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                  <text>PoR Esos MuNoos
AÑO VIII

ABRIL, rGo7

KUl\/1. 147

ACHARES
(NOVELA ANDALUZA)

mismísimo barrio de San Bernardo.
E deel esta
Sevilla de mi alma está el CoN

rral del Jazmín. Es su patio grande, con su

to~

fritas que GhiUae,a
! !~eloescadiílas
al quedarse donnidos

1
Toda una le~ón de,~
d_abadªo ~~ 1
y Cl11spa 11au1an 11 rJ

pozo en medio, con sus mil macetas, con
sus corredores altos resguardados por la balaustrada de madera pintada de ve"rde, con
sus cuartos numerados, con sus paredes
blanquísimas, y al lado de cada una de sus
puertas un nicho en la pared que es anafrl'
y alacena, y sobre la balaustrada su tendedero, casi siempre lleno de ropa, con sus
mil colorines, rosa, azul, amarillo, blanco...
Y cada rincón es gloria del cielo, y cada
cuarto es un santuario de paz y de amor, y
tiene el CM·ral la alegría típica del barriJ,
y siempre hay una vecina que ríe, una guitarra que vibra, una copla que retoza en el
aire, ~iempre alegre ... ¡siempre alegre! porque dicen los vecinos que las penas ¡pa el
casero!, porque dicen los sevillanos que la
alegria es vida y es savia, y las clucas... las
ducas ¡pa qué!
Y este es el Corral del Jazmín donde
vive el Maestro Chispa.
¿No conocen ustedes al Maestro Chispa?
Es el zapatero de todos los corrales de Sevilla: el viejo bonachón y honrado que tras
el antiguo portalón trabaja; el que escribió
aquel rótulo con tizo en la puerta, que dice:
ACÍ SE Rfüllfu'WA TÓ
YSEASE AME DÍA TÓ.
ER QUE NO ZEPA LEÉ QUE ME YAME

. El es el alma del Corral y el amo de todo,
de nada. Para él, no hay secretos:
consejero, memorialista, arregla-pleitos, curandero y... borracho, que todos los sábados
sin serlo

toma la tajada que ha de dormir el domingo.
Pues este es el Maestro Chispa, y ahí Jo
tienen ustedes, cavilando y carilando y volviéndose loco.
-Pos señó, no está bien, ni muchísimo menos, que porque yo quiera jastc, las entretelas der arma á esos lres capuyitos, · á es¡¡s
nifias mías, Coralillo, Rosa y Esperansa, se
les haiga ocwrrío á las tres enamorarse ar
mismo tiempo de esos tres nenes que no valen entre los tres un pitillo fuerte, y que me·
haiga yo comprometía á arreglá este marrlito asunlo.
•Porque hay que ar·repareí, que las niñas
están chalaítas perdías por esos tres zánganos, y yo quisiera pa esos tres querubines
tres niños que estén pa canonizarlos de un
día á otro, cuanto antes niejón, y resu,rta
que ccí uno tiene un deferto ¡y precisamente
el deferto que á ccí una Ja pone nerviosa!
»Porque á Rosa no le gustan los toreros;
Esperansa le jase fú á los borrachos, y Coralillo es más selosa que un gato en Enero;
y misté por dónde s'ha vendo Rosa á enamorá de un maleta, Esperansa de un borra-·
cho, y Coralillo de un nene que vé una escoba con delantcí y se l'asfigitra una prinsesa real de Rusia... ¿Pero qué repajolera
{arta le jase á esas niñas un novio, y que
retepajolera cosa ideo yapa enderesá á esas
tres armas mías pór er güen camino, como

eyas m'han pedío?

, ¿Y que hago yo con Chiyciera, que eser
má rumboso del barrio, y á fuerza de medias
cañas ha conseguía que yo le dé palabra de
cabayero que una de las tré será su n~a
antes der mé que viene?
•Me parese que voy á perdé el tierno
aferto de Chiyaera... y Chiyaera tia mí es

�ACHARES

POR ESOS MUNDOS

293

una .~pesie de Pr?vidensia con pantalón
señ-ío y tufos, y Ch1yaera...

11
...Y Chillaera es el Uo más feo de la Creación.
t ·, 1
Este mala sombra era tuert~ y ema a
cara que parecía gue había .s~rv1do de papel
secante para un hbro de mus1ca.
Era más feo que su papaíto de su ~lma, y
cuenta que á su papaíto _lo s_ubvenc1onó el
Gobierno para que no saliera a l_a calle suel_to. ¿Qué por qué se llamaba Ohillaem? Po:que el alcalde le había mandado que usaia
siempre unas bolas con cl1illaeras para que
se le oyera veni~ y f'e o_cullase la gente que
no quisiera morirse de risa ...
Chipén.

m
¡Sí que venía contento el !lfa~slro C~ispa!
En la misma taberna de la esquina hab1a ~ncontrado á los tres niños, y lo~ tres le ha?1_an
dado palabra de honor de deJar sus v1c1os
respectivos, y él babia tomado á cue~ta der
negosio la tú!iica más enorme que OJOS bu·
manos conocleran.
. . .
.
Entró en el Corral, les participó a las niñas que ya estaba el asunto arre~lado y se
sentó tranquilamente á su banqu1lla, canturreando esta copla:

-Pos blanca la Le tenío,-eontestó Serafina.

- ¡Tó pué sé!

t

-Y vM·verá á sé blanca, porque me es oy
dando una medicina ~ue... ,
.. -;
-,i,Es por ui:i casua pape de hJª·
-Es... ¡un l!ro!
-¿Otro tirito?
-i.faestro, usted lo pase bien.
- Vamos' Serafinita, no seas asina...
Asiéntate y quítate un sapato
- Ya está.
- ¡Un pi11onsito!
--¡¡Ay!!
..
.
--iUn cayo, h1Ja mia?
.
-No, un pellisco, maestro de m1 at'llW,.
_ Pos yo no he sío.
,
-¡Je je!... Maestro: ¿,es ver~a- que cuando P,stá usté borracho jase tneJÓ carsao?
-Lo mismo, chiquiya .. Solamente que la
ente dise eso, y tengo que emb~1-racbar~e
contra é mi voluntá: er que suve ar puhlico no tiene libre albedrío.
- ¡Ay! ¡Ni vergüensal
-;Otro cayo'r'
-Vamos, tómeme usté medía. .
-Ayá vá,-contesta Chispa cogiendo una
tira ele papel y comenzando su faena.
-Maestro,-dice sobresaltada Serafi~a. ue se equivoca usté! ¡Que son sapatos.
¡q - ·Yo equivocarme? ¡Figuraciones tuyas!
-le iontesta Chispa, adelantando en su as-

!n

Un tiesto de claveles,
mi arma, tengo,
y con media cafíita
se están derechos.
y este es 1n.i duelo,
que yo con cuatro cañas
me vengo al suelo.
y no bien se hubo sentado cuando apareció Serafina, una sevillana más fea que un
dolor á eso de las tres d_~ la madrugada, que
encarándose con él le d1JO:
-G-iienas tardes, maestro.
.
,
-· Olé las tuertas simpáticas y las picás e
virudlns salerosas!-replicó Chispa.
- No son viruelas, maestro.
- Dispensa, niña.
- E~.. , un fogonaso é pórvo1·a. .
- E pórvorci.,. ¡Y sola! ¡Porvorita sola!
¡Vaya to por Dió!... y oy~, tú, esporvoreada: ¿en qué pueo yo senrirte?
-Pos vengo á que me tome usté medía é
unos sapatos.
-¡Como las:balas!
-,-¡A y, no las mient~ usted!
- Oánnate, fototipia, Y. alegr~ ~sa flor de
regriera vieja,-le dijo Chispa m1randola á_la
cara.

oensión.
.
b t
d
-¡¡Maestroool!! ¡Que no quiero o as e
montar!
.
d' . d
- No hay cuidao,- le rep1ica, 1c1e~ o
ara sí -¡Aquí no ha yegao er fogonaso.
P -¡¡¡itaestro!!!-grita la niña desesperadamente y ya roja como la grana.
.
-¡Cállate,arma en pena, que_ó t_eJago ~
mejó carsao que be jecho en m1 ma, ó deJO
de llamarme Chispa!
-¿Pero es verdá que ese es el ~oT?bre de
:~-preaunta Serafina csn curiosidad.
us l-Mira
ed ·
" responde el vieJo,
· · t oma1
· 1dole
-le
medida y~ en serio.-Yo estoy por c1:eer q~e
me yaman Chispa porque tés los d1asd cor
reszirta e a
de diferente coló ' y de
una
·
rimera me rompieron
er b autismo,
y á la
~egunda se me o1·vió que me yamaba Pepe:
como me rompieron aquello no pude ave
;iauar mi nombre de pila, y la gente, p~r ya1n~1·meargo,asco1nensóá llamarme Chispa..:
y cátate ahí que no tiene rasón la gen le por
e á má de sé ese nombre nombre de pees mu poco mole pa un tío co~o
que las coge ar vuelo y que be yegao ah atá el amoniaco con tanta confiansa que no
me sale la tajá der cuerpo manque lo manden padres capuchinos.

;:0,

!º

-¿Y osté no se enfaaiJ
-Yo, no. ¿Y tú?
Y como hubo concluido su faena pú, ole el
zapato y le dijo:
- Ya está esto ... ¡Ajajá!
-Maestro: ¿y er presio?-dice Serafina
levantándose.
-Menos é
mil pesetas ...
No reñiremos.
-¿Y cuándo güervo?
-¡Cuando
más rabia te
dél
-Ea, pos
con Di ó ...
¿Ha y fiesta
esta noche?
-Sí.
-Convieme osté.
-Dáte por
por conviá.

-Posjasta la noche,
maestro.

-Jasta la
noche, luce1·0 averiao.
Y se marcha Serafina
y quéda se
tan fresco
Chispa cant u rrean do
una canción
antigua:

2!)3.

dole palabra de honor á aquel esperpento de
hombre de que pa el -mes que tiene era
su ya una de las tres...
'
Y con esto, y todo esto, le preocupaban
grandemente las ducas de Esperanza y las
fatigas de Paco, que cada vez se derrelfan
más y más á.
fuerza de cariño, y ni el
uno ni la otra
se arranca-

ban de mia
t·ez. Y llegó
µar a estos
dos niños
otra noche
más de dudas y vacilaciones...
En aquella
calle sevillana, el Cona!
del Jazmín
con sus tres
rejas moras,
y lras un a
mora reja la
Virgen de 1
Carmen. digo, E,;peranza, y dispénseme el lector que me
ha ya equivocado ... '

- Pos se11ó , - decía

Esperanza¿qué le digo
yo áPaco es-¡Maestro, que no quiero botas de montar!-gritnba Serafina al zapatero
ta noche?
Aire, fuego,
•Es decir, qué le digo, no; que bien sé lo
Sevilla está ardiendo.»
que quiero decirle: ¡que sí con toa mi armcif
Pero... ¿cómo se dirá que sí de manera que no
1r
crea er nene ése que yo estoy loquita por él'?
Empieso ... clisiéndole que no, aunque farArreglados, completamente arreglados y te á un mandamiento ... Y concluyo ... conclumáR contentos que unas Pascuas, estaban
yo por donde debia e111pesá.
Manuel y Coralitlo y Pepe y Rosa.
• Güeno: ¿ y si se cree er nene que yo soy
Ya llevaban tres días de pava, que, por mu fcmtasiosa ... y no le gustan los moños
cierto, la pelaban delante de las narices del y se va y me qiteo yo con los moños?
Maestro Chispa, que muy bueno y muy
•¿Y si le digo que sí, astn de sopctón,y él
santo era, pero no le sentaba bien aquella es el que se pone los moños y yo voy á tené
frescura.
que quererlo con moños y tó?
Además, Chillaera, le lraía verdaderamen(Porque aquí lo que hay que averiguar es
te agobiado, y cada vez que le veía entrar quién de los dos quiere más.)
por las puertas temblaba desde los piés á la
• Pero, sMíó: ¿cómo se arreglarán las mucoronilla. No sabía cómo resolver aquel con- chachas en estos casos? ¿Se lo pregunto al
flicto, y por otra parle su afición á la manza- maestro? ¡Y qué sabe el maestro de estas
nilla de la Pastora habíale hecho seguir dán- tonterias! ¿Se lo pregunto á Coralillo ó á

�294

i\.CllARES

POR ESOS MUNDOS

- ¿,Usté me quiere?-dijo.
Rosa? No, esas son mu dmffonas, y de la
Yo si,-le contestó Paco.-¿Y usted?
bija de mi madre no se chiifiea nadie.
-¿Yo?
...
,Lo mejó es imaginarse el papelito que tenY nueva interrupción y nuevo éxtasis.
go que jasé esta noche. ¡Eso es! Ea, por ejem-Cada día está usted más bonita,---balbuplo: ya viene por ahí ese nene dándose más
pisto que un concejal presidiendo una co- ceó Paquillo.
-Muchas gracias ... Es favor.
fradía, y llega aquí y me dise:
- Estoy viendo que se peina usted muy
•Niña: aquí estoy yo, y ya estás diciéndome que sí, porque si no te dejo, y ...• Güeno, bien.
-Regular.
eso no lo dirá él, si m'aprecia en argo. Dirá:
-¡Vaya, vaya!... ¿Sabe usted que vive en
cNiña, ¿,en qué quedamos: si ó nór» Y yo
la
mejor casa de Sevilla?
le digo ... ¡Sí!... No: me parece mu pronto ...
-¡No tanto!
Yo tengo que desirle... •Hijo, tengo que pen-Para
mí es la mejor.
sarlo.• ¡Tampoco puedo desirle eso porque
-(Aparte).
Ahorn debía yo de ofrecerle la
es el caso que ya yevo pensándolo tres días
casa:
pero
me
parece
que voy á meter la pata.
y ¡nada! ¡Yo le digo que sí y sarga er sol por
-Espera1isa... ¿han dao las onse?
Anlequera!
-No, creo que no.
,¡Pero... qué valiente es el maleta en la
-Entonces, serán las diez.
puerta de la plaza!. .. Ahora digo que sí, pe-No hay reloj en casa, ¿sabe usted?...
ro es delante de la enreaera... Luego ... lue-¡Ah!
go ... ¡pa mi que me tocan el tercer aviso!
-¡Sí!
,¡Si pudiera decirle que sí por señas! Eso,
-¡Bueno, bueno, bueno!... ¿De modo que
¡por señas... y desde el balcón!... ¡Jesús, ya
usted
se llama Esperanza?
está ahí!...¡ Vái·gaine la Esperansa y qué
-Sí, señó ... ¿Y usted Paco?...
colorada debo estar!... ¡Al balcón!. ..
-Sí, señora.
Y por la calle abajo viene Paco, y viene
-¡ ...!
diciendo:
-¡Hace dos días que estájasiendo un
-¿Cómo le digo yo á ese capu yito de rocaló!
...
sa que me diga que si? Porque esa niña tie-Pues en la calle de las Sierpes venden
ne más labia que Castelá y es capá de ponerme en ridículo si digo arguna imperti- abanicos...
-Sí, japoneses... Ahora vengo de mi casa.
nensia, que si la diré, porque é la primera
-;De comer?
vé que me veo en este caso... Pos eya me
-No, de... Ahora no vengo de mi casa,
está esperando ... Y en el balcón ... ¡Vaya todo
¿sabe
usted?
por Dios! Pero, en fin: así como así, hoy no
-¡Ah, ya!
hablaremos de cosas secretas porque... Bue-Ahí en la esquina me he encontrao á un
nas noches, niña.
borracho.
-Buenas noches.
-Bueno.
-r,Me esperaba usté?
- Parece que está usted hoy más alegre
-¿Ehr
que
otros días.
- ¿,Que si me esperaba usté?
.
Bueno.
-(Aparte). ¿Qué contesto yo, madre mia?
- ¡Cudiao que alumbra mal este farol!
-Digo que si me esperaba usté.
-¡Sí que alumbra mal!
-No soy sorda... Y usté, ;,venía á bus-Bueno, pues me voy porque me están
carme?
esperando en el café dos amigos.
-Yo, si.
-¿Pa contratarlo?
-Pos yo, si, también.
-Sí.
-¿,Ha pensao usted eso?
-,.Si?
-Si.
--Digo, no.
-;,Y que dice usté?
-¿No quedamos en que u~ted ya no to-Pues ...
rearía más en ninguna parte?
Y aquí Re le atragantó el si á Esperanza, y
- No... ¡Si es que no sé lo que digo! Si es
Paco se quedó mudo interinamente, y los
que ... Bueno ... Me están esperando ...
dos se miraron y mirándose estuvieron cer-Vaya usted con Dió.
ca de cinco minutos sin pestañear.
-Pero .. .
Paco quería hablar y solo movía los la-Pero .. .
bios. Esperanza quería decir que sí y menea:
-Pero .. .
ba la cabeza para todos los lados, como s1
-;_Pero qué?
fuera un muñeco de cuerda.
- Usted ...
Por fin, Esperanza se atrevió á hablar.

-;,Qué?
-Usted...
-¡Acabe usted ya, hijo!
-Es que temo...
-Pero...
- Yo, la verdad...
- ¡Siga usted!
-La quiero... ¿Y usted?
-Yo... mire usted: vamos á echarlo á la
suerte. Si el primero que pase es un hombre, ¡sí! Si es una mujer... ¡pero espérese
usted que pase eqa señora.
--¡Ya pasó!
-Y por la esquina viene otra señora. Esta
vez no vale: á la tercera va la vencida.
-¡Esperanza!
-¡Qué!
-Por allí vienen unas enaguas negras.
-¡Ay! Será un cura.
-Sí, un cura debe ser. ¡Un hombre!
-Eso.
-No, que es una mujer.
-¡Ah! Pero se ha parado en la esquina.
-Pues... pues... espére~e usted ahí un
rato que voy á decirle á mi hermano que
salga á la calle á comprar una caja de fósforos.
. -Pero, prontito ¿eh? que la Ua esa ya
viene para acá.
Y la noche siguiente hablaron los nenes
más seguido y más...
Bueno, oigan ustedes al Maestro Chispa.

V
-¡No, no y no! Por esto sí que no paso.
»Quererlas... jasta la paré de enfrente. Protector, jasta la paré de enfrente también.
Pero ponerse en!rente é mi banquilla toas
las tardes á decirse ternesas y mimos y...
¡va~os qu_e n~I que me tiembla er purso y
ya Jasé seis dias que estoy liao con las sapatillas der canónigo y le be puesto corchetes ar tacón siete veses... ¡Vamos que no!
E~as qu_errán mu~ho á sus novios; pero á
rn1 mardita la grasia que me jusen...
»Y Chiyaera emperrao en que yo tengo la
curpa de tó esto, y en que yo he de jasé y
he de acontesé, y en que ... ¡mardita sea er
betún corinto, que estoy viendo la ma1isaniya é la Pastora á cinco leguas de distansia.
en a~tom6vi desbocao, y... bonitas tengo yo
las piernas pa alcansarla!
. •Y los niños s'han enterao de la pretensión de Chiyaera, y anoche en la fiesta le
tomaron el pelo de lo lindo. ¡¡ Y que no había
aqui mujeres ni ná!! ¡¡Y que no se pitorrearon de Chiyaera, ni na!!
»?1~no: yo estaré borracho, pero hoy es
er 1wtimo día que pelan la pava ac¡uí: se

295

van á dí á pelarla por teléfono ó por telégrafo, ó po~ ci~ernatógrafo ... ó en la asotea,que
corre mas viento y no ofenden á nadie.•
Y mentando al ruín de Roma por la

puerta asoma.
Ahí lo tie?en ustedes, Manuel, que viene
co~o para 1:1f_arlo, y sin saludar siquiera á
Chispa se dirige al cuarto de su Corali yo y
da dos palmadas.
-Oye tú, niño,-le dice el maestro levan~ándose furios? de su silla.-¿Tú no
pelá la pava de dia en la reja?
-No señó, que está er sitio recalentao
por er sol.
. -¡Y á tí que más te dál-grita Chispa ind1gnado.-¿Tú te crees que está regulá que
yo aguante desde la banquiyar...
~ero no le deja concluir Pepillo, que entra
en igual forma que Manuel y hace la misma
faena en la puerta del cuarto de Rosa.
-Oye,, tú, Pepi,yo,-le grita á éste.-¿Tú
t'has cr~o que soy sordo y ciego?...
Y aqui entra Paco muy ligero como aquel
que llega tarde á cobrar, y ac'ercándose al
cuarto de su ~speranza daotrasdospalmadas.
-¡Pero que poca vergüensa quea en San
Bernardo, hombrel-chilla el zapatero en el
colmo de su indignación.
-¡Y qué mal repartíct!-1e contesta Paco
con mucha flema.
~¿,Te ha~ llevao tú toa, verdá?-replica
Ch1spa.-¡Hombre, no quisiera má que sé er
cas~ro, que con un recargo en er alquilé
de a perra gorda por suspiro me jasía amo
de Sevilla!
Pero maldito de Dios el caso que le hacen
al viejo los niños: ven aparecer en sus puertas á_ sus niñas, y unos y otros exclaman casi
al mismo tiempo:
- -¡Coraliyo!
-¡Rosa!
-¡Esperan sal
-¡Pepe!
-¡Paquiyol
-¡Manué!
Y e~ maestro, en vista del resultado satisfactorio de sus gestiones,exclama malhumorado volviendo á su banquilla,
-¡¡¡Q~e aproveche, cabayerosl!!
. Y empiezan Lres pavas á la vez y seis suspiros ?ada minuto, y aquello se pone como
pa deJarlos solos y el Maestro Chispa no dá
t.1n martillazo en el clavo.
. -Pides imposibles,-se oye decir á Coralillo.
_-'--Esp~ra un poquillo á que el maestro no
mire,-d1ce quedito Esperanza.
-¡Ahora que no mira!-exclama Rosa.
Y suenan ¡tres besos! que acaban de descomponer á Chispa.

pués

�_ -¡Ea, señores, se acabó tó!-grita el maestro.
,
-Por mi parte, no he empezao toavia,
-responde Pepe.
-Pos entonses argimo ha dao dos veses...
-replica el viejo.-¡Y ya se es~~n largando
de aquí los mositos,que estas mnas son cosa
mía!

-¿Aónde?

ACHAJ:lE::i

POR ESOS MUNDOS

296

_

-¡Poca lacha!---grila ex~itada Coralilloy mientras el Maestro Ch1spa enlra en s~
habitación y cierra por dentr?, las tres mñas gritan simultáneamente dan~oles á sus
novios con las puertas en las narices.
-¡Y á mí no me m_ires en la víal
-·Como si me hubiera muerto!
-:Véte con la Pmtá!

,

- ~AóndM-d1ce el maestro rascandose
la cabeza.-Tú, Pepiyo, á la taberna d_e la
esquina, que t'has dejao orviá la qumta
ronda de mansaniya.
-¡Yo!
,
.
-¡Tú! ¿A que no eres capci deJecharle el
aliento á tu
novia?
-¡Sí, que
hnelel-dice
Rosa.

VI
-No bebas tan deseguío, Chispa, .Y jáblame por tu salú de esos tres capuy1tos é
rosas.

-Pos no te muevas, chavó, que con er
ruío de tus

-T.í, Paquiyo, - sigue impertérrito Chispa
-en el Café
de América
te está e~pado el Cmn-

plio pa arre-

•

botas no nofi
vamos á podéentendé y
por señas no
sé desí más
que una cosa
que dije
cuando me
rompieron er
bautism•o...
La cosa no
ha podío sa-

U mejón:

casi sin queglá lo de la
ré te be prenoviyáde la
parao er teAlgaba.
rreno. Yo sé
-;,Qué
bién que los
dice osté?tres asauras
oxclama Paes os andan
co, q11e vé
buscándome
llegar la torpara hacer
menta.
una ju di á
-?Qué me
-Asfigúrate lit que esos Iros ni1ios d'han pitorreado de m!,-dijo Chillaera
conmigo, pevas a contar
al Maestro Chispa
ro yo ...
á mí, respon_.
, _
-Osté,
aquí
en
Sevilla,
ó
en
San Petersde Chispa api·ovechandoy ce-mdo.-¡Si }_~ lo
sé tó y os sigo los pasos, pa que estas ornas burgo, onde quiera que se establesca osté,
mías no vivan engañásl Eyas sus tomaron tiene siempre una navaja mía y un b1 aso de~
bajo la condición de que ni el uno se embo- recho mío á su disposisión. Ya sé lo que ha
rrachara ni el otro fuera á las nubes en su pasao. Y lo he traí?~ á osté á la _taberna pa
vía, v á éste ... á este mátal~s-callan~o ~on la decide que esos mnos s'han pllotreao de
condisi6n de que no s'arrmiam mas a otra mí otra vé, y esto no pueo yo consentirlo pormujé. ·Y sabes Manoliyo qué hora es? ¡Pos que no me da la repotente gana. Han dicho
las sieie! Y á las siete y media te espera la que er arcarde m'ha mandao que use botas con chillaera, y el arcarde no tié ná que
Pinlá.
vé
con mis botas, sino que á mí me gustan
-¡¡Tó es mentir_all-grita _Paco.
-¡¡No es mentira!! - gntan las tres y ¡y hemos concluío! Han dicho que yo soy
feo, y pa demostrá lo contrario he pensao
Chispa.
.
-¡Por estas que son crucllsl - Jura Ma- quitarle las novias y...
-Oye, oye: ¿,pero las tre~·t
nuel.
.
-¡Tres conquistas que jago yo en dos ho·
1
-¡Aunque te pongas en cruz!-le rep 1ca
rns!
su novia.
. .
,,
-¡Chócala, Napoleón!
-¡Sin vergüenzal-d1ce Esperanza.1
--Digo, si usted me ayúa
--¡Borracho!-exclama Rosa.

- ;Que si t·ayúo? Tú ... convía, y veras.
i\1ño, ¡veinticinco cañas!
¡) a está! ¡No hay má que hablá! Ahora
mismo te voy á desí cómo y de qué manera
van á ser tuyas en arma. y via.
,,Yo las conosco á las tres como si la, hubiera paría, ¡ya ves tú que bm·bariá más
grande! y sé cómo hay que entrarle á ca una.
,Asfigúrate tú que te encuentras con Rosa. Tú eres Rosa y yo soy Chiyaera. ¡Oye,
pero por un rali to: ¡¡por un rali to ná má!!
Hay que entrarleasín... Reparo me da desirte lo que te voy á desí, pero, en fin, ayá va.
«Capuyito é clavé, rosita blanca, jasminito
azul...» ¿,Dispensa, eh? «Lástima me da de
verla á usté tan bonita y á Pepiyo tan borracho., «,i_Borracho?,-dices tú, que eres Rosa.- «Pala casilla va ahora resumiéndose
como un cántaro de Lebrija ... » ¡Y ya es tuya!
»Si es Corali yo, le dices que has visto á
l\fanué jecho un fuego fátuo detrás de una
niña.
, Y si le toca la china á Esperansa dile que
Paco ha asertao una contrata pa al'litá de
globo en la plasa de Boyuyo.
-No diga osté má.
-¿_Te vas, niño?
-,},Iay fiesta esta noche en er Corrá?
-81.
-Pos jasta luego. ¿Irán los niños?

-~o.

- Y si van yo los espanto.
- Y yo t'ayúo.
-Y yo co1wio.
-Y yo acerto.
-Con que jasta la noche, maestro,-clice
Chillaera marchándose.
-Jasta la noche,-exclama hecho un tonel el Maestro Chispa.-¡Eres un vivo!
-¡.Argo de eso hay!-responde Chillaern
alejándo -e.
Y viéndole marchar, le dicA Chispa:
-¡Vayan con Dió los rnososgüenos y con
sircunstancia vi ...
-Oye, prencÍa,-le dice al chico de la taberna.- Dame un chalo por mi cuenta... ;,Sabes tú quién es ese?

-Er Bombita chico.
-No... ¡Ese es uno que se va á vaná una
de pa!os que no_ va á fené fin!

VII
Apenitas llegó aquella larde el Maestro
Chispa á su casa se encontró con sus tres
protegidas, que le rodearon llorando á lágrima viva.
-¡Maestrol-gimoteó Esperanza.
--¡)laestro!-decia Coralillo.
--¡Ay, maestro de mi... mi ... mi ... vi ... vi ...
tn'a/-sollozaba Rosa.

-¡Niñas!-ex.clamó el Mae3tro Chispa.
-¿,Pero es vercláque mi Pepillo no ha cle-

jao er vino?
-,:Es verdá lo de la corría?
-¿,No s'ha eninenclao mi J\1anué?

'

-,-Jozú'-dijo para sí el maestro.-¿Y
qué les digo yo ahora? Pos yo no pierdo el
cariño de Chij'aera. ¡Ar fin y ar cabo eyas
van á jasé su santísima voluntad!
Y muy alto y como indignado, exclamó:
-¡Ni se han enmendado ni se enmendarán!
-¿,Tú has visto?-dijo Coral á su amiga.
-¿Pero no oyes? - dijo casi \ti mismo
tiempo Rosa.
---¿Tú no ves'r-gr;ló Esperanza.
E inmediatamente se desataron aquellas
lenguas de mujeres.

-¡Cctnaya!
-¡Herodes!
-¡Ingrato!
-¡Pillo!
-¡Granuja?
-Permita Dió-exclamó Coralillo ~ecándose las lágrimas-que se arruine con esas
pingonas y se tenga que afeiteí, con un crista 1 y papel de lija.
-Así le peguen una corucí. y lo dejen que
nipa un sacudío,-dijo furiosa Esperanza.
1 Rosa chilló:
-¡Premita un divé cler sielo que se vea
con la mansaniya jasta er pescueso y sin
poé baja la cabeza va sorbé!

-:Canaya!
-¡Borracho!
-¡)fa letal
-G-iieno,-rcplicó Cbispa.-;,Se habéis
desahogao ya'l Pos jasta otra, porque á lo
mej6n cuarquier noche de estas pelaréis la
pava en la reja ... como si tal cosa.
-Aunque me jisiera cacho.-respondió
l~-;poranza,
-Ar primero que me pici la cont'el'Sasión seladoy... ¡pa que rabie!-replicó Rosa.
-¡Y yo!-dijo Coralillo.
-¡Hombre, premita Dió que fuera Chiyaera!-interrumpió Chispa.
-¡Aunque fuese Chiyaera.
-¡A Chiyaera mismo!
--¡Eso é.'
Y el .Maestro Chi5pa elijo, persignándose:
-¡Ave María Purísima!
Y comenzaron á bajar al patio los vecinos
1· comenzó á formarse el corrillo de loda9
Ías noches y comenzó la fiesta.
,;,Que cómo acabó aquello't Mal: eomo el
Rosario de la Aurora.
Porque Chillaera cumplió lo ofrecido y
realizó el plan que Chispa le indioara, y
cuando las tres niñas le dijeron á Chillaera

�298

ACHARES

POR ESOS MUNDOS

qua si por dar achares á los tres no'ltios,
cuando Chispa se santiguaba una y mil veces,al oír de boca de aquel tipo que eran las
tres suyas y que á la noche siguiente le esperaban en la reja las tres, las niñas se reunieron á parte de la fiesta, y yo no sé cuál
fué la que comenzó, pero lo cierto es que enterarse aquellos tres serafines de que las
tres habían resuello clarle la conversación
á uno mismo, gritar c¡Chiyaerct pa 'mÍI•,
•¡Pa mi.'•, •:IA»ipiafe! •, aganarse de lo;;
moños y llover bofetadas y sillas, todo fué
uno ... Y después, tres soponcios, la fiesta
aguada, y...

\' lf
~ •... y Chispa, que, no se sabe cómo, se encontró en un camarote de una taberna de la
Puerta de la Carne, en frente de Chillaera,
reanudotndo la tarea que dejaron aquella
tarde.
-Oye, Chispa, ;_no te pcirese que nos vá á sentá pero que mn malísimamento
este r.hato?
-Pos mira, por proM
ncí se pierde. ¡Aniba!
-Arriba... ¡1\jajá!
-,iC6mo ha caío?
- La verdá, así sentrw ...
no lo noto.
-¿Cuántos van, Chiyaera?
- ¡Chispa de mi arnw!
Ya he penlío la cuenta.
-¿Te pm·ese que yamemos y le preguntemos m·
moniat"íé cuántos van?
-Llámalo, Chispa.
-Ayávoy... ¡Pacoool
-¡Pacoool

-Aquí están los chatos.
-¡¡¡Olé tu mare!!!
-Chiyaera, no tejagas el borracho.
-¡Chispa, m'ha salío del arma!
-Pos reprímete y d1•ja en pá á la familia
de Don Fransisco.
-?.Y cuántos chatos van?
-Pues trece carla uno.
•-¡Chis pal
-¡Chiyaera!

-¡Trese!
--¡l'tfardita sea mi estampa! ¡Trese!
-Corre, Paco, por tu salú, ¡trae otro!
-¡Al vuelo!
-¿,Tendremos mala pata, Cbiyaera?
-Lo que tengo é una curda de las que no
se cogen ni er Corpn Cristi.
-¡Chi yaera, ¡trese!
- ¡¡¡Trese, Chi~pa!!!
- Aquí está el otro par.
- ¡Ay, qué peso m'has qnitao ele ensima, Pacol-dice Chillaera.

-¡Paquiyooo!
-¡Don Fransiscoooo!
-Hola, señores: ¿,qué 8 C
ofrece?
-¿,Tú sabe cuántos chatos
van ya, hijo mío?
-Misté, voy á verlo, y de
camino traeré otros dos.
-No.
-Nooo.
-Es por mi cuenta... ¡No
s'arboroten ustedes!
-Oye, Chispa, dise que
es por sq cuenta ..•
-Por su cuenta, Chiyaera.
- Pos que lo traiga.
- Chirnera, sobre lu concencia vá: ¡que lo traiga!
-¡En seguida!

-¡Pos á mí me lo echa ensima!. .. Chispa,
no pueo más.
-;,Y cuántos se deben:'
-Pues nada más que trese ccí uno, porque
er que hasía trese iba por mi cuenta.
-¡Paco!
--¡Pacooo, tú nos quieres emborrachar!
-Trae enseguida un cato1·se.
-¡Voy!
-¡Chiyaera!
- ¡Chispa!
-~.A que me van á co11osé que he bebío:__ :-:¡i se fijan mucho ... pué sé.
- -·El número cato1·se!
-Gracias, Paco ... ¿_Cuánto se debe?
- Veintiocho reales.
- Como estos.
- \'amonos, Chi yaera.
-.\póyate aquí, Chispa.
-Vámonos despasio.
-Sí, despasito y pala freiduría' de Espat·raguera.
-¡Verdá que hay que alimentarse, hijo
mío!

-Pónte derecho el sombrero.
-Asóplalo,que no pueo levantá la mano.
Chispa l' Chillaera han comprado el pescado, salen de la calle Cerrajería, siguen por
la de las Sierpes y al pasar por delante del
Café América, dice Chispa:
--Chi yaera, parece que me he caío.
-Vamo, hombre, arriba ... Guasón, venga
esa mano.
Y Cbillaera coge al maestro, hace increíbles esfuerzos y cae por último sentado ju11lo á él.
-¡Jé jé!... Chiyaera: ¿te parese que descansemos un rato?
-Güeno, descansemos, Chispa de mi

arma.
Y al poco, los dos se quedan dormidos. A
las dos horas, despierta Chispa, mira á su alr~dedor, y ve que toda una legión de gatos,
srn asustarre de la fealdad de Chillaera, acaba de dar fin á las pescadillas fritas: no quedan ni las espinas. Chispa se sorprende, llama á Chillaera y le dice.señalándole los galos:
- Hijo de mi cirnia: 6 se convía á la gente, ó no se convía... ¿,no te parece, tú?

- Sí.
-Pos güeno, toca las pormas y ple café
pa estos señores que ya han senao...

IX

•H111·na se armó cuando las niñas se enteraron de que las tres hablan acor,lndo
'
darle la con1:ersación al mismo tiempo á Chiyaeral

Pues, seiior, que llegó la noche siguiente,
y todo el día pasó Chillaera acicalándose y
ciándose betún corinto en las botas ¡betún
rorintol que se había vuelto loco por toda

Sevilla para encontrarlo, y era porque aquella noche tenía uua cita con cada una de las
niñas, y á la una y media con las tres.
No cabía el! sí de gozo el feísimo hombre,
y todo le sonreía y todo le parecía de color
de rosa, y hasta en un ralo que estuvo por
la tarde con Chispa, al entrar Serafina preguntar.do por sus zapatos se le antojó de
querubín del cielo aquella cara que parecía
un abecedario japonés, y la dijo al reparar
que era tuerta:
-¡Lástima deniñal Si yo fuese lavandera le
daba á usted un ojo. (Un ojo en mi tierra, se
llama, lector amigo, á la legía con que se lava la ropa.)
No podía creer el Maestro Ch;spa que las
tres niñas llevaran á cabo sus planes, y por
curiosidad y por unos chatos de vino que le
anunció el enamorado Chillaera prometióle estar á la una y media en la calle de la
cil:i.
Y lo hir.o ... Y mira, lector, la calle de las
Cruces, estrecha y solitaria, con un farol al
final medio agonizando, y la fachada del
Corral del Jazmín c?n sus tres rejas seguid itas y cerradas. Y mua cómo por aquella esquina aparece Chispa dando tumbos, y detrás Manuel, Pepillo y Paco, dándole empellones.
-¡Así, con buenos modalcs!-dice Chispa
temblando.- ;,Qué ocurre, eh? ¿Qué pasa,

eh'J.
-,;.Que qué pasa?-replica Manuel.-Que
no salen las niñas hoy, ni salieron anoche, y
usté ha tenío la curpa.
-¡Ezo, ezol Echarme á mí la curpa, que
por eyasjase dos días que no estoy en mi
sent1o: ¡ni una gota é vino!
-Entonse, ¿,por qué se mueve usted tanto?-le dice Pepe, empujándole.
-Es un aire ¿,te ente1·a?-contesta Chispa.-Y sobre tó,que á nadie le interesa si yo
me muevo ó me dejo de mové.
-Giieno, pos ya se me cumplió á mi el
gusto... ¡Poquitas ganas que tenía yo de cogerlo!-dice Paco dándole otro empujoncito.
-¡Teníamoss ganasss!-afirma Manuel repitiendo la suerte.
-Húmbre,-contesta Chispa- pos yo no
tenía nenguna... ¡Mira tú lo que son las co~as, esgcmao completamente! ...
-Pero vamos á vé, niño,jasenne er fav6
de no arrempujat·me má, que sus voy á
explicrí, f,ó lo que ha pasao como si lo estuviera confesando. .Ascucharme y dejarme dí
con Chiyaera,que me está esperando.. ¿Osterles se acordáis de lo malamente que qtreó la
1·eputasión clet' físico de Chi yaera la otra
noche por cu11Ja de ostecles? Güeno: pos
juró vengarse y quitaros las novias, y lo pe6

�300

es que lo jizo, y lo pe6 es que las tres le dijeron que sí, y lo maR peó es que no se concluyó anoche !:i. fiesla en bien porque, a lo
Y se abrió la primera ventana y apareció
mejón, empiezan eyas a desi «¡Chiyaera pct Ro~a, y se abrió la segunda y apareció Comi! ¡Chiyaera pa míb, y s'at-mó la gorda. Yo ralillo, y se abrió la 'erre ra y apareció füestaba jecho una c11bn, y esta mañana, ar peranza.
despertá, en lngá de encontrarme un San
-¡Y vamos á ver quién se lleva el gato al
José que tengo a la mano derecha de mi agual-dijeron las tres, en el mismísimo mocama me encontré con un municipá que en mento en que se les presentó Pepe, con una
l-n[Já de vara "(f,orecía tenía en la mano un !ajada &lt;'e las de ¡agarrese, hermano! y se fué
vergajo de cuatro leguas y picú en cuadro. fle~hadito á la reja de Rosa.
¡En la Prevención, hijo mio! Después m'han
-Giienas noches, niña presiosa.
contao que Chi-¡Josú, María y
yaera se salió con.losé!
migo at· empesá er
-No he estorjaleo, que Rosa se
nuao, pero ahora
desmayó y la lleestornúo. ¡Atcbisl
varon a la casa de
-¡Asin le ahosocorro, que á Esgaras!
peransa le dió una
- En mansan iarferesict y á Coya.
ralillo un soponsio.
(hieno ... (,Y á
... Totá. que esta
qué vienes aquí?
noche, á Ja una ) ,. '
-A pelá la pava.
media, vendrá Chi-Estás fresco.
yaera á esta calle,
-Me parese que
no.
y aquí estarán las
- (, Pero tú no
niñas en lati rejas...
sabes que esta mo- ~.A la una y
sita es ya de otro
rnediai'-le in te-•
niosito?
rrumpe :Manuel.-;,Y á mi qué?
Bueno. ¡Pues ahora
-Pero,hijo, véte
se va á ver qLtiénes
ya, q1 e va á veni
s o m o s nosotros!
el otro.
Vámonos á la ta-Pos que forro&lt;'
berna.
cola.
-Andando,-dice ,
-Pero ... ¿en qué
Chispa, sin contar
quemnos?
con la huéspeda.
-Pos queamos.
Y es que los ni- dice Pepe muy
ti os s e vuelven
pausaclamen te- en
contra él, y dándoque tú me quieres y
le un empujón soyo te quiero, y coberano le contesta11:
mo tú me quieres y
-¡Qué taberna ni
Paco, todo ven&lt;l,t&lt;lo, presentóse en la reja dP. su E,peram.a
yo te quiero clamqué niño muerto!
bos nos queremos, y como er queré...
-Mira, no te vayas ádormi queriéndome.
-Yo no me duermo porque tú estás elan-¡Qué educación!-dice Chispa viéndolo:s te, y tú eres para mí como un rayito de sol
marchar.-¡Ni osté gusta tan siquiera! A mi que me da en la cara y me j&lt;tse abrí lo
me parece que lo mejón es meterme en mi ojos y despertá y ...
casa y que no me vean er pelo é la ropa...
-Bueno: queamos en que ya te has lePero ... ~.cómo dejo yo la mansaniyci con la vanlao.
-¿,Y qué'? Estoy delante der sol, y er sol
{arta que me está haciendo? Pos lo que es
ro no veo á Chiyaera en tres meses. ¡Cá! me dá en la cara y mejase cerrá los ojos y
Yo me meto en la taberna de la esquina y andá á t'ento, asin...
-!\lira, anda á tiento por otro lcw, que te
bebo fiao ... ¡¡Y como at feo triple ese se
l'antoje vení por aquí, se vá á volver loco vas il gancí un bofl t5n que vas á Yer las estrellas.
pidiendo arnica!!

301

EL RECUERDO

POR ESOS füJNDOS

-;.Y qué? Si la gofetá me la vas á dar tú
con esa manita de d'asúcar cande... ¡una gofetá dá por una manita de asúcar cande
tiene que sabé á asúc:i.r!...
-¡ Cande! Varía de conversasión, que voy
á fené que tomá agua-dice la niña sin poder
con tener la risa.
-¡Agua, sí! ¡¡Pa er susto!!-exclama de
repente Pepillo, enderezándose y dejando de
fingir.-Porque ni yo e,toy borracho, ni me
emborracharé en la vía, y como venga Chiyaera por aquí...
-¡Pe pillo!
- ¡l\li Rosa!
--¡Granuja!
-¡Reina! ¡Deja que venga ése!
-¡Que venga!
-Y si viene ...
-Si viene,-contesta la niña-porque no
pueden contigo los achares, Pepillo de mi
vía, ¡que pele la pava con el sereno!
-¡¡Olé, las sevillanasll

XII
Y Paco, vendado hasta la punta de la nariz y quejándose más que un perro pisado,
se acerca a la reja de su Esperanza y empezando por asustarla acaba por convencerla
y hacerla reir.
Y Manuel pasa del brazo de Serafina por
frente á Coral, que no puede resistirse y lo
Jlama.

-(.Quién es esa mujer?-le dice indignada
-¡E1· arcángel Don Grabié en figura hu-

mana!-contestal\lanuel, quitándola el mantón en que viene embozada; y al ver Coralillo, antes celosa como gatita mimada, la facha de la feísima Serafina, lanza la carcajada, y Manuel se aprovecha, y Serafina escurre el bullo en el instante supremo: ¡la una
y media!
¡La una y medial Y suenan las bolas de
Chillaera...
¿Te vá intercsandJ la historia, lector? Pues
lo siento, porque has de saber que Chillaera llegó con Chispa á la calle y ¡claro! se
encontró las tres rejas ocupadas, como si
nada hubiera sucedido; y cuando los dos mirándose y temblando como azogados pasaron por frente á la segunda reja, sonaron
tres besos, uno por pareja, y unas risitas de
los seis enamorados,que olía todo á pitot-reo
desde media legua.
Parece que te ha disgustado el remate.
¿Pero qué quieres tú que suceda con los
quereres andaluces? ¡Así se quiere en Sevilla!
Y ese es el cariño: ¡celos y achares! Que
sin riñas y reconciliaciones no hay quereres,
que las ducas del amor son dulces ducas, y
las alegrías del querer dulcisimas alegrías.
¿Me perdonarás que te haya hecho perder
el tiempo con esta bagatela?
P8DRO

PÉREZ FERNÁNDEZ

llmtraciones de F. de la ],Iota

EL RECUERDO
Del viejo mar el ímpetu contiene
nocturna bendición del cielo pío;
cuajan las perlas en el seno frío
al rayo de la pálida seleue.
Pájaro errante, que en sus alas tiene
como una suave rafaga de estío
de un triste amor, más triste porque es mio,
dulce recuerdo á visitarme viene.
En el revuelto mar de mi fortuna,
sobre el abismo de mi mente ilota
de ese recuerdo la caricia leda,
como un rayo mirifico de luna,
como el águila de ti mida gaviota
que roza el mar con su plumón de seda...
FERNANDO DE

ZAYAS

�¿DÓNDE REPOSA OCLÓN?

Catedral YPar?u·~ de Colón, en la ciudad de Santo Domingo, de Haiti. En la Catedral, comenzada en el año 1512 y
conc Ul a en 1540, fueron enterrados en 1537 los restos de Cristóbal Colón y de su hijo Diego

¿DÓNDE REPOSA COLÓN?
podido ponerse de acuerdo anteriormente cuantas personas lo hubieron tratado:
¡,eran realmente los
restos de CristóLal
Colón, ó los de su
hijo mayor Diego, los
que reposaban en la
Catedral de la Habana? Porque la República de Haití negabael primer extremo y afirmaba el segundo, celebrando,
al ,1iismo tiempo que
Espaiía en 1892, solemnes exequias en
la Catedral de Santo
Domingo en memoria del descubridor
de América, á cuyos restos mortales,
que aseguraba poseer, levantaba entónces expléndido y
magnifico mausoleo,
de que son débil
muestra las fotograSarcófago que los dominicanos ase~uran que conti~tH·
fü1s que i1 ustran estr
los restos mortales de Cristóbal Colón

en el aiío 1892 se celebró solemne y pomposamente el cu,trlo
centenario del descubrimiento de América por Cristóbal Colón, una de las ceremonias que entónces se verificaron fué
la traslación de los
restos del na,·ogante
de inmortal memoria, que reposaban
en la Catedral de la
Habana, al crucero
UANDO

C

Conde de Venadito,
que los transportó á
Espafia, donde yacen, en Sevilla, en la
magnífica basílica de
la capital andaluza.
Con este motivo
suscitóse una disensión, en que tomaron
parte los más afama dos historiógrafos y americanistas,
acerca de un punto
en el que no habían

artículo. Como en anteriores ocasiones do. Los res~os de ambos fueron depositatampoco esta vez se pusieron de acuer~ dos en la Catedral de aquella ciudad v
do lo~ que discutían, y mientras España algunos ailos después se construyó ;nit
sostiene
E&lt;Opultura
que posee
al lado do
los restos
las antede Colón,
riores pala ciudad
ra el nieto
de San lo
do Colón,
Domingo
Litis, duafirma que
que do
es e l la
Veragua.
quien los
¿,Por qué
conserva.
fué trasla¿De dónde
dad o el
provienen
cuerpo del
estas disilustre nacrepanvegante á
cias? HaSanto Dogamos un
mingo? El
poco d&lt;'
propio Cohistoria,
lón había
breve, pepedido ser
ro comenterrado
pendiosa.
en dicha
como dice
isla occila frase
dental,cuhecha.
yosencanSiete
tos ensalafios deszaba en
p u é s do
una carta
ocurrida
á sus reaen Vallales patrodolid, en
nos, Fer2Odel\Iayo
•
nando é
de 1506 la
Mllusolco erigido en la cripta de la Catedral de Santo Domingo, en memoria
Isabel.
muerte &lt;le)
de Cristóbal Colón
«No hay
ilustre genovés, pobre y casi olvidado en ~l ~undo,-decía-mejor pueblo ni
f~eron trasladados sus restos al Monaste~ meJor tierra: aman á su prójimo como á
r10 de las Cueellos mismos,
vas, en Seviy su converlla; yen 1537
sación, que es
el cuerpo d~
siempre d u lColón, con el
ee, va acomde su hijo Diepafi.adade una
go, fué transsonrisa.».
portado á tra
Hasta este
,
ves
del 'Atlánpunto, los hetico, á la ciuchosson innedad de Santo
gables. Poro
Colón discutiendo con los sabios
Salamanca·. uno de ¡0 s ba¡o-re
· rieves
Domingo
del de
mausoleo
ahora empie,
) entonces poseza la duda, y
si~n ~spafiola y la colonia europea de con e!la, la controversia. En 1655, enmas importancia en todo el Nuevo Mun- contrandose la ciudad de Santo Domingo

�POR ESOS MUNDOS

t a y la rnraci, ..
.amenazada por una escuadra inplesa, el referido caneel . La,cer ez
dad
de
esta
tradicion
fuer?n
de!no:llttarzobispo Francisco Pío mando que las
ú as ultimabóvedas en
mente por insque yacían lns
cripciones hatres glorias
lladas en el
n acionales
alaud de Crisfueran bien
tóbal Colón.
cubiertas con
En 1796 ,
tierr a par a
por el Tratado
ocultar á los
de Base!, Estemidos ene•
paña cedió á
migos el sitio
Francia su de.
112 d Octubre de 1492: uno de los bajorocho (c¡ue dudonde se h a- Colón desembarcando en Amé_r,1
e
eCatcdral de Santo Domin~o
relieves del mausoleo er,g, O en Ia
ran le mucho
ll aban dichos
restos, creyentiempo sólo había sido no,~\nal) á la s~do indudablemente, y º:oyendo con ra- berania sobre la isla de Haih , aunque ex~
zón que los marineros ingleses de aquepresamente se re.seno
llos'tiempos disfrutaban
e O n s e r v a r para si
mucho profanand? los
los huesos de Colón Y
santuarios ele una fe que
trasladarlos á la I Iabano erala suya. Así sucena traslación que, en
dió que un sínodo que
ef~cto,se verificó á frnes
se reunió en 1683 dede aquel aüo.
claró que el sitio exacPero al intentar desfO donde yacían los
enterrar el cuerpo del
restos de Colón había
gran almirante, los cosido confiado rí la tramisionados espafloles
dición.
.
no encontraron seü al
El capitulo inmediato
algunaexterna que mos,en la historia de e_stas
trara el sitio exacto doncélebres cenizas tiene
de yacía, ni tampoco
la fecha de 1783. Endispusieron de docutónces según la declamento ninguno que les
ración' del capitán geguiase; y tuvieron q_ue
neral de la isla, ~on
aceptar las declaracioIsidoro Per·alta, miennes hechas por las autras se reparaba el
toridades de la Catedral
cancel de la Catedr~il Escultura central que figura en el mausoleo de Santo Domingo, si~l
fné hallada Uf!-ª ca;a
de Colón
que pusieran luego cmde plomo sin ,inscripdado ni empeño en depurar _la exactitud
ción al9una, qne co!ifor11~e á, w!a tra_- de dichas declaraciones. Abner~n una de
dición constante é invariable e1a sabilas bovedason
do que conteel sitio queles
nía los 1·esindicaron, retos de Colón,
cog ieron de
p1tes , se9ún
ella una caja
esa tradición,
de plomo que
los despoj os
contenía restnortciles del
tos humanos,
.gran almiy los lleYaron
rante se ená la Habana,
•contr ab an
donde fueron
enterrados á
debidame nte

la derecha dr,l

os en el templo metropolitano
capital.
pueblo de Santo Domingo ha sostesiempre que el cuerpo trasladado á
a no ,fué
él descudeAmésinoel de
mayor:
olón.
ición
s cony tieierta,
s re•
omi-

la tumba de donde los espafloles tomaron
el cuerpo llevado á la Habana. Continuando las pesquisas, dieron las autoridades eclesiásticas de Santo Domingo
con una tercera bóveda, mayor y más elevada que las
otras, y de ella
retiraron un
ataud con inscripcionesque,
descifradas
luego, atestiguaban que
aqu 01la caja
que, .
mor:noria era
la de Cristóbal
nte:
perColón. De e$te
nerahecho se le'a,invantó testimo
nio público en
mal,l 0,1411 encargando el cuidado de III h~o Diego i !09 frailes de la R6.plda: bljona - ril.ie-.e que 11eura en el mausoleo eri¡ido en la Catadral de Santo Domingo presencia de
r su.
los cónsules
os espailoles, y algunos inves- extranjeros, incluyendo al representante
e han estl.ldiado los pocos de EsRaila, y en dicho testimonio se hacia
han podido obtener convienen constar que «el verdadero sitio donde yaenen razón los de Haití, y cfa el cuerpo del gran almirante habla
e la Memoria oficial del se- sido positivamente identificado.»
la comisión espatíola que en
Entónces, se inició en Santo Domingo
hizo
un movimiento
e los
para construir
un mausoleo
Coiene
digno del gran
lleColón, encargándose de la
proe el
realización de
ala idea la Jun..
uel
ta Nacional
misColombiana,
compuesta de
fu6
importantes
ieciudadanos de
la República
de Haiti, con
la asiste ocia
del gobernador
general AquiD Padre \.u Casu prote&amp;lendo t loe bldlae •• Am6daa: ...,_llliml
les Heureaux,
que UWD&amp; el mausoleo de Cólcin
gran amigo,
Catedral de Santo Der. por cierto, de F.spana. Llevóse á cabo el
da é identificada la caja trabajo, como pueden ver los lectores de
ntenla los huesos de Luis Poa Esos MDNJ&gt;os en los grabados de esencontró vacfa te articulo; J es cosa muy digna de men-

.

1

�306

cionarse que tanto el arq,ülec\o como ~l
escultor it quienes se encargo la :ºn::
. , ele! ma11soleo
fueron espanoles.
·.
trucc10n
Fernando Rorneu, se llamaba el arqmtecto Y Pedro Carbonell, el escultor,
'!5iociocho meses se emplearon para
construir la lumba, que tiene un metro
trescientos cuarenta centirnetros de allu-

ra. \ está ricamente adornada_ {!? 1~ haj
relieves y rstátua~ 1 ~rupos h1~lor1_cos y

liguras alegóricas en bronce Y m~n'.'ol,
Está colocado en una er1pta,. rngemo~a y
artísticamente construida baJO la antigua
Catedral de Santo Domingo, v_ se rnu~aUl'Ó con gran solemnidad el :1 de lh~iembre de 1898.
FtLJX

EL ARTE DEL PERIODISMO

AUCAlü:'íE

COMO SON LOS GRANDES REPPORTERS
•

o llama la atención de las gentes tanto

N como debiera la labor periodística, una

de las más duras y- difíciles de ejercer. El
público adquiere el perióuico, el semanario,
la revista, y no se cuida más que de leerlos
para luego aplaudir ó censurar lo que lee,
importándole muy poco, nada en absoluto,
el trabajo que haya costado al periodista adquirir la noticia ó la fotografía ó escribir el

artículo que han aparecido en las pitgi11as

EN EL ATLANTICO
Sobre la onda azul, en do~d~ ardía
la esencia tropical de la manana,

la nave se alejó, como extrahum~na
q:uimera que alos cielos se volna.
y con ella te fuiste ... La harma nia
ue tu belleza mística y profana,

resplandeció con magia sobera~a
uivinizando al buque que par\Ja.

Al evocar, ya lejos, lu figura,
la extraña dualidad de tu hermosura
en mi recuerdo la tristeza ahonda:
Porque tiene tu forma anadiomena
la noble linea de la estatua _helena

y el pensativo enigma de G10conda.

D;Rio HERRERA

que pasó ante sus ojos.
Nada más injusto que este desdén, que
seguramente no obedece á otra cosa que á
ignorancia de los medios puestos en acción
por el periodista no solo para satisfacer los
deseos de sus lectores, sino para ir más allá
ue las exigencias del público. En efecto, nin-

guna de esas grandes informaciones sugestivas é interesantes que saborea el lector de
periódicos refleja el trabajo inmenso que al
repporte,· le costó adquirirlas, ni resulta siquiera la mitad de interesante y sugestiva
que lo fueron los incidentes que originaron
la busca y captum de la noticia y los detalles con ella relacionados.
De esa bitsca·ycaptu,-a como tal puedecalificarse)de algunas noticias sensacionales, y de
la confección de informaciones periodísticas
que después llamal'On la atención por su veracidad y riqueza de datos y por la rapidez
en comunicarlas al público, vamos a dar
cuenta ahora a los lectores de Pon Esos
· Mu~oos, los cuales vendrán así al propio
tiempo en conocimiento de la emulación,

celo y reñidisimas competencias que entre
si entablan los periodistas para lograr la

victoria en asuntos de su profesión.
EL &lt;fülES•, DE LÓNDRES

fecha, ha estado en manos de una sola fa.

milia, que durante cuatro generaciones se lo
han legado de padres á hijos.
Muchas son las historias que de la familia
Walter podrían reforirse, relacionadas todas
ellas con la adquisición y publicación de noticias con que poder batir eón ventaja (como
siempre ha hecho) e.l recoi·d al resto de los
periódicos del mundo; pero de todas ellas
ninguna tan típica ni digna de ser conocida
como la del hijo del fundador del fimes, el
segundo Jobn \\"alter de esta dinastía, caballero que empleaba su tiempo en diversiones
y paseos cuando no tenia que acudir al Parlamento para cumplir con los deberes de su
cargo de representante del distrito de Berk•
shire.
En la primavera de 1833 tuvo lugar el
hecho, que ocurrió poco después de liaber
regresado Walter del Parlamento. Estaba á

Ja sazón y casualmente en su despacho,
cuando llegó á la redacción un urgente, ci-

frado y extensísimo cablegrama, conteniendo el discurso de Luis Felipe, rey de Francia, en la apertura de las Cortes. Era poco
después del cierre del periódico, y ya tudos los cajistas habían abandonado los talleres para irse pacíficamente á sus casas. \\'alter comprendió que de perder tiempo en

avisar comprometería el éxito ele la empresa, pues que las noticias,qüe tenían un valor
inapreciable si lograba publicarlas con antelación á todos, carecerían completamente de
valor si las divulgaban cuatro ó cinco pe•
riódicos á nn tiempo. ¿Qué hacer?
No vaciló mucho, y posponiendo sus restantes ocupaciones, se puso á traducir eldocumento; y cuando, al medio día, llegaron

los primeros operarios se encontraron con
que el director de The Times estaba en

A la cabeza de todos los periódicos del
mundo en esta clase de victorias figura el
Times, de Lóndres. Desde el día del naci'llliento de ··este gran periódico inglés hasta la

mangas de camisa acabando de componer,
por sí mismo, como el último de los cajistas, el despacho recibido, con el cual se confeccionó un suplemento que, al salir dos ho-

.,
1

�308

I'

ras después, era arrebatado por el público
de manos de los vendedores, en medio de la
admiración de las demás empresas periodJsticas que pudieron leer impreso y con todos
los detalles el discurso del rey francés, que
ellas recibieron mucho tiempo despu~s por
el cable.

1

UN REPPORTER QUE SE CONVIERTE E:&lt;! SASTRE

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POR ESOS MirnDOS

En el año 1902, en la célebre Fleet Street,
de Lóndres, lugar donde se reunen muchos
periódicos y periodistas, el director de uno
de los diarios más afamados de aquella capita! ballábase en su despacho con las cejas
arrugadas por la contrariedad. Deseaba que,
á todo trance, publicase su periódico aquel
día una entrevista con los generales boers
Delarey, Botha y De Wet, entonces en Lóndres; pero mientras mayor era su deseo de
lograrlo, ya de todos ó de uno solo de dichos
caudillos, más dismin.ulan las probabilidades
de conseguirlo.
Ante él, sobre una carpeta, yacía revuelta
con otros motivos de informaciones, una lista conteniendo todas las visitas y movimientos que proyectaban hacer los generalesboers
durante aquel dJa. Sorprenderles en la calle
y exigirles una entrevista era procedimiento
que ya se había ensayado sin resultado alguno. Así, pues, no le quedaba más recurso
que el de apelar á cualquiera intriga.
Una de las observaciones que contenía la
lista decía así: ,Durante la tarde, el general
Delarey recibirá la visita de un sastre que
ha de tomarle medidas para la confección de
uno ó varios trajes., ¿Qué mas necesita un
buen periodista? Llamó el director á uno de
sus repporters, y le dijo:
-Vaya á verá ese sastre y arréglese con
él de modo que esté usted presente cuando
el general ha ya de tornarse las :nedidas. El
sastre es conocido mio, y creo que le ayudará: y ya con esto, se las arregla usted.de maJJera que sonsaque al caudillo boer su opi:nión detallada sobre Lóndres y otros asuntos ... ¿Entiende usted?
Diez minutos más tarde explanaba el repporler su proyecto ante el estupefacto sastre, que después de titubear algo se decidió
á prestarle su concurso. Hizole cambiar su
muy bien cortado chaqué por una americana estrecha,armóle de cinta métrica y de lijeras, y hé aquí al primero de los repporters
convertido por obra y gracia del ingenio y
la astucia en el último de los ayudantes de
sastre.
Poco tiempo después, ayudante y maestro
se dirigían al hotel donde se hospedaba el general para tomarle la medida del nuevo
equipo.

-¿Un traje de hechura campesina, señor?
Ciertamente, tenemos para ello telas á propósito ... Tened la bondad de permitir que os tome medida, y mi ayudante-dijo señalando
al periodista-las irá anotando con sumo
cuidado en nuestro libro de apuntaciones.
El sastre deslió su metro. el ayudante
abandonó las tijeras y requirió su libro y su
lápiz, y la importantísima, dificil operación,
ciió comienzo.
-Veinticinco,-dijo el sastre,dejando des!izar la cinta á lo largo del brazo del ge·
neral.
-Veinticinco,-repitió el ,·epporte,·, escribiendo en el libro y presentándoselo luego al principal.
•
-Adoptamos este modo de ratificaciones
para evitar equivocacíones,-dijo él dirigiéndose al general, después de haber leído para
sí lo escrito en el cuaderno por el periodista, que decía:
Pregúntele lo que piensa de Mr. Cham-

belain.
En efecto, preguntó el sastre:
-, Y cuál es vuestra opinión, general, sohre 1ir. Chamberlaim? 1.Buena? (Signo afirmativo de Delarey). ¡Me sorprendéis, señor!
1.Con que lo creéis bueno?... Me extraña que
los periódicos no se hai•an ocupado! ... Pero á
usted no le gustan las interviews, ¿verdad,
1.0s negáis á recibirá los de la prensa?... ¡Hacéis bien, hacéis bien!...
Y dirigiéndose á su ayuclante:
-Cuarenta ... ¡A ver si no te distraes y estás en la cosa ... ¡Cuarenta!
-Cuarenta,-repitió como un eco el periodista, que entregó el libro al sastre, el
cual leyó para si:
Preguntadle qu.é impresión le ha ca11-

sado Lóndres.
-Es un sitio feo Lóndres, ¡_verdad, general"/-dijo el sastre con amabilidad, al propio
tiempo que media el largo del pantalón.¿No os sentís aquí como transportado á un
mundo nuevo? ... ¡Ohl Esta es una observación curiosa: si yo fuera historiador ó periodista no habria de olvidar este detalle ...
Cuarenta, tú, apunta...
Volvió á hacerse la fingida comprobación,
y leyó el sastre estas palabras:

Pregnntadle cu:á! era su complicada estrategia y por qué nuestros soldados no
pudieron, e1i tanto tiempo, clarle caza.
La medida de la americana duró largo
tiempo. El general Delare'y, adquirido ya el
movimiento inicial de la conversación, pres•
tábase gustoso, familiarmente, á dar cuantas
noticias le eran pedidas, y hasta refeia anécdotas interesantes é ignoradas de la campaña transvaalense, sin escamarse iri de la

CÓMO SON LOS GRANDES REPPORTERS

locuacidad ansiosa del maestro sastre, ni del
excesivo tiempo que para las apuntaciones
empleaba el aprendiz, que mientras él habiaba estábase inclinado sobre el libro y
escribía, escribía infatigable, pasando hojas
y hojas.
La brillante y detalladísima entrevista
cayó como un rayo sobre la gran capital,
sorprendiendo más que á sus habitantes al
jefe boer, que no acertaba á explicarse cómo,
aun. no habiéndola él celebrado, había el
periodista acertado en todos los puntos tratactos por el periódico.
NOTICIAS DE ALTA MAR: UNA COLISIÓN
ENTRE DOS ACORAZADOS

Recordará el lector que en las maniobras
navales realizadas por la escuadra inglesa en
el Mediterráneo el año de 1893 se fué á pique el crucero Victoria, abordado por el
acorazado Camperdonm. El hecho produjo
gran sensación, que crecía por momentos
pues del suceso sólo se tenlan muy lacónicos datos: la noticia escueta, en un par de
líneas consignada.
Al día siguiente de ocurrida la des•racia,
Mr. David G. Phi\lips, corresponsal en° Lóndres de un periódico de Nueva York, en vista de que la prensa inglesa no daba detalles
del suceso, se propuso anticiparse á sus coropañeros en el conocimiento de dichos pormenores para telegrafiarlos á Nueva York antes que los diarios londonenses los publicaran; pero pasaban las horas, y á Inglaterra
no llegaban por ningún conducto nuevas nolicias de la pérdida del Victoria. El repporter norteamericano, no sólo por amor propio
profesional, sino por haber recibido la noche
aquella un cablegrama de su director eneareciéndole la necesidad de procurarse noticias á toda costa, recorría en vano con sus
auxiliares todos los sitios de la población
donde pudieran encontrar el menor indicio.
Entonces, Mr. Phillips comunicó á sus
compaiieros de Lóndres una idea, que nadie
creyó practicable y que dió lugar á las burlas de todos: pretendía el periodista norteamericano nada menos que instalar un carresponsal en las escarpadas, abruptas é inhab_itables costas de Ilarbary. ,Es extraordinanamente ridículo,-dijéronle los periodis!8,• londonenses.-Lo hemos intentado y e.,
imposible instalar allí una estación cablegráfica. Nosotros bien sabemos nuestro deber.
No hay más recurso que esperar las noticias
del Almirantazgo, las cuales tardarán aún,
p~es la estación más próxima se baila á diez
lllillas lo menos del sí tio del desastre.,
Aquellas palabras quedaron grabada.sen la

309

mente de Mr. Phillips. Estación cablegrá{ica, había ¡,ido él, y con rapidez se trasladó
á la Administración de una de las más apartadas oficinas cablegráficas de la ciudad.
Eran las doce de la noche, y el oficial fué
materialmente arrancado del lecho.
-Hay para usted grandes ganancias,terminó diciendo el activo corresponsal, después de esclarecerle la situación.-Solo se
trata de que pongáis á mi disposición á vuestro operador con objeto de enviarlo yo abora mismo á cincuenta millas de la costa.
desde cuya estación podrá comunicarme lo
ocurrido.
-Es inúlil,-contestólo el oficial. -¿No
comprendéis que aunque se llegare hoy mismo á donde os proponéis (cosa que creo
dificilisima) solo podríais obtener una relaeión parcial, y hecha además por persona
ignorante?
No se convenció el reppo,·ter y envió un
despacho á la costa, concebido en los siguientes términos: Se os pagará el doble
qu:e el que más os pague por detalles de la
catástrofe del • Hctotia., Pronto se recibió
esta respuesta: No hay ning1ma noticia.
Phillips contestó: Fletad un buque y marchad por detalles. Y la respuesta fué: En-

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viad antea el dinero necesario para el
caso.
Ya era bien entrada la mañana del tercer
dia (aún no se había dicho en ambos continantes una sola palabra ampliando el priroer lacónico despacho), y Pbillips anduvo
corriendo más de dos horas, hasta encontrar
el banquero que le quisiera suscribir la letra-giro cablegrllfica. que, por fin, fué remitida á las tres horas. Y al otro dJa aparecía
en el periódico norteamericano la completa
narración del horroroso desastre con todo
lujo de detalles y en el lenguaje más galano
que han expresado informaciones de sucosos: se describía el desatino del almirante
al hacer, por una falsa maniobrn,que los dos
buques se abordaran; el rápido hundimiento
del Victo1·ia; cómo los marineros se arrojaron al mar por salvarse, lográndolo unos y
pereciendo más de cualrorientos, ya entre
las férreas aletas de los propulsores que seguían girando vertiginosamente, ya en los
remolinos de agua que la explosión de las
calderas levantaron, ó en la sima liquida y
absorbente que formó la mole del buque al
precipitarse en el seno del Océano ...
Bien pudo vanagloriarse el periodista norteamericano de su éxito, que por las condiciones de audacia, tesón y sagacidad de que
supo rodearlo constituye uno de los más
grandes de cuantos registran los anales periodísticos.

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POR ESOS MU~"DOo

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LA \'OLADURA DEL c~!ArnE-.

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La narración de una chistosisirila aventura ocurrida durante la época subsiguiente á
la voladura del crucero norteamericano Maiue en la babia de la Habana viene á demostrar que no siempre un éxito de estos que
estamos relatando depende de la habilidad
del periodista que prepara la victoria y la
lleva á cabo, sino de la s"spicacia é inteligencia de la redacción que ha de recibir la
noticia y dar forma al asunto.
Cuando ocurrió la citada voladura del
1\faine, se estableció en la Habana un tribunal ele investigación quo no tenia otro objeto ·que el de dictaminar sobre si había sido
producido el hundimiento del buque por una
causa eventual y ajena á todo proyecto maquiavélico (cosa que más tarde se ha demostrado plenamente), ó por un accidente exterior originado con deliberado propósito.
Un repporter de un periódico de Nueva
York tenia verdadero empeño en ser el primero en adqµirir la noticia del resultado de
las investigaciones; y temiendo que la censu~
ra pudiese (caso de que lograse informarse
de lo que deseaba), hacer fracasar ó entorpecer sus planes, envió á su redacción una car•
ta advirtiendo que procurasen encontrar y
entresacar de los despachos telegráficos que
en lo sucesivo trasmitiere un sentido oculto,
por más insubstanciales y anodinos que á
primera vista parecieran. Los desvelos del
periodista fueron coronados con todo el éxito que merecían, pues logró saber de boca
de un buzo un hecho importanlisimo: que
las planchas del Maine estaban ligeramente
curradas hacia adentro, como impulsadas
por una fuerza explosiva que viniera del exterior.
Pero, dueño ya del éxito, se le presentó
un ·problema: ¿cómo escribir, cómo redactar
un despacho para que la censura le diera
cursor El reppo,·ter no se amilanó, y redactó
tm telegrama en el cual, á través de una historia insulsa: aunque ingeniosa, se podía per•
fectamente traslucir el fondo secreto deseado. , 1' n buzo que ha descendido al fondo
del mar para examinar las planchas de un
crucero hundido se ha visto en grave riesgo,
siendo salvado gracias á la destreza y sangre
fria dcun compaiiero,-decia el telegrama.El buzo, queriendo penetrar por un abarquillamiento que de _exterior á interior tenían las
planchas del barco sumergido, se vió sujeto
por una fuerza desconocida, pudiendo al fin
desasirse de ella por la pericia y arrojo de
un compaiíero su yo.~
Ln creencia del astuto periodista fué que
esta ahsur&lt;la y· poco interesante novela por-

porcionaria á la redacción de Nueva York
una rápida inspiración; pero he uqui quo los
compañeros del corresponsal no comprendieron que las pala)¡ras (l.bai·q1tillamiento
de exterior á inúi,·ior constituian datos preciosisimos para la información que perseguían, y no publicaron el telegrama de su
corresponsal.
SECUESTRADOS POR Ull PERIODISTA.

Doce ó eatorce días después del horroroso
desastre de la Martinica, en el cual la erupción del ~lonte Pelado originó la muerte de
los cuarenta mil pobladcras do la isla, se
supo en Nueva York que el buque Corona,
próximo á penetrar en el puerto, llevaba á
su bordo á cuatro tripulantes supervivientes
del Rcn-aima, testigos presenciales de la catástrofe. Del relato de estos hombres, únicos
supervivientes de la hecatombe, estaba pendiente todo el mundo civilizado. Asi fué que
cuando por la noche penetró el buque en el
puerto, más de una docena de remolcadores
tripulados por periodistas salió al encuentro del Corona.
Pero las autoridades de Nueva York no
dieron entrada aquella noche al buque é impidieron, además, á los faluchos llegar basta
los costados del Coronct; viéndose obligados
entonces los periodistas á espernr hasta que
al siguiente día, muy de mañana, fuera á
bordo un bote del servicio sanitario de la
Comandancia del puerto de Nueva York. Los
periódicos habian proyectado hacer comanditariamente la información, así que cuando
el bote sanitario salió del muelle para diri- .
girse al Goronct todos los remolcadore.s le
siguieron. Cuando el bote de los médicos
atracó á uno de los costados del buque, fué
izada rápidamente desde este la escalerilla,
y por ella se precipitaron los periodistas
antes que pudieran hacerlo los sanitarios.
· En el puente del Corona y junto al capilan estaban, llenos de vendas, los cuatro (micos ho:nbres que podían referir cómo el
:Monte Pelado 1 con un vómito de fuego, calcinó y destru¡ó á San Pedro de la Martinica.
Srs,itóse entoncos entre los repporte,-s una
, iva discusión sobre cuál debia ser el procedimiento que se siguiese para celebrar la
conferencia con aquellos hombres, y el corresponsal del Coul'ier propuso, para ganar
tierupo, que se, hiciera descender á los supervivientes al remolcador que á él le babia
conducido (el más veloz y cómodo de todos), y que asi, mientras los transportaban
rápidamente á tierra, podían escuchar su relato, único medio de publicarlo en las cclicio-'
nes de la noche.

::;ox LOS GRANOF.R REPPORTFR:,,i

.-\eeptaron la irlca sus rom paii.erW•\ " rl
;repporfer del Couric,· descendió el prinÍcro
para recibirá bordo del falucho á los cuatro
tripulantes del Rorctima y luego a 1 1esto
·de los impacientei:: periodistas ... Pero,apena¡.;
llegaron al remolcador los supervivientes do
la Martinica, la pequeña embarcación haciendo una pequeña sacudida, separósc de la
escala del Corona, mientras que su dueño.
asomti.ndose a la cubierta, desabolonáLp.se
el abrigo para mostrar las insignias de oficial
de rentas del Estado v ad,·ertir á los burlados é indignados colegas, con objeto de coar.lar su acción, que tal medida obedccia á ór~cnes del Gobierno de los Estados [;nidos.
Mil duros pagó el Courier á cada uno de
los cuatro hombres del Roraima como indemnización por .haberse prestado ú la in/crview, que solamente pudo publicar aquella noche el citado periódico.

)),\pena~ lleg~l~O el dc:;pacho al pC'riódiro
fué traducido fac1lmente en la siguiente forma: «Con rO!-peclo á las negociaciones i·eferenles á la paz, todos los elementos necesarios para firmarla están ahora en Pretoria.
á donde lord Alfredo Milner ha ido con objelo de negociarla en las mejore:; condiciones, creyendo que los boers eslán á todo trance dispuestos á que se firme. Y, día tras
dia, llegaban partes mios concebidos en si•
milare?. términos, dando, ya noticias de los
procedimientos empleados pJr los delegados
boers, ya de la marcha de las negociac{one.i:r,
ya de los trabajos preliminares, etcétera etcétera. Para las noticias concreta:-;, rolun;..
das, habiamos hecho dos facsímiles de despachos. He compnulo mil toneladas de
carbón, queda decir Le, paz absolutamente aseg11rada; mientras que Se han vendido
mil tonelacl.as de carbóu. significaba Todo

L\ PAZ A.:iGLO-BOEH

, Como se ve - continúa hablando \Vallaee la cuestión de relatar los sucesos estataba ~~rr_ipletamentc prevista¡ pero no a:;í la
adqu1s1c1ón de las noticias de ello~, cosa
que, como se comprenderá, era la base del
asunto. Tratar por cualquier medio de penetrar en el campo de Vereenigiug no era
cosa probable, pues que ya os he dicho que
otros per10d1stas audaces lo habian intenta.do sin favorable solución; por tanto, dcspué.~
de pensar yo mucho, lo que hice fué avistarme con uno de nuestros solriados que efectuaba su ser~·ic_io permanenl~ en el campo
de las negoc1ac1ones. Era antiguo compañern
de armas y grande amigo mio, por lo cual
me costó muy poco trabajo y muy poca&lt;
ofertILs el convencerle. Como yo le hiciese
presente las dificultades que, á pesar de todo
tendríamos que vencer para comu1iicarno~
nolicias sin ser de:;cubiertos, ambos nos dimos á meditar, y él, que no dejaba de ser
astuto, dió con la clave de un plan que. luego, reformado, constituyó el definitivo. En el
campo no había dificultad alguna para recoger las noticias, porque los oficiales convencidos de la total ausencia de peri¿distas v
personas ajenas al tratado de paz, no se ocultaban para cambiar sus impresiones y emibr
sus ¡uicios, aun delante del último de los rancheros. Convinimos en que ro tomaria diariamente un billete del tren que va desde Johannesburgo á Vereeniging, aunque sin detenerme en la estación, repasándola para no
despertaI" sospechas, de modo que el soldado, q_ue hacia la guardia cerca de la linea y
próximo al ria, me hiciera señales disimuladas al pasar el tren: decidimos que él ond~aria un pa~uclo awl cuando las negociac10nes estuvieran estancadas; un pañuelo

Dos días antes que se firmara en Vereeniging la paz en la última guerra an•lo-boer
era comunicado el feliz suceso á Ló~dres al
importante periódico Daily Jlail, por su
r~rresponsal en aquella campaña Mr. Edgar
\\alinee. ¿De qué medio .,e valió el periodi.,ta para averiguado"/ llé aqui Jo que el propio Wallacc cuenta acerca del particular:
«No sé si recordariés que las negociaciones·sobre la par, anglo-boer fueron efectuad~s en un campo, en Vercenigingt á ochenta
kdómetros de Johannesburgo. No se pcrmihó ti periodista ninguno e~lar presente durante los trabajos diplomáticos, ni aún siquiera penetrar en el campo, siendo la vigil~ncia tan extremada que un reppo,·tel' que
d)sfrazado de soldado quiso pasar desaperc1h1do, al ser descubierto qvedó igr.ominiosamente en ridiculo. Por otra parte la cen.
sura era tan rigurosa
que rarísimas 'veces pasaban integras lar; noticias que comunicába~os, por cuya razón mis directores y yo 1 valiéndonos de que sólo eran respetados los
&lt;les.pachos referentes' á asuntos de negocios1
habíamos combinado un plan por medio del
cualestableeimos una cierta cantidad de telegramas eon un sentido ospecial ad-hoc.
&gt;Con efecto, el plan nos salió muy· bien,
pu~s el 12 de .\bril de aquel año (1902) se
recibía en Lóndres el primero de mis despachos combinados, que decia a~j: ,Con respecto á la compra de las minas de oro Paxfontein, todas las partes necesarias para el
contrato están ahora en Pretoria, donde Alf,
que fué para arreglar un precio más favora)le, tiene razones para suponer que los venores desean efectuar la venta .•

sin reso/,-e,·.

�312

·I
1,

¡¡

•

POR ESOS MUNllOS

rojo cuando fueran encaminarla,;; á una nurva ruptura, y uno, en fin, blanco, cuando,
íuese seguro 6 inminente el que la paz estuviese completamente asegurada.
»¡.Que cuántas veces tomé yo aquel ferrocarril? ... No lo sé; pero si os dirá que siempre que lo hice pude divisará mi fiel compa,iero, que,firme en ~u puesto,me su~101straba las señales, mediante las que yo rnformaba á mi periódico del verdadero estado
diario en que se hallaban las gestiones. Y un
día, por fin, al pasar, investigando desde la
ventanilla de mi vagón, vi allá, en el limite
del campo, á mi soldado, que se enjugaba el
sudor, y que se lo enjugaba ¡oh, alegria! con
un pañuelo blanco. Aquel fué un dia de júbilo para mí. Al regresar, quise cerciorarme
y torné á verle limpiándose la frente con el
pañuelo albisimo, símbolo de la P"" asegurada. Pocos minutos después expedia yo el
siguiente despacho, por el cual mi periódico
pudo., como nadfo ignora, dar la noticia dos
dias antes que lodos los restantes del mundo: Se hcm comprado mil toneladas de carbóti, 6, Jo que era lo mismo: Se ha hecho la

paz.,

LOS PERIODISTAS EN LA GUERRA

Es Mr. Bennet Burleigh un periodista inglés activisimo y valiente como él solo, y á
estas dos condiciones debe que repetidas veces haya sido comisionado por los directores de los mejores periódicos del mundo
para trasladarse como corresponsal á los lugares donde se dcsarr0llaba lucha urmada
entre dos naciones: ha estado en el Cairo,
en China, en el Transvaal, en Mandchuria y
Japón, y actualmente pertenece á la redacción del Daiiy Telegraph, de Lóndres.
He aqui ahora la historia de su primera
audaz ª"entura, con la cual nació su justo re"
nombre. Fué en Tel-el-Kebir. Burleigh (que
con su agudísima vista babia seguido las peripecias de la batalla, yendo de una á otra
parle del campo, según lo exigían los accidentes de aquella memorable jornada, tan
sangrienta como breve), apenas terminada
la lucha, sin descansar ni alimentarse si•
quiera, galopó hasta llegar á la estación telegráfica de campaña desde la cual anunció
lacónicamenle á su periódico que Tel-el-Kebir había sido tomado por el ejército inglés.
Dos descripciones, lo menos, se esperan de
un corresponsal de guerra: la primera, sucinta, lacónica; la segllllda, extensa y dela·

liada, dependiendo en ambas de la rapide:r
el éxito del periódico. Burleigh quiso ser,
como en la primera, el primero en comunicar
la segunda, y volvió sin pérdida de momento
al campo de batalla en el que en tiempo
brevísimo recogió basta los más insignificantes y nimios detalles de la contienda. Dirigióse á la oficina cablegráfica para quo trasmitieran un despacho suyo con las noticias, y
se encontró con que los empleados eran indígenas y no sabían en modo alguno trasmitir su mensaje, ya confeccionado ... ¿Qué hacer? ¡Todo antes que renunciará ser el primero en dar cuenta del sucesolY dominado por
esta idea pidió un buen caballo, y sin detenerse un instante partió al galope con dirección á Kassassin.
Guiado sólo por la ténue Ju, de las estrellas, ero prendió su desenfrenada carrera. Rebeldes desrarramados aún por la llanura
descargában!e al paso tiros, y él so inclinaba
sobre la montura sintiendo silbar sob:e si
los plomos mortíferos; pero sin desmayar
nunca, se asía á las crines de la bestia y la
espoleaba más y más: el caballo, roto el
freno, espumeantes los belfos, como mónstruo surgido de apocalíptica visión, corría
desbocado, galopando sin tino.
Ya estaba próximo, apenas si le faltaban
diez ú once millas, cuando el animal, dando
un horrible resoplido,cayó exánime,reventado, muerto. Pero el incansable reppo.-ter,
como aguijoneado por tanto inconveniente,
continuó á pié su camino corriendo en medio de la noche por aquella región abrupta y
llena de peligros, basta que, por fin, apareció ante Kassassin, en cuya población, hasta
no ver el despacho en los alambres, se entregó, por fin, al descanso después de haber
recorrido más do doscientos treinta kilómetros y de haber• estado rodeado de grandes
peligros y sin comer durante cincuenta 'f
tantas horas.

***
Tales son algunas de las muchas interesantisimas historias de esas noticias que aparecen en los periódicos y son leidas con in•
diferencia por el público, que desconoce la
cantidad de sutileza, ingenio, astucia y osadía necesarias desplegadas para llegar á po·
seerlas, y los innumerables y ciertos peligros que acarrean á los periudistas, que las
persiguen con mayor afán aún y con más
grande entusiasmo de los que pondrían en
ir tras un millón de duros.

MI PRINCESA BLANCA ...
11

Sueña el f'8JI que ea rey, 71 oit,e «m
ute engaño nusndando.

11

CALDERÓN DE L.l BA.RG4-

Un oso 'f un tigre resguardan mi lecho;
un tápalo chino, colgado del techo,
esparce sus rosas en gayo dosel;
á un lado mis libros (mis viejos amigos,
de dichas y duelos perennes testigos),
y al otro un espejo tallado en bisel.
Dos mónstruos marinos, enormes fiaura"
0
de faunas extintas, cuyas dentaduras
mascan la penumbra con ira brutal,
retorciendo airados sus biformes colas
en los toques rojos de las lar ,as ola.s
auricandescentes de un biombo oriental.
En frente, la mesa, de icónico estilo:
en ella un Aquiles, la Venus de Milo
y un cofre pequeño con cartas de amor,
con dulces recuerdos de tiempos pasados,
con llores marchitas, listones ch,fados,
¡todo sin perfume, todo sin color!
Exornan el plano vecino del muro
sepias, acuarelas, el perfil obscuro
de un sátiro jóven, y un rojo tapiz
donde medioevales artistas arcanos
milagros tejieron (¡yo adoro sus manos!)
de luces y sombras en raro matiz.
·
Sobre la una mano fermosa doncella
sostiene una ave que espónjase en ella
abiertas las alas queriendo volar;
con Ja otra, torna las áureas semillas
que una dama ofrece, puesta de rodillas,
en extraña copa de espuma de mar.
Por el rojo campo, Arboles y arbustos.
Y alzando las manos, erguidos los bustos,
un fiel unicornio y un bravo león:
figuras egregias, solemnes y solas,
sosteniendo lanzas cuyas banderolas
destienden al viento su ilustre guión.

En el fondo, hojas, plantas regionales,
una policromía de juegos florales,
y en gótico aspecto gallardo lebrel:
todo reviviendo por medios colores
los tiempos beróicos de altivos señore•
de duras tizonas y blando ronde!.
La blanca Princesa ... (¡es una princesa!)
galante entreabre sus labios de fresa
cuando estoy á solas en mi habitación
y la entono versos y la cuento historias
de amores arcáicos y arcáicas victorias,
trovador secreto de la tradición.
Yo sé que me ama. Sus ojos, á veces,
en las altas horas me pagan con creces
mis tiernas miradas ¡miril.ndome á mi!
La dije una noche: Princesa, te aclaro.
Y escuché muy claro su acento de oro
diciendo muy quedo: También te amo á U.
Temblaron las flores de seda en el techo;
rugieron las pieles que guardan mi lecho;
oí como un eco de estrofa nupcial. ..
Y rápido, entónces, saltando á la mrs'l
y hablando ¡Princesa, mi blanca Pri,icesa!,
besé, de rodillas, su níveo brial.
¡Oh,efimeros sucñosL .. ¡Un sueño es la vida!
Yo vi á mi Princesa, Princesa querida,
junlar á mis labios sus labios de miel,
y bajo su beso (¡quimera de amores!)
rel'ivos los tiempos de altivos señores
de duras tizonas v blando ronde!.
¡,Quién puede arrancarme mi efímero sueño?
1Yo soy de mis sueños el único dueiíol
Verdad ó mentira, yo he sido feliz,
y 11a puesto en mis labios sus labios de fresa,
temblando de amores, mi blanca Princesa,
¡la blanca Princesa del rojo tapiz!. ..

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JESúsE. VALENZlJELA

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�E.'ll U~A POSTAL

nustria metali'.rgica _inglesa. Tal condado, por
y s1tuac16n topográfica, era
el. punto forzado de arribada de los fenicios
y los romanos que visitaban aquellas tierras.
Por algo las denominan los ingleses land's

su configuracion

encl.

1

1

LA HISTORIA EN LOS NOMBRES
DE LOS BUQUES DE GUERRA
dió á aquel floreciente país cuando Oliver
adoptan generalmente para nombres de Cromwell, hijo de uu modesto 11entlemrw,
destronó y mandó ejecutará Carlos-! de Jnsu~ buque~ nombre~ de monarcas, principes,
almirantes, caudillo.:., que más ~e han dis- glaten-a, proclamándose él presidente bajo
tinguido en las batallas que figuran en los el nombre de Protector.
El hermoso palacio flotante llamado cmanales de sus re:'-pectivas historias, 6 los de
erro
Esex, de 12.000 toneladas, muy conopuntos estratégicos de la mayor prepondecido en España por haber viajado en él ·1as
rancia.
En Francia y ~\lcmania predominan ala encantadoras princesas de Connaughl, tiene
cabeza de los nombres lo:,; de almirantes tal nombre fundado en el farhoso condado de
r,;lebres y los de soberanos y principes, ó Esex, en el cual se alzan los famosos 'Tilbupresidentes de república; en Italia y Rusia, 1'!} Fo,·ts, 6 fuertes de Tilbury,que á manera
lo:-s de puntos estratégicos, los de rios 6 los de cancerbero guardan la embocadura del
de per::ionas reales; en Japón, imperan los T8.mesis, hoy gran punto estratógico 1 y en
de batallas y hechos históricos e' e mayor cuyo histórico sitio Isabel l de lnglalerra,
fuerza. En Inglaterra los nombres ron que se según cuentan las crónicas, revistó su ejérbautiza á sus formidables buques de diversas cito en pleno ante la inmediata conquista
clru;es son verdaderas páginas, que estudia- del Reino Unido anunciada por Felipe 11 de
das.puedail dar una completa idea de la his- Espaiia.
Abukir llámase otro buque guerrero intoria del Reino l'nido.
En España, los nombres de pueblos ó re- glés, en recuerdo de la famosa batalla libra•
giones, de soberanos 6 de hechos históricos, da por los británicos contra los franceses en
adornan las popas de nuestros reducidos bu- la babia del mismo nomb.-e en Egipto, cuanques y dánles valor de pila ó bautismo para do la invasión del país de las pirámides por
sn clasificación en la armada 1 cuando sus el gran Napole611.
Una verdadera poesía del cullo y cariño
rodas son crisrnaclas, según la clásica usanza,
que
Inglaterra rinde á la le yen da y á sus
con una botella de champagne antes de ser
tradiciones
encierra el nombre dado á su
lanzadas al agua desde las gradas de los asacorazado muy moderno Royal Oak, ó rotilleros ó arsenales.
:Nos parece de justicia tlar el puesto de ble real, remontándose con eslo á las antihonor á Inglaterra al tratar del tema prin- guas y bárbaras costumbres de los druidas,
los cuales á sus prácticas religiosas, donde
cipal de este articulo.
Con el arrogante nombre de Dreacbwugltf, sacrificaban muchos seres humanos, daban
que traducido al castellano quiere decir Sin mayor ceremonial con el simbolismo del se~
temor cí nada ni cí nadie, ha sido bautizado cular real roble Hagrado.
Un crucero acorazado llamado Conuvccll,
el más formidable buque moderno que cruzó
los mares, en el que tanto se ha ocupado y de reciente construcción, lleva encerrado en
su titulo la preponderancia del condado de
se ocupa la prensa.
Con el titulo de Go11w10mvealth aplicado su nombre, que fué uno de los p1.1ntos favo•
ritos de los fenicios, los cuales fueron tamá un hermo.50 acorazado que con frecuencia
visita nuestras costas, conmemoran all JJet'- bién los primeros en trabajar las minas de
pefuam lo~ ingleses la designación que se hojadelala que tanta fama han dado á la in-

T

on.As las marinas de guerra &lt;lel mundo

lll acorazado Exmoutlt toma el nombre de
un puerto situado en la embocadura del río
Ex, en Devonshire, pues los inoleses también bautizan, como los rusos, á "sus buques
con el nombre de tío.-:.
Acordémonos, al cilar á los rusos, de lo.:,
C;uceros D~m, Ore! y N-ie1Jpel', que en la rec,ente homenea guerra que el país de Nicolás II sostuvo con l Japón, de paso y al regreso del teatro de a guerra tocaron en el
puerto de Vigo, y si nuestros lectores hojean
la Geografía verán estos nombres entre los
ríos de mayor importancia del imperio moscov.ta.
Al _almirante inglés Drake, que fué uno de
los celebres rllarmos que florecieron en el
reinado _de Isabel I ?e Inglaterra y que á la
par debió su celebridad á ser el primer almii·a~te británico c¡ue hizo en buques de su
pais la vuelta al mundo, cúpolc la gloria de
que se perpetuara su nombre con el que ostenta el magnifico acorazado Drake. Otro
almirante, conlemporitneo del anterior Sir
Raleigh, á quien se debe la introducció~ del
ta~aco en el Reino Unido, hizo por sus hazanas que se conmemorase su apellido en el
acorazado Raleig/i..
Ambos almirantes y bajo el reinado de la
· tcferida Isabel I tuvieron la gloria de cimentar el gran pode_rio naval de la que es hoy
por el mar primera potencia del mun·do
tao to con la formación de potentes escua'.

dras. como .P?r el impnbo 11ue esta pl'Mminen_cia mant1ma y guerr~ra &lt;lió a los capitn~
les °:1-glescs para la creación de su flota mercanhl, que, desde ee:a época no ha cediílo
o~ prestigio á nación alguna' y que hasta Io:dJa~ en que escribimos ha formado la gran
esprna dor¡;;al de es~ •~a~~jito de islotes qur
se llaman las lslas Br1ta111cas cuyo poderío
rep~rcute por_ todos los ámbitos del globo.
Ya hace mas de doce años visitaban las
costas españolas formando parte de la esc~~dra mglesa l?s.ª?ora:..:ado~ Atison y Campo donni, que rn1c1aban casi proféticamenle
que para el porvenir había de realizarse el
aumento de los tonelajes, aún á trueque de
los inventos de submarinos y destroyers
que hacían á algunos técnicos navales hash;
c_onceb1r las esperanzas de que esla~ dos últimas clases de pequeños buques harían
desaparece1: los coslosos acorazados.
Al Anson baulizóscle con tal titulo en
honor del ,comodoro del mismo apelli&lt;lo
que en 1744 regresaba de rn memorable viaJC de la __vuelta al mundo, llevando á su bordo un millón de duros capturados á un buque de una entonces poderosa armada de
otra nación.
·
Gctnlj_JCl'do,vn_ diósele tal nombre porque a ra1z de las primeras hazañas de Napoleón I, y cuando Inglaterra hallábase en
guerra con Francia, la rubia Alhión ganó en
1797 la batalla de Camperdown, que constituyo uno de_los golpes dados por mar por la
Gran Bretana al gran emperador francés,
hecho que forma uno de los más légilimos
friunfos que se registran en los anales de la
historia del remo que gobierna Eduardo
Vll, emperador de las Indias.

,,1

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Luis )IART!l'IEZ DE ESCAURIAZA

EN UNA POSTAL
Al principio de la vida
y á las puertas del amor,
solo le pido al Señor
t~ dé ventura cumplida
sm pasar por el dolor.
F'RAilCisco

31f&gt;

FLORES GARCÍA

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�NtNON llE LENCLos

· nacia una gracia., Si entonaba una canción
acompañándose con el laud, su voz melodiosa encantaba el oído, y su adorable mano
atraía todas las miradas. Cuando Ninon bai-

NINON DE LENCLOS,
ZA ENCANTADORA - SUS PRIMEROS AMORES, - LA SUTILEZA DE
su NACIMIE!ITO, - LOS CONSEJOS. DE su PAOmRE,R:-A SJ~v:!~~Eo - LAS "SOIRÉES" DE NINON, -sus NUMEROSOS ADMIRADORES,
SU INGENIO, - LA PREOICCION DE SU
"
•
- RASGO OE PROBIOAO,

Q

UÉ lector ó lectora de POR Esos MUNDOS

no ha oído decir que Ninon de Lenclos,
( ue nació en 1616 y murió en 1706, á los
n~venta años de su edad), era en los últimos
días de su vida tan hermosa como cuando
se hallaba en.los tiempos mejores d? su e,nstencia'/ Mujer incomparable por mas de un
concepto la cantaron todos los poetas ~e su
época, y 'aunque lo _hicieron en los ritmos
más variados y en miles de estrofas, no agotaron para ella los calificativos ensahando
su hermosura porque Ninon les daba hecha
la frase que debían emplear con_ cada nueva
gracia que sus muchísimos _admiradores en-

contraban en su persona. ¡Eran tan numerosos esos adoradores qe la encantadorn mujer, aun en la edad más avanz~da de ésta_, y
la corte que formaban produ¡o tanto escandalo por la alcurnia y cond1c1ón de los e~•morados que la reina Ana de Austria qmso
encerrar' á Ninon en el convento de las
MagdaleMsl
.Ana Lenclos ó L'Enclos, después llamada
Ninon nació en París el 16 de Mayo de 1616.
Al nac~r parecía, más que niña 1 una delicada
miniatura. Su padre, M. de Lenclos, e1·a gentilhombre de Turena, y su madre l?ertenecía á la antigua familia de los Racoms. M. de
Lenclos hombre ligero -Y aficwnado a los
placere~ inculcaba á su hija desde su pubertad e~a filosofía dulce y fácil que él consideraba como la verdadera felicidad. En
cambio madame de Lenclos, mujer de costumbre~ austeras, esforzábase en prob~ á
su marido que la moml y la _voluptuo~i~a_d
no podían marchar jun_tas, é mten\ó dm~r
á su hija por otros cammos. Pero Nrnon hizo
mucho caso de las teorías de su padre, y así

fué como esta Mlle. de Lenclos recibió la
educación que sus gustos demandaban: la
música, el canto, la danza, la prntura, la declamación, todas la, artes de adorno en_tra-

ron en el círculo de sus estud10s favontos,
en los que hacía progresos tan rápidos y tan
notables que sus profesores, asombrados, la
llamaban la Octava maravilla. Su biblioteca
se componía de poesías amorosas_ y gala:1tes,
y, dotada de prodigios~ m~mona, recitaba
todos los libros que babia leido. Frecuentaba los teatros y los bailes, á fin de estar al
corriente de cuanto se decía en sociedad.
Concurría á las reuniones escogidas, donde
su tacto exquisito le hacía d_iscernir lo q~•
alli encontraba de más delicado y de mas
ele•ante en las cnslumbres de las damas á la
moda, sabiendo. evitar sus defectos y apropiarse sus gramas,
Los progresos de Ninon en este nu~v? es~
tudio fueron tan completos como rap1dos.
Las guerras de religión que_ en aq;uella époc_a
des•arraban á Francia no rrnp1dleron las diver;iones en París. En el Hotel du Marais
reunianse todos los juegos y los placeres:
cuanto había de bello, de galante y de fortuna en la ciudad se daba allí cita. En. ese
centro de diversiones fué presentada Nmon
por su padre. La jóven encantó á todos desde el primer momento, y ganándoso las mayores simpatías fué proclamada muy pr?nto
la mujer más encantadora que se conocia. A
estas alabanzas seauían
incesanles elogios a
0
la ele•ancia de su figura y á la esbeltez de
su talle así como al conjunto de su fisonomía y lenguaje expresivo de sus ojos, y la
decían mil labios rumorosQs que • en todo
detalle d&amp; su cuerpo brillaba un atractivo,

;1

laba1 conseguía otros triunfos: la ligereza de
sus pasos, y sus preciosos y pequeños piés
y sus brillantes actitudes enlusiasmaban á los
más indiferentes y Laciau volver la cabeza á
los más castos. Al hablar, su palabra viva y
animada, su conversación espiritual y picante, sus agudezas, sus deliciosas y finas
respuestas, enamoraban á cuantos la oían.
Y su alegría, su bondad, su inagotable generosidad, contribuían á que Mlle. de Lenclos
fuese considerada cowo el compendio de
las perfecciones humanas en un sólo ser.
Con tan extraordinarias cualidades, Ninon no
podía menos de ser asaltada por una multitud de adoradores y de pretendientes á su
mano. Pero, en tales circunstancias la bella
mujer pensó que no tenía fuerza bastante de
voluntad para ser todo lo buena que ella
quisiera; y reconociendo que con sus .aficio~
nes y sus gustos de independencia y de coquetería tenia que ser forzosamente muy
mediana madre, decidió permanecer libre
para brillar mejor en el teatro social, ser dichosa y hacer seres dichosos. Y dueña de
su fortuna y de sus actos cuando sólo contaba dieciocho años de edad, á consecuencia
de la muerte de su padre, siguió Ninon alegremente la pe¡idiente que su progenitor le
trazó y que la imastrab~ al placer.
Su admirador, Saint-Evremont, que fué
su panegirista y amigo más sincero, cuenta
que el primer vencedor de la bella Ninon
fué Gaspard de Coligny, duque de ChAtillon.
Este jóven, que á una fisonomía distinguida
juntaba ingenio brillante y jovial, tuvo la
suerte de eclipsar á sus numerosos rivales
sabiendo hacerse amar por Mlle. &lt;le Lenclos.
Lo que hay de sorprendente en la primera
pasión de la inconstante Ninon es que esta
mujer, que solo deseaba fiestas y placeres,
pasaba los días enteros en pláticas con su
amante para que éste abjurase del calvinis•
. roo: sus disertaciones para tal objeto eran
tan finas y apremiantes que se hubiera
enorgullecido de ellas el teólogo más hábil;
y después de multiplicados asaltos por una
parte v de resistencia tenaz por la oh·a, Ninon consiguió la victoria.
Estos dos amantes se juraron fidelidad
eterna; pero en todos los tiempos estos juramentos han dejado de cumplirse, y al cabo
de algunosmeses, habiendo notado Ninon que
la pasión de Coligny se enfriaba, en lugar
de reptncharle por ello, lo tomó con filosófi~ calma, y los fuegos de su amor hácia el
de no fueron para ella en adelante sino

fogatas de virutas que rápidamente debían
extinguirse bajo las cenizas.
P,ecisamente hé.cia esla época de su vida
conoció Ninon de Lenclos á Marion Delorme,

tan famosa por el número de sus aventuras
galantescomopnr la originalidad desus infortunios. Marion predicaba á las mujeres la
doctrina de servirse de sus amantes como de
un juguete que se sustituye desde el momento que empiezan á cansar. Para dar, de pasada, idea de edta Marion Delnrme (cuyo
ejemplo y cuya vida ejercieron bastante influencia en Ninon), citaremos el hecho siguiente. Un gran señor arruinado que se hallaba en la categoría de lo., amantes rechazados por Marion, dirigió sus galanterías á mademniselle Lenclos; triunfó momentánemente el averiado Don Juan, y encantado de las
maneras que Ninon desplegaba en sus amores, esforzóse en demostrarle los peligros
que podía acarrearle su amistad con Marion
Delnrme. Aceptó este consejo la jóven, la
Cúal, paulatinamente, dejó de frecuentar el
trato de Marion; sin embargo, los consejos y
el ejemplo de esta mujer Je sirvieron para
rechazar pequeños prejivicios de burgueMa
y la gazmoñeria puesta entonces en m.oda
por a1gunas señoronas, pero teniendo siempre muy buen cuidado en no olvidarse de la
decencia, pues sin esta indispensable cualidad la mujer más encantadora puede aparecer despreciable aún á los ojos de los hombres más indulgenles.
·
Transcribiremos aquí la predicción que un
ser misterioso hizo á Ninon en los dias más
bellos de su gloria; predicción tanto más notable cuanto que tuvo completa realización.
Una de las noches en que se reunía en el
salón de mademóiselle de Lenclos una brillante sociedad fué anunciado un desconocido que quería hablará la dueña de la casa
á solas y que se obstinaba en callar su nombre. Ninon contestó que tenía invitados y
que no podía recibirle.
-Sé,-dijo el desconocido al criadoque vuestra señora puede estar sola, si quie~
re. Volved á pasarla recado y decidla que
tengo que comunicarla cosas de la mayor
importancia, y que es absolutamente preciso
que la hable á solas.
Tan singular insistencia picó la curiosidad
de Mlle. de Lenclos, que aJ fin ordenó que el
desconocido fuera conducido á su boudoir.
El visitante era un viejecito de aspecto bastante demacrado; iba vestido de negro, llevando un birrete negro que cubría sus blancos cabellos; tenía una pequeña varita en la
mano; en la frente lucia un gran lunar; aparecían sus ojos llenos defuego, y su fisonomía
anunciaba un talento cáustico y observador.

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· Señorita, -dijo el viejecito al presentá,·- de conquistar los corazones más indift~rensele Ninon-¿,estamos solos, absolutamente tcs, los ánimos más rebeldes. Seréis adorada
solos'/ Es preciso, pues nadie debe oir lo que por todos, y a pesar ele vuestros numerosos
amores conservaréis la estimación de cuantengo que revelaros.
No pudo ~lile. de Lenclos evitar un ligero tos tratéis: y tened en cuenta C[Ue este es el
extremecimiento de miedo; pero reflexionan- más bello privilegio de que aqui abajo puedo que tenía ante ella un viejo decrépito no de goiar una criatura. Como Diana de Poitardó en asegurará su visitante que estaban tiers, siempre apareceréis jóven y siempre
bella; seréis tan encantadora que constantelibres de toda curiosidad humana.
-Que mi visita no os asusle,.querida niña, mente habéis de ser deseada; os amarán to-dijo el viejo.-Nada tenéis que temer de dos aquellos á quienes queráis amar; disfrumi: estad perfectamente tranquila, y, sobre taréis de salud inalterable, y aunque vues'
todo, escuchadme con atención. Estáis delan- tra vida ha de ser larga, nunca envejeceréis.
te de una persona á quien nadie desobedece Como si fuérais mujer nacida para el placer
y que, si quisiera, poseería todos los bienes de los ojos y para el encanto de los corazode la tierra ... Pero los desprecio ... Ninon, yo nes, reuniréis en vos estas dos raras cualihe presidido vuestro nacimiento, dispongo á dades; encenderéis pasiones á una edad en
mi placer de la suerte de todos los humanos que las demás mujeres están rodeadas de
y vengo á preguntaros de qué manera que- los horrores de la decrepitud, y ,e hablará
réis que yo disponga de la vuestra. Sóis jo- de vos mientras que el mundo exista ...
El anciano se detuvo un momeo to para
ven, vuestra belleza esta en su mayor explendor, se habla en todas partes de vues- sumergir sus miradas penetrantes en los
tras gracias y de vuestros atractivo~, y. sólo ojos de Ninon, que aparecía estupefacta,
de vos depende ser la mujer más ilustre y aturdida. Continuó el desconocido:
-Cuanto acabo de deciros os parecerá rimás dicl1osa del siglo en que vivís. Yo os
dícula
bufonada ó cosa de encantamiento,
traigo la suprema grandeza; á cambio de
ella, inmen!-as riqueza¡;;; y, si mejor lo de- pero no es más que la verdad exacta, que
seáis, os puedo asegurar una belleza casi habrá de cumplirse. ¡No me hagáis preguneterna: escoged entre estas tres cosas la que tas porque no tengo respuestas que daros!. ..
más os agrade y tened la seguridad de que mi Adios, mi querida nifia: ya no me veréis
más que una sola vez en vuestra vida, y
promesa. será cumplida.
será
cuando hayáis llegado ~ los sesenta y
-Verdaderamente, señur,-respondió Nicinco
años de vuestra edad; entónce::;, solo os
non prorrnmpiendo en alegre risa-que no
quedarán
tres días de vida, se abrirá la tumdudo de que cuanto prometéis puede ser
cumplido ... ¡Pero la magnitud de vuestras ba y sufriréis la ley fatal y común á todos.
Adios, pues ... ¡Ah! Mi nombre es Noctámpromesas es tan grande! ..
b11l0.
¡Y no olYidéis que me habéis prome--Señorita, tenéis demasiado talento para
tido
impenetrable
secreto!
·
que consintáis burlaros de un hombre á
El
anciano
desapareció
y
dejó
á Ninon de
,¡uien no conocéis ... Elegid, os digo, y decidlo
pronto porque no dispongo de tiempo para Lenclos presa de un pavor mortal.
Ninon abrió en París una escuda de ~aesperar.
lan
te ria y de amor á la que acudieron los
-¡Ah, señor! lío tcn~o que calcular para
sellares
más amables r los más conspicuos
hacer la elcccióli entre lo que tenéis la boningenios
de la época. Alli se congregaban las
dad &lt;le ofrecerme: me decido por la belleza
Desbarreaux,
los Boirohert, los Scat·ron, los
eterna. ¿Queréis decirme qué tendré que haDesyveteaux,
los Estrécs, lo5 Sarrain, los
cer para obtener tan precioso don?
Chapelle,
los
Saint-Evremont
y tantos otros,
-Escribir vuestro nombre en mi libro de
rivalizando
todos
en
finas
alabanzas
á mamemorias y jurarme secreto inviolable: ni
damoiselle de Lenclos y en los más ardienmás, rii menos.
Ninon hizo lo que el desconocido pedía: tes galanteos.
Ninon debía, corno casi todas las mujeres,
escribió su nombre en un viejo libro de mesufrir
las consecuencias de la ley natural, y
morias, de hojasencarnadas, que el mago dispensador de dones le presentó. Inmediata- en efecto, llegó á ser madre. El mariscal de
Estrées hizo bautizar al niño que nació, con
mente después, el anciano dió á Ninon con el
nombre de Caballero de la Boissiére, e¡
la.varilla que llevaba un ligero golpecito en
cual ~e distinguió más tarde en la marinael hombro izquierdo.
-¡Muy bien!-dijo el viejecito sonriendo real [raucesa y llegó á capitán de navi~.
Al reaparecer en sociedad Ninon, más be•
dulcemente y con ojos casi de enamorado.lla
que nunca, se vió rodeada de un enjam,,
Muy bien: os concedo la belleza basta vuesbre
de adoradores, que cada día aumenta
tra vejez más avanzada, y con ella el poder

ba1~ ron los d_e JTarion Delormc &lt;[\Je so vió
obltgada a huir para evitar su prisión por
deudas. El hotel de la calle Tournelles que
habitaba Nrno~ no se hallaba nunca siu gente, á la que Nmon hacía brillantemente los
honores: fiel á la amistad y llena de ternu,a
para sus amoríos, á nadie dejaba disgustado, pero siempre, como ya queda dicho, con
el mayor decoro; tanto es esto asi que Ninon
prohibió la entrada en su casa al poeta Chapelle por su vicio de la embria•uez y por la
excesiva libertad de sus modal:s. Este poeta
qu_1so vengarse después con una serie de
epigramas, pero nadie hizo caso de estos.
Uno de los cont rtulios d.e Ninou era el
gran Moliére, presentado, por cierto, ro•·
Chapelle, y pronto el renombrado cómico
descubrió en }!lle. de Lenclos condiciones
excepcionales de talento: llegó á considerarla como la 1;1ujer más apta para juzgar del
valor y del ex,to de una obra teatral tanto
que iba . á su casa á leerle su-; pri11~ipales
producc,ones autes de darlas al teatro.
Se cuenta que habiéndole leido su Tai·tufe, Ninon le refirió una circunstancia de su
vida absolutamante semejante al caso presentado en la prnduc~ión dramática; pero lo
hizo con colores tan vivos y efectos tan bien
prepa_rados que Moliére, estupefacto, declaró
que si DO hubiera estado terminada su obra
no se hubiese atrevido jamás á continuarla
después del relato que acababa de oir. Y en .
~na de las ?º~idas intimas dadas por Ninon,
a la que as,slteron Mme. de la Sabliére Desprtaux, .Moliére y otras varías celebridades
fué concebido el personaje burlesco del En'.

fermo imaginctrio.
Despu~s de la batalla de Rocroy, el insigne ~onde, cub,erto de laureles, quiso conocer a esta Nmon encantadora que cautivaba
todos los corazones. Apenas la huto visto
quedó prendado de ella, y al hablarla enamoróse mas aún: tan poderosos eran los encantos de su ingenio y talento. Algunos dias
bastaron_ al vencedor de Rocroy para alcanzar la victoria, bien distinta de las logradas
en el campo de batalla y ele la que siempre
conservó Condé dulce recuerdo.
. Lá reputación de Ninon, el número, que
sm cesar crecía,de _sus conquistas, y la calidad de los persona¡es que no se desde,iaban
en frecuentar su sociedad, irritaron á las
grandes damas, que por ella eran olvidadas
de los petrimetres y galanes. Las señoronas
se_ quejaron .á la reina en muy amargos términos, y la soberana de Francia estuvo a
~unto de enviar á Ninon al convento de jóHnes arrepentidas: pero el célebre Batru
h,zo observar que Mlle. de Lenclos ni era
oven, ni estaba arrepentida. A pesar de esta

observación, que divirtió mucho a la corte,
la.-: nobles damas insislierou, y se envió una
Ol'(!en a casa de Ninon para que ésta eliuiera
en un plmr.o do veinticuatro horas el ron°vento donde quisiera ser encerrada. Ninon res,
pondió riendo que se decidía por el de los
Gmnds Cprdelie.1·s. Esta res_puesta exaspero en apar1enc1a a los enennaos de :Kinon
la cual iba á ser recluida á la fuerza) cuand¿
los senores_ de la ?orle t?maron partido por
ella y supl,caron a la rema que no molestara
á una mujer á quien el príncipe de Condé
honraba con su estimación. Este gran nom--.
bre la salvó.
~:ntretanto, la discordia lle•ó á turbar la
paz que reinaba en la capitalt)tazarino tuvo
el mal tino_ de acumular contra si propio poderosos odios; Condé se declaró en !rente del
ministro; se agitaron los partidos, y la casa
del burlesco Scarron y el hól.el de la calle
Tournclles fueron el punto de cita de los
revo1tosos. Ninon quiso oponerse a esta
«conspirll;ción de escudos•. v como no fuera
oi~a juzgó conveniente aba;1elonar París temiendo que se la acusara de haber favorecido la rebelión. En efecto, partió con el marq_ués de _Villarceaux para una de sus poses10nes,s1tuada en los confines de Francia. El
marqués volvió á París satisfecho de haber
podido fijar por tanto tiempo la atención de
la más bella, pero también la más voluble
de las mujeres.
'
Cuando regresó Ninón á París, el poeta
Scarron q~e, ya enfermo, babia pensado casarse, lo hlZo con Francisca d, Aubigné, más
tarde, andando el tiempo,marquesa de Mainte_non . .Inmediatamente después de sumatrimonio, se apresuró Scarron ú presentará
s? esp?sa en casa de Ni~on. Ambas mujere8
s1mpahz,aron desd_e la primera entre.vi~ta, y
cuando ilme. de Maintenon estaba en ei apogeo de su grandeza no olvidó á su anliaua
.

amiga.

.

"

Citaremos UD rasgo de probidad y lealtad
que hace honor ,á Ninon y que muchos biógrafos suyos han olvidado mencionar. Cuando Condé tomó las armas contra su patria,
11. de Goumlle, que adoraba á liinon vióse
obligado á abando~arla ~ara seguir h;sta el
e_xtranJero á Conde, su bienhechor. No queriendo llevarse consigo Gourville la cantidad
de_ veinte mil escudos que poseía, confió la
mitad á un g_ran penitenciario, reputado fJOr
su rara prob,dad, y rogó á Mlle. de Lenclos
que le guardara los otros diez mil. Después
de la Paz de los Pirineos, volvió Gourville á
París, y apremiado por la necesidad corrió á
casa d_el gran penitenciario p&amp;ra pedirle el
depósito_ que le confiara. El penitenciario le
respond,ó con sangre fría uqe ignoraba cuál

'J

i

l
1

�pudiera ser ese depósito, llegando hasta estaba en Parls, sorprendida de no reCI"blr 1u
negar que conocía á Gourville. ,El dinero visita le envió un reeado.
-JAh, mi querido Gourvillel - decíale
que se me entrega á mí-continuó diciendo-es para los pobres, y esa cantidad que viéndole · entrar en su habitación.-Os ha
injustamente me reclamáis habrá sido, sin ocurrido un mal muy grande.
El pobre Gourville tembló pensando que
duda, distribuida entre aquéllos., Y este
'hombre tan probo volvió la espalda á Gour• se trataba de su dinero.
-Si, me quejo-continuó Ninon-porque
'filie y groseramente lo dejó solo, expuesto á
un frio glacial en un sombrío y húmedo co- la desgracia es irreparable. La auset¡cia ha
matado mi amor y habéis sido reemplazado ...
rredor.
Desanimado Gou rville ante esta ma- Pero este mi amor por otro no me ha hecho
nera de desembarazarse de un acreedor, no olvidar que soy depositaria de una talega con
ee atrevió á presentarse en casa de Ninon, diez mil escudos que os pertenecen y debéis
t,,miéndose una respuesta igual; pero ha- saber que, para mí, la fé del depósito es tan
biendo sabido la de Lenclos que Gourville inviolable como la del secreto.

LA DOTE DE TONICA

(Continuará.)

(CUENTO AQAOONES)

J pronto andaba
como alma en pena, tan
con la cabe?.a llena de ilusiones,
OSELÓN

VENCE
Tuviste que reir y te aplaudieron,
tuviate que llorar, y to burlaron:
los que las flores á tus piés pusieron
una daga en el pecho te clavaron.
Ayer la luz en tu camino hermoso;
hoy las tinieblas en tu paso triste:
un huracán magnífico y furioso
contra tu frente con rencor embiste.
Gota de miel en cáliz de amargura
ae presenta la dicha á tu memoria:
gota de miel que arrebatar procura
el mancillado libro de tu historia.
Y perdida, sin luz, sin esperanzas
al rudo batallar de las traiciones,

en tus delirios á saber no alcanzas
el rumbo de tus ídas ilusiones.
Era pequeño el mundo á tu egoísmo,
y anhelando tocar un ancho mundo
hasta el fondo, sin fondo, del abismo
indolente rodaste en un segundo.
Rebuscaste lo grande, y no lU1-iste
un sér que tus desdichas advirtiera,
porque en el mismo instante en que naciste
perdió su fé la humanidad entera.
1Aplasla con espíritu arrogante
el pesar que to llena de congojas)
1El árrol arraigado es un gigante,
aunque llegue á perder todas sus hojas)

PIÑAN DE VILLEGAS
poet&amp; cubano

y cogiendo su guitarra y metiéndose el cuchillo en el cinto, se embozó en su manta y
-como con el coraz~n amargado por desespe- salió á la calle.
ranzas y receiJs, sm saber qué hacer ni qué
Camino de casa del s-iiior Jacobo, que ,·i&lt;&gt;vitar, desde que al shior Jacobo se le ocu- vía en una aldea próxima en donde había
rrió volver de América con una cuantiosa comprado una antigua y señorial casa y un
fortuna é instala.rse en el lugar en que vió saneado y extenso patrimonio le asaltó una
la luz por vez pnrnera, y que era uno de los fierie de pensamientos que e~tenebrecieron
más pequeñicos del Alto Aragón.
su espí~it_u y le hicieron arrugar el entrecejo.
Lo, de menos h_ubiera sido este regreso,
-¡Rtdiezl-se decía. -¿Cómo voy á saber
&lt;¡ue a Joselón le importaba lo mismo que á qué laude la casa duerme ella? ¡Tendría
una semilla de nabo; pero el caso era que se que ver que me pasase la noche poniéndole
le babia ocurrido recoger á Tonica, su sobri- dolor de cabeza á su tío!. ..
na, una zagala huérfana que, olvidada por
Un tropezón con un pedrusco, que le hizo
su tío, se había pasado desde los catorce dar vanos rápidos traspiés y adelantar ca.años sirviendo en la misma casa que Joselón. mino, acabó de agriarleel carácter arrancánVerdad era que entre éste y Tonica no dole esta exclamación:
'
había mediado declaración terminante y
-¡Mal empezamos) Hasta las piedras me
~oncreta, ni compromiso amoroso expreso se güelven ...
alguno; pero á tanto equivalian las rondallas
Y como cuando un enamorado dá suelta á
-del mozo y sus obsequios en las romerías y sus pesimismos todo el porvenir se le preen los bailes1 y las miradas de ella que antes senta negr~, c_omenzó á inquietarse por trisnunca se cansaba de escucharle y de hablar t~s pr~sen.llmientos, que se le antojaron reacon él.
hdad mev,table, sucesos futuros y positivaPorque ... ¡cualquiera adivina cuándo em- mente ciertos y temibles ...
pieza un noviazgo en Aragón! Por lo genera!,
De pronto, hirió sus oídos el rasguear de
un mor.o y una moza suelen decirse que se guitarras y bandurrias que alegraban los
quieren cuando ya lo saben de sobra.
contor~os con las notas vibrantes y alegres
Si no de sobra, á punto fijo creía saberlo de una J0ta retozona y brava; y una bien tim.Joselón, a;:.í es que cuando supo que Tonica brada voz de barítono cantó fieramente esta
se había despedido de los amos sin dejarle copla:
dos palabras de recuerdo 1 la cabeza se le
Es tan g,·ancle mi querer,
volvió u.na devanadera y sus pensamientos
que si se güelve en ,nonedas
se enredaron como madeja entre las uñas
puedo compráte este niundó
de un gato jóvcn.
y el cielo con sus eslrelas ...
Aquella noche, en cuanto se convenció de
que todos dormían, dió pienso castellano á
-¡Ridiós!:-rugió Joselón.-Ya hay quien
las mulas, sin preocuparse de que estas en- madruga. ¡.Milagro será que no le anochezca
fermasen por comer de una hartada todo el antes de hora!. ..
grano que se les debía dar en varias veces;
Y trémulo de ira y ardiendo en celos, echó
3

�322

LA DOTE DE TONICA

POR ESOS MUNDOS

Pero los goznes de la ventana no volvieciendo saltar las piedras al compás d~ sus ron á reir: ninguna rendija dió testimonio deque el mozo era escuchado.
pisadas veloces y seguras...
Indignado, Joselón estrelló contra las piePero cuando llegó cerca del nido en que
su dama se cobijaba, pensándolo mejor se dras su guitarra que soltó un extraño rugido,
ocultó tras unos árboles y se puso en ace- como si protestar.-1 de que vengasen en ella
cho para averiguará dónde recaía el dormi- }a mala partida de una mujer... Después,
miró á la casa de modo tan terrible que si
torio de Tonica.
sus
paredes le hubieran comprendido se huPara el más torpe es cosa muy sencilla
biesen desploaveriguar dónmad o sepulde debe de
tando á su s.
dormir una
moradores enmoza ante cutre sus escoroya casa cantan
.
:
,
bros...
los mozos ron'¡
dadores...
Joselón co***
menzó á repa- ¡Rediez
sar con la viscon la mozalta balcones y
se decía Joseventanas, hasl.
lón hacia días.
,¡:
ta dar con una
,,
-Habrá que
que estaba lipedirle augeramente en!)Í
dencia pa hatreabierta, coI
~
blarla.
•., ._¡
mo aspillera
Y casi tenía
desde la que
razón el mozo.
se espiase á la
Primero, l a srondalla ... El
obligaciones
corazón le dió
de su serviun vuelco.
dumbre no le
-¡Está esdejaron libre
cuchando I a
ni los dominmuy fantesiogos, porque la
sa! ¡Claro, cosiega, el acaruo es Pepón
rre o de las.
el de la Garza!
mieses y la
¡Si ya pensatrilla no perrán los dos
mitían guardar
juntar los momás fiesta que
rros y las hael rato para oir
ciendas!...
misa con vieY renegando
jas, criados y
de la fortuna
pastores, muy
del tío Jacobo
te rn p rano,
y de su triste
cuando el alba
-¡Ridiós!-ru¡rló
JMelón.-¡Y•
hav
quien
madru~•!
pobreza, en la
comenr.aba á
que antes nundorar
el
cielo
con
sus
ravos.
Por
las noches
ca reparara, se qnedó un rato, basta que
no
había
ni
que
pensar
·
siquiera
en poder
después de soltar la rondalla la copla de despedida se perdieron en una revuelta del ca- verla. Después, pasado el rigor de las faenas
mino los últimos compases enérgicos y ale- recolectoras, confió verla en los bailes; pero ...
gres de la jota...
-¡Retoño! ¡Si tampoco va al baile! ¡Si s'ba
La ventana entreabierta se cerró de súvuelto
señorita!
bito.
Y, entre tanto, las noticias que recibía y
Joselón quiRo probar si el fuego de sus
cantares amol'osos resquebrajaría otra ver. la que eran chistosa y epigramáticamente coventana, y, sólo, acompañándose en su gui- mentadas resultaban cada VPZ más alarmantarra, se puso á cantar con toda la pasión y tes: á Tonica le había dado por vestir al estilo de las señoritas y por peinarPe con el
el calor de su alma.

323

á correr bácia la aldea, dando traspiés ha-

Q¡f

Bajo el cielo límpido de
un atardecer estival se celebraba el baile en una era situada á la salida del pueblo.
Mozas y mozos forasteros
é indígena;¡, sud~rosos y entusiasmados, altern..iban entre brevísimos paréntesi¿ de
reposo, los artísticos y elegan~es saltos, revueltas y
rodillazos_ d~ la clásica jota,
con las s1m1escas contorsio~ nes Y el torpe y cómico arras~r~r de piés con que querían
_,·. ~ ~
1mlt~r el baile agarrao, que
se_ hizo para cuerpos enfermizos y espíritus hastiados
no para aquellas naturaleza~
bravas y pletóricas de vida.
La º:questa de guitarras, guitamcos Y bandurrias estallaEl si,1or Jacobo apareció a la derecha ~el mosen y apoyado en el braz0
ba en cascadas harmoniosas
de su sobnna
de notas brillantes, radianmoño recogido, allá arriba, en lo alto del to- tes, ~ullangueras, que respiraban salud y
zuelo, enseñando la nuca lisa como una mo- alegna...
11~; además, hacía ascos á todos los pretenY á tod~ esto el baile estaba en la mitad
dientes, aunque fuesen hijos de las mejores Y en lo meJor, Y Tonica no aparecía ...
casas d~l P?eblo, aspirando, sin duda, con
¡Por fin!. ..
la explend1da dote que esperaba de su tío á
El siñor Jacobo apareció á la,derecba del
la bo~~ con a(gún potentado ...
;o~en} apoyado en el brazo de su sobrina...
-¡::S1 _querra ser condesal-pensó Joselón
. u_eno de _l~ era cedió un banco á los disentre triste y furioso.
tmg~1dos v1s!lantes, que lo agradecieron
Por fin, llegó el día de la fiesta ...
~entandose, y To1;1ica, con su traje de seda,
¡Con cuánta alegría salió la víspera a mam~nte, nuevecito, y su rico pañuelo de
corporarse á la rondalla!... Con qué fervor Manila, sus orlas de brillantes y sus zapatic~ntó aquella noche bajo la ventana de To- t?s. de charol,-regalo todo del tío-se dimca, Y cuánto sentimiento derramó al ento- r1g16, ~?n pasos menuditos, la vista baja
nar esta copla, que le salió del fondo del las meJ1llas ruborosas, sintiéndose blanco d!
alma:
to_das las miradas y de todas las eovidi¡¡s al
Tu quere1· es como el agua
b~nco en que las mozas aguardaban las s~lidel rio que al mar se va.
citudes de los bailadores...
el mio, como una fuent¡,
Joseló?, que vió el cielo abierto con la
que ande la ponen se está.
perspectiva de poder bailar con ella, lo que

�324

suponía media hora de charla á solas, se
lanzó á invitarla, pero ...
¡Estaba de Dios que ni aun aquel día había
de salir de dudas hablándola y fijando claramente su situación amorosa!
Un mozo le cogió por la manga y le indicó que el siñor Jacobo le llamaba.
Si el cielo se hubiese hundido no le deja
más confuso y aturdido.
-¡Ridiósl-pensó.-¿.Querrá impedir que
bable con su sobrina? Pus ú reviento ú me
salgo con la mía ...
Pero ni reventó ni se salió con su idea.
Dos horas enteras y verdaderas le tuvieron
el señor Jacobo y el cura su administrador,
ofreciéndole el arrendamiento de unas fincas
que á ellos no les venía bien cultivar por su
cuenta y riesgo, y que, en cambio, al mozo
podían convenirle. No hay que decir que Joselón, creyéndolo lodo un pretexto para retenerle, rehusó el ofrecimiento, y no viró en
redondo y no los dejó con la palabra en la
boca por respeto al cura...
Primero se excusó con que era solo para
cultivar aquellas tierras, y le recordaron á
sus padres, que eran jornaleros, y á sus hermanos, que servían de mulateros ymozos de
azada en un pueblo vecino. Alegó no tener
dinero para adquirir los avíos y los aperos
para labranza, y se le ofreció cuanto necesitase. Después de una larga conversación en
la que él no veía más propósito ni esperaba
más fruto que evitarle hablar con Tonica, le
dejaron marchar... Cuando se vió libre, recordó las halagüeñas proposiciónes que le
habían hecho.
Y le parecieron tan ventajosas, tan imposibles, que exclamó, con la rabia del que
no puede castigar una burla:
-¡Rediez, ú s'han güelto locos ú han querido reisen de mí!
Pero su indignación llegó al colmo, cuando
al acercarse á Tonica cesó la orquesta y se
acabó el baile.
¡Entónces sí que estuvo á punto de volverse loco de ira!...
¡Otro día sin hablar con ella! Porque pensar que por la noche fuese al baile como en
años anteriores equivalía á creer que no
era sobrina de tío rico y señorito...

Radiante de orgullo, saciada de adulaciones, ahíta de solicitudes amorosas, convencida de haber sido la moza preferida, roja de
satisfacción y rendida por el continuo danzar, regresó Tonica del baile ...
Poi· si faltaba algo para colmar su vanidad, se encontró con que el señor Antonio
el Cojo, rico propietario del lugar y reputa-

do casamentero, se encerraba con su tío
para hacer el prólogo de su boda con Roque,
el hijo de uno de los labradores más ricos de
la comarca...
No le cogió de sorpresa, pero la hispó dt
alegría, porque era la confirmación de la sinceridad de Roque que, con la aquiescencia y
por la indicación de su padre, le había ofrecido su apellido y su amor...
Ahora, todo era cuestión de la dote que
su tío la otorgara.
Este pensamiento la hizo exlremecerse
emocionada, llenando su alma de impaciencia por conocer el resultado de la entrevista.
-¿Será de mil duros?--se preguntaba,
mientras, al cambiarse de ropa, hacia soltar
entre sus manos nerviosas é inquietas, lazos,
corchetes y alfileres.-¿Será de dos mil duros?... No, él es muy rico ... l\le dará más...
La casa de Roque no tomaría una nuera
que llevase menos de dos mil duros en cada
mano el día de la boda ...
De Joselón apenas si se acordaba. Su actual situación la distanciaba tanto de él que,
desde tan lejos, casi no podía distinguir su
imágen entre el confuso tropel con que las
ilusiones y las alegrías, las emociones y los
cálculos, aturdían su pensamiento.
Cuando hubo acabado de vestirse el traje
de casa, oyó, sintiendo el escalofrío del desencanto, que su tío y el casamentero se despedían muy fríamente, corno tratantes que
no han podido entenderse.
Pálida de coraje y trémula de curiosidad,
que casi no quería satisfacer porque hay noticias que preferiríamos ignorar siempre, se
dirigió á su tío, que derrumbó el castillo de
naipes edificado en su cerebro con estas palabras:
-)Iuerto yo, será tuyo cuanto poseo. En
vida no te doy más que esto, que es lo que
he ofrecido al señor Antonio, y al señor cur,t
que también ha sido nuncio de otros pre•
tendientes á tu dote ...
Y señaló un arca abierta repleta de grandes ovillos de lana hilada.
A Tonica se le agolpó toda la sangre á la
cabeza, y el corazón se le subió á la gargan·
ta aleteando violentamente. Resistióse á per•
der sus ilusiones. Y no queriendo creer que
la codicia y no el amor había inspirado 1~
galantes requerimientos de sus pretendien·
tes, aguardó anhelosa la hora de !a ron·
dalla.
Esta, desengañándola rotundamente, solo
se detuvo unos minutos, como ante la casa
de cualquiera moza de poco fuste, para can·
tar unas coplas rutinarias, las mismas de
siempre, como si el provecho que se espera•

325

LA DOTE DE TONICA

POR ESOS ~HJNDOS

se de ellas no valiera la pena ~e atormentarse el cerebro improvisándolas nuevas.
Aturdida, llorando en silencio, con la
frente apoyada en las vidrieras del balcón,
quedó Tonica de espaldas á su tío, que sonrió irónico y satisfecho de la oportuna y dolorosa lección que arababan de darla; después se extremeció de coraje y de vergüenza al imaginarse los burlescos comentarios
que inspiraría la noticia de que toda la expléndida dote que con su ridícula fatuidad
demostraba esperar babia quedado reducida
á un arca-no muy grande-repleta de ovillos de lana. ¡Hasta creyó que el aire traía de
la plaza esta sarcástica frase: •¡Vaya una
dote pa un pelaire... ó pa un tejedor! ... •
De su abstraído abatimiento la sacó una
copla,que Joselón, solo con su guitarra y con
su amor, ignorante de lo ocurrido entre los
casamenteros y el siñor Jacobo, y más triste
que nunca, cantaba bajo la
ventana:

Después, como 1 as criadas estaban en el
baile, podía ocurrir que si él se despedía á
tiempo de no hallarse en casa la servidumbre, Tonica tuviese que acompañarle alumbrándole el paso, según costumbre aragonesa, basta su salida á la calle...
Corno lo pensó, lo hizo...

*
**
Subió la escalera emocionado, temeroso
de que las palpitaciones de su corazón de~cubriesen su juego.
En la cocina, sentado rn la clásica cacliera, le recibió el siño1· Jacobo con azorante y
socarrona sonrisa, que le desconcertó un
poco...
Comenzó como se empieza cuando no se
sabe cómo empezar, hablando del tiempo,
de la fiesta, y acabó preguntando por Tonica ...

Por mucho que rne dis[precies
soy como el tomillo, maña,
qne se pisa y se repisa,
y aún petfwna la aparga[ ta ...

*

**

.'

Joselón cantó un rato bastante largo, pero sus endechas no lograron entreabrir
ventana ni balcón de la casa...
Convencido de que maldito
el caso que se le bacía y de
que Tonica no acudiría al
baile aquella noche, avanzó
dos pasos hácia la casa, como empujado por súbita resolución; pero en seguida se
detuvo como temeroso de
llevarla a cabo.
¡No podía pasar más ti0mpo sin hablarla v no se atrevía á subir!... ·
De pronto. halló un motivo: ¿no le había ofrecido el
siño1· Jacobo el fantástico
arriendo de un as tierras'?
Pues, ocasión magnífica le
parecía esta para subir á hablarle de este descabellado
asunto, que por tal lo seguía
creyendo, y de convencerse
de si había ó no sido un
pretexto p ar a evitarle su
conversación e o n Tonica .

-¡Ilabía soñao casarse con un _príncipe y no hay de11gm10 que la quieraldijo el sinor Jacobo á Joselón

�327

IJEL PASADO

326

POR ESOS MUNDOS

-Por ahi dentro anda,-respondió el siñor Jacobo-sorbiendo lágrimas y soltando

bos lo que les pasaba, salieron de la cocina,
mientras el siñor Jacobo les contemplaba
sonriendo maliciosamente, reflejando en la
picaresca expresión de su semblante una íntima alegría...

hipos ...
- ¿Que sa enfermau?-interrogó alarmado, Joselón.
-No... Que había soñao casarse con un
***
príncipe y no hay denguno que se conforme
Impaciente porque la tardanza en el recon su dote ...
greso de los mozos se prolongaba más de lo
Un trabucazo no le hubiera hecho peor
que é 1 había
efecto á Josecalculado, 1l
lón. Creyó que
con calcularla
e o n aquellas
y a bastante
palabras se Io
l¡¡.rga-se dirisignificaba que
gió el siñorJanada podía escobo á la sala
~
perar de Tonicon cautelosos
ca, y el nudo
pasos.
que se le hizo
A la puerta
.
'·
en la garganta,
se detuvo y
(
y que no le
oyó que Josed e j ó hablar,
lón,con acento
1
sólo le permiconmovido y
~ \\
tió dirigir sus
claridad since1
,1
~
asombrados
ra decia á To1
\ \\ \ ')
ojos al siñor
nica:
I/
\ ,
Jacobo.
-Por últiPero éste,
ma vez te lo
que, sin duda
digo: yo no
leyó los penquieromás dosamientos del
te que tu presuspicaz mor,o,
sona, ¿oyes'?
quiso tranquiAún estás á
lizarle con e::;tiempo de evitas palabras:
tarme una rui-Sí, homna. Me hi probre. ¿Te parep u es to que
quese vá áconse as mía ¡y
formar nadio
mía has de ser!
con su dote?...
Porque
te me1':'
¡No creas que
rezco por lo
fateo, no! No
que te hi quehabrá quien se
ríu. Porque tú
conforme; pero
inesmci, antes
mientras viva
El siiior Jacobo fué rajando los ovillos T de ellos cayeron al suelo
de que la fanmonedas de oro
yo, no do y
tesia te revolro ás, ni me
viera
los
sesos,
me
querias
...
Porque,
¡amos,
desprendo de un palmo de mi hacienda.
Muerto yo, cuanto posea será de quien me porque nos hinius quei-íu!...
El siñor Jacobo, que oyó llorará su sobrilo gane con su cariño y con su cuidao ...
na
las lágrimas más dulces, las del amor y
Y para convencerle, porque el mozo se halas
del arrepentimiento, cortó el enojoso
bía quedado como lelo mirándole con los
idilio, presentándose de pronto y desconcerojos muy abiertos, llamó á Tonica.
Después de un buen rato y de hacerse re- tándoles con una broma:
-¡Rediez! Si os llego á esperar volvéis á
petir varias veces el llamamiento, entró ella,
la
cocina con nietos casaderos...
con la cara congestionada por la vergüenza

'. 'r,". -

r,.

l&gt;a á Toni~a y atendía á su padrino y aún le
&lt;¡uedaba tiempo para restregarse los ojos con
objeto de convencerse de que no era pro tagonista de un sueño.
Tonica, por el contrario, aunque se esforzaba en mostrarse satisfecha, no podía evitar
&lt;¡ue se la conociese la falsedad de su gesto.
Acabada la comida, el siñor Jacobo llamó
á Joselón, y después de imponer el silencio.
quiso entregarle su dote, ¡la célebre dote!. ..
Pero el novio se opuso: ni le hacía falta
ni quería oír hablar de semejante cusa. Po;
e~tonces se ~onformaba ?ºn la felicidad que
disfrutaba. S1 acaso, al mvie1 n o en que el
cariño no b.1staba ¡.,ara resguard¿rsedel frío
pediría su dote para tejer unas mantas... '
- ,:,De modo- preguntó el siñor Jacobo,que no lo venderías?
-No, siñor.
-Mira que á tu esposa le halagaría más
llevar su dote en dinero ... ¡Si quieres te la
&lt;:ompro....
'
Josel6n, á quien ya enojaba la charla, la
-cortó con estas palabras que descubrieron

'

toda la bondad y la delicadeza de su alma·
-Siñot· Jacobo ... es dicir, tío Jacobo mí~
rusté... los dineros s'acaban. Yo prefie;o mi
dote porque _es testigo de mi alegría de hoy
y porque qurnro que lue&lt;10 nos sirva para
IJ?,eler debajo de ella tod; nuestra felicidá,
s1 es q_ue cabe, que me tengo pa mí que no

cabera...
Entonces, el siñor Jacobo coo-ió un afilndo
cuchillo y fué rajando los oviÍlos, de cuya
panza comenzaron á caer monedas de oro
que se desparramaron con delicioso tintineo'
rodando por tiena, deslumbradoras, amari~
llen tas, ?nte los sorprendidos ojos de J oselón,
qu~ creta haberse vuelto loco, ante la admiractón general y la emoción de Tonica, que
se abrazó llorando á los piés de Jacobo el
cual, también conmovido, exclamaba 'con
acento de noble venganza:
-¡~se es ~~estro tío! ¡El tacaño, el que no
quer1a 1~ fel1c1dad de su sobrina!. .. Lo que
no quena es que se casaran con tu dote
sino contigo, Tonica, ¡pa que te hiciese~
muy feliz!
EL BACHILLER CORCHUELO

Ilustraciones de F. de la Mota.

,~_,,._1,_~-1

~

y los ojos hinchados y enrojecidos por el
llanto.
El siñor Jacobo la mandó que enseñase su
dote á Joselón ...
Ruborosa ella y aturdido él, sin saber am-

***

El día de la boda, que apadrinó expléndidamente el siñodacobo, Joselón no cabía en
sí de dicha. Bromeaba con todos, obsequia-

DEL PASADO
Fué un amor que la llama del deseo
un tiempo alimentó: extinta ella
el último celaje de la estrella '
de amor cayó en las aguas del Letheo.
Hoy, como antes, ni te oigo ni t.e veo,
y está agotada la ternura aquella
que encadenó mis plantas á la huella
de tus piés... ¡Ya está libre Prometeol
¡Nada queda de ayer!... La estéril yedr:i.
símbolo de abandono, arraiga y medra '
en el ara del templo, obscura y rota.
Emigraron las viejas golondrinas,
y, cual rayo de sol, entre esas ruínas
la tenue luz de los recuerdos flota ...
VfCTOR RACAMONDE

�11mrnHES Y MUJERES

HOMBRES Y MUJERES

NO TODO ES AMOR EN LA VIDA
iguales ó distintos, que difieran en edad, ni
que uno de ellos sea adocenado y el olr(}
sarlas en la diferencia de sexo. ¿Por qué'? t.No descuelle por cualquiera circunstancia, belle-puede haber acaso otra clase de comunica- za, talento, gracia, distinción, etcétera: colociones entre el elemento masculino y el fe- cad una mujer y un hombre en trato contimenino? Todos los poetas, los pintores, los nuo, y tardeó temprano tendrán un interés.
dramaturgos, hasta los juriconsultos, han el uno por el otro que superará al interés de
reconocido la relación sexual como la única la amistad.
Esta creencia, muy general, ha llegado á
relación de importancia posible entre las dos
representaciones de la especie humana, y no considerarse una verdad, haciendo que el
ocurre suceso alguno en que el hombre y la hombre y la mujer tengan conciencia de sí
mismos, y los.
mujer intervenha
enseñado á
gan sin que sales ta r siemprete á todos los laalerta ante cualbios la pregunta
quiera probabi¿ Quién es ella?:
lidad de emola implacable
\
ción:
se ha llecuriosidad i mgado hasta despele, en las cuatruir toda fe en
tro quintas par1a posibilidad
tes de los casos,
de una sincera
á buscar siemy
natural amispre en ellos una
tad entre dos
mujer. Y si enpersonas de discontramos en
tinto sexo. Y escualquier parle
to es lastimoso,
una mujer notaporque no hay
ble, su asocianada
más elevación con el homd
o
que
dicha
bre ciertamente
amistad
cuando.
h;;bremos de exexiste, ni nada
plicárnosla de
q u e favorezca
una sola manetanto á los quera: por una esla
cultivan, porpecie de fórmuque
cada una de1~ que toma en
Carlos Dickens, su esposa Catalina Hogarth T su cuñada Georgina
las d o s partes
c·u enia únicamente motivos de pasión é ignora la posi- recibe lo que más necesita: la mujer se aparbilidad de ninguna otra inclinación entre ta del emocionalismo demasiaao intenso, tan
los dos sexo~. Y aquí de la conclusión que to- á propósito para orígen de debilidades y á
dos adoptan como articulo de fé: nada im- menudo de desgracias; adquiere amplitud deporta que dos indivíduos sean de gustos miras y de juicio; criterio propio y seguricostumbre, siempre que se trata de reEslaciones
entre el hombre y la mujer, ba-

''

dad; se encuentra reforzada por la fuerza del cidas por las artes, (la literatura, sobre todo),
hombre que le concede su confianza y á por la religión, por el ejercicio de la ciencia~
quieu ella, en cambio, se la otorga, y, por por el estudio y aplicación de la ley, y aun
otra parte, en estas simpatías encuentra fuen- por esas mismas conveniencias sociales~
te de constante solaz y deleite, mientras que tanto que las personas que niegan la posibilidad de losu enh,JSi asque con fremo, su'aprecuencia,
ciación insaunque intantánea, su
e o r re e tapronta intuiro ente, seción, adquiellama amisren inspiratad platónición infinita.
ca. lo hacen
Por esto se
simplemente
dá vueltas á
porque esün
J a e uestión
infl11írlas pordel amor,counacorrientc
mo si no hude superstibiera otra coción y por la
sa en la vida,
lectura de
al tratar de
novelas y
tal clase de
poesías. Desamistades, y
graciad a por esto remente, 1 os
sultau más
que mantiedifíciles y
nen que los
menos f reh )robres y
cuentes esas
las mujeres
r elaciones,
pueden ser
pues dos peramigos, no
sonas de disapoyan su
tinto sexo
opinión en
que cambiasólidas razJ
r í an librencs, limitánmente sus
dose á pen opiniones, se
sarlo así. Por
mantienen
esto, bien
completavale la pena
mente sepaestudiar una
rad as por
explicación
preocupaciopsicológica y
nes sociales
fisiológica de
y se encuenpor qué una
tran confinaamistad endasdentro de
tre hombre y
b s e$lf JCh03
mujer, ind límites de coferente al sen ocimientos
xo, es no sóconvenciolo posible sinales, vi~nno que adedose precisamás debe serdas á no pamirada sin
sar jamás de
.Uante y Beatriz
ninguna clal a s frívolas
conversaciones de sobremesa y de salón, se de prevenciones y solo como resultado
ante el temor de no ser e )mprendidas y qui- lógico de ciertos hechos cu ya siro ple exiszás hasta de ser censuradas por los extra 'íos. tencia tiene que ser aceptada porque es totalPero preciso es reconocer que e,ta clase mente razonable.
En efecto, los hombres y las mujeres son
de amistades entre el hombre y la mu~er
han recibido poderos) medio de ser estab'e- como los instrumentos músicos: están, ó

�330

HOMBRES Y MUJERES

POR ESOS MUNDOS

perfectamente entonados para· producir com- de los casados no significa otra cosa: en su
¡ileta é indefectible harmonía, ·ó representan célebre novela La sonata de Kreutzer ha
un ajuste sinfónico más ó menos imperfecto expuesto esta creencia con realismo horrique recorre desde una variación casi imper- ble, mostrándonos lo que él sostiene que
es el único tipo de matriceptible á la más completa
monio conocido por nuesdi'scordancia. Expresándolo
tro mundo actual: uno en
de manera más clara, pueel que á degeneradcs mode decirse q u e algunos
mentos de ardientes deseos
hombres y mujeres son por
suceden
largos y. temerosos
naturaleza iguales: mentalintervalos de indiferencia
mente ambos se completan
v aun de disgusto. Pe10 et&gt;
como también simpatizan
éste
caso, como en lií. maemocionalmente, c o rr esyoría de los · que Tolstoi
pondiéndose pronta y sepinta, dibuja un cui-1.oJ
guramente en gustos y
extremo del 'peor estado
costumbres por una espeposible de cosas; porque es
cie de sentimiento, instiniunegable
afortunaclamen te,
tivo más bien que cons•
que algún grado 'de coritacciente.
to mental existe entre casi
Cuando s e encuentran
toda pareja que se une en
dos personas así, se pertematrimonio, contacto que
necen una á otra desde el
las
mil y una circunstanprimer momento en qL1e
cias _de la v:da· en común
sus miradas se encuentran,
es probable que aumenten,
y hasta cuando cruzan las
más bien que disminuyan.
primeras casuales palabras
Johann Wo1r,anz von Goethe
De aquí que la mayor parde saludo ya se compenetran. Sus corazones se corresponden, sin te de los matrimonios no sean positivamente
~ue se conozcan, y podrían contraer lazos desgraciados; muchos de ellos parecen, por
indisolubles de matrimonio á los cinco mi- lo menos, satisfechos, y se aproximan hácia
nutos sin que en todo el curso de su vida hu- la unión perfecta á medida que el hombre y
bieran de tener ni un momento de arrepen- la mujer se van acercando á ese ideal que
timiento por lo hecho, porque, en realidad, tiene orí~en en la unidad de miras tanto de
la naturaleza más elevada
se poseen mútuamente descomo de la más inferior.
de el principio de su exisFinalmente, hay que totencia. Así se han verifimar en cuenta una tercera
cndo las grandes un:ones
categoría, en la que deben
por amor que la humaincluirse los que en imaginidad recuerda.
nación. pensamiento y gusOtros hombres y mujeres
tos
guardan notable semeccncuerdan físicamente y
janza,
pero cuyas naturalcen t( mperamento, pero diz as emocionales se enfieren en todos sus gustos
cuenlran como si dijéramos
y en sus maneras de pendesmagnetizadas una d e
pensar; y aún cuando por
la otra. Cada cual puede
aquella semejanza se vean
atraer
á una tercera persocon frecuencia mútuamenna por medio de sus cualite atraídos, lo son siempre
dades físicas; mas p ar a
de manera incompleta: se
ellos mismcs y entre ello,;
satisfacen entre sí á veces
mismo&gt;1, nada que á esa
y en ocasiones, pero e n
atracción se parezca puede
~uos e 1 amor ejerce s u
jamás tener lugar. P a r a
reacción por la misma raellos no tendría influencia
zón que no es completo; y
alguna la proxim:dad; poasí, cuando falta el lazo de
Baronesa Carlota von Stein
dría dejárselos juntos cada
unidad intelectual y espiritual, se reh1ja ese amor llegando hasta casi día de los que constituyeran sus vidas y no
su extinción. La mayor parte de los matri- pasaría por sus imaginaciones nada que
monios están basados en esta clase de amor. tuviera la señal más ligera de sentimiento
Tolstoi quiere hacernos creer que el amor pasional; y si se les arrojara á una isla de-

'

331

sierta, libres de todas las restricciones de la significa igualdad, y ni el gr~n macedo~io
sociedad humana, tal soledad no influiría en ni el inmortal corso se hubieran avemdo
sus ideas y continuarían siendo buenos ca- nunca á reconocer un igual su yo en el mundo.
Napoleón, en particular,
maradas y fieles amigos,
~ --.....___
mostró
de manera evidente
nada más. Podrían mútua·
su
desprecio
hácia las mumente ocuparse en cuanto
\
jeres, no solamente en su
te refiriera á sus intereses,
\
vida, sino en todas sus pase comun:c:uían los secre\\
labras y en todos sus actos:
tos más profundos, basta
Bonaparte creíaque el sexo
contrariedades amorosas y
femenino estaba dedicado
novelescas; pero del mismo
por
naturaleza única y exmodo que un hombre se las
clusivamente á la renovacomunicaría á otro y una
ción de la raza, 'f nunca
mujer á otra, exceptuándop a r a poder igualarse al
se, en favor de este caso,
hombre.
En las recepcioq u e tales confesiones se
nes
de
la
emperatriz Josehacen con una confiamr,a
fina en las Tullerías, Nay una intimidad que japoleón acostumbraba á hamás existieron de hombre
blar en abstracto con la
á hombre ó de mujer á mugeneralidad de la,; damas
jer.
que allí concurrían; y la
La necesidtd d e tales
mujer más fascinadora apeamistades se siente por munas podía obtener de él
chos hombres, y la mayor
otras
palabras que algullonorato
de
Balzac
parte de ese sentimiento
na pregunta sobre si era ó
reside en tipos artistas y
creadores cuyas actividades se dedicaron no madre de muchos hijos; con frecuencia y
siempre al mundo del pensamiento, mucho y con falta de ccrtesía, acostumbraba á dirimás que al mundo de las acciones. Los más girse á alguna jovan madre, y bruscamente
exaltados genios se han bastado algunas ve- la preguntaba: «¿Pero qué hacéis ahi? ¡Idos
á casa, y á tener chicos!•
ces á sí mismos, vivienRudamente rechazó á
do como si se encontraMad. Stael, cuyas platóran sobre un pico elevanicas amistades e r a n
do en la cima del cual
célebres
en su tiempo y
no podía s e r admitida
cu ya inteligencia le paninguna otra alma, por
recía á ella misma comcreerse aquéllos d3mapletamente digna del
siado grandes para la ing r a n conquistador de
timidad, ó quizás muy
Europa.
pagados de la influencia
Como Napoleón, fué
&lt;Íe su egoísmo; tales fuetambién su supremo anron, por ejemplo,Alejantagonista, el duque de
&lt;iro el Grande en lo anWellington, que, asimistiguo y Napoleón en los
mo, consideraba á Ias
modernos tiempos. Con
mujeres como simples
estos hombres no puede
juguetes con Jos cuales
haber amistad, y menos
se pueden pasar únicaamistad con una mujer.
mente un par de horas
Estos hombres, como
de
ociosidad. Par a su
el águila, pueden deseen•
esposa, mujer muy beder de sus aéreas alturas
lla, fué hasla duro en
para disfrutar d e una
los modales, y suscortas
pasión momentánea, pero
relaciones con otras mues seguro que habrán de
jeres no tuvieron en d
retirarse á sus soledades
nada de respetuosas ni de
tan pronto como hayan
Mad. Eva Hanska
in limidad confidencial.
satisfecho el capricho de
Pero el mundo uel arte ha conocido muuna hora. Tipos tan anormales no acostumbl'an á buscar la amistad de la mujer, chas amistades platónicas, de las cuales la
porque la amistad en su misma esencia Historia ha dejado Reñal en las páginas de

�332

llOMBRES Y MUJERES

POR ESOS MUNDOS

la Literatura. Quizás la amistad más exaltada siempre como luminosa antorcha, clara y
de estas baya sido la de Dante con la ideal brillante, aquella amistad, que no era amor
figura á la que inmortalizó con el nombre de porque fué casi más que el amor.
La baronesa von Stein
Beatriz. Quién fué esta mu_era esposa de un oficial de
jer y de qué linaje ó con1a corte de Weimar, y
dición, nadie puede decirGoethe la vió por primera
lo: se ha sostenido que no
vez en 1775. No era Cartuvo existencia material,
lota
ni graciosa ni bella,
que fué creación del caco:1taba ocho años más
pricho del poeta, una conque Goetbe, y era macepción en la que Dante,
dre d e siete chicos. S u
cifró su ideal supremo de
conducta y su moralidad
lo que había de más noble
eran mu y superiores á las
y más espiritual en la hudel poeta, y su inteligenmanidad. Pero que Beatriz
cia digna de la admirahaya sido persona verdación de su amigo. Durante
dera de carne y de sangre,
diez años ejerció grao doó sólo invención del gran
minio é influencia sobre
poeta, el caso es que para
aquel genio dominador, le
Dante fué un ser real, con
enseñó á tener paciencia,
el que convivió en pensagustos refinados y domimientodurante todos aquenio sobre sí mismo, y todo
llos maravillosos años en
esto lo consiguió valiéndoque acudía á ella en busca
se
de una intimidad en
de inspiración. Esto puede
la que no hubo la más leve
William Makepeace 1'hackeray
ser considerado como la
mancha. E&lt;,ta amistad hizo
apoteosis d e 1a amistad
platónica, en cuyo terreno se borra cuan- no solamente que Goetbe suavizara y apacito hay de necesidad física, porque el hombre guara su genio intranquilo y siempre rebelque llega hasta él no siente otra necesidad de, sino que, además, contribuyó á dirigir y
que la de satisfacer todo aquello que perte- animar sus ambiciones hacie,do su vida.
dichosa, con
nece al e,spíesa
clase de
ritu.
dicha que
Más real, ' ·
nunca cansa.
más humaGoetbe llano, pero no
maba
á Carmenos melota
von
Stein
morable que
su hada dila amistad de
vina, su doDante y Bea
1·ada
señotriz, es el larra. y le esgo conocicribió multimiento de
tud de carGoelhe con
tas,
que en1 a baronesa
canta
leerlas
!
Carlota von
porque reveStein. Goethe
lan una perera francasonalidad
mente pagasin g u I arno en sus
mente
comsentir:1ientos
pleja y siempor e I goce
pre muy inde la vida y
teresante.
En
por su amor
dichas cartas
al placer, así
encerrábase
a ,í como en
un a minuLady Austen
:Mrs. Brookfield
su pasión por
ciosa
re lalo bello. Muchos fueron sus amores en cuantas pobla- ción de la vida diaria de Goethe durante los
ciones residió; pero entre todos ellos ardía diez años más brillantes de su existencia.

1/·

I

333

Podría escribirse un capítulo sobre las constante recuerdo de su propia deformidad
amistades de Balzac con las muchas mujeres física, encontró alivio de su agonía y obtuvo
que le ayudaron á sob1e,alir en vida esli- nuevo respeto de si mismo cuando la bella
y excelente
m u I ando
mujer ele
las mucha•
sociedad,
dotes de i u
lady nfary
elevada inWortley
teligencia,
Moolagu,le
aunque sin
concedió su
co ose g uir
amistad.
distraer sus
¿Y quién
no menos
no sabe
poderosos
que el poesentidos;
ta William
pues estos,
Cowper deasí como su
bió mucha
i m agio apar le de
ción, estasus éxitos
ban cautial afecto
vados por
largo y dela condesa.
licioso que
polaca
existió enroa dame
tre él y MaHanska, á
r y Unwinr
la que amó
Alexander Pope
WiUiaQl Cowptr
Unido á los
flelmeote
durante veinte años, basta que. al fin, quedó trabajos más célebres de Cowper va también
en libertad pal'a casirse con Balzac cuando el nombre de otra amiga platónica suya,
éste se hallaba en el apogeo de su fama, lady Austen. Por la amistad de estas· dos
aunque ya casi en la proximidad de la muer- mujeres, y por la simpatía perenne de ellas
fué por lo que este homte del ilustre maestro.
bre enfermizo, asaltado
Esta Mad. Hanska parecon frecuencia por im ·
ció á muchos una elecpulsos de suicidio, y con
ción bien extraña para
una imaginación perturBalzac: él era un francés
bada á menudo por la
de Turena, alto y r(bussombra de la locura, esto, y ella una mística socribió con espíritu tan
ñado1 a.
normal y tan saludable,
La amistad de Balzac
como el que demuestra.
-con otras mujeres ~ignien sus mejores obras, y
ficó solamente la unión,
con tal instinto del amor
el compañerismo de imaá la Naturaleza que llegó
ginacione!-. Podría haberá
ser el precursor de las
se pensado que una be
ideas que Roberto Burns
lleza como Mad. Carraucl
llevó á la poesía inglesa
hubiese atraído á Balzac,
después de la muerte de
ó que Jorge Sand, quo
Cowper.
hizo tantos esclavos, le
Pocas son las personas
hubiera subyugado con
que hayan debido más
su pcculiarmanerade ser.
que el gran escritor WiPero no ocunió así: con
llam ;1lakepeace Thackelas dos no tuvo Balzac
ra y, el célebre autor de
otl'as relaciones que las
La feJ·ia de las vaniclcide amistad.
cles, al franco cariño de
Entre los literatos inlas mujeres, sin pensagleses hay muchos cuyos
Lady Mary Wortley Montagu
miento
alguno de amor
nombres recuerdan afecciones platónicas. Alejandro Pope, el irrita- en la significación corriente de esta palabra.
ble y áspero enano, y temible pero brillante Thackeray,abandonado porsu esporn,que es.satírico, cu ya alma estaba lacerada por el taba loca, encontró refugio, en medio de rn

�,334

POR ESOS MUNDOS

desolación, en el sincero afecto de la señora
Charles Brookfield, mujer de uno de sus más
inlimos amigos. Cuando la murmuración
equivocó cF-te afecto y llegó la noticia á oídos del esposo, Wi/
~
lliarn Thac/
'\
kera y le es1
cribió una
1
carta since- (
ra y varonil /
,en la que le /
decía cuánlo significa- ,
ba para él la ,
am í s la d,
cuán ajena
estaba la
suya de la
falsedad y
cuán compatible era
con el honor. Comprometía
Thackeray
Sir Walter Scott
en estas afirmaqiones su palabra de caballero y pedía á
Mr. Brookfield que no le privara de tan gran
alivio en su aílicción como el que su esposa
le proporcionaba. El hombre á quien iba
dirigida la carta tenía tanta generosidad y
nobleza como Thackeray: no &lt;lió oídos á las
murmuraciones, y la harmoniosa amistad de
los tres no sufrió jamás perturbación. En la
paz de estas relaciones escribió Thackeray
obras que son gloria de la literatura, á la
vez que un monumento á la.amistad verdadera, sin mancha alguna, entre un hombre y
una mujer.
Del mismo modo, Carlos Dickens encontró
en Miss Georgina Hogarlh, hermana de su
esposa, solaz en las muchas horas de gran
depresión que le abrumaron en sus últimos

años; y eu el testamento, al dejar un legado
á su cuñada, escrib'ó: •Te dejo mi bendición, agradecido,como el mejor y más sincero amigo que jamás he tenido en la Yida.,
Y el gran
autor Sir
Walter
Scott enconlró asimismo I a
amistad de
su virla en
JoannaBaillie, que le
sirvió de
estimulante para su
genio.
Como estas amistades que todo el mundo haconocido, han
existido y
existen
Joa nna Baillie
otras rn i l,
no menos inti~as y no menos puras, entre
hombres y muJeres, quo aunque permanecen
desconocidas, son tan reales y tan dignas de
aplauso, aun cuando los que las mantenían
llevaran nombres obscuros. Todas ellas significan que más allá del jardín placentero del
amor, y que los poetas han cubierto de flores y orlado con sus cánticos, hay un espacio
en el que la luz no es la de la luna y donde
el medio ambiente no_ es el de la pasi~n,
pero en el cual, al brillo del sol y al aire
libre de un sentimiento franco y abierto,
tanto hombres como mujeres pueden darse
las manos como camaradas, marchando uno
al lado del otro en intimidad útil y beneficiosa y con espíritu puro y ánimo sincero.
COSMÓPOLIS

LEYENl)A DE LA BRETANA ROMANA, ENTRE LOS
AÑOS 410 y 446 DE LA ERA DE CRISTO,

por C. BRYSON TAYLOR
SUMARIO DE LOS CAPÍTULOS ANTERIORES (1}
La fama lograda en todo el país por l\lclchor, narrador de
cuentos y cantor de baladas, d~spíerta en el jóven J\i·
canor deseos de igualarla y aún de superarla, y á aquel
oficio se dedica nue~tro héroe. Hijo de esclavos, aban•
dona la c:¡sa de sus padres, y por sendas y \veredas
recorre montes y prados reuniéndose á os pas·
tores, ante los cuales hace derroche de las facultades
que le adornan. Asombrados los oyentes de Nicanor
al principio, muy pronto se enciende entre ellos la tea
de la discordia y se producen gran escándalo y pelea,
que ,erminan porque empieza á dispersarse el ganado
que cuidan los pastores y éstos tienen que ir tras las
reses. Nicanor, satisfecho con que sus palabras hubieran producido tanto efecto, adquiere mayores deseos
aún de que su fama sea universal, y parte de su pobre
terruño para dirigirse á grandes y populosas ciudades
en busca de esa gloria que persigue. Thorney, más conocida por la Isla de Bramble, es la población elegida
por Nicanor, y Tobías, un rico comerciante, la persona á quien va recomendado por sus padres.

y '
Maravillado estaba aún Nicanot ante la
maanificencia de la ciudad de Thorney,
cua~do el soldado Valerio que se le unió en
el camino y le acompañaba en la jornada,
terminando de cantar la alegría de su borrachera pasada dijo al jóven visionario:
-Ahora, ante todo, debemo, buscar á ese
Luen homlJrn Tobías á qLiien viene recomen lado... Tobías te dará comida y alojamientot
que tú repartirás conmigo, ¿no es eso? ¿,Sab3s dónde vive'?
-Ni lo conozco de vista,-respondió Nicanor.
-Pues es una gran contrariedad,-observó Valerio.
·
Y poniendo la mano derecha sobre el hombro de un transeun~e que pasaba á su lado,
¡:rnguntóle el soldado:
.
-¿Podrías decirnos, amiao nuestro dónde vive Tobías, un buen hombre que trabaJa
'
.,
'
en marfil para la Iglesia Cristiana?
-Lo ignoro ... Pero ese sacerdote que por alli se acerca podrá decíroslo,
.
El sacerdote, que vestía sayo de lana gris, que ostentaba la cabeza completamente afeitada basta la línea de las orejas, y cuyo rostro aparecía pálido y gastado, dirigiase bácia el
templo; y fijando la mirada en Valerio, contestó á su pregunta de este modo:.
-¿,Véis esa casa inmediata al espacio claro que hay á la derecha? Allí vwe ese Tobías
por quien me preguntáis.
.
. .
.
Y levantando después do, dedos para bendecll' á los cammantes, s1gmó su cammo,
mientras éstos se dirigían al Lgar que les babia indicado el sacerdote, pensando el hijo
(1) Véast nuestr~ número de Marzo último.

�.Jd6

POR tSOS )lUXDOS

del leñador que mejor estaría solo en casa
Y haciendo un brere alto en sus palabra~.
de Tobías, que acompaliado; pero Valerio se continuó:
,colgaba á Ru brazo con todo caririo, y .rira-¡Por ;'\laría, que tiene lengua de plata
nor era dl m1,.iaolo tímido para despedirle.
esa boc-a tuya! PPro, ahora, acuéstate y desLa casa de Tobías era baja, de piedra y cansa: ya tu amigo ronca el sueño ... Por la
madera, y evidenciaba la buena posición de mañana empezaremos á trabajar, y uno de
su dueño. Valerio llamó á la puerta, y en mis oficiales le dirá lo que tienes que hacer.
seguida apareció por un ventanillo la cabeza
Ente Tobía-; y Nicanor levantaron á Vade una persona. Era una cal e ia sonrosada, lerio conduciéndole á un cuarto, donde había
muy calva, el rostro de luna llena, los labio.:; una sola cama. Este cuarto tenía una ve11tagruesos y la nariz puntiaguda, hebráiea, de na. Yen tanto que Valerio se despojaba de
la raza de sus antepasados.
sus ropas y tomaba la manta que había de
-1,Quiénes sóis?-pregunló el hombre, mi- cubrirle en el lecho y al instante se quedarando fijamente á los recién llegados.
ba profundamll11le dormido, Nicanor fuése a
Nicanor preguntó á su vez:
la ventana, y abriendo las puertas de ella
-¿Eres tú Tobías, el tallista en marfil?
puso su atención en oir el ruido que se proLa sonrosada cabeza hizo signos afimali- ducía en la vasta llanura y que incesantemente llegaba hasta el sitio donde nuestro
vos.
Nicanor cont:nuó:
joven se encontraba.
-De parle de Rathumus y de su nspo~a
Desde la ventana distinguía Nicanor el
ven[O: soy Nicanor, su hijo, que desea ser rojo re~plandor de las hogueras medio ocultas enlre las casas que se elevaban en la
aprendiz tu yo.
-Y Valerio, tu amigo,-le apuntó en voz campiña; de vez en cuando llegaba hasta allí
baja el propio Valerio, tirándolo de la manga. un coro de b· amidos; y tambi(n percibía
-Y Valerio, mi amigo,-repu-;o obedien- el hijo do Rathumus y de Susana dulces tañidos de campanas, de un género completatemente Nicanor.
-¡Por todos los santos!- exclarnó Tobía~. mente desconocido para él, que le emociona-¿Hijo de Susana y vienes para se: apren- ba extrañamente. Un vivo deseo de encondiz mio? Aguarda, y antes de un rnmuto ha- trarse en medio de esta nueva r activa rida
le acometió de repente: ansiaba visitar aquebrás entrado en mi casa.
Desapareció la cabeza, cerróse el ventani- llos concurridos sitios
llo, y en seguida abrió&lt;:e la puerta, recibien- y verse entre tantos
do Tobías con ag:·ado á los dos viajeros, los hombres
cuales fueron servidos al punto de comida Y de bien
vino por la esclava del comerciante q11e
les preparó al momento una mesa de tijera, ante la cual sentáronse los huéspedes
en cómodos taburetes, comiendo y bebiendo hasta que no quisieron
má&lt;:.
Tobías hacía preguntas después de la comida, y Nicanor
le hablaba de su casa ,. de ;;u-;
padres, así como de cuanto IP
había dicho su madre; entretanto que Valerio, bien alimentado, casi dormitaba con la cabeza sobre la mesa. l\lirnlras
Nicanor hablaba, Tobías le ohserval a atento, pues el muchacho no abría la boca sin que de
e 11 a brotara un pensamiento.
Cuando terminó de hablar, se
lavantó el buen Tobías y le besó en ambas mejillas, diciéndole:
-Permanecerás aquí conmigo, y aprenderás cua11to yo sé
hasta que seas un maestro. Sl'rá'l mí hijo.
El socerdote b~nrlijo á Xir.anor y á Valerio antes dr alejarse dP el10,

337

Ai\lOR DE Dil1A Y AMOR D~ ESCLAVA

distintas procedencias. La no ch e avanzaba rápidamente y ya en lo alto centelleaban las estrellas. Podía ver Nicanor, inclinado su cuerpo hácia afuera, el resplandor
de las antorchas mantenidas en al'o por los
riajeros retrasados que cruzaban el vado, y
observaba al mismo tiempo el reflejo de las
vacilantes luces en las aguas poco profundas. La fascinación de todo esto, la primera
vista de la vida en toda actividad, ejercieron
en Nicanor efecto indescriptible, y poniéndose de pronto en pié y saltando al borde de
la ventana, anles de que él mismo pudiera
darse cuenta de sus actos, saltó al suelo y se
encontró fuera de la casa de Tobías.

VI
Nicanor se hallaba en un mundo nuevo
para él, un mundo de fugitivos resplandores,
de negras y ondulantes sombras, de vistas y
Je sonidos extraños, de figuras que en movimiento continuo iban de uno á otro lado.
Completamente deslumbrado, fué á dar
contra una de esas figuras á muy po~os pasos de la casa de Tobías. La tal figura reía
con una risa que hizo pensar á Nicanor en
los agradables sonidos que desde la ventana
había percibido y que le habían atraído hácia la obscuridad. Pero nuestro jóven, emocionado y lleno de entusiasmos, olvidó bien
pronto aquella risa sonora, y siguió corriendo, hasta que llegó á una hoguera que ardía
dentro de un círculo de piedra y en rededor
de la cual se hallaban sentados algunos hombres, comiendo y bebiendo, mientras la luz
despedida por las llamas jugueteaba en sus
rostros.
Con ellos había mujeres, que Nicanor
contempló con la boca abierta. Y á fé que
eran dignas de verse: llevaban el pelo sujeto
con joyas y los hombros desnudos, v vestían
trnjes de raras telas. Eran bailarin~s, llevadas á aquel iugar desde las grandes ciudades del interior para venderlas ó alquilarlas.
Yjunto á la hoguera, mu\' agrupados para
conservar el calor, había esclavos, hombres,
mujeres y niños encadenados en grandes
cuerd~s, que eran transportados á las Galias
para ser allí vendidos. A un lado v otro se
ve~an pescadores y barqueros, fÓrmando
ammados grupos entre sí y cruzando ruidosas burlas que Nicanor no entendía. Todo
aquello era para el hijo de Rathumus una
babel de voces estruendosas y profanas, tan
pronto acompañadas de risotadas comomezcladas con altercados, cortos pero violentos.
,_Subíase todo este tragín á la cabeza de
Ni_canor como si fueran vapores de vino. Jamas había conocido ni visto cosa como aque-

!la, pues vida semejante era completamente
ajena á las tierras donde él se había criado.
Se acercó á los grupos que rodeaban el fuego, aspirando con placer aquellos nuevos espectaculos, oyen,Jo los nuevos sonidos y recibiendo las nuevas impresiones. En su rostro se dibujaba la excitación, y Ru aliento
respiraba la nerviosidad que experimentaba.
Eran tantas las cosas que le interesaban que
no sabía á cuál dedicar su atención. En el
ambiente se respiraba el olor de los alimentos que se preparaban en las hogueras, mezclado con el picante aroma de las maderas
que ardían. Chocaban las copas de cuerno,
y, á intervalos, ruidosas carcrjadas ahogaban las voces de los carreros v el chirrido de
las ruedas.
,
De repente, bajo la intoxicación de tantas
sensaciones, Nicanor se encontró hablando
corno si instintivamente quisiera dar forma
á su exaltación. Empezó ignorando lo que
iba á decir; pero mu y pronto entonó su voz
un viejo mesurado cántico, regular como la
acompasada marcha del cantante, el cual
cruzaba impávido por entre el tumulto que
le rodeaba. Los que estaban cerca le miraron
asombrados y casi dispuestos al desprecio,
pero después guardaron silencio y escucharon. Otros se Je acercaron también para
satisfacer su curiosidad, y poco á poco fueron formando corro. Las mujeres se unían iL
la multitud, sonrientes primero y después
con la boca abierta por la admiración.
Nicanor ni veía ni oía nada. Hablaba en
éxtasis físico aquello que á su labios afluía,
sin cuidarse de su auditorio para nada y
en absoluto, como inconscirnle de tantas
personas como le rodeaban. El desconocido
leñador los tenía hechizados, aún á pesar de
ellos mismo~. Pero, bruscamente, con la rapidez del relámpago, Nicanor se dió cuenta
del influjo que ejercía sobre las gentes, y
desde aquel instante perdió toda influencia
sobre el auditorio. Conociéndolo así, suspendió su canto, y por un instante reinó el silencio.
Entonces, una mujer lanzó largo suspiro,
y un hombre murmuró algo que no pudo
oir,:;e muy bien. Terminó el encanto, y como
si se desbordara un río así las palabras de
aquellas gente llegaron hasta Nicanor. Todos
gritaban:
-¡Hablad más! 1Decidnos nuevas cosas!
Querían saber también quién era aquel
jóven y de dónde llegaba. Nicanor movió la
cabeza, sin hablar palabra, porque sentía
una nueva emoción que embargando su ser
le bacía asustarse de lo que había hecho. En
el fondo de su temor había algo más profundo, algo que él no podía nombrar, así co-

4

�338

POR ESOS MUNDOS

mo si fuera embriaguez de gozo y verdadero
terror al propio tiempo, así como si se encontrara en presencia de nna cosa más poderosa que él y de la cual no conociera sino
el instrumento con que había llegado á verificarse.
Se adelantó una mujer, en extremo maravillosa, y abrasadora como la llama, que
p11so en las manos de Nicanor una gran moneda de plata, al mismo tiempo que fijaba
en sus ojos la mirada. Un hombre, con la
nariz destrozada, le arrojó una moneda de
cobre. Otros le imitaron. Pocos momentos
después Nicanor contemplaba al resplandor
de las hogueras los rostros que le rodeaban
mirándole, como si fuera un ente extraño
ó se encontrara en extraordinario trance. El
jóven mostraba á · todos su pálido rostro,
pues jamás entró en su imaginación la idea
de que pudiera recibir dinero por sus dones
de espíritu. Después se separó
bruscamente de aquel lugar, y
corrió, corrió como si en ello le
fuera la vida; y volviendo á
casa de Tobías trepó por la ventana y llegó basta el lecho que
le esperaba, arrojándose en él
entre risas y sollozos y exlremeciéndose mientras aptelaba
las monedas recibidas en las
sudorosas y nerviosas manos.

Aunque sólo llegaban á media docena los
hombres que allí trab"ajaban; vestidos con
delantales de cuero manchados en aceite, las
ruedas zumbaban de continuo, á intervalos
chirriaba la gran sierra y rallaba material
para el trabajo, y del cnal'to de depósito un
chicuelo traía constantemente largos col millos dispuestos para el primer corte.
Todo el arte de trabajar en marfil, en sus
distintas manifestaciones y en sus variadísimos modos, lo había aprendido el maestro
Tobías, muchos a1ios antes, de un operario
de Bizancio donde el trabaj'l de esta clase
firruraba á la cabeza de tan importante arle.
Dicho artífice, al morir, comunicó á Tobías
todos sus conocimientos en el oficio y herramientas, que, de otro modo, nunca hubiera
obtenido el patrono de Nicanor. Desde entónces Tobías trabajó mucho más en pl3:cas,
dípticos, cascos y figuras de dioses y diosas

VII
El taller del maestro Tobías
estaba en una reducida habitación, subterránea en parte, con
tres ventanas al nivel de la calle. Largas mesas sobre caballetes aparecían colocadas en tres
de los lados de la habitación,
dejando libre el centro. Estas
mesas, completamente negras,
estaban muy deterioradas, y señaladas, adeinás, por la grasa
y.el polvo. Sobre las mesas había pequeñas ruedas de cintas
para pulimentar formadas de
tela de lana gruesa y aseguradas
fuertemente entre dos discos de
diámetro más pequeño firmemente retenidos en bastidores
que giraban á mano. Había bandejas de herramientas para grabar, cincelar y recortar, y cajas
de arena fina y de pergamino
vítreo. En un rincón veíase una
piedra de afilar, y el suelo, nada
· limpio, estaba cubierto de serrín
y de raspaduras de hueso.

AMOR DE DAMA Y AMOR DE ESCLAVA

que, por último, se vió bajo la inspección directa del propio Tobías y pudo por esta cirmesa-tocador de alguna alta belleza romana cunstancia conocer íntimamente por primedebíanse al trabajo de las gruesas manos de ra vez la habilidad de su maestro.
En el transcurso del tiempo, pasados alTobías, que supo encontrar mercados para
sus productos, porque tenía en favor suyo la gunos meses, llegó un día en que Nicanor
afición de Roma por la bisutería y sus simi- contempló su primera obra: un cruci\ o, fruto de sus propios trabajos en los que no inlares y la escasez de competidores.
Nicanor hallóse dE' manos á boca desnudo tervino mano extraña desde el principio al
de brazos y con su delantal de cuero, llevan- fin. Nicanor mismo eligió el colmillo sin re,; do colmillos de acá para allá, limpiándolos quebraduras, de grano finísimo; cortó el blodespués que los entregaban los traficantes, y que, le dió forma empezando por eltronco da
la cruz, basta modelar los brazos y el con torno
repartiéndel Cristo; y
dolos entre
después,
los trabajatrozo por
dores cuantrozo, foé
do éstos los
dibujando la
necesitafigura toda,
ban. Pronto
con redonsupo distindeados conguir los vatornos y facrios matices
ciones e o de color y
he rentes,
conocer
las costillas,
cuándo el
en que se
hueso estaba
mostraba la
enbuen esviolencia de
tad o para
tensión, las
soportar
manos y
bien el corpiés taladrate, sin resdos, el paño en redequebrajarse,
dor de la cintura.
y cuándo
Todo ello fueron forpodía ocui
mándolo lentamente
rrir lo conlos afanosos dedos
trario; y haI
del
al'tífice. Después,
biéndosebeI
i~i)•t-•n,l'l-"'ll~
suavizó y pulimentó
cho perito
Nicanor el crucifijo,
en el conocimiento de las
luego pintó los ladiferencias de calidad, Tobios de rojo y simubías le encomendó el exá~
&amp;,r'
ló las gotas de sanmen de los lotes á medida
gre, así como dió asque llegaban, para. que los
hallósJ &lt;le manos á boca llevan&lt;ro colmi•
pecto de la más 1.1·ca
separara según su clase y Kicanor
llos de un lado á otro del taller de Tobías
púrpura al paño de
condición. Esto era para
nuestro jóven trabajo ligero, que como des- la cintura. El crucifijo terminado fué el orempeñaba á la simple vista le permitía ob- gullo de la vida de Nicanor, á quien el maesservar lo que hacían los otros; y así fué, tro Tobías, entusiasmado, besó en ambas
inconscientemente, aprendiendo muchas co- mejillas, declarando á la vez que desde
sas útiles, que era lo que el maestro Tobías aquel momento moriría fefü: porque tenía
intentaba. Ona vez familiarizado con el ya u11 sucesor que mantendría su arte con
color, textura y grano del marfil, fué en- entusiasmo.
cargado de auxiliar á dos bombres que se
empleaban en el mar:ejo de·una gran sierra
VIII
de dientes gruesos; también tuvo que aprender á cortar trozos largos en fracciones de
Todo cuanto hemos referido no lo aprenuna pulgada con el menor despilfarro posi- dió Nicanor sino en mucho tiempo. Entreble de marfil. Así fué, paso á paso, oportu- tanto, nuestro jóven llegabaáconocermuchas
namente, conociendo todos y cada uno de cosas, además del arte de tallar en marfil.
los detalles de aquella clase de trabajo hasta Cuando tenía humor para ello, Nicanor tray de santos de la Crisliandad. Muchos peines
tallados y cajas para joyas que llegaron á la

J\

~'ft~\ ·

Nicnnor se encontró hablando como si instinth·arnenle quisicr~ d~r form~
á su exaltación

339

�arn

POR ESOS MU:{l)Q!,

bajaba muy 'bien, como ya había demostra- in'sufrible y ansiaba abandonarle. ~olamenle
do; pero con mayor frecuencia estaba de mal fuera del taller, entre hombres que caminahumor, y nada le ai¡radaba más que apartar- ban apresurados y entre la confusión que prose del ruído y iumbirlo de las rueda;; y he- ducían la llegada y la partirla, era donde él se
rramientas y del olor del hu!'so y del aceite, encontraba en su sitio y donde se considealejándose en1ónce.;; del recinto de la tran- raba completamente feliz y contento.
Como los dos eran de carácter ,ehemente,
quila iglesia para lanzarse á la vica animada
discutían
muy á menudo, y entonces se rrodel vado, donde no tenían fin su;; tlistraccioducía
la
mayor
confusión; porque el maesncs, dedicado durante todo el día á contemtro
Tobías,
rojo
como
la púrpura y blandienplar el ir y venir de la, gentes y á escuchar
el estruendo d e 1 tráfico, y a observándolo do el buril, desahogábase llamando á Nicatodo en silencio, ya mezclándose con las mul- nor ingrato, necio é inútil; y Nicanor, á su
vez, al rojo blanco interiormente y guardantitudes.
Día tras día, estrechas barcas remonta- do silencio, soltaba las herramientas y salia
ban el río con la marea, car¡(adas de vinos y del taller con la cabeza dec:cubierta y las manespecias, sedas. cristales, velas y ricas telas díbulas dispuestas para ligera sonrisa, miende extranjeras tierras; con lámparas y esta- tras su cólera aún se hacía más profunda p.&gt;r
tuaria, y cuadros para las grandes casas de el forzado !-ilencio; y basta que se encontraRoma, y con frutas, granos vegetales, carnes ba en el centro de un corro de rostros any aves. A la hora del reflujo, regresaban las siosoc: por verle y oirle, ni se apaciguaba su
barcas, pero e;:;ta vez su carga consistía en malhumor ni se reconciliaba con Tobías, á
lanas y pieles cuyo olor, bastante desagra- cuya casa volvía para cerar acoziendo endable, impregnaba el aire por donde quiera tonces loe: amenazadores gruiiidos del maesr¡ue las mercanc_ías pasaban. También veía tro con obligada cortesía y consiguiendo así
fücanor cómo tendían sus redes el pescador dominarle y rendirle con diabólico arte.
Pero un día, después de uno de estos fiede salmón y los pescadores de otros peces,
siendo una diversión grata para estas bue- ros combates de palabra, fué cuando Nicanas gentes saludar con gritos á los barque- nor, perdiendo por completo el dominio soroq que remontaban ó bajaban el río. Y bre sí mismo, habló á Tobías, su maestro,
además de estos, á un sin fin de personas de como jamás se había atrevido á hablarle. Y
todas clases y condiciones que iban y ve- en seguida, locamente llevado por ~I cumnían y jamás se detenían allí más de una plimiento de sus últimas palabras, se aprenoche: artífices como él, comerciantes, tra- suró á salir de la casa y marchó á través de
ficantes en pieles, mineros, actores, músicos, la multitud, cuyos clamores le pusieron tojuglares, cohortes con yelmos de gran cresta davía más fuera de sí; y dirigiéndose hacia
con escudos relucientes y puntiagudas lan- el vado del río, al fin se detuvo, hollanzas, hombres severos de obscuro rostro , do terriblemente el suelo con la punta de su •
oriundos de muchas y distintas naciones. adornado zapato de cuero, dando muestras
Largas cuerdas de esclavos que, enlónces de un estado de ánimo horrible que sólo
como después, formaban parte tan principal necesitaba un pequeño motivo para dar
del comercio de exportación de la insigne rienda suelta á su fiereza.
En esta disposición de espíritu, oyó de reBretaña, marchaban al compás del estridenpente
un grito detrás de sí y vió una cosa
te ruido de las cadenas por loe; caminos imque
le
hizo olvidar sus pesares y considerar
periales, en los que siempre había color,
vida, movimiento, clamor de \'OCes,crujir de que, después de todo, él era más afortunado
en su suerte que otros muchos. Le llamó la
ruedas, agitación constante.
Poco es de admirar, pues, que Nicanor, atención distinguir un yelmo crestado y la
muy sensible en todas las fibras de su fo~o- · capa negra que solían usar los conductores
so ser, sediento de aventuras, escapara del de esclavos; también fijó su atención al seencierro del taller siempre que pudiera, para pararse la multitud en una muchacha flacucontemplar y conocer la exhibición en mar- cha, de ojos inflamados y rostro pálido, encha. Tampoco es de extrañar que al maestro cuadrado por abundante cabellera negra, con
Tobías no le agradaran estas deserciones de su las muñecas encadenadas y una bata hadiscípulo, ni que las reprobara públicamen- rapienta que déjaba ver un largo ribete rojo
te: argüía, con rar.ón, que si un hombre qu&lt;'- en la parte de los hombros. El hombre que
1Íl que su trabajo tuviera alguna importan- la conducía sujetaba la extremidad de la cacia debía permanecer constantemente afe- dena, y bajo el brazo oprimía el temido látirrado al banco y á las herramienta~. Pero ~i- go: era un tipo rechoncho, de rostro ne•
canor, se cuidaba muy poco deque su trabajo gro y brutal y ojos duros y pequeño'!, y se
fuera ó no apreciado, y el banco le parecía ocupaba en elogiar las buenas prendas de la

Al\IOR DE O.Ab1A Y AMOR DE ESCLAVA

muchacha, haciéndolo de la misma manera
que se ensalzan las_cuali?ades de una yegua en ven ta: su res1stenc1a para el trabajo,
sus aclualas perfecciones y sus posibles fu.
turas habilidades. Un soldado con tableta~ de
cera y estilete en mano, medio vuelto de espaldas á Nicanor, tomaba nota de lo que el
hombre decía, dirigiéndole á intervalos un
comentario ó una pregunta como esta:
.;._;.Del Norte dices que es?
-Si, señor, nacida de un soldado romano
'f de una moza británica ... Sería una buena
adquisición para vos, noble señor, y el precio es reducido, solo cincuenta y cinco sextercios... ¡y eso por las ganas que tengo de
deshacerme de ella!
-¿Tiene imaginación? Yo no quiero que
padezca enfermedades, pero tampoco me
gusta que sea torpe.
-¿Imaginación, decís, señor?-respondió
el hombre lanzando un juramenlo.-Sies eso
lo que deseáis, aquí la tenéis en carne y hueso: esta jóven es el mismo diablo y me ha
dado que hacer más que tres hombres juntoc:.
Buscóse el soldado el bolsillo, contó el
dinero y lo puso en las manos del vendedor.
Contó éste las monedas, en las cuales rscupió para que la suerte le fuera propicia, y
haciendo una señal en su libro de veutas
desencadenó las muñecas de
la muchacha.
El soldado romano puso
una mano sobre el hombro
de la esclava y la dijo:
-Sígueme. Ya no recibirás más golpes ni oirás maldiciones. Pero es preciso que
cumplas con tu obligación.
Salió el comprador con la
muchacha, y entónces Nicanor reconoció al soldado y le
saludó. Era el propio Valerio
y para Nicanor resultaba u,;
misterio- cómo su amir10
y
0
compai.ero compraba u 11 ,,
esclava que debía ser algo
cara.
Valerio, sin separar su
mano del hombro de la murhacha, conte:,tó al saludo
de lfüanor y le dijo:
--¡Oh, m1 buen amigo! Te
presentas á mi vista en un
día feliz. Desde que conseguí el puesto de remendó11
de las sandalias de los buenos sacerdotes no he vuelto
á verle, aunque te he buscado por todi;,s partes. ¡Y de

341

esto hace yamás de un año me acuerdo bien!
Mientras hablaba, no c~saba Valerio de
ai_rigir miradas inquietas á uno y otro lado,
Nican_or _lleg? á rnteresarse, y marchó con
Valerto, a qu,cn la muchacha miraba cc,n
ojos de~e:-1prrados.
--pas he_cho buena compra,-dijo Nicanor a Valerio en tono indiferente.
-No es para mi,-contestó humildemente
el soldado, á quien sin duda le convenía aparecer pobre y desprovisto de rerursos.-Yo
hago esta compra en nombre de mi señor
Eudemius, el de la gran villa blanca del camino de Noviomagus, al lado de Londinium.
Pero, por todas las furias, ;,qué pasa?
Era que la muchacha con espantados
ojos, se babia colgado de 1:is manos de Valerio, gritando desaforadamente:
-¡No, no. pata el noble señor Eudemius
nol ¡No pued~ haber sido comprada para éli
Otra vez Nicanor se ~ncontró perplejo,
pues el terro_r y la angustia se dibujaban en
aque_lla voi Jamás oída en acento humano.
Y mientra:; los dos m·iaban asombrados á la
m~chacha esclava, ésta batallaba por desa_s1r~c de manos de Valcrio, sollozando sin
lagrimas y murmurando:

Un soldado lmcia
preguntas al veu.Jedor
acerca dr 11.1• condicione$ de
la c,clava

�343

PLAÑIDERA

34.2

POR ESOS .MUNDOS

extendidas y los dedos formando rígidos
-¡No, no, para él nunca! ¡Oh, Cristo mio! ganchos. Nicanor corrió también. Cuando
-¿Y por qué no?-preguntó Valerio.- Valerio consiguió agarrar un girón de 1as ro¿_Qué tienes contra él y por qué su nombre pas de la fugiliva, lanzó uua exclamación de
le hace temblar?
triunfo, como la jauría de caza cuando su
-Porque este noble á quien servís tortu- perro de muestra ha cortado el paso á la
ra á los esclavos,les mutila,arranca sus car- res; pero el girón cedió á los esfuerzos de
nes de los vivJs huesos, y ríe al oir los ayes la esclava, que consiguió quedar libre, llede las víctimas. Y si el esclavo se alreYe á
gand) al extremo de la calle, atelevantar la mirada ante él, puede consirrorizada y con el feroz soldado
derarse muerto ... ¡Lo conozco, lo conozco!
pisandole los talones y Nicanor
¡No iré con él! ¡Antes me ahogaré, me
corriendo tras él. Sin alientos loahorcaré yo misma!
gró soltarse la infeliz muchacha
La infeli¼ dirigía su, ojos á todas parles
cuando otra vez le alcanzaba Vahuscando álguien que la libertara donde
lerio, yendo á caer entonces al
no había
pié de la cruz; y lanzando un
nadie que
sollozo, abrazóse á la columna de
pudiera inpiedra y gritó:
tentarlo si-¡Me acojo á esta cruz y me
quiera. Vaamparo en ella!
lerio la coAllí quedó, con la cabeza incligió fuerte nada hácia adelante y enmente de 1
tre sus extendidos brazos,
brazo, di con los hombros agitados
ciéndole:
al compás del oprimido pe- ¡Vencho que hacia esfuerzos
drás conmipor respirar,
go, y cesarás
y con el rosen tus destro adornavaríos y lado por la
mentos!
suelta cabeHabían llellera. Valegado a una
rio, d e t e callejuela
niéndose, se
enlre la5 cacontentó
sas sin urcon amenabanizar y
zarla con el
cuyo suelo
puño cerraera desigual
do, no atrey eslaba
viéndose á
destrozado
tocarla niun
por pisadas
pelo de la
numerosas
cabeza, por-¡Me acojo a esta cruz, que me amparara con su derecho de asilo!-griló
la esclava a Valerio
de hombres
que hallány animales,
dose la esclava al amparo de la Santa Iglesia
Conocíase este callejón con el nombre de no podía violarse aquel maravilloso derecho
Calle clel Perro Negro, y terminaba abrup- de asilo que lo mismo podían invocar los
tamente en la baja muralla de piedra que
que los bajos.
servía de marca al limite de las tierras de altos
Nicanor permanecía mudo espectador de
San Pedro. Cerca de la muralla, á la termi- los sucesos, mientras empezaba á reunirse
nación de la calle, había una de las crLCJS gente que discutía lo ocurrido. La muchacha
de piedra sin trabajar que se erguían a in- se levantó, estrechándose más á la cruz y
tervalos en rededor de las murallas y en cada
en rededor suyo.
puerta. Nicanor, Valerio y la esclava se en- mirando
-¡Un sacerdote! - gritó la infeliz.-¿No
contrarían á unas cuarenta ó cincuenta varas hay un sacerdote cristiano que diga á este
de las murallas, cuando el soldado quiso ase- hombre que estoy libre de él porque me pro·
gurar más á la esclava; pero dando ésta un
la cruz?
salto, huyó callejón arriba, con la cabeza tege
Valerio atrajo hácia si á Nicanor.
hácia atrás y con el cabello negro suelto
-Ve y busca un sacerdote,-le dijo-porformando una nube sobre su espalda. Vale- que mientras esa mujer esté cerca de la crui
río echó á correr tras ella con las manos

no me atreveré á poner un dedo sobre ella
pues la multitud me despedazaría. El sa~
cerdole puede entregármela porque la he
comprado y la he pagado, y no es ella quien
tiene que elegir nuevo amo ... ¡Corre,para que
cuanto antes me la lleve á donde ya no pueda escapar!
Nicanor, que ansiaba no alejarse del sitio
de los acontecimientos para ver cómo se desarrollaban, dirigióse velozmente al patio de
la iglesia entrando por la puerta más próxima. De repente, se le presentó un sacerdote
al que Nicanor conocía con el nombre de
Padre Ambrosio, y le dijo:
-Bendito Padre, una esclava se acaba de
acoger al derecho de asilo al amparo de la
cr11z que hay en la calle del Perro Negro y
pide un sacerdote para que confirme su
recho.
~I buen ~acerdote ajustóse la sotana y en
umón de Nicanor se dirigió por el camino
más
. corto al lado de la cruz. Pero , entónces ,
N1canor, ex_t1:emeciéndose, creyó haber equiYocado el sll10; pues aunque la cruz estaba
en aquel lugar, y la muralla, y la calle era

de-

la del Perro Negro, no había allí ni rastro de
esclava, ni de Valerio ni de ninguno de los
que en su rededor se habían aglomerado minutos antes.
Nicanor, con cara del mayor asombro y
contrariedad, volvióse hácia el· Padre Ambrosio, y balbuceó:
-Los he dejado aquí, en este mismo sitio ... ¡O hay que confesar que estoy hechizado!
M~ró á derecha é izquierda, y se alejó y
volVló cerca del Padre Ambrosio. Este movió
la cabeza y dijo tranquilamente:
-Es posible que se hayan arreglado entre
ellos... Vámonos.
Y plácido y sin manifestar contrariedad
se alejó. Nicanor tocó con sus manos la cru~
para asegur~rse de que era la misma y de
que no sufria los efectos ~e su sueño; y cont~mplando ~uego el r.spae10, escudriüó con la
vista las apiñadas casas sin pronunciar palabra, seguro de que Valerio y la esclava no
habían llegado á una inteligencia acerca del
nuevo amo para cuyo servicio la dijo el soldado que había sido coro prada.

(Continuará)
lliistraciones de Reina In{ante.

PLANIDERA
No sé qué bella melancolía
tiene la tarde con sus nublados:
menuda lluvia por los tejados
baja entonando triste ele&lt;ria
el ~iento silba, y entre lo~ prados
gotitas cuelgan de lluvia fría ...
¡No sé qué bella melancolía
tiene la tarde con sus nublados!
Besan mi rostro soplos helados
y contemplando morir el día '
recuerdo tlic4as, goces pasados
y siente mi alma con los nublddos
no sé qué bella melancolía ...

Lurs CASTILLO

�LAS ÓPERAS MÁS Cru.JIBRES DEL MUNDO

parisiense de la música es la que ahora se

LAS OPERAS MÁS CÉLEBRES DEL MUNOO

"TANNHAUSER'', DE WAGNER
. d , l música que viven alejados de las grctndes capitales, y que, por_ tanLos a fic ion~ os a a
.
1 oir las óperas en la escena teatral, tienen
to, no disponen de o~aswnes par,a;r; ~los lleva la prensa diaria, C'lt1JOS criticos solo
que contentarse con s ~os que i,
olvidándose de lo que la obra es en sí con rese -ocupan en_ la P':º:urón ~ecifir
las
concepciones de los compositores. Nuestro
lació1!' 1la historia e,.ª musica O e relieve el es íritit de los grandes h01nbres
proposito en estos art-i(,;ulos esJiº¡er de_musical y ~l efecto, en esta serie-ya he»ios
eZRf;~:i y L::::rin,_d~ Wagner,Rigoletto, de Verdi, Romeo y
Julieta, de Goitnod, y La Bohemia, de Piteeini.

~:;{::!Jo~::iJ::::s

vos instrumentos y n9 se adoptaban nuevos
métodos vocales por los cantanles; y en efec•
to, después de ciento sesenta ensayos _co~sintió en que se cantara al fin ante el publico. La dirección del Teatro de la Opera profetizó que la representación de Tan_nhduser
sería un fracaso si no había un bail~ble. en
el segundo acto; pe_ro Wagner c~n s? 1_11ap_tabilidad característica á lo an~iartlsl1co rnsistió en ir.troducirlo en el pruner acto, no
obstante la explicación de que las roués de
bailables jamás aparecieron hasta que el telón se levanta para el segundo acto: El maestro alemán inventó entonces un bailable que
las bailarinas sólo podían dominar después de
las mayores dificulta~es. Los ami_gos de las
bailarinas interrumpieron el trabaJO de éstas
con pitos y risas burl?nas en las tr~s r~presentaciones que se dieron de la opera, en
vista de lo cual la obra fué retirada de los
carteles.
Sin embargo, el resultado final de e~tas r~presen taciones fué al cabo favorable a ~a ciTannhauser.
.
En 1860 se trató de dar en París la repr1se tada ópera, porque á ellas se debe la mtrode esta ópera, y entonces exigí? _Wagner ducción en la partitura de la bacanal de yeque no la autorizaría si no st1 adquman nue- nus, y lo que pudiéramos llamar la versión

inspiración de esta hermosa ópera del
maestro Wagner débese á una _leyenda
alemana de la décimasexta centuria, cuya
variedad emocional y explendor_ par~ la escena difícilmente dejan de cautivar a~º- artista: el amor pasional y el ferv?r rehg1~so
desempeñan en esa leyenda ~un?1ones rr!ncipalísimas. Así fué como el m_s1gne mus1co
pudo escribir el coro de peregrmos, la oración de Isabel, el canto á la estrella vespertina y la grandiosa marcha del segundo acto.
Era Wagner director del Teatro de Dresde cuando escribió Tannhtiuser, entre los
años 1843 y 1845. Su ópera se presentó ~l
público en esta última fecha: e~ autor recibió grandísima ovación en la P:1m~ra representación, pero el favor del auditorio le abandonó pronto. Explica Wagner este hecho
diciendo que bl no habia compue~to una
obra para la galería; pero como conti_nuara~
las protestas, el maestro se vió oblt~a~~ a
modificar algunas cosas de su pnm1t1vo
A

L

,

canta en todos los teatros.
Los méritos y hermosuras de Tannhauser,
fueron apoderándose gradualmente del público, y una ciudad tras otra llevaron á cabo
la heróica aventura de ponerla en los car~eles, basta que alcanzó, corno hoy conserva,
un número de más de mil representaciones
al año.
Representa todo el argumento de esta
ópera un duelo entre dos grados de amor.
Cuando se levanta el telón, encontramos á
Tannhduser en la cueva de Venus. Ninfas,
hadas y sirenas bailan seductoramente, y la
diosa, que tiene á Tannhtiuser á sus piés,
canta y pide protección para él; pero Tannhduser desea hallarse en el mundo de las
brisas puras y de la actividad humana, y se
aparta de Venus, que, maldiciéndole, desaparece en el interior de su gruta.
Entre la penumbra aparece un risueño
valle, bajo el cual, en un lado, puede verse
el país de Venus, mientras en una eminencia se levanta el castillo de Wartburgo. Un
paslorzuelo entona en su cuerno una sonata
á la Primavera, al propio tiempo que pasa
una procesión de peregrinos. Tannhiiuser,
lleno de contrición vehemente, cae de rodillas con humildad ante un crucifijo que se
levanta á su lado en la pradera.
Una procesión de landgraves y bardos desciende del Wartburgo. Wolfram, gran poeta
del pueblo y todo un carácter histórico, reconoce á Tannhiiuser, antiguo amigo suyo, y
le apremia para que vuelva á Wartburgo.
Rehusa Tannhau.ser, basta que Wolfram
le dice: Isabel lo desea. Al oir este nombre
que tan querido le fuéenotro tiempo, Tannhauser, á quien recuerdos d e deliciosas
horas le conmueven, siente deseos de ver
nuevamente á la doncella de su primer amor.
El segundo acto nos muestra el castíllo de
Wartburgo, aquella fortaleza tan querida por
los trovadores alemanes. En la tercera escena del segundo acto, Wagner ha introducido
la competencia de canto entre los bardos
alemanes que tuvo lugar sobre el año 1210
antes de Jesucristo. Isabel y su tío el landgrave, nobles, caballeros y damas toman
asiento en semicírculo en el salón de música, para oír á los trovadores cantos improvisados con acompañamirnto de la lira.
Wolfram y Walther cantan un amor puro
y caballeresco, pero cuando toca el turno á
Tannhduser recuerda éste á Venus, y entona lo que la diosa le había enseñado: •Si

345

quieres hallar el camino del amor debes ir
á la residencia de Venus.»
La concurrencia protesta consternada. Los
caballeros se precipitan sobre Tannhtiuser
con las espadas desnudas; pero Isabel se
pone á su lado diciendo que Dios sólo puede
juzgarle y que como su error había sido
cosa de hechicería debe dársele ocasión
para el arrepentimiento. La voz de L~abel,
como nota de la verdad que él ha olvidado,
mueve á Tannhauser á contrición y cae
de rodillas. Isabel le ordena buscar en Roma
el perdón.
A distancia se deja oir un coro de peregrinos. Tannhauser se·levanta exclamando:
•¡A Roma!•, y en seguida se precipita hacia
el valle, mientras •¡A Roma!, repite el eco
de la multiturl.
En el acto inmediato encontramos á Isabel arrodillada ante un crucifijo, y á Wolfram que baja de la montaña. El canto de
los peregrinos se oye nuevamente, y entonces Isabel se levanta muy despacio y busca
á Tannhauser, pero éste no va entre aquéllos. Desesperada, se arrodilla otra vez y
pide ser llevada á los cielos para cJJDplir
allí la misión de redimir á Tattnhauser.
Se levanta y asciende por la colina.
Wolfram toma la lira y entona el célebre
canto á la estrella vespertina. Es entrada la
noche. Lentamente, Tannhauser aparece de
entre las sombras completamente desarrapado y apoyándose débilmente en su cayado
de peregrino. Se reconocen él y Wolfram, y
Tannhauser canta el relato de su peregrinación diciendo que el pontífice le había negado el perdón y que quiere volver al lado
de Venus para gozar de los placeres que le
esperan con ella.
Una neblina sonrosada comienza á invadir
la escena, y de entre la neblina surge Venus
con sus ninfas. Venus llama á Tannhauser,
el cual lucha pur alcanzarla contra los brazos de Wolfram que le retienen. Wolfra11i
pronuncia el nombre de Isabel, y Tannhauser queda inmóvil y reflexivo, repitiendo el
sagrado nombre.
E I paisaje se obscurece lentamente y
por la colina del Wartburgo desciende una
procesión fúnebre conduciendo el cadáver de
Isabel. •Te has i:alvado-exclama Wolfmm
dirigiéndose á Tannhctuser-porque Isabel
rogará por ti.• Venus se desvanece, y Tannhauser, que se considera salvado, murmura
amorosamente ¡Oh, bendíceme, Santa Isabel!,y muere.

,

�¿CUÁL ES MJ OBRA PREDILECTA?

paternos lares con sus juegos infantiles y .
con
sus inacabables travesuras.
s~mbrados, hasta que un día tuvo la fortuna
• Y una tarde, ya cansado de perseguir
de topar, de requebrar y de llevarse, tras las
debidas y sagradas tramitaciones, á su per- inútilmente por entre las accidentaciones del
fumado cubil, á Rosarito, la bellí,ima uni- monte á las ele los broclequines grctna, y
acordándome del modo tentador con que
génita de los Jaramagos de Humaina.
, Y transcurrido el tiempo que lier1e indi- practican la hospitalidad en casa de Cristócado para casos tales Santa y Pródiga Madre bal, hácia casa de Cristóbal encaminé mis
Naturaleza, tuvo, un amanecer del mes de pasos pecadores, y á la media hora resfreslas flores, que salir nuestrn Cristóbal de es- cábame bajo el verde parral ele la puerta,
tampía en busca de la Tia Perala, célebre mientras Cristóbal me contemplaba con vaga
comadrona del partido, a b que despertó y melancólica expresión, alegrab:i Rosario
sus quehaceres domésticos cintando co.no
gritando más alegrJ que un repique:
,-¡Véngase su mercé conmigo, Tla Pera- una alondra, dejabase machacar resignada/a., 'C[Ue ya está el pasmo que yo encargué me 1te el abuelo por los inquietos rapaces,
hatiada en sol los contemplaba la abuela
a!daboneando en la puerta!
desde el dintel del edificio, y los peuos,
• Y llegó el momento solemne, y
siempre
vigilantes, dormitaban perezosa,-No·, no es este el pasmo que yo esperaba,-decíaalgunas horas más tarde el Ve1·- mente tendidos en la pintoresca explanada.
• Y descansado que hube algunos minutos
d11gones contemplando con profunda amargura su vástago, que habíase descolaado en charlando de lluvias y cosechas, y cuando ya
este pícaro mundo luciendo casi po~ orejas la cowersación empezaba á languidecer, yo,
que c:mocia las aún no realhadas ilusiones
dos alpargatas valencianas.
,Inútil fué que los amigrs de Cristóbal de mi amigo, preguntéle á éste, al par que
procuraran consolar á éste rns:ilzando tal ó señalaba el revollo ;o b.rndurrio:
, -Vamos á ver, Cristóbal, la verdad:
cual belleza del chicuelo, Cristóbal no se
c~nvencía. Pero haciéndose s 1perior á su ¿,cuál es de todo3 ellos el más de tu predilección?
tnsle :a,
»Cristóbal arrojó sobre sus hijos una mirada
»-¡Veremos el segundo!-- murmuró.
llena de paternal ternura, sonrió melancólica
&gt; Y Rosarito, á la que no disgustaba, sin
duda, secundar.los esfuerzos de su esposo, y bondadosamente, y repúsome con acento
apacible y resignado:
nu~Ye me3es mas tar•-¿,Que cuál de
de daba á luz un nuevo
tóos
es el más de mi
vástago, del cual hubo
gusto?.,. Pos bien, lo
de decir, también desq u e es quererlos, á
consoladamente, destóos I o s quiero por
pués de haberle reigual; pero el que más
conocido con el ma~ne gusta ... el que mb.s
yor detenimiento, el
me gusta...
buenode Yerclngones:
&gt; -Vamos, hombre,
• - No es feo der
¿cuál
es el que más te
tóo; pero tié una nariz
gusta?-lepregunté de
que es mismamente un
nuevo, alentándolo al
sacacorchos, cabayenotar sus vacilaciones.
ros.
» - Pos bien ,-excla,No obstante tan domó
con acento decidilorososdescalabros
si.
,
do-el que más preguió nuestro Ve-t·dugofiero de tóos... es el
nes peleando por dar
que entoavia no me ha
~orma tangible á s u
par:o mi mujer.
ideal, á aquel chiqui• Y yo, plagiando á
llo que retozábale sin
J osé Santos Chocano
Cristóbal e 1 Verduc~sar en el pensamiento, más bonito que el sol, más bueno que un gones, le digo á usted:
•- Yo, de todas mis obras, la que prefieapóstol, más sabio que aquellos de que nos
hablan la~ helénicas tradiciones, empeñado ro, es la que ,no tengo escrita todavía.
en no salir de su clausura en la cual aún
José Santos Chocano
continuaba diez ó dóce años después cuanPeruano
de nacimiento, pero español por
do ya diez ó doce de sus hermanos,' más ó
menos raquíticos y defectuosos, alegraban los el alma, es Santos Chocano el poeta de la

Verdugones á buscarla por barbechos y por

¿CUÁL ES MI OBRA PREDILECTA?
Esta ·información, comenzada en nuestro 'Y!'úmer? de Noviembre últi11~0, no tiene
otro objeto que ctveriguarpor propia mam,{estación ele lcts autores, cual es sn obra
predilectct, ya por lct perfección con que desarrolforon sn pen~mniento, Y.et por las
circunstancias que presidieron su génesis, yci. en ~n, por ~l éxito que logro el trabctjo al ser conociclo por el público. Echegaray,Palacw Valdes, Br~tón, Querol, Ga!~ós,
los hermanos Quintero, Engenio Alvarez Dmnont, Amacleo Vwes, Blasco !b_anez,
Linares Rivas, Miguel Blay, Tomás Luceii?, Salvador Ruecla, Sctlv~id?t Vi~uegra,
Ecluarclo Zamacoisy Francisco Flores Garc1a, han expuesto yci su opznion. Oigamos
ahorct lo que dicen otros maestros.

Arturo Reyes
Desde Málaga la bella, su residencia habitual, el novelador del pueblo andaluz nos remite como res puesta á la pregunta objeto de
esta información
las siguientes cuartillas que son galana muestra de su
ameno estilo:
«Que cuál, entre
t o d a s las obras
que he escrito, es
la de mi predilección, me pregunta usted en su carta. Y esto me recuerda la contestación que hubo
de darme á una
pregunta algo análoga á la que usted me hace, en
cierta ocasión, un
t al Cristóbal e 1

Verdugones.

,Este, á quien
la Providencia habíale concedido seno honrado de que
nutrirbe en su niñez y medios más
que suficientes para vivir en su juventud, era mozo

de ga'lardo porte, cora.:::ón generoso y·despierta imaginación, y hombre, en fin, que
recorría tranquilamente su senda en el machito de su vivir 'á gusto y en compañía de
sus panzudos, apo•
pléticos y cariñosísimos progenito1 r,3s.
»Al llrgir Cristóbal á los veintic i n c o años d e
edad, llegó, como
.:!ada hijo de vecino con la suya,
con u n a aspiración que no consislía cierlamente
en ocupar el solio
pontificio, ni siq u:era uno de los
si tia les del trascoro de nuestra CaLedral, sino con la
legílimade llegará
~er feliz hacedor
del más lindo rapaz que luciera su
gentileza en I o s
feraces campos de
Andalucía.
»Y como para
la realización de
esto hacíase precisa la activa cooperación d e una
hembra , di ó s e
nuestro í ne lito

Arturo Reyes

--,

347 .

�348

l?OR ESOS MtlNt&gt;OS

¿CUÁL ES MI OBRA PREDILECTA?

l,

tas ...
-En cierto modo,-diceel insigne
pintor valenciano,
respondiendo a la
eterna pregunta pudiera decir que
Antonio Muestas son mis obras
ñoz Degrain
predilectas, porque
son las últimas, y
En varios cabaes mu y frecuente
lletes, diseminados
en todo padre mapor el l'Studio del
nifestar preferencia
maestro, se ven las
Antonio Muñoz Degrain
por su hijo más
últimas producciopequeño el B e n nes del m i s m o,
jamín
...
Pero,
_rea)me!lte,
no
~s ~sí. Tambi~n
unas recién concluidas,otras abocetadas aún,
seria
cosa
lógica
mclmarme
a
m1 cuadro m~s
aguardando los últimos toques del magico
pincel que supo inmortalizaren el lienzo las celebrado, el que más renombre me ha valisekspirianas figuras de Otelo y Desdémotw. do, haciéndose popular en cromos y oleo-

349

grafías, cual es el de Los amantes de Te«A diferencia de lo que á muchos autores
ruel; pero esto tampoco sería exacto ... Mi les sucede (ó dicen que les sucede), yo encuadro predilecto no es apenas conocido, y, cu entro una de.licia insuperable, inagotable
si he de ser franco, hac;ta hace poco tiempo además, en la lectura de mis libros. Cuando
no era de los que más satisfecho me tení: n. un libro mío me gusta, estoy cierto de que le
,Hace años, cuando se edificaba el actual gusta á aquel para quien está escrito principalacio de Denia, ..,......,,..,,
palmente . Y más
para derruir la an ;,¡;:¡a¡¡;::-:~~
añadiré: si hubiese
tigua residencia de
otros, no importa
Medinaceli, aún en
e u á 1es, que me
solares, fui invitado
agradasen tanto, yo
ror la difunta dun o escribiría 1o s
quesa, m u j e r de
míos. Esto es nagran talento y espitura!: me los hago
ritual carácter, papropios , como se
ra ejecutar alguna
hace casa propia
pintura d ecoraticualquiera que puetiva, designándome
de, después de percon este objeto el
suadirse de que las
frontis de I teatro
de alquiler no le
enclavado en la seplacen, sin que ello
ñorial mansión. Diquiera decir q u e
cho se está que ejesea mejor ni peor,
cuté 1a obra con
sino sencillamente
cariño; pero, s e a
acomodada á s u s
porque seguí viéngustos.
dola con frecuencia
»Digo, pues, que
e n l a s soberbias
cada libro mío es
fiestas con que á
una especie de essus conocimientos
tancia varia y ha1·obsequiaba !adama
mónica del palacio
nobilísima, sea por
de ensueño de mi
otra causa, ello es
vida; y que cada
que aquella pintuuno respondeá unu
ra no merecía gran
f.o:·a, á un anhelo,
consideración por
á una distinta nemi parte.
cesidad de repo~o
»Pero murió la
en
los encantados
Felipe Trigo
amores que sostieduquesa: sus salones, antes fulgurantes, quedaron fríos y de- ne mi pensamiento con mi corazón.
•¿,Cuál es mi predilecto?
siertos; transcurrieron varios alio3, durante
»¡Oh!. .. Uno, siempre uno; pero nunca el
los cuales el palacio permanecía-y permanece-como una tumba.... Y he aquí que mismo: según las predisposiciones de mi
un día, al visitarlo por casualidad, hube de ser.
,A veces, mi co-azón y mi pensamiento,
fijarme en aquel frontis del teatro, pintado
por mí tiempo atrás; y fué tan grato el con las nostalgias poderosas de lo real, de lo
efecto que me produjo la contemplación de positivo fuera de ellos mismos, prefieren el
aquellas figuras, que no vacilo en considerar salón 6 la terraza por cuyos anchos ventaesa obra mía como la predilecta, resarcién- nales 6 columnatas se divisa ámplia y odiosa
dola con ello del desdén con que la miré la vida. Entonces viven juntos en Las inprimeramente.
geniws, en La sed de amar, estas dos amadas novelas d&lt;! mi odio, 6, lo que es lo mismo, de mi amor inverso.
Felipe Trigo
• Tiene mi palacio, más dentro de estos
No hace mucho, la publicación de la últi- hall y miradores llenos por la luz crudama novela de este autor dió pretexto para mente reflejada en las cosas de la tierrn,
u~ homenaje que la juventud intelectual de- otras salas de misterio á donde llega filtrada
dicaba al escritor sin émulo en España. y discreta la misma luz para dejarle un
Felipe Trigo contesta de la siguiente ma- poco la suya á mis fantasmas: es la incidennera á nuestra pregunta:
cia singular de contrarios resplandores de La

�351

SUEÑO DE OPIO
POR ESOS MUNDOS

360
-·Mi obra predilectal-exclama el maesAltísima (que acabo de construir! que aca- tro.~Contestar á esa preiunta ~mplica la
bo de publicar), y con la que m1 alma de necesidad de haber produ?1do vanas _obras..:
carne se esconde feliz como con otra robada v en realidad, no tengo ninguna. Alla ~n ID)
al mundo para mí solo y para siempre ... Es ',
juventud pu bhque
asimismo el juego caun estudio político
prichoso de brutaliacerca de los Confiicdad y de lirismo de
tos entre los poderes
Del frío al fi,t,ego ...
del Estado. una coentre claros crepúsculección de · artículos
los marinos de Orienliterarios ti tu 1ada
te ...
Puntos de visfo, y
»Pero en el centro
una serie de perfiles
de la mansión, cual
de Oradores polítiíntima rotonda de recos; . pero t o d ? ello
cogimientos· di vinos
no tiene, en m1 conen que los ojos no dicepto, gran imporvisan por 1a vítrea
tancia... Mi obra, la
cúpula más que 1.º
obra de mi vida, á la
azul, está &lt; la predicual he consagrado
lecta mia mi'l veceJ
todos mis esfuerzos y
predilecta•: Alma en
mis actividades, es El
los labios.
Liberal: en sus hojas
»Tal e.;, hasta hoy,
diarias se ha ido paula novela únic1 qne
!alinamente incrusMiguel Moya
yo puedo leer con 1t
tando mi espíritu, y á
«seguridad de enconello queda reducido el producto de rn_i labor
trarme y agradarme» en esos ~recuentes y incesante de muchos años. Es el smo del
terribles momentos de desolación para los periodista: trabajar ~ebrilmente un d~a y l)tro,
que sólo un narcisismo ideal infinito tiene volcar la inteligencia en las cuartillas que
consuelos.
han de llenar las apretadas columnas del
»Alma en los labios no es, sin embargo, diario, para que el público, dueño y sei~or,
el libro actualmente preferido entre los mios saborée momentáneamente su l~ctura danpor el público. Lo será. , .
dole al olvido tan pronto como gira la rueda
»Lo será ... cuando el publico acabe de enincansable de la Acterarse de que la notualidad, nunca en revela moderna, augusto
po,o ...
devocionario de la vi»Sin embargo, algo
da nueva, no es nada
queda de e s a labor.
fútil que deba ser rápipues, aunque lenta en
damente pasado ante
germinar, al fin y al
los ojos en simple discabo es fecunda: y ese
tracción polífona y poalgo, por lo que á El
lícroma.,
Liberal se refiere,· es
lo que yo considero
Miguel Moya
como mi obra, no ya
Maestro de maestros,
predilecta, sino única;
espíritu superior ú
obra á la cual, desde
quien d e b e nuestro
hace muchos años, van
país una hermosísima
dirigidos todos los im•
obra de civilüación y
pulsos de mi inteli~e11·
de cultura, el presidencía y todos los latidos
te de la Asociación de
de mi corazón.
la Prensa de Madrid y
de laSociedadEditorial
Vital Aza
Vital .\,a
de España, tiene que
ocupar un pueslo pre- .
.
Primate indiscutible del teatro cómico es•
ferente en esta iuformac1ón, ve1 d.ttlcro ci- pañol, tan grande de ingenio como de e~tanematógrafo por cuyo objetivo ~an desfilan- tura es Vital Aza uno de los pocos escr1to·
do las personalidades más saher,tes de las res {J. quien cerca de cinco lustros de labor
letras y las artes españolas.

incesante no han conseguido agotar la vena
de gracia ex.quisita que hace inconfundibles
sus obra8 logrando que todas ellas sean remedio eficacísimo contra el aburrimiento.
Acaso no haya otro autor de obras teatralc~
que pueda, como él, vanagloriarse de no haber visto jamás rechazadas por el público
sus producciones: por eso siente hacia todas
gran cariño, y duda al verse interrogado para
señalar su predilecta.
-Sin embargo,-dice-hay una que sobresale de las otras, mereciendo ser por mí
colocada en lugar preferente: tal es El sombrel'O de ~opa.- Esta obra, estrenarla por
Emilio Mario en el Teatro de la Comedia,

obtuvo un éxito verdaderamente colosal, y
hoy mismo, á pesar de los años transcurridos, se representa mucho en todas partes y
siempre con regocijo del público. Ila merecido ser traducida á tres idiomas, y esto es
también otra causa que me hace · más estimable dicha comedia. Y además-preciso es
decirlo todo-merece mi predilección por el
mucho dmero que me ha producido: solamente en el primer año, dió más de doce mil
duros, y, á partir de entonces, con peque11a
oscilación, viene rentando de cuatro á cinco
mil pesetas anuales. De modo que con tales
merecimientos, bien ganada tiene su cualidad de obra predilecta El sombrero de copa.
AUGUSTO J\[ARTINEZ OLMEDILLA

1)

SUEÑO DE OPIO
En esa hora gris, en esa hora
muda y sombría en que el dolor embriaga
y en que parece el novio de la aurora
una áscua inmensa que en el mar se apaga,
yo levanté la piedra de tu fosa,
la dura piedra que la vida ataja,
y desleída, horrible y asquerosa
te vi en el fondo de la negra caja.
Los hambrientos gusanos ¡cómo hervían!
en esas formas que adoré por bellas.
De tus ojos las cuencas parecían,
ya sin pupilas, noches sin estrellas.·
Húmedo el cráneo y sin cabellos, mustia
la sien, regazo de mi boca ardiente,
abierto el labio en espantosa angustia,
deforme el seno, sin candor la frente,
tu cuerpo, que era un vaso de perfume,
con su olor nauseabundo me asfix.iaba...
¿Qué aroma mundanal no se consume·~

¿Qué carne no se pudre y no se acaba?
Asi te vi, y entónces un reguero
de llanto desprendióse de mis ojos,
en tanto que el cruel sepulturero
me ocultaba tus lívidos despojos.
¿Por qué tiemblas? ¿Por qué frunces el
[ ceño'?
;)fo te ha gustado mi doliento hisloria'?...
Nada temas: que lodo ha sido un sueño,
que he querido grabar en tu memoria
para hacerte saber que la hermosura
y la gracia que en lí el amante advierte,
van á ser en la hueca sepultura
regocijo insaciable de l~ muerte.
¡Y que tan solo la virtud bendita
es á un tiempo, al brotar su hermosa lum[brc,
aslro que en el espíritu gravita
flor abierta en la misma podredumbre!
JULIO

FLOREZ

�a53

POR EL PASEO

HORÓSCOPO DE LOS MESES

ABRIL: SOL EN AR IES
ma!,culino. Sus atributos más elevados son
el antiguo calendario romano, Abril el valor, la intuición y la razón.
era el segundo mes del año; pero en el
Las personas nacidas durante el período
Juliano llegó á ser el cuarto, número de or- de la cú!,pide, ó sea cuando el sol se encuenden que con!'&lt;ervó al h(lcerse la Corrección tra al borde del signo, participan de las caGregoriana. Derivase su nombre de la frase rarterísticas de Aries y de la constelación
latina Omnici aperif, (ábrelo todo) porque
que le procedió.
en Abril es cuando más influjo ejerce la Pi,cicis,
Los nacidos en h·ies, son generosos, simacción de la primavera.
páticos y amables; son también bastante
Entre los romano~ con~agrábase este mes obedientes, aunque se hallan dotados de faá la diosa Venus. Los primeros veinte días cultades para el mando; son positivos en
se dedicaban á fiestas, cacerías y torneos. sus propósitos é intenciones, y tienen invenEl 21, que era con~iderado romo el del ani- tivas originale!'&lt;. Una vez formada la imagiversario de la fundación de Roma, abríanse nación de un súbdito de Aries sobre un
los toneles donde se guardaba el vino reco- a!'&lt;unto cualquiera, es imposible hacerle vai;ido en el otoño anterior y se probaba esta riar de opiniones: antes de abandonarlo ó de
bebida; el 25 celebrábase la ceremonia del enprender cualquier nuevo rumbo, estudinRobigalia, para conjurar la enfermedad de rá cuidadosamente la !,ituación tratando de
la vid; y en los últimos tres días del mes te- de,-cubrir muchos detalles menores, aunque
nía lugar la danza de las fiol'es.
importantes, para aprovecharse de ellos y
Entre las razas teutónica~, Abril se titula- continuar el plan que se había trazado. Por
ba Ostermonath ó mes del viento del EstP. eso resulta que cuando tienen una amistad
Generalmente, en el mes de Abril !'&lt;e ce- la conservan y no la abandonan sean cualeslebra la Pascua de Resurrección, cuya fija- quiera las circunstancias: son, en este partición en el año se regula por la luna pa~cual cular, tan amigos de sus amigos que jamás
ó primera luna llena entre el equinoccio in- reconocen sus defectos. En cambio, para los
vernal y catorce días despué!,.
enemigos no tienen cuartel: proclaman sus
En China tiene Jugar en este mes, que e!'&lt; faltas tan pronto como las notan.
el tercero del año en el Celeste Imperio, el
El cerebro de los nacidos en tiempo de
arado simbólico de la tierra por el empera- Aries es la parle más activa de toda super•
dor y los príncipes de la casa reinante, y en sona, y debido á su inteligencia especial r~Japón se celebra en Abril una deliciosa y sultan agradabilísimos en la conversación.
encantadora fie~ta del hogar, bautizada con Mucho!=i escritores de talento, poetas, confe•
el nombre de fiesta de las niufiecas.
renciantc-, y profesores, han nacido bajo este
Rige á este mes la constelación Aries, prisigno.
mer signo del Zodiaco y principal de la TriLas características de estas per¡.;onas son,
plicidad F11ego, que ejerce su influencia quizá~, más variadas y peculiares que las
desde el 21 de Marzo al 19 de Abril, coinci- que di,;tinguen á los nacidos en los demác;
diendo este período con el que tenía señala- signos. Son genernlmenle bien formados y de
do en el primer mes del año romano. At·ies estatura elevada. Tienen complexión ruda; la
es un signo cardinal, equinoccial, movible,
N

E

f~ente y las cejas son anchas, y su dispo~ic1ón para el trabajo es grande cuando desean
a~egurar al¡;una cosa. El éxito que un súbdito de Anes puede alcanzar en la vida depe~d~ de la m~nera con gue emplea su cxp_lend1da_ energ:ia, su acción, su constancia
s1stemáh~a,. y, ~nalmente, su determinación
para pers1s\Jr siempre en el trabajo.
Per? no todo ha de ser bueno en los hijos
de Aries, pues, agresivos y excitables á menudo llegan á extremos en su excitación,cosa
de que suele~ hac_er alarde. Cuando entran
en pelea ó _d1s~us1ón es difícil que retrocedan. Los p~mc1p~les defectos de estas per~onas ~on la 1mpac1encia, la cólera y el egoís1~0. ,Juntamen!e con una extremada tendencia.ª la a~r~s1ón. Las mujere!'i nacidas en
An cs part1c1pan del mismo espíritu batallador que los hombres.
~l temperamento físico será nervioso sangurneo _s~ han nacido en un clima meridional, Yb1hoso-sanguíneo si en latitudes septentnonales.
Cuando se unen personas de Aries y Sci•

{/~~ario es segura la felicidad doméstica y los

h1Jos ~ue tengan serán físicamente her~osos

Y de mtelecto superior.
l_,os hijos de Aries deberán ser cuidado~a
y herna~~~te educados: pueden ser fácilmente d1~~g1dos sólo por medio de la bondad
y del carmo.
. Es_ de lo más importante que se nota en los
s~1bd1los de A1·ies saber que no deben prodigarseles extr~madas alabanzac;, porque al hacerlo se en~rien mucho, perjudicándose con
esto la gestión de los asuntos que tenuan entre mano~.
"
Los pla~etas que gobiernan á At·ies son
)farte Y ~eptuno; las joyas propias de dicha
constelación, el zafiro, la turquesa y el dia,
mante; los colores astrales, el azul, el blanco y el rosa; el martes, el día más afortunado
de la i::emana; Junio y Julio, los meses más
favora~les para resolver negocios: h flor em~lemáhca e~ la arr.iarilis,_ que significa orgullo
mdomable; la an~1gua tribu hebráica á la que
g?bernaba este signo era la de Gad, y Machidial el arcángel protector.

~..,. ..,!".. • l

"\ ,.-"-"''--.....-,.,...,~.....

..

... ~{ ~~ ,~-,

POR EL PASEO
¿Qué anhelo misterioso y obscuro, qué deseo
tle amar, aquella tarde se despertó en mi ser
ruando en~revi en un coche que iba por el paseo
el ha'.momoso y suave perfil do una mujer?
BaJO la noche _obscur~ de sus cabellos flojos
que re~altar hacian la nieve ele su faz,
pas~ como u~a blanca: tenue visión. :Mis ojos,
la vieron un mstanlc, ¡tan solo, nada más!
N? ~é por qué, pero una f-ecrela pesadumbre
asedia de continuo mi pecho juvenil,
y huyó de mi la calma desde que vi,á la lumbro
crepuscular, la albura &lt;le aquel suavo perfil.
EDUARDO C1STlJ,LO

�L4. OPINIÓN AJENA

LA OPINION AJENA

r
(CUENTO)

historia de Cristino Peláez, como la de
los personajes de Dicken!s, ofrece desde
sus primeros años, al novelista observador,
materiales precioso,. Es una narración hori•
zontal, quieta, monda de peripecias y nove•
lescos altibajos: nada rompió su ecuanimidad soberana, ni quebrantó su equilibrio;
un gran silencio llena sus páginas, tersas
como el cristal de los lagos dormidos en el
hechizo blanco de las noches de luna. Así
puede afirmarse que los cincuenta y tres
aiios que aquel hombre admirable • vivió
entre nosotros fueron iguales, rigurosamente idénticos en sus accidentes y matices,
como ejemplares de un mismo libro.
Cristino Peláez vegetaba en un lugarejo
de dos mil tecinos. Su padre era rico. Las
aceitunas y los viñedos cosechados en sus
hºeredades gozaban de fama excdente en
muchas leguas á la redonda. Cristino aprendió las primeras letras con el cura, buen latinista, que tenia junto á la igle~ia un colegio de párvulos, y á los quince años se graduó de bachiller en el instituto provincial.
Despaés regresó al pueblo, donde los cuidadados de su hacienda y el cansancio de su
padre, que ya iba siendo viejo, le reclamaban.
Las novelas de Julio Verne primero, y
más tarde las de Dumas y Sué, tan ricas en
volcánicos amores y asombrosos lances ca·
balleresco~, habían caldeado la fresca imaginación del mancebo. La afición á lo desconocido y al peligro es una especie de enfermedad que todos los hombres han pasado.
Muchos días, durante las horas quemantes
de la siesta, Cristino, sentado al pié de un
árbol, apartaba los ojos de los segadores que
braceaban entre las olas doradas de las mieses, para clavarlos en el espacio, donde su
enardecido magín improvisaba un miraje de
aventuras temerarias. Y tan pronto se creía
deambulando por las gélidas latitudes sibe•
rianas, como recorriendo las márgenes umbrosas del Níger, ó bien preparando hazañoA

L

~os lances de fortuna y de amor en cualquiera de esas vastas urbes cosmopolitas
resplandecientes de luz, emporios de pasiones, donde el humano enjambre riñe con
ululeos fragorosos de catarata.
Pero estas heróicas fantasmagorías declinaban con el sol, y las penumbras nocherniegas ejercían sobre el ánimo de Peláez su acción sedante. A última hora de la tarde, el
pobre mozo, sentado á• la puerta del casino,
abandonaba su voluntad rebelde á la melancolía invasora y suave del crepúsculo; bandadas de vencejos chilladores medían el cielo azulino bajo el cual la iglesia levantaba su
torre de cornijales tlljantes; la luz iba eleván•
dose, diluyéndose en el espacio como una
evaporación de la tierra; poco á poco los ruidos se apagaban; los vecinos regresaban á
sus hogares: era la hora de cenar; una fuente
lloraba en el si'encio de la plaza, por la que
dos viejos acababan de cruzar con pasos len•
tos. Entonces, el soñador suspiraba: era inútil querer emanciparse de aquel pobre pue•
blo donde nació y del cual, seguramente, no
saldría nunca.

*

**
Pasó el tiempo. Cristino Peláez, que había
engordado mucho, se casó y tuvo hijos. A los
treinta y siete años, la lotería nacional le
regaló un premio de die.z mil pesetas: foé una
de esas humoradas con que la Fortuna, siempre irónica, quiere humillar á los hombres
poniéndoles en la mano una suerte de la
que coro prende no han de saber servirse. Este
tropezón de lo Imprevisto resucitó las adormecidas aficiones de Cristino, que ya ni si•
quiera leía novelas. ¿Por qué no aprovechar
aquel accidente para romper, durante algu•
nos meses, el marasmo de su existencia?
¿Por qué no subir á un tren y trasponer ho•
rizontes como otros hombres hacen?•..
Al cabo, este tentador pensamiento preva•
leció, no sin que para ello fuera preciso que
su mujer le estimulase probándole la utili-

355

&lt;lad de_d~ un poco de reposo al cuerpo y de sabido, y dentro de su casa y con las pueresparcimiento al espíritu. Aunque reacio
tos cerradas continuaba expuesto á las mipues la costumbre de no moverse le tení~ radas del p_úblico, cual si estuviese en un
amarrados los piés, Cristino Peláez se dejó glob? de cnstal. Su viaje á exóticos lugares
conve~cer, preparó su maleta y se fué, em- ~od1ficó esta_ situación provechosamente. Es
prendiendo u_n viaje del que regresó ocho Cierto que Cristino Peláez había referido sin
meses despues.
exo_mos novelescos sus llanas emociones de
Como él había cuidado de anunciar opor- turista; no obstante, entre lo que se hizo
tunamente ~u llegada con buen número de y lo que luego se cuenta, siempre hay un
cu~tas Y de postales pintorescas, á recibirle esp~c10, una leve penumbra donde la suspi1&lt;aheron todos sus amigos. Su entrada por la ca?1a I?alévola de los oyentes pone- aquellos
cal_le mayor ~el pueblo fué triunfal: la chi- ep1_sodios resbaladizos que el narrador no
q~1llería le vitoreaba, bocas ing{nuas le son- q~iere contar. Este es el hechizo siempre
re1an, saludábanle desde las ventanas cente- l:1unfantr, de la Distancia, madre la Poenares de manos obsequiosas.
s1a y de la Leyenda.
Durante aquellos primeros días, Peláez
*
a~oró, á largas gargantadas, las exquisitas
**
mieles de la vanidad satisfecha. A mediodía
Transcurrieron cinco años, seis, y Cristidespués de almorzar, _su esposa y sus hijo~ no Peláez, atrafagado constantemente por las
e:icuchaban embebecidos las descripciones l~b?res del c_ampo, casi había olvidado aquel
q_ue él hacía de cuanto vió y gustó en las VJUJe que, v1~to desde lejos, apenas llenaba
cmdades que visitara, y por las noches, ins- en s_u memoria el espacio de un día.
talado ante una mesa del casino r entre el
Cierta noche de invierno se hallaban en la
humo d e los cigarrillos
maravillaba á sus oyen~
tes narrándoles por estilo
~achacón y detallista los
diversos incidentes que
en aquellos meses de andariego vivir I e habían
acaecido.
Después, lentamente
1a comezón pregunten~
de sus contertulios fué
menguando; los episodios
baladíes, tan tas veces rereridos por el viajero, del ar o n de . interesar, y
ª q u el anhguo silencio
que su popularidad ti e
un momento había espantado, volvió á cercarle.
Cristino Peláez, sin embargo, coro prendía que
entre él y los demás quedó algo que antaño no
existía: ese algo misterioso, genuinamente aristocráti~o, que vela por el
crédito de los dioses. Antes, su vida no velaba escondrij~s: sus actos, sus
pensamientos su niñez
1as circunstancias
•
'
q u e'
p~epararon su matrimomo, eran conocidos de
todos, nada le pertenecía
completamente: su existencia tenía la vulgaridad
humillante de lo mu y
Peláez, en las horas quemantes de la aieata, ae echaba al lado de un lrbol

de

�POR ESOS MUNDOS

rebotica Cristino Pelácz, el veterinario Don qué no hacer otro tanto? El, que babia viajaRemigio, un capitán retirarlo de carabineros, do, también podía mentir.
«Además-pensaba Cristino Peláez bonaDon Conrado, buen médico y jugador excechonamente-lo
de menos es mentir, siemlenle de ajedrez, y olras dos ó tre3 personas
más, á quienes Don Paco, el farmacéutico, 1ne que nuestra ficción sea agradable. ¿Qué
había invitado á la celebración de su fiesta importa la verdad'? Las olas del mar par~cen
verdes y no lo son; el cielo es negro y paonomástica.
La cena, en cu ya confección la cocinera rece azul. La Natural:· ·a, si no mintiese, se;;acrificó lo mejor del corral, fué generosa. ría insoportable ... •
Para vencer los pudores de su carácter
A lo3 poslres, los jugos analépticos de la digestión y los vapores traviesos del vino, ma- sencillo, refractario al embuste, Peláez trareaban las cabezas; los convidados se sen- segó varias copitas de cognac: con ellas su
tían má;; ágiles y valientes que cuando, mo- valor fué creciendo. De pronto,habló, y según
mentos antes, llegaron á la mesa. Se sirvió hablaba sen lía que, como en los gl'andes acel café, los diálogos arrcc:aron; un mador tores, su ficción cobraba relieves tangibles
sutil cubría las frenles, que brillaban á la lu1, de realidad.
del quinqué, entre el humo perlino de los . -Si ustedes-exclamó-prometen no dihabanos. El médico y Don Paco dirigían la vulgar mi secreto, referiré una aventura, un
conversacion vigorosamente: se habló de po- lance de juventud... Pero es preciso que ello
lítica,se refirieron cuenlos de atrevido color, quede entre nosotros: yo soy casado; los
\' los cristales de la ventana retumbaron con hombres casados no deben mostrar en púél e.,trépito de las risas. Después, el cognac blico sus debilidades...
Instantáneamente, las conversaciones ceatizó en los comensales ese prurito • lírico»
que impone á los borrachos la necesidad de saron, y todos prometieron bajo palabra
hablar de si mismos. El capitán refirió ha- de caballeros observar aquella discreta reiaüas de juventud: una noche, al frente de serva en que Peláez quería guardar su conveinte soldados, babia desaloj ,do al enemigo fesión. El prosiguió:
- Pues bien: aquí donde me véis, tan sode una posición fortísima; bajo el filo de su
sable, cuatro hombres cayeron. Don Remi- segado, tan metódico, he tenido un desafío ú
gio también tenia proezas que decir: cierta pistola, un lance qne hubiera podido costarmadrugada, yendo de caza por los montes me la vida, pues los padrino:; de mi rival lo
aslures, fuú sorprendido por un oso, con concertaron en condiciones gravísimas.
Todos se miraron, sorprendidos de que el
quien hubo de luchar á brazo partido. Don
Paco. que se conserYaba solterón y tenía fa- pacífico Cristino, que jamás hizo daño á nama de haber conquistado muchas volunta- die, hubiese pensado alguna vez en matará
des femeninas, contó la novela romántica de un hombre. Doa Remigio exclamó:
-¡Demonios coronados! ¿Y dónde le suceuna aventurera italiana que se mató por él.
dió
á usted eso?
Todos los oyentes se maravillaban, demos-En París,-repuso Peláez-á los ocho ó
trando una credulidad que invitaba á la
mentira. Por su parle, Don Conrado, el más nueve días de llegar allí. El encuentro se veviejo de la reunión, dijo una historia cuya rificó en una isla del Sena, y de ello conserexactitud, por la lejana fecha en que acae- varé mientras viva un recuerdo bien triste.
Repentinamente se había quedado serio,
ció, hubiera sido muy dificil comprobar.
y
su
gravedad dió á sus palabras autoridad
Mientras los demás hablaban, Cristino Peláez pensaba tristemente en que su existen- decisiva.
-¡No sabíamos nada!-murmuró el farcia era una sinfonía inaguantable de vulgaridad: él no había matado osos, ni reñido con macéutico.
-No me extraña: esto nadie lo sabe; yo
nadie; de él no se había enamorado, con veá
nadie
se lo he dicho.
hemencias suicidas, ninguna mujer...
Don Conrado preguntó con cierta timidez:
El instinto, no obstante, de imitación, le
-;.Y... fué usted herido?
invadía, siendo tao lo más fuerte cuanto ma-Sí, señor ... El vencido fuí yo, y la bala
yores eran los trastornos producidos en su
cerebro pol' los humos quimeristas de la co- me acompaña todavía: la llevo aquí, incrus·
mida y del alcohol. ¿,Por qué no mentir lada en la articulación del hueso sacro con
cuando una leve superchería bastaría á po- la columna vertebral.
Un silencio dramático puso comentario
nerle á la misma altura novelesca en que los
elocuente
á estas palabras. Ya nadie dudaba.
demás se habían colocado? Esta inocente
tentación creció al percatarse de que todas La seriedad que Peláez demostró siempre, y
las estupendas historias allí narradas acae- la modestia triste con que se declaraba de•
cieron en época.;; y parajes remotos. ¿Por rrotado en aquel lance que muy bien hu•

r

�368
se y momento llegó en que Peláez no pudo
pensaste en que tu muerte dejaría á tu mu- levantarse. Don Conrado le reconoció escrujer y á tus pobrecitos hijos en el más es- pulosamente y declaró que era preciso opepantoso dolor?
De estas quejas dedujo Peláez discreta- rarle.
-¿,Operarme?-repilió Cristino aterrado.
mente que su mujer, más que celosa, estaba
-Sí, querido. A mi juicio ha hecho usted
curiosa de oirle referir los detalles de aque- algún esfuerzo violento, y la bala se ha deslla esforzada aventura. Tanta superchería le prendido comprometiendo la salud de los
avergonzó y hasta se puso colorado. ¿Pero intestinos... A esto atribuyo esos dolores de
cómo desdecirse de lo que una vez declaró y que usted se queja.
centenares de labios, ingenuamente oficio-¿Y no cree usted-objetó Peláez sin
sos, divulgaron después; ni cómo arrancarse atreverse á declarar la verdad-que ello sea
aquella bizarra corona de mirto y laurel de un poco de reuma?
que su esposa, tan fantasiosa como todas las
-¡No, amigo mío!...
mujeres, le creía adornado?... Además, este
Y añadió, dando á su semblante una exlance de amor y bizarría, ¿no sería, quizás,
presión severa:
la ilusión mejor de su compañera?
-Yo debo hablarle á usted con absoluta
Firme en el puesto donde las circunstan- franqueza, porque sé que es usted hombre
cias le colocaban, Cristino Peláez mantuvo de corazón. Ese cuerpo duro, que en su lento
su mentira.
descenso hácia el cóxis va turbando la ar-Bien,-dijo-ya que te empeñas te con- quitectura de los intestinos, puede acarrear,
taré la verdad, toda la verdad ... Pero evita de un momento á otro, la peritonitis. ¿Y enque nadie la sepa.
tonces?... Repito, pues, que la situación es
grave, y debemos acometerla resueltamen*
*
*
te, cuanto antes mejor.
Así, insensiblemente, Cristino Peláez, aunHablaba secamente, sin pleguerías ni amque tímido y blando como un cordero, se bajes, como diciendo: «Usted se lo ha bu~halló, el tiempo andando, colocado en uno cado. • Al oir estas palabras, la esposa de
de esos vistosos pedestales sobre que la opi- Cristino, que estaba presente, rompió á llonión del vulgo coloca inmerecidamente á
ciertos hombres. Dentro
del tacaño perímetro do
su aldea, Cristino Peláez
obtuvo sin esfuerzo una
leyenda, lo que muy pocos viejos alcanzan: l a
juventud 1 e consultaba;
en el casino sus contemporáneos solían decirle
«Oye, tú que has visto
el mundo y rodaste poi
la vida, ... ; su misma mujer, desde que conocía su
lucha con a q u el belga
vengativo y terrible, parecía quererle más...
A los cincuenta y tres
años y de resultas de una
mojadura, Peláez empezó á quejarse de los riñones. Al principio, desdeñó aquellos dolores y, á
pesar de los consejos de
su mujer, continuó yendo
al casino, donde los ami~os, viéndole renquear,
le embromaban.
-Esa es la bala,-decian-que ha salido de su
escondrijo.
La esposa de Peláez llora.ha á lágrima vi va al oir la opinión del médico
El mal fué agravándo-

369

INTROITO

POR ESOS MUNDOS

rar, desatán?ose luego en improperios contra esas m~Jerzuelas, aventureras y bribonas, que pier?en á los hombres. y Pefaez
~edóse atónito ante las proporciones que
iba
. .
. cobrando
. .la que él J·uzgó, en un prmcipio, mentira mocente.
-Bien,-repuso el enfermo.-Por ahora á
nada me decido. Mañana resolveremos lo
que debe hacerse.
El pobre Peláez pasó una noche horrorosa: unas veces quería confesar la humilde
verdad; otras, asustado por el ridículo
aquella declaración había de echar sobreq~l~
pe?saba lleyar su ficción hasta el sacrificio:
deJarse abrir en canal, morir, si era necesa-

rio, p~r ~alvar su leyenda de bravo. Al fin,
se de~1dió., «~fo dejaré operar», pensó.
Fue su umc? rasgo de artista, el ademán
de un gran a~bsta que da la vida por la be1,leza «del último gesto., ¿Por qué reírnos de
el? Colocado,s en situaciones análogas á la
suya, los heroes y los mártires no hicieron
otra cosa.
qri_stino Pel~ez murió en la operación. Su
entierro se verificó dos días después y á él
º?ncu:rió la _mi~ad del pueblo. Entonces su
hiostor1a.corndó libremente de boca en b~ca.
L s vecmos ecían:
~-Fué un hombre de armas tomar. Hace
anos, en París, una vez ...
EDUARDO

Ilustraciones de A. Galiarto

INTROITO
¡Oh, las rojas iniciales
que ornáis los salmos triunfales
en breviarios y misales!
¡Oh, cas_u~las que al reflejo
ª?.los cmos en cortejo
vais mostrando el oro viejo!
¡Oh, vestales policromos
fileteados de plomos
que brilláis bajo los domos!
¡Oh, custodias rutilantes
con topacios y diamantes!
¡Oh, copones rebosantes!
¡Oh, Dies irce 1enebrosol
¡Oh, Miserere lloroso!
¡Oh, Tedeum glorioso!...
Me rondáis si estoy dormido
me ~ont~rbái~ ?i despierto,
'
tenéis mi espmtu herido
¡m~y dolido ... muy dolitlo,
casi muerto... casi muerto! ...

AMAno NERVO

ZAMACOlS

�361

SOLTERO.NE$ CELEBRES

á Descartes,que fué uno de los mejores ami-

oos en el sentido verdadero de esta palabra', y más desinteresados consejeros que
tuvo la soberana de Suecia.
SPINOZA, HOLANDÉS

SOLTERONES CÉLEBRES
s cierto el conocido ~xi~ma del gr_an

E

sus asuntos amorosos, si los tuvo: la precrunta ¿Qnién es ella? sería en este ?aso de
~uy difícil, si no imposible contestación.
A los veintiun años de su edad obtuvo ~l
grado de doctor, y dedicatlo . 001~ extraordinario afán al estudio de la C1enc1a no s3 sabe que se perdiera ó se distrajei:a en amoríos
ó coqueteos. Su corrcspondeneta no e:a c?n
mujeres; sostenía_la con los hombres mas d1~tincruidos de su tiempo: con Bossuet, su partic~lar amigo, al cual se un~ó para un proyecto que fracasó y que t~m_a por fin la fu.
sión de todas la,, sectas cnst1anas; con Newton, que fué en cierto sentido su_ riv~l, rues
el descubrimiento del cálculo mfirntes11!1al
lo lograron los dos célebres solteros casi al
mismo tiempo.
.
¿Y cómo había de casa;se, ade~ás, q_men
descubrió la primera leona del calculo mtegral?

escritor Rudyard K1phng que dice
que en la vida viaja más deprisci el que
viaja sólo? ¿O debe aceptarse como verdad
que una compañía impulsa y ayuda ese
viaje?
.
En el tema que es obJeto del present~ articulo es muy dificil dar res¡~uesta á nmgu~
no de los dos puntos del dilema: vamos a
tratar de los solterones célebres que en el
mundo han sido y si es verdad que podemos presentar ~na larga lista de hombres
famosos, también puede oponerse á esta relación otra de casados que han alcanzado
fama extraordinaria debiéndose no poca
parte de esta á sus muje~es, que les ayudaron enel camino de la vida, que fueron con:ipañeras suyas en ese viaje de que habla K1pling. Lo cual quiere decir que la verdad ó
falsedad de cualquiera de los dos extremos
de nuestra pregunta depende tanto del caDESCARTES, FRANCÉS (1596-1650)
mino que siga una persona como de la campaña que adopte en su marcha.
Otro pensador, so~re ~uy~ vida 1:inguna
Es conveniente, antes de empezar nuestra
mujer
parece.haber eJeretdo miluencia amoexcursión por el campo de los solteronc~, rosa fué
René Descartes, el filósofo que tomó
hacer la observación de que mucho~ de l~s part~ en el sitio de la Rochela en 1629, Y
grandes hombres que han permanecido ?élt_bes no lo han sido por gusto: unos p~r md1- buscó después la rnledacl en Holanda, d~ncle
ferencia y otros por desengaños rec1b1dos en permaneció veinte años, durante cuyo tiemedad te'mprana. Los indiferentes son los po publicó las obras de metafísica que tanta
.
más, y en esta lista figuran en may~r _propo~·- celebridad le dieron.
La princesa Palatina fu~ g~·an ~miga su~a,
ción aquellos cuyo trabajo ha ~~tgido mas y Cristina de Suecia le mvitó a su corle.
ccncentrada abstracción del espmtu, los fi- René Descartes declinó el honor a~ pronto,
lósofos, los sabios.
teolóPero' al fin ' viendo que sus contrarios
'l y pret en·
oicos
ganaban
terreno
contra
e
LEIBNITZ, ALEMA.:'i (1646-1716)
dian inutilizarle aislándole, abmdonó II~landa v marchó á Stockolmo, donde los _riEl barón Goltfried Wilhelm von Leib_nilz gores del clima ejercieron sobre él tanta ines uno de los so1lerones de nuestra_ h~ta. fluencia que muy pronto le causaron la
Este filósofo y filólogo no era comumcat1vo mnerte. La reina Cristina lloró amargamente
con el prójimo, y por eso nada se sabe de

(1632-1677)

Baruch Spinoza era refractario al matrimonio. Pensador agresivo, llevó vida turbulenta. Era de familia hebrea-portuguesa, y
fué acusado de herejía, y con dificultad escapó del cadalso. Al abandonar la ciudad de
Amsterdam trasladóse á La Haya, donde
permaneció hasta su muerte. No teniendo
fortuna propia, se ganaba la vida pulimentando lentes. Pocas eran sus necesidades, pero
pobre y sin recursos rehusó con verdadero
estoicismo una cantidad de dos mil florines
que su amigo Simón de Vries le regalaba, y
la cátedra de Filosofia en la Universidad de
Heidelberg, que le fué ofrecida.
Ko aspiró á la celebridad, y de todas sus
obras la única que publicó fué un Tratado
teológico-politico, libro que levantó al ser
conocido una tempestad de censuras contra
Spinoza, cosa que hizo pensará éste en que
mejor era para él no publicar ninguna obra
más, como así lo hizo. Mas no por eso dejó
de trabajar, y después de su muerte sus
amigos encontraron una gran cantidad de
manuscritos, listos y en disposición de darlos á la imprenta, que fueron paulatinamente publicados.
NEWTON, INGLÉS

(1642-1727)

Muy semejante al de Descartes fué el sino
de Sir Isaac Newton. Este gran hombre se
entregó desde que contaba dieciocho años
ele edad al estudio de las matemáticas, de la
física y de la astronomía, que cursó con inusitado aprovechamiento en el Trinity Gollege, vivero de sabios en Cambridge.
No se conoce la causa de que haya permanecido soltero. Se supone, sin embargo,
que en su juventud sufrió algún desengaño,
y por esta causa abandonó toda idea de matrimonio. Los que han discutido este punto
afirman que sí Newton, poseedor de gran
fortuna, se hubiera casado, es casi seguro
que se habría evitado una de las mayores
desgracias que sufrió en su vida: la destrucción por el fuego de manuscritos muy importantes. Newton era en extremo cariñoso
con un perrito que tenía, y además algo
_abandonado en sus papeles; en cierta ocasión, el animalito, jugando y saltando, hizo
caer sobre aquellos papeles una bujía encendida; como el gran matemático no estaba en
la habitación,no pudo evitar que se les pren-

diera fuego. Esta pérdida fué !fiUY sensible
para Newton, el cual, por algún tiempo, vió
su salud física bastante resentida por el disgusto que este suceso le causara. Y ahora,
una pregunta: ¿hubiera evitado la destrucción de aquellos manuscritos una esposa
que nuestro hombre hubiese tenido?
SWEDENBORG, SUECO

(1688-1772)

Místico desde la cuna, brilló Emmanuel
Swedcnborg primero como hombre de letras
y poeta,obteniendo gran popularidad en Stockolmo y en toda Suecia; después, como
miembro de la Academia de Ciencias de
San Petersburgo, donde presentó su célebre
teoría atómica, y, por último, á los cincuenta y cuatro años de su edad, abandonando
cuanto á los intereses materiales se refería y
abrazando nuevas doctrinas religiosas, con
las que Swedenborg pretendía que las verdades predicadas por él provenían de inspiración directa.
Nada ele eslo le dejó tiempo para pensar
en las mujeres, y ya que éstas no le amaron, lo hicieron con gran entusiasmo sus
discípulos, los adeptos de esta nueva teorfa
religiosa, los cuales fundaron la Iglesia de la
Nueva Jerusalén, que se extendió rápidamente y hoy tiene ramificaciones en Inglaterra, India, Africa y América.
KANT, PRUSIANºO

(1724-1804)

Otro solterón célebre fué Inmanuel Kant,
como Swedenborg hombre de temperamento místico, fundador ele la filosofía alemana.
En Konisberg nació y allí vivió toda su vida.
No viajó ni aún para visitar ningún centro ni
establecimiento universitario: le bastaba con
su Kiinigsberg, donde nn cesó de trabajar.
Prácticamente, fué hombre muerto para el
mundo, pues vivió únicamente para honrar
á su diosa, la Filosofía. Para él no parecía
tener atractivo la humanidad, y se abstuvo
rígidamente de todo placer social. Su sitio
preferido era un claustro, y, verdadero asceta, supo distribuir mu y bien el tiempo para
aprovecharlo y llevar á cabo concienzudo
trabajo durante las veinticuatro horas del
día.
Es el filósofo puro y sencillo, el profundo
pensador alemán que revolucionó en un sentido todo el pensamiento moderno. Es todo
el tipo, sin defecto alguno, del recluso escolar, del hombre para quien el mundo y sus
tentaciones nada significan.

(1694:-1778)
Pasando de los recluidos á los hombres de
VOLTAIRE, FRANCÉS

�363

LA GARZA

POR ESOS MUNDOS

362

mundo, ¿dónde se encontrará hombre soltero más distinguido que Francisco María Arouet Vollaire? Su vida la pasó entre los hombres más alegres y las mujeres de mundo;
y, sin embargo, cuando murió, no tuvo una
esposa que cerrara sus ojos, ni hijos que le
siguieran á la tumba. Débil desde su nacimiento, no se bautizó hasta los nueve meses de nacido. El abate de Chateauneuf, un
pariente suyo, le dió las primeras lecciones
de ateísmo y le presentó á Ninon de Lenclos, la célebre belleza: tan encantada quedó Ninon del jóven que en su testamento le
legó una cantidad considerable de dinero,
con instrucciones para que la gastara en una
biblioteca.
Voltaire hizo pronto su entrada en el
mundo como poeta y hombre de ingenio;
pero á su padre, que aborrecía la poesía, le
molestó la notoriedad adquirida por su hijo
y lo envió á Holanda. Allí, apenas llegado el
mancebo, adquirió un compromiso amoroso
que obligó á su padre á hacerlo regresar á
Francia, con objeto de obligarle á vivir en el
campo. Voltaire empezó á escribir un poema épico sobre Enrique IV, y fué repentinamente encarcelado en la Bastilla acusado
de molestar con sus sátiras á Luis XIV.
Cuando salió de la prisión, empezó á escribir para el teatro, y su vida la pasó entre
la producción de comedias y la crítica cruel
contra las creencias más arraigadas entonces.
Era el favorito de la buena sociedad, y
el bello sexo le profesaba especial predilección: quizás por esto mismo no se ca~ara
nunca.
WALPOLE, J:.GLÉS

gurarse que su gran dominio del primer idioma ayudó mucho á que sus cartas inglesas
fueran obras maestras. Había en él también
mucho del temperamento galáico, y era el
tipo del verdadero hombre de mundo que
sabe disfrutar de la vida de manera metódica y racional.
GIBBON, INGW

crónicas que una vez amó verdaderamente
yq~e.su carácter ~isántropo fué lo que le
101¡nd1ó ser un fehz amante y un dicho~o
marido. En realidad, su aversión á la sociedad era cosa anormal: la melancolía y la soledad le atraían; evitaba el trato con los

amigos, y únicamente encontraba placer en
la música.
A pe~ar de todo esto, la música amoro~a
y_ apas~onada que Beethoven compuso no
tiene rival en nmgún otro maestro de los que
el mundo ha conocido.

(1737-1794)

Tipo opuesto completamente al de Walpole fué otro solterón famoso, Eduardo Gibbon,
que dedicó sus primeros años de hombre á
historiar el reinado de Sesostris y la decadencia y ruina del imperio romano.
Severo y estudioso, sus miras eran el reverso de la ortodoxia; fué por naturaleza un
recluido de la vida, y jamás brilló en sociedad. Solamente se conoce una mujer, madame Neckar, que le inspirara un sentimiento
más profundo que la amistad, y los hados
estuvieron siempre contra ellos para que el
matrimonio pudiera verificarse.

(1717-1797)

Otro gran literato que no aceptó el yugo
del matrimonio fué Horacio Walpole, conde
de Oxford. En la Universidad de Cambridge
hizo conocimiento íntimo con el poeta Gray.
En 1741 fué miembro de la Cámara de los
Comunes de la Gran Bretaña; pero apenas
hizo caso de sus obligaciones como diputado, porque su tiempo y sus pensamientos
los dedicaba por completo al estudio del
. arte y de la literatura.
En 1765 hizo un viaje á París, y en este
período empezó la novela de su vida. Gran
amigo de Mad. Deffand, en su sociedad pasó
horas muy agradables. Se ignora hasta qué
punto influyó e~ta dama en la vida de Walpole, pero, desde luego, se sabe que el afecto
de ella era sincero y desinteresado para este
distinguido gentleman, cuya conver;;ación
encantaba á todos. Escribía el francés tan
perfectamente como el inglés, y puede ase-

DRAKE, INGW

(1540-1596)

Este célebre navegante y descubridor fué
un célebre incasable: el mar mandaba en
los pensamientos de Sir Francis Drake, quo
no quiso elegir otra señora y dueña á quien
dedicar sus intimidades y sus amores que
el contínuo batallar en las aguas del Océano
con los españoles.
Por estos combates la reina Isabel de Inglaterra·colmó de honores al almirante Ora•
ke, que correspondió á ellos apresando bu•
ques de España cargados do oro y tomando
posesión de California en nombre de su reina. En 1594 dió el último ataque contra las
colonias españolas de América, y, aunque
victorioso en parte, fué rechazado en Puerto
Rico y Panamá resultando su expedición un
fracaso. En 1795 murió de fiebres, y Devonshire, su país natal, le lloró como el más noble de sus hijo.,.
Drake, honrado por toda Inglaterra como
cortesano y marino, mantuvo siempre su
alta reputación. En realidad, no tuvo residencia conocida en tierra, pues siempre vi•
vía en el mar. Al volver de ;;us viajes, nin·
guna mujer le esperaba en el nido, ni tam·
poco los hijos aguardaban su regreso.
BEETHUVEN, PRUSIANO

(1770-1827)

Los grandes artistas tienen mucho de re•
traídos, y Ludwig Beetboven no fué excep·
ción de esta regla. Vivió para el arte, y jamás conoció los placeres ni los pesares de la
vida doméstica. Sin embargo, cuentan las

LA GARZA
¡La reina del remanso! ¡Qué linda es esa reina!
Refu)ge por sus hombros el brillo de la espuma;
la bma se embalsama cuando gimiendo peina
las hebras luminosas de su nevada pluma.
Erguida en los contornos del soñoliento lago
como una rcsa enhiesta, más blanca que el arr:iiño
parece con sus, alas y ~u mirar tan vago
'
el busto de algun ángel ó el busto de algún niño.
Princesa de los lagos, amada de las ondas
que pasan silenciosas besando las arenas,
regando sus espumas sobre tus alas blondas
en las calladas tardes, opacas y serena~:
Admiro tu blancura, tu fúlgida pupila
que esparce por el agua su lánguido destello·
contemplo la tardanza con que tu busto oscÜa
meciéndose en los aires, y el mármol de tu cu~llo.
R.A)1óx ORTEG.\

�ACTUALIDADES

reciennacido es varón ó hembra, se enarbolará en el primer caso la bandera española
Cuando este número de Pon Esos ~f1;-,;oos en la parte del edificio del palacio real que
,·ea la luz pública, estará muy próximo á se conoce con el nombre de la Punta clel
nacer el hijo ele los reyes Don Alfonso y Diamante y se harán salvas de veintiún caDoña \'ictoria. Ya el Gobierno ha tomado ñonazos; en el segundo caso, la bandera que
sus disposiciones para el acto de la presen- habrá de enarbolarse será blanca y las salvas
tación del príncipe 6 infanta que nar.ca, y en constarán solamente do quince cañonazos. Si
ellas hay una no\'e,lad con relación á ante- el alumbramiC'nto se ,erificaso de noche se
riores sucesiones de lo;; reyes de esta na- colocará al pié &lt;le la bandera un farol, ilumición: si es hembra, no se la llamará princesa nado de igual color que sea esta bandera.
Acompniiado de la camarera mayor y de
ele Asturias, como lo fueron Isabel 11 cuando
1o s jefes del
reinaba F e rpalacio re al,
nando VJI, y
])
o n Alfonso
la infanta IsaXIII presentabel ante:; del
rá el reciennanacimiento de
cido al GobierDon ,\lfonso
no y al cuerpo
XII: sólo tendiplomático
drá los honoacreditado en
res y prccmiMadrid, que
n en c i as de
serán inYitainfanta de Esd o s expresapaña. El Gomente
á este
bierno explica
acto, al cual
r;;t a circunsdeberán con tancia en la
currir los presiguiente nota
sidentes de las
oficiosa, q u e
Cámaras, los
reproducimos
comi!iionados
porque, á 1o
de
Asturias,
que parece,
dos
individuos
setratade sende la Diputat ar jurisprución de In
dencia en tan
Grandeza, los
importantísicapitanes gemo asunto:
n eral es del
•La razón
ejército , 1o s
de queal futuraballeros del
ro heredero de
Toisón,
un a
corona se 1e
comisión
de
le designe con
Dtn ,José Gutiérre, Abasen!, ilustre periodista, íallerido en :lladrid
las
asambleas
et
25
de
~farzo
pasa,to
el titulo de
de las órdenes
príncipe de
de
Carlos
III
é
Isabel
la
Católica,
otra de
Asturias, si es varón, y sólo con el genérico de infanta, si es hembra, obedece al cada asamblea de la órden de San Juan de
criterio establecido va al morir la última Jerusalén y de las cuatro órdenes militares,
princesa de Asturias dé vincularen lo posible los presidentes del Consejo de Estado, Trieste título en la persona que con mayor ca- bunal Supremo, Tribunal de Cuentas y Conrácter definitivo represente la sucesión al sejo Supremo de Guerra y .Marina, dos inditrono, evitando así que, al nacer un varón viduos del Tribunal de la Rota, el arzobispo
en segundo término, ha ya necesidad de re- de Tolerlo, el obispo de esta diócesis, el prohajar la cate.;oria de la hembra, priYándolc capellán mayor de palacio, los que han sido
de los honores y prerrogativas del principa- embajadores, el jefe de Estado mayor central, el presidente del Centro técnico y condo. que pasan al varón.&gt;
El decreto relativo á las formalidades para sultivo ele Marina, el capitán general de Casanunciar al público el nacimiento del primer tilla lit Nueva, el gobernador de Madrid, el
hijo de los reyes fué firmado el 3 del actu1J.I. presidente de la Diputación provincial con
111 dicho documento se dice que para que el dos diputados de la misma, el alcalde de
fecindario de Madrid sepa en seguirla si el ~fadrid con una comisión de concejales, otra
LA SUCESIÓN DEL REY

ACTUALIDADES
La casa reinante en Sajonia es católica, y
fué fundada en 1413 por el duque Alberto
~1 ¡ ·d III llamado El \'alieute, que pronto ganó
El 19 de :Man:o pasado estuvo en • ai ~1 el ~calamienlo del ducado de Cléves_ y conel rev de Sajonia Federico Augusto III. V~a- dado de )lark, cuyos tilulos se apropió. De,jaba 'este monarca de incógnito por varias pués, los sucesores de~ fundador fueron adpoblaciones de Europa, y desp~és de saludar quiriendo derecho-&lt; y htulos de Elector, conen Dianilz al rey Eduardo \i II de la Gran
de de 1IenneBreta1ia y en
berg, duque de
Lisboa á CarJulicrs y de
Jo,s I de PorluBerit, señor de
gal, recobró :;u
Ravenstein v
carácter Ofi •
de Voigtland·,
cial para vemargrave de
nir á saludar á
la Alta y Baja
D o n Alfonso
Lusacia, r e f
XIII, que le
'de Polonia
recibió con los
desde Junio de
hon or es y
169'/ á Octuconsidera ci ojbre de 1763 y
nes debidas.
de Sajonia
El r e y de
desde DiciemSajonia nació
bre de 1806.
pn Dresde en
\ El territorio
1865, hijo del
de este reino
rey Jorge y de
de Sajonia, su)laría Ana, injeto á In aut~fanta de Porridad del ka1tuga 1, ambos
ser Guillermo
va difuntos.
lI, hálla:&lt;e en
Sucedió á su
la región cen·
padre el 16 de
tral de Alemade Octubre de
nia y está di190-i. Contravi.dido en cuajo matrimonio
t ro círculos.
en Viena en
Bautzen,Dres1891 con la
de, Leipzig Y
archiduquesa
Zwickau, que
Luisa-Anto. .
toman el nom·
'[ · d
d ¡ r 'Y de '-ajonia r eder1eo Augusto III
nieta., ana e
Don .\lfon~( Xll\ ~~Pd_ñ an1 di! d~ la ll~da de dicho re! á .'.lfadrid
bre de sus res·
0 111
Austria, con la
en la E;lacion de •
e
peclivas capicual ha tenido
•
tale:&lt;. El rey Federico Augusto III marchó de
seis hijos, lres varones Y. tres hembras. Es:e }\{adrid el mismo día de su llegad~, muy samatrimonio está divorciado desde el ano tisfecho de las atenciones y agasaJOS con que
1903, y la princesa austriaca usa de~de en- él V su comitiva fueron obsequiados.
tónces el titulo de Condesa de Mont1ynoso.
.
EL REY DE SAJONIA EN MADIUD

I'

365

�ACTUALIDADEF
POR ESOS MUNDOS

1366

del Cabildo Catedral, los directores é inspectores de Guerra, el comandante de Inválidos y una comisión del Cuerpo Colegiado de
la Nobleza.
El ministro de Gracia y Justicia exten de- ' ·
rá acta del nacimiento
y de la presentación \ ¡.
del primogénito de los
r
reyes de España.

queridisimo ) muy apreciado de cuantos tuvieron ocasión de tratarle.
LA CONFERENCIA
DE LA HAYA

El czar Nicolás II,
que viene persiguiendo
desde el año último la
idea de celebrar una
segu n da Conferencia
de la Paz en La Haya,
«KASABAL»
sometió oportunamente á las naciones el
El 25 de Marzo últiprograma de esta reumo falleció en Madrid
nión
internacional. No
después d e larga y
logró entonces el empenosa enfermedad el
perador de Rusia otra
ilustre periodista Don
cosa
que una equiesJosé Gutiérrez Abascencia, en cierto modo
cal, que tan conocido
prestada, á la celebrahabía hecho el p~eudóción
de aquella Confenimo de Kasabal con
rencia; pero, porfiando
que firmaba sus traun día y otro, al fin
bajos literarios.
ganó la conformidad de
Fué una de las figuras
toda Europa y Amémás salientes del periodismo madrileño, IJon Wenceslao Ramírezdc Yillaurrutia, nombrarica y la de Japón pa'lló con luz
do delegado de Espa,ia para la Conferencia Interra ir á dicha reunión.
nacional de la P112 en La Hava
y en él br)
Lo que no ha ganado
propia y c o n fuerza
extraordinaria desde que empezó á trabajar el czar son las vo I un tades · pues aunen La Igua?dad, pasando por El Resúmen, que tedas las naciones han acep'tado el proEl Imparcial, El Liberal, La Con·espon- grama formulado en 1906, Inglaterra, que ya
cuenta con poderosos
dencia de Espm1a y
medios de combate y
Nuevo Mundo, hasta
que
está, por tantÓ,
que en 1899 fué die n desesperación de
rector del Heraldo de
cumplir al pié de la
Madrid. En 1902 la
letra e 1 axioma que
enfermedad que le ha
dice q u e • ningunas
llevado al sepulcro le
paces deben intentarobligó á abandonar esse cuando no se dis1e puesto de dura laponen de muchos mebor; pero no por eso
dios con q u e poder
dejó de escribir, y la
aventajadamenle hafirma de Kasabal no
cer la guerra», la Gran
desapareció de las coBretaña, repetimos, pilumnas de aquel imde ahora oficialmente
portante periódico que
, que se complete aquel
casi diariamente deleiprograma con la limitaba á sus lectores con
tación
de armamentos;
crónicas y artículos repetición que secundan
trospectivos del galano
eficazmente España y
escritor, uno d e los
los Estados Unidos de
que más público, y púNorte-América, al problico propio, han tenido en España.
Don Gabriel lllaura y Gamazo, otro dele~ado de
pio tiempo que la misEspaña en la Conferencia de la Paz
roa Inglaterra, con JaGutiérrez Abascal,
pón, su aliada de Asia,
que ha muerto á los
cincuenta y ocho años de edad, representó se r~serv~n la facultad de no participar en
repetidas veces á Málaga en el Congreso de la d1scus1ón de las cuestiones del proorama
Diputados donde, como en todas partes, era aprobado cuando estimen que el deb:te no,

l

367

cond_ucirá á ningún resultado práctico. AleF'.r.anma
· estará representada por el ilustre
mama, que cree que no hay medio más seliti M Le B
guro para contener á un pueblo en los tér- po co ." · on ourgeois, que ya asistió á
minos del honor y de
la antenor asamblea de La Haya, y le ayula modestia que el te- r--~!""l"--m~---.,....-.----,.-- darán en sus trabajos
mor de u n enemigo
M. Decrois, exminisguerrero, se opone á
tro Y exembajador, y
la limitación de arma..,.1111111~.
el diputado doctor Esmentos propuesta por
tournelles.
la Gran Bretaña; y en
A Italia le represenforma más general que
tará el conde Tornielli
esta nación, y unida
embajador de su na~
a d e m á s á Austriación en París, al cual
Hungria, expresan asiauxiliarán el subsecremismo el deseo de abstario de Estado señor
lención si les parece
Pompili y el ministro
que la discusión no ha
de aquel país en La
de alcanzar fin prácHaya señor Tugini.
tic o alguno. Rusia
Los Estados Unidos
hace análogas reservas
de Norte-América esy declara que mantenta r án repre&lt;:entados
drá el programa origipor Mr. Jose¡h Hodges
na!.
Choate, al cual acomCon estas cosas, y
pañarán el general IIoolras más,~_puede aca___.-._.....ce......:,:.:.,.;._ _~ ~ - ' race Porter y el capi~o dar resultado posititán de navío Alfredo
vo esta segunda Con feDon ~jjó!1 Nocedal,.ilustre política integgista
Mahan.
rencia de la Paz que
a ec1do en Madnd el dia Lº del actual
,
Austria-Hungría ha
el czar ha preparado después de su ouerra
.
conferido su deleaac?n Japón? Lo cierto es que la Confere11- c1ón al embajador Von Merey y al diput:do
c1a ya está convocada para el 16 de Junio Lammar~ch, que ya representaron á su país
próximo, que á ella se han adherido cuaren- en la ~l'lmera Conferencia de la Paz. Les
la y siete naciones, y
ayudaran el almirante Spaim y el general
que casi to das han
barón de Giesl.
1.ombrado ya sus deleRusia ha conferido
gados.
s u representación a 1
Espaiia ha conferido
consejero de Estado
su representación á su
prJfesvr Martens, que
embajador en Lóndres
fué el alma de la primeDon Wenceslao Ramí~
1a Conferencia de 1a
rez de Villaurrutia coHaya, y á M. Nelidow,
mo primer delegad~, el
embajador en París.
cual _s~rá asistido por
Aun no se sabe ofiel m1mstro de España
cialmente cuando el
en Holanda, Don José
cronista escribe esta
de la Rica y Calvo, y
noticia, quiénes serán
por el conde de la Morlos delegados de Inglalera Don Gabriel Maut~rra, Japón y Alema~-a y Gamazo, diputado
ma, aunque se cree
a Corte8. El señor Vique á esta última nallaurrutia ha sido mición la representará su
nistro de Estado, repreembajador en Con s.
sen~anle de España en
tantinopla, acompaña".ªr!a~ corles europeas,
~ - -- -d_o del profesor Zorn, ju1nd1v1duo de la comi__..,__ __.,. nsconsulto de bien cisión que fué áParís para
Doctor lllaucbam~ médico del dis¡icnsario francés
mentada fama en su
hacer y firmar el Trade Marrakes ' asesinado por los moros
país, y de agregados del
~do de Paz con los Estados Unidos y tamEjército y de la Marina.
f ién figuró_ en la delegación españ~la que
DON RA)!Ó.N NOCEDAL
ué á la primera Conferencia de la Paz.
A los sesenta Y dos años de su edad falle-

�POR F.SOS )IU"DOS
Jic\N CASDIIH-PEHIER

,·;,ta pa'lorámica &lt;le la población marroquí de lJcbJa, ocupa,la por una columna del ejército Crancé; el 29 de ~larza último

muy jóvenes recucrclan ahora casi con frui•
ció el día 1.0 del actual en )ladrid este ilus- ción los estrenos de J,a crr1·111m1ola ,. El
tre político jefe del partido intrgrista, re- juez de su causa. que fueron pretexto para
presentante de Pamplona en el Congreso de que los ánimos, enconados entonces en disputas de opiniones ultramontanas y radicalos Diputados.
Nocedal, cuyas campiña.e; en fa Cámara les y revolucionarias, se enardec'.eran más y
popular n1 fueron infructuosas pllra el fin llegaran á las manos los que sustentaban
que perse~ufa, pues más de una vez sirv;e- unas y otras: converlíase el teatro en campo
ron para derribar los Gobiernos á quienes de batalla donde vencía: no el que mayor
combatió, maldecia del régimen parlamenta- razón tenía, sino el que empuñaba más fuerrio y, sin embargo, puede muy bien decirse te garrote y el que mejor sabía ef-grirnirlo.
que era con Romero Robledo, ya fallecido
Tal es la historia c¡ue el cronista presenta
también, el más conspicuo y ferviente ado- á la inc;aciable curiosidad del lector en esta
rador de ese régimen, sin el cual el jefe del noticia dedicada á un hombre que tan bien
integrismo no podia encontrarse. Sabia á supo servir las enseñanza!! que aprendiera
clónde dirigir con certeza y fina puntería las de su padre, el ilustre Don Cándido ~oceheridas que su inflexible y álica palabra producían, y asimismo sabía obtener del daño dal.
causado el mejor partido posible.
r,oc¡ FRA~CESES E~ UCHn \
Pero esto nada más que en lo que se refería á las ideas; pues en lo que hacía relaPorque los moros de Marrakesh ase!-1inaron
ción con las per;;onas, Nocedal era incapa~ al doctor Mauchamp, que en aquella poblade inferir la más leve ofensa á nadie: por ción marroquí tenía un dispensario médico
eso, á pesar de la fiereza de sus luchas en el y además hacía trabajos geodésicos, el GóCongreso de los Diputados, era querid!simo bi~rno de M. Clémenccau dispuso la ocupapor todos y contaba sinnúmero de simpatías. ción de Uchda, en la frontera argelina, cosa
Sus tareas parlamentarias estaban auxilia- que llevó á cabo una columna del ejército
das por 1enaces y valientes campañas en la francés el 29 de Marzo pasado.
Prensa, en la cual Don Ramón Nocedal conDicen los franceses que han adoptado esta
taba con órgano de tanta valía como El Si- medida porque están hartos de ver cómo el
glo F11tHro, en cuya~ páginas este ilustre sultán de Marruecos y las autoridades que
político apuntó primero y mantuvo luego de éste dependen no atienden las reclamacierta independcnc:a del carlismo incondi- ciones de la ,ecina República, de cu~·os súb·
cional al desterrado de Venecia, fundando el dilos hacen maldito el caso; pero, al mismo
partido integrista, carácter con el que venía tiempo, asegura el Gobi&lt;'rno de París que la
presentándose hace muchos años á disputar ocupación de Uchda será sólo provisional, Y
y ganarse el sufragio popular.
que la población ha de ser evacuada tan pron·
También escribió Nocedal para el teatro; to sean atendidas las peticiones de Francia.
y los que de la presente generación no son

ll

�ACTl- _\J.IDADl-:..'i

1

POR ESOS MUNDOS

370

.
p ¡ ¡ 18 de Mano Ullimo
M .1Pall Ca,simir•Perier, expresidente •le la República Francesa, fallrc1do en ar se
l\L PRESIDllNTE DCL URUGUAY

El doctor Claudio Williman, que _el dia
1 • de Marzo último fué elegido presidente
c~nstitucional del Uruguay, debe su _eleva·ón á sus méritos persona\es1
probidad y
Ct
..
excelentes antecedentes cincos. .

d d

i,or Ballle le confió la jefatura de. un bata!lón-civico, de la cual pasó Wilhman a la
cartera de Gobernación, pu~jto que ocupaba
cuando fué elevado al primer puesto que
ofrece la democracia uruguaya. .
.Tal es a grandes ra--~os la v1_d~ pohb~a
del presidente uruguayo. qne reg1ra suide,l
tinos en el periodo de 1!)07-1911._ Su e a
poder aclamalo por todos los _partidos
das las fuerzas morales del _pais. Su pro.r .ma de gobierno y sus mao1~estac_1one~ po:-teriores han puesto en ev1d~nc1a un gran
deseo de ser un presidente digno y democrático.

Y,\~-

. Nacido en Montevideo en 1862, _es e
·óven se dedicó al profesorado umvermuy J
·
· 1 · t d · de
s1tario, explicando en su pa1s ~ .ca e r,l
Física. Intervino \uc~o en la pohllca ur~gua'" y durante los go!,iernos de los presid~i.ie; Latorre y Santos, se halló el do_ctor ':
lliman entre los jóvenes mas decididos opo
LA LECHE y LA Tt;BERCULOS18sitores á aquellas situaciones de ~uerza, a~st° ndose en las filas de la revolución ~uc a:.a de terminar con la derrota del QuebraVamos á dar cuenta en esh~ ~erciúu de un
~ En 1889 ocupó el decanato de la Facul- i.ntme~antisimo informe, rendido por ~ua!:;~~~
. "ón de ~abios q--ie se han pue!-to a e.
~atde Enseüanza secundaria y en 1898 f~é
del contagio de la t1~betl·cu-_
electo rector de la Universidad mayo'. de ~ ;:: los pe\icrros
0
t·
eo-\as para e\'llar o )
República. Durante el Gobierno de Cuesta,
losis y que con iene r º
.
d"
le fueron ofrecidas las carteras de Fon;en~~ combatirlo. Es esta una cuesl!ón en to ~
Gobernación, que no aceptó. Despucs. ,
, ·tes muy intcl'esante, y además altamen ~
!ido Williman vicepresidente y duectOI d_e h~~anitaria aquí CP- Espa~a clonde tantos e~~
Ía Tesorería de la Junta Econónnca ,\dm1- tragos causa la tuberc11 lo:'" Y ?onde tan
ni.strativa de Montevideo, .en cuyo. car~o co se hace para comballrla. ~ ~anc1a.) ~r r
. es ta' ,l siem1H'e proutar-;
.
cooperó eficazmente á la implantación .. e mania
. . a ~anc10~
.
0 ..ar
.
b
á la reahzac10n
a
ar
los
estudios
que
se
dmgen
a
nwJ
·.
grandes me¡oras ur anas y
.
E
d 1. ortantes operaciones financieras. •11 f..t ~10\ic·ia púhli&lt;-a, la pro,peri,la1l ro111N(•1al
¡,~s !~esos del año 1901. el Gobierno del,.,_

lt,-

371

El ,e~undo medio por el que el bncil/us
v el bienestar físico no sólo del hombro sino
iambién de los animales: no pueden olvidarse tubercular puede atararnos e.i, el consumo de
el apoyo y la ayuda prestados por el Gobier- carne tuberculosa: la raia bovina es muv
no francés á Pasleur cuando emprendió el susceptible á esta cnformeda&lt;l. y hasta se h~
de:;cubrimiento del origen de la ('nfcrmedad asegurado c¡ue aun cociendo la carne no debe
del gusano de seda, y cuando lo envió en co- confiarse en la completa destrucción de los
misión á observar las causas del antrax en el gérmenes. Pero un sistema eficaz de inspecganado vacuBo y !amir. El resultado de esta ción de carnes disminuiría mucho el riesgo
última averiguación se \'ió en la fabricación respecto á este peligro que existe en la tiende un suero que hoy se usa en toda Francia da del carnicero; y la mayor parle de los
m~dicos e o npara proteger á
vienen en que
los animales
de los trrn:1· mecontra la enferdios porloscuamedacl ante-;
les puede promencionada.
1iagursc la tuAlemania, á su
he
rc u losis, el
vez. no ha rerepresen Lado
gateado los serpor la came es
vicios del docel que con már-:
tor Koch cuanfacilidad puede
do han sido recombatirse.
querido~ pa rn
11:,i &lt;'ll c-amla debida dilubio,muy
distincidación del orito íd caso con
gen de ciertas
el tercer medio
enfermcda de~;
de infección: e11
v así las dos naúl es preci!-io
éiones marchan
coni;iderar el
a la cabeza de
caso de enconlas que prestan
trar:,:;e atacada
principal atenubredel animal
ción á lo::; estupor la tubcrcudios dedicados
Jm::i:-.; 1a !Pchr
á benefic-iar la
de este animal
situación del
llega á cargar~e
hombre.
de bc1cillus, l'
Ya en 1901
entonces toma
tuvo lugar un
la cuestión 8!-.
Congreso de la
pecto impor-'
Tuberculo:-;isen
tantísimo porLóndres. Tres
que se trata de
clase~ de infecun aliment•J
ción (pues ha y
esencial para
que tener en
cuenta que ca- Doctor Claudio Wi!Hman, nuevo presidenle de la República del Uru¡uay jóvenes y niño!-.
La tuberculosis
da caso &lt;le tuherculosi:-; representa uno de infecciún dirl'C- es una enfermedad que manifestándose en
taporel gérmen) fueron estudiados entonce:-.. los pulmones como co11.swuci611, puede ataPor el primero se afirma que el br,ri/111s car otras regiones del cuerpo, sin (1ue se espasa al aire desde los esputos seros, y ento11- cape el sistema digestivo, pues muchos niños
mueren de perturbaciones tuberculosas que
CM se con\'ierte en un agente activo para la
diseminación de la enfermedad. Nadie duda afoctan el canal de alimentaC'ión.
Sostiéncse en Medicina el axioma de que
que este sistema de prnpagar la enfermedad
es el iuás directo y constante: de aquí la di- todo caso de tuberculosis debe considerarse
fusión de las instrucciones higiénicas que in- como un caso de infección: nonacemoscon la
llisten en la instantánea destrucción de toda enfermedad en nue~lro organismo, aun cuanmateria expulsada por tuberc-ulosos. Un sólo do tengamos una herencia mala 6 débil en
paciente basta para contagiará miles de per- contra nuestra. Por esto, en el niño como en
el adulto, solo po~ernos tener en cuenta
!!Onas1 pue:; despide por día mas de veinte
ruando la enft•rmedad t-ie hace presente, que
millones de bc,cillus.
4

�.ICTUALID.\DI:,-;

presencia e,; df'l11da á un caso t!einÍl'('.Ción: se ha hecho patenlr que el /J(t,cill11s &lt;lel hom por cuya raY.ón ¡H1r&lt;•ce lo más probable, so- bre puedo originar la tuberr·ulo:;is en el gahre todo lmUllldose de los niño--, que el ori- 11arlo. Los gérmenes, aunque representen cagen de las infecciones debe estar en 1111 ali- da uno su rariedad distinta, son suRceplibles
de alternatirn en su;:; inmento que represente imfluencias para producir la
portante papel en s11 nuenformedad, y esto es pretr:r•ión, la ll•che. ¡,or ejemcisamente el alma de la
1110.
cue,-.Liún. Sin duda algu1&lt;:n dicho Congrnso ele
na-dice el informe en
1!101 hiY.O pi'i11lica el docque no~ ocupamos-la letor Koch. descubridor del
che de
c·argada de
génnen de la enfermedad,
.gt~rmenes
bovinos
es sela opiniúu de que la inl'Pcmillero de tuherculo~is,
ciú11 por la IPrhe t11ber&lt;·11fatal i;icmpre en rl homlósa era i111posihlc. pue:&lt;,
bre; y &lt;Ir la rni,;nm maneseg1.n él, «el bocillu.'l rle
ra e,-;láigualmente demosla Lnbcreulosis en la 1•,wa
trarlo
que el 1,rtcillw; del
era cscncialmenle dif'linhombrP puede inficcionar
to del br1cil/11.c; encontrado
al ganado , .
en I a enfermedad d e 1
Esta opinión debe telio:11brr, y 110 había camnerse
muy en cuenta por
bio,· por &lt;leeirlo así, de
todo
rl
mundo. para lo
¡jotcnrial para producir
cual es prer·iso que los
la dolenria; y para que se
constJmidorc-; de leche e~~f. Con,L1ntino Pohicdonnst,err, procuraihoculara la tulH•rculo,is
dor del :-.anlo Sinotlo d,, t:u,ia, falterido
lerilic,..n ú haga" hen·ir
en
San
l'ch-r,bur;o
d
21
de
~lar,o
último
humana lrmdria qur ser
este liquido alimenticio
e l I pacie11 le infirrionado
cou la ,·arie&lt;laJ. h11111ana del g{·rmen; la rnra.á antes de ronsumil'lo. En los ho!!ares habrá
su vez, únicamente podría s&lt;'r infc,·&lt;·ionada de tener,c mur presente la nece~idad de e;:;terilizar la leci1c que diariamente se cousuc·on gé1·111enos derivados do origen hoáno.
ma.
Es curioso ad,,erlir que las propias romE«tas opinione~ del doctor Koeh fueron
recibidas con eslruP11dosas C\'.clama('iones de patriolas de Koch hietTen siempre la leche
desaprobación; pPro romo las invc;-;ligacio- 11ue utili1.a11 para alimentará ,u, hijo,;, explicándose así el hecho de
ncs del célebre doctor
&lt;¡lle
la enfermedad ele la
parecían comprobar s11o;;
t1il.1crr·11losis
cu los niiios
conclusiones, no qucdaha
:-ea mrnos frer11e11le en
otro recurso que repetir
Alemiraia que en los delos exprrimenlos. ít fin de
más
paíse;; del m1111do.
di;;po1wr de mayor m:'trPero.
adcmú,; de estas
gcn de comprohaciún. y
medida,;
y pn•YCnciones
delern1i11ai- imleprndienparlic1darcs, los Gobierlementc la corrección ó
no, y .\1 uniripios deben
el error de la opiuión del·
adoptar
disposiciones
1nédico alemán.
coercitiva,
para critar la
A eslo ol:edeció el nomventa
\'
eonsumo
de lcch&lt;'
bramiento de la comi;;iún
tuberrular, si hemos de
do los 111á-; ilu,-trcs médisalrar la vida de millares
cos inglesrs, cu yo iufordo niitos. Esla es ruestión
me, que ahóra acaba de
r¡ue la lr~· no puede ni
puhlica1·se, e, el que ha
debe
dejar de,-;alP11&lt;lida.
éolocaclo· fa cuestión de la
infecciún lubercular de la
EL CO:'\ílE LA~J,-;nOr.FF
lorho sobre bases romple- _ Conde Wladimir Nicolaci,itch d,1 l.amsta 111 en le ;;a Iisfactorias.
dorff, ilu,lrc estadista ru,,,, íalleciilo c·n
Pari:&gt; ,a gei;ernlirlad de
San Remo, Italia, ,.¡ 19 de ~lar1.o pasado
Br&lt;werno11ledicho, lasopilas personas •~I nombre de
nionc-; ele ·Koch han re11ultado erróneas. Su punto inicial de partida e,,tc político ruso, fallecido en San Remo,
(el do la imposibilidad de que el gí•rmen bo- llalia, el día 19 de Marzo último. representa
vino i:;ea odgen de la enfermedad en el hom- poca cosa; pero el ronde w:i,d;mir !-íicolaie•
vilch Lamsdorff cuyo retrato publicamos, ha
},re) lnt sido completamente anulado, pue,

sil

"ª"ª

373

!&lt;Ítlo uuo de los más ilustres e:slath,las tlr sn habi&lt;'url? cjC'rric~o ums d~i un cuarto de siglo
tiempo. Xadit•_ romo él ~abía cnándo debía ruo_nne 1nll11t1ucrn ro1110 Jeft• de los reac·cioha_blar_ )' cuaudo pcru1ancce1· rallado. 8u n~rios tle su pai~. Era Pobiedouostseff ol fam1sler1o~a resrn•n. por Pjemplo con ocasión 11al 1c-o ideal ,. clesc111pe1}aba bien su papel;
de su ,·isita á lo, Ba1ka11e:-:
'
pa I eem la P11ea rnac:ión de
hace ciuco a1io:-, produjo
un inlelcclualismo eslrcmás profunda imnre,iú11
c-hn.
en los intriga11lt's ,; rcrolEra hijo de un profesor
toRos que Já hubiera11 caude la Unirer,-idad de ~Jo~sado las amc11azas y la,
cou, donde estudió leves.
promesas. Cuando publicú
En 1860 fué elevado il 1~
las i11slrucciones al embaeútt•clra de Jurisprudencia
jador ruso en Berlín eo11
Civil, y fui• llamado á San
motivo de la Conf'crrncia
Pclt'r:sbnrgo &lt;·omo Lutor de
de .\lgecirn-. lo liiw C'On
los tres hijos d(•I czar. lntanta habilidad qur. los
med iatamen ll! pretendió el
a_le~1_anes se Yi11rot1 i111 popoder. Ocho a110s despué,
s1b1litndos para srmlirar
f11é f;enacl,H; en 187::l.
la diseordia Pulre Francia
1t1ic111bro del Cousejo del
y su gran aliada.
lmJlerio, y al r;11, en 18HO,
El &lt;·ondP Lamsdorff naalr·alli:ú el pue,to de proció el al'io 18 U. Fué nomcurador del Sa11 Lo Sínodo.
brado raballcro de la Cállabia dominado complemara del c;,ar en 18U,&gt;, y
ta11H•1ttl' á .\leja11tlro 111, al
lle:zó al .\li nislerio dr NeDon Ju~n V:'w¡u~, "lclla, nuern acadéque supo mantener en la
goeios Extranjeros al año
mico de la Lengua E-pnñola
senda de la reacción: la
siguiente, y aunque estaba 8iempre cerca de 111 sma eonducta signiú con el actual czar
los ernpcrad1res, sus tendencias naturales :Nicolús, cuyo~ espasmódico,; esfuor:ws desfueron liácia dicho ~linislerio. L'na ve1. en el pu;.s de la reforma no p11diero11 tener consepoder, trabajó siempre clenoda&lt;lamente por la cuencias por habrr sido tranr¡uilameute anupat. en su país y fuera de él, y experimrntó ladas. Pero la influencia ele Pobiedonostseff.
1·erdadero dolor cuando vió á Rusia precipi- y á la Yez su carácter, fueron de4ruidos hatada e,~ la J?ie_rra con el Japón, &lt;¡11e t'·I repro- ce do-; aiio~, cuando el conde \Ville hizo r¡ue
baba. :::ie retiro hace un año á la v;ua prira- se le aceptara ;;u célebre programa ele red a, desfon11a lipués de
hernl.
cuarenta
años de
NUEVO
servicios
AC,I·
público,.
nf:mco
POBIEílONOST:"EFF

Publiramosenesta~ págiOtro runas el reso ilustre
trato de
c¡ue acaba
Don Juan
de fallecer
Vázque z
esM.Con»
Jlella, que
tan tino Po
ha sido
biedo11ostel e gi do
seff, proacadi!miro
c u ra d or
de núuu•ro
del Santo
de la Hral
Do!1 Jo,c _T. ~ta,arrasa, obispo de la •lió- I?on )lan 11el Planas,. Casals, ilusl re ~oSínod o, ces1s de Ctuda,1 Rodrigo, íallccido el l l rle l1l1co cousrrraJor, íaÍlccidu t•n Barcelona .\ca1lemia
\lar," último
el 11 ,lo ~lar;:o
muerto en
de la LenSan Pe.
) .. .
..
.
.
_gua füpatersbur:ro el dia 24 de ,\farzo pasado. Conta- nola: l e1sona e!1~l~s1ma. mteligencia superior,
~ ochcula a1ios de edad, y durante se,enla escntor notab1hs11110 r orador de graudes
anos había dc,empeiiado servicios públicoH, vuelos, tocias t•stas condiciones han hecho

�J7i,

ACTUALIOAUES

POH ESOS .M U,'WO::i

374

que su designación para ocupar un sillón en
aquella Academia haya siclo aceptada por
todos con aplau~o sinccro,que el cronista no
ha de escatimar, por lo mcrrrido, al ilustre
personaje carlista.
HEHTllELOT

Una de las glorias mayores y más indiscutibles de Fran('io, gloria univer~ri.l además, el gran Bcrthclot, padre de la Química
moderna, falleció en Paris el 18 de ;\[ario
pasado. Eníerma del corar.ón su r~po~a 1

cuando ya ésta no pudo soportar la lucha
ron la muerte y se entregó á ella, Berthelot,
que amaba entra1iablemente á la compañera
de ~u vida, su frió en presencia del cadáver
de la madre de sus hijos, rodeado de éstos,
un síncope del que no volvió en ~i: Ilerlhelot apena~ sobrevivió una hora á su esposa.
Gran sen!=lación causó en Francia y en todo

el mundo la noticia de esta muerte romántitica del insigne sabio, á cuyoi:;. restos dedicó el Gobierno de su país grandes honores
fúnebres.
Varias veces se ha ocupado POR Esos
MUNDOS en la personalidad ele Berthelot, por
cuya razón el cronista va a dar solamente
ahora unas cuantas líneas que sirran como
nota biográfica del quimieo recientemente

fallecido. )(. Pierre-Eugénc i\farceliu Berthelot babia nacido en París el aiio 1827. Era
hijo de un médico, y demostró desde temprana edad notabilísima aptitud para los esludios filosóficos y las inve:::;:tigaciones quimicas. En 1851 estaba agregado al Colegio
de Francia para preparar !os cursos de química. En Abril de 1854 era doctor en Ciencias. para cuyos ejercicios leyó una tésis notable acerca de las Combinaciones de la glicel"ina con los cíciclos y 1·eproducción ele los
c11ei1Jos amsos neutros naturales. Fué profesor de la E-,cuela Superior de Farmacia en
18~9 y prol'csor en el Colegio de Francia en
1865. Ya en 1863 habia sido nombrado
miembro de la Academia ele Medicina de
París, y después, en 1873, lo fué de la Academia de Ciencias, de la cual fué elegido secretario perpétuo en 1889. En 1865, la citada Academia de Ciencias le concedió el Premio .Joecker por sus trabajos relativos á la reproducción artificial, por vía de síntesis, de
un cierto número de especies químicas existentes en los seres vivos. Hacia esta época
fué cuando empezó sus trabajos sobre la termoquíc1ica. En 1876 emprendió un nuevo
orden de estudios relativos á la formación de
los principios inmediatos por los seres vivos
y, especialmente, por los vegetales. Como
había resignado sus funciones de profesor en

Aspecto que
presentaba
salóne!de sesiones
de la Du
d R .· ·
•
Petersburgo,
cuvo
techo se el
hundió
15 de l\larzo . 11 . ma. e u,.,rn, instalada &lt;'n el Palacio de Taurida en San
·

u imo, srn que afortunadamente ocasionara desgracia; personales

la Escuela de Farmacia, fué elegido inspector
general de Ensclianza Superior. En 1878 descubnó el ácido persulfúrico; y el mismo allo
fué nombrado presidente de la Comisión de
sub~tancias explosibles recién instituida
También fué político Berthelot. En Í881
le eligieron senador inamovible, ocupando
un puesto en el grupo de unión republicana.
El_ 1_4 de_ Diciembre de 1886 formó parto. del
.M1m_ster10 Goblel, encargándose de la cartera de Bellas Artes, que conservó hasta el 18
d; )!ayo de 1887. Después fué ministro de
Negocios Extranjeros en el Gabinete Bour.
o
gems, en 1. Noviembre de 1895 hasta el
28 de ~[arzo de 189G .
.\ Bertbelot se deben trabajos muy variados, que pueden agruparse en dos ideas fundai~e1_llales: la !--Ínlesis de los compuestos
or~amcos por medio de los cuerpos elementar10~, 1· 1~ termoc.ruimica, verdadera química rnccamca que e.l creó casi en todas sus
partes. Llegó a publicar más de seiscientas
J.[em_otias diseminadas en dirnrsos trabajos
m~ml1ficos. ~ntre sus obras, citaremos: Quinuca_ Orgánica fundada de la sin tesis (1860);
Lección sobre los métodos generales de síntesis en quimica orgánica (curso del Coleoio
de Francia. 1.86-i); Lerniones subre la tern~oM. Berthelot, ilustre químico francés fallecido en París el 18 de Mano úllimo

quimica (cursos d~l Colegio de Francia de
1il65, 1880 y 1883); Lecciones de quimfoa
sobre la isomería 6 tratado elemental de
quimica orgánica (1882); Sobre la fuerza
de la pólvora y de las materias cxplo.sibles (1872); Verificación del aerómetro de
Baumé (1873); La síntesis química (1875)·
Ensayo de mecánica química fundado en 1~
termoquirnica ¡1879); Sobro la fuerza de las
materias explos1bles, según la termoquímica (1883 ); Ül"Ígenes de la alquimia (1885);
Y _una recop1l~c16n ~e artículos y noticias µubhca~as por PI ~n dn·crsas épocas en diarios
y revistas políticas y literarias.
EL PALACIO DE LA Dm.tA

f'.115 de Marm último, á las seis de la
mauana, ocurrió en .san Peter~hurgo un suceso, que no produjo desgracias personales
P?r_la hora en que tuvo lugar: se desplomó
sub1tame :ite el techo del salón donde celebraba su, sesiones en el Palacio de Taurida
la Duma ó Parlamenlo de Rusia. De este suces?, que causó sensación en':·e los parla:nentan?s rusos porque precisamente aquel día
debia leer la declaración ministerial ante la
nueva Duma rccien consti luícla el jefe del

�CIE~U

376

cin?u.enta mi! habitantes, de quiene!-. Dowie
,e~1b1a cuanlt?sos ~ importantes donativos.
fal era la fe que los secuaces de Dowie
En Sion City, Chica•o falleció el 9 do
tenían en él que cuando
~larzo último Mr. Jam:s'
se verificaron . J0s funeAlexander Dowie, llamarales de éste muchos endo El t
ce r profc/11
fe r m o s pu_gnaban por
}.'lías. cu yo retrato daacercarse al léretrn en la
mos á conocel' en e:3ta
confianza de que, con tosección.
car la morlaja, sanarían
Dowie fué b a ce seis
de sus dolenc·ia!'-l; citándoalios el fundador de una
~e el .caso de una mujer
nueva Sion 1 de esa ciuwpcd,da q uc habiendo
dad donde ha muerto, y
&lt;·om•eguido be!-ar el cadáproduJO con sus doctrinas
, e:, en medio de la mauno de los má-; extraoryor expcctarión de tocios
dinarios movimientos rcl:ró la::; muleta~ en que se
1igio~os de la pasada cen•
apoyaba, r !!rilando que
turia. Nació en Edirnbur•
,, . . taba turada se puso á
go e n 1848, y marchó
andar; s ó I o dos pasos
ruando aún era un niño
d16, pues ca,·ó inmediaá Australia, de d o n do
tam~nte en . tierra y fué
más larde pasó á Norte
preciso conducirla en
América.
Allí
predicó
sus
111
d t·
¡¡
,
r. James A exander Dow1e íund 1dor d la
OC ~11 a; y se amó á SI
c1udad~S1ón,apodadoElP;ofetab'l,asÍIÍ1
gravísimo estado al hospropio El I as III. Logró
fallecido en Ch1ta!!O el 9 tle Mano ultimo
pital; cosa que dió lugar á
fanatizar a gra~ número de persona.-., tanto que muchos .de los antes fanátic·os protesta~ue la nueva ciudad de Sion consta ya de ran &lt;le los milagros r virtudes del fal:-o Elia~
EL 'rnHCEH PHOFET A E LÍAS

Gobierno~[. Stolypin, ha dado cuenta detallada la prensa diada. El cronista de esta
sección n\ il sinteli1.arlo en al~unas lineas.
Como el Palacio deTaurida Jonde la Duma
funcionaba está lejos del centro de la capital, casi nadie oyó el ruido ni :-;e produjo
alarma en la pob!aeión. El conserje, lo~ porteros y los empleado,de la Duma que \ivian
en el edificio se dc;;perlaron sohre.,allados,
creyendo que habia estallado una bomba,
pero pronto vieron que lo ocurrido era un
accidente, pr0vic;;to porque todo el mundo
c,taba en el s •rrcto de que el terho de la
Duma no crn mu y firme, pue, el Palacio de
Taurida c:i un cdifkio C'Onslruído hace ciento
,•cinte a1los y nunca tu,~o condicione~ de solide,.
Cuando la noticia circuló por San Pctersbu rgo, todos creyeron en un nuevo atentado
terrori~ta. Reforzaba esta creencia la amenaza, ha tiempo formulada por los re,rolurionarios, de volar el Parlamento. Los liberales,
en camb:o, ge mo:-straban sobrexeiladísimo::;,
y alribuian el l,eeho á un plan siniestro de
los burócratas, deseosos de amed1·enlar a los
representantes del pueblo. El presidente de
la Duma y casi lodos los miembros ele la comisión de gobierno interior se pre:;entaron
antes de las ocho de la maüana en el Palacio
de Taurida para reconocer el salón de sc,ione.5: vieron el techo casi completamenle desaparecido y los escaños sepultados bajo montcmei-i de esromb:·os; y en yi::;ta de esto, se

acordó que la Duma ~e reuniese en el gran
vestíbulo de la Sala de Catalina, determinación que obcdC'C'Íó, principalmenlC'. a la actitud de los diputados radicales que il toda
rosta rxigian &lt;1ue se . celebrara se3ión para
discutir la, can~as del hundimiento, y, :-obre todo, para que no dejara de leerse la dcrlararión ministerial, que, en efecto, fué leída por ~l. Stol ypin.
UN NUEVO CHUCERO I,GLÉS

)licntras el c-,ar ~icolás 11 convoca la segnnda Conferencia Internacional de la Paz
en la !laya, y las priucipalr::; nacioneR di~cuten la digminución de armamento..::, entreello~ la Gran Brelaiia, esta potencia europea
aumenta su fuer1,a naval con un hern10~0
hur¡ue, ,.¡ lllclomital,le, primero de una nue"ª y podero;,;n cla-:c de crucero-, que Inglaterra tenia en e:-;ludio.
El 1lldo111itc,Ue ha sido botado al agua en
Glai-igow el 16 de )1arzo pasado; despla1.a
1i .2ii0 toneladas; su ,·elocidad es de 26 nudos
por hora, y su radio de acción 41.lXlO caballos
de fuerzl. Cuando e,:;t~ comphilamente ter•
minado, antes ele un a·\o, sera el mayor crucero de guerra del mundo.
El .\lruirantazgo inglés conserva en secreto
hasta ahora los plano, y armamento del füdoniitable, pero anuncia que como este buque se botarán al agua dos cruceros má,,
ya en con'-lrucci(rn.

e,.

CIENO
Yo busqué en ti cien vece,; un consuelo
otras tantas hallé, dándome enojm;,
falso el amor de tu-; hermo;os ojos
como es fal!-io el azul del claro cielo.
Yo, derramando llanto de terneza
llamé a tu corazón, que juz;wé mío;'
pern tu corazó11 era el vacio:
tu corazón C:"\laba en tu cabeza.
Yo le conté mi amor, y el llanto ú poco
surcaba ya tu juvenil o;;~mbla11te;
mas ¡ay! lloro tu ,·anidad triunfante
mirándome ante tí lrému!o y loco.
Xo hay en ti otra Ye1d d que tu belleza 1
rná..,cara di de un corazón de cieno:
Y.? ant~ él retroerdi de espanto lleuo ...
¡~ólo llenes del virio la granrlr1.a!
y

)l1ct:cL ,\~GEL CORRALES
Un nue\'0 buque de '1:uerra inglés: crucero de 1.• cl~e fodomilable, botado al ai:ua en Gla!l¡;ow el 16 de ~larzo pasado.
Sera el crucero mayor del munJo 1 pue~ dcsploza 17.2:il tonelatlaa

377

�LOS HEGIMIEXTOS üE NUESTRO EJÉHCJTO

''.

LOS REGIMIENTOS DE NUESTRO EJÉRCITO&lt;'&gt;
EL Dli: INFANTERÍA DE AFlUCA, NÚMERO 7

dientes y acometiendo furiosamente al en&amp;migo apenas pudieron tomar tierra.
(},wrra de Africa (1ñ50).-En casi todos
los hechos de armas de esta obstinada ram•

es otra de nuestras unidades milita.res que mayor realce han dado á las paña consigue nuevos é inrnar_ce~ibles laU:armas españolas.
reles, singularmente en la defensa del castiFué creado en 23 de Octubre de 1536 por llo de la isla de Gelvas, en la que se batió
decreto del emperador Carlos I de España y con ejemplar heroísmo.
V de Alemania, dándole el nombre de Ter·
(}uerra de Flandes.-En la batalla de
cio ele Sioilia; después se le denominó _Ter- Groninga avanza intrépidamente sobre el
cio fijo de Sicilia, y más tarde Regimiento enemigo por un terreno fangoso en el cual se
de Africa, asignándole el número 1.
enterraban los soldados en el lodo hasta la
Se le denomina El Valeroso por el mucho rodilla) operación que ejecuta sufriendo un
valor que demostró en casi todos los comba- fuego tan nutrido que diezma sus filas. Toma
tes en que tomó parle.
después parte en la de Geminghen, sitio y
Expedición ele Africa.-Apenas creado, rendición de Mons, sitio de Harlen, en el que
se le destinó á Africa, tomando parte pnn- ::;e lanza al asalto con su intrepidez caractecipalisima en la conquista de la Goleta, en rística antes de ser practicable la brecha y
cuya función de guerra desplegó tal rnlrep1- haciendo inaudilos esfuerzos por montarla á
dez que causó la adm1rac1ón de prop10s y costa de pérdidas importantísimas, consiextraños. Después de asistir a la toma de guiendo por su arrojo después de briosos y
Karamina v ·Monasterio, se batió en la reñi- repetidos ataques, que capitulara la p\a7,a. En
da batalla de Karwan, en la que se cubrió d_e las islas de Filipland y Duveyland se arro¡a
aloria distincruiéndose el capitán Don Luis al arrua llevando la tropa sus arcabuces sobre
1
Bravo de Laiuna, que realizó prodigios de la c:ber,a para no mojar la carga, y se apodera denodadamente de dichas i::.las entre el
valor.
G-uerra con Francia (Campaña de lta- estupor de los holandeses que no sabían
lia).-Se bate audazmente en el levanta- cómo admirar tanta tenacidad.
miento del sitio de Com; toma de Chierns·
Conqnista de Portugal.-Se halla en la
co (1542) y batalla de Cerisola, en la cual toma de Jelves, Olivenza, Selubal y batalla
afirma su fama rechazando el empuje de la de Sanlarén en 1580.
vanguadia enemiga, y toma~do la ofenslva
G-11erra con lnglaterra.-Combale á bortan rápidamente que no le d,ó lngar a reha- do del oaleón San IJ[af.eo perteneciente á la
armada" Invencible, y hace admirar de nuecerse.
(Campaña deAlemania).-Toma de Duren, vo su nlor é inlrepide7. (1588).
en que sus hazañas fueron tales que se re(},ierra con los tw·cos.-Combale naval
putaron por fabulosas, siendo el primel'O en en aguas de la Goleta; ataq1,1e y toma de Kerlanzarse al asalto y coronar la humeanlc queni y su castillo, y combate naval de Zante,
&lt;'ll que montando una compañía la gatera
brecha.
Se halla en !a toma de Luxemburgo! asal• Escalona, aborda y obliga á rendirse á las
to y toma de Legai y batalla de Mu lberg, en (ia\eras capitanas de Damieta y Alejandría.
\a cual atravie::;a el Elba con agna al cuello, Én 1, batalla dr Cabo Caledonia pelea esror·
llevando los soldados sus espadas entre los 1.a.damente durante tres días seguidos, obte11i('ndo un '-Ci'lalndo triunfo.

E

STA

¡ 1)

Véanse nuestros números H-0, H-!! y tHll 11G.

G-uerra con Francia.-Defensa del castillo de San Sebastián (1678), en el que resiste
heróicamente hasta que, volado por una granada e~ alma.cén de viveres y municiones y
hecha !illpos1ble la defensa, capitula con todos los honores de la guerra.
(}uerras de Italia.-Conquisla de Novi
Oneglia, . Porto-Mauricio v' Ventimio-lia·
siti~
t,
,
de Messma, donde nuevamente demuestra
su heroísmo en el ataque y toma de las posiciones de Gibiso, Casale de Catánea, Masse
v Faro. En otra época, asiste á la batalla de
Bitonto, sitio de Gaela,en el cual halla gloriosa muerte el capitá~ Don Felipe Sanz; tomas
de Palermo y Messrna; combates de PorloHércole y Orbitello; sitio y toma de la Mirándola, donde es admirado por su arrojo y
sangre fria al lanzarse al asalto en correcta
formación; toma del castillo de Apremont;
eombates de Monmelians y Aigne-Ville; ata~ue y toma d_e las lineas de los Alpes, castill~ de la Tour-de-Pont, Castiglione y las Barricadas, en que con su acostumbrada intre~
pidez se posesiona de las formidables alturas desalojando de ellas al enemigo que las
&lt;lefendía con pasmosa tenacidad; batalla de
la Madona del Olmo, en la cual se distingu~
,·ictoriosamente en las posiciones que defendia, rechazando las acbmelidas del enemioo·,
paso del Tánaro, batalla de Basignana, sitio
Y toma de Valen7.a y batalla de P!asencia en
~ue con heroismo sÍngular ataca las fm;mi&lt;lables é inaccesibles posiciones enemigas)
apoderándose de ellas después de encarnizado combate.
G'lterra de Porti,gal.-Tras de algunos
combates en que confirma su fama de arrojado y valiente, asiste á la toma de Almeida,
en la cual sobresale por su bravura entre las
demás tropas.
(}uerra de Africa (1775).-En la expedición á Argel, combate con heróico ardimiento en la batalla del 8 de Julio. Defiende á la
plaza de Orán desde 1780 á 1783, y en esta
lucha recha7.a briosamente los repetidos y
furiosos ataques de los moros.
G-i1el'ra con Francia.-Se halla en los
combates de Urdáx, Castell-Pi•nón
Irún los
0
Alduides y Ollarregui (1795), e n qu~ se c~bre
&lt;le gloria,sobresaliendoporsu herofam0 el coronel Don Agustín Goyeneta que, atravesado
por dos bala7.0S en lo más recio de la lucha,
se pone á la cabeza del regimiento y carga á
la bayoneta con un arrojo que raya en la
temeridad. Herido mortalmente de nuevo
c~le heróico jefe, y cuando ya parecía impo•
sible que el regimiento pudiera resistir más,
toma el mando el capitán Don Juan Aguirre,
arenga á los soldados y dando ejemplo de
valor é rntrepidez se arrnja el primero, de-

.

37U

fendiéndose heróicamente de tres granaderos fr.1nceses que le acometían, hiriendo á
do;;; y matando al tercero.
G-uerra ele Indepenclencia.-Asiste á las
batallas de Bailén, Tude\a y Uclés; acciones
de Mora y Consuegra, en las que descuella
por su bravura, cubriendo la retirada; batalla de Tala vera, donde adquiere nuevos lauros; batallas de Ocaña y Cbiclana, en que
sus esfuerzos se ven coronados por la más
completa victoria; batalla de Sa•unto y de fensa de Valencia.
"
Prirne,·c, gue,·ra civil.-Se halla en los
combates de Durangoi Azcárate, Guernica y
las A~er,cuas; sorpresas de Benneo y Oñale; acc,onos del puente de Arquijas Arlaban
y Ilernani; batalla de Huesca en '1a que el
segundo batallón, formando el cuadro, resiste v1gorosamen le repetidas cargas de la caballería enemiga, protegiendo la agrupación
de los demás tropas para organizar la retirada.
Por tan distinguido comportamiento fué
condecorada su bandera con la corbata de
San Fernando.
En las batallas de Barbastro y Grá se bate
con su característico denuedo; se halla también en las acciones de Orihueia, Aranzueque y Huerta del Rey (1837); sorpresa de
B :Jar, \evantamtento del sitio de Gandesa
sitio de Morelln, batalla de Maella, defens~
del fuerte de Monta\ ván en que brilla por su
heroismo, y acciones de Mora y Lacenia.
G1w,-ra de Aftioa.-En los combates del
camino de Tetuán repele heróicamente las
furiosas acometidas de los moros; en el de
las Alturas de la Condesa y río Azmir rechaza valerosamente al enemigo con fuerza,;;
muy superiores; en Cabo Negro desaloja á la
bayoneta y con temerario valor las formidables p~siciones de los marroquíes; en Sierra
Bermep resplandece de nuevo su gloria re chazando con denuedo los furiosos ataques
de los árabes; en la batalla de Tetuán consigue nuevos laureles, asaltando con heróica
intrepidez el campamento marroquí arrollándolo todo á su paso como un alud v con sigiendo insigne victoria; en la de Waél-Rás
arroja con irresistible empuje á los moro:3
de las formidables alturas que ocupaban y
en las que se creían inexpugnables, venciéndolos en su último y desesperado esfuerzo.
Segunda g1&lt;erra civil.-Después de hallarse en los combates de los Altos de Ile rna~i, ~r~viño, Vergara, puente de Alegría,
Gmrgu1hano, Torreblanca,Alcalá de Chisverl
y ~onlejurra, se distingue en la acción de
Ares del ~laestre, en que arroja al enemigo
de sus posiciones cornnando las alturas.Asiste al sitio de La Guardia, acciones de Bechi,

�l,ll:\Tt)ll'I.A:\UU l::\ m:m.\TO

aeciones de Granollers, Ca~telllersol: .\lolins
Ulluecona Pico de Corles, San Pedro &lt;le de Rey y otras, distinguiéndose sm~ular.\banto, La,:; MutieC'i~i;:, Galdame~, levanla- rnente en las alturas de Amasain y Ascarga.
JUienlo del sitio de fülbao ) acción de llo- en las que repitió su característica &lt;le valor
rriol;;, en la que ,-e di,..tin~uen su coronel
y disciplina.
.
.
D011 Cecilio Roda )lalclonaclo y comandanTiene por escudo un salv_aJe que opnme
te Don Jo,-.é Luis Tejero peleando clenoda- con la mano derecha la media luna y con la
damente á la caber.a del regimienl?, dando izquierda un á~pid, sujetando entre sus piés
ejemplo ) ánimos á los soldados. Estuvo en á un león del desierto. emblema del noml,r1_•
las acciones de Yesa y Grao de Olot, lo~na de este regirnien to.
del monte Jaiz&lt;¡uivel, ermita de San Marcial,
A.'ITONIO

Novela homeopáticamente hidroterápica
y alopáticamente inverosímil

PAREJA SERRADA

VII.- LA PIEDAD SERRANA (•)

peciai por parle el&lt;' r·ada donante de que h
suya fuera la &lt;'le/dt para Yeslir al santo el
día clr la ceremonia.
El ~an Canuto q11e se veneraba era una
tocia la sierra la noticia del fau"to sucr;;o de haher,-e dest:t1birr- lo,ca talla en madera del país. y alguno,
to en el t{•rmino campanil de ~an Canuto ele fieles propusieron encargar otro San Canuto
la Sierra un manantial ele al!uas medicinal e" á un e;;cullor reli!!ioso mur afamado rlr. &gt;laeu ya Yirlnd ronsislía principalmente en adel- drid; pero ,¡ue fuere talla(lo en una madera
l(ar.ar á las personas gruesas, y para otras decente; uno propuso que fuese en palosanto, preC'isamPnte.
cos~s de mayor importancia aún.
•\ e;-;ta iniriativa ,-e opu.;iPron tena1.mente
l·.I C'aso de la hurra rp1r. ya ronoC'emos
los
elementos más religiosos del puehlo.
no,;ot ro" con !orla clase de detalles. se cenporque con un gran sentido de la
tuplicó en cuarenta y O&lt;'ho horas,
fi'
! asegurabm que la madera de
y ya se hablaba por clo,¡uiPr ele
los
santos era lo de menos cuan111atriwonios jún•nes &lt;¡nr se hado ,-u cele;;tial voluntad era de
hian dirnrciado pon¡uc las rspoh11ena clase.
s1s habían lwhido a¡¡mts &lt;lrl pro.\demú,-, el ~anto milagroso era
&lt;\i:!io,-o eaurlal. qu('(la11do súbita1\e
pino, y no había necesidad de
mente r colllo por artPs de maexponerse
á que no fuera tan
iia libres de la niatJrnidad que
rnilagro;;osiendo de palosanto. E,-.le:; ar·echaba.
tas y otras razones qur adujeron
Eslm; r otro~ her·hos .,e relataaquellos excelentes c-atólico:; ronban por toc1o,- los pueblo;; lirn iYenrieron al grupo r¡ue discurric"1
trofes dr San Canuto. con tan la
la
repo,-irión de la imágen del
pondrrarión q11e va no q11erlaba
santo.
en dirz leguas á la redonda mils
Las ofrendas que se hicieron en
virtud que la de las aguas: todas
e,peci~ 110 pueden r•n11rnernr"e,
la,- demí1,; hahian raído en rl cieporque parecería rsta l,rcvc reno clr la mall'dice&gt;11cia \" de la in,-;ciia de lo,; hechos el ralalogo
,·entirn lmnla de lo,- srrrano,;.
&lt;le una alhóndiga.
El C'ura púrroco hallábaRc prrLas frutas rnils grande, y más
plrjo ante la mal(nitud y raliclad
sazonadas.
lo-, rerealrs mil,; pre&lt;lP.1 mila~ro. y absorto de la pieciados,
las
aves má,; gordas y los
dad de sus felil(rescs de entre
animalc,sacrilirahlcs
pa r a e1
los rualcs &lt;'Olllenzaron á "Ul'J!ir Debiendo el ogua de San
ron,-umo má-; rolli1.os, se ronterriblPs fanátiros. En término &lt;le
Canuto
dujeron al templo Pn ofrenda paocho días rN·ihiú el cura mil" de
dos mil pe,-,etas. Y así como unas cuarrnla ra c¡ue fueran ~C'ados prncesionalmPntr ,·
túnicas de telas füÍas con encargo muy e,-- lucirlos el día que S(' dirigieran, en orden
romería, al manantial.
El grneral, el alquimista y l.ehrel se ente1
E

villa en villa,

D de villorrio rn
villorrio, corrió por

CONTEMPLANDO UN RETRATO
¿Qué eres tú, bayadera ó sultana,
carne, mármol, marfil, porce.lana,
juglaresa, ó vestal del Japónr
¿O eres sólo :antástica hechura
de un poeta sonada escul_tura .
como aquella que amó P1l!111ahón?
...Pero á flor de la tez de azucenas,
entre el dédalo azul de las venas
sangre viva se siente bullir,
.
tiembla el labio y el seno se agita ...
1
·
¡Galatea, despierta
)' pa_1P1·ta.... .
¡.\h, feliz quien te ensene a sufrir!
)lAllZL\S

de

1t

Véanse nuestros ntimeros ISO, 142 á H6.

�LA~ AGCAS DE SAX CA~üTO

382

POR ESOS :llll:-.DO,

c1r al santo, la gente sr agolpó á las puerta!!
raban minucio!--amenle de todos esl&lt; s prepa- del te1nplo r.on un c\csórden revolucionario y
rativos, por boca del naturalista, que iba lo- un YOC( r10 en,;ordccedor: todos, hombres y
dos los días a vi,-itar a sus c·ompaiiemujere,-, propios y exros de infortunio al lecho dl'I &lt;lolot
lraiios, q ucrían ser los
de ca&lt;la cual, porque aquello que paque c·onduje~en en sus
reció cosa de estarse e11 h,
hombros las ondas del
cama un par de &lt;lía,; les anH'·
,unto.
Los chicos del puenazaba con ser cosa de no vol•
blo, y pueblos imncdiaver á levantarse.
E 1 &lt;l í a dc•signa&lt;lo
lo", que no bajarían de
sci:;ciento~, por lo cual
para llevar ¡,roce:-iohabía c¡uien lamrutaba
ualmen te al santo ha~al rededor d e 1 tropel
tael lugar de las agua~,
que 110 :;e hubie!-e desíué el de mavor fipsta
c11birrto antes el mar¡ue se registi'.a en los
11anlial, merodeaban por
anales de la historia
allí, por !-i la casualidad
sagrada de l o dos
hacía que se le desprenaquello,; contornos.
diese al santo un a
Desde las primerPliquia, porque
ra,; horas de lamash•m pre sería algírn
ti a II a se advirtió
choricillo ó alguna
inusitado m o v i naranja.
miento de gentes
La pretensión de
cxtra1ias por amlios
con&lt;luc·ir al .santo
la¿os de la carreteenardeció los ánira real y por torio,;
mos, y al~unos ralos camino,; vecinatólicos v católicas
les que servían pase exalt,~ron de111ala comunicarse con
;;ia&lt;lo, llegando 1110los pueblos circunmc•nto en que aquel
vecinos. A las siete
princ-ipio d e a&lt;·lo
de la matiana, arEnlregando ofrendas para San Canuto
religioso tomaba
día e l pueblo e11
jitbilo y algaiara,
las proporciones de un serio motín, :;ieado
,-iendo dificilísimo circular por la plaia Y muy facil que termina!'e como el famoso Ropor la angosta ralle donde estal•a ernpla;1.asario d&lt;• la .\mora.
Los indígenas &lt;lccía11 que la
da la residencia del santo.
71 conducción de su imágen á ellos
El carpiutero del pueblo habíit
improvisado unas andas visto~aúniearuente les incuu~bía, ,· los
men\e revestida,; de percalina de
extraños se quejaban amarga;nenlos colore,- nacionales, v :;obre
te de este egoü,mo ~- de e:-ta talla
ella,,. ú ~uisa de hornacina prude consideración hácia los que
tegid·a por arcos de la más complihabían venido a honrar el poder
cada arquitectura, levantáha"e un
celestial de San Canuto.
m o n t ón de jamone:-, chorizo,,
¡,;i el cura, ni el médico, ni el
veterinario, n i el herboristero,
longanizas, qm~sos, frutas y aves
entre las clases intelectuales dl'I
i-;acrilirables: estos atributos
lu~ar.digamo,;loa,-i, 11i11gunu acery motivos de perpétua ornamentaba co11 una solucióÓ para el
tación quedarían en provecho del
conflicto, qne cada vez ~e hatia
se1ior cura, al cual ya le empeiaba a paretcr un poro 111á, toleramayor porque la lucha :-;e en!peñaba mas y mús, y la tenaudad
ble la milagrosa terapi•ulica de las
de los deYotos tomaba \·uelos
agua~, m,entra,.; pen,-aha que Líen
habría de mcnc:;ter de la virtud de
tremendo,-.
Alli no había tná,; bombrn pracellas :-i, tomo era de ~uponer, :-se
comia todo a&lt;¡uello en la apacible
tico que el peatón &lt;le correos qua
á la tez hacía funciones de sacompañía de su buena hermana,
que era la que le cuidaba solícristán, aunque ambo,; cargo,; I·ª.recian á primera vbta incompall·
citamente.
l',I cure. y el ae.crisláu
Ll&lt;•garlo el momento de condn-

bles; el cual, acercándo,e al sei1or cura que
ya estaba mu y pesaroso de haber tolerado
todo aquello, porque el alcalde y el Ayuntamiento rn masa se le venían encima recriminándole y echándole la culpa del tumulto.
le dijo algunas palabras que al sacerdote lt•
debieron sonar á pronunciación divina, porque es el caso que le dió mu y amistosos golpes en la espalda al sacristán, y le autorizó
para que en aquel !-entido hiciera cuanto le
fuera po!-ible.
En cuanto el sacristún se vió autoriiado
á poner en práctica la luminosa idea que se
le había ocurrido, buscó entre la multitud al
alcalde para imponerle dela forma en que se
podría solucionar aquel estupendo motín "in
que inte1 viniera la guardia ci,·il. c¡ue ya había sido avisada por uno;, cuantos apacibles
vecinos ,· vecinas timoratas.
El se1ior alcalde estaba muy ocupado en
apaciguar el altercado surgido entre sn hija
lama) or y una hermana del síndico, ~ollera v de bastante edad, las cuales estu\'ieron
á p~nto de tirarse de la-i greti.a&gt;- porque las
dos querían congraciar:;e con San Canuto,
sin que e:-lo quiera decir que ninguna de

383

ellas 11ecesitara del favor del sauto, porque
era público v notorio que se trataba de dos
buenas muchacha!'\.
Buen trabajo le costó al sacristán convencer al alcalde de que no ::;e pegase de puf1ela,r,os con la hermana del síndico, si bien es
cierto que la pelea no le convenía al a'ca1de,
porque hubiera sacado de ella la parte peor.
Hízose oir la segunda autoridad eclesiashca del pueblo de la primtlra autoridad civil,
y á los pocos momentos el se1ior alcalde reclamaba el silencio de las turbas á fuerza de
¡i:ritos, proclamando que ya tenía conseguida la solución para llegar á un acuerdo pacifico.
-¡Eh, eh!--gritaba el alcalde. Ser1ores ...
$eñores y setioras: una feligresa se m·accrcao pa decilme que da dos riales por llevar
la vara de la derecha de las angarillas del
santo.
--;Una peseta doy yo, padrc!-dijo una
,·oi argentina salida de un grupo de muchachas.
--:\li hija da una peseta, gritó el alcalde.
- Yo doy dos,-&lt;lijo la hermana del :-mdiro.

�EL Bl'.;;0

-\l'hija da quinre pesetas por yevar la
-¡Pus yo tres, padre!
vara derecha de las angarillas del santo...
- ¡Pus yo cinco!
,;,llay c¡uien dé más':'...
-¡Pus yo diez'.
Se oyó un breve rnmor, levantado ~in duela
-¡Pus ~-o docl'!
por la malicia popular condenando la tole- ¡Pus yo quince! ... ¡Quince!
1ancia del alcalde, el cual ce,.;ó para que el
El alcalde pensó por un momrnto que la alcalde dijera nuevamente:
solución del conflicto le iba á costar la ha-\l' hija yevará la vara derecha por quincienda, y que la idea no era tan vana como ce peseta,-.
la había parecido en un principio; pPro ,.;c
Un murmullo general &lt;lió por imncionado
sobrepuso el cargo y el deber, y desaful'llllael acuerdo.
mente gritó:
f)il111jos &lt;le Jú1l'íkafo

EL BESO
Aquella toju;;ila,
h tojosita ar¡11rlla
que en prueba de cari1io
me diste en una fe ria,
ayer por la ma1iana
al ver la jaula abierta
batió las linda~ alas
y se escapó a la selrn.
l'rro al partir, me elijo
c¡ue un bc•,-;o te trajrra
y que en la frente blanca,
ó en la mrjilla fre,;ca.
6 en \o;; chi,:peantc,- ojo;;,
6 en la boca peq11clia
6, en fin. en cualquier parle,
vo mi;;mo te lo &lt;lil'ra ...
Con que ;,dónde \I' beso?
Dilo pronto. y no temas,
¡1¡11e ron tal de hl'sarte,
te be;;o donde quiera,:'.

Lc1s V. BET,\~COURT
poeta cubano

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                <text>1900-1916. Enciclopedia mensual ilustrada publicada en Madrid España a principios del siglo XX. Se especializa en temas sobre aventuras, viajes, entretenimiento, tauromaquia. Fue fundado por José del Perojo.</text>
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              <text>1900-1916. Enciclopedia mensual ilustrada publicada en Madrid España a principios del siglo XX. Se especializa en temas sobre aventuras, viajes, entretenimiento, tauromaquia. Fue fundado por José del Perojo. </text>
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              <text>1907-04-01</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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