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                  <text>mas i ____._rl_s
BOLETIN MENSUAL DE LA UNIVERSIIJAIJ IJE NUEVO LEDN
Registrado como artículo de 2da. clase en la Administración de Correos de Monterrey, N. L., el 29 de Abril de 194J

D.A.S.U.

AÑOVI

LA FUNDACION-

DE MONTERREY

NUM. 9

SEPTIEMBRE 30 DE 1949

LA S PI NTUR AS
IJ E BDN AMPAií
Vladirniro ROSADO OJEDA,

Prosiguiendo sin descanso la obra que iniciaron sus pri•
meros pobladores, la ciudad de Monterrey crece cada día en
.dimensión espacial y espiritual, merced al esfuerzo sin tregua
de los hombres que le prestan todas sus excelencias. A lo largo de 353 años de vida la ciudad ha luchado contra los re•
gateos de la naturaleza: el rigor del clima, el escaso recurso
minero, la pobreza de las tierras, las generaciones humanas
que vieron la luz en este valle aprendieron la hidalga lecció11,
de sus lejanos ancestros al levantar, por encima de estos sig•
nos adversos del destino, la fisonomía cada vez más clara de
una ciudad que se contempla multiplicada por el afán de sus
moradores.
Al hacer un recorrido por estas páginas blancas de nues•
tra historia podemos descubrir con la vista las no bles figuras
de los próceres que dieron puja.,{za y brío al propósito inicial
de sus fundadores para construír un emporio de riqueza y de
trabajo: capitanes, misioneros e indígenas, arrostrando todos
los peligros; la aguerrida tropa que pobló el Nuevo Reyno de
León y que formó la población que emigró hacia las comuni•
dades cercanas; los héroes de nuestra historia política, entre
los que se destaca la figura inquieta de Fray Servando; las
sombras venerables de ios maestros que nos legaron el Cole•
gjo Civil, la Escuela Normal y la Cátedra de Derecho, donde
aparece Gonzalitos, esa apacible trilogía de franciscano, humanista 'V hombre de ciencia. En el recuerdo de esta ciudad
se eneie~de el espíritu de sus buenos gobernantes, hombres
de empresa, trabajadores de las fábricas, y de toda esa multitud anónima de seres esforzados que han ido dejando sus
• vidas en,.el ajetreo diario de los deberes cumplidos.
Honremos a nuestros antepasados con la aceptación de
la responsabilidad que ellos mismos nos han transmitido a
través de tantas generaciones de regiomontanos y que es la
de seguir preocupados en la edificación de una ciudad per•
fe eta, el más elevado ideal a que puede aspirarse y en ~l cual
debe ir comprometido siempre todo afán y todo empeno para asegurar la necesaria superación. Sólo así pagaremos la
contribución histórica que nos corresponde y ayudaremos a
erigir el digno monumento que eternizará la ~e~oria de aque•
llos alucinados caballeros que fincaron sus ilusiones en el re•
gazo de este valle a la esperanza y al amo~ abierto; el.monu•
mento de la gratitud imperecedera, traducido en termmos de
dinamismo, esfuerzo y superación.
"
. i

El 21 de mayo de 1947 un reportazgo internacional con•
movió al mundo científico y artístico que se ocupa de la Arqueología Americana, especialmente de la de México. En lo
·más profundo de las selvas del sur de Chiapas se había descubierto el más rico tesoro de pinturas murales de la América
hispánica. Esta región ha sido hasta la fecha una de las de más
difícil acceso al hombre blanco. Lo tupido de sus junglas, el clima ardiente, las enfermedades tropicales y la alimaña ponzo•
ñosa o fiera constituyen obstáculos casi insuperables. Habitan en ella desde hace muchos siglos pequeños grupos nómadas de indios lacandones, descendientes en plena decadencia
física e intelectual de.aquél opulento pueblo maya que alcanzara la más brillante civilización precolombina del Nuevo
Mundo. Los lacandones, no obstante, conservan algunas costumbres y creencias de sus antepasados y cuidan con gran
amor los venerables monumentos que les legaran.
La comarca está densamente poblada de ruinas, restos de magníficás ciudades que antaño fuer an capitales de
reinos y señoríos mayas. Su época de
duración, que abarca desde los prime-

ros siglos antes de Cristo hasta el siglo X de nuestr a era, constituye el lla1110.do Vi ejo Imperio Maya que se ex( Pasa a la Pág. 8)

..

�•

extcana
(Vida y obra de Rafael Landívar)
Francisco M. ZERTUCHE.

Salvador Tosean□

Y todavía muy corrido el siglo la mente con estéril esfuerzo. AtribuXVIII, el jesuita Rafael Landívar, fas- ya a los animales razón y hablas sacinado por la belleza natural y lo pin- brosas; fa tigue los campos de armas,
toresco de estas tierras y sus co~tum- las tier ras de muerte y arrase a los
bres, publica su Rusticatio Mexicana, reinos bajo escuadrones guerreros.
describiendo con mágico pincel en , Lléname a mi el placer -amor de
forma neoclásica los lagos y los volca- la tierra natal- de visitar las patrias
nes mexicanos, las cataratas guatemal- campiñas siempr e en flor, y con amitecas, la fauna y la flora, el laboreo gos de todas partes recorrer en pirade las minas, las diferentes clases de guas los lagos mexicanos, los amenos
ganados, 1a curiosa vida de los cashuertos de Flora. Contemplaré la cortores, los juegos populares y la psicodill era del Jorullo - reino de Vulcagrafia del mestizaje.
no-; los manantiales cristalinos que
Rafael Landívar nació en Santiago se despeñan de las alturas; el zumo
de los Caballeros de Guatemala el 27 de grana, así tir io como indiano. Luede octubre de 1731. Su padre, de na- go, a las ciudades del castor me envarra oriundez, vino siendo niño a es- caminaré armado de flechas y con la
tas tierras, en donde labró una consi- barreta· a las minas; cuajaré en molderable fortuna. Su madre, Juana Xa- des de barro la miel de la cañana, y
viera Ruiz de Bustamante, nativa tam- desp ués de ir tras los rebaños esparbién como el futuro ' religioso y escri- cidos por la comarca y en pos de las
tor, de Santiago, descendía de promi- fuentes, celebraré los pájaros, los cunentes familias. Hubo otro her mano biles de las fieras y enseñaré los juede Rafael, mayor que éste cinco años, gos.
que murió en 1759.
Confieso que devería velar mis enReci bió en sus años candeales edu- trañas de enlutado pelo y derramar
cación insuperable, ingresando al Co• ama rgas lágrimas; pues mienkas flolegio jesuíta de San Francisco de Bor- rezca n los prados y alumbren las esja y a la Universidad de San Carlos de trellas, mi espírit u y mi pecho siem•
Guatemala, recibiendo a los quince pre serán presa de profundo dolor.
años en esta casa de Estudios el grado Mas aunq ue estoy obligado a esconder
de Maestro. Continuó sus estudios has- la pena, es lícito al sufrimiento arranta la muer te de su padre, acaecida en car recatados suspiros al corazón. Mas
1749, y se transladó a México para ¿a qué conduce desahogarse con ellos?
profesar en la Orden ignaciana.
Ascenderé a la alta cumbre del Pindo
escarpado y suplicante invocaré al insDespués de completar su noviciado, corazón dolorido ambiciona consuelo.
formuló sus votos a los 24 años en
1755.
Tú, que conciertas músicas con el
ebúrneo plectro y a las sagradas miAños más tarde regresó a Guatema• sas enseñas a modular harmonías, pro•
la, y enseñó allí Retórica y Filosofia
picio, asistemc a mí, cantor de asunen el Colegio de la Compañía, en don- tos reales aun que peregrinos; e inspide llegó a ser Rector sirviendo, ade- rame, invocado, la grata melodia.
más, como Prefecto en la Congregación de la Anunciación.

• • •

Al emitirse por Carlos III el decre-

to de la expulsión de los jesuitas en
1767, en estas tierras colonizadas, se
exilió en Bolonia, Italia, en donde vivió la vida de un desterrado, muriendo el 27 de septiembre de 1793, y siendo sepultado en la iglesia de Santa
María de Muratelli.
El jesuita expulso escribió, además
del poema que ahora nos ocupa, "Funebris Declamation pro justis a Soc ietate Jesu exolven dis in funerilllmi.
Dom , Franc isci Figueredo et Victoria.
Popayanensis primum Episcopi, deinde Guatemalen sis Arcliipraesulis". Ed.
Angelopoli. 1766, 4, según las noticias
de Beristáin en su Bibl. Hisp. Sept.,
vol. JI, pp. 129-131.

No pocos ingenios españoles y novohispanos se aplica•
ron en los siglos XVI, XVII y XVIII a narrar las excelencias
naturales, urbanas y costumbristas de las tierras incorporadas
a la Corona Española.
Aparte de las crónicas elaboradas por soldados, frailes y
doctores, que describen los acaecimientos de la Conquista, viven aún en su fresca lozanía histórica esas relaciones que nos
pintan a las tierras americanas en su esplendorosa y exúbera
feracidad.
Francisco Cervantes de Salazar (1514-1575) que vivió
en la capital de la Nueva España desde 1515, nos ofrece sus
Diálogos, que se han titulado México en 1554, en los que
describe la Real y Pontificia Universidad de México, la capital del Vifreinato y sus alrededores; el bachiller don Bemar•
do de Balbuena (1568-1627 ) , nacido en Valdepeñas, en la
Mancha, y avecindado en México desde su niñez, da a la es•
tampa en 'el año de 1604 La Grandeza Mexicana, largo poe•
ma descriptivo de la sede del Virreinato en los amaneceres del
siglo XVII. En él hace revivir la grandiosa ciudad, la más galana de todo el continente: sus calles, jardines y alamedas;
sus templos, torres y fundaciones piadosas; su continuo trá•
fago de arrieros, carros y carretas; su abigarrado desfile de
caballeros, frailes, pícaros, estudiantes, catedráticos y gente
de todos matices, " en donde se habla el español lenguaje más
puro y con mayor cortesarua
' "•

El poema "Rusticatio Mexicana",
que el humanista mexicano D. Agustín
Yáñez ha traducido con el nombre
muy acertado de Po, los campos de
México, mejor que otros a~tores nacionales que le han dado a conocer con
otro título, fué acaso, en su primera
etapa, elaborado en tierras americanas,
y complementado después, con la nostalgia de la patria ausente, en el solar
italiano. La descripa,ión, escrita en
cinco mil hexámetros latinos, fué publicada en Módena en 1781, catorce
años después del decreto de expulsión,
y aparece al siguiente año una nueva
edición, corregida y aumentada que
vió la luz en Bolonia.
La visión landivarian a, que es el
fruto de sus viajes y desp ués el de la
añoranza por los felices años de su niñez, merece ser d ivulgado en estas páginas, en la versión del señor Yáñez.
DE LOS LAGOS DE MEXICO
Libro I.
Oculten otros sus pensamientos bajo arcanos símbolos, por cuya tiniebla nadie ose penetrar, ni torturarse

Hubo, lejos de aquí, en tierras occidentales, il ustre, la ciudad de .México,
espaciosa y poblada; por sus hombres
y riquezas, magníficas, que en pretéritas edades estuvo bajo el dominio de
los indígenas, pero ahora, sometidos
éstos a las armas, señorean los hispanos y su imperio rige la ciudad. La
pirador de las musas; pues, a veces, el
circunda el claro cristal de varias lagunas, cuya onda indolente incita el
resbálar de las piraguas. No intento,
sin embargo, celebrarlas a todas, pues
las que a distancia miran la ciudad,
no se hinchan de tanto caudal que
merezcan la fama. Ni sus aguas alimentan el pez de escamas relucientes,
ni floridas alfombras flo tantes, ni bandadas de ánades. Pero la que quiebra
los purpúreos rayos del sol que emerge de las sombras, y la que se desvía
hacia el sur (un río sinuoso entre ambas, de aguas desbordan-tes, faci lita el
tráfico Y, baten las espumosas orillas,
para el solaz de los pobladores y gracia del campo florido.

FILOSOFIA OE LA CULTURA MEXICANA

LA MUERTE DE LOS ESTILOS
i'C'

I

Cerca, en las riberas frondosas, se
levantan dos ciudades q u e dieron
nombre y fama a los lagos. La remota
antigüedad las llamó con las voces vernáculas de Chalco y Texcoco; y pr efiriendo alinadamente u nas linfas a
otras las glorificó en diverso grado.
Pues, aunque ambas ofrezcan seguros
amparos a las angostas chalupas, y a
manera de altos muros protejan la ciudad, la argentada Chalco más cautiva
a los moradores, porque en sus puras
ondas prosperan las mieses y, entretejidos de arboledas, deliciosos jardines: brillante gloria del lago y desdoro para el agro de pobre cultivo.
En el alveo anchuroso se acomodaban las aguas dulces, afluyendo por
escondi dos canales, tranquilos riachuelos, delgados arroyos inno¡¡imados y
límpidos ríos que ondulan en el verde
(Pasa a la Pág. 7)

bre de 1912. Realizó sus estudios primarios y preparatorios
graduándose de Bachiller y, posteriormente, obtuvo la licen•
ciatura en Derecho por la U niversidad Nacional de México.
Inclinado a la literatura tempranamente, abandonó las
letras .para consagrarse por entero al difícil empeño de la crítica de arte, a la historia y a la arqueología. Visitó a partir de
ese hito de su vocación las más relevantes zonas arqueológicas
de México y de la A mérica Central: Tajín, I..a Venta, Xochicalco (Morelos) ; Monte Albán y Mitla (Oaxaca) ; Chichén
Itzá, Uxmal, Labná, Kabá (Yucatán) ; Tikal, Uaxactún, Quiriguá y Copán (Centroamérica) .
Investigó laboriosa e infatigablemente en el Instituto de
Inve~tigaciones Estéticas de la Universidad Nacional; profesó
la Catedra de Arte Precolombino de México en la Facultad de
Filosofía y Letras, dirigió el Museo de Artes Populares y fué
Jefe del Departamento de Artes Plásticas del Palacio de las
Bellas A rtes.
Como Profesor extraordinario en las diversas anualidades de la Escuela de Verano de la Universidad de Nuevo León
procuró con celo impar la gestión y obtención de varias y valiosas exposiciones arqueológicas y pictóricas -las más im•
Portantes que se han presentado en esta ciudad -para esta
Casa de Estudios, ilustrando el contenido de las mismas con
eruditas c~nferen~ias. sobre múltiples temas de su especialidad.
. Public_o _las siguientes obras: Derecho y Organización Soc1a_l _d e Mexico (193?); La Pintura Mural Prehispánica de
Mexico (folleto incluido en la Revista de la Universidad de
I..a H?bana y en el Boletín Bibliográfico de Antropología
A~ericana (1~39 )f La Escultura Colonial en Guatemala y
Chiapas: su Histona y sus Monumentos ( artículos incluídos
en los Anales del Instituto de Investigaciones Estéticas); el
ensayo opuscular "Juan Cordero y la Pintura Mexicana (en
el Siglo XIX)", aparecido en la Revista "Universidad" de la
Universidad de Nuevo León, del que se editó un nu~eroso
sobretiro y la obra monumental que lo ha consagrado: "Arte
Precolombino de México y de la América Central", publica•
do por la Universidad Nacional Autónoma de México, en
1~4f· No se men~ionan aquí los innumerables trabajos sobre
critica de arte y literatura aparecidos en las más prestigiosas
revistas del país y del extranjero.
"Armas y Letras" enluta sus páginas por esta sensible
fatalidad del destino y la Universidad de Nuevo León · que
sera, perennemente d eudora a los méritos y excelencias de' este
esclarecido maestro, abatido en pleno vuelo y caído en el ejer•
cicio de su propia tarea, ofrece en las columnas de este órgano cultural_ universitario una antología, breve y representativa, que senala las tres más notables direcciones por las que
Toscano encaminó la dinámica de su investigación: Filosofía
de la cultura mexicana, Crítica de arte e Historia literaria.

Una pérdida irreparable acaba de sufrir el país con la
muerte inesperada de uno de sus más legítimos y excelentes
valores: el licenciado Salvador Toscano, investigador y filósofo de la cultura mexicana, arqueólogo eminente y ágil es•
critor cuya pluma sirvió siempre para dar gloria y esplendor
a las letras mexicanas.
I..a Universidad de Nuevo León, particularmente, pierde
en el licenciado Toscano a un amigo ejemplar, desinteresado
y adicto, cuya labor como Conferencista y Maestro Extraordinario de la Escuela de Verano, tuvo siempre el carácter de
una hermosa ofrenda cultural, prodigada con el ademán sen•
cilio de los hombres que han descubierto la naturaleza íntima
de sus manantiales interiores.
Hermosa profesión la de ser guía de la verdad y descubridor audaz de los mundos del espíritu. Salvador T oscano
fu é un apasionado vidente y un fervoroso penetrador de los
secretos símbolos y de las abstrusas formas que se eternizan
en los tesoros artísticos de nuestro pasado histórico. Inteligen•
te y sensible, sereno y generoso - cerebro y corazón-, mantenía vivo el inquieto menester de transitar con tranquila ele•
gancia por los espaciosos caminos del arte, respirar sus trans•
parentes aires y dialogar perennemente con el puro y prístino
ideal de la belleza. Esa fu é su vida. Quien quiera conocerla
y vivirla en su expresión más honda y noble tendrá que acer•
carse a sus fuentes, beber el fre sco líquido y apagar la sed con
su sabor nueiio y -vivificante.
Salvador Toscano nació en Atlixco, Puebla, en diciem•

1 ,,.

E n la vida orgánica de las culturas'
hay momentos en que, como los soles
en ]a mitad de su carrera, ignoramos
si se encuentran en la plenitud o si ya
se inició la hora de su ocaso. Fué precisamente en esta hora dramá tica de
madurez y de muerte cuando se consumó la conquista española en las
áreas tribales indígenas de México.
E n el arte barroco existen indudablemente elementos de disolución : en
el barroco indígena hay un esfuer zo
espiritual, pero tam bién elementos de
disolución. Efectivamente, el arte del
barroco es el arte de la fuga, del movimiento y de la dinámica. Y este sentimiento no es posible buscarlo en la
rígidez de los ar caicos ni en el esta•
tismo de la gran época de Teolilmac:ín, Monte Albán y Tikal, en que se
cifraba la belleza en los espacios vacíos sabiamente distribuidos y en las
grandes masas desnudas de las pirámides. Si, por el contrario, debe buscarse en los estilos de la época que
siguió a estos monumentos.
Es un hecho incontrastable que al
finalizar el antiguo Imperio de los mayas, los muros y paredes de sus templos habian empezado a recubrirse
con estucos y ornamentación labrada.
Palenque representa la más pura época de un barroco moderado: las líneas

se quiebran musicalmente y en toda
su ornamentación de estuco existe un
delicado anhelo de fuga: pero ya en
Quiriguá y en Seibal, en la última
edad de Copán, las estelas empiezan a
estallar en motivos dispersos y desgarrados; se Uenan huecos con una fantasía atormentada: mascarones, plumas, grecas, apéndices, entrelaces,
doisecillos, cetros, todo distribuido caprichosamente par a huir con horror
de las masas desnudas. Cuando los
viejos mayas emigran al través de la
selva americana, van dejando monument os como los de Hochob, Kabá,
Uxmal y Chichén, de un refin ado estilo ultrabar roco.
Las culturas del nor te de México,
por el contrario, fuer on depositarias
de un sentimiento de austeridad que
les venia de Teotih uacá n. Indudablemente que las culturas de Tula, Xochicalco y el Taj ín, que florecieron inmediatamente desp ués de la ciudad
aludida, fueron barrocas¡ pero existe
aquí un gran equili brio que presta a
su estilo una fisonomía moderada inconfundible. Finalmente, los aztecas
parecen haber evolucionado hacia un
p u r i s m o teotibuacano: el OcélotlCuaulixicalli, la Cabeza del Caballer o
Aguila, las esculturas zoomórficas no
sólo son de un reaUsmo admirabl¡ sino deliberadamente opuestas al e~píritu de recargamiento barroco. Sin
embargo, el alma barroca pronto se
descubre en el predominio de la fan-

�tasía sobre el realismo que priva en
su loza: el detallismo y la fineza decorativa de la cerámica mixteca, cholulteca y azteca es ejemplo claro de este nuevo espíritu. Predomína en ella
el detallismot pero sin una dinámica
articulada que produzca nobles conjuntos.
En otras ocasiones, se acude a imitaciones de la antigüedad: el modelo
muchas veces es superado técnicamen'te, aunque carezca del simbolismo arcaico. Una pieza encontrada en Teoti.huacán, un cuauhxicalli de alabastro
en forma de tigre, que hoy se encuentra en el Museo Británico, parece no
ser sino el modelo que sirviera para
el Cuauhxicalli-Océlotl del Museo Nacional de México, procedente de Tenocbtitlán.
El arte de los aztecas es en no pocas ocasiones reálista, pero sólo en
oposición al barroco, del que parece
deliberadamente huir; no se crean
nuevos estilos sino se entregan al romanticismo del pasado, cayendo el arte, en no pocas ocasiones, en imitaciones serviles o en el más ingenuo
academismo. No es extraño que en esta época empiecen a florecer las artes
menores y la miniatnra: el arte del jade se trueca en una técnica; se desarrolla insuperablemente el arte del mosaico y de la pluma; el trabajo en
hueso alcanza su plenitud; y la cerámica, no pocas veces de molde, acusa un preciosismo, un manerismo, que
co'ntrasta con las formas enérgicas y
graves de la antigüedad.
En est~ época asoman por primera
vez las carabelas de los conquistadores. El resto lo consumó no precisamente la traición indígena ni la superioridad técnica europea, sino la intima disolución del único Imperio en
vigilia, el . azteca, que como el maya
atravesaba por una decadencia imperialista y de alianzas señoriales. Eran
viejas culturas que habian rehusado
gobernar, eran razas próximas a su
desaparición ~frágiles, como dijo Hegel; pulverizadas, como dijo Gobineau-, que se inclinaban solemnes y
sin coraje frente a las jóvenes culturas de Oriente.
Estas culturas no fueron, pues, cortadas en flor, como pretendió el romanticismo indianista del siglo pasado -como tampoco podríamos admitir que se trataba de culturas bárbaras
y sin contenido, que pretendían los
hispanistas. Se venció a culturas sin
voluntad: Cortés luchaba contra enemigos cuya superioridad numérica nivelaba un espíritu al ras de la muerte.
Baste pensar que en el momento en
que los españoles arribaron al Anáhuac, Teotihuacán, Monte Albán, Xocbicalco, El Tajín, yacían abandona-

dos y enterrados por el tiempo, y que
las viejas ciudades mayas del sur se
hallaban envueltas por la soledad de
la selva y las raíces del trópico. Spengler, que en algunas otras páginas ocurre en contradicciones, ha escrito con
clara visión a este respecto: "La población maya floreció poco después de
la conquista española, y las grandes
ciudades vacías se cubrieron de bosques, Este hecho no demuestra claramente la brutalidad de los conquistadores -que hubiera sino ineficaz de
haberse encontrado con una humanidad culta en toda su juventud y fecundidad-, sino la extinción interior que
sin duda había comenzado mucho antes".

el centro
. •del cual irradió el arte d eescu1p1r mascaras funerarias arte
, .
'
que
t uvo sus mas
Importantes herederos
enLlos nahuas
de la meseta mex1·
,
. cana.
as mascaras de Teotihuacári .están
talladas
con
notable ausencia de rascr
•
, .
o~S. ps1co1og¡cos o caracteristicas ind1 v1dual_es o mitológicas, pues sólo por
excepc10n, entre los nahuas , las mas, •
ca~as se esculpieron con atributos de
deidades. Seler se preguntaba , consecuentemente, "qué divinidad o mito ~s el . que tales illáscaras representa_n . Sm duda que por su calidad
petrea y falta de perforación en la ca"!d~d de los ojos, tales máscaras no
s1~v1eron para ceremonias o danzas,
as1 que a menos que hayan servido para_ colgar del rostro del ídolo, estas
°:asearas tuvieron una finalidad relacwnada con el culto de los muertos
·pues como sabemos por· el códice Nu~
ttall y otros documentos, el. fardo del ·
m~erto se recubría habitualmente con
mascaras que amparaban el alma del
difunto Y la preservaban de los hechizos. Ahora bien, no obstante la angulosidad .de las máscaras de Teotihuacán y la tendencia a esquematizar
rígidamente el modelo del rostro, Linne encuentra que tales esculturas "indudablemente, deben contarse entre
lo más fino del arte producido por los
pueblos de la antigua América".

LA ESCULTURA TEOTIHUACANA
El estilo es el lenguaje, la forma ex·presiva de una cultura, pero sólo como un resultado de la raza y del ambiente geográfico y cultural que lo rodeó. El arte lapidario de Teotibuacán, con su acentuada tendencia a la
economía de formas, sólo se explica
en aquel mundo de dioses imµlacables,
aquellos que envían al mundo las lluvias que germinan los renuevos -0 que
los ahogan, aquellos dioses impenetrables que han aniquilado la humanidad
eclipsando y destruyendo pasados soles, y, en fin, en aquel mundo desértico del pequeño valle teotihuacano, al
que parece que van las poéticas palabras de Otbón:
Mira el paisaje: inmensidad abajo,
inmensidad, inmensidad arriba . .•
l', en la gris lontananza, como puerto,
el peñascal, desamparado y pobre \ •.
Así surgió en el cuadro de las más
viejas culturas, poco antes de 300 de
nuestra Era, el estilo más austero de
que se tenga noticia. Contemporáneamente el maya veía la realidad y la
transladaba fielmente a su arte, como
un vesultado prodigioso de su capacidad realista de observación; también
los olmecas vieron la realidad y la supieron expresar naturalmente, sólo
que gustaban de añadir los elementos
subjetivos que su fantasía superior les
aconsejaba; por el contrario, el teotihuacano miró la realidad, pero al ex~
presarla artísticamente lo hizo reduciéndola a sus líneas fundamentales, ·
suprimiendo de la naturaleza aquellos
elementos superfluos que oscurecieran
aquellas síntesis extraordinarias. Sin
embargo, el arte cubista y geométrico
de Teotihuacán no nos ha dejado
obras escultóricas maestras; pero sus
herederos, los nahua supieron aprovechar la lección y llevaron a la escultura precolombina de la América
Media a su cenit artistico.

OCELOTI-CUAUHXICALLl, VASO DE CORAZONES EN FORMA DE TIGRE
San Sebaslián, Valle de Teolihuacán. Cultura teotihuacana. Museo Británico

'

HISTORIA LITERARIA

FRANCISCO DE TERRAZAS

CHALCHIUHTLICUE, DIOSA DE LAS AGUAS (?)
Teotihuacán, Valle de México. Cultura teotihuacana. Museo Nacional de l\féxico

La más remota escultura teotihuaca- grandes mascarones del dios de la lluna y aquella en la que está inás agu- via, Tláloc, y de , Quetzalcóatl "la serdamente expresada la tendencia a sim- piente de plumas preciosas". Dicha
plificar geométricamente la realidad, pirámide quedó posteriormente entees la llamada Diosa de las Aguas, la rrada por una estructura piramidal
Chalchiuhllicue de los futuros aztecas, secundaria, ,la cual ostenta menos elala de Ja nsaya de precioso jade", la boración y lujo, como si los teotihuadeidad del agua que corre y que se es- canos reaccionaran al recubrir el pritanca en las lagunas. La diosa está mitivo adoratorio, hacia los viejos pertrabajada con .la monumentalidad que files • desnudos y simples. Quizá para
es propia de aquellas culturas primiti- esta época de retorno al estilo geomé~
vas que, como la olmeca o la maya del trico (es decir, Teotihuacán IV y V en
Petén, surgieron a la vida cargadas de su cerámica, de 600 a 900), los te,otisignificación y presagios; .el basalto huacanos esculpieron el rígido vaso de
monolítico alcanza 3.19 m., de. altura alabastro para sangre de sacrificios
y tiene un ancho y esP,esor superiores que adquiriera el Museo Británico. En
a un metro. El sitio de su hallazgo fue tonces la belleza de los mármoles era
el cuadrángulo de la Plaza de la Lu- bien conocida y apreciada: los teotina -de donde se transladó al Museo huacanos los obtenían de las minas de
Nacional de México- y es, sin duda, Tecalli, en la meseta poblana, y para
contemboránea de la pirámide del esta época los zapotecas de Monte Almismo Jugar_, p~rámide que correspon- bán lll esculpían la lápida Bazán en
de a la cerámica más antigua de la un alabastro obtenido en la cercana
ciudad sagrada (Teotihuacán II), qui- sierra 'del propio valle de Oaxaca. Hay
zá hacia 300 o 400 D. de J. C. La diosa que hacer notar que el vaso de sacriestá tocada de: un enorme• yelmo cua~ ficios (cuauhxicalli) de 'Leotibuacán
drangular; su rostro lo forma no un se ·esculpió en el estilo anguloso tradióvalo sino un rígido encuadramiento, cional, representando el vaso un jainexpresivo en fuerza de carecer de guar echado que en su lomo lleva la
modelado; idéntica angulosidad en- oquedad del recipiente para sangre y
contramos en el cuerpo de la deidad, corazón; ahora bien, salvo en la tenpues su huipil y falda - esta última dencia a expresar la naturaleza en voornamentada con la clásica greca me- ltimenes geométricos, el teotihuacano
xicana- caen rígidamente al suelo; es muy semejante al Océlotl-cuauhxilas piernas siguen, también, la misma ralli, "vaso de sacrificios en forma de
tendencia cubista. Pero analizando el tigre", de los aztecas, tal como si esta
ídolo en su ·conjunto, no podemos ne- últih:la cultura, con menos capacidad
garle belleza a la concepción abstrac- creadora, copiara y perfeccionara los.
ta y deshumanizada.
modelos de la antigüedad.
Esta tendencia al cubismo pare.ció
Pero las esculturas que caracterizan
caer en desuso en el periodo cerámi- al .arte lapidario de Téotihuacán són
co inmediato (Teotibuacán III) hacia las máscaras esculpidas en piedras.
500 de nuestra Era, época para la cual compactas y duras, pórfidos granítise debieron esculpir los tableros de la cos, dioritas y porfiritas --es excepprimaria pirámide a Quetzalcóatl, del cional el empleo de mármoles. Apacuadrángulo de la Ciudadela, con rentemente, en efecto, fué Teotihuacán

No obstante que las noticias publicadas sobre Francisco de Terrazas
-el primer poeta criollo de Méxicose han ampliado desde los tiempos de
García Icazbalceta, todavía ignoramos
la fecha y el lugar de su nacimiento.
Fué hijo del conquistador del mismo
nombre, a quien Berna! Diaz llama
"personaje p}eeminente" y mayordomo y compañero de Cortés; por su
rama materna era hijo de doña Ana
de Obregón, hija de la famosa Mari
López de Obregón, a cuyo entierro
acudieron setenta descendientes vestiM
dos de loba, capuz y toca negra; igualmente, por lo mismo, fué primo del
historiador Baltazar de Obregón.
García lcazbalceta hacía morir al
padre de Terrazas en 1549, siendo alcalde ordinario del Municipio de México y, conjeturalmente, se le menciona como el autor de una Crónica de la
expedición de Cortés a las Hibueras,
que i\luñoz Camarga llama Tratado de
aire y tierra. Nuestro poeta, por lo
mismo, debió nacer antes de 1549, sin
que basta ahora podamos precisar el
dato; sin embargo, el hecho de apareM
cer en 1564 contestando unas coplas a
Eslava nas hace suponer que debió
nacer algunos años antes de 1540.
Ignoramos si Terrazas estuvo en Europa, aunque es más probable ya que
se le menciona como poeta "toscano y
latino". Sin embargo, su lírica italo~
clásica pudo derivar.la de la definitiva
influencia que hacia 1557 debió ejercer Gutierre de Cetina en México.
A la muerte de su padre lo substituyó Como encomendero en parte de Tulancingo, en el Arzobispado de México, y en 'rgualtépec y Asuchila, en Oaxaca. Asi se afirma en una Lista o relación de pueblos formada en la segunda mitad del siglo XVI: "la mitad
de Tulancingo - con sus 2,527 tributarios-, en el Arzobispado de México,
e la mitad de Igualtépeé y Asucbiquizala --con sus 285 tributarios- en el
Obi•pado de Guaxaca, fueron enco-.
mendadas en Francisco de Terrazas,
conquistador e primero tenedor, por
cuya muerte sucedieron en Francisco
de Terrazas, su hijo, e lo posee".
Francisco de Terrazas debió morir
poco antes de 1585, según se desprende de las palabras de Alonso de Zorita,

au_to~ español que para esa fecha es- "buena escuela del siglo XVI".
de ese siglo contradictorio de deprecnb1a. su Historia de la Nueva España,
La obra conocida, sin embargo, por
~ato este que ba escapado a lodos los su escasez. apenas si nos autoriza a sión y esperanza que fué e·l siglo XIX.
Su vida, como su pintura misma, reIO~afos del poeta Y que merece, por
1~ m~srno, transladarse integro: "Fran- conclusiones definitivas: algunas co- presentan un mundo que caía herido
plas circunstancial~s, sonetos y octac~~co de Terrazas, vecino de México, vas, de un poema épico sobre la con- de muerte, pero no sin que cayera grilu¡o de uno de los conquistadores de quista (fu.e no concluyera; dos res- tando voces de esperanza para quieaquellas tierras, donde tiene un muy puestas a Eslava. sobre una pregunta nes venían atrás. Porque su biograb~en repartimiento, comenzó a escri- relativa a la interpretación del Anti- fía, en efecto, la llena un profundo nabzr_ en metro de octava rima la con- guo Testamento. No sólo son obras de cionalismo no pocas veces equivocaquista de la Nueva España; era hom- circu.n stancias sino de juventud, ya do; pero que lo Jlevó a ser uno de los
bre suficiente para ello y de buen jui- que debieron escribirse antes de 1564· precursores de la pintura mexicana,
,
, porque su vida es una lucha continua
crn Y que tenía muy buena habilidad nueve admirables
sonetos líricos que co.ntra los prejuicios europei;antes; su
para todo género de versos castella- se recogieron en recopilaciones del sinos, Y porque 111.urió antes de la aca- glo XVI (Flores de varia poesía y Can- lucha contra el catalán Clavé es el pribar, la. prosigue Juan González, clérigo cionero Manuscrito de Toledo). Debe mer brote de nacionalismo en México
capellan de la Iglesia Mayor de Méxi- hacerse notar, sin embargo, que el Y la primera manifestación de la conco, Y que tiene habilidad y suficiencia más de1icado de los poemas, eomo ]o ciencia de Ja grandeza dél arte mexicano.
para ello y que escribe y lleva el mis- ha comprobado Antonio Castro Leal
Juan Cordero nació en Teziutlán,
mo estilo de Terrazas.
no es sino una paráfrasis de un sane~ Puebla, en 1824, hijo de padre espaLa época de más intensa actividad , to de Camoens; aquel que dice: Dejad
poética de Terrazas va de 1564 a 1584 las heb1·as de oro .. . numerosos frag- ñol, comerciante, y de madre mexicaaño éste en que Cervantes lo eÍogiab~ mentos en octavas rimas de un poema na . Fué en su infancia mercero, es decumplidamente y en que, conforme inconcluso, Nuevo Mundo y Conquista. cir, vendedor amhulante de chuchehemos visto, debía haber muerto en Dicho poema por la muerte de Terra- rías, pero su natural disposición para
el dibujo movió a su padre a enviarlo
la. ciudad de México. En efecto, la zas pretendió ser concluído, como heprimera alusión que se conoce de Te- mos visto, por el capellán catedralicio a la única institución de enseñanza
que poseía México, la antigua Acaderrazas corno poeta es en un proceso Juan González; pero como en el , mamia de San Carlos de México,
.
inquisitorial de 1564, proceso que el nuscrito de Baltazar Dorantes --en alTribunal de la Fe siguiera' por supues- guna ocasión aparece testado el nomCORDERO Y CLAVE
to judaismo a Juan Bautista Corvera· bre de Terrazas y sobrepuesto del de
mencionándose allí a Eslava y a Te: Arrásola-, la confusión acerca de la
· El retorno de Cordero a México es
rrazas como los autores de unas co- atribución correcta de todas las octaotro de los capítulos de la pintura en
plas sobre el Antiguo Testamento que vas parece todavía crecer más.
México en el siglo XIX. Enmedio de
parecieron sospechosas de heterodoaquel México abatido por las guerras
xia; allí aparece Corvera aceptando
extranjeras y por las luchas civiles
ser el autor de algunas poesías que Je. CRITICA DE ARTE
Cordero es la nota violenta, egoísta si
fueron recogidas, pero negando la pase quiere, pero segura dé sí, contra
ternidad de las coplas que originaron
JUAN CORDERO Y LA PINTURA
el complejo de inferioridad nacional.
el proceso y atribuyéndoselas a EslaMEXICANA
EN
EL
SIGLO
XIX
A la reorganizada y floreciente Acava Y a Terrazas, La veracidad de Cordemia de México, a la Academia del
vera en su atribución vino a confir(Fragmentos)
pintor catalán Clavé, presentó su tela
marla el hallazgo de otro proceso inEl Redentor y la Mujer Adúltera. Pinquisitorial en que un cuñado de
Juan Cordero representa todas las tura en tela de tamaño monumental
rrazas, Sebastiáñ. Vázquez, para desvicisitudes,
la miseria y la grandeza, que vino a revelar otra de las persocargo de su conciencia entregó copias
iguales al Tribunal de la Inquisición
(1571).
En 1574 y en 1575 volvemos a encontrar a Terrazas envuelto en otro
grave incidente originado por la rivalidad del arzo_bispo Moya y Contreras
con el entonces virrey de México, rivalidad que culminó con el encarcelamiento de Eslava y Terrazas, este último acusado de ser el autor de un
libelo que apareció fijado en la Catedral en contra de la persona del virrey.
En 1577 se le encuentra figurando
en una recopilación poética Flores de
varia ,poesia, antolÓgía que al parecer
hiciera durante su estancia en México
el poeta español Juan de la Cueva, seleccionando su material de poetas españoles y mexicanos (Cetina, Eslava,
Terrazas, De la Cueva, etcétera).
Para esta época nuestro poeta debía encontrarse en la plenitud y para
entonces debí3: trabajar en su poema
épico octosilábico Nuevó ftfundo y
Conquista que le inspirara La Araucana de ErciUa. La muerte, como hemos
visto, cortó esta promesa de Terrazas.
En 1584 el poeta mereció el elogio del
propio Cervantes, quien en una estrofa bien conocida de su Canto a Caligula, que figura en La Galatea, dice:

Te-

De la región antártica podria
eternizar ingenios soberanos . ..
Francisco, el uno, de Terra:ws tiene
el nombre acá y allá tan conocido
cuya vena caudal nuevq Hipocrene
ha qado al patrio ventul'o~o nido ...

La obra poética de Terrazas es sumamente escasa Y apenas si nos autoriza a emitir juicios definitivos. García Icazbalceta llamaba a nuestro autor "honrada medianía", pero parecía
referirse más bien al poeta épico que
al lírico. En efecto, si juzgamos a Terrazas por sus sonetos y por los fragmentos líricos de su obra trunca, debemos convenir en el desinteresado
elogio de Cervantes. Por otr·a parte no
debemos olvidar que el propio Icazbalceta situaba a nuestro poeta en la

Detalle de La Mujer Adúltera (1853)

�•

LA HISTDRIOGRAFIA MEXICANA
EN NUESTROS DIAS
Julio JIMENEZ RUEDA

La producción histórica en México y eh estos últimos
diez años ha sido de positiva importancia como lo podr~ com•
probar cualquiera que se digne echar una ojeada por la bibliografía que de tan importante tema puede formarse. Al
enriquecimiento de esta bibliografía han contribuído ' institu•
dones que han publicado libros sobre materia histórica, ya
dentro del cuadro de sus publicaciones .regulares, ya como
cooperación con otros planteles, o con los autores, que por
cuenta de ellos trabajan o con instituciones similares.

Autorretrato de Juan Cordero (1857)

natidades de Cordero, al ambicioso ar- quien retrató montado a cáballo destista de composiciones heroicas y, por tacándose sobre un fondo que lo es
lo ipismo, el antepasado inmediato del el bosque de Chapultepec y su ejércimuralismo mexicano. La obra dividió to de caballería. No es seguro que
y apasionó las opiniones de su época. pintara directamente del natural al
Cordero traía consigo la crítica roma- discutido héroe y traidor de nuestro
na que lo elevaba a dimensiones ge- siglo XIX, pero es esta una de las pinniales y aquí encontró a un apasiona- turas más importantes de COrdero no
do defensor, López López, cuya visión tanÍo por la pintura ecuestre sino por
extraordinaria en relación con el arte el paisaje velado que le sirve de marmexicano habremos de glosar más co. Esta pintura aún cuando no fué
adelante; del otro lado estaba Clavé firmada, consta que debió realizarla
y sus· dos discípulos mexicanos, · Re- en 1855, año en que trabajó sobre el
bull y Pina y un apasionado opositor, natural a la esposa de Santa Anna, a
Rafael de Rafael quien lanzó los dar- la señora Dolores Tosta, ataviada y
enjoyada fast_uosall\ente en una sundos envenenados de su ~rítica.
Cordero, criollo temperamental, con tuosa sala de mediados de siglo cuya
escasos veintinueve allos, se consideró ventana mira a una de las torres cael pintor nacional y el hombre desti- tedralicias de México. La compensanado a ocupar la Dirección de pintu- ción del dictador fué la Dirección de
ra en la Academia que retenía Clavé; la rama de la pintura en la Academia,
peto aquel extraordinario reconstruc- ordenando a Couto que se nombrase a
tor de la Academía, organizador de su Cordero en substitución de Clavé; sin
pinacoteca y el primer historiador del embargo, Couto, luchando por ]a. auarte mexicano, don Bernardo Couto, tonomía y fueros de la institución aca. sólo pudo ofrecerle la subdirección démica, consiguió que el propio Sande pintura de la Academia. Cordero ta Anna anulara su decreto, volvienrechazó con rabia e'sta proposición: do así a la obscutidad y al silencio a
"Ilo sacrifiqué -decía- .}os . mejores nuestro artista. Aquella reacción na~
años de mi vida en otros países, ni cionalista, quizá demasiado juvenil,
recibí los favores de la Academia, pa- habia fracasado.
Fatigado, áspero, duro, Cordero hara venir a ser dirigido por el señor
Clavé". Y añade: "Yo huyo de toda lló refugio a su genio en la pintura
comparación ... la Academia llevaría mural Era el primer pintor mexicaa mal que uno d'e sus hijos consienta no que volvía a la pintura heroica des~
un solo I grado de superioridad en otro pués de que, al finalizar la Colonia,
artista que no lo es ... Aún suenan en ' Jimeno y Planes concluyera los temmis oidos los elogios que la bondad ples de las bóvedas catedralicias. Es
romana me ha prodigado, no obstan- verdad que pintó al temple, pero de
te ser allí extranjero". Así rehusó todas suertes la pintura mural requieaquella subdirección ofrecida por Cau- re un pensamiento más profundo y
to, presentando como él mismo escri- grandioso que el de la pintura de cabió su desnudo corazón con todos los ballete; Cordero sacaba genio de su
propia cólera. En 1857 concluía los
defectos de la edad.
Sin embargo, aquel Cordero orgullo- temples de las pechinas y bóvedas de
so y seguro de sí acudió a la peor de Santa Teresa de Méx.ico en la destruílas armas para conseguir la ansiada da cúpula que pintara durante el viDirección, al apoyo del dictador San(Pasa a la Pág. 10)
ta Anna, a su Alteza Serenísima, a

Tal ha sucedido en la Universidad
Nacional que ha venido editando la
Biblioteca del Estudiante Universitario
que comprende tomos de carácter Historiográfico tan importantes como la
Crónica Mexicana de Alvarado Tezozomoc, los t:apitulos de Historia y disertaciones de Clavijero, los Testimo-:
nios de Guadalajara compilados por
don José Cornejo Franco; los Tratados de Diaz de Gamarra; los humanistas de los siglos XVI y XVIII presentados por Gabriel Méndez Planearle;
las Vidas franciscanas de l\lendieta
publicadas por don Juan B. Iguíniz;
los Escritos y memorias de Fray Servando Teresa de Mier, en la selección
de O'Gorman; las Ideas politicas del
obispo Palafox y Mendoza; los Ensayos de Ramírez; los Anales de Xahil;
la Suma Indiana de Sahagún. La conjuración del Marqués 'del Valle de Suárez de Peralta; los Mitos indígenas y
la Breve y sumaria relación de los se~
fiores de la Nueva España de Zorita
y Jas Semblanzas e ideario de Alamán
y la selección de Mora. De las prensas de la Universidad han salido también las aportaciones a la historia de
la cultura realizadas por los Institutos
de Historia y de Investigaciones estéticas como el Códice de Cbimalpopoca, Anales de Cuauhtitlán y Leyenda
de los Soles que tradujo del náhuatl
don Primo Feliciano Velázquez, el Archivo del General Porfirio Díaz, anotado por don Alberto María Carreña;
Las tesis impresas en la antigua UniM
versidad de México,- Las piras funerarias en la Historia y en el arte de México, publicadas ésta y aquélla por
Francisco de la Maza; la Invasión norteamericana en Tab,¡sco, dél Dr. Mes\re Ghigliazza; La Plaza Mayor de México en el siglo XVIII, de Manuel' Toussaint, y la obra de Francisco Hernández, Historiá de las plantas de Nueva
España, que reeditó el Instituto de
Biología de la Universidad Nacional.
Al haber de esta importante institución de cultura hay que acrCditar,
además, la edición de las Obras Completas del Maestro Justo Sierra 1conmemorativa del primer centenario del
nacimiento del ilustre maestro que está en proceso de publicación.
El Instituto Nacional de Antropología e Historia ha realizado también
una importante labor de difusión histórica, con la reanudación de los Ana. les del Museo que constituyen una colección de gran valor para los investigadores y con la edición de obras
como la titulada Edificios Coloniales,
Artísticos e Históricos de la República
Mexicana, que han sido declarados
monumentos o El arte prehispánico de
México. Con motivo del centenario de
la infausta guerra con los Estados Unidos el Instituto dió a las prensas Cha· pultepec en la Guerra con los Estados
Unidos, Churubusco· en la Acción Militar del 20 de agosto de 1847 y el
Convento dieguino de Santa Maria de
los Angeles huitzilopocbco-Churubus0

co. Las guías oficiales de los di!eren-.
tes monumentos que están bajo su custodia como las de Teotihuacán, Acolman, Tenayuca, Santa Mónica, contribuyen eficazmente al conocimiento de
estos lugares tan visitados por nacionales y extranjeros.
El Colegio de México ha venido realizando una serie de jornadas en las
que se discuten temas de interés social
e histórico, fruto de ellas han sido ensayos importantes como el escrito por
Antonio Castro Leal sobre la Politica
internacional de la América Latina y
el de Manuel Chavarría, Alfredo Pa- '
reja Diez Cansejo y otros sobre la Integración politica de Iberoamérica.
Además ha editado importantes ensayos realizados por sus becarios.
El Archivo General de la Nación
con la ayuda de la Universidad ha publicado en estos últimos seis años, documentos de importanciá. que guarda
·en sus acervos, como los procesos de
los Corsarios franceses e ingleses incoados a raíz de la instalación del Tribunal del Santo Oficio en la Nueva España; los Documentos relativos a ·1os
bienes de Hernán Cortés y los Documentos para la historia de la cultura
en México, durante los siglos XVII y
XVIII.
La Biblioteca Americana del Fondo
de Cultura Económica, e m p r e s a de
grandes proporciones, ha venido a poner en manos de los curiosos obras
que tienen ya el sentido de clásicas en
la historia de la cultura en América y
la colección Tierra Firme, ha elaborado ya un panorama de las ciencias,
las artes y las letras en el mundo hispánico.
La Secretaría de Educación Pública
en sus Testimonios de México, há venido a dar a conocer obras que por su
rareza solamente eran patrimonio de
unos cuantos eruditos. Poniéndolas en
°;anos del público lector en general,
difunde instrumentos de cultura de valor inapreciable.
En la Colección de Escritores Mexicanos, editados por la Librería de Porrúa, se completa la tarea de dar a conocer en libros de fácil adquisición,
lo que ha producido México en el pasado y en el presente. Buena parte de
sus volúmenes han sido consagrados a
la historia o a temas relacionados directamente con ella.
Por último, la aportación de la juventud se valora con el solo hecho de
considerar el número de tesiS de valor que han presentado los candidatos
a los grados Académicos en la Facultad de Filosofía y Letras y en la ·Escuela de Antropología y que representan un serio esfueqo de investigación
Y un aporte original a la historiografía
mexicana.
Los maestros ya · consagrados han
seguido sembrando paciente y aun heroicamente, la buena semilla en este
ca_mpo, no tan cultivado que no per~1ta ya el es-fuerzo de muchas generac10nes.

Rustícatío Mexicana
(Viene de la Pág. 2)

ta~iz d~ los campos. Eolo no suelta
alh al Impetuoso Bóreas o al Vendaval: m ~¡ Euro Y el Céfiro se provocan
a hd v10lenta con furiosas borrascas
A_ntes bien, acallado el ulular de lo¡
vientos que huyen a sus guaridas, serena bonanza adormece las claras linM
fas.
Aunque sea de caudal rebosante en
medio de sus aguas brota una c1n:.ísima fuente que no enturbian las doradas arenas de las orillas, ni la afea el
hmo cenagoso de los ,cercanos semb~adios. Fuente tan limpia y translúcida que, a través de sus cristales se
pueden examinar y contar las menudas guijas que caeu en el fondo . Este
raudal, saltando desde muy profundo,
lanza con tan ciego ímpetu la gélida
onda, que ganando la superficie se derrama en anchos círculos. Cómo en
la antiguedad ei griego Alfeo en las
playas porosas, escondiéndose precipitadamente en el antro negro se desliza con paso fugitivo entre las sombras, bajo el mar inmenso y las olas
resonantes, haSta que alcanzando los
confines sicilianos, lanza por tu boca
oh, Aretusa!, su argentada corriente.

Así aquel manantial por secretos pasa1es, fugitivo, cumple su anhelo de lograr el contacto del aire.
Mas es incierto el origen de la füente 111agotable y el empuje con que saltan sus briosas linfas. Hay quien asegur~, conocer por indicios ciertos, que
el arre, soterrado en ocultos socavones
con el frío invernal se condensa e~
gotas, que integrarán después las aguas
saltarinas sobre las praderas y raudales que se prodigan sobre la entraña
de la áspera peña.
O, tal vez, que el agua del mar deslizándose por las cavernas tenebrosas
a través de angostos resquicios bus~
que respiraderos y dejando la sltl y el
detestable sabor en los filtros de Ja tierra, irrumpa en los campos, colme
fuentes Y lagos y vitalice las plantas
con su fresca dulzura. Pero más seguramente, que los refrigerantes veneros se derivan de las altas cumbres
~·ávidas d~ lluvias y hielos, Tal opimon es temda como la más sólida por
aquellos a quienes la madre natdraleza. reve~ó sus admirables arcanos y el
origen inextricable de nuestro manan-

tial. Pues aunque el campo se inter- para que el cuadrúpedo burlara los
ponga entre las eminencias y las aguas
grandes ríos y los lagos.
Y ninguna colina se eleve en la prade~
Es de admirarse también la cola
ra despejada, cumbres gemelas levansingularisima,
de dura escama numetan a las estrellas las atrevidas cúspides, retadoras del cielo, coronadas de rosa totalmente revestida; y para renieve, que, endurecidas por el glacial sistir a la humedad perniciosa está
soplo se endereza a Jo alto. Poco a po- siempre bañada de un aceite o espesa
co derretida por los vientos y la ve- grasa, a la cual la medicina da el nomhemencia del sol, resbalando en las la- ' bre de castóreo, y que el precavido
deras y se cuela por escondrijos, hasta animal esconde en bolsas bajo el vienque, convertida en súbito enjambre de tre ..
gotas, irrumpe y triunfa de las aguas
Pero aunque este animal lleva miempalustres.
bros deformes y extraños, cúpole en
Agréguese otro prodigio extraordi- suerte ser de nobles costumbres. De
nario com,o ninguno, insigne, inusitado, aquí que, ni por ferocidad busque pememorable. Una gran cruz, cortada de lea a dentelladas con los enemigos que
niveo Y macizo mármol, pulida con en su contra levanta la insidiosa rabia, ni !laquea seducido por desmesumano de artífice con exigente cincel
yérguese tlavada en el profundo suel¿ rada ambición, nutriendo zozobras en
del próvido manantial; y tan obstina- el corazón informe. Ira, odio, gula
damente que ni fuerza, ni arte pueden desenfrénada, Jo dejan imperturbable;
ar~ancarla. ¿Qué suceso entraña, y y tampoco se agita por' vengativo ren~
cual sea su origen? Las viejas memo- cor, ni cuidados torcedores. No hay
rias se pierden en la sombra eterna. pesadumbre que abata al castor, sino
En adelante, calle Apolo cirreno Ja cuando ésta lo toca en el honor prefuente Castalia, Júpiter Amón desdeñe cioso de su libertad. Pues si lo caulas líbicas ondas y los manantiales co- tivan férreas cadenas, o lo retiene pripiosos, dón de la clara Aretusa, todos sionero jaula inflexible, al instante
los dioses fluviales apaguen sus fuen- transidas las entrañas de gran dolor,
tes, Y glorifique la fama sólo el ma- se angustia y llena su cárcel de lastinantial mexicano, al cual dió nobleza meros clamores. Y no cesará su hon..
do lamento sino hasta que, rotas sus
y nombre el signo de Cristo.
cadenas regrese a los bosques familiaEs pues, ahora que los astros dejan res.
el mar en quieto abandono, y la onda
Admirarás también las costumbres
azul incita a hogar, presto, de la ribera sacaré la angosta piragua para vi- que es del agrado del castor: su instinsitar los huertos de Flora, llamados to despierto y hábil industria, conschinampas en lengua indígena. Tú, en- truye albergues para su población, diques en los ríos y gobierna en trantretanto, bellisima esposa del Céfiro
que. ataviada con la policromia de la~ quila paz su ciudad crecida.
rosas reinas en los campos, dime,
Apenas Febo, en su carruaje arre¿quién confió las flores a las leves batado a las alturas, incendia la consaguas, Y subyugó el túmido mar a la telación de Cáncer con su antorcha
agricultura, al mismo tiempo en que refulgente, los castores, congregando a
por dádiva tuya, prende en los fru- la selvática familia, se disponen a eritales la sonrisa de los botones?
gir su ciudad, refugio de los congéneDe LOS CASTORES
Libro VI
¿Porqué me entretengo en atacar a
los astutos castores a flechazos y en
examinar sus artificios, su índole sa-gaz Y sus castillos de vigorosos muros, delicia de los bosques y ornato de
la ribera caudalosa?
/
Tú, -Diana poderosa, hecha a perseguir -pletórica la aljaba- a los fugaces castores por bosques y campos
cuéntame cuál fue la habilidad de es'.
ta razaJ su fuerza y trabajo; cuáles sus
dotes y raros miembros. Y los castores que yo flechase por el río, los sacrificaré, rendido, en tus aras.
La América enorme, por donde la
Nueva España se acerca a las ateridas
Osas, oculta compactas manadas de
fieras en el apartamiento de sus selvas
primitivas. Sobresale entre todas el
ingenioso castor, por la prestancia de
su índole y las prendas que disimula
·su cuerpo sin gracia. Vigoroso, no
mayor de tres codos, lo recubre flexible pelambre de dos clases: a raíz del
pelo que se esparce en la du'ra piel se
esconde otro, delicado, de una pulgada, que aventajando casi por lo afelpado a la suavidad de la seda ha merecido el honor de cubrir •la ~ien augusta de los reyes. De cuadrada cabeza y pequeños ojos, la oreja exigua cerrada casi en círculo, las mandíbulas
mordaces armadas de largos dientes,
con que corta en las selvas los robles
afiosos, Y fieramente muerde las manos que lo cogen. Las suyas están dotadas por la naturaleza de aduncos dedos con encorvadas uñas, de los cuales se sirve diligente para varios usos.
Pero también ólorgóle patas deformes
con otro fin: pues ligó sus torneados
dedos con una resistente mt:.mnrana,

res Y baluarte contra la agresión. Exploran el bosque, los ríos y la amena
laguna por donde verdean las frondosas riberas taciturnas. No es raro que
sea elegido el lugar junto a las ondas
del pacifico rio, pues les gusta habitar a su vera. Mas a fin de que la
crecida inesperada no arrase las casas, ni derribe a la ciudad y conturbe
a los moradores, los castores astutos
antes .de construir sus moradas opo~
nen a los ríos diques compactos de
ironcos, que refrenen la corriente y
la obliguen a pasar nivelada.
Prü{cipian por roer el tronco de copa elevada y opulenta, cercano a las
aguas Y a la orilla, para que al caer
pueda tocar la margen opuesta;
Cortado en su base, se derrumba el
sauce añoso y asentándose ha~ta el
otro lado une ambas riberas a modo
de puente. Resuenen las márgenes y
Eco sonora, excitada por el ,intenso
fragor, responde muchas veces en sus
c¿ncavas grutas. Pero el castor, impávido, sube al sauce arrancado de la
tierra Y corta las ramas del tendido
tronco. Como aquel que, guerrero desde sus tiernos años, suele a veces lanzar sus flechas que hienden el aire sibilando. La turba se atemoriza al repentino estridor del proyectil; más él
magná.nimo, se arroja contra los ene~
migas. Asi también la turba de castores, arrostra el estruendo con intrépido corazón1 y se entrega premiosa al
trabajo.
La diligente comunidad se derrama
por todas las orillas; cada uno cumple
su parte, cada cual su cometido. Cortan algunos, redondos troncos en la
margen boscosa, otros, flexibles ramas
de la verde encina y otros amontonan
húmeda arcilla. Se trabaja ardorosamente; el activo rebaño fatiga la selva.
Una vez que hábilmente han prepa(Pasa a la Pág. 10)

�que impone el fresco, es que se hayan que se ha expresado ~¡ gesto de coraempleado hasta trece colores diferen• je de aquél y el de suplica o desespetes con variedad de tonos, tales como ración de los prisioneros desnudos.
el anaranjado, rojo, verde, . azul de La reina, con sus servidores, asiste al
prusia, rosa, amarillo y ocres, deriva- acto, apareciendo luego en ~n~ esce(Viene de la ta. Pág.)
dos en su mayoría de minerales, · pu- na de autosacrificio. Una victima es
ros o mezclados, como óxido de hie- dispuesta para la inmolación. Pero l_o
rro, de cobre y probablemente de co- más grandioso de esta -aparatosa m.I•
saneen ceremonial es una danza cuyas
balto.
El tema que es una guerra se divi- refinadas y teatrales actitudes recuer•
de en tres partes; preparación cere- dan ciertas creaciones de Diaguileff
monial para el acontecimiento, la ba- por la coincidencia de movimientos
talla y la celebración del triunfo. Ca- académicos y naturales. Unos danzanda uno abarca una estancia de las tres tes efectúan malabarismos con largas
que comprende el monumento. El varas y hachas. Los lazos de caderas
asunto indudablemente debió ser de de otros son de tal magnitud que los
suma importancia para Bonampak pa- convierten en una especie de giganra que se la perpetuara con todo lujo tescas libélulas, enfatizando sus mo•
de detalles en una gran composición vimientos con abanicos engarzados en
mangos figurando brazos y manos hu•
mural.
La primera parte representa una se- manos. Sus tocados de plumas de que!•
rie de ceremonias en honor de las di- zal son tan enormes que doblan la al·
vinidades propicias cuyos rostros apa- tura de los portadores. En otro sitio
recen arriba y de las que se espera la unos individuos sentados a la oriental
protección en la guerra, destacando se entregan al parecer a una danza miespecialmente la ·de la lluvia. El rey, mética semejante a las de Indochina y
los grandes señores y sacerdotes apa• Java, ejecutando con las cabezas, br~recen ataviándose o vestidos. Entre zos y manos movimientos estudiadís1los servidores unos se ocupan en abrir mos, simbólicos y de gran elegancia.
los fardos que contienen las vestimen- Más allá un person~je es conducido en
tas, uno sujeta delicadamente al bra• andas. Los grandes señores dispuestos
zo del rey una pulsera, otro 11eva en en fila y en animada plática contem•
brazos a un niño, probablemente el hi· plan el espectáculo.
Entre los valores que hacen de estas
jo del monarca y otros comentan anipinturas
la obra maestra del arte in•
madamente la escena. La reina, con
otras mujeres, forman un grupo aisla- digena precortesiano destacan la ex•
do. En la parte inferior se despliega traordinaria naturalidad y variedad
Detalle de los frescos de Bonampak
un largo cortejo de músicos y danza- de las actitudes muy estudiadas y ele•
rines conducidos por su "director de gantes, ponderadas o de violentos es•
orquesta" empuñando una especie de corzos como en las escenas de la babatuta y acompañados por portadores talla en la que los cuerpos se entrela•
insistia
indebidamente
en
ser
el
destendía por una parte hasta Tabasco,
de gigantescos quitasoles de plumas. zan juntamente con las lanzas, la atiCampeche, Yucatim y Quintana Roo y cubridor de la zona arqueológica.
Las pinturas de Bonampak cubren Los disfraces de los danzantes son ver- nada observación con que se han cap..
por otra hasta Centroamérica. Mucho
se ha discutido el motivo que dehió literalmente las paredes interiores de daderamente quiméricos: uno lleva lado las diferentes emociones psicolóhaber ocasionado el brusco abandono un edificio dividido en tres cámaras y máscara y guantes de cangrejo que gicas de los personajes, sus pinturas
de las ciudades del Viejo Imperio, co- perteneciente a la más genuina arqui- blande amenazadoramente, otros si- corporales que señalan indudablemen•
mo una peste, agotamiento del terreno tectura maya. Por dentro los techos mulan iguanas o lagartos con flores te grados sociales y religiosos, la abrupara la agricultura, decadencia inte• forman bóvedas angulares, y, por fue~ acuáticas, astas de venado y peces en madora riqueza de adornos jerárquilectual y social o guerras, siendo este ra, en la parte superior, se desarrolla sus tocados. Los instrumentos musi- cos y simbólicos que portan en los to·
último el más probable. La época en un gran friso enmarcado entre corni~ cales consisten en conchas de tortuga cados, cuerpos y trajes, hechos de mereferencia fué de gran apogeo cultu- sas. Las pinturas en general están bien usadas como tambores y tocadas con tales finísimos, piedras preciosas, horal y artistico. Algunos de los más cé- conservadas, no obstante la capa de cuernos de venado, un gran "huehuetl;, jas, flores, frutos y plumas, la suntuolebres monumentos de entonces son carbonato de cal cristalizado que se o tambor cilíndrico y vertical con par- sidad de la indumentaria consistente
Copán, Tikal, Palenque, Piedras Ne• fué depositando sobre algunas partes che superior de piel de jaguar, sona- en chaquetas, turbantes y capas de
gras, Uaxactún, etc. A partir del siglo durante doce siglos. La exploración, jas decoradas con plumas y largas piel de jaguar y en largos mantos blan•
XI al XV se desarrolla el segundo pe· excavación y restauración del monu- trompet~s que debían ser de madera cos o anaranjados, siendo de apreciarriodo o Nuevo Imperio Maya, especial- mento y de las pinturas se ha llevado o de barro y cuya existencia en el Mé- se que no baya dos individuos con
iguales atavíos. Los jeroglificos dis•
mente en Yucatán, comenzando la de• a cabo por el Instituto Nacional de An• xico precortesiano se desconocía.
La segunda parte es el combate )le• puestos junto a algunos de ellos se re•
cadencia definitiva de esta civiliza- tropología de México y el Instituto
ción a principios del siglo XVI. Nin• Carnegie de Washington, representa- vado a cabo con gran encarnizamien- fieren a sus nombres y fechas relacio•
gún otro pueblo de la antigua América do este último por su célebre arqueó• to. No obstante lo revuelto del con· nadas con este magno acontecimiento.
Entre las cinco grandes exposiciocomo el maya logró una perfección logo mayista, Dr. Silvanus G. ~orley, junto formado por los principales guemayor en la arquitectura, escultura, muerto recientemente. La copia de las rreros y grandes capitanes se distin• nes que presentó este año la Universicerámica, pintura mural, materóaticas, pinturas, hecha con toda fidelidad, se guen perfectamente ciertas escenas, co- dad de Nuevo León en colaboración
astronomía, calendario, escritura je.. debe al experto artista Agustin Villa• mo los enemigos que caen prisioneros con el Instituto Nacional de Antropo•
y son sujetados por los cabellos, las logia e Historia figuró la de las pin·
roglífica, sistema de numeración, me- gra, del Instituto de Antropología.
La pintura mural al fresco, sobre armas, o mediante lucha cuerpo a cuer- turas de Bonampak. Las otras fueron
dicina, religión, organización social,
grueso aplanado de cal, es un arte en po. El armamento consiste en teas in• del arte de la plumaria, las castas racomercio y agricultura.
el
que destacaron con notable maes- cendiarias, lanzas, hachas, cuchillos, ciales y las costumbres populares en
Bonampak fu é indudablemente a
tría
ciertos pueblos prehispánicos de macanas, escudos y armaduras acol• la pintura mexicana y la del libro.
juzgar por la importancia de su teso•
Monterrey es la tercera ciudad de la
México,
como el mixteco, zapoteco, az- chadas.
ro pictórico m;ia de las ciudades más
La
tercera
parte
comprende
también
República
que tuvo ocasión de admi•
notables del Viejo Imperio. Su pode- teca, huaxteco, teotihuacano y maya,
varios
asuntos.
Sobre
las
gradas
de
rar
el
precioso
acervo artístico a que
correspondiendo
a
este
último
la
su•
rio debió pesar sobre otros pueblos.
un
templo
los
capitanes
entregan
los
nos
hemos
referido
y que goza de una
premacia
estética
y
técnica.
DesgraNo obstante que la época que revelan
sus pintura~ es del siglo VII de unes• ciadamente, dado lo frágil del mate- vencidos al rey, siendo notable lo bien justa fama internacional.
tra era su antigüedad debe ser mayor. rial, no es mucho lo que se conserva
El nombre que tenía originalmente se de ella. Sin embargo, importantes tesdesconoce, pues el de ahora, que sig- timonios se han descubierto en Teonifica "muro pintado,, es convencio- tihuacán, Milla, Monte Albán, Tizatlán,
nal y muy moderno. Se eleva sobre Chacmultún, Tulúm y las recientes de
tres cerros, en un sitio muy estraté- Bonampak, superiores a todas las cigico de aquella misteriosa región chia- tadas. Se liga en cierta forma este ar•
paneca, a tres días de distancia a lo- te con el de los códices y el de la cemo de mula de Agua Azul y sobre el rámica policroma de los pueblos a que
caudaloso río Usumacinta en cuyas hemos aludido.
La composición pictórica de Bomárgenes se eÍevaron algunas de las
nampak
está dispuesta a modo de
más famosas ciudades mayas.
Su descubrimiento se debió propia· grandes frisos horizontales Y supermente al arqueólogo y fotógrafo Giles puestos, con lo que se indica convenHealy, quien en 1946, merced a sumo cionalmente la perspectiva. Las figu•
tacto y paciencia, se captó la confian- ras se delinearon primero en color roza de los celosos guardianes indígenas jo muy suave y luego en negro, llenándel sitio. La historia del hallazgo, pos- dose finalmente los espacios interioteriormente, ha sido trágica. En la in- res con colores más o menos planos,
fortunada expedición organizada por retocados en ciertos sitios Con coloriel Departamento de Bellas Artes de dos opacos al temple. El dibujo es
México perdieron la vida dos de sus fluido y firme. De lo más notable, si
Detalle de los frescos de Bonampak
miembros 1 uno de ellos americano que se tienen en cuenta las dificultades

Las Pinturas de Eonampak

Consideraciones Finales del Informe Rectoral Sobre las Actividades Desarrolladas Durante el Año Escolar 1948 -1949
No obstante la perturbación experimentada en las labores escolares del año recién pasado, los resultados logrados al
final en todas las dependencias universitarias arrojan un rendimiento satisfactorio. El índice de los alumnos aprobados
pone de manifiesto una pronta recuperación del tiempo que
perdió durante la suspensión de las clases, lo cual revela el espíritu de trabajo de los maestros universitarios, y la saludable
reacción estudiantil una vez que desaparecieron los motivos
externos de agitación.
Por otra parte, la vida universitaria se manifiesta vigoro•
sa y llena de fuerza renovadora. Con el eficaz apoyo del Poder Público se ha alcanzado un alto nivel en el presupuesto
de gastos para atender las ingentes necesidades de la Universidad; y aunque todavía es deseable un mejoramiento, parti•
cularmente de los honorarios al Profesorado, debe tomarse en
consideración que ello no ha podido lograrse, porque el con•
tínuo aumento de la población escolar y la multiplicación de
las actividades universitarias han absorbido las mejoras dedicadas por el Congreso a este ramo. Es seguro que bien pron•
to la Universidad verá colmado su anhelo de retribuir mejor
a su magisterio, que bien lo merece por la difícil tarea que tiene encomendada, para mayor bien de su organización aca•
démica.
,
Es motivo de halagiieñas consideraciones respecto del futuro universitario, la realización acometida por ef Gobierno
del Estado de edificios tan importantes como la Escuela de
Medicina y el Colegio Civil que alojará la Escuela de Bachilleres. A nadie se le oculta que los .problemas de local y de
equipos figuran entre los de más urgente resolución, puesto
que, en los últimos años, se han ido estableciendo nuevos es•
tudios o credendo el número de estudiantes en los establecimientos existentes. La Facultad de Ingeniería cuenta ya con
más de 240 alumnos, o sea una población equivalente a la actual de Derecho que es una de las más antiguas. Arquitectu•
ra y Artes Plásticas, son enteramente nuevas y sin embargo
tienen buen número de alumnos. Todas éstas trabajan en el
mismo local que utiliza la administración general de la Universidad y la escuela Nocturna de Bachilleres.
1

Es~ plétora es índice evidente del crecimiento e impor•
tancia que ha cobrado la enseñanza universitaria en Nuevo
León, pero que de paso ha creado en un corto lapso múltiples
problemas de funcionamiento, relacionados íntimamente con
el número de aulas disponibles y el equipo de trabajo indispensable. Tal situación recibirá un alivio de gran considera•
ción en cuanto la Facultad de Medicina y Bachilleres pasen a
los nuevos locales en construcción.

La propia Universidad, no obstante su reducido peculio
en proporción a sus necesidades, ha puesto atención al mejo•
ramiento de laboratorios y bibliotecas. La Escuela de Bachi,
lleres recibió un lote de instrumentos para su gabinete de Física que importó la suma de catorce mil pesos aproximadamente; y Medicina, a su vez, adquirió microscopios Y otros
útiles por valor de nueve mil pesos. La Facultad de Odonto•
logía dotó ampliamente con equipo dental una nueva aula.
La Escuela Industrial y Preparatoria Técnica "Alvaro Obregón" y la Facultad de Ciencias Químicas rea~aron también
importantes adquisiciones para sus laboratonos y talleres.
Conviene recordar igualmente que el Gobierno del Estado, a más de construir un anfiteatro provisional para Medicina, ejecutó obras de acondicionamiento de la Facultad en

el local que rentó para ese objeto, mientras se termina el edificio en que se alojará definitivamente. En dichas obras coo•
peró también la propia Universidad.
Entretanto se atendían estos diversos problemas de organización interior, las labores de investigación científica y de
difusión cultural prosiguieron a un ritmo de intenso trabajo.
El Instituto de Investigaciones Científicas ha continuado la
meritoria obra de reunir, ordenar y clasificar los materiales
que ofrece la naturaleza en el Estado de Nuevo León, a fin de
integrar museos regionales y el General de toda la Entidad
que faciliten los estudios en las escuelas secundarias y prepa•
ratorias. El estudio de plagas vegetales y padecimientos ani•
males y humanos, es otro de los renglones de esta actividad,
que si no es ostentosa ni produce resultados inmediatos es el
único camino para tener dominio sobre la naturaleza y explotar con provecho las riquezas de nuestro territorio. Seria deseable que cada día se incorporasen más y más estudiantes a
la tarea de la investigación científica, que tan necesaria es
par~ el progreso de nuestro país. En síntesis, el Instituto me•
rece el más amplio apoyo del Estado y de la Universidad, no
sólo por sus resultados actuales, sino porque la tarea de organizar y dar vida a los estudios científicos además de ser útil
y necesaria a la Sociedad, requiere una larga preparación y es
obra de generaciones.
La difusión cultural es atendida por el Departamento de
Acción Social Universitaria, mediante la Revista "Universi•
dad" y el Boletín "Armas y Letras"; la organización de conciertos, exposiciones, conferencias y pláticas. Esta actividad
ha culminado en dos manifestaciones particularmente vigoro•
sas; el funcionamiento de clases de pintura y escultura, con
halagadoras perspectivas por el número, calidad y dedicación
de sus estudiantes, que se traducirán en una Escuela de Artes
Plásticas; y los cursos de la Escuela de Verano que por cuarta
vez se realizarán en ·este año, en los meses de julio y agosto.
Como resultado de todas estas actividades la Universidad ha logrado relaciones con todas las Instituciones de Cul•
tura del viejo y nuevo Continente; mantiene un estrecho con•
. tacto con los mejores maestros de la Universidad Nacional y
aún de otros países, que han acudido a las aulas de la nuestra
á dictar conferencias y cursillos de su especialidad; ha desper•
tado el interés no sólo de nuestros propios universitarios y de
otras partes de la República, sino también de la población en•
tera de la ciudad por temas y aspectos de la Cultura Nacional
que nunca
habían sido tocados hasta ahora en nuestro medio.
,
La Universidad se prolonga así hacia el medio social, no sólo
para recibir simpatía y estímulo a su labor, que también consigue con ello, sino para inyectar energías depuradas por el
Arte y la Ciencia a la vida del pueblo.

El día siete del presente dejó de existir, en su
residencia de la ciudad de México, el ilustre pintor
jalisciense José Clemente Orozco, uno de los más al,
tos representativos de la pintura mexicana contemporánea. "Armas y Letras" publicará, en su próxima entrega, un estudio sobre la vida y la obra de tan
esclarecido artista como un sentido homenaje a su
memoria.

Página 9-Ár= y cÍ.lra, .

.

�(Viene de la Pág. 7)

rado todo el material, lo transportan
a lá orilla del impetuoso río: este conduce ramas, aquél estacas apretándolas entre los afilados dientes, y el otro
arcilla con la extremidad enroscada
de la cola. Los castores jóvenes acarreando apresuradamente todo lo demás a las aguas, en donde lás riberas
se pasman ante la mole del puente de
sauce, suministran solícitos a los operarios bañados en sudor cuanto necesitan.
Apretada multitud de castores se
apiña junto al sauce para oponer a las
fluctuantes aguas los diques proyectados. Penetran valerosos las ondas inaccesibles, allí en donde el árbol tendido en la superficie une las orillas, y
bajo la corriente escarban sus manos
el fondo, hasta que logran acabar una
zanja profunda con las aceradas uñas.
Entonces los demás, confiados sobre
el árbol, sumergen troncos robustos en
las aguas que pasan debajo, mientras
el cavador ajusta al hoyo el madero sumergido verticalmente y aprieta la
arena en derredor. Los troncos asentados en el suelo, apoyan en el puente la cabeza; el cual con su peso lo defiende contra el embate del río. Después de fijar el primer travesaño bajo
el puente, excavan más con las uñas,
y clavan los otros hasta que la serie
de troncos en línea recta, ataje el río
e interseccione toda la corriente. Enlazan los troncos con tiernas ramas y
llenan de arcilla los intersticios del
dique. Consolidada después otra y otra
serie de troncos de talado abeto; las
cuales con la ligadura de ramas y barro no dejan escapar una gota del sofrenado río.
De LOS JUEGOS
Libro XV
Algunas veces el pueblo, desdeñando los toros en la llanura, gusta de ir
a ver a los voladores ine-x:pertos. Se
despoja de su corteza resinosa un alto pino, que hiera los luceros radianies con la copa desmelenada. Cortados
en seguida, según costumbre, las frondosas ramas del árbol de Cibeles, lo
enderezan enmedio de la plaza olímpica, y una cadena de soga que lo ciñe a lo largo ofrece escalones al que
sube a la punta.

pendido. Gira luego la máquina y desenrollando las sogas enredadas en el
bífido cilindro, impulsa inmediatamente a los voladores, alargada su
cuerda, a girar por el aire, a dar vueltas como lunas, enlazando unos con
otros círcttlos desmesurados. Entonces sacuden el aire con los pies, o agitan sus manos sistros sonoros, y resuena el aplauso atronador en los bancos, hasta que el vertiginoso movimiento, sueltas ya las sogas, los arroja
al suelo tambaleándose como ebrios.
El pueblo sustituye este palo por
otro muy alto y sueña con celebrar el
juego a carcajadas estrepitosas. Después de que el carpintero desbastó el
pino con el hierro, lo pulió y diestramente lo alisó a perfección, lo embebe de sebo, hasta que brille todo untado. Se levanta entonces a media
plaza el resbaloso palo de reluciente
corteza, cuya punta se corona con un
vaso repleto de dineros. Mas el vulgo
ambicioso no lo tendrá, si antes, sudando un raudal, no trepa al palo maligno y con la mano arranca el vaso
arriba asegurado.
De aquí que muchos con múltiple
empeño, intenten despojar el palo de
sus dones, con fuerzas y mañas. Se lía
este las vacilantes piernas de lazos torcidos, para sostener firmemente sus
progresos, en el ensebado madero. El
otro armándose las manos de agudos
clavos, hincando su punta y apretándose a la untada superficie, con gran
trabajo levanta el cuerpo resbaladizo.
Mas apenas los dos, con presurosas
corvas, han subido un corto trecho
vanamente esperanzados, vienen de
súbito a tierra, frustrados sus deseos.
La turba inquieta estalla en carcajadas de alegría y, ya rendidos, los exhorta a ensayar otra vez la penosa ascención, moviéndolos con el afrentoso
amor del cuantioso lucro. Estos más
enconadamente se entregan al titánico esfuerzo preocupados y temerosos
de la caída. Mas resbalándose muchas
veces hasta el suelo lastimosamente,
desisten ambos de la empresa y del
galardón.

Salvador Toscano Alas Casas Editoria(Viene de la Pág. 6)

rreynato Jimeno y que, restaurada por
el arquitecto de la Hidalga, sirviera
de taller a este lejano precursor del
muralismo mexicano y ese mismo año
firmaba el magnífico y mexicano retrato de doña Francisc~ Ramírez de
Arellano, hoy en Guanajuato. Dos años
más tarde concluía los temples de la
bóyeda de San Fernando de México.
Pero como en su otra composición bíblica de El Redentor y la Mujer Adúltera, la crítica volvió a dividirse y los
partidarios de Clavé a atenacearlo;
hasta la propia curia se volvió contra él y ya en la segunda de las iglesias se nota la fatiga y el descuido que
produce el infortunio de la incomprensión.
En 1860 buscó nuevamente refugio
a su derrota en el matrimonio, y de
ese año debe haber sido el espléndido retrato de su esposa, Angela Osio.
Y entre esta fecha y el fin del Imperio de Maximiliano, se abre en la vida
de Cordero un largo paréntesis. De este tiempo data su época de retratista
de "encargo", con sus visitas a Guanajuato, Jalapa y Mérida en donde a
sueldo realizaba sus fáciles y fríos retratos. Pero de esta temporada datan
óleos fechados en 1865 y 1867 que nos
muestran el estilo de la época de ¡madurez! del artista, estilo agradable,
brillante de color y ciertamente relamido: La Mujer de la Hamaca y La Sonámbula, cuadros que por sus diseños
Y color parecen fecharnos dos telas:
La Bañista -de la cual el boceto, por
espontáneo, nos parece más importante-, y La Cazadora.

Alguna vez, sin embargo, el muchacho acomete el juego tan resueltamente y de tal manera se aprieta al madero con los brazos que se lleva de la
unta la copa. Todos los de los asien- .
tos, entonces, aplauden al vigoroso
vencedor, divulgan su nombre y lo
colman de alabanzas.

Se le corona luego de un amplio
cuadro de roble, y a propósito para
Nada, empero, proporciona un esgirar libremente al aire, y de modo pectáculo tan admirable, como la nuque en su centro pueda levantarse una meros~ multitud de indios cuando se
pértiga hueca, que, terminada en ex- dedica al juego. ·Recogen previamente
tremo bicorne, al moverse el cuadro el hule espeso que destila un árbol
gire en dirección contraria, arrastran- (dióle nombre su virtud elástica), y
do consigo a un muchacho que a hor- acumulándolo forman una pelota grancajadas se sienta encima, apretándose de, que rebotando suba por el aire lial caballete con las córvas y asoman- gero. El equipo, después, forma U!}
do el pecho arriba del extremo bicor- gran circulo, en el cual, el primer tine. Los activos jóvenes envuelven lue- ro lanza la pelota a lo alto, sin que
go la pértiga en que se sienta el va- a nadie le sea licito, una vez lanzada,
liente muchacho, enredándola con do- tocarla con las manos, sino más bien
ble soga, de modo que al desenrrollar- con el muslo, los codos, los hombros
se las apretadas vueltas cada extremo y las rodillas. En seguida, al mismo
se pasee sobre el cepo y lleve a los vo- tiempo que la bola es lanzada a la llaladores por el aire.
nura, todos se enardecen brincando
Como suele ceñirse el trompo baila- sin tregua. Uno la bate con el codc,
dor con un cordel enredado en apre- otro la rechaza con el muslo, éste le
. - tadas vueltas, y al ser lanzado girato- opone la cabeza al caer, ágil el de más
riamente por la tierra, se libra con la allá la devuelve con la rodilla a lo al:rotación de la esclavizadora ligadura, to, o la golpea danzando en el aire
así el palo movible enredado con las con ambos muslos.
sogas gira rápidamente Y suelta los
Mas si acaso cayere al suelo del anlazos.
churoso campo, es fuerza levantarla
Entonces cuatro elegidos entre lo con los codos o las rodillas y lanzarmás granado de la juventud, temero- la al aire. Por esto, podrás ver enton:sos, lujosamente vestidos, ascienden ces a los indios rodar por todo. el cam"Veloces al cuadro superior y se sien- po, basta levantar nuevamente la pert:iui separados, los unos frente a los lota con los codos o las rodillas. Si
,otros, hasta ser amarrados por la cin- alguien se atreviera a tocarla con las
ttura a las sogas enredadas. Cuando manos cuando vuela, tras de recibir
,cada uno se siente atado, se precipita la reprensión por violar impunemente
id~ Jlll salto a la tierra quedando sus- la ley, paga los gastos del juego.

ARMAS Y LETRAS
Boletín Mensual de la Universidad de Nuevo León.
INDICADOR:
Redactores
Francisco M. Zertuche
Carlos ViUegas
Alfonso Reyes Aurrecoechea
Raúl Rangel Frias
Director
Lic. Raúl Rangel Frías
Oficinas
'Wáshington y Colegio Civil
MONTERREY, N. L.
ldEXICO

UNIVERSIDAD DE
NUEVOLEON
Rector
Lic. Raúl Rangel Frías
Secretario
Prof. Antonio Moreno
Seéretario, Encargado del Departamento de Acción Social Universitaria
Prof. Francisco M. Zertuche
Jefe de la Sección Editorial
Prof. Francisco M. Zertuche

les y alos Sres. Distribuidores y Libreros
del Continente
La Universidad de Nuevo León ha
mantenido desde su fundación un
vasto plan editorial que desarrolla al
través de Publicaciones cuya circulación comprende a todas las Instituciones oficiales, universitarias, académicas, ateneístas, centros ,culturales, sociedades de diversa índole y
personas, en América y Europa.
Entre el cuerpo de ediciones que
aquí se imprimen figura nuestro mensuario "ARMAS Y LETRAS", que recientemente ha establecido una sección -LIBROS-, en la que figuran
comentadas las obras últimamente
aparecidas en las prensas americanas.
Dada la extensa órbita de circulación del Boletín arriba mencionado, y
en interés de ofrecer al lector americano una juiciosa información del
fondo y continente de la obra, cotejada a la luz de un criterio ecuánime y
a tono con la moderna interpretación
del pensamiento científico, literario o
artístico, "ARMAS Y LETRAS" se
complace en invitar a ustedes a coadyuvar con este propósito de orden
cultural que anima a la Universidad
de Nuevo León, solicÚándoles el envío de cada una de las ediciones nacidas en sus prestigiosas prensas, las
cuales serán objeto de nuestros comentarios, en la medida que vayan
llegando a nuestras manos.
Los envíos deben hacerse a:
"ARMAS Y LETRAS",
Universidad de Nuevo León,
Plaza del Colegio Civil,
Monterrey, Nuevo León,
México.
Con la satisfacción de haber señalado en las breves líneas que anteceden la resolución de una urgencia inherente a la cultura moderna, y esperando recibir en breve de ustedes el
aliento a esta sugerencia, la Universidad de Nuevo León les testimonia las
vivas expresiones de su más alto reconocimiento.

DEPARTAMENTO DE ACCION
SOCIAL UNIVERSITARIA
SECCION EDITORIAL
OBRAS DE RECIENTE EDICION:
Correspondencia Juárez-Vidaurri. To•
mo l. (Compilación del Lic. Santiago Roel) .................. $10.00
Etica, por el Lic. Genaro Salinas Quiroga. (Obra de texto en el Bachillerato de la Universidad de Nuevo
León y en diversas Instituciones
culturales de la República)
Para estudiantes . . . . . . . . . . $ 9.0t'I
Para el público ........... $10.00
De la soledad y otros pesares (Poemas
de Pedro Garfias) ....... : . $ 5.00

PUBLICACIONES PERIODICAS
Armas y Letras.-Boletín mensual de
la Universidad. Se reparte por canje a las Instituciones de Cultura, y
libremente a quien la solicite.
Universidad. - Revista semestral. Se
distribuye por cambio bibliográfico
a entidades culturales y libremente
a quien la solicite.

Para ' la adquisición de obras de
venta, toda ·correspondencia y valores
deberán remitirse al Jefe del Departamento de Acción Social Universitaria, Lic. Raúl Rangel Frías, Universidad de Nuevo León, Plaza del Colegio
Civil, Monterrey, Nuevo León, Méx.

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                <text>Es una publicación trimestral editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León a través de la Editorial Universitaria. En las páginas principales de Armas y Letras se incluyen textos literarios, particularmente poesía, narrativa y ensayo, de escritores destacados de la localidad, nacionales e internacionales. Inició en 1944 de manera mensual, se mantiene activa en soporte físico y digital.</text>
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    <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
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              <text>Armas y Letras, Boletín mensual de la Universidad de Nuevo León, 1949, Año 6, No 9, Septiembre 30</text>
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              <text>Es una publicación trimestral editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León a través de la Editorial Universitaria. En las páginas principales de Armas y Letras se incluyen textos literarios, particularmente poesía, narrativa y ensayo, de escritores destacados de la localidad, nacionales e internacionales. Inició en 1944 de manera mensual, se mantiene activa en soporte físico y digital.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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