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                  <text>Organo Mensual de la Uníversídad de Nuevo León
Registrado como articulo de 2da. clase en la Administración de Correos de Monterrey, N. L., el 20 de abril de 1944

D. A. S. U.

AÑO XI

[ / fiumanidmo :l)emocrálico

NUM. 5

La Etapa de los Hjustes

'J fa [Jucación
El término HUMANISMO arranca de la antigüedad clásica.
Cinco siglos antes de la era cristiana, los sofistas, desde su posición de educadores de una pequeña minoría, dieron validez a
un concepto que con el transcurso de los siglos y en presencia de
cambiantes realidades históricas se iría llenando d~ nuevo con•
tenido.
Heráclito, al hacer la articulación del hombre en la constitu•
ción legal de Cosmos, regido por un principio unitario, según
señaló W. Jaeger, contribuyó de manera decisiva a acuñar una
nueva teoría educativa. Con los sofistas se inicia una etapa de
gran importancia en el desarrollo del humanismo, al cual define
dicho autor "como la idea de la formación humana" que se em•
parenta con la llamada educación "general" humana, que tiene
en Grecia también su origen.

César Sepúlueda

Habíamos anunciado, al empezar la conferencia anterior,
que esta plática tendría por destino explicar las incidencias de la
política mexicana encaminada a poner los recursos económicos
y naturales de México en manos de los nacionales, en su aspecto
de ofensa a los intereses norteamericanos; las fricciones surgidas
con los Estados Unidos por ese movimiento renovador, y los
ajustes que se fueron encontrando para suavizar esas fricciones.
De esta suerte, nos vamos a ocupar, primeramente, de aquellos
aspectos de la Constitución de 1917 que, por satisfacer las reivin•
dicaciones de las masas, afectaban a los intereses yanquis de una
manera directa, o sean, en particular, las disposiciones del ar•
tículo 27 que se refieren al régimen de la propiedad rural, al
subsuelo, y a los derechos de los extranjeros.
La Constitución de 1917 ofrecía la
ventaja, sobre la de 1857, que recogía

dad privada era una funéión social, y

algunas innovaciones regislativas y le

que se habría de emplear en beneficio

Pero en la historia de la filosofía se conoce con el nombre daba cierta forma y coherencia a los
de humanismo, preferentemente, el movimiento promovido en propósitos y dogmas revolucionarios.
el Renacimiento, dirigido a elevar la dignidad del espíritu hu- Era un sumario de las esperanzas pamano, valorizándolo, mediante el aporte cultural suministrado sadas y futuras del pueblo mexicano.
ordenamiento politico incorpora
por la Edad Media, la Escolástica, la cultura moderna y la cul- E~te
eu algunas de sus partes el deseo 'cte
tura antigua. André Lalande nos dice que el HUMANISMO recuperar todos aquellos recursos nano es tan sólo el gusto de la antigüedad, sino su culto; un culto cionales que por culpa de otros regíllevado tan lejos que no se limita a adorar, sino que se esfuerza menes se habían enajenado sin tasa,
por reproducir. El humanista no es solamente el hombre que en despojo de los intereses de los mexicanos. En Jo que tiene de np_evo la
conoce a los antiguos y en ellos se inspira, sino aquel que total• Carta
ele Querétaro reflejaba el espímente fascinado por su prestigio los copia, los imita, los repite ritu medio del pueblo ue México, y,
y adopta sus modales y sus costumbres, sus ejemplos y sus dioses, eu particular, el artículo 27 es el essu espíritu y su lengua.
pejo del programa de Carranza y fué,
al mismo tiempo, la fuente principal

Nos encontramos frente a un movimiento propugnado por
la burguesía que ascendía como clase y dirigido contra el clero
y la nobleza, que eran los que controlaban el poder y mantenían
los principios religiosos con los que tendían a justificar las in•
fluencias que ejercían. Por ello aparecía el humanismo como
movimiento anti-cristiano, no obstante que en él estuvieron en•
rolados sacerdotes, como Erasmo, en quien se descubre, a pesar
de la cobardía que se atribuye, una crítica fundamentada de las
prácticas religiosas de la época, que sirvieron de base para la Reforma, con lo cual, sin embargo, no quiso identificarse. Pero la
perfección del hombre que decía perseguir, la limitaba el humanismo renacentista, como el movimiento promovido por los so•
fistas, a pequeñas élites intelectuales. Por ello, uno de los más
brillantes representantes de ese movimiento, Giordano Bruno,
llegó a consederar que ni el arte ni la ciencia eran manjares para
el paladar de las multitudes. Para Erasmo de Rotterdam, "era
vil e indigno pensar con el pueblo", del que otro humanista,
Maffeo Vegio, dijo que "no participaba de la naturaleza huma•
na, sino más bien de la del buey".
(Pasa a la Pág. 8)

MAYO DE 1954

d,~ Ja preocupación diplomática norteamericana.
Esta disposición, que afectaba en
mucbo la propiedad territorial y pe-

trolera de los ciudadanos de los Estados Unidos en ~léxico, venía a establecer, en una de sus partes, en forma
nGvcl, que ]os productos del subsuelo
no se habían enajenado legalmente
por legislacio.tres anteriores, puesto
que eran patrimonio nacional y que,
por tanto, las concesiones precedentes para la explotación petrolera no
autorizaban al titular sino a usar la
superficie, y que para extraer minerales o petróleo era necesario el permiso del verdadei-o propietario, la nación mexicana. En otras paJabras, ello
significaba para los petroleros yanquis
si no el final de su reinado en este
país, por lo menos, la reglamentación

inteligente de su actividad, a lo que
no se resignabarÍ de manera f3.cil, se-

gún tendremos oportunidad de constatar en esta plática.

Otro párrafo estatuía que la propienacional. Consecuentemente cua]quier
uso "antisocial" podría conducir a la
expropiación, a la nacionalización. La
aprensión yanqui radicaba en que en
cualquier momento su propiedad agrícola, petrolera o minera, o industria]
podría ser tomada con sólo aducir el

pretexto de que no se empleaba debidamente en beneficio social. Todo

ello confluía con la doctrina tradicional de la permanencia de los contratos Y la inmutabilidad del derecho de
propiedad.
El otro aspecto ominoso de esa disposjción era Ja presencia de la Cláu-

sula Calvo, o sea la renuncia que hace
m, particular extranjero, cuando rea-

liza un contrato u obtiene una concesión, a invocar la protección de-su gobierno en relación. con materias o controversias que surjan de ese contrato
o de esa concesión. Es un dispositivo
legal por el cual el extranjero acepta
en considerarse como nacional del
país en el que se radica, en igualdad
a los naturales, y a través de cuya operación se obtiene una mengua de la
interposición diplomática, o, por lo
menos, se la hace aparecer oficiosa,
iilnecesaria y desprovista de fundamento. Como con ello perdían un arma formidable, la continua interven-

ción diplomática en México, los Estados Cnidos consideraban con trucu-

lencia esta reglamentación de las actividades de sus nacionales, que a sus
ojo constituía un atentado.
Existía también, intercalada en el

texto del artículo 27 constitucional,
(Pasa a la Pág. 4)

�LHBOR DE EUGEN
RELCIS EN RMERICH
Campio CARPIO

Pertenece Eugen Relgis a la generación de escritores que, des•
pués de la primera matanza mundial, consideraban que por vía
del espíritu, como creación del raciocinio, podria encontrarse la
senda por donde la humanidad habíase extraviado, en aquella
catástrofé vertiginosa de los años 1914/18. Inspirado por esa
gran ilusión, que removió las cenizas de un mundo pulverizado
en la vorágine sangrienta, en todos los países europeos surgieron
voces que clamaban por una resurrección, producto de una con•
fesión íntima, un balance generoso de cuanto el individuo había
hecho en el terreno intelectual y humanitarista y los resultados
negativos de esa labor que no habían podido evitar tamaño ca•
taclismo.
El manifiesto de Romain Rolland "A
los pueblos" dió origen a ese movimiento insurgente en el alma de Europa, que Eugcn Relgis ha estudiado con
tanto cariño y pasión, pues que conforman la admirable por muchos obra
posterior de esta figura insigne. Las
mentalidades más robustas, tanto de
Europa como de América, unidas en

un sentimiento fraternal por sobre
falsos nacionalismos, se dieron a la

tarea de ese reencuentro que Eugen
Relgis recoge en sus "Peregrinaciones
Europeas", libro que encierra el pensamiento del heredero espiritual de
Romain Rolland.
Andreas Latzko, Arnold Zweig,
Hans Dricsch, Pierre Ceresole, Ernesto Glaeser, Leonard Frank, Emil
Ludwig, Stefan Zweig, Banville d'Hostel, Edmundo Privat, Paul Birukoff,
George Fr. Nicolai y el mismo Albert

Einstein -que años después pondría
su saber al servicio de la muerte- Y
cien más se agruparon en torno a los
principios sustentados por Romain
Rol1and en su manifiesto y por Henri
Barbusse en "Clarte", provocando una
revolución en el sentimiento dolorido
de una Europa hecha cisco en una
guerra que despedazó a dos generaciones de hombres, padres e hijos. Ese
movimiento de fraternidad, de entendimiento común, ajeno a fanatismos
patrioteros, por encima de pasiones
felicistas, pronto adquirió resonancia
internacional. Y mientras Europa suturaba sus tejidos, los hombres de
buena voluntad, como les denominó
Jacques )Iarilain e inmortalizó Georges
Duhamel, abrían nuevos caminos de
acceso a la comprensión hprnana, presididos por los ideales de Tolstoi, del
Mahatma Gandhi y del pensamiento
activo de la Francia revolucionaria en
sn contenido humanitarista al que
Eugen Relgis dió forma y dimensiones
definidas y anchurosa amplitud.
Por su obra fecunda, Eugen Relgis
se ha convertido en un soldado del
espiritn bajo los predicados de Tolstoi, de Gandhi, de Popper Linkius, de
Leon Follin, ~!ax :\'eUlau y Romain
Holland,
Estos ideales a los que consagró todo su saber y energías, habrían de
proporcionarle los sinsabores de toda
lucha frente al medio hostil, tan desigual, hasta que su nombre sea una
b~mdera para cuantos pongan confianza en el porvenir inmediato de 1a humanidad.
Habiendo experimentado en carne
propia todo el pesado rigor e inmenso dolor de la última vorágine que en-

'.
'

,·ol vió a Europa - de cuya casa propia fué arrojado por las hordas teutónicas - por obra de dos meritísimas
figuras de relieve continental, que pusieron de su parte toda la influencia
para rescatar a tal excelsa vida espiritual, Eugen Relgis pudo refugiarse
entre nosotros para proseguir aquí Ja
trayectoria de intimidad humana interrumpida en el viejo mundo.
Relgis observó al fin cómo dec1inaba el po&lt;jerio del nuevo Atila que en
Uú instante de la historia moderna
amenazó con arrasar hasta en sus más
sólidos cimientos la cultura continental y volver la civilización a épocas
pretéritas, al estado cavernario. Desde Gengis Khan a nosotros ningún
otro búrbaro que la pantera tudesca
puso tanto miedo y sembró de pánico
el mundo. Con su inmenso ejército de
vasallos y lacayos, nadie más que él
pudo jactarse de ser ensalzado en todos los templos ele la vieja Europa.
Por él se eleYaron preces como jamás
se: ha visto en naciones civilizadas.
Pero la fuerza de las armas ha trastocado la: victoria en derrota. Y el
amo virtual de Europa, que ha desafiado ]as iras de todas las conciencias
Jibres 1 mordió el polvo de la derrota,
en forma fulminante y definitiva.
l::ugen Relgis ha observado todo el
p1 oceso evolutivo del ídolo forjado
por las heridas de una guerra y que
otra guerra exterminó. Pudo hacerse
una composición de lugar respecto de
los alcances de este fenómeno, que no
por ser dejado de lado nuevamente
con una paz pasajera, momentánea,
dista mucho de constituir una solución
para los problemas europeos y mundiales. Cerca del crisol donde se funden las ideas nuevas. a cuyo calor se
desenvuelve, no pudo olvidar que otro
ídolo, mits antiguo, pero que utilizaba
armas aparentemente menos mortíferas, se apoderaba de la conciencia humana para someterla a una tiranía
c,:actamcntc despiadada y despótica.
El totalitarismo que encarnaron las
tribus nazis era sencillamente una copia de los procedimientos aplicados
por la democracia so,•iética contra sus
enemigos. Era la tirania encarnada en
1111 partido, siendo parte de un sistema
exactamente igual, de alcances paralelo~, y finos uniformes. Sin embargo,
las circunstancias, llevaron al fascismo anglonorteamericano a luchar codo con codo al lado de los dictadores
Llel proletariado, en un contubernio
del que hoy se Jamentan todos los
hcmbres libres del mundo.
Aquel consorcio entre la democra-

cia capitalista y la democracia ~omunista pone un estigma en la pn~era
p: r1ina de la historia contemporanea,
p~;que selló el destino de la libertad
dl' los pueblos, que así se ven aherrojados bajo el peso de las dict~duras
que soportan los pueblos aledanos al
Vistula, al Danubio, al Rhin y al Manwnares. 'foda la confianza que las
naciones débiles habían depositado en
los grandes conductores de los destinos del mundo occidental, pronto se
· vieron defraudadas ante la carta de
ciudadanía que los señores del dólar
y la libra pusieron en manos de los
déspotas tártaros, hoy dueños Y señores de las esperanzas inmediatas de
nuestro mundo de libertad.
Eugen Relgis, no ha visto en este
cambio de· mutaciones entre Ios gobiernos beligerantes sino un fenómeno natural, sólo admisible en los trafi ..
cnntes de )as• conciencias. El procedimiento es clásico, y fatalmente en él
cncn todos los políticos que se elevan
a tales alturas, qne pierden, con lo
ampuloso del poder, los sentidos del
olfato tan clesarrolladqs en otras especies animales, mas perdidos para los
gobernantes de nuestro tiempo. Result~ doloroso y hasta inconcebible que
e! hombre moderno, sometido a una
disciplina férrea en los aspectos morales, intelectuales y políticos, renuncien, con tanta facilidad a lo que fueren y pierdan la fe en los destinos del
n:undo sometido no bien se alcen con
poder para dictar leyes y aplicar disposiciones. Eugen Relgis, ha tronado
contra estos elementos vendidos, entregados a la molicie aplastante que
produce la función gubernamental, al
pe-so ele la burocracia. Tales elementos se convierten en batracios, sin inmutarse al paso del féretro de la Ji.
bertad, sin tener en cuenta que la revolución no se detiene y que tanto
más radical será cuanto más mayores
sean los sacrificios a que se le somett;n. Engen Re]gis es un hombre de
ideas, sostenidas en toda la línea, en
forma vertical. Cuánto cuesta a un
hombre libre de la talla de Eugen
Relgis mantenerse enhiesto, en su
puesto ele combate, "sólo los dioses Jo
saben".
Pocas figuras en los tiempos modernos han abrazado . con tanta pasión
ideales cual este peregrino del humanitarismo. Entre ellos, todos amigos
suyos, cabe mencionar a sabios como
Nicolai, a Alberto Carsí, Upton Sinclair, Waldo Frank, Rudolf Rockor,
Alberto Camus. Hombres nacidos ayer,
para generaciones futuras, formados
en las duras disciplinas de la cultura,
que' tomaron contacto con el pasado
c11 pos del porvenir. Residentes en un
mundo convulsionado, se entrechocaron con la cruda realidad de una desorganización social cada vez más complicada y desarticulada.
Después del primer desastre a principios del siglo, co;1 un corto intervalo. los pueblos fueron nuevamente
arrastrados a tomar las armas. La primera gran decepción que les inclinó
a recorrer el mundo del espíritu para
buscar las partes sensibles de la humanidad, se ha convertido en desilución al ,•er cómo la libertad, ya ele por
si manoseada, llega a cercenarse. Y
los pueblos se someten ciegamente al
fe-tichismo creado por una mística política, falsa como su propia esencia,
pero utilizada como pasto de_ los déspotas. Los hombres como Relgis, de
temperamento sensible, ven cómo el
111undo es presa del pánico, que vive
con miedo pasmoso y no se atreve a
prnsar ni a reir. Apenas se presta a
l.i mueca, ocultando detrás de esa fi~
gl:ra simiesca todo el terror legal con
ruidos ele motores, chirriar de hierros
y cadenas, rugidos de tiranos y Han-

Armas y Letras +Pág. 2

tos de victimas ante el muro de ejecución.
Se necesita disponer de un caudal
enorme de energía e inagotable dosis
de serena comprensión y confianza en
los destinos humanos para resistir a
tanto dolor juntos, desechar tanta incomprensión y reconcetrarse en si
mismos para hacer frente a tanto sometimiento inútil. Sólo los grandes
ideales infunden esa seguridad, esa fe
para proseguir el camino que otros,
menos dotados de virtudes, no lograron recorrer. Unicamente guiados por
esa estrella los hombres de la talla moral ele Eugen Relgis pueden ver compnsivamente cómo las multitudes se
atropellan por morder un trozo mayor
de pan, por sobrevivir a una época tan
peco espiritual, que todo lo metaliza.
Ver reconcentrarse en sí mismos, y
pas~r, observando cómo los pueblos
tratan de erguirse, atropellarse en este desbarajuste, sin encontrar su propio camino. Y cómo, atenazadas sus
gargantas por la amenaza de agentes
encarnados en la violencia organizada, su actuación ha de concretarse al
rr-gistro de los movimientos sociales
que desarrollan las tres etapas principales de la vida, hoy aterrorizados
por el espectro de las bombas atómicas.
Esta triste situación determinó que
mentalidades robustas como las dos
grandes figuras de la cultura alemana
contemporánea, Stefan Zweig Y Ernest
Toller, que todos admiramos por cuanto nos dejaron de sí mismos, presas de
esa amenaza latente que vivimos havan determinado separarse de nuestro
~mndo, lo mismo que otro grande admirador de cuanto ennoblece al espíritu, Alfredo González Prada, hijo del
poeta peruano, no haya podido resistí, al choque violento de la libertad
escarnecida contra la dictadura embrnvecida, y belicosa, y soberbia.
Y en tanto estos dolorosos fenómer.os se suceden y el corazón se estremece al observar el horizonte de nuestro destino a la luz de las circunstandas actuales, Eugen Relgis resiste.
Predicador de fe irreductible, desde
su reducto de Ateµas americana, escribe libros, manda artículos a la
prensa libre del mundo entero pronuncia conferencias, recoge el calor
ch.• los camaradas, estimula a los· indecisos, alienta a los impetuosos y medita. Para Eugen Relgis no ha pasado
er; su vida más que el tiempo. Sólo las
arrugas y las amarguras hacen de los
surcos de su espiritu nervios tempJados y músculos para seguir adelante,
Como Sócrates, él está presente frente
a los tiranos para agitar al hombre Y
volverlo a la realidad de su mundo
moral, obedeciendo al mandato huma•
no de dulcificar los dolores del siglo
a través de su pensamiento, la doctri•
na hmnanitarista que como tal se conc,ce en varios continentes.
No es Eugen Relgis el único sobre,·iviente de esta conmoción que en los
últimos años ensombreció la tierra.
Como testigo dolorido ele este proceso de la historia contemporánea, él ha
desarrollado durante su permanencia
c-n América una vasta obra que comprende un nutrido vofomen consagrado a Romain Rolland, el gran europeo; otro volumen al cazador de al•
mas, Stefan Zweig, una edición cas•
tellana de su "Mirón el Sordo", otra de
sus chlsicos "Principios Humanitaristas'', otro más de su utopía "Cosmometópolis" en homenaje a los ideales
elr Henri Leon Follin. Aparte, dió un
volumen consagrado a ?\,fax Nettlau, a
través ele "La Paz Mundial y las cond!ciones de subrcalización", un nutri•
do volumen "Historia Sexual de la
(Pasa a la Pág. 8)

El Problema Hxiológico

en la Hctualidad
Radivoj Stankovich

¿Qué valor tiene una cosa?
¿Qué valor tiene una idea?
No existe ser consciente que no se haya encontrado íntima•
mente frente a estas cuestiones. Distintas personas tienen a ellas
respuestas distintas. Aún más: los mismos individuos en situa•
ciones diferentes interpretan de diferente manera la misma no•
ción del valor.
En la práctica la inmensa mayoría, la gente que no se ocupa
especialmente de la filosofía, concibe la noción del valor a base
de su intuición personal.
Esa interpretación inconsciente del
valor es sobre todo muy cómoda. La
intuición, en ese -como en el caso
de muchas nociones abstractas-, brinda indicaciones inmediatas. Y las nociones cuya determinación exacta provoca tantas discusiones e interpretaciones distintas entre los filósofos profesionales, se emplean, en general bien
o mal sin que se sienta su dificultad.
Algunas veces parece completamente claro de que algo tiene valor o no
lo tiene, que vale o que no vale. Entonces se tiene la impresión de que
se puede juzgar el valor de cualquier
Cosa sin dificultades, y que buscar
problemas alrededor de esa noción, es
un pasatiempo para los desocupados
y los filósofos.
Podemos afirmar, por ejemplo que
un kilogramo de otro vale más que un
kilogramo de agua, que una pluma
fuente fina vale mlts que una herradura para caballo, que lo hermoso vale más que lo feo, lo bueno más que
lo malo, etc. Basada en la institución,
cualquier persona simple nos dirá que
todo eso es claro y que "lo sabe cualquier hombre inteligente".
Sin embargo, cuando las cosas empiezan a complicarse, la intuición también empieza a fallar: se muestra insuficiente.
Para el extraviado en la selva 1 por
ejemplo, un Jitro de agua puede tener
más valor que igual cantidad de oro.
Para un beduino una herradura de caballo tiene un valor mucho más evidente que cualquier pluma fuente fina. Lo que gusta, es decir: Jo que tiene valor estético en una tribu africana, es muy distinto de lo que vale estéticamente para la mayoría de la gente civilizada. Asi Jllismo algunos actos a los cua1es se ha atribuído valor
ético hace varias centenas de años,
hoy en día no tienen ese significado.
Esos ejemplos simples bastan para
indicarnos toda una serie de problemas sutiles en relación con la interpretación correcta del contenido de
la nación del valor.
¿ Qué es realmente el valor ético o
el valor estético? ¿Qué va]or tiene,
una filosofía? ¿ Cuál valor es más
grande que otro? ¿ Existen valores objetivos o existen sólo valores subjetivos? ¿Cuál es la diferencia entre distintas clases de valores? Finalmente,
¿qué es lo que llamamos valor, qué es
el valor de por sí? ¿ existe tal cosa?.
La intuición no filosófica desgraciadamente no sirve para orientarnos con
precisión frente a esas cuestiones. Si
se insiste en ella, es lo más probable
que se acabará en una posición dog-

mútica o fortuita o en un callejón sin
salida y en una relatividad desesperante.
Pues bien, ¿qué ha resuelto la filosofía? ¿Han logrado los filósofos fijar el verdadero significado y ponerse
de acuerdo sobre el sentido de la noción del valor? Trataré aquí de exponer las ideas principales y los resultados hasta los que ha llegado la filosofia en sus intentos de aclarar la
noción del valor. Citaré también algunas frases auténticas, que reflejan
l,1 manera como se discute este problema en la axiología.
~luchos filósofos han intentado explicar la noción del valor a hase del
sentir.
·
Así el filósofo Alemán A. Doering,
en su libro Philosophische Güterlehre
(La enseñanza filosófica de los valores), afirma que el fondo del valor
que reconocemos en una cosa, reside
en el sentir que ella pueda provocar.
El sentir es criterio a base del cual
atribuimos o negamos el valor a algo.
Los juicios sobre el valor o el sin valor de las cosas se forman, según
Doering, a base de la fuerza y de la
duración del placer que ella provoca.
Nuestro juicio sobre el valor es, como
él dice textualmente: "Solo el sentimiento explícito, llevado a un grado
más alto de la conciencia, una expresión inteligente, un sentimiento puesto a través de nociones en al forma
de oposición del sujeto y del predicado, una reflexión ·llevada en forma de
juicio sobre el hecho de un estado de
sentir".
L'n pensamiento parecido, en cuanto al sentir el valor, sigue también el
filósofo español Ortega y Gasset cuando dice que los valores son: "una extraña, sutil casta de objetividades que
nuestra ciencia encuentra fuera de si,
como encuentra los itrboles y los hombres". Esta opinión estú, como lo reconoce el mismo Ortega y Gasset, influr-nciada por la filosofia de iiax
Scheler.
El mismo Max Scheler, afirma que
h noción del valor se origina de un
"sentir intencional". El sentir del valor es como una especie de mirar. Esh especie de mirar, de sentir el valor,
tic-ne sus propias leyes y procesos, que
según Scheler, nno dependen en su
esencia y contenido del hecho de la
organización humana". Hay valores
creativos, ,•alares de vivencia y valores de actitud.
Como dice Scheler, "hay una especie cuyo objetos quedan completamente cerrados a la razón". La razón es
para esta experiencia especial que de-

termina los valores, "tan ciega como
la oreja y el oído para el color". Pero esa especie &lt;le experiencia, a pesar
lle su carácter distinto y especifico,
nos lleva hasta "los objetos legítimos
y 11asta un orden eterno entre estos"
que son precisamente los valores y las
escalas ele valores entre si. Estos valores que percibimos en nuestro •·sentir intencional' 1 (que es algo completamente distinto &lt;le los estados de sentir), presentan legitimas ''cualidades".
Vatores así percibidos son objetos
''ideales", parecido como los colores
y las calidades de tonos musicales. Si
un bien tiene para nosotros algún valor, él está completamente impregnado del ,·alor concebido en el sentido
anterior. "El movimiento y el cambio
dé este mundo de valores es completamente independiente del desarorollo
histórico y existe para nuestra experiencia "a proiri".
Los juicios sobre preferencia y el
valor, según Scheler, no se forman por
la fuerza y por la duración del placer
que percibimos en las cosa~, sino se
forman según nuestra capacidad de
percibir el valor apriorístico y trascendente que está. impregnado en las
cosas. "Los ,•alares no se pueden
crear, cJlos existen independientement1: ele toda organización de. determinados seres espirituales". Por consecuencia, siendo los valores trascendentes y eternos, según Scheler, esencialmente no existe relatividad de los
valores. Pero, a pesar de que el carácter abstracto de la esencia de los
valores no se puede poner en duda, el
abarcamiento de los valores en el sentir está influenciado históricamente.
Esta es la razón por la cual varian
nuestros conceptos de valores éticos,
estéticos, etc. En total, la teoría de
Scheler enseña la existencia de los
,•alares eternos y aprioristicos. Estos
valores se pueden percibir a través de
un sentir intuitivo, muy misterioso.
Sólo las intuiciones privilegiadas pueden encontrar el verdadero sentido de
los valores eternos Lo que otras intuiciones, menos privilegiadas por la
providencia, no alcanzarán nunca.
Sin embargo, si uno no encuentra
en si los talentos místicos de un arte
especial de mirar y sentir del cual
habla este filósofo, no debe entristecerse demasiado ni perder la esperanza de que jamás conocerá el verdadero sentido del valor. Hay otros filósofos y otras teorías de valores. Los hay
para lodos los gustos.
Si a alguien le parece bien quedar
siempre con su voluntad, puede escoger, por ejemplo, las teorias que encuentran la esencia del valor precisamente en la voluntad.
En la voluntad basan su explicación del \'alor, entre otros, el italiano
Benedetto Croce y el alemán Friche.
Este ú1timo dice que el valor depende, en el fondo, siempre de un fin de
la voluntad. Lo mismo afirma el filósofo francés Fou.Jillée cuando dice
que el valor ticné lo "deseado" y lo
"deseable". Hasta que Friedrich Nietzche acierta que todas ]as valoriza'ciones son tan sólo consecuencias
de al Y01untad dirigida hacia la conquista del poder. Según Nietzche, el
valor puede medirse objetivamente
por el "quantum" del subido y organizado poder. Las normas morales y
los valores en general necesitan, según él, una revalorización total en el
servicio del principio del poder.
Menos impulsivo y más económico
con sus energías parece el filósofo L.
Noiré, para quien el va1or en su esencia presenta, como dice textualmente,
"la cantidad del esfuerzo, el cual debe hacer el factor subjetivo, el hombre apropiado para llegar a la posesión de un objeto" o para Haunar una

Armas y Letras+ Pág. 3

fuerza exterior a la esfera de sus derechos".
Ha habido también filósofos que
han combinado Yarias de estas opiniones y otros que han llegado hast~ los
resultados a veces completamente inesperados.
Asi el filósofo alemán Hartmann
cree que para la determinación de un
valor tienen que existir: Ja representación lógica, el sentir y la voluntad
que plantea el fin. Según él, los valores son los que son. Y hay cinco
criterios de valor: el placer, la smnisión a un fin, la belleza, la moralidad
y la religiosidad.
Otro filósofo alemán D. H. Kerler,
después de profundizarse en el problema, decide fundar una enseñanza
de los valores basada en el "ateísmo
impersonal". Según él, los valores residen "relativamente" en nuestras inclinaciones y nuestros actos de gusto.
La percepción de los valores ocurre a
través del sentir. Existe una materia
del valor a la cual se une siempre la
calidad del valor. Y solo a través de
ese proceso cualquier materia está elevada a cierto valor. De manera que
según Kerler, no existen ni valores
apriorísticos ni valores absolutos. "Y
como no hay valores absolutos no
existen valores que son para todo el
mundo en la misma medida válidos y
obligatorios". HCada uno tiene derecho~ y naturalmente la obligación a
sus propios valores", dice Kerler. El
sujeto moral tiene que comportarse de
todos modos como si Dios no existiera. Así el ateísmo adquiere la significación de principios básicos de su enseñanza de ,,alares. Un sujeto moral
tiene el deber de vivir según su valor
actual. Al Dios podría obedecerse únicamente en el caso ele no ver claramente su deber, bajo la suposición
que el Dios mismo fuera servidor del
valor individual que uno tiene para
obedecer. En última instancia las bases del valor "son las profundas manifestaciones vitales del propio yo".
Esta enseñanza es muy parecida a
la posición que respecto a los valores
toma el moderno filósofo francés Jean
Paul Sartre, con algunos otros existencialistas. Según ambas, uno tiene que
obedecer sus propios valores, como
sean, Y éso es lo único correcto que
puede hacer.
Otra teoría extraña de los va1ores
que desde luego emana de otro tempe'.
ramento distinto y tal vez un tanto
friolento es la del profesor Ostwald.
El funda la noción del valor en general, ni más ni menos, que en la segunda regla principal de la teoría del
calor. "Todos los acontecimientos en
el mundo", dice el profesor Ostwald,
se desarrollan "en una cierta dirección" ... El sentido de esa dirección es
caracterizada con el hecho de que llesin cesar a la disminución de la
libre, o para el trabajo lista energía.
Todo lo que rodea al hombre se sujeta a esta ley. En este hecho se basa
el sentido del valor. En el fondo del
valor reside la libre y aprovechable
energía. Como esa energía es algo que
no puede crearse de nuevo y como,
por otra parte, de ella, es decir de la
posesión y · de la transformación de
esa energía-valor, depende toda la vida, no sólo del hombre sino también
del mundo de animales y de plantas,
para el hombre existe una escala de
los valores concebidos como energías,
en última linea cinéticas. El lema de
esa filosofía es: "No disipes la energía, conviértela siempre en el valor".
Esa filosofía ha tenido cierto ambiente hace varios años, cuando se ha temido que la rápida industrialización
va a acabar con las reservas del pe-

"ª

(Pasa a la Pág. 7)

�La Etapa de los Hjustes
La voz popular ha hecho rodear a
los llamados Convenios de Bucareli de
otra medida legislativa que afectaba 1923, de una terrible y enigmática
Yitalmenle a los extranjeros, cuando aureola. Se habla de ellos, dice Gómez
menos, en la probabilidad de que se Robledo, como de un misterio eleusi~
hiciese una aplicación retroactiva. no cuyo abominable rito fuera conoElla era la prohibición absoluta de cido sólo de unos cantos iniciados. Esque ningún extranjero podría adquirill te conferenciante recuerda las distinpropiedades inmuebles o aguas en una ta~ consejas y mitos que surgieron a
faja de 100 kilómetros a lo largo de la poco de suscritos. Que eran pactos sefrontera y de 50 kilómetros a lo largo cretos para entregar a los vecinos, en
de las costas. Esto no era más que la ua plazo pt'udenle, la Baja California.
ccntinuación de una larga serie de le- Que a virtud de ellos México había reyes y reglamentos que procedían des- nunciado, para siempre, a fabricar
d&lt;• antiguo, con el objeto de limitar, motores de combustión interna, autoen lo posible, la infiltración de extran- móviles y aeroplanos. Que eran de tal
jeros y evitar actos como los que nos manera terribles, en fío, que hasta un
hicieron perder a Texas. Pero Díaz, Senador habia sido victimado tan sólo
segl.ln mencionamos, había ·c oncedido porque amenazó rasgar el velo de su
autorizaciones especiales violando esas espeso misterio. En fin, se les calificó
normas, permitiendo establecer a nor- de instrumentos por los cuales la solf:americanos en la zona prohibida, y beranía nacional desaparecería de un
se temía la aplicación de esa parte de momento a otro. Justo es, pues, que
fo Constitución en perjuicio de esos se aproveche esta oportunidad para
esclarecer su real naturaleza y su proiutereses.
En síntesis, los Estados Unidos pio contenido.
Las bases de las dificultades diploveían con gran recelo las miras de la
Revolución que aparecen concretiza- mitticas con los Estados Unidos, al modas en nuestra Magna Carta. Las con- rir Carranza y sucederle Obregón en
sideraban no como expresiones de li- 1920, eran la cuestión de los derechos
beración de un pueblo manumitido, si- de- los particulares norteamericanos
no como intento, falto de escrúpulos, frente a la nueva Constitución y el repara redefinir y limitar la propiedad cemocimiento del régimen Obregonisy los derechos derivados de los con- ta por aquel país. Obregón se encontratos, que confluía duramente con el traba apremiado por las circunstaninternacionalismo económico caracte- cias. Le urgía que su gobierno fuese
rístico del mundo occidental desde el reconocido por el vecino país, por la
siglo XVI, que veía en la intangibili- inminencia de la rebelión que se sadad del patrimonio privado el más sa- bía estallaría próximamente, ya que
precjsaba armas y pertrechos para
crosanto de los valores humanos.
Por ello, principiaron a presentar apagarla. Por su parte, el gobierno de
sus objeciones a la Carta de 1917, a Harding pensaba que este reconocitravés de los canales diplomáticos, tan miento proporcionaba la ansiada ocaluego como entró en vigor y cada vez sión de realizar un tratado por el cual
que lo juzgaban oportuno, en forma se protegieran, definitivamente, consistemática. Lo curioso es que la ac- tra cualquier peligro de expropiación,
ción norteamericana era una cura en los derechos de propiedad de sus nasalud. Reclamaban antes de que cual- donales. O sea, una oportunidad esquier de esos preceptos se hubiese he- pléndida para usar el reconocimiento
cc,mo arma para obtener ventajas incl10 efectivo.
Con la Constitución de 1917 se inau- debidas, .situación que condujo, años
gura una nueva fase de la diplomacill más tarde, a la reacción conocida codel dólar. Ya no iba a ser en lo ade- mo Doctrina Estrada del reconocilante la agresiva postura de los años miento de -gobiernos.
previos, incongruente, desordenada,
En mayo 27 de 1921 el gobierno
llena de lemas, de vagas fórmulas po- yanqui babia propuesto la realización
líticas y morales, indecisa y vacilante, de un tratado de paz, amistad y cosino una posición metódica, concreta, mercio que resultaba iñaceptable. En
rígida, aunque l.10 por ello menos in- el proyecto respectivo se proponía, nadeseable. De otro lado, es posible ob- da menos, que la restricción a la exservar una mejor actitud, firme y con- propiación de la propiedad de naciosistente _por parte nuestra. Como que nales de los Estados Unidos, restauranos habíamos compenetrado mejor de ción de propiedades e intereses que
1a dignidad nacional, como que ha- hubiesen sido destruídos, compensabiamos encontrado que descansitba- ción por daños, privilegio de la namos en las sólidas fórmulas de la jus- dón más favorecida, aceptación de la
ticia, de la libertad, de la democra- responsabilidad por daños causados a
cia, la integridad nacional y la igual- súbditos norte3mericanos y convendad de las naciones.
ciones para el ajuste de las reclarnaLa Magna Carla mexicana había te- cjones y diferencias y traia, entre
nido otro mérito. El de estereotipar otras abominables cosas, este colosal,
en nuestro pueblo algunas fórmulas plÍrrafo: "Los Estados Unidos Mexicaque ya no era posible abandonar y nos declaran que ni la Constitución
que nuestros lideres políticos tenían ele- :\1éxico, puesta en vigor el 1o. de
que defender a su propio riesgo. Co- ~'ayo de 1917, ni el decreto de 6 de
mo, _por ejemplo, la de que el petróleo Enero de 1915, al cual se refiere dicha
era nu~stro, y que sólo por conside- constitución, tienen efectos retroactirnción muy especial se permitía apro- vos en su aplicación: que ni la menpiárselo al extranjero que lo explota- cjonada Constitución, ni el indicado
ba. Por ello, cuando sobreviene el si- Decreto, ni cualquier Decreto del Ejeguiente episodio importante en las re- cutivo u orden militar o administrafociones méxico-americanas, ya estaba tiva, ni cualquiera ley federal o local...
aplanado el camino para que la acti- tienen o podrán tener efecto de cantud de nuestros diplomitticos fuese celar, destruir o perjudicar ningún deconsecuente con el programa de la Re- recho, título o interés en cualquier
volución, manifiesta en nuestro Orde- propiedad (norteamericana, se entiennamiento mitximo.
de) y que los Estados Unidos Mexicanos reconocen e¡ue la propiedad de
todas las sustancias que se describen
***
(Viene de la Pág. 1)

en el Código de Minas de 1884 Y las
subsecuentes leyes mineras de 1892 Y
1909 tanto en el suelo como en el subSlielo, es de los ciudadanos norteamericanos ... que adquirieron la propiedad de esas tierras antes de Mayo lo.
de 1917".
Se dió cuenta perfecta Obregón que
admitir el propuesto tratado era abandonar muchas de las ganancias ideológicas más costosas de la Revolución.
Percibió claramente que tendría que
renunciar su gobierno, para siempre,
sus facultades de legislar sobre más de
la mitad de la rique nacional -la propiedad yanqui en México- y que queduria atado con ello aun para dictar
leyes sobre propiedad mexicana. Y
aun cuando iba de por medio la suer-tc de su régimen, optó por ganar el
mayor tiempo posible arriesgando el
aniquilamiento antes que rendir frenlP a la tutela extranjera las esperanzas
ele una vida mejor para el pueblo mexicano.
Para aliviar la tensión internacional
y doméstica, hizo Obregón que la Suprema Corte resolviera algunos amparos pendientes de las compañías petroleras, enderezados contra el articulo 27 Constitucional, decidiendo que
las empresas tendrían completo derecho sobre el subsuelo sl habían realizado "actos positivos" antes de que
entrara en vigor la Constitución, dando a esas palabras un significado amplio y satisfatorio, a la vez que retrasaba la acción de nacionalizar tierras
y recursos minerales, para hacer que
decreciera la alarma.
Las maniobras de Obregón tuvieron
algún éxito, porque Harding, casi dos
años después, y tras un torneo epistolar diplomático que iba decreciendo
de tono, abandonó su resolución original de compelir a México a subscribir
el tratado que antes indiqué, y la substituyó con el propósito más modesto
d, obtener una declaración definida
y formal de la posición y de las intenciones del régimen Obregonista. Se
llegó a un acuerdo para que una comisión, formada por dos representante~ de cada gobierno, buscase una fórmula compromisoria para la solución
de las diferencias entre ambos países.
Los comisionados fueron, por México,
González Roa y Ross; por los Estados
Unidos, \Varren y Payne, y principiaron a deliberar, diariamente, desde el
14 de Mayo de 1923, en la casa No. 85
de las calles de Bucareli, en México,
dl' donde les vino el nombre a los pactos alcanzados, terminando su labor el
15 de agosto del mismo año.
Los comisionados discutieron largamente sobre los alcances del articulo
27 de la Constitución mexicana, en relación con la propiedad rural y del
subsuelo de los súbditos norteamericunos. Imposible seguir aquí el largo
y revuelto curso de las controversias
sobre retroactividad, cédulas virreinales, tratamiento a ·· extranjeros, expropiación, derechos adquiridos y
cuanto más, que el sapiente Lic. Gonzálcz Roa hacía surgir para ofuscar y
debilitar la paciente tenacidad de sus
adversarios. Cada parte cedió algo.
Las minutos de las reuniones suscritas
por los participantes y después por el
jefe de Estado de cada país, revela los
puntos de acuerdo. Los delegados me_xicanos prometieron que la aplicación
del artículo 27 no seria retroactiva en
lo que se refiere a petróleo siempre
que se hubiesen realizado "actos positivos" antes del lo. de Mayo de 1917,
entendiendo por ello toda acción que
manifestara la intención del propietario del predio o de su causahabiente
de aprovechar los depósitos subterráneos, o sea la ratificación de la jurisprudencia de la Suprema Corte, nacidn de la influencia de Obregón. Los

Armas y Letras +Pág. 4

norteamericanos convinieron en que
sus compatriotas aceptarían bonos de
20 a1los, al 5%, ·en pago, cada vez, de
superficies hasta de 1775 hectáreas,
expropiadas para satisfacer necesidades agrarias, y aceptaban la interpretación mexicana del articulo 27. Ambas partes coincidieron en que se deberían suscribir oportunamente convenciones de reclamaciones para ajustar las pendientes entre ambas naciones.
Tales fueron, en esencia, los pactos
de Bucareli. Fueron, según puede verse, acuerdos para definir los alcances
dr. la legislación mexicana con respecto a los intereses norteamericanos. Un
u-acuerdo de caballeros" se dijo que
eran, más que auténticos tratados. Satisficieron el deseo yanqui de obtener
seguridad en sus inversiones y no huk ya obstáculo para el reconocimiento a Obregón. El 3 de Septiembre se
reanudaron oficialmente las relaciones entre ambos países. Se suscribieron, días después, dos importantísimas convencio_nes, ya oficiales y con
las formalidades que el orden internacional asigna a los tratados. La Conve:nción General de Reclamaciones,
para arbitrar las que surgían de daños
causados a nacionales de cada uno de
los dos Estados desde 1868 hasta 1910,
y la Convención Especial de Reclamaciones, para ajustar los daños ocasionados a intereses y personas yanquis
por el movimiento armado, de 1910
a 1920.
Estos y no aquéllos, merecen ser llamados los auténticos tratados de Bucareli. Los otros son un pacto extraoficial, que después habría de ser repudiado, por no apegarse a los rigurosos y estrictos lineamientos que impone el Derecho Internacional. Los Convenios de Reclamaciones hubieron de
ser aprobados por un Senado con falt:l de Quórum, pereciendo uno de los
senadores, Jurado, que se oponía a
que se aceptasen.
Se ha criticado plenamente a estos
pactos, en conjunto. Se ha dicho que
sri enajenó la soberania de México,
que fueron injustos. Hay mucho de
verdad en ello. No sin sonrojo puede
uno mencionarlos. Pero por lo menos,
cumplieron en parte una función útil.
La de restaurar entre ambas naciones
las maltrechas relaciones diplomáticas, tan irregulares desde 1911. Deben
entenderse como un ajuste, precario y
trmporal, obligado por las circunstancias, pero no son oprobiosos, como se
Jw llegado a decir, y, por otra parte,
sirvieron para formar el armazón de
nuestros tratos futuros con los Estados
Unidos. Ya no habrían de animarse a
imponernos capitulaciones de ese tipo. Y consuela, por otro lado, que el
Gran Señor de Sonora salvara su gobierno y aplastara a De La Huerta, en
el último gran intento de rebelión militar, abriendo el portón del México
moderno. y de sus nuevas instituciones.

***
Otro capítulo importante de las rebciones méxico-americanas de esta
etapa está constituido por las expropiaciones de propiedades rurales de
norteamericanos para dar a nuestro
pueblo la tierra o para regresar al Estado mexicano extensiones enormes
que Díaz dió a los extranjeros sin derrcho.
Para alcanzar su reforma agraria,
contenida en la Constitución y en las
leyes especiales, México tenía que
echar mano de los grandes latifundios.
Ahora bien, las grandes extenisones de
tjerra se encontraban en manos extranjeras, norteamericanas principalmente, de ahí que esta innovación
aíectase de manera grave las relacio-

ces diplomáticas con el Coloso del
!\orle.
El primer arreglo provisional en est:1 materia fué alcanzado en las Conferencias de Bucareli. Después, se
buscó solución al problema en Ia Convención General de Reclamaciones a
la que antes aludí, y en la cual figuraba que ésta .tendría jurisdicción sobre
reclamaciones que surgieran de la reforma agraria. Algo más tarde, un
convenio subsecuente establecia que
sólo los casos de expropiación que tuvieron lugar antes del 30 de Agosto de
1927 podrían llevarse ante la Comisión
mencionada, la cual, por una razón u
otra, hasta_ 1938 no había decidido
ninguna de ellas, menos adjudicado
un pago.
En 1932 quedó convenido entre el
ministro mexicano de Relaciones, D.
Manuel C. Téllez, y el embajador americano, que en lo sucesivo las reclamaciones agrarias saldrían del dominio
d(' la Comisión General y se ajustarían
y arreglarían por discusión informal
eutrc los dos gobiernos. Y habiéndose
encontrado que no operaba satisfactoriamente el sistema de arbitrar las reclamaciones, se decidió por negociaciones bilaterales, las cuales condujeron a la fórmula de pago del 2.64 %
del valor global de todas las reclamaciones. Al hacer el balance de las Comisiones .de Reclamaciones, surgidas
de Bucareli, veremos como quedó liquidado el problema.
La otra grave cuestión que atañía
a tierras propiedad de estadounidenses se constituía no por la afectación
agraria sino por el intento mexicano
de recuperar enormes propiedades
agrícolas que se habían concedido a
norteamericanos, con violación a las
leyes, durante el gobierno del General
Diaz. La ley de diciembre 31 de 1925,
que se había expedido para regular esta situación, presentaba dos aspectos:
e11 el futuro, cualquier compañia mexicana _que quisiese adquirir propie~
dad rural, no podría hacerlo si tenía
más del 50% de su capital en manos
e}.tranjeras; el otro era que cualquier
persona que detentase propiedades
agrícolas, podría retenerlas hasta· su
muerte, pero sus herederos deberían
Yender el excedente en un plazo no
mayor de 5 años, si eran extranjeros,
o todo, si las tenencias se encontraban
er, la zona prohibida. Por último, se
ccmfirmaba la disposición constitucional que establecía que ningún extranjero habria de adquirir propiedad territorial o de aguas en la zona de protección de las fronteras y de las costas, ni ser miembro o socio de ningu,.
nr, compañía mexicana que la detentara.
Por otra parte, uno de los párrafos
del articulo 27 de la Constitución ponía en peligro los grandes latifundios
yanquis, pues establecía que todos los
contratos y concesiones hechas por gobiernos anteriores desde el año de
1876, que hubiesen resultado en monopolio de tierras, aguas y recursos
naturales de la nación, se declaraban
sujetos a revisión y podrían declarars~ nulos aquéllos que afectaran el interés público.
El Departamento de Estado objetó
vigorosamente la Ley de 1925 y el párrafo del artículo 27, sobre la base que
eran disposiciones confiscatorias, retroactivas, o de que se obligaba a vender a sus súbditos en condiciones desfavorables. La actitud del Departaroento es explicable, porque sus connacionales poseían 16,558,000 hectáreas todavía en ese tiempo. Pero las
objeciones eran injustificadas, porque
en el propio Estados Unidos había leyes mucho más rígidas y despiadadas
para el control de la propiedad territorial extranjera, y, además, los mis-

..

mos norteamericanos se apegaron voluntariamente a la ley, por lo que la
actitud del gobierno de los Estados
Lnidos sólo íné estéril e inoportuna.
El año de 1935 1léxico suscribió un
cc•nvenio por el cual se estipulaba el
pago de $5.500,000.00 dólares, a razón
ele medio millón anual, para el pago
de tierras ocupadas de 1910 a 1920.
Por último, en 1938 ambos gobiernos
celebraron un convenio global con
respecto a la propiedad yanqui expropiada desde agosto 30 de 1927, y la
suma se englobó en el pacto de 1941,
que veremos más adelante.
A pesar de que en algunos detalles,
como en el valor base para el pago de
la in&lt;lemnización, no se llegó a una
solución firme, puede decirse que el
problema de la tierra ha quedado ajushido de una manera bastante satisfactori..a para ambas partes. Debe hacerse mención que las expropiaciones de
tierras fueron generales e impersonales, en tanto que otras, como la del
petróleo, se aplicaron a un grupo determinado claramente, con representación más o menos unitaria y políticamente. fuerte y ello hizo su arreglo
más complicado y más difícil que en
e\ caso de la propiedad de tierras.
Se ha discutido mucho sobre si México podría haber escapado del pago
de al indemnización por la expropiación ele propiedad territorial. Se cita,
como ejemplo, el caso de las ocupaciones agrícolas efectuadas en varios
países europeos después de la primera
guerra mundial tal como en Rusia,
Grecia, Bulgaria, Rumanía, Portugal,
Checoeslovaquia y Yugoeslavia, en
d&lt;mde, o no hubo compensación o los
bonos dados en pago se depreciaron
aún más de los mexicanos. Se menciocan a este respecto también las frases atribuidas a Teodoro Roosevelt:
"Cuando el derecho de propiedad confluye con los derechos humanos, aquél
debe batirse en retirada". Pero aún
no se ha abierto paso franco, en el orden jurídico internacional, la norma
dl: expropiación sin indemnización y,
además, en el caso de nuestro país,
r.os enfrentamos a una nación que ha
sido defensora acérrima de la santidad del patrimonio privado, por lo
que resulta dudoso que en ocupaciones futuras de tierras de norteamericanos podamos evitar por completo el
pLJgo de una compensación.

***
Al contrario de lo que ocurre en ]a
controversia agraria que acabamos de
m:.rrar, que era más simple, la del petróleo alcanzó complicaciones profundas de mucho mayor contenido emocional. Desde luego hay que advertir
que esta sola cuestión podría ocuparnos largo tiempo, pero como nuestro
propósito es dar sólo una ojeada sobre
es(os problemas, en esta conferencia
expondremos entonces en forma breve
y rápida la substancia del asunto y sus
r(·pcrcusiones.
La expropiación de los campos pet!·oleros por el gobierno mexicano no
fué, como generalmente se cree, una
medida repentina. Ya desde la Revokción era posible vislumbrar, como
propósito ostensible, frenar el poder
y el crecimiento de las compañías petroleras y reducir el territorio que
controlaban. La rapacidad de las compafüas británicas y norteamericanas
las convertían en voluminoso blanco
dt• las medidas nacionalistas. Por otra
porte, ya desde la Constitución de 17
se había abierto paso la fórmula de
que el petróleo era nuestro y que sólo
por una circunstancia muy particular
permitíamos su apropiación por los
extranjeros. Desde otro punto de vista, el petróleo y los problemas politi-

cos que lo rodean están identificados
con la Revolución. En tanto que la
industria petrolera en México y en los
Estados Unidos llegaba a la mayoría
de edad, también la Revolución alcanzaba ese .status.
La Constitución venia a detener el
crecimiento horizontal de las Compañías. La expropiación posterior, según veremos, no fué más que el oblígado resultado de los propósitos del
Gobierno mexicano para devolver los
recursos naturales a nuestros compatriotas. Si se examinan con cuidado
las distintas instancias en las que se
debatió el problema de las Compañías
petroleras, se llega al convencimiento
d&lt;· que tarde o temprano esa industria
o habría de salir por entero de manos
extranjeras o tendría que sujetarse a
un régimen de control absoluto de
nuestras autoridades. Por ejemplo, el
pacto de Bucareli aunque por una partr daba, a través de los "actos positivos", a perpetuidad, manera legal de
que se ex'plotasen las concesiones ya
otorgadas, por el otro hace implícitamente que los norteamericanos convinieran en sujetarse a la larga serie de
trámites establecidos para 1ograr nueYas concesiones y eso ya revelaba un
Hmite a la expansión de la industria
petrolera.
Desde otra dirección, el gobierno
mexicano hizo intentos oblicuos para
controlar a la industria petrolera, a
través de ordenamientos que establecían impuestos o tributos. Desde el 20
de junio de 1914 Carranza había fijado un impuesto de 0.60 centavos por
tonelada de petróleo crudo producido,
pero no pudo llegarse a aplicar esta
medida. Por otro decreto, de 1915, el
Primer Jefe ordenó que se paralizara
el trabajo en los campos petroleros
que no estuviesen sancionados, esto
es 1 las empresas debían registrarse, y
d&lt;· no hacerlo, carecían de derechos
para explotar los hidrocarburos.
Después de la Constitución de 1917,
las medidas taxativas hacia las compañías fueron más frecuentes y más
serias, en el año de 1917, se fijó un
1O% ad valorem por concepto de impuesto de exportación sobre el petróleo crudo. Como era natural esperarle,, esta disposición fué objetada por el
Departamento de Estado. En febrero
de 1918 se expidió un nuevo decreto
que estatuia una re;nta anual de $5.00
cinco pesos por hectárea más una rega1ía del 5% de la producción, junto
con la obligación de registrar la propiedad petrolera ante el Gobierno en
un plazo de 3 meses, con la prevendón de que se considerarían vacantes
o baldíos esos terrenos. Con ello, sobre fijar un tributo, indirectamente se
lograba la admisión de que el Gobierno era el auténtico propietario del
sl!bsuelo, y que era preciso, en cada
caso, una concesión. Esto era una de
la~; cuestiones que más agitaron a ]os ,
vecinos y que se solucionó en las Conferencias de Bucareli.
Las medidas directas del gobierno
eu contra de las compañías petroleras
empezaron con la administración del
Gral. Calles, y aqui se observó el clímax de la primera fase de la disputa
entre los intereses petroleros y nuestras autoridades. La Ley del Petróleo
se aprobó en 1925, y era la culminación de una serie de esfuerzos para
definir los alcances del artículo 27 de
la Constitución en esta materia. Se
creaban, por virtud de este ordenamiento, ]as u-concesiones confirmatorias", que venían a ratificar la doctriIH, de los "actos positivos" surgida en
Bucareli, confiriendo a los interesados
h2sta 50 años más para gozar de ellos,
pero con la obligación de correr los
trámites de la solicitud en plazo no
mayor de un año, de lo contrario, ca-

Armas y Letras+ Pág. 5

ducarían dichas concesiones. Se establecian asimismo las concesiones orclinarias, las que eran revocables si no
se realizaba regularmente la explotación. La omisión del pago de impuestos traía también la caducidad.
Esta Ley apuntaba certeramente a
alterar el régimen tradicional de las
compañías petroleras, sujetándolas al
control estatal mexicano y fué inmediatamente objetada por la Casa Blanca. Y de nuevO surgió el conflicto entre ambos países, porque el petróleo
por esos tiempos era decisivo para
aquel gobierno desde el punto de vista estratégico. Dos largos años duró la
agria controversia entre Calles y el
presidente norteamericano, y volvieron a aparecerse los pactos de Bucareli. Aquella nación sostenía que mtistí2 violación de tales convenios. Nosotros alegamos que carecían de fuerza obligatoria.
Calles, como en otro tiempo Obregón, tuvo que ceder en algunas materias. La Corte Suprema, debidamente
instruida, a través de la jurisprudencia modificó la Ley de 1925, por lo
cual hubo de dictarse una nueva ley
en enero 3 de 1928, que volvía a am•
pliar el concepto de actos positivos y
otorgaba facilidades a los extranjeros
p~ra el registro de sus concesiones, y
se ratificaban a perpetuidad las llamadas "confirmatorias". Los acuerdos
Calles-Morrow vinieron a asentar las
diferencias entre ambos pueblos, pero
el intento mexicano de acaparar todos
sus recursos naturales había sido desviado y detenido por la presión norteamericana. Lo curioso es que también
en este caso la acción del Departamento de Estado se realizó antes de que
nadie hubiese sufrido un daño como
resultado de la nueva ley de hidrocarburos. También las compañias estaban dispuestas a observar las disp«&gt;siciones de ese ordenamiento, lo que
hizo más inexplicable la actitud del
gobierno de los Estados Unidos.
Prácticamente por una década no
hubo alteración en el estado de la
cuestión petrolera. La siguienfe etapa
e11 la epopeya de la reconquista de los
hldrocarburos ya no iba a versar sobre la discusión de titulos y derechos
sobre el subsuelo, o sobre el terreno,
ni sobre el pago justo o injusto de impuestos. La cuestión revestía el aspecto de una enconada lucha entre el capital y el trabajo. En otras palabras,
se trataba ahora de la aplicación del
articulo 123 de la Constitución y ya
n&lt;' la del 27.
El ai\o de 1936, siguiendo la politic:c obrerista del Presidente Cárdenas,
los Sindicatos de cada una de las compa ííias petroleras se agruparon en uno
solo, el de Trabajadores Petroleros,
afiliado a la entonces poderosa Confederación de Trabajadores Mexicanos (C.T.M.) Organizados en esta fo,.
ma y con el apoyo del gobierno, decidieron los trabajadores enfrentarse a
las empresas en el otoño de ese año,
IH oponiendo un contrato colectivo
que había de ser aceptado por todas
las compañías. El año ele 1937, al no
ser escuchadas sus demandas, se declararon en huelga y después de una
larga lucha ante las Juntas de Conciliación y Arbitraje y de que se examinaron los libros de las empresas por
u11 comité designado por el Gobierno,
que reveló su sólido estado financiero,
las compañías se negaron a aceptar en
se, totalidad y a atender las reclamaciones laboraies.
Por fin, en diciembre 18 de 1937, se
resolvió el laudo obrero que determinaba que las empresas deberían aumentar prestaciones por un importe
de $26.000,000.00 aproximadamente.
Las Compañías recurrieron al juicio
de amparo, el cual fué resuelto el pri-

�mero de marzo de 1938 por la Suprema Corte d(' Justicia de la Nación, sentencia que no fué acatada por las empresas condenadas.
Siguieron unos cuantos días de negociaciones entre los representantes
de la industria y del gobierno. A través de ellas llegaron a ofrecer una canUdad que casi alcanzaba aquélla a la
que fueron condenadas pero el gobierno razonó que una decisión del máxi-

fuego de la que la política del Buen
\'ccino pudo salir airosa. Y, corno satisfactorio corolario, los pactos de Bucareli quedaron caducos, y el ajuste
de la cuestión petrolera permitió buenos entendimientos en otras materias,
cuyo examen reservamos para al próxima plática.

mo tribunal no debería estar sujeta a
regateos y, de conformidad con la sentencia se declaró roto el contrato de
trabajo y como el resultado hubiese

La expropiación de los ferrocarriles, por otra parte constituye un tema
interesante, porqe se realizó bajo la
misma ley por la cual se expropió el
petróleo y porque no obstante que la
il1vcrsión era casi tan grande como la
ch la industria petrolera, la ocupación
ti•contró relatiYamcnle poca objeción,
y In reacción en el público norteamericano, y aun entre los mismos interesados desposeídos, fué tibia e intrasCL·JHlente.

sido la paralización total de esta importantísima industria, con grave quebranto de la economía nacional, allí
s~ generó una causa justa de expropiación por causa de interés público.
Y así inesperada y sllbitamente, se
realizó la ocupación de las Compañías
el 18 de marzo de 1938, y la dignidad
nacional, que pudo haber padecido en
ese histórico momento, quedó a salvo.
El complejo de inferioridad frente al
coloso quedó subsumido ante la satisfacción y el orgullo. Como antes decíamos, la expropiación no fué el resultado de una acción súbita o improvisada. Fué el producto final de una
cnmpaña de años y de esíuerzos dir~gidos a evitar ese indeseable Y pel_1groso estamento que a Yeces hacia
bambolear al gobierno. No obstante
aJgttnas pequeñas frregularidadcs, la
expropiación, según el tiempo vino a
comprobarlo, fué legal por entero.
Al fracasar, con la ocupación, los
arreglos entre las empresas y el gobierno de Cárdenas, quedó abierto el
camino a ]a negociación diplomática,
la cnal se dilató bastante, pues las pláticas formales principiaron sólo hasta
fines de 1940 y terminaron en el mes
di' noviembre de 1941. Es justo mcnClonar que el ambiente en que se realizaron las discusiones fué sereno Y no
se observó la compulsión de afias antfriores. Parece como si la guerra hubiese suavizado a la diplomacia norteamericana en su política hacia México porque, aparte ele cuestiones mer:imente técnicas, las conversaciones
no pusieron de manifiesta ninguna
fricción.
El nudo de la contro\'ersia era el
importe de lo expropiado. Los petro~
leras señalaban que el monto de la
c0mpensación debería abarcar no sólo
el valor de las instalaciones y del equipo, sino también el petróleo en el subsuelo. Esto, por una momento trajo el
es:pectro de Bucareli, del convenio
Calles-l\forrow, en fin, al indeseable
pasado. Pero gracias a la ecuanimidad del Presidente Rooscvelt, el problema pudo resol\'erse en justicia. A
mayor abundamiento, los peritos de
ambos gobiernos coincidieron sin tropiezos en cuanto al valor real de la
piedad ocupada a súbditos norteamericanos. El avalúo de los dos peritos,
Zevada y Cooke, arrojó la suma de
Dlls. $24,000.000.00, y aún cuando con
In oposición de los petroleros, el misrno gobierno ele los Estados Cniclos hizr- que sus nacionales aceptaran esta
cantidad como pago total, y convino
e1, que México pudiese cubrir el adeudo en exhibiciones parciales, que fueron pagadas puntualmente, habiéodoI!OS liberado a la fecha de esa carga.
De esta manera quedó finiquitado
uno de los episodios más peligrosos Y
de mayor sensibilidad de la diplomacia méxico-americana. Asi desapareció una fuente ele discordia entre ambos países. A la postre, la amistosa
actitud del gobierno americano consiguió hacer de México un vecino leal,
fiel a sus pactos, e hizo posible tamblén la concordia hemosférica en momento oportuno, según veremos, puesto que ese arreglo fué la prneba de

lares), como parte del arreglo gene1?l
que se tuvo con el Comité Internac10J!al de Banqueros, representante de los
knedores de infinidad de obligaciones
,· bonos a cargo del gobierno de 1léxi~o, que se pactó el pago de los ferrocarriles, y actualmente ya se han redimido buenas cantidades a cuenta de la
suma que resultó a nuestro cargo en
e~ ajuste, con lo que el buen crédito
dc- ~léxico se confirma aqui también.
E~te episodio ilumina que cualquier
diferencia con los Estados Unidos o
con sus nacionales inversionistas pue(1,, quedar zanjada con un poco de
buena \'Oluntad de aquel país.

***

***

Desde hace mucho tiempo se escuchaban las criticas a la manera y política en que fenron construidas nuestras vías férreas. No estuvieron hechas para cubrir las necesidades inlí'rnas del país. ;\'o sirven a regiones
agrícolas ricas. No forman la tela de
aralla clásica alrededor del centro financiero, político, industrial e intelectual ele la nación ( que es la capital.
Por el contrario, se tendieron las linC'as de hierro con miras al comercio
internacional y a las utilidades de los
i1,versionist:1s que las. conslrnyeron,
que cobraban por kilómetro. Sirven a
las minas, principalmente, a los puertos, a las zonas de frutas tropicales, a
l:t estrategia militar norteamericana,
en fin, esb'1n pensados para servir a
los intereses extranjeros mils que a los
nacionales. Sólo hasta últimamente,
con vistas a una economía integral, sr
principia a obscn1ar la necesidad de
interconectar debidamente todas las
\'Ías existentes y ele crear nuevas en
sentido trans\'ersal.
Desde 1903, Limantour, Ministro de
Hacienda del General Díaz, consolidó
las inversiones del gobierno en las
vías férreas r a tra\'és de una operación complejisima de emisión de
Yarias series de bonos, obtuvo que el
51 (:1, del Ferrocarril ~acional C,1Iéxico-Laredo) del Intcroceúnico ()léxicoYeracrnz) y del Internacional (México-Ciudad Juárcz), pasara a poder del
gubierno :r los agrupó en un sólo sistema que se denominó Ferrocarriles
Xacionales. Todos ellos pertenecían a
ciudadanos norteamrricanos.
La Re\'olución dejó muy maltrechas
las lineas, r se hicieron esfuerzos para reorganizarlas en 1922, 1926 y 1930,
puo el intento no produjo resultados
y los ferrocarriles iban de mal en
peor.
También dentro de la política carcknfsta de poner las fuentes de producción en manos de los obreros, se
nacionalizaron ,·arias líneas, entre
ellas las Nacionales. Pero se alegaron
otras causas rle utilidad pública: que
se daba un paso c·n la emancipación
eeonómica de )léxico, que se manejarían mejor bajo el control gubernamental, y que, por ende, habría más
beneficio para todos, inclusive para
]os. extranjeros tenedores de bonos.
Desde el punto ele vista financiero,
Cill"denas pretendió transformar las
obligaciones semiprivadas a cargo de
los ferrocarriles en obligaciones del
Estado ;\[exicano. Consolidó las deudas del sistema de los Fcrroarriles Nacionales con las obligaciones generalet del gobierno, pendientes de pago
desde hacia muchos años. Pero no fué
sino hasta 1945, con Avila Camacho,
cuando se hicieron intentos para el
ajuste de la deuda ferrocarrilera de
1féxico, (estimada hasta ese año en
poco más o menos 250 millones de dó-

Armas

y

Ya para terminar, hagamos referencia al funcionamiento de las Comisiones de Reclamaciones que brotaron de
Bucareli, porque aqui también se encuentra que Jas relaciones entre México y su vecino habían evolucionado
hasta el grado de admitirse ajustes Y
Cúmpromisos en materias de gran sensibilidad política.

La Comisión Especial de ReGlamaciones méxico-americana, o sea aquella constituida para :irbitrar los daños
c~usados a súbditos norteamericanos
por fuerzas re\'olucionarias, probó ser
fuente de rencores, pues a cada paso
había moth 0 para herir 1a susceptibilidad de ;\Iéxico, bien al calificar a jefes re\'olucionarios como bandidos v
forajidos, bien por las implicaciones
ne: gratas a nuestro movimiento social
y a la manera como este se había desarrollado. El debate fué constante y
sólo llegaron a plantearse los casos de
Santa Isabel. En abril de 1934, entre
el rmbajador Daniels y el Secretario
d,• Relaciones de esta República, se
suscribió un convenio, por el cual se
aplicaba el factor ele 2.G4 % a todas las reclamaciones registradas anll' esa Comisión. El saldo en contra
ele )léxico ful' mús o menos de Dlls.
~5.500,000.00 que fueron ya cubiertos
desde hace largo tiempo.
La Comisión General examinó 2,781
demandas de ciudadanos norteamericanos con un valor nominal de cerca
514 millones de dólares y 838 de mexicanos, que montaban a 245 millones
e1, la misma moneda. Tan fabulosas
cantidades quedaron reducidas consiclcrablcmc1üc. En los 13 años en que
funcionó este cuerpo arbitral, resultaren sentencias que condenaron a l\Iéxico por Dlls. $2,800.000.00 y a los Esbdos l ' nidos por Dlls. $430,000.00 o
sea, había un saldo contrario a nuestro pais por Dlls. $2.400.000.00, aproximadamente, que sumados a los intereses, dieron $3.500,000.00. El trabajo de la Comisión fué, en lo general,
insatisfactorio. El 95 % de las reclamaciones quedó sin examinarse.
Se estimó en 1940 que para resolYcr
todos los casos planteados, esta Comisión tendría que laborar unos 18 años
más, con un costo ele $22,000.000.00 de
pesos, y produciendo fricciones a cada momento al enjujciarse la legislación o la organización judicial mexicnna. Asi que Ja cuestión estaba madura para cualquier arreglo, el cual
surgió durante el régimen avilacamachista. Se llegó a un pacto el 19 de
noviembre de 1941 , por el cual se extinguían todas las reclamaciones, incJusive las agrarias desde 1927 a
1940, a cambio de la suma de Dlls.
$40,000.000.00 pagaderos en exhibiciones de Dlls. $2.500,000.00 cada año.
Este convenio, como todos los demás,
hct sido religiosamente observa.do por
:\léxico y es evidencia, también, que
ante una conducta caballerosa de parh• de la Casa Blanca, nuestra nación
sabe responder con dignidad y cortesía.
1

Letras + Pág. 6

De lo que ,•iinos en el curso de esta
conferencia se desprende que la etapa
cubierta por la plática de esta noche
e&lt;; una de las más penosas en la hist0ria diplomática de l\léxico, pero es,
a la par, la que arroja una experiencia más enriquecedora. Las controversais ocurridas entre nuestro país y el
v,·cino eran de contenido profundo y
delicado. De haberse resuelto de otra
manera hubiesen implicado que nuestra revolucjón social se hubiera detenido, que nuestras reíormas legislativas se volvieran innocuas, que operarn la intervención y que se hubiese
yjolado el principio de la igualdad de
los Estados.
Pero como a la postre prevalecieron
el buen sentido y la conciencia del deber internacional, se obtu\'O que normas capitales como la de la integri•
dad del Estado la de la no intervención, la del respeto a los derechos ajenos, salieran incólumes. Se logró que
varios de los conflictos de la etapa
que hoy reseñamos se resolvieran no
sólo a través de la política y de la satisfacción a los intereses materiales,
sino en homenaje a lo espirita! Y a lo
moral. De este modo, las dificultades
y los ajustes para solventarlas dieron
paso a la cordialidad más firme.
Por otra parte, el impacto de la Revolución Mexicana es de gran trascendencia. Hizo ceder a los Estados Cnidos en muchos puntos tradicionales.
Hubieron aquéllos de adoptar una doctrina explícita, que estuviese de acuerdo con su política interna, con sus
vrédicas domésticas. Forzó a confesar
a los Estados Unidos la necesidad de
exaltar la teoría de la no intervención
y a proyectar a todo el Hemisferio su
politica mexicana. A manera de yunque, la Revolución sirvió para forjar
ei espíritu de la doctrina exterior norteamericana en sus relaciones internacionales en este Continente.
Y para cerrar, vaya un cálido homenaje de gratitud a los encargados
de:- al política exterior mexicana en
esos difíciles momentos. Esos patriotas, muchas veces anónimos ,otras olYidados defendieron con tanta habili·
dad, con mucha mesura y cautela, en
horas adversas, la revolución social,,
afirmaron nuestra doctrina nacionalista, preservaron la integridad del
Estado Mexicano y lograron el respet11 a sus leyes e instituciones, y al hacerlo asi, imprimieron personalidad Y
vigor al 11éxico nuevo. Esos hombres
que, frente al reto de la diplomacia
contundente y compulsiva de la Casa
Blanca supieron actuar con calma Y
pundonor y salvar para nosotros el
preciado bagaje de la libertad y de
1:1 dignidad nacionales, merecen hoy
nuestro más efusivo aplauso!

UNIVERSIDAD DE
NUEVO LEON

Rector
Lic. Raúl Rangel Frías

Secretario

Prof. Antonio Moreno

Jefe del Departamento de
Acción Social Universitaria
Lic. Fidencio de la Fuente

LIBROS
"LA A)IARGCRA DE PATAGONIA"
por Rubén Dario (hijo), Buenos Aires,
Editorial '':\'OVA", 1950, 315 pp.

contraste frente a la pandilla canalla
que se había acluefiado de las tierras
de Poncial y había extendido su poder más allá del territorio.
Al final de la novela surge la invitnción a remediar aquel caos, un hombre a quien no se puede quebrantar
con dúdh·as, el español Celestino Gó1nez Feijóo, argentino naturalizado, a
quien el 1Iinisterio de Agricultura coniisiona para que haga una investigación severa sobre los hechos delictnosos que en la infortunada tierra nadie había podido detener. Con él y
su triunfo debió haber cerrado el libro, pues después de su asesinato, lo
que se abre es un paréntesis de esper,rnza en busca del "alba nueva" de
rei\'indicación de lo argentino. Es lo
mismo (Juc han llevado a cabo algunos de los pueblos subyugados por la
iliiquidad creada por el dinero que de
afuera Jlcgó, y que muchos signen esperando, a pesar de los pesimismos.

Como si fuera in\'itación al adveni•
miento de una alba nueva, que iluminl' la felicidad de los argentinos que
vl\'Cn en Patagonia, sobre todo los que
en ella trabajan la tierra, apareció este libro como un toque de alarma en
pro de 1a reivindicación económica
d&lt;~ una tierra que, a la distancia, ha
ofrecido un falso espejismo a los geogrúfos y a los emigrantes optimistas.
Dario (hijo) ha residido algún tiempo en la Argentina, y no en vano. Ley!'ndo esta novela se puede llegar a
la conclusión de que ha recogido inHaíacl Heliodoro Valle.
formaciones de primera mano en el
pais austral, conversando con los desheredados y, como buen médico que
cumple con su deber y da testimonios
de ellos como escritor, después de
(Viene de la Pág. 3)
ouscultarlos ha precisado el hondo latido de sus inquietudes, en un medio
que sigue siendo tan hostil al hombre tróleo y del carbón. En los tiempos
como el que salió al encuentro de los de las posibilidades ilimitadas abiercompañeros de ;\lagallanes.
tas por el descubrimiento del uso
La lectura del libro seduce desde práctico de la energía nuclear, élla ha
que se presentan ]os tres primeros perdido sin duda, los restos de su esemigrantes que salieron en busca de casa atractividad.
Al lado de las explicaciones filosófortuna hacia la Patagonia. Uno de
ellos entró por la rnta de Ceará, Bra- ficas un tanto fantasistas, como la úlsol, y se cambió el nombre hasta con- tima mencionada, ha habido filósofos
vertirse en el verdadero potentado, se- que han tratado de explicar la noción
ñor feudal, de la Patagonia, llamado del valor con mucho más método y
por todos el "taita", ante quien se fue- minuciosidad. Como nosotros hemos
ron rindiendo los sobornables que lle- acentuado siempre que un buen mégaban de Buenos Aires a investigar en todo puede llevar lejos de la filosofía
torno a rumores de que hay algo po- no podemos de no parar nos en estos
drido en aquel exlremo de América. intentos también, Expondremos brcEs la misma historia de otras oligar- \'emente las ideas de uno de los filóquías rurales en otros países hispano- sofos mús metódicos y más conocidos
americanos, que han podido adueñar- que se han ocupado especialmente
se, por arte diabólica, de las riquezas con ]a noción del valor. Y veremos
naturales que el terrigena no ha sabi- a donde ha llegado por ese camino
do trabajar )' gozar, doblegando por J. E. Heyde, el sucesor de la filosofía
medio del soborno (coima) y la trá- Rhcmkc (Rhemkcschc Grundwussenscala, corrompiendo con el agasajo, y chaft).
En primer lugar, Heyde subraya la
utilizando al periódico local para el
rn.ejor logro de sus ambiciones de do- importancia decisiva de la diferenciaminio.
ción entre Objektwert y Wertobjekt,
El personaje de la no\'ela es un clan entre el valor del objeto y el objeto
constitnído por un ex-Jaime Abreu, del valor. Para que la cosa quede más
más tarde Jaime Valle o Damián Tre- sistemática (o tal vez ha creído Heyde,
jas, nn ex-Edouard Biclonart, y el co- más clara), el valor del objeto se asigmisario Allende, director de "El Eco". na con la letra V. l. y el objeto del
LI
pueblo de Poncial era la sede de valor con la cifra V. II. Ahora bien,
1
aquella cofradía de malvados, que, el valor del objeto V. l. es el valor que
por medio de "Don Truco"-materia tiene un objeto. El objeto de valor V.
prima para novela picaresca-mane- II. es cada objeto que tiene un valor.
jaba títeres humanos y aceitaba muy Asi que el objeto que tiene V. l. es V.
bien las valvas del gran pulpo, un II. "El objeto es, "en cuanto se obserhombre ignorante, pero con unas ma- va en si, sin valor". Todo eso es lói1as diabólicas que se extendieron ha- gicamente muy correcto. Otra cosa es,
si nos dice algo. Pero sigamos sus excia los cuatro rumbos cardinales.
El autor describe muy bien, sin abu- posiciones.
Cada uno de los hechos mencionaso de la descripción, mueve los diálogos en atmósfera natural-poniendo dos, dice Heyde, puede examinarse
a veces tiradas líricas en labios de separadamente, pero no puede, solo
ignaros-; y no abusa de las palabras por eso, existir para si. Los objetos
vernúculas, como ocurre con otros no- sin las suposiciones necesarias para la
velistas hispanoamericanos, de modo existencia de los valores. Como el V.
que se le puede entender sin la ayuda II., del objeto del Yalor, se reduce
(zuriickgehl) a V.!., el nlor del objeele) vocabulario en el apéndice.
La descripción de un juego de ga- to, el fin especifico ele la enseñanza
llos (p.9i) o de un viaje por la pre- de valores es Ja ac1aración ele la cosa
cordillera en 1a época de la nieve y el que se llama V.!., el valor del objeto.
frio intenso (pp.129-1G8) son quizá Eso es también lógicamente correcto,
pero parece que todo eso lo supimos
los mejores pasajes del libro.
En aquella lucha de hombres vora- antes de conocer los análisis sistemáces, forasteros, contra los terrígenas, ticos de Heyde.
Después de haber asi claramente enjuegan papel importante las lanas patagónicas y las tierras fiscales. El mé- focado las cosas, Heyde se lanza en
dico Olaf Ferlstad se impone por su h profundidad. Y nos explica qué son
personalidad rectilínea insobornable, los valores, uno por uno. Por ejemplo,
el valor de la belleza, el valor ético,
y por su afán de servir a los que no
tienen como pagarle honorarios; un etc. Esos valores dice son las clases

El Problema ...

especificas de un intimo sentir ~Iientras el grado del valor depende decisivamente ele la componente del placer. Algo muy parecido ya hemos oído
de )!ax Schellcr y de A. Doering.
Valorizar, prosigue Heyde, quiere
decir encontrar (lógicamente) la relación de un objeto con un específico
sentir (psicológico) del sujeto... Y
construyendo definiciones sistemáticas
de la misma índole, Heyde abarca todos los problemas relati\'OS al valor.
Sólo se le escapa, como dice, "el fondo del fondo del valor". Ahí está lo
malo, porque quisimos precisamente
saber algo, sobre ese fondo. Y el filósofo sistematizador no quiere defraudarnos. Hace etro esfuerzo para aclarar ]a cosa.
Buscando "el fondo del fondo del
Yalor", Ileydc declara que se puede
llegar hasta dos respuestas. Según se
pregunta. Si se pregunta "por qué" es
algo valor, se llega en última instancia a lo que llama "Wcrthaftigkcit der
"'irkung", o sea, más o menos,, "la calidad del efecto de tener valor". Si
se pregunta "para qué" se llega hasta
un no fundado valor básico V.!. Ahora
es todo claro ¿O no?
Por qué se contenta Heyde sólo con
la respuesta a esas dos preguntas y no
se pregunta, por ejemplo, "a causa de
qué" ó "con fin de qué es su fondo
del valor" yo personalmente nunca he
logrado averiguar. Sigo creyendo que
se podrían hacer tantas otras sistematizaciones y deducciones lógicas impecables, parecidas a las que Heyde
ha hecho, sin menor peligro de decir
sobre "el fondo del fondo del valor"
cualquier cosa. De todos modos, parece indudable únicamente que después de esa teoría sabemos práctimente sobre la noción del valor, exactamente tanto cuanto supimos antes de
ella.
Finalmente exislen también los conceptos que llevan la noción del valor
en la relación con la satisfacción de
las necesidades. En el grupo de los
filósofos que comparten este esfuerzo
encontramos al lado de Aristóteles,
PJatón, y los Estoicos varios filósofos
modernos que se han ocupado principalmente de los problemas económicos. Por ejemplo Adame Smith, Carlos
1larx y la "Escuela Austriaca ele los
Economistas" (K. )lenger, V. Vieser,
V. Bohm Baverk, cte.). Los principales
rasgos de Ja noción del valor encuentran en la satisfacción de las necesidades también Hoeffcling, E. Kant y
Kuelpc.
Asi dice Kant: todos los objetos de
las inclinaciones tienen "un valor condicional porque si no existieran las inclinaciones y ]as necesidades basadas
en estas, su objeto seria sin valor". El
valor absoluto, según Kant, tienen los
seres inteligentes, lo tienen las personas que debemos tratar como sus propios fines. Así ]a ,•oluntad moral tiene el valor absoluto. (De allí el imperativo categórico, etc.) En su intro&lt;lucción a la filosofía Külpe dice también: "Si algo satisface o es preferido
al otro es un valor o bien (relativo)".
Sin embargo, las opiniones de los
filósofos que han interpretado el Yalor de esa manera, por un lado, forman parte muy esporádicas de sus sistemas generales, por otro lado, los filósofos economistas se han limitado
principalmente a hablar sobre el valor
"material" y de las "mercancías", asi
que no han entrado ampliamente en
las teorías del valor en general.
Luego hay que mencionar que ]os
problemas del valor han provocado
preocupaciones filosóíicas especiales
sólo desde hace relativamente muy poco tiempo. A pesar de c¡ue aún los filósofos de la antigüedad han tratado
de definir esporádicamente la noción

Armas y Letras + Pág. 7

del valor, se considera que la problemática del valor y los intentos de fllll•
dar una filosofía de los Yalores están
introducidos en la filosofía moderna
desde los tiempos de Heinrich Lotze.
Deteniéndonos aquí para resumir
las exposiciones que hemos hecho
¿qué vemos? Vemos, en total, que la
noción del valor en la práctica y en
la teoría tiene poca estabilidad. Pero,
los cambios frecuentes de su interpretación no son la consecuencia del desarrollo dinámico de su contenido o
del idioma. Esas interpretaciones no
SI! desarrollan en un sentido definído
sino muestran más bien un carácter
anúrquico y arbitrario.
Por otro lado, observando el papel
de las nociones que empleamos, sea
en la práctica, sea en la filosofía, es
obvio que ellas tienen que servir para
la orientación en nuestras comunicaciones con otra gente y para el pensar
racional en general. La inestabilidad
y la arbitrariedad ele las nociones introduce la confusión en el pensar y
en las relaciones humanas.
Por eso, mientras uno de los conceptos céntricos de nuestros problemas intelectuales esté abarcado en una
noción confusa, como es el caso de la
noción del valor, lo defectuoso de esta
noción resultara especialmente indeseable. Y presentará no sólo un estorbo para cualquier intento filosófico
serio sino seguirá contribuyendo muchísimo para que no se ]legue a la
mutua comprensión en 1a mayoría de
las colisiones humanas.
Este hecho, una vez constatado, nos
encontramos frente a la alternativa siguiente; O vamos a considerar que la
noción del valor es relativa en si o
bien vamos a creer que se interpreta
mal, por lo menos en algunos casos.
Si el valor de por si es una cosa relativa, no hay remedio al estado actual.
La gente seguirá señalando con la misma palabra valor, distintos significados y no hay esperanza alguna para
cualc1uier progreso intelectual esencial. En cambio, si es posible empírica y lógicamente determinar un sentido de la noción del valor qne lo mejor pueda servir para la orientación
en nuestros problemas reales, están
abriéndose claras perspectivas para
el perfeccionamiento del pensamiento
humano.

ARMAS Y LETRAS
Organo Mensual de la Universidad
ele Nuevo León
IXDICADOR:
Redactores
Raúl Rangel Frias
Fidencio de la Fuente
Francisco M. Zertuche

Genaro Salinas Quiroga
Alfonso Reyes Aurrecoechea
Enrique ~Iartinez Torres

Guillermo Cerda G.
Adrián Yáñez Martínez
Director

Lic. Fidencio de la Fuente
Oficinas
Wáshington y Colegio Civil
Mi;mterrey, Nuevo León,

;\IEXICO

�Labor de Eugen ...
(Viene de la Pág. 2)
Humanidadu y un tomo de sus "Peregrinaciones Europeas". Esta obra concretada en tan pocos años en 8 volúmenes que dió a la estampa pone en
evidenCia el espirilu dinámico de este
incansable trabajador del espíritu,
aparte de su colaboración en la prensa de Europa y América especialmente.

Aparte de su labor desarrollada desdl' el Uruguay, donde actualmente reside, Eugen Relgis ha pronunciado hace algunos años conferencias en la República Argentina, algunas de las cuales fueron en un principio auspiciadas
por el Colegio Libre de Estudios Superiores. En ellas ha puesto de manifiesto el valor de los grandes conductores humanos. no a través de su doctrina solamente, sin'o de sus personas.
Trotamundos que es, pudo alternar en
sus peregrinaciones, con lo más selecto del espíritu nuevo que anima al
mundo a través de sus hombres má.~
representativos. Ultimamente ha pronunciado un ciclo de conferencias en
el Brasil, animado por dos figuras señoras del movimiento social de avanza.da en aquel paí s, como lo son el
profesor José Oiticica, vastamente conocido por su obra manumisora y
Manuel Pérez, que le secunda en esa
lnbor de redención.
Como Bertrand Russell, Benedetto
Croce y Georgc Fr. Nicolai, Eugen
Relgis es una de las figuras prominentes del pensamiento social contemporáneo que hacen sentir su presencia
en nuestro siglo. Para Relgis hay una
sola causa conducente a la libertad
del individuo y es el ideal que conduzca a la superación humana. Ninguna otra manifestación le es adversa.
Intransigente en concesiones ideológicas, permanece fiel a sus postulados.
nmigos europeos que admiran su labor
y conocen la trascendencia de su mensaje, han propuesto a la Academia
Sueca el nombre de Relgis y su obra
como candidato al Premio Nobel, por
ertimarlo en justicia, más que ningún
otro escritor de su talla en este momento, acreedor a tan alta distinción.
Su obra de tantos años en pro de una
concjencia humana que trasforme a
los pueblos en hermanos y, por encima de las frontera s y sobre las pasiones, establezca el ideal de la fraternidad, ha adquirido tales proyecciones
que le caracterizan entre sus contemporáneos.
Nada tendría de particular ese homenaje europeo a una de sus figuras
más prominentes. Por lo demás, es
tiempo que la humanidad sepa distinguir a sus conductores y admirar a

desinteresados profotas del mundo
nuevo, soldados· en la causa común
que nos alienta, y hasta diríamos oblignción de mitigar en un acto demostrativo tanto sacrificio como heroísmo
anónimos imprescindibles para la
creación y desarrollo de una obra de
pc:nsamiento tan vasta como la reali•
znda por Eugen Relgis, en varias lenguas, durante cerca de cuarenta años.
Sin embargo, al saberlo Eugen Relgis,
s1; opuso terminantemente a esa proposición, rechazando el homenaje por
e~timar que la institución sueca es un

instrumento del despotismo estatal,
que desnaturaliza los fines con el Premio Nobel ha sido instituido, y por
consiguiente enemiga dE&gt; los ideales
por que luchan los hombres libres. Este es Eugen Relgis, hombre de pensamiento y de fe, trabajador por la revolución del espíritu.

Sociedad Mexicana de
Geogra/iay Estadistica
CONVOCATORIA
AL

Alas Casas Editoriales
ya los Señores Distribuidores y Libreros
del Continente
La Universidad de Nuevo León ha

CONCURSO PARA PREMIAR LOS MERITOS CIENTIFICOS RELEVANTES DE LOS INVESTIGADORES Y HOMBRES DE ESTUDIO MEXICANOS, O LAS OBRAS DE GEOGRAFIA, ESTADISTICA, HISTORIA Y SOCIOLOGIA, QUE
POR IGUALES RAZONES SEAN ACREEDORAS A DICHA
RECOMPENSA, INCLUSIVE LAS DE AUTORES EXTRANJEROS RELATIVAS A MEXICO.

BIENIO 1953 - 1955
La Comisión Especial de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística,
integrada conforme al Articulo 82 del Estatuto de la Institución, para proponer
candidatos al otorgamiento de la Medalla de Oro de la Sociedad Mexicana de
Geografia y Estadística, y del Diploma respectivo, convoca a todos los investigadores y hombres de estudio mexicanos, así como a los extranjeros que hayan escrito obras-relativas a México, a los miembros de las Sociedades científicas del país, y en general, a las personas que se interesen por el progreso de
la cultura nacional, para que envíen sus propias obras o las de autores nacionales o extranjeros que consideren meritorias y hagan sus propuestas a esta
Comisión (Justo Sierra Núm. 19) a fin de que ésta pueda, con la más amplia
información posible, presentar las proposiciones de candidatos al otorgamiento de este premio, mediante una terna que se pondrá a la consideración de la
H. Junta Directiva para que ésta a su vez convoque a sesión especial de la
Asamblea General de la Sociedad, para su votación definitiva.
La Comisión, de conformidad con el Capítulo Sexto del Estatuto de la Sociedad, tiene facultades para recibir propuestas de candidatos a las recompensas mencionadas.
Se agradecerá que las propuestas vayan acompañadas de las obras que se
estimen meritorias. Según el Articulo 84 del Estatuto de la Sociedad, cada uno
de los miembros de la Comisión podrán presentar y recibir proposiciones relativas a las personas u obras que se consideren merecedoras del premio, teniendo como plazo para presentarlas hasta el 31 de diciembre de 1954.
De conformidad con el Articulo 85 de los propios Estatutos, la Comisión
presentará a la Junta Directiva su terna de candidatos el 28 de febrero de 1955.
En cumplimiento del Artículo 80 del Estatuto de la Sociedad, sólo se podrá conferir el premio a personas que cultiven estudios· relativos a Geografía,
Estadística, Historia, Economía y Sociología o a obras referentes a estas materias y no serán aceptadas a concurso las obras que no sean resultado de
creación personal, como memorias y estudios oficiales u obras truncas por lo
que se refiere a su publicación o que no hayan sido impresas.
Como el premio correspondiente al bienio anterior fué concedido a una
obra clasificada en Economía, quedan exceptuadas de concursar obras de este
género, de acuerdo con lo que establece el Articulo 81 del Estatuto de la Institución.
Esta convocatoria a concursar por la Medalla de Oro y el Diploma de la
Sociedad Mexicana de Geografia y Estadistica, corresponde al bienio 1953-1955.
La Comisión que suscribe agradecerá a la prensa nacional y a las agrupaciones científicas y culturales 1a difusión de esta convocatoria.
Los interesados podrán solicitar instrucciones complementarias e información detallada relacionada con este concurso, a la Secretaría General de la
Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, (Justo Sierra Núm. 19), México, D. F.
México, D. F. marzo de 1954.
ING. RODOLFO FLORES TALAVERA

DR. RICARDO GRANILLO

ING. RAMIRO ROBLES RA)IOS

LIC. JOSE L. COSSIO

JOSE R. COLIN

LIC. IGNACIO GARCIA TELLEZ

LIC. RICARDO TORRES GAYTAN

ING. FEDERICO PEi-lA AGUIRRE

mantenido desde su fundación un vas-

to plan editorial que desarrolla al traYés de Publicaciones cuya circulación
comprende a todas ]as Instituciones
oficiales, universitarias, académicas,
ateneistas, centros cultura]es, sociedades de diversa índole y personas, en

América y Europa.
Entre el cuerpo de ediciones que
aquí se imprimen figura nuestro men-

suario "ARMAS Y LETRAS", que recientemente ha establecido una sección - LIBROS-, en la que figuran
comentadas las obras últimamente aparecidas en las prensas americanas.
Dada la extensa órbita de circulación del Boletín arriba mencionado, y
en interés de ofrecer al lector ameri•
cano una juiciosa información del fon-

do y continente de la obra, cotejada
a la Juz de un criterio ecuánime y a
tono con la moderna interpretación
del pensamiento científico, literario o
artístico. "RMAS Y LETRAS" se comp1ace en invitar a ustedes a coadyuvar
con este propósito de orden cultural
que anima a la Universidad de Nuevo
León, solicitándoles el envío de cada
una de las ediciones nacidas en sus
prestigiosas prensas, las cuales serán
objeto de nuestros comentarios, en ]a
medida que vayan llegando a nuestras
manos.
Los envíos deben hacerse a:

"AR~IAS Y LETRAS",
Universidad ele Nuevo León,
Plaza del Colegio Civil,
.:\Ionterrey, Nuevo León,

~léxico.
Con la satisfacción de haber señalado en las breves líneas que anteceden la resolución de una urgencia inherente a la cultura moderna, y esperando recibir en breve de ustedes el
aliento a esta sugerencia, la Universidad de Nuevo León les testimonia las
vivas expresiones de su más alto re•
conocimiento.

DEPARTAMENTO DE ACCION
SOCIAL UNIVERSITARIA

DR. MARIO DE LA CUEVA

ATANASIO G. SARAVIA.

EL .HUMANISMO

• • •
(Viene de la Pág. 1)

El ho,mbre de ~os humanistas del renacimiento no era el homb~e comun y corriente que sufre y que trabaja, que produce la
~i~ueza que unos pocos consumen o dilapidan, sino el de las
elites poseedoras de la riqueza y del poder, la de los sabios q
se prosternan para recibir favores de los poderosos.
ue
Luis E. Prieto F.

Armas y Letras + Pág. 8

. SECCION EDITORIAL
PUBLICACIONES PERIODICAS

Armas y Letras.- Boletin mensual de
la Universidad. Se reparte por canje a las Instituciones de Cultura, y
libremente a quien la solicite.
Universidad.- Revista. Se distribuye
por cambio bibliográfico a entida·
des culturales y libremente a quien
la solicite.

Para la adquisición de obras de venia, toda correspondencia y valores de•
beran remitirse al Jefe del Departa•
mento de Acción Social Universitaria
Lic. Fidencio de la Fuente, Universi·
dad de Nuevo León, Plaza del Colegio
Civil, Monterrey, Nuevo León, México,

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                <text>Es una publicación trimestral editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León a través de la Editorial Universitaria. En las páginas principales de Armas y Letras se incluyen textos literarios, particularmente poesía, narrativa y ensayo, de escritores destacados de la localidad, nacionales e internacionales. Inició en 1944 de manera mensual, se mantiene activa en soporte físico y digital.</text>
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              <text>Es una publicación trimestral editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León a través de la Editorial Universitaria. En las páginas principales de Armas y Letras se incluyen textos literarios, particularmente poesía, narrativa y ensayo, de escritores destacados de la localidad, nacionales e internacionales. Inició en 1944 de manera mensual, se mantiene activa en soporte físico y digital.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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