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                  <text>•

Organo Mensual de la Uníversídad de Nuevo León
Hegtstrado como artic-ulo &lt;le 2da. clase en la Arlministración rle Correos de Monterrey, N. L., el 20 de abril de 1944

D. A. S. . U.

AÑO XI

NUM. 8

ACOSTO DE 1954

Rubén Darío yel Modernismo en
la Literatura Hispanoamericana

Ánlonio

José Ma. CASTRO CALVO.

Rostro con expresión de extrema sencillez;; afable y al mismo tiempo severamente patriarcal; con ojos de mirar suave, que
se iluminaban cuando de la boca, de labios finos, salía el consejo
oportuno, la observación precisa o la conclusión exacta. La fren•
te amplia enmarcada en pelo encanecido y ralo, peinado hacia
atrás. El cuerpo encorvado por los años, cuerpo que antes fué ro•
busto, como de campesino; así era don Antonio Moreno.

Cuando Alberto Ghiraldo en 1932 publicaba su edición de
Rubén Darlo, la poesía había emprendido una rápida virada
iniciada después del centenario de Góngora, por el cauce siempr~
desbocado de la liberación de la forma y el deslinde de la idea y el
sentimiento. Fué ese uno de los últimos aldabonazos de la obra
rubeniana qu~ iba emp~lideciendo en el decurso del tiempo; pe•
ro nunca podia renunciar a su papel de trpnco y raíz de la crea•
ción poética moderna, sino que en ella se hallaban en levadura
muchas de las aspiraciones que luego cristalizaron en las últimas
tendencias.

No solamente Monterrey, ni solamente la Universidad de
Nuevo León, ha perdido a uno de sus más altos ,,alores culturales, sino el norte del país ya no tiene al maestro distinguido, al te•
Desde entonces, siempre por el canaz; batallador de las lides docentes, al autodidacta y polifacético mino de la poesía Rubén Darío nos va
hombre que para vivir tuvo que luchar diariamente, para culti• pareciendo un c1ásico, como hoy ya
casi nos lo parece el propio Alberti,
varse, hizo inauditos y personalísimos esfuerzos; que p~ra servir pasando
por el arco triunfal y giganera como un padre de todos los estudiantes y principalmente de los tesco de Salvador Rueda y Juan Ramaestros o aspirantes a tales; y para trabajar, era uno, de una so• món, pletórico de sentido arquitectóla pieza, sin horas, porque a sus labores no las medía con la cro• nico y con tristeza de tiempo pasado.
nométrica dictadura del reloj, ni podían estimarse como las vul- Por estar demasiado insertos en la
que viYimos, acaso resulta digares cosas materiales que se miden a cordel o se pesan o se cuen• época
ficil alejarse y desinteresarse de la
tan por volumen. El trabajo del maestro Moreno era el de esos a creación rubeniana y contemplarla en
quienes cantó Urbina, que siembran granos de verdad y de espe- lejanía critica. A Rubén lo amamos
ranza en los corazones humanos, que con mano adusta dejan porque ]o leimos en nuestra juventud,
éaer el grano en el surco abierto, y sin saber si quien lo recibe es porque pobló nuestro mundo poético
de buena o de mala tierra, depositan la simiente que sí saben es juvenil de princesas, cisnes y lagos silentes, envueltos en delicada nota snobuena, y no esperan la cosecha porque la dejan para el futuro.
bista. Pero nuestra mayor estimación
Antonio Moreno nació en Los Rodríguez;, jurisdicción de se relacion_a intimamente con su amor
Villa de Santiago hace 74 años era hi1'0 de don Gil Moreno y . a lo espauol, tantas v_e.ces p~esto a
.
'
'
prueba y aflorado aqm y alla, entre
dona Apoloma Garza de Moreno.
las singladuras de su trayectoria poeVino a Monterrey a estudiar para maestro auxiliado y esti• tica. Quiero decir que amamos ª Ru'
- d
d
'
,
d
bén, en fin, porque ya lo hemos remulado p.or d on Sera f m Pena, on Lean ro Marroqum Y on
eado en el fondo de nuestras almas
Gaspar Fernández y en 1902 obtuvo su título en la gloriosa Es- ~~nde surge amable y nostálgic~, co~
cuela Normal de Nuevo León, junto con Jesús Colunga, Francis- valor y perfume de recuerdo. Quizá
co Pérez;, Faustino Quiroga, José Gonz;ález, Santiago Garza Flo- por ser un poeta que si no alcanzó la
res, Emeterio Lozano, Miguel Rosas, José B. Martínez, Juan Do- popularidad por lo menos tuvo la ha,
b h
J 'M y D'
A ¡· A L
b1hdad de mhltrarse en el mundo de
mmgue~,, A dra am Mora, ose ª¡• . • iaz; y urefw ·, eona, los selectos, viene a ser uno más en la
generacion e maestros que con e tiempo se trans ormo en un lírica española; torrente que fluye sin
conjunto de verdaderos valores, uno por los altos puestos direc- cesar, ora manso, ora furioso, desde el
tivos que han ocupado, otros por la brillantez; de su actuación, los mundo de los recuerdos, al mar de las
más, porque no han dejado, en 52 largos años, la fatigosa docen• esperanzas.
esta razón la lírica es una de las
cia que for1·a espíritus, que crea h om bres y estructura a la Patria. mitsPorpersfatentes
fisonomías de nuesY principió el joven maestro Moreno a cumplir con sus altas y nobles tareas yendo a los municipios nuevoleoneses a llevar
el pan 'de la escuela a los niños rurales; pero después, su constan•
te estudio y su autodidactismo, que lo hicieron maestro por anto•
(Pasa a la Pág. 8)

tras letras bajo el prisma clásico o el
romántico; la forma no enturbia esta
secreta energía.
El romanticismo, que había Yenido
a libertar a los poetas de formas clásicas y ofrecer una nueva ,•isión de la
historia y la leyenda de la Edad Me-

dia, dentro de una mayor expresión
del sentimiento, no fu.é, con todo manifestación equilibrada, donde los diversos factores del poema concordaran por igual; el subjetivismo luchaba
con el mundo clásico, en un ritmo irre~
gu.Jar, pleno de interferencias. Si el
espíritu clásico había sido la sumisión
del yo al canon, el romanticismo pre•
gonaba el triunfo del ocentrismo; el
yo daba la pauta del mundo exterior
Y cósmico. La reacción naturalista
después y por último la producción
neorromántica, no fueron sino fases
del desenvolvimiento de la, poesía, para llegar, en el umbral del pr-esente siglo o en los vagidos del último, al
triunfo total del modernismo, en el que
Rubén tomó parte tan activa.
El modernismo se nos aparece hoy
_ en principio, como una nueva forma
de revolución poética que tiene su origen en un constante afán de descubrir
nuevas formas poéticas, liberandu la
creación estética de todo yugo preceptual.
La literatura española, allá por los
años de 1830 a 1868, aun en los vaivenes de su espíritu de innovación, no
sale del solar de lo nacional, haciéndola por nuestra ·y para nosotros, muy
íntima y cerrada en el ámbito español,
tan permeable por otra parte a sugerencias extranjeras. Notable es el ca-.
so de Bécquer, admirado y popularizado J'a en su vida, como Espronceda
o Campoamor, pero difíciles de cruzar
fronteras, en tanto que Heine o Byron
entraban triunfales en las letras españolas. Cassou hace notar que le faltaba romper un poco el enrarecimiento
o lo que Valbuena Pral ha llamado

Pasa a la Pág. 2

�Rubén Darío y el Modernismo:...
(Viene de la la. pág.)
''hermandad en espíritu y forma con
las otras literaturas europeas''.
Cn no,·elista y poeta de la generación ele 1868, don Juan Valera, dió a
conocer a Rubén Da río; pero su obra,
preciso es afirmarlo, adquirió carta
de n~turaleza en la generación del 98,
que en su afán de revisar críticamente

valores literarios, entró con entusiasmo en el modernismo. Se hizd desde
entonces credo político el afán de reno,·ación para llegar a la poesía por
otros caminos, desp~rtando sensaciones nuevas y nuevos sentimientos, descubriendo el valor musical de la poesía, y 1 la evocación de las imágenes y
el triunfo de la intuición, como el secreto núcleo del misterio poético, donde radicaba la fuerza total de la creación literaria.
La reYolución modernista, entusiasmo de unos, fué asombro y temor de
otros. Lo que el modernismo signifi-

caba para los retrógrados del arte puede Yerse en la opinión de los que sólo
vieron la sutil expresión de un arte
enfermo y quebradizo, comparado con
la reciedumbre clásica. Para inuchos
era pecado de leso arte, Baudelaire
con sus paraísos artificiales, Poe con
su imaginación iluminada por la tenue

llama del alcohol o Verlaine con su
bohemia 1rasbumallte y sórdida. Sin
embargo, la critica ecuánime descubría que no fué éste un error del modernismo, ya que de su discordancia
entre ]a vida y la obra nació un arte
amable y en el fondo, los cantos de
bohemia no corrieron pareja con la

realidad de la vida de los poetas. El
germen de la decadencia aparecido en
el modernismo apuntaba en el afán de
elevar ]a obra poética a un plano superior, quizá por e] camino impasible

pretendido por Catulle Mendés, pongo
por caso al desarrollar los dos elementos esenciales de la poesía: el sensorial
y el sensitivo.
Quiérese decir que la poesía a partir del modernismo desboca y desen-

frena el Pegaso del subjetivismo. La
sensación fina y quintaesenciada es el
resorte subjetivo para despertar la
emoción; la intuición, el valor cognoscith·o y la armonía imitativa, formas
de expresión. Era preciso impresionarnos sensorialmente, despertar sensaciones especialmente ópticas y acústicas., por medio de la palabra; era
preciso romper el misterio, dejándolo
suavemente velado por la intuición. Y
asi se comprende que toda la gama de
poetas modernistas -simbólicos, coloristas. decadentes o parnasianos-,
cultivaran el elemento base de la obra
poética: la palabra; pero no ya en sentido etimológico o semántico, del cual
se sirven cuando discurren por el cauce de la lógica, sino como objeto cromático y musical; aquellas cualidades
primeras que Milá y Fontanals decía
que residían de continuo en las cosas,
en tanto que las otras eran variables.
Para los modernistas, pues, la palabra
tiene valor de color y sonido. La fonética y la cromática van unidas a la
música; establecen una correlación
entre la sensación óptica y la acústica,
tan estrecha a veces que la una puede
despertar a la otra. Un sonido da la
sensación de un color; asi, dijo Gautier, que la palabra aire, tiene colot
azul, la voz triunfo es de color de púrpura, mujer es rosa, violín completamente blanca, y René Ghil en su Traite
du l'erbe:· "Las arpas son blancas y
azules los violines". Por otra parte el
color puede dar la sensación de soniw

do. La Pastoral de Beethoven para
unos evocará la pradera extendida en
una mancha verde salpicada de rojo

del clavel y de la amapola, del violeta
de esta flor; del amarillo de la margari1a, bajo el azul del cielo, que se relrata en el cristal bruñido del arroyo;
para otros Las Hilanderas de Velázquez, representa el murmullo de la
rueca que gira, el chirrido de la devanadera que tornea, el -conjunto sonoro de la que canta con la que grita,
la que suspira con la que reza, el ronquido del perro que duerme y el silbeo del viento que sisea entre ropas,
maderas, piedras y carnes. Este trasiego y fusión de sensaciones los conoce el poeta y sabe poner_en juego· los
resortes psicológicos de su arte para
despertar el mundo de Jos r.ecuerdos
repleto de imágenes ópticas, y cualquier cosa, aunque en sí no sea de naturaleza cromática, despierta los eromatismos almacenados y los evoca y
combina por un procedimien1o automático, y por consiguiente, ínvoluntario; mientras que" en los tipos auditivos del segundo ejemplo predominan
las imágenes auditivas y están adiestrados en la combinación de todos
aquellos estados de conciencia dominados por la sonoridad, y cualquier
cosa, aunque en si no sea de naturaleza musical, despierta los sonidos y
los combina por el mismo procedimiento de automatismo cerebral. ,

el elemento subjetivo, porque no es la
lógica lo que el poeta canta, sino la
vida, , aunque no es la vida lo que da
estructura al poema, sino la lógica. Esta verdad turbiftmente vista, o vista a
medias, divide todavía a gran parte d~
los poe1as modernos en dos sectores
antagónicos; la de aquellos que pretenden hacer lírica al margen de toda
emoción humana, por un juego de imágenes, lo que no es en el fondo, sino
un arte combinatorio de conceptos
hueros, y la de aquellos otros para
quienes la lírica, al prescindir de toda
estructura lógica sería producto de los
estados semicomatosos del sueño. Son
dos modos pen·ersos del pensar y de
sentir, que aparecen en aquellos momentos en que el arte -un arte-, se
desintegra, o como dice Ortega y Gasset, "se deshumaniza". Un análisis
posterior nos hace reflexionar que más
que deshumanización es una intelectualización del arte, el fenómeno del
modernismo.
En el umbral del modernismo, cabalgando por la fina crestería de cimas líricas, llegaba a España Rubén
1larío, en una hora decisiva para la
metrópoli. Rodó había afirmado que
no era poeta americano, y tenía razón;
Darío era mucho más que eso; era
poeta de la hispanidad, como hoy lo
afirma con emotiYo entusiasmo Arturo Capdevila. Entre la vieja patria que
desin1egraba su imperio y las colonias
que demandaban la independencia, sino existía ya el ir y venir de los galeones del 1an cacareado oro de Indias
vibraban al unísono los _espíritus selec-

Este fué a mi juicio el gran mérito

tos de allende Y aquende del Océano;

del modernismo. No olvidemos que la
poesía de todas las épocas ha pretendido una franca permeabilidad y transición de un mundo psíquico a otro;
canje de vivencias, en último térmiilo.
Lo menos hermético de la psique humana ha sido este milagro de la poesia, por el cual se conoce y 1ransvasa
el mundo interior, claro o difícil, pi,:-eñado de enigmas de la subconsciencia,
o de las cálidas corrientes del recuerdo. Esto abarcaba en el modernismo
desde el conocido soneto de Rimbaud,
verdadero triunfo de verbocromía, hasta el .4rt poetique de Verlaine, fina dec-laración de ]a música, a los sutiles
collages de Aragón o André Breton, en
nuestros días, en que se busca la plena
liberación ch::I contenido intelectivo y
emocional.
Pero este mundo íntimo aparece
muchas veces ceñido y obscuro en la
poética modernista. "Nombrar una cosa ---escribe Mallarmé-, es suprimir
las tres cuartas partes del deleite que
produce la poesía, el cual nace del gusto que hay en ir adivinando las cosas;
sugerirlas, he aquí el ideal. En el perfecto empleo de este misterio consiste
el símbolo; evocar poco a poco una
cosa para mostrar el estado del alma,
o al revés escoger una cosa y sacar de
Q-J.la el estado del alma por una serie
de intuiciones". Pero este deseo de sugerir los objetos estéticos en vez de
nombrarlos, es propicio para hundirse en tupida nebulosa, donde las cosas
se pierden en el tono gris de la esfumación, tan grata a Verlainc. Y, como
según l\fesser, el objeto estético no es
en sí, sino que sólo tiene carácter de
tal, en relación al sujeto, claro es que
rl modernismo reconoció la potencia
abstractiva de esa transmisión de biencs estéticos, que supone la poesía.
Gran opinión ]a de Antonio Machado,
cuando refiriéndose a los versos del
poeta Moreno Villa, al determinar el
valor de las imágenes líricas en la poesia modernista, es1ablece dos clases de
imágenes: unas que expresan conceptos y otras que expresan intuiciones.
Las conceptuales tienen un valor lógico; ]as intuitivas son elementos característicos de los poetas simbolistas. O
sea el pensamiento Y sentimiento, el
cuerpo Y el espífitl;l. Siendo necesario

borremos cuestiones políticas y callemos lamentaciones baldías; ciñámonos
a hechos estéticos; en el modernismo
de Dario comenzaba la solidaridad de
almas, en su misión universal, ecuménica. Había, sin embargo, una varíante manifiesta; ya no eran solamente
nuestros escritores. que iban a Indias
como antafi.o, sino aquellos otros del
nuevo mundo que volvian, para traer
entre las cuerdas de su lira, un poco
del entusiasmo Y la fe, que florecian
entre las selvas ,,irgenes hacia la que
un día fué madre patria.
Es curioso considerar el paralelismo
que entre un pueblo viejo y otro joven
surgió en la hora del modernismo. Camo todos los moyímientos literarios,
científicos o políticos, el romanticismo llegó retardado, arraigó en lo que
pudo y al ·primer clarinazo del modernismo -que no ,,enía de España sino
de Francia-, sucumbió con el enardecimiento de un pueblo joven. El Evangelio del arte por el arte, fué en la
América española, una realidad. "Baudelaire babia dicho, y sus apóstoles lo
repetian por el vasto mundo, que la
poesía no tenia más objeto que si misma, de 1al modo que ningún poema superaría nunca al escrito por el mero
placer de escribirlo, al paso que quien
persiguiese un fin moral en su poema
disminuiría su fuerza poética, y en definitiva, el poema le saldría malo". Se
patentizaba con esto una especie de
arte, sin pizca ele sentido moral, sin
esa fusión ética-estética, que aun en
medio de los bandazos dislocados, pero isócronos del romanticismo espafiol, nublaba las mentes angustiadas
por el sentimiento, desde Gustavo
Adolfo BCcquer hasta Espronceda. No
es que la moral fuese un imperativo
categórico al modo kantiano, sino la
norma de una conducta, la posicióll
del espíritu frente a su obra de creación.
Este truncamiento era lógico que a
la inversa de otros movimientos literarios que habían salido del corazón de
Europa y llegado como dulce oleaje a
Occidente, origi'.µario sin duda alguna
de Francia, recalase en América y desde allí comenzase la conquista de la
lírica española. El modernismo se ini- ·
ció en Méjico, pero tuvo precursores

Armas

y

Letras + Pág. 2

tamlíién en la Habana y en Colombia.
Y antes de llegar a Rubén Dario, es co-

Sociedad Mexicana de Física

mo un fenómeno rutilante y misterioso
que en la noche- oscura de la poesía va

encendiendo las bengalas de sus Ju- ciérnagas. Es por ejemplo la obra de
Guido Spano y la de Justo Sierra encargado de podar ]a ~locuencia vana,
es Julián del Casal, Gutiérrez Nájera,
Silva o Martí, como un puente que
abarcase los últimos vagidos del romanticismo y ]a poesía modernista.
Casal nos sabe a romántico en aquellas

,

CONVOCATORIA

Se procederá a imprimir la Memoria del Congreso tan pron•
to como éste termine, y sólo se incluirán en ella aquellos trabajos
La SOCIEDAD MEXICANA DE FISICA convoca al Pri- y conferencias que se ajusten al Reglamento y que sean entrega,
mer Congreso Nacional de Física, que se celebrará en la ciudad dos por los Relatores a la Comisión Organizadora durante la
de Guadalajara durante los días del 5 al 10 de Septiembre de Asamblea Plenaria final del Congreso. La Memoria se remitirá
1954.
a todos los Congresistas a fines de 1954.

estrofas de la desolación:
1\'adie extraíie mis ásperas querellas.
Mi vid{l atorrri.' entada de rigores,
es un cielo que nunca tuvo estrellas,
es un árbol que nunca tuvo flores.

ANTECEDENTES

El dolor de Casal ahinca en el espíritu del romanticismo; es la desesperante ansiedad de haber nacido en un
siglo tumultoso. Pero con todo no es
el poeta más representativo entre los
modernistas hispano-americanos. Es
José Asunción Silva, el aristócrata del
espíritu, el que ha bebido en la clara
poesia de los cuentos y ha sentido un
hondo y patético estertor por el fnturo. A Jo largo de su vida, estos nítidos
entusiasmos, fueron enturbiándose con
las tinieblas de una concíencia angustiada y agnóstica. Silva fué siempre
un poeta de meditación interior; su
mundo era la proyección esotérica de
todo en su propia conciencia, de lo
que, como en...Ja caverna de Platón, al
reconocer que eran tan só]o apariencias, se convertían en acerados flagelos de dudas y desconfianzas. Se hundían. en su conciencia, sumergida en el
caos, el amor, la fe, el trabajo; quedábalc único asidero el arte.

Si quieres vivir muchos años
y gozar de sallld cabal,
ten desde niño desengaños,
practica el bien, espel'a el mal.
Concibe al fin el poeta la contemplación de constelaciones en la noche
quieta y sosegada. No es el primer
poeta que sienté el hechizo de las estrellas; los dos Luises habían contemplando la serena paz para crear una
de las más bellas interpretaciones poéticas de la sophrosyne, o bien para
concertar Ja armonía de la creación,

en la folroducción al símbolo de la fe.
Pero hay un abismo entre esta serenidad fría, de muerte y negación, con

aquella otra que era quietud del alma,
en los escritores castellanos:

Una noche,
una noche toda llena de murmullos,
de perfumes y músicas de alas,
Una noche,
en que ardían en la sombra nupcial y
húmeda las luciérnagas fant4sticas.
Y por más que en este nocturno exista la llama de la intimidad por Elvira

o por Maria Baskirtseff, o fnndidas
ambas en una misma imagen, es lo
cierto, que un frio de muerte ·cruza
por toda su poesía, presintiéndose el
pistoletazo que puso fin a su vida.
Quien vivió socavado por la angustia
del misterio no supo, con todo, presagiar al más supremo de todos que comienza con la muerte. El cierre dolo-

roso de la vida de Silva lo incorporaba
todavía al romanticismo. La vida muelle, el estro sencillo y aristocrático· a
la vez, el espíritu dieciochesco, en suma, del Duqtte Job, Gutiérrez Nájera.
se aproximaba mucho más al modernismo, como Jo fué en la trilogía de
sus heroísmos Salvador Díaz Mirón al
decir:

Tres heroísmos en conjunción:
el heroísmo del pensamiento,
el heroísmo del sentimiento,
Y el heroísmo de la expresión.
Pasa a la Pág. 6

1

REGLAMENTO Y PROGRAMA

El Reglamento se dará a conocer en julio de 19 54 y los Pro•
La Sociedad Mexicana de Física, fundada el 15 de Agosto
gramas
de trabajos, ponencias, conferencias y festejos se darán a
de 1950 se propone la celebración periódica de Asambleas y
Congresos de Física con el fin de dar a conocer los progresos de conocer durante la segunda semana de agosto.
esta ciencia, impulsar la investigación pura y sus aplicaciones,
INSCRIPCION, TRANSPORTACION, ALOJAMIENTOS
impulsar la enseñanza de la Física, estrechar las relaciones entre
todas las personas interesadas y fomentar su agrupación.
Todos los asambleístas deberán pagar las cuotas de inscrip•
ción que serán las siguientes:
AUSPICIA EL CONGRESO
a).-Socio solo: $40.00.
b) .-Socio acompañado de su esposa: $60.00.
El Sr. Lic. Don Agustín Yáñez, Gobernador del Estado de
Jalisco.
Los alojamientos que ofrece el Gobierno de_Jalisco se asignarán a los 40 primeros socios que se inscriban, como sigue: 20
alojamientos para 20 Socios que vayan a asistir solos y 40 aloja,
PATROCINAN EL CONGRESO
mientos para 20 Socios que vayan a asistir acompañados.
Las personas que deseen asistir al Congreso que sean miem•
La Universidad de Guadalajara, la Sociedad Mexicana de
bros
de
la Sociedad o que presenten su solicitud de miembros, en
Física y la Secretaria de Educación Pública.
el momento de inscribirse deberán exhibir sus comprobantes de
pago de cuotas del año de 1954, como socios titulares.
SE INVITA
Las inscripciones se iniciarán el lunes 19 de julio de 1954
con la Srita. Tesorera de la Comisión•Organizadora, Profa. Ma.
A todas las ,Instituciones Educativas del país, a todos los de la Luz Barraza, días de inscripción: lunes, miércoles y viernes,
profesores y profesionistas interesados en el progreso de la Física
de las 19:15 Hs. a 20:15 Hs. en la Conserjería de la Escuela N.
y que deseen afiliarse a la Sociedad Mexicana de Física, y a los Preparatoria (San Ildefonso 47, México, D. F.).
miembros de dicha Sociedad.
Para los Socios foráneos sóló se admitirán las cuotas de ins•
Los asambleístas serán:
cripción que lleguen por giro telegráfico a partir del 19 de julio
a) .-Los miembros de la Comisión Organizadora y del de 1954, al Apdo. Postal 22114. Los giros, cheques, etc., deberán
Comité Local.
ir a nombre de la Srita. Tesorera.
b) .-Los miembros de la Sociedad Mexicana de Física que
. Una vez ocupados los 60 lugares indicados, las demás perso•
asistan a la asamblea.
nas que deseen asistir al Congreso pueden remitir su cuota por la
c) .-Los delegados de las Instituciones Científicas o Educa•
vía postal o entrevistar a la Srita. Tesorera. Se ruega a aquellas
tivas de la República invitadas por la Comisión Organizadora y
personas
que piensen asistir, pero que no deseen inscribirse sino
por el Comité Local.
hasta última hora, que lo manifiesten así a la Comisión Organi•
d).-Las personas que oportunamente presenten su solicizadora para que se les reserve lugar en las actividades de carácter
tud de.miembros de la Sociedad.
social.
Los miembros de todas las categorías deberán colaborar con
Informes sobre transportación, trabajos, conferencias, etc.,
su cuota de inscripción, y están invitados a todos los actos oficia•
con los teléfonos 27-34-61 y 18-60-77 o con el Comité Local.
les y a todos los festejos de la Asamblea. Igualmente, los 40 pri•
meros socios que se inscriban tendrán derecho a disfrutar de alojamiento sin costo alguno, que ofrece el Gobierno de Jalisco en Presidente Honorario del Congreso
Lic. Agustín Yáñez, Gobernador del Estado de Jalisco.
los mejores hoteles de Guadalajara.
Serán recibidos todos los trabajos que presenten las perso• Presidente Honorario del Comité Local:
nas que asistan a la Asamblea, dentro de las siguientes secciones:
Lic. Guillermo l&lt;.amirez Valadez, llector de la Universidad
a).-Trabajos de investigación sobre física pura.
de Guadalajara.
b).-Trabajos de investigación sobre física aplicada.
c) .-Trabájos sobre asuntos educativos de física.
Presidente Efectivo del Comité Local:
d) .-Trabajos di versos y ponencias.
Prof. Ernesto Venegas Serratos.
A todos los Socios y personas que deseen presentar trabajos
se les ruega indiquen los títulos respectivos al Presidente de la Presidente de la Sociedad Mexicana de Física:
Dr. Carlos Graeff Fernández.
Comisión Organizadora tan pronto como reciban esta Convocatoria, con el objeto de redactar el temario detallado antes del 25
Presidente del Consejo Consultivo:
de julio.
Dr. Manuel Sandoval Vallarta, Subsecretario de EducaciÓR
El texto de cada trabajo deberá entregarse, acompañado de
Pública.
un resumen en una cuartilla a doble espacio, a más tardar el 5 de
agosto, para poder publicar esos resúmenes a mediados de agosto.
No se limita el número de trabajos que pueda presentar ca- Presidente de la Comisión Organizadora:
Ing. Salvador Mosqueira l&lt;.., Secretario General de la Socieda asambleísta, y dichos trabajos sólo estarán sujetos en exten'.
dad Mexicana de Hsica
sión y en tiempo de lectura y discusión a lo que marca el Reglamento.
PRIMER CONGRESO NACIONAL DE LA SOCIEDAD
Los trabajos deberán presentarse escritos a máquina en hoMEXICANA DE FISICA
jas tamaño carta, a doble espacio y por una sola cara, en original
y una copia. Tanto el original como la copia deberán ir acompa•
'
iiados de las tablas, fotografías, etc., que se necesiten. Todos es• México, D. F., 25 de junio de 1954
tos requisitos son indispe_nsables para turnar los trabajos a la CoGuadalajara, Jal., 5 al 10 de septiembre de 1954
misión de Publicaciones.

Armas y Letras + Pág. 3

'

�Francisco M. ZERTUCHE.

I

Media centuria después de haber aparecido la obra descriptiva de Francisco Cervantes Salazar ~léxico en 1554, las prensas
del impresor novohispano Melchor Ocharte dan a luz un extenso
poema epistolar, La Grandeza Mexicana, del Bachiller Don Bernardo de Balbuena.
Aunque ambas obras pertenezcan al gén.ero descript~v? Y
sean en puridad una exaltada laudanza de la Cmdad de Mex1co,
son escritas con diversa intención. La primera obedece a un pro•
pósito didáctico dentro del primigenio ambiente doc~~~e de Real
Universidad de México nutrida por la exuberante VISlon de una
ciudad resurgida, en t~nto que la segunda, también infl~~da
por la contemplación de la belleza urbana, es un alarde retonco
y erudito de su autor, joven estudiante deslumbrado por la mue•
lle y complaciente hermosura citadina.
Balbuena se aparta en esta obra del
tópico latente y tentador de la Conquista, que había tenido en Cortés,
Bernal, -Terrazas y Saavedra Guzmán
sus mejores Cultores. Se aleja también
de los temas filológicos, catequísticos
y dramáticos del siglo anterior, para
entregarse al encomio de las excelencias de la capital virreinal, flor de ciudades.
La Grandeza Mexicana habla por su
solo titulo: es lo grandioso, de la ciudad, en oposición a lo pequeño, mezquino, de' los pueblos; las delicadezas
de la Corte que le hacían despreciar
las miserias del cortijo. México era,
por entonces, la ciudad más bella de
todo el nuevo orbe; el corolario de
una buena política que toma en la
cuenta los antecedentes geográficos e
históricos al reestructurar la vida de
una capital; qu e adapta y adopta formas arquitectónicas; piedras vetustas
incrustadas en edificios nuevos; motivos indígenas ap1icados a la ornamentación de los palacios; de lujo, resultado
de una riqueza que desborda de instituciones perdurables, templos y fundaciones piadosas y se derrama en las
calles donde los corceles son también,
por el brillo de sus jaeces, y por los
gallardos jinetes, ornato y decoro, y se
manifiesta, no sólo en las fórmulas tradicionales de la cortesía sino también
en el suave trato, en las exquisitas maneras de la gente.
lJn esquema sumario de los nueve
incisos de la obra de Balbuena podrá,
acaso, acercarnos un tanto a su contenido.
J.~Después de la salutación a la dama a quien la epístola va remitida, comenta el poeta su linaje y lucientes
virtudes; y para obsequiar el compromiso que con la corresponsal contrajo,
describe la grandeza de México restaurada, ahora, a usanza española, asentada sobre una deleznable epidermis de
tierra, sobre el limpio cristal de sus lagos que la refrescan con su brisa y hacen agradable su clima, aunque esté
sobre el trópico. Torreados edificios
y mansiones señoriales de conquistadores y funcionarios de la Colonia;
paisajes de encanto, floridas huertas,
tersos jardines, llanos; calzadas llenas
de gente que trasiega, peregrina de remotos países y de distintas lenguas
que ebullen en calles, acequias, caminos y barcas. Aquí la ambición fué el
móvil para efigiar la nueva metrópoli;
el ingenio alcanzó el arte de construir
la ciudad sobre el agua.
11.-En el segundo apartado Balbuena se refiere al brío del español y con-

sidcra los temas del descubrimieqto y
la Conquista. Alude a una historia heroica de la ciudad con l~ que piensa
pagarle cuanto le debe; y a las obras
literarias del poeta -una concluida,
otra e.n trance de redacción-: El Siglo de 01·0 en las Selvas de Erifile y
El Bernardo o Victoria de RoncesvaUes. Liga esta parte con el paréntesis
sobre el interés; habla de ciudades antiguas y vuelve a México, a las ca1les
bien trazadas, los templos .de la ciudad
renovada, enriquecida de arquiteCtura
clásica; y elogia, en general, sus · cualidades.
IIl.~El argumento del capítulo tercero, se titula así: "CaballoS, calles,
trato, cumplimiénto.-Es un cortesano
elogio de estos elementos. De manera
erudita el poeta de Valdepeñas encomia la estampa de los corceles montados por gallardos jinetes. El método
im·entarial aparece en los endecasilabos de Balbuena ·d etallando clases y
colores de caballos, mencionando, de
paso, citas clásicas al mencionar personajes de Orlando furioso. Refiere
largueza y opulencia de la ciudad y
habla de la variedad de mercadurías
con que se sustenta y nutr·e su lujo
México restaurada. Exalta la dichosa
paz en que vive.
IV.- En el pasaje cuarto del poema
se empeña a describirnos las industrias, artes y oficios varios de los indígenas vueltos a la nueva civilización.
Refiere la maestría de algunos de ellos,
notables: los Concha, los Franco, los
Chávez, y hace hincapié en los orfebres que labran plata y oro, entre el
jadear de los fuelles. Al condenar •los
pueblos mezquinos, suelta su preferencia sobre la metrópoli, en donde encuentra el señorío de todas las cosas
que ambiciona y hombres eminentes
en artes y ciencias; escuelas, conferencias, doctores, re1igiosos; virtudes, como la caridad; en suma, todo lo bueno.
Y.- En la quinta parte establece más
vivamente el contraste de su nuéva vida. Como ha vivido antes en medios
pobres, fácil era la presencia de la en,·idia. Ahora está rodeado de muelle
dulcedumbre en medio de un ambiente de letras, santidad, perfecci0nes di~
vinas y humanas; saraos, conversaciones gratas y provechosas, paseos; entretenimientos y elegancia; comedias
y modas nuevas; carruajes, afable tra~
to de hermosas y honestas doncellas y
grandes ingenios; opulencia, flotas car~
gadas de metal codiciado; frutas, dulces, caza; músicas, danzas: todos los
placeres deseables.
VI.-La sexta fracción de la epístola

se finca sobre la espléndida fauna Y la
exuberante flora del valle condicionada por tierra y agua fecundas, con el
concurso de árboles y arbustos del
Viejo Mundo.
VIL- En · &lt;,sta describe el gobierno
ilustre de la capital del Virreinato,
mandatario en una tierra en que la naturaleza se entrega toda y es regalo de
los ojos. Los primeros Virreyes reciben los elogios del poeta y la descripción se enriquece con la nómina de
funcionarios y empleados que en armonioso laboreo tejen la complicada
madeja gubernamental. Ahí fiscales,
relatores, secretarios, abogados, alcaides, alguaciles, porteros, cancilleres,
procuradores, almotacenes, otro tiempo ediles, receptores, intérpretes, notarios, y otros de menos cuenta v más
serviles, para hablar con las propias
palabras del poeta.
VIIJ.1 Cumple a la octava secc1on
relatarnos la vida religiosa del clero
secular y regular; sus fundaciones
piadosas, iglesias, santuarios, cofradías, procesiones y ceremonias litúrgicas.
. Aquí se dirige el Bachiller más concretamente a su corresponsal, quien
pretendía entrar al estado religioso:
Comienza, pues, señora, a disponerte,/
que por aqúesta puerta quiere el cielo/ que entres al premio de tu mucha
suerte/ ; - aquí te espera un religioso
,·elo,/ a cuya sombra dormirá tu vida)
y adornará tu nombre y fama el suelo.
IX.- Aparece en esta novena parte
el resumen. Elogia la elocución mexicana al hablar la lengua española: Es
ciudad de notable policía/ y donde se
habla el español lenguaje/ más puro y
con mayor cortesania,/ - vestido de
un bellisimo ropaje/ que le da propiedad, gracia, agudeza,/ en casto, limpio, liso y grave traje./
Alaba a la gente, el comercio, las
artes, la hidalguía, la belleza y discreción de las damas; las cabalgaduras,
los diYersos oficios, los poetas. Insiste
en el elogio de la riqueza y abundancia, las diversiones, los personajes
ilustres, la Universidad , los colegios.
Rememora la gesta conquistadora v la
palingenesia mexicana. Canta a la· Esparla que está en plenitud; celebra sus
hazañas, la coionización y la evangelización de América y epiloga su poema
laudatorio de nueve jornadas ofreciéndolo. a su patria: ¿Mas quién será, inYencible patria mía,/ en mil años, mil
siglos, mil edades/ bastante a ver lo
que de ti podría?/. El poeta aprovecha
el término de su vasta descripción para apuntar su decisión final: el mundo que gobiernas y autorizas/ te alabe
patria dulce, y a tus playas/ mi hu'.
milde cuerpo vuelva, o sus cenizas./
Dicho está que la relación poética
de Balbuena se dividió en nueve partes, cada una de ellas mencionada en
la octarn real dirigida por el Bachiller
a la ilustre Señora Doña Isabel de Tovar Y Guzmán, de la Villa de Culiacán
aparecida en el dintel del poema, co~
excepción del séptimo verso que al
dividir sus hemistiquios, señala, a la
vez, dos jornadas de la arcilla poemática. He aquí la octava: De la famosa
México el asiento / origen y grandeza
de ed!fi~ios,/ caballos, calles, trato,
cumpl~m1ento,/ letras, virtudes, variedad de oficios,/ regalos, ocasiones de
~on_te.nto,/ primavera inmortal y sus
md1c10s,/ gobierno ilustre, religión y
estado,/ todo en este discurso está ci•
frado ./

Armas y Letras + Pág. 4

.La Grandeta Mexicana flié la prime.
ra obra que se publicó del poeta y la
última compuesta por su autor. Desde
el punto de vista de la impresión no
es el trabajo de Balbuena una realización homogénea. El núcleo del libro y
concretamente la parte literaria -p0é..
tica- lo forma un largo poema en tercetos esCritos, como queda ya asenta..
do, en elogio de la ciudad de México.
Por la introducción en prosa del poema
se sabe que Balbuena lo escribió para
una linajuda señora de Culiacán, Doña
Isabel de Tovar y Guzmán, que habla
resuelto o n t r ar en un convento de
monjas de la Capital, después de la
muerte de su- esposo y el ingreso en la
Orden ignaciana de su hijo, que habría
de ser años más tarde uno de sus acen..
drados hijos, al morir en el martirio,

Lo escribió a ruegos de la dama,
quien aspiraba a conocer, al través de
la clásica pluma de Balbuena, la visión
de la ciudad esplendente, en donde
habia de hacer sus votos y tomar el
hábito. En el quinto terceto introductorio dice el galano corresponsal: Oye
nn rato, señora, a quien desea/ aficionarte a la ciudad más rica,/ que el
mundo goza en cuanto el sol rodea. El
poeta se transladó , antes de Doña Isabel a MéxicQ, y alli emprendió la descripción citadina, grávida de hiperbólicas razones que desgraciadamente
deforman la realidad topográfica e histórica.
Adcmi1S de la parte medular o textual &lt;Íel poema y de los preliminares
tradicionales, la edición príncipe consigna, precedentemente, una larga epístola de cuarenta y nueve folios dirigida al Arcediano Doctor Antonio Avila
de la Cadena. Siguiendo al poemario,
aparece un tratado de veintiún folios
titulado Compendio apologético en
alabauza de la poesia. De esta suerte
la edición original de La Grandeza Me-xicaiw es comprensiva de tres elemen•
tos distintos: la epistola al dignatario
religioso, La Grandeza Mexicana propiamente dicha y el tratado poético.
Estos llamados adjuntos ·fueron escri•
tos deliberadamente para ostentar ante la jerarquía civil y .religiosa del Virreinato el cúmulo de erudición de su
autor, que acaso perseguía empleos o
prebendas.
Las primigenias ediciones de la
obra fueron dos: ·una dada a la estampa por Melchior Ochar/e, dirigida al
Ilustrísimo y Reverendisimo Don Frau
Fray García de Mendoza y Zúñtga, Arzobispo de' México , del Colegio de SIi
Majestad. y la otra por la Empresa de
Diego López Dávalos, dedicada al Excelentísimo don Pedro Fernández de
Castro, Conde de Lemos y Andrade,
Marqués de Sarria, y Presidente del
Hcal Consejo de Indias, etc., ambas de
1604, en la muy noble y leal Ciudad de
México.
La Real Academia Española la reeditó en 1821, siguiéndole otra, del 28, ·
29, 37 y 60, del siglo pasado.
En la primera sección de La Grandeza, de 1604, o sea la Carta al Arcediano, Balbuena, impulsado por el•afán
de erudición, emprende la cita de más
de un centenar y medio de autores _Y
obras, llevándonos al recuerdo del prologo del Quijote, donde el amigo de
Cervantes le aconseja que se valga de
innumerables citas para asombrar a
sus lectores. Pero mientras en . el es·
cri tor complutense este procedimiento
es fict(cio y forma parte de la ética
cervantin~, en Balbuena' es un recurso

de su vanidad y pretende el logro de mar. Por más que Balbuena ponderadeterminados propósitos. De esta ra, no había de fraguar lo que no exissuerte, las citas del escritor de Valde- tía. Así es que la Grandeza no tan sólo
peñas, aparecen avalando el contenido debe estimarse por lo que valga como
de sus versos.
poema, sino también como documenDe acuerdo con las propias palabras to histórico, usándole con las. precaudel poeta, éste aderezó las glosas para ciones debidas".
"'decir algo de lo que allí me quitó de
El compendio apologético en alala pluma el riSor de los consonantes".
banza
de la poesía, que es el segundo
Comenta Van Horne que los princiy
último
adjunto del poema comprenpales asuntos, casi todos superfluos si
se mira bien, que el autor trata en su de mayor nllmero de autoridades citacanción y habla de ellos en sus glosas, das que la Carta al Arcediano. A prima
son estos: la garza, el cisne, la nieve y lectura queda la impresión de una
su albura, Apolo, el Laurel, la oliva, el erudición portentosa y de un exhibiincienso, la tiara, Atlante y las leyes, cionismo más acentuado aun que en el
la genealogia de Don García, Faeton- primer anexo.
El argumento del Compendio está
te, el viento del norte, la lira y las siguientes ciudades y regiones de la An- cifrado en el deseo de defender a la
tiguedad: Delfos, Tebas, Corinto, Ar- poesía de sus detractores y asi mismo
gos, Tempe, Efeso, Atenas Menfis, Ro- de los eclesiásticos austeros. Balbuena,
das. Bartolomé José Gallardo, al ocu- como el insigne Fray Luis de León en
parse de la obra de Balbuena, en este la cátedra salamantina cree en el oriapartado, la tilda de solemnemente pe- gen hebraico y, consecuentemente, legítimo de la Poesia; de la relación de
dante.
ésta
con la Música y de la antiguedad
Se ba logrado esquematizar este asde
ambas;
de la sinfonía celeste de las
pecto de la erudición de nuestro autor,
por lo que hace a citas de obras y au- esferas -como en la Oda al ciego de
tores. De las 159 referencias, 90 se re- nacimiento Francisco Salinas-; de la
miten a la literatura pagana, 69 a las belleza literaria de la Biblia; de la Poeletras cristiano-hebraicas. De las paga- sía como aliciente de la virtud; de la
nas, '50 se consagran a los propistas, 40 culpa que tienen los malos poetas de
a los poetas. De las sagradas, 32 pro- la mala fama de la Poesía; del amor a
vienen de la literatura antiguotesta- la Poesía manifestada por los grandes
mentaria 13 de la nueva, 8 de la pa- príncipes; · de los censores de la Poetrística, 11 de autores misceláneos re- sía, de la poesía española.
Balbuena se ciñe estrechamente a
nacentistas y 4 de escritores heráldilas compilaciones consultadas. Mas, es
cos o históricos.
Las fontes de Balbuena son las Sa- justo confesarlo, aparece a las veces el
gradas Escrituras, Cicerón, Ovidio, Pli- enérgico y atrevido autor del Bernarnio, Horacio, Virgilio, Estrábon, Pie- do, ofreciéndonos juicios como estos:
rio Valeriana, Juvenal, Hierónimo, etc. "hasta ahora casi toda la poesía española no es más que una pura fuerza de
Algunas de las citas del poeta se enimaginación sin ir enfrenada y puesta
cuentran en la Polvanthea, de Nani
en medida y regla con las que el arte
Mirabelio, en ]a Hieroglyphica, de Piede su (acuitad pide", y· que la Poesía
ro Valeriano y en el Diccionario Geoes "desde el principio del mun.do alegráfico, de Carolus Srephanus. Empegria y solaz suyo". Interesan también
ro, todo esto nos revela la formación
en este Compendio las alusiones a la
clásica del autor 1de la Grandeza y su
poesía oral altiplánica de México
amor a las letras de la Antiguedad.
- hoy estudiada con tanto acierto por
La obra de Balbuena mereció el co- D. Angel Maria Garibay K.-, y la nómentario de Don Joaquín García Icaz- mina de poetas españoles conocidos
balceta, nuestro Menéndez Pelayo me- del Bachiller.
xicano, del que no podemos eludir su
La Carta al Arcediano y cP·Compenjuicio, por ser definitivo, como el de
John Van Horne, ilustre profesor de dio apologético representan poco valor estético o critico. El único valor
Norteamérica, en estas cuestiones.
que
conservan es el histórico. Supo'Todos hemos leido La Grandeza
nen,
como se dijo momentos antes, el
Mexicana, monumento histórico al par
que literario, donde el entusiasmo poé- empeño de su autor por darse a conotico algo perjudicó a la severa exacti- . ccr ·en el gran mundo del Virreinato,
dirigiéndose al mitrado y al Conde de
tud de ia historia".
Lemos.
"Se ha acusado a nuestro auto~r de
La Suma de la Licencia para)a puhaber exagerado al extre1uo las grandezas de la ciudad de México. Es muy blicación de la Grandeza data de sepposible que el arrebato po~tico le haya tiembre de 1603. Dice asi: El Bachihecho avivar los colores de la pintura; ller Bernardo de Balbuena tiene licenpero si registramos los libros coetá- cia del Excelentísimo Conde de Monteneos o poco posteriores, vendremos en rrey, Virrey que fué de esta Nueva Esconocimiento, de que abundan las ri- palla para imprimir este libro intituquezas y las ocasiones de contento, co- lado Grandeza Mexicana por tiempo
mo él dice, porque aquella gente era de diez años, ante Pedro de Campos
sobrado alegre y regocijada, amiga del Guerrero, Secretario de Gobernación
lujo y ele los placeres. Las fiestas eran · en rliez días del mes de Julio de 1603
frecuentes, y la alegria gustaba de años.
Tiene también licencia para lo misecharse a la calle, donde el pueblo
disfrutaba de los vistosos festejos a mo del Ilustrisimo y Reverendísimo
que se prestaban los trajes y costum- Don Fray García de Mendoza y Züñibres de aquel tiempo. El lujo era sos- ga, Arzobispo de México, despachada
tenido por los Yirreyes, grandes seño- ante el Maestro Sebastián Torrero, Seres siempre, y la nobleza, seguía ~su cretario de su Señorío. En 14 de Sepejemplo con tal fervor, que solía nece- tiembre de 1603 años.
Uno de los sonetos prelusivos de la
sitar de freno. La ciudad, aunque no
Grandeza
es de Don Antonio de Saavefuese hermosa conforme hoy se pide,
lo era para aquel entonces, Y recogía dra Guzmán, poeta colonial del siglo
en su seno las riquezas que recibía de XVI mexicano. Conviene consignarlo
Oriente y Occidente por uno Y otro aquí:

0

Esta es g1·andeza 1 que de las grandezas
Muestra el trasunto al vivo dibujado
Con esmalte, tan rico y estimado
Que evidentes descubre sus proezas.

paña. hacia fines de 1561 o principios
de 1562.
Entre las poesías que preceden al
Siglo de Oro, tres tienen juegos de palabras con Valdepeñas:
Alli de ambas a dos naturalezas
Ingenio celestial que en peñas duras/
Se ve el pincel tan propiamente dado,
Del patrio valle ameno floreciste.
Que del cielo y el suelo se ha sacado
¿ Cómo, si de las duras peñas fuiste,/
El tesOro mayor de sus riquezas.
La blanda suavidad gallardo apuras?/
La aurora de ese ingenio peregrino/
Bernardo de Balbuena es quien ha sido De entre peñas salió, mas tan hermosa/
Nuestro divino Apeles ilustrando
Que al valle y a las peñas dió hermoLos tesoros que .México escondía.
suras.
El libro XVI del Bernardo, el. propio
Ciíia su frente el monte esclarecido,
Balbuena escribe, corroborando en un
Y todo esto su nombre celebrando,
endecasílabo: De aquel valle amanísimo de peñas.
Desde do nace a donde muere el dia.
Al tornar a Nueva España el poblaOtras poesías encomiásticas para la dor Bernardo de Balbuena, padre del
Grandeza las escriben Ugarte de los futuro Bachiller, trajo consigo a su hiRíos; Zaldierna de Maria ca, que atri- jo, reitegrándose al lugar de sus biebuye a la pluma del poeta de Valdepe- nes, San Pedro Lagunillas, ·en donde
ñas no sólo el Bernardo y el Siglo de tenía otro hijo suyo: Francisco de
Ül'O, sino una Cosmografia, un Cristia-_ Balbuena Estrada, cuyos son los versos
clos, una Alteza áe Laura y un Arte laudatoriqs que hemos citado en la
11uevo de poesía. Aparecen también .Grandeza Mexicana.
versos elogiosos de Antonio Avila de
Transladado a Guadalajard desde
la Cadena, a quien va dirigida la carta antes de 1570, estudió primero en esa
preliminar; Sebastián Gutiérrez Ran- ciudad, pasando a México -a cursar Argel, autor del Arco Triumphal y Fran- tes y Teología probablemente en el
cisco de Balbuena Estrada, hermana Colegio de Omnium Sanctorum. '
del encomiado, de lo cua !se deduce
En 15S5, en competencia con tres
que el autor del Siglo de Oro llegó a centenares de poetas, ganó un premio
México ávido de fama y grávido de una composición suya, otorgándosele
manusq·itos.
la recompensa en la fiesta de Corpus
Es curiosa la cita de los ,,crsos del Cbristi, propicia a los certámenes literarios de la Colonia.
hermano del poeta.:
Se hallaba en Guadalajara el año siLlegó aqui un hidalgo un dia/ Perguiente,, pero un nuevo premio obtenisona grave y ancianaá Que por gran
do en 1590 al arribar el Virrey D. Luis
cos traía/ Un librillo que decia/ La
de Velasco, le trajo una vez más a la
Grandeza Mexicana/. Vino a mí de maciudad de México, para recibir ia reno en mano/ Y en oyendo el cortesa- compensa.
no / Estilo, dije: parad!/ Y decidme
A los veinticuatro años inic'ió la caesa deidad/ Es de Homero, o de mi
rrera eclesiástica; en 1592, ya clérigo
hermano?/. No sé, mas de polo a polo/
presbítero, era Capellán de la AudienDijo, es bien que esta voz suene/ Que
cia de Guadalajara.
es de mi patria el Apolo/ Y ella maEl propio año pasa, como cura y beyor por el solo/ Que por cuanto sin el
neficiado, -a las minas del Espíritu
tiene / . Fué dicho sabio y profundo/ Y
Santo, y Partido de San Pedro Leguniyo en lo mismo me fundo/ Para sólo
llas, pueblecito cercano a Compostela,
me preciar/ De quien ha podido hondonde la familia conservaba los bienes
rar/ La mejor ciudad del mundo/.
acumulados por el padre, que muere a
B~rnardo de Balbuena escribió, ade- mediados de 1593.
·
más de su Grandeza, un poema, El SiA raíz de la publicación de sus terglo de Oro en las selvas de Erifile, co- cetos descriptivos, en 1604, ya se le
lección de dulces églogas al estilo de antepone el título de Licenciado. En
las de Teócrito y Virgilio, con remi- 1605 aparece un soneto encomiástico
niscencias ele la Arcadia, de Sanna.za- de Balbuena al frente de la Política de
ro y un prolijo poema épico en cinco las Escrituras, de Nicolás de !rola.
mil octavas reales, editado en las prenLuchó Balbuena por encontrar una
sas matritenses en 1624, y el Bernardo colocación enjundiosa en México, Guao la Viclfn;ia de Roncesvalles, su obra dalajara y Tlaxcala, sin haberlo conmaestra, en donde señorea una opu- seguido, por lo que opta por enviar a
lenta y desbordante fantasía, agrada- España documentos para una informable colorido, musicalidad y rica des- ción suplementaria, que hace prepacripción escénica.
rar por conducto de su apoderado en
Balbuena es, según el sentir de Don Valladolid, enviando el manuscrito del
:\Iarcelino Menéndez PeJayo, el primer Siglo de Oro.
Se decide entonces ,por transladarSe
poeta genuinamente americano, el primero en quien se advierte la exube- a España a pretender, a donde llega el
rante y desatada fecundidad genial de 16 de octubre al puerto de Bonanza.
Va a Madrid en busca de su protector;
aquella pródiga naturaleza".
Todo lo que se ha hecho para exhu- visita la tierra de sus mayores, Valde•
mar la biografía de Bernardo de Bal- peñas; llega a la Ciudad del Betis· a
buena rlébese al Profesor John Van defender sus derechos. En esta ciudad,
'ttornc, que . al través de arduas, pa- hacia 1007" se afirma que es Licenciacientes y fru~tuosas investigaciones, do y Doctor en Sagrada Teología por
ha esclarecido la vida y la obra del la Universidad de Sigüenza.
Gil González Dávila afirma que en
cantor de la ciudad de México.
1608 fué electo Abad de Jamaica.
Descartada la posibilidad de que ha-Obtenidas las bulas y las cédulas
ya nacido en el Estado mexicano de reales con los permisos necesarios y
Jalisco, por la homonimia que confun- terminada la larga tramitación del viade el nombre del poeta con el de su je, Balbuena salió con acompaña.ntes:
padre, antiguo poblador de Compos- un clérigo presbítero y cuatro criados,
tela, en la Nueva Galicia, Bernardo de
Balbuena nació en Valdepeñas de EsPasa a la Pág. 8

Armas y Letras

+

Pág. 5

�Rubén Dario....
Viene de la Pág. 2

mento en que el poeta trata de contrastar sus intuiciones con la realidad.
No debió establecer entre ambas mucho desacuerdo, pues en 1899, volvió a
España, si bien era para traer en las
primeras auras del modernismo, un
poco de fe en los destinos de la madre
patria. cuando un colapso pesimista
iba estrechando los espiritus. Lo menos importante, con serlo mucho, el
nuevo movimiento literario, del que
era portavoz Rubén; Jo más, lo que calaba hasta el alma era su fe y su patriotismo, significado en su adhesión
a la nación que en aquellos momentos
sufría el dolor de perder su imperio.
Quizá porque el poeta Bevó en sus pupilas todo el color del pasado esplendoroso. "Venia de América a dar, no a
pedir, traer a un pais, cuyo pasado se
derrumbaba, un futuro espiritual, y
precisamente en el justo momento en
que más se anhelaban esperanzas y
rumbos distintos. Era el hijo del otro
lado del mar, que devuelve con creces
lo &lt;¡ue tomó del pasado de Espafia ...
La laguna y la raza eran imperativos
categóricos, que se proyectaban en el
alma quijotista del poeta, presintiendo
Ja extralla fuerza de realidad que tenían los autores clásicos españoles, conocidos por él, aJ1á en el nuevo mundo.

mente al mundo poético y sonoro de príncipe de Gales. Autumual es nostalgia.
.José Zorrilla.
Es el Hubén inédito de sensaciones
angustiosas y contemplador de la vida E11 las pálidas tardes
gozoso y riente. Todo es be11o y lumi- me cuenta un hada amiga
noso a su alrededor; aun el dolor mis- las historias secretas
mo se suaviza en esta gozosa primave- . llenas de poesía;
ra, que con tonos cándidos rodea el lo que cantan los pája,·os,
lo que llevan las brisas,
camino del poeta.
lo que vaga en las ni'"eblas,
lo que sueñan las ni1ias.
E11 el alba de la vida

Pero es quizá, en esta serie de precursores, que enlazan un movimiento
y otro, José Marti, el místico defensor
de la patria, el poeta de más ·nervio y
mayor enardecimiento. Quizá la exuberancia de su espiritu no cabía denlodo es lu: esplendorosa.
tro del molde del verso, por muy amInvernal es poema de soledad y evo¡Qué esperanza tan hermosa
plio que fuera, sino que rebosaba y
cación:
es la esperan=a nacida,
desbordaba para hacer poesía de su
¡oh primavera florida!
propia vida. :Marlí era el entusiasmo,
La nieve cae en copos,
¡Cmintas alJes, cuánta flor,
era el fuego que todo lo depura, era Ja
sus rosas trw1sparentes cristaliza
cuánto dil'ino r·unwr·
tensión de sus nervios y su alma, puesen la cindad, los delicados hombros
turba la apacible calma
tas al servicio de la patria, "que no era
,
y gargantas se abrigan;
cuando se despierta el alma
nunca triunfo sino agonía y deber",
y ruedan y van los coches,
al primer beso de amor!
según sus propias palabras. Muchos de
suenan alegl'es los pianos, el sol bl'illa;
sus pensamientos forman, aún hoy, coy asaltándole el tormento de la duda: y si 110 hay fogón que le caliente
mo un código del poeta. ''Sin un fin
el que es pobre til'ita.
grande en la vida ... No hay vida".
(; l' por qué en tan corla edad
"La poesia vive de honra'\ ''¿Quién es
Eros personificado en el amor a
lucha enorme, duda fiera? ...
el ignorante que mantiene que la poeAfrodita, como en los tiomfi de la pinPrima1Je1·a,, Primavera:
sia no es indispensable a los pueblos?"
tura italiana, o bien el
tú no dices la verdad .. .
Poesía es ''lo heroico y lo virgíneo de
.l/i fe de niíio, ¿do está?
los sentimientos, puesto de modo que
.ünor, che muo ve il sole e le altre stelle •
.lle hace falta, la deseo;
vaya sonando y lleve como alas".
batió las alas, y creo
.Marti era el último poeta que infunhallamos represados en el alma de este
que ya nunca volverá,
día la fe y el entusiasmo en el alma de
Darío
juvenil, pero no ya bisoño, ni
porque la fe que se va
Hubén Dario, y de consiguiente en el
en el arte del amor, ni en el de los verdel
fondo
del
corazón,
modernismo. Casal y Silva quedaban
sos. Y si bien se examina, dos contiene origen y mansión
en los escalones más altos de la grada''He contado aires antiguos; y he
fluencias se yuxtaponen en esta coen lo profundo del cielo,
ción; en t!)nto que Gutiérrez Nájera y querido ir hacia el porvenir, siempre
rriente
sentimental: una ideológica,
Martí se aproximaban al modernismo, bajo el divino imperio de la música de y cuando levanta el vuelo
hecha toda espíritu, encarnada en lo
jamás
torna
a
su prisión.
para que no se_perdiera dentro de él, 1as ideas, música del verbo". Estas paintimo de la conciencia, y otra toda
en el torbellino de las innovaciones labras de Darío nos. dan cuenta de su
sensualidad, hecha toda amor humano.
Esta
influencia
de
Zorrilla
se
conuna fuerza que había de perdurar a lo poesía; son un reflejo de su sentir. Ha
Ambas se hunden en el soma y en la
largo de los tiempos y era el pretérito de romperse el molde de la vieja retó- creta en Epistolas y poemas, publicapsique del poeta, para no abandonarlo_
virreinal, evocado con amor y afán de rica y de la antigua mús\ca, por más do en 1889, en las dos leyendas orienya en el decurso de la vida. Queda.
tales
Ali
y
La
cabeza
del
rabí,
donde
reño~ar el pasado artístico de España. que exhume el pasado alejandrino de
pues, así el amor inconcreto, en la muPor esta razón el modernismo hispa- Berceo y encuentre en él nuevas sono- salpican las perlas de Ormuz, el collar
jer en abstracto, de una amada eterna
de
Zobeida,
el
joyel
de
Oriente,
el
marno-americano tiene para la vieja pa- ridades; ha de buscarse ia música de
y sin nombre, que no emerge de nin- ,
tria un encanto que nunca podrá per- las palabras y la armonía de las ideas. fil oriental, los diamantes de Golcongún perfil femenino, sino de una alta
da,
los
tesoros
de
Bagdad
...
En
camderse, porque es la más grata expre- Ello quiere decir que Darío no fué,
y casi divina inspiración. En la hissión de nuestro imperio, vivo y palpi- por esta razón, un demoledor de lo bio, Rimas y Abrojos, otro libro de la
toria de las idealizaciones femeninas
juventud
de
Rubén,
publicado
en
1887,
tante en el espiritu virreinal, que flota cl?sico, sino que vitalizó los viejos
hechas por los poetas -Beatriz, Lauen los versos amables dé Mirón o del moldes. No un prodigio de invención, sigue el modelo becqueriano, con abunra, Fiammetta-, habrá que colocar
dante
escepticismo.
Este
mundo
fasprOJ)iO Rubén.
sino mús bien producto de su gran faesta inconsutil amada, plural en el cotuoso
de
riqueza
y
colorido,
pletórico
Trae en primer término una nota ·cultad asimiladora, en una acusada exrazón
de Rubén. Es ufia desindividuaal
mismo
tiempo
de
grave
y
amargo
que nos ha de ser extraordinariamente quisitez de pensamientos, formas y ritlización
y sublimación del amor. Pero
escepticismo,
ha
de
formar
un
paralesimpútica: la reforma de , la lírica, mos, ora hacia el mundo helénico, ora
este
sentido
amatorio de la mujer, que
lo)
que
a
lo
largo
de
la
producción
usando y renovando los viejos metros. hacia épocas virginales y cándidas,
no
abandonará
al poeta, creemos que
poética
de
Rubén,
no
le
ha
de
abandoDos revoluciones anteriores trastrue- cual la medieval. r prerrafaelista. De
no
provoca
el
encendimiento lírico,
nar.
can el mundo poético; la reforma mé- común con los poetas parnasianos teQuienes se han aplicado de un mo- capaz de transformar este enardecitrica de Garcilaso y la revolución de nía el esmero en la forma y delicadeza
imágenes y sintaxis de Góngora; Ru- de sentimiento, polarizados con vistas do sistemático al anúlisis casi espec- miento en un panerotismo, que todo lo
bén no sólo participaba de ambas sino a nuevas sensaciones, junto a una li- tral del alma de Dario, descubren en anega y absorbe, como quieren los que
que en el fondo de toda su obra poéti- bertad de métrica, que los poetas fran- ella unos cuantos maleficios como de- han aplicado al alma de Rubén el crismonios agazapados a su cuerpo, ceñi- tal del psicoanálisis. En los conocidos
ca, confluían haz y envés del tapiz ceses no supieron superar.
dos como su propia sombra. Quieren ,,ersos:
americano y español; por su condiEl mundo ideológico y sentimental hacernos ver, así, al poeta transido y
ción de americano su lirica venía carde
Rubén es limitado y casi breve, re- .esclavizado del demonio de la sensua- Era un aire sua11e 1 de pausados giros:
gada de brisas de selvas vírgenes; por
poeta caste-11ano transportaba al nuevo ducido a tres o cuatro temas que for- lidad y de su deseo inacabable y eter- el Hada Harmonía l'itmaba sus vuelos,
mundo los ,,iejos metros españoles en man, como el eje de toda su poesía; di- no, pongo por caso, :V así puede verse e iban frases vagas y ténues slispiros
fina simbiosis con los modernos fran- rianse tronco que hunde sus raíces en rn la obra de Salinas. Qtiizá querien- entre los sollozos de los violoncellos.
ceses. Conocidas son sus propias pala- el mundo clásico y echa brotes y ra- do ,·cr demasiado se ha descubierto
O en la célebre Sonatina, escrita babras: "En el fondo de mi espíritu, a mas cada YCZ más prolificas y frondo- . demasiado poco.
jo
el influjo de Rostand, entre los clapesar de mis visitas cosmopolitas, exis- sas, sin perde~ nunca el núcleo de oriEl primer libro de Daría que marca
te un inenarrable filón de raza; mi gen.
una orientación definitiva, pasados sus ros diamantes, las perlas de Ormuz,
pensar y mi sentir continúan un proDestanquemos en primer Jugar que balbuceos poéticos de escuela román- la escala luminosa ele un rayo, la rueceso histórico y tradicional .. _,, Y lue- en aquel Rubén de los años mozos, to- tica espafiola, es A :111. Cubre el poeta ca de plata y el lago de azur, se adgo, reíiriéndose a la génesis de su poé- davía muy pegarlo a las lecturas de la bajo esta denominación lo indertb, lo Yiertc el triunfo de lo sensitivo, como
tica, dice en el prólogo de Prosas pro- Biblioteca de Autores Españoles, exis- sonriente, el porvenir que halaga, la una proyección erótica del alma del
fanas: "El abuelo español de barba te un amor, una manifiesta indentifi- juve_ntud de una ilusión, el optimismo · poeta. Es él mundo de los sentidos, el
blanca me señala una serie de retratos cación con los escritores caste11anos, de dvir. En este libro y en Prosas que aproxima cuanto hay de cercano
ilustres. Este, me dice, es el gran don especialmente los románticos: son, por profanas, estamos muy Jejas de Los al poeta y Jo introduce por un modo
Miguel de Cenantes Saavedra, geilio ejemplo, Poema de adolescencia, Poe- Cantos de Vlda O Esperan:a, donde el de operar puramente sensorial. Sobre
Y manco; éste es Lope de Vega, éste mas de juventud, y Salmo de la pluma, poeta dice su Hrico adiós a la juven- él colocará el de la inteligencia y por
Garcilaso, éste Quintana. Yo pregunto publicados desde 18i9 a 1880, donde tud. Pero en estos Jibros, aparece ya cl\cima de ambos el de la imaginación.
por el noble Gracián, por Teresa la se hallan manifiestas pruebas de imi- _el Eros que no abandonará al poeta. Lo sensorial será, pues, pieza incipien~
Santa, por el bravo Góngora y el más tación romántica, Y, quizá Espronceda En A:ul, quiere darnos cuatro visiones te de su proceso creador. Y asi, claro
fuerte de todos, don Francisco de Que- concretamente, en el , 1erso bisilabo liricas del afio; a través de ellas, cruza está, que sus miradas se fijarán acuciavedo y Villegas. Después exclamó: consonante: a-a-b-c-c, en la primera el elemento erótico: Primavera es can- doras en ·el mundo blanco y eurítmico
Sliakespeare! Dante! Hugo! (Y en mi estrofa, a-a-b-c-c-cl-c-d, en la segunda, to de dela y juventud:
del helenismo, concebido no ya con
interior: Verlaine!).
los sentidos externos, sil1.o más bien
hasta llegar a catorce. La sombra de
con los internos, por las veredas del
Rub€'n conoció España en 189-2; era Bécquer cruza en l~a triste=a, poesía con .11/á hay una clara fuente
recuerdo v de la evocación. Su amor
época en que el mundo intelectual es- auras de ciprés, música de arroyuelo! que brota de una caverna/
a Grecia ~erái en últimÜ término, un
taba rcspresentado por Núñez de Arce, ramas rumorosas y espumas que mue- donde se bw1an desnudas
·campoa111or, Valera y la Pardo Bazán. ren en la arena; es decir, cuantas im- las blancas ninfas que juegan.
culto a la belleza, nunca un ansia de
erotismo.
"En este primer contacto con los escri- presiones sensoriales sugestionan al Bien al son de la espuma,
res españoles, Rubén se afilia a la co- poeta sevillano, las hallamos aquí en hienden la ninfa serena;
Este amor sensilivo llevará a Rubén
rriente espiritual de ellos. Ha venido, este cuadro incipiente de un moder- -entre el polvo cristalino
a plasmar sus anhelos de inmortalidad
quizá, rn!,s que nada, para contemplar nista. El arte y Ecce Horno, con su esponjan sus cabelleras.
en algo que sea divino; y esto no pode cerca el mundo de los clásicos cas- contemplación onomatopéyica de la
drá ser otra cosa que el culto a los dioteBanos) presentido hasta entonces a tormenta y el infinito joyel de los asEstival es un idilio selvático de tigre ses. La aparición de la mitología no
travé-s de sus copiosas lecturas. :\lo- tros en el cielo, lo aproximan enorme- y tigresa, muerta en una cacería del tendrá en su obra otra significación.

Armas

y

Letras + Pág. 6

1

Los dioses serán símbolo de su eternidad y también del triunfo de su erotismo. Se detendrá, por ejemplo, en la
encarnación de Júpiter bajo la forma
de cisne, para la seducción de Leda,
en Blasoni y todo un preciosismo musical y poético enriquecerá su figura.
Será el cisne olímpico de nieve, de
alas eucarísticas y lirico cantO, bogando por la quieta sonoridad del lago de
azur, como una luz del alba, de seda y
ensueño, trazando un sutil interrogante, sobre el espejo del agua. Y en todo
elloi hay siempre una nota de aguda
exquisitez. Daría se refugia en el mundo de los dioses, precisamente para
alzar del bajo rasero de lo terreno el
amor humano. Júpiter metamorfoseado hace gentiles bodas con Leda. Huye el poeta asi de la vulgaridad y del
apetito físico de los sentidos, y penetra de este modo en un momento erótico, que ya no es fugaz, sino eterno,
en la tradición augusta de la mitología. Y refugiándose siempre en esta
zona indecisa de humanidad mítica,
penetra Dario en el Coloquio de los
Centauros:

En la isla que detiene el esquife
el argonauta
del i11mortal Ensueño, donde la
eterna pauta
de las liras se escucha - Isla de oro
en que el tritón elige su caracol sonoro
y la sire11a bla11ca al uer el sol un día
se oye un tropel vibrante de fuerzas
y de armonías.
y en medio ~e esta melodía orquestali
que'nos recuerda a \Vagner, crea Rubén la poesía grandiosa del centauro,
porque ve en su mito, una triple actividad Yital; lo biológico, lo humano y
lo divino, cuyo fondo clásico nos ha
descubierto con sagaz pericia Arturo
Maraso.

después de lamentar irónicamente que
la reforma de la métrica se haya llevado a cabo por los ''libretistas del género chico".
Entre metopas y triglifos vuelve a
surgir el mundo helénico, en las Recreaciones arqueológicas, como se percibe en la fantasía dantesca de Imperial, a través de El reino interior; pero
una vaga melancolia finisecular, empaña un poco lo que fué gozoso entusiasmo de la musa. Pero tampoco en
esto, las zonas van delimitadas; la
amargura y el escepticismo, la cerrada
introspección y la contemplación de
un mundo social bajo, interfieren con
harta frecuencia ]os planos en que se
estratifica la obra del gran poeta. Rompiendo la melancolía del fin de siglo,
que irradiaba de la Metrópoli, por la
encrucijada del 98, surge el grito agudo y esplendente de la Salutación optimista, para enardecer ánimos decaídos y la maravilla orquestal de la
Marcha triunfal, presagio victorioso de
guerreros; total repudio de Rostand y
Verlaine, ante el copioso desfile ondulante de soldados y galope de los corceles, bajo los arcos triunfales, o la
Letanía de Don Quijote, de tan honda
fibra espaiiola.
Acaso no servían para más que para
anestesiar un sentimiento blando de
crepúsculo, que iba germinando en su
corazón; Rubén ya es el hombre de cabello gris que se rebela contra la sentencia de Jo temporal, y obstinándose
en el amor, clama por el divino tesoro
de la juventud perdida. Hay una reacción de tipo anacreóntico y vital, pero
puede más el sentido reflexivo:

Tú, que estJís la bnrba en la mano
meditabundo:
·
¿Has dejado pasar, hermano,
la flor del mundo?
.4un puedes casar la olorosa
rosa y el lis,
y hay mirtos para tu orgullosa
cabe=a gris.

Pero este afán huidizo del amor humano hacia el limbo de
mitología,
no es absoluto, sino que desciende y se
concreta a lo largo de la obra de DaRepara Salinas en que "Rubén Dae
río en las fiestas de corte y galantería,
río,
que anduvo por toda su poesía de
tipo Regencia o Luis XV, que lo apropájaro
en pájaro, acude ahora al buho,
ximaban a Verlaine y a "ratteau unas
como
antes
acudió al cisne ... Hasta
veces, y otras a los eternos personajes
ahora
vivió
la
delicia amorosa al amde la comedia ne// arte. Asi el Carnaparo
no
sólo
de
la diosa primera, Veval de Rubén es una filigrana sobre
nus,
sino
asistida
ésta por otras dos
viejos moldes, en los que la musa ha
de danzar con alas de rosa. Arlequín, deidades, que no habíamos encontra"al prismas sus tintes roba", entre ri- do aún; ignorar y olvidar.' Y en este
mas de cristal, encajes y pompones, instante, se alza frente a la ignorancia.
que recuerda el otro plano oriental de su rival, el conocimiento; frente al olsu poesía, hecho de záfiro, lapislazuli, vido voluntario, la memoria inevitaoro y diamante. Quizá el paralelismo .ble, ''la historia de su corazón, el reestético, arrancaba · de Giorgione y de cuerdo, forma psicológica del tiempo".
Y Amado Alonso, refiriéndose a los
Hubens y palpitaba en· Boucher o Fragonard; es lo cierto que este Rubén -versos Lo fatal, establece una escala
galante, descendido de lo mítico, fluc- gradual; piedra que no siente, árbol
túa entre la decisión y objetivación de que es apenas sensible, animal vivo,
su amor, ,buscando realces plásticos, pero sin conciencia, y el hombre, desen una corporeización de cuanto había graciado por consciente. Entre los ses- ·
ideado, de un prerrafaelismo, inédito gas de solana y umbría aparece la poesía de Dario, represada, intensificada
y milagroso.
Significaba todo ello un procéso de de dramatismoi conforme va aproximadurez en Dario, y también en el mándose a la hora crepuscular. Es,
modernismo, de quien él era su prin- como para un :Mauricio Barrés, un poecipal portavoz. ''Padre y maestro má- ta hermético que vive de armonías ingico", llamó a Verlaine; pero el poeta terioresi de los íntimos sentidos de su
francés, si maestro de un arte, era el conciencia. Dice en el prefa~io al Canprimero que abria los ojos al desenga- to errante: "El poeta tiene una visión
ño y a la decepción; se presagiaba el directa e introspectiva de la vida Y
advenimiento al mundo ideológico del una supervisión que va más allá de lo
poeta, el de Nietzsche y Schopenhauer. que está sujeto a las leyes del general
Hay en Rubén un deseo continuo de conocimiento ... He procurado ir harenovarse, un deseo de belleza nunca cia la más alta idealidad. He expresacolmado. Rubén pudo decir como el do lo expresable de mi alma univercélebre personaje de la leyenda bec- sal". Por esoi a partir de este momenqueriana, "que nunca fueron de su to, su arte ya no es superficie sino
gusto aquellas formas que pudieran profundidad: luz intima del alma, claexpresar la belleza"; lo mismo expresa ridad y duda. Refiriéndose a Rubén
Dario: ''Yo persigo la forma que no Dario dice G. D. Plaja en su agudo Y
encuentra mi estilan. La exquisitez de luminoso estudio: ''En la poesía lírica
Ja forma inmortaliza al poeta. "Yo no hay a~ grado de sinceridad, de esponsoy un poeta para las muchedumbres ... taneidad, de humanidad; que la lírica
He buscado expresar lo más altamente es un verterse del poeta en sus ver·sos;
en mi comprensión" -dice en el pre- un derramarse de su espíritu, plenaracio a Cantos de Vida y Esperanza, mente, sin engaños, ni rodeos. Es el

1a

caso del lírico puro; de Gustavo Adolfo Bécquer, por ejemplo, de Pedro Salinas, hoy".
Y posteriormente se lee en Jacques
Raissa Maritain: "A medida que el
hombre avanza y crece en cultura y
con ella en el arte y en la poesía, la
ingenuidad creadQra de los primeros
pasos se va convirtiendo en conciencia clara de su fuerza espiritual, acrecentadora de la realidad y belleza del
mundo natural". "Tal maduración de
la conciencia reflexiva de la cultura,
que se comienza a lograr formalmente
en los siglos XIX y XX, con los estudios de Diltbey sobre la historia y
otros sectores del mundo superestructurado por la actividad humana en la
naturaleza ajena y propia, había de entenderse también y principalmente humana, del arte, y especialmente de este
arte bello y de lo que es más intima
esencia: la poesía".
Con lo cual, este armónico derramarse del espíritu del poeta, venía a
ser una superestructura de la situación
social de su arte, y eso es lo que Rubén
consiguió irradiante desde las fuentes
del erotismo, a la contemplación de Jo
helio, al espíritu religioso, a la tendencia social que aflora en no pocos Jugares de su obra. El modernismo en · 1a
América española y en la vieja patria
pasó bajo los arcos triunfales de Dario, con aire marcial y victorioso; por
la senda de la poesía pura, por el imperio de la abstracción babia de llegarse a Valery y más allá a Aleixandre
y más allá a Neruda y a toda la variada floración de poetas contemporáneos. Mucho avanzó la poesía contemporánea; en el variado mosaico de sus
,,ariedades, destácase una especie de
retorno a lo clásico, aunque sea, al
modo de Garcilaso, el primer vanguardista de su época. Hay un perfume de
juventud en la lírica de hoy; en Alberti, o en Larca, valga el ejemplo; y
cuando éstos van entrando en el cauce
de Jo bistórico y los contemplamos insertos en el tiempo que pasa en apartada perspectiva, nos sentimo~, en
cierto modo lejanos; son ya un viejo
cliché, eslabón de una cadena infinita
de variaciones estéticas, en las que el
arte creador de un artista, va centelleando luminosos luceros del gran milagro que rompe la vulgaridad de la
vida y se llama: Poesía.

ARMAS Y LETRAS
Organo Mensual de la Universidad
de Nuevo León

Alas Casas Editoriales
y a los Señores Distribuidores y Libreros
del Continente
La Universidad de Nuevo León ha
mantenido desde su fundación un vasto plan editorial que desarrolla al traYés de Publicaciones cuya circulación
comprende a todas las Instituciones
oficiales, universitarias, acadéínicas,
ateneistas, centros culturales, sociedades de diversa índole y personas, en
América y Europa.
Entre el cuerpo de ediciones que
aquí se imprimen figura nuestro mensuario "ARMAS Y LETRAS", que recientemente l~a establecido una sección -LIBROS-, en la que figuran
comentadas las obras últimamente aparecidas en las prensas americanas .
Dada la extensa órbita de circulación del Boletín arriba mencionado, y
en interés de ofrecer al lector americano una juiciosa información del fondo y continente de la obra, cotejada
a la luz de un criterio ecuánime y a
tono con la moderna interpretación
del pensamiento científico, literario o
artístico. "RMAS Y LETRAS" se complace en invitar a ustedes a coadyuvar
con este propósito de orden cultural
que anima a la Universidad de Nuevo
León, solicitándoles el envio de cada
una de las ediciones nacidas en sus
prestigiosas prensas, las cuales serán
objeto de nuestros comentarios, en la
medida que vayan llegando a nuestras
manos.
Los envíos deben hacerse a:
"ARMAS Y LETRAS",
Universidad de Nuevo León,
Plaza del Colegio Civil,
Monterrey, Nuevo León,
México.
Con la satisfacción de haber señalado en las breves lineas que anteceden la resolución de una urgencia inherente a la cultura moderna, y esperando recibir en breve de ustedes el
aliento a esta sugerencia, la Universidad de Nuevo León les testimonia las
vivas expresiones de su más alto reconocimiento.

INDICADOR:
Redactores
Raúl Rangel Frias
Fidencio de la Fuente
Francisco M. Zertuche
Genaro Salinas Quiroga
Alfonso Reyes Aurrecoechea
Enrique Martinez Torres

DEPARTAMENTO DE ACCION
SOCIAL UNIVERSITARIA
SECCION EDITORIAL
PUBLICACIONES PERIODICAS

Armas y Letras.-Boletin mensual de
la Universidad. Se reparte por canje a las Instituciones de Cultura, y
libremente a quien la solicite,

Guillermo Cerda G.
Adrián Yáñez Martínez
Director

Universidad.-Revista. Se distribuye
por cambio bibliográfico a entidades culturales y libremente a quien
la solicite.

Lic. Fidencio de la Fuente
Oficinas
Wáshington y Colegio Civil
Monterrey, Nuevo León,
MEXICO

Armas y Letras + Pág. 7

Para la adquisición de obras de venta, toda correspondencia y valores deberán remitirse al Jefe del Departamento de Acción Social Univ;rsitaria
Lic. Fidencio de la Fuente, Universi~
dad de Nuevo León, Plaza del Colegio
Civil, Monterrey, Nuevo León, México.

�Bernardo de ....
Viene de la Pág. 5

Cuando Balbuena empezó a estudiar
en México hacia 1580, las figuras salientes de las letras de la Colonia habían sido teólogos e historiadores.
Cortés, Motolinía, Bernal Díaz, Sahagún, y también, si es lícito incluirlos,
Las Casas y Gómara, se dedicaron a la
materia viva e inmediata a la conquista material y espiritual de la Xueva
España y otras regiones, y a las indagaciones sobre las costumbres de los
indígenas. Al hacerlo así, obtuvieron
criterio acertado. Aun el humanista
Cervantes de Salazar, con toda preparación en la educación pagana, sus
poesías y sus Diálogos, emprendió como obra culminante de su vida, la crónica de la Nueva E:;paña a la manera
de Tito Livio. Estos autores fueron
fascinados justamente por él asunto
mexicano. Poetas contemporáneos de
Balbuena, Terrazas, Saavedra Guzmán,
Villagra, siguieron la misma ruta. Pero
no se podía continuar siempre en el
mismo camino, o las letras se habían
esterilizado. Tenía que venir forzosamente la cultivación de temas y gustos
europeos. Este cambio representaba el
progreso de la civilización y de las artes, que no es lo mismo que decir que
las personalidades de los autores posteriores aventajaban a la de Cortés,
Berna! Diaz, Las Casas y los demás. Al
volverse hacia Europa los escritores
perdían en cierto sentido la originalidad, pero la habrían perdido aún más
repitiendo eternamente el mismo tema. En verdad, al emprender temas
exóticos, renovaban las letras coloniales.
Se puede arguir que Balbuena no
fué el primero absolutamente que introdujera temas europeos o renacentistas al Nuevo Mundo, ni siquiera la
Nueva España; que los escritores del
virreinato del Perú le eran iguales o
superiores; que fué superado por el
mexicano Juan Ruiz de Alarcón, aunque éste se identificó enteramente con
España; que afeó sus obras con mucho
barroquismo. A pesar de todo esto,
queda claro que Balbuena dió un impulso enorme en la Nueva España a las
letras renacentistas, y que agregó nuevos géneros, la novela pastoril y la
epopeya caballeresca, a la literatura
colonial. Pero sobre todo enriqueció
el arte americano con una abundancia
de inusitadas imágenes poéticas, audacias de estilo, sabrosas reflexiones, y
sueños renacentistas, sacados de sus
lecturas, de sus imaginaciones y de sus
sentimientos individuales y patrióticos."

al mediar 1610, rumbo a Jamaica; se
detuvo tres meses en Santo Domingo,
y llegó a su abadía al finalizar el mismo año.
Van Horne describe la sede de Balbuena como "una colonia pequeña, remota y apartada, con los inconvenientes de pobreza, tempestades, invasiones y conflictos de autoridad".
En un remanso de sus arduas preocupaciones, y alternando con sus deberes sacerdotales, Balbuena vuelve
sus ojus a su poema El Bernardo, y escribe el prólogo hacia 1616.
La pobreza impide a Balbuena dar
cima a la publicación de su vasto poema. Desea entonces obtener mejor destino, por ejemplo un cargo en Tlaxcala, :México, resolviéndose su situación
al nombrársele Obispo de Puerto Rico
el 31 de agosto de 1620. Consagrado
en la mitra, asiste en 1622 al Concilio
Provisional de Santo Domingo.
Balbuena, anciano, ha tenido la satisfacción de ver al cabo impreso el
Bernal'do o Victoria de Roncesvalles,
que ha sido también su postrera victoria literaria. El que pudo ser su primer libro -dice Francisco Monterdeaquel en que babia- mucho del vigor
juvenil de un bachiller entregado a la
lectura de epopeyas cortesanas, que
acariciaba ensueños de poderío en un
pueblecito de la Nueva Galícia, salió
en 1624: veinte años después de publicada La Grandeza Mexicana.
Hacia 1627, Balbuena reitera su ruego para que se le pague lo que le adeudan, y una cédula real del 2 de octubre de 1627, ordena que de la caja de
México se envíe io que se debe al anciano mitrado. El socorro llegó a Puerto Rico al mediar febrero de 1628. Balbuena había muerto el 11 de octubre
anterior.
Sus últimos años fueron de prueba.
La piratería holandesa asedió a Puerto Rico durante más de sesenta días;
la ciudad fué, en gran parte, quemada
y destruida. Balbuena perdió su bí'blioteca y su casa.
En el Laurel de Apolo, el gran Lope,
que admiraba las letras del Obispo
Balbuena, lamentó la pérdida de la rica biblioteca del prelado, a quien llamó doctísimo. "Y siempre dulce tu
memoria sea,/ Generoso prelado,/ Doctísimo Bernardo de Balbuena/.
/ Tenías tú el cayado/ De Puerto Rico
cuando el fiero Enrique,/ HQlandés
rebelado,/ Robó tu librería./ Pero tu
ingenio no, que no podía/ Aunque las
UNIVERSIDAD DE
fuerzas del olvido aplique/.
NUEVO LEON
/ Qué bien cantaste al español Bernardo!/ ¡ Qué bien el Siglo de Oro!/
Rector
Tú fuiste su prelado y su tesoro,/ Y
Lic. Raúl Rangel Frías
tesoro tan rico en Puerto Rico,/ Que
nunca Puerto Rico fué tan rico./
Secretario
La muerte del mitrado fué un aconProf. Antonio Moreno
tecimiento de profunda pena entre los
habitantes y la feligresía. DesgraciaJefe del Departamento de
damente también surgió una contienAcción Social Universitaria
da sobre la disposición de sus bienes
Lic. Fidencio de la Fuente
entre el Cabildo de la Catedral y el Gobernador y Capitán General de la ciudad.
OBRAS DE RECIENTE EDICION:
Dice Torres Vargas que Balbuena
fué enterrado en la capilla de San Bernardo de la Catedral, y que la dotó de Correspondencia Juárez-Vidaurri. Tomo I. (Compilación del Lic. Santialámpara perpetua y misas.
go
Roel) .................. $10.00
Para terminar esta disertación sobre el segundo escritor descriptivo que
incluye nuestro programa, justo es Etica, por el Lic. Genaro Salinas Quihonrar a John Van Horne, a quien deroga. (Obra de texto en el Bachillebe la erudición latinoamericana tan
rato de la Universidad de Nuevo
fecundas contribuciones al HumanisLeón y en diversas Instituciones culmo mexicano, citando el epílogo de la
turales de la República)
rica compilación que hizo para la JunPara estudiantes . . . . . . . . . . . $ 9.00
ta Auxiliar Jalisciense de la Sociedad
Mexicana de la Sociedad Mexicana de
Para el público ............ $10.00
Geografía y Estadística, documentación que apareció en su Boletín núme- De soledad y otros pesares (Poema1
ros 6 y 7, edición de 1940.
de Pedro Garfias) . . . . . . . . . $ 5.0"

Armas

y

El Maest.ro
Viene de la

ta.

••••

Pág.

nomasia, fueron factores que en su favor se conjugaron para que
viniese a Monterrey, y ora en las instituciones particulares, como
el Instituto Laurens y algunas Academias Comerciales, ora en las
más queridas instituciones oficiales como el puntero Colegio Civil del Estado y la benemérita Escuela Normal, ora al frente de la
educación nuevoleonesa, en la Dirección General, y últimamente en la ecuménica casa de estudios que es nuestra Universidad,
la palabra sabia de Antonio Moreno, la cátedra ordenada o la
honda y sesuda conferencia o el ardiente y documentado discurso, fijaron meta a la juventud, señalaron camino al estudiantado,
reafirmaron concep'tos en los estudios o abrieron nuevos y más
amplios horizontes al pueblo.
Pero Antonio Moreno fué también progresista y revolucionario junto con Francisco J. Mújica y con Antonio l. Villarreal,
puso su esfuerzo y su labor, y su trabajo en la hora en que Méxi,
co requería de joven sangre para restructurar sus instituciones,
para lograr su libertad política y encauzar su vida por los nuevos
caminos de la democracia. ¡Cuántas veces salpicaba sus pláticas
sobre los grandes problemas sociales del país con oportunas anécdotas de los que empuñaron el rifle en la hora de la Revolución
Mexicana!
El Maestro i\1oreno fué también un político, pero usando
esta palabra para designar al que se interesa por los hondos pro•
blemas de la comunidad, político de altura, que quiere decir el
que está pendiente de cuanto afecta al pueblo aunque no se preó•
cupe de ganar o perder una elección; prueba de ello es que su
vida la entregó por entero al más ingente problema social: la educación, y la impartió siempre en el sentido de dar. Justificaremos
esta idea afirmando que fué diputado local y si por un tiempo
breve rigió provisionalmente los destinos de Monterrey al frente
de la Alcaldía; pero nunca dejó de ser maestro de verdad.
Y para subsistir, sin ambicionar la riqueza ni valerse del lucro, se hizo comerciante. ¡Pero qué tipo de comerciante! No era
como el fenicio que, sin preparación, busca el medro en la fácil
fórmula de comprar barato y vender caro. No, no era de ese tipo.
Su vasta cultura, su infinita sabiduría, le dieron siempre un aspecto de librero ttsui géneris" que nadie más tenía. Parece que
antes de vender los libros ya los había leído todos, pues cop quie•
nes iban a su tienda discutía animadamente sobre la filosofía de
Comte, de Hegel, de Mann, de Dewey o de Kant; hablaba sobre
las obras de Justo.Sierra o de Ortega y Gasset, sobre los versos de
Sor Juana, de Amado Nervo, de Peza, de Acuña, Jiménez, Here•
dia o López Velarde; conversaba apasionadamente sobre Histo•
ria de México o Universal, y se situaba en el momento actual para hablar de quienes rigen los destinos del mundo, proyectando
su conversación hacia lo bueno y hacia lo bello, hacia lo justo y
lo verdadero.
El Prof. Antonio Moreno ha muerto. La Universidad de
Nuevo León ha perdido a su Secretario General; la familia del
maestro ya no tiene al esposo amante, al padre cariñoso, al her•
mano querido, pero todos hemos perdido a un verdadero valor
de nuestra cultura, la educación ya no tiene a uno de sus más cer•
teros guías, al pequeño y grande mundo de nuestra comunidad le
falta uno de sus más recios pilares .•. pero ojalá y la sombra del
maestro Moreno, junto con las de i\1.iguel F. Martínez, Serafín
Peña, Pablo Lii as, Emilio Rodríguez, Celso Flores Zamora, Luis
Villarreal, Rodolfo Z. González, Cruz M. Villarreal y otros próceres de la docencia, se proyecte generosa sobre las generaciones
actuales para que su conducta sirva de norma y su visión de meta, y se engrandezca al amparo de los que fueron distinguidos, la
Patria nuestra.
Los restos de.l Prof. Moreno irán a descansar en el modesto
cementerio de la Villa de Santiago, donde reposan los huesos de
sus mayores. Allá, sobre su tumba, caerán las lágrimas dolorosas
de quienes le sobreviven:. su esposa, la señora doña Natalia Duarte V da. de Moreno, sus hijos, Esperanza M. de Barrera, Antonio
y doctores Mariano y Aurora Moreno Duarte, sus hermanos,
Srita. Paz, Profa. Guadalupe, Arturo, Prof. Gil, Antonio II Móreno Garza y Sra. Apolonio Moreno G. de Garza. La tierra amo•
rosa que lo vió nacer y triunfar, lo recibirá en su fértil seno, guar•
darán su memoria el corazón de sus familiares, de sus amigos y
de sus discípulos y su espíritu recio seguirá flotando en el ambien•
te vital de la cultura nuevoleonesa.
Descanse en paz el estimado y querido Maestro don António Moreno.
1

Letras + Pág. 8

O. H.

1

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