<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<item xmlns="http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5" itemId="17372" public="1" featured="1" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance" xsi:schemaLocation="http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5 http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5/omeka-xml-5-0.xsd" uri="https://hemerotecadigital.uanl.mx/items/show/17372?output=omeka-xml" accessDate="2026-06-10T21:25:07-05:00">
  <fileContainer>
    <file fileId="15403">
      <src>https://hemerotecadigital.uanl.mx/files/original/213/17372/ARMAS_Y_LETRAS._1956._Vol_13._No._10_0002014767ocr.pdf</src>
      <authentication>530d977ccecdd3a78acbf0d86bd94098</authentication>
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="4">
          <name>PDF Text</name>
          <description/>
          <elementContainer>
            <element elementId="56">
              <name>Text</name>
              <description/>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="487927">
                  <text>•

BOLETIN MENSUAL DE LA UNIVERSIDAD DE NUEVO LEON

UIIIWWlf.1&amp;10

como artículo de 2a. clase en la Administración de Correos de Monterrey, N. L., el 20 de Abril de 1944.

Año XIII

No. 10

ANfb_w~ " DE MENENDEZ Y PELA YO:
,

¡(!

Lffll ~
ÉRHTURH EPHÑ LH
EN EL I L XVII
(RESUMEN)

agonizaban, en terminos que apenas es
posible recordar otro nombre ilustre
Con el advenimiento de la dinastía francesa al trono de Es- que el de Solis en la Historia, y los
paña, se inició entre nosotros una modificación literaria, que de Bances, Candamo y Zamora en el
De la poesía lirica apenas quetrascendió a otros ramos de nuestra cultura. Contribuyó a alla- teatro.
daban reliquias, ni es licito dar tan
nar el paso a la influencia extraña, la decadencia y senectud vi- alto nombre a las rastreras y chabacasible de la civilización indígena, no tan muerta, sin embargo, en nas coplas de Montoro, Benegasi y
los últimos días del siglo XVII, como pudieran inducimos a otros aun más oscuros. Pero la literacreerlo apasionadas declamaciones. Cierto que las bellas letras tura científica no babia llegado a tan
miserable postración y abatimiento, y
vivía aún de la savia de edades anteriores, produciendo teólogos y canonistas tan insignes como el cardenal
Sáenz de Aguirre, comentador profundo de S. Anselmo y editor de los Concilios españoles; jurisconsultos tan
versados en los misterios de la antigüedad romana como Ramos del Manzano y Fernández de Rétez, cuyas
obras coleccionó Meerman, y cuyos
tratados de posesión, todavía de nuestro tiempo ha encomiado el gran Savigny. Además ilustró gloriosamente
los últimos años del siglo XVIII, una
pléyade de críticos históricos, empeñados en la noble empresa de depurar de fábulas nuestros anales. Y lo
cierto es que a aquella edad de Carlos
11, infelicisima por otros respectos, se
debieron tan ingentes trabajos como la
ya citada colección canónica de Aguirre, las dos Bibliotecas (antigua y nueva) de Nicolás Antonio, su Censura de
historias fabulosas, donde batió en brecha los falsos Cronicones de Dextro,
Marco Máximo, Luitprando y Juliano;
la Themis Hispánica (Q historia de la
legislación española) de don Juan Lucas Cortés, y otros insignes trabajos
·. de Fray Hermenegildo de San Pablo,
del Deán Marti y otros preclaros va• rones,
;U/ • De igual modo, tampoco las ciencias
y naturales habían permaneci,, exactas
do estacionarias. Quizá desde los tiempos de Pedro Juan Núñez, no babia
tenido la península ibérica matemáti1 ,¡•
co más esclarecido que el autor de la
1
Analysis Geometrica, Hugo de Omeri1
Ín 1"'
que, cvyo libro tan elogiado por Newton, apareció en Cádiz en 1698. Los
estudios de medicina y física experimental adelantaron no poco con la
creación de la Real Sociedad de Sevilla, cuyas memorias encierran gran número de observaciones rigurosamente
metodizadas.
Había, pues, germenes científicos en

,'

" ,11j ,,

1

' } 'l'

(.12?-l

Octubre 1956
la España de fines del siglo XVII, y licito es creer que aun sin el impulso
oficial y centralizador del gobierno de
Felipe V, hubieran florecido los Solano de Luque, los Tosca y los Feijóo.
No se ha de negar, por eso, a Felipe V (aunque prlncipe débil, apático
y valetudinari9) ni menos a sus consejeros la prez de haber impulsado los
estudios graves, siguiendo el modo
centralista y oficial que estaba de moda en Francia. Y de hecho prestaron
muy positivos servicios a nuestra cultura la Academia Española con su
Gramática y con su Diccionario de Autoridades, riquísimo tesoro de la lengua castellana: la Academia de la Historia con los primeros tomos de sus
Memorias, y con la eficaz protección
que concedió a los viajes científicos
y a las exploraciones en los archivos.
Continuó, pués, en las primer.as dácadas del siglo XVIII el notable movimiento de la ct-ítíca histórica, iniciado en la edad anterior, y fueron dignos sucesores de los Nicolás Antonio,
los Lucas Cortés y los Salazar y Castro, el Padre Berganza en sus Antigüedades de Castilla, Ferreras en su Sinopsis cronológica; el Padre Burriel,
cuyos maravillosos trabajos sobre nuestra historia cronológica y civil quedaron desdichadamente manuscritos;
los dos hermanos Mayans, y sobre todo el Padre Flórez y sus continuadores en la ' incomparable España Sagrada. Del vigor y de la actividad de los
trabajos criticas en aquel reinado dan
testimonio asimismo los trabajos numismáticos y epigráficos del insigne
catalán Finestres y del doctisimo valenciano Pérez Bayer, por quien puede
decirse que despertaron los estudios
orientales. Su libro de las Medallas
hebraico-samaritanas, su disertación
sobre la lengua Ubico-fenicia, así como el libro de Finestres sobre las inscripciones romanas del Principado de
Cataluña, y la memoria del Deán de
Alicante l\larti, sobre el teatro de Sagunto, mostraron que aun no estaba
apagada en España la luz que encendieron los Antonio Agustín y los Laslanosa. Continuó este saludable renacimiento en los dos reinados posteriores, y se vió a Velázquez estudiar las
monedas primitivas o autónomas de
España, a Asso y Manuel impriIJJ.ir
nuestros viejos cuerpos legales y penetrar en el laberinto de la primitiva
legislación de Castill~; a Capmany desenterrar el libro del Consulado y las
memorias de la marina, comercio y artes de la antigua ciudad de Barcelona; al Padre Arévalo y al cardenal Lorenzana imprimir de nuevos las obras
de los PP. de la Iglesia Española y los
monumentos de nuestra primitiva liturgia; a Sarmiento y a Sáncbez investigar ]os origenes de nuestra poe.
sía; a Floranes copiar infatigablemente privilegios y cartas municipales; a
los PP. Caresmer y Pascual escudriñar
los últimos rincones de los archivos
monásticos de Cataluña; a Bastero acometer la grande empresa de su Crusca

�Prouen:al; a Cerdá y Rico publicar
gran número de crónicas, y a Jos Académicos de Buenas Letras de Barcelona, trazar el mejor libro de crítica
histórica que se vió hasta su tiempo.
Honrilbanse, a la par, las ciencias
físicas r matemáticas con los nombres

de t;Uoa y Jorge Juan, autor egregio
del Examen Marítimo, y propagador
de los principios neytonianos en Es-

paña. Cultivaban la botánica los Quer,
los Ortega, los ~lutis, los ~avanilles,
los Salvador, los Bernardes y los Rojas
Clemente. Fundábanse el Gabinete de
Historia Natural y el Jardín Botánico.
Se asociaba España a todas las empresas científicas, desde la medición
d&lt;&gt; un grado del meridiano hasta la detcrmlÍ!ación del sistema de pesos y
medidas. Badía exploraba el Africa y

teriano: al contrario, de la pureza de
su fe tenemos irrecusables testimonios.
Decidido adversario de la superstición rindió siempre tributo a la verdad del orden sobrenatural, y aun
puede contársele entre los mejores
apologistas cristianos de su tiempo. No
era grande escritor, pero si fácil y
y ameno. Afeó y bastardeó la lengua
con innecesarios galicismos. Removió
infinitas ideas, y fué, por decirlo
así, un periodista cientifico. Vulgarizó
gran número de conocimientos experimentales e históricos; fué gran partidario de los principios newtonianos

y del método de observación. Al canciller Bacon y a nuestro gran Vives
rcconociolos siC'mpre por maestros y
guias, viniendo a ser su doctrina una

López, y los numerosos escritos de don
Juan Pablo Forner, que trató, no sin
gloria, de reanudar la cadena de la filosofia española de otras edades.
Desde la publicación de la Poética
de Luzán, en 1737, dominaba en Espafia, con muy leve protesta, el gusto literario francés llamado clásico, y con
mús propiedad neoclásico o pseudo~
clásico, es decir la admiración por los

modelos literarios del siglo de Luis
XIY. Luzán, personalmente considerado, profesaba doctrinas estéticas y críticas, muy superiores a su tiempo, y
más que de los franceses babia tomado su doctrina de los italianos. Pero
sus imitadores y discípulos Nasarre,
:'llontiano, etc., todos muy inferiores a
él, extremaron cada vez más el intole-

ba de las tablas. Sólo puede salvarse
de todo este teatro trágico la Raquel
de Huerta, que a lo menos está sentida al modo castellano, y escrita en
v('rsos valientes y numerosos, como solían serlo los de su autor, heredero de

guay y el Río de la Plata. Molina escribía la Historia·· Natnral de Chile.
Clavijero estudiaba las antigüedades
mejicanas.
Yacian otros estudios en general
abandono, por menos conformes con
Ja tendencia experimental y utilitaria
de aquella época. Así, v. gr., la teología espafiola no presenta nombres ilustres en el siglo XVIII, y vivía, por decirlo así, de los residuos de otras eda-

des.

tf

,t.j;;.,.7

Canonistas hubo muchos y no ayunos de erudición, pero viciados casi
todos por preocupaciones regalistas,
galicanas y episcopalistas, importadas
de Francia: así ~facanaz, Pereira, Camporuanes, cuyas ideas y escritos no
pueden separarse de ]a historia política de su tiempo, anterior al período
que abarca la presente.
En la (ilosofía se sintió muy desde
el principio la influencia francesa, primero la cartesiana, y Juego la sensua-

lista y enciclopedista. Ya en los fines
del siglo XVII comenzaron los españoles a tener conocimiento de las doc-

i
l·

1:

' "·
·\1~
.

.,...';!,;_
..
,'\.'.\;

sías ligeras de don Nicolás Moratín (el

ta más malicioso que ingenuo, al mo.

do de Lafontaine; don Francisco Gregario dé Salas, que en su Observatorio
Rústico llevó a los más chistosos extremos la ausencia completa de dic-

femenil blandura, aunque alguna vez,
y por excepción, mostró supe~íores
alientos líricos, v. gr., en la oda a las
Arles. Dado con exceso al cultivo de

Entretanto, de la antigua y popular
escuela sólo había quedado las heces,
prefiriendo, con todo eso, nuestro vul-

go a las peinadas obras de los litera-

•

quien iban por un lado los preceptos
y la inspiración por otro lado. Sus
quintillas de La fiesta de toros, v. gr.
recuerdan, superándolos, algunos de
los mejores trozos narrativos de Lope
de Yega en el Isidro.
Con todo eso, la poesia lírica, flor
rarísima en todas edades, lo era mucho más en aquélla. O por aberración
critica, o por flaqueza y penuria del
estro propio, o por aversión a los pasados des,·arios culteranos, o por una

absurda concepción del fin y materia
de la poesía, se había desarrollado nna

tesca celebridad Zabala, Valladares y
Comella, prototipo del don Elcuterio
de la Comedia Nueva.
Sólo dos poetas dramiiticos produjo

men y de color poético. Tras esto, so-

aquel siglo, diferentísimos en ingenio,
en gusto y tendencias, pero conformes
en imitar la realidad humana que tenían ante los ojos, por donde las obras
de uno y otro vinieron a ser, aunque
de distinto modo, espejo de la socie-

lían dedicarla a objetos de utilidad
'prosaica, en los que llamaban poemas
didácticos, o bien a asuntos frívolos y
baladíes, indignos de ser tratados por
las i\lusas. De esta escuela fué cabeza
(digámoslo así) don Tomás de Iriarte,

Ramón de ]a Cruz, inimitable y soberano en el género de piezas cortas ,•ulgarmcnte llamadas sainetes, única parte de sus voluminosas obras que la
posteridad conserva y lec. Lo que Gaya en las artes plásticas, fué don Ra.
món de la Cruz en el teatro. En los
caprichos y fantasías del uno y en los
sainetes del otro está el único archivo
de la vida moral d~ aquella época abigarrada y confusa. Escritor incorrecto pero potente, y en la observación
atento y sagacísimo, comprendió don
Ramón de la Cruz, con poderosa adivinación artística, que lo único característico y pintoresco que quedaba en

Don Lcandro Fernández de Moratín
era la antítesis ,,iva de Cruz en gusto
~,;,;,,:;',.._:
y manera. El uno, todo fecundidad y
desaliño; el otro, tipo acabado de sobriedad, mesura y buen gusto. Escaso
de invendón ~foratín, o más bien rnnmorado de la perfección ideal ele su
especie de criticismo erudito, ávido de rantc formalismo de la Poética de Boi- arte, sólo cinco comedias originales y
examen y de anúlisis.
lcau. r aparados en él, fulminaron dos traducciones de )foJiére dió a las
No todos se detuvieron donde se de- acerbísrno anatema contra los más ori- tablas, y aún ele este breve teatro no
tuvo el Padre Feijóo, y conforme iban ginales monumentos del arte nacional hay mús que dos obras que pueden
penetrando en España, más o menos y sobre todo contra e] teatro de Lope calificarse de obras maestras. Es la
subrepticiamente, las obras de los en- y Calderón. Este todo ele critica ras- primera una sútira literaria en diúlociclopedistas, comenzaban a germinar, trero y pobre prevaleció entre noso- go, tal que ni el mismo Luciano la huprindpalmente entre las clases eleva- tros por mús de una centuria, y se con- biese hecho más sazonada de ática irodas, propósitos ele renovación y aun virtió en dogmatismo oficial, a des- nía, si volviera al mundo y escribiese
de revolución, así científica como so- pecho de las aisladas protestas de al- en castellano. Es la otra, no una cocia], siendo muy de notar que en Es- gunos ingenios de temple nacional co- mrdia del género de l\loliére, como pupaña Ia rc,·oluciún vino de arriba, r mo García de la Huerta, y de los es- diera esperarse de las aficiones del
se había traducido ya en actos oficia- fuerzos que hicieron unos pocos pen- autor, sino mús bien una comedia teles, antes que la masa del pueblo hu- sadores como Arteaga (Investigaciones renciana, de exquisita pureza, en que
biera llegado a penetrarse de ella. Fá- sobre la belle:a ideal) para aclimatar har afectos limpios y reposados, y
cil es sorprender este espíritu, a ye. C'ntre nosotros las nuevas doctrinas es- hasta cierta suave melancolía, y una
ces descubierto, a veces embozado, en téticas; o para mostrar, como lo hicie- vaga sombra de tristeza. En lo propiacasi todas las providencias de los mi- ron Berguizas y Estala (traductores de mente cómico, v. gr. en La Mojigata,
nistros de Carlos III (v, gr. en la ex- Píndaro y de Sófocles), la diferencia :'lloratin quedó a larga distancia de su
¡mlsión de los jesuitas), en }as discu- proíunda que mediaba entre el clasi- modelo, pero no hay escrito suyo, aun
siones y memorias de .1as Sociedades cismo helénico y los remedos que de dC' ]os más endebles, que no merezca
Económicas, en la amena literatura, y l'l habían hecho los franceses.
estudiarse como ejemplar, no sólo de
en los mismos libros de los impugnaDonde se mostró más intolerante ]a aquella perfección negatiYa que condores del enciclopedismo, que por su reacción de los preceptistas fué en el siste en la ausencia de defectos, sino
importancia y nllmero bien claro in- lt'atro. La sequedad y el énfasis cere- de acierto constante y templada C'ledican cuún cercano veían el })'!ligro. monioso sustituyeron a la antigua li- gancia, que son ya cualidades positiAsí v. gr. la Falsa Filosofía del Padre bertad, animación y vida. Obras he- vas. Hizo versos sueltos, legítimamenCcballos. los Desengaños filosóficos, de ladas, sin m:ís mérito que una pueril te clásicos al modo latino e italiano, y
\'aldrcel, los Principios del orden sumisión a cierta verosimilitud mate- tan perfoctos y artificiosos como los
esencfol de la naturale=a, de Pércz y rial y grosera, nacieron no tanto para de Parini. Sus prosas críticas son un

Página 2

Juan Meléndez Valdés, felícisimo en
casi todos los géneros cortos de poe-

padre), ingenio español de raza, en

del Rastro, de Lavapiés y de Maravillas.
.·,.

y ]a siguiente, participando más o menos de los caracteres de ambas, don

bueno y en muchos más de lo malo.

la, sino a pintarla, convirtiendo en materia artística las proezas de los héroC's

,ye

Sirvió de lazo entre esta generación

nuestros grandes poetas en algo de lo

y se dedicó a no adularla Ili a educar-

~;

(

glo que pueden leerse antes de las de
Moratín.

&lt;lo.

genio dulce y aniñado, de muelle y

la Espafia de Carlos III era la plebe,

&lt;

gógico, son casi las únicas de aquel si-

Forner, satírico vehemente y profun•

defectos, el alavés Samaniego, fabulis-

dad de su tiempo. Era el primero don

'

el amor y estudio a los antiguos modelos ele nuestra lengua, como es de ver

solado humanista y docto filólogo. Sus
dos comediás, de objeto moral y peda-

tor de epigramas, de la familia de
Marcial; y, finalmente, don Juan Pablo

en los romances, quintillas y otras poe-

vatiquez y desenfreno del mal gusto

•'

En la poesía lírica la imitación francesa había sido menos opresora, y se
conservaba mejor el sabor indígena y

frío, que cultivó con éxito algunos géneros de poesía ligera, sobre todo la
fábula, y que en todos se mostró acri-

sía, y no tanto en los mayores: in-

indígena. Entre ellos alcanzaron gro-

-'-;"'&gt;c.:..~_.-:~

modelo de sencillez y de limpieza, Y escritor tan ingenioso y discreto como
aún a veces de discreta y sazonada malicia. Ni la misma prosa de Voltaire
es más transparente y amena que la
suya.

Siguieron a Iriarte, exagerando sus

tos de la nueva escuela, los monstruososo engendros de ciertos abastecedores de la escena, tan ayunos de fantasía como de buen gusto, y que, por
decirlo así, juntaban en su persona toda la insipidez y prosaísmo de los
:\fontianos y Arroyales, y toda la sel-

el Oriente musulmán, Azara el Para-

trinas de Descartes y Gasscndi, que
fueron expuestas con amplitud, y una~
veces refutadas, otras adoptadas a medias, por el obispo Caramuel, por el
judaizante Isaac Cardoso (en su Philosophia Libera) y por el obispo Palanco, grande adversario del atomismo.
Acentuóse más este movimiento de
aproximación a la ciencia francesa en
el reinado de FelÍpe V, apareciendo
entonces buen número de libros de filosofía natural y de cosmología, en
que abiertamente se propugnaban los
principios gassendistas y cartesianos.
Distinguiósc entre los partidarios de
la doctrina atómica el Padre Tosca,
que hizo muchos prosélitos en Valencia y Aragón. Siguiéronle en Casti11a
el Padre .Juan de Xájcra, el presbítero
Guzmán, y el autor dct libro Del ocaso
de las formas aristotélicas. Acudieron
los csC'Olásticos a ]a defensa del vacilante Peripato, y cruzáronse de una
parte a otra innumerables folletos, hoy
de más curiosidad histórica que científica.
Yino a dar Ja victoria a los innovadores el templado eclecticismo del Padre Feijóo, varón benemérito en altísimo graclo de la cultura clC su pueblo, incansable destructor de preocupaciones en todos los ramos de la
ciencia r de la vida común. Redúcense sus obras, coleccionadas con los títulos de Teatro critico y Cartas eruditas, a una serie de disertaciones cortas, al modo de los ensayos ingleses,
en los cuales se recorren las más diversas materias, con espíritu universal y enciclopédico, conforme al gusto
de aquel siglo, fijándose el autor con
especial ahinco en ]as de física experimental y medicina, penetrando alguna Yez en el campo de la crítica histórica, y dedicando largo espacio a la
impugnaciOn de las artes múgicas y divinatorias y de los casos prodigiosos
malamentC' autorizados por la creencia y voz popular. Xo se crea, por eso,
al Padre Feijóo un escéptico o un vol-

el teatro como para los gabinetes y
tertulias de los eruditos. Asi la l'irginia y el .-ltalllfo de )ifontiano, la Lucrecia, la Ormesinda y el Gu:mán el Bueno de ).(oratin el padre, la Xumancia
de Aya]a, y otras infinitas, muchas de
las cuales ni aún arrostraron la prue-

escuela cuyos caracteres más externos

consistían en la falta absoluta de nn-

ción y espíritu poéticos, y don León

géneros falsos y artificiosos (en el mal
sentido del vocablo), v. gr. el pastoril

del Arroya!, autor de un tomo de las

y el anacreóntico, trató de remozarlos

más perversas odas que existen en len-

con ciertos dejos y vislnmbres del sentimentalismo inglés y alemán, de Gessner, Thompson y Young, que él conocía por medio de los franceses. Ya su
maestro Cadalso había intentado algo
de esto en una muy pobre imitación
de las Noches que no le dió, por cier-

gua castellana.
Contra este prosaísmo de dicción,
mil veces más pernicioso que todos los
extravíos del ingenio, protestó con la

doctrina y el ejemplo la escuela de Salamanca, en la cual han de distinguirse dos periodos: el primero más castizo y más inspirado por la contemplación de nuestros modelos del siglo
XVI; el segundo más influido por las
ideas y los ejemplos de Francia. Pertenecen al primero Fray Diego Gonz:ilez,. tierno y simpático poeta, que imi-

tó hábilmente en su parte más externa
al estilo de Fray Luis de León, aunque
sin asimilarse su sencillez sublime;
Iglesias, intencionado y malicioso au-

to, tanta celebridad como su ingeniosa
sátira de los Eruditos a la violeta. Tu-

vo ~leléndez, entre otros méritos, el de
haber cultivado con especial amor el
romance castellano, no ciertamente

épico y popular como los antígnos, sino lírico y erótico, pero fácil siempre,
y a menudo gallardo.

tensamente en el cuerpo de esta historia, puesto que por ellos se abre la
de lírica española en este siglo. De
Cienfuegos, ingenio desmandado y
neologista, baste decir que sus versos,

afeados a la continua por rasgos de
sensibilidad declamatoria, pero varoniles y robustos, vienen a ser un ero~
brión informe de la gran poesía de
Quintana, a quien precedió en traer al

arte, sí bien de nn modo vago y nebuloso las ideas del siglo XVIII.
Intimas relaciones tuvo con la es-

cuela salmantina el español más ilustre y honrado del siglo XVIII, don Gaspar Melcbor de Jovellanos. No fué la
poesia su vocación predilecta, aunque

sé mostró gran poeta en algunas sátiras y epístolas, donde se encuentra un

jugo de alma, rarísimo en la poesia
del siglo XVIII, y que hace tolerable
hasta la comedia lacrimosa de "El Delincuente Honrado", imitación de las

de La Chausée y Diderot. Pero en la
prosa Jovellanos arrebató la palma a
todos nuestros escritores de materias
políticas y económicas, rivalizando a
veces (por ejemplo en La Ley Agraria
y en la oración en defensa de la Junta
Central) con los más altos modelos de

la oratoria griega y latina. Su actividad se extendió a todos los ramos de
la ciencia y, con muy particular amor,

Discípulos suyos fueron Cienfuegos,

al estudio histórico de las bellas artes.
Su vida austera y gloriosa y su muerte

Quintana y don Juan Nícasio Gallego.
De los dos últimos trata~emos más ex-

casi heroica fueron digna corona de
sus escritos.

DE POESIA
Reíner ~!aria RILKE

Escribir versos no tiene sentido cuando se hace demasiado
pronto. Para ello hay que aguardar un poco y almacenar el co•
nocimiento y el dulzor de la vida durante toda una vida, a ser
posible larga, para luego, quizá tal vez a las postrimerías de ella,
alcanzar a escribir diez versos que puedan tener calidad. Porque
los versos no son, como cree el común de la gente, sentimientos
( éstos en verdad se poseen muy pronto) , sino experiencias. Para
obtener buenos versos, hay que visitar muchas ciudades, cono•
cer muchos hombres y muchas cosas, y aun los animales y las
plantas: hay que saber sentir, por ejemplo, cómo vuela un pájaro, y qué actitudes toman las flores silvestres al abrirse por la
mañana. Hay que saber evocar de nuevo los caminos por extra•
ños países, los encuentron inesperados y los adioses que presenti•
mos largo tiempo, los días de la infancia, que nos son aún enigmáticos: los padres que habíamos de disgustar cuando nos traían
un gozo y no lo sabíamos comprender ( era un gozo para otros) á
las enfermedades cuando éramos niños, que se destacan tan sin•
gularmente en nuestro recuerdo con tan numerosas y decisivas
transformaciones; los días pasados en paz en nuestra casa: las
mañanas junto al mar, especialmente junto al mar; las noches
de viaje que pasaban en rápido vuelo con todas sus estrellas. Y
aun no es bastante si se logra pensar en todo esto. Hemos de
tener recuerdos de muchas noches de amor, todas tan diferentes,
de los gritos de las parturientas, de blancas y leves alumbrantes
dormidas que se van reponiendo. Y aun es necesario que nos
hayamos encontrado junto a los moribundos, y haber velado el
sueño de los muertos en la estancia con las ventanas abiertas y
los inciertos rumores que por ellas penetran. Y no es bastante
aún que tengamos recuerdos. Se debe haberlos pedido olvidar
cuando son numerosos, y se debe haber tenido la gran paciencia
de aguardar a que vuelvan. Porque los recuerdos en sí no son
aún poesía. Solamente cuando llegan a convertirse en sangre
nuestra, en .miradas nuestras y en actitudes nuestras, cuando ya
no tienen nombre y no pueden diferenciarse de nosotros, enton•
ces es cuando puede acontecer, que en un misterioso momento
la primera palabra de un verso se levante entre ellos, surja en
medio de ellos.

•

Página 3

�D S N VELHS MEXI HNH
.

Enrique DIEZ-CANEDO

MARIANO AZUELA

-I MARIANO AZUELA. LOS DE ABAJO
SI LA LECTURA de uno de esos libros que nos dan en el marco reducido
de la narración literaria como ventanas por donde ver, en una de sus fases
mús agudas, el espectáculo de nuestros
días rc\'ueltos, apasiona y cautiva, a
punto que leida la primera página ya
no lo podemos soltar de la mano por
ejemplo, El tren blindado o El niño,
de Vsevolod lvanov- , y al analizar
nuestras impresiones, calculamos la
parte que toca de ellas al arte del escritor y la que corresponde a la materia por él tratada, no nos conformaremos con pensar que todo asunto nos
interesa virtualmente si logra cumplida expresión literaria, y aun vacilaremos en estimar demasiado alto su precio artístico. ExJJerimentamos a veces
sensaciones análogas a las que despierta en nuestros ánimos la información
periodística, escrita apresuradamente
sin más propósito que el de dar un
trasunto fidedigno del suceso narrad.
~lariano Azuela, novelista mexicano,
cuya obra anterior a Los de abajo desconozco por entero, no deja de suscitar con estas "escenas y episodios de
la re,·olución mexicana" sensaciones
de ese género, que a menudo se resucl ven tan sólo en un movimiento de
horror ante tal o cual episodio, pero
cuya insistencia y coordinación acaba
por comunicar a la novela un empaque de grandeza bárbara.

Entre los combates de la Ilíada y las
diarias luchas de una partida facciosa contra las tropas, irregulares tam ..
bién, de un gobierno inseguro, es posible que, reduciendo aquéllas al puro
elemento real, no vaya gran distancia.
La diferencia está cu ... Homero. El
poeta ve detrás de aquellos hombres
que se están peleando la eterna pugna
Y rivalidad de los dioses. Y por desgracia para el poeta moderno, y para
sus héroes también, ahora ya no se ven
dioses detrás de los pobres mortales
que se juegan la vida y la pierden, 'sin
saber por qué:
sin saber por qué
ni por qué se yo ...
es, precisamente, el estribillo de una

canción que suele canturrear Demetrio
)Iacías, el héroe de Los de abajo.
Héroe, ciertamente. Y tras él, como
el numen junto a los paladines de la
Iliada, una fuerza monstruosa que analizan, transformación del antiguo ha-do, llámesele como se quiera, que a]
encaminar los pasos del elegido hacia
el triunfo o hacia la muerte, le reduce
a la condición de figurilla de ajedrez
en el vasto tablero donde se aventura
eternamente una inacabable partida.
Demetrio Macias, sorprendido por
los contrarios en su cubil, de donde
escapa a duras penas, reuniendo en
torno suyo más tarde un bando de
hmbres fuera de toda ley, con los cua-les llegará, desde la extrema situación
defensiva del perseguido a la significación del guerrilero que defiende una
causa, impulsado por el correr de los
hechos, ayudado por la fortuna propia y las artimañas de la invención ajena, destácase como figura central en
estos episodios, con toda energía y vigor.
Bravo, limitado, sin más ambición
que su apetito del momento, es, en el
torbellino de la pelea, él mismo lo dice, como piedra que va rodando hasta
el fondo de la cañada. Se le ve seguir
su ley de arrojo personal sin pensar
l'll causas ni en luchas. Sólo tiene un
momento de clarividencia, cuando la
mujer, reunida con él al cabo, viéndole
triunfador y próspero, le pregunta:
- ¿Por qué pelean ya, Demetrio?
El cuadro que pinta el autor de Los
de abajo, én un estilo sin afeite literario, lleno de jugo y sabor, y es acabadisimo. Los personajes secundarios, como Luis Cervantes, el adulador medroso y cruel al mismo tiempo, el "güero"
Margarita, salvaje figura de guerrillero; "la Pintada", fiera mujer de campamento; la apocada Camila, todos, en
suma, hablan y se mueven con asombrosa verdad.
Buscando referencias a propósito
del autor las encuentro en la interesantísima Bibliografia de novelistas
mexicanos, de don Juan B. lguiñiz, pu..
blicada en la colección de "Monografías bibliográficas mexicanas" en este
mismo año. Azuela no es un escritor
joven, ni Los de abajo un libro recentisimo. La edición que tengo a la vista de 1915, fué precedida por otras
dos, la primera impresa en 1916, en El
Paso, Texas. Se ve que ha ido poco a
poco abriéndose camino entre el público, y creo que una edición española
podría tener ahora un éxito importante.
[guíñiz caracteriza a Mariano Azuela, médico de profesión, que prestó
servicios en campaña durante el periodo revolucionario, como uno de los

primeros cultivadores de la novela de
costumbres mexicanas. Francisco Monterde, en el prólogo de la citada Bibliografía, le califica de 11regional y
realista" y aludiendo a obras suyas
más recientes dice que en ellas Hsu antigua manera de novelista de la Revolución se transforma, orientándose en
el sentido de las tendencias actuales".
Ojalá no sea a costa de ese sentido
directo de la lengua popular, de la len~
gua "oída" que se percibe a cada página en Los de abajo, que considero,
dejando de lado toda comparación, como una obra de valor propio, de alcance evidente. Al lado de su interés
documental hay en ella un puño de
novelista. Lo que yo no se es si este
relato es un punto de llegada o puede
ser, todavia, arranque para empresas
mayores.
(1926)

- II MARTIN LUIS GUZMAN. EL AGUILA
Y LA SERPIENTE
Basta leer un capitulo de este libro,
de abundante lectura, con el material ordinario de tres volúmenes en
sus cuatrocientas páginas de apretada
composición, para entregarse apasio-

... se vuelven tan sólo en un movimiento de horror ante tal o cual eplsodio.

,

nadamente al asunto, para seguir paso
a paso al escritor, que nos pinta en
cuadros reveladores al México revolucionario de Pancho Villa.
Yo no sé si responde al Pancho Villa de la realidad esa figura que un dibujante ha puesto asomándose a la cubierta: sombrero ancbo, boca sensual,
bigotazo crespo y, junto al hombre, canana en banderola. Me hace desconfiar
del parecido el escaso arte con que todo est~ dibujado, en ingrato color, a
cuyo atractivo se fía quizá, en colaboración con el mal gusto, la captura de
un público neutro. Lo que si veo es
un retrato cabal de aquel Pancho Villa,
casi fabuloso abar?- mismo, en las páginas que forman el tomo de que esa
figura es, por decirlo así, el eje novelesco, ya que la figura central excede
en mucho a las proporciones humanas, por ser la de todo un pueblo
grandioso y desgarrado, imponente y
lamentable como santo en martirio.
El lector avisado no dejará de ver
en la evocación de México suscitada
por estas páginas algo más que un fondo del escenario en que pelean hombres que a veces no tienen más empleo que el de matar o morir v
ambas cosas saben hacerlas bien. 'N~
es paisaje, sino personaje verdadero,
"agonista"- en la cabal expresión del
vocablo-, este trozo de tierra america~a pintado aqu~ con mano segura,
gmada por unos OJOS claros y certeros
en el mirar, aunque a menudo la emoción los empañe.
Martín Luis Guzmán, espíritu combativo, ánimo templado en la contradicción, y sobre todo hombre entre
hombres, ha sacado de su experiencia
personal el tejido de sus relatos. Lo
que le caracteriza y avalora como escritor es el tacto con que ha sabido
no envolver la verdad en llamativos
ropajes de fantasía, sino más bien desnudarla de toda compostura que no sea
la que forma precisamente el arte del
buen narrador con tema de sobra a la
mano: el despojo de todo escenario, el
empeño en evitar desarrollos inútiles
embellecimiento de frase; cuanto, e~
una palabra, suele llamarse "literatura", cabalmente porque no lo es.
De todos los caminos de la novela
que tiene por fondo la verdad humana, el escritor ha segqido aquí el que
aprpxima el relato o cuento a lo que
hoy se suele denom~nar "cosa vistalJ.
No podia ser de otra suerte, ya que ha
elegido para su composición, en vez
de la forma de memorias, esta otra,
que pertenece en todo al arte narrativ?. Y aun a la literatura de imaginacwn. Pero su imaginación se ejerce
más que en los hechos y en el encade~
namiento de los mismos, en las circunstancias susceptibles de crearlos en
lo escrito con v_ida nueva, de hacerlos
palpables, lógicos, derivados naturalmente de la naturaleza de aquellos que
los ejecutan, haciéndonos ver las dos
partes del pu ego: los actos como expresión natural de los personajes y los
personajes mismos a la luz de los actos
que los expresan.
La parte del autor como persona
real en estos cuadros de la revolución
~exicana, en que participó, ha de ser,
mdudablemente, muy grande. Muchas
veces emplea la primera persona gra-

matical en sus narraciones. "No digáis
nunca yo", recomendaba a su amigo
el gran escritor inglés. Pero un escritor, ¿Puede acaso decir otra cosa que
yo? La objetividad verdadera, ¿cómo
se consigue? Dos narradores de un
mismo hecho lo cuentan de modos tan
diferentes que parecen hablar de cosas
distintas. El consejo de aquel escritor
podría limitarse a la técnica literaria
y quedar así reducido en su alcance.
Del yo no puede evadirse escritor ninguno. Y siendo esto asi, ¿Por qué no
afrontarlo, como se ha hecho, como
se ha de hacer siempre?. El yo pone
un énfasis de conv.i cción, añade un
acento de seguridad que se traduce en
movimiento eficaz del estilo. Mas lo
importante es que - ese yo no se convierta en culto exclusivo por el cual
se aventure más de lo qne pueda ga•
narsc. Cuando al escribir sus recuerdos nada menos que un Benvenuto Ce•
llini, aficionado a exagerar, se engran-decc en demasía, llega a las fronteras
del ridículo, del que se salva por su
garbo de exagerador, más amigo de sí
mismo que de la verdad.
Nada de esto aquí. Pasma el acento
de fidelidad a los hechos: de verdad,
parcial si se quiere, en la pintura, en
el parecido, en la expresión de sus
hombres, de sus batallas y escaramuzas, de sus amistades y sus odios. Pasma la riqueza del asunto, que llega a
explicarse teniendo presente la profundidad de la crisis nacional, en
que todos los valores aparecen puestos
a prueba y obligados a dar la máxima
vibración humana.
Todos los tiempos revueltos han
producido en literatura obras fuerÍes.
Sera un poema épico, una colección
de cantos, como nuestros romances:
serit la novela picaresca o la narración stcndhaliana, el relato popular o
la concepción ideológica. ¿ Cómo no
ha de ser hoy el país mexicano, lo mismo que IJ,usia, venero abundante de
temas, arsenal inmenso ele materiales?
A propósito de la noYela Los de abajo,
de Mariano Azuela, se hizo resaltar la
semejanza entre los escritores mexicanos y los rusos. Puede haber algo de
imitación, de influencia inevitable. Tal
vez se compare también ahora el arte
de narrador de Martín Luis Guzmán
con el de los novelistas eslavos. Es
muy dificil discernir entre lo que se
parece por el asunto y Jo que se parece por la manera. En la manera encuentro yo a este escritor muy distinto de aquéllos. Está siempre muy sobre si, vigilante, para qlle nada desvirtúe la fuerza de lo que quiere expresar. Conoce a sus hombres y a su tierra. Sabría ser elocuente con las paJabras, y se le
concentrar su elocuencia en la exactitud del término,
preferir un giro ordinario a un rebuscamiento. Se 1e siente poseído de su
tema, persuadido de la grandeza bárbara ele sus escenas de matanza y de
odio, hasta cuando pasa, animándolas,
una sonrisa, buen medidor de la magnitud de sus personajes, en los que ve,
hasta cuando hacen de monstruos, un
temblor de humanidad. Con todo, su
libro, severo, grave, desgarrador, se
apodera de los ánimos y los mueve,
como las tragedias antiguas, a una piedad serena.

,·e

LA POESIA
'
LA POETICA,
EL POEMA
Robert de SOUZA

La cúpula académica es eminentemente favorable a los ecos
del espíritu, mas no puede ser un buen resonador, al menos para
la poesía, si no mediante los poetas. Para servirse de ella sin que
padezca la poesía, se necesita mucha fineza y un .gran valor. Son
las cualidades complementarias que el abate Bremond ha mostrado de manera superior a lo largo de su existencia literaria y
religiosa, y que nunca ha afirmado mejor que mediante su disertación pública en el Instituto sobre La Poesía pura.

0~'
'

Jamás había sido enfrentado el pro- cia del más grande poema -el uniblema con mayor ardor y audacia. verso- para conocer al más pequeño,
Jamás se lo había enlazado más estre- ¿cómo conseguirlo sin considerar an ..
cbamen'te, como corresponde, a las rai- te todo su poética, y haber justificado
ces mismas del ser y de las cosas. Pues en primer lugar esta cualidad de poenunca se lo habrá encarado lo bas¡an- ma - razón de ser superior del muntc y bajo el ángulo más abierto, aún do?
cuando sólo se trate de comprender
El mundo es en efecto la obra de
la poesía en su expresión verbal.
un Ritmo, cuyo impulso primero y ca¡Que problema! No existe otro más rácter global nos escapan,· es ordenagrave ni lo hay más vasto, así como ción idéntlca y cambiante, expresión
no se sabe de otro más dificil.
y percepclón, capaz de determinar en
La primera dificultad surge del pun- nosoll'os, por nosotros y fuera de no•
to por donde debe tomárselo, del or- sotros, el fenómeno de la belleza y la
den de sus factores. ¿Es la "poesía" exaltación (o lirismo) sin el cual no
dependiente de la "poética," o poética podríamos gozarlo.
Y poesía lo son del 'poema"? Si preEl verdadero crimen de nuestro
existe a la obra y a sus leyes, enton- tiempo, el verdadero pecado con el
ces existe an_te todo en nosotros mis- cual el hombre empaña más y más la
mos. ¿Pero encuentra su materia en fuente de vida original desde que ha
nuestro solo ser? Ese ser a quién, por identificado la civilización al progresu nacimiento mismo, Je es impuesta so mecánico y físico, está en su desla materia del mundo, y antes el orden con?cimiento de la poética creadora,
que la engendra que la materia mis- el fm de la naturaleza que con toda
ma, sean cuales fueren los principios evidencia -como surge en sus orgías
respectivos de creación y evolución de sonidos y colores- es el de sobrepor los cuales se Jo interprete ...
pasar la utilidad.
Y sin embargo es el mundo, es el
Las visiones del "Edén" 1 de la "Edad
poema, sus relaciones y corresponden- de Oro" para el pasado, del "Paraíso"
cias, quienes nos revelan a nosotros . para lo venidero, no fueron símbolos
mismos a la vez que las leyes simul- erróneos. Expresan que el hombre sutáneamente claras y misteriosas (y por po ver durante mucho tiempo el munconsiguiente la poética) que lo rigen. do bajo el aspecto magnífico del poePor ende, si se debe tomar concien- ma terrestre, que Je proveía todos los

Página 4
Página S.

�•

elementos de sus transfiguraciones. La
necesidad y el sufrimiento, bases del
trabajo junto con el placer de la acción por si misma, podían ocultarle a
veces su esplendor; pero con su trabajo mismo contribuía él al espectáculo
en el sentido de la poética natural.
Entre el ritmo que lo crea y lo recrea
a cada segundo, y las formas del universo, las vibraciones de la onda vital
constituían un encadenamiento continuo, sin desacuerdos, sin ruptura. No
fundaba el hombre su poder a expensas de lo sensible y lo concreto; no
sacrificaba el encanamiento del poema. Y con todo, la ciencia no es causa
de esas destrucciones, ni su separación
muchas veces obligatoria del arte; es
por el utilitarismo económico que el
hombre ba mancillado el poema, al
servicio de un interés para el cual no
existe forma alguna, y que mata la vida al matar la belleza.
La máquina, fabricante infatigable
de nuevas necesidades, es deificada
basta por los artistas, que ciegan fren-te a la mortal fealdad de sus amontonamientos; de su automatismo de esclavo se extrae la mecanización de las
disciplinas administrativas. El ritmo
viviente es destruido en todas partes.
Del vegetal al animal, incorporando a
la conquista una necesidad cada vez
más grosera, la abstracción satánica
prosigue sus hecatombes. Las mil formas de la especie son aplas'tadas, laminadas. El estereotipo reemplaza al
tipo. La falsa diosa Cantidad reina
sobre una inmensa obra de muerte, y
terminaría ahogándose a sí misma si
la divina Cualidad no mantuviera heroicamente en todos los órdenes los
poderes milagrosos de una poética.
Nos creemos muy fuertes por rechazarla como una ilusión y una fábula.
Y sin embargo sólo por ella vivimos.
A pesar de las sumersiones del interés
mercantil, las artes y aún las ciencias,
convirtiendo sus cimas en islotes, sólo
viven por el1a, en una tensión constante hacía un equilibrio, una armonía, un belleza que se trasciende.
El deseo, fundamento de la vida, es
inseparable de la belleza incluso en el
estadio de la simple función, porque
la belleza -aún aparentando ignorarse y negarse- es inseparable de la felicidad, nuestra esperanza al infinito.
Enlazada al sentido estético, esta aspiración nos salva. Pese a toda necesidad, pese a todo interés, no existe
ningún ser, aún entre los primitivos
o los menos delicados, que cediendo a
su naturaleza, al lugar y al instante,
permanezca insensible a ciertas fases
del "poema": alboradas o crepúsculos,
noches estrelladas, quejas o melopeas
del viento o de las aguas, olores atractivos, carnes delicadas, estaciones o
cosechas, mares o montañas, animales o plantas. Pero tan sólo están
penetrados de "poesía" aquellos que
renuevan sin cesar, que recrean en
ellos por el sentimiento las cosas y su
expresión.
A la poética general y como impersonal del universo se -agregan las poéticas de- los hombres, religiosas, sociales y politicas: disposiciones de la ra_:za, la época, el grupo. Nos demos o
no cuenta, cada uno de nosotros está
-sometido a una de esas disposiciones
colectivas, por las cuales interpreta,
adapta o falsea el gran poema universal. Algunas acrecientan en nosotros
la exaltación lírica, y nos ayudan a
sentirla mejor; la mayoría nos aleja
de esos esplendores, nos cierra a esos
encantamientos. Es que no son puras,
no están SEPARADAS DEL INTERES
que, suscitando la lucha sin otra necesidad que la de utilizar, propaga las
destrucciones. El carácter primordial
del mundo, lo que hace el poema, es
,sn gratuidad. Su razón de ser es la de
1,10 tenerla. Las poéticas. religiosas o
sociales de los hombres impiden al
hombre comprenderlo o, más bien,

LA SE UIA

en los atrios, golpean la tierra
con un eco invariable.
San Isidro, humedece las lenguas jadeantes
de los coros en los sembradíos.

I

Cierra esa herida de fuego,
ese palpitar que ahoga.

Acuclillado está el hombre

Dales tregua,

en largo cordón que aplasta las aceras.

yo me quedaré velando,

Un crespón de silencio baja a su cuerpo terroso,

hincando los dientes contra la tierra

al rostro desierto de sol;

aunque me queme la boca a las brasas de la arena;

al febril remolino de sus brazos

porque hay que seguir cavando

que la sequía ha arrebujado-

hasta llegar al hennejo raudal de su corazón,
y seguirlo mordizqueando como las cabras la hierba

Si alguién partiera su calma,

para que el río nos abra el cristal de sus pupilas

exhalaría del centro cálido, no un gemido,

y se desparrame, y se venga desagotando

sino esa tibia resignación de los cielos de Octubre

de parcela en parcela.

que mansamente se arquean sobre las llanadas

III

como un ojo de leche dulce.
De sus labios no sube la blasfemia,
está la quijada firme, el fervor de gigante llamarada,

Y cuando el río se abre

la obstinación del telar invisible de Penélope,

•

el sosegado pudor...

estremeciendo la pulpa obscura de los surcos,
¡Dios mío!, que ávida jauría se desata

. tras los escritorios, exprimiendo,

•

II

alumbrándose con el aceite santo
de las manos del campo;
trastocando la embriaguez de los corazones vírgenes.

Un rio es una criatura viva

Meneándose como una marea de arenas movedizas

por donde Dios hace correr

donde se hunde el hombre acuclillado.

el temblor maravillado de su esencia.
aceptarlo. No sólo se entrechocan, se
hieren y aniquilan al córrer hacia una
meta que se alza como un muro siempre igual que todo lo oculta, hacia el
punto fijo de un fin, sino que al querer incorporar a su juego la entera
poética del mundo y su misterio, su
infinito sin meta, pierden con el sentido del desinterés el secreto ,de su
valor que es más que servirnos, pues
es extasiarnos. La explicacióñ soberana del mundo exalta así ante todo la
estética. Tiene..por objeto el contemplarse, el intensificar e indeterminar
nuestra vida . por la suya en su propia
contemplación. La vida es por ende
inseparable del misterio universal. Las
poéticas de los hombres se enlazan por
lo que contiene de sentimiento, dependiendo así felizmente de la estética;
pero por sus lados pr·ácticos- finalistas
nos condenan al suplicio, clavan en
el hombre a un Dios sobre la cruz.
La historia . es la cadena de estas
poéticas colectivas, que favorecen más
o menos mal la corriente salvadora d e
la poesía y, en la exaltación, la aspiración a la belleza. Casi siempr;e tienden indirectamente a ella; su sostén
estético es de una insigne dehilidad
cuando no falta del todo- y nos deja
en el patíbulo a solas con nosotros
mismos.
El individuo interviene entonces con
su poética particular. De hipótesis en
hipótesis, de experiencia en experiencia, sobrepasando si.Je es posible los
límites de sus medios naturales,. el
científico persigue la felicidad y la belleza en la búsqueda de la verdad;· el
artista lo hace de sueño en sueño, a
través del juego de sus sentidos, en la

representación y la interpretación de
la vida. Ambos tienden a lo mas profundo de lo r eal mediante la creación
y la invención, sin que el científico
tenga derecho a condenar la realidad
del artista partiendo de la suya propia y porque ésta se halla apartada
de las apariencias. Las apariencias,
debidas a la limitación de nuestros
sentidos, no pueden ser denunciadas
por eso como ilusorias y engañosas,
por cuanto están ligadas a la realidad
misma del hombre, a las condiciones
vitales de sus reJaciones con la naturaleza. Por el contrario, nos engañaría la verdad científica si imagináramos posible vivir sin tener en cuenta
las apariencias del tiempo y del espacio creadas por nuestras harto débiles
aptitudes de tocar, gustar, ver, oír y
oJer. Desde que el universo existe a
la vez sin nosotros, por nosotros y en
nosotros, el científico &amp;punta a descubrirlo con toda independencia de
nuestras condiciones humanas y más
al1á de sus limites; mientras que el
artista busca absorberlo en sí dentro
de esos límites mismos, extendidos en
verdad a la medida indefinida del
mundo, y aún más allá, por el senti).niento. En los dos casos. la obra no
tiene nada que no sea poema, es decir
expresión de belleza nacida de un ordenamiento y una exaltación, suscitadora a su vez de una poética nueva,
más o menos unida a las restantes.
Asi se cierra y se abre, perpetuado,
el ciclo del poema universal al pequeilo poema individual, la órbita continua de poética a poética del que un
fJtiido inaprehensible, la misteriosa
poesía, es la corriente animadora.

Se tiene la costumbre de reducir a
una pequeña bola esa inmensa eSfera
que gira balanceada sobre sus dos polos de la ciencia y del arte, igualmente estéticos. Pero es verdad que la pequeña bola toma el valor de una perla, es el poema propiamente dicho,
amasado entre los dedos del creador
propiamente dicho, el poeta.
Y no lo es sin razón, pues el poeta
es el creador del Verbo, del elemento
que concentra y dispensa por excelencia los poderes de los demás. Todos,
científicos y artistas, tienen necesidad
de su concurso en alguna medida; posee la facultad superior de reemplazarlos a todos o, lo que viene a ser igual,
de dar la ilusión de hacerlo. En el
verbo vuelve a encontrar el poeta a
través del ritmo la potencia original,
fecundadora del mundo, y mediante la
voz }o dota de una seducción suprema,
el Canto.
Pero la palabra no es sólo nn elemento de exaltación y de creación, es
un instrumento de precisión y abstracción, al mismo tiempo que un medio
cotidiano de intercambio, de simple
utilidad. Entonces ya no es más la
vida misma, no posee la fuerza capital, frecuentemente es sólo la pobre,
mala, seca e incapaz sirvienta. ¡Ay!
Se cree indispensable, abusa de su papel, su tirania se insinúa o se impone
a toda hora, paraliza nuestros impulsos v es la ceniza sobre la llama. De
acn; rdo a las épocas y las generaciones, el poeta mismo se convierte en su
víctima. Las poéticas se acartonan, los
poemas . se vacian, la poesía se desvanece. Estamos ahora en una de esas
épocas.

Aquí es la configuración de nuestros semblantes,
y desde hace años, no ha sido
sino un regazo de lumbre obscuraSan Isidro, ataja con tu lazada ardiente

Como ves, padecemos una doble sequía.
Puedo seguir hollando hasta que el agua brote
aunque mis labios sangren,
pero, ¿cómo hendir la cuchilla
para que se ablande el alma y el amor nos ampare?
Enriqueta Ochoa.

los muslos empotrilados que desde al amanecer,

,-

"

)

l.__-.
~

_/
\\

'

Página 6

í

..,

(\

Página 7
•

�UEÑOS POEMAS
CIUDAD
Al alcance de mi mano, cuatro caminos abiertos
por donde no pasa nadie.
La noche, -árbol de frutos inalcanzablescrece desde las calles.
Sin marinerós ni buques, sólo el viento
puede alejarse.
De la ciudad surge un río,
¿a quién buscar entre sus aguas?

MUJER
Jardín donde pastan los torrentes,
agua del primer bosque,
llano extendido y cálido,
país de costas lamidas por mares de luz,
árbol donde todos los pájaros cantan,
aleteo del sol y de los astros
en un solo minuto eterno y blanco,
fiesta de música sobre el mantel del prado,
manzana de ámbar,
luminosa ola de silencio sobre el mástil de los barcos.

/

I

I

'

ATARDECER
La sombra del jinete sobre el naranjo,
la sombra del naranjo sobre la piedra,
la sombra de la piedra sobre el agua,
la sombra del agua sobre la noche.
Una mujer tendida tiene sueños de pájaros,
un hombre tiene sueños de ríos,
y la sombra tiene sueños de silencios y cruces.

GEOGRAFIA
El vuelo del pájaro tiene pico amarillo y cola verde
La sombra del pájaro se parte en dos: uva y limón.
Pero águila y tigre van de la mano de norte a sur.

Hugo PADILLA.

MULTITUD
Azules, verdes, negros, ·violetas
pasan los hombres sin mirarse.
De obsidiana, de jade, de tezontle
van por la calle.
Sus ojos nubes, piedras, lagunas
no miran a nadie.
Página 8

�</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </file>
  </fileContainer>
  <collection collectionId="213">
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="3142">
                <text>Armas y Letras</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="479186">
                <text>Es una publicación trimestral editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León a través de la Editorial Universitaria. En las páginas principales de Armas y Letras se incluyen textos literarios, particularmente poesía, narrativa y ensayo, de escritores destacados de la localidad, nacionales e internacionales. Inició en 1944 de manera mensual, se mantiene activa en soporte físico y digital.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
  </collection>
  <itemType itemTypeId="1">
    <name>Text</name>
    <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
    <elementContainer>
      <element elementId="102">
        <name>Título Uniforme</name>
        <description/>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="483417">
            <text>Armas y Letras</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="97">
        <name>Año de publicación</name>
        <description>El año cuando se publico</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="483419">
            <text>1956</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="53">
        <name>Año</name>
        <description>Año de la revista (Año 1, Año 2) No es es año de publicación.</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="483420">
            <text>13</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="54">
        <name>Número</name>
        <description>Número de la revista</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="483421">
            <text>10</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="98">
        <name>Mes de publicación</name>
        <description>Mes cuando se publicó</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="483422">
            <text>Octubre</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="101">
        <name>Día</name>
        <description>Día del mes de la publicación</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="483423">
            <text>1</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="100">
        <name>Periodicidad</name>
        <description>La periodicidad de la publicación (diaria, semanal, mensual, anual)</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="483424">
            <text>Mensual</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="103">
        <name>Relación OPAC</name>
        <description/>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="483440">
            <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1751803&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
    </elementContainer>
  </itemType>
  <elementSetContainer>
    <elementSet elementSetId="1">
      <name>Dublin Core</name>
      <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
      <elementContainer>
        <element elementId="50">
          <name>Title</name>
          <description>A name given to the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="483418">
              <text>Armas y Letras, Boletín mensual de la Universidad de Nuevo León, 1956, Año 13, No 10, Octubre </text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="39">
          <name>Creator</name>
          <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="483425">
              <text>Departamento de Acción Social Universitaria</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="49">
          <name>Subject</name>
          <description>The topic of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="483426">
              <text>Literatura mexicana</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="483427">
              <text>Historia crítica</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="483428">
              <text>Arte mexicano</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="483429">
              <text>Narrativa</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="483430">
              <text>Ensayos</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="483431">
              <text>Poesía</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="41">
          <name>Description</name>
          <description>An account of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="483432">
              <text>Es una publicación trimestral editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León a través de la Editorial Universitaria. En las páginas principales de Armas y Letras se incluyen textos literarios, particularmente poesía, narrativa y ensayo, de escritores destacados de la localidad, nacionales e internacionales. Inició en 1944 de manera mensual, se mantiene activa en soporte físico y digital.</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="45">
          <name>Publisher</name>
          <description>An entity responsible for making the resource available</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="483433">
              <text>Universidad Autónoma de Nuevo León, Departamento de Acción Social Universitaria</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="40">
          <name>Date</name>
          <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="483434">
              <text>01/10/1956</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="51">
          <name>Type</name>
          <description>The nature or genre of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="483435">
              <text>Revista</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="42">
          <name>Format</name>
          <description>The file format, physical medium, or dimensions of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="483436">
              <text>text/pdf</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="43">
          <name>Identifier</name>
          <description>An unambiguous reference to the resource within a given context</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="483437">
              <text>2014767</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="48">
          <name>Source</name>
          <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="483438">
              <text>Fondo Universitario</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="44">
          <name>Language</name>
          <description>A language of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="483439">
              <text>spa</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="86">
          <name>Spatial Coverage</name>
          <description>Spatial characteristics of the resource.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="483441">
              <text>Monterrey, N.L., (México)</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="68">
          <name>Access Rights</name>
          <description>Information about who can access the resource or an indication of its security status. Access Rights may include information regarding access or restrictions based on privacy, security, or other policies.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="483442">
              <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="96">
          <name>Rights Holder</name>
          <description>A person or organization owning or managing rights over the resource.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="483443">
              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
      </elementContainer>
    </elementSet>
  </elementSetContainer>
  <tagContainer>
    <tag tagId="26729">
      <name>Enriqueta Ochoa</name>
    </tag>
    <tag tagId="27515">
      <name>Menéndez Pelayo</name>
    </tag>
    <tag tagId="27526">
      <name>Novelas mexicanas</name>
    </tag>
    <tag tagId="3071">
      <name>Poesía</name>
    </tag>
  </tagContainer>
</item>
