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                  <text>I

lltBI.IOTECA CENTRAL
U.A.N.L

Organo Mensual de la Uníversídad de Nuevo León
Registrado como artículo de 2da. clase en la Administración de Correos de Monterrey, N. L., el 20 de abril de 1944

D. A. S. U.

- AÑO XI

m«rlí,

Crítico Je Árle
Durante mucho tiempo ha sido frecuente la expresión de
asombro ante el caudal de conocimientos que pudo atesorar
Martí en vida tan agitada y breve. Ese pasmo poseyó también a
la gente que estuvo cerca de él, y aún a quienes se adentraron en
la intimidad de su trato 'V de su vida. Son así numerosos los tes•
timonios que nos han llégado de quienes, al tratarlo, se maravi•
Uaron de que pudiera manejar ideas tan firmes y extensas sobre
materias que no podían haber sido de su especialidad.
No sólo un humanista había en él, sino un enciclopedista
de las ideas de su época y un asombroso atesorador de conocimientos prácticos, que lejos de desdeñar movían profundamente
su interés, como podemos apreciar en las sorprendentes páginas
de La América, la revista íntegramente redactada por su pluma,
desde el anuncio y la mera nota curiosa, hasta el trabajo de tono
filosófico. Tal variedad de sus capacidades se ilumina en el mismo proyecto que alentó de una revista toda escrita de su mano,
completa en cada número, que viniera a ser "cQ1no la historia corriente, y resumen a la vez expositivo y crítico, de todo lo culmi•
nante y esencial en política alta, teatro, movimiento de pueblos,
ciencias contemporáneas, libros, que pase acá y allá, donde quiera que de veras viva el mundo".
Se le atribuyó todo a genialidad, porque no conocíamos
bastante lo que había en su vida de aprendizaje, de directo con•
tacto con las cosas y los seres. Hoy sabemos que su vida fué una
consagración al estudio y al trabajo, aunque sólo con esto no hu,
biera sido Martí qitien fué. Lo genial es condición primera; pero.
estuvo asistida de una consagración al conocimiento directo y a
la meditación, al esfuerzo de saber y de comprender, que en él
parece fácil porque lo alentaba una extraordinaria potencia de
asimilación y de creación. Pero no porque conozcamos mejor su
vida y su obra disminuye nuestro asombro; muy por el contrario,
ahora, que lo sentimos más cerca y que lo vemos mejor, com•
prendemos que su grandeza fué excepcional.
Tuvo una actitud de penetración, de comprensión, de acer•
camiento a cuanto le rodeaba. Lo cotidiano y natural le atrajo
más que lo sobrenatural, que para él no existió sino como corona
de lo real. ¿No fué Martí quién, sin ser naturalista de oficio, aun,
que lo era de vocación, nos dejó una serie de impresionantes me•
ditaciones sobre el gusano? En el campo, tendido sobre la hierba, en unos días en que ha podido escaparse de la ciudad, ha pasado horas contemplando los movimientos e intenciones de un
gusano. Y escribe en el cuaderno que lo acompaña: "que no
haya injusticia para el gusano". Pues, para él, el talento que
quiera hacer obra de provecho habrá de hacer no obra de león,
sino de gusano. "Las ideas grandiosas, que deslumbran a su aparición como relámpagos, no triunfan sino cuando se deciden a
(Pasa a la Pág. 8)

NUM. 7

JULIO DE 1954

El Problema Hxiológico
en la Hctualidad
Radijov ST Al\/KOVICH.

. II.
Sobre la relatividad en la práctica y en la filosofía ya he escrito en otra ocasión. Y he demostrado, según creo, la insensa•
tez y la desesperación de las resoluciones relativistas. Aquí intentaré seguir otra vez el camino no relativista en la filosofía.
, Analizaré en breve los conceptos expuestos hasta aquí y trataré
luego de encontrar un contenido de la noción del valor que objetivamente de la mejor manera sirva para la orientación de
nuestro pensar.
Volviendo a las teorías mencionadas y dejando a un lado
las opiniones extravagantes y los de importancia secundaria, po•
demos constatar que las explicaciones del valor pueden resumirse en unos cuantos intentos principales.
l;no de estos intentos consiste en determinar el contenido del valor aunándolo a nuestro sentir. Otro intento es
explicar que el valor depende esencialmente de la voluntad y de sus fines.
Finalmente, el tercer intento importante explica la noción del valor en Ja
relación con la satisfacción de las inclinaciones y las necesidades. Las variaciones de estos intentos básicos y
las mezclas de opiniones principales
son del significado secundario.
Empezaremos con la verificación del
resultado hasta el cual ha llegado el primer grupo de los filósofos, tratando de
comprobar la compatibilidad o la incompatibilidad con la realidad de la
noción del valor explicada a base del
sentir. Hay dos variantes de esta explicación.
La variante más simple reduce el
valor en última Jinea al sentir del placer.
Eso es el concepto del valor, por
ejemplo, del filósofo Doering, a quien
hemos citado en el principio. Una cosa tiene valor por el placer que puede
proYocar. Lo mismo una idea. En el
arte, un cuadro o una canción tiene
tanto ,·alar estético cuanto placer podemos sentir observándolo o escuchándola. De la misma manera formamos nuestras valorizaciones en economía o en cualquier otro dominio. )Iás
trabajo tiene mas valor, porque puede
producir más bienes que nos llevarán
más plac.er. El dinero tiene su valor,

en fin de los análisis, por el placer que
se puede conseguir con él.
Esas observaciones, a primera vista,
parecen contener algo de verdad. Sin
embargo, cuando ensayamos de aplicar consecuentemente la idea de que
el valor de todas las cosas reside en
el placer que e1las producen, encontramos siempre más y más dificultades.
Así resulta dificil comprender los valores éticos como causantes de placeres que uno siente. Por ejemplo, un
soldado puede dejarse torturar y matar, para no revelar alglln secreto militar, o parecido; con lo que no siente, seguramente, placer alguno, sin embargo, su comportamiento es de alto
valor moral. Además, quedando estrictamente en los limites de esta interpretación, se llegaría a un subjetivismo y
relativismo del concepto del valor casi
comp"leto.
Precisamente en la bll.squeda de evitar estas dificultades se ha llegado a
la otra Yariante de la interpretación
del valor con el sentir. Se ha ensayado
dar a los valores una existencia objeth-a, como lo ha hecho l\Iax Scheler.
Los valores existen eterna y objetivamente, los descubrimos sintiéndolos.
Pero el defecto de 1a explicación de
Scheler es que para sus valores ''objetivos" existen ll.nicarnente criterios sumamente subjetivos, basados en una
intuición que, aparte de ser muy espe-

Pasa a la Pág. 2

��El Problema ...
(Viene de la la. pág.)
cial, no es dada a todos, sino solo a
unos cuantos privilegiados. Asi CJUe
basta con que dos personas descubran
distinto "valor absoluto" en cualquier
cosa, creyendo cada una de ellas que
tiene la intuición correcta, para que se
esfume toda indicación que puede dar-

nos la teoría Scheleriana.
Otro filósofo partidario de la explicación sistemittica de los valores a base de sentir, Heyde, tampoco ha llegado muy lejos. Buscando ''el fondo del
fondo" del Yalor, él ha encontrado sólo un "no fundado valor básico, V. l."
Para concretizar prácticamente, por lo
menos hasta cierto punto, sus conceptos de \'alares, ni Heydc ni los demás
filósofos que congenian con él, han encontrado un criterio mejor que el sentimiento del placer. Así que la segunda versión de esta interpretación del
valor acaba ahi donde empieza la primera variante de Ja misma.
Por mas vueltas y frases sabias, en
las cuales se visten, las teorías que intentan de reducir el contenido del valor al sentir y al placer, no pueden
sostenerse con éxito. El s~n tir del placer presenta, sin duda, un valor para
el hombre. Pero, este placer sentido,
o cualquier cosa sentida nomás, no es
la esencia del contenido del valor en
general.
Ahora, sobre la segunda opinión filosófica generalizada que intenta explicar el contenido de la noción del
Yalor con la voluntad y sus fines:
Es un hecho que nosotros podemos,
según voluntad, con razón o no, atribuir o abnegar el valor a muchas cosas. También es posible, ateniéndonos
a la acción y a los fines de la voluntad, interpretar muchas cosas en el terreno ético y estético. Sin embargo, resulta más que dificil encontrar el factor voluntad consecuentemente siempre abL donde bahtamo• del valor y de
la valorización. Cuanto más nos acercamos al terreno de las condiciones
materiales y objetivas, eso resulta más
difícil.
Para el extraviado en la selva, si el
lo quiere o no, el agua tiene más valor
que el oro. Al igual en las ciencias, si
hablamos por ejemplo de valores matemáticos, cualquier contenido del valor deducido de la voluntad queda
completamente fuera del lugar y fuera de la aplicación práctica. Cuando
se busca un valor X en una ecuación,
este valor depende exclusivamente de
las condiciones en las cuales no se puede influir con cualquier fin de voluntad que sea. Ninguna revalorización
de Nietzsche, ni su mismo Zaratustra
podrian cambiar en eso cualquier cosa.
No puede caber duda de que la voluntad es un valor humano, parecido
como lo es el sentir del placer. Pero,
las explicaciones a base de la voluntad, al igual que las explicaciones filosóficas del valor a base del sentir,
no logran abarcar entera y consecuentemente la noción del valor.
Así llegamos finalmente al análisis
de las opiniones filosóficas que encuentran la esencia del concepto del
valor en la satisfacción de las incJinaciones y necesidades.
En el terreno económico, de donde
originan varias de esas explicaciones,
es evidente que el valor de las cosas
depende en el grado más alto de las
necesidades que se pueden satisfacer
con ellas. Pero, no sólo en economía,
sino también en otros casos, donde se
han encontrado en apuros la explicación intuiti,·a del valor al igual como
las explicaciones filosóficas de esa noción a base de sentir y de la YOluntad,
la interpretación de los valores por las
necesidades que satisfacen, se muestra
aplicable a las mil maravillas.

i\uestro desgraciado, que desde el dad por satisfacer, de la cual hemos
principio de esta conferencia estti. ex- hecho dé)feildjente el valor. Siempre
traviado en la selva -sin que los filó- tenemos c¡ue diferenciar si juzgamos el
sofos pudieran ponerse de acuerdo si- valor objetivo o subjetivamente. Y
c¡uiera por qué el agua ti.e.ne más valor
iempre- (tu&amp;da en el centro del problepara él que el oro- ha encontrado por ma la pregunta ¿qué cosa es la necefío una explicación, la cual, si no le da sidad la cual satisfacemos con un vaagua, por lo menos aclara teóricamen~ lor? La problemática del concepto del
te su valorización. El agua tiene más valor no puede profundizarse sin que
valor para él porque él la necesita mús se saque en limpio el sentido de esas
que el oro. Exactamente por la misma nociones.
razón una herradura tiene para el be¿Que es subjetivo y c1ué es objetivo?
duino más valor que la pluma fuente,
Hay dos interpretaciones de estas
porque la primera satisface su mayor nociones. Según una, cuando decimos
necesidad.
"subjeti\'O", lo subjetivo abarca tocio
Los valores eticos, las interpretacio- Jo &lt;Jue está en relación con el indivines humanas del bien y del mal, ad- duo, mientras cuando decimos •·objequieren y pierden su valor en el trans- tivo", lo objetivo no tiene relación alcurso del tiempo según si satisfacen o guna con el individuo, con el sujeto,
no las necesidades socialideológicas ele existe de por si.
la actuaJidad. Aunque la idea puede
Esta interpretación, según la cual lo
parecer un tanto extraña pani la gen- objetivo significa Jo desprendido de la
te que se ha empeñado en encontrar el percepción de sujeto alguno, es muy
sentido del valor en otra parte, pode- pobre en el contenido. Porque en este
mos concebir también los valores es- sentido JJOdria exil'Jtir objetivamente
té!icos, de lo bello y de lo feo, de la sólo el mundo inorgánico y la existennusma manera.
cia de ése no se podría tampoco coas~
No hemos podido comprender el va- talar por nadie porque esta constatalor de una operación o inyección de- ción misma ya estuviera algo subjetisagradable a base de la sensación del "º· Aqui se trata mas bien de un inpiacer. Pero el valor de una interven- tento principiante para explicar las
ción quirúrgica queda completamente rosas filológicamente y por oposición
explicado con la satisfacción de una Y a pesar ele &lt;Jue esta interpretación
necesidad vital a la cual contribuye. es bastante difundida en algunos ensaEl sacriíicio del soldado satisface una yos filosóficos confusos, podemos trannecesidad ética que él siente.
quilamente dejarla a un Jado. Ella no
Las teorias voluntativas no pudieron es aplicable en la práctica y tampoco
ni aproximarse a una explicación del nos abre posibilidad alguna en la tcoconcepto del valor en las matematicas. ria.
.Mientras resulta evidente que el valor
Según otra interpretación, la exprematemático siempre corresponde a una sión "subjetivo" significa que algo esmagnitud abstracta que puede satisfa- tá bajo la influencia de las emociones
cer las exigencias para la resolución o de Ja voluntad personal y de que no
de una ecuación u otra construcción es el resultado del razonamiento lógico
matemática.*
independiente ele estos momentos.
Parece claro y senciJJo al extremo Mientras la expresión ''objetivo" desque el valor en general reside en la po- cribe la existencia de cosas y juicios
sibilidad de que se satisfaga determi- que no &lt;lependen de la influencia esnada necesidad. Sumisas a un análisis pecíficamente personal, de los fact~res
crítico y consecuente, otras explica- emotivos y voluntarios.
ciones filosóficas del valor se desacreEs fácil reconocer que umcamentc
ditan, a decir así, ya en Jos prelimina- esla última interpretación concuerda
res. S_iendo sus conceptos básicos in-(· eon el sentido de las expresiones "subsostembles desde el principio. no he- jeti,·o" y ''objeti,•o" las cuales enconmos examinado aquí cómo los partida- t~amos normalmente en el uso prácrios ele esas explicaciones interpretan lico. En realidad, Ja objetividad no exlos problemas más sutiles de valoriza- cluye el sujeto y sus percepciones. Obción.
je.ti_vamente válido es aquello que es
Sin embargo, para que podamos de- v~lido para todo sujeto normal que
~initivamcnte aceptar como correcta la piensa. (Así, por ejemplo, según Kant,
mterpretación del valor, en el sentido las razones objetivas son las que no
satisfacción de la necesidad, hay que dependen de la naturaleza específica
contestar todavía algunas preguntas ~~ de los intereses del sujeto). Lo objemús.
tn·o en realidad no ·excluye al indiYiPor ejemplo, si todo eso es tan segu- dl~O, sino únicamente sujeta su pensaro como parece, si es tan claro que el nuc!1to a las condiciones lógicas. Si
"alor en el fondo es la satisfacción de decimos, que pensamos objetivamente,
la necesidad: ¿Porqué muchos filóso- no queremos expresar que rehusamos
fos no han reconocido esta interpreta- a la percepción, ni mucho menos, sino
ción Y porqué los mismos filósofos, queremos decir que pensamos excluque comprenden el valor de esta ma- yendo In influencia de las emociones
nera en general, no están de acuerdo Y ele los fines personales de nuestro
entre sí en distintos puntos de su inpensar.- ~uando decimos que alguien
terpretación?¿ Por qué para Kant exises ~ubJ~hvo,. expresamos con eso que
te valor absoluto y objetivo, mientras esta baJo la mfluencia de sus emociopara algunos de sus intérpretes desta- nes o de sus fines personales.
cnclos, como Kuelpe, el valor es cosa
Por consecuencia, cundo hablamos
relativa)' más bien subjetiva?
¿.Por qué no pudieron ponerse de del valor objetivo, pensamos en el vaacuerdo en este punto los filósofos? lor que existe independientemente de
¿Tenemos que reconocer a cada uno el los momentos emotivos y de los fines
derecho de creer lo que le da la gana, de la voluntad de alguien. Y cuando
o tenemos la posibilidad de determi- hablamos del ,·alor subjetiYo, pensanar objetivamente quien está en lo jus- mos en el valor que sí depende de una
to Y quien no lo está? ¿Hay que decir posición partidaria, subjetivo - emotientre los valores solo: 'si o no" o hay "ª• de algún sujeto. Tanto sobre lo
subjetivo y lo objeliYo.
también algún criterio posible
di~· Ahora: ¿en qué consisten las necetinguir el _qrado de ,·alares?
Planteando si~temáticamente esas sidades cura satisfacción determina
los valores?
cuestiones, observamos pronto que su
Conocemos necesidades fisicas y neestudio gira siempre alrededor de dos
puntos principales. Alrededor de Ja cesidades psiquicas. Por ejemplo, nealternativa: subjetivo - objetivo. Y al- cesidad de comer, de beber, ele morededor del significado de la necesi- vernos, necesidad de pensar, de expresarnos, de elegir. Hav necesidades
* La necesidad para la resolución de la ecua- esenciales y sccundari~s, permanentes y temporales, etc. En el fondo de
&lt;'ión siente, na.tur:dmenle, alguien. Porque,
si:t este alguien no habria ni Ynlor, ni la
todas las necesirlades podemos constaecuación.
tar cierta tendencia hacia. Podemos

de

Armas y Letras + Pág. 2

ser conscientes ele esta tendencia o no
conscientes ele ella. Tratándose de esta tendencia en general, lo más quepodemos hacer es constatarla. Porque eUa
no se presta miis al análisis lógico.
Ella es simplemente algo evidf"nte. Podría tratarse de describir esa tendencia
fenomenológicamente, como lo haria
Hunerl, por ejemplo. Pero con esa descripción probablemente embrollariamos las cosas más de lo que las aclarariamos.
Sin embargo, podemos estudiar las
formas más complicadas y desarrolladas de estas tendencias, &lt;1ue son precisamente nuestras necesidades. (En el
sentido: lo que se necesita).
Determinando así el significado correcto de los términos subjetivo y objetivo y aclarando el sentido de la noción necesidad, si volvemos a nuestro
terna principal, podernos facilmente
comprender de donde vienen muchas
explicaciones filosóficas erróneas del
valor.
Tomemos por ejemplo, corno A. Lotze intenta, argumentar la objetividad
del valor de la belleza. El dice: ºLa
objetividad de la belleza reside en que
eJJa no es una coincidencia de los objetos con la organización casual a traYés de la cual el sujeto individual... se
distingue del otro, sino" ... la belJeza
reside ·•en el encuentro interno con
las formas de la realidad y de la actiYidad, las cuales en todas partes exige
1~ determinación ideal de la vida espiritual en total para sn propia realización".
¿Qué quiere decir esa fórmula sumamente pesada? ¿Por qué uno tiene
que leerla repetidas veces tratando de
comprenderla? ¿Es que ella encierra
en sí una sabiduría que no es fácilmente alcanzable para otros filósofos, de
n~ !rnblar de los profanos y simples
af1cwnados·] Nada de eso. La filosofía
abunda con esa clase de "explicaciones" siempre cuando los filósofos rnism~s no saben muy bien que es Jo que
qmeren expresar.
·•---.
En realidad, en el citado ejemplo,
Lotzc ha tropezado con los problemas
c¡uc acabamos de explicar. Para fijar
la objeth·idad del valor de la belleza
él st• empeña por un lado de determi~
nar ('J sentido de lo objetivo. Y por
otro lado quiere explicar el contenido
de la necesidad humana por la belleza. Todo en la misma fórmula.
Si nosotros quisiéramos plantear el
problema frente al cual se ha encontrado Lotze, deberíamos saber, primero. que lo objeti "º es aquello que no
depende de las emociones y de la voluntad personal y, segundo, que el valor de la belleza, como cualquier otro
valor Qne sea, puede residir únicamente en la necesidad para aquello que es
bello.
Si esta necesidad para lo bello, que
uno siente, es objetiva, es decir, si existe independientemente de las interpretaciones personales específicas independientemente de las emocion;s y ele
la voluntad de un individuo determinado o no (es decir, si la siente objetivamente cada ser humano normal),
es una cosa por discutir. Se puede ]legar, tal vez, a la resolución de ese problema examinando sistemáticamente
las necesidades humanas que satisfacen lo que llamamos beJlo. Esto es una
labor pesada que necesita que se tomen en cuenta varfadísimas consideraciones. Y éstas no se pueden determinar de paso, especulando nomás.
Lotze no ha visto el problema de esa
manera. Tampoco ha intentado de entrar sistemáticamente en el analisis de
la necesidad humana para lo bello. En
lugar de ésto, él ha lanzado fórmulas
elegantes y de parecer muy sabio, como la que hemos citado, en la mejor
tradición de los filósofos de su época.
Pero, desgraciadamente, las fórmulas

Los Momentos Cruciales en el
Proceso de la Historia de México
(Sintesis de las Conferencias dictadas
por el Profesor Carlos Bosch García,
en la Diuisión Humanística de la Escuela de Verano, 1954.)

Se concibe la Historia como una continuidad de la vida de
la humanidad, que se desarrolla basta cerrar su primer gran ciclo con el Renacimiento. En este ciclo confluyen elementos feudales que recogen, a su vez, ingredientes de la Historia antigua.
El Renacimiento opera como tamiz que deja pasar algunos de
ellos y disuelve otros. En esa forma, al producirse el descubrimiento de América, quedan en pie trazos feudalizantes que van
a reaparecer en el periodo colonial. Algunos de esos rasgos motivan el movimiento de la población europea hacia el nuevo continente, de tal forma que los conquistadores vienen a buscar todo
aquello que, habiendo sido eliminado por el Renacimiento, no
podían encontrar en la Península Ibérica; por eso en la conquista
de América se encuentra durante los primeros cincuenta años
del siglo XVI gérmenes feudales que son reminiscencias del periodo feudal español, que muere en el Continente americano.

....,-..,.,"fa...,.

Pasa a la Pág. 8

,.

Como ejemplo se pueden aducir los
casos de la encomienda, las mítas y las
mercedes hechas a conquistadores, que
no llegaron a tener el sentido completo en pos del cual vinieron los descubridores. La superposición del régimen feudalizante y del régimen moderno regalista, inaugurado en España
por el siglo XVI, se encuentra en el
periodo que va hasta la llegada de las
Audiencias al Continente americano.
Eso es lo que significa la discusión entre Cortés y la primera Audiencia de
México.
El descubrimiento americano no es
un hecho improvisado. Tiene sus raíces profundas en los desarrollos cientificos del Renacimiento europeo, y es
el corolario de necesidad de esós estudios, pues será el resultado de la experimentación de las nuevas teorías adquiridas. Por ello es también que el
desarrollo tendrá varias etapas: la experimentación de políticas coloniales
en las Islas Canarias, que son dirigidas al infiel no agresivo ante la Cristiandad. El segundo paso es el viaje
en busca del camino para la circunnavegación del globo, y ello trae a los
·viajeros hasta las Islas del Caribe. De
ahí siguen los esfuerzos para proyectarse hacia el destino final que era el
Oriente, pero fracasa el itinerario ante
el obstaculo que es el hallazgo del Continente americano.
El experímento logró su solución por
la ruta del estrecho de Magallanes, que
hizo posibJc la coronación del viaje de
circunnavegación en derredor del globo. Del trazo anterior, el fracasado según los proyectos del Renacimiento,
surge la conquista y colonización del
Continente.
El termino del viejo régimen en la
Península Ibérica plantea a las clases
sociales inferiores la necesidad de buscar en la aventura un modo que les
permita cambiar su posición en la sociedad. Ademas, el sentido religioso
del siglo XVI fuerza al cristiano a tomar una posición activa en los problemas del espirito. La existencia de pueblos no creyentes se convierte en responsabilidad directa de cada creyente,
que expone la salvación de su propia
alma. Los poderes ya se han dividido
y queda en manos del imperio terrenal
gran parte de lo que había sido la obligación directa del Vaticano. Por esa
razón surge 1a filosofia de la conquista
que trata de resoh-er, en favor del poderío europeo y manteniendo la tesis
de la evangelización, los problemas

planteados por la apanc1on de poblaciones extrañas en el nuevo Continente.
Con esos precedentes se lanza el grupo conquistador a través de los mares,
grupo que se ha concebido como homogéneo y perseguidor, co'mo tal, de
fines iguales. Sin embargo, al analizar
al grupo más ele cerca nos encontramos con ]a necesidad de humanizar a
esos elementos y concebirlos con todas las \'enlajas y desventajas debidos
a su calidad humana. Es así como la
figura de un Cortés o de un Bernal sale del marco mítico para mostrar una
personalidad sensible en unos casos y
burda en otros.
El grupo proyecta la conquista y al
tratar de reproducir el régimen feudali1.ante que persiguió desde su salida
de España, superpone sus poblaciones'
sobre núcleos de grupos indigenas de
culturas avanzadas, sedentarias, en las
que la propiedad de Ja tierra y la agricultura tienen una función establecida.
De esta manera se proyecta la tendencia feudalizante y se produce una sociedad de señoras y vasallos que tiende a evolucionar de manera que el esclavo se convierte en mayoría¡ y cuando los lazos empiezan a ser imposibles
se impone un nuevo sistema que asegurara la dependencia de los indígenas en México: el peonaje.
Para estudiar la colonia en si se deben concebir tres periodos: a.-El periodo épico.- De gran actividad en el
que se llevan a cabo los hechos de armas y se da solución temporal a todos
los problemas c¡ue se plantean a la vez.
Los hombres que intervienen son de
gran calidad, tienen un sentido de organizac;ión, y comprenden la realidad.
Se logra un modus vivendi, se asimila
al indio, la administración tiende hacia el regalismo, se construyen ciudades, se reparten las tierras, se empieza el trabajo de las minas. La duración es aproximadamente de 60 a iO
años, durante los cuales se sale de la
confusión de la conquista,

b.-El periodo de agotamiento.-En
este segundo momento de la vida colonial parece como si la tensión nerviosa habida en el primer periodo hubiera agotado las posibilidades del grupo,
que se preocupa ele asegurar las ventajas obtenidas. En cierta forma un período de inacción y hasta cierto punto de comodidad. La propia metrópoli
está también agotada y su política parece ser conservar pero no de agrandar. En la colonia se interrelacionan
los dos elementos fundamentales, indio

Y europeo y se liman las diferencias.
Aparecen los nuevos elementos sociales, los mestizos y ]os criollos que van
adquiriendo consciencia de lo suyo
propio. Llegan los grupos africanos
como resultado de las políticas que fa\'Orecen al indigena y aparecen también otros pueblos europeos, síntoma
de que el Continente americano juega
en la vida internacional europea.
c.- El tercer periodo viene a· ser el
reajuste del período anterior y el siglo
XVII[ Yerá el fortalecimiento de los
trazos social y político que al unirse,
al final del siglo, ciarán como resultado la independencia americana.
El siglo XVIII ha visto el final de la
evolución de tres problemas: el gobierno, la religión y la cultura que son
cruciales en la vida colonial.
a.-Gobierno.-La caracteristica tipica es la evolución del feudalismo al
Regalismo, que en el siglo XVIII se
presenta acusado por las nuevas tendencias 11evadas a la metrópoli, por el
cambio de dinastías que tuvo lugar en
1700.
El concepto borbón del Imperio, de
origen di verso al de los habsburgos,
acusa al centralismo y concibe que su
soberania se mengua si se hacen concesiones de libertad a las diferentes
unidades imperiales. De ahí el enjambre de intendentes que llegan a nuestro Continente. Sin embargo, a pesar
de la nueva estructura, se debe pensar
en la caída del poder metropolitano.
Las prerrogativas concedidas a la colonia, sobre todo las de Carlos III no
significan otra cosa que el reconocimiento de la debilidad y el esfuerzo
para atraer las unidades coloniales.
También se debe evaluar el cambio de
actitud hacia conceptos fundamentales en el propio Continente americano.
Se va en busca de teorías y filosofias
extrañas al pensamiento americano,
que se convierte en tierra preparada
para ser fecundada. Como el régimen
interior no merece confianza se recurre al exterior y viene el impacto del
enciclopedismo, la revolución americana. la francesa, el comercio con Inglaterra, Y se da entrada a las ideologías europeas del periodo. Y todo ello
sucede porque se vuelve a valorar al
individuo, aunque esta valoración sea
de naturaleza diferente a la renacentista. Francia sirvió para desmoronar
la estructura colonial; las demás influencias vinieron cuando se trató de
reconstruir sobre el terreno arrasado.
Los derechos del hombre, con su acento individual, provocan la destrucción
del régimen metropolitano que los ignora. Las instituciones coloniales faltas de la energía necesaria para contrarrestar esas fuerzas. Las autoridades coloniales se preocupan por sus
puestos como funcionarios, los grupos
americanos se distancian de los grupos metropolitanos. Sobreviene la
ruina económica de la metrópoli y el
siglo XVflI colonial es un siglo de juventud intelectual incitada por los nuevos descubrimientos de la época.
b.-Religión.- Sin olvidar el papel
fundamental que jugó la religión corno
factor motor de la conquista durante
el primer período colonial resolvió solamente el problema del . momento, y
éste fué el del rito. Sin embargo, aún
siendo comprensible que en ese momento no se pudiera dar al indigena la
parte fundamental en toda re1igión, su
filosofía, ésta quedó pendiente. Como
en el segundo periodo faltaron hombres de calidad y empresa y los puestos de contacto con los grupos indigenas fueron motivo, en su mayor parte,
de compromisos y de canongías, se
volvió a olvidar el contenido filosófico necesario en toda religión. Por ello
la evangelización ha siclo la superposición de un ritmo cristiano a los mitos y leyendas precortesianas; y encontramos que todavía en el siglo XIX
y XX queda pendiente el contenido fi-

Armas y Letras + Pág. 3

losófico religioso que para el indígena
debiera tener la religión que se le enseñó.
c.-Cultura.-En el plano cultural
también se nos presenta el reflejo del
mestizaje demográfico, que plantea la
conquista al mezclar los elementos indigenas con los europeos. El desarrollo cultural sigue al político y al religioso asimilando los elementos indígenas y mestizos, para dar lugar a una
cultura de moldes europeos que se desnaturalizan por los elementos indígenas que contienen. Así es como la enseñanza es mutua y tanto aprende el
europeo como el americano para producirse un mestizaje que los estudiosos del arte han llamado tequilqui: lleno de soles flameantes, colores vivisimos Y platillos mexicanos en sus decoraciones.
La sensibilidad barroca indígena
precolombina se mezcJa con la sensibilidad barroca española, y el barroco
mexicano alcanza exuberancia mayor
que el europeo. En esa forma cuando
el grupo indígena americano se encausa, en una vida de apariencia cristiana, es cuando el Continente entra
en fase cultural más avanzada. No importa ya distinguir el matiz en el siglo
XVIII pues el arte es una manifestación continental &lt;Jue desfigura el concepto de los europeos: la falta de modestia de los edificios religiosos, el exceso de ornamentación, la riqueza desbordante que nunca se alcanzó en la
metrópoli.
Desde el punto de vista didáctico las
Universidades representarán el trazo
medievalista heredado de Alcalá de
Henares y de Salamanca, y aJií se quedaron. Son las instituciones privadas
de carácter científico las que recogerán las nuevas tendencias del periodo
Y que en el siglo XVIII ponen al dia el
conocimiento am.ericano. Muy pronto
se mezclaron los autores americanos
con los europeos y muchos de ellos obtuvieron lugares preponderantes en ]a
ciencia y las letras de habla hispanq.
En ellos arraigó Ja filosofía y la ciencia que llevó al Continente la crisis final del siglo XVIII.
En el slglo XIX se proyecta la inercia colonial, que explica en México la
instalación del Imperio de Iturbide.
Pero ello plantea el forcejeo entre la
corriente tradicionalista del siglo
XVIII Y la liberal. México debe decidir por si solo y establecer la República, hereditaria del trazo liberal del siglo XVIII. Sin embargo, la inercia queda transferida a otros problemas y ello
se nota en ]a lucha "federalismo-centralismo" y en ]a formación de los tipos políticos del siglo XIX: el hispanista y el antihispanista, conservador
Y liberal, serán los trazos fundamentales de la politica del síglo XIX. Las dificultades de esta lucha politica son
las que llevan al pesimismo de la primera mitad del siglo aunque el problema no sea en realidad de capacidad o
incapacidad, sino de tiempo.
El siglo XIX se critica por su falta
de estabilidad, pero hay factores que
retrasaron la evolución, y la lucha llevada a cabo es muestra del temple de
los países latinoamericanos. Ni ]a actit~1d de las naciones europeas ni la de
los Estados Unidos ayudan, y la América Latina se debate agotada por las
guerras de independencia y las luchas
intestinas para hundirse en la deuda
exterior. Tampoco ayudó a fomentar
su estabilidad la actitud oficial del Vaticano ni la de las altas jerarquías que
sobrepusieron su calidad de peninsulares a la de sacerdotes.
Durante el siglo XIX ocurre el cambio fundamental en el método del imperialismo, c¡ue pasa del sistema positivo al sistema económico. La guerra
de 184i y la compra de Gadsden fueron los últimos ejemploS de la proyec-

Pasa a la Pág. 7

�Poema de MANUEL CAL VILLO
A MI PADRE
Los ríos todos van a la mar, y la mar no se
hinche; al lugar de donde los ríos vinieron, allí
tornan para correr de nuevo.
Eclesiastés, l, 7.
¿lle de cuajar aún, cual ma::orca, he de pulu-

lar de nuevo en fruto?
¿lle de sembrar otra ve=, acaso, mi carne en
mi padre y en mi madre?
Canto de Orfandad
Versión del náhuatl por
Angel ,'l-1. Garibay K.

AMOR sensible,
me abandono a la clara permanencia
de tu luz cotidiana, en el misterio
de una savia al color que la redime
libre de toda incierta arquitectura
en la mecida rama;
y me abandono a la frescura liquida
de súbitos espejos en los cauces
y al cimbreante verde de los juncos
bíblicos y fluviales para siempre
-desnudos de doncellas todavía
ignoran su inocencia.
Sensible amor en la mirada
que nos entrega al mundo y que me abre
el aéreo camino de la nube,
cruzado de pueriles vuelos,
a la pereza azul del horizonte;
que puebla en luminosas armonías,
deleite de los años niños,
la misma tierra enjuta que me aguarda,
donde vive la rosa tiernamente
su frágil evídencia.
Sensible amor, nada tuyo me hiere
como destruir la ingenua certidumbre
de imágenes tan sólo en el silencio

de la sola mirada,
la del gozo amarillo de las mieses,
la de reflejos en pulidos ónices,
la de apacible albura en el rebaño
y rubor bautismal a las orillas
de los bíblicos juncos,
y que preservo, ahora inmaculada,
en el ocio fugaz de la poesía.
Y aquí en la imagen, transparencia sola
e insaciada presencia en los sentidos,
a veces
-refugio ya de sí, cauce de sueñoera la voz su espejo mismo, puro,
música sola y tegua de los dias
en que vive mi cuerpo devorado;
era el eco en la sombra, perseguido
y atrapado en el cielo inmarcesible
de su prestigio incógnito;
era el gentil discurso
de alada incertidumbre,
ámbito de esa engustia
que promueve catástrofes azules
y la ignomina cotidiana
de nuestro corazón insobornable.
Diria en ella:
Sueño de un sueño yace en la memoria
en su desnudo tacto y en la angustia
de una muerte inasible que me sueña
y crece ya en mis venas y en el tiempo
de una sensible, ausente flor víolada.
No sabría, lo sé,
ceñir a tal imagen este sueño,
el mío, que avasalla
insomnios de sus limites
y en el que ya, desnudas las palabras,

descubrí a la vigilia una memoria
de aciagos testimonios
a la piedad terrestre sometidos.
Así mi sangre es ella, en el turbión
que nos subleva ahogándonos,
y en tanta muerte, entre nosotros muda,
abonando la tierra,
erguida en nuestros árboles
y a la sola esperanza
en este amor llagado de mi pueblo.

QUE IDIOMA o ademán sensible
descubre tu secreto, madre,
la ternura indecible de tu entraña
donde germina el grano
y las vetas de plata enmudecida
ahogan límpidas campanas,
donde los ríos subterráneos
de sigilosos peces y aguas túmidas
urden y erigen manantiales,
donde los pétreos árboles maduran
su incorruptible fruto de diamante
y su presentimiento el ópalo
de fatal inocencia,
y donde sueña el jade
el poema aborigen de la máscara.
En la remota, en la secreta
soledad de tu seno fructifica
su mortal certidumbre mi progenie;
tuyo este barro de ilusión efímera
se anima de viveza,
cauteloso se yergue y palpitante
óyele musitar,
escucha las palabras que no dice
porque apenas se iru.cia en el milagro
de su timido gozo y de su angustia,
crece de tí como un árbol profundo
al espacio del sueño,
el tuyo, el mío, el de mis padres
en tí sembrados desde el tiempo
de la primera caña.

Seno virgen el tuyo, invulnerable,
terrenal cementerio
de una efímera historia derrumbada
en tus mantos de escombros;
túmulo de mis gentes
atravesadas de raíces, muertas
ya para siempre -oís-,
ya para nunca,
porque decir ya muertas
es oír cómo asciende
por la madera de sinuosos cauces
la antigua sangre de esta tierra,
del exilio del sueño hacia la rama
en que toma al silencio.
Arboles nuestros,
verde sangre sensible y luminosa
donde la forma pura alcanzo
y destruyo, nombrándola.
Y en este sueño,
en tí inhumado con mi pueblo
que alguna vez habla tu idioma,
música de madera,
vuelve hacia tí mortal la certidumbre
de un tiempo traicionado en la vigilia
de su historia fugaz
-artificio de piedra y de palabrasen la sangre tan nuestra,
manantial de retomo a sus veneros.

Armas

y

Letras + Pág. 4

LOS HORIZONTES de la tierra,
los caminos trepando hacia el silencio
en cuyos hálitos
levantó la meseta amurallada
pirámides vígías,
el verde cactus húmedo
y la muda viveza de mis brazos
abren ríos al sueño
de una angustia en el tiempo
abandonada.
Escaleras del mar hacia la costa
umbrales son del humus de esta tierra
que siempre Dios aún;
terraplenes de luz para los ojos
que en silenciosas yemas
esperan todavía;
al norte el viento, la llanura, páramo
que defendió mi casa
y el vegetal recinto de mis templos;
y al centro de los límites,
sobre ruinas violadas,
va ascendiendo a mis ojos y a mis manos
la sustancia terrestre redimida.
Y como siempre, al sur, nosotros
resguardando
sobre los peñascales la meseta
y el sol teotihuacano de mi pueblo,
en donde las mujeres
callan tan hondamente y se diría
escuchar el silencio.
Espacios para el tiempo, aquí
donde creció la caña,
inauguró el maíz sus festivales
y en los desnudos pies la danza
erigía los arcos del misterio,
y dieron las palabras y los nombres
la sola permanencia de los árboles:
tule, ceiba, caoba,
el silencio agobiado del mezquite
y los bélicos cactus invasores.

J.

l

l

sobre esta tierra, ahora tuya

como en el día aquel de la segunda caña.
Y escuchar tu silencio
es oír el venero de mi sangre,
probar la leche en tu pezón indígena
y volver a mirar, ya por tus ojos,
el color de la luz y de la tierra
y a los árboles nuestros
su corazón de música guardando.
Escuchar tu silencio
es prender esta voz a mis raíces,
ser yo desnudo en tu esperanza
después de tanta pesadumbre,
y es llevar en mis hombros el lucero
que anunció tu tristeza,
como fuego en la noche rescatado
a la última caña de los días.

AQUI en tu costra, tierra,
sobre el tiempo enemigo y el desastre,
aislado en mis sentidos y en la angustia
de ser en tí, nombrándote retorno
del perdido conjuro en las palabras
a mi última evidencia.
Tal el día primero,
la voz disipa y cava
tu enconada presencia al borde mismo
de su implacable decisión indemne;
así nació la música en la flauta
de barro, así también las efusiones
en el idioma fueron,
nuestro ritual así rindió su culto
precipitado a su misterio solo,
construyó así mi pueblo sus ciudades
perpetuando en piedra
la serpienteemplumada queen el tiempo
es la vigilia de este sueño tuyo,
sustentando mi voz
y todo en él y en esta muda sangre.

1
A TRIO de tierra húmeda,
apisonada
bajo la fresca sombra del pirul,
lugar del que los niños
de las miradas mudas y proféticas
miran caer, monótona la lluvia
en el maizal

y a la clemencia de la madre en cinta
tejiendo junco, madurando al hijo
y cuidando del fuego.
Solitaria y solemne
aborigen liturgia de mi casa.
Como si desde entonces lo dijese
óyeme preguntar en este día:
-¿Qué esperanza mantiene tu dulzura,
para quién hilas algodón?
Velado por tus ojos crece
invíolable el destino que me lleva,
y en tu voz se desata hacia la mía
en el sigilo de tu lengua náhuatl
la historia de mis gentes,
el antiguo secreto de los soles, •
tu amor en la caricia ya ultrajado,
y la tímida albura en la mazorca
por el color humilde de tus manos,
pan nuestro desde el día
en que el último sol muere en el agua
y se oye interrogar:
¿Tu cauda quién ahuma,
en dónde el fuego oculto?
Y tú en el silencio,
en el tiempo impasible de la rosa,
y no indefensa a tu memoria misma
porque en tu oído y en tu piel
y en toda tu sensible permanencia
mi padre cierto te demuda.
Silencio el tuyo, madre,
como el pulso y el sueño y la mirada
que llevo tuyos en la sangre mía,
como tus dioses olvidados
bajo los pétreos muros que mí padre
sobre las ruinas nuestras levantara,
y como en tu dolor los hijos
cuyo insomnio violento nos redime

l

TAL DEL fuego nocturno en las señales,
tal el ave funesta te auguró,
entre los tuyos y como ellos pálido
de armaduras lucientes
venías, como caña enhiesta,
jmete de las aguas y ese día
por los caminos que subió la sangre
ante el lacustre azoro de mi pueblo.
¿Hay regiones del suelo no violadas,
y del silencio, por tus voces?
¿Tú sabías, acaso?
Era un presagio entre mis gentes:
hubo un tiempo de El entre nosotros,
de un rostro como el tuyo, padre,
y unas manos desnudas de maíz;
nadie supo de El y sí sus cosas
porque dijo verdad.
Una tarde ciñó sus vestiduras
y se alejó anunciando su regreso.
El día en que llegabas era el suyo.

El Señor de la tierra
abrió su casa para tí
y te ofreció su estera y su ciudad.
No voy a relatarlo, entre los míos
lo pensamos aún.
No el vuelo del albatros
sino el centauro y su pezuña cruenta;
en la codicia funeral del sueño
dando voces de muerte
venias, despiadado, en tu hermosura
escalando el insomnio;
tu espada azotó el viento
y caían el águila y los dioses
del joven padre inaccesible
en cuyos ojos fué vírgen mi madre,
la que tuviste en una hora
sobre la tierra suya profanada.
En verdad, aquel día
qué pupilas no tuvo el abandono
de presentidas grávidas doncellas;
qué soledad no supo
abatir su ternura bajo el cuerpo
de un extranjero dios apasionado,
ya en su aventura solo y sin estirpe
ahogándose en susombracon sumuerte.
Porque ahi, entre tus brazos,
los tallos de la música tenías
y fué tu sangre
al desamparo nuestro y solo.
¿Tú sabías, acaso?
Sin afrenta hijo tuyo
he crecido arraigado de mis muertos,
los de esta tierra,
y de tus sueños que olvidó sus márgenes
para caer sembrado tras las mías.
Así mi sangre es tuya
y las palabras que te dicen;

más hoy es cuando emergen,
sobre tu sueño derrumbado
y en el aniversario de tu angustia,
mis presagios antiguos.
El lo sabía, y son mis gentes,
padre cruel,
las que guardan la semilla del tiempo.
EL DIA en que nació la caña
al idioma del tiempo ya venía
la sangre, en su designio,
a subyugar esta vigilia inerme,
del sueño acaso certidumbre sola
que el sueño mismo acalla;
y surge ahora, aquí,
de unas palabras tenues y una música
en el víento, en la imagen
transitoria del mundo, a la presencia
de un arcángel proscrito,
demudado custodio de la muerte
bajo la noche terrenal desnuda.
Dolido vientre túmido
en el insomnio de la madre,
violencia solitaria
que la tierra sepulta y apacigua
en donde aún el padre sueña
bajo la luz de una mujer velando.
Y oír en el silencio
-aquel mortal refugio de los diosescómo el llanto, la niña prematura
y virgen arrobada, cómo
el corazón efímero inmutable,
todo, los días y el secreto,
nuestro cielo, el destino y la memoria
de lo que fué mi casa, me redime,
es tomar a su seno,
callar en esta voz, la suya.

Armas

y

Letras + Pág. 5

CERRADO el círculo del tiempo
una vez más,
una vez más
nació la caña en aquel día
ya no al signo del verde
ni a los aniversarios de mi pueblo,
sino a dar su esbeltez
y la última flor en el crepúsculo
que subía sangriento a las pirámides;
murió el tiempo ritual
que inauguró la sangre de esta tierra,
el caballo venía
desolado en la suya,
y fueron días de la sangre sola
cuando el augurio se violó
en el cuerpo caído de ese padre,
presentido en su frágil juventud,
cuyos emblemas ultrajaba
el que tuvo a mi madre y a mi tierra.
Desde entonces
se olvidó el calendario de mis gentes,
su lengua, sus altares,
y vivimos del sueño que cercaba
los ojos nuestros con los suyos.
No obstante,
bajo el tiempo invasor que se derrumba
ya traicionado ahora para siempre
en el acoso de su furia aciaga,
oigo la sangre nuestra, turbia
sobre el olvido exhausto,
acechar mi existencia en su memoria.

PARA MI aquel lugar terrestre
que sea mío, en donde halle
de mis padres los huesos
y la raíz del árbol tule,
y no más en el día
en que deje esta voz de restituirme
a mi pueblo,
porque ya soy en él
desamparado sueño de aquel suyo
que dejó la serpiente por cariátide.
Antaño ríos,
vetas de sangre hoy
donde yacen mis gentes desde el día
en que vino desgracia y servidumbre
y se quebró en la caña el tiempo
para mi casa.
-¿Qué soledad nos sitia ahora
que surgen las palabras de tu seno,
tierra,
apenas en su música
y tu presencia oscura desvelándola?
Porque no soy sino la certidumbre
de mi propia existencia
reintegrándome a tí, como en el tiempo
en que decía en lengua de mí madre
su padre nuestra historia
y el funesto presagio de los hijos;
y porque estoy en tí como de siempre,
tal el alto cantil en su erosión
y los profundos árboles,
te nombro, tierra,
en la sola palabra que te dice.
Qué soledad no tuya
si un ángel no preside nuestros túmulos
y el pavor
reta aún a la sombra de tus ruinas.
-Sangre mía perpetua,
río de sueño que inundó a mi madre
y horadó entre sus carnes la ternura
Pasa a la Pág. 7

�TRES POETAS ANDALUCES
J. F. CIRRE.

Tres poetas andaluces -Emilio Prados, Manuel Altolagui•
rre, Pedro Garfias-, nacidos casi al mismo tiempo, cuyos pri•
meros libros muestran influencias similares y aparecieron con
escasa diferencia de tiempo, han seguido maneras bien distintas,
afirmándose cada cual por su lado.
Ninguno de los tres ha experimentado una evolución tan
completa y definitiva como Prados. El contraste de su lírica pre•
sente con la inicial es grande, pero no mucho después de publicado Tiempo, los asuntos y el estilo externo de su poesía anun•
ciaban ya una rectificación de calidades que, mejoradas día tras
día, hacen de Prados uno de los mayores poetas actuales en len•
gua española.
Es indiscutible y obvio que en sus
principios Emilio Prados debí ómucho
a García Lorca y bastante a Rafael Alberti más cuando se decidió a utilizar
su propia voz y desprenderse de andaderas, lo hizo con firmeza y personalidad suficiente.
Desarrolló un gusto decidido por lo
trascedental, por lo senequista, por
las antiguas ideas hispánicas de la
muerte que da vida y de la soledad. El
destierro acentuó sus inclinaciones, su
sentimiento de vacío, su esperanza en
un vago y borroso más allá. Como él
mismo dice:

Soledad, noche a noche te estoy
edificando,
noche a noche te elevas de mi sangre
fecunda

a mi supremo sueño curvas fiel
tus murallas
de cúpula intangible como el propio
universo.
Tres tiempos de soledad.
11

Esta construcción de la soledad que
crece por momentos y se arraiga con
los años en el alma de los hombres había sido ya intuida por el poeta, al hacer examen de conciencia, años atrás:

Huyendo voy de la muerte,
vengo huyen de mí mismo,
que ya la muerte y mi cuerpo
tienen 1111 solo sentido.
Tanto a mi cuerpo le temo,
que no sé si el estar vivo
es morir y estar despierto
o muerto soñar dormido.
No sé donde acaba el nudo
que amarra mi triste sino

con la cuerda de mi sueño,
,onda de mi propio abismo.
Abismo mudo es mi alma,
centro oscuro de mi olvido
adonde el mundo va entrando
igual que en el mar los ríos.
Jfuerto en mi cuerpo, en mi alma

,e al:ará mi cuerpo
Vencida tengo
que anduve el
ella lo anduvo
110 por dentro

vivo.

a la muerte,
mismo camino:
por fuera,
de mí mismo.

Tanto temor padecí
como hallé por fin alivio.
Hoy no sé si vivo o muero
o en la eternidad habito.

Una cosa es renacer y otra
y otra vivir en la muerte
para no quererla ver.

go de su producción. De ordinario la
lírica de cada uno se desarrolla en
alternativas curvas de descenso y subida. Ejemplo típico de lo dicho es el
de Altolaguirre porque en él -depresiones y elevaciones- se amplifican
como en una gráfica de fiebre recurrente.
Nada tan desconcertante como la
lectura de sus primeras producciones,
en las que lo mismo campean influencias ajenas muy notorias, como, de
pronto, sin aviso previo, el autor se
dispone a tirar "maestros" por la borda y navega sin auxilio por la alta
marea poética, proporcionándonos la
exquisita recompensa de una lírica
apasionante. Por eso, para ser completa, la critica de Altolaguirre requeriría
un examen especial de cada poema.
Tal vez resida la explicaciqn del hecho en su romanticismo. Pues Altolaguirre es, esencialmente, un romántico
dotado de la inestabilidad emocional
de 1830 y no se detiene en la selección
de un asunto ni en la factura de un
poema. Todo ímpetu y espontaneidad,
ninguna consideración de tipo reflexivo le detiene. De ahí que su poesía
responda al grado de inspiración del
momento. Llevado por su turbulencia,
arriba a menudo a playas de atmósfera propicia, que le entregan hallazgos
formidables:

Tres canciones de despedida.
En estas metáforas renace lo mejor
del pensamiento de la soledad española. Son legítima resultante de Lope, de Calderón, de Jorge Manrique.
Es decir, de la lírica severa que mira
la vida como tránsito y la muerte como destino. La ascética soledad en
que vivimes, en espera de ese final
ineludible de la muerte, ha venido a
ser uno de los temas favoritos de la
poesía anterior a la generación de Prados. )las, anteriormente, Prados, como Cernuda y otros, habían comprendido el volumen tremendo de ella. Nos
encontramos, pues, en el umbral de_
las ideas y estimaciones barrocas y sería cosa de ampliar a Vossler en su Soledad en la Poesía española, pues en
cada hora que pasa, el valor de la soledad y de la muerte como motivos líricos elevan su nivel entre nosotros.
La dignidad estoica de tales conceptos, la grandeza con que generalmente
han sido tratados, presta a la literatura peninsular uno de sus mejores atractivos.
Volviendo a Prados, tenemos en él
el ejemplo de la ascensión poética
aunque, verdaderamente, su estilo último no convenga tampoco a las normas primitivas que siguiera. A ellas
concedió una mínima porción de su
talento y luego, recapacitando sobre el
ser y el destino, desembocó en ese sistema de ecuaciones espirituales
- muerte, soledad, vida- tan caro a
los poetas de la meditación, a los contempladores de su intimo desvivir, reflejo para ellos del panorama exterior
de la existencia. Fuerzas contrarias
que se resumen y resuelven en la exquisita serenidad cristiana de la muerte no como aniquilación, sino como
experiencia y esperanza.
¿Qué sorpresa nos deparará aún ese
mundo de Emilio Prados que entra
- con vértice seguro y maravillosa
metáfora- ''en el centro oscuro de su
olvido"? Lo ignoramos. Pero, afortunadamente, se trata de un escritor para quien todavía están abiertos los espacios y los interrogantes del porvenir.
Difícilmente podría concebirse un
poeta cuya altura estética se haya
mantenido a nivel semejante a lo lar-

Armas

y

Era mi dolor tan alto,
que la puerta de la casa
de donde salí llorando
me llegaba a la cintura.
¡Qué pequeños resultaban
los hombres que iban conmigo!
cuales conozco tres ediciones, de amplitud y contenido diferentes (1926,
1936 y 1944).

Crecí como una alta llama
de tela blanca y cabellos.
Si derribaran mi frente
los toros bravos saldrían,
luto en desorden, dementes,
contra los cuerpos humanos.
Era mi dolor tan alto,
que miraba al otro mundo
por encima del ocaso.
De ''Elegías" (Las Islas Invitadas)
Aquí el dolor dinámico, incontenible, empequeñece las cosas materiales.
La pena envuelve al mundo y triunfa
sobre él. Y si rompiera su límite carnal escaparía alocada, furiosa, agresiva. Esta progresión del sentimiento
por la escala de la metáfora, en alegórico crescendo, constituye tma muestra de lo dicho anteriormente. Gracia
espontánea, acierto, ligereza y sencillez.
Desde México, Manuel Altolaguirre,
como el r esto de sus compañeros, ha
prestado tributo a la poesía del éxodo.
Por las razones ya apuntadas, el éxodo
español lleva enroscada la conciencia
de la soledad. Pero largo tiempo atrás
el poeta la había descubierto, aunque
quizá en otro terreno menos universal
y trascendente que el de Prados:

Traigo mi soledad acompañada
de cuantos seres son mis semejantes,
vengo solo, tan solo que conmigo
toda la humanidad sólo es un hombre.
De Narciso.

atracciones hacia un amplio sector de
aquélla ha estado sometido.

El verso humano pesa.
l'o lo cojo en mis manos
y siento que me dobla las muñecas.
.lfi traspiés juega mal con el camino
y mi dolor contigo, oh blanca
primavera.
A veces de lo hondo del silencio

que bordean las flores y la brisa
acude el largo grito a mi garganta.
La primavera rápida se esquiva,
se rompe enmil pedazos
el aire de veloz cristalería
y cubre al sol sus desmudados
miembros
como una virgen tímida.
Yo quedo sobre un monte de tinieblas
aullando al horizonte de mi vida.
Desde esta primavera luminosa
¿por qué no recordaros,
vosotros que conmigo compartisteis
la lluvia y el espanto?
De vuestra sencillez sabe esta agua.
De vuestra dignidad sabe este árbol.
Acaso vuestros rostros en borrasca
rimaron mal con este oculto prado:
pero también su cultivado césped
lo ha sido por las manos.
Hombres de España muerta, hombres
muertos de España.
¡l'enid a hacerles coros a estos pájaros/
Garfias, pues, ha vuelto por la fama
de su alejamiento de la poesía activa y
ele los cenáculos literarios durante tantos años parecía decidido a negarle. El
vigor, la sensibilidad, la facilidad, no
han menguado con el tiempo. En cambio, éste le ha prestado mayor grandeza, amplitud y personalidad.

Letras + Pág. 6

•

c10n bajo el viejo sistema, y el nuevo
entronca la aplicación de la economía
liberal con la filosofía positivista, lo
que produjo la secuela de avances materiales que ayudaron a descompensar
el equilibrio que debe existir en toda
nación bien administrada entre lo material y lo social. Aunque el siglo XIX
fué básicamente conservado,, el hombre que lo vivió adquiere una conciencia liberal en proceso de desarrollo
que toma forma en la Revolución mexicana y sirve de preludio a la nueva
época.
:--o cabe pesimismo al observar la
Historia de )léxico que recorre un derrotero lógico:
Se unen y entrelazan herencias históricas de dos mundos durante la colonia.
Se altera el orden establecido y se
forman ideales en el siglo XVIII, que
se manifiestan con la independencia.
Se experimenta y se busca una
orientación en t&gt;l siglo XIX, comenzando el proceso de cristalización material, y se producen los virus sociales
que reicorporan a la vida política
grandes núcleos de población.
Se plantea de nuevo la crisis social
a principios del siglo XX, y se entra en
el siglo con profunda conciencia de
ideales politicos sociales y económicos que, si en un principio no operan
con todo vigor, lo ganan paulatinamente así como también se gana el
prestigio internacional.
)f.G.A.G.

UNIVERSIDAD DE
NUEVO LEON

Lic. Raúl Rangel Frías
Secretario
Prof. Antonio Moreno

Lic. Fidencio de la Fuente
OBRAS DE RECIENTE EDICION:

Correspondencia Juárez-Vidaurri. Tomo l. (Compilación del Lic. Santia-

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De soledad y otros pesares (Poemas
de Pedro Garfias) . . . . . . . . . $ 5.00

\'iene de la Pág. 5

grávida de sus voces, guárdate
en este solar tuyo,
entre los muros que erigió mi padre
como el olvido en la ciudad lacustre;
toma a la tierra,
a su propia sustancia conmovida
que me recobra, para siempre,
en un saber que soy en este día
sólo anticipo de una muerte
que heredo abandonada,
y con el pueblo mío, eternizándonos.

¿DEL SUEÑO, la vigilia?
Violento de hermosura, tremolando
su crin de sombra,
implantando su imperio,
entregando a su angustia el horizonte
y al designo ancestral de su evasión
la muda soledad de la belleza;
huyendo de los frisos,
de los marmóreos pedestales,
de la tersa avenida del hipódromo
y de la franciscana mansedumbre,
hinca en la dulce sementera
la pezuña inclemente
y sueña en el metal de su galope
el augurio invencible de la sangre.

Redactores
Raúl Rangel Frías
Fidencio de la Fuente
Francisco :\i. Zertuche
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Guillermo Cerda G.
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MEXICO

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mantenido desde su fundación un vasto plan editorial que desarrolla al través de Publicaciones cuya circulación
comprende a todas las Instituciones
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aleneistas, centros culturales, sociedades de diversa índole y personas, en
América y Europa.
Entre el cuerpo de ediciones que
ac¡ui se imprimen figura nuestro mensuario "ARMAS Y LETRAS", que recientemente ha establecido una sección -LIBROS--, en la que figuran
comentadas las obras últimamente aparecidas en las prensas americanas.
Dada la extensa órbita de circulación del Boletín arriba mencionado, y
en interés de ofrecer al lector americano una juiciosa información del fondo y continente de la obra, cotejada
a la luz de un criterio ecuánime y a
tono con la moderna interpretación
del pensamiento científico, literario o
artístico. "RMAS Y LETRAS" se complace en invitar a ustedes a coadyuvar
con este propósito de orden cultural
que anima a la Universidad de Nuevo
León, solicitándoles el envío de cada
una de las ediciones nacidas en sus
prestigiosas prensas, las cuales serán
objeto de nuestros comentarios, en la
medida que vayan llegando a nuestras
manos.
Los envíos deben hacerse a:
"ARMAS Y LETRAS".
Universidad de Nuevo León,
Plaza del Colegio Civil,

Rector

Jefe del Departamento de
Acción Social Universitaria

Etica, por el Lic. Genaro Salinas Qui-

Primera Vigilia Terrestre

riene de la Pág. 3

Depurada ya de influencias inmediatas, Primavera en Eaton Hastings
ofrece elegías en que la nostalgia y la
cólera se conjugan en el brillante marco de una naturaleza renacida, abierta
por igual al recuerdo, al odio y al
amor, en la que colores, aromas y plantas avivan el dolor por la patria y los
compañeros desaparecidos:

Para el público . . . . . . . . . . . . $10.00
Movible, romántico, bohemio, la lírica de Altolaguirre ocupa distinguido
lugar en la literatura moderna española, revelando como, pocos la eYolución, el cambio continuo, las opuestas

Los Momentos. • •

Pedro Garfias enmudeció en la poesía casi por completo después de publicar su primer libro. Bastantes años
mas tarde - en plena guerra- dió razón de su existencia con Héroes del
Sur. Pero cuando confirmó su calidad
fué con la aparición de Primavera en
Eaton Hastings. En él, como en tantos otros y contrariamente a la regla
general, la madurez ha revelado al poeta hecho y derecho.

-Tú, en mi solar el extranjero
dios implacable de mi abuelo herido
y de mi madre en la preñez oscura,
díos de mi padre enardecido y rubio,
ampárame.
Posidón emigrado, en este día
póstumo de tu sueño
cruzas el aire, oigo
tu incesante relincho en la meseta,
y miro tu cabeza histórica
violando los relieves fatigados
de inmóviles estatuas
que tu imagen simulan,
la espuma de tus belfos
nieve en la noche palpitante,
las lianas de tus músculos tangibles
ritmo en la fuga al horizonte,
y el sudor donde rielan en tus ancas
el sol cobrizo y la luna inocente.
Terrestre dios mortal,
tú, patriarca, presérvame,
y preserva el destino de mi sangre,
como la tuya, ciega, arrebatada
cuando retumba tu galope
en la música virgen de mi cuerpo
y crece hacia los hijos
y hacia los hijos últimos, perenne
ella sola en su impulso apasionado.

Armas

y

Letras + Pág. 7

Monterrey, Nuevo León,
México.
Con la satisfacción de haber señalado en las breves líneas que anteceden la resolución de una urgencia inherente a la cultura moderna, y esperando recibir en breve de ustedes el
aliento a esta sugerencia, la Universidad de Nuevo León les testimonia las
vivas expresiones de su más alto reconocimiento.

DEPARTAMENTO DE ACCION
SOCIAL UNIVERSITARIA
SECCION EDITORIAL
PUBLICACIONES PERIODICAS

Armas y Letras.- Boletin mensual de
la Universidad. Se reparte por canje a las Instituciones de Cultura, y
libremente a quien la solicite.
Universidad.-Revista. Se distribuye
por cambio bibliográfico a entidades culturales y libremente a quien
la solicite.

Para la adquisición de obras de venta, toda correspondencia y valores deberán remitirse al Jefe del Departamento de Acción Social Universitaria
Lic. Fidencio de la Fuente, Universidad de Nuevo León, Plaza del Colegio
Civil, Monterrey, Nuevo León, México.

�El Problema ...
Yiene de la Pág. 2
no han podido resultar más explicativas y claras de las ideas vagas de su
autor.
Como Lotze han procedido también
muchos otros. Sin estudiar los problemas de manera científica, ellos se han
lanzado en las combinaciones abstractas, fortuitas y han intentado muchas
veces de encerrar en sus sistemas y
explicaciones las cosas que desconocían, de ahí tantas interpretaciones divergentes y estériles de la noción del
valor en filosofía. De ahí también los
errores de los pocos que han tenido la
intuición mejor y que han comprendido el valor de manera general como la
satisfacción de las necesidades.
Así por ejemplo, el concepto de valores absolutos de Kant resulta defectuoso porque él no explica suficientemente qué son las necesidades absolutas, las cuales nos podrían ayudar a
comprender los valores absolutos. Al
igual corno Kuelpe no explica hasta el
fin la relatividad de las necesidades
que se satisfacen con sus valores relativos.
Todo eso ha ocurrido en el pasado,
quizá porque fué admitida la ilusión
de que a la filosofía, como al arte, está
permitido alejarse de la ciencia (especialmente en el terreno axiológico)
más de lo que es realmente correcto.
Sin embargo, a nosotros nos parece
que, deshaciéndonos de las falsas ilusiones de los filósofos anteriores y observando científicamente los hechos,
podemos llegar hasta una explicación
de la noción del valor a toda prueba
cuya utilidad en la práctica puede sólo confirmarse: La esencia de todo valor está en la posibilidad de que se satis{aga alguna necesidad. Este es el
"fondo del fondo del valor" de Heyde.
Eso es que por fin queda en todos los
sentires de placeres de Doering. En
cuanto existe esa posibilidad de satisfacción en cualquier fin de la voluntad, llenen sentido las explicaciones

del valor a base de voluntad, etc.
Cuando examinarnos qué valor tiene
una cosa llegamos siempre a la conclusión de que tiene exactamente tanto y
tal valor cuanta y cual necesidad pueda satisfacer. (Quien logre señalar un
sólo valor que no satisface necesidad
·alguna, derrumbará nuestra teoría).
Pero, corno una cosa puede normalmente satisfacer necesidades distintas
entre si, la determinación del valor depende del punto de vista del cual se
juzga éste. Por ejemplo, un vaso de
agua para el sediento tiene tanto valor
cuanta sed puede satisfacer. Para quien
no tiene sed y donde el agua abunda
el mismo vaso de agua no tiene valor
alguno. Un pedazo de oro tiene para
el dentista tanto valor cuantos puentes
dentales se puedan hacer de él. Para
el extraviado en la selva el oro no tiene valor alguno. Una casa, para quien
quiere vivir en ella, tiene tanto valor
cuanta comodidad le brinda; para
qujen quiere venderla, tiene tanto valor cuanto precio puede obtenerse por
ella. Del mismo modo se explica el valor importantísimo que tiene el dinero.
Ese valor se basa en la circunstancia
de que el dinero se puede convertir en
la satisfacción de las variadisimas necesidades. Sin embargo, donde no puede convertirse en la satisfacción de las
, necesidades existentes, como por ejemplo cuando se trata de los problemas
de conciencia, o si nos encontramos
fuera de la civilización, el dinero pierde todo su valor.
Si vamos adelante y preguntamos
¿qué valor tiene una idea?, la respuesta es la misma. Una idea tiene tanto
y tal valor cuanto y cuales necesidades se puedan satisfacer con ella.
En cuanto las ideas pueden interpretarse en distintos sentidos, de la

determinación del sentido en el cual
se conciba, dependerá la determinación de su valor. Por ejemplo, una
idea técnica en los límites de un problema técnico vale tanto cuanto atribuye a la resolución de ése. Mientras
que fuera del problema al cual se refiere puede no valer nada. Una idea
filosófica para un idiota no vale nada.
Parn un individuo consciente valdrá
tanto cuanto puede contribuir a la satisfacción de las necesidades que le
empujan a ocuparse de filosofía.
En cuanto existe la necesidad para
la realización de las ideas, el valor de
éstas depende de la posibilidad de su
aplicación práctica. Pero también las
ideas prácticamente irrealizables pueden tener valor si satisfacen una necesidad existente. Por ejemplo, cuando
se trata de un juego de imaginación,
de un poema, etc.
Sin embargo, todo eso no quiere decir que todos los valores son subjetivos y relativos en el sentido vulgar de
esta palabra. La experiencia nos muestra únicamente que hay tantos y tales
valores cuantas y cuales necesidades
existen.
Cada valor es relativo únicamente
en el sentido de que depende de posibilidad para la satisfacción de alguna necesidad. Pero un valor puede ser
subjetivo, objetivo o absoluto, según
satisface una necesidad subjetiva, objetiva o absoluta. Los valores objetivos pueden ser tanto físicos corno psíquicos de toda índole, inclusive emotivos. Por ejemplo, para cada ser humano la alimentación y el agua tienen
un valor completamente objetivo, pues
la necesidad para esos elementos no
depende de un criterio individual subjetivo, sino se puede constatar objetivamente en cada individuo de nuestra
especie. Igualmente, entre los fenómenos psíquicos, podernos constatar valores objetivos. Un valor básico de esa
índole es la libertad, que consiste en
la satisfacción de las necesidades de
elegir entre dadas posibilidades. Esta
necesidad la siente cada ser humano
normal. En el terreno emotivo, una
determinada ilusión amorosa, entre fulano y fulana, tiene valor netamente
subjetivo, porque satisface las necesidades subjetivas de determinados individuos. Pero, la ilusión amorosa en
general, tiene un valor completamente
objetivo, porque corresponde a las necesidades emotivas, objetivamente
constatables en toda la especie humana.
Como en total pueden existir tantos
valores cuantas necesidades haya, en
cuanto existen necesidades que no conocemos pueden existir también los
valores que desconocemos.
Por eso la respuesta a la pregunta
de si existe un valor absoluto depende
de si existe una necesidad absoluta o
no. Esto es cosa por investigar.
Cada valor puede examinarse a través del estudio de las necesidades que
puede satisfacer. Si estamos en dudas
sobre el valor de cualquier cosa, podemos salir de éstas determinando las
necesidades que ellas satisfacen.
En cuanto más podernos determinar
la necesidad, que es la base de un valor, en tanto mejor conoceremos a éste. Por eso, por ejemplo en matemáticas, donde tenemos las condiciones
más estrictamente determinadas, no
hay posibilidad de dudar del valor de
una cantidad que satisface una ecuación. Y en general, donde las necesidades son materiales y evidentes existen muy pocas diferencias en los juicios humanos sobre el valor de las cosas que las pueden satisfacer.
En cambio, donde no conocernos
exactamente nuestras necesidades, los
juicios humanos sobre el valor de las
cosas e ideas que podrían satisfacerlas
varia muchísimo. Este es el caso, por
ejemplo, con los valores éticos y sobre
lodo estéticos.

Armas

y

Pero, si en un momento dado no conocemos racionalmente el valor de
cualquier cosa, porque no podernos
deternúnar exactamente la necesidad
en la cual se basa, no está dicho que
no lo conoceremos tal vez en el futuro.
Esto es cierto: el camino para llegar
al conocimiento de cualquier valor no
es la abundancia de palabras vagas y
las especulaciones alejadas de la realidad, sino la exploración sistemática
de las necesidades que forman la base
de esos valores.
Finalmente, ¿de qué depende el grado de un Yalor, qué Yalor es mayor o
menor que el otro?
Siendo cada valor en su esencia posibilidad de la satisfacción de alguna
necesidad, el grado del valor depende
también de las calidades de las necesidades. Pero, como podernos valorizar las cosas interpretando las necesidades existentes de manera objetiva y
de manera subjetiva, hay también dos
criterios distintos, el criterio objetivo
y el criterio subjetivo, para diferenciar el grado del valor.
Juzgando objelivamellte (es decir,
observando las cosas sin la influencia
de las emociones y fines especiales de
la voluntad de alguien) la necesidad
cuya satisfacción nos abre más posibilidades.
Por consecuencia, un valor (posibilidad de satisfacción) tendrá mayor
importancia que el otro, si la satisfacción de la necesidad, que se encuentra
en su fondo, abre más posibilidades
que la satisfacción de la necesidad que
está el fundamento del otro valor. El
grado de un valor depende pues objetivamente de las posibilidades que lle"ª consigo la satisfacción de las necesidades que forman la base del valor.
Por ejemplo, una idea filosófica que
abre las posibilidades de una fructuosa aplicación práctica (o teórica) tiene objetivamente más alto grado de
valor que una aglomeración de palabras elegantes pero confusas y sin posibilidad de sacarse mucho provecho
de ellas.
Por otro lado. juzgando subjetivamente (es decir, juzgando guiados por
las emociones o por fines personales
de una voluntad subjetiva), la necesidad más importante será la necesidad
cuya tensión en el momento sea la más
alta. Por consecuencia, el mayor grado ti ene subjetivamente aquel valor
que posee en su fondo la necesidad de
mayor tensión. Así que el grado subjetivo de un valor depende de la tensión de la necesidad que forma su
base.
Por ejemplo, desde un punto de vista subjetivo, un cuadro, un poema, o
una canción, es bella porque satisface
la necesidad, el ansia estética de uno

para tal interpretación que presenta.
De dos cuadros, subjetivamente juzgando, el mayor valor estético tiene
aquel que con su interpretación satisface más la tensión contenida en la necesidad estética del que juzga los cuadros. En cuanto esta valorización subjetiva corresponde o difiere del valor
objetivo de las obras artísticas (es decir, cuantas posibilidades estéticas
abre objetivamente un cuadro juzgado
o el otro), por ahora podernos determinar sólo muy vagamente, porque los
estetas no nos han explicado todavía
con precisión en qué consiste objetivamente la necesidad estética.
El valor objetivo y el valor subjetivo
de cualquier cosa o idea pueden así
bien coincidir corno no coincidir.
Por fin, ambos criterios del grado
del valor, el objetivo y el subjetivo, las
posibilidades que abre la satisfacción
ele las necesidades y la tensión contenida, en éstas, son aplicables a todos
los valores (sin tornar en cuenta si se
trata de la comparación de ideas con
ideas o se trata de la comparación de
ideas con cosas, etc.).
Concluyendo estas últimas constataciones tenemos una explicación completa de la noción del valor:
El valor es en el fondo la posibilidad de la satisfacción de la necesidad.
La comprensión de cada valor puede profundizarse racionalmente sólo a
traves del estudio de las necesidades
que residen en su fondo.
El grado y las relaciones entre los
valores pueden determinarse objetivamente examinando las posibilidades
que se logran con la satisfacción de
las necesidades que forman la base de
esos valores.
Subjetivamente, el valor se puede calificar según la tensión que provoca la
necesidad que lo origina.
Estos conceptos, según mi opinión,
no se pueden llevar a ninguna dificultad lógica, como las demás explicaciones del valor que conocernos. Estos
conceptos son basados en los hechos
empíricamente comprobables y son
completamente aplicables en todos ]os
problemas de valorización que podemos encontrar en la pr:'tctica y en la
filosofía.
Si esto es cierto, nos hemos acercado al fin de un largo periodo del pensar humano durante el cual fué sumamente fácil de confundir la filosofía
con pura palabrería. Y es de esperarse que se crearán pronto los métodos
científicos con los cuales se podrá clasificar racional y precisamente el valor de cada filosofía. Con eso se abrirá al mismo tiempo el camino para
una más justa y correcta valorización
de los problemas prácticos que se
plantean ante los hombres.

Marti, Crítico de Arte
Viene de la ta. Pág.

hacer obra de insectos. Así se ha ido levantando la capa de la
tierra: en hombros de gusano. Así se va construyendo también
el mundo espiritual. El ser humano, coronado de una extremidad de resplandores angélicos, se arrastra en la otra extremidad
como gomosa oruga".
Sabemos ya que en Martí hubo un aprendizaje metódico,
desde el banco de la escuela de Mendive hasta las aulas de la Universidad de Zaragoza donde amplió y sistematizó sus conocimientos. .Y después_, su disciplina de maestro, que es la mejor para
aprender profundamente las cosas y para verlas en su sustancia.
Maestro por vocación, por necesidad de aprender, tanto como
de enseñar, por espíritu definidor que busca definirse a sí mismo.
Maestro desde niño, lo es también de hombre. Lo fué en España, en Guatemala, en la Habana, en Caracas. Lo fué en su misma casa, maestro insuperable de María, la niña que endulzó la
soledad y la tristeza de su corazón roto. Y aprendió y enseñó de
por vida a comprender el mundo, desde las capas humildes en
que se afianza hasta la luz que corona su creación.
F. L.

Letras + Pág. 8

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                <text>Es una publicación trimestral editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León a través de la Editorial Universitaria. En las páginas principales de Armas y Letras se incluyen textos literarios, particularmente poesía, narrativa y ensayo, de escritores destacados de la localidad, nacionales e internacionales. Inició en 1944 de manera mensual, se mantiene activa en soporte físico y digital.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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              <text>Es una publicación trimestral editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León a través de la Editorial Universitaria. En las páginas principales de Armas y Letras se incluyen textos literarios, particularmente poesía, narrativa y ensayo, de escritores destacados de la localidad, nacionales e internacionales. Inició en 1944 de manera mensual, se mantiene activa en soporte físico y digital.</text>
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              <text>Departamento de Acción Social Universitaria</text>
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              <text>Literatura mexicana&#13;
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              <text>Historia crítica&#13;
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              <text>Arte mexicano&#13;
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              <text>Narrativa&#13;
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              <text>Ensayos&#13;
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              <text>Poesía&#13;
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      <name>Crítico de arte</name>
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      <name>Historia de México</name>
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      <name>Manuel Calvillo</name>
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      <name>Martí</name>
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      <name>Poesía</name>
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      <name>Radijov Stankovich</name>
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