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                  <text>ONSO
·LEO

ES
ID

L eminente escritor cubano Félix
Lizaso, leyendo cierta nota que
aparece en los proemios de la
Obra Poética -volumen publicado en 1952 por Alfonso Reyes-- cayó en
la cuenta de que el poeta y humanista
regiomontanopresentó su primera obra
literaria (tres sonetos llamados Duda),
en El Espectador de Monterrey, el 28 de
noviembre de 1905. Es decir, que Reyes
celebrará el 28 de noviembre de 1955
sus bodas de oro con la pluma.
El Sr. Lizaso escribió entonces un artículo en El Mundo de La Habana, 24 de
Agosto de 1954, proponiendo que se
hiciera a Reyes, con ese motivo, un homenaje continental. Apoyaron desde
luego la idea otros escritores: Jorge Mañach, en el Diario de la Marina (La Habana, 25 de agosto y 8 de septiembre de
1954); Rafael Marquina (Información,
La Habana, 26 de agosto de 1954); José
María Chacón l Calvo ("Alfonso Reyes
en Madrid" y 'Alfonso Reyes en la diplomacia", Diario de la Marina, La Habana, fines de septiembre del propio
año); y manifestaron su adhesión inmediata el poeta Mariano Brull, el escritor dominicano Max Henríquez Ureña, el Decano de la Facultad de Filosofía y Letras de La Habana Sr. Salvador
Massip, y la Dra. Blanca Dopico y el Sr.
José Russinyol, de la Cátedra de Literatura Española e Historia de las Literaturas Mode1~nas de la Universidad de La
Habana.

tó el Director de la Academia Cubana
Dr. Chacón y Calvo, debía considerarse
como parte de Ja celebración de las bodas de oro literarias de Alfonso Reyes.

Por esos días, el 19 de noviembre próximo pasado, la Academia Cubana de
la Lengua correspondiente de la Española inauguró su curso de 1954-55, siendo el acto principal la lectura de una
conferencia sobre "La obra de Alfonso
Reyes" por el Dr. Raimundo Lazo,
qmen ampliaba así algún trabajo más
breve que ya había presentado meses
atrás en algún centro cultural habanero. Esta conferencia, según lo manifes-

El Sr. Lizaso, autor de la iniciativa,
consideró que México no podía ser ajeno al homenaje propuesto, y entendemos que se ha dirigido en tal sentido al
Lic. Manuel Calvillo, Secretario del Colegio de México, al Prof. Antonio Alatorre -miembro de la misma institución- y al Fondo de Cultura Económica. En el No. 1 de la Gaceta que el Fondo comienza a publicar, aparece, en
efecto, un eco de esta iniciativa, así co-

,.

rmas

mo en la "Danza de los Rostros" del
poeta Alfredo Cardona Peña (Revista
de Revistas, México, 21 de noviembre
de 1954).
Por su parte, D. Alfonso Reyes ha
manifestado que, en el juego de la "gallina ciega", cuando le preguntan:
-"¿Qué quieres, ruido o silencio?"-él
contesta siempre: -"Silencio". Es decir: que no aceptaría, en caso dado, ni
ceremonias, ni banquetes, ni actos públicos; y ha recordado que, cuando los
amigos de un escritor se empeñan en
celebrar su "jubileo", la práctica establecida ya en el mundo literario, por
ser la más cómoda, consiste simplemente en juntar un volumen de celebraciones sobre temas libres (no sobre el escritor en cuestión) y publicarlo con
una concisa dedicatoria. Así, en efecto,
acaban de hacerlo, bajo los auspicios
del Colegio de México, los jóvenes historiadores discípulos de don Silvio Zavala. (En Buenos Aires acaba de celebrar sus bodas de oro el escritor Roberto Giusti, uno de los fundadores de la
revista Nosotros, de feliz memoria, según nos informa don Manuel Pedro
González en sustancioso artículo publicado en Humanismo, México, No. 25 de
noviembre, 1954; pero ignoramos en
qué forma lo habrán festejado los escritores porteños).
Por otra parte, Reyes, con este motivo~ f ué consultado por algunos jóvenes
escritores sobre los orígenes y etapas de
su carrera literaria y sobre los documentos "autobiográficos" que su obra
contiene. Para contestar esta consulta,
don Alfonso Reyes escribió las páginas
que a continuación publicamos.

Año XII No. 2 Febrero de 1955

D. A. S. U.

BOLETIN MENSUAL
DE LA UNIVERSIDAD
DE NUEVO LEON

�\

MI VID A
y M I O BRA
'\

el escudo abollar de un gigante
con la 1wnda de un lirio pascual.

.\

En la rosa del juega jugando
encontramos albricias de miel:
iteponaxtle fundido en rabel!
Ya te olvidas del cómo y del cuándo;
ya tu pluma, que goza cantando
como el rui -de la rama- señor,
firma un trino, subraya un color,
y es tu verso, en las ondas sonoras,
pensamiento que roba las horas,
cortesía que pica la flor.

(Respuestas a las preguntas de algunos jóvenes escritores)
ARA BIEN o para mal, yo pertenezco a la literatura mexicana. Hacerme desentendido seria
necedad y no virtud. Además, la suerte me ha encargado de "un señor a quien mis amigos
llaman por mi nombre". Tengo que cuidar de sus asuntos, como tengo que cuidar de mi
casa; tengo que recoger las noticias que a él se refieren: gratas o ingratas, que Dios escogerá
las suyas. ¿A quién le importa? A mi, desde luego, porque me agrada poner orden en mis negocios, cosa del aseo. Además, no ya en mi condición de escritor, sino de hombre, también creo te•
ner derecho a levantar el inventario de mi vida o a dictar mi testamento, y también creo que los
accidentes de mi jornada terrestre pueden ofrecer algún interés. Hay peores manias -¿no es ver•
dad?-y las perdonamos de buena gana. Ayer se me dijo que este anhelo por esclarecer mis ex•
periencias era vanidad; mañana se verá que es historia.
Para mientras llega el día, si ha de llegar, de mis memorias, que aún están a. medio hacer,
quiero adelantar algunas explicaciones. Mi vida puede fácilmente dividirse en etapas según los lugares de mi residencia, y dejando aparte los viajes ocasionales:

P

1

¡

1) Primera etapa en Monterrey. Nací el 17 de mayo de 1889. Fuera de los
veraneos por los alrededores -la Fama, la Leona, San Pedro y San Pablo,
el Mirador-, viví diez años en mi ciudad natal. Primera época del gobierno de mi padre en el Estado de Nuevo
León, Escuela de párvulos y comienzo
de la escuela primaria.
2) Primera etapa en México. En
esta ciudad vine a cumplir los once
años, cuando mi padre ocupó Ja Secretaría de Guerra y Marina. Aquí
acabé los estudios primarios, parte
en el Liceo Francés (Ribera de San
Cosme), parte en
casa bajo la dirección del profesor
Manuel Velásquez
Andrade; y aqui
presenté mi examen de admisión
a Ja Escuela Nacional Preparatoria. Años de 1900
a 1903. De entonces datan los primeros cuadernos
de versos que conservo. Pretendí
abrir un diario en
forma. Mis bermanas profanaron e]
secreto e interrumpí ]a tarea,
indignado. ¿Qué
podía yo contar
elltonces? Todos
los días se repetía
la misma anotaciün, u~o de los
sucesos más importantes de mi
exi·stencia por
aquel tiempo: "Y
torné mi café con
leche, y bastante pan con mantequilla".
3) Segunda etapa en Monterrey.
Vuelvo a mi ciudad cuando mi padre
renuncia a la cartera de Guerra y Marina y nuevamente se hace cargo del
gobierno de Nuevo León, de que se había separado con licencia. Un año y
medio de estudios preparatorios (bachillerato) en et Colegio Civil del Estado: 1903 a 1904.
4) Segunda etapa en México, 1905 a
1913. Escuela Preparatoria, Escuela
de Derecho y grado. De vacaciones en
Monterrey, mi primera página dada a
la publicidad (El Espectador, 28 de
noviembre de 1905): tres sonetos llamados Duda. Mi primer libro: Cuestiones estéticas, es publicado en Ollendorlf, París, 1911. (Poco antes, apare-

Pág. 2

cieron en México mi conferencia sobre Manuel José Othón, folleto de 1910,
y mi conferéncia sobre el paisaje en
la poesía mexicana, foJleto de 1911,
ambas de elaboración muy posterior a
Cuestiones Estéticas). Casado el 17 de
julio de 1911 con Manuela M. de Reyes, nace mi hijo único el 15 de noviembre de 1912. Quedan recuerdos de
esta época literaria (Sociedad de Conferencias, Ateneo de la Juventnd, etc.)
en Pasado inmediato, en algunos fragmentos de La experiencia literaria, en
El testimonio de Juan de Peña, etc.

Poco después de la muerte de mi padre (9 de febrero de 1913), emprendo
mi primer viaje a Europa: Francia y
España. Mi ausencia de México durará once años.
5) Primera etapa en Europa: París,
Julio de 1913 a ocutbre de 1914, fecha
en que me lanzan a España la djsolnción &lt;le la antigua Legadón de México
en Francia y la Guerra No. 1. Recuerdos de París en El cazador; y del viaje de París a Madrid, en -'-'Humbo al
sur" (Las vísperas de España).
6) Madrid, 1914-1924. De esta época
hay recuerdos, sobre todo, en Las vísperas de España, Retratos reales e imaginarios, Simpatías y diferencias, El
Suicida, El Cazador, Calendario, Aquellos días, Burlas literarias (Archivo de
A. R.); y después, en "El reverso de

un libro" (Pasado inmediato), "El revés de una metáfora" (La experiencia
literaria), Los siete sobre Deva, De viva voz, (un par de discursos) etc.
Prácticamente: vida literaria los cinco
primeros años, y vida diplomática los
otros cinco años, como Encargado de
Negocios de México.
7) Regreso a México el 7 de mayo de
1924. Diez días después cumplí 35
años. Dos meses después comencé un
diario en forma, escueto y reducido ·a
datos sobre mi vida y mi trabajo, casi
sin emociones ni ideas. Estimo que me

servirá so]amente como cantera para
las memorias 'futuras .
8) Segunda perm~nencia en París,
como Ministro de México, de diciembre de 1924 hasta principios .de 1927.
9) Regreso a México, y viaje a Buenos Aires, donde permanezco al frente
de nuestra Embajada de julio de 1927
a marzo de 1930. Recuerdos en De viva vo.z, Norte y Sur, etc.
10) Embajador en el Brasil del 16 de
marzo de 1930 hasta mediados de 1930.
Realizo, entre agosto y octubre de
1933, un viaje de servicio al Uruguay,
la Argentina y Chile; concurro a la VII
Conferencia Internacional Americana
en Montevideo (diciembre de 1933) , y
hago un viaje a México entre fines de
1934 y comienzos de 1935. Mi madre
fallece el 6 de diciembre de 1934, en-

contrándome yo a su lado. Recuerdos
en los Romances del Rio de Enero,
Otm voz, Tren de ondas, Ultima Tule,
Norte y Sur, etc.
11) Segunda Embajada en la Argentina, julio de 1936 a diciembre de 1937.
Conferencia lnteramericana de Consolidación de ]a Paz, Buenos Aire$, d~ciembre de 1936.
·
12) Regreso a México en 1938 y
- salvo una visita de servicio al Brasil, de mayo de 1938 a febrero de 1939,
y después viajes ocasionales a los Estados Unidos, a la Habana y a París,
áquí como Presidente de la Delegación
Mexicana a la Primera Asamblea Internacional de ]a Unesco, noviembre a
diciembre de 1946-, me establezco en
México. Predominan en esta etapa
obras de carácter objetivo, en que no
hay lugar a recuerdos personales (La
critica en la Edad Ateniense, La antigua retórica, El deslinde, Letras de la
Nueva Es parid, Junta de sombras, etc.),.
pero entonces se dan a la imprenta
mucl-~as obras qne pertenecen a ]as
etapas anteriores, donde, como se ha
visto, abundan las evocaciones de mi
vida.
En el ,óán de no dejarme tragar por
la materia, he limpiad o mis veredas constantemen•
te, he procurado
día a día que no
se azolven mis canales, he jardinado en lo posible
eso que hoy sellam a mis ¡¡vivencias", dando a cada objeto su sitio
y asignando a· cada documento su
debida clasificación. Llevo, desde 1924, el diario
ya mencionado;
guardo metódica..
mente mi corres~
pondencia (sobre
todo, la que reci- \
bo, pues confi~so
haber perdido
muchas de mis
cartas); publiqué
hace varios años
un mensaje a dos
amigos que) bajo
disfraz humorístico muy mal entendido por la gentuza, trataba de
proponer una posible organización futura de mis publicaciones, proyecto ya
abandonado porque Jo cubrió y cegó
el ctecimiento ulterior; dí a ]a prensa.
durante algún tiempo, mi correo Monterl'ey a modo de acompañamiento en
sordina, lo que más tarde y en otra
forma he venido haciendo con los cuadernos de mi Archivo, que son remembranzas en buena parte; reuní mis versos sociales y "de circunstancias" en
Cortesía: también testimonios biográficos; Y, en fin, he comenzado a publicar aqui y allá fragmentos de mis memorias, por si no me fuere dable --oh
Trombosis- 1levarlas a buen término.
Las referencias que acabo de hacer a
mis libros son meros ejemplos: no agotan, ni con mucho, el "material autoPasa a la Pág. 5

Lectura

ALFONSO REYES
Por Alfredo CARDONA PEKIA
ADRE Alfonso, melódico y sabio,
que en tu libro de versos demuestras
cómo deben las formas maestras
mojar pluma, temblar en el labio:
sientan otros amargo resabio
y hagan mueca al román paladino;
mientras corra tu amor cristalino
como un río, al fluír de tu verso,
padre Alfonso, melódico y terso,
seguiremos amando tu vino.

P

Tú nos has regalado, Maestro,
esta ley en un pomo de sales:
contra muros de sombra, cristales;
contra ajenos estilos, el nuestro,
En reir eres músico diestro;
en pensar, un atleta del coro;
eres amo del viejo tesoro
de quemar la verdad en el sueño,
y en el {río es tu voz como un leño
alumbrando las {ábulas de oro.
Pues nos mezclas esencia -tan rara
del Aqueo, don Luis, Mallarmé,
con e'l sol popular del olé
y el tequila de Guadalajara,
bullir vemos la gota preclara
que un sabor nos dará universal.
El pedante dirá: "No está mal" . ..
mas ya hubiera querido el tunante

iCuántos versos al cabo del año
madurados en cestas opimas!
Tú quitaste del polvo las rimas
y mostraste que en nidos de antafw
amanecen alondras hogaño:
aquí están las trescientas y tantas
verdes hojas del libro que cantas:
bosques hacen, jardines, manojos,
y resbalan por ellos los ojos
como el sol matinal en las plantas.
¿poesía, "oscuridad perfecta",?
¿Mar sin playa y aurora sin lampo?
Regresemos al agua del campo,
entre todas la amada dilecta;
y pulsando la clave senecta,
mientras sombra nos hace la umbría,
el mester oficiemos que hacía
don Gonzalo, pasando su triaca
de la Rioja a tu Azul Cuemavaca,
ijoven añoso, verde en el día!
Zoilo hebén, que el acendro desprecia,
oca ruin, aprendiz de retórica,
discriminan tu página dórica.
Va el rumor, el escándalo arrecia . ..
iTempestad en un vaso! La Grecia
no es asunto de resta y d.e suma.
Tu talento deshace la bruma,
y rompiendo sµs pálidas vestes,
hecha un rayo, la hermana de Orestes
se desprende del sol de tu pluma.
Por tu libro, que elogio en un metro
en que dan más espinas las rosas,
junto abril, juventud, mariposas,
y en tu carmen de galas penetro.
La belleza fulgura en tu cetro
como el sol en la ruta de Alonso.
Verso tuyo es durazno que intonso
ha dejado su vello en la fuente,
iy una abeja te liba la frente,
padre sabio, melódico Alfonso!

Pág. 3

�ALFONSO REYES
Por José ALVARADO

I no fuera por ciertas razones, sería posible la formulación. de estas preguntas: ¿Existe Alfon•
so Reyes? ¿No será, por ventura, el mito inventado en una conspiración de humanistas fun•
dadores de una religión de la curiosidad? Porque Alfonso Reyes está en todas partes. Su
huella aparece sobre los rastros de Góngora y los pasos de Mallarmé; en la gran estatua que
muchos hombres siguen levantando a Goethe, está la marca de sus dedos y en la resurrección de

S

los mármoles griegos se advierte el soplo de su espíritu; en los caminos que América recorre ha
puesto flechas para señalar rumbos; el viejo valle de Anáhuac, transparente y dramático, resu'.r•
ge con su aliento; por las rutas oceánicas queda la estela de su nave; "si allá junto a Guadarrama
deja tu amistad señales, junto a Santa Genoveva hay los recuerdos que sabes". Entre los filóso•
fos hay palabras suyas y los historiadores lo hacen camarada; ha puesto más de una lámpara en
las costas de la geografía; rescató secretos de la semántica y disipó nubes sobre la filología; alude
a la física y hace señas a matemáticos y teólogos; abre la puerta de los economistas y deja adver•
tencias en las ventanas de los politicos; penetra en los vericuetos de las
teorías jurídicas y sube a los salones
de la diplomacia. Asciende a los monumentos y hace elegías a las modistas de Paris. En fin, anda hasta en las
cocinas y las bodegas.
Otros dirán: Alfonso Reyes es un capitán que manda soldados a preguntarle secretos al mundo y tiene bajo
sus órdenes a mariscales de la prosa
haciendo libros y mariscales de la
poesía iluminando palabras. Esconde
a un angel prisionero que le alumbra
misterios y mantiene preso a un demonio que le aconseja errores. Un capitán general que es también un dictador: no deja descansar a sus hombres
y muchas ve.ces les roba el sueño y les
dobla la vigilia.
En todo caso, existe la dictadura ·de
Alfonso Reyes. ¿Quién le iba a decir a
don Porfirio Diaz que un hijo de Bernardo Reyes, aquel sobre cuya figura
dejó caer celos ciegos y tardíos, iba a
ser llamado dictador, y nada menos
que .en la Ciudadela?* Alfonso Reyes es
el dictador de las letras mexicanas y
es también su caudillo; cada libro es
una batalla. Sólo que es también el adversario mayor de su propia dictadura: cada nueva página suya, ¡y son tántas todavía!, es un mensaje a los jóvenes. Y quien a ellos se dirije, invita a
la contradicción y enciende el anhelo
de lograr obras mejores. Esto tiene de
revolucionario.
No faltara, tampoco, quien diga: Alfonso Reyes es un monumento y en su
bronce pone destellos el sol de la le- ·
yenda. Y alguno afirmará: es una
montaña, un hecho de la naturaleza
que siempre ha estado alli, ante nosotros y rodeado de nosotros. ¿ Quién, si
no, podría imaginar a la literatura mexicana sin Alfonso Reyes; como quién
puede imaginar al Valle de México sin
la sonrisa del Ixtlacihuatl?
Pero no, Alfonso Reyes es un hombre de este mundo; precisamente de
este mundo, que es decir de este tiempo, de este tiempo en que, como él ·
mismo dice, "el jardín humano se ve
pisoteado por la locura". América le
ha dado los rios de sus sangres y desde América pregunta al cielo y también a la tierra. México le proporcio- .
na el timbre de la voz, la densidad de
la tinta y el leño para el fuego de la
esperanza y la angustia; el universo le
da el viento, la, noches y los dias. Y
todos los hombres el cordial trabajo
de entenderlos. Sus frases lo dicen:
"Pueblo me soy y como buen americano, a falta de líneas patrimoniales
me siento heredero universal . . . Mi
casa es la tierra. Nunca me sentí profundamente extranjero en pueblo alguno ... Soy hermano de muchos hombres y me hablo de tu con gente de varios países . . . La raíz profunda, inconsciente e involuntaria, está en mi
ser americano". Es posible que las
épicas montañas de su regiomontano

*

El texto que aquí se publica fué leído por
su autor en la VI Feria del Libro, en terrenos de La Ciudadela.

Pág. 4

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Dibujo de Jorge Rangel Guerra

valle natal hayan contribuido a la elegancia de su palabra y que el sol vespertino de Monterrey, que pinta de
morado el Cerro de la Silla, le produjera el primer asombro ante los colores. Es un lugar común y acaso resulte aldeano, pero tal vez hace falta decirlo: Si Alfonso Reyes no fuera mexicano, sería otro Alfonso Reyes. Por

algo lleva la X en la frente.
Todavía sin ganar las últimas batallas de la adolescencia, esa "edad en
que hay que suicida_rse o redimirse, y
de la que conservamos, para siempre,
las lágrimas secas en las mejillas", Alfonso Reyes cuenta ya entre los fundadores del Ateneo de la Juventud, los
mismos que años antes empezaron a

reunirse en la redacción de Savia Moderna y se congregaron luego en el taller de Jesús T. Aoevedo para dar vida
a la Sociedad de Conferencias. El Ateneo de la Juventud nace a fines de
t 909 y es uno de tantos anuncios de
Ja Revolución mexicana. "Sentiamos,
dice Pedro Henriquez Ureña, la opresión intelectual, junto con la opresión
politica y económica de que ya se daba cuenta gran parte del pais. Veiamos
que la filosofía oficial era demasiado
sistemática, demasiado definitiva para no equivocarse. Entonces nos lanzamos a leer a todos los filósofos a
quienes el positivismo condenaba como inútiles, desde Platón que fué nuestro mayor maestro, hasta Kant y Schopenhauer ."
Los jóvenes del Ateneo acudieron a
una cita de México. Alfonso Reyes venia de Monterrey; José Vasconcelos,
nacido en Oaxaca babia recorrido el
pais desde las costas de Campeche
hasta los muros ribereños d,e Piedras
Negras; Antonio Caso, hijo de ,úñ ingeniero de caminos, salia de las filas .
de la clase media de la ciudad de •México; Martín Luis Guzmán, hijo de un
oficial pobre, llegaba de una casa modesta; González Peña de Jalisco, Julio
Torri de Saltillo y el dominicano Pedro Henriquez Ureña había cruzado el
mar para ligar su esfuerzo a la hazaña
mexicana. Ninguno de ello~ tenía por
qué haber participado en la huelga de
Cananea, ni en la de Río Blanco; tampoco en el asalto de Las Vacas. Pero
en las tareas intelectuales, su obra tenía puntos de contacto con el Partido
Antirreleccionista y hasta con el Partido Liberal Mexicano. Formaron un
grupo de conspiradores y combatientes contra los cuarteles culturales del
Porfirismo y fueron uno de tantos batallones de la Revolución. Antonio Caso llamó una vez San Francisco I. Madero al mártir de 1913 y en José Vasconcelos empezaba a encenderse la
antorcha que enarboló durante muchos años. Todos contribuyeron al derrumbe del Positivismo y cada uno
dió su golpe al árbol de la dictadura.
Es empequeñecer a la Revolución mexicana privarla de lo que históricamente le corresponde y uno de sus torrentes iniciales, el que llegó a la Escuela Nacional Preparatoria, fué el
que levantó al Ateneo de la Juventud.
Es verdad: los treinta años de paz del
Porfirismo, una paz asentada sobre la
sangre, el llanto y la miseria ' de las
mayorias, permitieron la tranquilidad
suficiente en las bibliotecas para que
los jóvenes del Ateneo buscaran la sabiduria. Es cierto: el silencio nocturno hizo posible que las lámparas de
aquellos mozos ' permanecieran hasta
que las apagaba la luz del día y ellos ,
retiraban los ojos de los textos Platónicos para volverlos, en descanso, hacia la claridad de la mañana. Pero sus.
álmas estuvieron siempre en guerra
contra los cimientos de aquella paz.
Si asi no hubiera sido, no hubieran
fundado, al triunfo de Modero, la Universidad Popular, ni habrían continuado su tarea en medio de todas las
luchas civiles. Los conservadores hicieron pacto con el silencio y no volvieron a hablar hasta muchos años
después y otros se dedicaron al denuesto. El Ateneo, en cambio, dejó salir a algunos de los suyos a la guerra:
Vasconcelos y Martín Luis Guzmán dejaron los libros y fueron a dar hasta
el campo mismo de batalla. Sólo distraidos o necios pueden decir que la
gente del Ateneo volvió la espalda a
México para refugiarse en Grecia.
¿ Desde cuando las lecciones de Sócrates han servido para escapar o dimitir? Platón fué en sus manos instrumento de rebelión y, como en las grandes revoluciones, ellos hicieron que la
luz inextinguible del Agora griega,
acompañara la de las teas insurrectas.
Letra politica, venida desde la misml-

DE MI VIDA
Y MI OBRA
Sigue de la Pág. 2

He intentado, en parte, satisfacer este
anhelo
de un modo irregular y esporábiográfico" derramado en mi obra toda
dico.
Así
en la "Noticia" previa y en las
impregnada de recuerdos. Unos son
recuerdos directos, como en las Me- "Notas bibliográficas" finales del tomorias de Cocina y Bodega, en el "Sa- mo Las vísperas de España; en la "Noludo a los amigos de Buenos Aires" y ticia bibliográfica" que cierra la pri"Juegos Florales de Mazatlán" (discur- mera serie de los Capítulos de literatusos ambos publicados en el tomo De ra espwlola; en "El reverso de un liviua voz); otros son recuerdos implí- bro" (Pasado inmediato) ; en "El recitos en la elaboración literaria, que a vés de un párrafo", ºEl revés de una
veces me he divertido_en descifrar yo metáfora" y hasta "Escritores e impremismo. A esto seria menester añadir sores" (páginas todas que constan en
ciertas Analecta aún no recogidas en La experiencia literaria); en el "Próvolumen, numerosos poemas que res- logo", "Nota", indices de "Poemas omiponden de modo inmediato a algún tidos" y "Apéndice" que figuran en mi
caso, circunstancia o Jrance de mi vi- Obra Poética; y en varios otros lugada y, desde luego, las memorias en res, como a los comienzos del "Presa. marcha. (Hasta hoy sólo he publicado- gio de América" (Ultima Tule).
en volumen un primer capitulo: PaPues siempre he sido algo critico de
rentalia) .
mis propios escritos, y siempre, al es- ·
cribir,
me veo escribiendo como desPrescindiendo de los folletos y pude
arriba
de mí mismo, y se me antoblicaciones provisionales que luego se
incorporan en volúmenes posteriores, jaria contar en qué condiciones lo hahabré dado hasta hoy, entre prosa Y. go. En La .experiencia literaria tamverso, más de un centenar de libros. bién, he publicado dos breves ensayos
1
No me atrevo a contarlos, para evitar --"La biografía oculta' y "Detrás de
la confusión entre varias ediciones y los libros" - que, de un modo general,
refundiciones, cuyo análisis resultaría explic_an-mi deseo de volver la tela de
revés, estudiar su trama, y mostrar las
enojoso.
puntadas ocultas. El propósito de haCada vez que paso los ojos por la
cer ver los alrededores de la propia
colección de mis obras, me acuden reobra, como ahí lo he dicho, ha movi- sos, ( dejando aparte lo "didáctico").
cnerdos y se me ofrecen observaciones
do a muchos escritores: Daudet, Da- Uno es el piso de la li_teratura auténti- .
y comentarios. Se apodera de mi el
río, Blanco-Fombona y, como todos sa- ca que -buena, mediocre o malaansia de explicar algunas circunstanben, hizo que Goethe escribiera su pretende ser literatura. Otro es el piso
cias referentes a este o aquel :volumen, Poesía y realidad.
donde se amontonan los documentos
a tal poema o articulo, a determinada
que he ido juntando al paso, y que he
Así, cuando examino mi obra en
página, a cierta frase que esconde deconservado para mejor manejar mis
conjunto, la veo distribuida en dos pitrás una historia.
materiales. Bajo estas minucias de taller, que parecen meras curiosidades
de coleccionista, alienta un propósito,
un ideal -tal vez lo compartan conmigo otros escritores-: la total manifestación de una existencia.
En este sentido, aprobé la ingeniosidad de cierto amigo que me llamó un
dia: "erudito de sí mismo", -por cier~
to sin mordacidad ni censura-, y le
contesté con estas palabras: "Yo soy
el primero en saber que, a veces . .. Le

diré lo que me pasa: no creo en el sentido antológico, aunque es sin duda el
más aristocrático, pero también el más
subjetivo e incierto. Quiero que .l a literatura sea una cabal explicitación y,
por mi parte, no distingo ·entre mi vida y mis letras. ¿No dijo Goethe: Todas mis obras son fragmentos de una
confesión general? Con lo único que

no transijo es con el mal oficio, con
la técni'ca deficiente".
Y si el lector piensa que exagero, admito que otras veces yo mismo puedo
pensar de otro modo. Aún no estoy
embalsamado: estoy vivo, luego cambio constantemente; y el mundo, a mi
alrededor, también está en perpetua
mudanza.

Pasa a la Pág. 8

Pág. 5

�'

ILIIIBIR.OS

ELOCEANODE
LA MEMORIA

Por Francisco GINER DE LOS RIOS

Al modo de Berceo, que con Sierra me acosa
en esta Cuernavaca colorida e sabrosa,
en loor de un varón quiero fer una prosa
que me valga bon vino en la ronda rumbosa.

Por Eugenio IMAZ

\

1 I

En Monterrey la buena, essa villa cabdal,
llave de todo el Norte que vale un dineral,
nasció el varón un día, bailón como Pascual,
de todas las Gloriosas amigo natural.
Dizienli Alfonsso, dizenlo los manuales
en que aprenden los ninnos las letras nacionales,
e rey es de los Reyes ennos patrios annales
e sufre a los sesenta estos juegos florales.
ti

r

1

1

1
1

Difícil, al hablar de Alfonso Reyes, decir algo que no
parezca excesivo. Bordeando esta dificultad, me atrevo a
clasificarle entre esos hombres prodigiosos de memoria
oceánica, como Menéndez y Pelayo, como Dilthey. Nada
de lo que ven y de lo que leen les va perdido, y todo se les
organiza inmensamente, con instantaneidad de repercusión
para ha~er del momento una historia, del suelo que se pisa
un continente.

1955.

.

TRES POETAS DE LA SOLEDAD, por
Hamón Xirau. Colección México y lo
Mexicano, No. 19. Antigua Librería
Hobredo. México, 1955.

.

Con el regocijo propio de un gran
descubrimiento debe hacerse el elogio
del libro bajo el nombre de DECIMAS
DE SANTA ROSALIA, por Juan José
de Arriola que publica esta vez la acreditada Colección LOS PRESENTES.
El lector que abre este libro percibe
el aroma poético del siglo XVIII, pero
con una tonalidad diferente, producida por un bien logrado hermetismo;
esto es debido a que la obra del Padre
Juan José de Arriola permaneció oculta a los ojos del mundo por espacio de
doscientos años, es decir, que las generaciones literarias comprendidas en

Triscó en Guadalaxara e a México se vino
e fué de Pedro Henríquez e de Torrí vezino,
joven del Ateneo, en poesía adivino,
e con un primer libro priso largo camino.

Después de irn prolongado silencio
esta Colección :México y lo Mexicano
sale nuevamente a la luz con un peque1lo ensayo de llamón Xirau sobre
tres poetas mexicanos. Se trata de .José Gorostiza, Xavier Villaurrutia y Octavio Paz, poetas que resumen para el
autor ideas y sentimientos, moth,os e
imágenes. Al ocuparse de José Gorostiza se refiere, necesariamente, a su
Muerte sin Fin, poema que en 1939
rompió el silencio en q9e se encontraba el poeta &lt;lcsde sus Canciones para
cantar en las Barcas. Se introduce Xirau en ese poema para hablarnos de
sus imágenes, sus metúforas~ para desentrañar, en fin, el hondo significado
de esta obra poética que es búsqueda
de la expresión y la comunicación 1 y
que a través de las imágenes de agua y
vaso, contrapuestas, se reconoce la
conciencia y la vida en aquella, en éste la inteligencia y 1a forma.

1954.

El 10 de noviembre del año próximo pasado, se terminó de imprimir en
:\.féxico, y por el Fondo de Cultura
E~o'Ilómica, el No. 57 de la colección
"Tierra l:;-irme". Este volumen lleva
¡:&gt;or título "La poesia post-modernista
peruana", es obra de Luis Monguió, y
viene a aumentar una colección que es
el esfuerzo más serio que se ha realizado pilra presentar un panorama completo de lo que es la cultura en · nuestra América.
La serie, que en afgunas ocasiones
se extiende hasta parecer inacabable,
de poetas., movimientos, datos sobre

L'!JIS MON.GlJlé

La .-Poesía
.-Postmodernista
.-Peruana

j

De Villaurrutia, poeta de · 1a forma
que alcanza expresiones profundas,
nos dice que nunca logró encontrarse

En Madrid falló luego repaire e compañones
e fué Alfonsso más rey que aquél de los Barbones,
ca puso él nobleza donde el otro baldones
e supo de las gentes gannar los corazones.

ALAS CASAS EDITORIALES YA
LOS SEÑORES DISTRIBUIDORES
YLIBREROS DEL CONTINENTE
La Universidad de Nuevo León ha
mantenido desde su fundación un vasto plan editorial que desarrolla al través de publicaciones cuya circulación
comprende a todas las Instituciones
oficiales, universitarias, académicas,
ateneistas, centros culturales, sociedades de diversa índole y personas, en
Améríca y Europa.
Entre el cuerpo de ediciones que
aqu,í se imprimen figura nuestro mensuario "ARMAS Y LETRAS", que recientemente ha establecido una sección -LIBROS-, en la que figuran
comentadas las obras últimamente aparecidas en las prensas americanas.
Dada la extensa órbita de circulación del Boletín arriba mencíonado, y
en interés de ofrecer al lector americano una juiciosa información del fondo y continente de la obra, cotejada
a la luz de un criterio ecuánime y a
tono con la moderna interpretación
del pensamiento 'c ientífico, literario o
artístico, "ARMAS Y LETRAS" se complace en invitar a ustedes a coadyuvar
con este propósito de orden cultural
que anima a la Universidad de Nuevo
León, solícitándoles el envío de cada
una de las ediciones nacidas en sus
prestigiosas prensas, las cuales serán
objeto de nuestros ~comentarios, en la
medida que vayan llegando a nuestras
manos.
Los envíos deben hacerse a:
"ARMAS Y LETRAS",

f'úNOO O( cui:n,m.A ~IC\,\
Mh:&lt;;,,,,. ·..¡~'&gt;l,;m:

Universidad de Nuevo León,

Cuando El Colegio de México "vivía" en Pánuco 63,
tuve yo la suerte de que muchas mañanas me llamara a su
despacho o viniera de improviso al mío, y·en esas mañanas
inolvidables, cuyo recuerdo henchido deposito como ofren' floridos sesenda en estas "mañanitas" de bienvenida a sus
ta años,* hablábamos, hablaba él. zarandeado levemente
por mis bruscas disociaciones, de todo lo divino y lo humano y de otras muchas cosas más, entre las que apenas si asomaba de vez en cuando alguna piadosa murmuración. Perdido yo, por incumbencia de mi trabajo, entre adustos y a
veces imponentes mamotretos tudescos y sajones, de filosofía, de historia, de sociología y hasta de economía, una y
otra vez me ha salvado la profunda y, sin embargo, fresca
y hasta retozona experiencia intelectual de Don Alfonso, su
palabra justa, jugosa, aireada y chispeante, de perderme para siempre en los secos y estreñidos laberintos de la sabiduría conceptual. Este hombre de libros me sacaba de los libros y me llevaba a pasear al campo: ha sido mi gran encuentro en México. Y o mismo no sé lo que le debo, tanto le
debo. i Que Dios me lo conserve para mi bien, y para el bien
de las Españas y las Américas 1
*

DECIMAS DE SANTA ROSALIA, por
Juan José de Arriola. Selección y
Notas de Alfonso Méndez Planearle.
Colección Los Presentes. México,

LA POESIA POSTMODERNISTA PEHUANA, por Luis Monguió. Fondo
de Cultura Económica. Col. Tierra
Firme . No. 57. ·México. 1 a. Edición,

Después la vida aína le {izo embaxador
e concertó tratados e conosció el amor
de otras letras e donnas de variado sabor,
ca de unas ·e de otras es muy grant catador.

J
las características de 1a obra y en fin,
todo un fárrago de noticias menores
abruman al lector, hasta el grado de
hacerle perder el interés que el título
sugiere.

Al sieglo de los griegos ovo siempre atenencia
e la antiga hermosura dioli fresca espiriencia.
en todos los caminos de la humana sapiencia,
la estoria e la teoría, la poesía e la ciencia.

TRES POETAS
De su vida ora escribe con gracia e frescura,
pero aguisa en sus gallos cosas de otra pastura
que asombran a las gentes por su mucha mesura,
ca paresce imposible parición sin ardura.
'

E aún le resta holganza a aqueste grant letrado
de regir el Colegio, freiría de cuidado,
donde cutiano asiste según diz el dictado
e Lida e Alatorre ( Cosío está encerrado).

I

'.

1

A más que la escriptura no dexa otra señal,
suso su grande brillo de estrella bien cabal
que los sesenta annos, edad primaveral, '
deste escriptor e omne, par que non a egual.

Además de una atractiva portada
donde se lee una de las décimas mejor
cinceladas del poeta, las páginas interiores están divididas en capítulos los
cuales están subrayados por un epígrafe relacionado con el fondo mismo
de las décimas comprendidas en esa
ordenación. Y para que - el lector se
inicie en el misterio de esta revelación, al final del libro encuentra la
erudita voz orientadora de Alfonso
Méndez Planearle que con epitetos
certeros coloca la obra del Padre Juan
José de Arriola en el lugar que le corresponde en la Lírica Mexicana.

Tolliemos ya la pluma del pesado renglón,
ca nunca fué en la estoria un día de aflictión
el día bien sonado de Sant Pascual Bailón
e véanos Alfonsso la luz del corazón.
'

Quien desee participár del secr~to
vedado por dos siglos a tantas generaciones literarias, no tiene mas que
abrir este volumen y saborear un licor
verbal madurado y enrici,uecido en dos
siglos de hermetismo.

Un milagro de Reyes contara a mis hermanos
si en la cuaderna vía no pusiera las manos,
ca el espacio es pequeño e los fechos lozanos
e faríanme falta Cadiers Americanos.

Se reproducen aquí las palabras del desaparecido filósofo español Eugenio
lmaz, publicadas en ocasión de los sesenta años de Alfonso Reyes.

estos dos siglos, no \ ibraron, comq lo
hemos hecho nosotros, al contacto dulce y amable del creador de estos poemas. Los editores de estas piedras ta• actas en diez facetas las han ensarta·ao en un invisible hilo común que las
reune a todas. ElJos son los autores
del milagro.

* Publicada en la edición de homenaje a Alfonso Reyes con motivo de sus se-

H. A. G.

~DE LA SOLEDAD

,e ·"",

/14.r .RAMON. XfRA{l

~'r«;Q i.!llkfl..lA ll()lilltJlO
k\.._¡""'¡ n~

en esa búsqueda de sí mismo, y señala
Nostalgia de la Muerte como el momento culminante ele ese proceso. De-

dica el autor gran parte de este estudio al problema amor-muerte en la
poesía de VilJaurrutia, y afirma que
éste fué un poeta del amor, y por esto
mismo poeta de la muerte, ya que en
él se fundieron deseo y angustia y
amargura, y para qÍiien amar es "morir otra ve;. la misma muerte".
La palabra, los simbolos, la soledad,
son los puntos que toca en las páginas
que dedica al poeta Octavio Paz, en
quien la poesia significa fusión de
contrarios, expresión misma del hombre. Aclara el autor al final de estas
páginas lo incompleto de este libro,
que si bien no se ocupa de toda la litcratura mc:xicana del siglo XX, se detiene sobre la obra de tres grandes
poctas mexicanos. En suma, un libro
que se vuelve indispensable para el esludio de la moderna literatura mexicana.

Ofrecerse al público de dos maneras diferentes, una que suprima lo
innecesario de la información, y concrete en grandes Hneamientos y en
sencillos y amplios trazos las figuras
esenciales; que sea capaz de dar de
ellas, no una definición, sino una evocación que nos haga sei:lirlos esencialmente .
Debe haber además, el catálogo completo de fuentes, datos y nombres, a
los cuales puedan acudir menos investigadores para prosegllir el trabajo y
dar nuevas interpretaciones.
· Eso desde luego trata de hacerlo el
autor. Sólo hasta la Pág. 185 no ofrece
su trabajo. ¡ Pero véase con qué densidad! El ler. Cap., que ocupa 15 páginas tiene 33 notas. EL2o. Gap., que
oc~pa 34 páginas tiene 99 notas, así
sucesivam·ente, en realidad la tarea
que se marcó parece superior a sus
fuerzas . Y es que un autor, por más
genial que sea, por más documentado
que esté, no puede suplir la labor del
tiempo, la perspectiva que los años
clan, la selección natural que en la li-

Plaza del Colegio Civil,
Monterrey, Nuevo León,
México.
·
Con la satisfacción de haber señalado en las breves líneas que anteceden la resolución de tina urgencia inherente a la cultura moderna, y esperando recibir en breve de ustedes el
aliento a esta sugerencia, la Universi•
dad de Nuevo León les testimonia las
vivas expresiones de su más alto reconocimiento.

masy

fTR

Organo Mensual de la Universidad
de Nuevo León
Registrado como artículo de Za. Clase en
Admón. de Correos de Monterrey, N, L.,

la
el

20 de Ab,;J de 1944.

INDICADOR,
Colaboradores
Raúl Rangel Frías

Fidencio de la Fuente
Francisco M. Zertuche

Genaro Salinas Quiroga
Arturo Cantú S.
Homero A. Garza
Alfonso Rangel Guerra
Guillermo Cerda G .
Jorge Rangcl Guerra

teratura se efectúa.
Es sinembargo el volumen que nos
ocupa, una contribución al estudio de
nuestras literaturas bispano-americanas, que ningún futuro estudioso deberá desconocer.

Manuel Morales
Director

Lic. Fidencio de la Fuenlc
Oficinas
Washington y Colegio Civil
Monterrey, Nuevo León

M.M.G.

MEXICO

senta años.

Pág. 7
Pág. 6

•

�AILFONSO l~EYES
Sigue de la Pág. 4
sima Polis, fué la que escribió la generación del Ateneo. Quien diga lo contrario, ni entiende al Ateneo, ni entiende a la Revolución, ni entiende la
cultura, ni entiende la política, ni entiende a México, ni entiende nada ...
En ese grupo, Vasconcelos aparecía
poseído por el anhelo de reconstruir
el mundo; Antonio Caso, lo dijo él
mismo, por el de contemplarlo; Hen. riquez Ureña por el de explicarlo; Alfonso Reyes por el de iluminarlo. Era
el distinto camino de cada quien para
la búsqueda del orden universal.
En esos años del Ateneo termina de
escribir Alfonso Reyes los ensayos de
su primer libro, Cuestiones Estéticas,
donde aparecen por vez primera algunos de los temas que han de acompañarlo a través de su ya largo camino:
la tragedia griega, Góngora, Goethe,
Mallarmé, la literatura mexicana, el
lenguaje popular ... Había dicho ya su
conferencia sobre los Poemas Rústicos
de Manuel José Othón y publicó a poco el cuaderno con su ensayo sobre El
Paisaje en la Poesía Mexicana ael Siglo XIX. Tenia veintiún años y ya se
advertían su penetración critica, su
inconfundible y tan americana orientación ética, su lucidez y esa suave,
discreta gracia del lenguaje; por su
tinta corrían ya los jugos clásicos y en
el texto se difundía desde entonces la
emoción convertida en claridad. Todavía algunas lágrimas adolescentes no se
acababan de secar sobre las mejillas...
En 1905 habían aparecido sus primeros poemas en un periódico de Monterrey, un grupo de tres sonetos bajo el
nombre de La Duda, tal vez la primera salida en letras de molde. Porque
Alfonso Reyes dijo en verso sus pala-·
bras iniciales. "Yo comencé, dice, escribiendo versos, he seguido escribiendo versos, y me propongo continuar escribiéndolos hasta el fin; según
va la vida, al paso del alma, sin volver
los ojos. Voy de prisa. La noche me
aguarda y está inquieta".
·
También algunos cuentos Y. ensayos
que publicaría muchos años después,
se acumulan por esa época entre sus
papeles. Y cuadernos de notas, de
apuntes y estudios que lo siguen y lo
llaman todavía. Y él acude porque no
es de los que dejan malograrse las semillas o perder los avisos del mundo.
Cada vez que Alfonso Reyes limpia su
mesa, ha dicho Salvador Novo, se reunen las páginas de un libro.

lanza a caminar por la enorme ciudad
de sus libros, hace un alfo en el primer tiempo, entrecierra los ojos, y la
obra de Alfonso Reyes le parece algo
disperso en planos distintos que no
encajan unos en otros; el plano ateniense y el plano alejandrino; el plano de Góngora y el plano de Goethe; el
plano de América y el plano de México; la perspectiva de Descartes y la
perspectiva de Toynbee, las luces de
los poemas, los relámpagos del cine, el
fulgor de los lagos . .. Hay que hacer
el recorrido completo y asomarse a un
balcón del mundo para percibir la humana unidad de la obra, cabal y organizada como una vida que deja señales
de su paso con palabras. "Cuántos pa-

limpia y el corazón valiente. Y las páginas de "El Sol" y de la revista España recogen los testimonios que luego
han de formar los cinco libros de la
serie "Simpatías y Diferencias". Es
más: inaugura una modalidad en la
profesión periodística: Alfonso Reyes
y Martín Luis Guzmán, bajo el seudónimo de Fósforo, inician en castellano la crítica cinematográfica.
Pasan seis años sin publicar un libro, pero la obra va reuniéndose en
los cajones del escritorio, páginas y
más páginas. En 1917 publica tres libros: "El Suicida", seductor conjunto
de ensayos, "Cartones de Madrid", cuadros a veces amargos, a veces sonrientes, lúcidos siempre y transidos de

Otro ciclo se cumple. El diplomático cuelga la casaca. Alfonso Reyes regresa a México y por fin, "aunque sea
más por abandono que por premio",
se ve dichosamente recluido en su oficio privado. Se inicia la época de la
Capilla Alfonsina, la de los frutos dorados, la más fecunda. Alfonso Reyes
vive al fin entre su slibros y sus notas, recogidos a través de un largo viaje de veinticinco años. Y entre su
amada transparencia del valle mexic•
no. Aqui lo dejamos.. ¡, Quién puedl"'
decir sobre Alfonso Reyes la última
palabra?

Poco después había de cerrarse un
ciclo de su vida.
La sangre de las luchas de México
no lo perdonó. Penetró en su propia casa y dejó en su corazón una huella dramática que nunca acabará de borrarse. Sombras leves y discretas de esa
huella y de otras desventuras y aventuras de su alma, aparecerán en varios
de. sus libros posteriores; uno de los
más bellos, el poema dramático Ifige'nia Cruel, recoje, depurándolos, algunos ecos de las tormentas, la que lo
envolvió y la que se desató en su interior.
Vienen los primeros días de París
que luego había de r ecordar en una
página de El Cazador. "Mi imagen de
París, dice, con la moda de aquellos
días, es cubista. Cierro los ojos y miro un París fragmentario, disperso en
diminutos planos que no encajan unos
en otros, como dividido y entrevisto
por las cuatro patas de la Torre Eiffel ..." Sin querer, Alfonso Reyes estaba ofreciendo la imagen de su vasta
nbra futura: también el viajero que se

circulo de su vida. Comienza el diplomático. Hay un rápido vjaje a México en 1924, después de trece años de
ausencia; tres años niás en París, donde publica "Pausa", su segundo libro
de poesía y un cuaderno en francés
sobre la evolución de México. Las
prensas madrileñas trabajan con sus
"Cuestiones Gongorinas". Otra vuelta
a México en 1927. Sobre la mesa de
noche de su cuarto en el Hotel Ancira
de Monterrey estaban entonces las
Conversaciones con Goethe. Toamos a
verlo los estudiantes y ya le llamábamos maestro. Viene la época sudamericana: Buenos Aires y Río de Janeiro. Los libros siguen acumulándose y
ya la nómina se hace larguísima; publica primero en Argentina y luego en
Brasil su correo literario con el nombre de su ciudad natal, Monterrey, y
uµ dibujo del Cerro de la Silla en el
indicador. Crece la obra poética, se
enriquece la obra de investigación y
de crítica literaria; las notas sobre la
cultura americana y sobre las letras
de México se suceden copiosamente;
acude a la cita del centenario de Goethe, escribe páginas po}tticas, la "Aenea Política" y "A Vuelta de Correo".
Otro viaje a México. El escritor le ha
hecho lugar al diplomático y Alfonso
Reyes cumple con exceso, decoro y
fulgor, la misión mexicana en todos
los sitios; pero el diplomático no ha
vencido, mutilado, ni cansado al escritor. Escribe con el brazo derecho y
cumple los deberes del servicio exterior con la mano izquierda, la clásica
manera de hacerlo. Pero es la suya
una diplomacia nueva y viva, buscando, como él mismo dice, la respiración
internacional de México. Entonces
México hacía diplomacia en América.
Y de la buena.

DlbuJo de Jorge Ran¡el Guerra

sos, dice Alfonso Reyes de sus días de
París, ·¡cuántos pasos, dimos, solitarios! ¡Cuántos sueños y anhelos! Y el
propósito de vivir cada vez mejor y
más plenamente."
Y llegan los años largos de Madrid.
Duros y fecundos, conquistadores y
luminosos, tanto, que vuelve a descubrir a América dentro de su mente.
Lleva a México adentro y siente que lo
quema a fuego lento. Es cuando sus
páginas "están hechas a media noche,
rodando - solo- por las posadas de
Madrid, sin saber a lo que había venido, y bajo el recuerdo de las cosas lejanas". Es la época cuando el estilo
de Alfonso Reyes pasa por la lumbre
definitiva : cambia sus palabras por el
pan y el albergue. Vive de escribir; se
hace periodista, ese oficio tan noble
cuando la mano de quien lo ejerce es

nostalgia, y la incomparable "Visión
de Anáhuac", levantada con diáfanos
ladrillos que son cápsulas de luz. Vienen luego "El Cazador", en algunas de
cuyas páginas tiembla el poeta bajo la
prosa tersa y de fulgores tenues y los
cinco tomos de "Simpatías y Diferencias", ventanas abiertas a todos los
caminos de la curiosidad. Ha publicado su primer libro de poemas, "Huellas" editado de forma tan infame que
sus amigos dicen: Alfonso Reyes ha
publicado un libro de erratas con algunos poemas. Después otro de los
diamantes: la Ifigenia Cruel. Estamos
en 1924 y desde aquí el bibliógrafo de
Alfonso Reyes empieza a padecer ; la
obra se acumula, crece y las ramas
brotan por todas partes.
Pero ya entonces ha cerrado otro

Pág. 8

f

Dejémosle aqui y no importunemos
su trabajo; he ahi sus obras maestras:
"El Deslinde", "La Critica en la Edad
Ateniense", "La Antigua Retórica", la
"Junta de Sombras", "La Experiencia
Literaria". He aquí el primer capitulo
de sus recuerdos, cuya edición tiene la
tinto fresca todavía. Pero no olvidemos que Alfonso Reyes, tan sabio, volvió a su patria en son de guerra. Todavía con las maletas del regreso en la
mano, libró una batalla por la libertad
de España y la sigue librando por la
libertad del hombre. 'Pueblo me soy",
acaba de recordar.
Tiene cincuenta años de escribir y
la pluma no ha fatigado su mano. "El
arte de la expresión, ha dicho, no me
apareció como un oficio retórico, independiente de la conducta, sino corno un medio para realizar plenamente
el sentído humano", "Acuérdate de vivir", advierte con la frase de Goetbe
en el epígrafe de su penúltimo libro.
Y sigtie cumpliendo con su promesa de 1915: "No r enunciaremos a ningún objeto de belleza, engendrador de
eternos goces."

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                <text>Es una publicación trimestral editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León a través de la Editorial Universitaria. En las páginas principales de Armas y Letras se incluyen textos literarios, particularmente poesía, narrativa y ensayo, de escritores destacados de la localidad, nacionales e internacionales. Inició en 1944 de manera mensual, se mantiene activa en soporte físico y digital.</text>
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      <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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              <text>Armas y Letras, Boletín mensual de la Universidad de Nuevo León, 1955, Año 12, No 2, Febrero </text>
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              <text>Es una publicación trimestral editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León a través de la Editorial Universitaria. En las páginas principales de Armas y Letras se incluyen textos literarios, particularmente poesía, narrativa y ensayo, de escritores destacados de la localidad, nacionales e internacionales. Inició en 1944 de manera mensual, se mantiene activa en soporte físico y digital.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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