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                  <text>BOLETIN MENSUAL DE 1A UNIVERSIDAD DE NUEVO LEON
Registrado como artículo de 2a. clase en la Administración de Correos de Monterrey, N. L., el 20 de Abril de 1944.

Año XIII

D.A.S.U.

No. 3

Marzo de 1956

Angelina, de Rafael IJ elgado .~;~
INTRODUCCION. Rafael Delgado nació el año de 1853, en
Córdoba, Veracrui. Hizo sus estudios en la misma Ciudad na•
tal y en Orizaba, más tarde en la Capital. Murió en Orizaba, el
año de 1914. Recibió educación religiosa, en un medio ambiente de provincia, cuya estrechez hubiera bastado para ahogar a
cualquier otro talento menos profundo que el suyo.
Sus novelas: "La Calandria" (1891);
"Angelina" (1895); "Los Parientes Ricos" (1903) e "Historia Vulgar" (1904)
pertenecen a la pluma de un autor ya
maduro que produjo entre los 38 y los
50 años de edad.
Su obra es resumen no sólo de una
gran experiencia y de una meditada erudición, sino asimismo de toda
una época literaria, en la cual el romanticismo cedía ante el realismo de
Flaubert.
TEMA
En esta novela Delgado se propone
realizar dos grandes tareas. Primero,
presentar el análisis irónico de un medio ambíente sofocante: el de la hermosa ciudad provinciana Villaverde,
digno de la pluma de un Tchéjov.
Es muy parecida también, pero más
emotiva que la "Diminuta Ciudad de
Okúrov", de Máximo Gorki. La serena
emotividad del autor de "Angelina"

capta al lector a lo largo de las 425
páginas.
La otra de estas tareas consiste en
revivir un primer gran amor; el amor
romántico y puro de un estudiante,
Rodolfo, que vuelve de la Capital ¡¡ sus
modestísimos lares y encuentra allí a
una tímida, muy bella y casta huérfana, Angelina. Ese cariño, dice el autor, "era una eterna aspiración al cielo:'.

Por el tono melancólico de la narración, el lector prevé que Angelina
está destinada al sacrificio. Los amantes se separan, al fin. El vivir:i una
vida de soltero egoísta. Y ella, consagrando su alma abnegada a los desheredados, se baila en algún país lejano.
A propósito de eso, dice el autor en su
penúltimo capitulo:

' vino a profesar en Méxi-Angelina
co dos años después. Y cuando las
hermanas (del convento) fueron expulsadas, se marchó a París, de donde la
mandaron a Cochinchina.
EL Al!BIENTE
Es aquel un medio social muy estrecho, en una ciudad de 8,000 habitan-

I

tes que se llama Villaverde. Alli viven,
penosamente, de la agricultura, en extremo primitiva, muchos hogares que
a la vez se dedican a la industria casera, como lo hacían sus ancestros. La
acción de la novela nos sugiere, a manera de data probable, el año de 1870.

Ni Orizaba (Yillaverde) ni Jalapa
(Pluviosilla), conocian todavía el ferrocarril. "La diligencia iba que vo..
laba" ... esas son las primeras palabras
de la novela, lo cual marca a grandes
rasgos el atraso de los transportes de
aquella época.
VILLAVERDE
Nadie busca alli, ni lo desea tampoco, el progreso. Los intereses cotidianos son mezquinos; la existencia, sin
horizontes. Los vecinos saben todo lo
que pasa en las casas ajenas. Se de-

leitan calumniando y ( maldiciendo 1'D . na
esta ciudad, dónde ''i\144¡¡y¡r~¡son las
solteras". Entre ellas se etlcueDlraÍl
las dos ancianas tías de Rodolfo, que
se sostienen de flores artificiales, tan
indispensables en los altares y. las capillas durante las fiestas religiosas. En
s~mejante hogar la religión no pasaba
de ser un fetiche, y la devoción "rutinaría". Se comprende fácilmente que
era a estas buenas ancianas a quienes
Rodolfo debía su "tan dolorída juventud". A tal grado que, sin esta lamentable moclieria en su hogar, Delgado
habría llegado a ser ciertamente el
Dickens de la América Latina.
EL ESTILO
El estilo es narrativo. No es Angelina una novela de conflictos dinámicos. Pertenece más bien al género de
las novelas autobíográficas. El tono
sentimental, al par que el ritmo lánguido, acusan reminicencias de lecturas como "María" de Jorge Isaac, de
las "Memorias de Ultratumba", de
Chateaubriand, o del Werther. Pero
felizmente, la lectura de las obras realistas españolas y la ironía d.e Cervantes, de un Galdós y los autores del Siglo de Oro, con su costumbrismo pintoresco, vienen a reflejarse, también,
en Angelina. El estilo de narración y
las descripciones de la naturaleza, cobran una sobríedad y una elegancia
muy naturales. Tanto es así, que el
autor no cae nunca en descripciones
mezquinas y fatigosas, como lo hacen
Dickens y Walter Scott, defectos, éstos, que obligan muy a menudo al lector a saltar de diez en diez páginas,
buscando, impaciente, la trama del tema, su evolución. La emoción, que es
muy fina y sincera, cautiva al lector1
mostrando una enorme atención. Pues
el instinto innato del equilibrio le impide a cada paso sobrecargar las páginas de detalles engorrosos. Cierto,
encontramos a veces lágrimas, azuce.
nas y ''palideces marmóreas", pero todo eso en medida tolerable.
El autor está dotado de una extrema musicalidad y de un gran afecto
al ritmo de su narración. A ratos, ese
su ritmo es tan lento que se pone a
describir el desolador estancamiento
de aquel cuadro general donde se desenvuelve su amor, que él 'en persona
cree platónico. Todo am¡ncia el lamentable desenlace de un tierno idilio en semejante ambiente. Pero aquella separación, al parecer tan insensata, de los amantes, parece sin embargo, muy lógica, dado el anhelo, no

�coníesado, de Rodolfo, ·de ir en busca
de una profesión liberal respetada.
LOS PERSOXAJES

.4XGELIXA
De los dos amantes, la figura de
mayor valor es la de Angelina, por
más serena. Su naturaleza misma la
ha dotado de fuerza en un alma amorosa y profunda. Es una huérfana educada por el padre Herrera y confiada
a las dos ancianas, modestamente compensadas por el pobre cura. Las dos
tias de Rodolfo, Pepa y la paralítica
Carmen habrán de rematar la educación cristiana de la joven. Pues las
santas ancianas descubren en ella "una
hermana de la caridad". En los albores de su primavera, aquella preciosa
criatura pasa horas enteras en la recámara de la paralitica, llevando aquel
semi-cadáver colgado ele las espaldas.
Y esa escena, que enternece al autor,
acaba por ,rebelar al lector moderno.
Cuando Angelina adivina Ja naciente
pasión por Rodolfo y la de Rodolfo
por la bella y rubia Graciela, hija del
rico hace~dado Fernández, sin titubear decide no desbaratar su porvenir,
pues ese nuevo amor brinda al joven
fortuna y gioria.

RODOLFO
Roelolfo es el más apocado de los
dos protagonistas. En fuerza de reflexionar, lánguido y meditabundo,
eva.de la pasión que pudiera proporcionarle la felicidad. Al escribir Angelina, cuando cumple cuarenta años,
vemos al autor lamentar amargamente
su error al no aceptar el amor de su
Angelina. Rodolfo, huérfano y educado también por las devotas del pasado,
se siente privado de toda iniciativa,
pero. sobre todo de audacia ante los
conflictos de la vida. S-e escapa hacia
la belleza de la naturaleza, que el adora como buen panteísta. Los árboles,
los bosques, los riachuelos y las montañas, cuyo lenguaje le deleita, lo consuelan. En medio de sus desviaciones,
nos confiesa el autor, al margen de su
novela: "las enervantes melancolías
han sido nota sombría de mi carácter
soñador Y lánguido, tan dado al fantaseo, al delirio vago y a la meditación
sin objeto ... " Para un lector de hoy
día, su opresión en cuanto a su vida
física se explica fácilmente por la
ideología falseada de los conceptos de
sublimidad y de castidad; la vida ascética debía por fuerza mutilar a Rodollo; debia frenar en él aquel ardor
de los instintos sanos y libres. Abandonando a la bella Angelina a los
quehaceres de la casa, el enamorado
corrió hacia la plazuela de la Alameda
y a la sombra de un naranjo se embriagó de los amores malogrados de
ATALA, de René, y de Graciela. Se
aprendía de memoria ]as c0mposicio-

Entre otros personajes secundarios,
admirablemente pintados, están el boticario, Don Procopio ;\-Ieconio, jugador desenfrenado. En las tertulias que
hacia en su botica se reunian los mozalbetes n1ás guapos, al par que los
más ,•iejos y más parlachines de la
"bu dística ciudad". En allí vemos a
toda la flor y nata ele Villaverde. De
todo aquel vaivén sobresalían por encima de todo las discusiones entre dos
fogosos políticos, que eran un tal Vegas y Jacinto Ocaña. El primero era
un espíritu fuerte, liberal, republicano,
que veía con encono el "ensayo imperial." En cambio Jacinto Oacaña era
monarquista ' 1hasta la médula de los
huesos". El retrato más vigoroso en
ese plano es el del abogado Castro Pérez, a quien apodaban "el peritísimo
en jpris:prudencia," aunque en todo lo
demás era un simple "ignorante de
torno y lomo," amén de reaccionario,
gruñón y desconfiado.

nes soñadoras de )ilille, el Lago, el Crucifijo, Las Estrellas y otras. A Yeces
escribía versos, pero su poesía horaciana resultaba mitológica.
Y todo aquello era natural, pues las
pasiones falseadas por las ideas platónicas, no menos que por la educación
estética del "pomposísimo Cicerón",
su maestro de latín, el padre Román,
hicieron que Delgado no alcanzara a
ser un nuevo Zorri1la, a quien admiraba con gran razón. Da lástima ver que
con una falsa educación hubieran mutilado a los dos amantes.

Sin embargo, platónico y todo como
Rodolfo mismo se imaginaba, acabó un
día por componer un feliz soneto, poniendo "sobre los cuernos de la luna
a su dulce Angelina", 11amándola "FJérida" en sus versos.
Entre los personajes secundarios,
hay algunos de gran relieve, los unos
sublimizados, como Andrés y el Padre
Herrera; los otros caricaturizados, como el 'Pomposísimo Cicerón". Don
Román, su maestro, es una de las fiiuras sobresalientes. Excelente latinista, le enseñó a leer a Tácito y a Terencio. Admirador de la lengua, tan pomposa de Cicerón, adquirió, sin saberlo, muy bue1los hábitos, amén de una
seria y concisa técllic8. literaria, en el
futuro novelista. En lo que hacia a
disciplina escolar, Don Román pertenecia, en verdad, a su siglo. Dice a
ese respecto el autor:

/

-Verdugo diligente e implacable se
halla siempre dispuesto a vengar, en
las manos infantiles, el menor desmán
o cualquier osadía contra los poetas
del siglo del Augusto. Enseñaba gramática latina en el Nebrija (5. XV).
También Don Román se sentía, a veces, poeta. Admiraba la fecunda vega
del Pedregoso que tanto embellecía a
Villaverde, cantándola "en exámetros
latinos y en liras arcaicas".
A decir yerdad a este tan magisterial latinista debe Rafael Delgado todo
lo que ele positivo tiene su obra. La
lectura forzada de los clásicos de la
antigüedad equilibraron a tal grado
su romanticismo lamartiniano que incluso el lector de hoy-día, de suyo
nervioso, y de gustos realistas lee su
obra y goza de sus perennes cualidades. ¡Enorme fortuna la de Delgado
el encontrar en la "inmovilidad budistica" de Vi1Javerde un diestro de buen
gusto que admiraba a los poetas agustinos. Porque a esta sólida educación
clásica debe Rafael Delgado la elegante belleza de su estilo.
Después de Angelina y Rodolfo debemos poner entre los personajes principales a la bella ciudad-dormida ele
Villaverde. Esta urbe se ha glorificado con su "viejo blasón y su heráldica presea." Allí el famoso lema de la-

tín se ha repetido millones de veces
por los entusiastas viJJaverdinos. Y por
esa gloria de su histórico pasado, los
extranjeros visitan gozosos la diminuta ciudad. Quizás se deba eso más
bien a las lindezas que ele semejante
mote se han dicho el que los villaverdinos hacen "alarde de recibir siempre bién al extraño". "No carecen de
virtudes, ni son tampoco localistas,
pues andan a menudo en busca de los
hijos de ciudades vecinas y los agasajan. Son estoicos como buenos filósofos; pocas veces alaban y ponderan
las cosas que pasan en su propia tierra, antes por el contrario las apocan
y menosprecian". Esta pequeña gente
tiene, en verdad, las cualidades inocentes del niño. Y hasta fingen, acentuando 1a nota burlona, que nada de
lo que ocurre en oiras partes les sorprende. A veces, sin embargo, se mues-

tran tan orgul1osos de sus cosas, que
para ellos no hay otras como las suyas
y que tampoco las quieren distintas,
porque creen que no les hay mejores".
LOS PERSONAJES DE LAS TERTULIAS DE VILLA VERDE
Son dos sus hombres ilustres y los
villaverdinos traen a cuento sus nombres en toda ocasión, ya venga o no
al caso. El uno, Pancracio de la Vega,
fue un general victorioso en no se sabe qué batallas, que "en fuerza de alabanzas y elogios en demasía se vio encumbrado por media docena de villaverdinos." Pero pronto cayó de ese
pedestal, viniendo a parar en un misero ranchero que "cuidaba unas cuantas vacas tísicas y estériles". Al morir este general, ·e1 maestro Don Román dijo en su memoria la oración
fúnebre y le 1lamó "ilustre". Así terminó Pancracio de la Vega. Y por su
parte, los villaverdirws, que eran muy
amantes de los epígrafes dieron su
nombre a todos los establecimientos
p~blicos, desde escuelas, teatros, hospitales y paseos, hasta calles y panaderías. Además, se dice, fue gran político Y mecenas de todos los poetas
villaverdinos.
La otra gloria de Villaverde fue un
bu~n clérigo, austero, sencillo y trab~Ja.dor; gran teólogo que 11egó a cano01go angelopolitano, después a obispo, un honor a que nunca habían aspirado los villaverdinos.
Esta gloria, "el Ilmo. y Reverendísimo Señor Don Pablo Ortiz y Santa
Cruz, obisp_o inpartibus de :\lalvarfa"
fue el orgullo de la comarca entera.

vivir y hablar junto con el autor. Su
paisaje no imita en nada al de Atarla
de Jorge Iaac, ni los cuadros pastoriles de Rousseau en Eloisa. En México,
el panorama cambia, con sus pedrega~
les, sus verdes bosques, sus riachuelos
y sus lluvias pasajeras. Nada en fin,
falta en esta pintura de la Ciudad, de
su gente, de su cielo y de sus montaiias.
Aunque sacrificando muchos deta11es para dar lo más importante, la sencilla estructura de esta novela resulta
muy pura r clara en sus grandes lineamientos.
LAS IDEAS Y LOS SENTIMIENTOS
Se diría que el autor evita a veces
razonar, no duda ni encuentra solucio-

,·irtudes del cristiano, fuente de alegria en todas partes, aqui en Villaverde, aunque espontáneas, tienen algo
que en ocasiones causa disgusto y repugnancia."

no 1893) vivo la vida prosaica de
quien no fía en humanos afectos, de
quien llama las cosas por sus nombres;
de quien sólo gusta de la poesía en
teatros y academias".

No obstante, sus ideas son lamentablemente apolíticas y antisociales, dada su egoísta educación de pequeño
burgués provinciano, capa social de su
época. Rara vez se rebela contra la
miseria o la estrechez injusta y hasta
humillante de su propia existencia.
Socialmente, la clase media, como en
todos los paises del mundo, fue allí
por fuerza temerosa, inerte, pasiva.
Hay que recordar que los hombres que
dirigieron las grandes rebeliones d-e
las masas en l\Iéxico, salieron en su
mayoria del campo o de la capa postergada sacerdotal muy allegada al
pueblo. Tales hombres cuya característica es el si1encioso heroismo son

Con todo, Delgado se niega a seguir
a "los grandes ingenios de la rmnántica legión." El posee una clara idea
de lo que es su propia inutilidad socialmente hablando, y exclama:

Rodolfo acierta a entrar al bufete
del abogado, con la mira de ganar alli
el pan de los suyos. Castro Pérez, vanidoso y amante de pasar por un sabio, le dictaba, yendo y viniendo,
larguísimos alegatos, en un estilo pesado, difuso, amedrado de latines y
cotas de las Partidas, lleno de primores y maravillas de la jerga jurídica".
En fin, una especie de retrato a la
Flaubert.
Hemos omitido el análisis y las características de Graciela y del padre,
riquísimo hacendado, porque nos parecieron sumamente falseados debido
a la ceguera social de Delgado. Que un
hacendado se muestre afable, generoso
y abnegado en el seno de su familia,
eso puede ser. Pero no es creíble que
un enriquecido de ese género sea afable con sus peones cuando constantemente acumula riquezas mil. Nos resulta, pues, un autor talentoso y culto,
pero sin ninguna curiosidad por la vida social de su país y sin ningún interés por la entraña económica. Una
obra tan maravillosamente literaria resulta, así, casi inválida. Es lamentable
ver esa falta de interés por el heróico
y rápido progreso que tanto se ha notado después en toda la República, no
menos que en la misma Villaverde y
la Pluviosilla.

"Se me ha cerrado el mundo y me
veo en él sin dinero, sin esperanza.
Me dieron ganas de morir; sentí la gra•
ta inclinación al suicidio; esta es la
nota trágica de mi carácter, de este
carácter mio, llevadero, resignado, benévolo y complaciente."
No se daba cuenta Rafael Delgado
que asi somos todos los intelectuales
de la clase media, en momentos en que
los jurisperitos Castro Pérez, nuestros
patrones, nos echan súbitamente a la
calle, sin pan ni maravedis. No sabe
tampoco que sólo esas que él llamaba
"agitadas y turbulentas generaciones
nuevas" saben luchar, resistir optimistas, frente a la desocupación y el hambre o la angustia, qe los fatuos v los
opulentos nos imponen. De esa iucha
incansable de los desheredados y los
despojados, contra los cínicos encumbrados, que de un día al otro nos condenan al hambre y a humillaciones
mil.

LA ESTRUCTURA

Rara vez, en esa novela, se refleja
la Revolución siempre en marcha. Cómo surge en México esta especie de
ceguera? De la tremenda posición so.
cía! que Delgado ha elegido, de su aislamiento y de su evasión ante el peligro de inmolarse en pro de las geneciones venideras. El prefiere cerrar los
ojos frente al trágico luchador y su
suerte. Su actitud y su conciencia lúcida le llena de incurable melancolía.

Es mur sencilla, sin complicaciones
ni vuelos de fantasía; sin conflictos
irresolubles. En verdad, Delgado es un
narrador enemigo de lo espontáneo.
La sencillez de su construcción, sin
embargo, es, como dicen los franceses,
"d'une facilité tres lravaillée". Todo
es allí meditado, en extremo mesurado. Todo es conciso. Aun las bellisimas descripciones de la naturaleza;
como su constante ironía y sus burlas
en charlas y acciones entre vil1averdinos, todo y cada cosa se halla en su
lugar.
La novela se desenvuelve en lineas
paralelas y entrecortadas por un número, se diría, de líneas horizontales
e iguales. Queremos decir con eso que
con una enorme atención nos demuestra Delgado, desde la primera página
hasta la última, la evolución de sus
dos protagonistas, no menos que fatal
evolución del decaimiento de sus ancianas tías; y la pobreza cada día más
acentuada de aquella gente de Villaverde. La muerte, en fin, del amor de
los dos amantes. La novela es un cementerio.
Pero esta marcha lenta de todos los
elementos de su novela no fatiga al
lector, porque se halla entrecortada
por las potentes fuerzas emotivas de
una espléndida naturaleza que parece

-"Ay de mi que malgasté en vanas
imaginaciones las energías de mi alma,
y despilfarré los más nobles sentimientos; casé mi fantasía; dejando en los
zarzales del camino pedazos del cora.
zón". Pero la agitación y la turbulencia en esas nuevas generaciones "tristemente precoces y nunca saciadas de
los placeres" no le agrada lampo al escéptico y fastidiado novelista. Al igual
que toda su capa social, que desclasada en este siglo de transición histórica marchaba a pasos de gigante hacia el progreso capitalista, hacia la
cultura moderna, tecnológica y mecanizada, Rafael Delgado, sintiéndose socialmente inútil y plegado bajo el peso de su incurable melancolía, se siente desde sus cuarenta, miembro desgastado de la tan batalladora humanidad. Y cuando, además, se queda sin
trabajo, el frio del penoso aislamiento
lo desola, lo desanima verse semi-hambriento.

nes. Su forma narrativa no se detiene
a sintetizar las emociones y los sentimientos. Tampoco moraliza. El es un
pintor. Sin embargo, en repetidas ocasiones se le escapa una indignación o
algún pensamiento ante la mezquindad
de las gentes, ante lo envejecido y lo
retrógrada. Se le siente católico, pero
de modo tradicional; practica la religión como quien guarda un rito por
mera rutina. Se da cuenta de la insuficiencia de la religión reducida a fetiche, mezquinamente, sin ese misticismo de pecador que llena las paredes
de sangre, como lo hacia en sus últimos años un Calderón, sujetas las disciplinas rudas a su cuerpo de asceta.
Dice en alguna parte Delgado: "La
abnegación y la caridad, esas grandes

salidos de las masas populares, que
estoicamente cayeron bajo las balas
del enemigo. No obstante, todo eso
queda fuera del horizonte visual del
autor de "Angelina". Y de al1í que
aislado, alejado de las generaciones
activas de la gran época histórica en
que él vivió; en un México que marchaba en pleno hacia un progreso más
pujante a la caida del siglo XX, Delgado se deja caer en el escepticismo y
la neurastenia de los individualistas.
Sos apagadas lamentaciones no nos
convencen, sino que acusan el gran
error de su vida, pacífica y resignada
frente a la miseria visible de su capa
social, privada de todo valor de batalla.
"Ahora -escribe Delgado- (en ple-

Página 2
Página 3

�I

Antología de Dn. Marcelino Menéndez yPelayo
TEMA DE LITERATURA GENERAL Y ESPAÑ'OLA
TEA'l;RO ESPAÑOL
Dividiremos la historia del Teatro
español en varias épocas: 1a. Orígenes
basta la época de Juan de la Encina
y Lucas Fernández; 2a. Traductores e
imitadores; 3a. Epoca de Lope de Rueda: 4a. Epoca de Juan de la Cueva;
5a. Lope de Vega y sus contemporáneos; 6a. Calderón y los suyos basta
mediados del siglo XVIII.

EPOCA la.
El Teatro español, como casi todos
los de la Europa moderna, nació en
los templos. Desde los tiempos más
antiguos, encontramos vestigios de esta costumbre.
El rey godo Sisebuto, según refiere
Mariana en su Historia general de España, depuso a un obispo de Barcelona, porque consentía ciertas representaciones gentílicas en su diócesis. Esto indica que se conservaban todavía
los espectáculos paganos en la España
goda.
Algunos han creido que San Isidoro
de Sevilla, con el objeto de desterrarles, compuso un diálogo titulado Conflictus vitiorum et virtum que se encuentra entre sus obras, pero no parece muy probable esta opinión.
Creyó el bibliotecario Nasarre, escritor muy erudito del pasado siglo, que
de los árabes procedían las representaciones teatrales, y llegó a decir que,
en la Biblioteca del Escorial, existían
manuscritos varios dramas arábigos.
Pero Casiri, al hacer el catálogo de
manuscritos de dicha Biblioteca, impugnó esta opinión, manifestando que
las referidas obras se reducían a diálogos sin acción dramática.
Conde, manifestó igualmente que no
había hallado entre los musulmanes indicio alguno de que fueran conocidas
las representaciones trágicas ni cómicas.
No influyeron, pues, los árabes para
la formación del teatro castellano, uno
de los más nacionales de la Europa
toda.
Las primeras obras representadas en
las catedrales y en los monasterios,
autos y dramas alegóricos, que versaban sobre asuntos religiosos o morales. El único que nos resta de este género es El misterio de los reyes Magos,
existe en la catedral de Toledo, Y publicado modernamente en España y
posteriormente en Leipzig por el profesor sueco Lidffers. Dicha- obra está
incompleta, pues deben fallarle muchos versos que constituirían quizás
la tercera parte del misterio.
Comprende sólo el viaje de los Reyes )fagos a J erusalem y su presentación a Herodes. Está en versos cortos
pareados y en , 1 ersos largos monoritmos como los del Poema del Cid.
La obra toda parece compuesta a
fines del siglo XI o principios del XIJ.
Su lenguaje indica mayor antiguedad
que el del poema citado. No carece de
movimiento dramático )' parece destinada a la repres~ntación.
Con el tiempo fuéronse introduciendo algunos abusos en dichos espectáculos, pues una Ley de Las Partidas,
prohibe a los sacerdotes hacer juegos
de escarnio, y les permite sólo representar misterios como los del Nacimiento, Pasión y ::Muerte de nuestro
Señor Jesucristo]
* A partir de este número, en este año, se
publicarán aquí fragmentos antológicos de
D. Marcellno Menéndez y Pelayo, como homenaje en sn centenario.
* * Este trabajo es uno de los primeros del
gran polígrafo español.

Página 4

+

perfií y entraña de Lope de Vega

**

El segundo documento escrito que
nos dá testimonio de los progresos del
drama español, es La Danza General
de la Muerte, a la cual vienen todos
estados de gentes: obra notabilisima y
sobre cuyo autor no están de acuerdo
los criticos. Creen algunos que dicha
obra pertenece al Rabby Dom Sem Tob
de Carrión, autor de los documentos
y consejos del rey D. Pedro que empiezan asi:

EIL CAUllDAIL
lDIR.AM\A líllCO

Señor rey, noble y muy alto,
Eséuchad este sermón
Que vos dice Dom Sem Tob
Judío de Carrión.
Pero otros, entre ellos D. Tomás Antonio Sánchez, en su colección de Poesías Castellanas anteriores al siglo XV,
y Moratin en sus Orígenes del Teatro
Espmíol sostienen que asi dicha obra
como la Doctrina Cristiana, La Visión
del Ermitaño, el Diálogo entre el alma
y el cuerpo y alguna otra composición,
no pertenecen al m~ncionado Rabbí.
En esta obra va Bamando la muerte,
a su Danza, personas de todos estados
y condiciones, como el Papa, el Cardenal, el Obispo, el deán, el monje, el
aJfaqui, el rabbi, el santero, el rey, el
emperador, etc. Toda la obra parece
compuesta en el siglo XV, por Jo adelantadas que en ellas se ven la versificación y la lengua castellana. ~ta en.
coplas o estancias de arte may.Ót\''co~ ...
mo las que empleó .Juan de Mená ~ "
su Laberinto.
Se sabe ¡:,or datos auténticos que, en
las coronaciones de algunos Reyes de
Aragón y Castilla se representaron dramas alegóricos, y el célebre D. Enrique de Villena compuso uno para ser
ejecutado en la coronación del Rey D.
Fernando de Antcquer{¡. Ninguno de
est.os dramas se ha conservado.
En los cancioneros generales se ven cubrimiento de América, y del estaalgunos diálogos, que presentan acción blecimiento de la Inquisición. Sus
y artificio dramático. Entre ellos hay obras se hallan reunidas en un Canuno bellisimo de Rodrigo de Cota, in- cionero de c1ue existen varias ediciotitulado Diálogo entre el Amor y un nes. Moratinm en sus Orígenes, inserViejo. Se encuentra en el Cancionero ta dos églogas de este poeta.
general, compilado por Hernando del
D. Juan Nicolás Bohl de Faber, en
Castillo, impreso en Valencia por Cris- su Teatro Esparlol anterior a Lope de
tóbal Kofman, año 1511, en folio.
Vega, reproduce seis composiciones
A este Rodrigo ele Cota, llamado el del mism9. Las más notables son la
viejo y el lío, para distinguirle de un Egloga de Fileno y Zambardo. La Farsobrino suyo que Bevaba el mismo, se sa de Plácida y Victoriano y el Aucto
atribuyen las coplas de Mingo Revulgo de Repelón, que es el primer entremés
y el primer acto de La Celestina.
de nuestro teatro.
Esta obra fué recibida con un aplauEn todas estas obritas se descubre
so increíble; repitiéronse las ediciones poco artificio dramático, pero facilien España, en Francia, en Alemania, dad y soltura en la versificación.
en Italia y en los Países Bajos. ConSiguieron sus hue11as, Lucas Fernántinuóse su argumento y aparecieron clez y el portugués Gil Vicente. El primuy pronto la segunda Celestina, la mero escribió seis composiciones draResurrección de Celestina, Ja Tragico- máticas; a unas dió el nombre de Farmedia de Lisandro y Roselia, La Co- sas, a otras el de Eglogas. Gil Vicente
media Se/vaje, La Eufrosina, La Sel- compuso algunas comedias en portuJ
vagia y otras muchas obras inferiorei guCs y otras en castellano, entre ellas,
a su modelo.
la de Amadis de Gau/a, la de Rubena,
Este consta de veintiún actos; el el Auto del Viudo ,, y el de San Martin.
primero, que forma la tercera parte
de al obra, fué compuesto por Cota,
EPOCA 2a.
y los veinte restantes por Fernando de
TRADUCTORES E IMITADORES
Rojas, bachiller en Leyes, natural de
]a Puebla de ~fontalbán, que invirtió BARTOLO;\IE DE TORRES NAHARRO
en ella quince días de vacaciones. La
primera edición se hizo en Medina del
~fuchos eruditos se dedicaron, en e1
Campo. el año 1499. Este obra, aun- siglo XVI (época del Renacimiento dt
que no representable, influyó mucho las letras clásicas), a traducir comeen ]os progresos del arle dramático.
dias y tragedias griegas y romanas.
Pero el origen de la comedia en Es- Ya en el siglo XV, un anónimo habia
paña pertenece, sin duda alguna, a hecho una versión completa de la~
Juan de la Encina, natural de Sala- tragedias de Séneca (la Medea, el fü.
manca, que floreció en tiempo de los pólito, el Edipo, las Troyanas, el HérReyes Católicos. Su primera égloga, cules Furiosa, el Hércules Eeteo, la Ocfué representada el año de 1492, época tavia, el Tiestes, el Agamemnon, ]a Tede la conquista de Granada, del des- baida).

Francisco M. ZERTUCHE.
Hemos palpado ya la vida hondamente amorosa de Lope de
Vega y la sublimación de su acendrado religiosismo. Volvemos
ahora nuestros ojos a su caudalosa creación dramática.
El curioso lector del antiguo teatro español y aun el investigador de la Historia literaria de España que pretendan ahondar
en la obra dramática del Fénix de los Ingenios, se verán avasallados por los dos obstáculos insuperables que rodean la produc•
ción del dramaturgo: la monstruosa vastedad del repertorio y la
multiplicidad de sus temas, géneros literarios y varia metrificación. Y es que, como observa K. Vossler, el poeta madrileño no
conoció el cansancio, ni el fracaso, ni la pasividad; y más adelante se pregunta cuándo descansaba, cuándo encotraba tiempo
para dormir, comer y beber en un sempiterno versificar y escri-

bir.

En el siguiente, el doctor Francisco
&lt;le Villalobos, tradujo el Anfitrión de
Plauto; e] maestro Hernán Pérez de
Oliva, la Hécuba Triste, de Eurípides,
y la Electra de Sófocles; un anónimo
puso en castellano el Milite Glorioso
y los Mecnemos de Plauto; Simón Abril
las Comedias de Terencio (la Audria,
el Eunuco, el Heautontimol'umenos, el
Formión, la Hecyra y los Adelfas) y
además el Piulo de Aristófanes y la
.lfedea de Euripides.
Otros se aventuraron a componer
tragedias sobre asuntos clásicos o bíblicos, como hizo Vasco Diaz Tanco
de Frejenal, y otros trataron asuntos
nacionales con la forma clásica, como
el portugués Ferreira en su Inés de
Castro y Fray Gerónimo Bermúdez en
la Xi-se Lastimosa y en la Xise Laurea·da, tragedias muy apreciables por su
esmerada versificación y por el sentimiento que respiran algunos pasajes.
Pero estos esfuerzos aislados no pudieron destruir el teatro nacional, que
crecia y se desarrollaba vigorosamente, conociéndose ya sus progresos en
]as c·omedias de Bartolomé Torres
Naharro, eclesiástico que vivía en Italia y publicó, según unos en Roma,
según otros en Nápoles, una obra titulada Propaladia, que además de algunas poesias sueltas, contiene las siguientes comedias:
La Serafina
Trofea
Soldadesca
Tinelaria

Jacinta
Calamita
Aquilana
Himenea

En la Serafina, hablan los interlo(Pasa a la Pág. 7)

El cómputo numérico de su ejecutoria escénica será motivo de admiración en todos los tiempos: de sus obras
teatrales en verso nos son conocidas
770 por el nombre y 470 por el texto.
El poeta mismo pretende haber redactado mil quinientas. Su protobiógrafo,
discípulo y amigo innseparable Pérez
de Montalbán habla en la Fama Póstuma de mil ochocientas coniedias y cuatrocientos autos sacramentales. Hemos
de sumar a esto tres novelas y cuatro
novelas cortas en prosa, cinco poemas
épicos y cuatro poemas épicos menores, tres poemas didácticos una opulenta flora lirica de diversos matices,
su rico y revelador epistolario, casi
todo Cl cruzado con su protector el
Duque de Sessa y muchedumbre de
escritos de ocasión.
La tan asombrosa fecundidad obedecía sin duda al inquieto espíritu de
su creador y a la constante solicitud
popular de sentir en la escena el arte
representativo de Lope en un momento histórico en que su pueblo señoreaba por entonces 16s destinos de la
Humanidad.
Se cuenta que durante una estadía
de catorce dias en Toledo, escribió el
genial escritor quince actos, es decir,
cinco comedias en verso; y a los sesenta v nueve años redactó en tres
días 1; obra La noche de San Juan,
realización jovial y galana c¡ue dos
días después se ponía en el tablado
en los bellos jardines del Conde de
11onterrey.
Lope mismo relata en la Eg/oga a
Claudia: Pero si agora el número infinito/ de las Fábulas Cómicas intento,/ dirás que es fingimiento / tan/o
papel escrito,/ tantas imttaciones, tantas ffores,/ vestidas de retóricos colores./ Mil y quinientas fábulas admira,/ que la mayor el número parece;/
verdad que de.';merece/ por parecer
mentira,/ pues más de ciento en horas
veinticuatro.! pasaron de las musas
al teatro./
Y en La moza del cántaro, dice: Mil
y quinientas ha escrito;/ bien es que
perdón merezca/.
Anonadados ante esa majestuosa y
opulenta fronda del insólito poeta español, adentrémonos en el meandro de
su poesía dramática.

drama prelopista.
El primitivo, esencialmente medieval, presenta dos aspectos de clara diferenciación, aunque en lo substancial
sea uno solo el origen de ambos. Estos
dos aspectos son el religioso y el profano; y ambos medran a la sombra
cálida y acogedora de la Liturgia
eclesiástica, que era por entonces esplendorosisima. Empero, no hay que
subestimar e.sta etapa como una sobrevivencia de los últimos alientos del
Teatro latino decadente, que influyó
en la expresión de las farsas satiricas
de ese primer momento histórico.
Las funciones de ]a dramaturgia
contemporánea se agrupaban en los

f

Antes ele la aparición de Lope en la
escena peninsular, debemos tener en
la cuenta tres momentos en la arqueología del Teatro español, que corresponden a las encadenadas etapas de la
producción dramática: El Teatro primitivo, la transición renacentista y el

j;

tradicionales ciclos de la Natividad y
de la Pasión del Señor.
Aun dentro de ese Teatro de oros
y brillos bizantinos, nublados por el
incienso catedralicio, hay que señalar
dos corrientes: los Misterios y las Moralidades. Los primeros eran consti-

tuídos por representaciones realistas,
con pasajes de la vida de El Salvador
o temas hagiográficos, que más tarde
consolidaron los Autos Historiales.
A este género inicial corresponde el
texto más antiguo_del Teatro español:
el Auto de los Reyes Magos, datado en
el siglo XIII. La ingenuidad y la sencillez de la expresión, así como la
simplicidad del desarrollo dramático,
caracterizan a esta venerable reliquia
de la primigenia escena romance.
Las Moralidades son, por el contrario, de un típo absolutamente simbolista. El elenco dramático lo forman
entes abstractos: virtudes, vicios, etc.,
dentro de un cuadro amplio de alegorías, por lo que se les llamó Autos
Alegóricos. Las evidencias de uno y
otro tipos se encuentran en el Códice
llamado de Autos Viejos.
Estos dos linajes dramáticos influyeron en el Teatro español hasta el
estupendo Siglo de Oro, época de Lope. Así, de los Misterios se originan
las Comedias de Santos, y de las Moralidades nacen los celebrado&gt; Autos
Sacramentales.
La segunda manera del Teatro nacional español en el Medievo reviste
nn carácter realista, satírico. Faltos de
documentación coetánea, hasta nuestros días han llegado noticias de los
juegos de escarnio, juegos de escolares,
farsas y monólogos, que por su libertad y desenfado tenian como marco
escénico la plaza pública, y no la iglesia y atrio de la misma, como los anteriores.
La etapa de transición entre esta
época primitiva, y la prelopista, nos
presentan un teatro híbrido de profano y religioso, a cuya iniciación concurre en la Historia literaria Gómez
)1anrique, para seguir en ascenso del
pensar y sentir renacentista con Juan
del Encina, Lucas Fernández, Bartolomé de Torres Naharro y Gil Vicente, que llenan todo el cuadro del siglo XV.
Esta época se matiza de renacentismo, con las normas de Aristóteles y
de Horacio y con el recuerdo presente
de la gran dramaturgia griega y latina.
Es decir, un Teatro académico, cuyo
ideario podría compendiarse en estas
reglas: en la composición y andadura
de Ia pieza dramática no deberían
mezclarse elementos disímbolos, por
ejemplo, lo trágico con lo cómico; el
lenguaje y desarrollo de estas facetas
tenían que ser ne·cesariamente diferentes, y la acción debería ser unitaria,
consumada durante un sólo día y acaecida en un sólo lugar.
El Teatro calificado canónicamente
de pre1opista se inicia con el propio
siglo XVI, oreado de nuevos propósitos
y pleno de vida rea], dejando a un la..
do el rigor clásico y con el consecuen ..
te abandono lento de las unidades de
acción, tiempo y espacio. La escena
se desenvuelve con amplia libertad y
el hombre, que en el periodo anterior

Página 5

•

�era un autómata sometido a 1a rigidez
clásica, tiene ahora condición humanisima idónea a la vida real que vive
la España inicial del siglo décimosexto.
El lenguaje ondula con las modalidades elocuti\'aS del hombre de la calle; se trasplantan a la escena los momentos sociales de la clase humilde y
se empieza a mezclar lo triste con lo
jocoso. Así, el Teatro empieza a presentar la serie de problemas del cotidiano fluir.
Destacan en esta nueva era figuras
representativas: Lope de Rueda autor
de varias comedias de enredo y aventura y de los magníficos Pasos, que
son ya el primer reflejo de las costumbres y el lenguaje del pueblo; Juan
de la Cueva, andaluz como Rueda, que
maneja por igual la forma renacentista y la prelopista del Teatro español.
Admirador y conocedor de Horacio,
escribe obras como La muerte de Virginia y Los siete lllfantes de Lara. A
este ingenio se debe la prefiguración
de Don Juan en su obra El Infamador,
que acarrea el elemento novelesco a
la dramática, y el propio Ingenioso hidalgo Don Miguel de Cervantes Saavedra, autor de Ocho comedias y ocho
entremeses, que n·os asombra con
obras como El cerco de Numancia y

•

El trato de Argel.
LÜs entremeses son piezas menores
del Arte teatral. Su estilo es conciso
y su diálogo vivo y popular.
Al llegar a Lope de Vega, nos encontramos con que no hay un Teatro
auténticamente nacional: todavia la
tradición clásica aprisiona a las formas dramáticas, ligado a la preceptiva de Aristóteles y Horacio con ejemplos de Séneca y de Terencio... Las
tentativas realizadas son frias e insípidas, pero a la par hay ensayos de
prelopistas tendientes a crear el elemento épico patrio, lo novelesco, lo
costumbrista y lo religioso.
Asociados ambos elementos y matizados por la personalidad psíquica de
Lope, el escritor se alza con el cetro
de la monarquía dramática -dicho
con palabras de Cervantes-, pues si
se aparta a las veces de la preceptuación culta, hinche, en cambio, de
lleno, plenamente las ansias del pueblo español, que, a partir de entonces,
ya no querrá otra cosa.
Lope de Vega es el creador del Teatro nacional español. ¿Porqué este
dictado? Porque alejándose de todos
los moldes antiguos de que hemos hablado, que no tenían nada de nacionales, concibe y lleva a su clímax,
sublimándola, una fórmula nueva que
integra las esencias de la vida de su
nación y de su época. Y planteando
el esquema con sencillez, diremos que
su técnica consistió en elegir un problema cualquiera de los que agitaban
la vida de su época -amoroso, de honor, religioso, militar, etc.-, en encarnarlo en unos cuantos personajes
y echarlos a andar sobre las ·tablas,
con vida propia, con auténticas acciones y reacciones, y fue así, en suma,
el espejo de la misma realidad C!l!e
todos alentaban.
Quedaba así, confinado, el Teatro
tradicional, con la imitación de la vida que pedia Aristóteles: vida hieratizada, antinatural, expresada de manera solemne, ritual, ampulosa .•. Por
ello Lope llegó, revolucionó y venció,
añadiendo a este especie de mesianismo dramático una técnica absolutamente renovada.
Dejando de lado las obras épicas, la
producción lírica, las novelas, el epistolario y las obras de encargo, el repertorio dramático de este autor le da
la palma entre todos los escritores de
su siglo.
Intentemos una clasificación por temas: las comedias de asunto histórico, las de asunto fantástico (novelescas, de -c ostumbres, pastoriles y mitológicas) y las de asunto religioso.

Las primeras constituyen un grupo
más numeroso y noble, abravando su
tema en romances, poemas épicos,
obras históricas y singularmente en la
Crónica General de Don Alfonso, aderezadas con elementos propios de la
fantasía lopesca.
En este linaje descollan las siguien~
tes: Las doncellas de Si mancas, que
historia el tributo de ]as cien donce-llas, con una sugerente intriga amorosa de pura ficción; El testimonio
vengado, que proviene de 1a Crónica
General y de la Historia de Mariana,
referente a la tradición del caballo del
Rey Don Sancho y la difamación que
este Rey de Navarra arrojó contra su
propia madre; El mejor alcalde el rey,
procedente también de la Crónica General, en la que figura la propia intervención de Don Alfonso VII El Emperador haciendo justicia contra un
noble malvado y altanero; Los novios
de Hornachuelos, tema recogido de un
cuentecito folklórico, en el que aparece el Rey Don Enrique El Doliente
revestido de gran energía moral; la
melancólica comedia El caballero de
Olmedo, tomada de cierto cantarcillo

histórico (Que de noche le mataron
- al caballero -, la gala de Medina, - la flor de Olmedo); - Fuente
Ovejuna, moderna y atinadamente representada, obra en que el pueblo mismo se hace justicia por su mano por
las tropelias y abusos del Comendador
Fernán Gómez de Guzmán; Los prados
de León, El bastardo Mudarra, El casamiento en la muerte, la célebre obra
La estrella de Sevilla, Contra el valor
no hay desdicha, El catigo sin venganza, El Gran Duque de Moscovia, El
honrado hermano, Roma abrasada, La
mocedad de Roldán, Las pobrezas de
Reina/do, El Marqués de Manlua, y
tantas otras que seria tedioso enumerar en esta disertación.
Las comedias que tuvieron como
substractum temas novelescos italianos
o españoles o que fueron imaginadas
por la fantasía lopesca, son de carácter costumbrista, y predomina en ellas
la intriga y los lances amorosos y suele llamárselas de capa y espada. Algunas han adquirido justa nombradía,
como El perro del hortelano; La moza
del cántaro, ya mencionada en la anterior disertación, en que la protagonista la dama Doña Maria de Mendo-

za, se disfraza de criada y se marida
a un caballero de blasones; El premio
del bien hablar, en la que un galán
justifica en su honor de mujer a una
doncella de quien oye despropósitos,
casándose a la postre con la infamada. en premio de su caballerosidad;
La discreta enamorada, obra en que
coníluyrn en su fábula el amor de un
padre y un hijo hacia una misma dama, procedente del Decameron de
Boccaccio, que dió paño para La escuela de los maridos, de Moliere y pa•
ra la zarzuela espallola Doña Francis•
quita; El ace!'o de Madrid en que aparece Belisa entrevistándose en un paseo de aguistas de fuente ferruginosa
con su amado Lisardo; Amar sin saber a quién, de sugestiva trama, en la,
que compite la generosa abnegación
de dos amantes don Fernando y Doña
Leonarda; La esclava de su .galán, en
que la protagonista Elena, viendo por
causa suya arrojado del hogar paterno a su amante decide hacerse esclava del iracundo padre, para lograr el
perdón del corrido hijo, y otras no
menos notables, tales como La dama
boba, no hace mucho representada en

Madrid; El verdadero amante, que el
autor escribió a los quince años; El
maestro de danzar, Los melindres de
Be/isa, La noche de San Juan y El lobo del Colegio, ya mencionadas palabras atrás; La Pastoral de Jacinto, La
Selva Amor; El Perseo, en torno a las
hazañosas empresas del héroe y la salvación de Andrómeda; La bella A uro•
ra, abrevada de Ovidio Nasón y referente a la fábula de Céfalo y Pocris.
La tercera clasificación, referente a
las comedias de tema religioso, no es
menos interesante que la referente a
los otros linajes dramáticos. Su fuente casi única fue la Literatura antiguotestamentaria y no pocas veces las
tradiciones devotas, sabidas y tenidas
en alta estima por el pueblo que leía
a Lope o concurria a su escena.
A este grupo concurren, entre otras
también notables, La hermosa Ester,
que corrió con el rubro de tragicomedia y se· refiere a la historia de
aquella princesa esposa de Asuero; La
divina Africana, también titulada de
tragicomedia, que tiene como fábula
o trama la conversión del Obispo de
Hipona, tal como el ilustre Padre de
la Iglesia la refiere en su emocionado

libro Confesiones; El capellán de la
Virgen, basada en la existencia del
mitrado de Toledo, San Ildefonso, y
La buena guarda, que refiera la leyenda de la monja fugitiva del monasterio, que leemos en las hermosas Cántigas del sabio Rey Don Alfonso, asunto que posteriormente sería fuente de
inspirá.ción de poetas y novelistas, entre éstos, Zorrilla.
En la Fama Póstuma nos dice el
Doctor Don Juan Pérez de Montalbán
que su maestro y confidente amicísimo Lope escribió más de cuatrocientos autos sacramentales, cantidad sin
duda hiperbólica, pero de cualquier
manera, aunque menor, estimable. Entre aquellos que la posteridad ha tenido en sus manos figuran La siega,
el más cimero de todos, tomado de la
parábola de San Mateo sobre el campo sembrado de buena semilla y de
cizaña; El pastor lobo, que nos encanta por su hondo y penetrante lirismo,
auto que proviene de la paróbola de
la oveja extraviada de acuerdo con las
antiguas letras sagradas de San Lucas,
y El heredero del cielo, que versa sobre la parábola de la vida, según nos
lo deja referido San Mateo. Esta obra
es abundante en bellezas y detalles.
No pocas veces 1a producción dramática de Lope ha corrido confundida con la de sus contemporáneos, de
tal manera que, en puridad, sería dificil separar lo auténticamente Jopesco de la obra asociada... ¡Tan abundosa era la vena de este autor genial
de aquellas edades!
Revolucionó también nuestro autor
los caracteres dramáticos de la escena española. Proscribió aquellos tipos
comunes e invariables del antiguo teatro, como el pastor, el bobo, el rufián,
así como los personajes puramente
episódicos e inalterables acartonados
en el mecanismo de 1a acción escénica. Por ejemplo, y en punto a perfec•
ción de caracteres, superó _la representación del tipo del gracioso, que
logró atisbar en las creaciones de los
antiguos autores como Juan del Encina y Torres Naharro.
En cuanto a la forma métrica de su
producción teatral, fijó el uso del octosílabo en sus diversas manifestaciones, singularmente en las redondillas
y romances, sin dejar de emplear otras
formas, como el soneto. Optó, también,por dividir la composición de la
obra en tres actos o jornadas, manera
que desde entonces prevaleció.
La forma de los parlamentos es viva y animada, y, cuando por la necesidad artística se precisa alargar la
exposición, el poeta inserta muchas
veces lindos trozos líricos, especialmente romancillos y sonetos magistrales.
Fueron los teatros o corrales de Ja
Villa y Corte la sede más idonea y
apropiada para que la bullanguera
gente conociera la ancha producción
del Fénix de los Ingenios y Monstruo
de la Naturaleza, como le llamaron sus
contemporáneos y la posteridad misma.
Toda comedia de Lope era bien llegada a esos recintos donde se congregaba gente de diversos matices sociales, particularmente del llamado pueblo, pues iba a ver, a gustar y a aplaudir los temas sociales, militares, religiosos o legendarios que ya sabía por
otros caminos de su burda e incipiente cultura.
Algunos autores contemporáneos de
Lope y Calderón nos han legado descripciones de los corrales madrileños
donde entre chocarrerías y silbos,
amén del concurso de cosas arrojadizas, tenían lugar las representaciones
de comedias. Uno de ellos es Juan de
Zabaleta, en su El día de fiesta por la
larde, Madrid, 1,659.
Al iniciarse Lope en la vida teatral,
hacia el último tercio del siglo XVI,
(Pasa a la Pág. 8)

AntoÍogogía de ...
(Sigue de la Pág. 4)
cutores castellano, latin, italiano, valenciano y francés, siendo difícil de
comprender cómo los espectadores entendían aquella jerigonza, semejante a
la lengua franca de los arraeces de
Argel.
La mayor parte de estas comedias,
la Trofeci, la Soldadesca, la Tine/aria,
la Jacinta, son series de escenas sueltas más bien que dramas; pero hay algunas como la Aqui/ana, la Calamita
y la Himenea que adoptaría sin reparo
alguno el mismo Lope ele Vega.

J)
1

Tragedia de la muerte de Aya.v de
Telamón sobre las armas de Aquiles.
Trageclia del Principe tirano.
Las comedias son, entre otras:
Comedia de la libertad de Roma por
Mucio Scevola.
Comedia de la libertad de España
por Bernando del Carpio.
Comedia del Príncipe tirano.
Comedia del 1'11tor.
Comedia del De¡¡ollado.
Comedia del Saco de Roma.
Comedia del Cerco de Zamora.
Comedia de la Constancia de Arcelina, etc.

Cristóbal de Virués que publicó las
siguientes tragedias: La infeliz Marce/a, La Cruel Casandra, Atila furioso,
La Gran Cemíramis, E/isa, Dido. etc.,
siendo la última la que merece más
EPOCA 3a.
estimación.
El inmortal Cervantes hizo dar un
LOPE DE RUEDA
gran paso al teatro espalloJ con su tragedia La Nunwncia, que ha pesar de
El escritor dramático más notable los defectos inherentes a su asunto,
después de Torres Naharro, es el se- presenta un argumento nacional e invilJano Lope de Rueda, que como ~fo. teresante, escenas patéticas y sublimes,
Jiére y Shakespeare, representaba sus versificación robusta, alto y levantado
mismas comedias.
espíritu patriótico y es ,en fin, una de
Los escritores de aquella época, An- las mejores cm.nposiciones dramáticas
tonio Pérez, Cervantes, le tributaron ahteriores a Lope de Vega.
encarecidos elogios como autor y coCompuso, además, antes de puJ:&gt;li•
mo representante. Después de su muer- car la primera parte de El Quijote,
te, Juan de Timoneda, librero valen-• otras muchas obras de las que sólo se
ciano, imprimió sus obras, aunque no conservan los títulos como son: Amacompletas.
ran ta o la del Mayo, la Gran TurquesLas que se conocen son, El deleito- ca; la Batalla Xaval; la Unica y bizaso, que contiene varios pasos, como e] rra Arsinda; la Confina, ele.; sólo &lt;ruede las aceitunas; el del Convidado, Pa- dan de esta época, además de· La Nugar y no pagar, el diálogo sobre la In- mancia, los Trastos de Argel.
vención de las Calzas, etc.
Dos· coloquios, el de Timbria y el
EPOCA 5a.
de Camila; cuatro comedias, ]a Eufe•
mia, lo~ Engaliados, la Armelina, fa
"Entonces, dice Cervantes, entró el
Afedora y un coloquio en verso, titu- Monstruo de la Naturaleza, el Fénix de
lado Prendas de Amor; se tiene ade- los Ingenios, el gran J.ope de Vega
más noticia y se conservan fragmen- Carpio, Y alzósc con el cetro de la Motos de otras composiciones suyas.
narquía cómica."
Juan de Timoneda, su amigo y editor,
Era Lope uno de sus genios que Ja
publicó muéhas composiciones dramá- Providencia concede algunas veces a
ticas suyas y ajenas. Entre las prime- las naciones, y que consiguen variar
ras, son notables 1a comedia de los Me- radicalmente el estado social o literaneemos, imitación de Plauto, la come- rio de un pueblo.
dia Cornelia; la Trapacera, la CorbaliLope fué el creador del Teatro Esna, El paso de lo• do., Ciegos, el auto de pañol. Lope reunió todos los elemenLa oveja Perdida y otras. Publicó, ade- tos que a_ntes de él existían y les immás, dos comedias de un tal Alfonso primió el sello de su ingenio, original
de Vega, de quien no tenemos más no- y poderoso.
ticias, tituladas, La Serafina v la DuEstudió los clásicos griegos y Jati•
quesa de la Rosa: todas estas o~bras son nos, no para imitarles servilmente code 1a escuela de Lope de Rueda, aun- mo hicieron los dramáticos de la esque inferiores a las suyas.
cuela pseudo-cJásica francesa, sino paEntre las mejores composiciones de ra aprender en ellos el arte dificilísieste tiempo, debe mencionarse La Co- mo del diálogo y el modo de carac~
media Pródiga de Luis de Miranda.
terizar a sus personajes. Tomó algo
Joaquín Romero de Cepeda escribió del metafísico discreteo de ]os trovala Comedia Selvaje y la Metamorfosea. dores provenzales y castellanos, y de
. Entre los mejores autos, debe citar- los discípulos de la escuela Petrarse el de la Aparición de Nuestro .Señor quista. Aprovechó ]as obras de los esJesucristo a los discípulos que iban al critores que le precedieron en cuanto
castillo de Emaús, atribuido a Pedro tenían de nacional y característico· esde Altamira.
tudió, sobre todo, Ja poesía antÍgua
Pedro Hurtado de Toledo, verdade- P?Pular del pueblo castellano y espero autor del Palmerin de Inglaterra, cialmente de los primitivos romances,
compuso el auto de Las Cortes de la en los que encontró un tesoro inagoMuerte, aunque con mayor complica- table para formar el drama castellano.
ción y artificio dramático.
De la combinación de todos los elementos surgió el drama nacional.
Lope de Vega, cuando publicó La
EPOCA 4a.
Moza de Cántaro, llevaba escritas 1 500
comedias. Su biógrafo ~Iontalbán ~seJUAN DE LA CUEVA
gura que llegaron a 1,800. Fecundidad
asombrosa y que explica los defectos
En esta época, se dió más interés a en que incurrió el autor de obras tan
los dramas, mayor pompa y armonía admirables como La Estrella de Sevia la versificación; y las obras de los lla, y El Mejor Alcalde del Rey.
autores que florecieron en los últimos
Por falta de tiempo no puedo hablar
años del siglo XVI, pueden considerar- ~ás de L?pc de Vega y sus contempose como un informe bosquejo del dra- rane?s, m enumerar los discípulos que
ma de Lope de Vega. Estos autores contrnuaron y mejoraron la obra de
son: Juan de la Cueva Garoza, que s1~ maestro, el filosófico y castizo Alar.
compuso varias obras dramáticas: a con, Fr. Gabriel Téllez (el maestro Tirunas dió el titulo de tragedias, a otras so de llolina), D. Francisco de Rojas,
el de comedias. Las primeras son:
D.. A~1stín :\loreto, etc., hasta lle_gar aJ
prrnc1pe de la escena española. D. PeTragedia de la muerte de Virginia dro Calderón de la Barca, que elevó
Y .4ppio Claudia.
a la perfección el drama nacional.

IL I IBlflOS
GRAX ESTORBO LA ESPERANZA, por
Emmanuel CarbaIJo. Los Presentes,
)íéxico, 1954.
CarbalJo no intenta despertar la curiosidad primitiva de los lectores, ni
presta atención a la cadena de sucesos que se dan dentro del rigor del
tiempo, a Ja historia, en la que la mayoría de los cuentistas populares se
apoyan para lanzarse a la aventura literaria Carballo, en cambio, se desvela en la trama, porque demanda del
público, inteligencia y sensibilidad; no
escribe por pasatiempo, ni para divertir o para ayudar el sueño y la digestión de las gentes, sino que lo impulsa
una razón vital: su existencia que necesita justificarse ante sus propios
ojos. No desentonaría con estas prosas un epígrafe existencialista: "Toda
vida que no sienta preocupación, problema, justificación, y que no quiera
encontrarse frente a frente consigo
misma, no es ·auténtica, sino subterfugio, sustitutivo de la verdadera vida."
No me detendré a considerar las ·caractc:rísticas comunes de toda prosa
poemática: frecuentes tropos, uso de
términos comparativos, tendencia a la
definición poética, que ya apuntó un
critico creyendo descubrir l.m nuevo
mudo; pero que escapó a su miopía
policíaca Ja calidad literaria -rara en
nuestro medio- de este texto, que
ofrece un máximo de rendimiento conforme a la edad y las aptitudes de su
joven autor, de quien ya se puede afirmar algo positivo: que ha alcanzado
un- tono de voz único para sus cuentos, y un perfecto ac~bado para cada
uno de eJlos.

EMMANUijL CAR~ALLO

•

Para entender el mundo de Carballo,
que muestra las cosas más íntimas sin
ser por esto impúdico, que habla del
sexo en un tono que no es el de confesionario, es indispensable comprender los elementos que lo integran. En
otras palabras, saber escuchar su tono
de voz integral, trágico, enamorado,
pesimista, exento de ironía. El lema
"Gran estorbo la esperanza", estoico; no rechaza la existencia en su raiz,
sino en sus manifestanciones superfluas, es la virtud de poseer la vida
desnuda, sin señuelos, co.n la pureza
de una pasión que no se desvía en
idealismos: "así es la vida, dura y
corta"; pero esta objetividad no es la
común y corriente, sino la que nace
del monólogo interior, siempre subje.,.
tivo: "las cosas no existen, cuando

existen son fCas, desabridas: uno es el
que les da color, forma; uno es el que
les da vida", o corno afirma Ortega y
Gasset, Ja subjetividad, la peculiaridad
de cada ser, lejos de estorbarle para
captar la verdad, es precisamente el
órgano mediante el cual puede ver la
porción de realidad que le corresponde", y la esperanza estorba, porque es
el Jugar común en el que se ilusiona
la burguesia, es el mínimo común denominador de los espíritus pobres, que
nace del monólogo interior.
El munflo de Carballo está en un
perpetuo conflicto contra los modelos
preestablecidos, sus personajes entablan una dramática lucha contra el
ambiente que los rodea; pero éste acaba por aplastarlos. Carballo se declara en favor de la existencia espontánea, de la naturaleza que con la intuición encuentra, sin equivocarse, los
caminos de la vida, por lo que reprueba todo molde, como una reformación
de la existencia. Este conflicto tiene
su punto de partida ·en la relación de
padres e hijos, el hijo nace dotado de
]as facultades necesarias para sobrevivir y ser feliz; pero los padres imponiéndole normas extrañas a su naturaleza le hacen perder la confianza
en sí mismo: "Madre. me haces daño
porque me recuerdas la infancia, porque tú misma eres un recuerdo, un
presente ingrato. Huyo de ti, porque
tú me enseñaste a huir, a huír de las
tentacioi:s, a huir de mi mismo", y
luego la gente continúa la labor destructora: "Las orejas de nosotros son
como las ruletas. Las palabras de la
gente llegan, apuestas entre si sobre
cuál hará mayor daño; entonces giran,
se van calmando, hasta que por fin
se apaciguan. Una es la que· gana, la
que nos destruye, la que nos hace pedazos de hombre, hilachas". Carballo,
en todo momento, está en favor del
hombre y en contra de la sociedad
por lo que rehuye la ironía, la ris~
como castigo social, ya que la rigidez
de espíritu que sufre el hombre se la
impuso la sociedad. Si Carballo creyera en la salvación del hombre -pero no cree en la eternidad de la materia de los fisiócl'atas, ni en la del
alma de los cristianos- pensaría que
ésta sólo se puede encontrar en uno
mismo,
y que no puede venir de fuera
.
.
'
srno que hene que encontrarse con el
propio esfuerzo.
En particular, recalca su rebelión
en los temas de sexo y amor, en contra de los prejuicios y los convenc1onalismos, como D. H. Laurence ataca
a 1a hipocresia, burguesa: "Gente sin
sexo., gente que abunda en todas partes, que no tuvo principio, que no tendrá fin. Gente podrida, de tripas rancias, de miembros plegados por la impotencia". Y reclama para su hija un
mundo mejor y más puro: "Un mundo
de carne, de pequeñas hojitas de rocío
Un mundo que tenga un sabor nuevo:
Un mundo habitable, renaciente como
aquél, de amplio cuadrante en el que
se agrupen, como cuako racimos los
cuarenta días. Un mundo en el 'cual
nuestra niña sostenga como la paloma
la tierna rama del primer olivo"; así,
en esta forma patética declara CarbaIlo su amor por el mundo, como una
Yez lo hizo Katherine Marsfield: "Es
infernal amar la vida como yo la amo.
~fe parece que la amo cada vez más
en vez de amarla menos ... Espero po~
der resistir lo bastante para hacer una.
obra de importancia. Estoy hasta de
estas gentes que mueren cuando prometían tanto .... "

c. v.

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�inagotable extrayendo de la cantera
de la Religión, el Imperio y la Historia, para aquellas gentes ávidas de su
estética, consagrándole una corona,
un culto, una larga ovación que nin(Sigue de la Pág. 6)
gún otro dramaturgo logró alcanzar,
babia en la Villa del Oso y del )la- aun con una obra más depurada y sedroño tres tipos de teatros: el ecle- lecta que la del poeta de la Calle de
siástico, el de la Corte Y el público Francos.
Y así escribió durante varias décade la Ciudad. En los dos primeros,
lógicamente subsidiados por la Igle- das comedia tras comedia, por el exisia y las Corporaciones y por el guo estipendio de cinco u ochocientos
Estado, respectivamente, había una reales.
La gloria cegadora e inabarcable de
gran variedad y esplendor escénico,
en tanto que en el teatro popular se, Lope vulneró bien pronto a los homadvertía un régimen de sobriedad, bres de letras de su tiempo, y así quepues la empresa vivia del producto de do dividido el campo en detractores
y en partidarios del genial dramalos los ingresos· populares,
turgo.
En 1579 tenemos ya el Corral de la
No podían ·tolerar sus enemigos el
Cruz y en 1582 el Corral del Príncipe.
Era el teatro en el Madrid de estas triunfo de las nuevas reformas en el
épocas una estancia de patio común, arte escénico, y los aplausos que Macuyos muros traseros eran casas de drid tributaba a su poeta en cada nuevecindad. Los balcones y ventanas ha-

El Caudal ....

Xingún ejemplar de este escritor ha
llegado a la posteridad, pero se conoce, grosso modo, el contenido de los
\'irulentos ataques que enderezó contra El Fénix.
Decía el malqueriente que Lope había escrito muchas comedias llenas de
gazapos, con mezquina ganancia; que
había atacado a Don Luis de Góngora
y Argote, mordiCndolc como a un perro; que era un ignorante en la lengua del Lacio; que los poemas épicos
de Lope eran indeseables especialmente La Jerusalén conquistada, en la que
no había unidad histórica, y algunas
otras imputaciones más. La contraofensiva no se hizo esperar, pulverizando a los agresores, sobre todo a Torres Rámila, por la deleznable y calumniosa argumentación gratuita.
Los defensores más conocidos fueron Francisco López de Aguilar y Alfonso Sánchcz, también profesor de la

cierto, como dejo escrito Aristóteles,
que el arte imita a la Naturaleza, el
mayor artífice será el que más se acerque a la Naturaleza misma ... Tenemos
arte, tenemos preceptos que nos obligan, Y el precepto principal es imitar
a la Naturaleza, porque las obras de
los poetas expresan la naturaleza, las
costumbres y el ingenio del siglo en
que escribieron." Después, dirigiéndose a Lope, le dice asi: "¿Qué te importa la comedia antigua, puesto que
tú solo has dado a nuestro siglo mejores comedias que todas las de Menandro y Aristófanes ?" En seguida,
refiriéndose a la multitud que siempre
proclamó a Lope como excelente, expresa: "Nadie discrepa; todos a una
voz dicen que lo que hace Lope es lo
mejor, y que debe ser tenido por ley
y norma de todo poema... Lo que él
ejecuta lo piden hoy la naturaleza, las
costumbres, los ingenios¡ luego él escribe conforme al arte, porque sigue
a la naturaleza."
Entre Lope y Góngora se libró una
guerra literaria, como entre Garcilaso
y Boscán y Cristóbal de Castillejo,
una centuria atrás.
Era enemigo Lope de la magia gongorina de la palabra, aun reconociendo un admirable talento en el cordobés; pero era más enemigo de los pro•
sélitos de Don Luis.
Góngora arremetió con mordacidad
•Y violencia a nuestro poeta, no sola•
mente en contra de su ejecutoria literaria, sino en lo tocante a la vida sa•
cerdotal y a los amoríos del madrileño. Pueden traerse a colación el so..
neto gongorino "Aquí del Conde Claros, dijo, y luego ... y aquel cuarteto
que se refiere al escudo de armas que
Lope mandó imprimir en la primera
edición de La Arcadia: Por tu vida,
Lopillo, que me borres las diecinueve
tor_res de tu escudo, porque aunque
tienes mucho vfento, dudo que tengas viento para tantas torres.
El autor de las Soledades, que era
sacerdote también, no se curó de dedicarle a Lope estos versos, en los que
alude a Doña Marta de Nevares: Dicho
me han por una carta que es tu cómica persona sobre los manteles mona
y entre las sábanas Marta ...
Citaremos aquí la Respuesta de Lope a un papel que escribió un señor
de esos reinos en razón de la poesia
nueva, que dice asi: Mas hay algunos
que a las cosas del fngenio responden
con sátiras a la honra, valiéndose de
la ira donde les falta la ciencia, y
quieren más mostrarse ignorantes y
desvergonzados negando lo que escriben, que doctos y nobles en lo que
defienden.
Lope, enemigo de las formas culteranas, pero admirador de Góngora, satirizó algunas ".eces esa escuela; por
ejemplo, en aquel soneto Boscdn, tarde llegamos. ¿Hay posada?

cimplutense. Entrambos arremetieron
contra el detractor escribiendo su Expostlllatio Spongiae.
Alfonso Sánchez se singulariza por
la contundencia de sus razones y el
sentido dialéctico, demostrando la superioridad de Lope sobre todos. El
excelente varón Don Marcelino Menéndez y Pelayo, de quien el presente año
conmemoramos su primer centenario
natal, resumió en seis proposiciones
los argumentos del educador de Alcalá: la: Las artes tienen su fundamento
en la Naturaleza; 2a: Es docto al varón docto y prudente alterar muchas
cosas en las artes ya formadas; 3a :
La Xaturaleza no debe observar la ley,
sino darla; 4a: Es cosa bien hecha en
Lope el crear arte nuevo; 5a: En sus
escritos todas las cosas están ajustadas al arte, y el mismo es el arte vivo;
y 6a: Lope ha superado a todos los
antiguos poetas.
Se puede examinar ahora el desarrollo de esas proposiciones: "La Naturaleza da leyes, no las recibe ... Si es

A la muerte de ese Don Luis de Góngora, su más alto detractor, Lope escribió el bello soneto de corte culterano también, con el que clausuramos
esta segunda disertación sobre el Fénix, en grata y rendida memoria del
padre del Culteranismo:

cián oficios de palcos para espectadores de calidad.
En un principio, por la rusticidad
del recinto, había solamente función
cuando el tiempo era favorable; más

adelante, cuando la escena fue guarnecida bajo techado, los espectáculos

eran casi cotidianos.
En el patio se situaba el grueso de

la audiencia, que consistia únicamente de hombres, pues a las mujeres se
les destínaba lo que se llamaba la cazuela, jaula de mujeres o 'corredor de
mujeres.

Rodeando al patio babia una gradería semicircular, en forma de anfiteatro, que rodeaba los muros; y encima de las ventanas que llamaban
aposentos, las troneras o desvanes.
Las representaciones se iniciaban
después de la comida y conc1uían antes del orto, es decir, algo más que dos
horas de teatro y forcejeo.
En punto a la urbanidad y compostura de los asistentes había mucho que
desear, pues el patio, destinado únicamente para los varones, era el lugar
típico del escándalo en mayor escala,
pues la cazuela o jaula de mujeres, si
había garloteo y chillería, era más soportable para público y comediantes
que el lugar de los hombres. Se acomodaban en éste los llamados mosqueteros, infantería o gente del bronce, que no respetaban nada, manifestando su desaprobación con un estruendo de reclusos en rebeldía, vaciando el diccionario del denuesto y
arrojando con la mayor desenvoltura
y aun con desgarro frutas en pu!:•facción, haciendo alharaca con carracas, cascabeles y pitos .... ¡Dios nos libre de la fuga mosqueteril/, escribió
el maledicente Suárez de Figueroa en
su Pasajero; y nuestro -ilustre jorobadilo Don Juan Ruiz de AJarcón y Mendoza, que siempre temió al público,
escribió en el primer tomo de sus Comedias, publicadas en 1628: Contigo,
hablo, bestia fiera, que con la nobleza
no es menester, que ella me dicta mds,
que yo sabría: Alld van esas Comedias,
trdtalas como sueles, no Como es gusto, sino como es gusto, que ellas te miran con desprecio, y sin temor, como
las que pasaron ya el peligro de tus
silvos, y ahora pueden solo pasar el
de tus rincones. Si te desagradaPen,
no holgaré de saber que son buenas:
y sino, me venyará de saber que no lo
son, el dinero que te han de costar.
Los temas lopeanos convenían a maravilla con el gusto, la aprobación y
el regocijo de su público, español y
religioso, que, no obstante su ineducación, era sensible a las cuestiones del
honor, la gloria nacional, las conveniencias, las costumbres, la devoción
a sus santos patronos, el amor, la galantería, la Monarquía universal v la
América Española. Todo eso fo;tificado por la fe.
Lope era el ídolo ... Lo fue por medio siglo. Su público
pedía más y
más; y él hacia fluir su imaginación

Je

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va creac1on lopéveguesca eran vena1:Hos emponzoñados para sus acres enemigos.
No se hizo esperar el agitado revuelo contra nuestro autor. Venía no
solamente de la serena protesta de los
humanistas inflexibles. Sino del imperio de la envidia que nunca pue1.k
faltar en torno a los grandes hombres
y a los hombres de corazón límpido
y sencíllo.
Los adversarios más acerados e incisivos eran Cristóbal de ~fosa, con
sus Rimas; Andrés Rey de Artieda, con
sus Discursos y Epigramas; Esteban
:\lanuel de Villegas, con sus Eróticas
y venenoso y mordiente Cristóbal Suárez de Figueroa, en su celebrado libro
El Pasajero.
Pero acaso el más enconado de todos era el catedrático de la Universidad alcalaína Pedro de Torres Rámila, cuya obra titulada Spongia, nadie quiso editársela en la Península,
recurriendo a las prensas parisienses,
en donde vió la luz en 1617.

Despierta, oh Betis, la dormida plata
y coronado de ciprés, inunda
la docta patria, en Sénecas fecunda,
todo el cristal en lágrimas desata;
repite soledades y dilata
por campos de dolor vena profunda,
única luz, que no dejó segunda;
el polifemo ingenio, Atropas mata.
Góngora ya la parte restituye
mortal al tiempo, ya la culta lira
en cláusula final la voz incluye.
Ya muere vive; que esta sacra pira
tan inmortal honor le constituye,
que nace fénix donde cisne espira.

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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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