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                  <text>Organo Mensual de la Uníversídad de Nuevo León
Registrado como artículo de 2da, clase en la Administración de Correos de Monterrey, N. L., el 29 de Abril de 1944

Año VIII

D. A. S. U.

No. JI

Novíembre de 1951

Sor Juana Inés de la Cruz
José Ma. GALLEGOS ROCAFULL.

Al lado de Sigiienza y Góngora destaca en estas postrimerías
del siglo XVII la figura singularísima de Sor Juana Inés de la

Juana Ramírez, que tanta gloria dió a nuestra gente, "hon•
ra y lustre de ambos reinos, admiración del mundo y pasmo de
los ingenios", considera que como nació noble, ese fué de su mal
el primer paso. ,Así lo dice en "Los Empeños de una Casa",
cuando deposita en las palabras de Leonor su ·propia autobiogra•
fía. La causa de su desdicha, de su daño, fué su discreción. Con
serlo, conservó impoluta su dignidad. Pero su pecho fué sepul•
ero de ella misma.

Cruz. Su inquietud intelectual la llevó a cultivar también la fi,

Sor Juana se yergue ahora, como una torre del cielo, toda
fortaleza, toda derecha virtud, coronada en su más alta altura
por la primera nube de la mañana, que le ciñe aureola. Nadie
le toque más. Su deslumbrante condición humana, ya límpida
refulge para siempre. Probablemente una nocturna tristeza se
apodera de nosotros en este instante de las revelaciones. Ya
mañana será alba y claridad plena. A los trescientos años, algo
como una melancolía llena de dulzura y de paz ha venido -in•
esperada, pero fértil conmemoración tres veces secular- a es•
clarecer el espíritu de la Décima Musa con un fulgor que no
hiere. Ella es la hermosa doncella desvalida que huye del temor
del mundo y se refugia en la pacífica heredad de Dios, no para
evitar que las lágrimas le quemen el semblante con llama de
amor desesperanzado, sino para rehuir el golpe brutal que le
acechaba en una sociedad llena de prejuicios y de pequeñe:¡:
moral.

nia mi abuelo, sin que bastasen castigos ni reprensiones en es•

Como las esttellas, cuya distancia se mide por el fulgor, a
trescientos años de luz ¡qué diáfano parece el impulso de su vir•
tud; qué esclarecido el reinado de su inteligencia!

losofía, en la que, como en todo, dió gallardas pruebas de su ingenio. Fué autodidacta porque no la dejó su madre estudiar en
la Universidad, a pesar de sus "instantes e importunos ruegos"
de que le permitiese irse a vivir a México a casa de unos deudos
suyos y alli, "mudándome el traje", seguir los cursos universita•
rios; "yo despiqué el deseo en leer muchos libros varios que tetorbarlo •••". Sacó tanto provecho de estas lecturas, que cuan•
do a los ocho años llegó a la ciudad de México, asombró a todos,
que no se cansaban de admirar "no tanto el ingenio, cuanto la
memoria y noticias que tenia en edad que parecía que apenas
había tenido tiempo de aprender a hablar". Sus conocimientos
fueron reconocidos, si no oficialmente, al menos oficiosamente, por la Universidad, pues queriendo el virrey
-entonces lo era el Marqués de Mancera- que la examinasen hombres
doctos, convocó en su palacio a todos
los profesores universitarios con otros
varones afamados por su saber ante
los cuales compareció y "a la manera,
le decía el mismo virrey al P. Diego
Calleja, que un galeón real se defendia
de pocas chalupas que lo embistieran,
así se desembarazaba Juana Inés de
las preguntas, argumentos y replicas
que tantos y cada uno en su clase le
propusieron". (160). Cuando decidió
hacerse religiosa, primero en 1667 y
después ya definitivamente, en 1669,
anduvo luchando con sus arraigadas
aficiones intelectuales, pues eUa misma confiesa que no deseaba "tener
ocupación alguna obligatoria que embarazase la libertad de mi estudio ni
rumor de comunidad Que impidiese el
sosegado silencio de mis libros".

Ha de llegar un día en que ella, la Extraordinaria, venga a
apasionar nuestro pecho con su verdad, a avivar nuestro espí,
ritu, a fundirse en ·nuestra alma, a perseverar en nuestra mente,
a volverse consubstancial con nuestra memoria, a remover nues•
tros huesos, a iluminar nuestros ojos, a purificar nuestra lengua,
a enriquecer nuestra historia, a proteger nuestra miseria, a velar
nuestra muerte, hasta que sea, en ímpetu de voces, belleza y
Buena parle de los cuatro mil que
ufanía, transparencia y primor, rosicler y preludio, verdad y llegó a reunir tratarían de materias
plenitud, pasión y poesía para animar e.n su hermosura viva la filosóficas. Conocía a fondo no sólo
filosofia , escolástica, como lo probó
grandeza del alma y lograr, por su espíritu, que la lu:.: reine eter• la
escribiendo unas Súmulas, hoy perdidas, que conservó hasta su muerte esnamente en el Valle
de México.
'.
'\

J.R.R.

J

eritas de mano de la misma Sor Juana

el P. José Porras, jesuita, (161) sino
las más nuevas corrientes filosóficas
de su tiempo, especialmente el pensamiento de Descartes, de cuya influencia son tambien testigos los instrumentos científicos de que vivió rodeada.
(162). Desplegó este saber en una de
sus más famosas poesías, la titulada
Primero sueño, (163) en la que, siguiendo de cerca al Góngora de las
S?ledades, sueña "que de una vez queria comprender todas las cosas de que
el universo se compone; no puede ni
aún divisas por sus categorías,
a
un solo individuo" (164). Se frustró su
ambicioso sueño porque es limitación
~umana la "de no poder con un intuitivo conocer acto todo lo criado" pero dejó bien probado que estaba 'sólidamente capacitada para recoger el logos de las cosas y hacerse un saber
"que haciendo escala de un concepto
a otro, va ascendiendo de grado a grado".

;i

Pero donde mejor muestra su fuerte
:ocac!ón intelectual, la agudeza de su
mgen10, el nervio de su argumentacióll
Y su extensa y profunda erudición, es
en la respuesta que se creyó obligada
a dar a la carta que le dirigió el si¡ii.or
Pasa a la Pág. 7

~~

1

�EL BARROCO EN LA
VIDA DE SOR JUANA
Jesusa ALFAD DE SOLALINDE.

Cuantas veces me he detenido ante el cuadro de la "Sagrada Forma" pintado por Claudio Coello para la sacristía de El
Escorial, se han suscitado en mi, ante sus contrastes y sus ficciones, diversas ideas y sentimientos. El edificio enorme -el acor•
de más perfecto en que se armoniza toda una época- exalta en
el fondo de su severidad, de su solidez, la obra barroca del pintor
cortesano. Todo el siglo de Contrarreforma y clasicismos repre•
sentado por El Escorial, viene de repente a replegarse en el pa•
tético colofón que puso Carlos II a las glorias de las Austrias. El
cuadro se convierte en un símbolo y es la más alta manifestación
del siglo XVII español y del espíritu que trató de llenar la oquedad de ese siglo con oriflamas y sombras de ideas. Con la trans•
posición de un Hipérbaton, Claudio Coello coloca detrás del altar lo que en la realidad debió ocurrir delante, y nos lo hace ver
como si un inmenso espejo duplicara la escena de la ceremonia
religiosa en que múltiples personajes, el rey, jerarcas, nobles y
acólitos, estuvieran a nuestro lado, en torno nuestro, donde sólo
hay vacío y espacios estáticos. Todo el fondo del cuadro es la
repetición y copia de la sacristía en que nos vemos solos. Este
cuadro es la ficción de lo que debió ser, desplazada a un lugar en
que no pudo ser. Una serie de tropos pictóricos son la esencia
de esta obra realizada poco antes del ocaso del barroco, cuando
ya pronto se iban a abrir los pórticos del neo-clasicismo, en par•
te, igualmente formal y ficticio.
A partir de las postrimerías del reinado de Felipe II, los españoles cultos
habían comenzado a tomar la actitud
que llevó al co¡¡ceptismo de Quevedo
y al culteranismo de Góngora. Las lineas rectas y claras en que se expande
eJ pensamiento cuando puede seguir
un impulso espontáneo, se esfuma, y
sólo predominan las curvas barrocas
-agresivas o huidizas- de la inquieJud provocada por interrogaciones y
dudas llenas de ansiedad, que no pueden formularse ni expresarse en ideas
definidas porque conllevarían un riesgo para el alma y para el cuerpo. Esta
posición espiritual comienza en el siglo XV, cuando la ordenación y el ritmo medieval ya se habían quebrantado1 y continúa a través del paréntesis
clásico de la primera parte del siglo
XCI, llegando a definirse plenamente,
moldeando intelectos y conciencias, en
el siglo XVII. Tal actitud oblitera toda
espontaneidad, crea inhibiciones y
prejuicios, tortura la naturaleza de artistas y escritores represando la corriente que hubiera fluido desde los
.profundos hontanares del pensamiento
y del sentimiento sin trabas ni cortapisas, creadora del Contrarreforma
hispana, dogmá.tica e inquisitiva, es,
por lo tanto, la creadora del conceptismo, del culteranismo, del barroco,
te.ngentes elusivas por las que se fugan
a 1a peligrosa fuerza centrípeta de su
propia conciencia intima.
Sobre todo esto se iba marcando la
curva del descenso de España. El desencanto, el escepticismo, la crítica
son parábolas de decadencia y como
no pueden expresarse por ser peligrosa en el ambiente hispano, estricto y
ortodoxo, toda expresión de esas tres
actitudes, se recubren con el ornato y
disfraz estilista y se refugian en lo clásico, lo mitológico, Jo alegórico -que
había empezado a sustituir lo simbólico medieval ya en la época de Juan
de ~lena y del Marqués de Santillana-,
por no poder atacar abiertamente la
realidad que los rodea.
De la misma manera España se mantiene alejada de todo movimiento, tratando al mismo tiempo de imponer sus
normas ideológicas a toda Europa, y

2

por eso, en el siglo dél barroco, se Je
enfrentan Inglaterra y Francia, como
es natura], ese mundo español con su
lucha cultural y emotiva, se proyecta
sobre la orilla americana a donde puede llegar libremente la lengua, la religión, las normas de vida, y al arribar,
se acentúa y concreta más en un terreno que le es propicio.
Al pensar en el barroco en México,
viene siempre a mí el recuerdo del
cuadro de Claudio Coello. A través del
Atlá.ntico se refleja en la corte virreinal el mundo de la metrópoli, que se
crea de nuevo; todo es imitación, copia, ficción y teatralidad en un escenario inmenso en que sobreviven, sólo
de una manera espectral, las formas
silenciosas de una civilización pasada,
suplantada por otra. Modos, modas y
modalidades, cultura y cultismos, conceptos, liturgia, ceremonial cortesano,
todo ha sido transportado a la orilla
opuesta, y el tiempo, confabulado con
la distancia, hace que toda esa importación florezca retrasada en el nuevo
suelo, acentuándose su artificialidad .
De este modo se produce un barroquismo que viene a convertir una de sus
características formales -lo artificial-, en una cualidad consustancial,
congénita. Se puede llegar a la conclusión de que el barroco es más esenci-almC'nte barroco en México que en
España.
La corte de los virreyes es un conjunto de ficciones y normas convencionales en un ambiente abigarrado
etnológica y socialmente, y así surgen
figuras que son de punta a cabo -más
esencialmente que en España- barrocas también. Sor Juana es una de éstas, mucho más barroca en su vida que
en su obra literaria en que predominan clasicismos del siglo XVI a través
de su propio conceptismo y culteranismo, maneras literarias que ella misma
critica. Su vida es toda ficción y formalismo, eflorescencia culta y erudita
que decora, ocultándolo, todo lo que
pudo ser genuino y sincero en ella.
Sor· Juana hubiera sido una clásica
Aspasia o una Julia Gonzaga renacentista. Desde niña empieza a singularizarse dentro de su propio ambiente,

fascinada por libros de lejana cultura
trasatlántica; los estudios varoniles la
atraen a punto de querer cambiar las
faldas de mujer por calzas de hombre
para poder entrar en las aulas universitarias sin escándalo de almas timoratas, en lo que ya se revela su tendencia a ocultar, disimular para poder
convivir con su medio y con los prejuicios que la rodean. Su amor al estudio la impulsa, para acrecentar su
cultura libresca -que no podia adquirir en romance por las restricciones
eclesiásticas-, a amaestrarse en el latín.
Es más posible que fuera bien hecha
para el amor física y espiritualmente,
y hubiera sido, como aquellas mujeres,
centro de un grupo elegida en el que
hubiera suscitado ideas y despertado
pasiones. Pero se encuentra en una
corte virreinal remilgada, convencional, intrigante y catequista, llena de
huecas formalidades y de supersticiosos prejuicios, que impiden que su
personalidad se desarrolle normalmen·te, como mujer, sincera y espontanea,
no porque se la cohiba deliberadamente en sus expresiones literarias, pues
desde el virrey a los últimos letrados
de la colonia, todos la rodean con
aplauso y admiración a su genio -como más tarde convierten su celda en
salón literario-, tampoco porque le
falten galanes o enamorados, pues fué
bella y atractiva, sino porque Juana
Inés concibe un extraño temor a su
medio que la llena de inhibiciones y
la hace transportar toda su vida a un
plano irreal. Confesando que no es
ferviente su vocación, se hace monja,
huye a aquel imaginario terror a la vida mundanal y a los hombres, un terror que, como la voz de Hamlet, la
incita a recluirse en un convento:
" ... y que no otro motivo me entró
en la religión, no obstante que al desembarazo y quietud que pedía mi estudiosa intención, eran repugnantes
los exercicios, y compañia de vna comunidad; ... entréme religiosa, porque
aunque conocía que tenía el estado cosas ( de las accesorias hablo, no de las
formales) muchas repugnantes a mi
genio; con todo, para la total negación
que tenía al matrimonio era lo menos
desproporcionado, y lo más decente,
que podía elegir, en materia de Ja seguridad que deseaba de mi salvación:
a cuyo respeto ( como al fin más importante) cedieron y sujetaron la cer,,iz todas las impertinencillas de mi
genio, que eran de querer vivir sola,
de no querer tener ocupación obligatoria que me embarazase la libertad de
mi estudio, ni rumor de comunidad
que impidiese el sosegado silencio de
mis libros ... "
La contemplación de esta extraña
vida provoca interrogaciones sin respuesta posible. No se comprende esa
fuga de la realidad, no se comprende
la astuta posición, puramente intelec~
tual, que adopta para el resto de su vida y con ]a cual trató siempre de ocultar el latido de su vida emocional. ¿De
qué huyó Juana Inés buscando seguridad para su salvación? ¿Qué ocultaba
Sor J nana? Sor Juana logró ocultar la
,,erdaclera motivación de su fuga a sus
conten1poráneos, ni las gentes venideras, jamás podremos tampoco descubrir su secreto.
Pero su agudo espirito crítico había
de hacerle ver todo lo falso de su vida
que no quiso realizarse en su verdadero plano, que fué proyección a otro
plano -como el cuadro de Claudio
Coello-, en que tampoco pudo llegar
a ser. Sor Juana amaba y anhelaba la
Jibertad y se encerró tras rejas, se sometió a disciplinas y reglas sill poseer
una sincera y profunda vocación; su
posición natural era aún más que crítica, rebelde, y sin embargo, aceptó
dogmas y normas ideológicas con dolorosa sumisión; no sentía arrobos ni
éxtasis místicos como Santa Teresa, y

sin embargo, escribía edificantes piezas religiosas; ama sus libros y sus instrumentos de ciencia y los arrumba;
arna férvidamente su pluma -única
válvula de represiones-, y al fin la
quiebra y por último miente forma].
mente su arrepentimiento y se doblega
a un ascetismo impuesto. Terrible y
trágico es el barroquismo de su vida.
Lo convencional y culto trituran la
fresca naturaleza femenina. Las disciplinas de las letras, de la erudición,
maceran su espíritu y su carne. Sobrepone a todo la rigidez de una mentalidad metódica, tocada directa o indirectamente, de cierto cartesianismo en
su ordenación cientifica.
Convencida de la posición impuesta
a si misma, Sor Juana usa la retórica,
]a erudición, el concepto, la metáfora,
como una muralla defensiva; los estrecha, como labios cerrados sobre las
palabras que se le apretujan por salir
a contar su verdad. En ninguna figura del barroco se hace tan patente la
premeditada formación de una estructura en que se crean razones e ,ideas
sobre aquello que, por un temor, se ha
dejado vacio de sentido. Sor Juana se
encastilla en el complicado edificio
barroco, se repliega en las elevadas
rampantes de una fria intelectualidad,
de una erudita concepción de la vida.
Apela a lo religioso, lo mitológico, lo
patrístico, para ocultar la realidad que
le atenaza el corazón. Eso se repite
en todo el ambiente de la colonia, a
su alrededor. La so.ciedad mexicana
tenia una vida asimismo extraña; el
espafiol, el criollo, el mestizo, todos viven una vida creada en su imaginación; el indio entristecido y callado
conserva lo más , genuino, pero corno
carece de retórica de erudición y de
reverencias cortesanas, no puede mentir, pero también se refugia en el mundo alegórico de la nueva religión con
el dolor que igualmente lo atenaza.

* * •
Así como Sor Juana se desprende de
su propia vida al escaparse a la otra
Yida creada por ella de tan singular y
artificial manera, se desprende también su propio ambiente. Nace, y vi·"e los primeros años, en Nepantla y
después en Amecameca en un fértil
valle que casi llega a templados bordes
tropicales, pero que aún recibe los
frias de los altos volcanes nevados.
J arnás poeta alguno creció en escenario más bello, más imponente, más repleto de místico encanto. De las crestas blancas a las hondonadas verdes,
toda la luz en sus maraviJlosos juegos,
las nieblas en sus fatigadas jornadas,
los arroyos en sus jocundas carreras,
las espesuras en sus pomposos silenciosos, crean, en su realidad, las más
fantásticas armonías. Sin embargo, todo eso, que parece había de llenar de
imágenes vivas la mente de Sor Juana,
y moldear estrechamente su espíritu,
se queda lejos, borrado, sin la inmanente presencia que era de esperarse
en su obra. En su lugar las menciones.
metafóricas, calcadas como de un viejo grabado en madera, de aspectos
convencionales de la naturaleza hacen
aún más hiriente la retórica, el conceptismo y el cultismo que contorsionaron su vida y acallaron sus impulsos
espontáneos. Con ese asombroso fondo la figura de Sor Juana aparece más
destacada en toda su abstracción, indiferente al medio natural, Jormalmente adaptada a pautas de ideas y manera de expresión artificiales e importadas, cuando nos habla de "ardientes
mongibelos", o del Olimpo, o del Danubio.
Este desprendimiento del paisaje natural y el uso metafórico del paisaje
convencional, no es caso aislado de la
monja poetisa; por el contrario, es típico de la literatura de los siglos de
oro, Y muy especialmente del siglo

Armas y Letras

XVII. La metáfora que se estructura
sobre elementos de la naturaleza es la
única forma de descripción del paisaje. La montaña, el ave, la flor, el prado, el mar, el rio, el arroyo y la nube
son simples substantivos con sólo un
valor retórico. El poeta de la Andalucía feraz y llena de flores, los nombra
de igual modo que el de la llanura desnuda de Castilla y Sor Juana, en la altiplanicie de la Nueva España, habla
de la naturaleza de la misma manera
convencional que el poeta castellano
o andaluz de los siglos XVI y XVII:
Si del campo te agradas,
goza de sus frescuras venturosas .••

................................

Si la flor delicada,
si la peña, que altiva no consiente
del tiempo ser hollada,

................................

si ves el cielo claro,
tal es la sencillez del alma mía ...
En sus Liras el erotismo humano se
encuentra cerca de las imágenes del
erotismo místico de San Juan de la
Cruz, llenas de descripciones del paisaje simbólico. Como ya han notado
los críticos, Sor J nana lleva mas estrecho parecido con el carmelita poeta
en la lira de carácter místico del Auto Sacramental El Divino Narciso en
que acentúa la reminiscencia oriental:
A este bosq11e he llegado -donde espero
tener noticias de mi bien perdidoque si serías confiero,
diciendo está del prado lo florido
que producir amenidades tantas
es por haba besado ya sus plantas.
En todas sus otras Liras vuelve el
tema del amor humano, pero con los
mismos medios de expresión liriCa. El
parecido con Garcilaso y al mismo
tiempo con San Juan de la Cruz, es
aún más marcado en su composición
Estancias, donde el paisaje metafórico
se despliega con mayor fuerza sugeridora:

Los abundantes ríos
los pastos y verdores
en que te apacentaron mis amores
trájete ala verd11ra
del más ameno prado
To haré que mis furores
los campos los abrasen
y las yerbas que pacen;
y talen mis ardores
aun los montes que son más superiores.
Esta actitud de Sor Juana -como todo
-en su vida-, es floración barroca. Su indiferencia ante e1 paisaje real, es, en
parte; una manifestación del urbanismo típico de su época. Por otra parte,
proviene también de espíritu introvertido; como artista barroca, al mismo
tiempo que obrepasa los linderos de
la forma en sus expresiones ''hacia
fuera", por reacción a las limitaciones
jmpuestas por su medio, se mira a sí
misma desde el plano opuesto a donde
ha proyectado su vida; vuelve constantemente a buscar su propia alma, a
recoger lo que estaba dentro de ella Y
con Jo que no pudo convivir, separada
de si misma por el vallado de sus temores y Sus inhibiciones. No mira objetivamente el mundo que la rodea sino lo que, intelectualizado, lleva dentro de si; asi es todo el paradójico egocentrismo del artista barroco en contradicción con su exterioridad, con su
preocupación de las formas.
Ahora bien, ¿no podríamos también
creer que las poesías amorosas de Sor
Juana, que parece haber sido tan fria
ante el amor real que la rodeaba Y solicitaba en sus años abrileños en la
corte de los virreyes, son solamente
juegos intelectuales en los que su corazón no tomaba parte, como esas des-

Novíembre de /951

cripciones d.e un paisaje convencional
mientras la rodeaba un paisaje verdadero e impresionante? Bien podían ser
sus versos de amor, celos y ausencia,
únicamente una copia de los eternos
temaS líricos y de los discretees eróticos que llenaban la poesía de los siglos
de oro.
Sor Juana escribe sus versos amorosos cuando ya toda posible pasión habia quedado fuera de su vida, cuando
la razón se había sobrepuesto a lo sentimental. Creemos adivinar en su lírica la reverberación de un sentimiento erótico, y creemos ver que tiende, a
pesar suyo, la mano nostá.lgica más
allá de las tapias conventuales, a una
fruta prohibida que jamás había de
alcanzar, cuando quizá. todo era solamente una manifestación de lo barroco de su vida reflejado en sus creaciones poéticas.
De todo cuanto antes hemos dicho,
tratando de desentrañar la actitud barroca de Sor Juana, podríamos concluir que si ella era tan temerosa del
mundo, de sus convenciones y riesgos,
tan cuidadosa de las apariencias -que
crea con inusitado esfuerzo "sujentando la cerviz" a normas y reglas, toda
una vida muy diferente de la que ella
soñaba-, es dificil que se hubiera expuesto a traicionar en versos el secreto de un amor real. Acaso porque no
habia tal amor, ella fingió una inclinación erótica que no se avenía ni con
la profesión religiosa ni con su posición mental, tan intelectualizada y disciplinada desde niña, lo cual parece
que contribuyó a aquella "total negación que tenia al matrimonio" como
ella misma confiesa, y a su posición
racionalista y masculinizada que ha
inducido a ciertas hipótesis de anormalidad. Si hubo en ella alguna pasión debió ser ligera, capricho juvenil
sin huelJa permanente. Debió ser más
bien antojo y amor propio comprometido, que le dejó el sabor amargo que
produjo la critica aceda que dirigió a
los "hombres necios", y que le inspiró
una multitud de temas poéticos en torno al amor y a manifestaciones y reacciones que ella podía recordar de sus
experiencias de adolescente y escudriiiar y criticar en sus versos escritos en
el recato de ]a celda, en sus horas de
madurez y serenidad, cuando con penetrante visión humana sometía su vida y la de los demá.s a un examen frío
y a un metódico análisis.
Sus versos eróticos están siempre
modulados por una tónica racionalista
y crítica, en que domina lo analítico,
y por ellos discurre al mismo tiempo
una escondida vena humoristica que
no podría existir en una poesia surgida de un sentimiento profundo, espontáneo en su exteriorización. Muy expresiva de esta posición impersonal y
critica es la décima:

Al amor cualquier cuI"ioso
hallará una distinción:
que uno nace de elección
y otro de influjo imperioso.
Este es más afectuoso
porque es el más natural
y asi es más sensible, al cual
llamaremos afectivo,
y al otro que es electivo
llamaremos racional.
Lo alegórico y mitológico se manifiesta plenamente en la décima II en
que compara el alma que al fin se rinde al amor, con la toma de Troya.
Aunque las décimas son en Sor Juana
buen instrumento para entonar sus
quejas, como en Lope de Vega, es la
queja de ]a monja cosa formal y retórica en que no parece participar muy
directamente su corazón. Las Endechas sobre la astucia, el desdén y el
desengaño, tienen todas las características de composiciones hechas por

divertido recreo más que por impulso
de un verdadero amor. Los versos de
la Endecha V, aparecen como en labios del varón -otra de las facciones
barrocas preferida de Sor Juana Y que
se repite en muchas de sus poesías-,
las Endechas VI, VII, VIII, y IX, en
que habla la mujer, asi como los Romances, están tan llenos de la retórica de la época que revelan más el ejercicio mental que el sentimiento acendrado, de pasión que quieren demostrar. Su viveza y su gracia de expresión, sus imágenes, hacen ver un espíritu libre de verdaderos cuidados
de amor e interesado, con curiosidad
intelectual, en el jugueteo de las diversas situaciones creadas por el sentimiento amoroso.
En las Glosas se encuentran también,
de la misma manera que en las Endechas, versos de varón a mujer y estrofas de pasión femenina dirigidas a un
amante. En la Lira IV, al dar satisfacción a unos celos, se sugiere, por primera vez, la posibilidad del dato autobiográfico, asi como en la Rondilla
III, en que parece describir encontradas emociones sentidas por ella misma, pero también sería arriesgado
creer que la llamada "décima musa",
cuyos versos se leían en todas las tierras hispanas, y que tenía en México
fijos en ella los ojos de magnates, prelados y letrados, jugara el peligroso
juego en que se había de descubrir su
charada espiritual. La misma insistencia de hablar de una pasión amorosa, en persona tan preocupada del
juicio de los demás, es por extremo
sospechosa de insinceridád. Una mujer como Sor Juana había de haberle
dado a un sentimiento propio de amor
tal calidad de altivez, dignidad y recato, que no lo hubiera prestado a las
há.biles maniobras de la antitesis, el
tropo, ]a metáfora, ya que ese sentimiento hubiera dado una cuarta dimensión a su vida, haciendo imposible su proyección a ese plano falso a
que ella, voluntariamente, lo relegó.
En sus sonetos, tan perfectamente
construidos, en su juego de ideas, se
puede observar más de cerca el verdadero sentir de Sor Juana. El ingenio, brilla en sus versos, con las felices
resoluciones del pensamiento poético,
pero la hipérbole desfigura su verdad,
y el razonamiento talla como un mármol sus conceptos. Todo tiende a darnos la impresión de lo impersonal, de
la obra de arte trabajada, objetivada
con ·serenidad mientras los dedos labran ágiles, guiados por un equilibrado sentido de proporción y armonía,.
que no puede dejar lugar a la simple
emoción. Muchos de estos sonetos también son puestos en labios de hombre.
}luy tipicos son aquellos que se contradicen con las mismas ideas, palabras y consonantes; el que empieza:

................................
Felicimw me adora y lo aborrezco

........................

Al que ingrato me deja busco amante.
El final de este soneto, que se resuelve con digna frialdad por anteponer 1a razón al impulso, mejor que nada demuestra posición sentimental de
Sor Juana.
Otro indicio que puede llevar al mejor conocimiento de nuestra poetisa es
recordar su facilidad para ímaginarse
situaciones -que se reveló en su comedia Los empefios de una Casa-, Y
que hace que intuya de vivísima manera los sentimientos que sufre una mujer a la muerte de su marido muy amado, y que expresa con hiperbólicas
metáforas en una de sus Endechas:
En exhalados rayos
salgan confusamente
sus piros que me abrasen
lágrimas que me aneguen,

Corran de sangre pura,
que mi corazón vierte,
de mis perennes ojos
las dolorosas fuentes.

Dé voces mi dolor
que empeñen indecentes
estos espejos puros
de la esfera celeste.
¡Oh, carga sobre mi
la esfera transpar.ente
desplomados del polo
sus diamantinos ejes!
De esta misma manera cuántas otras
situaciones sentimentales debió simular vividamente, por fuerza de intuición, en sus obras. Querer llegar al
conocimiento exacto de su vida emocional, es empresa estéril. Muy dificil
es tratar de desenvolver los secretos
de la vida de un autor barroco, pero es
aún más difícil cuando ese autor es
barroco justamente in su vida, mucho
más que en su obra, como Sor Juana.
Además, su feminidad y su profesión
religiosa son celosías que se cierran
herméticamente ocultando el santuario de su alma.

DEPARTAMENTO DE ACCION
SOCIAL UNIVERSITARIA
SECCION EDITORIAL
OBRAS DE RECIENTE EDICION:

Correspondencia Juárez-Vidaurri. To..
Dices que yo te olvido, Celia, y mientes
en decir que me acuerdo de olvidarte
pues no hay en mi memoria alguna paI"te
en que, aun como olvidado, te presentes,

mo I. (Compilación del Lic. Santiago Roe!) .................. $10.00

y el que responde comenzando así:

Dices que no te acuerdas, Clori, y
mientes
en decir que te olvidas de olvidarte
pues das ya en tu memoria alguna parte
en que, por olvidado, me presentes.
El constante juego de ideas y sentimientos contradictorios que tan bien
se prestaba a su ingenio poético, es
bastante para tener en sí mismo su
justificación, sin pretender que fuese
expresión directa y sincera de sentimientos reales. Esto se hace bien patente en los tres sonetos que empiezan:

Que no me quiera Fabio al verse amado
es dolor sin ignal en mi sentido,·
mas que me quiera Si/vio aborrecido
es menor mal, mas no menor enfado:

Etica, por el Lic. Genaro Salinas Quiroga. (Obra de texto en el Bachillerato de la Universidad de Nuevo
León y en diversas Instituciones cul~
turales de la República)
Para estudiantes ........... $ 9.00
Para el público ............ $10.00

De soledad y otros pesares (Poemas
de Pedro Garfias)

$ 5.00

3

1

�,

ROMANCES

(1651 -1695)

No habiendo una tarde ver al señor
Virrey Marqués de la Laguna, que asistió en las Vísperas del Convento, le
escribió:

(SONETOS, REDONDILLAS, LIRAS, ROMANCES,
OVILLEJOS, VILLANCICOS; PROSA)

Parecer quiere el denuedo
ele vuestro parecer loco,
al niI1o que pone el coco
y luego le tiene miedo.
Queréis con presunción necia
hallar, la que buscáis,
para pretendida Thais,
y en la posesión Lucrecia:
¿Qué humor puede ser más raro
que el que, falto de consejo,
él mismo empaña el espejo
y siente que no esté claro?

Retrato de Sor Juana, por Miranda.

SONETOS
En que da moral censura a una rosa
y en ella a sus semejantes.
Rosa dfoina, que en gentil cullura

eres, con tu fragante sutileza,

cervi: rebelde en Palmos), huella ufana
hasta aquí Inteligencia soberana,
de su pura Grande:a pura silla,
ya el Cielo, que la copia misterioso,
se{Junda ve: sus señas celestiales
en guarismos de flores claro suma:

magisterio purpúreo en la belleza,

ense1ianza nevada a la hermosura;
ama{jO de la humana arquitectura,

ejemplo de la vana gentileza,

en cuyo sér unió Saturale:a
la cuna alegre y triste sepultura:
¡cuán altioa en tu pompa, presumida,
soberbia, el riesgo de morir desdellas;
y luego, desmayada y encogida,
de tu caduco sér das mustias señas;
con que, con docta muerte y necia vida,
viviendo engaiías y murielldo enseii.as!

En que satisface un recelo con la retórica del llanto.
Esta tarde, mi bien, cuando te hablaba,

como en tu rostro y tus acciones vía
que con ralabras no te persuadia,
que el cora:ón me dieses deseaba.
Y Amor, que mis intentos ayudaba,
venció lo que imposible parecia:
pues entre el llanto que el dolor vertia,
el cora:ón deshecho destilaba.
Baste ya de ri{;ores, mi bien, baste:
no te atormenten más celos tiranos,
ni el vil recelo tu quietud contraste
con sombras necias, con indicios vanos;
pues ya en liquido humor viste y tocaste
mi cora:ó11, deshecho entre tus manos.

Alaba el númen poético del P. Francisco de Castro ... que describe la aparición milagr_osa de N. Señora de Guadalupe de México ...
La compuesta de flores Maravilla,
divina Protectora Americana,
que hacer se pasa Rosa Mexicana
aparecie11do Rosa de Castilla;
La que e11 ve: del dragón (de quien
humilla

4

pues no menos le dan traslado hermoso
las flores de sus versos sin iguales,
la maravilla de tu culta pluma.

Procura desmentir los elogios que a
un retrato de la poetisa inscribió la
verdad, que Barna pasión.
Este que ves, engaii.o colorido,
qlle -del arte ostentando los primoresson falsos silogismos de colores
es cauteloso engaño del sentido:
ésle, en quien la lisonja ha pretendido
e.reusar de los wios los horrores
y -venciendo del liemr,o los rigorestriunfar de la veje: y del olvido:
es un vano artificio del cuidado,
es una flor al viento dedicada,
es un resguardo inútil para el hado:
es una necia diligencia errada,
es un afán caduco; y bien mirado,
es cadáver, es potro, es sombra, es nada.

REDOc,DILLAS
Arguye de inconsecuentes el gusto y
la censura de los hombres que en las
mujeres acusan lo que causan.
Hombres necios, que acusáis
a la mujer sin ra:ón,
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis:
si con ansia sin igual
solicitáis su desdén,
¿Por qué queréis que obren bien,
si las incitáis al mal?
Combalis su resistencia
y luego, con gravedad,
decís que fué liviandad
lo que hizo la diligencia.

Con el favor y el desdén
tenéis condición igual,
quejándoos si os tratan mal,
burlándoos si os quieren bien.
Opinión ninguna gana,
pues la que mas se recata
si no os admite, es ingrata,
si os admite, es liviana.
Siempre tan necios andáis
que, con desigual nivel,
a una culpáis por cruel
y a otra por fácil culpáis.
¿Pues cómo a de estar templada
la qne vuestro amor pretende,
si la que es ingrata ofende
Y la que es fácil enfada?
Mas entre el e11fado y pena
que vuesll'o gusto refiere,
bien haya lo que no os quiere,
y quejáos en hora buena!
Dan vuestras amantes penas
a sus libertades alas,
y después de hacerlas malas
las queréis hallar muy buenas.
¿Cuál mayor culpa ha tenido,
en una pasión errada
la que cae de rogada,
o el que rueda de calda?
¿O cuál es más de culpar,
aunque cualquiera mal haga:
la que peca por la paga,
o el que paga por pecar?
¿Pues para que os espantáis
de la culpa que tenéis?
Queredlas cual las ha~éis
o hacedlas cual las buscáis.
Dejad de solicitar,
y después, con más ra=ón,
acusaréis la afición
de la que os fuere a rogar.
Bien con muchas armas fundo
que lidia vuestra arrogancia,
pues en promesa e instancia
juntáis diablo, carne y mundo.

LIRAS
Que expresan sentimientos de ausente.
Amado y dueño mío :

e

Uúttú

(ú

escucha un rato fflis cansadas quejas,
pues del viento las fío
que breve las conduzca a tus orejas,
si no se desvanece el triste acento
-como mis esperanzas- en el viento.

!~'.

Oyeme con los ojos,
ya que están tan distantes los oidos,
y de ausentes enojos
en ecos de mi pluma mis gemidos;
y ya que a ti no llega mi voz ruda,
óyeme sordo, pues me quejo muda ...
. . . Si al arroyo parlero
ves galán de las flores en el prado,
que amante y lisonjero
a cuantas mira intima su cuidado,
en su corriente mi dolor te avisa
que a costa de mi llanto tienes risa.
Si ves que triste llora
su esperan::a marcliita en ramo verde
tórtola gemidora,
en él y en ella mi dolor te acuerde
que imitan, con verdor y con lamento,
él mi esperan.::a u ella mi tormento.
Si la flor delicada,
si la peña que altiva no consiente
del tiempo ser hollada,
ambas me imitan, aunque variamente,
ya con fragilidad, ya con dureza.
mi dicha aquélla, y ésta mi firmeza.
Si ves el ciervo herido,
que baja por el monte acelerado
buscando dolorido
alivia al mal en un arroyo helado,
y sediento al cristal se precipita,
no en el alivio, en el dolor me imita.
Si la liebre encogida
huye medrosa de los galgos fieros,
y ¡;or salvar la vida
no deja estampa de los pies ligeros,
tal mi esperan:a en dudas y recelos
se ve acosada de villanos celos.
Si ves el cielo claro,
tal es la sencille: del alma mía;
y si, de lu:: avaro,
de ti11ieblas se embo:a el claro dia,
es con su obscuridad y Sil inclemencia
imagen de mi vida en esta ausencia ...
Mas ¿cuándo, ay gloria mía,
mereceré go:ar tu lu: serena?
¿Cuándo llegará el dia
que pongas dulce fin a tanta pena?
y de los míos quitarás el llanto?
¿Cruíndo tri voz sonora
heril'&lt;Í mis oidos delicada,
y el alma que le adora
-de inundación de go:os anegadarecibirte con amante prisa
saldrñ a los ojos desatada en risa?

ª

¿Cuándo tu luz hermosa
revestirá de gloria mis sentidos?
¿Y cuándo yo, dichosa,
mis suspiros daré por bien perdidos,
teniendo en poco el precio de mi
llan to?
Que tanto ha de penar, quien goza
tanto •.•

Armas y Letras

Si daros los buenos años,
Sefior, que logréis felices,
en las Vísperas no pude,
recibid/os en Maitines.
Nocturnan, mas no funesta,
de noche mi pluma escribe,
pues para dar alabanzas
hora de Laudes elige .••
. .. Lo que tuviere de malo,
perdonad: que no es posible
perdonad: que no es posible
suplir las púrpuras horas
las luces de los candiles;
y más del mío, que está
ya tan in agane el triste,
qne me moteja de loca
aunque me acredita virgen.
Mas ya de prólogo basta,
porque. es cosa incompatible
en el prólogo alargarse
Y en el asunto ceñirse.
Gocéis los años más largos
que esperanza de infelice,
y más gustosos que el mismo
la ajena dicha concibe.
.Pasen por voz las edades
con pasos tan insensibles,
que el aspecto los desmiwta
y el juicio los multiplique.
Vuesir'as acciones heroicas
tanto a la Fama fatiguen,
que de puro celebraros
se enronquezca los clarines;
y sus vocingleros ecos

tan duradero os publiquen,
que Matusalén os ceda
y que Néstor os envidie.
l'ivid, y vivid discreto,
que es sólo cicir fe/ice:
que dura y no vive, quien
no sabe apreciar que vive.
Si no sabe lo que tiene
ni go:a lo que recibe,
en vano blasona el jaspe
el dón de lo incorruptible.
No en lo diuturno del tiempo
la larga vida consiste:
tal vez las canas del seso
honran años juveniles.
El agricultor discreto
no espera a que fructifique
el tiempo, porque la industria
hace Oto11os los Abriles ...
En progresos literarios
pocos laureles consigue
quien, para estudiar, espera
a que el Sol su [u: envíe.
Las canas se han de buscar
antes que el tiempo las pinte:
que al que las pretende, alegran,
y al que las espera, afligen, . •
Quien vive por vivir sólo,
sin buscar más altos fines,
de lo viviente se precia,
de lo racional se exime;

Novíembre de 19.51

Y aún de la vida no go:a,
pues -si bien llega a advertirseel que vive lo que sabe
sólo sabe lo que vive.
Quien llega necio a pisar
de la vejez los confines,
vergüenza peina y no canas,
no años, afrentas repite ...

DE LOS "OVILLEJOS" DE LISARDA
En que "pinta en jocoso numen, igual
con el tan célebre de Jacinto Polo, una
belleza" •...
Oh siglo desdichado y desvalido . .•
en que lodo lo hallamos ya servido,
pues que no hay voz, equivoco ni frase
que por común no pase
Y digan los censores:
"Eso? Ya lo pensaron los mayores!"
Dichosos los antiguos que tuvieron
paño de que cortar, y así vistieron
sus conceptos de labores,
de luces, de reflejos y de flores:
Que entonces era e/Sol nuevo, flamante,
Y andaba tan valido lo brillante,
que el decir que el cabello era un tesoro
valía otro tanto oro,
pues las estrellas, con sus rayos rojos
alln no estaban cansadas de ser ojos ..:
Digo, pues, que el coral entre los sabios
se estaba con grana aun en los labios·
Y las perlas, con nítidos orientes,
'
andaban ense1iándose a ser dientes;
Y alegaba la concha, no muy loca,
que si ellas dientes son, ella es la boca,
Y así en/onces, no hay duda,
empezó la belle:a a ser conchuda.
Pues las piedl'as, ay Dios, y qué riqueza!
Era una plaleria una belleza,
que llevaba por dote en sus facciones
más de treinta millones .. .
Pásome a las Mejillas;
Y aunque es su consonante maravillas
no las quiero yo hacer predicadores '
que digan: Aprended de mí, a las flores.
Mas si he de confesarles mi pecado,
algo el carmín ¡¡ grana me ha tentado·
mas agora ponérsela no q11ie1'0
'
si ella la quiere, gaste su dinero ...
¡Válgame Dios, lo que sigue agora!
llaciéndome está cocos el Aurora
por ver si la comparo con 'la Boca,
y el Oriente con perlas me provoca;
pero no hay que mirarme,
que ni una sed de Oriente ha de
costarme.
Es, en efecto, de color tan fina,
que parece bocado de cecina,
y no he dicho muy mal, pues de salada
dicen que se le ha puesto colorada . .•
Acabemos, que el tiempo nunca sobra;
a las Manos, y manos a la obra.
Empie=o por la diestra,
que --aunque no es menos bella
la siniestraa la pintura es llano
que se le ha de asentar la primer mano.
Es, pues, blanca y hermosa con exceso,
porque es de carne y hueso;
no de marfil ni plata: que es quimera
que a una estatua servir sólo pudiera;
y con esto, aunque es bella,
sabe su dueño bien servirse de ella,
y la estima bizarra,
más que no porque luce, como agarra.
Pues no queda en zaga la siniestra;
porque aunque no es tan diestra
y es algo menos en su ligereza,
no tiene un dedo menos de belleza.

ú

Aquí viene rodada
una comparación acomodada,
porque no hay duda, es llano,
que es la una mano como la otra mano;
y si alguno dijere que es friolera
el querer comparar de esta manera,
J'espondo a su censura
que el tal no sabe lo que se murmura:
pues pudiera muy bien Naturaleza
haber sacado manca esta belleza .••

EL RO:.IANCE DE "EL DIVINO
NARCISO"
Erase aquella belleza
del soberano narciso
gozando felicidades
en la gloria de si mismo,
pues en si mismo tenia
todos los bienes consigo
Rey de toda la hermosura,
de la perfección Archivo,
Esfera de los milagros
y Centro de los prodigios .
De sus altas glorias era
esos Orbes cristalinos
Cronistas, escribiendo
con las plumas de sus giros.
Anuncio era de sus obras
el Firmamento lucido,
Y el resplandor lo alababa
de los Astros matutinos.
Le aclamaba el Fuego en llamas,
el Mar con penachos rizos
la Tierra en labios de ros;s
Y el Aire en ecos de silbos.
Centella de su beldad
se ostentaba el Sol lucido,
Y de sus luces los Astros
eran brillantes mendigos.
Cóncavos espejos eran
de su resplandor divino
en bruiiidas superficies:
los Once claros Zafiros.

se regalaba en las rosas,
se aposentaba en los lirios,
de ver el reflejo J,ermoso
de su esplendor peregrino,
viendo en el Hombre su imágen,
se enamoró de si mismo.
Su propia similitud
fué su amoroso atractivo,
porque sólo Dios, de Dios
pudo ser objeto digno.
Avalanzóse a gozarla;
pero cuando su cariño
más amoroso buscaba
el imán apetecido,
Por impedir envidiosas
sus afectos bien nacidos
se interpusieron osadas
las aguas de sus delitos.

1

r viendo imposible casi
el logro de sus designios
(porque basta Dios en el mundo
no hay amores sin peligros),
Se determinó a morir
en empe11o tan reciso
'
para moslral' que es el riesgo
el examen de lo fino.

.

Apocóse, según Pablo,
y (si es lícito el decirlo)
consumióse, el dulce fuego
tiernamente derretido.
Abatióse como Amante
al tormento más indigno,
Y murió, en fin, del amor
al voluntario suplicio.
Dió la vida en testimonio
de su amor,· pero no quiso
que tan gloriosa fineza
se quedase sin testigo:
Y asi dispuso dejar
un l'ecuer_
do y un aviso,

Dibujo de su luz era
con primoroso artificio
el orden de los Planetas
el concierto de los Sige~os.
Por imitar su belleza,
con cuidadosos ali1íos
se vistió el Campo de flores
se adornó el .llonte de riscds.
Adoraban su Deidad,
como amoroso destino,
desde su gruta la Fiera
y el .4ve desde su nido.
El Pe= en el seno obscuro
le daba cultos debidos,
Y el .llnr para sus ofrendas
erigió aliares de vidrio.
Adoraciones le daban,
devotamente rendidos
desde la Hierba más baja
al más encumbrado Pino.
,Uaremagnum se ostentaba
de perfección infinito,
de quien todas las bellezas
se derivan como rios.
En fin, lodo lo insensible
racional, y sensitivo,
'
tuvo el sér en su cuidado
Y se perdiera su olvido,
Este, pues, hermoso Asombro
que entre los prados floridos'

por memoria de su muerte
Y prenda de su cariiío.

Su disposición fué parto
de su saber infinito,
que no se ostenta lo amante
siu alas de lo enterldido.
El mismo quiso quedarse
en blanca Flor convertido
porque 1w diera la ausen~ia
de la tibie:a motivo;
que no es mucho que hoy florezca,
pues antes, en sus escritos,
se llama Flor de los Campos
Y de los Collados Ulio.
Cándido disfraz es velo
de sus amantes designios
incógnito a la grosera '
cognición de los sentidos.
Oculto quiso quedarse
entre cándidos armiños,
por asistir como Amante
Y celar como Registro:
que como esposo del Alma
receloso de desvfos
'
la espía por las ve~tanas
la acecha por los resquicÍos.
Quedó a hacer nuevos favores .
porque liberal no quiso
'
Pasa a la Pág. 6

.5

�\'iene de la Pág. 5

~
1

1
1

siguiendo esto, he intentado sepultar
con mi nombre mi entendimiento, Y
Este, pues, triste son intercadente
acordar una fineza
sacrificárselo sólo a quien me lo dió,
de la asombrada iul'ba temerosa,
sin hacer un beneficio.
y que no otro motivo me entró en la
menos a la atención solicitaba
Religión, no obstante que al desembaque al sueño persuadia;
Ostentó lo enamorado
razo y quietud que pedia mi estudiosa
antes si, lentamente
con amantes desperdicios,
intención eran repugnantes los ejercisu obtusa consonancia espaciosa
e hizo lodo cuanto pudo
cios y compafiía de·una comunidad; Y
al sosiego inducía
el que pudo cuanto quiso.
después de ella, sabe el Señor, y lo say al reposo los miembros convidaba,
-el silencio intimando a los vivientes, be en el mundo quien sólo lo debió
Quedó en Manjar a las almas
saber, lo que me intenté en orden a
uno y otro sellado labio obscuro
liberalmente benigno,
con indicante dedo,
esconder mi nombre y que no me lo
alimento para el justo,
Harpócrates, la Noche, silencioso-:
permitió, diciendo que era tentación
veneno pw·a el indigno.
a cuyo, amzque no duro,
y si sería. Si yo pudiera pagaros algo
si bien imperioso
de lo que os debo (señora mía), creo
Mirad de la clara Fuente
qne sólo os pagara en contaros esto,
precepto, todos fueron obedientes:
en el margen cristalino
el viento sosegado, el can dormido,
pues no ha salido de mi boca jamás,
la bella cándida Flor
éste yace, aquél quedo
excepto para quien debió salir. Pero
de quien el Amante dijo:
los átomos no mueve,
quiero que con haberos franqueado de
"Este es mi Cuerpo y mi Sangre
con el susurro hacer temiendo leve,
par en par Jas puertas de mi corazón,
que entregué a tantos martirios
aunque poco, sacrilego ruido,
haciéndoos patentes sus más sellados
por vosotros. En memoria
violador del silencio sosegado.
secretos, conozcáis que no desdice de
de mi muerte, repetidlo".
mi confianza lo que debo a vuestra veEl Mar, no ya alterado,
nerable persona y excesivos favores.
ni aun la insoluble mecía
Prosiguiendo en ]a narración de mi
DEL PRIMER SUEÑO
cerúlea cuna donde el Sol dormía;
inclinación (de que os quiero dar enU los dormidos, siempre mudos peces,
tera noticia) digo, que no había cum-Que "así intituló y compuso ... en los lechos lamosos
plido los tres años de mi edad cuando,
imitando a Góngora".
de sus obscuros senos cavernosos,
enviando mi madre a una hermana
mudos ermz dos veces,
mía, mayor que yo, a que se enseñase
Piramidal, funesta, de la tierra
y entre ellos la engañosa encantadora
a leer en una de las que llaman Amigas,
nacida Sombra, al Cielo encaminaba
Alicione, a los que antes
me llevó a mi tras ella el cariño y la
de vanos obeliscos punta altiva,
en peces transformó simples amantes,
travesura; y viendo que le daban lecescalar pretendiendo las Estrellas;
lránsfol'mada también, vengaba ahora. ción me encendí yo de manera en el
si bien sus luces bellas,
deseo de saber leer, que engañando a
exentas siempre, siempre rutilantes,
En los del monte senos escondidos,
mi parecer a la maestra, le dije: Que
la tenebrosa guerra
cóncavos de peliascos mal formados,
mi madre ordenaba me diese lección.
que con negros vapores le intimaba
de su aspereza menos defendidos
Ella no lo creyó porque no era creíble;
la pavorosa Sombra fugitiva,
que de su obscuridad asegurados,
pero por complacer al donaire, me la
burlaban tru1 distantes,
-cuya mansión sombl'ia
dió. Proseguí yo en ir y ella prosiguió
que su atezado ceño
•
ser puede noche en la mitad del día,
en enseñarme, ya no de burlas porque
al superior convexo aun no llegaba
incógnita mm al ciel'to
la desengalló la experiencia y supe leer
del Orbe de la Diosa
montaraz pie del cazador experto-,
en tan breve tiempo, que ya sabia,
que tres veces hermosa
depuesta la fiereza
cuando Jo supo mi madre, a quien la
con tres hermosos rostros ser ostenta,
de unos, y de otros el temor depuesto, maestra lo ocultó, por darle e] gusto
quedando s¡ilo due,ío
yacio el vulgo bruto,
por entero y recibir el galardón por
del Aire que empañaba
y la i\'aturale:a
junto: y yo lo callé, creyendo que me
con el aliento denso que exhalaba;
el de su potestad pagando impuesto,
azotarían, por haber1o hecho sin ory en la quietud contenta
universal tributo;
den. Aún vive la que me enseñó, Dios
de imperio silenciosos,
y el Rey, que vigilancias afectaba,
la guarde, y puede testificarlo. Acuérsumisas sólo voces consentía
aun con abiertos ojos no velaba.
dome que en estos tiempos, siendo mi
de las noctumas Aves,
golosina la que es ordinaria en aquetan obscuras, tan graves,
El de sus mismos perros acosado
lla edad, me abstenía de comer queso;
que aun el silencio no se interrumpía. -,U onarca en otro tiempo esclarecido- porque oi decir que hacia rudos, y potimido ya venado,
día conmigo más el deseo de saber que
Con tardo vuelo y canto, del oido
con vigilante oido,
el de comer, sjendo éste tan poderoso
mal -y aún peor del ánimo- admitido,
del sosegado ambiente
en los nifios. Teniendo yo después cola avergonzada Nictiméne acecha
al menor perceptible movimiento
mo seis o siete años, y sabiendo ya leer
de las sagradas puertas los requicios
que los átomos muda,
y escribir, con todas las otras habilidao de las claraboyas eminentes
la oreja alterna aguda
des de labores y costura que deprehenlos huecos más propicios
y el leve rumor siente
dcn las mujeres, oí decir que había
que capaz a su intento le abren brecha, que aun le ollera dormido;
Universidades y Escuelas, en que se
faroles , sacros de perenne llama,
y en la quietud del nido,
estudiaban las ciencias, en Méjico; y
que extingue, si no infama,
que de bro:as y lodo instable hamaca
apenas lo oi cuando empecé a matar a
en licor claro la materia crasa
formó en la más opaca
mi madre con instantes e importunos
consumiendo, que el árbol de Minerva
parte del árbol, duerme recogida
ruegos, sobre que, mudándome el tra-de su fruto, de prensas agravadola leve turba, descansando el viento
je, me ellviase a Méjico, en casa de
congojoso sudó y rindió forzado.
del que le corla alado movimiento ...
unos deudos que tenía, para estudiar y
cursar la Universidad; elJa no lo quiY aquellas que su casa
so hacer (e hizo muy bien), pero yo
campo vieron volver, sus telas hierba,
PROSA
despiqué el deseo de leer muchos lia la deidad de Baco inobedientes,
bros varios que tenía mi abuelo, sin
-ya no historias contando diferentes,
De la Respuesta de la Poetisa a la muy que bastasen castigos ni reprensiones
en forma si afrentosa transformadas-,
ilustre Sor Filotea de la Cruz
a estorbarlo; de manera que cuando
segunda forman niebla,
vine a Méjico se admiraban no tanto
ser vistas aun temiendo en la tiniebla,
El escribir nunca ha sido dictamen del ingenio, cuando de la memoria y
Aves sin pluma aladas;
propio, sino fuerza ajena, que les pu- noticias que tenia en edad que parecía
aquellas tres oficiosas, digo,
diera decir con verdad: Vos me coe- que apenas había tenido tiempo para
atrevidas Hermanas,
gislis. Lo que si es verdad, que no ne- aprender a hablar. Empecé a depreque el tremendo castigo
garé (Jo uno porque es notorio a to- hender. Gramática, en que creo no llede desnudas les dió pardas membranas dos; y lo otro porque aunque sea con- garon a veinte las lecciones que tomé;
alas tan mal dispuestas,
tra mí. me ha hecho Dios la merced y era tan intenso mi cuidado, que sienque escarnio son aun de las más
de darme grandísimo amor a la ver- do así que en las mujeres (y más en
funestas. dad), que desde que me rayó la pri- tan florida juventud) es tan apreciable
mera luz de la razón, fué tan vehemen- el adorno natural del cabello, yo me
Estas, son el parlero
te y poderosa la inclinación a las le- cortaba de él cuatro o seis dedos miministro de Plutón un tiempo, ahora
tras que ni ajenas reprehensiones ( que diendo hasta donde llegaba ant~s, e
superlicioso indicio al agorero,
he tenído muchas), ni propias refle- imponiéndome ley de que sí cuando
solos la no canora
xas (que he hecho no pocas) han bas- volviese a crecer hasta allí no sabía
componían Capilla pavorosa,
tado a que deje de seguir este natural tal o cual cosa, que me había propuesmá.-r:imas, negras, longas entonando,
impulso, que Dios puso en mí; su Ma- to deprehender en tanto que crecía
y pausas más que voces, esperando
jestad sabe por qué y para qué; y sa- me lo había de volver a cortar, e~
a la torpe mensura perezosa
be que le he pedido que apague la luz pena de la rudeza. Sucedía así que él
de mayor proporción tal vez, que el
de mi entendimiento, dejando sólo lo crecía, y yo no sabía lo propuesto, porviento que baste para guardar su Ley, pues que el pelo crecía aprisa, y yo aprencon flemático echaba movimiento
lo demás sobra (según algunos) en una día despacio, con efecto le cortaba, en
de tan91.ardo compás tan detenido,
mujer: y aun hay quien diga que daña. pena de la rudeza; que no me parecía
que en medio se quedó tal vez dormido. Sabe también su Majestad que no con- razón que estuviese vestida de cab.ellos
1

6

cabeza que estaba tan desnuda de noticias, que era más apetccib]e adorno.
Entréme religiosa, porque aunque conocía que tenía el estado cosas (de
las accesorias hablo, no de las formales), muchas repugnantes a mi genio,
con todo, para la total negación que
tenía al matrimonio, era lo menos desproporcionado y lo más decente que
podía elegir, en materia de seguridad
que deseaba, de mi salvación a cuyo
primer respecto (como al fin más importante) cedieron Y sujetaron la cerviz todas las impertinencillas de mi
genio, que eran de querer vivir sola,
de no querer tener ocupación obligatoria que embarazase la libertad de mí
estudio, ni rumor de comunidad que
impidiese el sosegado silencio de mis
libros. Esto me hizo vacilar algo en
la determinación, hasta que alumbrándome personas doctas de que era tentación, la vencí con el favor divino, y
tomé el estado que tan indignamente
tengo. Pensé yo que huía de mi mismo; pero ¡miserable de mí I trájeme a
mi conmigo y traje mi mayor enemigo en esta inclinación, que no sé determinar si por prenda o castigo me dió
el Cie]o, pues de apagarse o embarcarse con tanto ejercicio que la Religión
tiene, reventaba, corno pólvora, y se
verificaba en mi el priuatio esl causa
appetitus.

UNIVERSIDAD DE
NUEVO LEON
Rector
Lic. Raúl Rangel Frias
Secretario
Prof. Antonio Moreno
Jefe del Departamento de
Acción Social Unil'crsitaria
Lic. Fidencio de la Fuente

ARMAS Y LETRAS
Organo Mensual de la U niversi,
dad de Nuevo León
INDICADOR:
Redactores
Raúl Rangcl Frias
Fidencio de la Fuente
Francisco M. Zertuche
Genaro Salinas Quiroga
Alfonso Reyes Aurrecoechea
Enrique Martinez Torres
Guillermo Cerda G.
Adrián Yáñez Marlínez
Director
Lic. Fidencio de la Fuente
Oficinas
Washington y Colegio Civil
Monterrey, Nuevo León,
MEXICO

Armils y Letras

Sor Juana Inés ...
Viene de la la. Pág.

Fernández de Santa Cruz, dignísímo
obispo de Puebla, con el seudónimo de
Sor Pilotea, a propósito de la critíca
que hizo Sor Juana de un sermón del
P. Antonio Vieyra. Era éste un jesuíta portugués conocidísimo, gran privado de los reyes de Portugal y muy admirado por la reina Cristina de Suecia. En 1674 propuso ésta en la Academia Filosófica que tenía en su palacio de Roma este problema: ¿Hay que
reírse del mundo o hay que llorar por
el?; ¿quién tiene razón, Demócrito o
Heráclito? Defendieron cada una de
estas tesis el P. Cata neo y el P. Vieyra, cuyo trabajo fué publicado en .México en 1685 por el P. José Errada de
Ca petillo con el titulo de Heráclito defendido por el M. R. Antonio de Vieyra, de la Compañía de Jesús. Sí llegó
a leer este libro Sor Juana, no llegó a
impresionarle tanto como un sermón
que el mismo padre predicó en la Capilla Real de Lisboa, en el que discurriendo sobre un tema muy distinto,
las finezas del amor de Cristo al final
de su vida, discrepó abiertamente de
San Agustín, Santo Tomás y San Juan
Crisóstomo, contraponiendo a sus opiniones la suya, que el dió como más
verdadera. No le pareció a Sor Juana
ni cícrta esta opinión, ni admisible la
manera como Vieyra la presentaba y,
primero de palabra y después por escrito, la refutó, defendiendo con tanto
brío como ingenio la doctrina rechazada por Vieyra y dando su propio parecer, agudo y bien fundamentado,
aunque en realidad tan discutible como el de su antagonista. La gran fama de éste y el mucho crédíto de su
impugnadora suscitaron una apasionada controversia, en la que uno y otra
tuvieron ardorosos defensores. Tal vez
el mucho revuelo que esta discusión
produjo moviera al señor obispo de
Puebla, de una parte, a imprimir la
critica de Sor Juana con el título de
Carta witenagórica. Crisis de un sermón del grande orador enil'e los mayores, el P. Antonio Vieyra, jesuita
portugués, y, de otra, a escribirle una
carta, en la que, sin reprobar abiertamente sus estudios y trabajos poéticos
y filosóficos, le exhorta a que dé a sus
lecturas un cauce más religioso, "leyendo alguna vez el libro de Jesucristo. Mucho tiempo ha gastado v. merced, le escribe, en el estudio de filósofos y poetas; ya será razón que se perfeccionen los empleos y se mejoren los
lihros ... Esclavas son las letras humanas y suelen aprovechar a las divinas, pero deben reprobarse cuando
roban la posesión del entendimiento a
]a sabiduría divina ... No es poco el
tiempo que ha empleado vuestra merced en estas sciencias curiosas; pase
ya, como el gran Boecio, a las provechosas." Termina pidiéndole que penetre lo que pasa en los cielos y en el
infierno, que aplique su entendimiento
"al :Monte Calvario" y que se haga una
santa.

bros Sagrados .. . El no haber escrito
mucho de asuntos sagrados no ha sido
desafición, ni de aplicación la falta,
sino sobra de temor y reverencia debida a aquellas Sagradas Letras para cuya inteligencia yo me conozco tan incapaz y para cuyo manejo soy tan indigna." Entrando seguidamente a defender su actitud y su obra, expone
una serie de hechos y razones de los
que se pueden sacar las siguientes tesis: la, Las ciencias profanas ayudan
a la inteligencia de las letras divinas.
2a. La variedad de estudios no daña
a la mente, sino que la ayuda. 3a. El
que se destaca "o lo señala Dios, que
es quien sólo lo puede hacer", es recibido como enemigo común; "assí sucede y assi sucedió siempre". 4a. Quien
tiene afición a la sabiduría, esto es, el
filósofo, cuando no estudia en los libros, estudia "en todas las cosas que
Dios creó, sirviéndome ellas de letras
y de libro toda esta máquina universal"; luego se puede estudiar y aderezar la cena y "si Aristóteles hubiera
guisado, mucho más hubiera escrito."
5a. Las sagradas letras y las historias
profanas muestran numerosos ejemplos de grandes mujeres doctas; luego
razón tiene Arce cuando enseña "que
leer públicamente en las cátedras y
predicar en los púlpitos no es licito a
las mujeres, pero que el estudiar, escribir y enseñar privadamente no sólo ]es
es licito, sino muy provechoso y útil".
6a. No hay inconveniente alguno sino
muchas ventajas en que "una mujer
anciana, docta en letras y de santa
conversación y costumbres" tenga a su
cargo la educación de las doncellas, "y
no que éstas se pierdan por falta ,de
doctrina o por querérsela aplicar por
tan peligrosos medios cuales son los
maestros hombres". 7a. Se interpreta
mal al Apóstol cuando se recurre al
mulieres in Ecclesia teceant para probar que han de ser ignorantes, pues
San Pablo sólo se refiere a "la publicidad de los púlpitos", 8a. "l\fi entendimiento tal cual es" tan libre es como
el de cualquier otro y puede discrepar
de sus opiniones e impugnarlas. 9a. y
última: La poesía, empleada hasta en
]os libros sagrados, de suyo es buena,
aunque algunos la usen mal.
Esta contundente defensa que hace
"la Décima ~!usa" de la libertad de
critica y del derecho de la mujer a la
cultura, es a la vez el último deste11o
del pensamiento mexicano del siglo
XVII y corno la aurora del nuevo espíritu. crHico y racionalista, que tan
fuertemente irrlimpió en :México en la
siguiente centuria.
1GO P. D. Calleja, en la censura de Fama y

Obras póstlrnmas del Fénix de México, décima musa, Sor Juana Inés de la Cruz •• ,

Madrid, afro de 1700.

Hizo mella profunda esta carta en la
religiosa, quien, dejando que por la
herida se le escaparan a borbotones
sus convicciones y sentimientos más
íntimos, escribió una respuesta en la
que consignó: "los mejores datos que
poseemos acerca de su carácter, de su
vida, de sus inclinaciones literarias Y
penas que éstas Je .o riginaron; Y donde, además, con nobilísima entereza,
se declaró en pro de la cultura de la
mujer y sostuvo su derecho a impugnar el sermón que babia impugnado",
(165) Empieza diciendo que "recibo
en mi alma vuestra santísima amonestación de aplicar el estudio a los Li-

Novíemhre de 1951

161 Beristllin, op. cit.
162 La influencia de Descartes sobre Sor Juana Inés de la Cruz y sobre Sigüenza y

Góngora ha sido estudiada recientemente
en Filoso/la y Letras, No. 39.
163 Pp. 171-200 del tomo ll de sus Obras, edl-

ci6n de Barcelona de 1693.
164 P. Diego Calleja , lug. cit.
165 González Pefi.a, op. cit., pp. 90-91.

EL TESTAMENTO DE
SOR JUANA
Una de las publicaciones más sugestivas que haya dado a
luz, acaso, la Universidad Nacional Autónoma de México con
motivo del cuarto centenario de la fundación de esta Casa de
Estudios y asimismo con ocasión al tricentenario del nacimiento
de Sor Juana Inés de la Cruz, es Cuatro Documentos relativos a
Sor Juana, presentados por Lota M. Spell y editados por la Imprenta Universitaria en 1947. (Aunque el año de la impresión
del valioso opúsculo no corresponde, en puridad, a las fiestas de
la fundación universitaria y al natalicio de la poetiza, sí se han
sumado al estimable acervo de ediciones hechas con este mo•
tivo).
Lota M. Spell nos presenta cuatro documentos, debidos a
su acuciosa investigación; entre éstos, el más importante a la
biografía sorjuanista y a la curiosidad pública es el testamento
de la ilustre poetisa, que ahora Armas y Letras publica en la pre•
sente entrega consagrada a rendir homenaje a la monja jerÓ•
nima.
EL DOCUIENTO TESTAllENTARIO
En el nombre de Dios Nuestro Señor
Todopoderoso y de su bendita Madre
la Virgen Maria nuestra Señora concebida sin mancha de pecado original
en quien como abogada guardia y y
amparo de pecadores tengo puesta mi
esperanza.
Sea notorio a los que el presente
vieren cómo yo Juana Inés de la Cruz,
novicia en este convento de mi padre
San Gerónimo que en el siglo me llamaba Juana Ramirez de Asbaje, natural de la provincia de Chalco, hija legítima de don Pedro de Asbaje y Vargas difunto y de doña Isabel Ramírez
su mujer y mis padres y señores considerando la. brevedad de esta vida y
cuán llena está de trabajos y peligros
y que Ja honra del mundo es breve mudable y perecedera y sus placeres f~lsos y transitoria su bienaventuranza y
que todos los que pasan su carrera y
mar tempestuoso es con muchos riesgos y peligros y finalmente que van
más seguros los que van mirando al
norte de la religión que asegura más
la llegada a tomar puerto de salvación
y porque siempre ha sido inclinada al
estado de religiosa en este dicho convento y cercana para hacer mi profesión y ser esta mi determinada voluntad permaneciendo en dicho estado y
para disponer de mis legítimos y demás bienes que me pertenezcan según
lo dispuesto por el santo concilio de
Trento para lo cual pedí y se me concedió licencia por el señor provisor de
C'ste arzobispado cuyo tenor es como
sigue:
(Aquí la licencia)
Por tanto estando como estoy en mi
libertad y en mi acuerdo y entera memoria y creyendo como creo en el misterio de la Santisima Trinidad de Dios
Padre Hijo y Espíritu Santo y en todo
aquello que tiene, cree y confiesa Nuestra Santa ~ladre Iglesia Católica Romana en cuya fe y creencia he vivido y
protesto vivir y morir otorgo que hago
y ordeno mi testamento en la forma y
manera siguiente:
Primeramente ofrezco mi ánima,
cuerpo Y vida a Dios Nuestro Señor
que la creó y redimió con su preciosa
sangre y cuando su Divina Majestad
fuere servido de llevarme quiero ser
sepultada en la parte y lugar en que
se acostumbra sepultar a las religiosas
profesas que lo han sido de este dicho
convento .
Item mando a las mandas forzosas y
acostumbradas dos tomines a cada una
con las que aparto de mis bienes.

Item declaro tengo en poder de doña Isabel Ramírez mi madre doscien~
tos cuarenta pesos de oro común en
reales cuya cantidad me dió y donó el
capitán don Juan Sentís de Chavarría
declárolos por mis bienes.
Y para cumplir y ejecutar este mí
testamento y lo en él contenido dejo
y nombro por mis albaceas y tenedores de todos mis bienes a la dicha doña Isabel Ramírez mi madre y a doña
Maria y doña Josefa de Asbaje y Vargas mis hermanas y cada una y cualquiera de ellas en solidium y cumplido y pagado en el remanente de todos
mis bienes derechos y acciones que en
cualquiera manera me pertenezcan por
cualquiera derecho yo haya de haber
por mandas legados (o) donaciones o
en otra manera.
Dejo por mi heredera universal a la
dicha señora doña Isabel Ramirez mi
madre y señora reservando como desde luego reservo el gozar del usufructo de todo lo que asi me perteneciere
todos los dias de mi vida para ayuda
de mis necesidades sin que por esta
causa ni otra ninguna el dicho convento pueda adquirir derecho ninguno a
nada de lo que así me perteneciere por
que desde luego queda y lo dejo excluido de todo y por causa de ser fallecida la dicha mi madre al tiempo
que suceda el mío nombre en su lugar
en derecho y por falta de todas a los
que legitimamente les perteneciere y
en esta conformidad quiero que se
guarde y observe por ser así mi voluntad. Y declaro que la cantidad de los
tres mil pesos de la dota que se entregó a este convento no es de ninguna
de mis (s) legítimas y para que así
conste lo declaro y por el presente revoco y anulo y doy por ningunos otros
cualesquiera testamentos codicilos
mandas legados que antes de ahora haya fecho y otorgado por escrito y de
palabra para que no valgan ni hagan
fe porque este que ahora otorgo quiero
que se guarde cumpla y ejecute por tal
Y por mi última y postrimera voluntad o por aquella vía y forma que en
dicho lugar haya que es fecho en la
ciudad de México a veinte y tres días
del mes de febrero de mil seiscientos
sesenta y nueve años, y la otorgante a
quien yo el escribano doy fe. conozco
lo firmo siendo testigos el Padre Antonio Núñez de la Compañia de Jesús
Y el licenciado Joseph de Lumberia y
Juan Güemes vecinos de MéxÍCo.
Juana Ines dJ la Cruz.
Ante m(
Joseph de Anaya
Escribano de su Maj_estad. , '(

'7

�Romance

Provenza
Rafael Heliodoro VALLE.

A Salvador Toscano, en el aire de México
Hemos dejado a París
por verificar el vino
de la Provenza en que está
el aire recién nacido,
y se nos queda temblando
el alma en gótico fino.
Tartarin es uno de
nuestros más viejos amigos,
y también a visitarle
de lejos hemos venido.
Hay también un anfiteatro
de un siglo anterior a Cristo.
Aviñón, Carlos Marte!,

palacios cardenalicios,
sobre las piedras más sólidas
que labró el cincel antiguo.
Ahora comprenderás
antes de que el Año Santo
nos impulse, arrepentidos,
a ir a Roma por todo.
No sé bien si bien me explico,
pero este viaje a Aviñón
es poderoso incentivo
para saludar a Pedro
-el pescador sensitivoy a Pablo, que sigue siendo

***
La Universidad de Nuevo León ha
mantenido desde su fundación un
vasto plan editorial que dcsari·?lla al
través de Publicaciones cuya circulación comprende a todas las lnslitucioncs oficiales, uni \'crsitarias, acudémicas, atcncistas, centros culluralcs,
sociedades de diversa índole Y personas, en América y Europa.
Entre el cuerpo de ediciones que
aquí se imprimen figura nuestro mcnsuario "AIIMAS Y LETHAS", que recientemente ha estaUlccülo una sección -LIBROS-, en la que fígurun
comentadas las obras úllimamcnle apa-

recidas en las prensas americanas.
Dada la extensa órbita de circula-

ción del Boletín arrilJa mcncionado1 Y

y unos puentes y ese rio

de nosotros los corintios

que puede muy bien decir:

-no olvidando que del maya

"Voy cantando, luego existo".

y del azteca venimos-

Un palacio de los Papas

paloma y águila y

en interés de ofrecer al lector americano una juiciosa información del Cundo y continente de la obra, cotejada
a la luz de un crHcrio ecuánime Y a
tono con la moderna interpretación
del pensamiento científico, literario o
artístico, "AHMAS Y LETIIAS" se com-

-un Gregario, un Benedicto-,

uno de nuestros amigos.

con este propósílo de orden cultural

corriente grave peligro,
y, según dicen -mesándose
las barbas- los eruditos
el primer Papa cismático
se llamó Clemente V.
A viñón era uno de
los Estados Pontificios;
su vasta muralla da
una idea del recinto

En un ómnibus alado
esta mañana salimos
para Nimes. En el cielo
Hay en Nimes un gran puente
y un acueducto que se hizo
cuando Augusto Octavio era
el Emperador omnímodo.
Y aquí suspendo esta carta

un banquete en que bebimos

nos espera en Tarascón

junto a banqueros solemnes

nueva danza y viejo vino.

un maravilloso vino,

En esta tierra Petrarca,

una escala de Jacob

bajo un cielo cristalino

en busca del infinito.

conoció a Laura y acaso

papal ••• pues hubo un concilio
en 1409,
afirman los eruditos.
Una cartuja se ve
al otro lado del rio,
y hay que ir a ella para
catar el benedictino
en su fuente primordial;
y hubo unos frescos magníficos
que pintó Juan de Viterbo,
pero quedan sus vestigios;
y aquí y allá se levantan

prestigiosas prensas, las cuales serán
objeto de nuestros co111cntarios, en la
medida que vayan llegando a nuestras

manos.
Los envíos deben hacerse a:
"ARMAS Y LETflAS",
Universidad de Nuevo León,
Plaza del Colegio Civil,

Monterrey, Nnevo León,
Jlléxico.

pues -¡ni para que te digo!-

Salvador, sobre aquel cisma

León, solicitándoles el en vio de cada

una de las ediciones nacidas en s_us

arde el más puro zafiro.

y anoche nos ofrecieron

Te iba diciendo, querido

place en invitar a ustedes a coadyuvar

que anima a la Universidad de Nuevo

el cisma, la Cristiandad

8

Alas Casas Editoriales y alos Sres. Distribuidores y Libreros
del Continente - -

Con la satisfacción de hab1::r señalado en las breves lineas que anteceden la resolución de una urgencia inherente a la cultura moderna. y esperando recibir en breve de ustedes el
aliento a esta sugerencia, la Univcrsi•
dad de Nuevo León les testimonia las

vivas expresiones de su más alto reconocimiento.

debajo de estos olivos.
Esta luz de la Provenza
me ha embargado los sentidos;
la sangre se me acelera,
y hacia todo lo que miro
veo la belleza en flor,
y estoy como florecido;
y entre viñas y recuerdos

PUBLICACIONES PERIODICAS

Armas u Letras.-Boletín mensual de
la Universidad. Se reparte por can•
je a las Instituciones de Cultura, Y
libremente a quien la solicite.

Universidad. - Revista semestral. Se
distribuye por cambio bibliográfico

a entidades culturales y libremente
a quien la solicite.

soy diferente y el mismo;
soy primavera en otoño,
amor azul en domingo;
quiero hablar y ya no puedo,
quiero olvidar, y no olvido.
Nimes, 10 de septiembre 1950.

Para la adquisición de obras de ven•
ta, toda correspondencia y valores deberán remitirse al Jefe del Departamento de Acción Social Universitaria
Lic. Fidencio de la Fuente, Universi•
dad de Nuevo León, Plaza del Colegio
Civil, Jllonterrey, Nuevo León, Méxi•
co.

Armas y Letras

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                <text>Es una publicación trimestral editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León a través de la Editorial Universitaria. En las páginas principales de Armas y Letras se incluyen textos literarios, particularmente poesía, narrativa y ensayo, de escritores destacados de la localidad, nacionales e internacionales. Inició en 1944 de manera mensual, se mantiene activa en soporte físico y digital.</text>
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              <text>Es una publicación trimestral editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León a través de la Editorial Universitaria. En las páginas principales de Armas y Letras se incluyen textos literarios, particularmente poesía, narrativa y ensayo, de escritores destacados de la localidad, nacionales e internacionales. Inició en 1944 de manera mensual, se mantiene activa en soporte físico y digital.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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