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                  <text>PoR Esos MuNDos
AÑO VIII

OCTlJBRE, 1907

NUM. 153

MAESTROS DEL ARTE

MIGUEL BLAY
su llegada; los que, más indiferentos en artísticos achaques, sólo de oídas, vagamente,
ACE unos cuantos meses la prensa marecordaban al gran escultor, sintieron nacer
drile1ia- con sobrada rar.ón en este la curiosidad consiguiente, viendola en parte
caso-echó á vuelo las campanas del enco- satisfecha cuando, poco después, inauguróse
mio dando notien el Parque del
cia de la instalaOeste el hermoso
ción en la villa y
monum ento en
corte d e un eshonor de Federico
cultor insigne, caRubio.
talán por más sePero esto no
ñas, que, despué~
bastaba: una sola
de varios años de
obra- aún sienresidencia en Pado, c o m o eflta,
rís, venia á traadmirable-no es
bajar entre nossuficiente p ar a
otros. Otro esculfijar la personalitor eximio, dando
dad de un artista.
con ello pruebas
Por eso, con el fin
de s u leal compade facilitar al púlierismo y reco blico datos y elenociendo que en
mentos para coel mundo del Arnocimiento tan
te hay lugar para
interesante, hube
todos, festejó al
de encaminarme
recién llegado orcierto día al estuganizando en su
dio donde este
loor solemnea9acoloso d e I Arte
pe. Con tal motilabor a: estudio
vo, el nombre de
modesto , propio
Blay sonó mucho:
del que solo ha
los que, conocetenido tiempo padores de su genio.
ra luchar, fallánhabían t e n i d o
dole el necesario
ocasión de aprepara rodearse de
ciar la belleza de
una ostentación y
alguna de sus
un lujo, q ue ya
obras , acogieron
acudirán al señuee o n entusiasmo
Relralo de M.i(Uel Bla y, hecho en su estudio
lo de su gloria.

H

�POR ESOS MUNDOS

Cuando me avisto con él, .Miguel Blay hállase terminando, disponiéndose á pasarlo á
manos del vaciador, un admirable grupo que
ha de decorar uno de los ángulos del edificio
que las Sociedades Corales de Barcelona están construyendo en la Ciudad Condal. El
genio del artista resplandece en esta, como
en todas sus obras. Partiendo de abajo para
arriba, se advierten, iniciando la composición, varias bandadas de pajarillos, cuyos
gorjeos engendran la Canción popular, hermosa ninfa cuyas puras líneas vela ténue
gasa. A espaldas de la Canción popular y
como naciendo de ella, surgen divel'sos grupos per~onificando los cantos regionales: los
de la montaña y del valle, representados por
val'ios robustos mocetones de terciada barretina; las cancionesmarinerescas, que entonan unos cuantos lobos de mar con el remo
al hombro; el clásico buhonero, pol'tador de
los cantos medioevalcs; un bellísimo grupo
de niiios, modulando los cánticos de la infancia; una jóven, símbolo de las canciones
amorosas; y una mujer, acunando á su hijito
en sus amantes brazos, mientl'as le duerme
al son del Noy dP la mare,dulce cancionci-

MIGUEL BLAY

lla similar á la Nanita, ncina... Y encima de
todo, coronando el grupo, en arrogante postura que dá digno remate á la composición,
la figura de San Jorge, el protector regional
de Cataluña.
Admirable en conjunto y en detalles la
hermosísima obra, produce en mi exclamaciones de entusiasmo, que el maestro escucha con su peculiar modestia, que tiene visos de hosqueda cuando de recibir elogios se
trata.

II
Como casi lodos los grandes artistas, Blay
tiene un origen humildísimo, pues su padre
era peón de albañil en la villa de Olot (Gerona). Sus aficiones, manifestadas en edad temprana, indujéronle á ingresar en la Escuela
de Dibujo de dicha población, donde dirigido
por el paisajistaDon José Berga hizo sus primeros estudios demostrando poseer un temramento artístico de primer orden. En la imposibilidad de aprovechar de otro modo tan
envidiables aptitudes, entró de operario en
una fábrica de esculturas religiosas, no tar-

Momm1ento á Federico Rubio, en el Parque del Oeste. de Madrid.-Por Miguel Blay

293

dando en imponerse en los rudimentos de su pación. La voluntad, sin embarao todo lo
arte y ª?quiriendo una gran habilidad para la .allana, y Blay tiene una voluntad' casi tan
confección de aquellas figuras. Siete años- gi:ande ~orno su genio. Noticioso de que la
desde los catorce hasta los veintiuno-trans- Diputación provincial de Gerona 'estaba discurrieron ocupado en esta labor que en un p_u~sta á dar u1;1a pensión para ;studios arprincipio fué de su agrado porque le abría tlsllcos, removió cielo y tierra deseoso de
desC'onocidos holograrla. Era ya
rizontes, pero
1a segunda vez
que acabó p o r
qu~ dicha corpoconvertirse en
ración m anifesun suplicio intotaba de este molerable a 1 v e r
do su munificenconstreñida su
cia ; m a s tuvo
imaginación y
poca suerte con
coartadossus imsu primer favorepulsos ante las
cido, que no comonótonas ex irrespondió á las
gencias de la inesperanzas en él
dustria. Reprefundadas, y desentémonos á un
seosa de ponerse
aprendiz de liteá salvo de un cara to obligado á
so semejante
copiar escrituras
decidió sacar á
en u n a notaría
concurso la plasin dejarle tiemz a nombrando
popara emborroun jurado idóneo
nar papel con
que dictaminase
sus poéticas luacerca de los que
cubraciones, ó
optaran al beneá un apasionado
ficio.
por e 1 arte de
Para Blay fué
Apeles dedicanaquello motivo
do sus actividade alegría: si del
des á la tarea de
favo, exclusivapintar ventanas:
mente dependiealgo muy semera la merced anjante era para
siada , fácil era
Miguel Blay el
que otro mejor
oficio á que por
relacionado ó
entonces se demás ducho en
dicaba, puesto
intrigas y maneq u e fomentaba
jos le
. venciese·,
su vocación sin
poméndose á
permitirle persecontribución 1 a
verar en ella: verhabilidad y el
dadero suplicio
arte de los que
de Tántalo, en el
á la pensión opque se le dejataban, tenía granban entrever las
des esperanzas de
puras linfas del
La Canción
Popular GrlupodesBcu1lonco
. . que adornará el edificio
vencer.
de las Sociedade;C
ora es e arcelona, por Miguel Blay
Arte, prohibiénY venció. Predole que refres.
sen taba dos obras
case en ella~ sus fauces sedientas. Tuvo un -una 1mágen mística y un pastorcillo-curasgo de caracter, y dec1d1ó romper las fé- Y? recu~rdo hoy le extremece, pero que tur:eas ata~uras. Pero ¿cómo hacerlo? Insufi- vieron vu_tualidad bastante para proporciociente_ el Jornal del padre para subvenir á las n_arle el triunfo, no ya unánime del jurado
necesidades de la familia, érale necesario ga- smo del público gerundense todo pues ávi~
nar para e! ?omplemento de aquellas, y, en d?s. de mostrar la justicia del fall¿, los /ueces
tales cond1c1ones, se comprende cuán difícil h1c10ron exponer públicamente Ias obras
se le aparecería la posibilidad de su emanci- del concurso, venciendo Blay á sus contrin-

�29-±

POR ESOS MUNDOS

cantes por una especie de plebiscito tácito. mos gemido y gozado al mismo tiempo,
Ganada la pensión, surgía un nuevo con- cachetines maternales que duelen á flor de
flicto: ¿á dónde encaminarse? ~qué gran cen- piel y dejan un aroma de cariñosa enseñanza.
tro del Arte escoger para recibir en su seno Así fué París para Blay durante aquella su
la, enseñanzas más trascendentales, por ser primera etapa de residencia en la capital
ius primeras seriamente aprendidas? Un a del mundo moderno: días de trabajo fatigoso
doble solución, como siempre en tales casos en el taller del maestro, haciendo gala de la
ocurre, se le presentaba: Roma y París. La robusta tenacidad característica en el esculCiudad Eterna, meca del arte clásico, y la tor eminente; noches de insomnio añorante,
Ciudad Cerebro, llmporio del movimiento pensando en la patria lejana, en la familia
artístico moderno. Don Antonio Cava, direc- abandonada, en el porvenir incierto; época
tor de la Escuela de Bellas Artes de Barcelo- de penuria económica, pues deseoso de ayuna, á quien Blay consultó el cas:&gt;, no pudo dará los suyos mermaba su escasa pensión
para dejar en Olot una parte considerable de
ser más explicito:
-Si tuviese un hijo con aficiones artísti- ella. No fué París para Blay el París de la
cas, deseoso de estudiar, no dudaría un mo- bohemia alocada y maleante, que vive de
mento: antec; hoy
que mañana, e n viaríalo á París.
Bla y no quiso oir
más opiniones: un
secreto instinto lo
decía que aquella
era la verdadera, la
que más cuadraba
á sus aptitudes, la
que babia de llevarle á la inmortalidad. Muchas veces, recapacitando
sobre aquel trascendentalísimo paso de su vida, ha
comprendido el insigne escultor de
qué nimios deta1le s depende en
ocasiones el porvenir de un hombre,
el desarrollo de una
vocación: un consejo equivocado ó
torpe, una decisión
impremeditada 6
rutinaria , y todo
para él hubiera
cambiado en abso luto. París fué su
primer paso hácia
la gloria; Roma hubiera sido para él
el camino del adocenamiento, tal vez
de la chabacanería,
desde luego de la
obscuridad.
¡París!... Con pena y con cariño se
recuerdan aquellos
Detalle del grupo escultórico modelado por Blay, que adornará el edificio de las
Sociedades Corales de Barcelona
lugares donde he-

MIGUEL IlLAY

ilusiones, despilfarra cuanto posee y se emborracha co11 vino en los cabarets por la noehe y con esperanzas sonrosadas á todas hoTas... Fué el París negro del que trabaja sin
&lt;livertirse, del que solo vive por y para sus
.anhelos, luchando con las necesidades materiales de la subsistencia diaria que le hacen
considerar como supérfiuo todo lo que no
,sea estrictamente indispensable...
Pero, en compensación de todo esto, ¡qué
.alegría la su ya al ver sus ostensibles adelantos! ¡Qué íntima satisfacción al oir los elogios de su maestro, el célebre Chapu, que
aunque no fuese un genio como escultor,
-era, indiscutiblemente, una eminencia para
4a enseñanza!

i

Í

29(í

Cumpliendo una de las múltiples condiciones á que le obligaba la pensión, al terminar el primer año de la misma envió á
Gerona varios trabajos escultóricos, aguardando con ansiedad conocer el efecto que
producían. Uno de ellos era una cabeza de
estudio, en)a cual se había esmerado algo
más que en los otros, que iban más bien
abocetados, sin pulir. Todos gustaron de un
modo extraordinario, tal vez con exceso,
porque no faltó algún mal pensado que echase á volar la especie de que no era Blay capaz de hacer aquello y, reconocedor de su
impotencia, acaso había adquirido los trabajos que como propios enviaba. Robusteciendo tan ominosa especie , había un detalle:
Blay, parte por modestia , parte p o r
irn previsión, no firmó ninguna de las
ob ra s remitidas.
Un mérlico de Gerona era de los que
m á s encarnizadamente se aferraron
á la calumniosa
idea.
-Vean, vean ustedes, --decia señalando la cabeza de
estudio.- Díganme
si no hay aquí demasiada anatomía
p ar a u n princi-,
piante: ¡á saber
quién habrá modelado estas figuras!
Como es lógico,
no faltó quien comunicase á Blay
cuanto se d e cía
respecto de él. Lágrimas de despecho
yde amargura hubo
de costarle la odiosa noticia, tan en
contraste c o 11 su
carácter ingénuo y
noble, incapaz de
engaños y falsedades. Enterado Chapu del lance, faltóle
tiempo para dirigir
á la Diputación gerundense una carta, tan lacónica como expresiva, que
vindicó la honra de
Blay, puesta en enOlro detalle del crupo esculpido por Blay para adornar el edilicio de las Sociedades
(;orales de Barcelona
tredicho, sirviendo

�296

POR ESOS MUNDOS

de ejecutoria á su naciente fama. Terminado con arreglo á la concepción primera del misel tercer año de la pensión, en vista de los mo. Cuantos lo vieron en Roma quedaron
progresos del artista, que tanto honraba á prendados de él. Mariano Benlliure, que á la
sus favorecedores, fué ampliada aquella por sazón dirigía la Escuela Española, no vaciló
dos años más. Entónces, con la sólida base en tributarle sus más entusiastas elogios.
A todo esto, había terminado el plazo de
de los estudios hechos, Blay no tuvo inconla pensión. Blay regresó, por tanto, á su paveniente en trasladarse á Roma.
Viaje ventajosísimo fué este para é 1, tria, trayendo, amén del consiguiente bagaje
de il usioque tuvo
nes, el oriocasión de
gina I de
conocer y
Los p riadmirar en
meros
su justo
fríos, que
gran valor
sirvió en
el arte cláGerona pasico. Tal
ra consolivez á ello
dar su bien
deba la cacimen
lada
racterística
fama.
de su gePor ennio,que satonces orbe manteganizábase
nerse enun
en Madrid
ecuánime
una Expoeclecticissición de
mo, sin suBellas Arfrir los extes, que detravíos de
bía coincilos moderdir con las
o os rodifiestas del
nistas, ni
Centenario
menos aún
de 1 descudejarse
cubrimiena vasa llar
to de Amépor la ar1·ica. Alguc á ica inno de los
fli;encia
amigos de
clásica: esBlay proti lo pecupúsole que
liar, persoenviase su
nal í si m o,
obra al cerque hace
támen maque sus
drileño; él,
obras sean
tímido y
inconfun7'riu la. ilulión.-Por Mi¡uel Blay
modesto,
dibles.
como siempre, resistióse un tanto, pero,
Jll
ante, las reiteradas instancias de unos y otros
En Roma modeló Blay varias de sus obras cedió.
-¡Bah!-se dijo al embalar la artística
más bellas, como Margheritina y Cabezct
de viejo; allí también vió ) ejecutó Los pri- remesa con direccjón á la corte.-Aunque
meros fríos, hermoso grupo al que fué de- no tengo padrinos g..ue me auxilien, tal vez.
bido su triunfo enorme, inesperado. La mis- me dén una tercera· medalla, que me honrama realidad-gran maestra del Arte-mos- rá muy mucho. '
Pero, superando tpdos sus anhelos, le fué
tróle palpitante el asunto; incrustado este en
su imaginación, hizo lo posible para que le concedida la primera de las medallas desirvieran de modelos las figuras cuya con- de oro, es decir, la más excelente de las retemplación le sugirió la emocionante idea; y compensas otorgadas en el concurso. Cuanponiendo manos á la obra con ..afán y.en.tu-, do le dieron la notü:ia, resistíase á \!,;!ria
siasmo vehementes, logró terminar el boceto crédito; y allá, desde el rinconcejo de s&lt;1

...

\.

HACIA EL IDEAL.-Grupo escultórico, por Miguel fllay

�POR ESOS M U:.DO~

villa nativa-pues ni siquiera había venido pi ración y acierto: ¿_qué más podía pedirse á
á i\Iadrid para presenciar el éxilo de su obra un artista? Pero Balart, inflexible, no cejaba:
-sintió dilatarse su pecho con un suspiro de a&lt;¡uello no ern arte; era mecánica: con vaciar
satisfacción: ¡al fin comenzaban á realizarse los mismos modelos, asunto concluido.
Algo de este maremagnum, empalidecido
sus ilusiones!
Mientras tanto, en Madrid habían produci- por la distancia, llegaba hasta Blay, que leía
do sus trabajos descomunal marejarla. ¿Quién temblando los ataques de sus detractores, y
era aquel Miguel Blay, totalmente descono- sonreía plácidamente ante las defensas que
de su obra
cido hasta
hicieron
entónces,
otros crítiquede buecos menos
nas á priapasioname ras so
dos y no inponía á la
fluidos por
cabeza de
1os prejuitodos, llecios de un
Yándose el
rancio clamás pre s i c is roo.
ciado de
Por cierto,
1os galarque de los
dones? Humás ferbo has ta
vientes dequien dudó
fensores de
que Blay
13lay fu é
fuese espaRodrigo Soñol, y no
riano, que
fa l ta ron
por entonmúltiples
ces DO SO•
discusio •
,laba en
11es e n la
ba ta llar
prensa, oriparlamenginadas por
lariamente,
la obra que
conforhabía obtemándose
nido el precon ejercer
mio.
de crítico
Entre las
de arte en
c r i ti c as
La Epoca.
más acerEn resúbas de que
m en: la
fué objeto,
primera
d islinguióbatalla rese la de Feitida fué el
derico Ba
primer
Eclosión.-Por Miguel Blay
lart, quien,
gran triundesde I as
columnas de uno de los diarios de más cir- fo conseguido, y el nombre de ~lay, obscuro
culación, fulminó contra Blar formidables é i"'norado en pocos días, cas, en algunas
diatribas: para él, su obra era sencillamente ho;as, fué' consagrado como eminencia del
absurda; el naturalismo de que en ella hacía Arte, indiscutible gloria nacional.
gala autorizaba para sentar como regla inIV
concusa la de que toda labor escultórica debía reducirse á vaciar en yeso lisa y llanaPero, pasada la efervescencia de los primente las figuras de los modelos. Objetábasele que el grupo era un reflejo fiel de la meros momentos, hubo que descender de las
verdad: que el anciano y la niña estaban alturas, reducir a prosa la poesía del éxito,
materialmente tiritando a impulsos del hela- trocar en vil moneda la pomposa medalla de
do cierzo que atería sus carnes; que la ex- oro ... Y entonces ¡ay! fué ella. Aquel año,
presión de los rostros y la actitud de las por fatal coincidencia, no adquirió el Estafiguras eran otros tantos prodigios de ins- do, según costumbre, las obras que habiau

MIGUKLBLAY

299

obtenido primeros premios para enriquecer para que los artistas completen sus estudios,
con ellas los Museos públicos; y Blay, que perfeccionándose en ellos,-parece ser que
aguarrl.aba como agua de Mayo el producto de argüían los jurados-; Blay ha obtenido la
dicha venta, que él creía segura, vió defrau - mayor recompensa á que puede aspirar un
dadas sus esperanzas, sufriendo la decepción artista en España, es decir, oficialmente
consiguiente. A tal extremo llegaba su esca- !'abe ya todo cuanto puede saber: luego no
sez de recursos que, careciendo hasta de lo se le debe adjudicar la pensión, cuyo otornecesario para transportar de Madrid á Ca- gamiento resultaría un verdadero contrasentaluña el grupo escultórico premiado, tuvo tido. Véa~e de qué modo vino á perjudicarque dejarlo en el Palacio de Bellas Artes, le la misma magnitud del éxito, que á cualdonde por
quiera hufavor espebiera parecial conc id o un
sintieron
halago inenguardárconmensuse Io basta
rable de la
que él pufo r tu na.
diera dispoMuchas vener su reinces, lo metegración.
jor es enelnicíóse
migo de lo
en t ónces
bueno.
una época
Por fin,
t r is ti sima
a l organipara el arzarse la
tista, que
Exposición
ahora re de Barcelocuerda cou
nade 1894,
verdadera
fu é soiiciamargura
tadoel conaquel lapso
c u r so de
:le dos años,
B lay : el
durante los
Municipio
cuales, lemismo se
jos de poencargó de
der ayudar
transportar
a SLl famiel grupo
lia, era una
Losprimepesada carros fr íos,
ga para
qu e aún
ella, privapermanedo de mecia en Madios para
drid, y pretodo.Avido
miado allí
de buscar
nuevamensalida, site, la misquiera fuema corpora de moLa boulet.-Por Miguel Blay
ración lo
mento, inadquirió á
t~ntó hacer oposiciones para una de las pen- buen precio, encargando á Blay su ejecución
s10nes que el Estado concede á los artistas en mármol para que figurase en el Museo
jóvenes: proponiase con ello, á más de sal- municipal, donde actualmente se halla. Con
var l_a difícil, insostenible situación, disponer el producto de la venta, el artista marchó á
de tiempo y elementos para perfeccionarse París, ansioso de trabajar para arrancar al
sin los apremios que supone la necesidad de Destino en fiera lucba gironés de gloria. En
atender a la diaria subsistencia. Mas, para el Sa,lón de 1895 obtuvo mención honorífica
~olmo de males, supo oficiosamente que el por el primoroso busto Margheritina; en
Jurado no le concedería la plaza. Y, después 1896, la primera de las terceras medallas
de todo, fuerza es reconocer que razonaban por el grupú Hácia el ideal.
con lógica al negársela: las pensiones son
Este mismo grupo consolidó en Madrid,

�300

MIGUEL BLAY

POR ESOS MUNDOS

en la Exposición de 1897, el triunfo logrado
en 1892 por Los primeros f1·los. Blay confiesa que en la concepción de Hácia el ideal
tuvo alguna parte el deseo de dar un mentís
á_los crílicos que tronaron contra su realismo 'exagerado negando en él cualidades
para realizar obras en que la idealidad predominase. Por eso, y en tal sentido, Hacia
el ideal es
el contraste de Los
primeros
fríos: en
este grupo,
todo es humano, las
figuras, las
actitudes,
la se nsac i ó n que
aquéllas
parecenexp e riment ar; en
aquel, hay
un soplo de
espiritualidad tot a !mente
opuesto, un
misticismo
supra terreno, obra no
sólo de escultor, sino
también de
poeta y de
c rey en te,
obra que
acre di ta
un a sensibilidad
emotiva de
primer orden, obra,
La Esperama.en fin, que
en unión de su antagónica prueba hasta la
saciedad lo dúctil del espíritu de Blay, su
ám plia y variadísima potencia creadora.
Concediósele nuevamente la medalla de
oro en Madrid. Esta vez no fué ya discutido
el triunfo. Los que le acusaban de exageradamente realista tuvieron que rendirse ante su
genio. ¿Cómo decir que el sublime gru~o
Hacia el ideal estaba también vaciado directamente de los modelos?
Posteriormente, prosiguieron sus triunfos.
En la Exposición Universal de París de 1900
obtuvo medalla de honor, siendo además
condecorado con la Legión de Honor por

laFé, la Esperanza, la Caridad y la Inmortalidad, estatuas y grupos de bronce para el
panteón de familia que el millonario mejicano señor Errazu posee en el cementerio del
Pére Lachaise, y por los bustos Miijer y fio1·es, Silvela y Piedad de lturbe. Entre sus
grandes obras más recientes, figura el soberbio monumento elevado á Chávarri en la
plaza de
Portugalete, que dá
idea de las
portentosas
facultades
de Blay.

V
Actualmente, y
para bien
del Arte, la
ese u l tura
ha dejado
de ser I a
expresión
plástica de
la belleza,
para serlo
de la emoción, del
pensamiento, de
1as pasiones. La estatua ria
helena, antes considerada como la manifestación
suprema
del arte
ese u I tórico, ha¡;asaPor Miguel Blay
do á ser un
elemento, importante, sí, pero no único del
mismo. No solo V~nus y A polo han de
merecer los honores del cincel; que e:.te, progresando al compá,; de todo lo humano,
aunque sigue rindiendo culto á la hermosura
de la forma, sabe rendirlo también, acaso
preeminentemente, á la vida del espíritu,
cuyas reconditeces han dejado de ser un
arcano para el verdadero artista.
Comprendiéndolo así, el gran Rodio ha
revolucionado la escultura. También Blay
practica su arte del mismo modo: sus figuras sienten, palpitan, en una palabra, viven;
y esto, unido á su habilidad prodigiosa para

301

el modelado, caracteriza su peculiar modo la ansiada flor del Ideal. Todos vemos en este
de hacer. Por cierto, que esta facilidad, en grupo retratado nuestro espíritu: siempre
fuerza de ser tanta, ha llegado muchas ve- añorando un más allá, que como fuego faces á parecerle á él mismo perjudicia) y no- tuo escapa de las manos sin dejarse apreciva en grado sumo para la perfección de hender por ellas.
La Paz, destinada á formar parte del mosus obras: ya en sus comienzos, cuando en
Olot modelaba santos á destajo, tuvo que numenlo á Don Alfonso XII, es también una
poner á tasa la rapidez de sus manos, pues obra admirable. Un soldado carlista y otro
liberal
los patronos
únense en
mel'mábanabrazo esle el jornal
trechísimo ,
alegando el
mientras las
poco esfuerzo que la
madres, las
tarea le cosesposas y
taba. Desde
los hijos de
los contenentónces, y
con bu en
dientes benacuerdo, sidicen la ter•
gue refreminación de
nan do su
la lucha
facundia,
fratricida.
por consiEste soberderarla ene•
bio grupo
miga de la
será uno de
intensidad.
1 os cuatro
Reseñar
que decoratodas las
rán el peobras de
destal que
Blay es tasostenga
rea imposila figura
ble: él misecuestre del
mo no rePacificador,
cuerda muen ese malch as de
aventurado
ellas, y solo
monumento
de algunas
que parece
conserva fo.
llamado á
to grafías,
convertirse
que no se
en ruinas
cuida de caantes de
tal o g ar
verse c o osiempre atacluso.
reado con la
Otros dos
obra futura,
grupos, que
que no le
formanpenpermite redant, EdoLa Fé.-Por Miguel Blay
crearse ante
sión y La
el recuerdo
boulet, mede las pretéritas. Conformémonos con evocar recen asimismo mención especialisima. Quiunas cuantas, entresacadas de la pléyade siera disponer de más espacio para decir algo
inmensa de su producción.
de lo mucho que sugiere la contemplación de
Una' de las que presentan más hermosa tan admirables esculturas, cuyos títulos dejo
factura es el grupo Tras la ilusión. Caído en en francés por ser intraducible á nuestro
tierra, un hombre-que más debiera ser El idioma por medio de términos concisos y
Hombre, símbolo de la Humanidad eterna- adecuados la idea que expresan las palabras
mente soñadora- esfuérzase por alcanzar transcritas. Eclosión es el amor puro, ideal,
hermosa ninfa cubierta con etérea veste, que, dulcemente satisfecho, la noble placidez del
animándole con engañadora sonrisa, huye de hombre que ve completada su vida uniéndo~l constantemente mostrándole en la mano se á una compañera que le estimula y le guía

�302

POR ESOS MUNDOS
mmIET. RLA y

por el camino del bien, que le alienta en sus Madrid, como si dirigiera en él á la Humaempresas y comparte con él los sinsabores:
nidad, ávida de su ciencia, la venerable figuerunt duo in carne una; es la idea de Pablo ra del anciano doctor hállase en actitud sey Virginia, de Hero y Leandro, de Dafnis y dente sobre un ancho sillón en forma de heCloe, más racional, más loable, más moder- miciclo. Cubre gran parte del cuerpo del
na. La boulet es el polo opuesto: es el gri- doctor Rubio un amplio lienzo que formanllete del presidiario, la rémora implacable do pliegues cae á sus piés, y que recuerda
que imposibilita el movimiento del baiel hu- el manto clásico del sabio, pudiendo ser asim ano; la
mismo el
mujer, débil
blusón de
en aparienoperaciones
cia, pero sud e 1 cirujaperior en su
no. La diesdebilidad á
tra del méla fortaleza
dico emimasculina:
nente apóes Judit deyase en el
capitando á
brazo de la
Holofernes ,
ex edra, v
Dalila toncon la si~
surando á
niestra maSansón, .
no sostiene
Fanny Le-'
los instrugrand la immentos con
púdica Saque supo
fo, truncanrealizar sus
do 1a vida
hazaiias
de Juan
p o rten tosas
Gaussin, el
y la pluma
héroe de la
con que le
novela de
fué dado
Daudet. Lci
describir
boulet es el
sus en seemblema
ñanzas e 11
del ú ni e o
pro de la
feminishumanidad
mo verdadoliente.
dero: de 1
Dos laureaque no ha
das cartelas
necesi lado
contienen el
proclamarnombre de
se en meesus operatings ni maciones menifestarse
morables y
en libros,
el título de
pero que
las obras
existe desde
q u e escrique el munbió. En las
do es munparedes del
do, desde
hemiciclo,
La Paz.-Grupo escultórico del monumento al rey Don Alfonso XII.que Adán
destacando
Por Miguel Blay
nos hizo el
sus trazos
triste donativo de la culpa originaria obede- dorados sobre la nívea blancura del mármol,
ciendo á insinuaciones de la madre Eva...
campean los apellidos de los médicos que
Finalmente: todo Madrid ha admirado el al lado del doctor Rubio y merced á sus
monumento elevado en honor del insigne enseñanzas lograron brillar, honrando á su
Federico Rubio, gloria inmarcesible de la maestro.
ciencia médica española. En pleno Parque
Todo este conjunto, de mármol blanco,
del Oeste, sobre un altozano que domina una según queda dicho, descansa sobre un sólido
parte del incipiente vergel, dando cara á basamento, en el que destaca el glorioso

303

Cabe•a de estudio, por 1\liguel Blay

nombre y apellido de Federico Rubio, y las
dos fechas, alfa y omega de su vida: 18271902 . Este basamento hállase emplazado
sobre dos grada~, en las cuales, complementando la idea del monumento, álr.ase un
grupo en bronce representando á la Humanidad, hermosa matrona que conduce de la
mano á las generaciones futuras, dos niños
de diferente edad, que llegan á las gradas
del trono para depositar en ellas, agradecí-

dos, coronas en loor del grande hombre dispensador de los científicos beneficios.
Sorprende á primera vista la contemplación de este monumento, tan en pugna con
los que estamos acostumbrados á ver por doquiera: la atrevida idea de colocar á flor de
tierra las figuras, sin el pedestal ni la verja
que suelen ser obligado requisito en tales casos, produce Eingular efecto de sorpresa ,
que pronto se convierte en admiración al

�304

RIMA

advertir la sobria galanura del conjunto, la
perfecta ejecución de todos los detalles de
esta exquisita obra de arte, digno recuerdo
de la inolvidable memoria del ilustre hombre á quien está dedicado.
Saludemos, lector querido, al ilustre artis-

LA INORATITUD

ta que vuelve á su patria para honrarla trabajando en ella.
El genio de Blay está en pleno desarrollo y
su amor al arte no decae ni se entibia. Mucho
ha hecho, es verdad; pero aún puede hacer
más. El porvenir es su yo.

', CU ENTO )

una calle de arrabal, u na de esas vías
E anchas,
mudas y sin empedrar, abierRA

AUGUSTO MARTÍNEZ OLMEDJLLA

RIMA
Yo vi tu boca de coral y rosa
y ansié gustar la miel allí secreta,
como liba la incauta mariposa
la corola gentil de la violeta.
Yo ví en tus ojos relucir, bien mío,
tu pupi la flamígera y amena,
como brilla la gota de rocío
en el níveo botón de la azucena.
Y así como del alba los fulgores
llenan de luz la plácida mañana
de rojizos y trémulos colores
r mil rayos de púrpura y de grana,
así tu faz oslenta una alborada
como la mente á concebir no alcanza,
y lu mejilla vívida y rosada
la mañana alumbró de mi esperanza.
JOSÉ MAURY

tas entre las vallas de vastos solares cubiertos de hierba y que por su aspecto, urbano y
rústico á la vez, son como un «desvanecimiento» de 1 a ciudad. En esos
rinconcitos discretos que atraen á los
viejos y á los cansados, cada hora del
rlía tiene un hechizo intenso arrancado
al alma lenta y pensativa del campo.
Por las noches, los faroles, alineados
paralela y simétricamente, pintan en
la obscuridad una especie de brillante
v fantástica botonadura.
' Aquella tarde otoñal moría tristemente, sumida en una evaporación neblinosa. En los solares flameaban á impuisos
del viento ropas blancas puestas á secar; en
C'i silencio, la esquila de un convento vibrr.ba con apesarado p lañir; por el cielo blanquecino trepaba perezosamente, en volutas
Carmen v Julio,
lentas, el humo negro de una fábrica; muy
en pié Iras los
cristales del ballejos, al fondo del paisaje, una iglesia mo •
cón, contempladerna ah:aba su mole coquetona, y sobre la
ban el panorama
cúpula de su torre, puntiaguda como alcartaz
de nigromante, los últimos rayos solares prendían un beso
de oro.
Carmen y Julio, en pié tras los cristales del balcón, contemplaban aquel panorama cuya serenidad melancólica fo mentaba ocultamente la simpatía mútua de sus almas. Poco
tiempo hacía que se trataban y sus relaciones no disimulaban
nada que no fuese absolu tamente honesto; pero en la raigambre de su ya honda y apre tada amistad latía una dulce afición, una de esasvoluptuosidas respetuosas, de inefable espiritualidad, que hallan en el sacrificio de la espera óptimo y exquisito contentamiento.
Ella, de pronto, exclamó:
-¿Qué medita usted?
El repuso sonriendo:
-Pensaba en Antonio. ¡Pobre An tonio! Reconozcamos que soy un mal amigo: él me
trajo aquí, él me presentó á usted ... y luego yo me quedé y él hubo de marcharse.
Carmen alzóse de hombros y por sus rojos labios pasó una mueca indiferente, uno de
esos gestos de supremo hastío que sólo conoce el rostro de los hombres y de las mujeres
que ya han cumplido treinta años.
-No hablemos de Antonio,-dijo.-Su imágen me oprime, como me sofocaba y fastidiaba su amor. Mis relaciones con él me ban dejado esa impresión de ahogo que producen
en los que viajan en ferrocarril los túneles muy lar¡¡;os. Es algo del malestar que sufren los
buzos cuando descienden á profundidades demasiado grandes ...
Julio miró á su amiga y vió que sus ojos negros y luminosos se llenaban con el tedio
de toda aquella historia. Carmen prosiguió:
-A nuestra edad esas pasiones de fuego acongojan, pues al mismo tiempo que nuestro
buen corazón, por caridad, pretende corresponderá ellas, nos sentimos incapaces de hacerlo
porque nuestros nervios están fatigados. Hemos vivido mucho, y la desilusión anquilosa
las voluntades: creeríase que nuestras pobres almas quieren ponerse en pié y no pueden.
Usted, que durante ocho ó diez meses sufrió el cariño absorbente de esa Paquita que lo

.J

2

�30(;

POR ESOS "MUNDOS

adoraba con la vehemencia con que Antonio y expuesta á las groserías de los transeuntcs,
me quiso á mí, comprenderá bien lo que me aprieta el corazón.
intento decir...
- Lo mismo hace Antonio conmigo.
Y agregó, pensativa:
-e! Y no sufre usted?
-¡Oh , créame usted, la ingratitud es
-No. Y usted, si fuese ingrato como yo,
santa!
tampoco sufriría. No basta tener la ingrati-¡Carmen!
tud de abandonará quien, amándonos, nos
-Sí, no dude usted. Cuando se trata de molesta; es nece,;ario poseer, además, la
rechazar uno de esos malos amores que sue- fuerza de ingratitud suficiente para olvidarlen agarrarse á nuestro espíritu hasta des- le. Yo 1tbomino de los recuerdos: los recuerorientarle y secarlo, la
dos son una
ingrali lud es buena: graroña moral,
cias á ella dejamos de viel moho de la
vir en los demas y recocostumbre, la
bramos el imperio de nossuciedad que
otros mismos; á ella debeel pasado demos nuestras horas de maja en los espíy ó r sosiego porque ella
ritus. Por eso,
pacifica los escrúpulos de
por el mismo
la conciencia
motivo que
y limpia de
adoro el jamalos recuerbón que lava
dos la memola carne, amo
ria; y todo lo
la ingratitud,
e¡ u e tranq uihigiene y jaliza, todo l o
1bón de las alque lava, e,;
mas.
adorable.
Se in te P ermanerrumpió, para
cieron c aliaobservar á
dos , perdida
un individ uo
su atención
que paseaba
en la nostal1a acera de
giadel campo
enfrente cuiy del crepúsdadosamcn te
culo, mirando
embo✓.ado en
la cúpula d e I a
una capa.
torre, en la cual
--Mire usva se había extinted ...-dijo.
guido e I úllimo
Julio avizoró en la direflejo solar. Carrección que señalaba el
men observaba a
índice acusador de su
..-\ntonto, cuidadosa•
su interlocutor de
mente envuelto en su amiga.
capa, paseaba por enreojo. Luego, le-¡Ah, sil-murmuró.
fren te d e I a casa de
vantó la cabeza y
-Es Antonio. ¡Pobre
Carmen
preguntó con esa
.
hombre!
penetración sutil, infalible, común a las muCarmen rompió á reir.
jeres:
-i\fe alegraría-exclamó-de que Paqui - Mis reflexiones le han entristecido. ta informada de nuestra amistad, viniera á
Apostaría á que estaba usted pensando en b~scarle á usted ahí todos los días.
Paquita.
-(!Por qué?
Julio se extremeció, como si acabase de
-Porque no sería difíci l que ella y Antorecibir una quemadura.
nio, á fuerza de tropezarse continuamente_ r
-Efectivamente ... ---rlijo.
de sentirse ligados en la tristeza de la m1s-¿,La ve usted á menudo?
ma derrota, llegaran á entenderse.
-Casi á diario. Pasa las tard es en la es- ·
-¡Bonita ocurrencia!
quina más próxima á mi casa, con el pr~pó- ¿Halla usted el caso improbable? ¡Es ussi to de verme entrar ó sahr, y abordarme. ted inocente! Como de . la muerte surge la
Yo rehuyo cuidadoso su encuentro. Pero la vida, así del desengaño brotan el regocijo y
idea de que está allí, pensando en mi, llorosa la ilusión: ¡yo le aseguro que en la Plaza ele

LA J:\lGRATITUU

Toros, con ser tan grande, no cabrían los
matrimonios que la casualidad zurció en esa
visita anual que los viudos giran á los cernen terios!...

307

quizás sea causa de que más adelante se reunan y formen una pareja excelentísima.
Convenga usted, amigo mio, en que la pequeiía felonía de que nos sentimos reos, examinada de cerca resulta casi una buena ac*
ción.
**
Todo aquel invierno Julio continuó visiMuchas tardes las pasaban Cármen y Jutando á Carmen asiduamente, y aunque se- lio en pié junto al balcón, las frentes apoyaauían llamándose amigos , cada
das contra los cristales,
;ez hallábanse más cerca el uno
entregados á la maligna
del otro, más presos en aquella
tarea de observar. Algunos
suave afición de sus voluntades
días no veían á nadie, pero
enamoradas. Una tarde llegó Julio
otros se holgaban espiandiciendo que había visto á Paq uido á Paquita y á Antonio,
ta en la esquina. Poco
cuyas sombras largas, indespués pasó Antonio
consolables , vestidas de
caminando lentamenll'
negro, dey, como siempre, emboam bu !aban
xado en su capa. De;:lentam eu te
de aquel día, ampor la a&lt;:era
bos amigosse deopuesta, en
dicaron á obserel claror levar, tras los crisch o so del
tales de su halcrepúsculo
cón, el paciente
y bajo la roir y venit· de los
jiza luz temrondadores. Este
blequean te
juego inspiraba
de
los faroá Carmen , u n
les encendipoco frívola, &lt;'O·
dos. Es ta
m o todas
persecución
las muj~inaudita dures, pruriró todo e 1
tos locos de
invierno.
reir.
Una tarde,
-Es inCarmen dijo
dudable á su amigo
decía-que
que las dos
fraternizasombras se salurán. Paquidaron con lacabeta pensará,
za, yaldiasiguienv i endo á
te le aseguró que
Antoniota11
lás h a b ia Yisto
solo y tan
cambiar algunas
triste: «EsPaquiln YAntonio se sal u- palabras.Estas obte vie n e
d a ron estrechándose las servaciones propor ella., Y
manos
vocaban en ella
Antonio,
desbordamientos
notando la rnsistencia con que J:'aquita mira ruidosos de hilarie:lad y de alegria.
á estos balcones, dirá para su capa: «Esta
-Ellos también,--decia-si llegan á traviene por él.» Y así, paulatinamente, sin
tarse y á ser felices, bendecirán la ingratiadve1:tirlo casi, empezaránásaludarse, y luetud, porque es evidente que, á no haberles
go distraerán sus minutos de acecho charnosotros abandonado, no se habrían conolando de asuntos vu lgares, y concluirán por cido.
acercarse más y decirse horrores de nosHablando así, Carmen era sincera: su esotros.
píritu fuerte, propenso á las renovaciones
Y como notase que Julio titubeaba la casal udabl es del olvido, seguía el ejemplo de
beza en señal de duda, agregó irónica:
la N~turaleza, ingrata eterna en cuyos senos
-La ingratitud que usted y yo hem os usaYcle1dosos la muerte es Ja ingratitud que
do para con esos dos amadores modelos
perpetuamente destruye tocio lo que antes

,

�308

POR ESOS &gt;l!UNDOS

formó con amor. Julio no era así: su voluntad débil profesaba un culto sentimental á
las pasiones extintas, á las cosas idas.
-La envidio á usted,-decía.-Cornprendo
que hago mal; pero no sé alzarme de hombros ante el dolor ajeno. Usted atribuirá esto
á que Paquita ocupa todavía mi corazón: so
engaña usted. Esa mujer me ha fatigado, me
ha rendido: el recuerdo sólo de su amor,
de aquel terrible amor que me aprisionaba
como las paredes de un calabozo, me da frío.
Sin embargo, :yo únicamente estaré contento
cuando sepa que Paquita quiere á otro hombre y que ya no sufre...
Durante mucho tiempo, este sentimiento
piadoso riñó en Julio descomunales batallas
con la pasión, cada día más definida y resuella, que Carmen le inspiraba. Frecuentemente, ella le invitaba á comer, y él aceptaba, feliz de disfrutar la intimidad de aquel
comodorcito confortable, suspensa su atención de aquellos labio~ bermejos: inagotables en el arte de las conversaciones amenas:
podía asegurar que de sú antigua amistad no
quedaba nada, ya que este afecto pacífico
habíase convertido en afición vehemente. El
recuerdo, no obstante, de «la otra,• de la
abandonada, le impedía hablar: se lo prohibía la compasión; la mitad de su alma pertenecí¡¡ al pasado.
Al cabo, una noche, a la hora del café, su
amor tuvo un brioso arrebato de sinceridad.
Sus ojos se habían llenado de lágrimas.
- ¡Te quiero,-exclamó-te adoro locamente, intensámente, como no quise á nadie!... Mas yo no puedo llegar á tí porque,
desde lejos, me lo impide esa mujer. La cornpadezco:es un sentimiento absurdo,eslú,pido,
odioso ... Perdóname, Carmen: te pido perdón
porque estoy cierto de que lú también me
amas. Yo no debo engañarle: entre nosotros
vive Paquita; ella nos separa. Yo no sé olvidar como tú, y no podría resolverme á ser
mu y feliz mientras supiera que ella, por mi
causa, continuaba siendo mu y desdichada ...
Calló, y por sus facciones resbaló la máscara torva, indescriptible, de los dolores supremos. Carmen le contempló gravemente,
envolviéndole bajo la:severidad de una de esas
largas miradas penetrantes que todo lo leen.

-¿Y si ella te olvidase?- le preguntó.
-¡Ah, si ella me olvidase!-repilió Julio
cruzando las manos.-Si yome sintiese desembarazado del remordimiento de su dolor,
me creería transportado á una vida nueva y
los latidos todos de mi corazón serían tuyos.
Hubo un gran silencio. En la quietua del
comedor un reloj murmuraba esa canción,
simultáneamente consoladora y terrible, del
Tiempo, que empuja hácia atrás todas las
cosas.
Comenzaba la primavera. Et cielo aparecía
más azul, el aire olía á musgo, los árboles
empezaban a cubrirse de brotes nuevos, la
hierba germinaba alegre en los solares. Tras
undíacxpléndido,aquella tarde de Abril dilataba por los campos un extremecimiento jugoso de vida; á lo lejos, la. torre de la iglesia
ardía bajo el beso del sol.
Carmen y Julio, colocados junto á la ventana, atisbaban á Paquita y á Antonio, que
acababan de saludarse, estrechándose las
manos: él dijo algo, una galantería, sin duda;
ellasonrió, y continuaron hablando, sin-acordarse de mirar al balcón. Julio observaba la
escena, sin perder detalle. Pensaba: «Si · le
amase... • Y esta reflexión era corno una plegaria hecha al Destino.
Transcurrieron algunos momentos, y según aquella conversación se prolongaba, su
alegre sobresalto crecía. Sintió que los ojos
de Carmen se clavaban en él y comenzó á
temblar. Tuvo la intuición de que iba á ser libre. Fué uno de esos instantes augustos en
que el Porvenir abre ante los hombres un camino nuevo.
·
De pronto, todos sus músculos vibraron:
Antonio había cogido una mano de Paquita, y ésta sonreía. Les vió alejarse calle
abajo pausadamente, apoyados el uno en el
otro y como consolados, perdidos en la ingratitud alborozada de la Naturaleza que
cuelga nidos en los cipreses funerarios y enguirnalda las tumbas. Entonces miró á Carmen: entre ellos ya no quedaban obstáculos,
ya podían amarse, y la alegria loca de volverá vivir agitó su alma. Sus víctimas les
habían olvidado ...
-¡Tenías razón,-exclamó-la ingratitud
es santa!
EDUARDO

Ilustmciones de A. Galietrto.

ZAMACOIS

¿DICEN VERDAD LOS TESTIGOS?
es, generalmente, cuán grande paS pel desempeña
el testimonio, la aseveABIDO

ración de las personas, no sólo en cuestiones
históricas, jurídicas y científicas, sino también en los actos de la vida diaria. De todo
lo que sabemos, bien puede asegurarse que
no hay nada ó casi nada que haya sido objeto por nuestra parte de investigación directa: hemos aceptado los conocimientos bajo
palabra ajena. Refiriéndonos, por ejemplo, á
la escuela, y á parte de los contados experimentos físicos y químicos presenciados por
nosotros en los laboratorios, todo cuanto
aprendimos lo supimos por mediación del
maestro ó del libro. Y salvo rarísimos casos
ni los autores de dichos libros ni los mismo~
maestros podían tener conocimiento personal de los hechos que nos enseñaban. Así,
los que nos hablaban de Geografía probablemente jamás habían puesto la planta en tierras extranjeras; y si nos referimos á quienes
de Historia disertaban claro es que ninguno
de ~llos podía haber vivido en tiempos de
AleJandro ó César, ni aún siquiera en los
más próximos de Napoleón.
Lo cierto es que no transcurren veinticuatro horas sin que cada día nos veamos obligados á dar crédito al decir de los demás.
P_o~ _rne~ación de la Prensa es empresa facilísima mculcar una creencia determinada
en el cerebro de miles ó de millones de
hombres que no disponen de merlios eficaces
para comprobar la exactitud del hecho afirmado ~n las columnas del periódico. Puede
llegar a nosotros una noticia de China ó de
Nueva-Zelandia, pongamos por caso que
se encargó de transmitir el delicaa'isimo
aparato telegráfico: si la noticia existe no
nos c_onst~ la veracidad de la persona q~e la
r~cog1ó, m el grado de precisión del rnecamsmo que la expidiera.
P~récenos i~~ecesario insistir sobre el papel 1mportanhs1mo que desempeña el testi-

rnonio en cuestiones legales y políticas: de
él depende no sólo nuestra libertad ó nuestro honor, sino también la misma vida. Y
siendo ello así, consti luyendo el testimonio
un elemento tan preponderante que, sin exageración alguna, podemos decir que sobre él
gravi tan todos los momentos de nuestra relación social, ¿qué autoridad, qué fé -puede
concedérsele?
A esta pregunta suélese contestar que el
valor del testimonio es proporcionado al del
testigo, no ignorando nadie que los atestiguadores deben ser clasificados en dos grupos: los testigos buenos, esto es, las personas leales, imparciales y desinteresadas, y
los testigos malos, comprendiéndose entre
ellos todas las infinitas variedades de los embusteros.
Respecto á estos últimos, no cabe discusión: sus afirmaciones, sean cuales fueren,
carecen (!D absoluto de valor, hecho que no
habrá inconveniente en admitir. Juzgamos,
pues, mucho más interesante, y sobre todo
mucho más útil, averiguar si el testimonio de
la persona de buena fé merece, en puridad,
la confianza con que generalmente es aceptado y que le conceden de un modo expreso
los códigos de todos los países. Esos códiaos
procuran estimular la buena fé del test,o,
ya mediante el juramento, ya por la aplicación de fuertes multas en castigo del perjurio. Pues bien: á pesar dP eso y contra todo
eso, bastaría que pusiésemos atención en las
conversaciones sostenidas á diario para venir en conocimiento de este hecho: el valor
del testimonio depende en pequeñísima escala de la buena fé ó de la bondad moral
del testigo. ¿Quién no ha tenido, en efecto
ocasión de observar personalmente que lo~
relatos de un mismo hecho pueden diferenciarse en absoluto, aun cuando procedan de
testigos serios, fieles guardadores de la verdad?

�310

POR ESOS MUNDOS

Y es que, y perdónese lo atrevido de la demostrado que el testimonio puede ser inafirmación,no hay nada más difícil dedec·i r exacto, aún existiendo buena fé en el testique la verdad, entendiéndose por ello el re- go, a\'erigüemos algo más importante todalato puntual de un hecho acaecido, ó bien la vía: hasta qué punto puede llegar la inexacsimple declaración acerca de
titud del testimonio. Extremo
una circunstancia cualquiera,
es este que dilucidaremos con
aunque tal circunstancia nos
auxilio de la psicología expesea completamente familiar.
rimental.
Invitamos al lector incrédulo
Allá por el año de 1900 el
á un sencillísimo experimento.
conocido psicólogo francés M.
Ruegue á determinado número
Binet demostró, mediante vade amigos suyos que tengan
rios ensayos hechos con nila bondad de dibujar de me1ios, que el testimonio puede
moria las cifras indicadoras de
ser defectuoso aún refiriéndolas seis en un reloj de bolsillo.
se á hechos recientísimos. Una
Entonces verá cosas muy rade las experiencias de Binet
ras: algunos de los dibujantes
consistía en mostrar á los nise limitarán á trazar en el paüos, por espacio de doce sepel las cifras romanas VI ó La mniorra de las pcrsonns il gundos, un trozo de cartón al
quienes
se
im·itase
á
dibujar
la
árabe 6; otros, más escrupulocual estaban adheridos un sehora de las seis de un reloj de
sos, recordando que las cifras bolsill&lt;-, intentada hacerlo sin llo de Correos de dos céntisiguen la línea de dirección con habcrsv fijado nunca en que la mos, de los puestos recienteque la señala no aparece en
arreglo al centro de la esfera, cifra
la generalidad de los relojes
mente en circulación , u n a
escribirán el signo invertido:
pieza de cinco céntimos, un
IA ó 9. Y lo mismo aquéllos que éstos se ticket del •Bon Marché», un grabado, un
quedarán completamente convencidos acerca botón de hueso y un retrato. Ocultado el
de la exactitud de su testimonio; más que muestrario á la vista de los chicos, iba Biuet
convencidos, dispuestos á jurar sobre los haciendo preguntas á cada uno de ellos
Evangelios que han consignado en el papel ace1·ca de los objetos que acababa de ensela verdad.
ñarles. Por ejemplo: ¿es el sello francés, ó
Este es el momento psicológico á aprove- extranjero? ¿de qué color es? ¿,se trata de un
cha1· por el experimentador. Sin perder mi- sello nuevo, ó de uno viejo? Y así sucesivanuto invite á los dibujantes á dirigir una mente otras cosas por el estilo.
mirada á sus relojes respectivos. La
El número de errores cometidos
mayoría de los sujetos observarán,
por los niños al con testar estas precon estupefacción, que los guarismos
guntas sencillísimas era consideraVI ó JA vistos tan claramente en la
ble. En el caso del sello, verbigraparte inferior de la esfera imaginaria
cia, comprobó Binet treinta y ocho
flotando antE\ los ojos del espíritu,
contestaciones inexactas y solo treinno existen en la esfera del reloj real
ta y una correctas. Entre las últimas
debido á que su
habíalas verdaderapuesto ha sido ocum e·n te extraordinapado por la esferita
rias: ocurría que taauxiliar destinada al
les ó cuales niños,
segundero. 11 e m os
afirmadores d e que
tenido, p u e s, que
el sello no era nuehabérnosla con gran
vo, daban una exnúmero de falsos tesplicación detallada
timonios, no obstanacerca de la sefial
te tratarse de gentes
inutilizadora. Otra
que consultan el recircunstancia no meloj cuarenta veces al
nos asombrosa : los
día; lo que no obsta
hechos inexactos reEn la ¡&gt;arle superior del grabado aparece el dibujo de un
para que todas esas sello francés de Correos, mientras en la inferior se en- sultaban aseverados
cuentran
las
tentativas
para
reproducirlo
hechas
de
mepersonas á qui enes
p o r muchos niños
moria por varios niños
se acaba de demoscon la precisión más
trar su error obrasen de entera buena fé: nin- notable. De las experiencias referidas se deguna de ellas albergaba, seguramente, la duce, entre otras cosas, que lo verdadero y
dañosa intención de engañar.
lo falso plleden aparecer íntimamente uniNo siendo bastante, sin embargo, haber dos; que el testimonio, cierto en unos casos,

,,

¿DICEN VERDAD LOS TESTIGOSÍ'

puede ser incierto en otros. Resultados son
estos en aparente antagonismo con 1~ noción
generalizada según la cual un testigo ó es
digno de crédito ó no tiene valor alguno, debiendo ser aceptadas ó rechazadas totalmente sus declaraciones.
,.

311

relacionan poco_ ni mucho co~ el hecho fund_am_ental. El p~1cólogo Becch1 da cuenta del
~1gu1e~te exper1me~to: luego de haber e~~~­
nado a una Jóven c_ierto g~a_bado populans1mo r~prese~!ando -~ un v1eJ~ dando de C?·
mer a un mno, deJo pasar Cinco meses sm
precruntar á aquélla el asunto de la obra
* ·X·
contemplada. Al cabo de ese tiempo, formuEstos interesantes estudios vie1~en practi- ló Becchi la pregunta, oyendo jurar á la
cándose con gran celo en la
mencionada señorita que el
culta Alemania, siendo su :i
i
asunto del cuadro era un anprincipalcultivador W. Stern,
ciano dando do comer á una
famoso psicólogo de Breslau, "'
~
paloma mientras otra paloquien ha tomado como base ~
~
ma se disponía á volar para
de sus investigaciones la si- 8 E
S
compartir el banquete. Y ha
guiente pro¡.iosición: ¿Hasta .g ~
:r;
.g
de tenerse en cuenta que en
qué pimto merece confian- -;:; -~ " .g
-;:;
el cuadro de referencia no
za el testimonio de un hom- ~ ~ :3 '3
~
había la más pequeña huella
b1·e normal y de buena fé?
de dichas aves. Vemos, pues,
El método de Stern con- ,--.,-,...,-,
que el juramento, aun cuansiste en mostrará una persodo pueda realzar el valor del
na durante cierto espacio de
testimonio á los ojos de la
tiempo ( treinta segundos,
Ley, acaso esté muy lejos de
por ejemplo), la representatener valor real alguno.
0
ción gráfica de una escena
1j
No obstante, si compara(grabado , cuadro , dibujo ,
~
mos en una declaración exetcétera), exigiendo en seguí.=.
tensa la fidelidad del testida á dicha persona que des-~
monio prestado bajo juramecriba de memoria Jo por
CQ
~
nto con la de otro testimonio
el1a visto.
]
simple, observaremos en el
Pues bien: los resultados
primero una mayor exactide estas experiencias h a n
:::
tud que en el segundo, cual
sido de todo punto curiosos.
~
puede comprobarse examiEn general, ocurre que el
~
nando el diagrama que pusujeto de las mismas no sólo
A
blicamos, el cual consigna el
se olvida de gran número de
resultado obtenido en varios
detalles, sino que falsifica
experimentos hechos en el
otros á s u capricho , cosa
Gabinete Psicológico d e la
que ha llevado á Stern á
Universidad de Ginebra por
formular la siguiente afirmauna de mis discípulas,
ción, confirmada después por
.g ~!lle. Borst. Siguiendo ésta
todos los experimentadores:
-6 el método Stern, enseñó vaLa testificación exackt no
§ rios cuadros á veinticuatro
constittiye t·egla,sino excepu personas; á renglón seguido,
ción.
_ ......___
h i z o las correspondientes
Hay otra cosa digna de
preguntas, para averiguar la
gran atención en las sinim- Exactitud compa- Cantidades co m- exactitud de las impresiones
"
v
rada de diferentes
paradas dediferenlares anomalías en que nos clases ~e contesta- tes clases de con- y de las respuestas.
ocupamos, y es que el indic,oncs
teSlaciones
La experimentadora comvíduo llamado á deponer so- Las parles que en los diagramas aparecen probó en el conjunto de conbre este ó el otro asunto sombreadas representan las contestacio- testaciones que existían en
narra frecuentemente los nes inexactas; las blancas, las respuestas ellas tres grados de certiexactas
hechos inexactos e o n exd.umbre: la respuesta dada
traordinaria precisión y perfecta seguridad. con vacilación; la dada con seguridad y la
Exíjase al testigo de un acontecimiento que confil-mada bajo juramento. Llegados á este
jure sobre los Evangelios ser verdad lo que punto, parécenos interesante investigar cuál
relata, y se observará con asombro la dili- de nuestros testimonios formados sobre la
gencia puesta por aquél en jurar acerca de base del recuerdo es más exacto: si el presla exactitud de pormenores que jamás exis- tado con vacilación, el que emitimos con
tieron sino en su imaginación y que no se seguridad, ó el garantizado con juramento.

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t .,
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t

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¡

�312

POR E.SOS MUNDOS

Nos pronunciar1amos en favor del último, pecto que las ignorantes, los adultos más
como único digno de crédito. Y sin. embaruo, que los niños, y así sucesivamente.
la diferencia entre las tres clases de testiTodas estas experiencias de gabinete tiemonio, sobre todo entre las dos últimas, no nen, sin embargo, un grave defecto, y es este
es tan grande en realidad cual pudiera supo- que la testificación se efectúa en condiciones
nerse. Las cifras cantan á este propósito: de favorables por lo mismo que ha sido alteracien contestaciones dadas bajo juramento, do el medio en que se presta la declaración.
en diversas experiencias, noventa y dos fue- Debe tenerse presente que cuando se invoron comprobadas como exactas; de cien con- ca el testimonio de una persona acerca de
te~taciones dadas con seguridad, ochenta y un hecho por ella presenciado, es casi seseis fueron correctas; y, por último, de cien guro que esa persona ignoraba en el morespuestas inseguras, resultaron inexactas mento de la ocurrencia que habría de llegar
cincuenta y seis. En otros términos: el gra- la ocasión de ser interrogada sobre el asundo de fidelidad de un testigo vacilante pue- to. En cambio, tratándose de experiencias
de representarse por la
científicas , e 1 testigo
proporción de un 56 por
sabe de antemano que
100; el de un testigo sese le va á exigir declaguro, por un 86 por
ración sobre tal ó cual
100; y el de un testigo
objeto sometido á s u
jurado, por un 92 por
exámen. Es, pues, na100.
tural, que contemple el
En el segundo de los
objeto con gran atendiagramas que publicación, procurando retemos a p a r e c e n 1a s
ner sus detalles, archicantidades relativas de
vándolos en la memoria
contestaciones en cada
c o n toda la fidelidad
categoría de las referique le sea dable. P o r
das, calculadas sobre un
esta razón, los resultapromedio, así como las
dos de las experiencias
observaciones h e ch as
de laboratorio son mupor Mlle. Borst. Advercho mejores de lo que
tiremos ahora que I a
ocurriría tratándose de
parte sombreada en las
testimonios ordinarios
cuatro columnas indica
rendidos en tribunales
el número de respuestas
de justicia.
inexactas, mientras e 1
Teniendo es to en
espacio en blanco decuenta, procuré cierta
muestra el n.ímero de
vez reunir variados tesrespuestas exactas, ó
timonios respecto á un
sea la fidelidad de las
hecho donde concurriemismas . Como quiera
sen aquellas circunstanque de cada cien contes- Ventana de la Universidad de Ginebra cuya exis- c i a s imprevistas que
.
tencia negaron cuarenta y cuatro estudiantes no
~ac1ones, 60 fueron bajo
obsta,nte pasar r,.nte ella todos los dfas '
caracterizan á la verdaJuramento, 37 112 con
dera declaración. Para
seguridad y 2 1¡2 con duda, parecen quedar ello procedí del modo siguiente.
suficientemente probados el interés y la
Hallándome un clia en mi cátedra de la
utilidad de estas experiencias sobre el testi- Universidad de Ginebra distribuí entre los
monio.
discípulos, de improviso y sin advertencia
previa de ningún género, algt1nas cuartillas
sobre las qu_e iban formuladas varias preguntas relabvasádetalles arquitectónicos del
Fuera, sin duda, imposible, dar cuenta edificio en que nos hallábamos y que debían
minuciosa de todos esos ensayos, los cuales ser perfectamente conocidos de los estudicho está que pueden ser v'ariados al infi- diantes. Entre las preguntas figuraban estas
nito. Pudiéramos, por ejemplo, inquirir si la tres:
declaración expontánea es más diuna de cré¿ Existe alguna ventana interior en el
dito que la prestada en interrogatorio; si la claustro de la Universidad, conforme se endeclaración de una mujer es más fiel que la tra á mano izquierda y dando frente á la
de un hombre; si las personas ilustradas ventanilla de la portería?
ueden infu ndir más confianza á este res¿Cuántas columnas hay en el vestíbulo de

¿DICEN VERDAD LOS TESTIGOS?

313

la Universidad? ¿Cuántos bustos hay en el guridad todos ellos deducirían que no exis-priml3r piso de la Universidad?
tía semejante ventana en cuanto la negaban
El número de contestaciones recibidas fué cuarenta y cuatro testigos contra solamente
de cincuenta y cuatro: cuarenta y una de ocho que decían haberla visto. Los historiahombres, y trece de mujeres. Los resultados dores cometerían, sin embargo, un grandísifueron, en verdad, desastrosos, pues ni una mo error.
sola de las respuestas estaba de acuerdo con
El experimento nos dice, por tanto, que
la realidad de los hechos. Concretando los una pequeña minoría puede tener razón,
resultados en números, diré que las contes- mientras puede estar equivocada una mayotaciones masculinas se acercaban á la ver- ria numerosa, y, por consecuencia, que el vadad guardando la proporción de un 30 por lor del testimonio no acrece un ápice fun100, mientras las femeninas sólo alcanza- dándonos en probabilidades matemáticas.
han un 27 por 100. Desde luego,
, Siendo el acto de prestar declacomprobé que el testimonio así
ración resultado de una función
obtenido no era tan bueno cocerebral, lo que nos habrá de
mo el que se conseguía cuando
permitir apreciar la pura verlos objetos (cuadros, esculturas,
dad de cualquiera declaración
etcétera), eran examinados por
colectiva será el conocimiento
individuos sabedores de que á
empírico de dicha función, y
renglón seguido iban á ser in·
no el cálculo de probabilidades.
terrogados acerca de ello.
¿Y cuál es, entónces, la razón
La parte más interesante de
psicológica de que una simple
la experiencia á que me refiero
ventana engendrase tamaño núes la pregunta relativa á la venmero de falsos testimonios? A
lana del claustro,que reproduce
mi juicio, el escaso interés desuno de nuestros grabados. Coperlado por el objeto; pues, aunmo se observará, sus dimensioque la ventana no tiene nada de
nes bastan para atraer la atenpequeña, su importancia es casi
ción de cualquiera; añadiré que
nula, y respecto á la curiosidad
los estudiantes pasan y repasan
estudiantil dice muy poco ó naante ella veinte veces al día v
da: sus vidrieras, de cristal esque dicho hueco da luz á 1~
merilado, aparecen constantesala de profesores. Pues bien:
mente cerradas, y de ahí que
no obstante todas esas circunsquien pasa cerca de ellas no
tancias favorables, cuarenta y
experimenta jamás la tentación
cuatro contestaciones negaba11
de mirar á través de las misen redondo la existencia de la
mas.
ventana. Tan sólo ocho de los
Leyendo estas líneas, se comestudiantes afirmaban haberla
prenderá fácilmente la razón de
visto, en tanto que dos de los
que sea tan defectuosa la prueba
interrogados se limitaron á con- Enmascarado que h ¡ zo su testifical en los tribunales de
testar: «No lo sé á ciencia cier- aparición repentina en una justicia. En la generalidad de
ta
aula llena de estLdiautes que
¡
¡ t ¡·
· t
•·
no pudieron después descrios casos, os es 1gos son m eUn resultado como este es bir exactamente la traza del rrogados acerca de hechos que
instructivo en alto grado. Deaparecido
no tienen interés alguno para
muéstranos, en primer lugar, cuán grande los declarantes, por grande que pueda ser el
es la confianza que tenemos en nuestra me- q~e revistan para la administración de justimoria; así, cuando no conservamos recuerdo cia.
de un objeto acerca del cual somos interro*
gados, preferimos negar la existencia de di**
cho objeto á poner en duda la fidelidad de la
Otro punto de análoga importancia prácmemoria: mejor que decir Lo ignoro, nega- tica es el relativo al testimonio individual.
mos en redondo el hecho.
' A fin de confirmarlo, llevé una vez á cabo la
Otro resultado, por cierto desconcertante, siguiente experiencia. Era el día 13 de Dies que el valor del testimonio no guarda re- ciembre de 1905, y me encontraba explicanla&lt;'ión de ningún modo con el número de do en mi cátedra. De improviso, entró un int~stigos, corno se cree generalmente. Si, por dividuo enmascarado y empezó á gesticular
eJemplo, se consultase á varios historiadores y á decir frases incoherentes. Ordenéle salir
para dictaminar sobre el valor del testimonio del aula, y como no me hacia caso le expulrelativo á la ventana de referencia. con so- sé á viva fuerza.

�314

POR ESOS ~IU:'IDOS

Dicho está que la pantomima había sido
preparada por mí, aunque en el mayor de
los secretos. El episodio, cu ya duración no
llegaría á veinte segundos, ocurrió al día siauiente de celebrarse la tradicional fiesta patriótica ginebrina conocida con el nombre

bía conteMado bien ó mal á las preguntas
formuladas, y por ende en la absoluta imposibilidad de facilitar indicaciones á los demás testiaos acerca de las respuestas que
debían d:r. He aquí ahora el interrogatorio
á que yo iba sometiendo á mis discípulos;
.Pete de
las respuesl'Escalade,
tas exactas
que abunda
figurnn entre
siemp re en
paréntesis:
mascaradas
1 ¿,Llevagrotescas·
ba sombrero
Como es lóel individuo•~
gico, todos
(Sí).
mis discípu2 ¿De qué
los creyeron
clase era el
que el intru sombre ro 'r
so era un
(Flexible).
bromista
3 ¿De qué
destacado de
color era el
-cualquier
som brero?
comparsa
(Gris).
burlesca é
4 ¿Llevaintroducido
ba guantes?
-0n el a u I a
(Si).
para diver5 ¿Dequé
tirse un rato Entre veintitres alumnos, solo cinco señalaron la careta usada por el aparecido, color eran
á nuestra
que fue la seiialada con el número 8 en este grabado
los guantes?
eosta, ó bien
(Blancos).
para ganar una apuesta, según supusieron
6 ;,Cómo iba vestido? (Llevab~ blusa y
pantalones negros, poco visibles).
algunos.
.
..
Ciertamente, al acontecer la s111gular1s1ma
7 ¿De qué color era la blusa? (Gris).
aparición, á ninguno de los que me rodea8 ¿Llevaba pañuelo anudado al cuello?
ban se le ocurrió que todo aquello era un (Si).
experimento encaminado á apreciar el valor
9 ¿De qué color era el pañuelo? (Obsdel testimonio. La escena había llenado, por curo).
tanto todas las condiciones de realismo y
10 ¿Qué tenía en la mano derecha? (Un
natu/alidad cuya importancia he puntualiza- bastón).
do antes. Una vez que el intruso ~alió de la
11 ;.Qué tenia en la mano izquierda?
-cátedra, continué mi lec(Una pipa, y al brazo un
dón cual si nada hubiese
rnandil azul).
ocurrido. Las primeras alu12 ;,De ·qué color era
siones al incidente hícelas
el cabello? (No era visible).
una semana después, invi13 ;,Cuánto tiempo estando á aquellos que lo ha tuvo en e I aulail (Veinte
bían presenciado á visitar
segundos).
mi laboratorio algunos días
Tan pronto como el tesmás tarde con objeto de
tigo había acabado de confacilitarme datos relativos
testar al interrogatorio, me
al enmascarado del 13 de
lo llevaba á un pequei'ío
Diciembre.
gabinete contiguo al laboCasi toaos los testigos coníunoieron las
Por desgracia, mis oyen- raretas números i y 8, no obstante ser ratorio, y le invitaba á sedesemejantes como puede verse en los
tes no acudieron á la cita
ñalar entre diez caretas de
perliles de ambas
en número tan grande cocartón la usada por nuestro
ºmo yo ·hubiera deseado. Sólo fueron veinti- visitante. Entre las caretas figuraba una de
cinco de ellos, formulando sus declaraciones hombre negro (que no aparece entre las
entre el 21 de Diciembre y el 17 de Marzo. retratadas en el grabado que damos á conoParéceme innecesario decir :que á raíz cer), y que no atrajo en ningún . c~s~ la
de cada declaración el testigo salia inme- atención de los testigos. De los ve111t1crnco
diatamente del laboratorio, sin saber si ha- interrogados (dieciocho hombres y siete mu-

315

¿,DICEN VERDAD LOS TESTIGOS?

jeres), sólo tomaron parte en el experimento número 8 ó la número 4, que, á primera
final veintitres.
vista, tiene algún parecido con la ~x~cta,
Causará, seguramente, sorpresa, el hecho aunque sea en realidad totalmente d1st_rnta,
de que, á pesar de lo insólito y de lo extra- según pued9 advertirse en la segunda ilusvaaante de la aparición de una máscara en tración. Por último, diez de los testigos fueun~ aula universitaria, las declaraciones de ron incapaces de señalar la máscara exacta,
los espectadores, aún impresionados como ni aún empleando el sistema de comparaquedaron por el suceso, se alejasen de la ciones.
verdad hasta un extremo inconcebible. La
De todo lo cual podernos deducir que
fidelidad de los testimonios podría estar ex- cuando los jueces invitan á. un testigo á propresada por un 59 por 100, resultado algo nunciarse sobre la idealidad de una persona
mejor, de todas suertes, que el ofrecido por sospechosa sometida á su exámen, el testiel experimento de la ventana, pero inferior monio absolutamente exacto es excepción,
al conseguido exhibiendo á los sujetos cua- 1w regla. Resulta, pues, evidentísimo que la
dros ó grabados.
doclaración prestada por una persona deseoEs digno de notarse que en este caso par- sa de decir verdad se halla muy lejos de meticular el testimonio femenino fué mejor que recer completo crédito.
el masculino (74 por 100 de fidelidad, contra
un 53 por 100).
Entre los detalles instructivos observados,
Un punto sobre el cual nos parece necemerece registrarse el siguiente: todos, abso: sario insistir con especialidad ea que, en la
lutamente
práctica, el
todos 1 os
peligro de
testigos, inlas declara-0 urrieron
ciones reen pormeside, no en
nores fanDeclaración obtenida por interrogatorio
aquello qu_e
tásticos
Teslimo- se ha olviacerca de
1++~ - nio exacto dado, sino
Declaración expontanea
en [ o que
la ves timenta del
pudiera
Errores por asociación
aparecido:
Falso testimonio
falsearse.
Errores
por
sugestión
uno de los
Un testigo,
interrogadiciendo
dos aseguraba que el individuo llevaba botas simplemente Lo ignoro, no es peligroso; en
de montar; otro aseveraba, muy convencido, cambio, lo es, y en alto grado, quien afirma
que el enmascarado usaba pantalón á cua- lo que no existe. Todo el interés del probledros.
ma, se halla, por consiguiente, en el segundo
Los resultados de las experiencias efec- de los fenómenos enunciados, esto es: ¿por
tuadas con las caretas fueron aún más inte- qué afirma un testigo hechos inexactos? ¿por
resantes. Como todo el mundo sabe,es mucho qué surgen en su mente pensamientos fanmás fácil reconocer un objeto ya visto que tásticos, imágenes que no guardan relación
describirlo de memoria. ¿No es un hecho co- con nada existente, pero que se imponen á la
nocido la imposibilidad en que nos hallamos conciencia hasta P.l punto de ser tenidas por
á veces de describir de memoria el color de recuerdos verdaderosi'
los ojos ó la forma de la nariz de personas
A mi modo de ver, esas falsas imágenes
que nos son conocidísimas? Y, sin embargo, reconocen dos causas: la asociación de ideas
reconoceríamos fácilmente á dichas persoy la sugestión. Toda idea y toda imágen pronas no bien las viéramos.
penden á evocar ideas é imágenes afines.
Con todo, y no obstante esa facilidad de Así, cuando narramos un hecho cuyos detareconocimiento, las experiencias de las ca- lles circunstanciales se han esfumado en
retas, que tendían á hacer acluar esa fa- nuestra memoria, completamos aulomáticacultad, dieron malísimos resultados, pues de mente las soluciones de continuidad del relos veintitres testigos solo cinco señalaron cuerdo con imágenes tomadas á otros hechos
la careta (la octava del correspondiente gra- más ó menos parecidos. Refiriéndonos á los
bado) tras de alguna vacilación. Otros ocho casos citados al comienzo de este artículo,
testigos dudaron entre dicha careta y dos ó es probable que la señorita que declaraba
tres más elegidas para exámen. En la mayo- haber visto dos palomas en un cuadro hutia de los casos, observé que mis sujetos no biese tenido ocasión alguna vez de contemse decidían á señalar fijamente la careta plar una pintura semejante en l'l que figura-

l

l

�POR ESOS MUNDOS

316

sen palomas. De igual modo se explica lo de
los niños y los sellos matados, puesto que
por lo general los muchachos los tienen así
en sus colecciones. Formulando esto en un
concepto ámplio, diremos que nuestras ideas
se completan con arreglo á lo probable y á
lo acostwm,brado. Además, afirmaremos que
esa ley psicológica no rige sólo nuestra _memoria sino nuestras facultades perceptivas.
Nadie' ionora, en efecto, que percibimos en
-~ por nuesrealidad" mucho más de 1o recogiuo
tros órganos sensoriales. Según esto, dentro
de nosotros hay algo inconsciente que interpreta ó que completa, de nna manera continua, las impresiones sensibles, operándose
ese trabajo con ayuda de imágenes mentales siendo lo probable que entre todas ellas
elijamos las que mayor interés despiertan
en nosotros.
Estudiemos ahora el segundo factor, ó sea
la sugestión. Esta consiste en que un individuo fuerce una imágen en la mente de otro
individuo determinado. La sugestión (conviene tenerlo presente) desempeña papel
importante en la prueba testifical. El simple
hecho de interrogar á un testigo y de obligarle á contestar contribuye á que aumente de
un modo enorme el riesgo de los errores en la
prueba. Tanbién influye sobre el valor de la
respuesta la form:i en que se hace la pregunta. Supongamos, por ejemplo, que se interroga á varias personas acerca del color de un
perro. Sin duda, las contestaciones serán probablemente más exactas si preguntamos al
testigo «¿,De qué color es la piel del perro?»,
que si se formula la pregunta de este modo:
«¿Era el perro blanco ó negro?» Mas, si interrogamos en esta forma: &lt;¿Era blanco el perro'?,, tenemos ya una interrogación sugestiva, siendo casi seguro que la respuesta no
tendrá valor alguno.
Al someter un testigo á un interrogatorio
estrecho, esto es, ayudando y forzando su
memoria, podremos obtener, en verdad, una

declaración mucho más extensa que dejándole contestar expontáneamente. Pero las
ventajas así lograd~s so~ problemáti?as, en
cuanto la informamón pierde en fidehdad lo
que gana en extensi~n. .
.
El último de los d1buJOS que pubhcamos
ofrece una representación gráfica del mecanismo del testimonio. El círculo negro simboliza la presentación ó sea la primitiva visión
del objeto ó del hecho respecto de~ cu~l se
declara: expresándonos en otros termmos,
diremos que el referido circulo representa la
realidad. La declaración expontánea se encuentra figurada por el círculo con rayas
verticales, mientras el testimonio obtenido
medianteinterrogatorio se halla representado
por el círculo de rayas horfaontales. Los trozos de estas declaraciones contenidas en el
interior del circulo negro constituyen la proporción exacta de verdad; todo lo que se encuentra fuera del círculo es falso testimonio,
debido á la imaginación ó á la sugestión. Vése claramente que la declaración obtenida
por interrogatorio es más abundante que la
declaración expontánea; pero, por otra parte,
es aquella menos exacta en cuanto observaremos que el arco del círculo sobresaliendo
del neoro es relativamente mayor que el arco
repres~ntativo de la declaración prestada expontáneamente.
Resumiendo, diremos á aquellas personas
llamadas á exigir testimonio de cosas ó de
hechos que no olviden nunca este principio:
la memoria no tiene semejanza alguna con
una caja de hierro, herméticamente cerrada,
donde se va almacenando el recuerdo y donde perdura hasta que de él necesitamos.
Por el contrario, las impresiones que recibe
nuestra mente se parecen en un todo á las
semillas arrojadas á la tierra. Estas echan
sus raíces y producen hojas y flores; mas al
cabo de algún tiempo puede ocurrir que no
quede ni un leve vestigio del primitivo gérmen causante de toda esa vegetación.
PROFESOR Eo. CLAPAREDE
Dir&lt;,clor del Gabinete Psicológico
de la Universidad de Ginebra

REPOSITO
(NOVELA ANDALUZA)

muebles que tienen más suerte que
H
cualquiera persona, y eso le pasaba á la
sillita volante aquella de afiligranados paliAY

troques celeste y oro y asiento de rejillas,
que de buenas á primeras se encontró con
una cariñosa mirada de Reposito, y luego de
acariciada por su mano tan suave y blan,
quísima, inmediatamente se le sentó encima
· toda aquella divina criatura y... y puede
creerse que,al pensar en esto, el autor de la
noveleja siente con todas las verns de su
alma no ser de rejilla...
Porque había que ver aquella cara de nieve, y aquellos dos lunares tan simpáticos que
hacían pensar en otros más seductores, y
aquel cuello torneado, y aquel cuerpo tan sin
tacha ... En fin, que si me fuera posible y Reposilo me prestara su consentimiento, rico
treinta veces pares me haría rifándola, seguro de que al ver el objeto en rifa más de
un mortal pretendería meter todo lo que pudiera.
Y no me ha de dejar por embustero Gabriel 1-Ieredia, que chifladito el pobre por
aquella pintura no parecía sino que para su
personilla enamorada se había escrito el
cantar:

Tiro pied1·as por la calle
y al que le dé que perdone:

tengo la cabeza loca
de tantcts cavilaciones.

•

Cansadita venía la pobre de la procesión¡
cansadilla y con dos dedazos señalados en
su vestido de seda blanca, cerca de la cintura, de no se sabe qué sinvergüenza que allí
dejó prueba ostensible é inequívoca de su
admiración y entusiasmo. Cansadilla y con
un pesar y un desengaño tan terrible, que
más no podía ser.

-¡De manera que en cama y con un parche poroso; de modo, ¡so judío!, que era
mentiral-decia, leyendo un:i carlita que en
graneles letras, como si hubiera escrito en
papel de oficio: le dirigió IIeredia la tarde
anterior.
¡Y qué bien pensada estaba la misiva, y
qué detalles del catarro y del parche que
se rascaba uno sin querer con solo leer aquello!... ¡Charrán!
¿Y para qué le mentía? ¿No tenía más que
haberle dicho que no contara con él, porque
no le daba la muy repotente gana, ó porque
tenía un asunto pendiente con la de Galindo? ¿Y qué asunto sería aquel? Muy importante desde luego, porque muy juntitos y
acaramelados los vieron aquellos ojazos azules, y muy colorada se puso ella y mucha
tos le dió á él.
¿Y para granuja semejante se componía
ella? ¿Y para aquel poca lacha tenia ella
guardados los secretitos de su pecho, y aquella docena de pañuelos, bordados más que
con la aguja con el alma?
Por supuesto, que aquello se había concluído para siempre y de una vez. Que embobara con su palique á la de Galindo, si
tanto le interesaba, y ella á meterse monja,
gran alivio de pesares y cura radical de las
penitas hondas del querer.
Eso, ¡á monja! Su pelo rubio, de oro rizado, caería al suelo en haces brillantes; de sus
orejilas quitaría para siempre los solitarios
de mil luces y mil resplandores; en lugar de
aquel ceñido y elegante traje, el hábito ámplio y holgado; en vez de la pulsera de oro
finísimo, el rosario de negras cuentas; y
pronto, muy pronto, se vería bajo las bóvedas obscuras del convento de las mercenarias, en medio de aquel misterioso silencio,
leve el paso, la vista baja, murmurando sus
labios una oración. y luego otra, y otra, en

�POR ESOS MUNDOS

316

sen palomas. De igual modo se explica lo de
los niños y los sellos matados, puesto que
por lo general los muchachos los tienen así
en sus colecciones. Formulando esto en un
concepto ámplio, diremos que nuestras ideas
se completan con arreglo á lo probable y á
lo acostumbrado. Además, afirmaremos que
esa ley psicológica no rige sólo nuestra _memoria sino nuestras facultades perceptivas.
Nadie' ianora, en efecto, que percibimos en
. ~ por nuesrealidad" mucho más de lo recogiuo
tros óraanos sensoriales. Según esto, dentro
de nos~tros hay algo inconsciente que interpreta ó que completa, de nna manera continua las impresiones sensibles, operándose
ese 'trabajo con ayuda de imágenes mentales siendo lo probable que entre todas ellas
elijamos las que mayor interés despiertan
en nosotros.
Estudiemos ahora el segundo factor, ó sea
la sugestión. Esta consiste en que un individuo fuerce una imágen en la mente de otro
individuo determinado. La sugestión (conviene tenerlo presente) desempeña papel
importante en la prueba testifical. El simple
hecho de interrogar á un testigo y de obligarle á contestar contribuye á que aumente de
un modo enorme el riesgo de loserrores en la
prueba. Tanbién influye sobre el valor de la
respuesta la form!l en que se hace la pregunta. Supongamos, por ejemplo, que se interroga á varias personas acerca del color de un
perro. Sin duda, las contest_aciones serán probablemente más exactas s1 preguntamos al
testigo «¿.De qué color es la piel del perro?»,
que si se formula la pregunta de este modo:
«¿Era el perro blanco ó negro?» Mas, si interiogamos en esta forma: •¿Era blanco el perro?,, tenemos ya una interrogación sugestiva, siendo casi seguro que la respuesta no
tendrá valor alguno.
Al someter un testigo á un interrogatorio
estrecho, esto es, ayudando y forzando su
memoria, podremos obtener, en verdad, una

declaración mucho más extensa que dejándole contestar expontáneamente. Pero las
ventajas así logradas son problemáti?as, en
cuanto la información pierde en fidehdad lo
que gana en extensi~n. .
.
El último de los d1buJOS que publicamos
ofrece una representación gráfica del mecanismo del testimonio. El circulo negro simboliza la presentación ó sea la primitiva visión
del objeto ó del hecho respecto del cual se
declara: expresándonos en otros términos,
diremos que el referido círculo representa la
realidad. La declaración expontánea se encuentra figurada por el círculo con rayas
verticales, mientras el testimonio obtenido
mediante interrogatorio se halla representado
por el círculo de rayas horizontales. Los trozos de estas declaraciones contenidas en el
interior del círculo negro constituyen la proporción exacta de verdad; todo lo qu~ se e_ncuentra fuera del círculo es falso teshmoruo,
debido á la imaginación ó á la sugestión. Vése claramente que la declaración obtenida
por interrogatorio es más abundante que la
declaración expontánea; pero, por otra parte,
es aquella menos exacta en cuanto observaremos que el arco del círculo sobresaliendo
del negro es relativamente mayor que el arco
representativo de la declaración prestada expontáneamente.
Resumiendo, diremos á aquellas personas
llamadas á exigir testimonio de cosas ó de
hechos que no olviden nunca este principio:
la memoria no tiene semejanza alguna con
una caja de hierro, herméticamente cerrada,
donde se va almacenando el recuerdo y donde perdura hasta que de él necesitarnos.
Por el contrario, las impresiones que recibe
nuestra mente se parecen en un todo á las
semillas arrojadas á la tierra. Estas echan
sus raíces y producen hojas y flores; roas al
cabo de algún tiempo puede ocurrir que no
quede ni un leve vestigio del primitivo gérmen causante de toda esa vegetación.
PROFESOR

En.

CLAPAREDE

Director del Gabinete P sicológico
de la Universi?ad de Ginebra

REPOSITO
(NOVELA ANDALUZA)

muebles que tienen más suerte que
H cualquiera
persona, y eso le pasaba á la
AY

!

'

sillita volante aquella de afiligranados palitroques celeste y oro y asiento de rejillas,
que de buenas á primeras se encontró con
una cariñosa mirada de Reposito, y luego de
acariciada por su mano tan suave y blan,
quísima, inmediatamente se le sentó encima
toda aquella divina criatura y... y puede
creerse que,al pensar en esto, el autor de la
noveleja siente con todas las veras de su
alma no ser de rejilla ...
Porque había que ver aquella cara de nieve, y aquellos dos lunares tan simpáticos que
hacían pensar en otros más seductores, y
aquel cuello torneado, y aquel cuerpo tan sin
tacha ... En fin, que si me fuera posible y Reposi to me prestara su consentimiento, rico
treinta veces pares me haría rifándola, seguro de que al ver el objeto en rifa más de
un mortal pretendería meter todo lo que pudiera.
Y no roe ha de dejar por embustero Gabriel Heredia, que chifladito el pobre por
aqu ella pintura no parecía sino que para su
personilla enamorada se había escrito el
cantar:

Tiro piedras por la calle
y al que le dé que perdone:

tengo la cabeza loca
de tantas cavilaciones.

•

Cansadita venía la pobre de la procesión¡
cansadilla y con dos dedazos señalados en
su ve5tido de seda blanca, cerca de la cintura, de no se sabe qué sinvergüenza que allí
dejó prueba ostensible é inequívoca de su
admiración y entusiasmo. Cansadilla v con
un pesar y un desengaño tan terrible·, que
más no podía ser.

- ¡De manera que en cama y con un parche poroso; de modo, ¡so judío!, que era
mentira!-decía, leyendo una carlita que en
granrles letras, como si hubiera escrito en
papel de oficio, le dirigió lleredia la tarde
anterior.
¡Y qué bien pensada estaba la misiva, y
qué detalles del catarro y del parche que
se rascaba uno sin querer con solo leer aquello!... ¡Charrán!
¿Y para qué le mentía? ¿No tenía más que
haberle dicho que no contara con él, porque
no le daba la muy repotente gana, ó porque
tenía un asunto pendiente con la &lt;le Galindo? ¿Y qué asunto sería aquel? Muy importante desde luego, porque muy juntitos y
acaramelados !os vieron aquellos ojazos azules, y mu y colorada se puso ella y mucha
tos le &lt;lió á él.
¿Y para granuja semejante se componía
ella? ¿Y para aquel poca lacha tenía ella
guardados los secretitos de su pecho, y aquella docena de pañuelos, bordados .más que
con la aguja con el alma?
Por supuesto, que aquello se había concluido para siempre y de una vez. Que embobara con su palique á la de Galindo, si
tanto le interesaba, y ella á meterse monja,
gran alivio de pesares y cura radical de las
penitas hondas del querer.
Eso, ¡á monja! Su pelo rubio, de oro rizado, caería al suelo en haces brillantes; de sus
oreji tas quitaría para siempre los solitarios
de mil luces y mil resplandores; en lugar de
aquel ceñido y elegante traje, el hábito ámplio y holgado; en vez de la pulsera de oro
finísimo, el rosario de negras cuentas; y
pronto, muy pronto, se vería bajo las bóvedas obscuras del convento de las mercenarias, en medio de aquel misterioso silencio,
leve el paso, la vista baja, murmurando sus
labios una oración, y luego otra, y otra, en

�318

rmrosrro

POR ESOS l\IUNDOS

místico recogimiento, consagrada con alma
-En la que no se puede abrí la selosía ...
y vida á su Dios, rogándole siempre por la
- En la que ...
salud de su Gabriel, por la suerte de su Ga-Si, anda.
briel, por la felicidad de su Gabriel, por
- .Es que ...
aquel granuja, embustero, judío herejote, sin- ;.Qué te pasa?
vergüenza... Porque ella era así: seguiría que-A mí ná. Pero yo creo que sí se abre.
riéndole mucho, como basta ahora, y soña-No se abre. Está la madera hinchada.
ria en su celda blanquísima con una noche
- Pero como estamos en verano, con estas
estrellada, clara, serena, y con Gabriel, su calores s'ha resumío pa dentro v ...
Gabriel de su alma, que convencido de Jo la-No, no. ¡Si lo sabré yo!
·
gartona que era la de Galindo vendría por
-Po~ güeno ... Dígale usté ar señorito que
fin al buen camino, y, con el corazón hecho no respire mu fuerte, porque en cuanto asopeclazos, saltaría por
ple un poco se viene abajo hasta la puerta é
la ventana de la celcristale y le van á salir viruela...
da, y... y ella no que- ¿Quién :a ha
rría, pero muertecita
compuesto?
de susto, y por mor Al'I~--Yo.
de la impresión,
--¿Tú? No pues e desmayaría
de ser.
en sus brazos, y ~
- Güeno , ¡ mi
Gabriel la sacanovio!
ria del convento
-¿,Se ba metipor la mis- ✓
do á carpinmísima puertero?
ta, ahogan-No; pedo de cami·'ifirriiiiiiiiiiill
ro es la mar
no al perro
:1\1!-.;.;,;;.,_._
de bruto.
para que DC\
Más inquieladrase, dánto q u e una
dole un puveleta y lemñetazo en I a i:
~~=~~~f:~
blando más
narices á la torque un perro
nera (pero s i n
chico, espehacerle mucho
raba Gabriel
daño) para que
que se asomara á
no chillase , al
la reja su Reposo.
sereno de la caEl discurso, hil1le veinticinco
vanado e n cinco
duros para que
-El señorito Grabie que _si está ~sté en casa,-dijo Juanilla
minutos I o traía
·
a Repos1to
f resqu1to,
. ' y pensan o avisase
a1
juez, y ¡libres para siempre, felices, muy ba soltárselo así, á boca de jarro:
felices, muy felices!...
«Olé, olé, olé y olé, que ya está aquí la puy Reposito inclinó su cabecita rubia y rificación de la yema de coco. ¿Pero qué es
comenzó á llorar...
eso? ¿,Qué significa ese ceño tan arrugado y
esa mirá tan penetrativa? Te advierto que he
JI
venío á bablá con mi novia, y no á declará
ante ~r jué de primera instancia. ¿Que mé
--El seiiorilo Grabié que si está usté en has visto en la calle, cuando me creías en la
casa,-entró diciendo Juanilla,con su delan- cama con un botijo á los piés? Tú no sabe el
tal recogido, los brazos al aire y un plumero drama íntimo que se ha desarrollado en el
en una mano.
seno de mi hogar. Viruelas negras le entró
-~,Gabriel?
esta mañana á las sinco á mi criada; á las
-En cuerpo y alma, y con un jipi que le siete degeneraron en pulmonía fulminante; á
llega á los tobillos.
las sie te y media en tisis galopante, y la po-Dile que se espere, que yo mismita voy brecita estiró la pata á las ocho. Tó en meá la ventana.
nos que te lo cuento. De la traquiná de llorá
- Güeno.
que nos hemos dao tós ... jasta er gato se ha
- ¡Juanilla!
quedao que si lo vés no lo conoces: ¡tras- Que me espere en la otra ventana.
parente! Yo mismo be tenío que ir á visita1·
- ¿En cuá?
al médico, en lugá de vení el médico á visi-

_....,...,.,...1:

tarme á mí, porque la encargá de avisarlo
era la pobre Consolasión, que no ha esperao
ni ar Santolio, pero bien ganao tiene er siclo
con lo que ha sufrío la infeli esta mañana.
¿Que me viste con la de Galindo? Pues fué
porque como su padre es boticario le estaba pidiendo referencia de unas pastillas pectorales que son mano de santo. ¿Que viste
que se puso ella mu y colorada y me &lt;lió un
lirón de la chaqueta apenas aparesisle tú
por la esquina?Pues fuépa decirme: «¡Déjate
de pamplinas perlorales, que la que te cura
á tí el catarro viene ahora mismito pa acá.»
¿Que no crees que estoy acatarrao'? Pues si
no fuera porque te iba á dá vergüenza, le
enseñaba el parche.»
Y en estas consideraciones se exlendia
Gabriel, cuando abriendo la ventana apare. ció en ella Reposito, llorando como una
Magdalena.
-Me estropeó el discursito,-murmuró el
gal.~n.
Y acercándose á la reja y poniendo cara
de embobado, dijo muy bajito:

No rne llores, no me llores
que me pareces llorando
la Virgen ele los Dolores.
-¿Pero qué te pasa, chiquilla? ¿Se te ba
e::,tropeao er traje? ¿Se te ha roto algún peinecillo?, Pues déjalo tú que te voy á comprá
uno co11 rubises y perlas y diamantes que
van á brillá tanto que cuando sargas á la calle te vas á vé rQd(lá de terreras como si fueras una trampa. .
- Pa tramposo tú, pa informá tú, pa desagradesío Lú, y pa ...
-No sigas por ese camino, que va á creé
la gente que te oiga que prestas dinero á
réditos.
-Lo que be prestao ha sío un queré mu
formal y muy honrao á cambio del luyo, y
el tu yo se lo das á la primera pelagatos
que te tropiezas en la calle, y te quedas con
el mío pa cuando se te antoje reirte.
-¿Te quiés cayá? ¿Pero tú t'has figurao
que la ele Gal indo me interesa á mí el canto
de una perra chica?
- Lo que me be creío el tiempo lo dirá,
que por ahora no me da la gana de andá con
esplicasione ... Y ¡pa que te entere!: á esta
reja no te animes más en la vía, y cuando
pases por debajo de mi balcón agacha la cabeza y juye, porque están las macetas en
tenguerengue.
Y dió un portazo y un cerrojazo, y Gabriel
se quedó como hecho de una pieza.
Cuando, vuelto de su asombro y reanimado, se disponía á marcharse, pasó por su iado
una muj er vendiendo billetes de lotería.

319-

Echó mano de su cartera, sacó un billete dediez duros,-el único que ha visto el autor
de esta novela-compró un Catorce mü enterito y doblándolo cuidadosamente emprendió su camino, diciendo:
-Como no se arrepienta antes de que me
toque el premio gordo, ¡va á pasar más berrenchines que una gata metía en un saco!

III
Por si hubo algún lector que le pareciera
caprichosa la afirmación de Juanilla cuandodijo á su ama que su novio no era carpintero, pero sí muy bruto, allá va, para que otra
vez no dude de lo que el autor pone en boca
de sus personajes, enlar.ada con la presente
historia la historia de esos amores.
Bermejo y Pilonguita son los padres deJuanilla. Bermejo, que era alguacil de los toros los domingos de corridas, con permiso
del alcalde, y municipal los demás dias, ganaba muy poco, tan repoco que había olvidado el uso del tenedor, por eso y porque
Pilonguita, una viejecilla mu y arrugada y
muy limpia, era muy buena y muy hacendosa, pero en su vida había aportado un garbanzo al puchero.
En vista de los acontecimientos, Juanilla,
que era muy lista y estaba casi desde que la
parió su madre curada de espanto, decidió
echarse á servir en una casa pacífica, y dió
con la de Reposito que más tranquila no
podía ser.
Desde luego, los amos, y sobre todo la gei1til amita, tomaron en grande aprecio los servicios de Juanilla, y lo que comenzó por estimación concluyó por verdadero cariño, y
la niña servía en la gloria, y allí hacia su
santísima voluntad.
Y sucedió que andando el tiempo, comola muchacha valía más de un suspiro, le salió al encuentro Manolillo una mañana en la
Plaza de la Encarnación, la miró como se
miran ciertas cosas, la niña comprendió que
había hecho blanco, y en la calle Dados volvió dier. veces la cara y otras diez veces seencontró con que Manolillo la seguía.
Bermejo y Pilonguita, que visitaban al
fruto de sus amores todas las semanas una
vez, se enteraron del caso, y comenzó Bermejo á indagar y á interesarse de qué casta
de pájaro era el pretendiente, logrando averiguar que era un maleta en toda la soberbia extensión de la palabra. Y un día llegó
á casa de Reposilo, y así la dijo:
-Señorita: yo confío en usted que tantoquiere á esa loca niña mía. Como es jóven y
sale sola, y sabe recogerse las enaguas, muy
bien por cierto, le ha salido un prctendien-

�320

POR ESOS ll!UNDOS

te, que ¡maldita sea su casta! no tiene oficio
ni beneficio, y sí la suerte pajolera de que no
se cae nunca de un tope del tren donde viaja ni le pasa el furgón de cola por la mitá del
eje. Como descarao, lo es más que una ditera; como sinvergüenza, sabrá usté que ya le
he dao cuatro paliza como si tal cosa. Nada
le ha dicho á Ju anilla todavía, pero J uanilla
le ha dicho á su madre que todas las noches
sueña con un traje de !uses, y yo voy á romperle una pata á mi hija ó dejo de ser Bermejo para siempre. Con que ustedes allá, que
ustedes la tratan más que sus padres, ysi
no la libran de ese mochuelo... lo que es
de una tunda diaria no lo libra ni el Sut·-

sum Corda.
IV
Y Manolillo, que donde nunca se
pensaba se
encontraba
con Bermejo,
que por me•
nos de un pitillo lo llevaba á la casilla, firme en
sus trece y
decidido á
que el futuro suegro cayera de su
burro, buscó
una inOuenc i a grande,
la del marqués del Pozo Dulce, y con
gran satisfacción suya y enorme estupefacción de Bermejo, un sábado apareció
en los carteles de los toros del domingo
su nombre:

321

REPOSITO

malo ha sío mi procedé y el hombre no sabe
cuando mal camina. No sé por qué me dá el
corazón que este niño lleva drento la sangre
de Cara Ancha, y te digo mi verdá que como quée bien esta tarde ... ¿qué más queremos nosotros pa J uanilla?
Y Manolillo decía á su compañero el Piruli:
-Si zargo esta tarde en Sevilla no é má
que pa poderle refregá la muleta por los jocicos á mi suegro, á vé si se entera arguna
vé de lo que yo me traigo. Mu negro es er
segundo, y mu blanco el cuarto, y mu pintarraqueaoersexto; pero me los voy á comé
esta tarde como si fuesen caracoles.
*

* *«¡La Ver-

'\

dad Taurina!, con la

reseña de los
toros de esta
tarde» ...
Copiamos
á continuación algunos
párrafos de
la revista:
,
_ _,,.•'
,Arevalito,
de verde y
~
oro, coge los trastos
1.
toricidas; derecho como un huso, brinda
f-•
al presidente, y con
resolución, vase á la
fiera terrible.
»Empieza su faena algo
movido y continúa moviéndose más que la t·eolina de
un barquillero chiflao.
Ca&lt;ta vez que Juanilla
• Un pase por lo alto, .y va
volvía la cara se encontraba con que Manolillo
por lo alto también el socio
la seguía
suicida, horrorizando á los
MANUEL ARÉVALO GARCÍA
espectadores. Por fin, cae, y botando como
si fuera de goma, logra levantarse, y lleno de
(et) AREVALITO
coraje y suponemos que algo molesto por la
MATADOR DE NOVILLOS
desconsideración del cornúpeta, sin que este
nuevo en esta plaza
cuadre, se lanza y ¡pum! un pinchazo trasero
en el mismísimo nacimiento del rabo. Si de
A manos de Juanilla llegó un cartel de intento lo hubiera hecho, no le sale la suer-·
toros, y el mismo de Juanilla á manos de le. ¡Hay cosas inexplicables! El publiquito
Bermejo, sin que supiera éste por dónde le se pindonguea y aplaude delirantemente.
había venido, y Juanilla dió más saltos que
• Tres pases más, hu yendo el toro de Areuna cabra loca, y Bermejo se vió sumido en valito y Arevalito del toro, y el muy verduun lago de confusiones. (No siempre ha de go, aprovechando un descuído del bueyanser un mar; y aunque en un lago caben cón, le atiza á volapié un sablazo por el cuemenos confusiones, hay lo suficiente para llo dejándole el estoque á modo de alfiler de
sumirse).
corbata.
-Pilonguita,- decía1e á su esposa-mu
»Sigue el püidongueo.

»El presidente ordena que pase á la cárcel
-el diestro, pero el público, comedio de un
broncazo fenomenal, se opone resueltamente.
»Sigue Arevalito su faena lucidísima, y con
verdadero ardor bélico agarra ,ma estocada
Jurmiéndose en la cuna y armando caballero al feroz contrario.
»El toro, en vista de los hechos y aburrido
.soberanamente, decide echarse á morir y
muere como un santo.
,Palmas para Arevalito.•
Reseña de la muerte de otro toro:
cArevalito brinda al marqués d e Pozo
Dulce, y se dirige á la fiera, entre las risota-das del público.
,Comienza con un pase de pecho fenomenal, sin que el toro se mueva de su sitio.
»Palmas y olés (los olés muy prolongados).
,Otro pase de pecho, de idéntica manera.
»Otro.
»Otro.
,Otro ...
•Arevalito se parte el pecho dando pases.
El toro, en tanto, parece sumido en la más
!Profunda meditación.
•Por fin se reanima y con mucha cachaza
vuelve el rabo al arrojado diest_ro- Risas.
»Arevalito le busca la cara, y el bicho, que
parece una doncella pudibunda, no le deja
ver el rostro.
,El buey da una patada en ocasión de en-contrarse detrás e 1 valiente matador, y
éste se ofusca, y á la patada del animal con·testa con un soberbio pase redondo. Olés y
sombreros.
• Vuelve el toro á su meditación, y Arevalito se arranca desde la Plaza Nueva y atiza
•un bajonazo.
,El buey se echa á dormir la siesta, y el
puntillero aprovecha el pacífico sueño, y
-después de espantarle las moscas, por .si
acaso, acierta á la primera.
»La música se arranca por peteneras. Arevalito recibe del marqués un alfiler de corbata, y lleno de indignación lo muerde, lo
rmasca y lo arroja al suelo. Pero Arévalo es
un vivo.
,¡Pa mi que se ha tragao er brillante!,
Y sigue La Verdad Taurina:
«Llegado el instante i:mpremo, váse. A:ré·valo hácia el último de la tarde y antes de
llegar se le enredan los piés en la muleta y
mide el terrP.no. El bicho se le acerca, le dirije una mirada despreciativa, lo huele, y le
,quita la faja. Palmas al toro.
»Se levanta Arevalito, mordiéndos_e los puños de coraje, y sin pasar de muleta entra
·con todas las dé la ley y sale sin herir. Los
peones auxilian al diestro, que se encuentra
:muy nervioso.

»Arévalo manda despejar, y llegándose
hasta la fiera da tres pinchazos sin soltar,
uno de ellos en un pitón, y el toro hace wn
extraño, lo encuna y le da un paseo gratis
por la plaza.
,El bicho deja con sumo cuidado su carga
en el callejón, y del callejón es conducido
¡por fin! á la cárcel.
,Pitos para el presidente.
&gt; Toma los trastos Guitita y espicha el toro de una estocada más atravesada que un
carabinero.,
Bermejo no perdió un incidente de la corrida, y cada vez que Arevalito se decidía á
hacer algo ya estaba el alguacil llamándole
asesino, verdugo, criminal, y otras palabras
escogidas del código.
Llegó á su casa Bermejo, y ya su Pilonguita estaba al cabo de la calle y llorando
como una descosida, pues por su corazón de
madre no se había opuesto nunca, resueltamente, á los sueños de su Juana, y aq_uella
tarde la pobre vieja se había forjado la ilusión de que al fin serían felices y poco á
poco se irían largando las papeletas de empeño que llenaban la cómoda.
Y Juanilla, por su parte, dió en llorar también, y llorando sin consuelo estuvo cuatro
días, diciendo en medio de su lloro amargo:
- Maleta, será; remaleta, retemaleta ...
¡Pero lo quiero,lo requiero y lo retequierol...
V
Vestido de autoridad, y más negro que
la olla de un guarda, se dirigió Bermejo á su
corral. Venía de casa de Reposito, y acababa de oír de boca de su hija descaradamente que le importaba muy poco que Arevalito matara ó no matara y que lo que se estaba haciendo con ella era un crimen: ya llevaba veinte días sin poder salir ni á la puerta ni al balcón, y se tiraría por la azotea á la
calle el mártes sin falta para que la recogiera en sus brazos el asesino aquel que le hcicia la rueda.
Bien recomendada la dejó á la señorita
Reposo; pero Bermejo, no obstante,· volvia
con cierta intranquilidad, y apenas entró en
el corral se encaró con Pilonguita, que en
la puerta de la calle le aguardaba, y la dijo:
-Me estoy viendo retratao en El Liberá
con la cabeza de Arevalito cortá '{ agarrá
asín por los pelos.
-¿Sí?-le dijo Pilonguita.~ Pues ahí lo
tienes en el cuarto esperándote.
-¿A mí?
- A tí,
:--Toq¡a el sable, Pilonguita, toII)a el sa•
ble, y entra conmigo y _prepara árnica.
~

�322

POR ESOS MUNDOS

- ¡¡Buenas tardes!! - casi
gritó Bermejo.
.
-Muy buenas las traiga
usté,-dijo casi cortado Ma•
nolillo.
- ¿Qué hay? ¿Viene usté
por la oreja del segundo?
-Señó Bermejo, vengo desidío á ser un hombre de bien
y á hablarle con el corar.ón en
la mano.
- Hombres con poca lacha
he visto muchos, pero con tan
repoquisima como el hijo de
tu mare... ¡ni en carcomaníal
-Mírusté, Bermejo: á un
grillo es y se le escucha, y yo
quiero que usté me guarde un
ratiyo de silencio, que voy á
hablá ...
-¿,Qué vás á hablá?
- Voy á desirle que soy
mu y bruto, y he desidío ser
digno de su hija de usté...
-¿,Tú?
-Espere usté un momentito... Palo cuá
he ingresao como peón ...
-¡Basta! ¡Se'm'acabó la pasensial ¡Fuera!
-Señó Bermejo... que yo soy mu bruto y
usté no sabe ...
-Lo que yo no sé, ni-pueo sabé, é jasta
dónde yega tu mala sangre, ¡ladrónl
- Mírusté que yo soy...
-¡Si, muy bruto! ¡Se te conose jasta en
er modo de andál Lárgate de aquí, que tú va
á sé mi perdisión, y la de mi bija, y la de lo,
vesinos, y la de tó er barrio, porque me voy
á gorvé loco dando puñalá en la casa, y como
sarga á la calle van á tené que poné en las
dos esquinas «Se prohibe er paso•.
- ¡Pero... señó Bermejo!
-¡Maleta!
·
-Si, señó, ¡maleta!
-¡Retemaieta!
-Si, señó, ¡si yo no lo niego!
-De modo que para hacerte digno de Juanilla, ¡peón! ¡Eso es, á empezá otra vé la carrera! Como que lo menos que tú te cree es
que volviendo á sé prinsipiante vá á arcansá argo.
-Señó Bermejo, peón, sf, peón; pero en
la cu¡adrilla del Niño de Vito.
- Bermejol-exclamó santiguándose Pilonguita. -¡Por Dios, escúchalol
-¿Que lo escuche? ¿Tú también? Ya desía yo que tú no miraba con malos ojoa Jo
que Juana quería...
-Bermejo,-replicó Pilonguita-ni me he
opuesto nunca, ni me opondré ahora; mucho menos ahora que desde mañana es peón.

REPOSJTO·

- ¡Me estoy viendo relralao en un periódicó con la cabeza de Arevalito corú. l

agarra asin por los pelos!

-Ustedes me van á volvé loco.
-Yo sé, Bermejo,-siguió Pilonguitaque er oficio es argo espuesto ...
-Argo, ¿eh? 11Cómo. se conose que nofuiste á los toros el dommgol!
-¡Pero qué tiene que ver los toros con la
arba.ñilería, Bermejo!
- Pero ... es que... Bueno, vamos, ¡ya! peón
de albañil... ¿Ves tú? ¡Ya eso es otra cosar
Pero, sin embargo ...
- Bermejo1 digo, señóBerroejo,- interrum·
pió Arevalito - yo no quiero ná, jasta que
no se vea si sirvo ó no sirvo pa yerno. Como
bruto, le digo á usté que me he propuesto
ser argo y voy á empezá acarreando mezcla... Pero pa er mé que viene, ¡inginierol
¡Por estas!
-¡lnginiero y con coletal-exclamó Bermejo dulcificando ya el tono de voz.
- Ni la señal, señó Bermejo. Mírusté,-repuso Manolillo, enseñando la coronilla-¡ni
sombra!
-Bueno, - terminó Bermejo.-Veremos.
Asín como asín, hay más días que ollas.
Y saliendo del cuarto dió por terminada
la conferencia.

VI
Pocos días después de esta entrevista, Reposito, instada una y mil veces cada minutopor J uanilla, llamaba á Bermejo para rogarle que depusiera su hostilidad y consintiera
á la niña salir á la calle y al balcón, y con
este permiso el inmediato: que dejara á Ma-

nolillo acercarse á la ya impaciente muchacha.
Bermejo, que al fin y al cabo era antes
que municipal y alguacil y hombre serio
padre; Bermejo, que tenía á su lado siempr~
á la Pilonguita, ponderando la fuerza de
v?luntad de Arevalito; Bermejo, que no pod1a negar nada á la señorilaReposo accedió
por fin, y Juanilla salió aquella tarde al bal~
eón después de preparar,;e más que una viuda jóven.
Claro está que lo primero que vió fué á
Manolillo en_ la ~cera de enfrente, y luego
de un sostenido tiroteo de miradas entre ambos nenes, Arevalito se deciuió:
--¡Chis, chis!
-i.Es á mí?
-¿Pos á quién va á sé, lusero?
-?,Qué se l'ofresía?
-U~ favó la má de grande y la má de
pequeno.
-Usté dirá.
-La_ má ~e pequeño, por fo poco que le
cuesta a uste; la má de enorme por lo mucho que pa mí vale.
'
-Estoy enterá.
- Pues baje usté á la reja, que eae eser
favó.
- Pos_ si no e~ más que eso, ¡ya mismito!
-¡Ole la gras1a! ¡Premita Dió que se encuentre usté la escalera sembrá de flore!
-Ya estoy aquí. ?,Qué se l'ofresia?
-~spereust~un ratiyo,que m'acostumbre
á la lude sus OJO ••• ¡Ya está!. .. ¡¡Josú Josú y
Josú!I No me presino, porque pasa' mucha
gen~e ~or calle; pero yo su pare de usté ...
me Jas,a rico.
-¿Rico?
_-Jasta las uñas, y tó en tres boritas na
ma.
- ;_Sí?
-Sí..: Asín como está usté, la ¡.ionía un
rnona~u1Ilo _á un lao y un cepillo al otro lao,
y me iba á Juntá con más calderilla que un
calentero.
-¡Prontito me iba á está yo aquí tres horas sm pestañeá!
- Desgrasiaíta de usté si pestañeara.
-;,Por qué? ¿Peligraba el encanto?
-_-Lo que peligraba era la reja, y dispense
uste er modo de señalá.
- Por mí, dispensao.
-Como que entre usté y la Vioen
de la
0
Esperansa ... me queo con usté.
-).Sin exagerá?
- N~ tanto asín ... ¡so sinvergüenza!
-Oiga uslé, oiga usté ...
- ¡M'ha salio der arma!
- P?s v~ya un piropo.
.
· S1 uste lo sabe entendé, er mejón.

!ª

323

-¡Entendiol
-¡~i ya me lo_ des!~ yo! Arevalito, digo,
Manohllo, no caviles roa, que la uniquita que
te comprende en tó er barrio es esa ladrona
mala zangre.
-¡Agua val
- Usté me entiende.
-Argo.
-¡S! ya lo desía yo! ... ¡So asesina só fea
so malange!
'
'
-¡Y truena!
- -Todavía no.
- Pos jaga u~té e~ favó de que no truene.
-:-~º que uste qu_1era, pero no me puedo
res1sti. Tó esto lo digo porque quiero de verdá: me sale de lo má jondo del arma.
-Pos vaya un arma que gasta usté hijo
-¡Pos toa es mía, madre!
'
'
- Pos es un avío.
-Regulá... Y á propósito del avío ¡al aviol
Usté supon~rá pa lo que vengo yo ~quí.
·
-Usté dirá.
-?,Me ha guiñao usté, gitana?
-- No, es un visio.
:-_B_endit_o sea ese visio, que se lo voy á
quila a usle ¡á bocaosl
-¡Camarál ¿Sabe usté que está uste hecho
una alhaja?
- De oro fino. No hay dublé, ¡ garantisaol
- Pos hay que pasá por er toque.
- Por mi... si usté se deja... ¡venga toque!
- ¡Qué hombre! ¿Y es usté siempre así?
Siempre.
·- Me gusta usté por lo francote.
- Y á mí usté ¡por lo embustera!
--Que no truene, amigo.
- -No truena, ¡por mi salú!
-::Pos siga u_slé con esa franquesa, que eso
es gueno, y as1 se conose..á la gente.
-¡Ea! Es usté una tía con toa la barba.
- ¡Que truena!
- -Descuide usté, no truena. Eso no es ná
- Güeno. ¿Y qué intensione trae u¡;té? ·
- Las de un miura.
-¿,Cuáles?
- ~eclararme á usté... y que usté me diga
que si.
- Sí que son malas intensione ...
-S las de usté?
- Tan malas como las de usté: ¡franquesa por franquesal
- ¡Ay!... ¡Acabe usté, que me derrito!
- Que sí... que sí... que ...
-¡Ayl
-Que... ~esirle que si... ¡porque sil y que
usté me quiera mucho.
-¡Ay!
-¡Vecino!
-¡Ay!'

�- Manolillo, pero ¿qué te pasa? ¿te pones malo?
..'...No ... ¡Ayl ¡Deja que truene ... que me
desahogue!... que ... ¡No pueo má!
-'¡.Pos que truene(
-¿.Sí?
-¡&amp;!
.
-¡Pos mardito sea lu pare qumse vese,
J uanillal... ¡A sin se quiere! ¡Ladron~!
Y ya ves, lector, si era ó no c~pr!cbosa la
afirmación de Ju anilla cuando d1JO a su ama
que su novio no era carpintero, pero si mu Y
bruto.

VII
Volvamos á la ya olvidada historia ~e Reposito y Gabriel, y veamos tras los ~r1stales
del balcón á la simpática Reposo y a la retesimpática Juanilla, dirigie~do de vez en
cuando furtivas miradas hác1a la acera de
enfrente donde estaba Gabriel sin decidirse
á pasar ~or debajo del halcón por miedo á
las macetas
Intima confidencia era la que estaba haciendo Reposito á Juanilla.
.
-Yo quiero para mí, toda la vida, para
quererlo mucho, para morirme besá11dolo, á
un hombre que sepa querer con toda el alma,
como se quiere la vida en l_a ag?nía, y ése...
que no es ese, será para m1 ra yito d_e sol en
el invierno vasito de a&lt;1ua fresquita en el
verano, co~ita de plata d~nde yo eche c~idadosa mis secretos y mis pesares, arroyito
claro que se le vea el fon~o pa podé ad_iviná sus intensiones y también sus pensamientos pa basé todo lo que él quiera sin que
te;ga que mandarlo, pa viví como palomitos felises él seloso y yo selosa, un alma y
una vida ~a los dos: suspirito de mi pecho,
sitio cabal en el suyo, lagrimitas de mis ojos,
vaso en sus labios; uno siendo dos, si, siempre somos dos, y uno siendo dos pa otro, si
arguna vé somos tres...
-Que me líen en papé de estrasa si e~tiendo argo de ezo, señorita,-repuso Juam1\a.-Ar principio, creí que usté ar que c~melaba era ar San Luí Gonzaga, de San Vicente· aluego, con la rebujiña de uno y dos,
y dos' y uno y tré, yo no sé de cuenta, y mu
bonito está eso, pero pa mi como si me hablara usté en franchute.
- Verdá Juanilla, tiene rasón: á tí sacándote del b;so, y del suspiro, y del pellizco,
no sabes que es queré.
-¡Arto ahí! ¿Por dónde sabe usted que
Mano\illo me tira pellisco?
-¡Yo que he de sabé, tonta(
-¡Ya! ¡Po poco que miramo pa tó los
laos antes, no vaya á babé tnoros en la
i:OSta.

325 ·

REPOSITO

POR ESOS MUNDOS

324

-;.Sí?
-¡Se me escapó!
-;,_Y á qué te saben? ¡_A qué te saben? .
-Verausté: los día de entre semana, a
·una cosa mu rica... veraosté... arró con leche, queso y natilla, ¡tó arrebujaol Los domingos... á leña, porque cuando voy á vé á
mi Pilonguila ... yo lo dise er cantá y tó los
sábados se lo digo á ~fanolillo:

No me tfres niá pellisco
que me hase cardenale,
y en cuanto llego á m,i casa
me los conose mi madre.
-;. Y te los conose?
--¡Si no hisiera má que conosérmelos!...
-A mí no m 'han tirao nunca un pellisco.
-¡Velaste ahí! Por eso está usté tan tonta.
- ¡Chiquiya!
-Dispense usté, zeñorita; pero ¿vé usté ar
señorito Gabrié ahí ar pié del escaparate de
de la freiduría? Pos si usté no se pusiera colará, y yo tuviera un poquiyo de meno vergüenza de la poca que me quea, era yo mu
capá de desirle en lo que está pensando.
-¡En lo que está pensando! ¡Es tan veleta! ¡En otra!
-Sí, en otra... ¡ya, ya! En fin, que se me
vá la lengua. Usté lo que debe de basé é abrí
er barcón y asomarse, y llamarlo, y no sé
tan selosa, y ar mé que viene si usté se guia
de mi ya me dirá usté á qué sabe: arró con
leche, queso y natillas, ¡tó arrebujaol
- No he de sé yo quien vuelva á las andadas primero.
-Er caso é que eso mismo dirá él: «¡Lo
que es yo... no soy el primero! ,
-Porque no me quiere.
- Eso mismo también dirá él de usté :
«¡No me quiere! •
- Pos se equivoca: yo sí, ¡yo sí le quiero!
Y cuando ya Gabriel, desesperado, como
todas la tardes, iba á marcbarse,el dueño de
la pescadería, que ya le bahía visto tres semanas junto al escaparate, le dijo:
-Señorito, va á tené usté que pagarme
por el oló.
- Sí, señor,-respondió Gabriel entrando
en la tienda.
Sacó un duro, lo botó sobre la piedra de
mármol, vo lvió á recogerlo y despidiéndose
dijo:
-¡Cóbrese usté er sonio!

VJJI
Confieso que con temor principio este
capítulo, pues en él tengo que decir que á
Gabriel Heredia le ha tocado la lotería, y no
solamente esto, sino que le ha caído el ¡premio gordo!

De más de un lector estoy oyendo un
•¡Claro!,, como si dijera: «¡Para eso compró
el billete! Si no, ¿qué repajolera falta hacía
el billete en la novela?•
Y yo, después de reconocer que, efectivamente para eso le hice comprar el Catorce
mil y de reconocer también que son contados los casos de premio gordo (yo no conozco ninguno), sigo adelante, pues por cincuenta mil duros más ó menos no ha de aterrarse quien niega rotundamente la existencia
de los billetes de cuatro mil reales.
Si Gabriel Heredia, al ver en el parte su
14.558 hubiese estado en Madrid, probablemente le hubiera dado por irse á un garage
y adquirir un 40 H.P.; pero como además
de encontrarse en Sevilla, era más sevillano
que el Muñeco de la Giralda, se fué al Pasaje Andaluz con todos sus amigos, sostuvo
una pequeña entrevista con un montañuco
de estos que parecen que le han hecho la
cara á bofetadas, según lo colorada que la
tienen, y con una jumera 40 H.P. salió, decidido á decirle las verdades del barquero á
Reposito.
-¡Se acabaron los moños! ¡Se acabaron
las tonterías! Si eran verdaderos sus quereles, que lo demostrara. Si no era fingido su
llanto, ¡prueba inmediata!
Y allá se fué á refregar la tajada por los
hociquitos lindos de Reposo.
¡Y que estaba Gabriel en punto de caramelo!
Le propondría, entre otras cosas, la fuga,
una fuga nocturna en una lancha por el
río, á la venta de Vega ... Allí,á despavilarse,
si babia sueño; de allí, á Sanlúcar; de Sanlúcar á una bodega; de la bodega á la lancha,
y pasito á paso á Buenos Aires, y á México,
á preparar la alternativa allí de Arevalito,
porque Arevalito tenia que dejar el palaustre y echarse á los cuernos; de México ... á
Lóndres, á pegarle al primer inglés que se
tropezara, y de Lóndres á dormir... eso sí, á
dormir á Sevilla, donde tendrían preparada
una casa en la calle de San Vicente con una
alcoba árabe y un cortinaje gótico y una cama que, para el caso, lo mismo da gótica que
árabe, que bizantina, que catre.
Y pensando esto y muchas cosas más,
pasó sin darse cuenta por casa de Reposito,
ésta lo vió sin querer creer lo que veía, Juanilla se hizo más cruces que si se le hubiera dormido un pié, y mientras las dos niñas
se quedaban huecas llorando, Gabriel siguió
y dió en el palacio arzobispal en la ocasión
en que el Cabildo Catedral en masa, acompañando al prelado, salía de la basílica.
Como de costumbre, iba echando bendiciones el arzobispo, y una de_ellas, sin fijar-

se, dirigió á Gabriel, quien cayendo en tierra
por eL·i::to del alcohol levantó á su vez la
mano. bendijo al arzobispo y murmuró:
-¡~i te debo, ni me debes! En paz.

IX
¡No más penas, no más llanto! No merecía Gabriel que aquellos ojos azules se eln•
pañaran una vez cada minuto del día.
El Padre Jerónimo había dado con la solución: monja, no, porque Reposito era muy
niña para saber de estos achaques; lo mejor
sería olvidar y procurarse otro cariño; pe•
ro si el de Gabriel tan firmes raíces había echado en el corazón de Reposito, bien
podía ésta alejarse del mundo así eomo
cuando se váde baños, de temporada, y ... madre de Caridad, á querer mucho al ejército
de chavalillos ó á cuidar como las mujeres
saben á un enfermo; cumplido su voto, al
cabo de un año podía encontrarse nuevamente entre los suyos, y quién sabe si á
fuerza de curar heridas curaba de la suya.
-Señorita,-pleiteaba de continuo Juanilla-que lo que usté piensa es una esavorisión, y el Padre Jerónimo un esavorío muy
grande... Pare usté ese carro loco y jágame
caso á mí: si quiere usté mucho á ese Grabié
tao sin sentía, ya Dios, que es la má de güeno y pa mí que no está conforme con el Padre Jerónimo, le volverá al buen terreno: los
dineros son reondos y ruedan mucho y peseta que empiese á rodá ¡á Dios que te vil Mientras no enferme, deje usté ar señorito que
gaste y triunfe, que eso no dura lo que un
serillo é casina. ¿De toas las novias que se
ha echao, hubo queré que durara lo que un
soplo? No... ¿Se dise argo malo de él? No ...
¿Se cuenta argún lío de él? Sí, el de la marquesita; pero ese lío lo tiene ella, y ya verá
usté cómo con er tiempo se desenvuelve el
lío... ¿Que hay más de una niña tonta que
bebe los vientos por él? Pos que siga bebiendo viento á vé si bota ... En fin, el toque é tó
está en que se le acaben los cuartos, y verá
usté entonse cómo se pone má suave que la
badana... Y que no me dá á mi la gana que
usté se ponga eso blanco en la cabesa, y
poco pueo yo, pero como bable con mi pare
y con Manolillo ... ¡va usté á vé lo que l'apresia á usté toa mi familia!
Lo que fragüó la imaginación loca y ardiente de J uanilla, con todos sus detalles no
lo diré; pero sí vamos á trasladarnos á casa
de Gabriel Heredia en el crítico instante en
que llegan allí nada menos que Bermejo y
Arevalito deseando hablarle.
-El señorito está con varios amigos en
la cuadra, y no recibe.

�326

POR ESOS MUNDOS

-Pues dígale usté ar señorito que se ·r
deje de malas compañí~s, que le es!ii.7
esperando aquí BermeJO y Manoh .. J
Arévalo.
-Se lo diré.
-¿Bermejo? ¿Arevalito? ¿Qué sucede?-pensó Gabriel.
Y sin decir á sus amigos ¡Hasta luego!, salió al patio, donde se encontró
con nuestros personajes.
Iba Bermejo oliendo á abanfor por s u s cuatro costados.
Camisa limpia, e I sombrero
nuevo y el traje azu I merino, un
tanto estrecho, y cuyas pronunciadas arrugas delataban el peso
que había tenido encima guardado en
el arca mucho tiempo; las botas relucientes; betún hasta en los ojales; recién afeitado. Y Manolillo, bien puesto, con su traje flamante y su sombrero
de ala impecable.
-Vienen de etiqueta,-pensó Gabriel apenas los vió, y dijo:-Pasen,
pasen al despacho. Siéntense ustedes.
-Usté primero, - dijeron á dúo
Bermejo y Arévalo.
-¿En qué puedo servirles? ¿Qué
-Pasen, pasen al despacho,-dijo Gabriel á sus visitantes
buenas nuevas traen ustedes por mi
casa?
le contesto como se merese. Si porque Dios
-Arevalito,-dijo Bermejo á su futuro ha querio l'ha dao á usté un puñao de duros,
pariente-tú que tienes más mundo, habla. µa envolverle en billetes de á mil pesetas
-Difisilillo es el asunto, pero allá vá,- tienen sus padres... Y eso lo sabe usté mecontestó Arévalo.-Señorito Grabié: venimos, jón que nosotros.
ya se supondrá usté de dónde, pero sin que
-Es que ...
ella lo sepa, á ve si se pué consegui averi-Dispense usté que le interrumpa; pero
guá si quéa siquiera una mijita de aquel ca- iba usté por muy mal camino, y si es que
riño tan güeno y tan feli. Ella, que es una no le gusta el asunto que traemos, no se
santa, se pasa la vía entre suspiro y suspiro, eche usté fuera de la verea, y dígalo claral'ha dao por la Iglesia y ya se están andando mente ... En lo tocante á si venimo en calidá
los pasos pa meterla á madre de Caridá, y de embajadore, aquí, si árguien ha perdío
usté tiene la curpa de tó esto, señorito. Aque- la vergüensa es usté, porque la señorita Re:
lla casa no es casa, y desde que á la señori- poso ni sabe ná de este paso que damos, m
ta se l'ha metío en la cabeza lo de la toca si lo supiera sería consentiora ... Vámonos
blanca tó se hase al.revé y de mala gana. Su Manolillo... Salú señorito: mu amarillo está
pare triste, su mare triste, ella triste, y has- usté. y ándese usté con cuidao, que si er que
ta Curro, el gato, echa unas miradas que juega con er dinero argunas ves_es gana, er
meten miedo y está siempre que parese un que juega con la salú siempre pierde.
limpia-tubos. En fin, pa remate: Ju anilla dise
-Bermejo,-replicó Gabriel-no ha sío
que si se va su señorita se va ella también, para tanto sermón lo que dije, y muy malay como se vaya ella yo me meto á fraile,
mente dispuestos han entrao ustées por esta
porque en acabándose Juanilla se acabó pa casa; pero sepa usté que no pido parecer de
mí la alegria der mundo ...
mis hechos á nadie ni consiento que me los
-Bueno, en resumidas cuentas,-contes- dé persona alguna; lo que hago, cuando lo
tó Gabriel, que la tonta esa os manda en hago, es porque me parese bien ... por no de· calidá de embajadores pa que tratemos la sirle otra cosa v hablarle tan descarao como
paz ahora que yo ...
usté me habla. ·ncmasiao tiempo estuve ronY Bermejo no se pudo resistir y replicó dando allí y aguantando niñerías y escrúpuindignado:
los de monja... Aqui, si hay árguien que ha
-Mírusté: es usté un niño todavía, y no perdío la vergüensa, seré yo, según como se

REPOSITO

rn1ren las cosas; pero si hay árguien que se
.arrepiente... yo no soy.
-No hay má que hablá, señorito ... Muchas mujeres tiene usté... ¡una pa cá día! y
-es naturá que no s'acuerde de un cariño verdadero ... ¡Er tiempo dirá! Siga usté su alegre
-camino, que no hemos venío á quitarle de
los labios una copa é mansaniya ...
-Bueno, Bermejo; yo me sé lo que me sé,
y volveré ó no volveré: ¡como me parezca
oportuno! Díganle ustedes á ...
-¡Calle usté la bo-cal. .. No siga usté ... ¡A
naidel... Venimos por
nuestra e u e n t a... Si
quiere usté desirle argo
á árguien ... pa eso s'ha
hecho el correo ...
-Salú. Usté lo pase
bien. Suerte.
-Suerte.

...

327

¡Quién sabe! Parece que Dios me lo pone en
mi camino siempre. Ya no me acordaba de
él, y esta mañana lo he visto, amarillo como la muerte,enun ¡ay!, rodeadode sus amigos, ahí en una sala de pago, pues Don José
el médico ha querido traerlo aquí porque
aquí está todo á mano, y en su casa no ha v
quien lo cuide, y aquí sí: aquí ... ¡yo, que po·r
mi suerte ó por mi desgracia me he brindado!
-Usté siempre
1a misma , señorita.
-Es mi deber.
-No; es su cariño.
-Las dos cosas.

XI

-No es nada ,
-sa I i ó diciendo
Don José á RepoX
sito . - Pero, no
-Señorita,-diobstante, tenga usjo Bermejo, ape•
ted, madre, cuidanas tomó posesión
do, porque puede
de una silla.
sobreveni r u na
complicación que
Males que acasería horrible.
[rrea er tiempo ...
Y, al cabo de
quién pudiera
unos días, decía el
[imaginarlos
propio Don José á
para ponerle e r
1 a misma Repo[remedio
sito:
antes que viniere
-¡Se acabó! En[el daño,
tramos en el períQdo de franca convalecen-como dice la cocia... Merece usted una está,pla.
tua, madre Reposo.
-Verdá Be r-¿Verdad que sí?-repuso
mejo , - contestó
Gabriel, mirándola.
Reposito.-No es
-Sí, sí,-continuó el doctá una tan apartator.-Una estátua, y ya que
da del mundo e1,
sale para siempre del hospieste hospital, que
tal, donde tanto bien ha heno se entere de las
cho, un hombre que la quie•
cosas que á una le
-Merece usted una estátua,-dijo el médico á
ra como se debe querer.
interesan.
la madre Reposo
Y el médico, no sabemos
-Tó en sinco minutos,-replicó Bermejo. cómo se las arreglaría, pero guiñó al mismo
-Fué una p_uñalá á traisión, con toa la mala tiempo un ojo á Reposito y otro á Gaza~gre que tiene er Campito. Ya me lo te- briel.
m1a 10: ~ucha seda y mucha faralá gastaba
-He procurado ponerme bueno para sala Pintaita, y no podía caberle en la cabeza lir contigo el mismo día, para llevarte yo
á Campito que er tablao del café cantante mismo á tu casa y aunque estén las rraced~era para tanto lujo... ¡Y se enteró! A él lo tas en tenguerengue no separarme de la
hieren cuando usté, curá de su hería de amó
reja hasta que tú me digas «¡Entra!» ¿Me lo
va á terminá su voto y á alegrá otra vé aque~ dirás?
Ua casa y aquellos viejos tan sin consuelo...
-No te creo ni tanto así, loco.
-Pronto saldré, tienes rnzón ... ¿Curada?
-¿Pero tú me sigues queriendo?

�POR ESOS MUNDOS

-¿Que si te quiero'/... Para nosotros dos,
Gabrielillo, se hizo aquella copla:

Tu querer es como el agua
que vá corriendo hácia el mar
y el mío, como la piedra:
donde lo ponen se está.
Y para mí solita esta otra:

Aunque en una critz me pongan
y á la garganta un cordel,

mientras más fatigas pase,
¡más te tengo de querer!

Del hospital salían dos cajas negras, llevadas á hombros por unos cuantos hermanos de la caridad. ¡Saludémoslasl En la primera vá Gabriel; en la segunda va Reposito.
Camino del cementerio de'túvose la fúnebre procesión, para dar paso á otra más fúnebre todavía.
Era un carro de cadáveres.
Uno llevaba la mano fuern. No hay duda~
era Ju anilla.
Arevalito, Bermejo y Pilonguita no tardaron mucho en sucumbir.
Curro, el gato, murió á fuerza de debilidad, en la mils espantosa transparencia.

EPILOGO
Ya supondrá el lector en qué vá á parar
esto.
Yo soy enemigo de las tragedias finales.
Soy de tan buen natiirá que no me gusta
entristecer el ánimo del lector sensible.
Es fácil suponer que el mismo trabajo
me costaría matar á Gabriel Ileredia y á
Reposito, y á Juanilla, y á todo bicho viviente, que escribir una carta á mi familia.
Después de todo , no tendría que añadir
ningún capítulo más: con siete ú ocho lineas
estaríamos al cabo de la calle.
Allá vá un ejemplo de finalito para la
novela.
Era el año de... El cólera se había extendido por la ciudad. Las campanas de sus torres no cesaban su doble triste, monótono,
sombrío ...

R. I. P. A.

1A lo que queda reducido el mundo y sus.
pompas vanas!
A. 1\1. G. D.

Y si no nos hubiéramos acordado del sal-

vador cólera, bombas destructoras hay en
todas partes capaces de resolver de improviso cualquier novela, y al novelista inclusive.
Pero ... ¿para qué?
Arevalito y Juanilla son muy simpáticos:
preparemos sus bodas.
Gabriel y Reposito, no lo son menos: ¡al
matrimonio!
A Curro ... démosle un badilazo, que sevaya á la azotea, en busca de aventuras amorosas
Y ... Ego vos conjungo.
PEDRO

nustraciones de F. de la Mota.

PÉREZ FERNÁNDF.Z

Vista general de la babia de Nápoles y del Monte Vesublo. El sitio que ocupaba la ciudad de Herculano se encuentra
más allá de la bahla, al pié de la montaña, próximamente hácia el centro del grabado. Pompeya estuvo al¡o distante,
detrás de la lengua de tierra correspondiente alVesubio

LOS TESOROS DE HERCULANO
el Jó-ven dejó á la po~teridad un relato detallado de la memorable erupción del Vesubio en el año 79 de la
Era Ct·istiana, en la que pereció su tio Plinio
el Viejo, quedan aún por dilucidar algunos
puntos relacionados con el histórico desastre.
Entre esos puntos obscuros citaremos el
relativo á la fecha precisa de la catástrofe,
pues, ya se deba á falsas interpretaciones
del texto de Plinio, ó á las mismas vaguedades en que incurre el escritor, es Jo cierto,
que los autores modernos asignan á la hecatombe nada menos que doce fechas distintas, comprendidas entre el 24 de Agosto, la
más temprana, y el 23 de Noviembre, la más
tardía.

A

UNQUE Plinio

¿CUÁNDO OCURRIÓ LA DESTRUCCIÓN
DE HERCULANO?

Dada esta discrepancia de oprn1ones, y
atendiendo á que las fuentes literarias de
información no aclaran la dificultad, se ha
llegado á pedir la respuesta exacta á las mismas ruinas de Pornpeya. Al efecto, eruditos
arqueólogos han venido explorando los des-

truídos edificios pompeyanos, recorriendo sus
casas, sus bodegas, sus terrazas y jardines,
en busca de aquellos signos característicos de
la estación en que fuera á sorprender las poblaciones confiadas el terrible despertar del
Vesubio. Sobre esa base bastante sólida ha
planteado el investigador Cario Rosini su
teoría de que la destrucción de Pompeya y
Herculano debió ocurrir ya bien entrado el
otoño. Fúndase Rosini en la circunstancia
de haber sido descubiertos en Pompeya, en
las despensas, ciertos frutos otoñales, como son las piñones, las castañas, los higos secos y las pasas, y fúndase asimismo en que,
al ser excavadas algunas casas, se ha podido comprobar la existencia de vestigios de
alfombras sobre los pisos de mosáico, de
igual suerte que la de braseros repletos de
carbón en los vestíbulos y en los patios.
Sin embargo, el commendatore Michele
Ruggero, último director de las excavaciones, no acepta la hipótesis de Rosini. A esle
propósito dice lo siguiente:
«En varios centenares de habitaciones
puestas por mí al descubierto, solo en un
caso encontré vestigios de alfombrado, sin
que sea posible decidir si esas tapicerías se

�330

POR &amp;SOS MUNDOS

hallaban extendidas sobre el piso ó por el resina y de la pez, operación que no efeccontrario e~rolladas en un rincón. En toda tuaban los viticultores de la Italia meridional
la ciudad no he descubierto sino cincuenta hasta mu y avanzado el otoño. En otra casa
braseros, ó sea un número bastante inferior [ué descubierto una ánfora de vino, que
al de casas pompeyanas, y siempre en unión Juntamente con herramientas del oficio dede utensilios de cocina, principalmente pu- jaron allí olvidadas en su huida los albañiles
cheros y cazuelas; lo que me inclina á pen- encargados d e efectuar ciertas reparacio sar que lo mismo habrían podido servir los nes en el edificio. En este caso, como en el
braseros para calefacción que
referido anteriormente,el anápara fines culinarios. En cuanlisis de los sedimentos deposito al hallazgo de determinados
tados en el fondo del ánfora
frutos, diré que la roa yor pardemostró que el vino había site de los descubiertos en las
do ya alquitranado.
ruínas maduran e n Italia á
fin.es de Agosto, y por lo que
¿HA CUIBIADO LA FORMA
se refiere á los higos secos
DEL LITORAL?
bien pudieran proceder de la
cosecha anterior.•
Otro punto muy debatido es
El sistema de investigación
B_usto&amp; en bronce de Aulo Gabiel referente á la disposición
adoptado por Rosini y Ruggenio Y 4e A~~lr~u!:~ntrados en
del litoral en la bahía de Ná1·0 es, no obstante, el único
poles al desaparecer Pompeya
raciona!. Siguiéndolo estrictamente, han lle- y Herculano bajo la lluvia de cenizas y lava.
gado todos los especialistas en antigüedades
¿Debem_os ver en ambas ciudades dos plapom_Peyanas y herculanas á fijar el día 23 de yas veramegas, ó dos poblaciones situadas
Noviembre como la fecha más probable de la mar adentro donde iban á buscar en el otono
catástrofe.
los opulentos patricios romanos, las gentes
De todos los hechos en que se basan sus elegantes ó los pobres enfermos un apacible
conclusiones es este el más convincente. refugio contra los primeros ava~ces del cruEra costumbre en el mediodía de Italia, no do invierno? Un pasaje de Tito Livio, en
bien terminaba la vendiel que se afirma que la flomia, exponer las tinajas
ta romana echaba el ancla
(amphorre) llenas de vino
en Pompeya, cuyas ruinas
nuevo á la acción del sol,
se encuentran actualmente
d~l calor y del humo. Haá dos kilómetros del • ma~,
cían esto los cosecheroJO.
ha hecho pensar á varios.
romanos para apresurar l:i
arqueólogos que al ocurrir¡
fermentación del m o s to
la erupción del año 79 el
antes de su encierro en las
mar debía acariciar, efectibodegas. Ahora bim: en el
vamente, el lecho de rocas
jardín de la Casa del Fausobre el cual s e hallaba
no han sido halladas setenasentada la población. &amp;ta
ta y siete amphorre de esa
creencia se robusteció en
clase; veintinueve más en
l831 , á causa d e haber
el atrium de la Casa de
sido descubiertos en MessiEpidio Rufo, y veinte
na p o r u n labriego que
más en la exedra de la
cavaba sus moreras, sumansión de Epidio Sabino.
puestos mástiles d e una
Por si no fuera bastante ese
galera romana. El hallazgo
hallazgo, en una casa rúsfué presenciado por el intica desenterrada en el año
&lt;.:aballo de bronce, que se conserva en el
geniero naval Giuseppe Nede 1875, encontró la pique- 1\fuseo de Nápoles, reconstiluído con res- gri, quien sufrió e 1 error
ta algo así como doscien- tos de una cuad;/';,"ñ~ª}~~a en Herculano de tomar por tales mástiles
tos cántaros de vino dis.
simples troncos de ciprepuestos sobre la azotea de una cuadra, den- ses fósiles. Y no paró ahí el error, sino que
tro de la cual aparecieron los esqueletos de creyendo el ingeniero haber dado con la nave
cuatro caballos (uno de ellos sujeto por una almirante mandada por Plinio el Viejo, descad~nita al pesebre), de un cerdo y de una enterró uno de los troncos y lo condujo coga)hna. Analizados químicamente los posos mo preciosa reliquia al Museo Naval de Náe~1stentes en los cántaros, averiguóse que el poles.
vmo debía haber recibido ya la visita de la
Veinte años más tarde quedó destruida la

LOS TESOROS DB HERCULANO

331

equivocada suposición de Negri con
motivo de ser descubiertos otro s
cien to diez cipreses, petrificados, á
ambas orillas del
río Sarno; cipreses
cuyas raíces cubría
tierra vegetal y cuyos troncos aparecían incrustados en
piedra pómez. Todos estos árboles
aparecían plantados en filaguardando entre sí la distancia de tres varas, midiendo uno
de ellos cuarenta y
siete centímetros
de diámetro; lo que
prueba que al sobrevenir la erupUna de las excavaciones hechas en Hereulano. En segundo término del ~rabado
c i ó n contaba ya
aparece la ciudad moderna de Portir.i-Resina, y en el fondo el Vesub10
treinta y seis años.
Hoy opinan, generalmente, los arqueólo- grupos: el más numeroso, al extremo del
gos que mientras el perfil de la costa no ha pórtico é inmediato á la desembocadura del
cambiado casi nada en Herculano y Estabia, río, ó sea donde, según todas las probabilidaen Pompeya ha ido avanzando hácia el islo- des, procurarían abordar las embarcaciones
te rocoso de Revigliano (Petra Herculis) algo de salvamento; en cuanto á los otros dos
montones de esqueletos, yacían, respectivaasi como d0scientos metros.
mente, en el extremo opuesto del pórtico y
hácia la mitad del mismo. Los dos primeros
EL ESQUELETO DE PUNJO
grupos debían estar compuestos por gentes
En este punto haremos notar otro ejem- de la clase pobre, cual lo demuestra el hecho
plo curioso de cómo pueden las falsas apa- de ·no haber sido hallados junto á las osariencias extraviar una inteligencia bien equi- mentas sino modestisimos objetos caseros y
contadas monedas de cobre. En cambio, el
librada.
De igual modo que Giuseppe Negri pensó grupo central, mantenido á respetuosa distanun día haber descubierto el barco de Plinio, cia del vulgus profanum aún en aquella
otros investigadores anunciaron no ha mu- hora suprema, sin duda lo constituyeron percho tiempo el posible hallazgo del esqueleto sonas de la clase acomodada ya que al volver sus huesos á la luz del dia trajeron codel bravo almirante romano.
En Julio de 1899, un individuo llamado mo prueba de opulencia gran colección de
Matrone, luego de haber realizado algunos de ornamentos preciosos y de bolsas bien
trabajos de excavación, nada fructuosos, en provistas de monedas de oro y de plata, en
una propiedad rústica situada entre las mu- su mayor parte del tiempo de Vespasiano y
rallas de Pompeya y el mar.(cerca de la an- recienteménte acuñadas.
tigua desembocadura del Sarno y en un sitio
Puede juzgarse cuál no seria el júbilo del
ahora denominado Molino di Rosa),descubrió explorador Matrona al observar que abundalos restos de un mesón cuyas habitaciones te- ban los collares, brazaletes y aniilos de oro
nían salida á un pórtico orientado á ponien- en torno de las desnudas vértebras, de los
te. Una de las estancias contenía buen núme- carcomidos húmeros y de los secos dedos.
ro de ánforas de vino; otra, una colección Como detalle curioso, diremos que la totalide herramientas de carpintero; otra, diver- dad de estos esqueletos aristocráticos dessos aparejos de pesca, y, por último, el refe- cansaban sobre el suelo del pórtico, excepto
rido pórtico ofrecía á la curiosidad del ex- una de las osamentas que fué encontrada
plorador nada menos que setenta esqueletos junto á la tapia y algo más alta que las reshumanos amontonados sobre el piso en tres tantes, como si al infeliz á que perteneció le

�332

POR ESOS MUNDOS
LOS TESOROS DE HERCULANO

hubiera sorprendido la muerte sentado en
una silla ó postrado en una litera. Del cuello
del esqueleto pendía gruesa cadena de oro
constituida por sesenta y cuatro eslabones; en
el brazo izquierdo adverlíase la prPsencia del
doble brazalete militar (tot·qu,es brachiales),
y del hueso de la cadera colgaba una espada
·corta, circunstancias todas ellas mny dignas
de estudio. Un erudito italiano, Mariano E.
Cannizaro, fundó en ellas la suposición de
que los citados reslos Eran los del famoso almirante y naturalista Cayo Plinio Segundo,
llegado con su flota á Nápolcs para procurar
el salvall:e:1to de los aterrorizados habitantes
de Pompc ya y Herculano. Pero, á decir verdad, lo escrito por Plinio el Jóven acerca de
su ilustre tío se opone por completo á la hipótesis de Cannizaro, como podrá observarse
en las líneas que copiamos:
«Pusiéronle-dice Plinio el Jóven refiriéndose al almirante-sobre una manta extendida en el suelo. Ya más tranquilo, pidió
por dos veces un poco de agua, que bebió
con delicia. A todo esto, una nueva explosión de gases venenosos y de cenizas babia
dispersado á los acompañantes. Entonces intentó ponerse en pié con ayuda de dos servidores 'que le habían sido fieles hasta la
muerte; mas era tan espesa la lluvia de cenizas que, quizás sin poder dar un paso, debió
caer asfixiado á los pocos momentos, con
tanta mayor rapidez cuanto que el almirante
padecía de ahogos. El cadáver fué recogido
al terce1· clía, sin observar~e en él herida algun.a; las mismas ve~tiduras no aparecían
desordenadas con
exceso: cualquiera
hubiese dicho a 1
verle que dormía,
y no que descansaba en brazos de la
muerte.•
De ser aceptada
laconjeturade Cannizaro, habría d e
admitirse que los
descubridores de 1
cuerpo d e Plinio
1 o condujeron alpórtico de una posada, para que se
pudriese allí, en
vez de rendirle los
solemnes honores
fúnebres acostumbrados.

blemas relacionados con las tres ciudades
sepultas junto á la falda de Vesubio, el más
interesante en la actualidad es si será posible
desenterrar á Herculano en la misma forma
que ya se ha hecho con casi toda Pompeya.
Ha de tenerse presente, en primer lugar,
que mien trns esta última ciudad era de fácil
acceso, y además yacía sepultada bajo una
capa de materias ligeras, Herculano es poco
menos que inaccesible, cual si la Naturaleza
hubiese mostrado empeño en proteger las
grandes riquezas ocultas en su seno, impidiendo á los cazadores de tesoros la libre eritrada á saco. Los efectos de la erupción del
año 79 fueron distintos en los sitios destruídos, conforme varió la clase de materias
eruptivas arrojadas al azar en unos y otros
lugares por la furia de los elementos. Pompeya quedó cubierta por una capa de cenizas y piedra pómez (lapillo), y de ahí la fa.
cilidad relativa de su exhumación. Los escombros son, en efecto, tan ligeros, que puede~ s~r acarread_os en bastante cantidad por
chiquillos provistos de grandes cuévanos.
Pompeya ha tenido, además, la ventaja de
que al través de los siglos no se ha edificado
sobre ella poco ni mucho, alcanzando en
todo su perímetro la capa de ceniza tan sólo
un espesor máximo de tres metros y medio.
Con Herculano ocurre lo contrario. Inundado, corn~ sus v~cinos Pompeya y Estabia,
por la lluvia de piedra pómez y ceniza, recibió al mismo tiempo, á causa de su proximidad al centro de la erupción, un verdadero torrente de agua hirviendo que, al mer.-

CÓMO DESAPARECIÓ
HERCULANO

De todos los pro-

Jardín de lo casa de Argos: en Hereulano

1,

333

ciarse con las substancias blandas,
convirtiólas en una
especie de cemento. Sobre esta capa
cayeron luego los
productos de otras
erupciones, resultando de ello que,
hoy por hoy, la en
un tiempo 11 ana
Herculano s e encuentra so terrada
baja una masa de
escorias volcánicas
cuyo espesor varía.
e n t r e quince y
treinta metros. Por
si no fuera bastante, la ciudad muerta descansa bajo
una ciudad viva é
industriosa cu y os
habitantes n o s e
hallan dispuestos ,
ni muchos menos,
á abandonar s u s
moradas, sus naranjales y limoneros, y, sobre todo,
s u s viñedos productores del celebérrimo Lacrima
Christi, en beneficio de l a ciencia
arqueológica, razón
por la cual las exEl volean que &lt;lestruyó la ciudad de Herculano. Nues~ra fotografía represe~ta el Ves1;1cavaciones sol o
bio durante su última erupción en 1906, que los h1sto_nadores CO';'_Paran en importancia
pueden llevarse á
con la que sepultó á. aquella antigua poblac,on
c abo alegando l a
DESCUBRIMIENTO DE HERCULANO
ley de e,spropriazione per uWitá publica, ó
sea, como el lector debe saber, obligando
Ocurrió este de un modo casual allá por el
mediante ella el Gobierno á la venta de los
terrenos necesarios para los trabajos que año de 1709. Practicándose trabajos para la
construcción de un pozo en los jardines del
sean precisos realizar.
En Herculano, como en el resto de la re- Príncipe Elbeuf, de Lorcna, cerca del monasterio franciscano de San Pedro de Alcántagión devastada por el Vesubio, procuraron
los habitantes, una vez pasado el peligro, ra, hallaron los operarios en el fondo de la
recuperar los perdidos bienes. Andando el excavación, á la profundidad de veintiocho
tiempo, cierto Andentius Semilano, gober- metros próximamente, tres estátuas de már•
mol. Dichas estátuas, llamadas por Winckelnador de la Campania Felix:, en la época de
Constantino el Grande, hizo excavar ciertos mann «maravillas de belleza•, fueron reclatiitios de la ciudad, de fácil acceso, lográndo- madas por el virrey austriaco en aquella
so rescatar buen número de estátuas. Mas, época, y regaladas al príncipe Eugepio de
poco á poco, fué perdiéndose en las memo- Saboya, jefe del ejército de ocupación. Emi"ia de las gentes el recuerdo de Herculano, plazadas más tarde en sus jardines de Viena
y llegó un día en que sobre los restos de la por el susodicho príncipe, fueron rnndidas
hermosa urbe se echaron los cimientos de en seiscientos thalers, al morir ésle, al rey
un pueblo, que no es otro que el hoy llama- Auguslo II de Polonia.
Las tres . escu lturas acabaron s u a.cciden&lt;lo Portici-Resina.

�334

POR ESOS MUNDOS

tada existencia en el .Museo Albertino de
LOS LIBROS DE HERCULANO
Dresde.
Habiendo pasado, entretanto, la Villa de
El teatro donde fué hallado el carro de
Elbeuf á ser propiedad del rey Carlos III,
hízose un nuevo pozo en 1738 precisamente bronce daba frente al foro de Herculano, enen los limites municipales de Portici y Resi- tre el cual y la costa se encuentran las ruinas
na. Las obras dieron por resultado el hallaz- saqueadas en 1752 de la Quinta de los Pigo de un teatro antiguo, tan rico en objetos sones, conocida bajo el nombre de Villa dei
de arte que bien pudieran parecer verdade- Papfri por el enorme número de rollos de
ros cuentos de hadas Jos relatos hechos por pergamino, á cual más valiosos, en ellas deslos testigos presenciales de las excavaciones. cubiertos. Estos antiquísimos rollos, sumaDesgraciadamente, la dirección de los traba- mente estropeados por la combustión lenta,
jos la encomendó el rey Carlos III á un inep- se encuentran ahora en el referido Museo
to funcionario, llamado Roque Joaquín de de Nápoles. Componen un total de 1.803 volúmenes, habiéndose logrado desenrollar y
Alcubierre, cuyas atrocidades se antojarían
increíbles de no garantizarlas con su pluma descifrar cuarenta y uno y sólo leer el título
una autoridad nada sospechosa: el gran Win- de la obra y el nombre del autor en sesenta
y siete casos, con los siguientes resultados:
ckelmann, fundador de la moderna ciencia
Crisipo, un volúmen; Carnisco, cinco; Polisarqueológica.
trato, dos; Colotes, dos; Demetrio, dos; EpiCuenta Winckelmann que, habiendo descuro,
doce, y Filodemus, cuarenta y tres.
cubierto Alcubierre cerca del teatro, ó dentro del mismo, una bien conservada lápida Auxiliándose con una especie de libro de
de mármol con letras de bronce, llevó su memorias donde el autor últimamente mencionado escribió casi en taquigrafía un exbárbaro celo por informar al monarca del
hallazgo al extremo de arrancar las letras tracto de los discursos pronunciados por su
de su soporte y arrojarlas péle-méle en el maes;tro Zenón el Sidonio, han podido aclarar tres puntos los arqueólogos: es el primefondo de un capacl10, desapareciendo con
ro,
que la biblioteca perteneció primeramenello toda probabilidad de que la inscripción
te al filósofo epicúreo Filodemus, quien adfuera descifrada.
Otro de los tesoros artísticos desenterra- quirió gran notoriedad en Roma en los tiemdos consistió en un carro de bronce, arras- pos de Cicerón; el segundo, que dicha bibliotrado por cuatro caballos (quadriga), y que t eca fué comprada ó heredada por Lucio
apareció, no obstante sus abolladuras nume- Calpurnio Piso Cesonio, suegro de Julio Cérosas por efecto de las presiones de la lava, sar y amigo, discípulo y protector de Filodeen perfecto estado de conservaciór,. Los pre- mus; háse averiguado, por último, que la biciosos restos, amontonados de cualquier mo- blioteca pasó de Roma á Herculano al ocudo en una carreta, fueron conducidos al pa- rrir la muerte de su primer poseedor. Estas
lacio real de Nápoles y apilados en uno de indagaciones han sido confirmadas por el
sus patios. Huelga decir que antes de trans - descubrimiento del busto en bronce de Piso
currir un año las reliquias herculanas ha- Cesonio en el vestíbulo inmediato á la bibliobían disminuido considerablemente: de una teca, busto que durante algún tiempo se creparte lascotidianas sustracciones de metal, y yó que era el de Sócrates, y así se designa
de otra el destinarse una considerable canti- aún en el catálogo del Museo de Nápoles.
dad de aquel bronce á la fundición de los Un segundo busto hallado en e I mismo
dos feí~imos bustos del rey Carlos IIl y su sitio reproduce las correctas facciones del
augustaconsorte,mermaronel precioso de.pó- afeminado y despreciable Aulo Gabinio, colega de Piso Cesonio en el Consulado duransito.
te el año 58 antes de Jesucristo.
Algunos años más ta r d e se decidió
A nuestro juicio, ninguno de los hallazgos.
aprovechar lo que restaba de Ja quadriga
registrados
en los libros de arqueología puepara reconstruir uno de los caballos, por lo
de compararse al de la Quinta de los Pisomenos. Encargóse de la operación un fundidor de la localidad, quien forjando unas nes en Herculano, tanto por el número y
piezas, remendando otras, soldando por un valor de los objetos reunidos en limitadísilado y rellenando por otro, consiguió crear mo espacio, como porque no fué hecho en
un magnífico trotón, mitad de antigua pro- excavaciones abiertas sino excavando y songenie y mitad de hechura moderna. Este ca- dando la tierra á una profundidad de veintitantos metros bajo su nivel actual. Los inballo maravilloso existe aún: exhíbese en el
formes
de Alcubierre y Winckelmann haceR
Museo Nacional de Nápoles, si bien son pocos los visitantes que conocen la verdadera mención de dos estátuas ecuestres y cuatro
sencillas, de diez esculturas representando
historia de la magnífica obra de arte.
individuos de la dinastía Julia, cuatro de

AAJARUO

Mrr-

bailarinas, el Sátiro durmiendo Y el
rio sedente, todos ellos de bronce, m s los
bustos en mármol y bronce que llevan ~s
nombres de Arquímedes, Atenágoras, Epicuro Hermarco Zenón y Demóstenes, y un
enor~e número' de objetos de bronce con
incrustaciones de oro Y plata.
NUEVOS HALLAZGOS PROBABLES

Hace pocos meses se dijo 9ue i_b~ á ser
. da una excavación s1stemat1ca de
emprendi
·é· t
Herculano á expensas de un comit i\~rnacional. Parece, sin embar~o, ~ue el Go ierno
italiano se muestra poco mc)rnad? á abanto;
nar á manos extrañas la eJe?uc1ón de o
trabajos. Sea de ello lo que q~iera, y aunque
las obras han de ser costosísimas y penosas,
no cabe duda de que han de ser generosamente recompensadas.
Siendo Herculano una ciudad 1;11ás sana .Y
fresca que Pompeya, libre del ruido, del tra-

H3ó

BHISUIS

faao y de las perennes agitaciones de Nápo1 ., al mismo tiempo lo bastante cercana
áe~liJho importante centro mercantil para
a rovechar las ventajas de sus m_ercados,
p t·t
cons
I u1·a, s1·n duda , el retiro predilecto
d
• de
10 ~ [1c~!
los grandes políticos ro~an?s Y
legionarios enfermos ó rnútJle~. ª vi1a la
Piso Cesonio no es, presum1bleme_nte,
única que debió existir en aq~ella pmt.or~sca playa, ni el teatr~ d~scubierto el umco
edificio público, explend1damente. decorado,
en la Biarritz de los tiempos clásicos. Pero
lo que debe preocupar sobre todo á los hombres de ciencia y á los arque_ól?gos es la P?sibilidad de descubrir otra b1b~1oteca, const!tuída no por la vulgar y poc? mteres_anle literatura epicúrea que colecc_1onara Piso Cesonio sino por las desaparecidas obras maestras de los poetas é historiad?res de e_~ad
de oro augustana. ¡Haga el Cielo qu , vn~mo&lt;; lo bastante para ver realizado este sueno

L

!ª

CO!',fENDADOR RoooLFo LANCIANI
Catedrático de Antig~a Topografía
en la Universidad de Ro111a

AMARGO BRINDIS
·Hasta para embriagarnos en la vida
sei~timos el orgullo los mortales! .
Venga, pues, el cha°;Jpagne, qu~ mis males
ha de atenuar esa sm par bebida.
Con ella brindaré por la perjura
que un tiempo me alegró con s~s amores,
para después lanzarme á los rigores
de una vida preñada de amargura ...
Dame otra copa más, yo_ te l? ruego,
porque nunca una sola extmgm_ría .
de mi mente el recuerdo ~e la ~mpia
que ha logrado dejarme srn sosiego...
ERASMO PELLÉS

�337

EL lllUNDO DEL ISLÜl

,dieron y amalgamaron la bestialidad del negro, Ta ferocidad del árabe, la astucia del

La aurora en lllarruecos

EL MUNDO DEL ISLÁM

e

~e atraviesan las inmensas estepas del Moghreb, sus yermas llanuras
y sus desnudas mesetas; cuando se cruzan
:sus ciudades muertas donde desfilan, silen-ciosos, aquellos espectros vestidos de blan-eo cuyos antepasados conquistaron á España; cuando se posa la mirada en tantos monumentos destrozados, verdaderas maravillas arquitectónicas, que se derrumban poco
-á poco bajo espeisísimo sudario de yedra y
y líquenes; cuando se recorre el maldecido
suelo de ese Imperio, al que sus habitantes,
jó;aturados de mórbida indiferencia hácia el
presente, sin nostalgias del ayer, faltos de
esperanzas respecto al mañana, dejan desmoronarse sin hacer siquiera un esfuerzo
para retardar la ruina; cuando, en una palabra, se presencia ese absoluto aniquilamiento, ese colapso de un pueblo, no puede menos de experimentarse la misma sensación
que si se contemplara el lento agonizar de
"Un hombre.
UANDO

Conmueve, en verdad, este dec:aparecer
del «Mundo del Islam•, de esá ,original y un
día poderosa colectividad, eterno absurdo
entre las naciones civilizadas, que hoy se
desagregan átomo por átomo, retornando
instintivamente á la vida nómada, á las primitivas costumbres de los antecesores. Siéntese compasión profunda siguiendo la inconsciente agonía de esa colectividad de fantasmas, resto de una raza de reitres, dominadora en lejanas épocas y al presente extenuada;
de un ¡,ueblo que expira tranquilo, con la
honda resignación no exenta de dulce melancolía de aquel que se sabe próximo al
sepulcro,de aquel cuyos días están contados:
el Moghreb, último refugio del Islam, cercado
estrechamente por doquiera, lanza sus postreras palpitaciones ante los ojos codiciosos
de Europa, que espera, llenadeimpacienc1as,
el estertor final, echando ya sus cuentas respecto á la sucesión del difunto.
Ese Moghreb ha sido el crisol donde se fun-

moro, la violencia del bereber, la bellaquería del israelita, y la vileza de un montón
de renegados hez de Europa, dando como
producto resultante el marroquí, ó sea un
-compuesto de todos esos vicios, una raza
inútil y perniciosa llamada á desaparecer
pronto bajo el asalto de las razas occidenta1es, de igual suerte que habían de desapa•recer las razas amarillas y negras para dejar
sitio á las brutales y conquistadoras razas
blancas.
Bárbaro irresponsable y rapaz, fracasado y
estéril engendro de las cultas escuelas de
Grecia, refractario á una civilización que
jamás tuvo sino incompleto y momentáneo
señorío sobre su estrecha é indi:sciplinada
inteligencia, rebelde á toda cultura, enfermo
-de las nostalgias del desierto, ei fatalista arabe va cediendo terreno ante el rudo empuje
del ario, frente al reflujo de la febril activi,dad occidental, y acabara por emigrar á su
país de origen. Una vez allí, como sus antepasados y como sus compañeros de hoy,
Teanudará su vida errante y aventurera de
miles de siglos: darán comienzo de nuevo
las sanguinarias querellas, las tenaces é interminables luchas por la posesión de un
manantial, de un pozo ó de un prado per-didos en las candentes soledades del desierto, ó por el oasis protector desde donde lanzarse al despojo de las caravanas.
En la bella noche estrellada, cuando los
rebaños vueltos á I os apriscos descansen amparados por el círculo de tiendas,
jmpregnando el ambiente con efluvios acres
y cálidos; cuando la ténue columnilla de
humo azul se eleve al cielo desde la mísera
fogata de fiemo de camello; cuando los bomhres jóvenes efe la tribu, tras de osada razzia,
hayan tornado al aduar espoleando á los
enloquecidos caballos, blancos de espuma,
y al volver lo hagan ébrios de gozo, triunfadores, llevando sujetas al arzón buen número ~e cautiva~, esposas é hijas de aquellos
vecmos ~ tnbu sorprendidos y muertos en
la obscuridad de la noche, sin escatimarles
la mutilación y la ignominia postreras; cuando los vencedores hayan puesto á buen re•Caudo su botín de carne, aprisionando á los
escla,•os, atando á las mujeres y apriscando
á las bestias robadas; cuando hayan ido á
ocultarse en el fondo de las polícromas arcas de roble los collares arrancados á las in.feli~es que _se r~sistían y que despedazó la
furia del arabe, los zarcillos con:servando
aún el girón de carne ensangrentada y las
sortijas adhe~idas to?avía al dedo que' cercelI!ara la salvaJe cuchilla; cuando, en los úl ti-

mos resplandores de la tarde y como epílogo de la feroz hecatombe, la tribu victoriosa
se postre sobre las alfombrillas multicolores,
aún empapadas con la sangre de sus últimos
dueños, y haya proclamado por la quinta
vez en el día la gloria de Aláh, y baya ensalzado la memoria de Mahoma; entonces...
un anciano, un viejo de aspecto bíblico y de
ademanes fríos y reposados, de porte altivo,
rebosando por todos sus poros terrible orgullo y vanidad suprema, canturreara con voz
chillona y guturales entonaciones las proezas de los antepasados en una letanía de
nombres interminables. La voz cascada seguirá luego lanzando al viento, entre exagerados floreos retóricos, la sangrienta historia
de las rivalidades y querellas de la tribu con
otras tribus, historia de jamás apaciguados
rencores y de venganzas seculares. En su
hinchada, pomposa y lasciva poesía, narrará
el viejo los actos de bandidaje cometidos
por sus bravos hijos, ensalzara sus raptos y
violaciones, los ultrajes hechos al enemigo
muerto, y enumerará con delectación las cabezas cortadas y llevadas al aduar como trofeo de victoria. Después comenzaTá á pregonar las hazañas de su brazo, el fino · temple
de sus armas y los méritos de sus animales
favoritos: el camello, fiel compañero, y el
corcel de batalla, inseparable amigo. Su espíritu nervioso y enfermizo, propenso á lo
sobrenatural y maravilloso, le llevará á contar infantiles leyendas donde figuren los maléficos djinns, cuyas jugarretas sólo puede
conjurar el amuleto mágico. A cada cinco
palabras, invocará los nombres de Alah, del
Profeta, y del Angel Gabriel, no para ensalzarlos, sino para pedirles la revelación
de los lugares donde se hallan ocultos los tesoros. Y este salvaje anciano terminará su
extraña monserga describiendo los terrores
del desierto y las duras penalidades de quie11es lo cruzan. Y mientras tanto que los jóvenes de la tribu, hombres hermosos y gallardos, hayan escuchado con religioso silencio las palabras santas, el decrépito y abominable bandido, lueg0 de envolverse en los
pliegues de su blanco jaique, se levantará,
majestuoso y soberbio, y transportado en
los robustos hombros de sus nietos tornaráse á la tienda, no sin haber lanzado una mirada de impotente codicia al harén donde
duermen las cautivas...
Mañana se repetirá la misma escena de
hoy. El anciano jeque canturreara de nuevo sus inepcias; los moros de la tribu volverán á recorrer el desierto y perpetuarán su
monótona vida de depredaciones y de asesinatos. Porque el marroquí, ese monoteísta
inconsciente, ese fetichista propenso al fata-

4

�338

.

1

'

POR ESOS MUNDOS

lismo, ese fanático hipnotizado por la visión
de un más allá voluptuoso y sensual, no
variará nunca: cotidianamente seguirá recitando, vuelta la faz hácia la Meca y de un
modo mecánico, las oraciones del Islam. Así
lo impone el modo de ser de ese pueblo, santurrón hipócrita, criminal empedernido, ladrón inveterado.
La verdad es que el semita no fué siempre sino un hombre aborrecible, bandolero
insaciable, turbulento y licencioso. Incapaz
de sentirse consciente, de elevarse al nivel
de pueblo organizado, no pasó jamás de la
categoría de mero individuo de tribu, de bárbaro irreductible, de hombre de presa. El semita fué, ha sido y será, un egotista desenfrenado, una organización cerebral incompleta, un ser ayuno de ideas de justicia y de
moral, un lansquenete oriental, sólo apto
para el saqueo y el pillaje realizados con la
mayor indiferencia y sin el menor escrúpulo, lo mismo entre sus amigos que entre sus
enemigos.
En épocas remotas, impulsado por su naturaleza y por el amor á la rapiña, codiciando el bienestar que disfrutaban sus industriosos vecinos, abandonó los desiertos y estableció sus reales sobre las costas del Asia
Menor, en Sidón y Tiro, desde donde lanzó á
las azules ondas del .Mediterráneo un enjambre de barcos piratas. Nada escapó á su acción: lo mismo despobló los mares que asoló las tierras. Traficando aquí, ladroneando
allá y engañando en todas partes, saciaba su
sed de oro y de goces materiales y arrastraba al fondo de sus gineceos las rubias beldades de Grecia: las hordas semitas, luego de
devastar las costas, capturaban, traidoramente, lo mismo á la robusta celta de cabellera bronceada, que á la grácil ibera y que
á la negra hija del Atlas, para arrojarlas después en montón á las vilezas de la esclavitud.
Reducido el semita á la servidumbre por
los asirios, y mediante la institución de los
bancos, dedicóse á la usura, acabando por
adueñarse de las riquezas que antes poseían
sus domeñadores. Actuando de indecorosos
intermediarios, llegaron á regentar los placeres de sus amos, á sistematizar sus desenfrenos; y aprovechando su odioso papel, espiaban vilmente tanteando la debilidad del
adversario. Llegado el . momento oportuno,
lanzaban sus indisciplinadas huestes sobre
Babilonia '! Nínive, las dos opulentas ciudades enemigas.
Hubo un instante histórico en que el semita comenzó á arrastrarse furtivamente
siguiendo el delta del Nilo y llevando en
pos de sí su peligroso harén. Tras de una
serie de in"asiones pacíficas y subrepticias,

se aposentó en los hogares patriarcales dé
los faraones y de sus grandes magnates, desorganizándolos. Hábil en la labor de corrupción, vió pronto que los sentidos de los
grandes señores egipcios hallábanse embotados por la rutina familiar, y entónces se
apresuró á ofrecerles el poderoso estimulante de amores perversos, en los que eran las
mujeres semitas maestras incomparables.
Cuando éstas habían llevado á cabo su obra
de destrucción abrumando á los egipcios
con sus refinadas caricias, hipnotizándolos
con sus malignas asiduidades, entraban 1•n
acción los maridos, complacientísimos mediadores; y entraban en acción para robar á
manos llenas en las forzadas arcas v en los
desentrañados tesoros. Una vez amos del
terreno, · ya en posesión de los corazones y
de los bolsillos de sus confiados señore~,
llamaban á los hyksos, sus rapaces hermanos del Eufrates, y compartían con ellos el
botín: desembarazábanse de los estorbo!&lt;,
ceñíanse á las sienes el pschent de los faraones, sacrificaban al buey Apis y usurpaban el poder, haciéndose así aborrecer de los
egipcios hasta el punto de ser arrojados un
día, ignominiosamente, del sagrado suelo de
Isis.
No se crea que las hijas de aquellos hombres eran mejores que sus padres. Mientras
éstos robaban, las hembras, impotentes para
dominar el frenesí de apetitos indomable~,
abitas de placeres, encenagábanse en su infamia abandonando á las caricias del sol sus
flexibles cinturas adornadas por áureos ceñidores, y devoraban sus ocios aspirando
con deleite la brisa marina. Y cuando sobre
las aguas azules aparecía meciéndose suavemente la negra barca piratesca, en cuyo
mascarón de proa iba esculpida la cabeza de
un caballo y sobre cuyas frágiles tablas navegaban los forzudos libios, los elegantes
jonios, los hermosos galos, los activos latinos, las esclavas semitas lanzaban rayos de
luz por sus negras pupilas y clavaban sus
miradas en el duro relieve de los músculos
masculinos complaciéndose en el detalle de
la harmonía de las formas y de las actitudes
gallardas y de los gestos altaneros de aquellos hombres del Norte . .Mercenarias histéricas, bañábanse por turno, ya en sangre de
toro que afirmase sus tejidos, ya en leche de
vacas que suavizara las morenas epidermis;
perfumaban sus cuerpos sudorosos, y engalanándose como yeguas con sus bárbaras
joyas de oro y plata, ofrecíanse á los piratas sordas á todo lo que no fuera el tintineo
de las monedas que éstos les arrojaban. Perversas criaturas de cejas pintarrajeadas y de
ojos artificialmente sombreados, de mejillas

339

EL MUNDO DEL 1SLÁM

teñidas con vermellón, mal envueltas en túnicas de púrpura, abrumadas por el peso de
fulgúreos joyeles que arrancara la mano semita á los países depredados, iban insinuándose entre las naciones occidentales ense. ñándoles sus amores complicados, su hábil
depravación, su precoz impudor, oponiendo
á la casta virtud de la mujer aria los recursos de sus artif.cios sutiles. Y así la hembra
semita iba embotando los nervios de aquella
raza fuerte, introduciendo en su roja y pura
sangre el virus corrosivo de sus caricias
desconcertantes, hasta arruinar las energías
viriles y destruir en sus espíritus las virtudes
del hogar y de la familia.
Al correr del tiempo, tocóle á Cartago continuar las tradiciones de Tiro y de Sidón. El
semita acampó en las faldas del Atlas, convirtió el Mediterráneo en un lago árabe, sujetó a su yugo á los ribereños y les exigió
pleitesía. Esclavizando á las naciones de
Africa bajo su cetro de hierro, atormentó á
los reyes vencidos, pobló sus ergástulas y
crucificó á los generales ineptos. Engolfado
en los placeres que le ingería su bestial sensualismo, abandonó la defensa de Cartago y
de sus riquezas á mercenarios griegos, iberos, galos y libios, haciendo conocer al mundo la fé p,¿nica.
Pero llegó un día en que Roma aplastó
aquel nido de bandoleros, arrasó sus antros
infames y devolvió el semita á los desiertos.

Más tarde, respondiendo á la voz de un visionario, de sus soledades brotaron las hor•
das, y acometieron, armadas, la conquista
del mundo. Grecia, sarcástica y excéptica,
proveyó á los noveles conquistadores de arquitectos, de matemáticos, de filósofos y de
sabios, esforzándose en domar algo las asperezas en aquellas turbas de bandoleros, en
educar hasta donde fuera posible sus cerebros primitivos y tardos, y en dotar al semita de una apariencia de civilización, ó más
bien de un curioso sincretismo compuesto
de toda clase de elementos que, por ser puramente superficiales, alentaron breve espacio, muriendo presto.
Estos insignes segadores de gargantas, incapaces para conservar su civilización pegadiza é incompatible con las tendencias de la
raza, con sus instintos de depredación y de
salvaje independencia, comenzaron á destrozarse á si mismos, infestaron los mares, asolaron las costas y dieron rienda suelta á sus
ingobernables pasiones, sin preocuparse un
ardite de la ruina de sus ciudades, del derrumbamiento de sus monumentos y de la
miseria de sus moradas. Porque no tienen, en
verdad, más sentimientos que un odio inextinguible para la civilización que no comprenden, y unos amores grandes para el
aduar, para la vida nómada y para los áridos desiertos...
Tal es el imperio de Marruecos.
JORGE MONTBARD

�341

PÁGINAS CORTAS

PÁGINAS CORTAS
Ceres
,,,

1
1

os rayos del sol abrasaban. Ni el más
L
leve soplo de viento acudía solicito á
refrescar, á airear siquiera, los tostados rostros de las segadoras, que chorreaban cristalino sudor á la ligera sombra de los pañuelos de algodón, blancos y rojos, echados sobre sus cabezas.

1¡

Los cuerpos, encorvados hácia la tierra,
avanzaban en hilera por entre el aspero rastrojo que sus afiladas hoces iban dejando
atrás, en tanto que acometían la mies seca y
amarilla, produciendo ese ruido de rass,
rass, rass, acompasado y monótono, que

causa al oirlo sensación nerviosa de desagrado: sin quererlo se piensa en que la corva y dentellada segur cogiera las piernas y,
cercenando la carne, rozara el hueso.

La llanura del trigarral perdiase de vista,
semejando un mar obscuro y diáfano bajo
cuya capa de negrura gris se entreveía la
amarillez brillante de las cañas, que al chocarse a impulsos de la más ténue brisa producían ese rumor vago de hoja seca, triste y
soñoliento, que es música de dulce placidez
para el labrador y de mortal angustia para
la jornalera, quien aún después de dormida,
cuando por la noche reclina la cabeza sobre
la gavilla esperando en profundo sopor la
venida del alba:lo ore entre sueños, corno
eterno pensar de un estío inacabable.
Las segadoras, en su trajín del trabajo y
con las fáuce,~ secas por el Calor sofocante
de la siesta, callaban y Regaban, 'tass, 1·ass,
rass, cual si pretendiesen adelantar cada
una a las dos compañeras inmediatas. Solo
el chirrido agudo y prolongado de las cigarras turbaba el abrumador silencio de la
campiil.a.
De cuando en cuando, veíase un cuerpo de
mujer enderezarse lentamente entre- aquella
hilera de troncos encorvados, pararse un
momento enhiesto cual si buscase el aplomo
vertical para hacer posible la locomoción, y
dando lrancajadas por entre las erizadas

puntas de rastrojo dirigirse hácia un montón de haces colocadas en circulo para sombrear al hato, donde tumbado sobre el suelo
estaba el cántaro del agua. Llegado allí el
desgarbado cuerpo de la segadora, dos brazos, hasta el codo desnudos, sudorosos y
bronceados, levantaban la panzuda vasija
sobre la cabeza, caía atrás el pañuelo blanco y encarnado, y dos labios sedientos se aplicaban á la redonda abertura del botijo, en
tanto que el pecho, jadeante bajo la chapona
empapada de sudor, se alzaba y deprimía
con acompasado ritmo, oíase el gl'U,, glu, glu.
del fresco liquido penetrar por la garganta,
rebosando por ambos lados de la boca, pegada con ansia infinita á aquel manantial de
vida sin el cual sobrevendría á veces la asfixia ...
Y en la ardorosa siesta de aquel dia pareció ocurrir tan peligroso accidente á una de
aquellas pobres mujeres, bestia humana del
trabajo 1 quizás la más fragosa y acaso la más
embrutecida de la cuadrilla.
Viósela izarse de repente entre las demás.
Bajaron sus brazos con extrema languidez á
lo largo del cuerpo, armado el derecho con
la férrea y reluciente hoz que cayó al suelo;
titubeó un instante como masa próxima á
desplomarse, y haciendo un supremo esfuerzo, se dirigió vacilante al hato, mientras sus
compañeras, comprendiendo el peligro que
corría, suspendieron la tarea, mirándola ir
hácia el cántaro, donde estaba la salvación.
Entónces, pudo verse una cosa extraña ..A.l
tiempo de cojerlo la infeliz, oyóse el estridente llorar de un ni,1o de pecho, el hijo de
la segadora, que á la sombra de una gavilla
y bien colocado sobre los trapos de su madre, dormia sosegado entre amapolas, respirando el ambiente canicular del estío andaluz. La madre oyó el grito desgarrado de su
hijo, quizás fatigado también por aquella atmósfera irrespirab]e, y súbitamente dejó caer
el cántaro en el sitio mismo del que lo había
alzado, dirigióse tambaleando al lugar donde
el niño lloraba, recliuóse á su lado, sacó &lt;le

un tirón violento el ílágido pecho de su chapona empapada en sudor y aplic.ólo á la rosada boquita de la crjatura 1 que chupó con
ansia, bajo la mirada maternal. .. Y cuando le
vió cerrar de nuevo los ojo!=: 1 templadas la
sed y el hambre, encaminóse lentamente al
hato: alzó con ambos brazos el botijo por
encima de su cabe;m, recibiendo en plena
faz un beso del sol, bebió con avidez el agua,
que se derramaba por ambos lados de su sedienta boca, limpióla de~pués con un rnstregón de su bronceado brazo; y llegando luego entre sus compañeras ocupó su puesto en
la cuadrilla, cogió la hoz, y embrazando un
pullado del trigarral Continuó animosa el
trabajo, produciendo e~e ruido, rass, rass,
ra.ss, característico de la mies seca y re luciente ...
JosÉ GARCIA DE CASTRO

La canción de la soledad
I
un brillante búcaro de hermosas paE redes
color de cielo. En su seno crecían
RA

explendorosas las flores de la ilusión. Cabe
un dorado crisantemo una feliz pareja de
pintadas libélulas formó risueña su nido de
amores ...

II
Violento azotaba el huracán de la desventura. A sus bruscas sacudidas, el brillante búcaro temblaba y las flores doblaban, gimiendo, sus delicados tallos. La risueña pareja de
libélulas se escondía, aterrorizada, bajo los
dorados pétalos del crisantemo ...

III
Venció al cabo el vendaba! furioso de la
desdicha. Las azuladas paredes del búcaro
se destrozaron contra las escarpadas rocas
del infortunio. Como sopladas por mágico
aliento las flores de la ilusión se esfumaron .
Una de las libélulas no pudo hacer frente á
la tormenta, y su alma delicada, abandonando el débil cuerpecito, se remontó á lo ignoto. Su compañera, más fuerte, anda aún por
el mundo cantando á las flores la triste canción de su soledad ...
MIGUEL E. OLIVA

El enemigo del mundo
M

E conocéis? ... Soy el príncipe de todas

l · \ las alegrías, el compaTiero de todos los
goces mundanos. Estoy presente en todas

las fiestas y ningún sarao tiene lugar sin mí.
Yo he ganado más victorias que Alejandro,
he uncido á mi carro más naciones que Roma, he asustado más pueblos que Atila. Soy
el mensajero de la muerte: bago nacer en el
corazón los pen~amientos criminales; mancho los hogares, soy' el padre de los hijos sin padre, enveneno Jas razas y las llevo
al envilecimiento, á la depravación, al s1:1icidio, á la locura, al crimen en todas las formas imaginables. Yo acabo con las familias:
persigo il los abuelos en los nietos. llago
que mis amigos pierdan la vergüenza, la
dignidad, el honor, la buena educación : pongo un velo sobre los ojos, sobro la conciencia, y hago aparecer la venganza como honor, la abyección como honradez, la inmoralidad como entretenimiento. Aspiro á convertir el mundo en un hospital, en un manicomio, en un circo donde estén encerrados
tigres, leones, halcones, buitres. Quiero liviandades, rencores , blasfemias , guerras,
sangre, desolació~, ruina. Nazco en todas
partes: conozco las frias regiopes de Laponia
y Siberia, las ardorosas de Italia y Egipto.
Tengo origen en el trigo, en el arroz, en la
cebada, en el jugo de la uva, en la -leche de
yegua. Mi patria es toda la tierra, los hombres mis esclavos: me envía el Príncipe de)
Mal. Soy vuestro rey: ¡soy el alcoholl
CATULLE )!ENDES

A mi patria
(ComposidUn inédita, escrita por el
autor cuando se hallaba en Buenos
Aires. Póstuma,)

Ausencia, remedo triste
de la olvidadiza Muerte:
sólo el amor puro y fuerte
victorioso te resiste.
Ya ves que en vano pusiste
el abismo que crucé
en,tre mi amorosa fé
y la tierra en que nací:
¡nunca tan lejos la vi,
y nunca tanto la amé!
¡Oh, bello suelo fecundo,
cuya luminosa historia
es un cantico de gloria
que ha resonado en el mundo!
¡Oh, mi pueblo sin segundo,
altivo y bueno! ¡Oh, mis flores,
mi cielo azul, mis amores!
¡Oh, mis sepulcros sagrados!
¡Oh, mis templos admirados,
mis dichas y mis dolores!
¡Oh, mi España! En la tristeza
de tu inmensa lejanía,

�342
consuelo es de mi agonía
la sombra de tu grandeza.
Su adalid en tu fiereza
aplaudió la Cristiandad .
Si hay justa una vanidad
es la que en ti ,se cifró:
¿quién como tú defendió
su Dios y su libertad?

Patria: desde este Occidente
que fundó tu poderío,
puesto de hinojos te envío
mi saludo reverente.
Y al viento que de la ingente
pampa á tu región hermosa
va por esa mar grandiosa
donde ayudaste á Colón,
para tí mi corazón
da una lágrima ardorosa.

La tierra eres de Numancia,
y del Cid y de Cortés;
Lepanto una fecha es
de tu inmortal importancia.
De los siglos la distancia
puebla con nombres radiantes
tu pléyade de gigantes:
la tierra eres de Padilla
y de Isabel de Castilla,
de Velázquez y Cervantes.

t
1

Hoy, cual gladiador rendido
tras de esfuerzo portentoso,
así yaces, ¡oh, coloso!
sobre laureles dormido.
Pero aún el noble latido
del patriotismo sostén
las libres naciones ven
mover tu pecho de atleta,
y aún el nombre se respeta
de la nación de Bailén.
Cuando tú el puesto dejaste,
otras grandezas llegaron
y otras ánsias agitaron
á la Europa que salvaste.
Tiene el mundo en que imperaste
un templo más: el taller.
Ley de fraternal deber
ya pueblos y tronos guia,
y también tú, España mia,
la sabes obedecer.
¡Quién pudiera el porvenir

que te aguarda apresurar,
y tu activo despertar
en su plenitud sentir!
Ya empiezas á compartir
el progreso bienhechor;
ya el trabajo redentor
tu nueva existencia ordena;
ya brilla el alba serena
de tu futuro explendor.
¡Bendito el nuevo poder
que mañana te sonría!
Ya que es foerza, patria mía,
1

11

343

P.\Gh"US CORTAS

poder para no temer,
que Dios te conceda ser
fuerte de nuevo y temida;
pues siempre á tu fuerza unida
fué generosa cultura,
y sabes desde la altura,
como el Sol, dar lur. y vida.

SALVADOR

LÓPEZ GUIJARRO

La sonrisa de
la Princesa Diamantina

e

de su padre, el viejo Emperador de
la harba de nieye, está Diamantina, la
princesa menor, el dia de la fiesta triunfal.
Está junto con sus dos hermanas. La una:
viste de rosado, como una rosa primaveral.
La otra, de brocado azul, y por su espalda
se amontona un crespo resplandor de oro.
Diamantina viste toda de blanco. Y es ella
así, blanca como un maravilloso alabastro
ornado de plata y nieve. Tan sólo en su rostro de virgen, como un pájaro de carmín que
tuviese las alas tendidas, su boca en flor,
llena de miel ideal, está aguardando la divina abeja del Pais Azul.
ERCA

*
*.*
Delante de la regia familia, que resplandece en el trono como una constelación de poder y de grandeza-en ei trono purpurado
sobre el cual tiende sus alas un águila y
abre sus fauces un león,-desfilan los altos
dignatarios y guerreros, los hombres nobles
de la corte, que al pasar hacen la reverencia. Poco á poco, uno por uno, pausadamente pasan. Frente al monarca se detienen en
tanto que un alto ujier galonado dice los
méritos y las glorias en sonora y vibrante
voz. El Emperador y sus hijas escuchan
impasibles. Y de cuando en cuando turba el
solemne silencio roce de hierros, crujido de
armaduras.

***

Dice el ujier:
,Este es el Príncipe Rogerio, que fué grande en Trebizonda y en Bizancio. Su aspecto
es el de un efebo, pues apenas ha salido de
la adolescencia; mas su valor es semejante
al del griego Aquiles. Sus armas ostentan un
roble y una paloma: porque teniendo la fuer•
za, adora la gracia y el amor. Un día, en tierras de Oriente ... .,
El anciano imperial acaricia su barba ar-

gentiua con su mano enguantada ~e ª?ero, y,
gentil como un San Jorge, se mchna, ~a
diestra en el puño de la espada, con exqw.sita arr.ogancia cortesana.

Dice el ujier:
«Este es Aleón, el Marqués. Constantinopla lo ha admirado vencedor, rigiendo con
riendas de seda en un caballo negro. Es
Aleón el maao, un Epifanes, un protegido de
los portento~os y desconocidos genios .. Dí~~fSe que conoce hierbas que le hacen rnv1s1ble, y que posee una bocina, labrada en diente de hiedra, cuyo rmdo pone espanto en el
alma y eriza los cabellos de los más bravos.
Tiene los ojos negros y la palabra sonora. En
las luchas pronuncia el nombre de nuestro
Emperador, y nunca ha sido vencido ni herido. En su castillo ondea siempre una bandera negra.»
Dice el ujier:
.
. . Este es Pentauro, vigoroso como el mvencible Herakles. Con sus manos de bronce, en
el furor de las batallas, ha abollado el escudo de famosos guerreros. Usa larga cabellera
que hace temblar heróica y rudamente como
una fiera melena. Ninguno como él corre al
encuentro de los enemigos y bajo la tempestad. Su brazo descoyunta, y parece estarnutrido por las mamas henchidas de una diosa
yámbica y marcial. Huele á bestia montaraz
y come carne cruda.»
La princesa del traje azul no deja de contemplar al caballero tremendo que con paso
brusco atraviesa el recinto. Sobre un casco
enorme se alza un grueso penacho de crin.

Del grupo de los que desfilan se desprende
un jóven rubio, cuya barba nazarena parece

formada de un luminoso toisón. Su armadura es de plata. Sobre su ~abeza enc~rva el
cuello y tiende las alas olimpJCas un cisne de
oro .
Dice el ujier:
«Este es Heliodoro, el Poeta.•
Ve el concurso temblar un instante á la
princesa menor, á la princesa Diamantina.
Una alba se enciende: el blanco rostro de la
niña vestida de brocado blanco, blanca como
un maravilloso alabastro. Y el diminuto pájaro de carmín que tiene las alas tendidas, al
llegar una abeja del País Azul á la boca en
flor de miel ideal, enarca las alas, encendidas
por una sonrisa, dejando ver un suave resplandor de perlas ...
RUBÉN DARÍO

Guitarreos
Aun que tenemos los dos
los ojos de igual color_,
vive en los tu vos la dicha
y en los mios ·el dolor.
Quiero las notas más dulces
arrancar á mi guitarra,
unirlas á mis suspiros
y dártelas con mi alma.
Con tus ojos en la mente, ·
con tu voz en las oídos,
¿cómo no quiere la gente
·que anden muy mal mis sentidos?

Aunque la laves cien veces

y con el agua más clara,
la mancha de tu pecado
ha de salirte á la cara.
Dicen que gimen las cuerdas
cuando toco mi guitarra,
y es que hasta mis dedos sienten
las penas que tú me causas.
S.T.SOLLOSO

�345

LA CORTE DE VERSALLES

do de cortesanos que podrían comprometerle. En ocasiones, se atrevía á tomar en broma al rer, llanuindole m.i cm"'iado ... Naturalmente, un hermano así era un gran es•
torbo para Madama de Maintenon.,
Debemos apresurarnos a consignar que,
fuera cual fuese el pasado de 13 señora Scarron, la vida de la marquesa no registró escándalo alguno: mientras estuvo en la corte
de Versalles, fué la personificación de la piedad y un modelo de buena conducta. De ahí
que su hermano debiera se_rle en alto grado
embarazqso.

1

1
1

1

MADAMA DE MAINTENON
es, lector, que has oído hablar muS EGURO
cho de Madama de Maintenon y que su
nombre célebre ha sido más de una ,·ez pronunciado por tus labios. Pues has de saber
que e~ aquella fastuosa ':°rte del Rey Sol,
despues_ del soberano Luis XIV, el principal
personaJe de Versalles era aquella señorona.
Al acercarse á su presencia el articulista

casi no se atreve

a

recordar el hecho d~

que la poderosa favorita de Versalles se había llamado en un tiempo Francisca de Aubigné, Madama Scarron, por haber estado
casada con el célebre poeta de dicho nombre: este detalle biográfico, algo indiscreto
podría mu y bien colocarnos en situación ta1;
embarazosa como aquella en que , según

parece, se encontró Racine.
&lt;Aconteció una tarde-escribe Saint-Si-

mon refirié~dose á este incidente-que el
1

• 1¡ 1 '
1'

1'
1

1

1

rey, departiendo con Racine de cosas de
teatro, en presencia de Madama de Maintenon, preguntó al poeta la causa de que gustasen cada vez menos las comedias. Racine expuso diversas razones, acabando por manifestar ~o principal á su juicio, ó sea que los
comediantes: á falta de obras nuevas, se ]imitaban á representar obras antiguas, entre
ellas la~ de Scarron, malas de por sí y menos:premadas de todo el mundo. Al oir esto,
la viuda de Scarron se sonrojó, no ya porque
se atacase l~ fama del tullido, sino por escuchar su antiguo nombre lanzado á presencia
del rey por el nada diplomático Racine. Como quiera que a1 monarca tampoco 1e pareciera bien el recuerdo, pudo coro.prender el
poeta, por el silencio que babia seguido á sus
afirmaciones, cuán garrafal era la pifia acabad~ de cometer. Durante algunos segundos,
Racme, cu ya turbación corría parejas con las
de sus dos ilustres oyentes, permaneció sin

atreverse á levantar la mirada del suelo. J.a
sorpresa babia sido general y profunda. Terminó la difícil escena despidiendo elmonarra
á Racine y diciéndole que iba á trabajar. El
poeta perdió para siempre su posición en la
corte: ni el rey ni Madama de Maintenon le
volvieron á dirigir la palabra, ni aún la mirada.,
De lo transcrito anteriormente podrá inferirse que la señora marquesa de Maintenon
tenia un pasado. Y,además, tenía un hermano. «Era éste el llamado conde de Aubigné,
quien, aún valiendo como valía muy pocav
cosa, se creía de ilustrísima prosapia, lamentándose á veces de no haber sido nombrado
mariscal de Francia, sin perjuicio de afirmar
otras que él había preferido al bastón el dinero. Este conde de Aubigné, que amenazaba
constantemente á su hermana con el escándalo si no le concedía los títulos de duque y
par, pasaba del modo más alegre posible la
vida, haciendo el amor á las hermosuras juveniles de las Tullerias, empeñándose en.
varias aventuras galantes simultáneas, y
gastándose alegremente el dinero con cortesanas y con amigotes de su calaña. Era un
desdichado digno de una camisa de fuerza,
pero, aunque loco, hombre de buen humor,.
con ingenio y ocurrencias füciles, no mala
persona en el fondo, cortés y no demasiado
ensoberbecido con motivo de la buena suer•
te de su hermana. Por el contrario, gustába•
le recordar los tiempos de Scarron y del hotel de Albret, de las galanterías y aventuras•
de su hermana, aunque comparándolas con
la actual posición de la marquesa y con su
fervorosa piedad. El conde de Aubigné no ha•
biaba de esta suerte ante una ó dos perso•
nas, sino en plenos jardines de las Tullería~
ó en los regios pasillos de Versalles y rodea•

El origen del encumbramiento de la Maintenon hay que buscarlo en la sincera amistad que profesaba á ésta la marquesa de
Montespan. Por aquel tiempo, el jóven duque del Maine y ;,[ademoiselle de Nantes,
aún no reconocidos por el monarca, hallábanse confiados á la guarda de la viuda de
Scarron. Al encargarse ésta de la educación
de ambos bastardos reales. había tenido la
habilidad de hacerse rogar tanto por el pa•
dre como JJOr la madre, insistiendo en que
el puesto babia de serle conferido directamente por el soberano.
Con el dinero allegado como recompensa
de su amor y devoción hácia el duque del
Maine, adquirió en 1674 la viuda del poeta
las propiedades del Maintenon, pagando por
ellas la suma de quince mil libras. Al mismo tiempo, le concedió el rey el titulo de
marquesa de Maintenor1. Pero todo esto no
era obstáculo á que el monarca experimentase fuerte antipatía hácia el aya de sus bastardos. A decir verdad, la astuta mujer debió el dinero, las propiedades y el título á
las incesantes solicitaciones de Madama de
Montespan en favor de su amiga.
Así estaban ]as cosas, cuando habiéndole
sido prescritas al duque del :lfaine las aguas
de Cauterets vióse obligada la Maintenon á
pasar allí una temporada. Debido á este motivo, sostenia frecuente correspondencia con
Madama de l\lon tes pan, quien trnsmitia las
cartas al rer á fin de que éste pudiera enterarse de los progresos hechos por la salud
del duque. Luis XIV encontraba las misivas
tan bien escritas, tan interesantes y agradables que, poco á poco, empezó á modificar
sus sentimientos respecto á la marquesa de
Maintcnon.
•El mal carácter de i\1adama de Montespan-dice Saint-Simon-consumó la obra.
Habíase ella acostumbrado á dar rienda
suelta á sus frecuentes malos humores haciendo principal víctima de sus cóleras al
rer en persona. Como quiera que la :Mainte-

non censuraba semejante proceder de la
Monlespan en i::us cartas! no es extraño que
fuese avanzando en el corazón del monarca.
Este fué así habituándose á Madama de
Maintenon, llegando al extremo de tomarlo
como intermediaria primero, y después como confidente, en sus disgustos con la marquesa de Montespan. Admitida ya en la confianza del regio amante y de la favorita, y
esto por la propia voluntad del rey, supo
sacar la Maintenon todo el partido posible
de las circunstancias: paso á paso, y con diplomacia refinada, fué suplantando á Madama de l![ontespan en el regio favor. Cuando
esta última quiso hacer frente al peligro, era
ya tarde: su amiga habíase hecho necesaria
al soberano. La propia Montespan en sus
..lfemorias dice estas palabras: «El rey entró
en la cámara del Delfin. Tuve entónces el
gusto de verle á menos de dos pasos de donde yo me hallaba, y ante mis propios ojos
diciendo cosas ingeniosas y agradables á la
marquesa de Maintenon, mientras para mi
solo tuvo frases relativas á la lluvia y al
tiempo.,
La crisis acaeció poco tiempo despuést
cuando habiéndose apasionado profundamente el monarca de la Maintenon, quiso hacerla su amante. La sagacísima Francisca de
Aubigné tenia ejemplos que estudiar en la
caída de la Valliére, en el encumbramiento
de la Montespan, y, por ú1timo, en la desgracia de ésta. No era, pues, empresa fácil su
conquista. Además, su amor hácia Luis XIV
probablemente no le babia quitado un sólo
minuto de sueño. Era la suya una personalidad en extremo equilibrada en lo físico y
en io mental, para caídas por sorpresa. La
Maintenon no pensaba,sin embargo,en aque•
lla época en llegará sustituir un día á la reina María Teresa. Esta disfrutaba entonces deinmejorable salud, prometiendo sobrevivir,
con mucho, á la misma Maintenon. Y aun
euando la reina hubiese muerlo prematuramente, ¿qué posibilidades podían existir de
que el org11lloso G..-an Monarca se rebajase
á tamaña mésalliance?
Así fué que, abroquelándose Madama de
Maintenon tras el escudo de la piedad religiosa, se limitó á coquetear con el régio pretendiente, seduciéndole, fascinándole y huyéndole con oportunidad. Durante seis !,
siete años que duró el babilisimo juego, la
Maintenon supo rogar y atraer, denegar ó
consentir, con refinada perfidia. t Su Majestad se ha retirado hoy desconsoladísimoiescribe ella en una de sus cartas-aunque
conservando todavía esperanzas., En otra
misiva confidencial consigna lo siguiente:
«Lo despido siempre aíligidísimo, pero no

�Jiü

MADAMA DE MAlNTE:XON

desesperanzado.)) ¡Tacto y discreción verdaderamente asombrosos! Porque ha de tenerse en cuenta que el rey no imploraba de

I'

!1
1

'' 11•1,

la Maintenon que fuese su esposa, sino que
fuese su amante, y si la virtud de la marquesa, si su profunda religiosidad, hubieran
sido en realidad lo que la interesada y algunos de sus panegiristas pretenden hacer
.creer, no cabe duda de que Francisca de
Aubigné hubiese dado á Luis XIV, pronto y
explícitamente, una respuesta solucionadora
de Ja cuestión. Recordaremos que cuando el
monarca hizo proposiciones de esa naturaleza á Madama de Péri~ord contestó ésta
abandonando sin demora la corte. &lt;Nada hay
más bello que una conducta irreprochable&gt;,
-decia la Maintenon en tiempos algo posteriores.Noobslante, parécenod á nosotros que,
al menos en la época de que ahora tratamos,
.esa conducta irreprochable era poco sincera.
Porque si basta el verano de 1683,en que el
rey fué libre de ofrecer su mano á la marquesa, no perdió el pretendiente jamás la
-esperanza de dar una sucesora á la Montes•
pan, esto es, de tener una nueva amante,
fácil es suponer que ello no se debiera á la
-comedia de virtud que estuvo representando
la pretendida casi basta la misma hora de
eele½rarse la boda.
Porque, fuera lo fuese, lo cierto es que la
Maintenon se casó secretamente con el rey
&lt;le Francia y de Navarra durante la noche
del 12 de Junio de 1684,, efectuándose la ceremonia en la capilla real de Versalles. Dispuso el altar Bontemps, primer valet de
cha,nb,·e del rey; dijo la misa el padre La
Chaise; leyó las sagradas espistolas el arzobispo de París: y actuaron de testigos Louvois, ministro de la Guerra, y Montchevreuil.
El arzobispo y Louvois obtuvieron del monarca solemne promesa de no declarar nun-ca el matrimonio que acababa de efectuarse.
Los rumores de la boda tardaron póco en
-ex.tenderse por la corte, si bien durante al~
gún tiempo nadie tuvo la seguridad de su
-certeza. Todavia á los cuatro allos de ello la
Palatina (nombre con que era conocida' la
&lt;&gt;s~osa del duque de Orléans, hermano de
Lms XIV), en una carta fechada el H de Abril
de 1688, escribía lo siguiente: .«No puedo saber á ciencia cierta si el rey está casado ó sin
-casar. Algun?s dicen que ella es su esposa y
que el arzob1opo de París dió su bendición
&lt;&gt;n presencia del confesor del rey y del hermano de la :Maintenon. En cambio, aseguran
olros que lo de la boda es mentira siendo
por tanto imposible averiguar lo que haya en
realidad.)&gt;
1\henlras la corte discutía la cuestión la
.
'
marquesa era instalada
en el palacio de Ver1

salles, yendo á ocupar la serie de habitaciones a que da acceso la gran escalera de mármol, frente al salón de los guardias del rey.
Los primeros síntomas de su encumbramiento consistieron en abandonar la favorecida
el uso del título de marquesa, haciéndose
llamar Madame de Maintenon, y en que el
rey, pareciéndole sin duda muy vulgarla citada designación, suprimió su segunda parte denominando invariablemente á su esposa morganática Madame. Por último, la servidumbre particular de Madame, daba á
ésta en sus habitaciones el título de Majes-

tad.
Si en los dias de su valimiento habia demostrado Madama de Montespan •una altivez en todo rayana con las nubes,• como dice
uno de sus biógrafos, podemos imaginarnos
cuánto no debió sufrir al verse obligada á
ofrecer sus respetos á la nueva esposa del
rey. Leamos lo que dice la ex-favorita en
sus MemoriQ,S:
.. Pocos días después del matrimonio, y
encontrándome casi restablecida de mi dolencia, fuime á Petit-Bourg. Allí acudieron á
verme el mariscal De Vivonne, su hijo Luis
de Vivonne, todos los Mortemarts, todos los
Rochehouarts, Thianges, Seignelays y Blainvilles; en. una palabra, corides, marqueses,
barones y duquesas. !han á perturbar mi retiro con objeto de decirme que desde el
momento en que Madama de Maintenon era
ya la mujer del rey, debía yo ir á rendirla
mi homenaje y á ofrecerla mi respetuosa adhesión. ,¡Toda la familia lo ha hecho asi,exclamaban estos crueles parientes-todos
lo hemos hecho menos, túl Debes cumplir
este deber, por lo que más quieras. ¡Hazlo
por Dios!... Te aseguramos que la marquesa
no se ha envanecido por su posición: ya verás qué bien te rec_ibe. Y tén presente que si
te resistes á hacerlo, nos comprometes á todos.,
•Deseosa-continúa escribiendo la Montespan-de librar de daños á mi familia, d•
complacerla, y, en primer término, de congraciarme con el rey, resolvi prepararme para fa penosísima jornada, confiando en que
Dios habría de darme fuerzas para resistirla.
Presentéme a la nueva esposa del monarca
ataviada con un traje de corte bordado de
oro y plata. El rey, que se bailaba sentado
ante una mesa, se levantó un momento v
me dió ánimos con su salutación afectuosá.
Antes de aproximarme á Madama de Maintenon, quien ocupaba ancho y rico sillón de
brocado, hice las tres paradas y reverencias.
La marquesa no se levantó, debido á prohi-

birlo la etiqueta, y principalmente á la presencia del rey. Su tez, pálida por lo general,
se coloreó rápidamente, adquiriendo los
suaves tonos de 1a rosa. A poco, hízome señal de que me sentase en un escabel cercano, dirigiéndome al propio tiempo una mi rada llena de disculpas. Entónces comenzó á
hablarme de Petit-Bourg, de las aguas de
Bourbon, de su lugar na tal y de mis hijos,
añadiendo, sonriente: «Voy a confesarle algo
agradable: el príncipe ha pedido para su nieto, el señor duque de Borbón, la mano de
Mdlle. de Nantes, y Su Alteza nos ha prometido la mano de su nieta para ,mestro duque
&lt;lel Maine. En cuanto pasen dos ó tres años
más, veremos terminado lodo este asunto.»
Sin duda, debió serle muy grato á Madama de Montespan que le revelaran en confianza cuál había de ser el porvenir de sus
llijos. En los tiempos de su valimiento, la
favorita había favorecido y estimado sinceramente á la Maintenon, elogiándola cuando
el rey la menospreciaba, reteniéndola cuando el soberano quería alejal'la. Y no bastándole todo eso, habiala nombrado aya de
aquellos dos hijos á quienes Madama de
Maintenon se referia ahora ceremoniosamente con su cnuestro duque del Mai11e». La
infeliz caida podia contemplar su obra, tronando olimpicameute desde su regio sillón
de brocado; podia saborear la amargura de
ver convertida á su falsa amiga en la ToutePttissante, cual se denominaba en Versalles
á la Maintenon. Pero, sigamos leyendo á la
Montespan:
«Tras de media hora de audiencia, me levanté de mi incómodo asiento é hice mis
reverencias de despedida. Madama de Maintenon, aprovechando un momento en que el
rey se había puesto á escribir, levantóse y
murmuró estas palabras: «¡No dejemos de
querernos! ¡Os lo suplico!» Inmediatamente
salí de la estancia por la puerta de espejos
que da á la gran galería. Hallábase allí reunido buen número de cortesanos. El príncipe de
Salm vino á mi encuentro, diciéndome: «¡Estáis avergonzada! ... ¡Lo comprendo perfectamente!:i- Y me estrechó la mano cariñosísimo. Noté que babia en todos gran curiosidad
por verme pasar. Alg-unos cortesanos, más
resueltos, se me acercaron hasta ponerse al
alcance de mi abanico, permitiéndome observar en sus :fisonomías, como en las de
toda aquella gente, el júbilo producido por
mi caída. Y, sin embargo, yo había visto á
mis plantas, un día, á aquellas fisonomías
altaneras: casi todos los que allí estaban me
debían grandes favores .,.
En la magnífica galería de retratos que nos
ha legado Saint-Simon en sus Memorias,

3±7

quizás no haya ninguno donde pusiese el escritor mayor lujo de deialles que en el relativo á la esposa morganática de Luis XIV.
cMadama de Maintenon-dice-era mujer
de gran ingenio, aguzada por el trato con
gentes de un mundo en el que, si en un principio sólo fué tolerada, acabó luego por brillar con luz propia. Las variables posiciones
que había ocupado biciéronla aduladora, insinuante, c9mplaciente, dispuesta á agradar
siempre y en toda ocasión. La necesidad de
intrigas en que se había visto, los muchos
manejos secretos de todo género que sus ojos
contemplaron y en los que tuvo que mezclarse necesariamente, por interés propio ó ajeno, aficionáronla á ese juego en el que llegó
á ser consumada maestra. Halláhase dotada
deincomparable donosura y de exquisita afabilidad, sin traspasar nunca los linderos de la
corrección y el respeto; sus palabras eran
moderadas, exactas, impecables de expresión, y de una elocuencia natural jamás exw
cesiva. Es verdad que lo mejor de su vida
(pues ha de advertirse que aventajaba en tres
ó cuatro años al rey), babia coincidido con
la época de la frase elegante, con los años
de la galantería alambicada: no era, por tanto, de extrañar. que la Maiotenon, sometida
á semejantes influencias, conservase siempre
vestigios de eHas.
•No bien se aposentó en palacio, asumió
marcado aire señoril, que después y por sucesivas gradaciones fué sustituyendo por otro
de unción religiosa, que le iba admirablemente. A hablar con justicia,Ia Maintenon no
era hipócrita por naturaleza: la necesidad habiala obligado al disimulo, y su inconstancia
ingénita se encargaba de hacerla parecer doblemente falsa de lo que era en realidad. Debemos decir que la inconstancia de esta mujer era del más peligroso género: con excepción de algunos de sus antiguos amigos, á
quienes debía permanecer fiel por muy buenas razones, su favor recaía hoy en una persona, convirtién¿1.Jse al siguiente en sañuda
persecución. Obter.ida ur.a audiencia de ella
por cualquh~r i'r.dividuG, si éste tenía la suerte de hacerse simpático á la Maintenon era
al punto tratado con la misma confianza que
á un amigo de toda la vida, sin perjuicio de
que ese mismo indivíduo, admitido á u na
segunda audiencia, encontrase á la ilustre
dama, fria, lacónica y desabrida. Las victimas de estas mudanzas podían estrujarse la
memoria rebuscando una razón de tamaño
proceder; todo ello era tiempo perdido: la
única, la exclusiva causa, estribaba en la
nueva estabilidad de espíritu de la Maintenon. Quizás habían contribuido á estrechar
su criterio y a empequeñecer su corazón y

�348

POR ESOS MUNDOS

sus senlimienlos la pobreza y el abandono
en que viviera durante una época. Pero
lo cierto es que su psicología resultaba aún
más limitada de lo que hubiera podido esperarse de Madama Scarron, con quien siempre y en todos los instantes guardaba estrecha semejanza. Y nada 1 en verdad, tan repulsivo como esa mediocridad moral é intelectual en persona que disfrutaba de posieión
tan eminente.

•La piedad reli¡~'iosa-continúa diciendo

11

111
1

li''

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1
1
1

su biógrafo-constituía su principal arma de
combate: por la piedad gobernaba y conservaba su posición. La profunda ignorancia
religiosa en que el rey fuera educado y mantenido toda su vida, hicieron al monarca
desde un principio facil presa, siéndolo mas
y mas conforme, al avanzar de los años,
acrecía su devoción. Hubo un momento en
la vida de Luis XIV en que la religión lo re prefentaba todo para el soberano. Dado esto,
nada más fácil que hacerle creer que un golpe decisivo y violento asestado al protestantismo prestaría á su nombre mayor grandeza de cuanta conquistaran sus antecesores, además de robustecer su poderío y de
aumentar su autoridad. La Maintenon fué
una de las personas que trabajó con más
empeño en persuadir de esto al monarca.
,No debe pensarse que al objeto de mantener su predominio no tenfa necesidad Madama de Maintenon de obscuros manejos;
por el contrario) su reinado fué un período
de continua intriga. Las mañanas, comenzadas por aquella señora muy te m p r a namente, eran invertidas en misteriosas audiencias para asuntos espirituales ó benéficos. Era frecuentisimo verla celebrar entrevistas a las ocho de la ma11ana, ó antes, con
algún ministro, sobre todo con el de la Guerra ó con el de Hacienda, los dos consejeros
predilectos de la marquesa. Sin embargo, su
ocupación matinal invariable consistía en
dirigirse á Saint-Cyr, donde solfa almorzar
encerrada en sus habitaciones particulares, ya sola, ya en compañia de alguna de las
favoritas de la casa. Alli daba alguna que
otra audiencia, las menos posibles, dictaba
órdenes acerca del gobierno interior del establecimiento, se enteraba de las cuestiones
conventuales,· leía y despachaba el correo, y
recibía confidencias y notas de sus agentes
secretos, torné.ndose é. Versalles á la misma
hora en que el rey acostumbraba á acudir a
las habitaciones de su esposa morganática.
Una ve;.:: en presencia varios cónyuges, acomodábanse en sendos sillones, con una mesilla de por medio y al lado de una chimenea: la Maintenon próxima al lecho, y el rey
dando la espalda á la puerta rle la. antecá-

mara. Junto á la mesa hallábanse dispuestos
dos escabeles, destinado el uno para el ministro que acudía a despachar, y el otro
para los papeles de Su Majestad.
»Mientras el monarca trabajaba con el ministro, Madama de Maintenon leía ó bordaba, sin perder silaba de Ja conversación: una
conversación mantenida siempre en voz alta,
pero en la que ella rara vez se mezclaba, ó si
lo hacía era para oponer alguna observación
de escasa importancia. Con todo, al rey Jeagradabaoirel parecer de la marquesa. Cuando esto acontecia,la respue.r;;ta de la consultada era tan discreta como indiferente. Su sistema consistía en no mostrar empeño por
nada ni por nadie, ni aún en Rquellas cosas
que pudieran interesarla personalmente . .Mas
ha de advertirse que la astuta dama procedía ya de entero acuerdo con el ministro,
que, si no se había atrevido á contradecirla
en.privado, menos iba á oponel'se á sus designios en aquellas circunstancias. Siempre,
que debia concederse alguna merced ó algún
puesto, convení¡¡se el asnnto de antemano,
entre la Maintenon y el ministro, lo quemo tivaba en ocasiones cierlos aplazamientos,.
sin que el mismo monarca ó los interesados
sospechasen la verdadera causa . Reserva.base la Maintenon 1 a resolución definitiva,
quedando en avisar al ministro para la conferencia oportuna. Entre tanto, el consejero
áulico dejaba en suspenso la cuestión, guardándose bien de decidir nada por si mismo
sin recibil· órdenes de aquélla, hasta que
el tráfago cortesano de cada día huoiese
consentido á la marquesa celebrar la entrevista correspondiente. Una vez efectuada
esta, el ministro redactaba la lista de favorecidos y la presentaba á la aprobación regia. Si por acaso el monarca oponía su veto
á un nombre, y este era de los sugeridos
por la marquesa, el ministro no insistía, y
~l asunto no pasaba á mayor debate. Si el
rey objetaba algo respecto á otra persona
cualquiera, el consejero rogaba al monarca
que eligiese entre los que conceptuase igualmente aptos, aprovechando la pausa para
aventurar sus observaciones y excluir de las
propuestas sometidas á ]a sanción real aquellos individuos que no eran del agrado de la
marquesa y del ministro. Este no menciona--ba jamás expresamente el nombre del personaje cuyo nombramiento era apetecido, sino
que, por el contrario, exponía varios de
ellos, para ponderar fuerzas, y sobre todo
para hacer titubear al soberano en su decisión. Em el instante en que Luis XIV solieilaba el parecer de su consejero, quien, des··
pués de citar otros cuantos nombres, se fijaba, como por casualidad, en el que le inte-

MADAMA DE MAL.'''H'!iliO~

resaba. En este punto critico, el monarca
pedía á la marquesa su opinión. Ella sonreía declarándose incompetente, aventuraba una palabrita acerca de otro nombre, y,
por último, iba á fijarse sobre el propuesto,
caso de no haberse ya decidido en su favor
desde un principio. Por semejante procedimiento, las tres cuartas partes de las mercedes y concesiones que pasaban por ma~os
del ministro en sus conferencias con ]a Marntenou, quedaban á beneficio de ésta sin que
el rey tuviese la más leve sospecha de semejante juego.
»Con todo, el monarca estaba constantemente en guardia no solo contra Madama de
Maintenon, sino contra sus minístros. Mu-chas veces acontecía que, por no adoptarse
las precauciones necesarias, advertía el soberano que un ministro ó un general deseaban favorecer á un pariec.le ó protegido de
Ja marquesa. Cuando esto acontecía, Luis
XIV negaba su firma al decreto por el solo
hecho de ser cosa de su cónyuge, é. quien
después acostumbraba á reprochar su elección. Las observaciones del rey á esos propósitos eran causa de que :Madama de Maintenon experimentase cierta repugnancia á solicitar {lbiertamente de su marido tales 6
cuales favores, y si lo hacia era con extremada circunspección. Estos detalles bastarán
para convencer de que la sagacisirna dama
conseguía cuanto deseaba, aunque no cuando
ni como ella deseaba.
»Al sonar las nueve de la noche, entraban
en el aposento de Ja Maintenon las dos camaristas de guardia, con objeto de ayudarla
á. desnudar. Inmediatamente después, le era
servida por el ,naitre de hótel la cena, consistiendo esta en una sopa ú otro plato ligero. Tan pronto como terminaba de cenar, se
acostaba, continuando el rer y el ministro
entregados á sus trabajos, aunque hablando
ya en voz baja. Asi se deslizaba el tiempo
hasta las diez) hora en que eran bajadas las
-0ortinas del lecho de Madama de Maintenon.
El rey, luego de dar las buenas noches a su
esposa, se iba á cenará sus habitaciones.»

***

Al elevarse la marquesa á su conspicua
posición en la corte, encontró francamente
hostiles tanto á l\J.onsiei,1· como á Monseigneur. (Monsiei,r era el tmtamiente dado en
la corte de Versalles al hermano mayor del
rey; Moinsegneur el litulo que recibía el
príncipe heredero del trono). Sin embargo,
Monseigneur era un hijo demasiado obediente para negarse á rendir sus respetos á
la Maintenon. En cambio, Mons-ieur escaseaba sus Yisitas lodo lo q~10 podía. «No era

349

el éxito de la marquesa lo que le indignaba,
-comen la el biógrafo-sino el pensar que la
señora Scarron se hubiese c_onvertido en su
cuñada: esta idea le resultaba intolerable.»
En cunato á su esposa, no podía sufrir la
presencia de la .Maintenon, y ésta, á su vez,
hacia cuanto estaba en su mano para predisponer al rey contra la Palatina. Claro es que
tal actitud de la familia real respecto á la
marquesa era natu.ralisima, porque, además
de ser la Maintenon la eón yuge morganática
de Luis XI V, éste se había preparado, ante
todo, una esposa bella y de arrogante presencia, &lt;una mujer de incomparable gracia»,
como él decia. Estos encantos'fisicos de la
Maintenon certifícalos en sus Memorias la
Montespan, quien, al. ocuparse de su falsa
amiga a este respecto, se expresa del modo
siguiente: «Aunque tenía ya cerca de cuarenta y cualrn años, sólo aparentaba treinta.
Esta frescura de tez, debida, bien á un cuidado excesivo, ó quizás á una constitución
física excelente, contribuía á imprimir sobre
sus facciones un sello de juventud capaz de
fascinar al r.ey y á los cortesanos» .
Lo cierto es que al casarse la Maintenon
con el «Gran Monarca» debía tener cuarenta
y nueve años cumplidos, aparentando acaso
unos treinta y cinco. Poseía ingenio, talento
y diplomacia, y era la calma personificada.
&lt;Durante veintiseis años-escribía ella misma en época posterior-jamás demostré la
la más pequeña impaciencia., Tal tranquilidad de espíritu y tal discreción de juicio debieron paree:er á un monarca de cuarenta y
seis años que habia perdido á su esposa y
alejado á sus favoritas, las condiciones ideales para una compañera de días de vejez.
Además de eso, la marquesa e11a caritativa
y piadosa, demostrando singular empello en
apartar al rey del mundo y en volverlo
hacia el Cielo. Y para colmo de perfecciones,
ni parecía ambiciosa, ni gustaba de mezclarse en nada: si su augusto esposo la consultaba en algo, ella se lo agradecía profundamente, pero su única aspiración, su único
interés, hallábanse puestos en salvar el alma
del rey. Todo esto se antojará demasiado
maravilloso para ser verdad ... En efecto; no
era verdad
Lo único verdad en la Maintenon era su
hermosura física, no debida al arle ni poco
ni mucho. En lo restante, todo era mentira,
Bajo la capa de humildad y de indiferencia
por las cosas de este mundo, hallábase devorada por el orgullo y por la ambición; su
punto de mira, aquello por lo que trabajaba
constantemente, era llegat· a ser reina de
Francia. A pal'te de esta suprema aspiración,
intervP-nia en todo r lo manejaba todo. Apro-

�1 .
1

350

.i\lADAMA DE MAl:\TE:'\0_"

POR E.'30S '.\1C~OOS

vechóse de la Religión para elevarse y asu- El re)r demora su estancia en mi ca.mara
mir ante la corte una posición de infalibili- basta la hora de oir misa.
, Ya habrá usted advertido que á todo esto
dad papal, y de ahi que se hiciera lo que ella
diputaba por bueno y se omitiese lo que aún no be tenido tiempo de vestirme. Acondefinía como nocivo. Al mismo tiempo, llena- téceme generalmente tener que recibir las
ba el espíritu del rey con toda suerte de visitas con mi cofia de noche. Pero repito
escrúpulos, adquiriendo mediante este siste- que mi aposento es durante toda la mañana.
ma mayor predominio. La Maintenon se las una constante procesión de gentes que van y
compuso de modo que fueran sus habitacio- vienen en desfile interminable. La duquesa
nes el único lugar donde el rey despachase de Borgoña (María Adelaida de Saboya, cacon los ministros: modo sencillo de estar ella sada con el duque de aquel titulo), llega en
al corriente de lo que se bacía, de engañar al este punto con algunas damas, permanecienmonarca en su misma cara y de tener a los do todas en mi compañía mientr¡is tomo la
consejeros áulicos bajo sus talones. Además comida. Hallándome rodeada materialmente
de todo lo dicho, la Maintenon era terrible- por ellas no puedo ni aún pedir de beberá
mente veniativa: jamás perdonaba ni olvi- los criados. cSin duda, esto es gran honor
daba al que la ofendía, aplastando á quien para mí; mas yo preferiría ser servida por
osase hacerla frente, pero aplastándolo rá- un simple lacayo,, tales son las palabras que
pidamente y sin compasión. En suma: la algunas veces tengo que decir á las damas.
Toute-P11issante tenia la vida de la corte Al oir esto, y deseando agradarme, se dispendiente de su cámara, y con ser ello así putan la vez pa1·a servirme, apresurándose
declaraba en toda ocasión á sus protegidas á darme aquello que necesito; lo que consti]as monjas y educandas de Saint-Cyr que tuye una nueva contrariedad y un nuevo
ella no era nadie, que no poseía nada, que fastidio para mi. Por último, vánse las dasu única aspiración era la soledad, y que de- mas ti. comer, pues conmigo solo comen á las
bía ser compadecida por la triste suerte que doce Madama d'Heudicourt y Madama de
Dangeau, que están muy acbacosas.
le babia cabido.
»Ha llegado el instante de hallarme sola;
sola con las dos damas mencionadas. En·
!onces puedo distraerme un rato jugando
**
La Mainlenon cultiva esta nota en la si- una partida de chaquete, si no es que se le
guiente carta dirigida á la señora Glapion, ocurre entrar á Monseigneur, quien unos
días no come, y otros come más tempranot
dame de St. C.Jr:
«Creo haber dicho á usted con frecuencia, razón por la cual aparece cuando todos se
que el único tiempo de que dispongo para han ido ya. Por cierto, que Monseigneur es
mis devociones y para oir misa es cuando un visitante difícil, pues ni...nca dice «Esta
los demás duermen, pues en cuanto empie- boca es mía.&gt; Naturalmente, tengo el deber
zan á entrar en mi aposento ya no soy dueña de bablorle por el mero becbo de enconde mi misma, ni tengo un instante mío. trarse en mi aposento: si recibiera esta visita
Dan comienzo las visitas á eso de las siete y en otra parte, podría reclinarme en mi sillón
media de la mañana. El primero en aparecer } no despegar los labios, si asi me placia;
es Marécbal (el cirujano del rey); no bien se mas ocurriendo ello en mi propia cámara,
ha Jdo éste, llega M. Fagon (el médico), quien debo encontrar á tuertas 6 á derechas algo
deja el paso á M. Bloin(primer mayordomo), agradable que decir. Y esto es en verdad po6 á cualquier otro enviado á enterarse de mi co divertido.
»El rey viene á verme al volver de la caza.
salud. A renglón seguido, dan principio las
visitas de importancia: un día es M. de Cba- Ciérrase la puerta, y ya no se permite enmillart; otro, el señor arzobispo; esotro, un trar á nadie. Es la hora de las grandes congeneral del ejército en campaña, que viene á fidencias. Sintiéndose sin testigos, el rey me
despedirse; 6, por último, se trata de alguna cuenta todos sus pesares, sus pequeños disaudiencia particular solicitada en circunstan• gustos, sus achaques nerviosos. No es raro
cias tales que no hay medio de aplazarla. que rompa á llorar tras de haber luchado
Hace pocos días aconteció que el señor du- un rato por contener las lágrimas.
"&gt;A la hora de costumbre aparece en mi
que del Maine tuvo que esperará que saliera
M. de Cbamillart; no bien se fué éste, entró estancia el ministro designado para despa•
el duque y me entretuvo hasta que llegó el char con el rey. Ambos se ponen á trabajar,
rey, pues existe aquí la etiqueta de no dejar- y yo aprovecho esos minutos de libertad
me sola, prolongándose la audiencia mien- para cenar, si bien no puedo nunca hacerlo
tras no aparece otro personaje de rango. á mi gusto, pues Su Majestad me interrumCuando entra el rey, todos deben alejarse. pe á menudo para hacerme preguntas 6 para

•

enseñarme algo. En esto, como en todo, mi
vida es un perpétuo atosigamiento. Este
yantar hecho á toda prisa su~le producirme
trastornos. En fin, hallándome levantada
desde la~ ~eis de Ja mafiana, al terminar mi
cena todJ.via no he tenido tiempo de respirar á mis anchas.
»No extrañará usted, pues, que á esas ho•
ras me abrume la fatiga. A veces, el rey lo
advierte y me dice: cCreo que os sentís
cansada ... ¿Por qué no os acostáis?... &gt; Me
dispongo, por fin, á recojerme, llegando en
tal punto las camaristas encargadas de ayudarme á desnudar. Pero en esto me parece
advertir que el rey desea decirme algo y
está esperando á que las camal'istas se vayan, ó bien ocurre que todavia no se ha despedido el ministro. ¿Qué hacer entónces'/
Pues lo que bago : despachar, despachar
pronto, aún á riesgo de contrariarme, pues
ya sabe usted que toda mi vida he aborrecido las precipitaciones.
»Ya estoy en la cama. La servidumbre ha
sido alejada. El rey se acerca y toma asiento al lado de mi cabecera. Mi contrariedad
acrece, pues si bien es cierto que ya estoy
descansada, puedo sentir necesidad de muchas cosas: mi pobre cuerpo es vil materia
y tiene sus exigencias. Cuando tal acontece,
no hay en 1a cámara á quien recurrir: ni una
sola sirvienta. Y no es porque no pueda tenerlas, pues el rey es conmigo bondadosimo, y si se le ocurriera que yo necesito lo.;
servicios de una criada, soportaría su presencia. Mas, es el caso, que nunca se le ocurre que acaso esté yo pasando un mal rato.
Cree sinceramente que si nada pido es por•
que nada necesito ... &gt;

•**
Sin duda, la anterior carta debió hacer
reconciliar á Madama de Glapion con la
tranquila vida de Saint Cyr y mirar con ninguna envidia la que llevaba Madama de
Maintenon en sus expléndidas estancias de
Versalles. Pero, digámoslo sin rebozo: la
confi~encial misiva contiene no pocas exa•
geramones y es falsamente colorista . La
Maintenon hacia cuanto le era dable para
retener en sus habitaciones al rey, á la duquesa de Borgoña, al duque de Borgoña al
duque del Maine y á las princesas: era ;ste
el modo de bailarse al tanto de lo que pasaba, de cazar todas las noticias necesarias
para su diplomacia trastera. Claro es que
semejante vida había d e resultar pesada
carga, pues ha de tenerse en cuenta lo fatigoso de la etiqueta palatina. Ya franqueados
los linderos de la vejez, y cuando la Maintenon perdió para siempre sus ilusiones de

351

verse reina de Francia, el agotamiento físico
era lo que principalmente le preocupaba,
mas antes de llegar esos tiempos, la pose
predilecta de la interesante marquesa fué
una pose de humildad y de renunciamiento.
Hemos hecho frecuentes alusiones á SaintCyr. Era esta una institución donde se cantaban perpétuas alabanzas al nombre de la
Maintenon. El pensamiento de fundar un
colegio en que las bijas de nobles pobres
pudieran ser educadas á costa del Estado
no dejaba de ser loable, y dice mucho en
favor de Madama de Maintenon. Sin embargo, el principal beneficio lo recogió la fundadora. Aquel e.olegio proporcionaba á la
dama ocasiones de satisfacer su grande afi.
ción á dirigir la vida de las gentes jó.enes,
allJ podía irse creando una atmósfera propia
y allí le seria fácil retirarse en opulencia si
por su mala ventura moría el rey. «El colegio de Saint-Cyr-dice Saint-Simon-poseía
más de cuatrocientas mil libras de renta
anual, y bastante capital de reserva. Según
los estatutos fundamentales, estaba obligado
á recibirá Madama de Maintenon si ésta decidía retirarse del mundo, á obedecerla en
todo como á única y absoluta superiora, y é.
costear todos los gastos que ocasionase su
estancia y la de su servidumbre.&gt; Ahora
bien: como quiera que Saint-Cyr fué fundado al año siguiente de casarse Luis XIV con
la Maintenon, vése también que la dama
tenía la vista puesta en lo porvenir.

••
•
«El más ardiente deseo

de esta damasigue diciendo Sain-Sirnon-era la pública
declaración de su enlace. Sobre todas lascosas ambicionaba ser proclamada reina y de
ahí que jamás perdiera de vista esa id¿a. En
una ocasión estuvo á punto de verla reali•
zada. Habíale dado el rey, en efecto, solemne
palabra respecto á la declaración, añadiendo
que la ceremonia se verificaría en breve~
Pero ocurrió que el acto fué aplazado fodcfinidamente, debido á las observaciones hechas al rey por Louvois. Este, que se babia
captado la confianza del soberano hasta el
punto de que consiguíó ser uno de los testigos que presenciaron la boda de Su Majestad con Madama de Maintenon, tuvo el valor
de demostrar al rey que era digno de esa
confianza haciéndole ver la ignorancia de
declarar semejante enlace y obteniendo la
promesa real de que jamás habría de ser
publicado. Transcurrieron varos años y
Louvois, bien informado de cuanto ocu;ria
en palacio, averiguó que Madama de Maintenon volvía á intrigar para ser declarada re{.
na y que el rey había tenido la debilidad do

�3ó2

!'OH ESOS MUNDOS

'

prometérselo. El ministro no perdió tieJipo:
pertrechándose de documentos , fuése en
derechura de las habitaciones donde estaba
el monarca. Al ver éste entrar en su aposento á Louvois, en hora desacostumbrada.
le preguntó qué ocurría. «Algo muy urgente
é importantísimo,• contestó el ministro, muy
serio, dejando estupefacto al soberano, quien
. inmediatamente hizo despejar la estancia. La
servidumbre se alejó, mas tuvo la preéaución
de dejar la puerta entornada á fin de oirlo
todo y de verlo todo con auxilio de los espejos. Este era el gran peligro de aquellas
.estancias.
»No bien se halló Louvois á solas con e:
rey, le expuso francamente la misión que
allí le 11e,aba. Sorprendido el monarca al
ver descubiertos sus planes, trató de esquivar la cuestión. A cada nueva instancia del
ministro. daba el rey un paso más hácia la
puerta con propósito de ganar la cámara
inmediata, donde se hallaba reunida la servidumbre. Observándolo Lou,ois, arrojóse á
las plantas del monarca, y desnudando su
espada presentóla por el puño al augusto señor, suplicándole le diese muerte si persistía en declarar su matrimonio, en faltar á su
promesa y en cubrirse de oprobio á los ojos
de toda Europa.
,El rey pateó, se encolerizó y mandó salir
á Louvois. Pero Louvois, aferrando con fuer•
za las pierna., del monarca, con objeto de
que no se.le escapase, continuó hablándole
de la gran vergüenza que estaba resuelto á
llevar á cabo. Tanto dijo el ministro que,
por la segunda vez, obtuvo del soberano solemne promesa respecto al desistimiento de
la publicación matrimonial.
,Madama de l\faintenon seguía esperando,
mientras tanto, ser proclamada reina de un
momento á otro. Pasados unos días, y extrañándole el silencio del rey, atrevióse á insinuar el asunto. La turbación producida al
rey por las palabras de la dama alarmaron
á ésta. Aunque suavizando el golpe, Luis
XIV acabó por rogar á su esposa que abandonase su esperanza de ser declarada reina
y que no volviese á hablarle de la cuestión.
»Disipado el efecto producido en el espíritu de Madama de Jlaintenon por la brusca
destrucción de sus ideales, trató de averiguar la perjudicada quién era el causante de
todo ello. Tardó poco en saber la verdad, no
debiendo causar sorpresa el que jurase la
pé1dida de Louvois y que no descansase
hasta conseguirla. Esperando fríamente la
ocasión propicia, fué minando el terreno á
su adversario, aprovechándos.e de cuantas
oportunidades se le presentaban pa.ra hacerle
antipático al rey.»

.Tenemos, pues,•que, á pesar de su asombroso. encumbramiento y de la positiva influencia ejercida sobre el Gran Monarca,
Madama de .Maintenon no logró ver realiza•
do . su sueño de ser proclamada reina de
Francia. Su situación continuó, sin embargo, siendo dominadora. El rey, que amaba á
su esposa morganática mucho más de lo que
por ella era amado, tratábala siempre en
público con marcada deferancia, según puede observarse leyendo las líneas siguientes
relativas al sitio de Compiégne en 1fül8.
«El rey quería que la corte presenciase
las operaciones del ejército en campaña. Por
entonces, se estaba efectuando el 'lsedio de
Compiégne, en debida forma, esto es con
sus paralelas, trincheras, baterías, minas, etcétera. El asalto final se llevó á cabo el 13 de
Septiembre, habiendo acudido á contemplarlo además, del rey, Madama de Maintenon,
todas las damas de la corte y buen número
de caballeros. Los espectadores se habían
situado sobre una vieja fortificación desde la
cual se descubrían bien tanto la llanura como
la diversa colocación de las trampas.
, Era, en verdad, un espectáculo soberbio
el de aquel ejército evolucionando á presencia de millares de curiosos, llegados á pié y á
caballo, y realizando bajo las hábiles órd~
nes de sus jefes las maniobras de ataque y
defensa. Pero, un espectáculo más curioso
y que me sería fácil escribir de hoy en cuarenta años-¡tanto me impresionó!-fué el
que ofrecía el rey desde lo alto de la vieja
fortificación á todo un ejército y al inmenso
número de espectadores aglomerados en la
llanura.
,Madama de Maintenon daba frente al campo y á las tropas, arrellanada en su silla de
mano, cuyas ventanillas se encontraban levantadas, habiéndose alejado los conductores á respectiva distancia. La duquesa de
Bergoña encontrábase sentada en la vara iz.
quierda de la silla, y, haciendo un pequeño
semicírculo á su derecha, estaban la duquesa de Orléans, la princesa de Conti, todas las
damas, y muchos caballeros en último término. Junto á la ven lanilla detecha de la silla
de manos se hallaba el rey, y á escasa distancia de él un corrillo de distinguidos personajes masculinos de la corte. El monarca permanecía casi constantemente descucubierto, inclinándose á cada momento para
E&gt;xplicar á Madama de Maintenon lo que ésta
iba viendo y la razón de todos los movimientos de tropas. Cuando esto f\Contecía,
bajaba ella, cortésmente, el cristal de la ventandla unos diez ó doce centímelros, y nunca más de la mitad, pareciéndome advertir
que Madama de Jlaintonon estaba mucho

353

MADAMA DE MAINTENON

más atraída por este espectáculo que por el
,En cuanto á Monseigneur y los demás
desarrollado en la llanura. A veces, entrea- príncipes, hallábanse á caballo presenciando
bría expontáneamenle los cristales y pre- las operaciones desde la misma llanura. Seguntaba algo á su augusto esposo; pero, por rían entonces las cinco de la tarde. El tiem•
punto general, era el monarca, quien, sin dar po estaba magnífico: imposible hubiese sido
lugar á ello, se inclinaba para dar explicacio- desearlo mejor. Ya próxima á capitular la
nes sobre lo que ocurría. Si, por rara c:isua- plaza, debió pedir Madama de Maintenon al
lidad, la Maintenon no había visto encorvar- rey la venía para retirarse, puesto que éste
se al rey, éste
gr i t ó : • ¡Los
daba unos gol0riados de Mapecitos en e 1
clanie!,, llegan&lt;:ristal á fin de
do éstos a 1
que fuera
punto y llevánabierto.
dose á la mar, Durante toquesa. Un cuarda l a escena,
to de hora dese I soberano
pués, se retiró
permanecía sin
también el mohablar con nanarca, seguido
di e , excepto
de casi toda su
con Madama
comitiva.
de Maintenon,
»Como puede
ó bien para dar
comprenderse ,
algunas breves
l a escena fué
órdenes, y, de
abundante e n
&lt;:uando en
guiños, tacto
cuando, p a r a
:ie codos v cucontestar á las
::hich e os: Ni
preguntas que
uno solo de sus
1 e dirigía 1a
detalles había
duquesa de
pasado in adBorgoña, c o n
vertid o. Los
quien se enmismos soldatendía por sedos se pregunñas Madama
taban qué quede Maintenon,
rían decir aque-debido á enlla silla de macontrarse ce nos
y aquel
rrada la ventacontinuo asonilla frontera .
marse á la
E s to obligaba
ventanilla por
algunas veces
parte del moá la jóv,m duFrancisca de Aubigné, Madama de Maintenon
narca. Naturalques a á hamente, hubo
blar á gritos con la dama que iba en la silla. nec~sidad de hacer guardar silencio á los
• Yo estudiaba con exquisita atención las cur10sos. Puede imaginarse el efecto que....
fisonomías de todos, descubriendo en ellas causaría entre los extranjeros el espectáculo
la expresión del asombro combinado con la desarrollado en el viejo murallón, y lo que
prudencia y el bochorno: parecía, y era en de ello dirían luego. Creo que se habló más
efecto, que_ cada cual se sen lía avergonzado del asunto en toda Europa que del mismo
de presenciar lo que presenciaba. De ahí que sitio de Compiégne.»
la escena inmediata al círculo de cortesanos
tuviese más miradas que las maniobras del
ejército.
Se~ún creía Madama de Maintenon, y aún
»Era frecuente ver al rey colocar el som- el mismo rey, á ella sola habría de deberse
brero sobre el techo de la silla de manos la s~l~ación et?rna del monarca. «El reycon objet? de poder introducir la cabeza por escrib1a la_ Mamtenon en 1681-empieza á
1~ vent~mlla: un ejer?ici? continuo, que depensar senamente en su salvación y en la de
b1a fatigar extraordmanamente los riñones súbditos. Si Dios nos lo conserva, no habrá
del monarca.
pronto en el reino sino una sola religión.
5

�351

POR ESOS )1UNDOS

Tal es el parecer de Louvois, y ,o le doy á su servidumbre, dirigióse á Saint Cyr, para.
no volver más al palacio real.
éste mucho más crédito sobre el asunto que yaLa
l\laintenon había abandonado un poe&lt;&gt;
á Colbert, quien se orupa gran cosa de precipitadamente
á Versalles, puesto que el
hacienda y poco ó nada de religión ... • Claro
es que algunos años más tarde la encumbra- rey no murió hasta el sábado 1.° de Sepda Francisca de Aubigné no hubiese creído tiembre, á las orho y cuarto. Lo que 11&lt;&gt;
á Louvois, ni aún bajo juramento. en ningu · obsta para que la esposa morganática de
Luis XIV escribiera pocos rlias más tarde de
na cuestión.
comenzar
su viudez, á la princesa de los
Por lo que se refiere á Colbert, lástima nos
Ursinos,
una
carla en que decía: «He visto
da pensar en él. ¡Trabajando como un negro
morir
al
re~
como un santo v como un hédía v noche á fin de aumentar los recursos
del Éstado, y llevando á cabo proezas sólo roe , cosa que indudablemente no puede adcomparables con las de Hércule~ en favor de mitirse sino con grandes reservas. En camsu augusto amo al objeto de establecer algún bio, hay que dar completo crédito á ~!adama
equilibrio entre los ingresos y los gastos del de l\Iaintenon cuando escribe, linea,, abajo:
Rey Sol!.. ¿Qué tiempo había de quedar- .Me encuentro en un retiro extraordinariale al infeliz para ocuparse de otra cosa que mente agradable.» En efecto, el rey babia señalado en tiempos á la marquesa una pende números?
En este estudio biográfico queda un pun- sión anual de 48.000 libra", y como el duque
to por aclarar. ;,Amó realmente la Main- de Orléans, olvidando todo el daüo recibido
tenon á Luis XIV'~ Nosotros optamos por la de la Maintenon, tuvo la generosidad de
negativa. Cuando la enfermedad postró al seguir pagándole dichasuma, mientras que el
monarca en su lecho de muerte, y ya no po- establecimiento de Saint Cvr costeaba todos
día esperar nada de él Francisca de Aubigné; sus gastos de casa y boca, élaro es que Francuando ésta ~e encontraba ya vieja, cansa- cisca de Aubigné pasó los cuatro años que
da, y solo con el deseo de ganar la paz en sobrevivió al rey envuelta en un ambiente
Sainl-Cyr; entonces, no tuvo reparo en de opulencia y de alabanzas perpétuas. Al
arrancarse la máscara y revelarse en toda entregar á Dios su espiritu el «Gran Mosu desnudez moral. «Al atardecer del día 29 narca•, contaba .Madama de Maintenon mu,·
de Agosto de 1715-dice el biógrafo tantas cerca de ochenta mios de edad. Tenia ya de:
veces traído á cuento-se supo que el rey recho al reposo . .Mu rió el 16 de Abril de 1719.
Cuando Pedro el Grande fué á Francia en
había mejorado, aunque de un modo pasa1717,
no olvidó hacer una visita á Saint Cyr.
jero. Su cerebro funcionaba con dificultad;
«El viérnes 11 de Junio, encaminóse desde
á veces decía el mismo paciente que se eucontraba muy malo. A las once de la nochr Versalles á Saint Cyr, recorriendo todo el
le examinaron los médicos la pierna, obser- edificio y las diferentes clases donde estaban
vando puntos de gangrena en el pié y en la las educandas. Se le dispensó un recibimienanálogo al que se hubiera hecho al mismo
rodilla, así como una gran inflamación en el to
rey.
Ya al término de la vi~ita, manifestó
muslo. El enfermo se desmayó durante el
deseos
de verá Madama de Maintenon, quien
reconocimiento, pero antes se habia lamensospechando
la curiosidad del monarca se
tado de que ya no estuviera cerca de él Mahabía
acostado,
corriendo los cortinajes del
dama de Maintenon. Esta habíase dirigido,
lecho,
excepto
uno
que dejó á medio cerrar.
en efecto, el día antes á Saint Cyr, con los
El
emperador
penetró
en la estancia, levanojos bien secos, y con la intención de no
volver. Como el rey preguntara por ella di- tó las tapicerías de las ventanas, hizo lo
mismo con los cortinajes del lecho, y se
versas veces durante el día, no hubo más quedó
mirando largo rato á la marquesa. Ni
remedio que decirle la verdad del caso,
el
czar
abrió la boca, ni Madama de Mainteoyendo lo cual dispuso el monarca que fueran á avisarla. Madama de l\faintenon acudió non despegó los labios. Al cabo de unos minutos, el emperador salió del aposento, sin
á palacio aquella misma noche.
,El viérnes 30 de Agosto lo pasó tan mal el hacer á la marquesa la más leve reverenenfermo como la noche anterior. Los sinco- cia.»
De análogo modo, nosotros levantado el
pes eran cada vez más frecuentes. A eso de
cortinaje
de los siglos, hemos contemplando
las cinco de la mañana, Madama de l\faintelargamente
á la Maintenon y la hemos visto,
non salió de la real cámara, y después de
tal
cual
era.
hacer donación de sus enseres particulares á
JAIME

E. FARMER.

LEYEND~ DE LA BRETANA ROMANA, ENTRE LOS
ANOS 410 y 446 DE LA ERA DE CRISTO

por C. BRYSON TAYLOR

•

SU:'lf.\RIO DE LOS CAPÍTULOS ANTERIORES (l)

La fama 10,rada en lo•lo el país por Mclcbor, narrndor de
cuentos Y can lo~ de balada•, despierta en el jÓ\'en ,\ ica.n?r de,eo~ de igualarla y aún de sup~rarla _. a aquel
oficio se dedica nuestro herue. lhjo de escla~Ó• ab
dona la CR$a de ,us padres, y por sendas y '-:ere~::,;
n-eorre montes Y prados reunu,ndose á los &amp;s·
lores, ante los cuale, hace derroche de las faculJ'des
que 1.e a~~rnan ..\sombradvs los 0)ente, ,lo :'iicanor
~I ~~?P10d,.muy pronto se encieDlfo entre ellos la te·,
e ~ 1s~or 1a y se produren gran escándalo .
1 '
que .ermman porque empieza á dispersarse
pe
q~c cu11~an los past.orcs y é.,I.Qs licuen que ir f~~~a~
reses. ::',1canor, ,a11,f,-cbu con •1uc sus palab
h b'
~n produculo tanto efecto, ad,¡uiere ma)or':ss d~s~·3
aun d_o que su fama sea universal, y parte de su obr
terruno para d,r,~irse á ¡¡ran&lt;lcs y populosas ciu~ d e
en busca de e,a 2'or1a que persigue. Tborne m a ea
noc1d_l! por la J.la do Brarnble es la poblad~~ ~ &lt;;¡&gt;·
por _:·\ll'~nor, y Tobia'-, un ric:, comerciante Iaep~ 0ª
na a qu1e1,1 \:'- recomendado por sus padris T, ~ ·
conc~rlc. a N 1e:1nor una plaza en su taller d ~b,~s
ensena a tra~aJ_ar en marbl. Bien pronto 1'og:'an ei • •º
ven se_r un d1sc1pulo aventa¡ado de su mae I
JO·
no d\'Ja de tener con éste fuer,es alterca&lt;!"sro, pero
poseswnado ~e la iluiión que acariciara al
: s pa~re•, N1~nor aban,l?na el taller de Tob?;.'yefal~
~en rceuenc,a al \rabaJo, y cuando acude ...1 1
bacede mala ~ana. En ~tas correrias de va a e . o
so que hace Nic.,nor, e, confundido con go Y ~cto•
de la servidumbre de su amo
b ch
. u.n ese avo
un_os sE°,lddados que lo conduce~Yá ;res~E2!'ºc1e&lt;¡r~J!,~!
senor u em1u.,, á cuyo servicio queda c • .
.
canor encuentra un dia á Varia h"a d on.cnto.
1 Nt•
1
cual, enterada por su doncella ~e
b:bil~d!~ ior, ~
del esclavo para relatar cuentos y narra .
y
que dis!raig., con ello• el tedio que la d c,o.nes, le1pide

e? ';j•

~1/º~&lt;lUJ,

Ji

ª.™

~!~lf ~~?tt~~~ ::~r~:~~~~ \~·

i~ºfo:~:~~~ónc~~~:~r:ed~h~itn~~~ºa~:r~~¡~n~ fºc\e e.n que
!:t~~:e~:2I~~~ mqh;;
que ei:a a c:i,s.a de Eudcm,us un a'nti¡uo amigo suyo ~ 0 1 us,ob~~s qutt. os do~ habian for¡ado en su mente. Pero bé ª([Uu~
que a1 pr111c1p10 aborrece de Varia cab
' n su IJO Mano, capitán de las lr!!iones ro
.
I
1
su huésped 8$hi enamorada de Nic~~or :
hác1a ella cierta inclinación, aument;da al co!tc~";•qieesl~ tvedn,
su voluntad para hacer que M •
• 1 .
s uramentecast1gado por esto mollvo Eud ·
.
Jª ~
los deseos de ésta que solo pie~~ ;~Niiarenoªr.su hija, y lo consigue, concediéndole al cabo la~~~•d~ºv!r1·ean, alu?ego
totda
n con
ra

~:~rt':i

V

LJ na hora escasa habría transcurrido des-

de q~e ~! sol apareció por oriente
cuando vanos J~netes cabalgaron hasta las
puertas d
de la_ qumta de Eudemius, ex1g1en
. . do
ver a1 ~eno de ella. Uno de estos jinetes
era Aureh? Menoto, gobernador de A dé .d
Ycon/ ~ba su hi~o, pequeño de es~atur:a
e1aro e pie1' de OJOS débiles y boca inflexi-

i

1

Vt~an~c nucctttos números Hfi á lj2,

ble y resu.ella, llevando el braio en cabestrillo. Aur~lt? era hombre contrahecho, de cabello gris irregular y manos perfectas. Había
estado cabalgando rudamente toda la noche
y ~! llegar á las puertas de la casa de E d :
m1
. pa'l'd
u e
. us aparec1a
1 o por la fatiga y fa molestia. _Los que con él iban, en ¡¡u mavor parte
a~cianos, se encontraban en casi ig~al condic1ó~. Dos ?e los criados que traian estaban
heridos, m1_entras un tercero había muerto
e°: el camrno. A lodos se cuidó y se les dió
ahmenlo y vino, y después que hubieron

�AMOR DE DAJIIA Y AMOR DE ESCLAVA

366

POR ESOS MUNDOS

cinco contra uno. Mi colega de oficio, Tito
Honio, al salir á pacificar el pueblo, fué
muerto, y mis compañeros y yo hemos huido antes de amanecer el día de ayer. Mucha
gente se ha internado en el bosque, y la ciudad es ahora un infierno de embriaguez, de
rapiña y de incendio. Y esto, según yo creo,
no es sino el principio; pues los bárbaros
que hace tiempo se establecieron en la costa
oriental, y los que aún siguen viniendo, nos
ganarán en número á todos los augustanos
unidos. En vista de ello, creo que nosotros,
los señores de las ciudades, debemos solicitar nuevamente de Etius, el procónsul en
Galia, que nos socorra, como hace dos años
nos socorrió, con una legión.
Eudemius reflexionó un momento, y volviéndose á Mario le dijo:
-¿Crees que Etius podrá ayudarnos otra
vez?
-Creo probable que lo haga, si es que él
mismo no se encuentra muy apurado.
-Marco Pomponio y Quinto Fabio se
encuentran aquí, con otros varios s(lñores,dijo Eudemius á Aurelio.-Hoy celebramos
la fiesta de los esponsales de mi hija y de
Mario, al que os presento,-y al decir esto
puso una mano en el hombro del jóven tribuno-y dentro de tres días tendrá lugar el
matrimonio. Si queréis permanecer en esta
casa, podremos hablar del caso todos reunidos.
-Apenas me siento en disposición de concurrirá fiestas,-replicó
Aurelio. - Mi pueblo muere, mi
ciudad se reduce á cenizas... Mas
ya que es necesario, permaneceré
aquí el tiempo preciso para discutir
los planesquejuzguemosoportunos para l a defensa; pero
si algo ha de hacerse, hay
que hacerlo pronto.
Y mientras los nuevos h uéspedes eran llevados á las habitaciones que les fueron señaladas , Eudemius y Mario
pasearon juntos por la galería.
-¿Tenéis armas en la casa
y esclavos que sepan manejarlas?-preguntó Mario. - Andérida solo dista de aquí se- ~~ senta millas, y si esos bárba-~ ~
ros están, como dice Aurelio,
, inflamados con el vino y con la
sangre, no se detendrán a n I e
nada.
-¿,Eso creéis?-dijo Eudemius
lleno de z.ozobra.-Pues lla:roaré á
Hito y le diré que ordene á todos los
Varios ginetes cabalgaban desde Andérida á. laposesión señorial
que estén en .disposición de tomar
de Eudemius

descansado algo, Eudemius y Mario oyeron
de boca de Aurelio este relato:
-Hace dos noches se nos presentaron
unos hombres,-dijo Aurelio con fina y nerviosa voz.-Venian, según dijeron, de la Galia arrojados de allí por Atila el huno, y prete~dían encontrar su tranquilidad y seguridad entre los parientes que aquí tienen.
Hablándome estaban cuando se me presentó
un soldado de la guardia di~iéndome que kabía pelea en los barrios bajos de la ci~dad.
Durante mucho tiempo nadie pudo decir en
qué se fundaba la conti_enda: er~ de ~o_c~e,
y reinaba gran confus~ón. Envié m1hc1as
estacionarias para dommar el tumulto, y
uno de los soldados volvió para comunicarme que los insurrectos, que recientemente
habían dado mucho que hacer, se habían
unido abiertamente á los sajones y derribado el templo de Júpiter dando muerte ~l
sacerdote Diolis. Dos horas antes de media
noche los baños públicos fueron anegados
con s~s propias aguas, y el incendio_ estalló
en varias partes de la 01udad. Los barbaros,
impulsados por el vino y el ejemplo de los
insurrectos, empezaron el s~queo... Vos ~abéis que las fuerzas de que dispongo ha~ 1~0
disminuyendo constantemente ~n estos ul~1mos tres años; así es, que reumdos los barbaros y los insurgentes, sobrepujaron en número á los augustanos en la proporción de

las armas que se hallen listos para cualquier
evento.
Recibió Hito las órdenes, y á su vez llamó
á Wardo y le ordenó poner en libertad á
todos los sentenciados á las mina&amp;, para que
así fuera mayor el número de los que empuñaran las armas.
Hácia la tarde, Aurelio, que no podía
tranquilizarse por los temores que le asediaban, pidió que los señores de las ciudades
que estaban en las fiestas de la boda celebraran consejo sin dilación para tomar medidas que aliviaran las calamidades de la
isla de Bramble. Así se hizo, y en la reunión se acordó solicitar de Etius que socorriera á Bretaña con una legión de la Galia y
comisionar á Mario para que hiciera en persona esta petición.
Pomponio, uno de los señores reunidos en
consejo, dijo cortésmente estas palabras:
-Amigos: no debem,:is olvidar que estamos en una solemne fiesta de esponsales.
Hemos convenido la mayor parte de nosotros en que el peligro, aunque grande, no
apremia; dejemos, pues, á un lado las preocupaciones, por estos días al menos. Nuestro
anfitrión no nos ha reunido para que mostremos tristeza, sino para que compartamos
su alegría.
Y volviéndose á Mario, le dijo:
-Por ti y por tu desposada olvidaremos
como podamos las nubes que nos amenazan. Pero tén presen le
que dentro de muy pocos días recurriremos á
tí.
Aquella misma tarde, Aurelio, que no tenia humor para fiestas,
dejó á su hijo herido en
casa d e Eudemius, y
partió con su gente
para la ciudad de
Andérida:
quería ver
por si mismo el daño
que los sajoneshabian
he ch o en
su ínsula, y
s i estaba ó n o
todavía en manos
de los insurrectos y de los bárbaros.

VI
La tarde terminaba, fragante
con los cálidos aromas de la tie-

357

rra y los perfumes de las flores. Empezaba
una noche de primavera, y del salón de
columnas de la mansión señorial salían los
compases de la música que alegraba á los
huéspedes de Eudemius, los cuales no dejaban de beber á la salud de la prometida pareja en ~opas que cada una había costado
diez veces su peso en oro, mümtras hermosas
bailarinas llegadas de la lejana Arabia tornaban actitudes caprichosas al son de quejumbrosos caramillos y al delicado retintín
de los címbalos.
De todo esto, los esclavos que se hallaban
en los patios retirados de la casa nada sabían. Allí sólo se veía el precipitado ir y venir de hombres cargados con ánforas de
vino y óleos y miel, solo se percibía el olor de
la carne que se asaba, y únicamente se oía
el choque de cacerolas y calderas.
Para que pudiera desempeñar mejor su
especial misión, Wardo fué dispensado de
lareas serviles. Encendió una antorcha, y ciñéndose una espada y embozándose en una
capa, descendió las escaleras que conducían
á los calabozos. Cerca de la celda de Nicanor, se detuvo. La luz de la antorcha, que se
reflejaba en paredes desigualmente formadas
de piedra, le mostraban las puertas enrejadas de las cuevas del vino, mientras que á
su derecha, siguiendo un estrecho túnel, estaban las murallas detrás de los cuales los
fuegos que alentaban la casa rugían devo-

-Por tí y por tu desposada,
olvidaremos hoy las nubes
que nos amenazan, - dijo
Pomponio á Mario

�3ó8

AMOR DE DAMA Y AMOR DE ESCLAVA

POR ESOS MUNDOS

rando carbón. De repente, oyó una voz que
salía de aquella eterna obsr.uridad, voz sonora, que llegaba á los oídos de Wardo
como cosa apenas terrenal. Decía así la voz:
«De Oriente llegaron tres reyes cabalgando sobre almohadillados camellos con arneses de oro: el primero, era señor del reino de
la Vida: el segundo, del reino del Amor; el
trrcero, de la Muerle. Y cada uno de ellos se
creía superior á todos los demás. Pero llegaron á saber que vivía otro monarca poderoso, de quien al principiose burlaron,paradespués maravillarse y luego acudir ante él á fin
de rendirle parias y acalamienlo. Las gentes corrían á presenciar el paso de aquellos
tres reyes, que durante su viaje eran acla111ados por grandes y poderosos. Llevaban al
cuellu collares de oro: en el del primero lucía
un diamante; en el del segundo, un rubí, ardiente como la pasión; y en el del tercero,
una perla. Tras ellos marchaban cuarenta y
cuatro esclavos, llevando al brazo y á las
espaldas cestas cubiertas con brocados de
oro y llenas de presentes para aqué l que
eran más grande que ellos.
• Así llegaron al final del viaje, cuando
terminaba un día y empezaba la noche, en
ocasión en que la tierra se preparaba al
descanso. Los tres viajeros buscaban un palacio más expléndido que los suyos, donde
morase el rey de los reyes; solo vieron en la
población pobres casas y establos más pobres aún. Preguntaron á las gentes dónde podría estar aquel palacio, y nadie les dió razón. Entónces, preguntaron si vivía entre ellos
un grande y poderoso monarca, y tampoco
supieron conlestarles. «Muchos forasteros
ocupan por completo todas las posadas,dijeron- pero rey poderoso ninguno hay,
que sepamos.•
, Los tres grandes señores se dirigieron á
una posada; y al atravesar el patio de ella,
en uno de los establos donde se albergaba el
ganado, vieron un grupo de personas: tres ó
euatro. En el centro del
grupo s e arrodillaba u n
hombre con barba, y á su
lado, sobre limpia paja, se
hallaban una mujer y un
niño reciennacido. Lo,; regios viajeros entraron en
el establo, y contemplaron
á la mujer que descansaba
~obre la paja: era hermosa,
¡óven y gentil, y en sus
ojos se retrataban la alegría
y el dolor. Después, contemplaron al niño que en
los brazos de su madre yacía.,
Wardo halló

La voz que eslo relataba 'se detuvo, y el
silencio extendió sus ondas m1a vez más.
Antes que Wardo pudiera moverse ó hablar,
percibió un movimiento intranquilo en la
obscuridad, un suave deslizamiento de piés
con sandalias que iban de arriba á abajo, en
interminable ir y venir.
-¿,Quién anda ahí?-murmuró perplejo
Wardo.-¿Eres tú, Nicanor?
Después de unos instantes de silencio, la
voz de Nicanor, clara y tranquila, dijo:
-;.Quién llama?
- Yo, Wardo.
El cual, llevando la antorcha hácia el lu~ar de donde salía la voz, se acercó al esclavo, que halló sentado en el suelo, y le
habló así:
-He pedido á Hito que me permitiera
traerte aquí la comida, p ero hasta hoy
no he podido conseguirlo. Ahora, tengo que
decirte que estás sentenciado á las minas
con otros cuantos y que soy el encargado de
conducirte á ellas.
-¿De veras?-dijo Nicanor.-Pues no importa, con tal de que me dés ahora un poco
de pan con huevo, que es lo que más necesita en este momento mi cuerpo desfallecido.
-Pues de una y otra cosa habrá gran

abundancia cuando termine la fiesta de esta
noche. Ya procuraré que no pierdas tu
parte.
-;.Qué fiesta?-preguntó Nicanor.
- Es verdad: olvidaba de que no lo sabías,
-repuso Wardo.-Esta noche se celebran
los esponsales de la hija de nuestro amo y
señor con el capitán Mario.
Nicanor movió lentamente la cabeza r miró á su carcelero.
·
-Wardo, tú y yo somos amigos, ¿es verdad?
-Si, es cierto,-respondió Wardo con sin-ceridad.
-Entónces, te voy á pedir una cosa que
pondrá á prueba tu amistad: déjame libre y
-sin traba alguna por dos horas. Te doy palabra de que pasado ese tiempo estaré en el
sitio que me indiques, para ir contigo á don-de dispongas.
--¡Eso es imposible! - exclamó Wardo
-confundido.-Yo soy tu amigo, pero también soy el carcelero de mi señor y sería
hacerle traición conceder te lo que me pides.
Calló Nicanor. El carcelero permaneció
.abismado en profundas rP,flexiones; de repente, se volvió hácia su amigo,que con ojos
de lince le observaba, y le dijo:
-Mira, yo debo fidelidad á mi señor; pero tú eres mi amigo, y juntos hemos pade-cido hambre y juntos hemos peleadó: te dejo, µue,, el camino libre... Huye y sálvate.
Nicanor puso su mano izquierda sobre los
hombros de Wardo, y éste inclinó la cabeza
sin hablar; alargó la mano bruscamente, y
encontrándose con la de su amigo, se estre-charon, permaneciendo así un momento silenciosos, porque ni uno ni otro necesitaban
de las palabras para expresar lo que sentían.
Nicanor habló al fin:
-¡Por el alma de mi madre, que es aran-de el sacrificio que le impones, y yo n~ deho aceptarlo!
-¡Por el alma de la mía, que si lo aceptarás!- dijo Wardo.-He aquí la llave. Cuando
salgamos, cerraremos la puerta.
Tomó Wardo la antorcha, y salieron de la
celda. Nicanor cerró la puerta, puso la llave
en su cinturón, y sin decir una palabra emprendió la marcha hacia la obscuridad.

VII

sentado en el suelo á su amigo y compaiiero Nicanor

Ganó Nicanor el patio sin encontrará na-die. El viento fresco le envolvía, y el esclavo
:se detuvo para aspirar el aire con febril ansiedad. Después, cruzaI)do este y otros patios
llegó á un lugar retirado donde escuchó u~
momento para cerciorarse de que todo estaba tranquilo. Convencido de ello, subió hasta

369

pasar una meseta de descanso en la escalera, y luego siguió subiendo, llegando al fin á
un largo y abandonado pasillo en el que la
obscuridad se interrumpía por la luz de la
luna que entraba por estrechas ventanas de
cristales gruesos y polvorientos. En el suelo,
y debajo de una abertura cuadrada practicada en el Lecho, había una escalera de mano,
r¡ue el esclavo colocó contra la pared subiendo por ella hasta agarrarse á los bordes
de _la abertura; allí se llevó lentamente, y
hacrnndo un vivo esfuerzo ~altó sobre el tejado, encontrándose bajo la elevada bóveda
del firmamento, sin nubes ahora y donde
una luna de muy pocos días recorría la soledad del espacio. A su izquierda se veía la
cúpula del salón de columnas. d~spidiendo
luz por la serie de estrechas véntanas que la
rodeaban.
Aga~apó~e p ar a . ver por ellas lo que
en el mtenor ocurr1a, y quedó admirado
al ver qu~ ~~ gran salón era una expléndida exh1b1c1on de colores: sobre sus cien columnas de pulimentado mármol rameado de
verde y rosa jugueteaba la luz de lámparas
de bronce, que pendían de cadenas en rededor de la cúpula, cada una de ellas con multitud de lucecil_las que ~otaban en copas de
¡)erfumado ac01te. El piso aparecía cubierto
con tapices de seda de brillantes colores con
esterillas de plata y con leonadas piel~s de
fieras. Las paredes eran ámplios cuadros de
mosáicos estucados, centelleantes con los
colores rojo, azul y verde ,. azul celeste
representando escenas de cáza y batallas'.
En jarros de plata colocados sobre pedestales de mármol ardían plantas aromáticas
enviando pequeñas espirales de humo al
templado ambiente. La larga mesa, ocupada
en sus lados por_ hombres y mujeres, estaba
directamente baJO la cúpula; y al mirar Nicanor hácia abajo, vió únicamente una confusión de p)atos de oro y plata, con la incandescencia rubifica de la vajilla samiana
sobresaliendo entre hojas y flores allí esparcidas.
Los atavíos d e I os huéspedes aparecían como cenefa de color que bordeaba la
mesa: púrpura, oro, carmesí, verde y blanco. En la cabecera de la mesa, algo elevadas
sobre los demás asientos, tres figuras había
levantadas: una, la del centro, alta, delgada,
algo inclinada, á pesar de su elegante traje·
á su izquierda, otra tan alta, pero más com~
pacta en su estructura, con los anchos hombros del militar, ricamente ataviada con túnica escarlata bordada en oro, y con grandes bandas que cruzaban su pecho; y á la
diestra de la figura central, la tercera, jóven
y esbelta, toda de blanco, con un adorno an -

�360

POR ESOS MUNDOS

cho en la cabeza y ilameando sobre cada sien
dos amapolas, de las que colgaban hasta las
rodiUas largas cintas cubiertas de perlas; su
rostro, orgullosamente levantado como si se
desdeñara de bajarse ante las miradas de
que era objeto, estaba blanco, pero sus labios parecían de escarlata, como las flores
que llevaba; un cinturón adornado de piedras preciosas caía sobre la parte inferior
del cuerpo, pero en los desnudos brazos no
se veia joya alguna. La figura central hablaba, pero Nicanor no oía sus palabras. Era
Eudemius, que tomando de la mano á su hija Varia, la colocó entre las de l\Iario y la~
retuvo unidas; la jóven inclinó la cabeza, y
todas las miradas se volvieron hácia ella.
Nicanor comprendió que Varia se perdía
para él, y por unos instantes la escena que
se desarrollaba desapareció de sus ojos, que
solo vieron una roja neblina de sangre. Hubiera deseado abrirse á viva fuerza el paso
entre aquellos melindrosos y débiles patricios, y arrancarles á su amada, p'.lr la cual se
agitaba impetuoso el amor en su corazón, al
mismo tiempo que sentía deseos de matarla,
pues ya que no podía ser suya tampoco quería que perteneciera á ningún otro hombre.
Estos pensamientos le desesperaban: gemía
con ruidosos sollozos, dejando caer la cabeza entre las manos y apoyándose sobre el
borde de piedra de la ventana; la pálida luz
de la luna, al bañarle entre las sombras, hizo
sobresalir su figura, imágen extraña de los
perdidos anhelos, de la rebelión contra el
universo entero y del dolor sin limites contra
los designios del hado que se burlaba de él.
Unas palmadas ruidosas le distrajeron de
sus reflexiones. Otra vez miró á los que
ocupaban el salón, y pudo ver que los circunstantes que rodeaban la mesa se hallaban en conmoción: las mujeres arrojaban
ilores á los prometidos, y los hombres estaban todos en pié y aplaudían. Nicanor vió á
Mario inclinar la cabeza y besará Varia en
los labios, quedando así sellada ante la ley
la alianza de ambas casas: á vista de todo el
mundo, el señor reclamaba á su compañera,
que ya no se pertenecía.
Allá en su elevado observatorio, Nicanor
rió con una carcajada propia de sus antiguos tiempos de salvaje independencia. El
infeliz esclavo levantaba el puño cerrado fieramente, lanzando su necio desafio á las indiferentes estrellas.
-¡Tu esposa no es tuya!-decía.-Podrás
comprar su cuerpo y poseerlo; pero su alma
es mía, mía por siempre, por toda la eternidad. Yo la hice despertar de su vago sueño
y yo la enseñé, el primero, á vivir y á amar:
yo soy, pues, el señor de su alma, aún

cuando tú seas el único dueño de su cuerpo.
Su voz dejó de pronunciar palabras amargas, y cambiando de tono expresó amor y
ternezas.
-¡Ah, mi dulce niña! Hemos soñado sueños más deliciosos que cuantos pudieran sei
soñados antes, sueños que jamás has de olvidar: es posible que, pasando el tiempo, una
palabra, un canto, la fragancia de una flor,
te traigan obscura memoria de lo ocurrido.
En cuanto á mí, perdurará mi amor, para
consumirme y hacerme perecer, ya que no
puede traerme la felicidad.
Otra vez se agazapó para ver lo que ocurría en el interior del salón. La música lleiaba hasta él como una ligera brisa que deaquel tiempo ya desvanecido viniera á traer
algún alivio á su apenada alma y á su atormentado cuerpo, conjurando visiones de horas dichosas con sus punzantes harmonías.
Los compases de la orquesta se mezclaban
con las conversaciones y con las risas indiferentes, con los brindis y con los discursos.
Transcurrieron los minutos, eslabón por eslabón, en la áurea cadena del tiempo. Levantó Nicanor la cabeza lentamente, y la luz
lunar reveló una desastrosa pasión en su
rostro, signos visibles del cáos interior que le
desgarraba, de las fuerzas que lentamente
iban reuniéndose para la inevitable batalla
que forzosamente tiene que sostener alguna,
vez toda alma mortal.
Una risa casi general de cuantos ocupaban el salón se elevó hasta él: cincuentavoces lo menos daban vivas á Mario y á la desposada. Una vez más dirigió Nicanor su
mirada al torbellino de luz y de color que
reinaba abajo, para ver únicamente á una
persona entre toda la brillante multitud,
una persona bella y triste, con clavellinas
escarlata orlando su blanco rostro. Largo
tiempo estuvo Nicanor contemplándola, eomo
si quisiera grabar para siempre en su corazón y en su imaginación la imágen de aquel la que fué su reina y que ahora perdía sin
que jamás hubiera sido suya.
De repente, se volvió, y cruzando nuevamente los tejados, bajó y bajó hasta dejarse
tragar por la negrura de la trampa que debía
conducirle á su calabozo. Y cuando Wardo,
provisto de capa y espuelas, y listo para la
partida, abrió la puerta de la celda de Nicanor y entró en ella con su antorcha, vió una
figura encorvada que se hallaba sentada en
el suelo, sin moverse, con el rostro oculto
entre los cruzados brazos, no dejando ver
otra cosa que una oorona de áspero y negro
pelo. Nicanor aizó la, vista. Su rostro estaba
desfigurado, corno si sufriera dolores inten~
sos.

AMOR DE DAMA Y AMOR DE ESCLAVA

-Aquí estoy, ya me ves,-dijo sombríamente.
-Prefiriría que no hubieras vuelto,murmuró Wardo.-Vamos, pues.
-Tengo aquí un amigo, que no abandonaré y que me llevaré conmigo,-dijo Nicanor sin levantarse.-Espera un momento sin
moverte, que voy á llamarle.
Silbó suavemente, y pronto, como respondiendo á este silbido cariñoso, pareció moverse una sombra en el rincón más lejano,
donde no daba la luz de la antorcha: adelantóse, basta caer al alcance de la luz, una gran
rata gris, delgada, llena de cicatrices, y coja.
A la vista de Wardo, retrocedió á la obscuridad. Otra vez silbó Nicanor y otra vez apareció la rata, llegando hasta donde Nicanor
estaba, deslumbrada por la extraña y para
ella poco familiar luz. Nicanor echó un trozo
de tela arrancada de su túnica sobre la cabeza del roedor asegurándolo de manera que
no pudiera morder ni ver á nadie, y se lo
guardó en el interior de la túnica.
Wardo se quedó con la boca abierta.
Vlll

361

no seguido por los esclavos de Eudemius iba
sobre las dunas y por un páramo que continuaba por una extensión llana y despejada.
Tres días duró este penoso viaje, y durante ellos, en cada punto de los en que Wardo
y los esclavos se detenían para tomar alimento y dará su cuerpo algún reposo, eran
enterados por las gentes que encontraban á
su paso del estado anormal en que el país se
hallaba, á la vez que eran preguntados de lo
que al Sur ocurría. Llegaron, por fin, á las
minas de Eudemius, que ocupaban una extensión de cinco millas romanas al ponientedel río, y se consideraban como las mayores
y más ricas de aquella sección.
En estas minas se empleaban quinientos
hombres, en su mayoría prisioneros de los
varios que Eudemius retenía, además de los
capataces. La galer~a, negra como la pez,
estrecha y muy húmeda, estaba salpicada deluces que vagaban de un lado para otro. El
golpeteo de los picos resonaba incesantemente en la obscuridad, y de cuando en
cuando se oían ásperas voces que lanzaban
cínicas maldiciones ó agrias órdenes. Puntales de gruesos maderos soportaban las paredes y techos del túnel, al cual los hombres
subían y bajaban por medio de largas esca-

En el patio de los esclavos, Hito se preocupaba de la partida de
media docena de prisioneros. Cuando Nicanor se aproximó, el capataz le miró con burlona tristeza.
-¡Hola! - le dijo,:,Te has respuesto ya de
tu locura?
A lo que replicó imperturbablemente Nicanor:
-Pues yo no tengo
duda ninguna de que tú
estabas más loco que
yo.
Hito se indignó, y entónces W ardo mon Ló de
prisa, apresurándose á
que la comitiva de forzados emprendiera e 1
camino. Salieron por la
puerta grande, y toda
aquella tarde y toda
aquella noche no cesaron de marchar. Una
v.ez les alcanzó un caballo que galopaba furiosamente; el jinete gritó
algo que nadie pudo entende~ •Y se perdió en
la obscuridad. El camiLos esclavos siguieron á pié á Wardo camino de las minas

�362

POR ESOS MUNDOS

363

AMOR DE DA,IA Y Al\lOR DI!: ESCLAVA

leras de mano. Este túnel desembocaba en tra la lóbrega luz de la vela. Dejó el pico en
una cámara en forma circular, desde la que tierra, corca de la entrada del túnel, y se dien todas direcciones partían galerías, en las rigió á la escalera para entregar su número
cuales los mineros sufrían repetidas y ate.rra- al capataz. Su paso había perdido algo de la
.cJoras desgracias: algunas veces, desprendía- ligereza felina: marchaba como fatigado y
se de los amarres un inmenso leño que ba- con la espalda encorvada. Repentinamente,
jaba impetuosamente hasta las entrañas de retrocedió al túnel, y reapareciendo con un
la tierra derribando hombres de las escale- saco que cuidadosamente llevaba, subió;
ras que encontraba á su paso; en algunas pero en el inmediato nivel, treinta piés más
orasiones caía una escalera lanzando á estos arriba, se detuvo, en vez de seguir hasta la
desventurados á las tinieblas eternas, y con superficie. En la cámara del pozo había hasfrecuencia se veían los hombres enterrados ta media docena de hombres reunidos, sin
q u e s e viera entre
en r epentiellos á ningún capataz.
nos dc.sprenHabían formado un
dimientos de
corro que rodeaba un
tierra; tam espacio en el suelo
hién los infebajo una de las lámpalices morían
ras. Vió uno de
de accidentes
ellos á Nicanor, y
cardíacos.
le llamó:
Pero todo se
-Vén,amired u cía á
go. Te espereemplazará
rábamos, palos que caían
r a que nos
por otros indivirtiera tu
dividuos.
~
lindo animaUno de los
¡,
lito.
capataces vi' f1 . ., El que bagilaba la carh I aba era
ii de los ceshombre bajo
tos sujeto,
•,
de estatura,
por correas á
(
de brazos inlas espaldas
'
mensamente
de los trabalargos y vellujadores, anodas, y con I a
tando la hoc a r a llena de
t'a en su recicatrices. Es loj de agua y
tos mismos dedando salida
fectos, cuando
á los operan o I o s labios
rios, un o á
rajados, ó poseuno,en sucevendo una oreja
sión rápida.
menos, ó señaEste capataz
les en las espalsabía por
Los esclavos ponían toda su atención en la riña de las dos ralas
das de las huefracciones de
horas cuánto tiempo había de emplearse en llas del látigo, presentaban los demás esclala subida á la superficie; mas para asegurarse vos que formaban aquel corro. No era posipor completo, cada individuo, á su vuelta, ble encontrar en la isla otra cuadrilla de
debía entregarle una contraseña en la que desesperados cuyas lenguas fueran más cíniconstaba el número exacto de la llegada cas: sentenciados á las minas por muchos
anotado por el capataz que recibía arriba el crímenes, aún cometían el crimen de vivir.
-Yo tengo otra rata sabia,- dijo Balbus,
mineral; si esta contraseña indicaba que se
había invertido mayor tiempo del necesario uno de los mineros del corro.
Nicanor, sacando del saco su rata gris, se
en el ascenso y en el descenso, el retrasado
adelantó al centro de los esclavos: donde ya
recibía duro castigo.
Nicanor salía de uno de los túneles secun- Balbus se disponía á quitar á otra rata nedarios, con el pico al hombro, desnudo has- gra la tira de tela que le servía de bozal.
Estas ratas se hallaban educadas para reta la cintura y cubierto de sudor y de polvo,
con su delgado pecho y brazos dirigidos con- ñir, cosa que constituía una diversión muy

J&lt;\ ~, )

1

extendida entre los ~oldados y las clases bajas; y babia quienes hacían negocio educando animales de aquella clase y vendiéndolos.
Las dos bestie·welai. que cuidaban Balbus
y Nicanor saltaron una sobre otrn, para atacarse con furia. Los hombres se apiñaban
para ver mejor, mientras en los lados opuestos del círculo se hallaban en cuclillas los
propietarios, azuzando á sus animales con
silbidos y palmadas.
-¡La negra encima, la negra gana!-gritó
uno, caldeado por la excitación, adelantándose cada vez más hácia el centro del circulo.
- No, que la victoria se decide por la gris.
¡Mi dinero por la gris! Ya lo véis, la negra
se desangra. mordida en el cuello por su
contraria.
Los esclavos del cotTO se hallaban en el
colmo de la excitación. Aquellas gargantas
bronceadas lan:.~aban á gritos sus apuesla~.
Y cuando una bola, formadn. por los dos animales, rodaba, mordía r chillaba, brindando
el spol't de la sangre á cuantos devoraban el
espectáculo con la vista, una exclamación,
medio frenética y medio loca por la ira ó el
triunfo, salió de aquellas gargantas: la rata
negra se arrancó de las garras grises y huía
hácia Balbus; l¡¡. gris permanecía en el centro del círculo, triunfadora. Ambas se hallaban ensangrentadas, pero la negra estaba
acobardada, vencida. Los partidarios de la
gris proclamaban ruidosamente su triunfo.
Balbus cogió su rata y la empujó hácia la
pelea, casi echándola encima de la gris; pero
no quiso ya atacarla y sólo se mantenía á la

defensiva. Balbus, maldiciendo, congestionado el rostro de rabia, hizo nuevamente retroceder á su animal, y otra vez la rata gris
cayó sobre su contraria con dientes y garras.
-¡'Pemctmn est/- gritó Nicanor en el
lenguaje de los circos, poniéndose en pié y
cogiendo su sangriento y vigoroso animal,
que elevó en sefial de triunfo.
Pero Balbus, enrojecida la faz y furioso
en su actitud, exclamó volviéndose hácia los
que se burlaban de él:
-¡No ha sido lucha igual! Esa bestia gris
trabajaba por magia.
Y al decir esto acercaba el puño cerrado
al rostro de Nicanor, el cual retrocedió lanzando una carcajada que puso á Balbus fuera de si. En esle momento se hubiera producido otra pelea, si no lo hubie.se impedido
la presencia de los guardas y capataces, que
cayeron de las escaleras sobre los esclavos
enarbolando los látigos y dejándolos caer en
las espaldas de aquellos desgraciados embrutecidos. Se rompió el cerco, y cuantos lo
formaban huyeron como carneros que se ven
acorralados y vueltos al redil por los resueltos gañanes.
Pronto no se oyó sino el interminable golpear de los picos, el sordo ruido de la tierra
que caía, y las voces de los capataces y jefes
de cuadrillas. Pero Balbus, cada vez que pasaba cerca del lugar donde Nicanor manejaba in'.:ansable su pesado pico, le miraba
ceñudamente y murmuraba juramentos de
venganza.

(Continuará)

lluJJtraciones de Reina Infante

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�LOS MALOGBAD'.)S

LOS MALOGRADOS
proverbio antiguo dice que la vida del
U hombre
no ha de medirse por los años
N

l' personalidad, pues la niñez y la juventud
s~n generalme~te periodos de formación, y
aun cu~ndo_ exista en ellas el genio, requieren algun l!empo para que ese genio se dé á
conocer. Pero una rápida ojeada á través de
la Historia revela algunos ejemplos de éxitos rápidos, que merecen llamar nuestra
atención.

:¡:ue haya alcanzado, sino por los éxitos obtenidos durante el curso de aquella. De aquí
la existencia en las páginas de la Historia de
esa categoría de malogrados, ó sea aquellos
que no pudieron dar á la humanidad todo
el bien ó toda la gloria que de ellos babia
derecho á esperar tenienGUERREROS CÉLEBRES
do en cuenta el fruto ya
rendido por los mismos.
A la cabeza de los que
En efecto, hay muchas
llevaron á cabo grandes
personas cuya historia, á
hechos y que murieron
pesar de que ,iven basta
en el apogeo de su fama
los noventa y más años
y cuando aún podían reode edad, puede encerrarse
mayor
suma de trabajos
en una docena de lineas:
dir y de utilidad, merece
nada hicieron en vida, y
figurar Alejandro el Grany ningún tributo, á parte
de, de Macedonia.
del que le dediquen los
El hecho de que fuera
seres queridos suyos, dehijo de un poderoso rey
ben rendirles los pueblos.
hizo que este héroe tuHay otros, en cambio,
viera mayor y más pronarrebatados á la vida en
ta ocasión de manifestar
edad b i e n temprana y
sus aptitudes,aún cuando
que en muy pocos años
sus dotes maravillosas no
llevaron á cabo actos
no hubieran permanecido
grandes y de verdadero
ocultas por mucho tiemmérito, que han dejado
po en cualquiera situaimperecedero recuerdo en
ción que hubiese ocupala historia de la humanido. De espíritu elevado y
dad: estos son los malogrados, á quienes dedica- Alejandro
el Grande, rey de Macedonia. Mude apasionado temperarió á los treinta y dos años de edad suspiranmento, vivo de imaginamos el presente articulo.
do por ,más mundos que conquistar•
ción y capaz en momenA la mayor parte d e
las personas les es necesario un largo perio- tos difíciles de enmascarar sus sentimientos,
do de preparación para que puedan llegar todos reconocieron en él desde niño una
á rendir el trabajo importante de sus exis- grandeza extraordinaria. Así, cuando sólo
tencias, aquel que les ha de dar carácter contaba dieciseis años de edad, fué nom-

366

brado regente del reino, al que gobernó con suelta á su amor al lujo y á los excesos: en
la firmeza y el tesón de un estadista. Dos un delirio de embriaguei'. puso fuego á la
años después, su soberbio genio militar se ciudad de Persépolis para satisfacer el cadió á conocer en la bapricho d e una hermosa
talla del Quersonero, donmujer, amante suya, y á
de hizo frente á las fuerla edad de treinta y dos
zas griegas aliadas. Por
años murió á causa de
su impetuoso valor y su
sus excesos.
habilidad estratégica las
O l ro jóven guerrero
derrotó, y en esta derrota
que debe figurar e n la
murieron las libertades
lista de los malogrados
de Grecia, que desde enfué Enrique V, que á los
tónces quedó sujeta al doveinticinco años d e su
minio de Macedonia.
edad era rey de InglateCuando contaba veinte
rra. Antes de llevar siete
años sucedió Alejandro á
años de reinado, ya había
su padre Felipe en el troconquistado prácticano, en ocasión en que el
mente á Francia ganando
destino de su país se prela gran batalla de Aginsentaba algo incierto: los
court y obligando al roogriegos estaban revolunarca francés á reconociocnados, lo s bárbaros
ecrle como heredero.
del Norte le amenazaban
La vieja linea sueca,
con la invasión, y el más
hoy extinguida, se hizo
hábil de los generales de
ilustre por los nombres
su padre ponía empeño
de dos grandes guerreros
-en destronarle. A pesar
que murieron antes de los
,de todo, Alejandro hizo Lady Jane Grey, ejecutada cuando tenía die- cuarenta años de edad.
cisiete años de edad, después de ser proclamafrente al mundo en armas;
da reina de Inglaterra
El primero fué Gustavo
y su extraordinaria rapiAdolfo, que llegó á reinar
dez, energía y habilidad (por lo que se le cuando solo contaba diecisiete años. Su país
considera precursor de Napoleón), vencieron hallábase en guerra con Rusia, con Dinatodas las dificultades. Daba sus golpes con marca y con Polonia; en dos años babia
la rapidez de 1 rayo, y
derrotado á los dinamar-eran golpes que nada ni T'
1 queses; cuatro años desnadie podían resistir: su
pués, pidió Rusia la paz
venganza era tan terrible
y cedió á Suecia territocomo rápida, y en un año
rios en los que se enconse hizo el dueño de toda
traba el sitio de lo que es
la Europa meridional. A
ahora San Petersburgo;
los veintidos años, con
después, volviendo las aruna fuerza escogida que
mas contra Polonia, ganó
no llegaba á cuarenta
prontamente Gustavo la
ro i l hombres, atacó el
reputación de ser el geimperio persa, destruyó
neral más grande de Eulos grandes ejércitos que
ropa, con el mando de
se le opusieron, se ínterlos más brillantes y disnó en Egipto, el cual se
ciplinados soldad os.
le sometió, y después, reCuando tenia treinta v
trocediendo en su camiseis años, invadió Alemáno, hizo frente á una
nia, como campeón del
enorme hueste de m á s
protestantismo ; después
de un millón de arbelade tres campañas victonos esparciéndolos como
riosas, encontró á los immenuda paja y entrando
µeriales en L ü tzen a 1
en triunfo en la capital;
mando del célebre Wapenelró en la India, casi Juana de Arco, célebre herolna nacional de Jlesntein: el combate fué
desconocida por entónces, Francia. Murió á la edad de diecinueve años terrible, pero los suecos
Y, finalmente, desesperado por no encontrar quedaron victoriosos, y este gran triunfo
.más mundos á los que someter, dió rienda fué á la vez el apogeo y el fin de una extra-

�361:i

POR ESOS MUNDOS

ordinaria carrera, pues Gustavo murió en el sobrenombre de El loco del Norte. En Narcampo de batalla cuando solo contaba trein- va fueron barridos los rusos ante su imoeta y seis años de edad y no sin haber de- tuoso ataque, y no teniendo todavía Car.los
mostrado antes cualidades que le hacían el veinte años de _edad_~ u é aclamado por
primer ,:oldado dl)l mundo.
Europa como genio militar del más elevado
Al empezar el siglo siguiente, olro rey orden .. Sin embargo, como á Napoleón la
sueco, Carlos XII, reverdeció la fama de su ambición le indujo á_ querer completa;. la
gran antecesor. Cuando llegó á ser rey, á la derrota, y aunque se rnternó bastante en los
edad de quince
dominios mosaiios, se le tenía
coritas, su ejérpor un muchacito se deshizo,
cho torpe y casi
como le ocurrió
estúpido; las noun siglo d e s ticias de su inpués al genio de
capacidad e o Córcega.
rrieron por toLas aventuras
das l a s cortes
personales de
europeas, y las
Carlos, sus funaciones q u e
gas amorosas y
Gustavo Adolfo
sus actos de
h ahí a vencido
alrevimienlo increyeron q u e
quieto hicieron
entónces p o de él una figura
drían recobrarromántica; y
se de sus pérhubiera recupedidas. Rusia,
rado todo I o
gobernada en
r¡ue había peraquel tiempo
dido si no hupor Pedro el
biesesido muerGrande, y Dinato por una bala
marca ., Sajonia
de cañón mieny Polonia unietras dirigía las
ron sus ejércioperaciones victos para despotoriosas de un
jar a Suecia.
sitio . Cuando
Cuan do e 1
es to ocurrió ,
rumor de esta
sólo contaba
coalición llegó á
treinta y siete
oídos de Carlos.
aüos, durante
celebraba conlos cuales había
sejo, corno de
asistido á mulcostumbre, entitud d e batatre sus minis11 a. s, ganando
tros, guardando
-grandes victolo que para torias en las que
dos aparecía
ocasionó imporsilencio estúpitantes desastres,
do. Pero la nosin q u e jamás
ticia fué para él · María Anto1;1iela, esposa del rey Luis XVI y una de las hgura~ más hubiera perdido
lo que la chispa románticas e mteresantes de la historia de Francia. Tenía treinta v
1fi ero va Ior y l a
· 1 d d d
d 1
- .
.
.
o a g11111otma agosto su vida durante el
de 'd'd
¡
á la pólvora: sus s,e e anos e e a cuan reinado
del Terror
ec1 1 a reso uapagados o j o s
ción q u e hizo
despidieron fuego, salió de su letargo, ordei1ó decir de él á los escritores de su tiempo que
la concentración de sus tropas, e:olocándose había dejado «un nombre que hizo palidece!'
él mismo al frent:e de ellas, y en seis sema- al mundo• .
nas había derrotado á los dinamarqueses; en
No sólo entre los reyes pueden contarse los
seguida, corrió hacia Polonia y Rusia casi guerreros célebres malogrados. Luis Desaix,
extenuando á sus soldados con su incansa- teniente del ejército de Napoleón Bonaparte,
- ble actividad, pero infundiéndoles
de era general á los veinticinco aiios de i;u
su propio frenesí batallador, que le v:lió el
edad. Durante la expedición á Egipto, Desaix

ª'"º

LOS '.11ALOGRADOS

367

destruyó á los mamelucos en ocho me3es de fuego por sentencia de un tribunal francés
campaña, gobernando después la parte su- bajo el gobierno de los ingleses. Cuando sólo
perior de aquel territorio cuando Napoleón tenía trece años oyó voces interiores que le
regresó á Francia, cargo en el que desplegó aconsejaban vestirse de hombre } tomar las
dotes tan brillantes que los indígenas le ti- armas para pelear por el rey Carlos. Por este
tularon el Sultán Justo. Cuando Francia tiempo, los ingleses se habían apoderado de
evacuó la tierra de los faraones, fué Desaix todo el país, y los ,franceses poseían tan poco
enviado á Italia, donde peleó contra los aus- territorio que su monarca llevaba en burla
el título deRey
triacos cuyas
de Bowrges.
fuerzas e r a n
Juana tenía som u y superiolamente diecires. En el hissiete años
tórico campo de
cuando deterMarengo,Napominó obedece1·
león se vió tan
las voces inteapurado q u e
riores á que
ya estaba disnos referimos;
puesto á retiy convencienrar se dejando
&lt;lo al ré y de su
l a victoria a 1
divina misión
general austriaobtuvo de Cárco Melas. De1 o s autorizasaix había reción para que
cibido órdenes
llevara armas y
de ir á Génova;
pelease en los
pero al oír los
campos de baestampidos del
talla. En tónces,
cañón, las desprecedida por
obedeció, y volsu célebre banvió á la cabeza
d e r a blanca,
de su soberbia
púsose al frencaballería en P.!
te de las tropas
momento oporfrancesas , cutuno, y dando
yos ánimos laun furioso atagr ó restaurar.
q u e contra el
Juana hizo leflanco austriavantar el sitio
co salvó á los
de Orléans y
suyos. Desaix
estuvo presenmurió en el
te en la coroinstante en que
nación del Delel enemigo huía
fin.
poseído del maEn esta ocayor pánico.
si ó n, decidió
S ó 1o contaba
volver á su caen tonces treinsa, porque, cota y un años de
mo ella misma
edad , pero figura entre los
decía , s u misión estaba terprimeros de
Luisa, reina de Prusia, de memoria tan querida y venerada en su país.
Esta esposa del débil monarca Federico G.uillermo III, murió cuando
aquellos b r i minada; p e r o
contaba treinta y cuatro años de edad
llantísimos solla persuadieron
dados cu ya fama sólo cede á la del mismo de su intento, y al cabo de poco tiempo la
Napoleón.
hicieron prisionera hasta que, por último,
fué quemada viva como bruja.
Otra muchacha francesa, Carlota CorMUJERES CÉLEBRES MALOGRADAS
da y, fué una heroína. Carlota horrorizábase
Medio soldado y medio santa era la bella ante los terribles excesos del reinado del Tealdeana de Orléans, Juana de Arco, que á los
rror, cuando la guillotina se bañaba en sandiecinueve años de edad .fué condenada al gre por las venganzas del mónstruo Marat.

�368

POR ESOS MUNDOS

Entónces apenas tenía veinte años de edad,·y que supo llevar victoriosos á París los ejérresolvió desembarazar al mundo de tal abor- citos alemanes.-Varias inglesas de rango
to del infierno. Llegó á
real dejaron recuerdo en
París, se encaminó á casa
l la historia. Ana Bolena
de Marat, y siendo admisupo conquistar el coratida á su presencia en
zón de Enrique VIII de
momentos en que él se
tal manera que, para caencontraba en el baño ,
sarse con ella, rompió disacó un cuchillo que llecho soberano sus relaciovaba oculto bajo la capa
nes con la Iglesia de Roy lo hundió en el corama , cambiando además
zón d e I tirano. Carlota
la historia religiosa de InCorday murió en el caglaterra. A los veintinuedalso en la firme creencia
ve años de edad murió
de haber obrado en bien
Ana en e 1 cadalso ; no
de Francia.
quizás totalmente inocenTambién pereció jóven
te de las acusaciones que
á los treinta y siete años
contra ella lanzó su celode edad , cuando podía
so marido, pero sin duda
esperarse mucho de su
alguna más indiscreta que
bondad en pro del pueculpable.
blo, aquella mujer maMás simpática y más
jestuosa que se llamó Magentil que la Bolena fué
ría Antonieta, que murió
Juana Seymour, que suen el cadalso con la noble
cedió á aquélla como tercera esposa de Enrique
dignidad Y el valor de Rafael, ~ran pintor italiano, que murió á los
VIII. Solo duró unos mequien de reyes desciende.
treinta y .siete años de edad
De diferente raza y de
.
.
ses su reinado, pues la
nación distinta era la reinª Luisa de Prusia, Seymour murió cuando t_ e nía veintisi~te
cuyos atractivos y fervor patrióti,:,o fueron años. La infantil princesa mglesa, conocida
parte á sublevar al pueblo alemán para re- en la historia por Juana Grey se casó á los
chazar el yugo con
dieciseis año s de
q u e Napoleón le
edad, y por pocas
oprimía. Su marihoras foé reconodo, Federico Guicida como sobera]lrrmo III, era homna d e Inglaterra;
bre falto de ánimo
p e r o terminó su
y demasiado tímibreve reinado pordo para resistir al
que la reina María
conquistador; pero
le privó de la vida.
la reina Luisa, después de haber inúPOETAS, MÚSICOS
tilmente suplicado
Y ARTISTAS
á Bonaparte, que
llegó á insultarla,
Rafaello Sanzio,
fué el alma de la
conocido sencillacontra-revolución
mente por Rafael,
que empezó con la
el pintor más célesangrienta batalla
bre de los moderde Leipzig, y ternos tiempos, y á la
minó en el campo
vez buen arquitecde Waterloo. Esta
to y escultor, terreina Luisa, q u e
minó su vida a 1
murió á los treinta
cumplir los treinta
y cuatro años de
y siete año s de
edad, fué la madre
edad. Cuando tenía
del primer emperadiecisiete era ayudor de la moderna Lord Byron, célebre poeta inglés y uno de los más. grandes d a n t e d e 1 gran
se conocen en la historia de la poesla. A los veinte 9:ño$
Alemania, el viejo ,¡ue
maestro Perugino,
ele edad era ya muy afamado. Murió cuando contaba treinta
kaiser Guillermo,
é imitaba tan á la
y seis afios

LOS .MALOGRADOS

369

perfección sus pinturas que hoy es difícil ve tiempo que disfrutaron de vida supieron
distinguir entre las del discípulo y las del ganar inmortalidad; pero únicamente citaremaestro. D o s años desmos á Mozart, que murió
pués, babia ya hecho alá los treinta y cinco años
gunos de sus más hermode edad, y á Schubert y
sos cuadros, ricos en imaMendelssohn, que murieginación y en sentimiento
ron á los treinta y uno.
poético. A los veinte años
Mozart desplegó su ge de edad trabajaba en Flonio para la música cuando
r e n c i a con incansable
apenas era un niño; á los
energía, poniendo su getres años de edad se dinio en parangón con el
vertía descubriendo cuerdel mismo Miguel Angel.
· das sencillas en el claviCuando sólo contabs. veincordio; á los cuatro, emticinco años fué comisiopezó un curso de estudio
nado por el papa Julio ll
sistemático aprendiendo á
para empezar aquella extocar minuets y o t r a s
traordinaria serie de frespiezas, en media hora; á
cos del Vaticano y de San
los cinco, aparecía en púPedro que son quizás las
blico, y componía música
ma yores glorias del arte
propia. L e llamaban el
moderno. Además de esta
niño prodigio, y Mozart
tarea, tuvo el encargo de
supo, muy al contrario de
inspeccionar cuantas exotros prodigios precoces,
cavaciones se hacían en
satisfacer las esperanzas
Roma, y también fué jefe Wolfgang Mozarl, insigne músico, que mu- que hizo crear en su niñez
arquitecto de la construc- rió cuando solo contaba treinta y cinco años No es necesario detallar
de edad
ción de la gran Basílica de
la historia de este genio
San Pedro. A los treinta años de su edad extraordinario, porque su nombre es conoera Rafael reconocido como el artista más cidisimo. Sus óperas, especialmente Don
célebre de su tiempo; los reyes pedían di- Jiwn, Las boda.s de Fígaro, y La ff,auta
bujos de sus trabajos, y los
mágica, sirven toda vía de
estadistas y lite ratos s e
encanto á sus apasionados
enorgullecían con su amisy conservan fresco el retad; vivía á lo príncipe,
cuerdo del gran composiy cuando concurría á la
tor, que obtuvo el nombre
corte llevaba en su séquide maestro entre los maesto lo me nos cincuenta
tros . .Mozart murió en la
pintores. Aun se hallaba
pobreza y todavía se ignoen el principio de la mara el sitio donde reposa.
durez de la edad, y conFélix Mendelssobn-Barsiguió poner á una envitholdy , nieto d e Moses
diable altura e 1 renaciMe ndelssobn, un célebre
miento de su arte. En grajudío filósofo, hizo su pricia, en harmonía y en ciermera y pública aparición
ta espiritual cualidad no
como pianista cuando sólo
tuvo quien le aventajara,
contaba diez años de edad,
pues sabía combinar 1 a
y al mismo tiempo empegrandeza de la imaginación
zó sus composiciones, hahebráica con el idealismo
biendo escrito cuatro años
de los griegos.
·después más de sesenta de
Otro artista renombrado,
ellas. Enseñó al mundo á
cu ya característica era la
admirar el genio de Bach,
exquisita delicadeza en
y escribió las bellas sinfosus cuadros, fué Antonio
nías
y oratorias que han
Watteau, el pintor francés Félix MendeJssohn-Barlho)dy, otro ilustre
hecho su nombre imperemúsico que murió j&amp;ven: á la edad de treinmás original del siglo xvm.
ta r ocho años
cedero. De todas sus comMurió á la edad de treinta
posiciones,la titulada Cány seis años.-Bastantes son los que merecen tico sin palabras es la que ha causado en
mencionarse entre los músicos que en el bre- el m11ndo musical más profunda impresión.
G

�370

POR ESOS MUNDOS

los griegos contra la tiranía de los turcos.
Franz Schubert, hijo de un pobre maestro
Si hubiese vivido , qufaás se I e hubiera
de escuela que babia casacto con una cociofrecido el trono de aquel país cuya causa.
nera, era el diecinueve ele los hijos que tuvo
había abrazado con todo el
este m¡1tl'imonio. Antes
ardor de su entusiasta nade que ilegara á la edad
turaleza.
de trece años, el maestro
E11trn los filósofos, que
que le daba lecciones de
casi todos han alcanzado
harmonía descubrió que su
larga vida, Blaise Pascal
discípulo sabia más que
fué una excepción notable.
él, y se despidió .diciéndo~ra ésle célebre como
le: «Esa inspiración debéis
matemático, romo razonahaberla obtenido del misdor y como hombre de lemo Dios». Por entonces,
tras. Cuando murió, á la
un italiano, Scalieri, decía
edad de trei nta y nue,,e
de él: «Puede componer
años, dejó fundada u n a
toda clase de música: canf.losofia para las matemáciones, óperas y cuartelo'&gt;
ticas y había escrito I a
de cuerda•. Y Beethoven.
obra más magistral que se
á quien llamaban mucho
conoce en la que puede
la atención lo~ trabajos de
llamarse «literatura de la
Schubert, dijo de él en el
ironía• c o n sus Carfcr,.s
lecho de muerie: «Franz
provincia7es. Su mnerl~
hereda mi alma•. Es triste
pudo quizás haberse retrarecordar que algunos de
sado si no hubiera preferisus trabajo;; se han perdi- Franz Schubert, célebre compositor austriaco, do llevar.una vida de tan
do para el mundo por igque murió á los treinta y un años de edad
penosa abnegación como
noranc;ia de una criada que
la que llevó y que prácticamente le hi7.o
utilizaba tan preciosos manuscritos para en- morir de hambre: sufría extrañas alucinacender la lumbre.
ciones, y á veces se imaginaba que al lado
Son muchos los malogrados que podemos de su cama se abría un gran precipicio. Pecitar en literatura; µero solo mencionaremos,
ro, en lo demás, conserpar a no alargar mucho
vó hasta el último inslos límites de este articulante su inteligencia.
lo, ya bastante extenso, á
Citaremos, para termiVirgilio, uno de los más
nar este artículo , d o s
grandes poetas épicos del
actrices célebres, que aluniverso, y al célebre
canzaron duradera repuGeorge Gordon Noel, más
tación en I os primeros
conocido por Lord Byron.
años de sus cortas vidas.
Virgilio, cuya Eneida
Una d.e ellas fué Adriana
es un portento en todas
Lecouvreur, brillante essus fases, creó tal en tu trella de la comedia fran siasmo con este poema
ce~a en e l siglo xvm.
entre sus conciudadanos
Planchadora en un taller
que cuando pasaba por
de París, sus aficiones al
las calles de Roma era
teatro la hicieron estableaclamado y rodead.o por
cer un escenario casero,
la multitud, y tenía que
donde enseñó á sus comre.fugiarse en las tiendas;
pañeras á desempeñar aly cuando entraba en el
gunas comedias , en las
teatro, todos los concuque e l l a se reservaba
rrentes se levantaban pasiempre el pape! de prora saludarle, lo mismo
tagmlista . Obtuvo· tanto
que se levantaban para
éxito que sus talentos y
Elisa Rache!, fam&lt;lsa actriz francesa, que
recibir al emperador.
su
belleza le granjearon
murió á lo• treinta y siAte años de edad
Lord Byron fué por su
prouto un lugar entre las
genio la admiración de
Europa. Estableció la escuela romántica en actrices prefesionales. Murió á la edad de
trei.nta y ocho años, y se dice que su muerte
la poesía, y murió á los treinta y seis aiios
fué debida é. los celos de una duquesa, su
de edad, cuando capitaneaba la revue-Ha de

~m1i

~i;a~ desa~ortunada, que le envió un ramo
ores ii:ipregnado en sutil veneno.
~tra a~tr~z malograda, Elisa Rache! fué la
meJor trag1ca del siglo x1x· y serru'n
.
drama! .
• , , ,¡, varios
má h m~~s J1ustres, su genio histriónico jas a s1 o superad_o. Identificábase tan
com~letamente con los caractéres de los pe1·
sonaJes
ell . Erque representaba, que se decía de·
.a. 'y isa no representa; lo que hace es su
frir».
cuand0 se poma
• á representar la•

371

a~onia física y mental, los públicos que la
oian guedaban horrorizados y dominados por
emociones muy fuertes. Llegó al aporreo de
su- carrera
!' t'd
.
d d cuando sólo contaba vem
I os
~~os e~ ad, y abandonó la escena al l\ec,ar
a ~s tre~nta y cuatro. Murió tres años d:spues, deJando imperecedero recuerdo para
confü:mar una vez más que la vida' no la
¡onsbtttu yen los años, sino los actos llevados
ca o por las personas.
COS..\IÓPOLIS

MIMJ
Es l~ g~nlil Y ardiente s~ñadon1
1a romanllca y dulce visionaria ,
la belleza anhelante y pasionaria
que sufre amor y que cantando llora.
Hayf~nl su juventud nimbos de aurorn
en su e a ventura imaginaria
,,
en ~us c_álidos besos la pleg;ria
e la mfehz y eterna pecadora.

a

~ondsu alegría y su tristeza engaña
rocian. o con espuma de cham pañ
,
la gloria de sus íntimos poetas. a

Y,_ cudul se pliega moribunda un ala
sonnen o á su dolor la vida exhala ''
en un suave perfume de violetas.
DIEGO

F. ESPIRO

�SJHA

Y su blonda eabeUera,
desgt·eiiada y desprendidci,
sobre su cuerpo ext.endida
parecía una bandera.

SIRA
(CUENTO DE SOMBRAS Y DE LUZ)

el colmado donde nos re~niamos todas las noches algunos am1-

STÁBAMOS®

E

g0Sira la bella hija del dueño del estab)ecimient~ que á aquella hora se hallaba siempre det~ás del mostrador haciéndose cargo _de
las cuentas del consumo que l?s parr,oq_b1ahacían y que los dependientes a 1 an
~~~regando, la noche a que me refiero no estaba allí.
d
En la tertulia sólo faltaba Lorenzo, uno e
nuestros más queridos y asiduos concurrentes.
•
or
Su ausencia comenzaba á extranarnos_ p
lo avanzado de la hora, cua_ndo ~e abrió la
puerta y en su dintel apareció el JOV~_n. L _
-Buenas noches, caballeros, -d1JO o
renzo sentándose.
.
Un' alegre murmullo acogió la pres_enc1a
del recienllegado. Raimundo, el ~studian_te,
le ofreció un vaso de cerveza, Dame!, el pintor, le alargó la petaca, y ~~rmán_, el poeta
bohemio levantó su copa, d1c1endo.
-¡A t'u salud, insigne!
Lorenzo, que al entrar había ?otado la ausencia de la preciosa tabernenta, preguntó
con inquietud:
-¿Cómo no está Sira?
.
Sabiendo la pasión que Lo~enzo senl!a
por la muc~acha, se me ocurrió ~e pront~
dar á mi amigo una broma mac~bia, y ade
lantándome a los demás, conteste:
-Porque no puede.
-¿Que no puede?
-No. Descansa.
-¿Descansa? ¿Dónde?
-En la muerte ...
¡Oh, cuán triste fu,~ la suerte
de aquella niñc, precwsa

c11110 J&gt;rítpaao de ro~a
r-siá dormido en la muerte!
Lorenzo palideció y sus ojos expresaron el
espauto.
• •
-Tranquilízate, y escuch~,- ~ontmue
-Sira ha salido esta manana a hacer
~~~s compras que le babia encomendado su
mad re, y al do blar la esquina debla calle
b
inmediata, estalló junto á ella una oro a.
-¿Una bomba?
.
.
.
una bomba de dmamita, ese terrible ex~losivo que pulveriza y destruye cuanto á su raso encuentra.
-Pero...
1
t
D
_ Yo pasaba por alli casua men e. e
ron to sonó un estampido seco y se oyeron
P1 .d' de espanto y ayes estertóreos. El
:s~r:c~:culo era indescriptible. La ~ent~, alo.ir·ante corría en todas direcmones.
cada. del
,
. . f
1
· 1
El humo de la máquma m erna enrarec1a e
. Juntos vibraban con tonos
a1re.
• destempla· e
dos los "ritos de terror y las imprecac10n s
contra ei asesino. Algunas personas ensan&lt;1rentadas se apoyaban en la pared; _otras,
~ntre horribles convulsio?es, se re~orc1an en
el suelo. De pronto, se v1ó correr a u~ ho~bre. Era él,¡el anarquista! y. como .la~ Jau nas
se lanzan sobre el gamo, as1 la multitud lanzóse sobre el asesino, que quedó despedazado
en ocos instantes. Yo, ciego de cólera, m_e
a· oaeré de la bayoneta ~e un soldado mor1b~ndo y la sepulté infimdad de vece~ en el
pecho del mi~erable, que ya no era smo un
montón sangriento.
-¡Ah qué horror!
.
- y allí aherrojada sobre l~s piedras, ~s1aba Sira, ia probrecita niñ~ b1a~1ca y rubia,
con el seno destrozado, los0Jos_v1treos, la boca entreabierta por una sonrisa dolorosa...

-s·

373

la alegria. Pero Sira... ¡faltara allí! Y si algún
parroquiano, ignorante, de lo sucedido pregunta por la joven, su madre, la viejecita,
romperá en sollozos, y el padre, bajando
sombrío la cabeza, contestará: •Se ha dorLorenzo intentaba hablar, y no podía. Sus mido en la muerte» ...
ojos estaban llenos de lágrimas.
Lorenzo me escuchaba como alelado, haDe repente, una extraña visión se apo- ciendo inauditos esfuerzos para no llorar.
deró de mí, y sentime transportado al mun-Pero mira, Lorenzo,-prosegui, camdo de la fantasía. Imaginéme que se había biando la nota negra por la blanca.-Todo
improvisado el entierro de la desgraciada en la vida tiene su compensación: junto al
joven. Cuatro doncellas, blancas y rubias dolor está el placer; la alegría y la tristeza
como la povan juntas;
bre muerta,
hermanas
metieron su
fueron siemacribillado
pre la ilucuerpo en un
s ión y el
ataud del codesengaño:
lor de la nie1
es el contrave, y, to1 peso...
Desmandolo en
pués de asishombro s,
tir al entieemprendierro del cuerron la marpo, asistí á
cha.Inmensa
la ascensión
muchedumdel alma.
bre seguía el
En virtud de
féretro . Tootro fenómedos iban enno de la fanlutados. Yo,
tasía figuréá la derecha
me ver que
del cortejo ,
e I infinito ,
e a mi naba
iluminado
con la frente
por una luz
alta y la visténue , crista baja. El
talina, lechogran silencio
s a , estaba
que reinaba
lleno de esera sólo intecalas por las
Cuando
echábamos
de
menos
á Lorenzo, apareció éste por el dintel de la puerta
rrumpido
que subían
por el paso igual y sonoro de la ola humana las almas puras de las vírgenes y delos niños.
y por el aleteo de algunas aves negras que
-¡Y mira, Lorenzo, qué cosa más extraña!
de vez en cuando pasaban por encima de Aquellas escalas, que se destacaban sobre
nosotros. Al fin, llegamos á la necrópolis. fondo de fulgor que parecía hecho con polvo
La fúnebre caravana penetró en ella.
de nieve, tenían los peldaños negros: parecían lineas de basalto sobre campo de arLa fosa, abierta, se tragó á Sfra;
miño.
y el atciud cayó con sordo t·nído
que parecía un lúgubre gemido.
Y junto á aquellas escalas
había muchos arcángeles,
Después, e I gentío, siempre en silencio,
y resplandecientes ángeles,
se dispersó. Yo regresé sólo, y mientras desmudos, sin batir las alas.
andaba la carretera negra y serpenteante
El, espiritu divino
como mónstruo anillado, henchido de una
de tu cimada iba subiendo
amargura inmensa, me decía á mi mismo:
envuelta entre aquel, •cresrendo•
•¡Oh, qué triste voy á encontrar la taberna!
de resplanclo1· mcitutino;
Se oirá en ella el ruido cristalino de las coy S1t cabeza, por verla,
pas, el rumor animado de las conversacioasomaban los querubes
nes, la palpitante vibración de los ensueños
entre lcis pálidas nubes,
que se forjan al calor del vino, el tumulto de
diciendo: ¡Paso á la perla!,

�3ii

AURORAS

Por fin , e l alma d e Sira,
.
llegó á un punto del esp~_c10
en que confluían, fundiendose en uno, dos océanos de
ámbar liquido, desbordamiento de gloria que se extendía por todas parles.
Sira, entre aquella _especie
de nebulosa de espíritus que
parecía un a tempestad de
nieve cuyos copos, en vez
de bajar, ascendían, llegó al
sitio donde se abrazaban los
dos mares áureos, y desapareció en el seno de Dios, ¡en
la luz increada!. ..
Sira salía en aquel momento de 1 interior d e la
tienda.
Lorenzo se lanzó sobre mí
como un tigre.

X

PEDRO BARRANTES.
Al ver á Sira, que salí~·en aquel momento del interior de la tienda, LorA•lZO se
abalanzó sobre mí

AURORAS
Rodeada de su carne la blancurá
?Or un rayo de sol que la colora,
vé cómo muere la grandiosa aurora
tiñendo el cielo con su sangre pura.
Una nube que busca más altura
para poder mirará quien adora
huye al ver la belleza seductora
de una mujer que yace en la llanu111,
El ósculo quemante que le envía
el sol siempre radiante de la altura,
su cuerpo enciende más, su faz colora.
y mientras todo canta al nuevo día,
ella tiende su cuerpo en la llanura
y con ella á nacer vuelve la aurora.
ARCADIO ORNAGLE

lli1siraciones de F. de
la Mota

ACTUALIDADES
LA CUESTIÓN DE MARRUECOS

tual soberano Abd-el-Aziz. Cierto es que las
naciones europeas no reconocen en el MoA pesar de cuanto dicen los que en cual- ghreb otra autoridad que la del sultán impequier detalle quieren ver un optimismo, i·ante desde la muerte de Muley-Hassan;
~sla cuestión de Marruecos en que desdicha- mas, así y todo, no pueden dejar d!l tener eo
damente para
cuenta, Franellos se h a n
cia mu y espemetido los
cialmente, la
franceses no
personalidad
liene vías da
de Hafid, e 1
arreglo. El gecual, aunque
neral Drude ,
parece que uo
que ha recibiquiere aceptar
d o refuerzos
la misión remilitares, ha
dentora que
llegado á tosus adeptos le
rnar la ofensiconfían, sí se
va contra los
muestra halamarroquíes de
gado con reci&lt;.:asablanca;
bir los honopero éstos no
res y prerroe ej a n en su
gativas de sororaje, y·cada
berano que
dí a parecen
sus entusiastas
más animados
partidarios le
en sus propótributan.
sitos de no de¿Cómo terjarse dominar
minará esta
por los extrantragicomedia
jeros.
marroquí? No
Por si ·no
será, ni Dios
tuviera pocas
quiera que lo
teclas que afise a, con 1a
nar el conflicmuerte y e 1
to marroquí ,
ex terminio,
se ha presenporque de ello
tado una nueno llevan caMuley llalid, ¡n-oclamado sultán de Marruocos por las tribus del Sur
v a contrariemino las escedel imperio el 16 de Agosto pasado
-dad á los arrenas desarrogladores del asunto: la proclamación de sul- lladas hasta ahora... Y eso que el general
tán hecha el 16 de Agosto último poi• algunas Drude y el almirante Phillibert comunican
tribus del Sur del imperio en favor de Mu ley casi diariamente al Gobierno de París que
llafid, uno-de los hermanos mayores del ac- las balas de su ejército y las granadas de su

f

�ACTUALIDADES

POR ESOS MUNDOS

376

escuadra, respectivamente, hacen gran carnicería en las masas de kabileños, entre
los cuales no dejan títere con cabeza, mientras que los franceses apenas pierden en los
encuentros una docena de caballos, y, cuando más, registran algún incidente desagradable, como aquel del día 3 de Septiembre
último en que murió el comandante Provost, del primer regimiento de la legión extranjer" ...
EDUARDO GRIBG

En Bergen, Noruega, doI?de nació hace sesenta y cuatro años (el 15 de Junio de 1843),
falleció el día 4 de Septiempre pasado el ilustre compositor Eduardo Hagerup Grieg.
En 1858 estudió en el Conservatorio de
Leipzig,siendo allí sus maestros músicos tan
afamados como Moscheles, Hauptmann y
Richter, y en 1863 se trasladó á Copenhague donde Hartmann y Niels Gade completaron la educación musical que había recibido.
Compuso mu,
chas obras , en
las que descuellan · la s u i t e
Pee1· Gynt, que
tanta aceptación
tiene entre los
filarmónicos espa~oles, la ópera Sigurd Jor-

SULLY-PRUDHOMME

La literatura francesa ha perdido uno de
sus más gloriosos maestros con la muerte de
René Francisco Armando Sully-Prudhomme,
ocurrida en su retiro de Chatenay el 6 de
Septiembre pasado. El gran poeta fué víctima de un sincope, del que pasó al sueño
eterno cuando su salud no hacia esperar el
desenlace que ha terminado con su vida.
Sully-Prudhomme había nacido en París
el año 1839, y cuan.do tenía cuarenta }
un años de edad, en 1881, fué elegido miembro de la Academia Francesa, luego oficial de
la Legión de horior y después elevado á las
funciones de miembro del consejo de esta
orden; y en 1901 coronó su carrera como
poeta con el premio de Ja Sección de Literatura de la Institución Nobel, que entonces le
fué otorgado,
Las obras poéticas de Sully-Prudhomme
colocaron su nombre á una altura envidiada
por muchos que quisieron imita~le y que,
faltos de musa,
ni siquiera consiguieron remedar al gran poeta que acaba de
fallecer.
EL G&amp;~RAL"
BERNAL
1

El día 5 do
Septiembre , p¡i~
salfa, Humosado falleció en
resken, cancioJetafe el tenienn e s y .danzas
te general Don
populares, n o Francisco Ferruegas , varias
nández Berna!,
sonatas_, p a r a
una de las perviolín y algunos
sonalidades d e
trabajos p a r a
más brillante
coros y orqueshistoria militar
ta.
en e I Ejército
E'µ ;todos esespañol.
t o s productos
Nació en
de su inspira1847,
y en 1862
o i ó n musical,
ingresaba como
impera la más
cadete , distinperfecta expreguiéndose siete
sión del espíritu
años más tarde
escandinavo, al
á l a s órdenes
que siempre
del duque de la
sirvió devotaEduardo Grieg, insigne músico escandinavo, fallecido en Bergen,
Torre en lucha
mente y de maNo ruega, el , de Septiembre último
contra
1as prinera entusiasta
el insigne compositor, cuya muerte, que ha meras partidas carlistas en Cataluña y en
causado profundo dolor en todas partes, Valencia. En 1872 era teniente coronel y
registra esta nota de la presente cróni- mandaba el batallón de cazadores de Arapiles; en 1887 ascendió á coronel, y fué á
ca.

377

Filipinas, donde dió nuevas p~~as de su guiente: ,El interesantísimo okapi, pariente
bravura en' la campaña deJoló, é!fendo he- cercano de la girafa y descubierto por Sir
llarry Johnston en el
rido de tres balazor al
extremo oriental de la
lanzarse al asalto de
selva del Congo, cerca
una colla de aquellos
del río Semliki, afluenmoros, hecho que le
te del Alberto Nyanza
valió el ascenso á gey de l 1a g o Alberto
neral de brigada. De:-;Eduardo, no había sid e Filipinas pasó á
do jamás observado y
Cuba, y al mando de
estudiado en vivo por
diversas columnas bael europeo haf'ta hace
tió muchas veces a 1
cosa de cinco meses,
enemigo, siendo famoen que el señor Ribotti
sas l¡¡.s acciones de
tuvo la suerte de capLomas de Mamey y
turar una cría, cuya
Cerro del Negro en que
edad no excedería de
tomó parte, y en la
un mes, en las inmeúltima de las cuales
diaciones de Bambeganó la cruz de San
lli, lugar próximo al
Fernando.Ascendido á
Ho Evelle. Cuando Sir
general d e división ,
riarry Johnston hizo
continuó peleando sin
el descubrimiento del
descanso y tuvo e 1
curioso mamífero, se
mando de la división
limitó á enviar á Involante que fué á Sanglaterra un trozo de
tiago de Cuba primero
piel de okapi, eligieny á Matanzas luego .
Terminada la guerra, M. Sully Prudhomme, ilnstre poeta francés, fallecido do al efecto la parte de
la misma cruzada por
el 6 de Septiembre último
fue comandante geneJi neas trasversales de
ral de una división en
Madrid, y luego de Ceuta, siendo ascendido á coloración clara, y que ofrecía, por tanto,
teniente general en Marzo de H}06. Hallá- gran semejanza con el pelaje de la zebra.
base en posesión de muchas condecoracio- Esto indujo á pensar al naturalista Sclater
e n I a existencia de
nes por méritos de gue"Gna nueva especie de
rra y servicios espezebra, que se apresuró
ciales.
á designar con el nombre de Eqwus JohnsEL OKAPI
toni. Un año más tarde, en 1901, Sir Ilarry
Publicamos en esta
Johnston me remitió
sección una curiosísila
piel completa y el
ma fotografía del okacráneo de un okcipi
pi, obtenida p o r e 1
casi adulto, manifesseñor Ribotti s e i s tándome al m is m o
cientos cincuenta kilótiempo que el vocablo
metros al Noroeste de
okapiloempleaban los
Bambelli, en las selvas
indígenas pigmeos del
del Congo. Es el okaCongo para distinguir
pi un interesante anial cuadrúpedo de refemal descubierto hace
rencia. Reconocía Sir
años, pero del cual no
Harry la afinidad del
se tenían documentos
okcipi con la girafa, y
fehacientes de la imme llamaba la atenportancia del que dación
sobre una c irmos á conocer en la
cunstancia que pude
siguiente página. Acercomprobar fácilmente:
ca de este animal dice
era esta la forma parel profesor Ray Lanticular bifoliada de 1
kester, una autoridad · Teniente general Don Francisco Fernández Berna!,
grupo delantero de
en la materia, lo sifallecido el 5 de Septiembre pasado

�37$

POR

ESOS

ocho die1lles en la quijada inferior. Ya en
posesión de dichos objetos, dí al mamífero el
nombre genérico latinizado de okapia, añadiéndole el Jo}msfoni, expresivo del descubridor.
,Desde la fecha mencionada, ó sea desde
1901, han sido enviados á Europa numerosos cráneos, pieles, y aún esqueletos enteros
de &lt;licho animal: tengo noticia en la actualidad de más de veinte museos poseedores de

~1u:-mos

demostrarme que el okapi es un liisus naturre, un ser híbrido. ,No hay duda alguna,
-me decía.-Vea usted la zebra apareciendo en el franjeado de las patas, mientras la
cabeza y los cascos son simplemente de antílope.»
•A esto diré solo una cosa: los seres híbridos no se producen jamás entre los animales
bravíos; es ese un fenómeno que sólo surge
bajo la dirección y median te el trabajo del
okapis.
hombre. De un modo exponláneo sólo se ob»Aunque muchos naturalistas creen que ~erva, en casos contadísimos, en los peces y
hay varias esen aquellos anipecies de ol.·amales que depi, yo voto por
positan la frci:a
lo contrario. A
t'n el agua. Aún
mi j u i c i o, no
así, la producexiste sino una
ción híbrida ó
s o I a especie ,
cruzada n o ha
aunque los inpodido condividuos di fieseguirse h as ren considerala ahora más
blemente entre
que entre espesí respecto a 1
cies muy cerfranjeado de la
canas, como el
piel en los cuarcaballo v el ast o s traseros y
no, el cÓnejo y
e n las manos.
la liebre, el sueAdemás, los maro y el rodabachos se diferenllo. Todo lo que
cian de l,11s hemse diga acerca
bras, no sólo en
de la unión fela alr.ada y en
cunda de seres
la forma de 1
tan desemejancráneo, sino en
les cual un palas dimensiones
Lihendido cierde lacornamen1·0 , antílope ó
ta.
girafa, y un so»Entre las
lípedo como el
personas aficiocaballo, el asno
nadas á Historia
ó la zebra , es
Natural, aunque
contrario á los
i n&lt;loctas en la
resultados de la
materia, prevaexperiencia. No
Una. crla. de okapi. Fo logra Cía obtenida en el in:erior de la selva
lece una creenquiero decir con
africana por el explorader italiano señor Ribotti
cia errónea acerello que no sea
ca del okapi. No hace muchos día;;, y mien- posible (sobre lodo si se emplea un método
tras contemplaba en enfuseo, acompa1iando de preparación en los progenitores), obtener
á una de esas personas, varios ejemplares productos híbridos de especies animales máa
disecados de okapi, díjome al oído, cual si distantes aún que aquellas otras de donde
abordarse un asunto misterioso: «Convendrá ya nacieron seres de esa clase. Es improbausted conmigo en que nos encontramos ante ble en extremo que la desemejanza entre los
un animal híbrido, producto de un crnza- padres pudiera ir más allá de unas pequemiento de "paquidermo y de antílope: de ze- ñísimas diferencias, pareciéndome, por el
bra y girafa, por ejemplo.• Resultaba, pues, contrario, posible que quedase limitado el
inútil, el car;Lelón mandado poner por mí so- cruzamiento á las especies cuya diversibre los ejemplares advirtiendo al público dad de un antecesor común se empezó a
contra el persistente y generalizado error. iniciar en tiempos relativamente no muy
Verdad es que, hace muy pocas semanas, remotos, en la época micena, verbigracia.
una persona iluslrndí~ima se obstinaba en
,.\ decir verdad, esta cuestión de los hi-

ACTUALIDADES

bridos exige mucha experimentación fisiológica y no menor análisis microscópico en todos los elementos generadores. Todavía no
se sabe de un modo positivo el por qué de
ser infecundas las uniones de especies diferentes, y el por qué de ser estériles los animales híbridos, ya apareados con otros similares ó bien con los normales. Advierto que
ese por qué se refiere exclusivamente á determinadas circunstancias de forma ó á ciertas condiciones fisicas. Sería, pues, interesantísimo que un naturalista experto en el
empleo de métodos fisiológicos acometiese
las investigaciones reclamadas por el referido
problema.•
EL C0111ETA «DANIEL•

U79

ducido en un princ1p10 á un pequeño y
pálido -núcleo rodeado de ligera nebulosidad,
fué ganando en brillo rápidamente, y á últimos de Julio se hizo visible á simple vista
presentando ya cabellera apreciable. Durante
los meses de Agosto y Septiembre pasados
aumentó todavía más su resplandor extendiendo enormemente su cola, hasta brillar
actualmente como estrella de segunda magnitud y alcanzar el rastro luminoso de su
cola diez ó doce grados de extensión.
No ha adquirido el cometa Daniel la notoriedad que por su importancia le corresponde, porque la hora á que ha venido
presentándose, un rato antes de amanecer,
es algo intempestiva para el público en general; pero ya la adquirirá pues llegará á ser
del dominio público en los primeros días de
Octubre, cuando haya pasado al otro lado
del sol y haga su presentación por poniente,
después de puesto este astro ó en las primeras horas de la noche.

Publicamos en esta sección una fotografía,
hecha en el Observatorio Meteorológico de
Madrid, del cometa Daniel y un diagrama
que presenta el aspecto del cielo dando á
conocer las distintas posiciones que el citaLA TEMPORADA TEATRAL
do cometa ha ocupado desde que hizo su
aparición en el firmamento, estudio llevado á
Ya han comenzado á funcionar en .Madrid
cabo también en aquel establecimiento científico. Aunque los cometas abundan mucho en la presente temporada los teatros, y hasen el cielo, la casi totalidad d e ellos son
telescópicos y ultratelescópicos, siendo contados los que se dejan
ver á la simple vista,
y de estos en mur
corto número los que
Loman brillo bastante
para cautivar la atención pública y adquiEl come,a Daniel, folograliado por el Observatorio Mflteorológico de Madrid
rir notoriedad. A esta
categoría corresponde
el c o m e t a Daniel,
que hace más de Iros
me ,es vi en e preseutándose por oriente en
la madrugada, dos horas antes de salir el
sol, luciendo brillante
núcleo y enorme cabell~ra.
A mediados de Junio, el astrónomo norteamericano Mr. Daniel descubrió e s te
cometa, viéndoloen su
anteojo como estrella
de undécima magni.;..:,_ __
tud. A dicho descubri.
==--- ~;..:::.-...-::~
dor debe su nombre
:1 - - - ~ - - - " - - ·el cometa en que nos
Aspecto que ha pre,cnl.a.do el elelo con el cometa Daniel en lM horil.S de la madru:r,,.da
ocupamos, el cual, rede los diu 1~ de Agosto al 10 de Scpllcmbre últimos

�381

EL l:IUZO

380

POH ESOS .MUNDOS

ta ¡thora los únicos ,que han -0.f-r~ido novedades son los de la Zarzuela y Eslava.
En el primero, se han estrenado las traducciones en
castellano de '
las óperas

Cavalleríci
rusticana,

Pero hemos de hacer una salvedad: ha sido
una equivocación haber dado aconocer aquella producción de Benavente en el referido
teatro; cierto
que Todos
somos unos
no constitut u y en un
modelo, ni
mucho menos, en su
género; pero ... son mucha obra para el público
y el escenariode Eslava.

de Mascagni,
y La bohéme, de Puccini, y el público ha premiado la labor de laempresa y de la
dirección artística y e 1
trabajo de los
LA FILAX·
cantantes Armadura de la plaza de loros que está construyéndose en la capital de México.
TROPÍA DE
Será capaz para veintidos mil personas y su coste se elevará á setecientos
que en amUNA DAMA
mil duros
bas obras
toman parte. Ciertamente que unos y otros
En Nueva York vive !\frs. Russell Sage,
son merecedores de tal aplauso: la empresa, viuda de un millonario norteamericano que
por la sana orientación que supone este pro- le ha legado cincuenta millones de duros.
pósito de d ar música
Dicha señora, cuyo rebuena para ir reconquistrato damos á conocer
tando el gusto del públien esta página, ha doco, perdido completan'ldo toda la fortuna de
mente por tanta chnsu marido para los polapería y t a n t a sanbres, de los cuales, desdez c o m o ha pasado
de la muerte de su espor a q u e 1 escenario;
poso, ha recibido mas
y 1 a dirección artísde cincuenta mil cartas
tica y los cantantes por
en demanda de socoel éxito que para todos
rro~.
supone cantar estas
Es un elevado acto de
óperas al día siguiente
desprendimiento y amor
de representar tipos coa 1 prójimo este que
mo los de las zarzueli•
acaba de dar Mrs. Rustas que en el referidc
sell Sage, del que tan
teatro reciben acogida -y
pocos ejemplos pueden
aplauso. Y justo es que
presentarse que le igua•
teniendo estas grandes
len.
ventajas en cuenta acepte el público como bue700.000 DUROS PARA
nos algunos defectos de
UNA PLAZA DE TOROS
interpretación, y hasta
Tanto ha cundido la
pase por las horrendas
afición á l as corridas
traducciones q u e han
de to ro s en México,
cabido a los libretos de
que en aquella ciudad
las dos citadas óperas,
especialmente al de Caestá levantándose una
plaza capaz para veintivallería tmticana.
En Eslava, la nove- Mrs. Russell Sage, dama norteamericana que ha dos mil personas. Toda
cincuenta millones de duros, toda la forla estructura de la edidad ha sido el estreno donado
tuna recibida de s II difunto esposo, para I os
ficación es de acero, y el
de una obra de Jacinto
pobres
presupuesto total de la
Benavente, titulada Todos somos unos. Terminaríamos esta noticia obra está calculado en setecientos mil duros.
eon decir que no fué del agrado del público.
Cuando la plaza de toros de México se halle

terminada (y pronto lo estara, a juzgar por lo
adelantadas que se encuentran las obras, co~
roo puede verse en el grabad? que d~mos a
conocer en la presente secc1ó_n), sera aquel
circo taurino el mayor que exista en todos
los luaares donde se rinde culto al arte de
Cúchtres y de Pepe-Hillo.
No pueden quejarse los toreros de lo ex-

•

tendida que se halla l~ afición ~ que ~llo~ se
dedican. A México y a las demas repubhcas
hispano-americanas, no llevamos ahora los
españoles más que exig~a parte de nuestra
industria y nuestro trabaJOi pero el sport, la
diversión favorita de este pueblo parece haberse infiltrado hondamente en aquellas nacioualidades.

EL BUZO
Hasta el fondo del mar, entre cristales,
bnjé, \'Í sus entrañas y hallé al verlas
innúmeras montañas de corales
y llanuras innúmeras de perlas.

[Ay! Después, de tu voz al blando arrullo
bajé á tu yermo corazón en breve:
y montañas hallé, pero de org_ullo;
y llanuras también, pero de meve.

Juuo FLOREZ

�EL LAUREL DEL SOU).ADO

(CUENTO VIEJO?

acuerrlo &lt;lónde me dijo el narrador
Nodemeeste
cuento que ocurrió el suceso. (El

embarque de jóvenes primopolitanos, perfectamente pertrechados de armas l' bacrajes
.
o. '
narrador sí sé q u e era andaluz). Creo produc1a
un enorme entu~iaiimo guerrero en
que fué en Primópolis, antiguo reino de la la nutrida y compacta ma~a de espectadores,
Europa latina,en cuyo mapa pueden buscarlo los cuales, sugestionados por los penetran tes
los lectores que ,ean curiosos y dados á mi- sones de las bandas de música, á cada barnucias. Yo, como soy un gran despreocupa- caza repleta de soldados que se separaba
do, no le he visto.
del muelle prorrumpían en desaforados víEste país, encantador por su situación tores y en fren&lt;-ticos aplausos.
etnológica y por el carácter
~s únicos que. al parecer,
de sus ciudadanos, poseía
no dtsfrutaban de tanto júvastísimas posesiones ultrabilo eran los expedicionamarinas en diferentes puntos
rios, bien fuera porque se
del globo , las cuales eran
alejaban de un lugar donde
graciosamente explotadas
tanto se les quería y concon notable aprovechamiento
sideraba, bien porque iban á
para las arcas del tesoro najuga¡ s u papel demasiado
cional de Primópolis.
cerca de la peligrosa empreOcurrióun día inesperado
sa de castigar rebeldes armaque los pobladores de estas
dos.
remotas haciendas se alzaron
A I g ún sagaz observador
en armas contra e 1 poder
advirtió el estado de ánimo
de la metrópoli, ron el fútil
en que parecían hallarse las
pretexto de que no les daba
.tropas, y guiado por un amor
la gana de que nadie se llepatrio digno de todo encovara su dinero, y, como
mio transmitió su observa•
siempre sucede, la metrópoción á las primeras autoridali trató de reprimir este modes locales, por si podía provimiento de opinión, y surcurarse levantar e 1 ánimo
gió la guerra.
de los soldados, en previsión
Con gran regocijo de lo,
de cualquier desacrradable
.
.
"
que se quedaban, se preparó
contmgencia.
la primera expedición bélica
Ya se babían percatado de
en uno de los puertos de
ello las citadas autoridades
PrimópoLis, y al son de marcuando le hizo la confidencia
ch as marciales ejecutadas
el perspicaz primopolitano,
por las músicas alegres de
y ya había recaído acuerdo
la guarnición de la plaza,
sobre lo que procedía hacer
eran conducidas en pesadas
oportunamente.
barcazas las bizarras huesA consecuencia de este
tes de la nación dominadoacuerdo, tan pronto como se
ra ha~ta un gigantesco transEl gobernador de la provincia
hubo embarcado el último
atlántico que se pavoneaba
soldado lrasladáronse á borgallardamente sobre la blanda superficie del do del buque transporte, con el boato y
mar.
honores correspondientes á la dignidad y
Este magnífico y soberano espectáctAlo del jerarquía de sus autoridades, el capitán ge-

neral del dislri to, el obispo de la diócesis y
el gobernador de la provincia.
Este babia de soltarles una alocución en
quo se les encomiase el amor á la pátria: el
Qbispo, en UT\a plática. había de infundirles
la lé en la santidad de la causa, y el general
también tenía que endilgarles su arenga recordán&lt;loles el deber del militar en términos
que los enardeciere.
Una vez á
bordo y en
correcta formación las
tropas expedicionarias,
el gobernador civil las
habló de esta manera:
«Primopolilanos: El
Gobierno del
rey me encarga que en
estos dolorosos momentos de ladesp e dida me
haga intérprete del dolor nacional
al veros marchar para el
combate, sin
dejar de
abrigar un a
absoluta
confianza en
el tri u n fo
de nuestras
El obispo de la diócesis
armas... armas... armas, por la seguridad, por
aquella seguridad que tiene... en e 1 esf u erzo de vuestras energías... (¡Ejem! ...
1Ejeml) Dichosos vosotros, vosotros que váis
á cojer el laurel... á cojer el laurel inmarcesible del héroe. 1Ah! 1Quién pudiera irse con
vosotros á recojer el laurel! Ya lo sabéis:
la Pátria lo espera todo de vosotros. He dieho. •
La soflama es mala, ¿eb? Pero hay que
tener en cuenta que es de un gobernador de
provincia.
Cuando el obispo pasó á ocupar la tribuna, se hizo un reliiioso silencio, como es
lógico, y el venerable y sabio prelado, al
mismo tiempo de trazar en el espacio, con
ademán pausado, los signos de una bendición copiosa para que alcanzase á todos por
igual, decía;

«Hermanos mios en el Señor: Yo os ben~
digo en el nombre del Padre, del Hijo y del
Espíritu Santo.•
Después de pronunciar estas santas palabras, ya se observaba en el señor obispo
cierto cansancio, si no era una interior emorión; pero hizo un esfuerzo supremo, y prosiguió de esta manera, en tono dulce y reposado:
- « Hijos míos: Dios Nuestro Señor os
acompañe en vuestra noble, en vuestra gloriosa empresa de auxiliar con vuestro esfuerzo la i,anta causa de la patria y del rey.
Váis á continuar la gloriosa labor emprendida por nuestra Santa Madre Iglesia, y no debéis desmayar en el combate, ni perder la
fé en Dios, porque El ha de protejeros en lo
más rudo de vuestros sufrimientos. tDicho~os vosotros que váis á recoger el laurel, á
re coger el
1au rel con
que se pul'den presentar ante el
trono del Señor los creyentes que
tienen la dicha de morir
en el campo
n~l honor,
peleando por
la fé y por
su patria; dichosos vosotros que
váis á recoger el laure 1
inmarcesible
del héroe!
¡Hijos mios,
adiosl 1EI Señor os acompañe: tened
fe en El!»
Entre la
fatiga producida p or el
esfuerzo realizado en la
El capitan general
b r e v í sima
plática, y la
emoción de la despedida, porque el caso no
era para menos, el prelado se retiró de aquel
lugar acongojado y sollozante, con la blanca
cabeza a.poyada en el hombro de uno de sus
familiares.
Inmediatamente de la tierna y sentida vocecita del sacerdote, se oyó la potente, la
bronca, la aterradora voz del general, que

�POR ESOS MUNDOS

384

rasgando bruscamente los espacios y atronando los aires, decía:
«¡Soldados: la patria espera de vuestro esfuerzo, de vuestro ánimo, y de vuestro valor
el triunfo de vuestras armas, castigando con
mano dura a esos ingratos que nos perturban. En vuestras manos, y protejido por
vuestras armas, lleváis el pabellón victorioso
en cien combates, en los cuales se probó el
valor indomable de nuestra raza y el arrojo
y la intrepidez con que siempre peleó el primopolitano, sin mirar la calidad ni el número de sus enemigos... ¡Dichosos vosotros que
váis á recojer el laurel del soldado, el laurel
del héroe, para ceñirle mas tarde en vuestras frentes, mientras el orbe se admira de la
bravura con que lo conquistásteis! ¡Si! ¡Dichosos vosotros, repito, que vais á recojér el
laurel, el laurel inmarcesible del héroe! Yo
me quedo aquí, sí; pero me quedo confiando
en que pronto iré á compartir con vosotros
las vicisitudes de la guerra, y á pelear tenazmente bajo la gloriosa bandera que nos
obija, basta sucumbir ó ceñirme el laurel
Cel héroe. Mucho confío en vuestra bizarría
den vuestro empuje,puestos al servicio de la
yericia de los bravos jefes que tienen el hopor de llevaros al combate... ¡Dichosos vosonros que os váis ya á recojer el laurel de
tos héroes!... ¡Soldados, viva PrimóJlolisl...
l¡Viva el rey!... ¡Viva el Ejército!...»
Una nutrida masa de voz contestó á los
tres vivas del general, porque realmente éste
había provocado el ardimiento guerrero y el
espíritu de la fuerza era ya mu y otro que en
el momento de embarcar.
Despejado el buque de visitas, practicó las

maniobras correspondientes, y previo el ca·ñonazo de salida :se hizo á la mar, sin rumbo, porque el capitan había de recibir en
alta mar un pliego con instrucciones. en
cuanto al punto de desembarco, pu.es so
quería evitar que el enemigo conociese estos movimientos.
La travesía se hizo con toda felicidad, y
anibaron en un punto de la costa de la isla
de no sé c11antos, muy lejos, donde ya esperaba un eañonero para protejer el desembarco de las fuerzas expedicionarias, porque
aquella parte de la costa estaba plagada de
insurrectos.
Gracias a la infantería de marina y á la
acción constante de los cañones del buque
de guerra, que lanzaban metralla sin compasión, pudo hacerse el desembarco; pero con
muchas dificultades , porque los soldados
eran hostilizados constantemente.
A seguida de tomar tierra, el jefe de los
expedicionarios dispuso un movimiento de
avance hacia el interior, y para ello nombró
una vanguardia, que se destacó sin pérdida
de tiempo.
Esta avanzada se internó una espesura de
bosque, entre un fuego nutrido del enemigo,
y á los pocos momentos cayó mortalmente
herido uno de los individuos de la vanguardia.
Creyéndole herido solamente, y por ser la
primera baja, todos fueron en auxilio de la
víctima; pero uno de sus compañeros vió que
babia muerto ya, y, levantandose, dijo, dirigiéndose á sus compañeros:
- ¡Adelante!.•. ¡Este ya ha cogido un laurel!
FÉLIX.

Dibujos de Kat·ikato

•

MÉNDEZ

�PROMF.TEO MODEllNO, por Aurelio Cabrera

�</text>
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                <text>1900-1916. Enciclopedia mensual ilustrada publicada en Madrid España a principios del siglo XX. Se especializa en temas sobre aventuras, viajes, entretenimiento, tauromaquia. Fue fundado por José del Perojo.</text>
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              <text>1900-1916. Enciclopedia mensual ilustrada publicada en Madrid España a principios del siglo XX. Se especializa en temas sobre aventuras, viajes, entretenimiento, tauromaquia. Fue fundado por José del Perojo. </text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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