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                  <text>XII No. 6 Junio de 1955

D. A. S. U.

BOLETIN MENSUAL
DE LA UNIVERSIDAD
DE NUEVO LEON

T

AL vez sea una de las miserias del hombre el estar destinado a no poder dar de las cosas una razón que sea satisfactoria para todos los criterios y válida para todas las épocas.
Esto, que parecería ser a primera vista un defecto, puede
ser en realidad la gran novedad y el gran aliciente de la actividad
humana. No necesariamente hemos de ver las cosas desde el mismo punto de vista, cada época y cada cultura tienen su propio y
peculiar mirador por el cual se asoman al panorama de lo existente y recogen sus impresiones en esas, - a veces descarnadas
síntesis- que llamamos filosofía._, Otras veces en esas jugosas y
palpitantes obras que llamamos arte.
Pero cualquiera que sea el resultado, fisolosofía ó arte, es siempre un
intento de recrear, de dar la personal
versión, de lo que el Cosmos sea, Filosofía o Arte, son siempre el mundo teñido por la personalidad del hombre,
artista o filósofo.
Estas versiones son tan diversas como los hombres que las han dado; no
debemos desalentarnos porque no concuerden entre sí. Caer en cualquier
clase de escepticismo, declarando que
es imposible el conocimiento, sería renegar de la más elevada de las aptitudes humanas. Nunca en nuestra vida
hemos declarado que el Cerro de la
Silla sea incognocible solo porque el
panorama que presenta a los habitantes de Vi1la de Santiago sea distinto
al perfil que dibuja a los de Villa de
Cadcrcyla ó de '..\Ionterrey.
La realidad es una, y si las versiones que se han dado de elJa no concuerdan entre sí, sólo se prueban dos
cosas:
1o.-Que fundamentalmente los mismos problemas son los que han interesado al hombre a través de la historia;
de Jo c ual deducimos que son verdaderos y r eales problemas (o misterios?), -Y que existe una constante humana que identifica a todos los hombres entre si, aún los de tiempos más
diversos.
2o.-Quc a pesar de téner algo en
común los hombres que por esos problemas se han interesado, han tenido
también algo que los diferencia entre
sí, y los hace sentir e interpretar el
mundo de manera distinta.
De entre todo lo existente -realidades- de las que el hombre ha dado
Yersioncs en todos los tiempos, podemos mencionar la Historia. Decir qué
sea la Historia. es problema - el único, pero que los encierra a todos- dé
la Filosofía de la Historia.
Ahora bien, lo que la Historia sea,
solo se puede intentar definir después
ele saber qué es su autor y actor principal. Pero debemos convencernos que
una idea del hombre solo se puede
apoyar sobre un repertorio de convicciones Wosóficas que englobe todo
-o casi todo- lo que un sistema filosófico abarca.
El mencionado repertorio de convicciones filosóficas no será en último
término sino la fundamentación racional que damos a nuestro personal sen-

timiento del mundo. En realidad todo
auténtico conocimiento filosófico nos
l\ega ele una manera a-racional y emofo·a. Toda filosofía es siempre la fundamentación racional de una primera
intuición -o una serie de intuicio-

la realidad es: plena, total e independientemente de nosotros. Este nuestro
primer sentimiento se ha transformado en convicción filosófica en el realismo. Tenemos pues la convicción de
que independientemente de nosotros
existe una realidad que "es".
Pero esta realidad que es, independiente de nosotros solo existe como
cosmos ordenado en virtud de que somos nosotros los que la constituimos
no en su ser ontológico, pero si en su
manera de "comportarse" o "aparecer". Somos un poco los creadores del
río de Heráclito, ya que sólo es ante
nuestra presencia que las cosas son lo
que son. Es decir, es sólo por nuestra
presencia de sujetos, que las cosas se
convierten en objetos. Que sean si no

APROXIMACIONES

A LO HISTORICO

,l\Ianuel )!ORALES GO)IEZ

rres- .emotivas. La razón no crea el
conocimiento, la razón pura, no solo
no lo crea sino que lo mata, ya lo vimos en Kant. Todo proceso discursi'"º es algo muerto que necesita el soplo -di\•ino o demoniaco en el sentido Socrático de la palabra- de una
intuición, para poder vivir. Pues bien,
que sea el hombre y que sea la Historia, depende de nuestro sentimiento
ante la realidad, es decir, de nuestras
intuiciones originales.
Las finas, sutiles y quintaesenciadas
discusiones sobre si existe una realidad que trasciende a nuestros sentidos, o que si nosotros somos los creadores de esa realidad, y toda la embrollada polémica del realismo -idealismo-, debemos aquí, no darla por
resuelta, que nunca lo será en definitiva, pero si tomar ante ella una posición que nos permita continuar.
Sentimos con aplastante fuerza que

hubiere una conciencia que las contemplara, es algo imposible de decir,
pero afirmar que sólo por nuestra conciencia cognocente existen, es también
una falsedad.
Entre los objetos que atraen la atención humana está el mismo hombre. Y
su desenvolvimiento en el tiempo, la
actividad humana en el tiempo, es la
historia.
Los problemas que hombre e Historia plantean, son de lo más curioso y
complicado. Ante ellos debemos ir con
la conciencia de que "no son sólo objetos" que vamos a estudiar. El hombre, sujeto, no podemos tratar de objeti vizarlo para conocerlo. Siguiendo
el proceso Aristotélico de definir por
género próximo y referencia especifica, tenernos una serie de palabras vacías que nos dicen bien poco sobre lo
qne el hombre sea. Xo es por abstracción ni por deducción como conoce-

\

mos al hombre. Es más bien por con•
creción y por interiorización como lo
sentimos. La lectura de "1'1edes" de
Enrípides nos dice mucho más de lo
humano que la definición "animal racional" de Aristóteles. Y es que con el
hombre pasa Jo que con una Sinfonía·
oírla, gozarnos en ella, re-crearnos e~
sn armonía y en sus fases que desenvuelven los temas, todo eso nos dice
mucho más sobre la música que un
tratado completo. La Séptima de Beethoven nos dice más sobre el mismo
Beethoven que cualquier biografía de
é].

Así, saber qué es el hombre lo vamos vit\ndo en las experiencias de lo
humano, propias y ajenas -recordemos el Yiejo y evocador término de
humanismo- y nos vamos a la vez integrando nosotros mismos en el conocer.
Pues bien, el hombre es lo que no
cabe en una definición: ser. hombre es
una re~idad tan rica y tan plena, que
cualqmer definición es insuficiente
para expresarlo y nos dejará ayunos
del ser del hombre. Este solo lo podremos conocer en sus concretizaciones
e intuir en esas concretizaciones l~
que,~~ hombre sea. Pero a la vez, paradoJ1camente, una vez que sepamos
lo que la realidad hombre es va no
nos importará definirlo, nos Ía~zaremos en la corriente de las realidades
creándonos y re-creándonos, jugand~
Y gozando la plenitud del conocimiento logrado. Aquel hombre de cartón
aquella caricatura sin Yida, aquel "ani~
~ual raci~nal" de Aristóteles, ya no nos
interesara.
. "Xo hay ciencia sino de lo general"
chrá el buen sentido, y nos desconcertaremos momentáneamente. Pero recordaremos los siglos XVIII y XIX los
científicos, el progreso, y en fin todo
aquel serio aparato que pensaba conocer lo absoluto, y lo humano "científicamente". Y que -herederos a distancia de Aristóteles- pensaban conocer y solucionar todo a base de abstracciones, el amor a la Humanidad
en vez del amor al semejante inmedia~
to, el culto a la Hazón, a la Justicia v
todas las palabras vacías que llenar'o~
y aún llenau los discursos y ensayos
de la época.
Pues bien, no queremos ciencia de
lo general, los úngeles no tienen especie, Dios no conoce por abstracción
en fin, abstraer o generalizar es méto~
do que sirve para conocer objetos,. la
materia, el mundo exterior, lo sujeto a
leyes causales, en una palabra, la naturaleza .espacial y temporal.
Pero la "ciencia" en ese sentido de
método generalizador que abstrae los
caracteres particulares para dejar como objeto de su estudio palabras vacías, no la queremos para el conocer
sobre el hombre, ni sobre la historia.
Para conocer al hombre hay que
comprenderlo. es decir, tratar nosotros de ser él, de interiorizarnos hasta

�rev1v1r y r ec17ear dentro de nosotros
mismos lo más pl ena y universahnenle humano que hay en cada uno de los
hombres. Y ya con la experiencia de
lo humano, tratemos de enfrentarnos
co n esa otra r ealidad que se constituirá en experiencia nueva y que se
llenará de vida a posar nuestra mirada sobre ella. La Historia. Ir hacia la

historia es siempre r e-crearla. Como

"
11

l:

el brillante .despierta a nuev a vida al
caer sobre él lá luz, así la historia despierta al pasar sobre ella sus miradas
cada hombre. Al evocarla la re-creamos1 al comprehenderla la revivimos.
Y nunca será la historia ciencia,
por lo menos de ]o general, aunque
muchos así lo quieran. Podemos ahora
anticipar algunas afirmaciones que extenderemos después. No estará la historia sujeta a leyes - ni a las económicas ni a ningunas otras- porque en
ella interviene el hombre -subjetividad- y debe intervenir, piensan otros,
Dios que también es persona, -sujeto- libre.
Si el hombre no se puede conocer
por abstracción, y si no podemos comprenderlo sino por nosotros mismos y
los fines humanos, asi la historia, obtendrá su compÍ'ensión por el fin.
El hombre no es sino qu e "existe", y
como tal existencia es cambiante, y el
santo de ahora puede volverse el pecador de mañana, toda nuestra existencia no dependiente de nosotros es. tá rodeada de vacío y de libertad. Pero el hombre sí llega a "ser" en un
momento dado, el cual ya no pertenece a su existencia; es el momento intemporal, que a lo largo de su no-ser,
- que es tanto como decir de su existencia- el bornbre ha ido creando .
Ese momento en qu e ya no existimos,
es el que nos convierte en ser -fuera
del tiempo- (nos hace ser, a querer y
sin ganas, es decir, sin libertad ya) .
ser esto ó lo otro. Ese momento en que
se nos cataloga, en que "ser" tiene plena su acepci'Ón parmenideana, eterno,
inmó,•il, etc. 1 ese momento debe ser el
de nuestro juicio. El momeñto en que
comparecemos ante Dios, y ante nosotros mismos para ver con claridad
nuestra existen cia y por fin saber qué
somos.
,El hombre se comprende por el
hombre y por sus fines. La historia,
que no es sino el hombre mi smo, deberá comprenderse también por el
hombre y por el fin .
En la historia hay regularidades 1
pero ellas están fundadas precisamente en lo no-históri co. En la historia
interviene -como también en el hombre- la naturaleza, pero solo como ]imitación, solo como miseria, como
obstáculo que hay que superar, como
algo que hay que ,•enccr. Gran parte
d e lo que llamamos regularidades históricas, periodos de flor ecimiento, plenitud y decadeñc1a, que tanto asombraron a Spengl cr cuando los descubrió, son . manifestaciones de este interv enir de la naturaleza. Hay razas
con dotes para ciertas cosas y otras
con distinta orientación. El clima misEl alma egip cia
mo influye, etc., pero todo esto aunque inter-actuante no es decisivo. Lo
que en la historia cuenta es precisa- cicndo lo cultm·al - qu e también asi
mente ]a actividad humana, orientada se ha llamado a Jas ciencias hi stórihacia fines - valores- de los cual es cas- y si vemos en nuestro alrededor
se siente carente. Y la jerarquía de cuúnt as cosas son producto de la ac tilos valores la dá preci sam ente su ma- vidad humana y so n por tanto bi enes
yor o menor carencia, y se siente siem- culturales e hi stóri cos, lendr cmos una
pre como más alto aquel qu e mús fal- id ea aproximad a de lo complicado qu e
ta nos hace. P ero no hay que alarmar- result ad , ·a la vez, co mo nos sucedía
se, siempre sentiremos como más alto co n el hombre, meter la historia deny vali Oso el " bien" que es útil 1 y es tro de un a d efini ción. Pero tambi én
precisamente porque siempre faltará hay que r econoce r qu e ya la hi stori a
más el bien que cualquier otra cosa. Y es más susceptibl e de se r encuadrad a
cuando eso n os su ce d e, veodrá en en una definición qu e el hombre. Ya
nuestra ayuda el adagio de que prime- ante lo hi stóri co tenemos al go qu e poro es ser y luego parecer . Lo cual tie- demos prend er y fijar como "objeto",
es d ecir tenemos ya al go q ue pod emos
ne su profundo se ntid o.
Pues bien, la hi storia es entonces la inmovilizar y mantener rí gid oi que no
actividad humana que ori entada hacia cambi a, qu e se puede probar y comfin es, r ealiza valoi-es. Y en este ir rea- probar, qu e es susce ptible de ser t ra lizando los val or es el hombre va ha- tad o con mt't odos cientifi cos, estos son

a nues tra intuición1 a nuestra personalidad, a nuestras. cualidades adiyinator ias y comprensivas, y toda esta proeza la tenemos que realizar. usando corno puente el "hecho' '. histórico, es de•
cir, -aquel acto pleno y vivo debemos
r econstruílo a partir de un empolvado, seco y descarnado "hecho" que se
menciona en algún sucio papel.
Comprobemos nue s tras afirmaciones, veamÜs como por ejemplo la historia egipcia permanece para nosotros
como un misterio a pesar de que sobre ella casi nos sobran datos. Y es
que el alma egipcia nos es extraña y
su lejanía no nos permite intuírla a
partir de nosotros mismos; por lo tanto, lo egipcio nos es desconocida en lo
esencial, a pesar de tener completas
las Jistas de sus r eyes y conocer casi a
fondo los "hechos" de su religión. Pero esa religión y esa manera de vivir
y pensar no la sentimos sino remotamente, débil y casi imperceptible, Y
asi es en realidad nuestro auténtico
conocimiento de lo egipcio.
Por lejano y extraiio no suscita disputas, veamos al contrario el caso de ...
Ju:irez, por ejem12lo. En el caso éste,
como en el de los egipcios los datos,
los hechos no están sujetos a discusión, todos podemos en determinado
momento verificarlos -claro que en
algunos momentos la pasión llega a tales extremos que los mismos hechos
se han ocultado o alterado- pero en
términos generales, los hechos son
aceptados por todos, pero ¡qué interpretación tan distinta la que se dá a
esos hechos! ¡Qué encontrados juicios
susciatn las mismas acciones, cómo se
les explica algunas veces! ¡Qué buena
intención (aquí la subjetividad de Juár ez revivida por otro sujeto) se le atribuye en el momento de firmar tal tratado! ¡Qué fondo tan obscuro y despreciable de resentimiento ven otros
en el acto de la condena de Maximiliano ! Y es que cómo vamos a explicar
un acto humano, que es el resultado
de una serie innumerable de momentos en los cuales la libertad entra en
juego en cada uno de ellos y puede el
sujeto escoger entre varias opciones?
Cómo vamos a reducir todo el complicado y fino tejido que es una existencia humana (que cuaja en un momento dado tomando tal decisión, es decir
r ea1izando tal acto) a una explicación
causal y condicionada?
Con seguridad entre varias explicaciones que damos al acto de un hombre varias resultarán a la vez parcialmente verdaderas, y ni él mismo sabrit decirnos qué explicación es la más
cercana a la realidad. Esto mismo vemos también que sucede con nosotros
mismos, que a veces nos sorprenden ·
nuestros mismos actos y que de ellos
no acertamos a dar razón satisfactoria. Tal es la explicación del arrepentimiento -que no necesariamente va
unido a la noción de culpa- sino que
puede proceder de sentir haber tomado un camino distinto a tal otro.
Pues bien , en esta ambiguedad del
proceder del hombre encuentra su exnos es extrwía
plicación el porqué son posibles
- prescindiendo de intereses bajos y
en historia los 1 'hechos históricos", mal intencionados- juicios históricos
pero .. . Aqui viene la desesperanza, encontrados a partir de los mismos
los h echos hi stóri cos fijables y com- h echos.
Como cada hombre, cada época ve
probables no nos d an la historia viva,
nos d án cadá \' ercs d e historia, cosas de Ja historia lo que ]e es más acorde,
de ar chivo, entretenimi entos de espe- lo qu e le está más cercano, lo que mecialista. Todos los datos, fechas1 en jor se identifica - en algún sentidouna palabra, tod os los "l1 echos" histó- co n sus propios problemas y sus pro~
ri cos son solo ladrill os con los cuales pias aspiraciones. La historia es la
de bemos co nstru ir una historia: nu es- mi sma, los hecl10s idénticos, pero hisw
tra historia. Al interpretar los hechos toria y hechos no viven sino a condiw
hi stóri cos, al dnrl es Yi (la, al r ecr ea rl os ción de r ee ncarnar en otrqs hombres
y rcYi virlos como dec iamos antes, ya y eso hace interve nir ya la subjetivino es posible se r objeti vo . Solo somos dad, es decir, nuestro punto de vista,
un a subj eti\'id ad fr ente a otra : com- qu e no niega el cerro de la Silla, sino
pr end emos al hom bre qu e realizó en que lo afirma a su man era. Así, esta
un acto pleno y pal pitant e, lleno de su m ; nera de Yer la hi storia no la destruYida y d e sus fin es, Yibrante d e su ye ni la disuelve, simplemente impide
existencia tr at and o de r ecrearlo en no- p edirl e más de lo que está en posibiliso tros, es d ecir estamos aband o nad os d ad de· dar.

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LA PALABRA INNOMBRABLE
Porqué cuando la sangre cierra sus memos {rías
y de;a lirios rotos en la piel esparcidos,
dispuestos en un rictus de márgenes agónicas,
traducimos el llanto en la higuera ele un grito?
Porqué {rente al mutismo de un cuerpo sin latidos
no enmuedecen los labios
ni el oído se extiende grávido de silencio;
y con la certidumbre de marítimas rocas
anunciamos la Muerte pronunciando dos sílabas?
Acaso el hombre tiene
la voz de girasoles dormidos en la aurora,
o la entraña en tinieblas de una fuente dormida
para poder gritar con una voz de sombra
a la informe silueta de una sombra sin voz?

\

La Muerte es el silencio,
decimos.
Pero acaso las rosas
,-,sin de;ar de cumplir su arquitecturafrente al hondo suicidio del crepúsculo,
no bañan sus corolas y sus pétalos
en la más {ina lluvia del silencio?
El dolor es la Muerte,
decimos. ·
·
Pero acaso la vida que se funde en la l1ora
no es la playa doliente
donde el dolor de incalculables siglos
dispersó el manantial de sus arenas?
La Muerte no es la Muerte ~oh parado;cihay un ruido Je rosas en sus venas
y un pulso de metal en su guadaña.
El hombre ha de callar en su presencia
porque el hondo silencio de su nombre,
,-,el que callo al fundir este poema,-,
no es de brisa, ni llanto, ni de sílabas.
Homero A. GARZA
Pág. 3

Pág. 2

,.

�lí HI O M\AS V\\ANN
Por Franz BOUCHSPIES

"Lo que llamáis Espíritu de los Tiempos, es en el
fondo el Espiril11 de los grandes hombres, en que
se reflejan".-GOETHE.

ANN significa hombre en alemán, y nadie podría con
más orgullo ostentar esta palabra como su propio nom•
bre ni con más acierto, que el gran escritor alemán.
Entre los escritores germanos contemporáneos, Rainer
María Rilke, Hermann Hesse o Emest Wiechert, es el que mayor
gloria ha alcanzado y el más conocido internacionalmente. Sus
años de lucha, su drama y el exilio inevitable, le han ganado la
admiración y la simpatía de todos los pueblos. Ha pintado en
colores vivos, la trágica historia de su patria en sus libros y.el es•
píritu de esta época borrascosa que hemos vivido; la gloria y el
ocaso de su pueblo, sus grandezas y sus caídas, están fielmente
retratados en sus inolvidables páginas. Es, en fín, el espíritu de.
su tiempo el que nos habla a trav:és de su obra.

M

Sus enemigos y la ignorancia de
otros o la mala voluntad, le han llamado judío con desprecio. La verdad
es que no lo es ni de raza ni de credo.
Los que lo han tratado de cerca lo
han comprobado. Estelrich, Oliver
Brachfeld y otros, han dado testimonio de ello. En la Enciclopedia Británica, lo confirman, y la Casa Editorial
Ercilla, como introducción de uno de
sus libros, "JosC en Egipto", que forma parte de aquella tetralogía Bíblica

que su pueblo aceptara sus doctrinas,
trocando empero la fuerza del hombre
intelectual del Héroe-Sabio que Nietzsche había soñado, en la crueldad inmisericorde.
Se ha dicho que Thomas lllann no
ha sentido nunca amor por Alemania.
Lo que ha dicho Karl Jaspers en uno
de sus libros podría aplicarse a este
gran europeo:
"Reflexionemos en otro tipo de
amor; el amor a la estirpe, al suelo natal, al fundamento histórico, ese amor
que despierta el saber que somos
oriundos de una raíz .. , , Pero este
amor puede ser desconcertado. El
hombre puede ser arrancado de su
fundamento ... El amor ha perdido la
presencia corpórea de su mundo. El

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I .

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que le ha colocado entre los grandes

\
. }

¡

Humanistas contemporáneos (y le ha
ganado fama de israelita), ha hecho la
siguiente aclaración:

111

"Dada la posición espiritual de
Mann, con respecto al actual gobierno
( el Régimen Na:i) de su pafria de origen -Alemania-, que lo despojó de
la ciudadanía, y teniendo en cuenta el
tema de esta obra, muchos· han creído
qne Maun es judio. NO LO ES. Pero
como mentalidad intensa y vastamente humaha no reconoce distingos de
raza y profe.rn su simpatía a los perseguidos étnicos del Tercer Reich."
Su simpatía por la raza de JESUS,
no es rara en un escritor alemán que
ha buscado en vano hasta ahora, la reconci liación entre su pueblo y los israelitas, pues Lessing, Goethe, Hermann Hesse y otros sin ser judíos, han
buscado un acercamiento con ellos.
Cuando Lutero divorció al pueblo
alemán de la Iglesia Católica, los teólogos protestantes se acercaron a los
judíos, como al pueblo de quien habian heredado el Cristianismo y cuyas
raíces habían tenido en la religión de
los hebreos,
Con esto, }os judíos adquirieron algún prestigio no solo en Alemania sino en toda Europa y tras de distinguirse en el Arte y en la Ciencia, han logrado ocupar en el mundo un sitio

respetable.
Un gesto de ingratitud para el P.Ueblo' que los toleraba y les babia ;cogido: sus actividades políticas antigermánicas durant~ la primera guerra
mundial, les ganó perpetuamente el
rencor del pueblo alemán.
Sin embargo, Thomas :\fann hace
notar la afinidad que existe entre e}
pueblo alemán y el judío:
" . . . No podernos menos de comprobar la analogía de los papeles que han
de desempeñar la germanidad y el judaísmo sobre la tierra. Una analogía
asombrosa. Ambos igualmente infamados, despreciados, temidos, envidiados, igualm e nte desconciertan y
son desconcC'rtados.
11
Se habla de la edad del nacionalismo; en reaHdad no hay más que dos
nacionalismos: el alemán y el judío, y
el de los demás es un juego de chiquillos en comparación con ello, como el

Thomas ,\Iann

carácter típicamente francés de un
Anatole France es puro cosmopolitismo comparado con el aislamiento alemán y la presunción judía de ser el
pueblo elegido ..."
También el puebJo alemán, como el
hebreo, ha desoído a sus profetas y
los ha perseguido, ensoberbecido por
una gloria efímera . Goethe, Schopenhauer y Nietzsche han sido empujados
hacia la dolorosa soledad injustamente.
FnC necesario que i\ietzsche. el apóstol del Hombre Superior, el infalible
ele Voluntad Ferrea. muriera abandonado por todos en un manicomio para

hombre es traicionado por su propia
patria o su pueblo ... Enmedio de su
desesperanza vive su existencia concreta excluido de la realización c¡ue
se consuma históricamente, y sabedor
de que el no tiene relación con eso.
La gravedad del amor no puede disimularse, no puede pertenecer a otra
patria. Como le falta suelo, está suspendido en un espacio Yacio, ahistórico, y con indiferencia despiadada se
proyecta solo sobre si nlismo . .. Cuando un hombre, en ,·ista de lo que pueda ocurrir, tiene que reconocer que
está excluído de su patria política, no
lo acoge otra patria -que por lo de-

más no existe- a menos que sea la
patria de la Historia de la Humanidad.
Coopera con el pensamiento' en la instauración de la ciudadanía universal
venidera. En el ser humano en cuanto tal trata de asegurar su aposento.
Desde la' catástrofe de su propia raigambre histórica, desde lo que era
noble en el pasado de. su patria, desde
lo que exigieron los antepasados ilustres, impulsado siempre por este origen histórico de su amor, se orienta
ahora hacia el origen de la humanidad, de la humanidad histórica concreta, vinculado en cuanto hombre
con todos los seres, como si se tratara
de una gran familia."
El militarismo y la intolerancia prusiana ha proscrito a todos aquellos humanistas alemanes que por medios. pacíficos hall querido raconciliar a Alemania con el resto del mundo ·como ha
sucedido con el famoso biólogo Georg
F. Nicolai, Thomas Mann y otros que,
exilados de su patria,.lamentan la ceguera y la incomprensión de sus compatriotas.
Es inconcebible y monstruoso que
aquellos que luchan por Alemania con
las armás de la Cultura y de la Civilización, sean arrojados a un lado con
desprecio y llamados judíos.
¿Es preciso ser sanguin~rio y brutal para ser considerado un verdadero
alemán? Aquellos que hace tiempo
eran los enemigos irreconcilfables de
A1emania contribuyen cuando les conviene a fomentar tales chifladuras entre los alemanes y de ellas mismas se
,,aJen para despertar después el odio
contra el pueblo Tudesco.
Thomas Mann pues, de alemán y europeo se ha convertido ya en una figura mundial que confirma así lo dicho antes por Karl Jaspers.
El mismo, en su "CARLOTA EN
WEDIAR", donde rinde lributo a otro
gran Maestro alemán que también pertenece al pensamiento universal, el
gran Goethe, le hace hablar en esta
forma:
" ... estoy aislado, no solamente por
el rango sino por el instinto, y por este renombre conquistado en noble lucha, pero en el que siempre buscan
una falta. En el fondo, para vosotros
soy una carga. ¿No lo sabré yo? Ellos
desconfian de tu germanid8d, tienen
]a impresión de que haces un mal uso
de ella, y tu gloria es para ellos como
una pena ... se creen grandes y magnificas, y consideran con rabia a aquel
que EN EL EXTRANJERO VE Y HON. RA A ALEMANIA; es miserable. No
puedo conciliarme con ellos. Que no
me aman, perfectamente; yo tampoco
los amo y estamos en paz. Tengo mi
germanidad para mí, que se los lleve
el diab}o. Creen que son la Alemania;
LA ALEMANIA SOY YO; AUNQUE ZOZOBREN CUERPOS Y BIENES, ELLA
SE PERPETUA EN 1111. HACED LO
QUE QUERAIS PARA QUITARME LO
QUE ES MIO; a pesar de todo YO LOS
REPRESENTO."
Es este Thomas ll!ann el que nos hahla a través de Goethe con el dolor de
abandonar a los suyos que le condenan y tíene que emigrar a América:
"Ellos desconfían de tu germanidad ..." sin duda Thomas Mano está
hablando de las dificultades entre sus
compatriotas y él mismo. La terquedad de algunos alemanes de querer
convertirlo en Israelita. Luego nos dice: ·"consideran con rabia a aquel que
en el extranjero vé y honra a Alemania". ¿No está hablando de sí mismo?

Lubeck, su ciudad natal

Agrega aún: "Tengo mi germanidad
para mi ... " y confirma aquello que
dice Jaspers: " ... con indiferencia despiadada se proyecta solo sobre si mismo ... "
Sigue el soliloquio Goetbiano: "Cr.een
que son la Alemania; la Alemania soy
yo; aunque zozobran cuerpos y bienes,
eHa se perpetúa en mi ..."
¿Hablada así un judío o un ser que
no sintiera amor por Alemania? Sabe
bien que cuanto él haga será en provecho y para la gloria de su patria.
Cuando hahla de la posibilidad de destrucción total y en la perpetuidad del
espíritu germánico del que él es representante, se refiere sin duda a la fase
mús dura que tuvo que sufrir Alemania pues este libro fué escrito en esa
época y en América del Norte.
En este libro funde la figura trágica de Werther y la del inquieto Fausto, en una sola.
·THO~IAS l\lANN ha . comprendido la
amargura y la soledad de Gocthe por
· Ja ingratitud de sus contemporáneos y
sintiendo su mismo dolor, su propio
drama, nos habla a través de los pensamlentos del gran solitario de Frauenplan . .
Goethe dijo una vez que el verdadero escritor debia buscar Ja fuente de
su inspiración en la realidad y ~n la
,•ida y dar importanci;;t o encontrar
verdadera grandeza en las cosas pequeñas como sucede con la Naturaleza, para llegar a ser ver_daderamente
grande. Thomas ?ilann siempre ha tenido por modeio ·y ha seguido los pasos &lt;le! Gran Pagano.
Hanns Martín Elster nos dice del
gran desterrado:
4
' • •• este poeta ambiciona una sin tesis del arte con la ciencia: tanto en el
fondo como en la forma deben cooperar con todas sus actiYas energías ambas modalidades del humano intelecto. Belleza y Yerdad continúan siendo
Ja doble meta de nuestro escritor."
La iUOIJ.laíía Jlágica es un Ubro que.
ha alcanzado a Thomas Mann el codiciado Premio Xobel. En él, el autor
germano nos muestra una Utopía internacional cultural-cientifica y social,
precursora sin -embargo de ]a terrible

catástrofe que había de acabar para
siempre con la paz y la tranquilidad
europea. La guerra de 1914-18.
En un sanatorio de Davosdorf, un
jesuita judio, Naphta, y un librepensador italiano, Settembrini, (¿Satán?)
se disputan como Dios y el Diablo, un
alma, un joven alemán, Hans Castorp,
uno con sus teorías sobre el orden social establecido, en el que los medios
crueles para sostenerlo son disculpables ante un fin grande, mientras el
segundo habla en nombre de la razón,
de la Libertad y de la Humanidad.
En su Doklor Faustus, se convierte
en el juez inexorable de su pueblo por
su egoísmo y su soberbia. Es la historia de un hombre que impulsado por
el genio creador que lo posee y seducido por las promesas del diablo, se
encierra en un frío aislamiento que lo
empuja por encima de sus semejantes
pero Je precipita en los abismos eternos.
Gerhardt Hauptmann, otro gran escritor alemán con temporáneo decía
en uno de sus libros:
"Cada alemán que se estime como
tal, tiene algo de Fausto. Estamos desengafiados de todas las cosas y por
eso vendemos nuestra alma . al Diablo ..."
Solo que el Diablo ha sido derrotado una y otra vez por las fuerzas que
luchaban en nombre de la Libertad y
de la Humanidad, y Alemani8 ha sido
arrojada de muy alto. En lo sucesivo
los alemanes deberán tener esto como
amarga experiencia y no volverán a
enrolarse en otra sangrienta aventura.
Antes bien, tratarán de conservar lo
que a tan alto precio han reconquistado.
En este libro tan alemán y tan antinazi, así como Goethe buscando una
cualidad en el pueblo alemán tan injusto con él, exclamaba:
"El alemán es va1iente"
surge también en Thomas ~fann el orgullo patriota y nos muestra a su desdichado pueblo tal como es:
"No has ,oído hablar del devenir alem.in siempre errante, perpetuamente
en marcha?
Si tú. quieres, el alemán es el eterno

estudiante, el luchador eterno que se
esfuerza entre }os pueblos ..."
Nunca se ha dirigido al pueblo alemán un elogio más merecido ni con
más acierto. Es precisamente donde
descansa su grandeza, en e} esfuerzo
renovador, en eJ impulso entusiasta,
en la profundidad de su pensamiento
y en ese corazón indómito que nunca
desmaya y que ha 11echo exclamar a
Goethe:
'
"El alemán es valiente"
Si que 1o es. Es admirable que a pesar de haber sido sometido ese pueblo
infatigable a tan duras y dolorosas
pruebas, su fuerza y su fé en el porvenir nunca son destruidas. Es una gran
enseñanza.
Thomas l\Iann lo ha hecho observar
también:
" ... esa fé en el futuro es una de Jas
más hermosas herencias de nuestra
raz.a ..."
Alemal1ia se asemeja al gigante de
los pies de barro de la tradición bíblica. Es lo que ha hecho exclamar al escritor argentino J. L. Borges: "Como
]os hombres, 1os pueblos tienen su des~
tino. Tener todo y perder todo, es común viscisitud de los pueblos. Estar
a punto de tenerlo todo y perderlo todo es el trágico destino alemán."
Es curioso, pero Ja gloria de esos solitarios pensadores ane Jucharon aislados e incomprendidos por Alemania,
es lo que ha he~ho a ese pueblo grande y lo ha redimido.
Thomas
"Mann pertenece a esa estir,
pe de colosos.
Nació en Luhéck- el 6 de Junio de
1875, descendía por su padre, senador
ele }a ciudad, de una vieja familia ele
comerciantes patricios procedentes de
Nuremberg.
Su madre . .Tnlia de Silva-Bruhns,
nacida en Río &lt;le .Taneiro, venía de
una familia medio hindú, medio portuguesa y fué educada precisamente
en Alemania.

La muerte de su padre que causó la
ruina de la Casa l\fann dejó en su alma
profunda huella que ha dejado revelar
en la epopeya de Los B11ddenbrook",
donde pinta la gloria y el ocaso de una
familia señorial.
Sus estudios, sus viajes, la influencia de los viejos l\faestros alemanes,
el poderío y esplendor del Imperio
Alemán y su estruendoso derrumbe
reflejados en sus admirables obras están allí dando testimonio de nuestra
época sangrienta, para los siglos venideros.
Tanto él como su hermano mayor,
Heinrich, se aventuraron en la azarosa politica de su país, y mientras Thomas defendía la causa del Imperio,
Heínrich arrastrado por la era revolucionaria se unía a los partidarios de
la Democracia.
La caída del régimen imperialista
hizo a Thomas Mann abrazar el partido que tanto había combatido, y fué
su lealtad a esta doctrina lo que le costó el destierro de su patria por el régimen finalmente triunfante.
Mann ha caído en la obsesión de su
origen. Parece derivar de la mezcla
de razas, de la cruza de sangre nórdica y meridional, el valor de su genio.
Al revés de sus compatriotas que
tanto temen la mezcla de razas y creen
ver un judío en cada esquina, él mismo alardea de no pertenecer a una raza pura tan cacareada y tan falsa.
"Quiero representar la esencia de
toda loca aventura espiritual y la pasión por la creación artística, pues
por algo provengo del Sur.
Y quiero representar la cordialidad
y el calor del hogar y el sentimiento
tranquilo de la sincera humanidad,
pnesto que también provengo del Norte."
Queremos cerrar con estas admira~
bles palabras suyas este opúsculo en
el que nos hemos atrevido a mirarle
de cerca.

En su Doktor Faustus se convierte en el jue.: inexorable de su pueblo.

Pág. 4

Pág. 5

I

�SlíUllL71OlflUIM\ llNlFllNlllíUIS IESlt NlJIM\IElflUlS
-e

Dr. Daniel l\fJR

ON el consiguiente asombro de
nuestra parte, se nos informa que

en cierto plantel escolar oficial,

se prohibió un tema de literatura basado en la obra del padre jesuíta, José
Francisco de Isla, "Historia del famoso predicador fray Gerundio de Cam-

pazas, alias Zotes". ¿Razones para tan
peregrina prohibición? Que dicho li-

bro atenta contra la ortodoxia religiosa. Deprime el ánimo ignorancia tal,
porque no se puede emitir juicios si se
desconoce la época y el medio ambiente en que un escritor y su obra se
desarrollaron. El P. Isla pertenecía a
un grupo de reformadores e intelec-

tuales que se propusieron sanear una
etapa cursi y artificial en la poesía,
drama y oratoria. Contra la última se
pronunció el P. Isla, de la misma ma-

nera que Forner, Luzán y otros, arremetieron contra una falsa poética. .
El gongorismo y el conceptismo, no
habian quedado encerrados en los libros; habian trascendido al púlpito, y
toda una legión de oradores culteranos, ocupaba a diario lá cátedra sagrada. Se había ya protestado contra
la extravagancia del gongorismo ora•
torio, igual que dos siglos antes contra las extravagancias de los libros de
' caballerías, mas los resultados obteni•
dos eran desalentadores. Para acabar
con los libros de caballerías, hubo que
esperar un genio satírico, Cervantes;
lo mismo hubo que esperar en el siglo
XVIII a otro escritor satírico y de vena cervantina para acabar con el gongorismo y conceptismo oratorios. Conviene que la comparación no sea mal
interpretada. Cervantes y "D. Qnijote" fueron los modelos del P. Isla para
su "Fray Gerundio", pero el P. Isla no
es más que un pálido reflejo de Cervantes, y la "Historia de Fray Gerundio" un débil remedo de "D. Quijote".
Lo de menos en 11 D. Quijote" es la sátira contra los libros de caballerías;
en cambioi la sátira contra los predi-

Don Luis de Góngora y Argote

cadores gongoristas, su efü1cación y
sus maneras, es lo esencial en la obra
del P. Isla. "D. Quijote" supera su fin;
"Fray Gerundio" cumple su fin. Fin
que como dice sn autor, no es "ridiculizar la predicación evangélica, sino a
los predicadores que no sólo hacen ridícula, sino profana, sacrílega, escan-

dalosa y chocarrera; de modo que en
Jugar de ser predicación evangélica,
es una charlataneria pantomímica, teatral, fantástica, y muchas veces bufonesca".
Es, pues, la obra del P. Isla toda una
sátira literaria contra la falsa oratoria
y, porqué no decirlo, contra gran par-

te de la educación de su siglo . Su personaje tiene su cabeza llena de ·absurdas enseñanzas y lecltU"as, y hombre
apenas salido de su aldea, se convierte
en un desfacedor de entuertos del púlpito, elaborando y lanzando discurso
tras discurso, todos grotescos y extravagantes, no en cuanto a su contenido,
a su doctrina, sino en cuanto a su forma. Además, corno novela es francamente entretenida, ya que posee gracia e ironía. Tal vez su único defecto
sea su desmesurada extensión, si bien
al comienzo de su libro tercero, nos
advierte: "Si mis lectores se cansaran
antes, eso no debe ser de mi cuenta.
¿Quítoles yo, por ventura, que cierren
el libro cuando les diere la gana y se
echen a dormir hasta que despierten,
con lo cual no sólo dividirán, sino que
podrán hacer jigote los capítulos y los
libros siempre y cuando les pareciere
puesto en razón?" "La Historia del
famoso predicador fray Gerundio de
Campazas, alias Zotes", es la mejor novela española del siglo XVIII. Podrá
carecer de una intriga elaborada, pero
su contenido no atenta contra la ortodoxia religiosa. Como dice Antonio
Machado: "hay que tener los ojos muy
abiertos para ver las cosas corno son;
aun más abiertos para ver las otras de
lo que son; más abiertos todavía para
verlas mejores de lo que son." No es
prudente, pedagógicamente hablando,
eliminar nada sin haberlo penetrado a
fondo, pues se corre el peligro de caer
en un conservadorismo pernicioso, a
la manera de aquel sarnoso que se em~
. perraba en conservar, no la salud, sino la sarna. Es preciso decir a nuestros alumnos, revelarles, todo el radio
de su posible actividad pensante, toda
la enorme zona de su espíritu que
puede ser iluminada y, por ende, obscurecida; ensellarles a repensar lo
pensado, a clesaber lo sabido y a dudar de su propia duda, pon¡ue es el
único modo de comenzar a creer en
algo.

UlNIIVElflSlllDAlD lDIE NUllEVO lLEON
JULIO
Del lunes 4 al viernes 8
PROBLEMAS FILOSOFICOS DE LA
NUEVA ESPAÑA.- Profesor Extraordinario, Doctor José María Gallegos y
Rocafull. 5 conferencias, de las 21 a
las 22 horas.
Del lunes 11 al viernes 15
UNA FILOSOFIA DE LA HISTORIA
DE l\fEXICO.-Profesor extraordinario Edmundo O'Gorman. 5 conferencias, de las 21 a las 22 horas.
Del lunes 18 al viernes 22
EL PENSAMIENTO MODERNO EN
LA NUEVA ESPAÑA.-Profesor extraordinario, Doctor José Gaos. 5 conferencias, de las 21 a las 22 horas.
Sábado 23
ALFONSO REYES Y LA FILOSOFIA
DE LA LITERATURA.-Profesor extraordinario, Doctor José Gaos. Una
conferencia, a las 11 horas.
Del lunes 25 al viernes 29
INTERPRETACION HISTORICA Y
SOCIAL DE MEXICO.-Profesor extraordinario, Licenciado Carlos M.
!barra. 5 conferencias, de las 21 a las
22 horas.

ESCUELA DE VERANO
X ANUALIDAD
Jubileo de Alfonso' Reyes
CURRICULA
AGOSTO

nario, señor José Luis 'Martinez. Una
conferencia, de las 21 a las 22 horas.

CICLO ALFONSINO
Del lunes lo. al viernes 5 de agosto
Lunes lo.: LAS ARMAS EN LA POESIA DE ALFONSO REYES. Profesor
extraordinario, Licenciado Manuel
Calvillo. Una conferencia, a las 21 horas.

Viernes 5: ALFOXSO REYES Y SU
IDEA DE LA HISTORIA. Profesor extraordinarioi Licenciado Alfonso Rangel Guerra, de la Universidad de Nuevo León. Una conferencia, de las 21 a
las 22 horas.
Del lunes 8 al viernes 12

Martes 2: LA GEXERACION DE ALFONSO REYES. Profesor extraordina:
rio, Licenciado Jase Alvarado. Una
conferencia, a las 21 horas.

LA FILOSOFIA DE LA INDEPENDENCIA DE l\lEXICO. Profesor extraordinario, Doctor Luis Villoro. 5 conferencias, de las 21 a las 22 horas.

Miércoles 3: IFIGENIA O LA LIBERTAD. Profesor extraordinario, señor
Octavio Paz. Una conferencia, de las
21 a las 22 horas.

Del lunes 15 al viernes 19

Jueves 4: OBRA LITERARIA DE
ALFONSO REYES. Profesor extraordi-

UN SIGLO DE PSICOGElíESIS DE
LA CONCIENCIA NACIONAL. Profesor extraordinario, Doctor Jorge Ca~
rrión. 5 conferencias, de las 21 a las
22 horas.

POE~IA NUEVO, por A. Cardona Peña. Cuadernos Americanos ::Mexicanos. 1955.
Corno el lapidario de diamantes que
al alcanzar la madurez en el dominio
de su oficio - plenitud moza, anunciadora de más abundantes cosechascambiara el cristal de roca y las piedras preciosas, por el guijarro del ca~
mino, así se presenta Alfredo Cardona Peña en su último y silenciado
"Poema Nuevo".
Con un lema de Virgilio en los Jahios - "Mira cómo todo se alegra por
el siglo que ha de venir"- abre Cardona Peña su libro para contarnos,
con la voz firme del profeta, cómo
abandonó la contemplación del lirio,
para enfrentarse a la imagen de ]as
botas rotas bajo la lluvia.

mejores cristal es, el poeta dibuja ahora, en el aire, con el fuego de la palabra, su credo de hombre que confia en
el pueblo y en el mallana.
Declara que su 1Jnmdo es ya otro y
se llama "Tierra-de-Todosii ... el peque1ío, el infinito mundo del hacedo1·
de esfuer=os, confía en el pueblo, de
quien ama su bondad de llama y teje
una cbrona de laurel para los- oficios
humildes, pues, para él, los tejedores
de sillas igualan en Sil labor las vidrie-·
l'QS góticas.
Fustiga a los que hablan del dolor
en un banquete y de poesía en una
conferencia ..• pero son incapaces de
• * *
abandonar sus tiel'ras y bajar a la plaPrimero, en una música antigua que :a donde escribe la vida" y señala,
suena a flauta y a rabel, cuenta gozo- después, .que el poeta está obligado a
so sus faenas del pasado:
acercarse a la Yida con palabras nue"Hace mucha que cuido lucel'O, mon- vas:
"Si ayer canté los élitros nupciales,
to jardin y vigila fantasma, todo go~
zoso de luz, y campana, sin regatear los jal'dines amados y los lirios, escucho alwra en la vudad un viento que
vacación al empeño".
me va murmul'ando, enajenado: ... ,
Pero es el caso que mientras cuida- Cristo de manos aptas, es el pueblo .. .
ha el huerto perfumado, vino la torArrepentido de haber · escrito con
menta Y se. fue ]a cosecha, como él .,... frialdad ardiente, anuncia el cambio
mismo contritamente reconoce ... "por de ]as coronasi por la lanza, las sandaatender a la flor minuciosa".
lias por las botas del monte y promeComprendiendo entonces que "los· te olvidar el ocio cuando el pueblo lladias no está1z para juegos" , tira e] ra- me.
bel, afila la espada Y se lanza a si misPor supuesto, no es la confesión ni
mo el anatema:
la promesa Jo que importan en e] Poema ~u evo de Cardona Peña: es el poe"Como un erial amanezca mi boca,
ma en si mismo, la boda del verso con
si oll'a no tiene regalo de panes, y se
el hombre que destapa caños y abre
me quemen las cinco vocales, junto a
los surcos para la buena semilla.
.fa inútil pol'ción de la rosa".
Al proclamarse poeta de su tiempo
Y confesando, en un arranque de a quien los empleos o los 1Jisas no amarebeldía, que ya no estú para desper- rran, Cardona Peña imprime un acendiciar en 1a filigrana, el arrebato de Ja to 1Hie,·o, más vigoroso, más viril, con
pasión que las cosas de este estreme• mús temblor de llama y furia de temcedor siglo despiertan, entona, con pestad, a la forma perfecta de su verso.
Antonio HODRIGUEZ.
acento grave, la nueva c3nción.

.,.,,
r,_...,,.,.;;.,

""-~ . · ~
~ ,

~

Del lunes 22 al sábado 27
LA PROSA MEXICANA DEL SIGLO

XX. Profesor extraordinario, señor
Emrnanuel Carba11o. 6 conferencias
de las 21 a las 22 horas, excepto la deÍ
sábado, que serú de las 11 a las 12 horas.
DOS C URSOS ESPECIALES EN LA
FACULTAD DE FILOSOFIA, CIENCIAS Y LETRAS DE LA
UNIVERSIDAD

-I Del 11 al 15 de Julio
GONGORA Y SU FABULA DE POLIFEl\1O Y GALATEA. Profesor extraordinario, Doctor José Luis Medrana. 5
conferencias, de las 20 a las 21 horas.

-IIDel lunes 8 al viernes 19 de agosto
CURSO INTENSIVO DE LENGUA Y
LITERATURA LATINAS.-Profesor
extraordinario, Doctor Agustín l\Iil1ares Cario. 20 lecciones, durante los
diez días hábiles de las dos semanas,
una de Lengua y la otra de Literatura,
de las 18 a las 20 horas.

ll l lB lfl O S

Nunca fue Cardona Peña de los poetas que se contentan con la idea justa
o el tema bien escogido. Jamús ha ig
norado él qne el pensamiento sin forma poética, expresado con simple precisión y lógica, podrá ser ensayo filosófico, pero nunca poesía.
Tampoco, claro está, ha creído en el
embuste inventado por Mallarmé que
los poemas se hacen exclusivamente
con palabras y no con ideas. La palabra sin el concepto a que está asociada, seria una articulación de sonidos
muy pobre, facilmente superada por
la mllsica del viento, o de los pájaros.
i\Ias, sin creer en las mentiras de
los puristas, pues siempre ha cantado
al hombre y a su medio - ahi están
sus meditadas "Lecturas" o el nítido y
ancho uvalle de México"-, Cardona
.Peña ha consagrado bastantes desvelos a la tarea del orfebre.
Sin perder el respeto a la forma,
pues los buenos vinos requieren los

"PABLO NEHUDA Y OTHOS ENSAYOS", por A.. Cardona Pciia. Ecl. de
An'ilrca. :\léxico, 1955.
Jlubricado por la inteligencia y la
emoción poética (le Alfretlo Cardona
Peña, ha sido editada en la colección
Studium el libro Pablo Xeruda y otros
ensayos.
Libro ameno y de hondo pensamiento, ele frases ncertadas y completas, sin
pedantcria ni · ostcnlflción. Es, en si
mismo, una fuente de poesía que se
derrama sobre el alma de las cosas y
de los hombres, bañando la extensión
emocional del lector.
No se puede escribir lo que Cardona
Peña ha escrito, si allcmús de escritor
no se es también un poeta. En el ensayo sobre Pablo Neruda, él nos traza el
itinerario más veraz y completo para
llegar a la comprensión total de la obra
del gran poeta de América, que ha regaJado a nuestros pueblos un monumento de poesía, hermoso por humano, por valiente y por profundo.
Cuando las palabras de Neruda se
entrelazan con las observaciones ele
Cardona Pella, el ciclo del poeta to! al y prometéico que es Pablo se hace
mús luminoso. Esas observaciones destilan sutilezas y forman también ramos de protesta Yehemente contra la
crítica de salón y la tendenciosa malicia de los "gallos de hojaJata'' que
quieren oscurecer con su aleteo la pura luminosidad del chileno.
Lago tranc¡uilo y mar.enfurecido, silenciosos valles, rios caudalosos y profundos abismos: todo eso está en la
geogra(ía poética de Pablo Nerucla.
Por 1os caminos de su sangre, llega a
tocar el corazón del pueblo y le entre·
ga su obra 1 que ést e recoge y comprende, nutriéndose de tierra y aguas marinas.
Cardona Pe1la nos da en este ensayo
toda la sa,,ia que guarda el {irbol poético de ¡\eruda; jardinero de sn poe-

bueno sembrador de poemas en el mar
v en la tierra, como un hacedor de
Poemas -látigos que fustigani llevando siempre consigo a un Cristo invisi~
ble que acompaña su figura de asceta
castellano. Por donde pasa deja inquietudes, por el camino ;de su nom•
bre riega el polvo y la 'lágrill)a de su
poesía.
José Moreno Villa aparece en este
libro con su verso de manso fluir, que
bajo el cielo de Espalla y ~mérica diera Jegitimo realce a su ,·ida, ya apagada en estos días. Vida ejemplar Y clara, siempre al servicio de la cultura.
Cardona Pella desentrafia el' mensaje

COLECCION STUDIUH-7

PABLO NERUDA
Y OTROS ENSAYOS
ALFREDO CARDONA PEIÍIA

(dibu¡o de Mr,rcno YiUa)

sia, nos señala la flor que aroma y la
espina que hiere; sabe a donde está la
sed y e] agua, el descanso y la lucha,
la denuncia directa como una flecha
araucana, y la profccia que cubre la
tierra habitada por el hombre.
El Canto Genel'al se sostiene en su
mundo de creación, con los pies muy
hincados en la tier.ra; es vigía y raíz
de futuros.
Con maestría de guía poético, Cardona Peña nos condllce por los senderds del poema y nos lleva desde su
ge\stación hasta su nacimiento en la
ciudad de. México. Asidos a su palabra, él nos descubre el cielo y la estrella de gracia que conslituia ver a Neruda trabajar su talla graníticai su
Canto General.
Lo que hace Cardona Peña es desentraiiar, valorizar el poema, acercarlo
más a la comprensión del pueblo, y
quizá por eso su trabajo sea tan valioso como el poema mismo, porque nos
hace olvidar su celeste origen y oírlo
conversar junto a nosotros, al lado del
fuego campesino.
En los comentarios de Cardona Pei'ía, el poema se manifiesta tal como es,
desde su origen hasta que el autor lo
entrega a nuestra América, volcando
en él su ternura y su rebeldia, su cuerpazo de "tapir dormido" en los bosques de nuestras lierras. Dormido y a
la ycz vigilante al mús sutil ruido entre las horas.
De este penacho de sugerencias, pasamos a la sombra de ese gran humanista ele América, de ese "americano
universal" que es don Alfonso Reyes,
dibujado por Cardona Peña, indagado,
comprendido y traspasado por su palabra ele magia. Nos presenta al Reyes
íntegro, cabal en su sabid~ria y humildad, creador de lo más selecto que
América tiene en el ensayo, que es reYivir lo antiguo y lo moderno, y renovar la tierra toda, la mexicana y la del
mundo. Nos acercamos dev.otos al lado del maestro, guiados por las silabas
aladas Ue Cardona Pella, y comprendemos su sabiduría, su obra imperecedera de mexicano auténtico y americano universal.
Pero he aquí que ]legamos al recuerdo del santo de la poesia americana, a
don Enrique González ~Iartinez, a su
la.do, para gustar de su ·presencia y , 1 er
al joven y viejo poeta siempre renovado en Ja obra inmortal, Sufrir las
angustias de su pueblo y de todos ]os
pueblos de la tierra. En las noches
misteriosas del valle de Anáhuac, nos
imaginamos al Buho junto a a su tumbai mientras un cisne agoniza entre
las estrellas del cielo transparente.
Ya vamos entrando a otra región de
maravilla, y al volcar una página nos
encontramos el camino que es caminante a la vez, a León Felipe hermano
de Jonás, el bíblico profeta. Cardona
Peña nos lo descubre como un dios

por
ALFREDO CARDONA PERA

EDICIONES DE ANDREA
MEXICO, 195:&gt;

de :\foreno Villa, y esto nos hace acercarnos a su obra con cariño y entusiasmo. Porque estos ensayos de Car•
dona Peña constituyen un Jibro que
lanza acertadas sugerencias, que saca
a la luz olvidadas estrellas y soles que
pasan desapercibidos a la sensibilidad
corriente, mostrando al creador
- hombre y poeta- en plena conjunción artistica y humana.
:Magistralmente labrada sobre una
nube, se destaca la alta figura de Jorge Guillén, el autor de Cántico, libr~
que como dice Cardona Peña, tiene
una redondez de círculo. Y eso es
efectivamente la obra poética de GuiIlén: un circulo cerrado en sí mismo,
aunque sin el hermetismo que le han
querido impugnar. Poesía sin fronda,
personal y eterna.
Desde su sencillez de agua escondida, nos conduce Cardona Peña a la
mesa imaginaria, en que se encuentra
Pedro Garfias diciendo su poesía entre copas de estrellas. La pluma de
Cardona nos ·esboza, bajo sombr;ls nocturnasi al poeta que Jleva su verso a
flor de labio y entre las nostalgias de
su patria lejana y mártir, va deshojando sus libros -rumores de su almaen los empañados espejos de las noches de México. Es su poesía un haz
de espigas nocturnas diseminadas en
islas y territorios de tierra firme.
Y a· este "serafin de la sombra", que
baja a los infiernos, sube a 1os cielos,
cultiva el fuego de los astros y apacienta palabras, hay que quererlo, como pide Cardona Pella a todos los que
han tenido la dicha de compartir el
vino y el pan de su amistad, esa amistad de Pedro Garfias que yo tengo.
Aquí termina su libro Alfredo Cardona Pella. Llenos de nosta]gia cerramos las páginas densas de conceptos
enjundiosos, de líricas islas rodeadas
de silabas y de nombres amados. Es
este un libro que emociona y encanta,
y a él volveremos por la calidad de su
prosa, porque en él están presentes
altos ejemplos y porque en todas sus
páginas ronda la poesía como un fantasma sin fatiga.
Arturo ECHEVERRIA LORA
Pasa a la Pág. 8

Pág. 7

Pág. 6

�JOSE MOREN□, VILLA
1

.

;

•

r

El · día veinticinco del pasado
mes d&amp;..abril murió en la ciudad de
México José Moreno Villa, distin•
guido escritor, pintor, poeta y crí•
tico de arte español, asimilado a la
cultura mexicana desde el año de
1937 en que llegó a nuestro país, y
en cuyo ambiente se significó siem•
pre por su incansable actividad in•
telectual y su fecunda labor crea•
dora.
Entre los libros más importan•
tes que escribió en México, figuran
La escultura colonial mexicana, te•
ma poco tratado por nuestros estu•
diosos; Lo mexicano, que contiene
interesantes ensayos sobre diversos
aspectos del arte nacional, Y. Cornucopia de México, libro en el
que figura la visión de un español sobre nuestros hombres y
nuestras cosas.
De su obra poética entresacamos el poema que aquí se pu•
blica.

ILIEIDAID
jSolo! jLa soledad! Luego lo supe:
el mundo lleno de varones solos.
j Los solitarios que caminan juntos,
solos también los apiñados troncos

de la selva! jQué sola compañía!
En el concierto de los cien millones
de vástagos frondosos, ¿hay una asta
que desinteresadamente obre?
·
En la región estaba sola el alma.
No hay que esperar socorro del hermano;
suspenso estoy en el vacío y tengo
para asirme que asirme a los espacios.
Esa leona de la fuerte garra,
o ese bisonte de acerado cuerno, '
una apacible tarde el estío
desgarrarán tu adolescente cuerpo.
Nadie saldrá por tu defensa en liza;
nadie la compasión ejecutando
pondrá sobre tu herida dolorosa
la caridad bendita de su mano.
¡Solo! Ya sabes, un gentío y solo,
solo para el dolor o la alegría.
Si algún hermano te echa el brazo, teme;
teme: su gesto es solo de codicia.
Hay que hacer la corteza para entonces
resbaladiza concha de galápago.
Robustecer debemos el vestido
porque la muerte es hija de lo blando.

Solo en la selva del dolor estoy
es_perando la hora del anillo,
del anillo nupcial que me desposa
con el amor que es de la lucha el hijo.
Solo en la selva del dolor estoy.
Ya tengo brazos en el firmamento.
¡Ya mi raíz parece que ha llegado
a la región del sacrosanto juego!

Pág. 8

IL 1 1B R O S

p..

Sigue de la Pág. 7
"SK\1BLANZAS MEXICANAS", por José Cardona Peña. Ediciones Libro:\Iex. México, 1955.
l:na semblanza es un retrato YiYO,
animado por la palabra y la imagen.
Mueve el interés del lector que reconoce en su imaginación el carácter de la
persona retratada en, sus aspectos y
actividades peculiares. Cardona Peña
nos ofrece en este libro 29 semblanzas
de escritores y artistas mexicanos en
las que señala con una fina y original
técnica las particularidades de cada
persona. Nos cautiva su frase alada,
su inesperada imagen, su positiva y
sutil ironía, su gracioso movimiento
mental. Estarnos frente a un poeta que
nos descubre su robusta cultura en el
atisbo con que penetra al espíritu de
cada personaje.
Como los retratos pictóricos van
surgiendo estas semblanzas de Cardona Peña: líneas identificadoras sobre
pi anos de color en aquéllos; limpias
imágenes secundadas por rotundos
golpes de palabra en éstas, que construyen en nuestra mente la clara idea
de la compleja espiritualidad. En la
pintura surge aguí y allá un rasgo de
índole personal que con inusitado vigor levanta la visión para reconocer al
personaje; en el poema, algunos versos tienen mayor fuerza para aclarar
enigmas interiores o complacer un
sentimiento íntimo; y en estas semblanzas, como en las pinturas y en los
poemas, el magnífico escritor que es
Cardona Peña se ·vale de la imagen,
del diálogo o el relato, para revelar
una curiosa característica de la persona retratada. Y lo hace con gracia y
donaire, con destreza de escritor que
ha discurrido ya por muchos caminos
y que tiene grandes e inagotables resenas humanas para dar idea del ambiente en que· se mueve y la actividad
que desarrolla el individuo objeto de
su atención.
Cardona Peña conversa con el lector, le transmite sus propias emociones, sus impr~iones inolvidables, los
conocimientos que se le han quedado
en el alma inmarchitos, vivientes, frescos. Es, también en la prosa, un poeta capaz de fijar la metáfora instantánea, lúcida, como perdida en el acervo
de juicios y representaciones. A Fanny
Anitúa la llama "ahijada de los pájaros"; a Matía Asúnsolo la contempla ·
bajando "unas escalinatas, envuelta en
luces y sombras que le dan un aspecto
maravilloso; parece una de esas presencias que salen de los sueños ...";
ye al Dr. Atl "poniéndole trampas a la
luz"; con Frida Kahlo se vuelve dramático, vibra y se identifica con su
dolor, ve en esta mujer maravillosa, a
"una madre frustrada", "una mujer
--dice- con el cuerpo atravesado por
alfileres como una maler dolorosa conservada en sus siete puñales". No cabe duda, Cardona Peña es un alma de
luz, una llama viva y crepit"ante: fulgor de inteligencia, calor que brota de
la entraña cordial.
Hav en este interesante libro otras
semblanzas bellamente escritas en las
que el lector descubrirá cosas poco
conocidas de la cultura mexicana y de
los hombres qne se preocupan por su
esplendor. Leed ese prodigio de retrato moral y físico del pintor Francisco Goitia, "el indio humillado", ese
modestísimo pintor que va por la vida
"creando una de las obras más profundas, más trágicas y más universales de
nuestro tiempo, sin ruido, calladamente, como se hacen los niños y los
poemas, como nace el llanto y se manifiestan los ' prodigios de la naturaleza". Leed esa preciosa carta a Antonio Acevedo Esrobedo, escrita "a lomo de pluma", en la que este caballe-

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ro de la cultura se cÍ-edara "prfvinc(~no de piel adentro'.': cuyas bri'sas juegan entre las arboledas de la prosa.
El escritor habla con su compañero de
oficio, recuerda su entrañada nostalgia que lo ha "torturado ahora en que
he terminado la lectura de tu libro
quedo con los recuerdos humedecidos
en silencio, como esos viejos filtros
de piedra, obispales y cachazudos que
todavía existen en algunas casonas
perdidas." Leed la semblanza de Salvador Toscano, "ingeniero y poeta de
la realidad ... patriarca del cine mexicano" que fijó en las tersas láminas
de celuloide las más dramáticas escenas de la Revolución Mexicana, con
las que se formó "el documental más
extraordinario de 1 mundo, titulado
Memorias de un mexicano, y que Cardona Peña quisiera proyectar para el
pueblo "en mitad de la Plaza de la
Constitución, la noche del 15 de septiembre, tan llena de campanas y clarines ... en una gran pantalla puesta
sobre el frontispicio de la Catedral,
después de la ceremonia del grito ..."
O leed, en fin, el retrato de Alfonso
:\1éndez Planearle, "siervo de Dios, latinista sabio, crítico y humanista de
luciente cultura." Sentiréis un aliento
poderoso que irriga las más secretas
grutas del espíritu; oiréis una oculta
voz que al resonar con acento vario y
personal, os entregará un mensaje cordial, humano y lleno de amor a lo bello y noble que hay en la vida.

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Semblanzas Mexican~'
A JlTIS'l' "8 \' t:1H;111Tl),l tl:~
llt:I, M.f:XlCO A(' Tl'AI,

Y ahora que el hombre de México
con frecuencia pierde de vista aquello
que es, en verdad, un alimento espiritual insustituible sólo por alcanzar
frutos sin miga ni esencia; ahora que
se glorifica a quienes no tienen en sí
más que atributos efímeros y valores
ficticios, antes que a los hombres que
han surcado la vida y han encontrado
una eficaz respuesta a sus afanes, cobra mayor valor este libro de Cardona
Peña, en el que con tan precisas formas expresivas y con tan cordiales y
certeras ideas, hace prevalecer los valores del espíritu por encima de las
mezquindades de la vida y da a conocer inquietudes que amplifican la vía
que encontrarán las nuevas generaciones para descubrir y fortalecer su
misión sobre la tierra.
Por tanto, creemos que esta obra de
Cardona Peña habrá de despertar una
entusiasta acogida en los estudiosos de
las letras hispanoamericanas que, en
cada una de sus páginas, encontrarán
momentos lúcidos vividos por quienes
libran de modo fecundo la batalla de
la inteligencia.
Alfonso REYES A.

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