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                  <text>�El Góngora de las Soledades.
de las obras maestras del idioma español, es imposible afirmar con certeza si ese soneto es realmente de Guevara. Para Alfonso ~léndez Planearle
la atribución es más que probable. Por
lo demás, otros sonetos de Guevara,
agrega este entendido crítico, "resisten
la cercanía de esta composición, especialmente el que empieza: Poner al
Hijo en cruz, abierto el seno ... que rectwrda al 1mís profundo de los sonetos sagrados de Góngora, venciendolo
en emoción y aún en valentía".
No siempre la ctiriosidad que despierta el pasado indio debe verse como simple sed de exotismo. Durante

el siglo XVII muchos espíritus se preguntan cómo C'l orden colonial podía

asimilar al mundo indígena. La historia antigua, los mitos, las danzas, ]os
objetos y hasta la religiosidad misma
de los indios constituían un universo
hermético, implacablemente cerrado; y
sin embargo, las creencias antiguas se
mezclaban a las modernas y ]os restos de las culturas indígenas planteaban preguntas sin respuesta. La Virgen &lt;le Guadalupe también era Tonantzin, la llegada ele los españoles se confundía con el regreso de Quetzalcoatl,
el antiguo rjtual indígena mostraba
turbadoras coincidencias Con el católico. Si en el paganismo mediterráneo
no habían faltado signos anunciadores
ele Cristo, ¿,cómo no encontrarlos en ]a
historia antigua ele l1éxico? La Conquista deja de ser un acto unilateral
de la voluntad española y se transforma en un acontecimiento es-perado por
los indios y profetizado por sus reyes
y sacerdotes. Gracias a estas interpretaciones, las antiguas religiones se enlazan sobrenaturalmente con la católica. El arte barroco aprovecha esta
situación, mezcla lo indio y lo cspafiol e intenta por primera vez asimilar
las culturas indígenas. La Virgen de
Guadalupe, en la que no es dificil adivinar los rasgos de una antigua diosa
de fertilidad. constelación de muchas
nociones y fuerzas psíquicas, es el
punto ele encuentro entre los dos mundos, el centro ele la religiosidad mexicana. Su imagen, al mismo tiempo que
encarna la reconciliación de las dos
mitades adversarias, expresa la originalidad de la naciente nacionalidad.
México, por obra de la Virgen, se re-

clama heredero de dos tradiciones.
Casi todos ]os poétas dedican poemas
a su alabanza. Una extraña variedad
del barroco que no será excesiva llamar c'guadalupano"- se convierte en
el estilo por cxcelcnci~ de la Nueva
España.
Entre los poemas dedicados a ]a Viren sobresale el que le consagra Luis
de Sandoval y Zapata. Cada uno de
los catorce ,•crsos de ese soneto -"alada eternidad del viento"- contiene
una imagen memorable. Zapata representa mejor que nadie el apogeo del
arte barroco y es cabal encarnación
clel ingenio de la época, linaje que no
carece de analogía con el wit de los
poetas metafisicos inglesl's. Apenas si
conocemos su obra, durante siglos sepultada y negada por una crítica tan
incomprensiva del barroco como perezosa. Los restos que han alcanzado
nuestros ojos lo muestran como un talento sutil y grave, brillante y conceptuoso. personal heredero de la doble
lección dC' Góngora y Quevedo. De cada uno de sus poemas pueden desprenderse versos perfectos, no en el
srntitlo inúnime de la corrección, sino
tersos o centelleantes, gr3.virlos o alados y siempre fatales. Su gusto por la
imagen insólita tanto como su amor
por la geometría de los conceptos ]o
lle·van a construir delicadas cárceles
de música para aves intelectuales. Y
así, no sólo es posible extraer de los
pocos poemas que nos quedan fragmentos cxtrafios y resplandecientes, sino dos o tres sonetos íntegros y todavia vivos, torres aisladas entre las ruinas de su obra.
Sor Juana Inés de Ja Cruz no solamenk es la figura más alta de la poesía coloniul hispanoamerkana, sino
que rs también uno de los espíritus
mi1s ricos y profun&lt;los ele nuestras letras. Asediada por críticos, biógrafos
y apologistas, nada de Jo que desde
el siglo XVIl se ha dicho sobre su persona es más penetrante y certero que
lo &lt;1uc ella misma nos cuenta en su
Respuesta a Sor Filotca de la Cruz.
Esta carta es ]a historia de su vocación intelectual, la defensa -y la burla- ele su amor al saber, la narración
de sus trábajos y sus triunfos, la critica de su poesía r de sus críticos. En
esas páginas Sor Juana se revela como

un intelectual, esto es, como ser para refrenar su pasión, sino para ahondarquien la vida es un ejercicio del en- la y, así, hacer más libre y querida su
tenclimiento. Todo lo quiere compren- fatalidad. En sus mejores momentos
der. Allí donde un espiritu religioso la poesía de Sor Juana es algo más
hallaría pruebas de la presencia de que confesión sentimental o ejercicio
Dios, ella encuentra ocasión de hipó- afortunado de la retórica barroca. E
tesis y preguntas. El mundo se Je apa- incluso cuando deliberadamente se tra.:rece mús como un enigma que como ta de un juego -como en el turbador
un sitio de salvación. Figura de ple- retrato de la Condesa de Paredes- la
nitud, la monja mexicana es también sensualidad v el amor al cuerpo anii1nagcn de una sociedad próxima a es- man las alu;ioncs eruditas y los juecindirse. Religiosa por vocación inte- gos de palabras, que se convierten en
lectual - y asimismo, acaso, para es~ laberinto de cristal y de fuego.
Primer Sueño es la composición más
capar de una sociedad que la conde~
naba como hija ilegítima- prefiere la ambiciosa de Sor Juana. A pesar de
tiranía del. claustro a la del mundo. que fué escrita como una confesada
En su convento sostiene, durante años, imitación de las Soledades, sus clifcun dificil equilibrio y un diario com- rencias profundas son mayores que sus
bate entre sus deberes religiosos y su semejanzas externas:
Sor Juaha quiere penetrar la realicuriosidad intelectual. Vencida, calla.
Su silencio es el del intelectual, no el dad, no trasmutarla en resplanclcciendel místico.
te superficie, según sucede con GónLa obra poética de Sor Juana es nu- gora. La ,•isiún que nos entrega Primerosa, variada y desigual. Sus innu- mer Sueño es la del sucfio de la noche
merables poemas de encargo son testi- universal, ('n la que el hombre y el
monio de su gracioso desenfado, al cosmos sueñan y son soñados: suefio
mismo tiempo que de su descuido. Pe- del conocimiento, sueño del ser. Nada
ro buena parte de su obrA se salva de más alejado de la noche amorosa de
estos defectos, no únicamente por la los místicos que esta noche intelectual,
admirable y retórica construcción que de ojos y relojes desvelados. El Gónla sostiene, sino por la ver&lt;lad de lo gora ele las Soledades, dice Alfonso
que expresa. Aunque dice que sólo es~ Reyes, ve al hombre romo un ºun huicrihió con gusto "un papelillo que lla~ to inerte en medio del paisaje nocturman el Suefío": sus sonetos, liras y no"; Sor Juana se acerca "al durmienendrchas son obras ele un gran poeta te como un vampiro, entra en él y en
del amor terrestre. El soneto se trans- su pesadilla. busca una síntesis entre
forma en nna forma natural para esta la vigilia, el duermevela y el suefio".
mujer aguda, apasionada e irónica. En La substancia de] poema no tiene ansu luminosa dialéctica de imágenes, tecedentes en la poesía de la lengua y
antítesis y correspondencias, se con- sólo hasta fechas recientes ha enconsume y se salva, se hurta y se _entrega. trado un heredero en José Gorostiza.
Jlenos ardiente que Luisa Labbé, me- Primer Sueño es el poema de la intenos directa también, la mexicana es ligencia, de sus ambiciones y de su
m{is honda y suelta, más osada en su derrota. Poesía intelectual: poesía del
rescna, mús duC'ña ele sí en su extra- desengaño. Sor Juana cierra el sueño
vío. La inteligencia no le sirve para dorado del virreinato.

ti?''

•

SALOMON
EN LA LEYENIJA

EIELICA
FRANZ BOUCHSPIES.

"Y luego le cantaré la manera muy lenta
De libar en tus labios tus besos dulces como dátiles
De liba!' en tus senos todas las flores
abiel'las: narcisos, claveles, rosas ....... ,

(MIRZA RAHCHAN KAYIL)

No hay quien no conozca de la historia de Salomón Rey de
Judá y de lsraél cuando menos ·aqllel famoso juicio hecho con
tanto acierto y sabiduría que le dió fama y renombre como corresponde a un gran monarca.
Es tal la gloria del Rey hebreo que los pueblos envolvieron
sus grandes hechos en el nebuloso mito que como otros soberanos de la Historia, Alejandro, César, Carlomagno y Napoleón
es difícil al escribir sobre su vida, separar la realidad de la fá,
bula.

l
,¡

•
1

Schelomeh (en hebreo, significa
hQmbre de paz) o Sulaimón Ben Daúd
(Salomón hijo de David) según la Biblia, fué fruto de un amor pecaminoso.
Cuentan que el Rey David, su padre,
paseándose al atardecer un día en la
terraza de su palacfo sorprendió el baño de la hermosa Bethsheba o Betsabé
esposa de su general Urías y se enamoro apasionadamente de élla.
A tal grado llegó el fue_go de su
pasión, que hizo matar secretamente a Urias quien se encontraba entonces en el campo de batalla luchando por su pueblo y por su rey. Hizo
que se simulara la muerte de Urias como si éste hubiera caído combatiendo
y se le otorgaron regios honores fúnebres como a un héroe mientras él tomaba por esposa a su viuda.
La cólera del Señor no se hizo esperar y cayó sobre la cabeza del rey,
con la fuerza del rayo. Dios envió a
su Profeta Natban para que le reprochara su conducta haciéndole el mal
que había cometido.
Como el Rey se obstinara en su pecado, Dios envió la peste, la guerra y
el hambre para que asolaran su país,
hizo que se extendiera el descontento
entre su pueblo y despertó la discordia entre los hijos de David quienes
arremetieron con furia unos contra
otros por envidia y por venganza.
Abshalom su hijo favorito, se levantó contra su padre y lo arrojó del trono siguiendo el mal consejo de algunos cortesanos ambiciosos. Fué muerto a manos de ]os hombres que servían
al Rey con gran dolor y desesperación
de su padre.
Aún después de haber recobrado la
corona, David sufrió mucho porque a
este horroroso pecado de adulterio
agregó su soberbia y vanidad pero murió finalmente reconciliado con el Señor a quien había ofendido, tras largos Y dolorosos Jladecimientos.
Nació Salomón, el año 1032 A.C. precisamente cuando su padre acababa de
obtener una victoria sobre los Cananeos Y obtener un fabuloso botín.
Al retornar a su tierra y entrar en
su palacio,• se le dió la noticia de que
Betsabé, su esposa favorita. acababa de
dar a luz a un hermoso varón, y las
profesias y presagios que siguieron a
su nacimiento, hicieron que David lo
designara su heredero en el trono.
Salomón pues, fué educado bajo la

vigi1ancia del profeta Nathan y el gran
Sacerdote Sadoch, como futuro Rey de
Judá.
Algunos cortesanos intrigantes y amhiciosos aprovechando la avanzada
edad del Rey David y su penosa enfermedad, pusieron en el trono a su hijo
mayor Adonias incapaz de gobernar un
reino y fácil presa de los que intentaban convertirle en su títere, pero
Betsabé ayudada por Nathan y Sadoch
o Zadok logró restituir la corona legitima a su hijo Salomón.
•
Este, babia crecido lleno de sabiduría y prudencia y si al subir al trono
obró con crueldad y severidad desterrando y confinando a su hermano
en un templo y haciendo ejecutar algunos sacerdotes y dignatarios que habían conspirado contra él, fué más por
asegurar la solidaridad de su reino
que por el impulso de la venganza.
Fue un hábil político y un terrible
guerrero, hizo todo por aumentar la
prosperidad de su pueblo y acabó con
las sublevaciones de los nómadas que
amenazaban la paz de su reinado. De~
rrotó a Hadad rey de los lduméos o
Edomitas el cual tuvo que ir a refugiarse en 1a corte del rey de Egipto,
país tradicionalmente enemigo de Israel.
Schelomeh o Salomón lejos de ser
pacífico como su nombre lo indica, fué
un gran guerrero, un sabio legislador
y un hábil político. Los tiempos que
corrían exigían para el pequeño reino de Israel un gobernante así. Salo-

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t

(Dibujo de Jorge Rangel Guerra)

món tuvo que castigar severamente y
ejecutar al Sacerdote Aliatar, y a otros
como J oab y Semci que conspiraban
contra él para poner en el trono a su
hermano Adonías. Finalmente éste último renunció definitivamente a sus
derecho$ de primogenitura y fué desterrado por su augusto hermano. Luego se sublevó el jefe arameo Rezan y
Salomón envió contra él su ejército, lo
derrotó conquistando para Israel, Damasco y parte del territorio enemigo
y el pequeño reino de Hamath que
también se había rebelado contra el
Ungido de Yahwé y consagrado Soberano de Judá en la fuente santa de
Gihon.
Finalmente el faraón Psuseneas
llamado por otros Siahmon le concedió en matrimonio a su bella hija
Anobbeth aunque se dice que no fué
la única mujer a la que Salomón amó,
pues llegó a tener sesenta esposas.
Psuseneas lo admiraba y con su apoyo
pudo Salomón pacificar su reino. El
Rey de Israel comenzó con los tesoros
de Da vid su padre y con la amístad y
ayuda de Hyram Rey de Tiro y de
Siamón faraón de Egipto, un reinado
fabuloso que enriqueció y dió la gloria a su país. Fortaleció al Ejército,
formó una Marina, fomentó el comercio y bajo la enseñanza de sabios artesanos fenicios, hizo de los judíos un
pueblo laborioso y hábil. Con riquezas traídas por sus marinos de lejanos países corno La India, Persia, el
fabuloso Opbir, Salomón construyó en
la ciudad de Jerusalen un templo digno de tal Rey y un palacio
magnífico, en la cumbre del monte de
Sión empleando en su construcción
cedros perfumados que mandó talar
del Líbano.
Su sabiduría no tenía limite, era famoso por los acertijos que imponía a
Hyram Rey de Tyro, el cuál cuando
no acertaba le pagaba un tributo fa.
buloso.
Sus pr°''erbios conservados en va•
ríos de los libros sagrados de los hebreos aún los encontramos en la Biblia como éstos:
''Presta atento oído, y escucha las
palabras de los sabios y pon en el Señor tu confianza."
'CV ale más un buen nombre que JllU·
chas riquezas, la buena reputación es
más estimable que el oro y la plata."
"Lujuriosa cosa es el vino, y está
llena de desórdenes la embriaguez; no
será sabio quien a élla se entrega ... "
"¿Que le aprovecha al necio tener
riquezas no pudiendo con éllas com•
prarse la sabiduría?"
"La respuesta suave quebranta la
ira; las palabras duras excitan el furor."
510 máximas del Sabio Rey Salomón
fueron recopilada$ por los que formaron el Libro Sagrado que aprovechará
el creyente que las medite y las siga
al píe de la letra ....
Se dice que el Señor le ilumínaba
a cada momento hasta en el momento
de impartir justicia. Cuentan que una
vez se presentaron ante el Rey dos mujeres con un niño pequeño alegando
las dos ser la verdadera madre del
tierno infante. Salomón invocando la
ayuda Divina, ordenó que el niño fue•
ra dividido en dos partes y a cada
mujer se le &lt;liera un pedazo.
Aparentemente era una gran crueldad del Soberano pero este sabio recurso dió sus frutos, Al oir la bárbara
orden del monarca, la verdadera madre prefirio renunciar a su bijo antes
que Yerle muerto mientras la falsa y
pérfida mujer accedía gustosa al fallo
del Rey. Salomón conmovido, entregó
el niño vivo a la verdadera madre que
por poco se vol\ió loca de alegria y de
dicha mientras a la falsa, la mandó
castigar severamente.
También narra la Biblia que una vez
terminado el Santo Templo de Dios y
colocado en el Santuario el Arca de

\

Página 2

Sor Juana cierrn el sueño dorado del virreinato.

Página 3

�gammanton) y huyó a Egipto, el J&gt;ais
de los placeres culpables. Desde entonces, penetrada de odio contra Eva

la Alianza delante del Oráculo, el ar.ca
santa que contenía las Tablas de la
Ley que Yahwé, Jeová transformado

y contra todo matrimonio legítimo,
ianzaba contra toda mujer embarazaw
da, maldiciones y dolencias crm•les.

en zarza ar&lt;lienle en lo alto del Sinai,

cntregú a Móisc, Mosche, Muza o Moisés, una niebla misteriosa llenó la Ca-~
sa del Señor y Salomón cayó de rodiJlas viendo en éllo una manifestación
de gratitud del Señor y con las lágrimas en los ojos exclamó: º¡No he descansado, ¡Oh, Dios! hasta ver concluida una· Casa para habitación tuya, para que sea tu firmisimo trono eterno
y bable de tu Gloria a los Siglos Ycni~leros !" dicho ésto, se postró y oró y
los Sacerdotes y el pueblo que se ha-

Pero en Egipto la descubrieron los tres
¡'mg&lt;'les, Senoi, Sansenoi y Scmangelof,
que Dios había enviado en su p~rse~uciún. Quisieron ahogarla pero ella .Juró con el juramento de los demomos,
que no haría mal a ninguna mujc.r encinta v a ningún niño que estuvieran

de

protegidos por los nombr_cs
los tres
itngelcs. De alli que las ¡udias en ese

Templo, judíos y árabes han formado

, estado, Jlc,·en siempre un amuleto con
los nombres de Senoi, Sanscnoi Y Scmangelof.
Lilith no es más que una variante
sin duda ele la fenicia Ashlhorl'lh, una

una multitud de leyendas que corren
de boca en boca y algunas han sido
reunidas en el Talmud.

divinidad de la fecundidad.
Un escritor de habla inglesa: Gardncr F. l;-ox escribió una novela no ha-

bían aterrorizado se tranquilizaron Y
le imitaron.

Sobre la construcción del Sagrado

La leyenda talmúdica, cuenta que

Salomón habia sido dotado por Dios,
del poder de im·ocar ·a los espíritus
Elementales e Inlernalcs y sugetarlos
a su poder e imponerles su ,·oluntad.

Se dice que escribió libros de Magia
de los cuales se conserva el famoso
"Cla\'icula Salomonis". Cuentan que
encerró a muchos espíritus en iinforas
selladas con el anillo Sagrado y arrojados al mar.
.
·
lblis o Shaitan y sus Elr,ts le esta-

ban pues sujetos.
Pero cuando comenz() la construc-

ción del Templo Santo, le fué vedado
a Salomón utilizar cualquiera de las

herramientas usadas en la construcción de cualc¡uier ediíicio.

Shelamch Ben Daúd reunió a sus
consejeros y los mi1s sabios y de vida
austera y santa le aconsejaron que utilizara un misterioso gusano que existía desde el principio de la Creación

llamado El Schamir c¡ue Móisc utilizó
,,ara grabar el nombre de las Doce trilms en el pectoral de Aarón o Jiaroun
y que era mils fuerte que cualquier

herramienta conocida. Pero el problema estaba en que solo Asmodai rey
de los demonios conocía el lugar donde se encontraba el gusano. Salomón
agradeció el consl'jo e inYocó a los espíritus que le eran sujetos y éllos Je
dijeron que Asmodai el demonio de la
Noche v Príncipe de las Tinieblas vivía en ~I Monte de la Obscuridad. Ha
escavado allí una fuente de agua clara tocios los días sube al Cielo a cscu,('har la Palabra (le Dios y por la noc·he regresa sediento a beber de la
fuente.
Salomón hizo presentarse ante CI a

(Dibujo de Jorr,e Rangel Guerrn)
éste se Jo había confiado al gallo Sil- maciones y supuso que Asmodai le h_aYestrc, el ave prodigiosa Jlamado Zig
el cual toca con sus patas la tierra y
con Ja cabeza el Ciclo y todos los días
saluda con su canto al Señor. El convocaril el iiltimo día del uni\'crso a

bia jugado una n~ala pasada a Salomon
y que no se qu1ta~a el c~lzado para
(IUC no lo dl'~cubrieran. Enton~es. P~~
nl'tró l'll la can~ara del trono ) p1d1?
al Hcy que. h1c1~•ra en su dedo como

todos los mortales en el \'alle de Josa-

antes el anillo Sagrado con_ los nom-

íath para que cien cuC'nta al Señor, de
sus acciones. Los- mismos muertos saldrán de sus sepulcros al escuchar el
canto vibrante ele Zig y se postrar:in
ante YahwC pidiendo misericordia.
Pues bien, es a este ser al que el Príncipe de los '.\lares confió El Scb~m~r
hariéndole jurar que nunca Jo deJaria
sin protección.
Salomón y Bcnaia partieron en busca de El Schamir y esta vez, la astucía -de Bcnaia triunfó sobre 1a sabiduria de Salomún. Bcnaia hizo constrnir
una campana de cristal que colocó sohrc los polluelos de Zig. Cuando éste
volvió para alimentarlos y al t•nco~trase con este obstúculo entre sus 111jos y él, sacó a El Schamir dt• doncle
lo tenía oculto para que cortara el
cristal. Benaia dando un fuerte grito

IJrcs de Dios gra~ac~os en el, Jo cual
era el sello Salo~1oi:uco.
Cuando Ben~1a iba a, colocarle , el
anillo, Asm.oda1 comcnzo a temblar.,
lanzó un ~r~to horroso ~ue se escu~ho
hasta Jer1co ): c~1~1enzo a crecer ) a
recobrar su &lt;liabollca forma hasta rlcsapan•(·er.
El Yl'rdadcro Salomón ocupó , Illll'vamC'ntc su trono Y eomprcndio que
un:1 vt•z había ofc•Illtido a Dios por su
soberbia y su codicia Y pidió perdón
al Altísimo por su pecado. Pero durant&lt;' la nocht•, hacia velar su sueño
por st•senta hombres armados Y ordent"l qul' los Saet•rdotcs ofrecieran sacrifieios y oraran por l'l, porque temía
el n•greso de Asmodai.
t·na figura &lt;1ur se ha inmortalizado
al lmlo de Salomún es la de la famosa

espantó al gallo silvestre que huyú ele-

Balkiss, reina de Saba Y su rcnombra&lt;la visita al Hry dt• Israel Y de .Tudú

jando desamparado a El Schamir. De
este modo, pudo Salomón construir el
Templo sin herramienta alguna.
Durante los 7 aiios ele la constfuccilio ele) Tt•mplo, Asmodai permaneció
encadenado a los pies del trono de
Salomón. (He leido un espantoso rt•lato en el libro de .James ::\fontaft'.uc
Hhodes "El Libro del Canónigo AlbL•rico", en los cuales Asmodai tomab.a
forma semi-humana ante e1 que 1111. · en qul'
raba la horrorosa ilustracwn
aparecía encadenado junio ª.1 tro~o (1e
Salomón, y lo asesinaba sin piedad
arrastrando su alma a los Infiernos.)
Salomón rada ,·t•z se veía presa de
)
la codicia lle acumular grant 1es t eseros v dr la secl tk pod(•r y de grand('S ·amhil·iones ,Ir gloria. l"n clía se
jactc'i clr ser el mús poc1croso monar e·a
de la tierni pero quería tt-ner (•I _PQ(.kr
Y la ruerw de Asmodai. El Pr10c1pc
;1e los demonios lo tentó prometiénclolc tal fuerza y poder si Jo desencadrnab::1 a lo CflH' Salomi)n acredió, pcr~
1 · Janzt!
tan pronto se viú libre, Asmoc_a1
a Salomón a mil millas de alh y tomo
la forma y el Jugar clel Hey de Tsral'I.
Ló prinll'ro ciur hizo ful' destituir.~
Bcnaia porque le molestaba; comeho
cruel&lt;lades, persiguió a los Sacerdotes,

con el que se suponr &lt;1ue tm·o un
idilio.
Se clice qut• la inspire) el glorioso
"Cantar de los Cantan•s'', e hizo que
Salomlm dudara de su fé r creyera
c.--n Ast:u1e diosa de la sensualidad para los sicionios y fenkios Y en Moloch
dios clt• los ammonitas.
La Biblia solo habla de una reina
:"1rabe c¡ut• dt'!tlumbrada por la fama ,le
Salomón S(' 1iro¡mso conocerlo y ful·
a visitarlo y para conocer su sabiduría le propuso ¡icrrtijos que Salomón
Bcnaia Ben Joiada su licl Canciller Y
t'escifró.
general de sus ejércitos. En su coi_nLos podas ilrabt•s la hicirron una
pallia marcht'&gt; hacia aq.uel lugar misJwc-l1ic·(•ra o una lamia &lt;1uc oc:-ultaha su
terioso l'D el cual se ocultaron hasta
pata de t·c1bru. ¿.Quit•n rs rsta princt•~
la nocht•. Asmodni llegó precedido de
sa pagana, a&lt;·aso la lklrna oriental'?
una furiosa tempC'stad escupiendo fueSi la heroin::1 ele la lliacla, la hermosa
f
go y hlasfemanclo. Salomón salió de
hija clr Lr&lt;la, la n•ina ele Esparta, assu escondite y conjurándolo en nom~
cinú a los a(•clas hl'lt•nos &lt;1ue la llamabre de Dios lo paralizó )' lo encadeno
ron la rrencarnación de Afrodita tliofuertemente sellando los eslabones con
sa de la jun•ntud, la hermosura Y el
el anillo Sagrado que llcYaba los nomamor, Belkis o Balkiss es la viva rebres de Dios. Este Anillo lleva grabaencarnación de Astarte, Ishtar o Ashdos los cuatro nombres del Señor
torl'th adorada como la diosa de la senconque los creyentes y Cabalistas l?
suulidacl y de la fecundidad por sninvocan que son: Yalnvé, Adona1,
m(•rios v fenicios.
Elohim o Elohá (este último significa
Helcn~t es la Yenus lmmana del Ocmajestad en hebreo). Los Cabalis~as
cidenle v Balkiss es AslartC rediviva
llaman este conjuro. Tetragammanton,
L'n l'I OrÍenk, en Asia Y )(esopotamiu.
persiguió a los sabios Y a los creyen~
llcll'na C'ausó la clestrucci()n de Troque significa en griego, "los cuatro ll's
intentó destruir el Tt'mplo y gozo
nombres".
a l~s esposas dr Salomón. La disc.or- n1, Balkiss ocasionú la cairla de un
Asmodai quiso romper en vano los dia \' la confusión reinaron en el remo gran Hey: Salomón. Del lfonoteismo
eslavones y comprendió entonces que de Salomún mientras éste vagaba ¡~or cayó en la idolatría por causa de su
estaba completamente en poder de Sa- países extranjeros como un menchgo h(•rn10sura.
Su leyenda, recut•rda la dc Lilith la
lomón y furioso dcsatú terrible tor- \" cuando aseguraba que era el fam_oso
Heina de los Demonios en 1a tradición
menta por donde c¡uicra quc pas~ba ilev Salomón, se burlaban ele él.
v se burló de Salomón porque un s1m~
·i·oclo mundo estaba extrañad~ del hrbraica.
Lilith, primera mujer de Adam, eriai&gt;le mortal quería el dominio de los cambio que ofrecía el RC'y &lt;l_espues d_ e
la desaparición de Asmocla1. Benaia, tura alada y dl' es1&gt;léndida cabellera,
espíritus.
Salomón lo hizo conducir ante su ~abien&lt;lo que el Rey no S(' desca_lzaba abanclonl, a su esposo porque no satistrono \" )(' interrogó sobre el paradero .,nunca ni para dormir sospec J10 que facia sus desordenados apetitos sexua(Ícl Sc.liamir y Asmodai contestó mal- 110 era el YCrcladero Salomón porque les y se entregó a la ~lagia Negra. Llahumorado que El Schamir había sido los demonios consen·an siempre 1as mú a Dios por su nombre prohibido
confiado al Príncipe de los mares Y patas dt• gallo a pesar de sus t rans for- (uno de los C'uatro nombres del Tetra-

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ce mucho, inspirado en el supuesto idi-

lio de Schelomeh y Balkis.
En él, Salomón, joven y ambicioso,

intenta fortalecer su ejército al Yer
que su pueblo está siempre amenazado
por sus vecinos y de incógnito, acompañado solo por Benaia marcha al extranjero en busca de un prodigioso fabricante de armamentos al que encuen-

tra en Saba o Shcba tras de numerosas aventuras y le compra grandes cantidad&lt;'s de su mercancía al industrial

aqnél.
Aquello llega a oidos de Balkis reina
ele Saba &lt;Juien suponiendo que t•s un
gran personaje, lo hace 11evar a su prew
sencia y es grande y agradable su sorpresa al ver que Salomón es el extranjero que la ha sorprendido días
antes t•n el baño y el cutH ignoraba
&lt;1ue se trataba de la reina. La hermosura de Balkis es maravillosa y fascina
a Salomón, Salomón que vive alejado
de su joven es1)osa Anohbet quien lo
rechaza por sus creencias, Salomón
que jovc"'- y ardiente 'está sediento de

Y la voz airada de Dios brota en
medio de la tempestael y exige a Salomón que retorne a la fé de sus pa-

dres y ele su pueblo y le promete la
victoria sobre su hermano pero antes

debe olvidar a la divina Balkis y a su
ídolo Astarté.
Salomón lo jura y llega a Judea en
los instantes más críticos para su país.

Anohbet acude a su lado, le dá su amor
y lo anima en la batalla. Finalmente
Omri muere en el combate y J othab y
su esposa caen prisioneros. Salomón
los hace ejecutar y ocupa nuevamente
su trono amando cada día mas a su esposa Anohbet quien ahora corresponde a su cariño y ha renunciado a sus
viajos y milenarios dioses egipcios.
La paz y la prosperidad retornan al
sucio de Israel y Salomón gobierna sabiamente apoyado por el consejo de
Sadoch y la fuerza de Benaia.
Entre tanto, Balkis seguida de un fabuloso séquito, se presenta en Jerusalén con grandes regalos y pregunta indignada a Salomón:
"¿Cual es el amor que no mucre?"
lingienclo proponerle un acertijo Salomón responde impávido: "Muere el
amor de hermano y el amor filial, mucre el amor a la patria y el amor a Dios.
El único amor que no muere es el amor
a si mismo."
Balkis queda sorprendida de su sabiduría y no quiere renunciar a su
amor aunque Salomón y Anohbet la
tratan fríamente como un valioso•lmésped y desesperada intenta envenenarlo
por medio de otro. Salomón descubre
el complot y hace ejecutar al asesino
pagado por Balkis pero perdona a la
hermosa reina su imprudencia y ligeresa.

El Cantar ele los Cantares, el que los
cristianos ha considerado un coloquio

alegórico y erótico entre la Iglesia y
su esposo Jesuscristo, es considerado

por los poetas de todas nacionalidades, razas y credos, una joya de la literatura amorosa aunque algunos duelen de c¡uc lo haya compuesto Salo-

mlm.

He ac¡uí algunos de sus versos:

Habla el esposo enamorado:
"¡ Que hermosa eres amiga mía, qi.re
hermosa eres! como la paloma. así son
tus ojos, además de lo que dentro se
oculta. Tus cabellos dorados y finos,

como el pelo de los rebaños de cabras
que vienen del monte de Galaad.

excede a todos los aromas.
Son tus labios, oh esposa mía, un
panal que destila miel. Miel y leche
tienes debajo ele la lengua ............ "
Ahora titaré un fragmento de la res-

en flecos.
¡ Cuan bella y agraci~da eres, oh
amabilísima y clcliciosisima princesa!

puesta de la esposa:

"Dormía yo, y estaba en mi corazón
velando¡ y he aquí la voz de mi amado, que llama, r dice: Abreme, her
acabadas de lavar, todas con dobles mana mía, amiga mía, paloma mía, mi
crías, sin que haya en ellas una esté- . inmaculada; porque está Hena de roril.
cío mi cabeza, y del relente de la noComo cintas de escarlata tus 1abios, che mis cabellos.

clulce tu hablar. Como cacho de corteza de granada roja tales son tus me-

jillas, adenuls de lo que dentro se
oculta.

Tu cuello es recto y airoso como la
lorrc de ll:1'"id, ceñida de baluartes de
In cual ('LJ&lt;'lgan mil escudos. arneses
todos clt• valientes.
Tus clos pechos son como dos gamitos mellizos, c1ue cstan paciendo entre
blancas azucenas hasta caer el día y
al declinar de las sombras.
Subiré a buscarte al n1onte de la mi-

rra )' al collado del incienso. Toda
eres hermosa, amiga mía, no hay defl'cto alguno en ti.
\'en del Líbano esposa mía, Yente
del Líbano; ven y !:erús coronada; ven
ele la cima del monte, Amana, de las

cumbres del Samir y del Iíermón, de

son tus dos pechos. Es tu cuello terso
y blanco como torre de marlil (2). Tus

ojos son como los cristales de los es..
tanques de HesCbón, situado en 1a
puerta más concurrida de las gentes.
La nariz tuya tan bien formada como la graciosa torre del Líbano, que
mira frente por frente a Damasco.
Elevada y majestuosa es tu cabeza,
como el )lonte Carmelo, y los cabellos

Tus dientes blancos y bien unidos
como hato de ovejas trasquiladas,

Y rcspondílc: Ya me despojé de mi

tllnica, ¿me la he de voh'er a poner?
Lave mis pies ¿y me 1os he de volver
a ensuciar'!
Entonces mi amado metió su mano

por la ventanilla de la puerta y a ese
ruido que hizo, se conmo,·ió mi corazón ...... "
Es cierto que se encuentran frecuentes repeticiones en el texto que sin embargo embelJccen el poema y así, el
t•sposo dire m:is adelante:
" ... Las junturas de tus muslos son
como goznrs, o charnelas labrados de
mano maestra ....
Ese es tu seno cual laza hecha a
torno, que nunca está exhausta de preciosos Hcores. Tu vientre como mon..
toncito de trigo, cercado de azucenas.

Como dos cervatillos mellizos (1)

de élla, como púrpura de rey puesta

parecido es tu talle a la gallardía de
la palma, y tus pechos a ]os hermosos
racimos.

Yo digo: Subiré a esta palmera)" recoger«'.- sus frutos. y serán para mí tus
pechos como racimos de uvas, y el
olor de tu boca, como de manzanas,

la ,-oz de tu garganta así deleita como
el más generoso vino ...... "

~lorc¡ué con el (1) y el (2) los versos
semejantes al texto anterior para ha ..
cerios notorios pero con todo y éso,

el poema es de una belleza oriental
digno de Haliz y Firdusi y si Salomón
hubiera escrito tan solo ésto, hubiera
bastado para hacerlo grande y glorioso.

Dice la Biblia que habiendo reinado
cuarenta años, Scheloméh Ben Daúd,
murió y fué enterrado al lado de sus
padres mientras su hijo Roboam to.

maba las riendas de su glorioso Imperio. Su obra solo perdura en la me-

moria de sn pueblo, en lós anales .d e
su raza, pero en el correr de los siglos,
su figura legendaria vivirá en el cora-

zón de los hombres como la de otro
Alejandro.

¡Capitán, mi Capitán!

amor y ele lujuria. El Hey de Israel cae
en los brazos de la clulcc y adorable
soberana pero cua'ndo ésta sabe que
es el gran Salomón, su ambición .desmedida se despierta y propone a Salomón un plan para alcanzar el dominio
del mundo entre ella, y él :r c.•l rey
Hrram de 'fyro.

(HOMENAJE A

Salomón se resiste y linge ceder Y

LINCOLN)

i Oh capilán, mi capitán. el viaje medroso felizmente ha terminado.
Libróse.el barco de la nube oscura y se ha obtenido el galardón ansiado.
Está próximo el puerto: ya se oyen las campanas y el ruido plañidero
de la anhelante multitud que sigue con la vista la marcha del velero.

la reina de Sabá organiza grandes fiestas en su honor y en el de la &lt;liosa
Astarté en cuyo culto inicia a Salomón,

Srhelamch olvida a Yahwé y st' arroja ('11 los brazos de la sensualidad
nbandon:l.nclosl' a la embriaguez y a la
orgia t·tl'rna en que se vive en Sabá.
Entre tanto, en Jcrusalem, su hermano Jothab hace una alianza con el
filisteo rey Omri de Gaza y se une en
matrimonio ron la hija de l•stc, para
apoclcrarsc del trono de su hermano.
'.\randa matar secretamente a Saloml&gt;n
y a Bcnaia pero fracasa. Anohbel que
hasta entonces despreciaba a Salomón
,. a su Dios abandona el culto ele Osi~is y de Amón Rah aconsejada por el
Sac~rdote Sadoch o Zadok y em·ia a
uno de sus hombres puestos a su servicio por su padre Siamón Firaoún o
íaraún de Egipto, a Sab3. en busca deSalmuc"in y de Henaia.
También pide auxilio a su padre el
fara6n quien envía tropas para apoyar
a Salomón su aliado y yerno.
En tanto, Salomón, sorprendido 1&gt;or
el emisario egipcio en medio de una
lujuriosa orgía y en los brazos de Batkis avisa al Rt•y de Judá el peligro que
corrt• su pueblo. Salomón sale de su
ktargo y vueke a su patria prometiéndoll' a Ba1kis regresar pero en el desierto rs sorprendido por el Simún o

esos Jugan•s guarida de leones, de esos
montes morada de leopardos.
Tú heriste mi corazón, oh hermana
mía, esposa amada, heriste mi corazón
ron una sola mirada tuya, con una
trrnza de tu cuello.
¡ Cuan bellos son tus amores, hermana mía, esposa ¡ más agradables son
tus pechos que el vino exquisito; y ]a
fragancia de tus perfumes o vestidos

iCorazón!, icorazón), icorazón mío!
iOh, las gotas de sangre cómo caen
manchando la cubierta donde yerto
mi capitán descansa, frío y muerto!
iMi capitán!, levántate y escucha las campanas monótonas doblando.
Le\'ántate, que izan la bandera y está el clarín tu gloria pregonando.
Por ti hay ramos de flores y coronas; por ti acude la gente a la ribera;
por ti es que clama la ondulante masa que ansiosamente tu llegada

t

espera.

1.

\

•

~

~

'

Coloco capitán, padre querid~,
mi brazo fiel bajo tu cuello yerto.
Parece que es un sueño contemplarte
tendido en la cubierta, frío y muerto .
No me responde el capitán: sus labios quedaron sin color y sin sonido.
Insensible al contacto de mi brazo, ni voluntad le resta ni latido.
El buque ya está anclado, sano y salvo; el viaje temoroso concluído.
La nave vendedora arribó al puerto desempeñando bien su cometido.

iCelebrad,
Y mientras

playas, y sonad, campanas!
tanto, yo, con paso incierto,
camino en la cubierta donde inmóvil
mi capitán reposa , frío y muerto.

tempestad de arena. El rey de Israel
aterroriza,lo, invoca temeroso el nombre de Yahwé a quien ha ofendido gra-

\VALT \VHITMAl'\J

,,emcnte. En el Decúlogo Yahwé exl•
~ia '"Xo tendrús olro dios delante dit,
mi".

(\'ERSIOX DE CESAR ABDAI.LAII PORTALA)
._ (Dibujo de Jorge Range/ Guerra)

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�Cuando Juan la invitó a pasear, ella -ligada al cielo, a la mente delante de sus ojos. Casi Jo oltarde, a su dicha- había accedido. En su mismo tacto iba sin- vidó culpándolo de. ser en lo real alto
fino, como si provocase impulsos
tiendo aquel gusto por huir las aristas de un alma cuyo filo la yelevados,
tal como si fuese terriblehabía lastimado profundamente, sin entenderlo.
mente inalcanzable.
iba atando -por el vientoLa imagen de Juan -hoy que se aproximaba ya la hora- unaLossonrisa
mutua que se quedó fija
estaba sonriendo desde sus dientes blancos, equívocamente. Fué en sus labios, como un marbete; pro•
un asalto de angustia que paró la alegria de acicalar su cuerpo, longación en él de su saludo y delade preparar su alma, de poner lindamente en el jarrón vacío unas ción en ella de aquella imagen que
flores frescas recién nacidas en el huerto, para dejar su cuarto de gozaba; y, mucho tiempo después, ya
perdidos entre las gentes que transidoncella limpio de sombras, esperando.
taban los sitios que cruzaron, advirtió
¿Por qué la miraba Juan así? ¿por
qué, si ella, al acceder, encontró inocentes la mirada de Juan, la actitud
de su súplica, la holgura de un paseo?
sí ella meditó tantas veces ese desprendimiento de su orgullo -y ahora, cómo lo hubiese conservado- ¿por qué
le perseguía contorsionándose lastimoso, saltando hasta morderla? Había
mantenido hasta entonces su orgullo
con fervor. Con fervor grande. Grande
como la repugnancia que tenia por las
mujeres fáciles que se abandonan a la
más ocasionada solicitación. Mas no
era facilidad en ella ni abandono; y
todas sus maceraciones obedecían a
ser siempre la que se había soñado.
Desnudaba en sí, cuando por su pieza fué y vino en pos de esto, de aquello, de lo otro, muy largos minutos,
todas las situaciones, las palabras-que
tomaba con tiento, colocándolas fuera de su ser, como las ropas que examinaba ahora antes de ponérselasque ocurrieron cuando él la había inviµdo; buscó en todo apresuradamente y no encontró nada: el matiz de una
palabra, el giro de un ademán; buscó
de nuevo, defraudada, con lentitud,
como los niños que en la risa de su
infancia destruyen un juguete hoja por
hoja, parte por parte, para saber cuál
es su corazón. ¿Y entonces cuál era
el corazón de esta zozabra? Juan era
para su pensamiento como la composición de lugar en los ejercicios espirituales: "Verá el ánima un muchacho ... " ¿Por qu~ estaba Juan siempre
ahí? Sólo necesitaba su actitud. Sentía que aquel rostro la turbaba, que su
hermosura no la dejaba recordar, pero sus manos se aproximaban a su
cuerpo para empezar de nuevo la tarea trascendente de averiguar, ya no
las palabras de Juan, sino su propia
intención que la iba a salvar siendo
pura, que por serlo parecia ya sin riesgo lo demás. Cuando un movimiento
cualquiera de su cuerpo o de su espíritu le trajo esa especie de canción
monocorde, la llevó sin cansancio a
uan forma tranquila en el amor de
haberlo hecho todo bien, y, al salir
de su casa, en el camino de la cita,
evidenció su alegria refrescante como
aquel aire nuevo que ahora acariciaba
su nariz.
Traía un vestido claro, propio para
salir al campo o para quedar en el
paseo de un jardín. Amaba el campo.
Gustaba del sol de los jardines. Eran
éstos los lugares que siempr~ escogió
ella: el campo, porque bastándole su
vista no la dejaba. pensar en esa serie
incontenible de cosas pequeñas que
formaban su mundo, que la separaban
de una comunión con lo que la rodeaba; siempre que iba a él no le eran
sus ojos suficientes, que botaban de
sorpresa en sorpresa como de loma en
Joma hasta enloquecer. El jardin -solo y sin ruidos- por que su decoración familiar, harto conocida, le permitía siempre un recogimiento hasta
abrazar más su estrecho mundo y porque, evaporando tantas necesidades
exteriores, quedaba lllcida, apretujada,
mientras derramaban sus cosas interiores todo el jugo de su emoción en
esa secreta alquimia de su ensimismamiento. Ella había de decirle cuando
lo encontrase: "A un jardín o al campo".
-Vamos al campo-, dijo él-. ¿No
te gusta?

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Quedó sorprendida, pero tuvo en la
boca una sonrisa que fué de complacencia por su adivinación y la respuesta sin frase. Irían allá donde sus
ojos se perdieran. Buscaría la ocasión
de sumergir sus manos y sus pechos
en el agua del aire, hasta nadar. Llenando el ruido de sus cabellos el caracol de sus odios, se imaginaría la
sirena del monte, del mar del monte,
de las aguas del campo, del oleaje del
cielo. Se le perdió la voz y la mirada
en un fresco murmullo de limpieza.
-Cuando te vi a lo lejos, no creí
que eras tú, pensé que de nuevo te
equivocaba. Hace un cuarto de hora
viniendo para acá; entre la gente, en
dirección contraria, iba un muchacho
como tú, igualito. Casi no quise verlo; desee que quedaras en libertad.
Había empezado, con dolor de ella,
aquel alegre desnudamiento. Adelgazó
luego su voz y rauda, ya sin querer
hablar, se olvidó de la oferta contemplando aquel instante -asombro de su

Juan que aún seguía la sonrisa puesta
en sus bocas, movible siempre, siempre distinta de si misma y siempre
igual.
¿Qué gusto artero la empujaba? Porque comenzó entonces a hablar ocultándose en medio de aquelÍa exhibición absurda de sonidos como si la interminable permanecía de su sonrisa
le llenase la boca de palabras, y se puso a contar lo que había visto en la
calle, en su casa, a reírse de todo, a
comentar todo también.
Desasosegaba a Juan aquella avenida de frases, pero quedó mirándola
desde aque1Ia ventana de su rostro moreno, fija su boca en el reposo que
esperaba, viéndola con deseo como a
una flor que de buena gana cortara,
pero cuya belleza nos pide, por su sola
presencia, que dejemos su vida -para
seguir el curso de la naturaleza en oh~
sequio de nuestro encant0- y nuestra
complacencia aCcede, y quedamos felices. Hasta movió una mano satisfecho
y sonrió más. Comprendió ella la equi-

lFllClHIA
UIN CUIIENlíO lDIE
Alfonso Gutiérrez Herrnosillo
encuentro- que la obligó a no mirarlo
con franqueza al encontrarlo porque
se extrañó de que no fuese como ella
le esperaba: más grueso, menos alto,
con una sonrisa diferene que, acaso,
fuera la misma sonrisa que la conturbó. Todas las ideas que se había formado de él en el camino sobre todo
luego de · haber encontrado aquel muchacho que se parecía tanto a Juanestaban más concordes con ella que su
realidad. Y a pesar suyo entonces,
fué imponiéndose un aire enrarecido
que la ahogaba. Cortó su ademan el
cristal de una sonrisa sonora y sana,
y una segura voz:
- ¡Es posible que no me conozcas!
Seria mejor sentir, como a la salida
de su casa, el aire fresco. Sería mejor
no pensar más; pero acatando el gusto que le ocasionaba el aire -de la calle, la espumante caída del vestido que
golpeaba sus muslos, el transitar ruidoso de la gente, se esforzó a no tener
de ella misma otro sentido que aquel
físico empuje de su cuerpo, a cambio
del desintegramiento de su intimidad
que, dañoso, se acentuaba en si misma por momentos, al percibir su oído
el taconeo de su calzado o alguna cinta volante del vestido le golpeaba las
manos. Y entonces, la imagen que ella
traía de Juan, tau distinta de ese otro
que iba cerca de su mano, le respondia mucho mejor y, más a su alcance
--como si fuese más humana- menos
dificil de guardar, la exponia limpia-

voca actitud de su alegria y concluyó
defendiéndose:
-Porque a veces me gusta hablar
sin decir nada, como si lo único importante fuera mi ,,oz que busca el filo del aire y hallar asi la espada más
aguda de Ja sensación que todos amamos.
-Piensas tú mucho en esas cosas-,
dijo Juan lentamente-. Te importan
demasiad() esas formas minúsculas y
egoístas del placer y descuidas los
grandes vientos, las merejadas de una
pasión. ¿ Cómo, entonces, gustas de]
campo? ¿qué somos en el campo? Lle•
ga uno a él y al comenzar su gozo
- la vista del paisaje lejano, el cielo
limpio o }as nubes- notamos que él
se apodera de nosotros, que luego ya
no somos nada, y quedamos disueltos.
El más hermoso cielo de la ciudad no
nos roba; es como si el ruido de las
calles o los alambres de los teléfonos
nos retuviesen generosos. En el campo,
deio de ser yo mismo.
Ella volvió el rostro a mirarlo. Juan
continuó:
- Por eso vengo, hoy, contigo. Tú
vas a retenerme. Serás el ruido de la
calle, la más hermosa casa que impida mi pérdida. Desde tus ventanas voy
a verlo. i\le sera suficiente, de pronto,
la pared blanca para recuperarme, en
un instante, solo.
En aquel sitio, dorado por la tarde,
el musgo se alargaba.
- ¿Dónde quieres sentarte?

Quedó muda a la vista del campo,
temerosa de zozobrar en él. Buscaba
un apoyo que la salvase como si las
palabras de Juan, hasta entonces, le
revelaran un peligro espantoso. Veía
los itrboles, las franjas verdes y abiertas de la gleba alegre de su parto; las
randas ya dispersas de las nubes; la
atmósfera que inundaba los rincones
de la vida; sus manos que se alzaron
para abrazar todo el mar de la tierra,
del cielo y de los horizontes. Y quedó
entonces sobrecogida y gozosa porque
eran las cosas quienes venían acercándose hasta ella en espíritu a musitarle
y no ella quien iba, desbocada, hacia
las cosas. Mas no comprendía sus voces, y el estremecimiento que le puso
en su cuerpo el golpe repentino y vivaz de las aguas del aire, fué como
una corola perdida y pequeñísima, sola de pronto y sin nociones, adolorida
de no pensar lo que bailaba, de no poseerlo con integridad, de no desentrañar ninguna de las mil cosas ocultas
que palpitaban fuera, ondulantes y vi
vas, graciosas como ella misma, hasta
que al fin se halló ante los ojos alejados de Juan, quien preguntando alguna cosa a que el1a no respondió -suspensa como estaba en la contemplación de la riqueza externa, de su interna pobreza, con un sentido exacto
y arrollador de su tormento- babia
quedado mirándola.
-¿Qué dices?... Vámonos ...
El Comenz&amp; a reir. La veía azorada
y pensó que tenia miedo. Pero no hizo
m:ls y ayudándola a alzarse de la hierba quedaron los dos en pie, viéndose
el rostro, mudos.
-Está bien. Yo te invité a pasear
porque ... Donde tú estés a gusto.
Todavía quedaron penosamente viendo al campo un momento, aupados en
el alto pretil. Luego le tomó el codo
de su brazo para que tuviese un apoyo y escapase así de manchar su calzado en el lodo que estaba a un paso
de ellos: y comenzó ~ hablar con la
indiferencia del que se encuentra bien
en todas partes.
Decía lo que pensaba y una correspondencia igual se mantuvo siempre
en aquel juego difícil colocando sus
frases en el lugar donde se babia dormido el pensamiento. Ella tomaba el
brazo de su amigo para apoyarse con
firmeza. Y un largo rato se fueron
conversando.
En cualquier pausa él alcanzaba al
vuelo el hilo de su idea m:ls sutil y lo
engarzaba en frases para que luego
llegaran las demás. En una mano el
gorro de su amiga, a veces lo acari~
ciaba. Sentía ella turbación y alegria
hasta que una congoja inexplicable la
fundió, por que un deseo indecible
que hasta hoy sólo la iba asediando,
comenzó a ponetrarla por todos sus
poros hasta irradiarla más allá, a un
lugar espeso y desconocido cuyo viento la empujaba de nuevo a Juan que,
habiéndola besado suavemente -tenia
el escozor sobre los labios-, le eantaba una suave canción. Se enredaba a
su cuello y a sus manos, la cubría como un nuevo vestido y la desnudaba
de pronto y la poseía. Bajaba ella su
cabello para cubrirse, pero sólo alcanzaba hasta su cuello. Seguía 1a canción
larga y dulce: era la voz de él, imperturbable, que en ese momento la robaba. Y cerrando los ojos al andar,
echaba atrás un poco la cabeza y dilataba su nariz como si una palabra, un
gesto de su amigo, descorriendo una
cortina, le mostrasen un mundo. Primero una canción, después un mundo
y el giro de ese mundo y 1a órbita de
todos los mundos imaginables, rojos e
hin:ientcs. Primero una canción, después un mundo en el que estuvo por
morir. Aquel grito de su carne le abría
uan oquedad dentro del pecho y se
llenaba de pronto -inmaterialmentecomo si se le hubiese abierto para sólo
eso en aquel sortilegio de amor que,

por fuera, le sacudía ligeramente como un abanicó de gracias.
Ella, en ]as manos de su sueño, era
como nna tela desgarrada; era igual
que de plata, llena de ondulaciones y
reflejos, larga a todos los aires de su
vida. Y ella misma se apoderaba de
una punta, con afán delicioso, a.trayéndola, y en cuanto lo lograba envol- ALFONSO REYES: Obras Completas,
Tomo 11'. Fondo de Cultura Econóviase estrecha, en el deseo de una pomica. México, 1957.
sesión.
Soplaba el aire del campo, y al atraer
a su oído las palabras de Juan, medio
A partir de 1955, el Fondo de Culapagadas en la soledad que encendía
tura
Económica ha venido publicando
la Jinterna mágica de sus voces, colas
Obras Completas de Alfonso Reyes.
menzó a imaginarlo todo cada vez más
lejano. Y no volvió la cara hacia él, Han aparecido, hasta la fecha, los cuacomo ducfia de algo de que no qncria tro primeros volúmenes. En ellos, Rehablar. 'Miraba hada fuera, con los yes recoge los teXtos de sus primeras
ojos, cerrados, todo obscuro; veía ha- ~pocas, tanto mexicana como extrancia 1kntro todo lleno de luz. Un pun- jeras - España, Francia- . Desde sus
to verde, uno 'rojo, una eflorescencia, )Jrimeras obras, este escritor mexicauna raya, se dibujó en el ámbito, tré- no poseia el dón del estilo, la nécesamula, 1a CLlr\' 3 que su mano iba a se- ria claridad mental, la vasta y viva
guir a intentar una caricia por las pla- cultura que siempre lo han caracterinicies encantadas de uu rostro -raro zado. Estos tomos muestran las distinrostro ele JUan y entonces sus ojos se tas preocupaciones de H.eyes: la ficderramaron mús hondamente de la tie- ción - véase El plano oblicuo, libro
rra a su alma. i\o importaba entonces innovador en su momento- , la poesía
cuúl era el ritmo de su pasó ni el fal- - Valery Larbaud considera Visión de
so apoyo de su cuerpo; y en la clari• .\náhuac como "un verdadero poema
nacional mexieano"- , el ensayo - El
dad todavía serena de la tarde, siguieca:ador,
El suicida-, la crónica -que
ron por el camino del paseo, apretanalcanza
óptimos
momentos en Las vísdo ella el nudo de su regocijo cuando
peras
de
Espwia. Si Reyes practica
a él se Je iba de las sllyas aquella misteriosa razón que le había confesado: todos los géneros, ]os temas que trata
-- Porque a veces me gusta hablar tienen, asimismo, Wéntica amplitud:
lo mismo esiudia a un poeta mexicano
sin decir nada, como si Jo único im•
"Los Poemas rústicos de manuel Joportante fuera mi voz - ¿qué era aquí
sC
Othón"-, que a un escritor español;
la voz sino el silencio?- que busca el
igualmente
se interesa por la filología
filo del aire y hallar así la espada más
que
por
la
filosofía; junto a "retratos
aguda de la ·sensación que todos amareales'' crea "retratos irhaginarios"; lo
mos.
Huía, huía aquella razón de su con- . mismo se refiere a la cultura francesa
cirncia torpe, entre las parvadas jubi- que a la inglesa, que a Ja de otros paíJosas, llenas de blancura que fingian ses; si en momentos es erudita, en
otros es divUlgador; la seriedad la alsus palabras.
Su camino era lento, mas nada lds
urgía apresurarse. Porque Juan, alumbrado de ternura, se inclinaba un poquito hacia ella y al \'Cr el filo pequcfi.o de la nariz y la sonrisp. abandonada que enrojecía los labios de su ami.
ga, se sentía agradecido. Ni siquiera
pensú en urgir una palabra y preíirió
hablar frliz hasta desenvolverse como
un carrete que ha esperado su hora.
~ ... aún es temprano.- Dijo .
Ella volvió los ojos en un despertar
rilpido, lleno de espanto.
Y recorrió mecánicamente con la
vista todo el cuerpo úgil ~· delgado de
su compa1i.ero, temblando enojada de
sentirlo tan próximo. Quiso ir a un
sitio lejano, estremecida. No supo hablar, y a su oído llegaba, la voz y ceo
qne su sombra en la sombra repetía,
aquella palabra: "Aún es temprano",
a cada instante, con una claridad que
jugaba barajas con las hojas, y que ]a
puso de nuevo en el sillón del tiempo,
la apo)·ó en los cojines del espacio como una paralítica a quien por caridacl
se reintegra al sitio que ocupaba en C'I
goce de su salud. Quedó deshecha. Ni
siquiera notó que su mano apoyada en
el brazo de Juan estaba ahora en la
misma mano de él. Le pareció que al•
terna con la risa y la sonrisa; el cosa•
go la iba desnudando a los ojos del
yo encuentra su contrapartida en la dimundo y quedaba al viento, sola y envagación. He aquí el sumario de los
ferma ,lcstimera de ayes perdidos, con
cuatro primeros volúmenes:
Ja vergüenza entre las manos, hecha
en el aire un mundo de dolor, c9nver•
tída a los ojos de todos, al tacto de
Tomo I: Cuestiones estéticas, Capitulas
su miedo, en el revés de su honrada
de literatura me.riccwa y l'aria.
aparienci:.l, en tanto que el cielo, como una banderola, flotaba y le expo- Tomo 11: Visi6n de A111íhunc (1519),
nia cruelmente su deseo.
Las vísperas de Espaiia y Calenda~o supo como había separado de si
rio.
tanto aquella proximidad perturbadora de su amigo - mantenido en ella co- Tomo IIT. El plano oblicuo, El co=odor,
mo una m~moria lejana que lo apro•
El suicido, Aq11el/os días u Retratos
ximaba a él al mismo tiempo, con la
reales e imagimzrios.
faz de un deseo, de una irrealidad.
Una tácita repulsión, un miedo exácto Tomo l\': Simpatías u diferencias (prila alejaron de Juan, la hundieron de
mera, segunda y tercera series), Los
temor y así, apenas dijo:
dos caminos, Reloj de sol y Páginas
adicionales.
-Vamos más aprisa.

L I BRO S

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4

1

L

•

•

ALAS CASAS EDITORIALES YA
LOS SEÑORES DISTRIBUIDORES
YLIBREROS DEL CONTINENTE
La Universidad de Nuevo León ha
mantenido desde su fundación un vas~
to plan editorial que desarrolla al través de publicaciones cuya circulación
comprende a todas las Instituciones
oficiales, universitarias, académicas,
ateneistas, centros culturales, sociedades de diversa índole y personas, en
América y Europa.

JOHAl\l\ES BOHLER: Vfr/a y cultura
en la Edad Media (2~ ed.) 286 pp.+
16 láminas. Fondo ele cultura Económica. ~iféxico, 1956.

Vida y cullul'a en la Edad Media es
un libro que responde plenamente a

Entre el cuerpo de ediciones que
aquí se imprimen figura nuestro mensuario ·'AHMAS Y LETRAS", que recientemente ha establecido una sección -LIBROS-, en la que figuran
comentadas las obras últimamente aparecidas en las prensas americanas.

Dada la extensa órbita de circulación del Boletín arriba mencionado, y
en interés de ofrecer al lector ameri•
cano una juiciosa información del fon~
do y continente de la obra, cotejada
a la luz de un criterio ecuánime y a
tono con la moderna interpretación
del pensamiento cientifico, literario o
artístico, "ARMAS Y LETRAS" se COJII·
place en invitar a ustedes a coadyuvar
con este propósito de orden cultural
que anima a la Universidad de Nuevo
León, solicitándoles el envio de cada
una de las ediciones nacidas en sus
prestigiosas prensas, las cuales serán
objeto de nuestros comentarios, en la
l;n relato que no se pierde en el . medida que vayan llegando a nuestras
cuento ni se enreda en fechas, sino que manos.
utiJiza la anécdota por su valor ejemLos envíos deben hacerse a:
plar · y que señala los períodos como
otras tantas tónicas de la vida medie"ARMAS Y LETRAS",
Yal, acerc{mdonos nl hombre de esa
Universidad de Nuevo León,
edad, a sus ideas, a sus esperanzas, a
sus temores, a sus luces y a su barbaPlaza del Colegio Civil,
rie, como se dan, inevitablemente, en
Monterr~y, Nuevo León,
todo hombre histórico, y no en el Hbuen
México.
salvaje" ni en el "hombre emancipado". Pero tampoco se reduce, en este
su empello ,·iyo, n una psicomaquia de
"concrpcioncs del mundo" y de "acti~
tucles", aunque les de toda 1a importancia qm• merecen. Ya Ja introducción, 'sobre los tres fundamentos", nos
instruye acerca de la perspicacia de
Bühlcr para sortear los peligros que
una palabra tan solemne - fundamento- trae consigo. En Jo que respecta
al "fundamento germano" nos pone en
Ürgano Mensual de la Universidad
guanlüt contra una "germanidad" con.
cebida como entelequia que se desade Nuevo León
rrolla desde dentro, cuando acaso lo
qul' mejor caracteriza a los germanos
RC'gistrado mino arlículo de 2a. Clase en la
C'S sn poder asimílador, asi como tamAdmón. de Correos &lt;le Monterrey, N. L., el
bjén nos ponr sobre la mesa de estudio la mica sali.'i con que hemos de
20 de Ab,,I de 194-l.
condimentar relatos de César y de Tácito que. adcmús de la que le corresINDICADOR,
ponde, llevan la ·autoridad pegadiza de
la secular y clúsica 'letra escrita".
Colaboradores

su título, porque no es una historia
c11lf11l'al de esas a que nos han acoslumbrado- seguidores más o menos
afortunados del gran Burckhardt. Más
que de una excursión, se trata de una
incursión, apasionada y respetuosa a
la ycz, por los tirmpos medievales que
rl panfletismo político había simplificado demasiado con su manejo abusi,·o cid claroscuro. Una incursión que,
al final de ]a jornada, nos trae el relato fiel ele lo que el autor ha visto como un capítulo vivo de la gran biografía del hombre.

rmasy

~!RA

La misma circunspección podemos
encontrar en esos periodos de senectu:;, inventus y vfrtus con que encuadra, en términos no propiamente biológicos, las etapas históricas de la vida medieval. Y, todavía, al hablar de
la vida económica en concepto de "infraestructura", precisa los puntos y
comas c¡uc hacen humanamente admisible esta metáfora. El estudio de los
estanl('ntos medievales resulta realza•
do, sin falsiíicación, por la pasión
contemporánea que nuestra "lucha de
clases" imbuye al historiador que vive entre nosotros. El pasado cobra su
propia contemporaneidaa gracias a la
contemporaneidad nuestra, humanamente sentida y comprendida, es decir, sin prejuicios pero hondamente.
El libro, con todos estos antecedentes,
resulta de una lectura apasionada y,
al mismo tiempo, instructiva en el sentido pleno del vocablo.

l lugo Padilla
fidencio de

la Fuente

Gcnaro Salinas Quiroga
Arturo Cantú S.

Homero

A Garza

Alfonso Rangcl Guerra
Guillermo Cerda G.
Jorge

Rangel Guerra

l\'lanuef Morales
Oibujoll de Jorge Rangd Guerra
Dire&lt;;lor

Le. Fidcncio de la Fuente
Oficinas
Washington y Colegio Civil

Monterrey, Nuevo León

MEXICO

Págip.a 7

�ENTREGA INMEDIATA
Vine a Lerdo.
Estoy bajo un granado florecido
que turgente, palpita como si el sol
le hubiera prendido llamas de alcohol en cada rama.
Sobre los peroles, dormitan
en sopor enervante los insectos,
y el bermellón de los ciruelos
en un rincón dulce construye su miel.
Hay veces en que amo el sitio en que nací,
sólo porque la luz del verano se anticipa
oliendo a madurez todos los años.
En realidad vine a leer, a reposar,
a huir de los brutales maretazos
en que mi corazón se rompe contra los recuerdos,
pero he terminado como siempre:
astillándome al querer penetrar, escalando tinieblas,
el corazón de las cosas.
Doblándome cargada de una ardiente exhalación
en que empujo palabras y palabras al papel.
¡Oh enardecida seguedad lamia!,
pronto seré un piélago sombrío
cuando el radiante toque del angel
desmiembre mis sentidos,
y un zarpazo final me emplomize la luz.
¿Qué te diré, Dios mio, en esa hora
si no tuve obediencia ni reposo,
si no he hecho mas que esculcar ilícitamente cuanto veo,
y arrancarme los ojos para vaciarme el mar?

en cambio si te pido: quémame.
Sí, quémame la boca con la lumbre más santa,
rásgame de improviso la entraña adormecida
y deshazme en tus limos níveos
para entregarte algo, Señor,
un grito como un monte azul desflorado hacia el viento
donde los niños bajen a beber
la niebla luminosa de una tierna leyenda,
y los hombres asciendan en espiral de llanto
hasta tus plantas.
Mientras te hablaba, el sesteo pasó.
¡Qué despertar, que borbotear de vida!
El parral como lámpara verde espejea
remejando sus racimos, y le conversa al aire.
La lumbre del granado, aspira los sollozos
del papel en que escribo.
El cristal translúcido de las alas
en los insectos que revolotean, tiembla,
y el humo plateado que recubre los higuerales, centellea.
Es la hora Señor,
están mis ojos asomados, sin tiempo,
y tengo el alma de hogueras apretada.

ENRIQUETA OCHOA.

. II.
Cuando la hora llegue,
tu entrarás a la herida de mi vientre obstinado,
y se te encogerá el semblante ante la cova lóbrega
donde nunca brotó ni una brizna de hierva.
Iras hacia mis manos, encabritados puños,
que jamás descendieron como luz deslumbrante
hacia la tierra.
Entreabrirás mis labios, y un zumo de concentrado acerbo,
bramara, desgarrando.
Y tus ojos, racimos de dulzura,
se mojarán mientras mi corazón se rompa;
porque lo que te entrego no es el fruto
de la semilla que aventaste a mi pecho,
sino el producto de un miedo bronco e irrefrenable
hacia el diario trajín.
¡Soy tan frágil Señor, tan frágil,
que se tensan mis nervios al toque
de una luz que varía,
y me vuelvo sonámbula, o fiera enardecida ..•

• 111 ¡Si yo tuviera un hijo, •.. Dios mio, un hijo
con su vida pendiendo de mis manos,
¿no te defraudaría?
Y si me tomara dádiva,
¿cuántos alucinantes vacíos derramaría sin tino?
No, no puedo, es un terror extraño,
Página 8

(Dibujo de Jorge Rangel Guerra)

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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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