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                  <text>BOLETIN MENSUAL DE 1A UNIVERSIDAD DE NUEVO LEON
Registrado como artículo de 2a. clase en la Administración de Correos de Monterrey, N. L., el 20 de Abril de 1944.

D.A.s.u.

.
La Personalidad Histórica de bregon
Año XIII

No. 7

Ct1,-,!fla ,HFonsina

lJibjjoíer,-d { nit-;,rsilaria

Genero SALINAS QT,TIROGA

Alvaro Obregón, a pesar de los errores que como hombre
pudo tener, es una de las grandes figuras del México moderno.
Ya es tiempo que se analice ecuánimemente la obra de nuestros
próceres revolucionarios y nada más indicado que sea la Universidad para que lleve a cabo esa imparcial labor. Deben serenarse las pasiones y dar a cada quien lo suyo. Murió, siendo
Presidente electo para un segundo período, el 17 de Julio de
1928, ésto es hace veintiocho años. Por eso, en este número de
"Armas y Letras" correspondiente a este mes, lo recordamos.

ra, de tipo que encarna una etica rigurosa. No debemos olvidar que fué
un hombre de lucha y que vivió toda
su existencia batalladora sin quitarse
las botas de campaña y combatiendo
siempre al enemigo. Su muerte vio1.enta, producto de un asesinato, es una
comprobación de ello. A un hombre
así, no se le puede juzgar con la misma medida, que a aquél que se dedica
en la tranquilidad de su hogar o de
su oficina a resolver. problemas personales o de interés individual.
Fué un hombre varonil en todos sus
actos, franco y sociable, espíritu libre
y progresista, combativo siempre, pin..
toresco, rodeado de simpáticas anécdotas y dotado de un fino humorismo
que no lo abandonó nunca. Esto último no Jo entendió el escritor español
Vicente Blasco Ibañez cuando escribió
"El Militarismo Mexicano", quien tra..
tó de ridiculizarlo. Su ingenio fué festivo, pero sano, bien intencionado en
que él mismo se criticaba, se hacía
bromas o hacia suyos los chistes populares en torno de su persona.
Obregón fué una persona que se elevó por su propio esfuerzo, venciendo
las tentaciones de la juventud y de
sus pasiones. Ya que muchos no te•
nemos vocación o simplemente no podemos sobresalir en las empresas políticas, siquiera hagamos justicia a
quien luchó valientemente, cuando en
verdad se necesitaba, por el mejoramiento de nuestro pueblo.
IMPULSOR DE LA EDUCACION

Gral. Alvaro Obregón

EL CAUDILLO
Fué él, General en Jefe del Ejército
del Noroeste, vencedor de Celaya, inspirador y alma del movimiento de
Agua Prieta y Presidente Constitucional de la República de 1920 a 1924.
Fué también el caudillo de más impor-

tancia de la Revolución Mexicana 11or
sus exitos militares. Nadie mejor que
él personifica con tanta vivacidad y
energía la democracia espontánea, popu]ar, surgida de las entrañas de nuestras clases humildes.
No Jo presentaremos al Héroe de Celaya como un ejemplo de moral auste-

manas mayores que él, que lo forma ..
ron, Je inculcaron principios morales
y sobre todo lo hicieron de un recio
carácter.
Después de cursar la instrucción primaria, fué un simple obrero de la negociación azucarera de Navolato, del
Estado de Sinaloa. En la noche cuando sus demás compañeros se dedicaban a sus diversiones, juegos de azar,
cantinas, etc. él limpiaba sus herramientas o se ponia a leer libros sobre
mecánica que tanto le apasionaban. El
estudio y la devoción a sn trabajo Jo
llevaron a ser jefe de taller, pasando
a la categoría de maestro mecánico.
Alli aprendió algo que no olvidó nunca; que el trabajo tiene sus alegrías;
las del deber cumplido y de haber elaborado un producto útil a nuestros
semejantes.
Gracias a sus ahorros, llegó a ser
propietario de una pequeña finca agricola en la márgen izquierda del Rio
~layo, a la que irónicamente le puso
por nombre "Quinta Chilla". Con fre.
cuencia sus vecinos lo visitaban y considerimdolo persona inteligente le consultaban sus problemas. Nos encon~
tramos en los últimos años de ]a dictadura del Gral. Porfirio Díaz, y una
noche en amable tertulia, compuesta
de vecinos y sus trabajadores se le oyó
decir: ues necesario odiar la tiranía;
es necesario no sólo amar, sino tambié.n conquistar la libertad". Con ello
quizo decir y así lo entendieron claramente sus oyentes, que se necesitaban renovar e] aire que asfixiaba la
vida nacional.

¡ Qué bien que en esta publicación
universitaria se hable de Obregón, que
SUS LUCHAS
tanto impusó la educación popular y
superior de México! Diganlo si no la
Estalla la re\Colución de 1910 aficreación del Ministerio de Educación
liándose
al Partido AnlirreeleccionisPública, el prosupuesto con que lo dotó y la presencia en él de José Vas- ta. Se manifiesta como Maderista sinconcelos, a quien llevó allí en su ar- cero, cuando el Presidente Municipal
diente deseo de extender por todas de Huatabempo, Sonora, pretende que
partes la escuela rural mexicana. Ade- firme un pliego de adhesión al Genemás los universitarios, no debemos ral Díaz. Ya triunfante Madero lanza
contemplar pasivamente los problemas su candidatura para Presidente Muninacionales, sino que nada más indica- cipal de Huatabampo, apoyado por el
do, que en nuestras aulas, con toda se- grupo liberal de la población, derrorenidad de espíritu se analicen y va.. tando al candidato de la reacción Salvador H. Surbarán. Fué la suya, una
!oren las grandes figuras nacionales.
administración progresista. Se levanta
Pascual Orozco contra llladero y conSU NIÑEZ
tribuye a combatir al primero con trescientos
agricllltores de su región, noFué Alvaro Obregón hijo de una movatos
como
él en la ciencia de la guedesta familia, el último de dieciocho
hermanos, negando a ser con el tiem. rra Y con el Grado de Teniente Coropo el primer ciudadano de llléxico. nel, organiza el Batallón Irregular de
Huérfano desde temprana edad, fué Sonora.
educado amorosamente por tres her(Pasa a la página 8)

�Dos Poemas de Alfredo Jacob

EL PRODIGIO M\ O ZA!~ lí
Por Juan Antonio DIAZ DURAN

Campanas de la Tarde

•

¡Qué dolientes campanas
en la apacible tarde que se fuga! ...

.

,

¡Campanas de las lágrimas sin causa
viejas campanas en aquel silencio!...
Cuando daban señal para la ofrenda
en el junio febril de mis infancias
y el sol se derramaba por los muros
las campanas del pueblo,
las dolientes campanas de aquel pueblo
me decían su lenguaje de plegarias
sin incienso, sin órgano, sin cantos.
Ellas me están hablando a esta hora
viejas cosas lejanas, sin sentido,
cuando en el alma yo llevaba un canto
matutino, auroral como el rocio.

Ah, las campanas, mis campanas claras!

Vengo a traeros mi homenaje humilde
desde el recuerdo ardiente de mi sueño,
campanas de mi ya lejana infancia,
hoy que traigo un orfeón de golondrinas
aqui en el duro risco de mi alma.
¡Campanas del silencio estremecido,
viejas campanas que en el alma os guardo!

..

• _. . .....:

Ellas me traen la brisa del barbecho,
en recuerdo estival de aquel encuentro,
la vaquería que pace en el vallado
y los salmos dispersos
de aquellas golondrinas en bandada.

Labriegas de la tarde sin crepúsculo,
pastoras de las nubes tumultuosas,
cómo traigo clavado aquí en el alma
vuestro tañer lejano, atardecido
y la voz luminosa del recuerdo
que regresa al encuentro con la vida.
Campanas de la lluvia,
pluvial susurro bajo el sol de estío,
llanto en bronce disperso en el camino
esfumado de yerbas y de lirios.
Campesinas campanas de la tarde
sabedoras de hacinas y de acequias
del trigo nuevo y del maíz erguido:
campanas de la ordeña y de la luna,
compañeras del grillo y del misterio
en la noche sin sueño del aldeano
qué soledoso vuestro ensalmo de oro
qué grave bajo el cielo de amaranto.

. ;,
.. .:-...:~

Desierto
Voz que me colma de residuos muertos,
voz que me agobia en horas desoladas,
génesis de mis noches amargadas,
voz que me llega en los minutos ciertos.
Navego en ti tras los seguros puertos,
vengo de ti con mi cansancio extraño;
todo lo miro gris, helado, huraño,
circundado de gérmenes desiertos.
Quiero escapar de ti, quiero lanzarme
sobre la cumbre que avizoro ignota,
buscar la senda celestial y pura .••
¡Todo me induce, todo, a desgarrarme!
Sigue tu voz, desierto, más remota
con su plural y fuerte ligadura.

·: "i

Johann Georg Leopold Mozart fue un joven bávaro que
abandonó la teología por la música y que se casó en Salzburgo
con una muchacha austriaca llamada Ana María, huérfana de
W olfgang Nikolous Pertl ( o Bertel), sacristán de la abadía de
San Gilgen.
Su matrimonio se efectuó el 21 de noviembre de 1747, y aun•
que tuvieron siete hijos sólo sobrevivieron dos: Ana Maria Wal•
purgis lgnacia -nacida en cuarto lugar-, y el séptimo y último, Wolfgang Amadeo, nacido para la gloria del arte el 27 de
enero de 17 56.
Leopoldo, descendiente de albañiles
y encuadernadores, fue un individuo
de clara inteligencia y que logró adquirir una vasta cultura por sus es'Nl•dios en la Universidad de Salzburgo, sus viajes y su trato con los personajes más distinguidos de las cortes
europeas. Fue organista, violinista,
compositor y director, y publicó, en
el mismo año en que nació su famoso
hijo, un importante tratado para el estudio del violín. Hablaba varios idiomas y era muy hábil en el manejo de
la pluma. Se supone que de no haber
existido su glorioso hijo él tendría méritos suficientes para sobrevivir en la
memoria de ]os hombres.
El genio musical se manifestó en
Wolfgang desde la más temprana edad.
Fred Hamel dice, en su Historia de la
música, que en toda la historia no se
conoce un caso tan asombroso dé instinto musical, natural y espontáneo,
comparable al de Mozart; y que desde la más temprana niñez ese instinto se manifestó instantánea y continuamente.
Es tan asombroso, tan múltiple y lleno de posibilidaoes creadoras el talento artístico de Mozart, que sus biógrafos rechazan, para explicárselo, la
simple teoría de las influencias biológicas. Einstein dice que en este caso
c¡ueda invalidada tau evidentemente la
ley de la herencia musical, que se ha
tratado de responsabilizar exclusivamente a mamá Mozart; pero que, con
igual derecho se hubiera podido cu1parla de adulterio con el dios Apolo.
Leopoldo, con su talento excepcional de pedagogo, se hizo cargo de la
instrucción de sus hijos -ambos dotados para la música-, aunque, como
sucede en la mayoría de los casps, posteriormente su infuencia como consejero espiritual resultó funesta en varios aspectos para su hijo.
Wolfgang tenia cuatro años cuando
su padre comenzó a enseñarle minuetos y otras piezas para el clave. A
los cinco años su cerebro empezó a
desarrollar aquella actividad creadora que no se interrumpiría sino con
la muerte. Sus primeras composiciones también fueron minuetos, como
consta por el cat3Iogo de sus -obras,
por el juicio de Abert y otros musicólogos, y por la anotación autógrafa de
]a hermana de Mozart en el manuscrito del Minué en sol (K.1).
El estudio del contrapunto lo hizo
en el Gradus ad Parnassum de Fux,
compositor y gran teórico del contrapunto.
Leopoldo desempeñaba en la corte
arzobispal de Salzburgo el puesto de
vice-maestro de capil1a, bajo la autoridad paternal del príncipe arzobispo
Segismundo von Schrattenbach, en
quien los Mozart tuvieron un amigo y
protector hasta el día de su muerte,
el 16 de diciembre de 1771. Su sucesor, Jerónimo José Francisco von Paula, conde de Co11oredo, fue un individuo egoísta y de espíritu vulgar, a

quien no le importaba un comino el
genio de Mozart. Fue electo el 14 de
marzo de 1772. Su designación causó
un asombro general.
Leopoldo se afanó por buscar una
colocación remunerativa para su hijo
en alguna de las cortes europeas, y
asi proyectó y realizó una serie de
viajes que abarca del 12 de enero de
1762 al 13 de marzo de 1773.
Se ha discutido si a Leopoldo lo
guiaba una finalidad mercantilista o
si en realidad solamente desarrolló
hasta su máximo las posibilidades artísticas de sus hijos. De todos modos
quedan en pie varios hechos: Leopoldo tuvo conciencia clara del talento
prodigioso de sus hijos; Wolfgang era
sumamente obediente con su padre y
era capaz de ponerse al piano cuan•
tas veces se lo pidiera, aun después
de todo un día de trabajo, solamente
por complacerlo; el joven Mozart sacrificó su infancia en el estudio, y si
aquel1os viajes tenían por objeto sacarlo del ambiente de Salsburgo -donde .
unicamente habría vegetado como sirviente del Arzobispo-, no fue culpa
de Leopoldo que no tuvieran éxito sus
proyectos. Leopoldo por su parte sacrificó su propio destino musical, su
posición en la corte arzobispal, en
bien de la suerte de su hijo.
Juan Lorenzo Hagenauer, un comerciante de Solzburgo y dueño de la casa donde habitaban los Mozart y en
donde nació Wolfgang, le facilicitó a
Leopoldo casi todo el dinero con que
financió sus viajes.
En enero de 1762 Leopoldo y sus
dos hijos se aventuraron, como en viaje de prueba, a Munich, a la corte del
príncipe elector Maximiliano III. En
las cartas de Leopoldo a su acreedor
Hagenauer ha quedado la mejor descripción de estos viajes.
En septiembre del mismo año em~
prenden el primer viaje a Viena, a
donde llegaron el 6 de octubre. Actuaron en varios palacios de la aristocracia y fueron presentados a 1a
familia imperial en el palacio de
Schonbrunn. Eric Blom hace notar que
aquella era una corte musical. María
Teresa cantaba bien y había actuado
en una ópera de Fux a los siete años
de edad. A Francisco I también le gustaba la música, y las archiduquesas,
incluyendo a María Antonieta, actuaron, aquel mismo año de la visita de
los Mozart, en una representación privada de II trionfo di Clelia.
Wolfgang, que ya era un pequeño
virtuoso y compositor, mostró su carácter cariñoso y vivaz subiendo a las
rodillas de la Emperatriz y besándola
efusivamente. En esa ciudad lo atacó
esa enfermedad que Einstein llama
otra aceleradora eficaz de su maduración, una escarlatina maligna que tal
vez le defó el germen de su fin prematuro.
Salieron para Presburgo, Hungría, y
estaban de regreso en Salzburgo a principios de enero,

Página 2

Página 3

�El tercer viaje tuvo por metas prin-

cipales París y Londres, y duró desde
el 9 de junio de 1763 al 30 de noviembre de 1766. Durante él, como dice
Alired Einstein, se detuvieron no sólo
en varias ciudades alemanas del sur
y del oeste, como Munich, Ludwigshafen, Schwetzingen y Francfort, sino
también en la Bélgica católica y la Ho]anda reformada, en ]a Francia sudoriental, Suiza y ]a ciudad imperial
de Augsburgo, cuna de Leopoldo.
El 18 de noviembre de 1763 llegaron a París, alojandose en la casa
del embajador de Baviera, conde von
Eych, cuya esposa era hija del conde
Arco, el Chambelán de Salzburgo. Acababa de terminar la Guerra de los Siete Años, que Je costó a Francia la India y el Canadá. Fueron presentados
a la corte en Versalles y poco después
a Madame Pompadour, que también
tenía habitaciones en Versalles, que,
como dice Leopoldo, eran un paraíso.
Los reyes eran Luis XV -a quien las
mujeres se hubieran rifado por guapo,
aunque no fuera rey, según Veit Valentin-, y Maria Lesczynska.
En París se publicaron dos series
de sonatas (K.6, 7, 8 y 9), que fueron
las primeras obras impresas de 11lozart. La primera dedicada a Mme.
Vicloire de France y la segunda a la
condesa de Tessé, dama de compañia
de la Delfina.
El 10 de abril de 1764 Leopo!do, su
esposa y sus dos hijos salieron para
Londres, a donde llegaron el dla 23.
El rey Jorge III era un gran admirador de Handel, y la reina, Carlota
de lllecklenburg Strelitz, tocaba y cantaba.
En Chelsea y Londres Wolfgang empezó a componer sinfonías (K.7, 18 y
19). En esta última ciudad trabó amistad con Juan Cristian Bach, maestro
de música de la reina. Entonces fue
cuando Juan Cristian dijo: lllás de un
Kapellmeister muere sin llegar a saber lo que este niño ya sabe.
Salieron de Londres el 24 de julio
de 1765. Estuvieron en Canterbury, y
dejaron la isla el lo. de agosto.
A instancias del Embajador holandés fueron a La Haya, donde Nannerl
cayó enferma el 12 de septiembre. Se
puso tan grave que el 21 de octubre
le dieron la extremaunción. Después se

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puso enfermo Wolfgang, y así se les
pasó el tiempo hasta enero de 1766.
Regresaron a París el 10 de mayo
y el 9 de julio salieron rumbo a Díjón.
En Lyon estuvieron un mes, y llegaron a Ginebra en plena guerra civil.
En Biberach Mozart se encontró con
otro niño prodigio, Sixtus Bachmann,
que era dos años mayor que él, y hubo
ocasión para que compitieran en el órgano. En lllunich Woligang volvió a
estar enfermo, y, cuando se repuso, la
familia concluyó su gira llegando a
Salzburgo eu noviembre de 1766, después de una ausencia de más de tres
años.
EL PRODIGIOSO MOZART
Para situar históricamente el desarrollo espiritual de Mozart hay que tener en cuenta algunos hechos importantes: La música es, contrariamente
a la escultura, la pintura, la poesía y
las demás artes, uu arte que hasta la
época moderna alcanza su completo
desarrollo. Su visita a París y Londres coincidió con el período musical
en que el pianoforte estaba a punto de
sustituir al clave; la sonata había reemplazado ya a la suite y la homofonía estaba desplazando al contrapunto,
En Stuttgart escuchó al famoso violinista Nardini -discípulo de Tartini-,
y la orquesta dirigida por Jomelli.
En Schwetzingen oyó la orquesta de
lllannheim, considerada la mejor de
Alemania y creada por J.W.A. Stamítz.
En París conoció a J.G. Ekard, que
recibió de su maestro F. 111. Bach la
forma de sonata recién concebida, y
a Johann Schobert, creador de la sonata moderna para violín y piano. W.
J. Turner dice que l\lozart nació en el
período del Sturm und Drang, y pertenece de manera tan completa y característica a la restauración romántica europea como William Blake, que
nació en 1757, un año después que
l\lozart. El Werlher de Goethe se publicó en 1774, lo mejor de la obra Ji.
!eraria de Lessing se publicó durante la infancia de Mozart, y los escritores alemanes de este nuevo periodo,
Klopstock, Wieland, Herder y los demás, eran todos mayores que Mozart.
Rousseau publicó su Contrato Social
en 1762; Voltaire ya habla realizado

EL TEHTR EN ITHLIH
Por Julián GALLEGO.

-----·su gran obra. Beaumarchais babia nacido en 1732. Las ideas de la revolución ya se agitaban en el ambiente.
(Para satisfacción propia deseamos
hacer constar desde ahora que cuando no citamos la procedencia de nuestras informaciones mozarlianas debe
entenderse que están tomadas del Ji.
bro de W. J. Turner, -1\lozart, el hombre y su obra- edición Juventud-Arg.,
1947).
Debe hacerse notar, según las palabras de Hermann Abert, que lllozart
llegó a Londres en 1764, a los nueve
años, como niño prodigio, y se fue en
1765, a los diez, como un consumado
maestro del arte contemporáneo de la
composición, igual a cualquier com•
positor de la época.
En esa etapa de su regreso al hogar
fue cuando su poderosa fantasía Jo hizo crear, tal vez como una conmovedora compensación para su infancia
sin juegos, un reino imaginario habitado por niños, cuya monarca era él,
y para el cual mandó trazar un mapa
en toda forma.
Wolfgang no concurrió a ninguna
escuela ni tuvo propiamente otro maestro que su padre Leopoldo, y, aunque se desconoce cuál seria el programa de educación general que Leopoldo les impartiría a sus hijos, cabe
suponer que en él estarían incluidos
los idiomas que hablaba Wolfgang:
alemán (su lengua materna era el dialecto salzburgués), latín, italiano y
francés. El inglés debe haberlo estudiado po rsi mismo. Se conserva una
carta en latín, que, a no ser por su
fecha incierta (1767-1769) se consideraría la primera existente de lllozart.
El 11 de septiembre de 1767 Leopoldo y toda su familia salieron para
Viena, esperando que Wolfgang y su
hermana pudieran lucirse dando audiciones en las fiestas que se preparaban para las bodas de la archiduquesa
María Josefa y el rey Fernando de Nápoles.
Sin embargo, sobrevino una epidemia de viruela, y, entre las primeras
víctimas que hizo se contó la linda Archiduquesa, de quien Leopoldo dijo en
una de sus cartas (17 de octubre) que
se había convertido en una novia celestíal.
Leopoldo desoyó el consejo •que ya
en París le habían dado, de vacunar
a sus hijos como Jo había hecho el duque de Orleáns, y prefirió dejarlo todo en la mano de Dios "para que dis. pusiera, con su infinita misericordia,
de aquella maravilla de ]a naturaleza".
Sin embargo, pensó en sa1varse de
algún modo, y huyó con su familia a
Olmutz; pero ya era tarde. Los niños
fueron presas de ]a viruela, y, si Wolfgang salvó la vida, fue gracias a la
ayuda valiente y generosa del conde
von Podstatsky, que les dió alojamiento en su casa y les envió un médico
por su cuenta.
Wolfgang estuvo ciego varios días a
causa de la enfermedad, y alegró su
convalecencia aprendiendo el juego de
cartas y la esgrima. En cuanto pudo

,

componer otra vez hizo un aria para
la hija de su médico, Wolf.
Volvieron a Viena el 10 de enero de
1768, pero en esta ocasión no tuvieron
suerte. En agosto de 1765 babia muerto el emperador Francisco I, y ahora
las cosas dependían de su hijo, el emperador José II, un individuo tacaño.
Hasta el príncipe Kaunitz, un famoso
conocedor de música que los hubiera
ayudado, les huyó por temor a la viruela; pues Wolfgang mostraba todavía manchas hojas, y Su Alteza era un
timorato en este sentido.
En vista de las dificultades que se
les opusieron, del poco entusiasmo de
los vieneses por la música de concier.
to (era la temporada de carnaval y la
gente no pensaba sino en divertirse
con los cinco sentidos) Leopoldo discurrió que su hijo de doce años compusiera una ópera; pues por último
hizo cuestión de amor propio demostrarles a todos los músicos profesionales que Wo!fgang era una estrella
ascendente en el firmamento musical.
En estas condiciones fue posible
conseguir un contrato con Aff!igio,
empresario teatral y un aventurero de
marca, para que Wolfgang escribiera,
sobre un texto de Marco Coltellini, su
primera ópera, La Finta semplice (K.
51).
La ópera en cuestión consta de tres
actos, con 25 numeros escritos en 558
paginas, y fue terminada dentro del
tiempo que estipulaba el contrato. Sin
embargo, no fue posible vencer las dificultades que se presentaron y la obra
quedó sin estrenarse en aquella ocasión.
Entonces fue cuando el doctor F.
Anton Mesmer, muy conocido por su
teoría del magnetismo animal, solicitó
de Wolfgang una ópera que deseaba
estrenar en el teatro que había construido en el jardín de su casa. Esta
segunda ópera fue Bastien und Bastienne (K.50), y se estrenó a fines del
verano de 1768, antes que su predecesora.
Durante su viaje Mozart compuso
también tres sinfonías (K. 43, 45 y
48); las dos últimas fechadas en Viena
el 16 de enero y el 13 de diciembre
de 1768.
El texto de la l\lisa que compuso para el padre jesuita Ignaz Parhammer
se_ perdió, y de este modo la primera
Misa de ll!ozart que existe es la l\lissa
Brevis en Sol (K.49).
P?dre e hijo regresaron a Salzburgo
al fmahzar el año de 1768.
El genio musical pasó un año (1769)
en su ciudad natal. De su vida civil
de entonces no sabemos nada. Tenemos solamente constancia de su actividad creadora. En el mes de octubre
compuso u~~ lllisa en Do (K.66) para
la ordenac10n de su amigo Domingo
Hagenauer, uno de los hijos de su casero. W. J. Turner dice que esta misa
fue la primera que rompió, en cierto
modo, con el viejo estilo de la música
eclasiástica, y mostró 1~ influencia del
progreso en música de ópera y sinfónica.

•

UN ESTRENO EN "LA FENICE"

cierta importancia en la Serenisima,

Llegar a la "La Fenice", el teatro de

tiene dos entradas: la principal, que
da directamente a un canal y la secundaria, que es terrestre. Moraleja:
cuando tengáis prisa, tomad una góndola. Las calles en Venecia son de
agua; las de tierra son "sustitutivos".
Y conviene ver la Fenice antes de
que el telón se alce, antes de que las
luces experimenten esa triple oscilación que precede a su muerte. Porque
el mejor espectáculo de la Fenice es
la Fenice misma, esa sala admirable,
rosa, verde y oro, tan rica en sus tallas, en sus pinturas, como elegante y
graciosa en su trazado, ejemplo único
de teatro rococó, conservado intacto,
en su tono, en su lujo Intimo pero
ceremonioso.

Ja Opera de Venecia, es más dificil de
Jo que parece. Situado en el Campo de
San Fantin, en esa especie de península que forma el Canal Grande en su
último meandro, del Rialte a San Marcos, no parece que pueda haber cosa
más céntrica ni mas fácil de encontrar. Si mirais el plano -sobre todo
si es uno de esos planos en que los
edificios importantes están dibujados
"en relieve" y coronados de un carte•
Jito - vereis que es un edificio grande, cuadrado, con fachadas formando
frontones clásicos y que está a un paso de la Piazza. Imposible equivocarse.
Pero intentar seguir ese plano. Los dibujantes de planos de Venecia parecen estar de acuerdo en una cosa: que
es imposible representarla en toda su
complicación. Se dedican, entonces, a
una tarea de simplificación. Una vez
suprimida la mitad de los canalillos,
de las calles y de los campos, Venecia
comienza a ser comprensible.
Claro está que la utilidad de tales
planos deja mucho que desear. El consultarlos a cada momento - tarea a
que se dedican sin descanso todos los
visitantes "conscientes" de la ciudadsirve de muy poco. Venecia escuda
sus encantos de sirena en esta dificultad de comprensión. Hay que abandonarse por sus calles a la inspiración,
al instinto. Es el modo de que se vale
la gran coqueta del Adriático para hacer apreciar detalles recónditos que,
de otro modo, pasarían desapercibidos. Es posible de este modo que nun•
ca llegueis a donde quereis ir; que creyendo estar en la Fondamenta Nueva
lleguéis a la Zattere, que es exactamente Jo contrario; que pretendiendo
salir a Ca' Rezzonice vayais a parar al
Piazzale Roma (y entonces habeis perdido Venecia, porque esta gran plaza
es ]a unica cosa que Venecia tiene semejante a las otras ciudades del siglo
XX); o que queriendo ir a la Academia, salgais a la estación del Vaporelle
de San Stae, que es adonde, no se por
que, se sale siempre en cuanto uno se
descuida, como si fuera un agujero de
billar ruso. Gracias que existe el Vaporette, aunque haya aterrados turistas que no sepan si hay que tomarlo
en una dirección o en otra. Por fin
uno comprende lo que Venecia espera
de él: que se abandone, que no trate
de ir a ninguna parte, que tome las
cosas que van saliendo -que siempre
serán muchas- como regalos de la vida. Para qué ir a buscar los Tintorette
o los Be11ini de un lugar determinado,
si toda la ciudad se enrojece de los primeros o se dora de los segundos? Para
qué buscar un palacio, si hay mil? En
cuanto uno se ha decidido a adoptar
esta posición de vagabundo, la ciudad
-femenina entre todas y amante de
llevar la contrario- se enternece Y comienza a descubrirnos los misterios de
su urbanismo en torno a la S del canal.
Pero antes hemos pasado una semana,
dos ...
En cualquier caso, hasta para los
viajeros avezados, es recomendable saHr de casa con una hora de tiempo
si quieren llegar a La Fenice antes de
alzarse el telón. Si no se perderán
en un dédalo de callejones, arcadas,
canales, puentes, plazuelas. En cuanto
nuestro camino ha sido cortado dos o
tres veces o la callejuela que segulamos ha doblado con insistencia, inútil
es que busquemos los puntos cardinales. Al llegar a La Fenice nos explicamos el secreto: este teatro, como todos
los edificios públicos y privados de

OPERA AL AIRE LIBRE

hiera podido hacer creer que en ella
estaban friendo gente.
Este tumulto esta agitación, desaparecian de repente en cuanto la señal
de comenzar era dada. Pero aun hubo
algo mas, para mi memoria el recuerdo más bello de aquella noche. Antes
de comenzar la ópera yo habla visto
que todo el mundo llevaba candelillas
de cera; en cuanto se apagaron los focos del anfiteatro, cada cual encendió
su candela Y era de ver aquel firmamento estrellado caldo en medio de
la ciudad, inmóvil en la noche serenísima. Fué cuestión de un momento:
las lucecitas desaparecieron en el momento de empezar la música. Sólo para lograr la belleza de ese instante,
todos los voroneses habían comprado
su candela. Ello indica hasta qué punto este maravilloso pais de Italia está
siempre ávido de hermosura.
Este verano he vuelto a ver "Aida",
pero esta vez en Roma, en otro escenario imperial: las Termas de Cara•
calla. Los ruinas de estas termas gigantescas conservan dos terreones y
un lienzo de pared que sirven en verano de escenario inmenso, ante un
hemiciclo descomunal montado sobre
andamios de hierro. Antes de la hora,
las colinas del Aventino, del Celío, del
Palatino, comienzan a derramar torrentes humanos; un servicio extra•
ordinario de tranvías y autobuses no
cesa de acarrear adeptos. Se ven algunos extranjeros, vestidos de un modo pintoresco o ridículo que excita
la hilaridad de los romanos, parecidos
a los madrileños en lo zumbones Y
amigos de las burlas. Pero ya comienza la obertura; cascadas de comparsas
llenan el escenario; entre ellos, el
cuerpo de baile parece, en lontananza,
un grupo de insectos: pulgas los "negritos", polillas las "egipcias". Y Radamés entra triunfante, a todo galope,
sobre una cuadriga tirada por briosos
caballos blancos.
La música, ]a riqueza, la frescura
de la noche, todo se complementa para producir una sensación agradable.
Falta el peligro, la muerte. Italia es
demasiado amable para admitir que
una contralto se muera cantando o
que un tenor reciba una cornada.

La Opera es la Fiesta Nacional italiana, como la Corrida es la española:
igual entusiasmo, igual animación,
igual bullicio antes de empezar y atención en las "faenas" difíciles. De la
misma manera que un aficionado de
nuestro país se relame de gusto al ver
en los carteles que su diestro favorito
va a enfrentarse con unos erales de
empuje, el aficionado italiano se estremece viendo en los anuncios que
tal tenor cantará el Radamés, tal barítono el Rigoletto o tal tiple la Traviata? ¿Dará el "do"? ¿No desafinara en
la "Celeste Aída"? se pregunta el uno.
¿Banderillara? ¿Hilvanará esos naturales que solo él sabe dar? se plantea el
otro. El resultado es que el día de la
fiesta ya no hay localidades y que los
profanos o los extranjeros que llegan a
última hora a la taquilla, creyendo que
eso es un espectáculo como otro cualquiera, se quedan con un palmo de
narices.
La semejanza se acentúa durante el
verano, estación propicia a los toros
y a las funciones al aire libre. No hay
entonces modesta plaza de toros de
pueblo que no de su novillada ni plaza pública o explanada de castillo italiano que no organice su velada musical. Cuando la ópera se canta en un
circo romano, la semejanza es mas notable. Ver "Aida", por ejemplo, en la
Arena de Verona es un espectáculo
SUSANA Y LOS VIEJOS
prodigioso, entre musical y taurino, a
Es más fácil encontrar en Roma a
lo que contribuye sin duda la aparición del Buey Apis, si no muy bravo, "]a casta Susana" pintada por Guercino o algún otro artista del Seiscientos
cuando menos muy decorativo.
Asi tuve yo la suerte de verla hace que interpretada en el teatro por una
un par de años. La dirigía el famoso tiple ligera, de aspecto cuando menos.
Pabst, cuyas peliculas alemanas se Y sin embargo, el verano pasado, una
cuentan entre los clásicos del cine. noche del Ferragosto en que Jo cálido
Presidía un criterio de noble especta- de la atmósfera aconsejaba quedarse
cularidad. La Arena es un espléndido al aire libre, vi en una tapa de Vía
anfiteatro, bien conservado, en e] cen- Cavour, casi bajo el arco de San Pietro
tro mismo de la maravillosa ciudad in Vincoli - la iglesia en que el Moidel Adigo; en el acto final, el templo- sés de Miguel Angel se estremece de
tumba fvanzaba hacia los espectadores, rabia ante las explicaciones de los
mientras dos colosos colocados en lo guías turísticos-, ese arco con venalto de las graderías se deslizaban so- tanas a las que nuestros compatriotas
bre rieles hasta cerrar el escenario. Borgia se asomaron, el anuncio de un
Era digno de verse el trabajo de los teatro al aire libre, cercano, donde al
tramoyistas, que no tenían telón que cabo de media hora iba a comenzar
los velara. En un momento, vestidos la representación de la conocida opede bañistas, se sumergieron en un río reta por una compañia lírica estival.
La opereta es un género casi tan
auténtico, aparecido al levantar las
grandes tablas del escenario, y empe- aburrido como la zarzuela. Me aprezaron a plantar cañaverales, mientras suro a declarar que se trata de una
otros organizaban bosques de palme- opinión personal, que no trato de imras. Mientras tanto los comparsas, con- poner a nadie y a la que encuentro
tratados en Verona, saludaban a sus varias excepciones de peso. Si expon•
conocidos, se agitaban, reían, antes de go esta opinión es para dar a entenadoptar el hieratismo exigido por el der el estado de ánimo con que me
argumento. Había cientos, cree yo, en dirigí al leatrillo; · no se trataba de un
torno a los elefantes, al buey, a !'os interés especial por la obra represenídolos. En el entreatco, de aquella in- tada, sino hacia el teatro en si, hacia
mensa sarten brotaba un ruido que hu- el sitio, el escenario, el público, la

compañia, es decir, hacia todo lo que
rodeaba la obra excepto la obra misma. Suponla que sería Jo suficientemente inofensiva para pasar desapercibida, dejándome tiempo y ocasión
de fijarme en los demás detalles.
Todos estos detalles resultaron interesantes. En primer Jugar, el sitio. Se
levanta el escenario en un jardín, en
lo alto del "colle Opio", una colina
que no es una de las siete, no sé por
qué, pero es bien romana, entre las del
Celio y del Esquilino, con la citada
iglesia, las Termas de Trajano y la Demus Aurea de Neron en su terreno.
Un pino inmenso se erguía a un lado
de la escena, tapando parte de la misma con una espontaneidad y libertad
artística que ya hubiera querido el arquitecto Domenech cuando proyectaba
el "Palau de la Música Catalana"; otros
formaban grupos por todas partes, desdeñando otros árboles más pequeños.
El ambiente era puro y perfumado,
Una de las maravillas de Roma es esta
cantidad de campo y de bosque que
tiene esparcida entre sus ruinas, tras
de sus tapias o de sus iglesias agríeladas. Pasaban vendedoras de helados,
que pregonaban su mercancía con voz
dulce, con una especie de pereza, como si no les intersase vender. El pú•
blico era casi español; no hay pais en
que uno se encuentre tan en su casa
como Italia. Si no los hubieráis oldo
hablar, en nada se hubieran distinguí•
do de unos espectadores de barrio de
nuestro pais. A mi lado babia un mocele que intentaba atraer la atención
de una muchacha sentada delante; pa•
ra ello Je clavaba miradas como puña]es, sin que ella pareciera darse cuenta. En ]os entreactos, se paseaba como un palomo por delante de ella,
con su peinado insolente y su traje
planchado y limpio con ese primer
aseado que solo se encuentra en los
países mediterraneos, que una fama
absurda tacha de negligentes. Pero la
chiquilla seguía sin verlo y esta obstinación de la ceguedad, imposible de
explicar por distracción, indicaba a
las claras que estaba pendiente de los
• movimientos del seductor y que solo,
acaso, ]a presencia de sus padres le
imponía tanta reserva.
Porque era más dificil creer que estuviera absorta por el argumento de
la opereta. Es "La casta Susana" un
prodigio de vulgaridad novecentista.
No Je falta ni uno de los elementos
vodevilescos que han dado popularidad al género: el muchacho que se es!remece de pensar en los placeres del
amor, e] caballero serio que se va de
juerga en cuanto su mujer duerme, la
dama premio de virtud que engaña a su marido en cuanto vuelve la
espalda, el primo simpático, la hermanita independiente ... Muchas escenas
de Chez Maxim's, o de donde sea, son
comedores reservados en ]os que se
hallan repartidos todos los personajes... En fin, la obra maestra de la tontería y de la inmoralidad ñoña que
florecieron en la llamada "Belle Epoque" y qué todavía nos aburren en el
cine.
Y si todo ello hubiera sido presentado con cierta gracia, con trajes de
la época, con decorados modernistas ...
Pero los decorados y los trajes eran
de esa pobreza insolente que gastan
las compañías de la legua, ese mal
gusto sin pintoresquismo, esa pretensión de cubismo que hace llorar, porque se ve tras e11a mucha miseria, muchos viajes en tercera, muchos sueldecitos insignificantes. Marquesas y
Principes, Coroneles y Académicos
que, a la salida, acaso cenaran un plato de pasta en una modesta "cuccina"
y se acostaran pensando en el Paris
1900, en las cenas de Chez Maxim's,
arrullados por ese vals - el único momento grato de la partitura - que las
bailarinas danzaban agitando pesadamente los brazos como ocas asustadas
de lo cara que está la vida.

Página S

'

�,

"LOS PERSAS" EN DELFOS
Si Grecia cuenta con un teatro -el
de Epidauro- más grande y mejor
conservado que el de Delfos, ninguno
está enclavado en un paisaje tan su•
blime como éste, en ninguno el deco•
rado natural es tan sobrehumano. La
antigua sede del Oráculo de Apolo está situada en la vertiente sur del Parnaso, entre dos colosales rocas, las Fedriadas, entre las que se deslizan las
aguas de la fuente Castalia; el terreno
escalonado, cae, después de Delfos, ca·
si a pico hasta un angosto valle cuya
pared frontera está formada por el
monte de Kirfis y que se va ensanchando, tapizado de espesísimos olivares que parecen un terciopelo verde•
grisáceo, hasta abrirse en el resplandeciente golfo de Corinto. Visto desde
la gradería semicircular, el escenario
queda recortado ante el abismo, con
Kirfis como telón de fondo. Y como
los griegos no dejaban nada a nadie
hacer, basta que un actor de un grito
potente en un momento de emoción,
para que el eco, sabiamante calculado,
rebote varias veces desde las Fedriadas que forman la pared posterior del
teatro.
El domingo estaba lluvioso; las nubes se apelotonaban sobre las rocas y
se enganchaban por las laderas. Estalló la tormenta y los truenos retumbaban como para expresar la ira de Apolo al ver su santuario invadido por los
turistas. Las ruinas de Delfos son las
más bellas de Grecia, si exceptuamos
la Acropolis de Atenas; esos grupos
de fustes, esas escalinatas, ese muro
asombroso formado de piedras poligonales como un "puzzle" gigantesco,
ese estadio medio excavado en la montaña, esa misteriosa fuente, todo ello
superpuesto en los vastos escalones de
este inmenso circo rocoso, forman uno
de esos paisajes que no se olvidan, en
que el hombre ha colaborado con la
naturaleza y la ha perfeccionado. Los
turistas, corrían con sus paraguas y
sus impermeables de un lado a otro,
hasta que un chaparrón más fuerte los
obligaba a guarecerse en una gruta o
en un templo cuya falta de techo desmentía las promesas de protección. El
museo era el mejor refugio, un museo
admirable, un poco desordenado, como
casi todós los griegos, en los que parece haberse declarado una epidemia
reformista que dentro de poco tiempo dará fruto. En la última sala, el
Auriga clava sus ojos, que aun pestañea, en una carrera imaginaria; Y en
los delicadísimos frisos arcaicos, de
incomparable belleza, Apolo y Hercules siguen tirando uno de cada lado
del trípode profético,bajo la vigilancia
de Minerva, un tanto divertida.
En los pueblos italianos, las piedras de los templos de Roma han
servido para construir iglesias, castillos, palacios, en los pueblos de España, los capitales pasan prestados
del Protorio a la Mezquita, de esta a
la Catedral. Se sigue así una linea de
continuidad cultural, aunque parezca
paradójico. Nada de ello sncede en
Grecia; los pueblos griegos de nombre mas prestigioso, son aldeas tranquilas, sin el menor prestigio culto,
que tienen anexa, como una maravillosa excrecencia, una ruina que las
hace célebres. Sin estas ruinas, no se
podría distinguir Argos o Tyrinto de
Valconejos o de la Higuera de Abajo.
El pueblo de Kastri, trasplantado en
1891 por la Escuela Arqueológica
Francesa que hacía las excavaciones
de Delfos, es mas anónimo todavía. En
este domingo se encuentra animado
por los turistas, los autobuses, los carteles que anuncian para la tarde la representación de "Los Persas" de Esquilo, por el grupo de Teatro de la
Sorbona de París. La gente se pregunta si habrá teatro; ha lloviznado
todo el día, con buenos aguaceros de
vez en cuando, y el teatro al aire libre

Página 6

menos griego que la tragedia de
"Hamlet", aunque en ella haya incesto, venganza, muerte. No creo que exista en todo el teatro griego un papel
que pueda calificarse de "intelectual",
como el genial personaje de Shakespeare. Este Orestes dudoso, que busca
mil escusas, mil aplazamientos, para
cumplir un deber que le viene demasiado grande, que trata de librarse de
esta obsesión por un ademán rápido
-El asesinato de Polonio, confundido
Julián GALLEGO.
con el Rey- que es como una huida,
que busca en los libros o en las farsas
teatrales confirmaciones de algo que
cer, una de sus avenidas es el lugar sabe segµro, y que al fin hace las code reunión de la juventud que quiere sas tarde y de mala manera -para que
ver y ser vista.
otro, Fortínbrás, se aproveche- es deEn estos meses de calor, el Zapeion cir, que tiene en mano su destino y
ofrece un nuevo atractivo nocturno: lo pierde, poco tiene que ver con los
un teatro al aire libre, andamiaje le- Edipos u Orestes, que una "máquina
vantado en una frondosa plazoleta, for- infernal" condena fatalmente y sin esmando un hemiciclo desde el que se cape.
domina una escena a la que sirven de
La interpretación fue correcta, sin
telón surtidores de variable altura. exceso; casi convencional Cada perCuando esta cortina de agua baja, ve- sonaje sabía demasiado a qué atenerse
mos el escenario, el decorado, a modo y decía su parte cómo una romanza
de puerta o puente que suele dejar ver bien conocida y ensayada. Parecía
en su fond'o una larga avenida que de- que los actores hubieran visto el film
saparece en las tinieblas, excelente Ju- de Olivier con demasiada complacengar de entrada y de salida para los per- cia: la reina y Ofelia se parecían a sus
sonajes.
encarnaciones filmadas hasta fisicaMi gran afición al teatro y la creen- mente. La falta, pues, de contenido
cia de que, cuando es bueno, lo de. profundo de esta recitación hizo permuestra aun en una lengua extraña derse el sabroso choque entre el lugar
.
me conduJeron
un par de noches a' y la obra que uno se prometía. Lo miseste teatro de jardín. Confieso que del mo hubieran interpretado nna trage"Erotriko~" que vi la noche primera, dia griega. "Ay, Basilisa!" exclamó
no entend1 gran cosa; esta comedia grie- junto a mi una espectadora alarmada
ga de un autor contemporáneo parecía de ver que la Reina (Basilisa, en griea mis ojos, ya que no a mis oídos, una go) se bebía el veneno. El escanciador
mezcla abigarrada de personajes sha- acababa de dejar caer al suelo, con la
kespearianos, una historia de prince- copa, la verosilitud de la escena shasas enamoradizas, jóvenes infortuna- kespeariana.
dos, torneos, banderolas, coronas y ceEL FESTIVAL DE ATENAS
tros. Este primer fracaso, no me quito
el deseo de reincidir, en especial
Cada año se celebran más festivales,
cuando vi anunciada una obra de
nombre corto que, después de algu- interesantes o no. Hasta Villaperdices
nos trabajos, conseguí traducir como de los Vados celebrará pronto su fes"Hamlet". (Porque para quien, como tival de música, de cine, de teatro, con
yo, ni siquiera ha hecho estudios de su exposición de pintura o su confegriego clásico, mucho menos de mo- rencia por añadidura. Esta invasión
derno, el simple deletreo de un cartel festiva, si molesta en cuanto tiene de
repr~senta una suma de esfuerzos que "atracción de forasteros", es decir, de
no siempre se ve coronada por el éxi- falta de autenticidad interna y de bato). No iba a entender mucho más, se, es digna de loa si consideramos
pero tampoco mucho menos, que cuan- que parece responder a mayores necedo vi representar en sueco la "Noche sidades culturales. Y si, en esta fiede Epifania"; y había algo muy in• bre, conseguimos asistir a algún buen
teresante, casi cómico, en la idea de festival, en Salzburgo, en Aíx, en Barver trasplantado a Grecia todo ese celona o en Edimburgo, la idea nos pamundo nórdico de fantasmas y vene- recerá aun más feliz.
nos.
En este año se ha celebrado, por
En efecto, en cuanto comenzó la · vez primera, el Festival de Atenas. Duacción y pudimos ver a Bernardo a rante mes y medio -de agosto a ocHoracio, a Hamlet paseando entre ~u- tubre- se h3n sucedido las manifesmores tempestuosos y silbidos del taciones sinfónicas y teatrales. El fesvi~nto bajo unas ramas serenísimas y tival ateniense ha tenido una ca1idad
baJo unas estrellas radiantes, nos di- excepcional en sus intérpretes, un esmos cuenta de los dos universos que pecial interés en su repertorio, un
en esa acción se encontraban; nada enorme atractivo· en su escenario, el
Teatro d.e Herodes Atico, que se abre,
al aire libre, al pie del Partenón, con
las graderías apoyadas en la escarpada ladera de la Acrópolis. El clima caluroso de Atenas hace ideales estas veladas al raso, tan peligrosas en otras
latitudes. Nada mas ber1D-oso Q\IC una
de estas noches atenienses, ni el espectáculo da este teafro en sí, de sus
graderías llenas de espectadores, que,
en las localidades más baratas, escalan
las rocas, buscan acomodo en una enligua losa o luchan -ay, sin ningún
éxito- con las asechanzas que las opulentas chumberas o las carnosas pitas
les tienden.
El Festival ha estado compuesto de
una parte de Conciertos, a cargo de la
Filarmónica de Nueva York, dirigida
por el griego-Mitropoulos, y de la Sinfónica de Atenas, con el concurso de
coros y solistas; de una serie de representaciones de Opera, a cargo de
eminentes cantantes de todo el mundo; Y de la interpretación de las tra-

IEIL lí!EA lílR.O
EN GIR.ECIIA
solo tiene Jugar -para empelar la fórmula tradicional, que tiene un aire saturnal de tragedia- "si el Tiempo no
lo impideu.
Saturno se portó bien en el último
momento. O acaso fué para vengarse
de algo que Apolo - que, como buen
poeta, tenga especial habilidad para
ofender - le ha hecho recientemente?
El caso es que se celebre la representación. Para quien no es francés, el
francés sueña de un modo extraño rebotando por las Fédridas; cuando los
Persas gritaban "Helas t" era dificil
creerlos persas. Que extraño no ser
Persa, debían pensar los estudiantesactores, con sus barbas de cordelate y
sus gestos de marionetas de pretendido sabor arcaizante. Esta estilización,
estas voces, incluso esta música harto discutible, hubieran logrado su
efecto justo en el Patio de la Sorbona, ante la fachada que organizó
Richelieu. Su audacia modernista hubiera coincidido con la intelectuaJi.
dad del ambiente, con su limitación.
Pero en este escenaI'io ilimitado, todo
sonaba falso. Podían trabajar bien los
actores - la Reina o Dario, por ejemplo - pero su esfuerzo se perdía en
la grandeza inmensa del decorado.
Hasta Esquilo, cuya tragedia es tan
hermosa, resultaba en ocasiones demasiado hábil, con sus "chauvinismos"
de ex-combatiente griego, ante esas
montañas tan auténticas. "Hélasl".
HAMLET EN ATENAS
Los jardines del Zapeion, antiguo
parque real de Atenas, constituyen durante la canícula el único lugar fresco
de la capital griega. Tras el brillo incomparable de un sol cegador que estalla en un cielo de zafiro y que obliga a llevar casi completamente cerrados los ojos, la verdura umbría de estos jardines es una especie de milagro.
Túneles, plazoletas, emparrados, altísimos pinos, palmeras o eucaliptos,
forman un laberinto delicioso en cuyos frescos bancos no es raro ver a
los atenienses durmiend_o una siestecilla antes de reanudar sus trabajos de
tarde. Este parque, situado, como el
del Retiro, en pleno centro urbano,
siempre está concurrido; y al anoche-

(Pasa a la página 8)

!DON AILIFONSO DIE AM\IEIR.ICA
Por Pedro Juan LABARTHE

Recordarle es vivir momentos de sabiduria y erudición. Repasar su biblioleca alfonsina hace creer en la linea
· -,_~
·: ,
directa, hilo umbilical que Jo empal-..,,.
..,--:4, ·;. ma al sabio rey don Alfonso X de Cas,.
~.. ' •-i:~~-~ :; tilla. Oirle hablar es cosa de parangonarle con los más selectos del Re,,':.tl. 11..
~ nacimiento español e italiano y con
f'.-;-p~, ·• ,.,
:~ el siglo de plata griego. Estrechar su
+
~ mano es sentir el calor sereno de una
JI ·•·
amistad firme y sin dobleces. Oirle es
oir la voz no grabada en placas pero
. 1
l,:!.· : ~
oir la voz en ondas de. siglos, como
"
..¡
piedrecitas de oro en el mar Medite•
rrílneo y ver los círculos tocar riberas
de pueblos civilizados.
Así se me presentó y se me presenta
(Ion Alfonso Reyes de Monterrey del
México de emperadores y de virreyes
y de Juárez y Zapata y Cárdenas.
Se me ocurre de que por lo de Alfonso y de Reyes y Monterrey, se le
pueda bautizar con el nqmbre de don
_Alfonso de América, recordando a los
buenos Alfonsos reyes de Castilla, de
la España inmortal.
Hoy este nuestro don Alfonso, don
Alfonso de todos, cumple cincuenta
años con la inmortalidad en las letrasbodas de puro oro en la pluma y argentina en el habla. 1Qué "causer" más
elegante I Acaso un Wi!de, un Lorca o
un Cocteau o un Ortega y Gasset. A
tres de los mencionados conocí y conozco y don Alfonso se me hace arcilla del mismo monte quemado por el·
mismo fulgor.
Intimo este "reyes" sabio es la amabilidad y sinceridad puras. Por años
nos conocimos a través de carlas y lecturas de trabajos mutuos. Una vez que
llegamos a México, fué cosa de una llamada telefónica y luego un abrazo de
viejos amigos.
¡Su biblioteca! ¿Quién la heredará
para beneficio de los agraciados?
Mientras iba por su esposa para ser
presentado a ella, atrevíme a sacar y
colocar libros de los estantes. Ocho
saque y noté anotaciones y dedicatorias. Las visitas se multiplicaron y ya
más con reposo y "atrevimiento" volví a sacar y a colocar libros de los
rstantes. ¿Rabia él leido esos miles y
miles de ejemplares?
Un SI rotundo. Ahora que Je co.

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.-., J· :-,
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..• f,~~- ;,

J r/1'-. :

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nozco soy zafio y digo que lo dudé.
Cuanto escritor "brota" de nuestras
tierras hispanas envía su primer libro
a don Alfonso y el joven escritor recibe una tarjeta con un comentario o
una carta. ¿ Sería posible cuando yo
atestigüé una mañana el correo con
más de dos docenas de libros? Sí, don
Alfonso consume y digiere la lectura
de esos libros y en varios idiomas.
Hablo al mundo ahora. Si Lope de
Vega fué el fenómeno de la naturaleza de su siglo escribiendo en horas
veinte y cuatro dramas que pasaban
ele la mesa al teatro, don Alfonso de
América en horas veinte y cuatro lee
libros que van de su escritorio a su
biblioteca y clasificados.
¿Cuándo duerme? ¿Cuándo escribe?
Duerme en sus sueños despiertos y
produce soñando. Hemos temido por
su salud, pero moriría de pena si no
cantara en poesía, si no criticara las
obras que le llueven, si no leyera o
descubriera a un nuevo griego o latíno o si no escribiera epístolas litera.
rias a Maurois o a Toynbee o a la Mis•
tral.
Muchos, admirándole y queriéndole
han comparado su estilo y palabra con
la obra de Ortega y Gasset. Es honor
que se le hace a cualquier escritor en
nuestro mundo hispano compararlo
con el aticista español desaparecido
recientemente. Don Alfonso de Monterrey tiene su propio crisol. Habla y escribe con propiedad como deben hablar y escribir todos los que desean
ser princípes o ºvarones" de la len-gua. Don Alfonso es rey de la lengua.
Así como los ingleses dicen: "The
King's English" para significar perfección. Su tránsito y repaso por literaturas extranjeras y leidas en los
idiomas en que fueron escritas le han
dado matices y él ha fabricado su estilo: herrero de oro, orfebre cellinesco
de nuestro siglo. Hay un estilo alfonsino que se imitará, pero será sombra.
Son casos únicos con los maestros
en las letras y en las artes. Hubo un
Goya y malos imita,dores. Hubo un
Beethoven y mediocres imitadores.
Hubo un Darío y raros buenos imitadores. Ortega enseñó a escribir con
(Pasa a la página 8)

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Página 7

�El Teatro

La Personalidad ....
(Sigue de la página 1)

SU CARRERA MILITAR

Concluida la campaña Orozquista,
vuelve a su hogar donde lo esperaban
sus tres hermanas y sus dos hijos. Se
dedica de nuevo a la agricultura y de
noche estudia obras militares y se di•

Seguir paso a paso su triunfante carrera militar, en que nunca tuvo una
derrota es difícil. Allí está su magnifico libro "8.000 kilómetros en Campaña" o sea la Relación de Acciones
de armas en más de veinte Estados de
la República durante un periodo de
cuatro años y narrados por él mismo.
Recordemos P,nicamente sus campañas
contra Orozco, contra Huerta y contra
Villa, y entre ellas la célebre batalla
de Celaya del 6 al 15 de abril de 1915
en que destruyó para siempre las ambiciones de Francisco Villa.
Obregón clasificaba a los hombres
en dos clases: una compuesta de gentes sumisos al mandato del Deber: que
abandonaban sus hogares y rompian
toda liga de familia y de intereses para empuñar el fusil, la escopeta o la
primera arma que encontraban; la

ce que aprendió de memoria aque~

!las sabias instrucciones que el Mariscal del Belle-Isle formuló para el
Conde de Gisus, cuando este Coronel
fué nombrado para el Regimiento de
Champagen. Lo que mas le interesó
fueron las fortificaciones, en las cua-

les se reveló como perito, llegando a
triunfar su criterio sobre el de militares expertos.
Cuando supo en su hogar, del monstruoso asesinato de Madero y Pino
Suárez se lanzó de nuevo a la lucha
expidiendo un manifiesto en que dijo: "¿Con que derecho reclamaremos
para nuestros hijos el titulo de ciuda-

...

(Sigue de la página 6)
gedias "Hecuba" de. Euripides y uEdipo" de Sófocles, a cargo de la admirable compañia nacional griega, con Katina Patxinou y Aloxis Minotis, de cuya reciente actuación en París se ha
hablado no hace mucho en esta página. En esta ocasión creo que interesa indicar el interés especial que las
representaciones de ópera adquieren
en este escenario.
Recuerdo que una tarde, en mi cotidiana ascensión a la Acrópolis, pensaba el admirable escenario que esta
colina, estas columnas incomparables
de marmol radiante, brindan para el
Orfeo de Gluck. Dias mas tarde, vi al
propio Orfeo trepar por las rocas peladas del Aerópago; evidentemente, no
era Orfeo, aunque su traje y su lira lo
parecieran, ni podían tomarse por animales encantados por su música a los
fotógrafos que lo seguían: se trataba
de Rise Stevens, del Metropólitan de
Nueva York, que se hacia retratar en•
carnando su personaje que había de
interpretar, allí al lado, al cabo de pocas noches. Este "Orfeo" fue admirable; en contraposiciPn con la tendencia veloz aparecida esta misma temporada en el festival de Aix, Philoctetes Economides dirigió la partitura
con solemnidad, con unción. Para los
trabajos, el pintor Anemoyannis eligió
la época clásica; los coros, vestidos
suntuosamente de roio, evolucionaban
majestuosos ante la tumba de Erurlicie.
En contraste con esta serenidad dolorosa, las furias infernales aparecieron
agitadas por una coreografía de Antonhy Tudor, sabiamente frenética. El

Don Alfonso

final ofrecía una sorpresa: Euridice
no vuelve a salir del Infierno, una vez
que ha vuelto a el; y el propio Orfeo.
muerto de dolor, es arrebatado por las
potencias subterráneás. Final, si más
triste que el tradicional de "fueron felices", mucho más lógico.
"ldomeneo" de Mozart fue dirigido
por Jonel Peri ea; los excelentes intér•
pretes fueron Constantino Ego, Eleonor Stieber y David Lloyd. Andrea
Nomikos ideó para los trajes y elementos decorativos, formas y colores ins):jirados en el arte cretense arcaico, en
ocasiones tan español, tan de corrida
de toros. La dirección escénica fue, pa•
ra mi gusto, demasiado movida; si ello
ayudaba a la acción, no colaboraba
con la música, qué a veces parecía pasar a segundo término, a pesar de su
calidad.
Siguiendo estos temas griegos,
"Oedipus Rex,, y tres monólogos de
"Medea" formaban el tercer progra..
roa. El famoso oratorio de Stravinsky,
fué cantado maravillosamente por los
coros de la ópera de Atenas; Edipo
fue David Lloyd, tenor lleno de cualidades, y Yocasta la emotiva Lukia
Heva. Los monólogos, obra dificil de
Ernst Krenek, tuvieron una intérprete
de extraordinaria calidad en Blanche
Thebom, que dio al personaje la voz
y el gesto que mejor podían cuarlrale.
Como esta gran artista cantó en inglés,
el 'Edipo" fué cantado en latín v las
otras dos óperas en italiano, sólo los
temas de estas obras fueron griegos.
La lengua quedó aparte, para que días
más tarde la magnificaran los gra'ndes
actores del teatro nacional de Atenas.

• • • •

\

(

'

José Vasconcelos

danos, si nosotros no somos dignos de
serlo? Sonora, siempre se ha coloca•
do a la altura que le corresponde y
ahora dará una prueba de ello. Lancémonos pues, a la lucha armada, porque el derecho ha sido asesinado y
disputemos a esos pulpos los ensangrefüados girones de nuestra Constitución".
El amor a la patria no está reñido
con el amor filial y así escribe con•
movedora carta despidiéndose de sus
hijos: "Mi querido hijo: Cuando reci•
has esta carta, habré marchado con mí
Batallón para la frontera del Norte, a
la voz de la Patria que en estos momentos siento desgarradas sus entra•
ñas, y no puede haber un solo buen
mexicano que no acuda. Yo lamento
sólo que tu cortísima edad no te per.
mita acompañarme. Si me cabe la
gloria de morir en esta causa, bendice
tu orfandad, y con orgullo podrán llamarte hijo de un patriota".

Pár,ina 8

otra, de hombres atentos al mandato
del Miedo, que no encontraban armas,
que tenían hijos, los cuales qtJ.edarían
en la orfandad si perecían ellos en la
lucha y con mil ligas más, que el Deber no puede suprimir cuando el espectro del Miedo se apodera de los
hombres. El fué de los primeros.
VALORACION FINAL
Claro que el glorioso manco de Celaya tuvo sus errores y algunos de
ellos de significación. Pero no olvi•
demos que fué un hombre de carne y
hueso, en lucha constante; que cuando
la Revolución y la Patria reclamaron
sus esfuerzos, al servicio de ellas puso
incondicionalmente su espada inven•
cibie y · les ofrendó devotameñte su
sangre, su brazo y hasta su vida mis~
ma.

(Sigue de la página 7)
claridad maravillosa y a observar cuidadosamente las cosas. Enseñó hasta
a filosofar sobre el marco de un re·
trato o sobre unas fuentecitas parlanchinas. Don Alfonso (no Alfonso sin titulo) nos da disciplina en la escritura
v en la critica y enseña caballerosi•
dad con el propio ejemplo suyo de
gran caballero. Volvamos a recordar
el principio de este elogio -no importa quién es el "brote" nuevo que le
escriba, don Alfonso no le deja en larga espera, en el desaliento. Acusa recibo y alienta. ¡Humano!
¡Por ]os dioses olímpicos, esos que
le queman divinamente la púa de su

pluma, Americanos y Upiversales, deseémosle, no para colocarle entre los
inmortales, ya que él ganó con oro de
aniversario su inmortalidad, pero deseémosle para honra y orgullo nuestro el Prem~o Nobel! Ya es tiempo
maduro que le llegue el laurel Azul.
Diez años después de a Gabriela y con
el aniversario (trescientos cincuenta
afios) del Quijote. Americanos y españoles, es este Don Alfonso tan de Monterrey en México como de llendoza en
la Argentina o del Cuzco en el Perú o
de Ponce de Puerto Rico o de Alcalá
de Henares. Estamos en deuda con él,
con don Alfonso de América, príncipe
de las Jetras hispanas.

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