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                  <text>BOLETIN MENSUAL DE U UNIVERSIDAD DE NUEVO LEON

UIIWlli!TNIIII

Registrado como artículo de 2a. clase en la Administración de Correos de Monterrey, N. L., el 20 de Abril de 1944.

Año XIII

D.A.S.U.

+
L día tres de mayo
del presente año fa,
lleció en esta ciu,
dad el Prof. Francisco M.
Zertuche. Viejo colabora,
dor de la Universidad de
Nuevo León, dedicó todo
su tiempo y todos sus esfuerzos a nuestra Casa de
Estudios, que recibió su
ayuda en las Escuelas Pre•
paratorias, en el Departa•
mento de Acción Social,
en la Facultad de Filosofía
y Letras y en la Escuela de
Verano, la cual, desde su
nacimiento hasta el pre,
sente -once años--, fué
guiada por su mano para
llegar a ser lo que hoy es:
un brazo fuerte y generoso
de la Universidad de Nue,
vo León. Al universitario
desaparecido se ofrece como homenaje esta entrega
de Armas y Letras, publi,
cación que lo contó siem,
pre entre sus más ádíctos
colaboradores.

+

No. 5

Mayo de 1956

�La Literatura Mística en España

Bihliografía de Francisco M. Zertuché
En ARMAS Y LETRAS.
EL DICCIONARIO DE LA LENGUA TARASCA O DE MICHOACAN, DE MATURINO GILBERT!, año de 1955. Reimpresión del DR. ANTONIO PEÑAFIEL. • Año 1, No. 3,
marzo -de 1944.
JUSTO SIERRA. , Año I, No. 6, junio de 1944.
1.A LITERATURA MISTICA EN ESPAÑA.· Año 111, No. 4,
abril de 1947.
LA COMEDIA O TRAGICOMEDIA DE CALISTO Y MELIBEA•. Año 111, No. 6, junio de 1946.
LA NOVELA PICARESCA. • Año 111, No. 7, julio de 1946.
LA GRANDEZA . MEXICANA.• Año 111, No. 9 septiembre
de 1946.
LA ARAUCANA, POEAMA NACIONAL DE CHILE. • Año
111, No. 10, octubre de 1946.
PEDRO DE RIBANEYRA •• Año 111, No. 11, noiembre de 1946.
LITERATURA PATRISTICA.• Año III, No. 12, diciembre
de 1946.
CARCEL DE AMOR.· Año IV, No. 1, enero de 1947.
LOS LIBROS DE CABALLERIA. • Año IV, No. 2, febrero
de 1947.
EL POEMA DE MIO CID .• Año IV, No. 3, marzo de 1947.
DEL AUTOR DE LAS ETIMOLOGIAS. • Año IV, No. 4, Abril
EL CAUTIVERIO DE CERVANTES. • Año IV, No. 5, mayo
de 1947.
CATALINA DE PALACIOS-SALAZAR Y VOZMEDIANO. •
Año IV, No. 6, junio de 1947.
EL PROGRESO DE VALLADOLID. · Año IV, No. 7, julio
de 1947.
•
NOVELAS EJEMPLARES.· Año IV, No. 8, agosto de 1947.
OCHO COMEDIAS Y OCHO ENTREMESES •. Año IV, No.
9, septiembre de 1947.
LECCION SOBRE CERVANTES •• Año IV, No. 10, octubre
de 1947.
EL CABALLO Y EL AZOR. , No. IV, No. 11, noviembre de
1947.
ANTOLOGIA MISTICA., Año IV, No. 12, diciembre de 1947.
VIDA Y OBRA. • Año V, No. 1, enero de 1948.
EL DOCTOR DON JUSTO SIERRA .• Año V, No. 2, febrero
de 1948.
SAN JUAN DE LA CRUZ. , Año V, No. 3, marzo de 1948.
EL INFANTE DON JUAN MANUEL.. Año V, No. 4, abril
de 1948.
EL MAESTRO FRAY GABRIEL TERREZ. · Año V, No. 5,
mayo de 1948.
·
JORGE MANRIQUE.• Año V, No. 6, junio de 1948.
EL RETABLO DE LAS MARAVILLAS.· Año V, No. 7, julio
de 1948.
EL VIAJE DEL PARNASO., Año V, No. 8, agosto de 1948.
ALFONSO MARTINEZ DE TOLEDO.· Año V, No. 9, septiem•
bre de 1948,
LA HECHICERIA EN "EL COLOQUIO DE LOS PERROS".
Aiío V, No. 10, octubre de 1948.
GONZALO DE BERCEO . Año V, No. 11, noviembre de 1948.
DIALOGO DE LA LENGUA DE JUAN DE V ALDEZ. • Año
V, No. 12, diciembre de 1948.
LITERATURA GEOGRAFICA DE LA ANTIGÜEDAD. • Año
VI, No. 1, enero de 1949.
DE 1580 A 1587. Un lapso de vida cervantina.• Año VI, No. 2,
febrero de 1949.
CERVANTES, COMISARIO DEL REINO.· Año VI, No. 3,
marzo de 1949.
LUIS DE GRANADA, ORADOR SAGRADO .• Año VI, No.
7, julio de 1949.
TERESA DE CEPEDA Y AHUMADA. (Sus fuentes literarias).
Año VI, No. 8, agosto de 1949.
RUSTICATIO MEXICANA .• Año VI, No. 9, septiembre de
1949.
PUESTO YA EL PIE EN EL ESTRIBO .• Año VI, No. 10, octubre de 1949.
JENOFONTE •• Año VI, No. 11, noviembre de 1949.
EL DIABLO COJUELO•. Año VI, No. 12, diciembre de 1949.
* Esta

blbllorrafia no es completa, Recoge nada rnás los trabajos publicados en este Boletín, en la
Revista " UNIVERSIDAD" y en el semanario "\'IDA UNIVERSITARIA" del Patronato Universitario

de Nano León.

Página 2

EL CABALLERO DE CIFAR•• Año VII, No. 3, marzo de 1950.
ELIO ANTONIO DE NEBRIJA. • Año VII, No. 4, abril de
1950.
EL MAGISTERIO DE MARTI.• Año VII, No. 5, mayo de 1950.
LA DRAMATURGIA DE LOPE DE VEGA.· Año VII, No. 8,
agosto de 1950.
LA ACADEMIA MEXICANA DE CERVANTES DE SALAZAR•• Año VII, No. 9, septiembre de 1950.
EN EL CENTENARIO DE ARCIPRESTE.• Año VII, No. 10,
octubre de 1950.
XIMENEZ DE CISNEROS.• Año IX, No. 9, septiembre de
1952.
UNA POESIA CATALANA DE BOSCAN. · Año X, No. 9,
septiembre de 1953.
·
NOTA SOBRE LA UNIVERSIDAD MEXICANA, REFLEJO
DE LA SALMANTINA.• Año X, No. 10, octubre de 1953.
BERNARDO DE BALBUENA Y LA GRANDEZA MEXICANA.• Año XI, No. 8, agosto de 1954.
LITERATURA MEXICANA: FRANCISCO CERVANTES DE
SALAZAR Y SU "MEXICO EN 1554". • Año XI, No. 9,
septiembre de 1954.
LA "RUSTICATIO MEXICANA" DE RAFAEL LANDIVAR.
Año XI, No. 12, diciembre de 1954.
¿CERVANTES, PASAJERO A INDIAS?. , Año XII, No. 4,
Abril de 1955.
EVOCACION DE MENENDEZ Y PELAYO. • Año XIII, No. 1,
enero de 1956.
PERFIL Y ENTRAÑA DE LOPE DE VEGA: l. VIDA Y LITERATURA.• Año XIII, No. 2, febrero de 1956.
PERFIL Y ENTRAÑA DE LóPE DE VEGA: 11. EL CAUDAL
DRAMATICO. · Año XIII, No. 3, marzo de 1956.
PERFIL Y ENTRAÑA DE LOPE DE VEGA: 111. LA DOROTEA, OBRA AUTOBIOGRAFICA. • Año XIII, No. 5 ma•
yo de 1959.

En UNIVERSIDAD, publicación anual de la
Universidad de Nuevo León.
EL PENSAMIENTO MATERIALISTA EN LA ENSEÑANZA
DE LA LITERATURA.· Número 1 (1942).
EVOCACION DE GUTIERRE DE CETINA.. Número ·8-9,
(1949).
LAS CARTAS DE RELACION DE CORTES A CARLOS V.
Número 13 (1955).
En VIDA UNIVERSITARIA, publicación semanal
del Patronato Universitario de Nuevo León.
Año 1
MIRAJE DE SOR JUANA. EN TORNO A SU TRICENTENARIO.. No. 2, abril 4 de 1951.
LOS ULTIMOS DIAS DE CERVANTES•. No. 6, mayo 2 de
1951.
EL EXAMEN DOCTORAL DE JUAN RUIZ DE ALARCON.
No. 30, octubre 17 de 1951.
PICAROS Y GANAPANES, No. 31, octubre 24 de 1951:
SOR JUANA, COMO POETISA DE CIRCUNSTANCIAS ..
No. 32, octubre 31 de 1951.
LA APARICION DEL QUIJOTE EN MEXICO .. No. 33 , noviembre 7 de 19 51.
EL DIARIO DE SUCESOS NOTABLES.• No. 34, noviembre
14 de 1951.
SOBRE LAS NOVELAS EJEMPLARES DE CERVANTES. No.
35, noviembre 21 de 1951.
EL ESCRITOR Y EL LIBRO EN EL SIGLO XVI.• No. 36, noviembre 28 de 1951.
EL DONAIRE EN SOR JUANA . . No. 37, diciembre 5 de
1951.
LAS BIBLIOTECAS COLONIALES. . No. 38, diciembre 12
de 1951.
JUAN RUIZ, CLERIGO GLORIARDICO .. No. 39, diciembre
19 de 1951.
ALGUNAS NOTAS SOBRE SOR JUANA.. No. 40, diciembre 26 de 1951.
UN BIOGRAFO DE SOR JUANA •• No. 41, enero 2 de 1952.
DEL CARMEN VIRGILIANO (1 ECCE POETA) .• No. 42,
enero 9 de 1952.
1Pasa

a la Pág. 5) .

Francisco M. ZERTUCHE

l

La Mística ha sido definida por P. Sainz Rodríguez como las
relaciones naturales secretas, por las cuales eleva Dios a la criatura sobre las limitaciones de su naturaleza y la hace conocer
un mundo superior al que es imposible llegar por las fuerzas materiales ni por las ordinarias de la Gracia.
El Misticismo español como experiencia psicológica y como
expresión literaria alcanza su climax en los siglos XVI y XVII.
Algunas razones de orden politico y social habrán de señalar
estas dos centurias como la época propicia al desarrollo y euforia del pensamiento místico español.
La misma geografía de España, vinculando casi sin interrup•
ción dos continentes, es un hecho de importancia cabal por el
cual dichos continentes, tomados en su conjunto, representaban
dos culturas, dos religiones que disputan alli donde el contacto
material es más asequible: la Península Ibérica.
Otro razonamiento de educación puede hacerse radicar en las
Cruzadas: mieJ:1.tras los demás países de Europa inflaman su es•
píritu en esta fervorosa empresa, España, empeñada octasecularmente en la defensa de su territorialidad, mantiene, ciertamente,
una guerra por la conservación y el acrecentamiento de sus fueros religiosos.
Y un tercer factor, que afecta a toda Europa, forma ya el cuadro de los orígenes del Ascetismo y del Misticismo español: la
crisis de la Edad Media en los siglos XIV y XV. Su relajamiento
en las costumbres de la sociedad y singularmente en las Ordenes
religiosas, y, posteriormente la Reforma, acentúan con claridad
y hacen reaccionar con violencia los tonos de la Mística Española.
Si revisamos este aspecto literario ibérico desde Ramón Llul
hasta el siglo XVII, encontramos que en la Orden Carmelita se
dió la cumbre - en la experiencia vivida y en la plasmación de
estas impresiones directas en obras de alta calidad teórica de la
Mística en general en toda la Europa de su época y épocas poste•
riores.
Teresa de Cepeda y Ahumada (1515-1582) y Juan de Yepes
y Alvarez (1542-1591) - Santa Teresa de Jesús y San Juan de
la Cruz - representan en nuestro sentir, los más altos y apasionados acentos de la Mística en España, en la época de Felipe 11.
Santa Teresa y San Juan, fervientes reformadores de la mitigada Orden del Carmelo, suponen, saturados de un tremante
misticismo, dos diferentes cauces literarios. Santa Teresa encar•
na en sus·obras - su ida, Castillo Interior, Camino de Perfección - una tendencia popular, sensorial, de impresión y ternura.
Dentro de su sencillo léxico - el usado por las viejas detrás del
fuego - Teresa exalta sus visiones y arrobos con una ardiente
ingenuidad... La descripción de los favores celestes es una verdadera creación poética, literaria: ... "vi a un angel cabe mí hacia
el lado izquierdo en forma corporal... no era grande, sino pequeño, hermoso mucho, el rostro tan encendido, que parecía de
los angeles muy subidos, que parece todo se abrasan. Deben ser
los que llaman cherubines ... Veíale en las manos un dardo de
oro largo, y al fin del hierro me parecía tener un poco de fuego;
Este me parecía meter por el corazón algunas veces, y que me
llegaba a las entrañas; al sacarle me parecía las llevaba consigo,
y me dejaba toda abrasada en amor grande de Dios. No es dolor
corporal, sino espiritual, aunque no deja de participar el cuerpo
algo, y aun harto". La autora, cuya obra literaria abarca episto•
lario, autobiografía, teología popular, poesía, etcétera, disponía
si se quiere de una mediana cultura - libros de caballería, obras
de devoción (Laredo, Osuna) - pero su temperamento estu•
diado con acierto por Novoa Santos, dotaba a este espíritu señero de una gran sensibilidad de escritora, comentada ya por el
maestro escriturarlo Fray Luis de León: "delicadeza y claridad
con que trata las cosas altas, y por la forma en el decir, pureza
y facilidad en el estilo, gracia y buena composición de las palabras, y por una elegancia desafaiteda que deleita en extremo".
Vinculado a la vida religiosa y a la lucha de esta gran alma
castellana, San Juan de la Cruz representa una creación poética
hasta ahora no igualada. Sus versos - Subida al Monte Carme•
lo, Noche Obscura del Alma, Canciones entre el Alma y el Es-

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PROF. FRANCISCO M. ZERTUCHE.
(Dibujo de Jorge Rangel Guerra).

poso, tienen "la suavidad de la leche", y su música se esfuma
en celestes vaguedades:
¡Oh si tu amor ardiese
tanto que mis entrañas.abrasase!
¡Oh si me derritiese!
¡Oh si ya me quemase
y amor mi cuerpo y alma desatase!
Juan de la Cruz representa la parte inefable, ceñidamente intelectual, tal como la representó objetivamente, al lado de Teresa, en las luchas por la vuelta de los fueros intachables de la
Descalcez en la Orden del Carmelo.
Aparte estos dos valores de estupendas cualidades, otros re•
presentativos forman el cuadro de la Mística Española: Dominicos, Fray Luis de Granada (1504-1588); Agustinos, Fray Luis
de León (1528-1591) y Pedro Malón de Chaide (1530-1596),
y Franciscanos, Fray Juan de los Angeles (1536-1609).
A los misticos se ha debido, en cierta parte, la creación idio,
mática. La peculiar fenomenología de su espíritu es venero el
más prolífico para enriquecer de matices conceptuales y metá•
foras clarosonantes, hijas de sus abstracciones, el habla de Cas•
tilla.
Página 3

�FRANCISCO M. ZERTUCHE
Alfonso REYES AURRECOECHEA
Era delgado, de tez blanca, mediana estatura, rostro enjuto,
algo aguileña la nariz, frente alta y espaciosa. En la cabeza escaseaba un cabello fino y dócil que solía mesar con mano delicada, insegura, nerviosa. La barba a veces crecía impertinente,
pero daba a su dueño un aire de noble desenfado, que iba a tono
con su naturaleza romántica. No conocimos su juventud, pero
la adivinamos: la apuró a grandes dosis, como el que está ansio•
so de conocer la vida y entrever de un solo golpe sus huidizos
secretos. Así llegó, leyendo en aquel libro, escanciando en este
goce, penetrando en tal arcano vedado a los demás, a la cima des•
de la que contemplaba el espectáculo del mundo. Sencillez en
el ademán, timidez en el actuar, desgaire en el vestir, inquietud,
viveza y persistencia en el pensar: toda esta diversidad de pres•
tancia humana fue atributo de Francisco M. Zertuche.
· Cuando llegó a la Universidad sólo traía su corazón, su deseo
de entregarse a una causa noble. Y lo hizo. Lo dicen todos sus
amigos, todos los universitarios que lo conocieron, que recibie,
ron el don de su orientación y de su consejo desinteresados. Alli
está su obra escrita, sus pensamientos, su singular naturaleza li,
teraria. Había llegado a imponer su aire y su carácter a todo
cuanto le era afín y gustaba rodearse de libros de grata compañía. Todo en el parecía decir: Francisco M. Zertuche. Su pre,
sencia estaba entre los estudiantes, en las aulas, en los libros,
en los materiales de estudio y de trabajo.
Había llegado a Monterrey después de una infortunada experiencia política en el Estado de Coahuila, allá por el año de
1939. La noche que lo conocí conversamos hasta la madrugada
del día siguiente, sentados en una esquina de las calles de Madero y Jiménez. Los temas corrían fáciles y amenos, los versos
brotaban sonoros y radiantes. Yo veía en él a un heraldo de la
poesía sentimental y romántica, grata a los oídos; Othón, Nervo, Urbina, Rafael López, Camín y su maestro de literatura Horado Zúñíga, ganador de flores naturales, iban pasando por su
memoria encendiendo su imaginación, estremeciendo su espíritu
y sacudiendo su sensibilidad.
Después de una breve cátedra de Folklore nacional impartida
a guías de turistas, ingresó al cuerpo docente de la Escuela Nocturna de Bachilleres, para explicar la clase de Literatura mexi,
cana e hispanoamericana, que impartió hasta su muerte. En ese
plantel fue escalando poco a poco hasta llegar, por sus méritos
de honestidad y trabajo, a los puestos de secretario y director interino. Todavía se recuerdan las veladas que organizó en el Aula
Magna: una de ellas consagrada a la memoria de Federico Gar•
cía Lorca, en la que participó el poeta Pedro Garfias, interpre,
tando los versos del poeta gitano. Garfias vendría más tarde a
residir a Monterrey, cumpliendo el puesto de secretario del De,
partamento de Acción Social Universitaria.
En el año de 1946 organizó Zertuche, en compañía de otros
maestros universitarios, los primeros Cursos de Verano de la
Universidad de Nuevo León, por iniciativa del Departamento
de Acción Social. Estos cursos dieron nacimiento a la Escuela
de Verano actual, institución que lleva ya diez anualidades sucesivas. En esta tarea encontró su consagración definitiva: to•
davía su presencia se dejará sentir en la undécima anualidad que
alcanzó a dejar casi terminad~ en sus diversos aspectos.
En cada anualidad encontraba actividades novedosas e interesantes y acostumbraba dedicarlas a las personalidades desta•
cadas de la intelectualidad universal. Podemos recordar aquellas consagradas a Miguel de Cervantes Saavedra, a Justo Sierra,
a Hidalgo y a José Marti, y ésta, próxima a celebrarse, en honor
de Marcelino Menéndez y Pelayo. Los trabajos de la undécima
anualidad pudo concluirlos en el lecho del enfermo, recluido en
sus habitaciones. Esto da idea de su elevado sentido de responsabilidad.
No nos hemos detenido todavía a considerar la fecunda labor
cultural que Francisco M. Zertuche desarrolló en esta ciudad a
través de la Escuela de Verano de la Universidad de Nuevo León.
Gran parte del entusiasmo que se ha despertado en Monterrey
en bien de la difusión cultural se debe al sencillo y eficaz maestro universitario que puso todo su valimiento en esta labor mediante la cual nuestra Casa de Estudios se ha colocado en los
primeros lugares entre las universidades mexicanas.
Pero su actividad no se limitó sólo a la organización de la Es-

Francisco M. ZERTUCHE

Sin pasión nada se logra. - J. S.

..

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.- •

(Dibujo de Alfonso Reyes Aurrecoechea)

cuela de Verano, desde donde actuaba con tan desinteresados
propósitos. Una vocación recóndita lo impulsaba a escribir y
a investigar, remozando los apasionados temas de la poesía he•
roica popular, las cuestiones cervantinas y la literatura mística
española, que eran de su predilección: Sobre ellos escribió nu•
merosos artículos ya en la Revista "Universidad", ya en este mis•
mo Boletin, o bien en "Vida Universitaria", el órgano del Pa•
tronato Universitario y en revistas estudiantiles o de otra índole,
donde ponía su nota personalísima haciendo hincapié, siempre
en función de enseñanza, en los puntos de interés desprendidos
de cada estudio.
Su actividad como maestro en las escuelas de Bachilleres y en
la Facultad de Filosofía y Letras y su carácter de activo promo•
tor de la difusión cultural, lo fue rodeando de una personalidad
singular que le dio un lugar preponderante entre los mejores co,
laboradores de la Universidad de Nuevo León. Se le veía en
muchas oca~i,ones sentado en su escritorio leyendo, otras veces
rod!ado de Jove~es estudiantes que le respetaban y querían en•
tranablemente, dictando la corresoondencia las más, o escribien•
do durante los domingos o días festivos, pero ocupado siempre
en los exigentes menesteres propios de su dedicación.
Era sumamente sensible; una expresión una actitud o un su•
ceso inesperado le impresionaban profund~mente. Por las palabras de un verso alado se le iba algo de su ser. Tuvo el don de
(Pasa a la Pág. 8)

DEL CARMEN VIRGILIANO (II EGLOGAS). • No. 43, ene•
ro 16 de 1952.
DEL CARMEN VIRGILIANO (III LA EGLOGA CUARTA).
No. 44, enero 23 de 1952.
DEL CARMEN VIRGILIANO (IV LAS GEORGICAS) .• No.
45, enero 30 de 1952.
DEL CARMEN VIRGILIANO. (V LA ENEIDA) . • No. 46, fe.
brero 6 de 1952.
DEL CARMEN VIRGILIANO (VI ATRIBUCIONES A VIRGILIO), No. 48, febrero 20 de 1952.
DEL CARMEN VIRGILIANO (VII VIRGILIO EN LAS LETRAS HISPANICAS .. No. 49, febrero 27 de 1952.
DEL CARMEN VIRGILIANO (VIII EFIGIE DE VIllGILIO). • No. 50, marzo 5 de 1952.
LA POESIA PASTORIL. • No. 51, marzo 12 de 1952.
A LAS RUINAS DE ITALICA.• No. 52, marzo 19 de 1952.

Justo Sierra (n. el 26 de enero de 1848 y m. el 13 de septiem,
bre de 1912), poeta, cuentista, viajero ilustre, historiador, tri•
buno y repúblico, todo ello presidido por la inmarcesible figura
del Maestro, fué el signo de más alto estimulo a las letras mexicanas en las postrimerías de la pasada centuria y en las primeras
décadas de ésta.
Discípulo de Ignacio Altamirano, el resultado de esos crisoles
reveló sus grandes virtudes ciudadanas.
Su educación, clasicista y humanística y su tránsito por los
más altos cenáculos literarios de México, permitieron el ejercicio de su proteica actividad a través del cuento, la crónica, la poe•
sía, la historia y la elocuencia.
Dos generaciones de jóvenes ilustres en los fastos de las letras
Año 11
nacionales escucharon su cátedra y se advocaron bajo su signo. FRANCISCO DE TERRAZAS.• No. 64, junio 11 de 1952.
Un mecenazgo sin tasa prodigado a través de los altos puestos EL MAGISTERIO DE MARTI•• No. 97, enero 28 de 1953.
que representó en el Ministerio de Instrucción Pública, abrió pa- LECCION SOBRE CERVANTES .. No. 102, marzo 4 de 1953.
so a las jóvenes generaciones afiliadas en el Modernismo.
NOTAS AL AUTOR DE MARIA.· No. 103, marzo 11 de 1953.
Un testimonio de los hondos fervores que suscitó su preclara CUATRO DOCUMENTOS ESCOLARES DE ALFONSO REfigura de Maestro entre sus entusiastas discípulos y admiradores RES. • No. 104, marzo 18 de 1953.
nos lo declara Luis G. Urbina y el pórtico de su libro postrero,
"El Cancionero de la Noche Serena": "Al maestro Justo Sierra,
Año 111
santo amor de mi vida".
EL TEATRO DE CERVANTES.• No. 105, marzo 25 de 1953.
Dícese de él que "viéndole mezclarse a la mocedad, los anti- GUANAJUATO Y CERVANTES.· No. 109, abril 22 de 1953.
guos hubieran dicho que desaparecía, como el dios Término, en- TRAZO DE LOPE DE VEGA.• No. 112, mayo 13 de 1953.
tre el revoloteo de las Gracias; y viéndole guiar a los otros, a ve- DIAZ MIRON EN SU CENTENARIO (Antología Poética) ••
ces con solo la mirada o con la sonrisa, lo hubieran comparado
No. 143, diciembre 16 de 1953.
con el viejo Eneas, de cuyos labios manaban la sabiduría y -la EL TEMA DE LA NATIVIDAD EN LA LIRICA ESPAÑOLA
persuasión."
(Antología Pascual). • No. 144, diciembre 23 de 1953.
Su misión de poeta se inicia con la límpida y fresca barcarola
Playeras, que llevó en sus años candeales a las aulas del Colegio
Año IV
de San Ildefonso. Años más tarde, hondamente influido de Víc- EL EPISTOLARIO DE HERNAN CORTES. • No. 15, marzo
tor Hugo - de quien se impuso la metáfora sonora y el giro
24 de 1954.
grandilocuente - enlazado fuertemente al Modernismo, nos EPIGRAFE A LA ESCUELA DE VERANO DE 1954. • No.
dá, en el Beato de Calasanz, A Cristóbal Colón, En la Apoteosis
171, abril 16 de 1954.
de los Héroes de la Independencia, Al Autor de los "Murmurios AGRAVIOS ENTRE LOPE Y CERVANTES. • No. 190, no,
de la Selva", El Funeral Bucólico, Otoñal, Spírito, Florencia,
viembre 10 de 1954.
Aníbal y en las magnificas versiones de los Trofeos, de Heredia, EL TEMA DE LA NATIVIDAD EN LA LENGUA LITERAsus mejores savias líricas y románticas. Desgraciadamente, la
RIA (Antología).• No. 196, diciembre 22 de 1954.
obra poética de Don Justo permanece dispersa, y es lástima que CLEPSIDRA DEL AÑO NUEVO (Antología de prosa y verso).
el único ensayo de organización, debido a la incipiencia de la
No. 199, diciembre 29 de 1954.
hispanista Dorothy Margaret Kress, esté plagado de yerros.
La labor de cuentista, de más galanura que la de poeta, se en,
,
Año V
cuentra en "Cuentos Románticos", coleccionados hacia 1896 EN EL MUNDO POETICO DE FRAY LUIS DE LEON.. No.
"poemillas en prosa impregnados de lirismo sentimental y deli- 216, mayo 11 de 1955.
rante" - y constituye una serie de apasionadas y deliciosas na,
rraciones, que emergen del inolvidable escenario de sus playas . Escribió además 70 fichas de literatura mexicana bajo el título
nativas. Es entonces cuando el romanticismo mexicano comiengeneral "EL LAUREL Y LA ACACIA", y muchas mas que
za a cristalizar en formas definidas.
ses iguen publicando.
El historiador se revela en la cátedra de la Escuela Nacional
Preparatoria como una reminiscencia del verbo de águilas y alon- LITERATURA MEXICANA DE LOS SIGLOS XVI, XVII y
dras de Ignacio Manuel Altamirano. Al par que explica la HisXVIII.• Universidad de Nuevo León. Monterrey, 1954. (65
toria, porque ha sentido antes el amor a la patria, que es el repáginas mimeografiadas). Contiene: LAS CARTAS DE RE,
sumen de todos los amores, su pluma escribe los más amenos y
LACION DE CORTES A CARLOS V; GUTIERRE DE CE,
sentidos capítulos de la Historia Universal y de la de México, reTINA, UN POETA DEL RENACIMIENTO EN LA NUEcorriendo desde el "Catecismo de Historia Patria" ( 1896), has,
VA ESPAÑA; FRANCISCO CERVANTES DE SALAZAR Y
ta la "Evolución Política del Pueblo Mexicano", recientemente
SU OBRA "MEXlCO EN 1554"; BERNARDO DE BALeditada con un admirable prólogo de nuestro Alfonso Reyes, paBUENA Y LA GRANDEZA MEXICANA; LA "RUSTICAsando por otros admirables trabajos históricos y polémicos de
TIO MEXICANA" DE RAFAEL LANDIVAR. (Estos cinco
solemnes peraltes.
temas los desarrolló en un cursillo sobre Literatura Mexicana
Su calidad tribunicia señala el clímax de todas sus aspiracioque explicó en el Verano de 1954 en la Universidad de La
nes: el poeta, el cuentista, el viajero, el maestro, el historiador,
Habana. (Publicados en diferentes números de ARMAS Y
confluyen a su verbo ático. Una pésima edición de sus oracioLETRAS).
nes se reúne en Discursos (1919), en donde figura uno de los
más célebres, el pronunciado en oportunidad a la creación de la
Universidad Nacional de México, debida a él, en 1910.
Sus evocaciones de viajero, luminosas y claras como el aire alentador de las letras mexicanas en las recientes décadas, el aprede sus playas nativas; sus recuerdos e impresiones; sus crónicas y mio para que se divulgue en una celosa edición popular, la obra
ensayos, se encuentran en su libro "En tierra Yankee" (f898), creadora de ese Maestro inmarcesible, para quien la gratitud de
y una gran parte de su obra general de escritor anda dispersa en México es siempre una lámpara votiva.
* Este es, fuera de las noticias bibliográficas, el primer articulo que publicó el
hojas periódicas y opúsculos.
Maestro Zertuche en ARMAS Y LETRAS (Año!, No. 6, Junio de 1944). Ver en
Cabe señalar en este modesto ensayo sobre el más ~rande
páginas siguientes su último trabajo sobre LA DOROTEA, de Lope de Vega.

• • •

P¡jgina 4

Página 5

I

�perfil y entraña de Lope · de Vega

III
OlBlflA AUllíOlBllOGlflAIFIICA +
La Dorotea es la obra vital, más sentida y reveladora de aquel

gran amador y poeta altísimo Frey Lope de Vega Carpio, que
tiene su raíz en el desengaño.
La primera redacción de este libro estremecido, fidelísimo es•
pejo de su angustiado vivir, es de sus años de madurez, 1588,
época cenital de su esplendor y preeminencia en Madrid. Escribí
la Dorotea --dice- en mis primeros años, y habiendo trocado
los estudios por las armas, debajo de las banderas del excelentÍ•
simo señor Duque de Medina Sidonia, se perdió en mi ausencia,
como sucede a muchas; pero restituída o despreciada ( que así
lo suelen ser después de haber gastado Lo florido de su edad), la
corregí de la lozanía, con que se había criado en la tierra mía, y
consultando mi amor y obligación, la vuelvo a la ilustrísima ca•
sa de los Guzmanes, por quien la perdí entonces: .... Con estas
palabras dedica Lope al señor Gaspar Alfonso Pérez de Guzmán
el Bueno, Conde de Niebla la restaurada Dorotea de sus años
de varonil desgarro ....
En esta obra de fresca y lnciente
perennidad, que con la Celestina y el
Quijote, forma la eminente trilogía de
las letras bisp/micas, está el ardido girón de su carne amorosa cuando rindió culto a Elena Ossorio, por cuyo
amor irrestañable sufrió prisión y

destierro, a los veintiséis años de su
desasosegado vivir.
Ya en avanzada edad, en 1632, tres
años antes de su muerte, vuelve a poner mano en la comedia autobiográfica, y le da nueva vida, metamorfoseándola ahora con el estado anímico
de los años ponentinos. Explica asi la
reflorescencia: Póstuma de mis Musas
Dorotea/ y por dicha de mí la más
querida/, última de mi vida/ pública
luz desea,/ desea el sol de oro lleno/
entre la niebla de Guzmán el Bueno ... /
Es, pues, un rebrote, una viva reminiscencia de su idolatría a la hija
del farandulero Jerónimo Velázquez,
cuando el poeta era un barbilindo que
todo su caudal son sus calcillas de
obra, y sus cueras de ámbar, esto de
día; y de noche broqueletes y espadas, y todo virgen, capita untada con
oro, plumillas, banditas, guitarra, uersos lascivos y papales desatinados.
Aunque en el prólogo de La Dorotea
figura su amigo López de Aguilar, las
lineas son de Lope: modalidad en boga en aquellas letras; además, el estilo,
la factura, son inconfundibles y lo delatan.
La frase Acción en prosa, va en e]
pórtico de la edición, y por lo que
hace a los versos se advierte que son
un exterior adorno juvenil, que el autor ha sembrado al través de toda la
andadura dramática de la obra, para
alivio y hasta regalo de los lectores;
pero lo cierto es qtie la parte poética
que contiene es ]a representación literaria de la verdad tangible de su vida
en el lustro que duró su existencia
amatoria con Elena que tantas ternuras despertó en este amado de los
dioses.

La pieza esta destinada a la lectura, es irrepresentable. Empero, el 13
de junio de 1804 se presentó en Madrid, con éxito, una adaptación escénica por don Félix Enciso Castrillón.
Como en la Celestina del judio converso de la Puebla de Montalbán, el
bachiller don Fernando de Rojas, el
poeta madrileño nos presenta el argumento de su cimera creación: Parecerán/e vivos las afectos de dos amantes, la codicia y trazas de una tercera,
la hypocresia de una madre interessable, la pretension de un rico, la fuerza del oro, el estilo de los criados; y
para el justo exemplo, la fatiga de todos en la diversidad de sus pensamientos, porque conozcan los que aman
con el apetito, y no con la razón, qué
fin tiene la vanidad de sus deleytes,
y la vilissima ocupacion de sus enga- ·
ños.... Si algun defecto huviere en el
arte, por ofrecerse precisamente la
distancia del tiempo de una ausencia,
sea la disculpa la verdad, que mas
quiso el Poeta seguirla, que estrecharse á las impertienentes leyes de la fabula: porque el assunto fue historia
y aun pienso que la causa de hauerse
con tanta propiedad escrito. Yo le he
sido de que salga á luz aficionado al
argumento y al estilo ........ ..
Dentro de los temas cíclicos en la
Literatura de la época, La Dorotea se
adhiere en parte al tronco maternal de
La Celestina, por su estilo y la configuración psicológica de algunos de sus
personajes, sobre todo el tipo de la
· Gerarda, que reencarna a la vieja tercerona, zurcidora de voluntades, de
Fernando de Rojas, aunque dotada de
menos maldad y pérfidos artilujios,
menos movida y verbosa que su modelo y que La Eufrosina, sus precedentes históricos y gloriosos.
La comedia está dividida en cinco
largos actos, y éstos en escenas. Cada
acto termina con un coro: del Amor,
del Interés, de los Celos, de la Venganza y del Ejemplo.

* Este
trabajo es el último del Prof. Francisco M. Zertuche, y corresponde a una serie de tres conferencia.s (ver Nos. 2 y 3 de este año, ARMAS Y LETRAS) que dfotó en la Facultad de Filosofía y
Letras. Se preparaba para un cuatro trabajo sobre Lope d~ Vera con musica de la época, el cual
no logró re albar,

Página 6

La erudición moderna ha desvelado
el enigma de esta acabadisima obra
del Mounslro de la naturaleza - como
Je llamaron sus contemporáneos- a
la vista de la verídica biografía, surgida de la exhumación de innumerables y. valiosos documentos coetáneos.
Los personajes de La Dorotea corresponden a una tangible realidad arqueológica,. y asi, Dorotea es Elena
Ossorio; Teodora, su madre Inés Ossorio; el opulento indiano Don Bela, el
sobrino del Cardenal Granvela, el
acaudalado Don Francisco Perrenot,
que motivó el rompimiento entre Lope
y su amante; y Don Fernando, Lope
mismo.
Por los pliegos de este libro vemos
desfilar cálida y apasionadamente varios aspectos de la agitada vida del
aquel siglo.
Los exce]entes biógrafos del poeta,
Rennert y Américo Castro han emiti-

do el acertado juicio respectivo: Tal
ve en ninguna otra (obra) corran tan
parejas su vida y su arte, ni se encuentren tanlas notas tipicas de su genio: enorme riqueza de motivos literarios, atisbos de los innumerables dominios a que se extendía su sensibilidad, intuición de los más variados sucesos y episodios, tesoros de minuciosa experiencia, todo ello ordenado sabia y artísticamente, como en el museo de lm delicioso gustador de todas
las cosas ... ; rasgos picarescos, henchidos de un humorismo que en vano
buscaríamos en las novelas de aquel
lema; .disquisiciones de academia literaria, criticas oportunas, dichos felices y tal cual muestra de afición visual a los objetos preciosos y a los
muebles, que nos hace recordar los
primores del pp..rnasianismo. Junto a
los pasajes de delicada inspiración
amatoria y elegmlle estilo cortesano,

artificioso, como el diálogo de Fernando y Dorotea, por ejemplo, en la escena quinta del primer acto, resaltan los
cuadros realistas de intensa psicología
y verdad, con apropiadísima dicción
popular. Una de las mejores escenas
de este orden y humorística, es la sexta del segundo acto, cuando las mujeres están sentadas a la mesa y Gerarda
ha bebido más de la cuenta, y se ha
puesto sentimental.
Hemos de añadir aquí que al análisis concienzudo del corazón humano
y del cosmos en que éste late, se añade una prosa esmerada, límpida, tersa
impregnada de un lirismo de exquisita sensibilidad, que nos presenta a
Lope no sólo como el pontífice de la
Dramaturgia y de la Lírica sino como
un prosista grávido de excelencias formales y de fondo.
Ahora, concretemos la trama de la
fábula lopeveguesca: dos amantes centralizan la atención de los lectores o
auditores: Dorotea, mujer dilecta, joven e ingeniosa - la Melibea de esta
acción en prosa - casada con un sujeto que desapareció en ]as colonias
españolas suponemos que en procura
de mejor fortuna, y el estudiante don
Fernando, mozo de veintidós años,
poeta, lleno de las prendas juveniles
de la época y de ]a edad, aunque exento de bienes materiales. Ambos han
llegado a los cinco años de relaciones
amorosas, no interrumpidas hasta entonces; antes bien, enriquecidas de citas, paseos, deliquios y ternuras arrebatadoras.
Pero la felicidad no es eterna, y llega el momento del desasosiego cuando
Teodora, ·madre de Dorotca, se deja
influir por el asedio que en tentadora persona de su be1la hija lleva a cabo el opulento indiano don Bela -el
don Francisco Perrenot de Gran vela de
la realidad lopeana - que agobia de
cump1idos, rendimientos y ricos presentes artísticos a Dorotea, ayudado
por el artero consejo y finos artilugios
de la torcedora de voluntades Gerarda - 1a Celestina lopesca - , quien estimula y lisonjea en interés propio al
nuevo pretendiente, sirviéndole de eficaz medio, a la par que convence a
Teodora de que Dorotea debe aceptar
a don Bela, galán, apuesto y cabal1ero,
confinando a] bohemio Fernando, manoseador de la belleza de su hija.
Dorotea, acosada en esta lucha sin
treguas, renuncia a medias al amor
cálido de su estudiante, aceptando a
don Bcla. La heroina se encuentra, así,
entre la tradición amorosa de su poeta, &lt;1ue ya cuenta un lustro, y el edén
de joyas, pasamanería y diversos presentes que le tributa reiteradamente el
nuevo amador.
Fernando, enloquecido por este reYés, cuya visión ha palpado ya como
una prefiguración del nefasto suceso,
decirle abandonar la capital del Reino,
después de haber obtenido por engaño
a su antigua amiga Marfisa ]os viáticos necesarios para cabalgar rumbo a
Sevilla.
Dorotea, avisada acaso en su corazón de la presencia de algo funesto
en sus relaciones, logra ver a su amargado amigo pasar su calle rumbo al
destierro que él mismo se ha impuesto, Y cae en una angustiosa desesperación, pues se siente culpable del
desenlace.
Para arrancarse ]a vida por tan
honda amargura, ]a triste y desalada
traga un anillo de diamantes sin lograr
el letal propósito, quedando en su fracaso extenuada y contrita.
La fatal ausencia no logra ultimar,
en su corazón y en .su razonamiento
ese ambiguo amor que, aunque que~
brantado, ata todavía a los dos amantes; antes bien, lo fortalece y llena de
inquietud y ardentía, pues se escriben
cartas y versos que no se remiten, se
entregan al doloroso deliquio de la remembranz~ ~, hurgen en sus lacerias.

Acicateado acaso por el tortuoso recuerdo, Fernando vuelve a Madrid con
Julio, su amigo confidente, que la historia literaria ha identificado con Vicente de Espinel, maestro ele Lope de
Vega.
Vuelve entonces el amor a abrir una
nueva primavera para ]os dos insatisfechos jóvenes, asediados de tantos peligros ahora. Se frecuentan las serenatas, el intercambio de billetes amorosos que rezuman atrevida y loca pasión y acerados celos.
Pero Fernando está ya frente al enemigo oficial, al que paga y es altamente complacido en casa de Dorotea
por Teodora y Gerarda, que logró ya
su intento y en una explosión de celos el atolandrado amante hiere a don
Bela... Habiéndose encontrado en el
paseo del Prado los amantes, se dan

prefiere la caja de Marte y entra al
servicio de las armas, y partiendo contra Inglaterra en la Invencible Armada, derrotada por los elementos, según
frase de la época.
La infame mediadora Gerarda, presa de gran excitación, se cae, con sus
ochenta años tan torpemente empleados, por la escalera del sótano y se
rompe la cabeza.
Como hojas secas en el viento que
llega de fuera asolador - dice Karl
Vossler - son arrastrados en torbellino estos seres deleznables como juguetes con toda la presunción de su ingeni9 y ]a belleza de sus emociones.
Al terminar el texto prosario, suene
el coro final: Este fin a tus desvelos/
loca juventud a1canza,/ porque amor
engendra celos/ celos, envidia y venganza:/ asi marchitan los cielos/ la

explicaciones y llegan a una reconciliación.
Pero la demasia y el recelo logran
bien pronto enturbiar de nuevo este
concierto amoroso, pues Dorotea descubre los amores de su doncel con
Marfisa y rompe nueva vez con ese
casquivano sin enmienda.
Apenas restañadas las heridas del
pródigo indiano don Bela, le espera
otra vez un desastrado suceso: cae en
una reyerta con gente del bronce, pendencier~ y brutal, que nada tiene que
ver con el negocio amoroso de la obra.
Ya Dorotea ha escanciado en plenitud los jugos agridulces de la vida.
Ante el desenlace mortal de su segundo amante, se siente en un abatimiento sin medida, y cansada de las alternativas de la vida de amor, vuelve sus
ojos a la vida monástica, refugio segurisimo de tantas desdichas. Por su
parte Fernando, victima de la melancolia que un astrólogo despertó en él,

más florida esperanza./
Cuanto el
ejemplo es mayor,/ provoc; a más escarmiento;/ todo deleite es dolor,/ y
lodo placer tormento,/ que el más verdadero amor/ se vuelve aborrecimiento./
Cuando del amor lascivo/ el
trágico fin contemplo,/ no sólo al deleite escribo,/ pero sentencioso tempo/ la doctrina en lo festivo./ y en el
engaño el ejemplo./
Concluido el Coro del Ejemplo, cita
Lope a Cicerón, y luego hace aparecer este explicit: Todo lo que contiene La Dorotea se sugeta a la corrección de la Santa Católica Romana
Iglesia, y a la censura de los mayores,
desde la primera hasta la letra última.
Hemos de citar algunos trozos antológicos de La Dorotea como medio de
ilustrar la atención de nuestra amab]e
audiencia. He a.qui de· nuestra eriamorada doncella, que aparece en la Escena tercera del Primer acto:
¡Ay, infeliz de mi! ¿Para qué vivo?

¿Para qué solicito conservar la más
triste vida que se ha dado a esclava?
¿ Qué mujer de mis años la pasa con
tantos sobresaltos y desdichas? ¿Dónde me lleva este amor desatinado mío?
¿ Qué fin me promete tan desigual locura de lo que pudieran haber merecido las partes de que me ha dotado
el cielo? Cuando haya pasado lo mejor de mis años en este laberinto amoroso ¿ qué tengo de hallar en mí, sino
arrepentimiento para los que me quedaren, cuando a los que desprecio les
dé venganza? Fernando mio, no querria que mi alma, que allá tienes, te
lo dijese que esta pensando: cosa tan
nueva, que jamás pensé que llegara a
mi pensamiento. No puedo más; que
me veo cercada de tantos enemigos,
que no podré escapar la vida si no es
perdiendo el seso,· pero si allá te dijere esta novedad en su agra,vio, consulta con prudencia tu entendimiento,
no con tu amor tus años. Pero, ¿cómo es posible que el primer movimiento de lo que digo, haya llegado
a mi imaginación? ¿ Qué puedo querer
sino quererte? ¿En qué puedo emplear
mis años como en servirte? ¿Qué puedo yo desear como agradarte? ¿ Qué
riqueza como o irte? ¿ Qué tiempo más
bien empleado que en tus brazos? ¿ Cómo viviré yo sin ti? Menos falta me
puede hacer la vida que tus ojos ...
¿ Quién me consolará de no verte después de tantos años de gozarte? Ese
agrado tuyo, ese brío, ese ga]án desdejo, esos regalos de tu boca, cuyo primer bozo nació en mi aliento ¿qué Indias las podrán suplir, qué oro, qué
diamantes? Mas ¡ay triste! que desta
amistad nuestra e'stá ofendido el cielo, mi casa, mi opinión y mis deudos;
mi madre me persigue, las amigas me
riñen, los vecinos me murmuran, las
envidias me reprenden, mi necesidad
ha llegado a lo último.
Fernando no tiene más que para sus
galas: mira las otras mujeres con ellas:
ya le parecerán mejor; que el honor
y la riqueza añaden hermosura y estimación, y la pobreza del traje descuida los ojos, y hace que una mujer
cada día parezca la misma; y la diferencia causa novedad y despierta el
deseo. Esto no podrá durar para siempre; y como no hay cosa más pública
que el amor, aunque jamás lo crean
los amantes, será imposible librar]e de
algún fin desdichado o en la vida o
en la honra; y lo que más se debe temer, en el alma. ¿Para qué quiero
aguardar a que te canses y me aborrezcas? ¿A que te agraden las galas
de otras, y este sayal que visto sea cilicio de tus brazos y penitencia de tus
ojos? No quiero aguardar al fin que
tienen todos los amores; pues es cierto que paran en mayor enemistad
cuando fueron más grandes. Si habemos de ser enemigos después, más vale que ahora nos concertemos con
amistad; que cuando el trato cesa sin
agravio, bien se puede conservar en
1laneza sin. reprensión, y en voluntad
sin miedo.
-Celia, Celia: dáme el manto y di
a mi madre que voy a misa.
Resuelta estoy. ¿Qué aguardo? )Jesús!: parece que tropecé con mi am:or.
¡Oh amor! no te pongas delante, déjame ir, pues me dejaste determinar;
que en las mujeres la resolución es difícil, la ejecución es fácil."
Igualmente movidos y de un hondo
conocimiento anímico de sus personajes, que son los de la vida real, son
los parlamentos que aparecen en el
Acto primero, escena sexta, en que las

Página 7

�mujeres hablan de una ausente, y la
escena sexta del segundo acto, en la
que figura la borrachera de la taimada
Celestina de Lope, Gerarda .... Se muestra aquí el autor como un perfecto conocedor de la psicología femenina
-como que en esa universidad cursó
todos sus años- y como un destrísimo manejador en la brega dialogal.

damentc en La Dorotea que en cual•
quiera otra de sus creaciones, pues esta, su obra capital, era carne de su
carne por dicha para él la más querida, según lo dijo a su amigo Claudia
Conde en la celebrada Oda; o traducida su consagración y empeño por las
propias palabrns del liróforo, "yo, como los rliiseñorés, tengo más voz que
carne."

Presenta La Dorotea a lo largo de
su texto treintaiséis poemas: veintidós romances, cinco sonetos, cinco Coros, en versos saficoadónicos, dímetros jámbicos, dícolos dístrofos, endecasílabos falecios y alcmanios euripídeos, un.a canción, dos octavas y un
epigráma, (¡ue es en realidad un madrigal, además. de versos sueltos, algunos de ellos repetición de los que aparecen cabalmente.

Cantó para el Amor en la voz meliflua de la Poesia, pues Lope era poeta
de Amor, venido al mundo para sólo
eso, para vestir el atuendo del hierofante de la pasión amorosa, y para ofi•
ciar en sus altares. Poesía y Amor;
Amor y Poesía; he ahí su destino.
Lo confesó cuando definió ese sentimiento diciendo: No es margarita
para bestias, quiere entendimientos su•
tiles, aborrece el interés, anda desnudo, no es para sujetos bajos.

;

Es también La Dorotea propicio tabfaáo 'j,',ih esgrimir la sátira contra el
ilüst'till poeta cordobés de las Soledades. Inserta Lope aquí un soneto burlesc~ de la nueva escuela, no propiame.ot~ para su creador sino para sus
epígonos. El contenido de las estrofas
es explicado en los sabrosos parlamentos. He aquí el soneto cultidiablesco:

Para clausurar este ciclo * sobre la
vida y la obra de este ingenio he aqui
su translúcido e inefable madrigal, de
fondo platónico y estilo petrarquista,
aquietados ya sus ardorosos bríos, mitigado su arrebato, señoreando ya la
razón en su alma pecadora que tanto
amó:

Pululando de culto, Claudio amigo,/
minotaurista soy desde mañana derelinquo la frase castellana,/ vayan las
Solitúdines conmigo./ Por precursora, desde hoy más me obligo/ al aurora llamar Bautista o Juana,/ chamelote la mar, la ronca rana/ mosca del
agua, y sarna de oro/ el trigo./ Mal
efecto de mí, con ojlio y murrio,/ cáliga diré yo, que no grigniescos,/ como en el tiempo del pastor Bandurrio./
Estos versos, son turcos o tudescos?/
Tú, lector Garibay, si eres bamburrio,/
Apláudelos, que son cultidiablescos./
Mal caerían al avinagrado Don Luis,
pontífice de las nuevas letras, estos
desahogos del inquieto Lope, a quien
en muchas ocasiones le correspondió
con versos de más sapido jugo en
aquella guerra literaria.
En la escena primera del Acto tercero, dialogando el angustiado don

•
Fernando con Julio, su amigo confidente, a quien, como dejamos aclarado, se le ha identificado con el poeta
y músico rondeño, autor de la décima
o pinela, Vicente de Espinel, al parecer primer amante de la comedianta Elena Ossorio, Julio dice a su interlocutor: Quiero' decirte unos ver-

Francisco M: Zertuch
Viene de la Pág. 4)

.la cortesía. Era tímido, nervioso, indiferente a los bienes materiales, atento siempre a los dones del espíritu. Era un gran con•
ver~~dor; en las tertulias irradiaba gracia y simpatía, su conversac1on envolvía suavemente hilvanando discursos salpicados de
fina ironía, de gracia incomparable, de datos chispeantes. A veces los chistes servían como elementos clarificadores de su pen•
samiento. Tenía siempre a la mano una palabra rara alrededor
de la cual solía bordar explicaciones inspiradas en sus largas lec•
turas.
Era orador fácil y elegante. Procuraba poner en sus palabras
~ucho d~ lo que IJ?,editaba en sus horas de soledad y de insomruo y sabia producir el efecto que deseaba con párrafos brillan•
tes Y rotundos. Era un soñador, un poeta de la vida y del arte.
Olvidaba fácilmente los incidentes desagradables y conservaba
en su devoción los actos buenos y nobles que le deparaban sus
numerosos amigos. Muchos estudiantes acudían a él, en procura
de consejo, porque veían en él a un protector insuperable. Así,
envuelto en el cariño, la admiración y el aprecio de que supo
rodearse, se le escapó la vida la tarde del 3 de mayo cuando tod avia
' se esperaban de su espíritu superior muchos' triunfos y
muchas realizaciones.
La Universidad de Nuevo León ha acogido en su seno de ma•
dre desvelada por la cultura a este luchador incansable rindiéndole el mejor homenaje a que pueda aspirar uno de su; servidor~s: ~olocarlo _al lado de los creadores de su larga y brillante tra•
dic10n educativa, como una devoción puesta en pie, para ejemplo de las futuras generaciones.
Página 8

sos que oi en una comedia, a prop6sito de tus celos, de tus jornadas y de
este indiano que te amartela, que sew
gún imagino, ese despertador desvela
más tus pensamiento, que las gracias
y hermosura de Dorotea: Canta, pájaro amante, en la enramada/ salva a su
amor, que por el verde suelo/ no ha
visto el cazador, que con desvelo/ lo
está escuchando, la ballesta armada./
Tírale, yerra, y la turbada/ ·voz en el
pico, transformada en hielo/ vuelve, y
de ramo en ramo acorta el vuelo/ por
no alejarse de la prenda amada./
Desta suerte el amor canta en el ni•
do;/ mas luego que los celos que recela/ le tiran flechas de temor de olvido,/ huye, teme, sospecha, inquiere, cela,/ y hasta que ve que el cazador es ido,/ de pensamiento vuela./
El verso inicial de los veintitantos
romances que el poeta intercala en la
órbita de su Dorotea, corresponden en
su mayoría a muchos sucesos de su
historicidad amorosa con Elena Ossorio, por más que en algunos aparezca
-Lope velado con el nombre morisco
de Zaide y ella de Zaida. La erudición
moderna ha sendereado en el texto de
esos poemas octosilábicos el itinerario
mits o menos exacto de las relaciones
entre la cómica y el dramaturgo. He
aqui los títulos de su breve romancero
amoroso: A mis soledades voy; Zagala,
asi Dios te guarde; Unas doradas chinelas; Al són de los arroyuelos; Así
Fabio cantaba; Cantaba el Abindarráez; El criarnos como hermanos; Corría un manso arroyuelo; ¡Ay, soledades tristes; Para que no te vayas; ¡Ay,
riguroso estado; Pobre barquilla mia;
¿Qué me queréis, alegrías, Gigante cristalino; Tan vivo está en mi alma; ¿No
vas conmigo, Amarilis; Cuidados, ¿qué
me queréis?; En una peña sentado; ¿A
dónde vdis, pensamiento?; Si tuvieras,
aldeana, y Si todo lo acaba el tiempo.
Era irresistible para Lope la avidez
y el culto de versificar, más justifica-

Miré, señora, la ideal belleza,
guiándome el amor por vagarosas
sendas de nueve cielos;
y absorto en su grandeza,
las ejemplares formas de las cosas,
bajé a mirar en los humanos velos;
y en la vuestra sensible
contemplé la divina inte!Ígible;
y viendo que conforma
tanto el retrato a su primera forma,
amé vuestra hermosura,
imagen de la luz divina y pura,
haciendo, cuando os veo,
que pueda la razón más que el deseo;
que si por ella sola me gobierno,
amor que todo es alma, será eterno.
• Ver ARMAS Y LETRAS Nos. 2 J S del presente afio.

Organo Mensual de la Universidad
de Nuevo León
2a. Cla1e ea la
N. L., el
20 de Ab,il de 19#.

Registrado como artículo de

Admón. de Correos de Monterrey,

INDICADOR,
Colaboradores
Raúl Rangel Frías
Fidencio de la Fuente

Francisc.o M. Zertucbe
Genaro Salinas Quiroga

Arturo C..w S.
Homero A. Garza
Alfonso Rangel Guerra

Guillermo Cerda G.
Jor¡e Rangel Gucrr!l
Manuel Morale1

Director

Lic. Fidcncio de la Fu ente
Oficinas
Washington y Colegio Civil
Monterrey, Nuevo León

MEXICO

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                <text>Es una publicación trimestral editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León a través de la Editorial Universitaria. En las páginas principales de Armas y Letras se incluyen textos literarios, particularmente poesía, narrativa y ensayo, de escritores destacados de la localidad, nacionales e internacionales. Inició en 1944 de manera mensual, se mantiene activa en soporte físico y digital.</text>
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              <text>Armas y Letras, Boletín mensual de la Universidad de Nuevo León, 1956, Año 13, No 5, Mayo </text>
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              <text>Es una publicación trimestral editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León a través de la Editorial Universitaria. En las páginas principales de Armas y Letras se incluyen textos literarios, particularmente poesía, narrativa y ensayo, de escritores destacados de la localidad, nacionales e internacionales. Inició en 1944 de manera mensual, se mantiene activa en soporte físico y digital.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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