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                  <text>No. 11 Nov. de 1955

mas

D. A. S. U.

BOLETIN MENSUAL
DE LA UNIVERSIDAD
DE NUEVO LEON

HETERNUM -VHLE,-· MUESTRO ORTEGH Y GHSSET
Dr. DANIEL MIR

A infausta noticia del deceso de
Ortega y Gasset, no fué una sorpresa; no sólo porque "debemur
morti, según nos recuerda Horacio,
nos nostraquc", sino porque la enfermedad que le atacó, no perdona. Su
muerte nos ha conmovido; s11 manera
de morir, su· postura, su actitud final
ante la muerte, nos ha sumido en un
caos de perplejidades. No ha sido la
suya una muerte que corona, en el
sentido de cóntinuidad ideológica, la
obra de una vida; ha sido una muerte
que nulifica la casi totalidad de la
obra de su vida. ¿Qué hacemos, ahora,
de cuanto nos dejara el eximio escritor, conferenciante y pensador? ¿Habrá que valorarle de nuevo y a traYés
de su actitud última frente a lo escatológico? ¿Habrá que buscar la explicación del misterio, como ya se insinúa, en los laberintos físicos de la arteriosclerosis? El intento de una explicación biológica no creemos descorra el velo y la confusión persiste.
Persiste en quienes fueron sus incondicionales; persiste en quienes estaban situados en la acera de enfrente...

L

N"o es nuestro propósito pergueñar
en estas breves lineas una monografía
del pensamiento filosófico de Ortega
y Gasset. Tal propósito será cumplido posteriormente, cuando el impacto baya sido asimilado, si la asimilación nos es dada. ~a intención presente se limita a destacar su partida
hacia el más allá.
Conocimos a Ortega y Gasset en la
etapa estudiantil de nuestra vida,
cuando fuimos alumnos suyos en un
cursillo especial de Metafísica. Nos
sucedía con él (a los alumnos), el mismo fenómeno de contagio que con D.
Miguel de Unamuno, aunque en grado_
no tan superlativo. Sus grandes cualidades de literato, le llevaban a abultar las ideas y los hechos hasta destacarlos como figuras de tragedia, y su
fuerza persuasiva era tal, que al escucharle nos parecía que nos estábamos
jugando a cada momento nuestro destino. Poseía la cualidad de hacer sumamente inteligible cualquier tema
que tratase, asi como un gran poder
de convencimiento. Un critico alemán comparó el estilo de Ortega a lo
que en música se designa con el nombre de "Fantasía", pues como ésta,
bordaba Ortega una rica filigrana de
pensamientos en torno a una idea. En
él se unian, de manera asombrosa, la
calma reflexión del filósofo y la lírica
suavidad del artista.
11uchos tumbos ha dado el mundo
desde aquellos tiempos en que los estudiantes estábamos divididos en orteguianos y unamunianos, ya que am-

bos eran lo más destacado de la intelectualidad española de este siglo y lo
más internacional de dicha intelectualidad. La voz de Unamuno, voz del
sentimiento trágico de la vida, se apagó serenamente, según informes fidedignos, en amable plática con un amigQ alrededor del tradicional brasero
espa1iol, privándonos del gran final de
su vida; la voz ele D. José Ortega y
Gasset ha callado también casi veinte
años después, perci de manera sensacional. Ambos se plantearon, esencialn\ente, el problema de la relación
entre la vida y la cultura, los valores
vitales :Y los valores culturales, planteamiento, desde luego, consubstancial
al español. Unamuno antepone la Yida
v los valores vitales a la cultura y a
ios valores culturales; Ortega, por su
parte, exige una vida culta también,
pero sobretodo una cultura Yital, una
cultura que tenga la vida por principio y centro, mas también como referencia final. Pero los dos espíritus

pueblo español posee un alma esencialmente mística que casi llega a determinar su distintivo racial), Ortega
se encoge de hombros y adopta una
actitud que probablemente no deba
calificarse de pagana, pero sí de un
tanto demasiado humana. Ortega acepta la vida en su huidera fluidez y no
arremete contra su temporalidad. Carece de ambiciones de eternidades.
Comentando un pasaje de Unamuno en
el que éste enfatiza como el alma mistica renuncia a los placeres porque
van deprlsa, pasan y mueren, Ortega
vuelve a encogerse de hombros y aclara: "¡Bien; razón de más para galopar
tras ellos!" Y añade: "¡Oh, sí, la mayor sabiduría es secundar esta misteriosa universal voluntad de la vida!
Aprendamos a preferir lo corruptible
a lo inmudable, la trémula mudanza
de la existencia a la esquemática y lívida eternidad. Seamos de nuestro día:
mozos al tiempo debido, y luego espectros o sombras en fuga. Lo decisivo es que llenemos hasta los bordes
la hora caminante, que seamos en el
ánfora grácil buen vino que rebose".
Después ele ésto no ·es arriesgado
afirmar que la obra total de Unamuno
está caracterizada por su proyección
sobre un plano de trasmundo, mientras que la de Ortega y Gasset se caracteriza porque toda ella está proyectada sobre un plano de vida; más
aún, sobre realidades y valores de vigente actualidad. A Unamuno no le
basta la vida presente y por eso anhela la futura; a Ortega le basta "el tiempo presente".
¿Al acercarse al final de esa "vida
-huidera" le descubrió la filosofía un
mundo que lo es de dentro, y que más
más representativos de España en lo que el mundo material que nos rodea,
que va de siglo, muestran en este pun- es el espíritu humano que tal mundo
to sus principios opuestos. Gnamuno coptempla lo esencial? Frente a la reaquiere hacer eterno lo pasajero; Orte- lidad material y tangible, ¿ descubrió
ga (¡en· aquéllos tiempos!), contentá- en el momento supremo la realidad
base con lo pasajero. Unamuno bus- del ser espiritual? ¿No había llenado
caba en la huidera fluidez de la vida hasta los bordes su "hora caminanla eternidad, la inmortalidad del alma, te"? ¿ Qué le sucedió a su "lívida eterde sú alma, la salvación de la con- nidad"? ¿ Cómo debemos interpretar
ciencia de su personalidad e11 sentido ahora aquello de "seamos poetas de la
integral. Lo que en Unamuno era existencia que saben hallar a la vida
"sentimiento trágico de la vida", o di- la rima exacta de una muerte inspicho de otra manera el eterno tema de rada"? Metamorfosis digna de estudio
la eterna vida, en Ortega era "el tema la que en el mundo de las ideas metade nuestro tiempo", o sea lo viajero físicas acusa Ortega al final de su viy temporal. Ante el mundo y la co- da... Hasta el momento de escribir esrruptibilidad de las cosas del mundo, tas lineas, su visión última nos es desUnamuno exclama: "¿Qué es ese arre- conocida, si bien parece que dicha vigosto de vivir, la joie de vivre, de que sión no fué expresada con palabras.
ahora nos hablan? El hambre de Dios, Tal vez el misterio subsista para siemla sed de eternidad, de sobrevivir, nos pre y con el misterio la confusión y
ahogará siempre ese pobre goce de la la especulación.
vida que pasa y no queda". Frente al
Mientras nos llega la luz de la reacaso místico que Unamuno represen- lidad postrera del maestro, y aunque
ta (decimos representa por cuanto el no nos llegue, entre nosotros queda .. .

�vista de Occidente" desde el año 1923?
Ortega - digámoslo bien claro- es un
espallol universal. Se podrá estar o no
estar de acuerdo con sus doctrinas
- personalmente diverjo del maestr~
espallol en no escasos puntos- , perb
lo que no se puede es regatearle su
dimensión universal, su exquisita sensibilidad, su penetrante ya gudo talento que anticipó una colección de felices intuiciones.

LA RUTA FIL□ S-□FICA .IlE
JOSE ORTEGA Y GASSET
(Conferencia)

ACE poco más de cuarenta años
-año de 1914- que José ·Ortega y Gasset invitaba a los lectores a que ensayasen, por si misnros,
"posibles maneras nuevas tle mirar las
cosas" que él solo ofrecía "modi res
considerandi", para que experimentasen si, en efecto, proporcionaban visiones fecundas y en virtud de su Ín•
tima y ·leal experiencia, probaran su
verdad o su error. ("Meditaciones del
Quijote").

H

Aceptemos la invitación de Ortega.
Aprestémonos a seguirle - vibrando
con él al unísono, si nÜs es posibleen su ágil y .brillante trayectoria . La
crítica, cuando es honrada, se ha&lt;;e sobre las huel1as, es una operación de
segundo grado.
Fué en Madrid, ~ año de 1883- ~n
donde nació José Ortega y Gassct. En
ese Madrid arcano y fascinante qu e
nos jalonea los entresijos del alma.
Ese. 'Madrid -epopeya de la alegríaen que se bebe la gracia quintaesenciada en el néctar de la ra\a 1 y qu e
baila bailes espirales. Ninguna ciudad
europea con mayor fuerza vital, con
más frenético ritmo interior Qe vida
&lt;fUC Madrid. Su gente -personificación de la picardía y de la gracia..:....
tiene perpetuamente "el aire ele estar
de vuelta". Su paisaje es exquisito, su
atmósfera clara. Velázquez no ha.,sido,
en este aspecto, mas que un realista
genial. En ese escenario de la "Villa
del Oso y del Madrollo" - que tiene
su pedagogía y su estética- vivió habitualmente, aunque con ausencias intermitentes, y murió don José Ortega
y Gasset. Me importa mucho destacar
la circunstancia matritense en la vida
de Ortega. Hasta la fecha - y hasta
donde 1legan mis conocimientos- nadie se ha detenido a considerar la deci.siva influencia - atinque fuera ambiental y extralógica- que Madrid
ejerció sobre la vida y la obra del ilustre filósofo español. ¿Cómo no pensar
en la vida madrileña al leer esas sonoras páginas orteguianas en cuya base palpita el concepto de vida ascendente, de tan inconfundible tinte matritense ?.
Con una tesis titulada "Los terrores
del afio mil" (Crítica de una Leyenda) , José Ortega y Gasset se doctoró
en la Univer sidad de Madrid. Sn bachillerato, o por lo menos ]o que • en
México hemos llamacJo estudios secundaries, ]os hizo en el colegio de los
jesuitas, en · :.\'! alaga. Es muy posible
qu e ahí tome pie su, pasión por Ja luz
y la gra cia mediterráneas. Para r ealizar es tudios de post-graduado marcha, en 1905, a tierras de Kant y de
Hegel. La solidez german a le avasalla.
Varias veces nos lo tiene di cho. c1ue
su educaci (? n deriva, fundamentalmente, de Alemania. Se confiesa deud or ,
en las cuatro quintas partes de su h aber intelectual, de esta gran nación; y
ex-alta con entusiasmo la superiorid ad
gigantesca de la ciencia Alemana (O.
C. IV, 347). El joven doctor en filosofía y letras de la Universidad de
Madrid sintió "la flecha del blondo

Pág. 2

los temas de nuestro tiemp0 y el estado de la sensibilidad vital. Discípulos
directos ele José Ortega y Gasset - para no citar sino a los más destacados- lo son: Manuel García Morente,
Xavier Zubiri, Luis Recasens Siches y
José Gaos. Pero entre las nuevas generaciones hispánicas se puede advertir, también, la inocultable huella orteguiana. Desde 1936 hasta 1!149, Ortega residió en Portugal, Holanda, Francia y Argentina. Pero Ja voz telúrica
de su España le llamó definitivamente
y ahi acabó sus dias (el 18 de Octubre
de 1955, cristianamente.
Su labor ele escritor es prodigiosa.
Aún no se. han editado, verdaderamente sus obras completas. Las que con
este nombre circulan, no incluyen escritos tan importantes como la tesis
doctora], articulos o notas publicados en 14 El Faro", en "España", en
HEJ Jmparria.l", las dos cartas a Unainuno, el mano a mano con Menéndez
P elayo, escritos políticos variÜs, cursos de conferencias dictados en varios
lugares ele España y del cxtranjern,
etc., e:tc.
Estulto seria negar el exquisito talento artístico-literario de José Ortega
y Gasset. Su prosa diúfana y elegante, salpicada de luminosas imágenes
-----CJue como lluvia de. meteorps se des:
liza mansamente-, atrae •y embriaga,
El acento imperioso y e nérgico dE
hombre que no , 1acila, mezclado con
su cortesana manera de persona bien
puest~ - corporal e intelectualmentehicieron que .José Ortega y Gassct marchara acompafiado de un séquito de
admiradores que Je Uamaron 'll\faestro" desde el primer día que irrumpió
en la escena literaria, aligerando y
perfumando su lenguaje con elegante
lujo a la vez que con acentuado mascuJinismo. Las sonoras páginas de
Ortega, salteadas de bellos y originales tropos, en donde el idioma español
mana con una ~abun4,ancia soberbia,
caminan por todas las sendas sin demostrar que existe para él limitación.
Su curiosrdad ilimitada ele sabio que
atisba y abar ca todos los nervios y ramales del collocimiento, su vigorosa
mente forjada en ]a difí cil gimnasia
filosófica, le capacitaron para tomar .
el timón y emprender el viaje - inconcluso por cierto- que García :Morente
ha denominado ."la tercera navegaCión
de la filo solia". El profesor Northrop
atribuye' a Ortega el haber intuido el
nuevo giro -de la física post-newtoniana. E n la C8mara de los Lores y en
labios ele un jnsigne hombre de Estado - que además es "oxfordman"llizo fortuna la frase de Ortega en el
sentido de ser Inglaterr a "nursen de
Europa. En los aniver sarios de la
muert e de Goeth e, llamaban al filósotirse
arrastrado
p
or
su
influjo.
Un
ínlo madrileño desde Chicago o desde
go) de mis esper anzas y casi toda
mi disciplina". Las voces intimas que · timo colaborad or del filósofo pudo de- Ham burgo, para escuchar sus agudas
da e] viento de los senos de las sel- cir que "Ortega ha siclo el mayor sus- interpretaciones y valoraciones. En
vas germáni cas, ya no las va a po- citador d e tema s". Y ]o d.ijo con r a- casi t odos los escapar ates de las lider olvidar nun ca. La cultura alema- zón, porque ]a eni grnittica y serena r e- brerí as al emanas, los libros de Ortena -"cultura el e las r ealidad es pro- tina del p ensador madril eño se impre- ga, tradu cidos al al emán, fueron siemfundas"- estará siempre presente en siona por ígual de Ja pampa, que del pre una de las principales atracciones.
su vid a, a manera de imperativo. Ca- arte de Zuloaga o de la "Estética d el ¿ Y como no recordar su imponente latedrático de Metafísica en la Universi- Tranvía" ; su pensamiento vibrátl re- bor de difusión cultural eri los pueblos
dad de Madrid desd e 1910, sus cursos gistra con precisión barométri ca todos de babia española, al frente de la "Re-

germano, meditativo y sentimental que
alienta en la zona crepuscular de mi
alma". Estudi8 en las Universidades
de Leipzig, Berlín y Márburgo. En este último centro de estudios fué disCipufo del destacado maestro neokantiano Hermano Cohen. "He pasado el
equinoccio de mi juventud: a ella debo la mitad, por Jo menos (dice refiriéndose a ]a Universidad de Marbur-

de su r etícula sensible. Las demás cosas - fenómenos, hechos, verdadesquedan fuera, ignoradas, no percibidas." Las divergencias de los puntos
de vista no implican la lalsedad de
algunos de ellos. La verdad integral
se establecería como en la geometría
descriptiva, por la yuxtaposición o
conjunción de todas las perspectivas
parciales.

ACTITUD DEL ESPECTADOR

Por el Dr. Agustín Basave Fernánde, del Valle

•

El mundo es perspectiva. "Cada vida es un punto de vista sobre el
universo". O. C., III, pág. 199-200,
"El Tema de Nuestro Tiempo"). Cada hombre tiene una misión de verdad. Donde está mi pupila no está
otra: lo que de la realidad ve mi pupila no lo ve otra. Somos insustituibles, somos necesarios". Y piensa Ortega que . la perspectiva - uno de los

constituyeron s~empre una fascinante
atracción en el mundo cultural e;spañol. Supo siempre, en terso y bello
lenguaje, despertar un vivo interés por
la filosofía . Según el testimonio de
sus discipulos, era un conferencista y
un maestro nato. Tenía, además, facultades de capitán. Bastaba oírle, verle, sentir su mirada luminosa y penetrante para tener ]a sensación de sen-

1

Sobre el rico fluír de la vida espont:inca, Ortega y Gasset abre bien clara
su pupila y contempla el majestuoso
Y abigarrado espectáculo. Y es en vano q_p e proclame la ,•ida espontánea,
lo biológico -Dyonisos y Don Juahporquc é] es en su vida - ¡oh irónica
contradicción con su teoría!- , por vocación irremediable, un pensador.
No pudo Ortega escoger un titulo
mús adecuado para suS ocho tomos de
ensayos, que el de: "El Espectador".
Porque en verdad la posición y la actitud que el maestro español asume ante la Yida humana, es ésa: la de espectador! Y ningún implícito reproche quiero lanzar con esta afirmación.
Pretendo solo, por de pronto, fijar una
manera de estar en la existencia:
¡viéndola!; llenando la mente de perspectiva s múltiples ·que reverberan los
objetos, los matices y elementos.
En torno al paisaje, ágilmente se
desplaza Ortega-espectador, integrando en una fórmula general todas sus
perspectivas. No se queda Don José
Ortega y Gasset en esos conocimientos minuciosamente concatenados - las
ciencias particulares- pero mutilados
Y sin vinculas con la realidad restante.
Tampoco se satisface - la mayoría de
las · veces- en la brillantez del ingenio, las inesperadas metáforas y la musicalidad de su prosa en que las palabras pareCen acuñarse por primera
vez. Siendo como es, un pensador profundo y auténtico, incorpora su tema
al hontanar común, "en donde todos
toman su sentido y adquieren su jerar,quía".
TRAYECTORIA FILOSOFICA
DE ORTEGA

,

Para descubrir el mundo en su ver- componentes de la realidad- no dedad , Ortega (que es un contemplativo) forma el mundo, sino que lo organiza.
arranca desde su punto de vista indi- "Desde distintos puntos de vista, dos
vidual, porque otra cosa le parecería hombres miran el mismo paisaje. Sin
un artificio. El mundo es un .h orizon- embargo, no ven lo mismo. La distinte cuyo centro es el hombre concreto. ta situación hace que el paisaje se or"El hecho radical, el hecho de todos ganice ante ambos de distinta IIlanera.
los hechos - escribe Ortega- es la vi- Lo que para uno ocupa el ·primer térda ele cada cual. Toda otra realidad mino y acusa con vigor todos sus deque no sea mi vida es una realidad talles, para el otro se halla en el últisecundaria, virtual, interior a mi vida, . mo y queda oscuro o borroso. Además,
y qu e en esta tiene su raíz y su hon- como las cosas puestas unas detrás de
tanar. Ahora bien: mi vida consiste otrn_s se ocultan en todo o en parle,
en que yo me encuentro forzado a cada uno de ellos percibirá porcioexistir en una circunstancia determi- nes de] paisaje que al otro no llegan.
nada. Se vive aqui y ahora. La vida ¿Tendría sentido que cada cual declaes absoluta actualidad". (Introducción rase falso el paisaje ajeno? Evidentea las Obras Completas. Tercera edi- mente, no; tan real es el uno como
ción, pág. IX). No hay que extrañarse el otro. Pero tampoco tendría sentido
de que este vitalismo aparezca · como que, puestos de acuerdo, en vista de
una nueva y sutil versión del idealis- no coincidir sus Paisajes, los juzgasen
mo. Recordemos que la primera for- ilusorios. Esto supondría• que hay un
mación de Ortega fué neokanliana.
paisaje auténtico, el cual no se halla
El mismo Ortega s e declaró preso sometido a ]as mismas condiciones que
del idealismo kantiano por espacio de los otros dos. Ahora bien: ese paisaje
diez años. Después cree evadirse del arquetipo no exite ni puede existir.
idea1ismo kantiano por siempre y opo- La realidad cósmica es tal, que solo
ne con fuerte ademán el vitalismo puede ser vista bajo una determinada
pragm3.tico a la razón. La verdadera perspectiva ..... Todo conocimiento lo
r ealidad primaria no es el yo sin las es desde un punto de ,•ista determicosas ni las cosas sin el yo, sino el yo nado. La "specie aeternitatis" de ' Epi,con las cosas, haciéndose con ellas. noza, el punto de ,•ista ubicuo, absoPorque la vida - quehacer dínámicoluto, no existe propiamente : es un
es lo que hacemos y nos pasa. "Yo punto de , vista ficticio y abstracto ..."
·soy yo y mi circunstancia", dijo Orte- (O . C., III, p. 199, "El Tema de nuesga desde su primer libro (1914). La tro Tiempo"). De la infinitud de eler ealidad que me circunda "forma la mentos que integran 1a realidad, el in-otra mitad de mi persona". Reabsor- dividuo, aparato receptor, deja pasar
vcr la circunstancia es el destino con- un cierto número de ellos, cuya forma
-creto de cada quien.
y contenido coinciden con las mallas

El imperio de la razón pura - según
Ortega- ha cesll'.do. Entramos ahora
a la era de la razón vital. Porque la
razón es, debe ser, tan solo una forma y función de la ,•ida. "El tema de
nuestro tiempo· - escribe Ortegaconsiste en someter la razón a la vitalidad, localizarla dentro de Jo biológico, supeditarla a lo espontáneo".
Aunque el meditador del Escorial mmca llegó a precisar el significado de
la razón vita], parece entender por ella
una razón abierta a la realidad e ínsita en la vida. Posteriormente nos
dirá que la razón vital es constítuti•
vamente razón histórica. Y de la razón histórica "esperamos la aclaración
de la realidad humana y con ello de
qué es lo bueno, qué es lo malo, qué
es lo mejor y que es Jo peor". Esta
razón histórica no aclarara los hechos
sino solo los mostrará. Verá al individuo "en su propio e instantilneo hoy,
actuando y viviente, el escorzo de todo el pasado humano". Para comprender algo humano es preciso contar una
historia porque, en suma, "el hombre
no tiene naturaleza sino historia". El
hombre no tiene naturaleza porque no
es una cosa y por ello "lo humano se
escapa a ]a razón físico-matemática,
como el agua por una canastilla .....
El hombre no es cosa ninguna, sino
un drama su vida, un puro universal
acontecimiento que acontece a cada
cual y en qu e cada cual no es a su
vez, sino acontecimiento". En esta ilimitada plasticidad, el bombre no es
de suyo nada, sino mera potencia para ser "como usted quiera". Literal-

mente dice José Ortega y Gasset, "Yo
oso afirmar: que el hombre se hace a
si mismo en vista de la circunstancia,
que es un Dios de ocasión". (Véase
su ensayo 'Historia como Sistema").
Nacemos en cierto nivel histórico y
vivimos desde una altura determinada
de los tiempos. A diferencia del tigre,
que estrena su ser tigresco, el hombre
es heredero de un pasado que le condiciona su ser y le posibilita. Por ello,
"para comprender algo humano, personal o colectivo, es preciso contar
una historia." Y la historia tiene, en
las generaciones, su estructura precisa. Pero, ¿ qué son las generaciones?
"Una generación -define Ortega- es
una zona de quince allos durante la
cual una cierta forma de vida fue vigente. La generación sería, pues, la
unidad concreta de la auténtica cronologia histórica, o, dicho en otra forma, que la historia camina y procede
por generaciones. Ahora se comprende en que consiste la afinidad verdadera entre los hombres de una generación. La afinidad no procede tanto
ele ellos como de verse ob1igados a vi,•ir en un mundo que tiene una forma
determinada y única". (O. C., VI, p .
3ít). Este repertorio de ideas, creencias, problemas y usos tiene, según Ortega, una duración o estabilidad de
qince años. Por las generaciones se
articulan las épocas hístóricas. Hay
generaciones ordinarias y hay generaciones extraordinarias que introducen
un cambio decisivo en ]a historia.
La vida es, por esencia, existencia
individual, soledad . Para Ortega lo
social, originado en la convivencia, es
vida mostrenca, comunal, tópica. Las
acciones sociales no son queridas por
]a p'ersona, ni muchas veces entendidas. Se ejecutan de manera mecánica, impersonal. Lo interindividual es
otra forma de la convivencia. Trátase
de las relaciones entre las personas en
cuanto tales: amor, amistad, etc. Los
usos, impuestos por "la gente", hacen que lo social se convierta en algo
desalmado, mecanizado, mineralizado.
Sin embargo, gracias a los usos podernos preveer la conducta de ]os otros
y casi convivir con los extraños. Además, posibilitan el progreso y la historia. La sociedad es siempre problemática porque nunca existe de un modo estable. Esta inestabilidad radica
en la coexistencia de instintos sociales y antisociales en el hombre.
La realidad auténtica y radical -en
el sentido de que en ella radican todas
las otras realidades- es la vida humana. l\li vida, toda vida, e"s proyecto
vital, faena poética. Somos, en cierto
sentido, novelistas de nuestras propias
vidas porque tenemos que imaginar o
crear el personaje que pretendemos ser.
Porque la vida, aunque me es dada,
no me es dada hecha. La vida es ocupación, pero antes pre-ocupación. El
hombre " va siendo" y "des-siendo"
- vi viendo- . Va 3cumulanclo ser - el
pasado- : se va haciendo un ser en la
serie dialéctica de sus experiencias ...
El hombre es lo que le ha pasado, lo
que ba hecho ..... Ese peregrino del ser,
ese sustancial emigrante, es el hombre" (O. C., p. 35-41 , ' 1Historia como
Sistema").
En cada in·stante tengo que decidir
- el egir- lo que voy a hacer - y fODsiguientemente a ser- en el siguiente.
En est3 forzosa elección entre las posibilidades que se me dan, radica la
libertad. "Ser libre quiere decir - para Ortega- carecer de identidad constitutiva, no estar adscrito a un ser determinado, poder ser otro del que se
era y no poder instalarse de una vez
y para siempre en ningún ser deter~
minado." No hay libertad para renunctar a la libertad, ocúrresenos decir
interpretando la doctrina orteguiana ...
Toda criatura humana tiene el deber
esencial de ser, de ser plenamente, integramente lo que es. "Se el que

Pág. 3

•

�•

,
eres"·!, repite emocionado con Pindaro
y Fichte. Con inocultable empirismo
sostiene que lo bueno en un hombre
es malo en otro, porque "cada individuo, tiene su decencia intransferible
y personal, su repertorio ideal de acciones y gestos debidos". En sus "Mocedades" sintió el influjo de Renán y
habló del convencionalismo de la moral, porque "lo sincero, lo espontáneo
en el hambre es, sin disputa, el gorila".
. El triunfo del instinto sobre la razón
es evidente cuando se analizan frases
como esta: "la vida no tiene sentido
si no es como una aspir3ción de no
renunciM' a nada". Esta moral existencial y deportiva que propugna por
una religiosa docilidad a la vida y ,entroniza los obscuros instintos vitales,
nos hace recordar, insoslayablemente,
a Zaratustra y su tabla de valores invertida. No obstante, llegará un momento, -"La Rebelión de las Masas"en que José Ortega y Gasset se quejará amargamente del primitivo que
no se somete a normas morales ni reconoce instancias superiores. Después
de singular análisis diagllostica un tremendo mal que cava la entraña mismá
de la civilización europea: el inmoralismo. Ese hombre anárquico, violento, súbdito de sus caprichos que nada
se exige a si mismo porque no se valora, es el hombre-masa. "Sin mandamientos · que nos obliguen a vivir de
un cierto modo, queda nuestra vida
en pura disjionibilidad. Esta es la horrible situación íntima en que se encuentran ya las juventudes mejores del
mundo: de puro sentirse libres, exentas de trabas, se sienten vacías. Una
vida en disponibilidad es máyor negación de si misma que la muerte ......
Europa se ha quedado sin moralr.
En 1940 sale a la luz pública el libro de Ortega: "Ideas y Creencias".
Nuestra vida auténtica y real está en
nuestras creencias. El holnbre es ra-:
dicalmente crédlllo; éste es el estrato
más profundo de su existencia. Pero
cuando las dudas toman lugar en nuestro ser, las "ideas-ocurrencias" llenan el hueco "fantaseando, inventando
mundos". Lo verdadero y lo científico no son más que fantasías· exactas.
El conocimiento objetivo es imposible
y el pesimismo escéptico es palpable:
"encontrarse viviendo es encontrarse
irre,,ocablemente sumergido en lo
enigmático. A este primario y pre-intelectual enigma reacciona el hombre
haciendo funcionar ·su aparato intelectual, que es, sobre todo, imaginación. Crea el mundo matemático, el
mundo físico, el mundo religioso, moral, político y poético". La tesis es
muy amarga. ¡Todo!, inclusive lo que
se sabe y se siente más sagrado como
la religión, es solo ilusoria ficción.
Son tan fuertes los resabios idealistas
germanos que todavía en esta última
obra filosófica -Ideas y Creenciasestán patentes y actuantes. Las creencias constituyen el continente de nuestra vida. "Cabe decir -apunta Ortega- que no son ideas que tenemos,
sino ideas que sQmos. Mientras que
nuestra relación con las ideas es un
mtco tenerlas, las creencias son nues1,-,) mundo y nuestro ser. (O. C., T. V,
. 380) .

tre la ignorancia y el saber, el ser humano aspira a una , certidumbre radí•
cal: la filosofia. No le basta tener muchas otras certidumbres; desearía poseer una instancia suprema que no suPonga otras instancias o verdades.
Mientras que las ciencias son parciales y dependientes de supuestos previos, la filosofía es, en sentido orteguiano, una certidumbre autónoma y
universal hecha por el hombre-nitufrago para saber a que atenerse en su vida. ("Apuntes sobre el pensamiento".
o. c., v. p. 513-542).
, ,
"Lo único que el lrombte ' !ilCmpt;e
tiene es la necesidad de pensar, porque más O menos está siempre en alguna duda. Los modos de satisfacer
esa necesidad - se entiende, de intentar satisfacerla, lo que podemos llamar técnicas, estrategias o métodos del
pensar-, son, en principio, innumerables, pero ninguno le es regalado .....
Tal vez no hay injusticia mayor que
atribuir a la "naturaleza" humana
-naturaleza es el conjunto de lo que
nos es regalado y poseemos a nativitate- el inmenso repertorio de procedimientos intelectuales que el pobre
ente llamado "hombre" ha tenido que
agenciarse con tenaz esfuerzo para intentar extraerse a si mismo del enigmático pozo en que cayó al existir.
(".Apuntes sobre el Pensamiento", O.
C., p. 526, T. V).
ORTEGA ENSAYISTA
Como ensayista, Ortega es imponente, magistral. El ensayo -ha dicho alguna vez Ortega- es el tratado menos
la prueba. Quiérese, indicar, con esta
donosa frase, la libertad mental y estilistica del ensayista.
Bástenos, como muestras de los ensayos orteguianos, estos tres botones:
1) LA DESHUMANIZACION DEL

¡COMO NACE LA FILOSOFIA?
( onocer es una de tantas cosas que
el hombre hace. ¿Por qué y para qué
conoce el hombre? La vida -siempre
problemática- es inseguridad, naufragio, dice Ortega. En esta radical inseguridad1 el hombre busca una certitumbre. Quiere saber a que atenerse.
Cuando le falla el primigenio suelo de
sus creencias, busca pensamientos que
le sostengan. Antes de producir estas
"mentefacturas" (pensamientos), está
en la creencia de que las cosas tienen
un ser y de que son cognoscibles para el hombre. Moviéndose siempre en-

Pág. 4

ARTE. Encuentra Ortega que el arte
nuevo es antipopular por esencia porque la masa no lo entiende y no puede por tanto gustar de él. Y es que
los resortes de este arte joven, no son
los genéricamente huma~os; las nuevas obras artisticas no le invitan a
apasionarse y a intervenir sentimentalmente y le dejan sin papel. Según
el autor madrileño, el objeto artístico

Estultamente se cree en nuestros
solo es artístico en tanto que no es
real,. "La mayoría de la gente es in- dias, por el vulgo y los pro'fesionistas
capaz de acomodar su intención al vi- miopes, que la cultura es solo un dedrio y transparencia que es la obra d; leite ornamental, superfluo y accesoarte: en vez de esto, pasa al través rio. Esta es la causa de que la vida
de ella sin fijarse y va a revolcarse sea un caos, y que el hombre se conapasionadamente en la realidad hu- funda, naufrague y se pierda ... El promana que en la obra está aludida. Si f esionista actual es más técnico y sase le invita a soltar esta presa y a de- bio, en su especialidad, que el de la
tener la atención sobre la obra misma Edad Media, pero también es más inde arte, dír:i que no ve en ella nada, cu1to. Es el nuevo "bárbaro" que no
porque en efecto, no ve en eUa cosas ensambla su ciencia con el resto de
humanas, sino solo transparencias ar- la realidad y que se ha c¡uedado abajo
tísticas, puras virtualidades". Desde del nivel de su siglo.
Beethoven hasta Wagner el tema de la
Una Universidad auténtica debe emmúsica fué canfesional o autobiográfi- pezar por transmitir cultura; después,
co. Era un arte impuro en Que el ar• · por enseñar las profesiones y, por últista contaminaba sus pasiones. El ar- itimo, como actividades meta-universitista actual -según el diagnóstico del 1lari1s, por establecer centros de dispensador español- siente asco de este cusión, laboratorios, seminarios. Con
contagio psíquico, porque quiere hacer la acostumbrada perspicacia en su videl placer estético no un placer in- sión, Ortega y Gasset nos previene de
consciente, sino un placer inteligente. confundir tres cosas que son de sobra
Y concluye Ortega afirmando: "Se di- diferentes: cultura, ciencia y proferá que el arte nuevo no ha producido sión intelectual. "Ciencia· es solo inhasta ahora: nada que merezca la pena vestigación: plantearse problemas, tray yo ando muy cerca de pensar lo mis- bajar en resolverlos y llegar a una somo..... ¡ Quien sabe lo 'que dará de si lución. En cuanto se ha arribado a
este naciente estilo! La empresa que ésta, todo lo demás que con esta soluacomete es fabulosa -quiere crear de ción se haga ya no es ciencia. Por
la nada-. Yo espe~o que más adelan- eso no es ciencia aprender una ciente se contente con menos y acierte cia ni enseñarla, como no lo es usarla
más".
ni aplicarla". De este aserto se in2) MISION DE LA UNIVERSIDAD. fiere, · facilinente, q\1e el verdadero
)lás que de artificiales sistemas peda- científico - como no sea también un
gógicos, la Universidad se nutre del maestro- debe quedar en el laboraáire pllblico de su nación y de sus gen- torio y no en la Univer~idad.
3) LA PAMPA.- PROMESAS.- EL
te~.
HOMBRE
A LA DEFENSIVA. NorteLa barbarie del especialismo excluamérica e Hispanoamérica han sido
sivista, las pretensiones infatuadas del
objeto de los cargos eufemísticos de
"cientificismo", y la falta de una in•
Ortega, cuando no de sus directas inlegración vital de conocimientos, que
vectivas: "Como los americanos pare1
se ha enseñoreado de 1as universidades de nuestro tiempo, motivaron las cen andar con prisa para considerarse
los amos del mundo, conviene decir:
sutiles disquisiciones y las enérgicas
protestas que Ortega lanzó desde el "¡Jóvenes, todavía no! Aú.n teneis
mucho que esperar y mucho, mucho
más que hacer. El dominio del mundo no se regala ni se hereda. Vosotros habéis hecho por él muy po. co aún ... América no ha empezado aún
su "Historia Univerifll". No creemos
que estas mismas palabras escritas por
Don José en 1930, fuesen suscritas por
él poco antes de su muerte.
Ve Ortega en los hispano-aqiericanos, una espléndida dosis de fuerza
vital, pero a la vez sospecha que carecen por completo de disciplina interna, de rigor mental. "La juventud
argentina que conozco me inspira
-¿por qué no decirlo- más esperanza que confianza". Encuentra en las
revistas argentinas demasiado énfasis
y poca precisiQn. "El americano, amigo mío -por razones que no es ocasión ahora enunciar-, propende al
narcisismo y a lo que ustedes llaman
parada. Al mirar las cosas, no abandona sobre éstas la mirada sino que
tiende a usar de ellas como de un espejo donde contemplarse". Con implacable escalpelo, continúa el maestro español haciendo nuestra disección
psicológica, descubriendo que somos
más sensibles que precisos, y mientras
así sea, seguiremos dependiendo de
Europa. Adolecemos de vaguedad y de
falta de criterio certero, firme, seguro
de si mismo, que solo mediante rigurosas disciplinas se obtiene.
Casi todas las disquisiciones orteguianas sobr~ Hispano-América, se refieren de una manera: directa a la Argentina -pueblo con el que ha tenido mayor contacto personal- y sólo
por generalización -por cierto poco
feliz- al resto de las naciones iberoamericanas. Lo erróneo es la traspoParaninfo universitario de Granada.
Cuando el Medioevo da a luz la Uni- sición Sin reservas de los rasgos arversidad, ésta poco se ocupa de profe- gentinos a los restantes pueblos del
siones y especialidades y 'todo es en- Continente. Le faltó al pensador matonces "cultura": Teología, Film~ofía, drileño conocer las genuinas culturas
artes. Pero cultura no era. entonces, mestizas: México, Perú, Colombia, Las
a juicio de nadie, un mero ornamen- Antillas.
Exageradas y esquemáticas, las adito; sino un sistema vital de ideas sobre
el hombre, la socieáad y el universo, vinaciones de Ortega no dejan de ser,
en ocasiones, certeras. El argentino
que orientaba y dirigía la existencia.

-piensa Don José- es un hombre a
la defensiva, un hombre que tiene fabricada expresamente para el uso externo UQ_a máscara que sustrae su intimidad. Cuando se charla con entera
sinceridad con un argentino, éste resbala . sobre el · lema y parece decir:
"Aquí lo importante no es eso, sino
que se haga usted bien cargo de que
yo soy nada menos que el redactor
jefe del importante periódico X", o
bien: ¡ Tenga usted cuidado! Está usted ignorando u olvidando qne yo soy
una de las priineras figuras de la juventud dorada que triunfa sobre la elegante sociedad porteña. Tengo fama
de ingenioso y· no estoy dispuesto a
que usted lo desconozca".
Es una lástima que al agudo talento
ele Ortega haya escapado la peculiaridad fisonómica de América, evidenciada en una serie de rasgos insolayables del hombre de Hispano-América:
a) arraigo en lo telúrico; b) disposición innata hacia la belleza y preocupación estética; c) dualidad violenta y dramátita entre lo primitivo
y lo re{inado; d) tendencia hacia el
pragmatismo filosófico; e) gozosa melancolía fatalista; 1) rápida y vibrante capacidad emocional; g) un especial
y exclusivo sentido del humor que, de
punzante, llega a burlarse y reírse de
si mismo. Con todos estos ingredientes se formará nuestra cultura; una
cu~tura más abierta que la europea
-más -liberal, en el sentido primario
de la palabra- y en consecuencia más
capaz de arribar a planos de sínte~is
uni,,ersal con aire más llevadero y alegre. Falta les hace a los europeos el
oxigenarse en paises virgenes y el rebautizarse en la naturaleza. Tenemos
en el fondo un conocimiento menos intelectual y silogístico que el de elJos,
pero más directo y más poético.
ESTILO ORTEGUIANO
Con su acostumbrada elegancia mental, ha dicho Ortega que "la cortesía
del filósofo es la claridad". En sus
primeras lineas del prólogo a sus ''Me.
dilaciones del Quijote", de 1914, se
consideró -no en Yano- como un
profesor de filosofia in partibus infidclium", practicando, por eso, la "estrategcma" de "seducir hacia los problemas filosóücos con medios liricos" .
Y es que Ortega tuvo, desde ·el primer
momento, el tacto y la vocación magistral de acomodarse a su circunstancia, suministrando la porción de filosofía que sus lectores podían recoger
por el momento. Huyendo de los neolqgismos, nuestro filósofo ha cargado
de significación filosófica las expresiones usuales del idioma. Su pensar
tiene un estilo 'perspectivi$ta" o "circunstancial" que procede más por ocurrencias sueltas -apunta Nicol- que
con mé~odo teórico. Baraja un gran
número de ideas y de temas, insistiendo, en cada uno de ellos, como si fuera el decisivo, el principal, el único valedero. A veces adopta un tono profético, Otras huye elegantemente del
problema, prometiendo -y casi nunca cumpliendo- nueYos libros en que
abordará el problema que soslaya. Muchas ocasiones· incluye en libros que
tienen la pretensión de ser de rigurosa filosofía, confesiones que tendrían
mejor cabida en ull anecdotario literario. Con todo, su estilo seduce y solaza, maravilla y embriaga.
·
ES PRECISO TOMAR POSICION ANTE
EL PENSAMIENTO ORTEGUIANO
Después de haber trazado Jan lineas
fundamentales de la filosofía de José
Ortega y Gasset, después de haber 'revivido sus problemas y habernos puesto en comunión viviente con su estilo
mental, sentimos la urgencia de reac~
cionar criticamente ante su obra. No

podemos confinarnos en la miserable
situación de un puro historicismo que
se limitase a la pura historia o a la
pura literatura de la filosofia orteguiana. Es Ortega mismo quien nos invita
a ensayar, por nosotros mismos, su
nueva manera de mirar las cos"as y
probar, por nuestra íntima y leal experiencia, su verdad o su errOr. Y nosotros hemos decidido, desde el principio, aceptar su invitación. Otra cosa nos pareceria indigna.
Permitasenos, pues apuntar las siguientes observaciones críticas:
1) No cabe pensar un ser que esté
absoJutamente desligado de la vida de
cada cual. Si es posible pensarlo es
porque el ligamen existe. Pero de esto no se infiére que los seres o valores se con(undan con mi vida, ni se
circunscriban a su horizonte. 'Fuera
de nuestro conocimiento y aún en posible desacuerdo con él, existe un
mundo de entes y de valores. Reducir
todo a términos de vida humana, es
recaer en idealismo. Testimonio de la
extravasación del ser y los valores,
respecto a nuestra conciencia vital,
nos Jo suministra la misma, en la '~docta ignorancia' ', el olvido, la duda y el
error. De est~s limitaciones se puede
percatar el mismo sujeto que las sufra o un tercero que las advierta.
2) Conforme al perspectivismo, el
"punto de Vista" selecciona pero no
deforma la realidad. Luego todos los
sistemas que han venido sucediéndose
sobre el mundo son igualmente verdaderos ("puntos de vista"). Si todas las
filosofías son meras perspectivas -sin
nada absoluto- entone.es también sera una mera perspectiva la teoría orteguiana del perspectivismo. ¿Por qué
se empeña Ortega -se pregunta Roig
Gironellaen imponernos lo bien
fundado de su mirador? Si ha defendido el relativismo del punto de vista,
¿como justifica el absolutismo en sus
conclusiones? "Dios es también -para Ortega- un punto de vista". Lo
que la razón y la historia han proclamado siempre como "ens fundamentale", como absoluto, es ahora diluido
en el caos agnosticista del "punto de
vista".
1 3) ~efinir la vida ya no como el
punto de arranque, sino como valor
supremo, es el error esencial de todo
\'italismo. La vida de cada cual es un
elemento parcia] y subordinado de la
realidad. Como torrente de ciega energía carece de sentido por ausencia teleológica. Solo al servicio de un valor que la incite y la guíe, cobra la
vida contenido y plenitud.
La vitalidad en si misma -como
existencia vegetativa- no tiene polaridad moral, no es buena ni mala. Por
eso no cabe decir, sin más, que es menester desconsagrar a la cultllra y _con-

sagrar nuevamente a la vida. El valor
de la vida es subalterno, instrumental.
Contra la proclamación de la vida-fin
(de si misma), procla'mamos la vidamedio. Quitar de la vida el Bien, es
vaciarla de su contenido y reducirla
a la inconciencia. La rica variedad
del "Cosmos" queda desarticulada en
una fuerza vital carente de sentido.
Además de las cualidades sensibles y
de las relaciones ideales, hay en la
realidad una no indiferencia, una estimación o menosprecio, una búsqueda anhelante de bienes que conduzcan
al Bien Absoluto. Yo no comprendo
una vida que se limite simplemente
a vivir - como ostión en su conchasin trascender . . Vivir es extravertirse
en ]a plenaria realidad del mundo circundante, para recogerla e inC.orporarJa al microcosmos. La vida es ofrenda, es misión para ·algo meta-vital.
4) · Si a mi vida - siempre contingente- la convierto en la realidad radical que da razón de toda realidad,
solo podré englobar lo experimental,
lo relativo y lo inmanente. ¿Como dar
razón, con este vitalismo inmanentist-a, de lo que está fuera de mi vida, de
lo que la trasciende? La razón vital,
que se atiene a las circunstancias para
vivfr, no Puede ser la forma superior
del saber, sino a lo más una "ancilla
vitae".
Tal vez el destino de Ortega haya
sido el de un gran "culturaJista" siempre atento a la última teoria científica
europea o al libro inquietante recién
salido a la luz •p ublica. Con una prosa
deliciosamente musical, cargada de relumbres poéticos, supo siempre apuntar oportunamente una corrección,
un nuevo punto de vista, una precisión complementaria, una consecuencia inadvertida, una contrastación, o
un primoroso an:i1isis psicológico. En
sus manos, cualquier tema adquiere
un gusto y un color inconfundibles.
Esto 10 reconocemos todos. Y el acento personal de Ortega no está tan solo
en el estilo, como lo ha sabido ver
Iriarte, sino en el contenido. "Es Ortega - ha dicho el Dr. Díaz Blanco en
simil ' feliz- un formidable ojeador
(Yenator) de liebres filosóficas. A cada paso saltan, sorprendidas en sus
escritos, pero el escritor no las sigue,
se contena con levantarlas; entonces
hace una pirueta y pasa a otra cosa,
a buscar otra liebre, a veces con gran
desesperación del lector, que se regocijab~ creyendo iba a cobrar pieza".
Hasta los más intimas colaboradores
de Ortega, -recordemos a Fernando
Vela- después de advertir que su
maestro ha sido el mayor suscítador
de temas, reconocen que también es el
que ha asesinado más. "Los ha sacado, nos los ha mostrado en alto, refulgentes, nos ha encalabrinado, para

escamotearlos en seguida, cuando apenas habíamos podido diistinguir algo
más que su brillo". (Fernando Vela.
"Prólogo-Conversación a "Goethe desde dentro".).
Ortega anticipó una buena porción
de las ideas existencialistas actuales.
Pero sus anticipaciones se quedaron
en fugaces adivinaciones que no germinaron en cuerpo de doctrina, en
atisbos que no se articularon metafisí-camente.
LA MUERTE DE ORTEGA
Mucho se ha hablado del ateísmo orteguiano. Por mi parte -y así lo acabo de afirmar en la prensa-- nunca
pude creer en ese supuesto ateísmo.
Dejé vo1ar mi intuición y tal vez descubri que Ortega era como un pagano
oriental que creía siempre en Dio~,
pero no le gustaba decirlo, por temor
de que no se le comprendiera. S.u exquisita sensibilidad se pasmaba ante
la belleza de este universo, ante la habilidad artística de Ias mil cosas de
esta creación, ante el misterio de las
estrellas, ante la grandeza del cielo y,
sobre todo, anle la dignidad del alma
humana. Dije entonces (1950) - Y hoy
me complazco en recordarlo-: 'No
puedo creer en el ateísmo oculto que
palpita en José Ortega y Gasset, como
lo pretende el padre José Sánchez ViBasefior. Cree Ortega en Dios creador,·
pero no ha logrado alln extravertir su
creencia que tiene un sentido confidencial..." Hace unos días los periódicos lanzaron la noticia -para nosotros
jubilosa- de que Ortega Gasset murió
confortado con los auxilios de la Iglesia Católica. El padre Felix Garcia tuvo la dicha de recibir la confesión de
José Ortega y Gasset y de absolverle
de sus pecados. Mejor manera de morir no cabe para un hombre, máxime
si es hijo ele la Comunidad Católica
de Pueblos Hispanolocuentes.
,
Quisiera que es~a conferencia pusiese de manifiesto mi nueva actitud ante la obra del ilustre , recien desaparecido. Hace más de cinco años me
sentí impulsado a escribir, con todo
el ardor polémico de la juventud, un
libro - prologado por Vasconcelosque titulé: "Miguel de Unamuno y José Ortega y Gasset" - Un Bosquejo Va1orativo- . El tiempo, que todo lo serena, me ha hecho comprender los exces'os de mi ánimo polémico. Sin renunciar a la gran mayoría de las ideasmadrcs, que en aquel entonces orientaron mi crítica, hoy -en caso de hacer una segunda edición- escribiria
con otro tono y con nuevos propósitos. Dicho sea esto con absoluta honradez y con clara _intención de dejar
una constancia pública. Así lo hice en
la prensa y así lo hago hoy en esta disertación. ¡Que conste!
Ortega murió como cirstiano. Y para el cristiano, la muerte es como un
viaje a la eternidad. Con la muerte
acaba la peregrinación del hombre sobre esta hospedería que se llama tierra. Con la muerte concluye el tiempo
para arrepentirse y para merecer. El
alma, al abandonar el cuerpo, se inmoviliza en el estado de gracia o de
culpa en el que le sorprendió la muerte .
Cuando Ortega se sintió acosado por
la muerte y se concentró en el fondo
de su desamparo ontológico y en el
abismo de sus extravíos pasados, sintió emerger - supongámoslo así- un
incontenible afán de plenitud subsistencial. Ortega cristiano se volvió hacia el Consolador de los afligidos y se
echó, confiado, en sus brazos misericordiosos. La esperanza debe haber
brillado en sus ojos. Como Job y como
Don Quijote, bien pudo haber dich9:
''Post tenebras, spero lucem", después
de las tinieblas, espero la luz. A nosotros nos quedan los relumbres incitativos de su obra rubricada, definitivamente, con su cristiana muerte.

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�Misión de la Universidad,
{Fragmento)
Por José ORTEGA Y GASSET

¿Cuál es la misión de la Universidad? A fin de averiguarlo,
fijémonos .en lo que de hecho significa hoy la Universidad, den•
tro y fuera de España. Cualesquiera sean las diferencias de ran•
go entre ellas, todas las Universidades europeas ostentan una fi.
sonomía que en sus caracteres generales es homogénea.
Encontramos, por lo pronto, que la
Unh'ersidad es la institución donde
reciben la enseñanza superior casi todos los que en cada país la reciben.
El "casi" alude a las Escuelas Espe-

ciales, cuya existencia, aparte de la
Universidad, daría ocasión a un problema también aparte. Hecha esta salvedad, podemos borrar el "Casi" y
quedarnos con que en la Universidad

reciben la enseñanza superior todos
los que la reciben. Pero entonces caemos en la cuenta de otra limitación
más importante que la de las Escuelas
Especiales. Todos los que reciben en-

señanza superior no son todos los que
podían y dé'bían recibirla, son sólo

dancia ciencia, Se haría preferentemente en la UniYersidad, como acontece, más o menos, en los ·otros países.
Sirva este punto de ejemplo para que
no sea necesario repetir Jo mismo a
cada paso: el terco retraso de España
en todas las actividades intelectuales,
trae consigo que aparezca aqui en. estarlo germinal o de mera tendencia lo
que en otras partes vive ya con pleno
desarrollo. Para el planteamiento radical del asunto universitario, que
ahora ensayo, esas diferencias de grado en la evolución son indiferentes.
Me basta con el hecho de que todas
las r(,':formas de los últimos años acusan deciilidamente · el propósito de
acrecer en nuestras Universidades el
trabajo de investigación y la labor
eductidora de científicos, de orientar

los hijos de clases acomodadas. La
Universidad significa un privilegio difícilmente justificable y sostenible. Tema: los obreros en la Universidad. la institución entera en este sentido.
Quede intacto. Por dos razones: Pri- No se me estorbe el andar con objemera, si se cree debido, como yo creo, ciones triviales o de mala fe. Es de
llevar al obrero al saber universitario sobra notorio que nuestros profesores
es porque éste se considera valioso y mejores, los que más influyen en el
deseable. El problema de universalizar proceso de las reformas universitarias,
la Universidad supon-e, en con~ecuen- piensan que nuestro Instituto debe
cia, la previa determinación de lo que emparejarse en este punto con lo que
sea ese saber y 1ese enseñanza univer- hasta hoy venían haciendo los extransitarios. Segunda, la tarea de hacer jeros. Con esto me basta.
porosa la Universidad al obrero es en
mínima parte cuestión de la UniversiLa enseñanza superior consiste,
dad y es casi totalme,nte cuestión del pues, en profesionalismo e investigaEstado. Sólo una gran reforma de éste cion. Sin afrontar ahora el tema, anohará efectiva aquélla. Fracaso de to- temos de paso nuestra sorpresa al ver
dos los intentos hasta ahora hechos, juntas y fundidas dos tareas tan discomo "extensión universitaria", etc:
pares. Porque no hay duda: ser abogado, juez, médico, boticario, profesor
Lo importante ahora es dejar bien de latín o de historia en un Instituto
subrayado que en la Universidad re- de Segunda Enseñanza, son cosas muy
ciben la enseñanza superior todos los diferentes de ser jurista, fisiólogo, bioque hoy ]a reciben. Si mañana la re- químico, filólogo, etc. Aquéllos son
ciben mayor número que hoy, tanta nombres de profesiones prácticas, ésmás fuerza tendrán los razonamientos tos son nombres de ejercicios puramente cientifícos. Por otra parte, la
que siguen.
sociedad necesita muchos médicos,
¿En qué consiste esa enseñanza su- farmacéuticos, pedagogos; pero sólo
perior ofrecida en la Universidad a necesita un número reducido de cienla legión inmensa de los jóvenes? En tíficos. Si necesitase verdaderamente
muchos de éstos sería catastrófico,
dos cosas:
porque la vocación para la ciencia es
A) La enseñanza de las profesiones especialísima e infrecuente. Sorprende, pues, que aparezcan fundidas la
intelectuales.
enseñanza profesional, que es para toB) La investigación científica y la dos, y la investigación, que es para
preparación de futuros investigadores. poquísimos. Pero quede la cuestión
quieta hasta dentro de unos minutos.
La Universidad enseña a ser médi- ¿No es la enseñanza superior más que
co, farmacéutico, abogado, juez, nota- profesionalismo e investigación? A
rio, economista, administrador públi- simp]e vista no descubrimos otra cosa.
co, profesor de ciencias y de letras en No obstante, si tomamos la lupa y escrutamos los planes de enseñanza nos
la segunda enseñanza, etc.
encontramos con que casi siempre se
Además, en la Universidad se cul- exiae al estudiante, sobre su aprendib
b .
tiva la ciencia misma, se investiga y zaje profesional y lo que tra aie en
se enseña a ello. En España esta fun- la investigación, la asistencia a un curción creadora de ciencia y promotora so de carácter general-Filosofía, Hisde científicos está alln reducida al mí- toria.
nimum, pero no por defecto de la UniNo hace falta aguzar mucho la puversidad, como tal, no por creer ella
qtie no es su misión, sino por la no- pila para reconocer en esta exigencia
toria falta de ,•ocaciones cientificas y un ultimo y triste residuo de algo más
de dotes para la investigación que es- grande e_ importante. El síntoma de
tigmatiza a nuestra .raza. Quiéro decir que algo es residuo- en biología coque si en España se hiciese en abun- mo en historia- consistente en que no

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se comprende por qué está ahí. Tal
y como aparece no sirve ya de nada,
y es preciso retroceder a otra época
de 1a evolución en que se encuentra
completo y eficiente lo que hoy es sólo un muñón y un resto. La justificación que hoy se da a aquel precepto
universitario es muy vaga: conviene
- se dice- que el estudiante reciba algo de "cultura general" .

bre nace siempre en una época. Es
decir, que es llamado a ejercitar la
vida en una altura determinada de la
evolución de los destinos humanos. El
hombre pertenece consubstancialmente a una generación, y toda generación
se instala no en oua]quier parte, sino
muy precisamente sobre la anterior.
Est~ significa que es forzoso vh•ir a
la altura de los tiempos, y muy especialmente a la a/t¡¡ra -de las ideas del

Cultura general". Lo absurdo del tiempo.
término, su filisteísmo, revela su inCultura es el sistema vital de las
sinceridad. 'Cultura", rl':,ferida al espíritu humano- y no al ganado o a ideas en cada tiempo. Importa un colos cereales- , no puede ser sino ge- mino qae esas ideas o convicciones no
neral. No se es "culto" en fisica o en .. sean, en parte ni en todo, científicas.
matemática. Eso es ser sabio en una Cultura no es ciencia. Es caracterísmateria. Al usar esa expresión de ·tico de nuestra cultura actual que gran
'·Cultura general" se declara la in ten- porción de su contenido proceda de la
ción de que el estudiante re~iba algún ciencia; pero en otras culturas no fué
conocimiento ornamental y vagamente así, ni está dicho que en la nuestra lo
educativo de su carácter o de su inte- sea siempre en la misma medida que
ligencia. Para tan vago propósito, tan- ahora.
to da una disciplina como otra, dentro
Comparada con la medieval, ]a Unide l~s que se consideran menos técnicas y más vagarosas: ¡vaya por ]a filo- versidad conte~poránea ha coniplicaso'ría, o por ]a historia, o por la socio- do enormemente la enseñanza profesional que a,quélla en germen proporlogfa !
cionaba, y ha añadido la investrgación
quitando
casi por completo la ensePero el caso es que si brincamos a
la época en que la Universidad fué ñanza o transmisión de ]a cultura.
creada- Edad Media-, vemos que el
Esto ha sido evidentemente una
rtsiduo actual es la humilde supervivencia de lo que entonces constituía, atrocidad. Funestas consecuencias de
entera y propiamente, ]a enseñanza su- ello que ahora paga Europa. El carácter catastrófico de la situación presenperior.
te europea se debe a que el inglés meLa Universidad medieval no inves- dio, el francés medio,. el alemán metiga; se ocupa muy poco de profesión, dio son incultos, no poseen el sistetodo es . . . ''cultura general"- teología, ma vital de ideas sobre el mundo y
el hombre correspondientes al tiempo.
filosofía, ' 1artes".
Ese personaje medio es el nuevo bárPero eso que hoy llaman "cultura baro, retrasado con respecto a su épogeneral" no lo el'a para la Edad Me- ca, arcaico y primitivo en comparadia; no era ornato de la mente o dis- ción con la terrible actualidad y fecha
ciplina del caráeter; era, por el con- de sus problemas. Este nuevo bárbaro
trario, el sistema de ideas sobre el es principalmente el profesional, más
mundo y la Humanidad que el hombre sabio que nunca, pero más inculto
de entonces poseía. Era, pues, el re- también-el ingeniero, el médico, · el
pertorio de convicciones que había de abogado, el científico.
dirigir efectivamente su existencia.
De esa barbarie inesperada, de ese
La vida es un caos, una selva salva- esencial y trágico anacronismo tienen
je, una confusión. El hombre se pier- la culpa sobre todo las pretenciosas
de en ella. Pero su mente reacciona Universidades del siglo XIX, las de toante esa sensación de naufragio y per- dos los p~íses, ~r si aquélla, en el fredimiento: trabaja por encontrar en la nesí de una revolución, las arrasase,
selva "vías", "caminos" ; es decir: les faltaría la última1 razón para queideas claras y firmes sobre el Uni- jarse. Si se medita bien ]a cuestión,
verso, convicciones positivas sobre lo se acaba por reconocer que su culpa
c¡uc son las cosas y el mundo. El 'con- no queda compensada con el desarrojunto, el sistema de ellas, es 1a cultura 110, en verdad prodigioso, genial, que
en el sentido verdad_ero de la palabra; ellas mismas han dado a la ciencia.
todo lo contrario, pues, que ornamen- No seamos paletos de la ciencia. La
to. Cultura es lo que salva del naufra- ciencia es el mayor portento humano;
gio vital, lo que permite al hombre vi- pero por encima de ella está la vida
Yir sin que su vida sea tragedia sin humana misma que la hace posible.
sentido o radical envileciiniento.
De aquí que un crimen contra las condiciones elementales de ésta no pueda
No podemos vivir humanamente sin ser compensado por aquélla.
idéas. De ellas depende lo que hagamos v vivir no es sino hacer esto o
El mal es tan hondo ya y tan grave
lo
Así el ,,iejisimo libro de la que difíci1mente me entenderán las geJn,d ia: "Nuestros actos siguen a nues- neraciones anteriores a la vuestra, jótros pensamientos como la rueda del venes.
carro sigue a ]a pezuña del buey". En
En el libro de un pensador chino,
tal sentido-que por si mismo no tieque
vivió por el siglo IV antes de Crisne nada de intelectualísta- somos
to,, Chuang Tse, se hace hablar a pernuestras ideas.
sonajes simbólicos, y uno de ellos, a
Gedeón, en este caso sobremanera quien llama el Dios del Mar del Norte,
profundo, haría constar que el hom- dice "¿Cómo podré hablar del mar con
11

]a rana si no ha salido de su charca?
¿Cómo podré hablar del hielo con el
p3.jaro de estío si está retenido en su
estación? ¿Cómo podré hablar con el
sabio acerca de la Vida si es prisionero de su doctrina?"

cre'a r de nuevo en la Universidad la
enseñanza de la cultura o sistema de
las ideas vivas que el tiempo posCe.
Esa es la tarea universitaria radical.
Eso tiene que ser antes y má~ que ninguna otra cosa la Universidad.

La sociedad necesita buenos proíesiona]es -jueces, médicos, ingenieros-, y por eso está ahí la Universidad con ~su enseñanza profesional. Pero necesita antes que e~o y más que
eso asegurar la capacidad en otro género de profesión: la de mandar. En
to.da sociedad manda alguien- grupo o
clase, pocos o muchos. Y por mandar
no entiendo tanto el ejercicio juridico
de una autoridad como la presión e
influjo difusos sobre el cuerpo social.
Hoy mandan en las sociedades europeas las clases burguesas, la mayoría
de cuyos individuos es profesional.
Importa, pues, mucho a aquéllas que
estos profesionales, aparte de su especial profesión, sean capaces de vivir e
influir vitalmente según la altura de
los tiempos. Por eso es ineludible

Si mañana mandan los obreros, la
cu~stión será idéntica: tendrán que
mandar desde la altura de su tiempo;
de otro modo serán suplantados.
Cuando se piensa que los paises
europeos han podido considerar admisible que se conceda un titulo profesional, que se dé de alta a un magistrado, a un médico- sin estar seguro
de &lt;1uc ese hombre tiene, por ejemplo,
una idea clara ele la concepción física
del mundo a que ha 1legado hoy la
ciencia y del carácter y límites ele esta ciencia marav.illosa con que se l1a
llegado a tal idea- , no debcmps extrallarnos de que las cosas marchen
tan mal en Europa. Porque no andemos en puntq tan grave con eufemismos. No se trata, repito, de vagos de-

,

':t

seos de una vaga cultura. La física y tóricos c1ue han traido a la Humanisu modo mental es una de las grandes dad hasta la encrucijada del hoy (toruedas· íntimas del alma humana con- do hoy es una encrucijada). Y lo mistemporitnea. En ella desembocan cua- nio de quién no tenga idea alguna pretro sigl9s de entrenamiento intelectivo, cisa sobre cómo la mente filosófica
y su doctrina está mezclada con todas enfronta al presente su ensayo perpelas demás cosas esenciales del hombre tuo de formarse un plano del Univervigente-con su idea de Dios y de ]a so o de la interpretación que la biolosociedad., de la materia y de lo que gía general da a los hechos fund~menno es materia. Puede uno ignorarla, tales de la vida 1orgánica.
,sin que esta ignorancia implique ignominia ni desdoro ni aún defecto, a saNo se _perturbe la evidencia de esto
ber: cuando se es un humilde pastor suscitando ahora la cuestión de cómo
en los puertos serranos o un labrantín puede un abogado que no tiene preadscrito a ]a gleba o un obrero ma- paración superior en matemática ennual esclavizado por la máquina. Pero tender la idea ele la actual física. Eso
el sellor que dice ser médico o magis- ya lo veremos luego. Ahora hay que
trado o general o filólogo u obisp&lt;&gt;-'-es abrirse con decencia de mente a la
decir, que pertenece a la clase direc- claridad que esa Observación irradia.
tora de la sociedad- , si ignora lo que .Quien no posea la idea física (no la
es hoy el cosmos físico para el hom- · ciencia física misma, sino la idea vibre europeo es un perfecto bárbaro, tal del mundo que ella ha creado), la
por mucho que sepa de sus leyes: o idea histórica y biológica, ese plan fide sus mejunjes, o de sus santos pa- losófico, no es un hombre culto. Como
dres. Y lo mismo diría de quien no .no esté compensado por dotes esponposeyese una iltlagen medianamente táneas excepcionales es sobremanera
ordenada de los grandes cambios his- inverosímil que un hombre :,isí puede

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Pág.·7

�en verdad ser un buen médico o un
buen juez o un buen técnico. Pero es
seguro que todas las demás actuaciones de su vida o cuanto en las profesionales mismas trascienda del estricto oficio, resultarán deplorables. Sus
ideas y actos políticos serán ineptos;
sus amores, empez-ando por el tipo de
mujer que preferirá, serán extemporáneos y ridículos; llevará a su vida familiar un ambiente inactual, maniático
y mísero, que envenenará para siempre a sus hijos, y en la tertulia del
café emanará pensamientos monstruosos y una torrencial chabacanería.
No .hay remedio: para andar con
acierto en la selva de la vida hay que
ser culto, hay que conocer su topografía, sus rutas o "métodos"; es decir,
hay que tener una idea del espacio y
del tiempo en que se vive, una cultura
actual. Ahora bien; esa cultura, ·o se
recibe o se inventa. El que tenga
arrestos para comprometers.e a inventarla él solo, a hacer por sí lo que
han hecho treinta siglos de Humanidad, es el único que tendría derecho
a negar la necesidad de que la Universidad se encargue ante todo de enseñar la cultura. Por desgracia, ese
único ser que podría con fundamento
oponerse a mi tesis sería... un demente.

¿ Hemos contestado con esto a nuestra pregunta sobre cuál sea la misión
de la Universidad?

De ningún modo; no hemo~ hecho
más que reunir . en un montón inorgánico todo lo que ,hoy cr.ee la Universidad que debe ocuparla y algo que, a
nuestro juicio no hace, pero es forzoso
que haga. Con esto hemos preparado
la cuestión; pero nada más.

•

.I

1

·'

Por eso, fuera de España se anuncia con gran vigor un movimiento para el cual . la enseñanza superior es
primordialmente enseñanza de la cultura o transmisión a la nueva generación_ del sistema de ideas sobre el
mundo y el hombre que llegó a madurez en la anterior.
Con esto tenemos que la enseñanza
universitaria nos aparece integrada
por estas tres funciones:
l. ·Transmisión de la cultura.

Supongamos por un momento que
en la Universidad actual no aconteciese cosa alguna merecedora de ser llamada abuso. Todo marcha como debe
marchar según lo que la Universidad
pretende ser. Pues bien: yo digo que
aun entonces la Universidad actual es
un puro y .constitucional abuso, porque es una falsedad.

Por eso decía Leonardo: Chi non
puó quel che vuol, quel che puó voglia
("El que no puede lo que quiere, que
quiera lo que puede").
Este imperativo leonardesco tiene
que ser quien dirija radicalmente toda reforma universitaria. Sólo puede
crear algo una apasionada resolución
de ser lo que estrictamente se es. No
sólo la universitaria, sino toda la vida
nueua tiene que estar hecha, con una
materia. cuyo nombre es autenticidad
(¡ oigan ustedes bien esto, jóvenes, que
si no, están perdidos, ya que empiezan a estarlo!).
Una institución en que se finge dar
· dar es una institución falsa y desmoralizada. Sin embargo, este principio
de la ficción inspira todos los planes
y la estructura ele la actual Universidad.
Por eso yo . creo que es ineludible
volver del revés toda la Universidad
o, lo que es lo mismo, reformarla radicalmente, partiendo del principio
opuesto. En vez de enseñar lo que,
según un utópico deseo, debería enseñarse, hay que enseñar sólo lo que se
puede enseñar, es decir, lo que se puede aprender.
Trataré de desarrollar las implicaciones que van en esa fórmula.
Se trata, en verdad, de un problema ·
más amplio que de la enseñanza superior. Es la cuestión capital de la
enseñanza en todos sus grados.

Jfo parece vana o, cuando más, subalterna la discusión trabada hace
unos años entre el filósofo Scheler y
el ministro Beecker, sobre si esas funciones han de ser servidas par una sola institución o por varias. Es vana
porque a la postre todas ellas se reunirían en el estudiante, todas ellas vendrían a gravitar sobre su juventud.

La cuestión es otra. Esta:
No hay, pues, más remedio que agregar a las faenas que hoy ya pretende
la Universidad cumplir esta otra inexcusable e ingente.

institución es ficticio, brota d!:! él una
omnímoda desmoralización. A la postre se produce el envilecimiento, porque no es posible acomodarse a la falsificación de sí mismos sin haber perdido el respeto a sí propio.

y exigir lo que no se puede exigir ni

Ha sido menester esperar hasta los
comienzos del siglo XX para_ que se
presenciase un espectáculo increíble:
el de la peculiarísima brutalidad y la
agresiva estupidez con que se comporta un hombre cuando sabe mucho de
una cosa e ignora de raíz todas las
demás. El profcsi'onalismo y el especialismo, al no ser debidamente compensados, han roto en pedazos al hombre europeo, que por lo mismo está
ausente de todos los puntos donde pretende y necesita estar. En el ingeniero está la ingeniería, que es sólo un
trozo y una dimensión del hombre
europeo; pero éste, que es un integrum,
no se halla en su fragmento "ingeniero". Y así en todos los demás casos.
Cuando, creyendo usar tan sólo una
manera de decir barroca y exagerada,
se asegura que "Europa está hecha pedazos", se está diciendo mayor verdad que se presume. En efecto: el desmoroJ1amiento de nuestra Europa, visible hoy, es el resultado de la invisible fragmentación que progresivamente ha padecido el hombre europeo. ·
La gran tarea inmediata tiene algo
de rompecabezas, sea dicho sin alusión
contundente. Hay que reconstruir con
los pedazos dispefsos-disiecta membra- la unidad vital del hombre europeo. Es preciso lograr que cada individuo o-evitando utopjsmos- muchos individuos lleguen a ser, cada
uno por sí, entero ese l10mbre. ¿Quién
puede hacer esto sino la Universidad?

probable que no hubiese instituciones
ni pedagógicas ni de Poder público.
Es, pues, forzoso referir toda institución al hombre de dotes medias; para
él está hecha y él tiene que ser su unidad de medida.

Aun reducida la enseñanza, como
hasta aquí, el profesionalismo y la 'investigación, forma una masa fabulosa
de estudios. Es imposible que el buen
estudiante medio consiga ni remotamente aprender de .verdad lo que la
Universidad pretende enseñarle. Ahora
bien: las instituciones existen -son
necesarias y tienen sentido- porque
el hombre medio existe. Si sólo hubiese criaturas de excepción, es muy

¿Cuál fué el gran paso dado en la
historia entera de la Pedagogía? Sin
duda aquel viraje genial inspirado por
Rousseau, Pestalozzi, Frobel y el idealismo alemán, que consistió en radicalizar. algo perogrullesco. Eri la enseñanza -Y más en general en la educación- hay tres términos: lo que habría que enseñar- o el saber-, el que
enseña o maestro y el que aprende o
discípulo. Pues bien: con inconcebible obcecación, la enseñanza partía
del saber y del maestro. El discípulo,
De tal modo es imposible que el es- el aprendiz, no era principio de la Petudiante medio aprenda en efecto y de dagogía. La innovación de Rousseau
verdad lo que se pretende enseñarle, y sus sucesores fué simplemente trasque se ha hecho constitutivo de la vi- ladar el fundamento de la ciencia peda universitaria aceptar ese fracaso. dagógica del saber y del maestro al
Es decir, la norma efectiva consiste discípulo y reconocer que son éste y
hoy en dar por anticipado como irreal sus condiciones peculiares lo único
lo que la Universidad pretende ser. Se que puede guiarnos para construir un
acepta, pues, la falsedad de la propia organismo con la enseñanza. La activivida institucional. Se hace ~e su mis- dad científica, el saber, tiene su orgama falsificación la esencia de la ins- nización propia, distinta de esta otra
titución. Esta es la raiz de todos los actividad en que se pretende enseñar
males - como lo es siempre en la vi- el saber. El principio de la Pedagogía
da, sea individual o sea colectiva. El es muy diferente del principio de la
pecado original radica en eso: no ser cultura y de la ciencia.
auténticamente lo que es. Podemos
pretender ser cuanto queremos; pero
Pero hay que dar un paso más. En
no es licito fingir que somos lo que vez de perderse desde luego en estuno somos, consentir en estafarnos a diar minuciosamente la condición del
nosotros mismos,. habituarnos a la discípulo como niño, jóven, etc., es
mentira substancial. Cuando el régi- preciso circunscribir, por lo pronto,
men normal de un hombre o de una el tema y considerar al niño, al joven,
desde un punto de vista más modesto,
pero más preciso, a saber: como discípulo, como aprendiz. Entonces se
cae en la cuenta de que a su vez no
es el niño como niño, ni el joven porque joven, lo que nos obliga a ejercitar un¡¡. actividad especial que llamamos "enseñanza", sino algo sobremanera formal y símple.

II. Enseñanza de las profesiones.
III. Iiivcstigación científica y educación de nuevos hombres de
ciencia.

Pág. 8

Verán ustedes ....

1930.

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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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