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                  <text>NUMERO 17.

Mu1co,

ÁBRIL

27

01

TOMO l.

1861.

'
•

•

PERIODICO OIINISCIO, DE BUEN BUIIOR Y CON
CAlllCATURAS.
•

1

Se publica los miércoles y sáLados de cada Sfmana. La suscricion
mensual, adelantada. ,ale cuatro reales en la C8pital, y on peso fuera
de ella, franca de porte.-I.os números suellos valtn 111En10 REAL.
SUSPENSION DE PAGOS,
-Se suspenden los pagos.
-Convenido.
-Y luego? ...
Porque cuando le a11uncian á uno qt1e le
van ~ hacer una suerte, no es Lueno alarmarse, sino esperar.
Primero le saco á usted los ojos, y luego se
los vuelvo á poner á usted por un método sencillo.
Se bao suspendido los pagos, esperemos;
pero si esperamos en vano y solo esto hay, mala la hubisteis, franceses. Esos arreglos ya los
conociamos nosotros, y aun propondriamos
(para simplificar y que ni libros se necesitaran
ni papel) que natla se pague y na1la se cobre.

1

Las prrsonas que quieran smcribirse en los puntos donde no haya
corresponsal, podrán hacerlo mandando su importe en sellos del
correo de á uoo y dos reales.

Suelta el inocente galleguito las manos.
Estaba escrito que podria ser ministro. Y el
primero, el segundo y el tercero, todos cayeron de cabeza en el rio.
-Pobres! se ahogarían ••.•
-No, eso era lo racional; pero como ellos
no lo son, no se abogaron.
El gobierno de los cinco galleguitos tenia
sed¡ la bancarrota les daba calor, y hubieran
tenido aún una fuente en donde beber; pero
el galleguilo que tenia la cartera de hacienda
-quitó las alcabalas-soltó las manos.
Y aunque aquellos galleguitos no se abogaron, despues hemos visto ahogarse unos burros, y creemos que el gobierno ta'mbien puede
abogarse.
EL SIGLO XIX.

LOS GALLEGUITOS.
Pasaban unos gallegos por un puente, y como todos tenian sed y el agua estaba honda,
se pusieron á discurrir, y dilataron mas que el
gobierno en hacer una ley; pero discurrieron
mejor-y es cuanto hay que decir, que discurrieran mejor los gallegos que un hombre de
Estado. Pues señor, discurrieron ellos, y dijeron: Pedro se agarra del puente, Tomás de
Pedro y yo de Tomás, y así bebemos agua.
Convenido: manos á la obra.
El uno se agarró del puente, como quedaron, y los ciernas en el órden antes dicho.
Bebia ya el último y 1,e satisfacía. Le iba á
tocar el turno al penúltimo, cuando lastimado
por las piedras el primero, dijo:
-Ya me arden mucho las manos; ¿qué
bago?
-Hombre, aguántale!
Bebió el otro.
Y como mientras mas tiempo pasaba mas le
ardian, repitió su queja:
-Ya no aguanto.
-Pos escúpete las manos, dijo el que le seguia.

l

Este colega sigue representando uo papel es•
cesivamente ridículo. Con su cómico ademan
de persona sensata, honrada, de buenas ideas,
comete falta sobre falta, y hoy pit:rde los estribos para contestar con insultos y diatrivas;
decimos mal, con un magnífico estilo, á los
justos cargos que al gobierno se le bar.en.
Nosotros vemos por primera vez uo descaro
tal. Blasona de independiente, y con sus
hechos manifiesta que es mas ministerial y
mas ciego para al~bar á su señor, que losantiguos cortesanos, aquellos que decian á su
rey: Su Magestad se digna burlarse de nosotros.
El Siglo, por componerse la cara, se descubre lo que no debiera.
UN IMPRESOR FAVORITO.

EJ, HOSPITAL DE SAN HIPÓLITO.
Ya no nos enamoran, sino que nos cbon, guean. No solo se desprecian las leyes y se tuer•
cen entre amigos, de ministro á pilrlicular, si•
no que públicamente se hacen á un lado, autorizando así las fallas que contra ellas secometan.
En nno de nuestros números anteriores
preguntamos por qué, contra toda ley, aun
existia la corporacion de los paulinos? por
qué á la mas peligrosa sin duda por jesuita, se
le concedian esas franquicias? por qué sucedia lo mismo con las hermanas de la caridad
de la misma órden?
No se contestó, y nos conformamos. El
gobierno, como las coquetas, tendrá sus caprichos; y aunque esto no es nada bueno, los
caprichos de los gobiernos coquetos siempre
se llevan á cabo: es inútil hablar.
Pero el gobierno ya no se calla, sino que
en lugar de contestar en órden, contesta como los muchachos malcriados, con otra grosería, y manda entrrgar el hospital de San
Hipólito á las hermanas y á los paulinos. ¡Cómo le conviene al gohierno aquel &lt;liálogo del
embajador español en Roma y Cárlos Y, que
concluía:
--Mas esto vos lo firmasteis?
--Es cierto, y hoy lo des6rmo, que enmen•
dar yerros es bien.
Este cinismo para burlarse &lt;le su palabra es
inimitable, como cuando se haLla de los cantantes. Este gobier119 se sobrepuja á él mismo.
lla dado en hacer esperiencia de basta dónde llega la paciencia de sus súbditos, y va
en crescendo, y llegará quién sabe dónde.

As! llama el Siglo al editor del Monitor,
quien no teniendo pepita en la lengua le conLAS HERMANAS DE U CARIDAD.
testa, y con razon, porque el tronco aquel de
caballos que regaló á un ministro de S. A. s.
Hoy, para encargarse de algun ramo ele la
el editor del Siglo no era nada, ni el libro. administracion, es preciso no entenderlo, sine
aquel magníficamente encuadernado á S. A. qua non; de otro modo la cosa no iria bien.
misma, tampoco fué nada.
Uoo esclaustra, derrumba. demof'lr¡ n'1'() c,l1¡•a

�66

LA ORQUESTA.

LA ORQUESTA.

al rnés, y caminan todos en un magni&amp;co por detgracia, 1 creemos debe pesar en el áni- KED esta sociedad que te da hastío•
desconcierto. Como decíamos, ignoran lo que mo ,iel gobierno al tomar sus resoluciones en No comprenden que vales lo que pesas.
1
•
deben saber, toman medidas y determinacio- esta materia.
Deja, querido, esta ciudad mald11a,
nes á como caiga, y salen las cosas como manEsta tierra fatal, foco de guerra;
dadas hacer: al revés, qué importa!
CON CUIDADO.
· Aquí se tepersigue ... , te envidiamos,
Adelante.
Nos dicen que se ha comenzado á desnudar ¡Pobre ave en jaula tan horrible presa!
A próposito de llevar á las hermanas de la la iglesia de San Agustín. Si es así, pedimos
caridad á Sao Hipólito, diremos que ignoran que cuando se llrgne á la sillería del coro ha- ¿Qué ha de decir la brisa á lus oidos? ..•
el mal que hacen al estal.Jlecimieoto con seme- ya piedad para ella, pues es una maffnífica Y en las noches templadas y serenas,
jante medida, y que sin duda alguna no las obra de ebanistería, que en su tiempo costó ¿Qué puedes comprender del manso viento
conocen.
mucho dinero, y que en el siglo cliez y nueve En las sentidas y acordadas quejas?
Por su título de hermanas de la caridad que debe subir de precio y valor dos vfces mas.
¡Cómo admirar las flores que tan solo
llevan, por lo mucho poético que sobre ellas Tal vez nos equivocaremos en la cifra; mas no Brotan en nuestras fértiles praderas!
ha dicho un poeta, un novrlistd , se las cree debe ser en mucho, y os diremos que hace al::-i hay un poder oculto que le oprime,
buenas y caritativas... Error! .• su título es un gunos años los canónigos daban la suya del
Que á tu pesar te doma y te encadena.
espanta-bobos, como las píldoras de HolJ(l- coro de cate,lral y cincuenta mil pesos por la
wa; todo lo hacen, y en realidad para nada de los agustinos. La Biblia entera está repre- .... Las lágrim~s enjuga de tus ojos,
sentarla en bajo-relieve en esta última, y con Y por doquier que tus miradas tiendas,
sinen.
una perfeccion, repelimos, admirable. Esto Verás brotar vrgetacion gigante
Las hermanas son un mal para los enfer.
es de honor nacional, no vayan á. hacer una De nuestra virgen y fecunda tierra ,
mos, para los practicantes, para todo el mun •
barbaridad. Cuidado, señor!
do. Egoístas, áviilas de mando, decuanlo hay,
Ilallarás lagos que parecen mares,
todo se lo abrogan, hasta cosas que ni remoY arroyos que rompiendo entre las peñas
tamente podría creerse que tomaran, á ciencia
VUELVE A ESPAÑA.
Semejan ríos, y rios que arrastran
y paciencia de nuestro consejo de salubridad.
Cual debil paja encina corpulenta,
-6.
D.
TOMAS
RUISECO,
Ellas despachan y confeccionan la botica, lo
que no debería ser sin duda , por estar prohi•
bido que persona sin título tenga ó administre
botir.a. Y nosotros no creemos que los enfermos de San Andrés no sean dignos de considerar.ion, ó las hermanas ten&amp;"an ciencia in·
fusa para que sin los estudios necesarios puedan ser boticarias,

•

Qué estás haciendo aquí?.•. Parte á la Espaiia,
Te diremos adios á toda orquesta;
Puedes volar ¡oh pájaro encnrado!
La jaula tienes para siempre abierta.

Contempla esos volcanes! si es posible
Contempla arder su ineslinguilile hoguera ..•
Oye rugir cual tempestad bravla
Con ronca voz la catarata inmensa,

Abandona estos bárbaros aduares,
Mira en las tibias noches ¡]el estío
Donde se agita tu existencia inquieta ....
Cuál brillan en el cielo las estrellas,
Y dime si otra tierra mas hermosa
En cuanto á esa caridad evangélica, esa tfi· Sus! A la ma;! tu ingenio se evapora¡
Alumbra el sol en su inmortal carrera.
Cdcia de que usan para los enfermos, la hemos Se está acabando en sociedad tao necia.
oido platicar; pero en el tiempo que tenemos
¿Qué estás buscando aquí, si por fortuna,
Zorrilla hará lo que á su gusto cua1lre,
de practicantes, la hemos visto muy raras veNada te falta en la fecunda Iberia,
Aquí publicará su obra maeslra
ces, y eso en las nuevas, pues despues, como
Si allí tienes jilgueros y rosales,
O
en Europa, y entonc¡,s le rorramos
la repeticion de los actos embola los sentidos,
1Nos mande un rjemplar .... qno siquiera!
Y arroyos mil y céfiros y yerbas?
cosa muy natural, nada se les da de ver morir,
ni se alteran por el sufrimiento que verr todos Si tienes colorines y palomas,
los dias. En cuanto al aseo que debe reinar Rojos claveles de esquisita esencia,
Dile, Zorrilla, á tu querida España,
en los hospitales, no creemos necesaria una Y 1.,mas, y emparrados, y jardines,
Cuando el destino á tu paíll te vuelva,
órden religiosa para ello, y llamamos la aten- Y dulces higos y maduras brevas?
Cómo amamos aquí á los eslranjeros,
cion hácia el buen órden que se observa en el
Y cómo nuestro afecto recompensan.
hospital de Jesus, donde por fortuna no exis- Si en Agosto tu régio ,'1anzana1·es
ten.
Casi parece rio, si 111 Sierra
Dile c~mo te reci!,imos, cómo vives,
Hay mas, y esto nos ba pasado, Cuando las Mandarle puede á la reaccion vencida
Cómo adoran tus versos, cómo esperan
medicinas que el practicante ordena se admi- Mil Co?os, si otros tan los le pidiera?
Cada uno ele tus cantos., •. ay! por eso
1
nistren á un enfermo no son, á juicio de la
Que vuelvas á tu patria te aconsrjan?
h11rmana, buenas, no las atlministra, con gra- ¿Qué estás haciendo aquí, cuon1lo allá titnes
ve perjuicio rlel paciente (pues como fácilmen• Corridas mas hermosas que las uuestras?
Dile que como hermanos ofrecemos
te se conocerá, en medicina su juicio no vale Corridas .... el delrile y la alrgría
A cuantos ,•ienen nuestra jaula estrec/1a,
gran cosa), ó por no transijir con su orgullo, De gentes que no son tontas como estas.
Que cuando se impacientan, volar pueden,
si el practicante tiene alguna enemistad con
Pues queda siempre nuestra jaula abierta.
ellas, no lo llaman y abamlonan á sus dolores 11Vuela: ¿qué haces aquí? matar tus glorias;
¿Ignoras que es aquí tu suerte negra
al enfermo.
Cual de otros muchos, una amarga _vida,
ESTADOS-UNIDOS.
En cuanto á su régimen interior, sus reg;la- Y una suerte sin doble y sin orq1Jesta?
La paz se ha interrumpido en los EstaJc,1menlos tienen algo de escandalosos; pero esto
Unidos.
Se coje de leva, se drsmoronan.
no nos importa.
Quién sabe? Tal vez tú si allá ,oláras,
Todo lo que decimos es clemasiado eierto Admiracioo de tus paisanos futras¡

SONETO.
LA HUJEB. 1 RIVAL DE LA CREACIOl'l,

(COl'ITll'IÚA,)

I

Poco dcspues entró un mozo de una figura :¡
baslanle rara. y en la defor&amp;1i1lad de su cabe- 1:
za se nota claramente la estupidez. Siendo '¡I
muy aficionado á oir let·r, aunque las mas ve- ,
ces no comprendía, finge algnn quehacer, y
~ten lamente escucha la lectura que dá la madre á l!&gt;s siguientes versos:
Miente-el que juzgue que llora
Quien duerme tranquilamente,
Que el que dormir pueJe, siente
La calma rrparadora.

-Ay! .. , esclamó el criado bostezando é
interrumpiendo á la lectora.
Tanlo ésta como su hija sonrieron¡ aquella
1lijo:
-En primer lnB'ar, hija mia, observo que
el ,erbo mentir está muy mal empleado, 1lebiendo de ser: se engaña el que etc , etc.;
en segundo lugar, en una sola cuartela está
repetida cuatro veces la palabra que, y esto
prueba pobrrza y mal gusto; y por último, la
illea es tal, que me parece inútil afirmar una
verdad que nadie desconore.
¿Quién puede decir que está llorando una
persona que, como dice el poeta, duerme
tranquilamente?
Y continuó leyendo:
Duerme el árbol, lambien duerme
El puro cierzo en el prado;
Por eso no silba difado
En redor del tronco inerme.

No contento el Criador con los primores
Que derramó en la pródiga natura;
No satisfecho Dios con la hermosura
Del sol y sus benéficos fulgores, •
Con los aromas de las tiernas flores,
Con los misterios de la selva oscura,
Con los cristales Je la fuente pura,.
Con los cantos de tiernos ruisefiores;
Faltan,lo algo á su cuadro sorprendente,
Y viendo al primer hombre adormecido,
Formó en su cuerpo una mujer ardiente,
De blancas formas y de cuello erguido;
Pero al mirar su hechizo omnipotente,
uMi rival á la luz, dijo, ha salido!n

61
--Ah! ah! ah! ¿La nerviosa deidad? ,Quién
es esa? Qué, 6tambien la~ diosds sufren de los
nervios?
-Pos no! respondió Cristóbal, que así se
llamaba el criado: no serán de carne y g üesos ! •...
--Calma, hija mia, dijo la lectora; leeremos
otros t•ersos á una ingrata.
1
Y ler:
Atrás, mujer; no obstruyas mi camino;
¿Cómo le he de decir que te detesto?
¿Cómo te he de decir que te abomino,
Que eres un mónslrno para mi funesto?
--Esto sí es bueno, esclamó Cristóbal pard
sí: esle es un cuadro; se ve á la ingrata que le
quiere atajar el paso.

-Qué bonito! gritó el criado-Cuasimodo,
¡,Por qué vienes á mí, ¿las maldiciones
que, con la boca abierta, pelaba tamaños ojos
Que vierte el corazon de¡¡esperado,
eml,ebido con tan sublime portento.
- Llegaron tle tu choza á los rincones,
-En este soneto, dijo la madre, desentenY ese acento fatal te ha contristad(I?
1liénclose del merecido elogio del criado, ob--Bah! e~clamó el nuevo Zoilo; esa era alservarás, hija mia, que el autor quiso pintar
guna
india tortillera, por;iue eso de e/loza y
á la mujer como rival de la creacion, y luego
rincones. . • La cabra tira al monte!
pone en boca de Dios estas palabras: uJJli ri¿Y hoy estrañas el tiempo que ha corrido,
val á la luz ha ealido,,.
,Estrañas un amor de tal valía?
-~y! replicó la hija; esto es disparate,
Pues sigue en el error en que has vivido;
y yo no le agradezco al poeta semrjante gaPerdona1·le
no puede el alma mia.
lanterfa, porque ni podemos ser rivales de
Dios, ni Él lo dijo. Lea usted otra cosa, lo que
--Ay, qué poca noblvza tiene este señor! essiga.
clamó la bija.
La buena ma,lre dió vuelta á la hoja y leyó:
La madre continuó:
Bien tabes que 110 arcángel me adoraba ,
Y sufrió mi desden, mi indiferencia,
Porque yo los amores despreciaba,
l'orqne dl'jé temprano su influencia.
ijas al ver á una virgen de rodillas,
Consumida de pena y desaliento,
Pálidas de quebranto sus mejillas,
La quise libertar del aislamiento.

LA LUNA DE CHA.PULTEPEC,

Dame vida, Señor, para el deleite;
Haz que apure el placer de la existencia,
Y podré bendecir tu omnipotencia,
Y tus bondades apreciar podré! ! •..• ,

-3!adre, ¿cómo puede darse el epíteto de
puro al cierzo, cuando es frio y seco? Si fuera céfiro ó viento, eslaria bien: y ¿cómo puede
,
dormir el cierzo en ti prado? Si dijera en las
-¿Oiga? dijo el majo para su capote,
rocas ó las montañas, vaya; pero en el prado!
Llévame al bosque do vertió la luna
-Muy justas son tus razones, bija mia; mas
El esplendor que hasta las fosas quieren.
déjame continuar.
Lee:
--Hum! bum! volvió á decir en voz baja el
Todo calla con la ausencia
literato novel Cuasimo,lo.
De la luz y los colores;
--No, madre, dijo la jovrncilla impaciente;
Callan tambien los dolores
no siga usted: eso tle dar volunlacl á las fosas
Que agitan á la conciencia.
y querer ti placer de la existencia, cuando
-Esto es falso, esclamó la jovencilla (que, ya hemos visto que oingun poeta puede se1·
como verán nucslros lectores, no era tan atnr· diclioso.....
di,la como el coplero); no es cierto que los doY bzcien,lo un ¡lengne, la niña iba á salirse
lores callen en las noches: todo lo contrario, de la pieza, cuando la madre la detuvo con esel malvado ve lodos sus crímenes cuando en tas palabras:
ti silencio de las sombras su conciencia le re--Trn paciencia, hijá¡ aguarda un momen11rende y le castiga; la calma que la noche der- to: leeré la siguiente composicion; la pacienrama en el mundo aterra al criminal, y el si- cia es nrcesaria en la vicia.
,
lencio, la soledad y las sombras nos h~crn
--Está bien¡ pero no tan la,
e,ocar todos J1ues1ros recuerdos, ya sean gra--Oye, dijo la madrr; escucha esta cuarteta,
tos ó atormentadores.
que tambien es á la luna,
La Luena madre escuchaba con gusto las
El astro rey de la desierta noche,
Nzones de su hija, y lanzaba de cuando en
Alumbra ya con fugitivos rayos;
cuando suspiros de compasion .•••
La nerviosa deidad sufre desmayos,
Hojeó el libro y lr.yó el siguiente
Y una estrella 1·adianle la veló.

... ..................... .

•

--Pobrecita! esclamó Cristóbal.
--Qué fáluo! dijo la jóven, ¿Quiéu le babia
de rogar á ese señor? Ya se ve, solo una
mujer que oyó basta en los rincones de su
choza las maldiciones del lambien ingr,110
1
poeta, puecle haber hecho eso.
(Concluircí.)

4.:
1

~JIEJJCO TAL CU,..,.
Recomendamos á nuesf.-os lectores se suscriban á esta obra, cuyo m*ito es inútil cncomiar, pues que rl público va á palparlo.
Sin necesidad tle que os l"islais, tlesnu,lo, s,
mejor os place, podreis pasear en Méjico sio
que la poliría ni nadie tenga que hacer con vos
por ello, y los aguaceros o¡¡ serán indiferentes;
podreis viajar por donde mejor os plazca, si11
mojaros un solo pelo.
Esta obra tiene un lado sério y un lugar en
las oficinas de contribuciones, de que no ha.~
blamos por darnos horror esta palabl'a.

�•

tA OllQUE8T A.

•

BL HIJO

DEL REGIJIIENTO,

• puedo i'enlar por ahora, me baq traido á caballos ea quiebra, lf!UD la dpl'tllion de l.
u Iortain por un ailo. En el mes Je Agosto Burais.
Finalmente, en el mes Je Airosto, ll. Lor" iré , ver á usted á Paris, y reanudaremos,

u si usted me lo permite, nueslras relaciones
(eüNTINÚA.)
~ interrumpidas forzosamente hace ya quince
M. Lormea1Lentrósio detenerse en el come·
1&lt; años.
tlor, ea donilt: se bailaban ya reuni&lt;los la ma«Le -estrecho á usted cordialmente la mayor parte de los parroquiapo11. El general
no.n
inspector conversaba con un teniente junto á
Esta esquela, 1lirigida al inspecto 1· d-e genuna ventana, mientras se sentaban á la mesa,
darmería,
eslalia firmada coa otro oomure
Apenas hubo apercibido el anciano al ofique
el
del
Lormeau.
l'ermítasenos callarlo
cial superior, cuando una especie de terror
1leturn repeutinamente la mano que illa á lle· por ahora hasta el momento en que el interés
var á su sombrero. J.a sangre aftuyó á su piel de esta historia lo coloque bajo nuestra plu•
tostada por el sol, y apartó los ojos como un ma,
Por lo demas, oo era la primera vez que et
escolar sorprendido en fragan te delito. Si el
forastero
se vda atacado en su incógnito. Al·
supernumerario de la oficina de los dominios
gunos
veteranos,
hijos del país, aseguraban
reales, el contador de contribuciones directas
babe.-Ie
visto
ya
en
otros lugares, en tiempo
y el primer oficial de notario, que comían con
él, hubieran notado este mo,irnieoto de sor- de las guerras dd imperio. Pero los años
presa, seguramente no bauriao dejado de coo- b.abian borrado de tal modo sus recuer1los y
ceuir algunas inquietutles acerca de la mora- debido modificar naluralmeote tanto las faclidad de su comensal, á quien la presencia de ciones del roslro, que estos veleranos de 1814
la autoridad militar ponía en tal embarazo; se limilabaa, coluo el general, á encontrar
pero aquel momento de sorpresa había pasa- una grande semejanza entre el estranjero y
do antes que nadie lo hubiese advertido, y los la persona que ellos habían conocido en otro
parroquidnos presentes no había n devuelto el tiempo.
No obstante, un dia que se paseaba solo el
saludo al recien llegado, cuando éste habia re•
señor
Lormeau en las oritlas tle la caS'tada,
cohrado ya su aplomo y su setenitlad.
vió
venir
á si uno de aquellos restos del antiA su vez el general quedó sorprendido.
En el roo.meato de &amp;entarse, columbró casi guo t'jército. El buen hombre suLia la cor,
frentr á sí la figura impasible del anciano, y riente del rio, armado con una caña de pesse puso á examinarle coa la persistencia de cador. Evitarle era casi imposible.
-Dispense usted, mi gen ..... caballero
un bombre'quc reune sus recuerdos.
. d
Entre tanto, ~l. Lormeau tomaba su sopa, qmse ecir: es que no se hallaba ustetlen Leipcomía su cocit!o, sin parecer que sospechaba sick? p1·eguntó el pescador sin mas preámbuel exámen de que era objeto su fisonomía. lo, colocándose resueltamente delante de .M.
El icspector continuaba miráorlole, estregán- Lormeau.
- Podría ser muy bien, respondió éste sin
dose los ojos como un bomure víctima de un
inmutarse.
error ó presa de una aluciaacion.
-Me parece qtre vuestra fillonomía ....
Por lo dcmai, el rlesconocit!o puso pronto
Y el valiente veterano movía la cabeza.
término á este exámen: en diez minutos dió
fin á su comida y se esquivó.
·•l\li fisonomía y toda mi persona han su·
-¡.Cáspita! ..• dijo el gener:;l al teniente frido terribles matamórfosis desde aquella épocuando hubo salido :M. Lormeau, existen en ca, y iludo que me quedcu bastantes señas de
Id ualuraleza semt'janzas muy eslrañas!...
otro tiempo para que puet.la usletl rrconocer-Es r.ierlo, g:eneral, respondió el suba!- me hoy. No es probable siquina que me haya
lrrno.
visto usted en la jornada de Leipsir.k, puesto
Tal vez aliabrid estado mas comunica- que fui herido dt'sde el primer encuentro y
tivo si el o
ubiera mostrado mas curio- conducido al hospital de sangre ....
sitlatl. Per I teniente no aventuró delante
--Entonces perdone usted, mi buen señor...
I •
de su superior nrnguna
pregunta que revelase ~in duda será un error de óptica.
la· ~1enor in11iscr~don.
-Eso 1r,e parece cierto, querido amigo, dijo
Apcoas salió 1le la fonda, M. Lormcau vol- M. Lormeau alt'jándose. De butna me he
vió á su casa y trazó la siguiente carta:
escapado, añadió allá para si; pero en verdad,
,.General:
no puedo decir quién soy á estos liauzanes: no
«No se ha equivocado usted, soy el amigo me hallaría yo independiente.
"que ustrd ha reconocido; pero por amor de
Pasaron cuatro meses aún del mismo mo« Dios y en nomlire de nuestt·d antigua amis• do, durante los cuales el desconocido, fiel á
, tad,guártleme usted el anónimo. Cuento con sus hábitos de aislamiento y de estricta tco11 su palabra de soldado, como si me la diera · mla, continuó sirndo, en concepto de los in" ust1·il de ,·iva voz. Razones graves, que no dígenas, un capitan retirado ó mercader de

meau recibió de Paris la siguiente carta:
dtuy señor mio:
« Conforme á las ó~enes de usted, tengo
" el honor de comunicarle que los 60.000
u francos. que forman el total de sus rentas
" anuales, se hallan completamente realiza" dos. Desde ahora los lento á la disposicion
« de usted.
uReciba usted, caballero, ele.
NoUA.NCOURT' notario,
«Calle de la Victoria n. 8.•

L

LA BAILARINA.

1aya
del

El teatro esft Meno .•.•
Centellean los gemelos, crujen los iibanicos, tiemblan las ftores, murmuran los diálogos y radian las luces ....
Se oye una señal.
El movimiento y el ruido cesan: solo quedan silencio y claridad.
La muchedumbre no respira.
Levántase el teloo!
• • • • • • • • • • •
El palco escénico aparece desierto.
Fluyen los acordes de la orquesta y ...
De pronto salta una cosa en las tablas, ..
• • • • · • · • • · • • • • •
Una cosa que vuela, que sonric, que des•
lumbra, que conmueve, que abrasa; una cosa
parecitla á un ángel de placer y de encantos¡
la creacion de un sueño de batchís, una som-

r--

la¡ué
hi:ri'OS,

..

ras
i}UI:

sá
e,o

bra compuesta de brillantes y aiuceoas, una
hada, la fantasma de un lago, una vision que
enloquece y mata!
Es la bailarina.
La bailarina medio desnuda, mal envuelta
entre perlas y tisú.
Lleva en sus ojos la bruma dtl deleite, eo
su pecho las agitaciones de la carrera, y en
su corta y hueca falda las auras de la volup•
tuosidad!
Baila, y su talle de sierpe, con escamas argentadas, enlaza en círculos ardientes las almas que se pierdea contemplándola.
Baila, y sus piés de niña, que perderiao á
un santo, hacen sentir magnéticas presiones
en los corazones fascinados.
Las mujeres pierden el color.
Los hombres suspiran.
Cae el telon !
¡A,lios, Fanny! ¡Adios, Carlota! ¡Adios,

de

..

Lota!

Un poeta.-V'oy ádarle át:sa mnjer mi alma
por un beso de sus labios!
¡No vayas, pobre poeta! no le obtendrás.
Un viejo sórdido.- Voy á comprar á esa
mujer toda, por un billete tle banco sin ejemplar.
Vé, vjt'jo; tuya t'S,

aos
·ol-

.,

•

•

.
•

Redactor en jefe, C.uLos R, CuAJUJI.

...

j
nac
Jao

IMPRENTA DE LA l'.AZ,
callejoD de la Cuuelt.

1

w

si
el
¡de
naeu-

11

�</text>
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