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                  <text>No. 9 Sep. de 1955

D. A. S. U.

BOLETIN MENSUAL
DE LA UNIVERSIDAD
DE NUEVO LEON

piación y viviendo por los sentidos, el
mundo es propiedad temporal de Pedro Páramo.
Como secuela, el sentimiento de se~
guridad del mundo circundante es demasiado pobre para que 1a gente sea
feliz. De ahí resulta un pesimismo
existencial rotundo, presto a la creación sin esperanza, a la brujería y a la
presencia implacable, siempre hQstil,
de los espíritus amenazadores de los
muertos. Es un mundo que vive para
el más a1lá, agitado en tremendas conYUlsiones pasionales, que en la novela
aparecen como ,,iolentas nocturnidades del espíritu.
Dentro de Cste mundo de sometidos 1
el terror y el miedo han sido los materiales primos de que se ha construido la conciencia de todos los seres; la agresivídad interpersonal domina el acontecer cotidiano.
Desde el principio de 'Cada vida hay
como una prisa febril por morirse
pronto. Sin embargo, la muerte no es
truculenta ni demasiado dramática,
porque está . rodeada de naturalidad,
&lt;le cierta prevista facilidad. Es dramática la vida; llena de alucinaciones
y sometimientos, donde el albedrío carece de función frente al poder del cacique.
La falta de albedrio humano, social
si se quiere, parece ir acompañado de
un desmayo permanente de la voluntad, agostando el deseo de vivir con-

su quehacer ético-moral dentro de un
clima que está constantemente anticipando la muerte por medio de la proyección orgiástica de sentimientos fatalistas.
Pero mientras el hombre en cuanto
sexo, ser de acción en 1a comunidad
rural que Rulfo describe, está determinando a la muerte mediante una circunstanciación violenta de sus relaciones interpersonales, la mujer, como sujeto pasivo en las decisiones de
esta experiencia social, la vive dentro
de una angustia interior expresada en
la oración, en su cálida religiosidad
viviendo por impresiones una relación
afectiva con la muerte en la que inquiere por su situación metafísica,
manteniéndose dentro de limites torturantes cgn la idea mística del pecado en su sensibilidad. Esta calificación obsesiva del pecado debilita sus
esperanzas de redención, manteniéndola dentro de un sentimiento de inmortalidad, que por serle desfavorable, la tiene incrustada en la angustia
del purgatorio y del infierno.
En Rulfo el sentimiento metáfisico
de la seguridad se es!:\ casi derrumbando por la intervención implacable
del Pecado en la conciencia. La angustia queda irresuclta. Uno se muere
y, después, empieza un duro viacrucis
de reparación o de condenación que
es un sufrir despiadado, porque en los
acontecimientos todos parecen haber

RULF EN LA NVELA MEXI ANA
•

Claqdio ESTEVA FABREGAT

A aldea de Comala, en el Occidente de México, bajo el
mando literario de Rulfo revive todo un mundo que va
yendo al pasado. La vida rural, el caciquismo, el destino y
la angustia del hombre bajo la proyección del transcurrir
estoico y adverso de una existencia sin albedrio, quedan situados
en el marco de las relaciones humanas con una fuerza y un vigor
que no desmayan jamás a lo largo de los acontecimientos que se
relatan.

L

Vn hondo fatalismo persigue las vidas de los seres del mundo campesino
que Rnlfo nos cuenta. El aire que atufa estos campos tiene un vibrar fantasmagórico y casi de pesadilla, vasto de
pasiones, pero agitando especialmente
al cacique Pedro Páramo, hombre para quien el mundo no tendria sentido
si no fuera la propiedad de alguien. Y
este alguien es él mismo. Y el mundo
es lo que él puede dominar con su capacidad de hombre campesino, siempre tenso y fácil para ]a muerte.
Sobriedad, tristeza, y cualquier cosa
como don de la vida, aparecen formando parte de los horizontes cotidianos de_la humanidad siempre atormentada de esta novela. Hasta el fin todo
se mantiene en una angustia larga, ri-

'

ca de estampas directas, cuya asfi:dante y torturadora brutalidad son
representadas por un hombre, Pedro
Páramo, invariable árbitro de la vida
y la muerte de la gente de una región.
Este personaje, cacique de bienes y
cuerpos, no tiene más ley que su propia voluntad. El poder y las arbitrariedades, amparados por la deformación cívica del mundo inmediato, son
sus principales instrumentos ele dominación. i\~adie escapa a su control.
Los hombres pagan con una muerte
sin heroísmo toda resistencia a sus
dictados; las mujeres con su honra.
Nada detiene, hasta su mtierte, la expansión de este sujeto; todo está previsto en sus planes. Sin aparentes sentimientos de culpa, sin acucíos de ex-

lento. Aquí todos aman y odian con
11
· la circunstancia. No hay estabilidad;
sólo se manifiesta la imperturbable
capacidad de Pedro Páramo para resolver ex.p editamente sus ansiedades.
por
El juicio ético-moral de este mundo
está sustanciado fundamentalmente
Rc LFO
·por la idea de la muerte, y dentro de
esta idea la mujer es el centro expresor de la neryiosa interpelación. Sus ª
1
rezos y sus dolores pertenecen a las
1
trascendencias del mundo en que vive. Parece como si ella sufriera por
todos. El mundo cargado de espíritus
que domina el relato de Rnlfo tiene
un~ profunda significación femenina.
La inconcrcta incertidumbre del misterio metafísico está prendida, más
que en la del hombre, en la interrogante conciencia de la mujer.
Esta condición sensual y dramática
de la vida, estética, que ve a ]a muerte como una situación sentida imneidrds
mexicanas
l___ _ _
____
__ _:_c:....._ _--1
diata, que se aprecia en las imágenes
del mundo rural, y que, por otra pari FO N DO DE CULTURA fCQNOMICA
te, siente a la vida como una naturalc&gt;za bañada de pasiones elementales,
está tan presente en la experíencia de] vivido dentro de un agobiante pecado.
ser, que hombres y mujeres eqfrentan
Sigue en la Pág. 7

Pedro Páramo

L JUAK

�HECHOS

y

COMENTARIOS

EL MO·RATIN TENIS CLUB

José María CHA CON Y CALVO

fonso Reyes vivía en el piso. bajo; con
más precisión, bajo, exterior, derecho.
Y parecia este final del barrio de Salamanca Jirny distante del centro de
~Iadrid. Por el amigo entrañ~ble vine
. a esta casa en 1918. Hoy ten¡¡o el de_;
canato de sus vecinos. Y . seguiré teniéndolo a pesar de que se acrecientan día a dia ]as dificultades: así, hace tres semanas que el ascensor está
roto. Y me consuelo I)ensando en que,
si vi,·o en un cuarto piso, otros viven
en el sexto. A ]a postre, fodo no es sino una n8mada a la aust9ridad. caste.:
11ana que siempre nos hace bien.

E prepara un libro en homenaje a Alfonso Reyes, con motivo de sus Boda.s de Oro con la literatura. En 1905 apareció
el primer artículo del gran escritor. Félix Lizaso foe de los
primeros en recordar, en su sección de El Mundo, esta iniciación literaria de Reyes. Y no sé si precedió en el recuerdo a los
mismos paisanos del mexicano universal. En todos los países de
nuestra lengua se recordará esta gran fecha de las letras americanas. Y en otros tamb,ién, ya que el escritor regiomontano ha sido
traducido a casi todas las lenguas modernas. En un interesante
opúsculo que me llega del Patronato de la Universidad de Monterrey, Alfonso Reyes traducido, encuentro que hay versiones del
escritor en los siguientes idiomas: portugués, italiano, griego mo,
derno,. inglés, alemán, checo, sueco y hebreo.

S

En Cuba, de tan hondas vinculaciones con México y en donde don Alfanso tiene tantos y tan buenos amigos,
ha habido ya una sesión académica
dedicada al autor de Cuestiones Estétiras, para citar su primer libro: fue la

le ofrezcan el testimonio de su honda
devoción. No es un mensaje escrito lo
que quiere Brull, sino la presencia viva, junto al maestro mexicano, de algunos de sus amigos de Cuba. Y el
poeta tiene la certeza de que la Direc-

de 1a Academia Cubana de la Lengua

ción de Cu1tura, que tan vastas pro-

en la inauguración de su nuevo curso.
La oración inaugural, a cargo del doctor Raimundo Lazo, el ilustre crítico Y •
profesor de la Universidad de la Habana1 nos ofreció un penetrante estudio de la obra de Reyes, Por cierto
que el Doctor Lazo, que acaba de pasar por Madrid rumbo al Congreso
Universitario de Estambul, mostró gran
interés en recoger recuerdos hisp{micos de don Alfonso,

yecciones tiene bajo el rectorado de
Guillermo- de Zéndegui, ha de prestar
a su proyecto el más generoso y eficaz
concurso.

Y un homenaje de mucha intimidad
preparaba en los ·días en que me des.p edía de Cuba uno de los más antiguos
amigos de Alfonso Reyes: el autor de
Solo de Rosa, el muy querido y admirado Mariano Brull. Quiere el insigne
poeta que unos cuantos amigos cubanos de Reyes se trasladen a México -y

Yo celebraré las Bodas de 0ro del
fraternal amigo, reviviendo íntimos
recuerdos de sus fecundos días españoles. He venido a vivir en la misma
casa en donde él residió algunos años.
En unas viejas páginas que dediqué a
Reyes hace no menos de treinta y tres
años - y que cierran mis Ensayos sentimentales- evocaba esta casa de General Pardiñas número 60, que entonces era 32. La llamaba la Casa de Hielo. Ahora en este riguroso verano de
Madrid, he pensado que podía escribir
algo que fuese corno su cabal antítesis
y que titularía: la Casa de Fuego, Al-

pondi. Y, cuando recabé. la aprobación
de don Alfonso y de don ~edro, la tuve explicita y entusiasta, (Pcdi:o lfenriquez Vrella, el insigne maestro dominicano, que bien mereció el calificativp drl "dominicano universal" era
un bueJ?, deportista: recuerdo, en 1914,
afio qu\:! todo lo pasó en la Habana,
cuando- iba a los baños del Vedado
siempre salia de la poceta buscando el
mar libre, sin importarle nuestra te·miblr fauna marina ...

Eramos muy medianos jugadorCs,
pero a la hora del ejercici?, sentíamos
que la casa de hielo era menos de hielo. Ln cuarto soci'o tuvimos: don En)le animaba Alfonso Reyes a que
rique Díez-Canedo, el maestro de la
· diese este paso en aquel otoño de 1918 _poesía, de la crítica y de · la amistad.
y no pensase más en hoteles ni en pen- Ya podíamos jugar los dobles, Ya posiones, ni aun en la Residencia de Es- díamos hacernos la ilusión de un camtudiantes, con su colina · de los chopos, peonato. Todo marchó admirablemencantada por Juan Ramón: Me hablaba te hasta que se nos asoció al Moratin
de ]os crepúsCulos que se veían desde una vecina nuestra, que era danesa y
mi piso, en los que se dibu}aban níti- algo parienta de Hiiffding, el historiadas, con suS colores malva y , 1ioleta, dor dC la filosofía. Nosotros ignorálas cumbres del Guadarrama.
bamos las re,ilas y éramos felicei,. La
dama danesa vino a recordarlas y laHoy no se ve la sierra, ni se siente bró nuestra dCsgracia. Perdimos el goel crepúsculo en esta larga puesta de . ce espontáneo, la alegria natural. Ya
sol: unas casas grises y feas están fren- s~ntiamos la adustez de lo reglamente a mi. Y ni siquiera los antiguos cam- tado, la pe&amp;adumbre del canon. \' comJJos de tenis, donde en 1919 fundamos prendí que nuestro Moratin Teni.s Club
nuestro ~loratín Tenis Club, pueden se nos. moría sin remedio. Y tuve que
contribuir a revivir aquellos días le- stlstituir el tenis por la esgrima. Pero
j3nos ... En lo que fue nuestro Mora- el recuerdo de aquel frustrado camtín Tenis Club se levantan modernos peonato de Pedro Henriqucz Ureña y
edificios, airosos en verdad, junto a Enrique Diez-Canedo, frente a Alfonso
los cuales resalta m~s la fealdad ele Reyes y a quien escribe estas líneas, es
nuestra casa -de hielo o de fuego.
de los más fulgurante en mis anales
deportivos.
Reclamo la paternidad del nombre de
Y ¿,por qué recordaba nuestro club
nuestro club de tenis. Era el priiner
al
clásico español del siglo XVIII, que
invierno después· de la gran guerra. La
calefacción era imaginaria en nuestra pareció siempre tan poco deportivo?
casa. Recordaba, en el juvenil ensayo Reyes y Díez-Canedo,, habían puesto
que antes cité (y perdóneme el lector un poco de moda inocentes y muy inque al hablar de Alfonso Reyes me ci- geniosas supercherías li lerarias: así
té más de una vez), que aquel frio era inventaron unas cartas cambiadas endesconocido para mí: "No era el frío tre el Greco y don Luis de Góngora.
de ]a llanura, decía, ni el de la monta- Yo quise seguir el juego y forjé una
ña: era un frío único, completamente epístola de Moratín en la que descridesconocido para mi, que no parecía bía una partida de tenis ... Por eso con
venir del airei sino salir de ]o más nuestro ~foratín Tenis Club rendiamos
profundo de la tierra. No olvidaré un homenaje al desconocido introducnunca la imagen dantesca que esta du- lor de ese y otros deportes en la Espara impresión me sugeria: la casa tenia 1ía de Carlos IV,
por cimiento un enorme témpano de (Tomado de Diario de la' Marina, La
Habana, 16 de agosto de 1955)
hielo. Así se explicaba que los brillantes radiadores estuviesen completamente helados. Así se explicaba también la ascensióll inacabable del frío,
que lentamente cubría de una capa de
hielo todas las cosas. Estaban cerradas
las puertas y las ventanas. ¿De dónde
venia aquel aire sutil que apagaba el
vacilante bracero? Sentíamos que, jun- ·
to al frío que venia de las entrañas de
la tierra, un ambiente de misterio enYolvía nuestra casa/'
Nuestro Moratín Tenis Club surgió
para combatir ese frío y ese misterio.
Estatan casi enfrente de la casa de
hielo . . los campos de tenis. En la tosca
cerca de madera aparecia el letrero
incitante "se arrienda para tenis". Era
una renta mensual muy modesta: cincuenta pesetas. Hice mis cálculos. Podíamos ser tres socios fundadores: Alfonso Reyes, Pedro Henríquez Ureña,
que suspiraba por las heladas regiones
de Minnesota que acababa de dejar, y
yo. No vacilé. ¿A nombre de quien
hago el r~cibo? me preguntó el encargado. De "Moratín Tenis Club" le res-

-LH PER NHLIOHO, LH
YEL MEN HJE DE HLF N REYE

Raimundo LAZO

ABLAR de Alfonso Reyes presupone audacia en quien
no se le asemeje por el talento crítico y la visión profunda, abarcadora de todas las cosas; pero, en mi caso, bien
puede atribuirse el riesgoso empeño a los impulsos de
una comunidad de simpatía. A la iniciativa del doctor José María Chacón y Calvo, el gran animador de nuestras actividades de
cultura, debo la honrosa designación que me confió el trabajo
inaugural del año académico de 1954 a 1955, en la Academia
Cubana de la Lengua; y a la sugestión decisiva del ejemplar Presidente de la Corporación, tan hondamente vinculado al ilustre
mexicano del mundo por la admiración y la mutua simpatía, debo, tanto como a mi propia determinación, ese último desplazamiento de la voluntad que siempre hace falta para vencer temores en pugna con sentimientos contrarios y que ahora me lleva
hasta Alfonso Reyes.

H

Anticipadamente sea dicho esto en
favor y alivio de mis responsabilidades, las que, si podrán atenuarse de este modo, y por la natural benevolencia
de quien me juzgue, nunca lo será.n
tanto como yo quisiera.
En suma, por eso, con simpatía y
cautela, me acerco a ]a personalidad
y a la obra de Alfonso Reyes, indisolublemente unidas en una de las más armoniosas y ejemplares conjunciones de
arte y sabiduría, de gracia y pensamiento, de humanismo y de noble humanidad, que ]luede hoy complacer y
orientar a quien, en cualquier latitud
del mundo actual, sienta la imperiosa
necesidad de elevar y perfeccionar la
esencial e irrenunciable condición de
hombre nacido para la libertad creadora.
Al acercarnos a Alfonso Reyes, estamos ante un caso de concurrencia de
notas excepcionales, plura1idad excepcional de aptitudes y realizaciones, de
dimensiones y calidades1 de valores y
enseñanzas. En él se entrelazan y complementan el concepto y la imagen, l?
intuición fresca y gozosa 1 iluminadora de la vida, animadora del hombre y
del artista v la a\'entura intrépida del
pensamie;t~, señorialmente dominador de las circunstancias. En su obra,
como él dijo de la de Pedro Henríquez
Ureña, el adorno se vuelve esencia, los
adjetivos trascienden, porque se substantivan en la más amplia y filosófica
acepción del término, porque, sin perder el valor que les da su función estética, están llenos de substancia conceptual; los epitetos son definiciones.
Por eso, su obra, concebida y trabajada sin prisa y sin tregua, es perdurable y decisi "º ejemplo que muestra
cómo en las cimas de la expresión artística pensamiento y forma se confunden sin diferenciación posible en una
síntesís que es prueba y condición de
lo perfecto y perdurable.
Para definir, en este caso, al hombre y al escritor, hay una frase que posee ya categoría de proverbio: Alfonso
Reyes, el mexicano universal. A tan
expresivo y justo sobrenombre nos
acogemos particularmente complacidos los hispanoamericanos para hablar de éL En Reyes, la obra trasciende de lo mexicano a lo universal; pero
pasando siempre por el plano intermedio de lo americano en el cual los hijos del Nuevo Mundo nos sentimos cordialmente unidos al gran escritor.
México es su seguro punto de partida1 la torre de observación sobre su
mundo, Partiendo de este México de

conce])ción de la vida y un alto ideal
de cultura en que lo humano y lo humanístico se combinan de manera armoniosa y fecunda.
Es éste un preclaro humanista moderno en quien la sabiduría y la magnífica aptitud artística se anudan
siempre a una rica y vigilante humanidad, haciéndolo a la vez captador de
ideas y ,•alores esenciales y descubridor y exégeta de tiempos nuevos.
Cuando, hace más de cuarenta años,
se inco'r pora este hijo ilustre de Monterrey a lo nacional mexícano, bohemios románticos rezagados y raros del
modernismo en liquidación teni.9n ya
contados sus días de arte caprichosamente libre, herido por la anarquía,

múltiples facetas, nacido heroicamen- al1ogado en el ambiente enrarecido de
te de la más rica síntesis de razas y la ciencia positiva y de la decrépita
culturas, ha ido realizando Reyes su dictadura política del longevo porfiobra vastisima y diversa. En ella ca- rismo. Y gracias precisamente a la
ben todos los temas, todas las preocu- doctrina y a la disciplina de la genepaciones y todos los enfoques de un ración• de la que es Alfonso Reyes reescritor que, como por arte de magia, presentante ilustre, los bohemios dejaha sabido hacer de la multiplicidad rían la calle, abierta a lodos los impulde aptitudes una preciosa virtud del • sos anárquicos, y los raros del moderartista y del hombre de ideas,
nismo abandonarían los frívolos refiDesde las proximidades del año crí- namientos de salón, para concentrarse
tico mexicano de 1910 hasta boy, a todos, con aquella juventud tensa de
través de años de perturbación y de iniciativasi en el trabajo creador del
crisis histórica que se acercan ya para gabinete y de la biblioteca, reconciliaél a ]a media centuria, desde su precoz do desde entonces con las empresas
aparición en el panorama literario, del arte.
construye una obra jamás interrumpiEn el marco histórico ·de lo mexicada, en ascenso, en proceso siempre noi aparece por aquel tiempo Alfonso
abierto de perfección y de enriqueci- Reyes en el grupo ilustre del "Ateneo
miento, a la que iluminan una diáfana de la Juventud", ligado, como casi to-

dos sus integrantes a otras obras y
proyectos juveniles, en una valiente y
bien orientada comunidad de iniciativas renovadoras.
Documentación significativa de la
obra de aquella promoción es un breve volumen de Conferencias, publicado en México, en 1910. Allí aparecen,
con Alfonso Reyes, que trata de Los
"Poemas Rústicos" de .Manuel José
Olhón, Antonio Caso, que presenta su
exégesis de La filosofía moral de Eugenio .11. de Hoslos; Pedro Henríquez
Ureña 1 que estudia La obra de José
"Enrique Rodó; Carlos González Peña,
que enjuicia a El Pensador Mexicano
y Sil tiempo; José Escofet, que dedica
su trabajo a Sor Juana Inés de la Cruz;
y José Vasconcelos, que se refiere a
Don Gabino Barreda y las ideas contemporáneas, Atendiendo sólo a la juventud de los autores, aquellos trabajos hubieran podido recibirse· como
los primeros esfuerzos de ' un nuevo
grupo generacional que trataba de llamar la atención acerca de su presen•
cia, de sus posibilidades históricas y
sils puntos de vista; pero pronto el
acontecer de las cosas demostró que el
poder germinativo y transformador de
aquel haz de energías lanzadas a un
público expectante u hostil, estaba destinado a producir cambios de enorme
trascendencia. En realidad, aquello
era el núcleo de ideas y actitudes del
que iba a brotar el pensamiento y el
arte ele una nueva época, iluminada
por el juego de sombras y luces de la
Revolución Mexicana y de la primera
Guerra Mundial,
Así, encuadrado en las circunstancias de México y del mundo, en la
egregia compañía que merece, émpezamos a contemplar la vida y la obra
de Alfonso Reyes, a la luz necesaria
de lo contemporáneo.
Tres figuras de la época, tan eminentes como diversas, sirven preferentemente para realizar la comparación
esclarecedora que alumbra el escenario de la historia y permite la mejor
captación de valores y actitudes: Antonio· Caso, Pedro Henriquez Ureña y
José Vasconcelos.
En Antonio Caso, la austeridad del
pensador se impone a la ardorosa pasión subterránea del hombre anheloso
de claridad, de seguridad, de verdad,
Henríquez Ureña era el equilibrio y la
serenidad escrutadora y sagaz. Equilibrio entre las tendencias en pugna;
en los temas y en los propósitos; en
las proyecciones de la personalidad y
en los caracteres del estilo. Vasconcelos -hoy pretérito en ruinas- ha sido la espontaneidad y el exceso de la
pasión. Vasconcelos, intuitivo y apasionado, es la arbitrariedad, aunque
también la audacia. Henríquez Ureña,
humanista y maestro, personalidad
cósmica, posee ]a ciencia más precisa
y segura, la cultura más variada y
completa, que en Cl son como el trasunto ideal de un mundo acabado y
perfecto, Caso es el más objetivo y
profundo; pero lo que para otros pensadores es hazaña o aventura, para él
es drama, el drama intelectual intensamente vivido por el hombre, que Hería su obra, ]a anima y la caracteriza
con su ardor y su fulgor. En la perenne e innumerable diversidad de la

Pág. 3

. 1Pag.
•

�I

'1

vida, Caso y Henriquez Uureña co,nservan corno son, examinan e interpretan los contrastes; Vasconcelos apasionadamente los subraya y agiganta;
mientras que Reyes los incorpora a su
prodigiosa actividad vital, convertidos
en un riquísimo, gozable y alecciona-

dor proceso de simpalias y diferencias
espirituales.
De esta manera de ser, de ver, apreciar y sentir las cosas, se derivan los
caracteres esenciales de la obra de Al•
fonso Reyes, juzgada a la doble luz de
esencias y dp circunstancias: la uni-

•

1.

ca, y muere siempre entre los adjetivos, en las manos de quien pretende
En este caso, el escritor asciende, analizarla y describirla.
Esta caracterización, que en su ratrasciende, de lo enciclopédico a lo
propiamente universal, de la yuxtapo- pidez ha intentado captar esencias, tosición de elementos -temas, proyec- da caracterización de esta obra excepciones y caracteres- que constituyen cional, no creo que pueda rematarse
el mundo atomizado de toda enciclo• mejor -sino con la afirmación de esta
pedia -y ésta puede ser un libro o un gozada evidencia de todo lector de Alhombre- a la coordinación e inter- fonso Reyes: es un escritor en pepretación de lo múltiple, de lo innu- renne primavera del espíritu.
Al examinar siquiera someramente,
merable e indefinidamente diverso y
cambianle de la vida tal como ella es, en sí misma, independizándonos en lo
antes y despüés de entrar en el labo- posible de referencias, la obra primaratorio, en el archivo y en la biblio- veral de este escritor de más de cuateca, antes y después de captarla en renta años de labor incesante, la imfragmentos, meros datos o indicios de presión de vastedad nos domina, y sin
una realidad superior, en el fichero embargo, aun tiene que multiplicarse
bibliográfico, el análisis, el experi- nuestra admiración ante cada aspecto,
mento, el cuadro estadístico y todas ante cada tema o situación, al hallar
las disecciones y comprobaciones po- de continuo primores y cuidados; atissibles de la ciencia y de la especula- bos, rectificaciones, descubrimientos
e información curiosa, lo mismo que
ción filosófica.
r
De esta manera, es la de Alfonso Re- aciertos y realizaciones definitiva~ al
yes genuina universalidad, en la que comprobar a la vez la magnitud del
no hay análisis que no sirva a la sín- trabajo y la originalidad y alta calitesis armoniosa, en la que la multipli- dad de la creación.
En la bibliografía activa de proporcidad conduce a la unidad. En este
justo sentido, su obra es universal, ciones colosales de Alfonso Reyes, no
porque esencialmente es mirador de hay género o especie de literatura que
inagotables perspectivas sobre el pa- haya podido olvidarse. Desde las proximidades del año 10 hasta hoy, incenorama de la vida.
En consonancia con su universali- santemente ha cultivado la poesía líridad _g enuina, esta obra se caracteriza ca y la dram3tica; la oratoria, la prode igual modo por la libertad de su sa artística, el cuento y diversas espePensamiento y _de su estilo. ?tfanifesta- cies narrativas; ensayo y critica; filoción espiritual de la libertad conscien- logía pura, o diluida en literatura de
te y creadora, obra de pensamiento muy diferente carácter; crónica litelibre y estilo eficaz, sin ataduras, li- raria, periodismo, memorias, biografía
mitaciones o subordinaciones de ).en- e , historia propiamente dicha; y a él
dencias o preferencias es lo que hay debernos además numerosos comentaque decir de ella al confrontarla con rios marginales, ediciones y traduclas corrientes ideológicas y artísticas, ciones.
No precisamente tras esa obra inlo menos que debe decirse de esta vasta producción, que es, por cierto, lo mensa, sino en ella misma, inseparable
m~ls va1ioso y ena1tecedor que puede de ella, entregándose con ella af lecdecirse de un escritor en el recuento tor en el trabajo del artista y del pensador y en reacciones de palpitante
de sus caracteres primarios.
Y con esto, la armonía, alma del ar- humanidad, está el hombre que es Alte verdaderó y del pensamiento segu- fonso Reyes.
Pedro Ifenriquez Ureña, en 1927, lo
ro; las equilibradas posibilidades de
creación y de interpretación que, E;Il definió como esencialmente poeta.
esta obra, al realizarse, se combinan, Qtros, haciéndole menos justicia, tocompletan y refuerzan. Y pomo cima, mando la parte por el todo, subrayan,
y más, como aliento vivificador, la como características, el impulso y las
dotes esenciales del orador. Hoy, angracia que transfigura y perdura.
Así se revela cuán justamente hay te el panorama impresionante de su
que reconocerle lo que, por desgracia, obra, no creo que pueda dudarse que
· aún suele faltar a escritores america- sea el ensayista, el prototipo de ensa..
nos: la amplitud de horizontes, la hu- yistas, lo que define mejor su gran
manidad vivificadora del humanismo personalidad. Para aceptar sin fundade buena ley, y sobre todo, la perenne das objeciones este juicio, sólo hace
primavera del espiritu, que revela el falta naturalmente reconocer en el enclon del ingenio sin · acidez, y el don sayista típico la compleja y excepciode la gracia, aquella gracia de la que, nal personalidad del poeta y del homen cada caso en que aparece en el bre de pensamiento que se confunden
mundo, sólo puede decirse que es úni- para dar vida a una obra en la que lo

versalidad, la libertad, el equilibrio, la
gracia perdurable.

•

nos ofrece en descripción admirable,
substantivo del concepto, los valores visión sutilmente interpretativa de la bién otras notas humanas; pero el poeestéticos de la forma y el acento per- rea1idad, o los insospechados avatares ta persiste, sobre todo, como difusa in- que es prodigio de síntesis artística,
sonal tienen que concurrir en unidad de una emoción; pero el escritor no es fluencia vitalizadora, en el resto de su de estilización poCtica, el paisaje de la
sólo expositor que observa, discurre, obra copiosa, más allá del verso. Co- altiplanicie mexicana con su luminosa
de creación.
Pero al hablar de su personalidad polemiza y concluye o sugiere, sino mo persiste de igual modo el autor de transparencia y su flora emblemática,
literaria, precisa recordar siempre que ademas autor de variadísimo estilo, to- El plano oblicuo, cuyas dotes c\e na- signos de una naturaleza serena en cucon ella, sosteniéndola, animándola, nos muy diferentes y resonancias di- rrador y de escritor imaginativo tie- yo seno ·se suavizan sonidos y fulgomatizándola, convive lá dinámica, sim- versas, que sabe utilizar en cada caso nen tantas ocasiones para manifestar- res, hasta quedar sólo el dibujo de las
pálica y vigorosa personalidad huma- las múltiples aptitudes y experiencias se en toda la producción de los años cosas, la silueta del homb're y de la
montaña. La prosa poética de Reyes
ganadas en el afortunado cultivo de posteriores.
na del gran escritor.
resucita la ciudad india, corazón del
A
partir
de
los
años
de
la
madurez
El conocimiento directo y el trato per- todos los géneros literarios. A lo proimperio
desaparecido; la reconstruye
activa
y
alerta,
magníficamente
creasonal del hombre no alteran lo que pio y medular del desarrollo ensayispensamos y sentimos acerca de él co- tico, sabe afiadir con acierto los des- dora, e1 ensayo polariza las energías en el espíritu del lector con el habla
de su pueblo, con los atavíos y las cosmo autor, si no es para matizar y com• pliegues imaginativos y el estilo del del escritor, y abre cauce, el m3s apro•
tumbres de las gentes que llenan sus
piado,
al
raudal
de
ideas,
experiencias
pletar el juicio y aumentar y consoli- narrador novelesco, la agilidad del crocalles y s~1s plazas, con su templo,
y
sutiles
efusiones
de
su
espíritu.
Ennista,
el
anti.lisis
y
las
proyecciones
dar la simpalla que nos liga al artista
alarde
de piedra, con su gran mercay al hombre de ideas. El grato recuerdo del historiador, y la visión transfigu- sayisticamente, bajo la apariencia, con
do,
l'aro
y palpilmite caos, con su em•
del hombre que deja Alfonso Reyes es radora, el sentimiento y el lenguaje de la estructura y los modos de expresión
perador,
fabuloso Midas que reluce en
del
ensayo,
.hay
allí
literatura
de
muinolvidable, y pudiera sintetizarse en la poesía, con su aliento, sus intuiciosu trono como un sol. Y tras ello, tras
chas
especies,
maneras
y
recursos
arnes
y
sus
imágenes.
Por
eso,
en
cada
notas fundamentales que distinguen la
el tráfago de la vida cotidiana, los obmanifestación natural •de su sensibili~ ensayo del gran escritor de México, tisticos, conquistados y dominados en
jetos
de la riqueza material, los ritos,
dad y de su talento: la naturalidad, la hay siempre, no sólo un prototipo de otros campos; y tal conjunción armolos
deportes,
la cultura, simbolizada
niosa
de
proyecciones,
acentos
y
mavivacidad de su presencia, la cordiali- ensayo, sino una síntesis de la literaen la flor, madre de la sonrisa, como
tices
determina
la
riqueza,
el
atractivo
tura
con
la
plenitud
innumerable
de
dad de este gran generador de simpacantaba el poeta de antaño. Y la pá•
tía que se nos entrega en dádiva gene- sus modoS, de sus estilos Y• sus pers- y el ,,aJor intrínseco de un estilo de la
gina finaJ, superadora de todos los
más
alta
calidad
estética,
capaz
de
elerosa en el trato personal, y particular• pectivas.
particularismos,
escrita para 1 sobre
var
la
obra
en
que
se
manifiesta
a
la
Y esa variedad que es riqueza tiene
mente en su palabra mágica de conellos, despertar y animar en el hombre
escala
de
los
valores
universales
y
persu
forma
peculiar
de
manifestársenos.
versador memorable.
la doble solidaridad de la tierra y de
Así, al instante se capta al hombre. En el largo proceso de su creación in- manentes del arte.
la historia, la emoción milenaria de la
Vnas
veces
este
núcleo
central
de
su
Así alguna vez hube de captar su co- cesante, no hay desvíos ni remansos.
reacción de las generaciones ante la
producción
se
nos
ofrece
ordenadamunicativa personalidad humana. El :&gt;:o es la s¡1ya una obra hecha en la demisma naturaleza que se asoma tras el
mente
en
series
en
las
que
el
ensayo,
dicación
sucesiva
a
gCneros
diversos,
relato de la enfermedad que hace almismo paisaje.
gunos años hubo de asaltarle conserva sino concurrencia perenne de labores, al abreviarse y simplificarse, se afina
Pasado inmediato, ensayo también
y
se
multiplica
en
todas
direcciones,
su nítido perfil en mis recuerdos. Ten- en la que, en cada etap:i, si predomide interpretación histórica, lo es de
' so, vivaz, curioso, ricamente expresiotra manera, al extremo de poder convo, requería sólo la fiel versión taquitraponerse, por su proyección y estigráfica para incorpQrarse a su obra lilo, a Yisión de Andhuac. Si aquél se
teraria. La evocación agradecida del
debe a la alta poesía de la historia, ésdoctor Chávez que le escuchamos, de
te busca la comprensión de la histoquien, nos decía, no es un médico, siria, pero iluminada por el sentimiento.
no un mago de la Medicina, equivalía
Hay aquí el rebrotar de vivencias que
a un magnifico retrato; y literatura de
dejaron honda huella en el alma del
la más alta calidad artística y humana
historiador. La preocupación literaria
había en sus frases para explicarme ·
del estilo y el rigor y elegancia de la
las para él muy sensibles razones por
construcción cedeh el paso a la agrulas que, sintiéndose entonces sólo docpación espontánea y al juicio certero
tol' en perplejidades, no podía venir a
y vivaz del copioso acervo de elemenCuba a recibir el doctorado honoris
tos históricos. El ensayo vale por la
cansa de la Universidad de La Habana.
claridad, exactitud y vivacidad del
A:Sí es, fuente inagotable de vivacicuadro, y más por la manera humana
dad animadora, de cordialidad y comde iluminarlo, con naturalidad y simprensión, ejemplar lo mismo por la
patía, qne no limitan, sino favorecen,
naturalidad ·y discreción que por la
la visión penetrante de las cosas, de
agudeza, abundancia y poder expresimodo que personajes, instituciones y
vo de la palabra, así es la personalidarl
sucesos, envueltos en la luz crepuscuhumana de Alfonso Reyes, cuya huella
lar de la evocación, conservan y manino se pierde nunca ni en la literatura
fiestan la realidad de lo que fueron, el
ni en la vida.
ser y el modo, nombre y sobrenombre,
Del examen, siquiera en esbozo, de
lo mismo la circunstancia pintoresca
la personalidad literaria y humana de
que los enmarca que la tenue o vigoAlfonso Reyes, en el que la objetividad
rosa esencia espiritual que los define.
conduce a la admiración y el juicio
Es la historia del pasado inmediato de
se convierte en elogio, precisa pasar a
México, q'ue es también el pasado inla exploración de la compleja estrucmediato del historiador, previsoratura intima del escritor, a esa complemente convencido de que la historia
jidad suya que es riqueza que se oculque acaba de pasar es la menos apreta en el perfecto ajuste y equilibrio de
ciada, que lo malo no es ser arcaico,
llevado
hacia
todos
los
temas,
como
en
aptitudes y en el cabal dominio de los nan ciertos temas, notas y formas, no
El Cazador y en las series de Simpa- sino ser viejo, observaciones agudas y
se
excluyen
nunca
los
otros
elementos
recursos de expresión de este maestro
que mantienen la excepcional e im- tías y dífe1·e11cias; acerc3ndose al pe- originales que señalan peligros que
de transparencias y sobriedades.
riodismo literario, como en Monterrey, evade, por cierto, su pericia de viajero
El no disgregarse, el no distribuir presionante variedad.
Correo Literario, Norte y Sur y Los del pasado, pruebas de su maestría en
En
sus
años
juveniles,
mientras
se
sus &lt;lotes en proyecciones distintas,
trabajos y los días; acercándose a la el arte dificil de conocer y evocar
constituye su esencial y mas ,,aJiosa presienten los preparativos técnicos
critica, a ]a filología y a la teoría lite- hombres y cosas.
singularidad, la que mejor lo define del critico y del filólogo y se adivina
En el mundo del ensayo alfonsino,
raria,
como en los Capitulos de literacomo escritor. En él, escritor integral, el trabajo ardoroso del buceador . de
tura espm""iola, La experiencia literaria caben zonas extensas de la historia,
culturas,
dan
motivo
y
acento
a
su
no es dable separar nunca la experieny Entre libros; o diluyéndose en ·1a los temas capitales del pensamiento; 'y
cia poética persistente, la maestría del obra la Jirica, la oratoria y el relato
evocación, c·omo en Grata compañia. Grecia y la España de los Siglos de
narrador, la finura y originalidad del de ·imaginación; pero nada de ello
Oro son dilatadas y riquísimas provinensayista, la información copiosa, hon- queda a la zaga, como meta señal del Ot_ras veces el ensayista se detiene an- cias por las que él discurre en incurdura y solidez conceptual del hombre camino recorrido, sino se incorpora te un tema que demanda amplio desa- siones incesantes, con su entusiasmo
rrol1o, y el ensayo liberalmente desde pensamiento, el arte del cultor de definitivamente al caudal permanente
juvenil, su sabiduría y agudeza, su tola forma impecable. Por eso, no pue- ele su creación, transformándose, per- pliega entonces su haz de luces, como lerancia y su curiosidad insomne,
en
Visión
de
.4náhuac,
o
en
El
pasado
feccionitndose
y
afinándose,
diluyCnde con'Cretamente representarle y deinmediato; que bien 1meden servir co- yendo de la exégesis de la poesía, la
finirle el poeta, ni el narrador, ni el dose en nuevas manifestaciones literacrítica y la retórica antigua a la ilumiorador, ni el ensayista, ni el prosista rias de otro carácter, como el ensayo, mo compendiosos y significativos nación del arte de Góngora, el padre
c-jemplos
opuestos
del
modo
como
reaartístico, sino la síntesis de todas estas la crítica y diversas especies históriliza Reyes sus más altos propósitos de tardíamente reconocido de 1a poesía
personalidades, en la que, si, para dar- cas, para matizarlas, realzarlas y enhispánica moderna; y hasta los granle unidad, alguna predomina, es la riquecerlas. La buena elocuencia, en escritor.
d'e s lemas de lo contemporáneo y lo
En
Visión
de
1lnáhuac,
pensamiento,
personalidad compleja del ensayista, forma de inagotable riqueza verbal
actual.
·
estructura
y
forma,
todo
es
sencillez
y
constituida de este modo por una fas- aliada al arte de persuadir, le acompaY
nunca
llegamos
a los límites de la
ña, y en esto el secreto de su buena armonia, solidez y transparencia. Es
tuosa pluralidad de dotes específicas.
selva
en
que
se
nos
transforma
el bosun
magnífico
ensayo
poético
de
inter' En el ensayo de Alfonso Reyes, a la fortuna está en esa simpatía suya que
que
cuidado
de
la
creación
literaria
pretación
histórica,
breve
por
su
excomJ)lejidad de caracteres que es nota emana de su palabra, pulida· y vigoride Reyes, al agigantarse éste y alcansubstantiva del género, a la habitual zada a la vez por el aprovechado fluir tensión, pero amplio por la mag1;1itud zar proporciones que, más que en la
de
su
horizonte
espiritual.
Tras
el
lede
los
afios.
Tampoco
se
des~ibuja
confluencia de arfe y dialéctica, se
mano y en la mente del hombre, nos
añaden otros aportes que son enrique- con el transcurso del tiempo la perso- ma famoso, viajero, has llegado a la hace pens_a r en 1as fuerzas inextinguiregión
más
transparente
del
aire,
tras
cimientos y realces. En sus ensayos, nalidad lirica, cuya obra especifica,
bles y espontáneas de la Naturaleza.
en último esquema, hay el proceso de recientemente reunida, de fineza, el presentimiento de México en el re~ Cuando 1a fronda parece que se termian3lisis y desarrollo de una idea, la transparencia y hondura, admite tam- lato de conquistadores y viajeros, se

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�na, reaparece en márgenes que se extienden indefinidamente. Prólogos,
ediciones, acotaciones, traducciones,
se multiplica en serie nutrida y siempre en aumento. Toda selección se
torna difícil. Impresiona la fastuosa
sucesión de nombres cimeros al margen de cuya obra ha dejado la suya este critico sagaz, el cometarista oportuno y preciso, el anotador vigilante y
certero. Reyes vive en egregia compañía: el Arcipreste de Hita, Alarcón, 1
Lope de Vega, Quevedo, Góngora, Sierra, Urbina, Nervo, Chesterton, Stevenson, Romains, Sterne, Berard, Burkbardt, W. Frank, Goethe ... A los bibliógrafos laboriosos dejamos la enumeración inmensa, índice de los trabajos y
los dias de esta vida, cuya lección de
trabajo y de arle tiene, en re?,Jidad, un
solo tiempo, el de la tensión creadora
del espíritu, y un fin supremo, el de la
humana y profunda comprensión de
todas las cosas.
Vale, sin embargo, la obra de Reyes,
no sólo por lo efectivament_e realizado,
sino por ]o potencial y lo implícito, y
por lo que en ella está como en esboz0,
o en proyecto a medio acabar que espera su culminación de futuras labores, de una reincidencia siempre posible en este prodigioso hiperactivo en
perenne primavera de entusiasmo y de
trabajo. En la obra de este maestro insigne del ensayo y de temas innumerables y estilo en continua y fácil renovación, con el ensayista, coexisten pérsonalidades en contenido despliegue,
que aún no hallaron su verdadera ocasión en el tiempo cargado de labores y
frutos: el gran historiador, el sicólogo
sutil, el filósofo de la literatura y de la
historia.
En la obra de Reyes, que, en ensayos breves o ex tensos y en páginas
dispersas, tan abundantemente derrama sus luces sobre la historia, hay, sin
duda, el aplazamiento y la promesa
del gran historiador, del que acota y
ago1a la historia en sus grandes aspectos, el historiador sistem3.tico, orgánico, de conjun.to, que bien puede serlo
de una época, de un te(!]3 o I\l'oblema
universal, de la literatura, de la filosofia, de la ciencia o del arte, en alguno
de sus sectores principales. ¿Por qué
no ba sido Reyes -cuándo será- el
historiador in extenso de lo que tan
bien conoce, escudriña e interpreta,
de una de las literaturas clásicas o modernas, y, sobre todo, de la literatura
y de la cultura de Hispanoamérica, o
de su México de finuras y complejidades, tramos todos de la historia que el
autor de Pasado inmediato, de Visión
de Anáhuac, y de tantos otros ensayos
&lt;le interpretación histórica, podría iluminar y presentarnos en las proporciones y con los caracteres de gran
fresco, o en serie correlacionada de
cuadros destinada a desarrollar el mismo motivo? Queda siempre en el aire
la interrogación, actualizada por el
deseo, ......_desideratum- de sus lecto-•
res, que no sólo aprecian la eficacia
.d.e su estilo de narrador1 sino además
aquella capacidad suya para la com-

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pos1c10n del cuadro de conjunto, lo
mismo que para el estudio particular
de las figuras representativas y la selección y disposición de los detalles
significativos o pintorescos.
Hay igualmente en la totalidad de su
obra, implícita o explícitamente, un
sicólogo sutil, dcscubridof, entre las
circunstancias, del alma de innumerables personas y personajes; y del mismo modo, un filósofo de la literatura,
que, disperso primero en las páginas
de muchos años de labor, vino a concretarse y culminar felizmente en El
deslinde, libro capital, preciso y denso, en el que una lengua sobria y exacta, trabajada y dominada a la perfección, sirve de flexible instrumento expresivo para una grandiosa empresa
dialéctica, de esclarecimiento, exégesis y sistematización, no superada en
lo hispúnico, en los dominios de la estética general y de la teoría de la literatura.
Publicada gran parte de la obra de
Reyes en periódicos y revistas, es substancialmente periodismo de la. mejor
clase, para el que naturalmente el público existe, per.o no para subordinarse a sus limitaciones, sino para superarlas, periodismo que tiene las notas
que le son especificas, pero que además posee la virtud de convertir en
actualidad, para cualquier público,
cualquier tema remoto o cercano, curioso, abstruso o vulgar, de la _cultura
o del diario vivir.
Excepcionalmente valiosa e inter'Csante esta obra magna, por lo implici- .
to y lo explicito, por lo que da y por

de literatura preocupado por la circulación de sus productos. Por el contrario, su conducta nos sirve para reconocer con claridad ]os caminos por
los que el escritor se desvia de sus propios y legítimos fines, y degenera en
agente de propaganda de una causa
que sectariza, cuando no llevan a ser
servidor de un hombre y una camarilla, alzados con la libertad y la riqueza material y moral de un pueblo.
Pero a la yez es Reyes escritor esencialmente comprensivo y tolerante; y
su tolerancia es limpia y buena -la
úniCa aceptable- porque se funda en
el previo cumplimiento del deber, que
al escritor le señalan la honradez de
pensamiento y la fidelidad a la propia
vocación. Reyes, maestro de tolerancia y de comprensión, serenamente
nos enseña que, antes que tolerante y
comprensivo! hay que ser honrado.
La comprensión y la tolerancia, que
elevan a la objetividad, son en él tanto materia de inteligencia como de
sentimiento. La pasión ennoblecedora lo alienta; pero no lo dómina. Asi
piensa y siente libre y justamente ante hechos y personajes de otras épocas, ligados a cuestiones polémicas de
todos los tiempos, lo mismo ante las
escenas del presente en que" vive, qué
ante el panorama del pasado inmediato, cuyas pasiones, intereses y prejuicios perduran, como rescoldos! en la
combustión de lo actual. Su concepto
moderno y personal de la libertad y
ele la humanidad no le impiden descubrir los -o¡alores y significados de culturas remotas, séanle extrañas o afines, asi la de Grecia y Roina como Ja
de México indígena. Su condición de
1
figura representativa eminente de la
generación del Centenario, que deshi~
'
zo y substituyó al régimen porfiríano,
no le impide hacer justicia -punto
medio entre la absoluta negación y la
apología- a la dictadura que liquidó
la Revolución de 1910. Pasando por
,_ \ . . . ~ ·, encima de las llamas que tuvo que encender la Revolución mexicana, sin
olvidar los necesarios estragos que
produjo, el amor a la paz no le impul•
sa, como a otros, a exaltar la paz cuanJo que sólo esboza, sugiere o promete, do, como entonces, es la paz dictatoal terminar de recorrerla, siquiera sea ria1. La dictadura de Porfirio Díaz,
en fugaz exploración en busca de ca- como todas las dictaduras, hija de la
racteres y ejemplos fundamentales pa- violencia y madre de ]a injusticia y de
.r a una esquematización crítica que no las legítimas rebeldías, pedía, predicala traicione, se siente imperiosa la ne- ba r loaba la paz, necesitaba la paz, y
cesidad de fijar el sentido último que sembraba la guerra en las conciencias.
esa producción debe tener, especial- Pero a la sombra de aquel régimen
mente para los llijos de esta Hispano- longevo, en que todo, hasta la paz, enamérica' de las frustraciones, que tam- vejecía con el dictador, había hombién es la Hispanoamérica de las pro- bres, ideas e instituciones cuyo valor
mesas y las esperanzas.
r función histórica tienen en Reyes
En la obra de Reyes, desplegada en juzgador imparcial y certero íntérpreel tiempo ante nuestra vista, en su pen- te, que, pO"r cierto, no pierde tampoco
samiento, en sus intenciones y sus va- la imparcialidad y Ja agudeza, cuanlores artísticos, se descubre el ejem- do 1 en el examen de la transición replo edificante del escritor, su lección volucionaria a los tiempos nuevos, lleM
de fidelidad a la poderosa vocación, ga el momento de hacer revivir y juzde tolerancia y de comprensión, pero gar- a los que, con el propio historiatambién de escrupulosa honradez in- dor, fueron sus heraldos y creadores.
telcctual.
Caso eminente y aleccionador de toleLa vida y la obra de Alfonso Reyes, rancia y de crítica serena escrupulosaen coincidencia que nunca se rompe, mente compatible con la honradez inconstituyen una lección de fidelidad telectual del escritor y con la fidelia la vocación, que tantas veces que dad del hombre a las ideas Jibremente
forma ya abrumadora mayoría en adoptadas, a los imprescindibles prinnuestro medio, ti.ene que ser heroica cipios integrantes y rectores de un
en el escritor hispanoamericano. Re- concepto superior de la vida y del
yes es hispanoamericano, y ha vivido hombre, sus deberes, prerrogativas y
y vive en Hispanoamérica, en ella o responsabilidades, sin lo cual, existe
fuera ele ella, pendiente siempre de r perdura sólo en el mundo, simulado
sus destinos, y ha sido escritor honra- o manifiesto, el imperio zoológico del
do, y además escritor infatigable y instinto y de la violencia.
creador, que levanta su obra contra
Pero tampoco es Reyes uno de esos
todos los embates del medio y de los espíritus lúcidos y razonadores comtiempos, contra incomprensiones, hos- placidamente desasidos de la prosaitilidades o indiferencias, entre las cua- ca realidad de su mundo, sordos a sus
les, él ha sabido, siempre encontrar las demandas de orientación. Su mentalivoces que consuenan los espíritus afi- dad crítica, por el contrario, transita
nes portadores y defensores de su mis- entre la teoría y el fenómeno, para enmo mensaje.
lazarlos en interpretaciones que conEn tierras de. facil simulación y ele duceri, no sólo a la formulación de
tentaciones insinuantes, él, excepcio- - una filosofía, sino a la determin.a ción
nahnente dotado por los dióses, no ha racional de una conducta, individual
sido nunca un ·distinguido fabricante o colectiva, moral o politica. En sú

--

&amp;

_·, \

prodncción, al lado de la teoría y de
la critica, hay una valiosa obra normativa de conceptos amplios, cautelosamente flexibles, pero diáfanos y precisos en lo medular. Su moral y supoJílica coinciden en un programa de
solidaridad humana y de racionalización de la libertad. Este es el fondo
ideológico de sus orientaciones; pero,
ante la -circunstancia especifica de México, que es también la de toda Hispanoamérica, ante la existencia infrahumana de nuestros pueblos, pide llanamente alfabeto, pan y j,abón, Y, con sano optimismp, espera los frutos de este programa de regeneración y eleva•
ción de la substancia humana en el
que se hermanan el hombre de sentido
práctico y el hombre· de ideas e ideales.
:Naturalmente., para Reyes, el practicismo existe sólo como 1a sal de la vida. Para él, todo lo ilumina y anima
el espíritu. Su vida y su obra es continua afirmación de la fe necesaria en
la cultura. Alguna vez nos dice: cuando la sociedad pierde confianza en la
cultura, retrocede · hacia la barbarie
con la velocidad de la luz. Y cuanto
d"ice y hace es y ha sido siempre reafirmación de este aforismo básico. ,
Cuanto dice y cuanto hace. Su pensamiento y su conducta; la doctrina &lt;le
su mensaje y la fuerza normativa y estimulante de su ejemplo.
Vasta, múltiple, de valor excepcional en cada modo y aspecto, la obra
de este mexicano universal es ya clásica en el mundo hispftnico, con clasicismo que es sólo sinónimo de perfección, serenidad y riq'ueza; pero tras
ella, en ella misma, está la persona, el
inensaje y el ejemplo de Alfonso Reyes.
Cuando de la gracia y del ingenio se
trate en cualquier meridiano del mundo de la cultura, y de los milagros de
la creación literaria, si la claridad y
multiplicidad del talento y la universalidad de la cultura se aúnan, será
siempre grata, necesaria y frucfüosa
jornada al acercarse a este paradigma
de escritores, para hablar de él y gozar de su obra, para admirarlo imitándolo; pero cuando el camino recto
de la vocación y del deber, asi del artista como del hombre de ideas, parezca borrarse, o tienda a desviarse entre
influencias contrapuestas, entre las ciegas exaltaciones sectarias, o las insi•
nuaciones tentadoras, y la pasiva indiferencia de la neutralidad acomodaticia o simplemente ensimismada, la referencia al mensaje y al ejemplo de Alfonso Reyes también_ será inevitable,
y valdrá corno una orientación y una
fuerza de benéfico influjo en la hora
de lucha y de prueba de quienes, para
bien o para mal, luchan sólo, y trabajan, con las armas del espíritu.
Asi, en última instancia, concebimos
y presentamos la vida, la obra y la
persona de este mexicano, de este hispanoamericano universal, y así queremos evocarlo: personalidad apolínea
que no requiere pedestal ni paramen•
to, sino la radiante compañia de su arte· y la serena luz de su noble, atrayente y creadora humanidad.

ALAS CASAS EDITORIALES YA
RULFO.
LOS SEÑORES DISTRIBUIDORES
Sigue de la Pág. 1
YLIBREROS DEL CONTINENTE
La Universidad de Nuevo León ha
mantenido desde .su fundación un vasto plan editorial que desarrolla al través de publicaciones cuya circulación
comprende a todas las Instituciones
oficiales, universitarias, académicas,
ateneistas, centrós culturales, sociedades de di versa índole y personas, en
Amfrica y Europa,

Las ideas del luto · y el desconsuelo pesan mucho en la conciencia de estas
almas; se sienten más cerca del infierno que del cielo.

Aquí se advierte como una necesidad de morir pronto, si es posible antes de tiempo. Y aunque hay día y
hay noche, la novela parece haber sido descubierta en la nocturnidad -del
alma. Su aliento es triste. Por lo menos, los actos de los personajes poseen
Entre el cuerpo de ediciones que una calidad trcmendament.e pasional y
aqui se imprimen figura nuestro men- una hondura fantasmagórica . El munsuario ·'ARl!AS Y LETRAS", que re- do de esta noYcla se _mantiene nutriéncienternent_e ha establecido una sec- · dose de terrores e incertidumbres desción -LIBROS-, en la que figuran de que nace al relato. Todo está precomentadas las obras últimamente apa- sidido por la severidad de una agonia
recid'as en las prensas americanas.
sin paz, en la que el sentimiento de
Dada la extensa órbita de circula- moribundez domina como tiempo sución del Bole.tin arriba mencionado, y premo.
en interés de ofrecer al lector ameriEn las pasiones que Rulfo plantea
cano una juiciosa información del fon- no hay reposo. Hasta el fin Pedro Pádo y continente de la obra, cotejada ramo y el mundo de seres que le acoma la luz de un criterio ecuánime y a pañan viven revueltos en una acción
tono con 1a moderna interpretación casi patética, inflamada por deseos
del pensamiento científico, literario o semi-dion°isíacos, . sólo limitados por la
artístico, "ARMAS Y LETRAS" se com- autoridad implícita del cacique.
place en invitar a ustedes a coadyuvar
con este propósito de orden cultural
L'no se figura que este mundo ha sique anima a la Universidad de Nuevo do, y quizá es todavía una enorme diLeón, solicitftndoles el envio de cada mensión pasional de signo telúrico, en
una de las ediciones nacidas en sus la que ia conciencia, por estar dinámiprestigiosas prensas, las cuales serán camente extrovertida, ·ha perdido su
objeto de nuestros comentarios, en la inUmidad. El mismo silencio es un
médida que vayan llegando a nuestras dolor tangible que tiende a proyectarmanos.
se como una pasión irredenta. Los
hombres, sus ideas y sus actos, suelen
nwrir sin paz. Todo es severo y no
parece haber perdón para nadie.

Los envíos deben hacerse a:
"ARMAS Y LETRAS",
Universidad de Nuevo León,
Plaza del Colegio Civil,
:Monterrey, Nuevo León,
México.

Organo Mensual de la Universidad
de Nuevo León
Registiado como artículo de 2a. Clase en la
Admón. de Correos de Monterrey, N.

20 de Ab,il de 1944.

lNDIC!AD0R,
Colaboradores

Raúl Rangel Frías
Fidcncio de la Fuente
Francisco M. Zerluche
Cenara Salinas Quiroga
Arturo Cantú S.
Homero A_ Garza

Alfonso Rangel Guerra
Guillermo Cerda G.
Jorge Rangel Guerra
Manuel Morales

Director

Lic. Fidencio de la Fuente

Oficinas
Washington y Colegio Civil
Monterrey, Nuevo León

MEXIC0

La sociedad rural que Rulfo nos narra, agobiada por el pesar de una vida dura, de pocas dichas y muchos temores, tiene todo el sentido del viejo
mundo autoritario, de patriarcalidad
incondicional, donde la ley masculina
escogió el camino de la proyección terrorista, ele la cual el cacique es su expresión acabada.
Las constelaciones sicológicas que
surgen de esta personalidad son agresivas, siempre prometiendo nuevas
victimas. Es un mundo de pocas_ ilusiones que, como dice uno de los personajes de Rulfo, se está rompiendd' a
cada rato, que tiene al hombre sumido en una corriente de inseguridad, de
flacas satisfacciones -y muchas incertidumbres, donde el hombre lo espera
todo de la Providencia y, a cambio,
nada de si mismo y de sus semejantes.

l., el
Et hombre, aquí, está siempre perdict·o en la cuestión del dolor, dominado por un estoicismo sensual que
hace decir al cura del pueblo: "Yo soy
un pobre hombre dispuesto a humillarse, mientras sienta el impulso"; y
que en otro caso pone en boca de otro
hombre su vital frustración ante el
mundo, al hacerle expresar su nostalgia de un tiempo que no define, pero
que está presente en su recuerdo, junto a la realidad triste de su presente,
en estas palabras: "A mi se me ha olvidado el sabor de las cosas dulces."

ASllUICllA
lDlE lLUllS G~ llNClLAN
,.

EL AUTOR Y SU OBRA

e

UAND0 ~'léxico sufrió la invasión
de ]as tropas devastadoras de la
Norte-América anglosajona, Luis
IncJ{m pierde sus ranch.os y se ve en
la necesidad de retirarse a la Capital
de la República. Una modesta tipograQuencio. Y este · amor por su tierra,
de al formación intelectual de sus disto que lnclitn no se JJreocup6 mucho
Sin duda hay en su obra, fogasa y
pero sólo el examne de los procedifía Je proporciona allí los escasos me,llios de subsistencia para él y sus familiares.
El autor frisaba ya en los 50 cuando
presentó a los lectores su obra. ASTUCIA viene a ser, por lo tanto, la síntesis de medio siglo de su propia existencia soldada con la vida del País,
con la cotidiana 'existencia de su propio pueblo.
En tan mezc¡ninos c¡uehaceres capitalinos alloraba' Inclitn 1a anchura del
campo. Su nostalgia por aquel modo
de respirar con todos sus pUlmones el
aife del ' Valle puso la pluma en sus
manos. Pu~s estos ménestercs ninguno de los escritores .d el J)asado siglo
superó a Inrlftn en su· hondísimo amor
y respeto por su gf};ole'. Fue un gran
cultivador de la ti~i-ra. Fue él el que
nos indicó con mano firme que de esta tierra regada por el sm]or del Peón
mexicano árranca la sorprendente tenacidad del puebfo, no menos que su
vitalidad física e histórica. Las catástrofes nacionales y la inseguridad perpetua de su existencia fortalecieron
ciertamente el genio natal. Pero sobre
todo imperaba en ese sentido su amor
por la vida, el sol, los montes y los
valles.
Tanta es 1a emotividad que el autor
transmite al lector; con ella 1o capta;
lo sacude de continuo, a lo largo de
sus mil quinientas páginas, admirablemente narradas. Que no es otro, siempre, el hechizo de la evocación. •
ASTUCI~ es el monumento más perenne que Inclan pudo haber erigido
a su pueblo nativo, pueb1o que él supo amar más que a sí mismo; más que
al aire que respiraba en aqi.iel valle de
Que:ncio. Y este amor por su tierra~
por la gente de su suelo, viene a ser
el verdadero protagonista de esa enorme novela, porque es lo que más nos
impresiona.

Por Armell OHAMIAN

Podemos decir que es Inclán un escritor espontáneo? Viene esa su singular originalidad de su escasa instrucción? Porque es cierto que bien
que mal cursó sus primeras latinidades y terminó, en un colegio ele jesuitas, seminario conci1iar, apenas el
tercer a1lo de filosofía. Lo cual era
algo, pues es sabido que un jesuita en
aque11os tiempos era un erudito metódico y preceptor único dentro del
dominio -de la. educación: al par que
de la formación intelectual. de sus discipulos. Inclán mismo nos presenta ese
tipo de educador en su preceptor Don
Prirñitivo Cisneros.
Sin duda hp.y en su obra, fogoSa y
de corazón tan amplio, influencias de
la novela EMILE, de Russeau: es lo
que nos demuestra la edl1cación de
Lencho. Hay allí también r~miniscen~ias de la novela picaresca de España.
Pero nada iguala, en eso, al graciosí- ··
simo rapto de la niña Refugio, que
contaba apenas once años, por su
amante Lencho, quien, aunque de sólo
trece era ya "tamaño jarocho". No es
esto acaso la ingeniosa reedición de
la ya olvidada no,•ela pastoril? Es cierto que Inclán no se preocupó mucho
de la Gramática Histórica; y claro está que nunca fatigó asi su memoria
para aprender en "LA FONETICA" la
eYolución de la e, la i o la JJ. Pero fue
precisamente de esta virginidad suya
de dónde la audacia de Inclán nació·
fue eso lo que precisamente le avudÓ
a inventar palabras, giros ent~eros,
comparaciones evocadoras que ninguna sintaxis le perdonaría, como sucede en esta exc]amación: "Que manada
de angelitos", dice al ver un grupo de
beldades femeninas".
TEMA
El tema de la novela es el complicado ajetreo de unos atrdaces contrabandistas de La Hoja (la del Tabaco)
en los tiempos en que esta noble mercancía era prohibida y muy vigilada
por las autoridades.
En su prefacio, Jnclán mismo advierte que son gentes de honradez y
de dignidad; comerciantes en Tabaco
artículo éste que no tarda, por lo de~
más, en ser una mercancía de lícito
tráfico.
"Por desgracia" - agrega el autor"la generalidad los ha confundido con
los ladrones y los toma como bandidos, cuando ·no fue sino todo lo con-

Estos y otros conceptos, siempre
amargos y dolientes, viviendo dentro
de la desesperanza del hombre en la
situación de este tiempo rural~ estil.n
prendidos en magnificas coyunturas
liricas que destacan la alta calidad
poética de Rulfo. La novela tiene una
profunda fuerza dramática. Vive dentro de un plano excitante por su angustia, obteniendo fases de un realismo sicológico muy coherente eon el
cuadro social en que están insertos sus
personajes.

Pág. 7

�trario, porque, hay que decirlo, perseguían a muerte y colgaban, sin mucha
ceremonia, a cuanto bandolero encontraban en su camino".
Nosotros somos del parecer que el
verdadero tema de este libro fue nada
menos que la vida y las costumbres
del pueblo del campo, en aquella época de Inclán.

EL

A1IBIENTE

Es aquel un medio de rancheros o
hacendados, clase media en general,
muy afanadora y que sabe cuidar el
fruto 9e su labor. En semejante ambiente, arruinados los seres por sequías e invasiones extranjeras, la existencia, por rutinarill\ que parezca, no
puede basarse en ninguna seguridad
social. De ahí que cuando era necesario, ganar el pan haciendo contrabando, no podían recurrir a inútiles escrúpulos: allí y entonces todo pertenece al que tiene hambre que saciar!

siempre relieve con el conjunto social
y nacional. El autor es un simple y
sencillo popularista; los tipos urbanos no le interesan, los considera como muy complejos y ajenos a su escenario.
EL ESTILO

Son, en suma, seis los "Hermanos
de la Hoja"; a saber: Pepe el Diabio,

El estilo de la ironía o de la sátira,
junto con lo grotesco o las exageraciones de acciones violentas, conserva en
ASTUCIA las reminiscencias de sus
lecturas españolas y de las crónicas y

Ghepc Botas, Tacho Reniego, el Tapatío, el Charro Acamabareño, y Astucia,
jefe de los contrabandistas.

I

aventuras ele. la. conquista, en los últimos tiempos en que todos los eliminados o puestQ$. al margen de la sociedad enriquecid11. de la Península conCada uno de estos personajes tiene taban ,con un nuevo mundo descubiersu personalidad; son causas objetivas to como lo único que podía salvarlos
las que determinan en cada uno de de la mis~¡_-ia y del aburrimiento. Pero
ellos, el camino de la ilegalidad en ma- lo mejor en tales narraciones consiste
teria de comercio. Y todos habrán de ..,, _e n la manera autobiográfica, que es lo
pagar con su vida esta forzada des- que da may_or naturalidad y verosimiviación, menos el jefe de contraban- litud a la narración. Claro que el codistas, que es ASTUCIA. De éste reco- lorido ayuda a realzar el optimismo
ge Inclán todos sus episodios, porque de conjunto, tan bañado de sol. Como
es sereno y rico en pasajes de la vida :'.\Iurillo, Inclár¡ sabe vestir en forma
corriente.
mu~ pintore,s~a a su gente. El autor
de ASTUCIA jamás olvida ensanchar
Aunque con cierto tinte romántico sus perspecti,y~ y cambiar ágilmente
en la interpretación de los tipos y ca- los cuadr.os qe t~.escena. Se diría que
racteres, los retratos resultan pintados escribía para . ~.lgún cine moderno.
de manera muy real. En cuanto a las
descripciones de la naturaleza se limiIDEAS Y, SENTL\1IENTOS
tan, lo mismo, a lo estrictamente necesario, lo que la acción y la situación
A Inclán nq. le .gusta tampoco el toexigen algunas veces. Los caracteres no muy razpnador de algunos autores.
en sí son simples. La acción, por su A veces Il'l:9.r.¡il¡za, pero no de modo faparte absorbente, tanto que a menudo tigoso, como lo hace Lizardi en su
excluye tod~ psicologismo. La estruc- "Periquillo." Lo sano y lo natural; lo
tura es muy apropiada, por lo general, fuerte y lo audaz, son sentimientos que
a la evolución de los personajes prin- el autor de ASTUCIA respeta. · La
cipales de la obra. Pues estos cobran hospitalidad, la dignidad y la fidelidad al juramento, esos si son los reales sentimientos de la Hermandad,
porque, en ocasiones, suavizan la acción ruda de sus protagonistas.

*

En todas sus paginas respira cierto
humanismo;· .donde nunca vemos el
cansancio d~ '\os oprimidos, sino al
contrario resalta la rebeldía el nombre de la justicia social. El autor concentra, finalmente, su idea en pintar lo
real, lo natural: es más pintor y narrador, que ideólogo en sí.

Pág.. 8

HISTORIA DE LA FILOSOFIA, de Hegel (3 tomos). Fondo de Cultura Económica. México, 1955.

En eso se recienten sus asiduas lecturas de viejas novelas espllñolas, de
los episodios de un Pérez Galdós, sus
contemporáneos franceses que sabían
manejar las multitudes y preferían los
amplios cuadros a las novelas de recámara y las alcobas.

Su narración ahonda el tema, en las
andanzas y aventuras de los contrabandistas. A partir de allí se inicia lo
puramente novelesco. El ritmo y el
estilo sereno ·de los primeros capítulos
imitan muy bien a los autores españoles, quienes tuvieron siempre buen
cuidado de representar el ambiente en
que nacieron sus protagonistas, no menos que la persona y la ocupación de
los padres; las condiciones materiales,
así como las sociales· y domésticas de
Eran, en fin, charros y rancheros, sus propios parientes. Daban asimisde muy modestos medios de vida, muy mo importancia a la poca o much·a
sociables y muy apegados a los peones instrucción que 'los familiares proporque les ayudaban en sus labores, día. cionaban a sus •Jüjos, tan desviados a
a día.
veces de lo natural o caídos en la conducta de seres necios o ordinarios.
PERSONAJES

IL -1 IB 1~
A Historia de la filosofía de Hegel
con la que Fondo de Cultura Económica inicia su nueva Colección
de Textos Clásicos es, sin duda alguna, la obra máxima en su género.
Frente a quienes no son capaces de
ver en la historia de la filosofia otra
cosa que una serie de opiniones -que
otros, menos benévolos, llaman necedades o extravíos-, Hegel levanta su
propia concepción de ella como la historia de la búsqueda del pensamiento
por el pensamiento mismo. Fre.nte a
quienes sostienen la vanidad de_l co-

L

INTRODUCCION A LA ADMINISTRACION PlJBLICA, por Pedro Muñoz
Amalo, Fondo de Cultura Económica. :\léxico, 1955.
NTRE las necesidades que ·han
emergido en muchas partes del
mundo, debido a la creciente
universalidad de las exigencias fundamentales impuestas a los gobiernos en
el campo del desarrollo económico
y social, surge la de investigaciones
especiales y estudios autóctonos de
administración pública. Aun cuando
existen algunas normas y técnicas que
son aplicables a cualquier gobierno
bien organizado, los objetivos y los
métodos de la adrilinistración están
fuertemente ligados, en cada país, a
los conceptos nacionales y a los antecedentes históricos. De ahí que no sea
suficiente la mera traducción de textos con autoridad científica. Tampoco se puede esperar una comprensión
profunda de los problemas administrativos a menos que dentro de cada
ambiente naoional se lleven a cabo investigaciones por estudiosos que conozcan íntimamente sus condiciones
determinantes. El estudio de sistemas
extranjeros de administración puede
ser útil para ampliar la perspectiva,
pero sólo el exa_men de los procedimientos y principios característicos
de la situación propia puede abrir las
pt1ertas hacia el entendimiento complrto y el mejor.a miento -de carácter
práctico. Por ello, la Administración
cle Asistencia Técni&lt;;a de las Naciones
lJnidas ha mostrado interés en estimular estos estudios.
Los méritos logrados en este campo
por el profesor Pedro 11uñoz Amalo
así como su participación en la reciente reforma constitucional y administrativa de Puerto Rico, son bien
conocidos. Sus relaciones con las Nacienes Unidas y con su programa de
asistencia técnica en administración
pública han sido numerosas y fructíferas. En 1951 fué miembro del comité que redactó el informe de las Naciones Unidas sobre sistemas y normas
ele la administración pública. En 1953
dictó la cátedra sobre Principios de
Administración Pública en la Escuela
Brasileña de Administración Pública.
Durante el desempeño de este último
cometido se inició la preparación de
este libro, cuya versión en portugués
se publicará en Brasil.
·
El enfoque de la administración pública desde el punto de vista de las relaciones y motivaciones humanas es
relativamente , nuevo. La introducció1;1
de este peculiar modo de ver en el
mundo latinoamericano p.o r un estudioso procedente de la región, que posee un pleno conocimiento tanto de ésta como de la norteamericana, donde
se desarrollaron esos estudios por primera vez, es altamente significativo y
asegura el éxito de esta obra. Su valor
aumenta decisivamente porque el autpr no se conforma con el estudio de
hechos y relaciones, sino que profundiza para buscar sus fundamentos teóricos.
Esta obra constituye, por todo eso,
un elemento particularmente valioso
para la introducción de las fundamentos de la moderna administración pública en el mundo de habla española.

E

nocimiento filosófico, Hegel afirma
que todas las filosofías son momentos
necesarios en el desenvolvimiento del
Espíritu. Crea asi la primera historia
de la filosofia que no se limita a ex7
poner el aspecto externo, las vicisitudes de los filósofos y de sus filosofías,
sino que hace ver cómo- su contenido
forma parte de la filosofía, es la filosofía misma. Pues el pensamiento de
los- diversos autores es parte de un
único proceso y sólo cobra sentido y
valor en relación con el todo. Aun
cuando cada filosofía parezca surgir
con la pretensión de _refutar a las que
la preceden, lo cierto es que esta filosofia sólo puede existir en relación y
.c omo un resultado necesario de ellas.
Xinguna desaparece por completo sino
que todas se conservan afirmativamente en la filosofía como momentos de
un gran todo.
Asi, quienes se han )imitado a exponer esta historia como una historia
de opiniones son comparables "a animales, por cuyos oídos entran todos
los sonidos de la música, pero que no
son capaces, naturalmente, de captar
una cosa: la armonía de esos sonidos".
Xo los culpemos, sin embargo, demasiado; pues como afirma el propio
Hegel en uso de sus primeros escritos:
"el espiritu que mora en una filosofía
exige, para. revelarse, que lo alumbre
un espíritu afín" .

Elsa Cecilia FROST.

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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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