
tumullo de vocartera, titulada
ces diversísiEl homb1·e ; la
mas que sale
preferencia n o
riel to ta 1 de
es tampoco por
ellas. Pero coméritos , s i n o
mo usted me
porque en ese
pide que conlibro se juntan
crete. que puny enlazan lo s
tualice, le diró
términos " leque tengo premas más distinferencia p o r
tos y el concieruna obra en cato más variado
da género do
de
voces humalos que cultivo:
nas que hay en
poe:;ía, teatro,
ninguna o b r a
novela y, algumía, contenienna vez, critica.
Tomas Luceño
do desde lo cóDe c3la, le tengo inclinación,
mico ha!-la lo trágico y pasando por la más
no porr¡ue rrea que vale nada. si110 porque completa gama de mi expresión.
fiié el libro-heraldo de este gran mo,·imienlo 1 »Tenemos. pues: El i·itmo, La cópula, J,a
literario, á El Ritmo. En él pedía que se hi- !/Hifarm y El hombre. ¿Que de estas cuaciese uso, en poesía, de toclo el ritmo en sus tro, ruá\'? Pues la última.
interminables combinaciones. y no solamen•;,Y de· todas mis poesías líricas, cuál?
te se ha hecho uso, sino que se ha hecho abu- No por atribuirle valer, sino por lo que voy
so, llcgándo:se al delirio de los delirios. ¡Ten- á decir, prefiero La risci de Grecia. Aundría que e~cribir un Confrci ritmo! ...
que yo desprecio profundamente los que
.ne las novela~, á pe:-ar de los inmereci- llamamos jue!JOS flo1·ales por llevar el idiodos honore:; de las lenguas italiana y fran- ma nuestro á países donde ese magnifico
cesa, que se llevaron, vertidas á ellas, El gu- idioma nuestro empieza á conv~rlírse en una
sano de luz y La reja, yo prefiero La có- «jerga•, envié á un grandioso concµrso de
pula, obra que tengo impresa desde hace un Buenos Aires, abierto á los poetas todos de
afio, esperando ser echada al público; es de la infinidad de países que hablan lengua e,no larga dimensión, antes bien, recogida, y

253

que no tengo predilección por ninguna de
mis obras; 'f si, por salir del paso de la manera más fácil, señalase Lu bendición de los
campos, cosa que á todo el mundo le parecería muy natural, yo fallaría á la verdad
pues mi obra predilecta es La ,·omeria dei
Rocí_o, como rara un buen padre su hijo
predilecto es siempre el más desgraciado.
•¡Y vaya si ese cuadro mío lo ha sidol En
él puse todas mis ilusiones, con él me despedí de Roma después de quince alios de residencia en esta ciudad, haciendo su exposición pública en la :Sala Dante», de cuyo
resultado no me olvidaré nunca, y creo que
allí tampoco se habrá olvidado ... Lleno de fé y
de ilusiones, lo traje á Madrid, y aquí
fracasó en la Ex.posición de 1897.
•¿,La causa? Muchos la conocen ...
Yo no la ignoro,pero el hecho evidente es que fracasó, y
que en aquella salita donde el cuadro fu é colocado
quedarori p a ,. a
siemp~·e, mi fé y
auto p1·eclileciones
mis ilusiones ... Toliterw·ias. N o he
mé una antipatía
de ocultar á usted,
un ódio, á mi cua~
anlesde poner pundro,
que estaba deto, que me gusta
cidido
á hacerlo
mucho esta emprepedazos apenas volsa ideada p o r la
viera a mi poder;
revista P o R Esos
pero un telegrama
MUNDOS de arrande la Sociedad de
car un poco de psiSalvador Rueda
Artistas de Munich,
cología intima á los
que me pedía que
ho_mbres de letras,
l?
~nviase
~or
gran
velocidad
para su expopsicología de la mcís íntima, razón por la
sición,
le
hbró
de
ser
ejecutado.
cual esas confesiones sincerisimas (infanti,Dudé si remitirlo ó nó, pues un cuadro
le_s, de pu~o expontáneas) que el periódico
fracasado
aquí llevaba posibilidades de coJH~e, constituyen, no unas páginas de superrrer
la
misma
suerte en otra parte· pero al
ficial entretenimiento, sino un libro de hondo
Y positivo mérito, nuevo entre nosotros. Ade- fin, cerré los ojos y lo confié á la s~erle, que
~ás, lo que no tenga un interés humano en hasta Ci-e momento había sido mi constante
literatura y poesía, para mi nada vale: estos pro lectora.
•A Munich fué, y allí me lo premiaron. En
lemas que usted solicita lo tienen, y le retanto
que en aquella Exposición estaba recisultarán un lomo con todo el interés de un
bí aquí una oferta por él de 22.000 p;setas,
prisma moral y mental.»
y quedó la venta convenida para cuando el
cuadro volviese de Munich ... Pero el asesinato
Salvador Viniegra
de Cánovas la dejó sin efecto. ¡Segundo golEl subdirector del Museo Nacional de Pin- pe de desgracia! l\las tuvo también su comtura y Escultura, cuyos grandes méritos aca- pensación, pues el cuadro me fué contratado
b~n de hacerle objeto de justa~ manifesta- por un negociante de Varsovia, y expuesto
01ones de entusiasmo, contesta del siauiente durante tres años en las principales capitales del Norte de Europa con éxito tan satismodo á la pregunta:
.,
factorio
como el obtenido en Roma y Mu•Nadie creería en mi modestia si dijera

pañola, mi poesía La 1·i,sa de (}recia y tuvo
la suerte de traerse la más_ alta band~ra que
en aquella gran fiesta se d1ó á la poesía lírica;_ y al ve~ yo regresar á España, á esta Espana_ de m1~ vehementisi~os amores, aquella
poes1a rubncada por la victoria concedida en
países lejanos, sentí ¡la verdad! un gran orgullo en ser español. Por encima aún de esta
consideración, hay otra, para mí más espiritual: la pobre muJer que me dejó hace poco
s~lo en esta _vida, tuve yo el gusl~ de que,;:
viera exclusivamente del dinero ganado por
mí con la poesía lírica; pero llegó una temporada en la cual no venia á mí, casi, dinero
emanado de los versos, y fué entonces cuando La risa de
Grecia volvió de
América c o n I a
bandera en un a
mano y en o t ra
seis mil reales de
premio, que, si n
lropezarsiquieraen
las mías, fueron á
las manos de mi
madre...
» Y ahí tiene usted explicadas mis

�POil ESOS ~WN'DOS

n!ch. Poco antes de terminar el contrato, re- dor de POR Esos J\luNuos, Su nombre viec:1bí una carta de un rico judío alemán ha- ne rodando por periódicos y revistas hace
ciéndome importante oferta, que me apresu- muchos años, y el favor y el aplauso del púré á aceptar; pero no lardé muchos días en blico acompaüan, sin abandonarlas nunca, á
recibir o lr a carta,
s u s castizas proen la que se me
ducciones. De las
parlici paba el fallenumerosas obras
cimien lo del compor él producidas,
prador ... ¡ Adios ,
otorga su preferenmi dinero, por ser·ia á las novelas
gunda vez, y tercer
lituladas El seducgolpe de desgracia!
(m· y lilemoriasde
•Vuello el cuadro
1ma cortesana
á Espaüa, le conde-En ellas-dice
né á estar enrollael distinguido esdo á perpetuidad ...
critor - he creído
Pero al verlo de
realizar mi ideal en
nuevo, se despertó
la materia, pues la
en mí la sim palía
pr i m e r a de las
por mi desgraciada
obras citadas es un
obra, y con la esdetenido estudio
peranza de su repsicológico, y I a
habilitación lo re.,cgunda tiene e 1
galé al E~tado, con
mayor ambiente ele
des lino al )fusco de
rea idad p o si bie,
Arle Moderno. dondada la minuciosa
de está expuesto,
prolijidad que puse
y, según me dicen,
en la documentaya no parece tan
ción de los episodios
malo, r aún gusta
y e 1 cuidado con
á muchos.
que procuré com, ¿,Queda j uslificaponer el tipo de
rla mi predilección
Isabel Orlego , 1a
Salvador Vinicgra
por ese cuadro'? No
protagonista.
me parece mejor ni peor qu,e los doscientos
,Por cierto que acerca de El seductor, he
y tantos que llevo pintados,- pues, como ele referir una anécdota curiosa, que revela
dije al principio, en ese sentido, ninguno me hasta qué punto la realidad, en algunas ocam e rece predilección, ¡:orq ue á todos los siones, supera los más fantásticos sueüos de
tengo por iguales
la imaginación.
medianías á quielTabíaseme censunes la suerte h a
rado por algunos
protegido ... Por
acerca de la verosieso, en el que esa
militud dudosa del
suerte me faltó pue y r a n e seo Don
se mi afecto, y siPlácido Bilbao,
gue siendo para mí
protagonista de El
el hijo desgraciado
seductor: como esy predilecto.»
te personaje era
soñado por mí,
sin que en ningún
Eduardo
rjemplo vivo me
Zamacois
hubic,,e inspirado,
nada tenía que obEntre la juvenjetar á lo dicho poi·
tud literaria ocupa
la critica. i\Ias héle
un lugar preemiaquí que hallándo11enle, en justa lid
me en París, dos ó
ganado, el director
tres años después
de El cuento sede publicada esta
manal y colaboranovela, la prensa
Eduardo Zamacois

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�256

POR ESOS MUNDOS

local publicó una noticia~º!' demás s~1gestiva de trabajo al escenario de'. teatro don~~ había
y curiosa: .Madame Verlame, - prima del de estrenarse, la iba perdiendo el carmo grafamoso poeta del mismo apellido:--_que ha- dualmente, á medida que avanzaban los cnbía llecrado á edad avanzada dedicandose á sa yos, y al llegar la nocha del estreno, 1:1e
sosten~r correspondencias amorosas .P º. r parecía mala de Ycrdad y á todas luces silcuenta ajena, acababa de obtener una Jubi- bable. De ahí mi miedo cerval en los molación ó retiro con que la favorecía uno do mentos de estrenar una obra. Para compar'
sus clientes,
la'condesa de Uzés, como prue- tir ese mief:o y quedarme con la menor cantidad posible, he acepba. de reconocimiento
tado y buscado colabopor haber logrado reración algunas vr.ces,
conciliarla con su
encontrándome luego
amante. Es decir, que
chasqueado, porque el
el protagonista de El
miedo, un miedo á naseductor, tachado de
da comparable,ha sido
inverosímil, creado
el mismo, el de siempor mí sin sujeción á
pre.
modelo alguno, estaba
,Jamás he podido
hecho carne en la anpresenciar desde el púciana Madame Verlaiblico una representane, que había vivido
ción completa de nincon vida real lo que
guna ele mis obras,soñó mi fantasía y esni aun de aquellas que
cribió mi pluma.
marnr éxito han al• Y como prccisacan'zado- porque tomen t(! enlóncos se pudas, una vez estrenab l icó la traducción
das, me han parecido
francesa de El seducinsoportables ... c o n
tor, me apresuré á
una sola y única exofrecer un ejemplar á
cepción, la de Mcte1·se
la anciana señora cuen honcl1tras. Esa zarya personalidad había
zuelil la, interpretada
incol)scientemente repor Julio Ruiz, me diFrancisco Flores García
t r a t a do en una de
vertía
extraordinariamis obras predilectas.
mente, y hasta tenía la inmodestia de reirme á carcajada tendida durante la repreFrancisco Flores García
sen !ación. ¿Por qué esta excepción rarísiEste fecundo escritor, colaborador de esta ma?
Senciltamente, porque Julio Ruiz, aderevista, y que tan popular ha h_echo e'. p~cudónimo de Córcholis, nos remite la s1gmen- más de interpretar el protagonista como yo
no había soñado, colaboraba en la obra
tc re,puesta:
«Cerca de ochenta obras, entre comedias abundantemente; y como tenía mucha gracia
y zarzuelas, he estrenado con éxito más ó y fino ingenio, y decía, por su cuenta, cosas
menos satisfactorio, y muchas de ellas han saladísimas, muy en situación, parecíame
dado dinero, como se dice en el argot de asistir á la representación de una obra que
bastidores, obteniendo á veces grand_es elo- no era mía.
• Por esa circunstancia, y por ser la que
gios de la. crítica profe:;ional; pero, s1 he de
hablar c o n franqueza, no estoy satisfe- más dinero me ha producido, sacándome en
cho de nin~una. Siendo esto así, mal puedo ocasiones de graves apuros, si por alguna de
tener predilección por una determinada obra mis producciones hubiera de tener predilecmía. IIe gozado mucho componiéndol~s, y ción, seguramente sería por esa ... Pero, no:
una vez ~crminadas me han gustado mas de mi obra predilecta no se ha estrenado todaJo regular, creyendo sinceramente que había vía, y acaso no Jlegue· á estrenarse, por aquello de que «la mejor palabra es la que se
acertado.
• Trasplantada la comedia desde mi mesa queda por decir.»

AUGUSTO MARTINEZ OLMEDILLA

LAS ÓPERAS MÁS CÉLEBRES DEL MUNC O

"LA BOHEMIA ", DE PUCCINI
Los aficionC;-dos á la 11uísicC;- que viven alejculos de las gi-cindes capitales y que, por tanto, no disponen de ocasiones para ver y oir las óperas en la escena teatral, tienen
que contentarse con los ~os que hasta ellos lleva la prense, diarict, cuyos críticos solo
se ~&lt;;tp~n en_ la p_roducción ,es_pecíficct olvidándose de lo que la obra es en sí con relaczo"'!' C;- la 1nstonct de la muszca ó de las concepciones de los compositores. Nuestro
proposdo en estos artículos es poner de relieve el espfritu de los arandes hombres
que han desctrrollado el a~te d:el drama musical, y, al efecto, en esta serie ya hemos
cletal~aclo ele las óperas Rienz1 y Lohengrin, de Wagner, Rigoletto, de Verdi, y Romeo
y Julieta, de Gonnod.

e

ÓMO no

incluir er:tre las óperas más famosas del mundo esta partitura del
ilustre autor de Tosca? En todas parte,:,
pero qui:.::ás en España más que en nincr(m
otro país, es La Bohénie ópera oblig~da
para todas las compañías líricas: el público
no se cansa de oírla, y cada ve:.:: cuenta esta
música mayores y más entusiastas partidarios y admiradores.
Lá primera ópera de Giacomo Puccini,
I Villi, fué estrenada en Milán el año 1884;
luego compuso este maestro Edgat·; después
Manon Lescattl, y más tarde La Bohemia.
Las dos primeras están completamente olvidadas; la tercera, apenas se representa; la
cuarta, recorre en triunfo todos los teatros de
Europa y América: forma con Cavalleda
rmticana, de Mascagni, y Los payasos
deLeoncavallo, una trilogia,- pordonc el lector e::;ta impropia denominación-una trilogía italiana de los autores de esta nación más
célebres y más en boga actualmente.
Puccini, que nació en Lucca en 1858 re cibió su primera educación musical e'n su
pueblo natal, bajo la dirección de un violi-

nista do grandísima reputación, Angeloni.
Después pasó á .Milán y e~tudió con Ponchielli, el autor de Gioconda, y pronto llegó
á ser maestro en el arte de la composición.
En su música, Puccini ha sabido conservar
la melodía y flexibilidad de la vocalización
italia?a, á la ve:.:: que hacerla participar de la
doclrma alemana de orquestación descriptiva en la que las voces de los instrumentos
son los elemen tos principales que expresan
el pro¡:reso emocional del drama lírico
La Bohemia es, más bien que un drama
de estos, una sucesión de escenas que pintan
y describen la vida de los vecinos y concu1:rentes al Barrio Latino, de París. El mismo
Puccini vivió esta existencia, pero los detalles de la obra musical en que estamos ocup_ánd?nos_ no los obtuvo de su propia experienCia, smo del famoso libro Escenas de la
vidCf: bohenúa! de 1Ieury Mürger, que fué el
escritor que dtó c;irta &lt;le naturaleza á la palabra bohem'io en las obras que produjo desde 1822 á 1861, en el sentido que actualmente se da á esa frase.
La ópera de Puccini basada en aquellas

�POR , E.SOS MUNDU:-

á comer en el Café Jlomus, célebre restaurant del barrio, y consienten todos con grancuando se levanta el telón aparece ante el des aplausos, cxceptoRodolfo, que alega que
público la bohardilla de una casa de ,ecin- tiene que escribir un articulo de fondo para
dad. A través de la ventana se ven los tejaperiódico.
dos cubiertos de nieve. La escasez de mue- unQueda
Roclolfo solo y se sienta desconsobles en la habitación, así como la chimenea ladamente frente á una mesa esperando que
apagada, re,·elan la más extremada pobreza la inspiración acuda á su pluma, cuando en
:de los que en ella viven; pero unos cuantos la puerta suena un tímido golpe. •(,Quien vú•
libros y algunas pinturas sin concluir indican pregunta. «Perdón», responde una ,·oz de
que los inquilinos son arti~ta,;.
mujer. «Se ha apagado la luz de mi vela, y
Dos hombres hay en la habitación: uno de estoy á obscuras. (.Tiene usted luz para mi?"
ellos, Rodolfo, es poeta, y se entretiene ob- Rodolfo abre la puerta, y se presenta una
ser\'ando el panorama que desde la ventana muchacha débil y casi desmayada de hambre,
se divisa y mirando el curso rítmico del á la que el poeta reanima cerca del fuego con
humo de miles de chimeneas; el otro, Mar- un vaso de vino; después, la joven se levanta
celo, es pintor, y alternativamente se sopla pero al abrir la puerta para marchar,e relos helados dedos á fio. de hacerlos entrar en cuerda la llave que ha dejado caer, y una rácalor, para poder concluir un lienzo que re- faga de aire de la puerta entreabierta apaga
presenta nada menos que el paso de los is- la luz de Rodol{o. y los dos jóvenes recorren
raelitas por el Mar Rojo.
la habitación registrando á obscuras el piso.
Estos amigos empiezan á hablar humorís- Cuando Rodolfo encuentra la llave, la guarticamente del frioque sienten, comparándolo da en uno de sus bolsillos, y sigue buscando
al amor y al corazón de una hermosa jóven por el suelo, al lado de la muchacha, que se
llamada ]foselta, que ha abandonado á llama Mirni. Los dos jóvenes, á obscuras, so
Mai·celo. De repente, Rodolfo coge el ma- hablan como si fueran antiguos camaradas,
nuc;crito de un drama que está escribiendo y sin darse cuent.,. de que el tiempo pasa. haslo arroja á la chimenea; hiere un pedernal ta que son interrumpidos por las voces de
con el eslabón, enciende una vela y pone los amigos del poeta que desde fuera le aprefuego al producto de su genio. Se calientan mian para que acabe su articulo. Coge á
los dos amigos ante el fuego encendido, fe- Mimi de la mano y la lleva con él á la colicitándose de que por fin un manuscrito suproyectada.
yo les haya producido utilidad y de que por mida
Al empezar el segundo acto, los amigo~ se
una yez siqniera resulte corlo un drama poé- encuentran reunidos en la puerta del Café
tico.
l\[omus. Es la víspera de Navidad, y los ven• Se abre la puerta y entra Colline, un fi- dedores callejero:; pregonan juguetes y otras
lósofo. ,Es víspera de Navidad,-dice-r to- cosas, que los chiquillos adquieren. Rodolfo
das las casas de empeños están cerradas: compra para ltfoní un sombrero de color
¿cómo podríamos tener lumbre hoy?• En rosa, y por último se sientan en ·rededor de
esto, se abre de nuevo la puerta y entran una mesita, mientras Colline manda traerles
dos chicuelos con provisiones y combusti- la comida. La atención de los concurrentes
blPs para los bohemios, que reciben con al Café se excita con la aparición de una joexclamaciones de asombro y regoe:ijo el ven coqueta que da el brazo á un pomposo
inesperado regalo.Schmmard, mú~ico, llega con~ejero de Estado, Alcindot·o llamado. La
detras de los dos muchachos arrojando mo- joven es Mttsetfa, la amada de Mm·celo.
nedas triunfantemente; procura explicar la
Pretende éste hacer ver que no ha notado
manora como ha conseguido aquello, pero su presencia, y tanto se irrita 11l11seffa ante
el lrnmbre y el frío que sus amigos padecen este desdén que para llamar la atención a su
no les permiten ocuparse si!10 en alizar el amante habla ruidosamente, desesperando
fuego y ert preparar los come~tibles.
por ello a su amigo Alci11clo1·0. No consigue
, ,Do pronto, . la voz de Beuo~t, el casero, nada, y arroja al suelo un plato de lo,, que
que reclama el .pago de a1c¡u·tlcre&lt;; atrasa- acaban de servirle. Alci1t&lt;lo1·0 la suplira que
dos, se oye en el paiüllo. Los bohemios le se modere, pero ella comiem:a á cantar. El
consienten entrar, y Be&gt;toil que~a asombrado estoicismo de 1,larcelo se rompe con esta
¡inte el derroche de vianda-, y vino que ob- última prueba, y ,iendo Musettc, que ha
serva en la habitación. Animado con el es- triunfado proyecta el modo de librarse de
pectáculo, se decide á contar una historieta Alcinclo,·o. Grita que le lastima un zapato, y
de amorosas a,,enturas, y antes de terminar- exige á su acompatiante que vaya á comla los amigos bohemios le arrojan de la ha- prarle otro calzado; y quitándose el que lleva,
bitación en medio de burlas y chanzonetas á la fuerza lo coloca bajo el brazo del conde desprécio. Schaunard les invita entonces

Escenas de :\lürger carece de sinfonía, y

LAS ÓPERAS MÁS CÉLEBRES DEL Mt;XDO

sejcro, el cual marcha á satisfacer el capri,rho de la joven.
La triunfante Musetta se reune entonces
-con Marcelo y sus amigos. Pide al camarero
la cuenta de aquella comida, así como la de
la suya: y coloca las do,- en el plato vacío
de .4lcwuloro. Como no puede andar sin los
z.,pato~, .Jfarcelo Y Rotlolfo la levantan en
:\lto y la llc&gt;van en triu11fo por entre la mulht~d, que aplaude, en tant-o que regresa el
, ieJo con un nuevo par de zapatos enconlrandosc con su conquista en otra c~mpañía
Y una subida cuenta de gastos.
El terc_er acto representa un boulevard de
los exteriores de París. En una taberna se v::i
-el cuadro de_ Jlarcelo, ya terminado, Paso
rl~l Mm· RoJo. Es el amanecer de un día de
meve, pero en la taberna se oyen voces y
rantos de alegría. Mttsetta sale de ella cantando.
Po~ ~na de las calles laterales apare•cc Jl[inu, andando penosamente· preounta el
J'.Oi_nb~c&gt; del cabaret donde pinta' Ma;celo; se
lo mdican. y con gran placer suyo se enrucntr'.1 con Musetta, á la cual ruega que
ll~me a .J!arcelo. Llega éste, y MuseUa descr1b~ al prntor, con pesar apa~ionado, las explosiones de infundados celos de Rodolfo
que ha~en dr su amistad una cosa triste v
des.;rn~m~a. Jlw·celo aconseja la separació,i,
C!"? Mmu arepta. ya que esto le parece el
nmco recurso. Entra Marcelo en la hoste .
para ~c~prrtar á Rodolfo, que se ha queda~:
dorm1clo sobre un banco. Minií se asoma por
una _ventana, y tan pronto como Rodolfo
despierta le oye prorrumpir en acusaciones
c·~losas contra ella. Sin embargo, en seguida
lllega la verdad de lo que ha dicho y empieza
a l)ab!ar dese:;peradamente de la salud de
Jfmu y c!P su pobreza que le impide atendcda dcb1da~1entc. La tos descubre á Rodolfo la presencia de .J/imí, á la cual su novio
hace entraren la hostería, donde en medio de
:1'.1!ª~te rom·~r~ación Y de reminiscencias de
, lchc,dad der1dcn separarse. Al mismo tiempo, Muse/la Y ~Varee/o se enredan en viodc.,to altercado sobre los coqueteJ:s de la jó-

259

Yen, y entonces decide furiosamente Musetta abandonar á su amante.
. El cuarto acto nos hace volver á la bohardilla de lo~ bohemios. Marcelo y Roclol{o
hablan_, mientras pretenden trabajar; su conve~sac1ón versa sobre Jlusetta r !lfimi á
quienes no ?lvidan sus corazone'.~. Con v;rdadern emoción, y mientras Marcelo no le
observa, Rodolfo toma de un armario el
sombre~·o de color rosa que compró á Minií
en Nav1da~. Interrumpe la melancolía de los
dos ~ohem1os la preseilcia de Schmmanl y
Colli~ie, que llegan trayendo comida. Todos
se animan, y empie;r,an á bailar· v mientras
d~~1 vuelt.:s por la habitación, e~tr·a Jfasetta,
t1 i:ste y ~1:;gustada. Marce'o y los otros corren ha_c1.a ella, pero la joven les hace retirarse ~1c1éndo!es que trae á Minií. la cual,
clemas1ado fatigada, no puede i:mbir lo~ últimos. e_scalones. Rodolfo y .Jlarcelo bajan
pr.ec1p1tadamente, encontrándola, casi sin
aliento, acabando de subir. La ayudan á enl;ar en el cuarto colocándo'a sobre la cama
Ella les.saluda caritiosamente y se queja d~
tener fnas la manos. ilfosella sale apresuradamente á comprar un manguito. Colline
toma su paletó y se va, acompañado por
Schamiard_ Y. por Marcelo, para em periarlo
y buscar medico y medicinas. Mimí y Rodolfo quedan solos, y hablan de su amor.
Rodol{o enseña á Mimi el sombrero que él
conservaba, Y ambos se recrean recorriendo
los encantadores países de los dulces recuerdos. Vuelve Musetta con el manauilo
que pone en manos de Mimi. Marcel~ re~
gresa con la medicina . .Mientras que cada
cual se ocupa en asegurar calor y alimento
para la enferma, Schaimard se acerca al
lecho donde yace 1,firní, tranquila. Hace
Schau.nard señas á Marcelo, el cual compren~e cuando observa el rostro de la tisic:i
'!ue esta n~ necesita ya de tónicos. Rodolfo
'e 1~ ~xtrana conducta de sus amigos y se
prec1plla al lado del lecho, lanzando un grito; coge el inanimado cuerpo de .J.1!imí lo
abraza y lo deja caer en la cama, arrojá~dose al lado de la jóven á la que ha amado .

�&lt;.:nas de la Panadería de la Plaza Mayo,

MADRID VIEJO
I.A PLAZA MAYOR
N este lugar, Madrid pierde su frívolo

y

E heterogéneo aspecto cosmopolita y febril y se torna la castiza Villa del Oso de que
nos habló Mesonero Romanos en su prosa
plácida y familiar: recuerda en medio de la
moderna balumba los característicos grabados en madera de mediados del último siglo.
Tiene un clásico y rancio espíritu castellano y un marcado ambiente provincial. Da
una vaga tristeza, evocadora de grandeziis
muertas, con sus piedras grises y su sólida y
antigua arquitectura.
En las tardes de invierno, al rayito suave
y dorado del sol, vemos bajo los soportales
unos hombres cenceños, rasurados, con ároplias capas pardas y pueblerinas y manos
toscas y sarmentosas. Es el único sitio de la
corte propicio á la recordación de las viejas
y tristonas aldeas lejanas, de las monótonas
provincias de Castilla, amodorradas suavemente en la costumbre cuotidiana, bajo la
áurea férula de la tradición. Recuerda esas
melancólicas plazas silentes de Burgos ó de

Avila, donde clamorean monorítmicas las
campanas de la próxima catedral y de ye,.
en vez pasan las figuras austeras de los canónigos que van al coro: las plazas tan vie,
jas que presenciaron el cortejo férreo y gigante que seguía áRuy Díaz á tierra de mo,
ros, ó cuya losas pisó con su sandalia Teresa la Santa, la celeste doctora. Plazas que hemos evocado quizás leyendo los rom ances
del duque de Rivas ó las páginas sonoras del
Romancero, y en las que en la noche suena
melancólica la voz de un piano cantando alguna melodía italiana, mientras pasean esas.
gentiles, soñadoras provincianas, suavemente
románticas,que tienen manos pálidas y exangües, de sagrarlas organistas, ojos entristecidos por la austeridad ele. la vision frecuente~
alma aromada de ingénua y antigua reliaiosidad, y viven en los caserones hidalgo; la
vida edificante, un poco triste, de las antepasadas doncellas señoriales...
La Plaza Mayor se llamó del Arrabal
cuando la mandó construir Don Juan Il, y es.
uno de los lugares más bellos y pintorescos.
de Madrid.

�263

::'ltADHlD VIEJO

POR ESOS MUNDOS

d Cuchilleros sientan sus reales 1os men~igO!-\.
•~poca; el asunto, como es s~bid?, es uno ~ los fulleros y toda h flor de la gallofa_ Junto,
los más bellos y tiernos ep1sod10s sairados, al Café del Gallo,-el solitario café de citas de-.
el ángel, en le apoteosis de una glona tuda
enamorados, que antaazul cándido y o ro
· l ño fué botillería-y la..
límpido, ofrece el lirio
). • f, chirlata famosa de la.
príncipe, el lirio casto
.., escalerilla, y presen~;'.n
v santificado á la vírun interesante y c ngen elegida p a r ~ el
sico aspecto de noYela
misterio, y la flor llene
picaresca. Sólo que los.
un interesante y alado
~ pícaros r los gallofcsimbolismo.
ros han perdido el doEl historial d e la
naire v )a jácara de
Plaza Mayor lienc nelos dei'Siglo de Oro, é,
gras fechas inJcleblcs.
hijos de su ti~mpo, ~on
En ella se celebró el
almas sin onentac1ón.
auto de fe en que fuedesoladas, cautivas sin
ro n quemadas corca
sahamento d e e s a
de trescientas pcrsocruel inseparable quenas, feslejo de bodas
es tan constante enaque ofreció el s?mbrío
morada, la hosca MiFelipe II á la tierna Y
seria.
frívola rosa princesa
Históricamente , la
Isabel de Valois,junla~:-::---..:;i
rlaza es un rico museo
mente con torneüs, ca.-;;1-:::;1:;r;~ii'~iaiB~..:
de recuerdos. Por ella
iias y fiestas .de toros,
bapasadotodalaintencomo en aquella edad
Puerta principal de la iglesia de San Andrés
sa y varia vida espaen que Madrid era
. .
itola, desde la época mori_sca _basta los albocastillo famoso que al rey niot·o alima el res de nuestra era constttuc1onal. .
mieclo.
t I
En el alma moderna suena exóticamente
En ella fué degollado por la f¡argan et e
el áureo y lejano clarín de la hidalga leyenaltivo privado Don Rodrigo Calderón, marda. La vida se renueva
qués de Siete Iglesia~,
ince!:'antemente y el
que dejó su extraorchtráfago mecánico y
nario orgullo en el úlmercantil ha puesto su,
timo trance, como fraherradura de caballo
se proverbial de nuesbárbaro-en el sentilro refranero. Por ella
do heleno-sobre los
paseó en unajusta metrofeos heró_icos y las.
rnorablo &gt; u s osadas
páginas maravillosas
fanfarrias aquel g1·a11
de la tradición.
ingenio satírico Don
En 1a conciencia.
Juan ele Tarsis, conde
colectiva ha muerto la
de Villamcdiana, el de
leyenda del Cid; se ha
los altos anhelos, que
perdido l 'a confi_anza
escribió e11 su divisa
fanática en el tnunfo,
alegóricamente «Mis
de la enseña nacional;
amores son reales•, Y
la palabra Patria tie~econ motivo de cuyo
un otro y mác; á~ph&lt;&gt;:
asesinato misterioso
sentido; Don QmJoteoscribió tal vez Lope
-.1alltl1..iíi5-i ha llevado en vanopur
de Vega unos_ versos
Jas tierras hispanas el
cuyo remate dice
d ¡vi no heroísmo de
que el matador fué bellido
sus andantes i)a.l:iªlleY el impulso soberano.
EJ;terior de la capilla de San lsidro; en la plazoleta ·
rías : 1 0 s yangübse~
Y, finalmente, en ella
de San Aa drés
triunfantes, los mercas, e celebraron todas
deres medrados, los galeotes ingratos coce~n
las ejecuciones, hasta que en 1790 se trasla- constantemente contra la Pº?re s?.mbra erradó el cadalso á la Plaza de la Cebada:
lica del Caballero de la Tr1st~ J• !gura..
En la actualidad, por las noches ll~ne un
!la Y un neu tralisrno, un rnd1fercnhsm°'.
a$pecto inc¡ ui•etacl0 r. En las esraler1llas de

1

es la Capilla del Obispo, em~ezada en 1520
por la pía voluntad del licenciado Don Francisco de Vargas, del Consejo de los Reyes
Católicos, y terminada por su hijo Don Gu-'
tiene de Vargas, obispo de Plasencia, que le
ha dado su nombre, aunque su verdadera
advocación es de San Juan de Letrán.
El magnífico retablo mayor es obra de
Don Francisco Giralte, como también las eslátuas orantes del fundador y de su e'sposa á
ambos lados del presbiterio, y el sepulcro
del obispo Don Gutierre, página brillante
para el estudio escultórico y ornameutal de
la época de Carlos I. Bajo un arco dé medio
punto, coronado por un ático, de pareadas
columnas al del cenlro, está la estátuit de
Don Gutierre, arrocli llaclo y en acfitu'd de·
orar; tras él los familiares, con tal expresión·
de vida que bien muestran las citaclas figu ...
ras ser retratos; y formando marco en torno,
estriadas columnas, ángeles y estátuas, y el
arca donde estuvo el cuerpo de San Isidro:
Cierran esta maravillosa obra · de arte unas
LA IGLESIA DE SA..'&lt; A~DRÉS
notabilísimas puertas de nogal con prodigioSombreando una plazoleta silente y al- sas tallas.
Se ignora la época de la fundación de estC'
deana, circunvalada de poyos de piedra, de
entre cuyo pavimento brota la hierba pálida templo, siendo la primera noticia que• de él'
y desmedrada, álzase ingente la muy anti- se tiene el haber sido enterrado en su ce- 1
menterio el Santo Labrador por los añós de·
gua parroquia de San Andrés.
1130.
,,
Esta es la
i g I es ia de
Una de las
Madrid de
.
1 obras m á s·
· artisticasquc'
más puro valor artístico
posee es-la
imágen de 1
entre las pretitular colo-·
ciosidades de
cada en',J.m ·
detalle, la
nicho ,;ol:Jre
asombrosa
ia pc1erta do
riqueza picentrada, de.
tórica y ar•bida á 1:,\[ aquitectónica
nuel Pereira,
que nos han
de quien
legado I os
también es la
precedentes
efigio de Sansiglos de
ta ~[aria ele
C J' i s tianisla Cabeza
mo. A ella
que e;;tá en
perteneció el
la embocamaestro Juan
dura tic la
Lópezdc Ifocapilla 111 a yos, á cuyos
yor al lado
Estudios ele
de la EpistoJfaclricla;;is1a, situada
t i e ron los
Altar mayor de la iglesia de San Andrés
sobre lo que
más célebre~
escritores de la época. entre ellos ::\Iigucl fué cementerio. En el exterior, el cuerpo de
de Cer\'ante~, que fué el discípulo µrcdi- luces de la cúpula está adornado con clieci~eis bellas eslá tuas clásicas de apóstoles y
leclo del sabio Y \'enerable ~acerdote.
Cna do la:; aclÍnirables obras escultóricas doctores.
El retablo ron yor consiste en cuatro cuerque encierra en su interior la citada iglesia

ab;;orbente, un cosmopolitismo amorfo que
borra el carácter clásico del neto espaiioli'-mo, y que se refleja en el rostro de las muchedumbres y en el aspecto de las ciudades.
Este rincón madrileño, esta vieja pla;:a
histórica conserva su clásico carácter, igual
en los días vulgares que en aquellos que lieT\en un espíritu familiar de bíblica recordación; cuando viene el abuelo de florida barba de plata, Noel, el mago tradicional, repiquetean las panderas, suenan bucólicos los
"'lbeles y se extiende una arcadia feliz aromada de mirra y de promcsas,-estrellas, reyes de Oriente c_onstelados de piedras preciosas, pastores con albos corderos, musgosos peñascales con el humilde portal.y en el centro de los jardinillos, junto al
bronce trabajado por el ilustre Juan de Bolonia, hay dos fuentes que cantan la vieja
poesía del lugat, confusamente, como historias borro~as r olridadas...

-~ 011

�LA DÉBACLE

264

EL TERRORISMO Y LA POLICÍA SECRETA

sólo me he propuesto dar una breve noticia,
)OS con multitud de columnas _talladas en sin recar(7amento de tecnicismos engorrosos
los tercios inferiores; hay en los mtercolum- para el p"úblico, y explicar sucint~mente ,las
nios diez bajo-relieves que repres~ntan pa- fotografías. En ella, como en casi lodos ~os
sajes de la vida y pasión de Jesuwslo, comtemplos de Madrid,
pl(}tando el ornalo
J.. L,.~ h a y en ce r"rados
escudos de armas.
"'.y yerdaderos teso'roR
La capilla jnmearlíslicos, j o Y as
diala, llamada de
esencialmente naSan Isidro y que '
cionales, cristalizaestá al lado del
ción estética, adeEran(7elio, se consmás, de las clásilruyó" en 1657 ?ºn
cas y diversas esarreCJ\O á los d1secuelas del alma retios de Fray Diego
ligiosa y fuerte de
de Madrid. Dirigió
los antepasados.
las obras, primero
Las revistas euDon José Villarreal,
ropeas dedican á_mY· después Don Seplias in fo rmacwbastíán de Herrera
11 es ilustradas á
Barnuevo, ad o r sus viejas ciudades
nándola con pilasaqueológicamente
t·ras de marmol,
,0-..,_;,l!"ti~
notables, ásus
P.ornisas} bóvedas,
templos y á los a~lienzos de Juan Calistas. En Espa!l.a
neño y Francisco
pesa un gran silenRici y catorce cocio mortal sobre tolumnas de mármol
do lo bello, y los
negro. En el centro
Retablo, en la i~lesia de San Andrés
.
ojos ávidos de ~s~ése eleva, comple•a ticas impresiones acuden sólo á los sitios
lamente aislado, el retabl~ mayor, sostem. o de exposición como los Museos, cuando al
or dos columnatas, termmando en una cu- detalle hay por los rincones ele los le!11plos
bierta calada llena de fi~uras .• En este re~l preciosidades olviJadas, tales unos lten~os
blo por espacio de cien anos, estuvo
del Tiéiano del divino Morales, de Jordan,
cu¡rpo de San Isidro Labrador, hasta q~e de Alonso Cano y dé Claudio Coel~o, que se
fo'é trasladado al sitio que hoy ocupa en a conservan en la sac·ri~tía de la antigua CateCatedral.
.
S A d ·é
d al
·':.
Al hablar de la iglesia
de an n r s
r .
&amp;'1ILIO

CAB.RltRE

Fotografías, por L. Alonso

LA DEBACLE
Armando al amor mío,
.
le mandé á combatir con tu desno:
volvió llorando sus perdidas galas,
trajú rolas las alas,
.
.
tronchado el arco y el carcaJ vac10.•_.

Juuo HOYOS

1

'.

CÓMO SE VIVE
EN RUSIA
cia jurídica: no está sancionada por la ley
constitucional del país, carece de organizareunir datos interesantes respecto á los de- ción central: y su coste no aparece en el
seos é intenciones de los ciento cincuenta presupuesto imperial. Es un ejérci!o vaslo,
millones de compatriotas suyos: .be aquí un pero amorfo é invertebrado, de espías politimétodo breve de resumir el sistema ruso de cos y cletectives que se mueven de uno ·á
policía secreta que durante un siglo ha sido otro sitio, reciben órdenes casi exclusivael apoyo más eficiente de la hoy vacilante mente de las ·autoridades locales, y abandoautocracia de aquel imperio.
nan por cualquier motivo el descubrimiento
La policía secreta de Rusia es la más nu- de verdaderas conspiraciones para provocar
merosa, extendida y odiada organización de receles de clases y la creación de fingidos
este género que jamás exislió en el mundo. complots, con objeto de apoderarse de perLa cifra de treinta mil personas que hemos sonas poco afectas á la autocracia ó que
apuntado no es más que aproximada, pues, gozan de influencia ante el pueblo.
probablemente, no ese número, sino tres veLos rusos leen todavía con fruición en la
ces el mismo, noventa ó cien mil, son los prensa extranjera las hazañas de lo que se
que ayudan en ocasiones á las autoridades titula la Sección Tercera de la policía, ó sea
para descubrir revolucionarios y conspira- la policia política secreta. Dichaorganización,
dores terroristas. Pero la gran mayoría de cuya vida ha sufrido muchas intermitencias,
dichos treinta mil y más indurante el reinado de Ale~
dividuos no forman parte
jandro III fué transformada
del servicio regular de poen el Departamento de Policía, sino que suelen servir
licía, que actualmenlc exispor períodos cortos al Gote como una de las princibierno, ora vendiendo senpales divisiones del MinistecilloR informes,bien envíanrio del Interior. El minü.tro
do confidencias sin exigir
de este ramo dirige -toda la
pago de ningún género. Hay
policía regular, incluyendo
que advertir quo existe una
la gendarmería, cuyas fungran parte negra ó reacciociones han llegado á ser casi
naria que se presta vol unpuramente p1líticas.
taria y desinteresadamente
Pero la okhrana ó serviá dar noticias de sus descio de inspección de policía
contentos vecinos. Además,
política es cosa indepenel número citado de treinta
diente de estos dos cuerpos.
mil es indefinido,entreotras
Aunque sujeta nominalrazones porque el total exacmente al Ministerio del Into de policías, la dislributerior, en realidad recibe
ción local y el coste de la
órdenes de. los prefectos y
okrana, como se la llama,
gobernadores de provincias,
son cosas ignoradas de la
y, donde existe la ley margente oficial, y lo poco que General Dediulin, jefe del cuerpo de cial, de las autoridades mise conoce se conserva en gendarmes, ósea cuerpo especial de es• litares. No tiene, e n una
impenetrable ;:nisterio; y espías del si5tcma policiaco ruso
palabra, política alguna getos tres factores varían de año en año, y aun neral ó plan de acción, sino que trabaja exde mes en mes, conforme á las condiciones clusivamente en necesidades del momento.
políticas á que puncla llegar cada centro de
La fuerza de la okhrana y su actividad
población.
sobre cualquier punto especial depende por
Lo más extraordinario de este servicio en completo de la. actividad de los revolucionaRusia es que la okhrana no tiene existen- ríos locales: donde quiera que los actos reREINTA MIL

rusos, hombres y mujeres,

T encuéntranse actualmente ocupados en

�266

POR ESOS MUNDOS

volucionarios ó terrorishis llegan á prevale- vigilar á las personas á quienes no conviene
cer, se suspende la ley civil ordinaria para encerrar en las cárceles. Para hacer esto, neser sustituida por unas ordenanzas que se cesita tener á su disposición una mullitud do
aproximan más ó menos, según los casos, á agentes eRpeciales de policía y un regimiento de espías.
·
la ley marcial. El ¡nás suave de
Por e-:t", la primera conseestos sistemHs de terrorismo
cuencia de la necesidad del augubernamental, es lo que se comento ó la declaración de la
noce con el nombre de itsi•
seguriclacl extraol'clincwia e~
lennaya okhrana, ó aumento
multiplicar el servicio especial
de la fuerza de seguridad, cosa
de policía haciendo que acudan
que otorga al gobernador ó preá prestarlo inclivíduos que llegan
fecto poderes excepcionales.
:í los centros ó poblaciones poMucho más severa es la tchreslíticas desde los puntos más pavuit-choinayci okhmna, ó segucíficos del imperio. Cuando desridad extraordinaria, por la cual
pués de la disolución de la Duel prefecto ó gobernador puede
ma fué declarada la ciudad do
multar, prender ó desterrar á
cualquiera persona sin necesiSan Petersburgo bajo el ré"imen
dad de formarle juicio alguno,
de seguridad extra0Nli1~aria,
prohibir la publicación de pecerca de tres mil hombres llegaron á dichacapital desde otras
riódicos y la celebración de reuciudades, y todavía fueron alisniones, y hacer, en una palabra,
tados bastantes más después de
cuanto quiera y le plazca. Deshaberse realizado un golpe tepués de la seguridad extraordirrorista en casa del primer minaria vi en e I a ley marcial
nistro Stolypi11.
(voennoe polozhenie), y luegr
el estado de sitio (osadnoe
Las funciones primordiales
Oficial de la policía rusa
de la okhrcma son espiar á las
polozhenie)-en Rusia la ley
marcial no exige necesariamente la declara- personas de dudoso carácter, comprar la
ción del estado de guerra-y en estos dos traición, ·concurrir disfrazados á lo.;; meetin[JS
últimos aspectos las autoridacles tienen po- secretos de los obreros, vigilar la llegada
der más absoluto aún. El eslado de sitio, que de los trenes y desempeñar la desagradable
parte de agentes provocctdores.
implica los con_sejos de guerra
Tal es la labor diaria de lo que
para los delitos ordinarios; no
puede llamarse okhrctnct fiose emplea generalmente como
tcmte. Pero, además, cada ciuarma revolucionari3:, pues la ley
marcial da á la;; fuerzas militadad dispone ele un servicio fijo
e;;pecial, q11e tiene por princires todo el poder que necesilen
pal deber proteger al czar, á los.
ó quieran.
grandes duques, á los mínistros
La okhrnnci aumentada, ó la
extraordinaria seguridad, es el
cu yasvidas están amenazadas, á
los gobernadores locales, y
sistema de policía vigente achasta á indivídnos humildes
tual mente en casi loda Rusia, y
que se han hecho deRagradables
esto es lo que allí da á la poliá los terroristas. Además de los
cía política secreta todo el poder y el valor que tiene. Cuando
guardias militares del palacio
se ~ecl;::!':t cualquiera de esto:;
imperial y ele la policía uniformada de esta misma residencia,
dos estados y Sél su~penclrn, por
ha y invariablcmen Le una horda
tanto, los efectos de la ley orde individuos vestidos do paisadinaria, pueden los gobernadono, cu yo radio el e acción se
res ó prefectos desembarazarse
exliencle por varios kilómetros
de una vez y sin procesamienen rededor de aquellos palacios.
tos ele todas las-personas cuyas
En las estaciones del ferrocarril
aspiraciones (esta es la frase
de Peterhof y Tsar.-koe-Selo, regubernamental) son dudosas. Lo
sidencias de 1·e1·ano é invierno,
primero q11e hace todo prefecto
Gendarme ruso
respectivamente, del czar, ha y
inrestido de tan excepcionales
Jacullacles es prender sumarísimamente á siempre, por lo menos, una docena de· homcentenares \' hasta miles e],, personas sospe- bres de lao!.-/mma; otros vagan rondando por
chosas, regi»lrar casas, f:ellar imprentas y los caminos que conducen ú dichos ~itios;

CÓ.110 SE

\"IVE EN RU~IA

267

algunos, fingiéndose fonl'istas curiosos, ob- sus serv1c10s: cerebro contra cerebro, hay
servan las murallas de los parques: y no son que reconocer, en realidad, que el polizonte
pocos los que se estacionan dentro de los ruso es inferior á sus adYersarios, y aun
parques y algunas veces hasta en el interior cuando está protegido por toda la maquinade los edificios donde viven el emperador ria del Gobiemo y por recursos ·innumeray los principc8.
bles, la mayor parte ele las veces queda bur:M. Plehve, el ministro del Interior 1rn\s lado y chasqueado. La razón es sencilla: los
detestado que ha habido en Rusia, rodeába- hombres que arrojan bombas y fraguan comse de un enorme ejército ele estos espías y plots militares proceden de la clase mejo1·
protectores. Los revolucionarios le acusaron educada ,. más intelectual de Rusi:1. Las uníde mantener trescientos hombres para su versidadés producen centenares de conspiprotección personal; pero aún así no logró radores; y muchachas listas, educadas en
evitar el atenlado terrorisla que le causó la colegios de importancia, sirven á los estumuerle, comet:do en pleno día y en la diantes de auxiliares valim;os que, comparaprincipal calle de San Peters•
dos con los espías del Goburgo. Denlro y en los airebierno, son como los artistas
dedores de la villa campestre
comparados con los artesade :.l. Sto! y pin había el 25 de
nos.
Agosto de 1906, (cuando se
Los jefes y soldados de la
cometió el atentado quemaokhrcma reciben como sueltó é hirió á más de cincuendo de setenta á cien francosta personas) nada menos que
mensuales; y la shtatniye ó
treinta y cinco indivíduos do
fuerza permanente, disfruta
la okhrana al mundo de un
de pensiones á los veinticingeneral. ¡\Jgunos de ellos fico años ele servicio. Esto es.
guraban como lacayos y pormucha paga para Rusia; masr
teros, otros como peticionaá pesar de ello, los intelecrios que esperaban audientuales del imperio e~tán y
cía, y los restantes llevaban
estarán siempre en la revolupaquetes ó se ocupaban en
ción.
componer los caminos que
Además de su número reconducían á 1a residencia.
guiar de fuerza, la okhrancc
Sin embargo, terroristas disemplea temporalmente un
frazados burlaron toda vigigran contigente de neshtatlancia y per:ctraron hasta la
niye (inspectores de policía).
puerta de la b¡¡bilación del
También hay miles de emdespacho del primer minispleados policiacos y esµías.
lro, arrojando 111 bomba que Glardia del palacio det czar en San que venden informaciones
taritos daiios causó. Sucesos
Petersburgo
ocasionales á la Dirección ele
como el relatado, y los numerosos asesinatos Seguridad. A estos hombres se les paga cua11de gobernadores, protegidos todos estos por do trabajan; pero su trabajo es por lo regula okhrcma, no hacen más que confirmar la lar una trampa para las mismas autoridaclesr
jactancia terrorista de que ningún sistema de que generalmente reciben avisos de complols
espionaje y protección puede evitar el acto imaginarios ó muy exajerados. Este trabajo
de un hombre resuelto á sacrificar su vida. es arriesgado, porque los terroristas no perdoEl contraste entre la seguridad disfrutada por nan jamásá los soplones por afición. Duranlo
el czar y el incesante peligro de sus minis- la rebelión en.Muscou en la Na1·iclad de 1905tros, parece, al principio, notable; pero esta ocurrió un' caso que demuestra lo que deseguridad consisle en que Nicolás JI harr Yi- cimos. Un vidriero informó á la policía de la
da de recluso y jamás anuncia por adela11laclo existencia del principal depósito de arrriassus propósitos de ir de una á otra parte, en un barrio al Sur de la ciudad; la policía
mientrns que sus minislros, generales y go- le recompensó cun cien rublos, y el vidriero
bernadores, tienen que concunir á los con- se quejó al gobernador de la ciudad, almisejo,; 1· recibir á sus subordinados en diás rante Doubas;;off, el cual mandó que le diey en ·lugares conocidos de ant"mano por ran novecientos rublos más; sin embargo, el
todos.
informante no se presentó á recoger el dineLa misión ele la okhrn11a es cvilar los ultra- ro, pues al acudit· la policía á su casa se enjes 'lerrorista~ y la propn~1nda revoluciona- contró con los cadáveres del vidriero, de
ria; pero romo en e~to fracasa seiialadame11- »u mujer y do un hijo que tenían: los asele, debe deducir,;e c¡up no so11 mu y cficacc,- sinalof- habían ~ido obra de los revoluciona•

�21i8

POR ESOS MU.'IDOS

rios traicionados. El espia al servicio de la

que esta institución presta en Rusia es pesa-

okhrana es una mera cifra, sin personali- do y no alcanza el interés folletinesco que le

dad, nomhre ni historia; y cuanto se dice han dado los escritores que han tratado el
de nombres y hechos de los individuos en asunto sin haber visitado jamás á Rusia: las
activo servicio que forman este cuerpo, son princesas Oiga y Natalia, á pesar de lo que
más ó menos puras invenciones. La okhrana aseguran esos periodistas, no actúan de esy sus miembros se conservan en el más im- pías, aunque es natural que tanto e!las como
_pcnetrable misterio, por la sencilla razón de cualquiera otra dama ó personaje descubran
algún complot
que una vez cocuando llegue á
nocidos sus in;;u conocimiendividuos pierto; y muy pocos
den todo su vaespills
re u nen
l o r . El actual
las condiciones
jefe de la okhra,de astucia y de
na de San Pebuena educalersburgo es el
ción social que
único hombre
suelen
achacarvivo que sabe
les los inventoquiénes son los
res de trágica~
espías y lo que
novelas.
hacen, y el traEsto no es
bajo del Deparobstáculo
para
tamento se enque las aventu&lt;iuenlra de tal
ras de algunos
modo organizaa s p í a s rusos
&lt;lo que muy potraspasen los
eos de los indilinderos de lo!!
Yíduos que á él
más imaginarios
perlenec en s e
y romancescos
conocen entre
relatos. He aquí
sí: en la oficina
un caso.
&lt;le San PetersEn Moscou, en
burgo los más
1899, murió un
hábiles policías
hombre, Gabriel
iisperan, par a
Kabanoff,
que
conferenciar
se pasó treinta
&lt;ion el jefe, en
años denuncianpequeñas antedo conspiradosalas separadas
res á la policía
y sa'en por una
y la policía á los
puerta d ü,tin ta
e o ns p iradores:
-de aquella por
engañó á ambas
&lt;!onde entran.
parles y jugó
Un hombre percon
ellas como
teneciente á la
Detención de un signifkado revolucionano
q u i s o , y, sin
-0khrana no debe permitir que se le fotografíe, sino por indica- embargo, murió tranquilamente en su casa.
-ción oficial; y, en rigor, todos ellos se conocen Kabanoff fué quizás el más hábil de los estan poco que cuando escoltan reservadamente pías rusos: era excelente lingüista, tenía algo
.á funcionarios importantes suelen frecuente- de filósofo y de pintor, un mucho de s-portsmente detenerse unos á otros como indivi- rnan, y no fué fácil aventajarle en modelos
duos sospechosos, y no quedan en libertad exquisitos y groseros, ni en su conocimiento
hasta que, una vez en la prisión, se declaran del mundo. Sus incorregibles hábitos derro-como funcionarios de policía. El misterioso chadores, su horror al trabajo y su afán de
velo se levanta únicamente cuando muere el diversiones, asi como su continua necesidad
individuo, y aun en este caso nada más que de dinero para él y para las numerosas mu-&lt;Juando el difunto deja escritas sus Menio- jeres que mantenía en casi tod.is las grandes
capitales europeas, le condujeron con fre.t·ias.
.J~gaodo pgr lo quede la okhrana ha llega- cuencia á ser infiel tanto á los funcionarios
-do al púbfico y se ha tras! ucido, el servicio oficiales como á los nihilistas; pero justo ei:

cm10 SE VlYE EN RUSIA.

reconocer en su elogio que jamás vendió in- algodón cien mil rublos. Por haber abortado un complot tramado para asesinar al
formaciones fal;:;as.
La táctica de Kabanoff era propia y ca- gobernador de Varsovia recibió dos mil ruracterística suya. El nihilismo, hoy extingui- blos del ministro del Interior; el complot era
un hecho;
do, era enpero Kabatonces la finoff dispuso
losolía polílide tal modo
ca que dolas cosas que
minaba entre
solamente
los des conlos conspiratentos; y si el
dores de últimovimiento
ma fila fuerevolucionaron los deterio de hoy es
nido~, y los
de m ocrálico
jefes escapay relativaron pagando
mente pobre,
también á
los nihilistas
nuestro homde los años
bre e i e r ta
1870 y 1880,
enorme su aún cuando
ma, que él
pocos en núpidió para
mero, solían
sobornará la
ser ricos y de
policía y á los
origen arisi nspectorcs
toc rá tic o,
•Antes del registro•.-Dibujo del pintor J{alinitchenko, cuya publicación
de la fronteKabanoffemestá prohibida en Rusia
ra. Kabanoff
p le aba los
cuantiosos recursos que recibía de la policía afirmaba que sus verdaderas simpatías estaen mostrar;:;e como un simpatizador rico, y ban con los nihilistas; pero sus costumbres
cuando, valido de esto,obtenía informes res- derrochadoras le hicieron peligroso para
pecto á las conspiraciones, den unciaba al cuantos llegó á conocer. Tenía una extramomento á los conspiradores. Entonces, la ordinaria colección de disfraces y cuando vespolicía, que tenia fé en la fu~rza y eficacia tía cada uno de ellos usaba nombre distinto.
de los servicios de Kabanoft, le confiaba Sabía hablar el idioma ruso empleando medocumentos ele que ella se babia apoderado, dia docena de diferentes acentos, jactábase
haciendo creer
y nuestro homá un francés,
bre, provisto de
·
que era de París
pasaportes, saló de Burdeos, á
vo-conductos,
un inglés que
cifras y listas de
había nacido en
comprometidos,
Inglaterra, y dese acercaba á
mostraba palpalos nihilistas riblemente que
cos y entusiashabía vivido dos
tas por su c;ausa
dos años en Zuy fra 511aba comr i eh pasando
plots que dab:rn
por a I e m á npara Kabanoff
suizo,
sin que
resullados penadie descubriecuniarios, que
ra es tos engaeran los él busños. La policía
caba. ¿Cómo los
lograba'? Dicien- ![\dividuos solicitando verá sus parientes y amigos reducidos a prisión rusa jamás sospechó el doble
do á los nihilistas que sabía con certeza que iban á ser juego de Kabanoff, y como los nihilistas no
detenidos, cosa c¡ue podían evitar enviando tenían entónces organización central los
dinero á tal ó cual inspector, que siempre traicionaba impunemente cuantas veces y en
era el mismo Kabanoff. En una ocasión, cuantos centros quería.
Hombres como Kabanoff se encuentran
Qbtuvo por este medio de un tratante en

�Cfo!O SE YIVE E:N RUSIA

·:?ii)

-rrcncralmente entre los tcrrori:;tas de hoy, y
-~o en la okhrcina, cuyos individuos tienen
tan escasas facultades que un poco de experiencia basta para que cualquiera los engaiie. Lama11cra que los
•espías de la
policia tienen para
presentarse
á los sospechosos hace
que éstos los
&lt;le~cubran al

indistintamente concluye deteniendo al inquilino de la cnsa. A menudo, los gendarmes
recogen algún transeunte de la calle como
testigo de la legalidad con que proceden; pero, generalmente, se contentan con el testimonio del. clvornik (portero), que á la vez
es también,- en casi todos los casos, agente
de la policía. Recogidos cuidadosamente to&lt;los los papeles y objetos comproinr.tedores y
verificada la detención del individuo, éste es
·conducido á la prisión de Khresti, ó cárcel
preliminar llamada predvari1ka. Sin embargo, á los conspiradores importantes se les
encierra en la fortaleza de San Pedro y San
Pablo, única prisión en- San Petersburgo
que, por el espesor de sus paredes, hace
imposible la comunicación entre las diversas
habitaciones por medio_ de golpes.
Cuando se trata de mujeres exige la ley
que concurra á la detención otra mujer; y,
en efecto, algunas veces acompañan á los
invasores agentes femeninos titulados asistentes; pero esto, lo mismo que todo lo dispuesto para proteger al ciudadano, no se observa la mayor parte de las veces, y en muchas ocasiones las mujeres que sufren registros en sus domicilios son despertadas durante la noche obligándoselas á vestirse en
presencia de agentes masculinos.
La okhmna emplea muchos agentes femeninos, dando á la mayor parte de ellos el carácter de miembros irregulares, á los que so•lamente se pagan los servicios que prestan.
Durante el mucho tiempo que desempeñó el
general Trepoff el cargo de prefecto de Moscou, favoreció sistemáticamente á los agentes femeninos de mala conducta, dispensando
á estas mujeres de la observancia de ordenanzas restrictivas, iundándose en que dichos
elementos resultaban al fin y al cabo los.
mejores amigos del régimen existente. Las
mujere.; empleadas en la okhrcma en San
Pctersburgo llegan á setecier.tas. 11 uchas de
ellas están mu y bien educadas y son personalmente atractivas é insinuantes. La gestión
-de estas mujeres cspias es invariablemente
más intere;;ante que la de los hombres, sien·do uno de los principales motivos de sus
éxitos el uso de adhesiones y sentimientos
románticos de que se sirven para fines políticos. Durante el reinado de Alejandro III,
cuando tanto la devoción caballeresca hácia
-el trono como el complot revolucionario eran
más comunes entre la aristocracia que lo
s::m hoy, muchas mujeres jóvenes y mucha·cha~ de alta posición actuaban como espías
aficionados en fa,·or de la okhrana voluntaria que entonces existía, compuesta por un
:gru po de jóvenes nobles que se dedicaban
:á emplear métodos terroristas contra los que

271

ponían en práctica los propios terroristas.
Uno de los más trágicos incidentes en la
historia de estos agentes femeninos se ha
conocido muy recientemente, debido á la
muerte por suicidio de la señorita Sofía Ruibakoff, bija de un general, rico propietario en
l\loscou. Esta ~eñorita, bel la y de talento, era
la prometida de un oficial llamado Osipoff,
y acostumbraba á emplear sus ratos libres en
obtener informaciones respecto á las relaciones que existían entre un círculo de nihilistas
iotelectt-Jales de Moscou y los activos nihilistas que entonces aterraban á la aulocracia
arrojando bombas. Logró saber que algunos
de los intelectuales bien educados no solo
lenian noticia sino que hasta habían subvencionado un vasto complot contra el czar.
Informó á la okhrana de aficionados, que á
su vez &lt;lió cuenta á la policía, la cual, en vez
de detener á aquéllos en el acto, observó el
desarrollo del plan para asi tener mejor conocimiento de cuanto hacían los conspirado •
res; al fin, determinó detenerlos una noche
dada. Y aquí viene la tragedia de la señorita
Ruibakoff. Después del almuerzo de aquel
dia fatal, Osipoff dijo á su prometida:
-Sé que estás trabajando con nuestros
amigos. Tú ignorabas que yo fuera de ellos:
¡por amor á ti me alisté entre los conspiradores!
-¿Te has unido al yomplot formado para
el asesinato del czar?-preguntó ella á su
novio.
-He dado dinero, y he hecho que conste
mi nombre en la lista. Prometí mil rublos.
La joven no habló nada más sobre el particular; pero pronto pretextó hallarse indispuesta y abandonó el comedor. Pocos minutos después dirigióse á un carruaje, &lt;lió al
cochero la dirección de la casa del jefe de la
conspiración, y le dijo :
-l\1e consta que vamos á ser detenidos
P.sta noche. Quemad todos los papeles.
-~o tengo papeles,-contestó el conspirador.-Los entregué á Fulano, que ha salido hoy para Kursk.
Aquella noche, el portador de los papeles
comprometedores fué detenido en el tren; se
enconti:ó en ellos el nombre de Osipoff, que
á la mañana siguiente fué detenido, no volviéndosele más á ver. Loca de angustia y de
remordimiento, la señorita Ruibakoff obtuvo
audiencia de Alejandro III, le refirió que había actuado de espía por favorecer al czar, y,
aunque en falso,juró que Osipoff era también
espía. El czar no quiso darle crédito y la
contestó:
-No podría poner en libertad á Osipoff
aunque qui6iera.
La desgraciada joven comprendió por es-

�272

AL PARTIR

tas palabrag, y qu17,as comprendiera bien,
que su prometido había sido fusilado. Regresó á Moscou, escribió un memorandum dando cuenta exacta de lo sucedido y se suicidó
abriéndose las venas de los brazos.
Muchas mujeres espías profesionale.~ han
sufrido muerte violenta de manos del hombre que intentaban denunciar. Una de las numerosas mujeres con quienes el pope Gapony tuvo relaciones románticas durante su
extraordinaria carrera fué encontrada muet··
ta no hace mucho, en Kief. La policía averiguó después que había sido asesinada p0r
los terroristas.
El Departamento de Seguridad emplea un
reducido númer_o de extranjeros, la mayor
parte fuera de Rusia, que ayudan á los numerosos espías del Gobierno imperial en París y Lóndres y en los centros conspiradores de Suiza. Hay algunos de esos extranjeros en Rusia donde el individuo franc6;:; ó

alemán que finge no hablar el· ruso es necesario algunas veces. En ui;ia pequeña ciudad
&lt;le la frontera austriaca ha y u.n espía francés
que-pasa por intérprete mientras vigila 1l los
rusos que vuelven á su país. Repetidamente
ha dado informes erróneos á la o!dtranci
anunciando regresos imaginarios. Sin embargo, la vuelta a Ru~ia &lt;lol desterrado es cosa
á que se oóncede gran importancia en el rr"'iovimien to revolucionario. Después del manifiesto de 30 de Octubre de 1906 se cohce&lt;lió permiso para regresar á cerca de trescientos desterrados. La policía combatió esta
am11islía asegurando que la mayor parle
de los indultados volvena á conspirar, y dedicó centenares de hombres de la okhrana
para vigilarlos.
En efecto, la mayoría de los indultados
que regresaron á Rusia hállanse otra vez en
las cárceles, mientras el resto cumple nuevamente sus aiios de dest&lt;ierro en Siberia.
RoBEilTO

CROZIEU

ACTUALIDADES
LA PRINCESA DE BAITENBERG, EN MADRID

las in".estigaciones científicas en Eaiplo y
Hallase en esta corte desde mediados de en r?ahdad, comunicó este enlusias':no á' s~
_Febrero pasado, y. continuara aquí hasta m~ndo. E~ _su interesante libro Aves del
fines de Mayo próxlillo, la princesa Beatriz Nilo, el laprn gráfico de lady William ha
de -Battenberg, madre de la reina de Es- traílado, no solamente dibujos de los pajaro,;
pana.
que actualmente se encuentr~n en el Nilo,
Cordialisimo v r
s In o también
·sincero ha sidÓ
cuadros antiguos
el sentimiento do
on I os que se
-adhesión demosmuestra que los
trado por nuesindígenas e m tro pueblo a la
pleaban los misprincesa de Batmos métodos patenberg, que vie, ,
ra la oriade aves
ne al lado de su
que sus antecehija parahallarse
sores hace mil
-en su compañia
a~~s. ~,ord y lady
en un próximo
W illiam Cecil
suceso que se estienen cuatro bipera p o r todos
jo«.
con ánsia y feliDe las aficioridad. Corno la
nes de ambos por
estancia en Espalos e s tu di os
ñadelaprincesa
r.ientíficos 'd e
Beatriz va á ser
Egipto participa
larga, ha traído
también la prinsu suite, c o mcesa de Ballenpuesta de lord y
berg, que ha helady William Cecho algunas excil, y de los herperiencias notamanos l\fr. Thobles acerca de la
mas y de Miss
tierra de los Fa11IinnieCochrane.
raones, bajo la
Lord William
dirección del
Ce c i 1 ha sido
profesor Flinders
contador y tesoPP.trie.
rero de la prin- t.'.!
Míster Thomas
cesa
de
Batteny 1~f is s M' ·
b
Princesa Beat · d B l'
·
.
1111110
erg d u r a n t e una temporad11de ~uafr~c~~~ ~ 1'i°a~~ J!~~dh'~ Españ_a
pa~ p~ar
Coc h r a ne s o n
1
muchos años. EsEu•enia
i¡a ª re,na V,ctonahermanos. El pe•
lá casado con una bellísima dama bija ma. .
lo blanco ha ved~ lor~ Amher.,t de Hackney,' cuyo títu- mdo. a ser una característica en esta familia
lli eieda~·a por manda especial. Lady Wi- y l\l1ss Minnie C?c~ran~, aunque bastante jó~
am Cec1l heredó la afición de su padre por ven, llev~ con d1stmgu1da elegancia sus plateados nzos. Los hermanos Coobrane, que

l

AL PARTIR
La nave hendía con su férrea proa
el agua, tan inmóvil como el hielo;
había en el espacio un vasto anhelo
y en mi nostalgia irradiación de aurora.
Ante los dos, la inmensidad sonora
del mar y el aire; en el confin, un vuelo
lento y blanco de nubes; en el cielo,
la rn35Cstad di,'Í.na de la hora.
Envuelta del ocaso en el incendio,
en U vieron mis ojos el compendio
de la augusta belleza circundante;
fué tu grncia en mi espíritu victoria...
¡Así en mi alma eternizó su gloria
el esplendor fugai de aquel instaulel

D.Amo HERRERA

f:h

6

�POR ESOS MUNDOS

ll74

Villa Eugenia, en Biarritz, regalada por Napoleon 111 a su esposa la emperatriz Eu~enia. En dicha preciosa residencia
se alo¡a durante su estancia en aquella población francesa el rey Eiluardo VII do Inglaterra

gozan excelente posición financiera, de antiguo mantienen especial amistad con la
princesa de Battenberg, pues en tiempos de
la difunta reina Victoria la madre de dichos
señores frecuentaba ya la5 reales residencias de la Gran Bretaña.
EDUARDO VII EN BIARRITZ

Pasando una temporada, hállase en Bi3rritz el rey Eduardo VII de la Gran Breta1'i8,
que ha llegado basta el territorio español entrando varias veces en
San Sebastián, en cu ya
población hace repetidas
excursiones.
Aunque se ha dicho que
Eduardo VII recibiría en
Biarritz á D o n Alfonso
XIII, y allí los dos soberanos celebrarían una entrevista á la que se atribuye carácter político y
de resultados internacionales, la noticia ha sido
desmentida oficiosamente, asegurándose que dicha entrevista no tendrá
lugar basta que el rey de
Inglaterra devuelva al de
España la vis ita oficial
que éste le hizo en Lón dres.
EJECUTORIA DE UN
REGL\UENTO

Encuadrado en un marco de roble está el
pendón morado de Castilla, que usa el regimiento del Rey, pintado sobre seda, y encima aparece una piel de ternera en la que va
la certificación del blasón é historial del que
es conocido con el dictado de El Freno,primorosamente ejecutada en estilo antiguo.
Don Alfonso XllI elogió muchísimo el trabajo y estimuló á su autor para que continuara en sucesivas ejecutorias la magna é
interesante empresa de historiar de visu las
glorias del Ejército Pspa11ol.
LA POLICÍA MARROQUÍ

Coronel Armin Müller, dol ejército suizo,
nombrado inspector general de la policía
illternacional de Marruecos

Ha sido pre,-entada á
Don Alfonso Xlll la ejecutoria del regimiento de Infantería del Rey número 1, hecha
por el rey de armas Don Luis Rubio y Ganga. Es esta una notble obra.

Ha sido nombrado inspector general de la policía internacional en :Marruecos el coronel Armin
1Iüller, del ejército suizo,
que ha celebrado importantes conferencias e o n
los Gobiernos de París y
de Madrid, habiéndose
trasladado después desdo
Cádiz á Tánger á bordo
de un buque de guerra
español.
El coronel Müller, que
cuenta cincuenta y dos
años de edad, ha sido inspector de Artillería en el
ejército de su país, y es
persona de grandes conocimientos y vasta cultura, acredilándole,además,
excelentes con&lt;liciones de
diplomacia &amp;n su carácter.

UNA CONFERENCIA LIT!&lt;:RA.RIA

Doña Emilia Pardo Bazán ha querido
inaugurar las fiestas que este año prepara la

~
Aspreto del Teatro Condal de Barc~lona durante el meeting de Solid .
con moltvo de las elecciones de diputado:rp1rdad
Catalana, celebrado el S del actual,, ·
ovovrnc,ale;¡

�POR ESOS MUNDO~

27li

ACTUAf.lDADl::S

p ede afirmarse que Valera fué t~ún más
. ciwdern,ico
• · Por la de esnfritu,
de espíntu
'.J:'
.'.
u por dentro de lo que al extenor apa1as1co
t
su larcra v
clásico. Clásico fué Valer~ des~e el .aman:i crecia,
si tenemos en cuen_ a que .·
,,an:
cer hasta el ocaso de su vida hlerarrn,. y
f~ t'I •· da de escritor corrió en periodos
. . o, el reali~mo
er i ~ i
ticlásicos y que le enroman t1cism
~
, el naturalismo,
volvieron mal de su
el modernismo, sufriegrado los oleajes Y lo
ron consecutivamente
que él llamaba •p~l~avapuleos en .s~ lab?r
redas• del romant1c1scrítica. Noqms1era,s111
mo el naturalismo Y el
embar"O que se redu'
de ct·as1.
dedadentismo. En otra
jese eli,apetito
época, la suya verdaco _ aplicado á Don
deramente, la de los
Juan-al de secuar. de
!líoratines y Luz~n~s,
determinada escuela
la personalidad clas1ca
literaria. Valera es cláde Don Juan se acensico por su e3tilo, mu y
tuaría sin esfuet·zo.
ce¡cano á la perfecDentro de la edad en
ción• us clásico en las
que le tocó existir, Don
cuaiidades típicas de
Juan mantuvo perpesu talento, que son
tua lucha íntima, per?
p~·apiamenle las del
visible en sus escriclasicismo: la pure:-:a
tos, para adaptarse al
del gusto, la pro¡,iedatl
y exactitud de la despresente, q u e. no 1~
oustaba y desprendetcripción, la m_csura, la
.
Taacerca
Pardo de
l.la~án,
que dió
"se de las trabas- del
Doñr E m!;
la personalisencillez y .cierta ale- Tluslre esc_r,.t~ra
una notau1l1SLma cvon1erene~ el Ateneo de Madrid, el
¡}asado, que _estorbagria y se1 e 1idad, qu_e dad
de Don Juan a era, e
d
2a de Febrero último
bausu propósito e ser
gc11:eralm~nte ~ll consi. .ab.ier·to , á la moder•
deran pa.,anas. Dentro
.
. .
un literato comprens1~O,
1e,io-üedad
perdió
el
exclusivo
p!'IVI
an
· ·tu supenor. ·.
d e la
un espm
Vl
x lica
"
io de ofrecer
eternos mod e1os a· l~s .i&gt;cencra- na'.La
personalidad clas1ca de . a e~a e p :_
tones futuras; desde que hay clasicos_ ?~a- el que no ha ya llegado nunca a s~r un t~~
cionales tenemos derecho á ver un clas~co
o ular de lo cual él se queJa en a
en uien como Don Juan Val_era, hace au o- ~f¡~fto~ia d~ El Comendarlor ~Iendoza. ~~
ridid en'ulgún género é impnmr bue~)~
úblico y sus admiradores Le.n!an que rec \
radera en el idioma. Este es e sen i o
iarse entre gente muy leíd_a e Jlus~rada (q\
. h oma
. a· un escritor. ser . llamado
á la cual la ilustración ensen
que mas
1
d
ab undª), Y
d todas las
clásico, pues le confiere la mvestll uru e no
el arte de saborear y compren er
legislador.

d:~

Don Manuel SantaJ1der, obi~po
ue íu6 de la Habana, fallecido
~u Madrid el H de Febrero pasado

Conde de San Luis, nuevo rn_ini~tro plenipotenc_iario de Espana en
Lisboa

Conde de la Viñaz.a, nuevo em•
bajador de España en h1. cort.e 1111•
perial de Rusia

277

Presidencia uel banquete organizado por el Centro Andaluz, de Madrid, en.honor de los hermanos Quintero,
celebrado el 23 de Fcbr·ero úllimo

formas y direcciones estéticas. En suma, los
lectores de Don Juan compusieron un núcleo escogido, delicado de paladar. Podían
recrearse en sus obras los contados pensadores, los varios discreto~, los aficionados á
la mística que no son devotos escrnpulosos
y los no escasos apasionado!-i del buen lenguaje, de las galanuras y primare::; del habla, de esa mezcla sabrosa y jugosa de arcaísmo, neologismo, provincialismo y cultismo que forma el estilo propio de Valera.
•También covendría á Valera el calificativo de 11ltimo i11[Jenio-el último en desaparecer, el primero en valcr.-La época r la
generación en que Valera ílorece abunda en
gente ingeniosa, y la célebre «cuerda granadina» no es sino una ristra de ingenios, más
ó menos fértiles para la producción literaria. Por otra parte, en España hubo siempre
cosecha de ingenios, y á este dictado aspiraron hasta los que (verb;gracia, Cervantes)
podían reclamar el de genios. El ingenio en
lo mental, como la clase media en lo social,
es una zona tan exten~a que, arrancando
de Don Juan Valera, un pura sangre de las
letras, pasa por otros escritores de media
sangre para llegar á los numerosoi- in-

fecundos é híbridos derrochadores del in~enio en vellón de charlas y maledicencias,
incapaces de acuñarlo en la moneda de 01'0
de 1111 buen libro. Hay, sin embtrgo, r.1,gos
comunes que caracterizan lo que me atrevo
á llamar el temperamento ingenioso, á saber:
el l ruri to epigramático, la frase desengañada,
el escepticismo ameno. Cuán maestro era e11
estas artes Don Juan no lo ignoramos los
que tuvimos la fortuna de ser sus contertulios. No debemos olvidar que sa;,:onaba su
ingeniosidad la más fina sal de aticismo: sal
cristalina en qu.i jugaban, al he1·irla el sol
del buen humor andalu1,, irisaciones de diamante.»
Luego cuenta la seiiora Pardo Bazán cómo
nació la preciosa novela Pepita Jirnénez, la
que más fama y provecho rindió al insigne
maestro. «Corría uno de esos veranos andaluces que, en compensación de mediodías
abrasadores, traen divinos atardeceres rosados y como in0nitos, noches radiosas prendidas de estrellas ó ataviacfas sólo con la
gran perla lunar que las alumbra; y, siguiendo el cur,;o de los arroyos festoneados de
álamos, bmcando los sitios más esquivos y
agreste;;, un hombre, ya en la madurez de la

�278 ·

ACTUALIDADES

POR ESOS )IU'.1:DO:i

edad. se consagraba á la lectura de lo, auto- tramos otra co;;a más íntima, y que, tratánres místicos españoles, encontrando e 1 el'.a do,;;e de Valera, suena de un morlo· extraño:
la misma novedad y hechizo que antaiio en- encantamos emoción. Una primavera lardia
,ma dulce emcontró bajo el lascivo ciclo de Italia, y en b rcloiia en Pepita Jimrnrz;
briag11er., profana, huversión de lo, clá'iicos
manísima. algo sentihelenos bajo la férumental, hasta sori.adola del pedagogo Consra (el :a-uc1io lo repretan tino Eulimiades. A
sen ta D011 Luis de Vareste h o m b r e, poco
gas),nace del aroma de
amante ele la natura1as violetas que satuleza campestre,leay uraba e l aire e n los
da, ~ n embargo, á dehuertos y jardines del
leitarse con ta lectura
pueblecito natal.
de Frav Luis de Grana• Contradiciéndosi•
da y Santa Teresa la
-:inas veces, asegurn
sugestión de calma y
Valera que, antes de
desasimiento del munPepita Jiméne.z, nundo qua q,wsa al cosca había proyecta lo
mopolita la yuella al
escribir novela; otrns,
lugarcillo natal, e o n
que el deseo de escris u s huertas feraces,
birlas le inquietaba.
sus 1:n las sendas. sus
De seguro, la contraacequia, pobladas de
dicción es aparente no
l1ierbas olorosas, sus
más; por momentos se
Yallados de zarzamont
1 e ocurriría novelar
\' madreselva florida.
a'go de lo mucho que
En su espíritu aletean
pensaba, sin insistir
á la vez el aura viva de
nunca en el propósito.
1a contemplación, veComo hemos visto, la
nida de las cumbres, y
misma Pepita JiméMrs.
Evelyn
Nesbitt
Thaw,
cuya
fiiura
ha
adquiri,k
los cefirillos bucólico~ gran actualidad por rl crimen cometido por su e;;po,;o 11.ez n o nació relalo
de 1 sentimiento de
en la persna de. un millonario norteamericano
novelesco: nació filoamor, tirano del alma
i,. ,fía mislico-crítica. «Escribí mi primera nohumana. Y el hombre, el escritor, en esta
oeasión el poeta, cargado de sn botín defre, - Ycla-clice-~in caer hasta el fin en que era
ca miPI y no sabiendo dónde depositarlo. nove'a lo que escribía.» Cualquiera que 8&lt;'H
admiración por la
piensa en confiar al papel una disertación fil o- nueslro re,-;pclo, nuestra
obra noYelesca de Don
sófica. La idea de la
Juan, no podr.emos jadiserlación m lamen1más identificarle con
te de aquel hombre, de
el novefo,ta nulo, de la
súbito se visle de la
familia de los Balzac,
suave niebla nacar.1da
Jos Galdós y los Dide la encarnadura i mackens.
ginaliva; de esta ir:e• De~pués de Pepiici
bla, al consolidarse:
Jirnénez Valera e s surgen los contornos
rribió fecundamente ,
~cductores ele una mucreó varios libros de
jer: la d iserlación ~erá
entretenimiento, sin
11ovela, y la novela se
que la crílica ni el púllamará Pepita Jiméblico se aviniesen á
ne?.
borrar por ellos el re»No hay pormenor
cuerdo de la diabólica
de hisloria Iileraria q uc
Pepita y del seráfico
!\fr.
Dtlphin
111.
Delmas,
abo~ado
dr
~Ir.
lfarry
Thaw
mejor evidencie la gé- en el célebre proceso incoado con Ira éslc por asesina,o Don Luis. Otro escritor
nesis de una obra y la
de i\Ir. Wi,le
se hubiese avinagraestructura mental de
do,
contrayendo
los
raro;
y auténticos celos
su autor que estos orígenes psíquicos de la
do
sí
propio
que
padeció
Flaubert.
DJn Juan
primer novela ele Don Juan. En ellos descutomó
su
aventura
con
la
serenidad
y conforbrimos, primero ,lecturas (Valera fué siempre
midad
en
él
usuales:
como
habíR
ele
lomar,
escritor mu y li '0. esca); pero desp•n\~ encon-

:rn,

1
Fmi1rnntrs andnluccs á in~ islas FfawaY preparando sus equipajr~ parn marchar ni Pacífico á bordo del Heliópolis

en la senectud, el cruelísimo achaque de la· ta del proceso, que se esfuerzan por sacar
eeguera. Es justo y es grato proclamarlo: ni a~elante, cada uno en su respectivo punto de
envidia ni acedumbre he sorprendido en Don vista, el representante de la lév fiscal Mr. GeJu~n nunca: apreciaba demasiado su equili- rome, r el abogado de Thaw Mr. Delphin Delbno temperamental para alterarlo con esté- mos, dus colosos del foro norteamericano
que miden ahora sus fuerzas
riles sufrimientos, y además
en empeñados y notabilísile parecía muy antiestética111os combates de astucia y de
y tenía razón- la deformasaber.
ción profesional del literato
envidioso, que se retuerce de
ASÍ ~E GOBIERNA
odio y de rabia.•
El Ministerio de las Colonias de la Gran Bretaña ha
otorgado al pueblo del TransEn Nueva York está cau•
vaal el derecho de formar un
sando gran sensación en todas
Parlamenb, y be chas 1as
las clases sociales la vista del
elecciones han concluido con
proceso incoado contra Harry
un feliz resultado para los
Thaw por a5esinato del esculhabitantes boers de aquel distor Mr. Witle. J:l,n este protrito que tienen ahora una
&lt;'cso juega papel principal una
mayoría decisiva en la Cámabellísima dama, Evelyn Nesra de aqi:ella colonia.
bitt, un día modelo de varios
Con esto ha r¡uedado entreartistas y hoy la esposa del
citado Mr. Thaw. Esta fué General llotha, caudillo de la gue- gada la dirección de los asunrequerida últimamente de rra bocr contra Inglaterra, y á quien tos del Africa del Sur en maha nombrado primer ministro de
nos de hombres que hace
amores por el muerto, y á es- did1a
colonia británica el Gobierno
muy pocos años estaban en
to se debió el crimen del made Lóndres
armas contra la Gran Brctador.
Los protagonistas de este suce$0 son todos taüa. L'na vez dado por esta nación tan impersonas de gran posición y fortuna, y por portante paso, no hay modo de retroceder,
esta razón produce mayor interés la vis- y c•s probable que no haya precedentes de
EL PROCESO THAW

�281
POR ES05 MUNDOS

280

,..,.,--·--

Sig. Giosué Carducci¡._gran poeta
italiano, fallecido en tsolonia el 16
de Febrero último

Princesa Clementina de Coburgo,
fallecida en Viena el 16 del mes
de Febrero pasado

Protesor Federico De M a rtens,
dele¡ado de Rusia ¡,ara la segun&lt;la
Conterencia de la Paz en La !laya

EMIGRANTES ANDALUCES

ello. Mienlras tanto, el mundo contemµ'a
con asombro el espectáculo de que el caudiA las islas Hawai han ido para colonizarllo boer gene1al Botha actúe como primer aquella región 3.800 emigrantes andaluces.
mini~t o del rey Eduardo en el Transvaal hombres, mujeres y niños, que embarcaron
antes de que hayan transcur1 ido cin::o años en Málaga á bordo del vapor Heliópolis. .
del rendimiento de los suyos en Vcre~niCon este motivo ha hablado la p1·ensa d1a•
ging.
ria de las ventajas de atajar la emigración
Pero es imposibl~ no ver que se ha española, cada día más creciente, especialllevado á cabo un gran experimento, y que mente en las provincias de Andalucía. En
de sus consecuencias d pen1e el porvenir, esta ligera nota de crónica mensual no cabe
no sólo la Colonia del Trans1'aal sino de toda discutfr tan importante asunto, y nos cou ·
el Africa Británica del Sur, cuya esencial tentaremos con dar una corta noticia de lounidad (declaró Ed;ia:do VII días pa!¡a1·0 ,
que son las islas Hawai ó Sandwich.
en el Mensaje del trono), era aBu,nto q1iJ
Es un archipiélago de la Polinesia, que s~
tenía, sobre su comzón.
0

TrasaUántico Berlín, naufragaJo el 21 de Febrero último en las costas de Rottcrdam, en llolaoda, r.on la pérdida J&amp;
más de r:ienvirlas de ~u• pasajeros y tripulantes

gros, _canacas, inteligentes y de buen aspecto. ~!ezmado~ por 1a embriaguez, la le ia
la LiSJ'3, han sido poco á poco casi ree~ 'ªy
~ados por chinos, portugueses de las Az!e~·
J~poneses y n?rteamericanos, que hacen s/
b1r la _población total á 110.000 habitantes .
. ~a c~p1tal es Honolulu, y las reliaiones allí
ommantes el budismo y el cristi~nismo· r
&lt;:omo última nota'diremos que á la monat quía centralizadora de los jefes deI~awa'i que á principios del siglo XIX habían agrupado todo
el archipiélago bajo
su autoridad, ha sucedido desde el 12
de A¡;osto de 1898 el
&lt;lominio de les Estados Unidos de Norte
A_mérica, cpyos nac10nales eran ya desde hace tiempo ¡0 ~
amos económicos del
país.
LA TRAGEDIA
DEL «IÉNA»

�POR ESOS MUNDOS
PROGRESOS EN LA ELECTRICIDAD

Iéna, crucero de 1.• clase de la marina de guerra francesa, destruido por una explosión ocurrida á su bordo en
·

el dique de Tolón

y descargar el fluido sobre las personas. Ca-

da explosión lanzaba trozos de hierro á más
de quinientos metros de distancia. Un casco
de granada de diez kilogramos de peso cayó
en el muelle á cuatrocientos metros del buque. En el arsenal se produjo indescriptible
pánico. Los obreros que regresaban al trabajo acudían precipitadamente cegados por
el humo. Los marineros y obreros, que con
gran peligro de su vida conseguían acercarse
á los diques, veían á cada momento lanzados al aire fragmentos humanos. Producía
verdadero espanto la huida vertiginosa y
loca de muchos individuos mutilados, verdaderos mónslruos con la cara ennegrecida
y los ojos fuera de las órbitas. Un contramaestre, con el rostro, la barba y los cabe!lJs chamuscados y el traje hecho girones.
que había escapado milagrosamente de la
catástro'e, relata sus impresiones en esla
forma: «Estábamos en el puente pasando lista. ~obrecogiónos una explosión tremenda y
no pude comprender lo que sucedía. Jle sentí levantado como en volandas y poco después me encontré aturdido sobre el muelle.
á la orilla del dique, y ec-hé á correr.• Otro
trioulanle del lénci, un tmonel, dice: «Nos
k b:amos reunido muchos tripulantes en la

cámara de los guardias, don&lt;le uno de ellos
nos daba una conferencia acerca del reinado
de Enrique IV. Súbitamente, una explosión
de la parte de popa sacu lió el barco. Gracias á la casualidrd de esa conferencia nos
hemos salvado la mayoría de los que á ella
asistíamos, p1 ecipitándonos á la proa y ganando por las escalas las orillas del dique
seco.»
Uno de los detalles más espantosos de esta catástrofe fué el momento de inundar el
dique seco con objeto de apagar así el incendio del buque y evitar mayor número de
explosiones. Esta operación fué dificilísima:
intenlóse varias veces, inútilmente, abrir la~
puertas del recinto, y los cañones del arorazado Suffren, fondeado próximo al crucero incendiado, tuvieron que romperlas con
algunos disparos. Muchos de los heridos del
léna, que habían caído desde la altura del
buque al fondo del dique (quince metros),
perecieron ahogados. No hubo manera de
evitarlo sin mayores calamidades.
El Iéna ha quedado casi completamente
destrozado, y en repararlo se invertirán largo tiempo y mucho dinero. Fué botado e11
1878, pero ha sufrido después importantes
reformas con arreglo á los últimos progresos

�,'IOSTALGIT

284

plomálica al estilo de lo que se llama au
bont des ongles en ese género de relaciones;
y en la vida privada las innumerables obras
de caridad que ejerció, unidas al cíngel que
su persona poseía, la conquistaron lugar
preeminente. Hija de Luis-Felipe de Francia, nació en el palacio real de París en 1817
y casó en 1843 con el príncipe Augusto
Luis-Víctor de Sajonia-Coburgo-Gotha, SO·
hrino de los entónces soberanos de la Gran
Bretaña. Deja un hijo, el príncipe FernandoFelipe de Bulgaria.

POR ESOS MUNDOS

EL POETA CARDUCCI

Nueva aplicación de la electricidad: Mr. Laurenz Kbrom'.'-r? de v·iena, con la máquina de su invención
'
que eser, e mus1ca
. . .

lám ara La fotografía fué tomada ut1hzan•
ce el aparato _inventad? por -~1~- La~r~nz dos¿ la ~ueva luz, que es de mucha r_nayor
Kromar, de Viena, paia esc11~1r mf81?ª: intensidad que las actuales lámparas mean•
Dicho aparato puede r.daptarse a cua qmer
ti o de instrumento de ace_ro. Las teclas e~- de.scentes.
comun,·c·ación eléctnca co:1. una se_ne
"
ta,Pn "n
'
LA PRl:-.CE::iA GL~)IE:'iTlnA
de 87
lápices, que escriben una. imrrov1sa.&lt;, musical con las notas ordtnariame~te
Publicamos el retrato de la princes_a Cle~~a~as en el pentágrnma. Hasta la expre~1ón
mentina
de Orléans-Coburgo, fallecida en
m·usical se registra _en el Kromarogtapll,
Viena
el
16
de Febrero pasa??·
que es la denominación que se ha dado al
Era una figura interesant1s1ma esta de 1~
nuevo aparato.
.
..
.
La lámpara Hehuni, uua revoluc10n en 1,i princesa Clementina que ahora d~sapareco.
luz eléctrica, aparece en el tercer grabado_ juoó principalísimo papel en los c1rcu~os de
de esta serie, que representa_ al profeso, re:leza, como gran amiga de la ya ~1funta8
Parker y á Mr. Clark, descubndores de la reina Victoria de Inglaterra Y como Jefe
la ilustre casa de los Coburgo; fué una ,.
nueva luz, probando un filamento para la

Recientemente tratamos de la personalidad del ilustre poeta italiano Giosué Carducci, por haber sido agraciado con el premio
de la Sección de la Literatura de la Institución Nobel, correspondiente al pasado año.
Hoy tiene que figurar de nuevo su nombre
en estas páginas: Carducci ha muerto en Bolonia el 16 del pasado mes.
Nació- en Lucca hace más de setenta años,
y en 1860 foé nombrado catedrático de Literatura en la Universdad de Bolonia. Cono-

cido durante algunos años por sus t· abajos
críticos, pronto ganó mayor reputación como
gran pee .a; y desde 1872, cuando publicó su
Niteva Poes1a, figuró como escritor de extraordinaria y rara fuerza imag:nativa. En
1876 Carducci fué elegido diputado pcr el
distrito de Lugo, en su país, y aunque llegó
á tomar asiento en lo, escaños de la Cámara
italiana fué por bien corto tiempo, pues
pronto renunció el acta pidiendo á sus electores que le dispensaran de toda carga poütica, pues él no era má 1 que un poeta. Republicano en ideas, la reina Margarita supo
hacerle monárquico, y su adhesión 1 a'faima
á es·a sober ma le hizo visitar repelidas veces la capilal de la nación y aceptar en t881
un pues lo en el Consejo Superior de Educa•
ción, donde trabajó con anhelo constante é
infatigable.
Esa misma a lhesión le hizo olvidarse del
motivo que en 1876 le olligó á renunciar su
investidura de dipulado, y en el año 1890
aceptó una senaduría. Su muerte ha comtituído motivo de duelo general en toda JtaJ;a, que ha perdido en Ca1ducci altísima gloria naciJnal.

l

NOSTALGIA
¡Alma, de duda y desencantos llena!
¡Helado corazón, que en la sombría
cárcel de la letal melancolía
sacudes sollozando tu cadena!
Deja este suelo ingralo á que es ajena
-flor de nuestro pensil-la poesía,
y el mundo trueca y su algazara impía
del campo amigo por la pa:.: serer.a.
Huyamos... Un rincón, no importa dónde:
soledad y silencio; un claro cielo,
una choza que entre árboles so esconde,
y la canción del ave, que su vuelo
posa en el techo y desde allí responde
al reclamo de amor... ¡Es cuanto anhelo!

ROBERTO DE NARVAEZ
Una revolución en la luz eléctrica: el profesor Parker y Mr. Clark con 1a nu

eva lámpara Helium, de su inveuc,óu

�1

1
1

I

LAS AGUAS DE SAN CANUTO

~

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:-;~f1{;,!~N:;~4¼!:!-~~~A•&gt;S
1 ....... ,-~ ......

.

/

.........

-....... --

~/4

Novela homeopáticamente hidroterápica
y alopáticamente inverosímil ·
,.-

Vl.-EL MILAGRO DE LAS AGUAS (1)

~/_ - .
,·

I

e

UANDO el solí-

cito Don Juan
.1\l ~
~
llegó hasta donde se
~/¡_/
hallaba el inanimaú.&gt; cuerpo de Don Pedro, casi exangüe, lo
primero que hizo fué improvisar un vendaje
del mantel; después machacó unas jugosas
hierbas basta hacer un emplasto suaví,iimo,
y aplicándolo á la herida de Don Pedro, le
sujetó con igual arte que el más hábil ciruano.
Cuando le hubo curado de primera inlención la herida de la pierna, trató de hacerle
volver en sí rociándole la cara con vino. Un
profundo y doloroso suspiro anunció que el
químico volvía al mundo.
-¿Dónde estoy?-fué lo primero que se
le ocurrió preguntar en cuanto recobró el uso
de la palabra.
- Entre buenos amigos,-repúsole Don
Juan.-No pase cuidado, porque todo ello no
ha sido nada.
-Sin embargo, Don Juan, yo siento muchos dolores y un magullamiento general;
parece que be caído desde- la torre de la
iglesia de San Canuto.
-No hay tal caída... ¡Es la edad, amigo
míol A estas edades cualquier percance toma
las proporciones de un siniestro. Ahora veremos el modo de conducirle á su casa más
cómodamente, que es lo principal, porque
la curación será cosa de tres ó cuatro días.
-¡Ay, Don Juan, Dios le oiga! Pero por lo
que á mí me duele todo el cuerpo me parece
que esto será cosa de tres ó cualro años, y
de ser más rápido el término será porque me
cueste la vida.
Don Juan se detuvo en palpar cuidadosamente el dolorido cuerpo de Don Pedro, y
(1) Véanse nuestros números 139 y 142 á J;;\.

mientras tanto Lebrel hacía funciones d~
grúa para descender de la peña á su señor.
-¿Pero cómo habrá usted podido subir
hasta aquí?- decia Lebrel á su amo ofreciéndole la espalda para que se apoyara.
-No lo sé, Lebrel, no lo sé; pero yo nolo
que estoy mucño más ágil qué· cuando era
mozo ... Sin embargo, tén mucho cuidado de
que no me caiga, porque el golpe sería terrible.
-Apóyese sin temor, que yo estoy bien
asegurado, á pesar de que estas peñas son
mu y resbaladizas.
Dicho esto, el general se confió sobre los
hombros de su criado, con tan mala fortuna
que ambos á dos se deslizaron por lo escurridizo del musgo hasta la otra roca más pequeña, desde la cual fueron despedidos al
espacio para venir al suelo.
El general solló unos cuantos juramentos
y el criado unas cuantas lamentaciones.
-¡Para bajar así no necesitaba yo de tu
ayuda, animal!-dijo el general.-Para caernos no hacían falta tantas precaucionrs.
-Señor, no me aflija más,-decía Lebrel.
-Mire que estoy que se me puede abogar
con un cabello ...
-¡Ahorcarte sería lo que habría que hacer contigo por majadero!
--¿.Se ha hecho daño el señor?
- ¡No he de hacerme daño! Ya estaba yo
que no podía moverme de dolores, y esla
caída ha Yenido á rematar mi cuenta.
Un ruído sordo y lejano volvió á turbar el
silencio del monte.
-¡Que vuelven! ¡Que vuelven!-gritó Don
Juan, dirigiéndose otra vez á su encina.
El general, aterrado, trató de incorporar;:;e;
pero no pudo. Lebrel se hizo rodar por el
suelo para guarecerse debajo de las peñas, y
Don Pedro, resignado, se quedó solo en me-

dio de la pradera, á la buena merced de Dios.
Pronto se convencieron todos de que era
una falsa alarma. El ruido pudo comprobarse que había sido producido por un automóvil que, á toda marcha, caminaba por la lejana carretera; pero ya cualquier murmullo
les parecía presagiar nuevas fieras y nuevas
desventuras.
-¡No asustarse, señores, no son los jabalíes! Pero vámonos pronto, porque puede
ocurrir que sean,-decía Don Juan dirigiéndose... á las peñas porque todavía no estaba
enterado del accidente ocurrido.
-Yo no puedo moverme señor Carranza:
lo mismo me dá que vuelvan los jabalíes
como que vengan todos los tigres y todas las
panteras de este mundo.
-¿,Pero qué ha sido ello, general?
-Ha sido que Lebrel y yo nos hemos caído desde la pefia más alta que hay en el globo terráqueo, y que yo .me hecho papilla.
-¡Vaya, por Dios! Pues Don Pedro también está para morirse mucho mejor que
para seguir viviendo.
-¡Maldito manantial!... ¡Lebrel, Lebrel!. ..
-1Allá voy, señor, allá voy si puedo!
- Prepara esa burra para subirme Ú· ella
sin tirarme, y que me lleve al pueblo. ·
La operación de acomodar al general
sobre la burra no fué tan fácil. Montado á
horéajadas no podía ir, porque las piernas le
dolían horriblemente, y á mujeriegas tampoco porque al septarse le dolían los riñones y
daba tremendos gritos.
Por fin se le ocurrió al señor Carranza
que boca abajo y atravesado podría caminar
siquiera hasta que se encontrase un carro ó
cualquier otro recurso en donde poder conducirle
hasta el
pueblo, y
así se hizo.
Encuanlo á Don

287

Pedro Ponce, opinaban qc;e lo mejor era
dejarle allí hasta dar aviso en el pueblo, s
no se encontraba antes por el camino álguien que pudiera ayudarles· para conducirle.
-Yo me le llevaría á cuestas si pudiera,
-decía Lebrel.-Pero es el caso que tengo
las costillas molidas del golpe de ahora y del
de antes.
-Yo tampoco me puedo ofrecer para el
transporte, porque Don Pedro pesa bastante,
y yo apenas puedo conmigo.
-Pues bien, vamos cuanto antes, para
que cuanto antes vengan por él,-exclamó
el general-y para que cuanto antes me vea
á mí el médico, porque yo estoy malo: este
Lebrel ha concluido conmigo!
-Oigame, general: es cruel que dejemos
solo al señor Ponce ... Váyanse ustedes dos y
que venga un carro con colchones para recogernos á nosotros.
Así como lo propuso Don Juan así se convino, y Lebrel arreó á la burra y se dirigieron por el atajo del monte para ganar cuan lo
antes la carretera del pueblo.
Don Juan volvióse á donde yacía Don Pedro para darle cuenta de los nuevos sucesos y
de las determinaciones que se habían tomado en su consecuencia, y para dirigirle al
propio tiempo algunas palabras de consuelo
y darle ánimos.

A las ocho de la noche ya estaban en el
lecho del dolor correspondiente á cada cual
todos los héroes de la funesta jornada.
En San Canuto no se hablaba de otra cosa.
Unos decían que el alquimista de los corLinales se moría por momentos, porque los
jabalíes se le habían comido una pierna; otros
que al general se le había juntado el pecho
con la espalda y no podía respirar; otros que
el fiel Lebrel se había roto todas las costillas
y los dos brazos; y otros que el prudentísimo
Don Juan Carranr.a tenía la cabeza en un

Don Juan hizo una cura maravillosa en el dolorido cuerpo de Don Pedro

�POR ESOS MUNDOS

Conocidos los efectos del ma11ar.lial que
~innúmero de. pedazos chiquitilos... La fanta- había descubierto el general, fuéronse al
-sía popular tuvo comidilla para toda la nocasino para dar la
che, y ·hubiera durafausta no licia, con
,I
.do días y días si un
las consiguientes re.acontecimien lo imservas de que hubieprevisto i,o hubie-;e
ra error, corno cum.llamado principalple á hombres precamente la atención.
vidos y experimentaTratabase de que
. dos en los secretos
fa bllrra estaba á
de la Naturaleza.
.punto de tener desLa noticia se procendencia, según su
pagó por el pueblo
amo, y buena prueba
como el aire. Realde ello era que cuaumente, de confirmar•
do salió del pueblo
se las sospechas del
conduciendo las vianveterinario; el puedas para los excur1,lo se haría de oro
sionistasestaba abulen unos cuantos metadísi ma; pe ro era
ses, porque todos los
-el caso que el animal
obesos del mundo
había adelgazado tan
lrian allí á beber
.súbitamente c o m o
agua del manantial.
Lebrel y lo" perros.
Las mujeres caEl veterinario fué
sad as se reunieron
avisado en seguida
para comen lar la rapara que informase
re1,a de las aguas, y
respecto
al fenóme_
.
. .
las solteras hicieron
no • y el veterinario
El general y Lebrel, al de¡ar~e caer J\0110s de pamco por
,
las rocas, medio se mataron
cábalas y j u i c i o s
que ya estaba en an.
.
acerca· d~ lo porvenir. Consecuencia de las
tecedentes de que se hab1an. descubierto convers~c_iones de unas y de otras fué que
unas aguas de virtud desconocida, se enca- la ap:mc1ón de las ttguas en la demarcación
minó á casa del médico para revelarle algude San Canuto debía de connas sospechas que tenía.
.,:a,.
siderarse milaarosa y así
Una vez juntos el médico
~
acordado se dirigieron
todos
y el veterinario, éste le hizo
en manifestación hácia la
1,otar que, después d e la
iglesia en b Jsca del parroco
rápida delgadez de los pepara darle cuenta del caso é
rros de caza que le llevaron
insinuarle que no estaría de
á reconocimiento y del resobra proclamar á San Canupentino enflaquecimiento del
to santo milagroso, que a~í
criado del general, sospeles llevaba la riqueza y el biechaba, en vista del acontenestar. El cura rnoslróse bascimiento operado en la butante rehacio al principio,
rra, que todo ello fuera obra
porque no sabia si él por sí
-de la virtud de las aguas del
y ante si tenía autoridad lemanantial.
gal para achacar milagros a 1
El médico oyó al veterin;i.patrono de su parroquia;
rio con recelo de que se e~mas ante la unanimidad del
tuviera riendo de él. porque
pueblo, prometió organizar
á las exploracionc~ d e I a
una función religiosa que
Ciencia no había llegado la
terminaría en una romería,
menor noticia de que hubieá la cual seria conducido el
se unas aguas para ailelgasanto procesionalmente, pero
zar hasta aquel punto; pero
desde luego dijo que cada cual
tal número de detalles acuhiciera las ofrendas que les
muló el veterinario en defenpermitiesen sus bienes, yafue,;a de su creencia que el rné- En San Canuto no se hablaba de otra ra en dinero, ya en especies.
&gt;dico acabó por convencerse. rosa quo del milagro curativo de las aguas

-a~=·

Dibujos de Kcirikato

'

FÉLIX

Ml~NDEZ

�</text>
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