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                  <text>Boletín Mensual de la Universidad de Nuevo León
Regi5lrado

como ar tículo de 2da. clase en la Admi.B.istración de Correos de Monterrey, N. L., el 29 de Abril de 1944•

. D. A. S. U.

A~O III - No. 9

SEPTIEMBRE 30 DE 1946

TEORIR DE MONTERREY

Enrique C. Uvas

Raúl Rangel Frías
El motivo fundamental de traer a la memoria
el pasado de una Ciudad, no debe consistir en el
sentimiento de orgullo o de vanagloria que frecuentemente impulsa a los hombres al hacer gala
de su genealogía.
Más legítimo será referir el propósito, al deseo
de honrar la memoria de nuestros antepasados. Pero aun esta consideración no bastaría a explicar
el esencial significado de este 350 aniversario de
la Ciudad de Monterrey. Para mí es el fenómeno de que la Ciudad ha adquirido conciencia de
sí misma, habiendo llegado a su madurez espiritual.
Es decir, a un momento en que el pasado adquiere
un matiz especial que lo convierte en tiempo histórico.
Ocurre, en efecto, que no todo transcurso temporal es histórico. La conciencia lleva un registro particular que no coincide momento a momento con el dato cronológico. Se ha menester
que ciertos acontecimientos sirvan de eminencias
para que los sucesos ocurridos con anterioridad se
organicen en una perspectiva visible para la mirada
interior del alma.
Este singular fenómeno de reconquista del tiempo descubre el pasado y lo incorpora al lote de
nuestra experiencia, como un recurso de que puede
•¿ char mano el ser vivo para sus futuras acciones.
Pero sólo se opera de trecho en trecho, en la medida de ciertas modificaciones profundas que afectan a la estructura de la conciencia y provocan una
variación brusca, como ocurre en las mutaciones
biológicas. Son las articulaciones o módulos que
permiten considerar la historia de un hombre. la
de un pueblo, o la de una ciudad como organismos
espirituales.
Sobre este particular no creo equivocarme al señalar la nota más significativa del 350 aniversario, en la realización de uno de esos momentos que
se pueden llamar, con un poco de énfasis, épocas
históricas.
Si ello es cierto, cometeríamos una deslealtad
con el espíritu de los hechos, al dejar de practicar
en este día la operación de resúmen y balance que
requiere toda obra en que se ha concluído un capítulo y se tiene el siguiente a la vista, todavía en
blanco.
Pero, antes de introducirnos por los senderos
del pasado conviene hacer la observación de que
la ciudad de Monterrey, no obstante la carga de
tres siglos y medio de existencia, aparece juvenil;'·
emotiva y ligera. Dan ganas de apropiarse en
una variante la expresión del poeta jerezano para
llamarla "joven señora".
Por lo demás, este regazo maternal no ha sido
nunca un lecho suave y mullido. Con mucha exageración quizá, pero exacto en múltiples sentidos,
se le podría llamar el valle de la desilusión. Aquí
se desvaneció el sueño de grandeza de Luis de
Carvajal. Fallaron luego las esperanzas, salvo breves espejismos, de las bonanzas mineras. La condición agreste y montaraz de los indígenas frustró

la fundación de ricas haciendas campestres; y ni
siquiera la ganadería quedaba a seguro de las furiosas acometidas de los nómadas. Por último, entre
las avenidas de las torrentes y la frecuencia de las
fiebres la ciudad vivía en inminencia de muerte. A
lo largo de dos siglos y medio el resultado de la
lucha con los elementos era todavía incierto.
Tal es nuestra primera edad en que se enfrentan y atacan dos formidables antagonistas, la naturaleza y el hombre. El teatro en que se desarrolla
la escena tiene una impresionante majestad. Un
colosal parapeto de montañas cierra el horizonte
por el Sur. Desprendidas de la cordillera principal, a manera de puntas de lanza, entran al valle
dos serranías, una por el camino del oriente y otra
por el oeste. De los estrechos cañones que se forman en el corredor poniente de las montañas, bajan aguas a torrentes por un cauce que serpentea
en la falda de las montañas. El valle sólo está abierto hacia el norte en semicircular planicie casi desértica.
Obligados por la necesidad de tomar cerca el
agua y a seguro de los ataques de los indígenas, los
primeros pobladores se asentaron entre las cañadasI
bajo una tupida vegetación, envueltos por la humedad, el calor y densas flotillas de insectos.
La ciudad estaba vuelta de espaldas al centro de
gravitación de la Nueva-España. Fué un lugar de
escaso tránsito, aun por los viajeros que pasaban a
las fronteras más lejanas del virreynato. Estos preferían internarse por Saltillo hacia Monclova y San
Antonio de Béjar. Las batidas tropas de Hidalgo
soslayaron el camino de Monterrey y también Santa Ana hizo otro tanto. Quizá el primero que cruzó
la ciudad en viaje directo a internarse al centro de
la República fué el ejército del invasor norteamericano.
La relativa cercanía del puerto de Tampio resultaba ineficaz, por las complicadas reglamentaciones del tráfico que rigieron el comercio marítimo de la Colonia y los riesgos de la travesía. En
resúmen, la ciudad quedó sitiada por el desierto, la
montaña, el rigor del clima y la pobreza general de
las tierras.
Con apoyo en estos antecedentes parece un
complicado acertijo decifrar la prosperidad y la
grandeza contemporáneas de Monterrey. Pero, es
que no hemos tocado el capítulo relativo al hombre
y a las oportunidades que ofrece la historia de los
pueblos.
La primera parte de la lucha entre la naturaleza
y el hombre parecía ganada, en principio, por aquella; más sólo en apariencia. Los pobladores españoles no abandonaron jamás la tierra después del fra caso de Carvajal - y a sus virtudes de padres y
generadores de pueblos habrá que abonarles este
hecho. Cierto es que tuvieron que acomodar su
condición humana a la resequedad y bravura de la
tierra.
(Pasa a la Pág. 5)

Gracias a la ayuda de la Secretaría de Gobernación, esta Universidad realiza hoy dos propósitos:
uno, el que hace tiempo la animaba, de difundir a
través de IJ Hora Nacional del Gobierno de la República un mensaje cordial y fraterno para todos los
universitarios del continente; el otro, el de corresponder a la invitación que le hiciera el Sr. Alcalde
de la ciudad y Presidente del Comité Pro-Celebración del 350o. Aniversario de la fundación de la
misma, para participar en el con¡unto de actos de
diversa índole que han constituido dicha celebración. Esta casa de estudios ha aceptado complacida la invitación porque celebrar un aniversario
como el actual -¡ 350 años de existencia de una
colectividad!-, lejos de constituir una mera fórmula oficial, entraña el deseo de hacer resaltar ante los ojos de las generaciones presentes y 'ante
la historia, el profundo significado humano que tiene este período de tres siglos y medio en la existencia de un pueblo de singulares características.
Ya se ha instituido suficientemente, en las diversas ceremonias que se han verificiado con anterioridad a esta velada, en la reciedumbre de los hombres que presidieron el nacimiento de esta ciudadI
cuando el siglo XVI agonizaba; se ha hablado de
cómo se hermanaron la ambición de riquezas, el
espíritu aventurero y el valor, en aquellos que con
la fuerza de su brazo y el temple formidable de su
espíritu, fueron el germen de una gesta que habría
de llegar, en trescientos cincuenta años, a transformar en ciudad rica y floreciente, casi adulta, lo que
entonces era un minúsculo villorrio con escasasI
humildes y primitivas viviendas, habitadas por indígenas ignaros y por un puñado de hombres audaces,
armados para la conquista. Más nos interesa, a nosotros, señalar como al transcurrir los siglos fué
adentrándose, en el fragor de las luchas por la con:
quista, primero, y en el batallar incruento por el
progreso y la civilización de esta tierra, después,
la acción fecunda de hombres que no tuvieron más
arma que el pensamiento y que hicieron de él un
instrumento cuya única función era completar, integrar esta ciudad en sus aspectos esp1r1tuales. Porque es preciso señalar que una ciudad no puede entenderse como un conjunto de edificios donde viven y trabaJan sus moradores, como algo limitado
por un concepto geográfico, espacial; sino como un
organismo que a semejanza del humano, constituye
una unidad psico-física (según expresión feliz de
Scheler) y, por lo tanto, sólo adquiere su expresión íntegra cuando el desarrollo de sus potencias
materiales, perecederas, se añaden -y con carácter preeminenti::- las nobles inquietudes del pensamiento creac:or y fecundo, en obra perdurable. Y
• Discurso pronunciado por el Dr. Enrique C. Livas en el programa de la Hora Nacional, el día 22 de septiembre, que dedicó la.
Universidad a la Ciudad de Monterrey.

(Pasa a la Pág. 2)

�La

Grandeza Mexicana
Francisco M. :Zertuche

pasa ese m.s'"'lo año cono Cura y Beneficiado al
minrral del Espirrtu Santo y partido de San Pedro
Laguni las, dCaso por la conveniencia de estar cerca de su padre, que ra(icaba eíl Compostela, en
donde con,ervaba los brenes que había acrecentado desde que se aseñtó como colono.
En 1602 lo vemos en la "gran•Villa de Sant Miguel de Culiacán'' . .. "En est~ pueblo, digno por
sola esta ocasión de hacer su quenta aparte con los
famosos de la tierra", en donde había de conocer
a Dñ . Isabel de Tovar y Guzmán "singular entendimiento, grados de honestidad y auentajada hermosura, que por cualquiera de ellas p~ede muy
bien entrar en número de las famosas mugeres del
mundo: y ser con justo título celebrada de los buenos ingenios del", a quien promete una puntual
descripción poemada de la deslumbrante y regocijada urbe novohispana.

Balbuena ha aventajado en su obra magistral a
todos cuantos le precedieron describiendo las galas de la MetrópoU. Francisco Cervantes de Salazar -su obligado anteced~nte en "México en l 554"
no ostenta tal vuelo en sus diálogos-; y de esta
manera se logra la más acabada pintura material,
social ' espiritual y política. de la ciudad de Jos V;rreyes.
La erudic•ón de este ingenio ha sido puesta de

manifiesto por Van Horne en la magnífica edición
que publicó la Universidad de lllinois en el número
3 del Volumen XV de Studies in Language and
Literature, Agosto de· 1930, al , aclarar los autores predilectos y las fuentes literarias del autor;
La Biblia poetas y prosistas clásicos griegos y latinos, Pi~rio Valeriana, Carlos Stephanus, Tomás
Garzoni de Bagnacavallo, Nani Mirabelio, Barthélemy de Chasseneux, Alfonso Mendoza, et~.
En opinión de Menéndez y Pelayo, Balbuena es
el primer poeta genuinamente. americano, el pri mero que nos trasmite "la exuberante y desatada
fecundidad genial de a.quella pródiga naturaleza".

Una Hota 72acional

La discreta señora habría de transladarse a la

'1

" ... ésta sin duda es aquella Grandeza Mexicana, de quien tantos milagros cuenta el
mundo".
BALBUENA.
En los albores del siglo XVI1, fresca aún la tradición de los cronistas que desde Cortés describieron las excelencias de la ciudad de México, flor de
ciudades, Bernardo de Balbuena se aviene a darnos
en clásicos tercetos la galanura de su obra magistral. La Grandeza Mexicana, obra considerada por
nuestros tratadistas de Literatura, más mexicana
que peninsular.

11
1

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11

Las noticias biográficas más valederas en torno
a este claro ingenio las debemos al ilustre catedrático de la Universidad de lllinois, John Van Horne,
quien -sin olvidar a García lcazbalceta-, ha podido estudiar en las mejores fuentes la personalidad literaria del ilustre huésped de la Nueva España.
Bernardo de Balbuena debió nacer en Valdepeñas, La Mancha, el 20 de noviembre de l 568.

Se cree que haya sido hijo ilegítimo de un
Bernardo ,fo Balbuena, antiguo poblador de Compostela, en la Nueva Galicia, hoy Estado de Jalisco.
11

1

A los diecisiete años, hacia 1685, lo +enemas en
la Ca¡ ita! del Virreinato estudiando Artes y Teología posiblemePte en uno de los mejores centros
educativos, aunque no en la Real y Pontificia; y
concursando con éxito en dos certámenes poéticos
ce1ebr&lt;Jdo• el año mencionado, coincidiendo el pri-.
mero de éstos con el famoso Concilio Provincial
Mexrcano, .1 que asistró D. Pedro Moya de Contreras.
Sin má: datos sobre sus estudios, aparece radicadc er Guadalajara, en 1 586; pero un nuevo
triunfo literario lo lleva a la Ciudad de México en
15()), al ar,ibo de D. Luis de Velasco.
Ordenado clérigo presbítero en 1592, oficia una
Capellanía de la Audiencia de la Nueva Galicia, y

capital del Virreinato, resuelta a profesar en un
convento de monjas, después de la muerte de su
marido y del ingreso de su hijo a la Orden ignacia na, en la que habría de morir como mártir; pero
Balbuena le ventaja en el viaje a la Metrópoli, y
en octubre del mismo año llega a la ciudad.
El 10 de julio y el 14 de septiembre de 1603
obtiene el cronista las licencias virreinal y episcopal, respectivamente, .para la impresión de la obra
prometida; y ésta aparece al año siguiente, en 1604.
en dos ediciones: una publicada por Melchor Ocharte, dedicada al Arzobispo de México, Fray García
de M~ndoza y Zúñiga, y la otra por Diego López
Dávalos, consagrada a D. Pedro Fernández de Castro, Conde de Lemas, cuyo mecenazgo dejó claras
huellas en las letras de los inicios del setecientos.
En 1606 llega a España en donde permanece
hasta l 61 O, graduándose de Licenciado y Doctor
en Santa Teología por la Universidad de Siguenza.
En este último año, nombrado desde 1608, Abad
de Jamaica, llega a la Isla inhóspita y llena de inconvenientes de todos órdenes, enrostrando privaciones y dificultades diez largos años.
Designado en 1620 Obispo de Puerto Rico, muere el l I de octubre de 1627, y es enterrado en la
Capilla de San Bernardo de la Catedral isleña.
La Grandeza Mexicana es un vasto poema descriptivo de la Capital de la Nueva España en las
primicias del diecisiete.
La delicada y elegante reseña de Balbuena
abarca y detalla en cultos trípticos distribuidos en
nueve Argumentos, todos los aspectos ¿e la brillante sede del Coloniaje.
Precede al Capítulo Primero una octava real que
engloba todos los asuntos o temas que ha de contener la Grandeza:
De la famosa México el asiento.
Origen y gra~deza de edificios.
Cauallos, calles, trato, cumplimiento.
Letras, virtudes, variedad de oficios.
Regalos, ocasiones de contento.
Primauera inmortal, y sus indicios.
Gouierno ilustre, Religión y estado.
Toda en este discurso está cifrado.

ARMAS Y LETRAS - Página 2

/Viene de la la . Plana)

de éstas ha tenido nuestra ciudad muy luminosos
exponentes en Fray Servando y en Alfonso Reyes,
en J. Eleuterio González y en Pedro Noriega, en
Rafael Garza Cantú y en Miguel F. Martínez, en
Francisco Beltrán y en Serafín Peña; y en muchos
otros cuya omisión sólo acusa flaqueza en mr memoria y es, además, consecuencia obligada de la
brevedad del tiempo disponible. Todas ellos fueron
el germen universitario de esta tierra; su talento
iluminó la época en que viven o vivieron y su esplendor se proyectó en la historia con la generosidad que sólo cabe en aquello que es esencia humana inmarcesible, valor definitivo en la cultura, persistencia magnífica a través y a pesar del tiempo.
¿Qué habría sido de Francia, con su Museo de_l
Louvre; la Torre Eiffel, Notre Dame, etc., sin Rousseau y sin Voltaire, sin Racine y sin Moliere, sin
Bizet y sin Debussy, sin Lavoisier y sin Pasteur,:&gt;
Vacío en la historia; laguna muerta en la mar siempre móvil y agitada del devenir de la humanidad:
tal habría sido Francia sin el valer universal de sus
genios.
Por ello creemos que nuestra ciudad será un organismo cebalmente estructurado, llegado a su desarrollo integral, cuando se signifique no sólo por el
esfuerzo de sus capitanes de la industria y del comercio y por el no menos valioso -por callado Y
heroico- del trabajador anónimo que se consume
en el taller para dar a esta ciudad el nombre de capital industrial de México, sino que, recogiendo la
herencia que legaran los que fueron o son luminarias de la inteligencia, se haga florecer esta Universidad, legítima depositaria de ~sas glorias -por el
hondo y lejano raigambre que le ha dado origen, en
instituciones casi centenarias- y se le haga convertirse en auténtica expresión colectiva de las ansias nobles del pueblo que la sostiene.
Monterrey recibe en esta noche, señoras y señores, por sus trescientos cincuenta años de vida prolífica, el homenaje ferviente y cordial, que quiere
ser promesa y quiere ser esperanza, de esta casa
de estudios que, forjada lentamente a través de los
años en potencia insospechada y convertida ahora
en ,realidad, debe considerarse, en j~sticia, como
una de las más batalladoras, de las más jóvenes de
las más puras instituciones universitarias de América.

Antología de Monterrey
Man uel José Othón

LAS MONTAÑAS EPICAS
.A mis amigos de Monterrey
sur ces sommets clairs oú le sil,ence vibre, dans l'air inviolable,

Ni el blando helecho ni el robusto encino
predominan en la áspera vertiente,
ni fulgura en las cumbres castame~te
la blanca nieve del paisaje andino.

immensc et pur, jeté, je crois entendre encor le cri d'un hoinme !~brel

HEREDIA

CUANDO CLAREA o ya cuando atardece,
se destacan informes a lo lejos
cual una sombra azul, que a los reflejos
del crepúsculo gris se desvanece.
Mas su contorno gigantesco crece,
festonado por árboles añejos
que se erizan cual ásperos cadejos,
cuando el día triunfante resplandece.
Y en la noche, los áridos peñones,
las vértebras enormes del coloso,
sus empinados riscos y crestones,
semejan, en bosquejo tremebundo,
el esqueleto rígido y monstruoso
de un muerto sol, pesando sobre el mundo.

11
CONTEMPLADAS de cerca, repentino
asombro se apodera de la mente
y en los nervios y músculos se siente
circular el pavor de lo divino.

Sus arrugas de piedra, sus picachGs,
donde el hierro incrustóse en rojas vétas
y plantó el jaramago sus penachos,
aparecen cual hachas formidables, •
titánicos puñales y saetas,
lanzas ingentes y ciclópeos sables.

YO vivía entre jinetes
que montaban en pelo, y a lo sumo
usaban bozal o almartigón;
que regían con la voz y apenas
con un leve quiebro del tronco
"Porque ---&lt;iicen- hasta el estribo
0 con la presión de las piernas,
parece cosa de catrines".
YO vivía entre vaqueros
que huelen a res
y traen las man¡is cuarteadas,
porque nada endurece tanto
como ese calor de las ubres
y la nata seca en la piel.
YO vivía entre gendarmes rurales,
contrabandistas en su tiempo,
que sabían de guitarra y de albures
y de pistola y de machete,
tan bravos que no se escondían
cuando les daba por llorar.
YO vivía entre improvisadores
que, aconsejados del mezcal,
componían unos corridos
dignos del Macario Romero,
dignos del Herácleo Berna!,
sobre recuerdos del Río Bravo

DESPUES he frecuentado climas y naciones
y he visto hacer y deshacer entuertos.
¡Ay de mí! Cada vez que me sublevo,
mi fantasía suscita y congrega
cazadores, jinetes y vaquero,,
guardias contrabandistas,
poetas de tendajo,
gente de las moliendas, de las minas,
de las cervecerías y de las fundiciones;
y ando así, por los climas y naciones,
dando, en la fantasía .
--mientras que llega el día-,
mil batallas campales
con mis mesnadas de sombras
de la Sierra-Madre-del-Norte.

111

¿POR QUE lvjUESTRA tan épica figura
esa enorme cadena de montañas' . . .
Sus formas terroríficas y extrañas
sól? Dios modeló, no la ventura.

Noche de Mayo
Alfonso Reyes

El 17 de mayo de 1889, cerca de las nueve de
la noche, la plazuela de Bolívar respiraba músicas a
plenos pulmones. Es la mejor época del año. Toda la tarde se han arrullado las tórtolas. En las
afueras de Monterrey pulula la caza menor, y se
oyen a lo largo del día los tiros de los cazadores.
Y allá sobre las cumbres de granito,
Uno tras otro, andan de cuartel en cuartel los tolas ág,uilas indianas siempre alertas,
ques de retreta y de rancho. Y el de silencio echabajo el dosel azul del infinito
rá a volar hacia las diez: tan temprano todavía, que
da
a la vida del soldado una castidad conventual, o
guardando están de núestro honor las puertas,
un prematura quietud de gallinero.
al ultraje cerradas y al delito,
Algo metida en sombra, bajo el magnetismo
a la esperanza y al amor _abiertas.
de las estrellas, acariciada de aire denso, abrigada
de casas bajas, la plazuela es una diminuta delta, y
los naturales la llaman "la cuartilla de queso". Como Is muchachas de Monterrey suelen lanza r un
largo "adiooooós", semejante al preludio ci: las
urracas, en do-re-mi-fa-sol-la -si, apoyando sobre
Alfonso Reyes '
la o del acento, cuentan que basta un solo "adiós"
para dar la vuelta a la plazuela y saludar de una
vez a todas las amistades.
y las hazañas de Crispín,
Los novios aún no habían tenido tiempo de acael que tenía pacto con el Diablo.
ba r sus recriminaciones y disculpas; aún no se dorYO me vivía en las moliendas
mían los viejos en los bancos; los vecinos apenas
arrastraban la sila desde la acera de su casa hasta la
viendo cómo la piedra trituraba
la caña, y echa a un lado el bagazo
plazuela; todavía los chicos, sueltos a media calle,
y al otro cuela el agua-miel
se divertían con la borrachera de los moscones que
caían bajo los faroles de petróleo, aturdidos y remoque se concentra al fuego en los peroles
viendo las patas; y los muchachos mayores -como
y se va ennegreciendo y espesando.
El campo, a veces, al relente,
aún no era hora de recogerse- emprendían la pedaba el olor de jara mojada en el arroyo,
lea de trompos frente a la puerta familiar. Cuando
y las haciendas olían todas
la música se suspende de pronto, dejando subir,
al cigarrillo de hoja de maiz.
infraganti, el ruido animado de la charla y el sordo
deslizar de los pies. Los maestros enfundan a toYO me vivía entre cerveceros
da prisa sus cobres, y corre una voz supersticiosa :
viendo mezclar el lúpulo,
en la casa del Gobernador militar - al término de
viendo escurrir los hilos rubios;
la plazuela - acaban de cerrar las ventanas como
y entrábamos después a la cámara del hielo
cuando viene tempestad. Nda: es Lucin, huesped inque tenía un aroma de marea y pescado,
apreciable. Y el director de orquesta interrumpe,
deferente, la serenata.
y donde parecía que los párpados
perdían su peso natura l
Son las nueve cl'adas. Yo abro los ojos, y lanzo
un chillido inolvidable.
y /os ojos se_ dilat¡¡ban.
La vida me ha sido desigual. Pero cierta felici YO me vivía entre gente de fragua
dad interior y cierta íntima protección divina que
y sabía mover los fuelles,
me han acompañado siempre, me hacen sospechar
que mis paisanos -reunidos en la plaza, como en
y para ver los hornos
me ponía g¡¡fas ahumadas.
plebiscito, para darme la bienvenida -supieron junCorrían chorros de metal fundido,
tar un instante su voluntad y hacerme el presente
de
un buen deseo.
había llamas por el suelo,
había grrlas por el aire;
Poco después, lap !azuela estaba desierta. Pa rpadeaban los faroles poliédricos. Abiertas otra vez
y había laderas de brasas .
las ventanas, la luz salía a la calle, -comadre que
que teñían de rojo medro cielo.
se
asoma a contar noticias.
YO me vivía en las minas,
Adentro, ordenando pañales, la vida andaba de
viendo torcer los malacates,
puntillas.
oyendo tronar la dinamita,
Bajo su prodigiosa arquitectura
se guarecen palacios y cabañas,
fructifican los trigos y las cañas
y el abundoso manantial murmura.

I N F a N e I a
YO vivía entre cazadores
que guardan el cáñón del rifle,
desarmado, en tubos de aceite,
y que arranca a martillazos
el alza y la mira,
"Porque ---&lt;iicen- eso sólo estorba
para la buena puntería".

viajando en canastillas y ascensores,
charlando con las tres categorías
-las tres edades de -mineros-:
tigres, peones y barreteros.

ARMAS y LETRAS -

PáqiQa ~

�LIBROS

1'
1

Friederich A. Hayek.-EI Camino a la Servidumbre (The Road To Serfdom). University of Chicago
Press. Octava Edición, 1945).
Es Friederich A. Hayek uno de los más distinguidos economistas de nuestro tiempo. Actualmente es Maestro en la Escuela de Economía y
Ciencias Políticas de la Universidad de Londres.
Anteriormente formó parte del cuerpo docente
de la Universidad de Viena y llegó a ser Director
del Instituto Austriaco de Investigaciones Económicas. Recientemente dictó unas conferencias en
la Ciudad de México invitado por la Asociación Mexicana de Cultura y por la Asociación de Banqueros de esa misma Ciudad.
Entre sus principales estudios se encuentran:
"Utilidades, 1nterés e Inversión" (Profits, 1nterest
and lnvestment); "Teoría Pura del Capital" (The
Pure Theory of Capitalr; "Precios y Producción"
(Prices and Production); "Planificación Económica Colectivista" (Collectivist Economic Planning);
"El Camino a la Servidumbre" (The Road to Serfdom).
El prestigio del autor y la importancia del tema
que aborda en éste último de sus libros, fueron motivo para que, a raiz de su publicación, se le invitara
para que fuera a dictar una serie de conferencias en
varias Universidades de los Estados Unidos de Norteamérica.
Su libro es un grito de alerta para señalar el
peligro del totalitarismo. Como dice John Chamberlain en las líneas que son prefacio a la obra, es
una advertencia que se hace a los ingleses y por
implicación a los norteamericanos, d;ciéndoles: "paren, vean y escuchen".
El autor afirma que el conocimiento del pasado
ayuda para evitar en el futuro procesos similares y
que es factible observar cierta similitud en las fases de evolución intelectual de los diversos países.
Según él, sin advertirlo, Inglaterra y los Estados
Unidos de Norteamérica parecen estar sobre el camino que hace tiempo ya recorrieron algunos países
europeos. Es por eso que su llamado es o1&lt;;ustioso,
pues, no obstante su oportunidad, señala una \, ;,gedia y previene a los hombres para que eviten su repetición.
Hoy se escucha con frecuencia la palabra plani ficación. Es verdad, dice Hayek, que sólo los fatalistas no son planificadores. Pero se opone a la
idea de planificación como "dirección central de
toda actividad económica de acuerdo a un único
plan, proyectando como deben "dirigirse concientemente" los recursos de la sociedad para servir a fines particulares por medios determinados".
Son compatibles la adopción de un sin fín de
medidas de todas clases con la conservación del sistema de competencia en los mercados. También
es compatible el si_stema de competencia con la
adopción de servicios sociales. Pero, muchas de
éstas medidas aumentan los costos. Y, por lo mismo, deberá determinarse que es más conveniente,
si dejar sin ciertos servicios a un grupo, o bien
proporcionárselo a cambio de una alza de los costos.
Hay que "crear condiciones en las cuales la
competencia sea lo más efectiva dentro de lo posible". La destrucción de la competencia "pone al
consumidor a merced de la acción monopolista de
los capitalistas y trabajadores de las industrias mejor organizadas". La crítica que se formula en su
libro está enderezada en contra de la planificación
que acaba con la competencia.
· La planificación, en la democracia, requiere mayor acuerdo de voluntades que la que en realidad
existe. Es preciso que la gente se convenza de que
lleva a la prosR!eridad para que, así, acceda en que
se lleve ·cabo: Es necesario que haya una escala
de valores que sea aceptada por aquellos que han de'

a

observarla, pues el bienestar y felicidad de un gran
número de individuos no se puede circunscribir dentro de una regla rígida y abstracta. Desgraciadamente no se cuenta con ésta escala que sea aceptada unánimemente.
Un sistema de planificación colectivista trae
consigo muchas preguntas que deben resolverse previamente. La falta de conocimiento de las circuns·tancias que imperarán hace que cualesquier forma
de planificación central sea irrealizable por la carencia de datos suficientes para determinar una
forma correcta de acción. ¿Cómo determinar cuán tos cerdos deberán criarse, cuanto maiz deberá sembrarse, cuánto de cada artículo? Por otro lado, la
discriminación se hace necesaria para la repartición
de lo producido con el trabajo de todos.
"Lo que ha olvidado nuestra generación es que
el sistema de la propiedad privada es la más importante garantía de la libertad, no sólo para aquellos
que son los propietarios, sino también en menor
escala para aquellos que no lo son. Es sólo gracias
a que el control de los medios de producción se
encuentra dividido entre muchas personas que actúan independientemente, que nadie tiene completo poder sobre nosotros, que como individuos podemos decidir que hacer con nosotros mismos". En
relación a ésto, un ex-comunista, Max Eastman,
piensa lo mismo que Hayek.
A la afirmación de Harold Lasky de que "sin
seguridad económica, nada vale la libertad", contesta citando la siguiente frase de Benjamín Franklin: "Aquellos que prefieren desistir de la esencial
libertad para obtener un poco de seguridad temporal no merecen la libertad ni la seguridad".
Estima que la Civilización Occidental pasa por
una crisis. Se han cambiado en mucho los rumbos
de la misma. Se ha olvidado de pronto lo mucho
que ya"se ha escrito sobre el socialismo. Se lia·olvidado que, desde un principio, el socialismo ha sido una doctrina autoritaria. Ya Saint Simon afirmaba que, los que no obedecieran el programa de
planificación que proponía, deberían ser "tratados
como ganado". De Tocqueville señ31ó que las instituciones individualistas estaban rn irreconciliable
conflicto con el socialismo. "Democracia y Soc;alismo, decía, no tienen nada más en común q, -s una
palabra: igualdad. Pero véase la diferencia: en
tanto que la democracia busca la igualdad en la libertad, el socialismo busca la igualdad en las restricciones y la servidumbre".
Los planificadores se ven obligados a hacer un
lado el principio de la Autoridad de la Ley y por
implicación a acabar con la libertad. Lo más distintivo, afirma, de los países en donde impera la libertad, es la observancia del principio de la Autoridad de la Ley. Mediante él, el individuo realiza libremente sus fines, sin que una acción arbitraria
del poder gubernamental frustre sus esfuerzos.
Sir Henry Maine afirmaba que el movimiento de
progreso en las sociedades ha sido "un movimiento
del estatuto al contrato". Y, Hayek, piensa que,
a la idea de estatuto, debe oponerse la idea de Autoridad de la Ley. Acabar con ésta, para imponer
un sistema estatutario, es dar un paso atrás.
La propaganda es uno de los descubrimientos
más recientes dentro del campo de las Ciencias Sociales. Se usa, afirma, para convencer a todos pa ra que sirvan a un único sistema de fines hacia los
que se dirije la actividad social y así se acepte voluntariamente la planificación que se propone.
Mediante la propaganda se le enseña al pueblo
un código moral, pero, el problema surje cuando se
tiene que determinar si éste es bueno o malo. La
propaganda totalitaria "es destructora ·de toda moral porque mina uno de sus fundamentos : el sentido
y respeto a la verdad". ·Con la propaganda se tra-

ARMAS Y LETRAS -

Págita 4

tará constantemente de justificar la ética del colectivi~mo, que· afirma que el fin justifica los medios y
que· la "rawn de estado" es la base de las decisiones. La "razón de estado" no tiene más límite efectivo que la voluntad del gobernante.
Mediante la propaganda también se creará un
mito: de la raza, del grupo, de la masa, etc. Se
encargará de dar nuevo sentido a las palabras: se
ofrecerán "nuevas libertades por las viejas", "planificación para la libertad", "libertad colectiva para
el grupo" y se trata de convencer, como lo hace el_
Dr ... Karl Mannheim, de que !'naturalmente el advenimiento de la libertad planeada no quiere deci r
que todas las formas primitivas de la libertad deben
abolirse". En el presente ya no es raro, encontrarse
con palabras viejas a las que se les asigna un nuevo
sentido: "justicia" y "ley", "derecho e igualdad".
La planificación tiene varios objetos: uno de
ellos es evitar el desempleo en masa. La conquista
del desempleo es uno de los más apremiantes problemas de nuestro tiempo. Pero, además de ésta
meta, hay otras. Por lo que hay que estar en guardia cuando se dice que hay qué abolir el desempleo
a tocia costa 11.
El proceso de acomodamiento al terminar la guerra presentará un gran problema. Muchos obreros
fueron empleados durante la guerra con salarios relativamente altos. Al venir la transformación de
la economía de guerra en economía .de paz, muchas
industrias no van a poder pagar los salarios que van
a pretender éstos obreros. La alternativa será entonces: o salarios más bajos, o desempleo. Una
sociedad organizada sobre bases socialistas solucionaría el problema por •medios coercitivos.
Una política monetaria encaminada a solucionar
el problema del desempleo no sería una cura adecuada, a menos que se empuje la economía por el
camino de una inflación desmedida hast;:i lograr
elevar los precios y los salarios por encima del nivel que marcaría el límite abajo del cual subsistiría
el problema.
Las resoluciones que se tomen son de suma trascendencia. "Hay poca duda de. que después de la
guerra la cordura en el manejó ·de nuestros asuntos económicos será aún más importante que antes
y que la suerte de nuestra civilización dependerá
en última instancia de cómo resolvamos los proble, ".
mas que se nos presen taran
La humanidad pasa, en el presente, por un momento crítico. Nuestra generación es "impaciente e intolerante respecto a toda clase de frenos sobre sus ambiciones inmediatas" y está mal dispuesta para inclinarse ante argumentos económi cos. Esta revolución no es sim una fase de un fenómeno ger,c'.al: una falta de deseo de sometimiento a toda regla que no se pueda entender racionalmente. Se manifiesta ésto, sobre todo, en el fuero
de la moral.
"Una civilización compleja como la nuestra está basada necesariamente en el acomodamiento in dividual -a los cambios cuya causa y naturaleza no
se pueden entender". Para comprenderlos cabalmente sería necesario, las más de las veces, contar
con una inteligencia superior. Poca solidez tiene
nuestra civilización cuando pide eso como requisi to para contenerse.
•
Pero, lo más serio de todo, dice Hayek, es que
"nuestra generación está en peligro de olvidar" no
sólo que la moral es necesariamente un fenóme no individual de conducta sino también que sólo
puede existir dentro de la esfera en que el individuo
es libre para decidir por sí mismo cuando se le invita voluntariamente a que sacrifique lo que personalmente le beneficia para cumplir con el mandato
de una norma moral. ,Fuera de la esfera de responsabilidad individual no hay bondad o maldad, ni
oportunidad para un mérito moral ni oportunidad
para probar nuestras convicciones sacrificando nuestros deseos por lo que se estima que es debido".
Mauticio Valdez Villarreal
11

(P~sa a la Pág. 6)

(Viene de la la. Plana)
En esa mutua relación del paisaje y el hombre,
tenemos la determinación histórica más arraigada de
esta comarca. Aun más que el cruze de las razas
la acción de la tierra engendra el mestizaje. Y
donde falta, como es el caso, la mediación humana del indígena, a través de las especies vegetales
y hasta de la montaña o el río, se verifica esa trasmutación de un pueblo antiguo en otro nuevo.
Los pobladores del Nuevo Reyno de León llegaron aquí españoles, donde se transformaron en criollos y acabaron en heredarnos una patria que es
México.
La revolución de Independencia puso al descubierto esa transformación que se venía operando
en cada poblado y ranchería, avasalladora y secretmente. Nada más mexicano que el ranchero de
la frontera, cuyo tipo físico y psicológico quedó
sellado en el siglo XIX. Se asemeja, aun que menos vistoso al charro del Bajío; la pobreza de su indumentaria se realza con la talla vigorosa y flexible del jinete; su coraje y nobleza están influidos
del trato con el ganado; es sobrio como la tierra y
ha acomodado su vida a los riesgos de la escaramuza con el salvaje, los bandoleros o los fiscales, que
acechan el botín, asaltan la diligencia o celan el
contrabando.
Al frente de esta clase de hombres ganaron celebridad Zuazua, Zaragoza, Escobedo, Quiroga. Los
mismos Jefes reproducían la estampa de su tropa_
"rifleros de Nuevo León" y "cazadores de Galeana".
El siglo XIX, por otra parte, no habría de pasar
sin que en él se consumase la segunda edad de
nuestra historia. Es doloroso que el acontecimiento en que se origina esta nueva fase ,haya de ser
la mutilación del territorio nacional por los norteamericanos. No nos quede de ello, sino la triste y
orgullosa satisfacción de haber pasado de golpe a
servir de repecho a la honra nacional.
Es decisivo para nuestra cuenta, que desde en tonces México iniciase ese cambio de órbita, en
donde sustituyó el eje oceánico de su vida social y
económica, por otro terrestre con centro de gravi tación en Washington.
No puede decirse que las cosas cambiasen de
improviso; pero sí, que una vez abierta la brecha
por las armas, habrían de seguirlas, andado el tiempo, el ferrocarril, el comercio, las carreteras y hasta los turistas. Mientras tanto la historia operaba
sus cambios de escenario. En Estados Unidos, la
guerra separatista del Norte contra el Sur. En México, la de Reforma y la Intervención francesa.
Esta región de la frontera quedó más o menos
equidistante de los c¡¡mpos de batalla. Intervino en
ellos, no obstante; en nuestro propio territorio, con
tropas y Jefes; en uno y otro lado de la contienda
por el comercio y el contrabando. Hay indicios de
una época de bonanza comercial entre el sexto y
el séptimo decenio del siglo recién pasado, qud en
conexión con esos acontecimientos políticos y sociales. Surgen a poto tiempo las primeras industrias textiles absorviendo a los artesanos del ramo
Y muy probablemerte influidas en su instalación
por la proximidad de la zona algodonera de Norteamérica.
El triunfo de los Estados industriales del Norte
de la Unión, en la guerra separatista, repercutió
intensamente sobre el destino posterior de la Ciudad. La ubicación de los centros manufactureros
norteamericanos, más próxima al litoral del Atlántico y en conexión con el comercio mundial por este
Océano, encontró su plano de deslizamiento hacia
México por una vía ferrocarrilera en este extremo
de la frontera. El enlace de Monterrey por ferrocarril con Tampico y Matamoros, Torreón y la Capital de la República cerró el circuito de su posi-

ción estratégica como nudo de las corrientes de
ida y vuelta entre las dos Naciones vecinas.
Nada valen las oportunidades de la Historia si
no se encuentran con hombres por cuya energía y
capacidad de visión se transformen en hechos generadores de riqueza y de bienestar para un pueblo. j Fortuna para México y para todos nosotros
que los haya habido 1, como los que fueron capaces
de interpretar el favor del tiempo y el lenguaje de
las edades postreras.
Instalaciones industriales y establecimientos
bancarios, edificación pública y privada, saneamiento de la Ciudad y dotación de agua potable, fueron
las obras de fines del diecinueve y principios del siglo XX. Con ellas respondió Monterrey a la necesidad de destacar un centinela en la raya mexicana.
Entre tanto, la Ciudad iba cobrando un aire nuevo, de mayor holgura y seguridad. Avanza hacia el
Norte y se despliega para seguir los emplazamientos industriales. La casa familiar transa con la
antigua huerta, a la cual aprisiona entre patios y
traspatios, cerrados algunos por corredores con arcadas de pilastres gruesas y toscas. El aspecto general tiene algo de mediterráneo y andaluz. La vida
provinciana se derrama con lentitul y monotonía.
Se duerme la siesta y se merienda con café y tortillas de harina. Los paseos elegantes se hacen en
carretela y la modesta serenata atrae a la clase media, mientras que los bailes más rumbosos, con
señoritas ataviadas a la moda de París, acude el señor Gobernador. Es nuestro siglo XIX que nos legó
las primeras industrias, el Palacio de Gobierno,
la red de agua y drenaje y algo más de 1ong1rud y
estatura a la Ciudad.
Nos legó además, en incipiente estado de formación, la conciencia urbana que había de florecer y
está madurando a través del proceso de la Revolución mexicana, cuya positiva influencia se muestra
en el número de los habitantes, ya cerca del cuarto de millón, en la estructura nacional de sus industrias, en la complejidad de sus problemas sociales y citadinos y, por encima de todo, en esa voz del
destino que hace sentir a la Ciudad estar llamada
a ejercer una alta función en la estructura social,
económica y espiritual de México.
Esta tercera y última edad de Monterrey, que
es la adquisición de su conciencia y del sentimiento de su responsabilidad nacional, remata en la actualidad del 350 aniversario de su fundación que
hoy celebramos. Pero, antes de concluir el relato
y obtener la lección de la historia, será menester
referirnos a las fuentes espirituales de donde se
ha nutrido la conciencia de la Ciudad.
Los más remotos y también los más próximos
de estos veneros han dejado en el cuerpo urbano
las estructuras de los órganos con que se ha ido edificando la vida histórica. El viejo trazo de la Ciudad pone de manifiesto las más eminentes categorías del pensamiento y la existencia española: Casa
del Cabildo o Concejo Municipal donde se ejerce el
gobierno y policía de la Ciudad; Iglesia para la oración, frente a aquel edificio; y entreambos la nota
alegre y picaresca de la plaza, que fué en otrora
centro de reunión para las milicias y asiento de las
ferias y que hoy facilita sus andadores al doble
anillo giratorio de la serenata. El comercio ha labrado sus propios edificios y vía de tránsito en una
especie de brazo o estribación que se desprende de
la plaza. Hacia el norte y trás de una apretada faja de casas de hechura mediterránea, muy nuestro
siglo XIX, se observan instalaciones industriales. entre una tupida y sinuosa red de viviendas obreras;
vías ferreas a cuya orilla se acomodan las fábricas,
como si fuesen otro río; y esa anchurosa ribera que
es la Avenida Pino Suárez, donde la población obrera
pone con sus yompas azules la nota alegre Y optimista del nuevo tiempo.
Algo podría decirse también del espíntu de la
época con relación a las nuevas construcciones que

ARMAS y LETRAS -

Página 5

se recuestan en el cerro del Obispado, con ahogo
de esa ruina poderosa y venerable; y en otros parajes alrededor de la Ciudad. Y algo más de sitios
dentro de ella, donde la vida no es amable y civilizada. Pero ya no haré referencia sino a lo que conviene al objeto de este discurso, que en esa parte
concierne a la estructura espiritual de Monterrey.
A medida que ha ido creciendo en recursos,
prosperidad y experiencia, la Ciudad ha ido enrioueciendo su memoria hasta el punto de iluminar con el
vigor de ahora las visc,c,tudes y las zozobras del pasado. Surgen a su vista las denodadas figuras de los
fundadores y de los primeros pobladores de Nuevo
Reyno de León: Capitanes, misioneros e indígenas;
la aguerrida tropa que pobló el Estado y le dejó la
numerosa familia de las comunidades; los héroes de
nuestra historia política y entre ellos, particularmente, el Padre Mier, cuyo ardor republicano ilumina la Independencia con resplandores de incendio. Aparece también Ganzalitos, esa suave figura
que es en una franciscano, humanista y hombre de
Ciencia; y tras de él la serie de generaciones de maestros que nos legaron el Colegio Civil, hoy la Uni versidad, y la Escuela Normal. La memoria de ·1a
Ciudad se halla poblado del espíritu de sus buenos
gobernantes, caudillos militares y civiles, directores
de empresa y de la inúmera multitud, entre todos
los cuales la han ido alzando del barrizal y la choza,
a la Calzada de pavimento y a la casa de cantera;
del campo, al taller y a la fábrica : de la lucha incierta contra el nómada, al espíritu del Derecho.
¿Qué haremos nosotros, los contemporáneos,
para proseguir esta obra que han hecho el tiempo
y los hombres? · Limitar nuestro homenaje al recuerdo y a la admiración, no salda la deuda histórica, a menos que prescindiésemos de la idea de perfeccionamiento de la Sociedad y del individuo. En
tanto que haya Historia toda generación recibe de
otra y entrega a la siguiente una tarea siempre
inconclusa, a la vez que una determinada energía
con que llevar a cabo la empresa propia de cada
edad. Esta ley de la continuidad del esfuerzo es la
base de lo que se denomina progreso humano, aunque la meta ideal se mantenga inaccesible.
Muchas generaciones antes de nosotros, y otros
primero que ellos, algunos hombres pensaron estar
edificando una Ciudad, cuando no pasaban de darle
principio. Y si al llegarnos el turno creyésemos que
no hay más que hacer, sino agradecer la fortuna
de haber tenido tales antepasados, en ese preciso
instante estaríamos destrozando el monumento que
merece su fama. Sólo se conserva en el tiempo lo
que se somete a su mudanza.
A fin de darnos la plenitud de vida histórica que
hoy disfrutamos, consumieron su existencia muchos
hombres en el fuego de esa fuerza creadora de pueblos y Ciudades, que calcina los huesos de los antepasados para abonar la entraña de la tierra en donde habrá de florecer una nueva espiga. Edades y
generaciones se han sucedido pasándose de la mano un juramento de lealtad en el propósito como
una encendida antorcha. Al llegar nuestro turno es
de rigor prender más puro y más alto el fuego
espiritual que edifica la Ciudad siempre inconclusa - la del cuerpo y !a del espíritu. Con lo cual
seremos verdaderamente fieles a la memoria de los
antepasados, con un recuerdo que no envenena el
alma porque desprende la vida del pasado paralítico
y la empuja a la conquista de riberas inexploradas.
Hagamos, por tanto, en honor de nuestros antepasados lo que ellos nos dejaron en honra: sostener el impulso que hace rendir el fruto prometido
por cada día, mientras la esperanza hila el tiempo
venidero. Seamos fieles con ellos en el espíritu
perpetuando, más que su nombre, la ley por la cual
lo consiguieron, la de consumir el afán en una empresa que no habían de ver sus ojos y con la cual
también los nuestros están alucinados: la pura y
luminosa eternidad de una Ciudad perfecta.

�Cj3iblioteca Universitaria
.DEPENDIENTE DEL DEPARTAMENTO
DE ACCION SOCIAL
RECEPCION BIBLIOGRAFICA DEL MES DE SEPTIEMBRE

Archivo del lnsftuto de Cardiología de México, Aro XVI. Nos.
3 y 4, julio de 1946. - Boletín de Minas y Petróleos, Secretaría
de Econcmía Nacional, Torno XVI, No. 8, agosto de 1946. - Renac miento, Revista Edueat va Magíster al, Año IX, Nos. 25 y 26,
agosto de 1946. - Hidalgo, Revista informativa mensual, Año V,
No. 51, aQOSto de 1946. - Vi¡;¡ía, Revista Internacional Año 111,
No. 40, agosto de 1946. - Discurso presentado por el Excmo. Sr.
Presidente de la Repúb1 ca, Dr. Rafael l. T•ujillo Molira, al inaugurarse el barrio de mejoramiento social. - Vida Nueva, Revista
mensual de medicina y cirugía, Año XX, No. 111, marzo de 1946.
- Todo, revista capitalina, Nos. correspondientes al mes de septiembre de 1946. - La Voz Farmacéutica, Revista Peruana de Farmacia, Química, Industria v Comercio, Año 1, No. 2, Abril de 1946.
Proceedings of the Staff Meeting of the Mayo Clinic, Vo. 21,
No. 17, Agosto de 1946. - Revista del Elército, Secretaría de la
Defensa Nacional, No. 8, Agosto de 1946. - TIEMPO, semanario
de la vida y la verdad, vol. 9, número 229, Septiembre de !946.
- CAUCE, órgano mensual c!e la F. E. T. y del grupo literario Cauce,
No. 8, Julio de 1946. - Química y Farmacia, Revista mensual, Torno 21, No 103, Julio de 1946. - Desarrollo Intelectual entre los
11 y los 14 años, publicaciones del Instituto de Psicología Experimer•al de Cuyo, Vol. 1, No. 4, diciembre de 1945. - Boletín de
Odontolo9ía Mexicana, Vol. 27, No. 4, julio de 1946. - La Voz de
Londres, No. 438, septiembre de 1946. - Reivindicación, Organo
Quincenal del Comité Ejecutivo Nacional, del Sindicato Nacional
de Trabajadores de la Educación, Año 3, No. 47, septiembre de
1946. - Ofrenda lírica en la muerte del poeta, César L. BoneQUi,
por Raúl Arrecia Cortés. - Memoria de la Secretaría de la Economía Nacional, por el lng. Gustavo P. Serrano. - Boletín de la
Biblioteca Nacional del Salvador, Año 111, Nos. 64 al 69, julio y
diciembre del 45. - Revista Rotaría, septiembre de 1946. - Economía Nacional de México !Unión Pan-Americana!, Vol. XV, Nos.
5 y 6, mayo y junio de 1946. - Eugenesia, revista de la Sociedad Mexicana de Eugenesia, Torno 7, No. 78, julio de 1946. Atenea, revista mensual de Ciencias, Letras y Artes, Universidad
de Concepción de Chile, Año 23, No. 252, junio de 1946. - España Nueva, Año 11, No. 40, agosto de 1946. - Portugal, boletín de información, política, económica y cultural, No. 82, abril
del 46. - Le Caducée, Revue de ' association des Etudiantes en
Medicine Pharmacie et art Dentaire, No. 25, junio de 1946. - Revista de Urología, Organo Oficial de la Sociedad Mexicana de Urología, Vol. 4, No. 2, marzo y abril de 1946. - Revista de Revistas, año 37, No. 1890, septiembre de 1946. - El Arte TipogrMico,
año 111, No. 263, de 1946. - Fao, Documento de Servicio Informativo, mavo de 1946. - Boletín de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística. - Revista de La Habana, año IV, No. 46, junio de 1946. - El Hijo Pródigo, revista de Literatura, Vol. 13, No.
40, julio de 1946. - La Personalidad de José Ignacio Rodrfguez
por Antonio Hernández. - Boletín del Archivo General de la Nación, Año IX, No. 44, de 1946. - Pensamiento Peruano, Revista
Mensual ilustrada de Cultura, e información, Allo V Julio de
1946. - TIEMPO, semanario de la vida y la verdad, Vol IX, No.
2Il, Sept. de 1946. - Quarterly Review, Vol. Lit, No. 24, julio de
1946. - Resurgimiento, Revista Trimestral de los Coristas Franciscanos de Jalisco, Allo V, No. 1, julio de 1946. - Informe de fa
reunión especial sobre los Problemas urgentes de Alimentación y
Organización de las Naciones Unidas, junio de 1946. - La Vanguardia, Al'io 111, 1931, agosto de 1946. - Revista de Medicina
Tropical, de Parasitología y Bacteriología, Clínica y Laboratorio,
La Habana, Cuba, Vol. 12, No. 2, junio de 1946. - Revista de
Cirugía, órgano de Ciru¡¡fa del Hospital Juárez, Año XVII, No.
6, diciembre de 1946. - Voluntad, Boletín Bibliográfico de la Librería Voluntal, Allo. 11, No. 51, junio de 1946. - PERUANfDAD,
órgano antológico del Pensamiento Nacional, Año 6, No. 24, junio de 1946. - Revista de La Habana, Año IV, No. 46, junio
de 1946. - Bohemia, año 38, No. 21, mayo de 1946. - Boletín
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Revista de Cultura Mexicana, Vol. 10, No. 3, de 1946. - Cervantes, revista bibliográfica mexicana ilustrada, Año 21, Nos. 1 al
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Mari ínez, Universidad Autónoma de Cochabamba. - Revista Javeriana, Tomo 26, No. 126, de julio de 1946. - Universite Revue,
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Médicos Mexicanos, Sindicato de Médicos Cirujanos y Profesionistas Conexos del Estado de Nuevo León, Año 4, No. 7, julio de
1946. - Academia Argentina de Cirugia, Boletines y Trabajos, Tomo 30, No. 8, julio de 1946. - Boletín de información de la Universidad de Chile, Año t, No. 8, julio de 1946. - Panorama General
de !a Legislación de emergencia por el Lic. Antonio Fernández del
Cast(llo. - Significación de la Historia de los Estados Unidos, por
el l,c. Carlos Deplan. - La Industrialización de México y la Contabilidad, por Alfonso Ochoa Ravizé. - Letras de México, Vol. 5,
No. 126, a;¡osto de 1946. - Revista de Economía, Vol. 9, Nos. 7
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la Facultad de Medicina de la Universidad de Antoquia, Medellín, Colombia, Vol. 9, No. 1, julio de 1946. - SALUBRIDAD y
ASISTENCIA, órgano de la Secretaría de Salubridad y Asistencia,
Tomo V, No. 14, marzo y abril de 1946. - Trabajo y Previsión
Socia', Tomo 32, No. 99, abril de 1946. - Revista del Centro de
Estudio de Ingeniería La Plata, Año 21, No. 86, Nov. y Dic. de
194 5. - España Nueva, Semanario Republicano Independiente, Año
11, No. 41, agosto de 1946. - Cultura Soviética, Instituto de Intercambio de Cultura Mexicaro Ruso, Año 111, No. 23, septiembre de 1943. - Boletín de bformac1ón, Embajada de la URSS, Año
3, No. 34, agosto de 1946. - Anales de fa Facultad de Ciencias
Médicas de a u~.versidad Nacional de Ascensión, Vol. 5, No. 21,
jumo de 1945. - Crónica de Holanda, revista universal, Año 3,
No. 21 de 1946. - Bole•ín, publicaci~n mensual de la Comisión
Pan-americana de Coopearción inter-m1.inicipal, año VII, No. 7,
junio de 1946. - Revista Jurfdica Veracruzana, Tomo V, No. 2,
de 1946 - HOY, revista capitalina, Nos. ccrrespordientes al mes
de septiembre de 1946.
LI BROS

Ob:as Corr.pfetas de Manuel José Othón. - Cervantes, la ¡,,_
venc,ón del Quijote de Arturo Marasso. - Huel fas del Islam de
Miguel Asín Palacios. - La Vagancia en Cuba, de José AnÍonio
Saco, (Cuadernos de Cultura de La Habana!. - Envio de la Biblioteca Benj2mín Franklin:

The New Plast es by Herbert B. Simonds. - The Sciencie of
Nutrition by Henry C. Sherman. - Handbook of Chemistry ~nd
Physics. - Donación de la Editorial Atlante. - Có~ O'.g~nizar
Bibliotecas por el Dr Juan Vicens. - Tratado de B10Quim1ca Y
Marual ~ Prácticas de Bioquímica, por el Prof. Benjamín Ha:ro~.
NOTA: - Se han estado recibiendo con regularidad los periódicos: El Nacional, El Popular, La Voz de México, El Universal Y
Excélsior, ce México. - El Diario de la Marina y Alerta, de La
Habana, Cuba. - El Porvenir, El Norte, El T;empo Y el Sol, de esta Ciudad. - Solicitamos Canje. - Solicitamos Permuta - Exchange
is ReQuired 0n Demande L'Echange.
f

){Qtas Universitarias
APERTURA DE CURSOS
El día dos de septiembre se inauguraron los cursos correspon-

dientes al año escolar 1946-1947, en todas fas Facultades Y Escuelas deP_t?ndientes de la Universidad.
ARQUITECTURA

El día 23 de septiembre inició sus labores la nueva Escuela de
Arquitectura dependiente de la Facultad de Ingeniería de nuestra
Universidad. La inscripción en esta nueva Escuela superó en mucho la previsión de las Autoridades Universitarias.
3509 ANIVERSARIO
Del 14 al 22 de septiembre se verificaron las festividades conmemorativas del 3509 Aniversario de la fundación de la ciudad
de Monterrey, en las Que tomó parte importante la Universidad
de Nuevo León. Su contribución al lucimiento de dicha conmemoración consistió en la celebración de una velada y en el patrocinio de una trasmisión de "La Hora Nacional" del Gobierno
de México.
SINFONICA

Patrocinada por la Universidad de Nuevo León, la Sinfónica
Nacional de México, dirigida por el Prof. José F. Vázquez, actuó
en la velada conmemorativa de la fundación de Monterrey, con
un programa compuesto con obras de Mozart, Tchaikowski y Vázquez.
HORA NACIONAL

Bajo los auspicios de la Universidad de Nuevo León, se llevó
a cabo el domingo 22 de septiembre la trasmisión de la "Hora
Nacional" del Gobierno de México, a control remoto desde el Aula
Ma'J(la Fray Servando Teresa de Mier de la Universidad de Nuevo
León. Tomaron parte en ella el Dr. Enrique Uvas, Rector ce la
Universidad, el Lic. Raúl Rangel Frias, Director de "Armas y Letras", leyendo un mensaje del maestro Alfonso Reyes, La OrQuesta
Sinfónica de la Universidad Nacional, el pianista Josemarfa Luján, la cantante Amparo Guerra Marga in, el Chell isla José Andrade y los violinistas Gloria Torres de VázQuez y Manuel Allende.
POLITICA ESTUDIANTIL

La última semana de septiembre comenzaron a renovarse las
Mesas Directivas de tas Sociedades de Alumnos de las distintas dependencias universitarias, agrupadas en la Federación de Estudiantes Universitarios.
CONFERENCIAS

El 30 de septiembre se inició un nuevo ciclo de conferencias, patrocinado por el Departamento de Acción Social Universitaria y el Gobierno del Estado. El sustentante, Dr. Agustín Aragón Leiva, disertó en la primera sesión sobre el tema: México en
los destinos del Mundo.
ARQUITECTURA MODERNA

E ,O,rquitecto Federico Mariscal sustentó, en el Aula Doria
Paz de la Facultad de Ingeniería, el día 17 de los corrientes,
una conferencia sobre las Nuevas Corrientes de la Arquitectura Universal Esta conferencia Inauguró los trabajos docentes de la nueva Escuela de Arquitectura.
MEDICINA

El Dr Eduardo Aguirre PeQueño, Jefe del instituto de Investigaciones Científicas de nuestra Universidad, regresó de los EE.
UU , a donde fue becado para un curso de su especialidad. A su
regreso se rizo cargo de la Dirección de la Facultad de Medicina, que estaba cubierta interinamente por el Dr. Dante Decanini
Flores.

L I B R

(Viene de la Pág. 4)

o s

UN ACONTECIMIENTO BIBLIOGRAFICO

Un grupo de dilectos amigos del insigne etnógrafo y arqueólogo desaparecido, D. Miguel Othón
de Mendizábal, encabezado por el economista Jesús Silva Herzog, emprende la loable tarea de publicar en cinco volúmenes, con el nombre de "Miguel Othón de Mendizábal, Obras completas", la
intensa producción a través de inquietas búsquedas
logró Mendizábal, en una vida de constantes afanes
en favor de nuestros problemas históricos.
El Torno primero está consagrado a realizar un
merecido Homenaje al ilustre investigador, por el
grupo de quienes han alzado esta empresa: el propio Silva Herzog, D. Luis Chávez Orozco, el Dr. Silvio A. Zabala, Ermilo Abreu Gómez, el Dr. Pedro
Bosch Guimpera, y otros intelectuales de no menores peraltes.
El Torno segundo contiene: 1. Ensayo sobre las
Civilizaciones Aborígenes Americanas; 2. La influencia de la sal en la distribución geográfica de
los Grupos Indígenas de México; 3. El Templo de
Quet~a1~¿a1t en Teotrhuacán; 4. Quetzalcóatl y la
lrrad1ac1on de su cultura en el Antiguo Territorio
Mexicano; 5. El movimiento de la Tierra conocido
por los Nahóas; 6. La Etica Indígena; 7. La Poesía
ARMAS Y LETRAS -

Página 6

Indígena y las Canciones Populares; 8. El jardín de
Netzahualcóyotl; 9. La salud pública reclama la
educación del indígena; 1O. La evolución de las
Culturas Indígenas de México Y la división del Trabajo; 11. De cómo y cuándo se fundó Valladolid;
12. Los Otomíes no fueron los primeros pobladores
del Valle de México; 13. Los cuatro problemas fundamentales del Indígena; 14. El Santuario de Chalma; 15. Devociones indígenas. El Santuario del
Señor de Sacromonte de Amecameca; 16. Las Artes aborígenes mexicanas; 17. El origen histórico
de nuestras Clases Medias.
Tomo Tercero:
l. La evolución del Noroeste de México; 2. El
Lienzo de Jucutácato; 3. De la Prehistoria a la Conquista de México; 4. México en el momento de las

Conquistas Españolas; 5. La Conquista espiritual
de la Tierra de Guerra (Lacandones); 6. La Conquista y la independencia religiosa de los indígenas de México; 7. La evolución religiosa de los pueblos indígenas de México; 8. La evolición de la industria textil; 9. La situación legal de la Encomienda; 1O. Don Vasco de Quiroga, Primer Obis.
po de Michoacán; 11. La Demografía mexicana.
Epoca colonial 1519-181 O. Demografía colonial del
siglo XVI. 1519-1599.
Tomo Cuarto :

1. Historia econom1ca y social de México; 2.
Aspectos etnográficos que presenta nuestro País;
3. La Etnología; 4. La Antropología y el Problema
Indígena de México; 5. El problema social de las
Lenguas Indígenas; 6. El Departamento Autónomo
Indígena de México, sus fines, su táctica y su organización; 7. El Primer Congreso Indigenista Interamericano; 8. Los vicios del indígena son una calumnia centenaria; 9. El infierno de las monterías
del Estaado de Chiapas; 1O. Eduquemos al indígena; 11. Conferencia sustentada en la celebración
del aniversario del Día del Indio en América; 12.
Industrias indias y manufacturas populares con la
estadística de las industrias y manufacturas populares; 13. Los animales en los tejidos y bordados
indígenas; 14. Los cantares y la Música indígena.
Las Canciones y Bailables populares de México;
15. Qué ofrenda nuestro País al vsiitante; 16. Pólvora que mata y pólvora que divierte; 17. La reforma agraria de México, desde el punto de vista económico; 18. El Problema agrario de la Laguna; 19.
El ejido de Tarejero; 20. La Cooperativa ideal de
México. Cómo viven, cómo trabajan y cómo reparten las ganancias los ejidatarios de Tarejero; 21.
Producción rural de México; 22. La Universidad y
los campesinos; 23. La Universidad frente al problema agrario; 24. La cultura como privilegio y como patrimonio colectivo; 25. El Instituto Politécnico Nacional; 26. El Socialismo y la Educación; 26.
El problema de las nacionalidades oprimidas y su
resolución en la U R S S.
El Tomo quinto contiene:

1. Los problemas indígenas y su más urgente
tratamiento; 2. La minería y la metalurgia mexicana. 1521-1943; 3. Características cultura les de los
grupos indígenas que habitaron el actual territorio
de Zacatecas; 4. Estudio histórico de Zacatecas;
5. El Problema agrario de México; 6. La capacidad
económica de los municipios de la República Mexicana.
Tomo sexto:

1. Evolución económica y social del valle del
Mezquital; 2. Monografía de Santa María Tepeji;
3. Monografía de Capula; 4. Las artes textiles indígenas Y la industria textil mexicana; 5. El Museo
Nacional de Arqueología, Historia y Etnografía; 6.
Salubridad y Asistencia social· 7. La situación de
México desde el punto de vist~ de la asistencia social. Distribución geográfica de los médicos en la
República (Consideraciones acerca de la mortalidad); 8. Situación actual de la Asistencia Médica
Y social de la República.
F. M. Z.

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                <text>Es una publicación trimestral editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León a través de la Editorial Universitaria. En las páginas principales de Armas y Letras se incluyen textos literarios, particularmente poesía, narrativa y ensayo, de escritores destacados de la localidad, nacionales e internacionales. Inició en 1944 de manera mensual, se mantiene activa en soporte físico y digital.</text>
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              <text>Armas y Letras, Boletín mensual de la Universidad de Nuevo León, 1946, Año 3, No 9, Septiembre 30</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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