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                  <text>To•o II.

Ml!:xroo, AGOSTO 16 DE 1880.

NúMERO

31.

SEGUNDO ANO.
Condiciones de esta publicacion.
Se publica 101 d1u 1, 8, 18 7 2, de cada mee.
Talor de la 1118Cr!cion: UN PESO men.uaJ den-

¡

úo7fuer&amp;delacapllal. Debei&gt;-«aneadelantado,

Loa ped.(do;a de111scriclone1 7 la oorreepondencla, deben ~ 4 Ja Becclon lllbllolecari.¡ di
la Secretaria de Guerra.

LOS FUEGOS DE ARTILLERIA.
(ConliJl6a).

IV.

ECO.RDARÉ desde luego algunos de sus caracteres, ya seilalados, de paso, en el curso mismo de
este estudio.
La artillería ve sus tiros, es decir, ve estallar
sus granadas en el suelo 6 en el aire, y así puede
juzgar de los puntos de caída con relacion al blanco. Esta observacion,.sobre todo con el empleo del
anteojo de batería, es bastante fácil, al ménos en
la mayoría de los casos, hasta 3,000 metros, y, por consiguiente, para toda la serie de los alcances entre 1,000 y 2,500, es decir, en la
zona en que se encuentra circunscrita la rivalidad entre los fuegos
de fusilería y de artillería. En ~oda esta zona, por el contrario, será
cosa por demas excepcional para 1a infantería distinguir, áun vaga.
mente, los puntos de caida de sus balas.
El tiro de la artillería es susceptible de rectijicacion¡ es decir, ·

�247

246
. d d
anera cierta por medio de corree. .
que puede ser meJora o e una _m
ue tienen por base la posibiciones metódicas. E_stas correccionesdi~ho no pueden efectuarse con
lidad de la observacion, como queda
, , . del caiíon. Aun
.
. á la puntería mecamca
certidumbre smo gracias
t d caida de las balas de
cuando se llegaran á observar los p:n
siempre materialmente
fusil tan bien como los de las gran~. as,
mo se dis~ara el fusil),
imposible, (con una arm~ ~ue se i:ri;: ~o prácticas para arreglar
asentar y aplicar prescripciones sebn
observen maquinalmen. .·
que usca se
el tiro de éste, prescnpciones
l t· o do las bocas do fuego.
.
acontece en e ir
.
te por decirlo asf, como
d' d 1 ti'ro es un oficial, (gene,
·fi. • metó ica e
,
Ademas, esa recti cae.ion 1 d' .. de una manera casi enteraralmente un capi·tan), e1 que a mJe
d
C un teniente para dos
.
d' t de sus solda os. on
mente mdepen ien e
.
te y á. su fuecro en 1a
ieza tiene á. su gen
º
iezas
y
un
sargento
por
p
,
.
t
de
infantería. Por poP
.
odrá hacerlo un capi an
mano, como Jamas p
oner tres puntos en 1fnea
co que tenga algunos soldados qfu~lsepanu~ caiíon que con un fusil),
. fi ·t nte más aci con
recta, (cosa m m ame
d el tiro de :.u batería.
realmente de ésto solo depen e
. cosa de que tiene que preoLa observacion de los disparos, (úmca l . error accidental de
·
diatamcnte cua quier
.
d
cuparse) le revela 1Dme
.
1
lo oricrina rectifi.cán o,
p d
encruar o que
o
'
alza 6 de puntería. ue e av º . de los que tal vez no se ha. (
imples conseJOS
.
lo en seguida, no con s
terial que impedirá que se repida caso), sino de una manera ma
t, con hombres que apunten
tan En la artillería, no hay que con _ar
. el error personal de
.
. 6
no sepan corregir
muy alto 6 muy baJo, que
ntando más alto 6 más
t'
que atenuarse, apu
su arma; tampoco iene h 6 á izquierda, considerando ora la ~cbajo que el blanco, á de~ec a~ .
de un alza como la de la m. t
las imper1ecciones
cion del v1en o, ora
altur" e:s:acta quc corres.
mite tomar 1a
"'
fünterfa, que no siempre ~er d f
por ejemplo á. 150 metros
nde á la distancia, obligan á. irar,
,
•
po
t
os
6
vice
versa.
con la marca de 200
. me r , e hacer correcciones de este ~énero,

::r1:

º.

Con el catíon, Jamas hay qu
b lo brutalmente y siempre
.
más que acer
t iene
el
que
apunta
no
.
de todas estas correeY
.
El ca.pitan se encarga
de la misma manera.
. .
t· o basta los menore11 detad ;¡; él IlllSmO su l[ ,
,_
ciones, y pue~e mo ~.ca~ . ntoe puramente mecánicos, sobre 111,
Ues, por medio de proce m1e
,

accion de los cuales la emocion 6 la ignorancia de los hombres no
tienen la menor influencia.
El artillero no tiene necesidad alguna de ver el blanco que bate,
y la seguridad de sus tiros no se disminuye de una manera sensible. La puntería en direccion y la puntería por elevacion son, en el
cañon, absolutamente independientes una de otra. La. primera puede obtenerse por puntos de marOB escogidos convenientemente 6 improvisados en a.Jgunos instantes.
Éstos, no solamente permitirán a.provecharse de un obstáculo
natural para abrigar varias piezas de una batería, y áun baterías
enteras, sino que tendrán la ventaja inmensa de proporcionar al ca.pitan un medio tan cómodo como preciso para. cambiar instantáneamente, á su antojo, --la direccion del tiro de sus piezas en el mll.8
extenso lfmite, sin necesidad de dar á sus hombres multitud de indicaciones que bien pudieran no ser comprendidas, ó hacer perder
un tiempo precioso. Todos los que conocen el material de artillería
saben con cuanta facilidad el manejo de la planchuela de inclinaciones 6 desviaciones permite cambiar la direccion del tiro de una pie-·
za, sin que el que la ªEunta tenga que preocuparse y áun sin que
se aperciba de ello.
Alargando suficientemente esta planchuela, (cosa de las más sencillas, y ya experimentada.), puede darse á un espitan la facultad
de dirigir, como con la mano, el tiro de sus cafiones y fijarlo sobre
tal ó cual punto del horizonte en donde la aparicion de un grupo de
enemigos lo haga necesario.
Esos desvíos del tiro en direccion, traen generalmente la necesidad de una modificacion corola.ria de la altura del alza, 6, que es
lo mismo), del ángulo del tiro. El empleo del cuarto del círculo á
nivel permite hacer variar aquel con una facilidad que todos conocemos. .Áun creo que hay en ésto un modo de hacer puntería que
debería procurarse generalizar más y más¡ porque á distancias un
poco grandes, y sobre todo con blancos mal definidos por elevacion,
(que tan á mcuudo se encuentran en la guerra, como por ejemplo,
tropas que apénas se destacan del f,:_mdo del terreno, medio cubierta&amp; por el humo, etc.), será mucho más preciso dará la pieza directamente el ángulo necesario, mejor que apuntar con el alza sobre

no

�248

24.9

un blanco que apénas se ve, ó cuya apariencia puede cambiar de un
momento á otro.
Fácil sería contesta1' á las objeciones de detalle que podrían hacerse al empleo de este método. No insistiré aquí en ellas, conten~
tá.ndome con afirmar una cosa, (en mi opinion incontestable), y es
que en el tiro sobre blancos reales del campo de batalla, será más
fácil obtener, así como con el alza, la unijormidad de puntería por
elevacion, clel uno al otro disparo de la pieza. Ahora bien, la uniformidad de puntería· ¿no es la base necesaria y suficiente para el
capitan, para apoyar. sus correcciones y toda la rectificacion de su
tiro7
Únicamente reconozco que el cuarto de círculo actualmente en
servicio no llena las condiciones que debiera satisfacer para que de
él se hiciera semejante uso. Seria menester que, cuando ménos,
fuese de doble diámetro, como el que se ha adoptado para nuestros
nuevos cañones de sitio. Este aumento, que no sería más que un
inconveniente muy ligero, es indispensable para darle la misma sensibilidad que posee el alza con la línea de mira actual.
Por otra parte, si se generalizara, (como me parece sería muy de
desearse), la práctica de lo que llamaré puntería de dngulo, en opo-·
sicion con la puntería de alza, fácil sería, á no dudarlo, imaginar
un dispositivo. que permitiera, sin instrumento especial, dará la
pieza un ángulo determinado, prontamente y con la suficiente
exactitud.
Me acuerdo de haber visto en la Exposic;ion Universal de 1878,
en la seccion francesa, (tan pobre, sin embargo, en cuanto á armas
de guerra), un cañon de campaña que, ademas de diversas particularidades interesante en su construccion, estaba montado sobre una
cureña provista precisamente de un aparato para apuntar de este
género, que permitía dar el ángulo á la pieza sin necesidad de instr11mento alguno. La descripcion de este mecanismo, (muy sencillo
por lo demas), nos llevaría demasia_do léjos: todo lo que puedo decir
es que me pareció que respondía muy bien á su objeto, y que cuando ménos, merecía ser examinado seriamente. Los periódicos militares de la época hablaron de él varias ocasiones, y áun lo ví señalar
por la prensa extrajera como muy ingenioso y digno de interes. No

-sé que haya sido experimentado en Francia; su inventor, Mr. Joyeux, arquitecto, no siendo militar, quizá no haya logrado hacer que
su invencion se someta á prueba.
No hay necesidad de agregar, (á lo que creo), que el tiro de las
piezas, ejecutado de una ú. otra manera, contra un blanco invisible
para los artilleros, no por eso debe dejar do ser observado, ya por
observadores especiales, ya, (más generalmente en el campo de batalla), por el comandante mismo de la batería, que podrá hacerlo á
menudo, permaneciendo suficientemente cerca de sus piezas para
poder dirigir el fuego, fuego que podrá siempre guiar con seguridad
J precision, que jamas podrá alcanzar el fuego de la infantería,
siempre algo ciego, por más que se haga.
Y esto es lo que permite avanzar esta afi.rmacion, que á primera
vista parece paradójica: que una batería de artillería es verdaderamente una máquina de guerra más delicada, más manejable, susceptible de un trabajo más esmerado, más fino por decirlo así, que
la compañía de infantería con la que algunos quisieran reemplazarla; y ésto, (entiéndase bien), bajo el punto de vista de la accion del
fuego pura y simplemente, y cuando se trata de distancias de 1,000
. metros para arriba, en las que la infantería no puede contar ya con
el nlimero de sus bal!ls para pr~ucir un efecto ú.til y desquitarse,
(como se dice), con la cantidad.
Sustituir la infantería á la artillería en semejante circuns~ancia,
es querer, (preconcebidamente), confiar un trabajo á un ciego, de
preferencia á uno que ve bien. Un desgraciado, esgrimiéndose á
tientas, e,,identemente no puede tener otra táctica que multiplicar
sus golpes, contando con que la casualidad hará que alcancen algunos á su adversario. Está seguro de agotar sus fuerzas y no lo está
de alcanzar un resultado. El que ve lo que hace, por el contrario,
puede ajustar sus esfuerzos y no gastarlos de valde.
Por eso la introduccion de las ametralladoras en la artillería ha
sido un error. El nombre de cafíones de balas de fusil, que se les
había dado oficialmente, constituía por sí solo una verdadera heregla. Máquina semejante, no gozaba, efectivamente, sino de un reducidísimo número de las propiedades del cañon; faltá-bale la mál!
esencial: la de permitir ]a rectificacion del tiro por la observacion

!I

•

•·

�251

250
de los disparos. En estas condiciones, el tamaño de sus alcances
perdía todo valor. No tenía sobre el fusil más ventaja que la manera mecánica y permanente de apuntarse, á consecuencia de la
ausencia de recule. Pero en contra, tenía multitud de otros inconvenientes, de los que era el menor ocupar el lugar de un verdadero
cañon, infinitamente más eficaz.
Las ametralladoras pueden utilizarse, no en los campos de batalla: su verdadero pu.esto está en la defensa de ciertas partes de la
fortificacion, en el puente 6 en las crucetas de un buque; en una palabra, en donde quiera que por falta de espacio desee producirse,
con hombres y una máquina poco voluminosa, el mismo efecto que
podrían producir veinticinco soldados de infantería.
, En cuanto al efecto que se prometían de las ametralladoras, admitiendo que su tiro fuera perfectamente regularizado, es infinitamente menor que el de las granadas que hoy usamos; y ésto nos
lleva á. hablar de la segunda serie de caracteres del fuego de la artillería, (los relativos al efecto de sus proyectiles.
La variedad de éstos constituye la primera difereacia fundamental con la infantería, que siempre lanza el mismo pr-0yectil. Si de- ·
bido á su tinica formacion de combate, la artillería parece, á primera vista, poco susceptible de prestarse á las mtiltiples necesidades
del campo de batalla, rescata con usura esta aparente inflexibilidad
con la diversidad de los efectos que puede producir. Tiene granadas para derribar los obstáculos; las tiene para tirar sobre sus tr~
pas á descubierto; las puede hacer reventar en el suelo, si á ello se
presta el terreno; las puede hacer reventar en el ajfe, si las circunstancias lo exijen. La organizacion de sus proyectiles abre á sus
avances un campo tan vasto como la construccion misma de sus cañones. Los unos completan á los otros. La granada de hoy es un
útil verdadero, que se limita el cañon á poner en obra, y que trabaja luego por su cuenta con una perfeccion, (iba á decir con una seguridad de mano), que crece más y más cada dia. Así es que, la
precision del tiro, (maravillosa por cierto), realizada hoy, no entra
sino como una mitad cuando más en la potencia de los efectos des·
tractores que se ha alcanzado.
Por esto precisamente, es por lo que tantos militares apénas pue-

den creerlo. Tienen siempre presentes en su imaginacion que las
granadas de la tiltima campaña, (tan.á menudo inofensivas), ora que
no reventasen, ora que no produjesen más efecto que el de fogaza,
(más imponente que peligroso, ora en fin que, como las nuestras, reventasen en el aire á distancias tan variables, adelante 6 airas del
blanco, que sólo por casualidad llegaban á alcanzar sus cascos á algwen 6 á algo. Por lo demas, los cascos eran poco numerosos; unos
20 fragmentos, cuando más 25, en los casos favorables, es lo que
deban nuestras antiguas granadas corrientes, de 12 y de 4. Las
granadas cargadas de balas, de entónces, habrían suministrado más,
á no dudarlo; pero no constituían más que una fraccion casi insiguificante de nuestros aprovisionamientos.
Ahora bien, hoy, su empleo tiende á generalizarse, y su construccion hace tales progresos que los proyectiles en servicio, del cañon
de 90, dan unos 100, y otros 150 fragmentos. Todo hace creer que
no parará en eso, puesto .que granadas ya experimentadas con buenos resultados permiten obtener un ntimero de fragmentos mayor,
quizá doble; P♦ áun ateniéndose al ntimero de 150 fragmentos que
proporcionan 1 granadas de empleo corriente en el campo de batalla, debe c esarse que, de diez años ac¡i,, se ha .dado un paso
inmen»tll
Con . e s de precision triple en direccion, casi séxtupla de alcance, lanza.na. granadas cuyos efectos mortíferos son por lo bajo
seis 6 siet~eces más considerables, se obtendrá sin duda, en el por~
venir, algo
que "el efecto moral,1' concedido hasta hoy á la ar- ..
tiller1a, como pr.xto para no hacerle otras concesiones. Si confor- ,
me á los experimlitos de Bourges, ya citados, ponemos 100 hombres
en paralelo con una batería de artillería, claro está que un cañonazo equivale al ménqs á una descargl"ó salva, y:áun fácilmente á salva y media de infantería. Admitiendo que cada pieza dispare un
tiro por minuto, rapidez inferior á la que siempre se ha alcanzado,
con excepcion de una sola vez, (en los experimentos de Bourges), y
rapidez que proporciona. todo el tiempo para apuntar con calma y
precision; una batería de 6 cañonei producirá, en cada minuto, el
efecto, no moral sino muy físico, de 9 descargas 6 salvas tiradas por
100 hombres de infantería. Será menester que cada un(l de ellos ti-

mw

1

�252
re 9 tiros de fusil por minuto para que el número de los fragmentos.
mortíferos lanzados al enemigo, por una y.otra parte, sea el mismo..
Ahora bien, un fuego de 9 tiros, (pongamos nada más 7 ú 8 por
minuto), es ya bastante activo para la infantería. Y áun creo poderafirmar la casi imposibilidad de que una tropa pueda realizar tal
actividad, á no ser qne tire enteramente á su antojo y sin siquiera
visos de hacer la menor puntería.
•
El fuego más rápido de tiradoi:es, ejecutado en Bourges, no alcanzó precisamente á. 7 tiros por minuto, y no pudo sostenerse por un
cuarto de hora sino dejando descansar á los soldados cada cinco minutos. La rapidez de un cañonazo por pieza, cada. minuto es, por el
contrario, para la artillería, de las más comunes. La considero como tipo, en el sentido que muy raras ocasiones ha de tenerse interes en sobrepujarla; pero puede sostenérsela sin dificultad durantehoras enteras.
Haré notar igualmente cuán léjos ha dejado lu fragmentacion
perfeccionada de las granadas actuales á los pretendidos efectos que-se prometían de las ametralladoras. Las del mode1 france1, en uso
durante la guerra, lanzaban 25 balas en cada dis¡;és decir, producían apénas la sexta parte del efecto que puede erarse de una
granada actual, cuya esfera de aec10n es cuando
~ , como
extension. Ademas, su tiro no presentaba ninguno de ~iolae
observacion, y por consiguiente de rectificacion 4W ~~iona el
del cañon; era tan ciego como el tiro de fusil. Sus ha:., como las
de la infantería, no eran susceptibles mas que de~ ef'ecto nbico~
obrar sobre el personal, sin poder nada absoluta.te contra el material ó los obstáculos, tras de los cuales se res~rdan los hombres.
y las cosas.
Cañones tan imperfectos &lt;!8tno lo eran los nuestros en 1870, podían sólo entrar en competencia con máquinas de esa especie, hacia
las.cuales Alemania se guardó m~y bien de participar de nuestra
admiracion y engreimiento, y que hemos hecho perfectamente en
abandonar inmediatamente despues de la campaña.
(Continuri} •

•

f

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              <text>Ejército Mexicano</text>
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              <text>Publicación oficial de la Secretaría de Guerra a fines de siglo XIX. Se publicaba 4 veces por mes. Contiene partes militares de las operaciones del Ejército Mexicano. Además, incluye estadísticas e información castrense de ejércitos extranjeros y de sus actividades.  </text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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      <name>Fuegos de artillería</name>
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