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                  <text>Organo Mensual de la Uníversídad de Nuevo León
Registrado como artículo de 2da. clase en la Administración de Correos de Monterrey, N. L., el 29 de Abril de 1944

Año VIII

D. A, S. U.

!

e

/?
Lenlenario

Núm. JO

Octubre de 19.51

UNIVERSIDAD,

Je! ÁrcipreJfe H u M A N I .e,,. ~

Por entre el apretado vocerío de clérigos y juglares de la
Edad Media española, surge el acento polifónico de Juan Ruk,
Arcipreste de Hita; y al través de las seis centurias que nos separan de su muerte en este preciso año 1951, sigue considerándose
su obra como un vivo paradigma de las letras hispánicas y una
imagen fidelísima de la sociedad de su época.
No en vano Cejador y Frauca aquilata que el Libro de
Buen Amor es el más valiente y acabado que se haya escrito en
lengua española y que, con la Tragicomedia de Calisto y Melibea y el Quijote, se consiguen las tres cumbres literarias de nues•
tro idioma.
La vida del Arcipreste se embosca o se recata en la fronda
opulenta de su varia1ísima obra. De ~hí la ~ificult_ad_ ~e los crÍ•
ticos de escindir la fabula de la autobwgrafra, la ficcwn del hecho cierto lo intangible de lo verosímil; pero sí es una realidad
que se tie~e por reconocida y corre como muy valedera, la circunstancia de que la savia literaria de sus páginas ancestrales
son el espejo fiel de la inquieta sociedad española del siglo XIV.

La cultura de este enigmático Arcipreste de Fita, advertida
y palpada al través de su Libro de Buen Amor, emerge a flor de
agua de sus coplas. La suma de sus conocimientos se desprende
sin duda de la Biblia, de los libros más vulgarizados de Teolo_gía,
Derecho canónico y civil, las obras morales tales como las histo•
rias del Seudo-Catón, la novela alegórica de Albertano de Bres•
cia los libros de ciencia y de filosofía griegas ••• La lengua culta ~ra también frecuentada por este clérigo complutense: el, A~s
Amatoria, de Ovidio, y la novela profana que flore~e esplend!damente en las centurias XII y XIII, con sus colecciones de fa•
bulas sus comedias elegíacas, sus piezas líricas Y sus parodias.
También se señalan entre sus lecturas adictas y predilectas la
Historia Troyana, la novela de Flores y Blan,caflor, las ~aballe•
rías de Tristán, el Alejandre, y los cuentos y fabulas del Libro de
los Engaños, Calila y Dimna y El Conde Lucanor.
Menéndez y Pelayo nos ha presentado
descomp?si~ión
de la obra disímbola del Arcipreste Juan Ruiz en ocho incisos,
con la sagacidad peculiarísima del gran ~aestro de la mode:na
historiografía literaria española, como sigue: u!'-'1 novela ticaresca de factura autobiográfica, cuyo protagonista es el mismo
Arcipreste; una colección de enxie~plos -fábulas_Y c~~ntos que
suelen aparecer envueltos en el dialogo co1!1o a_phcacwn y con•
firmación de los razonamientos-; una parafrasis del Ars Am~ndi, de Ovidio; la comedia De Vetula, del Ps_eudo Phamphtlo,
imitada O más bien parafraseada, pero reducida de ~or1;1~ dramática a forma narrativa; el poema burlesco o parodia ep1ca de

!a

Pasa a la Pág. 8

V~

Acaba de morir A. C. Bames, el descubridor del argyrol.
No sólo era médico, que sabía bien su fisiología; también era hu,
manista de temperamento vehemente, que alternaba sus graves
disciplinas cientificas con frecuentes escapatorias hacia el mun•
do poético de la pintura. Sus viajes eran los del universitario
ideal; ese arquetipo humano en que la realidad y el sueño se conjuntan para disfrutar el aire enrarecido de las superzonas y que,
al pisar la tierra, se entrega íntegramente al acto heróico de ser•
vir, de animar, de iluminar, de brindar óbulos de dicha a quie,
nes también tienen derecho de gozar desde su ángulo de vida.
Barnes sufría las marejadas de la
violencia cuando regateaba el precio
de un Gaugin o un Monet; y era terri~

ble por sus intemperancias como pro~
pietario de la rica pinacoteca en la que

se encerraba a conversar a solas con
sus maravillosos fantasmas. Había hecho una gran fortuna; pero no la dilapidaba; abría el arca de sus riquezas
de arte sólo a los jóvenes pobres que
deseaban recibir, con pinceles y miradas atentas, las primeras lecciones estéticas. Era un maestro caprichoso,
casi voluptuoso, pero con un corazón
trasegado de emociones fértiles. Capitán de una gran empresa de ciencias
aplicadas -la Barnes Company- sólo permitía en ella la colaboración de
doscientos trabajadores manuales a
quienes obligaba a recibir clases diarias de Filosofía. Barnes sabia muy
bien que la Universidad es también
humanidad, no sólo humanidades.
La critica que puede hacerse de la
Universidad de la América Española
de los dias coloniales puntualiza el hecho de que de ella sólo salían doctores
hábiles para escamotear silogismos, estudiosos del griego y el latín, juristas
que se sabían al dedillo las Siete Partidas, juglares de la palabra, retóricos.
;-;o hubo en ella la ardua preocupación
por las ciencias aplicadas; y si es verdad que en el plan de estudios figuraban las Matematicas, no hubo clima
propicio para producir investigadores
científicos como los que otros países
europeos ostentaban. ¿No era posible
que se creyesen en la Trinidad y a la
vez en el binomio de Newton? Nuestra América produjo en aquellos tres
siglos pintores y poetas, algunos músicos y numerosos cultivadores de las
artes industriales; pero en el área de

la ciencia sólo unos cuantos astrónomos, un químico de la talla de Andrés
llanuel del Rio -el descubridor del
Yanadio- , algunos naturalistas que codiciaban noticias sobre plantas medicinales y algunos cosmógrafos como
el mexicano Sigüenza y Góngora.
Abundan los argumentos para explicar aquel hecho histórico, uno de ellos
la presencia del ojo fino del tribunal
supremo que puso en el "lndex" al comentarista que en un rapto de entusiasmo calificó a Lope de Vega "el máximo poeta en la tierra y el cielo"...
Hubo paréntesis de luz, en busca del
saber precolombino. Hubo exploradores del laberinto vegetal, en busca de
drogas y panaceas; escudriñadores de
la psicología del indio, a través de códices y supersticiones, para organizarlo política y económicamente; reconstructores de civilizaciones abolidas,
que aún siguen abrumando la aténción
de los arqueólogos y los antropólogos.
Pero no hubo minorías organizadas
que en el primer renacimiento, el del
siglo XVI, o en el segundo, el del XVIII,
fueran capaces de trabajar "sobre la
tierra misma" para arrancar jalones
duros a la realidad, pensando en el futuro para hacernos poseedores de lo
nuestro, gracias a las técnicas que desamortizan la vasta riqueza que nos hizo millonarios en mendicidad (¡ oh,
Humboldt!). Hubo algunas expediciones científicas (Hernández, Malaspina,
Sessé, ~·Iutis), valiosas, pero sin frutos
que pudieran haber sido anrovechados
dignamente por el pro común.
No se ha trazado aún la semblanza
de aquella Universidad en función humana. Conocemos los estatutos y las
Pasa a la Pág. 8

J

.1

�cidentes del trabajo y que enfermeda-

La Frecuencia de Riesgos a:
Profesionales en
Monterrey(+)
Telésforo CHAPA.

El pasado año de 1950 fuí invitado en asocio de un grupo
de compañeros Médicos para sustentar algunas pláticas sobre
lnfectología en los Cursos de Verano, que vienen realizándose
desde hace seis años con creciente éxito en nuestra Universidad.
Encargo tan honroso me ha sido hecho nuevamente, con otro
tema, por el Jefe de la Sección de Ciencias Médicas de estos even,
tos, Doctor Salvador Martínez Cárdenas.
Los que hemos traspasado la edad
media de la vida, con frecuencia nos
es dable aplicar nuestras disquisicionrs intelectuales al análisis de nuestros actos y acciones; al autoanálisis
critico de actividades científicas, valorizadas o nó, pero que han llenado
nuestra vida, a las veces acariciadas
por el recuerdo de nuestros años juveniles, cuando cargados de libros e ilusiones pasamos por nuestra Facultad,
o cuando ya facultativos cargamos con
el pesado fardo de una responsabilidad social, tan humana como incomprendida; o bien cuando ya en lamadurez de la existencia hurgamos en el
fondo de nuestra conciencia y ella nos
pregunta, cal1ada y firmemente, si hemos cumplido con nuestro deber, si
hemos hecho todo lo que debimos hacer, si, en suma, estamos satisfechos.
Por lo que a mi respecta, y creo que
sea también el caso de la inmensa mayoría de los médicos, siempre, cada
uno, en lo más íntimo de su sér, lleYa
una inquietud y una amargura, por no
haber po&lt;lido dar todo lo que debiéramos o ambicionamos; _porque encontramos que, independientemente del
acervo de nuestros conocimientos científicos, fuera de nuestro sér y ámbito
de acción se mueve un mundo cargado
de dolorc&gt;s, miserias y prejuicios, ante los cuales muchas Yeces somos impotentes.
Nunca como ahora las Ciencias Médicas han logrado más brillantes realizaciones, ni proyectado más clara luz
en el terreno de las Terapéuticas médica i quirúrgica; nunca en el pasado
fué su senda más amplia ni sus éxitos
más rotundos, y, sin embargo .. , cada
día la Humani&lt;lad y con ella los )lédicos encontramos más dolores que mitigar y más miserias que dulcificar.
Afortunadamente en nuestro País, pese a sus detractores, el Régimen de
Seguridad Social "ª 3briendo brechas
hacia un porvenir mejor.
No faltará quien, entre las personas
que me escuchan, se pregunte a qué
vic&gt;nen las someras consideraciones
anteriores y qué relación tienen con
el problema que nos ocupa. Puedo
responder por ellas, que son hijos de
la inquietud cientifica, que nacen y ,iYen en nuestra mente buscando ansiosamente una fórmula de expresión que
se traduzca c-n una propuesta que convierta el placer del cultivo de la Ciencia por la Ciencia misma, con el placer de la Ciencia aplicada al Servicio
de la Humanidad; que luchemos por
una Ciencia que cultivada y perfeccionarla en la serena quietud de los laboratorios no se refugie egoistamente en
el alma del investigador; que no quede confirmada en retortas y microscopios; que no se encierre herméticamente dentro de los muros inanimados
de su recinto; que no sea estática, sino
dinámica; que sea fuente de luz, ge-

2

nerador de ,,ida, emporio de salud y
felicidad humanas y que por ningún
motivo permitamos que se convierta
en un monstruo, que sólo haga florecer
el exclusivismo de sus creatlores y se
trueque en una nueva cOnC'epción de
los cuatro jinetes del Apocalipsis.
Bien sé que no es cosa fácil convertir un sueño en realidad, que lo que
resulta hacedero en la teoría se torne
escabroso y complejo en la práctica;
¿Pero acaso no han sido calificados y
ridiculizados de sueños irrealizables
muchas de las concepciones humanas
más sublimes?
Debemos admitir que en la época
que vivimos la Humanidad se debate
en la más tremenda de las crisis morales que hayan contemplado los siglos; que los acontecimientos históricos se suceden con tremenda vertiginosidad; que muchos hechos de la vida humana no encuentran una respuesta adecuada en la Filosofía que
los sustenta; que el mundo trepida;
que hay inquietud en las almas y temor en los corazones; que a esta etapa que vivimos la envuelve una atmós~
fera densa y pesada, precursora de las
grandes tempestades y que es deber de
todos y cada uno de nosotros buscar
en la Ciencia aplicada al Servicio de
la Humanidad el remedio a nuestros
males y la estructuración de un porvenir más saludable, quieto y placentero.
Es necesario, pues, acomodarnos a
las circunstancias reinantes y tomar
las medidas del caso para ir dando
nuestro pequeño tributo a la resolución de los problemas que dentro de
nuestro terreno de acción conocemos
mejor.
Al ser invitado para cooperar en los
programas de los Cursos de Verano, he
llegado a pensar que sería de utilidad
tratar de aplicar en beneficio de la co1ectüidad ]a rica cosecha de conocimientos científicos de que dispone:.
mos; y particularmente debo manifes~
tar que he sido impresionado con fuerza por la serie y el ancho cúmulo de
hechos relacionados a los problemas
inherentes a los Riesgos Profesionales.
La estadística nos demuestra palmaria e inconcusamente que día tras dia
y hora tras hora un hombre o una mujer de nuestra ciudad yace víctima de
un accidente de trabajo o es presa de
una enfermedad profesional; que hora
tras hora un hogar recibe, junto con
el dolor ele ver a uno ele los suyos víctimas del dolor o de la muerte, el zarpazo de ]a miseria; que hay derroche
de sangre y que se hace presente el
más descarnado menosprecio hacia lo
más caro que el hombre tiene: la salud
e integridad corporal.
No es nuestro propósito exagerar los
hechos, ni ponernos en un tercero utópico. pues bien sabemos que dentro
del mecanismo de la Industria es imprescindible que existan riesgos y ac-

des profesionales tengan que observarse cuya frecuencia y gravedad deben
quedar limitados a lo que pudiéramos llamar "límite de tolerancia". El
objeto de este trabajo es señalar cual
es la magnitud de este problema en
nuestro riiedio, tanto del punto de vista económico como higiénico; Y ]as
medidas que se proponen para reducirlo al referido límite tolerante.
Para llegar a este fin, sería indispensable hacer una revisión cuidadosa
de los hechos, su frecuencia, gravedad, características topográficas, perjuicios económicos y sus consecuencias para el sujeto, la Industria y la
So e i edad, pero no disponiendo del
tiempo necesario me limitaré a señalar
su indice de frecuencia y sus consecuencias.
Nuestra Ley Federal del Trabajo dice: Art. 284.-Riesgos Profesionales
son los accidentes o enfermedades a
que están expuestos los trabajadores
con motivo de sus labores o en ejercicio de ellos. Art. 285.-Accidente del
Trabajo es toda lesión Médico-Quirúrgica o perturbación psíquica o funcional, permanente o transitoria, inmediata o posterior, o la muerte, producida por la acción repeTltina de una
causa exterior que pueda ser medida,
sobrevenida durante el trabajo, en
ejercicio ele éste o como consecuencia
del mismo; y toda lesión interna determinada por un violento esfuerzo, producida en ]as mismas circunstancias y
Art. 286.-Enferme&lt;lad "Profesional es
todo estado patológico que sobreviene
por una causa repetida por largo tiempo como obligada consecuencia de la
clase de trabajo que desempeña el
obrero, o del medio en que se ve obligado a trabajar, y que provoca en el
organismo una lesión o perturbación
funcional permanente o transitoria,
pudiendo ser originada esta enfermedad profesional por agentes físicos,
químicos o biológicos.
En nuestro País. a partir de la vigencia de la Ley Federal del Trabajo,
los organismos respecth·os han venido
aplicimdola sin interrupción, en escala creciente, a medida que nuestra Industria se ha estado desarrollando, es-

tando a cargo de las propias Industrias su cumpliiniento. y &amp;ustentación
económica. A partir del mes de noviembre de 1944 y de acuerdo con la
Ley que creó el Instituto Mexicano del
Seguro Social la parte correspondiente
a su ejecución quedó dentro de las facultades legales de la propia Institución. Por lo que respecta a la Ciudad
de :Monterrey, es del mes de noviembre de 1945 a la fecha, cuando la Caja
Regional controla la atención médica
y obligaciones económicas inherentes
a Riesgos Profesionales. Es, pues, la
Caja Regional la que carga en primer
término con esta tan seria responsabilidad, y es a esta Entidad a la que más
interesa su correcta resolución. Pero
indudablemente que si sobre la Caja
Regional reside la responsabilidad médica y económica, también interesa
profundamente a la Industria, al Gobierno Nacional y a la Sociedad en general, pues los males de unos se reflejan siempre en el campo económico
al resto de la colectividad.
El Instituto )lexicano del Seguro Social con su elevada concepción de la
,,ida moderna sintetizó de manera magistral sus puntos de vista al expresar
en sus considerandos que el obrero se
halla constantemente amenazado por
nm.llitud de riesgos objetivamente creados por el equipo mecánico que maneja o por las condiciones del medio
en que actúa, y cuando tales amenazas
se realizan, causando acci,dentes o enfennedades, fatalmente acarrean la

destrucción de la base económica de
la familia.

Consecuente con sus propios principios, el Seguro Social ha venido ampliando y perfeccionando sus servicios
en el Capitulo de Riesgos Profesionales, representando para la fecha, dentro de su economía, un importante
renglón, que dados los fines sociales
que persigne debe ser visto y estimado
con toda la simpatía que merece.
Para tener una idea de la importancia del problema y estar en aptitud de
apreciarlo debidamente, vamos a dar
cifras correspondientes a los años de
1949 y 1950, que han sido recopiladas
por la Sección de Estadistica de la Caja Regional.

No. de Días de No. de
1949
TOTALES:
Empresas e/Riesgos
ordinarios
Empresas e/Riesgos Bajos
Empresas e/Riesgos )ledio
Empresas e/Riesgos Altos
Empresas e/Riesgos
}Iáximo

INDICE DE:

Casos

Inca p. Trabaj.

7,709

84,661

32,993

100.024

1.098

(2)
(3)
(4)

147
202
3,605
783

3,002
2,321
38,439
9,6i3

3,199
2,6i3
16,887
4,349

19.671
32.350
91.386
77.073

0.402
0.372
0.974
0.952

(5)

2,9i2

31,226

5,885

216.187

2.271

(1)

Frecuencia Grave&lt;lad

No. de Dias de

No. de

INDICE DE:

1950

Casos

In cap.

Trabaj.

Frecuencia Gravedad

TOTALES:
Empresas e/Riesgos
ordinarios
(1)
Empresas e/Riesgos Bajos (2)
Empresas e/Riesgos 1ledio (3)
Empresas e/Riesgos Altos ( 4)
Empresas e/Riesgos
11áximo
(5)

7,687

96,550

37,460

87.845

1.103

129 2,848
256
3,996
3,823 44,925
783 10,895

3,719
3,550
19,190
5,187

14.849
30.870
85.281
64.621

0.328
0.482
1.002
0.899

5,814

198.505

2.495

2,696

De acuerdo con la expediencia de
los dos años (1949 y 1950) se desprende que por cada hora que transcurre
se suscitan 0.88 casos de Riesgos Profesionales, casi uno por hora.
Para obtener los indices de frecuencia se utilizó ]a fórmula conocida que
nos expresa el número de accidentados, con pérdida de tiempo, por un
millón de horas-hombre trabajadas; y
por lo que hace a Jos indices de gravedad se utilizó la que nos expresa el nú-

33,886

mero de días de incapacidad por mil,
entre. el número de I10ras-hombre trabajadas. En esta estadística no están
incluídas las muertes por Riesgos Profesionales.
Los cuadros anteriores son valiosos
desde cualquier punto de vista que se
les estudie. Nos hablan elocuentemente de la titánica lucha de la Caja Regional en sus diversos aspectos técnico, económico y social.
En primer término observamos la

Armas y Letras

frecuencia de los lliesgos en la Indus-

tria local. Para el año de 1949 tenemos
un índice de frecuencia de 100.024 que
es a todas luces sumamente alto y desproporcionado, pues el índice comprobado y aceptado por la Dirección de
Estadistica de la Secretaria del Trabajo de los Estados Unidos, comprendiendo toda clase de Industrias, aún
las más peligrosas, no debe dar una
frecuencia mayor de 18.4, cifra aceptada como promedio nacional.
La experiencia ha demostrado que
aun en las Industrias más peligrosas
se puede llegar a un índice de frecuencia de diez o menos, con la observancia de medidas de protección eficaces.
Se desprende de lo anterior el número de casos por Riesgos, está muy
por encima del límite de tolerancia a
que antes me he referido, pues del estudio comparativo de los indices de
frecuencia aceptados como media nacional en los Estados Unidos (18.4) y
el de 100.024 para la ciudad de Monterrey (1949), encontramos un incremento de 443.4, que realmente es aterrador.
¿A qué se debe esta catastrófica situación? Indudablemente sn explicación sólo se encontrará en una larga
serie de hechos y circunstancias ambientales, las cuales pueden resumirse
así:
lo.-Causas atribuibles a los Patrones.
2o.-Causas atribuibles a los Obreros.
3o.-Causas atribuibles al medio ambiente.
4o.-Causas atribuibles a las Autoridades responsables.
lo.-Causas atribuibles a los
Patrones.
a) .-Desconocimiento real del problema, tanto desde el punto de vista
del índice de frecuencia en nuestro
medio, como de la falta de convencimiento de que dedicar tiempo y dinero a la prev~nción de Riesgos en un
negocio.
b) .-Falta de protección adecuada a
la maquinaria y aparatos y ropas apropiadas en muchos casos.
c) .-Falta de aplicación enérgica de
medidas -disciplinarias para hacer
cumplir ]as disposiciones relativas a
seguridad.
d) .-Falta de mayor cooperación, en
algunos casos, con las Autoridades del
Trabajo.
e) .-Falta de personal especializado
en la prevención de Riesgos.
f) .-Falta de locales higiénicos.
2o.-Causas atribuibles a los Obreros.
a) .-Desconocimiento real del problema.
b) .-Desprecio al peligro.
c) .-Falta de cooperación al negarse a usar ropas y aparatos protectores.
d) .-Temor de ganar menos dinero
cuando trabaja a destajo o argumentando incomodidad.
e) .-Indisciplina a los Reglamentos
Interiores de las fabricas.
f) .-Descuidos y falta de atención.
3o.-Causas atribuibles al medio
ambiente.
a) .-Falta de Cultora.
b) .-Deficiencias crónicas en órganos de los sentidos como vista Y oídos.
c) .-Mala nutrición por alimentación deficiente.
d) .-Ineptitud temporal en el trabajo como consecuencia de toda clase de
excesos.
e) .-Retardo en los estímulos nerviosos.
f) .-Atavismos y viejas costumbres.
g) .-La fatiga por causas diversas.
4o.-Causas atribuibles a las Autoridades responsables.

Octubre de 1951

Nuestra Legislación sobre el trabajo
Y prevención de Riesgos creemos que
es muy deficiente y avanzada; y que si
se aplicara integralmente baria descender automáticamente y en poco
tiempo nuestro alto indice de frecuencia en Riesgos Profesionales, pero desgraciadamente no es ésta la realidad,
pues se encuentran escollos de todas
clases a cada paso, los unos de carácter material o económico y los otros
de origen moral; y es que para que el
Gobierno Nacional tenga éxito en esta
noble cruzada hace falta mayor número de personas técnicamente preparadas que actúen con el deseo sincero de
mejorar la situación en bien de todos
y sobre todas las cosas, y convencernos a la vez que no bastan a resolver
fenómenos sociales de tal magnitud
leyes y decretos si no se modifica el
medio por conducto de una amplia
campaña sistemática de difusión cultural, estableciendo centros de especialización universitaria, que preparen debidamente a los elementos que intervienen en este tipo de relaciones, esto
es, patrones, obreros y médicos, para
que el esfuerzo unido de estos diversos
factores se aplique a la realización de
un programa que haga bajar los indices a límites tolerables, con amplio be~
neficio higiénico y económico para la
colectividad.
La experiencia ha demostrado que
las medidas coersitivas y sanciones legales no han logrado bajar a índices
razonables los Riesgos Profesionales,
si no se hacen acompañar de una labor de convencimiento a base de conocimientos cientificos, impartidos, a
los elementos en juego, esto es, industriales, obreros y Cuerpo Médico.
¿Cómo lograr lo anterior? Pienso
que es llegado el momento de qne los
distintos organismos sobre los cuales
descansen la responsabilidad económica y social en su propio bien y en
el de la colectividad, pongan manos a
la obra para lograr que nuestro indice
de Riesgos Profesionales de 100.024
baje o se acerque al aceptado nacionalmente en los Estados Unidos de
Norteamérica como tolerable 18.4; estos organismos son, en primer término, el Instituto Mexicano del Seguro
Social y en segundo los Patrones, pues
éste recibe el impacto de la lesión económica al ver disminuir su producción, y el primero al reparar económicamente la incapacidad del obrero,
tanto en lo que respecta a los días no
laborados, como a los gastos de curación y hospitalización.
Toda labor de profilaxis social demanda fundamentalmente dos condiciones: primera, cooperación de la co~
lectividad, y, segunda1 personal debidamente adiestrado, pues sin ellas las
mejores Codificaciones, con sus Leyes
y Reglamentos serán prácticamente
inútiles1 por lo que a mi juicio debe
situarse el problema bajo la acción, en
Jo que a Educación Técnica se refiere,
de duestra Universidad.
Una dependencia universitaria sostenida eco\iómicamente por la propia
Lniversidad de Nuevo León y la cooperación de los organismos interesados, los Patrones y el Instituto Mexicano del Seguro Social, puede y debe
crear un Instituto del Trabajo, que
trabajaría como una Unidad, o bien
como parte integrante del Instituto de
Jnvestig;ciones Científicas, que se avoque al estudio de los problemas relativos a la Higiene del Trabajo, con un
laboratorio especializado; a la preparación técnica del personal y a la educación de nuestra clase obrera. Sólo
así nuestra magnifica Legislación sobre el Trabajo podrá rendir el beneficio que se desea.
(•) Conferencia sustentada durante el desarrollo de la Sección de Ciencias Médicas de la
Escuela de Verano, en su VI Anualidad, a
través de los cana.les de la Estación Radioemisora XEFB, por el Doctor Telésforo
Chapa.

La Arquitectura Moderna
de México
Ricardo de ROBINA ROTHIOT.

Nos enfrentamos al problema, nada fácil por cierto, de enjuiciar un fenómeno que todavía no ha cumplido todas las eta•
pas de su desarrollo, y que, por otro lado, viene a ser en cierta
forma una especie de espejo en que nosotros nos vemos refle,
jados con nuestras cualidades y nuestros defectos.
Antes de enfrentarnos directamente con las obras arquitectónicas que ya en tan gran número tenemos en México de esto
que llamamos Arquitectura moderna, vamos, aunque sea en for,
ma suscinta, a dilucidar un poco cuál es el origen de ella, cuáles
son sus antecedentes, o las causas que la motivaron, en una pa,
labra vamos a tratar de indagar cuáles fueron sus padres y las
condiciones de su nacimiento. Para lograr nuestro objeto pasa,
remos una rápida revista histórica a lo que fue el arte de la Arquitectura en la segunda mitad del siglo pasado y a las ideas estéticas que se iban desenvolviendo en un pequeño grupo de pensadores y críticos.
Tanto si llevamos nuestra atención
a los países europeos que habían desa-

rrollado el estilo en la Edad Media y
el Renacimiento, como a la América
Española y en particular a México que
durante la Colonia produjo obras tan
sobresalientes en Arquitectura, salta a
la vista que el desarrollo del arte había quedado a mediados de siglo totalmente paralizado; las últimas obras
de arquitectura se habían producido
inspiradas en el gusto clásico formando esa etapa que se ha llamado del
Neoclasicismo, la cual a manera de
fria y sobria mortaja fué la última manifestación de una arquitectura en piedra que tenía cinco mil años de vida
constante escalonados los estilos más
diferentes que produjeron las obras de
arquitectura de más alto valor estético con que cuenta la humanidad. Los
arquitectos de ese final de siglo, impotentes para erigir obras que pudiesen
competir con aquel pasado tan glorioso, ceden el paso a la legión de arqueólogos y de historiadores que van exhumando a base de paciente método
el arte de todos los tiempos en cualquier parte del globo en que se haya
producido, logrando tener en la misma forma en que lo habían hecho para
la historia política, económica, etc.,
almacenado, clasificado y cuidadosamente guardado en sus archivos todo
aquello que la Arquitectura y el arte
habían producido. Entonces el arquitecto con gran comodidad y despreciando totalmente el concepto más profundo de lo que es el estilo acude a ese
ropero de la historia para buscar las
formas que ha de aplicar a su arquitectura. Así nace esa época falta de
caracteres propios en la cual el arquitecto parece disfrazarse cada dí:J con
un traje diferente, según sus gustos
personales, sin lograr nunca más que
caricaturas de las grandiosas obras
que la arquitectura en piedra habia
producido en su larga vida. Surgen
nuevos templos griegos dedicados a las
transacciones de bolsa, catedrales góticas que ya nada expresan, y al lado
de ellas, arquitecturas exóticas a nuestra cultura occidental, patios árabes,
templos mayas, etc.
La arquitectura se ha convertido en
una moda, que cambia constantemente
en la expresión más superficial del
gusto, en vez de ser un fenómeno regido por las características espirituales
más profundas del hombre.
Esta segunda mitad del siglo pasado
que no pudo crear un mundo de formas nuevo se apega servilmente a la
copia de la naturaleza creyendo ver

siempre en ella la belleza más perfecta; el máximo elogio que se puede hacer de una pintura es el decir nesa mano parece que tiene vida", como si la
función del arte consistiese simplemente en reproducir aquella naturaleza. La arquitectura consecuente con
aquellas ideas cree encontrar un nuevo camino también al copiar las formas naturales y produce esa fugaz etapa que hemos llamado "art nouveau";
los tallos y las flores del lirio cubren
de decoración los edificios y los órdenes c]ásicos asoman por última vez tímidamente entre aquella hojarasca. El
noble arte de la arquitectura que siempre se babia inspirado en las severas
formas de la geometría, se encuentra
ahora convertido en un arte de la ornamentación.
Después de haber formado un cuadro tan poco agradable del arte de la
segunda mitad del siglo pasado, creo
que bien podemos tener ciertos remordimientos de conciencia pensando en
ese triste y heroico grupo de pintores
que aislados de la sociedad y en lucha
siempre con ella, produjeron ese conjunto de bellisimas obras que conocemos con el nombre de "impresionistas", regidas por un gusto y una estética diferentes a las que imperaban en
la sociedad en que se produjeron, no
pudieron ser gastadas en su tiempo y
aquellos pintores ya que nuestro interés en esta ocasión va por el camino
de la arquitectura y no por el de la
pintura.
Esta situación general del arte que
fné sustancialmente la misma en todos
los países de Europa, se encuentra en
México perfectamente bien caracterizada durante ese periodo que se suele
llamar un poco peyorativamente el
''porfirismo", y que nosotros llamaremos 1Uás respetuosamente epoca "porfiriana". La solidez política y la prosperidad económica hacen que esa época sea motivo de alloranza para aqueUos que la vivieron y el número y cantidad de monumentos que nos ha legado son indudablemente un buen titulo para aquellos recuerdos.
Se construyeron edificios públicos,
habitaciones particulares de gran lujo
y monumentos conmemorativos. Francia era el centro a donde convergían
todas las miradas y el punto de donde
irradiaba la moda y el gusto dominante, no sólo en arquitectura sino en todos los aspectos de la vida. Los principales arquitectos de la época fueron a
estudiar a la Escuela de Bellas Artes
Pasa a la Pág. 7

3

�J UI A N 1~ UI l Zf A l~
LIBRO DE BUEN AMOR ·
' 1

ANTOLOGIA
PROLOGO
Onde yo, de mi poquilla ciencia y de mucha y gran rudeza,
entendiendo cuántos bienes hace perder al alma y al cuerpo, y
los males muchos que les apareja y trae el amor loco del pecado
del mundo; escogiendo y amando con buena voluntad salva•
ción y gloria del paraíso para mi ánímo, hice esta chica escritura
en memoria de bien; y compuse este nuevo libro en que son es•
critas algunas maneras y maestrias y sutilezas engañosas del loco
amor del mundo, que usan algunos para pecar. Las cuales, le•
yéndolas y oyéndolas hombre o mujer de buen entendimiento
que se quiere salvar, descogerá, y obrar lo ha; y podrá decir con
el Salmista: Viam veritatis, etcétera.
Otrosí, 1os de poco entendimiento no se perderán; cayendo y cuidando el
mal que hacen o tienen en la voluntad de hacer, y los porfiosos de sus malas
maestrías, y descubrimiento publicado en sus muchas engañosas maneras que
usan para pecar y engañar las mujeres, acordarán la memoria y no despreciarán su fama; ca mucho es cruel quien su fama menosprecia: el Derecho lo dice.
Y querrám más amar a sí mismos que al pecado; que la ordenada caridad, de
sí mismo comienza: el Decreto lo dice. Y desecharán y aborrecerán las maneras
y maestrías malas del loco amor, que hace perder las almas y caer en saña de
Dios, apocando ]a vida y dando mala fama y deshonra, y muchos daños a los
cuerpos. Empero, porque es humanal cosa el pecar, si algunos (lo que no los
consejo) quisiesen usar del loco amor, aquí hallarán algunas maneras para eHo.
Y ansí este mi libro, a todo hombre o mujer, al cuerdo y al no cuerdo, al que
entendiere el bien y escogiere salvación, y obrare bien amando a Dios, otrosí
a) que quisiere el amor loco, en la carrera que andudiere, puede cada uno bien
decir: Intellectum tibi dabo, etcétera.
Aqui dice de cómo el Acipreste rogó a Dios que le diese gracia que pudiese
hacer este libro.
Dios Padre, Dios Hijo, Dios Espíritu Sllllto:
el que nació de la Virgen, esfuerzo nos dé tanto,
que siempre lo loemos en prosa y en canto;
sea de nllestras almas cobertura y manto.
El que hizo el cielo, la tierra y la mar,
El me done su gracia y me quiera alumbrar,
que plleda de cantares nn librete rimar,
que los que lo oyeren pueden solaz tomar.
Tll, Señor Dios mio, que el hombre crieste,
informa y ayuda a mi en tu arcipreste,
que pueda hacer un Libro de buen amor aqueste,
que los cuerpos alegre, y a las almas preste.
Si queredes, serlores, oÍI' un buen solaz,
escuchad el romance, sasegáos en paz;
no os diré mentira en cuanto en él yaz,
ca ror todo el mundo se usa y se haz.
Y porque mejor sea de todos escuchado
hablaros he por trovas y por cuento rimado:

}

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..;..

1'
'

J,~~'~
Un juglar. Ménsula del refectorio de la catedral de Pamplona, Hacia 1330.

4

1~ IE 71 IE lD lE lHI l 71 A
CANTIGA

es un decir hermoso y saber sin pecado,
rcuón más placentera, hablar más apostado.
No tengades que es libro de necio devaneo,
ni creades que es cufa algo que en él leo;
ca según buen dinero yace en vil correo,
así en feo libro está saber no feo.
El ajenuz, de fuera negro más que la peñavera,
blanca harina estQ. so negra cobertera,
azúcar dulce y blanco está en vil cañavera.
So la espina yace la noble rosa flor,
en fea letra está saber de gran doctor;
como so mala capa yace buen bebedor,
asi so el mal tabardo está el Buen amor.
LA DUE!v'A
Si quisieres cunar dueñas u otra cualquiera mujer,
muchas cosas habrás primel'0 de aprender;
para que ella te quiera en su amor querer,
sabe primeramente la mujer escoger.
Cata mujer hermosa, donosa y lozana,
que no sea mucho luenga, otrosí ni enana;
si pudieres, no quieras amar mujer villana,
que de amor no sabe, y es como bausana.
Busca mujer de talla, de cabeza pequeña,
cabellos amarillos, no sean de alheña,
las cejas apartadas, luengas, altas en peña,
ancheta de caderas: ésta es talla de dueña.
Ojos grandes, hermosos, pintados, relucientes,
y de luengas pestaii.as, bien claras y rientes
la~ orejas pequeñas, delgadas; para/ mientes
si ha el cuello alto: atal quieren las gentes.
La nariz afilada, los dientes menudillos,
iguales y bien blancos, un poco apartadillos,
las encías bermejas, los dientes agudillos,
los labios de ta boca, bermejos, angostiltos.
ENJIEMPLO DE TA PROPIEDAD QUE EL DINERO HA
Mucho haz el dinero, y mucho es de amar,
al torpe hace bueno y hombre de prestar,
hace correr al cojo y al mudo hablar,
el que no tiene manos, dineros quiere tomar.
Sea un hombre necio y rudo labrador,
los dineros te hacen hidalgo y sabidor,
cuanto más algo tiene, tanto es más de valor,
el que no ha dineros, no es de sí señor.
Si tuvieres dineros, habrás consoladón,
placer y alegría y del papa ración,
comprarás paraiso, ganarás salvación:
do son muchos dineros, es mucha bendición.
Yo vi e1z corte de Roma, do es la santidad,
que todos el dinero hacen gran humildad,
gran honra le hacian con gran solemnidad.
Todos a él se humillan como a la majestad.
Hacia muchos pr•iores, obispos y abades,
arzobispos, doctores, patriarcas, potestades:
a muchos clérigos necios dábales dignidades.
hacía de verdad mentiras, y de mentiras verdades.
Hacia muchos clérigos y muchos ordenados.
Muchos monjes y monjas, religiosos sobrados,
el dinero los daba por bien examinados;
a los pobl'es decían que no eran lell'ados.
Daba muchos juicios, mucha mala sentencia
con muchos abogados era su mantenencia·
'
en tener pleitos malos y haqer avenencia, '
en cabo por dineros habla penitencia.
El dinero quebranta las prisiones dañosas,
tira cepos y grillos, y cadenas peligrosas,
el que no tiene dineros, échanle las esposas;
por lodo el mundo hace cosas maravillosas.
El hace caballeros de necios aldeanos
condes y ricos hombres de algunos villa~os
con el dinero andan todas hombres lozanos'
cuantos son en el mundo, le besan hoy las ~wnos.
Vi lene1· el dinero las mejol'es moradas
altas y muy costosas, hermosas y pintada~
castillos/ heredades, y villas entorreadas '
servian al dinero, suyas eran comprada~.
Comia muchas manjares de dfoersas naturas
vestía los nobles pwios, doradas vestiduras '
traia joyas preciosas en vicios y holguras '
guarnimientos extraiíos, nobles cabalgadu~as.
Toda mujer del mundo y dueña de alte·a
págase del dinero y de mucha rique:za; "'
ya nunca vi hermosa que quisiese pobreza
do son muchos dineros, y es mucha noble~a.

DE

SERRANA

Do la casa del Cornejo,
primer día de semana,
en comedio del vallejo
encontré una serrana
vestida de buen bermejo,
y buena cinta de lana;
dijel: "Dios te salve, hermana".
Diz: ''¿Qué buscas por la sierra?
¿Cómo andas descaminado?
·
Dije: "Ando por esta tierra,
do querria casar de agrado".
Ella dijo: "No lo yerra
el que aquí es casado,
busca y harrarás de grado,
Mas, pariente, t,í te. cata,
si sabes de sierra algo".
Yol'dije: "Bien sé uuardar vacas,
y yegua en cerro cabalgo,
sé el tobo cómo se mata;
cuando yo en pos dél salgo,
antes to alcanzo que el galgo.
Sé muy bien tornear vacas,
y domar bravo novillo;
sé mazar, y hacer natas,
y hacer el odrecillo;
bien sé gnitar las abarcas,
y tañer el caramillo,
y cabalgar bravo potrillo.
Sé hacer et altibajo,
y sotar a cualquier muedo,
no hallo alto ni bajo
que me ven=a, según cuedo;
cuando a la lucha me abajo,
al. que una vez trabar puedo,
derribo[', si me denuedo".
Diz: "Aquí habrás casamiento
tal cual tií demandudieres;
casw·me he de buen talento
contigo, si alga dieres,
harás buen entendimiento".
Dije/: Pid' lo que quisieres,
y darte he lo que pidieres.
Diz: "Dame un prendedero,
que sea de bermejo paño,
y dame un bel pendero,
y seis anillos de estaño,
un zamarrón disantero.
garnacha para entre el año,
y no hables en engwío.
Dame zarcillos y hebilla
de latón bien reluciente,
y dame toca amarilla
bien listada en la frente,
zapatas hasta rodilla;
y dirá toda la gente;
¡Bien casó Menga Lloriente!".
Yol' dije: "Dal'te he esas cosas
y aun más, si más comides,
bien lozanas y hermosas;
a tus parientes convides,
luego hagamos las bodas,
y esto no lo olvides,
que ya voy por lo que pides".

Batalla entre Don Crunat y Do,ia Cuaresma. De Peter Bruegel "El Viejo".
Museo de Bellas Artes, de Boston.

DE LA PELEA QUE HUBO DON CARNAL CON LA CUARESMA
Acercándose viene un tiempo de Dios saizto;
fúime para mi tierra por holgM algún cuanto,
dende a siete dias era Cuaresma tanto,
puso por todo el mundo miedo y gran espanto.
Estando a la mesa con don jueves Lardero,
trujo a mi dos cartas un ligero trolero;
deciros he las notas, seros he tardinero,
ca, las carlas leídas, dilas al mensajero.
"De mi, Santa Cuaresma, sierva del Salvador
enviada de Dios y a todo pecador,
a todos los arciprestes y clérigos con amar,
salud en Jesucristo hasta la Pascua Mayor:
sabed que me dijeron que ha cerca de un año,
que anda don Carnal sañudo, muy extraño,
astragando mi tierra, haciendo mucho daño,
vertiendo mucha sangre, de lo que más me asaño.
Y por aquesta ra;ón, en virtud de obediencia,
os mando firmemente, so pena de sentencia,
que por mi y por mi ayuno y por mi penitencia,
que lo desafiedes luego con mi carta de creencia.

Armas y Letras

Octubre de /951

/Jecidle de todo en todo, que de hoy siete días,
la mi persona misma, y las compañas mias,
iremos pelear con él, y con todas sus porfías;
creo que se me no detenga en las carnicerias.
Dadle al mensajero esta carta leida,
llévala por la tierra, no la traya escondida,
que no diga su gente que no fué apercibida.
Dada en Castro de Ordiales, en Burgos recibida".
Otra carta traia abierta y sellada,
una concha muy grande de la carta colgada,
aquél el'a el sello de la dueiía nombrada;
la nota es aquesta, a Carnal fué enviada:
"De mi, doña Cuaresma, justicia de la mar,
alguacil de las almas que se han de salvar,
a ti, Carnal goloso, que te no cuidas hartar,
enviote el A.yuno por mi desafiar.
Desde hoy en siete días tú y t11 almohalla
que seades conmigo en el campo a la batalla,
hasta el Sábado Santo daros he lid din falla;
de mllerte o de preso no podrás escapalla".
Las cartas recibidas, don Cal'nal orgulloso
mostró en si esfuerzo, pero estaba medroso;
rw quiso dar respuesta, vino a mí acucioso,
trujo muy gran mesnada, como era poderoso.
Desque vino el día del plaw señalado,
vino don Carnal, que antes estaba esforzado,
de gentes muy garnidas muy bien acompañado:
serie don Alejandro de tal real pagado.
Puso en las delanteras juchos bnenos peones
gallinas y perdices, conejos y capones
'
ánades y lavancos, y gordos ansarones'·
hacian su alarde cerca de los tizones. '
Estos traían lan:as de león delantero:
espetos muy cumplidos de hierro y de madero;
en la buena yantar estos ·vienen primero.
En pos los escudados están los ballesteros
los ánsares, cecinas, costados de carneros '
piernas de puerco fresco, los jamones ent~ros;
luego en pos de aquestos están los caballeros.
Las puestas de la vaca, lechones y cabritos
allí andan saltando y dando grandes gritos/
luego los escuderos, muchos quesuelos fritos.
Traia (mena mesnada rica de infan:ones;
muchos buenos faisanes, los lozanos pavones;
venian muy bien garnidos, enhiestos los pendones;
Eran muy bien labrados, templadas y bien finas
obras de puro cobre tratan por capellinas,
'
por adargas calderas, sartenes y cocinas,
real de tan gran precio no tenian las sardinas.
Estaba don Carnal ricamente asentado
a mesa mucho harta en un rico estrado,
Pasa a la Pág. 6

•

�VienB de la Pág. 5
delante sus juglares, como hombre honrado,

' '

de sus muchas viandas era bien abastado.

Estaba de/unte dél su alférez humil,
el hinojo hincado, en la mano el barril,
tañia a menudo con el añafil;

parlaba mucho el vino, de todos alguacil,

Desque vino la noche, mucho después de cena,
que tenía cada uno ya la talega llena,
pci.ra entrar en hacienda con la dueña serena,
adurmiéronse todos después de la hora buena.
Esa noche los gallos con grmz miedo estuvieron,
velaron con espmzto, ni punto no durmieron:

no habla maravilla, que sus mujeres perdieron;
por ende se alborozaron del ruido que oyeron.
Hacia la media noche en medio de las salas
vino do1ia Cuaresma; jDios Señor, tú me valas!

nol' dedes por dineros vendidos ni alquilado,
ca no ha grado ni gracias el Buen amor cotnprado.
Hiceos pequeño libro de texto, mas la glosa
no creo que es chica, ante es bien gran prosa,
que sobre cada habla se entiende otra cosa,
sin la que se alega en la razón h~rmosa.
De la santidad mucha es bien gran licionario,
mas de juego y de burla es chico breviario;
por ende, hago punto, y cierro mi almario,
séaos chica habla, sofás y letuario.
Señores: héos servido con poca sabiduria,
por os dar solaz a todos habléos en juglaría;
yo un galardón os pido: que por Dios, en romería,
digades un Pater noster por mi y Ave 1\faría.
Era de mil y trescientos y ochenta y un años
fué compuesto el romance, por muchos males y daños
que hacen muchos y muchas a otras con sus engaños,
y por mostrar a los simples hablas y versos exlrmíos.

Dieron voces los gallos, batieron de las alas,
llegw;on a don Carnal aquestas nuevas malas,
Como habla el buen hombre Bobre much comido,
con la mucha viwzda mucho vino ha bebido,
estaba apesgado, y estaba adormido,

por todo el su real entró el apellido.
Todos amodorridos fueron a la pelea,
pusieron las sus haces, ninguno no pleitea;
la campaií.a del mar las sus armas menea,
viniéronse a heril' diciendo todos: "¡ea!"
El pl'imero de lodos que hirió a don Carnal,
fué el puerro cuello albo, e hiriólo muy mal;
hizo/e escupir flema, esta fué gran señal,
tuvo doña Cuaresma, que era suy0 el real.
Vino luego en ayuda la salada sru·dina,
hirió muy reciamente a la gruesa gallina,
atravesósele en el pico, ahogóla aina,
después, a don Carnal falsó[' la capellina.
Venten las grandes mielgas en esta delantera,
los verde/es y jibias guardun la costunera:
vuelta en la pelea de muy mala manera,
cala de cada cabo mucha buena mollera.
De parte de Valencia venian las anguillas,
salpresas y lrechadas a grundes manadillas,
dabun a don Carnal por medio de las costillas,
las truchas de Alberche dábanle en las mejillas.
Ahi mzdaba el aUm como un bravo león,
hallóse con doz, Tocino, díjole mucho baldón,
di no por doña Cecina que[' desvió el pendón,
diérale a don Ladrón por medio del col'azón.
De Santander vinieron las bermejas langostas,
traímz muchas saetas en sus aljibas postas,
hacían a don Carnal pagar todas las costas;
las plazas que eran anchas hacíansele angostas.
Como estaba ya con muy pocas campañas,
el jabalin y el ciervo huyeron a las monlaiias,
todas las otras reses fuéI'onle muy exil'mias,
los que con él fincaron, no vallan dos castmias.
Si 1w fuese la cecina con el grueso tocino,
que estaba amarilli, de días mol'tecino,
que no podía de gordo lidiar sin el buen vino,
estaba muy señero, cercado y mezquino.
La mesnada del mar hi;;ose un il'opel,
hincaron laS espuelas, dieron todos en él,
1w le quisieron mata1·, hubieron duelo dél,
a él y a los suyos melieron en un col'del.
Trujéronlos alados porque no escapasen,
diéronlos a la dueiia antes que se ahorrasen;
mandó luego la dueña que a Carnal guardasen,
y a doria Cecina con el tocino colgasen.
Mandó/os colgar altos, bien como atalaya,
y que a descolgallos 1zinguno i 1w vaya;
luego los enhoracaron de una viga de Jwya;
el sayón iba diciendo: "Quien tal hizo, tal haya".
Mandó a don Carnal que guardase el ayuno,
y que lo tuviesen encerrado, a do no lo vea ninguno,
si no fuese doliente, o confesor alguno,
y que/' diesen a comer al día manjar uno.
DE COMO DICE EL ARCIPRESTE QUE SE HA DE ENTENDER
ESTE SU LIBRO
Porque Santa María, según que dicho he,
es comienzo y f-in del bien, tal es mi fe,
hizle cuatro cantares, y con tanto haré
punto a mi librete, mas no lo cerraré.
Buena propiedad ha, do quiera que se lea,
que si lo oye alguno que tenga mujer fea,
o si mujer lo oye que su marido vil sea,
hacer a Dios servicio en punto lo desea.
Desea oir misas y hacer oblaciones,
desea dar a pobres bodigos y raciones,
hacer mucha limosna, y decir oraciones;
Dios con esto se sirve; bien lo vedes, varones.
Cualquiera hombre que lo oya, si bien trovar supiera,
puede más añadir y enmendar si quisiére,
ande de mwzo en mano a quienquier quel' pidiere,
como pella las dueñas, tómelo quien pudiere.
Pues es de Buen amor, emprestad/o de grado,
nol' neguedes su nombre, ni dedes refertado,

6

BIBLIOGRAFIA
Para una bibliografía completa -con excepción de las Historias generales
de la Jiteratura españo1a- véase la obra de Lecoy, indicada más abajo. Acerca
del sentido social de la sátira del Arcipreste pueden leerse las páginas 98-99
de la Literatura castella1,a de ~lanuel de Montolíu, Barcelona 1930, y los apuntes de Dámaso Alonso sobre La injusticia social en la literatura española, en
Hora de Espm1a, II, 1937. Las obras esenciales para el estudio del Libro de
buen amor son:
EDICIONES
Juan Ruiz, Arcipreste de Hita; Libro de buen amor. Texte du XIVe, siecle
publié ... par Jean Ducamin. Toulouse (E. Priva!) 1901 Págs. LIV-343. Reproducción paJeográfica del manuscrito de Salamanca y, en nota, de las variantes de los otros dos códices.
Juan Ruiz, Arcipreste de Hita; Libro de buen amor. Edición y notas de
Julio Cejador y Franca. Madrid. Clásicos castellanos. Ediciones de "La Lectura", 1913. Dos volúmenes. Págs. XL-300 y 342. Texto basado en el manuscrito
de Gayoso; las notas son farragosas y muchas veces desatinadas, pero contienen material utilizable.
VOCABULARIOS
Henry B. Richardson; An Etymological vocabulary to the Libro de Buen
amor of Juan Ruiz, arcipreste de Hita. Yale University Press. 1930. Págs. IX-251.
Aceptable en general; presenta deficiencias en la explicación de los términos
geográficos y omisiones en las voces de varios usos o construcciones (quedan
sin explicación, por ejemplo: "criado" en 429a, "tanto" en 1067e, "pinto" en
1402a y 1404c, etc.). Puede completarse una que otra vez con el extravagante
Glosario sobre Juan Ruiz de José Maria Aguado (~fadrid, 1929, 637 Págs.) que
tiene la ventaja de ofrecer ocasionalmente ejemplos de otros textos medievales.
Muy valiosos para aclarar el léxico son varios artículos de la Revista de Filologia Española: Américo Castro. l:nos arnnceles de Aduanas del siglo XIII,
XIII-IX, 1921-1922; Adiciones hispánicas al "Diccionario etimológico" de Meyer-Lübke, V-VI, 1918-1919; Estular, XVI, 1929 (completado por Leo Spitzer en
el léxico románico, VII, 1920; Max Leopold Wagner, Algunas observaciones generales sobre el judeoespañol de oriente X, 1923; A. S. Yahuda, contribución
al estudio del judeoespañol, II, 1915 y las reseñas de la edición de Cejador, del
Vocabulary de Richardson y del artículo de Forest sobre galicismos antiguos.
Importantes también son la reseña de la edición de Ducamin donde Menéndez
Pida! señala el carácter dialectal leonés de la lengua del manuscrito de Salamanca (Romanía, lC(.X, 1901), y la de Cejador por Georges Cirot (Bulletin
Hispanique, XV, 1913) con explicación de términos, ejemplos y algunas rectificaciones.
ESTUDIOS
Félix Lecoy; Recherches sur le Libro de buen amor. París (E. Droz) 1938.
Págs. 374. Revisión de todos los aspectos del Libro -texto, versificación, lengua, temas-, que atiende en primer lugar a sus relaciones con toda la literatura medieval de Europa, particularmente con la latina y la francesa. La critica
juiciosa, fina erudición y lucidez poco común de esta obra la hacen insustituible
en el estudio del Buen amor,
Ramón ~fonéndez Pida!; Poesía juglaresca y juglares. Madrid (Centro de
estudios históricos) 1924. Contiene noticias de gran valor para la inteligencia
del marco cultural en que surgió el libro, principalmente para su lírica y música. Las páginas consagradas al elemento juglaresco del poema son ya clásicas en los estudios sobre Juan Ruiz. Incluye, además, varias correcciones al
-texto.
Leo Spitzer; Sur Auffass,mg der Kunst des Arcipreste de Hita. Zeilsschrifl·
für romanische Philologie, LIV, 1934, Págs. 237-270. Con criterio idealista apoyado en hondo conocimiento de la literatura medieval en romance destaca el
sentimiento unitario del libro -su intención didáctica- y recha~a la interpretación biografica. La visión sintética de Spitzer y el examen analítico de
Lecoy coinciden en esencia, y forman el comentario más compléto del Buen
amor: a ambos sigue la presente Selección. Del ilustre hispanista, actualmente
profesor _en la John Hopkins University, pueden verse además algunas nuevas
observacrnnes en la reseña del libro de Leeoy publicada en ]a Revista de Filosofía Hispánica de Buenos Aires, 1939. I. 3.
F. Weisser; Sprachlic he Kunstmiltel des Erzpriesters von Hita. Volkstum
und Kultur der Romanen. VII, 1934. Págs, 164-243. Es hasta la fecha el único
estudio estilístico del Buen amor. Su valor es muy discutible; comentarios discr~tos de algunas escenas Y pormenores alternan con arbitrariedades y errores
11
ff~ dentes. En su mayor parte es un puro inventario (ni siquiera completo) de
giros Y frases alineados sin orden visible.

Armas y Letras

La Arquitectura ...
Viene de la Pág. 3
de París Y trajeron sus enseñanzas a
la de Bellas Artes de México.
El Arquitecto Emilio Dondé proyectó residencias lujosas en diferentes estilos Y construyó el templo de San Felipe en un estilo semejante al i-ománico-bizantino. Don Antonio Rivas l\lercado, uno de los arquitectos más distinguidos de su tiempo, construía obras
como el moni..tmento a la Independencia, que no solamente se cuenta entre
lo mejor de su época desde el punto
de vista artístico, sino que además introdujo innovaciones técnicas, como el
uso de pilotes apoyados a gran profundidad.
Pero la arquitectura mexicana a pesar de esas personalidades no se salvaba de su dependencia del extranjero, especia]mente de Francia como ya
hemos apuntado, ni de la confusión
reinante en todo el mundo respecto al
esliJo que se debía de seguir, como si
fuese posible el determinar éste, en un
acto de voluntad "a priori". Lo más
característico de esta situación fué el
concurso convocado en Paris, no en
México, para la construcción del Palacio Legislativo, aquel edificio que
por su destino iba a ser la representación material de la nación misma.
El arquitecto ganador del primer premio, Emilio Bénard, se trasladó a México seguido por varios arquitectos franceses para llevar a cabo la ejecución
de las obras, marcando así toda una
etapa en la arquitectura mexicana de
fin de siglo.
Poco tiempo después, al despertar de
nuestro siglo, se emprende otra obra
de dimensiones colosales, el Palacio
de Bellas Artes, cuya ejecución se encarga al arquitecto italiano Adamo
Boarí, qua usa en él Jas por entonces
flamantes formas del Hart nouveau",
dejando en México posiblemente la
obra más acabada y de mayor mérito
entre las construidas en aquella modalidad. Su plan general es claro y bien
ordenado y en ]os detalles se nota una
finura de dibujo y buenas proporciones que nos dan idea de que fué lo más
que pudo lograrse dentro de los limites de aquella arquitectura.
Otros édificios de menor importancia son construidos en los más variados estilos: El edificio de Correos del
mismo Boarí en estilo gótico, el quiosco de la Alameda de Sta. Maria en un
morisco español, la actual Secretaría
de Gobernación en ]as fQrmas del Renacimiento, etc.
Todas estas construcciones en la
misma forma que sus contemporáneas
de Europa ponen en uso estructuralmente dos nuevos materiales: el hierro
y el concreto.
El primero de estos materiales era
conocido desde la más remota antigüedad. Baste decir que en el poema de
la Ilíada se menciona como un metal
precioso de un valor superior al oro
mismó. Sin embargo su uso en arquitectura no aparece hasta los primeros
años del siglo pasado, pero su aparición es tan feJiz que a partir de ese
momento no será ya abandonado ni en
arquitectura ni en las grandes obras
de ingenieria. Los grandes pabellones
de ]as exposiciones de París y Londres
lo emplean exhaustivamente combinado con el vidrio en un tipo especial de
construcciones donde la técnica es llevada a un perfeccionamiento que aún
no hemos superado nosotros en la actualidad.
El segundo de los materiales que hemos citado, el concreto, marca su presencia en la construcción hacia el año
de 1894, apareciendo por vez primera
en la Iglesia de San Juan en Montmatre.

Octubre de 1951

Pero hay algo que nos interesa· su!J.
rayar muy especialmente en Cuanto se
refiera á estos materiales y a su uso en
el siglo XIX: El hierro fué empleado
para reproducir columnas de los órdenes clásicos o para figurar pilastras
góticas, y en algunos casos fué em•
pleado racional y lógicamente, como
en la torre Eiffel o el "Hall des machines", en París, pero nunca se usó acertado o ilógico produjo por sí mismo
arquitectura propia o un estilo con características de valor estético. Respecto al concreto podremos decir exactamente lo mismo. Por lo tanto debemos
desligar esos problemas que a mi modo de ver no tienen nada o muy poco
de común: el advenimiento de nuevos
materiales en el campo de la construcción y el nacimiento de la arquitectura moderna.
Esta última empieza a hacer surgir
sus creaciones cien años después del
uso de hierro en la construcción.
Recordemos un instante nuestro programa primitivo de examinar los an•
tecedentes de nuestra arquitectura bajo dos puntos de Yista, el primero, que
se refería a las producciones arquitectónicas que la habían precedido, ya lo
hemos IJevado a cabo, ahora nos resta
pasar una rápida revista a aquellos
conceptos teóricos, que parecen casi
proféticos, lanzados por algunos pensadores y criticos que preocupados por
]os conceptos fundamentales sobre esas
materias.
Necesariamente nuestro examen ha
de ser sumamente sucinto y no tocará,
más que a manera de ejemplificación,
aquellas ideas que están más en contacto con la arquitectura que con las
otras artes.
El punto de partida para dichas
ideas estéticas es la división que Kant
hace de las percepciones en ''Subjetivas', y "Objetivas", que da pie a Conrado Fie&lt;ller para pensar que el arte
precede la percepción de la obra artística quedan excluídos de eila todo
factor de tipo emocional o sentimental y en el examen de dicha obra sólo
encontraremos la forma, como representativa de su mayor o menor valor
estético.
Aplicado esto a la Arquitectura nos
hará buscar en e11a solamente aquellos
valores que son específicos de la forma: el volumen, la proporción, color,
claroscuro, composición y movimiento. El máximo purismo ele esta doctrina se encuentra realizado en las formas geométricas o abstractas, poco nada relacionadas con la naturaleza.
El mismo Fiedler, orienta también
l'n sus escritos, como un predicado básico el que la arquitectura es eminentemente "funcional'\ Esa función primordial consiste en solucionar la nec·e sidad de cubrir un espacio cerrado
y las únicas arquitecturas que han lle~ado ese ideal en forma lógica y precisa son las griega y la románica. Como podemos ver ]as ideas de }os críticos del siglo pasado andaban bien distanciadas y en completo divorcio con
la práctica arquitectónica y el gusto
estético ele sus contemporáneos. Veamos todavía ideas mucho más radicales que las expuestas y expresadas pÜr
un historiador vienés a mediados del
siglo pasado, o sea exactamente separados de ella por cien años: la arquitectura simplemente es el producto
elaborado de una técnica. Ante el radicalismo de este concepto que desgraciadamente aún perdura en la actualidad en nuestro Instituto Politécnico,
cabe pensar que el anunciado de ella,
Gotfricd Semper, debia carecer en un
mucho de sensibilidad artística, pero
para tranquilidad nuestra en estos cien
años que nos separan de él, multitud
de críticos distinguidos, se han encar-

gado de demoler sistemáticamente dichas ideas, aunque todavía se' den ca•
sos de gentes afinadas a ellas con la
tenacidad propia de los provincialismos.
Aunque baya sido en una forma muy
somera hemos tenido ya un panorama
general de ciertas circunstancias que
precedieron a la aparición de mostre;
veamos ahora como y en donde fué
esa aparición. Su primer característica es la de nacer en una forma explosiva y paralelamente en el campo de
la arquitectura y de las demás artes,
incluyendo la construcción de muebles v la decoración de interiores. Surge i~Ulcdiatamente ]a pregunta: ¿cuál
fué de todas esas artes la que produjo
las primeras obras? ¿Las artes restantes imitaron simplemente a la que se
expresó en términos de arte moderno
antes que ellas? La respuesta podríamos fundamentarla en aquella observación de Dilthey que ve un carácter
solidario en todas las manifestaciones
culturales de una época y en particular a ]as artes. Todas ellas tienen una
raíz común, un recóndito punto de origen en nuestro- espíritu que es el mismo para todas esas manifestaciones
externas de aquel. En la misma forma
que un rio al salirse de su curso, inunda un valle y van tocando sus aguas al
mismo tiempo todos aque1los puntos
que tienen la misma altura, por alejados o diferentes que sean entre si, de
manera semejante la corriente de sentimientos propios de nuestra época,
comprimidos y ocultos bajo aquella
capa del desorientado gusto estético
del siglo XIX, rompe en un momento
dado todos los convencionalismos y se
manifiesta al mismo tiempo en todas
las actividades de la Yida. El arte se
transforma radicalmente pero lo hace
paralelamente a la moda, en el ,,estido,
a la organiiación social y económica,
al progreso de las m~quinas, a las costumbres y en una palabra a todo aquello que marca el carácter y el estilo de
nuestra época. Pero no obstante que el
nacimiento no era un hecho artificial
sino un producto lógico de una situación previa, el cambio tan brusco y
tan radical, que no ofrece paralelo ep
la masa de la pob]ación. Los pintores
cubistas fueron y aún siguen siéndolo,
considerados corno mercaderes del arte, con la única finalidad de asustar a
los burgueses y de explotarlos y ellos
a su vez no cabe duda que supieron
explotar bien las circunstancias a su
favor. La arquitectura más apegada a
Ja realidad siempre empieza a manifestarse en Alen)ania y Holanda, e inmediatamente este ejemplo encuentra
repercusiones en todos los países europeos. formándose pequeñas minorías
que luchan denodadamente por imponer las nuevas formas y los nuevos
principios.
En el año de 1900 se inician ya las
exposiciones de muebles del grupo recién formado en Drcsden el "Deulsche
,verktatatten" que tratan de "desenvolver en el estilo del mueble el espíritu mismo de la máquina".
Desde 1905, del taller de Peter Bchrens empiezan a salir proyectos que
francamente inician ]a nueva tendencia, culminando sus obras en la famosa fábrica de turbinas de Berlín que se
construye en 1909. Walter Gropius y
~foyer han trabajado durante algun
tiempo en dicho taller, levantan varias
fábricas en los años anteriores a la
guerra mundial.
En Holanda :Mies van der Roche, en
Francia los hermanos Perret y en Estados l:nidos Frank Lloyd Wright inician caminos paralelos en un ambiente francamente hostil que los hace
reaccionar violentamente, subrayando
las características de forma y los ideales de la nueva arquitectura.

Alas Casas Editoriales y alos Sres. Distribuidores y Libreros
del Continente - ***
La Universidad de Nuevo León ha
mantenido desde su fundación un
vasto plan editorial que desarrolla al
través de Publicaciones cuya circulación comprende a todas las Instituciones oficiales, universitarias, académicas, ateneistas, centros culturales,
sociedades de diversa índole y personas, en América y Europa.
Entre el cuerpo de ediciones que
aqui se imprimen figura nuestro mensuario "ARMAS Y LETRAS", que recientemente ha establecido una sección -LIBROS-, en la que figuran
comentadas las obras últimamente aparecidas en las prensas americanas.
Dada la extensa órbita de circulación del Boletín arriba mencionado, y
en interés de ofrecer al lector americano una juiciosa información del fondo y continente de la obra, cotejada
a la luz de un criterio ecuánime y a
tono con la moderna interpretación
del pensamiento científico, literario o
artístico, "ARMAS Y LETRAS" se complace en invitar a ustedes a coadyuvar
con este propósito de orden cultural
que anima a la Universidad de Nuevo
León, solicitándoles el envio de cada
una de las ediciones nacidas en sus
prestigiosas prensas, las cuales serán
objeto de nuestros comentarios, en la
medida que vayan llegando a nuestra,
manos.
Los envíos deben hacerse a:
"ARMAS Y LETRAS",
Universidad de Nuevo León,
Plaza del Colegio Civil,
Monterrey; N11evo León,
1\léxico.
Con la satisfacción de hat&gt;t:r señalado en las breves líneas que anteceden la resolución de una urgencia inherente a la cultura moderna. y esperando recibir en breve de ustedes el
aliento a esta sugerencia, la Universidad de Nuevo León les testimonia las
vivas expresiones de su más alto reconocimiento.

PCBLICACIONES PERlODlCAS

Armas y Letras.-Bolelín mensual de
la Cnivcrsidad. Se reparte por cc.10je a las Instituciones de Cultura, y
libremente a quien la solicite.
L'niversidad. - Revista semestral. Se
distrilrnye por cambio bibliográfico
n entidades culturales y libremente
a quien la solicite.

Para la adquisición de obras de venta, toda correspondencia y valores &lt;leberán remitirse al Jefe del Departamento de Acción Social Universitaria
Lic. Fidencio de la Fuente, Universirlad de Nuevo León, Plaza del Colegio
C:ivil, Monterrey, Nuevo León, Méxi•
ro.

7

¡

�Universidad ....
Viene de la ta. Pág.
ordenanzas, las lisias de teólogos y
oradores sagrados, las noticias sobre
ceremonias en los claustros; pero falta
aún penetrar en esa zona oscura en
que perviven nuestros antepasadQS que
se interesaron apasionadamente por la
busca de la verdad inmediata, esa que
conduce al hombre por los caminos de
la ciencia, la gran aventura. Aquellos
maestros, que enseñaban Aristóteles, o
discurrían magníficamente sobre Santo Tomás de Aquino giraron siempre
en torno de su especialidad.
La época de la Ilustración, la de los
enciclopedistas, hizo posible el advenimiento de. "El Pensador" en nuestra
América emancipada. Quizá. el ejemplo de Humboldt -sapiencia universal- suscitó en los precursores de la
Independencia el afán de llevar la
mente hacia todas las latitudes del conocimiento. Se nos anticiparon en la
preocupación de interesarse por todos
los problemas del hombre; pero no hemos dado, hasta hoy, en cuatro siglos
de experiencia, al poeta que se anticipe al inventor: Leonardo, precursor de
la aviación; Eca de Queiroz que en
"La Ciudad y las Sierras" columbra
muchas de las excelencias del maquinismo al servicio del arte, o Julio Ver•
ne movimiento en su imaginación al
submarino.
La Universidad continuó por la misma ruta que le señaló el régimen español o tuvo que sufrir vicisitudes durante la reforma liberal por considerarla los corifeos de ésta el cuartel general del antiguo régimen. Pero en el
fondo de ella ha latido siempre el deseo de ser un conservatorio, en el que
maestros y alumnos comparten el aire puro del diálogo. Ese deseo lo insinuó Manuel Gómez Morin cuando era
Rector de la Universidad de México, y
no pudo ponerlo en marcha por la penuria de la Casa de Estudios. Convertirla así en lo que debe de ser, algo
más que aula y laboratorio, es decir en
convivio, en foro abierto a la amistad
intelectual, a la renovación fecunda, al
saber en función social. Porque no
bastan las explicaciones de la cátedra,
el discurso animador, para orientar
vocaciones y estimular ingenios. La
Yida canta fuera de la Universidad y
hay que salir a su encuentro ordenando en la conversación ideas e inquietudes.
El siglo XIX produjo maestros que
no sólo enseñaban historia o filosofía,
sino que recibieron ese titulo glorioso
-más que el de 1'doctor honoris causa"-, gracias a sus incitaciones para
configm·ar los problemas de una generación o superar la obra de las anteriores. Los alumnos eran discípulos y
no se preocupaban por la calificación
de fin de año, sino que por enriquecer
la cultura en arduas disciplinas ascéticas, elaborando un libro o dándose
en la acción dentro del ritmo universal de su época.
Maestros henchidos de humanidad
cálida, amorosa, fueron Andrés Bello,
fundador de la Universidad de Chile;
Ignacio Manuel Altamirano y Justo
Sierra en México; José Trinidad Reyes1 en Honduras; José Martí -el trabajador intelectual de dinamismo impar-; el otro cubano ilustre, Enrique
José Varona; el dominicano Eugenio
Maria Hoslos. Y a la altura de nuestro
tiempo, Pedro Henríquez Ureña, quien
iba sembrando su alma en el diálogo
socrático y la correspondencia puntual.
Cuando se estudia alguna de las
grandes vidas de universjtarios del siglo XIX aparecen catedráticos de M1'dicina y Cirugía, como Juan María Rodríguez, que siempre estuvo muy ente-

8

rado de las últimas novedades científicas, sin abandonar la torre mutilante de su especialidad. Otros maestros
se refugiaban en la Pintura o en la Música, pásados los ajetreos de la clínica; y sin pensarlo tan solo por acatar
los preceptos de la higiene mental, como quien se entrega a los azares del
deporte, imitaban así al sabio Virchoff,
el codescubridor del calcio y el rubidio, que un día, gracias al abogado
Adolfo Bastián, tuvo noticia de que
había existido en América un pueblo
que -como el egipcio- escribió sus
anales en jeroglificos, y así tuvo un
pretexto para iniciarse en los misterios de la Arqueología. No fué otra la
actitud del sabio cirujano Dario Fernández Fierro, quien después de llevar
a cabo cuatro o cinco operaciones diarias,. se sumergía -haciéndose la ilu•
sión de que eran aguas lustrales- en
los poemas de Rubén Darío. No sorprende la noticia de que en nuestros
días seiscientos médicos sean miembros de la Doctors Orchestral Society
de Nueva York. Flauta y oboe, viola y
violín armonizan muy bien con la Der•
matología y la Obstetricia, la Clínica
general y la Ortodoncia. El caso contemporáneo más Mombroso es el del
gran Albert Schweitze, el médico benefactor que vive en un rincón del
Africa entregado apostólicamente al
servicio de los que sufren, y sigue siendo teólogo, músico y filósofo, especialista en Goethe y Bach. ¡Un alma sideral, un santo a quien ya se le ve el
nimbo!
Se puede ser histólogo como Ramón
y Cajal, y, a la ,,ez, conversar maravillosamente en el ruedo del café y escribir bien; se puede ser maestro de
Anatomía, y hacer prosa espléndida en
el prólogo, con la claridad francesa
de Janct.
Hay un caso patético en la historia
de la vocación: el de don Francisco
del Paso y Troncoso, el mexicano que
más sabía del iiéxico antiguo, gracias
a las facilidades que le deparó la fortuna hereditaria. Cuando se hallaba
próximo a terminar sus estudios en la
Escuela de Medicina, escogió el novedoso tema "La :Medicina entre los Aztecas". Empezó leyendo casi todos los
cronistas del siglo XVI; pero a medida
que les estudiaba, advertia que le era
preciso aprender Botánica y náhuatl;
y entonces fué siguiendo la ruta que Je
condujo hacia ]a Arqueología, la Etnografía y la Antropologia, hasta reconocer bibliotecas y museos de América y Europa; y de súbito se dió cuenta de que los manuscritos del Archivo
de Indias le obligaban a estudiar Paliografía y Geografia histórica, y luego Bibliografia y folklore; pero habia
construido uno de los prestigios envidiables de ~léxico.
Saber estudiar es una de las más serias disciplinas; porque equivale a seleccionar con atingencia los mejores
amigos entre los libros; meditar con
orden, elaborar planes, afinar el instinto y el gusto. Sobre todo, definir
en el deliquio del monólogo el camino más seguro para llegar a la meta
que a veces, se borra como el oasis en
el espejismo; alguna vez me decia el
fisiólogo Ocaranza al celebrarse sus
veinticinco años de magisterio en la
l:niYersidad de México, que aún no estaba seguro de haber encontrado su
vocación; y es que el sabio gusta alternar sus estudios predilectos con las
investigaciones históricas, desenterrando infolios en los archivos. Ha sido también el blanco de las inquietudes humanas que salen al paso de quienes se empeñan primordialmente por
el conocimiento de la realidad ambiental, relacionándola con la del mundo.
Hay que advertir que en nuestra
América son muchos los médicos -cirujanos a quienes les seducen la poesía o la política-, quizá porque -según lo hacia notar Dario- Apolo era

En el Centenario del ....
Viene de la ta. Pág.

la Batalla de Don Carnal y Doña Cuaresma; varias sátiras -dice Alfonso Reyes- inspiradas unas en la musa de la indigna•
ción, como los versos sobre la propiedad del dinero; otras ino•
centes y festivas, como el delicioso elogio de las mujeres chicas;
una colección de poemas líricos, sagrados y profanos, en que si•
multanean las cántigas y loores a la Virgen con las cántigas de
serrana y las villanescas, y, por último, varias digresiones mo•
rales y ascéticas.
De entre los bardos medievales, Juan Ruiz es quien ha dejado una huella más firme, constante y duradera. En la misma
Edad Media su obra era citada como un ejemplo. Así pudo in•
fluir sin dificultad en el Rimado de Palacio, del Canciller López
de Ayala, en el Cancionero de Baena, en la Tragicomedia de Calisto y Melibea, por no citar más.
La figura cimera del Arcipreste emerge dentro de las letras
españolas prerenacentistas, como un altorelieve de singular pres•
tancia y gallardía.

F. M. Z.

hijo de Esculapio. Y si bien han sido
muy pocos los que han sabido ganar
mensiones honoríficas como Churchill
con sus paisajes pictóricos, algunos
han sido líderes o ministros de gobierno o presidentes de la república, y no
ha faltado quien, como Alfonso Ortiz
Tirado, ha sabido lucir su destreza
tanto en la cirugía como en el canto,
y quien, por estar recitando su última
traducción de un poema de Hugo haya
dejado sobre la plancha a su paciente
anestesiado. La ausencia de vocación
ha hecho que algunos médicos perpetren el grave error de querer aplícar
el bisturi a las enfermedades colectivas.
He recibido inolvidables lecciones
-algo así como fascinante sorpresaen mi reciente visita a Bogotá. He conocido la Universidad de los Andes.
En ella estudian futuros ingenieros y
químicos. Dos jóvenes ejemplares, de
auténtica formación universitaria, son
los más activos colaboradores del Rector, un humanista que sabe cerrar a
tiempo los libros cuando le espolea un
problema intrincado de la realidad.
Cada maestro trabaja a la par de los
alumnos, como si sólo fuera uno de
ellos, el que más sabe, y en el laboratorio discuten con ellos en una atmósfera en que no se siente el peso de la
didáctica, porque se empeña en ser el
guía jovial de cada grupo afanado en
repetir un experimento o en compro•
par una afirmación. En tal ambiente
de camaradería aparecen, de pronto,
los huéspedes distinguidos, que llegab.
de liniversidades de renombre a sustentar conferencias y hacer escuchar
su mensaje. La nota peculiar la dá la
Biblioteca, muy moderna, en que están los clásicos del pensamiento universal. Cada joven adquiere así con el
trato de su maestro y de los filósofos
y los poetas de primera magnitud, los
1:4edios para estructurar una cultura
sólida, a base de las ideas generales,
esa que sólo puede construirse sobre
las bases de la universalidad. La vuelta al humanismo es un retorno del
hombre a las fuentes pristinas en que
antes abrevó la sabiduría esencial. Sólo asi es posible reincorporarse a la
vida, Y, sobre todo 1 colaborar con ella
en la obra secular de la liberación del
hombre para lograr el dominio de la
naturaleza y de si mismo y trabajar
"sin pausa, pero con prisa como la estrella", en medio de grave responsabilidad, en su tránsito por la fierra.

UNIVERSIDAD DE
NUEVO LEON
Rector
Lic. Raúl Rangel Frías
Secretario
Prof. Antonio Moreno
Jefe del Departamento de
Acción Social Universitaria
Lic. Fidencio de la Fuente

·ARMAS Y LETRAS
Organo Mensual de la Universidad de Nuevo León
INDICADOR:
Redactores
Raúl Rangel Frías
Fidencio de la Fuente
Francisco M. Zertuche
Genaro Salinas Quiroga
Alfonso Reyes Aurrecoechea
Enrique Martínez Torres
Guillermo Cerda G.
Adrián Yáñez Martínez
Director
Lic. Fidencio de la Fuente
Oficinas
Washington y Colegio Civil
Monterrey, Nuevo León,
1,1:EXICO

Armas y -Letras

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                <text>Es una publicación trimestral editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León a través de la Editorial Universitaria. En las páginas principales de Armas y Letras se incluyen textos literarios, particularmente poesía, narrativa y ensayo, de escritores destacados de la localidad, nacionales e internacionales. Inició en 1944 de manera mensual, se mantiene activa en soporte físico y digital.</text>
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              <text>Es una publicación trimestral editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León a través de la Editorial Universitaria. En las páginas principales de Armas y Letras se incluyen textos literarios, particularmente poesía, narrativa y ensayo, de escritores destacados de la localidad, nacionales e internacionales. Inició en 1944 de manera mensual, se mantiene activa en soporte físico y digital.</text>
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              <text>Universidad Autónoma de Nuevo León, Departamento de Acción Social Universitaria</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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      <name>Arcipreste de Hita</name>
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