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AÑO VIII

AGOSTO, 1907

NUM.

151

LOS INOCENTES
(CUENTO)

el primogénito de los condes de
L
la Trocha, penetró en el comedor descargando sobre el grupo de amigos allí reEOCADIO,

El pr(ncipe de Asturias heredero de la corona española, en br~zos de su tenie~te-aya Cla con~elsa del Puerto.
(Fotoirafía ~btenida en los jardines dA la real posesión de La GranJa, pnr ,ampua

unidos una noticia inesperada.
-¿,Sabéis-exclamó--que Alicia, la mal'quesita viuda de Urbáiz, se casa?
Una expresión de asombro agitó a_quellas
cabezas, adormecidas hasta enlónces en la
monotonía de una conversación insignificante. Todos los ojos se volvieron con curiosidad
malévola hácia el recien llegado, que acababa de instalarse en una butaca, junto al balcón, afectando ese aire importante que adquieren los hombres divulgadores de una
grave noticia. Algunos labios sonrieron incrédulos.
-1\le parece-dijo Don Pedro acariciándose su caballeresca perilla blanca-que le
han informado á usted mal. Nuestra amiga
Alicia no puede casarse con nadie.
-¿Por qué?-interrogó Leocadio aplomadamente.
-Porque ya sabemos cuán enamorada estuvo de su esposo y las circunstancias extraordinarias que ocasionaron la muerte del
pobre marqués.
-No importa.
-Tenga usted presente que apenas han
transcurrido ocho meses de?de·._que acaeció
aquel drama.
, , \'
-Lo sé todo, lo recuedo todo,-replicó el
condesito de la Trocha con un acento rotuudo, de inquebrantable convicción-y declaro que la noticia, al pronto, me impresionó
tanto como á uste&lt;!es. Pero luego he reflexionado, y los pormenores que acerca de este
asunto me remite un amigo vecino de San
Sebaslián, que es donde ha de celebrarse la
boda pasados tres ó cuatro días, y cierta secreta historia que yo había oído referir acer-

ca de la marquesita de Ul'báiz y en tiempo~
del difunto marqués, me convencieron do
que Alicia no es tan fiel á la memoria de su
esposo como pensábamos, y que bajo el fondo
del drama sanguinario que conocemos hay
otro más terrible, más negro.
Don Pedro, lleno de asombro, había quedádose inmóvil, con su mano fina, ligeramente temblona, suspendida sobre su luenga
perilla de plata.
-¿Habla usted seriamente?-exclamó.

-Sí.

-¿Es posible?
-Tengo la seguridad de no equivocarme,
-repuso Leocadio triunfante.
Los circunstantes le observaban atentos y
sus miradas, al mismo tiempo que parecían
exigirle una explicación, tenían esa emoción
miserable de júbilo con que todos los hombres, aún los más buenos, i,e disponen á co~
nocer los defectos de un amigo. El éonde de
la Trocha prosiguió:
-Lo que voy á referir enseña á desconfiar de los inocentes, de los irreprochables.
Las apariencias engañan, queridos míos: llamamos inocentes muchas veces á los malvados que tienen la habilidad hipócrita de no
parecerlo. La humanidad es superficial: quien
quiera burlarla lo conseguirá fácilmente sin
otro trabajo que el de disfrazarse bien. Yo
creo que la mitad de los héroes venerados
por la Historia fueron unos histriones, unqs
admirables histriones que conquistaron la
posteridad embarcados en el mentiroso prestigio de un bello gesto.
-;,De modo que usted? ...
-Estoy cierto de hallarme en posesión de
la realidad. En el caso presente, la verdad
de lo sucedido es atractiva y emocionante
como una superchería folletinesca.

�LOS JNOC1':'iTt-~

-Tengo Ja seguridad de no equivocarme,-dijo Leocadio en tono triunfante

El conde de la Trocha se dispuso á hablar. vastas urbes modernas donde el trasiego de
Era un mozo de treinta ó más años, de rostro impresiones cotidianas asusta, es fácil, excarnoso y sensual, sobre cuyas mejillas el traordinariamente fácil, disimular una histocansancio de los placeres babia dejado dos ria secreta . .!\las luego se tra,;ladaron á Valigeras arrugas. Los contertulios lo miraban lencia, y allí la curiosidad pública sorprenatentos: unos fumaban, otros esperaban lim- dió detalles alarmantes. El sosegado vivir
piándose maquinalmente el oro de sus sorti- provinciano pone de relieve lo oculto: en un
jas con sus pañuelos de seda. Fortalec;do pueblo pec¡uPño, la figura de una mujer que
por esta silenciosa expectación, Leocadio co- salga á la calle con el semblante cubierto
por un velo demasiado espeso, ó el ruido de
menzó á decir:
una
ventana que se cierre á altas horas do
-Yo nunca he creído que Alicia estuviese ciegamente enamorada de su marido, aun- la madrugaila, bastan para componer el prique las apariencias dichosas del hogar aquel mer capítulo de una leyenda escandalosa.
afirmasen lo contrario. Y para discurrir así Yo residía en Valencia á la sazón, y a mis
no me apoyo en que el difunto mar¡:¡ués tu- oídos llegaron rumores que comprometían el
viese dieciocho ó veinte años más que su es- señoril recato de la marquesita de Urbáiz:
posa, sino en que era un hombre demasiado un vecino suyo, que era amigo mío, me dijo
violento, y atolondrado y celoso en demasía, confidencialmente que cierta noche, y hallány la experiencia me convenció de que la vio- dose el marqués ausente de la ciudad, un
lencia y los celos, si bien al principio cauti- hombre había penetrado furtivamente en
van y deslumbran á las mujeres, las fatigan cac;a de Alicia...
El narrador se detuvo para encender un
pronto. Aquí todos creíamos que Alicia adoraba en el marqués. No me extraña: Madrid cigarrillo, y un silencio total, e.;e silencio abe, muy grande, muy complejo, y en estas soluto, lleno de magnetismos, que precedo

en las representaciones teatrales á los más
altos momentos dramáticos, siguió á sus palabras. Don Pedro exclamó:
--¡Ya voy comprendiendo! Ese galán misterioso fué el que más tarde en el Teatro
Principal...
'
Leocadio interrumpió á su interlocutor
con un gesto.
-No acierta usted, dijo.-Eso sería ull
enredo vulgar. Mi historia es más rara má~
honda, más trágica.
'
Y continuó:
-Por aquellos días llegó á Valencia un
c~pitán de ingenie_ros llana lo Enrique Castillo, aventurero neo, bue u mozo, riejor jinete y grnn perseguidor de muiere3 h;!litas.
Su aparición trazó en
e 1 borizon le g r i s d e
aquella existencia monótona una franja roja
de desequilibrio v escándalo. Sus noc!Íes de
embriaguez eran temibles y turo varios desafíos de los que siempre I i b r ó bien . Los
hombres le miraban con
r e c e Io, desasosegados
bajo la mirada impertinente de sus ojos azules. Cuando por lastardes recorría la ciudad
á caballo, f¡¡s &lt;loncellitas, y aún las casadas,
volvían la cabeza cou
coque teria...
»La casualidad, ó
acaso las malas artes
de alguna de esas
voluntades q u e se
divierten en complicar la vida tle los
demás, ~icieron que Enrique Castillo y la
ma~ques1la de Urbáiz, que era, sin duda, la
muJer _más bonita, distinguida y elegante de
Valencia, se conociesen, é inmediatamente
prendió en Enrique el deJeo de acometer su
conquista.
•Yo y otros amigos asistimos lle11os tle insana curio5idad al combate librado entre la
ina~ordable virtud de Alicia y los terribles
a~d_1des de seducción derrc.chados por el capitan con una prodigalid'.ld y un todo evident?mente deslumbradores. En bravura, en
gentileza, en libertinaje elegante y conquist~dor, en todo sobresalía aquel calavera endiablado. No obstante, sus artes donjuanesc~~ fracasaron . ,i,Es que la marquesita de Urbaiz estaba realmente enamorada de sumarido, como lodos decían? ¿Es, como mu l' po-

101

co~ creíamos, que estaba enamorada .«de
otro,? Nadie lo sabe. Lo único cierto fué que
se r iantuvo fría, totalmente inaccesible á los
fervorosos_ requerimientos del galán. Desdén
tan ost1ms1ble no desalentó á Castillo quien
lejos de rendirse, multiplicó sus esfuerzos'
~odicioso de triunfar en aquella amoros~
Justa, de la cual la mejor parle de la sociedad
valenciana estaba pendiente. Carta;;, ramos
de flores, haz~ñas tem?rarias de sport, todo
lo empleó Ennque Castillo; mas con disimulo
tan torpe que el mismo marqués de Urbáiz
llegó á sospechar algo.
• Una noche, y esta es la parte violenta, escandalosa. que todos conocemo!;, Alicia ~e
hallaba en una platea del Teatro Principal.
.Mu y cerca de ella,
en el pasillo que re:;bala entre las butacas y la buandilla
de los palcos, el marqués charlaba con111igo y con dos amigos nuestros. Parecía
un poco excitado, y
á cada ralo miraba á
su alrededor, como
si esperase la llegada
de álguien. Repentinamente, y cuando
ya sólo faltaban tn s
ó cuatro minutos para alzarse el teló11
apareció por el pasi~
llo ceutral de la sala
la íig u r a gallarda,
orgullosa , u n poco
retadora quizás, de
Enrique Castillo. PiEl marqués se diriJtió rec~aba reció, y miraba
tame n le h á e i a ~nrique
Caslillo para abofetearlo
á todas parles solicitando la atención frívola del mocerío que cuchicheaba en los
palcos. Después dirigió desenfadadamente
sus gem~_los hácia la platea de la marquesita
de Urba1z, y así permaneció larO'o rato co. d d
b
mo quenen
o emostrarnos que
aún, no
ha~i~ renunciado á su conquista. De pronto,
Ahc1a tuvo un a&lt;lemá11 de cólera· una densa
palidez cubrió sus mejillas. •¡No¡:uedo resistir más,, exclamó.
•~~ marido_ se volvi? hácia ella y yo tuve
la_ v1s1?n ~rec1sa, termmante, de que algo ternble 1ba a suceder. «.i.Qué es eso?, preguntó
el marqué~. por cuyo rostro,instantán&lt;:amente, la cólera había extendido también su livi&lt;le~ . homicida. •Que ese hombre, -repuso
Alicia con acento fiero y señalando hácia Enrique Castillo que continuaba observándola
-me persigue constanleme11te. Todo el mun-

�102

103

SUGESTION

POR. ESOS MUNDOS

Don Pedro se enfureció, y la indignación
do lo sabe, y estamos en ridículo ... Yo no
hacía temblar cómicamente sobre el mentón
acruanto más•.
"&gt;Instantáneamente, de un modo rectilíneo, de su rostro aguileño y rosado su perilla
com0 provectil disparado por un arma de blanca.
-¿Qué punto negro,-exclamó-qué rasfuego, el ~arqués se dirigió hácia donde Enrique Castillo parecía esperai:le, y ~ntes de go censurable halla usted en la conducta de
que ning1rno de nosotros pudiera evitarlo se e,a mujer que, según usted mismo ha dearrojó sobre él y le ~bofeteó con ta?to _brío clarado, supo resistir lo que únicamente las
y coraje que le derribó al suelo. Alh mismo mujeres muy honestas resisten?
Seguro de su pensamiento, Leocadio sony en las condiciones más graves quedó concertado un lance para la mañana siguiente. reía imperturbable.
-Amigo Don Pedro,-dijo-nosotros, los
A Castillo, en su calidad de ofendido, tocaba
hombres
de mundo, no debemos limita1·
la elección de armas, y eligió la pistola. Todos e-stábamos consternados, pues sabíamos nuestro análisis á la corteza ó superficie de
que Castillo, á quien los códigos del honor las cosas, sino que estamos en la obligación
otorgaban el derecho de disparar primero, de descenderá lo invisible, á lo oculto. lla
poco me oyó
era un tirador preusted decir que,
excelente.
á
deshora de la
•El resto, ya lo sanoche , álguien
béis. Llegados al luhabía visto peg a r del combate y
netrar un homantes de ocupar su
breen casa de la
puesto, el marqués,
marquesita de
cu yo buen huUrbáiz...
mor habitual no
-Sí.
había declinado
-Y ahora sani un instante,
bemos que Alise despidió de
cia, á quien tonosotros a fe c dos
creíamos
tuosamente, casi aletransida de dogr eme n te, como
lor, va á casarquien va ~ _emprense. ¿No vislumder un viaJe de rebra usted en el
creo. «Hasta la otra
l
fondo de e s t a
vida•, murmuró.
hütoria, al pare&gt;El juez de campo
¡¡~jAl-ilf
RTtJ
ce r sencilla y
dió la señal. En el
vulgar,algomuy
acto, con un gesto
negro?
maquinal, Enrique
Don Pedro se
Castillo extendió el
encogió de hombrazo y disparó, y el
Enrique Castillo dispa;! !f~~1 el marqués, matándolo
0
bros.
infortunada marqués
.
-Pues
yo,
sí,
Jo
veo,-prosiguió
el conde
ele Urbáiz cayó muerto. ifo tu vo agoma.
La bala de su enemicro le babia roto el cora- de la Trocha con una firmeza que extremeció
1/.Ón... Ocho ó diez días después, Alicia por á su auditorio.-Yo veo e1, todo esto uno de
cuya razón todos habíamos temido, des- esos crímenes demoniacos, babilísimamente
a p ar e ció de Valencia inesperadamente, dispuestos, urdidos de tal modo que el más
zahorí no hallaría rastro de ellos ...
como si huyese...
.
Se detuvo un instante recogiendo sus
El narrador hizo una pausa: fué un silenideas,
encendió otro cigarrillo y continuó:
cio lleno de reflexiones, que nadie osaba in-lndudablemente,Alicia,
que estaba muy
terrumpir. Al cabo, Don Pedro e~clamó:
-¡Eso es horrible! 1Pobre criatura! Tan di..;tanciada del marqués por la edad, tenía
un amor secreto, uno de esos amores que,
jóven y tan maltratada por la suerte...
Por los labios volterianos del conde de la por ser enormes, por ll_e~ar toda nues~r_a
Trocha jugueteó una sonrisita cortante de vida, merecen perdón. Ahc1a deseaba legll1mar aquella pasión. Mas... ¿cómo hacerlo esironía.
tando casada? En tales circunstancias, la
- ¡Quién sabel-dijo.
casualidad interpuso en su camino á Enri-¿.El qué?
.
.
--Si ese dolor de la marquesita de Urbáiz que. Ella pudo pensar: «Este bombre .tira
admirablemente toda clase de armas. S1 yo
habrá sido sincero.

.algún día le obligara á batirse con el mar' -qués, seguramente me qu,edaba vi1_1da.&gt; Estos planes diabólicos son, al principio, una
-&lt;JJpecie de extremecimiento moral casi imperceptible; pero lueio crecen, se agigantan,
mvaden el espíritu, tiranizan la voluntad, y
.acaban por imponerse á nuestra virtud siempre flaca. Ella diría: «Si nos atreviésemos ... »
Y él, el elegido, respondería: «Entonces seríamos dichosos. ¿Por qué no te atreves?....
Así, poco á poco, es como se componen esos
grandes dramas que el amor amaña de noche,
-en voz baja, después de cerrar bien todas
las puertas. Lo que la marquesita de Urbáiz
hizo en el teatro es un crímen, un verdadeco crimen: aquellas palabras con que preci-

pitó al marqués sobre Enrique Castillo, equivalieron á una puñalada; fué lanzarlo á la
muerte, arrojarlo á la fiera ... Es un drama en
el que todos los papeles son bellos: el marido, caballero que sucumbe defendiendo su
honor; el aventurero, que mata en defensa
propia, y mata gallardamente; la viuda, jóven
y virtuosa, llorando en el silencio de la alcoba vacía... Pero nadie sospecha que detrá,;
de estos tres personajes estaba «el otro», el
traidor, que esperaba á • la libertada» cvn los
brazos abiertos ...
Y concluyó con un mohín de asco:
-¡Oh! Podéis creer que esas personas
suaves. mansitas, que llamamos inocentes~
m:i dan miedo.
EDUARDO

llustrac11J",¿es de L Ga?iarl:&gt;

....

SUGESTION
(SONETO)

Yo conor.co unos ojos soñadores,
rasgados,grandes, negros, muy hermo::,os,
de mirar dulce, suave, misteriosos,
con destellos de ritmos y de amores.
Son ojos que atesoran sus fulgores
para brillar de la pasión ansiosos;
de infinita ternura, bondadosos,
de mimos un venero, seductores.
Tantos placeres su mirada inspiran,
bl impresión me causan si me miran
con promesas de lánguidos deseos,
que aletargado quedo si los miro,
soñando con un mundo en que deliro
de ardientes y de locos devaneos.
. RICARDO

PASTOR

ZAMACOIS

�HAWAI, EL PARAISO DEL PAcíFICO

!Uf&gt;

HAWAI, EL PARAISO DEL PACÍFICO
El puerto de llonolulu, visto desde el mnr

La recluta de emigrantes andaluces hecha por 1ina empresa norteamericana para coloniza,· las islas Harvai, suceso en el que se ha oc-upado hace tres meses la prensa
diaria, presta gran interés y oportunidad á este artículo que ofrece &lt;Í la consideración de los lectores ,ioticias someras, pero ,,my importantes, refere,ites á aquel archipiélago, llamarlo no si11, razón «el paraíso del Pacífico».
meración de las picudas y altas montañas, y
abajo inmensos campos de caña extendiéndose hasta un horizonte que sólo limita el
poder de la vista.
Una débil fragancia
cía tropical se elevaba del agua cuando el buque que nos
conducía descans&lt;&gt;
en los brazos d e 1
gran mar del Sur.
Al arr.an ecer, los
naturales del país
acudieron á darnos
la bienvenida. Los
muchachuelos, de
rolor· moreno subido, nadaban en rededor del buque
dando zambullidas
en busca de las monedas de cobre que
les arrojábamos. Las
muJeres nos ofrecían en venta lei,s,
unas lindas flores
con las cuales nos
cubrían los extran*
jeros
residentes en
**
aquellas islas, que
Para el que viaja
han adoptado este
por tan alejados magénero de saludo
res, el puerto de Hupara dar la bienvenolulu se presenta
nida y para despedir
de manera poétiea:
á los que allí llegan
las aves terrestres
y á los que de allí
bordean e I fi rroase van. Al ver esto,
mento, y las cimas
lndlgena hawaiano subido á un cocotero
todo viajero se prede las montatias :;e
.
gunta
á
sí
mismo
por
qué
toda la tierra no
t&gt;levan atrevidamente rasgando los blanco:;
será
como
este
paraíso
en
el que la vida
lechos de nubes.A medida que nos acercábaparece
presentar:;e
ante
nosotros
como un
mos á la costa veíamos arriba la densa agio-

ooos los economistas convienen en que el
dominio del Mar Pacífico supone un gran
porvenir para la nación que lo alcance. El
asunto es de gran
importancia in ternacional , q u e s e
comprende con sólo
echar una ojeada al
mapa del m a y o r
océano : fácilmente
se dejará ver lo que
vale y significa para
toda la navegación
del Pacífico el ar•
chipiélago de llawai,
en cuya capital, Honolulu, se detienen
la mayor parte de
los buques que ree o r re n aquellas
aguas. Uno de esto,;
trasatlánticos me
llevó allí, y ,oy á
dar cuenta de mis
sensaciones en las
siguientes líneas.

T

..

largo sueño, lángido y delicioso. Pero, repen- yendo, comiendo y durmiendo en sus antinamente, nos despierta de esta idea el chos pórticos. Para los que á Hawai Jleaan
mosquito hawaiano, que se acerca también desde países fríos ofrece verdaderos enc~ná nosotros y nos saluda; este mosquito e,; á tos esta circunstancia de comer al aire liHawai lo que una grieta en un diamante: la bre, placer aumentado por la vista y el sah o r de nuevos v
única espina de tan
ex.traños manjares.
linda rosa.
entre los que abunUna vuelta en codan los fresones v
che por la riudacl
el plátano, de aro·nos pone de relieve
ma jamás conocido.
u n interesantísimo
En la bella mahecho: los extranjeiiana
de nuestra lleros residentes en la
gad
a
á Honoluh.t
isla gozan de lo memil p á j a r o s nos
jer que hay en la
Tisitaron bajo el
vida, del confort do
hermoso cielo de
sus casas, que poaquel país , miendrán carecer de be•
tras que en su eslleza arlístira, pero
pacioso ,-ampo puálasque, en cambio,
ti
i mos ver frutos
jamás falta el menor
tropicales
de tanto
detalle de comodivalor e o mo limodad casera. Sus anne~, naranja:;, manchas ga!Prias, llenas
gas, irana&lt;lns, papade palmeras y lloyas, perillas, guares y provistas de
yaba;, y tau1arindos.
mesas,
sillas, hama,
cas
y felpudo.s de
H!!waiano laaciendo el~' alimento favorito de aquellos
Los prados, espesos
t
in di gen as
y aterciopelados coyerbas, constituyen • '
preciado lugar de des~nso para el fati&lt;rado mo ricas alfombras, aparecieron á nuestra
viajero. \qui en e!'as casas es dond~ la vista conservado!:&gt; en perfecto estado ocugente de Honolulu isfruta de su herruoso pación que allí llevan á cabo los enca;aados
clima, dc::;de la m:u,,ana hasta la noche, le- del servicio doméstico, que siempre so~ los

Vista del mar tomada dtsde el puerto de Honolu1u

�______,

- - -

POR ESOS 11UN_D\)S ,

10G

1

1
1
\
\

l
1
1

1

&lt;losamenle para el objeto: se les pagaron lo:imigrantes chinos, japoneses y portugue- dos los gastos y se constru yernn casas pata
:ses. En rigor, el problema del servicio do- ellas en la plantación, cada una rodeada de
méstico no da cosa en que pensar á la mu- su jardín; se eligió de \a tierra común una
jer de su casa, la cual tiene pocas preocu- gran parte á fin de que fuera utilizada par~
paciones en esta tierra de la abundancia. pastos de los ganados que dichos colonos
Torios parecen tomar allí la vida por su tuvieran; se les concedieron lotes p:ua cultilado mejor y más cómodo, pues nadie apa- var la cañ:.i y no se escatimó nada para que
renta que los.cuidados le preocupan. La co- dispusieran el arado y preparación de sus
lonia norteamericana, la asiática y la portu- tierras. A pesar ele esto y de cuantos gastos
guesa son las más numerosas en Hawai, h.zo la compañía para. cultivar la caña por
trabajadol'Cii y agri&lt;iuya poblacién es de ciento cincuenta y cincullores blancos,
&lt;io mil almas.
éstos no quisieron
Las iglesias d e
desempeñar el traHonolulu son pobajo y fueron reti_-cas, y están servirándose ,poco á po.&lt;las por congregaco de. llawai, hasta
.cionjsta$ y por alque a\ cabo de muy
gunos baptistas,
escaso tiempo n o
metodistas y presquedó allí ,n i una
biterianos. Ha y una
de las quince famieatedral inglesa,
lias.
bel.lo edificio gris
En olro aspecto,
&lt;le arquitectura gólas per~onas q u e
tica, con hermosos
por sus amigos ó
eristales d e cJlor
por otro medio lo,en .s u s ventanas,
gran ob.tene.r u na
que ha sido erigido
vol?ición.en ,11awai
-en memoria del Tey
antes de empre11Kamehameha IV á
der ..su viaje á las
quifm s e debe el
i~I as, pueden estar
-establecimiento en
seguros de que no
Ha\Vai d e 1a coencontrarán país
munión anglicana.
más encantador,
En las islas se
. á pesar de que en
juega al foot-ball,
algunos detalles la
al golf,.al cricket y
vi.da allí es algo
al larmi tennis, se
cara,, siendo esto
-0rganizan carreras
debido á que Ho,de caballos, y los
nolµlu, que se enaficionados á la cacuentra á dós mil
&lt;iaza pueden dispa1uillas marinas de
J"ar sobre bastantes
la costa norteamerlátanos
d&amp;
Ha
wal
.aves y piezas maricana, es considerado como puerto· costeio,
yores.
En Hawai, la clase comerqial está repre- y los barcos que no sean de esta naqionalisentada por gentes del país. Los chinos no dad no pueden entrar en el tráfico de costas.
.pueden desembarcar allí corno inmigrantes, Tan pequeña es la exportación á los países
porque en este punto aquel archipiélago está extranjel'OS que \os barcos que allí llegan no
,considerado como una parte de los Estados tienen, por lo general, esperanzas de ser
Unidos de Norte-América, donde es sabido despachados con cargamento provechoso de
,que la inmigración china se halla prohibida. vuelta.
-Generalmente hablando, los chinos de Hawai
*
**
-Ron industriosos, honrados y astutos para
Así, de la importación total de quinfoc; negocios. En cuanto al trabajo en las
.plantaciones, lo hacen los japoneses, pues ce millones ciento vJinticinco mil duros que
los colonos norteamericanos, alemanes, in- hubo en el año 190J, diez millones y medio
-gleses y otros europeos no quieren dedicarse correspondieron á los Estados Unidos de
Norte América, que dejaron Mda más que
á la labor de los cañaverales hawaianos.
Cuéntase á este efecto que hace ya algunos tres millones quinientos mil duros para el
-años quince familias fueron escogidas cuida-

HA WAI, EL PARAISO DRL PACIFICO

r

1U7

1

•
.

Pesca.dores ehlnos en Honolúlu, tendiendo sus redes

eo~erc10 general de los demás países, y aún ¡ara empaquetar el azúcar. Después de los
stados Um?os, la noción que exporta más
~s1 más de la mitad de esta última cifra fué
importada en barcos de la América del Nor- para_ Hawa1 _es Japón, que remesa ran
g
te y e~ resto en barcos ingleses y alemanes cantidad de generos de algodón.
Jlonolulu
es
un
buen
sitio
para
v
.
Ta~b1én _predominan los Estados Unidos e~ d · t J
er reuma a o a una población cosmopolita: el
el comercio de exportación, de manera más notable todavía que en r¡:;--:----~~:::---~~--~---- blanco, el kanaka
el chino, el japoné~
el de importació11.
y hasta algún que
pnes de treinta ,;
otr~ coreano. Nesiete millones cien'gocian estas gentes
to cincuenta m i ]
C()mprando y venduros á que ese trádiendo, para lo cual
fico ascendió en el
recorren á caballo
eitado año de 1905
ó
en carro una de
solo sesenta mi i
las
muchas aveni&lt;i u ros no corresdas que posee la
pondieron á Norte
ciudad.
- América.
Las pintorescas
El comercio de
barracas de yerbas,
Inglaterra con Haadornadas con howai en los años pajas d e cacao son
sados consistió
todavía
preferidas
principalmente en
por
los
indígenas
á
productos químilas casas modereos, carbón, hierro
nas.
Y géneros de acero
El principal aliY durante la cons~
mento
del hawaiatrucción de los cano
es
el
poi, hecho
b 1e s submarinos
de la raiz del tMO
desde América á
tubérculo que ere~
Hawai y Filipinas
ce
en los. pantanos;
Tipo
hawaiano
~a G r a n Bretaña
.\ .
después do redumantuvo allí buen
tráfi_co en guttapercha. Recientemente, Ale- c11· o a pulpa y hacer con el resultado una.
mama ha. a~ruenta~o su comercio en pro- mas~, lo _tuestan en hornos hasta darle la
~ucts qm!111cos, mientras que el Reino Uni- apariencia de una pasta áspera, que se sirvo
a sufrido gran reducción. Desde Austra- en cazuelas de made_ra pulimentada, llamadas calabashes. Los mdígenas comen el oi
11:1. ~a muc~o carbón á Hawai, y la India le
envia cantidades grandes de sacos de yute con los dedo'&gt;, sentados en cuclillas en cír{u-

r°

��111
las monta,las. Este depósito retiene dos mil Unidos, donde luego se refina para distriquinientos millones de galonrs de agua dis- buirlo después entre los compradores y venpuestos para regar los campos de caña n rl dedores. La isla de Hawai es, entre las quemomento que se alcen los compuertas. Ha forman el grupo de este nombre, la principal
costado la obra más de cuatrociento,:; mil coL tribu yente de la industria azucarera, pues
duros, y, mediante tal reforma, se abando- posee veinticinco mil acres plantado's · de
nará el actual sistema de estaciones ·en las caña; sigue después Oahu, en la cual está
que se hacen funcionar bombas para el sitl,\ada la capital, Honolulu. Otra isla de estegrupo, la Maui, posee la fabrica de azücar
riego general.
Pronto nos encontramos en las meseta;;, mayor del mundo. En 1905 la exportación
desrle las que admiramos la bella ciudad &lt;le de este producto en las islas subió á 371.571
llonolulu, como vasto jardín en el que las tonela'das, que importaron cerca de treinta y
seis millones y meblancas casas eran
dio de duros. De
las flores que paretan extraordinario
cían saludarnos denúmero de tonelasrándonos feliz redas, so 1 a m ente
greso. M á s cerca
D.427 eran de azúe s t á n las tierras
car refi~ada. Ulti- '
empleadas para el
mamente ha tenido ·
cultivo del plátano
lugar un aumento
que, con el arroz y
considerable en la
los pantanos de taproducción, debido
ro, marcan el valle
en gran parte al
determinando pearea cultivada en
queños cuadros de
pequeñas parcelas.
variados matices .
d e tierra por los
Por e n t r e estos
japoneses del salucuadros s i g u e el
d a ble distrito de
ferrocarri I d e 1a
K o n a , de donde
compañía O ah u
toma nombre e1 caLand, de vía estrefé de aquella recha, de ciento quingión.
·
e e kilómetros d e
Los in lereses colongitud; conduce
munes de los azuá los grandes ingecareros de Hawai '
nios de azúcar, borse consideran asedeando prime ro
gurados p o r una
Pearl Ilarbour, un
asociación que dessi ti o encantador.
tina á este fin seEste puerto perte1
t en ta mil duros.
nece al Gobierno de
anuales.Esta socielos Estados Unidos
dad tiene á sus órde Norte América,
denes un numeroso
que están realizancuerpo de entomódo en él obras de
logos que se dedi,erdadera imporA rbol de la papaya, en flnwal
ca n á buscar los
tancia y embelleciinsectos q u e inmiento.
El azúcar es, sin duda, la industria más feslan la caña, para d&lt;;lstruirlos por los meimportante de las islas. El d Jsarrollo de las dios que la Ciencia y la misma Naturaleza
cosechas se demuestra por el resultado obte- ofrecen.
En las fábricas de Ewa, que producen trc:;nido en los diez años drsde 1891 á 1900: en
el primer año de dicha el Jcena fué de 146.174 cientas toneladas diarias de azúcar, observatoneladas, que llegaron uu el último á289.54.4. mos los procedimientos para fabricarlo. LléActualmente, el rendimiento anual es de vase la caña del campo en carros que sigu,en
cerca de 400.000 toneladas. Se emplean en una vía estrecha; se arroja en el molino me-esta labor cien millones de duros al año, y diante un gran brazo casi humano en su
en la industria encuentran ocupación de obra, y se machaca bajo tres serios de gran-.
cuarenta mil á cincuenta mil personas. Casi des rodillos. El producto, mezclado con agua·
torlo el azúcar Ya en crudo á los Estados y cal, corre á las calderas, donde se evapora.
HAWAI, EL PARAI::;O DEL PACÍFICO

POR ESOS MUNDOS

110
mente indolente. Siempre corteses, quila- y trabajadores de azúcar, destroza un ~amµ.c
nse el sombrero y saludábanos con su importante al pasar no.sotros. Desde leJO~ VI·
ba
d
b
wos el humo, y á medida que nos ace;c~baobligada palabra aloha, cuan o pasa a nuesmos el eslreptlo y
tro carruaje á su
los estallidos de las
lado.
cañas al quemarse
Al borde casi del
nos aturdían.
camino,con su pin-,
Tuvimos quepotoresca y antigua
ner al galope nuesrueda hidráulica, se
Iros caballo3 para
encuentrael molino
escapar del intende arroz á donde
so calor que de.;;petodo el país lleva
Jía el campo insu cosecha de tan
&lt;'endiado. Después
preciado grano, paJe marchar duranra que lo limpien Y
te muchas millas
lo prepar.en d ~ spor entre pla~tío.;;
pués de haber sido
de caña, volvimos
trillado y aventado
a seguir la orilla
en las eras de argadel mar, alternando
masa que se ven en
con caminos trazatodos los campos.
Jos bajo montañas
En el agua, que
d e formación d e
está cerca, anida el
coral y lava.
pez diablo, del que Café hawaiano. Aparece en esta rotografia tal y como ofrecen
Precisamente al
1os hawaianos se
los árboles el fruto. Cada baya contiene dos granos
reflujo de la roaapoderan valiéndo.
.
rea á tiempo para coger un remojó~, llegase de un recurso rarísimo, que a pr1m~ra mo; á uno de los sitios más tranquilos que
. ta parece
que descnbe
.1
vis
· una tortuga
C · negra
l
eña pueden existir en el mundo, \Vaia
ua, con_su
círculos en el agua. onsi5 e en una peq u
tentador h ole l 1 te
caja con ventanianidado entre fronllas en la cual iudo.;;os árboles y en
troduce el indígena
terreno que da al
la cabeza y registra
mar. Allí, sobre la
las aguas profundas
arena, disfrutamos.
en busca de su vic&lt;le un baño de sol,
tima, á la que bier~
después de batallar
con un bastón dl
l.Jastante e o n e l
punta y después
agua del mar.
lleva á su barraca
A la tercera mapara secarlo y coñana, después de
merlo. Esevidente
un almuerzo al
que la vida del in•
aire libre, enel que
dígena no e3 nada
uos sirvieron riquícara ysi de muy posimos plátanos acaco trabajo pues tiehados de coger del
ne el pescado casi
árbol y otros maná la pueita de casa,
jares que sólo puelas frutas pendienJ e n ofrecerse en
do de los árboles, Y
Hawai,nuevamente
trozos de taro para
y con lentitud trepraderas en redepamosbasla encondor de su barraca
tramos cerca de la
ó choza cubierta de
cima de las monpaja.
.
LJ,.;....--tailas, y pasamos
Al dar cima á un
µor un acueducto
promon.tor i o v ~ ·
Frutos del árbol del rao
hechorecientemenm os una pequena
te por los dueños de la citada_ posesión
aldea, que es un establecim!ento d_e mormo· Waia\uan con el fin de llevar agua a los camnes. Cerca de aq;ui, u:n ,1,ncend10 _en ~n v
t
cañaveral, tan teJX1idJ entre los prop1etar10E pos desde un depósito que se encu en ra en

0

•

�112

POR ESOS :\!UNDOS

el lado del cráter, y después seguimos cinco kilómetros á través de la lava hasta el
Lago
de Fuego.
$eiscientas revoluciones por minuto; se sepaLa última parte del ~aje se hizo á pié,
ra el·az~car de las melazas, y después se con un aire sofocante por el calor intenso
&lt;leja caer á un sitio donde se gradúa y se que reinaba y por la saturación de gases sulpesa, dejándolo lis~o para el mercado. No furosos. Mientras descansamos en u·n trozo
hay gastos;inútiles, pues aún los restos de la ,;aliente de lava fría, nuestro guia puso una
caña se emplean como combustible, y el pol- cafelera sobre una pequeña hendidura, y en
vo y el barro vuelven á los campos como 1res minutos se hizo el café.
abono. Dicha plantación de Ewa emplea seA medida que nos acercamos á este lago
tenta millones de galones de agua cada vein- infernal de lava fundida íbamos uno á uno
ticuatro horas para regar sus vastos ca¡¡¡pos, llegando al mismo borde. Veíase abajo la
enorme cantidad de liquido que obtienen me- hirviente y silvante lava, terrible en su
diante muchos pozos artesianos.
grandeza, y allí permanecimos casi en la
boca de tan horrible horno. Durante el día
aparece este cráter como un depósito de neEn ninguna parte es el paisaje tan maravi- gra pez en el proceso de su enfriamiento,
\loso ni lan bello el follaje como en la isla con humo y vapores que ,;urgrn de lodas
de Kauai, donde crece el helecho culantrillo
.á la perfección y en doce clases variadas. parte~.
No puede exislir escena más fantáslica
También, con abundancia salvaje, se da el que la ofrecida por este lago de fuego perpehelecho árbol, casi siempre de veinte piés de tuo con sus fuentes de llamas que se dispa.altura, mientras por todas partes viejos ba- ran como cohete3. Las numerosas cavernas
nanos extienden sus grandes brazos hasta ~- grietas que contiene son _visitadas frecuen&lt;"[Ue estos llegan á echar también su raíz.
temente por turistas; pero la temperatura no
Hay muchas cascadas en las islas, espe- permite detenerse allí mucho tiempo. Las alcialmente en Hawai, cayendo el agua á me- teraciones en el cráter tienen lugar en la-;
nudo desde centenares de piés. En esla cos-- primeras horas de la mañana, y confrecuenta escarpada existe u n puente natural, colo- cia algunas sendas seguidas durante la noche
.sal, y cerca de él se encuentra el monumen- anterior se han convertido en tremenda,;
to al capitán Cook, descubridor de las islas.
grietas al amanecer
:En la de Hawai, es Hilo la población princi- " Todo el Pacífico meridional ofrece grande,pal, y desde este punto comienza la ascen- atractivos para desarrollar la afición del
.sión al terrible Kilauea, á cuatro mil piés so- turista. En cuanto á Hawai, el paisaje explénbre el nivel del mar, uno de los grandes vol- dido y la exuberancia de la vejelación tro-canes activos en el mundo. A las nueve de pical son tan pródigos que los que una vc;r,
la noche, con linternas y un guia de con- han visitado aquel lugar sienten 'tentaciones
-fianza, emprendimos á caballo el descen~o de regresar á las islas y permanecer en ella~
al cráter. Siguiendo al guia en la obscuridad, por siempre entre sus perfumados jardines y
-con frecuencia por hendiduras, y no perdien- sus magníficos bosques de palmeras y de
do el camino por milagro gracias al instinto
-de los caballos, descendimos en zig-zags por helechos.

.á elevada leru peratura y se enfría; después
va á las centrífugas, y allí es trabajado á mil

1

¡

1

\

UN

TURISTA

LOS RAYOS X

LOS ·TUBOS DEL VACÍO
vas á penelrar en una obscura ha- todas ellas de primera importancia teórica
bitación, desordenadamente decorada por l_as que el espectador ha pasado? Serí~
en cuya extremidad el hechicero modernos~ lo mismo que ~nsayar é imaginar la salida
~ncuen~ra an:eglando un aparato .para llevar del sol l)n medio de la luz meridiana.
. Estas etapas por que pasa el tubo del vaa ca_bo ~nmediatamente un experimento. La
habitación está llena de genle que espera mo de los rayo~X_después de salir del s:&gt;plete
con ansia, d~vorada por el gi·an deseo de de gas, s~n prmc1palmeute el objeto del prever sus prop10s huesos ó los del prójimo.
sente ar,ticul~; f por ellas, con ayuda de la
La puerta de la ~abitación se cierra, y fotograf,a, procuraremos indicar en estas líanle las persona~ allí congregadas se presen- ~eas las últimas miras c:entíficas en cuanto
!ª un_ tubo de cristal bulboso, provisto en su a lo_ que son los citados rayos X, y también
rnterior de formas curiosas de brillante me- demr algo acerca de los resultados rendital, que surge á la existencia en hermoso co- dos por los tubos del vacío bajo las maravi!0r. ~erde manzana, lanzando torrentes de 11?,sas manos de Herz, Lenard, Crookes y
urn~1bles r~yos ~ontgen que muy pronto Rontgen, y los no menos maravillosos cerecomienzan a funcionar arrojando sobre uri bros de Clark, Maxwell Larmor Lodge
transparente luminoso sombras analíticas de J. J: Thom~on; resultado~ que pr~dijeron'
bolsas, carteras y cajas de navajas de afeitar posible éXIto y propiedades del radio mucho
Y partes ahatómicas del esqueleto human~ antes de que este fuera descubierto y que
tal Y como se mueve y vive en su armario b_an probado que el átomo, hasta ahora concarnoso.
sid3rado
como indivisible, posee una exces1-.
.. 'b']'d
ES to que ves, lector querido, no es otra va d1v1s1 i i ad. Sobre tal base, es imposible
cosa que los
evitar enterayos X.
ramente los
e i e r to es
poco trillaque, dado el
dos terrenos
progreso alde la termicanzado en
minología
el mundo,
técnica; penadahay ya
ro siempre
qtie maravique esto no
11 e á las
no ocurra,
gentes; pea c
marcharer O , s i n
1.-T.a bulba lle2. - Con 1-8 de
. - 00. 1-20 de
i.-Con_ 1-100 de
aire
aire
mos en pine m b argo,
na de aíre
aíre
. 'ó · ·
. .
toresca ex¿c~ántos de aquellos que hayan mirado la ~urs~ n imagrnnbva por el campo de lo .
chispea~te bulba de luz verdosa pueden for- vulgar y conocido.
mas
marse idea de la serie de asombrosas ' escenas, muchas de ellas hermosas más allá
***
de las calificaciones del lenguaje humano,
El tubo del que se ha tomado ]a serie de
LECTOR:

:i

2

�POR ESOS MUNDOS

114
cencia débilmente azul; la misma chispa es
fotoarafí~s que aparecen con estas líneas es ahora una ancha columna de luz de un color
el tipo conocido como ioc_o de rayos X. Cons- fuerte violeta que afluye del anodo; y en el
ta de cuatro partes esenciales: el nn?do y el punto donde loca el catodo,. este aparece !ecatado en las cuales entran, respec~ivamen- cubierto de una luminiscencia azuhndescr1pte la electricidad positiva Yla n~gativa (pue,
brillante.
lr~s de muchos años de obscundad respecto tiblemente
En la fotografía número _3 se se~aran e~al fluido eléctrico, la teoría de Far~day acer- las luces claramente, llaman~ose a la pr1.
ca de los dos fluidos ha d~rrotado a sus opo- mera la columna positiva, Y á la otra la
nen tes), la tarjeta de platrno sobre la. que el incandescencia negativa ' mientras que ~l
catado se enfoca, y el vaso que contiene la espacio que entra ellas queda es e_l espacio
obscuro de Faraday, no~bre debido á su
bulba.
d h'l
El anodo en este caso es un trozo e i o
descubridor.
de aluminio, y su forma Y
A medida que aumenta
posición en el tub? no son
la cantidad de aire extraíde gran importancia. El cado la incandescencia netodo, que es con _mucho el
gativa cubre más el catado;
componente más importanmientras que la columna
te, consiste en un disco_ e~positiva se ensancha graférico cóncavo de aluminio
dualmente hast~ que _llega
soportado po~ un alambre
á alcanzar las proporciones
grueso contemdo en un tuque demuestra la fotograbo de cristal. Ambos elecfía número 4, etapa dutrodos se conexionan con
s.- Con 1. 200 de
s.- Con 1-,00 de
rante la cual permanece en
los hilos de platino, u~iénaire
aire
la bulba solamente un a
dolos á través del cnstal_,
centésima parte del air~ original. ~l catodo
del mismo modo que se eJecuta con los de está completamente cubierto de mcandeslas lámparas eléctricas.
.
cencia azul, y la chispa ya no hace uso del
Se observará que la tarjet~
platmo no espejo de platino como parte de su march~.
va colocada en el foco geometr~co d~l cat?~
Con un vacío doble de este (fotograf1a
do sinQ considerablemente mas alla de el, número 5), el cristal de !ª bulba ha ~esado
pe;o esto obedece á razones que después i,o en su fluore3cencia y la rncandescenc1a neexplicarán.
d' d l
ativa ha tomado más espesor y se va sepaLa bulba está conexionada por me to ~
~ando del catado. En la fotogrnfía número 6
tubo con una forma especial de bomba aspi~ ya aparece muy grande, y el ca_todo se ve
rante que actúa continuament~ para lhace\ plenamente rodeado por un espacio obscuro.
el vacío en aquella, hecho mediante ~ cua
Este, ó sea el segundo espacio ob~curo,_ll~va
puede retirarse más aire cada vez, ~nentras el nombre del que lo descubrió, Sir William
ue con el paso de la corriente empieza una
.
de las más brillantes escenas de transfor~a- Crookes.
En esle tubo el vacío es de _un setemención que se c0nocen en el campo de la cien- los-avo, es decir, la bulba contiene esta ~r~ccia experimental.
·
f'
ción del aire original, y la columna pos1t1va
. La primera de nuestra serie de fotogra ias hálla5e alterada considerablemen~e ?n apamue~tra la chispa que pasa cu~ndo la_ bulba riencia, mostrando signos de estr1ac1ó~, que,
está llena de aire. Es de la va:1edad sinuosa sin embargo, aparecen mucho más marcados
y resulta tan repartida y errática en su cu'.so en la placa inmediata que muestr~ el tu~o
como admirable en rapidez, ci~·cunstan~1~s en el punto de la brillantez fotografica maque le hacen aparecer como :el~mpago d1:11- xima llenando completamente la bulb_a la
dido. En esta placa y en la sigu_1e_nte la chis- incandescencia negativa con un ~agmfico
pa hace uso de la tarjeta meta~ica que e~- brillo azul, luz tan etérea? tan delicada en
cuentra en su camino, como s1 tratar~ e sus imperceptibles gradac10nes, tan enterahacer con ella un corte breve; de aqui la menta ultra-terrenal, q_ue pa~ece pertenecer
aparente doble descarga á que hemos alu- á algún reino fantástico mas bien que á
dido.
..
· t d la nuestro mundo material. El hecho de que
Ahora empieza el funcionamien º. e
los contenidos de la_ bul_ba sean re~lmente
bomba y cuando se han logrado_ rellrar de auto-luminosos, no ilumrnad~s por míluenla bulba unos siete octavos del aire, se all~- cia exterior, como lo son el cielo de verano
ra la descarcra completamente. (Fotograf1a ó la neblina de la luna, hace que esta desnúmero 2.) la no se hace ruído algun_o; la ear a sea cosa de beller.a compl_etamente
descarga siaue constantemente su camino y úni~a y separada de lodo Jo co·\Ocido hasta
produce en''ios lados del tubo una fluores-

?e

LOS TUBCS DEL VACÍO

el presente. Pasando desde esta reproducción
fotográfica, des;;raciadamen te incolora y por
completo inadecuada á tan brillante etapa, á
la que figura en octavo lugar, tendremos
ocasión de observar los nuevos fenómenos
que se manifiestan en cada electrodo. En
el anodo, la columna positiva, que se ha ido
debilitando y se ha hecho discontinua en las
dos últimas e'.apas, se ha reducido ahora á
un simple punto de lu,. en la extremidad;
mientras que al mismo tiem po una nueva
incandescencia violada, llamada positiva, se
aglomera en rededor de la otra extremidad
del hilo metálico.
Los cambios en la extremidad catodo son
tan notables que autorizan un intento de
explicación pictórica de lo que allí ocurre.
Imagínate, lector amigo, una compañía de
soldados provistos de fusiles de tiro rápido,
formados en arco ó media luna, disparando
la línea exterior toda ella con puntería fija
exactamente normal á la línea, es decir, encontrándose cada fusil igualmente entre los
de sus vecinos de la derecha y de laü:quierda; coloca esta fuerza en un bo~que de troncos de árboles iguaLnente distribuídos y del
mismo tamaño; ordéoales que hagan fuego
con la rapidez que puedan, y observa el
efecto. Como las balas son mucho más pequeñas que los árboles, y estos se encuentran separados á gran distancia comparada
con su espesor, es obvio qne aquellas han
de recorrer por término medio considerable distancia sin herir ningún objeto. También, siendo la velocida de una bala excesivamente alta, dicho proyectil perforará el
primer árbol que en su camino encuentre,
sin rasgarse de manera apreciable; pero desde entouces queda reducida su velo0idad, y
la bala con·
tinuará la
destructora
carrera hasta q u o su
energía se
gas te por
completo
esparciendo
aslillas en
todas d irecciones. Jma7. - Con 1-1000
8. - Con HOOO
. •
de aire
de aire
g111emonos
estas astillas actuando á su vez como balas
qlle en su di~persión errática producen otras
nuPvas ast;iias, y así sucesivamente hasta
que pierden totalmente su energía, y tendremos un cuadro, si no exacto en detalle, al
menos perfecto en la representación de lo
ocurrido.
En nuestro tubo, la fuerza de soldados es

i15

el catodo; sus balas y las aslillas que producen son los fragmentos más pequeños de
materia ó electricidad ( los dos aparecen
ser en esencia la misma cosa, ó sean lae
maravillosos electrones de los q u e mu chos cen lena res van á formar el más pequeño átomo; estos electrones marchan con inconcebible velocidad, tanta como treinta mil
kilómetros por segundo, cosa que hace que
el paso de la bala de fusil más rápida no sea
sino el paso de una tortuga, de la más insignificante tortuga. Las moléculas de gas que
hay en el tubo resultan en este caso los árboles de nuestro ejemplo, y el desprendi miento de asLillas no será otra cosa que la
ionización, nombre que en el mundo científico se dá á la inca\ldescencia azul negativa.
Poco esfuerzo de inteligencia se necesita
para com prend3r que e I espacio obscuro
que rodea el catado es la distancia media á
cuyo través los voladores electrones marchan antes de la colisión con las moléculas,
las cuales serán en -tanto menor número
cuan-lo mayor sea el vacío, y, por lo tanto,
cuanto más ámplio es. el ·espario obscuro
más difusa resulta la incandescencia negativa.
Dirigiendo ahora nuestra atención á. la superficie cóncava del catodo fulminante, como
no existen fuerzas perturbadoras habremos de sufrir un terror•ifico bombardeo de
electrones voladores, ó rayos del calado
como primeramente se les llamara, rayos
que convergiendo en el foco y cruzándose en
él muestran bellamente en el tubo mismo
un cono de luz azul violada, visible en el
obscuro espacio, luz que parece concentrarse en un punto muy cerca del foco del tubo
para separarse luego nuevamente.
Después
de la crítica
etapa que
pone de relieve la fotografía número 7, como va quedando cada
vez menos
aire en el
9. - Con 1-7000
tO.-Con 1-9000
tubo laenerde aire
de aire
,
.
gia requerida para forzar la electricidad á través de él
se hace mayor, con lo que resulta que la carga de electricidad negativa en el catodo llega
á ser tan grande que no sólo despide los
electrones, sino que los repele tan poderosamente durante su rápida marcha que altera su curso .rec\o en sentido curvado tendiendo á transferir sus focos más y más,

�INTIMO RUEGO

POR ESOS MUNDOS

116
persiste es la fosforescencia del cristal. A
hasta que se encuentra exactamente en el mayor vacío, aumenta eriormemente la potencia necesaria para funcionar el tubo, y
vacío recto.
Este hermoso cambio, que va acompaña- también la potencia penetrante de los rayos
do por la elevación y decaimiento de la in- lanzados; pero no se altera su apariencia ópcandescencia positiva, se demuestra de ma- tica y fotográfica.
nera más convincente por las fotografías
Hay quien sostiene que cuando existe sonúmeros 8 á 13. La que ocupa el noveno lamente una molécula en cada millón ave
original de
lugar representa el máximum de la incanlas que perd esce n ci a
manecen en
negativa: es
el tubo, re•
arrebatadosuIta escaso
ramente beel número
1 la, pues
de las que
además del
sirven para
color vivo
conducir la
violeta de
electrici la primera,
dad.Sir Wiy del pálido
14-Con
1-IOOOOo
lliam Croo1s.-Con
1-25000
y ahora dé•
12.-Con 1-1:iOOO
de aire
11.-Con 1-10000
de ai;e
kes rechaza
de aire
bil azul de
de aire
esta idea y asegura que el número de mola segunda,
presenciamos la maravillosa corriente viola- léculas de gas en una bulba de tamaño
da del calodo curvado; lodo ello colocado en ordinario en la que se ha hecho el vacío
una bulba filamentosa de exquisito verde hasta una millonésima, es un millón de mimanzana, que no es otra cosa que la fosfo- llones; y como es ~abido que cada una de
rescencia cristalina bajo la influencia de mi- estas contiene por lo menos mil electrones,
llones de electrones esparcidos.
el abastecimiento parece completamente
En la fotografía número 13, donde solo asegurado.
queda en el tubo un treinta mil avo del aire
Las propiedades de los rayos X para excioriginal, los electrones pueden alcanzar la tar la luminiscencia sobre trozos transpatarjeta de platino sin previas colisiones. Ero· rentes de algunos minerales, en particular el
pleando nuevamente el símil de las balas de bario platinocianido, y para afectar una plafusil, cuando una de estas corrientes se diri- ca fotográfica, son demasiado conocidas para
ge contra una tarjeta maciza ocurren tres co- que necesiten comentari9s; pero debe recor,:as: 1.ª algunas de dichas corrientes se re- darse que todos los dibujos proyectados por
flejan; 2.ª la tarjeta se calienta; 3.ª se esca- los rayos X no son otra cosa que sombras
pan sonidos muy penetrantes que radian en arrojadas por el origen, es decil', que la partodas direcciones desde el punto de contacto. te de superficie de la tarjeta herida por la coLa citada fotografía número 13 muestra rriente catodo debe, á fin de obtener los metodo esto; es decir, que las corrientes se man- jores efectos, hacerse lo más pequeiia positienen adheridas á los electrones, que la tar- ble, necesitándose gran exactitud tanto en
jeta del tubo de los rayos X se pone al rojo la curvación del catodo como en la distancia
después de unos cuantos minutos de em- de la tarjeta.
plearla, y, en fin, que como cada electrón
Puede preguntarse si cualquiera de los
hiere el platino macizo (el más duro de los resultados luminosos obtenidos de los tubos
metales), en su marcha en sentido recto del vacío se ve en escala natural en el amdespide una onda ó perturbación de la natu- biente que nos rodea. C,-mo el espacio mi,raleza de la luz, perturbación de potencia mo es un gran t,1bo en el que se ha hecho
penetrante sin precedentes y que da lugar á el vacío y en el cual las estrellas, el sol, los
que se escape de la tarjeta que constituyen planetas y todos los cuerpos celestes, inclulos rayos X una corriente de dichas ondas. so nuestra propia tierra, ejecutan evolucioCuanto mayor es el vacío más alta es la nes ordenada~, la contestación á esta precarga sobre el catodo, y cuanto mas veloz- gunta es muy obvia. Hemos visto ya que
mente vuelan los electrones más penetran- un catodo metálico en un tubo del vacío es
tes llegan á ser los rayos consiguientes; así, susceptible de arrojar electrones cuando se
para obtener los mejores resultados, los tu- carga de elevada electricidad negativa; hay,
bos deberán ponerse á un vacío muy eleva- sin embargo, varios elem.entos descubiertos
do. En la fotografía número 14muestra el tubo recientemente, el radio sobre todos ellos,
cerca de un cien avo de aire solamente, y que son susceptibles de verificar esto li1,res
en este caso el fenómeno que únicamente

de carga,. l_anz'lndo al propio tiem o articulas pos1hvamente cargadas de p p
Estas partículas, que llamaremos
ttes X, en el caso del radio alcanzan ve! .
dades de la increíble cantidad de cient/c1i:enta mil kilómetros por segundo E' s~esto e~ e~ sol que alumbranuest~o p~1::~:.
. ~onoc1m1ento que tenemos de la com o~
s1c1ón
p
. del •astro-rey nos induce á creer que
Con tiene grandes ?antidades de radio
de
otro~ cuerpos rad10-~ctivos que llegan ser
activos en las manehas so1particularmente
l
ares, por os que lanza incesantemente t
rrentes d~. partículas positivas y negativ~;
que tamb1en alcanzan á la tierra á d d
llegan desde su i:oovimiento circular de ~i:n~
~o c_uarenta y cmco millones de kilómetros·
ef~~~ á su car~~ negatira son atraídas po;
d . ro magnetico de la tierra y arrastrar. as ª. ,os po~os, donde su paso por el aire
.-uper10r,
le
A segun
h · se ha probado defi m·t·1vamenpor rr emus, es la causa de esos maravi:losos y hasta ahora insolubles misterios de
as auroras boreales cuya semejanza con la
descarga del vacío ha sido tanto tiempo
ment~da. Las grandes parüculas positiv:~por o ~ª. ~arte, se separan, aunque de ma~
nera d1f1c1lmente apreciable, de su cammo
.

g::~i:~i~

:f

•

1

117

Y. son á la vez absorbidas por el a.
nor, cargándolo positivamente Es~e supeserá naturalmente mucho ma .
a carga
dor- por esto e d' h
_yor en el Ecua. '
' n ic as regiones el aire
; e~~ cargado con una clase de electricidadª·
a ierlra, por la afluencia de electrones '"i
los po os, con otra· el
ll d
en
estas dos electricidad resu ª1 o natural de
Vem
es son as tormentas
osl, pues, que las propiedades de los .
yos y as radiaciones del catodo
ra-

~=n~~~~~~~t: f~;~:;!te, la cau:~ndec~~~

tormentas en los tr '· preva!enc1a de las
las manch
I ópicos, Y la mfluencia de
p
as so ares en los temporales
com:~oe:~~s 1::su~~~fcºs. son inter~i~ables,
puede tener el tubo :~ones práhchcas que
cío· v d d 1 .
que se ace el vase ~bre ese ~dedpac1enzudo investigador que
m a osamente ca ·
región obscura de lo desco~~~~d en__la gran
verse de su laboratorio hast
o_ s'.n mounl ejército que fotogr~fía 1:s cta1~:J~neºntde
cuerpo de s
ro
dloe más
árduo d u~ companeros de batalla en
razón para hende o~ ~ombates, todos tienen
ecir a sus precurso •
yos esfuerzos han encendido
. la 1es,1 cupene rante
luz de esa radiantísim 1·
cia que se llama el Tal aml paCra de la cien100

ee rookes.

F. W. ASTO~

-"-""""',
~

--

'·

-...

-~.,;,-iP-

,

~

\\

INTIMO RUEGO
Bella hurí de _labios rojos,
ven á calmar mis antojoi:,
que es\oy enfermo de amor
Y me causa desconsuelo '
ver e,n tus ojos un cielo
que me niega su explendor.

Ya mi vida se evapora
como tintes de una auro~a
falta del claro arrebol:
ven, morena, y en mis ansias
te of~endaré las fragancias
de m1 amante corazón.

Ju110 FLÓREZ

�PINICHI

PINICHl
(CUENTO)

hombre con cara de gorila abrió
en la tierra un hoy? _en formda
1
n él fue inhuma o
df rectáng~~la1nefortunada Chala,. al
e., cJ:{l~lud que bordeaba las tapias
pd~1 cementerio y bajo el ramaje de ubn
el que traspasa a
ciprés secular por d 1 sol Fué una
débilmente un rayo e
. .. ~
tarde de Abril, tan apacible y 1:1suena
lli en aquel siniestro recm to de
qlue;ue;te lleno de rosales en rtena
a
'. d
s de geraneos
eflorescencia, e grupo
·t matices.
que el sol coloreaba e~i:i~nta brusla primavera andaluza,
, . ,
ca abrasadora, parecía evocar 1~ un_a , de una mujer hermosa, e OJ~S
gdeenfueao de cabellos negros, qbule ne
" ,
d l dientes ancos
mostrando to os os l chasquido de
de su boca, y que en e. . b so por
sus labios rojos nos envia un e
el ambiente caldeado...

LJ

i!
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*.*
L Chata era toda una his~o. a bada en un espiritn
.
. épico
sublime. Sola, sm mas pa;ientes que una vieja_ abuela,
de
a nada se cuidaba
r.rienque par
.
.
en
el
arrovo
su
e11a v1via
, . •
do las mi 1 y una penpec1as
ue l e ocasionaban la el~rna
iazon de vivir en aquel a~b1e~_te de la golfería, en el aire , i ria gra

'

t
;

N

'

.

}

ciado de la calle, teatro donde estas excrecencias sociales cantan, ríen y lloran.
Como á toda mujer, llególe el día de su
primer amor, y aquella billetera que oía con
indiferencia los requiebros de los señoritossempiternos mercachiíles de lo bello-sintió
en su espíritu algo como una renovación de
la vida en el cariño que le inspiró Currinche, un sinvergüen?.a de tomo y lomo encastado en ratero, jugador de bolos, amigo de
trampas y perfecto couocedor de tascas y
burdeles.
La Chata, desde el día en que Currinche
y ella se entendieron, cuidó mucho del aliño de su persona acicalándose cuanto podia,
poniér.dose coquetonamente al cuello su pañuelo encarnado de seda-el sólo tesoro desu
ajuar-y lavanrlo y relavando aquella bala
azul de motilas blancas, la única que tuvo desde que fué mujer y la que miraba con prefundo cariño como un tesoro de recuerdos
nupciales.
De aquellos amores, tiernos y apasionados
en la Chata, bajos y ruíncs en Cart·inche,
nació Pinichi, rechoncho y chatillo como
la madre, rubio como el vino nuevo, y tan
gordinílón que no parecía sino que se babia
chupado todo el jugo de la Chata.
Ni que decir tiene que aquel amor, que
Cun·inche babia satisfecho como un salvaje, se aplacó, y á la vuelta de a'gún tiempo las recriminaciones, los insultos y los
desprecios llovieron sobre la Chata, y Currinche acabó por olvidarla, Ella, ante aquel
desengaño, le &lt;lió su palabra, «palabra de
hombre», de no mirarle más á la cara. .
Las cosas sigui.iron, como al principio, su
curso tradicional: ella, vendiendo billetes de
lotería por calles y cafés, con Pinichi en
brazos, y él tratando de romper el círculo de
su mediocre golfeniia con raterías y trampas en el juego.
Una profunda tristeza se apoderó del ánimo de la Chata, y sólo las caricias y los mi•
mos de Pinichi la consolaban de aquel estado de tedio, de tedio inmenso.
Pasaron cinco ·años, y Pinichi, siempre pegado á la falda de su madre, la ayudaba,
como todo un hombre, á vender billetes de
lotería y á hacer todo lo que se terciara para
contribuir al indispensable puchero, que
era su delicia. Sabía que su padre era el Currinche y le conocía porque en varias ocasiones su madre se lo había enseñado en
una turba de golfos con los cuales andaba.

***

Aquellas mejillas sonrosadas de la Chata
empezaron á palidecer. Se volvió taciturna
y por días se acentuaba en su semblante

119

una gran demacración. Sintió algo extraño
en su naturaleza, algo como una depresión
nerviosa, anemia de espíritu, cansancio y un
profundo hastío hácia la vida, que se revelaba en gestos de tristeza. Llegó un día en que,
falta de fuer?.as, extenuada por una consunción devoradora, tuvo que sentarse en el
quicio de una puet·la, casi sin voz ni alientos para pregonar.
El pobre Pinichi, que la consolaba echándola sus brazos al cuello, colmándola de
besos, mesando sus cabellos en desórden, pasando sus manitas tiznadas por su rostro caldeado por la fiebre, sufrió más que nunca
en aquel terrible día en que vieron sus ojos
temblar una lágrima por el semblante triste
de su madre.
La Chata fué al hospital fatalmente predestinada á morir allí. Pinichi iba á verla
todos los dias, y la veía gracias á la buena
voluntad de Sor Micaela, que le babia tomado
afecto en su corazón de ángel.
A decir verdad, Pinichi no escapaba del
todo mal, pues ya unos, ya otros, todos en el
hospital le daban de lo que comían, y á no
ser por aquel airecillo sombrío y tristón que
tenía bubiérase creído que estaba pasando
una buena temporada.
Una tarde, ya en las postrimerías de su
lento agonizar, sentado Piniclti á los piés
de la cama donde fatigosamente respiraba
la Chata como si un corsé de acero le oprimiese el pecho, oía de su madre en un tono
de vo7. dulce y apagado:
-Mira, Juanito, si algún dia tú tienes dinero quiero que me compres dulces, muchos dulces.
--Sí,madre, muchos.
-¡Si la Virgen quisiera! ... Si yo me pusiera buena, íbamos á comer dulces, ¿sabes,
Juanito?
Y después de una pausa, siguió:
-Es menester que tú se lo pidas á la Virgen.
--Sí, madre, yo se lo pediré á la Virgen.
Un quejido, un inmenso suspiro de la
Chata interrumpió la conversación. Aquella
tarde no hablaron más.

*
**
Al dar la oración, Pi11ichi, como siempre,
se despidió de su madre con un beso que
fué más ardiente, más apasionado que nunca, y salió del hospital llevado de la mano
por Sor Micaela, con el cora?.ón oprimido,
la frente baja y el ánimo decaído basta más
no poder.
Vagó algún tiempo preocupado, ens1m1smado y como dominado por una idea. ¡Pinichi también tenía ideas!

�PINICHI

despertar ahora. Vamos á dejarle los dulces
en la cama para cuando despierte. Ven, ven
despacito ...
Y sin hacer ruido, silenciosos, se acercaron á la cama donde reposaba la Chata, con
la cara tapada por un velo negro, dejando al
descubierto sus manos inertes 'f demacradas.
Pinichi, con ojos curiosos, inclinaba su
cabecita p&lt;J.ra ver por debajo del velo la cara
de su madre, y con gran cuidado, con una
sonrisita de satisfacción, dejó sobre la almohnrla el papel con los dulces, que le olían á
gloria.
Sor Micaela, emocionada por aquella escena, cogió á Pinichi en sus brazos y acariciándole le decía:
-Ven, ven conmigo. Le he ofrecido á tu
madre que tú no serás un golfo, sino un
hombre, un hombre como ella quería que
fueses ... Vas á ver muchos niños, muchos ...
Allí vas á jugar, á correr ...
Aquella noche, por primera vez en su vida durmió Pinichi bajo techado sobre un
jergón de paja cubierto con blancas sábanas,
en una sala del hospicio.
El mejor ebanista de Sevilla era,sin duda,

Pinichi, y que lloviera ó venteara no dejaba ningún día de fiesla de ir á visitar en el
hospital á la buena madre Sor Micaela, que
era ya la superiora, con la que echaba sus
mejores ratos de solaz y esparcimiento.
Una tarde, terminada su visita, anduvo
Pinichi por varias calles al azar y sin nada

Pinichi, con el paquete de dulces en las

manos, observaba curioso la actitud inerte
de su madre

121

que le preocupase el ánimo ni el entendimiento. Allá, en lo más ancho de una plazuela, vió un grupo numeroso de hombres y
chiquillos arremolinados con !!.legre jolgorio
á la puerta de una taberna. La curiosidad,
ese atractivo de lo desconocido. llevóle al
grupo, y pudo apreciar que todo· aquel jolgorio lo producía un viejo andrajoso y ciego
que sentado en un mugrie~to catrecillo de
lona arrancaba de las cuerdas de su guitarra notas tristes acompañadas de coplas tiernas y sentidas.
Un gran silencio se produjo entre la turba
de curiosos esperando el momento de que el
viejo se arrancara; y éste con el semblante compungido, abriendo desmesuradamente
sus ojos, vacíos de luz, cantó con vo,: ronca
una seguidilla gitana. Los bravos y olés atronaron el aire y una lluvia d!l perrc:s cayó
sobre el platillo que el ciego tenía á sus
piés.
-Cántanos otra,-dccía uno.
-¡Viejo, que nos esfrozas!-decía otro.
Un torerillo que estaba á su lado, vociferó:
-Canta la mía, Currinche.
¡Cun·inche! Este nombre fué un pensamiento de hiel en el cerebro de Pinichi.
Quedóse como anonadado bajo la impresión
de un cruel y triste presentimiento. Buscó
con la vista al ciego y le observó fijamente
abstraído de cuanto le rodeaba, absorto en
profundas meditaciones. Allá en lo intimo
de su ser le parecía oir estas palabras: «¡Padre! ¡Mi padre!,,
Al verlo de aquel modo, ciego, andrajoso,

�122

FLORE.5CENCIAS

hecho un mendigo, le pareció que la Providencia lo mostraba á sus ojos como una revelación de la justicia inmanente.
De pronto, abrióse paso e~lre el g1:upo y
levantando al viejo de su asiento, asiéndole
por un brazo, le dijo:
-Venga usted conmigo, viejo, que le voy
á llevar á usted á una jtterga. Se vá usted á
ganar dos duros.
-¿Dos duros? -repitió el ciego con sorpresa.
Protestaron algunos del grupo do la intempestiva intervención de Pinichi, y ~al vez no
hubiese éste realizado sus deseos s1 la oportuna aparición de un coche ~o le hubi~~e
dado ocasión de escapar de alh en compama
del ciego cantador.

"'
*.*
-¿Tú?... ¿Tú eres mi hijo?... Ven, ven que

yo te bese ya que mis ojus no te pueden ver,
-decía el CJego arrodillado,con losbrazos en
cruz delante de la figura sombría, tétrica,
ame~aiadora y severa de Pinichi, que parecía poseído del genio de un__dios vengador.
-Sí, el hijo de usted, el b~JO. ~e un mal
hombre y de una mujer que s1 v1v1ese lo perdonaría á usted ... Pero, yo no.
-Si, perdóname, hijo, perdóname como
tu madre me perdona desde el cielo.
Pinichi, evocando todos los 1ecuerdos de
su infancia lloraba. Abraiáronse los dos y
un noble i~pulso de la Naturaleza hi7.o sentirá aquellos dos coraiones tan distintos, _en
el perdón y en el arrepenlimie_nto, efluvios
de un mismo amor que parec1a descender
desde loe¡ cielos, como el rocío de la noche,
para aplacar sus ansias de llorar, para endulzar el mi ndo de recuerdos que les traía la
lejana vi;;ión de la Chata.
MARCIAL MARIN

llu.straciones de Esteban Menénde,.

LOS MODERNOS AVENTUREROS

¿CONQUISTAREMOS EL POLO NORTE?
En nuestro mímero del mes último publicamos mi artículo del periodista norteamericano Mt·. Walte1· Wellman dando cuenta de su.s prop6silos ele ir al Polo Norte en
globo. El intrépido exploraclo1·, que ya habla rea'izaclo anteriormente ofras expediciones árticas, no consigu.i6 llevar á cabo su objeto en el verano de 1906 po1·qu.e los
1·etrasos y deficiencias en la construcci6n del globo lo impidieron; pero allanadas
esas contrariedades, el América, que asi se llama el buque aéreo de este moderno
aventu.rero, ha debido salir en uno de los días de Julio pasado del punto mcís septentt·ional de las costas ele Nomega para emprender la conquista clel Polo que tanto
fascina y afme á los explomdo1·es y tanta impot·lancia tiene para la Ciencia. Mcís
interesante aún que aquel p rimer artículo es el segu,ulo, que damos á conocer á
continuación: el propio lUr. Wellman explica c6mo harás-u viaje aéreo, las p1·ecauciones qu,e ha adoptaclo para lttchar contra las nieves y las tempestades árticas v
todos los medios,en fin, que han de llevarle al más completo éxito de s1ts prop6sitos
de broma ir tras el Polo Norte
Noenes uncosabuque
aé, eo. Por eso, el América

FLORESCENCIAS
A la luz de la esperanza mía
suaves os miro acaricia~ mi frente ..
El haz de sol que la pasión me_ env1~
se posa en mi alma como un labio ardiente.

Que 58 alce la il~sió~ glori?samente,
reviva cual un fémx m1 alegna,
del amor ante el vaso transp_are~te
calle el viejo pe!&lt;ar, la duda imprn.
Yo quiero vuestra efi_~era venlu~a,
¡oh, nuevos sueños de hhal bla':cural
Só que vivís para el dolor un ano,
si para encantos y placer, un d!a ...
Pero volad tras el hermoso engano,
¡alas de luz de la esperanza mía!
R. FONT

no es un globo de diversión, ni frágil, ni de
corta vida, como los
construidos para una
expedición de horas y
q u e después sucumben olvidadosó destrozados; sino una máquina grande y fuerte, de
acerados músculos, de
pulmones ámplio~, de
corazón fuerte, hecho
para la guerra, para el
trabajo, p ar a sufrir,
capaz de luchar con
los vientos que obstruyen el Polo y basta
de derrotarlos.
Y no es figura retórica decir que el buque
aéreo América es inmenso, gigantesco: su
longitud es de 60 metros; su mayor diámetro de 16,60; el coche
de acero inferior tiene
34,60 metros de longi -

tud; desde su fondo á la cima del depósito de
gas, la distancia es de 19,50 metros, ósea la
altura de una casa de
cuatro pisos; la su perficie de globo esde veinte áreas, y el peso de
la envoltura de algodón, seda y guttaperrha llega á dos toneladas. Cuando el buque
emprenda su vi aj e
comprenderá en total
un peso de 20.966 libras, entre material v
carga. Si añadimos e·I
peso del hidrógeno del
depósito, tendremos
22.84.0 libras, entre
hombre;; v materiales
que se diiigen al Polo
Xorle en esta máquina
del aire.
LA VICTORIA
DE LA CI&amp;~CIA

Walter Wellman, jeíe de la cxped'ción en ctobo

al Polo Norte

L a química es la
base de nuestros propósitos. Un pié cúbico

�POR ESOS MUNDOS
124de aire parece una bagatela intangible, pero uniones de ese metal para que el aire no se
tiene un poder maravilloso para hacer una escape. Pero en el presente estado de la
casi infinita multiplicación de lo infinitesi- ciencia aerostática no es necesaria una cumal. Este pié cúbico de aire pesa menos de bierta metálica: las telas de los globos modernos son bastante buenas para este fin.
una décima de libra; pues si construimos un Los globos esféricos ordinario~, como el utidepósito lo bastante capaz para contener
lizado por Andree, como los que se verán en
265.490 pies cúbicos de aire, una simple su- las próximas carreras de globos en San Luis,
ma nos demostrará que el peso total del aire
!on por lo general de una
encerrado en él alcanzará
tela gruesa de algodón ó
la e n o r m e cantidad de ,.....
seda varias veces barni21.431 libras. El gas hidrózada. Pero en buques aégeno puro pesa solamentll
reos mayores, sujetos á
0,00559 de libra p9r pié
grandes presiones, se emcúbico y es catorce y meplean dos ó más lelas, redia veces más ligero que el
cubierta cada una con cieraire: si pudiéramos llenar
ta emulsión ligera de gulnuestro depósito de hidrótapercha, aplicada en cageno puro, el peso del hiliente por medio de rodidrógeno sería solamente de
llos de acero, corno se bar1.481 libras, y por tanto,
niza el papel en las fábrido 19.9i7 libras el poder
cas. El Lebaucly y el Paelevador. Prácticamente, es
trie, que como dije en mi
:ia~i imposible asegurar hiarticulo anterior han sido
cfrógeno puro en tan grande
los tipos base de nuestro
escala ; p e r o lograremos
globo, son de dos telas de
acercarnos á ella, porque
algodón recubierta c a d a
e o n e 1 aparato especial- Paul Bjoervig, marino noruego que ~~m- una de gutla, y han dado
mente construido que lleva paña á Mr. Wellman en la exped1c1ón. excelentes resultado!'.. Noshombre tiene una historia emocionuestra expedición, traba- Este
otroshemos empleado para
nante: íué tres veces con e 1 citado
jo hermoso de ingeniería Wcllman en anteriores exploraciones ár- el América tres telas de
tica.,, y en el invierno de 1S98-~ fué uno de
química, esperamos fabri- los
algodón y una d e seda,
dos expedicionarios que quedaron en
car en Spitzberg gas casi al un punto avanzado de la Tierra de Fran- todas con gulta por cubierJosé; su compañero murió, I duran80 por 100 de pureza. Pu- • cisco
ta en. la parle central del
te la larga eterna noche invernal de los
diéramos aún pasar do esta polos, BjoerYig acompai\ó dos meses s ·- depósito, donde es mayor
el sueño eterno de su camarada,
proporción, pero no ei; ne- ,uidos
la presión del gas, y dos
cuyo cadáver no pudo enterrar en todo
cesario porque con la ih- ese tiempo. Ahora, ha esperado cerca de lelas de algodón en las
un aiio en la isla Dansko, Noruega, con
dicada, tomando el aire á la otros
extremidades. Esas telas se
dos expedicionarios la llegada de
presión normal atmosférica :M:r. Wellman ¡,ara emprender la ascen- reunen formando una pieza,
sión al Polo
y á la temperatura de 32º
y aunque la más gruesa
Fahrenheit, lograremos el
pe~a solamente un poco más de una décima
sorprendente resultado de 19.556 libras que de libra por pié cuadrado, la fuerza tensil llenos son precisas para que el América eleve ga hasta quinientas libras por pié,ó sean cinde~de tierra cerca de ,diez toneladas de peso, co veces el trabajo máximo que exije á la tela
incluyendo, por supuesto, el propio suyo; la presión del gas. Este factor de seguridad
diez toneladas tan perfectamente sostenidas se extiende por toda la obra. Además de la
en el espacio que con sólo vuestro dedo seguridad que nos da la fuerza tensil de la
meñique podríais mover toda la masa de tela, todas las costuras llevan un dobladillo
uno á otro lado.
de cinco centimetros, cosido dos veces; y
como aún pudiera darse el caso de que huCÓMO SE CO~SERVA EL HIDRÓGENO
bietie fuga de gas por los agujeros hechos por
E.~ EL GLOBO
las agujas, todas las lineas de costura van
cubiertas por dobles bandas de seda cemenEl hidrógeno es el principio de vida en un tadas á la cubierta: primero, una banda cubuque aéreo: constituye los pulmones del bre la costura; después, hay sobre esta otra
atleta. Pero tiene tan poca densidad, es tan banda más ancha. El principal propósito de
minuciosa su composición molecular y posee estas bandas es hacer á la envoltura tan imtan grande afirudad conel aire, que es difícil permeable como sea posible; pero tienen
do obtener y difícil de conservar. Nada sino otro fin: incidentalmente aumentan de modo
el metal lo reti~ne en absoluto, y aun entón- enorme la fuerza de dicha envoltura, cuya
C!lS es preciso tener gran cuidado con las

125

•

1:do está prev!slo para evitarlo, y disponemos
esos med!os. En la carga hay 6.800 libras de gasolina; cada hora que el motor
funcione
consumirá
44 libras ·
por razone~
que diré
después,
calculamos
que el motor funcio nará di a riament e
quince ho-

QUÉ HAREMOS CON
EL GAS EXCEDENTE

Por esta parte, pues, poco tenemos que
\efer que nues~ra máquina flaquee por los
¡ t mones. En rigor, es muy cierto que ten-

�b6

POR ESOS )IUXDOS

dremos gas para ahorrar, y es innecesario no. ¿,Cuál es el valor de esta innovación algo
dar más respuesta á las preguntas á menudo atrevida'/ La gasolina que llevamos se cree
hechas: ;,Podréis fabricar más gas en el ca- que haga funcionar el motor ciento cincuenmino? ¿Xo podúis llevar un suplemento de ta horas; cada hora, la pérdida de la fuerza
gas, conservándolo comprimido en tanques de elevación por la~ derivaciones ó escape~
de gas es, como he dicho, sólo de once libra.e;.
de acero?
En realidad. en vez de necesitar nuevos Pero durante el mismo período se consusignifica
suplemenlos de gas en el camino, tendremos men 44 libras de combustible; esto
nna ganangas para
cia neta de
quenim·. Y
33 1ibras
nos propoel e fuerza,
nemosque•
que repremarlo, es
sentan 450
decir, quepiés c úbimar el excos de exe es o. sea
ceso de gas
poco ó mu•
á di sposicho. Cuanc i ó n, al
to más hacual, como
gamos funno se necionar el
cesita, hay
motor, tanc;ue permito más rátir su escapidamente
pe si no se
reduciret1tiliza de
mos el pe&gt;lro modo.
s o de la
En dier. ho&lt;'arga 11 eras de funv ad a, y
cionamien C'uanlo más
En el hller de mAr¡uinns del Campo Wcllman en la uta [)rn,k6, en Noruc¡a
lo de mo, carga se retor,
habremos
desarrollado
3:30
libras de
duzca tanto más gas tendremos á nuestra
fuerza
elevadora,
próximamente
igual á
disposición. Ordinariamente, esle exceso de
4.500
piés
c11bicos
de
ga~
que
pesan
más de
gas quedará libre, deliberadamente, á través
ele las válvulas, mezclándose con el am- 31 libras, y en potencia calorífica es el eq uibiente circundante; pero cuando rerordamos valenle de 96 l .brns de gac;olina, ó sea más
el elevado valor calorífico del hidrógeno, de lo que nuestro motor consume en doc; hocu ya potencia en este concepto por libra es ras. Ilal&gt;lando ámp!iamente, sin que esforcemás de tres vecl'S que la de la gasolina, de- mos demasiado el cálculo, por cada diez ho·
&lt;'imos: «¡Lástima ga'ltar tanta energía, tirar- ras de pleno motor con el combustible líquila, cuando la tenemos á tres metros de do ganamos dos horas de acción de motor
nuestro motor! ¿No podríamos quemarla con el combustible gaseoso, el cual queda
relevado de su carga como fuerza boyante.
como combustible?
De
aquí podemos calcula1· de manera casi
En respuesta á esto, el jefe ingeniero Vaprobable
que el depósito de combustible que
niman aparejó un motor con válvula de dos
nuestro
buque
lleva funcionará: horas de moconductos: por uno, entraba la gasolina; por
tor con gasolina, 150; con hidrógeno 30; total,
otro, el hidrógeno. Para experimentar esto, 180 horas. Las circunstancias dirán el valor
hizo marchar el motor con el combustible del rombu;-tible gas de una y otra manera; y
líquido; después cerró la entrada de gasoli- el número de horas de funcionamiento de
na y dió libertad á la del gas: instantáneamente, aceleró el motor su marcha. Este motor con hidrógeno podrá ser más ó menos
cambio del líquido al gas y del gas al liqui- que la cantidad supuesta, pero se aproxima
do fué efectuado por la simple vuelta de mucho á la cantidad de 30 horas.
una válvula. El sistema funcionaba perfectaLA VELOCIDAD DEL •AMÉRICA•
mente. Con válvulas reguladoras para evitar
el peligro del retroceso del fuego, y un pee.Y cuántas millas por hora podrá hacer
queño tubo metálico que conduce al depósiel
buque marchando á toda velocidad? Desto de gas que va arriba, no vemos razón para
de quince á dieciocho terrestres, que son el
que no pueda emplearse como combustible equivalente á trece ó dieciseis marítimas.
para nuestra máqvina el exceso de hidróge-

127

J

t

practic~ble planear un navío con cierto des
p ~zarento, peso, líneas y potencia y ca· fu ~r entro de una fracción de nud~ su ve:
OCida~ en la prueba práctica, así en los bu ques ª?reos se ha de~arrollado tanto el arle
que, aun cuando con un poco de menos .
teza y exactitud, el funcionamiento
rostato puede conocerse de antemano
.
Por esto,_ aparece que para nuestro bu ue
(~u y semeJante á un gran yate. capaz deqlle~
;a~aslante co~bustible para un viaje de
h~r á 2,5~ millas, Y que razonablemente
.'. q~e considerar ciertoquellcaue á sud
tino s1 las ~ormentas y los vient~s no le ei:
nen demasiados ob,-táculo5) puede tam/é
1 11
aceptarse
.
1
r la seguridad de q'ue pocl ra. evitar
os pe igros de n~ufragios 6 de otros desastres., ~Iay esta diferencia: el viaje del ·al
~aritJmdo se encuenlra en aguas conoci~lase
) e a rer;;o efecto de los vientos en '
~archa probablemente no seria mu
su
En nuestro caso, la influencia de to! ~~an1e~
ó de otras condiciones atmosféricas p~r o~
rian
dcontrarrestar-e·
.
" , Y á ~osotros no3 correspone avenguar con cuidado lo que estas condiciones podrán ser
y hast~
!{ u é punto
nueslro
b a r c o
se puede
adaptar á
ellas.

det:~.

EL BUQUE
AÉREO EX
LAS REGIO·
NES ÁRTI-

CAS

�POR ESOS MUNDOS

123

Pero la verdad nos dice todo lo contrario:
en rigor las regiones árticas, en voz de_ ser
las eo~os, son precisamente )as ~eJore~
1&gt;ara~1avc"ar y salvar largas d1s~ancias en
buques aé"·reo,, . "'o
.1., quiere esto decir que sean
•
inmejorables en todos los ~)Untos p_rec1s0s!
ues también ofrecen sus rnconvement~s )
;us desventajas; pero compa!·a_ndo el oc~ano
polar con Francia y con Amcnca, por OJC~lo
anotando el debe y el habe_r de ca a
~n¿ saldo favorece mucho al l~Jan_o ~eptent~·ión. El frío intenso en el que i~shnt~amenle se piensa al hablar de la región rl1ca
no existe en verano, aunque en in,ierno, sea unl
desagradable realida~. El
verano ártico es relahvamente benigM: en el propio Polo Norte, según sabemos por referencias, la
temperatura m ás cruda
en Julio y Agosto es nada
más que de dos ó tres grados bajo cero en la so_mbra. fata condición existe
en toda la región que rodea el Polo, donde la Naturale;,:a ha formado en
una e,-cala de un millón
de millas cuadradas las
mi:&lt;mas condiciones c onocidas en los laboratorios d e física como ~ l

!1

por la noche. Cuando el ?alor del sol mues~
tra tendencia á dejar sentir elevada t~mperatura la gran evaporación produce mebl~s y
nub;s los rayos del sol se obscurecen y \a
absor~ión de su calor por la humedad d~!
aire suaviza los factores termales en un ca~1
nivel muerto: el frío y la humedad perm_anecen poco más ó menos en el pu~lo mod1?,
ó sea en el punto fundente del _lnelo ya citado. Puede apreciarse lo venlaJoso de esto
para los aeronautas teniendo en cuenta que
el gas se dilata ó contrae t~~ de sn volú-

punto fundente del l~te-

1

,¡¡

11
1

lo: un mar lleno de tempanas de hielo; el so 1
constan temente en el firmamento, lo mismo de
día que de noche; gra~do
y con,;lante ov~porac1ón
de nieve y de hielo, gran
humedad , mucha nube,
niebla v neblina.
Más importante que la
relativa benignidad de la
temperatura es el hecho
de que sobre el océan_o
polar la temperatura esl1val es la más constante

que purde encont,·al'se
e n nin!luna parte del
tmmdo. La curva de la
variación diaria ó semanal en la hoja de un termógrafo es casi una línc_a
recta. No hay alternativas del día y de la noche,
como en las zonas temporadas con alta tempe~atura al mediodía y bnJas

.
Polo :\'ortr. Uibujo que repr&lt;'$Cnla tl
drl ~loho Améld·,cn para.ce\el bu .. ~eaereo de ~Ir. Wellman
J,.I porl\,la
. un.nncnto solcurnu e t.: 1cvars
'1

¿CONQUISTAR~OS EL PULO NORl'lfr'

..e:1 por eada grado Fahrenheit de cambio
ce temperatura, euyas rápidas variaciones
agotan la vitalidad de un globo ó de un buque aéreo. La dilatación por el calor del sol
signific~ sacrificio de gas; la contracción por
-el frío representa pérdida de lastre para
evitar que sea demasiado baja; el gas es el
aliento vital, y el lastre el m6sculo del
nhiculo aéreo.
Las tempestades, propiamente hablando,
10n desconocidas en las regiones árticas en
los meses de Julio y Agosto. Los mejores
apuntes meteorológicos de aquellas regiones
se obtuvieron por Nansen durante los tres
años de expedición del Fram á través de la
curnca polar. La velocidad mayor del viento
en los tres años llegó á treinta y ocho milla.'l
por hora, y esto fué en invierno, pues en verano solamente alcanzó treinta millas por
hora. Pero estos vientos fueron muy raros,
durando únicamente algunas horas en cada
verano. En general, el área polar del norte
tiene un movimiento de viento relativamente ligero,lo cual es decididamente una ventaja en el trabajo aeronáutico.

129

Patrie ha sido, ó dejar e~capar gas, ó llevar
arena de la~tre para arrojarla fuera cuando
lué necesario. Pero nosotros no queremos
cargar nuestro buque con materiales inútiles;
nuestro lastre debe ser utilizable para otros
fines. La mayor parte de él, como ya he dicho, consiste en el combustible de nuestros
tanques; pero además tenemos la cuerda-guia
cuyo primordial fin (y para e1;0 cuelga del
carro con su extremidad arra;;trándose sobre la superficie de la tierra) es conserva,

el buque aére-0 en oontinuo contacto CQn
tierra firme. E'lta cuerda-guia es un regula

dor automático de las variaciones verticales
del buque que la lleva, toda vez que corno
simple ajuste automático coloca su peso sobre tierra á medida que el buque se inclina,
ó sobre el corhe 6 carro cuando el buque !le
eleva. En las regiones árticas podemos emplear en torlo !';U valor este auxiliar, por la
ansencia de ca1;as, bosques, monte bajo, Ya•
llas, líneas férreas y de telégrafos. y todas
las obstrucciones que la civilización pone en
el camino del que recorre un país.
Importante como es vencer estas fluctuaciones menores, todavía lo es más evitar que
PELIGROS DE LA. NIEVE Y DEL GRANI1,0
el buq,ue se eleve demasiado. En las regiones
árticas la gran altitud supone peligro para
El aspecto más desfavorable del área po- un buque aéreo. Los experimentos del profelar, en cuanto se relaciona con las condicio- sor Hergozell, de Berlin, hechos con pequenes meteorológicas es la mucha humedad, ños globos desde la cubierta del yate del
la prevalencia de las nieblas y la precipita- príncipe de Mónaco el pasado verano, deción de la nieve y la lluvia. Hemos de tener mostraronqueen una elevación desde treamil
en cuenta la posibilidad de que la inmen- á cinco mil piés la tempera'ura es probable
sa superficie de nuestro depósito de gas pue- que.descienda veinte ó treinta grados bajo el
de tomar sobre sí un peso de varios cente- cero normal al nivel del mar. El riesgo de exnares de libras de nieve ó de humedad, y la posición á este repentino cambio de tempeprobabilidad de que en una tormenta de nie- ratura se combate por el exceso de lastre que
Te ó granizo de gran violencia el referido peso
ofrece la cuerda-guía; por otra parte, en caso
puede ser de mil libras. A todo evento, ha- de que el buque aéreo descienda demasiado,
bremos de evitar que nuestro globo .América la guía le aliviará de su peso extraordinario
Rea cargado con un peso de tal importancia
arrollándose en tierra.
que le obligue á bajar á tierra. Un buque
aéreo es como un buque marino: generalmenUNA INMENSA BUTIFARRA POR CUKRDA•CUÍA
te, todo marcha bien mientras se conserva
en el elemento para el cual fué destinado;
Teniendo esto presente, nos convencimos
pero muy seguramente se estrellará si in- de que era necesaria una cuerda-guía; pero
tenta navegar por tierra. Para mantenernos la duda estaba en cómo hacerla mejor. Ea
en nuestras condiciones peculiares, hemos claro que debfa tener considerable peso,pues
adoptado dos ingeniosas aplicaciones que de otro modo dejaría de realizar las funciomaterialmente contribuirán á nuestro éxito. nes que de ella se esperaban en la dirección
Una es la modernísima adaptación de la y manipulación de buque tan grande. Cuanto
antigua ; r.ompletamente probada cuerda- más peso, dentro de limites razonables, maguía de giobos. R~ta cuerda, 6, mejor dicho, yor seguridad. Un cable ordinario de acero
cable, ejerrerá varias importantes funciones. no solamente cortaría la corteza de la nieve
Ante todo, servirá de lastre. En la navega- que generalmente existe en la superficie de
ción de cualquier globo ó buque aéreo, son lus hielos flotantes polares, y por tanto o(remeritables ciertas frecuentes oscilaciones ceria gran resistencia, sino que también se
Yltticalea; para vencerlas, el sistema emplea- sumergiría en el agua, y si el buque aéreo
4o por buques aéreos como el Lebatfdy y el tuviera que pasar sobre el mar la linea de
3

�130

POR E.SOS MUNDOS

acero llegaría á ser un simple peso muerto
que arrastraría al buque hacia abajo; además, todo el peso sería material inútil para
otros fines.
Lo que nosotros necesitábamos era una
serpiente, una serpiente que se deslizara
moviéndose sobre los hielos flotantes con el
mínimum de resistencia, cabalgando sobre la
corteza de nieve en vez de cortarla, nadando, si necesario fuere, sobre el agua. Sobre
todo, el interior de esta serpiente deberla estar relleno de buen. alimento, bien protegido
contra pérdidas y contra averías, y el peso
de este material útil, en relación con la inútil
piel de la serpiente, debía ser tan grande
como fuere posible. El principio fué planeado fácilmente, pero se confió á la habilidad
del jefe ingeniero Vaniman el medio de dar
forma práctica al principio admitido.
La serpiente se hizo de cuero, de cuatro
milímetros de espesor, en forma de un largo
tubo de quince centímetros de diámetro.
Como este cuero tiene alta fuerza tensil, la
serpiente resistirá el impulso de cuatro toneladas antes de romperse, lo cual nos da amplio márgen de seguridad. Está dividida en
secciones de tres metros de longitud, constituyendo cada sección un compartimiento
cerrado, de manera que si, por casualidad,
entrara el agua en uno de ellos no podría
pasar al inmediato. Dentro de la piel de la

serpiente empaquetamos provisiones: tocino,
jamón, pan y manteca. Si entrara un poco
de agua salada, no haría perjuicio en la carne gorda, ni tampoco podría llegar á la galle la encerrada entre esas provisiones.
Pero se nos presentaba un inconveniente:
aunque pequeño, existe el peligro de que la
superficie exterior de esta serpiente, al arrastrarse mil millas sobre el hielo polar, sea
raspada, rota ó rajada. ¿Qué hacer para evitarlo? Nuevamente, el ingeniero Vaniman
supo salvar la dificultad: remachó sobre el
tubo de cuero, en todo su rededor, miles de
pequeñas conchas de acero delgado, unas eobre otras, como las conchas de un pescado,
protegiendo así el cuero contra el desgaste y
formando uua superficie ideal resbaladiza,
orque no hay que decir que esperamos que
a serpiente se deslice sólo en una dirección,
y esa, desde luego, en la misma forma que lo
hace el pez al nadar, con las puntas de sus
conchas hácia atrás. Esta serpiente ó cuerdaguía-butifarra desplaza 1314 libras de agua
por pié de su longitud, pesa dos libras por
pié, y su relleno 8,8 libras, haciendo un total de 10,8 libras por pié, dejando para flotar
en el agua 2,6 libras por pié, 6 sea, un
veinte por ciento. Con una serpiente de 130
oiés de longitud tenemos un total general

f,

de 1.150 libras de material útil contra sólo
265 de inútil; es decir, un ochenta y uno
por ciento.
La serpiente cuerda-guía está construida
para deslizarse con la menos posible fricción
ó resistencia, Los experimentos han demostrado que su retraso respecto á la velocidad
del América ha de igualar próximamente á
milla y media por hora al principio del viaje,
cuando todo el peso de la serpiente está sobre el hielo, y á sólo media milla por hora
después que treinta horas de funcionamiento
del motor y de gasto de gasolina hayan elevado mil libras de serpiente librándolas del
contacto con la tierra. En compensación por
esta pequeña pérdida, debida á la fricción,
ganaremos seguridad de operación y más de
mil libras de provisiones alimenticias.
En realidad, esto es mucho mejor que llevar un aimple cable de acero de mil libras ó
más, que podrla perfectamente hacer de
cuerda-guía (aunque no tan perfectamente
como la serpiente), pero que resultaría terriblemente inconveniente si, por cualquiera
circunstancia, deseara comérsela la tripulación.
• NOS ELEVAREMOS CUANDO PODAMOS, PERO
ANCLAREMOS CUANDO NECESITEMOS HACERLO

Otra aplicación algo semejante en la forma he hecho en el América, aunque responde á bien diferente fin del que llena la cuerda-guía. Mis prímeras exploraciones árticas
me han probado que ,los campos polares de
hielo presentan excelente superficie para
anclar un globo ó buque aéreo en caso de
necesidad.
Ya he indicado que nuestro buque debe
tener una velocidad propia de quince millas
por hora en un espacio de tiempo que no se•
menor de ciento cincuenta horas ni exceda
de ciento ochenta; pero como nosotros no
intentamos por medio alguno limitar el viaje
á ese número de horas (en realidad, nosotros contamos con el doble ó quizás el triple de aumento), se nos presenta la cuestión
de lo que hemos de hacer durante las horas en que el motor no funcione. Esto nos
lleva á uno de los más importantes detalles
del proyecto. Nuestro plan es emplear el
combustible en el motor y mantener las hélices en movimiento solamente con vientos
favorables, ó con los más flojos de los desfavorables. Cuando los vieutos sean fuertes y

contrarios, es decir, cuando no fuera económico el empleo del motor porque obtendríamos muy poco resaltado en millas recorridas relativamente al combustible gastad,
nos proponemos anclar el buque á la super•

/,CONQUISTAREMOS EL POLO NORTEc

.ficie de la tierra aprovechando las ventajas
peculiares ofrecidas por la presencia de los
hielos flotantes abajo. Así, mientras prevalezcan aquellas condiciones desfavorables,
n_o perderemos ni combustible ni posición,

smo que mantendremos nuestra situación sin
coste alguno.
No me refiero, al hablar del anclaje de
nuestro aerostato, á una firme y bien asegurada posición mediante el ancla, sino al empleo de un simple recurso (y aquí se presenta la segunda aplicación de que he hablado) llamado el retrasador. Este es el objeto de apariencia extraña que pende de la
parte anterior del coche 6 carro, como una
inmensa serpiente cubierta con escamas 6
conchas puntiagudas de acero destinadas á
ofrecer el máximum de resistencia en proporción á su peso al deslizarse sobre la superficie de los hielos flotantes. Esta superficie no es tan áspera como generalmente se
describe ó imagina; pues en vez de montañas
de hielo y masas escabrosas de trozos de

forma irregular, encontraremos, generalmen•
te hablando, en nuestra marcha hacia el Polo
una serie de llanuras ondulantes y nevadas.
La resistencia de este retrasador, ó ancla
de rastreo (obedece al mismo principio que
el empleado por los marinos durante muchos
siglos),es el resultado de experimentos sobre
superficies similares hasta un máximum de
mil libras, que corresponde al esfuerzo de
un buque aéreo estacionario en un viento de
diecinueve millas por hora. En los vientos
de menos fuerza que este, el retrasador retendría el buque firmemente; en vientos mayores rastrearia, siendo, por supuesto proporcionada la velocidad del buque á ]~ velocidad del viento. En brisas de veinte millas
perderíam?s una ó dos millas por hora; en
las de tremta, once ó doce millas por hora.
Empleando una ancla que se deslice en vez
de una fija, conservaríamos la tensión en el
cordaje, carro y globo, dentro de los limites
de seguridad. Con anclaje firme siempre habría peligro de que los vientos altos ó rachas
violentas pudieran causar algún destrozo y
producirnos serias perturbaciones, ya que no
desastres. Pero con el retrasador toda tensión
tendrá su límite, y, además, se suavizará por
el p~so y bamboleo del c~ble de acero largo
medrnnte el cual la serpiente se deja caer
sobre el hielo.
La serpiente retrasadora está construida
de la misma manera que la cuerda-guía, pero
está dedicada solamente á obtener la resistencia máxima en la nieve y en el hielo en proporción al peso de dicho recurso ó aparato.
En vez de recubrir esta serpiente con escamas 6 conchas suaves, la hemos recubierto

131

con puntas de acero salientes y afiladas á
propósito para enganchar en la nieve, pe~o
temendo el cuidado de que no ofrezcan posibilidad de agarrar lo bastante firme para establecer un anclaje sólido.
CÓMO SE ELEVARÁ NUESTRO AEROSTATO

He dicho que no llevamos á bordo del

A!'lérica material inútil; mas para ser estnctamente exacta esta afirmación debo decir ahora que, en realidad, llevamos, al partir, una pequeña cantidad de lastre de arena
que arrojaremos al empezar nuestra aseen•
sió~. El buque aéreo, así aligerado, se eleva
fácilmente hasta balancearse en el espacio
con la cuerda-guía colgando. Despaés de
esto, ol equilibrio se mantiene automáticamente, ajustando la cuerda-guía todas las
pequeñas fluctuaciones y la pérdida de poder de flotación por causa del consumo ó derivación de gas, é igualando el peso de la
gasolina consumida y de las provisiones ali-

menticias gastadas.
Cuando empecemos el viaje, el retrasador
debe ir en el _buque aéreo sin tocar la superficie de la tierra, pero lo tendremos listo
para echarlo en cualquier momento. La serpiente-cuerda-guia se arrastrará sobre el hielo ó sobre el agua. Ambas serpientes son actuadas por el mismo cable, que pasa á través de una abertura en el carro, y por lo
tanto están bajo la dirección de la tripulación, que puede elevar una y bajar otra, á
voluntad. Al emprender la marcha, el peso
de la serpiente-cuerda-guia en contacto con
la tierra es de 1.400 libras; pero como cada
hora de funcionamiento de motor supone
una ganancia neta de 33 libras de fuerza elevadora, en vez de quemar ó dejar salir gas
en esta etapa del viaje, conservaremos el gas
y lo emplearemos para levantar de tierra su
equivalente del peso de la serpiente. Así, a1
terminar las treinta horas de función del motor, habremos elevado mil libras, y entonces
colgará la cuerda-guia verticalmente desde
el carro; pero si se presentara una gran acuw
mulación de nieve, hielo ó humedad sobre el
buque que tendiera á recargarlo, tendremos
entre el buque y el hielo el pso combinado
de las dos serpientes y su cable actuador, ó
sea un total de más de mil quinientas libras.
Todo esto puede gravitar sobre el hielo en
caso de necesidad, aliviando al buque de su
carga en esa extensión y compensando el
peso acumulado de los elementos, aun cuando esta acumulación excediera en mucho de
las mil libras.
La caída de lluvia y nieve en las regiones
6rticas durante el verano es perfectamente

�132

constante, pero no abrumadora. Puede cal_cularse el término medio de diecinueve milímetros por mes, igu~li se~ún ~•hemos ~or
procedimiento automabco imagmahvo,á d,_ecinueve kilos por metro cuadrado, ó, segun
se nos ha dicho por medio de un cálc~lo mu Y
detenido, á tres libras y nueve décimas de
libra por pié cuadrado.
.
.
Sería extraordinario qua un~ lluvia d6 !lleve l' agua que representara mas de un~ dé cima del tipo medio mensual se v~nficara
en unas cuantas horas. La_ superficie tota~
del depósito es de 24.000 p1és cuadrados, \
si los 12.000 piés cuadrados. d_el centroel techo, por decirlo asl-recib1eran_ tod~:
á la vez esa déci~a, el total_ seria rna,
de 4.000 libras, canbdad fatal. Sm embargo,
esto es imposible puesto que todo lo que
caiga no puede permanecer sobre un teeho
liso de inclinación pronunciada como ":"te, l'
la mayor cantidad tendrla que d_eshza~se
hacia abajo; pero si quedase todavia amba
una tercera parte de esta canbdad, no no,
faltarían medbs para contrapesarla.
CÓMO DESHELAREMOS LA NIEVE QUE CAIGA
SOBRE EL GLOBO

A la lluvia no la tememos, pero á la nie•
ve húmeda ó al granizo si, porque producen
como resultado considerable adherencias de
peso á la envoltura. Pero también se ~an
adoptado contra esto medidas de protección
en el América. Cada hora que el motor funciona quema, como he~os dicho, cuarenta
y cuatro libras de g~solina, desarrollando e,'.
la combusbón doscientas rml calorías. Cua
tro quintas partes de este calor se convierten en trahajo útil ó so to.man por la cubie, ta de absorción. La qmn la parte restante ó sean cuarenta mil calorías por hora, se
pi~nlen eu el choque ocasionado con_ la atmósfera circundante. Se nos ocurnó que
esto era una enorme cantidad de calor para
ser arrojada, puesto que una caloría es suficiente teóricamente, para elevar la temperatura de una bu(•na cautidad d_e agua ca.s~
hasta los dos grados Fahrenhe1t. ¿Por que
no arrojar este gasto de calor, ó parte de él,
en ,1 globo para calentar el_gas, Y, conservando la cubierta del depósito unos c~antos
grados sobrn la temperatura del aire c1rc_un•
dante hacer des,parecer por el_ deshrnlo
cualq~ier nieve ó granizo que pudiera adherirse al techo'i
.
Este recur·so es una parte de nuestro sistema. Hemos tenido la precaución d~ adoptar disposiciones para introduc1~ a1r? me•
diaute un aparato adecuado en el rnter1or del
globo, ó más bien en un globo dentro del
:11

,'_CUN(JCl~TARt'.MOS EL POLO NORTE(

POR ESOS MUNDOS

•lubo, llamado globo pequeño, aire que e¡er-

~ir:ndo una presión perfectamente constan te
dentro del depósito de gas conserva laforma
del aerostato. El objeto de esta presrón e,
mantener la forma del globo para conservar
la cubierta siempre tirante de manera que
pueda presentar en todo momento u_na superficie lisa al viento, sm dobleces m ~rru•
gas. Esta presión interior hace el ofirro le
los bastidores estiradores, tales como los ensayados con mal éxito en al~unas construc:
ciones; y general~ente vana desde dos a
cuatro libras por pié cuadrado_. El mét~do_es
antiguo y muy eficiente. Para introducir aire
en el interior del globo,cosa que debe hace,se con frecu encia. se lleva por lo general un
motor pequeño independiente, aunque la
bomba pueda actuarse desde el motor grande, movible también á mano. romo precaución adicional.
En vez de introducir aire frío, como _otros
han hecho, nosotros nos proponem~s i~troducirlo caliente. E.s de observar cuan rngeniosamente ha eronomizado I as (uerz~s
Mr. Vaniman. Primrramente, atrae aire fno
mediante el radiador, que enfr(a el agua de
la envoltura ó sistema circulante del motor,
recurso que 8!i; necesario P8:ra conservar .10~
cilindros del motor convementernente fr1os.
Este aire frío ayuda la radiación y está por
si un poco caliente. Despu~s, lo pas_a por_ la
cámara del vacío, que qmzás estar1a ?le¡or
descrita como una caldera de tuben_a p,,r
medio de la cual pasan unos cuantos can~ne...,
que se llevan los ga.ses calentados al ro¡_o y
que acaban de ser quemados en la máqmna,
En esta cámara del vaclo llega á calentarse el
aire á elevarla temperatura, y entonces :e
lleva por la bomba al interior del pequen~
lobo no habiendo en él, por supuesto, ~os1gilid;d alguna de conexión entre este _aue y
los ga!-le:-. que se encierran en los canone:i.
Mediante la manipulación de las válvulas
podemos hacer que el aire escape del _peque- lobo después que el calor ha radiado ~e
h1cia el gas, y mantener a,í un ab~stecrmiento perféctamente con1,tante ~e aire co.-liente, en circulación lenta á traves d~l peñ -alobo. La cantidad de calor ·ubhzablc.
queº•
que de otro modo se desperd"
,eraria, es más
qu~ sufi_ciente para alcanzar el resultado á
que a.qp1rnmos.
La debilidad del método está en t r 0
punto: en la poca potencia para abso_rber y
tira el calor que poseen las masas rnaclld; aire ó gas. Si el hidrógeno fuera un
a•udo absorbente y distribuidor del calor no
t;ndriamos dificultad en mantener_los con•
tenidos y la piel de nuestro globo diez ó doro
grados Fahrenheit sobre la temperatura del

~f

°

:'!..

aire circundante. Pero tenemos que tomar
los gnses y todas las demás cosa.• tal y como
-on. Además, uosotros creernos que la radiación que va lenta, pero constantemente, del
a; re caliente del pequeño globo á la masa de
gas que está sobre él y en su rededor, resultará suficiente para mantener la piel del
rlobo un poco más caliente que el aire circundante, y por esto auxiliará á la remoción
de cualquier hielo ó granizo que pueda formarse sobre el exterior.
PODREMOS ELEGffi LOS VIENTOS PARA
NUE.STRA MARCHA

En mi articulo anterior me referl á los
vientos circumpolares, que deben ser un facto¡· potente en nuestro éxito. De estos vientos, durante el verano, sabemos algo determinado: por analisis de miles de observaciollAS

tomadas en distintos años, hemos com-

probado que durante un periodo de diez días,
ó $ean doscientas cuarenta hora~, las probabilidade.• del viento nos facultan para contar

por término medio en die, millas por hora

un máximum de treinta, y un mínimum de
6 calma.
Pero en cuanto á la di-rección de esos
v,entos nada podemos predecir en absoluto.
I.os vientos son excesivamente variablea: rar.imente soplan más de dos ó tres días seguid ,,s de un determinado cuadrante, y seria
cosa mu y extraordinaria que eu una región
Je gran variabilidad fueran á soplar todos á
favor nuestro, é igualmente extraordinario
que lodos nos fueran contrarios. Las leyes
del término medio nos permiten asegurar
que unos serán favorable~ y otros adversos;
pero la proporción en que hayan de serlo de
un modo ó de otro la desconocemos en absoluto, y bien que nos pesa por cierto.
Teniendo en cuenta que podemos contar
ron un perfecto grado de confianza en la velocidad de los vientos generales, aunque
nada en absoluto respecto á la dirección de
ellos, ¿es posible arreglar un plan de navegi¡ció11 que nos faci!i te alcanzar éxito con la
velocidad media, si nos ponemos en el caso
peor, es decir, si consideramos desde ahora,
antes de emprender la marcha, toc/()8 los
t('rO

vi,nlos que encontremos durante nuestro
ri11.je w,no dil'edamente contrarios á la
rnta que sigamos?

Si el viento corriente debe ser diez millas
por hora, directamente contrario, y el buque
~éreo debe hacer quince millas por hora du-

·ante ciento cincuenta horas, Ja ~anancia
neta por hora sobre el viento serla de cinco
'l!1llas, ó un total de setecientas cincuenta
millas con el euplemento del cornbJJstible

J¡\\

llevado; esto es, más que la distancia al Polo.
Pero mediante la aplicación de nuestro
retra.sador podemos hacer lo siguiente: emplear el motor nada más que cuando soplen
los vientos ligeros, y un ancla 6 retardo contra los vientos fuertes. Así, por nuestra tablo
de periodos de diez días compilados por los

registros de Fram, nos encontramos con que
podremos (con tal que estos términos medios se mantengan) elegir del total de doscientas cuarenta horas con on medio de die,
millas por hora, ciento cincuenta horas que
tendrán un término medio de siete millas
por hora durante las cuales nuestro buque,
con su velocidad de quince millas, ganará á
rawn de ocho millas por hora; y ocho millas
por hora durante ciento cincuenta horas dan
un total de 1.200 millas, que es precisam,·nte la distancia al Polo y vuelta. En las 110ven ta horas del periodo del retardo ó de los
vientos fuertes, sólo cinco horM tendrán
velocidades superiores á la potencia de retención de I a serpiente retrasadora. En
otros términos: durante ochenta y cinco hr,ras de vientos en un márgen desde once ,,
dieciocho millas por hora, podremos mantener nuestra posición con el retrasador, y en
cinco horas derivar hacia atrás seis ú ocho
mil las por hora.
De este modo, con todos los vientos directamente confrarioR, recorreremos casi el
total de la distancia, y tendremos en reserva
algo así como treinta horas de mutor con el
hidrógeno, á parte de las ciento cincuenta
horas con la gasolina. Por supuesto, no es
razonable suponer que todos los vientos varan directamente contra nosotros: algunos
deben sernos muy favorables; al menos,
esperamos al tiempo de partir una bri..,
sur,que continúe desde diez a treinta hora-;,
Y con el sistema de anclar ó retardar es obvio que tenemos á disposición los medios de
esperar vientos mas benignos ó favorable.:;;
unas cuantas horas de viento que sople en
la dirección deseada supondrían una tremenda diferencia á nuestro favor en los totales.
Estas cifras han sido basadas en grandes
cálculos acerca de la época y de la región, y
comprenden miles de observaciones.
Era curioso saber cómo los vientos de periodos decenales diferirían de estos cálculos, y para averiguarlo tomamos arbitrariamente catorce periodos de estos en Julio y
Agosto, y consideramos los vientos según
realmente soplan, con arreglo al registro del
F·ram durante su OJ&lt;pedición por el mar polar. Aplicando el método de navegación empleado en los anteriores cálculos y considerando todavía que todos los t'ienlos hayan
de sernos directame11te contral'ios, en doce

�134

/,CONQUISTAREMOS l!L POLO NORTE"/

POR ESOS MUNDOS

de los catorce casos calculamos que podrla•
mos llegar al Polo y hacer todo ó casi todo el
viaje de vuelta; en seis de ellos, que podríamos conseguir mucho más que esto; y solamente en dos el número total de millas alcanzadas fué bastante pequeño, tanto que
basta pudo desanimarnos: uno, 112 millas,
y otro 240.
Como en doce de los catorce ejemplos el
viento no se eleva en ningún caso más allá
de veinte millas por hora, mi cálculo es que,
si con todos los vientos adversos la proba•
bilidad de un resultado grato es tan grande,
el proyecto parece perfectamente aceptable
en vista del hecho de que en realidad el
efecto neto del tiempo deberá servirnos de
auxiliar en vez de obstáculo, porque la esencia de nuestro sistema es aprovecharnos de
la ventaja dp todos los vientos favorables y
añadir su fuerza á la velocidad de nuestro
motor, mientras· que los vientos contrarios
no nos costarán nada, ni en posición ni en
combustible, gracias á la serpiente de retraso,
CÓMO ES EL VAGÓN DEL «AMÉRICA•

Hablemos del vagón, coche ó carro (como
queramos llamarlo) del América. Los ingenieros aeronáuticos de Francia han expresado su admiración por la habilidad y adaptabilidad demostrada en su proyecto y construcción. Tiene forma de V, y realiza la proporción más alta posible de fuerza y rigidez
con el peso de los materiales empleados. Ha
sido un gran triunfo del jefe ingeniero Vaniman este de construir un vagón de 115 piés
de longitud, 8 de altura y 3 de anchura en la

cima, todo con tubería de acero, con uniones
de fundición de acero, con cuerdas y esloras
del alambre más fuerte de acero, y sin, em·
bargo, sin excederse del límite de peso á que
tenía que ajustarse.
Como teníamos que disponer el almacenaje de 1.150 galones de gasolina (6.800 libras
de peso), que debían transportarse con absoluta seguridad, y, por tanto, en fuertes recipientes ó tanques metálicos, y como, además, el peso de estos tanques debía ser de
1.000 á 1.200 libras, se 'presentaba la cues•
tión siguiente: ¿no seria posible evitar el
transporte de tanto peso muerto ó metal inútil, y hacer que el tanque fuera parte estruc•
tural del vagón? Se resolvió el problema
construyendo un tanque tan largo como el
vagón ó coche mismo, formando el fondo de
la V, llegando así á ser una parte consistente y reforzadora de la construcción al propio tiempo que sitio de almacenaje. El tanque
está construido de acero de poco espesor, di-

vidido en catorce secciones, de suerte que si
por casualidad hubiera derivacion ó pérdida
en una, no habr/a necesidad de registrarla
en la sección ad yacente. Según se necesite,
la gasolina puede sacarse de cualquiera sección,mediantebomba aspirante ajustando así
el buque . La forma de nuestro depósito
de gas, más bien corta para el diámetro, dá
también estabilidad; pues como no nos empeñamos en la velocidad, preferimos un bu•
que estable y perfecta é igualmente dirigible: cuanto más nivelada la quilla de un buque aéreo, menor será la resistencia de la
atmósfera. Por otra parte, Mr. Vaniman ha
dispuesto un ingenioso recurso por el que
una plataforma que contenga 600 libras de
alimento puede marchar de un extremo á
otro sobre una pequeña via ferrea en la cima
del carro ó vagón, facilitándonos emplear
este peso resbaladizo como un medio adicional de balancoor el buque. Cada una de las
catorce secciones de este vagón tiene ocho
piés y dos pulgadas y media de longitud.
Tres de las secciones delanteras están construidas en forma triangular para que así
tengan gran fuerza.
En la primera de estas se encuentra la
cubierta do navegar, en la segunda los motores y maquinaria, y en la tercera la cámara donde la tripulación duerme y come y
donde se transportan las provisiones economizadas. El árbol de ellas funciona mediante
el motor, y por medio de engranes angulados las dos hélices, colocadas en uno y otro
lado y afirmadas segvramente por abrazaderas. Elegimos un crucero de doble hélice,
porque una sola colocada á popa ó á proa
causaría un movimiento giratorio 6 torcedor
por todo el carro, lo que es expuesto á producir la desunión de la extructura. Las hélices son del acero más fino y miden once piés
y medio de diámetro; y siendo su parte superior susceptible de cambiarse, ha sido
llevada después de pruebas al ángulo de mayor eficiencia. El trabajo efectivo de las hélices, medido por el dinámetro en larga serie de ensayos, es de diez á once libras por
caballo de fuerza, dando un total de 600 á
650 libras, lo que es igual á un movimiento hácia adelante de quince millas por hora
de toda la estructura. Para nuestro moto,
hemos elegido, tras de mucha investigación,
un Lorraine-Dietrich, porque á pesar de su
considerable peso (750 libras) es admirablemente económico en gasolina. Con un peso
dado de motor y combustible combinados
nos llevará más lejos que un motor ligero, el
cual gasta mayor proporción de gasolina.
Puede desarrollar desde setenta á ochenta
caballos de fuerza, funcio?ando constante-

•

mente, con suavidad y con seguridad. En
un aeroplano ó máquina voladora mecánica
de cualquiera clase es de gran importancia
tener un motor del menor peso posible en
proporció~ á la energía desarrollada, y nada
importa s1 la máquina funciona poco tiempo
y tiene gran proporción de consumo de com•
bustible, toda vez que en el presente estado
simplemente experimental del arte sólo son
practicables breves y rápidas excursiones.
Pero en empresa como la nuestra hemos de
buscar precisamente el reverso de esto. No••
otros tenemos un buque que puede llevar un
peso dado, muy elevado; de ese peso deseamos obtener el mayor número posible de millas: es fácil ver qu_e un motor ligero, que
consume gran cantidad de gasolina por caballo-hora, pudiera producir un resultado en
funcionamiento prolongado, muy inferio; al
asegurado por motor más pesado consumien•
do ca~tidad más moderada. Sobre la parte
superIOr del tanque grande va una ligera tabla _corrediza, que da acceso á la tripulación
hama cada parte del carro. La cima de este
&lt;!S sólo de seis piés desde el fondo del globo,
y por esto resulta que todas las válvulas y
.aparejos están al alcance del hombre que se

~ncuentra de servicio.
Todos los aparatos de suspensión que unen
el coche ó carro al globo son cables de acero
de la mayor fuerza tensil. Los desplegadores á que estos cables van unidos llevan
un ancho plano horizontal de seda fuertemente extendida, y forman con los lados de
seda del carro planos horizontales y perpendiculares, bien calculados para la firmeza del buque y para evitar la mayor parte
de ese balanceo que han tenido los anteriores barcos aéreos.
LO QUE SIGNIF1CA LA AVIACIÓN DEL «AMÉRICA•

La navegación de este buque del aire
marchando por un mar no registrado en cartas no ha de ser cosa sencilla. Para seguir
la dirección que nos marquemos hemos de
estar pendientes, por supuesto, de la brúju•
la, aunque á ve~es podremos ~amos por el
sol, como se gmaban los antiguos marinos.
Nuestras brújulas deberán estar cuidadosamente ajustadas y compensadas, y consideramos necesario balancear el barco para
este fin en nuestro punto de partida, precisamente como se hace al preparar las brújulas de cualquiera otro buque de acero antes
de su viaje por el océano. Llevaremos tres
brújulas principales_: dos_ en el carro, y una
colgando de este baJo la mfluencia del acero
de a~uella construcción, á fin de que sirva
de tipo ó corrector para los demás aparatos.

135

La aguja de la brújula funciona normalmen•
te en el Océano Artico, es decir, como espe•
ramos que funcione. El polo magnético se
e_ncuentra ba~tante al sur del polo matemático, 1.200 millas. En otros términos: el polo
magnético se encuentra tan cerca de Winnipeg, en Canadá, como del Polo Norte. El
profes_or Bauer, del Instituto Carnegie, de
Wasbmgton, nos ha proporcionado una carta
magnética del cabo polar de la tierra formada
con los más recientes datos, y cre~mos que
la :,erdadera variación de la aguja seguirá
casi exactamente las líneas teóricas en la
carta fijadas; en la región del Polo, por supuesto, el norte de la aguja es sur en la
actualidad.
Por la brújula obtendremos nuestra dirección con profunda exactitud; pero no va á
ser cosa fácil escribir el libro de marcha del
buque. Conoceremos con gran certeza el
1:1ovimiento comunicado al barco por las héhc~s, pero. sólo podre~os suponer cuál será
la mfluenma de los vientos sobre el movimiento favorable ó desfavorable. Con un
poco de práctica podremos deducir con exactitud si las condiciones atmosféricas son tales que nos faciliten ver la helada superf.cie
de la tierra; pero con nieblas, que son frecuentes, flotaremos en el espacio con muy
escasa idea de la velocidad á que estemos
marchando. Hemos ideado una barquilla, un
aparato afect_o á un cable, la cual bajaremos
á la superficie de la IIerra, y por este medio
sabremos, por la velocidad con que el cable
marche, la velocidad aproximada con que
nos movamos. Pero no puede ser más que
una ap_r~xim~ción: la verdadera prueba de
la pos1c1ón tiene que ser por observación
del sol para 1~ latitud y la longitud, especialmente la pnmera, pues en las regiones
árticas la longitud es un factor menor que
constantemente disminuye á medida que
nos aproximamos al Polo, hasta que en el
Polo mismo se reduce á cero. No es del todo
improbable que pasen días sin que podamos
hacer más que una suposición respecto á
nuestra longitud; pero la latitud creemos

que conseguiremos asegurarla casi diariamente.
El sol es el_ único cuerpo celeste visible, y
con frecuencia se obscurece por medio de
~ubes ó nieblas; pero hay la doble probabi,
hdad ª? obtener su posición porque se en•
contrara en el firmamento á media noche y A
mediodía. Podremos consultar el sol con máa
frecuencia que un buen horizonte natural· y
el uso de un horizonte artificial es por ;u.
puesto, tan imposible en un buque ~éreo como en los barcos marinos. De aquí el gran
cuidado que estamos empleando para asegu-

�137
130

POR F.'lOS .MUNDOS

vulas del aerostato tienen que probarse coo
frecuencia para asegurarse de que funcionan
bien¡ la-; observaciones solares se harán con
toda oportunidad; el retrasador y las ,erpienles de cuerda-guia habrán de manipularse conforme á las circunstancias; y, sobre
todo, ea las nieblas ó tiempo difícil deberá
tenerse oido vigilante para las primeras señales que haga la alarma automática que ha
de avisamos de nuestra demasiada aproxi•
mación á tierra, para evitar que el contacto
dd nuestro delicado carro de acero con los
ásperos hielos puedan significar su destrucción.
La alarma automática que llevamos, y que
será muy eficaz, consiste en una botella de
acero que contiene mercurio, y va suspendida por una cuerda de cien piés de longitud. Cuando el buque llegue á los cien pié•
de la tierra, la botella tocará en ella y como
al ser arrastrada se ladeará, el mercurio del
fondo del receptáculo formará contacto y entonces se establecerá un circuito eléctrico,
funcionando por ello un timbre que va en la
cubierta del barco.
JSuestra intención es tener siempre tres
hombres de servicio: el que pudiera llamarse
oficial de guardia; el operario de la máquiua
y un tercero para atender al torno que re•
guiará la serpiente del retrasador y de la
cuerda-guia con otros aparatos. No se dormirá mucho durante la expedición del Amé•
rica y, desdo luego, nadie querrá dormir más
de lo necesario para conservar cuerpo y espíritu en disposición de trabajar. Tendremos
LO QUE llAI\KMOS DURAJ\TE EL VIAJE
confortables petates, y se servirán comidas
Hacer que navegue hacia el Polo una em- calientes si se encuentra ocasión de cocinar.
barcaeión que la mayor parte de la gente Los tres hombres que, juntamente coa el
que esto escribe, constituirán la tripulación
llama un globo, pero que se parece tanto á del
América, son por ahora los siguientes:
un globo como una balsa á un vapor, parePrimero: el mayor Henry Blanchard Hersey,
cerá cosa sencilla, aunque en realidad sea
de la sociedad Rough Riders, insmuy compleja. Hay que observar el haró- miembro
pector
de
Observaciones Meteorológicas en
¡rafo para lo relativo á la altura sobre la los Estados
Unidos, y representante en la
tierra, que esperamos conservar siempre enExpedición
del
Gobierno y de la National
tre doscientos y seiscientos piés; el estatós- Geographu Society
de Washington ; fué
copo, para saber si subimos ó bajamos; dos
compañero
del
teniente
Frank Lahm en la
distintos manómetros, que. nos dirán la preobtención
de
la
Copa
James
Ben. sión del gas en el depósito y la del aire en net en Europa, en SeptiembreGordon
del año pasael globo pequeño, y la presión en las calde- do,y figura en nuestra Expedición como ofiras; hay que arrojar á cada ¡,ocos minutos cial ejecutivo y observador científico de ella.
la barquilla para apreciar la velocidad de la El segundo es Melvin Vanimon, ingeniero
marcha; deben vigilarse constantemente los norteamericano residente en Parle, donde ha
compases para saber la dirección, cada construido una máquina voladora mecánica
quince minutos tiene que escribirse a ruta que promete mucho, y donde durante los úlen un libro preparado al objeto; hay que sa- timos nueve meses ba dedicado su habilidad
car con la bombo la gasolina, ya de una ya y energía como autor del proyecto de reforde otra sección del tanque, para enderezar el ma y reconstrucción del aerostato América,
buque; el motor y toda la maquinaria deben el cual sólo conserva de los planos pri•
vigilarse con ojos de águila para sorprender mitivos una parte de la cubierta del depósito
los primeros signos de perturbación; las vál-

rarnos buenas obse1·vaciones. Tenemos un
sextante dotado de un nivel de alcohol ó
burbuja, iñvento alemán, que da automáticamente el horizonte. También tenemos un
Sl'Xtante con un giroscopio, com, el que se
emplea en la Armada de Francia, y que se
usa más particularmente en los submarinos:
un giroscopio ó remate-giratorio se pone en
movimiento por un imán; con rápidas revoluciones forma un plano exactamente perpen•
dfoular al eje de la tierra en el sitio. E.s decir,
que nos da el nivel del mar. Así, aún cuando
la niebla, neblinas, lluvia ó nieves obscurezcan el horizonte natural, si el sol está visible
podremos obtener observaciones. La respuesta á la pregunta que con frecuencia nos
ha sido hecha de cómo sabremos que hemos
llegado al Polo,es esta: «Losa'iremosprecisamcnte del mismo modo que el navegante
sabe dónde está al mediodía de cualquier dia
dado: por la observación del sol, por su latitud y por su longitud,. No hay otro medio.
En nuestro caso, la dificultad está en llegar
al Polo, no en saber cuándo estamos en él.
Una vez allí, si las condiciones son favorables, podremos anclar el América, y por
medio de aparatos que llevamos para tal objeto, uno ó dos de nosotros podrá bajar y
verificar una serie de observaciones que nos
han sido encomendadas por la comisión científica de la National Geograph ic Society de
Norte América y por otras corporaciones
científicas.

'I

11¡
:,

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I

de gas. El tercero será probablemente, ó el
el tloctor Walter N. fowler de Bluffton, Indiana, cirujano de la Expedición y también
m•·cánico competente; ó Félix Riesenberg, de
Cloicago, hoy encargado del cuartel general
de la Expedición en Spitzberg, marino, na,,,gante y observador cienlifico. Con una tripulación de sólo cuatro hombres, cada uno
tiene que ser especialista, y no sólo esto
srno que cada cual debe ser discípulo de
cuanto sepan los dewá~.
JHASTA LA VUELTA, LECTOR A~!IGOI '

¿Cuánto durará el viaje, :-io tenemos más
que una vaga idea: con un viento sur de diez
ó 'luince mÍllas por hora, seria practicable ir
al Polo en un solo día; con tiempo de calma
ó con viento.s neutrales, pueden calcularse
dos días; con vientos directamente contrarios, que soplen con la fuerza media de la
región y la estación,diez millas por hora, serían precisos cinco días; con vientos siempre contrarios y con una fuerza media considerablemente mayor que la general... entonces no podríamos llegar nunca.
;,Que si intentamos volver? ::ieguramente:
no te, e.nos i!eseos de pasar por mártires.
Creemos tener grandes probabilidades
de llegar al Polo y volver á nuestro cuartel
general, ó á otro punto de tierra á los diez
dias ó dos seman~s de la pal'lida, 'navegando
con nuestra propia ÍJerza por el aire.
Pero si esto falla, y el motor y el combustible sirven únicamente para llevarnos al
Polo, después que se agote la gasolina tenem~s fa~ilidad de emplear el motor y la ma. qumar1a, mucha parte del carro y el tanque
además de otras muchas cosas, como balas~
Ir~, arr~jándolas á tierra, y compensando
as1 las perdidas de fuerza elevadora debidas
i la ~erivación ó esca pe, conservar el
A111énca á flote en el espacio simplemente
como un globo. durante veinticinco ó treinta
y cmco días desde la partida. Y en este már•
C!n de tiempo, la probabilidad de que el
nento ~?" lleve lejos al ::lur es una buena
probabilidad puesto que la distancia desde el
Polo á tierra de seguridad viene á ser únicamente de 860 millae que con una fresca brisa P_Odrlan salvarse en dos ó tres días.
S1 nuestro buque sirviera para llevarnos al ~olo ó cerca de él, tenemos en nuestro equipo un completo menaje de trineos
con doce perros escogidos en Siberia, y cree'.
moa que en dos meses ó más de luz que queda,·an sería practicable retroceder en trineo
sobre_ el hielo á Spitzberg ó Groenlandia. Expediciones de trineos se proponen marchar

desde tierra al Polo y vuelta; si el buquo
aéreo nos lleva al Polo, no tenemos que
hacer más que la vuelta. y como entónces
el movimiento del hielo nos a vudaria en
n_ues~ro cam~o, andaríamos segur8.mente por
lermrno medio de dos á cuatro millas diarias.
Gracias á la aumentada capacidad d••
n_u~stro ensan_chado buque, y á la dispo"'.r1_ón económica que hemos hecho del princ1p10 de la serpiente, podemos llevar cou
nosotros
. bastantes provi.sione.s ·' de suerte
que s1 por cualquier casualidad el Amériw
íuera arrojndo por el viento á un sitio remoto d_e la gra~ área ~explorada, lejos de toda llerra, ó s1 por accidente ó malas coudicion~s 6 circ~nstan_cias cualesquiera hieiúrase inconvemente mtentar la vuelta en trineo en el otoño, podemos pasar todo el invierno donde_ descendamos, construyendo
una choza abrigada con la inmensa cantidad
de tela y de otros materiales de que el buque se compone; y haciendo sencilla vida
invernando como osos, sin miedo amorir d~
hambre, aprovechando toda, las provisiones
que llevarn?s· Si esto ocurriera, regresaríamos en tn_n~o á la ~rimavera siguiente,
cuando el v1a¡e por el hielo polar es mejor
q_ue en oto1io1pues tenemos bastantes provisiones para tirar hasta primeros de Junio.
Anticipándonos á todas las posibles contingencias, llevamos con nosotros los último:-., más minuciosos y autorizados datos,
mapas y cartas de todas las tierras que rod?'ln el Polo, proc?rados esos datos por medio de la cooperación de nuestro Gobierno ~
de otros extranjeros, y de varias sociedades
geográficas¡ tenemos informaciones acerca
de lM tribus, cazas, puestos avanzados, senderos, maderas de construcción corrientes
de aguas y depósitos de abastecimientos 0 en
la Tierra de Francisco
José l Novaya t Zem1ya1
,
1a gran extensión de la costa de Siberia
Groenlandia, la parte septentrional de 1~
~mérica. Británica y sus islas, y Alaska. No
importa a dónde pueda llevarnos la rueda de
la fortuna; estamos preparados para todo
evento: tenemos provisiones bastantes para
un 1DV1erno en nuestra choza, y esperamos
contar con muchas más si la Naturaleza nos
favorece en nuestros rifles y en nuestros
cartuchos. Si fuera neeesario, pasaríamos la
larga noche del invierno en el Polo Norte ya
en tierra, ó ya en el helado mar: esa noch; de
s~is meses, con la luna,. las estrellas y la glonosa aurora para 1lum10arnos; y así esperaríamos la llegada de los seis meses de sol antes ~e emprender el largo viaje de regreso
hacia nuestros patrios lares.
WALTER WELLMAN

�LA CRUZ DEL ESPÍRITU SANTO

LA CRUZ DEL ESPIRITU SANTO
(TRADICION MADRILEIH)

estío del año 1628. La entonces
reducida villa de Madrid adormecíase
en el crepúsculo vespertino, y los campanarios de las iglesias y conventos hacían sonar
el toque de Angelus, á cuyos ecos villanos
y nobles descubrían sus cabezas y doblaban
la rodilla para recitar la oración de la tarde.
Por el erial montuoso en qué radicaba la
Venta del Rubio, especie de mesón y de
antro que prestaba igual refugio á trajineros y gente maleante, iban retirándose al po•
blado los sencillos labradores que cultivaban
las tierras colindantes, más atentos á buscar
el necesario sosiego en sus bogares que á
gozar las delicias de aquel anochecer tibio y
perfumado que ponía fin á un día delicioso y
de suave temperatura,
La soledad del sitio, apenas turbada por
[osgrisáceosparedones de la venta; las obsc~ras siluetas de una ermita dedicada al Espíntu Santo y de una ó dos casitas, mejor diremos chozas, habitadas por familias de colonos; la mala fama de que gozaban aquellos
parajes, solamente frecuentados por mozuelas del partido y truhanes codiciosos ~e la
bolsa ajena, eran causa de que los labriegos
apretasen el paso de sus cabalgaduras para
acogerse antes de que cerrara la noche al seguro de la villa, recorrida por las rondas de
alguaciles y corchetes.
Tendieron, al fin, su manto las sombras,
quedando el campo silencioso y desierto, sin
otro ruido que el medroso canto del buho y
el cri-cri de los grillos y de las cigarras.
A la indecisa luz de la naciente luna pudieron verse dos sombras embozadas en sendos mantos, que parecían recatarse de ajenas miradas esquivando pasar por las cer•
canías de la venta, y ocultándose entre los
escasos matorrales del valle á cada ruido
!NABA el

F

que les parecla sospechoso. Así avanzaron
con exquisitas precauciones basta el montlculo que cerraba los campos cultivados, en
cuyas faldas fosforescía la indecisa luz q~e,
con intermitencias, alumbraba las bab1tac10ces de una casita baja y destartalada.
Dirigiéronse allí los encubiertos, y uno de
ellos golpeó con el puño de su daga la de.svencijada puerta, repitiendo por do~ ~•cea
determinado número de golpes. Ch1mó el
cerrojo, silbaron los mal sujetos go'1:1es _del
portón, y sin que se viese '!uuén_ abna m se
divisara lo más mínimo del mtenor, entraron
los que llamaban y volvió á cerrarse la puer·
ta con sumo cuidado y como si la mano que
la impulsaba tratase · de ahogar el ruido que
los hierros producían.
En mísera y desnuda sala_ una vieja a;n~ra:
josa, verdadero esqueleto vmente, rec1b1ó a
los reéienllegados, alumbrá':1dose co~ la
amarillenta luz de un candilón de hierro
cuya gruesa mecha despedía un humo espe•
so y nauseabundo.
.
A juzgar por su porte, los encubiertos eran
dos caballeros de calidad.
El más viejo, grueso y fornido, con ~andes bigotes entrecanos y recortada perilla,
vestía ropilla de terciopelo negro con manga
de raso del mismo color, gregüesco sujeto á
la rodilla según la moda de la época, m~dia
ne•ra de seda que dibujaba su nervuda p1erna"y zapato de cuero negro con hebilla de
oro. Cubríase con ancho sombrero de fieltro
adornado de larga pluma, y sobre la valona
de encaje caía senda cadena salpicada de pedrería la cual sustentaba áurea medalla con
la roj~ cruz de Santiago. Su acompañante,
mucho más jóven, casi un adole_sc~ntei llevaba indénticas ropas, y sólo se distinguua del
primero por el riquísimo joyel de diamantrs

que sujetaba la pluma de su sombrero.
-¡Bienvenidos, señoresl-murmuraba la
vieja.-Ha rato que os esperaba.
-¿Habéis cumplido mis encargos, mi buena Mónica?-preguntó el de más edad.
-Como lo mandásteis, señor.
-¿Y no hay temor de que?...
-De nada, absolutamente. La niña está
ciegamente enamorada del gentil caballero;
por estos contornos no cruza un alma desde
que anochece; maese Nicolás no regresará de
su viaje basta pasado mañana, y yo vigilaré
para que nada suceda.
-En tu discreción confío,-dijo el caballero, poniendo en manos de la repugnante
celestina una pesada bolsa ..
Después, volviéndose á su jóven acompañante, añadió en voz baja:
-Descuidad, señor, en mi ... Por Jo que
ocurrir pudiera, haré que una ronda vigile
la Venta del Rubio y espante á los bigardos
que haya por las inmediaciones.
Y calándose el sombrero salió do la choza, no sin haber desnudado previsoramente
el damasquinado acero que pendía de su

cintura.

***
Momentos después, el joven desconocido
departía amorosamente con una hermosa villana á quien aprisionaba entre sus brazos.
-¡Oh, Don Ramirol-decía la niña.-Mucho os amo, y mucho arriesgo por vos
abriéndoos las puertas de mi casa en ausencias de mi padre.
-Razón de más,hermosa María,-le contestaba su amante-para que yo me consa•
gre por entero á tu servicio.
-Pero héis de confesar, señor, que nos

separa un abismo ...
-Que mi amor sabrá salvar. ¿Eres villana?
Yo te elevaré hasta mi. ¿No eres noble? Yo
te daré nobleza ...
-¡Ramiro!
-¡Alma de mi alma! ...
Fuertes golpes dados á la puerta cortaron
la frase en los labios del caballero que, des•
ciñendo la cintura de la jóven se puso en pié
desnudando su verduguillo.
-¡Ira de Diosl-exclamó rechinando los
dientes,
-¡Somos perdidos, Don Ramirol-balbuceaba María,
-Nada temas ... Estoy á tu lado. y te defenderé contra todo el infierno junto.
Redoblaban los golpes con mayor energía,
cuando la vieja tercera entró en la estancia,
presa de intenso pavor.
-¡Válame la Virgen de la Almudena y en
qué trance nos hallamos! 1Huid, señor caba-

139

lelro, ó no hay salvación para nosotros
-1Jamásl-dijo el jóven, colocándose ante
la hermosa villana y aprestándose á defenderla.
-¡Por el bendito Santiago! 1Por todos los
sant9s del Cielo! Huid, señor, y ponéos en
salvo, que la puerta cede,-sollozó la vieja.
Y como robusteciendo esta súplica, temblaron las maderas de la ventana sacudidas
por tremendos golpes,
-1Madre de misericordial-gritó Mónica,
dando un soplo al candil y dejando á obscu•
ras la habitación,
-¡Venid!-murmuró María casi al oído
del caballero.
Por la parte de atrás de la casa y saltando
por una ventana, salió Don Ramiro al campo empuñando su espada y recatándose el
rostro con el embozo; pero ó fué visto 6 habíanle sentido los que aporreaban la puerta,
porque instantáneamente se lanzaron tras él
cuatro ó cinco hombres que, espada en
mano, intentaban cercarle.
Defendíase el jóven con valor parando
diestramente las certeras estocadas que á su
pecho se dirigian, y procurando alejarse de fa
casa como si intentara llamar hácia sí el peligro que amenazaba á su amada.
Menudeaba el ataque y arreciaba la defensa en cuanto lo permitían las fuerzas del
caballero. Dos de los asaltantes yacían heridos en el suelo; pero habfanles sustituido
otros enemigos cuyo furor aumentaban los
gemidos de sus compañeros.
Ya Don Ramiro cedía ante la fuerza numérica, cuando oyó una voz á su espalda
que decía:
-¡Animo, caballero, que ya somos dos!
-¡Tenéos firme,conde,-gritó otra voz de
acento extranjero- y no haya compasión
para esta canalla!
E instantáneamente, el jóven agredido vió
á su lado á los dos embozados; que llegaban
en su auxilio y cuyo socorro estaba muy lejos de esperar.
Cerraron los tres contra los agresores, que
empren:lieron la fuga en dirección á la venta; mas de pronto, cambiaron de rumbo y se
dispersaron en todas direcciones, exclamando:
-¡La ronda!
-¡Ese torpe de duquel-murmuró Don
Ramiro.
Sorteando y reconociendo los matorrales
veíanse algunos corchetes cuyas lintern.,;
hacían centellear las empuñaduras de sus
espadas y dagas. Entonces, el jóven subióse
más el embozo, y tendiendo la diestra á uno

�140

roa E505 MU!iLO

de sus defensores murmuró á media voz:
-¡Gracias, señor!
-No me las déis, caballero: siempre fué
deber de los Bassompierre ayudar al necesitado.
Y estrechó la mano que el jóven le tendía.
Cuando quiso repetir el saludo al otro caballero, vió que éste retrocedía dos pasos y
se inclinaba ante él con mueslras del mayor
respeto.
-¿Vuestro nombre, caballero?-preguntó.
-En la corte llevo el titulo de conde de
Saldaña... Pero os ruego que lo olvidéis.
Y acercándose todo lo posible, exclamó
casi al oído:
-Y procurad, señor, no poner tan en peligro la vida de Vuestra Majestad.
-¡Me habéis conocidol-dijo el caballero
extremeciéndose.
-Señor, para mi lealtad el resplandor
del trono brilla aún entre las tinieblas de la
noche. Pero lo que en esta ha sucedido será
siempre ignorado por el conde de Saldaña, á
quien la casualdad ha traído á vuestro socorro.
-Felipe lV, conde, no lo olvidará jamás.
-La ronda se acerca, -señor... Id, y que
Dios guarde la vida de Vuestm Majestad.
El llamado Don Ramiro, que no era otro
que el rey de España Don Felipe IV, separóse de sue salvadores acercándose á la ronda,
de cuyo grupo salió á su encuentro el caballero que Je había acompañado antes basta
la casa de maese Nicolás.

~-Señor ... -&lt;lijo.
-Silencio, Juque, y haced que esa gente
se retire: habéis cometido una imprudencia
Ira yendo aquí la ronda.
-Temí que os sucediese algo ...
-Dad las gracias al conde de Saldada y al
embajador de Francia, que esta noche han
salvado la vida de vuestro rey.
En tanto, alejábanse Bassompierre y el
conde do Saldaña, que le deoía:
-¿Cómo vos por aquí á esta hora?
-Puro acaso que bendigo, porque nos ha
permitido salvar la ,ida de ese caballero.
-1.Le oonoofstei•, señor de Bassompierre?
-No.
-Pues era... ¡Felipe IV, rey de España!
-¡Oh! Pero, 1,no conoce el oonde-duque
de Olivares los peligros á que le expone en
estas aventuras?
-El conde-duque sólo aspira á ser el rey
de hecho halagando las pasio_nes juveniles
del monarca.

•••

Poco tiempo después fué demolida la

Venta del R1&lt;bio, y en el altozano que for.
man la calle del Tesoro y la de San Andrés
se elevaba esbelta y severa cruz de piedra,
exvoto de la majestad de Don Felipe IV.
Venta, ermita y cruz han desaparecido;
pero hasta hace pocos a!Íos, el terreno donde
la primera estuvo enclavada se ha conocido
con el nombre de calle del Rubio, y la colina ,e llama aún la /"ruz ~ ERplrifu Santo.
:\.'ITONl&lt;.r PAl:1.JA

SliRRADA

Ll!Vl!NDA DE LA BRETANA ROMANA, ENTRE LOS
Allos 410 J 446 DE LA EIU DE CRISTO,

por C. BRYSON TAYLOR
SUMAIIIO DE LOS CAPfTULOS ANTERIORES (1)
La rama loarada en todo el pais por Melchor, narrador ,te
, cuentos y cantor de bali.da.s, despierta. en el jóven \'"i•
canor deseos de traalarla. J aún de superarla, aquel
oficio IMI dedica nuestro heroe. Hijo de esclavos, aban•
dona la r,asa de sua padrea, J por aendaa y nredu
recorre montea J prados reuniéndote t loa pu.
torea, ante los cuales hace derroche de Ju racultada
'.fue le adornan. Asombrados loa oyentes de Nicanor
al principio, muy pronto ee enciende entre ellos la tea
de la discordia y ,e producen ¡ran escándalo y pelea,
que Lmninan porque empieza t diapersane el pnaJo
que cuidan los pastores y 6stos Uenen que Ir tru lu
reae1. Nicanor1.a.tisíecbo con que !IUS palabras bahieran producido tanto electo, adquiere mayore1 d8leOI
aún de que 10 fama sea. universal, y parte de 10 pobre
terru.fto para dirigirse Agrandes f p~uloau dudad•
en busca de esa gloria que persiíl,le, Thorney, mú CO•
nocida por la Isla de Bramble, es la población ele,ida
por Nicanor, J Tobfa.s, un rico comerciante, laperso,.
na 6 quien va recomendado por 1111 padree. Tobfu
concede t Nicanor una. plaza en su tallei.:, donde le
ense.i\a t trabajar en marfil. Bien pronto Joe,a el jóven eer un disclpuio anntajado de su maestro, pero
no deja. de tener con ~ íuartu altercados:!-Jrque,
posesiona.do de la. ilu.aión que acariciara al ale &amp;l'ltl de
aua padres, Ni~nor abandona el taller de Tob y.fa.l·
ta con frecuencia al trabajo, f cuando acude 6 11 lo
hace de mala p.nL En esta, comrfa.s de vaeo T ocio•
eo que hace Nicanor, ea confundido con on eaclaYO
de la servidumbre de au amo, T hecho prisionero por
unos soldados que lo conducen t presencia del noble
señor Eudemius, ! cuyo aenicio queda conscrito. Nie&amp;nor encuentra un día t Variat hija de au aellor, la
cual, en.terada por su doncella ae la habilidad J aiu
del escluo para Nl.atar cuentos J narraciones,le Pide
que distn.iga con ellos el tedio que la domina, Afha•
..
cerio Nicanor deniierta en los dos Jó•en11 mátao amor
11!1 no tardan ~n conre.~a~t.hae1endolo ambo, uail noche en que Varia pedía al esclavo que la recordara un cuento que
J&amp; en otra veuión la habt~ a1cho J que ae re.feria t las ilusionea que lo, dos hablan forjado en eu mente. Pero b6 aquf
que llep._, cua de Eudemras un .antiguo am,¡o IUfO, con au hijo Mario, capit.ln de Ju fecionee romanu y este J6Teo
que al pnnciplo aborrece de Vana, acaba por aentir hácla ella elPrta ln.clinacióa, aumentada al conocer 'que Ja .&amp;ija d;
au hu6iped 8ltA enamorada de un escluo, al cual el militar promeUó caatip.r por est:P que él cffla ta.Jnal\o dea!uero.

r,

11

Eudemius y su jóven
A. huéspednoche,
cenaron solos. Mario, que era
QIJBLLA

aftc1onado á hablar, callaba y reflexionaba
acerca de los sucesos de la tarde, esperando
la oportunidad de poder inclinarlos a su fa.
vor. Eudemius también se mantenía más callado de lo que parecía conveniente, ya que
baoía los honores de la casa.
Eudemius, según su costumbre, sólo tomó
U) V6anae nuestros números a&amp; á 160.

fruta y unas copas del ligero vino de Chipre,
Mario, sin preocuparse gran cosa de este
ejemplo, oomía mucho y bebía libremente,
Aunque el vino hacia poco efecto en él, cada
vez que llenaba el raso, Eudemius le miraba
con aparente indifere, oia. Esto divertía al
jóven, que seguro de si mismo, tan sólo por
perversidad cuidaba de que constantemente
estuviera su vaso lleno.
A mitad de la comida, llamó Eudemiu1 al
anciano esclavo Marcus, ya conocido del
lector. Marcus se presentó con servil sumi~ihn.

�142

POR &amp;SOS MUNDOS

-Véts-le ordenó-y dí á Nerissa que
traiga aquí á su señora.
El anciano vaciló un instante, y mirando
extrañamente á su señor cruzó los brazos y
,alió.
Mario, cuyo vivo ingenio instantáneamente se dedicó á recordar la medio olvidada
idea que él quería evocar, encontró el hilo
que buscaba. Brillaron sus ojos con secreta
satisfacción. Se inclinó bácia adelante á través de la mesa, y como el que trata un asunto que puede ser de interés, dijo á Eudemius:
-Hoy he hablado con vuestra hija.
El noble señor dejó caer sobre Mario su
inexcrutable mirada.
-¡,SJ?-preguntó tranquilamente.
-Me contó una historia maravillosa de un
hombre que la visitó en un jardin,-dijo Mario, mientras observaba que en los ojos de
su interlocutor empezaba á desarrollarse la
sospecba.-Me dijo Varia también que ese
hombre y ella habían estado jugando, de cuyo suceso un tal Marcus era testigo, pues los
había visto jugar... Si este viejo esclavo que
acaba de salir de aquí es el mismo de quien
Varia hablaba, quizás pueda deciros algo.
La máscara del rostro de Eudemius no
esmbió, notándose únicamente cierta linea
severa en su frente. Reinó el silencio entre
los dos basta que se presentó Marcus y separó las cortinas para dar paso á Varia, que
se presentó en seguida, agitado el pecho, los
labios algo contraídos y los ojos llenos de
lágrimas.
-¡Nerissa ha querido que me ponga este
vestido, que yo abo,rezcol-exclamó al llegar al lado de su padre.-Ha dicho que tú lo
babias mandado. ¿Por qué,
-Tenia razón, yo se lo be mandado,iijo Eudemíus fríamente.
Dejóse caer Varia en el asiento frente á
Mario, dirigiendo á su padre una mirada de
resentimiento y dando un furioso tirón al
odiado vestido. Era este de color amatista
pálido con túnies bordada en oro, abrochada con muchas joyas. Parecia la jóven con
aquel traje una hermosísima bada, y Mario,
desde la silla en que se reclinaba indolentemente, al lado opuesto de la mesa, miraba á
Varia con evidente admiración.
De pronto, Eudemius, con voz placentera,
preguntó á su hija:
-¿Con quién jugabas en el jardín?
Varia rompió á llorar; y como su padre
no consiguiera que hablase, hizo una seña
al silencioso esclavo que permanecía detrás
de la silla que ocupaba su bija.
-Llévatela al lado de su doncella y vuelve... Yo necesito averiguar esto de cualquier
modo,

Marcus acompañó á su llorosa ama, y Eu•
demius vió que Mario la seguía con la vista
basta que las cortinas cayeron tras ella.
Ausente Varia, Eudemius perdió en seguida su compostura, y levantándose de su sitio en la mesa comenzó á pasear por la habitación, basta que, inesperadamente, se detuvo ante Mario.
-Si hay verdad en esto,-dijo con la voz
temblando por la furia-yo sabré quién ea
el hombre que durante la noche entró en
mi palacio, y le haré que pague su atrevimiento arrancándole vivo la carne de sus
huesos ...
Una exclamación de dolor le interrumpió
y le hizo llevarse las manos á BU costado,
mientras que su rostro pasó un espasmo de
dolor, contrayéndose. Dejóse caer Eudemius
en una silla, con la cabeza inclinada bácia
adelante y las manos clavadas como garras
en los brazos de la silla.
Al poco tiempo,entró Marcus, y Eudemius
levantó la cabeza.
-¿Viste al hombre que habló ayer con tu
señora?
Marcus asintió por señas.
Otra vez el rostro de Eudemius se contrajo, y en sus manos, que as agarraban á la
silla, las venas aparecían negras é hinchadas.
Miraba fijamente á Marcus con los ojos inyectarlos en sangre, como fiera hambrienta;
y dando un fuerte golpe con el puño en el
brazo de la silla, preguntó:
-¿Quién es ese hombre? Contesta pronto,
si quieres conservar tu pellejo. ¿Quién es ese
hombre y qué ha hecho aquí?
Marcus, con los brazos extendidos y gesticulando frenéticamente, quiso hablar, pero
no pudo: el esfuerzo que hizo para pronunciar
palabra le puso el rostro congestionado y los
ojos como si quisieran salirsele de las órbitas: parecía un loco, luchando en impotente desesperación.
Eudemius se levantó de la silla que ocupaba, y cogiendo un látigo que tenia al respaldo
de su asiento dió con él al esclavo en mitad
del rostro.
-¡Hablal-le gritó.-No pienses en callar,
porque te haré desollar vivo antes de consentir que me desafíes aaí.
-¡Yo, yol ... -vociferaba desgarradoramente Marcus, cuya presencia tenía aspecto
extraño del qu~ Eudemius no se dió cuenta
basta que el esclavo cayó al suelo arrastrándose á los piés de su amo.
Un eapasmo de dolor hizo extremecer á
Eudemius, que se puso lívido. Salvajemente,
propinó sendos puntapiés á la retorcida figura que se hallaba caída en el suelo, dando
luego trea palmadas ruidosas. Dos esclavos

AMOR DE DAI\IA Y AMOR DE ESCLAVA

llegaron presurosos y pálidos de terror. El
furioso señor, fuera de si y casi sin poder
hablar, señaló con una mano el cuerpo de
ldarcus, y dijo airado:
-Llevadle á la sala de piedra y ponedle
en el potro, basta que se decida á hablar.
Cuando esté dispuesto á ello, avisadme.
Levantaron los esclavos á su compañero y
se lo llevaron.
Mario observaba atentamente la escena,
pero ni remotamente se le ocurrió pedir_ misericordia para Marcus: como buen romano,
consideraba el derramamiento de sangre y
las luchas mortales cosa de diversión y pasatiempo. Si Eudemius quería matar á aquel
hombre por capricho, estaba en su derecho:
esclavo suyo era, y nadie tenia que preocuparse por ello.
Eudemius volvió á sumergirse en su asiento, como antes, con la cabeza ligeramente
inclinada y las manos crispadas oprimiendo
los brazos del asiento. Sus ojos, inyectados
en sangre y de mirar terrible, eran como los
ojos del buitre que aguarda la muerte de su
victima.

VII
Aquel día fué Nicanor designado por Hito,

el capataz de los esclavos,para cuidar el fuego de los hornos de las cuevas del palacio,
que servían para calentar las babitacionea
de los señores, el salón-comedor y los baños. Las grandes estufas, una por cada horno, construidas en arcos bajo las paredes
exteriores del edificio, recibían acceso por
medio de pasajes de piedra maciza. Desde
ellas, el aire caliente retrocedía por el horno y era conducido á las habitaciones por
medio de un ingenioso sistema de tubos formados con tejas. El fuego, que ardía constantemente desde los primeros días frescos
del otoño, exigía atención incPJ;ante. Todo el
día iban y venían esclavos llevando leña y
espuertas de carbón mineral procedente de
las grandes minas cerca de Uriconium, á través de estrechos pasillos basta los furiosos
hornos donde el aire, cargado de humo y
acre, tenia una temperatura sofocante. Allí,
essi sin aliento, chorreando de sudor, alimentaban los esclavos las llameantes bocas,
y luego volvían nuevamente al aire exterior
que por contraste los hería como con cuchillos basta los mismos huesos. Cuanto más
frío era el tiempo y mayor era la necesidad
de lumbre, tanto más se aumentaba el sufrimiento de los esclavos. Este trabajo de
alimentar y limpiar los hornos se encomendaba generalmente á los más bajos é inútiles, á no ser que se tratara de un castigo.

143

Nicanor, que sabia que estaba padeciendo
los furores de Hito, obedecía sus órdenes de
tan mala gana que por ello más bien recargaba que disminuía su trabajo. Ya una vez
aquel mismo día babia evitado cumplir con
su deber, tentado por el constante deseo de
permanecer lo más próximo posible al jardín
de Varia; pero la llegada de Mario le había
obligado á trabajar. En realidad, Nicanor,
r¡ue tenia el convencimiento de que su suer•
le estaba absolutamente en manos de Mario,
llegó á impacientarse por el retraso en sufrir el castigo ó la muerte con que la espada
colgada sobre él le amenazaba. Y no podía
pensar en fugarse hasta que fuera bien entrada la noche, porque la malicia de Hito le
perseguía in cesan temen te y porque, además,
se alejaría de Varia, de las visitas secretas
q•ie celebraba con ella, di, todo lo que entónces contribuía á hacerle llevadera la vida. Vinieron entónces á su mente recuerdos de Tborney, de las cenagosas aguas de
los pantanos, de las hogueras que rasgaban
la obscuridad, de la presión nerviosa de
hombres y animales que acudían á la isla
como un verdadero enjambre de abejas. Pensando en todo esto, deseó un momento volver á Tborney, aunque jamás al taller de
Tub,as, para contar cuentos á los pastores
que rodeaban las hogueras. Pero pronto volvió á la realidad para ver á Hito, que llegaba á su lado para inspeccionar si trabajaba
6 no. En una numerosa servidumbre como
la Eudemiu,, donde la economía era palabra sin significación y la extravagancia el
órden de la vida, los mayordomoe y capataces que la dirigían, como solo eran responsables ante su señor, tenían mucha autoridad r usaban de ella sin consideraciones.
Cabeza y frente de ellos era Hito, grueso y
reluciente, cuyos ojos de cerdo estaban siempre fijos en todos los asuntos. Como todos
los de su clase, tenia el despotismo por norma, y solo por su palabra se torturaba á un
esclavo en el potro. Su característica dominante era la de ser un mal enemigo y un
peor amigo.
Obscureció, y entró la noche. Hito salió á
la puerta de su pabellón, y allí permaneció
mirando al patio y lanzando una especie de
gruñidos propios del que se encuentra bien
satisfecho después de comer. Un esclavo se
bailaba encendiondo una copa-brasero de
carbón cerca del pozo, en el contro del patio. El trozo de mecha que ardía, y que el
esclavo cuidaba esmeradamente entre sus
manos, puso de manifiesto al capataz el rostro de aquél. Hito le reconoció y le dirigió
una ceñuda mirada.
-¿Nicanor?-gritó,-¿A dónde llevas eso?

�POR B&gt;5 MUNDOS

-A laa habitaciones de mi ama, la bija

un murmullo de voces mezcladas, y en se•
del noble señor Eudemius,-respondió Nica- guida se oyeron pa'°s. Una esclan separ6
nor.
las cortinas que pendían de una gran puerta
-¿Quién te lo ha mandado?
y se acercó á Nicanor. Era negro y estaba
-Nerissa.
recogido por largos alfileres de hueso el caEntónre~, Hito dijo á Nicanor:
bello de esta esclava; blanco y entristecido
-Bien... Tengo un encargo para ti. Cuan- el rostro, con los ojos sombríos y descon•
do vayas á las habitaciones de nuestra ama, lados; delgado y de ligeros movimientos el
mira bien por allí y busca una mujer entre cuerpo, de piel tan blanca como la leche. Nilas esclavas; creo que está ahora de servi- canor la examinó con curiosidad.
cio pero no sé en qué habitación; habla con
-;-Traigo el brasero que Nerissa ha pedí•
ell~ si puedes y dila que quiero verla y que do,-dijo, sin soltar este objeto.
la espero donde ella sabe.
La doncella asintió por señas, y alargó lu
Al decir esto, dábase Hito toda la impor- manos para tomar el brasero, quedando algo
tancia de amo y señor absoluto, quedándose sorprendida al ver que Nicanor no quería
luego tan satisfecho que cruzó loe brazos y dárselo.
miró á Nicanor.
-Pesa mucho,-advirtió él.-Esperad un
-Si esa mujer no está en las habitaciones momento, y decidme vuestro nombre... Lleexteriore1, no podré bu!lcarla,-dijo seca- vo en esta casa muchos meses y nunca os
mente Nicanor.
he visto.
-Puede ser que esté,-replicó Hito.-Fi-Me llamo Eldris,-contestó la jóven-y
jate en Ja que tenga el pelo negro, la, cejas· aquí estoy hace tiempo... Y aunque es vernegras también, los ojos azules, blanco el dad que no me habéis rieto, yo sí á vos alrostro y algo delgado el cuerpo... Pero esto, gunas veces.
-añadió Hito poniendo una mano sobre los
-Pues ahora,-repuso Nicanor mirándola
anchos hombros de Nicanor-eeto no os una fijamente-os traigo un recado de Hito, si ea
orden que te doy; sino que te lo encargo qne sois vos á quien él busca. Me ha dicho,
amistosamente, para darte una prueba de que quiere veros esta noche y que os espera
confianza.
·
vos sabéis dónde".
En los labios de Nicanor se dibujó media
La esclava púsose lívida y en sus ojos se
retrataban un terror sin límites, una angussonrisa.
-Lo haré,-contestó-puesto que Hito lo tia muda y un pánico terrible.
-¿E.ci que no váis voluntariamente?-prepide.
Y en aeguida emprendió su camino á tra- guntó Nicanor á Eldris al verla de esta manera.
·.
vés del patio.
Hito movió la cabeza furioso, y murmuró:
-¿No me obligaréis vos á ir?-~gunt6
-¡Perro! ¡Yo haré queesta misión se vuel- aterrorizada la esclava, no comprendiendo la
va contra tí, poderoso ridículo á quien se le intención de Nicanor y apartándose de 61.
-¡Yo, nol Yo sólo os doy el recado, y lo
importa un bledo cualquier castigo que se
le dél
demás es cosa entre Hito y vos.
Cuando Nicanor llegó á las habitaciones
-¡Jamás será cosa míal-dijo la muchade Varia con el brasero en la mano, no en- cha prorrumpiendo en secos sollozos que
contró á nadie: la cámara de la hija de Eu- casi la sofocaban.-Hito me amenaza con la
demius, calentada á la temperatura del estío fuerza v el potro si rehuso; y aunque 81 tor•
y llena de flores, estaba vacía. Lámparas mento peor, yo preferiría comparecer an•
perfumadas ardían con luz baja, oecilando mi señor en la cámara del tormento J ser
en sus colgantes bronceados y plateados; en destruida por la rueda, muriendo como
un hueco de la pared, un pebetero de plata una mártir.
Puso una mano Nicanor en el hombro de
que ardía esparcía en el aire una débil fragancia. Todo estaba tranquilo y pacífico: era la esclava y la dijo:
-Reflexionad si lo que acabáis de decir
un nido seguro y oculto.
Procedente de otras habitaciones más inte- es vuestro pensamiento. También yo soy eeriores, llegó hasta Nicanor ruido de voces: clavo, pero quizás pueda ayudaros.
La muchacha detuvo sus sollozos y repuso
una de ellas entonaba sonoros versos; otra, á
inte"alos, interrumpía, lenta y lánguida. Es- con angustiosa desesperación:
-He intentado conmoverle varias vecea
ta segunda voz hizo palpitar el corazón de
Nicanor, el cual, apoderándose de una cam- sin conseguirlo. Y.tengo la segu~dad de que
pllllilla que sobre una mesita babia la hizo si ahora insiste Hito en sus peticiones ya no
es por mí, sino porque no sufran su 01111llo
sonar.
.
Suspendióse el recitado de los versos,hubo y su amor propio.

AMOR DE DA~IA Y AMOR DE E:iCLAV.\

145
-Pues entónces,-dijo Nicanor-de 11ada la cruz ... Todo ello-añadió Xicanor riéndoserviría que yo le llevara vuestra negativa. se-formó la base para un buen cuento que
Contádselo á vuestra señora,que seguramen- más de una ve;: he utilizado adaptándolo á
te os protegerá.
. fines míos propios.
- 1Iuchas veces lo he intentado. Pero
--:Mientras permanecí abrazada á la cruz
siempre estím delante Neri~~a y otras escla- -elijo la e::;clava-un hombre de lo~ qu~
"'ª"', ~- adern:·1s ~e me ha ad\·crtido que yo había entre la multitud gritó: «Muchacha
no debo hablará nuestra ama mientras ella que viene el sacerdote: corre á recibirle». Y
no me lo ordene; que si tengo algo que con- yo, que eslaba próxima á de;;fallecer de mietarle, que se lo diga á Nerissa, para que ella do, no supe hacer otra cosa que empezar
lo haga saber á mi señora. Y cuando di110 á á correr nuevamente siguiéndome tocia la
Nerissa _y á mis compañeras lo que me p;;;a, multilu~. Al_ llegt~r al río, el hombre aquel
se ríen y me dicen que no hav motirn para me arroJó al mtcnor de un bote y &lt;lió dinero
que yo no haga lo que otras han hecho. ¡Son al barquero para que remara velozmente ...
peores q u e Hito,
Y como dominada
amigo 'inio!
por
otro pensamienY al· decir esto,
to, preguntó después
Eldris cruzaba las
de una ligera pausa
manos ~obre el peá su interlocutor:
cho y temblaba.
-¿~[e habéis di- -Confiad en mí,
cho
_que mi per:¡ecu-contestó Nicanor
ción por Valerius os
tranquilamente. h a sen·ido pnra
Yo os a yudaré con
un cuento ... ¿,E~
mi ingenio v con la
que acaso sóis ese
fuerza que ·poseo ...
maravilloso n a •
Vamos á ver: si os '
rrador de
abrieran las puercuernos,
á
tas, ;, pod riais escaquien 11 apar de aquí?
man füca-Ko tennor el de la
godinero ni
lengua de
á donde ir,
plata·~
- responNicanor
dió Eldris.
rió dulcemen-Dinero
tampoco
te y sus ojos
brillaban de
tengo y o;
pero podrh
manera ex 1
ser que
traordinaria.
unos ami-Si, yo soy
gos mios os
1icanor.-d1f.ude111iu~ ali,ú íucrlcs latigazo~ al 1·ie; o csrlaro ~!are·,~
recibieran.
jo, al tiempo
. ,
que su oído
.Medio rt&gt;signada y medio desesperada enc?gi~se El&lt;lris de hombros, y ante este'mo- l'.~rc1b1a el ruido de un_os ~asos que se aprov1m10nto rnlvió á fijarse Nil!anor en sus va- ximaban ~esde las hab1tac1ones interiores.
-Alguien viene,-advirlió á Eldris á la
gos recuerdos, y preguntó á la esclava:
vc'.1. que decía en voz alta:
'
-¿Sóis vos la que fué comprada en ThorEs
muy
pesado,
yo
lo
lle\·aré
hasta
la
ney á_ un comerciante de esclavos por un tal puerta.
V,aler1us, y que se ncoió á un santuario al
. 1~ cogiendo el brasero se puso en marcha
pié de una cruz cerca de la iglesia de San
ha~ia_la puerta. seguido por la esclava ElPedro?
--Sí,-contestó Eldris alarmadn.-;Cómo dr1s, a la que dijo rápidamente y al oído:
. -;-Tened por seguro que nadie se atrevelo sabéis?
·
ra a hacer nada contra vos esta noche. Y en
" :-Vi vender?;~- Cuando Valerius os per,i,,mó hasta el pie de la Crllí:, yo corrí tam- en cuanto á mañana ... mariana será otro día
.
b!én. Yo fui el que buscó el sacerdote. y vol- y es in~lil al?~n!entarse ~oy.
Eldr1s le d1r1g16 una mirada de gralilucl. \'
VI con él, pero ya no vimos á nadie. Muchas
veces me he preguntado qué habría sido de tom~ndo el brasero pasó el umbral y la~
vos r de la gente que se reunió en rededor de cortmas cayeron tras de ella. Entonces, Kj.
canor abandonó ac¡nel lu2ar, no ~in detener

�146

POR ESOS MU~DOS

á

_ ¿Y cómo va á ~aberlo teniendo tantas
su servicio? Una esclava más ó menos e,;
asunto de poca monta en esta casa.
.
y de~apareció, internándose _en la ob~curi\'lll
dad mientras Nicanor maldecia:
~¡Que los dioses te hieran con la ~u.ert~
Al salir tropezó con un hombre que ma1·chaba en sentido contrario y que ~n v~1. alta y con la ruina, malYado y grosero c_rnnmal.
Como el aire de la
le dil'iuió un juramento. Reconoció N1canor
noche
era muy frí?.
la elo;uencia de Ilito, el cual, al co~?píi~o,e á pasear arnccrlc á su vez. cambió de tono Y 1~ d1JO:
ba y abajo sin hacer
-- ;,Eres tú? Xo te ha~ía con?cido en
el
menor ruido a 1
la obscuridad. ¿Cumpliste 1m
andar.
Los pensaencargo?
•.
mientos de Nicanor
-Sí - contestó ~1canor con
va"aban
desde la csindifcr~ncia - pero la c~cl~,:á
0
da\'a del pelo negro
que buscáis está de serv1c10
hasta Varia, sin decon nuestra ama e.,ta
jar
d e parar,e en
noche.
t
jforio preguntándo ·
Y lanzando luego
se una vez má'l por
una brcYe carcajada,
qué callaba ést~ y _no
añadió:
lleYaba á la pracltca
-En realidad, Hiel castigo con que le
to, os diré que O'l
había amenazado.De
creía con más gusto
pronto, vió una luz
en cuestión de mujeque
descendía por la
res. No sé cómo os
escalera, reflejándose
ha gustado la esclava
en la pared, y un
Eldris, con sus ojos
grupo de cuatro perorandes y feo;:, con
.,
. á
sonas, llevando una
una cara que Jnm s
de ellas una antorsonríe, el pelo cual
cha. Cauteloso como
la cola de una yeel gamo que olfatea
gua, y con un cuerpo
el peligro _en cada
dclgadísimo, c o m o
rafa"ª de viento, rcde muchacho que
troc~dió Nicanor al
está creciendo.
l'spacio q u e en t~c
-Lo sé.-dijo Hidos columnas hab1a
lo iqriamente al ver,
'
para esperar y vigise obligado á defenlar. Y vió en el cender su gusto-pero
tro del grupo al anes que nada me im~F ~,. tNiANTf
ciano
.Marcus, fuerteporta la muchacha;
'mente
sujeto, batasino que me ha deHito diú i Nicanor un cncar~o para que 10 ~um¡,liera
liando
y ch i Iland¡¡
safiado, despreciáncerca de un11 de las esclavas de Vnra11
como el perro que Si.!
dome ¡y por la caarrastra
hasta
el
sitio
donde va _á ser
bcz:t tic ~ni padre que me la,; p:t_gar.'l! Jur?
castirrado.
En
el
primer
momento,
Nican~r
vencer su obstinación y verla humillada á m1.
y pasando sus brazo,; por los hombros del no c~mprendió lo que sucedí~; pero de~pucs
se le ocurrió que aquello tema algo que ver
e:;clavo, le dijo suavemcn~e:
-Eres hombre de un manera. de p~n- con él y que le convendría averiguar lo que
.
sar, y te quier~ y admir? t~s ~t:e.v1dos o~~,; pudiera ser.
-Lo llevan al tormento. -se dijo Nicanor.
y tu indiferencia y O!':adia ?ta?ohca~, ami,,,o
Nicanor... Mañana me tracra9 a la ~selava El- -Veamos cuál es el fin de este asunto.
Ligero y sin ruido, como _un gato, ma:chó
dris: necesito una hora de diversión con la
detrás del grupo por el pas11lo, mantcmengata atigrada.
.
.
La sonrisa de Hito al dee1r esto era diabó- dose á distancia conYeniente de la luz de la
lica.
.
. ant,&gt;rcha. Pero cuando llegó a la puert_a que
_ y nuestra ama,-indicó Nicanor-;,qui• estaba en la extremidad del citado pas1llo, la
&lt;lira cuando sepa que hemos molestado á encontró cerrada y tuvo que contentarse con
escuchar desde fuera.
una de sus doncellas?
antPs lo::; ojos en la oculla puerta &lt;l ue otras
veces había franqueado.

AMOR DE DAMA Y AMOR DE F.SCLAVA

14:7
Una lámpara de barro que daba débil luz
-¡Oh, si pudiéramos salvarle con vuestra
desde una piedra saliente de la pared deja- lengu1 de plata, vos que cantáis á los pájaba ver la puerta baja, calzada metálicamen- ros y á las mariposas, á las flores r á la prite, de roble negro. Nicanor no podía ver mavera, al sol y á la luna, al dulce amor y á
nada, pero á sus oídos llegaban por interva- la brillantez de la vida!
los, desde el interior, ruidos producidos por
-Pero no sé hacerlo, y además no acudiel chocar de cadenas y el arrastrarse por el rían los dioses en mi auxilio. ~No sabéis que
suelo un objeto pesado. Se recostó sobre la en los lugares donde yo cantaba, en los panpared del pasillo, lleno de la mayor ansiedad, tanos ni en los campos de helechos, no hay
y de pronto oyó adentro una charla frenéti- dioses, como no los hay en las montañas en
ca, sin significado alguno. bestial, horrible- que yo cuidaba del ganado? ¿Qué dioses bamente penetrante. Nicanor sonrió y dijo bían de vivir en tales sitios?
para sí:
Dentro de la ha- ¡Bien hice,
bitación,
los quejia u c i ano, en
dos
se
habían
extinarrancarte el
guido cambiando en
aguijón! ¡Quizás
imponente silencio ,
sentirás ahora
al tiempo q u e rehaberme s o r •
pentinamente I a
prendido en el
puerta
del salón de
jardín!
tormentos se
La charla inabrió, dejando
inteligible degeYer e I interior
neró repentinade la habitación
mente en un
antes
de que Nigrito, para cesar
canor v Eldris
luego por compudiera·n huir .
pleto, quedando
Sobre una mesa
todo en silencio
de piedra yacía
sepulcral. Nicainmóvil
un cuern o r :e acercó
po , como cenmás á la puerta,
tro &lt;lel cuadro.
rígido el cuerpo
que completabajo el deseo de
ban dos esclaescuchar. Vo lvos medio desvió á oir desnudos cu s to pués de poco
diandolo . Tre~
ralo I os grito,;
personas se dide Marcu~, esta
r i g í a n háciu
vez agonizante,;,
aquel lugar, Eulargo!", continua&lt;lcmius, l\Iario ,
do~.
el médico Clau·Una exclamadio.
Eudemius,
ción que salia
Nicanor vió al andano ,rarcus conduciJo al tormento
c o n e I rostro
de entre la Sl'·
i o y gris,
miobscuridad y al lado suyo le hiw llevar se apoyaba rncilante en losíq.rr
brazos de los
la mano á la daga que ocultaba en la túnica. otros dos. Tras de ellos ma1·chaba un esclavo
Pero pronto vió que la exclamación partía con un gran abanico de plumas de pavo real.
de Eldris.
En el acto dejó caer Nicanor su &amp;ncallecida
-¿,Quién es?- murmuró ella temerosa- mano sobre la débil llama de la lámpara que
mcnte.-¡Oh! ¿Por qué no acabarán de ma- alumbraba el corredor, quedando este á obstarle y concluyen de una vez? He oído que- cura y librándose asi Nicanor y Eldris de
jas de dolor, y no pude dejar de venir.
ser vistos por su amo.
Eldris se tapó los oídos con las mano,- y
Nicanor entró en la sala de tormentos
se extremeció.
donde varios esc]ayos se ocupaban en cubrir
-Es posible que nuestro amo no huya el cadáver de Marcus r en limpiar el suelo
or :enado que muera,-observó Nicanor.
con arena para quitar las manchas de sanLos clamores de la victima degeneraron gre. La sala era circular, de toscos bloques
repentinamente en gemidos. Eldris se cubrió de piedra: con dos puertas. Frente á una,
el rostro con las manos, diciendo:
en la que permanecía Eldri.a que no quiso

�AMOR DE DA~1A Y AMOR DE ESCLAVA

148

roa

ESOS MUNDOS

Se volvió y la vió entrar en la sala, con las
entrar, había un dosel elevado en el que se manos cubriéndose el rostro y sobre ella la
hallaban dos sillas y una lámpara sobre alta mirada fija de Hito.
.
columna. En rededor de las paredes colgaEn aquel momento, nada era Eldns p~ra
han instrumentos de guerra, de torme~to y Nicanor y hasta podía ha~erla maldecid.o
de caza: cadenas con pesadas bolas dehterro; por interponerse en su camrno cuando ten~a
un armero con lanzas y otro con gran~~s necesidad de todo su ingenio Y, su astu?ia
espadas de bronce de boja tallada y br~m- para salvarse; pero como la babia pr?mehdo
da y una colección de dagas con los terribles
que nadie la tocuchillos cortos
,.,....-:-:,- - - - - - c --,;;;,a
caríaaquellanousados por los
che , s e e e h ó
sajones . Tam •
sobre Hito y le
bién había e n
dijo en tono salesta sala arcos
vaje:
.
de seis piés, co-¡No hagárs
mo los usados
nada á esta es~~~~
cl~
de Numidia; ar-¿Y qué tiem a d u r a s de
nes que ver con
bronce con esella?--dijollito.
cudos v coro-¡ S p o r u ~ ,
nas; yelmos, con
Quartus, ven~d,
e i m eras de
y atad á este inbronce y hierro;
dividuo!
una cama estrePero Nicanor.
cha, de madera
sallando como
y hierro, e o n
el tigre, llegó á
pernos y tornila puerta,!~ emllos para separar
pujó con violen~
músculos de
cia y la cerro
músculos y arpara que nadie
ticulaciones de
entrase alli. Griarticulaciones, y
t ó Hito y s e
u o recipiente
apresuró á diricon un grifo por
girse á la s eel que cae Pl
gunda puerta,
plomo hirviendo
por la que él hagota á gota al
bía llegado .Y en
interior de un
la que Eldr1s esbaño donde se
taba; pero otra
colocaba al mar-.--vez Nicanor antirizado.
duvo listo, é inNicanor, que
terponiéndose
en cierta ocaentre el capataz
sión, había visto
Hilo empezó á dar fuertes golpes con la mano á Nicnnor
y la esclav~_. sin
á uneselavo lan. l
apartar los ojos de su feroz enemigo, d1JO al
zando ª"'11dos gritos, sentado allí
m er oido de la muchacha:
.
d .
minabl:s horas, encadenado á un aneo e
-¡Animo, amiga mía! _Ilu~d Y. marcha a
piedra recibiendo las gotas de plomo so_bre Thorney, donde buscaréis a t..1c?demus, el
su afeitado cráneo, sintió ahora el . t~rnbl: tuerto, c¡ue tiene una taberna: decidle que os
don de ver;;e á si mismo en el s!l10 qu
yo.
ocupó su compañero de sen·1'd um bre, y apre - envio
y levantando
la voz, para que fI't
i o oyera,
tando los dientes murmuró:
sa
exclamó:
.
•1
- -Esta noche huiré de esta ca .
-ld á vuestro cuarto y ence~-raos en e.
Veremos lo que nuestro amo opma sobre esIX
tos hechos.
ó
Enpujó á la esclava hácia afuera y cer~
Pero ni siquiera intentó verificarlo, pues la puerta. Como Jfüo sabía que esta no tema
cuando los esclavos salian por la otra puerta cerradura, se le ocurrió ha_cer un .esfuerzo
con sus cogedores de arena, Nicano! oyó un para dirigirse hácia ella, gritando a la vez
grito que partía del sitio donde Eldris estaba.

Pt

149

con toda la fuerza de sus pulmones en de- puerta que se abría, y soltando á Hito, que
manda de socorro~ pero Nicanor, silencioso, formando abyecto montón cayó al suelo,
inexorable, le impidió el paso. No levantó la siguió él solo bailando. De soslayo vió á
mano contra Hito, pero permaneció como Wardo el sajón y á Quartus, que entraban,
una roca contra los golpes que empezó á y que al verle quedaron mudos de asombro.
darle el capataz, hasta que éste, cansado al Hilo, recobrando alientos, les dijo:
fin, cesó, para maldecir á Nicanor en nombre
-Atadme á ese loco: tiene dentro el diade todos los dioses del mal. De repente, los blo. ¡Sujeludle, encadenadle!
ojuelos de Hito se abrieron desmesuradaY así se hubiera hecho instantáneamente,
mente, porque Nicanor empezó á oscilar de puesto que la palabra ele Hilo era ler, si una
uno á otro lado, suave y rítmicamente,acom- persona de cuerpo alto y voz gruem no hupañándose con un run-rún de palabras, que biera aparecido diciendo:
decían:
-¿Qué signif,ca todo esto?
-¡No huyáis, dulces ninfas,hermosas muLos e.clavos conocían la voz de Mario, el
jeres! ¿De dónde venís? ¿Sóis vosotras los huésped de su señor, y lodos ellos se volviesueños, radiantes doncellas? ¡No, no os des- ron y cruzaron los brazos maravillándose de
vanezcáis! ¡Quién os envía á mi con vuestros que el capitán romano tstu,·ies, allí á aquemantos de oro y perlas, los bucles enloque- llas horas.
cedores, con campanillas en los tobillos y un
- ¡Ese individuo tiene el diablo, señor!tambor en las manos? ¡Bailad, bailemos to- clijo Hito, haciendo un esfuerzo.-,\ mi me
dos ante nuestro amo, que quizás encon- ha obligado á bailar hasta que me ha dejado
tremos favor en él!
medio muerto.
Y puesto en pié frente á Hito comenzó á
~fario miró á Nicanor, y en su rostro
bailar con las manos colgantes á los costa- observó éste que lo babia rnconocido y que
dos y el rostro sin expresión alguna. Hito le sentía la satisfacción de un triunfo cruel.
preguntó:
Cortó el discurso de llito y le dijo:
-¿Qué te sucede? Vuelve en lí, necio,
-¿,Quién es ese esclavo?
vuelve á tus sentidos antes de que te azote-Señor, ·le llaman Nicanor.
mos.
El rostro de .Mario
- ¡Baila, conmigo! -díjole Nicarecobró la anterior y
nor, cogiéndole por las manos y
altanera calma, en la
danzando con él por toda la longique había mezclada
tud de la sala.
cierta satisfacción.
-¡Déjame! - bramaba furiosa-Bien, - dijo mente Hito, dominado por la fuerza
pues como está loco
de Nicanor.-Déjame, yo te lo mansería mejor llevarle á
do: no quiero bailar más.
los calabozos. De e~a
Nicanor no hizo caso, y siempre
manera podréis obcon la garra sobre las muñecas de
servarcuánto le dura
Hito recorría una y otra Yez la sala
esa locura, para que
saltando y baicuando se 1e pase
lando. C u a n d o
castigarle debidaaflojaban sus pamente.
tios por verdadera
Después, emimposibilidad de
pleando tonos aucontinuar en e 1
toritarios, añadió:
mismo ímpetu el
-Tened cuidab a i 1e , Nicanor
do que no sufra
arrastraba á Hito
daño alguno. Teel e u a I gritaba
ned le solamente
COll e1 ro s t ro
Kf ... , ,r-•, b i en asegurado
amoratado:
para poder entrn-Deténle, Nigarlo cuando
canor, ó morirevuestro señor lo
mosde cansancio.
ordene . S a b e d
Nicanor ~e vió rodrado en rl calabozo de ralns y rnl&lt;•nes
¡No puedo más,
q u e habréis de
me falta el aliento, tén un poco de piedad! responderme con vuestra vida de la suya.
¡Oh! No be debido contrariarte: haré lo que
Se envolvió en su capa y abandonó aquel
quieras si me dejas libre.
•
sitio, dejando á los tres individuos estupefacPercibió entónces Nicanor el ruido de una tos ante lo que acababan de oir.

--

�OFÉLIDAS

150

El primero quedió rienda suelta á su asombro fué Hito, que dijo:
-¡Con nuestras vidas respondemos de la
tuya! Ya veo, señor esclavo, que te den importancia. ¿Qué has hecho al favorito de
nuestro amo para que dé tales órdenes? Pero
á mi no me engañarás mas, ténlo por seguro: dentro de uu rato el capitán se olvidará
de ti, y entónces será la mía... Quartus, pon
las cadenas á Nicanor y á los calabozos
con él.
-Perdonad, nos han dicho que no se le
haga daño por ningún estilo,-se aventuró
\Vardo á decir, pues Nicanor hahia hecho
muchos favores al buen sajón, como camara·
da, y Wardo no los olvidaba.-Si le encadenamos sufrirá ataques de mayor furia, ,.
es posible que se haga daño.
- Llévatelo, sin las cadenas,-dijo Hito.
Los dos esclavos se apoderaron de Nicanor, y \Vardo le hizo señas mientras !lito se
ponía en pié.
Nicanor se sometió con gran repugnancia,
obligado á confiar en aquella seña de War-

do que, después de todo, era mu y frágil
indicio para tener fé en él. Lo condujeron a
un pasillo lateral, bajando después unos escalones húmedos y escurridizos hasta las
profundas cuevas donde estaban los calabozos, medio de piedra, medio de roca ,•iva,
cuyas paredes brillaban con el lustre del viscoso barro cuando la luz de la antorcha caía
sobre ellos. En la más pequeña de estas celdas fué encerrado Nicanor. Ex:tinguióse la
luz de la antorcha en el momento en que se
rerró la férrea puerta, y una obscuridad densa envolvió al prisionero como manto rellio.
Habló entonces Nicanor en alta voz y lan:t.ó una carcajada que resonó en aquella pesada tranquilidad:
-Cuando el amigo Hito aspire aire bastante de~pués de sus cabriolas para poder
recordará su esclava, estará ella tan lejos
que podrá reirse de él.
Reinó el silencio, y Nicanor se vió rodeado
por ratas y ratones que empezaron á hu~mcar al intruso que se había apoderado de
aquel lugar.

Ficueira da Foz, vista de,ide el mar

PLAVAS VERANIEGAS

(Continuará.)

llusfraciones de Reinet In{ante.

FIOUEIRA DA FOZ
=-5=1=-5=]!:==~D.0=='-=~

.®:@:~:~

OFÉLIDAS
Ni el amor, ni el poder, ni la fortuna,
son ya debilidades que me acosan.
:'\fo resta una flaqueza: ¡toda,ia
estoy enamorado de la gloria!
Nuestras citas no guarde~ ni asegures;
déjales el peligro.
¿,No ves que son tan bellas porque el miedo
les presta su incentivo'~
Aún no platea mi primera cana
y jóven llevo mis viriles años;
mas si vieses por dentro mi cabeza...
¡qué cabellos tan blancos!
La humedad que en mis ojos aparece
cuando te oigo, no sé cómo se llama:
es la vibrátil sensación del que ama,
que no es pena ni gozo ... y enternece.
MANUEL S. PICHAROO

.

e

el problema del veraneo se pre
co
• dhacer' Diosm·
· 10,qu é 11acer~.
scnta ant I d. h
· llanYtanlejos!¿Qué
abandonar Ía ~,fa vic o:o mortal que puede ' h . n una guia e ferrocarriles en la man~
busca de a·.
. cor e para marchar en }_ asta c?n un mapa completo de Es aña
11cs sanos y f·
¡ •
s1 es preciso, se buscan parles d
p ,
pre,;tcn alivio á sus fati"adroescas_ Jrb1sas que se
consultan horarios de tre . e ,·erane?,
la rud·1 1 b
.
º
s m1em ros por
' ª or del rn vicrno lle
¡
ñan playas, se calculan di nes,_ se escudride elegir
.
' ga e momento
Bla~ciac:, se comcal , __p_un 1o veran1eg,&gt; para soportar los paran climas • .
se sigue en la mis\"a~~!::;'.vales, y entonces son las eludas y ma i11dcci~ió~
. 1 a gente, y ¡:obre
nes.
todo los
r¡ue forman
¿San Seel vecindabas t iá n?
rio de este
Ha y que
)faclrid,imvestirse
JlO~iblc de
mucho.
aguantar
,:_Bia rritú
en el veraTambién es
no, es ruti()laya lujonaria) ape~ª, y luenas sabe
go ... j&lt;'SO de
salir del calos cambios
mino trillaY de r¡ u e
do y martodo el
eh ar por
mundo halos mismos
ble en fran1
senderos
cés!...
"uerId
· la Catalina
.· , ,
• ¡·'•Fl
'
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1
.,,.~coria
~ E'! como
q u e otros
darram·1··~
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r¡ucc1ar:,c en )ladrid. ;Gua- t raza r O n Ir . 1
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an costosos en
11SaJe, r ¡:¡ es posible
o-, e VJda.¿Asturias ó Galicia? ¡Pi- recibir la imprc ·ió
" n e as m1~mas olas, es
UAXDO

a~ p~~t!i•

º/ª

�152

F!GUEIRA DA FOZ

POR ESOS MUNDOS

Cámara Municipal, en la Avenida Saraiva de Carrnlbo

Playa de bai\os

conocidos. Portugal se halla tan cerca de la
el sueño dorado de todos los que veranean. capital de España como muchos de los pun¿A qué fatigarse en trazar nuevos planes, en tos de la costa á donde acuden veraneantes.
adquirir noticias de cómo se pa;;a en tal ó Las alabamas á sus playas y á su mar, tan
cual lado, y en llegar á puntos desconocidos'? profundo como el de cualquiera otra parte,
Nada, nada: hay que irá donde ya se conoce eran generales. ¿Por qué no ir allá?
la población y donde se ha tomado confianza
Y, efectivamente, hubo quien se lanr.ó hábasta con los bañeros. ¡Siempre la rutina!
cia las playas portugue=,as, y satisfecho de bió quedar de su hazaña cuando volvió al año
siguiente en compañía de amigos suyos; y
así, de uno en olro, los españoles aprendieDe pronto, álguien pensó y cayó en la ron el camino y las playas pm:tuguesas figu•
cuenta de que no todo el mundo era San ran ahora entre los lugares donde puede veSebastián, S'intander, Gijón y lugares harto

Casetas en la playa lle baños

153

ranear un madrileño y quedar encantado de
la elección.

**

A Figueira da Foz llegan todos los veranos cente_n~res de españoles que buscan en
aquel dehc1oso l~~ar fresco, aire de mar, paseos frondoso;;, sitios saludables tranquilidad
y reposo.
'
El ilustre
Luis Taboada, de
memoria
inol vida•
ble,ha contado centenar es de
veces las
excelencias
de aquella
playa, y á
su voz se
unieron las
de otros
muchos escritores españoles. Es
inútil aho-

unen los entretenimientos de la población
donde se procura distraer el espíritu del qu~
hasta allí llega.
El mar, rompiendo bravamente sobre el
cabo l\londego,. si1 ve de punto de llamada
para las excursiones y paseos de los anochece1~es, y en aquel trozo de costa, donde las
penas entablan de continuo pasivo duelo con
los ímpetus
y arrebatos
de las olas,
óyese ha biar español tanto
como portugués.
A la playa acuden
por las mañanas, no
sólo los bañistas, porque esto
último es lo
lógico, sino cuantas

�FIGUEIRA DA FOZ

156

POR ESOS MUNDOS

164

,

-- ·----~

~

...

~__.::;
.,,._,,.-

- -....::

-... . . : : ~
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~
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•

Vista de Buarcas, en Figueira
Muelle de Doca (lado sur)

extranjera, y el mar se·presta gozo:? á ser
por completo poseído por los bam~tas, al
propio tiempo que el sol, complaciente y
explendoroso, inunda el cuadro ?e luz.
De pronto, pasa una fi~ura airosa, suelta.
Es una mujer toda vestida de blanco. ? e
ella sólo se distingue coloreada una sorr brilla.
l t · t d
Su presencia anima por comp e º. a o o
lo largo de la playa, y las conversa?1ones femeninas se suspenden por bre_ves rnst~~tes,
mientras las miradas masculinas se dmgen
hácia ella.

-- -~No la conoce usted?

---Es
No.la Fulanita, la artista d~l easmo.
.
Fulanita suele ser francesa. Aires de_boulevard la acompañan, y si en a~uellos rnstantes lanzase al aire sus candenc1osasnotas una
orquesta de hadas, Fulanita, dejada llevar
de su métier recocreríase las faldas, echarías~ airosam~nte 1a° sombrilla sobre el hombro derecho y comenzaría á entonar en voz
mimosa y dulce un r:ouplet. que recordara
Folies Bergeres ó MangnY·
Fulanita es la que hace dos noches cantó

Muelle de Doca (lado norte)

vos. Hay que vivir esas horas en que el día
muere después de habernos prestado todos
sus alientos, hay que encontrarse en plena
es una nola alegre y simpática que trae re- Naturaleza y hay que olvidar por completo
los paseos y las calles de la población donde se
cuerdos de otras tierras y otros mundos.
Fulanita pasa por la playa y las conversa- pasó el invierno y donde volverá uno á meciones femeninas cesan, mientras las mi- terse en cuanto lleguen los primeros fríos,
radas masculinas hácia ella se dirijen. Los para continuar el engranaje de la vida y deniños juegan y las olas siempre complacien- jar que de nuevo se apocleren de nosotros la
tes se dejan acariciar por los baüir,las. El fatiga que produce el trabajo, los sobresaltos que
sol ríe ...
traen consigo las pasiones y
los enconos
El Monque engendego présdra la reuta,e gustonión contiso á q u o
nua de se
por sus
res semeLran quilas
jantes.
aguas sur¡Oh, no!
quen los
Hay que
barcos que
aproveconducen á
charse de
los alegres
1as horas
veraneande paz y
tes.
Puente sobre el Mondego
tranquili¿Qué hacer en las largas horas de las tardes? Pasear dad con que Figueira nos brinda, y á cada
en bote, pescar, dejarse deslizar por aquellas remanso de su río y á cada revuelta dc:l
rumorosas aguas que plácidamente se des- camino hay que pararse y tender la vista
lizan sirviendo ele fácil conductor de vehícu- para adquirir la seguridad de que, aunque
los donde la alegria reina. Hay que pa,ear momentáneamente, acruello nos pertenece y
por el Mondego, como hay que visitar los ,le que la Naturaleza aún guarda expléndipintorescos arrabales de Favarede, el san- dos dones para quien sabe admirarla. Lejos
tuario de Nuestra Se11ora de la Encarnación, de las ciudades nos encontramos y hasta allí
el cabo Mondego y pasear por la Flora de La- no llega su ensordecedortraqueleo, sino que,

en el pequeño escenario del Casino La petite tonquinoise, ó la que llevó á aquellas
playas y popularizó la matchiche. Fulanita

�156

FUÉ UN AMOH ...

sión de un pueblo es tan respetable como
sus momentos de enojo. Afortunadamente allí
no existe esto último: nos hallamos en una
plava de verano, en un puerto hasta donde
·
no llegan
1as pasiones que se
agitan en
las grandes
ciudades, y
donde todo
e I mundo
ha acudido
para pasar
agradable mente una
temporada.
Figueira se
divierte, y
Llega la
no
hay más
noche y por
remedio,
es
las abiertas
preciso ser
J\!crcado y jardín público
ven tan as
uno de tande los locales donde se rinde culto al arte, más ó ma- tos y lanzarse por aquella noche á lo~ tornos animado y sujeto á las puras leyes de la bellinos de una vida que nos recuerda lo
estética, salen oleadas de música alegre y invernal de nuestros pecados. Afortunadamente, allí está el mar, allí está el sol, allí
retozona.
están
los árboles: ellos nos curaron de las
La voz menudita, gatuna, de una mujer
toda vestida con lentejuelas plateadas, llega fatigas de la noche. Figueira da Foz es p~óbasta nosotros y nos invita á entrar y con- diga en remedios; la Naturaleza e_s su meJ01:
templarla de cerca. Fi_g~eira da Fo~ en médico: fatiguémonos en ella, sm pena ni
aquellos momentos se d1V1erte, y la d1ver- cuidado, que la botica está cerca ...

por el contrario, la paz de las grandes ub~a_s
del Creador nos circunda. ¡Paz y trariqmhdadl Ficrueira nos conforta y hace que nuestro áni~o repose de las fatigadas luchas
de la vida.
Los árboles, el cielo, el mar,
lodo, todo,
11 os sirve
en aquellos
instantes
de apacible
y dulce
consuelo.

A. R. BOK~AT

FUE UN AMOR...
Fué un amor que mi mente acalorada
forjó en matices de color de rosa;
fueron anhelos de alma en que rebosa
la ilusión juvenil encarcelada.
Llegó á subir la cumbre rebasada
de venturas, y escrito en tosca l?sa,
hallóse esta inscripción tan deleitosa:
cNo olvides nunca la mujer amada• .
·Que la olvide? ¡Imposible, antes la muerte!
N;·ha de olvidar quien quiere ~e esta suerte
y lleva siempre sobre sí esculpido
el recuerdo que tanta vez bendice
al acordarse de él, y que así dice:.
«Fué mi primer amor, y no lo olvido
FÉLIX

G. IDfBlD

FORMANDO CIUDADANOS

CÓMO SE ESTUDIA EN RUSIA
ninguna parte del mundo gozan las
E universidades
y los estudiantes la estiN

mación que se les tiene en Rusia. Para el
ruso, el catedrático de uno de aquellos centros no es simplemente un hombre científico
que enseria química, matemáticas ó leyes á
cierto número de jóvenes en la forma que
lo hace el profesor de cualquie · colegio;
Rino que está considerado como un filósc fo
entusiasta de la asignatura que explica,
hombre que l1ace historia, y no que se deja
llevar por los sucesos históricos, y que posee
necesariamente una chispa del fuego sacro
con la cual inspira á sus discípulos la adoración á la ciencia y á la verdad. En cuanto al
estudiante tampoco es para los rusos el jóven
que aprende ciertas a~ignaturas para llegar
á ser, en tiempo oportuno, doctor ó licenciado en ellas y tener así una carrera; sino
que es el adorador de su ciencia ó de su
arte, á los cuales rinde fervoroso culto, un
investigador de la verdad, uno de esos á
quienes los grandes problemas filosóficos de
la inteligencia humana interesan y hacen
reflexionar más que las pequeñas y miserables cuestiones del egoísmo personal. Esta
es la tradición: así fueron cuando concurrían á las aulas de las universidades todos
los que hoy son grandes hombres en Rusia,
y así son los estudiantes rusos del día.
La gran masa de esos estudiantes procede de la nobleza baja y de las clases medias
su periores: los pequeños terratenientes y
ricos comerciantes, los empleados de la Administración civil, los literatos, los doctores
y la gente profesional de todas las clases,

hacen cuanto pueden para enviar~ sus hijos
á la universidad. Lo5 hijos de la más alta
nobleza llegan á este centro docente en escasa proporción, porque- la mayor parle de
ellos ~i~~!1 la carrera militar y entran en
los regimientos como cadetes.
El trabajo que se exije al jóven antes de
ingresar en aquellos centros es considerable.
Debe pasar por las ocho clases de un colegio
donde el sistema de educación en boga durante los últimos treinta años ha sido estrictamente clásico, establecido, en rigor de
verdad, con el propósito especial de dificultar cuanto sea posible el acceso á la universidad y restringir, por lo tanto, el número de
admisiones en estas. Desde la edad de diez
alios tiene el muchacho que aprender mucho
latín y mucho griego; y como los estudios
clásicos jamás se han naturalizado por completo en Rusia, tanto que ni aún cuando mayor fama alcanzaban lograron otra cosa que
profesores indiferentes para quienes el estudio del espíritu de la letra era mucho más
importante que el estudio del espíritu de la
vida de Grecia y Roma, los tales clásicos han
sido motivo de constante molestia para los
discípulos sin que éstos hayan obtenido de
ellos los correspondientes beneficios educacionales. De esto resulta, además, que en los
cursos superiores del liceo ó colegio los jóvenes tienen que trnbajar mucho, aunque en
egle tiempo lo hacen ya con entusiasmo porque la idea de entrar en el sanctmn sancforwm les anima en sus esfuerzos.
Llega, por fin, el gran día: se han vencido todos los obstáculos y el jóven tiene ya

�158

POR ESOS MUNDOS

su certificado de matríc u\a en el bolsillo y
entra en una de las dcce universidades de
Rusia. Empieza entónces una nueva ".ida
para él. Queda en _libertad pa.ra c?ncumr ó
no á las conferencias de la umvera1dad, pue,
sólo él es responsable de los adelantos que
en sus estudios haga, los cuales tiene que demostrar en los exámenes que se verifican en
primavera.
Si asiste á
dichas conferen c ias,
durante los
primeros
meses vive
en una almó~fera de

pronto decide con sus más íntimos amigos,
lo que ha de' leer, discutir y estudiar para
penetrar en el santuario cuyo velo han levantado un poco los profesores.
Tan pronto como da comi.enzo el año a~adémico forman I o s estudiantes pequenos
grupos, de acue1·do principalmente con las
diferentes regiones de donde procrde_1. Ca~a
un1vers1dad atrae á
los jóvenes
de distintas
provincia-,
y que han
sido e d ucados en el
liceo de la

i

CÓ)IO SE ESTUDIA EN RUSIA

159

y aprender mucho más de lo que contienen dad no los emplea únicamente en aprender
los libros de texto. Poi· esta razón, el profe- una carrera, sino que también en ellos se
sor domé~tico es de gran utilidad en Rusia desarrollan los gérmenes de lo que más tarde
para los jóvenes estudiantes, pues les amplia puede llegar á ser la ciudadanía de aquel
los conocimientos que adquieren en la es- pai.;;.
El e:;tutliante ruso es siempre gran admicuela, y mediante sus lecciones, adaptadas á
la condición individual del discípulo, ayuda rador del arte. Si ha llegado á la Univer:;ial desarrollo intelectual del niño ó de la niiia. dad de Moscou, aunque se halle en difícil siEstos profe,;orcs se eligen por lo general en- tuación económica no estará muchos días en
tre los e4udiantes de la universidad ó entre la capital sin ir al 1\Lalyi Teafr (Pequeño
los alumnos de las clases más adelantada~ Teatro), cuna del drama ruso. Para el estudel liceo. En todo esto, en el mejor reparto diante no es el teatro un simple lugar de esde tales cargo,-, en la concesión de las becas pa rc; mi en to, sino un i:antuario donde
r hasta en la distribución de los trabajos de aprende el don de inspirar á las masas con
traducciones, interviene el Zemlyacltestva. idea" y sentimientos mejores de los que se
que cuida de cuanto se relaciona con los in- conocen en la ,·ida: llega por primera vez al
Jla!yi Teafr con el mismo respeto y sentitereses de lo, estudiantes.
También ha v restaurants de estudiantes, miento con que entró en las aulas de la •.mique generalmente se organizan sobre princi- versidad. En San Petcrsburgo, donde duranpios cooperativos. Para instalarlos, se alquila te todo el im·ierno hay ópera, se conYiertc
un local barato y se invita á alguna mujer de el estudiante en admirador de la música y en
experiencia que dirija ó maneje los gastos, Yisitante ordinario de las galerías altas de
mientras los estudiantes funcionan por turno sus teatros, de cuyas localidades espera el
como camareros, para lo cual tiene cada uno cantante la apreciació:1 de sus talentos en
su día señalado. t'or supuesto, que la comi- Rusia. En el desarrollo de la más elevada
da en estos restaurants no es suculenta, inspiración entre la juventud rusa, el drama
pues se sirve á precios ridículamente econó- y la ópera juegan papel decididamente importan te.
mico,;.
Por otra
Además
parle,el e:;de estas
trecho confunciones
T
tacto q u e
regulares,
existe
entre
ha" siemel drama v
pré algo
la universimás que
dad ejerce
hacer:
indudable an ualmenmente en
le _se orgaRusia un
n 1 za u 11
efecto begran conn e fi ci oso
cierloconla
para el leaparticipal ro. Tamción de esbién son lo~
trellas de
e,;tudiante,;
ópera, ó sn
ruso5 !!rancelebra un
cies a~igo~
baile con
de la conla cooperatroversia.
ción de los
Enlosinnuestudiante;;
'¡[nseñanza enunn clase de educación técnica en una unil"er,ida,J ru,a
mera ble~
femeninos;
y cuan lo se ohliene por estas fiestas se dedica círculos que constituyen tan p1onto como
al auxilio de los compañeros enfermos, á pa- se reunen después de las vacaciones estivagar la-, matriculas de los oobres ó al socorro les, son discutidas con verdadero'inler~s tode las víctimas de disturbios estudiantile&gt;&lt;. das las grandes cuestiones del día, científiy aun llega algunas veces hasta para la~ cas, filosóficas, literarias, artísticas y políti,·ictimas del despotismo en Siberia. En una cas. Estos círculos no tienen presidente ni en
palabra, la vida de los grupos estudiantile,.: ellos se pronuncian discursos. Atracciones
en Rusia es una vida ocupada, porque allí 1ersonales, simpatías individuales, algunas
el estudiante sabe que sus años de universi- veces la influencia de una personalidad roo-

�160

POR ESOS !&gt;tmIDOS

ralmente superior, determinan la composi- presentarse con un aspecto frívolo ante los
ción ae estas asociaciones de amigos, que amigos de su hijo; y la hija de e~te matrise reunen una ó dos veces por semana para monio, Yiendo que el profesor de repaso de su
discutir toda clase de asuntos en una peque- hermano no le presta atención alguna, coniia habitación, adornada con muebles anti- cluye por preguntarle tímidamente qué obra
cuados que 1a han visto muchas generacio- le aconsejaría para leer. Así e~ co_mo se fornes de estudiantes, y con la atmósfera llena man los hombres que en Jo,; inmediatos
de nubes de humo de tabaco á las que una veinte años han de imprimir el sello de su
individuavieja tetera
lidad f:obre
de latón
la vida poañade sus
lítica de
propias nuRusia.
bes de vaEl lector
por; habitade la hisción que es
roria ,ru~a
el bogar de
relativa á
cu a !quiera.
los a ü os
de los en
que siguieel la reuniron á la
d os. Este
emancipaes el carácción de los
_ler general
siervos
de..tales re(1861), s e
un i a ne s,
admira a 1
en las que
ver el conla mayor
siderable
parte de
número de
nosotros
hombres
hemos par na biblioteca de estu.Jianles rv•os
que saliesado alguron de todas las clases sociales dispuestos á
nas de las hora-; felices de nue:;tra juventud prestar su apoyo, colaborando desde posiy cuya impre,-ión siempre C'onc;ervaremos.
cione:;altamente responsables en la práctica,
El estudiante ruso es, e,•identemente, un á dicha emancipación de veinte millones de
gran lector, y ~e imprimen para él especial- !'iervos liberados. ¿De dónde podían venir
mente á precios asombroc;amente baratos las esos hombres cuando en )a antigua Rusia
obras filo~óficas de llerberl Spencer y de no había actividad, ni existían escuelas en
Guyau, y las obras cit•ntíficas de Darwin, las que pudieran haher:se formado? Pues
llaeckel, Wallace, Buckle, y así muchas más. procedían de los grupo,; de estudiantes que
También para el ei;tudianle ruso rirnlizan Turgueneff ha mencionado varias Yeces con
entre si por tratar con la mayor seriedad tanto entusiasmo en sus novelas; grupos en
todas las grandes cuestiones del día, revistas los cuales se discutían las más importantes
mensuales mucho mas nutridas de páginas bases de la emancipación de los siervos,años
que las inglesas y norteamericanas.
antes que esta emancipación llegara á ser
Todas las Universidades de Rusia se encuenrealidad.
tran en las grandes ciudades, y por esto y unaPasará
el tiempo y solo unos cuantos de
por lo comunicativos y sociables que son esos jóvenes conservarán el fue~o sagrado
los rusos, el estudiante que es maestro de que les inspiró durante sos años universitalos niños de una casa se vé muy pronto in- rios, mientras que el re:;to hablará de ~quevitado para concurrir á esta todoc; los días á llos años·con una especie de alta consideralas siete, hora en que se· loma el té, llegan- ción; y aun cuando éstos se hayan separado
do en poco tiempo á ser considerado como de sus compañeros con las más elevadas
un miembro de la famiiia . .Da esto como re- aspiraciones,sentirán de vez en cuando ~lgún
sultado el hecho de que los estudiantes ejer- remordimi1mto por su presente falta de ideazan influe~cia decisiva y grande en la so- lismo y desearán que sus hijos é hijas
ciedad. En presencia de un estudiante, el pa- conozcan por experiencia personal algo de
ter fcmiilias siente cierta intranquilidad en lo que ellos sintieron é hicieron durante los
expre,¡ar sus opiniones reaccionarias; la se- años que pasaro~ en las universidades rusas.
ñora de la casa parece algo avergonzada de
PRiNClPE KROPOTKIN

LOS PERROS PO LICIAS
cometido en .Aloorcón el n &lt;k Julio último descub ·
hu,Smeaba el lu9ar don&lt;k fué enterrada la víctima' del
/or ttn p~rro que
gra?t actualidad al sigrtiente artículo en que se relata la or anfz!~l:esta interés ':J
po~icla per1:1~na q1re existe en Gante, al propio tiempo que gse da cu,ent~de~~f _de
ba;os y utilidad qtre reportan dichos animales haden.do el servicio &lt;k polizO-:tes~ a-

El, crímen

as~~Iº

�162

POR ESOS MUNDOS

lugares inextricables, de ac- ~-: :____
---..,-..,,-'ll}.- ~ - - _ - - - - - - ; ; ; ~ - : - - - - - - ~ ~ ~
tuar como explorador , d e
perseguir rateros á velocidades que jamás puede alcanzar un polizonte bípedo, y,
en términos generales , de
infundirá su colega humano
un sentimiento profundo de
seguridad y protección? .
Examínese ahora la 1dea
desde el punto de vista del
mismo malhechor, y veremos
que e I perro policí~ . e~ita
positivamente la com1s1ón ~e
delitos que, rigiendo otro sistema, pudieron ser perpreta•
dos. Burlar á un agente _d_e
Cocina usada exclusivamente para
vigilancia ordinario es fac~hlos perros policias de Gante
simo en una noche de mebla cosa que nu es posible,
t'
1899 comenzaron á funcionar los c!iiens poen 'cambio tratándose de un buen mas i_n liders aunque entónces en pequena rcªt·
belga con ~ás marrullerías en su repertorio
Donde más indicado estaba el emp ~o e
que un hábil jugador de manos.
tan utilísimos animalitos era en las mmediaciones de la ciudad! ya que en tales luga*
res no pasaba noche srn que los m~lhecho*
*
El orígen de la institución arrane~ ~e_l
s cometiesen algún mal desagmsado, y
1899. Por aquel entonces, el _Mumcip10
~~n toda impunidad, desgraciadament~. ~sto
Gante, población donde á partir d~ 1854 se tenía su explicación: los agentes d~ v1g1_l~nencuentran perfectamente orgamzados los
. viéndose en . dichos suburbios ais aservicios de vigilancia nocturna, acord\_au- ~1a, y lejos de todo auxilio, los huían con
mentar el personal de agentes. Ahora ieni r~;a unanimidad temiendo tenérselas que
como Bélgica es un país pobre, no s?braba ~
haber con algo peor que una banda de esdinero ni mucho menos, en el erario ~um- tranguladores bengaleses.
l
ci al de Gante. Había que resolver la d1ficul~
Puede pues, imaginars~ cuán de per as
ta~ de algún modo, y de ella. se enca!g~ le areci'ó á la policía gantesa_ q~~ la doVan Wesemael, manifestando a _los ediles taian de colegas perrunos: preC1os1s1m_os coganteses, con toda seriedad, qu_e a faltabi:~ le as que habían de ser fieles acompan~nte~
a entes de carne y hueso pod1a muy
.
;,alerosos defensores, llevando al unsmo
~ ar la villa unos cuantos agentes carumpo el terror á las filas del crimen.
p g A los concejales hubo de encantarles la ieDigamos de pasada que lo_s perros trabasi bien antes de aceptarla totalmente . an en Bélgica como negros. Ves~les allí arras~:;~sieron la conveniencia de algunos ensr Jtrarpesadoscarricoches (espec1al~ente consyos previos. y en efecto, allá por Mario e
truidos para ese tiro) abarrotados de ropa sucia, de le~he
ó de pan, y á ~~ces, de Vl~jeros. Su doc1hdad permlle
engancharlos por grupos de
dos ó tres, y su fuerza y resistencia son verdaderamente pasmosas.
y O no había acertado á
explicarme la razón de costar en Bélgica un perro de
tiro bastante más caro que
un asno. Por fin, supe_ que
esa diferencia de preCio se
fundaba en que el perro camina más deprisa y se cansa
Perr,,ras de loa canu polizontes
menos que el burro, se man-

ªi~

~t·

i'

do Gante

LOS PERROS POLICÍAS

tien_e con poco, no necesita cuadra, y, por
último, puede enviársele al caer de la tarde
á buscar el ganado: una cosa que, evidentemente, no efectuaría el pollino más sabio del
mundo.
La policía gantesa no ignoraba tampoco
que su compañero perruno aventaja en la
carrera y en el salto al más atlético de los
malhechores, que nada como un pez, y, lo
que es importantísimo, que los colmillos de
un chucho no entienden de buenas razonE's.
De ahí que al cabo de unas cuantas semanas, y tras no corto expedienteo, se efectuasen en Gante los ensayos aconsejados por el
Municipio, ensayos que justificaron plenamente las esperanzas de Van Wesemael. El
servicio se inauguró con tres perros de seis
á diez meses de edad, siendo aumentado á
poco en otros dos. Al mes de esto, desem peñaban doce canes su misión de vigilancia
nocturna en el faubourg Courtrai, en los
docks, en los bosques y prados de las cercanías y en los solitarios parajes comprendidos entre Wondelgem y el boulevard de la
Industria.
El director de los servicios de policía redactaba informe sobre informe participando
al concejo las hazañas realizadas por los perros: eran tan brillantes que, á cada nuenueva memoria, seguía un aumento de vigilantes caninos. Cuando finalizaba
el décimo mes de experiencias, no
pudo menos de convenirse en que
el sistema era un éxito completo.
El perro policía entró ya por derecho propio á formar parte de la
fuerza municipal, con gran disgusto
de 1o s merodeadores nocturnos
cuyas depredacioRes y atropellos
disminuyeron desde entonces e n
más de un sesenta por ciento.
He aquí algunos preceptos de la
reglamentación , formulada espe-

163

cialmente por Van Wesemael, respecto al
empleo del perro policía. Son, en verdad,
curiosísimos:
•Los perros serán sacados á la calle al
sonar el toque de retreta, reintegrándolos á
sus perreras no bien se oiga el toque de diana. Tanto al salir á prestar servicio como al
regreso, irán sujetos con cadena, procurándose que esta sea lo más corta posible con
objeto de evitar que ataquen á un transeunte.
• Una vez en el sitio donde deben comenzar el servicio de ronda, serán soltados por
los agentes, á fin de que lleven á cabo las
operaciones de exploración y adquieran la
?ostumbre de inspeccionar las casas y granJas apartadas de la urbe, escondrijo obligado
de la gente de mal vivir.
,Los perros tendrán puesto el bozal durante las horas de servicio. No bien avisen con
sus ladridos 6 gruñidos que han descubierto
algo sospechoso, se apresurarán los aaente.3
á ir á su encuentro, despojándolos in~ediatamente del bozal, operación esta que puede
ser realizada con gran rapidez.
»No permitirán los agentes que se halague
ó acaricie á los perros, que solamente deberán esta: acostumbrados á obedecer á personas uniformadas. Habrá de tratarse siempre á los animales con dulzura, pero sin hacerles caricias más que cuando estas tengan
el carácter de recompensa p o r
los buenos servicios efectuados.
Al hablar á los perros, se empleará acento autoritario p ar a
habituarlos á obedecer en el acto.
»Aunque deberá evitarse en lo
posible el castigo de obra, á toda
uu:onaza habrá de seguir inmediatamente el golpe. Sin embargo, hay que tener presente que
todo perro castigado de o b r a
pierde bravura y vigor, pudiendo llegar á constituir un peligro

Lo, perro, pollclu de O«nte t la hora de su comida

�POR ESOS MUNDOS

165

LOS PERROS POLICÍAS

sus cuarteles, sin otra ocupación que acostumbrarse á obedecer las órdenes que le dan.
Pasado ese tiempo, empiezan á salir algunas
noches en compañía de un agente, á fin de
irse familiarizando con los toques de bocina,
silbidos y otras señales empleadas por la
policía. A cada uno de los agentes se les provee durante la época del aprendizaje perruno de un pequeño trozo de hígado; esto basta para q11e el educando vea en todo individuo de uniforme un amigo sincero.
Este amaestramiento nocturno se practica
de dos á cuatro horas, cotidianamente, por
espacio de un mes. Pasado dicho plazo, ya
se encuentra el perro en disposición de prestar su servicio reglamentario, actuando como
explorador y obedeciendo con precisión portentosa las voces de mando relativas á ataque, persecución, salto, nado y marcha delantera, zaguera ó en flanqueo.
Dirige la enseñanza un brigadier-controleur, vestido siempre de paisano, que está
encargado de simular ataques á los agentes, con lo que se aumenta de un modo extraordinario la antipatía del perro hácia las
personas no uniformadas. A todo agente de
seguridad se le asigna siempre el mismo
perro: es el mejor modo de que el animal cobre cariño á su compañero y de que éste
pueda llegar á tener absoluta confianza en
las indicaciones y en la protección del inteligente cuadrúpedo.

Hace algún tiempo, el campeón de los perros policías de Gante era un mastín llamado Beer. De él se cuenta que una noche sorprendió á cinco borrachos armando terrible
marimorena en cierta taberna. Despojado el
can de su bozal, lanzóse como un cohete sobre los alborotadores. Momentos después,
lo halló el agente agarrado á la pantorrilla
de uno de los apapaUnados, mientras los
otros cuatro huían como alma que lleva el
diablo sin curarse un ápice de los lamentos
del agredido.
Apenas el intrépido Beer hubo dejado en
manos del,gente su «buena presa,• salió
disparado en persecución de los fugitivos
quienes, por razones fáciles de comprender,

no habían ído muy lejos. Tal terror les inspiró el enfurecido can que los cuatro matones se le rindieron á discreción, siendo conducidos, sumisos y silenciosos, al puesto de
policía. Durante todo el camino, el victorioso Beer fué caracoleando gozoso junto
á su captura, cual si esta hubiera sido una
manada de borregos.
Casi tanta fama como Beer alcanzó en
Bélgica el perro policía gantés llamado Tom.
Y era una fama justa, según puede verse por
el siguiente episodio.
Una madrugada, tropezó Tom en sus exploraciones, con un astroso individuo abrumado
por el peso de enorme saco y de no menos
voluminosa cesta. Aunque al perro le chocó
aquello, imitó al hombre en lo de hacerse el
desentendido. De improviso, héte aquí á Tom
lanzando al aire un lastimero aullido. El
del saco apresuró el paso, mas á los pocos
minutos oyó que le daba el ¡alto! un policía.
Entablado el interrogatorio correspondiente,
hizose un lío el hombre sospechoso y acabó
por declararquellevabaenel saco tan sólo un
cuarto de oveja; pero como titubeaba en declarar la procedencia de la carne, fué llevado con su carga á la delegación de policía
bajo la eficaz escolta de Tom, averiguándose
allí que el prisionero había saqueado una
carnecería y una huevería en los barrios extremos de la ciudad.
Entre los perros policías actuales figura
Tippo, un can que aventaja á muchos atletas en la carrera, en el salto y en la natación. Tippo es el terror de los ladrones de
gallineros. En cambio, Azor, otro perro policía gantés cultiva la especialidad de los salteadores en poblado. Es frecuentísimo que
su guardián le sorprenda dando caza, á eso
de las dos ó las tres de la mañana, á un
ratero en plena fuga. Todo lo que resta por
hacer entonces al agente es quitar el bozal
á Azor. Parte este veloz como el viento, y
dos minutos más tarde ya tiene tendido en
el suelo y amenazándole con sus potentes
colmillos al amigo de lo ajeno. Esto dura
hasta que llega el agente.
El servicio de vigilancia nocturna se halla
encomendado en Gante á cien agentes y treinta perros, siendo destinados estos últimos á
los peores barrios de la población.

W. G. FITZGERALD

�HACIENDO EL MAPA DEL MUNDO

HORÓSCOPO DE LOS MESES

AGOSTO: SOL EN LEO
mes, octavo del año en nuestro caE lendario,
era el sexto en tiempo de la
STE

antigua Roma, y recibió el nombre que tiene en honor del emperador Augusto el año
8 antes de Jesucristo. Como el mes de Julio,
dedicado á Julio César, contaba treinta y un
días, y Agosto solo treinta, se le aumentó á
este un día para que no fuera inferior al anterior. Rige á este mes, desde el 23 de Julio
al 24 de Agosto, la constelación Leo, quinta
del Zodiaco, que es un signo masculino,
fiero, alterable, frío, que gobierna el corazón
y la sangre vital. Sus más altos atributos son
la posesión y el dominio de sí mismo.
Las personas nacidas en el período de la
cúspide, cuando el sol se encuentra en el
borde del signo, ó sea desde el 22 al 28 de
Julio, no reciben todos lo¡:; beneficios de la
individualidad de Loo,pero participan de sus
características y de las que distinguen á
Cáncer, que le precedió.
Los que nacen bajo Loo son bondadosos y
de carácter simpático y jovial. Su voluntad
es .firme y está combinada con el espíritu emprendedor y Ja perseverancia. Su porte exterior es perfectamente natural y sin pretensiones; en las conversaciones sobresalen en
las réplicas agudas, y siempre dirigen sus
pensamientos á un punto determinado. Leo
da á sus hijos imaginación elevada, espíritu
recto, dignidad que no se doblega y corazón
generoso; y aunque tienen un gran respeto á
la ley y á la autoridad, su imperiosa é independiente naturaleza les hace resentirse
cuando reciben órdenes.
Las aptitudes especiales del súbdito de

Leo son de carácter marcial. Saben captarse muchos amigos, á los que se unen por
gran afecto. Sus acciones son guiadas por
emociones é impulsos. Poseen un temperamento amable, animoso y magnánimo, pero
firme. Tienen fortaleza y nerviosidad. Son de
facultades muy perceptivas, voz profunda y
melosa y miradas llenas de amistosa simpatía. El paso de estos individuos es ligero y
flexiblP,. Su temperamento físico es nervioso-sanguíneo con excelente salud y larga vida. Encuentran sus mejores amigos entre
los súbditos de Sagitario y entre los de

Libra y Aries.
Las faltas de que adolecen son la trampa
y el engaño en los negocios, la prevaricación
y la pereza. Siendo los súb'ditos de Loo rápi•
dos en la observación de cualquier duplicidad
ó inconsistencia por parte de quienes les rodean, llegado este caso proceden con la correspondiente hipocresía y gran astucia.
Hay grandes probabilidades de que sean
felices en la unión los hijos de Loo con
los de Sagitario y Aries, así como de que
la sucesión sea fuerte y vigorosa.
Leo es el único signo gobernado por el
Sol, y á esta influencia solar se achaca la pasión é impetuosidad de sus súbditos. Sus joyas son el rubí, el diamante y el sardonix;
los colores astrales, el rojo y el verde; los
meses más felices para sus hijos son Enero
y Octubre, y el domingo uno de los días más
afortunados de la semana. La antigua tribu
hebrea sobre la que Leo ha gobernado era
la de José, y Verchiel el arcángel gobernante
del signo.

el Museo Arqueológico de Turin se
E
conserva un pequeño fragmento de papiro, cubierto de trozos y señales, sin signiN

indicaciones. Esta gran obra, que es al mismo
tiempo la más completa de cuantas en su género vieron la luz pública, representa la última palabra en la moderna formación de mapas.

ficado alguno á primera vista. El curioso
manucristo estuvo mucho~ años sin ser descifrado por los arqueólogos, habiéndose, al
LO QUE SUPONE HACER UN ATLAS
fin, averiguado no hace mucho tiempo que
el citado trozo de papiro es un antiquísimo
Probablemente será una sorpresa para
mapa-itinerario referente á cierta región aurífera de la Nubia. El tal itinerario puede ser nuestros lectores enterarse de la enorme
considerado como el patriarca de los mapas, suma de trabajo, de tiempo y de dinero que
puesto que data nada menos que del año envuelve la confección de buenos mapas.
Sépase, por ejemplo, que la impresión de
1370 antes de la Era Cristiana.
Los antiguos mapas-itinerarios egipcios una sola carta de las que componen el Atlas
eran conservados y transmitidos como he- de referencia supone, como término medio,
rencia en determinadas familias. Su origen cinco estampaciones distintas para obtener
parece remontarse al reinado de Ramsés II, los diversos colores. El papel, solamente, ha
ó sea unos 1.300 años antes de Jesucristo, de sufrir antes de entrar en máquina numeefectuándose entónces su trazado sobre ta- rosas manipulaciones relativas al desecado
y remojado. No es, por tanto, de extrañar
blillas de madera.
Al presente no subsiste el menor vestigio que la simple impresión de una carta ocupe á
veces un mes. Trade esos primitivostratándose de la formab aj os cartográficos,
ción de un solo mapa,
conservándose s o l o
algunos remotos mael tiempo que había
de invertirse desde el
pas asirios grabados
comienzo al fin de los
en placas de arcilla,
&lt;"trabajos, incluyendo
quedescubrió Layard
los de recopilación,
e n sus excavaciones
grabado y tirada, quide las ruinas de Nínive.
¡zás excedería de cuaNotabilísimo es, en
renta semanas, y eso
verdad, el contraste
efectuando las laboque pueden ofrecer
res con toda la rapiesas rudas tentativas
dez posible.
cartográficas, compaLa primera fase en
radas con las magnífi- Cart6cn,ro examinando con una lupa los detalles de un la preparación de un
cas producciones de
mapa en la piedra lito:1áfica
gran atlas es determilos modernos geógranar el número de mafos. Entre ellas, una de las más recientes y pas que han de constituirle. Si el número de
más hermosas es el Atlas y Diccionario geo- estos ha de ser corto, el trabajo preparatorio
grdfico que publica la importante casa edito- de elección no tiene nada de fácil. En camrial inglesa de Mr. Harmsworth, obra que bio, cuando el atlas ha de constar, como ya
contiene quinientos mapas á gran escala, queda dicho, de quinientos mapas, la obra
diagramas de carácter modernísimo y un de selección es relativamente cómoda, en
nomenclator compuesto de ciento cinco mil cuanto ya es hacedero incluir en la publica-

�168

POR F.SOS MUNDOS

ción todas las regiones geográficas, sea cualquiera su extensión, y aún dedicar varias
hojas á un solo país si su importancia así lo
exige. Una vez realizada esta parte del trabajo, da principio la
obra de los delineantes.

HACIENDO EL :MAPA DEL MUNDO

ello resulta, que el recopilador no lleva á
cabo una simple copia de una carta antigua,
sino que la corrige y moderniza confeccionando un mapa nuevo en absoluto.
EL GRABADO
DELOS MAPAS

No bien termina el
delineante su trabajo, pasa el mapa á
poder del grabador,
Hemos de recorquien reproduce la
dar que los mapas de
obra,invertida, sobre
cierto tamaño se foruna lámina de coman con arreglo á
bre. Esta operación
los datos recogidos
delicadísima únicaporlos Gobiernos, esmente puede ser reatampándose aquellos
lizada con éxito por
en grandes h o j as
.les Geóiraros y dibujantes
individuos familiaridonde figuran mi
traba¡ando para un atlas
zados con ella. Calde detalles, imposicúlase en cuatro meb I e s de reunir en
un atlas manual por muy vo~uminoso que ses el tiempo que necesita un grabador hás&lt;'a. Admitiendo que todos esos detalles pu- bil para reproducir una carta de dieciocho
dieran ser reducidos de tamaño, llegaría á centímetros cuadraos.
No todo el mundo se da cuenta de la canser este tan microscópico que solamente serían perceptibles sus caractéres con el auxi- tidad de nombres estampados en un buen
lio de una lupa de lrs más poderosas. De mapa de consulta. A título de curiosidad lo
ahí que ha ya nece~idad de encargar á geó- hemos contado en uno de los mapas del
grafos peritísimos la selección de pormeno- .Atlas de Ilarmsworlh, llegando á sumar la
espantable cifra de
res, consistiendo la
¡cuatro mili Y hemos
misión d e di c h os
de advertir que no
geógrafos en prose trataba sino de un
curar que en los
p:iapa parcial repremapas no se omisentando una tercera
ta nada de cuanto
parte, próximamenapetezca conocer el
te,
de Inglaterra.
consultador ordinaLas mencionadas
rio de un atlas, y
láminas de cobre no
a I mismo tiempo
son nunca utilizadas
en combinar esa lien el trabajo de immitada cantidad de
presión. De ellas no
datos con toda laciase saca sino una sola
r id a d y precisión
prueba en una hoja
posibles.
de papel especialCuando se trata
mente preparada. La
de p a i ses escasacopia en papel se
me n t e conocidos
- reproduce sobre una
donde aún se está
lámina de aluminio
verificando obra de
por el conocido proexploración, ti e n e
cedimiento del agua
el recopilador
fuerte. Desde ese
constan temen te á
momento, 1 a placa
la vista, no sólo los
de aluminioreemplaúltimos diseños
za ya á la antigua
geográficos t r a z aOperarias trabajando en las placas de aluminio
pi e dra litográfica,
dos por 1o s exploradores, sino cuantos datos nuevos han re- &lt;lesterra&lt;la hoy en todos los trabajos que
cibido y publicado las sociedades geográficas realizan las corporaciones científicas de
y las corporaciones y revistas similares. De esta clase, y entre éllas el Instituto GeográLABOR DE
RECOPILACIÓN

Hi\J

fico, de Lóndres. La razón de ello es obvia: cha limpia, se hace pasár en definitiva por
sobre ofrecer mejores resultados la estam- la máquina litográfica á fin de que queden
pación hecha con ayuda del método, hay señalados los trazos en color sobre la lámina
una economía de peso enorme: cualquier metálica vírgen. Esto sirve de guía para preobrdro puede levantar con solo dos dedos parar los espacios que más tarde han de
una placa de aluminio igual en superficie á aparecer colocados. El resto de la placa se
una piedra litográfica que había de necesitar cubre con goma para impedir que la tinta
dos hombres para ser movida. Esta reciente se corra hasta donde no ,-ea necesario.
aplicación del
Con estas
aluminio s e planchas de
ñala un o de
aluminio se
1os progresos
pueden consemás imµortanguir en un a
tes en el arte
sola impresión
cartográfico.
tres gradacioYa preparanes de color:
da la plancha
la suave, 1 a
d e aluminio ,
densa, el somse procede á
breado. C o la estampamo las tintas
ción en negro,
usad as son
con todos sus
transparentes,
Grabadores de mapas, trabajando
trazos, nomlos tonos combres, cte. Si la estampación es en colore~, puestos se obtienen superponiendo un color
habrán de emplearse entónces tantas placas primario á otro. Así, el verde es resultado
de aluminio como tintas tiene el mapa ori- de superponer el azul al amarillo.
ginal. En el caso de hallarse este con cinco
La elección de colores en la formación de
colores, exigÍrá por lo menos otras tantas un mapa que contenga gran número de diviestampaciones.
siones es punto que exige cuidadoso estuAl efectuar la preparación de dichas pla- dio. Ciertamente, en mapas que, como el
cas coloreadas, ó piedras, como suele co- del imperio germánico, contienen un númemunm~nte llamárselas, ha de ponerse sumo ro crecidísimo de pequeñas divisiones geocuidado en lograr un t·egisfro perfecto, esto gráficas, no es empresa fácil arreglarlo de
eg, ha de procurnrse que cada plancha co- modo que no estén en contacto dos rojos y
rresponda
dos verdes,
matemáticaverbigracia.
mente en sus
Y aún cuandetalles y
do esa dificontornos
cultad haya
con las ressiilo salvada
tantes. De no
hábilmente,
ser así , las
suele o e u diferentes
rrir con bastintas, ó no
tante frese alcanzacuencia que
rían ó invatodavía predirían los essenta el mapacios que
pa una vista
no les están
poco agradadestinados,
b 1 e. Puede
Talleres de impresión de mapas del Instituto Geográfico, de Lóndres
con lo que se
acontecer,
malograría completamente el rudo trabajo. en efecto , que varios países ó divisiones
col?reados de amarillo, rojo anaranjado y
CÓMO SE OBTIENEN LOS COLORES DE LOS MAPAS
sepia lleguen á encontrarse juntos dando
á la vista la impresión de uu extenso reEl registro perfecto se obliene tirando miendo amarillento. Es, por tanto, necesauna prueba en la plancha en negro, y mien- rio que el iluminador de mapas posea golpe
tras se halla aún fresca la tinta se vierte so- de vista artístico, adquirido durante larga
bre los impresos un polvillo coloreante. Di- práctica, lo cual se aprecia á simple vista al
cha prueba, colocada luego sobre otra plan- inspeccionar el mapa concluido.

�170

POR ESOS MUNDOS
OTROS TRABAJOS IMPORTANTES

impresos en una de las grandes máquinas
modernas, trabajando continuamente y á la
mayor velocidad posible, la sóla obra de estam pacíón h u b iese
exigido Reis años.
UN ÍNDICE, COMPLElltENTO DE LA OBRA

MAESTROS DEL ARTe

JOSÉ LLANECES
diendo con pintores de todos los países, que
afoyen á la ciudad-cerebro con ánimos de
vez á muchos sorprenda en este país lucha, supo abrirse rápidamente camino lode los encasillados y clasificaciones ofi- grando gloria y dinero en abundancia.
ciales ver incluido entre los maestros del
Quizás no hubiese abandonado tan pronto
arte al pintor cu yo nombre encabeza estas su patria adoptiva sin una circunstancia forlineas, á despecho de no figurar en el anua- tuita que le indujo á regresar á sus antiguos
rio de ninguna Academia, ni entre los pro- lares. Hallándose de paso en San Sebastián,
fesores de cualquier Escuela artística, ni si- en ocasión en que la corte veraneaba en la
quiera entre los agraciados con medallas, di- bella Easo, hubo de serle encomendada una
plomas ó distinciones más ó menos honorífi- labor pictórica con destino á la regia residencas otorgadas por los jurados de los certá- cia de Miramar: y, al darla por conclusa, fué
menes públitanta la satiscos.
facción e o n
Sin embarque las reales
go, así es: popersonas acocas veces se
gieron el trahabrá hecho
bajo, que se
uso del dictaapresuraron á
do de maestro
encargarle
con tan ta j usotros, e n t r e
ti cia como reellosvarios refi riéndose á
tratos, c u y a
Llaneces,
fe Iiz realizaquien , jóven
ción remachó
aún, ha lograel buen efecto
do escalar un
antes conseenvidiable
guido , dando
puesto en 1a
lugar á afecesfera del Artuosas instante. Su firma se
cias de los recotiza á buen
y es encamiprecio en lo&lt;;
nadas á lograr
mercados de
José Llaneccs (auto-retrato)
quo el artista
Paris, Lóndres
español traslay América; y si no suena aún en Espa- dase su residencia volviendo á la patria. Híña en los oídos del gran público como uno de zolo así Llaneces, estableciéndose en Madrid,
los consagrados por la fama, débese, á más donde ha seguido y sigue trabajando para la
de la causa antedicha-esto e3. s I alejamien- real casa, con tal profusión que puede ento de la vida arlística oficial.-al hecho de vanecerse de ser el pintor que más labor ha
haber residido gran número de años en la ca- ejecutado para ella, aunque esta labor no le
pital de la vecina república donde con len- haya producido el resultado pecuniario que

TAL

L. M.

�-

-

---

Josf: LLi\XECEs
POH ESOS MU.NDOS

172
pudiera suponer-e, teniendo en c tenla los
precios á que otros artistas han vendido su~
cuadros á los egregios compradores, puesto
que Llaneces, con delicadeza tan loable como
poco frecuente, ha cobrado sus cuadros y
retratos en la Intendencia al mic:mo precio
que acostumbra llevar á los particulares,
dándose por muy satisfecho con la honra
que para todo artista suponen los encargos
procedentes de tanta altura.

II
Llaneces es madrileño neto, de los de
buena cepa, descendiente legitimo de los
chisperos que lucharon contra Murat y escarnecieron á Pepe Botella: como dato curioso, merece citarse el de que vió la lu·~
primera en la misma casa donde nació Lope
de Vega, enclavada en la calle hoy llamada
de Cervantes, donde tanto tiempo vivió,
muriendo en ella, aquel aragonés tan madrileño que se llamó Eu,ebio Blasco. La cuna
de Llaneces fué modesta, tal vez humilde:
sus padres no pudieron darle otra instrucción que la de la escuela primaria. Ya en
ella, sus aptitudes pictóricas empezaron á
manifestarse, y, á hurtadillas del maestro, en
vez de hacer palotes y trazar curvas en las
planas de Iturr.aeta, dibujaba rudimentarios

monos y hacía la caricatura del dómine.
Huérfano de padre, no tuvo más remedio
que sujetarse al trabajo en una edad en que
solo se piensa en juegos y diabluras: once
años tendría escasamente cuando entró como aprendiz en el taller del fotógrafo Hebert, que por entónces gozaba popularidad y
clientela entre el tornadizo público madrileño. Cincuenta céntimos de peseta era la retribución concedida por sus servicios al futuro pintor; harto efímera, pero suficiente
para estimularle en su afición al trabajo,
ayudando á vivirá su madre.
A todo esto, sus aficiones artísticas, lejos
de decrecer, aumentaban. Aprovechando sus
escasos ocios, sus ratos de asueto en los
días festivos, ó las horas de descanso en el
taller, emborronaba cuantos papeles caían
en sus manos, llenándolos de dibujos reveladores de aptitudes nada comunes. En vista
de ellas, fué matriculado en la Escuela de
Artes y Oficios, en las clases nocturnas de
dibujo. Las primeras lecciones fueron una
revelación: iniciado en el arte, no tardó en
descollar entre sus compañeros, mereciendo
halagos y buenas esperanzas de los profesores. Luego, pasó á la Academia de Bellas
Artes de San Fernando, en la que sus progresos fueron notables. Mientras tanto, seguía trabajarnlo c o n el fotógrafo, dando

Un rincón del estudio de LI aneces

173

de la obra, que, obedeciendo á un prurito de
disculpable vanidad, quiso exponer al público aquel flamante producto de sus pinceles,
logrando que apareciese en el escaparate de
un conocido industrial madrileño que, á la
i;azón, tenía su e~tablecimiento en la calle
de Cedaceros, y con el cual. posteriormente,
contrajo vincu, los de parenllI
tesco el insigne
pintor.
Las naturaEntre la mules y legítimas
cha
gente que
ambiciones del
transitó por la
artista i n c i populosa Y í a,
piente por un
hubo
un indilado, y por otro
viduo,
gran
las excitaciones
amaiem·
artíscontinuas de
tico, inglés por
su'l admiradomás señas, que,
rr-; y amigos ,
pr~udado d e 1
hiciéronle concuadro , quiso
cebir el deseo
adquirirlo á
que á lodos los
cualquier preprincipiantes
cio. El indusanima: irá ltatrial e n cuy!llia, c u n a del
casa se exponía
arte. para ver
lo consultó cou
horiwntesnueLlaneces, e 1
vo;; que le percual tuvo que
feccionaran en
sostener árdua
los conocimienlucha entre la
to~ que había
idea d e coge,r
podido adquidinero en el ac,rir, no tanto
to y la convepor las leccioniencia de tones de sus
mar parle en el
maestros como
concurso.
por sus contí-- Lo mejor
nII as visitas al
es pedirle un
Museo del Pradisparate p o r
do, cuyas mael cuadro,-diravillas le hajo Llaneces.cían permaneDe ese modo,
Estátua de üoya, por Llaneces
cer en éxta::,i s
se asu!';tará. el
ante l os lienzos portentosos de Murillo, de Rubens, de comprador y me dejará marchará Roma.
-¿Cuánto pido'~-preguntó el industrialVelázquez, sobre todo de Velázquez, el gran
maestro de la pintura, cuyas obras parecen expositor.
-¡Qué se yo! Pida usted una enormidad...
haber realizado el summmn en el arte de
Tres mil pesetas... ¡Será cosa de ver la cara
Apeles.
Nada más lógico, pues, que su deseo de ir que ponga el milord cuando lo oiga!
Pero el milord no hizo más que echar
á Italia; mas ¿con qué medios emprender el
,,-¡aje? Y, afanoso de lograrlo por el único ca- mano á la cartera y extraer de ella tres flamino que se le ofrecía como posible, aunque mantes billetes de á mil pe,etas- Veraguas,
problemático, decidió presentarse al concur- como se llamaban por entonces - llevánso abierto por la Diputación provincial para dose á cambio de ellos el lienzo con la nereida retratada.
cubrir una plaza de pensionado en Roma.
Cuando vió en suc; manos el dinero, LlaneA este fin, pintó un cuadro, poniendo e~ él
todo lo que sabía. Representaba una nereida ces no lo quería creer. Pero, al cabo, rindiéndel arroyo, y su autor quedó tan satisfecho dose á la evidencia, dió un su~piro do satis-

pruebas ~e ::iu laboriosidad durante el día, y
de sus alientos artísticos por la noche. Tenia dieci~iete años, y Hebert, poco á poco,
le había 1do aumentando el jornal hac:ta la
cantidad, para él fabulosa, de un duro diario.
Por entonces fué amper.ando á darse á conocer en los círculos artísticos madrileños.

�174

POR ESOS MUNDOS

facción, y, embolsándose los papeles, desis- le el gusto, los quince días se ampliaron hastió gustoso de su pr-0yectado viaje á Italia, ta un mes. Aburrido de no hacer nada, púdecidido á trabajar con entusiasmo en aque- sose á pintar en el estudio de un amigo, y el
lla tarea que bajo tan buenos auspicios co- cuadro que produjo lo vendió muy pronto,
men:.~aba.
dando lugar á que le encargasen otro. SiemDesde entonces, pintó mucho, vendiendo pre pensando en volverá Madrid cuando tersus cuadros con facilidad y á buenos pre- minase la recién comenzada labor, pintó cuacios. Un aristócrata, grande aficionado al dro sobre cuadro, de tal modo que tuvo que
Arte, el martomar un af,equés de Cas- •
lier para no
trillo, se intemolestar a 1
resó por Llacompañero
neces, favorehospitalario.
ciéndole con
Y
cuando quimagnanimiso
darse cuendad, ora comta, llevaba un
prándole cuaaño en París,
dros, ora dándurante
el
dole medios
cual h ah i a
para vestir los
vendido lienmodelos de
zos
y tablas
modo adecuapor
valor do
do. Por aquel
diez
mil dutiempo , Llaros, aproxineces hacía
madamente; r
frecuentes
digo aproxiexcursiones á
madamente,
Toledo, de porque bueno
seoso de emes
adverlir
paparse en su
que Llaneces
ambiente sano gusta de
turad o de
burocráticos
rancio espaescarceos, y,
ñolismo, en
como buen
el cual supo
español y
inspirarse pabuen artista
ra muchas de
no conoce el
SU'&gt; preciadas
valor de una
c om p o siciopeseta.
nes.
Muy satisUn díafecho
de su
tenía en ton tentativa
emices veintitres
gratoria,
hizo
años el pintor
una breve es-vino á Ma' capada á Madrid un mardrid - 1os
Declaración de amor, por L!aneces
chante de andias estrictatigüedades y cuadros que había llevado va- mente necesarios para liar los bártulos que
rios lienzos de Llaneces á París, y le hizo por aquí le quedasen-y se eslableció defientrega de un buen puñado de francos, pro- nitivamente en la villa lumifre, alquilando
ducto de dichas obras, que habían sido ad- un ateliet· en el barrio de Montmartre.
mirablemente acogidas en el mercado pariLa suerte le siguió favoreciendo: nunca
sino. Aquella inesperada lotería, juntamente le faltaron marchantes que adquirieran sus
con su deseo de ver mundo, hiciéronle em- obras á buen precio, suministrándole pinprender un viaje á la capital de Francia.
gües ganancias, con las cuales supo darse
-¡Qué diablo!-dijo.- Pasaré por allá fastuosa vida de nabab, hermanando sus
quince ó veinte días, y en seguida... á Madrid gustos refinados y sus aficiones aristocrátime vuelvo.
cas con la inclinación á la vida bohemia que
Pero como la vida de París tiene alicien- parece residir latente en toda alma de artiskls sobrados para retener al que sabe tomar
ta. Vivió, pues, la bohemia; pero no chava-

�176

POR ESOS MUNDOS

obras suyas, no ha pintado hasta hoy Llane•
ces ningún cuadro que merezca llamarse definitivo: él mismo confiesa que en todos se
queda corto, creyéndose con alientos suficientes para intentar algo más trascendental
y rotundo que lo que ordinariamente hace.
;_Por qué no lo realiza? Parte, por la falta
1 terial de tiempo, á que acabo de hacer re•
ferencia: parte, tambien, por el temor, muy
disculpable. de someterse al fallo de un jurado exponiéndose, por tanto, á una posible
desilusión. E-;to no obstante, ha producido
y produce gran número de cuadro~, muchos
de los cuales bastarían para tener satisfecho
á otro menos descontentadizo que él.
Dos son sus especialidades: los retratos y
los cuadros de !Jénero. Como retratista, hace
verdaderos prodigios: últimamente, ví en su
estudio, entre otros, dos que llamaban la
atención de manera poderosa: uno, era del
caricaturista español Luque, tantos años residente en París; otro, del duque de Tamames. Aquel, tenía el sello de boiilevardier en él característico, con su desdeñoso
ge!-to y su monóculo inseparable; el prócer,
vistiendo con elegancia el uniforme de las
órdenes militares, parecía destacarse del
lienzo para recorrer el estudio con su arrogante paso.
-Llevo algo caro por mis retratos,-me
IV
decía Llaneces, al hacerle notar el admirable
Apremiado siempre por las exigencias del modo como resalta en ellos el carácter de los
mercado, que constantemente demanda modelo!-.-Pero lo prefiero con tal de que

cana y groseramente, sino de un modo, por
así decirlo, distinguido: bohemia &lt;l1Jrada,
como le decía Ricardo Blasco, en sus amistosas charlas, ignorancia del valor del dinero con tanta facilidad adquirido, horror á
cuanto fuese conato de ó1den, de arreglo, de
economía, de ahorro ... Hoy mismo, dt•spués
de varios años, casado, y padre de varios
hermosos niños-que alguna vez le han servido para modelo de sus cuadros-conserva
reminiscencias de aquel alocado vivir de su
juventud primera, y proclama su horror á
los cálculos, á la previsión por el día de mañana.
-Para evitarme las contingencias del porvenir-dice-tengo hecho un seguro de vida: $i muero, con él tendrán mis hijos garantizada su existencia, y si vivo más de veinte
años, la compañía aseguradora me dará una
pensión con la que pueda atender á mis necesidades.
Es, sin embargo, un bohemio que tiene el
buen gusto de no parecerlo: su aspecto es el
de un burgués satisfecho y orondo. Convencido de que los que fundan su arte en peinar melenas y lucir exóticos atavíos es porque no pueden mostrarlo de otro modo, es
un artista sin pose. ¡Rara avis!

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F.l árbol ,iiejo. (En el mo11asterio de Piedra).-Por Jos~ Llaneces

6

�JOSE LLA.'1ECES

l·n retrato de sí mismo, en aclitud de pintar, es acaso de las mejores o!Jrils que fiou0
ran en dicha exposició11.

VI

179

reírle durante mucho tiempo. Eo la actualidad, permanece en una linda casita enclanula en plrna vega ele! Darro, entrP aquellos incomparables cármenes granadinos de
los que parecen emanar efluvio:; de infinita
poe~ia, evocadora &lt;le los muslimes fundadores de la Alhambra cuyo espíritu aún parece vagar por los , argeles del Generali fe. Como para Llaueces

Aunque él apenas pone miente,:; en ello.
considerándolo como una afición sin importancia. Llaneces es también escultor merilísimo: acredilanle de tal, á parte de alguno,.-:11 1/escanso es pelear,
relieves decorativos, varia!:i obras de mayor
e11jundia, como son un busto de su hermano no hay que decir que ha incluido en el equipolítico el ~epaje su raja de
ño1· Suárez, que
colores ysu careproduci m o~,
ballete. ansioso
y, sobre todo,
de reflejar en (·1
la e"lalua selienzo las mil
dente de Goya,
hc•llezas que en
emplazada en
la tierra de Mala escalinata
ri a Sa11tísima
del :Museo &lt;lrl
han de ver sus
Prado, y en la
ojos. Tal vez alc u a l nparere
gu II a de las
el gran pintor
obras 'I ue alli
aragonés vestiprorluzca, redo con el traje
sultado de esta
bpicodelaépuexeursiú11, sea
ca &lt;le Carlos l\',
e:;e cuadro ~osentado en un
ña&lt;lo por él cosillón, s o b r e
mo definitiva
cu yo respaldo
expre--ión de su
apoya el brazo
arte, revelador
derecho, so,;teeficaz de su geniendo co11 la
nio.
mano izquierda
Para termisu paleta pronar: al frente
di~ioi&lt;n. El rondt•I artístico cajunto de la estálogo &lt;le la Extatua, sohrio y
po~ición Llaneharmonioso por
ces en Buenos
demás, merere
A ir e,, figuran
todo género de
1as siguientes
alabanzas; pero
líneas de .\Iasu ma YOr méririano de Citvia,
to estí{ eu lacaque condrnsan
Busto del siglo xvm, por Llanece•
beza del genial
á maravilla
autor de los Cacuanto se pupricho.~, cabeza que por si sola bastaría para diera aua&lt;lir acerca de aquel i11si)!ne pintor:
acreditar á un escultor de grandt&gt;s vuelos.
«Así como ~uele decir,-r, adulleran&lt;lc, la
frase
au téutica de Buffon, que el estilo N/ el
VII
hombre, yo me atrP,veria á decir de LlaneDicho se está que Llaneces pinta sin inspi- ce:; &lt;¡ue el 110111/Jre e.~ el estilo. Quiero sigrarse en modernismo,-, prerrafaelismos, ni nificar con e~te leve equivor¡uillo (perdó11,
impresionismos, que son otras tantas mani- público indulgente), que á Llaneces, pintor
festaciones de impotencia arli,;tica, deseosa siempre elegante, dúctil, flexible. de ámplio
de llamar la atención por lo exólico á falta espiril11 de asimilación. de suave y llaua
de otros medios. Su pintura es castiza, in- apacibilidad en sus gustos y en sus procedigénua, sin rebuscamientos ni exageraciones mientos. no le veréis abismar,¡e en misteriocensurables. Es aún jóven: tiene ante sí un sas honduras donde el más lince no ve gola.
amplio horizonte de gloria que puede son- ni re111011t:mc con lora audacia á aquellos

�181

M( OFRENDA

«Alpes homicidas» donde tantos artistas se
desvanecen, y, resbalón tras resbalón, acaban
por desnucarse. Ni aun en aquellos juveniles
comienzos, en que el arrebato y la exageración hacen inevitablemente de las suyas,
hubiera tenido necesidad Maese Pedro de
amonestar á Llaneces, c o n el consabido
«Llaneza, muchacho, no te encumbres, que
toda afectación es mala».
,La llaneza, grata á nuestro gran patriarca
Cervantes, es ingénita en la amable y copiosa paleta, en el fácil y atracli vo estilo, eu la
exacta y tranquila visión de este hijo de Madrid, que, hu yendo de los intrincados laberintos y de los nebulosos despeñaderos del
Arte,hace honor á su,nombre, porque el nombre obliga, gustando tan sólo de espaciarse en las bellas y luminosas planicies donde constantemente impera la ley de las proporciones, donde el suelo y el cielo, las cosas
y las figuras, dan lecciones precisas de harmonía, claridad y sencillez. Por eso, el amor

l! otoymf'ías, por Compmiy

á la medida, la serenidad en la observación,
la ecuanimidad pictórica, la plácida transparencia en el pensamiento y en la factura, sin
raros embrollos ni complicaciones tumultuosas, son prendas características del talento
de Llaneces, y le permiten adaptarse con la
misma magistral soltura, cuando le viene en
ganas, asi á las influencias más robustas de
la pintura española del siglo xvn, como á las
más delicadas de la pintura inglesa del siglo
xv111. Velázquez y Gainsborough (excusez du
peu) son quienes llevan de la mano á Llaneces ante el público argentino, cuyo buen
gusto sancionará de fijo los halagos con que
la suerte ha favorecido en Europa á este pintor, todo amenidad, agrado, elegancia y claridad.•
Hasta aquí el maestro de las letras contemporáneas: sirva su autoridad-que es
muy de peso-para robustecer las afirmaciones que pudieran parecer tríbulo á la amistad hechas en este artículo.
ÍlllGUSTO

El libro verde.-Escena del siglo xvn, por Llnneces

MI OFRENDA
No pidas á mi lira
dulces cantares,
notas que aunque yo quiern
no ha de emitir,
:,or'l.¡ue despedazadas
por mis pesares
.,ólo pueden sus cuerdas
tristes gemir...
Si en una noche obscura
pálida y fría
llegan á tí los ecos
de mi laúd,
sabe que son las trova'&gt;
que en mi agonía
le canto á tu belleza
y á tu virtud.
Jugadores del siglo xnr, por Llaneces

~IIC,UEL E.

OLIV .\

MARTÍXEZ OLJ1EDILL,\

�ACTUALlO.\DE'-

ACTUALIDADES
, de \Vad-R:u:. Ya capitán Yolvió á España
parle en los suceso,; ocurrido-; t•n
Era u11a personalid:ul ilustre en el ejército Madrid el 22 de Junio de 1866. Dos años dese,;paiiol y en la política conserrndora el te- pués fué ascendido á coma11dante y ~e distinguió en E 1
niente genHal
rrrrol; rn 1869
D o n Franci"co
cooperó á la reLofio )' Pércr. ,
pre,;ión de I o s
fallecido en e,ta
de,;úrdenes recorle el día :-30
p I h I i can os y
rle .Junio pa--ado
carlistas que se
dr~pur~ de larrr:.d!'.lraron en
ga , peno,;a enGalicia; en 1872
ÍPl'medad.
operó en lasProXacirlo el año
,incia;; Vascon1H37,ingre&gt;'6 en
gada&lt;; y Navael Colegio de
rra. y por mí•riInfantería en
togde guerra as1851 , y dr:-1le
cendió á ten.ienque terminó sus
te coronel; desestudios, e o n
pué.c; "e batió en
gran apro,rchaCataluiia contra
miento, hasta el
los carlista", y
fi11 de nuestras
contrihnró con
guerras colonia"11" tropá,: al lelc,;, no dejó de
vantamirnto 1lel
tomar parle en
i-ilio de Puigcercuantas campadá r en las acña&lt;; y expedieiocioñeg de Vall111•,; militare-; de
cebre, P 1a de
algu11a imporLabra r Ca,-tetancia se or~a11i1lar d ~ Nuch,
r. ar o n. En la
por cu yo,; heri;uerra dP ,\frica
choR de arma,: v
de 1859-60 se
dado el brillanlr
e11contró en las
comporta m i&lt;'naccione" r batato qur en ellos
lla-,del Sérrallo, 'l'enirnll' grneral Don Francisco Loüo y Pérr,, mioi5lro dr la Gurrr~. ob:-ervó se I e
fallecido
en
:l11ulrid
el
!l(J
de
,lunio
último
rl P Be11r.ú , el e
otorgó el cm·
Sierra-Bullonr,;.
pleo
dP
coronel.
En
\'sta
ralrgoría,
romo rodr los CastillejÓs. do11de ga11ó la cnP: dr :-,a11
Fernando de primera clase, de )¡i,; alturas mandante militar del cantón de \ranjurz.
rle Cond(•i:a. del camino ,. riudad de Tetua11, mostró su civi~mo duran te la terrible epidrdel río .\;auir, de :\[on\c·-Negrún, de Sam~a mia colí•rica allí desarrollada rn 18851 aüo
EL GE'\ERA L LOÑO

y lomó

ll:!3

EL GENEllAL l'Hl\10 DE RIVERA
en el que ascendió á general de brigana, en
cuyo empico cle~empeñó importantes cargo,-,
El nombramiento del capitán general Prientre ello~ el de gobernador político-militar
de lac; i,;la,- Visayas, con residen,,ia en Cebú mo de Rirera para ministro de la Guerra ha
(filipinas), donde se hizo querer y respetar ,:ido mur bien recibido por la opinión milipor lodos los elementos de la sociedad. E11 tar, que Ye en esta de:-ignarión el deseo del
1b9 í fué ascendido á general dr divisiún, v sr,ior :\fanra di' ronlinuar rn sus huenos proºº" año,: dr"p11és destinado á Cuba, dondé, pó:;ilos respecto &lt;le! Ejército de la narión.
\1 llegar e 1
al de:-rmbarg&lt;'nPral Primo
car, el gPneral
de Rivera a 1
Weder le conpalacio de Buefió rl Gobierno
11a ,•isla se ha
militar de Ia
rerordado por
piar.a y provintocio, c¡ue ha
cia dP la l laba::-iclo de los que
na r el mando
más han discu&lt;le una di,·isión
tido y c:&gt;st 11diaal frt&gt;nle de la
do las cuestiocual salió á
nPs militaresen
operar, ganánel Parlamento,
dose bien prony •1ue á propóto la gran c·ruz
si lo d r lalrs
roja del Mí•rito
estudios ha p11.Militar. Dr,;libli1·adou11 Pronaclo rlcspu{i,; á
ucrlo pam la
mandar la clivii11.~lrncció111/f'·
"i{m el e Pinar
tieml del tiro,
&lt;!PI Hío 1· lne"O
qnt&gt; ha sido
la dl· ~hinr.tll;¡_
muy elogiado,
llo y Bayamo,
en el cual ap:l•
se ba lió artivarece condensamenle &lt;-011 los
d o e I pensai11s11rrcctos , v
miento del nuctuyo 1¡ u e ·rc·Y0 ministro dr
iresar á la pela (iurrra acernín,:ula por encadt• la organif,-rmo en Orlu;,;arión militar
hre de 1897. no
en e:;tas palasin que antes
bras:
le fuera conce• Para tener
dida la g r a n
una fuerza arcruz de :\!aria
mada que resCristina por
po11da á todas
sus méritos de
las contingeng U erra , que
Capitán general del ejército español D~n Fernando Primo ~e Rivera
tambi{•n le Ya·
nuevo ministro de la Guerra
'
cias, creo i mlieron la propue,-.ta para el a,;renso il tenien- prescindible: Primero: Determinar la cficate l?&lt;'Il!'ral, que se le concedió rn Enrro dr riel que haya de tener el ejército para respon1!!01.
tlcr á la, exigencias de los planes é ideales
. ~u_rante el tirmpo que fué general de que para el porvenir tenga la narión, dedu&lt;11~·'.s.,ón de~cmpeñó los car!!o,:; de gobernador cien,lo de ello las pla11\illa.; y unidad••s 'lile
nulitar de Granada, vocal do la Comisión deben constituirlo. Ser¡1mclo: Una ,;ólida ortñcti_ca, comcjero del S11premo de Guerra y ~aui7.ación de la,; re,rrvas. Tercrro: Instruir
~larma y subsecrrlario del J!ini.,terio de la la mayor parle ele! contingente r¡ue an11al(i11erra con el general Linare-. Y como te- mente ingre~a en las caja;; de recluta«. r11arniente general fué capitán general de Balea- /o: Estudiar los necesarios planes de conres Y Valencia y jefe drl ruerpo de imitlidos. centración y mo,·ilización para asegurar que.
destino que desempeüaha cuando el "elio1: de una manera ordenada y lo más rápidaMaura le llamó para ron fiarle la carll'ra de mente posible, se completen las unidades al
Guerra.
pié de g11crra y sean 1ran«portadas á los

�POR ESOS :MUNDOS

184

puntos donde precise. Después de todo esto
se deben organizar las armas de combate, y
cuerpos auxiliares, dotándoles de material
moderno, desarrollando esta labor progresivamente por los grandes gastos que lia de
ocasionar.•
NUEVO ACADÉ~IICO

El 29 de Junio pasado fué recibido miembro de la Real Academia de Ciencias Exactas Físicas y Naturales el ingeniero de la
Armada Don Gustavo Fernánde7. y Rodríguez, que trató en su discurso de recepción
de las transformaciones que durante el último siglo ha sufrido el buque de guerra prototipo, ó sea el buque de combate de primera línea, base de todo poder marítimo y nú-

ACTUALIDADES

cleo principal de las escuadras; estimando
que, á pesar de los esfuerzos aunados de In
ciencia y de la industria, el referido buquo
de combate en sus transcendentales evoluciones, aunque ha progresado mucho no
ha llegado á un punto que permita repos~ al
ingeniero ni sintetiza un criterio marítimo
milítar homogéneo.
El nuevo académico tiene una personalidad ilustre, destacándose como antiguo profesor de las Escuelas de maestranza en El
Ferrol y Cartagena y de la naval flotante
en la fragata Asturias, y como autor de dos
obras técnicas de verdadero mérito, una de
ellas titulada Construcción naval, y otra
que trata de las Máquinas marinas de vapor, á parte de otros muchos trabajos de
importancia.

...

El rey Don Alfonso XIII juiando al polo en La Granja con las personas de su séquito

185

to,_ ha dado su placet al nuevo convenio, quedeJ~ á _Corea completamente entregada á los
El 13 de Julio pasado falleció en esta cor- des1gmos del Gabmete de Tokio.
te el doctor Don MaLa conclusión quenuel Castillo, médico
este asunto ha tenido
emine~te que dirigía
era fácil de prever: el
el Instituto Rubio.
Japón triunfa. El emDe gran saber é ilusderador de Corea setración, era el doctor
h a defendido noble~astillo un gran cirumente negándose á reJano, y su pericia y
conocer el tratado deh a b il i d a d fueron
protección de 1905 .
puestas á prueba en
A~a~donado por sus
cien ocasiones, de las
m1111slros :;ometidos á
que siempre salió
la influencia del más
triunfante. Fu é disfuerle, Yi-IIyeung hicípulo del inolvidable
zo un último llamaDon Federico Rubio y
miento á la generosial fallecer éste le ;u.
dad del residente gecedió en la dirección
n e r al japonés mardel Instituto de ¡ a
q~és de Ilo, y no haMoncloa, donde e r a
biendo obtenido resulmuy querido y admitado c&lt;invo'có á l o s
rado.
hombres de Estado de
LA SITUACIÓN DE COREA
f~!~~Sla:~:rnández YRodriguez, ingeniero dela
más
anuncián' r ci 1 0 académico de Ciencias Exact Fl
&lt;lO1~s relieve
• • de
sicas y Naturales el 29 de Junio último as •
su .dec1S1ón
d' La prensa de_ todo el mundo presta estos .
abdicar. En un decreto
ias grn~ alen_ción á la situación en que se imperial dice al pueblo el profundo disgusto
halla el 1mpeno coreano, cuyo monarca y·. que le embarga al recordar sus cuarenta y
1
H yeung ha abdicacuatro años de reinado, durante los cuales
do el trono en fa.
las calamidade;; navor de su hijo Yicionales s e suceSyek, que cuenta
dieron sin tregua:
ahora treinta y tres
«la angustia-dice
años de edad. Esta
este monarca -ha
abdicación ha obellegado á ser tan
decido á que el em,,,_~..
grande en mi apeperador d e Corea
nado ánimo por los
no ha querido finadesastres que sufre
1izar su reinado
el país, que estimo
aceptando la nueva
llegado el momento.
~onvención que Je
de trasmitir la co1mponía el Mikado,
ron a al presunto
representado en Ja
heredero d e ella
capital de aquel imc_onformeálasprác:
perio por el célet1cas de la más rebre estadista marmota antigüedad en
~ués de Ito, cuya
Corca• .
rnlluencia y persoEl soberano quenaliclad tampoco
sucumbe en esta
quería me nos predesigual lucha era
ciar Yi-Ilycung: al
digno de mejor
ceder sus derechos
suerte. Cuenta ciny prerrogativas al
cuenta y Riele ai'io"
trono á su hijo, Jo
de eda&lt;l y subió al
~a hecho para que Don l\Ianuel Castillo1 director del lnstitulo Rubio d 1M d
trono cuando sólo
este, elemento dófallec,do el 13 de Julio pasado
' e ª rid,
tenía trece. En su
cil á los planes de los japoneses le libre de
.
favor puede deciraquella respon~abilidad; ). Yi-Si,~k, en efec- ced11menlos,
se c¡u~ ha sido
un _aulór!·ala
de suaves
prode meJores
mtenciones
y [aboEL DOCTOR CASTILLO

�ACTUALIDADES

186

POR ESOS MUNDOS

último se elevó con su globo Jl,faría Te1·esa,
siendo impulsado por el viento y un fuerte
temporal hácia el mar, sobre cuyas aguas
ha estado aquel intrépido oficial de nuestro ejército durante más de veintisiete horas
en el aerostato primero y nadando luego.
He aquí cómo ha relatado el propio aeronauta sus vicisitudes y peligros en telegrama que dirigió á El Impm·cial contestando
á requerimientos de este periódico:
«Garrucha, 27 de Julio.-Salí de Valencia elevándome con mi globo á las seis de la
tarde del dia
2-1-. Crucé la
Albufera por el
Palmar con dirección al mar.
Pretendía evitar mi entrada
en el Mediterráneo, arrojando
el ancla d e ;;pués de haber
descendido rápidamente. pero la profundidad evitó que
aquella alcanzase al fonclo
y contuviese la
marcha clrl

EL CAPITÁ~ KINDELÁ.N

Ha sido el héroe de estos últim~s días en
toda España el capitán de Ingenieros Don
Alfredo Kindelán, que en el concurso aero~tático celebrado en Valencia el 24 de Juho

187

á nadar cambié de opinión y retrocedí para

recuperar el globo. Cuando hácia él me
dirigía-á eso de las siete de la tarde-vi á
tres millas de distancia un vapor, que sin
duda no me divisó, pues no me hizo señales.
A la~ ocho, perdida ya toda esperanza de
auxilio, observé que á toda máquina marchaba hácia el globo un vapor, el cual echó
un bote que recogió el aerostato y volvió
hácia el buque. En vista de ello pretendí
llamar la atención de los tripulantes y toqué la sirena de que iba provisto, pero estaba inútil y no
sonaba b i e n .
Dí fuertes voces, y creyendo
que no las oían
porque ví alejarse el vapor,
nadé otra vez
b á c i a Ibiza.
Inc,:peradamente, oí un
toque de bocina. volví la cabeza y ví un
bote de vapor.
Era del vapor
inglés TIT es tPoüit y á su
bordo iba con
María Teresa.
algunos boroVoh·i á subir,
bres el capitán
internándome
John Ro d r.,
por el mar, y
quien me reá las tres de
cogió y me
J a madrugada
condujo al budel día 25 preque, donde fui
sencié el ecli patendido c o n
se parcial d e
afectuoso cui1 un a. En la
dado v esmero.
misma madruU e IÍe~ado á
gada, una meesta rada á las
dia hora dessiete de lamapués, ví un vañana de hoy.Yi-Syek, que ha sido elevado al trono del imperio coreano por abdipor español
Kindelrín. »
cación de su padre Yi-H yeung
e u y os tripuA propósito
lantes divisaron el globo, me hicieron seña- de esta aventura del auda;r, aeronauta esle&lt;; y pretendieron socorrerme naYe¡rnndo á pañol, se ha tratado de la personalida~ de
toda máquina en el rnmbodel Jfaríct Teresa. é;:;te y del globo dirigible que está estudianNo quise abandonar mi globo. y, á poco, mar- do en combinación con el ilustre Torres
ehando á gran velocidad, perdí de vista al Quevedo que intenta actuarlo por medio del
buque ~· continué hácia las islas Baleares. A tclekino de su invención. Este globo, que
las doce del día 2i'&gt;, después de haber arro- hasta ahora lleva el nombre de Júndelán, el
jado todo el Jastr(', descendí al mar y me mismo de su autor, tiene la torma de un
sostuve en la barquilla hasta las seis, hora cigarro puro y está formado por tres lóbuen que, arra;;;trado el globo por el viento mar los de seda de China. En el interior, lleva
adentro, abandoné la barquilla, proponién- madejas de seda, en secciones triangulares,
dome ganar á nado la costa de !biza, dis- que cuando el globo está lleno y á una pretante siete millas. A poro de haber empezado sión de 35 á 4.0 milímetros de agua, covstilu-

�188

ACTUALIDAOE!3

POR ESOS MUNDOS
EXPEDICIONES ÁRTICAS

yen por su tensión una viga armada. De la
arista interior penden las cuerdas para la
¿Por qué fascinan tanto á las gentes las
barquilla motor, y simétricamente y á un expediciones polares'? El público, al pensar
lado y á otro de ellas las cuerda, de mani- nn el" ai:;, tiene siempre delante de sí, no solo
obrar, indispensables para manejar el ae- los horrores de un mundo de hielo, de granrostato desde tierra y para todas las opera- des tempestades y de perpe1ua obscuridad,
ciones preliminares del lanzamiento.
sino la posibilidad, la casi cerleila de que los
El globo lleva, además, un ballonet inte- expedicionarios han de encontrar la muerte
rior cilíndrico, terminado en dos casquetes antes que conseguir sus propósito:;. Pues
esféricos, que se llena de aire para rnantener a1'iádase á estos elementos de fascinación
en todos momentos la envoltura exterior á sobre el ánimo la circunstancia especialhiuna pre~ion constante y sosteucr el equilima de ir en globo á
la conquista del Pobrio en mejores conlo Norte, y se comdiciones. El bcdloprenderá por qué
net se llena de aire
todo el mundo está
directamente, desde
interesado en la exla barquilla, por un 1
pedición que realiza
Ycntilador que acel periodista norteciona u n o de los
americano l\lr. Walmotores. Dos cuerter Wellman, intrédas que penden del
pido y audaz exploglobo concurren en
rador q u e piensa
un punto más bajo
pasarse seis ó si ele
que la barquilla y
el í a s á bordo del
próximamente en la
aerostato .Amética,
vertical de su cenconstruido expresat o y se enlaian á
mente para este fin.
una e~fcra ele mimA :Mr. Wellman,
bre forrada de seda
(como puede ver
encauchada ó s e a
muv bien el lector
de la mii-ma tela del
en 'el artículo que
globo; dicha esfera
va llena de arena y
ha escrito relatando
se llama born estasus propósitos y.que
publicamos en otra
bilizadora. De la poparte de este númepa desciende u na
barra metálica que
ro), no le arredra el
termina en un gran
desastroso fin el e l
rectángulo d e tela
capitán sueco Ane o n arrnaclura d e
drée, que con u11
hierro, que constiesférico intentó llet u y e el timón, el
gar al Polo Norte en
de ingenieros Don Alfredo l(indelán, piloto del globo
que por embragues Capitán
1895 sin que basta
Jfaríc, :1.'eresa, salvado por el vapor in~lés West Poi11t frente á las costas de Jbtza
sucesivos logra ser
ahora se sepa nada
movido á voluntad
ele ~u expedición; lejos de eso, hállase anipor uno de los motores. La barquilla es un mado y casi seguro del éxito, para lo cual
prisma triangular de base cuadrada, cuya ha ideado y construido su globo «lo mismo
sección se fol'ma por el cruce de dos plano.:; que se construye un buque para navegar por
rectangulares de grandes dimensiones; pende el océano,- dice el intrépido aeronauta-:
el uno. por cuatro varilla,;, de la arista infe- teniendo en cuenta los elementos, el medio
rior del aero:-;tato, y en lo~ extremos del olro, am1Jie11fe en que ha de vivir y funcionar».
que le corta perpendicularmente. se apoyan Además, Jlr. Wellman conoce ya, en parte,
los motores. Estos son dos, ele [!a,-olina, siste- el camino del Polo ¡'{orle: en 1894 penetró
ma Antoine. modificados notablemente por en la zona ártica hasta el ~rado 81 ele la la•
Kinelelán. Son de ocho cilindros y veinticua- ti tuel septentrional, y en 1898, en otra nuetro caballo,; de fuer;,;a; mueven dos hélice::; va expedición, señaló muchas islas en el lede doble paleta alabeada. para que curte rná~ jano a1chipil'lago que tiene el nombre de
fácilmente el aire y encuentre el globo las Tierra de l&lt;rancisco José.
menores dificultades posibles pura su ruarAhora, al lee;tor, pensanelu en la ansiedad
cha por el espacio.

en que du_rant~ dos días ha estado por desconocer la s1tuac1ón del capitán Kinrlelán
se elevó c o 11
que
su aerostato

189

d De Benot, cOJ_no de otros grandes hombres
e nuestra patna. hemos dado á conocer ex1ensas informacionesacerMaría Tm·esa
ca de su vida
en Valencia, le
Y de su labor,
toca calcular
Y llenas están
cuánto ha de
las páginas de
ser el interés y
esta revista de
cuánta la inesos homenatensidad de los
jes que rendideseosde notimos al valer y
cias que el
al mérito de
mundo todo
1a s personas.
tiene por coPor es o nos
nocer el resulcreemos d i stado de es ta
pensa dos de
expedición de
hacer ahora
Mr. Wellman
un a biografía
al Polo Norte,
de Don Ed uarque se realiza
d o Benot, y
p reci sarnente
remitimos a 1
almismo tiemlector á nuespo que regrelro número de
sa de las reA~osto del año
giones árticas
1904, donde
el comandante
el propio
Rob e r to E.
mae8tro hace
Peary sin que
el relato de su
ha ya logrado
vida desde que
llegará la metuvo uso de
ta tan suspirarazón. Actualda y codiciada.
mente era jefe
Del resultadel partido redo de tamaiia
publicano feaventura tenderal , puesto
duernos al coen el que susrriente á nuestituyó á Pí y
tros lectores ,
l\iargall, y se
que ya conoocupaba muv
cen por el traasiduamente
bajodel propio
Don Eduardo Benot, eminente filólogo, fallecido en Madrid el ª7 de
en preparar
l\Ir. Wellman
Julio último
•
una gramática
á que -ª~tes aludimos los preparativos de la de !ª lengu~, de cuya obra dicen los que han
exped1c1ón que realiza.
tenido oca~1ón de conocerla que es un monumento ?el_habla castellana. El último trabajo
DON EDUARDO BENOT .
que el 1~s1gne maestro ha publicado, ha sido
muy reci_ente:una carta dirigida al ~emanario
Este ~minente filólogo, maestro de toda la barcelones Ara mes que may. en la que
generac1?n presente en España, ha fallecido con?enaba con dureza la campaña de la solien l\fa?l'ld el 27 de Julio pasado á los ochen• d~ndad catalana en la forma en que esta
viene desarrollando algunos de sus ideales.
ta Y cmco años de su edad.

�ROBO DE LILAS

ROBO DE LILAS
o menos hace veinticinco año~
LSalia
que ocurrió el suce~o.
o por las tardes en com p,. •
y

ñía de mis hermanos pequeños á corrrlear por la Plaza de Oriente, al inmediato cuidado y bajo la tiránica
inspección de una tremenda cri~~a
montañesa, que por llevar al servicio
de mis padres más de quince años, y
por habernos visto nacer, según ella
decía con una frecuencia abrumadora tenía la pretensión de querernos
mil.s que nuestra propia madre, amén
de entender que podía ejercer sobre
no,;otros una autoridad que rayaba
en el despotismo.
Es cierto que ella andaba á la greña con todos las nodrizas y niñeras que en la plaza_ se opouían á nuestros juegos ó p_rotestaban contra nuestras impertinencias de niños en liberta?, cuando ~o se _la~ entendia c~,~
hombres hechos y dereC'hos que iutentaban poner coto a nu~stra rnfanbl rn~:p~nde~c!a,
pero estas batallas las libraba ella á trueque de darnos luego a_noso~ros un cauno::,o lorm~cón que á pesar de ser cariñoso, las más de los veces nos hacia dano.
Aqu~lla oarrida y leal preceptora, que se llamaba Luisa, nos lo perdonaba lodo '.~eno,;
que nos perdiéramos de su vista: en cuanto tenía que levantar~e del banco d~nde bab1c1 !-et
tado sus reales para ir á buscarnos en tal ó cual corro de chiqU1ll?~, nos propmaba un par e
azotes por lo meno,;: pero se daba el ?ª"º ~aradójico de que, temendola un gran IPmor, no
podíamos vivir sin ella ni mis hermanitas m yo.
.
.
. .
,
d
Una de estas tardes burlé la Yigilancia de mi criada, y me mcorporn a un grnpo e
muchachos solicitando cortésmente que me admitiera para jug~r al_ mcirro. ,
•
El marro es un juego infantil de los di~nos, en el _cual se ~Je_rcllan lo,:; muse~1os_, po1_que
se corre incesantemente, y por el cual se adquiere~. ciertos habito~ d_e amor ~10p10, ) . no
pocos chichones cuando se tropieza en lo más vertigmoso de la carrera y se rueda por el
suelo un gran trecho.
- l ,
d h'
•
Este jueoo del marro consiste en hacer dos tandas de 1gua numero e e !Coi", que se ~stablecen en1,puntos opuestos cada bando. De uno de est?s grupos sale un chico pe~seg~1do
or otro del grupo coutrario, el cual e,; á su vez persegmdo por otro del ~ando del p111:1e1~, y
p •
·
t h ta que todos losJ·ugadores andan en danza persegU1dos unos por olios.
as1 suces1vamen e as
. d
l
·
res ecf
Cuando un muchacho logra detener á otro, todos los Juga ores vue ven a sus
P 1-

Yos lugares. A partir de este momento cam- que ocupaba una vasta llanura que se extenbia la fase del juego, porque los del bando día ante el cuartel de la Montaña del Príncimermado tratan de rescatar al individuo que pe Pío.
tienen prisionero, cosa que consiste en que
A mí me pareció demasiado fuerte para
logre tocarle cualquiera de los de un bando; debutar de niño rebelde r desmandado una
pero el hecho es difícil, porque siempre se aventura de tanto compromiso como robar
quedan custodiándole los tres ó cuatro chi- lilas en un jardín público, y al principio
'!os más fuertes del grupo ganador, y como opuse alguna resistencia; pero cuando me
no sea por un ardid, una audacia ó un golpe dijeron unos y otros que el buen éxito de la
:le fuer,.a, rara veíl se consigue el resc::i.te.
empresa consistía en correr mucho para no
En el transcurso de esta empeñada lucha dejarse coger del guarda, v queriendo yo
de pantonillas infantiles puede ocurrir que acreditarme de buen corredor con aquellos
caigan prisioneros de uno y otro bando, en nuevos .camaradas, acepté la proposición.
cu yo caso ~e procede á un canjeo. Este acto
Además, mi niñera ya me habría echado
de canjear prisiode menos, y volneros es bastante
ver tan pronto sin
delicado, complidisfrutar algo de
cadísimo, pon¡ue
la libertad consese aprecia y aquiguida á lodo tranlata mucho la cace, me pareci ó
lidad de los cotorpe, y esto me
rredores, y es frehizo decidirme á
cuente el caso dP
hacer mi primera
que haya caído
salida por cuenta
en poder de un
propia.
bando uno de loA
No bajaría de
peones más insigdoce á catorce el
nificantes del otro,
número de chimientras este ha
cuelos que formácapturado al ruebamos la cuadrijor peón del grulla de ladronzuepo enemigo, á un
los de lilas.
campeón. Es tos
Con alegre y
canjeos dan lugar
pueril charla nos
á discusiones y
dirigimos desde la
altercados tan rui·Plaza de Oriente
dosos que se repor la calle de
suelven, despué:;
Bailén hácia el
de alborotar ducampo de nuesrante media hora,
tras operaciones.
por can~ancio fíDurante el camisico de los parlano, algunos de los
mentarios.
chiquillos hicieCuando uno de
ron tema de su::
los grupos consiconversa ci on e,
gue detener á tolas hazañas realido,; ó á la mayor parte del otro grupo, se da zadas en excursiones de esta naturaleza, y oí
por terminada la partida.
narrar algún heeho que me llenó de pavor y
E,;te juego me enloquecía á mí, porque yo arrepentimiento.
confiab~ en la fortaleza de mis piernas y en
Yo no me sen lía con fuerza para hacer
la velocidad que podía obtener de ellas aca- :1inguna de aquellas diabluraR, y así me per~
ricianu.o la idea de conseguir uno de lo~ más mili decirlo tímidamente. Esta cortedad les
preeminentes puestos de corredor.
hizo mucha gracia, y se reían y decían mil
Mi solicitud fué atendida después de un cuchufletas para ridiculizarme por mi apocaexámen superficial de mi complexión física, mien lo.
descaradamente hecho por los que capitaYa enfrente del jardín, que realmente esneaban toda aquella chiq11illería, y una vez taba cuajado de la codiciada flor por los cuaadmitido me pusieron en el secreto siniestro tro costados, dijo el mayor de aquellos mude que no íbamos á jugar al marro aquella chachos diri¡¡;iéndose á mí:
tarde, sino á coger lilas del jardín público
- Bueno:¿ tú quieres ó no quieres coger lilas?
1

,.

191

�192

POR ESOS 111U:'&lt;DOS

-No, yo no cojo lilas porque no sé.
-Bueno ... Pues entonces te encargas de
ocultar las que nosotras cojamos, y cuidar
&lt;le ellas. Mira, te pones al pié de aquella
escalera, que por allí nunca va el guarda, y
se¡?ún te vayamos llevando lilas tú las juntas
y las tapas con tu chaqueta.
Yo acepté el cargo y me dirigí al sitio que
c:e me había de,:;i~nado, llevando sobre mí el
miedo más grande qne había tenido en mi
vida. No hacia más que pen$ar en la irascible Luisa y en
la azotáina que me esperaba
al regreso.
Pronto llegó hasta donde
yo me hallaba perplejo un
chico que aprisionaba nerviosamente una gran cantidad de lilas, y arrojándomelas mientras me decía apresuradamente «¡Tápalas , tápalas!•, emprendió á correr
en busca de nuevo botín.
Detrás de aquél llegó otro,
y otro, y otro, y todos ellos
venían cargados de lilas, que
me iban dejando por allí desparramadas.
Ante aquel despojo, yo estaba aterrado y ya no me
acordaba de la Luisa, ni de
nadie. Me quité mi blusita de
marinero, y la puse sobre las
lilas, después de reunirlas en
apretado montón.
Teníaque cumplir fielmente mi cometido.
Atisbaba yo atentamente
por todos los lados por donde
pudiera venir el guarda, y una
de 1a s veces s e me ocurrió mirar á lo alto de la escalinata de piedra á cuyo pié me hallaba yo
iJOn las lilas. El momento fué terrible: allí en
lo alto de la escalera estaba un hombre con
una chaqueta de cuello y bocama11gas de
paño roj-0, y cruzado su pecho con una blan&lt;:a bandokra: era el guarda.
Verle y emprender una c-arrera veloz, vertiginosa, todo fué uno. Ni me acordé de mi
blu¡:;a, ni de las lilas, ni de los chicos; corrí,
y corrí de modo que mis camaradas, que me

vieron en la huida, convinieron más tarde
en que yo no sabría cortar lilas ni rustodiarla¡:;, pero que como jugador ele 11wrro, como
corredor, difícilmente se podría encontrar
otro en toda la infancia de aquella época.
Jlientras á ruí me ocurría11 las de,;dirhas
correspondiente~ á mi fechoría, Luisa había
alborotado la Plaza de Oriente y sus contornos dando gritos como una
loca y pregonando mi nombre á los cuatro vientos. Ya
había estado en la prevención
civil, en la casa rle socorro,
en la tenencia de alcaldía y
en todos los centros donde
podían haberla dado razón de
mí si me hubiera ocurrido
cualquier desirraC;ia ó contratiempo, y en ellos la habían
conte~tado que no se sabía
nada de semejante niño.
Cuando llegué yo á la plaza, jadeante, 1-ucloroso, ahogándome y muerto de miedo,
me recibió mi nitiera de un
modo incomprensible para
mi.

Se entregó á los trasportes
de un júbilo salvaje por hallarme otra vez sano y i;alvo, y tanto beso me dió y
tales y tan fuertes abrazos
que cuando conseguí desasirme de ella y librarme ele sus
caricias estaba magullado,
como si me hubiera propinado una descomunal pafüa.
Desde la primera vez que
fui niño malo volví á ser
niño bueno, porque no pude recibir más rastigol:l. No jugué al marro, perdí parte de la
indumentaria y me dieron una somanta cariñosísima, de la cual no podía quejarme.
Muchos años después, cuando yo me daba
ya cuenta de las cosas, al acordarme del suceso me prometía referirlo para escarmiento
de pícaros, mientras me hacia esta íntima
reflexión:
--¡Sí que iué un robo de lilas! ...
FÉLL\'.MÉNDEZ

Di1:mjos de Kar-ikato.

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                <text>1900-1916. Enciclopedia mensual ilustrada publicada en Madrid España a principios del siglo XX. Se especializa en temas sobre aventuras, viajes, entretenimiento, tauromaquia. Fue fundado por José del Perojo.</text>
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