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                  <text>Organo Mensual de la Uníversídad de Nuevo León
Registrado como artículo de 2da. clase en la Administración de Correos de Monterrey, N. L., el 20 de abril de 1944

D. A. S. U.

Año X

Se ha cumplido en el feraz y hospitalario hogar veracruzano
en el corriente año 1953 el designio altísimo de conmemorar
con certámenes, palmas y evocaciones los fastos centenarios na•
tales de dos de sus hijos más dilectos: el Maestro, novelador,
cuentista, crítico, poeta y manualista don Rafael Delgado y el
prócer bardo Salvador Díaz Mirón.
·
Toca en el actual diciembre rendir pechos y ramos a Díaz
Mirón.
Nació en el Puerto, capital del Estado, el 14 de diciembre de
1853, muriendo a los setenta y cinco años de edad, el 12 de junio de 1928, año en que México pasó por una de sus más señaladas crísis políticas en la elección de sus hombres de Gobierno.
El Viejecito Urbina, excelente poeta lírico Y relator amenísimo de las vidas y obra de nuestros valores literarios más esclare•
cidos, trazó en una brevísima etopeya la figura del airoso y grandilocuente autor de ttA Gloria": HUn sér excepcional de leyen•
da caballeresca, dotado de un temperamento ágil siempre para
la acción, como su inteligencia para la percepción. Es de los admirables y de los temibles. Parece un artista del Renacimiento.
Sufriría el parangón de los quinientistas italianos, por la varíedad de los conocimientos, como Leonardo; por el impulsivismo
del valor, como Benvenuto"•
Al parecer, sus fuentes literarias se encuentran entre los románticos, con influencias de Víctor Hugo y reminiscencias de
Lord Byron.
Tiene mucho también de heroico su idea levantada y su for•
d
ma coruscante, evocando al cantor de Man/redo Y al fu lmina or
de Los Castigos.
Fué un reverente de la pureza idiomática, aspirante a la
creación de una nueva técnica, persiguiendo la perfección del diseño poético a toda costa; como lo atestiguan sus poemas de
LASCAS, todo bronce rotundo, todo mármol purísimo, retum•
bo de olas o fragor de trueno.
Su legado literario está en su único libro de versos LASCAS
(1901) de depurada elaboración, quedando inéditos los poemas
de ASTILLAS y TRIUNFOS, las que, al decir de los cono•
cedores, son una obra de suma perfección.
IAS COMPLETAS
Don Antonio Castro Leal editó las POES
'
que comprende realizaciones del, rapsodo ver~cruzano ,·~e 1876
a 1928, siendo esta la fuente mas segura de mformacion sobre
este magnífico poeta mexicano.
.,
La luz de su brillante ejecutoria de aedo se refle10 sobre Rubén Darío y José Santos Chocano.
• Su poema nA Gloria", lleno de concentos vibrantes ha sido
traducido a multitud de idiomas extranjeros.
México, honrando su memoria, como la honra ahora en el
t
· d
l' • h · transladar sus despojos mortales
cen enano e su nata icw, izo
d d
• , ·
a la rotonda de los Hombres Ilustres, don e , escansan mammes,
l e lt
como vivo permanece el espíritu de su poeSia en a u ura me• .,
xicana.
~

F. M. Z.

No. 12

Diciembre de 1953

LA UN/-VERSIDAD
CLASICA ESPAÑOLA
Pues que igual sirve para boca de arriero que de canónigo
justo es que un añejo refrán como aquél de el que quiera saber
que vaya a Salamanca se halle a medio camino del sabroso versillo y del apotegma sentencioso. A Salamanca podía ir en el siglo XVI quien quisiera aprender los saberes, pero también podía ir a cualquiera de las otras Universidades, cuyo número rondaba la treintena, que por tierras de España habían sembrado
reyes y prelados.
Pero al refrán no le faltaba razón:
el ayuntamiento de maestros e de escolares, como dice la letra de las Partidas del rey Sabio Don Alonso, en pocas villas hispanas engendraba por entonces, y ya desde antaño, frutos de
sazón tan madura como los que se
criaban junto al Tormes, en la Salmanticense. Si acaso, podía irle a la
mano la complutense, de Alcalá, fundada por Cisneros, el aguileño fraile
francisco que viajaba en borriquillo y .
manejaba el cetro como si hubiera nacido para rey: que en cuanto el fraile
se trocó en purpurado Y ciñó la mitra
toledana, al ver que la.s rentas eran
pingües se juró no tener nunca colmadas las arcas episcopales y destinar
ducados y maravedises al mayor lustre de la Religión y del Reino. Y ¿qué
brillo más limpio se podía inventar
que el que traen las ciencias humanas
Y divisas Y su enseñanza ª escolares
pobres Y de ingenio?
'
Por eso el Cardenal instituyó la
Complutense y estall\Pó puntualmente
sus designios en las Constituciones:
porque muchos sacerdotes y otros escolares afluyan a nuestro Colegio Y
Universidad con amor y deseo de ciencia, y así determinó subvenir y ayudar a los estudiantes pobres, para que
se dediquen a las Disciplinas Liberales, a la Sagrada Teología, a la Medícina Y al ejercicio de las Lenguas, a la
Gramática y al Griego. Pero tampoco
paró ahí la cosa, pues por sí mismo
realizó Cisneros la organización de
otras seis Universidades; una en Santia~o de Galicia, junt_o al sepulcro del
Aposto!; otra en Sevilla, cabeza de la
Bética· una más en Granada la mora·
la cuarta en Toledo, c1'udad de su s 1·11a'
arzobispal, y las dos restantes en Cataluña y las Asturias, con sede en Barcelona y en Oviedo.
Con estas y con las que ya desde

antaño existían, como las castellanas
de Palencia y de Valladolid, todas
las tierras de España hervían en Iatines, y los mozos, estaban deseosos de
aprender el adorno de las letras. No
pocas vecesJ en las familias de cristianos viejos, el hijo primogénito había abrazado el oficio de las armas
para cumplir una vida de peligros y
laureles en Italia o en Francia, junto
al Emperador Carlos o allá en las ultramarinas tierras de Colón; y casi
siempre el hijo segundón se aplicaba
entonces al estudio, tomaba el camino
de una Universidad y con el tfempo
llegaba a ser señor de leyes, o acababa
en Maestro y Licenciado, en Protomédico, en Provincial si tomaba estado
religioso, o en Obispo.
Todos los años, allá por el otoño, se
iniciaba el curso en las Uni~rsidades
Y había grandes fiestas que coincidían
con la del apóstol San Lucas. El viajero que en esa época del año cruzaba
las Castillas, había de toparse, a buen
seguro, con más de tres mozos que
seguían la ruta de Salamanca y de Alcalá. De las más remotas procedencías eran los escolares, Y de toda edad
y condición: unos, venían desde la
punta de Galicia, cerca del antiguo finis terrae, y otros, habían dejado casa
y padres en Granada la bella, ciudad
que se estaba cristianando cada día;
en el hablar se les notaba a muchos
que eran vascongados o navarros, y a
los otros que eran nacidos en la Rioja,
en Asturias o en Ar_agón. Los castellanos de la propia Castilla tenían menos días de jornada para trasladarse
a Salamanca O Alcalá, y ello era un
bien y un mal; un bien, porque la
mayor proximidad de los paternos lares permitiales hacer alguna escapatoria durante el curso y señaladamen(Pasa a la Pág. 2)

�mansiones que entonces se construían
en Europa, al romano Palacio Farn~_sio, por vía de ejemplo, o el franc~s
de Fontainebleau: entre estos tres ed1ficios, que por IOs mismos años se la·
braban en la Cristiandad, hasta dificil
sería encontrar algún nexo, ni en la
intención ni en la ejecución. Esa por•
lada plateresca de la Salmanticense
floreció en los inicios del siglo XVJ,
y es de ver con cuánto amor la traba•
jó el anónimo alarife: abajo, una puerta doble, de arcos escarzanos separa
dos por la gracia firme de una columna, y encima un alto paño, prolijo y
exquisito, rematado por una balaus
!rada. El escolar que entraba por alli
a la clase de Prima, bien fuese aprendiz de Teología o de Matemática, y lo
mismo si entendía de medicina que de
ciencias, podía dejar vagar la mirada
por el ancho campo de grutescos y de
escudos, a través de los tableros de
aquel paramento ante el que hablar de
tapiz y de bordado eran la metáfora
cr-ngruente para nombrar la talla y la
portada; pero es seguro que cuando
quería aprehender la clave de todo
el ornamento fijaba la mirada en ese
medallón central de encima de los arcos. Allí estaban figurados, en dignisíma apostura, los dos Reyes Católicos
Fernando e Isabel, y sobre sus cabezas rodaba una inscripción que por
más lustre se vertió a preclaras letras
griegas y en ellas fué grabada. Decía
asi: los reyes para la Universidad, ésta para los Reyes.
Todos los escolares podían comprender y comprendían el meollo de
ese mote, porque la lengua de Aristóteles érales familiar y porque tenían
agudo entendimiento para desentrañar
las sentencias sabrosas. Los reyes como en aquellas mayúsculas griegas se
decía, eran para la Universidad, y ella
significaba que las regias personas,
mandatarias de un poder que se extendía sobre el pueblo entero, estaban
obligadas a una especial tutela en favor de todos los saberes. Y a su vez
la Universidad era para los Reyes, de
modo que ella misma, y los estudios
que a1lí se ensefiaban y aprendían, habian de tener una última intención de
servicio, pues estaban enderezados :
la mayor prosperidad del_reino.
El alcance y raíz de este servicio le
reconocía y podia explicarlo incluso
el escolar menos ducho en silogismos;
lo mismo si estudiaba Cirugía o Matemáticas, que Gramática o Ciencias,
conocía que su saber tendia al pro común. La Universidad era para los Reyes en el sentido de que éstos, como
cabezas y príncipes del Reino, la cúspide visible de la nación, y el símbolo
capital de ella misma; a través de monarcas y príncipes se canalizaba el
s-ervicio cumplido con las letras, pues
4

4

Universidad de Salammwa.

La Universidad ....
1

(Viene de la la. Pág.)
te en las breves vacaciones de Pascua;
un mal, porque con ese motivo los
otros estudiantes motejaban a Jo~ tales
de pascasios, y en estas pullas se singularizaban los andaluces, que siempre andaban a la greña con los castellanos pellizc/rndoles con aquella su
lengua y su decir gracioso.
Los babia principiantes, con el bozo todavía indeciso y los ojos muy
abiertos, pasmándose de todo cuanto
veían u oían de camino, impacientes
por llegar a la renombrada Salamanca y al mismo tiempo temerosos de
las novatadas que les esperaban por
primerizos. Los otros, más veieranos
y sabedores del habitual trajín, andaban con más desenvoltura, comentaban el curso fenecido al par que hadan cábalas sobre el venidero, y discurrían sobre las nuevas disciplinas y
maestros de su Facultad, sobre el pupilaje o los festejos. Había jóvenes
frailes, el pelo al rape y encogido el
ademán; escolares franciscos, jerónimos o bernardos, que en cumplimiento de la santa obediencia habían sido
enviados a la Complutense, o dominicos y agustinos, que por entonces acudían más propiamente a Salamanca.
En fin, y porque nada faltase en
aquella viña del Señor, había estudiantes ya metidos en años, de barba prieta y recia voz, dados a toda trashumancia, ·colindantes con la picaresca
y no muy diligentes en explanar Digesto o Decretales, en comentar al Estagirita ni en aprender los Aforismos.
Asi era de plural la caravana que
cruzaba la tierra de Campos hacia Salamanca o subía por Despeñaperros
hasta la villa de Alcalá. En su carruaje, los hijos de las familias linajudas,
a lomos de mula los hidalgos, o en sufridos asnos e incluso a pie los que
otra cosa no podían, iban todos llegando a la ciudad sabia en las vísperas de San Lucas para no perderse la
apertura del currículo escolar ni las
señaladas fiestas con que se celebraba. No poco jolgorio armaban los muchachos en esa calenda, con gran con•
tcnto de la villa que a su costa vivía,
y más de una moza desenvuelta, si hay
que creer la intención de un cierto refrán rancio y picante, maquinaba redes amorosas en las torcidas callejas
de Alcalá.

De Alcalá, de Salamanca, y de cualesquier otra ciudad con facultades:
que en esto, como en todo lo demás,
bien escasa era la diferencia entre
unas y otras, salvo que aquellas dos
iban a la cabeza de sus semejantes en
lo concerniente a sabiduría y enseñanza. Más de seis miles de estudiantes se concitaban en la Salamanticense
en la época del Emperador Carlos y
de su hijo Don Felipe y abundantes
eran las disciplinas que en ellas se
leían. Cuando mediaba el siglo, allá
por el año de i561, llegaban hasta siete las cátedras de Mediciana que se
leían en Salamanca, a diecisiete las de
Retórica y Gramática, no menos de
,otras siete eran las de Teología, diez
eran las de Cánones, cuatro las de
Griego y por el estilo las restantes de
acuerdo con la afluencia de escolares
en cada disciplina, sin que faltasen las
de Geometría, las de Hierbas, que entonces llamaban de Simplicibus, de
Astronomía, Náutica, Geografía y tantas otras más que se especializaban en
todos los saberes.
Por aquel mismo tiempo la Complutense tendía a brillar sobre todo en
Letras y en ciencias eclesiásticas, y
-cada año se veía más concurrida,
próspera y gloriosa, que hasta tal punto tomó a pechos no ser considerada
inferior a la de Salamanca. A la verdad, bien poca diferencia existía entre ellas: para escrutar cómo eran
aquellos famosos ayuntamientos de escolares y maestros viene a ser indistinto investigar la indole de· unas o de
otras, porque la universidad clásica
hispana se alimentaba en todo caso de
una sa,,ia común para todas las ramas,
y clara prueba fué de ello la semejanza de los frutos. Por eso, además,
lo mismo sería fijarse en los capítulos
y artículos de que constan sus Orde•
naciones o contemplar los emblemas
y piedras que exornan sus fachadas:
después de todo, aquéllos y éstas tienen un único cimiento, y unos artícu.:los descansan sobre otros lo mismo
que los sillares se apoyan entre sí.
Tanto la portada alcalaina como la
s~lmanticense fueron labradas con la~
gracia y el esplendor del plateresco.
Ya la sola fachada de la Universidad
de Salamanca era la lección soberana
para el escolar que la veía diariamente; paradigma perfecto del sentir estético que fué propio del Renacimiento
español, podía tomarse como cifra y
resumen de una personalidad recia y
peculiar: bien poco se parecía a las

Armas

y

Letras + Pág. 2

la Universidad no tanto servía a sus
personas, por muy regias que fueran
-non ad homines, hubiera resumido
el último de los snmolistas,- sino mas
bien al Reino.
Y ni que decir tiene que el servicio
de las letras a la patria corría parejas
con el acatamiento Y la defensa que
aquéllos 'y ésta debían a la sacrosanta
Religión. ¿Cómo podía dejar de ser
honradamente católica la Universidad,
aun en los más nimios detalles si, primero y principal, se trataba en unos
reinos que sólo sobre el cimiento de
su cristiandad se anudaron los unos
con los otros llamándose todos a si
mismos Reinos Cristianos, en oposición a los moros infieles? Y sobre todo, católico era el pueblo entero, desde los monarcas hasta el último pechero, de modo que hubiera sido impertinente que estos hombres, que profesaban el servicio al Creador con el alma y la vida, le hubieran desalojado
de sus entendimientos, cuanto más que
El era el principio de todas las cosas
y la causa de toda sabiduría y conocimiento.
Ese espíritu gobernaba las ordenanzas y estatutos de Universidades y Colegios en manera no inferior a como
se traslucía también eri la propia fábrica del edificio. Bien lo sabían todos los escolares que acudían a Alca18, pues no menos que a sus colegas
la de Salamanca, también la arquitectura del famoso Estudio compluten,se
les enseñaba a ellos una doctrina co•
tidiana, la del Redentor presidiendo
en lo alto el concierto del mundo. Tres
cuerpos tenía la pÜrtada de la Universidad levantada por Cisneros, y también plateresco era el trabajo y el ornato que se labró en piedra de Tamajón, blanca y dorada, que aun hoy
aparece como retostada por la gloria
del saber que se albergaba allí. En el
cuerpo más bajo se abria la puerta al
vulgo estudioso de los escolares. En el
segundo y central estaba el balcón del
Rectorado, ornado con los escudos del
maestro y fundador. En el tercero y
más encumbrado de todos triunfaba la
enseña imperial, con las águilas bicipites coronadas, simbolq de poder y
dominio terrenal. Y ya no había más
cuerpos, sino sólo un frontón cuya trinitaria geometría albergaba en su eje
al Creador del mundo, que de esta
suerte dominaba igualmente sobre el
emperador y sobre el pueblo.
Si el Creador estaba figurando en lo
más cimero de la fábrica externa, natural es que en lo interior presidiera
a todas las demás la ciencia teológica,
como clave que ella es del más elevado conocer. Y a'Sí fu, a la verdad: Los
estudios ele Teología y de Sagrada Bi(Pasa a la Pág. 7)

Universidad de Alcalá de Henares.

AMERICA EN ARTE
Y SENTIMIENTO
Por Campio Carpio

LA MODERNA LITERATURA americana, particularmente en el sur continental, acredita valores positivos de promesas,
por los motivos artísticos que recoge y la riqueza de matices que
la caracteriza. Desde el punto de vista estético, presenta una la,
bor de continuidad, con sentimientos universales, representando
una época y un ambiente definidos, por el empuje y los rasgos
de sus personajes, tan recios e íntimos. El llanto de la tierra y

el rumor agreste de la selva, con sus misterios y tragedias, invade
los poblados y llega a las dudadas. La anchura inconmer'lra,
. ble de las pampas, el galopar de los caballos, la reja del arado
abriendo surcos perfumados en la tierra humilde y la fortaleza
de las estribaciones cordilleranas que le sirven de marco, cons•
tituyen el paisaje vigoroso y centellante, animado por una raza
de hombres identificados en un ideal como literariamente con•
cebido, que se abren paso a machetazo limpio entre la maraña
de un mundo de complicaciones.
Los crudos soles del trópico, que en
la tupida vegetación revienta en fru.
tos de dulce frugalidad, hacen traspii::ir los hombres y la atmósfera y mueven a su conjuro una fauna y flora
exóticas libradas al azar de los caprichos de la naturaleza tan pródiga
en creaciones de soberbia plasticidad,
con innumerables meandros de sus
ríos que riegan la tierra sedienta en
donde la semilla fructifica presurosa
y deposita el oloroso perfume agridulce de sus hojas luego transformadas
en humus fecundo y el quejido lastimero del indio que desde la montaña
que convierte en habitación cante sus
alegrías y angustias en quejumbrosa
melodía que viene del tiempo y espera el instante de tornar contacto con
]a vida púbUca, tal el escenario en que
actúan los personajes, animados por el
viento de la sierra que en sus alas lleva las preocupaciones de un exuberante lirismo que envuelve el alma americana.

EL OLOR INDIO Y LA ANGUSTIA
MESTIZA, que en la figura de la moza
indigena y en los ojos tristes de la
chola tienen la dulcedumbre del color
y de la luz refulgente en su vistosa indumentaria y los pechos nervudos de
sus hombres curtidos por los soles y
las nieves eternas hacen creer en la
resurrección de cíclopes en miniatura
tallados en la dura roca, pero que se
ntUC\'Cn, luchan, gimen y cantan como
los antiguos pelasgos cuando tenian la
misión de poblar el suelo y multiplicar ¡)Or sus acciones el suelo desierto,
rf:movcrlo, hacerlo fértil, cubrirlo en
su extensión libre de monumentos enchapados en oro, convertir en arte la
alfarería, dejándose hamacar en la
multitud de colores con que adornaban sus utensilios domésticos, jugar en
poesía con las estrellas y hacerle el
aruor a las mujeres.
En sus diversas facetas la literatura
ameri"cana tiene aqui su ámbito ilimitado de roca y melodía, de viento Y
mar anchos al abrazo, de tradición y

concertantes y arrobadores, escritores
y poetas marchan unidos en la acción
del tiempo, sin obedecer a reglas J)relijadas.
Tumulto de pasiones puede caracterizarse a la literatura americana. En
sus órdenes más diversos, hace derroche de emotividad, dentro de cuyo
marco se encuentra bien. El proceso
panorámico escapa al simbolismo, o
en él se concentra, según el ambiente
que respire. Sin haber alcanzado el
abolengo histórico de los países europeos, ha trazado ya una ruta de porvenir en el que busca la creación fecunda que desembocará en una refinada ciYilización, como lo testimonia
Augusto Arias desde su rincón de cielo, José Lius do Rego y Jorge Amado
a través del paisaje de sus mangues,
dentro de una naturaleza lujuriante y
avasalladora que revienta pletórica de
sudor y hechicería en las facendas,
traspasando la tierra y el mar con una
canción nueva. Esa misma nota encuéntrase en Demetrio Aguilera Malta
dQambulante por suburbios y esteros
salados en exploraciones costeras, con
sus balandras balanceándose dulcemente sobre las aguas dormidas, con
su crola obsesionada de sensualismo
arrebatador y en José Américo de Almeida, buscando ]a verdad en el interrogante de la adivinación, distrayéndose mientras tanto espera, perdido en
el laberinto de las cosas muertas.
MISTERIOSA COMO LA SELVA MISMA es la obra de Gil Gilbert, que res-

pira el lamento y alaridos dentro de
arado, de solva y sentimiento que apa- la noche en la que el hombre habita
y se entierra, ojos y oídos abiertos a
recen sin intermitencia en la Obra de
las emociones que vienen del fondo
José de Al en car y Euclydes da Cunha,
de Rómulo Gallegos y Mariano Azuela, · del mundo, con sus lenguas de fuego,
rozando el rostro que yace aplastado
de Ricardo Guiraldez y Lucio V. Marpor el cansancio y dormido en brazos
silla, Manuel de Macedo, igual que
del miedo y la desesperación, y en el
Luizio de Accvedo, César Uribe Piesuelo se convierte en raíces todo él,
drahita como Ferreira de Castro, depara repetir luego, a través de las gesenvuelven sus relatos del misterio inneraciones, mucho tiempo después,
finito en ]a floresta, constituyendo una
atdavesando distancias, las palabras
revelación para el mundo exterior que
de Bernardo Arias Trujillo, al trote
Horacio Quiroga llevó a la ciudad con
por los valles aHos de las nubes, aman~
su perfume de cielo y leyenda.
sando vientos bravos a falta de potrancas briosas. Al otro extremo enProdigios de arquitectura literaria contramos a J ulián Padrón, con sus
y filológica son la obra de Andrés manos ca,losas, todo el cuerpo traspiBello y Rufino José Cuervo, artífices rando, cubierto de polvo basta las cede la lengua, a la que arrancaron ar- jas, embutido en el vaho que viene de
monías nuevas como Rubén Dario y la tierra reseca, con sus rodar de caJosé Santos Chocano, con la emoción rretas que arrastran caballos cansados
de Cástro Alves, con sinfonía de him- en la tarde calcinada.
no, sobriedad de templo griego y fortaleza de honrado pecho, que en José
A la inverna, en Gallegos Lara los
illarti y José Enrique Rodó cobró ar- que se van, envueltos en el drama
monías inusitadas. La literatura con- las necesidades de la vida tortuosa,
tinental no es un producto de la fata- perdidos, braceando en las estancadas
lidad, a cuyas fuerzas tendrá que so- aguas del olvido, con el dolor humilmeterse, sino el resultado de una pa- de de buharilillas en azoteas desmansion incontenible que emerge de la im- teladas por ráfagas de tormentas, soles
ponencia del paisaje abrupto y de la y vientos que vienen de los cuatro
llanura, desierta en secano y calcina- puntos cardinales y ahogan la canción
da Por lava de volcanes, y exuberan- dolorida del indio. Semejanza de ese
te y voluptuosa en el desbordamiento proceso, en calor y trabajo rudo, crude los grandes ríos caudalosos.
deza y lágrimas arrancadas del sufrimiento, trasciende de la obra -de Jorge
de Lima, en prosa y verso y en AffonLA VIDA ENCARNA AQUI TODO so Schmidt, con sus relatos plásticos
EL PROBLE~IA DEL INDIVIDUO al de la brutalidad desconcertante por lo
que se asocian como contraste los despiadada, igual que en Alfredo Vaagentes naturales. Vivir, para llenar rela con su río oscuro que acige en su
la gran función creadora, exaltando a seno materno los cuerpos inertes prola plenitud los elementos que sirven al cedentes de las selvas chaqueñas y
hombre para su existencia, envuelto suavemente los va ofreciendo al mar
e1; lujuria tropical, transformándolos como obsequio de nuestro tiempo de
de acuerdo con ]as propias necesida- escupir. Jorge de Lima ha simbolizades estéticas. El hombre es el rey de do las dimensiones de esta tragedia en
fo creación, y de ]os medios que lo estrofas de honda amargura en la dulcircundan se sirVe en todos los grados cedumbre de la caridad y conmiserade la escala social. Es por ello que a ción cristianas, tomando como terna
veces _.t ruena con furor impetuoso y de inspiración los negros que los tobootras se convierte en acogedora bo• ganes sepultan en el fondo de las bonanza, ya con acentos cívicos y arran- degas de los barcos carboneros, a
ques elocuentes de expresión épica. quienes recuerda en oración de místiCaprichoso en ritmo y métrica, des- co arrobamiento, enterneciendo al al•

ae·

Armas y Letras + Pág. 3

ma con el encantador hechizo de Guillermo de Almeida.
Alfredo Pareja y Diez Canseco, ahogado por las mismas aguas que invaden los limites, arrasa los muelles y
corre pausada por los esteros y José
Geraldo Vieira en el otro extremo del
panorama, han rociado de angustiosa \
eternidad ese mundo cruel de realidades inconcebibles del que emergen
gritos desgarradores que parten el alma. Benjamín Carrión, con José Catlos 1fariútegui y Luis Alberto Sánchez
han animado toda una generación de
escritores y poetas, lanzada a través
del territorio humano de América a la
búsqueda de un sentimiento que exprese el derrotero de una literatura
que llegue al fondo del alma. Y como e ne! caso de Curvello de Mendodoza y Fabio Luz exponga plásticamente cuanto de recóndito brota del
corazón en todas las latitudes emoti•
vas que Jorge Carrera Andrada tradujo, con sus paisajes manufacturados y
horizontes vendidos, en poemas de
hondo sentimiento detenido ·en el verso pulcro de Guillermo Valencia, y a
vc:ces, como inesperado fantasma, sonámbulo y quimérico reaparece en
José Asunción Silva, con sus paraísos
sinuosos y complicados e infiernos
acogedores con tibieza de hogareño
rescoldo.
EN LA ENTRADA l\lISil!A DE AMERICA ha urdido Germán Anciniegas
cual ningún otro escritor contemporá
neo después de Antonio Caso y Baldomero Sanin Cano. Una obra fecunda,
rica de matices y múltiple en conte•
nido ·espiritual ]a acredita como una
de las figuras más prominentes de esta
generación, que Waldo Frank espoleó
en prosa de largo alcance continental
y Joaquín García Monge toma por doctrina de contenido que abarca el universo de América. Del mismo ángulo,
habrá de juzgarse la labor de Mariano
Picón Salas en su ámbito, por cuanto
tiene de expresión universalista en el
panorama continental. Nervio macizo
en sus estudios Jiterarios, ha indagado
en la conciencia americana, igual que
Arciniegas, poniendo en la obra tal
pasión que lo sitúan entre las conciencias liminares de su generación.
4

Determinado el ar.te continental a
imponerse por las caracteristicas de
su propia expresión y sentimiento, en
su corta historia no ha escatimado
energías ni vigor emotivo para colocarse en el camino de su porvenir. Viviendo en poesía permanente, el arte'
americano se identifica con el ambiente y percibe el rumor de la calle y de
fa selva, ya sea plásticamente, en poesía como en prosa. Fcrmin Silva Valdés, Ismael Enrique Arciniegas, Alvaro Moreyra y Ribeiro Couto, llenan las
páginas de la historia literaria con
producciones de poética belleza, a través de la cual habla todo un pueblo determinado a seguir adelante. El
mismo testimonio lo presentan Graciliano Ramos y Benito 1inch, Enrique
Serpa y Erakin Caldwell, como portavoces de una fuerza humana, opulenta
de eternidad.
Recorrer el panorama artístico del
hemisferio no resulta empresa fácil
por el número de testimonios vivientes a reunir, y dificil su clasificación
dentro de un mar de caprichos tan nutrido que trastornan el equilibrio el
equilibrio intelectual. En lo que va de
nuestro siglo es tan rica la producción
artística de este parte del mundo y
tan acentuados sus valores que por
ello se ubica entre los aportes más
signiftcativos que en su juventud pueblo alguno haya incorporado al acervo
universal.

�S A- IL V A ID O IR.
ANTOLOGIA

EJEMPLO
En la rama el expuesto cadáver se pudría
como un horrible fruto colgante junto al tallo, ·
rindiendo testimonio de inverosimil fallo
y con ritmo de péndola oscilando en la , 1 ia.

Y el fúnebre despojo, con la cabeza gacha,
escandaloso y túmido en el verde patíbulo,
desparramaba hedores en brisa como racha,
mecido con solemnes compases de turibÍtlo.
Y el Sol iba en ascenso por un azul sin tacha,
y el campo era figura de una canción de Tíbulo.

(Lascas, 1906)

IN HOC SIGNO

(CA/\'CION PARA MI HIJA ROSA)

IDILIO

Llego entre dos esbirros, que no dudan
de que á un monstruo feroz guardan y aquietan.
Gritos dbsgarradores me saludan
y brazos epilépticos me aprietan.

¿,Qué amigo que no acuda y me acompañe?
La turba, que penetra sin permiso,
rodea el catre funeral y plañe;
y en el cercano templo el bronce tañe
lento y lúgubre adiós al manumiso.

¡ Oh ingenio que subiste, que arribaste
al eminente y suspirado extremo!
· ¿Porqué de la fortuna te quejaste
en los acentos del dolor supremo?

Sobre la impura huella
del fraude, la verdad austera y sola
brilla, como el sj]encio de una estrella
por encima del ruido de una ola.

Armas y Letras + Pág. 4

que a desbordes y grescas anima,
y el que a un tiempo la gloria y el clima
adornan de palmas la frente
hay un agrio brefial, y en la cima
de un alcor un casucho acubado,
que de lejos diviso a menudo
y rindiéndose apoya un costado
con el tronco de un mango copudo.

El sitio es ingrato, por fétido y hosco.
El carbón, el nopal y la ortiga
p.rosperan; y el aire trasciende a boñiga,
a marisco y a cieno; y el mosco
pulula y hostiga.

Y hórrido amago suena ....
¡ Así la racha en el desierto zumba,
cuando en 'crecientes vórtices de arena
corre á cefiir al árabe la tumba!

(Lascas, 1906)

A tres leguas de un puerto bullente

Distante, la choza resulta montera
con borla y al sesgo como una mollera.

Al pueblo el bardo es gracia y no carcoma,
· Es como el floripondio de la linde
que cándido y triunfal surge y asoma,
y al polvo de la senda torne y rinde
el noble cúliz y el piadoso aroma.

(Lascas.-Cúrcel de Veracruz,

,

DUELO

Conozco de la injuria,
no la ignominia; pero sí 1a marca.
¡Sentíme sin honor, cegué de furia,
y recogilo de sangrienta charca!

Al mal dolos procuren
fuerza y laurel que la razón no alcanza.
¡Aun sé cantar; y en versos que perduren
publicaré a los siglos mi venganza!

Y suele retornar; y me reintegra
la fe que salva y la ilusión que alegra;
y un relámpago enciende mi alma negra.

Moscas espanto y quito con el pañuelo
y en la faz del cadáver sombra insegura
flota esbozando un cóndor al par que un velo.
(Lascas.-Vcracruz, el 5 de enero de 1,895)

Y ante ]a forma en que mi padre ha sido,
lloro, por más que la razón me advierta
que un cadáver no es trono demolido,
ni roto altar, sino prisión desierta.

Cruel fortun4 dispensa
favor al odio de -que hacéis alardes.
Estoy preso, caído, sin defensa .. . .
¡Podéis herir y escarnecer, cobardes!

Y abril1antó a mi espíritu la cumbre
con fugaz cuanto rica certidumbre,
como con tintas de refleja lumbre.

El ojo mal cerrado tiene abertura
que muestra un hosco y vítreo claror de duelo,
un lustre de agua en pozo yerta en su hondura.

Tímida y mustia por los recelos,
tu mujercita dirá: "Señor,
une las aguas, limpia los cielos:
cuida y conduce, por los chicuelos,
la navecilla del pescador."

Y el ave a la rica estrella
pudo subir y cantó:
"ni cadenas ni distancias
vedan triunfos al amor."

i Infames! Os agravia
que un alma superior aliente y vibre;
y en vuestro miedo, trastocado en rabia,
vejúis cautivo al que adulárais libre.

Dulce y triste la faz; la veste zarca.
Así, del mar sobre la inmensa charca,
Jesús vino a mi unción, como a la barca.

de un pitjaro en un croquis que apunta un ciclo.
Nariz igual a un pico de halcón. Albura
de canas. ¡El abeto, ya sin verdura,
&lt;lió en tierra y esta en' parte cinto de hielo!

Pero prorrumpes en canturria
que inculta y pobre mueve a llorar:
oigo la ingenua melancolía
del que inseguro del pan del día
surca y flTOstra pérfido mar.

Sobre mezquino y enlutado lecho,
y en negro traje que semeja extraño,
y las manos unidas en el pecho,
y al vientre hielo y en la faz un pallo,
el cuerpo yace inmóvil y derecho.

EXCELSIOn

Como albo pecho de paloma el cu.ello;
y como crin de sol barba y cabello;
y como plata el pie descalzo y bel1o.

Como un tronco en monta11a venido al sueño.
Frente grandiosa y limpia, soberbia y pura.
Negras y unidas cejas, con la figura
del trazo cutvo y fino que marca el vuelo

En buen esquife tu afán madruga;
el firmamento luce arrebol;
grata la linfa no tiene arruga,
la blanca vela roba en su fuga
visos dorados al nuevo sol.

Por azar o por astucia,
el pajarillo escapó;
y al cielo se fué trinando:
"alas tengo y libre soy."

(Lascas, 1906)

Azules y con oro enarenados, .
como las noches limpias de nublados,
los ojos- que contemplan mis ])ccados.

EL MUERTO

Suspenso en el umbral callo y vacilo.
Alto y grueso blandón muestra y agrava
con lampo incierto el espantable asilo.
La llama treme al soplo, sesga y flava ....
¡Pugna por arrancarse del pabilo
y huir de penas que ilumina esclava!

Cautivo un gorrión estaba,
y de un astro se prendó;
y en su música decía:
• ºllegue a ti mi dulce voz/'

Blancas y finas, y en el manto apenas
visibles, y con aire de azucenas,
las manos - que no rompen mis cadenas.

M\ 1 IR.

A UN PESCADOR

La desnudez impúdica, la lengua que salía,
y alto mechón en forma de una cresta de gallo,
dabanle aspecto bufo; y al pie de mi caballo
un grupo de arrapiezos holgábase y reía .

EL FANTASMA

DI A Z

julio de 1,892)

¡ Ay de mí, que rabioso en un erio
y a mitad de la ruta estoy parado;

que anhelo y lucho por ·cruzar un río
y no hallo puente, ni hatel, ni vado;
y miro allú, por campo labrantío,
la fausta meta en el opuesto lado,
y el Sol morir, con victoria} decoro,
bajo un dosel de púrpura y de oro!
Oigo decir de mi destino a un chusco:
"Talento seductor; pero perdido
en la sombra del mal y del olvido ....
Perla rica en las babas de un molusco
encerrado en su concha y escondido
en el fondo de un mar lóbrego y brusco .... "
En sublime absorción hurgo la mente;
medito con asombro en ese paso
de todas las estrellas a un Ocaso,
que allende una oración resulta Oriente ....
Y me inclino arrobado y reverente.

•

La flora es enérgica para
que indemne y pujante soporte
la furia del soplo del Norte,
que de octubre a febrero no es rara
y · la pródiga lumbre febea.
'
que de marzo, a septiembre caldea .
El Oriente se inflama y colora,
como un ópalo inmenso en un lampo,
y difunde sus tintes de aurora
por piélago y campo.
Y en la magia que irisa y corusca,
una perla de plata se ofusca.
Un prestigio· rebelde a la letra,
un misterio inviolable al idiollla,
un encanto circula y penetra
y en el alma es edénico aroma.
Con el juego cromútico gira,
en los pocos instantes que dura;
y hasta el pecho- infernado respira
un olor de inocencia y ventura.
¡Al través de la trágica Historia,
.un efluvio de antigua bonanza
viene al hombre, como una meilloria,
y acaso como una esperanza!

El punto es de azogue y apenas palpita.
Un pesado alcatraz ejercita
su instinto de caza en la fresca.
Grave y lento discurre al soslayo,
escudriña con calma grotesca,
se derrumba cual muerto de un rayo,
sumérgesc y pesca.
Y al trotar de un rocín flaco y mocho,
un moreno, que ciñe moruna
transita cantan~o candente tontuna
de baile jarocho.
Monótono y acre gangueo,
que un pájaro acalla, soltando un gorjeo.

(Lascas.-Veracruz el 4 de enero de 1,895).

Armas y Letras + Pág. 5

(Pasa a la Pág. 7)

�,

La Universidad ....
(Viene de la Pág. 2)
blia en ningún extremo del mundo
fueron entonces tan preclaramente
cultivados como en Salamanca y Alcalá: dentro de aquellos claustros y
detrás de las portadas platerescas estudiaron, aprendieron y enseñaron a

los otros su saber, maestros como fray

'i¡
11

!'It

Luis de León, tan perito en desentrañar las letras sagradas como altísimo
poeta; o ingenios tan ricos en letras
hebreas, griegas, latinas e hispanas como aquellos que levantaron el rñonumento de la sin par Biblia complutense, en la que Antonio de Nebrija fué
uno de tantos operarios, igual que
aquel otro Diego López de Zúñiga, enconado polemista contra Erasmo, o
Hernán Núñez de Guzmán, a quien su
oriundez de Valladolidad valió el erudito sobrenombre de Pinciano. Y aunque sea torpe culpa no rCcordar a
otros maestros principales, ¿cómo no
poner junto a los de estos varones los
nombres de aquellos Sebastián de Covarrubias, del Broncense, o del otro
insigne conocedor de las Sagradas Escrituras que se llamó Benito Arias
Montano? Y viniendo a la Teología
daremos de manos con esa gavilla de
sapientes que en Trento deslumbraron
al mundo tejiendo aquel Concilio que
fué tan ecuménico como hispano; Diegr, Lainez y Cardillo de Villalpando,
l\[elchor Cano, D. Pedro González de
~Iendoza, y tantos otros que allá se
congregaron, habían nacido y crecido
al calor de las aulas de Salamanca y
Alcalá, sin contar a Salmerón y a
Francisco de Torres, egregios jesuitas.
Y aún están por nombrar Deza y Francisco de Vitoria, Soto, Medina y Gallo,
Báiiez Osma y López de Barrientos,
Azpulcueta, maestro del Eximius Doctor Suárez; Zumel, Alderet~ y tantos
afros que sembraron durante más de
un siglo en las escuelas complutense y
salmanticense, que es como decir en
el mundo entero, la fuerza y el amor
de su conocimiento teológico.
l\i eran sólo cosa de frailes aquellas
sagradas disciplinas, pues un Reino
en el que la defensa y prop;gación de
la santa religión se confundía con la
esencia politica, en el que milicia y
religión eran una cosa misma y donde no se conocia diferencia entre
evangelización y descubrimiento de
tierras y de gentes, un Reino tal estuba penetrado de aquella visión bajo
especie de eternidad; y así se entiende que tantos capitanes y misioneros
que se arriesgaron al Océano para pasar a las Indias, hubieran aprendido
de antemano en las Universidades la
ciencia teológica; o que un hidalgo,
como D. Francisco de Quevedo, aprendiera en la Complutense tantas razones de Sagrada Teología como destreza en el manejo de la espada y de la
pluma, para defender igualmente con
silogismos, lances o metáforas, los
sem1Jiternos derechqs de Dios, del Monarca y del pueblo.
Pero erraría quien creyera que en
aquellos claustros el afán por la Teología y por su hermana la Filosofía
traía aparejado menos cabo y desdén
para las restantes ramas secundarias
del florido árbol de la ciencia. No sólo fneron cultivadas allí letras hebreas,
griegas y latinas -y árabes, tan desatendidas en el resto de Europa como
aprendidas y divulgadas por los castellanos-, o incluso las caldeas, tan
escondidas y prolijas; también las
ciencias físicas y las medicales, no
menos que las matemáticas, las naturales, o las jurídicas, gozaron alli del
mayor lauro, predicamento y afición
que conoció la época; por eso floreció el gran Maestre Pedro Ciruelo, que

en sus años fué reputado el primer
aritmético de Europa, con todos sus
discipulos; y galenos tan preciados como Gómez Pereira y el sabio Villalobos. De lejos le venía a la Salamanticense el amor matemático, pues ya
en tiempos del Rey Sabio se difundió
con gran calor su estudio. Sólo como
base y cimiento de los otros estudios
m:ís altos, se ordenaba en unas Constituciones del siglo XVI que, para comenzar en el primer curso léanse en
la clase de Matemáticas los seis libros
pl'imeros de Euclides y la perspectiva
del mismo, y la Aritmética, las ralees
cuadradas y cúbicas, declarando la letra del séptimo, octavo y noveno lib1 os de Euclides, la Agrimensura y los
tres libros "de triangulis sphericis" de
Teodorico, y ya desde mucho antes se
exigía a los que pugnaban por aprender la medicina, un saber preliminar
que alcanzase los puntos más generales de lo que debe conocer todo hombre perito, y este saber se cifraba en
las enseñanzas humanistas del bacl1iller eJl AI'tes como preliminar fructuoso y obligado de aquellos otros estudios más especiales que contienen las
libros de Hipócrates, Galeno y Avicena. Y hay que ver el cuidado y el
método que recomiendan ]as viejas
constituciones en la explanación de
e~tas disciplinas: léase primero la letra que se comentare, y luego el /J!aesll'o lea las dudas y cuestiones que se
ofreciuen acerca de la letra, que sean
las útiles y que importaren pam el conocimiento de la ciencia de las enfermedades, de sus causas y se11ales, pronóstico y curación.
Pero esa congregación que con vocablo latino y erudito se llamaba Universidad y anteriormente recibía el
nombre de Estudios generales, no estaba restringida al aparato doctrinario
y
la sola enseñanza: por el contrario, se enderezaba a la formación de
vida y virtud entre los escolares, y tal
era la letra e intención de los estatutos usuales. Pues que el servicio de
maestrós y alumnos se hacía con la
mente al par que con todas las otras
facultades, justo era que unos y otros
vivieran en todo coligados, y de ahi
el nombre de Colegios, y que se concibieran como centros anejos a la Universidad, destinados a dar cauce, nor,
ma y regla al vivir d-e la caterva estudiantil. Eran estos, como ya desde
antiguo se anotó, albergues de Minerva y criaderos de var·ones ilustres, y
los había de varia jerarquía.
Los mas importantes y preclaros,
por su tradición y por el alto rango
de ciencia que a sus habitantes se exigía para ·formar parte de ellos, se llamaban Colegios Mayores; otros, por
oposición a éstosi recibían el título de
Menores, en los que se albergaban escolares menos maduros en edad, ciencia y virtud reconocidas; y en fin, los
otros estudiantes se acomodaban en
ciertos pupilajes colectivos regidos bajo la autoridad y el desvelo de un jefe
y Licenciado, abonaban anualmente
una cuota o porción -de donde les
venía el nombre de porcionistas-, y
en aquellas mansiones habían de recibir al mismo tiempo enseñanza para
e1 intelecto y educación para la vida.
Flor y nata de la Universidad er.an
los colegiales mayores, bien se tratase
dt los que en el Colegio recibían gratuitamente cobijo y mantenimiento o
de los que por haber nacido más ricos, podían costear su pensión -veinticuatro ducados cadañeros, abonaban
los de Salamanca-, en todo caso los
tales colegiales babian de distinguirse
entre todos por su notorio aprovechamiento y madurez, cumplían una misión rectora en el Claustro profesora!,
fueron vivero provisor de las cátedras
que vacaban, y tales eran su altura,
prestigio y madurez de formación, que

a

decir Colegio :Mayor era decir reserva
y consistorio de futuros magnates del
Reino, pues de aquella plantación se
sacaban las cabezas que luego dirigían
los cargos más altos de la Iglesia Y
del Estado, magistraturas, misioneros
y encomiendas. En Alcalá, el Colegio
Mayor de San lldefonso había sido
fundado por el propio Cisneros, y el
número de sus habitantes era de treinta y tres, en memoria de los años del
Scüor, más otros doce en recuerdo y
veneración del número que tuvo el
Colegio Apostólico. Con el tiempo florecieron otros, y en la Salmanticense
se distinguían los colegiales del Colegio Mayor del Arzobispo, que ya en el
exterior del traje se denotaban por la
beca roja que vestían: los de Cuenca,
que la usaban violeta, y los del de
Oviedo, que se tocaban con azul; y todos ellos pugnaban por brillar más
que que sus semejantes, con lo cual
se establecía una saludable emulación.
Justo era que un colegial mayor
aventajase también a los restantes en
la regla de vida, y de ahí que la de
aquellos Colegios estuviera ordenada.
No era lícito comer y cenar fuera sin
permiso; los que llegaren tarde al refectorio perdían la parte de colación
que se había servido a los puntuales;
la cantidad de pan no estaba limitada y sí en cambio la de vino -hasta
una azumbre por barba y día podían
trasegar los colegiales de San lldefonso, pero no m:is en bien de la templanza, que ya con aquellos dos litros
había suficiente para estimular la lucidez de la razón-; de uso público
y cotidiano era la Biblioteca del Colegio, y todas las otras particularidades estaban previstas y resueltas con
ánimo sabio• y liberal.
Los colegiales menores, generalmente principiantes, que se afanaban en
los cursos requeridos para el grado
inicial de bachiller en Artes, y aquellos otros que vivían en pupilaje, bien
fuera como porcionistas o como camaristas, llevaban una vida más o menos
sabrosa según la cuota que abonaban
y el desvelo del 'Licenciado que los rigiere; y para poner coto al posible
abuso estallan los visitadores, encargados de las inspecciones. En Alcalá
hay viejos memoriales de visitadores
con las respuestas de los escólares:
uno de éstos, preguntado qué carne da
el licenciado Angulo a sus pupilos,
dixo que traen. carnero y aveja y que
también les suele dar hígado de vaca
y que los sábados les da asaduras de .
oveja y otras nothes les da menudo de
carne1·0, y esta dieta fué vista como insuficiente. Otros licenciados, en cambio, trataban con mayor esplendidez
a sus pupilos, como aquel que ele ordinario les da principio y postre en
comida y cena, y de mas deso les da
a/marzal' y merendar, aunqeu no lo
manda al reformación.
Asi de diverso y de semejante era
el vivir &lt;le aquellos escolares a ]a sombra de una Universidad que se cuidahn de nutrirlos por entero, en la mente y en el cuerpo según ]a más honda
intención de aquel vocablo alumnos,
que a todos se extendía.
Si acaso, y para dar fe de todos los
tipos de escolares que a las veces acudía al calor de las Facultades, habrá
que mencionar también a cierta doble
casta de estudi_antes que se dejaban
ver en ocasiones por ]a ciudad: eran
de ánimo vagante, raído y pobre el
traje, si no ,,ivían de Ja briva, era porque se confiaban a la limosna, acogíanse a dormir en algún hospital, en
un caserón desvencijado, o en el zaguán de alguna mansión caritativa.
más de una vez se vieron tales eScolares en Alcala, y es conveniente publicar sus nombres: llamábanse pícaro o santo, lñigo de Loyola o Marcos
de Obregón, que aún no estaban con-

Armas y Letras

-1-

Pág. 6

sagrados por las letras o por las hagiografía y caminaban ignoradamente
una ruta que remató en la gloria literaria o en los altares de los templos.
Y todos ellos, colegiales mayores y
menores, porcionistas, pupilos de toda
condición, picaros, sopistas o .santos
en fermento, afanábanse cotidianamente en las aulas y claustros levantando el rumor de una colmena. Alli
se mezclaban y departían todos ellos,
en el patio salmanticense y en el alcalaíno, los sumulistas que salían de comentar los Pal'vi Jdgicales de Aristóteles, el Pel'ihumeneias, el de generatione el conuptione y los doce metafísicos, con los escolares, científicos
que entraban a explanar la Geografía
de Tolomeo y la Cosmografía de Pedro Appiano, el arte de hacer mapas,
el Astrolabio de planisferio de Don
Juan de Rojas, el radio astronómico
o el arte de nauegat. Por las mismas
o muy vecinas galerías discurrían los
que aspiraban a ser jurisperitos, llevando bajo el brazo sus glosas del \'olumen, el Código, el Digesto, Decretales, Sexto o Clementina, y aquellos
otros más graves que se aplicaban a
la Teología resolviendo argumentos
del Estagirita o del Aquinate, sobre el
ente, la sustancia o la esencia, acerca
de la gratia del Verbum o la justificatio, con sentencias y citas del del
Apóstol, de los Padres y de los Doctores y Coucilios. Todos ellos eran
duc{10s en latines, como también los
otros estudiantes que aprendian los
morbos con sus pronósticos y los remedios pertinentes, discípulos de Galeno y de Hipócrates, cuyas disciplinas solían rotularse De differentiis
febrium, De ratione sucllls, De morbo
et syntomate, De crisibus, obras de sabios varones árabes o I griegos, como
el autor de los .4/orismos, el Avicineta
o Rasis, el de los libros ad Almanso-

rum.
Y por aquellos mismos tránsitos y
claustros, en fin, entraban y salían Jos
maestros, con el andar solemne y los
ropajes amplios, suscitando con su
sola presencia regueros de silencio entre los grupos que más alborotaban.
Y luego, ya ·en el aula, el Magister
daba principio desde su púlpito a la
lectura de la disciplina que a continuación debía comentar a lo largo de
una hora, durante la cual cada escolar 'tomaba sus apuntaciones pluma en
mano, sirviéndose del propio tintero
de cuerno sujeto a la correa de su cintt:rón, o acaso del de su próximo Vt::cino. Y claro es que así corno babia
estudiantes diligentes que no perdían
nunca el primer banco y cazaban hasta la última razón del profesor también había aquellos otros más despreocupados, amigos de la última fila
por más propia para deslizar una broma en ]a oreja del cólega risueño. Y
en. más de uno de esos bancos el nombre de una dama, grabado a navajifür,
arguye claramente que por alli pasó
un mozo enamoradizo que sabía dis~
traerse durante ]a prolija explicación
cambiando de buena ga'lla mil silogismos y diez mil sentencias por el recuerdo de unos ojos negros que Je
alumbraron desde celosía.
Porque, señor eran · gente móza Y
alegre, que la religión y la sabiduría
no tienen por qué ser compañeros del
.ínimo tristón. El gaudeamlis servia
de mote y de consigna a aquellos escolares; Gaudeamus era la palabra capitular de la canción que nació en el
antiguo Estudio de Palencia, al filo del
medievo, que floreció en ]os siglos
XVI y XVll en todas las gargantas universitarias españolas, y de allí Juego
a las de Europa y de ambas Américas. A coro entonaban nuestros escolares ese "gaudeamus igitur, iuuenesdum
(Pasa a la Pág. 8)

Salvador Diaz Mirón
(Viene de la Pág. 5)

,

El Sol meridiano fulgura,
suspenso en el Toro;
y el paisaje, con varia verdura,
parece artificio de talla y pintura, ·
según está quieto en el o_;·o.

Cuanto es mudo y selecto en la hora,
en el vasto esplendor matutino,
halla voz en el ave canora,
vibra y suena en el chorro del trino!

El fausto del orbe sublime
rutila en urente sosiego;
y un derribo de paz y sosiego
baja y cunde y escuece y oprime.

Y como un monolito pagano,
un buey gris en un yermo altosano
mira fijo, pasmado y absorto,
la pompa del orto.

Ni céfiro blando que aliente, que rase,
que corra, que pase.
Entre dunas aurinas que otean,
tapetes de grama serpean,
cortados a trechos por brazos hostiles,
que muestran espinas y ocultos reptiles.
Y en hojas y tallos un brillo de aceite
simula un afeite.

Y a la puerta del viejo bohio
que oblicuando su ruina en la luna
se recuesta en el árbol sonl.bríO,
una rústica grácil asoma
como una paloma.
Infantil por edad y estatura,
sorprende ostentando sazón prematura:
elásticos bultos de tetas opimas;
y a juzgar por la equivoca traza,
no semeja sino una rapaza
que reserva en el seno dos limas!
Blondo y grifo e inc1,1lto el cabello,
y los labios turgentes y rojos,
y de tórtola el garbo del cuello,
y el azul de zafiro en los ojos,
Dientes albos, parejos, enanos,
que apagado coral prende y liga,
que recuerdan en curvas de granos,
el maíz cuando tierno en la espiga,
La nariz es impura, y atesta
una carne sensual e impetuosa;
y en la faz, a rigores expuesta,
la nieve da en ámbar, la púrpura en rosa,
y el jllbilo es gracia sin velo
y en cada carrillo produce un hoyuelo.
La payita se llama Sidonia.
Llegó a México en una barriga:
en el vientre de infecta mendiga
que, del fango sacada en Bolonia,
formó parte de cierta colonia
y acabó de miseria y fatiga.

•

· La luz torna las aguas espejos;
y en el mar sin arrugas ni ruidos
reverbera con tales reflejos
que ciega, causando vahidos.
El ambiente sofoca y escalda;
y escondida y sudando, ]a chica
se despega y sacude la falda,
y asi se abanica.

Los guiñapos revuelan en ondas ....
La grey pace y trisca y holgándose tarda ...
Y al amparo de umbráticas frondas
la palurda se acoge y resguarda.

Y un borrego con gran cornamente
y pardos mechones de lana mugrienta
y una oveja con bucles de armiño,
la mejor en figura y aliño,
se copulan con ansia que tienta.
La zagala se turba y empina . ...
Y alocada en la fiebre del celo,
lanza un grito de gusto y de anhelo .....
¡ Un cambujo patán se avecina!
Y en la excelsa y magnífica fiesta,
y cual mácula errante y funesta,
un vil zopilote resbala
tendida e inmóvil el ala.

(Lascas)
La huérfana ignara y creyente
busca sólo en los ciclos el rastro;
y de noche imagina que siente
besos ¡ay! en los hilos de un astro.
¿ Qué ilusión es tan dulce y hermosa?
Dios le ha dicho: "sé plácida y bella;
y en el duelo que marque una fosa
pón la fe que contemple una estrella!
¿Quién no cede al consuelo que oh ida?
La piedad es un santo remedio;
y después, el ardor de la vida
urge y clama en la pena y el tedio
y al tumulto y al goce convida.
De la zaña el pesar se distrae,
desplome de polvo y ascenso de nube.
¡Del tizón la ceniza que cae
y el humo que sube!
1

A LAS COSAS SIN ALMA
Cosas sin alma, que os mostráis a ella
y le servis en muchedumbre tanta,
¡temblad! La inmóvil hora no adelanta
sin imprimirnos destructora huella.
De la materia resistente y bella
tomad lo que más dura y más encanta;
si sois piedra, sed mármol; si sois planta,
sed laurel; si sois llama, sed estrella .
Mas no esperéis la eternidad. El lodo
se disuelve en la onda que lo crea.
Dios y la idea, por distinto modo

La madre reposa con sueiío de piedra.
La muchacha medra.
Y por siembras y apriscos divaga
con su padre, que duda de serlo;
y el infame la injuria y estraga;
y 1a triste se obstina en quererlo.
Llena está de pasión y de bruma,
tiene ley en su tor¡)e atavismo,
y es al cierzo del mal una pluma ....
¡Oh pobreza! ¡Oh incuria! ¡Oh abismo!

pueden sólo flotar en la marea
del objeto y del sér. Dios sobre todo
y sobre todo lo demás, la idea.

Vestida con sucios jirones de paiío,
desca1za y un lirio en ]a greña,
la pastora gentil y risueña
camina detrás del rebaño.

Hay en tus rasgos acritud y alteza,
orgullo encrudecido en un arcano;
y resulto en mi prez un vil gusano
que a un astro empina la bestial cabeza!

Radioso y jovial firmamento.
Zarcos fondos, con blondos celajes
como espumas y nieves al viento
esparcidos en copos y encajes.

Quiero pugnar con el amor ;-y en vano
mi voluntad se agita y endereza
como la grama tras el pie tirano;

Y en la excelsa y magnifica fiesta,
y cual macula errante y funesta,
un vil zopilote resbala
tendida inmóvil el ala. _

(Lascas)
A TI

Portas al cuello la gentil nobleza
del heraldico lirio; y en la mano
el puro corte del cincel pagano;
y en ]os ojos abismos de belleza!

Humillas TI?i elación y mi fiereza;
y resulto en mi prez un vil gusano
que a un astro empina la bestial cabeza!
(Lascas.-Xalapa, el 25 de mayo de 1,901)

Armas y Letras + Pág. 7

•

�La Universidad ....
(Viene de la Pág. 6)
sumt1s", gozándose mientras la edad
lo permitía, porque como la canción
misma proclamaba " post iucundam
iuvenlulem nos hábebit humus" ya que
pronto llega la que arrebata y no perdona. Por eso había que clamar:
"l' ivant omnes vfrgines graciles, {Ormosae,

vivanl

et

mulieres

lenerae,

amebilis, bonae, laboriosae"; y una
vez lanzados estos vivas a las damas
-la caballerosidad manda venerarlas

antes que a otro alguno- , sobraban
vivas para sí mismos y para los maestros, sin olvidar los votos a la "patriae

•

'

1

.1

prosperitas", al caudillo que la rige y
a la "Maecenatum charitas quae 110s
hic p1·otegit".
Y, en verdad, eran dignos de loa los
mecenas que, aparte de fundar Universidades y Colegios para escolares
pobres, establecieron aquellas reglas
para cuidar su bien en cuanto a pupilaes y albergues, dotándoles de hospital gratuito si enfermaban, y otorgándoles derecho a no sufrir ingerencia
dt alguaciles y justicias dentro del reducto del Claustro.
En todo lo demás, broma y humor
condimentaban la diaria salsa de la vida escolar, y había burlas y gracias
consabidas, como aquellas que en toda
Salamanca se hacían en torno a ceiegiales y frailes diciendo que babia pájaros de todos los colores, como luego se explanaba llamando golondrinos
y tordos a dominicos y jerónimos, respectivamente, por el color del hábito;
o pardales y grullos a los frailes franciscos y bernardos. Y ya es sabida la
juerga de Jas novatadas, como aquellas
de Alcalá que conoció Quevedo, y cómo la patente de nuevo colegial se pagaba con un módico convite que el recipientario costeaba a los viejos tunantes, a no ser que prefiriese ahorrar
aquellos reales y encastillarse en altivez, con lo que se convertía en cabeza
de turco de las bromas sufriendo la
asechanza de los veteranos, ha'sta que
naciera entre todos la camaradería indispensable para pasar por los mismos
trances escolares con ánimo común y
familiar.
Y una vez que todos se habían hermanado, podía ser peligrpso desafiar
las iras de la comunidad estudiantil,
corno pudieron comprobar en Alcalá
los pajes y otras gentes del séquito del
propio rey Fernando, que pretendieron burlarse de los estudiantes con
malas agudezas, y les salió la criada
respondona: porque los escolares la
emprendieron a linternazos con las
gentes del augusto monarca, y tanto
fué -el tumulto que hubo de mediar
Cisneros ante la Majestad de Fernando; y quizá este león, que ya iba para
viejo - sesenta y dos años contaba entonces- , se gozó en su interior al ver
el irupctu altivo de la muchachada que
mañana sostendría el reino llevando
sus cosas adelante. Que los estudiantes tenían bien caliente la sangre, era
cosa de todos conocida, y harto trabajo costó babituarlos a no llevar armas prendidas en el cinturón, pues
esta era siempre la pasión de aquellos
mozos. Y aun sin armas, sólo con sus
puños, hubo vez que tuvieron en vilo
a la ciudad si por ventura la autoridad se revestía de imprudente dureza
olvidando que a pechos juveniles sólo
se les gana y domina con generoso
proceder.
Pero era más frecuente el sano regocijo, y no andaban remisos en buscar¡., aquellos escolares. Aparte de otras
fiestas rituales, la de San Martín era
de las más sonadas entre los salmanticenses, pues en esa coyuntura era

elegido el Rector por ]os consiliario:-;
que tenían representación de las v;l
rias regiones. Al electo se les hacían
los honores y consideraciones pertinentes, con ceremonial y procesión,
cortejo de ·escolares que en la Plaza
)layor aclamaban al nuevo Rector, y
el inevitable jolgorio en cada uno ¡:le
los gremios regionales -riojanos, vascos, andaluces, extremeños, navarros,
que durante todo el clia campaban a
sus anchas, entre cantos y bromas, por
pJazas y callejas. Y cosa parecida era
aquel otro festejo académico con que
se celebraban las colaciones del grado
de Doctor: _p ara estas ocasiones se
guardaba la más alta pompa: la comitiva que se dirigía desde Paraninfo de
la Universidad, donde el examen se
verificaba, hasta la Catedral, era un
espectáculo fastuoso. Toda la ciudad
lo veía embelesada: unos músicos
abrían el camino, seguidos de alguaciles endomingados que daban guardia
al Rector, rodeado de reyes ele armas
y profesores, todos engalanados y ostentando cada cual en la maceta los
colores simbólicos de sus disciplinas;
azul los maestros en artes, blanca los
teólogos, los galenos amarilla, los canonistas verde, roja los legistas. El
eje de la comitiva habla de ser, naturalmente, el doctorado, que a caballo,
con daga y espada, hacía su pasada
triunfal, porque la sazón de Doctor
tuviera un cierto sabor y simbolismo
de caballería, de milicia y de hombría.
Por fin, en la Catedral, era sancionada su nupcia con la sabiduria otorgándosele la triple insignia: birrete, libro y áureo anillo, como unción de la
cabeza, el corazón y la mano diestra.
Tales eran los festejos que tocaban
a la parle académica; pero, además de
esto, Salamanca es una región bien
abastada de toros bravos. En buena
lógica ello demostraba, aunque el Estagirita lo ignorase, que era fuerza no
desdeñar la ocasión de lidiarlos en
aquellas fiestas, que con tales corridas
podrían resultar y resultaban más
completas, alegres y extensivas al vulgo de estudiantes y de ciudadanos. Y
era una gloria ver en la Plaza Mayor
salmanticense aquellas tardes de sol
dorando las fachadas y aquel color y
movimiento transfigurados por la luz;
los balcones engalanados con paños
y con damas, y allá en el central,
los doctorandos presidiendo la fiesta.
Más que capeas eran corridas de rejón, lo cual no arguye que se alancease al toro solamente corriéndole a
caballo, pues siempre había mocicos
navarros y castellanos que tenían a
gala esperar a píe firme al morillo, rejón en mano y bien templado el ánimo, decididos a pechar con todo riesgo a cambio de que la bella que les
había conferido su divisa fuera honrada ,•aliente y diestramente y aceptase el obsequio del galán.
Y esta era la vida de aquellos escolare_s, allá por los años de mil quinientos; cuando España andaba atareada en cristianar el nuevo mundo y
retener en el viejo la antigua fe.
Con tal género de vida y enseñanza
nutrieron mente y corazón aquellos
varones, propios orífices de dos Siglos
de Oro, cuyos nombres son tantos cine
sólo con ellos se teje la historia del
espíritu español, y tan gloriosos que
forman la corona imperial de un pueblo entero. En esos claustros y colegios pasaron los años mejores de su
vida los ingenios preclaros y los santos admirables, y luego, en el curso
de su trabajo, desde las más alejadas
esquinas del mundo, recordaban con
amor los años pasados en la escolanía,
con sus asperezas y sus regocijos. Así
escribía en años ya maduros Mateo
Alemán, uno de tantos antiguos escolares de Alcalá que se hicieron tan famosos en las letras como en al liza ele

la Y ida: ;&lt;¿Dónde se goza mayor libertad y quién vive tan sosegadamente
como los estudiantes? Si se quiere dar
una música, salir a rotular o dar una
malraca o levantar en los aires una
guerrilla por sólo antojo, sin otra ra.:ón o fu11damento, ¿quién, dónde o cómo se hace hoy en el mundo como en
las escuelas de Alcalá? ¿Dónde tan floridos ingenios en al'les, medicina y
tcologia? ¿Dónde se halla un semejante concurrir en las artes los estudiantes, que, siendo amigos y llermanos, como si fueran fronteros, están
siempre los unos conll'a los otros en.
el ejel"cicio de las letras? ¿Dónde tantos y tan buenos amigos? ¿Dónde tan
buen il'alo, tanta disciplina en la música, en las armas, en danzar y correr,
sallar y tirar la barra haciendo los ingenios hábiles y los cuerpos ágiles?
¿Dónde concul'ren juntas tantas cosas
buenas, con clemencia de cielo y provisión de sllelo? ¡Oh madre Alcalá,
qué diré de ti qlle satisfaga o cómo para no agraviarte callaré, que no puedo!
No · agraviaron aquellos hijos a la
Universidad alma mater de España, y
bien por el contrario la encumbraron
corno a tal madre y nutricia, publicando por el mundo su enseñanza y
ejemplo, ~scalando los más altos peldaños de la santidad y de las letras,
como hicieron Juan de ;.vna, Tomás
de Villanueva o Ignacio de Loyola, como hicieron Lope, Calderón o Quevedo, hermanos todos en una misma fe
y amor, hijos legítimo de una Universidad que para alcanzar la más alta
gloria del servicio sólo necesitó cumplir el simple mandamiento de la autenticidad. Ser ella misma lo que era
el pueblo hispano.
P. E.

Alas Casas Editoriales
y a los SeñoresDistribuidores y Libreros
del Continente
La Universidad de Nuevo León ha
mantenido desde su fundación un vasto plan editorial que desarrolla al través de Pub] icaciones cuya circulación
comprende a todas las Instituciones
oficiales! universitarias, académicas,
atencistas, centros culturales, sociedades de diversa índole y personas, en
América y Europa.
Entre el cuerpo de ediciones que
aquí se imprimen figura nuestro mensuario "ARMAS Y LETRAS", que recientemente ha establecido una sección -LIBROS-, en la que figuran
comentadas las obras últimamente aparecidas en las prensas americanas.
Dada la extensa órbita de circulación del Boletin arriba mencionado, y
en interés de ofrecer al lector americano una juiciosa información del fondo y continente de la obra, cotejada
a la luz de un criterio ecuánime y a·
tono con la moderna interpretación
del pensamiento cientifico, literario o
artistico. "ARMAS Y LETRAS" se complace en invitar a ustedes a coadyuvar
con este propósito de orden cultural
que anima a la Universidad de Nuevo
León, solicitándoles el envio de cada
una de las ediciones nacidas en sus
prestigiosas prensas, las cuales serán
objeto de nuestros comentarios, en la
medida que vayan llegando a nuestras
manos.
Los envíos deben hacerse a:

ARMAS Y LETRAS
Organo Mensual de la Universidad de Nuevo León
INDICADOR:

"ARMAS Y LETRAS",
Universidad de Nuevo León,
Plaza del Colegio Civil,
Monterrey, Nuevo León,
México.

Redactores
Raúl Rangel Frias
Fidencio de la Fuente
Francisco M. Zertuche
Genaro Salinas Quiroga
Alfonso Reyes Aurreeoechea

Con la satisfacción de haber señalado en las breves líneas que antece•
den la resolución de una urgencia in•
hcrcnte a la cultura moderna, y esperando recibir en breve de ustedes el
aliento a esta sugerencia, la Universidad de Nuevo León les testimonia las
vivas expresiones de su más alto reconocimiento.

Enrique Martínez Torres
Guillermo Cerda G.
Adrián Yáñez Martínez

DEPARTAMENTO DE ACCION

Director

SOCIAL UNIVERSITARIA

Lic. Fidencio de la Fuente

SECCION EDITORIAL

Oficinas

PUBLICACIONES PERIODICAS

Wásbington y Colegio Civil

Armas y Letras.-Boletin mensual de
la Universidad. Se reparte por canje a las Instituciones de Cultura, Y
libremente a quien la solicite.

Monterrey, Nuevo León,
MEXICO

UNIVERSIDAD DE
NUEVO LEON

Uniuersidad.-Rev i sta. Se distribuye
por cambio bibliográfico a entidades
culturales y libremente a quien la solicite.

Rector
Lic. Raúl Rangel Frias
Secretario
Prof. Antonio Moreno
Jefe del Departamento de
Acción Social Universitaria
Lic. Fidencio de la Fuente

Armas y l:etras + Pág. 8

Para la adquisición de obras de venta, toda correspondencia y valores deberán remitirse al Jefe del Departamento de Acción Social Universitaria
Lic. Fidencio de la Fuente, Universidad de Nuevo León Plaza del Colegio
Civil, Monterrey, N~evo León, México.

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              <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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