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I

AG'fl:N'rm

ITE Al03ES
MEx:rc o
'EL CUERVO

PoR Esos MUNDOS
AÑO VIII

DICIEMBRE, 1907

NUM. 155

EL SIGLO DE LA AEROSTACION
¿Se reñirá en los aires la futura contienda entre dos ó más grandes potencias del mundo? ¿Serán los aerostatos dirigibles los
que decidan el éxito de la batalla?
As anteriores preguntas van formuladas
L
con toda seriedad. Sólo podrían tomarlas
en broma quienes ignoren en absoluto los últimos pasos dados por el hombre en su lucha
para conquistar el dominio del aire. Para semejantes personas resultará una sorpresa saber que el Gobierno de Francia posee ya
dos naves aéreas dirigibles, capaces de destruir, en unión de otras similares, la poderosa escuadra inglesa del Canal apenas esta
se apartase veinte millas de la costa.
La aerostación se halla próxima á ganar
su gran victoria, después de haberla disputado palmo á palmo á los elementos naturales.
Verdaderamente, en la historia de las conquistas científicas hay pocos capítulos tan
interesantes como el relativo á la navegación
aérea propiamente tal, ó sea la efectuada
con auxilio de motor y en aparato más pesado que el aire: es un capitulo de fracasos
trágicos, de paciente labor, de fanática perseverancia ante, al parecer, abrumadores obstáculos; es una gloriosa lista de combatientes que acometieron la espinosa labor alli
donde otros quedaron vencidos, y que vencidos á su vez dejaron sus éxitos parciales
á nuevos luchadores, como herencia preciada.
Las presentes lineas consagradas están á
reseñar las principales etapas de esa empresa magna, inaugurada hace más de un siglo,
y cuyo definitivo acabamiento quizás notenga nunca término. Y dentro de la reseña aludida, me detendré especialmente en lo qµe
se refiere á la aerostación militar, al dirigible como arma de guerra, á la máquina de

destrucción más terrible de cuantas haya
podido concebir la meute humana.
La primera nación ocupada seriamente en
estudiar los globos militares fué Francia. Ya
en 1784 elevaron sus ingenieros militares
un montgol.fier sobre el campamento de Fleurus. Era, naturalmente, un simple globo cautivo, en cuya barquilla iba acomodado el general Mourrain, designado para efectuar un
reconocimiento.
Desde aquella fecha quedó consagrado el
globo como instrumento de guerra, dedicándose los ingenieros militares y civiles á la
resolución del problema que planteara por
primera vez en 1783 el ilustre general Meussnier trazando los planos de un aerostato dirigible.
LOS GLOBOS EN TIEMPO DE GUERRA

Durante el sitio de París, se elevaron desde la ciudad, nada menos que sesenta y cinco globos, tripulados por ciento sesenta y
cuatro personas; mas aquellas tentativas no
sirvieron para gran cosa, debido á tratarse de
aerostatos libres. Comenzaba á patentizarse
la necesidad del dirigible, y de ahí que el
GobiPrno francés tratase de estimulará los
inventores concediendo un premio de cuarenta mil francos al mejor modelo de un
globo de dicha clase. Un poco después, y
por instigación deGambelta, olorgábanse doscientos mil francos al capitán de ejército
Charles Renard , estudiosísimo ingeniero ,
que daba á su pátria en 1884 el primer dirigible, denominado La France.

�484

POR ESOS )IUXDOS

EL SIGLO DE LA AEROSTACIÓN

J,a Patrie, uno de los aerostatos militares del Ejército francés

Había llegado el momenlo de que los organismos directores de la guerra empezaran
á fijar su atención en las facultades destructoras de un aerostato militar. Como es lógico, conlemporáneamente se manifestaba en
todos los países una voz de protesta contra
el nuevo aparato mortífero; protesta exteriorizada de un modo especial en la primera
Conferencia de La Haya, en 1899, al discutir
y acordar la prohibición del lanzamiento de
proyectiles ó substancias explosivas desde
cualquier nave aérea por un período de
nueve años. Hoy ha transcurrido ese plazo;
el barco de guerra aéreo no se halla proscrito, por consecuencia. Francia posee en la
actualidad dos armas de esa naturaleza: el
Lebaudy, de 1905, y el Patrie de 1906.
El 9 de Julio ultimo, el Patrie efectuaba
brillan tísimas pruebas sobre París. Evolucionando el aerostato con gran facilidad, logró alcanzar una velocidad de veintiocho
k\l~~etros contra el aire. Estos dos globos
dmg1bles fueron construidos por los hermanos Lebaudy, opulentos fabricantes de azúcar, bajo la dirección del ingeniero M. Julliot.
No contenta Francia ccn tan valiosas adquisiciones, constituye actualmente el núcleo
de una flotilla aérea encargando á los Lebaudy los dirigibles République y Démocratie, el primero de los cuales debe hallarse
entregado este mismo año. Por si no fuera
bastante, el parque aerostático de Meudon
prepara otras tres unidades de esa clase, y

tan pronto corno el Gobierno francés haya
descubierto el tipo de globo dirigible más
práctico, ordenará el armamento de un -centenar de ellos. Y be ahí cómo habiendo sido
Francia la introductora de la industria automovilista, ahora va á colocarse á la cabeza
del mundo en esto de adoptar nuevos métodos de guerra. Esa nación será la primera en
tener á su arbitrio una flota de combate meciéndose en las nubes.

el conde Zcppelin y el comandante Von Parseval. Propónese aquél efectuar con el globo de su invención un viaje desde el Lago
de Conslanza á \Vilhelmshaven, en las orillas del Mar del Norte, regresando al mismo
punto de partida. En los ensayos verificados
durante el último otoño, avanzó el dirigible
Zeppelin, con viento contrario, á la velocidad
de cuarenta y ocho kilómetros por hora.
Es, pues, probable, que las autoridades
militares alemanas acabarán por adoptar á
su debido tiempo el dirigible rígido Zeppelin
y el globo flexible del comandante Von Parseval. (Con posterioridad á la redacción de
este articulo ha efectuado sobre Berlín pruebas satisfactorias de tres horas y media, un
globo dirigible, pilotado por el capiCán Sperling). Y es, no ya probable, sino seguro,
que el ministro de la Guerra alemán hará un
esfuerzo para sobrepujar á Francia, la cual
lleva una delantera considerable en esto de
la construcción de aerostatos.
Dada una breve idea de los trabajos efectuados á este respecto por los dos países,
examinaró ahora algunas cuestiones estratégicas de la guerra naval aérea, si llegase el
caso de un conflicto armado entre Francia y
Alemania. Antes de hacerlo, paréceme oportnno llamar la atención sobre el hecho significativo de que el lllinisterio de la Guerra
francés acaba de ordenar el emplazamiento
del Patrie en Verdun, disponiendo al mismo tiempo el reparto de los futuros dirigibles_ militares á lo largo de la frontera fran-

co-alemana, en los parques de Tou 1, Epinal
y Belfort.
Sin duda, es de trascendental importancia
en tiempo de guerra el que los pilotos de una
nave aérea conozcan al dedillo el país comarcano. Así, pues, si los aeronautas militares franceses llegan á farni liarizarse con las
regiones limítrofes, tanto alemana como nacional, claro es que los problemas de reconocimiento y ataque habrán de quedar extraordinariamente simplificados. Eso conocimiento exacto del país es necesario, sobre
todo tratándose de exploraciones nocturnas,
ó cuando por causa de mal tiempo tiene que
situarse el aeronauta sobre las nubes, ó por
último en las ascensiones superiores á dos
mil metros.
OBRA DESTRUCTORA DE LOS AEROSTATOS

Bastarían cuatro globos dirigibles par a
cau~ar enormísimos daños en un ejército.
Y si en ve1. de cuatro, fueran ciento ó mil
los manejados por una de las partes combatientes, seríale á esta facilísimo tanto observar extensamente el avance de las fuerzas
enemigas como hostilizarlas en gran escala.
La verdad es de qu1i la nave aérea pertenece por sus condiciones á esa clase de enemigos tenaces é incansables á quienes es
imposible burlar. Lo mismo de día que de
noche, en la marcha que en el descanso, en
la vigilia que en el sueño, todo ejército en
campa1'ía habrá de sufrir necesariamente la

ALE)IANIA SE PREPARA

No se suponga que Alemania permanece
indiferente á la actividad de su vecina; sin
duda, esta nación no consentiría quedarse rezagada. Desde fines de 1906,el batallón aerostero prusiano, al mando del comandante Gross, viene dedicándose á la construcción de una flota aérea.En Marzo y Abril
de 1907 hacíanse en el campo de maniobras
de Tegel satisfactorias experiencias con un
pequeño modelo de dirigible, obra del citado
batallón de aerosteros, y con arreo-lo al cual
se está construyendo el de 4.500 á
metros cúbicos que ha de destinarse al servicio
de campaña. Este primer dirigible alemán
tendrá algún parecido con el tipo de o-lobo
i:;emi-flexible ideado por los hermano: Lebaudy. La envoltura es completa y de tejido
de algodón, yendo sujeta á recia armadura
metálic,.
Cuenta además Alemania con la valiosa
cooperación de dos aeronautas eminentes:

485

6.000

El Ville de Paris, otro aerostato militar &lt;lel Ejército francés

�4.86

POR ESOS MUNDOS

observación y el fuego de los aerostatos adversarios. La obscuridad no servirá de manto
protector á los perseguidos, porque los dirigibles, dotados de poderosísimos proyectores eléctricos, podrán continuar su obra de
destrucción durante la noche.
En cambio, el aerostato es casi invulnerable ante el fuego enemigo; bástale para burlarse de las balas desarrollar su fuerza ascensional. Suponiendo que la artillería obligue
al globo á elevarse dos mil ó tres mil metros
sobre la superficie del suelo, no bien desciendan las sombras de la noche bajará en
ellas el terrible enemigo para renovar sus
ataques. ¡Y qué ataques! Permitascme trazar
un bosquejo de lo que podría ocurrir en un
caso semejante.
Una división de un ejército ha acampado
con objeto de pasar la noche. Las avanzadas
ocupan sus puestos; las trincheras aparecen
erizadas de bayonetas. El sentiruiento de
seguridad reina, soberano, entre las tropas:
desde el general hasta e l último soldado
creen imposible un ataque fructuoso por
parte del enemigo. Pero, de improviso, una
flotilla de dirigibles avanza sobre el dormido
campamento, y después de distribuirse los
sectores d:e carnicería comienza á arrojar
una lluvia de torpedos. Admitiendo que la
flotilla estuviese constituida por cien globos,
con capacidad para conducir individualmente treinta torpedos de diez kilogramos,
¿cuántos hombres sobrevivirían, de los doce
mil que compusieran la división, á los tres
mil proyectiles vomitados por los dirigibles?
¿Cuántos podrían hacer luego el espantable
relato de esta hecatombe? Seguramente, ninguno.
No se crea que hablamos de memoria ó
en sentido irónico. Julliot, el constructor del
Patrie, afirma que cada globo dirigible de
dicho tipo es capaz de llevar á bordo treinta
torpedos de diez kilogramos en jornada larga, y cincuenta en jornada corta. Por otra
parte, el comandante Moedebeck, de la artillería alemana, quizás la mayor autoridad
contemporánea en aerostación militar, garantiza los efectos de torpedos menores de
diez kilogramos. De modo, que el aerostato
puede aumentar casi una tercera parte la
cifra de proyectiles antes mencionado, acreciendo, por consiguiente, los medios de destrucción.
En rigor de verdad, el dirigible mil.tar no
tiene por qué preocuparse de su provisión
de torpedos, pues, una vez agolada, le es hacedero marchar rápidamente á aprovisionarse. En el supuesto del campamento atacado,
los cien dirigibles, después de aniquilar la
división enemiga establecida, por ejemplo,en

Alsacia,cruzarían la mismanoche los Vosgos,
se repostarían de municiones, y tornarían en
las primeras horas de la madrugada para destruir otra división.
EPISODIOS DE GUERRA

Tracemos otro cuadro de carácter belicoso.
La línea aérea de la frontera franco-alemana mide solamente 250 kilómetros. Declaradas la3 hostilidades, atravesarían en poco
más de una semana esa estrecha puerta, varios cuerpos de ejército que sumarian de
tres á cuatro millones de soldados.
Imaginémonos ahora que en las ciudades
de Alsacia-Lorena hormiguean las tropas de
caballería, infantería y artillería. Mil torpederos aéreos llevando en sus barquillas treinta
mil proyectiles, bastarían para destrozar, en
el breve espacio de una noche, ó de un día
nublado, gran parle del ejército alemán de
ocupación.
Tan pronto como los mil torpederos hubiesen agotado sus municione~, se volverían
á territorio francés para cargar sus pañoles.
Si la velocidad de dichos aerostatos era de
cuarenta kilómetros por hora, calculando en
veinte la distancia media al punto de aprovisionamiento, cada uno de los globos podría
repostarse de cincuenta torpedos y tornar al
sitio del ataque á la hora y pocos minutos
de haberlo abandonado. En resúmen: una sola división de torpederos aéreos lograría atacar diez ó doce veces en veinticuatro horas
la gran masa de tropas aglomeradas en la
frontera franco-alemana, á condición de tener cerca la base de aprovisionamientos.
lle demostrado en otros trabajos de este
género cómo podría ocurrir, declarada una
guerra entre Rusia y Alemania, que la flota
aérea de la primera bombardease en la madrugada del primer día de hostilidades los
cuarteles y estacionesde Berlín. Porque, téngase bien presente: la nación que posea
un millar de dirigibles militares se apresurará á dificultar la movilización del enemigo
desde los mismos comienzos de la campaña;
los aerosteros romperán el fuego, arrojando
torpedcs y granadas sobre el cuartel general
de los adversarios, sobre sus parques de municiones, sus puestos telegráficos, sus principales estaciones ferroviarias y sus trenes militares.
Volviendo á la campaña franco-alemana
que íbamos fantaseando, digamos que si inmediatamente á raiz de la declaración de
guerra penetraran en Alemania mil torpederos aéreos, no conseguiría otra flotilla alemana análoga impedir al enemigo la destrucción parcial de las diversas lineas férreas

�488

POR ESOS )IU;',DOS

que conducen á Francia. Esto solo se difi- neutral entre las sombras nocturnas ó en uo
cultaría realizando un contra-ataque aéreo. día nublado, no podría probarse la violaPor tal razón, nos parece aconsejable confiar ción; y, aún cuando fuera esta vista, ni los
la custodia de los grandes centros de pobla- suizos, ni los belgas, ni los ingleses se atreción á los globos militares.
verian á declarar la guerra á Francia desEn la eventualidad de una guerra con ~ués de leer en los periódicos que la noche
Francia, el Estado .Mayor alemán debería anterior una flotilla aérea francesa había
adoptar especiales precauciones par a la crur.ado sus res peeti vos territorios á una alseguridad de Metz y
tura de cinco mil mede Strnsburgo, p I a .,
tros.
zas fuer tes fronteConforme vay~prorizas, con objeto do
gresando
la nwegaimpedir que una floción aérea, habrán detilla aérea francesa
reducir los países condestruyese las obras
li nen lal es sus efectidefensivas y fra n vos
de caballeria,susqucase l a s puertas
tituyenclo estas fuerdel país á los invazas de combate por
sores. Téngase muy
globos dirigibles. Aun
presente esta verdad:
hoy mi-;mo, la poseel barco aéreo disposión
de doscientos ó
ne de medios sobratresci en los aerostatos~
dos para llevar la ruimodelo Patrie, es
na y la desolación á
más importante que
las fortalezas más estoda la caballería decondidas y poderosas.
Aerostato mililar del Ejército ruso
un ejército: como el
Los importantes
1
cance v i s u al deestablecimientos industriales que proveen á esta arma de combate es muy limitado, en
Alemania de fusiles, cañones, pertrechos de las futuras campañas se confiarán los serviguerra, dirigibles y buques de combate, cocios de exploración y reconocimiento al barrrerían todos ellos gravísimo riesgo ante una co aéreo, desde cuya barquilla podrá com11incursión de los globos enemigos. Porque nicarse el resultado al cuartel general por
existen diez probabilidades contra una de
medio de la telegrafía sin hilos. Un globo
que el éxito coronase el ataque. Suponiendo pequeño, como e I del conde de La Vaulx
que la ílotilla aérea no acertase á destruir los (762 metros cúbicos) tendría facilidades pavastos talleres de Krupp, en Essen, ó la ra situarse á la misma retaguardia del eneMaestranza oficial de Spandau, en cambio migo, avanzando al abrigo de una selva ó de
inutilizaría en varios puntos la línea férrea una montaña, ó protegido por la obscuridaL1,
Berlin-Strasburgo, arrasando de paso unos de la noche.
cuantos cuarteles.
Hasta ahora se ha considerado completaLO QUE COSTARíA UNA FLOTILLA
mente imposible un ataque por parte del
DE AEROSTATOS
enemigo cuando éste ha sido derrotado y
acorralado. Durante la guerra de 1870 huTratemos ahora de la capital cuestión ecobiera sido irrealizable para e I maltrecho nómica. Sobre este punto, como en otrosejército francés-presentarse á las puertas de varios, el dirigible introducirá una revoluBerlín ó de Essen. Y al llegar aquí enconción en las condiciones de la guerra modertramos una de las características más so1·- na. Hasta el presente, la paz armada (estad0prenden tes de la guerra aérea, y es el inutili- normal de las grandes potencias), así como
zar, el hacer ineficaces las fortificaciones la guerra, han sido lujos muy caros. En camfronterizas , constmídas para coPtener e 1 bio, el barco aéreo, instrumento espantable·
avance del invasor. La región del aire es tan de destrucción, quizás el más espantable de
vasta que no hay medio de poderla vigilar cuantos inventó el hombre, resulta compatotalmente.
rativamente barato.
Para el barco aéreo francés no habría neEl dirigible Pcitrie de los hermanos Lecesidad de abrirse paso á través de la fronbaud y ha costado trescientos mil f r a n tera alemana. Nada ni nadie podría evitar su cos. De modo que un millar de dichos glo~os
aproximación á Alemania por Suiza ó Bél- representaría un gasto para el Estado frangica, por mar, ó desde Inglaterra: navegan- cés de trescientos millones de francos, suma.
do los dirigibles franceses sobre territorio con la que apenas tendría para adquirir me-

EL SIGLO DE LA AEROSTACJÓN

489

Aerostato m11ttar del Ejército inglés

dia docena de acorazados. Un globo rígido de
aluminio vale quinientos mil marcos y un
globo flexible doscientos mil. Si Alemania
invirtiera mil millones de marcos dunrnte un
período de diez años en adquirir dirigibles,
no sería por ello más pobre. La insurrección
de los hereros en el Africa occidental del Sur
ha consumido ochocientos millones de marcos. Ahora bien, si el Gobierno alemán hubiese invertido dicha suma en construir una flota
aérea de dos mil dirigibles, de diferentes tamaños, poseería á estas horas una fu.irzd no
igualada por ningún otro país. La misma Inglaterra, tan orgullosa en supremacía naval,
vería esta reducida á la nada. A la nación
que fuera dueña de semejante flota le podría
tener sin cuidado la coalición de todas las
potencias reunidas.
EL AEROSTATO, INVULNERABLE

Sin embargo, la mayoría de los militares
alemanes no concede gran importancia al
globo automotor como elemento de guerra.
Básase este excepticismo, prob&lt;!blemente, en
los magníficos resultados conseguidos por la
artillería y la infantería durante las recientes maniobras, haciendo blanco en globos
cautivos á alturas de ochocientos á mil doscientos metros. No fallan peritos navales y
militares que tienen al globo por enemigo
fácil de destruir. Pero esto no deja de ser
una opinión errónea. Un dirigible es prácticamente invulnerable marchando á la altura
de dos mil metros; y es invulnerable lo mis-

roo para el fuego de la infantería que para
el de los cañones de mayor alcance, pues la
altura máxima á que puede hacer blanco
una pieza es la de ochocientos metros. Ahora bien: hallándose un globo á escasa altura
podría caer dentro del alcance ordinario de
las piezas de sitio, en cuyo caso sería cañoneado por los obuses aún á la distancia de
ochocientos metros. Dícese, no obstan te lo
asegurado anteriormente, que el cañón hon;itzer de campaña hace blanco en un globo
situado á mil quinientos metros.
Concediendo que esto sea así, afirmamos
la absoluta inmunidad del globo más allá de
esos mil quinientos metro.,, á menos que lo:;
parques construyan globos-baterías contra
los aerostatos. Ya en 1870 hizo algo en tal
sentido la casa Krupp, fabricando un globo
de ese género; y en la Exposición Automovilista de Berlín, durante el otoño ele 1906,
el ingeniero Erhard, de Düsseldorf, exhibió
otro aerostato por el estilo. Ko e;;, pues,
aventurado vaticinar la aparición no muy
lejana de los globos-ca,1oneros con capacidad ascensional superior á mil quinientos ó
dos mil metros, altura á la que aún pueden
los globos militares hacer sus observaciones sin temor á ser interrumpidos por un
obús.
Según opina el ya citado comandanteMoedebeck, un dirigible podría desde dichas alturas, no sólo hacer fuego sobre una fortificación ó una batería, sino llevar treinta probabilidades entre ciento de destruirla completamente. En Ja guerra terrestre tendrá

�-490

POR ESOS il!UNDOS

,siempre el aeronauta esta ventaja sobre la
.artillería: poder hacer fuego á mucha menor
,distancia, quizás á la de quinientos á seis,cientos metros. Por otra parte, la obscuridad
nocturna, la niebla y las nubes, le permitirán, frecuentemente, pasar incólume sobre
la misma cabeza de su adversario. En reali,dad, el tiempo despejado es raro en los países del Norte. Pero esas circunstancias meteorológicas habrán de preocupar poco al
artillero aéreo toda vez que podrá dar en el
,blanco desde una elevación de dos mil metros.
Con cielo nublado será factible el a, anee
.á escasa distancia del suelo á fin de practi&lt;:ar descensos rápidos y ocasionales para
efectuar reconocimientos á mansalva. Estas
operaciones estarían confiadas á pequeños
dirigibles destacados de la escuadrilla principal, cuya misión secundaria consistiría
,en comL1.nicar por la telegrafia sin hilos la
aproximación del enemigo. Informados ya de
,ello, los dirigibles de gran volúmen elegirían sus posiciones sobre la densa cortina de
n ubes.
ATAQUES AÉREOS AL AMANECER

Ya hemos visto que los globos militares,
auxiliados por los reflectores eléctricos, ten&lt;lrán á su merced durante la noche las balerías y fortificaciones. La mis.roa facultad poseerán en las primeras horas de la mañana,
pues entonces suelen viajar las nubes á alturas máximas de setecientos á mil metros.
,Como quiera que el lanzamiento es cuestión
&lt;le segundos, los dirigibles solo tendrían una
maniobra que efectuar: salir de la nube prvtectora du rante un minuto, llevará cabo el
disparo y volverse á ocultar. Esas apariciones y desapariciones las llevó á cabo varias

veces el Patrie durante las pruebas que
practicó en el otoño de 1906 .
Pero, aún en pleno día y con cielo despe jado, encuéntrase el aeronauta más :protegido del fuego qu e el sirviente de una pie-:a
de artillería. Sin necesidad de exponerse en
poco ni en mucho, haría blanco desde una
altura de dos mil metros, mientras que el
artillero se ve obligado frecuentemente á
iniciar y sostener el fuego á distancias que
oscilan entre cuatro mil y seis mil metros. La
principal ventaja de un aeronauta consiste,
pties, en poder situarse verticalmente sobre
el blanco, mientras el ar tillero, con visual
horizontal, tiene que explorar ópticamente
la atmósfera á distancias de cuatro á ,:eis
kilómetros.
Examinemos ahora la posibilidad de que
una granada alcance al globo. Indudablemente, el proyectil atravesaría la masa flexible ó semi-flexible del aerostato ocasionándple desgarramientos. Mas si el dirigible
era de unos tres mil metros cúbicos de capacidad, los pilotos tendrían tiempo sobrado
para efectuar su retirada antes de caer en
manos del enemigo. El gas se escapa, en
efecto, sumamente despacio á través de los
agujeros hechos por un proyectil. Admitiendo que el modelo empleado por los ejércitos
fuese el dirigible rígido del conde Zeppelin
provisto de dieciseis receptáculos de gas,
interiores é independientes, aumentarían de
un modo considerable las probabliidades de
salvación de los aeronautas, aún cuando la
metralla perforase las cubiertas de algunos
de dichos globos.
Existe, por tanto, un peligro muy remoto
para el artillero aéreo. El comandante Moedebeck lo ha escrito: «Pocas cosas hay tan
dificiles- dice-como hacer blanco en un
globo.»

l

.En las futuras guerras, un aerostato dirigible llevando á su bordo
seis personas podrá destruir acorazados ochenta veces más
costosos y tripulados por un millar de hombres.
Empleando las palabras del difunto pre-sidente Krüger, digamos que una gran bata'11a naval entre dos escuadras enemigas dotadas de torpederos aéreos haría á la humanidad bambolearse de espanto.
Considerado ese combate como espectácufo, no causaría efecto alguno. La guerra ha
ido perdiendo en pintoresco á cada metro
-añadido al alcance de la artillería. En lo re1ativo á circunstancias emocionantes, nada
podrá sobrepujar en el mundo á la famosa
atalla del Nilo, reñida á pocas varas de

distancia entre sí las dos parles contrarias.
El horror que habrán de engendrar los
combates aéreos futuros no surgirá, por
tanto, del mismo espectáculo de la lucha,
sino del destrozo causado. Lo único visible
para el espectador será una fila de pequeños
objetos fusiformes siluetándose contra el cielo. Cada uno de esos husillos grisáceos será
un dirigible capaz de conducir en su vientr e
de diez á cincuenta torpedos cuyo peso puede variar entre cincuenta y setenta kilogramos.

U no de los globos milita res del Ejército español

�49'.l

ron ESOS ~lUNDOS
EL AEROSTATO CONTRA EL ACORAZADO

El estrago ocasionado por una pequeña
flot&amp; do dirigibles Zoppelin seria horrendo.
En primer lugar, podría dar caza al crucero
más rápido, y, ya entablado el duelo, ocioso
os decir de parle de quién estaría la inferioridad. El buque ele guerra, poderosamente
defendido en sus flancos, es, en cambio, vulnerabilisimo en su cubierta, lugar á donde
irian á parar los proyectiles del aerostato.
Por si esa deficiencia no bastase, el crucero
no tiene sino una velocidad máxima de veinticinco nudos, mientras que un buen dirigible marcha á treinta nudos largos.
Continuemos comparando ambos elementos de combate, fijándonos ahora en lo relativo á coste ele uno y otro.
El Patrie ha costado unos sesenta mil duros, y poco más del doble el globo dirigible
del conde Zeppolin. Tripulado aquel por solo
tres hombres, y por sois el segundo, se bastan para aniquilar un barco de guerra cuya
construcción ha absorbido corca do diez millones de duros y cuya tripulación excede
do mil individuos.
Acaso objetará el lector que los torpederos aéreos no pueden temar parte muy activa en las balnllas navales debido á la estrecha dependencia en que se halla el dirigible
respecto á su provisión de bencina; razón
por la cual no podrá nunca alejarse mucho,
mar adentro, do su base de aprovisionamiento en la costa.
A primera vista, esa objeción parece eliminar al dirigible como factor apreciable en
los combates navales. Pero,si bien se considera, el argumento carece de toda fuerza
destructora. Los torpederos aéreos no tendrán nunca necesidad de depender de una
base do aprovisionamiento fija; les suministrarán cuantos proyectiles y litros de combustible sean requeridos por las exigencias
de la lucha, los mismos barcos de su escuadra.
Dado que lodo buque puede llevará bordo cómodamente un par de aerostatos pequcrios, mas los receptáculos de gas necesarios para la inflación, no es mucho supoMr
que en brere plazo todo acorazado conduzca
en sus entra,ias, no solo cañones y torpedos,
sino sus correspondientes dirigibles. Estos
poseen, además, la ventaja de poder ser lanzados al mismo tiempo contra la flota aérea
y contra las fuerzas naYalos enemigas. .
Por otra parte, es digno de notarse que
las grandes batallas navales son reñidas generalmente á poca distancia de tierra, ó sea
donde tendrían facil aplicación los dirigibles.
Entre los muchos ejemplos que pudiéramos

aducir para probar nuostrn anterior aserto,
recordaremos la batalla de Tushima ganada
por los japoneses en su reciente lucha contra Rusia. Además, toda potencia insular
mantiene cerca ele sus costas lo más florido
de su flota. Véase, si no, lo que hace Inglaterra, cuyas mejores escuadras navegan constan temen le en el .Mar del Nort.e ó en el Canal
ele la Mancha.
¿,Y qué signiricarán para un dirigible el Canal de la :\lancha, el l\lar del Norte, el Meditel'l'úneo•~ Un juego de nüios: poco más
que atravesar un estanque. En el 78.° Congreso de Natmalistas alemanes, verificado en
Septiembre de 1906, calculó el conde Zcppelin el radio &lt;le acción de su aerostato ultraligero en unos ochocientos cincuenta kilómetros, aún viajando con viento contrario.
De modo que dicho globo podría ir desde el
LagoConslanza al :\lar del Norte y regresar al
punto de partida, sin repostarse de combustible. En cuanto al Patt·ie ó al Parsevcil,
ambos de capacidad inferior al de Zeppelin,
su radio de acción no baja de doscientos
veinticinco á doscientos cincuenta kilómetros.
Ahora [bien: el Canal de la ~[ancha tiene en su menor anchura treinta v un kilómetros, v la distancia entre NÓrcldeich é
Inglalena es de cuatrocientos•kilómetros. De
suerte,que con varios dirigibles del tipo Zeppelin serían prontamente barridas del :\lar
del Norte aquellas escuadras que no estuvieran protegidas por aerostatos.
!.A LUCHA EN LOS AIRES

Los combates esencialmente aéreos se librarán en circunstancias del todo distintas
de las que imperan en las luchas terrestres.
La victoria corresponderá, no al país más
poderoso, sino al que, aún cuando pobre,
reuna mayor flota aérea. En loporvenir, desaparecerán las barreras creadas por la Naturaleza y por la Ciencia: cuando se guerree
en las nubes, ni el Canai de la Mancha ni la
frontera franco-alemana servirán para nada.
Del mismo modo, el advenimiento del dirigible anulará la distinción entre guerra terrestre y guer:·a marítima, ya que el aerostato actuará al mismo tiempo en una y otra:
una flotilla aérea rápida estará en condiciones de decidir por la mañana una batalla
reñida en Sedán, aniquilando por la tarde
una escuadra en el Canal de la .Mancha, separado ele dicha ciudad francesa por una
distancia de doscientos kilómetros.
Trabado el combate aéreo, la flota aerostatica derrotada en tierra podría ser empujada
hácia el mar por los dirigibles vencedores.

�494

POR ESOS i\lUNDOS

Bastará para inutilizarla cortarle las _co?'lunicaciones con sus puntos de abastec1m1ento. Una flota así perseguida seria fogueada
con igual éxito por las baterías de la costa y
por la de los buque~.
.
Paréceme oportuno, al hacer afirmaciones
tan serias COILO las anteriores, citar las opiniones de otras autoridades en la materia.
Advertiré ante todo que las por mí expuestas acerca de las mortíferas propiedades del
dirigible son compartidas por el ilustre
Moedebeck, quien las acaba de exponer en
su interesante obra Die Luftschiffalwt. Del
mismo modo de pensar son los aeronautas
ingleses. Uno de ellos, Mr. Edge, aseguraba
no ha mucho que los actuales dirigibles franceses podrían destruir co~plet~mente la_ escuadra británica á una d1stanc1a de vemte
millas de la costa.
Estudiemos ahora un punto no menos
trascendental: ¿cómo se reñirán las batallas
aéreas?
El principio estratégico y táctico más importante consistirá en situar la flotilla ofensiva sobre su adversaria atendiendo á que
el ataque habrá de reducirse á dejar caer
torpedos. Según Moedebeck, no debe pensarse nunca en la posibilidad de emplazar cañones en las barquillas: un globo dotado de
piezas de artillería llevará consigo el gravísimo riesgo de las explosiones. Nosotros argüiremos, sin embargo, que el globo rígido
de aluminio pudiera hallarse libre de ese
peligro. En efecto, en dicho tip,o de dirigi~le
los receptáculos del gas, en numero de dieciseis á veinte, van encerrados, separadamente, dentro de la total envoltura de aluminio. No es dificil, en esas condiciones, encontrar algún medio mecánico de aislar la
envuelta metálica hasta el punto de hacer posible el disparo de un cañón desde una ba~quilla especialmente dispuesta. Esto constituría una ventaja enorme sobre las demás
clases de globos.
Dicho lo que antecede acerca de las propiedades ofensivas de los dirigibles, investiguemos hasta qué límite llega su inmunidad
ante el ataque.
Supongamos el caso verdaderamente trágico de un duelo entre dos aerostatos de esa
clase; duelo el más horrib~e de cuantos pueda concertar el hombre, Sm duda, los adversarios se esforzarían en rasgarse las respe..:tivas envolluras. Este golpe, causa de destrucción instantánea para el aerostato y sus
ocupantes, se realizaría, naturalmente, con
ayuda de armas arrojadizas corta"?tes, ó bien
disparando contra el globo enemigo bombas
cargadas de cualquier solución incendiaria
susceptible de inflamarse al contacto de la

envoltura, comunicándole el fuego y haciendo explotar el gas.
Corno los modelos de globo flexible y semi-flexible sólo disponen de un depósito de·
gas, corren mayor peligro de ser destruidos.
En cambio, con el sistema de receptáculos
separados (modelo Zeppelin) existen muchas
probabilidades de limitar los efectos de la
explosión á uno ó varios compartimentos.
Dicho está que los caüones empleados en el
lanzamiento ele proyectiles incendiarios habrán de ser necesariamente neumáticos.
Trabado un combate aéreo, el globo Zeppelin resultará formidabilisimo adversario para.
todo dirigible ele otro sistema. Su envuelta
metálica resistirá mejor las explosiones y
los ataques con arma cortante, y en caso decolisión la ventaja estará siempre de su parte. Lo que no obsta para que desaparezca _su
invulnerabilidad ante los torpedos de diez
kilogramos.
COLOCACIÓN DE MINAS POR LOS DIRIGIBLES
Misión importante de los dirigibles serát
sin duda, la colocación de minas flotantesen los puertos enemigos, aprovechando la
obscuridad de la noche, en las costas, ó en
mitad de una flota. El modelo Zeppelin, dedocilidad maravillosa, puede descender basta desflorar con ambas barquillas la superficie de las aguas. Con una docena de esos
globos sería empresa facilísima cerrar en
unas cuantas horas las desembocaduras del
Támesis ó del Elba, sembrándolas de minas.
El bloqueo marítimo podría ser perfecta~
mente mantenido con auxilio de los dirigí-'
bles. Mientras todo el poder naval de Alemania resultaría ineficaz para bloquear los
puertos de la Gran Bretaña, sóbranle á esta
navíos para bloquear las bahías germánicas.
Siendo las islas británicas inhábiles para
bastarse á sus necesidades de productos
agrícolas, dependen absolutamente por esteconcepto de lo que importan sus naves. De
ello resulta que una poderosa flota aérea alemana podría, en caso de guerra, dificultar
esa importación y aún impedirla por completo. Los barcos mercantes, indefensos como se encuentran contra los proyectiles, serían deshechos bajo una lluvia de granadas.
Además, los dirigibles alemanes sembrarían
de minas en una sola noche, cerrándolos á
la navegación, los puertos más importantes
del Reino Unido.
Los países insulares de población densa,
cual le ocurre á Japón, peligrarían más que
los continentales: llegado el conflicto belicoso, es posible que viesen cortadas sus co-

EL SIGLO DE LA AEROSTACIÓN
municaciones marítimas por las flotillas aéreas de China ó de Rusia. Sin embargo, tratándose d e Japón, y dadas sus aptitudes
industriales y su superior organización, no
es fácil que se deje ganar esa supremacía
marítima por el Celeste Imperio ó por el Imperio de los czares,
Háse visto que una flotilla aérea alemana
podría destruir la superioridad naval de Inglaterra en el Mar del Norte. Atenta la Gran
Bretaña á cuanto se refiere al mejoramiento
de las fuerzas marítimas de Alemania, solo
podrá esta realizar su esperanza de hacer
frente con ventaja á las escuadras de su rival construyendo una flota aérea poderosa.

495,

el director general de Correos Herr Nagler
declaraba por aquel en tonces que solo podía,
ver en el ferrocarril •un medio de comunicación muy limitado y dependiente.»
Pero no pararon ahí las cosas en Prusia.
Hasta el año de 1840 el propio Gobierno se·
opuso resueltamente á la ampliación de la
primera línea férrea inaugurada en el reino
el 30 de Octubre de 1838. Al ser solicitadas•
las concesiones de las tres líneas BerlínLeipzig, Berlín-Anhalt y Berlín-Magdeburgo,
denegáronse de plano porque, al decir de los
técnicos, el tráfico entre dichas ciudades '{
la capital no era bastante á justificar ni una
sola línea. La oposición del Ministerio tuvo
que ser vencida nada menos que por el enLOS ERRORES DEL PASADO
tonces príncipe imperial, más tarde Federico,
Antes de terminar, trataré una cuestión re- Guillermo IV. Evidentemente, aquellos conlegada por mí voluntariamente á estas pos- . sejeros y sus asesores no eran capaces de
trimerías, Es ella la actitud de las autorida- adivinar la edad del vapor, del vehículo au~es militares y científicas de las grandes po- tomotor sobre rieles.
tencias ante el problema de la guerra aérea
Esta carencia de facultades adivinatoriasfutura. Creo, sincer'a mente, que en opinión ha brillado también en otras naciones. El
de esas autoridades todo cuanto digo serán famoso Thiers dijo en Francia á la aparición
imaginaciones de un visionario. Sin duda del primer ferrocarril: «Los parisienses dealguna, los técnicos,militares y administra- bían, en realidad, poseer esa monería. Con
tivos de Alemania y Francia se echarán á todo, creo que el tal juguete no llevará nunreir cuando lean que sus respectivos países ca un solo viajero ni trasportará jamás una.
poseerán dentro de diez años mil barcos de maleta.»
combate aéreos, y dentro de veinte el doble
Y ese es hoy el modo de pensar general
ó el triple de tlicha cifra, Ríanse si así les respecto al dirigible: ¡un juguete que no lleplace. Entre esos técnicos y yo es el tiempo vará nunca viajeros ni equipajes!
quien ha de decidir. Por ahora, me consuelo
El tiempo se encargará, no obstante, de-·
pensando que los técnicos no están dotados convertí:·, lenta, pero seguramente, esa mode doble vista, Cuando se inventó el ferroca- nada en un terrible aparato de destrucción.
rril fueron precisamente los técnicos quie- Y ¡ay del país que se entere demasiado tardenes se opusieron á su adopción en Prusia: de la metamórfosisl
DOCTOR RUDOLF MARTÍN,
Consejero militar del Gobierno alemán,

�LA OPERACIÓN

LA OPERACION
(CUENTO DE NOCHEBUENA)

M UY temprano, apenas apu:aron ~l desayuno , Don Pedro

I · \ Téllez y Mómca, su muJer, salieron á la c1,lle. La mañana, como de Diciembre, era fría y húmeda; los chaparrones de la vispera habían enlodado las calles, y una capa
sulil de barro cubría las aceras; llenaba el vanú del cielo
niebla gris, espesa, compuesta de incontables golitas silenciosas, que mojaban como un aguacero.
Mónica exclamó:
-¡Qué t:empo .. ! ¿Llevas bien abrigada la mano?
--Si.
-Procura resguardarla mucho del aire. Ya sabes lo que el
médico ha dicho.
Caminaban con paso ágil en derechura al hospital, á través del ambiente brumoso. Ella era una mujer gruesa y
bajita, que ya había pasado de la segunda juventud; sus
cabellos grises, casi blancos, peinados simétricamenle se hallaban sobre la amplitud tranquila ele la frente; leve expresión de dolor amargaba las comisuras de una boca que allá,
en años ya lejanos de mocedad, debió de ser bermeja y
!raciosa; sus ojuelos pardos tenían esa expresión humildt
que el matrimonio impone á las mujeres dóci les.
El, Don Pedro Téllez, era nervioso y menudo: la dureza
,;ocrática de sus facciones, el llamear metálico de sus pupilas verdes, la curvatura de la aguileña nariz, el voluntarioso
,Jesarrollo del mento, acusaban el temple ariscado de su
espíritu; bajo el gabancillo azul, con cuello de terciopelo,
todos los ademanes de su cuerpo tenían aquel ritmo suelto y
firme, peculiar á los hombres que no han sentido miedo
nunca. El brazo derecho, que sin duda hallábase aquejado
de al,,aún grave da11o, llevábalo en cabestrillo, y la manga del
Los dus es¡&gt;osos caminaban con paso
ag,l hácia el hospital
gabán que quedó vacía balanceábase tristemente á impulsos
del aire, dando la sensación de algo muerto.
Cuando llegaron al hospital, uno de esos viejos edificios, negruzcos y altivos, que primero
fueron conventos y luego casas de salud, y cuyos muros parecen tras~dar ~lgo de los innúmeros dolores que han encerrado, aún no eran las nueve. El matnmomo atravesaba el
zaguán, de amplitud y sonoridades palatinas.
Un portero les saludó:
-¡_Cómo anda eso, Don Pedro?
-Muy mal: peor que nunca... Esta noche no he podido dormir.
-¡Caramba, hombre!... Pues, ¡si que lo siento!
Metido en su holgachón y sobrado levitón azul, con botones de plata, el portero inspec&lt;)ionaba á su interlocutor con esa expresión, á la vez de desdén y bondad, con que solemos
mirar á las personas que por algún concepto consideramos inferiores y que, sin embargo,
nos son simpáticas.
Don Pedro Téllez agregó jovialmente:
-Esta pícara mano ha resuelto declararse independiente y hay que complacerla... Un
órgano que se enferma es como pueblo vasallo que se rebela: tardeó temprano se proclama
libre.
-,i,Cuándo es la operación?
-Dentro de un rato.
- ¡Ah!

Mónica lanzó un largo suspiro entrecortado, y bajó los ojos. Sus manos blancas, que
los sufrimientos de la vida habían acobardado, cruzáronse en un gesto inconsciente
de súplica.
Téllez continuó:
-¡_Ha venido Don Higinio?
-Todavía no.
-Bien ... Pues hasta luego.
-Hasta luego... ¡Diantre! ¡Y buenos
ánimos! ...
Sus facciones, un instante conmovidas, se
serenaron, y dió media vuelta, indiferente
bajo su traje azul de empleado, con ese estoicismo .filosófico de los hombres familiarizados con el dolor.
Téllez y Móni-ca penetraron en un ámplio
claustro abierto sobre un vasto jardín cuadrangular donde varios árboles elevaban al
cielo ceniciento la desesperación de sus ramas retorcidas y mondas. En el silencio de
la oquedad claustral el aire parecía más frío,
la humedad más intensa. El matrimonio se
detuvo ante una alta puerta que custodiaba
un Yiejecillo de patillas blancas.
-Buenos días, Ramírez.
-Buenos días, Don Pedro.
Continuó paseándose, las manos en los
bolsillos del pantalón y azotando ruidosamente el suelo con sus botas de pafio, para
amortiguar el frío en sus piés ateridos.
-Mala Nochebuena se prepara,-dijo.
Téllez replicó, pensatiyo:
-Muy mala.
Hubo un silencio. El empleado, reparando en el brazo inútil de Don Pedro, interrogó:
-~.Le operan á usted, pur fin?
-Sí.
-;.Cuándo?
-Hoy mismo.
Mónica tornó á suspirar y miró también
aquel brazo inexpresivo, vestido de negro,
trágico en su inmovilidad como un cadáver.
· Acercóse á su marido mimosamente, cubriéndole bajo una mirada amparadora, de
infinita piedad maternal.
-¡Pobre mío,-murmuró- pobre mío!. ..
Eso ... va á dolerte mucho ...
Sus dulces ojos humildes se arrasaron ert
lágrimas, y sus manos piadosas oprimieron
elusivamente la mano izquierda de Don Pedro.
Sacando bríos de flaqueza, Téllez repuso:
-No llores, mujer. La operación, según el
médico, durará poco. Además, ello es cuestión de vida ó muerte: ó yo mato á la mano,
ó la mano me mata á mí.
Calló sombrío y luegó suspiró, interrogándose á sí mismo si tendría alientos para sos-

4.97

tener hasta el fin la comedia de su valor.
Un drama terrible le amenazaba. El era
pin tor paisajista. Pocos meses antes, trabajando en el campo, se clavó una espina entre la yema y la ul'ia de su pulgar derecho.
y el dedo, que casi siempre estaba manchado de pintura, comenzó á hincharse. Aquel la tumefacción iba acompat1ada de latidos.
ténues al principio, fuertes y dolorosos después, que delataban la formación disolvente
del pús. Necesitado como se hallaba de dinero, Don Pedro continuó laborando, sobreponiéndose bravamente al dolor. La ponzol'ia
de los ingredientes químicos de que los colores son compuestos fué_agravando el cariz
de la herida; la sangre regaba mal el pulgar
tumefacto, y bajo la uña formó un coágulo
violáceo y venenoso. De pronto, la enfermedad se desbordó y la hinchazón, contenida
hasta allí en la segunda falanje del dedo, invadió la mano, amenazando extenderse al
antebrazo. En el espacio de pocas horas el
mal dilató bajo la epidermis una sombra negru-zéa, y los dedos se inmovilizaron, tumefacto¡¡, informes, en la descomposición de
toda at¡uella carne que se podría.
Cuando Téllez acudió á la clínica de Don
Higinio, el sabio profesor torció el gesto.
Ante el grupo atento de sus ayudantes, Don
Higinio dió, á propósito de aquella mano
monstruosa, una larga explicación técnica
que el paciente no pudo comprender, pero
que hizo resbalar por su cuerpo el frío• de
las adivinaciones terribles.
Con esa brusquedad que caracteriza la
conversación de los médicos viejos, Don Iliginio preguntó:
-¿Qué profesión tiene usted?
Téller. repuso:
-Soy pintor.
-Pues tendrá usted que cambiar de oficio, porque la mano está gangrenada y hay
que cortarla.
A_la vez, cual comparsas de un coro siniestro, los ayudantes repitieron implacables:
-No hay otro remedio: hay que cortarla.
Como las grandes desgracias llevan, en su
enormidad misma, la virtud sedante &lt;le no
irritarnos, Don Pedro Téllez permaneció impasible y bajó la cabeza, aceptando su destino. Don 1-Iiginio le pulsó, le invitó á que se
desnudase de medio cuerpo arriba y le auscultó el corazón atentamente.
-,i_Es usted cardíaco, verdad?
-Si, señor.
-En tal caso, no podemos cloroformizarle: el cloroformo es fatal para el corazón.
-¿Entónces?...
Brevemente, Don lliginio expuso su opinión. La situación era mur peligrosa y el pa-

�498

POR ESOS ~1U.\'DOS

cienle tenía que optar por una ele
,r- - · - - - - - : ¡ff .....:,~
estas tres resoluciones: ó no se ,
f.
amputaba la mano, lo cual equivalía á girar contra la muerte una
letra á t res ó cualro meses focha;
'·
ó tornaba el cloroformo, con lo c¡ue,
si bien se ahorraba el sufrimiento
de la operación, se exponía á morir
en ella; ó, finalmente, arrostraba e 1
dolor en el pleno uso de sus sentidos, á fuerza de sangre fría y de
heroísmo.
-Ahora,- concluyó Don
IIiginio-usled resolverá.
Lentamente , con aquella
voz fría y profunda con que
los mártires se negaban á retractarse de sus ideas ante
la hoguera, Don Pedro Téllez repuso:
-Está bien: me dejaré cortar la mano y no lomaré cloroformo. Lo primero, es vivir.
Yagi·egó:
-,;Cuándo será la operación?'
Don Higinio miró el almanaque, reflexionó un momento ...
-Pasado, mañana mártes,
El médico auscultó alcntamenre. á Don Peúru
-dijo-día deNocbebuena...
-Perfectamente.
otros enfermos, ,que conocían de vista al
Aque1los dos días pasaron pronto, mucho matrimonio y que también iban á la consulta.
más pronto de lo que el enfermo-, en su miedo Todos compadecían su . desgracia, y todos
natural al tormeDlo, hubiese querirlo; al eran á prodigarla esas frases vulgares de
al cabo, la hora siniestra llegó, y Don Pedro, consuelo con que los hombres aumentan,
á pesar de su temeraria entereza, meditaba estúpidamente, el dolor de los que sufren.
con pavura oculta en los bisturíes agudos y en
Cerca del grupo compasivo, pasó un ayulas sierras tajantes que lo es¡reraban á cortos dante, que saludó á Don Pedro; luego, pasapasos de allí, en la sala de operaciones. Pero ron otros dos, que también 13aludaron. Todos
la idea «Es necesario vivir» volvía á su áni- iban penetrando en la sala do operaciones.
mo, caliente, confortadora, prestándole va- Después, con aire apresurado, llegó Don Hilor.
ginio. Al verle, l\fónica sintió que sus pierNotándole preocupado, Mónica le intenas temblonas se doblaban, y hubo de aporrogó:
yarse contra la pared. Fiero, magnifico en su
-1.En qué piensas? ¿Qué tienes?
estoicismo, Don Pedro Téllez no se inmutó.
-Nada.
Al pasar, Don Higinio le hizo una seña:
Viéndola llorar, tan débil, tan buena, Don
-Hoy es usted el primero,-dijo.~¿VaP~dro sintió renacer sus energías todas. El mo-$?
dolor de su santa compañera y el deseo de
Sin responder palabra, Téllez le siguió.
abrazar pronto á sus hijos le inspiraron tran- . Sostenida por varias mujeres , Mónica,
quilidad· sobrehumana: por evitar que si,; muy pálida, los ojos desmesuradamente
pobre Mónica derramase una lágrima, el ad- abiertos, se acElrcó á la puer ta de la sala de
mirable Don Pedro hubiese sido cap~z de operaciones. Aproximó13e á la cerradura, y
morirse riendo.
sobre el fondo blanco de las paredes revesti-No llores,--dijo.-Lo que ter1go no es das de mármol vió las negras siluetas de los
miedo; sí impaciencia de regresar á casa: no alumnos, que iban . y venían_. El portero la
quiero que los niños estén alumados.
apartó de allí.
La angustia de Mónica habíl\ atraído á
-Retírese usted, señora ... ¿Cómo quiere

"

499

LA OPEilACiÓ;,.¡

asted ver e3o? Sería un disparate... se pond ría usted mala...
Todos los circunstantes opinaban lo mismo.
-Debía usted haberse quedado en casa,decían.-Pero, ya que ha cometido usted la
locura de venir, sea usted prudente.
Mónica tuvo que ceder y retrocedió algu-"
nos pasos; pero quedóse rígida, el oiclo alerta, procurando
sorprender los , ,,..,
rumores más
leves del drama . Transcurrieron d o s ,
t re s , cuatro
minutos . . . A
cada instante,
la infeliz mll ·
jer preguntaba:
-¿Qué es·r ...
¿Qué sucede?
El portero,
de cuando en
cuando, entreabría los batientes d e la
puer ta un poquito y miraba. Luego, se
volvía hácia el
grupo, a nhelante.
-No -decía-todavía no han empezado.
De p;onto, allá en la sala? vibró un ronquido angustioso, una especie de estertor ele
horrible rabia y sufrimiento. El portero entreabrió la puerta, pero desde_ dentro una
voz furiosa, de inapelable autondad-la voz
de Don Higinio-le obliaó á cerrarla. En los
ojos de todos los del gr;po había la m!~ma
interrogación: «¿Ya?... • El porl~ro mov_10 la
cabeza afirmativamente, y Mómca perdió los
sentidos.
Cerca de una hora estuvo desmayada. Unas
sales y unas compresas de agua fría la ?evolvieron el conocimiento. Cuando abrió los
ojos, vió delante de ella á Don Pedro: esta_ba
lívido, con la lividez de los muertos, los OJOS
hundidos los labios sin color; pero firme, entero y ha~ta un poco enva_necido de su_~i7:a•
rría. Su valor pasmó al mismo ~on lhgmi?·
No fué preciso atarle: la operación la hab1a
resistido en pié, con un patiuelo entre los
dientes.
Al rearesar
á su casa, Don Pedro Téllez
0
almorzó ligeramente y se acostó. Durmió toda
la tarde, sumido en ese sopor profundo que
producen los grandes agotamientos. Despertó
al anochecer. Su vigoroso temperamento y,
más que nada, su decidida voluntad demos-

trarse contento, habían reaccionado, y ni si~
quiera lenía fiebre. Junto al lecho, Mónica
vigilaba.
-;_Qué hora es?-preguntó él.
--Poco más de la siete. ¿Cómo te encuentras?
-Muy bien; no me duele nada. ¿Y los niiios?
-En la cocina.
-;.Por qué están tan callados?... ¿Por qué no tocan
las zambombas y los tambores que les compramosayer'!
- ¡Qué ocurrencia! Dormías tan bien ... Los pobrecitos no han querido molestarle ...
-Pues díles
que á papá no
le duele nada,
que papá ya
está bL eno, y
que, de consiguiente , pue-den armar todo el ruido
que gusten ...
Y agregó,
reprimiendo
-Papá, ¿qué tienes? - preguntaron los ni110s
unamueca que
arrancó á su
rostro los dolores de que sentía en mano amputada:
-Además, estoy resuelto á cenar con vosotros. No quiero que conservéis de esta Nochebuena un recuerdo amargo.
Tantos donaires &lt;lijo que la sencilla l\lónica llegó á creer que lodo aquel buen humor era real.
-¡Es imposible,-repctia - es imposible
que haya otro hombre como tú!
Los chiquillos, apenas infol·mados do que
su padre estaba mejor, arremeti~ron á los
almireces v á las zambombas, haciendo corneta del einbudo y de una maleta vieja bullicioso atabal. Con el estrépit0 vibraban los
cristales. 1\íónica traginaba en la cocina; la
sirviente había salido á comprar un poco de
turrón, tarros de frutas en almíbar y otras
chucherías de poco coste y sabroso comer.
Entre tanto , Don Pedro, sentado en un sillón, cerca de la chime~ea, rememoraba la
escena dantesca del hospital: el aspecto blanco de la sala de operaciones, el frío de los
bisturíes que hendieron su carne, la sensación
inexplicable, enloquecedora, que en los huesos le produjeron los dientes voraces de la
sierra; y luego, la impresión que le causó ver
su mano amputada, aque11a mano que fué
su ya y que ·ya no Je· pertenecía, y s u extra0

�500

POi1 ESOS MUNDOS

ñeza al comprender que, antes de la operación, su personalidad era mayor, que terminaba más lejos. Después, al reparar en los
cuadros á medio concluir que yacían diseminados, aquí y allá, por la habitación, y su
paleta y sus pinceles que ya de nada le servirían, sufrió unos enormes, irrefrenables deseos de lloi-ar: que para congojas tan extremas nos dió la Naturaleza las lágrimas. Sin
embargo, era prudente contenerse, no interrumpir con un acto de debilidad el regocijG
de la buena fiesta familiar.
La cena, aunque improvisada, porque Mónica nu~ca previó que aquella trágica jornada tuviese tan amable desenlace fué aaradable. Los niños se despicaban charlando y
riendo; el mayorcito derramó una botella de
vino, y todos acudieron á mojarse los dedos
en él asegurando que esto significaba dinero
y alegría; una granizada estruendosa de
aplausos saludó la llegada del primer postre.
Don Pedro Téllez, entre tanto, iba abismándose en sus meditaciones. Paulatinamente, su
probado valor flaqueaba. A cada rato, viendo
la loca ufanía de sus hijos, se preguntaba:
«¿Qu~ será de vosotros?» Y luego, cuando
sus OJOS se detenían, llenos de piedad, en la
cabeza, casi blanca, de Mónica, redoblábase
la angustia que la pérdida de su mano le
producía. Era un sentimiento algo fetiquista.
&lt; Cabellos mios, cabe! los amados,-pensaba-

Ilustraciones de A. Galia,·to.

la mano que os acarició tanto ya no volverá
a jugar con vosotros...»
•
Y sus deseos de llorar crecían.
De pronto, uno de los niños gritó:
-¡Dáme agua, papá!
Inconscientemente, cumpliendo la costumbre de hacerlo todo con la mano derecha
Don Pedro sacó del cabestrillo su brazo, s~
pobre brazo torpe y ridículo; y la inutilidad
de aquel movimiento fué como el símbolo de
la futura vacuidad de su vida. Vióse miserable, desarmado ante la adversidad, separado
para siempre de aquella mano que durante
tantos años había ganado el pan de todos. Y
su coraje, como humano, finito, se desplomó,
y sus lágrimas corrieron á raudales copiosos.
Al rededor de la mesa prodújose instantánea_mente un grave silencio; sus hijos y su
muJer rodearon á Don Pedro.
-Papa... ¿qué tienes?... ¡Papá, papá! ...
Y Mónica:
-Pedro ... ¿qué es eso? ¿Qué te sucede?
El, claudicante bajo su dolor, ya no trataba de fingir.
-Lloro por mi mano muerta,-decía.Era la mano que os acariciaba, la mano que
os vestía, que ganaba el pan que ahora estáis
llevándoos á la boca. Ella nos custodió este
año ... Pero en el año que pronto empieza,
¿,quién nos defenderá?... ¡Oh!... ¡Y que lla men Nochebuena a una noche así! ...
EDUARDO

!liños y niñas de la Escuela pública de Sompting, pintando pájaros, flores y frutas copiados del natural

LA NATURALEZA Y LA ESCUELA

EL ARTE DE EDUCAR Á LA INFANCIA

ZAMACOIS

M E será permitido tratar de la educación

1

l · \ de la infancia no usando los tópicos
vulgares? Mejor dicho: ¿me consen Li rás, 1ector
querido, exponer la forma como educo yo á
los niños y niñas que asisten a mi escuela,
la Escuela pública de Sompting, en el Condado de Sussex?
Para ello te invito a que visiles conmigv
la referida Escuela: no cabe duda que experimentarás una agradable impresión. Los
muros de sus limpias aulas aparecerán á tus
ojos decorados generosamente con cuadritos
al pastel represPntando flores y frutas. Aquellas modestas obras de arte producto son, no
del pincel de un profesional, sino de los pequeños escolares, en su mayoría hijos de
rudos hortelanos y de no menos rudos campesinos.
¿Por qué los instruyo de esta manera?
Porque creo firmemente que el ún ico modo
de educar es cultivar la inteligencia por medio de las artes y la literatura. Así es como
han ido civilizandose los pueblos salvajes, y
así hay que educar al niño.
Ningún libro prepara mejor el intelecto,

cuando este ha de explorar los campos de la
literatura, que el gran libro abierto de la
Naturaleza. Por eso mismo be convertido en
libro de texto á la Naturaleza siempre que
entre ella y lo que debían estudiar mis discípulos existía la debida correlación. Entonces, observé muchas cosas provechosísimc1s;
por ejemplo, la siguiente: todo jardín de
recreo escolar y todo lugar campestre proporcionan elementos aprovechables para la
enseñanza de la escritura, la lectura, la aritmética, el dibujo, la pintura, el recitado, la
composición, el canto y la gramatica.
En una de esas ocasiones fué cuando surgió en mi la idea de instaurar el juego histórico. Yo tenía adquirida la convicción de lo
difícil que resulta asociar en la mente infantil los hechos históricos empleando los
métodos mnemotécnicos ordinarios, en cuanto esos métodos carecen del interes prestado á otras materias por la Naturaleza. Y recordaba asimismo que un niño aprende y
retiene mucho mejor viendo las cosas y
practicándolas, que teorizando sobre ellas.
De ahí el valor educativo de los juegos dejar-

�502

POR ESOS MUXDOS

din. Ciertamente, el lenguaje es Yebículo del
pensamiento, como lo es también la expresión fisionómica. Pero todo aquel que haya
visto una escuela elemental no podrá menos de convenir en la ineficacia psicológica
del diálogo entablado generalmente entre el
maestro y las filas de pequefios autómatas
bajo su férula. Durante horas y más horas.
el escolar permanece clavado en su banco,
limitándose á contestar las preguntas formuladas por el profesor; preguntas que, necesariaipente: limitan el campo de la respuesta. Sm duda, Carlyle debió evocar ese cuadro én su imaginación cuando escribía: «No
puede servir de contentamiento á ningún
niño actuar durante muchas horas de cubeta
donde se arroja el agua á fuerza de bÓmba,
por muy elocuentes que sean los raudales
oratorios que sobre él desciendan,.
Ni dejaba de sorprender:ne el hecho, bien
significativo, de que para apreciar plenamente hasta dónde habían sido comprendidas y
apreciadas por mis discípulos las bellezas
naturales, literarias y artísticas, tenía que
obligarles á departir libremente conmigo
abandonando todo interrogatorio escolástico.
Claro es que cuando procedía de esa suerte
chocaba de un modo abierto con las rutinas
tradicionales, con ese envejecido precepto
docente según el cual es gravísima falta
conversar en la escuela.
Decidíme, pues, á ser revolucionario, ya
que era cosa indispensable de todo punto.
Para ello, comenzaba por enseñar á los niños á ver lo que les rodeaba en el mundo de

¡,¡¡ña, 7 nlil~l do la Escuela de Somptin~

1.

Parterre de Dores construido por colegiales de Sompling

la Naturaleza, y luego les invitaba á explicarme lo por ellos visto . Tnmediatamente, mi misión estribaba en hacerles buscar,
mediante buenos ejemplos de literatura y
nuevo vocabulario, confirmaciones, ó mejor
dicho, c,·istalizaciones de las ideas concebidas acerca de Jos objetos. Lo último de mi
plan consistía en plantearles el «por qué, razonador, abandonando á sus ti ernas inteligencias el vislumbrar «esa divina luz que
jamás brilló sobre la tierra ó sobre las mesas,, porque está oculta en los cerebros.
Claro es que semejante clase de educación
absorbería todo e1 tiempo hábil disponible en
las escuelas primarias, y se
opondríaen parte á la instrucción té en i ca
]Jreconizada ardientemente por
los mantenedores de la llamad a «educación
práctica».
No una vez,
sino varias, he
oído decir á los
maestros: « Su
sistema es poético y bello, pero no es práctico: ¿sabrían, por
acaso, sus discíp u I os ajustar
cuentas con
exactitud ó hacercalcetines de
duran le ta hora de rccreJ
punto?,

�•

EL ARTB DE EDUCARÁ LA INFANCIA

505

E&gt;icumtro del Delfín y de Enrique V en la b11talla de Agincourt-Cuadro histórico desempeñado por

los discípulos de Mis, Johnson

Ejecució&gt;i de traidores.-Cuadro historico de los tiempos de Enrique v
d r
.
los niños que asisten á la Escuela de Somptf!J e ng1aterra, e¡ecutado por

Carlos 1 de Inglaterra /ietpidié11dose de sus 1i9os.-:Cuadro histórico interpretado por 10,¡ colegiale

de ::;omptrng

s

sus facultades, proporcionándoles simultáneamente lo que Dios y la Naturaleza quieren que tengan: una niñez feliz y sin trabas.
Sin duda, algunos de nosotros habremos
disfrutado esa niñez. ¿Por qué, pues, hemos
de negársela á otros·~ Nuestras escuelas no
deben ser viveros eléctricos destinados á
producir monstruosidades. En verdad sea dicho, nosotros los adultos trabajamos y aprendemos mucho mejor cuando estamos contentos, cuando estamos satisfechos. Y es que
la humanidad suspira por ser feliz.
He ahí la razón en que me fundo para decir: déjese á los niños durante las horas de
recreo ejercitarse, interesarse y divertirse en
beneficio de la ipstrucción; no se haga demasiado hincapié sobre el aspecto utilitario
y material del asunto, por más que d hecho
de preparar al hombre para ganar dinero
sea uno de los fines de la educación.
Ya sé que los paseos escolares y los pasatiempos históricos no echarán las semillas de
un Rockefeller; pero un escolar no dejará de
ser hombre de negocios porque haya sido
antes una persona instruída.
Conocidísima es la figura del maestro de
escuela que prepara sus explicaciones la noche antes, proporcionándose quebraderos de
cabeza y llenando cuartillas de notas y cifras, siempre sobre esta base: «Mañana les
diré esto, lo otro y lo de más allá, y ellos me
contestarán tal y tal cosa.,
Luego, al llegar el momento de la clase, el
maestro y las notas van pór buen camino,
en tanto que los discípulos dan, como sueie
d~irse, una en el clavo y ciento en la herrad ra: la proporción de las respuestas en barro nía con las ideas preconcebidas por el
profesor es, en verdad, insignificante.
Revolucionemos, pues, sistemas tan absurdos, y digamos: el niño es quien debe

preparar las lecciones; actuando de oyente
el maestro, que debe r corrigiendo y explicando lo que estime inexacto.

Y ahora, voy á revelar al lector cómo y
de qué modo convertíme en revolucionaria.
Siendo yo aún niña hallábame sometida á
dos sistemas educativos: el ortodoxo, y el
que ahora me atrevo á calificar de revolucionario y que llevo practicando con mis
alumnos desde hace diez años.
Ya he expuesto al comienzo de estas líneas la forma en que se relacionan en mi
escuela todas las enseñanzas con el estudio
de la Naturaleza. Una vez demostrada la eficacia del método, iutenté completarlo con el
factor dramático, poderoso auxiliar para la
mejor comprensión de la buena Literatura,
de la Historia y de la Geografía. Al proceder
así, me fundaba en que mientras babia olvidado completamente toda la Historia aprendida en la escuela, conservaba precisos y vividos los recuerdos históricos relacionados
con mis juegos de la niñez, de aquella época feliz en que los alumnos hacíamos comedias en el jardín de la escuela, representando á la buena de Dios tragedias de Shakespeare.
Teniendo esto presente, elegí un día lluvioso para llevar á cabo mi experiencia. Estábamos leyendo á la razón Ivcinhoe, considerándolo como una introducción al estudio,
del reinado de Ricardo I.
Al llegar la hora del recreo, dije á los discípulos de mi clase:
-No hay que pensar en paseos, mientras
continúe la lluvia. Os propongo representar

lvanhoe.
El entusiasmo con que fué acogida mi pro-

�-006

POR ESOS MUNDOS

posición fué ya una garantía de éxito. Uno
de los clijcuelos se comprometió á actuar
de Pray T-uck, escondiéndose incontinenti
bajo el pupitre, que quedó así convertido en
celda de ermitaño. Otro niño se atribuyó el
papel de Caballero Negro, encaperuzándose
con la camiseta de punto á guisa de yelmo y
cota de malla. Un tercero, más modesto de
aspiraciones, se dió por satisfecho actuando
,de corcel de batalla.
Acometimos, pues, la representación del
Ivanhoe, sin ensayo prévio, sin transcribir
los papeles y aún sin sujetarnos extrictamente á la obra. Pero no nos importaba: el
,e,,piritu del libro estaba allí en toda su integridad. Cada uno de nosotros se sentía vivir
,en la edad de Ricardo Corazón de León
y ante cada unode nosotros surgía, absorbente, aquel drama medioeval y tétrico.
. Fué lo que me decidió á revolucionar el
sistema. Des~e entonces, vengo practicando
el mío. Estas recreaciones histórico-dramáticas constituyen el encanto de mis educandos. En ellas, cada uno debe inventar y preparar su papel, con lo que aprenden insensiblemente sus lecciones de Historia al mismo
tiempo que satisfacen su interés.
Nuestra primera representación dramática
histórica fué el Ricardo Il, no íntegro, naturalmente, sino limitado á sus escenas más
culminantes, entre ellas las relativas á la sedición de Wat Tyler. Los pequeños actores
preparaban sus papeles durante los ratos de
ocio, y como no disponían de la obra original tenían forzosamente que estudiar el reinado de Ricardo II en los libros de Historia·
un estudio hecho con todo detenimiento á fi~
&lt;le no incurrir en anacronismos de palabra ó
&lt;le indumentaria, cuando llegase el momento
de aparecer en escena.
Los niños y niñas á quienes no se había
rep~rtido papel actuaban como figurantes, ó
meJor dicho, como el coro griego, comentan-

do las palabras de los per.sonajes ó supliendo
hecho~ de los que no se prestan á la representación escénica.
~°: esta forma hemos representado numeros1S1mas escenas típicas relacionadas con
los principales reinados que re"istra
de la
0
historia inglesa.
¡Y con qué ~dm~rable resultado! Después
de la~ dramaltzac1_ones de los tiempos de
Enrique V, por eJemplo, todos mis discípulos se hallaban perfectamente enterados
de que dicho monarca habia reclamado la
corona de Francia, como sucesor de Eduardo
III, y en virtud de la ley- sálica. Por el mismo a_meno procedimiento aprendieron otra
multitud de pormenores históricos.
Y_ q~i~n dice Historia, dice Geografía; que
no h~Jtabamos nuestros recreos escénicos á
la primera de. dichas ciencias. Al llegar la
hor~ del pasatiempo geográfico, quedaba convertido un banco en confortable vaoón ó en
rápid_o steamer, y los parterres del jardín en
estac10neil ó en puertos de término. Inmediat~?1ente daba comienzo la escena, reproduc1endose con la posible fidelidad las costumbres y los usos de Jo., diversos países del
mundo.
No hace todavía muchas semanas estudia~ioTs de este modo la visita del capitán Cook
a N~~va Zelanda. La mise en scene fué complel!~1ma: no faltó ni aún la erupción de un
volean
en una montafia
sa"rada
de los mao,
. .
o
ries; cosa que 1mitamos con varios cohetes
enterrados bajo un montón de arena. Mere~? á este_ juego geográfico, se enteraron los
mnos, meJor que leyendo una biblioteca de
toda la historia de Nueva Zelanda, desd¡ la
muerte d~l explora~or Cook hasta la época
actual? desde los t1empos del canibalismo
maon hasta los del teléfono del tel(wrafo v
de los tranvías eléctricos. '
"
'
. ¿Hab;á todavía quien niegue eficacia á mi
sistema?
E~RJQUETA

JOI-INSON

SIGRÜNA LA HERMOSA
LOS AMORES DE UN VIKING

en los remotos días del reir.ado
de Haroldo Gormsson, en Dinamarca.
O
La agreste y bárbara Gotlandia ocultaba una
CURRIÓ

perla: era Sigrüna la Hermosci, hija de un
poderoso bondi, mezcla de prócer y pirata.
Sigrüna tenía dos hermanos, Starkad y
Uelgi, y ambos la reverenciaban hasta el
punto de no consentir que profanase la alba
pureza de sus manos con los rudos quehaceres del hogar, un hogar triste desde la
muerte de Alétha, madre de la espléndida
doncella, y donde imperaba despóticamente Sigrüna, en virtud de su doble cetro de
hembra y de beldad .
!Icimdal, jefe de la familia, yacía postrado,
convaleciendo eternamente de honda herida,
abierta por la flecha de un anglo, en sangrienta correría de los vikings. Habíase clavado el dardo en la cintura del soberbio bondi, dejándole encorvado para siempre, en
actitud de suprema humillación. Todo lo
que podía hacer IJeimdal era arrastrarse penosamente unos cuantos pasos, con la ayuda
de nudoso garrote de encina.
Cuando cumplió Sigrüna los dieciocho
años, asoló aquellas inhospitalarias costas
horrible tormenta. Muchos fueron los barcos
deshechos contra los arrecifes, y muchos los
cadáveres arrojados á la arena por las olas.
Una de las naves alli naufragadas, el FylgjaKonct (Espíritu protector), ~e estrelló á pocas brazas de la casa de Heimdal, llevándose al fondo del océano casi todos sus tripulantes. Entre los contados supervivientes se
halló Halfdan el lvegro1 arroganlísimo islandés, altivo de porte y hermoso d~ rostro.
Los daneses más aventajados de estatura no
le llegaban al robusto cuello, digno de un titán ó de un atlante.
·
En aquellos lejanos días, todo objeto arro-

jado por el niar á las p!ay-as, hombres ó cosas, era propiedad del señor de la tierra. Por
tal razón jurídica, los simples marineros del
Fylgja-Kona. fueron ay untados para labrar
el suelo del cautiverio, dispensándose á
Ilalfclan,quizás á causa de su arrogancia corporal, la alta merced de servir de criado á
los hijos del doliente viking.
Tramcurrió el liempo. Un día, ya cercana
la primavera, habló el islandés de pingüe
rescate cuando floreciesen las violetas. El
viejo guerrero se humanizó y quiso que se
suavizase la dura servidumbre de Halfdan,
admitiéndole en su hogar como liberto, tratándole como un individuo más de la familia.
Era la costumbre del país de Go\landia, cuando el cautivo podía ser redimido.
Sigrüna, virgen de corazón y de cuerpo,
se prendó de Halfdan; mas guardó aquel
amor en el santuario dn su alma, suspiiando
por ser la esposa del gallardo islandés.
Pero el amor, como la luz, no pueden estar mucho tiempo ocultos. Los azules ojos de
Sigrüna fulguraban relámpagos de pasión no
bien se posaban en el cautivo. 1-leimdal lo
advirtió, como lo advirtieron también llelgi
y Starkad. Y los tres hombres celebraron
conciliábulo.
-,;.Quién es este islandés, maestro en seducciones?-dijo Starkad, arrugando el ceño.
-Todo cuanto de él sabemos redúcese á
bien poco. Acaso sea un proscrito, un pária, un ...
Ileimdal extendió la rugosa diestra.
-De cualquiera suerte, Halfdan es bueno
y nos ama. Su noble porte denuncia al caballero ... Mas si fuera un proscrito, un hombre sin fortuna ...
-Pronto hemos de saberlo. Ya apuntan
en los abetos los primeros brotes y Halidan

�508

POR ESOS )!U~ DOS

ha o fr ec ido redimirse
cuando se funda el hielo,
Entre tanto, venerado padre, separa de Sigrüna á
ese extranjero. Vendrá el
tiempo de averiguar si es
ó no digno de nuestra hermana.
Prevaleció I a opinión
del moi:o. Halfdan fu é
enviado lejos,á una alquería tierra adentro, propiedad del anciano bondi.
Era un a sabia precaución. Pero el islandés siguió celebrando entrevistas con su amada. El era
libre y podía encaminar
sus pasos donde le pluguiese; ella era dueiia de
su tiempo y estaba enamorada. De ahí que soliesen coincidir en un rinconcillo de la costa, á orillas de un fjord azul y
profundo, cuyas aguas,
heridas de soslayo por un
sol desfalleciente, reflejaron más de una vez la silueta de los dos amantPs
mirándose al fondo de los
ojos.

*

**
Difundieron las violetas su perfume suavísimo
por los valles de Gotlandia.
llalfda n, ante el conse¡u
Con el alborear d e u n ,·c•unido, retó á Belgi v
dia tibio y fragante, llegó Starkad á mortal com:
bate
Halfdan á l a c a s a de
Heimdal y pidió al viking la mano de Si- me es posible darte mi hija hasta saber
grüna la Hermosa.
quién eres.
El anciano llamó á sus dos hijos para oir
Halfdan se mordió los lábios hasta sansu parecer. Dada la importancia del asunto, grarlos, y, sin darse por vencido, envió un
no era cosa de resolv&lt;Jrlo de plano. Discutié- m_ensaje á los ancianos y guerreros de la
ronlo, pues, despaciosamente. Al separarse
tnbu,_ convocán?olos á consejo en el templo.
tornó el viking donde esperaba Halfdan
Reumdas la sabiduría y la fuerza, oyeron de
le habló así:
'
boca de IJalfdan, con la historia de sus amo-De buen grado te llamara mi hijo si mi res, s~ afirmación de ser hijo de Kraki , jefe
conciencia no me impidiese hacerlo. Hasta de Re1kvald y hombre famoso entre los faahora no tengo prueba alguna de que seas mosos por la fu erza de su brar.o y el temverdaderamente el hijo de Kraki de Islandia
ple acerino de su alma. Muchos de los conni nadie te conoce en este país. Por tu as~ gregados le habían conocido en sus naveaapecto pa_reces de buena estirpe, y en ver- ciones al extremo septentrión ó sabían" de
d~d te digo c¡.ue tus _maneras son dignas del oídas sus hazañas . •
'
b1Jo de Kraki de Re1kvald. Hablas como un
_Pero, ¿diría verdad el cautivo islandés?
libro, puedes escribir lo que piensas y can- Ninguno de los presentes se sentía capaz de
tar nuestras sagas (canciones heróicas de asegurarlo . Era necesario suspender toda
10s pueblos escandinavos). Sin embargo, no resolución hasta que Halfdan aportase la

y

SJGRÜ.NA LA IIER:\lOSA

prueba de sus decires. Entre tanto, la tribu
le tendría por impostor y le relegaría á la
soledad del pária.
Halfdan, la respiración agitada y el rostro
de color de púrpura, avanzó al centro de la
sala donde se celebraba el consejo, y levantando la diestra retó á los hermanos Helgi y
Starkad ít mortal holmganga (juicio de
Dios). (;orno era costumbre del país no demorar tales combates, allí mismo quedaron
convenidos el día y la hora donde habría de
verificarse el encuentro.
A la salida del valle fronterizo entre los
dominios de Heimdal y los del viking Torkettel, abríase en dos anchos brazos el río
Rut, separado violentamente por una isleta
cari desnuda de árboles, estrechísima y lúgubre. Allí se verificaban siempre los holmganga cuando transcurría la época de las
inundaciones y tornaba á surgir de las aguas
aquel pedaio de roca empapada en sangre
de cien valientes. Cuando iba á celebrarse el
combate, extendían los maestros de liza la
capa de un guerrero sobre el verde césped.
Era el espacio asignado á •los duelistas. A
· cada extremo de la capa clavaban una larga
pértiga señalando los límites del palenque.
Nada más severo que las r e g I as del
holmganga. Poner un pié fuera de la linea
del hoslttr, ó pértiga ]imitadora, significaba
el vencimiento de quien lo hacía. Si en vez
de ún pié eran los dos, timíase por fugitivo
al combatiente, proclamándose á los cuatro
vientos con la humillación de la derrota la
afrenta de la cobardía. El adversario herido
é inútil para continuar la lucha quedaba á
merced de su antagonista, pudiendo, no obstante, comprarse la vida mediante la suma
de seis marcos de oro, cantidad nada exigua
en aquellos tiempos. Este rescate del vivir
no sianificaba vilipendio alguno para el que
lo utilizaba. Antes por el contrario, diputábasele como caballero sin tacha, espejo de
paladines valerosos.

509

sus próximos deudos, de sus amigos y de
sus esclavos predilectos.
Cerraba la comitiva el retador Halfdan,
soberbio de actitud y de gesto. Llevaba al
viento los ensortijados cabellos é iba descalzo, como sus adversarios, ceñida al atlético busto la túnica blanca y corta del hombre
de armas. Cubría la túnica espesa brynja
(cota de malla), no más larga que la rodilla,
prestada á Halfdan caballerescamente por
uno de los hermanos retados. Análoga vestimenta ostentaban Helgi y Starkad, cuyas
cabezas cubrían los férreos yelmos de batalla.
Las armas para el duelo eran la espada
ancha y corta de dos filos, y la adarga de
cuero bárbaramente incrustada de bronce.
En su calidad de retador, correspondióle
á Halfdan pisar antes que nadie el suelo
de la isla. Las fornidas piernas del guerrero
hacían saltar en el aire millares de cristalinas gotas cuando vadeaban la fría corriente
del Rut, sobre la que flotal-ian aún finas agujas de hielo arrancadas de las nevadas montañas por las impetuosas torrenteras. Al hollar la tierra firme, Halfdan 1:-~só con místico
arrobamiento la empuñadura de su espada.
Luego reposó la mirada en Sigrüna la Her-

mosa.

IIelgi atravesó el río á seguidas de su antagonista, y fué á arrodillarse ante la apesarada doncella por quien iba á pelear y quizás
á morir. Las mejillas rosadas de Sigrüna
habían perdido sus arreboles ante el temor
de la posible tragedia ensangrentadora de
sus primeros amores.
Cuando vió la mirada de Halfdan, muda
salutación y acaso postrera rlespedida, se
sintió desfallecer. Seguramente, hubiese caído á tierra de no encontrarse reclinada sobre un montoncillo de rocas cubie;to por
ancha piel de antílope.
Hubo un silencio profundo: el silencio de
las grandes espectaeiones dramáticas. Luego, una señal y un ondear agitado de la multitud. Los combatientes ocuparon sus puestos en el centro de la isleta. Halfdan, situaLa m&lt;tñana en que debía celebrarse el do frente á Helgi, parecía gigantesco, con
holmgcmga de Halfdan ago lpábase á ambas superar el hermano de Sigrüna la estatura
orillas del río la entera población de aquellos media de sus compatriotas. Inmóvil é impaluaares. No había pecho mujeril que no pal- sible, esperaba el gallardo islandés la mortal
pitase aceleradamente, ni corazón masculino acometida, sin apartar un punto la vista del
formidable adversario.
que no latiese, impetuoso, ante las conseTras de brevísima pausa, dió Halfdan un
cuencias posibles del duelo:uno ó quizás dos
hombres muertos por el amor de Sigrüna la salto y blandiendo el acPro lo dejó caer pesadamente sobre el cráneo cie Helgi. Pero ésHermosa.
De la compacta multitud se elevó un ru- te, poniéndose con rapidez á la defensiva,
mor prolongado. Heimdal avanzaba con len- protegióse la caber.a . con el escudo, uno de
titud apoyándose en su· grueso garrote de cu yos extremos, arrancado por el feroz manenci~a. Detrás, Helgi y Starkad, seguidos de doble, fué á parar al agua.

�SIGRÜNA LA IIEmlOSA

Halídan levantó briosamente su espada sobre Helgi, dándole un golpe d~cisivo

Helgi vaciló sobre sus plantas. Reponiéndose pronto, contestó al ataque. Entónces
vióse al islandés poner en juego todos los
recursos de su maestría admirable. La centelleante espada multiplicábase en aquellas
manos robuslísimas, descargando golpe tras
golpe, que en vano procuraba esquivar el
otro duelista. Una de las estocadas, más ce1·tera, penetró entre las mallas resguardadoras
del hombro de Jielgi. La sangre comenzó á
correr en·ab11ndancia,embadurnando la diestra del herido y haciendo resbaladizo el pomo de la b:en templada so:&gt;x.
_ Aún con aquella desventaja, siguió luchando el danés, bravamente. Sigrüna con~emplaba el combate, retratándose en sus
azules ojos intenso terror.
La pelea no llevaba trazas de acabar. Ya
habían dado los dos hombres varias vueltas
completas al holme, sin inferirse un golpe
decisivo. De improviso,comenzó á cejar llalfdan ant~ las furiosas acometidas. Un paso
más y hubiese caído al río.
Por fortuna para él, lo advirtió á tiempo,
y recogiéndose sobre sí mismo procuró
ofrecer el menor blanco posible á la espada
del contrario. Pero un descuido ó un desfallecimiento le hizo descubrirse, y Helgi, rápido como el rayo, se tendió á fondo, dándole un tajo en el muslo.
La muchedumbre, encandilada por la vista de la sangte, aullaba y aplauclía el triunfo del danés, ya indiscutible á todas luces.
Luego, al advertir que Ilalfdan ni siquiera
parecía haberse enterado de su herida, no
obstante ir dejando largo reguero rojo, fueron apagándose las exclamaciones de entu siasmo. Entónces,súrgió un prolongado murmullo de asombro: llalfdan, no solo no se
daba por vencido, sino que, tomand'J nuevus
energías de aquella sangre que se le escapaba á borbotones, tornó á su briosa acometida primera.
Dos minutos más tarde atrave~aba la espada del islandés la adarga enemiga, ca~i
cortando á cercén el brazo ir.quierdo de Helgi. Oyóse un alarido ele dolor. El danés retrocedió, y perdiendo pié cayó de cabeza
sobre las turbulentas y frígidas aguas del
Rul. Fué un clamor inmenso, un grito múltiple de sorpresa y de decepción. 1El islandés
había vencido!
Sin perder un segundo, in~rorl.újose Halfdan en el río·y levantó su acero triunfador
y sangriento sobre el cuello del caído, al
mismo tiempo que le exigía la tradicional
holmlansH (rescate de la vida en metálico)
Helgi debía pagarla, según las leyes de la
holmganga. Habiendo franqueado los límites del campo y perdido el arma en su caí-

511

da, hallábase á toda merced del adversario.
-¡Holmlansu!. .. ¡IIolmlansu!--gritó, ciego
de ira, Halfdan al observar que el danés rehuía la confesión de su derrota.
Fueron unos momentos trágicos, interrumpidos por un gesto del viejo lleimdal: el
altivo viking alzó la mano. Era su aquiescencia á la holmlansu.
Sigrüna, pálida y temblorosa, se arrancó
de los blondos cabellos sus ornamentos de
plata y quiso arrojarlos á las plantas del
vencedor, como precio del rescate . Pero
lleimdal la tranquilizó con un gesto: él era
rico y podría satisfacer la codicia del i!'!andés, aun cuando excediere de los seis marcos de oro_exigibles por las leyes de la holmganga.

J\[ientras tanto, ,un grupo de guerreros curaba l!i ancha herida de llalfdan, y le &lt;laba á
beber la hidromiel reconfortadora. Habían
despojado al luchador del férreo casco, de la
pesada cota y de la blanca túnica, sumergiéndole luego en las medio helada corriente, donde dos forzudos ganapanes, empuñando sendas almohadillas de cerda, le propinaban vigorosas fricciones en las piernas.
Ilalfdan lardó poco en reponerse de su fatiga y en notificará los jueces de campo su
decisión de entrar de nuevo en el palenque.
El maltrecho Helgi había sido tran!'\porla~
do al hogar de su padre, mientras Starkad,
espumajean te de rabia, cruzaba el Rut y penetraba en la isla.

Tenia el viejo Heimclal la prerrogativa dedar la señal para el segundo combate. En
tanto que esta llegaba, los dos campeones,
cada uno en su campo respectivo, vociferaban y mordían el borde de sus adargas, si•
guiendo la práctica cluelistica entre los vikings. Gritos y mordiscos alternaban con
amenazador blandir de aceros cual si luchasen contra enemigos invisibles. La bélica.
pantomima, tradicional en el pueblo berserk, se prolongó hasta el mismo instante
de sonar la bocina anunciadora de una nueva li&lt;l.
Situáronse los duelistas frente á frente.
Aquel encuentro iba á ser, sin duda, más
dramático. Starkad, que superaba en estatura
y en vigor á su hermano, había deseado ser
el primero en batirse con 1-Ialfdan; pero tuvo
que desistir de su empeño ante la obstinación mostrada por Helgi en medir ántes sus
armas con el retador.
Brillaba el sol con toda su fuer;:a, haciendo surgir torrentes de chispas diamantinas
de las colas y yelmos. Ambos contendientes-

�512

POR ESOS ~IUNDOS

se buscaban, se perseguían como tigres en
celo, dándose espantosos tajos, á cuyo impulso gigante se les hundían en las carnes
las anillas de sus férreas vestiduras.
Hubo una pausa brevísima. Los dos hombres descansaron anhelantes, apoyándose en
el ancho pomo de las espadas.
-¿No te rindes?-'- preguntó Halfdan al
danés, fieramente.
-;-¿Rendirme?... iNuncal-contestó el hermano de Sigrüna.-Quizás esa rregunta la
uséis vosotros en Islandia. Aquí no conocemos el significado de semejante palabra ...
jVen en mi auxilio, Odin, (una de las divinidades de la mitología escandinava) y aliéntame!. .. En cuanto á ti, Halfdan, cuida de
defenderte!
Starkad lanzó un grito salvaje, arremetiendo con furia insana á su contrario. Crugió el hierro, hundióse un yelmo á la pesadumbre de otro hierro, y el coloso de Islandia cayó sobre sus rodillas, al mismo tiempo
que volaba hácia al río, recta como un dardo,
la rota hoja de la espada esgrimida por Starkad.
Las atónitas miradas del danés se posaron
en el roto acero, ya inútil para el combate.
Era el vencimiento, era el deshonor, impuestos por la fatalidad. Pero aún le restaba al
danés su daga, mil veces puesta á prueba.
Rápido como el pensamiento, cmpuñóla

El anciano Heimdal se in:crpuso cnlre los

febrilmente y se dispuso á repeler los ataques del contrario.
Fué el momento culminante del duelo.
Sigrüna acababa de caer desmayada en lo~
brazos de sus esclavas. Su débil corazón de
mujer habíase rendido á las crueles emocione;; de la jornada. Heimdal, demudado y
tembloroso, llegaba arrastrándose hasta la
orilla del río, y extendiendo los brazos gritaba hasta enronquecer:
-¡Basta, Halfdan!. .. ¡Ténte, noble mancebo! Yo te daré doble holnilansu,, con tal de
que no mates á Starkad, mi primogénito.
El islandés, ciego por el orgullo de la victoria, se aproximó, amenazador y terrible, á
su casi desarmado adversario, sin oir las palabras de Heimdal. Starkad podía darse por
muerto.
-¡Piedad para mi hijo!-repitió el acongojado viking.-¡Respeta mis canas! ¡Acuérdate, sobre todo, de Sigrüna, cu ya mano apeteces!
Y Heimdal se postró de hinojos y se cubrió el rostro con ambas manos, lanzando
un gemido de horror, al ver que la espada
de IIalfdan giraba, relampagueando, en torno de la cabeza del vencido.
Hendió loa aires uu grito inmenso, lanzado
por millares de pechos: Starkad inclinaba la
cabeza sobre el pecho, resignándose al golpe
fatal. Pero, Mmdra, la victoriosa espada de
Halfdan, lejos de segar
el cuello que se le ofrecía, fué á unirse en las
aguas del Rut con el destrozado acero de Starkad. La muchedumbre,
suspensa ante una generosidad desconocida,
'. prorrumpió luego
en clamorosos vítores á Halfdan e 1
noble, á Halfdan el
caballeroso, quien
desdeñando la ventaja ofrecida por el
azar había arrojado
' lejos el arma vencedora.
Starkad ere yó
) que su antagonista
aceptaba la lucha á
daga. Afirmando la
su ya entre sus dedos crispados, preparóse á vender
cara su vida.
Los dos guerreros, jadeantes ysuco111Laticn!cs
dorosos,se contero-

513

POR ESO TE AMO...

,piaban de hilo en hito. De !lus múltiples heridas manaba la sangre á raudales Era el mi~uto decisivo, que aprovechó Heimdal para
rnvocar la paz por última vez.
-¡Ttinte, Halfdan!... ¡Ténle, Starkad!. .. ¡Yo
os lo mando!
Y el anciano vadeó el cenagoso río, seguido por deudos y esclavos, yendo á interponerse entre los combatientes.
-:-Os prohibo continuar,-les dijo autoritar10. -¡Nada de lucha, hijos míos!... Tú,Starkad, te batiste bravamente; tú, !Ialfdan, de-

mostrasle de un modo cumplido la nobleza
de tu sangre: nadie, sino un hombre de alta
estirpe, se habría comportado como acabas
de hacerlo. ¡Abrazáos!
Después, dirigiéndose á los gue rreros y sacerdo tes, añadió:
- Y vosotros, sabed, que doy la mano de
Sigrüna al único digno de ese honor: entrego á Halfdan mi tesoro más precioso. Y al
valiente Starkad m is tierras de Boosiid...
¡Que la paz y la felicidad sean para quiene3
supieron conquistarlas!

E. R. SUFFLING

llustraciones de nr. R. Wonen

POR ESO TE AMO...

•.

r

Yo beso las flores
de pétalos rojos.
Codicio las bocas
que saben á flores.
Tus labios son flores
de pétalos vi'(los
que saben á boca...
.Por eso yo quiero
tus labios
-claveles de sangre-;
por eso yo adoro
tu boca
-camelia de vida-;
por ~so t.e busco:
porque amo con fiebre
los flores intactas
de labios que tieml)lan
y saben á flores.
S EVERO

ESCOR\R

.,

3

�UNOS DÍAS EN ILUESCA

lancólica y que sonríe á la vez denota por
lo menos, un alma en acción. En Huesc~ son
pocos los que sonríen; el gesto, por lo aeneral, es inexpresivo; si algo revela, es iierta
frialdad morbosa del
espíritu; da lacarecteristica de lo que, si
cristalizase en una esculturn, podría llevar
al pié este letrero: Lct

\'isla panorámica de Iluesca

UNOS DIAS EN HUESCA
(IMPRESIONES DE UN EX-GOBERNAD OR)

no tengo condiciones para gobernador. Dio;
como Schopenhauer, diciendo de ella no permitirá que vuelva á sedo. Tal vez yo
que «oscila, á manera de péndulo, entre el sirva para victima; tal vez lo sea ahora que
dolor y el fastidio», tenemc&lt;s la ventaja de disfruto de libertad ab5oluta; pero avenirse
que aquello que no; emociona agradable- á ello cuando se tiene en la diestra un basmente se nos hace inolvidable: 1tan raras so:1 tón de los llamados «de mando,, es avenire11 nuestro espíritu las sacudidas gratas! Por se con la más irónica de las ironías. Y aunlo mismo, deseo fijar en unas cuantas cuar- que admiro á los reincidentes en la abnegatillas el recuerdo de los días que he pasado ción, no me siento-¡la verdad!-con arresen Huesca, á mediados de Septiembre de tos para mirarme con el espejo de esos h(•este año, durante los cuales me he desquita- roes del soporte.
En lluesca, d3cía, sufri mucho: ,;,qué mudo de los diez meses de tedio que pasé en
dicha ciudad mientras fui gobernarlor. Per- cho que ame á lluesca cc-11 tod3. mi alma'I Y
tenezco á ese órden de sadistas espirituales miro á los oscense3 con cariño fraternal,
que aman lo que les produce sufrimiento: ¡y mayormente á los que, sin darse cuenta, se
yo he sufrido mucho en el duro regazo de la embriagan con el zumo de una vida exenta
vieja Osca, ya contrastando lo prosáico del de emociones. Nada tan interesante para el
oficio de gobernador con el ansia de ideali- psicólogo como la observación de la sonrisa:
7,ar la realidad, ya pensando en lo imposi- la sonrisa tiene algo de enigmática, de misble de lo posible y en lo posible de lo im po- teriosa; suele ir asociada á cierta germinasible ... Me dolían á veces lo3 pensamientos, ción sentimental, cuando no á una labor
v me dolían más cuando consideraba que no imaginativa en que se acarician ideas conp:idía decirlos. Declaro ingenuamente que trapuestas. Una fisonomía con expresión me-

os que juzgamos la viua próximamente

L

515

fluye en el gesto de los primos: la política
en 1[u esca no es verdadera pasión; es práctica consuetudinaria: el cultivo del voto e:1
la ciudad viene á ser lo que el cultivo de
la lechuga en el huer\t?; y _la Indiferencia
sunbóhca vota á Juan
ó vota á Pedro sin modificar el gesto.
Yo había dejado en
huliferencia, resigHuesca _algunos aminaélct.
gos con quienes me
-¿Tiene usted nounen vínculos de muvia? - - le pregunté á
tua simpath. Y yo decierto jóven.
seaba, á la vuelta de
- ¿Para qué? ¡No
Panticosa, recalar en
he de casarme!
lluesca, para experi- Todo seria que
mentar el placer- ¡y
se enamorase usted ...
qué placer!-de reco-¡Bien!... Hoy sólo
rrer sus calles de simlos tontos se enamople particular. A la esran ... y se casan.
tación acudieron á re-;,Conoce usted las
cibirme muchos más
poesías de Espronde los que yo podía
Don Agcstin \'iriuales
ceda?
tmaginarme . E I pri-No.
mero que me tendió
-;, Y la ley electoral?
los bra;i;os fué el popularísimo diputado pro-¡Naturalmente!
vin&lt;'ial Don Agustín Viñuales, aragonés por
Interrogué luego á una señora caduca:
la cuna, por la sangre, por el carácter y por
-Allá en los tiempos de su juventud, corazón. Sólo son verdaderamente popula¿eran los hombres como son ahora?
res los hombres bondadoso8, los que carecen
-¡Buena diferencia va!. ..
de hiel, los que se resisten á causar daño á
sabiendas. Cierto que ha habido caudillos
*
de la milicia, muy hepáticos, que han goza*
*
Yo había dejado en Huesca algunos ami- do de gran popularidad; pero efimera, y,
gos, á manera de padesde luego, hija de
rientes espirituales, no
una exaltación meraami;ios según se enmente cerebral : más
tiende allí esta palase les admiraba que se
bra: en Huesca decir
1es quería. A D o n
«amigo» es decir soliAgustín Viñuales poclm·(o del voto . Son
:1 r á haber quien no
amigos los que comulle quiera, pero no hay
gan con iguales papeq u i e n le odie. S1t
letas ante la urna elecfranqueza, siempre
t o r a 1, así e l u n o
ingem:a; su jovialidad,
milite en las filas del
personalísima; su mocarlismo y el otro en
do de ser, esencialel campo republicano;
mente democrático; su
en cambio, no lo son
misma desahogada po1 o s primos carnales
sición, son partes que
que han sido convicon tribu yen á. hacerle
vientes durante la niun hombre de todos
ñez y la juventud si L
J y para todos, que le
en día de elecciones
definen diciendo: «Es
Don Leandro P érez
no votan por el mismo
un gran corazón», acacandidato: esos primos
. .
so porque no hay nocarnales no se hablan, n_i siquiera se salu- ticia de que deteste á nadie y la hay á cada
d~n. Pero este rasgo de aspereza sui géne- paso de que prodiga el afecto con desinteris en las costumbres político-sociales no inrés plausible.-En las últim~s elecciones ve-

�516

UNOS DÍAS EN HUESCA

POR ESOS l\lUNDOS

rificadas en Huesca obtuvo el primer lugar, premio de honor. Si esta distinguida senor1ta quisiera algún día hacer de sus conocimerecidisimo ciertamente.
Faltóme tiempo para ir á aquellas conta- mientos un modus vi,vendi, á fé que ganaría
das casas por mi frecuentadas cuando fuí dinero. Estas jóvenes que por puro deleite
gobernador. Y como si las personas visita- espiritual adquieren títulos artislicos, litedas hubieran obedecido á una consigna, to- rarios ó cienlíficos, son acreedores á toda
das ellas me decían exactamente lo mismo: suerte de alabanzas. Maria de ~fola no ceja
- Tieue usted otro semblante. ¿Qué ha !le- en su deseo de perfeccionarse en el piano,
cho usted con aquel tedio que nunca le aban- del que ha hecho una devoción, v cvnlinúa
estudiándolo, en la actualidad coñ el notable
donaba?
¡irofeso~ D9n Vicente Costa y Nogueras, que
A lo que yo respondía:
perfeccionó su maestría en Alemania con el
-Lo enterré con el bastón de mando.
La misma noche del dia de mi llegada fui porte~toso Lislz. La visión de e3ta aventajaobsequiado con una velada musical en la da arhsta es de las qu1, perduran no sólo
distinsuntuosa casa de Don Leandro Pérez, im- por su singular belleza, sino por
ción de sus actitudes
presor, librero, edilor,
cuando baila, y más
teniente alcalde y,
que nada por la idealiantes que lodo esto,
dad que irradian sus
ar lis la delicadísimo;
ojos idílicos y su son-podrá no asistir á una
risa poética.
sesión del AyuntaY cantó Carmen Cosmiento, pasarse un día
culluela, acompañada
sin recorrer s u s taal piano por el dueño
lleres y oficinas ; l o
de la casa. He aquí
que no puede hacer es
otra seiiorita encantaacostarse sin haber todora. Su voz, de timbre
cado al piano una de
dulcísimo, diríase que
1 as muchas grandes
emociona más aún al
obras que sabe de meser emitida por quien
moria y estudiar algo
semeja una escultura
de las recién llegadas
animad a. Su figura
de Milán. Siente verprincipesca y grácil
dadera pasión por la
parece que ha servido
música, y este sentide modelo para ilustrar
miento ha logrado
esas publicaciones de
inculcarlo en su famimodas donde los tipos
lia. Y su casa no es lo
son á manera de enque tantas otras,más ó
,ueños del que los ha
menos bien puestas;
dibujado. Alta, delgatienealgv de santuario
da, de líneas de sordonde se rinde homeprendente harmonía y
naje al genio, y los
facciones de porcelana
retratos de Gutenberg,
rosada, si alguna muMozart, Echegaray y
Srla. l\laría de l\101a
jer merece que se la
otros, pintados al fresco en las paredes del salón principal, sou llame ,divina•, ninguna con más méritos
uno de los varios testimonios que lo acredi- que é3ta, cuyo semblante es el de una virgen
de Murillo: es una evocación de algo ~elestan.
Lá noche fué grata, muy grata; porqi..e, te. Yo he querido leer al través de su frente
amén del señor Pérez; tocó magistralmente nacarada, que orla un cabello nudoso mu y
María de Mola, gentil catalana, de tránsito en obscuro, el significado de cierta expresión
Huesca con su señor padre, hijo del Alto vaga de melancolía... ¡Qué diecinueve años
Arag6u,·que suele visitar de tiempo en cuan- tan interesantes!... ¡Ah! Pero sobre todo,
do. María de Mola es dos veces artista, por la cuando Carmen canta, y mejor aún que en
educación y por el sentimiento; cuenta ahora . cualquier pieza italiana, en los momentos en
de Ansó. ¡Quién
diecisiete años, y desde los dieciseis posee que canta la dulce Jota _
los títulos de profesora de francés y de pia- sabe si la copla del poeta popular anónimo
no, _ga,nado:s en buena lid 'en los principales que dice, es, en ocasiones, el único medio de
cen-tros de la c.ilta. Barcelona; ha obtenido que. puede valerse para expresar á toda ,¡oz
siempre honrosas calificadones y más de nn lo que piensa y lo que sienw!...

la

517

modelo más digno de imitación que puede
ofrecerse en una ciudad donde añejas preocupaciones diríase que tienen á la juventud
como aletargada en la nieve de la Indiferencia. Jacoba se ha educado en \Iadrid, bajo la
dirección inmediata de las hermanas Magdalena y Carmen Fuentes, ambas escr:toras de
gran meollo y amplísima lectura, pero mas
conocida la primera por sus trabajos pedagógicos y sobre todo por su novela Emprendamos nueva vida, tan celebrada de los
pensadores. Carmen y Magdalena Fuente;:,
años há, pasaron algunos en
la vieja Osca,
donde trataron
con intimidad
familiar á los
señores de Pérez. Magdalena aspiró á
más 11mplios
horizontes , y
en los comie1~zos de su juventud triunfó
de sus anheA la noche
los: ganó en la
siguiente , 1a
oposición una
casa de los seplaza de proñores dePérer.
fesora superior
ofrecía un asnormal, y á
pecto deslumMadridse vino
brante. No bacon su hermabia yo visto en
na. Y Jacobn,
Huesca nada
niña aún, a
parecido. E 11
vivir con ellas,
la salita, doné inspirada por
de está el piaellas á es tuno, además de
:liar-por pu1a señora de
ro deporte-la
la casa, las de
e ar r era del
Mairal, SorriSrta. Carmen Cosculluela
Magisterio, que
bas , Coarasa,
ha hecho efecCosculluela,
Tusó, y algún que otro caballero; en la an- tivamente con brillantes notas. Pero ha estu- '
tesala, un buen golpe de hombres, y en la diado además mucho ajeno á las disciplinr.s
sala la juventud luminosa, un precioso ra- escolares; ha tratado á no pocos literatos,
millete d e lindísimas muchachas: las ya artistas y hombres científicos, y con sn
citadas Carmen Cosculluela y Maria de Mola, cuerpo de niña tiene alma de mujer, pero
y con éstas y las señoritas de la casa (Jaco- de mujer educada é instruida á la europea.
ba y Ascensión Pérez Barón), Patrocinio De su semblante sugestivo irradia una inteLlanas, Manolita é Isabel Quera], Candelaria ligencia superior, iluminada por los resplanNogués, Vicenta García, Clotilde y María Tu- dores de un espíritu esencialmente poético.
só, Pilar Pueyo, Mercedes Palá, y no sé si No suele traer pendientes, ni sabe apenas
alguna otra. A este precioso ramillete servia bailar, signos del feminismo intelectual concomo de centro la hija mayor del editor-ar- temporáneo; pero la luz intensa de sus ojos
tista, Jacoba, interesantísima criatura de hermosísimos proclama que allá dentro hav
dieciocho at'ios, en la que yo veo un sím- un raudal inagotable de bondad exquisit;.
bolo, porque constituye 'por su carácter ex- Tal es la señorita oscense en quien yo veo
pansivo y por su inteligencia poderosa el un símbolo; la que podría infundir bríos

Aunque esa noche-como fiesta improvi.:iada que fué - estuvimos en familia, no
faltó el agasajo: la dueña de la casa, Doiia
Feliciana Barón de Pérez, señora de raro talento (por cierto muy cultivado) y bondad
exquisita, nos obsequió con un te servirlo
con todas las de la ley. Al despedirme, su
marido me Jijo con sencillez netamente aragonesa: ,¿Lo ha pasado usted bien? ¡Pues
mañana lo pasará mejor! Acabo de telegrafiará Pepito Porta, que está en Sariliena, rogándole que en obsequio á usted venga con
el violín • ... Y
yo, camino de
mi casa, del
brazo de Don
Agustín Viñ u al es, iba
pensando:
•Hu e sea se
transforma:
¡ha y reuniones!»

�518

POR ESOS MUNDOS

sociales queden al traste con esas antiguallas ludiar con CÍ&lt;'rta formalidad. A poco, fué á
do f~lso recogimiento que hacen de I-Iuesca, Zaragoza, con su violin, y allí le oyó Don
en CJerlas cosas, una población velusla.
Teodoro Bailo, prestigioso profesor en la caEn esta velada se me ofreció ocasión de pital aragonesa. El violinista grande quedó
conocer y de oir á José Porta, el virtuoso á prend~do del violinista chico. Este tenia enquien están reservados, para fecha muy tonces seis años. El mae,tro Bailo declaró
próxima, triunfos resonantes. Es un niño que poseía excepcionales facultades, y, atenpor la edad y un hombre por el raráctPr. to it Psta declaración, el padre decidió, de
pero sobre lodo por la maesacuerdo con el profesor, que
tría suprema con que toca.
Pepito fuera á Zaragoza, una
Tiene muy escasa. aunque
vez por semana,á tomar lecinteresante, biografía, y una
ción de Bailo. Y así transmuy extensa y compleja p~icurrió una temporada. El nicologia: no ha y en su espí1io Porta, desde el · primer
ritu un solo rasgo vulgar.
momento, llamó poderosaHijo de hijos de la provinmente la atención en la Escia de IIuesca: el padre, mécuela de Música de Zaragodico; la madre, mae;;tra de
za. La prensa local le dedicó
niñas. El padre dió se1'íales
varios artículos. Porta' era,
de artisla desde muy pequesencillamente, un fenómeno.
ño: á los ocho años tocó una
La crítica lo proclamó con
mi,a en el órgano de la iglerara unanimidad. Alentado
sia de San Esteban de Litepor el éxito, el médico señor
ra, y el párroco, entusiasmaPorta, que no podía desatendo, le recompensó con una
der la titular de Saririena,
onza de oro. Toca bien el
decidió que su mujer se traspiano y es c l único que
ladase de asiento á Zaragoza
acompaña á su hijo cuando
con el niño, á fin de qúe éste
éste se halla en Sariñena.
::irla. Jacoba l'éreL liaroi.
estudiara con toda asiduidad,
donde nació el dia 3 de DiLa se1iora de Porta reriunció
ciembre de 1890. También el abuelo paterno la escuela, y, con su hijo, fuese á vivir á
fué músico distinguido; cuéntase de él que Zaragoza. A partir de entonces tuvo Bailo
llegó á tocar treinta y dos instrumentos, si en Porta el mejor de su&lt;i discípulos. Pepe
bien solo en uno descolló, el figle. A José estudió además los cursos de la segunda en:
Po-rta le viene, pues, de raza el sentimiento señanza; en todos ellos ganó la matrícula de
musical, y como si en él se hubieran alam- honor. Durante esta época, ósea de los nuebicado las aptitudes de sus predecesores, ve á los doce años, dió Porta en Zaragoza
el niño violinista ha llegado á rayar á una y otros puntos unos veinte conciertos y
altura extraordinaria: en el Conservatorio de fué premiado siempre con entusiastas &amp;pl~uBruselas (l\1eca de los que estudian el violín) sos.
ha obtenido la más alta calificación; allí se
Seguía en Zaragoza, estudianrJo con ahinle ha consagrado con un premio extraordi- co, dando tal cual concierto, cuando acaeció
nario; ha sido la envidia de todos sus con- la muerte de la madre. Y Pepe se trasladó á
discípulos.
casa de unos parientes. Pero á partir de enContaba Pepito (como familiarmente le tonces el que, en todo, había sido estudiante
llaman los que le tratan desde pequeño) ejemplarísimo, dos veces virtuoso, se echó
cinco años, cuando á su madre se le ocurrió á la banda, como se suele decir, en tales
regalarle un violín de juguete que le costó
términos que el padre se lo llevó á Sariñetres pesetas. Pepe tenía ya nociones de sol- na. ¿Por qué este cambio tan radical? No lo
feo, y como al padre no le era completahe podido saber. He interrogae,;o á Porta inmente desconocido el violín, no tardó el hijo úlilmenle. Pero ciertas insinuaciones mías
en aprender la escala, y después el No me creo que me dieron la clave del misterio:
mates y alguna otra cosilla tan fácil como Porta se enamoró, no sé de quién. No había
vulgar.
cumpli_do los trece años. Y en Sariñena perJ\l cabode unos meses, y con ocasión maneció algunos meses, tocando, sí, pero sin
del día de Reyes, los Magos le trajeron to- maestro, cuando más fa] ta le hacía.
do un violín de cinco duros, regalo del paEra grande lástima segar en flor una vida
dre, que barruntaba que su hijo tenía con- artística que se había desarrollado tan lozadiciones para tocar bien este instrumento; y namente, que había sido bendecida por el
en ese violín de cinco · duros comenzó á es- dios Exito. Y el padre le instó á que solici-

UNOS DÍAS EN llUESCA

t.irn, como en efecto lo hizo, de la Diputación provincial, ser pensionado en el extranjero. La Diputación oscense reconoció lo
justo de la demanda; pero para obrar más
en conciencia exigió del solicitante que una
celebridad mundial del violín certificase en
regla que merecía tan señalada distinción. Y
Porta padre y Porta hijo emprendieron el
eamino de Biarritz, donde á la sazón se ha1laba Sarasale. Llegaron á Biarritz. El pequeño iba llena de miedo; tenia la preocupación de que Sarasate, sobre ser hombre
huraño, no gustaba de oir artistas precoces.
El médico señor Porta habló á solas con el
dios del violín, y éste se prestó gustoso á
-0ir al que ya era un ángel del violin. Y Pepe, una tras otra, ejecutó ante Sarasa te hasta
cuatro obras del propio Sarasate. Y el maestro supremo extendió en el acto una certifieación en la cual declaraba que José Porta
poseía excepcionales aptitudes, que prometía ser un violinista consumado, y era por lo
tanto acreedor á la protección de la Diputaeión de Huesca. Y por añadidura Sarasate
se brindó á Porta en los términos más cari1'iosos y expresivos. A partir de aquel momento, el dios del violín siente una singular
predilección por José Porta.
La Diputación de Huesca incluyó en su
presupuesto una partida de tres mil pesetas
.anuales para pensionar al niño prodigioso.
Y entonces éste se trasladó á Bruselas. En
,el bolsillo llevaba, con toda la religiosidad
que se lleva un amuleto, una carta de Sarasate para Thomson, el mayor maestro del
mundo, que acogió á Porta con afectuosidad
verdaderamente paternal. Porta ha sido, durante tres años, el miimdo del gran Thomson. Y Porta ganó en el Conservatorio de
Bruselas el premio extraordinario
¿No es verdad que es esta una biografía
muy interesante, á pe;;ar de sus escasas
proporciones?...
Aquella noche, le oí tocar, aoJmpañado al
piano por Don Leandro Pérez, que es un
acompañante irreprochable. ¡Me extasié!
Quise entonces ver en mis propias manos el
violín de Porta, el instrumento milagroso que
yo me imaginaba de oro esmaltado y recarnado de pedrería ... Y vi un violín sin lustre, con mellas en las aristas, un violín por
el que un profano no ofrecería, de seguro,
veinte pesetas. Ha costado cerca de mil
francos. Porta sueña con poseer un Stradivarius que le cueste cien mil. Le oí tocar,
decía, y me extasié. Creí que oía á Sarasate, al inolvidable Sarasate, pero señaladamente en el Rondó cctprichoso que SaintSaens dedicó al dios del violin. Porta, cuando toca, se pone febril yse transfigura. Tiene

519

tipo del extremo oriente de Rusia; hay algo
de mogólico en sus facciones; pero tocando
no se sabe lo que es: un nimbo misterioso
diríase que ilumina su melena, la cual sacude nerviosamente con frecuencia, y su cara
experimen la continuas transformaciones. La
expresión de los ojos va íntimamente unida
á los sonidos; no parece sino que Portn, tocando, tiene la devoción de sí mismo. Porta
domina en absoluto el violín; ha sabido vencer todas las dificultades. J\hora aspira á
á alambicar su propio espíritu, á crearse su
«yo•, su personalidad artística. Espera locar
pronto en París, en la orquesta Colonne, donde quedará consagrado de una manera definitiva.
Es bajo y delgado; tiene fisonomía de bom•
bre, llena de expresión; y ojos azules vivísisimos; acentuadamente prognato y algo braquicéfalo; de cutis fino y blanquísimo; su
rostro interesante va encuadrado en opulenta melena rubia, de la que dijo un baturro:
«~ Pero es que pa tocar el viulín hace falta
ta'nto pelo?, Brazos largos y manos diminutas; parece un hombre de goma, por su elasticidad, y de azogue porque ni un instante
permanece quielo. Es todo espíritu, y su espíritu profundamente erótico. Para Porta,
.\mores, no sólo fuente de inspiración, sino
fuerza creadora. Es tan sensitivo, que se enamora á cada paso. &lt;'!Qué fatalidadl-me ha
dicho confidencialmente.-¿Pero qué artista
no ama lo que es cifra y compendio de todas las artes?»
Tiene á Sarasate por el primer ejecutante
del mundo; aunque no ha podido oirá Paganini, cree que aquél es superior á éste; y
siente una devoción inmensa por la gran
trinidad de Ysaye, Thibaud y Kreissler; pero
singularmente por Thibaud . No en vano
prefiere la música francesa á la alemana;
recono::e que la alemana es más de fondo;
pero la francesa es ¡más amorosa! Y, por
este órden de respeto, véase la lista de sus
compositores favoritos: Bach, Saint-Saens,
E. Lalo, Mendelssobn, Wienawsky, Tsbchaikowsky, Vieuxtemps, Paganini, Sarasate.
Todos salimos encantados de la reunión,
no sólo por la dicha singular de haber oído á
Porta, sino por la exquisita amabilidad de
los señores de Pérez, que, huelga decirlo, obsequiaron delicadamente á los contertulios,
entre los cualt&gt;s figuraban, además de las señoras y señoritas mencionadas, los señores
Sopena,Mairal, Sorribas, Porta (padre),Mola,
Mayor, Viñuales, Colmenares, Coarasa, Potoc, Arbizu, Castillón, Llanas, Pagés, Querol,
Arrerui, Pardo, Nogués y Pellicer. Y yo, camino de mi casa, iba pensando: «Decididamente, Huesca se transforma: ¡hay reuniones! »

�520

POR ESOS MUNDOS

El espíritu de asociación puede decirse que mayoría de los que lo frecuenta,1 pt:rtenecen
no existe en Huesca. No hay allí ningún cen- al mismo regimiento electoral: allí se camtro li !erario, científico, ni artístico. Debemos bian impresiones: allí se verifican las entredescartar el Instituto, por su carácter oficial, vista con lo~ «amigos• de los pueblos; ~lli,
así como el Orfeón Oscense que, si vive, no de cada mil palabras que se pronunciar,,
da señales de vida. Aun los mismos casinos, novecientas encajan en el tema, más bien
eentros de refugio contra la ociosidad, á la comidilla, del se dice político del día. Y los
vez que de extensión de la práctica de la po- que gustan de cambiar de asunto, tienen en
lítica, viven lánguidamente. El Círculo Os- el arrastrno,en el gu,füote, en el billar ó en
cense, el principal, tiene edificio propio, pero cualquier otro pasatiempo, un medio entreno está contenido de vecluído por falrificarlo.
ta de recursos;
E I Círculo
y si es lo quo
Oscense conses, lo debe á
tituye un pala bizarría do
lacete de sóliunos pocos sed a c o nstrucñoresaccionisción, con estas (entre los
paciosa terraque no fallan
za y una muy
forasteros),
extensa h uerque sabe Dios
t&lt;i, donde se
cuándo se veha terraplenarán reintegrado lo necesario
dosen sus despura jugar a l
embolsos.Está
la1vn tennis
bien decorado
Y bu b o un
v ofrece cierto
tiempo, a 11ú
éonfort en su
por la primaplanta baja;en
vers de 190ú,
1a de arriba
que por la maqueda todavía
ñanita jugamucho por haban al tennis
cer. Como el
algunas mu y
importe de ia:;
di stinguida~
cuotas no baspersona&gt;&lt;, fo1.
ta para cubrir
mando parlitodos los gasda, por lo cotos, el Oscense
mún la bella
apela á lo quo
señora Doña
suelen apela,
Josefina Sopelos casinos sina y el jóven
milar es de
banquero Don
provincia: á
Antonio Pi e,
los recreos
c o n la linda
Don José Porta
extraordinaseñorita Crisrios; pero no siempre la autoridad se presta tina Lasierra v e I comerciante alemán
á la tolerancia. Actualmente lo preside Don Don Carlos Deiss'!er. !'ero aquello duró poco:
Anselmo Sopena, de abolenao conservador
faltaba ambiente para aclimatar un deporte
si bien retirado de la política"militante desd~ tan elegante é higiénico como el ten.nis; &lt;le
hace muchos años; hombre de mundo sim- las entrañas de Osca emergía ei run-1·un
p_ático, y que dis~ruta de holgada po;ición, de añejas preocupaciones, y los distinguidos
siente poco la rutma, y gozaría seguramente jóvenes tuvieron que dejarlo. Doña Josefina
poniendo en planta cierto género de ameni- Sopena es una de las personalidades más
da~es, como conciertos, bailes, etcétera, si- interesantes de Huesca. Se casó á los diecioq_mera una v~z cada dos meses; pero el espí- cho años y enviudó á los cinco ó seis meses
r!tu _predommant~ de los socios no es par- de casada. Ilá_llase ahora en plena juventud;
tidario de tales mnovaciones. El Oscense
es bella, de linda figura, muy elegante y
aunque oficialmente no es político, lo es e~ muy artista: dibuja, pinta y se perece por
rigor por la circunstancia de que la inmensa la buena música. Acompañada de l'll seño1·

IJXOS DIAS EN ~UESCA

521'

padre, el citado Don Anselmo, con quien vi- rios y comerciantes de posicióu. Alli se charve, hace todos los años varios viajes; y vie- la, se juega al tresillo y al tu le, y, de higos á
ne á Madrid, va á Zaragoza, á Sevilla, á brevas, se baila (pero se baila). Los gastos de
ilarcelona; veranea en San Sebastián y en este rincón de pasatiempo son escasos; deaquí que su vida no sea tan
Biarritz: gusta, en una palaprecaria como la que llevan
bra. de salir frecuentemente
los demás casinos. Ha preside los estrechos limites de su
dido mucho tiempo esla so-ciudad natal. Su casa es un
ciedad, é infucdidole no popequeño museo, en que desca de la vida que disfruta, el
cuellan pinturas y dibujos
ilustrado ingeniero jefe de
suyos, que en la última Excaminos Don Bias Sorribas ..
po,ición provincial valiéronhombre jóven, caballeroso .
le 11na medalla de plata. Fimuy urbano y muy sociablr ..
nísima y distinguida, con
Si de él dependiese, la aniuna gran variedad de ricas
mación de Hu esca otra fuera
toüettes, que sabe lucil· con
de la que es. El señor Sorrisu figura preciosa, allá aguarbas tiene iniciativas, y le·
da, en 1)1 fondo de su casa,
agrada que las gentes no se
rodeada de bibelots y de
sustraigan á ese cambio de
m u e b Ies coquetones, que
relaciones quo es peculiar
[I uesca sea la que debe ser
de las costumbres mpderna,:;_
para abrir las puertas de su
Si no se aburre del lodo,
salón suntuoso y amenizar
débelo principalmente áque,
la existencia; no sólo la su ya
Doña Josefina Sopena
por deberes de su profesión,.
propia,sino la de sus amiga~,
entre las cuales se baila la precitada seüo- va y viene muy á menudo, á fin de inspecrita de Lasierra, de fisonomía genial, aire cionar las muchas obras que en la provincia
aristocrático (pertenece á una de las familia~ se efectúan. Tiene La Pe11a su poquitin de
más linajudas del Alto .Aragón) é ingenio biblioteca, compuesta casi toda de revistas
muy celebrado. En cuanto al jóven banque- periódicas. A las once de la noche no suele
ro Don Antonio Pie, prototipo de la cortesía haber va nadie en el diminuto club. El últidiríase, pero sobre todo por la digna serie- mo en 'retirarse, que á veces aguanta hasta
dad del con tinentc, que es un aristócrata las doce, suele ser el funcionario de Hainglés. Viaja mucho. Se viste en Madrid y en cienda Don l\lanuel Labora, uno de los esel extranjero, y es de los que saben llevar con casos jóvenes que en Huesca practican la vü-tud de la lectura; se solaza
elegancia las prendas. Célide vez en cuando con los
b e impenitente , gusta de
filósofos y sociólogos, y !¡e
varios deportes, que cultivaecha al coleto diariamente
ria más si tuviera compañela gran prensa de Madrid
ros. Dejó de ser jinete para
y Barcelona. Otro jóven queser ciclista; después se delee con asiduidad es el abodicó al tennis; ahora... megado y oficial de Correos,
nos mal que sus complejos
mu y calificado en lre los denegocios y frecuentes viajes
este cuerpo, Don Tomás Sele sustraen no poco á lo;;
rrate; único que en Huesca
efectos del medio social de
sabe inglés. Los intelectu~Huesca. Es de los contadiles propiamente dichos son
simos allí nacirlos que no
pocos. Entre ellos merece esmilita en política; ni siquiepecial mención Don Manuel
ra la hace, como otros, por
Sánchez Montestmc (el aperecodo.
llido .Montestruc es una gaVolviendo á la vida lán rantía de inteligencia prestiguida de los casino,:. Al Osgiosa), secretario del Ayuncense sigue en concurrencia
tamiento. Hace una vida suLa Peñci, club diminuto,
Srta. Cristina Lasierra
mamente recogida: de casa á
«mono» , al que suelen ir
personas de calidad y no de las más recalci- la oficina y de la oficina á casa; los forasteros
trantes colectoras de listas electorales: in- apenas le conocen. JJontestruc es un ironista
genieros, catedráticos, empleados, algún que sutil, veteado de satírico rabelesco. Allá en,
otro militar y hasta una docena de propiela- sus mocedades, escribió; ahora... el expe-

�POR ESOS MUNDOS

UNOS DÍAS EN HUESCA

\

Don Antonio Pié

Dlln Bias Sorribas

dientl!o, y gracias. Ha cuido, como López
Allué, en el nirvana del escepticismo, y á lo
que parece no lleva trazas de cambiar. Hombre de ingenio fecundo, en el que abunda la
sal, el blanco de sus ironías suele ser la mujer: la novísima escJela feminista tiene en
Monteslruc un muy donoso apaleador. Vota
siempre contra ellas; pero no sé por qué se
me figura que si le condenasen á vivir en un
convento, más á gusto viviría en un convento
de monjas que en un convento de frailes.
El· Sertoriano es un antiguo casino al que
van algunos conservadores y tal cual señor
independiente. Vive casi de milagro. Y cMi
también de m~lagro el Centro Republicmw
que ocupa precisamente el mismo local que
tuvo el Oscense durante mucho tiempo.
Pero donde más se percibe la falta de espíritu colectivo es en el mundo oficial: por
verdadera casualidad reúnese allí una junta
(Agricultura, Instrucción pública, Reformas
-sociales, Beneficencia, Pósitos, etc.), en primera convocatoria; de ordinario falta número, y, por consiguiente, las reuniones se celebran al segundo toque de llamada, comenzando por el propio Ayuntamiento, á cuyas
sesiones suelen concurrir de cinco á seis concejales, no obstante que el alcalde-presidente, sobre ser popularísimo, cumple con gran
celo sus deberes. Llámase Don Gaspar Mairal, y no falta quien le designe con el sobrenombre de el Castelar oscense; yo digo de
él que es el orador de Huesca, porque en
Huesca no hay ningún otro orador, en ia
genuina acepción de esta palabra. Mairal
tiene buena figura, voz robusta y bien timbrada, inspiración, cultura intectual y una
gramática correctísima. Basta oirle conversando familiarmente para obtener la impre-

Don Tomás Serrate

sión de que posee las artes oratorias: ademanes distinguidos, dicción limpia, vocabulario
copioso, claridad diáfana en el modo de exponer. En el foro, cada discurso su yo es un
triunfo. Jóven, exquisitamente educado, modesto y bondadoso, cuenta con los cariños de
toda la ciudad y aún puede decirse que de
la provincia entera, porque su legítima gran
fama de abogado ha esparcido sus prestigios
personales por los ámbitos de todo el Alto
Aragón. Por lo mismo que siente mucho el
Derecho siente poco la Política, en la que,
sin embargo, ha tenido que acoplarse... sin
africanización, dicho sea en honra suya.
Mairal, por su talento, nada común, por su
palabra, verdaderamente subyugadora, y por
su popularidad envidiable, es en Huesca una
peraonalidad sobrepujan te, que baria un gran
papel en las Cortes. Pero Mairal no es ambicio~o, relíusa subir, y vive muy conforme
con su suerte. Tanta modestia, ¿no dañará
algún día su civismo?
A las juntas de In ,trucción pública llegaron á ir, en mis tiempos de gobernador, hasta cinco y seis vocales. No falló nunca el director de la Normal, Don Rosendo Rull, uno
de los espíritus má,i positivamente progresistas que en Huesca existen. Esa Junta, aun sin
vocales, marchará á maravilla mientras tenga de secretario al venerable Don José Fatás,
funcionario el más perfecto que he conocido
en mi vida: gran inteligencia, mucha laboriosidad, honradez acrisolada y vocación épica. Todos los Fatás pertenecen al Magisterio,
excepto Don Luis, médico rle la Beneficencia
municipal de Madrid y teniente alcalde del
distrito del Hospicio. Don José, el venerable,
en los muchos años que lleva desempeñando
la Secretaria de Instrucción pública, no ha

i

523

El :Museo Provincial ábrese asimismo
incurrido en el más mínimo lapsus, y de ahí
que la Junta tenga en él la más ciega con- muy de tarde !Jn ta1·de, y casi siempre en
fianza. Sus cuentas son las pocas de España obsequio de algún forastero. No abunda lo
que jamás en Madrid sufrieron el menor re- notable en ese centro, sin otro análogo en
IT uesca; pero e o n los
paro. A los que duden
dibujos de Carderera ya
de la absoluta perfectiene lo bastante para
ción humana , y o les
atraerá los inteligentes.
presentaría á este veDon Valenlín Carderera
nerable Don José , de
es una de las glorias
quien puede decirse
más legítima~ d e la
que en sus sesenta y
Huesca
moderna; fué un
ocho años de existenartista de renombre y
cia n o ha debido de
un escritor cullísimo, de
tener un día, uno tan
e,pecial competencia en
solo, en que no ~aya
lodo lo concerniente á
cumplido como bueno.
Pintura, Arquiteclura
Sin duda, Huesca tieY Arqueología. A él se
ne suerte con sus sedebe ! a fundación d e
cretarios: si mucho vaese Museo, al cual legó
len el del Ayuntamiencuanto poseía, entre lo
to y el de la Junta de
que descuella la colecInstrucción p ú b l i e a,
ción de dibujos que hizo
mucho vale también e!
en Roma; dibujos estuDon Vale11ün Carderera
de I a Diputación propendos muchos de ellos.
vincial, Don Rafael Acebillo, cuya competencia en asuntos de Admi- El nombre de tan insiane patricio permanistración es sencillamente insuperable. Los necía sin embargo punto ~eno, que olvidado,
tres son hijos del país, como lo es el presi- basta que el catedrático y distinguido ardente de dicha corporación, el distinguido queólogo Don Gabriel Llahrés tomó á pechos
abogado Don Manuel Batalla, y el vicepresi- restaurarlo; y gracias á Llabrés, desde hace
dente de la Comi-;ión, Don Domingo del cosa de un año se ve en el salón de actos del
Cacho, uno de los hombres allí más popula- Instituto, frente al retrato del gran Conde de
res por su bondadoso trato, y más que nada Aranda (el mayor de los oscens~s), el retrato
po;que no cabe en lo posible que ha ya qui~n del insigne Carderera, benemérito del Arte,
le aventaje en buena voluntad para servir. ornamento de la erudición española, hijo
amantísimo de su patria
Quiendice:Don Dominchica, la cual, honrángo, dice: ¡ Concedido! A
dole, se honra en vero menos por parte de
dad á sí misma.
IDJn Domingo.
P a s a en Huesca lo
que en algunas otras
capitales dor.de los elementos más influyentes
En Huesca sólo existe
consagran preferenteun teatro, llamadoPrinmente sus energías al
cipal;suspuertas ábrenestudio de las oscilaciose ocho ó diez veces al
nes del censo olectoral:
año, y rara es aquella
no exislen esos estímuen que el lleno es absolos que tanto contribuluto, no obstante que
yen al desarrollo de la
tiene menos capacidad
lógica del senlimiento.
que el minúsculo Lara,
Ilay en Huesca intelide Madrid. Preciso es
gencias firmes; hay tamreconocer q u e e n l a
bién almas que vuelan;
vieja Osca las manifespero falta e 1 reflector
taciones de la vida arlís!Jon Luis López Allué
que
difunda la luz intetea dejan sentir poco
,
.
sus latidos. Por eso la casa ael menc10nado lectual, como falta espacio libre para que el
Don Leandro Pérez, donde, aunque en fami- espíritu se remonte sin trabas de ningún gélia, se hace música con relativa frecuencia, nero. Algo lluta en la atmósfera de Huesca
que entumece la sensibrlidad y hace caer,
constituye una excepción.

�524

UNOS DÍAS EN HUESCA

POR ESOS ~I UNDOS

aun á muchos que de veras valen, en ese indiferentismo que exterioriza un gesto de di~plicen,:,ia... Ahí está el caso de Don Luis López All11é, que vaga solitario por el Coso, con
el cerebro en ebullición ... consumiéndose al
fuego de la indiferencia-ambiente. Para la
rna yo ría de los transe un tes, Allué es el juez
municipal; para muy pocos es ,\llué el escritor admirable, el prosista castizo, elogiado
por Pereda y otras celebridades de la Literatura española. All ué ha producido poco:
tres volúmenes; pero esos tres volúmenes,
perlas de oriente purísimo, valen mucho más
que treinta de los que suelen producir los literatos al uso. En la novela regionalista tiene
una significación de gran realce; es además
un cuentista delicioso; pero ante todo y sobre todo-á parte la exc¡uisitez de su prosa,
-Allué es un humorista digno de ir emparejado con el célebre E&lt;;a de Queiroz: publicó un cuento acerca de los milicianos nacionales de lluesca, que es de lo más acabado,
como obra de humorismo, que se puede pedir.-1A saber lo que irá pensando cuando
vaga solitario por el Coso! ....
La prensa es esencialmente política. El
Diat·io de Huesca es el más antiguo de los
periódicos de la provincia y el de mayor circulación. Actualmente lo dirige Salvador
11. Martón, oscense, que aprendió el oficio en
el Heraldo de Aragón, de Zaragoza. Martón
vale; tiene sangre de periodista á la moderna; pero el estrecho círculo en que se mueve
y el criterio cerrado que deberes políticos le
imponen, le reducen el vuelo, sin duda á pesar suyo, que como hombre jóven y de temperamento ágil no es de los que se avienen
de buen grado á ciertas rutinas allí en boga,
por lo que tienen de características. Con todo,

ha logrado transformar El Dim·io hasta eí
punto de ser hoy este periódico uno de lo,mejor hechos de cuantos VP.n la luz en la&lt;provincias de tercera 1·. aún rle seounda
cla"
se. ~fartón ha dado á la escena algunas obritás que le han aplaudido, y sueña con seouir
trabajando para el teatro; pero me temo quo·
sus sueños no lleguen á realizarse: sus ocupaciones en el periódico le amarran á todas.
horas, sin contar con que no es el oficio de
periodista en Huesca el más adecuado pam
exaltar la inspiración. El Diario merece tod:L
suerte de alabanzas: hácese en el establecimiento del antes citado Don Leandro Pére7.,
y se halla al frente de Jos cajis;tas de eslR
sección el hijo mayor de Don Leandro, Car•
melo, de diecisiete aiios, tipóorafo excelente, buen ajustador y, á ratos, ~edactor de
noticias que él mismo trae de la calle ó rle
los centros oficiales. Este aventajado jóven
tiene cursada la segunda enseñanza, y, comohijo de músico que es, no quiere dejar de ser
músico también , y estudia el violín, al parecer con provecho. Pero Carmelo es preferenmente tipógrafo-impresor; tiene un gran
sentido de la vida moderna, y no ignora quela misión del hombre consiste en sobresalir
en algo: porque ¿quién duda que vale má:;
un buen impresor que un mal abogado? Salvador M. Martón tiene su principal auxiliat·
en Amando Pellicer, corresponsal de casi
todos los rotativos de Madrid. Pellicer no ha
salido apenas de su pueblo: lo que sabe del
oficio, en Huesca lo ha aprendido. En cualquier parte haríaun excelenterepporte1·. Poeta en el fonr.lo, sus Horas az-ules descubren,
al través de ciertas inexperiencias literaria~
y mundanas, un corazón tierno y una imaginación sentimental. Pellicer es un buen

¡ l
Don Salvador M. Marlón

Don Carmelo Pérez Barón

Don Amando Pellicer

&lt;iscen~e con espíritu poco localizado: en sus
Horas azules bullen ideales. Con estos «azulinos• y su literatura «glauca• la emprende
de ve?. en cuando, mu y donosamente por
•cierto, Un glciuoo jáven, pseudónimo tras el
·cual se oculta Don Juan Placer, presbítero
mu y leído, escritor de enjundia y orador sagrado de poco comunes facultades. Monsén
Placer es un cura á la
moderna, de criterio
flexible, que acredita
·con su trato afable ,.
·su la I ento profund~
cómo se puede ser un
sacerdote· modelo sin
necesidad de sentirse
·intransigente al estilo
•de los llamados integristas.

Voz de la Provin•cia es el segundo de

525

do Aragonés, reaccionario, y El, Rebelcle,
«republicano anticaciquista». Este último es
el único que imprimiéndose fuera de Iluesca
(se imprime en Lérida), se pregona en las
calles de la capital. Está escrito con destemplanza y gran apasionamiento.
.
En lluesca no hav borrachos, matones, 111
gente maleante. fü¿isten allí sobrados elementos para obtener
11n bienestar socia!
mucho mayor del que
real ,. verdaderamente se -disfruta.
f-l uesca sería más feliz de lo que &lt;'S si allí
1a poli ti ca no fue;e tan
intensiva; pero lo es
tanto, que infiltrándo~e hasta lo rnás recóndito del hogar determina una sensación de
tedio que enerva los
ideales. En Iluesca no
hay buen humor; diríase que los oscenses
no tienen verdaderas
alegrías. A pesar de
que á nadie, por locomún, le duele nada.

,!os dos diarios que se
publican en Iluesca.
'Lo dirije el abogado y
diputado provin cial
consen·ador Don Vicente Carderera, e 1
cual cuenta con muy
-escasos auxiliares. El
Diario y la Voz se
-odian invenciblemente; no cambian; rarisiNo quise salir de
,ma vez se nombran;
lluesca sin ir á connunca coinciden en el
tero piar, desde S a n
juicio: si El Diario
Jorge, la puesta del sol.
llama «digno• á Don
Jmagináos una llanura
Fulano, ya es lo basDoctor Don !ldcfonso G. Colmenares
circular, limitada por
iante para que no se lo
llame jamás la Voz, y viceversa. De otras una serie de no mu v altas montañas; llanupublic.iciones periódicas de Huesca merece ra espaciosa, de diéz ó doce leguas de diáespecial mención el Boletín del Colegio Mé- metro, formada por pintorescas sementeras,
•dico, á cuyo frente se halla Don Ildefonso G. y en el centro una colina, sobre la cual se
•Comenares, médico que fué del marqués de alza solitaria ermita, llamada de San Jorge.
Novaliches hasta la muerte de este calificado En ese gran círculo, fuera de dicha colina,
general. Entónces pasó á Huesca, de profesor apenas existe otra eminencia del terreno que
·del Hospital provincial-cargo que ganó en aquella en que reposa la ciud~d d~ Huesc~,
lla oposición,-y allí continúa, estimadísimo hacia el Norte, montón de ed1ficac10nes gride todo el mundo, á lo que contribuye su ses que corona una Catedral tan vieja como
bien ganada fama de operador afortunado. la ciudad ... Muchas yeces había yo visto la
En este respecto. nadie le disputa allí la puesta del sol desde San Jorge; pero esta
primacía. Fuera de la capital ven la luz no yez tuve á mi lado lo que, siendo gobernapocos periodiquines, ninguno de ellos diario: dor no había tenido nunca, una criatura an•
•en Jaca, El Pirineo Aragonés, independien- gedcaL dos veces artista, por la educación
te anodino , y La Unión, órgano de la frac- y por el sentimiento.
Aquella tarde, á la hora del crepúsct;lo, el
·ción que acaudilla el duque de Bivona; en
Graus, El Ribagorzano, defensor de intere- horizonte ardía al rojo blanco. Puse los ojos
ses agrícolas principalmente, y en el cual en el horitontc, y púselos luego eu la Ca-colabora de tarde en tarde el eminente pen- lcdral. Y en seguida miré á la jóven, que se
sador Don Joaquín Costa, que tiene en dicho me antojaba musa caída del cielo, y respiré
pueblo su retiro; y en Barbastro, El Cruza- fuerte. No parecía sino que aquella gigantes-

�526

TUS OJOS

ca llama, que abrasaba la cresteria remola
queria iluminar po1· vez postrera lo viejo
por vez primera lo nuevo. De una parte, leJOS de mí, el edificio-símbolo, consumiéndose en su propia tradición; de otra, junto a
mí, la juventud triunfante, sana, robusta,

y

llena d~ idealidad, cual otro símbolo ... Y yo
me forJaba una nueva Huesca resurgiendo
de la vetusta Osca; algo de qne era cifra e~a
encantadora criatu1:a que, al tiempo que yo,
contemplaba extas1ada cómo ardía el cielo
en el ocaso ...

\\". E. RETANA

....

,. .,-'":~'7":':.,

,_.
.. .

:r.r..

~

Cbl\leau de Riond-Uosson, en Uincbrn, donde habilunlmenle reside Paderewski

TUS OJOS
Brillan tus grandes ojos como soles
de extraña, irresistible refulgencia.
Cual lagos de impoluta transparencia
copian cielos de vivos arreboles.
'
Al herirlos la luz, sus tornasoles
fingen cuentas de rara iridesceñcia,
y se asoma por ellos tu inocencia
de la virtud templada en los crisoles.
_En tus pestañas que a la trapa ensayas,
mienlt-a,:, astuta, tu mirar soslavas
ensueños mil los que ven enredan:
Y si cierras los párpados, parece
que muere el sol, que el cielo se obscurece
y que las almas en tinieblas quedan.

M. ~1'\RTINEZ DOMINGUEZ

PAOEREWSKI, INTIMO
CÓMO SE APRENDE Á TOCAR EL PIANO

GNACIO Juan Paderewski es, como todo el

I mundo sabe, un gran músico, quizá

el
más grande de los músicos que han existido.
De Perpandro se decía hace dos mil se tecientos años: «Añadió una nueva cuerda á la
lira». De Paderewski puede afirmarse categóricamente que ha dotado al piano de una
nueva voz. Esa voz es la del mismo Paderewski.
Desde hace algún tiempo, viene modificándose el arte de tocar el piano. Las mismas mejoras mecánicas del instrumento han
permitido cada ve7. mayor libertad de técnica; una libertad que, empezando con Czerny
y aumentando con Liszt y Rubinstein, ha alcanzado su apogeo en Paderewski.
Al oirle pulsar el piano se comprende por
la primera vez la inconmensurnble belleza
de tono de que es capaz ese instrumento.
Siéntese uno capaz de decir con Isaac Walton: «¡Señor! ¡Qué harmonías habrás reservado en los cielos á tus elegidos cuando permites a los hombres semejante música terrena!»

Seguro, fa'&gt;cinador, irresislible, es Paderewski la demostración palpable del máximum de potencialidad á que puede llega1·
una inteligencia. No es de admirar, por tanto, que los talentos de Paderewski le produzcan una renta anual de quinientas mil pesetas; que una sesión pianística &lt;le veinte minutos le valga trece mil pesetas, y que, e11
una ocasión, cierta tournée de cinco mese,
por América le proporcionase el bonito ingreso de setecientas cincuenta mil pesetas.
Pocos, muy pocos virtuosos, antiguos y
modernos,podrían smnar de ese modo.
Considerado como ejecutante, posee Paderewski en grado eminentísimo esa artificiosa
circunstancia vagamente denominada • personalidad» ó ~magnetismo personal». Si es
licito decir de un hombre que tiene inspiración divina, ese hombre es Paderewski. ¡A tan
alto nivel de excelsitud se encuentra su comprensión del arte que practica!
Doquiera aparece no reconoce limites el
entusiasmo de los públicos. Que llegue á una
ciudad para él desconocida, y se le verá co-

�POR ESOS .MUNDOS

locarse a I m o mento, en la prim e r a audición,
entre los más preeminentes,en virtud de los der~-chos inconlestablesdel genio.
La verdad es
que ningún pianista mantiene tan
grand e predominio sobre los públicos; su figura
colosal se destaca
,·igo ros a en &lt;'I
mundo músico de
&lt;'slos tiempos. Pa&lt;lerewski es el artista de todas las
clases sociales y
de todas las mas as contemporá::eas. Aunque sus
1·ecitals sean hov
rela tivam en te fre·c-uen tes, y aunque
se eleve el precio
de las audiciones
á las mismas nubes, acuden en legión los aficionados. Si alguno llega tarde , considérase satisfecho
.a ,í n cuando no
le hayan dejado
sino un rincón de
la sala: ese rinc ó n basta para
oir al insuperable
intérprete, para
gozar del encanlo
que esclaviza al
auditorio entero.
Ignacio Juan Paderewski nació en Polonia
en 1861. Cuando contaba doce años de edad
empezó á cursar en Varsovia sus primeros
estudios musicales. A los tres años de su
iniciación en los secretos del divino arte era
nombrado profesor de aquel Conservatorio,
y dos lustros _más tarde se encargaba de la
cátedra de composición en la Escuela d,1 Música de Strasburgo. En 1899 daba principio,
después de someterse en Viena á riuurosa
preparación de tres afios, á su mara~illosa
-carrera de virtuoso.
Desde esa fecha ha efectuado cinco laraas
fournées P?r América, Australia y Nu:va
.Zelanda, siempre con el mismo éxilo extra-

1gnac10 Juan l'adcrewski

ordinario; se ha dejado oir en todas las capitales de Europa, y ha recibido de numerosos monarcas profusión de condecoraciones.
Jur.gado bajo cualquier aspecto es Paderewski una personalidad excepcional. Poseedor de enorme cullura, hace pensar, si
con él se conversa, que lo mismo hubiera
sido hombre eminente en cualquiera rama del
saber humano, de no dedicarse á la música.
Habla el ilustre polaco seis idiomas, y los
habla á maravilla; en el juego de ajedrez,
juego que exije gran desarrollo de las facultades mentales, hay pocos que le aventajen;
es un excelente matemático, demostrando
e llo notable flexibilidad de ~spíritu; es un

l'ADEREWSKI, L,",TlMO

intelectual, en el más exacto sentido de la
palabra, ya que su intelectualidad es accesible para los demás; es un hombre de ciencia, por lo mismo que es un gran músico, no
debiendo sorprender semejante afirmación
en cuanto la ciencia es mia, aun cuando
J)'Or razones de utilidad la hayamos subdividido en diver.sas ramas bautizadas con diferentes nombres.
El espíritu de Paderewski es suma de una
veintena de grandes sentimientos, en cada
uno de los cuales pone toda su alma cuando
son llamados á entrar en acción. Así•, al oirle
hablar de política se creería estar en presencia de un conspícuo estadista; si se le escucha discurrir acerca de Polonia adviértese que ama á su patria más que á si mismo:
su pasión por la patria es igual á su pasión
por el arte. &lt;Ignacio Padercwski es el mejor
de los compañeros, y el más espiritual, amable v sobrio de cuantos hombres he tenido
ocagión de hablar.• Tal dice Mr. Adlington,
amigo íntimo y agente artístico del maestro,
desde hace catorce aiios.
Padcrewski es dueño en la actualidad de
dos hermosos palacios: uno es el chateau
de Riond-Bosson, en .Morgcs, junto al Lago
de Ginebra; el otro forma parte de la vasta
propiedad de Kosna inmediata á Tarnow, en
Polonia.
El palacio de Riond-Bo,;son e» una imponente estructura de ladrillo, mitad villa, mitad castillo. Emparrados y enrcdadei;as cubren ventanas v terrazas hasta una tercera
parte de la altu~a total del edificio. Quien no
hava visitarlo ese encantador retiro no puede ·rormar~e idea de las mil y una bellezas
acumuladas allí por el insigne polaco en su
deseo de recrear la vista aislándose de las
feas realidades de este mundo. El Lago de Gimibra alcanza en aquellos lugares su mayor
anchura, extendiendo sus azules aguas en un
árna de ocho kilómetros á partir del viejo
castillo de ~Iorgcs.
Buena parte del primer piso del palacio
e:;tá dedicada á sala de recepciones, divisándose desde su:; ventana,; las ateroiopeladas
praderas que rollean el edificio. Abundan en
el salón los retratos, las fotografías, las esculturas y otros mil objetos artísticos regalados á Paderewski por emperadores y reyes,
tras de cuidadosa selección en sus colecciones. Cuando se penetra en aquel santuario
do la música invade el á"nimo temor respetuoso. A través -de los abiertos ventanales
inunda la estancia un ambiente de par. al
que se mezclan sutilmente los cantos de las
aves, la fragancia de las flores y el sordo rumor de las fuentes. También llegan al oído,
aunque apagados por la distancia, otro~ ruí-

529

dos menos poéticos, denunciadores de miras prácticas, y entre ellas el coclear de gallinas, el estridente graznar de los patos, el
mujido de las vacas ó el relinchar de los caballos.
·
·
Altos árboles y floridos setos ocultan la
vista de los gallineros á los ruoradores del
palacio. Esto no impide que Paderewski y
su esposa sean unos avicultores entusiastas.
La granja avícola de Riond-Bosson puede
ser citada como un modelo en su género.
Comprende casi todas . las variedades gallináceas conocidas, desde las majestuosas
bralunas, á las ventrudas holandesas, desde las cochinchinas á las legítimas indostánicas. La señora Paderewski se enorgullece de que sus gallinas tienen ya conquistados numerosos premios en diversos certámenes agrícolas internacionales. Los alojamientos de las aves son verdaderas maravillas de limpieza y de órden. Disponen todos
ellos, sin excepción, de perchas pintadas de
blanco y finamente barnizadas, de bebederos de límpido cristal, y de abundante arena,
renovada con frecuencia por un capataz,
cuva exclusiva misión consiste en cuidar del
gallinero de Madama Paderewski. Análogo
refinamiento de lujo se observa hasta en los
mismos establos y cuadras. Débese ello á empeño especial de Paderewski, quien, según
el guarda de la finca, considera á sus animales casi, casi, como á seres humanos. «Mi
amo-dice el tal guarda-piensa mucho en
sus bichos é invierte en ellos más dinero que
en sí mismo: sencillísimo en sus gustos personales, no repara en gastos cuando se trata
de sus aves y cuadrúpedos.»El comedor de gala en Riond-Bosson ocupa la parte trasera del chateau. Sus muros
se encuentran decorados con rica tapicería
de tonos obscuros y magníficos espejos. Los
Paderewski celebran pocas recepciones,
pero, en cambio, suelen invitar á selectísimas comidas á sus amistades parb.culares.
En estos banquetes íntimos es cuando mejor
pueden apreciarse las grandes cualidades de
hombre de mundo atesoradas por el sin par
virtuoso: es el huésped ideal, exquisitamente cortés, narrador ameno y wuseiw ingeniosísimo. Un diplomático sentado á la mesa
de Paderewski tendría á éste por uno de los
suyos; tan admirable es el tacto, tan perfecta
es la caballerosidad del artista.
Huelga decir que Paderewski es el ídolo
&lt;le Morges. No bien desembarca el visitante
en el sombr.eado muelle, echa de ver la alta
estimación de que disfruta el castellano de
Riond-Bosson. El pueblo de :Morges sabe,
aunque de una manera vaga, que entre aquellas umb!"ías aletea el espíritu de un artista

4

�530

POR ESOS MUNDOS

sublime. Los dueños de hoteles y fondas ex-

teriorizan ese sentimiento, multiplicando los
retratos del maesfro por todas las salas y

dormilorios. Pregúntese á cualquiera de esos
hosteleros por Paderewski, y os dirá, orgulloso, que «1\fonsieur» es su amigo, que honra el establecimiento de vez en cuando yondo

á tomar une petite verre, y que á veces va
acompañado de «Madame».Alguno hará alar-

de de sus aficiones artística!==, añadiendo que
le ha oído tocar en Ginebra y que Padcrewski es el rey del piano.
A esa clase de fondistas amateurs perlenecia el que me tocó en suerte. Un tanto
blagueu,r, exagera su admiración por el
maestro hasta el punto de saturaros de Padereswki no bien trasponéis el umbral de la
fonda. Las representaciones gráficas del _pianista polaco clan prinr.ipio frente á la m1sma
puerta de entrada. Empujad sus hojas, y
allá en el fondo del vestíbulo, tropezará
vue~tra mirada con la pálida fisonomía del
concertista coronada por la blanda y encrespada melena familiar á todos los públicos.
El saloncillo del hotel es un pequeño Museo
Paderewski, y cada una de las habitacio_nes
presentaal viajero retratos de Padercwsk1 en
todos los tamaños imaginables. Es la obsesión padernwskiana, en suma.
Las puertas de Riond-Bosson encuéntranse guardadas por gigantesco perro de San
Bernardo, un animalote insociable, que ha
tomado en serio su papel y que no permite
a nadie la intrusión en el tranquilo retiro:
sólo se muestra tolerante con el cartero¡ sin
duda, le han enseñado el respecto á la correspondencia. Esta suele consistir principalmente en peticiones de autógrafos, y proceden de todos los lugares del mundo: de Lóndres de Buenos-fures, de Nueva-York ó de
'
.
Sidney. Paderewski contesta en persona a
cuantas cartas se le dirigen. Fundador de
una suscripción para erigir en Varsovia una
estátua á Chopin, ha fijado precio á sus autógrafos: una firma sencilla cuesta cinco francos; varios compases de música inédita, diez
francos; un retrato con dedicatoria, veinte
francos. Las cantidades así recaudadas, y
que ya ascienden á respetable suma, van á
costear el monumento chopiniano, cuya elevación ha autorizado el Gobierno ruso.
El segundo home de Paderewski (bogar
amadisimo por el artista) se encuentra emplazado en sus extensas propiedades de Polonia. No todo el mundo lo sabe, y es Justo
decirlo: Padercwski es un filántropo convencido, sin otro norte que bacel' el bien al prójimo en general y a los polacos en particu~
lar. Los campesinos de Kosna le adoran. Saben que la suprema ambición de Paderewski,

una ambición muy superior a la de emula1
las glorias de Chopin y de Liszt, descansa en
legar á los desheredados de Paloma algo que
perdure, algo que con tribu ya á mejorar su
condición, algo que libre á la patria adorada
v opresa de la esterilidad y de la pobreza.
, Todo polaco menesteroso, hállese donde
se halle, tiene en Paderewski un protector
seguro. En los Estados Unidos de Norte ,\mérica los po'acos pobres son legión. Hace un
par de all.os, abandonó Savannah, en el Estalado de Georgia, mísera pareja de polacos.
Iba el matrimonio á Nueva-York, y proyectaba recorrer á pié los varios ccntena1:es de
kilómetros que separan á ambas poblacwnes:.
Mientras el marido pordioseaba, la mujer era
la encargada de conducirá cu_eslas la impe_dimenta, que no era mucha m muy voluminosa, por cierto: un colchoncillo ti~íco, i:estode todo el ajuar de boda. Al llegar á Ballunore estos peregrinos de la mis~ria vié=onse
obligados á vender el colchonc11lo. Fuese la
mujer á casa de un pren&lt;leroi en tanto c¡u~ el
marido se encaminaba al punto de reumón
acordado. Era este un paso a nivel de la vía
férrea. Los dos esposos no volvieron á encontrarse. Aquella tarde fué descubierto el deshecho cadáver del polaco: un tren le había
sorprendido en plena vía, destrozándole. La
infortunada viuda dió á luz un nilio, al día
siguiente, en un hospital de Baltimo:·c. Como
alli nadie hablaba polaco, la situación de la
parturienta era en extremo triste. En~~nces,
y sin prévio aviso, fué cuando apa~emo Paderewski, quien haciéndose condu?1r .ª1 lado
de la eníerma, no sólo actuó de mterprete,
sino de generoso filántropo. Pocas horas des,
pués eran llevados á Nueva-York la ma'.lro
y el hijo, siendo instalados en el llosp1tal
Católico Polaco de dicha ciudad, donde con-·
tinuaron visitándoles á diario el gran pianista y su esposa.
.
El caso relatado no es srno llllO de los
muchos que pudiéramos referir acerca de la
bondad do Paderewski. Sin embargo, sus
planes respecto al bi,mest~r de los polacos
pobres no pueden ser aprecmdos con arreglo
al patrón de la caridad oportunista. Paderewski tiene en ese punto miras roncho más
ámplias: como que su pensamiento estri_ha
en mejorar la situación de Jas clases agrarias
de Polonia. Por de pronto, Jª han empezado
á participar de esos beneficios los campesinos de Kosna 1 en cu yo provecho ha ordenado Paderewski la repoblación de bosques, el
encauzado C.el río Biala durante una extensión de cerca de ochenta kilómetros, el cultivo de viñedos y otras muchas disposiciones
que tienden á favorecer á la clase obrera.
El palacio de Kosna está rodeado de ex-

PADERE\\'SKI, i.\TDIO

tensos jardines traiados , por el mismo propietario. Es, mñs que una morada lujosa, una
morada cómot1a construida a guisa de g1·an
casa de labor y provista de l1umorosas dependencias donde habitan los empleados y
obreros ele la granja. Allí suele reunir el
maestro buen número de amigos. Estos son
tratado.:s por Paderewski á cuerpo de rey. Lo
único en que no los complace el ilustre
huésped es en participar de sus sesiones de
sport. Esto se explica bien: puesto que Paderewski tiene la fortuna en Rus manos, hace
perfectamente en no arriesgarla exponiéndolas á riesgos inútiles. Mientras los amigos
corren, saltan ó juegan al foof-ball, Paderewski toca el piano. Es su deporte predilecto. El sin par virtuoso «hace dedos, á todas
las horas del dia y de la noche. Ese intenso
amor al arte es quizá el rasgo más característico de Paderewski, y al mismo tiempo el
más admirable.
•No he dejado de estudiar ni un solo dia,declaraba en cierta ocasión - por pesado
y desagradable que resulte. Cuido mucho de
tener los dedos y las muiiecas en perfecto
estado de funcionamiento. Pi-eparo unos y
otras con larga sesión de masaje. Esto, sobre
todo, es importantísimo. Jamás omito antes
do dar un concierto algo más beneficioso
aún, y es sumergir las manos en a.~ua muy
caliente varios minutos. Acaso me atrae de masiado el piano. A veces, me ha ocurrido
pasarme una noche entera tocando esla ó la
otra sonata ele Beetboven . No se halla lejano
el dia en que, abandonando por completo el
virtuosisino, me dedique enteramente á la
composición.»
Y eremos que Pauerewski hablaba con entera sinceridad al decir lo anterior. Ama,
sobre todas las cosas, la paz y la soledad;
pero no por misantropía, sino porque ambas
le proporcionan oportunidad de satisfacer su
pasión principal: componer música. Paderewski, aunque parez-ca extraño,gusta mas de
crear que de interpretar.

He aquí ahora una conferencia del propio
maestro Paderewski, en que se prescribe el
mejor sistema para aprender á tocar el
piano.
Dice el gran mll',ico citado que el primer
requisilo para llegar a ser un verdadero pianista es el talento. Sin embargo, cualquiera 1
poseyendo buena inluición, puede, si á la
vez cuenta con alglln..a habilidad para ese
trabajo.1 aprender á tocar¡ pero no será artísticamente. Casi todo el mundo tiene talento
para algo; y la gran cuestión está en descu-

531

brír e-.e talento, en darle medios &lt;le que se
culti\"e, y en procurar su desarro11o. cSi
vuestro talen to no es para la música,-dice
Paderewski--buscad otra cualquiera cosa en
que ocuparlo».
La primera cualidad para dedicarse al piano es poseer don natural para la música.
Después, para estudiarla,se necesitan energía
para el trabajo y un buen profesor, cosa esta
muy importante en el asunto y en la cual la
responsabilidad corresponde por entero á los
padres cu ya indiferencia ó falta de previsión
pueden inutilizar los mejores propósitos.
Uno de los métodos mejores de estudiar
el piano es aplicar el propio pensamiento directamente al trabajo que metódicamente
imponga el profesor por cie1'10 tiempo determinado de cada día. Si el discípulo pretende
ser un profesional en la música, debe dedicarse al estudio de ella cuatro horas diarias;
si se contenta solamente con el titulo de
aficionado. le bastarán dos horas al día. En
ambos casos, las divisiones del tiempo dedicado á la práctica no deberán ser menores de
una hora.
La falta más general, no sólo do los alumnos, sobre todo si son del sexo femenino,
sino de los profesionales, es que se sientan
al piano toruil.ndolo como pasatiempo, en ve7,
de estudiar seriamente. Y es que no existe
instrumento que ofrezca tanta tentación á la
holganza como el piano. En vez de tomar el
estudio con toda seriedad, hay quien lo considera como una diversión, como una manera de pasar agradablemente las horas. Estas
horas malgastadas terminan en producir conocimientos superficiales y cierta cantidad
de facilidades defedtuosas que, como tales,
no sirven para nada cuando llega el caso de
la aplicación práctica. Por su puesto, para el
arte de tocar el piano el factor fundamental
es la técnica. Esta palabra técnica lo abraza
todo: no solamente la destreza, como piensan
equivocadamente muchos, sino también la
pulsación, la previsión rítmica y el pedal.
«Considero deber mío,-añade Paderewski-explicar lo que quiero significar al decll' que la verdadera técnica lo comprende
todo: hay buenos artistas que solo poseen
uno ó dos factores de los que he citado; podrán tener buena facilidad y fuerza, pero no
ritmo, ni conocimiento de cómo han de usar
los pedales. De esta clase sería fácil encontrar muchos grandes artistas cuyo dominio incompleto de todo lo que constituye la
técmoa confirmaría lo que he dicho. Por eso,
la verdadera técrica no consiste en uno ó
mits de sus faclores necesarios, sino que
debe comprenderlos todos; y cada uno exige
su enseñania especial y su estudio: la des-

�PADEREWSKJ, ÍNTDIO

ó32

ras, firmes y eficaces. Seria preciso un tomo

I'OR E50S ~tUXDOS

treza, el ritmo) el pedal correcto y el tono.
Al hablar, pues, _del arte de tocar el piano
lo que debe considerarse en primer término
son estos factores de técnica y el modo de

adquirirlos.»
El espacio de tiempo que diariamente ha
de dedicarse á la destreza de los dedos depende de la etapa en que se encuentre el
discípulo respecto á desarrollo técnico. Para
aquellos que tienen los dedos ya preparados,
se reqmere naturalmente menos tiempo, y en
este caso el alumno debe dedicarse más al

estudio de piezas; pero, no obstante la etapa
de adelanto que baya alcanzado, es indispensable una hora diaria de estudio en esta
parte de la técnica.
Prjmeroi cmpiécese el estudio cada día
con los ejercicios de cinco dedos y las escalas. Ejecútense_lentamente muy legato y con
segura pulsac16n 1 prestando atención particular en la&amp; escalas al paso del pulgar bajo
la mano y al de la mano sobre el pulgar. El
verdadero secreto de la ejecución rápida y
de las escalas brillantes es este rápido y
tranquilo paso del pulgar y de la mano,
con lo que además se evitan muchas dificultades.
De gran importancia. es la posición de la
mano en estos ejercicios: al hacer la escala
hacia arriba con la mano derecha, y al hacerla hacia abajo con la izquierda, la parte
de la mane hacia el pulgar deberá mantenerse considerablemente más alta que la parte
hacia el dedo peqneño. A,;í, levantando la
parte interior de la mano próxima al dedo
pulgar y bajándola en la parte exterior próxima al meñique, hay más espacio para que
el pulgar pase bajo los dedos sin obstrucción
v cómodamente.
· Al bajar en la escala con la mano derecha,
y al subir con la izquierda, deberá invertirse
la posición de la mano; es decir, mantenerse la mano más baja hacia el pulgar y más
alta lncia el dedo pequeño. Observando esta
posir,ún, el discípulo se hallará parcialmente preparado para el paso de los dedos sobre
el pulgar, y tendrá también, corno en el caso
de la primera posición mencionada, distan•
cia más corta para pisar las teclas.
Estas posiciones de la mano son de la
mayor importancia, no sólo en las escala.:;, sino también para adquirir facilidad
en lo.:; arpegios y en la ejecución de todo
género de ejercicios. En muchas versonas
cS innata la cualidad del tono relaciona&lt;lo con un sentido natural de la belleza música. De-pcnrle esto tambün en gr.an patle de
la configuración de la mano y de los dedo~.
Los que tienen los dedos gruesos poseen un
tono natural, y por consiguiente encuentran

poca dificultad para desarrollar una bella
pulsación . Las demás personas tendrán que
trabajar mucho bajo una buena dirección
antes de adquirir el mismo tono bello. En
este último caso es muy importante la práctica de pasajes lentos con pulsación profunda y sin levantar los dedos mu y en alto. Al
mismo tiempo, debe separarse cada tono separ.do y notarse su cualidad. Para la educación del pianista en la posición de la
mano hay que tener en cuenta la natural
conf:guración de esta, lo cual e,xige también un tratamiento individual. Por ejemplo:
al practicar ejercicios de educación, la mano
fuerte con dedos gruesos debe mantenerse
igual con las coyunturas bajas, mientras
que la mano débil eón dedos largos deberá
mantenerse con el reverso abultado en forma de bola, ó arqueada con las conyuntura.~
elevadas.
En la educación de la mano es muy común cometel' una gran faH-a, no sólo entre
los aficionados, sino entre los profesionales:
y es encorvar hacia afuera las primeras coyunturas de los dedos cuando las yemas tocan la tecla. Esta posición de los dedos hace
que no pueda obtenerse un buen tono, por
cuya razón tanto el discipulo como el maestro deben prestar gran atención á la situ1:1.ción
de las última&lt;, articulaciones de los dedos.
Esta es una dificultad que debe vencerse desde el principio . .Yo llego hasta decir que
aquellos cuyas articulaciones de los dedos se
aflojan,-añade Paderewski-no deben tocar
el piano, ámenos que tengan energía. baslante para corregir la falta, si esta puede ser corregida.,
La habilidad de producir un legato puede
adquirirse por dos medios: en primer término, cuidando esmeradamente los dedos; y
después,mediante el uso del pedal. En el primer caso, el rápido y cuidadoso pase del pulgar bajo los dedos es el factor práctico estudjando siempre lentamente, con pulsación
profunda, y escuchando atentamente la unión
ele las notas. En el segundo caso, el fin principal debe ser el juicioso empleo del pedal.
Padercwski advierte á los aficionados que
es un error no emplear el pedal cuando se
hacen escalas. En las escalas rápidas el pedal debe ser lo más eficazmente empleado
para darlas brillantez y color, pero sólo bajo
cierta regla. Debe ser empleado en las notas
sin importancia 1 es decir 1 en la parte central
de la escala; nunca e11
notas últlmas é
importantes. Siguiendo este plan, se dará
brillantez y color al rápido pase de las
no tas que conducen al apogeo; después, ce~
rrando el pedal, las notas importantes y fina- .
les tienen mayor valor, y 1·e.sullan más cla-

l•

para decir todo lo pertinente acerca del pedal¡ pero estas dos cosas son las fundamentales, los principios sobre que ha de empezarse el trabajo del estudio, y necesitan aplicación muy cuidadosa.
La manera de conservar I a m u ñ e c a
es individual, conforme a las aptitudes del
discípulo, pero debe decidirse por el profesor. Algunos ejecutan las octavas rápidas y
los pasaJes es/acato manteniendo la muñeca
muy alta; mientras que otros emplean un
método exactamente opuesto.
La facilidad en las escalas no es cuestión
de fueria, pues los que ejecutan con frecuencia y tienen rilpidos movimientos en las octavas no cuentan con mucha fuerza. Por supuesto, ha y exce~ciones, como Rubinstein,
que tiene flexibilidad de muñeca, ligereza y
resistencia.
Una de las cosas más importantes en el
ejercicio del piano es la comodidad natural en_ la actitud del pianista y la absoluta
ausencia de dureza ó rigidez al sentarse
frente al instrumento.
Antes de comenzar el estudio de la técnica debe fijarse por el profesor la actitud del
que toca. No ha y nunca exageración en precaverse contra las posturas y movimientos
n_erviosos. l\Iucbos profesionales podrían prac~
llcar (y harían muy bien) ante un espejo, y
o?servarse. El efecto, aun en un buen piamsta, de los gestos y los frecuentes movimientos del cuerpo, es desastroso. «Hay muchos_-dice Paderewski-que despliegan gran
sen hmien to haciendo frecuentes ritardandos y largas pausas en notas sencillas; y á
este exceso de sentimentalismo le titularía
yo simplemente ab1&lt;SO de rit-mo. La única
manera de evitarlo es mantenerse tan estrictamente como sea posible en el ritmo y en
el tiempo; pues nada se gana con tales exa~
geraciones sino tergiversar la idea del compositor. Bajo este mismo concepto debe considerarse la exageración del rubalo, tan frecuente por desgracia al ejecutar obras de
Chopin; y esto es debido á la misma noción
equivocada de que con ello se aumentan el
sentimiento y el carácter. El único remedio
de la falta es atenerse estrechamente al ritmo y al tiempo.»
Y ahora, como nota final á este artículo,
trasladaremos íntegramente unos párrafos de
la conferencia de Paderewski:
«Como estudios de esta clase recomiendo:

¡;33

Opus 740 de Czerny, y G·rncl,.,, at Pa,·nas•
su-m, de Clementi, edición Tausig. El Czerny
es técnica pura, y el Clementi es extenso y
brillante. Estos, juntamente con algunos ejercicios especiales para dedos por el profesor,
adecuados á la necesidad individual de cada
discípulo, serán por bastante tiempo complesamente suficientes al objeto de estudios puramente técnicos. Después, debera estudiarse
el Wohltemperirte Clcivier, de Bach, indispensable para la educación en lo que respecta á la independencia de los dedos y al
tono; y á su debido tiempo los estudios de
Chopin.
»No creo en el clavier como ayuda para el
discípulo, porque utilizándolo pierde éste
la posibilidad de dominar su ejecución, y la
ayuda no será para él sino para sus vecinos
porque así no los molestará.
»La precisión é independencia de los dedos se adquiere ejecutando escalas con acento fuerte, y cuanto más lento mejor: primero, debe ejecutarse toda la escala acentuando
las notas conforme al ritmo natural; después,
como el que pronuncia un discurso, se marcará el acento sobre la nota débil, en vez de
marcarlo en la fuerte, y se ejecutará la escala acentuando cada segunda nota; luego, se
colocará el acento sobre cada tercera nota, y
por último sobre la cuarta. Esto da absoluto
dominio sobre los dedos.
)Es tan rico el piano en literatura para el
discípulo en todas las etapas de su progreso,
que se necesitaría un libro para dar una lista
de todos los trabajos que pueden elegirse;
por esta razón, me limitaré á. citar algunos
compositores que en el curso general del
aprendizaje serian de gran ventaja para el
estudiante, y que, sin embargo, estan olvidados. Aconsejaria en primer lérmino á Mozart,
porque con nuestra excitación y nervios roo~
dernos es difícil ejecutar con calma y sencillez; cualidades que se exigen por Mozart. De
los antiguos compositores olvidados, uno de
los más grande.s de todos ellos es :Mendelssohn, cuyos Cantos sin lefra son tan admirables para adquirir cualidad cantante de
tono, y cuyo estilo de escribir para el piano
es de los mejores. Después, en cuanto á la
brillantez técníca aconsejaría Weber. Para
pianistas adelantados recomendaría los ejercicios de :Moszko,vski, entre los compositores
modernos. Las composiciones de este autor
son perfectas desde el punto de vista pianístico y pedagógico.,

��536

LA FIESTA DE NAVIDAD

POH ESOS "lUNDOS

P11lcher et fortissit1111S,
Sarcinis aptissimus.
Refrán.-Hez, Sire Ames ca,· chantez,
belle bow:he rechigu,ez:
vous a11re., de foin assez
et de l'at•oine á plant€a.
«Hez val he., val hez va h€z!•
Bialx sire asnu, car allez,
bel/e bouche car chantezl
Seguían otras cinco estrofas separadas por
el refrán. Pierre de Corbeil agregó dos mas,
las que llevan los números dos y cuatro de la
prosa completa, que hizo cantar fuera del
templo. Así terminaba esta prosa:

Amen, dicas Asinia.
Jcmi Satur ex gramine

porteadores. Canónigos ysacerdoles cantaban

himnos alternativamente, y entre tanto varios monaguillos, arreglados ele manera que
figuraban ser los ángeles, entonaban desde
las galerías el Gloria in excelsis Deo. Du-

La música con que se cantaba era reposada y grave, sujeta á un ritmo isócrono, en
unas provincias, y en otras adaptada al
ritmo prosódico, y se acompa11aba con órgano y flautines.
La fiesta del asno se verificó, entre otras
poblaciones, en Laon, Roueny Noyon. SeO'ún

los V se vió una causa criminal originada
por esta farsa.

rante los maitines, los emperadores romanos
leian solemnemente la séptima lección Exict
edictu»i, y si se hallaban en la capital del

mundo cristiano era riguroso ceremonial llev~r sobre las insignias del imperio, sobrepelliz, capa de coro y espada ceñida. Asi, por
lo menos, lo refiere Puiggari, al cual dejo la

responsabilidad de tan exlrañaindumentaria
interpretando su frase «emperadores roma~
nos» en el sentido de emperadores de naciones católicas.

•••

.An-um, amenitere

.Aspernare velera
Hei Sire asM, hez,

abusos, pues debido á esta causa las prohibió, por cédula particular, el rey Enrique IV,
y hasta parece ser que en tiempo de Car-

En la Cated1·al de Vich (Cataluña) se can-

taba una misa llamada Griega, acaso por
ser una reminispencia de la Iglesia oriental,
que se hallaba sometida á un rito muv extraño. Después de cantado el Te DeÚtn á
media noche y cantadas laudes, el obispo,
con doce sacerdotes y diáconos, formaban

El misterio de Navidad &lt;lió origen á múl-

tiples representaciones. Revela gran ingenio
en su autor el siguientefragmento,de una de
las primitivas, con que un personaje comenzaba su relación:

Latín hablaban anla,io

los br11tos mejor q11e ogaño.
El gallo, q!I€ el caso vió,
Christus natus est!-cantó;
el buey de faz cejijunta
Ubi-ubi-ubi,-preg1mta;

la cabra en un sant,améil
le responde: En Beethle-em;
queriendo verá Jes,ls,
dice el pollino: Eamus;
y po,· no q!l€darse solo,
el becerro ,ni,,ge: Volo ...

ó37

tiespiritt,1alizada, que festeja el acontecimiento religioso comiendo y bebiendo descomedidamente y proporcionando regodeos
inusitados á los sentidos, acaso con la in•
tención de poner de relieve la posibilidad de

aliar lo eRpiritual y lo terreno, son de una
vulgaridad y de una chabacanería completa.
Tal !:;UCede en la estrofa que tantas genera•
ciones han repetido, tal vez inconscientemente:

Esta twche es Nocheb1tena
mañana Nal"idad.
Dame la bota, Mai·ia
que me VOIJ á emborracha,·.

1f

Los villancicos se cantaban, no solo en
las calles, sino aún en el interior de los templos. Aún recuerdo yo que en mi infancia
uno ele los goces mayores era asistir á la mi•
sa mayor durante los días de Pascua en una
capital provinciana, para ver el nacimiento
que un diligente sacristán colocaba en el al-

tar mayor, sin olvidar el más pequefi.o dela•
lle, y para oir las canciones que varios muchachos, dirigidos y acompañados por el or-

ganista, cantaban jocundos mientras sonaban

citado primeramente por Canse, cele-

general, que se llamaba Ad pllllormn cant1&lt;
(misa del gallo) en un Indice del año 1413.

brábanse estos oficios el dia 14 de Enero
aniversario de la huida de la Virgen á Egip~
to. En esta última población asistía al oficio

A la aurora se cantaba otra solemne con ser•
món. Este rito aún se ha conservado casi
exactamente lo mismo hasta la conclusión

ll.Da doncel!a montada en el borrico, vestida
con gran riqueza y lle, ando en sus brazos
un niño de pecho. Al introito, kyries, credo
y otras partes de la misa, el pueblo responili~ al oficiante con sordos rebuznos, y el
nusmo oficiante, según ritual, rebuznaba tres
veces al lte misa est, y el pueblo respondía

del siglo XVII.

Afirma Basón que hasta fines del siglo rítmicamente zambombas y panderetas que
XVII represen tábanse en Valladolid las fiestas · se unían. á silbatos imitadores del canto·de
de Navidad con grande animación, bailando los pájaros. Era aquel un espectáculo comdisfrazados los concurrentes al son del órga- pletamente profano que se celebraba en un
no y proclamando viclor al que cantaba los lugar sagrado con gran regocijo de todos los
villancicos más briosamente. En otras pü- muchachos de ambos sexos y de muchos seblaciones también se cantaban vistiéndose ñores respetables, y al que han dado fin las
los cantores con trajes de pastores y villa- últimas disposiciones eclesiásticas de Pío X,

En general, los españoles, aunque sometidos á la influencia de las costumbres extran•
jeras, no celebraron, sin embargo, con tantas
licencias y profanaciones la solemnidad re-

populares en que ha cristalizado la alegría
que invade á la humanidad al llegar la Nochebuena es el villancico. Villancicos, no-

un ritual manuscrito de Beauvais, del sfglo
XII,

al Deo gracias con otros tres rebuznos (hoc

modulation ¡hin, homl)
En Autum, el asno iba enjaezado y vestido de paños_ de oro, y cuatro de los princi-

pales canómgos sostenían las puntas de la
gualdrapa hasta llegar al pié del altar, donde
unos clérigos, estrafalariamente vestidos, saludaban al asno con el estribillo acostumbrado:

Hez, sire, asne hez.
Siguiendo un antiguo ritual manucristo de
la iglesia de Rouen, terminado el nocturno de
Nochebuena y antes de que comenzara el

oficio, se colocaba en el trasaltar un naci~iento. Ci~co canónigos, revestidos con túmeas y aill.lto, representaban á los pastores
que según la tradición bíblica fueron á ado-

rar _al Hjjo de la Vírgen, y eran recibidos por
vanos sacerdotes con dalmática, á guisa de

u!la procesión sujeta á un ceremonial previo, y luego celebraba la misa de comunión

ligiosa de Navidad. Entre nosotros, tales ex•

cesos parecian estar inspirados, más que en
la malicia, en la simpleza, y más que en la
irreverencia, en la broma. Pero hay broma.-;
que salen caras, y de este género era, para el
que pagaba la novatada, la costumbre establecida en Castilla. Los sacristanes y mona-

guillos revestian de sacerdote, con casulla,
al más moderno de ellos; le sumergían la cabeza en la pila bautismal y le untaban con
miel, asegurándole que antes del año llega•
ría á ser obispo. A continuación le paseaban
al rededor de la iglesia, caballero en el bu-

rro concejil, al que habían paramentado convenientemente con vistosos cintajos y flores,

y cantando coplas ridículas y grotescas le
llevaban á la puerta de la casa del cura
quien, si era hombre serio, limitábase é,
abrazar al neófito; pero si tenía buen humor,
le mandaba azotar, para que fuese ptirifica•
do y saliese obispo cuanto antes. Tales escenas debieron dar nacimiento á multitud de ·

nos. Y es que una de la'3 manifestaciones más

cles, caroles, vivolai-s, vodevires y aún otras
diversas denominaciones recibieron estas coplas, en las que la musa del pueblo expresa-

ba ingenuamente sus sentimientos, cantándolas acompañándose de instrumentos diversos, todos ellos ruidosos y desacordes, predominando la zambomba de sonoridad imprecisa y zumbona. Las coplas de esta índole

respondían á las más opuestas inspiraciones
de una fuente común. Las había tiernas, ingenuas, sencillas, indudablemente fruto de

una imaginación cristiana que por temperamento y creencias celebraba la parte mística del Nacimiento, poetizándo1a. Así se ve
por ejemplo en la tan conocida copla:

Atabales tocan
en Belén, pastor;
trompeticas suenan:
;alégrame el son!
Otras, más materiales y lindando con las
aspiraciones groseras de una humanidad an-

el actual pontífice, sobre música religiosa.
En todos los idiomas existe una cantidad
grandísima de villancicos, algunos de ellos
de una remota antigüedad. España, que no
va á la zaga de niuguna otra bajo este as-

pecto, posee, por otra parte, una colección
abundante de églogas, autos y loas del Naci-

miento.

En los dias de Navidad se abría el apetito
de todos, y este hecho constituye conjunta-

mente con la petición de aguinaldos una nota característica de tal solemnidad. Según
una curiosa nota del año 1267, tomada en los
registros del Archivo de la Corona de Aragón,
el día de Navidad se consumieron en pala-

cio treinta y un carneros, trescientos cincuenta huevos, treinta pares de conejos, doce pares de perdices, treinta y seis pares de capones, cinco pares de ocas, cinco cuarteras
de pan, doscientos veintiocho cuartanes de
vino, e.t ~. En la víspera se comieron coles
con pasas, pescado, garbanzos, castañas, nueces, barquillos, etc.

�53d

YO TE PIDO ...

En lnglatel'L'a también se despertaba el buen
humor británico. Así, Enrique II sirYc, en
1170, la mesa á su hijo, soberano del lmnquetc, llevándole el plato de honor, jabalí ó
pavo real, con gran cortejo de heraldos y al
son de chirimías. Un artesano en la mesa de
Eduardo lII es proclamado «Rey de Pascua»
por haberle correspondido el haba que al
azar se repartía en una gran torta ó mazapan entre los comensales de todas clase;; y
categorias. En otra ocasión, ciento veinte
principales ciudadanos de Lón~lres,ministroi
y chambelanes de la locura, acuden á reci-

bir al nieto de Eduarllo I, á Kensington, jinetes en caballos de cartón, agitando sus antorchas y cantando loores de Navidad al son de
clarines, inválidos todos del común al1JOrozo
Ahora las fiestas de Navidad han perdido
mucho de su primitivo carilcter. Sin embargo, perduran como notas salientes en Espa-

ña l o s villancicos al son de zambombas
rústicas y de panderetas, y la afición á los
banquetes swltuosos. Aún las clases menus
acomodadas invierten parle de sn escaso

COSAS DE ANTAÑO

jornal en turrm;es y mazapanes que satisfacen su estómago
JOSÉ

LA ANTESALA DEL SALADERO

St.:BIRÁ
mejor café de Madrid-como localE
estaba situado en la que puede llamarse planta baja del Hotel de París; tenia una
L

,mtrada por la Puerta del Sol, otl'a por la
calle de Alcalá y otra por la Carrera de San
Jerónimo. Denominábase Café Imperial.
Era un establecimiento soberbio, el mejor
de su clase que había en Madrid. Alto de techo, árnplio, cómodo y ventilado, no era, sin
embargo, el más concurrido, ni su explotación ofrecía un negocio tentador. Prueba

elocuente de •Jo que digo era la frecuencia
con que cambiaba de dueüo .

- A raíz de la Revolución, allá por el año de
1869, formaron piña en dicho Café unos
-cuantos jóvenes que acababan ele llegar á
Madrid de varias de nuestras provincias,
los unos á emprender carreras universitarias,
y los otros á la aventura con el propósito

YO TE PIDO...

-de abl'irse camino en la política ó en la lite-

El avecilla pide mujidora
con dulce pío enternecida y grave,
un eco dulce, primoroso y suave
al pico de su amante seductora.

ratura. Formaron una especie de cantón en

las mesas que babia en el rincón que daba á
la Puerta del Sol y á la Cal'rera de San Jerónimo.
Marcos Zapata, que aún no había estrena-

La casta mariposa ávida implora
el néctar de la flor que libar sabe,
y así también la rosa, como el ave,
clama por su perfume .embriagadora.

-do La capilla de Lanuzct, pero que ya tenía fama de gran poeta en los circulas lite-

De aves y flores son talea antojos
en esta vida que el placer provocaj
y yo tan sólo pido en ansia loca

el tipo perfecto, el modelo acabado del bohemio de la literatura, gremio que estaba

para calmar ¡oh, niña! mis enojos
una sonrisa de tu linda boca

'

y una mirada de lus lindos ojos.

Jos,t M.\URY

rarios, era uno de los mas asíduos concurrenles al rincón mencionado y era á la vez

bohemios ostentaban una reputación completamente usurpada, y úmcamente se les
veía el talento, por falso espejismo, en las

botas rotas, en el sombrero viejo y tpabullado y en el resto de toda su averiada vestimenta.
Allí, al rinconcito entre la Carrera y la

Puel'ta del Sol, concurrían también: Ceferino
Tresserra, un periodista catalán que hacia
versos revolucionarios; Pepe Sierra, gaceti-

llero de La Igualdad, algo bohemio también, aunque no tanto como Zapata, poeta
suelto y prosista intencionado; Mariano Va-

llejo, más atildado y mejor vestido que el
resto de la reunión; Ernesto Fernández y Gutiérrez, un muchachote santanderino, alto,
recio, atlético, rubio, simpé.tico por extremo,

que estudiaba Derecho en la Universidad y
que hacia prosa nerviosa y fluida para algu-

nos periódicos; Senén Canido (hoy magistrado del Tribunal Supremo), un adolescente
que acababa de llegar de la tiarra gallega y
que estudiaba primer año de Del'ecbo, el que
esto escribe 1 y algunos más.

Senén Canido merece capitulo á parte
Era el más jóveu de la reunión y el único

reaccionario (así llamábamos en tónces á los
conservadores), que allí concurría.

entonces en su apogeo y al cual daban tono

El dicho de Lamartine de que «no hay jo-

y realce Pelayo del Castillo, Pedro Marquina
y otros menos conocidos y aún más des-

ven de veinte afias que no sea republicano,•
se desmentia en Canido.
Allí, en aquel rinconcito entre la Puerta

.aseados.
Entonces eran signo de valía y ejecutoria

del Sol y la Carl'era de San Jerónimo, todos

de talento el cabello largo y enmarañado, la
barba descuidada y crecida, el .horror al agua
y la indumentaria lo mils astrosa posible.

éramos republicanos, menos él. Algunos iban

Entonces no se decía, «¡Qué puerco es Fulano!», sino «¡Qué talento tiene!», si Fulano era

esforzaban en aparecer como furibundos demagogos y revolucionarios sanguinarios.
Todos, menos él: defendia sus ideas con un
tesón impropio de sus años.

pnerco.

En honor á la verdad, muchos de aquellos

más allá de la República y audazmente se
proclamaban internacionalistas. Todos se

�610

POR f~'30S )lU,~DOS

Frecuentemente, sosteníamos con Cani&lt;lo
discusiones políticas que degeneraban en
acaloradas disputas, y, siendo, como era,
nuestro eneniigo, todos le queríamos entrañablemente y á todos les era agradable y
simpático.
El y Ernesto Fernández, los dos estudian-

tes de la reunión, contaban con lo necesario
para vivir; pertenecían á familias acomoda-

das, que les remilian mensualmente una
cantidad que les bastaba-ó debía bastarles
--para cubrir sus nece:;idades.

Senén Canido era ordenado y vivía bien;
Ernesto Fernandez frecuentemente se gastaba su mensualidad en cuanto la recibía y
luego andaba todo el mes contrayendo áeudas y á salto de mata.
De los que componían el resto de la reunión ninguno contaba con nada seguro, á no

i'

ser Pepe Sierra que solía percibir con alguna

regu larichid un modesto sueldo de gacetillero
de La lgualdad; pero casi todos éramos redactores de periódicos revolucionarios que
sonaban mucho y producían poco: teníamos
sueldos nominales de los cuales sólo de ve?.

en cuando µodiamos sacar algún pellizco ...
También de vez en cuando, no con la frecuencia que hubiéramos deseado, lográbamos meter un articulo en alguna revista lite-

raria; pero eso era muy dificil y se pagaba
muy poco.

Uno de los recursos de algunos literatos
de aquella reunión del Café Imperial era el
Teatro de la Infantil (hoy Romea) donde actuaba una modcslísima compa,iía de verso.
Allí se representaban cuatrb piezas todas las

noches, y al final de cada una se bailaba un
r:an.-can,, muy moderado el primero 1 algo
fuerte el segundo, fortísimo el tercero". y el
cuarto para hombres solos, como algunas
novelitas q a e ahora venden en la Puerta

.1

del Pol.
El empresario de la Infantil era un exsargento del ejército, que parecía bruto y
era listísimo, que pagaba á los cómicos sueldos inverosímiles (por lo cortos), y que no
abonaba derechos de representación; sen•
cillamente porque solo representaba en su
teatro las obras que compraba de antemano.
El precio de una pieza en un acto oscilaba entre cinco y diez duros; á diez llegaba
mu y rara vez, y de diez no pasaba por nada
ni por nad10. Tenia siempre el teatro lleno, y

algunas de aquellas obrillas - entre ellas
Garbó» y cisco y La rapaciña de Leniu.salcanzaban centenares de representaciones.
Al ex-sargento de la Infantil le vendimos

LA ANTESALA DEL. SALADERO

algunas pieza~, ünponiéndolc desde luego la
condición de no firmarlas: teníamos cierto
pudor en ese sentido; pero eso á él, al empresario, le importaba poco, y aún se alegra-

ba de ello, porque en los estrenos de aquellas obras, si el público pedía que saliera el

desgañitaba relatando los crímenes horribles
de un sanguinario bandolero andaluz, crea-

ción de mi acalorada fantasía.
Lle•ué basta el grupo y casi me confundí
c0n éf Con aquella incongruente é insólita

autor, se presentaba mi hombre en escena
haciendo cortesías grotescas que serYían para deleitará aquel público singularísimo. Algunas veces salían voces del público, que
decían:

relación desfilaba por mi memoria todo
mi pasado inquieto y turbulento, de privaciones y de penalidades 1 sembrado, no
obstante de los más agradables y bellos recuerdos de mi vida, y pensé, melancólica-

-¡Usted no es el autor! ¡Fuera de ahi!
¡¡Fuera'!
El se adelantaba majestuoso hasta la bate1-ia y exclamaba:

mente, que no hay nada tan hermoso como
contar veinte años y tener fé y esperanza en
el porvenir.
A poco de estar escuchando mi romance,

-La obra es mía, porque la he comprado;

mi dinero me cuesta el salir aqui á darme

pisto.
Se tomaba el caso á chacota y se le aplaudía rabiosamente.

*
**
Yo di con un rico filón en forma de impresor y edHor de romances de ciego, un señor
muy campechano y muy simpático, que vi-

vía en la calle de Postas, número 3. Aquella
especie de Providencia con terno de pana,

zapatos de dos suelas y somlirero de copa
del siglo XVIII, se llamaba el señor Rufino y
pagaba los romances á diecinueve reales-un
napoleón-y alguna vez, si la composición le
entusiasmaba, se corría con una pesetilla
más.

que deleitaba al buen pueblo alli congregado,
llegó al grupo un señor panzudo, apopléllco!
de frente deprimida y ojos saltones; se paro
un momento, y encarándose conmigo soltó
estas palabras:
-¡Cuánto disparate! Parece mentira que
se escriban estas cosas!..

1le sobresalté.
-¿Sabrá este tio (pensé) que soy yo el
autor?
Pero, no, no podia saberlo. 1.Por dónde lo
iba á saber? Ya más tranquilo 1 me sonrei
por toda contestación. Lo huhiera abofeteado de buena gana.
El señor panzudo se fué; compré mi romance por un perro chico (cuando yo los
escribía se vendían á dos cuartos) y también
abandoné, nostálgico y pensativo, aquel lugar de mi gloria retrospectiva ...

Es de advertir que el señor Rufino solamente se entusiasmaba con lo muy dispara-

tado en la esfera del bandidaje ó de los milagros.
Todas las semanas le llevaba un romance
al señor Rufino; algunas veces dos á la par,
y en no pocas ocasiones me adelantó dinero

á cuentci de obm.
Con los romances, que imprimía y editaba
por su cuenta, hacia aquel hombre un negocio mu y bonito.

No hace mucho pasaba yo una tarde por
la Plaza de l~ Cebada; en medio de un grupo
numeroso de gente del pueblo un ciego cantaba un romance, ilustrado con un gran cartelón, sembrado de viñetas emocionantes 1

que tremolaba á modo de estandarte.
A las primeras palabras que percibieron
mis oídos me sen ti vivamente emocionado:
aquel ciego estaba cantando uno de mis ro-

mances más disparatados, de los que habían
merecido el entusia8mo del señor Rufino. Mi
primer pensamiento fué apretar á correr;
pero una fuerza superior á mi voluntad, no
sólo me retenía en aquel sitio, sino que enderezaba mis pasos hacia donde el ciego se

Volvamos al rinconcito del Café Imperial.
Servía en aquella::; mesas un camarero jó-

ven alto 1 bien parecido y bueno y simpático

basta la exageración. Se llamaba Juanito, y
era otra Providencia para nosotros.

Excepción hecha de Ernesto Fernández,
Senén Canido (éstos eran ricos por sus casas) y Mariano Vallejo, que estaba en fondos
y que tenía un periódico, los demás éramos
allí plantas parásitas y sólo de tarde en tarde
hacíamos algún pequeño gasto.
.
Juanito nos trataba á todos con la misma
deferencia, y esto~· por decir que extremaba su amabilidad con los que teniamos menos dinero. En las primeras horas de la tarde, que era cuando empezábamos á reunirnos, Juanito ponía en una de nuestras mesas

(generalmente ocupábamos dos) una botella
grande, llena de agua, y v11rias copas, y ja-

mé.~ le preguntaba a uno si iba á tomar algo:
conocía de sobra el persona1. Fiaba hasta
donde podía, y en más de una ocasión, cuando á última hora de la noche recalaba allí

uno de nosotros, de mal humor, pálido y

541

desencajado, Juanito, expontáneamente y
sin hablar una palabra, tranquilo y sonrien-

te le servia un bisftek con muchas patatas, un panecillo, una chica de vino y un
café.
-Agrégalo á la cuenta,-se le decia des-

pués.
.
Y él sonreía una vez mfo,, tranquilo y
satisfecho ... ¡Qué gran persona era J uanito!
Para que el lector acabe de comprender
basta dónde llegaba la generosidad de aquel
mirlo blanco de los camareros de café, es
preciso que conor.ca el hecho siguiente.
Una tarde. á cosa de las tres, me encontré
en plena Puerta del Sol á una mamá y dos
niñas, paisanas y amigas mias, que acaba-

ban de llegar á Madrid. A los tres minutos
de estar hablando con ellas, la mamá tendió
su mirada de águila hácia el Imperial y exclamó:
-¡Qué hermoso Café! Todavía no hemos
visto por dentro ningún café de ~ladrid.
-Pues ahora van ustedes á ver f:'Sle,me apresuré á contestar.
Después de una ligera resü,tencia aceptaron mi invitación y penetramos triunfalmen-

te en el Imperial.
Yo lleYaba ocho cuartos en el bolsillo ...
Tom~ron cada una un gran vaso de lecho

merengada y yo tomé café, ¡café, sin haber
comido!

Apurada la leche y agotada la conversación, di dos sendas palmadas y acudió Juanito. Con todo el énfasis propio del caso,
aunque temblando interiormente, deslicé una
moneda de dos cuartos en la mano de J uanito; éste se inclinó ligeramente, se fué hacia
el mostrador, volvió en seguida y me puso

sobre la mesa la vuelta de una moneda de
cinco duros.

¡Qué efecto para la mamá y las niñasl
-Siempre creí que en 1fadrid baria usted
canera,-dijo la niña mayor, de.spuésde una
pausa conveniente, mientras yo me guardaba

el dinero.
-¡Pschl Se hace lo que se puede,-contesté, con el aire aplomado de un hombre satisfecho de su suerte y confiado en su porvenir.
Me apresuro á. hacer constar que ninguno

de aquella piña dejó nada á deber á Juanito
y que al final de aquella etapa las propinas
correspondieron á su generosidad.

Alg1tnas tardes á última hora, cuando que-

dábamos solos los desheredados de la fortuna1 después que se iban á comer :i sus casas
respectivas los quo hacían una vida ordenada, juntUbamos el dinero de todos, cuatro ó

�542

cinco pesetas entre seis 6 siete (algunos no
aportaban nada al fondo común), ,, nos íbamos á comer al entresuelo de unÜ taberna
que había en el rnímero 4 de la calle de Al-

calá. no' sin acordar antes el 1nenú, en lar(J'a
o
y j aboriosa discusión, con arreglo á lo recaudado.
Había quien en aquellas condiciones quería comer perdices...
La verdad es que con arreglo á nuestros
medios-y al voraz apetito que por sarca5-

mo de la suerte no nos abandonaba un punto-no~ hacíamos la ilusión deque comíama:s
muy bien en la mencionada taberna.
Otras veces nos íbamos al callejón de Gitanos (ya desaparecido por el ensanche de la
calle de Sevilla) y caíamos sobre las famosas
judías y las no menos famosas chuletas del

celebérrimo Tío Lúcas.
También, aunque no tan frecuentemente,
porque era algo más caro que los otros csta-

hlecimientoi::, íbamos al histórico Café de la

1i

'1

Rueda, el predilecto de los bohemios de cierto tono, y que estaba situado en el mismo
callejón de Gitanos, casi lindando con la carrera de San Jerónimo.
Al Café de la Rueda ibámos solamente
cuando alguno de nosotros loaraba mete&gt;· un
articulo en la Revista ele Esp°a,1a, de AU,areda, en La Iluslr!tción Espa,1ola y Ame1·-icana, ó en alguna otra publicación importante, ó colocarle una pieza al empresario de
la Infantil.
Aquello
era como un extraordinario , como
'
una Juerga a la altura de las circunstancia,;;,

***

' 1

1

LA ANTESALA DEL SALADERO

POR ESOS )IU~DOS

•

T~mbién íbamos individualmente, ó por
pareJas cuando más, á una casa de comidas
que había (y creo que aún existe) en la calle
de J~rdrnes1 donde por una peseta se comfa
admirablemente, según nuestro apetito de
eTJtónces.
Una tarde, acababa yo de entrar en el Imperial, cuando Ceferino Tresserra, peaando
0
su boca á mí oído, me preguntó:
-(.Has comido?
-Sí,-le contesté.
-,:,Tienes ahí una pesela y tres ó cuatro
cuartos, para que cama yo'?
Yo tenía nueve reales y di á Tres:5erra lo
c¡uc me pedía. Salió disparado hácia la calle
de Jardines y yo pedí café, con intención de
pagarlo, porque entónces le debía á Juanito
un pico bastante regular.
Fueron llegando los compañeros y se animó la tertulia. Unos hablaban de literatura
otros de política; Pepe Sierra y Ernesto Fe/
nánder. se cmpefiaban) aunque en vano, en

convertirá Canido á la;; ideas republicana,:¡;
~lgunos. pedían papel y tintero y se ponían
a escribir sus artículos y sus poesías.
Marcos Zapata trabajaba entónces en La
captll!t de Lamtza, que tanta gloria habia
de d~rle unos cuantos meses después; pero
trabaJaba lentamente. Siempre ha sido según su propio dicho, una fiera para el
canso. Suva es también esta fra~e:
«Hay af1os en que no se le ocurre á uno
nada.,
Al cabo de una hora próximamente llegó
un hombre preguntando por mí, y me llamó
á parte. Era tm mozo del figón de la calle
Ja~drnes y venía á decirme que un parroqtuano_ de su establecimiento al irá pagar
la com_,da había dado una peseta falsa, que
no tema otra y que me llamaba para que yo
le sacase de aquel apuro. ¡Pobre Cererino!
Estaba prisionero por una peseta: la que yo
le había dado.
Llamé a Juanito, le dije que agregara el
café que acababa de tomará mi cuenta corriente, y me marché con aquel hombre.
Ya en la calle me asaltó una idea horrible. ¿Seria falsa también la única peseta que
me quedaba, la compañera de la que babia
d~do á ~res_erra? Para evitar un papel desairado s1 m1 sospecha se convertía en realidad, pregunté á mi acompañante:
-¿Entiende usted de moneda?
-Es mi especialidad: he estado mucho
tiempo en una casa de cambio -me contesló.
,
-~,Es buena esta pescta?-lo interrouuó
0
mostrándosela.
,
-Buenísima: ¡así lu\·iéramos muchas!
-Yo no lengo más que esta, y- dentro de
algunos minutos solo tendré cuatro cuartos.
--Los que tenemos todos ... y además el
franco.
Llegamos al figón, rescaté á Ceferino Treserra, y ambos volvimos alegres y triunfantes á nuestra tertulia del Café Imperial, donde aún seguían discutiendo de política hablando de literatura y haciéndola...
'

des-

¡,Por qué titulo esta narración La antesala, del Salade1·0.'- preguntará, seguramente, el lector.
Por ~na ra_zón muy sencilla: porque en
aquel nnconmto nuestro la policía echó el
guante á. varios periodistas republicanos para
llevarlos á la anti_¡rna cárcel así denominada.
Tanto se repitió el caso, que la gente &lt;lió
en demr que aquel rincón era la antesala
del Saladero y así se llamó durante mucho
tiempo.

Como era muy dificil dar con el domicilio de algunos periodistas y literatos de
aquella época, y nuestra tertulia tenia cierta notoriedad, cuando había que prender a
algún escritor revolucionario la policía iba
allí á tiro hecho.
Y rara vez erraba el tiro.
Allí, en aquellas mesa.s 1 se escribieron muchos artículos que fueron denunciados, y por
algunos de aquellos escritos pecaminosos pidió el fiscal diez, dore y hasta catorce aüos
de presidio. ¡Una friolera/
Era muy frecuente en aquella época oir
decir:
-Vov á tomar café á la antesala del Saladero. ·
Entónces no había momento seguro, y á lo
ro.ejor, es decir, á lo peor,nos encontrábamos
con que nos denunciaban el artiCulo que
creíamos más inocente é inofensivo.
Yo también tuve el honor de sufrir persecución por la justicia. Una noche me echaron mano, encontrándose muy tranquilo en
la antesala, y me llevaron al Saladero, teniéndome tres días incomunicado, por el doble delito de cons~iración y de publicación
de un escrito subversivo.
Lo del escrito era verdad; en cuanto a la
conspiración, el juez fué quien medió la primera noticia, y por aquel apreciable funcionario supe que yo era un conspirador lemible.
A los tres días me levantaron la incomunicación, y tuve el gusto de allernar con los
más distinguidos asesinos y ladrones que se
alberg!tban en el Saladero.
A los seis días, es decir, a los nueve de
encontrarme en aquella agradable y confortable mansión, un banquero, Don Felipe Tutau, hermano tlel Don Juan del mismo ape-

543

llido c¡ue el año 1873 fné ministro de Hacienda, prestó una fianza metálica por mi libertad provisional.
En aquel tiempo vestía mucho y daba gran
importancia estar unos cuantos días en el
Saladem por delito de imprenta ó de conspin\ción.
Yo había estado por Ias dos cosas; casi ascendí á personaje y muchos de mis compañeros me tuvieron envidia por el novenario
qt e pasé en chirona. El periodista revolucionario que no pasab!t por el Saladero estaba en ridiculo.
Por mi parte, debo decir que no saU del
Saladero con ganas de repetir la suerte, y
que desde entónces puse sumo cuidado en
no dar que hacer con mis escritos á jueces y
escribano!-;.

Aquellos tiempos fueron para mi duros y
difíciles. Pero, daría ahora un dedo de la
mano por desandar la senda recorrida y volver á aquella época de luchas y de privaciones, de ilusiones y de locura~, de esperanzas
y de entusia~rno:=:., de sana alegría, de fraternidad literaria y, en suma, de todo lo que se
fué hace muchos años para no volver...
Como decía aquel gran satírico que en
vida se llamó Roberto Robert, «la generali~
dad de los escritores españoles, cuando tienen apetito no tienen qué comer, y cuando
llegan á tener que comer ... ya no tienen apetito.»
Y consto que tomo ese dicho como una figura retór:ca y en otro muy diverso sentido
del que materialmente expresa, porque no
soy de los que viven para comer, sino de los.
que comen para vivir.

Fn,xc1sco FLORES GARCÍA

�EL OBSERVATORIO ASTRONÓMICO DE MADRID

Vista del edilicio principal del O1scrvatorio Astronómico de Madrid, qun se levanta en el cerrillo de :San Bias,
de esta corte

MADRID CIENTÍFICO

EL OBSÉRVATORIO ASTRONÓMICO
todas las ciencias puestas al servicio
D
del hombre por él sometidas dominadas, es la Astronomia la más abstracta.
E

y

y

Sus páginas están escritas con esos signos
rutilantes en la inmensidad de los abismos
del infinito.
A la observación v al cálculo hán~e revelado los caminos siderale~, la substancia
química, las órbitas recorridas, las magnitudes y las leyes por que se rigen esos innumerables astros que pueblan los espacios,
que giran, que lu::en centelleantes con estelas
luminosas y que desaparecen en las negruras
de la distancia.
Ese tesoro inmenso se ha entregado á la
perseverancia del hombre que con empeño
tenaz logra que le vaya mostrando la verdad
oculta en la distancia y que le rinda sus bellezas como premio á su labor.
La civilización, ufana de su conquista, ha
elevado sus templos en las cumbres &lt;le las
montañas, y sus ritos extraños están sometidos al más fiel y preciso de los culto-;.

España no es la última entre todas las naciones que prestan gran interés á los estudios astronómicos, bien penetrada de su
utilidad y provecho; y en las visicitudes por
que ha atravesado preocúpose siempre del
mayor explendor y auge de una riencia que
nos pone en contínua comunicación con los
demás países.
En Madrid, durante el glorioso reinado de
Carlos III, el ilustre Don Jorge Juan Oquendo
sugirió al monarca el pensamiento de instalar en esta corte un Observatorio Astronómico.
El inolvidable soberano, tan decidido protector de las ciencias, acogió la idea con
gran entusiasmo y ordenó al arquitecto Don
Juan de Villanueva que hiciera los planos del
edificio, á la vez que enviaba pensionado al
extranjero para perfeccionar sus conocimientos de Astronomía al sabio matemático Don
Salvador Jimónez Coronado, individuo perteneciente á las Escuelas Pías.
Corouado recorrió todos los Observatorios

545

Don Juan de Villanueva, arquitecto que planeó el
edificio del Observatorio de Madrid

Don Jorge Juan, iniciador rlel eslablecimiento en Madrid de un Observatorio Astronómico

&lt;le Europa y se estableció después en París.
Villanueva no ejecutó obra alguna; y así fué
transcurriendo el tiempo sin que Madrid tuviera Observatorio, hasta que subió al trono
€1 rey Carlos IV y á fines del siglo xvm, en
€1 año 1789 y siendo aún ministro el conde
-de Floridablanca, se trató de llevar á cabo
el proyecto, señalándose para edificar la casa
principal un sitio escogido en el Buen Reti-

ro, en el cerrillo de San Pablo, donde se alzaba la ermita del mismo nombre. Esta derribóse siendo trasladada su venerada imágencélebre en Madrid como abogada de los dolores de garganta de los niño,., hasta el punto de que hay una cofradia de esle nombre
y se ce lebran sus fiestas con gran pompa--á
la del Angel, en el camino de Atocha, y después á San Jerónimo el Real.

Pabellón nuevo del edificio del Observatorio Astronómico de Madrid

�POR ESOS MUNCOS

540

llcuatorial visual de ürubb

En 1WO empezóse la obra del Obserrato1io por el arquitecto Villanueva, y se inauguró un curso de Astronomía á cargo de Ji ·
ménez Coronado, para el que se utilizaron
ya algunos instrumentos que habían sido
traídos ele Lóndres en el reinado de Carlos IlI.
Este monarca babia traído á Espaiia al
instrumentista del Observatorio de Parí,,
M. ~Iegoie, el c·1al supo gastar mucho dinero
sin hacer nada útil ni conseguil' para España
un discípulo de provecho en su arte, por
cuyo motivo fueron enviados á Lóndres por
cuenta de Su .Majestad dos acreditados artistas, Don Amaro Fernández y Don Carlos
Rodríguez, que en la capital de Inglaterra
perfeccionaron sus conocimientos de tal manera que á su regreso se encargaron del taller de máquina y constro ycron mu y buenos
instrumentos de observación astronómica,
algunos de los cuales aún se conservan.
Tanscurría el año de 1799 sin que todavía
se columbrase el fin de la construcción del
Observatorio actual. cuando Jiménez Coronado propuso, en vista de CíUe no babia medios de llevar á cabo el principal objeto de
la Astronomía, que era la indagación y estudio de los movimientos celestes, la construcción de un Observatorio provisional, la cual
se llevó á cabo en el altillo llamado de San
Bias, en el Retiro, cuyos terrenos fueron
cedidos de su real patrimonio por Carlos IV.

Ecuatorial foto~ráfica de Grubb

E-ste edificio, aunque dúbil f'U su constl'llcción, 1Jirvió para que se i 1stalaran en él numerosos instrumentos at1,,uiriuos en el extranjero y otros construítlu,1 en el taller del
establecimiento.
En 1802, el inolvidable Go,loy, el príncipe de la Paz, tuvo la gloria de dotar al Observatorio de,un magnifico telescopio de fTer;;chell, de veinticinco piés de longitud, que no
estuvo en disposición de servir hasta 1804.
Fué colocado este gran aparato, con su
torre giratoria, en el sitio donde antes estuvieron el antiguo polvorín y el cementerio
ele la parroquia clC'I Retiro.
No existe noticia alguna de lo que costó el
gran instrumento de que dotara al Observatorio el príncipe de la Paz. Si se ha podido
averiguar que su traslación á Madrid alcanzó el precio de 85.000 reales y que la torre
giratoria costó la suma de 210.000 reales.
En 1796 no se había aún levantado la gran
carta geométrica de España encomendada al
Observatorio, y la poca enset'ianza que se
daba en este reduciase á Astronomía r J[eteorologia.El establecimieAtO pasaba pÓr una
vida tan azarosa, que Villanueva no pudo
obtener ni 300.000 reales que solicitó para
terminar el gran edificio, lo que no fué óbice
para que las obras siguieran, aunque lentas,
hasta que la mano tlemoledora de los franceses vino á destruir todo lo construido á
costa de tantos desvelos.

Circulo meridiano de Repsold Y péndulo de Strasser, que sirven para fijar la hora en España

�648

POR ESOS MUNDOS

Durante la guerra de la Independencia los
france;es entraron en el Retiro, estableciendo una fortaleza en el edificio principal del
Observatorio.
El espíritu infernal de la guerra y de la
soldadesca desbarató lodo. Tiraron libros v
papeles y destruyeron el gran telescopio de
llerschell, quemando la armadura y habilitando el gran tubo para pesebreras de los
caballos. Gracias á Coronado pudieron conservarse algunos instrumentos.
Dicho se1ior, después de libertada la capital de füpaña, en 1812 fué elegido diputado
á Corles muriendo en Jerez de la Frontera al
siguiente año, apenado por las vicic;itudes
que atravesó el Observatorio que constituyó
durante tanto tiempo el principal ideal de su
vida. Recientemente, por si hubiera duda de
que los franceses se habían fortalecido en el
cerro de San Bias durante la guerra de la Independencia, al limpiarse el gran por.o del
Observatorio hao sido encontrados sables y
objetos de aquella época, arrojados allí sin
duda por el ejército invasor.
Existen en el Observatorio dos magníficos

c3pejos metálicos, de una abertura útil de
62 centímetros de diámetro, y con los que
se podría hacer mediante poco coste un
magnífico telescopio visual y lolográflco, que
dado el buen cielo de Madrid pudiera rivalizar en los resultados que prestara con
otros muchos aparatos de su clase.
Creyóse en una época que fueran estos espejos los que pertenecieron al gran telescopio destruido por los franceses; mas el tiempo, que es gran descubridor, ha probado
que pertenecían á un gran telescopio que
encargó para sí el prí~cipe de la Paz, y acabada su pri,,anza quedaron en el real palacio, siendo despué,; regalados al Colegio Imperial ó Estudios de San Isidro, donde hoy
se halla el Imtiluto que lleva el título del
patrono de Madrid.
Cuando la exclaustración de los frailes, los
referidos espejos y otros instrumentos de
Astronomía fueron dúnados por el Gobierno
al Observatorio Astronómico de Madrid. Estos últimos sirve:1 ltoy únicamente para el
estudio de la historia de la cie11cia aslronómic1.

EL OBSERVATOHIO ASTHO:-IÓ)IICO DE MADRlll

Cuénlase como anécdota que el tubo de Facultad, donde aún se conservan. Dióse el
caoba del magnifico telescopio d e Godoy caso curioso de que el mism'o prendero que
sirvió de caja de escaiera en el real palacio, vendió la colección de instrumentos astronópara que la reina Crismicos del infante Don
tina se comunicara con
Sebaslián ofreciera
el caballero que había
también á la venta un
contraído nupcias seejemplar en vitela de
cretas con ella, el dula Biblia Complutense
que de Riánsares. Por
·uya signatura apareeste dato, se pueden
cía raspada, no ·así un
calcular las dimensioverso latino en que
nes del instrumento.
el bibliotecario de la
El infante Don SebasUniversidad de Alcalá
tián, hermano de Ferde llenares consignanando VII, mostró en
ba que un canónigo de
su juventud decididas
la imperial Toledo haaficiones á la ciencia
bía regalado el libro,
astronómica y llegó á
apareciendo además
hacerse de una magníhasta el número del
fica colección de insestante en que había
trumentos, entre ellos,
sido depositado. E,;te
un anteojo de Merz,
libro fué á parará una
un anteojo de pasos,
biblioteca de Bélgica,
un telescopio y un
&lt;;Íendo a 11 i vendido
microscopio solar, que
por catorce mil pesetenía instalados en el
tas.
palacio de la-Piar.a de
Seguramente, la BiOriente.
blia Complutense fué
Salió Su Alter.a de
uno de I os muchos
palacio, y c o m o la
ejemplares que los cagrander.a puede ser efí1-reteros arrojaban á los
mera aún en las perpajares para aminorar
Teodolito de Salmoiraghi
sonas de regia estirpe,
la carga de sus carrela colección de instrumentos del infante Don tas al hacer noche en Torrejón de Ardoz, en
Sebastián fué á parar á manos de un pren- la época en que fué lra!'&lt;]adada de Alcalá á
dero, el cual la ofreció al actual director del .\fadrid la Bibliotera de la Univer;;idad.
Observatorio
Restablecido
Don Francisco
el Gobierno leIñiguez cuangítimo, con tido éste era canuaron es tatedrático de la
cionadas I as
clase de Astroobras del Obnomía en laFaservatorio , y
cultad de Cienen 184ó l:i recias. El señor
forma general
Iñiguez, q II e
que se hiw en
tanto se afanó
Instrncci ó n
siempre por
P 'lblica vino á
todo Lo que
favorrce rlo,
contribuyera
por cuanto el
á engrandecer
ministro de 1
en España las
ramo, Don Peciencias astrodro José Pida!,
nómicas, pro¡:,rimer mar puso al G o qués de PiJal,
bierno la at1mandó que se
Espectroscopio de Pellin
quisici ó n de
procediera á
l o s referidos
reparar y conaparatos, y el Estado, QOmprendiendo la ,el'uir el edificio, obras que ejecutó el arquiutilidad de ellos, los adquirió para aquella t~cto Don Narci.so Pa5cual Colomer.

�550

POR ESOS MUNDOS

un anteojo de pasos, ambos construido, por
Re¡isold.
También como auxiliar del anteojo meridiano construyóse una mira, qun aún se conserva en el Cerro de los Angeles, si bien ya
es inútil por las casas y chimen('as que imposibilitan que pueda servir para el fin que
Daba entrada al Observatorio una escale- dP.bia llenar. Posteriormente, el año 1856 se
construyó bara de dos rajo la dirección
mas, cuya
del arquitecto
puerta asomaDon José Aguiba al Paseo de
lar la casa-haAloch a, perú
bitación. para
en la actualiI os as trónodad la entrada
mos y auxiliaprincipal está
res,que consta
en la calle de
de dos alas,
Alfonso XII.
separadas por
En el edificio
un a rotonda
principal pre~obre cuva bódomina el esveda se apoya
tilo griego, y
la cúpula donsu precioso
de se instaló
pórtico es de
la gran ecuaestilo corintio.
torial de Merz,
El suntuoso
aparato que
templete moncostó 160.000
tado sobre esreales y es el
beltas columm á s potente
n as jónicas ,
de todo el Obhermosea muservatorio.
cho el edificio;
En la misma
mas aquel deépoca, siendo
par lamen to,
comisario r eque par a el
gio del Obserpúblico figura
vatorio el secomo lo prinñor Gil y Zácipal del Obrate, los señoservatorio, no
res Novella y
ofrece co~diAguilar (Don
cioues algunal:i
Círculo meridiano de Salmoiraghi
Antonio), herpara el objeto
mano este úlh que se 1e
destinara, toda vez que su cubierta hace inú- timo del referido arquitecto, fueron pensiotil la colocación de cualquier instrumento nados para estudiar la Astronomía en Italia
astronómico, puesto que cubre toda la bó- con Santini, y después desempeñaron la dirección uel establecimiento.
veda celeste.
La ecuatorial citada tiene 27 centímetros
Dicho departamento sólo se ha utilizado
para la colocación de instrumentos meteoro- de abertura y 4'83 milímetros de distancia
lógicos, y á veces sirve para trabajo, de gen- focal, y la cúpula ó torre que la protegía,
que era de madera y estaba ya destrozada
desia.
Ya terminado el principal edificio, instaló- por el tiempo, ha sido sustituida por otra
se el magnífico anteojo meridiano de Repsold hemisférica de armadura de hierro y cubierque el mismo autor y construclorvinoá mon- ta de papel prensado, que se mueve eléctritarlo, y el péndulu sidéreo del famoso relo- camente.
Su J\lajeslad la reina Doña Isabel II hizo
jero inglés Mr. Dent, ei cual sirvió como recesión de 26.200 metros cuadrados de terreloj magistral para ajustar la hora.
Como instrumentos auxiliares, dotóse al no al rededor del Observatorio, lo que perObservatorio de un teodolito para las deler- mitió que este tomara gran auge.
Dado el desarrollo que adquirió la ciencia
winaciones fundamentales de latitud, y de

Meses después, y cuando habían transcurrido ya cincuenta y ocho atios de haberse
colocado la ~rimera piedra, vióse al fin concluida la obra.

LL UU::iElt\'ATOHIO ASTl:O.'ifo11co DE ~lAOHID

.astronómica y los derroteros por donde se hora y aprl\ciar las variaciones del anteojo,
lanzaba, fué preciso ampliar el material mo- que tiene que estar perfectamente orientado
&lt;lerno y reformar el antiguo, para lo cual se de Norte á Sur y con su eje perpendicular
doló al anteojo meridiano de una pareja de al eje de rotación, para lo que se requiere
que el instrumento en sí no varie y que
-colimadores.
Llámase así á dos anteojos encontrados, tampoco cambien de posición los pilare3 que
q11e entre ambos determinan la posición fija lo sustentan.
Como ni una co,c;a ni otra de estas úllimas
&lt;le una recta, muy aproximadamente apantada en la dirección Norte á Sur para que acontece, de aquí la necesidad de las ob~er-eníllado el anteojo meridiano alternativa- vaciones diarias para conocer la posición
mente á una y á otra se pueda determinar exacta del circulo ó anteojo meridiano.
Los astrónomos encargados de este servi-con facilidad y exactitud el error de colina&lt;:ión del círculo meridiano sin nece.sidad do cio turnan por sPmanas.
Ademá~, diariamente se observan con el
ievantarlo ni invertirlo, como se hacía anlianteojo meridiano las posiciones de Yal'ias
:guamente valiéndose de una mira única.
También el reloj ma~istral ó péndulo de e~trellas elegirlas de antemano, para formar
,m catálago.
Dent, rn gastaEl Obserrn,do por cincuentorio de .M a•
ta años de serdri d tiene I a
" i e i o y que
misión de dar
.además resulla hora oficial á
taba antiguo .
la población y
-dado lo que
á toda la penínhoy se ha adesula.
lantado en esta
Para fijar la
clase de aparahora á la capitos; fué reemtal de España
p I a zado por
existe un hilo
-otro de Straseléclrico que
ser ~on regulaenlaza al Ob-dorde Ruffler,
sen,atorio con
establecié n doel Ministerio de
se á la vez el
la Gobernación.
sistéma cronoytodos los días,
gráfico para las
á las doce en
obserYac iones
puntodel liemnrnt:idianas, lo
p o medio del
que &lt;lió motivo
meridiano de
á oóe ,;e dotara
Grecnwicb, se
.al db~ervatorio
1
cierra un cirde 'Y.1 magnifico
cuito eléctrico
péndulo elécdesde el Obsertrico y un crovatorio referin ó Grafo de
do, lo que haHipp.
ce que se desPara el estuen gan cb e I a
dio de los torcuerda que sosnillos micrométiene la b o I a
tricos y para la
dorada en 1a
-&lt;iiYisión de escúpula de I a
calas y círcuMacromicrómclro para medir las placas folo~ráficas
torre de Goberlos adquirióse
nación y que
también una
máquina de di vid ir, provista de un compa- esta caiga con estruendo, espectáculo que
rador que permite apreciar hasta una milé- es contemplado por casi todos los forasteros
.sima de milímetro.
que vienen á la corte y por no pocos madrileños.
Para dar la hora al público existe también
El trabajo del servicio de Mel'idiano del en nuestro Observatorio en la antesala del
Observatorio tiene por objeto determinar la Meridiano un reloj que se1'iala la hora oficial,

�EL OBSERVATORIO ASTRONÓ.MICO DE :MADRJD

Fotografías de la corona solar en el eclipse total de sol del año 1905, tomadas desde Burgos

y al lado del cual hay un cuadro en el que papa Clemente cuando el asalto de Roma porse indica el estado de tal aparalo, ó sea los el condestable de Borbón que fué muerto por
Benvenuto Cetlini. Desde los muros de estesegundos de atraso ó adelanto que tenga.
Diariamente acuden al Observalorio los castillo, el célebre arq uiteclo, pintor y esrelojeros de las eslaciones ferroviarias pi1ra cultor Miguel Angel disparó un cañón, parrectificar las horas de los instrumentos que tiendo en dos á un oficial de los tercios
tienen á su cargo y por hs que se rigen los españoles . Victoriano Sardou localiza las
principales y más trágicas escenas de su
horarios de los trenes de toda España.
co nocidísiTambién
m a obra
concurren
Toscci en
al Observaesta histótorio para
rica fortareclificar la
leza, cuyos
hora rn u •
cimientos
chosrelojebañan las
ros de la
aguas del
capital.
Tiber.
Yya que
tratamos
*
este asun**
to, mencioUna de
na1·emos el
las obras
caslillo del
más recienSanto Antes del Obgelo,de Roservatorioma, desde
de Madrid
donde se
es la consda la hotrucción
Espectro de la corona solar, obtenido con cámara prismática en Burgos
ra á la ciudurante el eclipse total de 1905
de I pabedad dispallón
nuevo,
dedicado
especialmente
al esturándose un cañonazo á las doce del día
desde dicha célebre fortaleza, sobre la cual dio de espectros solares.
En. una de sus torres se ha instalado una
existen muy ~uriosas leyendas. Sii;vió de
ecuatorial
de Grubb, de Dublin, de veinte
prisión de Estado y en ella estuvo recluido el

�55t

EL OilSERYATORJO ASTlW:Sfo1íco DE ~IADRID

PJR ESOS MUNOUS

~!

centimetros
f
. de dabertura v. tres mel I·os d e que &lt;le todos lo; demá~ cuerpos reunidós.
oca.'1 p~ov1sta e un ap_arato. de relojería Su d1ame_lro es c1?nto doce veces mayor que
mui exacto. Este magnifico rnstrumento. el _de la Tierra y dista de esta treinta Y cuatro
P?See, pa_ra los €s'udios esprclrales de sol. millone~ de le~ua~; es decir, que un buque
crnc~ pn"mas doblemcn le recorridos por q~ie _na\egara a razón de trescientas millas
1~ _lur., con los Cf~C se observan diariamente
diarias inYcrliria en llegar desde nuestro
l,h pr~tubcranc1as del expléndido planeta
plane_la al Sol nueve siglos y medio. En
&lt;~et~rmina11do 1~ posición, anchura y ele: ca_mb,o, la lu,:, cu ya velocidad es de seten'ta
,_ación de, las mismas y su naturale,:a par- 1:1" leguas frances_as por segundo, empl~a
l!cular. E~ta ecuatorial hállase también do- solamente ocho mnmtos V clieciocho seguii'tada para los trabajos generales que se prac- dos en l!egar ele! Sol á la Tierra. La L~na v
tican con_ ella, de un micrómetro unifilar y los demas a~lros &lt;le los que es rey el Soí,
de o_tro b1fi!ar, con iluminación eléctrica.
pueden admuarse notablemente con los ins. S!, por eJemplo, l'e va á obserrnr un astro trumentos_ del Observatorio en un tamaño
deb1l se us~ el campo obscuro é hilos bri- que perm_1te realizar intere;santes esludi~s
llantes; y s1, _por el contrario, se trata de un astronómicos.
as~ro de Ju,: rn_tensa, como una estrella de
En el eclip~e de sol último en el año 1905
1mmer~ r~agrnlud, se emplea el campo bri• el Observ_atono de Madrid obtuvo en Burgos,
liante e hilos obscuros.
por el obJet1vo .Mailhat, las dos fotografías de
. El apa_rato. que es un prodigio rle mecá- la coron~ solar que fignran entre los graban!ca, esta d()tado, además, de oculares espe- do~ que ilustran este articulo.
ciales para el sol de reflexión Y de polarización e11
la observación directa de
las manchas solares y demás detalles del astro, pues
de otra manera estallarían
lo, cristales por la fuerna
del calor solar. Entre sus
diafr~~mas los hay hasta
del ,diametr~ de \Jna aguja.
En los dias más claros
puede llegarse c o n est~
ecuatorial visual á distinguir el sol de un tamaño
cuatrocientas veces mal'Or
Cf ue á simple ,·i,:ta. Nueslra
atmósfera tolera pot· •·e"'ª
general los trescientos :umen los, y hay muchos dia~
que se llega hasta los cuatrocientos r los cuatrocientos cincuenta, mac; es
muy raro poder llegar á
ver el hermoso astro sei~cientas ~eces mayor que
su tamano observado sin
aparato. Relativamente en
estas proporciones se ~en
los demás astros con e J
referido instrumento, y aún
de mayor tama,10 con la
ecuatorial de .Merz.
De todos es sabido que
el Sol, constitu ve el centro
de _los movimiéntos planetal'IOS y es el único oríaen
de la lur. y calor del :islema, así como que su voFotogra(ía de la Luna obtenida en el Observatorio de Madrid con el objeti..-o
lúmen es mucho mayor
del sideroslalo Mailha t

También en Burgos la comisión del Observatorio madrileño obtuvo por medio de la cámarc:1 prismática una folo¡trafía de un espectro de la corona solar durante el referido
eclipse.

•• 1

1

Para los trabajos fotográficos se halla montada en la otra torre del pabi llón nuevo una
ecuatorial, también de Grubb, cu yo aparato
de relojería está provisto de regulador eléctrico. Tiene dos cámaras fotográficas, una
de las cuales posee un objetivo de veinte
centímetros de abertura y de una dista11cia
focal de dos metros. Sirve para trabajos de
precisión. En las placas deja impresa una
cuadricula, y eslas son medidas después de
impresionadas en un aparato, asimismo de
Grubb. denominado macromicrómetro. También consta la referida ecuatorial de otra
cámara cuyo objetivo es un doublé de quince
centimetros de abertura y un metro de distancia focal equivalente. También ha y un anteojo-guía de dieciseis centímetros de abertura, cuya ocular se mueve en el plano focal
por medio de tornillos rectangulares, para

fijarlo en posición conveniente con la estrella que se baya elegido. La folografia de una
nebulosa que figura en esta información hfl.
sido obtenida por la ecuatorial fotográfica.
En este admirable aparato se ve demostrado lo que la Ciencia ha progresado en
nuestros días. No s)ñaría seguramente en
esta perfección Galileo cuando, auxiliado por
el anleojo,descubrió en 1610 los satélites de
.lúpiler, llamados astros de Médicis; ni Jiuyiens y Casini e;uando vieron los cinco satélites de Saturno; ni el gran Jierschell cuando
en 1781 de,scubrió á Urano que tomó su nombre, y en un período de trece ai'tos se1\aló á
la ciencia astronómica seis slléliles, desconocidos para ella, de su planeta y dos de
Saturno; ni Piazzi cuando descubrió en Palermo á Ceres en 1801; ni Olbers, ni llarding, al descubrirá Palas, Juno y Vesta; ni
llencke cuando inauguró la nucYa era de
los clescübrimientos con el planeta Astrea;
ni Gallé, en fin, cuando en Berlín el año
1816 hizo el descubrimiento analitico de
Neptuno.
Las dos ecuatori tles de Grubb están cubiertas con cúpulas hemisféricas. cuyo movimiento se hacecon muy
poco esfuerzo por medio
de una cuerda sin fin que
hace girar la polea sobre
cuyo eje está centrado un
pi1ión que engrana en los
dientes de una cremallera
fijada encima de cada torre.
En la planta baja del
pabellón que separa á estas dos torres ha y instalado un pequeño anteojo
ó círculo meridiano de
Salmoiraghi, en unión del
reloj de Dent que antes
estuvo montado en el edificio principal del Observatorio, asi como el laboratorio fotográfico y sala
de ampliaciones.
Ocasionalmente ta mbién se reemplaza el citado círculo meridiano por
11n au teojo de pasos, del
mismo &lt;:onstructor.
En la misma planta se
halla instalado el pirheliómetro de compensación sistema Angstro'in,
para el estudio de la radiación solar.
Figura en el Observatorio de Madrid desde

La gran nebulosa en Orión, oblenida por la ecuatorial fotográfica de Grubb

�566

POR ESOS i\lUNDOS

hace muchos aiios una ecuatorial de Stein- &lt;le Mailhat, montado también en el jardín, y
heill, que se halla instalada en el jardín por el cual se ha obtenido la fotoorafía de
0
bajo una cúpula hemisférica giratoria. E! la Luna que publicamos.
instrumento es de catorce centímetro:; de
Para completar los trabajos de física solar,
abertura y 2'8i metros de distancia focal, y que se hacen ya de manera sistemática, falta
está destinado para la observación directa solo adquirir un espectroheliógrafo, instrude las manchas solares.
me~to no muy costoso y de apremiante neActualmente oe construve en Jena (Ale- cesidad para un Observatorio como el nuesmania) por la
·
tro, digno de
casa Zeiss una
compelir, así
cámara fotopor el instru gráfica ad a pmental como
table al aparapor el persoto últimamennal, con los
te ci tado y que
mejores de 1
permitirá fomundo.
tografiar e 1
El ministro
disco solar en
de Instrucción
t a m afio de
Pública, señor
quince centíRodríguez San
metros Je diáPedro hará,
metro, lo que
seguramente,
ba de facilitar
que el Obserex traordinavatorio cuente
riamente la i,
con el instruobservaciones
mento que le
de las manchas
falla, rlado lo
del Sol y la
decidido prodeterminació11
tector que es
de s u s poside las cienciones y magcias.
nitudes, cómo
análogamente
*
las de las fácu**
las que con
Muchas etatanta· frecuen pas desgraciac i a anarncen
das ha tenido
cerca del borel importante
de solar.
establecimienPara el e~to científico á
tudio fotográque me estov
fico del especrefiriendo·;
tro solar, y
Don Francisco Iñiguez, director del Observatorio Astronómico de Madrid
mas puede aseprincipalmengurarse que
te de las particularidades oue ofrecen las de&lt;;cle el momento de tomar posesión de
manchas de este planeta, cuenta el Obser- la dirección del mismo el ,-abio matemático
vatorio con un espectrógrafo de seis pris- Don Francisco Iñiguez, en 1899, una nueva
mas, construido por Pellin, de París. sobre era de civilización y progreso ha entrado
cu ya rendija se. proyecta una imáoen
del Sol
triunfalmente en el ObserYatorio de .Made setenta y cinco centímetros de~ diametro,' drid.
.
producida por uu objetivo de Mailhat. Sobre
El n~evo pabellón, con !\US _ magníficas
este objetivo se proyectan los rayos rola,o, ecuatoriales de Grubb y demás aparatos
en dirección constan te, al hacer la observa- modernos, así como los gabinetes de foto•Ción, por un celostato de Grubb.
grafía, las reformas del gran auteojo de Merz
El aparato hállase también instalado en el )' la cúpula que lo cubre, el péndulo de
jardín, estando protegido por una barraca de Strassercon 1eguladorRuffles,el sistema cromadera que por medio de ruedas se mueve nográfico; e~ una palabra, todo lo nuevo y
sobre carrile~ circulares cuando se desea co- todo lo antiguo adaptado á las exigencias
locarla en los diversos acimutP,s del Sol. Con modernas que existe en el Observatorio del
objeto parce-ido pudiera usarse el siderostato cerro de San Bias, obras son del sabio cate-

EL OB'iERVATORIO ASTROXÓ)IICO DE MADRID

drático de la Facultad de Ciencias se1'ior lñiguez, implantador incansable de todos los
elementos que puedan contribuir al desentrañamiento de los difíciles problemas que
presenta la bóveda celeste.
El doctor Don Francisco Jt'iiguez, actual
director del Ob5ervatorio Astronómico, ingresó como auxiliar de la Facultad de Ciencias en 1884, y el año 1888, mediante oposición brillante, obtuvo la cátedra de Astronomía teórico-práctica, que aún desempeña
con indiscutible autoridad.
Ha sido secretario, y después vicepresi&lt;lente, de la Sección ele Ciencias Físicas y
Matemáticas del Ateneo de J[adrid, ~• en 1889
dió interesantes conferencias sobre Astronomía on el citado centro de cultura, en el qu~
pronto volverá á ocupar la tribuna para hablar de los progresos de la citada ciencia.
El personal del Observatorio se compone
de seis astrónomos y tres auxiliares, todo5
personas competentísimas, que bajo la dirección acertadísirna del señor Iñiguez se
ocupan en realizar las misiones encomendadas al referido centro científico, corno sou
1as observaciones meteorológicas de Madrid,
ta fijación de la hora para España bajo la
base de la hora media del meridiano de
Greenwicb, que sirve para hacer el calenda-

557

rio de la •Guia oficial», obra que se lleva á
cabo por el citado centro, como asimismo
el anuario que publica en el quP. se fijan todos 103 estudios practicados bajo el campo
inmenso de la bóveda cele,te 'í los astro.; y
planetas que la pueblan.
El calendario náutico de España rslá encomendado al Observatorio de San Fernando, y en todo el mundo, además de este, no
Re conocen más que los confeccionados por
los Observatorios de Greenwich, París, Berlín
r Washington.

Antes de terminar el presente arlículo
daré cuenta de las observaciones hechas en
el establecimiento científico de que tratan
estas páginas, referentes al paso de Mercurio
al proyectarse sobre el disco del Sol el día
14. de Noviembre último.
En el Observatorio Astronómico de Madrid pudo verse el fenómeno (con una diferencia de menos de seis segundos en las
horas marcadas de antemano para los contuctos), por medio de la gr.m ecuatorial de
Merz, con la de Grubb en observaciones espectroscópicas, con la de Steinheill dolada
de micrómetro y con un anteojo pequeño de

Personal del Observatorio de i\Iadrid.-Astrónomos Sres. Ascarza, Jiménez, Aguilar, Vela, C_os, Puenlei· -~yudantes
Sres. Ga,tardi, Carrasco, Reig; instrumentista Sr. Cobo, y un portero. En el centro, el director Sr. mguez

�558

POR ESOS MUNDOS

LEYENDA DE LA BRETANA ROMANA, ENTRE LOS
AÑOS 410 y 446 DE LA ERA DE CRISTO,

por C. BRYSON T /\YLOR
SUMARIO DE LOS CAPÍTULOS ANTERIORES

Castillo de Santo Angelo, en Ruma, desde donde se lija la hora para dicha ciudad
.Mern. ~1crcurio apareció de forma redonda,
coincidiendo con la mayoría de las opiniones de los astrónomos, no obstante haberlo
observado Gallet en 1667, Lalanne en 1679.
:Flaugergi.:es en 1779, úl ti mamen te el Padre
Lacy, y mantenido lodos que el astro era de
forma oval.
Visto con el anteojo pequeño de l\Ien se
presentaba el astro rodeado de un anillo brillante estrecho, y á continuació n de este,
otro obscuro como una débil peuumbra y
m ucho más ancho que el brillante.
1El diámetro de 1[ercurio ha resultado de
un valor aparente de 9'J siendo su distancia
mínima en relación con la Tierra de setenta
y n ueve millones de kilónielros.
Por medio del espectroscopio fué visto antes de llegar al Sol y después de salir de este,
proyectándose sob1 e la cromosfera, destacándose como un punto obscuro entre las
llamas del Sol en el punto conocido por «la
pradera de fuego, .
Se observó también el espectro del anillo

•

brillante que rodea al planeta, vi&lt;;ndose que
algunas raps del espectro solar resu ltaban
modificadas reforzándose, lo que indica una
ab;;orción de lur. producida quizá po r una
envoltura gaseo;,a del olancta.
En lo que re,;la del siglo X,X podrá de nuevo ser observado Mercurio desde la Tierra
con el auxilio de un anteojo. Volverá á presentarse dicho planeta ante nosolro~, en las
fechas siguienles:
6 de Noviembre de 1914; 7 de Mayo de
1924; 8 de Noviembre de 1927; 10 de Mayo
de 1937; 12 de Noviembre de 19-iO; 13 deNoviembre de 1953;6 de Noviembre de196O;
9 de 1Iayo de 1970; 9 de Noviembre de 1973;
12 de Noviem bre de 1986, y 24 de Noviembre de 1999.
Pero Mercurio no se presta á ser observado desde nuestro planeta más que en
Jlayo y Noviembre, porque sólo en %os
meses pasa por el plano de la elíptica y
puede, por tanto, colocarse en línea recta
en tre el Sol y la Tierra.

Lurs l\IARTlNEZ DE ESCACRL\Zr\

(t)

La fama lograda en todo el país por Melchor, narrador de
cuentos v cantor de baladas, despierta en el jóven Nicanor deseos de igualarla. yaún de superarla, y á aquel
oficio se dedica nuestro heroe. Hijo de esclavos, abandona la casa de sus padres, y por sendas y veredas
recorre montes y prados reuniéndose á los pastores, ante los cuales hace derroche de las facultades
que le adornan. Asombrados los oyentes de Nicanor
al principio, muy pronto se enciende entre ellos la tea
de la discordia y se producen ~ran escándalo y pelea.
que (erminan porque empieza á disper,;arse el ganadv
que cuidan los pastores y éstos tienen que ir tras las
reses. Nicanor, salis~ccho con que sus palabras hubieran prcducido tanto efecto,. adquiere mayores deseos
aún de que su fama sea umversal, y par!e de su pobre
terruño para dirigirse á grandes y populosas ciudades
en busca de esa gloria que persigue. Thorney, más conocida por la Isla de Bramble, es la población elegida
por J\icanor, y Tobías, un rico comerciante, la pérsona á quien rn recomendado por sus padres. Tobías
concede á i'iicanor una plaza en su taller, donde le
enseña á trabajar en marfil. Bien pronto logra el jóven ser un discípulo aventajado. de su maestro, pero
no deja de tener con éste fuerles altercados porque,
posesionado de la ilusión que acariciara al alejarse de
sus padres, Nicanor abandona el taller de Tobías y falta con frecuencia al trabajo, y cuando acude á él lo
hace de mala ~ana. En estas correrías de vago y ocioso que hace Nicanor, es confundido con un esclavo
de la servidumbre de su amo, y hecho prisionero por
unos soldados que lo conducen á presencia del noble
señor Eudemius, á cuyo servicio queda conscrilo. Nicanor encuentra un día á Varia, hija de su señor, la
cual, enterada por su doncella de la habilidad y arte
del esclavo para relatar cuentos y narraciones, le pide
que distraiga con ellos el tedio que la domina. Al hacerlo Nicanor despierta en los dos jóvenes mútuo amor
que no tardan en confesarse, haciéndolo ambos.una noche e!l que Varia pedía al ~sclavo_ que la recordara un cuento qu~
ya en otra ocasión la babia dicno y que so referi¡,. á las ilusiones que. los dos nab,an for¡ado en su mente. Pero hé aqu,
que llega á ca~a de Eudemius un anttguo amigo suyo, con su hijo Mario, capitán de las legiones romanas, y este jóven,
que al principio aborrece de Varia, acaba por sentir hacia ella cier.ta inclinación, au1!1entada al ?0nocer que .la hija de
su huésped está enamorada de Nicanor el cual es duramente castigado por este motivo. Eudem1us pone !ln Juego toda
su voluntad para hacer que Mario ena~ore á su hija, y lo consigue, concediéndole al c~bo la mano do Varm, .aún contr~
los deseos de ésta que solo piensa en Nicanor. Cuando se celebra la boda con grandes hestas, llegan al palac,o de Eudemius nobles fu¡¡itivos de Andérida, en cuya ciudad arde la insurrección de los sajone~ y de los _romanos_descontent_?s,
rebelión que pronto se extiende hasta las posesiones de aquel poderoso el cual se ve obligado á hmr de su villa acampanado de toda su familia, abandonando la casa eu poder de la canalla sublevada.

IX

e

UATRO días des;pués de aquella noche en
que Wardo fué á las minas, los obreros
q ue subían de los pozos á la hora de ponerse el sol, señalada para terminar la tarea
diaria, fueron formados en gr upos por sus
capataces y guardas. El superin tendente les
(1¡

Véanse nuestros números HG á 151.

dijo, mientras pasaba la vista por las tabli llas en que constaban los nombres de los
mineros:
-Se ha llevado á cabo un ataque contra
la casa de nuestro amo por los bárbaros y
los i nsurrectos. El ataque ha sido rechazado;
pero los bárbaros serán reforzados por otros,
y procurarán nuevamente el asalto. Por esto
me ha enviado á mí, para que os diga en su
nombre: Aquellos cuyos crímenes no sean

�-560

POll ESOS MU~DOS

:.,~es~natos ó contra la religión, deberán vol- rias por hallarle c11 mi lugar! Porque vo
"'er a la casa para tomar parte en su defensa quedaré en libertad, pues no pesa sob·rn
)' salir mañana al amanecer. Por los servicio~ mí nada contra la religión ni contra los
ijeales y la obediencia á lo mandado recibi- hombres.
iréis la libertad y vuestra sentencia de trabaBalbus murmuró un juramento. Desde el
jos en minas será cancelada.
día del combate de las ratas, los encuentros
~incuenta voce~ lan7,aron virns, muy en- entre él y Nicanor habían sido frecuentes
tus1astas, pero que no iban diri 0 idos á su se- y sangrientos, á pe.sar de Io-1 látigos de los
iior, sino á la pers"
guardas. Ahora se
íf)eclivade liberlad.
unía á esto Ja enLa m a Y orí a se
vidia, y ante tart
:agrupó discutienm a¡ a pasión e 1
do en .rededor de
diablo que en el
las hogueras, siemcuerpo I e bu llia
pre teniendo muy
rompió sus eadecerca á los centina s. Pero como
J1el as encargados
Balbus era de na•de conser}·ar el ortu raleza traidora,
.den. Durante toda
nada contestó á
1a noche, r e in ó
Nicanor, ni aún siallí gran espect11.quiera hizo ver lo
ción.
profundo desucóEn las primeras
I e r a . Fingiendo
horas de la mañadejar paso á s u
na, el metálico soenemigo, µara que
nido de bronceada
se adelantara, 1,0
-corneta hizo que
bien Nicanor hubo
se reunieran quivuelto las espaluientos hombres
das , Balbus hiio
-en el espacio libre
brillar la hoja de
.ante la boca de la
un arma y promina,, ansiosos de
~Jlll!!lll,j•
nunció un jura,conocer su suerte.
?i.~:f:J(;!~~
mento.
El superintendente y sus
No tuvo tiempo
ayudan tes aparecieron
N ica~or de esquivar el gol pe
con listas de nombres que
de su contrario, y aunque
habían estado confecciobatalló por responder á su
nando durante la noche.
alevosía cayó rodando por
La gente se apretaba, deun suave desnivel, quedando
seosa de no perder palaasí oculto de la vista de los
bra. Los capataces, látidemás por la elevación del
go en mano, se mezclaterreno. Entonces•Balbus suban entre la multitud para
mergió en tierra la boja del
evitar ó dominar toda perarma, para limpiarla, y oculturbación. Algunos guartándola después en su seno
das montados formaron
!'.I suporintendente leía en alta voz los
ecbó a· correr l13S ta don de
cerca d e aUí, esperando
nombres de los esclavos que deblan
los mineros estaban reuniescoltar la expedición .
acudirá la defensa de su amo
dos.
Las linternas brillaban á través de la lioera
. Cuando ei' superint~ndentl) pronunció el
neblilla gris que gravitaba sobre el ter~eno nombre de Nicanor para ponerlo en libertad
accidentado. ,
á condición de pelear en la villa de EudeNicanor despertó al primer toque de trom- mius, nadie respondió. Fué repelido el llapeta, Y en su rostro se dibujaba la concien- ma111iento, y entónces el propio Balbus se
cia_que tenía de ,:er elegido para la marcha. adelantó y dijo estas palabras.
Salió fuera. del. tugurio en, que dormía, y ·
-Señor, ese escl.avo ha estado peleando,
apenas estaba a tre~ metros de distancia fué según parece, con otro hombre. Y.o lo, he. vjsto
tropezado violenta·mente p')r un hombre., · caer cerca de las ch0zas, no sé si , malherido
-¡Tén cuidad9, Balbus!-le dijo Nicanor ó muerto.
.
secamenle.-¿Por qué tanta .prisa? ¿Esperas·
Tomó nota de lo acaecido el superinten.acaso que te pongan en libertad? ¡Cr1~rito da- . denle, y sin hacer comentario ninguno pro-

561

AMOR DE DA~IA Y AMOR DE ESCLAVA

barquero. Tocó la proa del bote en la orilla
opuesta, y el marinero exigió su propina;
pero Nicanor le miró con ojos en que brillaba la fiebre, y movió la cabeza sin pronunciar palabra, como si tratara con uno que hablara distinta lengua. Salió el esclavo del
bote y siguió su camino: y el barquero, haX
ciendo la cruz, lleno de terror supersticioso,
Cuando Nicanor volvió en sí, quiso incor- mu.muró una oración á los dioses de los ríos
porarse, pero se lo impidió un viYfaimo do- contra su mala fortuna y dejó marchar á Nilor en el costado izquierdo, precisamente canor, el cual no cesó de andar hasta que
debajo del hombro. Entónces, empeiló á dar- llegó á Corinium donde sintiéndose falto
completamente de fuerse cuenta de lo que
zas
a c o s t ó en el
1 e había ocurrido
campo y durmió basta
y recordó el atahoras antes del alba del
que brusco é. inessiguiente día.
perado de que haDespertó n u es t ro
bía sido objeto por
hombre
asaltado por el
Balbus.
demonio de la intranLas estrellas apaquilidad que le perserecían a n t e s u s
guía; pidió de comer y
ojos en vertiginoso
una copa de leche en
movimiento, y aununa casa
que la pé1·dida de
que al borde
;;angre le había dede I camino
bilitado mucho, hahabía, y nueciendo un
vamente
esfuerzo I oechó á angró ponerse
dar, llegando
en pié. Con
al cabo de
la idea siemseis horas á
pre fija en
una 'taberna
Varia v en
á cuya puers u Iihértad,
ta vió rabaobsesión que
Ilos ensil laen todasocados v embrisiones le dió
dado·s.
ánimos y vaNi c anor
lor, partió á
eligió el anitravés del ásmal que más
pero y escarle agradó, y
pado paisnje.
montando en
sigui,rndo
él siguió su
r eclamer.te
camino, sin
hácia el Este
q u e se le
por el cami1,:1 esclavo levantó los brnzos al cielo
ocurriera ni
no que eonducía á donde su corazón le llevaba. Gna,; por casualidad roi rer la cabeza por si le
veces andaba, otras caía y permanecía tendi- perseguían. En estas condiciones, el viaje le
do mirando al firmamento v á las cente- fué más cómodo. Encontraba gente que le
lleantes estrellas, esperando ;in quejarse ni miraba y á la que él hacia preguntas, como
moverse basta que reunía fuerzas para vol- resultado de las cuales llegó á conocer que
los habitantes de aquello, contornos estaban
ver á levantar~e.
Hallándose el sol en su plena altura, llegó muv excitados. Galopando por campo abierNicanor al ,•amino que conducía á las pobla- to el animal que montaba Nicanor, pronto
subieron la última pendiente que ocultaba la
ciones de los pa;itanos.
Se acomodó en la barca de un hom- villa d'e'Eudcmius, y ransado el caballo y exbre que se disponía á abandonar la orilla, y hausto el hombre llegaron á la parte superior.
--¡Santos dioses!-murmuró Nicanor. se puso á mirar fijarneüte hácia adelante,
sin responder ni una palabra á la charla del ¿Estoy loco, ó esto\' soñando?

!'iguió la lectura de la lista que había formado. Poco después, marchaban de las minas,
para ser libertados, trescientos cincuenta esdavos, que iban á prestar auxilio á las pose;.iones del noble y poderoso Eudemius.

se

(i

�562

POR ESOS MUNDOS

La vista de la villa se le apareció en toda cosas se bailaba Nicanor, cuando cerca de él
su horrible desnudez: una ruina humeante, resonaron pasos. Nuestro hombre desenvainó
en el sitio donde antes se elevaba la majes- su cuchillo al verá un soldado que ava11zatuosa mansión de su ~eüor; ventanas huecas ba rápidamente.
y sin marcos ni maderas; el jardín de sus
-¡Hola, esclavo, te sorp1endo infra¡mnti!
sueños profanarlo v su muralla derruida. Al -exclamó, poniendo una mano sobre el
olor del humo que' rodeaba como aliento de hombro de Nicanor, que no hizo esfuerzo almuerte todo aquel Jugar, el caballo alargó el guno parn huir 11i separarse del soldado.
-No hay nececuello v dió un retioplido.
sidad de alarmarEl esciavo levantó I os
se,-dijo tranquilabrazos al alto cielo para
mente Nicanor. bajarlos luego lentamente
Yo soy esclavo del
hasta cubrirse el rostro.
El choque y la impresión
noble y poderoso
Eudemius. Os ruepor é I recibidos fueron
tan grandes como si hugo ~ue me dig_ái-.
biera visto muerta á la
q u e h a ocurndv
mujer que buscaba.
aquí y lo que haya
sido de mi rniior y
Por primera vel. desfade su familia ...
lleció, no sabiendo á dónde ir ni qué ha e e r, ni
-Eso es otra cosa,-dijo el soldaatreviéndose á buscar lo
do.-Creí que perque temía encontrar. Su
le11ecias á esa cuacaballo, cou las patas extendidas y la caber.a caídrilla de ladrones
que nos han dado
da, exhalaba un gran sotrabajo noche y
llozo de extenuación en
sus palpitantes flancos .
día; pero han pngaNicanor recogió las abando caras sus felodonadas riendas y precinías, pues los hemos
pitó al animal en la penhecho revolcarse en
diente .de la montaña. En
los estragos q u e
la abierta y desolada puercausaron ... Los señor0es se han pue~ta se tiró de la silla y entró en el gran patio cento en salvo, y cuantral, donde vió la yerba
d o llegamos nosarrancada d e raiz
otros, y poco desfuente deslroiada, ·
pués I os esclavos
paseos con el piso
de vuestro amo que
estaban en las mide mármol cubiernas, huyeron I os
to de sangre y en
ella marcadas las
bárbaros con todo
huellas de los que
el botín que pudiepelearon ó murieron reunir.
ron.
-¿Y á dónde ha
Nicanor recorrió
ido mi señor?
Nicudemus abrió á Nicanor las puertas de su casa
habitacione s va -Se dice que á
cías, la de Varia la primera, y en sus umbra- Londinium; y de allí á á Rutupire, para emles tropezó con el cadáver de Nerissa, la an- barcarse en dirección á la Galia.
tigua y fiel criada, y tras de ella el de My-Entonces no tengo tiempo que perder,con, jefe de los eunucos. En las demás habi- dijo Nieanor.
taciones y en todas parles encontró los misY volviendo á montar inmediatamente.
mos signos de insana furia y de inútil des- cabalgó hácia Thorney, sin cesar durante
trucción, y aún encontró más cadáveres, toda la noche y alumbrado por la brillante
entre ellos el de Hito, el capataz de los escla- luna, que con su claridad le hizo más fácil
vos, que yacía confundido con varios cuer- el camino.
Tanto obliaó á ga!opar al animal para llepos inermes de éstos.
gar cuanto :ntes al término de su jornada,
XI
que Cúando fué necesario vadear un río, el
Haciéndose consideraciones sobre- estas caballo, sudoroso y jadeante, sufrió un pas-

AMOR DE DAMA Y AMOR DE ESCLAVA

mo y no purlo dar un paso más. Nicanor
abandonó al noble bruto y partió corriendo
por la calle que crur.aba la isla de vado á
vado.
Pronto se encontró frente á una cabatia
próxima á la casa de Chloris, y allí se detuvo y llamó á la puePta.
-¿Quién llama á esta puPrta?-gritó desde dentro una voz.
-¡Soy yo, Nicanod Abre en seguida, Nicodemus,-dijo el esclavo ásperamenle.
Nicodernus se extremeció de aRombro al
ver tan inesperadamente á ;\!icanor, el cual,
con el pensamiento fijo
e n Varia, preguntó á
su antiguo camarada si
sabía algo de Eudemius.
-A ver tarde divisamos uÓa nube de po'vo que cubría la colina
por el lado de los pantanos,-respondió Nicodemus.-Después vimos
claramente carrozas tiradas por hermosos e aba1 1os , señores
jinetes en bríos os corceles, ~.
esclavos dán do les escolla.
Llegaron aqui,
y en esta casa
pararon: e r a
el noble seiior
por quien preguntas, con toda sn familia.
Compraron víveres y vinos, descansaron un
un poco y luego continuaron el camino hacia Londinium.
Nicanor calló. Poco después pidió ali men to para reparar sus fuerzas, y descansó. Al
amanecer tomó un caballo de Nicodemus )'
partió para Londiniun, llevado por su incesante deseo. Pero hacia la tarde volvió á
casa de Nicodemus, dibujándose en su rostro señales de fracaso.
--Mi setior y los suyos-dijo á Nicodemus y á M yleia, su esposa-salieron ayer
para Galia: un buque estaba á punto de partir, y en él embarcaron ... Esto me ha dicho
un marinero en los muelles, que ayudó á
cargar los bultos que llevaban; y como ya
no tengo duda dé que han marchado, y sé
que no volverán por aquí, deseo que me
proporcionéis alimento y ~ena para descansar.
Nicodemus le acogió cariñosamente y pre-

563

paró un confortable lecho para el desgraciado jóven.

Xll
.Nicanor vagaba con frecuencia á través
del vado del pantano, dislrnyénclose de su
terrible soleuad, y solía dirigirse hacia las
grises montañas que se prolougaban basta el
Este y el Oeste, á donde el ruido del tráfico
mundano jamás llegó. Se arrojaba en tierra
y quedaba mirando fijamente al nebuloso
firmamento,
donde ningún
rastro azulado
se veía. Este
era el país de
sus suefios juveniles. que él
recordaba con
amargura;
sueli0s que
habían terminado siempre
bajo e i et os
gri~ es , sobre
1a s glaciales
mesetas de las
al turas: aquí ,
donde su huraño corazón
había conocido el secreto
de su poder en
aquellos ya leEldris quedó absorta de amor
janos dias de
y de ternura ante Nicanor
la niñez , fué
donde volvía
ah o r a; solo
que, enlónces, Nicanor se habia visto remontar como la alondra, cantando su vida en
puros goces y triunfos, en un mundo bello
de dorados sueños, y al presente veía que
la alondra estaba enjaulada, sentenciada á
batir por siempre sus alas contra barras
más fuertes que el hierro. Por esta razón
parecíale que su vida no tenía ya objeto,
solo y abandonado en el mundo como se
veía.
Una tarde, cuando las sombras grises se
deslizaban hacia poniente sobre las tranquilas montar1as, aparel)ió. Eldris, la esclava de
Varia, por el camino de Thomey, con un
cesto desocupado al brazu. Parecía más jóven, con sus ojos de azul obscuro y llenos
de lu;:;, y la Eiel tan blancQ. como la leche.
Cuando Eldrii:tsubía una pequeña elevación
del terreno, vió la larga figura de Nicanor,
que yacía en la vertie.nte de la colina. Lo reconoció en seguidá, y llevándose una man"

��ACTUAL]l)ADES

&lt;le! siglo XVJI. El suelo se hallaba cubierto mos los soberano, r.spa1iole5, cuya presencia
tambirn con una alfombra de Aubusson. Era aquí es una nuern prueba de su precioso
maravilloso el adorno de las tres mesas, afecto: bebo á la salud de los soberanos esuna de ellas la mesa de honor, que se ha- pa1'ioles y á la prosperidad de Espai'ía, país
bían preparado. En el centro de esta últi- con el que me unen lazos de familia y de
ma sentáronse la duque.,a de Orléans y la amor. l:lebo también en honor del jefe de
Teina de España, que tenían en frente á la la casa de los Borboncs de Sicilia, de mi
condesa de París y al conde de Caserla. A la hermana bien amada la reina de Portugal,
izquierda d~ la duquesa estaban el rey Don de la princesa Beatriz y del gran duque
:\:fonso y la reina de Portugal, el duque de Calabria, la
gran duquesa Wladimiro, el
príncipe Jurge d e Sajoni~
la duquesa de Ao,ta, el duque de Guisa, la princesa
Luisa, el infante Don Carlos,
la duquesa de Vendome y el
príncipe Felipe de Borbón. A
la derecha de la reina de
España se sentaban el duque
&lt;le Orléans, la condesa de
Caserta, el gran duque \Yla dimiro, la infanta Isabel, el
duque de Montpensier, 1a
duquesa de Cbartres, el duque de Alen~on, la princesa
Estefanía de Bélgica, el infante Reniero de Borbón, la
duquesa de Guisa y el duque
&lt;le Vend0me. A la derecha
de la condesa de París, el
el duque d e Cbar tres , la
princesade Sajonia, el conde
tle Konvay, Josefina de Borhón y Alfonso de Orléans.
A la izquierda del conde de
Caserta, la infanta Eulalia,
Don Jenaro de Borbón, el
príncipe Czaitowsky, Pía de
Borbón y el duque de Pentierre. Las otras dos me:;as
estaban instaladas en sentido perpendicular, para veintiocho cubiertos cada una, y
en ellas se sentaron las personas de los séquitos de los
reyes y príncipes.
A los postres del banquete, levantóse e 1 duque d e
Orléans y pronunció el siguiente brindis: •El matrimonio que acaba de celebrarse
me causa inmensa alegria,
porque estrecha los lazos que
unían en el pa1·entesco y en
la historia las tres ramas de
la Casa ele Borbón. Saludo
&lt;'n nombre de mi esposa, en
el mío propio r en el de
;;:; infante DJ n Carlos de Bor!•ón y la princesa Luisa de Orléans saliendo
Francia, á mis queridos pride la capilla donde se verificó su boda

-----=

Palacio de Wood-Norton, en I nglaterra, donde se verificó el 16 de Noviembre pasado la boda de la princesa
Luisa de Urléans y el infante Don Carlos de Borbón

ACTUALIDADES
BODA DE PRÍNCIPES

El 16 de Noviembre pasado se verificó en
el histórico castillo de Wood-Norlon, en
Evesham, Inglaterra, la boda de la gentilísima
princesa Luisa de Orléans con el príncipe
viudo de Asturias infante de España Don
Carlos de Borbón.
A la ceremonia, que revistió gran pompa
y solemnidad, asistieron gran número de
personajes reales, entre ellos los reyes de
España. Don Alfonso XIII fué el padrino
de la boda. Esta tuvo lugar en la capilla de
aquel palacio, que se hallaba engalanada con
profusion de flores. Al entrar en ella, el duque de Orléans llevaba del brazo á la desposada, que Yestía magnifico traje de plata; el
infante Don Carlos, á su madre la condesa
de Caserta; el conde de Caserta, á la reina
de España; el rey de España, á la condesa
de París; y el duque de Montpensier, á la
soberana de Portugal. La orquesta tocó una
m:1rcha nupcial mientras la comilirn pene-

traba solemnemente en el templo. Después
de la ceremonia religiosa, se organizó la comitiva de este modo: primero, los esposos, y
luego el duque de Orléans con la reina de
España, el conde de Caserta con la condesa
de París, el duque de Montpensier con la
conde3a de Caserta, el duque de Cbartres
con la infanta Isabel, el gran du'Tue Wladimiro con la cluque,a de Sajonia-C..&gt;burgo, el
duque de Sajouia-Coburgo con la duquesa
de Aosta, y el duque de Guisa con la gran
duquesa Wladimiro. Ademá~, lomaron parte
en la comitiva como acompañantes de honor, aristócratas de la rancia nobleza francesa.
Para solemnizar la firma del contrato matrimonial se dió una comida en el castillo
de Wood-Norton, cuyo salón comedor estaba alumbrado por seis arañas con veinticuatro luces eléctricas cada una y adornadas
con rosas de Francia. Sobre la mesa de honor había una soberbia aral'ía de cristal, y
cubrían la~ paredes bajo-relieves y tapices

-

�ACTUALIDADES

1

•

Wladimiro. Bebo, finalmente, á la salud de obra literaria, consagrada hace tíempo por
los reyes de Inglaterra, soberanos venerados la crítica y hoy por los póstumos.elogios de
de este gran país hospitalario, y á la dicha de la prensa y por el poético homeuaje que
los nuevos esposos á quienes deseo toda la Valladolid ha rendido á la memoria de un
hijo tan ilustre que mereció engarzar iudifelicidad que merecen.•
El rey Don Alfonso XIII brindó á su vez, solublemente su nombre con los de Zorrilla
dando las gracias al duque de Orléans por y Núiiez de Arce.
»Pocas veces la producción de un poeta,
sus frases. ,Esta unión-dijo-e:; para noseminentemente
otros causa de
subjetivo
ha
satisfacción v ilogrado tan brivísima, pues por
llante exterioriella u !'la prinzación objeti,·a
cesa bella, buecomo la que
na y adornada
Ferrari supo forde todas las virjar en sus estrotudes, como la
fas, cuya clásica
princesa Luisa,
perfección no
es conducida,
oculta la metipor nu¡¡stro bien
culosa labor de
amado Carlos, á
la lima, smo el
participar en
pujante, ciclónuestra corte, y
peo esfuerzo del
como fiel comtrabajo del yunp a Ii era, del
que. Como foramor y respeto
jadas por un arque él supo contista legen&lt;lario,
q uis tars e en
surgen enlre su;,
nuestro Ejército
rimas las figuras
y en el pueblo
d e IIi patia, de
enlero•.
Abelardo, de la
Después de esReina Católica y
Los brindis, Don
de Don Juan de
Carlos y su esAustria, e u y a
posa dieron la
pujanza con vuelta á las melrasta e o n I a
sas, recibiendo
delicadeza de
la!- felicitaciones
Elo'isa, rlc Pl'ide los convidallfonseiior Antonio Vico, nuevo nuncio de Su Santidad Pio X
mcwerci ó de la
dos.
en Madrid
cortesana mori Los reciencabunda, que poseen toda la suavidad de li;,ados pasarán la luna de miel haciendo un
neas, todo el primor de modelado de las
viaje por Europa, y en Ene r o próximo
figulinas de ~I irina y de Tanagra. Y es que
regresarán á España, de CllYO ejército ya
saben nuestros lectores que es general el el estro poético que las dió vida poseía tan
rica gama de tonalidades, fan irisadas faceinfante don Carlos.
tas, que jamás la literatura logró imitar las
artes plásticas con tanto realismo como en
LA PSIQIJIS DE UN POETA
la producción de Ferrari, verdadero escultor
El día 1.0 de Noviembre pasado falleció en la descripción de Hipatia que, dirigiénen esta corte el ilustre poeta y académico dose en su cuadriga al Cesáreo, evoca irrede la Lengua Don Emilio Fenari. Nuestra sistiblemente el recuerdo de la victoria de
Samotracia erguida sobre la nave vencedora
colaboradora l\lagdalena S. Fuentes nos remite unos párrafos interesantes, que titula de la flota de los Ptolomeos, de igual modo
La psiquis ele wi poeta, acerca de la labor que su procesión de las panateneas parece
la tra,nsmutación estética del friso inmortal
de Ferrari. Dice asi:
de Fidias. Poeta-arquitecto al par, reconstru«La prensa diaria, al dar cuenta del falleye con filigranas arqueológicas la ciudad de
cimiento de Don Emilio Fcrrari, ha tra;1,ado
Alejandría y los propíleos de Atenas ; y
rápidas é idénticas biografias de este insigpintor ad!nlráble, arradca de su poética pane poeta. Por eso, en vez de repetir los mismos datos, evocaremos el recuerdo de su
leta la variedad de matices que reflejan las

�570

POR ESOS MUNDOS

ACTUALIDADES

vibrantes qui ntillas de Dos cetros y dos almas, en que describe el cortejo nupcial

en los éxtasi-; de la poesía y en el culto hacia el deber, en las luchas en pro de noble!:'
de lo s Reves
ideales y en las
Católicos. Y es
efusiones de la
que el espíritu
amistad. P o r
de Ferrari, en
eso, pocos poevez de hallar
tas han exterioen torno un
rizado como él
niundo de 1·itís u espíritu, re•
nas, - como
flejando sus diafirma Sergio ,
Yersos estados
refiriéndose á
psicológicos
Leopardi -vió
e o n luminosa
por doquiera
claridad su pro·
reflejada su
ducción, transsu propia enerparente e u a 1
gía, su propia
manantial crisbelleza; 1·,lejos
lal ino, consisde replegarse
tente y diáfana
en si mismo cocomo el di amo el poeta de
mante. Paso á
.Recanati, dibupaso pueden
jó su alma en
seguirse en sus
1 a naturaleza
obras las mocon amplitud
dalidades anípanteista, hasmicas del auta el punto de
tor, cuya hidalque su hermoguía castellana
sa frase, dirivibra con rio-j.
g ida á Grecia
dez concisa ;n
« Tú diste á tola carla de IsaEl rey Don Alfonso XIII visitando la Universidad de Cambridge,
do un alma», á
en I nglaterra
bel la Católica,
nada mejor po•
como Yibra el
&lt;Ida aplicar~e que al trabajo. á la vida mi~- palrioli;;mq. herido y exaltado al par, en las
ma de Fcrrari, quien puso el alma en lodo, Imprcsioncs del desastre. la il'Oniaamable y

Don Emilio Ferrari, insigne poeta y académico
,le la Lengua, fallecido en Madrid el 1. 0 de l\"oviembre pasado

Mr. Martín Hume, ilustre hispanista in~lés que
el 2i de Octubre pasado dió una conferencia en e!
Ateneo de Madrid acerca de la historia española

cuila en S upremacia, la noble,:a caballeresca en el reto dirigido A un enemigo y, enfm,
la religiosidad y los espasmqs del deber físico que minó su vida en la expontánea profesión de fé, poéticamente enunciada en Creo:

o

571

cuenta del ilustre l\lenéndez Pelayo, que dice estas palabras:
«El señor Rodríguez :Marín nació poeta, y
no ha dejado de mostrarse tal desde su mocedad hasta ahora, versificando cada vez con
más primor y aliño. llizo bien, muy bien, en
Como Pnlra el hierro por la abierta herida
no renunciará esla primitiva vocación sutu nombre entró en mi carne dolorida
hl\sla tocar el corazón sangriento¡
ya, que le ha consolado de muchas amargu·
vi en el mal una oculta Providencia,
ras, que ha l lcnado honestamente los raros
ven el dol r sintiendo tu presencia
tué mi revelación el sufrimien,o.
ocios de su vida, que le ha ser vido para dar
,El equilibrio de sus condicione3 poéticas temple y color á su prosa, y que le ha ense•
ñado práctica•
lo revela el
rnenle los misvivo sen ti terios del estimiento de la
lo y de la meNaturaleza
trificación, sin
que hizo de él
cuyo previo y
un pai~aj isla
hondo conociadmirable .
miento es im• La Naturaleposible juzgar
za es sentida,
á los grande~
no descrita» ,
poetas de las
- afirma De
edades pretéSanctis en la
ri las ni de la
controversia
presente. Toda
sostenida con
1 a filología y
Sergi y e o n
!oda la ciencia
Graf; - quizá
del mundo no
por eso, por
pueden dar essentirla inten•
ta pericia técsament e , lienica, que para
ne11 tal realisaplicarse con
mo las desfruto á los ver•
criociones del
sos ajenos tiepoeta vallisone que haber
l elano, coloristrabajado muta de suave,
cho en los promoderna tonapios. Por esos
1idad en los
el señor Ropaisajes o to•
dríguez Marin,
ñales de
que ha hecho
Consnnia los más clásitwn, cantor á
cos sonetos y
á u n tiempo
madrigales de
mismo y con
nuestros días,
igual pujama
Don Francisco Rodríguez Marín, gloria de las letras españolas, recibido
es el j uez más
y poesía de las
académico de la Lengua el 27 de Octubre pasado
aulori zado y
planicies en
la,; Tierras llanas y de las montañas en la cornpele:lle de los líricos espa ioles del siglo
¡rrandiosa de3cripción de los Alpes con que xv,, de los cuales, más que imitador y discícomienza Peclro Abelarclo, el más popular pulo, es compañero póstumo.
»Lo más selecto, lo más puro del caudal
de sus poemas.,
poético de Rodríguez ~Iarín se encierra en
sus colecciones de sonetos y madrigales
RODRÍGUEZ l\IATIÍN
que pertenecen á su última y definitiva ma!Iónrase esta revista publicando el retrato nera, cada vez más emancipada de toda inde Don Francisco Rodríguez l\larin, recibido fluencia que no sea la de nuestra tratlición
académico de la Lengua Española el 27 de peninsular y la de los modelos en que ella
Octubre último. Quisiéramos hacer un elo- misma bebía sus inspiraciones. E&lt;,tos verso~
gio de esle escritor, honra y pre1. de las le- acompañaron la obra erudita del poeta: son
tras patrias ; pero preferimos hablar por como flores que brotaron en su camino para
0

�.POR ESOS MUNDOS

H

ALLÁBAME yo en la capital de una pro-

vincia del Norte de Espatfa para reponer mi salud, algo quebrantada por la vida
turbulenta seguida durante vario,, años en la
corte; y para distraer mis ocios y allegarme
de paso algún recurso con que subvenir á
las necesidades más perentorias, trabajaba
de periodista en uno de los dos diarios de la
localidad.
En aquella jornada de periodismo, mi misión se reducía á bien poca cosa: á la una dQ
la madrugada recibía la conferencia telefónica de .Madrid, y á las tres ó las cuatro ya la
había inflado y aderezado de modo que ocupase tres columnas del periódico, con noticias frescas de todas clases; después de leer
las pruebas y corregirlas, daba un orden de
ajuste al regente, y me marchaba á. mi casita
hasta el día siguiente,que volvía á hacer tres
cuartos de lo mismo, y creo que no valía ni
los tres cuartos.
Todo lo demás del día, y las primeras horas de la noche, podía invertirlas en lo que
yo quisiera, y por lo tanto las invertía en
dormir, pasear y jugar al tresillo en el Casino, al cual era asiduo concurrente.
Pero estos casinos ele provincias donde
no se juega á nada de lo que está prohibido,
á las oncede la noche,cuandomás, se quedan
totalmente desiertos; así es que si yo hubiera sido capaz de aburrirme alguna vez, me
hubiera aburrido, durante aquel periodo, todas las noches de once á una.
¡Qué dos horitas! Generalmente, las disipaba tumbado á la bartola y fumando cigarrillos; otras veces me colaba en la biblioteca
y me enfrascaba en la lectura de tal ó cual
librejo vago y ameno, que á la hora de irme
me era doloroso abandonar, pero del cual ya
no volvía á acordarme al dia siguiente ... ni
nunca. Una noche, q ue no tenía gana de leer,
ni de estar echado1 me lancé á pasear por el
-complicado laberinto de salones, salitas, pa.sillos y depcndenr.ias d~l Casino.

En una de estas salitas, de mu y reducidas
proporciones, se hallaba un señor cómodamente repantigado en una mecedora, cerca
de la cual había una mesita que le permitía
tener al alcance de la mano y sin incorporarse una copa finísima de cristal, cuyo opalino contenido burbujeaba inquieto hasta coronar su superficie de blanquísima y bullente espuma.
-Buenas noches,-dije con cierta timidez,
al ver que había turbado la pacífica libación
de aquel se1ior.
-Jiu y buenas,-me respondió muy complacido y en un tono m uy agradable. ¿Quiere usted beber una copita de champagne conmigo'!"
-~lit gracias,-le repuse.
-¡Ah! Creí que me iba usted á decir mil
copas: ya sé que me las entiendo con un
buen bebedor.
Y diciendo esto, llamó á un criado y le
ordenó que me trajese una copa para beber

champagne.
Ante esta actitud tan decidida ya no me
cupo á mí otra que la de aceptar, y él mismo
fué quien sacó la botella de la heladora donde estaba puesta á enfriar y quien cogiendo
la copa de las manos del criado me la dió
con las suyas propias después de llenarla
hasta los bordes.
-Con buenas marcas se couvida usted,dije al ver la etiqueta y antes de aproximarme la copa á los labios, para corresponder
COI\ alguna chanza á tanta y tan exquisita
franqueza con que me hacía el agasajo.
- ¡Phschl En esto, como en todo, cada cual
tiene sus gustos. Para mí este Pommery es lo
mejor.
-A la salud de usled,-ledije, disponiéndome á beber.
-A la de usted,-me repuso él, alargándome su copa para chocarla con la mía.
Chocamos las copas, y bebimos. Después,
siguió diciendo:

�574

l'OR ESOS MUNDOS

se presentó con otra que deliberadamente
descorchó y puso entrn el hielo, ocupando el
lugar ele la vacía.
En visla de la nueva provisión, y para
que aquel setior comprendiera que me interesaba en lo que iba diciendo, mandé al
criado que me aproximara un sillón: en el
cual me arrellané cómodamente.
-No me he atreYido á invitarle á usted á
que se sentara... por si no le era grata mi
-Yo sé quién es usted, y cómo es usted, con versaeión.
-Sí, señor: me es gralisima.
y cuáles son sus costumbres; en cambio, us-Bien. Yo me llamo Rodrigo Salvatieted no sabe quién soy yo, ni cómo soy, y si
supiera usted cómo soy no sabría explicarse rra...
--¡Ah!-le interrumpí.-Entónces, sí sé
por qué soy así.
-Ciertamente, no sé quién es usted, ni quién es usted. Los mismos que le han hacómo,-le repuse bastante confuso.-Pero blado á usted de mi, me han hablado á mi
deja usted adivinar pronto que se lrala de de usted: son amigos miltuos.
-Just2.mente ... ¿Y qué le han dicho á usun gran señor, de un hombre de nrnndo,
muy culto, de gustos muy refinados y exqui- ted de mir ;,Que soy muy raro, no es eso?
--No, señor, no me han dicho semejante
sitos, de.. .
-¡Eh ... amigo mío, basta, basta! Yo soy cosa.
-Pue~, sí, aparentemente soy raro. Hay
únicamente un hombre medianamente rico,
que ha viajado mucho. lle leído bastante, sí; un hecho en mi vicia que me ha obligado á
tengo en mi palacio una despensa bien que yo me imponga este confinamiento. No
grande y repleta de manjares intelectuales, se sonría usted: ya está usted imaginándose
me refiero á la biblioteca: ninguno de estos una historia de amor, ó bien que me retiene
manjares ha tomado lugar en los estantes aquí la presencia de una mujer, ó bien ...
-Nada, no, señor; yo no me imagino
sin nutrir mi inteligencia previamente. Mi
fortuna, sin ser grande, me permitiría vivir n;,ida.
-Eso es mejor ... Bebamos otra copita.
con comodidad, y hasta con lujo, en Madrid,
-Bebamos.
en París, en Lóndres, en donde yo quisiera;
-Usted sabrá que yo, á pesar de estar
pero nunca saldré de esta capital de provincia, ni haré jamás otra vicia que esta que emparentado con las principales familias de
la ciudad y de conservar con ellas buenas
hago ...
Mi interlocutor hizo una pausa, que apro- relaciones, ni visito á nadie ni recibo visitas
vechó para llenar las copas, y como ya la en mi casa.
-Sí, señor: lo sé.
botella tocase á su fin con aquel despojo, el
-Y usted sabrá que yo vivo solo, asisticriado, obedeciendo sin duda á un conjuro,

EL HUESO DE ACEITUNA

do por unos criados viejos; que como solo,
paseo solo, y, por último, que vengo á pasarme solo tres ó cuatro horas bebiendo
champagne, porque, eso sí, no he podido
sacudirme la mala costumbre de trasnochar.
-A mí no me parece mala.
-Ya lo sé... Pues bien, la causa de ser ,·o
huraüo, y retraído, y misántropo, no lo sabe
nadie más que las personas que lo presenciaron, y usted que lo vá á saber porque me
merece usted una confianza ilimitada por
s~ fama de reservado y discreto y porque
siento por usted una profunda simpatía.
- Usted me confunde, Don Rodrigo.
-No, señor, no; tengo un gran conocimiento de las gentes, poseo el arte supremo
de distinguir los espiri tus fuertes, las almas
nobles, los hombres dignos de cualquiera
revelación misteriosa, y usted es, á no dudarlo, uno de estos espíritus, una de estas
almas, uno de estos hombres ... Bebamos.
-Bebamos, y gracias por todo, Don Rodrigo.
-Ya sé, ya sé,-medijocomo hombre que
está en todo-que se le aproxima á usted
la hora de recibir la conferencia... Le contaré
á usted el hecho á grandes rasgos.
-Queda, queda tiempo.
-He aquí el suceso. Yo tenía un sobrino,
huérfano de padre y madre. Era hijo único
de mi hermano el mayor, el cual le dejó á
mi sobrino pingües y saneadas rentas. Este
sobrino mío se enamoró con grande acierto
de una buenísima y encantadora muchacha,

575

también hija úmca de un matrimonio aristocrático y archimillonario. Llegado el trance de pedir la mano de la muchacha, mi sobrino recurrió á mí en demanda de que yo
cumpliese con esta formalidad, en sustitución de mi pobre hermano, y así lo hice. Se
verificó el acto con Lodos los requisitCls pertinentes á la calidad de los novios. y mi
sobrino y yo quedamos invitados para comer aquella misma noche en la aristocrática mansión de los padres de novia. Excuso
decirle á usted que, aunque se trataba de
una comida de carácter íntimo, distaba mucho de ser una comida de confianza; y entre
que exaJeraron las proporciones del homrnaje, y entre que los recursos de la casa
para hacer un acto monstruoso eran sobrado
grandes, lo cierto es qne nos sentamos á la
mesa de un comedor con la mayor riqueza,
arte, gusto y magnificencia preparado. ¡Para
qué le voy á señalará usted el detalle de que
allí estábamos todos dispuestos á guardar
la más rigurosa etiqueta! ...
-Muy bien,-intercalé bajito.
-La novia tenía un tío carnal, hermano
de la madre, que también fué invitado; este
hombre llevaba fama ue narrador ameno de
gran oportunista, de comentarista feliz: 'era
lo que se llama un prodigioso causeur, y
entre la infinidad de delicadezas que aquella familia me consagró esa noche, una fué
la de ponerme á la derecha á este señor para
que me sa:wnase la comida con las sales de
su i1,genio. A la izquierda, tenía yo á la no.

�576

!'OH ESOS !11UNDOS

via radiando de belleza, de elegancia, de lujo
y de riqueza. El buen lío no quiso perder
el tiempo en aquello de dál'scme á conocer,
y de~de que nos sentamos comenzó á contarme una hislol'ia muy graciosa, llena de ;nciden.les cómicos y salpicada de frases ocurrentísimas. Yo le escuchaba con inusitada
complacencia, mientras mondaba el hueso de
una aceituna, dándole vueltas y más vueltas
enmi boca,comosi fuera un caramelo;cuando
por el lado i,1quiel'dome pre,;enlóelcriadouna
preciosa vasija de pol'celana de Sévres ofrec-ién&lt;lome el puré. La presencia de este criado coincidió en el final del cuento, tan inesperado como gracioso, y tal explosión de
risa me pro,·ocó que lancé en la 1,opera el
hueso de aceituna que estaba mondando.
¡Qué hol'l'Or! ... Ami~o mio, como yo no tenia
pl'evislo que en el mundo pudiera ocurrirme
arrojar un hueso de aceituna á la sopera en
una comida de etiqueta, se me amontonó el
juicio y me pu~e frenético. Con tal rapidez
me levanté y tan impetuosame11te, que di un
golpe a la ~opera, bastante fuel'le para hacer! a subir medio metro y que cayera boca
abajo sobl'e la complicada foileffo de mi fu.
tura sobrina. Esta nu!'va desdicha subió de
punto mi natural sobre,;alto, y girando ve-

lozmcn to cm prendí vertiginosa cal'rera por
donde creí hallar nna salida; pero me guiaba la fatalidad, v en mi huida arl'ollé un
trinchero cargado· do vajillá, de cristalería y
de platería, el cual vino al suelo con feno:
mena! estrépito, cosa que me aturulló más y
más; y ya lóco corrí pasillo» y atravesé
salones volcando centros cargados de bibelots, jarrone::, columnas con bronces, tibores,
sillas, Lapices, y destror,ando, en fin, toda la
casa en aquella de:-enfrenada carrera de demonio desencadenado ...
Yo le oía estupefacto esta relación; él siguió diciendo:
-De todo aquel destrozo indemnicé al
n~1evo matrimonio; pero cuando yo me percaté del estrago que había hecho, me castigué á no volverá presentarme en sociedad.;.
El señor Salvatierra se qnedó jadeante y
nel'\'ioso, y después de ofrecerme otra copa
de champciyne, me dijo:
-Le he entretenido á usted demasiado.
Vara á su obligación, y cuento con un amigo; pero no le diga á nadie por qué soy huraiia y retraído. Xo reYcle usfcd á nadie mi
secreto, no refiera jamas lo que me ocurrió
con el hueso de la aceituna...
Y yo le prometí que así lo cumpliría.
FELix l\fÉNDEZ

Dibujos ele J{m·ikato

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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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