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                  <text>1 No. 5 Mayo de 1955

D. A. S. U.

BOLETIN MENSUAL
DE LA UNIVERSIDAD
DE NUEVO LEON

PROPOSITO TRAYECTORIA

UNIVERSITARIA

A UNIVERSIDAD de Nuevo León despidió, la noche
del diecisiete de abril de 1955, al que fuera su ilustre Rector, el señor Licenciado Raúl Rangel Frías. En esa apoJ¡¡;.li::dff' teosis se congregaron maestros, estudiantes y funcionaENEMOS una Universidad "alerios de nuestra máxima Casa de Estudios, para rendir
gre y elegante", donde se espera el
porvenir con optimismo y se labra
merecido homenaje al que condujo los destinos universitarios
el futuro palmo a palmo. Una Univerdurante los últimos años.
sidad he~edera del espíritu jovial del
Su rectorado, brillante por su actuación, por los fines que
lo animaron y por los triunfos alcanzados, marca en la historia de nuestra Universidad una etapa que se caracterizó singularmente por el anhelo de superación, ·por el deseo de alcanzar una formación auténticamente universitaria. A través
de ese tiempo se logró la aspiración. Se configuró una casa
mayor, se ampliaron sus alas,
se profundizaron sus cimientos,
y todo se vió envuelto por un
clima saludable que permitió
multiplicar los esfuerzos, superar los deseos y realizarlos, junto a una juventud que encontró en su Rector -estudiante
en el sentido humanístico del
concepto- un verdadero guía.
Su mensaje final se escuchó
en los patios del Colegio Civil
del Estado. Reafirmó ahí su fe
en la Universidad de Nuevo
León, en sus Maestros y en su
juventud. Y concluyó que no
se despedía de la Universidad;
¡palabras que nos devolvieron
las viejas bardas del Colegio
con un eco premonitorio!
ARMAS Y LETRAS consigna las páginas de esta entrega
de mayo al que fuera su fundador hace doce años, al ex-Rector de la Universidad de Nuevo León y al universitario prócer e impar a quien tanto deben la Cultura nuevoleonesa,
la Universidad y sus hijos.

I

Este número contiene colaboraciones de universitarios de Nuevo León, la reproducción de LOS
REGIO/llONTANOS de Alfonso Reyes y EL RENACIMIENTO DE LA UNIVERSIDAD, de losé
.Alvarado; contiene también dos ensayos de Raúl Rangel Frias : TEORIA DE l,IONTERREY
y LA IDEA HISTORIC.A , publicados con anterioridad, y el contenido del discurso que pronunció la noche del 17 de Abril de 1955, en la despedida que le ofrecieron Maestros, estudiantes y funcionarios de la Universidad de N uevo León en los patios de Colegio Civil.

glorioso Colegio Civil. En su aire se
respira la libertad y la inquietud que
han dejado generación tras generación. Pero esta característica no es
fruto de un momento feliz, sino obra
de caballeros del ideal que han depo-

sitado su esfuerzo y su talento, para
hacer de nuestra Alma Mater un baluarte de la cultura mexicana en el
norte del país.
La Universidad de Nuevo León, con
ser joven, tiene tradiciones y hombres

ilustres. Para su fortuna, ha sabido
encontrar en el momento preciso hombres que han comprendido su razón
de ser, desde el doctor Pedro de Alba
hasta el actual Rector. A estos timoneles del destino universitario se agrega
el nombre de Raúl Rangel Frias, hijo
distinguido de nuestra · Casa de Estudios.
Cuando un hombre capaz se identifica plenamente con el ideal, puede estar segura la realización de cualquier
obra que se proponga, y _Rangel Frias
supo llevar a cabo cuanto quiso para
nuestra Universidad, porque en él se
conjugaron el ideal y la capacidad.
Ser Rector de una Universidad, es
ser Rector de ideas, ser Rector de ideas,
significa ser vertical e integro, y en
cada oración de Rangel Frías a los estudiantes, hubo integridad y verticalidad. Su palabra fue siempre torrente
de verdad y humanismo. Su preocupación -nunca se cansó de decirlo
mientras fue Rector- fue dar a la sociedad profesionistas que comprendieran su responsabilidad con la Patria,
hombres útiles a quienes hicier.on posible su título profesiónal. Porque ser
mejor profesionista es ser mejor mexicano.
Comprender a la juventud y ganar
su admiración y respeto, es privilegio
de hombres singulares. Rangel Frías
comprendió a los estudiantes y fué admirado· y respetado por ellos: Porque
supo dar dignidad a su. puesto; porque
todo lo pidió para la Universidad;
porque siempre quiso su progreso;
porque fue respetuoso de lo justo y
comprensivo de la voluntad estudiantil.
Tenía que ser algu,ien como Raúl
Rangel Frías, quien .tomara la dirección de nuestra Universidad en momentos tan difíciles. Era preciso hallar al hombre, al universitario, al
idealista que hiciera _tornar a su cauce
el movimiento cultural de nuestra Casa de Estudios. Y esto, se hizo con decoro y suficiencia. Pero ¿cuál ha sido
la obra de Raúl Rangel Frias en la
Universidad, como estudiante y como
Hector?
Como estudiante, fue alumno distinguido y dirigente capaz y dinámico de
los grupos estudiantiles de su generación y su paso dejó hechos e ideas. Su
principal instrumento fue la palabra,
de ello queda constancia en los periódicos que dirigió y colaboró, y en sus
discursos a la juventud de su tiempo
Pasa a la Pág. 3

�RAUL RA'.NGEL FRIAS
insinuante, llena de observaciones agudas, apoyada en conocimientos bien
adquiridos y en lecturas largamente
meditadas. Sus charlas con Pedro Garfias nos cauti vahan. Él poeta enhebraba el hilo de la conversación y Rangel Frias lo seguía por increíbles vericuetos, soltando la poderosa imaginación sin perderse en el empeño, y de. jando ver claros pensamientos como
chispazos de luz. Aqui discurría una
un viaje a la ciudad de México con el mente vigilante, lúcida, capaz de pefin de visitar a José Clemente Orozco netrar misteriosos arcanos y explicary contemplar de cercá su obra pictó- los con sólo unos cuantos golpes de
rica, el licenciado Rangel Frias me in- palabra.
vitó a escribir en las páginas del menEq el Departamento de Acción Sosuario. En esa fecha se publicó mi pri- cial se iniciaron numerosas actividamer trabajo sobre la obra del gran pin- des: exposicii;mes diversas, empresas
tor jalisciense. De entonces data mi editoriales, cursos y conferencias soformal ingreso al cuerpo de colabora- bre variados ·temas, la Escuela de Vedores de "ARMAS Y LETRAS", que se rano, teatro universitario, cursos de
prolongó por varios años y tuve opor- pintura y escultura, hora radiofónica
tunidad de ligar mi modesta capaci- universitaria, cursos de cultura musi-

UVE ocasión de asistir, en c~mpañía de otros amigos dilectos y queridos, al nacimiento del Departamento de
Acción Social Universitaria a cuyo frente figuraba Raúl
Rangel Frias, ilustre caballero del pensamiento. En ese
alumbramiento feliz, como un singular don de reyes, se
movió a la vida periodística "ARMAS Y LETRAS", iluminado
por el fervor de esta voluntad que traía desde muy joven la voca•
ción de la palabra y el fácil discurrir de las ideas. Se iniciaba un
nuevo avatar de nuestra educación superior.

T

Yo estaba ligado a la Universidad
naciente -además del voto· de mis
compañeros maestros de la Escuela Industrial y Preparatoria Técnica "Alvaro Obregón", que me convirtió en Consejero universitario- por esa suerte
de simpatía viva y creciente que se
encendió en mi espíritu por gracia del
ejercicio magisterial. Entre aquellos
amigos que aun viven estaba Pedro
Garfias, el admirado poeta español
que residía en México. Garfias vino a
esta ciudad a participar en un homenaje organizado por la Escuela Nocturna de Bachilleres, en honor de Federico García L9rca. Por poco no regresa
a la capital; algún tiempo después se
vino a radicar a Monterrey, uniéndose
a J~ historia de la Casa de Estudios.
Fue el primer secretario del Departamento.
De entonces -1944- datan los afane.s por este órgano mensual de la Universidad de Nuevo León,,que ha entrado ya en su doceávo año de vida ininterrumpida. Raúl Rangel Frias, alma
y fundador de esta empresa, escribía
sobre diversos tópicos del pensamiento nacional; Pedro Garfias se encargaba de la antología poética y los juicios
críticos que aparecían; Francisco M.
Zertuche informaba sobre el movimiento bibliográfico en la Biblioteca
Universitaria y escribía notas sobre
libros; Edmundo Alvarado Santos,
muerto en plena juventud, escribía ensayos de interpretación literaria; Carlos Villegas daba forma a sus fichas de
literatura mexicana y se aprovechaban
las co1añoraciones de varios escritores
nuestros: Roberto Hinojosa, Miguel D.
Martínez Rendón, Enrique C. Livas,
que era Rector de la Universidad, Gabriel Capó Baile, ya fallecido, Armando Arteaga Santoyo, que publicó su
magnifica bibliografía del Padre Mier,
y otros más.
Recuerdo la impresión que nos causó la primera aparición de "ARMAS Y
LETRAS", que registraba el nacimiento de la Universidad de Nuevo León y
explicaba, en una nota editorial de
Raúl Rangel Frias llena de sutiles referencias humanas, la razón de la cabeza del periódico, inspi_rado en el discurso de las armas y las letras de Cervantes. La publicación absorbió lo mejor de nuestra simpatía. Nos daba la
impresión del más selecto periódico
publicado hasta esa fecha en Monterrey; prometía un surgimiento de la
intelectualidad neoleonesa. Y así fué
porque este silencioso vehículo, que
es liga y vinculo de elevados ideales
humanos', ha continuado esa noble tradición y el inicial empeño de su fun•
dador.
"ARMAS Y LETRAS" era ya lo que
es hoy: un órgano consagrado al registro de las palpitaciones de la vida universitaria. Aparecían en sus páginas
las reseñas sintéticas de las conferen. cias sustentadas en la Universidad, notas bibliográficas, una antologia poética con nótas criticas, apuntes biográ"ficos y críticos sobre los clásicos mexicanos, noticias universitarias y artículos de colaboradores sobre temas
diversos. Por el mes de septiembre de
1945, poco después de que emprendi

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dad a los empeños culturales que tenían su origen en el Departamento de
Acción Social Universitada.

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Desde muy joven surgió su personalidad como el universitario por antonomasia: delgado, alto, nervioso. La
inteligencia saliéndole por todos los
poros de la piel, de lentes que aumentan y prolongan la fisonomía, atalaya
por donde asoman los ojos vivos y penetrantes. Yo lo oía disertar en muchas ocasiones; su conversación era

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cal, conciertos musicales, recitales poéticos, etc., todas ellas promovidas y estimuladas por Rangel Frias que iniciaba, así, una época risueña en la Casa
de Estudios, que continuaba el curso
de su fecunda tradición al servicio de
la juventud neoleonesa. Dé todo ello
han quedado los testimonios que pueden encontrarse en las paginas de esta
revista mensual que los recogió fielmente, como para derivar, del beneficio vivo y presente, un beneficio posterior.
-

En cada una de estas actividades se
veia a Rangel Frias como el · director
atentó a un programa vertebral que
responde a una finalidad trazada de
antemano en sus puntos esenciales. Sabia lo que quería hacer y lo iba realizando poco a poco;_ál paso. del tiempo,
que transcurría siempre a su favor como un ámigo adicto que sólo ofrece
su protección a quien, en la sinceridad
de los diálogos, le ha colmado con indudables excelencias. Era como un joven viejo nutrido de experiencias a
fuerza de pensamiento e imaginación.
Salvador Toscano, su amigo entrañable, le consideraba "la inteligencia
más clara de mi generación." Y cuando Toscano dió a la estampa esa su
hermosa obra sobre el arte indígena
precolombino, Rangel Frias contestó
con una nota intensa en la que dejó
un esbozo de lo que fué aquella generación de jóvenes estudiantes ---&lt;jlle
dieron a conocer sus primeras inquietudes en la Re,•ista "Barandal"-, que
vivió en u~a atmósfera asfixiante impuesta por los sacudimientos &lt;le la vida social e intelectual del pais. AJgu.
nos de los integrantes de esa generación, como Toscano, no encontraron
un fácil desahogo de su protesta en la
amargura. Con su obra, que constituye una leal contribución a la cultura
patria, Toscano aprovechó la experiencia de su generación y recurrió al
pensamiento histórico como forma
fundamental del espiritu humano, para alzar la lección del pasado indígena a un claro capitulo de la historia
formativa de la nación mexicana. Rangel Frias mismo, José Alvarado y otros
más, constituyen ejemplos vivos de
devoción y cariño por lo.S más altos
ideales de México.
Numerosos temas han inquietado
la vida intelectnal de Rangel Frias.
Desde sus "Apuntes Históricos del Colegio Civil", escrito en colaboración
con Helio Flores Gómez (1931) y su
tesis recepcional "Identidad de Estado
y Derecho en la Teoría Jurídica Pura
de Hans Kelsen" (1938), impresa por
la Universidad Nacional en atención a
su valimiento, pasando por sus apuntes sobre Ramón López Velarde, el positivismo en México, Antonio Caso,
Bergson, Teoría •de Monterrey, Salvador Toscano en la Historia y el Recuerdo, etc., etc., cada trabajo suyo
venia molido de meditación.
Recuerdo su interesante exposición
difundida por la Hora Universitaria
sobre el poeta de la "Suave Patria",
publicada posteriormente en · este Boletín. En ese estudio concibe al poeta
en un mundo de poesía altamente emotivo, identificado con la sensibilidad
mexicana y de difícil esclarecimiento.
Interpreta el acento dramático de López Velarde en el desarrollo intimo
de su sensibilidad y la pasión que su
vida le imprime. Pertenece al género
de poetas que viven intensamente su
poesía, una poesía que es el resultado
de la lucha del cuerpo y la carne por
transformarse en espíritu: vive un
drama poético originado en una entraña cordial que impulsa su sangre
devota. "Una poesía así, de esta calidad apasionada y sangrante -dice-,
es una dolorosa agonía en la cruz." No
es sólo la provincia su paisaje poético,
es la condición de la hora mexicana ·
que le tocó vivir. "Se encuentra -afirma- justamente en ese tránsito de
nuestra sensibilidad nacional que todavía no acaba de apurarse entera•
mente. Está a la mitad y perdido en
el camino entre el pasado que fue y
el futuro aun impreciso y temible, que
por poco le hace quedarse sin mensaje poético, zozobrante y trémulo." López Velarde se impuso la tarea de dar
voz y espíritu a las cosas mexicanas.
Llevaba muy dentro de si mismo el
paisaje de México; su obra está a medias, no por imperfección, sino como

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71 lR. A Y IE C 71 O IR.' l A...
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Sigue de la Pág. 1
como presidente de la Federación de
Estudiantes Universitarios de Nuevo
León. En todo movimiento estudiantil
de su época, su ·r1ombre está presente.
Por sosl'ener las ideas· de su generación tuvo que dejar su E;stado y proseguir sus estudios en la Capital de la
República, donde su talento supo ganarle un lugar distinguido. Su tésis de
r.ecepción profesional fue de altos vuelos, en e11a volcó sus ideas filosóficas

con una c)aridad y certeza que le valieron el elogio de maestros y condiscípulos.
Siendo director del Departamento
de Acción Social Universitaria fundó
Armas y Letras, órgano oficial de la
Universidad de Nuevo León. Bajo su
cuidado tuvo esta publicación su ¡nejor época y un sello característico por
la calidad de su contenido, expresión
de las mejores plumas del Estado. Dirigió tambiéll Universidad, revista

anual universitaria.
Como Rector, supo dar un lugar distinguido a nuestra Universidad colo•
cándola entre las mejores di! provincia. Creó nuevas entidades culturales;
impculsó las ciencias y las artes; lleYÓ al pueblo de Monterrey, verano a
verano, la palabra de los maestros más
destacados en la cultura mexicana.
Fue factor principal en el proyecto
mas ambicioso de nuestra historia educativa: Construir la Ciudad Universitaria del Noreste.
Su despedida de nuestra Universidad fué por la puerta grande, por don-

Nihil Humanum Alienum ... JEIL
EBO primero expresar mi gratitud para con "Armas y Letras"
por la ocasión que me brinda de
asociarme al homenaje que dicha publicación universitaria consagra al exRector de nuestra Casa de Estudi9s.
Gratitud pero también t~mor. Quisiera poder decir aqui, estimado guia
y amigo, todo lo que usted es para mi,
respetando su intensa vitalidad, evocar lo que palpita en uno de los seres
más sensibles que yo haya conocido, y
no escribir un panegírico o una piado. sa recordación luctuosa.
Hay seres que cruzamos, que saludamos,· que abordarnos, con los que sostenemos este doble monólogo infecundo que llamames conversación. Pero
hay también otros, escasos y preciosos
que uno "encuentra". Haberlos conocido nos honra y nos transforma. Por
haber cruzado sus miradas, apretado
sus manos, bebido sus palabras, ya no
somos absolutamente iguales. Nos han
cambiado, han revelado nuestros negativos, nos han regresado a yo no sé
qué severa esencia más allá de nuestras payasadas, y nos hicieron finalmente este incomparable regalo: ·menos presunción y más estima de nosotros mismos.
Raúl Rangcl ha sido para mí un "encuentro", en el sentido total de la palabra J', dispensador de sus dones, lo
ha sido para muchos otros: alumnos,
colegas, colaboradores.
NoS gusta evocar los rostros queridos, Yol\'er a crear sus rasgos, sus gestos, sus entonaciones, "re-presentarlm~" en una palabra, cuando los azares
de la ,•ida ya no nos permiten gozar
tan a menudo de su compañia como en
tiempos pasados para nosotros mejores. llenos que un homenaje para
quien los mereciera · más elevados y
más autorizados, mi pluma evoca para
el regocijo de mi memoria, a quien,
hace cuatro años, encontré. Gracias a
él_he sentido que uno puede estar lejos de su tierra, de sus amigos y familiares, y sentirse de repente, por una
palabra que surge en una conversación, extrañamente cerca de sí mismo.
Al escucharse, al mirarse, se recibe,
como una gracia, la alegría de ser dos
hombres juntos que se hablan y se son•
ríen con toda la cara.
Hay, en una naturaleza tan rica como la del Lic!'nciado Rangel, tantos
. aspectos y tantos caminos, tantos medios de perderse y tantos de volver a
encontrarse, tantos ángulos tajantes y
tantos matices ínfimos que quisiera
uno sostener con él un diálogo ininterrumpido. Se siente uno no solamente
comprendido por él sino también com-·
prehendido en él. El ha realizado en si
mismo el hombre y lo universal no en
el artificio de los conceptos sino en la
más mareante de las personalidades,
en sus más peculiares y cotidianas relaCiones. Todo éso no es decir nada
mas que lo que expresa el viejo término de humanismo.
Humanista él lo es plenamente, con
un ritmo que le es propio. Raramente

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se ha aplicado más exactamente que a
él la frase célebre de Buffon: "El ·estilo es el hombre mismo". Su estilo es
primero su silueta delgada, viva, nerviosa, en la que todo está animado
agua, a la vez Jimpida y trastornad~
por sus propias corrientes, inquieta
por sus propios reflejos. Su estilo es su
respeto al ser, su amor para todo lo
que vive, Qt_1e lo mantiene perpetuamente en guardia contra la sistematización disecante, e~ concepto que empobrece y la vanidad del espíritu cuando gira en lo vacio. Una mañana sobre los escalones del Palacio de' Gobierno, a donde íbamos, se volvió y
ensefiándome los árboles de la plaza y
las gen tes que paseaban me dijo: "la
Yerdad, es todo eso". Su estilo es tambié~ la caminata de su pensamiento,
muy felizmente hermano de la expresión. Nada pre-fabricado. No hay "tema tratado", dividido de antemano en
partes: él temería demasiado dejar escapar así uno de estos detalles, aparentemente trh•iales y que esconden
un precioso secreto. ¿La calabaza de
la Cenicienta no se ha vuelto acaso
una carroza? En lugar ·del discurso
deductivo, prefiere establecerse en el
centro de su preocupación, seguir dócilmente lo que eBa implica o eYoca,
para regresar a ella, después de muchas vueltas, atento a la sinuosidad de
Jos caminos. Luego, después de una
pausa, él nos lleva en otra dirección
de su paisaje interior. Su estilo es en
fin el milágro realizado día tras día
de entregarse concienzudamente a to•
das Jas tareas administrativas de su
cargo y de salvar su libertad, su espontaneidad, su púreza. La realidad,
todas las realidades Jo solicitan sin que
él permita encayarse en ellas. Su pensamiento permanece alerta, la mirada
viva y lejos de la pedanteria libresca
él hace, p3ra referirnos a una idea qu~
Je es cara, que todo lo que es sea "palabra". Menos libre que él de la pedanteria, yo evoco, al recordar algunas de
su~ improvisaciones, el "logos" °ie los
gnegos.
Nada asombroso desde luego que él
haya querido dotar a nuestro Universidad, su Universidad, de una Escuela
concebida y creada bajo el signo del
Humanismo. Venía a ella lo más a menudo que sus múltiples ocupaciones le
perrnitian. Esperamos que vendrá todavía y se hará escuchar su voz clara
y sonora.
Christian BRUNET

de salen los hombres que han cumplido con felicidad su cometido, por donde saldrá siempre Rangel Frías de
cualquier parte donde tenga una misión que cumplir. Esa noche los alumnos y maestros rubricaron con su
aplauso sincero la obra de un hombre
que se dió por entero a su Alma Mater.
Yo diria que Rangel Frias, como
Rector, ha hecho patente aquel voto
por nuestra Universidad, que el maestro Alfonso Reyes depositara desde
una lejana república del sur.
José Angel RENDON

lR.lENAci1M\11iEN110 ioE JLA

UlNIIVIEIR.Sl[lDAID
José ALVARADO

OS distraídos suelen creer que la
condición universitaria es un
privilegio. Y lo peor es que mu_chos de ellos se instalan en las UniYersidades, como quien se acomoda·en
un sitio para disfrutar la amenidad de
la vida. Alli los vemos, cumpliendo requisitos formales solamente; sordos a
1a armonía interior de los hombres y
a los rumores del mundo; ciegos a todo fulgor y deslumbrados con fugitivos destellos.

L

Logran, acaso, ser buenos alumnos;
consiguen, quizá, ser buenos profesores. Más el conocimiento no pasa de
ser dato muerto para ellos, letra provisional, registro mec:inico de hipótesis y axiomas.

No son universitarios, sino seres
provistos de un disfraz escolar; habitantes extranjeros en lo que para ellos
es una isJa: Y, sin embargo, reclaman
la condición universitaria como un
privilegio con fueros especiales.
Este es el tipo de personas que empequefiece a las Universidades, mutila
el destino de la cultura y abate los propósitos humanos.
0

Por culpa de ellos, las Universid ades resumen, a veces, un tibio sopor
burocrático, un pesado vaho de invernadero. Se convierten en casas vacías
por las que vagan sombras extraviadas. Así ocurrió en la Universidad cte
México en los últimos años del siglo
XVIII y los primeros del XIX. Y asi
volvió a pasar en todos los centros mexicanos de educación superior antes
de que Antonio Caso emprendiera la
• batalla contra el Positivismo.
¿Estará ocurriendo otra vez?
El hecho es que el nivel de las Universidades mexicanas está bajando y
que los profesores explican en ellas,
con desaliento, lecciones que los alumnos escuchan sin estíínulo.
No es el problema de una Universidad en particular. Es el de todas las
Universidades del pais. Y no batalla
mucho para comprobarlo el que compare a la Universidad de Jlléxico de
hoy, triste y desganada, con la de hace veinte años; o el que perciba ]a
anemia que sufre hoy el viejo Colegio
de San Nicolás en Morelia, por tantos
conceptos ilustre,. o el abandono en
que, no vive, sino duerme, el Instituto
de Toluca, de cuyas aulas salieron en
mejores dias, los hombres de la gran
generación mexicana de la Reforma.
Sin embargo, este abatimiento -de las
Universidades mexicanas no coincide
con la situación de la cultura. Antes al
contrario, en singular contraste, la

ciencia, las humanidades y la filosofía
cobran en México un aspecto primave•
ral y floreciente.
Alli está, si no, la obra de Sandoval
Vallarta, de Graef Fernández, de Guillermo Haro y de Barajas, que sitúa a
los hombres de ciencia mexicanos e:n
los lugares destacados de la investigación; allí, también, el renacimiento de
los estudios históricos y antropológicos, donde tan señalado sitio ocupó
Salvador Toscano y, por idéntico modo, la tarea de los jóvenes filósofos
empeñados en buscar la raíz de lo mexicano.
¿Cuál es entonces la causa del abatimiento universitario?
No puede ser, tampoco, la fatiga del
país que, hoy como en los días más espléndidos, levanta nuevos muros, tiende nuevas vías y edifica ciudades.
¿ Será, por ventura, que vivimos en
las Universidades esos días en que el
mundo parece detenerse y que preceden al florecimiento?

En todo caso, esta vez el hecho parece llamado a brotar en las Universidades provincianas. Y hay, por Jo menos. dos sintomas: la creación de la
Facultad de Ciencias Exactas en la
Universidad de Puebla, éon el posterior establecimiento de la Facultad de
l:;-ilosofia, y las tareas iniciales para
fundar en Monterrey la Facultad de
Filosofía.
Y si tal ocurre, como no debemos sino · esperarlo, ,•olveriamos a ver •los
dias en que la imagen de Jlléxico se
forma en las Universidades de la casi
siempre olvidada provincia. Como en
1810, que de las filas del Colegio de
San Nicolás salieron Hidalgo y Morelos o en los años dé la Reforma, cuando Ramírcz y Altamirano provenían
del Instituto de Toluca.
Pero nada podrá hacerse si antes no
ocurre la transformación interior de
los universitarios y, en el aula misma,
estudiantes y profesores abandonan el
simple disfraz escolar, la pura fórmu•
la, para cambiarlos por "]a auténtica
condición universitaria, aquella que
obliga a estar siempre vigilantes, atentos a la voz viva de los hombres y a la
febril palpitación del mundo.
Esto es lo fundamental. De otro modo, corremos el riesgo de que suene
la hora decisiva y nos encuentre sin
estar dispuestos. Asi se pierden siempre, a veces, los más belfos momentos.
(Tomado de Armas y Letras,
Año VII, No. 4, Abril .de 1950)

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LOS REGIOMONTA

Alfonso REYES

e cabe la alta honra de representar en este acto al Go,
bierno del Estado de Nuevo León, y comienzo por de,
clarar en su nombre que, los organizadores de esta expo,
sición de las letras han merecido bien de México. Al
presentar las letras a la opinión pública y q la contemplación del
pueblo como un objeto de veneración y de orgullo, realizan una
obra que los enaltece y enaltece el nombre de nuestro país. Hay
más: llaman la atención sobre el cuidado que se concede a la ex•
presión del pensamiento, libertad preciosa entre todas, único me•
dio para definir los anhelos y los principios que norman las co•
munidades humanas.

M

Porque el libro es a la vez compañía
del individuo y orientación del grupo
y presta igual servicio para enriquecer
la soledad y la sociedad. El libro es,
en todos los sentidos, efecto de integración .humana. En él opera el hombre total, desde la mano hasta el espíritu, y en ningún otro producto artís-

Fray Servando

braríamos de ver hasta qué pnnto, de
modo consciente o inconsciente, los
hombres estamos, hoy por hoy, tramados en la sustancia de los libros. No
hay acción ni reacción ·humana, por
humildes que sean, que no hayan de•
jado rastro en los libros. Y, en muchos
casos, muchísimos más que los que al
pronto se juzgaría, tales respuestas humanas, por espontáneas que parezcan,
han sido dictadas por el acarreo de la
palabra escrita. No hay latido, no hay
parpadeo que no se resuelvan a la postre en tema literario, cuya historia bibliográfica siempre pudiera s.e r trazada en principio. Una junta de libros
como 1~ que ahora se ofrece es el saldo
y registro de las acciones y reacciones
de un pueblo, colección de sus. ideales
y repertorio de sus experiencias, a un
tiempo confesión y programa, retrato
de lo que somos y de lo que deseamos
ser y, en suma, propia integración de
nuestra conciencia colectiva. Los descivilizados de hoy en dia que entregan
los Jibr~s a la hoguera 1 ignoran que están destruyéndose a sí mismos. '
'con sólo pasar revista a los Pabellones de la Feria podría levantarse un
inventario de nuestra cultura, es decir,
de nuestra contribución a la humanización del hombre, desde los días en
que la primera imprenta de América
comenzó, aquí, entre nosotros, a derramar sus beneficios. Se ha querido
que cada Estado de la Repüblica traiga a la Feria un breve muestrario de
su áportación a esta obra cÜmún. Hoy
toca el turno a Nuevo León, Estado famoso por sus creaciones fabriles y la
intensidad de su com·ercio, por su educación de civismo, por cierto individualismo que fácilmente se organiza
en armonía política, y dónde, como en
la palabra de Goethe, la ciudad entera ·

tico se aprecia de modo má,s inmediato la colaboración de todos los recursos y todos los órdenes sociales: obrero, industrial-, comerciarite, escritor;
autor y lector, el que dá como el que
recibe. El libro tiene un cuerpo y un
alma eii cuyo consorein se funden las
actividades 'teóricas y prácticas. Por
cuanto al cuerpo y como producto
material méi-éce aquella vigilancfa
amorosa sill .l:i cual las civilizaciones
se deshacen rápidamente en la barbarie. PÓr cuáhtd ~l alma, no ha de considerátsele ligeramente como asunto
aparte de la vida, sino como la flor de
la vida. El hombre pone en sus libros '
lo ~mejor dr &amp;i mismo, lo que quiere
p~resentar de. si mismo a la estimación ,.,.
y a la ·fama y perpetuar después en especie de posteridad. 'Cuanto constituye nuestro patrimonio comO habitantes de la tierra, cuanto sabemos del
mundo quéda en libros. Si la me1~oria
es hilo del ser; y solo ella dá unidad a
lá sarta de vivencias dispersas, la letra
es archiv9 de la memoria. Sin la letra
no puede haber Cabal conciencia humana, sino sólo atisbo.s, rudimentos, 1
larvas de humanidad. Si fuera posible
analizar los depósitos de letra escri-ta que, poF vía directa o indir~cta; han
venido a acumularse en nuestra mente
y en nuestra sensibilidad, nos asomNOTA : úiscurso pronunciado por el autor en
la Segunda Feria del Libro,

Pág.

4

José Eleuterio González

está limpia porque cada vecino sabe
limpiar el frente de su casa. No me
ciega el amOr al terruño; no rrie ciega
la relación sentimental con una comarca a la que están vinculados mis
más caros recuerdos filiales, si asegu•

Héctor Gomález

ro, tras larga residencia en el extranjero y con esa objetividad que permite
ya la distancia que la gente de Nuevo
León aparece, al qué contempla el panorama de México, como la gente más
adulta de la República. Sin embargo,
sería inútil negar que el hombre de
Nuevo León se presenta más pronto en
la tnente del que piensa en la economía nacional que no en la mente del
que piensa en las realizaciones del libro y de las letras. Y no porque hayan faltado en aquella región ilustres
plumas, comparables a las mejores, sino porque el milagro de la creación
económica ha sido allá tan portentoso
que, de pronto, ofusca y relega en penumbra la obra solitaria y paciente de
}os escritores.
Pero, desde luego, eS pueril figurarse que sin cierta aptitud teórica general pueden lograrse aciertos prácticos.
Un puñado de insensatos jamás habrán podido transformar un erial en
una de las regiones más ricas del País.
Éri otras zonas la naturaleza fué más
dadivosa. Allá hubo que arrancárselo
todo, y esta pugna feliz, esta creación
sobre la nada es una de las demostraciones más patentes de la cultura y de
las posibilidades del espíritu. Porque
el espíritu es, sobre todo, rectificación
y superación, modelación que transfigura el dato bruto de las realidades extefiores.
En nuestra h~storia, Nuevo León se
deStaca como relieve único. Su colonización es uno de esos episodios desprendidos de la gran colonización hisw
pánica que parecen girar en una órbi.
ta aparte. Allá no había tronco para
el injerto; no encontraron los fundadores un cimiento de civilización esw
table sobre el cual plantar su nnevo
edificio, no contaron con los brazos
rlel indio para levantar su arquitectura
como aconteció en la meseta central.
Estribo perdido hacia las montañas
del Norte, a1lá acontecía lo que en
aqueJlas posadas de España según Concepción Arenal: "¿Qué hay aquí de comer? - Lo que usted .traiga, señor".
Todo lo importaba el colono, se atenia
a sus solas fuerzas y a sus ·propias virtudes. Y todavía, de tiempo en tiempo, tribus trashumantes y salvajes caían

sobre los campamentos y los arrasaban del todo. En la tierra despojada y
hostil sólo sonreían los manantiales,
los Ojos de Agua de Santa Lucia en
torno a los cuales se agruparon, sedientos, los re motos fundadores •de
Monterrey. Los viejos relatos recogidos por Pereyra y García -fuera de
cierta curiosísima referencia a las bueHas impresas indeleblemente a la roca
por las pisadas de un ser sobrenatural y misterioso, lo que bien pudiéramos l1a¡nar "un ángel fósil"- no muestran una sola sonrisa. Todo fué pugnacidad y ceño, duelo del hombre contra el medio. Un río casi seco, más que
río Camino de pedruzcos, se hincha de
pronto y produce inesperados desbordes. Monterrey ha sido inundada y
reedificada varias veces. Tal es su fatigosa crónica.
Nada ha faltado a su grandeza. Ni
siquiera en los .días aciagos de la invasión, Ja hazaña heróica y el sufrimiento valeroso. Allá se liquidó una
etapa de aquella aventura sin gloria
que, fuertemente castigada por la -defensa rcgiomontana, prefirió en ade-

espada". Desde los prenuncios de la
Independencia se mueven las plumas
de los neoleoneses para dar impulso
al sentimiento naciente de la nación.
El ágil fantástico Fray Servando
-duende de la Independencia- contrasta con la solidez de José Eleuterio
González, el popular "Gonzalitos", que
hacinaba una erudición rara en sus
días y, uno de los primeros, trató la
historia local como capitulo digno y
coherente de la historia patria. Cuna
a la vez de poetas y preceptistas, se
sostiene en la tradición literaria de
Nuevo León el sabio contraste entre el
acicaté y el freno, así cpmo en las actividades generales se nota -según Jo
advertimos- la dichosa cooperación
entre la preparación teórica y el éxito
práctico. Abundan en el acervo regional claras manifestaciones de la poesía, el discurso, el ensayo, la teoría
literaria, la narrllción, la erudición
histórica, la prosa polémica y el periodismo, y las Facultades de Medicina y Derecho tienen bien ganado renombre. Un singular destino parece
haber querido crear una cooperación
intima entre Nuevo León y uno de los
Estados más cultos de la República:
debe Nuevo León a J ali seo 2 de sus gobernantes más eximios: "Gonzalitos"
y Bernardo Reyes. Las listas di nombres son poco expresivas pard quien
no está, de antemano, informado de la
materia, pero son inevitables en el caso. Permitaseme, "salvo error u omisión" como se dice en términos de contable, pronunciar rápidamente y en
desorden algunos nombres evocador~s:
Fray Servando, los Garza Melo, Margil Cortés, Villalón, Dávila, Garza Can-

tú, Juan Barrera, Garza Flores, Morales, Hinojosa, Guerra Castro, Joel Rocha, Fortunato Lozano, García Naranjo, Héctor González, Carlos Barrera,
Rafael Lozano, AJfonso Junco, Martiw
nez Célis, Federico Gómez, Roe!, Martínez Rendón, Eusebio de la Cueva,
Ruy González, Simón Guajardo, Raúl
Rangel Frias, José Alavarado, Aguirre
Pequeño, Míreles Malpica, Armando
Arteaga. Y entre los huéspedes vinculados a nuestra vida literaria, Junco
de la Vega, Barrero Argüelles, David
Alberto Cossío, Basave, el colombiano

Raúl Rangel Frías
Sigue de la Pág. 2
14

Nada ha ,faltado a su grandeza. Ni siquiera en los díasaciagos de la invasión ..•

cia extremada y trascendental. Su capital es el más intenso centro mexicano de fa frontera. La frontera es para
el ser nacional como la piel para el ser
físico. Le corresponde la buena circulación, el cambio armonioso entre lo
propio y lo ajeno, de que. resulta, en
todos los órdenes, la salud internacional. En tal sentido, es simbólico el reciente encuentro en Monterrey de dos
.Jefes de Estado. En tal sentido, son
justificados los actuales intentos para
crear en aquel lugar del Norte una
gran Universidad. El solo proyecto es
un reconocimiento cabal de que Nuevo
León posee los elementos económicos
e intelectuales para dar asiento a una
gran casa de estudios que sirva a la
vez de salvaguardia y de señal de conc9rdia en las marcas de la República.
Pues sus "Montañas Epicas", en los
versos de Manuel José Othón,

regiomontano, cuando no es hombre
de saber, es hombre de sabiduría. Sin
asomo de burla pudiera afirmarse que
es un héroe en mangas de ca~isa, un

• •' •

guardando están de nuestro honor
las puertas,

al ultraje cerradas y al delito,
a la esperanza y al amor abiertas.

José A/varado

lante escoger otras vías de penetración
en el pais. La ciudad se levanta luego
de sus escombros. Pudo quedarse en
categoría de campamento irregular, en
pintoresca nidada del contrabando como las que cantan y aún exaltan nuestros corridos populares, rindiendo tributo a la virtud elemental del coraje
a la puntería de los rifleros del Norte
que hicieron famosas las mesnadas de
Zuazua y que todavía se dejaron sentir en las primeras escaramuzas de la
Revolución Mexicana. Pero la excelencia de aquella gente y la atingencia
de algunos inolvidables gobernantes
acabaron por transformar la ciudad
en la segunda Capital del País, alzándola hasta la figura ejemplar que hoy ·
ostenta.
Desde los fundadores de Nuevo León
- cronistas y capitanes ~ par, Carvajal, León y Montemayor- los gobernantes mismos fueron a veces hombres
de letras y de armas, que sabían tomar,
Como Garcilaso, 11 ora la plunia, ora la

Alfonso Reyes

Ricardo Arenales después JI amado Barba Jacob), y el dominicano Max Henríquez Ureña. La enumeración es in•
completa y los olvidos, por de contado, involuntarios, pero sería imperdonable no tnencionar a los educadores
y pedagogos como Serafín Peña, Miguel Martinez,· Emilio Rodríguez, Pablo Livas.
A Nuevo León r,ecae una incumben~

La ciudad regiomontana comienza a
contar como una unidad positiva hace
menos de un siglo. Una recta administración, cuyos méritos nadie niega, la
dotó de centros fabriles y educó a sus
hijos en las intachables prácticas del
trabajo, este nuevo honor que ha sustituido las antiguas,prerrogativas aristocráticas, allá siempre ignoradas. A
través de nuestras turbulencias, su población conserva la brújula, porque ha
hecho ya del deber una costumbre. Y
aún enmedio de las crisis que asuelan
al país y asuelan al mundo, la ciudad
sobrenada siempre con cierto ritmo de
bienestar. Honesta fábrica de virtudes
públicas, vivero de ciudadanos, escuela práctica del contrato en que los filósofos de todo tiempo han creído ver
la explicación teórica de las sociedades humanas, es prueba evidente de la
Yoluntad que se impone sobre la geografía, de }a mente que se apodera de
la materia y la pone a útiles rendimientos. Los mismos conflictos Sociales tienden a resolverse de modo automático donde cada uno cumple a concien~ia el deber concreto que le toca.
De aquel tono menor, de aquel pequeño e insensible cumplimiento diario,
va desprendiéndose poco a poco un
enlazamiento de acciones, una energía
generosa sin aparato y sin orgullo. El

paso de un movimiento a otro. Es un
signo - dice- , una señal que habrá
de servir como punto de partida para
la voz poética que pondrá en acción
todas las reservas del hombre americano." Singular visión del poeta ésta,
en la que Rangel Frías puso, además,
un aspecto de su propia ,,ida: la del
que va viviendo al par que desenvuelve su sensibilidad y utiliza convenientemente su talento.
Avezado en el esfuerzo intelectual,
Rangel Frias va desenvolviendo los temas. Antonio Caso, maestro de nurne-rosas generaciones, se le presenta en
un cruce de caminos, viendo al pasado y orientando el porvenir. Además
de glosar el pensamiento del Maestro,
establece el desarrollo histórico del
pensamiento mexicano, deteniéndose
en épocas sucesivas, para llegar a la
conclusión de que el filósofo mexicano "luchó siempre por una verdad que
fuese su propia vida e hizo ésta de
manera que no quedase nunca jurada a
un señorío." Sin dejar de reconocer
que la obra de Caso constituyó un esfuerzo por desbrosar el camino para
el libre tránsito de un pensamiento de
perfiles nacionales, lo contempla solo,
en medio de "una paternidad fecunda
llena de hijos pródigos."
Rangel Frias pertenece al núcleo de
las nuevas generaciones que observan
los problemas del país y se preocupan
por su mejor y más adecuada resolu•
ción, atendiendo a esa suerte de acti:
vidad fecunda que promueve la superación de las generaciones. En ello está
empeñada la responsabilidad que ha
acometido la pfovincia mexicana para
participar en una empresa de carácter
nacional que lleve al país a crear una
obra que sea digna herencia para ser
disfrutada por las generaciones futuras.

Ra,í/ Rangel Frias

paladio en blusa de obrero, un filósofo
sin saberlo, un gran mexicano sin posturas estudiadas para el monumento,
y hasta creo que un hombre feliz. Por
cuanto no hay más felicidad terrena
que 1a de cerrar cada noche el ciclo de
los propósitos cotidianos, fielmente
cumplidos, y el despertar cada mañana -tras el sueño del justo___, con el
ánimo bien templado para )as determinaciones saludables. Finura y r esistenw
cia como en el acero famoso de nuestras fundiciones! Levedad y frescura
como en la bebida efervescente de
nuetras cervecerías famosas!
Tales son, entre las moles espléndidas del Cerro de la Silla y el Cerro de
la Mitra que montan la centinela en
lós contornos de nuestro valle, la tie:..
rra y los hombres donde pronto hemos
de ver el concierto del comerCio y la
inteligencia, o para decirlo en la metáfora mitológica grata a los humanistas
del Siglo de Oro, las bodas de Mercurio y Minerva.
México, Abril de 1943.

Como Rector de la _Universidad de
· Nuevo León, aparte de zanjar, así fuese transitoriamente, las dificultades administrativas impuestas por las co·ndiciones económicas del Estado, llegó a
sentar las bases de una Universidad
moderna, fundando una Facultad de
Filosofía y Letras que producirá en el
futuro los elem~ntos nutricios, formativos de la personalidad humana. Al
puesto de Rector llevó su antiguo entusiasmo juvenil, probado desde su
adolescencia, en aquellas memorables
1u chas ¡ior el establecimiento de la
Universidad del Norte; su amplia cultura humanista; su devoción y cariño
por el antiguo Colegio Civil donde
transcurrieron sus brillantes años de
la Preparatoria, y una indudable vocación por Jas tareas del espíritu y de
la educación de la juventud·. Atado a
estas prendas espirituales que constituyen lo más elevado e intenso de su
vida, no desperdició un solo momento de su actuación; ligó su vida a un
destino superior identifica.do -con la
Casa de Estudios y su rectorado se distinguió pÜr su cariño a la juventud estudiantil, su vigilante gestión administrativa y su sentido de la responsabilidad histórica que le impuso un respeto profundo por la tradición cultural del. pasado y la necesidad de Jlegar
a cumplir resueltamente una labor digna de los hombres del futuro.
Y va cumpliendo un destino. Mayor
responsabilidad contrae quien está investido de esas prendas espirituales,
porque tal condición humana constituye el reclamo de una sociedad que tiene razón en esperar mucho del hombre honesto, culto y digno de su tiempo.
Alfonso REYES AURRECOECHF,A.

Pág. 5

�11

TEORIA DE
~~,,~--~
1/.

1

¡
1

.

(!

MONTERREY
Raúl RANGEL FRIAS

l motivo fundamental de traer a la memoria el pasado de
una ciudad, no debe consistir en el sentimiento de orgullo
o de vanagloria que frecuentemente impulsa a los hombres
al hacer gala de su genealogía.

E

Más legítimo será referir el propósito, al deseo de honrar la
memoria de nuestros antepasados. Pero aun esta consideración
no bastaría a explicar el esencial significado de este 350 aniver•
sario de la ciudad de Monterrey. Para mí es el fenómeno de que
la ciudad ha adquirido conciencia de sí misma, habiendo llegado
a su madurez espiritual. Es decir, a un momento en que el pasado adquiere un matiz especial que lo convierte en tiempo his•
tórico.
Ocurre, en efecto, que no todo transcurso temporal es histórico. La conciencia lleva un registro particular que
no coincide momento a momento con
el dato cronológico. Se ha menester
que Ciertos acontecimientos sirvan de
eminencias para qlie los sucesos ocurridos con anterioridad se organicen
en una perspectiva visible para la mirada interior del alma.
Este singular fenómeno de reconquista del tiempo descubre el pasado y
lo incorpora al lote de nuestra experiencia, como un recurso de que puede
echar mano el ser vivo para sus futuras acciones. Pero sólo se opera de
trecho en trecho, en la medida de ciertas modificaciones profundas que afectan a la estructura de la conciencia y
provocan una variación brusca, como
ocurre en las mutaciolles biológicas.
Son las articulaciones o módulos que
permiten considerar la historia de un
hombre, la de un pueblo, o la de una •
ciudad como organismos espirituales.
Sobre este particular no creo equivocarme al señalar la nota más significativa del 350 aniversario, en la realización de uno de esos momentos que
se pueden llamar, con un poco de énfasis, épocas históricas.
Si ello es cierto, cometeríamos una

deslealtad con el espíritu de los hechos, al dejar de practicar en este día
la operación de resúmen y balance que
requiere toda obra en que se ha concluido un capitulo y se tiene el siguiente a la vista, todavía en blanco.
Pero, antes de introducirnos por los
senderos del pasado conviene hacer la
observación de que la ciudad de Monterrey, no obstante la carga de tres siglos y medio de existencia, aparece juvenil, emotiva y ligera. Dan ganas de
apropfarse en una variante la expresión del poeta jerezano para llamarla
"joven señora".
Por lo demás, este regazo maternal
no ha sido nunca un lecho suave y mullido. Con mucha exageración quizá,
pero exacto
múltiples sentidos, se
le podría llamar el valle de la desilu•
sión. Aquí se desvaneció el sueño d,
grandeza de Luis de Carvajal. Falla•
ron luego las esperanzas, salvo breves
espejismos, de las bonanzas mineras.
La condición agreste y montaraz de
los indígenas frustró la fundación de
ricas haciendas campestres; y ni siquiera la ganadería quedaba a seguro
de las furiosas acometidas de los nómadas. Por último, entre las avenidas
de las torrentes y la frecuencia de las
fiebres la ciudad vivía en inminencia

en

de muerte. A lo largo de dos siglos y
medio el resultado de la lucha con los
elementos era todavia incierto.
Tal es nuestra primera edad en que
se enfrentan y atacan dos formidables
antagonistas, la naturaleza y el hombre. El teatro en que se desarrolla la
escena tiene una impresionante majestad. Un colosal parapeto de montañas
cierra el horizonte por el Sur. Desprendidas de la cordillera principal, a
manera de puntas de lanza, entran al
valle dos serranías, una por el camino
del oriente y otra por el oeste. De los
estrechos cañones que se forman en el
corredor poniente de las montañas,
bajan aguas a torrentes por un cauce
que serpentea en la falda de las montañas. El valle sólo está abierto hacia
el norte en semicircular planicie casi
desértica.
Obligados por la necesidad de tomar
cerca el agua y a seguro de los ataques
de los indígenas, los primeros pohla·
dores se asentaron entre las cañadas,
bajo una tupida vegetación, envueltos
por la humedad, el calor y densas flotillas de insectos.
La ciudad estaba vuelta de espaldas
al centro de gravitación de la NuevaEspaña. Fué un lugar de escaso tránsito, aun por los viajeros que pasaban
a las fronteras más lejanas del virreynato. Estos preferían internarse por·
Saltillo hacia Monclova y San Antonio
de Béjar. Las batidas tropas de Hidalgo soslayaron el camino de Monterrey
y también Santa Ana hizo otro tanto.
Quizá el primero que cruzó la ciudad
en viaje directo a internarse al centro
de la República fué el ejército del invasor norteamericano.
La relativa cercanía del puerto de
Tampico resultaba ineficaz, por las
complicadas reglamentaciones del tráfico que rigieron el comercio marítimo de la Colonia y los riesgos de la
travesía. En resúmen, la ciudad quedó
sitiada por el desierto, la montaña, el
rigor del clima y la pobreza general de
las tierras.
Con apoyo en estos antecedentes parece un complicado· acertijo decifrar
la prosperidad y la grandeza contemporáneas de Monterrey. Pero, es que
no hemos tocado el capitulo relativo al
hombre y a las oportunidades que ofrece la historia de los pueblos.
La primera parte _de la lucha entre
la naturaleza y el hombre parecía ganada, en principio, por aquella; más
sólo en apariencia. Los pobladores españoles no abandonaron jamás la tierra después del fracaso de Carvajal
-y a sus virtudes de padres y generadores de pueblos habrá que abonarles
este hecho. Cierto es que tuvieron que
acomodar su condición humana a la
resequedad y bravura de la tierra.
En esta mutua relación del paisaje y
el hombre, tenemos la determinación
histórica más arraigada de esta comarca. Aun más que el cruze de las razas,
la acción de la tierra engendra el mestizaje. Y donde falta, como es el caso,
la mediación humana del indígena, a
través de las especies vegetales y hasta de la montaña o el río, se verifica
esa trasmutación de un pueblo antiguo
en otro nuevo.
Los pobladores del Nuevo Rcyno de
León llegaron aquí españoles, donde
se transformaron en criollos y acabaron en heredarnos una patria que es
México.
La revolución de Independencia puso ·a1 descubierto esa transformación
que se venia operando en cada poblado y ranchería, avasalladora y secretamente. N&amp;.da más mexicano que. el
ranchero de la frontera, cuyo tipo físico y psicológico quedó sellado en el
siglo XIX. Se asemeja, aunque menos
vistoso, al charro del Bajío; la pobreza
de" su indumentaria se realza con la
talla vigorosa y flexible del jinete; su
coraje y nobleza están influídos del
trato con el ganado; es sobrio como la
tierra y ha acomodado su vida a los

riesgos de la escaramuza con el salvaje, los bandoleros o los fiscales, que
acechan el botín, asaltan la diligencia
o celan el contrabando.
Al frente de esta clase de hombres
ganaron celebridad Zuazua, Zaragoza,
Escobeoo, Quiroga. Los mismos jefes
reproducían la estampa de su tropa,
"rifleros de Nuevo León" y "cazadores
de Galeana".
El siglo XIX, por otra parte, no habria de pasar sin que en él se consumase la segunda edad de nuestra historia. Es doloroso que el acontecimiento en que se origina esta nueva fase
haya de ser la mutilación del territorio nacional por los norteamericanos.
No nos quede de ello, sino la triste y
orgullosa satisfacción de haber pasado
de golpe a servir de repecho a la honra nacional.
Es decisivo para nuestra cuenta, que
desde entónces México iniciase ese
cambio de órbita, en donde sustituyó
el eje oceánico de su vida social y económica, por otro terrestre con centro
de gravitación en Washington.
No puede decirse que las cosas cambiasen de improviso; pero sí, que una
vez abierta la brecha por las armas,
habrían de seguirlas, andando_el tiempo, el ferrocarril, el comercio, las carreteras y hasta los turistas. Mientras
tanto la historia operaba sus cambios
de escenario. En Estados Unidos, la
guerra separatista del Norte contra el
Sur. En México, la de Reforma y la
Intervención francesa.
Esta región de la frontera quedó
más o menos equidistante de los campos de batalla. Intervino en ellos, no
obstante; en nuestro propio territorio,
con tropas y jefes; en uno y otro lado
de la contienda por el comercio y el
contrabando. Hay indicios de una época de bonanza comercial entre el sexto y el séptimo decenio del siglo recién pasado, quizá en conexión con
esos acontecimientos políticos y sociales. Surgen a poco tiempo las primeras industrias textiles absorbiendo a
los artesanos del ramo y muy probablemente influídas en su instalación
por la proximidad de la zona algodonera de Norteamériéa.
El triunfo de los Estados industriales del Norte de la Unión, eu la guerra
separatista, repercutió intensamente
sobre el déstino posterior de la ciudad. La ubicación de los centros man uf ac t ur eros norteamericanos, más
próxima al litoral del Atlántico y en
conexión con el comercio mundial por
este Océano, encontró su plano de deslizamiento hacia México por una vía .
ferrocarrilera en este extremo de la
frontera. El enlace de Monterrey por
ferrocarril con Tampico y Matamoros,
Torreón y la Capital de la República
cerró el circuito de su posición estratégica como nudo de las corrientes de
ida y vuelta entre las dos naciones vecinas.
Nada valen las oportunidades de la
Historia si no se encuentran con hombres por cuya energía y caracidad de
visión se transformen en hechos generadores de riqueza y de bienestar para
un pueblo. ¡Fortuna para México y
para todos nosotros que los haya habido!, como los que fueron capaces de
interpretar el favor del tiempo y el
lenguaje de las edades postreras.
Instalaciones industriales y establecimíentos bancarios, edificación pública y privada, saneamiento de la Ciudad y dotación de agua potable, fueron las obras de fines del diecinueve
y principios del siglo XX. Con ellas
respondió Monterrey a la necesidad de
destacar un centinela en la raya mexicana.
Entre tanto, la ciudad iba cobrando
un aire nuevo, de mayor holgura y seguridad . Avanza hacia el Norte y se
despliega para seguir los emplazamientos industriales. La casa familiar transa con la antigua huerta, a la cual aprisiona entre patios y traspatios, cerra-

Es de nuestro Siglo XIX

'

.

dos algunos por corredores con arcadas de pilastres gruesas y toscas. El
aspecto general tiene algo de mediterráneo y andaluz. La vida provinciana se derrama con lentitud y monotonía. Se duerme la siesta y se merienda
con café y tortillas de harina. Los paseos elegantes se hacen en carretela y
la modesta serenata atrae a la clase
media, mientras que a los bailes más
rumbosos, con señoritas ataviadas a la
moda de París, acude el señor Gobernador. Es nuestro siglo XIX que nos
legó las Primeras industrias, el Palacio
de Gobierno, la red de agua y drenaje
y algo más de longitud y estatura a la
ciudad.
Nos legó además, en incipiente estado de formación, la conciencia urbana
que babia de florecer y está madurando a través del proceso de la Revolución mexicana, cuya positiva influen•
cia se muestra en el número de los habitantes, ya cerca del cuarto de millón, en la estructura nacional de sus
industrias, en la complejidad de sus
problemas sociales y citadinos y, por
encima de todo, en esa voz del destino
que hace sentir a la ciudad estar llamada a ejercer una alta función en la
estructura social, económica y espiritual de México.
Esta tercera y última edad de Monterrey, que es la adquisición de su conciencia y del sentimiento de su responsabilidad nacional, remata en la
actualidad del 350 aniversario de su
fundación que hoy celebramos. Pero,
antes de concluir el relato y obtener
la lección de la historia, será menester
referirnos a las fuentes espirituales de
donde se ha nutrido la conciencia de
la ciudad.
Los más remotos y también los más
próximos de estos veneros han dejado
en el cuerpo urbano las estructuras de
los órganos con que se ha ido edificando la vida histórica. El viejo trazo de

Pág.6

la ciudad pone de manifiesto las más
eminentes categorías del pensamiento
y la existencia española: Casa del Cabildo o Concejo Municipal donde se
ejerce el gobierno y policía de la ciudad; Iglesia para la oración, frente a
aquel edificio; y entrambos la nota
alegre y picaresca de la plaza, que fué
en otrora centro de reunión para las
milicias y asiento de las ferias y que
hoy facilita sus andadores al doble
anillo giratorio de la serenata. El co- .
mercio ha labrado sus propios edifi-

cios y vía de tránsito en una especie
de brazo o estribación que se desprende de la plaza. Hacia el norte y Irás de
una apretada faja de casas de hechura
mediterránea, muy nuestro siglo XIX,
se observan instalaciones industriales,
entre una tupida y sinuosa red de viviendas obreras; vias ferreas a cuya
orilla se acomodan las fábricas, como
si fuesen otro río; y esa anchurosa ribera que es la Avenida Pino Suárez,
donde la población obrera pone con
sus yompas azules la nota alegre y optimista del nuevo tiempo.
Algo podría decirse también del espíritu de la época con relación a las
nuevas construcciones que se recuestan eu el cerro del Obispado, con ahogo de esa ruina poderosa y venerable;
y en otros parajes alrededor de la ciudad. Y algo más de sitios dentro de
ella, donde la vida no es amable y civilizada. Pero ya no haré referencia
sino a lo que conviene al objeto de este discurso, que en esa parte concierne
a la estructura espiritual de Monterrey.
A medida que ha ido creciendo en
recursos, prosperidad y experiencia,
la ciudad ha ido enriqueciendo su memoria hasta el punto de iluminar con
el vigor de ahora las viscisitudes y las
zozobras del pasado. Surgen a su vista
las denodadas figuras de los fundadores y de los primeros pobladores de
Nuevo Reyno de León: Capitanes, misioneros e indígenas; la aguerrida tropa que pobló el Estado y le dejó la numerosa familia de las comunidades;
los héroes de nuestra historia política
v entre ellos, particularmente, el Padre Mier, cuyo ardor republicano ilumina la Independencia con resplandores de incendio. Aparece también Gonzalitos, esa suave figura que es en una
franciscano, humanista y hombre de
ciencia; y tras de él la serie de generaciones de maestros, y la Escuela Normal. La memoria de la ciudad se halla poblada del espíritu de sus buenos
gobernantes, caudillos militares y civiles, directores de empresa y de la
inúmera multitud, entre todos lo.s cuales la han ido alzando del barrizal y la
choza, a la calzada de pavimento y a la
casa de cantera; del campo, al taller y
a la fábrica: de la lucha incierta contra el nómada, al espíritu del Derecho.
¿ Qué haremos nosotros, los contemporáneos, para proseguir esta obra que
han hecho el tiempo y los hombres?
Limitar nuestro homenaje al recuerdo y a la admiración, no salda la deu-

da histórica, a menos que prescindiésemos de la idea de perfeccionamiento
de la Sociedad y del individuo. En
tanto que haya Historia toda generación recibe de otra y entrega a la siguiente una tarea siempre ínconclusa,
a la vez que una determinada energía
con que llevar a cabo la empresa propia de cada edad. Esta ley de la continuidad del esfuerzo es la base de lo
que se denomina progreso humano,
aunque la meta ideal se mantenga inaccesible.
Muchas generaciones antes de nosotros, y otros primero que ellos, algunos hombres pensaron estar edificando una ciudad, cuandli no pasaban de
darle principio. Y si al llegarnos el
turno creyésemos que no hay más que
hacer, sino agradecer la fortuna de
haber tenido tales antepasados, en ese
preciso instante estaríamos destroz~ndo el monumento que merece su fama.
Sólo se conserva en el tiempo lo que se
somete a su mudanza. ·
A fin de darnos la plenitud de vida
histórica que hoy disfrutamos, consumieron su existencía muchos hombres
en el fuego de esa fuerza creadora de
pueblos y ciudades, que calcina los
huesos de los antepasados para abonar
la entraña de la tierra en donde habrá
de florecer una nueva espiga. Edades
y generaciones se han sucedido pasándose de la mano un juramento de lealtad en el propósito como una encendida antorcha. Al llegar nuestro turno es
de rigor prender más puro y más alto
el fuego espiril\Jal que edifica la ciudad siempre inconclusa -la del cuerpo y la del espíritu. Con lo cual seremos verdaderamente fieles a la memoria de los antepasados, con un recuerdo que no envenena el alma porque
desprende la vida del pasado paralitico y la empuja a la conquista de riberas fnexploradas.
J{agamos, por tanto, en honor de
nuestros antepasados lo que ellos nos
dejaron en honra: sostener el impulso
que hace rendir el fruto prometido
por cada día, mientras la esperanza
hila el tiempo venidero. Seamos fieles con ellos en el espíritu perpetuando, más que su nombre, la ley por la
cual lo consiguieron, la de consumir el
afán en una empresa que no habían de
ver sus ojos y con la cual también los
nuestros están alucinados: la pura y
luminosa eternidad de una ciudad perfecta.
(Tomado de Armas y Letras,
Año III, No. 9, Sep. de 1946)

El viejojrazo de la ciudad pone de manifiesto las más eminentes categorías del pensamiento y la existencia española.

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!LA lllDlEA" lHlllSlí
Raúl RANGEL FRIAS

a Historia significa tanto para los modernos como el Kos•.
mos para los antiguos. Dios en el orbe cristiano y el Esta•
do en las ideas del Siglo XIX. Podrían aducirse ejemplos
significativos de cada época, pero nadie más ilustrativo en•
tre los modernos que Spengler -intermediario de las fases fina•
les de esta corriente- cuando se expresa en los siguientes térmi•
nos: "El Estado es la historia considerada sin movimiento; la his•
to_ria es el Estado pensado en movimiento de fluencia". Con esta
otra alusión: "La Política, he ahí nuestro destino".

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11

La presentación de este fenómeno
en el plano de la filosofía corresponde
a las teorías del historicismo y de la
Razón Vital. La primera penetra hasta
las regiones en que se sueldan los con~
ceptos teóricos del entendimiento, las
tendencias de la voluntad y ciertas exigencias que expresa la vida en formas
plásticas. Es lo que se llama una concepción del universo, cuya unida~ interna enlaza una estructura cuajada de
significaciones y valores relacionados
entre sí, como una constelación, y dotado el conjunto de cierta dirección
unitaria. Por esta vía habría de .esclarecerse que la Idea de la Historia cumple ahora las veces, expresada en metáfora, de una estrella polar para el
sistema o estructura de los acontecimientos contemporáneos. Lo mismo
que a su turno desempeñaron la Idea
del Estado, de la naturaleza organizada por el destino ciego, o la obra de
una providente voluntad divina. De
este proceder se obtiene una fisonomía
que organiza con la expresión de la
vida los rasgos, al parecer · desasidos
unos de otros, que son los hechos de la
vida contemporánea.
Sea que sin embargo del atractivo
estético de semejante método, la explicación no llegue muy a lo hondo o por
mucho que penetre no sea decisiva,
esta razón no se mantiene sino a costa
de retroceder levantando la plaza sitiada. La Idea de la historia y la función que cumple en nuestro tiempo
debe ser explicada por el mismo método que las sucedáneas a las cuales ha
venido a reemplazar. Ahora bien, Si
se explica la historia por una idea dominante, al llegar el proceso de los
acontecimientos de la edad contemporánea a la misma Idea de la historia,
se hace coincidir en una identificación el espíritu y Ja· realidad.
Esta autosuficiencia de una Idea que
explica lo otro y sirve de razón de si
misma es aquí la conclusión de un
proceso real, cuando en otra Metafísica como la de Descartes se promueve
como el primer artículo de un programa de la inteligencia. Con la ventaja
para esta última de que la Idea queda
despejada para ~uevas lrazañas, en tanto que cuando se la propone como conclusión del proceso histórico, todo el
pasado queda reabsorbido en el presente y el futuro se encoge hasta no
quedar lugar para Ideas o acontecimientos nuevOs. Se tiene la sensación
de que los tiempos han llegado a su
cúspide y de ahí van a despeñarse en
el abismo.'
Semejante teoría de la Idea histórica
llega, cuando ella misma se impone como concepción del universo, a la visión muy significativa de un fin del
mundo, del humano si no es que de todo entero. De donde se sigue, con inflexible necesidad, la conclusión de
Spengler de que la política J!S el destino del tiempo, o sea, una especie de
aniquilamiento del mundo humano
que ejecutarán los arios, inocentes y
límpios de sangre. Ahí es nada San

Juan con el Apocalipsis, ni Hegel con
el espíritu absoluto. En aquel queda
en pie una Justicia extrahumana y en
el segundo un juicio inmanente al proceso histórico, a cuyos términos quedan sometidos ambos. Pero en esta
humanísima razón todo resulta viable
y de todo absuelve el movimiento de la
historia. Nosotros, por lo que en ellos
nos va de la propia existencia, nos preguntamos: ¿ va en serio la vida o será
sólo un juego?
Pero quizá. haya una razón vital, ya
que no histórica. Es decir una autosuficiencia y justificación que no se
reserva para un momento determinado
del. tiempo, sino que acompaña y prodiga su vigor a cualquier instarite.
Con lo cual se pretende justificar la
llistoria-y la Idea de ella misma por un
sistema mucho más flexible y rico en
consecuencias. Las concepciones del
Un'iverso como unidades espirituales
tendrían una explicación, a su vez, en
el autodespliegue de la vida que lleva
consigo en cada caso sus propias razones, limitadas y concretas dentro de
cada paso de sus creaturas. Y si la vida no tiene una razón de ser de orden
metafísico, o fundamento de su esencia, es que va de por medio su propio
ser. Una vida que tuviese consistencia
metafísica estaría confinada a una especie de Já realidad, rincón del Universo a donde las cosas se darían cita
para entrar al sistema de los registros
de la inteligencia; y esto no seria vida,
la cual se siente interiormente como
crecimiento y potencia que se ensancha, sino la sombra vaga de aquellos
fantasmas de seres que Platón encerró
en la caverna a ]a expectativa de una
caravana de sombras de las cosas.
La vida es cuerpo, es decir, potencia
de la carne que se construye a sí misma órganos por ex plorar en torno y
fija sus ilimitaciones como facultades
del alma. Percibir, que es ya atender
de antemano, preferir y obrar en las
cuales se expresa y se asimila el contorno; y, por último, hasta·hoy, aunque no para siempre, la vida inventa
Ja intimidad del eSpíritu y la exterioridad de un mundo para entregar a su
propio afán devorador el espectáculo
de si misma.
La Razón vita] es esta última conciencia que la Vida ha desarrollado
para comprenderse y, quizá también,
para alzar su sa·via a la nutrición de
los frutos muy altos del árbol del tiempo. Esfuerzo similar que ha culminado varias veces en la historia: cuando
el hombre ensayó entender la vida de
donde procede como el ciclo fatal de
la generación y la corrupción de las
cosas atadas por la ciega necesidad,
o cuando las creyó dispuestas por obra
de una voluntad divina para que en
ellas ejercitase su capacidad de creatura celestial. También el Estado, a su
turno, como momento particular dentro de otras fases, dió al hombfe una
conciencia de la vida como poder. La
Idea de la Historia, en Ja penúltima fase, promovió idéntica pretensión mos-

trando la desilusión de todas las anteriores ideas y obsequiando al bombr('
la resignación de no rendirse en firme
a ninguna.
En el fenómeno que confrontamos
hoy adviene, por último, la Razón ·vital, con la cual el hombre se ha propuesto dar la embestida al más recóndito de todo los secretos: el de su propia existencia, envuelta y disimulada
bajo múltiples formas. La suma de éstas, o sea la Cultura objetiva, habrá de
fundirse y fluir al calor de la -nueva
hazaña: conquistar para la vida la Historia entera y darnos el lujo de estrenar un nuevo ser.
Por múltiples y decisivas que sean
-que las hay- las objeciones a esta
doctrina, debe acreditársele el atractivo de ser un programa donde la MetafíSica no se regala ni se rinde a un asedio de ·sutiles razon·es, puesto que sólo
se conquista poniendo a contribución
las entrañas, los juegos de la vida y
una serena mirada dominante. Ambas
teorías proceden, no obstante, de formas intelectuales emparentadas entre
sí.
La Idea histórica es una ·prolongación del pensamiento político eQropeo
que persigue una estructuración laica
de la Sociedad humana, para sustituir
a la desvanecida complexión de los
impulsos religiosos. En este sentido se
puede esclarecer una línea de filiación
más entre el pensamiento de Kant y el
de Dilthey. La interpretación del Estado, a la par que la elaboración filosófica de la Idea histórica, han sufrido un idéntico proceso de secularización, primero, para avanzar en seguida desde la interpretación como poder
hacia una valoración de tipo económico y, por último, a su comprensión como una totalidad cultural. Las variantes de este totalismo metafísico, de Hegel, a las múltiples interpretaciones
críticas y continuadoras del pensamiento de Kant; hasta las doctrinas de
inspiración organicista como la de
Spengler, que tiene antecedentes en
Hobbes.
De igual manera, la Metafísica de la
Razón Vital pone a su servicio un poderoso móvil de la conciencia occidental, cual es el descubrimiento y la marcha del hombre sobre sí mismo, no sólo a través de la actitud crítica de la
conciencia, sino en la integridad de
sus actos, por lo que se propone y hace alumbrado por la idea de su dignidad, como el ejemplar más selecto entre los seres existentes. Es el antiguo
lema "conócete a tí mismo" elevado a
potenc'ia de realización; esto es, que
no concluye E:n los artículos de una
sentencia, sino en e1 requerimiento de
lanzarse a nuevas aventuras, en plan
de conquista de riberas incógnitas aunque interiores a él mismo.
Ambas concepcioneS se aproximan
en algo más que un punto. Desde luego en éste: Dejarnos a la puerta de un
mundo desconocido, en cuya frontera
se despide de nosotros el discreto y sabio guía, que nos ha mostrado todas
las desilusiones del mundo, o del infierno según se prefiera la metáfora,
sin siquiera encomendarnos a una dr
las potencias celestiales, o por lo menos al amable ángel que intercede por
Dante. La Historia o la Vida son el infierno sin gloria de la Metafísica moderna.
Aun con la pena que estas con,clusiones acarrean consigo no nos quedaría
más remedio que aceptarlas con estoi-

ca serenidad, si es que no hubiera un
camino para reducir la historia, y con
ella las formas objetivas de la Cultura
a términos de experiencia humana.
Una reducción a modos que no. tras-•
ciendan al sujeto que los engendra.
Porque buena parte del malestar intelectual que suscitan estas doctrinas
proviene del valor sustantivo y absoluto que otorgan por anticipado a los
entretejidos· de ta meditación-la historia o la vida que han de reencontrar
otra vez en el hombre como su principio y motor único. Al aproximarse las
extremidades de la curva, aun cuando
no se componga un circulo viciosÓ
donde el principio y el fin se confunden en un solo punto, por lo menos se
configura una espiral en la que el tiempo mantiene a distancia y cuida que
la identidad entre el sujeto (hombre)
y el objeto (historia o vida) no recaíg~n sobre el mismo instante, sino que
se persigan el uno al otro en una fuga
incesante.
Et empeño de reducir la naturaleza
y las formas de la Cultura a unidad inmanente al hombre, a través de la interpretación de la historia o de la razón vita], propende a conceder al "todo" o total de la explicación lo que se
ha negado a ]as partes, una realidad
trascendente a toda experiencia, un
absoluto incógnito · más alla de cualquier filosofía, religión o poética. Concluye en un purismo: la filosofía de la
filosofía, la politimi por la política o
la vida por eJla misma.
A tono con esta propensión la Idea
.histórica, que originalmente Se presenta cómo una metodología de las ciencias culturales, asume posteriormente
el carácter de una filosofia y particularmente de una Metafísica, al exprimir todas sus consecuencias ella misma o sus continuadores. Es la Razón
vital que se ·anuncia como remate y
consagración de aquellos avisos proféticos.
El paso y transformación de· la inicial metodología en sus jugos metafísicos se realiza mediante ]a noción de
vivencia, que se entiende como el modo original de toda realidad humana
objetiva, la cual antes de ·ser libro, estatua, código, está inserta en una estructura psiquica de funciones múltiples y totales, desde donde sale disparado el tema motivo dominante -intelectual, volitivo, o estético- a su realización o cumplimiento efectivo. En
la obra cuajan, parte realizándose y
parte frustrados los significados vitales que la engendraron, e1 desarrollo
efectivo y los valores c¡ue presidieron
el acto.
De esta vivencia se tiene un saber
inmediato en los actos propios; y ~es
además el fundamento para la inteligencia de los ajenos, mediante la comprensión o r evivencia rleºla generátriz
por donde fué llevado el prójimo. En
este último caso la comprensión o revivencia recorre el camino inverso:
desde la expresión, haria la estructura
de funciones de donde la vivencia se
proyectó en un desarrollo o procesO
culminante en la obra. Camino de ida
y de regreso donde el saber se mantiene en los limites de la propia conciencia humana, porque pasa desde la -vivencia, que' en cierta manera es ya un
saber, al conocimiento que es una nueva vivencia; y de la expresión - lo humano objetivo- hasta .la revivencia,
que es su fundamento. Este método
reproduce para la historia los concep-

tos Kantianos de "fenómeno", "categorías del entendimiento" y el irreductible 'noúmeno" o "Cosa en sí", en
la construcción paralela de las nociones de "expresión", ''significado, valores y fines" y "vivencia".
Basta avanzar de la actitud crítica,
o en otros términos, de una especie
de deducción trascendental del conocimiento cultural a partir de su sujeto propio, la Historia, hacia los trasfondos de la Vivencia, en una doctrina
de carácter realista, para que broten
las yemas metafísicas, como la de la
Razón Vital. Proceso intelectual que
tiene gran semejanza con el que originó los sistemas del Idealismo alemán a
continuación de la crítica Kantiana.
En 'igual sentido, es significativo
que la construcción ideológica de Dilthey esté suspendida de este hecho: el
factum de las Ciencias Culturales. En
otras palabras: del hecho de que se
hayan integrado estas nuevas disciplinas, las cuales difieren de las científico-naturales en que estas últimas operan con los conceptos de necesidad y
determinismo, mientras aquellas se enfrentan a la libertad y al ser espontáneos del hombre. Este hecho impone
la necesidad de encontrar un método
de intefpretación que concilie las contradicciones de unas y otras salvando
la realidad de cada una de ellas. La
fórmula de la reconciliación se propone con la subsunción de los extremos
a un tercer término todo-poderoso y
auto-suficiente que ahí es la Historia,
pero que más delante puede ser la Razón Vital.

ria". Hasta qué punto se arrastra una
a la otra cuando la meditación filosófica arranca directamente de las ciencias culturales, no así del nivel más
bajo donde se sitúa la experiencia histórica inmediata que tiene cada hombre, es un punto que parece decisivo
para la comprensíón del equívoco, que
encierra la teoría del historicismo.
¿Existe una experiencia inmediata
de la historia? La respuesta podrá venir por la negativa, si se hace derivar
el conocimiento a través de las ciencias particulares donde se ofrece el saber organizado del pasado humano,
con el cual tomamos contacto a la manera y modos de cualquier otro conocimiento teórico, por las informaciones contenidas en los juicios que se
trasmiten las generaciones.
Se trataría, en suma, de esclarecer
previamente el modo de producirse la
historia, como experiencia personal de

indiferenciada de estructura o nivel
psíquico homogéneo a todos nuestros
actos, repetirá sólo et momento del
presente y por más que ensanche el
ámbito de sus representaciones con
noticias a las cuales adhiera una fecha, no podrá jamás recrear el pasado: la Historia se despliega 'en capas
distintas y yuxtapuestas. De ahí la necesidad de encontrar •su conexión en
un método de interpretación, es decir,
en un momento ideal ajeno al tiempo
y, sin embargo, que reproduzca su
configuración.
No hay, ciertamente, una vivencia
particular a manera de un saber inmediato que p.os haga patente esta posibilidad que tiene el ser humano de manifestarse o presentarse ante su conciencia como un pasado actual y un
futuro que se ~stá cirniendo ya desde
el presente. Pero si hay una experiencia de la Historia que nunca Se refie-

Hay algunas razones para no aceptar el paralelismo de situaciones entre
las Ciencias Físico-matemáticas, a las
cuales se enfrenta Kant y las hist&lt;\ricoculturales, que sirven de punto de partida a la nueva sistemática filosófica.
La naturaleza aparece ante aquél Como
una legalidad objetiva conquistada sobre la realidad y cuya máxima expresión es la obra científica de Newton.
La vida histórica, por contra, surge
como una realidad, objetivamente válida pero infundada en cuanto a una legalidad de Ja cual sea su explicitación.
En la primera situación se hace la crítica del conocimiento a la luz de leyes
objetivas, en las cuales se insertan por
los extremos el sujeto (hombre) y ~l
objeto (naturaleza). En la critica de
]a Razón histórica~ no obstante la semejanza nominal con la realizada a
nombre de la Razón pura 1 se realiza
otra cosa que una investigación del conoCimiento histórico sujeto a leyes,
pues lo que se pretende justamente es
dotar de una legalidad peculiar al pasado humano. Y esta pretensión Se ejecuta imponiendo a esa realidad. una
estructura derivada de la constitución
espiritual del hombre en su estado
presente.
Ahí es nada San Juan con el Apocalipsis
Se puede inclusive llevar las formas
filosóficas de la investigación bajo un
cuidado y discreto hábito empírico, a
tal punto que sea el propio pasado humano, por la investigación concreta la cual se tiene conocimiento y pose- re a los actos aislados del recuerdo, de
de fases y figuras históricas, el que re- sión a la vez. Esta investigación ten- la fantasía o de la ,,o}untad, sino en la
vele tras la calidad de los hechos pu- ·dría que dejar a un lado el problema cual colabora toda la conciencia. Es
ros y simples, esas estructuras psíqui- del sentido o programa que cuinplen algo semejante al desdoblamiento encas o espirituales que- ya se introduje- los acontecimientos, que se le designa tre el yo y el prójimo, este mismo yo y
ron todas, de rondón,_ al aceptarse el también con el nombre de Idea histó- las cosas, entretejidos indistinta y ori"factum" de las Ciencias histórico- r.ica. La confusión de uno y otro te- ginariamente en la infancia. Sólo que
cu1tura1es. Pero, ¿no son estas disci- ma es el equívoco fundamental del his- ocurre a otro nivel psíquico en el cual
plinas Jas que pretenden, sin atreverse toricismo, cuya faena consiste en dar- han sido sobrepasadas aquellas etapas.
La conciéncia histórica es la forma
del todo, tener la explicación de lo hu- nos por un análisis del saber inmediade
esta experiencia, que es un momento
de
1a
historia,
una
elaboració;n
filomano'? Más que requerir un fundamento para su legalidad, esas Ciencias sófica de la Idea, sólo que concebida to en el desenvo]vimiento del ser huestán precisadas todavía de encontrar al modo de una teleología inmanente, mano, no exclusiva de nuestro tiempo
en 1a forma de un fin concreto para ni absoluta para explicar todo el pasaal hombre mismo.
Por último, conviene advertir que la cada proceso y figura del tiempo con do del hombre, mucho menos su vocaaceptación del "factum", G sea el he- centro sobre sí mismo. Lo que salva ción o destino. Por vía de simple encho de la constitución de las Ciencias una apariencia d.e doctrina sin prejui- sayo, a reserva de una fundamentación posterior, me parece que esta exhistórico-culturales, nos pone ante muy cios ni supuestos previos.
periencia se suscita donde se. dan esEn
cierto
orden
psicológico
toda
vicomplejas cuestiones que se pasan por
alto con esa fórmula, entre las cuales vencia es una actualidad, asi sea que tas condiciones: una conmoción inte~se destacan la que se centra en el pro- sobre ella gravite el pasado y discurra sa._ de la conciencia que afecta las esblema de la "experiencia histórica" y premiosa al encuentro del futuro. Un tructuras sociales y, a la vez, las de rela que se refiere a la "Idea de la histo- análisis que se mantenga en esa zona presentación del mundo, en que venia

discurriendo aquélla; un sentimiento
de abandono y de desesperanza; y un
anhelo por recuperar cierta entrevista
y deseada unidad de destino común
al hombre. Podrá revestir la forma y
el fondo de una conciencia religiosa,
en torno a la idea de la providencia;
ser un modo de la expresión filosófica
o científica de la Naturaleza; o también; sin que ella agote sus posibilidades, quedar dominada por la mentalidad política ele un mundo lleno de
amenazas y promesas de este orden.
¿Cuándo se da la experiencia que
condiciona el nacimiento de la Idea de
la historia, esto es, la organización del
mundo humano y natural en pasado,
presente y futuro? La conciencia humana es solidaria en todas sus maniíestacioneS, de manera que no puede
tenderse una linea de evolución con
diversas etapas recorridas en el camino, sino que es una especie de ovillo
cuya 11Unta no aparece por ninguna
parte. Así, no debe entenderse que la
manifestación de la conciencia histórica, a través de una concepción religiosa del mundo, sea una especie metafórica; y otra más próxima -aunque todavia como crisálida'-, la que
se estructura en torno de un concepto
científico-natural; hasta el arribo de
esta espléndida mariposa que es nuestra propia experiencia de la historia.
Todas ellas son tan originales y propias como la nuestra misma.
Una especie de fenomenología de la
experiencia histórica pondría al descubierto no una, sino varias formas
potenciales en que se organiza y configura en diversas especies el conoci•
miento relativo. Una de ellas habría
de referirse a la Idea de Dios corno
padre y Creador; otra al concepto de
una legalidad natural de las cosas; y
otra más, sin que con ello se excluyan
las anteriores ni se limite a estas el número, la idea del Estado o de la Sociedad como una vinculación superior y
necesaria al hombre.
Otro terna que podría esclarecer una
investigación de esta especie, es el de
las relaciones y parentesco de la Idea
en la conciencia histórica, bajo sus diversas fonoas - según el contenido de
representac,iones que corresponda a
cada modalidad- sólo que teniendo
de común entre si ciertos conceptos
con funciones paralelas. Tal, por
ejemplo, el de una estructura o esencia original del hombre -Edad de
Oro, Paraíso, estado de inocencia o comunidad primitiva-; la.. idea de una
pérdida o frustración del mismo -adviene la Historia por ol:&gt;ra de la violencia, el pecado, la civilización o la propiedad privada; y un concepto teteoló.gico que implica una recuperación, regreso o reconquista del pasado, trátese de una fé salvadora, de una liberación espiritual por obra del arte, de Ja
Ciencia y de la Técnica o de una regeneración humana en la ejecución de
una Utopía.
!'.a teoría filosófica de la Historia en
plan de Ciencia disimula idéntica organización de sus conceptos bajo el
manto d~ la abstracción y. el formalismo teórico; organiza el más remoto
pasado humano en torno a la idea de
la naturaleza o de la vida; introduce
posteriormente el espíritu humano como una desviación; y vuelve sobre sus
pasos con la Idea histórica como síntesis suprema donde los extremos originales han quedado reabsorbidos. Este proceso puede concebirse corno simultáneo a un instante cualquiera del
tiempo humano o desenrollarse a través de todas las épocas hasta nuestros
días, pero el esquema de.-la concepción se mantiene idéntico al de las teorías filosóficas de la Historia, con lo
cual se hace posible reducir a todas a
una común experiencia del hombre.
(Tomado de la Revista Universidad,
No. 7, 1947)

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'

�creído que la cultura, en la cual está el
aliento de la misión universitaria, es
una corriente, un espíritu, una fuerza
que presta alma a los procedimientos
técnicos, a los medios de adieStramiento, a las capacidades, -a que provee
también la Universidad-, pero frente
a las cuales recoge y conserva su substancia de humanidad.

+
i joven y eterna Universidad: Yo debería haber llegado

M

Por valiosos y necesarios como lo
son, y debemos dec1arar que lo son
positivamente, todos los procedimientos de la técnica derivados del cultivo
de la ciencia, todos los medios rle
adiestramiento personal y colectivo, la_
Universidad representa algo más, algo
más allá, siempre y en cada momento
de esa perfección. Representa, en primer lugar, ¡ay de la Universidad que
olvide esto!, r epresenta la carne misma de la palabra, como esencia moral
1

tades públicas, sangre que malgastamos día a dia en oficios y menesteres
de índole ordinaria, pero que conserva y engrandece el poeta y el hombre
de letras y que es, el alma del aula, de
la expresión humana, de la transmisión y gl'andeza de nuestros conoCimientos, virtud de la ensefianza íntegra, de las primeras letras hasta la última instancia de la educación superior.
A la palabra, que debemos respetar
como uno de los vasos sagrados que
llevan de generación en generación los
hombres, donde se vierten las voces
de la filosofia y de la ciencia, desde la
tradición griega hasta el presente, se
deben consagrar los esfuerzos más sólidos de nuestro espíritu, por su perfeccionamiento y encima de todo, por
su verdad.

los hombres. Verdadera cultura es fundamentalmente aquello que la acepción
del término indica, el cuidado, la elevación y el perfeccionamiento del ser
humano; que comienza por entender
que sin las básicas funciones de la
economía y de los procesos sociales,
sin la más elemental simpatía por la
vida que crece, no puede aspirar a representar con palabras engañosas, un
sentido contrario de aquel que se constituye precisamente por esas situaciones fundamentales.
La l 1 niversidad, que es palabra, que
es cultura, debe reconocer, por encima &lt;le todo, que es la verdad y la Ji.
bertad de esa cultura; pan nutritivo,
en efecto, y no simple retórica vana;
último tramo en el que se cierra el ciclo vital que comienza por el cultivo
de los campos y termina por la ense-

los hombres. ¡Qué espectáculo ver a
nuestros campesinos! Qué espectáculo lleno de advertencias para los intelectuales de México, ver nuestros campesinos abandonados de palabras. No
tienen la riqueza de la retórica, pero a
ellos debemos fundamentalmente el
caudal de que ·disfrutamos, la vieja
cultura clásica de nuestro recreo.
No olvidemos nunca la lección de la
historia y del presente; la lección de
culturas desarraigadas que acaban por
morir, entristecidas por la falta de
una savia que venga desde abajo, cortadas _del aliento vital que les proporciona ,•olver a la tierra, el grano fecundo que los campos han logrado alzar entre los surcos para beneficio de
los hombres. No olvidemos, mi Universidad, la responsabilidad que tenemos con nuestro país, ante nuestra Pa-

a estos patios pertrechado con mis mejores armas de re•
tórica y de claro pensamiento. Debería haber previsto
que la emoción derrumbaría mis palabras al pisar de
nuevo los corredores del Colegio Civil, a donde en años remotos,
lleno de fé y de esperanza, conmovido y respetuoso, llegué a sus
puertas para iniciar mis estudios de enseñanza superior.
Nada iguala la emoción que he sentido hoy al verme de nuevo frente a
las tradiciones y a los venerables maestros de esta Casa, que guarda los recuerdos y las inquietudes del adolescente y donde encarnan tantos bellos
ideales. He preferido, sin embargo, exponerme a una emoción que brotase sin
artificio, surgida de la vivencia que
tenemos los universitarios y yo de esta
obra en común. He preferido que mi
pensamiento surja de una intención
directa ante los hechos, nó elaborada
de antemano, y que reproduzca la virtud de aquella inserción de mi mismo
en la superior voz de las generaciones
· todavía viva en las aulas, patios, muros y bardas añosas .del ilustre Colegio
que es hoy la Universidad de Nuevo
León. Voz unánime, mü.ltiple, clamorosa, que recoge los afanes de la convivencia escolar y que aspíra el aliento de la juventud cual nueva savia que
trepa por las ramas de la vida.

días aquellos de la vida juvenil!-, como lo dec1aro con satisfacción, en ]os
patios de la vieja escuela que guarda
mis recuerdos juveniles, tuv·e el orgullo y la satisfacción de haber presidido la Sociedad de Alumnos del Colegio
Civil del Estado, como años después
los destinos de la Federación de Estudiantes de Nuevo León.
:Más tarde, en épocas agitadas y conmovidas de mi Universidad, la de aquí .
y la de allá, la misma, la de todos los
mexicanos, presté mi esfuerzo, mi pensamiento y mi palabra a movimientos
estudiantiles que representaban 1a verdad de una protesta juvenil. Llegué
8Iguna vez, con legítimo orgullo, a
ejercer de Consejero Estudiantil por la
Facultad de Derecho en el Consejo
Universitario de la Nacional Autónoma de México; y serví también una cátedra en la Casa Mayor Univer$itaria
de nuestro país.

Que en cierta .forma haya podido yo
obtener éxitos y ganar prestigio para
nuestra Casa, es obra de esa fuerza que
me poseía y qqe representaba la comunión en el afán de la juventud generosa de mi Estado; la misma que me
proporcionaba la devoción de los maestros de mi Casa; la qne procedía de la
seguridad que al través de maestros
y de juventud, mi vida y mi voz seria
simple y sencillamente pueblo, vida y
voz de México.

Cuando hube de emprender, por el
mismo sentido de los acontecimientos
y el mismo rumbo de la historia que
se impone a los hombres, el camino de
regreso a mi hogar, a la ciudad amada; cuando estuve de nuevo en Monterrey de mis años adolescentes llenos
de ensueño y de cariño; entonces, otra
vei la misma voz, la vieja voz, la
eterna ,,oz colectiva de pueblo que
me guia, enderezó mis pasos por los
senderos de la Universidad de Nue- venido a despedirme de esta juventud campiña, pegado el oído en la tierra;
vo León. Me puso aquí y all:í: en la generosa, de estos maestros abnegados, las voces de la sangre y del espíritu
Fué ese mismo impulso que me hizo Facultad de Derecho, en la Escuela de esta Casa que es mi vida? En medio del pueblo, no pueden ser cambiadas
acudir a las aulas de esta Casa y que Nocturna de Bachilleres, en el Depar- de esta noche magnifica, mienten las jamás. A esas voces -destino que me
me ponía trémulo al reconocer des- tamento de Acción Social Universita- estrellas si responden que yo me voy ha llamado inexorablemente por encide entonces la cita cog una vida supe- ria; y luego, con qué palabras difíciles a despedir de la Universidad de Nue- ma de mis potencias y de mis debilidarior del destino, a la cual me he ren- pronuncio: en la Rectoría de la Uni- vo León. Podrá existir, en términos des, a entregarme a causas superiores,
dido y me he humillado, respetuoso versidad de Nuevo León. ¡Con qué generales, una distancia; podrá en el en forma permanente y definitiva; a
de la ley espiritual suprema que go- palabras dificiles, casi llenas de dolor, tiempo establecerse un cierto olvido; esas voces, que no se les puede traicio- _
bierna a los hombres y a las comuni- escucho hoy que se me llam~ Ex-Rec- pero hay en la esencia misma de la nar ni hay fuerza capaz de quebrarlas
dades, Quizá no haya habido un joven tor de la Universidad de Nuevo León!·; vida cosas eternas y definitivas, y con -en ningún instante, estuve entregado.
en el pasado ni un hombre en el pre- palabras que yo no había creido que esas cosas eternas y definitivas yo es- Estoy y estaré siempre entregado a esa
sente, con menos facultades personales pudiera soportar, que parecen cortar toy solemnemente enlazado. Y esto que corriente poderosa, a esa savia fecunpor las cuales reclamar derechos y de tajo todo el pasado frente a todo el declaro hoy, es la confesión del estu- da que viene desde las más hondas raíservir con más devoción sus propias porvenir, palabras que señalan un va- diante de ayer, del incipiente maestro ces de mi pueblo. Porque he creído en
obligaciones. Seguro estaba, entonces, cio y un hueco; que me resultan de de apenas hace poco, y del Rector que ellas es por lo quehe creido en la Unicomo estoy cierto el día de hoy, que una intima pena en este sitio, que fué vuestro amigo, enlazado en forma versidad.
por encima de las debilidades y de la,;. guarda junto a los viejos recuerdos, tal a su propia Casa, Q.ue sólo destrupotencias de los hombres, gobierna las esperanzas, la simpatía, los anhe- yéndose su vida podría derrumbarse
Si yo pensara que la Universidad de
una dirección y un sentido espiritual los de un Rector, que no quizo ser en- su fe- y -su esperanza en la Universidad. Nuevo León es tan sólo un conjunto
de los acontecimientos; certeza a la tre los estudiantes sino uno más, el
de recursos adjetivos, de procedimienque ayer se rindieron mis facultades, adelantado de todos ellos, y entre los
La convicción de un hombre puede tos 'técnicos, de medios para adiestrar
las potencias mismas de mi ser, para nuw~tros sino uno menos, aquel que ]legar a quebrarse, los propósitos de a los hombres, no tendría esta pasión;
entregarme como lo hago hoy al nue- tenia Ja obligación de servirles.
un día pueden sufrir un giro nuevo en no hubiera podido entregarme a ella
vo curso de la vida que me pone al
presencia de otros acontecimientos, en la forma devota y humilde que lo
servido de mi Patria.
En esta cuadrícula de nuestro viejo pero para aquellos qge desde la juven- he hecho. Siempre he considerado que
patio del Colegio Civil del Estado, he tud y aun antes, desde la adolescen- el tesoro más preciado, la misión ver·Ayer, de estudiante -¡gloriosos venido a pronunciar mis palabras de cia, hemos obedecido aquellas voces dadera de la institución universitaria,
despedida; IY se dice despedida con fá- que obligan la vida, voces del destino, consiste en prove"er a los hombres de
* NOTA: Discurso pronunciado por el Lic. cil naiuralidad ! ; ¿podré yo despedirme que se dejan escuchar, como lo hace un sentido . . de la vida, antes que de
de la Universidad de Nuevo León? ¿po- ·el hombre de campo a distancias for- unas armas con las cuales r ealizar proRaúl RangeI Fi;i.aS en 1os ,patios del Colegio
Civil la noche del 17 dé Abril de 1955.
i:lrá ser 'cierte que en esta noche yo haya midQbles con el p·aso más ligero por la vechos propios y ajenos. Siempre he

"el ilustre Colegio que es hoy la Universidad de Nuevo León ..."

La palabra misma, sin embargo, puede ser pervertida en oficios retóricos
y adulterada por la técnica, o empobrecida por intenciones que llevan
consigo
la pérdida de la condición huAunque puede quedar comprometida en turbias empresas, es siempre la mana. Si debe servir y dirigir la auexpresión y el espejo humano; pal~- téntica cultura humana, como encarbra, voz, lenguaje, que no hemos fabri- nación de la historia y de los esfuercado los hombres del dia de hoy, que zos de la ciencia, del pensamiento filola recogemos trás de un largo esfuer- sófico y de la técnica, ella misma se
zo humano; y representa el triunfo del subordina a los valores más altos de la
hombre -aspiración a lo infinito Y yerdad y de la libertad.
negación de la naturaleza en la histoLa cultura, en que se representa toria de la libertad-, del hombre que
mediante la palabra fué capaz de in- do esfuerzo humano, es un modo susventar la filosofía y la ciencia.
tantivo de la vida, una incorporación
del ser mismo y no sólo lujo u ornato
La palabra, que en otros giros de la
del espíritu; y en nuestra Patria, partihistoria, ha tenido capacidad de t~ansportar la llama inflamada de las hber- cularmente, es algo más: pan y vida de

del ho~bre, como vaso y ofrenda 'cte l_a
inteligencia, de la emoción Y de la libertad.

fianza de las letras, verdad y libertad
como vida de nuestro pueblo.
Significa la cultura algo más que el
conocimiento cuidadoso y detallado
ele la historia, de la organización de
la materia o de la vida, consiste en la
transmisión de la sangre y del espíritu, en la concesión de unas generaciones a otras, de fuerza, de capacidad
para seguir actuando. No puede ignorar las adversidades, los dolores, los
sacrificios colectivos con los cuales
está hecha, con los cuales está construído el último piso del pensamiento
humano. Es espíritu, solidaria y profundamente responsable de las raíces
de que se nutre, que consisten de sufrimiento, hambre, pena, y lucha, lucha en que las palabras abandonan a

tria. No olvidemos que podemos representar flor de un instante, fragancia momentánea, si no llevamos nuestra palabra, nuestra verdad, nuestra
vida, en obligado regreso de fecundación a esas corrientes subterráneas, a
esa savia que alimenta y que lleva hasta lo más delicado del follaje, su mensaje de nutrición y de belleza.
No olvidemos, mi Universidad, mantenernos en contacto y adheridos a los
problemas sociales, a las adversidades
de nuestro campo, a los sacrificios de
nueslros obreros, a las dificultades de
nuestra clase media. No olvidemos que
la juventud nos proporciona a nosotros los maestros1 el sentido y el rumbo de la historia; y que si tenemos la
obligación de poner en sus manos las

Pág. 11

�" ... mi Universidad, la de aqui y la de allá, la misma, la de todos los mexicanos ..."

letras, el pensamiento y la ciencia, la
propia juventud tiene el mensaje que
debe fecundar esas letras, para que entre unos y otros podamos integrar la
verdad fecunda, la verdad completa,
la verdad auténtica. Una verdad que no
sea el provecho ni el patrimonio de
unos o de otros, que sea capaz de cobijarnos entre esperanzas y derrotas,
como esta bóveda inmensa de la noche en que se anuncian los luceros del
alba.
Al decir estas palabras como mi
mensaje final, quiero que representen
el íntimo sentimiento de un hombre
que no se despide de la Universidad;
que se aleja, pero que estará ahí, a
cierta distancia y en momento diferente, presente en la responsabilidad que
asume hoy, que no es sino la continua-

Pág. 12

c1on de la responsabilidad anterior;
hombre que no encuentra distancias, tiempos y mucho menos vados,
entre su vida de estudiante, de maestro, de Rector, y la responsabilidad
que como ciudadano tiene la obligación de ejercer el día de hoy. Que si
ha habido alguna verdad en sus palabras, es porque esas palabras han estado forjadas en el contraste de la resistencia y el ímpetu dentro de la comunidad universitaria; que tiene la más
profunda fé en la Universidad de Nuevo León, no como institución particular, sino como aquel sitio donde se escucha la voz clamorosa, unánime y
múltiple de su pueblo; de un hombre
que ahí, en esa Universidad, sintió los
pasos de un destino, que reclamaba
entregarse al servicio de su pueblo, y
que para entregarse a ese servicio co-

UR

menzó por hacerlo a su propia juven••
tud, tratando de ser el adelantado y el
compañero de ella y el servidor de sus
maestros.
Este hombre, que no se despide hoy,
ni mañana ni nunca, porque tiene el
derecho, y lo reclama desde hoy para
siempre, el pleno derecho, de volver
a repetir sus pasos desde la puerta de
entrada hasta la última barda de este
patio, de repetir sus pasos de universitario y pasar de nuevo por sus aulas, de servir y luchar por su Casa, este hombre considera que tal privilegio
se lo ha ganado, y nadie se lo puede
quitar, por sus años juveniles, por sus
horas de maestro y finalmente, porque
se lo ha impuesto la adhesión, el afecto, y la simpatía que los universitarios
le brindaron cuando fué su Rector.

¿Acaso es distinto haber sido el Rector de la Universidad, que ser uno de
los estudiantes de la misma, uno de
sus maestros o cualquiera de sus funcionarios? Mi Universidad va conmigo, ella no me dejará. Hay vocaciones
que el hombre no puede dejar, y la
mía más limpia y transparente, ha sido la de maestro. Ese patrimonio, ninguno de los azares de la vida puede
arrebat:írmelo; por ello, aquí junto a
vosotros, os pido que me acompañéis
en el sentimiento de un hombre que
no puede decir la palabra final de despedida. Para él, la Universidad es como una dimensión de su vida espiritual. Cuando este hombre triunfe o
fracase, no reclamará de vosotros ningún otro derecho, otra gratitud, que
llamarse un antiguo alumno del Colegio Civil.

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