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                  <text>Organo Mensual de la Uníversídad de Nuevo León
Registrado como artículo de 2da. clase en la Administración de Correos de Monterrey, N. L., el 29 de Abril de 19H

D. A. S. U.

Año VIII

No, /2

Dícíembre de 1951

Civilización y Cultura
Campio CARPIO.

Todo acontecimiento social repercute en las actividades de
nuestra conciencia humana. En literatura, que es humanización
de seres e ideas, elevadas a categoría de arte, Grecia nos dió el
ejemplo vivificante y divino de la belleza creadora. La Revolu•
ción Francesa, que conmovió el mundo en sus cuatro extremos,
Jacobo AYALA VILLARREAL. tuvo la gran virtud de abrir las puertas al pensamiento encadenado. A estos dos acontecimientos singulares en la formación
de la cultura moderna, les somos deudores por los conceptos, arTambién tiene entronque kantiano la corriente filosófica te por la verdad y belleza por la libertad que, invertidos, pueden
jurídica que considera el Derecho como realidad cultural refe• permitirnos todas las especulaciones en la estética actual.
rida a valores 'V la Filosofía Jurídica como Filosofía de los Valores y de la Cultura, aplicada al derecho.
Prisionera la poesía española de influencia romántica, y
cuya inspiración agotara en quince siglos de historia con sus luConsidera esta corriente filosófica que la realidad es la sÍn• chas turbulentas, cuando América lanzóse a la conquista de su
tesis categorial de las percepciones sensibles. Acepta dos puntos vida civil y trató de armonizar su propia existencia colectiva cade vista desde los cuales puede considerarse esa realidad: uno, recía de vitalidad como para enfrentarse a estilos nuevos en'que
según que se atienda a lo general y uniforme, y el otro, según el continente reventaba de emoción. Tampoco puede interponer
que se considere lo especial e individual. Pero lo especial e in• diques de contención al torrente de ideas que surgía de aquella
dividua!, para ser objeto de consideración, requiere un proceso gente magna, hoguera en que hervia el alma de todo un mundo
de selección, que habrá de llevarse a efecto valiéndose de un y que, en el corto lapso de meses, envolvió a veinte naciones distrabajo de valoración, es decir, refiriendo la realidad a valores, puestas a conquistar su libertad. Y todas estas manifestaciones
a fin de determinar qué realidades de entre las especiales e indi- co.1:1-vertidas en pensan_i.iento, fueron apoderándose de sus propio;
viduales cabría tomar en cuenta. La consideración general y teJ1dos para tronar mas tarde en nuestra lengua viril en el acon•
uniforme de la realidad corresponde a la naturaleza, y la selec• tecimiento más grandioso que conmovió al mundo' con sus exción valorativa de lo especial e individual, corresponde a la cul- plosiones de liberación como ningún otro, de tal magnitud re•
tura. La ciencia cultural es, de esta guisa, la realidad referida a cuerda la historia del hombre.
'
valores.

Estos razonamientos surgen del estudio concienzudo que de
la Filosofía de la Historia realizaron los principales exponentes
de esta escuela: Windelband y Rickert.
Fieles a su origen neokantiano, los primeros filósofos que
expusieron estas tendencias en el campo filosófico jurídico, quisieron introducir el concepto de valor en el Derecho, de mane•
ra formal, rehuyendo toda idea concreta, y buscando e.~ esta
forma pretender realizar mediante el empleo de
nocwn de
valor una ordenación lógica del Derecho. La razon de ser del
Dere~ho habría de buscarse en su congruencia con esa idea orien•
tadora -meta formal que debería servir de guía. H_asta aquí
pueden apreciarse los puntos de contacto de esta corriente con
la doctrina Stammleriana evolucionada.

½'

Presos todavía de profundo horror a la m~~física, los_ ex•
ponentes de esta escuela, en más o en menos, quisieron esquivar
toda especulación que tendiera a rozar ~on ella, Y a eso s~ d~b~
su rotunda negativa a precisar el contenido ~e los valores 1ur1d1cos, y su afán en servirse de ellos, como equivocadamente creyeron hacerlo, de orientación lógica del Derecho.
Pasa a la Pág. 7

De aquella epopeya surgió América,
en cuerpo y espíritu, como producto
de nobleza castellana, para encontrarse hoy, tal cual es, en su lento caminar
por los derroteros de la cultura, sino
con acentos p'erfectamente definidos
como para seiialar una ruta a la civilización, con ese inmenso afán liberador
que no olvida, que resultan tan caros
al corazón y al alma. Porque en aquella lucha los hombres de estas comunidades aprendieron a conocer la libertad de evasión hacia el hombre y las
ideas1 rayo de luz en las tinieblas, ron
ese concepto preciso del valor que Je
distingue dentro del concierto universal. Desde entonces, fuimos auscultando y desprendiéndonos del pasado para acercarnos al porvenir, en un estudio incesante que seguimos con cariño
a la distancia del tiempo, identificándonos con lodos los problemas de la
vida humana, a ninguno de los cuales
somos ajenos. Llegando aqui, colocados en la ruta del futuro, proseguimos
esta labor con la mayor responsabilidad como testigos del destino.
En materia de arte, la conmoción

europea de principios del siglo iluminó un camino que todavía también nosotros estamos recorriendo a tientas.
Varios estilos y sentimientos estéticos
nos sirven de lastre, sin que hasta hoy
hayamos determinado con precisión
una preferencia emotiva. Desde hace
más de seis lustros, venimos discutiendo con pasión y nuestras miras se inclinan siempre hacia la libertad corno
punto central invariable en la vida del
hombre. Y esta es nuestra única verdad: abrir surcos profundos en la conciencia, aunque a flor de la piel aparezcan escozores distintos. Aquí hundimos nuestra reja porque sabemos
que pervivirá a la acción devastadora
del huracán.
La última hecatombe ha desilusionado a quienes esperábamos la alborada
naciente en lodos los confines. Aquella
lucha de conciencias nos prometía en
la paz el gran cometido de dignificar
al arte y al hombre con la tierra, con
la fuerza de la luz y demás agentes físicos, en esa necesidad de humaniza-

Pasa a la Pág. 6

�bros de Caballerías. En él las ilusiones de la juventud y los anhelos infantiles mal satisfechos palpitan aún, y ]o
empujan al mundo en procura de fantásticas aventuras. Pero no es el mundo real el que busca, sino el mundo
"El hombre es un dios cuando se en- ideal que su mente enfermiza le ha
trega a sus sueños y un pobre sér cuan.- forjado. Y he aquí con vertido en Ordo se pone a reflexionar."
lando, en Amadís de Gaula y en LanFriedrich Hoelderlin. celot, transformando a las rústicas aldeanas en adorables princesas, los molinos de viento en gigantes, las ventas
Nunca será suficiente cuanto se diga en torno de Hamlet en castilJos y los rebaños de ovejas en
agresi,·os ejércitos. Imaginemos las cóy el Quijote, esas dos grandes figuras de la Literatura Universal, micas
situaciones del anciano caballeaun cuando los escritores más grandes de la Humanidad les ha- ro montando el mágico caballo Rociyan dedicado sus mejores páginas.
nante, confundiendo una vulgar hacia
de barbero con el maravilloso yelmo
Propiamente se les considera como universalmente simbó- de :\Iambrino y arremetiendo contra
licos y no en vano se ha escrito sobre ellas numerosos estudios, unos cueros llenos de vino tinto a los
que tomaba por el gigante enemigo de
comentarios y ensayos.
la princesa )Iicomicona.
El hombre -investigador incansable- trata de encontrarA cada paso encuentra tropiezos y
se a sí mismo en las profundidades del pensamiento universal. contratiempos sin que esto le posterCada día hace un nuevo descubrimiento y aun no se ha dicho gue el ánimo jamás, y acomete nuevas
empresas en las que siempre sale malcon satisfacción todo lo que ese arcano encierra.
parado, provocando la hilaridad o la
Ese afán escudriñador y un estudio en el que Xaij1aniel, un joven estudian- compasión del lector, hasta que desendetenido de ambos libros es lo que nos te Yisionario y exaltado, que bajo el ga,'íaclo al fin, vuehe a su .aldea donde
ha impulsado a sumarnos al número influjo funesto de un tal Coppelius, de muere reconociendo sus errores.
En esta ficción, el ingenioso Cervande los que han abordado ese tema, tra- alma perversa, se enamora perdidatando de establecer un paralelo com- mente de una autómata a quien toma tes se burla de sus fracasos y sus desparativo entre uno y otro.
por una mujer real de una belleza ex- dichas, el genio que lo posee, que tanNacidos en la misma época, lleva ca- trnrv·rlin~ria. y oue cn::inrlo se &lt;la .tra- tas veces lo ha hecho remontarse en
da uno el sello característico de su ra- za al fin de que no es más que una mu- las alturas para caer nuevamente venza. 'Cno, el marcado pesimismo de los ñeca, pierde la razón y se quita la vi- cido en tierra, de la España Imperial
germanos, que perdida su fé en los da. ¡ Cuánta verdad encierra esta bre.. ~· soberbia a 1a que el destino ya ha
marcado un límite a su gloria, esplenhombres busca en las alturas metafísi- Ye historia tan inverosímil!
cas el consuelo que en los seres vivien¡ Deslumbrados por el falso brillo, dor y poderío, en fin, de la Humanidad emprendedora e incansable.
tes no encuentran.
corremos tras de vanos espejismos!
Ilamlet ha sido el precursor del des¡ Hay un poco de locura quijotesca
¿.Xo hay un poco de pesimismo endichado lV erther de Goethe, del Man- en cada uno de nosotros!
medio de esa alegría mal disimulada
fred de Byron, del Hyperion de HoelNos parecemos al marino que en las en la figura famélica del Caballero rl~
derlin, del René de Chateaubriand y costas de Sicilia cree divisar a lo le- la Triste Figura? ¿No es acaso el soñade todos los atormentados que produ- jos los espléndidos palacios de Fata dor derrotado, el idealista vencido?
jo el movimiento romántico literario }Iorgana, cuando todo es producto de ¿No es, por ventura, el eterno luchador
del siglo XIX.
la niebla.
contra la avasalladora corriente del
Ese hastío de la vida terrena y ese
Yolviendo a nuestro tema, encontra• mundo que termina al fin por arrasdisgusto de si mismo y de los demás, mos que, siguiendo caminos opuestos, trarlo consigo'/ Alli ha querido retraesas reflexiones sombrías, parecen te- ambos personajes persiguen una sola tar la soledad e incomprensión de que
ner su origen en los desengaños senti- cima: la eterna búsqueda del ideal hu- el genio está rodeado y con amarga
mentales, señalan sus fuentes, sin du- mano. l'no, por medio de la razón, ironía señala las burlas y escarnios de
da en el viejo ascetismo cristiano que lo cree muy distante, casi inaccesible que es víctima.
buscaba la gloria en el más allá, des- y desconfía de alcanzarlo: el otro, con
HamJet es un joven príncipe de Dipreciando lo mundano y perecedero. la ilusión, con la fé en él, lo advierte namarca al que el destino ha escogido
El Cristianismo que irrumpió en el muy próximo.
para vengar Ja muerte de su padre. De
mundo pagano despojándolo de sus
Ambos personajes en continuo con- espíritu débil e indeciso, vacila a cada
falsos atractivos y les señaló su co- traste parecen se1lalarnos los extremos paso perdiéndose en reflexiones fiJorrupción y su asquerosa lepra.
del alma humana, tan pronto sujeta a sóficas que aumentan su amargura. Al
Sin embargo, los románticos se apar- risueiias esperanzas, tan presto some- fin, poseído de un arrebato de violentan del común sentimiento religioso. tida a tremendas sacudidas que nos c~a,. mata al asesino de su padre, preEl delirio místico es substituido por el arrancan de nuestro suell.o.
c1p1tando su propio fín y el de los sedelirio patriótico y liberal. En lugar
Hamlet es presentado por primera res que ama.
de resolver los problemas religiosos, vez en un país nórdico, Inglaterra;
¿Cuántos nos hemos encontrado en
buscan la solución ele los problemas Don Quijote es publicado en un pais la terrible encrucijada de Ja vida en la
humanos impulsados noblemente por meridional, España.
que el cielo y la tierra parecen conjusentimientos idealistas, pero lo encuenHamlet fué recibido con clamorosos rarse contra nosotros·? Todos los espítran de tantos terribles obsta.culos co- aplausos, en tanto que la obra maestra ritus del ~fa! parecen acosarnos, y enmo existen, cuando conocen que su es- de Cervantes fué considerada romo tonces quisiéramos c]amar:
fuerzo es vano, yacen abatidos por el una más de las pobres novelas de Capesimismo, y el pesimismo nos hace balJería, a las mismas que estaba des- ¡~er 0 1no ser! ¡La alternativa es ésta!
escépticos.
tinada a dar muerte.
S1 es a la lu= de la ra::ón más digno
Ejemplo nos dieron de ello Lord
En aquella época Inglaterra se pre- Sufrir los golpes y punzantes dardos
Byron, Enrique Kleist, Federico Staps paraba para la aparición de una nue- ~e Sllerte horrenda, o terminar la lucha
y Karl Sand.
va aurora social, estaba en vísperas de En guerra contra un piélago de males.
Hamlet desesperado, anhela la paz convertirse en un gran Imperio. Esde un sepulcro, desengañado al fin de paña vivía en el cenit de su gloria; era
Entonces hay que sujetar los violenlos mortales. En su nunca bien elogia- dueña y señora de uno de los más gran- t~s deseos del corazón humano contedo monólogo, exclama:
des reinados que hayan existido, aun- mendo nuestras palabras y haciendo
que después, inevitablemente, se apro- frente a Jas injusticias con gesto heMorir, dormir. Xo más, y con un sueño ximaba con paso fatigado a su ocaso.
róico.
pensar que concluyeron las congojas,
Shakespeare, autor inmortal de HamLa sombra taciturna de Hamlet se
los mil tormentos de la carne herencia, 1et, lleva una vida de sosiego y tran- pasea aún sobre la tierra agigantándodebe término ser apetecido ...
quilidad inalterables, en tanto que Cer- se más Y más con el rostro abatido por
vantes, el genial autor de Don Quijote, el ~olor que_ abruma a los mortales.
"¿Morir? ¿Qué significa ésto?" -nos se de,·ate en una azarosa existencia,
No han sido pocos los críticos que
dice Werther al borde de la tumba miserable y desdichada. Shakespeare h~n discutjclo el carácter de este prínemulándole- "ya lo ,,es; los hombres muere aplaudido y admirado; Cervan- cipe. h_urano que busca en la soledad
soiiamos cuando hablamos de la Muer- tes muere olvidado y Heno de amargos el a11v10 de su corazón oprimido, ahote.u Y Kant, antes que este ú1timo, ya desengaños. L'no nos cuenta sus luchas ga_ndo sus deseos de venganza, repriaseguraba que el hombre sólo goza de interiores y nos dice a qué precio con- miendo ~on frases mordaces su dolor
paz perpetua en su Ultimo sueño.
quistó la gloria; el otro nos narra sus P_e_ro vacilantes siempre cuando la oca~
El Quijote al contrario; busca la per- sueños y su triste despertar.
s1on se presenta propicia a Némesis
fección en las cosas que lo rodean y
l\liremos, si nó, uno y otro libro. EnBusca ansiosamente, y huyiy a la ~ez
les atribuye un alto valor del que ca- contramos en uno El ingenioso ._Hidal- el -~omento preciso para ejecutar s~
recen.
go Don Quijote de la Mancha, la his- m1s1ón, tratando siempre de justificar
Podríamos recordar aquí un cuento toria de un anciano salido de quicio con razones poco válidas su falta d
de Hofmann, El Hombre de la Arena, por la lectura desenfrenada de los li- valor en el instante oportuno. Siempr:

Hamlet y el Ouij □ te

1'

11

2

desmaya, en vano lucha consigo mismo
y se reprocha su cobardía. No obstante que la sombra misma de su padre le
scfiala al criminal) duda de si es objeto de una burla infernal para perder
su alma obligándolo a sacrificar a un
inocente. Busca pruebas palpables contra el asesino, y cuando las encuentra
aún tiene motivos para eludir su venganza que parece espolearlo desde el
fondo de su pecho, gritando desesperadamente imprecaciones por el desequilibrio del mundo, al que maldice,
queriendo a la vez sujetarlo a un orden
apolineo.
)Iás adelante dirá a Rosekranz, co~
rno desahogo de su amargura y sus deseos reprimidos: ¡Dinamarca es una
prisión!
¿No desearía, entonces, marcharse
lejos y abandonarlo todo? Sin embargo, tiene que permanecer allí soportando su pesada cadena. ¿No quisiera sepulUtrse en el olvido? Aun vacila en el mismo umbral de la muerte:
¿ ... Quién soportara
Cargas que con gemidos y dolores
Ha de llevar en vida fatigosa,
Si el recelo de 11n algo tras la Muerte,
Inc6gnila l'egión de donde nunca _
ruelve el viajero, no turbara el juicio,
Haciéndonos s11f1·ir el mal pl'esente,
Antes que en busca ha de ir de lo
ignorado?

Así desfallece una y otra vez hasta
que el destino implacable decreta su
perdición y la de su enemigo; y sólo
cuando las circunstancias lo obligan a
obrar, cuando ya no puede volverse
atrás. arremete contra éste.
Trágicamente termina la vida del
Principe, vida que parece deslizarse
entre el genio y ]a locura, y aún terminado el drama nos parece seguir escuchando las últimas palabras que le
dirige su fiel amigo Horacio:
¡Adiós, adiós, amado príncipe.
Los coros angélicos
Te acompaiien al celeste descanso!

El Quijote es el idealista que cree;
Hamlet, el que duda aún de su razón
misma. El Quijote el que obra, Hamlet
e] que piensa.
El Quijote sueña, vive un mundo de
ilusión del que ni los rudos golpes de
la realidad lo arrancan; Hamlet analiza con crudeza la realidad a la que su
pesimismo hace más cruel aún.
En Hamlet, un espectro vuelve de
las llamas del infierno flamando venganza ... era el gran fantasma, la sombra de la Edad Media que se alzaba sobre el mundo, como el astro de la noche en el momento en que acababa de
descender entre los muertos, nos dice
Chatcaubriand. Si, pero esa sombra
es de sen terrada más tarde por los románticos y fecundizó toda una época
dando a luz a las leyendas de aparecidos, demonios y macabros aquelarres.
En E) Quijote no hay más fantasmas
que los que pueblan la mente ofuscada
Y calenturienta del anciano caballero;
espectros unas veces encantadores,
otras veces pavorosos.
Hamlet profesa un culto profundo a
la amistad y hasta tiene un confidente que le comprende, Horacio. En la
escena del ccmenterjo tiene los mas
tiernos recuerdos de su bufón, Yorick,
pero no le abandonan sus pensamien~
tos lúgubres ... ¡Pobre Yorick! -exclama enternecido cuando el sepulturero le muestra su calavera, y narra a
Horacio, su acompañante, las travesuras de su antiguo amigo y se abandona
a tristes reflexiones sobre la brevedad
de la vida.
Don Quijote sólo tiene a su lado a
su fiel escudero Sancho, quien le sigue
con un áspero sentido utilitarista, guiado por el afán de ganarse la prometida
Pasa a la Pág. 7

Armas y Letras

HERMANO GONFALONARIO
AVGVSTINIANAE FAMILIAE
Federico UHIBE.

Si no precisamente se ha perdido, ni en el fondo alterado
demasiado, sí al decir familia, por secular desconexión de la jerarquía clásica en torno al pater, con agnatis, liberes, serví, cognati y demás graduales ramificaciones, la acepción se tornasola
y convierte en translaticia, lleva y pasa su superficie expresiva a
nuevos ámbitos que derraman el semántico de famuli: La alusión al conjunto no se ha debilitado, sin embargo. Reverendus
Pater Fray Alphonsvs A Vera Cruce, protocatedrático de Filosofía en la Nueva España, perteneció a la orden de servicio de
San Agustín por donde podrá saborearse lo ramplón que ha de
sonar el "de muy buena familia", dicho con pretensiones de per,
sonal galardón, cuando familiar implica entrega y obediencia a
obligaciones que trascienden lo individual. La cursilería lo refiere, ante las verdes uvas, a una cierta grotesca pleitesía colectiva, que se rinde o que ha de rendirse por lo personal de quien
argumenta. Es sencillamente ridículo y en veces conmovedor
por lastimero y exagerado: Se pretende en esas actitudes, la evasiva del linaje familiar, a par que. se reclama su acatamiento y
respeto concentrado en solamente un individuo. Es estrafalario.
Entre las amenazas que contra la Filosofía gravitan desde antes de la semiórbita de nuestro siglo, anticipa
Aloys Müller que su texto de Introducción se destina a combatir, entre otras,
]a del gregarismo y sus coreográficos
laudes e irresponsabilidades en 1as llamadas escuel3s filosóficas, más que
por el elium Cllm dignitate en todo caso, amanerada traducción latina del
ejolii que destella más tarde en sclwla
como recinto de estímulo, por la opacidad y por el adocenamiento del esfuerzo, la sumisión y deformidad en
el pensamiento. La confesión diagnóstica honra al eminente Profesor de
Koln y muy oportunamente para esta
vez, permite y hace visible el contraste entre los sectarismos frecuentes y
casi típicos por las latitudes ultra
Hhin, enfrente de la personal libertad,
estudiada y mostrada ya en 1Ionterrey
(F. l:ribe, Teoría de la Cultura) como
factible tan solamente en su plena Y
equilibrada sobriedad , ante y según
la proyectiva cultural; y frente también a la complexa valia que la misma
libertad, en cada caso suya-de-alguien
artícula e integra en la forma de responsabilidad tan detallada por Jaspers
como alergénic~ para Sartre en su pavor de engagemen.t. Por cierto que a la
Escolástica, a la contextura familiar
de los agustinos, de los franciscanos y
demás órdenes transPlantadas al ).léxico en estado naciente que mereció ser
tenido por Neohispania, hay necesariamente que reconocerles y conceder
el derecho que entonces tenian Y que
continúan, de ser considerados como
vivo ejemp.lo de familia, de paradigmática fraternidad en cuyo ámbito cada quien se atareó ya que "non esl
servus maior domino" lo cual para nada tiene que Yer, con el servilismo Y
con la abyección de los catarros denunciados por :Mül1er; y que en cambio engarzados en el silencio de afanes' y preocupaciones traídos para aliviar los cuales, en el continuado Y lustral baño de ]a corriente de los siglos,
desde cada espesura mayor, en sucesivas edades bri11aron y ahora, en ésta
nuestra de los cuatrocientos años universita;ios mexicanos, destellan e iluminan.
HELMANTICA PHESTAT
No para las dulzuras ni a los pasajeros regalos de algun hogar completo,
sino para el desierto y los ayunos, a
vencerlo y a poblarlo, fué solicitado

Dícíemhre de /951

Fray Alonso de la Vera Cruz e incitado
a tomar su parte a la familia en el exilio: Las fogaradas del valor preferible
han de haber purificado enérgicamente a aquella alma, libremente puesta a
decidir su elección entre la abundancia salmantina y Jas incógnitas de entonces, por latitudes y bajo cielos de
Anáhuac. Se relata la hermosa duda simultánea al Yiaje hacia el destierro. Ya
el haberlo emprendido dilectivamente,
indica con rigor el temple metálico del
solitario que al aproximarse a los enigmas, ha de poblar el ,·acio con realidades que· no lo olYiden, tal como él no
las desdeüó. Al repetir una ruta de
Cortés mucho menos ostentosa ni lisonjera que la reciente adulación editorial, al entregarse a la tierra para situar su destino, más que para conquistarla e imponer alguno, rl préstamo de
Salamanca, en vez de &lt;lilapidarse sólo
hacia la natura, al revestirse junto con
el húbito sanagustino el apellido toponímico del litoral de su llegada, determina .la predilección de consumarse y
consumirse en la brega por la cultura.
Aunque ilustre y memorable la polaridad de natura frente a cultura, según el prosecutor derivado de la cátedra instaurarla por Fray Alonso hace más de cuatro siglos, el maestro Antonio Caso, y . aun cuando se la sepa
fundamentada y establecida en Heinrich Rickert, ha sido ya posible, en la
labor acadfmica mexicana y con los
rumbos señalados por Fray Alonso, superarla corno contrapolaridad e intermediar la síntesis humana de la premura, de la urgencia existental que asímismo ha sido analizada, a virtud de
estudios que la destiii.en completamente de todo matiz próximo a la torpe
velocidad del espacio, a la funambulesca. organización en el tiempo. Parece
haberlo sabido ya Fray Alonso de la
Vera Cruz y enseñádoselo así a sus primerizos oyentes: Al catedrático de Tiripitío y de la Imperial y Pontificia
Cniversidad, más de dos lustros menor
en edad que el estudio en los paisajes
lacustres purépeches, tanto seguramente como a sus hermanos de orden y a
tocios los cósmicamente dispersos, de
las otras, como sistemas planetar~os en
la virginidad mexicana se les adeuda
el que podamos transitar con conciencia propia, las persistentes distancias
que llevan a la cultura. De entonces y
de aquellos silentes destinos, parten y
se pronuncian los contenidos proféticos de la Ra:a Cósmica auscultada por
Vasconcelos. Similarmente, la estirpe

espiritual a cuyo cuidado y auge se en sus aulas se forman, se informan Y
consagró Fray Alonso de la Vera Cruz, se conforman: Asi vivieron para sojamás lo fué de castas convencionales ñarla y para trazarla, durante la ráfani de personas ni dignidades ficticias: ga imperial ancestra, Fray Alonso Y
Anheló e iniciaba la conformación de Fray Juan de Zumárraga, el protector
algo funcionalmente social, a pesar de Hodríguez y las restantes sombras herque suela" confundirse el ahinco, con el manas de aquel pretérito. Correspodió
de trazado y separación de prerroga- a Fray Alonso de la Vera Cruz pasar
tivas y de privilegios. Basta con vol- por delante de los primeros, con la
ver v con reincidir en la sabida memo- pértiga del gonfalón en la mano turbaraciÓn de su discipulado en torno a da por la primicia y hacia lo alto el
Francisco de Vitoria, aludir a éste Y a brazo, en el gesto del guía que llama al
sus exámenes argumentales respecto al sitio de la más reñida lucha, para que
Derecho de Gantes, para que se elimi- se lo siga y ayude pero acaso en el
ne cualquier suspicacia, así sea de la riesgo fatal de quedar a solas: Talmenlaya de las esgrimidas para asfixiar y te ha solido quedar a su turno la Unipara destruir a la Universidad en tan versidad.
Para cuando un muro universitario
diferentes y variadas ocasiones, desde
cuan&lt;lo los jacobinismos trasnochados, ennoblezca su superficie con la Escueel lamentable Segundo Imperio, hasta la Xeohispana analógica de la de Atelas proclamas destempladas e irres- nas de Hafael de Urbino, puede acariponsables de las que el mismo Antonio ciarse otro ensueño universitario coCaso la salvó hace un cuarto de siglo mo el que soñaron los fundadores e
y a consecuencia de las cuales tanto ha iniciadores de la Universidad en Mépadecido sin marchitarse. Tampoco se xico, el de que varios de ellos aparez•
han muerto ni languidecen las nogale- can entregando u ofreciendo la grímdas con que bordaron, ni las ciudades pola o divisa de esa existencia a Fray
con que ennoblecian el panorama me- Alonso de la Vera Cruz, para que siga
xicano, gestos e impulsos a medias transportándola a lo amplio de los siabrigados en el sayal del todo abiertos glos, igual que recatadamente, su efiy amorosamente derramados en la an- gie de cantera mexicana asoma el roschura de nuestro pretérito como lo ha- tro atento a la Summa de Peccatis, en
cía Fray Alonso, conforme lo justifica la escultura que lo recuerda al centro
todavía nuestra existencia universita- del patio de la Facultad de Filosofía y
ria. En el silencio laboraba y en la Letras en la Ciudad Capital de México,
humildad Jo mismo en Tacitmbaro que su Patria.
en el ).léxico juvenil, para una Patria
recifn nacida. veinteañera casi a cuya
incipiencia, no se detuvo su modestia
seria para organizar y ofrecerle un
UNIVERSIDAD DE
compendio de disputaciones clásicas
NUEVO LEON
bajo el sencillo atuendo de Repaso de
Peqlleñas Sumas, sin perjuicio de que
el tranquilo contenido de esa iniciaHector
ción en ]a Lógica, antecede al macizo
Lic. Haúl Hangel Frías
de la Definición Dialéctica para culminar en el de la .lleditación de la Física.
Para quienes ahora se invisten con
Secretario
pasajeras, dudosas· e ineficaces sonoriProf. Antonio ~!areno
dades so pretexto de o para capitanear
algo, puede quizá resultarles negociablemente útil el informe que en nada
Jefe del Departamento de
hace mella si se Jo suprime al superior
Acción
Social Universitaria
renombre &lt;le Fray Alonso de la Vera
Cruz, de que aparte enseilar y además
Lic. Fidencio de la Fuente
de escribir, de viajar y de misionar,·
todaYia se dió energías para obligarse
a la humildad y para renunciar que es
el esfuerzo más decish·o que impone
la axiotropia humana auténtica. AntiARMAS Y LETRAS
cipa una alrgoria del genuino existente universitario mexicano; por eso ha
sido bastante exacto inaugurar los cursos en la Facultad de Filosofía y Le- Organo Mensual de la U niversitras, con la renovación de opiniones
admitidas pero caducas pues que Ordad de Nuevo León
tega y Gasset, tuvo muy válidas razo•
nes para argüir como lo hizo en GraINDICADOH:
nada, respecto a que la Universidad se
iba desnutriendo de íntima confianza;
y lo mismo, determinantemente podeHedactores
rosos motivos, sustentan la semejable
advertencia de :Martín Heidegger acerRaúl Hangel Frias
ca del trémulo lazo que violenta e impone la reunión de facultades en sólo
Fidencio de la Fuente
un diagrama administrativo y no en
convivencia · académica: La UniversiFrancisco M. Zertuche
dad 1Iexicana, del todo contraria y juGenaro Salinas Quiroga
venilmente, mientras aquéllas languidecen entre aspavientos y falsías, desAlfonso Reyes Aurrecoechca
pierta cuando las otras van a adormeEnrique Martínez Torres
cerse entre laureles; y ha nacido del
amor como la Filosofía que desde la
Guíllermo Cerda G.
cuna le regaló Fray Alonso, no de la
filopraxis como otras espurias a donAdrián Yáñez Martínez
de, como a los sofistas, se pretende ir
y se acude para adiestrarse en hacer
Director
algo, lo que sea, en la opacidad del
nictálope que diagnostica Ortega y GaLic. Fidencio de la Fuente
sset, desprovisto concienzudamente de
todo qué (quiditas) de por qué y de
Oficinas
para qué lo ha de hacer. Por ello la
nuestra ha sido y es Universidad digna del nombre, por universal como diWashington y Colegio Civil
jo Vasconcelos, por completa tal como
se ha pensado que resulten y que lo
Monterrey, Nuevo León,
sean, para su peculiar realidad y para
su auténtica Patria, los hombres que
MEXICO

3

�IPOIESl!A
GUIRNALDA
de Alfredo Cardona Peña
.

Rafael Heliodoro YALLE.

(Al obtener Cardona Peña en.Washington el
Premio Interamericano .d~ \\ash1ngto~, sus
amigos tejieron para fehc1tarle una gmrnalda en versos).

COSTA RICA
En la luz de indulgencias plenarias
ilumina mi vasto jardín,
un silencio morado de guarias
desde el uno hasta el otro confín.
LA SEGUA
Toma esta naranja,
toma este limón,
y la llave de oro
de mi corazón.
Toma mi cariño
y un maravedí,
porque eres el niño
que yo conocí.
TEHUANTEPEC
Sangre de miel y de mitología,
,
canta en mis frutas Uenas de ambros1a,
y os el alcarabán reloj exacto
,
en la noche, lo mismo que en el d1a,
y con Cardona Peña fir~é un pacto
de eternidad azul y Poes1a.
LAS IGUANAS
Ya salió la luna,
ya nos hizo seña,
¡ay, qué gran fortuna
ir de peña en peña!
Vamos, de una en una,
mientras la luz sueña,
a mecer la cuna
de Cardona Peña.
ANDRES HENESTROSA
Yo, zapoteco de la decadencia, .
que de todos me ~u~lo con frec~enc1a,
quiero darte, con aruma tranqmla, .
un consejo: que montes con decencia
los árabes caballos del tequila.
LA LLORONA
Soy la Siguanaba,
soy la Siguanábana;
hacia un siglo estaba
comiendo guanábana.
Actriz de la legua,
soy pobre y fué rica;
me llaman la Segua
en la Costa Rica.

4

Me gusta la anona • • •
óyeme, Cardona,
tuli-tulipán • • •
y O soy la Llorona
., '
allá en Juc h 1tan.

POEMA DEL
DESPRECIO

GARCIA MONGE
Congratulan
el poeta
en su jolgorio,
sus amigos
don Gregorio,
don Mariano,
don Ponciano,
don Celorio,
y "Repertorio
. ,,
Americano .

Efraín lll'ERTA.

El Desprecio, os lo dice
mi cansada ternura,
existe como vidrio
corriendo con la sangrP.

I
Yo viví en otro tiempo,
en cielo y sueño ajenos,
en un grave y pausado cementerio,
en la aridez navegable del hastío.
Llegué a ofrecer mi sangre,
mi aguda sangre de loco minucioso,
por esta idea, o hambre:
tan sólo el alba y ciertas
verdades corroídas,
digo, convencionales hasta el asco,
podían redescubrirme
las virtudes más dulces,
o latir sumergidas
en el nocturno río de mi esqueleto.
Vendido a la esperanza
y a la breve gacela de la ternura,
derramé un frágil llanto
sin sentido ni gracia;
y la bestia, la vida,
en amargos insomnios
me dió apenas el ansia
de la agonía y el crimen.

DON CARLOS BEISTEGUl
(Desde su Palacio de Venecia)
Venga y verá en el Lido
los valses sobre las olas;
a aozar mi tiempo ido,
•
sie"nto que no haya venido
con góndolas y gondolas.
Alfredito,
qué bonito
su versito!
Felicito
a su papá.
¿Cuándo viene
por acá?
Ja, ja, ja!
UN ENVIDIOSO
Bien lo mereces, sí, bien lo mereces
y nadie ha sido más feliz que tú.
Tu nombre vuela en alas de la fama,
desde la Patagonia hasta el Perú,
sobre los rios y los cafetales
y un poco más allá del Ir.!sú. _
Y no te digo más, Cardona Pena,
pues nadie ha sido más feliz que tú.

Pequeño honor, y tú, admira?le prudencia,
y tú también, desierta cortes1a;
esperanza, ternura,
implacable tristeza,
luz, caricia,
candor maravilloso;
río juvenil, tumulto,
ávida voz, placer •••
Y me pregunto, y cierro
la puerta a la zozobra,
. . .
,
.
volviéndome anhelante al mfm1to d1a del desprecio.
IV
Metálica verdad, noche y misterio,
el alto sueño, espada, se desnuda
al pie de lo inasible, como si una
bronca virtud en sangre despertase
a enrojecer mejillas, descubriendo
el bien en fango y la bondad quebrada.
Callen lechos de amor: almohada herida,
sábanas o cuchillas, mustio abrazo.
Oh tú, doliente amigo, y tú, mujer
o vidrio sonrosado: ¿ha de existir
bajo el reseco cielo de esta vida
ese reino de nardos del deseo?

•

Laten palomas grises en la orilla
de todo amor, y al aire que nos nutre
vuele la gris pasión, vuele el silencio
roto en rudas astillas musicales.
(Ruina y melancolía, sudor de fiebre,
amargura de abismo: eso es amor)

11
Pero ahora,
la tristeza es un hecho.
Me golpea una ola de altas penumbras huecas,
cíñenme gris espuma
y el horror de los atrios donde secos mendigos
se arrastran como perros;
me duelen las ciudades
con ese amargo ambiente de conventos,
y el caso doloroso de una mujer que no es
"d u 1ce senora
' " , o "flor ennegrec1'da"·,
mia
y el asunto del alma
(luna cobarde y ciega pálida y enfe~iza)
.
es por siempre un ejemplo de naufragio y ausencia.
(Hay ausencia,
.
si una voz se enmohece al contacto del aire) .

GANIMEDES
Porque en Pegaso galopas
sobre los montes andinos,
quisiera un millón de copas
y llenártelas de vino!
EL AJONJOLI
Nunca les des explicaciones
a los poetastros de manada,
ni al campeón de los Chicharrones,
ni al Marqués de la Carambada •.•
ALBA
La arena del río
le dice al rocío
que tiembla de frío:
¡Amor mio!

( Agua verde: la angustia,
la enemiga del cielo y el deseo.
Niebla y sangre en las manos:
vana es la luz encima del recuerdo,
vano es el fiero mármol de la duda)
III
De mis noches de frío y vegetales ruidos,
de la mujer de seda y el amigo de miel
de mis finas estatuas,
no queda ni una brisa
donde poner la mano y un poco de piedad.
Del vino ardiente, azul,
apenas la soñada belleza
y un murmullo de magia.

SOR JUANA AL POETA:
Tú, el de las voces de carmín canoro,
novio del alba, vínculo del dia,
poco importa romper la jaula de oro
si te labra prisión la Poesía.
El aire fino de Nepantla añoro
con tu poema para el ainla mia,
y espejos de obsidiana puliría
para que reaguardaras tu tesoro.
El alba te revela maravillas,
pero cuando la noche de azucena
sus milagros prolonga, envanescentes,
asoman las palabras más sencillas,
la claridad en torno me enajena
y cantan las alondras transparentes.

O en aquella nostalgia
donde el amor se pudre
cual camello de fuego
sobre una piel indigna.

,•

.Armas y ,Letras

Quizás en ti, oh maldad,
infierno adolescente,
la vida hubiera sido
un instante, un enigma.
Quizás en ti, oh rencor,
ceniza de odio y miedo .• •

Dícíemhre de /95/

Del gesto de aquel hombre que solloza
brota una espiga sorda, desnutrida,
una doliente espiga, frágil, suave,
una verdad perfecta: es el Desprecio.
V

De la esencia del alma, una mañana de espléndido verano brotó
una flor de hielo;
y en esa flor de hielo, un sentimiento;
y con el sentimiento, la desdicha, el negro pan del ansia,
la gris manzana, la potencia del odio;
pero ese odio que es como un río manso, traidor, como animales
de verde espuma en el cuerpo.
No el odio vulgar ni el frío desprecio en venta,
sino una flor, una flor que mi amigo, mi mujer y mi hermano
jamás vieron;
una flor tenue, dulce al tacto y a las palabras, dulce a los
sentidos a los débiles y moribundos sentidos.
Una flor que se abrió bajo mis ojos.
Miré, entonces, hacia el milagro.
Dije que había llegado una hora de dulcísimo amor,
que el corazón, al fin, era la tierra y el agua, el maíz y el clavel;
que el corazón venía hacia mí,
hacia mi llanto imperfecto,
hacia el Desprecio.
VI

Y ha terminado la oración:
esta flor es un templo y un abismo,
una brillante consigna y un apretón de manos.
Porque lo que existe en la sangre no es otra cosa que la verad
la verdad a ciegas y a todas luces,
'
la robusta verdad de los verdaderos hombres.
Junto a la flor del odio y el amor
la tierna flor del ansia y el Desprecio.

�Civilización y Cultura
Viene de la ta. Pág.

cwn implorada. Y la lÜcha continúa
en distintos campos de batalla, con
gradual descenso de la moral de nuestro siglo. La primera guerra grande°
pretendió influir en los espíritus, convirtiendo el dolor lacerante anterior a
la muerte de nuestros padres, los mártires, en himno a la confianza en el
mañana, la seguridad de que el hombre todavía podía y debía ser feli~ sobre la tierra. El era el dueño de su
propio destino y, como medida de todas las cosas, sólo tenía sobre sí la tarea de encauzarlo. ·El mundo parecía
redimirse y una profunda reconciliación animaba las almas. Desde entonces nuestras fibras han sido destro.zadas por el estruendo de las bombas de
cinco toneladas, porque el sufrimiento
invadió todos los campos del espíritu,
cercanos o lejanos al teatro de operaciones. Y lo que prometía conve'rtirse
en un renacimiento del espíritu en todas las actividades humanas, a seis
años de distancia del fin de las hostilidades, la noche va tendiendo su manto funerario sobre el alma; la promesa
hablada y escrita, arrancada a la emoción de la contienda, en explosiones
de marcado lirisnío político, lentamente fué desvaneciéndose, y el hombre
tornándose más adusto y huraño, desconfiado y egoísta. Jo que fué calor
al ruido de ]os cañones y aliento en la
palabra de los conductores de la guerra, se tornó frío cálculo, con rigidez
de dictadura impávida como todas las
tiranías. Y aquí estamos, clavados en
la tierra, bien afirmadas nuestras extremidades, para resistir los mandobles de la fuerza que hasta, solapadament.e1 convierte al arte en instrumento de sus bajos menesteres por medio
ele asalariados alquilados para tan indigna misión. Tan luego, el arte que es
sacrilegio colocarlo bajo la bota del
vencedor, porque es la libertad misma
que habla en sn expresivo lenguaje. Olvidando y olvidados continuamos construyendo ese monumento 1 realizando
el ideal ecuménico que coloque al alma sobre el apasionamiento, el espíritu sobre el interés, la dignidad sobre
la mezquindad.
Ese estado mental preocupa nuestros sentimientos desde hace más de
un cuarto de siglo en que los principios estéticos fueron marcando, a través de la discusión, los senderos por
donrle canalizar nuestros esfuerzos futuros. Hasta ahora no supimos sa·c ar
rendimiento de nuestras especulaciones filosóficas ni imprimir al arte propiamente dicho todo el vigor necesario
para enfrentarlo con los pr&lt;fülernas que
agitan la sangre en esta hora crucial
de la historia. Nuestros pensamientos
giran en torno de la libertad, de Ja verdad y de la belleza, pero no le hemos
levantado todavía monumentos que resplandezcan más que la luz del sol. Fuimos cándidos, poetas y pensadores, olvidándonos que el mundo marcha, la
máquina avanza y entre sus engranajes tritura cuerpos y almas. Por donde
pasa aniquila. Y cerramos los ojos a
la razón para no ver de cerca el rumbo que toman las ambiciones humanas
desproporcionalmente irritantes. Así
nos encontramos, con un sistema maquinista sin alma, fría y cruelmente
materialista; con los trusts, corporaciones, sindicatos, monopolios, dictaduras sangrientas con insaciable sed
de sangre y hediendo a carne asada,
en detrimento de la democracia Que va
perdiendo siempre más y del hombre
que pesa cada dia menos en el concierto universal.
El problema del arte en cuanto a
formas estéticas no está resuelto, pero
sí definido que la belleza puede y debe ser un iqstrumento de liberación.

El hombre, como última palabra del
reino de la creación, es el único agente
alrededor del cual giran todas las actividades del universo. Por eso el arte
también tiene el deber de contribuir a
su reconstrucción, no como débil criatura, víctima de una civilización despótica que él mismo ha creado, sino
como representación de su propia
grandeza. No importa que, en la realidad, el hombre sea tal cual conocemos su figura y contextura moral; el
arte debe concebirlo como ejemplo,
como paradigma de tipo consciente
que actúa dentro del más riguroso plano estético, como parte, consciente de
que es en la tierra, donde tenemos
nuestra residencia, en la que debemos
de construir la felicidad.
Europa siempre ha convertido sus
disputas en problemas universales. Durante siglos no ha podido digerir sus
propios noumenos y complica al resto
de las naciones en la solución. Como
el mundo es pequeño, por gravitación.
todos caemos en la misma esfera de
actividades y de ahí que nos veamos
envueltos en la maraña de sus especulaciones. l\fas, en tanto allá la discusión asciende y desciende en intensidad, aquí, en esta joven América, los
hombres hacen suyos los problemas
mundiales. Si su centro de graYitación
todavía puede encontrarse alejado por
distancias geográficas, la batalla del
espíritu adquiere entre nosotros nuevos bríos. Y }a palabra que no puede
pronunciarse allí, recorre el mundo
entero por la ,•ia de comunicación
americana. Frente a 1a incertidumbre
del _porvenir, ante el temor de un nuevo cataclismo de contornos uniYersales
que Europa atiza 1América trata de forjar los eslabones de su propia cultura.
Y como resultante de ello, la nota más
alta de la poesía continental es la que
exprime un mayor contenido humano.
~o arte por arte, según el viejo conceptol sino por cuanto entra,le exaltación del espíritu.
Hasta hoy el arte americano no
siempre encuentra abiertas todas las
fronteras. pese a sus prcOcupaciones
por universalizarse y llcYar ese mensaje fraterno a todos los rincones de Iá
tierra. Hija de la revolución, es de los
albores de su emancipación política
donde el arte adquiere carta de ciudadanía. Sus estrofas están forjadas con
tan puros metales, prometiendo resistir los sacudones de las contiendas que
el horizonte político anuncia con acento agorero. El maquinismo, con su rechinar de. émbolos y bielas, nos presente un panorama bicn sombrío y la
lucha entre la cultura y la civilización
capitalista adquiere a ,·eccs caracteres
trágicos. De un extremo a otro del continente dos formas completamente
opuestas en esencia pugnan por imponer su predominio estético como resumen de este diálogo que trata de definir los destinos humanos. De un lado,
el arte se ha humanizado 1 consciente
de representar al hombre como ejemplo vivo de la grandeza. Poetas, pensadores y artistas imprimen a su obra
esta nota singular que la tCcnica moderna aspira a envolver en sus engranajes. La idiosincracia. del espíritu latino, que a través de la historia ha emprendido todas las hazañas con olvido
de un intcrés inmediato. cultivado en
esta parte del mundo, con aclimatación en torno de ser definitiva, presigue la obra secular de sus viejos maestros que cimentaron ]a cultura occidental en lo que tiene de vigoroso reconfortante- estímulo del alma. De ahi
que se acerque a sus fuentes más puras
en procura de la verdad dentro de la
belleza, sin medir el tiempo y la distancia, con pasmosa impasividad, consciente de que solamente mediante los
·valores espirituales el hombre podrá
operarse el renacimiento efectivo de
la cultura americana, Culminación que
ya se vislumbra en todos los sectores

afines del arte en general, pero con ]a
certidumbre de que cada uno va tomando parte activa en esa manifestación innegable que es toda una realidad.
Al otro extremo, por vía de sus propios agentes raciales y como consecuencia de un trasplante histórico, ]a
técnica aplicada a ]a industria, trata
de imponerse sobre el hombre a quien
considera un instrumento dócil de su
fuerza avasalladora. Dominada por el
interés, que todo lo reduce a metal, el
arte es sacudido por la fiebre de un
destino inmediato que parece escapársele de las manos 1 como producto genuino de la civilización del dinero. El
hombre es víctima del presagio funesto que amenaza con la destrucción &lt;lel
mundo y cada cual aspira a realizar su
sneiio dorado inmediatamente, destrozándose, envuelto en las redes de 1a
economía y Ja política a cuya influencia, lejos de sustraerse y ofrecerle combate, negándole valores, atacándolas,
abjurando de ella y de sus dioses. En
esta esfera, el arte y la literatura encuéntranse librados a una batalla de
proporciqnes jamas observadas en
otras culturas posteriores a la noche
,de los tiempos que JJroccdieron a la
caída del mundo antiguo. El materialismo, como objeto de cotización, esfuérzase por imponer su hegemonía
absoluta sobre el valor espiritual y estético de la obra de arte. La técnica va
minando los campos intelectuales, y no
por condición humana, por ternura,
por emotividad propiamente corno es
patrimonio del arte, sino por lo transitorio, pasajero y vano que es el dominador comúq de una época que tiende
a subyugar al hombre a la producción
industrial. Ese arte, que con ser real,
no alcanza a llenar los claros de eternidad a que debe aspirar toda obra,
resulta negatiYa porque en él desaparece ia persona entre los engranajes de
la economía y la producción.
:Urnoscabado el artista en sus creaciones, arrastrado por las corrientes .
temporales del momento, abren una
pausa en la literatura americana con
gra\·e perjuicio para el futuro de las
especulaciones intelectuales. Porque no
es el artista quien se sobrepone al ambiente sino a YiceYersa; Jos personajes no se elevan sobre el nivel ordinario de la vida cotidiana, sino que se
conYierten en un producto dúctil y
acomodado a tales circunstancias; no
pueden escapar a esa influencia ele
sentinüento frente al mundo monstruoso de la producción en masa ni al Yasallaje de una propaganda ordinariamentr preparada y distribuida en envase /le lata. La literatura entendida
de ese modo, conspira contra el arte
porque reniega de la figura humana.
Y lo que importa en nuestros tiempos
no es la continuidad, paso a paso, al
mismo ritmo de los acontecimientos,
sino la creación de tipos, de personas
vivientes que trascienden de la obra
artística, que salten de las páginas del
libro, del poema o del cuadro para enfrentar la situación. Si la decadencia
humana llega a tal extremo por vía de
la industrialización que el maquinismo
acelera, el arte tiene el deber de crear
personajes adecuados, por su vigor y
reciedumbre, a los tiempos futuros.
Es aquí donde e1 artista encuentra
su verdadera liberación. Si ]a vida
real se somete víctima de esa fuerza,
]a ideal no debe renunciar a su misión
específica. El hombre que no se ha
agotadoi necesita encontrar su propia
representación. La dictadura, que presiona políticamente, anula el arte cuando éste no responde a su cometido. y
la persona humana necesita encontrarse representada siquiera en el mundo
espiritual; quiere palparse a sí misma
demostrar que no ha muerto, que tien~
fe, que cree en el porvenir, en la bondad, en el bien, en la eternidad. Está
huérfana de ternura, de sana emodón ·

'

6

quiere reventar en lágrimas a solas1
Lejos del ojo profano, encerrándose
dentro de su armadura que es el pensamiento. No quiere continuar sometida a 1a dura ley del hierro, sino ex•
pandirse, abrir su corazón a sus hermanos, victimas del rriismo terror que
impone el materialismo del cálculo1
del interés, de la conveniencia. Quiere
observar los relieves morales sobresalientes de la figura ideal para convencerse de que no es este el mundo so:ñado que aspiraría a ,•ivir; convencerse de que después de esto nos espera
una primavera eterna, y con esa ilusión 11evar adelante los proyectos más
audaces, levantar su bandera de combate, pronunciar su mensaje que los
siglos no le han permitido, conquistar
su propia libertad.
Y esta es labor .de responsabilidad.
de identificación con el hombre. Si alguien tiene una palabra que pronunciar, un concepto que eternizar, un
pensamiento que inmortalizar, es el artista. El tiene en sus manos los medios
necesarios para responder al llamado
del destino y hacerse presente. Cuando su ideal se coloca por encima de
las pasiones ordinarias y bastardos instintos, puede realizar su obra de permanencia. La época, el medio, las circunstancias, son pasajeros·; meros acciden.tes en la existencia. Pero estos
fenómenos sacuden el andamiaje moral de las naciones y ]as civilizaciones.
La ciencia, con sus elementos de comprobación, observa y pasa. Apenas si
deja constancia del acto realizado. El
artista es responsable de su presencia
anle la historia. Su propio arte le confiere facultades que no al científico.
Su deber es crear y redimir por medio
de sentimientos, de emociones inmaculadas, que sólo él puede traducir en labor fecunda.
El ponenir nos emplaza a una labor
de contornos universales. Ante el debilitamiento moral pro,·ocado por tal
catástrofe, necesitamos una reacción
vigorizante que nos sobrecoja y en la
cual refugiarnos. Desterrados a un
ambiente de hostilidad, es preciso ofrecer combate a ese destino cruel que invade al mundo de mezquinas pasiones.
Tendremos que reconstrnirnos 1 ofreciendo "ªlores positivos, seguros, para
que la h,u manidad crea en nosotros,
que no olvide su propia misión y confíe en el pon'enir. De almas atormentadas están sembrados todos los caminos; de dolm\ todas las encrucijadas.
Si es la vida que nos presenta e.se des~
tino tan desl?iadado, renunciemos al
pesimismo y que sea el dolor quien
nos redima.
Nuestra generación tiene por delante un gran camino por recorrer. Hasta
aquí lJegó auscultando, observando. En
adelante le corresponderá construir sobre terreno firme. Ningún problema
social o estético nos es ignorado. Obligada a desenYolvernos dentro de un
marco colectivo que cada día reduce a
mayor pequeñez la corteza terrestre y
complica la existencia, tendrá que forjar la existencia idealizada del hombre
en sus héroesi en la paz1 la justicia y la
libertad. No podrá detenerse en creaciones de tipo ordinario porque el
mundo avanza. Y si en rigor de verdad el gran conglomerado humano bien
poco se distingu6 de los que nos han
precedido, los horizontes se ensanchan
a los ojos de la inteligencia. Nuestros
poetas y escritores tendrán que tomar
sus figuras de la representaclón de este siglo renaciente, con sus bata11as
trasc~ndentales que prenden fuego en
1a historia como promesa del ancho
poryenir que nos espera. Siguiendo el
derrotero que nos guió hasta el presente, animados por los ideales altruistas
de la edad contemporánea, podremos
encauzar la manumisión de la persona
humana, eternamente dolorida, cuyo
Pasa a la Pág. 8

Armas y Letras

La Escuela
Sudoccidental
Alemana
1'ie11e d-e la ta. Pág.
Entre los más destacados preconizadores de esta manera de pensar, se
contó Emil Lask, quien sostuvo que el
~létodo Jurídico y el ~Iétodo de la Filosofía Jurídica debían atender, el primero, a la realidad del Derecho, y el
segundo al valor del Derecho. También
plantea el problema de la ídea del Derecho, pero como sus precursores, deja sin resolver el problema, pues rehuye concretizar tal idea, indudablemente en el afán de no recaer en la metafísica.
Gustavo Radbruch considera el Derecho como aquella parte de la realidad cultural referida al valor específicamente jurídico- la justicia. Sin
embargo, Radbruch no c,ree posible
una determinación científica del valor
justicia, pues los valores no son susceptibles de conocimiento, sino de una
profesión de fé . Consecuente con esta
posición, y no siendo posible comprobar la Yerdad o falsedad de los valores, la Filosofía Jurídica no puede decirnos cuál sea la concepción correc1a del Derecho. La torna de posición
que se adopte frente al valor, determinar/¡ el concepto que se tenga del Derecho. Esta toma de posición, a su vez,
estará influenciada por la concepción
del mundo y de la Yida que se tenga.
Dada la naturaleza irracional del valor
y de su apreciación, la Filosofía Jurídica no podría nunca decidirse por
una particular concepción def Dere~
cho, sino que se Jimitaria a enwnerar
todas las posibles concepciones del
Derecho, acordes con las respectivas
concepciones del mundo y de la vida,
y en consecuencia, con la determinada
toma de posición que respecto del valor orientador se adopta.
Hay según Radbruch como posibles
concepciones del Derecho y del Estado, la individualista, la supraindividualista y la transpersonal, ya se confiera valor supremo al individuo, ya al
Estado o ya a los valores objetivos de
1a cultura. Para la concepción individualista, Derecho y Estado 1 son relaciones entre los individuos. A este tipo de concepción pertenece el estado
liberal y demócrata. A la posición supraindividuaUsla, según la cual el Derecho y el Estado son un todo superior
a los individuos, pertenece el conser,·atismo; y a la última concepción
enunciada, la transpersona1 1 corresponde un tipo corporativo de Estado,
ya que esta tendencia considera el Derecho y el Estado como producidos
por el trabajo comlm y sus obras.
Para salvar la pretensión de validez
del derecho positivo, frente al relativismo valorativo que preconiza, acude
Radbruch a la idea de seguridad jurídica el primero. A pesar de esta ingeniosa observación de Radbruch 1 seguiría en pie su relativismo valorativo, y
su inutilidad como instrumento orientador del Derecho, pues llegado el caso a un juez de decidir entre justicia
y seguridad juridica 1 resolvería conforme a su particular toma de posición
y su concepción del mundo, no siendo
posible comprobar su acierto o error.
Pone de manifiesto la anterior exposición, la necesidad que tiene la Filosofía del Derecho de ocuparse concretamente de la precisión científica de
los valores orientadores de lo jurídico.
Decir que la justicia, que el orden Y
que la seguridad jurídica son valores,
que tienen mayor o menor jerarquía,
nada nos enseña de su verdadera consistencia. Debe la Filosofía Jurídica
despojarse de su tradicional ingenui-

Dícíemhre de 1951

dad heredada de Kant y su Razón Pura, para adentrarse hasta el fondo mismo de las cosas1 y analizarlas con un
verdadero afán de desentrañarlas, raya o no en metafísica, caiga o no en
el error. Aqui cabe traer a colación la
muy atinada observación del filósofo
español, José Ortega y Gasset, de que a
la filosofía kantiana, con su sistemática crítica, le interesaba ·más el no caer
en el error, que el acertar. Tilda el célebre filósofo al kantismo de mayor ingenuidadi ya que cree que con volverse de espaldas a la realidad, ya la domeñó; por lÓ que, siempre sería menor la ingenuidad y el error de quien
cae en él, palpando la realidad, que el
de quien rehuye la realidad, y cree en
esta forma poder conocerla.
El Derecho como ciencia necesita de
la posibilidad de comprobación de sus
,,erdades. Como ciencia, el Derecho se
sirve de todos los métodos lógicos para la constatación de sus postulados; y
por más que la intuición no sensible
juegue un papel importante en ]o que
se refiere a la orientación jurídica, no
quiere esto decir que el Derecho se
vea imposibilitado de comprobar el
mayor o menor acierto 1la mayor o mencJr \'erdad de sus enunciados. El Derecho es ciencia social, y cOmo tal 1 tiene por objeto una actividad bumana 1
y la actividad humana tiene siempre
su sentido, su orientación, su significación, en la idea del valor que tiende
a realizar. Cabe si empre buscar, partiendo de determinada realidad social
desde donde se pretende realizar el valor jurídico, los caracteres específicos
del mismo.

Hamlet y el Ouijote
Yiene de la Pág. 2

ínsula. En este libro Cervantes ha afirmado las tendencias groseras y '·ulgarcs que han de contrastar con los ideales quijotescos.

Edad ele Hierro, para resucitar en ella
la de Oro ...
Don Quijote es, pues, el entusiasmo,
en tanto que Hamlet encarna el pesimismo.
La muerte de Hamlct estremece y
horroriza, la de Don Quijote conmueve. La tragedia de Shakespeare sobrecoge, la novela de Cervantes entristece
y divierte.
En Hamlet encontramos todos nuestros temoresl nuestras zozobras y agonías. Parece que leemos en el libro de
nuestra propia alma. En el Quijote
est3.n nuestros sueños y nuestras esperanzas
En cuanto al aspecto literario, el
Quijote dici fín a los libros de Caballerías. apostrofando sus ridiculeces e
inYerosimilitudes, ofreciendo un nuevo impulso a la literatura caste11ana.
Hamlet abrió las puertas a un distinto
moYimiento literario: el Romanticismo, que, rompiendo las antiguas formas, se abrió paso hacia una nueva
era, com·irtiéndose de esta manera en
un jurado enemigo del falso Cla_sicismo.
Hamlet es el eterno afán de la sabiduría: se rmpeña en escudriñar el uni\'erso y aun de adivinar qué hay más
allá, digno émulo del pensador griego
que al fín de su vida reconocía tristemente que nada sabia, y exclama:
¡Hay más coshs en el cirio v en la tierra, Horacio 1 de las que su~ña tu filosofía l Es decir, hay fuerzas a las que
estamos sujetos y no conocemos; hay
mucho aún por descubrir. Lo que hoy
rechaza la Ciencia, mañana lo acepta.
El conocimiento humano se vá penosamente abriendo paso enmedio de las
tinieblas que lo rodean.
Para Shakespeare, que siendo un pobre rústico se convirtió en el gran clásico de la Literatura Universal, por su
asombroso conocimiento ele! alma humana, ésta no tiene misterios. Sus personajes son demasiado reales y sus
dramas son páginas arrancadas al libro de la vida.

En la fúbula cervantina se representa la lucha entre la carne y el espíritu 1
Si Hamlet es la sabiduría, el Quijote
en c¡ue la materia positivista trata de
es Ja ilusión. La ilusión quimérica que
sujetar siempre al sentimiento que vinos empuja a las más descabelladas
ve, a las Yeces 1 de lo abstracto.
empresas, y que si ella nos faltara, jaHamlet es amado tiernamente por más llegaríamos a alcanzar nuestro
una hermosa niña, Ofelia, en cuyo propósito, porque sin fé algnna 1 nos
amor no cree, amargado por sus pro- sucedería Jo que a Hamlet, ¡1ue clama
desesperado:
pias experiencias y reflexiones.
Duda de todas las mujeres y a su Xuestra conciencia
madre misma le reprocha la infidelidad hacia la venerable memoria de sn asi nos acobarda
padre. ¡Fragilidad, tienes nombre de y el natural matiz de
mujer! Con que severidad condena a
la mujer; y a la misma Ofelia dirá más nuestro brío
tarde: ¡ Breve cOmo el amor de una
mujer! Hay, sin embargo, en el fondo Del pensar en los pálidos
de su corazón un gran amor hacia es- reflejos
ta dulce doncella, puesto que en sus
exequias desafia al doliente hermano Se marchitan y asi grandes
de ésta, Laertes1 a hacer por Ofe1ia lo empresas
que él mismo hace, y pide que le sepulten con la bienamada. Su corazón 1 l' de inmenso vale1· su
•
tanto tiempo contenido por su desconcurso tuercen
fianza y falta de fé, estalla en el más
profundo dolor, en cuya crisis los de- Y el distintivo pierden de
más sólo ven rasgos de locura.
su impulso ...
Don Quijote sueña con un amor que
no existe; ha idealizado a una rústica
Cervantes en su libro nos enseña que
aldeana, Aldonsa Lorenzo, a la que dá a veces damos a las cosas más valor
el nombre de Dulcinea del Toboso, y del que realmente poseen y al fin caepor doquier proclama que es una gran mos en amargos desengaños. Otras veseñora cluefia de sus pensamientos. Es- ces, como Hamlet, nos falta fuerza pata palurda apenas ]o conoce1 y cuan- ra realizar nuestras más sagradas asdo llega a oír hablar de el lo juzga co- piraciones. Pero en vano queremos
mo loco.
desligarnos de los lazos terrenales que
nos
sujetan y elevarnos al infinito en
Dón Quijote se cree elegido de Dios,
un
anhelo.
supremo de liberación, mas
uno de aquellos caballeros andantes de
Ludovico Ariosto y Torcuato Tasso estamos demasiado aferrados a nuestras propias miserias.
que luchaban por su Dios, por su rey
y por su dama, y comenta: yo naci
por querer del cielo en esta nuestra
Franz BOCCHSPIES.

A las Casas. Editoriales y alos Sres. Distribuidores y Libreros
del Continente - ***
La Universidad de Nuevo León ha
mantenido desde su fundación un
vasto plan editorial que desarrolla al
través de Publicaciones cuya circulación comprende a todas las Instituciones oficiales, universitarias, académicas, ateneistas, centros culturales,
sociedades de diversa índole y personas1 en América y Europa.
Entre el cuerpo de ediciones que
aquí se imprimen figura nuestro mensuarío "ARMAS Y LETRAS", que recientemente ha establecido una sección '--LIBROS-, en la que figuran
comentadas las obras últimamente aparecidas en las prensas americanas.
Dada la extensa órbita de circulación del Boletín arriba mencionado, y
en interés de ofrecer al lector americano una juiciosa información del fondo y continente de la obra, cotejada
a la luz de un criterio ecuánime y a
tono con la moderna interpretación
del pensamjento científico: literario o
artístico, "ARMAS Y LETRAS" se complace en invitar a ustedes a coadyuvar
con este propósito de orden cultural
que anima a la Universidad de Nuevo
León, solicitándoles el envío de cada
una de las ediciones nacidas en sus
prei:Ugiosas prensas, las cuales serán
obJeto de nuestros coment?·.~ios, en la
medida que vayan llegando a nuestra!
manos.
Los envíos deben hacerse a:
"ARMAS Y LETRAS",
Universidad de Nuevo León,
Plaza del Colegio Civil,
Monterrey, Nt~evo León,
México.
Con la satisfacción de habtr señalado en las breves linea·s que anteceden la resolución de una urgencia inherente a la cultura moderna, y esperando recibir en breve de ustedes el
aliento a esta sugerencia, la Universidad de Nuevo León les testimonia las
vivas expresiones de su más alto reconocimiento.

PUBLICACIONES PERIODlCAS
Armas y Letras.-Boletín mensual de
la Universidad. Se reparte por canje a las Instituciones de Cultura. y
libremente a quien la solicite.
Universidad. - Revista semestral. Se
distribuye por cambio bibliográfico
a entidades culturales y libremente
a quien la solicite.

Para l,a adquisición de obras de venta, toda correspondencia y valores deberán remitirse al Jefe del Departamento de Acción Social Universitaria
Lic. Fidencio de la Fuente, Universidad de Nuevo León, Plaza del Colegio
Civil, Monterrey, Nuevo León, Méxi•
co.

7

�•

INDICE DE LO PUBLICADO EN "ARMAS Y
LETRAS" EN SU 80. AÑO lJE VIDA. 1951

,1

ALFAU DE SOLALINDE, Jesusa.-El Barroco en la Vida de
Sor Juana, núm. XI.
ASOCIACION NACIONAL DE UNIVERSIDADES.-Asociación Nacional de Universidades, núm. III.
AYALA VILLARREAL, Jacobo.-Filosofía General y Filosofía
Jurídica, núm. I; Neokantismo, núm. V; Formalismo Kelseniano, núm. VI, y La Escuela Sudoccidental Alemana,
núm. XII.
BOUCHSPIES, Franz.-Hamlet y el Quijote, núm. XII.
CARPIO, Campio.-Cultura y Civilización, núm. XII.
CASTILLO NAJERA, Francisco.-Sor Juana Inés de la Cruz,
núm. III.
CUEVA, Eusebio de la.-Páginas Desconocidas de ••. La Muer•
te del Almirante (Cuento), núm. IX.
CHAPA, Telésforo.-La Frecuencia de los Riesgos Profesionales en Monterrey. Conferencia pronunciada por ••• durante el desarrollo de la Sección de Ciencias Médicas de la Escuela de Verano, en su VI Anualidad, 1951, al través de
los canales de la radioemisora XEFB, de Monterrey,
núm. XI.
CHUMACERO, Alí.-Alfonso Reyes (Breves notas), núm. VI.
GALLEGOS ROCAFULL, José María.-Sor Juana Inés de la
Cruz, núm. XI.
GARFIAS, Pedro.-Tres poemas recientes de ..• : Muerte, Nocturno y Nocturno, núm. IX.
GOMEZ SANTOS, Federico.-La Enseñanza de la Pediatría en
los Países poco desarrollados, núm. IX.
IZQUIERDO, J. J.-El Libro "Consejos a los Biólogos",
núm. VIII.
JARNES, Benjamín.-Antología de la Literatura. Nota Biográfica sobre André Gide y Bordeaux, núm. II.
MAÑ'ACH, Jorge.-Martí: Ala y Raíz, núm. II.
MORENO SANCHEZ, Manuel.-El Problema Agrario en México ( Conferencia sustentada por el Licenciado . . . en la
Sección de Humanidades de la V Anualidad de la Escuela
de Verano, 1950) núm. l.
ORDOÑ'EZ, Plinio D.-El Maestro Don Serafín Peña (Discur•
so del Profesor ... pronunciado en conmemoración del vigésimo quinto aniversario de la muerte del Maestro)
núm. V.
REDACCION, La.-Doctor Angel Martínez Villarreal; El Patronato Universitario; Crónica Universitaria; Actividades
del Patronato; A las Casas Editoriales y a los Señores Distribuidores y Libreros del Continente e Indicador, núm. I.
Voces Universitarias en el Extranjero; Crónica Universita•
ria; Actividades del Patronato; Prefiguración de nuestra
Escuela de Verano; A las Casas Editoriales y a los Señores
Distribuidores y Libreros del Continente, e Indicador,
núm. II.
Lengua y Gramática; Crónica Universitaria; Viajes y Nue•
vos Poemas de Pedro Garfias; A las Casas Editoriales y a
los Señores Distribuidores y Libreros del Continente, e Indicador, núm. III.
Enrique González Martínez; El Symposium Histórico de la
Lengua Española; Crónica Universitaria, e Indicador,
núm. IV.
Libros; Escuela de Verano; A las Casas Editoriales y a los
Señores Distribuidores y Libreros del Continente, e Indicador, núm. V.
La Escuela de Verano de la Universidad, en 1951; Crónica
Universitaria; A las Casas Editoriales y a los Señores Distri•
buidores y Libreros del Continente, e Indicador, núm. VI.
Del Siglo de Oro Español; La Sección de Ciencias Médicas
de la Escuela de Verano Universitaria; A las Casas Editoria•
les y a los señores Distribuidores y Libreros del Continente,
e Indicador, núm. VII.
Arte (La Exposición Pictórica de Miguel Saad Teyer); Libros; A las Casas Editoriales y a los señores Distribuidores
y Libreros del Continente, e Indicador, núm. XIII.
Ideario de Justo Sierra; Los Documentos Fundacionales de
la Real y Pontificia Universidad de México; A las Casas

8

Editoriales y a los Señores Distribuidores y Libreros del
Continente, e Indicador, núm. IX.
Juan Ruiz, Arcipreste de Hita (Antología y Bibliografía);
A las Casas Editoriales y a los Señores Distribuidores y Libreros del Continente, e Indicador, núm. X.
Antología de Sor Juana Inés de la Cruz; El Testamento de
Sor Juana; A las Casas Editoriales y a los Señores Distribuidores y Libreros del Continente, e Indicador, núm. XI.
A las Casas Editoriales y a los Señores Distribuidores y Libreros del Continente, e Indicador, núm. XII.
REYES AURRECOECHEA, Alfonso.-Gonzalitos, Prócer del
Bien v del Saber, núm. l.
REYES RUIZ, Jesús.-Elogio de Sor Juana, núm. XI.·
ROBINA ROTHIOT, Ricardo de.-La Arquitectura Moderna
de México, núm. X.
ROSADO OJEDA, Vladimiro.-El Paraíso Teotihuacano, núm.
V; El Arte en México en el Siglo XVIII, núm. VII, y El Ballet desde el Renacimiento hasta nuestros días, núm. VIIl.
SALAZAR, Adolfo.-Estructura y Sentido de la Música de
Bach, núm. VI.
SALINAS QUIROGA, Genaro.-Homenaje Póstumo a Hart•
mann, núm. l.
TORRES BODET, Jaime.-Las Universidades y la Unidad del
Espíritu Humano ( discurso pronunciado por el Director
General de la U.N.E.S.C.O. en la Conferencia Internacional de las Universidades, en Niza, el 4 de diciembre de
1950), riúm. II.
TREVIÑ'O, Felícitas.-lmportancia de la Música en el Medio
ambiente, núm. II.
VALLE, Rafael Heliodoro.-Ponce de León, Joven Eterno,
núm. III; Universidad, Humanidad, núm. X, y Romance
de Provenza (A Salvador Toscano, En el Aire de México),
núm. XI.
YAÑ'EZ, Agustín.-Cultura Mexicana, núm. III.
ZERTUCHE, Francisco M.-El Caballero Cifar, núm. III; Ello
Antonio de Nebrija, núm. IV; El Magisterio de Marti,
núm. V; La Dramaturgia de Lope de Vega, núm. VIII; La
Academia Mexicana, de Cervantes de Salazar, núm. IX, y
En el Centenario del Arcipreste, núm. X.

Civilización y Cultura
Viene de la Pág. 6

martirio est:i concretado en el hervor
de cuatro siglos de cultura.
De todos los extremos del mundo,
los hombres ponen los ojos en nosotros. Las viejas culturas, con su pasado de penurias, esperan algo más que
la continuidad sin interrupción de los
pueblos jóvenes en la obra constructiva de la ch·ilización humana. América,
que en sus contiendas para Jabrar una
personalidad ha inclinado siempre su
conducta hacia un mejoramiento espiritual sobrepuesto al convencionalismo, encuentra hoy, en esta posición la
posibilidad de enfrentarse con el futuro. Pueblos vigorosos, que no fueron
aplastados por la pesadwnbrc de los
prejuicios, sin conflictos de razas o
religiones, pueden enarbolar la bandera del altruismo; cantar la victoria del
hombre, producto del genio dulcificado, con bravura de ,•olcancs, en este
momento histórico que ya ilumina la
primavera de la libertad.
Situada América en el camino de
las grandes sorpresas, tiene en sus pinceles, en la narración y en la lírica,
una fuerza pujante y auténtica, para

inmortalizar construcciones de ciudades con levantamiento de multitudes;
eternizar amores en la frescura matinal de tiernas pastorales, con acentos
bucólicos en la gracia con que se expresaron los más grandes poetas de todos los tiempos; ensalzando las rutas
de nuevos destinos, con armónica v
solemne alabanza por la grandeza y l~
gloria. Y para ello pondrá arrestos de
fé profunda, creando imágenes de pulimento sublimado, con brillo y relic,·es arrancados de la espontaneidad,
que surgirán sencillas de la inspiración. El acervo cultural que otras generaciones depositaron a nuestro cuidado, reclama esa superación, no por
egoísmo, sino por natural emulación
de lo magnifico y genial. Una literatura Y poesia tan íntimamente unidas al
destino del individuo, acicatean por
esa comprensión del artista que modela el mundo como supremo artifice.
Un paisaje de bondad, enternecido por
la creación artística y un concepto de
los valores humanos en su faz mora•
lizadora, estimulan el renacimiento de
una nueva civilización, precursora de
todas las esperanzas, el himno de alabanza, como homenaje al hombre, su
producto inmortal, que el mundo del
futuro hará más grande y estéticamente perfecto.

Armas y letras

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              <text>Es una publicación trimestral editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León a través de la Editorial Universitaria. En las páginas principales de Armas y Letras se incluyen textos literarios, particularmente poesía, narrativa y ensayo, de escritores destacados de la localidad, nacionales e internacionales. Inició en 1944 de manera mensual, se mantiene activa en soporte físico y digital.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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