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                  <text>BOLETIN MENSUAL DE LA UNIVERSIDAD DE NUEVO LEON

UNMISITAiJO

Registrado como articulo de 2a. clase en la Administración de Correos de Monterrey, N. L., el 20 de Abril de 1944.

D.A.S.U.

Año XIII

No. 9

Septiembre 1956

FNVl(J

un Amable Escritor
Argentino
Dr. Daniel MIR

Con lamentable retraso, del que habrá que culpar a los im•
ponderables, llega a mis manos una carta de un escritor argentino, cuyo nombre no me considero autorizado a divulgar. La
misiva contiene no velada filipica contra un artículo mio publicado en "Armas y Letras" a raíz de la muerte de D. José Ortega
y Gasset, e incluso se me emplaza a un nuevo artículo rectifica•
ción del anterior. Siento no poder complacerle, pues juzgo que
nada hay rectificable. Per contra, tengo la impresión de que el
escritor argentino no captó en su totalidad las ideas expuestas,
seguramente por su posición politico extremista frente al caso
Ortega y Gasset, posición evidenciada en dos artículos suyos, aparecidos en revistas de Buenos Aires, que tiene la gentileza de
enviarme.
Es frecuente el fenómeno (dígolo sin ánimo de censura) de
los pinos que no dejan ver el bosque. Mi lejano interlocutor se
deja arrastrar por su postura anti franquista y, claro está, apro•
vecha la oportunidad para tronar contra un régimen que supone
falseó la actitud postrera del ilustre pensador español. Incluso
me menciona una carta escrita por los hijos de Ortega y Gasset
en la que desmienten la apostasía de su padre. Ni más ni menos.
Mi artículo no era otra cosa que la manifestación de mi asombro
ante las sorprendentes noticias propaladas por las agencias; pre•
cisamente aconsejaba que nadie lanzara las campanas al vuelo
hasta obtener una comprobación. Fué, pues, la expresión de una
duda. ¿Poco vehemente a juicio de mi amable corresponsal argentino? No podia ser de otra manera. La figura de un pensa•
dor de la categoría de Ortega y Gasset exige una actitud de abso•
luta honradez intelectual al ser comentada, apartando toda in•
gerencia politica susceptible de rebajar el tono. No afirmé, co-

(Discurso pronunciado en la Sesión de Clausura del Congreso
por la Libertad de la Cultura, el 26 de septiembre de 1956)

(Pasa a la página 3)

por Rómulo GALLEGOS

Motivos del orden personal, entre ellos mi temperamental
resistencia a colocarme en situaciones espectaculares, que no es
totalmente una virtud de la cual pueda envanecerme, me han
impedido asistir a las sesiones de esta Conferencia en la que se
me ha reservado sitio de honor; pero si hoy, por lo menos, no
estuviera aquí, ni habría cumplido el fácil deber de cortesía de
(Pasa a la página 2)

I

�La Libertad de la

CULTURA
(Sigue de la página 1)

c9rresponder a esa honorífica distinción, ni me habría mostrado
consecuente con la actitud reiteradamente asumida por mí al
pedirle a la intelectualidad de nuestros pueblos acto de presen,
cia responsable en los momentos críticos del destino de ellos.
Aquí ha sido congregada una gallarda representación del pensamiento americano en las distintas lenguas con que expresa sus
modalidades propias y nada menos que con la consigna de abogar por la libertad de la cultura y aunque a las deliberaciones de
esta Conferencia nada nuevo pueden aportar mis palabras, éstas sólo vienen a fijar mi posición ante el apasionante caso.
Pero como definirse ~n posiciones
de lucha es ubicarse y esto último exige previa exploración del campo que

se nos ofrezca, espero que se me permita que comience haciéndome esta reflexión: por la libertad de la cultura
dice el Congreso para el cual esta Conferencia trabaja; por la paz, viene diciendo por allá otro y son tan seductores ambos lemas que cabe adquirir
la posibilidad de que unos mismos
hombres asistan sin desdoblamientos
a uno y otro, puesto que cultura y paz
no son antinomias, sino, por lo contrario, modos de ser que se complementan mutuamente, con la añadidura de
que ninguna de las dos puede existir

hace dos años ante una reunión de
maestros de español en la Universidad
de Oklahoma, a propósito de un criterio de exagerado pragmatismo que
tendía a desplazar de la enseñanza universitaria todo lo que no fuese de aplicaciones prácticas, estrictamente úti-

duro, en realidad, porque ahora la mayor parte de las cosas se fabrican de
pl3stico, que no es lo que parece ser.
La edad de oro de la destreza, que no
de la cultura propiamente; pero de la
destreza más y más confiada a la eficaGia de la maquina."
TEMOR AL )IARXISMO
No es un secreto que los europeos,
los cultos apegados a sus viejas formas
que entroncan con Grecia y Roma, temen actualmente ver todo ese mundo
de su formación y de sus predilecciones barrido por las nuevas corrientes
desprendidas del ideario marxista y
llevadas al terreno de la política práctica por la revolución rusa; pero aunque por aquí somos herederos de la
cultura europea, los más genuinos res~
plandores de ella no brillan, .en realidad, sine, en las más cimeras cumbres
del intelecto americano -aquí Alfonso
Reyes, por ejemplo, sin que sea el único, por supuesto-, mientras los más
modestos empinamientos de esa cordillera nos contentamos con que la luz del
sol de todos ilumine un poco nuestra
tierra. Nuestra manera de sentirla,
amarla y pertenecerle. Y mientras
abajo, en la inmensa llanada que sostiene el alto monte, aún nuestros pue~
blos no han podido aprender todo Jo
que debieran saber, y, por consiguiente, cuando les hablemos de los peligros
que corre la cultura, nada tendría de

sin libertad. De tal manera que cuando así se ven divididas las inquietudes y las esperanzas humanas en los
dramáticos momentos actuales, a nadie deberia ocurrírsele que son dos
posiciones contrapuestas e inconciliables las que están tirando para aquí y
para allá de la suerte del mundo en el
porvenir ... si no se supiera que una
misma palabra pu,ede servir muchas
veces para distintas y aun contrarias
cosas, como suele ocurrir que sean el
convencer y el utilizar. Y de este lado
era imprescindible decir con claridad
y sin malabarismos mentales de qué
cultura se trataba cuando para ella se
pedía libertad, a fin de que la gente,
la multitudinaria gente de nuestros
países l1acia la cual debían volcarse
laS corrientes directoras de pensamiento que manaran de esta Conferencia ~sin riesgo de que todo se quedase en meditaciones de cónclave aislado de la reaHdad circqndante-, pu•
diera poner corazón y voluntad donde
hubiese puesto oídos, sin abrigar sospechas de que fuese algo muy diferente de la cultura aquello para cuya defensa desde aquí se le estuviera invitando.

Pero si queremos ser francos y evitar que se nos tilde de administradores de estupefacientes, debemos tener
el valor de proclamar que nuestra
preocupación, que la amenaza que nosotros sentimos y en la cual creemos
no es el comunismo. No porque de algún modo nos inclinemo$ a sus formas peculiares de ideología y procedimientos -bien definida tienen ya
quien esto dice su posición en el campo de la lucha política por los ideales
de la democracia auténtica, sin sacrificio de los fueros de la individualidad- ni porque seamos indiferentes
ante los conflictos que nos acarrearia
la implantación ·del comunismo en
nuestros países, sino porque la existencia de problemas mucho. más contundentes y directos en cuaiítb a Jas
amenazas contra la cultura entre nOsotros, nos obliga, por razones de sinceridad y hasta de simple seriC'dad, a
dirigir nuestros ataques contra otros
objetivos. Pues si ya un escritor español calificó cierta vez el continente
americano como tierra de la imitación
-sin incurrir en desacierto absoluto
porque en realidad hemos sido imitadores en varios campos de la humana
actividad intelectual, por razones obvias-, como ya de mucho de eso nos
hemos alejado para ejercitarnos en formas propiamente nuestras, seria deplorable que ah0ra también nos viésemos
obligados a imitar las dolencias ajenas
y ante un mal remoto para nosotros,
como ya es harto sabido y aquí se ha
dicho.

Juntad de pueblo cada vez que pueda
~stnr dicidiéndose el destino de aquel
.a que se pertenece-, desde esa posición, que constituye la mejor experiencia de mí mismo ante un deber exigente, no vacilo en afirmar que la cultura cuya libertad debe ser procurada
y drfcndida en los nuestros -hablo
;nirando hacia el mío particularmente- no es tanto la que nutra y adorne
la int('ligcncia de selección para el meD('sler científico o artístico, sino la
cultura social que capacite masas para la comprensión de los problemas
inhC'rentes a los pedimentos de felici&lt;hld colectiva y especialmente la cultura civica adiestradora del ejercicio
de soberan ia democrática plena de
conciencia y de la voluntad.
Yo he presenciado en mi país verdaclPras manifestaciones de cultura cíYica que desmienten rotundamente la
socorrida y calumniosa tesis de la inmadurez de mi pueblo para los ejercidos políticos ~no el único en nuestro continente del cual se diga tal cosa- , como también presencié luego y
sufri el atropello llevado a cabo por
las fuerzas constitutivas del antipueblo, que allí, como en otras partes también, han estado en su hora más propicia con la irrupción del militarismo
loca I en el campo de las actividades
])Oliticas, intromisión que les está vedada a los cuerpos armados en las
Constituciones democráticas de nuestras repúblicas y que . fue apoyada, fa~
Yorrrida o consentida, pero culpablemente en todo caso, por los intereses
financieros de propios y también de
extraiios.

•

Pues si es cierto que en muchos de
nuestros pueblos de origen hispano,
en combinación con elementos étnicos
a los que se l~s pueda o se les quiera
negar capacidad para ordenados ejercicios ele republicanismo y democracia, la historia ha sido una sucesión
de zarpazos de la fuerza contra el derecho, de donde un compatriota mio
sacó a sus gustos la tesis del gendarme
necesario para los mantenimientos de
la tranquilidad pública -a la medida
de la arbitrariedad gobernante, por supuesto-, y si también es verdad que
esos gendarmes no han nacido en
,vashington, esta hora de planteamíent9s francos me pide replicar que desde allí, de alguna manera, los han amamantado.

PROBLEMAS ESPEFICICOS
BA~ANOS, PETROLEO, AZUCAR

CULTURA Y LIBERTAD
Desde luego, los conceptos de cultura y libertad varían según las épocas
y según los países y podemos decir que
el primer.o de ellos, por lo menos, no
es exactamente el Illismo en Europa
que en América ni en la porción de esta de origen hispánico, o más ampliamente: ibérico; ni aun tampoco, con
escrupulosa exactitud, en la que le da
asiento a la grandeza y a Ja prepotencia de los Estados Unidos. Palabra autorizada ya señaló aquí como uno de
los peligros que hoy amenazan la cultura en nuestro continente lo que se
podria Hamar el maquinismo y a mi
me complace la corroboración que así
han tenido algunas mías, pronunciadas

que aquí ocupan asientos de responsabilidad entre la estimación de todos
los que los rodean, pero rindiCndoles el honor a que son acreedores
un Norman Thomas y un John Dos
Passos -no hago discriminaciones al
citar solamente a los que de ellos me
sún mejor conocidos-, hombres sin
historia de condescendencias ni con
la iniquidad ni con el engaño traicionero, puedo agregar que no es tampoco un secreto que de esa preocupación cuidadosa de intereses materiales,
proviene, en gran parte, la razón de
ser de esta Conferencia que hoy clau~
sura las actividades en suelo de la
América Latina y no por azar escogido para asiento de ella este México
donde se pueden defender con digni•
dad los fueros del espíritu, donde se
alzó la voz orientadora de Benito Juárez al decir: el respeto al derecho ajeno es la paz.

... las más cimeras cumbres del pensamiento americano

]es. r1Enseñanza -dije alli- formadora de profesionales que hagan cosas
visibles y concretas, tanto mejor mientras más parecidos a las máquinas salgan ellos de las aulas, reducido el factor personal estimable en la obra al
mínimum de Ja marca de fábrica -1a
Universidad donde se formaron-, porque es el espiritu de la máquina -si
se me tolera esta paradoja- lo que le
imprime carácter al modo actual de la
cultura recomendable. ¡ Duro tiempo de
hierro, de acero! -exclamé, mas para
agregar en seguida-: -Bueno. No tan

extraño que se quedaran mirándonos
con cierto aire de sorpresa ... si no de
desconfianza.
'Cna preocupación semejante a la de
los mencionados europeos cultos existe
también entre los norteamericanos, pero condicionada por consideraciones
del orden práctico, como tienen que
ser 1as que les inspire la ya aludida
amenaza contra el poderío económico
del gran país de ellos. No me refiero,
por supuesto, a los ilustres representantes de la cultura norteamericana

En cambio --repito- tenemos nuestros problemas específicos respecto a
ia libertad de la cultura. Acaso algunos de Jos Qnc me oyen preferirían
que yo los enfocase como literato simplemente y desde puntos de vista sin
relación ~lguna con la política; pero
he de repetir aquí, otra vez más, que
los modos del acontecimiento ,·enezolano y que han compuesto mis circunstancias, han hecho de mi un préstamo
de las puras letras a la política, vigente todavía ese compromiso, por lo que
se refiere a confianza de pueblo, el
mío, puesta en mi. Y desde esta posición-que. por lo demás, en los tiempos
que corren casi no hay otra para quienes, acabado y desacreditado aquello
de las torres de marfi1, no pueden satisfacerse en ejercicios de inteligencia
que no los obliguen a comprensión de
las angustias de pueblos que estén rodeándolos y a compenetración con
.ellas en cabal mantenimiento de la dignidad intelectual, que no pide solamente abstenerse de apoyar los procedimientos de la arbitrariedad y de la
inmoralidad politicas o de colaborar
con ellas, ni siquiera cohonestándolas
con el préstamo ocasional del nombre
propio Y puro para funciones ataña~
deras a la personal capacidad, sino que
exige activa función ductora de la vo-

Porque bananos en Centroamérica,
petróleo en Venezuela y Colombia y,
para endulzar la píldora, azúcar en
Santo Domingo y Cuba, mejor se les
dan a quienes aspiran a pingües negocios tranquilos a la sombra de una espada complaciente que en las inmediaciones de una urna electoral donclr una mano de pueblo meta voluntad
de pueblo. Que es ejercicio de cultura
fundamental cuya libertad reclama
amparo y defensa positivos.
Desde luego, el capital inversionista
ejerce una función natural al procurar
los mas espléndidos beneficios y no es
suya toda la responsabilidad de la
exacción, pues la mayor parte de ella
es de quienes no , defienden lo propio
con la escrupulosidad y la energía debidas; pero huelga decir que esas excesivas apetencias de los explotadores
de nuestra riqueza que los inducen a
apoyar y hasta a promover violaciones
del derecho y de 1a ética cuentan a
menudo con el respaldo del poderío
norteamericano, de donde éste así aparee(' como cómplice de culpas de 1as
cuales con mayor facilidad nos redimimiríamos si fuesen tota1mente nuestras.
¿Podrá decirse que me he desviado

Página 2
I

del tema de esta Conferencia arrimando la brasa para una sardina que no
tenia por qué estar en el asado? Creo
que no, pues todos sabemos que el
pensamiento inspirador de esta reunión ha sido el de estimular y agrupar
las fuerzas de la democracia americana - que son los instrumentos esenciales de la defensa de la cultura entre
nosotros ~ para realizaciones prácticas que contribuyan al mejor entendimiento entre nuestros pueblos y a los
mas eficaces modos por los cuales ellos
obtengan y retengan el bienestar que,
en ejercicio de dignidad, les procuren la felicidad que les sea dable dis•
frutar.
Las actividades de esta Conferencia
han cuajado en buen número de resoluciones adecuadas a los propósitos
que ella persigue en pro de la libertad y de la cultura y de aqui regr~sarán sus delegados a sus actividades
propias, pero ya con un compromiso
de solidaridad y se me ocurre que el
mejor modo de cumplirlo sería dedicándonos al empeño de consolidar la
Yoluntad de nuestros pueblos en torno
a un pen"Samiento como el que inspiró
aquella Consulta dirigida por el Gobierno del Uruguay, hace once años,
a los de los demás países americanos,
con el fin de establecer maneras de
protección internacional de los derechos del hombre y de acción colectiva
de defensa de ellos, y a la cual adhi•
rió el de Venezuela cuando hombres
del partido politico a que alli pertenezco tenían responsabilidad mayoritaria en la dirección de los destinos
nacionales. No me mueven, pues, a este pedimento impaciencias de desterrado, porque dentro de la hospitalidad mexicana de que disfruto no se
me han puesto límites opresores a mi
dignidad personal y porque al formular el deseo que se me ha oído expresar no he demostrado sino consecuencia con mi ubicación ideológica.
Tropezó esa mencionada Consulta
con las susceptibilidades del principio
de no intervención de un país en los
problemas internos de los demás; pero
respecto a ese delicado asunto ya en
dicha Consulta se preestablecían los
modos de dejar a salvo lo que de justo
y decoroso contienen esas preocupaciones y, por otra parte, bien pueden
venir al caso, entre nosotros, las palabras del norteamericano Adolf Berle
en una conferencia convocada hace
poco por la Asociación Interamericana
de la Prensa: uNo intervención no significa nunca que no puede haber intervención por medio de las ideas."
Y ésta es ]a función específica de los
hombres de pensamientos que aquí se
han reunido, pues si los regímenes dictatoriales implantados en nuestra América se entienden mutuamente a sus
anchas y se prestan servicios recíprocos de represión, del mismo modo
- en planos superiores, desde luegodeben prestarse mutuos auxilios las
fuerzas democráticas que en nuestro
continente corren una misma suerte-y
son los hombres de pensamiento liberal, democrático, quienes deben orientarJas y conducirlas hacia el entendimiento unánime, creador de fuerza solidaria.
Porque si nadie podía dudar de la
claridad de inteligencia que brillaría
en las deliberaciones de esta asamhlea,
a nadie, tampoco, debe inducirlo el pesimismo a repetir, por este caso, aquellas palabras del Grande Hombre de
América que fue el Libertador de mi
patria: HEl talento sin probidad es un
azote."

(Tomado de LA GACETA ,Año III,
No. 25) Septiembre de 1956.

A un Amable Escritor
Argentino
(Sigue de la página 1)

mo supone el escritor argentino, que Ortega había negado en sus
últimos momentos la trayectoria ideológica de su vida; antes bien
puse en cuarentena el informe. ¿Me permite suplicarle una nueva lectura de mi trabajo?

Escribe al final de su carta: "Me gustaría ver en "Armas y
Letras" una aclaración a su artículo, ya que de otra manera subsistiría la injusticia que usted cometió con Ortega, inducido a
eUo por falsas informaciones". No hubo injusticia por cuanto
claramente confesaba mi incredulidad respecto a las informaciones; no hubo falta de simpatía, por el mucho respeto y la gran admiración que he profesado siempre hacia quien fuera mi maes,

-~-

~-~
'
;;.,

...

••
.,.

•·~

tro. Más aun: de él aprendí, amable colega, que en buen filosofar, más que el mundo que nos rodea, es el espíritu humano
que tal mundo contempla lo que ante todo nos enseña la' filoso,
fía; un mundo, por consiguiente, que lo es de dentro; y si la verdad es para el científico un criterio, para el filósofo no es ni
puede ser más que un problema. La aparente verdad de las informaciones la convertí en un problema. El, que tantos problemas planteó en su vida, se despidió de nosotros dejándonos el
problema de su muerte. ¿Se falseó la verdad? de acuerdo.
Estamos, pues, donde estábamos. Aprovechó usted la coyun,
tura de la muerte de Ortega y Gasset y de los difamadores de su
muerte, para arremeter contra una dictadura; yo, que soy una
victima de la misma, no quise mezclar el preclaro nombre del
insigne maestro, con las vaivenes de la política que, por serlo, es
circunstancial. Ortega·es eterno; la dictadura es efímera. Rehuyo
resueltamente unir, en este caso, lo pasajero con lo eterno.
Página 3

�UN COCTEAU CONFOfilllSTA
Con. "La ~fachine á écrire" el reciente académico de la Francesa, Jean
Cocteau entra en el repertorio de la
Comedia Francesa. La comedia no es

nueva ni está considerada entre las
mejores de su autor; hay quien se ha
preguntado el por qué de su exhuma-

ción: puesto a montar una obra grande de Cocteau, el Teatro Francés hubiera podido elegir "Orfeo", la más
famosa de sus obras dramáticas, la

que nos ofrece los más típicos valores
de su poesía funambulesca ... Creo que
el público que experimenta un evidente placer asistiendo a las representaciones de "La máquina de escribir"

/

EL TEATRO
EN PAR IS

independencia, la sublevación, es co•
sa de "niños terribles", que desapareño se plantea esas preguntas. Yo, tam•
ce en cuanto se dobla el primer cabo
poco; acaso por defecto mío, me he
interesado y divertido mucho más es- de la edad.
Esta moraleja conformista -que en
cuchando este "máquina" modesta de
vano buscaríamos en Gide- hace que
escribir cartas que viendo aquella, faesta comedia de Coctesu sea revolutídica, que su autor calificó de "Macionaria solo en apariencia y constituquina Infernal" y que no hace mucho
ya en el fondo, bajo sus atrevimientos
nos ofreció Jean Marais.
de superficie una apología de la seVerdad es que la interpretación que riedad y de las buenas costumbres, de
los comediantes oficiales nos ofrecen la vida de familia y de los deberes de
de "La máquina de escribir" ayuda no la paternidad y de la maternidad -Ya
poco al éxito de la obra. Asistimos a que Solange deja el amor fantástico de
un auténtico "festival" Robert Hirch", l\Iaxime para dedicarse a la educación
ya que este joven actor asume el doble de su hijo - e incluso una loa de la
papel más importante de la comedia policía, a la que todos lm¡ personajes
y no sale de la escena como Pascal muestrán general aversión, pero que
sino para volver a entrar como Ma• termina por arreglar todo gracias a la
xime. Robert Hirsch, cuyo alejamien• finura y nobleza del sobrehumano deto del cine y su actuación. en un tea• tective Fred. Tantas cualidades de
tro que rara vez se desplaza limitan "buena prensa" hacen de esta come·
la fama al mundo parisién, es, sin du• clia de juventud revoltosa el certificada, uno de los mejores actores con do de buenas costumbres y de maduque cuenta el teatro en Francia. En rez moral y mental de quien, después
otras ocasiones hemos aludido a sus de haber sido recibido por los ''inmor•
excelentes interpretaciones de los clá• tales" bajo la cúpula del Colegio Masicos; él encarnó el inolvidable "Ar• zarino, se codea con los auténticos delequin poli par l' Amour" de Marivaux tentadores de la inmortalidad literaria
con irresistible tra,•esura; él fué el bajo la del Teatro oficial francés. Este
único alivio entre el fastuoso aburri- conformismo no hace, a nuestros ojos,
miento de "Les Amants Magnifiques" menos interesante una comedia escride Moliere. En la ocasión que ahora ta para ser representada, con la m3s
comentamos, sirve el texto de Cocteau consumada habilidad y sin renunciar
con una juventud y un dinamismo ex- a un solo truco escénico, sino que, por
traordinarios; los dos papeles son di- el contrario, le da mucho mas valor
ficiles, si se quieren matizar, si se han que una fácil inmoralidad.
de mantener en ese raro equilibrio,
entre lo absurdo y lo real, entre lo dramático y lo grotesco, que exige la
UN BALLET POLICIACO
obra. Hirsch nos convence tanto haciendo de Maxime fantaSioso y enferLa compañía de Ballets de Roland
mizo, que esconde su fracaso entre Petit, ha presentado esta temporada
mentiras y arrebatos de orgullo, co- en París -después dé una larga gira
mo interpretando el ordenado y abu• por América- un espect3culo comrrido Pascal, su hermano gemelo. Con puesto por cua1.ro obras diferentes, dos
Hirsch triunfan los otros cuatro acto- ya conocidas y dos estrenos. Son estos
res: Joan l\Ieyer, en el policia-3.ngel ' 1 Belles damnées", ballet tipo musicHcurtebise que dirige la encuesta (y hall- género por el que Petit mues•
que ha dirigido también la puesta en tra siempre cierta preferencia, pero en
escena); Jacques Serv"iere, en el padre el cual no nos parece tan acertado en
ingenuo y obcecado; Lise Delamare, esta vérsión del Infierno a ritmo de
en la enamorada y otoñal Solange; y jazz como en su anterior creación
en especial, Annie Girardot, en la in- "Cine Bijou", sátira de los films amesoportable, impertinente, infatigable e
irresistible Margo!.
La comedia es sobrado conocida
para que sea .. necesario contar su argumento. Recordemos, solo, que en
una pequeña ciudad, un anónimo que
firma sus cartas con el nombre de "La
m3qu.ina de escribir" ha sacado a relucir toda la corrupción que se escondía bajo las apariencias más respeta•
bles, y ha llevado a la ruina y aun a
la muerte a personajes de viso. Margot
y Maxime, hija adoptiva e hijo deste•
rrado del viudo de una gran actriz, se
confiesan sucesivamente culpables. Pe•
ro no es cierto; la "Máquina de escribir" era una oscura y en apariencia
normal empleada de correos y los dos
jóvenes no eran sino dos inadaptados,
dos fanfarrones, qlle con sus mentiras
querían sobreponerse a la inferioridad que les inflige su nacimiento y su
constitución fisica respectivam_ente. La
obra terminara con un Happy End, el
hijo descarriado sentara cabeza y volverá a los brazos de su padre, la novia fantasiosa hallará la paz en los de
su celoso y monótono novio Pascal. La

Página 4

Por Julián GALLEGO.

ricanos y "La chambre", en el cual el
coreógrafo ha colaborado con el novelista Georges Simenon y el pintor
Bernard Buffet. Con tales ayudas puede suponerse que este ballet es, cuando menos, inquietante.
El espectador puede empezar a asustarse viendo el telón de boca que representa dos ojos que miran con la ex•
presión horrible de los personajes de
Buffet. En cuanto este telón se levanta, podemos ver una habitación de hotel barato -"la chambre"-, un cuarto destartalado, sucio, con una cama
de hierro, unas sillas esqueléticas, una
estufa cuyo tubo recorre horizontalmente la -escena, una mesa con una
lámpara y un teléfono. Y vacilando,
intentando emplear éste y haciendo
caer aquella, un hombre joven moribundo, que salta en cortinuas contrae•
ciones hasta que al fin, dejándose caer
aparatosamente al suelo, queda inmó-

,,n.

La criada del hotel entra, abre la
cortina, descubre el cada.ver, da un
grito. Los vecinos acuden y, tras ellos,
la policía, que empieza a interrogar, a
recoger las ropas c.Sparcidas del muerto, a fotografiar a este, en una actividad febril que conlrasta con la inmovilidad de la victima; la cual es sacada fuera del escenario, en donde queda solo, intentando reconstruir el crimen, el detective principal.
Un malestar, un sofoco extraño comienza a invadirle. Se quita el sombrero, la chaqueta, la corbata, los va
tirando por los mismos sitios donde
estaban los del asesinado. Abre el cajón de la mesa. Una nube de papeles
cae al suelo. La atmósfera o un sutil
hechizo lo domina; se sienta en una
de las sillas mastoclónticas, de espaldas a la ventana, por la que vemos entrar, procedente de la buhardilla de
enfrente, a una mujer de larga cabellera que se dirige sigilosa hacia el detective y con gestos magnéticos termina de dominarlo. Inútil será toda resistencia, el policía incauto caera en
brazos de la vampiresa quien, después
de una escena de amor, acabara cla•
vándole en el pecho, como al otro, un

cuchillo y desapareciendo por la ven.
lana.
y queda junto a la mesa, vacilando,
tratando --en vano de telefonear, derribando la lámpara, un hombre joven moribundo, que salta en continuas
conÍracciones hasta que al fin, dejandosc caer aparatosamente al suelo,
queda inmóvil. La criada del hotel entra, abre la cortina, descubre el cadá•
ver, da un grito. El telón cae antes de
que pueda continuar esta pesadilla dt!
Hsesión continua''. El ballet ha terminado.
Roland Petit ya habia sido atraído
por el género policiaco anteriormente.
Su famoso ballet "Les croqueuses de
diamants" tenia una parte de misterio
y de "suspense" envuelta en una poesía prevertiana y en una música de
fácil pero atractivo lirismo. Imposible
recordar ni una sola nota de la músi•
ca de "La chambre". ¿Es que hay música? No lo sabemos, creomos que si.
¿Hay baile? De esto estamos un poco
mas seguros, hay baile, especialmente
un paso a dos (el duo de amor violento, especialidad de las coreografías de
Petit, de "Carmen" a "La chambre")
bai1e muy expresionista y un tanto
acrob3tico. Lo que si sabemos es que
hemos pasado un mal rato. Sabido es
lo mucho que el público aprecia las
obras que le hacen llorar o temblar;
esta constituye, pues, un gran éxito.
Pero, a pesar de todo, el público -y
nosotros con el- prefiere un ballet
mas bailado, mas musical, mas lírico,
de un misterio menos sórdido, y sigue
aplaudiendo con calor, como cuando fue estrenado hace dos años, "Le
loup", esa obra maestra de Roland
Petit y de todo el ballet moderno:
PARIS Y MOZART
Permítase que salga, por excepción,
del campo estrictamente teatral de estas crónicas para celebrar el segundo
centenario del nacimiento del músico
que más quiero. Empleo querer en el
estricto sentido de la palabra; para mi
Mozart no es un genio que admiro, es
un verdadero amigo por el que siento
el mismo cariño que si se tratase de
una persona viva. Todavia más: aun•
que parezca ridículo, a veces me viene al pensamiento lo que sería la vida
sin Mozart y creo que no seria lo mismo, que le faltaría algo. Mozart es una
de esas criaturas que han venido al
mundo para gloria de Dios y para edificación de sus contemporáneos y de
sus seguidores.
En la apreciación &lt;le Mozart hay dos
tendencias: la de quienes ven en él un
compositor de peluquin, de un falso
dieciocho estilo "Don Gil de Alcalá",
en que la gente van vestidos de "anti·
guos" como en aquel famoso baile de
trajes del Madrid del novecientos, mú•
sico todo frivo1idad y ligereza, agradable como un sorbete, cornucopia de
sonidos, propio para principiantes de
Conservatorio o para fiestecita de Fin
de Curso; por otra parte, niño prodi•
gio, Pierino con casaquín y chupa, fe.
nórneno de Feria internacional, para
ilustración de tabaqueras o de abanicos. Algo, en fin, muy mono, muy finito, un sol de compositor -por emplear Ja fraseología al uso-, con su
naricita larga y su frente erguida, sus
encajes y su espadin. Nada de común,
naturalmente, con los genios "de verdad", con Beethoven, con Wagner, con
Brahms, con Liszt, que nos arrebatan
por empireos tormentosos, con alas de
viento y de timbal, mientras el pobre
Wolfgang-Amadeus (mira que llamarse
asi ... ) sigue dale que dale a su clavicínbalo, como quien hace puntilla. Para otros, Mozart ha dicho, con menos
énfasis, con mejor gusto, pero con la
misma o mayor sinceridad, lo que nos
han podido decir los compositores
mas arrebatados; su profundidad es

mayor que la de muchos pretendidos
genios y comparable :i ·un lago, plácido en apariencia, pero que encierra
misterios que un riachuelo impetuoso
no posee. Su audacia y su oriSinali•
dad no conocen limites y para emplear esa absurda palabra que hoy
usamos para alabar a alguien, resultan, muy a menudo, "de vanguardia".
Cuando quiere expresar la melancolía
o la pasión, logra, en su sencillez solo
aparente, efectos mas desgarradores
que cualquier otro. Se adelanta a los
románticos sin abandonar lo clásico,
reune la melodía italiana con la cien•
cia germánica y tiene el poder de hacer aparecer fácil lo que le ha costado muchas dificultades y de matarse
trabajando sin que nadie se de cuenta.
Como él mismo decia al director de
orquesta Kucharz "nadie se ha dado
peores ratos que yo para aprender y
puedo afirmar que no existe un solo
maestro de alguna nombradía cuyas
partituras no haya estudiado".
Naturalmente, soy de esta opinión
segunda, hasta tal punto que si se me
presentara esa isla desierta que nos
sirve, en hipótesis, para elegir hasta
el extremo entre nuestras aficiones, to•
maria como música la de Mozart y de
ser una sola obra el "Don Juan". En
esto entra este articulo en la serie del
teatro en París, pues ¿qué mllsico ha
servido al teatro con más fidelidad y
más talebto que este, con más gusto Y
más sentido de las tablas? Personalmente, no he pasado en una sala me•
jorcs ratos que los que Mozart me ha
deparado con sus óperas, donde la di•
versión se junta a la emoción, y la alegría a la serenidad. La Opera de París
no es demasiado aficionada a Mozart;
no ha puesto en su escena mas que
cuatro de sus óperas por la mala razón -según algunos- de que el marco es demasiado grande para tan delicadas joyas; ni que decir tiene que
quien piense esto forma parte del primer grupo antes aludido. La Opera cómica ha representado siete. En la Opera de Paris (entonces situada en el PaJais-Roral) se estrenó, sin embargo, el
el ballet de Mozart "Les Petits Riens",
en 1778, con coreografía del famoso
Noverre, pero el nombre del ya famoso compositor no figura en los carie•
les. En la actualidad, la Opera ha montado con lujo "La Flauta Encantada"
que comparte con "Las Indias Galan•
tes'' de Rameau y el "Oberón" de
,vcbcr los éxitos de gran espectáculo
del teatro lírico oficial.
Mozart estuvo tres veces en París:
en 1763, 1766 y 1778. La primera, se
alojó con sus padres y hermana en
el Hotel de Beauvais,- que todavía
existe en nuestros días, en la calle
Francois . Miron, 68, y en el cual se
celebrará un concierto conmemorativo
el 4 de junio próximo, de igual modo
que en el Palais-Royal se bailarán "Les
Petits Ricas" un mes mas tarde. Este
palacio, con su hermoso patio ovala·
do, era residencia del embajador de
Baviera, quien cedio a la familia Mazar! una habitación donde se instalaron los cuatro y un clavicimbalo; Mozart era entonces el niño prodigio de
7 años recibido en éxtasis por todas
partes. En su segundo viaje, también
familiar, parece haber vivido en la calle de la Chaussée-d'Antin, cerca de la
actual Gran Opera; los éxitos mundanos no son tan brillantes: El niño tie•
ne ya 10 años y aunque toca mejor
que antes, tiene menos gracia que no
sea un fenómeno. Además ya lo han
oído una vez. El tercer viaje, Mozart
lo hace con su madre, que morirá en
París, en 1778, en la posada de los
Quatre-Fils Amyon, en la actual calle
Sentier, cerca del Palacio-Royal y de
la parroquia de San Eutaquio, donde
se celebraron los funerales y donde, el
pasado 27 de enero, fecha del aniversario del nacimiento de músico, el predicador de la "Misa de la Coronación"

sencillo que deben suceder. No en vano Diderot como tratadista de Arte recomienda la observación de lo que nos
rodea.
El veterano actor Henri Rollan ha
dirigido esta representación e inter• ·
prelado el principal papel. Ha salido
triunfante de tan difícil empresa, se•
cundado por esos valiosos elementos
de la Comedia Francesa cuyos solos
defectos derivan del conservadurismo
de la Casa. Conservadurismo, en este
caso, de buena ley, pues nos ha permitido deleitarnos con una comedia
desconocida incluso en su tiempo y
que acaso tenía que esperar hasta el
nuestro para ser apreciada en lo que
vale.
"LA GUERRA Y LA PAZ"

evoco el dolor del joven llfozart, solo
en Par is; en esta ocasión se le ofreció
el cargo de Organista de la Corte que
él no aceptó.
Ni París ni la música francesa parecen haber influido mucho sobre
Mozart; conoció en esta ciudad los
mayores triunfos y los mayores dolores, y en ella compuso _obras muy es.
timables, entre ellas la· llamada "Sin-.
fonia Parisién", en Re. (K-297). Este
habitual invitado de todas las Cortes
demostró sus gustos liberales al com•
poner una ópera "Le mariage de Fígaro" de Beumarchais, en Viena, en
1786; es la aportación principal del
talento francés al de Mozart, que cali•
fieaba de "asnos" al público de París.
Pero París no se lo tiene en cuenta y
celebra el segundo centenario del feliz
nacimiento del compositor con una se•
rie de manifestaciones culturales, como las que ya hemos reseñado, nume•
rosos conciertos y unas "jordanas mo•
zartianas" - del 22 al 25 de marzo en las que, en discusiones internacio•
nales, se tratará. de estudiar las influencias poco conocidas que ha sufrido el talento de Mozart.
TEATRO DE VANGUARDIA ... EN LA
COMEDIA FRANCESA
He a qui el argumento de la comedia
"Est-il bon? Est-il mechant?" que el
teatro oficial francés acaba de estrenar: Hardouin, escritor de más inge.
nio que fortuna, recibe de una de sus
mejo.res amigas la petición de una comedieta en un acto para representar
en su casa; viendo que él rehusa, hace
intervenir a su camarista, que el escritor mira con buenos ojos y a quien,
en efecto, promete escribir la obra,
con un buen papel para que la doncella se luzca. Naturalmente, la dama
de la casa se siente muy ofendida por
haber conseguido lo que deseaba y no
quiere representar la comedia.
La cual, por lo &lt;lemas, n.o llega a
ser escrita por Hardouin, sino por un
conocido suyo, autor vanidoso y des•
conocido, que no resiste a la tentación
de verse representado; por cierto que
el papel escrito para la doncella no es
tan agradable como ella se esperaba.
A casa de la misma dama llega una
señora de provincia con su hija. La
madre ha ideado este viaje a París para quitarle a su hija de la cabeza un
noviazgo que ella no aprueba. El novio las ha seguido y pide ayude a su
amigo Hardouin. Este se ofrece a arre•
glar todo, a condición de tener abso.
luta libertad de acción; y con un par
de cartas, una de su mano dirigida a
su amigo, y otra de éste, falsa, en la
que le confiesa haber seducido a la
muchacha, logra de la madre el consentimiento que negaba.
Vna viuda de buen ver solicita, en
vano, que la pensión de su marido ma•
rino recaiga en su unico hijo a la
muerte de ella; Hardouin se ofrece a
ayudarle, a base d~ tratar el asunto .de

modo personal: tan personal, que hace
creer al Ministro que el niño es hijo
suyo, con lo cual lo que el derecho y
la filiación legitima no hubieran logrado, lo consigue la picardía, y la
pensión es concedida y aun duplicada.
Un marqués desea que sea su capelhin un abate de quien se le ha hablado muy bien; pero basta que Hardouin
intervenga para que, con vencido de
que es un hombre poco recomendable,
lo sustituya por otro que es, precisamente, el que menos le conviene para
su c:.i.pellania, aunque el que más para
su éxito mundano- que es en el fon.
do lo que busca con sus apariencias
de devoción.
Un abogado pleitea desde hace tiempo con una mujer; tli uno ni otra qui e•
ren renunciar a sus derechos ni oír
hablar de acuerdo. Hardouin resolver3
el litigio, haciendo concesiones de una
y otra parte, con el consentimiento de
éstas que creen engañar a la contraria.
Todas estas intrigas, combinadas a
lo largo de la comedia, preparan el
desenlace, en que los personajes que
se han beneficiado de los buenos oficios de Hardouin, le acusan de haberlos engañado y de haber empleado a
su favor medios que ellos no deseaban emplear. Una especia de juicio bur•
lesco se organiza cara al púbJico, del
que Hardouin sale absuelto, pues nadie
puede negar que tiene lo que queria te•
ner: la dama su comedia, el autor su
público, la doncella su papel, los novios
su bocJa, la madre una hija casada, el
marqués su capellán brillante, el abogado y su contrincante el litigio resuelto, la viuda en fin su pensión.
"Es bueno o es malo?" dice el titulo
de la comedia refiriéndose a Hardouin.
Y no lo sabemos, ni el propio Hardouin
lo sabe, ya que le divierte tanto urdir
estas tretas para sus fines deseables
que no podría asegurar que lo haga
por bondad, que acaso lo hace por mala intención.
Esta comedia de corte pirandelliano
fué escrita en el siglo XVIII por Denis
Diderot, autor teatral desconocido y
enciclopedista famoso. Su concepción
del teatro es la de un autor de nuestros días. Si acepta la ley de las tres
unidades escénicas, acción, tiempo y
lugar, ya vemos que en cuanto a la
primera no es un observante riguroso;
la unidad, que consiste en el carácter
de Hardouin, es una unidad "de fondo" que n.o evita una pluralidad absoluta de las acciones, hasta siete diferentes; en cuanto al tiempo y al lugar, trata las reglas de modo tan desdeñoso que renuncia a toda verosimilitud, y hace suceder ]os acontecimien•
tos a un ritmo endiablado y todos en
el salón de la dama de la comedia, a
donde Hardouin traslada sus reales y
recibe a todas sus visitas. El lenguaje
es de una gran sencillez, muy directo,
sin aceptar la menor afectación; y las
cosas suceden - salvo esa acumula•
ción de tiempo y de lugar - del modo

La adaptación teatral de una novela
ofrece siempre enormes dificultades;
es preciso trasladar a un campo diferente una obra creada, justamente, en
razón de unas posibilidades y de una
técnica imposibles en la esCena. Estos
inconvenientes se multiplican si se tra~
ta de una obra conocida, de la que
cada lector se ha formado ya su idea
personal. En el caso de "La Guerra y
la Paz" de Tolstoi, el tamaño de la novela, su riqueza, su densidad y su trascendencia histórica y politica convier•
ten la empresa en algo casi imposible.
Por ello el anuncio, en la cartelera
del Festival Internacional de Paris, de
la representación de "La Guerra y la
Paz" por la Compañia del Schiller
Theater de Berlín babia despertado
una gran curiosidad, aumentada por
el prestigio del nombre del realizador
escénico, Erwin Piscator; y una mu•
chedumbre compacta ha llenado el teatro Sarah-Bernhardt sin parar mientes
en el calor casi insoportable que comienza a dejarse sentir en los locales
cerrados.
No entiendo la lengua alemana. Mi
comentario, por tanto, habrá de limitarse a la adaptación "visible" de una
novela que, por fortuna, conozco lo
suficiente para poder entender, poco
más o menos, lo que sucede en el escenario. El del Sarah-Bernhardt es
enorme; todavía aparece ampliado para que pueda contener la estructura
adoptada por Piscator. La linea de las
"candilejas" abarca los palcos prescenios y en su centro ofrece una especie de "banquillo de los acusados",
con acceso a la sala, rodeado por una
balaustrada de madera, que será ocupado por Natacba; en los dos extremos laterales del proscenio, dos barandillas y dos sillones marcan los lugares· que ocuparán Andrés y Pedro,
personajes principales de la obra. El
centro del escenario ofrece un gran
óvalo, rehundido, tapizado de rojo: este: óvalo será el lugar de la acción, y
una cuadrilla de empleados uniformados, como en los circos, proveerá de
los muebles necesarios a cada escena,
que volver3n a llevarse en cuanto no
hagan falta. Detrás del óvalo, en el
centro, hay una especie de pupitre cerrado, con una lamparita y un gong,
para uso del actor que figura el Director de Escena. Tras el, una enorme plataforma inclinada hacia el público, a que se accede por gradas de
madera que, ha de dese_mpeñar un importante papel. Dicha plataforma es
de vidrio, protegido por tela metálica;
y sobre esta superficie trp.slucida se
proyectan interiormente los numero•
sos planos y mapas que hacen de esta
obra una lección de estrategia mili•
lar; en el momento de la batalla de
Borodino - cumbre de la novela de
Tolstoi - los empleados colocaran sobre ella maquetas de fortines y ciu•
dadcs y el propio Pedro irá poniendo
y cambiando las filas de soldados y
las figuritas de generales, que aplica
a su oído como si Je dijeran algo, ni
m3s ni menos que el mono de Maese

Página S

�Pedro. Yeremos en un momento sobre
esta superficie las cuentas de gastos
de la guerra; en otro, el incendio de
)loscú. El resto del escenario está vacío, con bambalinas negras.
::\le he detenido en esta descripción,
porque el dispositivo escénico es sobrado rlocucnte para mostrar por si
solo las ventajas e inconvenientes de
la realización ele Piscator. Ventajas, el
hacer posible lo que creímos que no
lo era, la representación de "La Guerra y la Paz" de Tolstoi. Inconvenientes ~l hacer de una obra realista un
cuadro de un expresionismo cerebral
de absoluta sequedad. Ese gran artista que es Tolstoi, tan sensible a los
colores. al paisaje, al aspecto de un
salón, al estado del tiempo, se convierte aquí en un explicador frío. No hay
ambiente posible, por mas que los trajes y muebles sean adecuados, en esa
especie de corral ovalado, tras el que
aparece el "Regisseur" en su pupitre
dando golpes al gong cada vez que termina un "round" escénico y dirigiéndose de tú por tú a los personajes. Sus
explicaciones ante la plataforma con
los croquis y flechas que indican los
movimientos e.le tropas, tienen el aire
de una lección, más que de un drama.
Y Napoleón y las otras figuras históricas, cuando se pasean por la plataforma, toman el aspecto de gatos encima de un lucernario. Las permanentes entradas y salidas de los empleados transportistas, cargados de mesas,
sillas, taburetes, un clavicordio -en
el que Xatacha canta, por cierto, una
canción triste que baria ]as delicias
de Marlene Dietrich - y hasta un torno, llegan a ser grotescas. A pesar de
ello, el esfuerzo es considerable y merece ser tenido en cuenta; y asi Jo ha
hecho el público, aplaudiendo calurosamente unos actores excelentes y un
texto cuyo desconocimiento habrá contribuido, probablemente, a mi desilusión.
Pero, ¿acaso comprendía mejor, en
los anteriores Festivales, los textos de
Bertolt Brecht, cuyas realizaciones me
causaron tan viva admiración? Al contrario, en este caso había leído "La
Guerra y la Paz", es decir, podía seroes de Tolstoi .. Pero, ¿cuál es el arguto. Y no vaya a creerse que me desagradara ver a los personajes imaginados encarnarse en actores, pues éstos
eran la plasmación exacta de los héroes de Tolstoi ... Pero, cuál es el argumento, cuales son los héroes de esa
epopeya extraordinaria que es esta famosa novela rusa? Las naciones, los
pueblos, las batallas, la Guerra y la
Paz; personajes que con dificultad caben en un escenario de teatro, por
grande r complicado que sea.

nes su victima. Vemos a estos tipos
permanentes de Arlequin, Pantalon,
Colombina, Brighella, Pulchinella surgir de sus armarios, en un prólogo más
o menos pirandelliano, perseguidos,
desde el momento de su aparición, por
el poder público, el Orden, la Policía
o como quiera llamarse, que en su
constante inquina contra los cómicos
ambulantes se convierte en un perso.
naje mas de la comedia, en el policía
del guiñol inglés o de los films de
Charlie Chaplin.
La Comedia Italiana pasa, en el
XVII, la frontera y se presenta en las
ferias francesas. Los Comediantes del
Rey y los poderes públicos no están
muy de acuerdo ni con sus éxitos ni
con su lenguaje desenfadado. Si les
prohiben hablar en verso, hablan en
prosa; si en prosa, emplean un galimatias que no puede calificarse de
lengua; si se les prohibe hablar, cantan; si también cantar, se expresan
desplegando letreros. Por fin, su último recurso es la pantomima. Este momento de la comedia de Santelli es
uno de }os mas felices y la repetición
de una misma escena de tres personajes por los sucesivos procedimientos
enunciados constituye un episodio de
feliz resultado entre tantos otros largos o artificiosos.
La Comedia Italiana es, por fin, expulsada del Reino de Francia ... Pero
ha dejado su fermento, sus tipos, sus
ideas, que aprovechará, en especial,
Moliere, mirando un mágico espejo; el
espejo de la vida. Es de alabar, aqui,
la primera aparición de 1a técnica italiana sirviendo a un ingenio francés.
Y la representación de una especia de
comedieta, con las personajes de siempre, pero sentidos y movidos a la francesa está llevada con gracia e inteligencia.
El momento de decadencia, de vejez, de esos "Italianos" que han dado
su nombre a uno de los mas populares bulevares de París es, en cambio,
premioso y aburrido. La obra se alarga, se eterniza, y el paso de la Come•
dia a Inglaterra, donde "Punch", su
descendiente por linea directa, merecerá ser ahorcado y donde ha de surgir el último retoño de genio, Charlot,
no nos produce rµayor diversión. Hay
momentos en que 1a idea se deja ver
demasiado, todo toma el carácter de
un símbolo, de una lección de historia
del teatro, y el cuidado y la inteligencia perjudican por falta de espontaneidad y de gracia intuitiva. La pantomima celeste de Pierrot y Arlequín
es tan irrespetuosa como vulgar.
Porque, qué es la Commedia dell'

LA FAlULIA ARLEQUIN
La idea de la comedia de Claude
Santelli "La Famille Arlequin", que
representa en el Teatro Antoine la
compañía de Jacques Fabbri es original: se nos presenta una especie de
biografía de la comedia accidental
que empieza con la commedia dell"arte y termina con Charlot. Se trata,
pues, de mostrar de un modo poético
y gracioso }as vicisitudes por que han
pasado los cómicos callejeros tradicionales del siglo XVI - aproximadate - a nuestros días. La Familia Ar•
lequin es, como puede comprenderse,
la familia antiquísima de los comediantes.
Santelli y Fahbri, cuyos apellídos
no ocultan una ascendencia italiana,
han deseado, pues, restringiendo el
campo teatral, limitar su evolución
-o, mús bien la historia de su perennidad- al campo de la comedia popular, apartandose de todo teatro de
tipo culto o· escrito, es decir a la Co•
media Italiana, en este aspecto contrapuesta, si se quiere, a la Comedia
Francrsa y hasta su rival y en ocasio-

Página 6

/

'

Arte sino una maravillosa escuela de a la posada, un cuarto de huésped, un
improvisación, donde partiendo de sobrado que es a la vez tendedor y
unos tipos de bien definida psicolo- cuarto de plancha, son los lugares dongía el actor puede inventar cuanto de la acción se desarrolla. Podrían
quiera, con la mayor libertad y la má- ser dependencias de un convento, más
xima confianza en su inspiración del que de una posada: tan limpias, tan
momento? Los actores de "La Familia escuetas, tan claras son. La luz, muy
Arlequinn se han de adoptar, en cam- igual, sin efectos extremados, contri~
bio, a un texto escrito jr requetcescrito, buyc a crear esta atmósfera monáspensando una y diez veces, a una di- tica, este aspecto del XVIII que ahora
rección muy cuidada y un montaje in- está ele moda, el lado de la pintura de
teligente, pero que en su elaboración Chardin. El aspecto de la escena en
ha perdido buena parte de frescura. cualquier momento es reposante y
Es decir, esta comedia, que quiere ce- atractivo como un cuadro de este gran
lebr~r, en nuestros escenarios, la glo- pintor.
ria de un teatro de espontaneidad y de
Ahora bien, este empaque sencillo,
intuición, es la cosa mas meditada y esta austeridad, convienen al texto de
menos intuitiva de la tierra. Demasia- Goldoni ·] No estamos muy seguros.
do cuidado, demasiada precaución, "La Posadera" es una comedia movihartas reiteraciones, han hecho de una . da, alegre, juguetona. Visconti en su
idea feliz y de un merecido homenaje dirección parece haber tenido la misa la gracia de una estirpe teatral a la ma idea que en los decorados y vesque Jacques Fabbri realizador famoso tidos: nada de exagerar, buen gusto,
de "Le Fantome" y de "Les Hussards") laconismo casi. Si el mundo cree que
pertenece con toda justicia, un ]argo Italia es país de aspavientos y mano•
espectáculo pedagógico, cuyos induda- teos, de serenatas a la luz de la luna
bles aciertos no bastan a producir un y carnavales, vamos a demostrar lo
interés constante y un entusiasmo.
contrario. Si creen que Goldoni es un
descendiente de la Comedia del Arte, si
"LA LOCANDIERA" DE GOLDONI
el Piccolo Teatro de Milán ha presentado en París en otras ocasiones el
El veneciano Cerio Goldoni es el "Arlequín servidor de dos amos" en
más famosó rel?resrntante de la ~ome• que el autor aparece empleando los
dia italiana. En este aspecto, !taha ha efectos l' el estilo de dicha Comedia,
estado infinitamente mejor representa- vamos a presentarlo, con esta "Posada en el actual festival de París que dera", como el rival psicológico de
en los dos años anteriores, en que una :\Iarivaux, con una de estas obras en
traducción francesa o un sainete na~ que la risa encierra buena dósis de
politano no ofrecían un texto del mis• melancolía y Ja lección de amor es remo interés que esta divertida comedia cibida entre suspiros. Para quienes no
de "La Locandiera" que la compañia creemos nada de eso y vamos inge.
~lorelli-Steppa acaba de representar en nuamente a ver una "Locandiera" cuel teatro Sarah Bernhardt, bajo la di- yo texto nos parecía irresistiblemente
rección del famoso realizador cinema- cómico, la severidad de Visconti no
tográfico Lucchine Visconti. Vinconti deja de ser algo sorprendente. No se
es asimismo - en colaboración con puede dudar, sin embargo, de que el
Piere Tosi - el autor de decorados y gran animador de imágenes que es
trajes. La presentación de esta obra Visconti podía haber dado una versión
dieciochesca es un prodigio de sobrie• absolutamente opuesta¡ es decir, que
dad y de buen gusto. La acción pasa esta sequedad es voluntaria y no de
en Florencia, a mediados de sig]o. Los espíritu. El autor de esa "gran ópera''
decoradores han huído del rococó y del cine 1lamada "Senso" compone las
de la curva; Florencia es una ciudad obras que dirige como un pintor sus
de rectas. Han desdeñado de igual mo- cuadros; y si en su último film ha quedo los colorines, las cintas; Florencia rido hacer una obra veneciana, delies Una ciudad sobria, de escasa colo• rante, barroca en su montaje teatral
ración. Decorados y trajes se mantie- ha elegido un partido florentino, menen en una gama discreta que va del surado, clásico.
blanco al marrón pasando por el gris
Otra de sus innovaciones consiste
v el beige. Las contadísimas excepcio•
en no considerar la "Locandiera" co;1es a esta regla - en especial una camo una obra de diva femenina; esta
pa colorada del acto tercero - adidea parece estar en contradicción flaquieren entre tanta sobriedad un vagrante con el texto, que se anima, se
lor simbólico, de arrebato, de exageraafina, se desarrolla cuando la protación, que conviene al personaje. Una
gonista está en escena. Como el titulo
terraza interior c¡ue sirve do comed()r
indica, la posadera es la razón de ser
de esta comedia. Su argumento es senci11o y garboso: una joven que ha heredado de sus padres se vale de sus
atractivos para traer al retortero a
huéspedes y servicio y hacer su ,ro.
Juntad, sin pasar nunca los límites de
una conducta decorosa. Un noble
arruinado y un advenizo lleno de dinero son sus enamorados principales
y sus huéspedes permanentes. Pero la
llegada de un ·caballero misógino, que
la trata con desdén, la enfurece; y
desplegando todas sus artes - entre
las que hay que confesar que la cocina tiene un importante papel - con•
sigue voh•er loco al antipático cuerdo.
En cuanto lo ve a sus pies, tiene bastante y decide casarse con el mozo de
la posada.
Para encarnar este papel hace falta
una belleza salerosa, como 1a de una
Lollobrigida. Rina ~lorelli resulta acaso más florentina; pero parece demasiado seca, demasiado monjil, para
despertar esas bruscas pasiones. ~Iarcelo ~Iastroiani es el humillado cabaJlero, buen actor, en especial en las
escenas cómicas en que suele triunfar
en el cine. Pero a mi juicio el más
artista de todos es Paolo Steppa, que
crea un marqués arruinado de una finura y una comicidad insuperables.

ALAS CASAS EDITORIALES YA
LOS SEÑORES DISTRIBUIDORES
YLIBREROS DEL CONTINENTI

B ROS
SIR JA~IES GEORGE FRAZER: La rama dorada. 3a. ed. 861 pp, Fondo de
Cultura Económica. México, 1956.

nante tiene aplicación universal y se-

fiala el punto de partida de posteriores
investigaciones. Además, fue él quien
rescató para la cultura el origen de
muchas costumbres vigentes en los
pueblos occidentales, señalando que se
deri,·an de un antiquísimo culto del
úrbol l' de las fuerzas naturales. Junto
a ello, hizo ver cómo la creencia en los
principios sobrenaturales, predominante en quienes no disponen de una explicación científica, funciona con sor¡irendente regularidad en todas las latitudes y constituye el antecedente lógico de la religión y la ciencia modernas.

l
f

1

'

Sir .James G~orge Frazer fue uno de
los primeros que intentaron sistematizar el mundo aparentemente abigarrado de la magia, y su clasificación de
magia homeopática y magia contami-

Fernando Benítez ha hecho la biografía de la ruta mezclado a los soldados de Hernán Cortés; pero su libro
no describe únicamente el aspecto que
ofrecía el México indio a los ojos de
lis espafioles, sino la transformación
que los siglos han operado a lo largo
de ese camino ligando lo viejo con lo
nuevo, la historia en el presente, el
descubrimiento de un mundo virginal
con el descubrimiento del México de
nuestros días.
CELESTINO GOROSTIZA: Teatro me1·icano del siglo xx (vol. III). No.
27.) XXVIII + 743 pp. Fondo de
Cultura Económica, México, 1956.
Tras de la renovación llevada a cabo por los grupos experimentales durante la década de los treintas, el teatro mexicano halló el camino despejado para seguir adelante y reforzar sus
intenciones. Al predominio del ingenio
y la afición por lo misterioso, sobrevino la aceptación de los problemas cotidianos como ingrediente invariable

La rama dorada figura con justicia
entre las grandes investigaciones de
nuestro siglo. Poco dice el solo titulo
para quien no esté familiarizado con
el libro, que constituye una de las exposiciones mús claras, completas y sistemáticas que se hayan publicado acerca de las costumbres y el folklore de
todo el mundo. La índole de la investigación llevó a su autor a hacer hincapié en los pueblos primitivos, y por
ello esta obra constituye también, desde otro punto de ·vista, una especie de
mito1ogía comparada; a través de ella
pueden apreciarse extrañas supervivencias espirituales de nuestros ante•
pasados.
El autor rn1crn su estudio buscando
los fundamentos del misterioso culto
de Xemi, cuyo sacerdote se mantenía
como tal 1iasta que otro lo mataba y
ocupaba su lugar¡ y después de recorrer un largo trecl}O por el mundo de
las costumbres y religiones primitivas,
encuentra la razón de tan extrafio rito
en el hecho de que el hombre hecho
dios debía morir al acercarse su ocaso, para garantizar así un dominio eficaz del viento, de la lluvia y de la fructificación.

Cholula, la Meca religiosa de los antiguos indios y, por último, Tenochtitlán, la severa y magnífica sede de los
aztecas construida sobre los grandes
lagos de la meseta. En ese espacio no
sólo se realiza la penetración española
sino una de las más extraordinarias
aventuras de la naturaleza.

La Gniversidad de Nuevo León ha
mantenido desde su fundación un vasto plan editorial que desarrolla al través de publicaciones cuya circulación
comprende a todas las Instituciones
oficiales, unhersitarias, académicas,
ateneistas, centros culturales, sociedades de di versa índole y personas, en
América y Europa.
Entre el cuerpo de edicion~s... que
aquí se imprimen figura nuestro mensuarío "ARMAS Y LETRAS", que recientemente ha establecido una sección -LIBROS-. en la que figuran
comentadas las obras últimamente aparecidas en las prensas americanas.
Dada la extensa órbita de circulación del Boletín arriba mencionado, y
en interés de ofrecer al lector ameri~
cano una juiciosa información del fondo y continente de la obra, cotejada
a la luz de un criterio ecuánime y a
tono con la moderna interpretación
del pensamiento científico, literario o
artístico, "ARMAS Y LETRAS" se complace en invitar a ustedes a coadyuvar
con este propósito de orden cultural
que anima a Ja Universidad de Nuevo
León, solicitándoles el envío de cada
una de ]as ediciones nacidas en sus
prestigiosas prensas, las cuales serán
objeto de nuestros comentarios, en la
medida que vayan ]legando a nuestras
manos.
Los envíos deben hacerse a:
"ARMAS Y LETRAS",
Universidad de Nuevo León,
Plaza del Colegio Civil,
~fonterrey, Nuevo León,
MéX.ico.

rmas y

JETRA

FERNANDO BENITEZ: La ruta de
Hernán Cortés. 2a. ed. 244 pp. Fondo de Cultura Econóómica, )léxico,

Organo Mensual de la Universidad
ne Nuevo León

1956.
El camino que siguió Hernún Cortés
desde su desembarco en las playas de
Ycracruz hasta la ciudad de :\léxico es
la ruta histórica más importante de
América. Historia y geografía se conjugan en ella para cargarla de poderosas sugestiones. A lo largo de esa ruta
se le,·antaban las pirámides po1ícromas de Cempoala, ocultas entre la sel"ª del trópico; Tlaxcala, la extraña república enemiga del ·imperio nahoa;

de las piezas. La búsqueda de oyentes,
&lt;le un público que siguiera con facilidad el desarrollo de ]os argumentos,
fue un incitante para acelerar ese cambio ele rumbo. Si el teatro llamado expCrimental se inclinaba por el misterio
y el juego ele palabras, el subsecuente
paso se dirigió en gran parte a captar
ele la realidad aquellos elementos que
pudieran convertirse en temas fértiles.
De una actitud de refinamiento, que
mostraba las especiales preferencias
de grupos se1ectos, se pasó a un teatro
que cumple con una función social.
A esta última postura corresponde
el presente tomo, preparado por Celestino Gorostiza, uno de los más notables autores y directores del teatro nacional. En cierta forma, las obras aquí
reunidas testimonian la renuncia al
11
universalismo" y son la aceptación
del regreso al mundo de lo cotidiano
- a veces sin rechazar localismos y regionalismos- en que la vida diaria
adquiere importancia y contribuye a
matizar las características del nuevo
teatro. Todos los textos reproducidos
han sido escritos o llevados a escena
a partir de 1947 y, en conjunto, representan selectivamente ]o que hoy se
escribe en ese género literario.

,

Registrado como artículo de Za. Clase ea la
Admón. de Correos de Monlerrey, N. L, el

20 de Abril de 1944.
INDICADOR,
Colaboradores
Raúl Rangel Frías
Fidencio de la Fuente
Francisco M. Zertuche
Genaro Salina, Quiroga
Arturo Cantú S.
Homero A, Garza
Alfonso Rangel Guerra
Guillenno Cerda C.
Jor¡e Rangel Guerra
Manuel Morales
Director
Lic. Fidencio de la Fuente
Oficina,

Wuhinglon y Colegio Ci,-i)
Monterrey, Nuevo León

MEXICO

Página 7

�María Angélica VILLAR

Vienes desde la tierra y me preguntas
por qué hay hombres que miran sin pupilas
los colores cortados del dolor.
Tú escalas el aire y lo comprendes,
yo que vengo del aire no lo sé.
Vienes desde la tierra y me preguntas
por qué no existen sales que desnuden
el alma poseída por la piel.
Tú escalas el aire, y en el día de todos
simplemente le quitas lo_s huesos
y devuelves la piel a su cuerpo.
Yo que vengo del aire no lo puedo hacer.
Vienes desde la tierra y me preguntas
por los rieles que pulen la mentira
para rápidos viajes de ceniza ...
Tú escalas el aire que ocupa
tu ventana hacia el viento,
le colocas dos vidrios oscuros
y aún así los ves.
Yo que vengo del aire, no distingo su red.
Vienes desde la tierra y me preguntas
si hay semillas o estrellas de odio
viviendo con las venas.
Tú escalas el aire mientras sueltas
la canción de la fe.
Yo que vengo del aire, me golpeo las horas
y la frente, me subo por los gritos,
oigo todo el silencio, mas la canción no sé.
Vienes desde la tierra y me preguntas
por los caminos libres que se arrugan
si algún sueño se enferma y va a morir.
Tú escalas el aire y tu boca sin rejas
lo incita a renacer.
Yo que vengo del aire, con mis labios de cieno
y mi boca cerrada
revivir no lo sé.
Vienes desde la tierra y me preguntas
por qué crujen los hombros del obrero
sobre la sangre dócil de la angustia.

Página 8

Tú escalas el aire, v en el nidal soberbio
de sus manos, atado a sus prisas,
lo puedes impedir.
Yo que vengo del aire, no reemplazo su sed.
Vienes desde la tierra, eres el árbol
y puedes preguntarme
cuántos pueblos caminan
de pequeños monumentales seres.
Tú escalas el aire y les cuentas los pies.
Yo que vengo del aire, entre ropas de tiempo,
junto a flores y lluvias,
tengo que contestarte olvidando palabras
solamente, no sé.

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