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                  <text>BOLETIN MENSUAL DE 1A UNIVERSIDAD DE NUEVO LEON

fQIIUO UNlvtl

•10

Registr ado como articulo de 2a. clase en la Administración de Correos de Monterrey, N. L., el 20 de Abril de 1944.

Año XIII

D.A.S.U.

No. 2

Febrero de 1956

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Por Rodolfo USIGLI

A José Minero Roque,
latinista y amigo.

R. U.

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Ramón: traspuse ya la edad de Cristo
azul, y es solamente de amargura
y angustia gris la camal vestidura
que me dice que vivo, no que existo.

.
.

Por el error nací, y en él insisto
· porque es la sola posesión segura
del hombre, abandonado en la llanura
de sí mismo, sin horizonte visto.

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Espectador inerte de mi drama
-ni silbar ni aplaudir me es permitidoanhelo nada más una honda cama

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en que tender mi espíritu perdido,
pero bajo el dosel y el panorama
de esta luz de tu tierra en que he caído•
II
Tú, que callaste en el preciso verso
final, precioso; tú, que conociste,
niño aún, más de luz, y niño triste,
del alma y de la carne el universo,
no llegaste a mirar tu harem disperso
ni tu rosa eficaz ajarse viste;
ni te dolió este incurable quiste
de vivir sin ser ya; ni el viento adverso
que cambia el curso del mortal deseo
abatió el gallardete de tu nave
como la edad que en mi calvicie leo.
Tú hiciste el primer viaje de Odiseo
sin el retomo, que es el mal más grave.
Moriste a tiempo, y en tu muerte veo
una lección de luz y un vuelo de ave.

�111

es el veneno que en el vino apuro,
el silencio "y el enjambre del ruido."

Naturalmente, quería hablar contigo
de otras cosas también; pero me falta
la memoria bajo esta luz tan alta
y penetrante. Nada más te digo

'

Hice hijos sin par; amé y he escrito,
catarata prolija y manirrota,
sin entender que cabe el infinito
,

en un solo poema, en una gota
que contenga la angustia, el drama, el grito
del hombre de este mundo que se agota;

que tu muerte es la vida de un amigo:
si una duda poética me asalta,
si logro un triunfo o cometo una falta,
si amo o dejo de amar, si soy testigo

VIIDA Y
ILlllíEIR.A líUIRA

que el demonio me ha vuelto ángel proscrito.
Quizás a Dios me acerque la derrota.

de una pasión humana, mía o ajena,
si recojo en mi mano algunas migas
de humanidad, que la zozobra llena,

VII

si rompo amarras o si anudo ligas,
me son tus versos oído y antena,
y juntan su labor nuestras hormigas.

Pero, ¿es derrota o triunfo lo que importa?
No escribimos para ser inmortales,
sí para eliminar cosas letales
de nuestra vida siempre humilde y corta.

IV

,.

perfil y entraña de Lope de Vega

Algo en nosotros diariamente aborta
para que vivan otros materiales,
igual que en un ensaye de metales
o experimento en el que Dios exhorta

Las palabras, navajas de dos filos,
son madres de la unión y la distancia.
Unas nos hacen sentimos en Francia
y olvidar a Jerez, y sus tranquilos

el mal y el bien que son nuestra estructura,
a que vivan parejos en el viento
que nos deja al final sin vestidura,

y profundos crepúsculos berilos.
Otras, sencillas, nos dan la ganancia
de conjugar con la vejez la infancia
sin discutir de colores ni estilos.

Francisco M. ZERTUCHE.

.
1

í

l¡
1

sin engaño, sin falso monumento,
y nos muestra la última armadura
que no sepulta el desmoronamiento

Las tuyas son de México, olfativas,
suaves llamadas de una tierra nueva
en la que todas las plantas son vivas:

y que es la fe de ser en otra altura.

Si pudiéramos volver ojos y oídos a la España aurisecular
seiscentista y setecentista, confundidos en la Coronada Villa con
la abigarrada multitud de akabaleros, oidores, alguaciles, pÍCa•
ros, ganapanes, frailes mendic~ntes, dueñas, moza~ del partido,
escribanos, predicadores, monJas, letrados y estudiantes, en su•
ma fácil nos sería oír frases como estas: Un vestido como de
Lope, un coche como de Lope, una tela, unas joyas: u_na pintura
como de Lope. Todo ello proferido como encarecumento de lo
mejor, pues El Fénix llegó a ser en su tiempo una figura ~ítica
y un simbolo acabadísimo de la grandeza del pueblo espanol.

'

México, D. F.

..:-~f.:;i.

~

27 de noviembre, 1955

buenas y malas, son Adán y Eva.
La tierra que al volvernos siemprevivas
nos cobra en sangre, pero así, la eleva.

t:· . :

. ,,:.,

Zacatecas-Noviembre 21 de 1955.

V

Ramón: la madurez de amargo gusto
me da canas donde no tengo pelo.
Mi adolescencia prometía el cielo,
porque el cielo es el campo del arbusto.

'

En vano me propongo ser adusto.
La vida se diluye como el hielo
en mi highball, y el parvo, niño anhelo
de ser un genio porque Dios es justo

....\-+m~.'*

f¡á~i:~

se desbarata en la melancóiia
del amor no gozado, del poema
no escrito ni vivido todavía.

"'1/1~1

El Arquitecto nos traza el esquema
de un hospital negro en el mediodía,
y lo que no hemos hecho aún, nos quema
con la cobriza luz de tu agonía.

*

VI
Luché contra el demonio: él ha vencido
lo que en mi niña edad fué simple y puro.
El fruto que se cae de maduro
es el estigma, no el astro bruñido.
Investigué la vida, y su sentido,
a mis ojos cada vez más oscuro,
Página 2

él el muerto, al ver tan solemne el
séquito luctuoso dijo: ¡Es un entierro
como de Lope/ ¡Mal supo ella que su
frase adquiría aquel dia toda su propiedad!
La existencia acezada del personaje
no fue sólo el largo suceso literario.
que cubrió espléndidamente una época, sino un extraordinario fenómeno
psicológico equiparable al de Wagner,
Leonardo o Miguel Angel. O para usar
de frase de Federico Nietzche, referida
al autor del Tristán, se justificaría hablar del caso Lope.
Para aprehender hasta su última
profundidad el extraño y tradictorio
espiritu del fino creador de La Dorotea, se precisaría un examen científico, un intento de psicoanálisis, no sólo con el recurso del pensar freudiano, sino aplicando a esta técnica todos los nuevos puntos de vista de la
ciencia psicológica de la actualidad.
Existen algunas coincidencias atávicas en el agitado vivir de este hombre, que pudieran darnos luz sobre el
problema: su padre ofrecia en su carácter una rara muestra de amoríos
escandalosos y acendrada religiosidad;
y de un tio suyo, Miguel de Carpio,
famoso inquisidor, se contaba lo siguiente: que era tan celoso en su misión que los que lo conocían para calificar, decían: ¡Quema como Carpio!
Vida disímbola, apasionada, contradictoria, mansa y violenta a la par, a
fas veces desleída en diáfanos deliquios, en otras arrebatada por centellantes ráfagas, era la de Lope... Y para hablar con su patética voz: Yo naci en dos extremos, que son amar y
aborrecer; no he tenido medio jamás,
En punto al sentir y profesar amatorios, ajustaba Lope su ética a aquella frase de Aristóteles que influyó tanto en La Celestina: Materia appetit forma rerum ut femina virum turpe honestum, que define al hombre como
la forma y a la mujer como la materia.
En este concepto se deduce llanamente la atracción de la- mujer hacia el
hombre, y así mismo, la subordinación
al varón.

Rodolfo Usigli.

En los versos también menudeaban
las expresiones sobre · el dramaturgo:
Que si lo bueno es de Lope, Lope, por
bueno, es de Dios.
La enfervorecida admiración popular llegó a su clímax, pues hasta en
el Credo se introdujo su nombre: Creo
en Lope, Todopoderoso, Poeta del cielo y de la tierra...
Asi, la figura de este hombre "insólito llegó a calar tanto en el ánimo de

sus contemporáneos, que su vida, luces y sombras-, fue vista con intenso
interés por todos.
En el ambiente femenino era motivo de alta deificación, pues no era
extraño ver que al paso del hombre
genial salieran las mujeres madrileñas
a los balcones para bendecirlo... Hasta la ironia de la vida hizo que una
pobre vieja, cuando contemplaba el
entierro del poeta, sin saber que era

**

Hace trescientos noventa y tres años
que nació a la vida en el Madrid de
Don Felipe el Segundo, Félix Lope de
Yega Carpio, siendo después bautizado en la Iglesia de San Miguel de los
Octoes, vástago de Félix de Vega Carpio y de Francisca Hernández Flores.
Para la sustentación familiar, su padre ejercía una industria artística, la
de bordador, que por entonces era
bien estimada por la gran demanda
de géneros de adorno. También se entregaba a las musas algunas veces y
prestaba servicio gratuito en el Hospital del Buen Súceso.
La madre, extremadamente celosa,

murió cuando Lope contaba veintisiete años. Nada sabemos de esta mujer,
pues el poeta nunéa la nombró en su
vasta obra literaria. Las pocas -figuras
maternales que aparecen en su vasto
repertorio dramático son figuras ri•
diculas, desagradables e indiferentes,
como en La discreta enamorada, Quien
ama 110 haga fieros, Los melindres de
Belisa, La mal casada, La varona castellana y La Dorotea.
No debe atribuirse esto a desasimiento filial de nuestro personaje, sino al
estilo literario de la escena renacentista o a la recalada costumbre española.
Lope exaltó la memoria de. su padre
de manera más literaria que profundamente humana. Murió en 1578.
De los albores de la vida excepcional de Lope, llena de notas fenomenales, nos habla su apasionado protobiógrafo Pérez de Montalbán, cuando refiere que en la edad precoz el escritor
en agraz comenzó a leer latín y a componer sus candeales estrofas. El biografiado mismo nos lo dice en este terceto: Apenas supe hablar, cuando advertido de las Fhebeas Musas escribía
con pluma por cortar versos del nido.
No es ésta una parrafada hiperbólica sobre El Fénix. De los actos procesales que menudearon sobre su vida,
se infiere que, evidentemente, asistió
a un establecimiento docente de los
jesuitas, el Colegio de los Teatinos, y
que acudió también a las clases de
Matemáticas y Astronomía en la Academia] Real.
A los diez años, aproximadamente,
fue alumno del célebre poeta y músico
Vicente Espinel.
Buen recuerdo y mejor resultado debió dejar en Lope la enseñanza del
maestro rondeño, porque aquél lo elogió más de una vez en sus poesías. De
su preceptor, dice: A mi maestro Espinel haced, Musas, reverencia, que
os ha enseñado a cantar y a mi a escribir en dos lenguas.
Así, la precocidad y el ingenio lo
convirtieron en elemento famoso imprescindible para fiestas y veladas escolares; y hasta es posible que en alguna ocasión haya aportado una comedia entera, de las primeras salidas
de su pluma.
Al pasar a estudiar a la Universidad de Alcalá, conoció al Obispo Jerónimo Manrique de Lara, quien lo tomó a su servicio, bachillerándose a la
vez: Crióme Don Gerónimo Manrique,
estudié en Alcalá, bachilleréme, y aun
estuve de ser clérigo a pique.
Rota la posibilidad de seguir sus estudios bajo el mecena,go del prelado
benefactor, lo encontramos en la capital del Reino el año que su padre
murió.
La mujer y el amor informaron y
deformaron a las veces la vida y la

Página 3

,

�obra de Lope. Son acaso el eje principal y como la única razón aparente

de su existencia. Así, aparece ~laría
de Aragón, de acuerdo con las investigaciones del erudito lopista D. Joa-•
quincle Eotrambasaguas.
Xuevamenle lo tenemos en la Universidad, ahora en la célebre salmantina, meridiano de la cuJtura española
en el renacimiento peninsular. De allí
proceden los recuerdos recogidos en
su comedia El bobo del colegio.
11ás adelante, en 1585, lo encontramos tomando parte en la expedición
que sale de Lisboa rumbo a la Isla de
Terceira, bajo las banderas del Márqués de Santa Cruz; empresa breve y
victoriosa, tras de la cual el trashumante poeta ,,uelve a su solar nativo.
Y he aquí que le asalta otro suceso:

conoce a la musa de carne y hueso,
en palabras de Darío--, Elena Osario,

una de las grandes pasiones de su alma; y escribe entonces: No se qué estrel1a tan propicia reinaba entonces,
que apenas nos vimos y hablamos,
cuando quedamos rendidos el uno al
otro. Pasión fulminante, de flechazo a
primera vista, causa más tarde -del destierro y tortura del enamorado.
Elena, de extraña hermosura, según
se desprende de las numerosas poesías
que él le consagra, era hija de unos
comediantes y estaba casada.
El encanto de semejantes relaciones
no pudo ser largo: para castigo suyo,
no es él quien abandona, sino quien
es abandonado, pese a la subyugadora
fa!!Ja de que ya gozaba en la Villa y
Corte.
Herido el amador en sus sentimientos, vuelve contra ella y lo suyos los
venablos emponzoñados del rencor.
Escribe entonces en desahogo una serie de libelos infamantes que provocan 1a intervención de un tribunal que
juzga al agresor y lo envía a la cárcel.
La cárcel era provisional mientras
no se pronunciaba sentencia. Esta llegó con una órden de destierro para el
infamador, pero la audacia del comediógrafo sube de punto si sabemos que
pone en juego nueva vez sus inclinaciones, con la candorosa doncella Isabel de Alderete, dama de calidad a
quien rapta, y por cuyo escandaloso
atropello se le piden cuentas, que Lope
satisface caballerosamentC', casándose
con la ultrajada.
Tenía Lope poca madera de reposo

y de hombre hogareño, y no pudo, por

eHo, sujetarse a tan dulce bonanza.
A tono con sus inquietudes, se le

ofreció la oportunidad para huir de
la placidez que Jo rodeaba.
Organizábase por esas calendas la
Escuadra Iuvencible para Jo que pudo
haber sido, y Dios no lo quiso, "otra
de las ocasiones más altas que vieran
los siglos."
Se embarcó, pues, en la ciudad lisboeta c_on algunos amigos y su hermano Juan, que pereció en la demanda
en brazos del poeta.
La hermosa ciudad del Tajo brindó
a Lope de Vega días transparentes y
propicios. Antes de partir recibe la
visita de su pungida esposa, que concurre a la despedida del compañero
bienamado. De aquí brota aquel ro•
manee sobre Be/isa -Isabel de Alderete-: De pechos sobre una torre
que la mar combate y cerca, mirando
las fuertes naues que se van a Inglaterra, las aguas crece Belisa llorando lágrimas tiernas.
Fue la expedición una desastrada
empresa para el Imperio filipino; desecha la Escuadra por los temporales,
Lope, zamarreado en la galera San
Juan, fue a parar a la Coruña. Este suceso tuvo su reflejo en el repertorio
Jopevegnesco: el poema La hermosura
de Angélica, con recuerdos de la Filis
ingrata para él, la maridada Elena
Osorio.
Al volver a Valencia, sede de su exilio, torna al hogar, y aquellos días apacibles son de intensa creación poética,
en medio de una atmósfera de letras,
en donde el Teatro tenía singularmente su señorío.
Colaboró alli Lope en la colección
de poesías que se publicaron con el
título de Flol'eS de romances, apareciendo también sus primeras obras
dramáticas, ya perfeccionadas en la
técnica literaria.
Días adelante se convirtió en el Secretario privado del Duque de Alba, y
con él se translada a su residencia del
Tormes, lugar que tantos recuerdos
tiene de la Madre Teresa de Jesús.
Discurrieron allí los días en un grato remanso espiritual, marco propicio
para el laboreo poético... De su pluma salieron algunas comedias y la novela pastoral La Arcadia, obra que recoge el ambiente palaciego, vida y sucesos del altísimo noble.

Entre amar y escribir se le iban al
poeta desmadejando las horas, con un
sentido de sophrosinc y placidez, que
nunca antes hubiera soñado. Pero aparece su segundo vástago, y al morir
la esposa como consecuencia de esto,
vuela el poeta a Madrid, y recuerda
allí a la desaparecida en un tierno y
doliente soneto: Para tomar de mi desdén venganza, / gastóme amor los años
que tenia,/ con que miraba yo como
solla,/ todas las cosas en igual templan:a.; A lo menos conozco la mudanza / en los antojos de la vida mía,/ de

un dia en otro no descanso un dia, /
del tiempo huye lo que el tiempo al-

cw,za. / Almas parecen de mis niñas
puestas/ en mis ojos que baña/ tierno
llanto/ ¡Oh niñas, niño amor, niños
antojos / Niño deseo que el uivir me
cuestas!/ Mas ¿qué mucho también que
llore tanto / que tiene cuatro niñas en
1/Js ojos?.

Aunque aparece después en la sucesión amatoria Antonia Trillo, en Lope
vive una dualidad, pues recuerda a
Belisa, llorando sobre su tumba y consagrilndole un romance: Belisa, señora
mia,/ hoy se cumple juslo un año/ que
de lan temprana muerle/ guste aquel
potaje amargo./ Un día .te servi enfer·
ma,/ ojalá fueran mil años/ que así

enferma le quisiera/ continuo aguardando el pago.

El segundo connubio le sale al paso:
se casa con Juana de Guardo el 25 de
abril de 1895, granjeándole fama de
codicioso, por la dote con que la mujer Uega al matrimonio. Pero si algún
interés material lo llevó a recibir el
Sacramento, mal le salieron esas cuentas, pues su vida fue sólo una amarga
serie de desasosiegos, por la contínua
ingerencia ele los familiares de la esposa.
Quiso entonces respirar un aire de
libertad y pronto lo consiguió. La
amada en turno, :\ficaela de Lujitn logra adentrárse]c tan hondo a este constante amador, &lt;1ue la arrobadora belleza ele Micaela Je trastorna el ritmo
ele sus días.
Camila Lucinc/a es el nombre poético de 1a Luján, y a su culto, más arrebatado c¡uc los anteriores, consagra el
poeta no pocas C'strofas que leemos en
La hermosura de Angélica.
Algunos años vivió el escritor esta
Yida escandalosa, que tuvo por fruto

un vástago en 1007, Lope, imagen del
poeta.
Al morir :\licacla vuelve la tranquilidad al hogar maltrecho. Sin duda,
Jo que más le atrae y ata a esa vida
es la figura ágil y menudita de su hijo
Carlos Félix, en quien tenía puestas
todas sus esperanzas y por. el que se
bebía todos los vientos. Tal se desprende del epistolario con el Señor
Duque de Sessa, en que el nombre del
infante menudea orlado de suprema
adoración.
Poco después mueren el niño y la
madre. Al llegar a este hito la existencia de Lopc siente la vislumbre de una
nue,·a vida consagrada a Dios y empiezan a apuntar inc1inaciones ascéticas y propósitos de vocación secerdotal, refugio segurisimo de un alma
dislacerada y contrita. A esta etapa
correspoden los Soliloquios de un alma con Dios.
Y he aquí por último, cima y síntesis, un nombre sortílego de mujer:
)larla de Nevares ... Pasión tardía, profunda, persistente, completa. La que
resume, compendia a todas, y aun las
magnifica en exaltaciones celestes, en
humildísimas postraciones.
El nombre poético de Marta es .4marilis, y a ella se integra fatalmente, sin
poder triunfar en ]a tritgica lucha entablada en la intimidad de aquel su
cspiritu turbulento, ffiaduro ya, investido el poeta ya de las sagradas órdenes sacerdotales.
Empero, las estrofas fluían, fluían
caudalosas en loor y oblación a la musa definitiva.
Lope ponderaba a Jmarílis: "el cabello era copioso y componían una
selva de rizos; sus ojos eran dos esmeraldas que hablaban a las almas al

oído; la bien hecha nariz que dividía
el rostro honesto nácar en marfil lustroso; en suma, su boca hermosa y con
perlas ...
El fruto ele este amor adviene en
1617: Antonia Clara, quien parece enviada especialmente para ser el instrumento de más duro castigo que Lope habría de recibir en ·su vida.
Poco después asciende el primer
peldaño en la escala de la amargura;
Amarílis siente c¡ue un cendal trágico
se le va adensando poco a poco sobre
sus dos esmeraldas ... Entonces el liróforo canta vulnerada el ánima: Cuando yo ui mis luces eclipsarse ,/ cuando
yo mi sol oscurecerse ,/ mis esmeraldas
enlutarse, / y mis puras estrellas esconderse,/ no pudo mi desdicha ponderar-

diante 11aria Riquelme y otros. Ese
barrio se agrupaba en torno a la pla·
zuela llamada El mentidero de los represe11tw1tes.

1

Antes de cerrar los pliegos de esta
desmadejada disertación, conviene acaso citar la parte mas granada del sonetario de Lope.

•.•'

•
'

I
~

~

Oc Esclavos del Santísimo Sacramento,
y en 1619 a la Congregación del Oratorio de la calle del Olivar. Seis años
más ta,·de se afilió a la de San Pedro,
asociación madrileiia de sacerdotes,
qne acaso existe en nuestros días, de
la que fue su Capellán años adelante.

Honores y dignidades recibió Lope
ele las más altas jerarquías ec]esiásticas: el Pontífice Urbano VIII le concedió el capelo de Doctor en Teolo.gia, la Cruz de la Orden de San Juan
y el derecho de anteponer a su nombre el titulo honorifico de Frey. Así,
pues, en el orto de su vida era Frey
I.opc Felix de Vega Carpio.

dormido aunque me he confesado; mal
haya amor que :;e quiel'e oponer al cielo ...

Luchaba el hombrC' entre dos fuerzas cósmicas superiores a sus empeños; cuando acariciaba el mármol carnai de Blanca ele Xavares, escuchaba
a l.1 par la dulcísima admonición &lt;le
otra carne: la carne pasible de Jesús.

La casa del cantor de Amarílis iba
entenebreciéndose con la ceguera irreparable de ~!arta y de la pobreza que
los raía, de la que salieron como a
trompicones, merced a Ja generosidad
del Señor Duque de Sessa.
Lope seguía subiendo hacia el clímax del tormento: la locura dió por
adueñarse de la hermosa ciega bienamada, QUC', al recobrar la razón, murió en 1632.
Los postreros aiios de su vida perteneció :\tarta a la Orden Tercera franciscana, en la que ingresó probablemente a instancias del poeta, tan dado
a asociaciones devotas, congregaciones
y hermandades.

a1los blancos de Lope ele Vega, la noche del 27 de agosto de 1635.

En plenitud de su Yida sacerdotal,
Lope agostó sus días - o los hizo reflorecer- en la pasión amorosa, IJ ena de ardentía, hondamente sentida.

Todavía veinticuatro horas antes de
su postrer aliento, escribió con caudalosa imaginación un largo poema, La
edad de Oro, y un soneto sobre un noble lusitano.

Durante los días angustiados y contradictorios de Marta de Nevares, surgió simultáneamente lo más rico en
fondo y forma de su lírica devota y su
lírica amorosa.

Dos dias antes regó por vez última
los arbolillos y las flores de su huerto
con mano cariciosa; dijo su misa antcmortcm y castigó su carne flaca,
pues era viernes ...

De sus sonetos dice el luminoso gustador José F. ~lontesinos. Los sonetos
de Lope, nacidos de una crisis de conciencia, &lt;le conflictos con una ética
confesional son poesia de contrición
fJ atribución; y añade: Los sonetos de

Una de las frases del moribundo
fueron para sn discípulo y amigo Montalbán, a quien Je dijo: Que la verdadera fama era ser bueno, y que él trocaba cuantas habia tenido por haber
hecho un acto de virtud más en la
Pida.

El mismo era terciario desde 1611.
En 1608 figuraba como familiar del
Santo Oficio de la Inquisición. En esta
investidura presenció en 1624 el achicharramicnto de. un religioso de la Orden serilfica, -Benito Ferrer, que en estado de extravío mental había profa.
nado la Hostia. El poeta, humano y generoso, trató de salvarlo 1 alegando que
se trataba de un lunático. Fue en vano: el Tribunal demostró lo contrario
con toda evidencia. Pero los sentimientos de Lope se pusiero de manifiesto.
En 1609 ingresó a la Congregación

Página 4

Lope se destacan de la lírica clásica

El poeta, destrísimo en todos los géneros, manejaba desde el poema bur•
lesco, en el que se advierten innovaciones lexicales, hasta la cariciosa e
inefable estrofa amatoria o el más rendido poema tributado a la Divinidad.

Su acendrada religiosidad, su penitentisima vida de los últimos años, su
arrobado amor a Cristo, nos legan enfervorecidos sonetos, de una humilde
suavidad insuperable. Leamos esta
transparente trilogía:
¿,Qué tengo yo, que mi amistad
procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,
que a mi puerta, cubierto de rocío
pasas las noches del in,,ierno oscuras?
¡Oh cuúnto fueron mis entrañas duras,
pues no te abri ! ¡ Qué extraño desvarío,
si de mi ingratitud el hielo frío
secó las llagas de tus plantas puras!
¡Cuántas veces el ángel me decía:
- "Alma, asómate agora a la ventana,
,·erás con cuánto amor IJamar porfia!"

En la Gatomaquia, excelentemente
comentada en edición critica por el
benemérito D. Francisco Rodríguez
~farín, aparece este galano y donairoso soneto:

¡ Y cuántas, hermosura soberana,
- "lfañana le abriremos", respondía,
para lo mismo responder mañana!

Con dulce voz y pluma diligente,
y no vestida de confuso caos,
contáis, Tomé, las bodas, los saraos,
de Zapaquilda y Micifuz valiente.

Pastor que con tus silbos amorosos
me despertaste del profundo sueño:
Tú, que hiciste callado de ese leño
en que tiendes los brazos poderosos,

Si a Homero coronó la ilustre frente
cantar las armas de las griegas naos,
a voz de los insignes marramaos
guerras de amor con súbito accidente.

vuelve los ojos a mi fe piadosos
pues te confieso por mi amor y dueño
y la palabra de seguirte empeño
tus dulces silbos y tus pies hermosos.

Bien merecéis un gato de doblones,
aunque ni Lope celebréis ni el Tasso,
Ricardos o Godofredos de BuHones;

Oye, Pastor, pues por amores mueres,
no te espante el rigor de mis pecados
pues tan amigo de rendid\lS eres .

pues que por vos, segundo Gatilaso,
&lt;1uedarán para siempre de ratones
libres las bibliotecas del Parnaso.

Espera, pues, y escucha mis
cuidados ....
Pero, ¿cómo te digo que me esperes
si estás para esperar los pies clavados?

En la brega por el rescate del alma,
que fue por si sola un estigma y un
castigo, se doblaron los setenta y tres

se,/ ni mi ?¡rave dolor encarecerse,/
/ ni puede aquí sin lágrimas decirse/
/ cómo se {11e mi amor al despedirse.

No hace muchos años un importante mitrado español emitió un juicio
digno de mencionarse sobre el caso
Lope: Juzgamos de ordinaJ'io a nuestro
poeta por las condescedencias que tuvo con sus impulsos; pero no deberíamos olvidar las victorias - muchas y
señaladas - que obtuvo sobre sus pasiones, sobre los ajenos requerimientos y sobre las solicitaciones del ambiente.

Si piensas que no soy su dueño,
Alcino,
suelta y verásle si a mi choza viene,
que aun tienen sal las manos de su
dueño.

En este soneto amatorio, acaso e]
mejor labrado por el eximio batihoja
de nuestra lirica, vibra el sentimiento
con rendida ternura y arrodilJada
emoción:

Suelta mi manso, mayoral extraño
pues otro tienes a tu igual decoro,
deja la prenda que en el alma adoro,
perdida por tu bien y por mi daño.

No sabe qué es amor quien no te ama,
celestial hermosura, Esposo bello;
tu cabeza es de oro, y tu cabello
como el cogollo que la piedra enrama;
tu boca como lirio que derrama
licor al alba, de marfil tu cuello;
tu mano el torno, y en su palma el
sello,
que el alma por disfraz jacintos llama.

Pónle su esquila de labrado estaño
y QO Je engañen tus collares de oro:
toma en albricias este blanco toro
que en las primeras yerbas cumple un
año.

dejando
tanta belleza, y las mortales viendo,
perdí lo que pudiera estar ganando?

Si pides señas, tiene el vellocino
pardo, encrespado, y los ojuelos tiene
como durmiendo en regalado sueño.

Mas si del tiempo que pérdi me ofendo,
tal prisa me daré, que un hora amando
venza los ·•años que pasé fingiendo.

¡Ay Dios! ¿En qué pensé cuando

como algo sin precedentes e insuperado , y la mayor intensibilidad reli-

aiosa y el mayor alejamiento de los
ideales antiguos no. logran ahogar la
emoción con que escuchamos el temblor de la

llOZ

El Duque de Sessa costeó la pompa
funeral que fue vista con honda veneración por los via.ndantes que esperaban el paso del cortejo.

de Lope, ahogado por

las lágrimas al confesar sus culpas y
proponer la, enmienda.
Bien al descubierto quedan los afiebrados estados de ánimo del escritor
genial en la correspondencia y fre
ruente epistolario con su prócer mecenas y confidencial amigo el Duque
ele Sessa. En ésta habla el poeta atri•
bulado: ... yo estoy perdido, si en mi
vida lo estuve por alma y cuerpo de
mujer, y Dios sabe con qué sentimiento mio, porque no se Cómo ha de ser
11i durar esto, ni vivir sin gozarlo; y
en algún otro lugar: Esta noche no he

Pasó el séquito fúnebre junto al Con,·ento lle las Descalzas rumbo a la
Iglesia clt• San Sebastiún. de la calle de
Atocha.
Los huesos del poeta no han podido
encontrarse; una tosca restauración
llevada al cabo en el siglo XVIII ha
imposibilitado el hallazgo de esta venerada reliquia histórica.
Los últimos decenios de su vida Lope moró en la calJe de Francos, cerca
ele donde vivían Cervantes, Quevedo,
Agustin de Riojas, la famosa come-

Página 5

�IL 1 IBIR.OS

UN HOMBRE,
UNA ID·EOLOGIA,
UN POEMA

H. R. PATCH: El otro mundo en la literatura medieval. 470 pp. Fondo de
Cultura Económica, :México, 1956.

Tan vieja como la humanidad es la
creencia en un mundo aparte del nues-

Por Raymundo RAMOS GOMEZ.

Octavio Paz, México, El Cántaro Roto, son el
mensaje común de una época en que ya no nos
duele tanto el dolor como el recuerdo del dolor.
Combromiso con lo definitivamente nuestro,
compromiso para con la espina y el barro; país
cruficado de sed en el Norte, de soledad en el
Sur, de hambre en todas partes. Sol de la aristocracia que no alumbra para todos, falso sol re•
volucionario que dice que alumbra para todos.

Chorro de sudor proletario y de átomos de sangre, remolida, seca como una garganta de piedra: sólo escupitajos de algo,
dón, sólo memoria del agua, retroactividad de frescura, sospe,
cha de humedad: ... Dime sequia, piedra pulida por el tiempo
sin dientes,
por el hambre sin dientes,
polvo molido por dientes que son siglos, por siglos que son ham•
bres, dime, cántaro roto caído en el polvo, dime, ... "

Interrogación de angustia. Geografía vertebrada en el choque violento de los huesos. Luz: fósforo humano tallado en el
En el primer número de la Revista Mexicana de Literatura roce de las miserias colectivas, de las palabras y de los hombres.
(septiembre-octubre de 1955) aparece un poema de Octavio México: botín de forajidos -antes en el camino real- ahora
con casaca diplomática y con peluca, en los puestos directivos
del gobierno: ... "¿Sólo está vivo el sapo,
sólo reluce y brilla en la noche de México el sapo verduzco,
sólo el cacique gordo de Cempoala es inmortal? .•. "
Feudo de caciques y generalifes analfabetos, todavía de texa•
na, como la razón pura y de mauser, como la razón práctica; en
su defecto, refugio de sabios de gabinete, torres de Segismundo·
de una cultura que no dialoga con el pueblo, porque tal vez ya
nadie sabe como se escribe la palabra pueblo y en los diccionarios
oficiales no se consignan la, palabra podredumbre y la palabra
miseria. Códigos donde quedó abolido el dolor de la raza, derogado el derecho a destruir la carcel de las letras y prohibido, de
una vez por todas, el llanto ancestral de los humildes.
Harina amasada con silencio y sangre: pan integral de los
desheredados.
Que, ¿Sólo el sapo es inmortal?

Paz, que es la afirmación de nuestra realidad nacional en el con•
tenido, de aristas agudas en la forma, pero pulidas a porfia (len•
gua lenta de vaca limando las espinas). Violento en el contras•
te del color, de oro a rojo, azul duro de hierro forjado, frío de
plata antigua y de polvo húmedo bajo los pies descalzos. Mú,
sica asordinada, poblada de gritos ríspidos, · de ansias salvajes
arremolinadas en el pecho, rehilete de luz y sombra bajo la piel:
••. "He aqui a la rabia verde y fría y a su cola de navajas y vi•
drio ~ortado ... " Sí, el maguey con su terca voluntad de vivir,
la vuelta del hombre a las urgencias telúricas, la identificación
absoluta con el paisaje. De clima a clima florece la flor rotunda
del mestizaje (Yoloxochitl, flor del corazón). La unión de las
herencias, en lo que tiene de puerta hacia el misterio, ha dado
un pan cazabe con levadura hispánica. Pensamos en espáñol
pero sentimos en indio. No somos, sin embargo, ni éste ni aquél.
"No es el color de la piel, sino la respuesta al medio lo que se
hereda".
Página 6

la simetría en la estética de Goethe;
en el libro a que nos estamos refiriendo, Reyes busca "el medio aristotélico", ]a justa línea de equilibrio, la simetría con referencia a los extremos,

tro, sobrenatural y maravilloso, lleno
de deleites y riquezas, sin vejez, sin
enfermedad, y en el que los años pasan como horas. El acceso a ese mlmdo y su aspecto son tan variados como ·los pueblos que lo crearon. Se llega a él atravesando el océano, cruzando un desierto, vo1ando en un carro
alado o pasando por tenebrosas regiones subterráneas. No •siempre es un
lugar delicioso; a veces, sobre todo en
las leyendas y visiones inspiradas por
el cristianismo, es un lugar de prueba
o de castigo.
El libro de Patch parte de los orígenes orientales y clásicos, pasa revista
a los paraísos celtas y germánicos hasta llegar a las visiones, alegorías y narraciones caballerescas de la Edad
Media, en las que los diferentes hilos
de mitologías anteriOres forman un tejido deslumbrante de riqueza y colorido.
En un Apéndice, de especial interés
para los lectores de habla española,
~laría Rosa Lída de Malkiel complementa la investigación de Patch y nos
conduce, en clara y sustanciosa exposición, a través del trasmundo que
ofrecen las literaturas hispánicas. Así,
esta edición ofrece un panorama más
completo del tema que el aparecido en
]a edición original en inglés. La excelente traducción del volumen se debe a Jorge Hernández Campos.

para enfocar a quien es, ante todo, simetría.
Parejamente con Goetbe va el amor.
Esta palabra, y más que la palabra el
acto, es la clave de su vida. No puede
Jibrarse nunca, dondequiera que vaya,
de la imagen femenina que sus ojos
buscan concretar; es, como los persoTRAYECTORIA .DE GOETHE. Alfonso najes de Dostoiewski, víctima repetiReyes. Fondo de Cultura Económi- da de la obsesión. En la Trayectoria
ca. Colección de Breviarios. México, de Goethe de tal manera van avanzan1954.
do paralelamente las desCripciones que
ninguna de ellas predomina sobre otra,
Este libro es una obra que Alfonso y sin embargo, todas se destacan nítiReyes se debía a si mismo. Aunque, damente: hay más intensidad en los
como él lo dice, constituye no ]a obra amores ele Goethe en este libro que en
final y rotunda sino sólo un escalón Las mujeres de Goethe, de Paul de
para aproximarse a Geothe: "instru- Saint Víctor, no obstante que éste se
mento para trabajos venideros o de reduce a tratar con exclusividad el tefutura aparición ... JJ; y ésto, porque ca- ma amoroso. Carlota. Clara, Margarida faceta del autor del Fausto se pue- ta~ Federica, destacan concretamente
da ampliar indefinidamente, siempre su perfil, mientras al mismo tiemes posible acercarle una lente de au- po se asiste al nacimiento de Werther,
mento que descubra nuevas proyec- Egmont, Fausto, Poesía y Realidad.
ciones insospechadas antes, hay siemLas intempestivas fugas de Goethe,
pre, por cada pensamiento de Goethe, que no son abandono de paisajes o
un camino que se abre y ensancha. fastidio de gente desocupada, sino verPero, ¿cómo abarcar ésta totalidad, si dadero deshacerse de sí mismo, adno es colocándose, como lo hace Re- quieren en el libro de Reyes su cabal
yes, entre el estudio especializado de significación. Cada fuga significa un
la obra literaria, y la biografía, a ve- escape de ]o que hasta entonces se fué;
ces un tanto novelada del hombre mis- siempre se huye de lo que está a punmo? Y es que Goethe se presta para to el convertirse en peligro (peligro en
las exageraciones. En cuanto se le su más hondo contenido, como en
trata biográficamente ·se cae en el pe- Heidegger: "peligro es amenaza que
ligro de bordar en demasía por cuen- al ser hacen los entes"), en Goetbe el
ta propia; en cuanto se analiza su as- huir no es cobardía, sino conciencia
pecto literario, se abandona al perso- del peligro, el emprender la retirada es
naje, y Goethe, la persona, el hombre, acabar de una vez con el enemigo que
es un maravilloso guía de su propia hosti1izn; por eso el lVerlher, que es
obra. Por eso en Reyes no es biogra- huir y enfrentarse, termina para siemfía que se concrete al hombre, ni tam- pre con el Goethe romántico.
poco tratado áspero que lo desligue
Es particularmente digno de atenpor entero, sino "trayectoria": movi- ción el capitulo referente a las relamiento conjunto, cambio del ser hu- ciones que privaron entre Goethe y
mano con sus manifestaciones más in- SchiJJer. Se comprende cómo era imtimas.
posible un acercamiento entre las dos
En 1910 ya aparece Goethe inquie- figuras, como lo hace notar Croce,
tando el espíritu de Alfonso Reyes; mientras prevaleciera entre ambos la
llama su atención el carácter supers- sombra del romanticismo. El Schiller
ticioso y la repetida referencia a Ja de Los bandidos estaba muy lejos del
magia que, como en Shakespeare, apa- Goethe que se expresa en Fausto con
recen como una constante en las pro- estas palabras: "¿De qué sirve todo
ducciones -y en la vida misma- de esto?/ Estos gestos y ademanes,/ todo
Goethe. "La simetría no es más que es viejo y repugnante." Schiller apeuna forma de la superstición o de la nas estaba en el punto en que Goethe
magia''; dice Alfonso Reyes en Sobre dejó al Werther. Pero de la polaridad

de sus conceptos nació la discusión y
"La discusión, en vez de alejarlos, fundió el hielo que hasta entonces los separaba." Una vez en contacto fueron
un acicate mutuo que redundaba en
beneficio de ]a producción. La divergencia fué fructífera.
Hay un antecedente que une la travectoria de Goethe y la de Alfonso
Reyes: Ifigenia. Ambos entroncan directamente con la tragedia griega, que
en su particular manera vuelve a resurgir. En la Trayectoria de Goelhe,
que inicia]mete nació de unas páginas
publicadas en la revista Sur, de Buenos Aires, se unen nuevamente. Este
libro abre ]as puertas a la visión completa de la obra de Goethe, si bien no
un ensayo concretado a una determinada faceta, si panorama general y
completo.
Hugo S. PADILLA.

.J. A. HAYWARD: Historia de la medicina. (Breviario No. 110). 821 pp.
Fondo de Cultura Económica, ~féxico.
Desde tiempos remotos, ]a enfermedad ha sido preocupación central y
tema obligado de las especulaciones
filosóficas y de ]as rogativas de los
creyentes. Superada la etapa mágica,
conjugaron sus esfuerzos la biología,
la física y la química, y los resultados
obtenidos han sido sumamente halagadores. Desde Jenner, los padecimientos han estado cada vez más bajo control humano, gracias a Pasteur, Lister,
Koch, Laveran, Becquerel, ROntgen,
]os Curie y un puñado de investigadores cuyos trabajos han originado la
bacteriología y la radiolOgia y quimioterapia contemporúnea.
El doctor Hayward expone en su
Historia de la medicina los progresos
de esa ciencia dividiéndo]os en dos
periodos: 1) el precientifico; y 2) el
científico. No hay en este respecto límites muy precisos, pues desde antiguo se puede discernir un método basado en observaciones y experimentos
en medio de un fárrago de teorías y
supersticiones.
A partir del siglo XVIII priva una
tendencia gradual hacia el método

ALAS CASAS EDITORIALES YA
LOS SEÑORES DISTRIBUIDORES
YLIBREROS DEL CONTINENTE
La Cniversidad de Nuevo León ha
mantenido desde su fundación un vasto plan editorial que desarrolla al través de publicaciones cuya circulación
comprende a todas las Instituciones
oficiales, universitarias, académicas,
atcneistas, centros culturales, sociedades de diversa indole y personas, en
América y Europa.
Entre el cuerpo de ediciones que
aquí se imprimen figura nuestro men•
suario ·'ARMAS Y LETRAS", que recientemente ha establecido una sección -LIBROS-, en la que figuran
comentadas las obras últimamente apareddas en las prensas americanas.

I

Dada la extensa órbita de circula•
ción del Boletín arriba mencionado, y
en interés de ofrecer al lector americano una juiciosa información del fon•
do y continente de la obra, cotejada
a la luz de un criterio ecuánime y a
tono con la moderna interpretación
del pensamiento cientifico, literario o
artístico, "ARMAS Y LETRAS" se complace en invitar a ustedes a coadyuvar
con este propósito de orden cultural
que anima a la Universidad de Nuevo
León, solicitándoles el envío de cada
una de las ediciones nacidas en sus
prestigiosas prensas, las cuales serán
objeto de nuestros comentarios, en la
medida que vayan llegando a nuestras
manos.
Los envíos deben hacerse a:
"ARMAS Y LETRAS",
Universidad de Nuevo León,
Plaza del Colegio Civil,
Monterrey, Nuevo León,
México.

rmas y

!R

Organo Mensual de la Universidad
de Nuevo León
Registrado como artículo de 2a. Clase en la
Admó_n. de Correos de Monterrey,

N. L. el

20 de Abril de 1944.

INDICADOR:

J. A. Hayward: HISTORIA
DE LA MEDICINA
~

12 . 50

BREVIARIOS
¿EL FO1'00 DI:. Ct;LTU U

Colaboradores
Raúl Rangel Frías
Fidencio de la Fuenle
Francisco M. Zertuche
Genaro Salinas Quiroga
Arturo Cantú S.
Homero A. Garza

ECONÓMICA

Alfonso Rangel Guerra

científico. Precisamente uno de los
objetivos del autor es describir la deuda que la medicina tiene con las ciencias exactas, pues puede observarse
que el periodo científico es justamente
el de su relación más estrecha con
ellas.
Hayward termina su estudio con un
ensayo sobre la medicina social y el
futuro de la profesión médica social y
el futuro qe la profesión médica, de
indudable mterés general, como también lo son el trabajo en hospitales y
en servicios sanitarios actuales.

Guillermo Cerda G.
Jor¡e Rangel Guerra
Manuel Morales

Director
Lic. Fidencio de la Fuenle

Oficinu

Washington

y

C.Olegio Civil

Monterrey, Nuevo León

MEXICO

Página 7

,

�Por Gerarclo CCELLAR Y.

una gran fuente y que casi parece volcarse sobre la Sexta Avenida. Allí, todas las tardes, se situaba un hombre
gordo, alto y moreno, de quien se decia era mexicano, para cantar canciones tales como Granada, Valencia,
Ojos Tapatíos, La Norteña y muchas
más. No recuerdo qué hora era al negar a la plaza aquel día. Pero el hombre cantaba: "Ola, que a la luz de ]a
luna ..... " y la gente le arrojaba monedas de cinco, diez y veinticinco centavos. Para un cantante de Opera,'como ·se decía que él lo fue, esto debe
haber sido triste. Su canto, por lo menos, sí lo era.
Cuando la gente se había ido, e1
cantante gordo recogía ]as moneditas
que estaban a sus pies. Y esto hacía,
con gran sacrificio al indinarse. cuan. do estuve tentado de platicar con él,
pero luego desistí de hacerlo, para después arrepentirme. De cualquier manera, yo tenía la boca amarga y pocas
ganas de hablar; los últimos sueños,
ya lo dije antes, habían sido terribles.
Al entrar a la biblioteca comenzaba
a oscurecer; me había entretenido contemplando un busto de Goethe y así
se me fue el tiempo sin sentir. Pensé
en Kant, lo que nos dejó dicho sobre
el Arte y los artistas y, finalmente,
volví a Goethe recordando a su trovador. Lo hacía decir:
"Yo canto cual canta el ave
A quien da el bosque mansión
Y encuentra en su propio canto
La recompensa mejor"

Cuando un hombre se ha pasado tres

días sin comer, comienza a tener sueños raros; sueña, por ejemplo, que se
come la pasta dentífrica y la pomada
para los callos que siempre ha guardado én el botiquín del baño. Y al
despertar, lo hace maldiciendo a todos aquellos que han comido regular•
mente durante los últimos cien años.
Esto lo digo por experiencia.
Pensando que el tabaco y el sueño
le quitan un poco el filo al hambre,
había dormido más de dieciseis horas
ese día, fumándome los últimos dos
paquetes de cigarros que me quedaban en el cajón del buró. Era miércoles y, desde _e l domingo, no babia
probado una taza de café siquiera;
solo había fumado y dormido todo ese
tiempo. Pero no era posible aguantar
ya más; los últimos sueños habían sido terribles y la cama y el cuarto me
resultaban insoportables. Vivía entonces en el número 111 de la calle 84,
a cuadra y media del Parque Central,
caminando hacia Broadway.
Asqueado del Greenwicb Village,
tomé la resolución, mientras me daba un baño, de no visitar el Barrio
Bohemio en una larga temporada.
Leería, mientras tanto, algunas obras
de B. Traven. William Saroyan acababa de publicar su última novela:
"Rock Wagram", sobre la cual se habían hecho magníficos comentarios y
yo pensé que sería el libro que mas

Página 8

Para un lector de cuentos, esto es
mucho mejor que todos los tratados de
Estética escritos y por escribirse.
Pero ya no me sentia con ganas de
leer;. busqué en el indice a don Alfonso Reyes, encontrándome dos cajas
me convenía leer. Bueno; es mejor llenas de tarjetitas que daban razón de
decir estudiar, cuando de Saroyan se su obra y de lo que sobre el autor se
ha escrito. Luego vi el nombre de Jotrata.
sé Revueltas. seguido de un título en
Tres años tenía de estar leyendo
inglés, correspondiente a su libro "El
cuentos, buenos y malos, nacionales y
Luto Humano"; "The Stone Knife",
extranjeros, optimistas y pesimistas,
para los lectores de habla inglesa.
dulces y amargos, cuando dejé aquella
No pregunté por la obra de Sarotarde mi cuarto para caminar cuarenyan. Busqué en el índice nuevamente,
tidós cuadras hasta la biblioteca.
esta vez la letra "C 11 , tratando de enLa temperatura era bastante agra- contrar a Gerardo Cuéllar V.; pero no
dable y estaba seguro de que el ejer- estaba. Y tomando una tarjeta en blancicio no me haría sudar. Además, no co, la introduje en el lugar corresponpodía tomar el tren subterráneo por- diente poniendo, debajo de mi nomque me faltaban los diez centavos del bre: "Lector de cuentos". No sabría
pasaje. Y tenia todo el tiempo por de- decir si ésto les causó un problema a
lante.
los señores bib1iotecarios. Espero que
A espaldas del edificio c¡ue ocupa de ninguna manera haya sido asi.
Mientras rotulaba aquella tarjct3,
la Biblioteca de la Ciudad de Nueva
York, se encuentra una plaza _que tiene observé que algo brillaba en el doblez

:{F

JJ:r
. ,' ......

'

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.

.

/--------=1c=-'
I

de mi pantalón; y una vez que hube
escrito: "Mexicano, nacido en Monterrey, ~uevo León, en 1928", me incliné para recoger el objeto que estaba
en la valenciana; era una moneda de
veinticinco centavos. Me acorde, entonces, de los años en que vivíamos
en Monterrey, al fondo de un expendio de pas,turas; por las noches tomaha mi padre el violín e, invariablemente, me hacia cantar, mientras él tocaba: "Ola, que a la luz de la luna ..... "
Pero también recordé al cantante mexicano gordo de la fuente; con toda
seguridad mi moneda iba dirigida a él.
Y no me importó, porque aquella noche pude comer una ración de sopa,
una taza de café y pan de centeno con
mantequilla.

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                <text>Es una publicación trimestral editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León a través de la Editorial Universitaria. En las páginas principales de Armas y Letras se incluyen textos literarios, particularmente poesía, narrativa y ensayo, de escritores destacados de la localidad, nacionales e internacionales. Inició en 1944 de manera mensual, se mantiene activa en soporte físico y digital.</text>
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              <text>Armas y Letras, Boletín mensual de la Universidad de Nuevo León, 1956, Año 13, No 2, Febrero </text>
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              <text>Es una publicación trimestral editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León a través de la Editorial Universitaria. En las páginas principales de Armas y Letras se incluyen textos literarios, particularmente poesía, narrativa y ensayo, de escritores destacados de la localidad, nacionales e internacionales. Inició en 1944 de manera mensual, se mantiene activa en soporte físico y digital.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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      <name>Ramón López Velarde</name>
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