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                  <text>PoR Esos MUNDOS
AÑO VIII

SEPTIEMBRE, 1907

NUM.

152

EL PLANETA MARTE
El 13 de Julio último la Tierra pasó tan próxima al planetct Marte que el ca.so no se

repetirá en lustros de años que hayan de venir. L os más eminentes astrónomos del
1iiundo observaron el fenómeno, y de sus estudios se deducen los resultados y conocimientos interesanti-simos que se detallan á continuación.
lector, si en ello no tienes repaA SÓMATE,
ro, al gran misterio de lo porvenir, y

•

•

•

•

trata de imaginarle á este planeta ¡;obre el
cual vives tal y como será de aquí á algunos millones de años. Llegado ese lej:mísimo mañana, las más altas montañas de la
Tierra habrán sido arrasadas por la demoledora piqueta de los siglos; todas las regiones
feraces del globo convertid.as estarán en áridas estepas; su atmósfera, por haber perdido gran varte de los gases que la constituían, no fo rmará ya sino pobre y sutilísima
envoltura; el tiempo habrá alcanzado tan
abrumadora invariabilidad, y los cielos poseerán azul tan inalterable, que el paso de
una nube consti tuirá un acontecimiento consignado por los historiadores; ríos y lagos
secos estarán como un arenal de Africa, y en
cuanto á los mares y océanos podránse cruzar á piés secos, ya que no quedará de ellos
ni una sola partícula acuosa; las grandes
masas líquidas que ahora cubren cuatro quintas partes de la Tierra habrán ido filtrándose poco á poco al interior del globo, quedando como débil muestra de aquel soberbio
elemento modestísimos casquetes de nieve
y hielo aglomerados en torno de los polos ...
Esa imágen del porvenir de la Tierra es exacto retrato de la actual condición de .Marte,
según ha sido revelada por los últimos descubrimientos astronómicos.
,
Como p uede pensarse, en un pla1:1eta de
tal modo envejecido y reseco·, en un planeta
cuyo elemento líq uido hubiérase reducido á
los helados mares de sus polos, la fusión
anual de esas nieves y esos hielos habría de

constituir un acontecimiento de tan capital
importancia para sus habitantes-caso de
que la especie no se hubiera extinguidoque éstos concentrarían todos sus esfuerzos
en acarrear las aguas polares á las sedientas regiones ecuatoriales donde aún podrían florecer los cultivos mediante oportu nos riegos. En una palabra: en ese planeta se
practicaría la irrigación en estupenda escala,
suponiendo el problema, no la fe rtilización
de una 6 más regiones, sino la de todo un
mundo.
La evidencia de que en Marte se acumulan y se funden en sus polos grandes masas
de n ieves y hielos se tuvo de un modo completo hace ya doscientos años. En verdad ~e
dicho, la existencia de los casquete, helados
de Marte es acaso el único extremo sobre el
cual no han entablado discusión los astrónomos. Medidos esos casquetes en época reciente, aprovechando las circunstancias favorables del invierno, háse averiguado que
alcanzan en,ocasiones una extensión de tres
mil setecientos kilómetros. A diferencia de
nuestros hielos polares, aquellos disminuyen
en los veranos considerablemente, hasta el
punto de quedarrerlucidos á veces á brillantes manchones de unos cuantos cientos de
kilómetros, no escaseando las ocasiones en
que desaparecen en absoluto.
Por extraño que pueda parecer, es lo cierto que sabemos en la Tierra bastante más
acerca de los polos de Marte que de los n 11estros. Algún astrónomo escéptico y porfiado

�196

POR ESOS MUNDOS

sosliene aún que las blancas y brillantes ca- allí un imposible. De modo que ha y necesiperuzas polares de Marte no están necesa- dad de atribuir la formación de los casquetes
riamente formadas por nieves y hielos: que polares á otras causas; y estas no pueden ser
esos albos manchones bien podrían ser ga- sino la precipitación de la humedad atses solidificados, y no otra co~a. fiero esa mosférica en forma de helado rocío: la conopinión no tiene ya valor alguno desde que gelación del ambiente y su descenso sobre
los astrónomos Percival Lowell del Obser- las extremidades de aquel viejísimo planela.
vatorio que lleva su nombre, y 'w. II. Picke- Tendremos, por tanto, que un temporal de
ring, de la Universidad de llarrnrd en los nieves martiano, lejos de ser un fenómeno
Estados Unidos de Norte América., han ex- meteorológico imponente, cegad~r y violenpuesto argumentos irrefutables en favor de to, no es sino un blando cefinllo, todo lo
su teoría_relativa á que los casquetes pola- más, acompañado de un pausado caer de
res marhanos son
impalpables movastas aglomeraléculas de hielo.
ciones de nieve ó
Ya hemos indihielo.
cado antes q u e
En efecto: á
cuando alcance el
medida que decreglobo terráqueo
cen esas inmensas
edad tan prorecta
manchas blancas,
que sus habitancon el transcurrir
tes sólo puedan
del ver:rno, y á
,obtener su provivelocidaús q u e
sión de agua de
se calculan en
los hielos polares
centenares de miderretidos , h a llas cuadradas por
brán de hacer un
día, aparece una
esfuerzo giganfranja obscura
tesco é idear albordearldo e a da
gún medio de
uno de los capaatraerá las desee et e s polares ;
cadas zonas ecuafranja que autorial y templada
menta conforme
las masas líquidas
disminuye el resboreales y austrapectivo capacete:
le s. Concibese
y que tiene el cobien, por consilor azul caracteguiente, que, parístico de las granra los martianos,
des masas líquila fusión de sus
d a s . Por si no
mares polares sea
bastase ese indiasunto de tan cacio, e l profesor
pital importancia
Pickering ha pocorno lo son para
dido comprobar,
los habitantes del
con la ayuda prebajo Egipto las
ciosa del polarisinundaciones
copio, que el reAstrónomo Percival Lowell
anuales del Nilo.
ferid o cinturón
Suponiendo que
azulado se encuentra constituido por agua. Marte se encuentre poblado por seres tan
Esta demostración polariscópica es de extre- in?l!~entes como nosotros, parece razonable
mado carácter técnico para expuesta en un aumlt1r que su industriosidad les haya llearticulo de la índole del presente: bástele al vado á cavar hondas zanjas conductoras de
lector saber que existe y que es de carácter las aguas polares á aquellas otras regiones
decisivo.
donde se hace sentir su imperiosa necesidad.
No podemos, pues, menos de ver en el Sí, lector: concediendo á los martianos un
pasajero manchón circular obscuro un océa- grado cualquiera de inteligencia, hemos de
no ~o lar, un extenso piélago, del cual pende reconocer, forzosamente, en su mundo la
la v_1da de to?o un planeta, ad~itiendo que e:rist~ncia de vastas conducciones de aguas,
en el haya VJda. Dada la maravillosa tenui- proVJstas de sus correspondientes exclusas.
dad de la atmósfera martiana las lluvias son El telescopio, manejado por hombres como

EL PLANETA MARTE

197

nómico, no pueden ser aquí reproducidas
directamente á causa de su tamaño casi microscópico y de la consiguiente dificultad para
imprimirlas con todos sus detalles; pero el
propio astrónomo ha hecho un calco de ellas
en dibujo, y las ofrecemos al lector de esta
revista.
Que.las lineas obscuras de Marte son verdaderos
canales, obra de seres inteligentes,
***
La existencia de los canales de Marle, ver- cosa es que no necesita otra demostración
daderos alimentadores de vida en aquel pla- sino la misma forma en que se hallan disneta, fué durante muchos años puesta E'n puestos. No se encuentran, ciertamente, distribuidas d e u n
duda. Ello obedemodo caprichoso;
cía á que ningún
antes por el con'lstrónomo1 exceptrario, vése bien
to Schiaparelli, su
qu e todas ellas
descubridor, haaparecen extenbía podid9 percidiéndose de polo
bir ni aún fugitia polo, con arrevamente las misglo a un bien conteriosas l í n e a s
cebido plan. Cada
obscuras. Bastanuna de las líneas
te tiempodespués
negras parle d e
de e¡ u e algunos
alguna base netaobservadores pamente definida y
cientes consiguieva á parar a uno
ran,, por fin, disde los manchones
tinguirlas, todavía
grandes y obscuponíase en cuar o s . Ya en ese
rentena I a realisitio, la línea se
dad de 1 hecho,
encu entra con
debido á que, por
otras, pudiendo
razón del movi,ocurrir, y de hemiento á que se
cho ocurre m u encuentran some~has veces , que
tidas las corriencoincidan en un
t e s atmosféricas
punto central ó
terrestres, la apanodo varios trarición de los trav. os. :Manchas y
zos negros mal'líneas convergentianos era inlel'tes circundan de
mitente y fugitiuna manera e n
va. Muchos de los
extremo adecuaastrónomos q u e
da aquellas regioya habían e o unes d el planeta
templado los refeAstrónomo W. H. Pickering
e u y a completa
ridos canales de
desolación te neMarte llegaron á
dudar de sus propios ojos, acabando por ¡nos muy fundados motivos para admitir.
Las sorprendenles rayas martianas son
decirse que quizás todo aquello de las líneas
obscuras no debía ser sino mera ilusión or- tan finas, tan sutiles, que si se pueden distintica determinada por cansancio de la visla. guir desde la Tierra, es, sobre todo, por su
Así estaban las cosas basta hace dos años, extraordinaria longitud. Ha de tenerse precuando el astrónomo Mr. Lampland, ayuda11- sente, en efecto, que una llanura de Marte.
te de Lowell, realizó la brillante proeza foto- aún poseyendo cuarenta y cinco ó cuarenta
gráfica ele obtener pruebas de los canales y seis kilómetros de diámetro, se vería con
martianos, dando al traste con todas las afir- el telescopio no más grande que el punto
maciones relativas al carácter ilusorio de los de una i tipográfica. Sabiendo esto, se com•
mismos. Digamos respecto á esas fotografías prenderá que por muy grande que fuese una
que, no obstante poseer allí;;imo valer astro- ciudad martiana (como Lóndres, verbigra-

Schiaparelli, Lowell, Pickering, y otros sabios, ha descubierto en Marte cierlas líneas
obscuras y largas, denominadas canales por
el primero de dichos astrónomos. Hallazgo
es ese que bien puede ser considerado el más
notable de los realizadus en los modernos
tiempos por los escrutadores del Firmamenlo.

�198

199

POR ESOS MQNDOS

EL PLANETA MARTE

cía), permanecería invisible para-los obserPues bien: en el planeta Marte no solo se
vadores terrestres. Verdad es que si nuestro tocan en un punto común tres lineas, sino
globo pudiera ser observado como Marte, ó dieciseis 6 diecisiete. La Naturaleza no obra
s~a ~esde un~ dist~ncia jamás menor por nunca de un modo tan preciso, tan sistemátermmo medio de cmcuenta y cuatro millo- tico; .debiendo darse por sentado que allí
nes y medio de kilómetros, todo lo que des- donde aparece una exactitud de formas tan
cubriríamos de obra humana seria, si acaso, excepcional han trabajado cerebros y brazos
los extensos campos del cultivo de Kansas, humanos. Recordaremos á este propósito
en Norte-América, y eso por los cambios de que la sospecha de ser obra artificial los fac?loración qu~ ofrecerían al compás ;d·Ef• las mosos mounds (colinas de dieciocho á
diversas estaciones del año.
veinte metros de altura que bordean ciertos
Los presuntos canales martianos son tan ríos del Estado de Ohio, en los Estados Unilargos q u e, e n
dos de Nortetérminos generaAmérica), nació
les, háse calculad e su sorprend o s u longitud
dente regularidad.
media e n 3.150
kilómetros, lo que
*
**
representa algo
mu y superior á
Con ser ya pastodo lo conocido
mosa la simple
3n la tierra resexistencia de los
pecto á canalizacanales de Marte,
::iones.
prtisenta el fenóCualquiera puemeno algo m á s
j e con vencerse
admirable aún .
:le que las rayas
Observándolo a l
::onvergentes
telescopio, vése á
martianas no son
intervalos que alresultado del
gunos de los ca!lzar, practicando
nales se duplican
una sencilla exen el espacio de
periencia . Tomo
veinticuatro h oasiento el incréras. El astrónomo
dulo en una habiSchiaparelli fu é
tación, á obscuquien primero a,dras, y trace una
virlió este desdolínea en una hoja
blamiento de los
de papel. Hecho
canales martiaesto , levante la
nos, denominánmano y vuelva á
dolo geminación.
hacer l a o peraDurante muchos
ción, procurando
años, siguió este
q u e la segunda
hombre insigne
línea cruce á la
trabajando solo ,
primera . En ses i n &lt;lesalentarse
Astrónomo Giovanni Virginio Schiaparelli
guida, repítase el
ante el escepticistrazado , s i e m mo de sus colepre con el propósito de buscar un punto co- gas, habiendo conseguido que, al presenmún de intersección, y si tiene el experi- te, se reconozca de un modo general la
mentador mucho tiempo d e sobra estése exactitud de sus observaciones. Hoy se tietirando rayas y más rayas hasta alcanzar la nen ya pru~bas de esa geminación, pues el
cifra de varias centenas... La sorpresa del Obse1vatono de Lowell colecciona varias
que tal hiciese no sería floja al advertir, placas fotográficas donde se perciben señacontemplando su obra ya á plena luz, que les innegables del curioso de3doblamiento.
acaso m tres de las líneas lograban cortarse Pero, aún cuando no se poseyese la demostangencialmente; resultado naturalísimo sin tración fotográfica del hallazgo de Schiapaembargo, y que explicaría un matemitico relli, habría que admitir la realidad de la
alegando la consabida ley de probal:&gt;ilida- geminación, atendiendo á que el fenómeno
des.
se halla circunscrito á determinados cana-

les. De los cuatrocientos identificados por moreno de las rayas á medida que pasan las
el profesor Lowell, solamente cincuenta y semanas, de igual modo que se obscurece el
uno han presentado á veces duplicación. Y verde de los árboles conforme estos envedicho está que si las geminaciones fuesen jecen. La superficie de Marte, hasta doadp
permite a Ic aazar e l
fenómenos ópticos se
1elescop i o , podemos
observarían in d istinconsiderada como una
tamente en todos los
vasta llanura matizada
canales.
el e parches azuladoLo que no se acierta
verdosos alternando
aún á explicar bien
c o n otros d e color
es la causa del referianaranjado. Algo antes
do desdoblamiento,sude que Lowell diese
poniéndose que quizás
comienzo á sus maginfluyen en el extraníficos estudios, era
ño suceso causas clicostumbre diputar por
matológicas y vegetamares las extensiones
les. Unas veces son
azulado-verdosas, bauperfectamente visibles
tizándolas tan pronto
esas supuestas v í as
como eran descubieracuáticas, y otras, en
tas con nombres muy
cambio , en absol uto
poéticos, aunque nada
imperceptibles, o cuastronómicos, inspira1Tiendo l a ace ntuados en la elegante pero
ción de las lineas con
superficie de ~larlc aparece compuesta de áreas de
embrollada nomenclaarreglo á la marcha La.
dibujo irregular quo presentan tonos azules y anaranrcguiar de las estacio- jados y que están unidas entre si por canales sencillos tura de la mitología
y dobles, de tal conformación que indudablemente no
nes. A la teoría de que son
clásica.
obra de la Naturaleza, sino de los propios habitanuna inteligencia fini- tes de aquel planeta. Créese que las áreas azules deben
No negamos que los
color á la vegetación; las amarillas son, probable•
ta abre -Jos canales en su
susodichos espacios
mente, desiertos. Conforme avanza el invierno, las reel primer caso, podría giones azules cambian su color en anaranj~do, á causa azulado-verdosos pueobjetarse que en cier- de la muerte de la vegetación. Los canales parecen dan haber sido mares
destinados á irrigar las provincias fértiles, y en partitas épocas del año la cular los pequeños y obscu, os oasis que en nuestro alguna vez; lo que sosgrabado se ven salpicados sobre el planeta
misma inteligencia fitenemos es que, hoy
nita torna á llenarlos
por hoy, los lates made nuevo; singularísimo proceder que se ex- res se hallan sin agua, en mitad de su evoplica fácilmente: el profesor Lowell atribu- lución de verdaderos océanos á áridos desierye la gradual desaparición y reaparición de tos. Y no puede ser de otro modo: estando
las rayas á la muerte y al crecimiento de esas extensiones en la parte más baja del plalas masas vegetales. Indudablemente, ha de neta, sólo habrán de recibir, naturalmente,
transcurrir algún tiempo antes de que sea el escaso líquido que á ellas lleven los cavisible desde la Tierra el efecto del agua nales septentrionales y australes.
acarreada desde los mares polares por modo
Por lo que se refiere á las extensiones
tan laborioso. Es muy probable, por tanto, anaranjadas, túvoselas en un principio por
que lo visto desde nuestro planeta no sean continentes, siendo denominados estos con
cintas de agua, sino franjas de vegetación pintoresca inexactitud.
bordeando los ca1111les. Robustece esa creenVolviendo á los espacios de coloración
cia la circunstancia de acentuarse el tono azulada, insistimos en que no pueden corres-

SO MARZO
3 ABRIL
~ llAYO
7 &gt;!AYO
18 JULIO
Un ayudante del astrónomo Lowell tomó en diferentes días fotografías de los canales de Marte. En la imposibilidad material de ser reproducidas por el grabado porque perderían mucho de su valor, el referido astrónomo ha
hecho en dibujo calcos ¡le esas fotografías, y en ellos se ve perfectamente el desenvolvimiento de los citados
canales á medida que avanza el año. Aparecen \' desaparecen siguiendo la marcha de las estaciones; al llegar la
primavera y fundirse las nieves _polares, empiezan á fluir las aguas hácia las zonas tropicales, y surge entónces
la vtietacíón en las orillas de dichos canales destacando vigorosamente el perfil de tales vías acuáticas

�200

POR ESOS MUNDOS

Las presuntas regiones fértiles se encuentran siempre admirablemente delimitadas
por la primorosisima red de canales; canales que, como ya
indicamos al principio, van á parará
manchas determinadas. ¿Y qué podrán ser esas manchas? El telescopio
b a comprobado
que, en ningún caso, se presentan
aisladas, sino que,
p o r el contrario,
son, do un modo
invariable, los puntos de reunión de
tres ó más canales
irradiantes, estando unidas entre sí,
también constantemente, por otros
canales. D i e h a s
manchas deben ser,
e n consecuencia ,
*
Canales de Marte mostrando los easls, tenidos por conticonsideradas como
* *
t1entes antes de los estudios astronómicos de Lowell
Hay, pues, necepuntos objetivos de
sidad de rendirse á la evidencia: el planeta la irrigación martiana, y, según otdas las
.Marte es un mundo en seco; sus extensiones probabilidades, como emplazamiento de los
azules, como sus áreas anaranjadas, son tie- centros de población. Su aspecto regular es
rra, y sólo tierra,
no menos sorprenaunque con esta didente que la mateferencia: las regiomática rectitud de
n e s rojizas deben
los canales, y en
corresponder á decuanto á su confisiertos, mientras las
guración (desde el
azuladas represenpunto de vista geotarán los centros de
m é t r i c o lo más
cultivo que irrigan
económica), es de
los canales y , de
tal naturaleza que
consiguiente, co !ono puede ser interreados por la vegep r o t a d a e o mo
tación. Que la hipóun ensanchamiento
tesis no es descanatural de los caminada lo prueba
nales. Sus diámeel hecho de cambiar
tros varían entrtJ
la coloración azul
138 y 277 kilómeen anaranjada pretros.
cisamente cuando,
Cual si esas mancon la llegada del
e h a s fuesen ojos
invierno , pierden
inmensos y múltilos árboles sus verples abiertos sobre
d e s adornos. E n
los espacios siderasuma: las á r e a s
Canales de Marte con los nombres clásicos dados á las áreas
les, adormécense y
cultivadas al suponérselas mares antes de los descubriazules, no reducimientos logrados por Lowell
vuelven á abrirse,
das aún á la espandesaparecen y reatosa sequía de los desiertos rojizos, reciben parecen, con los canales alimentadores, pero
la escasa provisión líquida procedente de los no simultáneamente con ellos, sino al poco
polos, siendo fertilizadas en la primavera. tiempo de robustecerse ó desvanecerse las

ponder, dadas las actuales condiciones de
Marte, á grandes extensiones liquidas. En
primer lugar, las áreas azules no siempre
tienen ese t o n o,
variando sus matices, del modo menos acuático, desde
el celeste verdoso
al rojizo anaranjado
de los •continentes». Y que no se
trata de extensiones líquidas lo ha
demostrado rotundam~nte el astrónomo Pickering,
con auxilio del polariscopio, de igual
suerle que demostró que las curiosas
franjasque bordean
los hielos polares
no son otra cosa
que inmensas masas de agua.

201

EL PLANETA MARTE

líneas martianas. No cabe duda de que manchas y canales guardan entre sí estrecha
dependencia, así como de que su prosperidad
y descaecimiento están subordinados á las
estaciones.
Huelga decir que las manchas martianas
han estado sometidas desde su descubrimiento á la consiguiente teorización coronada por el indispensable bautismo. Todavía
no hace mucho afirmaban ciertos astrónomos que los manchones eran lagos; pero la
circunstancia de variar de coloración dió
muerte á dicha hipótesis. Además, las observaciones polariscópicas de Pickering han
acabado definitivamente con el supuesto de
que sean masas líquidas. Parece más probable, cual afirma Lowell, que sus modificacione3 de color estacionales obedecen á la vegetación; floreciente en la primavera ) caediza y pálida al avanzar el otoño. Respecto
al número de manchas, el mencionado Lowell, á fuerza de ímprobo trabajo, ha logrado precisar ciento ochenta y cinco, emplazadas en vastos páramo3. Vistas al telescopio, aparecen del tamaño aproximado al de
una cabeza de alfiler, pudiendo ser consideradas como oasis para cuyo riego han sido
trazados y ejecutados los canales. En todo
caso, estas simples explicaciones bastan por
si solas para dilucidar ciertos hechos martianos.
Sin embargo, con ser estas teorías acerca
del origen y naturaleza de los canales y manchas de Marte de una claridad y sencillez
convincentes, ha pasado mucho tiempo antes
de que fueron aceptadas en serio. Deseando
quizás los antiguos astrónomos excépticos
eliminar la desagradable suposición de que
pueda haber más mundos habitados que el
nuestro, persistían en considerar los capacetes polares de Marte como aglomeraciones
de ácido carbónico solidificado. Para ellos,
los canales no eran otra cosa que rasguños hechos en la superficie del planeta por
cho1ues meteóricos, ó bien hendiduras causadas en la corteza martiana por explosiones intensas. Los que aventuraban semejantes hipótesis olvidaban: primero, que el impacto terrestre de un meteoro jamás produce
surcos de precisión geométrica, no pareciendo probable que esos viajeros del espacio procedan en .Marte de un modo tan científico; y segundo, que las explosiones geológicas no obran nunca de modo tan curiosamente matemático.
Nacido .Marte de la misma nebulosa de
que surgió la Tierra, podemos decir que ese
planeta es carne de nuestra carne y hueso
dti nuestros huesos, y que, por tanto, se encuentra sometido á las mismas leyes cósmi-

cas que á nosotros nos rigen. Tenemos, pues,
derecho á suponer que el protoplasma originario ha evolucionado en .Marte del mismo
modo que lo ha hecho en la Tierra, hasta
producir una especie inteligente dotada de
un organismo perfecto y en absoluto capaz
de preservarse por sí sola de la extinción.

"'

"'*

Si los canales, las manchas y los oasis
son realmente obra de ct·iaturas poseedoras de inteligencia, no puede menos de plantearse esta pregunta: ¿qué clase de seres habitarán en Marte? llagamos algunas deducciones, basándonos en lo que sabemos acerca
de las circunstancias físicas dd planeta.
Sabemos, por ejemplo, que debido á lo
extraordinariamente sutil de la atmósfera
martiana, nosotros los terrestres viviríamos
allá con suma dificultad: las condiciones serían análogas que si habitáramos en el pico
más alto del Himalaya. Los martianos habrán de estar, por tanto, organizados físicamente para poder respirar en una atmósfera
en extremo enrarecida. En primer lugar, debemos imaginarnos sus pulmones muchísimo mayores que los nuestros, suponiendo
esa circunstancia una caja torácica monstruosa. Más allá de esto ya no es fácil avanzar con seguridad en la descripción física de
los vecinos de Marte: casi, casi no nos atrevemos á asegurar que se asemejen corporalmente á un ser humano.
Marte es viejo, millones de millones de
años más viejo que la Tierra, y si las leyes
de la Naturaleza rigen en él cual es de suponer, sus habitantes deben haber sobrepujado en inteligencia á los terrestres hace
larguísimo tiempo. Circunstancias evolutivas, en absoluto distintas de las que han imperado en la Tierra, pueden haber determinado, por selección, y para tipo dominante,
un organismo inteligente nada parecido al
humano. No debe olvidarse que la supremacía del hombre en la Tierra es un accidente
que el ser humano debe solo á su cerebro,
puesto que desde el punto de vista físico es
aventajado por muchos animales inferiores
á él. Hay motivos para presumir que el martiano típico habrá de ser una criatura inmensamente más vigorosa que cualquiera
de nuestros atleta5 profesionales. Piénsese, en efecto, que la fuerza de la gravedad
es en .Marte mucho menor que en la Tierra,
debido á que el planeta estudiado tiene un
volúmen nueve veces inferior al de nuestro
mundo. Así, el más enteco marliano podrá
llevar á cabo proezas atléticas capaces de
dejar estupefacto al mejor de los acróbatas
terrestres.

�202

POR ESOS MUNDOS

Al martiano le sería, ciertamente, cosa fa.
cilisima recorrer ciento cincuenta metros
en tres ó cuatro segundos., saltar á piés juntillas por encima de un árbol de regular altura, y lanzar una pelota de football á 460
metros. ¿Sabes por qué, caro lector? Pues
porque, debido á la menor atracción de la
pesantez, el martiano debe ser lo menos tres
veces más ancho que el hombre terrestre y
hallarse dolado de músculos veintisiete veces más poderosos que los nuestros. Admitiendo que el marliano sea una criatura así
organizada en lo físico, y considerándole
simplemente como una máquina con cerebro, sus posibles obras de excavación de canales, en un planeta donde pesan los cuerpos una tercera parte que en la Tierra, son
para sobrecoger el ánimo del más inaccesible al asombro. Sépase que un bracero martiano podría rendir, en un tiempo dado, la
misma cantidad de trabajo que cincuenta ó
sesenta zapadores terrestres, y ejecutar tan ta obra como una de las más poderosas excavadoras de Panamá: ¡este bracero martiano llevaría con toda facilidad sobre sus
hombros una carga de dos toneladas y media!
Todo lo que se sabe hoy acerca de Marte
producto es, principalmente, de meros razonamientos basados en la observación de hechos. De las inmensas dificultades vencidas
por el astrónomo para recopilar todos esos
hechos y formular deducciones podrá tenerse idea, aunque ligera, si nos colocamos en
la situación de un sabio martiano tratando
de explorar con su anteojo los misterios de
la Tierra. Ese observador martiano reconocería fácilmente nuestras nieves polaresé interpretaría con toda corrección el fenómeno;
luego, contemplaría los desiertos terrestres,
semejantes á amarillentas motilas, y los diputaría, con acierto, territorios estériles; por
último, nuestros manchones verdes serían
interpretados como áreas de vegetación. Una
cosa intrigaría extraordinariamente al astrónomo martiano: las manchas azules de los
grandes mares. Y ello sería, en verdad, explicable: no habiendo visto jamás en su planeta semejantes masas de agua, y no distinguiendo canal alguno entre ellas y los desiertos, claro es que habría de devanarse los sesos para dar con la solución del enigma.
También resultaría inexplicable á sus ojos el

hecho de que las manchas verdosas correspondientes á la vegetación terrestre vayan
palideciendo desde el ecuador á los polos,
siendo así que en Marte ocurre todo lo con .
trario, ó sea que la vegetación desciende de
los extremos del planeta al centro.
No menor admiración causarían al astró•
nomo martiano las nubes que á veces se
ciernen sobre la Tierra, nuestra densísima
atmósfera y nuestros grandes ríos serpenteantes, lan distintos de los rectilíneos canales á cuya contemplación está acostumbrado. La tremenda fuerza de nuestra gravitación le llevaría quizás á suponer que ninguna criatura terrestre sería capaz do soportar el terrible choque de las gotas de lluvia,
ó que, de exislir en nuestro pianola seres
vivientes, habrían de estar protegidos como
las tortugas á fin de resistir, incólumes, el
acuático bombardeo. En cambio, apreciaría
bien en la región correspondiente á la India
el efecto producido sobre las masas vegetales al fundirse las nieves del I-Iimalaya, en
cuanto el área de observaciones sería lo bastante ancha para permitirle distinguir con
claridad las diferencias de coloración según
las estaciones. Y, por último, acaso le preocupasen algo los oasis de nuestros grandes
desiertos, desprovistos de canales fertilizadores al estilo de Marte.
Terminemos el presente artículo corr un
ejemplo perfeclamente expresivo de fas dificultades que envuelve la observación astronómica de Marte. Supongamos que nos invitaran á leer un libro en un lugar situado á
doscientos cincuenta metros de nuestros ojos.
Sin duda, habríamos de renunciará descifrar
con brillante rapidez las líneas impresas.
Pues, hagámonos cuenta de que la labor de
un Schiaparelli ó de un Lowell es todavía
más difícil: por efecto de que la atmósfera
terrestre jamás se encuentra en calma absoluta (antes por el contrario, &lt;hierve• , digámoslo así, constantemente), Marte tiembla
de un modo continuo ante el objetivo del
lalescopio, y de ahí que no pueda ser vist9
con el necesario reposo. ¿Qué nos ocurriría
á los lectores del libro colocado á doscientos
cincuenta metros, si además de hallarse lo
escrito á tal distancia,se encargase cualquiera de hacer oscilar el volúmen? Nuestros esfuerzos, en tal caso, no tendrían mejor éxito
que con el libro inmóvil.
¿No es, por consiguiente, estupendo que
se sepa lo que ya se sabe del planeta Marte?
W ALDEMAR KAEMPFFERT

CUENTOS DEL DOCTOR

LA MAÑANA DE WATERLOO
cosas pequeñas! ¡El grano de areL nal-dijo
el doclor sonriendo con cierAS

'

'

ta displicencia.-¡Oh! Si no escapasen al análisis ó á la observación, se vería que los pequeños detalles siempre fueron origen de
1os mayores y transcendentales sucesos:
la poca profundidad del Rubicón da á la
República de Roma un dictador; por el abanico del bey de Túnez perdió un pueblo su
independencia; y 1cuánlas veces por la sonrisa de una mujer el ángel de la guerra extendió sus alas!... Un perro fué la causa de
que Napoleón, el dominador de Europa, el
que hizo estremecer el mundo al paso de sus
legiones, viera ocultarse tras de las lomas de
Mont Saint-Jean el glorioso sol de Austerlitz ...
Y como el buen doctor viese con este
preámbulo despierta la atención de sus oyentes, &lt;lió una chupada á su cigarro, sacudió á
papirotazos los pequeños copos de ceniza
caídos sobre su pantalón, y adoptando una
nueva y cómoda poslura empezó así su relato.

*

**
Era la avalancha, la avalancha asoladora
la que se acercaba, talando aquellos fértiles
campos, entenebreciendo aquellos horizontes de azul transparencia.
La invasión se vertía sobre la llanura con
sordo rumor de esclusa: sus torrentes de
hombres y cañones se adelantaban en procesión interminable marcando con líneas
negras las jorobas y declives de la campiña,
con lento jadear, con respiración fatigosa de
gigante en marcha.
El cañón hollaba el surco que dejó la esteva esterilizando las germinado.ras semillas;
los arbustos tronchados lloraban por sus he-

ridas atroces gota á gola su savia cristalina;
el humo de las cabañas no alzaba su espiral
somnolienta en las azuladas brumas de la
tarde: un aliento poderoso la deshacía en
girones; el rebaño medroso y fugitivo se retiraba por la senda en un nimbo de polvo, y
el rudo labriego veía caer aquella amenaza
de muerte sobre sus campos y sus florestas.
Cuando el pastor acudió presuroso á la
puerta de su cabaña, los ladridos del perro
habían cesado. Un grupo de soldados le rodeó: sus ademanes violentos, sus voces, le
hubieran atemorizado á no llamar su atención su fiel amigo, el defensor y guía del rebaño, que herido de un bayonetazo arrastraba su agonía á los piés de su amo: por unancho boquete se le escapaba á oleadas la sangre, y sus ojos vidriosos miraban á su dueño
con expresión de dolorosa agonía.
-¡Dios de Dios!-gritó el campesino con
furioso ademin.- ¿Es así cómo empleáis
vuestras armas?
- Era un enemigo del emperador y de la
Francia,- contestó un soldado dando un fuerte golpe en tierra con la culata de su fusil.Tu perro maldito era un perro inglés: ha
clavado sus colmillos en la piel de un soldado de la guardia ... y se le ha tratado como á
enemigo.
Durante este corto diálogo, la soldadesca
como fiera hambrienta, husmeaba todos lo~
rinco~es del mísero albergue, y el pastor fué
empuJado, arrollado por la turba famélica.
Son de ver cómo se manifiestan los instintos de fiera en el hombre apenas se rodea
de un ambiente de lucha y de violencia: los
gritos, los ademanes, el mismo aspecto de
aquellos hombres, hacían dudar si eran soldados de un ejército ó una cohorte de bandidos que había vomitado la montaña.

�204

LA ~JAÑANA DE WATERLOO

POR ESOS MUNDOS

Y llegaban, llegaban sin cesar, con sus as- ola que invadía la caro piña con su rumor
trosos uniformes cubiertos por el polvo, con sordo, lento, crepitante.
sus peludos morriones de anchas carrilleras
*
metálicas, sus ámplias mochilas y sus allas
*
*
En aquella mañana gris la puerta de la
polainas manchadas de barro hasta las rodillas. Todo caía al impulso de torrente de hostería de Caillou aparecía ilumjnada en la
aquella horda de hombres y caballos que im- bruma como un fa ro lejano. Allí había estapulsados por el genio de la ambición iban blecido Napoleón su cuartel general, miensembrando la desolación y el espanto.
tras su ejército se extendía en línea delante
Un jinete de casaca galoneada refrenó el de Planchenoit.
La lluvia caía sin interrupción sobre las
caballo y dirigió la palabra con acento autoritario al rudo labriego, que inclinado sobre obscuras masas de soldados, que dormían en
el moribundo
e l encharcado
can lanzaba
• suelo el sueño
fatigoso é i n mir a das de
quieto en la esso rda cólera
sobre la mupera de un día
de batalla.
chedumbre arA la puerta
mada que I o
de la hostería
invadía todo.
un soldado en-1Eh, paisano!-le gritó
vuelto en un
el o fi c i al, á
capole, arma al
quien seguían
brazo daba la
dos húsares de
guardia aguanvis tosas fornitando á pié firturas.-¿Serás
me el continuo
práctico en el
llover de aqueterreno?
lla noche meEl labriego
morable, miens e incorporó
tras que, densin contestar.
a I reflejo
- ¿Has oíde la luz
que se dido? - insistió
el oficial.
vis aba
des d e
~ Conoces
fuera, un
estos conhombre
tornos?
apoyado
- Soy
del país,
de codos
en un a
de este
país que
mesa rúsasoláis
tica, mecon vuesditaba y
tra malrecorrí a
dita guecon la visEl perro fué herido de muerte por un bayonetazo
rra- conta las litestó el
neas compastor malhumorado,de una mar.era brusca. plicadas de un plano. Su enérgica silueta y
- Puedes, pues, servir de guia: el empe- su ademán melancólico y sombrío imponían
rador paga bien á quien le sirve.
un silencio solemne á sus acompañantes,
- Pero lleva la muerte por donde pasa,que dormitando en incómodas posturas no
rcplicó el rústico, siempre en tono seco. se atrevían á interrumpir la calurosa medi¡V ea lo que hacen sus soldados! Talan los tación del adusto personaje.
campos, matan é incendian.
Era un cuadro interesante el que forma- ¡Basta!- gritó colérico el oficial; y vol- ban aquellos hombres de galoneados uniforr ipdo á sus húsares:- ¡Uaced que este hom- mes mal envueltos en sus capoles grises y
h~ siga al ejército: hacen falta guias y co- apoyados en sus armas, que iluminaba una
nocedores del terreno.
vela de sebo que hacía o~cilar el aire húmeFué llevado, arrastrado más bien, por la do de la mañana, mientras que en el hogar,

.

205

Un hombre apoyado de codos en una mesa
rústica recorría con la vista las líneas complicadas de un plano

'

entre cenizas, se consumían los últimos rescoldos.
Pesaba aquel silencio con la rnlemne
amenaza de un día terrible, precursor
de una hecatombe: la Historia se disponía á escribir en su infolio una nueva
página de horror y de exterminio.
Aquel hombre que apoyado de bruces
en l a mesa m editaba sobre el mapa era
Napoleón, con su actitud de águila en
ac·ecbo, con su apuntado y típico sombrero. Su sombra se proyectaba en lapared con caractéres de esfinge.
Nadie osaba interrumpir el silencio del
emperador. Sus generales y ayudantes esperaban una órden, un mandato, para lanzar
de nuevo sus huestes vencedoras contra el
enemigo y arrancarle la victoria.
-La jornada depende de Grouchy,-dijo
proféticamente el emperador.-Si c umple
las órdenes que le he dado, tenemos noventa y nueve probabilidades contra una.
Allá abajo, en la llanura, sobre la granja
de Cuatre-bras, y en los bosques de Hugomont, el enemigo se aprestaba á resistir la
embestida. El ejército imperial, por su parte,
se disponía á ocupar su puesto de combate.
Dos soldados de húsares de la guardia
icompañados de un oficial conducían por el

camino ,de la Bella-Alianza á un hombre quo
cubierta la cabeza con un gorro de pieles y
calzando gruesos zapatones seguía el paso
de los caballo3.
Al llegar á la puerta de la hospedería fueron recibidos por un ayudante de campo, el
cua hizo pasar al campesino á presencia del
emperador.
-¡Señor, aquí está el guial- dijo el ayudante, saludando militarmente.
Napoleón fijó su vista inquisidora en el
paisano, y después de un momento de exámen le preguntó:
-¿Eres práctico en el país?
----Señor, aquí he nacido y no he salido
de estos contornos.
-¡Bienl-contestó el emperador, dirigiéndose á sus ayudantes.-Que siga al Estado

�206

Mayor. Pueden sernos útiles sus serv1c1os.
Un momento más tarde, seguido de sus generales, abandonaba Napoleón la hospedería
y se dirigía á la Bella-Alianza, recorriendo
las líneas de su ejército entre los vítores de
sus soldados y los acordes de las músicas
militares... La batalla iba á empezar.

ninguna quebrada basta pasado Mont Saint•
Jean.
-¿Estás seguro?-insiste el emperador,
sin dejar de mirar al enemigo que avanza.
-¡Seguro, señor!...
-Sin embargo,-insiste Napoleón-parece que se corta el terreno ...

A las ocho de la mañana del 18 de Julio
de 1815 la lluvia babia cesado. La artillería,
La batalla seguía encarnizada, el cañoneo
sobre el suelo cenagoso, lograba ponerse en era un trueno prolongado.
marcha para apoyar á los tiradores de GeY entonces ordenó aquella carga legendarónimo Bonaparte, que habían roto el fuego ria: los regimientos de coraceros fueron lancontra las líneas inglesas.
zados en desenfrenada carrera; la tierra, fieEl cañón dejóse oir: una tempestad de hie- ramente batida por el furioso galopar, retemrro y humo envolvió el valle de Waterlóo.
blaba, y hombres y caballos se precipitaron
Sobre el castillo de Hugomont, la metralla hácia el enemigo con el ímpetu de una
francesa caía en espesa lluvia, y ante sus mu - tromba.
ros abiertos por la brecha se habían estreEl guia, en la atención de aquel momento,
llado las acometidas furiosas de los vetera- había• deS!J.parecWo. Su espíritu de vennos imperiales. El teniente Legros, de inge- ~-anza cruel ' esfaba ·:'s~ti_sfecho: ::aballos y
nieros, rompía á golpes de hacha la puerta Jmetes cayeron revueltos\ea.,¿ despeñaden
del castillo, pero sus esfuerzos fueron vanos
los regimientos escoceses, mermados exterminados por el torrente de metralla, ~o cejaban un punto, y los asaltantes tenían que ceder en su porfía, dejando al enemigo dueño
de la población tan sangrientamente disputada. Y mientras tanto que Ney marcha sobre la
hospedería de Cuatre-bras,llave de la posición del ejército ingíés, su artillería, alas:cada hasta el cubo en profundos lodazales, cae en poder de la caballería enemiga; pero los húsares de la guardia recuperan I o perdido u n ro omento ,
aniquilando á los jinetes británicos.
Por el camino de la Haie un
nuevo ejército se aproxima.
¡Bllicherl ¡Grouchyl... La· derrota ó la victoria.
Es el enemigo, es el ejército de Blücher, que acude
en apoyo d el ejército de
Wellington. ¡No importa! Si
Gro u ch y aparece, este ejército será exterminado.
El emperador, á caballo,
qu e sigue con su anteojo
aquel desfilar de hombres
que llega, aquel nuevo enemigp que tiene que vence:·,
se vuelve•apenas y da una
orden. Un ayudante de campo conduce al guia, •que es
interrogado.
,
•·
,
- Todo es liso como la
palma de la mano,-contesta el campesino. - No hay
N 11¡,olcón lanzó sus coraccl'Os en desenfrenada carrera contra el encml:o

207

EL PARQUE

POR ESOS MUNDOS

de Saint-Jean, que él ocultó engañando al
t'mperador; inmensa tumba qlle se cubre
bien pronto de cadáveres, para servir de
puente á los demás compañeros que en la
carga frenética, con la rienda suelta y el sable en alto encontraron segura muerte ante
los cuadros ingleses.

flustraciones de F. de la Mota.

¡Empeño inútil el he1 oísmo de los bravos
coraceros! ¡La batalla estaba perdida!
Al cerrar la noche entre fulgores de incendio, un hombre de rústico aspecto contemplaba cómo un rey sin soldados y sin trono abandonaba el campo de batalla de Waterloo.
Lms MARTÍNEZ DE ESCAURIAZA

EL PARQ UE
(DE ANDRÉ OIDE)

Cuando vimos que estaba cerrada la puerta del parque
largo espacio de tiempo llorando quedamos.
'
Cuando vimos que el llanto de nada servirnos podía,
lentamente á emprender el camino volvimos.
Todo el día pasamos rondando los muros.
Risotadas y voces llegaban á veces de adentro;
y pen~ando en la fiesta que allí sobre el césped se hacía,
mvad1ó nuestras almas tristeza profunda.
Tiñó el véspero en rosa del huerto las tapias.

Lo que adentro pasando estuviera ignorábamos. Sólo
agitarse las ramas encima del muro veíamos
y caer desprendidas á veces al suelo las hoj;s.
GABRIEL

LATORRE

�RECUEflDOS DE GARIBALDI

l{ECUERDOS DE GARIBALDI

L'EROE DEI DUE MONDI
ItaHa ha celebrado con grandes fiestas el 4 de Julio último el centenario clel n~cimien:
to de su ilustre hijo el general Giuseppe ?'at•ibaldi, llat~ado P?r lo~ SUJ!OS l Eroe ~e1
due mondi. E,n el carácter de nuestra revista y dada la indole ~n/?1 mativa que pi eside á s-u,3 páginas, cábe muy bien recordar la vida llena de ,v_iéisitudes del gener~l
italiano que fué un tiempo por su,3 campañas y por su pol?_tica el hombre _que mas
atrajo la atención del mundo entero. Y á este efecto vamos et e:;;hwnctr aqiti algunos
detalles de la existencia que llevó Garibaldi en los años 1850 et 1854 cu.ando estuvo
desterrado en Nueva York.
al nombre de Garibaldi,-ha diR cho Mazzini-un
nimbo que nada pueODEA

de extinguir: toda una vida dedicada á un
sólo objeto su país, al que, primero en el
extranjero 'y después en la patria, consagró
gran valor y constancia, que no amortiguaron los sufrimientos á que tuvo que verse
sujeto, pues lo mismo supo bat!rse y llenarse de gloria por Italia, que sufrLr por ella las
pruebas más duras y difíciles con una sencillez tal en sus costumbres que recuerda á
los hombres de la antigüedad., En efecto, Garibaldi pasó por los trances más opuestos en
su azarosa existencia: comenzó su carrera
militar en la armada de su patria, de la
cual fué proscrito en 1834 por pertenecer
á la sociedad secreta Joven Italia, que organizara Mazzini; huyó á Sud América, donde
sirvió al ejército de Río Grande do Sul en
1835 y al de Uruguay desde 1836 á 1848,
año en que regresó á su país y mandó las
tropas que estérilmente defendieron.á la República de Roma, muerta apenas namda; desterrado nuevamente en 1850, fué á Nueva
York, volviendo á Italia en 1854 y estableciéndose en la isla de Caprera; en 1859 mandó los célebres cazadores alpinos en la guerra de Cerdeña y Francia contra Austria; en
1860 invadió Sicilia y capturó Nápoles; en
1862 organizó una expedición contra Roma
y fué derrotado por las tropas nacionales en
Aspromonte; en 1866 operó en el Tyrol con-

tra los austriacos; capitaneó contra el Papa
en 1867 una expedición que fué der!?ta_da
en Mentana· se alistó en 1870 en el eJerc,to
francés y p;leó contra Prusia; en 1871 fué
elegido diputado de la Cámara F~ancesa; y
en 1874 se le concedió por! primera ve;:
la investidura de miembro del Parlamen lo
italiano.

*
* *

En una obscura y reducida calle de Clifton en Staten Island, vecindad incorporada
ahdra con el nombre de Ricbmond Borough,
al radio de la gran ciudad de Nueva York,
existe una casa de pobre aspecto, hoy deslucida y desierta de vecino3, per? q~e ha
sido objeto ~e innumerabl(l¡l pe~·egrrnac1~nes
de patriotas il_alianos, que vie:on satisfechos los sentimientos que les ammaban con
la sola lectura de la inscripción contenida en
una lápida, blanca en otro tiempo, que se
halla fija á una de las paredes de la casa, y
que dice así:
QUI VISSK SSULS DAL

1851 AL 1853

GIUSEPPE GARIBALDI
L'EROB DEI DUK MONDI

8 Marzo 1884

Alcimi amici posero

El solo hecho de que· en esta misma lápidr,
conmemorativa, colocada por compatriotas )

209

amigos personales de Garibaldi á los dos de s us compatriotas. En aquel tiempo estaba
años de su muerte, estén equivocadas las la ci udad de Nueva York llena de italianos
fechas «1851 á 1853» en que el ilustre gene- refu!!'iados políticos, algunos de los cuales
ral vivió en Nueva York, ya que no sean po- babí~n sido compañeros de armas de Garisitivamente incorrectas, demuestra cuán baldi en sus campañas contra Austria, convagas y obscuras son las fechas que han de tra los Borbones de Nápoles, y contra la Roservir de basll á los cronistas que quieran ma papal. A la residencia de •rna de ellas,
tratar este
Mi ch ele
asunto. Sin
Pastacaldi,
embargo,
en lrving
bien emPlace. fué
pleados esG«r'i b a I di
tán el tieminmediatapo y el tramente que
bajo que se
llegó á I a
dediquen á
ciudad, y
reunir r een esta cacuerdos pasa el h é ra prP-senroe italiano
tar este caconoció al
pítulo de
escritor
la vida de
Teodoro
aquel homDwight,
bre, cu y a
que desmemo ria
p u é s fué
será peren~u
biógrane y mu fo, al cua l
cbos de cuconfió el
yos actos
Garibaldi en Nueva York. Aparece rodeado de sus vetern.nos que con él vivían
en cargo de
en destierro. • ~ su lado está sentado, mostrando su venerable barba blanca,
tienen cierAntonio Meucci, el más leal de sus amigos
traducir y
to ¡;abor lepublicar el
gendario aún para los que fueron sas famimanucristo de sus «Memorias, personales
liares coPIP.mt&gt;Qráneos.
hasta aquella fecha. Contaba entónces Garibaldi cuarenta y tres años de edad y estaba
en la plenitud de su virilidad físicai no obsEl año 1850 fué el más movido y qmr.as tante los padecimientos artitricos que había
el más triste de toda la vida de Garibaldi.
adquirido en la América del Sur.
Al volver á Italia en los días revolucionaLa primera impresión que á Dwight prorios de 1848, después de una estancia de
dujo la presencia de Garibaldi la explica éste
doce años en la América del Sur, peleó des- vívidamente en una nota que aparece en la
esperadamente, pero en vano, por la apenas primera edición de su libro, que no se publinacida y muerta República de Roma, desafió có hasta etraño de 1859 porque el general
á los victoriosos austriacos en una campaña
italiano rogó que se retrasara la publicación
de guerrillas donde desplegó valor prodigio- de aquellas «Memorias» basta una época
so, y sintió el inmenso dolor de ver que su
propicia, que no llegó sino nueve años
heróica esposa, que estaba siempre á su lado
después, cuando la campaña de los cacciaen medio del combate, perecía en los martori clelle Alpi produjo la admiración del
jales de Ravenna. Proscripto 'f desterrado,
mundo. «Garibaldi- diceDwight-tenía frenescapando con vida á duras penas, atormente ancha y redonda; nariz recta casi perpenta?º por_ el. reumatismo y la fiebre, huyó á dicular, no demasiado pequeña, pero de forTanger, a Gibraltar, y por último, álos Estama delicada; grande bigote castaño y poblados Unidos de Norte- América desembarcanda barba que ocultaba la parte inferior del
do en Nueva York á mediados de Junio de
rostro; pecho desarrollado; movimientos li1850.
bres y atléticos, no obstante la mala salud y
Garibaldi fué á la tierra norteamericana
el reumatismo que inutilizaba su brazo deen compañia de su amigo Francesco Carparecho; ojos grandes obscuros penetrantes y
netto, con la idea de adquirir aquella ciureflexivos, pero bondadosos y revelando cadadanía para luego tomar el mando de un
riño; porte natural, franco y sencillo, que
buque mercante que había de construirse
prodigaba un cortés movimiento de cabeza
por suscripciones cooperativas de algunos
y afables apretones de manos. Hablaba fran2

�210

PO!l ESOS MUNDOS

cés é italiano con dominio perfecto del · len- dignidad, fuerza v bondad, con relámpagos
guaje, y se expresaba con tan grande belle- violentos de cóle.ra, pero con disposición
za que hubiera sido notable orador y aca- pronta y generosa al perdón, y con ausencia
démico si así hubiese pretendido aparecer. de todo rencor, de toda malicia y de toda
Recuerdo en efecto, que, al abandonar la crueldad.»
Todavia convaleciente, ydisgustándole aún
compañía' de Garibaldi hice una silenciosa
el ruido de la ciureflexión sobre el
dad, Garibaldi fijó
hecho de que aun
temporalmente su
cuando antes haresidencia en Clifbía o í d o hablar
ton, en Staten Ismu y elocuenteland, que por enmente y de manetances era el cenra en verdad imtro social d e un
presionable á mus uburbio pintoreschos hombres cueo y aristocrático.
yos caractére~ adTan pronto como
miraba y c u y as
se estableció en
opiniones a pro su nueva residenbaba, Garibaldi llecia, dijo: «Aquí esgó áelevar mi imatamos una colonia
ginación é imprede italianos destesionar mi corazón
rrados, sin o t r a
de un a manera
ocupación que la
completamente t,
de hablar, y es
nueva, sorprenpreciso reconocer
dente é indescripCasa que habitaron Garibaldi y Meucci en Clinon, en
Nueva York
que con tanta
tible »
conversación no
E n cuantos lo
conocieron parece haber dejado Garib~ldi la vamos al fin de nuestra empresa, que remisma impresión de hombr~ ~ab¡iJ~dor, quiere hechos. Entretanto, pues, que lleg¡l la
sencillo y llano, al que cualqmera pod1a ha- oportunidad para luchar, trabajemos.» Gablar- del más generoso y perfecto caballero, ribaldi creía que cualquiera clase de trabajo,
un daballcro bayardo de todos los oprimi- por rudo y humilde que fuese,· era prefedos. Uno de sus biógrafos norteamericanos rible á la holganza y á la dependencia, y
siempre recomendice que «en las
daba con interés i;
relaciones privas u s compañeros
d as era el más
desterrados q u e
amable y sencillo
rechazaran el sode l o s hombres;
corro
caritativo. A
los niños acostumpropósito de esto,
braban á dis puun italiano que vitarse el placer de
vía en aquel lugar,
jugar con él; y si
Antonio M eucci,
en una habitación
hombre de invenllena de gente se
tiva y trabajador
tuviese que haber
práctico, e 1 cual
buscado persona á
disponía en s u caquien confiar una
sa de local sufiesposa ó una herciente, propuso esman a, hubiérase
tablecer una fábrielegido inmediataca de salchichas. ·
mente, entre cenEl planfué prontatenares de hom-Ruinas del horno y caldera de la fábrica italiana de bujías,
tal y como aparecían en 188¼
mente puesto en
b res, al general
ejecución, y en él
Garibaldi: tal era
el sello que en él se veía á primera vista de encontraron ocupación, aunque transitoria,
caballerosidad y de honradez. Garibaldi fué muchos pobres italianos expatriados.
Pero la fabricación de salchichas resultó
distintivamente el tipo leonino del hombre,
tanto moral como físicamente. Aparentaba entonces, como resulta ahora, precario negoposeer la noblP. naturaleza del león, todo cio, y la empresa fracasó. Inmediatamente.

RECUERDOS DE GARIBALDI

211

fué reemplazada por otra clase de fabricación, que proyectáis para el prox1mo sábado; lo
la de bujías, que llegó á adquirir renombre lento de mi convalecencia hace además imen toda América. En esta fábrica, Garibaldi posible que fije día para que pueda acceder
trabajaba manualmente, no porque estuviera á los propósitos expresados en vuestra cariobligado á ello, sino probablemente para dar ñosa y lisonjera invitación. Confío, pues, en
ejemplo. Uno de los que también trabajaron que me permitiréis que signifique mi deseo
allí fué Giovanni P. Morosini, hoy importante de que abandonéis por completo el proyecbanquero de Nt1eY:i-York, que en 1850 llegó tado testimonio. l~tia pública exhibición no
á aquel lugar en
es necesaria pabusca de fortur a asegurarme
na. En las «Me1a simpatía de
morias» de Gamis compalrioribaldi que s e
tas y la del puepublicaron por
b 1 o americano
su hijo Menotti,
por las desgraen Florencia, en
cias que he pa1888, seis años
decido y por la
después de la
causa q u e las
muerte de su
ha ocasionado.
padre, el héroe
Creedme bien:
italianohace esesloy mu y sata breve pe ro
tisfecho con que
característica
se me deje tranm en ció n de
quila y humilMeucci: «Un
demente llegar
brav' uomo mio
á ser ciudadano
amico, Antonio
d e esta gran
Meucci, florentiRe p úb li ca d e
no, si decide á
hombres libre ,
s t abi lire una
y darme á Ju
fabbrica di can vela bajo el amdele e mi offre
paro de su bandi aiutarlo nel
dera para emsuo stabilirnenprender el coto. Detto fatto ...
mercio á fin de
Lavori per a 1ganar mi suste11cuni mesi c o l
to, y esperar así
Meucci, il quale
un momento
non mi trattó
m á s favorable
come un suo lapara trabajar en
vorante qualunmi país.»
que, roa come
uno della famiglia, e con molla
amorevolezza» .
En su retiro
No pasó mude Clifton, Garicho tiempo de
baldi no dedieste trabajo de
caba, natural Garibaldi en la
Garibaldi en Caprera, el año 1855
mente, todo su
fábrica de butiempo y su s
jías sin que una comisión de los principales pensamientos á la fabricación de bujías. Havecinos de Nueva York se llegara hasta Stabíase impuesto la tarea de escribir una serie
ten lsland invitándole á que dejara por una,
de semblanzas personales de aquellos de sus
horas su modesto retiro y aceptara los ho compañeros de armas cuya pérdida lamen nores que pensaban tributarle en una recep- taba el héroe italiano. La primera de esas
ción pública. La respuesta, fechada el 3 de semblanzas era la de s u mujer, Anita GariAgosto de 1850, fué cortés, pero de negativa baldi, acerca de la cual se expresaba de este
ª?soluta. •Señores, -les dijo Garibaldi.modo el general en una nota que diri"ía
á
0
S1ento mucho que mi pobrísima salud no me
Dwight: •Cumpliendo lo prometido, os e nvío
consienta lomar parte en la demostración la primera semblanza, que no os sorprenderá

�212

POR ESOS MUNDO!;

puede todavía verse un tablón, castigado por
sea la de mi mujer. Ella era mi compañera
las tempestades de más de medio ~ig]o, que
constante, en la buena y en la mala fortuna,
lleva el nombre de Lorenzo Venf1tra. Denparticipando, como veréis, de mis mayores
tro de este edificio hay un museo de impresos
peligros y sobrepasando á los más valientes
antiguos, billetes de teatro y otros históricos
entre los valientes.• Pero después de hacer
recuerdos garibaldianos, sobresaliendo entre
media docena de estos trabajos, Garibaldi los
estos una mesa redonda con tablero de már. interrumpió por causa de la fatiga que sentía
mol en el que, según la tradición auténtica,
al escribir.
aquel general italiano acostumbraba á jugar
Las •Memorias, de este ilustre general,
al dominó y á charlar con sus amigo~. La
recuerdan con sincera franqueza la casi incasa de Ventura era á mediados del siglo últolerable obsesión de melancolía é intrantimo centro favorito cosmopolita de actores,
quilidad que se apoderó de él en los primede periodistas y de literatos, y allí fué donde
ros meses de su estancia en Nueva York. El
Garibaldi conoció á .John Anderson, un rico
propio Garibaldi cuenta cómo en una ocasión cedió al momentáneo impulso de deses- industrial de tabaco que tenía su tienda
peración, y se dirigió á los docks de Staten precisamente en la esquina de la calle en
que vivía Ventura. lnduJsland resuelto, si e r a
dablemente,se debió á las
posible, á embarcar como
conversaciones con Anmarinero en uno de los
derson y Meucci, que hamuchos barcos ingleses y
bían visitado la Habana
americanos allí anclados.
y conocían á fondo aquePreguntó á los pilotos si
llas condiciones políticas,
serviría para auxiliar los
el hecho de que Garibaldi
trabajos, y como no le
llegara á interesarse en la
entendieran porque apeidea de una revolu.:ión
nas hablaba diez palapor la independencia cubras en inglés, fué áspebana, á propósito de cuyo
ramente rechazado en sus
asunto se cuenta que conpretensiones como sencitestando un día el genello tripulante el que había
ral á una obse'rvación que
sido comandante de la
varios cubanos le hacían
flota republicana del Braacerca de las malas consil.
diciones en que estaban
Nada opuso Garibaldi á
para hacer la• guerra á
C'sta repulsa, pero resuelEspaña por carecer de artamente tuvo que comba1.0as, exclamó: «Un valotir los azules diablos de
roso sá sempre trovare
la nostalgia y del fastidio
un'arme.»
Garibaldl, en el año 1863
y los vanos y tristes reCuando al empezar el
cuerdos. Había que trabaaño
de
1851
Garibaldi
y Carpanetto se enconjar y había también que recurrir á las distracciones caseras. Meucci aparejó un pe- traron en situación de tomar el San G-iorgio,
queño bote, al que puso el nombre de I-lugo pequeño barco mercante, para hacer ostenBassi, aparejándolo con una vela que pintó siblemente un viaje comercial á la América
de rojo, blanco y verde. En este bote disfru- Central, se dieron primero á la vela para la
taron los dos muchas excursiones de pesca Habana, donde parece que tenían importanpor la bahía y entre los lagos de Lor.g Island. tes, aunque misteriosos negocios. El mismo
Garibaldi gustaba también de vagar solo por Garibaldi, en sus •Memorias», nos dice que
los montes, y dedicaba algunos dias á la caza adoptó el nombre de Giuseppe Fane, aliRE
en Dongan Hills. En cierta ocasión le detu- que había usado anteriormente en sus asociavieron por violación de algunas ordenanzas ciones con el movimiento de la Jóven Italia
municipales por él ignoradas, y tuvo que en 1834. Puede ser que no fuera expedición
presentarse ante el magistrado local, el cual, de filibusterismo este viaje á la América Cenal ser identificado Garibaldi por sus amigos, tral en 1851, el cual permanece aún en impenetrable curiosidad y del que no existen
sobreseyó inmediatamente la sentencia.
fechas ni detalles precisos. Es muy probable,
*
sin embargo, que la verdadera relación de
*
*
En Ful ton Street, cerca de Broadway, Nue- Garibaldi con el movimiento separatista de
va York, sobre la puerta de un.antiguo edifi- Cuba fuera más importante de lo que siempre
cio de ladrillos ocupado ahora por un bar, se ha publicado y escrito acerca de ello.

�214.·

OFÉLIDAS

la universalmente renombrada camiciarossa
de los garibaldinos. Acerca de esta prenda
que usó Garibaldi guárdase una carla, escrita
por Meucci el 10 de Julio de 1882 al eminente geógrafo y lingüista italiano Celso Cesare
Moreno, negándose á oir las proposiciones
que intentaron hacérsele para que la vendiera. He aquí la forma en . que se expresaba
el lealísimo amigo de Garibaldi: «Ho veduto
nel giornale che mi mandaste, che il príncipe Torlonia amerebbe fare acquista della
camicia rossa del generale Giuseppe Garibaldi. Ora vi dico che molti americani é inglesi
mi domandano la stessa cosa non solo, ma
vorrebbero tutti gli oggetti appartenen ti giá
ali' Eroe e che conservo religiosamente in
mio possesso: roa á tutti dico di no, perché
non voglio fare interesse con tali reliquie.
Sono estremamente povero, ma ad ogni

modo custodiró religiosamente tali ricordi e
provvederó onde alla mía morte non vadano
in mano d'immeritevoli persone.»
Otros recuerdos personales de Garibaldi,
cariñosamente conservados por Meucci hasta
el año 1889 en que murió, eran dos bastonea,
un estilete montado en plata, un alfiler-camafeo y una medalla de bronce. En el pequeño gabinete del piso bajo había tres grandes candelabros de altar, con los colores italianos, rojo, blanco y verde, que Meucci nos
dijo habían hecho en ratos perdidos él y Garibaldi &lt;&lt; para iluminar el Campidoglio de
Roma cuando el ejército italiano entrara en
la Ciudad Eterna y la proclamaran cai:iital de
Italia». Cuando esto fué un hecho, Meucci
construyó otros tres candelabros que adornó
con los colores italianos y los envió á Garibalcl.i.
liENllY

OFÉLIDAS
Lo que siempre en el alma queda impre ·o
no es el primer amor: el primer beso.
Si de tu lado apártome contento,
después no fijo en tí mi pensamiento;
déjame una inquietud al separarte,
y así más pronto volveré á buscarte.
Cuando llegas, locuaz y sonriente,
-¿En quién más pensará?'- digo de tí:
y cuando vienes silenciosa y triste,
digo:-¡Ha pensado solamente en mi!
A veces pongo entre los dos distancia
y tu presencia encantadora esquivo,
para darle al mañana un atractivo.
Es virtud que fatiga la constancia.
Con fin tenaz y obstinación activa
vas filtrándote, suave, en mis destinos,
como el agua con garfios criRtalinos
llega á la eptraña de la roca altiva.
MANUEL

S. PICHARDO

TYRRELL

EL FERROCARRIL OIROSCOPICO

,e

ON dos railes y una locomotora ordina- nuevo sistema de ferrocarril, asombrando el
.
ria de vapor se alcanzó hace años el experimento á los que oyeron á aquel ingelímite práctico de la velocidad dentro de la niero: una sola vía que se puso en rededor
·seguridad. Algunos trenes del ferrocarril del anfiteatro de la sala donde se verificaba
central de Nueva York,el de Pensilvania, en la conferencia, y en esta vía un pequeño
los Estados Unidos de Norte América, y po- vagón, casi tan grande como el compar•cos de las principales líneas de Francia y timiento ordinario de un coche de los fe-de Inglaterra, han demostrado que se puede rrocarriles ingleses, fué impulsado por la
mantener en considerable distancia una electricidad á una velocidad sorprendente;
velocidad de ochenta y cinco y aun de no- salvaba los ángulos pronunciados sin perder
-venta y cinco kilómetros por hora. Pero esta su equilibrio; y cuando se paraba de repenvelocidad exige en la vía un lecho muy per- te, perm'inecia inmóvil, recto y sin oscilafecto .Y que la misma vía sea por completo, ción alguna. Aparentemente, era imposible
ó caSI por completo, recta: no hay máquina volcar el coche, y ningún aumento en la veque pueda p~sar una curva de poco radio á locidad afectaba á su estabilidad. Ahora que
-ochenta y cinya ha sido ex,, p li c a d o por
-c o kilómetros
porhorasin saM r . Brennan,
lirse de los riees muy sencillo
les; de aquí
este asombroso
que en la mafenómeno para
yor parte de
los matemátifas líneas exiscos: implica la
tentes, el. proaplicación á los
.blema de la veferrocarriles de
iocidad e Xi ja
lo que acos.a 1g ú n nuevo
tumbraba ser
invento si los
unjuguetecien:trenes han de
tífico conocido
marchar con la
por el gÍróscoseguridad conp o , inventado
·veniente y en
en el siglo XVII
poco tiempo.
y que desde
Para resolver
entonces ha in,este problema
Mr. Louis Brennan, con el ferrocarril giroscópico de so Invención
teresado á físi.-se ha presenta.
cos é ingenie-do un mecanismo muy ingenio!&gt;,., é inte- ros. El giróscopo es una especie de peonza
Tesante por Mr. Louis Brennan ingeniero
que consta de una rueda que gira rápida. en.Irlanda, ha pasado' la mayor' me~te sobre un ej_e y que puede inclinarse
-que nació
J&gt;arte de su V1da en Australia v hoy vive en horizontalmente sm caer, como si desafiara
lnglaterra.
·
las leyes de la gravedad. Como saben todos
En el mes de Mayo último dió Mr. Bren- cuanto más deprisa giia la peonza más sere~
man una conferencia en Lóndres sobre su no y constante es su balanceo; y única-

�216

POR ESOS MUNDOS
4

mente al girár con lenlitudescuando empieza &lt;lucir en el coste de las construcciones ferroá oscilar. El aparatogiroscópiro de Mr. Bren- viarias: cada vía no llevaría más que un raíl,
nan utiliza este principio empleando lo que en vez de dos. Y sería innecesario gastar
puede llamarse un doble giróscopo: dos gran- millones en la eliminación de las curvas prodes ruedas giran con gran rapidez en opues- nunciadas y de las pendientes muy marcatas direcciones, de tal manera que cuando das: para cruzar ríos ú hondonadas no sería
una de ellas es deprimida, laolra se depri me necesario construir vastos y costosos puentes
precisamente en la dirección opuesla. ase- &lt;le piedra ó de acero: el coche de Brennan
no exigiría sigurando así un
no una consbalanceo un itrucción Ii geforme. Esto cora, lo bastan te
munica á 1os
para svportar
coche, del feun sólo raíl,
rrocarril girosque necesitacópico una sería ser poco
guridad y consmás eficiente
tancia tan abque una cuersolutas que no
dade alambre.
puede alterarse.
Hasta ahora
Se asegura que
no ha recaído
si d o s trenes
dictámen algugiroscópicos se
no cientí1ico
p reci pilaran
sobre el expeuno contra
r i m en to·•de
otro. saltarían
Breonan, y los
ambos de su
hombres de
única vía ó caVagón glrosc6plev dij !Hennan subiendo una pendiente de
ciencia están
rril; pero, aun
la vía e:"perimental del invento
divididos en
entonces, si se
diera el caso de que no se destrozaban irre- cuanto á la factibil{dad·del tren giroscópico,
mi~ihfomente, de ningún · modo Yolcarían, basándose las dudas ptinoipalmente eh la
sino que continuarían marchando sobre las dificultad ,de disp·o11'er de bastante fl_óído
viguetas, sobre el terreno ó sobre cualquier eléctrico sob1·e un carruaje ordinario para
obstáculo or~linario. Aun cuando se rompie
mantener los giróscopos funciona . do_'a la
ran las ruedas, los coches mismos perma- alta velocidad necesaria. Este es, sin embarnecerían en 'posición recta, y los viajeros go, un problema práctico que no parece de
no sufrirían más que un sacudimiento.
solución desesperada.
· ;
Mr. Brennan, aunque no muy conocido
Resulta bas1ante claro que si este coche
mono-rail ha de ser practicable en gran esca- para el público en general, hace tiempo·que
la1 revolucionará el sistema universal de fe- tiene reputación científica, COl).seguida al
rrocarriles. La cuestión de la velocidad no inventar un torpedo auto-dirigible, el secrees de las menos importantes que en ello van to del cual vendió al Gobierno'inglés por más
envueltas, µJes muchas son las ventajas que de medio millón de duros.
'
en el invento de Mr. BreJ1nan se encontraSu nuevo descubrimiento S(l probará ·en
rán en este sentido: caicula el inventor que gran escala antes de mucho, y' para · esta
la velocidad obtenida por su vagón de prue- prueba dispone de abundante capital. Cuanba 03 equivalente á una ve locidad de ciento do sus trenes funcionen dejarán' a los actuasesenta kilómetrós por hora para un motor les en tan mal lugar como ha quedado la ande los mayores. Un detalle muy importante tigua diligencia al lado de los caminos de
sería fa enorme economía que había de pro- hierro del día.

( f

,¡•··

r¡

CÓMO SE NAVEOABA
EN LOS TIEMPOS BÍBLICOS
M

UCHA parle de la fascinación que ejerce

1 · \ la Sagrada Escritura sobre el espíritu
del lector débese, sin duda, á la continua
mudanza de aquellos elementos que pudiéramos llamar escenográficos: es la Biblia
cuadro brillantísimo y puntual de la vida an tigua, donde, si no varían los personajes,
cambia la decoración com,tantemente. Y esto
es \rerdad hasta el pun to de que, .en el sagrado libro, es caso raro encontrar dos capítulos consecutivos cuya acción se desarrolle
en el mismo lugar geográfico,
Los relatos de la Biblia, lejos de hablar de
pueblos estancados en su terruño nativo, dan
cuenta de inmigraciones y emigraciones, de
éxodos, de perpétuo peregrinar por tierras y
mares. Veamos lo que nos dicen los vetustos restos de aquella civilización acerca de
los nautas bíblicos.
A par~e de lo relativo al Arca de Noé, que
no ~os mteresa para nuestro estudio, el Gén~s1~ es poco explícito respecto á la vida
nauhca del mundo antiguo. Y, sin embargo,
hay pruebas abundantes de que aun en
tiempos muy lejanos de la Historia: los hombres conocían el arte de navegar por ríos y
mares. Algunas de las primitivas emigraciones lleváronlas á cabo aquellos pueblos ren_iotos, que, ~egún el Génesis, tomaron posesión de «las islas de las naciones.»
Infiér~se de ello que, siendo probableme11t~ ~sas isla,s la de Chipre y quizás la de Simba, sólo pudo efectuarse su conquista abordándolas en embarcaciones, de cualquiera
clase que fuesen.
Ya ~or la época de Abraham, el Eufrates
y el Nilo eran dos vías de comercio activísi-

mo. En el admirable cuerpo de leyes reunido
por Amrafel, rey de Senaar y contemporá,.
neo de Abraham, existe un título entero dedicado á la navegación. Este viejo código
caldeo, descubierto hace cinco años por el
profesor Morgan, ilustra suficientemente so,
bre los progresos que alcanr.aba hace más de
cuatro mil años el arte de la construcción
naval. También nos entera del arancel establecido para el calafateo de barcos, y en el
cual se lijaba el tipo de unos sesenta céntimos por tonelada, siendo entonces doce de
dichas unidades la cabida media de una embarcación fluvial mercante.
Enseña además el código .turaní q ue los
carpinteros de ribera estaban obligados á garantizar sus 0bras por un año, y que el jornal de un barquero mayor consistía en medio celemín de grano. Si el barco encallaba
ó se iba á pique por negligencia del patrón,
debía éste reemplazar la nave perdida lpor
una nueva, y en el caso de que al o.currir el
siniestro fuese la embarcación en ,carga condenáhase al botero al pago de casco y mPrcancías. Unicamente abonaba la mitad del
perjuicio cuando verificaba por su cuenta
. las operaciones de salvamento. Por último,
toda embarcación mercante era respon~nble
de los daños causados en sus abordajes con
chalanas, pontones y demás elementos flotantes de transporte sin medios para evitar
la colisión.

*

* *
Mientras las ruinas caldeas son avaras de
indicaciones relativas á los marineros dél
Eufrates en aquellas remotas edades, los

�'218

POR ESOS MUNDOS

monumentos egipcios abundan en material muestra claramente el perfecto trabajo técgráfico referente á la navegación por el Nilo. nico de los remos de gobierno, así como la
,Cuando Abraham marchó á Egipto, sin duda robustez y ligereza del cobertizo, y hasta el
!hubiera podido hallar, de poseer aficiones género corriente de las mercancías. Todo
.arqueológicas, y sobre todo de serle dado ello ha sido hábilmente esculpido por el igpenetrar en los antiguos hipogeos, cientos y noto artífice varias veces milenario.
La mayor parte de esos botes estaban
miles de inscripciones relacionadas con la
vida marinera en el Nilo extendiéndose á construidos con cañas de papiro sujetas por
cordelería de t r e s
un período de tres
ramales, según puemil años por lo mede apreciarse bien
nos.
en ciertas imágenes
Una de las más
referentes al arte de
vetustas representaconstruir naves, que
ciones pictóricas de
h a n llegado hasta
ese género procede
nosotros. De esa pride una ánfora, tan
mitiva
forma de la
antigua que bien punavegación da cuenta
diera decirse de ella
Job en su pintoresca
(lUe precede á los almetáfora: •Mis días
bores de la Historia;
pasaron... como los
como que es, segubarcos de caña.•
ramente, anterior en
Que Ios egipcios
muchos !'iglos, sino
.
en un milenio á ]a Embarcación prehistórica del Nilo. Reproducida de una ánfora debieron disponer de
'ó d, I
que se conserva en erMuseo Británico, de Lóndres
naves marítimas en
cons Lrucc1 n e as
Pirámides. La estupenda reliquia, ahora en épocas muy lejanas, confírmalo el hecho de
el Museo Británico de Lóndres, demuestra que ese pueblo llegó al valle del Nilo C!3-si
(lUe desde las primeras palpitaciones de la seguramente atravesando el Mar Rojo. Cierta
vida humana en el valle del Nilo conocía inscripción roqueña, varios siglos anterior á
ya el hombre los principios esenciales del Abrabam, refiere una expedición por el Mar
Rojo, desde Koseir hasta las orillas del Océaarte náutico.
Según puede observarse en el dibujo que no Indico. De dicha relación aparece que los
reproducimos, la embarcación egipcia primi- viajeros volvieron con un valioso cargamento
tiva tenía po.r todo aparejo un solo mástil y de productos sudaneses, entre los cuales
figuraba un oloroso ungüento grandemente
una sola vela. Otras inscripciones muestran
al timonel en la banqueta de popa, la diestra apreciado en la voluptuosa corte de los Fasobre el gobernalle y la izquierda empuñan- raones.
En tiempos y a muy posteriores (u nos
do el estrinque. Hácia la parte de proa se
ele_va una camareta para viajeros. Posee el trescientos años antes deMoisés)reinando en
barco su mascarón correspondiente á guisa Egipto la poderosa reina Hatsepset, organizó
de distintivo, y, por último, adviértese en la ésta un viaje de descubrimientos y aventuforma chata de la quilla el propósito de faci- ras, puntualmente descrito en las inscripciolitar el aterraje, de proa ó de popa. Bastantes nes de un templo tebano. Una pareja _de
naos de dos palos borsiglos después, cuando
deó la costa basta la
se estaban construSomalilandia, donde
yendo las Pirámides,
se internó el jefe de la
un hombre d a humilexpedición , acompa,de origen , llegado á
ñado de pequeña espríncipe del reino, hícolta. La jornada fué
zose erigir magnifica
Ancla usada 50 años antes de Jesucristo, que se
fastuosisima. Aquellos
gLarda en el Museo Británico, de Lóndres
tumba cerca de Memexploradores de hace
fis, ordenando que so-bre los muros de la mis ma fuesen esculpi- tres mil quinientos años, adoptando los migdas diversas escenas al nat:: · ;1 • de la vida mos métodos comer,eiales que los contempopular en aquellos tiempos. Entre esas poráneos, volviéronse á su país con precioreproducciones hemos elegido la de una bar- sas mercaderías, á cambio de unos cuantos
ca mercante, con objeto de evidenciar la productos baratos de la civilización, entre
asombrosa antigüedad de una forma de em- ellos un puñal, un hacha y hasta media
barcación qun hoy mismo puede ser vista en docena de collare&amp; y . brazaletes. El grabado
CVlilquiP.r r í o tropical . Nuestro gr.abado que de este asunto damo.s presenta la animad a

COMO SE NAVEGABA EN LOS TIEMPOS BÍBLICOS

219

iJscena de ser llevadas á bordo las mercade- tal maniobra. de arriar la vela mayor. Por
rías por los porteadores indígenas. El car- otra parte, la gran elevación de los castillos
gamento se componía de ébano y maderas de popa y proa tendía á aminorar los efectos
de la violenta resaca dominante en el peñas'Qlorosas, pieles y armas arrojadizas, oro y
-plata, marfil y unos cuantos cuadrumanos. coso litoral de Siria.
Otro de nuestros grabados se refiere á un
Es esta una expedición verificada ochocientos años antes de las que llevaron á cabo modelo en barro de una galera chipriota, enios primeros galeones de la .época de Salo- contrado en cierto sepulcro de Amatos, ciu.d a d fundada
món, y de las
por los natu·cu a 1 es nos
rales
de Tiro
ocuparemos lít.
en tiemposanneas adelante.
tiquísimos. En
Uno de los
él se aprecian
detalles ro á s
ad ro i rabie·curiosos de la
mente, tanto
inscripeión á
los detalles del
que nosrefericoronamiento
'IIlos es el de
de popa como
lo~ peces es....ntigua embarcación mercante del Nilo, de la edad de lu Pirámides
la disposición
'Culpidos bajo
de Egipto
la nao. Lejo~
de los bancos
de haber dado el artista rienda suelta á su donde tomaban asiento aquellos remeros.
fantasía, ha rendido á la verdad religioso
Los dos_ ej~r_nplos citados bastan á probar
tributo: los cinco peces de la inscripción que los pr1mltwos nautas levantinos empleapertenecen á especies ictiológicas que aún ban embarcaciones descubiertas en los meexisten en el Mar Rojo, lo cual, juntamente dios del buque, ó sea sin puente de ninguna
con otros pormenores, ha hecho suponer clase, y con sólo una modestís ima camareta.
-que de esta expedición formaban parte artisEran naves esencialmente costeras, y se batas y ~abios. Varias de las naves usadas por 1laban construidas de modo que, en caso de
los marinos egipcios en aquella época menecesidad,
pudiesen ser aterradas sin ~uran
.
-&lt;lian hasta sesenta metros de eslora, con una
trabªJº·
manga equivalente á dos tercios de la longi***
tud, poseyendo. por tanto, grandes condi·ciones de estabilidad y resistencia.
Durante el obscuro periodo transcurrido
entre la conquista del Canaán por los he*
breos y el surgir de la monarquía, el pueblo
**
Mientras los egipcios iban asegurando su
israelita se Cl)nsideró satisfecho permane~upremacía en las rutas comerciales del Sur. ciendo dentro de sus fronteras, sin hacer esla raza eminenfuerzo alguno
temente marítip a r a rivalizar
ma establecida
en empresas
en Tiro y Sidón
náuticas con la
perseguía, i n r a z a esencialcansable, la rim en te marina
queza á lo largo
, de los fenicios.
·del litoral mediCierto es que en
terráneo. Un di,
la bendición de
bujo copiado de
Jacob sedeclara
antiquísima urq u e «Zabulón
na desenterrada
habitará en ri&lt;0n Chipre, ofreViaie de descubrimie nt¿ trescientos años antes de Moisés
bera de mar Y
-c e interesante
.
e n puertos d &amp;
{iocumento para nuestro estudio. Se trata de navíos extendiéndose hasta Sidón.&gt; Y tam una nave mercante fenicia, y ella ate, tigua bién es cierto que en el canto de Débora se
la osadí.a. ?e aq~ell9s marinos que so- recrimina la conducta de Dan y Asér, al uno
bre t~n frag1l sosten cruzaban y recruzaban por atender sus navíos y al otro porque
las perfidas aguas de Levante en tiempos en
•habitaba en las costas de la mar y se man-que era aún desconocida la brújula. Toda la tenía en sus puertos.• Pero, á pesar de todo,
defensa de los navegantes fenicios contra los no se sabe positívamente que ninguna de las
temporales se hallaba confiada á la elemen- tribus judías se dedicara con regularidad á
0

�CÓMO SE NAVEGABA EN LOS Til~1POS BÍBLICOS

220

POR ESOS MUNDOS

la navegación. No ca·be, pues, duda de que .Jerusalén hubiera de hacer un tratado con
las·numerosas reliquia-, de manufacturas ex- Hirám, rey de Tiro y dueño de los bosques
tranjeras halladas en tiempos modernos al del Líbano, mediante el cual obtenía el libre
excavar ,-epolturas hebreas de la Palestina acarreo de la madera, en balsas, siguiendo
fueron importadas, según todas las probabi- la costa hasta Joppa. Prueba lo de las ballidades, por mercadtlres extranjeros ante sas que el monarca i;;raelita no podía dispocuyas caravanas permanecían francos los ner de barcos. l\fas, hemos de advertir que
caminos exi~tentes entre el Eufrates y el las susodichas jangadas no flotaban á la ventura, como sus
Medí terráneo.
similares de los
La predicción
ríos escandinade Moisés en el
vos en la época
capítulo vigésiactual; iban, por
m o octavo del
el contrario, triDeuteronomio
puladas y á ve«El Señor te volces poseían apaverá á llevar en
rejo,aunque runavíos á Egipdimentario: un
to•, constituye
mástil y una veun precioso inla. Sábese, no
dicio acerca de
1 a importancia
Barco mercante con que los íenicios cruzaban el Mar Rojo
obstante , q u e
algunas de esas
concedida p o r
aquel previsor h~mbre de Estado á las c~- balsas, alcanzaban dimensiones gigantescas,
municaciones mant1mas respecto al porvemr ,;íendo dirigidas por un complicado sistema
de la humanidad. Ni tampoco debe pasar de cincuenta mástiles y otras tantas velas.
El rey Salomón imitó la conducta de Dain11dvertida la profecía de Balaám: •··· vendrán en aaleras desde KiUim-las islas de vid en lo de celebrar convenios con diversos
Levante~y vencerán á los asirios ... •
Estados extranjeros para el acarreo de maSin embargo, la insignificancia de los in- teriales destinados á la construcción del gran
tereses marítimos del primitivo pueblo is- templo que proyectara su ilustre antecesor.
raelita hállase plenamente probada por este Los gruesos troncos de cedro y ciprés que
hecho: ninguna de las complicadas reglas eran utilizados como base en aquellas «supara el aobierno de dicho pueblo, atribuidas per-estructuras» de madera (usando el len•á Moisé;, menciona directa ni indirectamen- guaje náutico moderno), habían de ser pueste la vida marinera. Y era natural que así tos en Joppa «libres de gastos y flete•, efecfuese: jamás poseycro1~ los israelitas un buen tuándose luego su conducción á Jerusalén á
puerto nacional
cargo de los súben la costa del
ditos del rey sa'(
:Mediterráneo.
bio.
El puerto de ac*
**
ceso á Jerusalén,
Pero el sobeJoppa, noes hoy
sino un mal fonr a n o israelita
dead e ro, lleno
alimentaba sus
de peligros, no
sue1ios imperiaofreciendo malistas. En e I leyores seguridajano sur, más
. des la bahía de
allá d el árido
Acre, frente al
desierto , y a l
- Monte Carmelo.
extremo septenL os modernos
trional del golfo
Modelo en barro de un costero chipriota
,' vapores de tu&lt;le Akabah, en
ristas que efectúan el recorl'ido Beirut-Ale- Asión-gabor, existía una vasta rada, en cu , jandría, jamás garantizan á los pasajeros el
yas playas habían descansado los fugitivos
;,desembarco en cualesquiera de esos puer- del Exodo antes de emprender un avance
. tos, ho y conocidos por los nombres de Haifa hácia el norte á través de la desolación del
--·v Jaffa.
Sin. Enterado de ello el monarca, hir.o repa' Teniendo en cuenta \as circunstancias alu- rar el puerto, completando las obra,; me. didas, compréndese b\en que cuando diic:i- diante la construcción de un astillexo. Las
; dió el rey David edificar un palacio real en naves eran allí fabricadas por obreros de

221

Tiro, y sús tripulaciones las formaban u~ari- corriesen las trilladas rutas del '.\far Rojo. El
neros fenicios facilitados por el rey HHam grabado que preséntamo_s al comienzo de
(obligado, según parece, á proporcionar á este artículo, y que da idea de una nave
Salomón «gentes que supieran de mar»), y egipcia ochocientos años anterior á S~lomón,
algún pequeño número de individuos he- dedicada al mismo tráfico y conduciendo á
breos. No eslá averiguado, sin embargo, si el sus puertos cargamentos análogos, hace penconlinoente israelita á bordo de esas naves sar que las relaciones mercantiles marítimas
reali:r.a"ba solamente operaciones de carga y entre los países de Levante y el lejano
Oriente eran más esdescarga, ó si tenía el
trechas y continuadas
carácter de educando
en aquellos días de lo
náutico.
que permiten suponer
Lo que si se sabe es
las escasas alusiones
que las galeras salobíblicas.Las «naves de
mónicas efectuaron un
Tharsis»
eran las que,
viaje á Ofir, y q u e
según la Biblia, llevatras no pocas peripe•
ban á la Palestina vacías volvieron con un
liosos cargamentos de
buen cargamento d e
maderas preciosas, con
oro en lingotes. Tales
las que se fabricaban
resultados preciosos
arpas y salterios con
debieron animar á los
destino al templo maisraelitas á nuevas expediciones. En una de Nave destinada ,t transportar la famllia del rey asirio ravilloso. Otras veces,
es as mismas naves
ellas costearon el litoral de Africa, llegando basta las orillas sep- llevaban canastillas colmadas de brillantes,
tentrionales del Océano Indico, probable- perlas y zafiros. Eran los tiempos en que la
mente hasta el mismo Ceilán. De este viaje, suntuosa corte del hijo de David recibía en
que duró tres años, retornaron con riquísima tributo, lo mismo las inagotables riquezas
carga de productos orientales, menudeando, del Indo, que el oro en polvo de Africa. ¡Y
según las Escrituras, «el oro y la plata, el todo esto ocurría hace la insignificancia de
tres mil quinientos años!...
marfil, los monos y los pavos reales».
Afirman los libros sagrados, repetidas ve***
ces, que la marina mercante israelita estaba
Poco
más
de
medio
siglo después que Sacompuesta de «naves de Tharsis», frase nebulosa que la exégesis moderna todavía no lomón hubiese ido á reunirse con sus anteha conseguido despejar. La explicación vul- pasados, reinaba en Jerusalén el famoso Josafat. Las pasagarmente dada á
¡ e r as alianzas
la misma es que
d e Israel c o n
bien pudiera
Egipto y Tiro
tratarse de un
habían expirado;
tipo de embarrazón por la
cación de I a s.
cual el monarca
consagradas en
hebreo aspiraba
aquellos tiemá agrandar s u
pos á las nave~
poder mediante
gaciones p el iuna inteligencia
grosas, teniendo
con Ama sías,
quizás la referisoberano de Sada frase un vamaria.
lor análogo á la
Una vez que
inglesa de lnVelero mercante 500 años antes de Jesucristo
aseguró Josafat
&lt;liaman (bar&lt;'O
e l libre ca dedicado al comino hasta el litoral del· Mar Rojo, ordenó
mercio de las Indias), comprensiva de todo
barco perteneciente al mismo tipo general. que fueran construidas algunas galeras en
No existen pruebas de que Salomón prac- Asión-gabor, esperando emular quizás las
ticase el comercio marítimo en el Mediterrá- hazañas de sus precursores con una nueva
neo, ni de que enviase sus galeras á la Espa- irrupción en los tesoros de Ofir. Pero el espíritu marinero que palpitara un momento
ña meridional. Aquel fastuoso monarca debió darse por satisfecho con que sus-_marinos en el pueblo hebreo, no alimentado ya por

�222

POR &amp;SOS .MUNDOS

las enseñan;r,as de los nautas fenicios, había- varse que la nave es de ca1ias, siendo dirigise apagado definitivamente, y las embarcacio- da con un simple remo cual las modernas
nes i-,raelitas, según lo reconoce el mismo lanchas canadienses.
En el transcurrir de los siglos fuese moJosefo, eran enormes y difíciles de mover.
No es, por tanto, extraño, que las escuadras dificando, aunque ligeramente, la forma de
de Josafat estuvieran fatalmente destinadas la P.mbarcaoión fluvial, estableciéndose un
servicio especial de
á morir antes de
transportes p a r a
surcar las aguas
acarrear p o r río
procelosas. Es verdesde la montañosa
dad q u e Amasias
comarca del Norteofreció la cooperatoda la piedra ne-•
ción de sus gentes;
cesaría á la edifim as I a tentativa
cación de los sonaval , fracasando
berbios palacios decompletamente,
puede decirse que
Senaquerib )' sus
cerró para siempre
sucesores.El citado
monarca procedió,
las glorias marítisin duda, con gran
mas del pueblo de
acierto al imitar lo
Israel. Con todo ,
cuando cinco cenhecho por Salomón
tres siglos antes, ó
turias después, tor:1 e a im portando
nando á su pálria
.Buque mercante romano en los 50 ailos de la Era Cristiana
~arpinteros de ribelos desterrados hebreos acometían la obra de reedificar la ra que enseñasen á su pueblo los últimos
Ciud;d Sagrada todavía recurrieron á los adelantos en el arte naval.
buenos servicios' de los balseros de Tiro para
Los resultados de la medida mencionada
llevar á Joppa los cedros del Líbano, lo pueden verse ya en un interesante bajo-relieve procedente de las murallas de Nini ,e,
mismo que algunos siglos antes,
y que Layard tuvo la suerte de salvar de la
total ruina. En dicha obra se descubre el
Contemporáneamente, ibanse realizando empleo del doble remo de gobierno; pero el
mejoras en la navegación de las grandes vías antiguo mecanismo presenta determinadas
fluviales asirias. No se
mejoras, como el hallarconserva, por desgracia,
se invertida la posición
ninguna prueba gráfica
de los remeros, quienes
de la vida marinera calhacen actuar las palas
dea e n e s t e período
sujetándolas en los tolehistórico. Tan sólo el
tes, ó sea en puntos d&amp;
M u s e o Británico d e
apoyo fijos, en vez deLóndres puede vanagloapalancar sobre los coriarse de poseer a I g o
do~ como en el viejo
que ilustre sobre el
procedimiento. La fuerpunto, y es ese algo un
za propulsora ha sido
sello cuya antigüedad
aumentada, puesto que
par e ce remontarse á
la embarcación posee ya
tres mil años; hállase
dos bancos de remeros.
en é I representado el
Terminamos nuestra reintrépido Gilgamesh, héseña del curioso lipo de
roe nacional asirio, que
nave diciendo que, por
algunas veces háse conlas señales, parecía esfundido con Nemrod. Su
tar destinada á transBarco mercante de Alejandrla en los 67 años
estilo rudo indica que se
portar, bajo la custodia
de la Era Cristiana
trata de u na copia de
de gente armada, el haotra obra mucho más antigua. Esta circuns- rén real. En este punto acude á la memoria.
tancia basta para que nosotros no pasemos el episodio de la vuelta de David al Jordán
por alto en este artículo la sin par reliquia. tras de la muerte de Absalón, cuando los
El héroe aparece crur.ando el océano, empe- hebreos «atravesaron el vado en una barca
ñado en una de aquellas aventuras que cie- para hacer pasar la familia del rey.• Naves.
rran la narración del Diluvio; Merece obser- de la Qlase antes mencionada surcaban el

CÓMO SE NAVEGABA EN LOS Tl&amp;MPOS BÍBLICOS

223=

Mar Egeo, imitadas, sin duda, por la em- harmoniosos cantores de Israel, lanzando sus.
prendedora raza que por tales épocas iba po- dulces lamer.los desde las aguileñas cumbres.
de la Judea, no podíau sustraerse á la honblando el suelo de la Grecia continental.
El Libro de Jonás arroja bastante luz ·da impresión que en sus almas causaba la
sobre la profesión marítima durante esas estupenda grandeza de las obras de Dios ...
edades. Sea cualquiera el juicio formulado -«Más allá-cantaban-está el mar inmenso
acerca de la verdadera antigüedad del libro, y profundo ... Allá van las naves; allí está:.
la aventura náutica en él referida es una Leviatán, .. .
aventura pavorosa, repleta de incidentes y
A veces, era dado contemplar á sus ojos
pormenores. Sabemos por ese relato bíblico la horrenda tragedia de un naufragio, y exque Jonás fué á Joppa y embarcó en una clamaban: «Tú destrozaste, ¡oh, Señor! las.
«nave de Tharsis», próxima á hacerse á la naves de Tharsis con los vientos levantimar. Era una galeota mercante fenicia, aba- nos... •
rrotada de géneros consignados á los más
Gentes, aquéllas, de tierra firme, no dejalejanos puertos mediterráneos, con fines de ba, sin embargo, de simpatizar su generoso
permuta. La nave disponía de alojamiento espíritu con los nautas extranjeros que des-•
para el pasaje. Pudo, pues, el fugitivo profe- filaban ante sus orillas. Recordad, si no, las.
ta acomodarse á su buena guisa, luego de bíblicas palabras: «Los que van al mar en
pagar el precio de su transporte.
naves y hacen su comercio en las extensas.
Apenas había sorteado el navío los peli- aguas, son los que admiran las obras del
gros de la barra de Joppa, violento levante Señor r ven las maravillas de El en lo indescendido de las altas mesetas sirias cae sondab,le.»
sobre el barco amenazando destrozarlo. La
La filosofía proverbial del pueblo hebreo
abigarrada tripulación, siguiendo una tradi- sufrió asimismo las influencias sugestivas
cional costumbre, vuelve los ojos hácia sus de la vida marinera. Para el israelita soñadioses familiares, y acto seguido comienza dor, «el avance de una nave á través de las.
il arrojar al agua el cargamento para alige- olas" era cosa tan digna de maravillar como
rar la nave.
el vuelo de las aves en el espacio. Su imáEn tan críticos momentos, desciende el ~en más pintoresca de la embriagt1ez es
capitán á la bodega, con objeto de apreciar aquella que compara al hombre abito desu estado; y cuál no es su sorpresa al en- vino con la inestabilidad del marinero á borcontrar entre los fardos, durmiendo tranqui- do. «Está cual el nauta sobre la punta de un
lamente, á un pasajero desconocido. Indig- mástil,,, dice un proverbio hebreo, en tanto
nase el lobo marino, y haciendo despertar al que el autor del Eclesiástico asegura qu11 el
durmiente le obliga á unir sus plegarias á hipócrita se asemeja «á un barco en una
las elevadas á las deidades por los marine- tempestad,,, Ese mismo escritor rinde luego
ros.
su tributo de admiración á los sufridos coEl furor de las olas no se aplaca. Visto lo merciantes marítimos, y afirma que la mujer
cual por la gente de á bordo, supersticiosa hacendosa puede ser comparada á «las naos.
de suyo en todos los tiempos, resuelve echar mercantes que traen el alimento desde muy
suertes esperando descubrir así quién de lejos».
e~tre ellos es el causante del enojo de los
La supremacía de Tiro y Sidón en el cotl1oses. Los resultados no son tranquilizado- mercio marítimo durante las edades del Anres. Entónces, la chusma, poseída del terror, tiguo Testamento hállase también demostrat:mpuña los remos y lucha contra el tempo- da por las pomposas imágenes de la literaral, logrando ' ganar la costa cuando ya no tura profética. En el apogeo de Israel, brilló
creía s_alvarse del peligro. Tal es la patética en ese pueblo un hombre de poderosa intenarración, una de las más dramáticas entre ligencia y de indomable fuerza: el profeta
las muchas que registra la historia de las Isaías. Una de sus predicciones más dramáprimitivas navegaciones mediterráneas na- ticas se refiere á la cercana ruina del gran
rración en la que aparecen mezclados ¿l te- pueblo comercial, cuyr. opulencia era aplimor_ á lo desconocido y la extrema pericia cada á la satisfacción de bajos apetitos. Hamarmera de los navegantes levantinos.
blando de Tiro y de sus príncipes mercaderes, declara el profeta que «las cosechas
del Nilo eran sus rentas, y que Tiro era
**
el gran mercado de las naciones.» No obsExaminemos ahora , á la luz de unos tante, las orgullosas naves de Tharsis dei:ua~tos ejemplos, las desperdigadas refe- bían presenciar la destrucción de Tiro y cotenc1as hechas por las Sagradas Escrituras laborará la buena obra de los tiempos veposleriores á la antigua vida marítima. Los nideros «trayendo á los desterrados de luen-

•

�22ó

POR ESOS MUNDOS

gas tierras, con sus muchas riquezas en oro quiel donde son descritos prolijamente no
sólo Íos productos importados sino su país
y plata•.
Es inte.resante observar, á propósito del de origen, tiénese una clarísima noción de lo
Libro de Isaías, que al profeta le eran fami• que era el comercio marítimo hace dos mil
.liares todas las formas de embarcaciones quinientos años .
conocidas entónces, desde las canoas de papiro del Sudan, hasta los «intrépidos usos
levantinos»; desde las galeras de remos floDurante las seis animadas centurias que
tando en las grandes vías fluviales, hasta. los
barcos en que cifraban su legítimo orgullo siguieron al período profético de la historia
los nautas caldeos; desde el barquichuelo, hebrea, cayó en las manos fenicias el cetro
cuyos mástiles tenían que ser asegurados de su supremacía marítima, pasando á las de
bajo cubierta, hasta las robustas naves de los griegos el comercio levantino y á las romaTharsis .averiguadoras de los remotos mis- nas el del Mediterráneo occidental. Los nuevos dominadores del mar se apropiaron lo
terios del Océano.
Ya babia transcurrido una centuria larga mejor de la ciencia naval de Tiro y Cartago,
cuando surgió el profeta Ezequiel, reiterador desarrollando sobre tan sólidos basamentos
inexorable de aquellas solemnes amonesta- su propia arquitectura marítima hasta un
ciones dirigidas por lsaías á la ciudad feni- extremo capaz de causar maravilla en la
cia que sólo vivía para los goces materiales época moderna.
Pueblos ambos eminentemente conquistaderivados de su comercio universal. He aquí
las frases del profeta: • Y dirás á Tiro, la que dores claro es que sus principales cariños
habita en la entrada de la mar, para empo- los p~sieron en la nave de guerra, mejoránrio de los pueblos de muchas islas... • Con dola de un modo notable. Los proyectos na•
vales de aque•
poético estilo ,
llos dos copardescribe luego
tícipes en el dolas naves tirias
minio del munde madera de
do prenda son
abeto y ostenel e e nergías y
tando mástiles
pericias pródide cedro, puengamente derrates de boj, remadassobre sus
mos de encina,
respectivas flovelas tejidas en
tas. Los poderoEgipto , bancos
s os de Atenas
de marfil y tolrivalizaban e n
dos de púrpura
tal punto con
de Creta; naves
1 o s soberbios
tripuladas p o r
amos de Roma.
remeros s i d oi\n da n do el
nios, pilotos titiempo, to d o s
rios, calafates de
los perfeccionaBeyrut y hueste
mientos mecápersa. E n l a s
nicos adoptados
factorías de Tip o r griegos y
r o amo n tonáromanos en sus
banse el oro y
naves de comlaplata,elébano
bate fu ero n
y los colmillos
de elefante, e l i , &lt; - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - " introduciéndose
Buque dedicado ,l la navegación de altura, que zarpaba de los
en la marina de
coral y los ru muelles de Roma
comercio. La s
bies, las esmeraldas y las perlas, el trigo y la miel, los inmensas muchedumbres aglomeradas en
ungüentos y los bálsamos olorosos. A sus Atenas y Alejandría, en Siracusa y Roma, en
mercados acudían, en enormes cantidades, las orillas macedónicas y en el golfo de Nála lana en bruto y los tejidos de toda clase, poles, demandaban la organización de una
las especias y la casia, el ganado caballar y numerosa flota mercante. Era indispensable
mular, las ricas vestimentas, los costosos llevar á los grandes centros de la civilizatapices y los esclavos griegos. En suma, ción, rápida y económicamente, los produc•
leyendo
el capitulo xxvrr del Libro de Eze- tos alimenticios almacenados en los vastos
•
J

,...._""'·'IUllau'erGI

del

116 Berberia.

delta del Nilo y de las llanuras

Aunque la iconografía de las armadas clásicas romana y helénica es mucho más profusa que la relativa á la marina mercante,
coosérvanse de esta última r~tos pictóricos
ó escultóricos de sumo interés, con ayuda
de los cuales podremos darnos una idea de
l• industrias marítimas allá por el siglo primero de nuestra Era, con el que ya se relaciona el Nuevo Testamento.
Un vaso etrusco existente en el Museo Británico, de Lóndre3, ofrece admirable muestra. del barco mercante dedicado á la navep.ción del Mediterráneo quinientos años antes de Jesucristo. El artista se ha dado por
contento pintando sólo un personaje á bordo de la nave: es el encargado del gobernalle, y aparece sentado á popa. Sin embargo,
á juzgar por el aspecto de la embarcación,
debía requerir esta un número no escaso de
tripulantes. Los remo.3 directores van afianzados á los flancos del buque por bajo de la
regala, en la borda del combés, mediante
fuertes cabos; sobre el codaste descansa una
escala portátil, dispuesta para ser arriada
tan pronto como la nave aterre. Otra escala,
de mayores dimensiones, hállase suspendida
de pes$lllntes á proa y popa; y en cuanto al
aparejo su disposición general, indica que
podJa ser recogida la vela principal sobre el
mastelero sin necesidad de que los tripulantes abandonasen la cubierta. La ausencia de
al)erturas para los remos es si¡niftcativa:
prueba ese detalle que lo, barcos de dicho
tipo debían estar necesariamente á merced
de los vientos, empleando acaso la propulsión á brazo sólo en tiempo de rigurosa cal.
ma. Los capitanes de tales naos habrían de
ser, por tanto, gente a\•ezada en el oficio, y
sobre todo, conocedora perfecta de los mt
rea donde pasaba su vida.
Interés más inmediato ofrecen la reprod?cción de una nave mercante romana que
hizo tallar sobre su tumba cierto comerciante de Pompeya en el año 50 de nurstra Era,
y otro grabado por el estilo existente en una
moneda alejandrina del año 67. Como quiera
que el memorable viaje de San Pablo que
examinaremos en breve, tuvo efecto ~n el
año 60, ó sea en fecha intermedia entre las
dos an_t~s citadas, nos hallamos perfectamente hab1htados para apreciar en todo su valor
ese pintorerna relato, por cuanto ayudan
nuestro estudio pinturas exactas de naves
que cruzaban el .Mediterráneo cuando el
apóstol se decidió á atravesar las peligrosas
aguas de Levante en su marcha hácia Roma.
lnstrúyenos la primera sobre una modificación del gobernalle, cuyas palas van . ya

protegidas del choque de las olas mediante
tablones, así como de que la carga de cubierta se encuentra sobre el combés. Tanto
á proa como á popa figuran süs respectivas
galerías, adornando aquella un mascarón representando á Minerva, mientrai; la segunda
imita fa forma de un cisne. En el palo principal flota al viento una bandera. El mastelero
es compuesto y reforzado, viéndose sobre el
mismo una pareja de marineros en el momento de rizar el velámen. En la escultura
pompeyana se advierte el empleo de una
vela mesana para las viradas, mientras en la
moneda alejandrina vése un trinquete del
tipo descrito por San Pablo.
La naturaleza perecedera de los materiales con que fueron construidas aquellas naves ha hecho que ninguna de esas embarcaciones haya llegado hasta nuestros días. Sól,i
se conservan unos cuantos pequeños modelos de madera, relativos á bateles fluvialeia,
hallados en las tumbas del Nilo, más rnrio:;
fragmentos de galeras sumergidas en los lagos de Italia. Y no hace muchos años fué &lt;:X·
traída de las aguas una rarísima muestra de
equipo naval en los tiempos clásicos: dicha
reliquia, que puede ser admirada en el tantas veces citado .Museo Británico , es un
ancla de..plomo encontrada en la costa septentrional de Africa. Lleva estampado e 1
nombre del barco á que perteneció, debiendo
datar del-afio 50 antes de Jesucristo. Pesa el
artefacto 609 kilogramos y medio, ó sea un
peso equivalente al que tiene la mejor ancla
de proa conducida hoy por cualquier barco
de vela de 250 toneladas.
El mismo Museo posée un bajo-relieve representando un _barco de cuya proa cuelga
up escandallo d1~puesto para su uso inmediato en aguas poco profundas. Estas sondalezas, entonces de aplicación muy general,
estaban ahuecadas por su parte inferior v
untadas de grasa al objeto de poder aprecia·r
la naturaleza de los fondos. Según Herodoto,
erhando el escandallo á dos singladuras de la
costa egipcia y á una profundidad de doce
brazas, aún se encontraban fondos de aluvión.

~l acltvo comercio de Oriente en el siglo
primero de nuestra Era exigía la construcción de grandes bajeles. Pocos años antes de
que San Pablo embarcase en Cesárea con dirección á Roma, fué transportado felizmente
desde Alejandría á la ciudad irrperial un
enorme obelisco cu yo peso excedía de 500
toneladas; debiendo advertirse que el vetusto monolito fué descansando sobre un cargamento de lentejas que pesaba otro tanto y que

3

�226

POR ESOS MU1'1l0S

hacía el oficio de almohadilla. Este dato basta para juzgar de la capacidad de aquellas
naves. ,
La iconografía náutica cuenta con una detalladisima reprorlucción de una nave mercante romana en el siglo II. Nada hay en ella
que difiera de lo que respecto á arquitectura
naval de la época enseña el Nuevo Testamento, y, en cambio, puede ofrecer e,pecial
interés ya que dá á conocer algunos particulares de que carecen los reslos pictóricos
ó escullóricos de fecha anterior.
La obra original es un bajo-relieve descubierto en Ostia, el gran puerto marítimo de
Roma, y constituye, su asunto un bajel mercante junto al vasto muelle de carga mandado construir por el emperador Claudio para
estimular el comercio de granos. El capitán
del barco aparece ofreciendo sacrificios ante
la imágen de una deidad erigida sobre la
proa. Era esa la costumbre gentílica que suscita la indignación del autor apócrifo de «La
sabiduría de Salomón•, cuando escribía:
• ... el que se dispone á hacerse á la mar y á
cruzar mares tempestuosos, sacrifica un
pedazo de madera más podrido que el bajel
que ha de conducirle.•
P1·osiguiendo nue.~tra descripción del bajorelieve romano diremos que en la parte inferior de la vela se destacan las iniciales del
naviero V. L., constituyendo ello un curioso cuanto lejano precedente de la costumbrn seguida por los pescadores modernos. La
escena mitológica representada en los tallados de la proa ilustra acerca de la forml en
que se hallaría probablemente simbolizado
el nombre dei navío abastecedor Dioscu1·i,
sobre el cual arribó San Pablo á las costas
tie Italia. También es útil para explicar cierto episodio de la narración paulina, la peque11a barca auxiliar que figura al lado del
bajel.
Con objeto de poder apreciar bien la importancia considerable alcanzada por la ma:
rina mercante de Alejandría, añadiremos
unos cuantos detalles complementarios. Esos
barcos puramente comerciales, los cracktraders de su tiempo, estaban subvencionados por el Gobierno de Roma á condición de
no llevar sino pasaje oficial. El viajero ordinario que quería utilizarlos necesitaba proveerse de una orden imperial. En uno de
ellos tornó á Roma el emperador Tito después de la conquista de Jerusalén; y en barCQS de esa clase se aposentaron San Pablo y
sus 276 compañeros durante la travesía de
Myra á Malta, y el historiador Josefo con
otras seiscientas personas. No todas estas
llegaron al término de su viaje, pues, perdida la nave de Josefo, como la de San Pablo,

RL\IA PROFANA

en el irritado Jfa1·e lvostmm, sólo ochenta
lograron ser salvados, tras de una noche de
angustia, por un bajel de abastecimientos, y
conducidos á Puteoli, cual le ocurrió al apóstol. En la siguiente centuria, uno de eso.&lt;, alejandrinos, el Isis, apartado de su derrotero
por fuerza mayor, echó anclas en el puerto
del Pireo, despertando la admiración general.
Cierto escritor de aquella época, llamado
Luciano, personóse á bordo y dió una descripción detallada de la nave, afirmando, entre otras cosas, que medía sesenta metro~
de eslora.

•

Parécenos supérfluo punluali:mt· la entera
odisea de San Pablo, que puede ser estudiada á fondo recorriendo las páginas del
dramatico relato de San Lúcas. Ba-;le recordar á nuestro propósito que la accidcntadisima jornada dió principio en una 1,ave costera egea, de las dimensiones moderadas su geridas por el barco pompeyano antes mencionado. Una vez en el puerto de Myra, el
funcionario imperial trasladó á su prisionero á un bajel alejandrino, de abastos, que,
según parece,navegaba con ayuda de un cuadrante para determinar la latitud, completado
por la estima y la observación de los astros.
Ocurrióle al navío ser sorprendido por una
tempestad ciclónica. El capitán arrojó al mar
parte del cargamento y hasta lo,i aparatos de carga. La. barquilla auxiliar del bajel
fué ocupada por un destacamento de la tripulación á pretexto de maniobrar las ancla,;
de servidumbre, pero la soldadesca la arrió,
dejándola abandonada con sus ocupantes á
merced de las olas. Así permanecieron éstos
quince mortales días. Ya desesperaban de
salvarse, cuando percibieron las emanaciones de cercana tierra. Animados, izaron una
vela, y empujándolos la brisa hacia las playas donde, ya orientados, enderezaban el
rumbo, fueron á desembarcar en una pequeña rada maltesa, que ha conservado religiosamente el recuerdo de este episodio.
Como dato que cierre este relato, diremos
que un escritor ya fallecido, Mr. James
Smith, muy conocido por sus comentarios á
la Biblia, ha dicho en un estudio que hiw
acerca del viaje de San Pablo que el barco
del apóstol tenía una capacidad de mil doscientas toneladas.

***
La carencia de artes g:áficas en el

pueblo
hebreo oblíganos á recurrir á su literatura
para formar idea acerca de los materiales
flotantes empleados en aquel pintoresco lago
Je Galilea, que tan brillante fondo presta á

la historia de Jesús. De ella se infiere claramen~e que allí abundaban las pequeñas emcarc10nes á remo, tripuladas por uno ó dos
pescadores, aunque también existían barcos
may.?res, capaces de _conducir pasajeros, y
pro~ tstos de rnlas latmas. Hay, pues, buenas
razones para suponer que entre los discípulos galileos del Nazareno figuraban algunos
poseedores de barros de esa clase. Otros de
superior cabida se dedicaban á variado tráfi_c,o en el lago, especialmente á la conducC)Oll de salazones á los mercados. El historiador Josefo describe !a transformación de
algunos de dichos ba~~os en naves de guerra, de transportes m1htares, y aún en barcos
de corso durante la campaña de Vespasiano.
El Nu_evo Test~1:1ento hebreo, á pesar de
las crecientes fac1h?ades del viajar, parece
tener en menos_ estima el mar que sus precursor~s. Los ejemplos y máximas náuticas
en la literatura cristiana son, en verdad, contados. S?lo una vez, en la Epístola á los heb.reos, dice el apóstol que la esperanza cris•
llana •es firnu r segura como un áncora••

227

~l Apóstol de los gentiles, hombre sometido
a mur duras pruebas por las tempestades,
pues sabemos que naufragó nada menos
que cuatr~ ve_ces, sólo tiene pensamientos .
para la ag1tac1ón continua del mar cuando
verbigracia, habla de los hombres •sacudidos por los 'venda1Jales de las doctrinas.,
El apóstol Santiago, al tratar de los males de la palabra, describe el poder de esta comparnndo la lengua á un barco: cl\lirad también las naves-escribe-que, aun9-ue sean gra1~des y las traigan y las Hevea
impetuosos vientos, con un pequeño timón
~e vuelven., El hombre que anda, es asemeJado por el apó,-tol «á la ola del mar movida
por el ~·ie_nto ~- llevada acá y allá.,
Por nltuno, cuando el vidente de Palmos.
ºº?templando en su edad extrema las desapiadada~ aguas del Egeo sueña con la Ciudad ?e Dios, s_u repugnancia instintiva por
la vida marítima evidénciase en una -sola
frase: _p_ara él, Jo más deleitoso de su sublime !lstón de otros cielos y otras patrias
consiste en que allí «no hay mar....

E. G. IIAfülER

RIMA PROFANA
La blanca niña que adoro
lleva al templo su oración
Y, como un piano sonoro '
sueña el piso bajo el oro'
de su empina~o tacón.

Luego, ante el ara se inc.lina,
donde un Cristo de marfil
que el ,fondo obscuro ilumina
muestra la gracia divina
de su divino perfil.

Sugestiva y elegante,
loca apenas con su guante
el agua de bautizar,
Y queda el agua fra,.,ante
con fragancia de az~har.

. Mirá?dola así, de hinojos,
siento rnvencibles antojos
de interr\.lrnpir su oración,
y darla un beso en los ojos
que estalle en su corazón.
FABIO

FIALLO

�HORÓSCOPO DE LOS MESES

SEPTIEMBRE: SOL EN VIRGO
STE

mes el noveno de nuestro calenda-

E rio, rué el séptimo en el anti~uo año dc

1

,¡

1

11
1

1111!
11'¡
11

"

¡¡,,11

1.
1 1111
1

.

los romanos, y en tiempo de I.a primera República francesa correspond~a .en. parle á
Frnclidor y en parte al Vendumano. En el
afio cristiano las principales fiestas de Septiembre son: Ía Natividad tle la Virgen, el dia
8; la Exaltación de la Santa Cruz, el 14: San
.\[ateo, apóstol y evangelista, el 21; y San
Jliguel Arcángel, el 29. R1ge á este mes, de:-de el 23 de Agosto hasta igual fecha de Sep•
liembre la constelación Vil'go, sexta del Zodiaco, q'ue es un signo humano femenino, terrestre.
tCómo se formó el signo 1/frgoP En la Mitol~aia Astrea diosa de la justicia, fué la
º 'de las deidades
'
.
última
que a ban donó 1a tierra v al !leaar al cielo se convirliÓ en esta
cm{sielació; adoptando l:i figura de una mujer alada Yeslida por larga túnica y llevando
en la mano izquierda una esp1ga de trigo. En
este signo zodiacal luce la estrella Spica, de
primera magnitud. .
.
Las personas nacidas en el penodo de lu
c:1spide, cuando el sol se encuentra en el 11ulile del siano 1 ó sen desde el 23 al 28 ele
.-\gasto, no cireciben todos l?s benefi~ios de la
individualidad de l'"irgo, srno que tienen :;us
tarnc·teristicas \' !ns de Leo, que le precediú.
Los nacidos én tiempo de ·viJ'go son enérgicor:. ordenados y metódicos. Tienen frío el
t·aráctor y son aente calmosa y confiada. Son
&lt;:onocedo.res cte" si mismos comprendiéndose
en ab.'-ioluto, y rara ve1. pierden el dominio
~obre sus per.;.onas ni olvidan lo que van á
decir ó hacer. Nunca tienen miedo de sus superiores, porque están poseídos de un sentimiento de igualdad natural entre todos los
hombres. Poseen imaginación distinli\·a y
analítica, y son fáciles para reunfr en su
vida mucho conocimiento práctico. Saben
adaptarse bien á los negocios ó á las carre1·as profesionales. Son notables sus faculta-

des ele observación, y rara vez escapan Jo.;.
detalles A su rñpido escrutinio. Tienen notable memoria y aman la música elevada y lo
bello en el color y en la forma.
En aspecto personal, los hijos de Vil'go
tienen facciones cortadas, rostros ovalados,
ojos expresivos pero algo fríos, cejas bajas,
yoz musical y maneras encantadoras. Su
temperamento físico será bilioso-linfático en
los climas meridionales, y linfático-norrioso
en los septentrionales. Sus verdaderas y mejores amista~es las . encuentran en_tre _las
personas nacidas en llempo de Sag,tano 6
de Libm.
Los defectos de los nacidos en Virgo consisten en sus tendencias dominantes y eu :-u
prurito por intervenir en loS ~suntos de
otras personas, así como en la ltb~rtad c~n
que critican las faltas de los &lt;lemas. ~~tau
poseídos de falso orgullo y de amb1c161_1,
amén de poiieer un respeto presuntuoso ha•
cia el dinero y la posición. Su deseo de apa•
rentar mt\s de lo que son lleva á alguno=de ellos á adquirir hábitos de falsedad y á
incurril' con frecuencia en &lt;leudc1s.
Cuando los hijos de Vfrgo se unen con
otros de su propio siano, resultan matrimonios bélicos; y obtie~en brillante sucesi?n,
aunque no muy robusta, cuando esas umones las hacen con personas nacidas en Leo
\' Libra acentuándose más la condición d1•
,
'
originalidad
é ii~teligenc.ia cu~n dº. se casan
con los que nacieron ba¡o Sa9tlano.
El planeta que gobierna á Virgo es Mercurio; las -joyas, son el jaspe rosa, la come•
rina y el :;mfiro; los colores astrales, el oro y
el negro; la flor, la amapola. Febrero y NoYiembre los meses más favorables para los
hijos de este signo,. y el miérco_les el _día
afortunado de la semana. La anhgua tribu
hebrea sobre la que gobernaba Virgo era la
de Benjamín, y Hamaliel el arcángel guar·
dián del sigr.o.

COSAS DE TIEMPOS PASADOS

RECUERDOS DE LA REVOLUCION
los liem pos de las improvisaciones
E personales,
que unas veces resultaban
RA~

"!-:Candal{lsas y otras justificadas, según
raian la-; pesas.
Eran los tiempos en que aparecian carteles en todas las esquinas de ,ladrid con esl:t
sola pregunta: ((t.Quién es Predegal?» Porque
Predegal, sin antecedenteg, sin historia, sin
que su nombre hubiera rn:1ado para nada,
era nombrado, de gol pe y p~rrazo, ministro
ele Hacienda.
Luego, cuando Pedregal empezó á des·
arrollarse como ministro, se vió que era
hombre de gran talento, de car8cter encantador y de intachable probidad.
No había sido, pues, la de Pedregal una
improvisación escandalosa, sino justificadísima y por todo extremo brillante. Pero las
hubo en gran número escandalosas é incomprensibles. Entre esla;, última~ puede contarse la de haberle ofrecido una cartera, en
pleno estado democritlico, a un significado y
caracterizado carlista, tomándole poL· convencido republicano, que ya es tomar.
En aquella racha de .líinisterios que pasaban como cintas de cinemalógrafo, llegó un
d!a en c1ue para elegir ministros, más que á
las cu~hdades personales del agmciaclo, se
alend,a al lugar de su nacimiento. Había que
f~r~ar el Gobierno, por ejemplo, con un ind1v1duo de cada región, y se era ministro por
el_ solo hecho de sel' catalán, andaluz, arago•
ne~, etc., etc.
Esto, visto á distancia, parece cuento.
:1?:1:

:ii se adjudicaban carteras del modo que
d?Jº anotado, figúresé el lector la escri,pu/a&lt;'
sulad que se usaría para la provisión de ca?.P
gas de menos importancia, tales corno sffi:P-ª

~ecretarios) directores generales, oficiales de
secretaría, gobernadores de provincia y otros
análogos.
Hubo un gobernador-el dePalencia-que
recibió una cil'cular secreta del ministro de
la Gobernación en la cual se barrenaba la
Constitución del Estado, que era la do 1869,
y entendió que debía publicarla en el Boletín Oficial de la provincia. ¡Y la publicó!
En la circular á que me refiero se ordenaban medidasde rigor contra los carlistas, me•
didas que, aun suspendidas las garantía.·;
conslitucionales, hubieran parecido fuerte~:
en vigor una Constitución tan democrática
como la de 1869 que hizo imposible lamonarqufa de Don Amadeo, resultaban una
enormidad.
El buen gobernador de Palencia la pnblicó con todos los honores . .t,. la cabeza del
Boletín se leia:
((1\Iinislerio de la Gobernación.-Circular.
-RE.sERYADO.»

¿Qué entendería por l'eservado aquel simpático funcionario( Quiiás pensó, como (']
gitano del cuento, que un secreto se guárd:1
mejor entre muchos que en uno solo.
Excuso decir el jollín que armó la prensa
de oposición cuando recalaron á Madrid
ejemplares de aquel Boletín.
Teniendo en c:uenta lo excitadas que estaban entonces las pasiones y lo violento del
lenguaje que usaba la prensa, se tendrá una
idea aproximada de lo que se dijo acerca de
la circular, del mi nistro que la firmaba y del
gobernador que la publicó.
¡Un horror!
Las redacciones de los periódicos enton•
ces ministeriales y que habían sido largo

�POR ESOS
230
tiempo de oposición, se renonron por ~o~pleto. Los antiguos redactores se convutieron en funcionarios públicos. Entonces, el
periodismo, mucho peor retribuido que ahora se tomaba casi exclusivamente como medí~ de llegar á un pues~o oficial: no era una
profesión propiamente dicha, sino un puente
para llegar á lo orilla opuesta, si ~ntes el
periodista accidental no se veía obligado á
tirarse de cabeza al río ...
Corno periodista que obtenía su premio,
fué nombrado secretario de un gobierno de
provincia un jóven que apenas si tenia la
edad necesaria para poder cobrar sueldo del
Estado con arreglo á la ley. Dicho jóven había sido hasta aquel momento redactor de
uno de los más importantes periódicos del
partido triunfante.
El nuevo empleado se trasladó inmediatamente al punto de su destino y tomó posesión. El gobernador anterior hubo de ausentarse en cuanto se verificó el cambio de instituciones; y así resultó que aú!} no se había
nombrado nuevo gobernador, y el nuevo secretario ya estaba encargado del mando de
la provincia.
Este gobernador interino, que tantas veces
había censurado desde las columnas de su
periódico los abusos y torpezas de las l},Utoridades y funcionarios del Estado, no sabía
una palabra de administración del Estado,
ni conocía la ley á que había de ajustar su
conducta, ni siquiera tenía noción del sencillo
mecanismo del despacho ordinario. El oficial
primero, que ejercía funciones de secretario,
era también nttevo y tan ignorante en asuntos administrativos como su flamante jefe el
gobernador interino.
Era un paso de comedia ver á los dos citados funcionarios examinar el despacho del
día en el momento de la finna.
-,i.Por qué papelito de estos iremos á
presidio?-preguntaba el secretario, mientras firmaba el gobernador sin cabal conciencia de lo que hacia.
Justo es consignar que el gobernador interino se enteró pronto de cuanto debía saber
para el exacto cumplimiento de su obligarión. La cosa es bien fácil.

Cuando los asuntos administratfros marchaban admirablemente y el gobernador interino hasta se había permitido hacer algunos
pinitos en el terreno político, se presentó el
gobernador propietario y tomó posesión de
su destino.
Era el nuevo gobernador de la provincia
de X simpático por extremo, de sólida ins-

231

hECUERDOS DE 1.A RE'\'OLUCIÓX

MUNDOS

trucción y vasta cultura, y podría contar de
treinta y cuatro á treinta y seis años de
edad. su· carácter era angelical mientras no
se le tocaba á la marina, es decir, en tanto
que no se le contrariaba. Cu~ndo esto ocurría, se iba del seguro, se disparaba y era
difícil prever á dónde llegaría. Aquello del
Segismundo de La vida es sueño, cuando
dice

Nadct me parece justo
en siendo contra mi gusto,
parecía escrito expresamente para él. Esto
hombre álos pocos días de haberse posesionado des~ cargo,convocó á la Comisión provincial é intentó presidirla. No pudo pasar del
intento: en cu:rnto abrió la sesión, un señor
diputado, sin tomarse la molestia de ped~r la
palabra, comenzó á hablar de,comed1damente contra el Gobierno, contra el gobernador y contra todo lo que le vino á la~
mientes. El gobernador, después de llamar
tres veces al orden á aquel energúmeno y de
retirarle la palabra, al ver que el orador
continuaba desbarrando y desconociendo la
autoridad del pre!&lt;idente, tocó un timbre y
apareció el coronel de la Guardia civil por la
puerta del foro. Parecía como que estaba
previsto el ca$O y de antemano acordado el

ceremonial.
-¡Ese homb!·e á la cárcel!-gritó el gobernador, pálido de ira, se1'i.alando al diputado revoltoso.
-¡Protestamos de este atropello!-clama•
ron los restantes diputados.
- ¡Todos á la cárcell-agregó el gobernador, echando llamas por los ojos.
Y á la cárcel fué conducida la Comisión
provincial entre individuos de la Guardia civil.
Aquel acto de energía soliviantó la ciudad,
y en círculos y corrillos hervían los más diversos y apasionados comentarios.
El alcalde convocó en seguida al Ayuntamiento, y esta corporación, en sesión solemne y agitada, protestó enérgicamente de la
conducta del góbernador y acordó pedir por
telégrafo al Gobierno central la destitución
de dicha despótica autoridad.
El gobernador, que ya estaba disparado,
supo en seguida lo ocurrido en la sesión del
Ayuntamiento, é inmediatamente citó á su
despacho á la rebelde corporación.
Apenas reunido el Ayuntamiento ante el
gobernador civil y el secretario, el gobernador preguntó al alcalde:
-t.Es cierto que el Ayuntamiento ha protestado de un acto que realicé en el ejercicio
de mis funciones y que ha pedido al Gobierno mi destitución?

-Es cierto.--contestú el alcalde con fria
ímpasibilidai
El gobernador tocó un timbre y apareció
el coronel de la Guardia civil por la puerta
del foro.
-A la cárcel todos e('tos señores,-dijo
sencillamente el gobernador.
Fué aquel un momento solemne: los munícipes apenas daban crédito á lo que oían.
-¿Habremos oído mal?-parecía que se
preguntaban mentalmente.
El alcalde habló de esta manera:
--Señor gobernador: damos nuestra palabra de honor de constituirnos voluntariamente en la cárcel; pero que no venga con
nosotros la Guardia civil, porque en este
ca.~o no respondo del orden público.
-De eso respondo yo,-contestó el gobernador fríamente. Y añadió:
-Señor coronel: emplee usted verdadero
lujo de fuerza al ser conducidos estos .señores á la cárcel.
Y así se hizo: con verdadero lujo de fuerza de la Guardia civil fué conducido á la
cárcel el Ayuntamiento de la ciudad de X.
Imagine el lector lo que diría la prensa de
oposición, de Madrid y provincias, de un gobernador que, en un mismo día, había metido en la cárcel á la Comisión provincial y al
Ayuntamiento.
El hecho era de tal magnitud que la prensa ministerial no se atrevió á clrfender al
pretor (así Je llamaban) de la provincia de
X, y tomó el partido de encerrarse en un mutismo elocuente.
El secretario del Gobierno fué llamado á
Madrid para conferenciar con el ministro de
la Gobernación acerca del hecho sensacional.Primero por convicción y por delicadeza
y de~pm\s por viva simpatía hácia su jefe in~
mediato, q~e más que su jefe era su amigo,
e~ secretario se esforzó en persuadir al mimstro de que el gobernador no pudo proceder de otra suerte si había de salvar el principio de autoridad, que toda la razón babia
estado de su parte .Y que asi resultaría seguramente del expediente que al efecto se instruía.

. El miniqtro se convenció. aprobó la enérgica y sal~dable con_ducta del gobernador, y
el secretario se volvtó á la ciudad de X Jle\'ando tan agradable noticia:
Los detenidos f~eron procesados; ¡:,ero dos
ó tres dí~~ despues decretó el juez la libertad .provisional de los presos, mediante fianza.
Un gobernador que había hecho lo que
aquél no podía continuar allí aunque el Gobierno le hubie1a dado la razón.

Poco después del memorable acontecimiento, aquel gobernador fué trasladado á
otra provincia de más importancia, á un
mando de primera. Y que tenia dotes de
mando bien lo demostró en pocos días, en
un día, más propiamente dicho.

:;:** .
El secretario volvió á ser gobernador interino, y todo le auguraba una era de reposo
y de tranquilidad: vagaban por sus dominios cuatro ó cinco partidas carlistas, y su
antecesor le babia dejado la capital convertida en una balsa de aceite...
De aceite hirviendo.
En la que puede llamarse segunda etapa
de su mando, el gobernador interino se reveló como hábil diplomático.
Jamás alurHa á hechos pasados, y si álguien le hablaba de ellos, hasta se mostraba
sorprendido, como si los ignorase, é iba limando asperezas y restañando las heridas
que aún manaban sangre.
Su labor habría sido fácil si desde el primer momento se hubiera limitado á desaprobar y condenar la conducta de su antecesor en el mando de la provincia; pero había estado de acuerdo con él, le hahia apoyado ante el ministro de la Gobernación, y
no debía ni podía adoptar, decentemente, tal
actitud. Cuando se veía fatalmente obligado
á tratar de aquel asunto, lo hacia rápida y
someramente, diciendo:
,
-Yo, en su caso, habría hecho lo mismo.
Hablemos de otra cosa.
Y pasaba á otro asunto.
Bien s;ibía él que no hubiera hecho lo mismo, aunque un gobernador tiene autoridad
para suspender una corporación de la que
es jefe nato, ó algunos individuos de la misma, pasando el tanto de culpa á los tribunales ordinarios. No hubiera hecho lo mismo;
pero lo decía, po'rque, dadas su situación y
su delicadeza, no podía decir otra cosa. Por
sistema, sólo usaba temperamentos de violencia cuando no podía pasar por otro punto.
Aceptando, en parle, la máxima de que
«transigir es gobernar,• siendo á veces enérgico y á veces conciliador, echando, como
suele decirse, una de cal y otra de arena, el
caso fué que logró pacificar los ánimos y que
se captó las simpatías de la mayoría de los
vecinos de la ciudad de X.
El Gobierno estaLa satisfecho de la conducta hábil y sensata del gobernador interino, y el ministro de la Gobernación le había
manifestado, en carta particular, que pronto
sería. nombrado gobernador efectivo de la
proYincia donde tan buena campaña estaba
realizando.

�232

rrn

ESOS

--¡Gobernaaor de vetdad á los ,einticinco
aiios!-pensaba el gobernador interino!
Y se mostraba satisfecho de su talento y
de su di,;creción. ¡Era tan jóvc1L.

1

1

;

11

;i

llallábase una tarde en su despacho el gobernador interino estudiando un expediente
que le había presentado el jefe de la Sección
de Fomento, á cuyo jefe le había puesto los
p1tnlos porque era de mucho cuidado, cuando le anunciaron la visita del guarda mayor
ele\ valle de ... Dobló el expediente aplazando su estudio para mejor ocasión, y i:C dispuso á recibí r al visitan le.
La presencia del aludido funcionario causóle viva sorpresa. Iba vestido como los anliguos bandidos andaluces\' sólo le faltaban
las armas para que la ilusión fuese completa. Parecía una copia fiel de Diego Corriente;-;
ó de José ~!aria. Era de figura arrogantísima,
guapo, extrá11amenfe si111pcífico, de !acciones enérgicas y correctas, usaba grandes patillas de las llamadas de bow d~ hacha \'
podría contar de cuarenta á cuarenta y &lt;lo~
años.
Aún más que su anacrónica indumentaria,
hubo de extrañarle el lenguaje de aquel hombre. Se le ofreció de modo absoluto é incondicional, del modo más servil y más bien
romo humildisimo criado que como funcionario público que. se pone á las órdenes de
s11 jefe, siendo su actitud tanto más extraña
ruanto que se trataba de un jefe interino.
Ya en pié para marcharse y como si tratara de redondea,· sus ofrecimientos, dijo el
l(Uarda mayor:
- -Si álguien le estorba á usted, no tiene
más que rlecinnelo y asunto acabado.
. A mí no me estorba nadie ... Vaya usted
con Dio8 7-repuso fría y severamente el gohernador interino.
El insinuante y enigmático guílrda salió
del despacho, tranquilo, satisfech·o y sonriente.
•
El gobernador llamó en seguida:at conserje, un anciano que llevaba más de treinta
a110s en aquel Gobierno civil, y le )reguntó:
-¿Quién es ese hombre que acaba de 8alir &lt;le aquí?
- El guarda mayor del valle de!..
-Ya lo sé; no pregunto eso ... Deseo saber
qué ha sido ese h~mbre autes de ser guarda
mayor, porr¡ue me figuro que es hombre de
historia.
Sonríase el con,e1je y contestó:
-Ese era Joselito, capitán do ladrones
de la célebre partida llamada Los pattlinos,
que fueron indultados por Doña Isabel II

!&gt;tr:-mos
poco antes de la füwo lución. A poco del indulto, Joselito fué nombrado guarda mayor
del valle de... y en su cargo continúa, respetado por todos los Gobiernos.
-Está bién, retírese ... Y si vuelve Joselilo
por aquí le dice usted que no puedo recibirlo.
Aquella misma larde escribió el gobernador interillo una larga carta á uno de los mi•
nistro,, con quien tenía amistad particular y
del cual era paisano, dándole cuenta del desrubrimienfo que acababa de hacer, creyenrlo-¡oh: candide;,: juvenil!-que pre,;Laba un
j!ran ,-ervicio al Gobierno y que el ex-capitán de bandidos sería destituido inmediatamente, tal vez por telégrafo.
El ministro no le contestó; pero lo escribió
acorra de aquel tema un su amigo intimo,
hombre de experiencia, político práctico, el
cual, entre otras cosas, le dccia lo siguiente:
•Eres muy jóven y no comprendes aún
los misterio,; de la política, las necesidades
de la política, diré mejor. y has cometido una
torpeza: en política no hay hombres; no hay
má~ que obstáculos y utiliclcules:
• Los primeros, se eliminan; las segundas,
se aprovechan. Sentiré que llegues á figurar
entre los primeros...
»Ese hombre que tú denuncias como perjudicial, nos es muy necesario. No hagas el
Quijote, y amóldate á las circunstancias.•
Otras muchas cosas decía la carta. Concluida su lectura, la estrujó nerviosamente.
irguióse súbito, recorrió el despacho, presa
de febril agitación, y, como en las comedias,
se tnetió en un monólogo animadísimo.
-Si esa es la política,- concluyó -no
quiero ser político.
Acto continuo redactó su dimisión y la envió á ~!adrid. So le fué acepatada. Su paisano el ministro, que le conocía bien, temía que
diera un escándalo monumental relatando
en los periódicos el motivo de su dimisión, y
ante ese temor justificado, el Gobierno le dijo
r¡ue estando muy satisfecho ele su gestión
le rogaba que permaneciera en su puesto,
con tanto mayor motivo cuan¡o que pronto
sería nombrado gobernador en propiedad.
Acababa de leer esa comunicación cuando
1.1e presentó el conserje en el despacho, diciendo:
--Ahí ha estado el guarda mayor del valle
de... Le he dicho que Usía no lo podía recibir y se ha incomodado mucho.
- -Está bien.
- Dice que vendrá mañaua.
-Siempre que venga le dice usted que no
lo puedo recibir, que estoy ocupado...

RECUERDOS DE LA REVOLUCIÓN

El guarda mayor volvió al día siguiente al
Gobierno civil, y tampoco fué recibido.
Ocho días después se supo en la ciudad de
X que en la pequeña e~tación de N, cerca
del limite de la provincia, un poco más allá
del valle de ... había sido robado un tren de
viajeros, á las dos de la madrugada, por unos
enmascarados á los cuales no había sido posible reconocer á causa de la obscuridad.
El gobernador tuvo un presentimiento horrible, que comunicó, con toda reserva, al
coronel de la Guardia civil, bravo y pundonoroso militar, anciano venerable en quien
tenia fé ciega , absoluta confianza.
--Puede qué no vaya usted descaminado.
-le contestó el coronel.
Dos días después se repitió la agresión en
el mismo sitio, y no se repitió el robo porrrue en el tren iban tres parejas de la Guardia civil; pero esta fnerza se tiroteó un ralo
con los ~alteadores enmascarados, resultando heridos, aunque le\·emente. por fortuna.
nn guardia y dos Yiajcro~.
Pasaron ocho días sin novedad, creyósc
rrue los bandoleros se daban por convencid_os de la ineficacia de sus ataque~, y fué retirada de ac¡t1el servicio la Guardia civil. Precisamente la primera noche que pasó el tren
sin dicha defensa fué robado nuevamente
en la misma estación y por mayor ní1mer~
de enmascarados. Se conocía que los tales
teniau buenas confidencias.
El gobernador interino se .afirmó en su
presentimiento. se agrandaron sus sospechas
y empezó a seguir una pista.
Volvieron las tres parejas á prestar servicio en aquel tren, y casi todas las noches se
tiroteaban con los bandidos. Parecía que éstos, más que robar, lo que pretendían era
t~ner en jaque á las autoridades y despresti¡narlas.
Una noche, además de las tres pareja,-,
íueron en el tren el gobernador interino y el
coronel de la Guardia civil. Aquella noche el
combate fué más empeñado que nunca.
El tren se detuvo alli indefinidamente v el
gobernado~ interrogó con habilidad al jefe
de la estac!ón, al guarda-aguja, al guardabarrera y a otras personas, y lo que hasta
cnt?nces h~b~a sido Yehemen te sospecha
,c-as1 se conv1rbó en certidumbre.
~e vue_lt~ ~n la capital, el gobernador int?n~o clmg1ó_ ~_na larga comunicación al
G_obierno part1c1pándole que instruía expediente acerca de los robos cometidos en el
tren al pasar este por la estación de N., y
que se proponía demostrar que tale3 haza1ias eran realizadas por el guarda mayor del
valle de... y los hombres que tenía a sus órdenes, algunos de los cuales también habían

233

sido sus subordinados cuando fué capitán de
los famosos pattlinos.
Fundamentaba sus sospechas con multitud de datos, indicio; y coincidencias r
apuntaba, ademas, una frase que él. en su
calidad de escritor, hacia feliz.
-Ese hombre-decía-siente la nostalgia
ele su antiguo oficio; y por eso, y por perjudicarme, para evitar mi nombramiento de
gobernador propietario, reanuda sus aventura,:.
Después de expedir aquella comunicación
respiró satisfecho. Pensó nuevamente (tenia
entónces una candider. incorregible ) que
prestaba un gran servicio al Gobierno, que
consolidaba su posición y que le nombrarían inmediatamente, como le habían ofrecido, gobernador en propiedad de la prorinria de X. Xo pensó ni por un momento
que toda la vide, es sueiio
y los suef1os s11e1ws son.

Tres ó cuatro dia" después recibió una
carta cari1losísima de su amigo y pai,ano
el ministro de... dicién·lole, á vuelta de prodigarle virn~ elogios, 1¡11e, en vista de lo m11c(10 y de lo bien que había trabajado, el Gobierno, deseando premiar sus buenos servicios, había decidido trasladarle á un llini~terio, con ascenso, al objeto de que desea,,.
sara de tantas fatigas. Sería, pues, nombrado. si á ello prestaba su conformidad, jefo
de la Sección Política del Ministerio de...
El ministro de la Gobernación, á quien
había
dirigido, como era natural ' la comu.
.
mcac1ón acerca del expediente que instruía
&lt;lió la callada por respuesta.
'
Por fin vió claro y se llegó á enterar. ¡Ya
era hora!
Fatig_ado y d~sengañado, aceptó lo que le
propoma su amigo y paisano el ministro de...
Coincidencia digna ele notarse fué la de
que, tan pronto como se supo en la capital
que el gobernador interio se marchaba, cesaron como por ensalmo los asaltos al tren en
la estación de N.
. Inútil es decir que el gobernador interino
chó de mano al expediente comenzado.
Como le había dicho atinadamente su amigo el político experto y práctico, de 11filfrlarl
que huhiera podido ser, habías!' convertido
e~ obstáculo, y en política los obstáculos se
chminan. Joselifo: el ex-capitán de bandidos, que por lo visto era una ufiliclacl podía
vivir tranquilo.
'
De que lo eliminaban definitivamente
tuvo la prueba en cuanto llegó á Madrid. El
pue~to _de jefe de la seccion política que le
hab1a sido ofrecido estaba ya ocupado por

�234

PLEGARlA

un pariente de su amigo, paisano y pro-

tector. el ministro de ... Este le dijo:
-Dentro de unos días habrá crisis par•
cial 1 me encargaré de la cartera de Gobernación, y le necesito a usted para confiarle un
Gobierno de primera. Tiene usted grandes
condiciones de mando y es lástima que ve-

gete pasivamente en un Ministerio.
Esperando Ja crisis parcial y como consecuencia de la misma el nuevo embuste que
habrían de decir]~, llegó al Congreso el ge-

1

neral Pavía, lo disolvió como se disuelve la
sal en el agua, y echó á rodar aquel desorden de cosas.
El ex-gobernador interino casi se alegró
de aquella barrabasada-que á tales extre-

mos llega el despecho,-reconoció modestamente que no tenía condiciones de hombre
político, tal y como la política se entiende,
que siempre sería obstác"lo y nunca ttlilidad, é hizo un m"tis definitivo, retirándose
por el foro.
Desde entonces no ha vuelto á figurar en
la política activa ... y ha rectificado en gran
parte sus ideas.
Más de una vez ha pensado, viendo los toros desde la barrera y libre de todo prejuicio de bandería, que el bien ó el mal de esta
pobre patria española, más que en lo bueno
'ó malo de los sistemas políticos, está en la
índole de los hombres constituidos en clase

directora.

PLEGARIA
Virgen de los Reyes, madrecita mía,

1

Las rosas y el poeta loco
por el jardín de un maniP comiosu ellocura
poeta. Está pálido, y sus ojos
ASE~

FRANCISCO FLORES GARCÍA

1 1

PÁOJNA S CORTAS

1a morena Virgen de los sevillanos:
tú que eres alegre como un mediodia
y como el sol de oro que hace los veranos,
haz que torne á mi alma toda la alegria
de aquellos sencillos cantares gitanos.
Siento mal de amores por una morena
que copia en su cara tu cara serrana.
Mírame mi pecho cargado de pena,
Virgen, por morena, linda y sevillana,
y rompe la férrea, la dura cadena
que ha echado á mi cuello la moza cristiana.
Ha olvidado ella toda tu doctrina:
que el amor es cosa santa de los cielos,
y que amor es gracia de la sal divina,
y que amor es bálsamo de ansias y desvelos,
y es fuente de agua pura y cristalina
donde bebe el alma todos sus consuelos.
PÜr sus desvaríos siento yo pesares,
y me rinde el alma con. augustias locas ...
Bebo la amargura de todos los mares,
en aguas que fluyen de muy duras rocas.
Tócala en el alma por cuanto tú amares,
tú que santificas todo cuanto tocas.
Virgen de los Reyes, madrecita mía,
la morena Virgen de los sevillanos:
haz que llene á mi alma toda la alegria
de los amorosos cantares serranos,
tú que eres la madre de la luz del día.
y el sol que calienta todos los veranos.
JosÉ MUÑOZ SAN ROMAN

aparecen nublados por la tristeza más profunda.
De pronto, detiénese ante un rosal y coje
una flµr blanca; luego se para en otro, y corta una rosa amarilla; después en el tercero,
y se apodera de un capullo encarnado.
Coloca las tres rosas en un banco de madera, y dice á la de color blanco:
-Contéstame, hermosa flor. Se te acusa
de que cuando eras mujer joven y bella abandonaste sin piedad, para casarte con un an ciano rico, á un gentil, pero pobre manee•
ho, que te adoraba. ¿Qué alegas en tu defensa'?
El poeta loco esperó en. vano la contestación.
Morirás,-dijo, Iras el largo silencio de
la flor.
Luego, se dirigió á la rosa amarilla:
--Afirman que cuando reinabas como mujer, tu sonrisa eng?.ñadora, tu coquetería in•
fame y tu condescendencia fingida torturaron un corazón bueno y sano que latía violentamente por ti. ¿Por qué obraste de esa
manera? Contéstame.
Otra vez fué inútil el propósito del loco
de oir á la flor. Hubo de decirla:
-Te condeno á muerte, como á tu hermana.
Y habló así á la rosa encarnada:
-Dime por qué aseguran que cuando eras
mujer fácil y hermosa enloqueciste con tus
p~rversas caricias y envileciste á un desgra•
ciado que buscaba en tus encantos el olvido
de sns antiguas desventuras.
Tercera vez fué vano el esperar del poeta.
-También moriras,-condenó á la flor.
Y sacando el poeta loco de su bolsillo un
diminuto iustrumento de madera y acero,
una pequeña guillotina que había fabricado,
colocó las tres rosas bajo la cuchilla, que al
precipitarse sobre las flores las separó de sus

tallos haciéndolas caer en la arena del sendero.
A los pocos instantes, el poeta recogió del
suelo las rosas y las contemplQ largo rato.
Encaminóse luego hácia el fondo del jardín.
Eligió un lugar oculto, que no pudiera ser
profanado por humanos pasos, y con los dedos empezó á cavar en la tierra una fosa.
Enterró juntas á las tres flores, cubrió la
sepultura con hojas de acacia,y se arrodilló,
y estuvo llorando hasta la caída de la tarde
regando con sus lágrimas la tumba de las
rosas•mujeres.
CATULLE MENDES

Los dos granaderos

e

de Francia van dos granaderos de
la guardia. Largo tiempo habían estado
cautivos en Rusia. Y cuando, en su marcha,
llegaron á las comarcas de Alemania, bajaron dolorosamente la cabeza.
Allí supieron que Francia había sucumbido: el valiente gran ejército estaba destrozado y el emperador hecho prisionero. Los dos
granaderos rompieron á llorar.
Dijo el uno:
-¡('.uánto sufro! Abrense mis antiguas heridas y veo acercarse mi fin.
Y el otro dijo:
-¡Todo ha acabado! Yo quisiera también
morir ... Pero sin mí, allá abajo, mi mujer,
mi hijo, pereuerán ...
-¡ Y á mi qué me importan mi esposa y
mis hijos!-repuso el primero.-Que mendiguen, si sufren hambre ... Otras son mis cuiw
tas: ¡el emperador, prisionero!
Hizo una pausa, y continuó:
.....-Oye, amigo mio) oye mi ruego: moriré
aquí, pero llévate mi cuerpo á tierra de Francia y sepúltalo en ella. Sobre el corazón, colócame la cruz de honor con su cinta encarnada; en la mano, pónme el fusil; al cinto,
ciñeme la espada: qúiero estar de ese modo
en mi tumba, como centinela, aguardando
AMINO

�236

ron

que suene otra Ye7. el estampido del cañón
r que retiemble nuevamente el suelo bajo el
galope de los caballo,:;. El emperador pasará
sobro mi tumba, y sentiré el batir de los
tambores y el met~lico chocar de los sables ...
Entonces, saldré armado de mi fosa para defender á mi emperador querido.
E:-.mQt:E lfEIKE

El collar de Salambó
OJOS YERDES

Nubia do crespas carn par1as
y Escocia de verdes lagos

1

1

rnsueñan en las extrañas
vistas de tus ojos rngos.
Melancolías hura!ias
beben el absit1tio, y magos
cometas haC'en aciagos
&gt;&lt;ignos en tus pestañas.
¡Oh, tus cambiantes y finos
y oblicuos ojos felinos! ...
.\breme la maravilla
de tu honda mirada verde,
mar ele vida en que se pierd'1
mi taciturna ba1 quilla.
OJOS GRISES

.Ko sé que hurañas regiones
de ventisqueros y riscos
se insinúan en los discos
rle tus dos ojos lapones.
Noche boreal. cerrazones ...
Kremlin de nilcar, apriscos
rle osos que braman ari~ros
háC'ia las constelaciones ..
¡No llores, mi dulrr Cleo!
Amor regirá el trinco
por la quimera sin fin,
é iremos hácia los grise~,
vagos, enfermos países
que hay en tus ojos de esplín.
OJOS AZULES

Son más dulces que un Leteo
tus pu pilas, cual si en ellas
entonaran dos estrellas
su ¡Gloria i,i excelsis Deo!
Fulgen místicas centellas
en inefable azuleo,
como un idilio de bellas
palomas del Himeneo.
t,Sueños de amores floridos?
Ya están los cisnes uncidos:
la góndola nos espéra.
~eré Lohengrin, ó Raul,

PÁGIXAS CORTAS

ESO" ~!t;'.'l'DOS

,· te amaré en la Isla Azul
de la Eterna Primavera.
OJOS DE ORO

Suefio.n heróicos delirios
tus ojos como áureo, dardos:
O:;;iris, Menfis, gallardo.,
faraones y martirios;
India: elefantes y leopardos;
Judá: incensario., v cirios,
dorada legión de )lardos
Y ;;acerdotes asirios.
;,Amas el Sol, ¡oh, mi emmeño'.?
;,Quiere» cruzar el espacio'~
¡Amor ,;erá el Clavileño
que te conduzca al palacio
donde mora el feliz dueño
de tus ojos ele topacio!

La noche del odio cierno
cristalizó en el diamante
de tus pupilas. que el DantP.
tomara por el Infierno.
Desoladas en su interno
maleficio obsesionante;
hay en su noche enen·ante,
~h10rte, Vacío é Infierno.
Aunque tanto me han herido
tus ojos de gema rara,
hoy como siempre te pido
tus ojos negro$, ¡oh, avara!
r¡ue al menos así enlutara
el féretro de tu olvido...

Juuo HERRERA REISSIG

Hojas de la vida
rodeaban á una hermo~a muS jer:mozos
cinco de ellos, apuestos, garridos; el
EIS

sexto, mal figurado.
Dijeron los cinco:- Te amo, porque eres el sol de mis día;;.
- Yo, porque eres la estrella de mis noches.
- Yo, porque eres el aire que respiro.
- Pues yo te amo porque eres la luz de
mis ojos.
- Y yo porque eres la paz de mi alma.
El sexto calló: no podía medir sus armas
con aquéllos.
Ella miró altivamente á los que hablaron.
-Pues yo no os amo,-les dijo.
Y luego, con voz delicadísima, llena de
mil promesas, preguntó al que había callado:
- Y tú ... ¿por qué no me amas:'

Enloquecido~, furio,;oi&lt;, iban por una calle
muchos hombres del pueblo.
-;Lo mata1·emos! -gritaban.
--í iurastraremo,;: su cadáver por las calle--.
- Y echaremos á los perros sus despojos.
Llegaronádonde se dirigían, y vociferaron;
-¡Que salga!
-¡Que se le llame!
-¡Que venga!
Pero ninguno daba un paso adelante.
Al cabo. el más audaz, el más atrevido,
se acercó á la puerta de la casa, y llamó.
Llamó suavemente. El señor salió: sus
miradas eran como latigazos.
-¿Qué queréis?-les dijo.
Los hombres inclinaron la cabeza mansamente:
-Saludaros, se11or.
*
*
:.\ledio muertos de* hambre,
van por un
camino una madre y un hijo, mientras que
con la insolencia de la dicha cantan los pajaros entre las hojas nuevas que el sol dora
en su expléndida brillantez.
Un viajero da un trozo de pan a los ham1.irieotos. Madre é hijo miran con avidez el
regalo. Con esa divina delicader.a de las madres, dícele ella á él:
- Cómelo tú solo, hijo mío. Lo necesitas
más que yo.
El hijo, engulliendo el pan ansiosamente:
--¿No es cierto que tú no tienes hambre,
madrecita'?
*
**
~ ¡Qué he1-mosa es la :Naturaleza! ¡~lira qué
claramente brilla el sol! ¡Oye qué dulcemente cantan los pájaros!... Si tú me amaras...
-Pero ... ¡si yo le amo!
•
-Y cuando la Naturaleza e~tá alegre también el alma lo está. Aun el viento, que es
siempre igual, susurra, como si riera, en la~
copas de los árboles ... ¿Por qué no me ama,
tú't

--¡Siempre dices que no te amo! ,:,Por qué
lo dices? :.\lil veces has probado mi amor ...
--Ttt no me amas.
- Que sí,-contestó ella.
í le exprimió estrepitosamente un beso
en los labio:;.
El la miró piadosamente, y la dijo:
.-\hora eP cuando c1·eo que no nic ama3.

***

.. Un hombre creíase feliz porque tenía una

inmensa fortuna, una amada cariiiosa v una
madre que le adoraba. Cierto dia perd°ió su

fortuna. A poco, su amada, veleidosa, ~e fué
por el mundo con otro ho:ubre. Y una mañana, rnuv lt·isle, su madre voló hasta DioB.
El hon;bre, ante el humo disipado de !':U"
ilusiones y sus dichas trocadas en pesare~.
recordó pausadamente, tranquilamente, el
pensamiento de Taine:
«También es bello un palacio que arde.»

***

Callan los dos en el balcón. Es de noche.
Suena la campana del convento.
-¡Qué triste es el sonido de esa campana!-dice ella.
El responde:
-Oigo la campana... Pero siempre e"
igual su tañido para mi: ni triste ni alegre; la
oigo con entera indiferencia:
Ahora callan más que antes, en silencio
solemne. El toma u11a de las mrnos de ella,
r, acariciándola, inconscientemente la atrae
hacia ,-u corazón.
Ella interrumpe el silencio:
-¡E,;; muy triste el sonido de esa rampanal
Un hombre amaba locamente á una mujer sin conseguir nunca su amor. Crernndo
asi conseguirla, fuése á pelear con la fortuna:
luchó brazo á brazo con ella, y la domó.
Llegóse entónces nuevamente á1· lado de la
mujer y la ofreció todos sus halagos, del rni~mo modo que antes la habín ofrecido todo~
sus esfuerzos, todas sus energías.
-No os quiero ni á ti ni á tu fortuna.
repuso ella.
- ¿Qué es, pues, lo que deseas? Mil vece:;
he gozado la felicidad de creer que tus labios me sonreían, ¡pero ni siquiera han formado una mueca de desdé11!... ¿,Qué seria
digno de ti? ¿Lauros? Pues los rendiré á_tus
pié::i, para que luego me sonrías y para que
amándome puedas hallar una á una todas
las hojas de mi corona.
Logró él los lauros que apetecía, y volvió al lado de la mujer que ambicionaba.
Pero ella rechazó la corona, y, pisoteándola.
dijo desdeñosamente:
- ¡Ni tú, ni tu fortuna, ni tu gloria, quiero! Prefiero ser de otro hombre cllalquiera.
Y se fué al lado de un infeliz de la vida,
El enamorado exclamó entónces:
- ¡Cuántos reproches mereces, y, sin embargo, no puedo hacértelos! ?lle duele, por - ,
que me parece que te producen dolor...

R. MONTOYA PÉREZ

�EN El. SENO DE ABRAIIA:.t

EN EL SENO DE ABRAHAM
(CUENTO TRÁOICO)

I
Á LA ORILLA DEL MAR

en la balaustrada de la galería,
A CODADO
desde donde la humilde dársena se columbraba en toda su amplitud, Andrés sonreía mirando á los pilluelos de la playa, que
mostraban desnudos sus morenos torsos, invitándole con gestos expresivos á lanzar al
ae1ua monedas de cobre envueltas en blanco
p:pel, para, buceando como minúsculos tritone~. sacar entre los dientes á la superficie
la codiciada presa tras reñid:i disputa bajo
la:S tranquilas aguas del puerto. Algo rehllcio
el jóven madrilerio á exprimir su bolsa aqu~lla mañana, conformábase con mover negativamente la cabeza, cual muda contestación
á los apremios de la vocinglera chiquillería,
cuyos gritos atronaban con pintoresco chapurreo:
-¡Señor, eche perras! Sacar luego nos'.ltros ... Uslé, échanos perras agua ...
Por librarse -de la sempiterna algarabía,
lleYóse la mano al bolsillo del pantalón,
cuando sonó á su espalda una voz curo timbre repercutió en su oído con dulces vibraciones:
-Buenos días, Andrés ...
Era una jóven primorosamente bella, en
quien no se sabía si admirar má'! la gracia de sus facciones, la gallardía de su cuerpo ó la distinción de su porte. Vestía sencillo traje de mañana, de hilo blanco, bordado á grandes ramos, corta la falda dejando al descubierto el menudo pié lindamente
calzado, y hasta el codo las mangas de la
blusa permitiendo ver los blanco, y torneados brazos, en uno de los cuales lucía ancha
pulsera de oro con el nombre de Andrés
trazado con brillantes.

Dicho se está que el saludo fué pronto y
efusivamente contestado por el jóven, y que
ambos emprendieron a I momento íntimo
y animado coloquio, por el cual colegiase
que el Andrés de la pulsera no era otro que
el que poco antes s::,lazábase contemplando
las piruetas y oyendo los chillidos de los pilletes de la playa desde la galería del hotel.
Andrés y Nora estaban para casarse: al
regre,o de'la excursión veraniega, alln para
Octubre, constituirían el hogar soñado como nido de ventura perdurable. Haciendo
cábalas sobre su vida futura charloteaban
los amartelados novios, sentados en sillones
de mimbre, mientras en una mesita del inmediato comedor engullía sosegadamente el
copioso desayuno la mamá de Nora, dama
de gran volúmen, rondando los cincuenta.
pero hábil en la re3tauración de ajadas belleza~, gracias á lo cual conseguía disminuir,
si bien nunca ocultar, los estragos del tiempo: horrorhaba á la buena señora la idea &lt;le
envejecer, y poniendo de su parte lo P?CO
que podía para contrarrestar la marcha implacable de la clepsidra de Saturno, teñíase
de rubio inverosímil los cabellos, blanqueábase el cutis, arrugado, oprimiase con acorazados cor.sés el abultado abdómen, y no toleraba que la llamasen sus amigos sino empleanrlo el diminutivo de su nombre.
-No me llame usted Purificación,-decía
á sus intimos.-Llámeme usted Purita.
Y Pur-ita le llamaban todos, aunque con
cierta ironía al ver que pronto iba á ser suegra, no tardando mucho en convertirse en
abuela. Su esposo, senador del reino, grn11
tresillista, encogíase de hombros al advertir
tan pueriles obsesiones, que no se tomaba
siquiera el trabajo de discutir, abstraído
como estaba en harto mayores empresas
que no consentía en abandonar siquiera du-

rante el veraneo: reuniase imprescindiblemente con otros tres sesudos veraneantes, ex:director general el uno y diputados de lamayoría los otros dos, no separándose los cuatro ni un momento, lo cual era causa de que
Paquito Blanco, el eterno chismógrafo, Je3
hubiese confirmado con el remoquete de los
Tetrat·cas. Después de la comida y de la
cena, jugaban irremi~iblemente al tresillo
interminables partidas; pero la mañana dedicábanla á discutir asuntos de transcendencia, formando corro en la playa, repantigados gravemente en sus cestos, á lá sombra de
un toldo. Qué es lo que discutían no era fá.
cil saberlo, porque ocupaban un estratégico
lugar, bastante apartado del núcleo de bauistas: ello debía ser cosa grave, por cuanto
que solían callarse tan pronto advertían la
proximidad de algún c~ri?so que, oído alerta, pretendía pescar alguna frase suelta: tal
• vez se trataba de un formidable secreto de
Estado. ¡Quién sabe si de aquellas pláticas
emanase alg.ín día la felicidad del país! Lo
cierto fué que Paquito Blanco-en su afün de
husmear vidas ajenas y poner en ridículo á
la gente-colocóse cierta mañana en el interior de una caseta inmediata al toldo de los
Tetmrcos, y, aguantar.do el calor y el aburrimiento, logró sorprender el tema de tan
interesantes conversacione,.
-Se lo aseguro á ustedes bajo mi palabra,
- decía el ex-direJtor gravemente, poniéndose. la mano en el pecho.-Fué en ca3a de
Fernán-Núñez, en Diciembre del 75, bien
me acuerdo: con la espada y tres estuches
hice bola.
-¡No puede ser!-exclamaron á una los
oyentes.
-Señores,-prosiguió el orador con más
gravedad.-He dado mi palabra. Debo añadir
que además tenía tres reyes.
-Eso ya es otra cosa,-dijo el senador.
-Si, sí,-asintieron los diputados de la
mayoría, por no perder la costumbre.
Y dando vueltas á tan amenas é interesan!es cuest~ones prosiguieron largo rato,
segun Blanqu1to aseguraba por la tarde en
el c~rrillo de sus amigotes, que reventaban
de risa.
Cuando Pm·ita consumió el último de los
abundantes picatostes que, impregnados en
humeante soconusco, habían constituido, á
~ás del va~azo d~ leche, su parvedad matutina, aprox1móse a Nora y Andrés, que olvidados del mundo exterior seguían su animado cuchicheo.
-¿De qué se habla, pimpollos?-preguntó Purita.
-De todo... y de nada -respondió Andrés levantándose galante~ente para acer-

23\)

car un asiento en que se arrellanase su futura mamá.-Hacíamos cábalas para el porvenir, arreglábamos algunos detalles de nuestra casita y, últimamente, hemos recordado
que esta tarde será la excursión por la ria
para ver el seno de Abmham, ese prodigio
de belleza agreste, si hemos de creer á los
que lo han visitado.
Purita puso mal gesto: temerosa cual nadie del líquido elemento, aborrecía las bromas con el mm· por creerlas de fatales consecuencias, siendo tan sólo partidaria del
agua de Barcelona para blanquearse el cuti3
y de la de Colonia para perfumar el baño.
-Pero ... ¿vosotros estáis comprometidos á
ir?-exclamó la mamá.
-No puede llamarse compromiso,-dijo
Andrfa-Ayer se habló de hacer esta tarde
la excursión. Paquito Blanco quedó encargado de avisar la barca y tener preparada Ja
merienda, y nosotros fuímos de los más entusiastas partidarios del paseo .. Pero eso
nada quiere decir, si á usted no le parece que
vayamos.
-¡Dios me libre! Haré de mi capa un sayo: me guar.laré de ir ... Pero vosotros sóis
muy dueños de hacerlo.
-No es cosa de que estés sola toda
tarde,-intervino Nora visiblemente contrariada.-Nos quedaremos nosotros también.
Convínose en ello. Pero ténue nubecilla
pareció flotar desde entónces sobre la frente
de Nora: ilusionada como estaba con el acuático paseo, súpolc mal la intransigencia materna. Andrés, conocedor del carácter de su
amada, no tardó on advertirlo, y, echando á
broma la trivial contrariedad, empeiióse
en que Purita se animase; mas no pudiendo conseguirlo, zanjóse la cuestión en la siguiente forma: Nora y Andrés irían, comprometiéndose á encontrar una ó varias se1iora,
que acompañasen á ru madre durante la ausencia de los excursioni&lt;,tas.
Poco á poco fueron bajando á la terraz.1
del hotel varios de los m~s conspícuos veraneantes, hospedados en el mismo: el matrimonio Sánchez Mirón, con tres amas secas
y dos luímedas; la señora de Luque, con
cuatro hijas casaderas, aunque incasables;
el marquesito del Crepúsculo Vespertino,
ducho como el primero en el manejo del
auto, si bien ignorante de las reglas gramaticales más sencillas; la baronesa del .Mogollón, soltando tantos disparates como palabras; Paquito Blanco, en fin, resplandeciendo bajo un terno de blanquísima franela, de medio lado el jipi, sonriente la boca,
dispuesta á soltar la sangrienta sátira urdida momentos antes ...
Fácil le fué á Andrés encontrar compañía

la

�240

POR ESOS MUNDOS

Pª!ª su

mamá futura: no una, sino varias
senoras "e ofrecieron á ello, y, cundiendo
entre las damas de edad provecta la idea de
t¡uedars3, desi!&lt;tieron de ir todas las mamás,
excepto la de Luque, rodrigón inex~rable de
sus machuchas bija~: cuya presencia ~n la
barca serviría para autorizar convenientemente á todas las jóvenes solteras.
.
Aquel día, la hora del baño, la más d1ve~·tida de todas ordinariamente, transcuma
sin incidentes dignos de mención; no se pasó
revista á los rellenos de Fulana, ni á los pantalones larguísimos de .Mengana, ocultadores larguísimos de sus torcidas piernas, ni se
hizo alusión á los brincos enormes con que
Zutanita evitaba las salpicaduras de las olas
para resguardar el rubio artificial ~e. sus ?ªbellos. Todo en el grupo de exped1c10nar1os
el'll hablar de la excursión, prepararse para
ella: los exploradores de tierras árticas ó de
africanas regiones no e,tarán antes de sus
transcendentales viajes más preocupados
t¡ue lo estaban con el su yo los jóvenes veraneantes.
Comieron deprisa y corriendo : el café
abrasó el gaznate de más de un impaciente,
deseoso de trasegar cuanto antes el hirviente liquido.
Y, al fin, - que todollega-llegó la hora de
• zarpetr, como irónicamente decía el humoristaBlanco. Las muchachas iban monísimas:
los vestidos de todas hacían juego con el apellido de Paquito; cuando bajaban la escalinata del malecón para posesionarse de la barcaza, parecían una banda de palomas posándose
en flotante isleta. El embarque se hizo con
toda felicidad: algunos gritos, en que tan
pródigos se muestran siempre las laringes
femeninas, atronaron el espacio al notar los
vaivenes que en el falucho producía el ingreso de cada pasajero.
Cuando la barca deo;atracó del muelle, c.lebajo de la terraza del hotel, todos prorrumpieron en saludos á las personas mayores,
que, en pié junto á la balaustrada, agitaban
sus pariuelos. no· dejando de hacerlo ha:Sta
que la trainera dobló un ángulo desapareciendo de su vista.

II
LA VUELTA fü: LO:; At::-EXTES

Jamás tuvo una tarde más hora.s que aquella para Purita. Madre, al fin, aunque frívola, un secreto presentimiento hacía la estar
apesadumbrada por su condescendencia al
permitir que Nora tomase parle en la excursión: maldecía interiormente la poquedad de
su carácter. que debió imponerse al capricho

de los jóvenes. y hacía solemnes votos_ de no
incurrir en reincidencia para lo sucesivo.
La conversación de sus compañeras entretúvola algún tanto: manejab~n á maravilla la tijera, y en tarea semeJante no h~y
mujer que no se distrai_ga. Cortand~ traJeB
á toda la colonia veramega transcurnó buen
rato sin que Purita volviese á ~entir en su
ánimo la comezón de los pueriles temores
que antes la embargaban; pero llegó un instante en que, sin saber por qué,. el coraz_ón
de Pm·ifa dió un vuelco, no siendo óbice
para evitarlo la gran presión ~el cors~-faj~,
maravilla ortopédica merced a cuyo mfluJO
aún estaba pasable la figura de la presumida
se1iora.
Temerosa de comunicar sus negros pensamientos á sus amigas, todas las cuales teuían en la barca algún ser allegado sin sentir por ello comezón ni sobresalto de ninguna especie, abstí1vóse, con buen acuerdo, de
soliviantarla,: ella misma reconocía las puerilidades de su carácter, y atribuyó su inquietud inmotivada á u_na de tantas man~festaciones de la anormahdad con que su sistema nervioso venía rigiendo desde bastante
tiempo atrá~.
.
. .
La tarde caía. Por calmar su impac1enc1a
v hacer más corto el· rato que aún faltaba
para el regreso de los ausentes, yropuso á
sus compañeras dar una vueltecita por la
iolesia cu vas campanas, en aquel momento,
t;ñian' duÍcemente invitando á rezar la oración vespertina, el Angelus.
Aceptada por unanimidad la propuesta,
encamináronse hácia el templo siguiendo
varias calles tortuosas y estrechas, al cabo
de las cuales se hallaron en la plaza, dando
frente á la iglesia, pétrea mole de construcción medioeval curo feo aspecto exterior no
delataba refinamieñto arquitectónico alguno.
Después de ofrecerse mútuamente los dedos humedecidos con el agua de la pila, penetraron en el templo. Sumido e-;te en mística penumbra, tuvieron que detener.se unos
seoundos para que, dilatándose el iris de sus
oj;,, no corrieran el peligro de tropezar con
alguna beata regaiiona ó dar de bruces contra un pilarote ó un confesonario. Unicam~nte disipaban las tinieblas, á más de varia:;
lámparas de bronce con agonizantes pciloniillas, los numerosos ce1·illos con que lu
devoción eú,;kara llena el pavimento de las
iglesias, sin temor á los peligros que ofrece
este alumbrado rasando con el suelo, en el
que tan fácilmente pueden prender los ve~tido,- de las beatas, quienes, con la inconsciencia de la costumbre, pasan y cruzan impávidas entre los ígneos exvotos.Era sábado.
y á cada cerülo acompañaban, colocados

24 1

EN EL SE;-.;O DE ABRAHA)I

,;;ubre un paño negro lleno de
goterones de esperma, uno 6 varios panes de colosal tamaño, que
-conslitu yen una especie dE: diezmos ·6 limosna tradicionalmente
ofrecida al párroco en todos lo~
'templos de la región eúskara.
Cuando salieron de la iglesia
era casi de noche. Pu:rita, con la
-consiguiente ansiedad, pregunt? á
11n marinero que fumaba su pipa
,delante de una sidrería, si había
,llegado la trainera portadora de
los expedicionarios. El marinero
chapurreó una contestación negativa. Entonces, sin podersecontener, expuso sus temores á las señoras que con ella iban; reconocía
lo infundado de aquellos, pero no
1o podía remediar: el agua es
muy traidora, la gente jóven es
impetuosa y temeraria. ¡Quién
sabe lo que habría ocurrido cuan·do á aquellas hora~ aún no estaban de vuelta!
Las acompañantes de Purita
no abundaron en sus opiniones:
•era una chiquilla al pensar aqueJlo (Purita, se pavoneó al oir que
aún podía tener chiquilladas); no
había fundamento alguno par a
temer, pues eran todos muchachos formales , sin contar con
Haciendo cábalas sobre el porvenir charloteaban efusivamenle
que la señora de Luque tenía la
Andrés y !'Jora
•
.suficiente representación para saberse imponer; además, iban dos marineros, te de llevar á la iglesia, en acción de gracias,
gente expe1·ta... ¡Nada, nada! Fuera tonte- un cerillo y media docena de panes:
ría&lt;;... Corroboró tan contundentes razones
La noche había cerrado por completo. A
•el papá de Nora, quien, oportunamente con- la luz de uno de los faroles que alumbraban
sultado, se dignó reírse de las monadas de la dársena desde el malecón exterior, vióse
su consorte, á pesar de lo abstraído que esta- la barcaza, con su cargamento de carne juba por haber en el platillo cuantiosa puesta. venil, que celebraba el felíz arribo con inferCuando Purita salió del salón del hotel nal algarabía. Para atracar en el muelle, fal&lt;londe se ~olazaban los tresillistas, el negro tábales tan sólo atravesar la dársena, cu ya
manto de la noche se extendía sobre la co- anchura, de cuarenta á cincuenta metros á lo
marca: )igero vi~ntecillo, soplando de la par- sumo, tardaría en recorrerse tres 6 cuatro
te de tierra, lraJo en una de sus ráfa"as le- minutos, dado el cansancio de los remeros y
jano rumor harmonioso, algo así co':no un la poca prisa de los expedicionarios.
coro de voces juveniles.
Hubo un momento en que los gritos arre-¡Ya llega!-exclamó alborozada.
ciaron: llegaban á la orilla confundidos, sin
-¿En ~ué lo conoce usted?-preguntó una que se pudiera discernir si eran te1 rurificos
-obesa senora.
6 alegres. Pu1·ita estaba con el alma en un
-Vienen cantando ... Los he oído cantar... hilo. La señora obesa reía beatíficamente.
¿No oyen ustedes'!'
-¡Como se divierten los pobrecillosl Han
En efecto: aguzando el oído percibiase
pasado un gran dia,-exclamaba.
-cada v~z ?ºn claridad mayor, el ~anto de lo~
De pronto, por delante de la terraza del
excurs1~mstas, al cual lo que le faltaba de hotel, pasó un pescador corriendo, y, bajanharmomoso sobrábale de pintoresco.
do la escalinata del muelle, desamarró un
-¡Gracias, D_ios miol-:-exclamó j~ntando bote, sujeto á fuerte argolla. Dos ó tres malas manos Purita y haciendo votos in men- rineros i:niláronle seguidamente. Oyéronse

4

�243

POR ESOS MUNDOS

EN EL SENO DE ABRAI!Al\1

que ante sus ojos se ofrecía: á u~, lado y
otro de la ría, desfilaban paulatrnamente
verdes maizales, copudas pomaradas, robustos casi años; un ligero cochecillo, arrastrado
por pequeña jaquilla, marchaba velozmente
m
por la carretera, ali~ en
mitad 1e la falda
del lejano monte; mas lejos, un tune! de la
Ef, SENO DE ABRAHAM
vía férrea abría su boca desdentada y negruzca y se tragaba en un santiamén el f~Cuando, al volver el primer recodo de la rrocarril que, pitando horrisonante, conc1uia
ria, se perdió de vista el
de traspohotel, con los pañuelos que
ner un eledesde su terraza se agitaban
vado puencariñosamente, un soplo de
te de hievago temor pareció invadir
rro, bajo el
á las muchachas navegancual notartes, sin que ellas mismas
d a ron en
quisieran confesarlo, ni mepasar I os
nos aún hacerlo público :
excursioencontraban ridículo el mienistas; nudo cuando todos se hartamerosas
ban de asegurar q u e no
cabras trisexistía peligro de ninguna
caban por
especie.
los pradm1
Una burlona v o ?. intemontañ o rrumpió el
sos; algusilencio
nas vacas,
embarazodejando de
so.
rumiar I a
- Pero,
fresca yervamos á
ba de las
ver: ¿esto
laderas, obesun entiese rv aban
rro, ó una
con sus
gira?
.. o¡as granEra Blandes dulr.oquito, que
nes y 11cuosos el paso
con su hade la barcaza, cuyos
bitual despasajeros las echaban
enfado hipedazos d e pan que
i o proellas recogían con su
rrumpir á
hocico siempre húmedo ...
todos en
Uno de los remeros, más comunicauna ruidotivo que el otro, señaló una montaña
sa carcajapelada que elevaba su mole en una de
da. Desde
las orillas.
aquol insEl embarque de los excursionistasal seno
--El eco,-dijo lacónicamente .
de Ab1-aham fué muy animado
tante, roto
Paquito Blanco, suspendiendo su inel hielo, reinó la alegría en la trainera: boga- acabable perorata, que tenía con la boca
ban á proa los remeros, con movin:ientos abierta á las niñas de Luque, púsose en pié y
isócromos q11e hacían avanzar el esquife por aritó con voz estentórea:
la tranquila linfa de la ría, mientras An_drés, " -~Es un pícaro redomado Andrés?
sentado á popa, con el gobernalle del limón
-Es...-contestó el eco mientras los de
en la mano, procuraba que el lanchón. mar- la barca reían.
chase siempre por el centro de la comente,
- Sin embargo, ¿le quiere mucho Nora?
evitando las desviaciones que, dada la es- -volvió á pregu ntar Blanquito.
trechez de aquella, pudieran hacer que en-Ora...-rcpitieron las montañas me lancallase la lancha en las orillas.
cólicamente.
Nora, sentada junto á Andrés, hablaba
-¡Dice que le adora!-exclamó Blanquicon éste, contemplando el bell-0 panorama to, interpretando la respuesta del eco.

Tod~s reían estrepitosamente. Nora y bros con aires de suficiencia: la barca estaba
Andrés aparentaban agradecer la ~lusión del en condiciones de ir á Bilbao ó á San Se•
humorista jóven; pero más le hubieran agra- bastián, si se quería, sin necesidad de achidecido que los dejase en paz, á solas con su car el agua.
incipiente dicha.
No se volvió á hablar del asunlo. ComenPoco á poco, la ría se h~bía i~o estrechan- zaron los preparativos de la merienda, v, endo· la veaetación de las or1llas, a cada golpe tretanto, la muchachería hizo lo posible por
de' remo ~ra mayor; los helechos arborcs- distraerse, en cu ya tarea fuerza es reconocer
c entes, de
que las niñas
gran tamaño,
de Luque se
entrelazaban
llevaban 1 a
sus ramas
palma: dos de
formando un
ellas bailaron
doble vallase v i llanas
dar de verduprimorosara, que, enmente,lo cuar
corvándose
eq uivale ádepor su propio
decir que espeso, consti tu vieron largo
tuía un túra to dando
nel fantástico.
puntapiés a l
Súbitamente ,
aire, mientras
la ría se encon los brasanchó: un
zos imitaban
á m p l io reá I a perfecmanso, en cución los moy as serenas
vimientos nelinfas se recesarios
para
trataba la ansacar
agua
de
cha bóveda de
un
pozo;
tergigantescos
minado el baihelechos, se
le, otra de las
ofreció á las
hermanitas,
miradas de
acompañada
los excursioá la guitarra
nistas, que nu
por
la mayor
pudieron conde todas ellas,
tener un gri- •
que ya había
to de asomtocado las sebro al convil
Ianas a ntemplar aquel
teriores,
canespectáculo
tó lo más gantan intensagosamente
mente bello .
posible u nas
Estaban en
malagueñas
el seno de De todas partes del puerto salieron barcas pr.ra el salvamento de los náufragos
con coplas
Abraha.m.
muy tristes,
Pronto atracó la barca á una de las orillas: en las que se lamentaba de la muerte de su
en un sant iamén los pasajeros pisaron el madre, á pesar de que la buena señora estaba
húmedo césped, sentando en él sus reales escuchándola con la baba caída.
de~pués de haber correteado un poco para
Nutridas salvas de aplausos premiaron la
esttrar las piernas, en compensación al for- labor de las talluditas muchachas, cuya prizoso encogimiento de la travesía. Nora ad- morosa educación y relevantes aptitudes para
vir tió que los bajos de sus vestidos estaban
todo lo artístico no fueron suficientes para
mojados, é inquiriendo la causa de ello vió
triunfar en el dificil arte de hallar un homAndrés que por las junturas del lanchón, bre que las libertase de la soltería: durante
mal calafateado, se había introducido bas- su primera juventud, harto lejana, ya que no
tante agua. Los rem~ros,interrogados acerca
hermosas habían sido pasables; en la actuadel peligro q ue dicha circunstancia pudiera lidad, estaban completamente pasadas, por
-Ofrecer para la vuelta, encogiéronse de hom- mucho que se esforzaban en disimularlo.

242

voces de alarma, que sembraron el terror
entre las señoras del hotel.
-JAl hotel 1AI bote) ¡Echad los salvavidas! ¡¡Que se ahoganll ...

!ª

�244

POR ESOS MUNDOS

Dió comien;1,o la suculenta merienda: al imperio de la lengua, sustituyó el de los dientes. Se comió y se bebió de lo lindo. Los niños del matrimonio Sánchez-Mirón- que por
11ada del mundo abandonaba sus tros amas
secas v dos húmedas-hicieron toda clase de
porquérias con los manjares, ensuciando
las servilletas disponibles, á más de los
vestidosdecuantas persona~hallaban á su alcance. Una de las de Lu ¡ue sostenía poético
discreteo con un camastrón entrado en la
cuarentena, cuya conquista tenía emprendida sin reparar en lq retorcido de sus colmillos ni en el tamaño de sus espolones. Paquilo Blanco se esforzaba en demostrar al marquesilo del Crepúsculo que automóvil debe
escribirse con h, en harmonía con las últimas
reglas ortográficas. Nora y Andrés procuraban abstraerse del mundo exterior. Las tres
niñas vacantes de Luque charlaban y comían; la mamá, filosóficamente, comía y callaba. Terminada la merienda, hubo que pensar en el regreso. Andrés, previsor, volvió á
preguntar á los remeros si creían en la existencia de peligro: los dos aseguráronle qur
no. Embarcó la gente sin que · nada ocurriere de particular; pero varios se quejaron del exceso de agua conlenido en la
trainera. Desatracóse, y comenzó el retorno
felizmente, con más regocijo que la ida,
pues los humos del hipocrás, haciendo de
las suyas, habían alegrado más de un cerebro, no siendo el último en experimentar
efectos tales el ínclito Paqnito Bla1.co, que
!:e babia despachado de lo lindo: no obstante, pudieron contener sus impelus que hubieran redundado en perjuicio de lodos los
viajeros, exponiéndole los peligros que ofrecía el producir en la barca movimientos de
vaivén, siendo, por tanto, indispensable que
se estuviese iT,móvil en su i,itio.
Pero, al desembocar en la dársena, viendo Paquito ya terminado el viaje, y, por lo
tanto, en su conrepto, desaparecidos los peligros del mismo, fué imposible sujetarle:
rn su afán de echarlo todo á barato, exacerbado por las libaciones, rióse de los consejos
de la rar.ón, y emper.ó á mover la barca,
asegurando que aquel modo de columpiar,.e
era por demás higiénico y sugestivo. La trainera se bala1.ceó de un modo alarmante.
-¡Eli!-vociferó u_no de los remeros poniéndose en pié.-No haser eso: balanseo
multado en dos pesetas esta.
- ¿No es más que eso':'- dijo Blanquito
con cómica soberbia.
Y altivo como Cyrano, arrojó un duro al
barquero, exclamando:
-Ahí tienes: be comprado el derecho de
balancearme dos veces y media.

Y, uniendo la acción á la palabra, imprimió más movimiento oscilatorio al falucbo.
Eulónces, sucedió una cosa horrible: en
uno de los vaivenes, la borda del esquife
hundióse en el agua, con lo cual, perdiendo
el equilibrio los exrursionistas1 se apelotonaron unos sobre otros. Con alguna tranquilidad, aún se hubiera podido cv itar la hecatombe; pero, lejos de tenerla, perdieron la escasa dó~is que de ella poseían, y, locos do
terror, precipitaron el desastre, al cual favorecía el mucho peso que sobre la barca gravitaba, aumentado por el agua que durante
el paseo había penetrado en Ja cala haciendo
que la línea de flotación queda~e muy por
debajo de donde debiera.
Todos, pues, cayeron al agua. Prodújose
una confusión espantosa, aumentada por la
ob,curidad, que hacía imposible, ó cuando
menos muy dificil, toda tentativa de salvamento: á dos metros del malecón exterior,
pudiendo casi tocarle con la mano, abogábase una veintena de personas.
Andrés, rápidamente apercibido del pe1igro, apresuróse á coger á Nora entre sus
brazos: buen nadador, rreyó empr'Elsa fácil
para él salvar á :-;11 adorada, y, forcejeando
con el brazo libre, quiso alcanz!lr. una 9,e las
escaleras del malecón, á la cual le guiaba la
macilenta luz de una lámpara incande~cente. Pero no podía: entorpecido por la ropa,
que dificultaba sus movimiento~, y abrumado por el peso de Nora, desm_ayada, harto
hacia con sostenerse á flote. Sus ojós ansiosos creyeron divisar en la penumbra'. un bote
que se aproximaba ¡,ara salvar á los náufragos. Gritó, y fué oído. La emoción' le produjo un ligero desvanecimiento, a causa del
cual, aflojándose el brazo donde se apoyaba Nora, dejó que el cuerpo de ésta se le escapase.
Vuelto á la realidad, Andrés soltó un alarido ele desesperación , y buceando rápidamei.te. no tardó en apoderarse de un cuerpo
de mujer que se iba á fondo. Aferrado á él,
salió á la superficie, en el momento en que
llegaba el bote s11lvavidas: asiéndose á su
borda, reclamó auxilio, siendo izado al interior juntamente con su precio.,a rarga. Olvidado de sí mismo por atenderá Nora. la lla1nó sin que diera señales de vida, co¡¡ióla
una mano para pulsarla, y un grito de terror
se esca¡;ó de su boca: ¡no era la mano de
Nora la que tocaba! Miró entonces á la luz
de una linterna la cara de la mujer á quien
salvó: era la mayor de las de Luqne. ¡Había
dejado ahogarse á su Nora!
Loco, desesperado, sin atender razones lli
oír - consejos, arrojóse nuevamente al agua.

24.6

LA OESPOSADA

Posrído de sobrd1uma110 vigor, buceó, exploró, laniando rugidos infernales.

***
Valiéndose de g11ríios de hierrn, los marineros ex:Lrajeron ele] fondo de la dársena los

cadáveres de Nor11 y Andrés. Estaban abraiados fuertemente, como si hubieran querido dar un mentís á la fatalidad que trató de
desunirlos.
¡Quiso el aiar que de tan trágica manera
se adelantase la deseada noche de sus nupcias!...

AUGUSTO MARTÍNEZ OLMEDILLA
Ilustraciones de A. &amp;ciliarío.

.i

•
LA DESPOSADA
Cuando al Lemplo llegó, me ¡,arecía,
entre las blancas ondas de su velo,
una radiante aparición del cielo,
la diosa del .\mor y la Poesía.
En su amoroso pecho se veía
palpitar la oración ¡celeste anhe!o!,
que cual paloma en sose~ado vuelo,
fué á po3ar-,e en el seno dr Mal'la.
10h, duloe Primavera! Que tus flores
alfombra sean de su blanda huella,
gala de sus encantos seductores,
y en autora tic vívido, fulgores
mire siempre la cándida donceila
re,plandecer el sol de los amores.

ELS.\

�VEINTICUA.TRO HORAS BAJO EL A.GUA.

A BORDO DEL "OCTOPUS"

VEINTICUATRO HORAS BAJO EL AOUA
avanza el Octopus coa auxilio de dos motores el{ ctricos de cincuenta y dos caballos.
Tratándose de la navegación en superficie.
senales de Fore River, en Quincy (Massa- puede hacer el barco sus buenas once millas
chusetts), que el Gobierno de los Estados marinas por hora, mientras que sustituida
Unidos de Norte América disponía que en la propulsión de gasolina por la eléctrica se
unión del segundo de á bordo y de los trece disminuye su velocidad en una milla. Su
tripulantes e 1 Octopus permaneciese su - marcha oficial es de diez nudos y cuatro mimergido dicho espacio de tiempo, nos dejó la lésimas.
Hasta entonces, el record de la sumersión
orden perfectamente tranquilos. Ello obedecía en gran parte á la confianza que á todos (una estancia de diecisiete horas bajo el
agua) le había corespondinosotros nos inspiraba el
do al submarino francés
buque. A la mayoría nos
\
I,utin, de tristes recuerera conocido el esmero de
dos.
su construcción, constánCuando, cerrada la esdonos de igual suerte el
cotilla, fuimos á descansar
talento y la pericia del
blandamente en el fondo
planeador d e I Octopus ,
de la babia de Narraganteniente L. Y. Spear, cuya
flelt, á 1as cuatro de b
habilidad en la construclarde de l 15 de Mayo,
ción de submarinos le ha
acompañábanme en la
conquistado fama univerprueba el segundo oficial,
sal.
un buzo, un artillero v
El Ovtopus, es un suonce marineros: éramo~,
mergible de 32 metros de
pues, el mismo número de
eslora, 4,27 de manga y
tripulantes que á bordo
3,66 de calado sin lastre.
del Lutin.
Su desplazamiento ascienLa tripulación había side á doscientas setenta todo adiestrada bajo mi dineladas , disponiendo d e
rección personal, y estaba
una fuerza propulsora de
unida y compacta como si
quinientos caballos en la
la hubiera con,tituído un
navegación á flor de agua,
solo individuo. Sin que
hecha electiva por dos héCapitán Frank T. Cable, del submarino
Oclop111
esto sea adularla, d e b o
lices gemelas á las que podecir honradamente que
nen en acción motores de
gasolina. Posee además el buque magníficas jamás se reunió bajo un pabellón marino
baterías de acumuladores eléct1·icos. que grupo de hombres más vale rosos y serenos
proporcionan la fuerza para la marcha en como el puesto á mis órdenes. El segundo
sumersión. En estas últimas circunstan-::ias oficial, Momm, es persona de grandísima
inmersión de veinticuatro horas
N
bajo las olas del grande océano tiene
algo de novelesco. Cuando se supo en los arUESTRA.

247

-experiencia náutica y de inagotables recur- nos de sentir un escalofrío de orgullo al consos; y en cuanto al artillero, ha navegado templar por breves instantes la gallarda figutodos los mares del globo, sienJo u:io de los ra y las fisonomías resueltas cln aquellos brapocos supervivos.
vientes de 1a
-¡Mucba-desastrosa exchos!-- les dije.
pedición polar
-Vamos á esdel Jeannete.
tar ~umergido,
Toda mi genun rato, y ha y
,t e s e bailaba
que procurar
bien a I tanto
pasarlo del mode lo que podía
do menos abu~currirnos e 11
r r i d .) posible.
uuestro enciePero antes, derro de veintimos tres vivas
cuatro b o r a s
al Octopus y á
bajo las aguas,
sus constructosin que es a
res.
Una de las
e_v ~ n t Uali ?ªd
El Octopm saliendo de su cobertizo en Quinccy, Massachusetts
-s.n1estra eJerexperiencias á
ciese la mas leve influencia sobre sus espí- rcalii:ar consisüa e n hacer funcionar Ios
ritus. Ni uno solo de )03 tripulantes del Oc- motores durante las cuatro horas siguientes
topus fué víctima de sombríos presentimien- á la clausura de la escotilla, lo que efectuatos, ni tuvo el mal gusto de entregarse á fú- mos poniendo la pro1 al muelle á fin de no
nebres vaticinios. Y
modificar la posi·&lt;mando nos hundic i 6 n á pesar del
mos en el mar, no
movimiento de las
hubo miradas de
máquinas. Dos gadespedida al cielo
barras de vapor, la
.azul ni actitudes
Hist y la Starling.
teatrales de ningún
se situaron convegénero: el que mas
nientemente para
y el que menos se
evi tar q u e algún
,dispuso á cumplir
barco, ignorando Ju
1as veinticuatro bocircunsta ne ia de
r as d e reclusión
tenernos b aj o la
sub-acuática c o n
q u i 11 a , pu diera
1a naturalidad de
arrojar un ancla
-quien realiza cualdurante nuestra
quier acto del serinmersión magu vicio. Hízose, pues,
liándonos el casco
'l a prueba de mu y
del Octopi1s.
buena g a n a, sin
Nos pusimos á
acordarse nadie de
comer á las seis en
que la mirada de
punto. Encontránmundo, (al menos,
donos en absoluto
1a mirada d e las
incomunicados con
¡z r andes marinas
ol aire atmosférico,
,del mundo), se endependíamos com contraba fi j a en
p 1 e ta m e nte de
los quea:{uella aconuestra provisión
ille lían.
de oxígeno comprimido,ó «en conser*
va.» Los robustos
**
motores runruneaCerrada la escoban su canto zumEl submariuo Octopus listo para dar comienzo 6. las pruebas
tilla y hechos los
bador y extraño.
1)reparativos necesarios, dirigí una mirada á
Mientras eran consumidos los primeros
mis compañeros, debiendo confesará los lec- platos, todos nosotros hablábamos poco y en
tores de estas impre3iones que no pude me- voz baja, casi cucbicheante; pero luego, y

�248

POR F.SOS MUNDOS

VEJNTJCUATHO H.OllAS BAJO EL AGUA

conforme iban confortándose los estómago~, las paredes del submarino con objeto de cola conversación fué haciéndose más soste- rregir sin demora cualquier vía de agua, si
nida y sonora. De la mesa sólo faltaban los por acaso se declaraba. El Octopus disponía.
dos marinos encargados de la gua rdia regla- de una campana, sumergida en uno de losmentaria.
receptáculos de agua, de cuyo funcionaConsignaré á fuer de narrador puntual que miento se encargaba el aire comprimido; sola comida había sido preparada poniendo bre la gabarra de vapor llamada Starling
á contribución los hornillos el(•ctricos del existía otra campana análoga, en romunicabuque y cuidando de no guisar sino aquellas ción con la nuestra, completando este sisteviandas librns de humos perniciosos.
ma de seiiales acústicas un par de receptoNaturalmente, no hubo cigarros: estaba res telefónicos. Utilizando dicho mecanismo,
prohibido que luciese á bordo más lumbre igual en un todo al que llevan á bordo los.
que la producida por las bombillas eléctri- barcos-faros y otros barcos de alta mar,
cas. Y debo hacer constar que esa abstención cambiábamos señales de hora en hora, hadel tabaco fué quixás laúnica molestiasufri- ciendo saber á los del Stat·l·ing que todo iba
da por la tripulación durante la encerrona. perfectamente. Inútil me parece añadir queA las siete habíamos terminado el yantar. en esas comunicaciones empleábamos un cóQuitáronse platos 'f manteles, distribuyóse digo de signos convenidos acl-hoc.
parte de la genle por las dependencias del
Confieso ser hombre poco propenso á la
!lubmarino, dedicándose á charlar, holgaza- fantasía. Sin embargo, en aquellos momennear ó leer, mientras otros cuantos se ponían tos emocionantes casi llegué á imaginarmeá jugar á las cartas en la mesa del comedor.
que la terrible arma de destrucción por nosAsí matamos el tiempo hasta las ocho, hora otros tripulada se disponía á realizar su
en que, terminada la prueba de motores ya obra de exterminio: que los buques de guerra.
aludida, dirigiéronse los tri pu !antes á sus norteamericanos que flotaban sobre nuestras
puestos, y dándose en !rada al agua en los cabezas, eran naves enemigas encargadas detanques recobró el barco su posición nor- descubrirnos; que de un momento á otro, y
mal, empezando el descenso. Oyóse un ru- en cumplimiento de mi deber como jefe del
mor casi imperceptible, experimentó el Oc- submarino, tendría que lanzar al cle~troyer
topus levísima sac11dida desde la roda al co- situado precisamente encima del Octopus el
daste, nos inclinamos un poco á babor, vol- tremendo torpedo que habria de reducirle á
vimos á tomar
peque1io~ f ragla horizontal, y,
mentos ...
suavemente, fuiHallábame á
mos á descaneso de las nuesar, casi á nivel
ve en la torre
exacto, sobre e 1
cónica cuando
cenago;;o fondo
oí varias exclade la bahía. Tormaciones á mis
náronse los juplanta~. Mirégad o res á la
hácia abajo y
partida que hapudever la sonbían interrumriente fisonomía
pido, y en toda
de los que ga •
la nave no volnaban en el juevió á oírse más
go. Esto me hiruido, ahoraque
zo v o I v e r do
y a no zumbam i s ensueños
ban los volantes
guerreros.
de los motorc~,
Bajando las
sino el murmuInmersión del Otlopus en la bahía de Narragansett
escalerillas mello de las con.
encaminé á l a
versaciones y tal cual risotada de los q uc te- mesa. Los jugadores se hallaban tan absorbinían la baraja en la mano.
das por el diablo del azar y tan perfectamente tranquilos como si se encontrasen
despl1imándose sobre la cubierta de un acoLo primero que hice á raiz de la sume: - razado ó en el saloncillo de recreo de un
sión fué establecer una guardia cloble, rele- trasatlántico.
vada de dos en dos horas. El deber de estos
A las die:ii ordené la recogida. Menos los
vigilantes consistía en observar con atención dos marineros de guardia, fuéronse los de-

más á sus petates. lnfláronse por medio del dadas sus cámaras de emanaciones letales, y
aire comprimido las colchonetas de caucho, allá en un rincón del submarino un racimo
se apagaron todas las luces, menos una, y d e hombres respirando ansiosamente e n
á los pocos minutos dormía la tripulación medio de densas tinieblas...
pacíficamente, beatíficamente, cual si estuPor fin, logré sus! raerme á la penosa 1·eveviera tendida en sus camas del arsenal.
rie. recordando Ja excelente construcción
Yo también me dejé caer sobre mi col- de( Octo,:m,S y la e~-tremada pericia de mi~
choneta, pee o m pañero el sueño,
ros. No hat a n eficaz
b i a , pues,
en acudir al
temo r dellamamienque nuestro
to de I os
subma rino
e o mpañefuera víctiros, semosma de un
traba esquirl esastre covo conmimo el del
go. Quizás
J.JUtin.
transcurriDurante el
rían dos hotranscurso
ras ó más
de la noche,
sin que loestuvimos
grase vencer
cambiando
el insomnio, ·
seii'ules de
tiempo du'horá en horanteel cual
ra con los.
acudieron á
del Sta r111i mente
7ing. La fraimaginaciose Toclo va.
nes descobien debió
nocidas hasllegar á pata entónces.
recerles teEn el semirriblemente
entorpecimonótona.
miento ceUn silencio
rcbral preprofundo,
cursor de 1
sólo intesueño, aparrumpido
reciase me
por el ahoen I et ras
gado eco demuy granla campana
des y muy
avisadora,
negras el
reinabaá.
epígrafe sib o r d o deniestro leído
nuestra cárpormí alguc e I subnos meses
acuática.
antes en las
páginas el e
los periódicos, un epí.\ las seis.
P osi~ión en que quedó en el agua el Octopus durante las veinticu~tr o h oras
grafe que
que duró su inmersión
próxima-decía: Ca.
mente de la
torce hombres aho(lculos en el hundimiento
mañana me puse en pié, procediendo á desdeun submcu·ino. Y, á seguida, comenzaba pertar al segundo oficial, con quien llevé á
yo á recordar todos los detalles de la catás- cabo una minuciosa requisa del casco: no
trofe acaecida al Lutin, antojándoseme ver quedó libre de exámen ni una sola pulgada
el malaventurado barco yaciendo á cuaren- de la superficie interna del buque, advirta metros bajo las aguas de Bizerta, en Tútiendo con la satisfacción consiguiente la.
nez, con sus acumuladores subvertidos,inun- absoluta impermeabilidad de nuestro Octo-

,J

�POR ESOS MUNDOS

VEINTICUATRO HORAS BAJO EL AGUA

pus: por no habur, ni aún aparecían hue-

do á bordo, disonaron un poco en su oídos.
!las de humedad en las unidas planchas de ¡Hablar de conferencias pacifistas en el seno
acero.
de la más destructora de las naves militaUna hora más tarde, y mi entras recogía res!... Y como había que mat11r el tiempo en
-sus petates
algo , propuse
la tripulación,
·y estimulé un
efectué algunas
· debate sob1•e .el
observaciones
leaiadel des~
interesantes,
arme interna-entro ellas l a
A
cional : huelga
pureza del aidecir que, sien~
re. La verdad
do los mucha~
es q u e hasta
chos del Octoe n ton ces no
guerreros
'habíamos teni&lt;le pura sangre,
do necesidad
■•••••••1111 el part:do de
&lt;l e recurrir á
◄IIIIIIII•
1 a- paz' qu'edó
nuestra provisin un sólo 'de'-sión de oxígeferisor.
no. No p o c o
Así nos sor-sorprendidos de - - - - - -- - -- - - - - - ' - - ~ - - prendió la hoa q u el escaso
radll las nueve,
enrarecimiento
El Octopu• volviendo á la superficie
momento predel aire, hicimos la prueba del papel de tor- ciso on que se me acercó uno dé·· Jos · mari~
naso), viendo que este, en presencia del nero~ diciéndome que uno de ePtl!i lenfa: u;i
ácido carbónico, mostraba sólo una ligerísi- armoniuni. En un principio, nciie me al'ma alteración del color. Los manómetros canzaba cómo podía haber sido ·¡!~,vado á
marcaban presiones de mil kilogramos por bordo un instrumento tan voluminoso, dos ó
pulgada cuadrada, estando calculados para tres veces más ancho que la escotílla de1
presiones dobles.
Octopus; pero, á los pocos instantes, comCla·o es que nuestro comenzar de aquel
prendí que el ponderado armonium no. era
&lt;iía en nada se asemejaba al comenzar ordi- otra cosa que una modestisima artn9,nica
rio. Por de pronto, á no ser por el cronóme- de esas que se hacen sonar con los lábios.
lro, nadie hubiese sabido que eran las siete Con ser tan reducido el elemento orques&lt;le la mañana.
tal, autoricé el concierto, que, aunque poco
Como, según las señales, había apetito, variado, escuchamos con una atención que
luego de asomarme al periscopio dí orden hubiese envidiado Caruso. Aquella música,
&lt;le ser vi r el
mala ó buena,
&lt;lesayuno, que
vino á sacudir
contribuyó á
el amago do
mantener incóaburrimiento
lume el buen
que empezaba
espíritu de los
á sentir la genmuchachos.
te á raiz d e 1
A las ocho
c o pi oso deshicimos la ' seayuno , razón
ñ a I acostumpor la cual, si
brada al Star-•~■vuelvo á estar
ling, transmiincomunicado
tíéndonos sus
con el mundo
tri p u 1antes,
__
durante veintiademás de 1 a
__ ,..,.
cuatro horas en
frase consa2rala estrechez de
-==:da, un extracto
un submarino,
-de las noticias
procuraré que
Hegreso del Oclopus á los n,uelles de Quincy
d
&lt;le la mañana
forme parte e
y de cuyo contenido sólo recuerdo que se la tripulación un tocador de cmnónica.
trataba de algo relacionado con la ConferenHáceme esto pensar que, aún en tiempo
,cia de la Paz. Naturalmente, las tales noti- de guerra, la monotonía de la vida bajo las
-cias, al ser por mí comunicadas á la gente olas, en completo aislami,ento, sin gozar de

vus

•••••-•••i

7

u

251

fa contemplación del cielo ni oir el rumor del
provista de magnifico piano y rlecorada con
agua, ese dulce rumor que cuando se está cuadros y tapices valiosos. Por último, los
en un submarino sólo llega al oído atenuado tragaluces del Nautilus permitían contempor la doble cubierta de acero, habrá de plar las maravillas ¡¡ubmarinas, contemplaconstituir siempre uno de los principales ción quP. nos estaba negada á los tripulantes
obstáculos para la permanencia prolongada del Octopus. Ni disponíamos nosotros tamen esta clase de buques. En el cerebro del poco de aquellas escafandas del capitán Net~ipulante á bordo de un sumergible la prin- mo, mediante las cuales le era dable salir
&lt;'tpal preocupadel buque y exción reside en
11lorar los fonese estado de
dos asombrosos
aislamiento del
del Océano.
mundo, no en
En un detael temor de una
lle éramos, sin
entrada brusca
ombargo, iguado la9 aguas y
les a I capitán
la consiguiente
Nemo y sus
muerte por ascompañeros:
fixia. El mero
dicenos Julio
hecho de no
Verne que japoderse respimás decaía el
rar á plenos
ánimo d e los·
]latones blancos llevados á bordo del submarino Or.lopus. E.stos
pulmones e 1
fantásticos trianimales aborrecen el olor de la gasolina, y apenas perciben un
aire vivificador
escape de gases dan chillidos, evitando con ello que se produzcan
pulantes d e 1
explosiones de efeclos desastrosos
del Océano es
Nautilus, es lo
bastante para
q u e precisahacer sentir solo una ansia: volverá la su- mente nos ocurrió á los tripulantes reales
perficie. El hecho de saberse uno confina- del Octopus.
do dentro de los muros de acero que cons. Al llegar la hora ~e ascender á la superfi1ituyen la accidental prisión submarina, su- CJe, nuestro submarmo respondió instantágiere la idea obsesionante de la libertad.
neamente á la acción de las poderosas bomYa sé que Julio Verne trazó una descrip- bas encargadas de expulsar el agua de los
ción alucinadora de la vida submarina en tanques. Ni el más leve sacudim ·ento nos adsu hermosa novela del Nautilus; pero, á virtió que el Octopus se libertaba del lecho
juzgar por mis impresiones personales, esa de cieno en qu~ había descansado. Luego,
vida dista mucho de ser tan seductora. Aca- gradualmente, sm un choque, sin una incliso algún marinero misántropo, parecido al nación, á nivel perfecto, fué ascendiendo
capitán Nemo, pudiera encontrarla agrada- basta mecerse á flor de agua.
ble, sobre todo si se trataba de un buque
Abierta la escotilla, penetraron á bordo
como el novelesco, 6 sea por completo dis- los individuos de la com isión inspectora
tinto de una máquina de guerra cual la que q~edando maravillados de la pureza del am~
nos aprisionaba. Los forzados pasajeros del brnnte. Habíamos consumido una escasa canNautilus disfrutaban de expléndidos come- li?ad de nuestras reservas de oxígeno, pródores donde refulgían las porcelanas y la ximamente una cuatrigésima-quinta parte.
riquísima cristalería; eran alimentados con ~e modo que~ á j~zgar por aquel consumo, y
manjares exquisitos en cuya preparación en- siempre que hubiéramos dispuesto de ª"Ua
. •
.
o
traban la flora y la fauna marítima; tenían á y prov1s1ones
en proporción, el Octopus posu disposición una soberbia biblioteca de -&lt;lría haber permanecido bajo el agua cuadoce mil volúmenes y una sala de música renta y cinco días.

CAPITÁN FRANK T. CABLE
,..,

de la armada norteamericana

�AMOR DE DAMA Y AMOH DE ESCLAVA

LEYENDA DE LA BRETANA ROMANA, ENTRE LOS
AÑOS 410 y 446 DE LA ERA DE CRISTO.

por C. BRYSON TAYLOR
SUMARIO DE LOS CAPÍTULOS ANTERIORES (1)
La fama lograda en todo el país por Melchor, narrador de
cuentos y cantor de baladas, despie1fa en el jóven Ni•
canor deseos de igualarla y aún de superarla, y á aquel
oficio se dedica nuestro Mroe. Hijo de esclavos, aban•
dona la casa de sus padres, y por sendas y veredas
recorre montes y prados reuniéndose á los pas•
tores, ante los cuales hace derroche de las facultades
que le adornan. Asombrados los oyentes de Nicanor
al principio, muy pronto se enciende entre ellos la tea
de la disco,·dia y se producen gran escándalo y pelea,
que ,erminan porque empieza á dispersarse el ganado
que cuidan los pastores y éstos tienen que ir tras las
reses. Nicanor, satisfecho con que sus palabras bubie•
ran producido tanto efecto, adquiere mayores deseos
aún de que su fama sea universal, y parle de su pobre
terruño para dirigirse á grandes y populosas ciudades
en busca de esa gloria que persigue. Thorney, más conocida por la Isla de Bramble, es la población elegida
por Nicanor, y Tobías, un rico comerciante, la_persona á quien va recomendado por sus padres. Tobías
concede á Nicanor una plaza en su taller, donde le
enseña á trabajar en marfil. Bien pronto logra el jó•
ven ser un discípulo aventajado de su maestro, pero
no deja de tener con éste fuertes altercados porque,
posesionado de la ilusión que acariciara al alejarse de
sus padres, Nicanor abandona el taller de Tobías y fa].
la con frecuencia al trabajo, y cuando acude á él lo
hace de mala gana. En estas correrias de vago y ocio•
so que hace Nicanor, es confundido con un esclavo
de la servidumbre de su amo, y hecho prisionero por
unos soldados que lo conducen á presencia del noble
señor Eudemius, a cuyo servicio queda conscrito. Nicanor encuentra un dia á Varia hija de su señor, la
cual, enterada por su doncella de la habilidad y arte
del esclavo para relatar cuentos y narraciones, le pide
que distraiga con ellos el tedio que la domina. Al ha•
cerio Nicaoor despierta en los dos jóvenesmútuo amor
que no tardan en confesarse haciéndolo ambos una noche en que Varia pedla al esclavo que la recordara un cuento que
ya en otra ocasión la habla dicho y que se refería á las ilusiones qua los dos habían forjado en su mente. Pero hé aqul
que llega á casa de Eudemius un anhguo amigo suyo con su hijo Mario, capitán de las legiones romanas, y este jóveo,
que al principio aborrece de Varia, acaba por sentir hácia ella cierta inclinación, aumentada al conocer que la hija de
eu huésped está enamorada de Nicanor, al cual el militar prometió castigar por este que él crela tamaño desafuero.

IV.--VARIA Y NICANOR
l

F

dar cuenta al déspo ta Eudemius de
la determinación que había tomado con
Nicanor después de la fuerte escena que con
él ilOStuvo, fué el capitán Mario á la biblioteca del palacio.
-He dado orden,-dijole-para que el
esclavo Nicanor sea encerrado en las cuevas.
(I¡

ARA

Véanse nuestros números 146 á 151.

El es, según he averiguado, el hombre citado
esta tarde en su conversación por vuestra
hija Varia. El tal es rudo y bárbaro, y parece atacado de una locura pasajera; pero
atendiéndole con cuidado para que se restablezca, lo pondremos en condiciones de que
pueda hablar. Si no lo hace, á fuerza de darle mucha carne salada y de negarle una
gota siquiera de agua, tendrá que decir cuan_to haya sobre el particular que deseamos
conocer... Pero veo que estáis cansado, y

voy á ch•jaros, para que repo~éi~. Yo tam•
bién lo haré.
Despidiéronse ambos, y Mario se dirigió á
las habitaciones que ~e le tenían preparadas,
para lo cual hubo de cruzar ámplias galerías
explénd\damente adornadas, fastuosos salones llenos de mármoles, porcelanas, cuadros
y pieles, y un lujo tal de riql! ezas que la
pluma no puede d Pscribir. Así andando,
llegó á un magnifico invernadero lleno de
las plantas má~ exótica:; y de las flores más
hermosas. Mario, mirandu por todas parles
aquel paraíso, fijó sus ojos en un bulto que
parecía estar durmiendo cerca di' la ventana
que daba al patio.
-¡ La ' encantadora Vana! -se dijo.-¿Es
que.el h_a do dispone que yo vuelva á despertarla, como en anterior ocasión sucedió?
Al acercársele Mario, la hija de Eudemius
&lt;lespertó, é incorporándose l_ució ~u hermo~o cuerpo vestido con sencilla bata de la
más. lím_pida blancura. mien tras el pelo caía
suelto de la linda cabeza sin adornos de joyas, y los diminutos piés aparecían descalzos.
--~Esper,ábajs á álguien?-preiuntóla Ma&lt;io.
Sentóse Varia en P 1
borde de I canapé q u e
ocupaba, con las manof
cruzadas sobre la falda
S u s blanquísimos pié~
formaban bello contraste
e.on el subido carmín del
tapete en que descansa ban.
~ ¡Oh , nol-contestó
Varia dulcemente. - Además, ¿creéis, acaso, que
os lo debería decir?
No hizo caso Maric de
&lt;isla re&amp;puesta, é inclinándose hacia la jóven volvió
á preguntarla:
-¿Era á mi, por ,·en
tura , á quien aguardá .

' - ¡Pues no era á vos á quien yo esperaba!
-exclamó ella apresuradamente, alejándose
del hijo de Livinius.
- c1.No? Pues ved cómo he sido yo el que
supo ll egará vues tro lado,- contestóel jóven
mirándola con vehemencia.-Y he venido
para declararos mi amor y pediros el vuestro, 1 en. ~~m bio. Ya otra ver. fuimos interrumpid_os cuando yo empezaba á expre$arme. ¡Ahora es mía la ocasión, al fin! Si m&lt;'
aceptáis, gobernaréis mi corazón corno esposa. Vuestro padre así lo desea, y se alegrará
al ver q4e mrnslro amor produce gratas ílo •
res ... Decidme, pues: c1,me amaréis'~
Varia se puso en pié, tapándose los oídos
c·on las manos.
-¿Que os ame, me pedís? No. ¡Ya tengo
bastante de eso que llamáis amor!
-¿Qué decís, extraña belleza·r Puede se1
que sea verdad esto que habláis; pero creo
que todavía os quedará algo por aprender.
De mi puedo aseguraros que os adoro y que
seréis mi esposa.
Varia movió la cabeza, y dijo con aspecto

aterrado:
-,i,Vuestra esposa? ¡Oh, no! ¡De ning11na

bais?
Esperaba Mario la 10dignacióo. la repulsión.
eualquier cosa menos 111
respuesta que obtuvo:
-¿Y si así fuera? murmuró Varia.
- Daría gracia$ á lo&gt;
dioses y á vos, dulce mu
jer, y haría fos imposib I e s p o r demostraros
cuánto os quiero, -con~ e st ó Mario sentándose
en el canapé al lado de

Varia

%3

Mario, sentado al lado de la hermoa3 Varia, la hahlaoa con vehomencia

�254

POR ESOS MUNDOS

manera! No. os amo, y si yo fuera vuestra
esposa tendría que amaros por obligación.
¡Pediré á mi padre y señor que Do lo consieuta!
.
-¡Tu señor y p11di·e te manda que seas
la esposa de Marío y que DO pertenezcas á
ningún otro hombrel-dijo Eudemius apareciendo detrás de ellos.
Varia dió un grito, mientras Mario se volvía con rapidez y caía en los brazos del anciano señor, que le esperaba para confundü·se en un abrazo con el jóven militar, al
que besó en la frente diciéndole:
-¡Hijo mío! Desde ahora esta es tu casal
Livini\lS salió de su habitación de enfermo
al cabo de una semana, y tuvo noticia de lo
ocurrido. Aunque otra cosa decía, el aspecto
de su rostro denotaba que era de su agrado
la decisión tomada por Eudemius y por su
hijo Mario, al cual preguntó:
-Y Varia, ¿te acepta? ¿Estás interesado
por ella? Díme la verdad, sin rodeos de
ninguna clase.
-No sé, padre mio, lo que me ocurre con
ella. Ya véis si voy á hablaros con verdad.
Cuando no estoy cerca de Varia declaro que
su recuerdo no me persigue mucho tiempo;
pero ::uando me encuentro á su lado, me hechiza. En cuanto á ella, siempre estoy procurando ponerla á prueba y siempre me encuentro fracasado y burlado.
Livinius hizo un gesto de amargura y calló
al ver que se acercaba Eudemius, que tuvo
ftases cariñosas y de gran afecto para el padre y el hijo.
En realidad, este tirano aparecía bastante
cambiado desde los sucesos que determinaron que Mario hiciese á Varia su declaración amorosa. Ya no tenía la voz terrible
que tanto le distinguía, la máscara de su
rostro había desaparecido y los esclavos no
tembl~ban, como antes, en su presncia.
Mano también había cambiado. Exteriormente, parecía tranquilo y bondadoso ante
1~ perspectivadel brillante porvenir de lujo y
nquezas que le esperaba; pero en su interior
i~a haciéndose cada día más orgulloso considerándose dueño de todo cuanto le rodeaba, y_ eso. q~e aún le faltaban seis meses para
que pudiera entrar,.. en posesión de Varia
como amo y esposo -fl.e ella.

II
El crepúsculo se apoderaba de los panta-·
nps: -el sol se había ocultado, y el poniente
ap~recía cubierto ?e_un color limóu pálido,
deJando asomar trm1damente á la estrella
vespertina. La tierra, en toda la extensión
que la vista alcanzaba, veíase cubierta de

nieve, á través de la cual sobresalían grupos
de negras y heladas plantas acuáticas. Por
entre el hielo en los trozos _l}ltos por lasruedas, corría un agua negruzca y sucia, y
al otro lado de Thorney el río-marchaba perezoso, limitado por la nieye aglomerada enlas orillas, En el centro de la corriente, dirigiéndose á la isla, una ruda barca de cuero
chapoteaba el agua con los remos, siendo la
única embarcación que ror allí se veía. A su
bordo iban dos persona!;, el barquero y Eldris, la esclava de Varia á quien Nicanor
salvara. Dos carros chirriaban en el camino
real en dirección a1 vado del pantano del lado norte de la isla, y marchaban con trabajo; sus conductores iban muy embozados
en capas con grandes capuchas. En la isla
solo aparecían los hombres á intervalos en
las callejuelas formadas entre las casas. El
viento, frío en extremo, había obligado á
permanecer encerrados á todos los vecinos
de Thorney, y así resultaba que aquel día, á
la hora en que ordinariamente estaba más
agitada la población, 1 a ciudad aparecía
extrañamente silenciosa.
La barquichuela tomó tierra en la playa
casi en el momento en que los carros entraban en el vado por el lado opuesto de la isla.
Eldris dió unas monedas al barquero, que le
ayudó á saltará la orilla y al cual preguntó
luego débilmente:
-¿Puedes decirme dónde está la tienda de
vinos de un tal Nicodemus? ·
-Por allí, cerca del fin de esta calle que
empieza en la playa y sigue hasta el otro
lado, está esa taberna á donde deseas ir.
Y metiéndose otra vez en la barca volvió
á remar sin esperar más preguntas.
Eldris tomó la calle que corta la isla desde un vado al otro, andando lentamente
como el que se siente rendido por continuado ejercicio. En toda la longitud de la calle
no logró ver á persona alguna que pudiera
guiarla ó diri~irla á la taberna de Nicodemus,
pues sólo· v I ó u n· o s cuantos perros vagabundos que rebuscaban, tiritando, entre
montones de desperdicios. Por las grietas delas puertas cerradas asomaban algunos rayos
de luz, y á veces llegaban hasta los oídosdeEldris ruidos de conversaciones en voz baja ó de risotadas reprimidas. La esclava sedetuvo al final de la calle examinando con
sus ansiosas miradas las casas de uno y otro,
lado. Una de estas era baja y de aspecto vulgar, y su puerta estaba herméticamente cerrada sin q~e dPjara ver luz alguna; la segunda
casa hallabase medio en ruinas y en ella se
ene.erraba _ganado; la tercera tenía alguna
meJor apanenc1a: µresentaba hacia la calleuna pared blanca sin más hueco que el do·

AMOR DE DA~IA Y AMOR DI!: ESCLAVA

2óó

una puerta baja y estrecha con un postigo la calle en semejante noche, que nu está.
que nada in~icaba.
para que nadie ande á In intemperie?
Cuando Eldris vacilaba todavía, oyó el
-No he podido evitarlo, - dijo Eldris.
mido sordo de las písadas de caballvs sobre castañeteando los dientes, fallándole la voz.
el piso helado, el chirriar de unas ruedas y con las fuerzas.
voce¡¡ de carrero,s: entre la obscuridad distinAntes de que tuviera tiempo de mirar el
guió dos carros que se dirigían hacia donde rostro de su interlocutor, que era una mujert
ella estaba.
todo se obscureció ante sus ojos. La mujer-Seguramente, éstos sabrán dónde vive la cogió cuando se iba á caer al suelo. Al caNicodemus,-se dibo de un rato, Eljo la jóven.
dris despertó á la
Pero la voz de
"-ida con terribles
uno de los couducdolores en la cara
tores, que se diriy en la cabeza, y
gió al otro que iba
se encontró frente
unos cuantos meá dos mujeres que
tros más atrás, la
se inclinaban hácia
hi:rn tiri lar de teella: una sostenía
mor y de frío á la
un tazón, del que
vez.
la otra tomaba un
-Anda más listrozo de hielo y le
to, ó no encontrafrotaba e l rostro .
remos cama e s t a
Ambas eran jóvenoche, - decía. nes, con muchos
H i to tendrá algo
collares y anillo~.
que decirnos por
Eldris, mirándolas,
las horas que helevantó I a cabeza
mos estado fuera.
y les dirigió la priEl terror se apomera pregunta que
de r ó de Eldris a
se le ocurrió:
oir el nombre de
-¿Dónde estoy?
Hito, no ocurriénLa que sostenía
dosele que bien po1a taza sonrió un
drían existir en el
poco. Tenía hermomundo más de uno
so pelo, ojos d e
y de dos Hitos. Suazul sajón, mejillas.
puso que eran genhundidas y labios
t es de Eurlemius
escaria ta.
que iba11 en su bus- ¿,No conocéis.
ca y que le harían
la casa de Chloris?
sufrir la suerte de
Eldris movió nelos esclavos fugitigativamente ]a cavos y capturados.
beza, y su s ojos.
H11yó presa del pádirigieron una prenico hasta la pared
gunta que los lasin más hueco que
bio s no tuvieron
la puerta y llamó
fuerzas para pro-á ésta.En el instan- - Por ali!, cerca del fin de esta calle, está esa taberna á donde nunciar. Entónccs.
deseas ir,-dijo el barquero á Eldris
te abrieron, lo cual
habló I a segunda
no fué cosa extraña para cl 'a por la excita- mujer, que era una belleza de· pelo obsc11ro,
ción en que se hallaba. Cuando los carrero-; con perfil del mas puro corte griego.
paRaban casi por ~elante de aquella.. puert11,
-¡Cesa en tu charla, Sada! ¿No Yes queEldris se deslizaba por esta y la cerraba de esta muchacha está muerta de hambre v de-golpe.
frío? Déjame el tazón y trae algún aliménlo
-¡Perdón!-balbuceó Eldris. -- Pasaban y un ~oco de vino.
unos hombres, y el temor á que me hicieran
Soltó Sada el tazón y se apresuró á saliralgún daño ...
de la habitación.
Al oir la voz, la persona que abrió mi- Ya teníais el rostro helad o,-dijo la.
ró fijamente á la esclava y la dijo:
~ricga.-¡Dad gracias porque pudísteis ser-Estáis helada de frío. ,;_Por qu j salís a :;ocorrida á tiempo!

�POR &amp;&gt;OS MUNl&gt;OS

...

- -¡Qué buena sói~l-murmuró Eldr!s, al
tiempo que volYía 'ada con una ba~deJa en
la r¡ue había un plato cuy_o contenido humeaba. una redoma de vrno y una copa
Cuando Eldris emper.ó á recuperar fuerzas,
miró con interés en su rededor; pe~o la
habitación nada le indicaba: era pequena, y
en ella ~ólo había la rama en que la esclava
-estaba, un brasero de cobre_ con lumbre dC'
&lt;'arbón y un par de ba~qu1llos de madera.
Las mujeres que la cmdaban hablaban en
voz haja:
.
- Dormira esta noche, Y mañana 1ª vera
nuestra dueña y seiiora, ~ dería Sada. ; Dónde la, encontrai:;te, Eumce?
.
· - En la puerta, _ contestó la griega.Dieron un fuerte golpe, abrí, y entró ensei:1uida esta jóven diciendo que unos hombre-.
Yenian detrás de ella.
Eldris abriendo Jo;:; ojos, preguntó:
-DC'cidme por favor, dónde está la L:~bN1a de Nicode:nus. Allí es á donde dPbo ir.
La griega Eunice pus? un~ .i:nano sobre la
&lt;!oliente cabeza dr Eldr1s, d1r•1en~ol:1:
-Dormid ahora. lltatiana hahra hrmpo de
.averig11arlo.
y Eldris obedeció, quedándose pronto dormida v Lan perdida para el mundo ?etrás de
.aquellas paredes como lo e~Laba ~1canor en
'-U calabozo. En sueños, cre1a Eldr1s que _su
euerpo estaba muerto. Conf~samente, son!ba cosas extravagantes y disparatadas, o1a
ahogados murmullos tras las puertas .cerradas y veía rostros risueños que le m!raban.
Al despertar al día siguiente ex:penmentó
un extremecimiento de temor. Incorporóse
y vió á Sada, la muchacha sajona, sentada
1.1n el suelo y mirándola fijamente.
-~He dormido mucho?-preguntó.
..
-Todavía no ha llegado la noche,- d1Jo
Sada.
ºd
-Entoncei:; debo marchar en,;egu1 a, ex&lt;'lamó Eldris.
Y saltó de la cama, vacilan~o un. poco Y
estremeciéndose al sentir el aire fr10 de In
habitación. Enlónces dije:
-Si la gratitud puede pagar en algo lo
que habéis hecho por mi, tened por seguro
r¡ue os la debo. Otra rosa no tengo que daros.
.
.
Sada no rontesló.Ayud~ á El_dr1s á vesltrse, la peinó y luego la d1ó ahr:nento. D~spués Eldris, febril por llegar al fin de su viaje y por saber lo que para ella estaba rescrrado. rogó ansiosamente: . . .
.. .
- Yo os pido que me d1ga1s dónde esta 1.t
taberna de Nicodemus.
..
Pero Sada en vez de contestar, la d1Jo:
- Antes d~ marcharos, mi ama tiene q11 &lt;'
hablar ron vos.

-¡Vueslra ama! ¿Sóis, pues, esclavas·?pregunló Eldris.
Un extrafio gesto rruzó por el rostro de
Sada.
_ Sí -contesló.-Somos esclavas, condenadas i morir en la servidumbre.. .
Condujo á Eldris desde la hab1t~c1ón ~n
r¡ue estaban, atravesando un pequeno palio
mal empedrado, hasta otra p~~rta, por la que
empujó suavemente á la recien llegada !1ariéndola rruzar el umbral. La nueva habitación e;:;taba iluminada por muchas ~ámparas.
algunas de loza, otras de bronce forJado, y ~n
el amhiente se respiraba un perfume extr~no
,. sutil. En los muebles había _gran confusión
y de las paredes pendían corl~nas que daban
al sitio un extraño aspecto oriental.
Eldris vió una figura sentada sobre u1~a
colchonela, en el suelo; figura gruesa y sm
formas envuelta en muchas prendas de vestir, co~ un rostro dotado de, escaso ca~ello
cuyo gris natnral sobresaha, con meJ1llas
pintadas y lácias y ojos d~ pe~nilos párpados obscurecidos con antm_1on_10_. En_ aq~el
rostro parecía ocultarse un md1c10 m1ster1_0so de todos los siglos y de l~das las naciones: en otro tiempo, había sido hermoso Y
helio· ahora no era otra cosa que una reliquia\. un monumento, y donde ayer hubo
trazos sua,•e:; azules, había hoy venas rojas," coléricas. Sólo la frente, Ílnica parte del
cue;po que no puede de:fi~urarse ror. medios humanos, permanecrn ancha, y bl,mca
y suave como el mármol.
.
La mujer se halla_ba s_entada, sm hace_r_m~Yimientoalguno y sm fiJar en nada la m11ad,1.
En las gruesas manos, qu_e desca~saban sobre las rodillas, lucían amHos de p1e_dras deslumbradoras: i&gt;n rada dedo un amllo, y en
cada anillo una delgada cadena que retrocedía sobre la mano hasta un pesado br~zalete
de oro en el que brillaba un gran rub1. Los
vestirlo;:; aparecían ,.ujelos por un broche de
hierro \" de hueso. En rededor del cuello
veíanse. muchos collares, unos de cuen~as
de azabache, otros de plata y otros de cn,tale'- de rolores. Así adornada y dada la grotesca impasibilidad en que esta figura aparr.•
cía, bien pudiera habér~ela lomado por la
diosa de algún profano rito.
..
- ;_Queréis cerra_r esa puerta?-d1J0 al ~n
la mujer,en vor. baJa y clara, muy dulce, ~m
nota alguna de grosería en sus modul~c10nes, ro'-a r¡ue saliendo dC' aquella rara figura
era sorprPnd('nte y asombrosa.
.
Eldri~ obecedió, y se mantuvo alejada de
la duei a de aquella casa.
-Acercáo~,-le dijo ésta.
llizolo así Eldris, y la mujer de los ojo~ d~
grnndei:; párpados se puso á observarla de.

\MOR DE DAMA Y A~IOR DE ESCLAVA

f¡

257

mismo modo que el buitre considera su pre- mdor; y el capatar. Hito, que en aquella
sa: devorándola, línea á linea, facción por casa es administrador, me ha perseguido dufacción.
rante más de un afio, hasta el punto de que
-;,De dónde vernst-la preguntó.
he llegado á tenerle un miedo terrible. Hace
-De Londiniurn,- respondió la esclava, seis noches huí de aquel lugar, auxiliada
mintiendo con objeto de evitarse lodo da1io por uno de allí, que me dijo viniera á Thor-que pudiera sobre,enirle.-Y ahora busco ney y buscara á Nicodemus, que tiene tienda
una taberna á donde vov reromendada.
de vinos; pero no hice el viaje directamente
-Bien está lo de Ja taberna,-repuso la para que no siguieran mis pasos: vagué, busmujer gruesa.-Pero no vuestro dicho de cando el sustento donde podía, y perdí mi
f\Ue llegáis de Londinium: sé que venís de camino,que después he encontrado con granuna gran casa, situada hácia el sur, donde
des trabajos. He andado muchas millas, lo
un tal Hito gobierna con el palo del miedo: cual puede ser cosa favorable para mi, si de
sóis una esclava que se escapa y que en es- ese modo he despistado á mis perseguidores.
tos momentos está en mis manos. ¿Quién os Pero si ahora no encuentro dónde ocultarme,
ha favorecido para que escapéis y quién os estoy perdida.
ha ordenado que le esperéis en la taberna
-¿Y quién e,- ése que os ayudó á buir?iie ese señor Nicodemus por quien clamáis? pregunló Chloris.
~Cómo, pues, me comprometéis lo mismo
-No me parece bien hablar de él,-conque á los que están en mi casa, introducién- testó Eldris, vacilando.-Lo que he dicho, á
-doos en ella? ¿Ignoráis, acaso, la pena que mi me concierne; no hay necesidad de potienen los que albergan á esclavos fugitivos':' ner á otra persona en peligro por mis declaEldris retrocedió asustada. ¿Quién poóía raciones.
haber dicho á aquella mujer toda la verdad"r'
-¿,Es vuestro amante?
La esclava no podía sospecharlo: solo sabia
Bajo aquellos escrutadores y fijos ojos, la
que su vida estaba realmente en las gruesa~ blanca faz de Eldris se inmutó.
manos ensortijadas que descansaban sobre
-No,-contestó.
las rodillas de aquella mujer.
-Pero vos le ama.is, ¿no es cierloi'
Esta, comprendienéo los pensamientos de
-No,-dijo Eldris otra vez.-Yo creoEldris, continuó hablando:
añadió lentamente, como si las palabras sa-¿Que cómo sé yo estas cosas? Pues fá- lieran de sus labios á la fuerza-que nadie
eilmente se contesta: porque toda la noche, le ama: más bien se le mira con miedo y
-durante el sueño, vuestra lengua publicó eso odio.
y algo más, con charla jamás oída. La lengua
Al acordarse de Nicanor, volvió Eldris á
puede mentir de día; pero de noche dice la recordar la dirección que él le diera, y seduverdad. Mis esclavas, que os cuidaban, fue- cida un momento por la esperanza de un
ron recogiendo fragmentos, y reuniéndolos asilo cierto y seguro continuó hablando de
vinieron á contármelo todo... Ahora os digo esta manera:
-que permanezcáis en esta ca-;a, donde esta-El me ordenó ir á casa de ese Nicoderéis más ~egura que en Ja de vuestro padre. mus,
y no me atrevo á desoir su orden. Si él
Cuando os busquen no os encontrarán, si viniera y no me encontrase allí...
registran la casa no hallarán persona que
-¿Es que él huirá también?-preguntó
se os parezca, y así podréis vos misma de- Chloris,
que al ver la desei::peración de Eldris
eirlo sin temor á los que registren. Perma- le dijo:-¡No
temáis nada! ¿Es que acaso no
neced conmigo, y tendréis casa, comida, y deben estar reunidos
todos los esclavos? ¡Si lo
protección.
hicieran así, mu y pronto no habría siervos!...
-Y yo, ,.qué os daré en cambio?-pre- Y ahora voy á deciros una cosa,-continuó,
gunló lentamente Eldris.
después de una ligera pausa.- ¿_Sabéis qué
-Nada, sino lo que voluntariamente que- clase de lugar es la taberna de Nfoodemus?
ráis, - respondió Chloris.-Oidme bien: yo
cueva donde se bebe y donde se reunen
no obligo á nadie, ni á mujer ni á homb1 e, Una
hombres
violentos á jugar y á vociferar. ¡No
á estar aquí: quien desee entrar puede haes,
seguramente,
sitio para una doncella!
cerlo; el que quiera irse, que se vaya. No
Mejor
es
que
permanezcáis
aquí, y cuando
puedo sino repetir Jo que he dicho: venid á
llegue ese camarada vuestro lo sabréis: ya
mi y estaréis segura. Si no r¡ueréis, marchad os
lo diremos.
-en paz, que no seré yo quien os venda.
Eldris
vaciló, pero, al fin, asintió con la
-Sea, ya que el hado así lo ha dispuesto, cabeza. Chloris
dió unas palmadas, y Sada
-dijo Eldris.-Con vos estaré y á vos he de
serviros, señora... Soy esclava del noble y entró con aspecto lleno de curiosidad.
-Llevad á la cocina á esta muchacha,poderoso señor Eudemius, llamado El tortuordenó Chloris.-Decid á los cocineros que
5

�A~IOR DE DA~1A y AMOR DE ESCLAVA

POR ESOS MUNDOS

268
no se úcupará más que en
la limpier.a de la vajilla. Y
. cuidad, Sada, que ni una
palabra de lo st1cedido anoche se trasluzca.
Las despidió con la mano y las dos salieron.
- ¡ Es extraña vuestra
ama! - repuso Eldris,
meditando profundamente.
- ¡Si, extraña ! respondió Sada, como
un eco.-Nos gobierna
con vara d e hierro ,
pero todos la queremos.

Ill
El invierno terminaba y la gran casa
de Eudemius bullía en
preparativos µara las
fiestas del matrimonio do Mario
y Varia. Todos los amigos de
Eudemius y de Livinius y Mario
fueron invitados: eran éstos
hombres ricos y poderosos, señores feudales cuyo poder en Bretaña había
llegado á la supremacía y cuya obediencia al
Imperio era desde hacía mucho tiempo simplemente nominal.
Eudemius en persona se dedicó á los trabajos con una energía que allanaba todos los
obstáculos, que eran muchos porque el estado desordenado del país se reflejaba en los
intereses privados. De todas partes del mundo acudían gentes obedeciendo las órdenes
de aquel poderoso señor: barcos tripulados
por remeros incansables llegaban cargados
con ricas telas y joyas , copas y platos
de virginal oro incrustado con alhajas, estátuas de Baco coronadas por racimos de
amatistas y hojas de esmeraldas, esculturas de la Fortuna con el cuerno de Amaltea,
y de Himeneo portador de antorchas; todo
con el fin de ser regalado á los huéspedes
como recuerdo de las fiestas á que habían de
concurrir. Lustrosas sedas llegaban de Serica; telas de oro de Persia, cristalería frágil
como burbujas de colores, de los grandes talleres cerca de Lucrinium; especias y perfumes, aloe, mirra y nardo indio, de la Arabia.
Deseaba también Eudemius que se le trajeran de Africa tigres y leones para que sus
huéspedes pudieran entregarse á la caza, y
gastó muchos miles de áureos antes de persuadirse de que invariablemente el frío mataba á los animales que soportaban el viaje.

-Llevad á la cocina á Eldris,ordenó Chloris á su doncella-r
que solo se ocupe en el cuidado
de la vajilla

,\handonó la idea y llenó sus µa rques y bosques de jabalíes-el animal favo rito de la caza de reses mayores,-de lobos y ciervoi-, todo lo cual
proporcionaría buena diversión á los invitados.
Un día Eudemiu,; llamó á Hito para darle
cuenta de lo que había puesto á su cuidado.
En la casa había, servicios de oro y plata y
de porcelana samiana procedente de Aretium, lo bastante costosos para la mesa de
un emperador; en las bodegas, ánforas de
vinos de Falernio y de Chipre, y barriles de
cerveza de todas clases. En los departamentos de la servidumbre había multitud de esclavos, hombres y mujeres, para servir Ja,
casa, amén de bailarines y músicos; había
también muchos colonos y casarii.que reconocían á Eudemius por patrono y pagaban
rentas que abonaban anualmente en dinero.
Al tratar de los esclavos, Hito habló así á
su amo, mezclando la verdad con lamentira:
-Señor: en las listas füuran dos esclavos
de cuya suerte creo de mi deber enteraros.
Una, la esclava Eldris, escapó sin que se sepa por qué causa; dí órden de perseguirla, y
así se hizo; pero cuando nuestros hombres la
encontraron, había faUecido, de frío 6 de
hambre, según se cree. Otro es un llamado
Nicanor, que fué enviado á los calabozos
por órden de nuestro señor Mario, hace cerca de ocho meses; todavía está encerrado,
porque ninguna órden se me ha vuelto á.

•

dar sob~e él; fué atacado de locura y casi
estuvo a punto de matarme
.Mari?, que..se hallaba se.ntado al lado de
Eudemrns, d1Jo, queriendo hacer memoria·
-:-~ecuerdo á ese individuo. Pensé dart~
n?lic1as de él para que tú dijeras lo que babia de hac_erse, pero lo olvidé. &amp;e es el que
ha?ló_ á rn1 hermosa Varia en et ·ardín
f~e visto por Marcus, aquel ancianoJque mu:
rió en el potro porque no quiso decirlo. Pero
roe parece, por Jo que he podido com rende~, que_el tal es un pobre hombre quepcontó ª Val'!a cuentos inofensivos v que ella
cuchó como ~na niña que era.' Nerissa -::~
que estuvo siempre á la vista del ese]!
?Ye_n~o lo que decía. Así, pues, el cita~º~
mdmduo nada censurable ha hecho al _
recer.
, pa
D~sde el alto pináculo de su poder pod.
Mario J?0strar_se indiferente, y tanto é'! co~~
E:udemius teman asuntos de más importancia en que preocuparse que de la suerte de
un esclavo.
-¿Tiene el privilegio de prueba en juicio?
-preguntó Eudemius.·
¿En qué grado es esclavo?
-Absoluto,-dijo Hito
prontamente.-Ni colono
n~ casario, ni hijo de talos'.
m aún siquiera esne, cu~
Y.º tráfico pudiera proporcwnarle privilegios.
.-Entónces, enviadle á las
~ 11:ªs, - dijo Eudernius con
md1ferencia.-Si no ha hecho
nada, n~ debe morir, pero su
presunción merece castiao y lo
tendrá.
"
Salió Hito de la habitación
de su señor, Y llamando á War- ~
1
do le dió estas órdenes:
-Hay una docena larga de esc~avos marcados
para s.ufr1r castigo que
de_ben ser enviado; á las ~-.
romas e n es ta semana.
Entre ellos se ene uen Ira ese ~ruto Nicanor que irá
el primero de todos. Así
10. ma~da nuestro amo.
Tu seras el encargado de
llevarlos, y desde ahora
dedícate á buscar la gente que haya de ir co nliao
para conducirlos.
"

259

no_r a· 1as mmas,
·
las fiestas con que Eude
~1us celebraba la boda de su hija Varia ha:
~ian e_rnpezado con la llegada al palacio de
oslr1meros huéspedes invitados por aquél
- ronto se vió la gran casa rebosante d~
se11ores feudales que llegaban unos
l
otr?s en compañía de sus familias E:o
maJ~stuosos halls, perfumados co; lanta
exóticas, resonaban la charla grave / 1 s
l' los cantos, las diversiones l' las risasa ygre
t~nto que en el interior del palacio lo~ m:n
s1cos tocaban la lira v la cítara la fl t .
el tamb
l
:
,
au a v
. b or, en ~ exterior empezó una intermrna _le sucesión de cacerías.
Val~ia, en cuyo rededor giraba todo en
aque a casa, no tenía ni paz ni soledad
?ees1e la mañana hasta la noche las señora~
vo oteaban en s u derredor· exa .
d
t' ·
lh •
• rnrnan o
umcas, a aJas, calr.ados. A
.d
trab~jo, la hija de Eudernius f;!~~cí:
ªP~Cible en aquellos días. Corno si fuer
.
moa, se ocultaba de Mario y com a una
ta b' ·
·
' ,
o mna
m ien, se incomodaba cuando e'l la
traba A · 1
.
encon. na ogos infantiles procedimienbs

f:~

~:t~

1

#

IV
En tanto que Wardo reunía
su gente parn conducir á Nica-

Las fieslas por el
futuro matri"!ºnio de Varia
dieron comienzo
en el palacio de
Euderuius

�POR ESOS MUNDOS

empleaba cuanao se er.tu-·
siasmaba ante los regalos
que sobre ella llovían Y qu~
ni aún en sueños llegó a
comprender que eran el
precio con que se la com praba.
Mario por su parte, llevaba co~ facilidad los honores que sobre él r~caian.
No es preciso decu que
lleaó á ser muy quendo
po; los huéspedes de E_udemius: con los hombres
cazaba y hablaba de negocios de Estado y de la gu~rra; con las damas era r1sueií.o y galante, y no cesaba ante ellas de hacer el
amor á Varia.
.
Nerissa, la an~igua nodriza que había criado Y e~ucado á Varia desde la mfancia, era la encargada de
instruirla en los de_ber~s. de
esposa que pronto iba a imponerse.
Media docena de encantadoras bellezas habían tomado posesión de_ las ha-_
hitaciones de Varia, Y alh
charlaban y reían . Eran
eleaantes jóvenes romanas,
d
a ro á s encumbrada
sangre bretona._ Una d~nzaba sobre el piso de marmol, entrando y saliendo
por entre las finas colmen a s , calzando sandalias
d ,
bordadas en oro y pe rer1a;
. .
d V •a sus amigas revolvlan todos los regalos de boda
Otras dos exami_naban un En una de ¡..,. habttac1ones
e an
peplus de blanca seda, 1o
bastante suave para envol.
.
Miráronla s u s amigas ~ on curiosidad,
verlo en la mano, tejido con hilos de or~,
mientras cambiaban entre s1 palabras de exulla tercera hallábase sentada en el canape,
. d l ent amente. un
trañeza.
al lado de Varia, moV1en
_ y cómo puede ser eso.?- d"JJO . una de
abanico de plumas de pavo real c?n vanllas ellas.~¿No es fuerte y hermoso Mario? ¿Es
h _ ?
de Oro Cl·ncelado·, dos más revolvian en una
ó
acaso urano.
.
• ,
caja de dijes que había en una mesa pr -No -contestó Varia.-No tiene mngun
xima.
.
es
defecto.'.. Pero antes que él se me presentaVaria sin nada en las manos, ~e1a y había visto yo á otro hombre, fuerte y
cuchab~: por primera vez en su _vida, co~o- ~~rmoso también, de voz dulce y encantacía el trato de jóvenes de su misma edad y dora...
.
?
condición. De pronto' abando_narond toal:s
- Entónces, ¿es á ese á qu1e~ amas
a uellas muchachas las expansiones_ e
-No lo r;;é,-contestó la h1Ja de Eudeg;ia á que se dedicaban, y rodeando a la novia la preguntaron:
'd .
miusPues yo si lo sé,-dijo una d~ sus ami- ·Quieres mucho á tu prome.ll_ o.1
as -A tí te sucede que no olvidas a ~s:
-~o,-replicó Vari~ muy seriamente.- ~.o~ hre, 'í que noche y día su voz y sus OJO,
No lo quiero ni poco m mucho.

/1

°

2G1

A..\10R DE DAMA Y AMOR D~ ESCLAVA

...

están contigo; su nombre es un canto que
tu corazón entona dulcemente· cuando ante
tí se le menciona, te extreme~es; al pensar
en él, en sus palabras, te ruborizas y tiemblas como si sus manos te tocaran y en tu
c?razón sientes un tierno y delicioso dolor;
vives en sueños con él y te encuentras poseída por dolor?sa intranquilidad que, sin
embargo, no quieres abandonar...
-¡Sí, todo eso me sucede!-dijo Varia interrumpiendo á su amiga.
-Entónces, es que amas á ese hombre.
La jóven, hablando con entusiasmo, contestó:
-¡Sí, le amo! Ahora !o comprendo pues
noche y día su voz y sus ojos
'
están conmigo y su nombre y
las palabrai- que él me ha
dicho re suenan en
mis oídos
como gratu s cánticos; y noche y día
le oigo
llamarm e
desde muy
lejos, como
tantas veces mellamabadesde
el jardín ...
Pero, ahora, la detigracia reina sobre mí: ¡no puedo acudir á
su llamamiento!
-¿Y quién es ese hombre, querida Varia?
¿Cuáles son su posición y su nombre?
Varia vaciló. El impulso que le libró de
revelar la verdad era mudo y ciego, pero
fué lo bastante y la salvó.
-¡No lo diré!-replicó decididamente.
-Seguramente, será de lo más notable
del país para haber ganado tu amor,- murm uraron sus amigas.
El rostro de la prometida de Mario se alteró y en sus ojos se observaba contrariedad
bastante, hasta que, al fin, saltando de su
asiento, huyó como niña asustada del lado
de sus amigas, entrando en su cámara de
dormir y cerrando tras sí la puerta.
Cua~do Nerissa llegó al lado de la hija de
Eudemms, la encontró llorando. Varia la
dijo:
-¿~or qué no me habéis de dejar en paz?
No quiero casarme: soy feliz como estoy
ahora, y aborrezco á Mario.

flustraciones de Reina Infante.

-No lo toméis asi,-le contestó Nerissa.
-Es natural que las doncellas se casen, y el
capitán Mario será para vos bondadoso dedicándoos gran cariño. Tendréis joyas, como
las que nunca habéis soñado , y vestidos
nunca vistos por vuestros ojos. Seréis una
gran señora, querida y respetada por todos.
-¡No estoy tan segura de eso!-dijo Varia.-¡Oh, Nerissal ¡No es que yo no quiera
casarme! Conocería entónces la alegría y
la felicidad que puede haber en la vida para
las mujeres; pero no con Mario, ya lo sabéis.
Un hombre
solamente
he visto en
el mundo,
y solo á él
pude comprenderle;
cuando habiaba, lodo
mi corazón
entonaba
en cánticos
la respuesta: era 1 o
que yo deseaba de cirle, y no
sabía cómo
hacerlo .
Cuando Nerissa llegó al lado de Varia
Llegó al
la encontró llorando
cabo la noche, y llamó
Nerissa á
las_ esclavas y las hizo guardar en cajas, y
retirarlas, tedas las sedas y gasas esparcidas
en la habitación. Después las despidió á todas, quedándose sola ella para cuidar á su
señora. Libró el pelo de Varia de los pasadores llenos de alhajas que lo retenían· lo
peinó en toda su longitud y lo arregló' en
dos trenzas. Llenó de agua el baño de mármol y lavó á Varia con jabones aromáticos y
finos perfumes; luego la meció en sus brazos
envuelta en pieles calientes, arrullándola con
viejos cantares, como si en rigor se tratase
de una niña. Las lámparas ardían á media
luz, y Varia quedó pronto completamente
dormida.
Al introducirse el claror del alba por las
ventanas, interrumpiase el festín en la gran
casa y los huéspedes, en su mayoría borrachos, buscaban sus habitaciones, precisamente á la misma hora en que empezabaá correr
de puesto en puesto la noticia de que el fuego consumía á Andérida, la bella ciudad del
Sur.

(Continuará.)

�EL J.\IPEHJO Di MAR11UECOS

. d d d C blanca bamLardca&lt;la por buques franceses Y esp
La ciu a e ,asa
por los moros

aiioles con moli vo &lt;le los asesinatos cometidos

'EL IMPERIO DE MARRUECOS
cuidados. El movimiento xenófob?,. ~e 9ue
el asesinato de Maurhamp fué la i_mc1ac1ón,
se ha acrecentado desde entón~es sie~pre en
por la repetición de esos incidentes br~tales aumento impulsado por la aclltud belicosa y
á que da origen el salvajismo indómito de
'
hostil de las kálos más drgenehilas comarcanas,
rados prosélitos ~
especialmente la
del Islam, antes
d e Rajamna, l a
fuertes, poderomá s importante
sos, civilizados ,
del Sur marroquí,
hoy débiles, bárque desrendió de
baros, incultos .
sus aduares,arma
Marrakesh y Caal brazo, exigiensablanca son de
do la libertad de
ello testigos, y valos as e s in os
mos á aprovechar
del doctor Mauesta oportunidad
cham p, encarcepara tratar de dilados, y la expu_lchas poblaciones
sión á perpetu1del imperio madad de todos los
rroqui.
cristianos , ameMarrake s h 1a
nazando, de 1 o
Roja, que comcontrario, con
partió con Córdoapoderarse de
b a y Sevilla el
Marrakesh y ejeexplendor de la
cutar por la fuercivilización árabe
za sus exigencias.
durante los reinaTan seria debió
dos de los sultaser la decidida acn es almohades,
titud de los kabifué hace poco el
leños, q u e l as
teatro de la rereducidas c o lopugnante hazaña
nias europeas en
de Yer morir en
llforos an una calle de Marrakesh
dicho puñto, las
su s calles, en
.
. cuales todas juntas apenas suman una quinpleno dia, al doctor Mauchamp, l_ap1dado a cena de individuof', decidieron abandonar
pedradas, cosido por crueles g~m1as, ~a~e- del modo más precipitado, con sus cónsules
jadas tal ver. por seres á quien el m~~1co á la caber.a, la ciudad moruna, que negan'lo
afanoso había prodigado antes sus sohcllos
vez más tiene Marruecos el triste
U privilegio
de atraer l_a a_tención g:neral
NA

l.t leyeJJda de la hospitalidad árabe les ex- uios. L:.is i11rn5io11es que los almohades rea
¡Hlsaba de su seno: los europeos hubieron !izaron en Esparta fueron también funestí&lt;le encaminarse, en caravana&lt;; fuertemente simas para la causa de la Reconquista, que
&lt;i-coltadas, hácia Safi, el puerto mas cercano sufrió un largo pa:·énlesis con motivo de
i, Marrak esh,
las derrotas que
&lt;le) que le se• infirieron a los
paran tres jornuevos reinos
11 adas forzadas.
españoles.
Pero no enPrecisamente
•eaja en el ca mucho de I o
,·ácler dé e3la
que hoy tiene
revista la exooMarrakesh dig,,ición de los suno de ad mira&lt;-esos, que han
ción es obra de
si d o tratados
1o s ca u ti vos
&lt;liariame n te
e3pañoles, pro-con I a exten cedentes en su
sión debida por
inmensa mayolos periódicos.
ría de la rota de
P r uf er i reZalaca, que en
mos trazar brenúmero de
ve retazo d e
r¡uince mil fuelas poblaciones
ro I encerrados
marroquíes teaen las mazmotro de los últiPuerta de Fez, en Uchda
rras de Marra111 os acontecik es h, de las
mientos, no solo por el interés que les die- que no saliau sino para su frir ímprobo trabarnn, sino también porque, sin terminarse de- jo, condenados á la más dura servidumbre.
iini tivamente las caus1s que los originaron, Obra de ellos fué el recinto murado, que se
pueden ser fuente de nuevos sucesos que extiende en un desarrollo de más de siete
.aquilaten la oportunidad de catas noticias. kilómetros, siendo las murallas muy altas,
imponentes, flanqueadas de torres cuadradas á cada cien metros aproximadamente.
Ocupa Marrakesh u11a c.1ridiable posició:1 Siete puertas rasgan el lienzo de murallas,
-en el valle del
pon iendo en
río Tensift, que
, 1'
comunicación
se alimenta en
el interior con
fos ventisqueel exterior.
ros del Allas,
Ruinas y jar-cuyas c i mas
dines, profusa11ovadas se almente poblados
r.an en anfiteade granados y
tro al rededor
naranjos, c i r,do la ciudad.
cundan las imEn 1454 fué
ponentes murafundada ;\lana!las, destacán,kosh I a Roja,
dose la ciudad
.así llamada por
con sus inma&lt;il color ladriculadas casas
,¡ loso de su imblancas en meiponen te recinto
dio
de tan flori.murado. por el
d o s vergeles ,
sultán Y u s ef
como un oasis
Ben Tazcfin.suen un desierto
-cesordel Mejdi,
de fresca verPuerta de Uchda
el fundador de
dura.
la dinastía de los almohades, cuyos priEl emplazamiento de Marrakesh es, como
meros monare;as, so pretexto de acudir en decimos, sencillamente admirable. Las ersocorro de los reyezuelos andaluces, incor- guidas torres de las airosas mezquitas, sus
f&gt;Oraron la España árabe á sus vastos domi- minaretes de multicolores mosaicos, sobre-

�264

EL IMPERIO DE MARRUECOS

POR ESOS .MUNDOS

saliendo sobre el fondo nevado de la gran
cordillera atlántica, son de un efecto maravi. lioso.
Pero el monumento más notable de l\lanakesh es la primorosa torre de la Kotubia,
tonstruída bajo la dirección del afamado arquitecto de Sevilla Sidi Gueber, el mismo
que dirigió la construcción de la Giralda,
cor. la &lt;.¡u · guarda notable parecidosus en ras~os más sobresalientes.
Se eleva del suelo setenta y cinco metros
irguiémlnse sobre el conjunto de las cúpulas
tle lamezq 11it:\ de Kotubia, que le da nombre.
Marrakesh fué, en su tiempo, el centro
intelectual arúLigo más importante del mundo musulmán , digna rival de Fez, Córdoba,
Sevilla y los centros cnllurales de Oriente.
Su universidad era afamada y el renombre
de sus discípulos universal. El número de
librerías era muy grande, siendo el negocio
de libros el más característico de la ciudad.
Y como la imprenta no está aún introducida en el mundo musulmán de Marruecos,
los libros se escribían antes, como hoy, á
mano, pero de modo tan primoroso y perfecto que nadie dudara estuvieran hechos
con la más perfecta máquina litográfica. Son
las mujeres las que se dedican, y dedicaban
con más fortuna, á la escritura de libros,
usando una tinta especial, indeleble, que
imprime á estos trabajos un carácter de con•
sistencia y fijeza igual á la litogra~ia.
No obstante la perfección de la obra, tiene un inconveniente para la difusión de los

libros: y es que la producción resulta lirt?itadisima por requerir cada libro, no vanos
días, sino algunas semanas, para su completa terminación.
¡Quién sabe, al considerar la ausencia dela imprenta en los países musulmanes, si no,
entra por mucho en su atraso la carencia de
medios de difundir la cultura!
Con todo, la superioridad intelectual de
los marroquíes fué bien relativa y efim~ra,
contribuyendo á ello las continuas vicisitudes por que atravesó Marrakesh en las eternas luchas civiles por el poder sherifiano,
que apartaban los hombres del estudio para.
sumirlos en fratricidas guerras.
Marrakeshsufrió varios saqueos, y muchas
de sus notables bibliotecas fueron destruidas.
•
Los autores árabes dicen que en 1526 había más de cien bibliotecas públicas y privadas. Hoy no queda ni una.
Tan solo en tiempos del moderno sultánMuley Hassan se comenzaron á coleccionaralgunos libros de alquimia y astrología, quequedaron los más en Fez y otros en Marrakesh.
Muley Hassan fué, en efecto, gran aficionado á esas quimeras, y, según lo que se dice, pretendía para librarse de los europeos
que ya comenzaban á molestarle con sus influencias políticas, encontrar una piedra filosofal cuva virtud consistiese en convertirlos
en peces y arrojarlos al mar, para evitarse
sus molestas exigencias.

Vista general de Uchda

26&amp;

Esto prueba la inteligencia del tan cele- del que 110 despertaron ·
l
brado sultán.
smo a gunos siglos.
después.
_Marrakesh contiene e 1 único eslableciL s·
miento de beneficencia existente en todo
os iete Durmientes son, pues, santos.
Marruecos, que
que figuran en los calendarios católico y
es la zania, ó
musul mán, y
santuario d e I
venerados p o rven erado moraambas religiobito Si di Bel
nes, no siendo.
Abés, natura!
este el único cade Ceuta, la que
so que se ofreceabandonó poco
de santos tenían tes de ca&lt;Jr en
dos por tales por
poder de los porcristianos y malugueses, de shometanos.
gracia que preEl mercado de
di jo: efectivaesclavos es tamrnente, un día, á
bién una de las
la caída de la
cosas más satarde, cuando
tientes de l\latodos los fieles
rrakesh. füe asmusulmanes esqueroso mercataban congregado es uno de los
dos en la mezmásconourridos
quita, entraron
Zoco de Ucbda
de Marruecos,
l?~ por~ugueses, aprovechando la falta de
.
. .
por ser la poblav1g1lanc1a y el hecho de hallarse abiertas las c1ón_ mas !mportante de la región meridional
1
puertas de la marina.
del 1!1Per~o, Y más próxima al Sudán donde

•

Desde entónces, es costumbre en todos los las tnbus arabes cazan los incultos negros en
puertos de Marruecos cerrar las puertas ~us ~osques y chozas, en los que anidan los
que dan_ al mar así que-llega-el momento de mfehces como pudieran hacerlo los antrola oración del Mogreb, que coincide con la pomorfos. Llegan sin saber ni aún la lenpuesta del sol.
gua árabe, constituyendo, como ejemplares
El santuario de Sidi Bel Abés no tiene pura sangre, los más codiciados esclavos
nada de notaque los mercaderes se disputan.
'
ble en su exteN a d a más
rior, que es lo
doloroso q u e
único que pueun mercado de
den ver los
esclavos, donc r is ti a nos.
de la dignidad
Comparte Sidi
humana se desBel Abés, que
conoce: solo el
es el patrón de
verlo causa imMarrakesb , l a
presión de reveneración del
pugnan c i a y
pueblo con los
asco, sobre toSeba Turi z el ,
do cnaa do los
q u e no s o n
negros son reotros que los
conocidos cuiSiete Durmiendadosamente
tes de Efeso,
por loscompraleyend a · que
dores, cual si
copió Mahoma
fuesen la más
al fundarelKodespreciable
rán, colocándomercancía. Pelos en el catáFortificaciones de Casablanca
ro la indiunalogo de los santos musulmanes Luego los
ción
l leg: al
I
árabes pretenden que transpo;taron e~ sus co mo cuando las madres so n separarlas
correrí l
t d
cruelme. nt_e de los hiJ·os y los herman~os
. as os :es os ~ tan venerables santos,
t
á quienes D10s sumió en prodigioso sueño, en re s1, sm que las súplicas, los sollozos de,
los esclavos ente:nezcan aquella's almas me-·

�2(ili

POH ESOS MU~D:&gt;S

Playa de Casablanca

talizadas que ejercen el más innoble tráfico.
Marrakesh es, con Fez y Mequinez, una
&lt;le las tres capitales principales de Marrue&lt;:os, donde con intermitencias reside el sultán. Cuando se ausenta, delega en sus califas
ó virrey, que suele ser un pariente allegado
al sultán.
Hoy lo es Muley IIafid, hermano mayor
del sultán Abd-El-Azis, que tan importante
papel ha desempeñado en estos últimos
acontecimientos que han interesado la opinión del mundo entero.
Hasta hace muy poco, los europeos no
eran tolerados en Marrakesh; pero las imposicio11es de las potencias garantizaron el establecimiento de algunos, aunque pocos,siendo un motivo de disgusto entre las kábilas
comarcanas, que abultaban las proporciones
de la llegada de los odiados cristianos creyendo que obedecía á un plan preconcebido
&lt;le invasión.
Los judíos, que siempre fueron tolerados,
recluidos en barrios especiales, denominados mellahs, comenzaron también á sufri 1·
vejaciones é imposiciones, viviendo en un
estado constante de alarma.
La población de Marrakesh que, al decir
de los autores árabes, llegó en tiempos de su
explendor á contar con medio millón de habitantes, no pasa hoy de setenta y cinco mil,

contando diez mil judíos. Entre los indígenas dominan mucho los negros y 103 mulatos, no siendo difícil reconocer á los naturales de Marrakesh por el color acentuadamente bronceado del ro,-tro.
El comercio de l\larrakesh ha tomado notable incremento estas últimos años, siendo
el punto de cita de numerosas caravanas de
las comarcas de Marruecos más inmediatas,
y aún de otras más alejadas del Sabara y el
Sudán, que aportan, sobre todo, esclavos,
plumas de avestruz y oro en polrn.
En púsición totalmente opuesta á l\farrakesh se encuentra Uchda, la pequeña pero
importante población marroquí ocupada últimamente por las tropas francesas para castigar el asesinato del ya citado doctor Mauchamp. Está separada Uchda de la frontera
de la posesión argelina solo por quince
kilómetros, que fueron bien fáciles de recorrer por la columna francesa.
Levántase Uchda en medio de la gran llanura de Angad, que se extiende por el oriente marroquí desde la frontera argelina hasta
la~ escarpadas montañas de Tkara, Beni-BuZegú y Beni Snassen, pobladas por las belicosas tribus zenetas de los mismos nombres.
Su fundación no es muy antigua, pues

EL nlPEH10 DE MARRUECOS

267

aunque se cree que fué un puesto romano veces soportó momentáneamente la domien la antigüedad, no comenzó á dejarse oir nación francesa.
con insistencia sino durante las luchas entre
La primera vez fué en 1845, cuando las
los sultanes Beni-1\Ierines con los del reino tropas francesas llegaron, persiguiendo !il
argelino de Tlemcen, en cuyas largas y emir argeEno Abd-El-Koder,á los limites de
sangrientas guerras Uchda fu é un punto l\larruecos, en cuyo territorio había buscado
de apoyo de las
refugio.
tropas marroEl sultán de
quíes, llegando
Marruecos Muen aquella oca1 ey Abaerrahsión á su mainan , .íi quien
yor apogeo.
molestaba la
Con tod·o,
vecindad de los
Uchda no ofredesléales, á la
ce nada de novez que temía
table ni de parel ascendiente
ticular, e o m o
.que el derrotano sean cami, do Abd-El-Kanos á las poblader iba tomanciones moras
do sobre las pc.en general: los
blaciones m amismos muros
rroquíes, envió
cranelados, las
á su hijo el
mismas p u e rpríncipe Muley
tas medioeva•
Mohamed, que
les, torres d e
llegóá su muermezquilasidén- Puesto de zuavos franceses que tomaron parte en la ocupación de Uchda te á sucederle,
licas , minarecon un ejército
tes y ajimeces análogos y los mismos naran- de cincuenta mil hombres, la mayor parte
jos, limoneros y granados, !)oblando ·las flo- á caballo, que, sin ningún fin determinado,
ridas huertas:
iba tanto para impedir la permanencia de
Sin embargo, la historia cle Uchda, no Abd-El-Kader en su territorio, como paobstante su pequeñez, resulta más inlere- ra arrojará los franceses lejos de Marruecos.
s&lt;inte desde el último siglo, en que por dos
Co11siguió, en su animosidad y suspicacia

Destrozos causados en las murallas de Casablanca por el bomba1·dco del crucero f1ancés Galilée

�269

EL IMPERIO DE MARRUECOS

268

POR &amp;SOS :MUNDOS

Ar elia para la conquista y pac_ificación .de
contra el sultán argelino, empujarlo ~á_cia su 'erritorio, durante cuyo periodo hab~an
las tropas francesas, acele~ando s u perd1c1ón
'd un eJ·e· rcito permanente de cien
endo en po
requen o
d
t.
que no lardó en so b revenir, caY
. - mil hombres y originado un ga_sto . ecua dro
de 1• del general francés Bugeand, no sm
mil m1llones e
haberse defenfrancos.
tli~o tenazrncnAsí es que no
te.
.
obtuvieron to·Pero e I sedos los resulta-gundo in ten to
dos que podían
era demasiado
esperar de su
temerario _para
victoria en Isque hubiera de
I y , y en vez
tener éxito. Los
de aT/anzar, ó
franceses,, que
de conservar
ya habían ocusiquiera Uchda,
p ad o Uchda,
retrocedieron,
tropezaron con
aceptando la
el ejército de
froateradel rniMuley Mo han ú s cu I o río
med, á orilla~
Kiss.
del ríolsly, que
Bien es vercorre p o r e I
d a d q u e en
Angad, no laraquellos ro o dando en tramentos Francia
barse ligeras esno pretendía,
ni
Spáhls, caballería indígena argelina que tomó parte en la. ocupación
h
caramuzas, que
de Uchcta
mue o menos,
degeneraron en
.d
la conquista de Marruecos: habían incorporauna batalla campal bravamente soslem a do recientemente la Argelia, que tan cara lee
por ambas partes. .
,
costaba, y se daban por muy contentos co~
se a
Pero la ciencia se impuso al numero, .Y 1os
t
d
que el sultán de Marruecos no ampara
1
doce mil franceses dirigidos por e c1 a o Abd-El-Kader, enemigo infatigable de los
A li
genoral Bugeand vencieron desaslro~amente
.
a. los cincuenta mil marroquíes., perd1en~o el franceses en rge a.
t
El obietivo principal de Fraucia en aqued
h
hijo del emperador, en su m a, sus tenlla ocasión fué anular.á Abd-El-Kader, y a~edas de campaña, su harén, Y baSt a las cartas
gurar la pacifique su padre el
cación d e Arsultán le dirigía r gelia. Y á esto;:
con instrucpuntos de vi~ciones para la
ta, primordiacampaña.
les en aquellos
Marruecos no
tiempos, amolp udo sostener
,,,,..--._ __,"'."
~~-::;:;~,..._-t'.;i;
dó su conducta
el choque , Y
-¡r,-.,,.,_~
en e 1 Tratado
1~1
en Uchda misde paz con Mamo comenzar r u e e o s en
ron las nego1844.
ciaciones de
Uchda, que
paz, encaminafu é francesa
das principalpor espacio de
mente á delimialgunas sematar una frontenas, volvió á la
ra entre la nueautoridad sh ev a e o 1o n i a
riffiana.
francesa y MaEn 1 8 5 9,
rruecos.
Tropas francesas de la Argelia acampand o en Uchda
Francia organiA bien decir,
.
zó una expedición que man~aba el general
los franceses eran los primeros en evitar el Martimprey' destinada á castigar los 1:1ontacomienzo una nueva serie de lu~has en Ma- ñeses de Beni-Snassen, que ?es?end1an. de
rruecos, de~pués de haber temdo que so- sus escarpados riscos al territorio argelmo
portar dieciocho años de cruda guerra en

9!•."•

,I

asolando las comarcas y arrasando ganados ca llamada por los moros Dar-el-Beida.
Levántase en la costa occidental de aquel
y enseres.
..
También entonces, y tamb1en temporal- imperio, entre las rocas del Sebú y Uad-,ermente llegaron los franceses á Uchda, pero Rbia, y su fundación data del siglo XVI, en
no en 'son de guerra ni con propósitos de cuya época la emplazaron los portugues~s
en el mismo lugar que en la Edad Media
ocupación.
Pero en la actual ocasión, la ocupación ocupó Arafa, población que ya no existe.
Posee un buen puerto, y aunque ofrece
francesa de Uchda parece entrañar un carácbastan les di fiter más serio
cultades p a r a
y definitivo, sin
t¡ue se pueda
el embarque de
predecir el pormercancías sosvenir del asm1tiene un importo.
tante comercio
En estos úlcon Europa, estimos años,
pecia I mente
Uchda había
con Inglaterra,
tomado cierta
Francia y Esimportancia
paña, á cuyos
con motivo de
países manda
la rebelión del
habas. maiz,
pretendiente al
garbanzos y latrono de Manas, á cambio
rruecos, Muley
de azúcar, hieMohamed, que
rro y tejidos de
puso sitio á la
algodón.
ciudad á fines
En su vecinde 1904, no ledad ha y muZuavos argelinos que han tomado parte en el desembarco y operaciones
vantándolo sino
eh as kábilas ,
militares realizados por los franceses en Casablanca
á mediados de
que ahora han
1905 en que una derrota que le fué inflingida atacado á I os judíos y á los europeos
oor las tropas del sultán le obligó á levan- allí residentes, los cuales se vieron precitar el campo y trasladarse precipitadamente sados á refugiarse primeramente en 1 os
á la Alcazaba de Selnán, á treinta y cinco consulados en la población establecidos y
kilómetros de Melilla, donde desde entónces luego á embarcarse para Tánger y otras ciuha tenido el citado pretendiente instalada dades marroquíes en las cuales reina transu residencia.
quilidad, al menos aparente. Estos vandáliUchda fué entónces, en el período álgido cos hechos han dado ocasión á una acción
de las luchas entre leales y rebeldes, el cuar- militar mancomunada de Francia y España,
tel general del ejército en operaciones con- cuyos buques de guerra Galilée y Don Alvatra el pretendiente, que acampaba en las ro de Bazán han bonbardeado á Casablanca
cercanías; y había destacada una misión mi- y désembarcado en ella tropas de sus ejércilitar francesa, que instruía á pelotones de tos respectivos.
las tropas sheriffianas.
La población mora en que nos ocupamos
A pesar de su pequeñez, Uchda tiene im- es una de las que deben estar guardadas
portancia suma por ser una de las poblacio- por una policía mixta de españoles y france- .
nes más importante del oriente marroquí, y ses, según se acordó en la Conferencia de
coustituir un mercado, punto de cita de to- Algeciras; pero tanto Francia como España
da una inmensa región poblada de ricas y descuidaron la implantación de este servipopulosas kábilas. Antes sostenía algunas cio, que debían haber realizado desde 1.0 de
relaciones comerciales con Melilla, que hoy Enero último, y ahora se ven precisadas á
están cortadas.
llevarlo á cabo con rapidez y urgencia en
vista de los sucesos ligeramente descritos en
*
**
estas líneas y que aparecen con todo lujo de
Otra población marroquí que ha ocupado detalles en las columnas de la prensa diaria
últimamente la atención general es Casablan- internacional.
GUILLERl\10

Fotografías, por Navarro y por el autor del artículo.

RlTTW AGEt-;

�POR QUÉ HAY RICOS Y POBRES

DE CUESTION SOCIAL

POR QUÉ HAY RICOS Y POBRES

e

ALCULABA una ve7\ cierto economista

que si todo el mundo trabajase en la
colmena humana. nadie necesitaría arrimar
el hombro más de un par de horas cada
veinticuatro. Esta breve jornada sería suficiente, sobre todo dados los medios mecánicos de que ahora disponemos, para sostener
el actual nivel de bienestar al alcance del
hombre.
Como se comprenderá, el sorprendente descubrimiento hubo de ser saludado con entueiasmo, no sólo por el proletariado, á quien
en particular afectaba, sino por aquellos individuos á los que faltaba hasta entonces una
defensa científica en que apoyar su holgazanería. Por desgracia, tardóse poco en averiguar la inexactitud del cálculo: el economista de referencia había echado sus cuentas
incluyendo la población total del planeta
en la coparticipación de trabajo; esto es, s11poniendo que trabajasen tanto las mujeres
como los niños de todas las edades. Naturalmente, cundió el desaliento entre los discípulos del economista, y éste, esperanzado
en mejores éxitos, acabó por retirarse á fundar una nueva Utopia, aunque dicho se está
que una Utopía sin niños de pecho.
FUENTE DE ERRORES

Un importante periódico de Lóndres, The

Morning Post. ha hecho un interesante estudio acerca del asunto, y dice, hablando
en justicia, que el error de que hemos dado
cuenta no desapareció con el que lo propalara: los tratadistas de cuestiones racial es
se olvidan constantemente de los niños, ó,
expresándonos en términos técn:cos, dejan
de tomar en cu en t a el estado-edad en
sus cálculos sobre la población. Sin duda,
una población de cien mil individuos, compuesta de ochenta mil mayores de quince

años y veinte mil menores de dicha ed~d,_habría de ser considerada para fines practicos
(desde la defensa de la patria á la fabricación
de telas ó el consumo de alcohol), por completo distinta de una población igual donde
las proporciones estuviesen invertidas, donde
hubiese ochenta mil individuos menores de
quince años y veinte mil mayores de los
tres lustro!".
Con todo, existen las bastantes divergencias entre la proporción efectiva en varias
edades v en diferentes distritos, ó en un mismo distrito en diversas edades, para poner
en peligro de fracaso toda com~aración precipitada y para llevarnos á curiosas deducciones que, por su falacia, caen en tierra al
más lefe razonamiento. Trlanda, por ejemplo, tiene una de las 11atalidades más bajas
de Europa, no obstante ser aquel pueblo de
los más fecundos. Esto se explica por la constante emigración de gen les en la plenitud de
la vida, mientras sólo permanecen en el suelo nativo un número excesivo de niños y un
contingente enorme de viejos; en.suma, elementos que no contribuyendo al desarrollo.
de la natalidad, pueden disminuir la proporción que parecen represent'lr respecto al número total de habitantes. Si la natalidad fuera calculada, no con arreglo á la total población de todas las edades, sino refiriéndola al
número de mujeres entre los quince y los.
cuarenta y cinco años, entonces Irlanda llegaria á ofrecer una cifra de nacimientos quizás de las más elevadas del mundo.
COMARCAS RICAS Y POBH ES

Es, sin embargo, menos importan te estudiar las diferencias del «estado-edad, como
origen de errores estadísticos, que señalar
el superior significado de dicho elemento
respecto de las condiciones y los problemas.

271

lle ahí, pues, una razón potentisima para
sociales. Puede acontecer que dos regiones
vecinas difieran entre sí, extraordinariamen- explicar el hecho de que las condiciones do
te, en las respectivas proporciones de jóve- - vida sean en unos lugares más dificil es que
nes, hombres hechos y viejos, es decir, en en otros. El indivíduo ácuyo cargo se encuenlas respectivas proporciones de aquellos in- tra una familia numerosa tiene que luchar
dividuos aptos ó ineptos para producir lo más por la existencia que otro individuo de
que toda la humanidad necesita para su sos- prole reducida. Lo m;smo ocurre con los pueblos; y asi como en el individuo que elude
tenimiento.
El periódico londonense citado estudia á las cargas familiares ha de verse necesariaeste asunto la población de aquel país, y de mente á un egoísta desertor del gran ejército
su trabajo deduce que la influencia de ta- del trabajo, de la gran comunidad laboriosa,
maño desnivel sobre el pauperismo es evi- que sin duda perecería de proceder todos
dentísima, pudiendo ser apreciada por la sus individ uos de igual suerte, asimismo debe
simple comparación de tres regiones in- calificarse de parásito social, que vive á cosglesas vecinas entre sí: Lóndres, Hampstead ta del trabajo ajeno, al pueblo, á la provincia
y West Ham. En la siguiente tabla se en- ó á la región que subsiste del sudor de las
cuentran agrupados bajo tres conceptos los restantes. Y esto, porque el tal pueblo, la
individuos residentes en cada distrito, con tal provincia ó la tal región absorben inderelación á sus edades: los menores de quin- bidamente, injustamente, una cantidad excece años ó mayores de sesenta y cinco son siva de las fuerzas productoras de la nación,
considerados estadísticamente como cargas y ese consumo de fwerzas se ap lica de un
que pesan sobre los demás; aquellos cuyas modo exclusivo á facilitar la vida presente y
edades oscilan entre quince y veinte años ó no á proporcionar también medios de subsisentre cincuenta y cinco ó sesPnta y cinco, se tencia á la generación inmediata.
diputan por hábiles solo en lo relativo á soportar su propia carga; y, por último, el CONSERVACIÓN Y RENOVAC1ÓN DE LOS PUEBLOS
resto ele los clasificados, ó sea los individuos
No siempre nos darnos, entera cuenta de
en la flor de la vida (desde los veinte á los
cincuenta y cinco años), representan la fuer- hasta qué punto vive un pueblo en el futuro.
za real efectiva de la comunidad.
y para el futuro. En términos generales, puede decirse que de cada diez habitantes de la
De cada cien personas, existen:
Gran Bretaña en ta actualidad, cuatro son
EN LóNDRKS EN 1)AMPSTKAD EN WEST H, ..
menores de veinte años y tres son mujeres;.
Que necede éstas, dos son casadas, ó, lo que es lo
siten la ayumismo, personas que por dedicarse en partída de los demás (menolar al cuidado de los niños se relacionan
resde15
más con el futuro que con el presente.
años y mayores de 65).
Los tres individuos que restan, uno de los
27
iO
Capaces de
cuales es mayor de los cincuenta y cinco
a uxi li arse
años, realizan la casi totalidad del trabajo
á si mismos
(!.5 á 20 años
indispensable al sostenimiento de los demás,
j 55 á 65) • •
15
17
H
dejándolos que no se preocupen más que·
Con fucria
de la perpetuación de la raza. En resúefectiva para
aux ilia r a
men: gran parte del vigor efectivo de un
los demás
pueblo se absorbe en la labor de renovación
(20á 55años)
51
57
de ese mismo pueblo. Si esa proposición de
Las cifras estampadas tienen gran elo- actividad decae, puede ocurrir algo análogo
cuencia. Si eliminásemos l a segunda clase de á lo que acontece en las compañías mercanindividuos, la intermedia, atendiendo á que tiles sin un buen fondo de reserva: durante
ni mejora ni empeora el estado de cosas, po- algún tiempo, parecen florecientes y pletóridría decirse en términos generales que cada cas de provechos, pero al fin y al cabo lleseis personas en la plenitud de la fuerza pro- gan á la quiebra.
ductora tienen que proveer al sustento, no
El cuadro estadístico arriba inserto se
sólo de si mismas, sino de otras tres en basta por sí solo para justificar muy fundaHampstead, de cuatro en Lóndres y de cin- mentalmente no solo la supresión de las
co en West Ham; personas todas ellas inca- fronteras administrativas y la consiguiente
paces para el trabajo y que deben ser com- centralización, sino también los gastos que
prendidas en el concepto poco lisonjero con exijen las grandes demarcaciones. El distrito
que las distingue un economista francés: en de Hampstead no es ciertamente de los que
el concepto de bocas inútiles.
viven por sí mismos: las cifras consignadas

�272

POR ESOS MUNDOS

-demuestran, en efocto, que dicho distrito
.absorbe una cantidad despnporcionada de
.actividades en asegurar el bienestar presente, y ese consumo se efectúa á costa excl-usi-va de otro distrito que, como el de West
Ham trab.aja mucho más de lo que le conesponde en asegurar el bienestar futuro,
aún cuando el bienestar presente no tenga
nada de completo. La pobreza en We,-l
Ham no se debe, por tanto, á su exagerada
proporción de niños, á su elevada natali&lt;lad, aunque, por otra pa1te, bien pudiera
influir en esta el pauperismo existente en el
-distrito de referencia. Esos dos factores ,
pauperismo y elevada natalidad, se compenetran ,, obran entre sí recíprocamente, siendo dificilísimo determinar cuál de ellos es
causa y cuál efecto. Ni es necesario que nosotros lo dilucidemos ahora: basta demostrar
que lo mismo tratándose de comarcas que
de individuos la prosperidad presente puede
ir aparejada con la ausencia de previsióu en
cuanto al futuro de la raza, mientras, por
otra parlej una excesiva previsión respecto á
lo poi venir su pone la escasez actual.
LOS CA~IBIOS EN LA NATALlDAD Y LOS PUEBLOS
PRÓSPEROS

El asunto relativo al «estado-edad» en una
población puede i er también considerado
-desde otro punto de vista, 6 sea comparando, no diferentes comarcas en una misma época, sino una sola comarca en diversas
épocas. Una natalidad en aumento, como la
que existía en Inglaterra y Gales durante el
tercer cuarto de la pasada centuria, supone
un acrecimiento del número de niños con
relación al resto de los pobladores, 6, lo que
-es lo mismo, más bocas que alimentar por
los que tienen el deber de hacerlo. En las
décadas sucesivas, de 1850 á 1880, el promedio de individuos menores de quince
años en la población total de Inglaterra y
Gales se elevó rápidamente á un 36'3 por
100. Una natalidad en descenso, tal como ha
venido observándose en lnglalerra y Gale,,
df'sde 1876, supone, ante lodo, una disminucióu en el número de niños respecto del de
personas de media edad, y en segundo lugar un decrecimiento en la proporción entre personas de media edad y personas ancianas. A partir de ·1881, la proporción de
individuos menores de quince años en Inglaterra y Gales han descenJido hasta el punto de que ahora se registra un 32 por 100
-donde antes excedía de un 36.

El periodo más próspero de lln país coincidirá, por consiguiente, con aquella generación que subsiga al momento preciso en
que deteniéndose el crecimiento de la natalidad, dió principio su descenso, como empezó á ocurrir con dramática rapidez en casi todos los países de Europa hace treinta
años. Durante esa generación, el gran número de niños nacidos con la anterioridad de
algunos años se encontrará ya en la flor de
la vida; esta masa de individuos no tendrá
que proveer á las necesidades Je otro gran
contingente infantil, núcleo de la generación
futura, y de ahí que habrá de emplear sus
actividades más en lo presente que en lo
porvenir.
En la generación inmediata ocurrirá ya un
cambio: el gran número de individuos nacidos cuando eran altas las cifras de natalidad habrá llegado á la vejez, encontrándose
con una cifra relativamenle pequeña de personas de media edad á quienes pedir apoyo;
el núme1 o de personas inútiles para el trabajo crecerá con relación al resto de habitantes, y, conforme avance el tiempo, pesará más sobre el. país la carga de los viejos.
Por de contado, los efectos de un acrecimiento en la proporción de bocas inútiles,
de gentes en el ocaso de la vida, pueden ser
contrarrestados, de continuar bajando la natalidad, por una disminución correspondiente en el capítulo de pequeñas bocas inútiles,
de seres humanos en los albores de la existencia. El término de semejante proceso,
conducente á una población estacionaria, en
definitiva, no podría ser otro que dejar á un
país con un número de trabajadores menor
y otro mayor de ineptos para el trabajo que
si se tratara de una época de rápido acrecimiento.
Las consideraciones anteriores no se prestan fácilmente, en verdad, á conclusiones
prácticas. El camino para esas conclusiones
hállase obstruido en primer término por la
dificultad de comprobar con exactitud si
debe desearse 6 no la elevación rápida y
continua de la población, y en segundo lugar por el peligro, si no por la imposibilidad,
de manejar términos heterogéneos.
Sin embargo , 1o s hechos consignados
guardan est1 echas relaciones con ciertas
cuestiones candentes en la actualidad, cuales son, por ejemplo, el suministro de alimentos á los niños en las escuelas, el establecimiento de pensiones de vejez, los gastos
de enseñanza 6 la prevención de la mortalidad infantil.

Pl1tno del Teatro Espa - 0 ¡ ó d I p . .
n
e rmc1pe hace sesenta 1tños

LOS TEATROS DE MADRID EN 1850
nos ~a traído, por no perder
la costumbre sm duda, la actividad teatral de que Agosto nos dejó huérfanos
á
estas. fechas ~uncionan ya todos l()s t;air·os
del gener.?. chico, y en los grandes carpinteal~amles y pintores preparan Jas cosas
e dmeJor modo posible para darles el aspecto e frescura y juventud de que por si mismos carecen.
. b;A.polo, la Zarzuela, Eslava y el Cómico han
a i~rto ya sus puertas; Novedades, Martín
Variedades
sólo las cerraron á me d.1as, y eny
d
Pf~n ~ un mes estarán abiertos asimismo
e ~p;nol y la Comedia, habrán comenzado
en e eal l~~ ensayos, funcionará Laru
tal tez tamb1en la Princesa con com a - , ' /
verso, el Circo con zarzuela grande ~e~G- e
T?alro, nacido para tan altos fines' co tan
rietés E
, n vad
. h~1 suma, catorce teatros entre granes Y c ICOs, buenos y malo
gr~ciadamente más chicos \u:u:;~~di:s0
mas malos que bueno;;.
Y
Semejante abundancia no durará much
fnte ella ya fruncen el ceño la~ gentes qu:d!
,os es~ectáculos viven asegurando ue son
aemas1adas diversiones para Madridq y que
S

~º!'

EPTIEMBRE

por ese c~mino sólo se va á la ruina de los
em presar1os.
L?s que tal dicen son gentes de mala mem?ria ó desconocedoras de la historia de 1fadrid. De otro modo no opinarían que catorce
leat~os son d~m_asiados teatros para una pobla_ción de seiscientas mil almas en la que
alla por ~l año 18~0, cuando sól~ la habitaban doscientas
.
d tremta y seis mi'I , hab'ia, no
ese numer_o e coliseos, sino algunos.más. v
esos c_on v1~a _próspera, grandes compañías ~
magn1ficos ex1tos.
·
. / no se attibuya esta exuberancia de vid·1
a a protección oficial. A la mano tengo u1~

Mm~ual de teatros y espectáculos públicos
publi?ado en_ M~d1:id en 1858, en el que sc
~enc10nan ?1ec1se1s coliseos. En esa fecha no
e,,taba ya vigente la organización dada á lo~
teatr~s ~or el conde de San Luis: la Talía
madril~1~a le_nía entonces demasiado vio-or
para vi~1r SUJeta por la férula de una reglamentación demasiado ri11ida
o
, y hab'1a ro to en
poc~s meses la_ que Sartorius, con mejor intención que acierto, había forjado
Por en tónces, inaugurado al fi~ el R 1
el 19 de Noviembre de 1850 con

La

6

Fa:~.

�274

POR E.SOS MUNDOS

rita, cantada por la Alboni, Gardoni, Barroilhet y Formes, puede decirse que comienza
la historia de los teatros actuales, ya que
perduran muchos de los que en aquel tiempo existían recién construídos ó reformados
en dicha época casi todos y que luego apenas si han tenido modificación. De entónces
sobreviven, en efecto, el Real y la Zarzuela,
recién terminados en aquella época, Novedades, el Príncipe, aunque con otro nombre,
y el Circo reconstruido: casi la mitad de los
que actualmente existen.
De esos cinco teatros, los que menos han
variado son el Real, la Zar7.uela y Noveda~s, ye! que más el Circo, quemado y reconstruido con planos y trazo más propios para
funciones ecuestres, aunque antaño nadie
pensó en que fuese teatro y su resurrección
fué para e-xplotar!o como teatro y circo alternativamente. En cosas de espectáculos la
costumbre es proceder siempre al contrario
de como la lógica manda y dispone.
Del Real puede decirse que s ó I o han
variado en cincuenta años la fachada principal, que fué rehecha hace poco, sin consultar
demasiado al buen gusto para hacer semejante obra, y el nuevo palco regio, en cuya
traza intervino menos aún la estética. Esas
reformas importantes y algunas secundarias
menos visibles no han hecho variar sensiblemente la disposición ni el número de locali-

LOS TEATROS DE MADRID EN 1850

275

dades, y examinando el plano del teatro que
trae el libro antes mentado y comparándolo
con el plano actual asombra cuán grande es
la perdurabilidad de las cosas en este país
de cambios y mudanzas. Algo varió, no obstante, y fué, ya que no las localidades mismas, su precio: en aquella época y para oir y
ver óperas nuevas á la Alboni, la Frezzolini,
Gardoni, Barroilhet, Formes, Fuoco, la Cerito, la Laborderie, la Edo, Dor, Saint-León
y Massot, dirigidos por Miguel Angel Rachell, costaba la entrada general cuatro reales, y la butaca veinte, la tercera parte ó
poco más de lo que hoy cuesta, sin que el
mérito del espectáculo haya triplicado ni
mucho menos.
Más baratos aún eran los precios en lai
Zarzuela: allí costaba la entrada general tres
reales, la butaca doce, y un palco cincuenta.
Si comparamos esos precios con los actuales,
el aumento no resulta tan grande como en el
Real; pero de todos modos es considerable y
el espectáculo allí, en lugar de mejorar, ha
venido á menos lamentablemente.
La Zarzuela era entonces un teatro completamente nuevo: su construcción fué comenzada en Marzo de 1856, y en primero de
Octubre del mismo le inauguraron. El género que le dió su nombre estaba entonces
muy en boga: pocos años antes había resucitado con éxito excelente en Variedades, y-

¡-7

' Plano del Teatro de la c1uz' instalado en la casa nómero 35 de la caUe de su nombre en el año 1850
desp_ues de dar allí El duende Tr
.
,
El tio Caniyitas y otras obras ~eno~7:J~~ ci~ne~ del con?e d_e _San Luis, Teatro del
sas, ~uando la ópera italiana, pasó al Real Pnnc1pe? Y. la d1spos1ción de las localidades
y dejó vacante el Circo se trasladó . él d
era en distinta de la actual. Su plano nos rede p~odujo Jugar cou' fue o en e~ u on- vela, en, e~ecto, que en el lugar ocupado hoy
mamfestó potentísimo el g~nio
t&lt;J. e
por las ultimas filas de butacas y los últimos
Barbieri, El dominó azul El sue~as "/leº e p_alcos plateas, existía un • galería baja• con
noche de verano Mis do; mujer;!;º G ,una siete filas y 102 asientos en su parte central
teos en Venecia,' Los comuneros
a ~n- y cuatro filas y 44 asientos en cada una de
El grumete, El vizconde El ' .
la~ d?s late~~Jes. Delante de los palcos bajos
Caravaca, Entre dos aguas' mat ql
e exisha tambien una localidad suprimida des
.
' yt arreg
. d a « baleón», 'en la que habíam_o El valle de Andorra
l" osLco- pués, .denoIDina
diamantes de la corona
~ ina, os 42 asientos.
derico y otros.
'
sargento FeEl cond? de San L_uis llevó al Español
El éXIto de aquella compañía f .
.
una magmfica companía de que formaban
co.Los zarzueleros quisieron te ue magmfi- parte Matilde Diez y las hermanas Lamadrid
i
"ó l
ner casa pro- Y.los actores R ornea, Va Iero, Calvo Osorio
P a, y naci e teatro de la calle J 11
donde por aquellos añÓs actuaron ~;e ano~, ~izarroso y Guzmán; pero resultab~ dema~
rez, la Di-Franco la Latorre l M Ram1- siado costosa y se disolvió pronto. En 1858
Santa María, la Zamacois la' M~ o~e°M, l_a Valero era primer actor y empresario y
llo, y con ellas Caltaña~or s!fc~s a A ur( ~ornea, sepa~ad? ya de sus antiguos com'paCalvet, Cubero Obregón
l
' z_u a neros del Prmcipe, se unió con Arjona
más inteligent; empresa;1•oy esªp
lqdue fue el Teodora Lamadrid para trabaJ·ar en el Circoy
•
ano e aqueEste
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Plano del Teatro del Circo instalado en la Plazuela del Rey el ail.o 1850

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�276

LOS TEATROS DE MADRID EN 1850

POR ESOS MUNDOS

gimnasucas extranjeras que anualmente venían á Madrid. Allí fueron admirados los famosos gimnastas Abrillon, Auriol y Paul, el
último de los cuales hizo más tarde el famoso circo que llevó su nombre y que fué, con
Capellanes, famosísimo en los fastos de la
vida alegre de Madrid.
La falta de teatros, dada la afición de los
madrileños á ese espectáculo, hizo que el
primitivo Circo, el de la Plaza del Rey, muy
anterior al de Paul, se convirtiera en teatro,
y pronto, por la comodidad de sus localidades y la baratura de sus espectáculos llegó
á ser el teatro de moda: allí actuaron magníficas compaiiias de ópera, de las que formaron parte la Persiani, Marini, Ronconi,
Tamberlik y Moriani; y allí, siendo empresario Don José Salamanca, vieron los madrileños grandes bailes de espectáculo y la competencia entre dos bailarinas de expléndida
hermosura, la Fuoco y la Guy-Stephan, que
con la Petipá representaban á Terpsícore
coreadas por varias docenas de mujeres hermosas ... sin perjuicio de influir muy directamente en nuestra política.
Inaugurado el Real, trasladóse al Circo la
compañía de zarzuela que había comenzado
sus campañas en Variedades y que actuó
allí hasta la inauguración del teatro de la
calle de Jovellanos. Después actuaron en el

lll

Circo coro pañías dramáticas. y allí se hizo
famosísimo Mariano Fernández. Cuando se
declaró el incendio que destruyó el coliseo,
acababa de terminar en él el ensayo de una
comedia de magia. El plano que publicamos
da idea de la disposición de las localidades
en el Circo viejo.
Otro de los teatros de hace cincuenta años
que hoy subsisten es Novedades, que tam noco ha variado mucho. El plano que damos
revela que la disposición de las localidades
es hoy casi idénticaá la de entonces, aunque
el número de butacas ha aumentado á expensas de la galería.
En 1858 actuaba allí una compañía dramática de que formaban parte la Rodríguez,
la Cairon, Calvo y Boldún, que llevó á Novedades numeroso y selecto público, y en la
que se dió á conocer Zamora como galán
jóven y entró más tarde el famoso Don Pedro Delgado.
Los precios de las localidades eran altos,
mucho más que en la actualidad, y la historia del edificio, que fué primero cuartel de
caballería y luego circo antes de ser teatro,
es suficientemente conocida para que sea
necesario recordarla.
De los teatros que han desaparecido, el
más importante era el de la Cruz, al que el
decreto orgánico del conde de San Luis dió

rque
"" .-f

Plano del Teatro de Lope d V
.
.. '.':.
e ega, o de los ~f:¿~º~el~~e levantaba en la calle Desengaño número 10

nomb~e y destino de Teatro del Drama. Estaba situado en -la calle de la Cr·uz n,umero
3~
o, ~on accesona por la Plaza del An el
graCJas á la calle Espoz y Mina, recién fbi~?entónces, s~ fachada,calificada de ridícupor los escntores de la época era visibl
desde la Puerta del Sol. Fué co~struído e~
1l57~lly reconstruído en 1737 á expensas de
a v1 a yRibaJ·o 1a d'1recc1ón
. de un arquitecto
llamad
0
~era, tachado de extravagante.
go;'~sl pr°J1 de l!s localidades eran análoprimei~: i:te ?ªndol, y en ~l se hicieron los
n os e creación de la 6 era
espanola. Este teatro que fué l
. p.
corral de comed• ' 11
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ir,

&lt;k o;

los de Teatro
le, °:ºrobres ya mentados,
cés y era seg. ~: rvncesa YTeatro Frantro 'feísim'o. un esonero Romanos, un teaVariedades vivió bast
h
.
que_ el Teatro de la Cruzª ym~~ f3f3ªs ttarbde
en el una c
- , tr'
ac ua a
había
'd ompan~a ancesa. Hasta 1842
esa ép~~:v\ o_paraJue~o de pelota y solo en
.
ue convertido en teatro por las
mismas razones q
.
formación d l c· ue motivaron la transe 1rco.
En Variedades nació a
h .
zarzuela grande con El'
Planq del Teatro de Variedades, que en el año 1850 se levantaba en el número !O de la
calle de la Magdalena

277

luen8Je,

~o1;~~z!

y soldados' Las señas del archidu,que
¡ramoya, El tio Caniyitas y otra multitud
e zarzuelas! y allí ?1ismo había de desarro1larse despues el genero chico nacido en el
Teatro del Recreo.
En otras- ~emporadas trabajaron allí buenas co~pamas dramáticas, y en ellas actuar1~ ArJ.ona, Romea, Teodora Lamadrid, :Mati e Diez, los Osorios y la Rodríguez.
-· En 1858 actuaba en Variedades la compama de M. Víctor Roger, de la que formó
parte la famosa Scrivaneck.
El teatro estaba considerado entónces como el s~gundo de Madrid por la eleaancia
los precios de las localidades eran ~lao ~á!
eleva?os que en el Español.
"
yemte ~ños más tarde, cuando el género
chico_ naciente conquistó Variedades' eso
cambió y costaba un real por sección la butaca y cuatro cuartos la entrada general. Ent~nces,_ como ahora, fué la baratura la ue
hizo trrnnfar un espectáculo sobre otro. q
~uc~o ~tes que Variedades,desapareció
e1
ro e Lope de Vega,que el vulgo llamaba de los Basilios, y estaba situado en la
~alle del Desengafio número 10 con v lt
a la de Valverde.
'
ue a
El nombre vulgar lo debía este teatro á

ep,

�278

POR ESOS MUNDOS

que el edificio en que estaba situado fué antes convento de la órden á que se daba aquel
nombre; en la iglesia del convento hicieron
después un teatro para aficionados, y cuando más tarde actuaron en él compañías formales, se le bautizó con el nombre del Fénix
de los Ingenio¡¡. En los Basilios se representaron sucesivamente comedias, bailes, cuadros vivos y óperas, y hubo también compañías francesas. Los precios de las localidades variaban entre tres reales la entrada general y diez la butaca, y el teatro podía contener ochocientas personas.
También desapareció hace muchos años el
Teatro del Institido, al que el tan tas veces
citado decreto del conde de San Luis dió el
nombre y destino de Teatro de la Comedia
y que también llevó el nombre de Tirso de
Molina. Estaba situado en la calle de las
Urosas número 8, y fué el primero de Madrid con fachada propia de su objeto. En
ella tenía cuatro bajos relieves representando á Cervantes, Calderón, Cano y Moratín,
y dos estátuas, de la Ilustración y la Beneficencia, respectivamente.
El Teatro del Instituto fué construido á expensas del presidente de la sociedad del mismo nombre, y era propiedad suya. La primera compañía que actuó en él fué la de Lombía, y después fué escenario de los triunfos
de Dardalla con su género andaluz.
En el Teatro del Instituto se presentó por

primera vez en Madrid el famosísimo prestidigitador Bosco, y más tarde algunos imitadores, y ese era el destino de aquel coliseo
en 1858.
Además de los teatros grandes, Madrid
tenía en aquella época m ultiturl de tea trillos
donde actuaban generalmente sociedades de
aficionados, que abundaban mucho, y solo
en ocasiones compañías formales. De ellos,
el que perduró más y alcanzó más fama
por haber servido de cuna al géneco chico,
fué el del Recreo, situado en la calle de la
Flor. Con él compartían su destino el del
Mu,seo, que estaba en el número 27 de la calle de Alcalá; el de Buena Vista, en la calle
de la Luna, donde ha y ahora un almacén de
muebles; el de la Unión, que estaba en la
Plaza del Progreso; el del Genio y el de San

Fernando.
Madrid tenía además el Circo de Paul,
que fué más tarde Teatro de la Bolsa, situado en la calle del Barquillo frente al Ministerio de la Guerra, dos plazas de toros y
circo gallístico, diorama, galería topográfica
y otra multitud de espectáculos y diversiones.
La corte, pues, tenía el aspecto de un
pueblo; pero, y sobre todo, demostraba una
afición al arte escénico que poco á poco le
han hecho perder las malas compañías y muy
especialmente los precios elevados que los
empresarios hacen pagar al público.
ALEJANDRO MIQUIS

ACTUALIDADES
á España cuando aüada á Francia se interesó
en contiendas internacionales y combatió al
Mientras en La Haya celebra sus sesiones lado de la nación vecina, más y mejor que
la Conferencia internacional de la Paz, y en ella, por cierto.
Swinemunde se visitan el czar de Rusia y el
Además, bien hacemos los españoles en prese~perador Guillermo de Alemania, y en lar oídos de mercader á las insinuaciones é
Wilhelmsbohe se abrazan este mismo kaiser insultos de la prensa francesa, que parece
y Eduardo Vll, y en Ischl hacen lo propio el poner todo su empeño en embarcarnos en la
soberano inglés y el venerable Francisco aventura en que se ha metido su nación; porJosé de Austria, y en Carlsbad se reunen que esos ataques que se nos dirigen bien
luego cancilleres y grandes políticos y di- pueden ser hijos de enojo y de despecho al
plomáticos de las principales naciones eu- ver que el Gobierno que preside el señor
r?peas, asegurando todos que sus entrevistas Maura (el cual merece basta ahora todo gét1enen por objeto el mejor afianzamiento de nero de alabanzas en el asunto) no quiere
la paz universal; en Marruecos arde la guetener más intervención en la cuestión marrorra Y es cada día mayor el espíritu belicoso, qui que aquella que le fué señalada en la
tanto por parte de los moros, como por la de Conferencia de Algeciras. Como para algo se
los franceses que en esto de las actitudes á celebran esas conferencias internacionales
ultranza son los que llevan ahora la voz el ministro de Estado español ha publicad~
cantante en el imperio mouna nota en la que dice texgrebita. Casablanca y su s
tualmente que «el objetivo
alrededores son el teatro de
del Gabinete de Madrid al
esas escenas d e guerra y
·~enviar á Casablanca deterexterminio, de día en día
•,-::.--= ..~
minadas tropas es sólo conmás encarnizadas porque ni
tribuir á la organización profas kábilas cejan en su empevisioual de la policía, en visño de arrojar de allí á los
ta de lo anormal de las cirfranceses, ni éstos menguan
cunstancias y para seguridad
en sus ataques á los marrode los intereses encomendaquíes para lo cual acumulan
do::,ádicha institución,no haen aquel punto grandes fuerciendo con ello otra cosa que
zas de su ejército y de su
..__........__
1
·d
E
marina.
o convem o entre spaña y
Gen~ral _Drude, jefe de la fuerzas
Francia, lo coro unicado á las
Censura á nuestra nación
del e¡érc,to francés que operan ~n
potencias signatarias del Acla prensa francesa porque no
Casablanca contra los marroqu,es
d Al
.
l
ta e gec1ras y o que era
toma_parte en tales operaciones; y hemos de y es del dominio público.»
Tendir culto á la verdad diciendo que el puePor otra parte, esta actitud de España, tan
blo español, que no quiere una aventura en censurada por los franceses,. es sólidagaranMarrue~o~, _no hace caso de esos ataques que t~a para otras naciones, Alemania muy espele son dmg¡dos, aunque no por eso dejan de cialmente, que aguardan detrás de la cortina
mo~est~rle los c?ncep_t~s que estampan los el éxito ó el frac!l.so de los arrestos de Franperiódicos de alla_del Pmneo, periódicos que, cia en Marruecos para hacer valer en todo
por su parte, o1v1 an que nunca le fué bien caso los acuerdos contenidos en la citad:1
LOS ASUNTOS DE MARRUECOS

�380

POR ESOS MUNDOS

Acta general de la Conferencia de Algeciras,
en cuyo documento se mantiene necesaria é
imprescindiblemente la independencia é integridad del imperio marroquí y la autoridad
de su sultán.

explicarseel ostracismo injustificado con quela nueva ley electoral rusa acaba de herirá
Polonia, en el momento en que ésta daba
pruebas señaladas de prudencia y de sabiduría?
Estas consideraciones atraen la atención
EL CZAR Y EL KAISER
sobre la nueva entrevista del czar y del kaiSin tener el carácter casi clandestino de la ser. Las conversaciones que se cambiaron á.
bordo de los
entreví s ta d e
yates imperiaBjoerkode hace
dos años, se
les tendrán
consecuen e i as
reunieron el 3
que poco á pode Agosto últico veremos dimo en aguas de
bujarse . P o r
Swinemunde,
otra parte, esta
en la costa de
1a Pomerania,
entreví s ta d e
Swinemunde
el czar Nicolás
puede colocarde Rusia y el
se muy normalkaiser Guillermo de Alemamente en el encaden amiento
nia. También
de las recientes
preside el misterio á esta en- Crucero francés Gplilée que ha bombardeado la población de Casablanca demostraciones
trevista de ampor las que se
bos emperadores; pero aunque la prensa afirman las aspiraciones pacíficas generales:
alemana permanece reservada acerca del Rusia ha concluido con Japón acuerdos queasunto, acoge con aplauso esta prueba de asegurarán la paz en el Extremo Oriente,
amistad entre los dos soberanos, particular- prepara con Inglaterra una liquidación de
mente agradable ahora que se habla mucho las diferencias de ambas naciones en el Asia
del aislamiento de Alemania. Por otra parte, Central, y toda su política tiende á un recola influencia considerable ejercida sobre los gimiento necesario para llevar á buen fin la
sucesos ·recientes por las relaciones perso- penosa evolución interior en la que el país
nales de Guillermo II y Nicolás II resalta de eslavo se encuentra comprometido.
Alemania, por su parte, parece curada dei
la concordancia de las fechas: la entrevista
acceso a.g u do
de 1897 que
de provocación
precedió á 1 a
que 1 e atacó
ocupación rusa
h a c e algunos.
de Port-Arthur
meses. El prínfué la que arrocipe de Bülow
jó á Rusia al
acaba de hacer
avispero asiátideclaraciones
co; en Libau ,
llenas de optiel erJ1,peradoi·
mismos: las red e l Atlántico
laciones con Insaludó al emglaterra mejoperador clel
ran, y no existe
Pacífico; la enel peligro que
trevista de
se vislumbraba
Wiesbaden, en
que ha contribuido al bombardeo
en las que el
el verano de Crucero protegido francés Du-Chayla,
de Casablanca
imperio sostie1904. determinó la actitud intransigente de la diplomacia ne con Francia: el porvenir, pues, hállase
rusa y el fracaso de las negociaciones lleva- asegurado, en la medida en que es posible
das por M. Kurinó; y, en fin, la entrevista de asegurar estas cosas.
Bjoerko, en la víspera de Liao-Yang, fué la
EDUARDO Vil Y GUILLERMO JI
que orientó á Rusia hácia la guerra á todo
trance. En los asuntos interiores del imperio
Después de la entrevista de Swinemunde,
eslavo se manifiesta igualmente la influencia
de la amistad de los soberanos. Si no, ¿cómo debe el cronista tratar de la que han tenido

S.M. el rey Don Alfonso XIII conSsbu hij_o el príncipe d_e Asturias.-Ultimo retrato hecho recientemente en San
e asl!án en la galer,a fotográfica de Resines

�ACTUALIDADES

POR ESOS MUNDOS

283

Desembarco en el muelle de Tánger de los moros y judios que huyeron de Casablanca al inicia~se los sucesos
allí desarrollados

una larga y duradera concordia internacional europea?
EL TERRORISMO EN BARCELONA

Sabe el leclor de PoR Esos MUNDOS que
en Barcelona se venían repitiendo hace años,
con aterradora frecuencia, explosiones de
bombas y petardos en paseos y lugares á
donde el público concurría, precisamente en
las horas á que era mayor la afluencia de
gente á aquellos sitios. Deben saber también
nuestros lectores que los autores de esos
crímenes del terrorismo, que generalmente
gozaban de la impunidad, han sido ahora
descubiertos por la delación de uno de ellos,
Juan Rull llamado, el cual resulta de las averiguaciones que se practican, que estaba

considerado como el director Jie todo ese
movimiento criminal. Este Juan Rull actuaba á la vez de agente secreto que la policía
de Barcelona utilizaba pagándole expléndidamente las confidencias que hacía de los crímenes que él y sus compinches preparaban
y de cuya responsabilidad bien sabían ocultarse.
Un juzgado especial está instruyendo este
proceso del terrorismo en la hermosa ciudad
condal, y cada día aparecen nuevos complicados y nuevas pistas, que utiliza la autoridad para el completo esclarecimiento del
asunto, en el que es importantísimo determinar qué parte corresponde al anarquismo
y qué otra es la que ha de purgar esa gente
que se dedicaba al infame negocio que ahora ha resultado en quiebra.

�EL SOl\lBRERO OEL NOVIO

EL SOMBRERO DEL NOVIO
suceso es eminentemente histórico; de
E
modo que no me cabe más honra, y
así lo pregono ur"{&gt;i et m·bi, que la de ser
L

un narrador más ó menos fiel. Esto no quiere decir tampoco que sea un asunto sobado
trasnochado y del dominio público, al cual
voy á darle forma para que el culto lector se
trague un paquete: eso no. Se trata de un
secreto de familia que solo yo sé, y que creo
que puedo referir porque ya han desaparecido los principales personajes de aquel
lance tragicómico, y los que viven en la actualidad, si alguno vive, son tan insignificantes que no merecen la pena de ser tenidos
en cuenta.
Se trataba de una familia bastante bien
acomodada, burguesa, con puntos y ribetes
aristocráticos, compuesta de matrimonio y
cinco hijos, cuatro hembras y un varón; las
tres hijas mayores ya se habían casado, y
tenían cada cual su hogar. De manera que á
la hora de entrar nosotros en conocimiento
con esta familia viven el matrimonio con sus
dos hijos menores, varón y hembra, de veinticuatro y veinlidos años, respectivamente.
Esta señorita, á quien sus parientes y amigos llamaban Nahón, apócope de Enca~~ación, (por aquella época todas las fam,has
que se estimaban en algo contaban entre sus
niñas con alguna Chichí, Oucó, Lilí, Fefé,
Fifí, Loló, ele.), vestía mucho; ahora, en
fuerza de prodigarlo, ha llegado el recurso á
poder de las bajas Psferas, y se ha hecho
cursi. Nahón, como digo, tenía novio formal, según decían ellos. Eso de la formalidad de los novios, si se analiza bien, deja
mucho que desear; pero en esta casa á que
nos referimos no había más remedio que ser
formal como novi-0, porque el padre y lamadre y el hermanito eran tres tigres tratándose de vr,lar por la virtud inmaculada de la
niña, funciones que les eran ya muy familiares por la práctica adquirida durante los

noviazgos de las tres hijas mayores, y de
cuyos inmejorables resultados no hay para
qué hablar puesto que ya sabemos que estaban casadas.
Este novio, formal en todo y por todo, dicho sea en honor de la clase, era ingeniero
de caminos, canales, puertos y no sé si alguna cosa más, y sabido es que el distinguido elemento no admite en su seno á ningún
saltimbanquis.
El padre de Nahón disfrutaba un cargo
palatino retribuido cerca de la augusta persona de Doña Isabel II, reina á la sazón; y
como esta señora se hallara de jornada en el
real y verdadero sitio de Aranjuez, célebro
por sus espárragos, sus fresas y sus motines, dicho se está que en Aranjuez y en
funciones de su cargo se hallaba el padre
de Nahón.
Este buen señor, á su vez, se hacía acompañar constantemente de su único hijo, para
irle imponiendo en los intrincados oficios de
su delicadísimo cargo, por si llegaba el caso
probable de que él faltase que pudiera sucederle. Como se vé, era una familia por todos
conceptos previsora.
Vivían, pues, en Madrid, en los momentos
históricos del trance, la madre, la hija y dos
criadas, todas ellas en espectativa de embarque , porque proyectaban ir á pasar
unos quince días al lado del jefe de la familia, con el cual no habían ido juntas por
atenciones hácia el novio de Nahón, novio
que, dicho sea de paso, abominaba de su
carrera cada vez que le decían que su amada
tenía que ponerse en camino y no bailaba
el medio de poner á su madre en canal.
Para disculpar la visita nocturna del ingeniero acudían á hacerles la tertulia dos hermanos que habitaban en el cuarto de al lado,
también hembra y varón, de veintitanlos
años, otra vecinila del piso segundo y otra
del piso bajo.

285

Una argentina y j uvenil carcajada lanzada
á dúo cortó el vivo diálogo entablado entre
la suegra y el yerno futuros. La vecinila del
piso segundo y la del bajo cel~braban así la
feliz casualidad de llegar al mismo tiempo.
-¿Somos puntualesr- dijeron al entrar,
dirigién&lt;lose á la mecedora en que la dueña
de la casa no cesaba de acunarse.
-¡~lucho, mucho!-les contesto la interpelada.- Dispensarme que no me levante
para recibiros, hijas mías; pero yo no levanto mis ciento quince kilos con la misma facilifiad que los levantan
&lt;lel piano.
en el circo esos animaUna noche, la de aules de las pesas.
tos, el ingeniero en lró en
Las jóvenes se inclie I saloncillo, y di rinaron sucesivamente v
giéndose á s u futura
dejaron cada una un bé~uegra, que se bambo•
so en cada moflete de
leaba en una mecedora
la dama gorda. Después
s in hacer gran caso de
saludaron á los novios.
él, le tendió la mano,
-Os envía la Provisaludándola ; luego se
dencia, - murmuró la
dirigió hasta donde se
novia confidencialmente
hallaba su novia en pié,
cerca d e los oídos de
.á la cual hizo una leve
sus amigos y vecinas.
reverencia de 1 a más
-¿Ya empiezan los
refinada cortesía , que
cuchicheos? ¡Nifia, ya
ella pagó con una sonsabes que no me gustan
risa, también muy leve,
los apartes ni en las coporque mamá no admimedias!
tí a riinguna expresión
II u b o un momento
acentuada. Después, con
de estupefacción en
un altivo y elegante
aquella pequeña masa,
mohín, arrebató la nii'ia
y se hizo u n a breve
de la mano ele su nopausa que rompió vavio el sombrero, y se
lientemente la vecinita
retiró por una puerta
del piso bajo, pregun&lt;¡ue daba acceso á su
tando:
cuarto de costura para
- ¿[Ja tenido usted
dejarlo allí, encima de
noticias de su marido'.-su costurero, sobre sus
- Bastante te import)oña Micaela
propias labores . En
tará á tí si he tenido ó
seguida salió nuevamente.
no noticias de mi marido ... No seashipócrita,
-¿Hace mucho que han terminado uste- y pregunta si las he tenido de mi hijo, que es
des. de comer? - preguntó tímidamente el lo que á tí te interesa.
nov10.
- No, no señora,- le respondió la jóven
-Media hora ~scasamente-le respondió aparentando una sencillez que estaba muy
la madre.-Por cierto que me he permitido lejos de ser cierta.-¡Si noticias de su hijo de
t~mar una taza de café, y se me están po- usted tengo yo todos los días!
niendo los nervios de punta.
-¡~) ire, mire la descarada! Eso no has de-~s una contrariedad,que siento por us- bido decírmelo á mí, ¿entiendes!
ted vivamente.
-Se lo he dicho á usted para que viera
-¡Claro que por mí!
que por quien realmente me interesaba era
:-Es que podía ser por nosotros también, por Don lldefonso (así se llamaba el palasenora, porque cuando usted está nerviosa ciego), toda vez que su hijo no me dice en
sufrimos todos.
sus cartas ni una palabra de su papá.
-U~ted s~frirá porque quie~a, porque con
Como se verá, la niña del piso bajo no se
no vemr esta usted del otro lado.
-mordía la le~gua como el tímido ingeniero, y
-Señora...
arremetía briosamente contra la mujer gorda.
Excepción hecha del ingeniero, todos los
congregados tocaban el piano muy bien, y el
vecino notablemente: pianista de profesión,
tenía calidad de concertista, era un vfrtuoso. (Ya creo haber dicho que para entrar en
aquella casa había que ser virtuoso de alguna manera, ó por tocar, opor no locar; .
No habrá que decir que el primero en llegar á estas veladas á pesar de ser el que vivía más lejos, era el prometido de Nahón, el
&lt;:ual entraba resueltamente hasta donde c.:;perában su novia y la mamá, que generalmente era el saloncillo

�286

fOR ESOS MUNDOS

Ya iba á contestar Doña Micaela-cuyo ven, ni de Wagner, que me levantan dolor
era el nombre de la palaciega-con la arti- de cabeza ... Cosas alegres, alegres.
-¡Por' Dios, mamá!-se atrevió á decir l_a
llería gruesa, cuando penetró en la estancia
la vecinita de al lado, también muy risueña niña con más miedo que un ratón persegmdo.-Ese repertorio no lo conoce Enrique.
y jovial.
-¿Qué, no viene tu hermano esta noche? Tocaré yo.
-le preguntaron casi á coro.
-O )'O,-dijo la del principal.
-O yo,-añadió la del bajo.
-Sí, sí. ¡No ha de venir! Ha tenido que
-O )'O,-agregó la hermana de Enrique.
salir á un asunto muy breve. Dentro de diez
minutos estará aquí.
-¿Ustedes? ¿Pero ustedes creen que ese
-¡Ahl-respiró la vecinita del piso de cencerreo que hacen es tocar el piano? ¡Es
arriba.
desafinármelo!
El bondadoso Enri-Ya se había asustado esta otra,-gruñó
que se sentó en el pian o y ejecutó torpeDoña Micael a - cremente dos ó tres cuyendo que no iba á venir su tormento.
chufletas musicales
Huelga decir q u e
que complacieron mua 11 í e n materia de
cho á Do1ia Micaela, y
amores nadie perdía
en seguida tocó mael tiempo: la niña de
gistralmente el cuarto
la casa con el ingenieconcierto de Litolf.
-¡Vaya una música
ro; la vecina de abajo
con el niño de la caratonera! - dijo Doña
sa; la vecina de arriba
Micaela cuando terminó Enrique la delicada
con el pianista, y la
composición.
hermana del pianista,
que no tenía con quien
Al oir el exabrupto,
encliufar dentro de
el ingeniero se quedó
la vecindad, se las enperplejo, como si estuviera meditando un
tendía por el balcón
con uno de fuera, porpuente, el artista estuque así es el mundo, á '
pefacto, y las señoritas
acongojadas.
Dios gracias, y así se-¡Ea!-dijo la será, si ha de merecer
que lo vivamos.
ñorita de la casa.-DeDoña Micaela se enjemos por hoy la secargaba de repartir la
sión porque mi mamá
está muy nerviosa.
inquietud en aquellos
La concurrencia
jóvenes espíritus de
asintió encantada á la
modo que en su reunión no hubiese nadie
proposición de la niña,
compadeciéndola y hade buen humor: todoi,
Nahón y su novio
, estaban rabiando con
ciéndola señajos de
las impertinencias que á cada palabra solta- que tuviera pacienda. Enrique, sin duda
ba la palaciega r.erviosa.
para ayudar á la muchacha, exclamó:
Ya habría soltado unas cuarenta bien re- Muy bien, muy bien: así como así_, yo
partidas, cuando entró el jóven concertista tengo que madrugar mañana, y me conviene
en el salón, al cual, después de saludar á acostarme tempranito.
Uno por uno, fuéronse despidiendo de la
todos, le preguntó su hermana:
palaciega desfilando ante la mecedora en la
-;,Has estado en casa?
- No, -le repuso él.-He entrado aquí cual seguía muy repantigada.
El pianista se brindó á abrir la puerta _de
desde la calle directamente.
Lo primerito que hizo el concurso fué pe- la calle al ingeniero, sin duda para cambiar
dir al pianista que tocase algo, más que por impresiones, y la niña hizo lo~ ~onore~ desel gusto de oirle á él por el dé no oit á Doña pidiéndoles en la escalera y pidiendo rndulMicaela.
gencia y perdones para la autora de sus días
-Sí, sí, toque usted, Enrique,-dijo au- y de aquellas malas noches.
toritariamente Doña Micaela.-Toque usted;
Cuando hubo despedido á sus amigos y á
pero déjese de música sabia, nada de Beetho- su novio, cerró la puerta y volvió donde se

EL SOMBRERO DEL NOVIO

hallaba su madre columpiándose todavía,
para despédirse de ella en un tono algo seco,
de modo que entendiera que estaba enojada.
Después se retiró á su habitaciones y trincó
las puertas para llorar ó indignarse á sus
anchas.
La tremenda Doña Micaola hizo como que
no se enteraba del enojo de la niña, y después de un gran rato llamó á la doncella.
-¿Se ha acostado ya la señorita?
-No lo sé, señora. La señoritase ha metido en su cuarto y ha cerrado por dentro.
-.Muy bien. Ahora vamos nosotras á hacer la requisa de costumbre. Vamos á registrarlo todo, no vayan á darnos un susto una
noche abusando de que estamos mujeres solas.
La doncella encendió una bujía y se dispuso á seguir á su señora en el registro.
Miraron en la sala, en los dos gabinetes,
en el despacho de su marido, en el comedor,
en los dormitorios, en la despensa, en la cocina, hasta en el W. C. y por fin en el cuarto de costura.
Al entrar en esta habitación seguida de la
doncella que la alumbraba, Dofia Micaela
dió un grito terrible, desgarrador.
A la doncella se le cayó la palmatoria &lt;le
la mano como si allí estuvieran el Pernales y toda su cuadrilla, y también se puso á

287

gritar, sin saber por qué, poseída del mayor
terror, de inmenso pánico.
-¡Socorro!. .. ¡Favor!... ¡Auxilio!-clamaba
la doncella poniendo el grito en el cielo.
- ¡Deshonrados... deshonrados 1- gemía
Doña Micaela en la mayor obscuridad y presa de una excitación nerviosa que parecía
que había tomado toda la isla de Puerto Rico.
en infusión. -¡Estamos deshonrados!... ¡El
apellido de mi marido!... ¡Mi apellido!, .. ¡Qué
dirá la reina!. .. ¡Qué dirá todo el m u11dor
¡La deshonra!. .. ¡Qué vergüenza!. . . ¡Oh!...
¡Ah!... ¡Qué dirá la reina ... qué dirá la reina!
La doncella, en vista de que ya iban transcurridos algunos minutos y que nadie la
atarazaba del pescuezo para estrangularla,
como se imaginó al principio, se hizo dueña
de la situación y de su persona, y oyendo.
las lamentaciones de su señora se dió á
pensar que lo que se estaba desarrollando.
en aquellas tinieblas era un golpe de Estado
cuando tanto 'h abía dé preocupar á la Graciosa Majestad.
'
·
Lo primero que determinó la doncella fué
procurarse otra luz y volver á la estancia
en cuyo pavimento yacía· Doña Micaela con
la faz desencajada, los ojos fuera de las órbitas, la boca contraída furiosamente é inundada por un sudor frío c0piosísimo, mientras
estrujaba entre sus manos un sombrero hon-

- ¡Qué dirá todo el mundo, qué dirá la reina!

�288

PUR ESOS MUNDOS

go. Aquello del sombrero algo dejó entrever
á la suspicacia de la doncella, y desde luego
comprendió que su seiiora exageraba en
cuanto á lo que pudiera decir la reina en el
caso de que llegara á saberlo; antes al contrario, su criterio era que, dada ia longanimidad de Do!'ia Isabel, hasta puedi: q.ue la
pareciera muy bien que el novio se hubiera
quedado allí una nochecita, que bien merecido se lo tenía Doña l\Iicaela por sus Tidículas intransigencias y por su celo tan injustificado como inútil.
Haciéndose estas reflexiones se dirigió al
cuarto de su señorita para prevenirla del estado de su mamá, y de paso, pensaba ella,
para que estuviera advertida de que todo se
babia descubierto; porque, eso sí, la doncella
era tan piadosa que daba por buena\; las
::reencias de s u ama.
Cuando la señorita se enteró de lo que
Jcurría, no sabía si indignarse ó tomarlo á
risa; pero al ver la situación laslimosa en
que se hallaba su madre en el santo s,ielo,
sin que hubiera fuerzas h1,1ma11as capaces de
transportarla á su lecho, porque dos mujeres no levantan ciento quince k~los como no
sea en ciento quince veces, bastante hicieron
habilitándole un colchón en
€1 suelo para echarla sobre
él rodándola como si fuera
una pipa de alcohol.
Una vez en el improvisado
techo la hicieroningeriry la
-aplicaron todos lus calmantes y antiespasmódicos que
tenían en la casa , que no
~ran pocos , porque había
menester de ellos con frecuencia paracombatircrisis
análogas.
Mientras la hija de Doña
Micaela asistía á su mamá
&lt;:on tierna solicitud, pensa-

ba en cómo podría haberse ido su novio en
pelo sin que nadie lo advirtiese: porque de lo
que no cabía duda era de que aquel sombrero,
que estaba hecho un acordeón, pertenecía á
su novio: lo primero por las iniciales del fo.
rro, y lo segundo por el lugar dond~ babia
aparecido, porque alli lo había pui:sto ella
misma.
En estos cuidados y en estas conjeturas
dieron las siete de la mañana del día siguiente sin que en aquella ca¡¡a hubiera
podido pegar nadie los ojos, cuando llamaron
á la campanilla suavemente.
Una de las criadas salió á abrir la puerta,
y recibió el siguiente recado, que oiremos
ahora al trasmitírselo á Doña Micaela:
-De parte del señorito Enrique que ha•
gan el favor de darle su sombrero que se de•
jó ayer olvidado en el perchero, porque va á
salir.
Doña Micaela respiró fuerte al oír el recado, y la señorita contestó:
-Dígale usted que se le llevó equivocadamente el señorito Feliciano ... Que dispense.
La criada salió para dar esta respuesta, y
al poco tiempo volvió para decir:
-Pues que hagan el fa.
vor de darle el del señorito
Feliciano, y que e~ta tarde
cambiarán.
La novia vió el lamenta,
ble estado del sombrero de
su novio, que estaba mate•
rialmente hecho liras , y
por no dar explicaciones de
lo que había ocurrido re•
puso:
-Diga usted que se co•
noce que se llevó los dos
FÉLIX

MÉNDEZ

Dibujoa de Karikato.

�LOS PRIMEROS FRlOS.-Escultura, por !l!i,uel Blay

�</text>
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