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                  <text>�LOS DIVERSOS ASPECTOS

Eso basta para que leamos su obra con cuidado, sin buscar, como muchos
lectores, tal imagen audaz o de una evocación impura. Poemas del remordi-

Pués bien, tenemos un pretexto (el acercamiento de estas dos fechas:
1857-1957), para hablar de Baudelaire. Pero ¿cuál Baudelaire vamos a estudiar? Porque existen muchos y el corlo tiempo de una conferencia no nos

miento, poemas del pecado, poemas de la desesperación, poemas de la condenación posible, que algunas veces olvidamos de leer hasta el cabo. Por ejemplo, el de las "Mujeres Condenadas" cuyas últimas estrofas superán hasta la

permite verlos todos. Existe un Baudelaire crítico de arte que se aventura con

voz profética de Bossuet o de los místicos:

¡Oh, Belleza ¿qué hacer? tú lo quieres! ¡tú imperas!
con tus ojos de fuego, brillantes como hocrncras
calcíname estos restos que han dejado ]a/fieras'.
S?bre el ~ismo tema existen varios poemas, mucho más fuertes y realistas,
p~ro este, mas que los poemas c~ndenados y sus evocaciones , oluptuosas o
v1?lentas,. traduce la lucha, despues el abandono, y una especie de resignación

el pintor Delacroix a seguir las huellas de una imaginación supernaturalista

1

que ya es un surrealismo. Existe un Baudelaire crítico musical que escribió

Bajen, bajen, lameniables victimas

sobre Wagner páginas profundas. Ppdieramos hablar del genial traductor de
Edgar Poe, al cual supo dar, en Europa, el éxito y la gloria. Pudieramos hablar también del autor de los "Poemas en prosa" que plantean demasiados problemas, pero que, sobre todo logran alejarse del todo de la prosa poética, de

bajen el camino del eternal infierno

Inste a la fatalidad del pecado.

húndanse en lo más profundo del pozo donde todos los crímenes
flagelados por un viento que no viene del cielo

. Conocimiento tambien del hombre, el conocimiento de París. Baudelaire

o~_ia a la Naturaleza y hace de la gran capital el clima de sus versos. La reco-

hierven en desorden con ruido del trueno.

las frases abundantes y muchas veces vacías de Chateaubriand para acercarse

g10 por todas_ :t:t~rtes, conociendo sus callejuelas, sus cantinas más feas, sus
casas de perd1c10n.

(Femmes damnées l.)

al contrario al estilo seco y sin edad de nuestros neo-clásicos del siglo XVIII.
Existe por fin, el poeta amargo y terrible de ºMi corazón desnudo" y "Cohetes".

Pero le dejaremos también por hablar del magnífico poeta maldito de 'Las
Flores del Mal".
ASPECTOS DEL POETA MALDITO

acerca a Baudelaire, y muchas veces podemos evocarle al lado de nuestro poeta:
el Dante del Canto V. del Infierno.
ORGANIZACION EXTERIOR. (Dante)

Este se presenta bajo dos aspectos: el del "dandy" de 1842, y del poeta enfermo y ya condenado de 1857. Entre estas dos fechas, la eclosión de "Las
Flores del Mal".
En 1842, Baudelaire ,•ive en París en el hotel Pimodan. Teófilo Gantier
nos retrató la entrada, la puerta lúgubre con su cerradura mohosa, el patio so-

La Diana cantaba en los patios marciales
Y el viento matutino soplaba en los fanales.

1

Era la hora en que vaga pesadilla indolente
tortura en sus almohadas al bruno adolescente·

Baudelaire babia pensado, para el viaje al cabo de la noche al cual nos

lemne y húmedo, la escalera de estilo Luis XIV, las pinturas obscuras y las
pesadas cortinas. El joven Baudelaire se complace en vivir ahí, entre estas viejas paredes y estos viejos muebles llenos de recuerdos y de nostalgia; se complace en abrir los baúles venh·udos en los cuales duermen todavía cartas de

lanta con delicias, pués él conoce más que nadie "los pliegues sinuosos de las

0

el dia muestra un haz de co·sas que se escapan.

Aquí y allí, empezaban las cas3.s a humear.

Este circulo es el más largo. El segundo es París, en el cual Baudelaire se ade-

Las bijas del placer en actitudes muertas,
el retardado sueño dormían boquiabiertas;

viejas capitales. El tercer circulo es el del Vino, de la borrachera pesada. El
cuarto es el del Mal, el circulo del pecado de la carne y del vicio, el de los

La aurora tiritando iba, con paso incierto
lloviendo una luz verde sobre el Sena desierto
Y, frotando, París, sus ojos de coloso,
empuñaba sus útiles, anciano laborioso.

doce poemas más audaces en los cuales, a pesar de ésto, podemos oír la voz
Un viejo arcón colmado de_escombros, un armario
con papeles, novelas, billetes expresivos
y rizos de cabellos envueltos en recibos

. . . .. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. . ' ....... .

los diversos circulos, y esta vista rápida de la obra no expresa más que el contenido exterior del libro. No es una explicación .

Yo soy un "boudoir" lleno de rosas profanadas
en que se apilan mustias las modas aviejadas
y en que hasta los 11 b0uquets" de color desmayado

exhalan un olor de frasco destapado.
(Spleen II)
En estos años de juventud, no tenemos solo un poeta futuro: ya tuvo tiempo para escribir los más asombrosos poemas de su obra: 16 al menos, entre los .
más hermosos que concibió. Es de notar que antes de su salida para los mares
lejanos, en 1842, había recitado, con voz fina y voluntariamente fría, pero imperiosa, el poema atroz de "Una carroña" o "Las estrofas a Louchette" y
"A una mendiga bermeja". Como Arturo Rimbaud, Baudelaire fué un poeta precoz; y sus primeras obras ya contienen todo su conocimiento del hombre.

Verdade~amente Baudclaire añ_adió a la pocsia francesa un registro nuevo,

!ª

el de
pocsia de las grandes capitales, con su profundidad vertiginosa. Pero
el Parts de Bat~delaire no es el de Víctor Hugo, ni el de Balzac, ni el de Francís
C_arco. El Pans de Baudel_aire no es sobre todo el "París by night" tan artifi-

1 et. Juan Camborde: "La Poesia de BaudeJaire", a quien este estudio debe mucho.

c1~l como las luces de neon, y que se ofrece a los turistas extranjeros. Es el
pats verdader~ de Paris, la ciudad misteriosa en la cual el cuerpo y el espiritu

SIGNIFICADO INTERIOR

d_el poeta se 1nerden. Pozo espantoso en el eual Baudelaire encuentra las vic-

Para penetrar la significación profunda de "Las Flores del Mal" hay que
seguir al mismo poeta. No es una casualidad si el circulo más importante se
llama "Spleen e Ideal": ahi está lo im¡iortante. Esta lucha del hombre, esta

timas más tristes de la miseria humana.

"LOS CIEGOS" (CXVI)

palpitación de los instintos, esta respiración de la vida, son los verdaderos ca-

rácteres de la poesía baudeleriana. No importa el lugar ocupado por cada

¡Alma mía, contémplalos! Son tristes, espantosos.
Vagamente ridículos, maniquíes siniestros,
Y, como los sonámbulos de la noche maestros
fijan, !sabe Dios dónde, sus globos tenebrosos.'

poema. Lo que importa es saber si viene entre los poemas de "esperanza en
el sueño, o al contrario, entre los que expresan la caída Y el ahogamiento re-

petido en la realidad. Para huir de este posible ahogamiento, Bau&lt;lelaire busca
con inquietud todas las evasiones que le parecen permitidas. ?e usó demasía•

Pero el segundo aspecto de Baudelaire, el más conocido, trasmitido por
las fotografías de Carjat o Nadar, a pesar de ser menos seductor, es más interesante. Aparece el poeta con los rasgos burilados, los ojos crueles, la boca

d
'ft

amarga, y la cabeza inclinada. Nos aparece asi como el viejo payaso de sus
"Poemas en prosa": "... el pobre payaso encorvado, caduco, decrépito ... No
lloraba, no bailaba, no accionaba, no gritaba; no cantaba ninguna canción ni

. !. ·-,,,

, -- . __.

feliz ni lamentable, no se quejaba. Estaba mudo e inmóvil. Había abandonado
todo, había abdicado. Su destino estaba hecho. Pero ¡ qué mirada profunda,

, . -~,,;
~· '·", 11tí{
, ·' 1- -. 1 · l/ 4:

inolvidable pasaba sobre la muchedumbre y las luces ... !"' Así se nos aparece el

1¡,

••
~

;. ~

poeta de "Las Flores del Mal".

d.11

....

Sus ojos, donde falta la centella divina,
como si se clavaran en lo lejano, al cielo

mos a ver unos de los poemas que expresan más la miseria del hombre y los
intentos para salir de ella. Son los más conocidos.

miran siempre~ jamás su cabeza se inclina
con el peso de un sueño para buscar el suelo.

-

"UNA CARROÑA"
Alma mía, recógete y recuerda el objeto
que hemos visto esta mañana
al volver de una senda, un infame esqueleto
sobre la tierra lozana .

;r,,

éi'¡_ . ';I

do esta palabra de "evasión", pero no supiera convenir mejor que a él. Y va•

11
1

..

...

.. .

...

FALSA INTERPRETACION'

. . . . . . . . . . . . . .. . . . . . . . . . . . . . . . .
Todo aquello tenía un fluvial movimiento
o chispeaba y se perdía;

Se leen mal las mal nombradas "Flores del Mal". Digo las mal nombradas
porque este titulo que debemos a una plática entre el poeta Y un amigo, no co-

dijérase que el cuerpo, gracias a un vago aliento
multiplicándose crecía.

rresponde más que a un solo aspecto, -el menos importante- de ciertos poe•
mas de la obra. "FÍores del Mal" es el subtitulo de once poemas, y nada más.

Aquel caos sonaba con extraño rumor
como el agua por el sendero,
o el grano que, en continuo ritmo, el acechador
vutilve y revuelve en su harnero.

y sin embargo, muchas veces se juzga la obra a través de estas dos palabras
que son un verdadero desafío a la opinión pública. Teó[ilo Gautier, a quien

Baudelaire dedicaba sus poemas, es en parte responsable de la leyenda de inmoralidad de la cual se rodea el nombre de Baudelaire. En efecto, descubre

¡Pensar que tú serás igual que esta basura

en la poesía de éste "tonos de putrefacción adelantada, amarillos de bilis, gri•
ses plomizos de nieblas pestilenciales, verdes envenenado~ y metálicos oliendo

y que esta horrible infección,
estrella de mis ojos, sol de mi noche obscura,

a arsenato de so~a. betunes recocidos y quemados en todas las frituras del infierno". El deber de todo amante de la obra baudeleriana estriba eu hacer justicia a tal acusación de inmoralidad y de gusto al vicio.

tú mi Angel y mi pasión!. ..

Esta incomprensión no resiste a un estudio serio. El mismo Baudelaire

Magnifica y nueva evocación del terna de la muerte del cuerpo y de la
descomposición de la hermosura; tema muy frecuente en la poesía de la Edad
Media, pero también profundidad de la palabra religiosa: "Acuérdate, hombre,

probó engañarnos. Pero hay en su obra cierto acento que no engaña. La lucha
continua entre el Spleen y el Ideal la Materia y el Espíritu, esconde una intenna duda: "¿Hay que decir a usted, que no lo adivinó más que los otros, que

"CONVERSACION"

nostalgias locas, etc. El carácter excepcional de la obra de Baudelaire está en

~ ~ \'

7 ~~--:

encontrarse en la encrucijada de mil expresiones diferentes de una misma
desesperación, y en dar de ella la fórmula a la vez más general y más rica.

¡,

¡No se engañen ustedes! Este libro no es un juego. Dante y Pascal son los úni-

na duda: "¿Hay que decir a usted, queno lo adivinó más que los otros, que
en este libro atroz puse todo mi pensamiento, todo mi corazón, toda mi reli•
gión (disfrazada), todo mi odio? Es verdad que escribiré lo contrario, que juraré que éste es un libro de arte puro, de mueca, de charlatanería; y mentiré
con toda la boca".

He a qui ahora el pecado de la carne y la caída:

-

rable", "Lo Irremediable".
En todas partes, no son sino sueños interrumpidos, despertares amargos,

antes de su muerte~ el 28 ele febrero de 1866, Baudelaire no nos deja ningu-

que no eres más que polvo".

~-~·- ----::

no estén marcadas por los estigmas de lo que Baudelaire llamaba "Lo Irrepa-

cos que se acercan a tal patetismo, el primero con serenidad y como si no estuviera en causa, el segundo con inquietud porque los otros están en causa,
pero los dos con la fé. En una carta célebre, escrita a un amigo, muy poco

'

Cansa al hombre escribir y a la mujer amaJ·.

mo el poeta florentino por Virgilio, no es otra cosa que la condición humana.

sorda del arrepentimiento. Bajemos más: estamos en el quinto circulo, el de
la Rebelión con su terrible satanismo. Por fin, viene el circulo de la Muerte, y
estamos al cabo del viaje. Desgraciadamente, el libro está inacabado: otros
poemas hubieran debido ilustrar algunos temas sacrificados, para equilibrar

'

e~;,;~•~~•;¡~·];~¡~ ·;;r~~~- ~;;.- ¡;; lá~~i1~;;; i~~;n

convida, en un titulo medio religioso medio herético: "Los Limbos". Asi hubiera acabado el viaje de Dante en esta región vagamente entrevista por la teología, sin color y sin vida, sin dolor y sin pena, también privada de éxtasis y

de penitencia. El primer circulo en el cual bajamos, guiados por el vidente co-

amor y retratos. Y nos habla de

"EL CREPUSCULO DE LA MAÑANA"

Pocos versos, en la poesía universal, tienen tal fuerza. Sólo un poeta se

...

/JI? :· ,·¼\ :'
~¿)

-

Eres cielo de otoño rosado y misterioso,
pero como el mar, vasto me envuelve el dolor,
y al retirarse deja en mi labio moroso
de sus limos amargos el punzante escozor.

-

/

"

,(/,~-

~ -- ~~. ;_ .'...../

,.,

.

Y atraviesan así lo negro ilimitado,
hermanos del eterno silencio; arrebatado,
i oh, ciudad I en lo rojo de tus siniestros fuegos,

Y en la gran baraúnda de tu placer cegado,
¿ves?. yo también me arrastro, pero, más desdichado,

me chgo: ¿qut\ hallarán, en el Ciclo, los ciegos?
"LAS VIEJECITAS" (CXV)

............ ... ......... ...... ...............
¡Estos monstruos han sido mujeres en su día,
Epónima o La'is ¡Monstruos rotos, caídos
o encorvados ¡amémosles ! Son almas todavía.
Bajo refajos rotos, bajo fríos tejidos,
se· arrastran; bambolean si el aire se levanta,
se paran cuando pasan los ómnibus horrificos
y aprietan contra el pecho, como reliquia santa,
un bolso en que hay bordados, flores y jeroglificos.

Pero el poeta quiere escaparse de esta realidad. Evasiones fracasadas: por
la inspiración poética, por las artes, por la música; evasión por el exotismo
el viaje, por ejemplo en:
'

"LA CABELLERA NEGRA" (XXIV)
¡ Oh, trenzas, que se rizan en copiosa blandura l

¡Oh, bucles! ¡Oh, perfume de ardiente dejadez!
¡Jlxtasis!... Porque puedan llenar mi alcoba impura
los recuerdos que impregnan tu cabellera obscura,
como un velo en el aire, la agitaré una vez.

......... .............. . .. ............... .
'

Cabellos azulados, pabellón extendido,
dejad que como nuevo cielo nocturno os , 1ea,
en el bozo, rebelde al mechón retorcido,

No palpes con tu mano mi pecho dolorido,

dejad que aspire ansioso el olor confundido
del sándalo ferviente, del almizcle y la brea.

lo que buscas no existe, saqueáronlo ayer
los dientes y la garra feroz de la mujer;
no tengo corazón: las fieras lo han comido.

Por largo tiempo ¡siempre! cabellera de raso

Entró en mi corazón, trás una lucha ruda,

te sembraré de perlas, de rubíes ; ¡si al paso
te encontré por azar,_ya nunca más te pierdo!
¿,Xo ,has sido tú el oasis donde sucfio y el vaso

la Turba ... y canta, y bebe, y se mata sañuda.
¡Qué perfume rodea tu garganta desnuda!

donde bebo, a raudales, el vino del recuerdo?
(Pasa a la página 5.

Página 2
Página 3

�LAS ~IUCHEDUMBRES
O A TODOS les es dado tomar
un baiio de multitud; gozar de
la muchedumbre es un arte; y
sólo puede darse a expensas del género humano un atracón de vitalidad
aquel a quien un hada insufló en la
cuna el gusto del disfraz y la careta,
el odio del domicilio y la pasión del
viaje.
Multitud, soledad: términos iguales
y convertibles para el poeta activo Y
fecundo. El que no sabe poblar su soledad, tampoco sabe estar solo en una

N

muchedumbre atareada.
Goza el poeta del incomparable :pri,,ilegio de poder a su guisa ser él Y

ser otros. Como las almas errantes en
busca de cuerpo, entra cuando quiere
en la persona de cada cual. Sólo para
él está todo vacante; y si ciertos Ju-

gares parecen cerrársele, será que a
sus ojos no valen la pena de una visita.
El paseante solitario y pensativo saca una embriaguez singular de esta
universal comunión. El que fácilmente se desposa con la muchedurnhrc,
conoce placeres febriles, de que estarán eternamente privados el egoísta,
cerrado como un cofre, y el perezoso,
interno como un molusco. Adopta por
suyas todas las profesiones, todas las
alegrías y todas las miserias que las
circunstancias le ofrecen.
Lo que llaman amor los hombres es
sobrado pequeño, sobrado restringi~o
y débil, comparado con esta inefable
orgía, con esta santa prostitución, del
alma, que se da toda ella, poesia Y
caridad, a lo imprevisto que se revela, a lo desconocido que pasa.
Bueno es decir alguna vez a los venturosos de este mundo, aunque sólo
sea para humillar un instante su orgullo necio, que hay venturas superiores
a la suya, más vastas y m{ts refinadas.
Los fundadores de colonias, los pastores de pueblos, los sacerdotes misioneros desterrados en la externidad
del ~undo, conocen, sin duda, algo
de estas misteriosas embriagueces; Y
en el seno de la vasta familia que su
genio se formó, alguna vez han de
reírse de los que les compadecen por
su fortuna, tan agitada, -y por su vida,
tan casta.

POEMAS
EN IPIR.OSA
Por Charles BAUDELAIRE

pródigo y holgazán?" Yo, sin vacilar,
contestaría: "Sí, veo en ellos la hora.
¡ Es la Eternidad!"
¿Verdad, señora, que éste es un madrigal ciertamente meritorio y tan enfático como vos misma? Por de contado, tanto placer tuve en bordar esta
galantería presuntuosa, que nada, en
cambio, he de pediros.
EL CREPUSCULO DE LA NOCHE
Va cayendo el día. Una gran paz llena las pobres mentes, cansadas del trabajo diario, y sus pensamientos toman
ya los colores tiernos e indecisos del
crepúsculo.
Sin embargo, donde la cima de la
montaña llega hasta mi balcón, a través de las nubes transparentes del
atardecer, un gran aullido, compuesto
de una multitud de gritos discordes
que el espacio transforma en lúgubre_
armonía, como de marea ascendente o
de tempestad que empieza.
¿ Quiénes son los infortunado$ a
quien la tarde no calma, y toman, como los buhos, la llegada de la noche
por señal de aquelarre? Este siniestro
ulular nos llega del negro hospital encaramado en la montaña, y al atardecer, fumando y contemplando el reposo del valle inmenso erizado de casas

EL RELOJ
Los chinos ven la hora en los ojos
de los gatos.
Cierto día, un misionero que se paseaba por un arrabal de Nankin advirtió que se Je hábia olvidado el reloj,
y le preguntó a un chiquillo que hora
era.
El chicuelo del Celeste Imperio nciló al pronto; luego, volviendo sobre
sí, contestó: "Voy a decírselo.u Pocos
instantes después presentóse de nuevo, trayendo un gatazo, y mirándole,
como suele decirse, a lo blanco de los
ojos, afirmó, sin titubear: "Todavia
no son las doce en punto." Y así era
en verdad.
Yo, si me inclino hacia Ja hermosa
felina, la bien nombrada, que es a un
tiempo mismo honor de su sexo, orgn1lo de mi corazón y perfm:pc de mi espíritu, ya sea de noche, ya de dia, en
1uz o en sombra opaca, en el fondo
de sus ojos adorables, veo siempre con
claridad la hora, siempre la misma,
una hora vasta, solemne, grande como
el espacio, sin división de minutos ni
segundos, una hora inmóvil que no estú marcada en los relojes, y es, sin
embargo, leve como un suspiro, rápida como una ojeada.
Si algún importuno viniera a molestarme mientras la mirada mía reposa en tan deliciosa esfera; si algún
genio malo e intolerante, si algún Demonio del contratiempo viniese a decirme: "¿Qué miras con tal cuidado?
¿Qué buscas en los ojos de esa criatura? ¿Ves en ellos la hora, mortal

se hubiera colocado en esas paredes!"
Los ojos del niño: "¡Qué hermoso!,
¡qué hermoso!; ¡pero es una~casa donde sólo pueden entrar la gente que no
es como nosotros!'' Los ojos del más
chico estaban fascinados de sobra para expresar cosa distinta de un gozo
estúpido y profundo.
Los cancioneros suelen decir que el
placer vuelve al alma buena y ablanda
los corazones. Por lo que a mi toca,
la canción dijo bien aquella tarde. No
sólo me había enternecido aquella familia de ojos, sino que me avergonzaba un tanto de nuestros vasos y de
nuestras b~lellas, mayores que nuestra
sed. Volvfa yo los ojos hacia los vuestros, querido amor mio, para leer en
ellos mi pensamiento; ·me sumergía en
vuestros ojos tan bellos y tan extrañalnente dulces, en vuestros ojos verdes,
habitados por el capricho e inspirados por la Luna, cuando me dijisteis:
''¡Esa gente me está siendo insop01iable con sus ojos tan abiertos como
puertas cocheras! ¿Por qué no podíS
al dueño del café que los haga alejarse?"
¡Tan dificil es cnteqderse, ángel

querido, y tan incomunicable el pensamiento, aun entre seres que se aman!
LA MONEDA FALSA
Conforme nos alejábamos del estanco, mi amigo iba haciendo una cuidadosa separación de sus monedas; en
el bolsillo izquierdo del chaleco deslizó unas moneditas de oro; en el derecho, plata menuda; en el bolsillo izquierdo del pantalón, un puñado de
cobre., y por último, en el derecho, una
moneda de plata de dos francos que
había examinado de manera particular.
"¡Singular y minucioso reparto!"
--dije para mí.
~os encontramos con un pobre que
nos tendió la gorra temblando. Nada
conozco más inquietador que la elocuencia muda de esos ojos suplicantes que contienen a la vez, para el
hombre sensible que sabe leer en ellos,
tanta humildad y tantas reconvenciones. Encuentra algo próximo a esa
profundidad de asentimiento complicado en los ojos lacrimosos de los pei-ros cuando se les azota.

LOS OJOS DE LOS POBRES
¡Ah!, queréis saber por qué hoy os
aborrezco. Más fácil os será comprenderlo, sin duda, que a mí explicároslo; porque sois, creo yo, e] mejor ejemplo de impermeabilidad femenina que
pueda encontrarse.
.luntos pasamos un largo día, que me
pareció corto. Nos habíamos hecho la
promesa de que todos ]os pensamientos serían comunes para los dos, y
nuestras almas ya no serían en adelante más que una; ensueño que nada
tiene de original, después de todo, a
no ser que, soñándolo todos los hombres, nunca lo realizó ninguno.
Al anochecer, un poco fatigada, quisisteis sentaros deJante de un café
nuevo que hacía esquina a un bulevar, riuevo, lleno todavía de cascotes
y ostentando ya gloriosamente sus esplendores, sin concluir. CenteJleaba el
café. El gas mismo desplegaba todo
el ardor de un estreno, e iluminaba
con todas sus fuerzas los muros cegadores ele blancura 1 los lienzos deslumbradores de los espejos, los oros de
las medias cañas y de las cornisas, los
pajes de mejillas infladas arrastrados
por ]os perrÜs en traílla, las damas
risueñas con e] llalcón posado en el
pullo, ]as ninfas y las diosas que llevaban sobre la cabeza frutas, pasteles
~r caza; las hebes y las ganimedes ofreciendo a brazo tendido el anforilla de
jarabe o el obelisco bicolor de los heludos con copete la historia entera de
la mitología puesta al servicio de la
gula.

El don de mi amigo fué mucho más
considerable que el mio, Y Je dije:
"Hace bien; después del placer de
asombrarse, no lo hay mayor que el de
c-ausar una sorpresa". "Era la moneda
falsa", me contestó tranquilamente,
como para justificar su prodigalidad.
Pero en mi cerebro miserable, siempre ocupado en buscar lo que no se
halla (¡qué abrumadora facultad me
ha regalado la Naturaleza!), entró de
repente la iclea de que semejante conducta por parte de mi amigo sólo tenía
excusa en el deseo ele crear un acontecimiento en la vida de aquel infeliz,
y quizá el de conocer las distintas consecuencias, funestas o no, que una moneda falsa puede engendrar en manos
cle un mendigo. ¿No podía multiplicarse en piezas buenas? ¿No podía llevarle asimismo a la cárcel? Un tabernero, un panadero, por ejemplo, le
mnndarian acaso detener por monedero falso, o corno a expendedor de moneda falsa. También podría ocurrir
que la moneda falsa fuese, para un pobre especulador insignificante, germen
de la riqueza de algunos días. Y así
mi fantasía progresaba, presando alas

a la mente de mi :1migo y sacando tollas las deducciones posibles de todas
las hipótesis posibles.
Pero él rompió bruscamente mi diYagación recogiendo mis propias palabras: "Si, estáis en lo cierto; no hay
placer más duJce que el de sorprender
a un hombre dftndole más de lo que
espera".
Le miré a lo blanco de los ojos y me
quedé asustado al ver c¡ue en los suyos
brillaba un incontestable candor. Entonces vi claro que había querido hacer al mismo tiempo una caridad y un
buen negocio; ganarse cuarenta' suel&lt;.los y el corazón de Dios; alcm1Zar econúmicamenle el paraíso; lograr, en fin,
gratis, credencial de hombre caritativo. r.asi le hubiera perdonado el deseo del goce criminal de que le supuse capaz poco antes; me. hubiera parecido curioso, singular, que se entretuviera en comprometer a ]os pobres;
pero nunca le perdonaré la inepcia de
su cúlculo. No hay excusa para la maldad; pero el que es malo, si lo sabe,
tiene algún mérito; el vicio más irreparable es el de hacer el mal por tontería.

CHARLES BAUDELAIRE
(Sigue de la pagina 3)

Enfrente mismo de nosotros, en el
arroyo, estaba plantado un pobre hombre de unos cuarenta años, de faz cansada y barba canosa; llevaba de 1a
mano a un niño, y con el otro brazo
sostenía a una criatura débil para andar todavía. Hacia de niñera, y sacaba a sus hijos a tomar el aire del anochecer. Todos harapientos. Las tres
caraS" tenían extraordinaria seriedad,
y los seis ojos contemplaban fijamente
el café nuevo, con una admiración
igual, que los años matizaban de modo
diverso.
Los ojos del padre decían: "¡Qué
hermoso! ¡ Qué hermoso! ¡Parece como si todo el oro del misero mundo

•

Página 4

en que cada ventana nos dice: "¡Aquí
está la paz ahora; aquí está la alegria
de la familia!", puedo, cuando el viento sopl.1/de arriba, mecer 1~i _pen_s_amiento, asombrado en esa 1m1tac10n
de las armonías infernales.
El crepúsculo excita a los locos. Recuerdo que tuve dos amigos a quien
el crepúsculo ponía malos. Uno, desconociendo entonces toda relación de
amistad y cortesia, maltrataba como
un salvaje al primero que Jlegaba. Le
he visto tirar a la cabeza de un camarero un pollo excelente, porque se imaginó ver en él no sé que jeroglífico insultante. El atardecer promisor de los
goces profundos, le echaba a perder
lo más suculento.
El otro, ambicioso herido, se iba
volviendo, conforme bajaba la la luz,
más agrio, más sombrío, más reacio.
Indulgente y sociable durante el día,
era despiadado de noche; y no sólo
con los demás, sino consigo mismo esgrimía rabiosamente su manía crepus~
cular.
El primero murió loco, incapaz de
reconocer a su mujer y a su hijo; el
segundo lleva en si ]a inquietud de un
malestar perpetuo, y aunque le gratificaran con todos los honores que pueden conferir repúblicas y príncipes,
creo que el crepúsculo encendería en

él aun el ansia abrasadora de &lt;listín ...
cioncs imaginarias. La noche, que ponía tinieblas en su mente, trae luz a
la mía; y, aunque no sea raro ver a la
misma causa engendrar dos efectos
contrarios, ello me tiene siempre lleno de intriga y de alarma.
¡Oh noche! ¡Oh refrescantes tinieblas! ¡Sois para mí señal de fiesta interior, sois liberación de una angustia!
¡En la soledad de las llanuras, en los
laberintos i1edregosos de ana capital,
centelleo de estrellas, explosión de linternas, sois el fuego de artificio de la
,liosa Libertad!
¡ Crepúsculo, cuán dulce y tierno
eres! Los resplandores sonrosados que
se arrastran aún por el horizonte, como agonizar del dia bajo la opresión
victoriosa de su noche, las almas de
Jos candelabros que ponen manchas ele
un rojo en las últimas glorias del poniente, los pesados cortinajes que corre una mano invisible de las profundidades del Oriente, inician todos los
sentimientos complicados que luchan
dentro del corazón del hombre en las
horas solemnes de Ja vida.
Tomaríasele también por uno de
esos raros trajes de bailarina en que
la gasa transparente y sombría deja
entrever los esp,l endores amortiguados
de una falda brillante, como b:1jo el
negro presente de trasluce el delicioso
pasado, y las estrellas vacilantes de
oro y de plata que la salpican, representan esas luces de la fantasía que
no se encienden bien sino en el luto
profundo de la Noche.

Evasión también la Que, raras veces, nos otorga la vida en el breve éxito
de un amor perfecto, Baudelaire nos ofrece la magnífica:

pero hasta las tinieblas en su silencio mudo
dan asilo a las muertas visiones que a millares
se salen de mi mismo y me son familiares.

"Afü!ONIA DE LA TARDE" (XLVIII)

El milagro es el encuentro de un pensamiento tan profundo y de una expresión tan perfecta.

Este es el tiempo en que sobre el tallo glorioso,
cada flor se evapora igual que un incensario;
sones y aromas llenan el aire estacionario.
¡l\{clancólica danza, vértigo langoroso!

El escritor francés Andrés Suares, en un estudio interesante nos cuenta
una historia, que les contaré también para acabar, porque ilustra la verdadera
influencia del arte de Baudelaire. Ya viejo, el gran escultor Bourdelle escuchaba a un amigo que Je leía versos. Era ocho días antes de su muerte. El amigo
había leído, un poco por casualidad, el almirabJe poema de Baudelaire.

Por fin, la evasión suprema: la :\Iurrte.
"EL VIAJE"
¡Oh :\luertc! ¡Oh Capitana! Es tiempo yá, ¡levemos!
Este país nos cansa ¡oh :.\1uerte, aparejemos!
¿Qué importa este mar negro si son negros tus remos?
¡Tú conoces las ansias que en el alma tenemos!
EL AHTE DEL POETA
La lectura de estos poemas nos enseiía ciue Baudelaire alcanzó el fin que
se proponía en su HArte Romúntico":
"El arle puro, es crear una imúgen sugestiva conteniendo a la -,·ez el objeto
y el sujeto, el mundo exterior del artista y el artista mismo".
Pero ¿dónde encontrar el secreto de la hermosura de tales \·ersos? Es
casi imposible.
Felizmente Bauclclairc supo aplicar a su obra, la más perspicaz de las criticas, expresando lo que quería hacer y 1o que rehusaba. Lo que rehusa es
la inspiración romántica. Quiere una poesia concertada, labrada.
11
Que el ritmo y la rima corresponden en el hombre a los inmortales deseos
de monotonía, de simetría y de sorpresa" - y verdaderamente Baudelaire dió
a la poesía del siglo XIX una sangre nueva - la sorpresa. Después se usó
demasiado este elemento de sorpresa, pero él nos trae la discordancia, el prosaísmo voluntario pero medido, una poesía brutal en vez de la melodía almibarada de Lamartine. Bandelairc es para la poesía lo que \Vagner fué para la
música.
Pero su arte está servido por otra calidad- su odio a la inspiración se
acompaña de un odio a la retórica. Pocos relatos en la obra de Baudelaire, pero magníficos ejemplos de concentración poética, de los cuales ªObsesión" es
ta] vez uno de los mejores:
"OBSESION"
i\le abrumais, grandes bosques como las catedrales;
sonaís como los órganos, y nuestros pechos secos
oquedades que agitan siniestros vendavales,
a vuestros De Profundis responden con sus ecos.

¡Océano te odio! tus iras, tus tumultos
]os encuentro en mí mismo; la risa singular
del espíritu llena de &lt;(uejas y de insu1tos,
vuelvo a oírla en 1a risa enorme de la mar.
¡Cómo me agradaís noche, sin tus sabidas
estre11as que me hablan de cosas conocidas!
Voy buscando el vacio, lo negro, lo desnudo

"RECOGIMIENTO"
Tú, mi do]or, vigila
y ten prudencia en la quietud tranqurla
La noche reclamabas
y ha venido a envolvernos cuando hablabas.
Una atmósfera obscura
recoge la ciudad en su envoltura,
dando paz a los unos
y a los otros cuidados importunos.
Mientras de Jos mortales la ralea
a impulsos del placer c¡uc la espolea
va a acoger o sembrar remordimientos
en crueles momentos,
tú, dolor mío, humano,
ven aquí, y en mi mano pon tu mano.
~lira asomar los ailos ya difuntos
por el balcón del cielo cejijuntos,
envejecidos, con ropas raídas;
surge rompiendo las aguas dormidas
como un nuevo elemento,
el arrepentimiento.
El ciclo es gris, el aire es parco,
el moribundo sol cae tras un arco;
semejante a un sudario que hacia oriente se agranda
¿.no has oído, dolor, la dulce noche que anda?
Después leyó la humilde melodía patética que empieza así:
La pasional sirvienta de que estaba celosa
duerme, bajo unos musgos, en su modesta fosa;
creo que deberiamos 11evarle algunas flores.
Los muertos, pobres muertos, tienen grandes dolores.
La emoción que brota de estos versos, hizo detenerse al lector. Alzó ]os
ojos y vió a Bourdellc cerca de él, el cual inclinaba su bella cabeza. Vencido
por esta perfección poética, el gran artista sollozaba ...
Las lágrimas de un hombre son siempre emocionantes, Y, mas que las otras
puras y amargas, mezcladas de gozo y de dolor, las que hace brotar, por su
irresistible magia, una pocsia tan humana como la de Carlos Baudelaire. 2
2 Traducciones de "Las Flores del Mal" de Eduardo 1\1:arquina
(Librerla española y extranjera) Madrid, 1923.

Página 5

�•

S peligroso hablar de movimientos en literatura. La inspiración
sopla con demasiado vigor para
que sus movimientos puedan ser medidos y la personalidad del poeta hace
fracasar nuestros esfuerzos por incluirlo en éste o en aquel sector o por
explicarlo como ejemplo de una regla.
Pero si comparamos la poesía escrita
en Europa después de 1890 con la precedente tenemos que admitir que hubo
un cambio y que los nuevos poetas tenían algunas cualidades en común que
los hace aparecer como representantes
de un movimiento. Esta semejanza no
es resultado de un programa convenido o de una intención consciente. No
puede compararse con la de los miembros de la Pléyade o con los de la Escuela de los Lagos sino que hace pensar en esos escritores que parecen bastante distintos a sus contemporáneos
pero a quienes ve la posteridad unidos por el color característico de
una época. Así como en el momento actual Byron, Púshkin y Hugo tienen en común cualidades que casi han
desaparecido de la poesia, los poetas
de la generación que llega a la juventud hacia 1890 tienen otras cualidades
que los distinguen de quienes los precedieron y de quienes actualmente se
dedican a la poesia. El movimiento
de que nos ocupamos ha gastado ya
la mayor parte de su fuerza. Sus exponentes más notables están muertos.
Sus ideas y sus ideales están cayendo
en desuso. El movimiento pertenece a
la historia. El .carácter peculiar de sus
fines puede ser definido y la valía de
su obra calcularse.
Este movimiento puede considerarse
como un desarrollo tardío, una segunda ola, de las actividades poéticas que
se conocen diversamente como simbo•
lista y decadente. Ninguno de estos
nombres es exacto, y los intentos de
precisarlos suelen fallar. Un movimiento poético se reconoce por sus ex•
ponentes, y los principales poetas del
simbolismo son Baudelaire, Verlaine y
Mallarmé, Baudelaire fué el prijnero
que exaltó el valor de los simbolos;
Verlaine los empleó instintivamente y

E

Mallarmé creó una metafísica para explicarlos y justificarlos. En su teoria
y en su práctica Mallarmé fué la conclusión y la corona del movimiento
simbolista. Cuando hablamos de simbolismo, pensamos ante todo, en Mallarmé y sus ideas son las que recordamos. Pero su obra habria sido imposible sin Baudelaire y no habria sido reconocido a no ser por la forma
más popular que Verlaine encontró
para sus principios. A pesar de sus
evidentes diferencias, estos poetas te-

\

bían un punto de vista en común sobre la vida, que los distingue de sus
antecesores y explica en buena parte
su influencia. A pesar de sus muchas
formas, el simbolismo estaba unido
por un credo simple que determinaba
el carácter de su poesia. Sus herederos y sucesores, los hombres de la última década del siglo, asimilaron este
credo. Algunos lo abandonaron; otros
le dieron formas que lo volvían irreconocible o pasaron por él hacia nuevas formas propias. Todos proporcionan un comentario sobre la validez Y
la vitalidad de las doctrinas simbolistas, y su obra muestra cuán diferentes
idiomas se ha puesto en práctica una
teoría que podria parecer e~trecha y
efimera. En otras tierras y en otros
idiomsa se ha puesto en práctica nna

Página 6

doctrina francesa. En la variedad de
sus experimentos y en el éxito que
los coronó, estos poetas muestran
cuán importante puede ser una teoría
en las artes, siempre que no sea tratada teóricamente, sino usada como
base para nuevas realizaciones.
Visto retrospectivamente, el movimiento simbolista del siglo XIX en
Francia era fundamentalmente místico. Protestó . con noble elocuencia
contra el arte científico de una época
que había perdido en gran parte su
creencia en la. religión tradicional, y
esperaba hallar un sucedáneo en la
busca de la verdad. Las figuras características de la época eran novelistas como Zola, qne pintaba con rudos
detalles grandes cuadros de la vida
contemporánea, y poetas como Heredia, que componía viñetas impersonales de siglos pasados y escenas distantes. El misticismo no encontraba lu~
gar en este arte. Los realistas no aceptaban la creencia en un mundo superior por encima de los sentidos, que
babia sido familiar en Europa desde
que Agustin asimiló las doctrinas neoplatónicas; ellos tenían la severa conYicción de que Jo que importaba era
la verdad y que la verdad podía hallarse empíricamete en este mundo.
Naturalmente, el cristianismo ortodoxo
siguió existiendo y produciendo sus
escritores, pero eran representativos
de su época. En el tercer cuarto del
siglo diecinueve los realistas y los parnasianos dominan el campo en Francia, y hasta en Inglaterra puede verse
algo del mismo espiritu en los poemas
dramáticos de Browning o en los poemas de Tennyson que, como "el breve, dulce idilio" de The Princess, _son
enteramente objetivos en su tratamiento de los hombres y las cosas.
En contra de este realismo científico protestaron los simbolistas, y su
protesta era mistica porque se hacía
en nombre de un mundo ideal que
era. a juicio de ellos, más real que el
de los sentidos. No era, en sentido es•
tricto, cristiano. Verdad es que Ver•
laine tenia sus dias de creencia sim•
ple y confiada, que el diabolismo de
Baudelaire era una forma invertida de
catolicismo, que Mallarmé tomó mu•
chos de sus ritos imaginativos de las
ceremonias de la iglesia. El carácter
místico del simbolismo era menos decididamente cristiano que cualquiera
de estas manifestaciones. Era una religión de Belleza Ideal, de "le Beau"
v "l'Idéal". Esto puede apreciarse en
Ía creencia de Baudelaire en aquella
belleza ideal que él oponia tan vivamente a su propia vida, en el intento
de Verlaine de escribir paralelamente
del alma y el cuerpo, en las manifes•
taciones oraculares y enigmáticas de
iiallarmé. El ideal de lo bello proporcionó vigor y sentido al alma torturada y enfermiza de Baudelaire; justificó en Verlaine la búsqueda de un
placer prohibido; y para lllallarmé fué
lo único importante. Los cimientos de
sus creencias cristianas habían sido
mutilados o socavados, y sintiendo la
necesidad de un evangelio que los re..
emplazara, encontraron en la Belleza
algo que unificaba sus actividades y
daba una meta a su trabajo. A esta
Creencia se aferraron con una convicció1;1 que sólo puede llamarse mistica
en razón de su intensidad, su irracionalidad, su desdén por las otras creencias y su confianza en un mundo más
allá de los sentidos.

La riature est un temple oú de
vivants piliers
Laissent parfois sortir de
confuses paroles;
L'homme y passe á travers des
forets de symboles
Qui l'observent avec des
regards familiers.

Por C. 11. BOWRA

El simbolismo, pues, fué una forma
mística del esteticismo. Su réplica en
Inglaterra fué el Movimiento Esteticista , cuyos apóstoles fueron Rossetti y
Pater, y cuyo mártir fué Wilde. La
poesía de Rossetti está penetrada de
una creencia en la Belleza Ideal. Propone una extraña visión del amor en
su House of Life (La Casa de la Vida)
y abarca hasta temas religiosos. La
doctrina implícita en su arte se vuel•
ve explicita en el famoso capítulo último del Renacimiento de Pater, donde se proclama el arte como fin de la
vida porque presenta " una conciencia ace1el'ada, multiplicada". El clamor y la execración por la indignación moral que suscitó su transgresión. Las fuerzas armadas de filisteísmo vieron que su enemigo babia caído
y se regocijaron. Wilde defendia un
credo que ellos temían y odiaban, y
su castigo significó no sólo la ruina
de su propia vida sino la derrota del
estccismo. Por haber caído la mala
reputación sobre el arte, los poetas de
la era eduardiana se convirtieron en
una secta aislada, apartada de las corrientes principales del pensamiento
contemporáneo, y obligada a trabajar
en pequeños grupos o en la soledad.
Sólo en la primera guerra mundial recobraron los poetas ingleses algo parecido a su lugar tradicional en la vida de nación.
El esteticismo inglés, sin embargo,
era menos exigente, menos teórico,
menos místico que el francés. Ni
Rossetti ni Pater desarrollaron sus teorias sobre lo Bello en la lógica desesperada de Mallarmé. Sabiendo lo que
admiraban y encontrando en el arte
una experiencia más vivida que las
que les proporcionaba la religión o la
moralidad, vh•ieron sincera y naturalmente para él. Sus convicciones y
su doctrina eran realmente revolucionarias, produjeron azoramiento entre
sus contemporáneos y cambiaron en su
totalidad el aspecto de la cultura inglesa. También eran ellos religiosos
en cierto sentido, en que creían que
el principio de lo Bello unificaba la
vida y le daba sentido. Pero no eran
misticos en el sentido de Mallarmé.
Sus teorías no eran tan trascendentales, tan exactas, tan completas como
las de él. Ellos se contentaban con las
impresiones que tenían y no trataban
de exaltarlas a un mundo ideal. La
naturaleza inglesa protestante parece
rechazar una entrega total al misticis..
mo o a la metafísica, y el esteticismo
de Pater tenia un carácter subjetivo
y experimental. El ordenaba sus experiencias según se le presentaban y
teorizaba sobre ellas pero sus conclu•
siones eran más prácticas que teóricas
y su influencia era tal vez más grande
sobre la conducta que sobre el pensamiento. Su enseñanza creó un nuevo
ideal para muchos que deseaban tener
algo en que creer y preparó el camino
para grandes cambios. Sin duda influyó él sobre los poetas de la última
década del siglo, como Hohnson y
Dowson, pero tal vez su más gran
alumno fué el sacerdote jesuita Gerard
Hopkins, cuya vida poética está aparte de toda corriente, inglesa o europea.
Pater dió dignidad y honor a las artes en una época que tendía a no entenderlas o a no estimarlas, pero sus
puntos de vista no eran tan complejos
o místicos como los de Mallarmé.
Porque Mallarmé creó sin duda un
nuevo misticismo del arte. Verdad es

que se expresó incoherentemente, en
palabras de oscuridad y vigor heraclítcos. Cualquier intento de resumir sus
puntos de vista tiene que terminar por
deformarlos, pues él prefería hablar
sobre puntos particulares con metáforas y símiles. Pero sus puntos principales y su efectiva práctica literaria
11ucden discernirse, y en ellos se contienen las doctrinas más importantes
de los simbolistas. En sus Divagations
dice:
Je dis une fleur; et hors de l'oubli
oú ma voix rclégue aucun contour
en tant que quelque chose d'autre
que les caliccs sus, musicalement se
lé'\'e, idée mcme et suave,-1'absente
de tous bouquets.
Este texto hermético es una clave
central. La flor, evocada por la palabra mágica, es la flor ideal que tiene
en si la belleza de todas las flores y
no es una entre e1las, sino algo por
encima de ellas. Los lectores de Platón verán una semejanza entre esta
"idée" y el "eidos" platónico, o Forma, que es a la vez un principio uni•
versal y un ideal particular Y la comparación se ve justificada si recordamos que para Mallarmé lo Absoluto no
es el Ser, sino lo Bello. En este mundo de cosas bellas él encontraba un
principio creador y de sostén en "les
Idées." que son no sólo bellas en si
mismas sino la causa de la belleza en
otras cosas. En su Prose pour &lt;les
Esseintes expresó más o menos la misma doctrina en versos.
Oui, dans une ile que rair chargc
De vuc et non de visions
Toute fleur s'étalait plus Jarge
Sans que nous en devisions
Telles, inmcnses, que chacunc
ordinairement se para
D'un lucide contaur lacunc
Qui des jardins la sépara.
La flor es la flor ideal. Pertenece a la
visión pura, no a los sentidos.
Una doctrina de este carácter tiene
mucho en común con la de los poetas
religiosos ortodoxos. Asi como Mallarmé trataba de captar la belleza ideal
en el verso, del mismo modo Dante
había tratado de crear una imagen visible de un mundo invisible. Y así como Dante creó su imagen por medio
de los simbolos aceptados del Cielo y
del Infierno cristianos, del mismo modo Mallarmé también tuvo que usar
simbolos. A él y a sus discipulos les
llama con razón simbolistas, porque
tratan de expresar una experiencia so•
brenatural en el lenguaje de las cosas
visibles, y por consiguiente cada palabra es un símbolo y se usa no por
función común sino por las asociacioues que evoca de una realidad más
allá de los sentidos. Su método no
es nuevo. Esto puede apreciarse en
los poemas apocalipticos de William
Blake, y la literatura es casi inconcebible sin ese método. Pero mientras
los simbolistas primero se habían ocu~
pado de los hechos de la devoción religiosa, a Mallarmé le interesaba una
experiencia estética especial que él interpretó como un santo podia ver las
visiones de Dios. También en esto tuvo un predecesor, pues en su soneto
Correspondances Baudelaire vió la naturaleza como simbolizando otra realidad:

t

,,,

\

Los simbolistas trataban de comuni- ción, que era justamente lo que quecar una intensidad peculiar. Y por rían insinuar por medio de su poesia. ciclo, considerado como el palacio de
leales a su propósito tuvieron que de- La músicá se convirtió en una consig- Dios, no son más que sueños orgullosos de un anacoreta. No nombra el
jar a un lado muchos rasgos familia- na y Verlaine escribió:
cielo ni a Dios. En su lugar, conjura
res de la poesia. Sobre todo evitaban
este
espléndido palacio con sus guiresos temas públicos y políticos, tan De la musique encare et toujours !
naldas muertas. La ganancia es in ..
románticos. Claro que, cuando se Que ton vers soit la chose envolée
siente sincera y fuertemente, la poesía Qu'on sent qui fuit d'une ame en allée mensa desde el punto de vista poético.
política tiene su grandeza. Sus defec- Vers d'autres cieux á d'autres amours. Todos los preliminares, las explicacioComme de Jongs échos qui de loin
nes, las comparaciones, se omiten. Sótos no se deben necesariamente a su
lo se _dan los puntos esenciales, y las
se confondent tema. Pero para los simbolistas, conQue ton vers soit la bonne aventure
Dans une ténébreuse et profonde
YentaJas en concentración y vigor son
c_entrados en su belleza ideal, la poli- Eparse au vent crispé du matin
enormes. _La poesía queda plenamenunité, tica es un tema ajeno y hostil. El claQui va fleurant la menthe et le tbym ... te redondeada. Tiene algo de la seVaste parfums, les couleurs et les
mor politico perturba el sereno silen- Et tout le reste cst littérature.
ducción inmediata de la música. No
sons se répondent cio de la contemplaci&lt;in y las vulgares
hay
articulaciones o intersticios proemociones destruyen la delicada conEste fin ha sido sintetizado por saicos. Una y otra vez llfallarmé obtiePara Baudelaire el mundo visible y centración de su visión. El simbolista Válery, que dice que la tarea princisensible estaba lleno de simbolos que era igualmente hostil al punto de vista pal del simbolismo era recobrar la mú- ne este éxito. Ningún otro poeta franllenan el corazón del hombre de ale- realista o científico sobre el arte, por~ sica lo que los poetas se habian deja- cés ha escrito versos de uan poesia
gria y pena y lo llevan por medio de que su misma naturaleza niega o des- do ganar de ella. En un ideal asi ba- tan indudable y pura. El autor de
los perfumes, del color y de los soni- truye el mundo ideal que es el centro bia sin duda dificultades y ambigüeEt l'avare silence et la massive
dos a los éxtasis del espíritu.
de sus actividades. Auque pudieran dades. Pero por el momento parecía
nuit
La esencia del simbolismo está en su tener amigos entre los parnasianos ni una gran promesa y una gran esperanUn pcu profond ruisseau calomnié
insistencia en un mundo de belleza Verlaine ni lllallarmé formaron p;rte za. Por lo menos para los poetas franla mort
ideal, y en su convicción de que ésta de sus filas. Este arte era demasiado ceses, ésta era una tarea magnifica.
cientifico
para
ellos.
El
Parnaso
inse realiza por medio del arte. Los éxHacer con las palabras lo que Wagner trajo una riqueza concentrada al vertasis que la religión atribuye al devo- tentaba reproducir escenas del mundo babia hecho con las notas musicales so francés, nunca antes conocida.
to en la oración y la contemplación, ,·isible, Y ellos miraban a otra parte. parecía posible y deseable. Hasta fue- Cuando menos, esto es lo que hizo el
el simbolista los atribuye al poeta en lfallarmé, es verdad, publicó en Le ra de Francia, en Inglaterra y en Ale• ejemplo de Wagner.
el ejercicio de su arte. Una preten- Parnasse Contemporain, pero pronto manía, esto parecía una nueva llamasión tan ambiciosa no es enteramente fuC evidente que su lugar no estaba da, una vuelta a olvidadas tradiciones
E~ta manera de sugerir tiene una
irrazonable. La atención íntegra que alli. ~quella poesía halagaba los ojos, d_e canto, al mismo corazón de la poe- Yentaja especial. Hay muchas cosas
el adorador da al objeto de sus plega- pero el buscaba los deseos secretos y sia.
en la conciencia humana para las cuarias y la sensación del contentamiento las pasiones, Jas emociones de la soles el simple aserto es no sólo inadeA este problema dedicó Mallarmé cuado sino imposible. Todos conoceintemporal que encuentra en ellas no ledad y el silencioso yo contemplativo.
su
atención prolongada y devota. Se
La
fuerza
de
los
simbolistas
estaba
son enteramente diferentes del puro
mo~ _estados fugitivos, indefinidos, que
fijó
un ideal de lo que debla ser la no tienen contornos o caracteres claen
su
devoción
a
un
ideal.
Por
eso
se
estado estético que parece suprimir
distinciones de tiempo y lugar, de ser salvaron de esas fallas de gusto, y has- poesia y meditó sobre él:
r~s Y que apenas pueden expresarse.
Ou'ir l'indiscutable rayon -comme Sm embargo, pueden sugerirse o transY no ser, de tristeza y pena. Y tampo- ta de sinceridad, que espantan en
co es fácil decir si el rapto, que tanto Tennyson y en Hugo. Si su mundo es les traits dorent et- pour former
ferirse en poesia según el método de
' Mallarmé. Por ejemplo, en un poema
subyuga en la poesia de San Juan de estrecho. es innegablemente rico, pues depuis Wagner, la Poésie.
la Cruz es realmente religioso o esté• no pueden trazarse limites a lo invisial?de a una aventura amorosa y ter•
tico. Tal rapto está muy lejos de la ble. Por consiguiente no sorprende
. Su teoría, en resumen, es que la poe- mma con una nota de triunfo:
religión razonada de Milton y tiene que su advenimiento haya sido salu- s1a no debe informar sino sugerir y
mucho en común con la exaltación que dado como una revolución y que los evocar, no nombrar las cosas sino
Dis si je sois pas joyeux
llena a los poetas en el momento de p~e!as que a~enas entendían su pro- crear sa atmósfera. Esto no era nue..
Tonnerre et rubis aux ~~yenx
visión creadora. En ciertos rasgos, el pos1_to o _su tecnica lucharon por un ,·o. Su gran ídolo, Poe, habia pedido
De voir en l'air que ce feu troue
deleite estético puede parecerse 3 la tiempo bajo sus estandartes. Esta era "un carácter indefinido y sugestivo,
devoción religiosa. No sin razón con- una poesía atrayente y sincera. No que tenga un efecto vago, y por consiAvec des royaumes épars
sideraba la Iglesia Medieval la ilumi- había aqui caídas en una fria retóri.. guiente, espiritual". Agregar misterio
Comme mourir pourpre la roue
nación de manuscritos como un modo ca o una menoseada moralidad nin- a la poesia por sugestión era un noble
Du seul vespéal de mes chars.
apropiado de servir a Dios. Para los gún llamado a la multitud, ningón in- ideal. A su manera, la mayor parte de
que creen en un mundo por encima de tento de servir otros fines que la be- l~s poetas lo han hecho, y la exigenSe han hecho intentos de dar a esto
los sentidos, puede haber más de una lleza. Además, el simbolismo volvía a cia_ de Mallarmé no parece muy ex- un significado más preciso. Algunos
la poesia cualidades que habian falta- trana. Pero la persiguió con inflexible han pensado que el poeta sale a paforma de acercarse a él.
do últimamente, y que eran bien rePero el simbolismo de los poetas cibidas por todos los que sabian lo f1rmeza. Su poesía se fué haciendo ca- le a pasear en un coche cuyas ruedas
franceses difiere del simbolismo tradi- que era la poesía. Por paradoja, reco- da vez más oscura desde la claridad se enrojecen por el sol del ocaso otros
cional en un importante aspecto. La braban el elemento subjetivo que ha- de sus primeras obras, a través de los que se refiere a una especie d~ gra~
Iglesia tiene sus propios simbolos de bía sido excluido por los parnasianos. esplendores a medias misteriosos de rueda fosforescente en una exhibición
majestad augusta y espléndida, santi- Verdad es que Mallarmé consideraba Hérodiade hasta el extraño texto úl- de f~egos artificiales. Esto es pedir
ficados por el tiempo y familiarizados el arte impersonal, pero como se ocu- timo de Un Coup de Dés, donde el ta- e~achtud donde no existe. El esplénmaño del tipo de imprenta y el arre- dido cuadro de un carruaje triunfal
en los siglos de arte religioso. Los símpaba de sus propias y notables visiobolos del cristianismo son ricos en nes, mostraba que el yo era un tema glo de las palabras sobre la página son en el crepúsculo expresa un estado de
casi más importantes que las palabras ánim_o de éxito gozoso y exaltación.
asociaciones y fácilmente reconocitan rico para la poesía como los ele- mismas. Para expresar todo el miste.. Esto es lo que se intenta, y lo que,
bles. Pero el poeta que describe su
fantes de Leconte de Lisie o las ma- rio que sentía, redujo su puntuación con notable brillo, se consigue.
exaltación privada tiene que encontrar
ravillas submarinas de Heredia. Cuan- hizo nuevas agrupaciones de palabras:
sus propios símbolos, y a los otros les do él escribia:
Pero Mallarmé no se contenta con
a Yeces abandonó las reglas de la sin- su~erir. En la música encontró él algo
puede resultar dificil apreciarlos en
taxis. Pero estos rasgos, que indignasu valor pleno. Baudelaire solucionó
mas qu_e una analogía. El creía que
Nuit blanche de glacons et
r?n al público, tenían poca importan- la poes1a era una especie de música
el problema invirtiendo los símbolos
de neige cruellc.
cm con su propósito principal de su- Y con esto no quería decir que el goc~
del catolicismo y usándolos para sus
gestión. Para él ·lo que importaba era
amantes o para sí mismo. Pero Maconfería a sus propios pensamientos el aura, el aire de una cosa, no la mera de ~as sea comparable en especie
l1armé tenia que encontrar nuevos
1a austera magnificencia de una noch; cosa. Mallarmé omite la antigua ma- Y calidad, aunque esto se siga de su
símbolos. El los elogió dentro del vac;ee~~ia. El tenia una fe mística que
úrtiea o alpina, pero cuando Heredia quinaria de símiles y comparaciones
riado terreno de sus impresiones, y escribía
s1gmf1ca mucho más. El conocía un
e identifica una cosa con lo que se 1~ Absoluto de goce estético que estaba
aunque la mayor parte puede entenparece, porque después de todo así la
derse estudiando cuidadosamente su
fuera Y ?'á~ allá del pensamiento y
Le fond vermiculé du pale
expresa más plenamente que si la nom.. por co_ns1~1ente más allá de las palaobra, algunos quedan en la oscuridad
madrépore
brara. Por ejemplo, en un soneto con- bras s1gmf1cahvas. Su ideal es "l'abY otros no logran expresar todo Jo que
s!gnificaban para él. Por eso la poe- no hacía más que describir la natura- sidera el espectáculo del cielo estre- sence", la perfección que nunca está
s1a ele ilallarmé es más dificil casi leza. Los simbolistas demostraron que llado en donde muchos ban creído ver re~ment~ presente, el silencio que es
que cualquier otra gran poesía en el la poesía podía ser a la vez decorativa manifiesta la nada del hombre. Este mas musical que cualquier canto. Esto
mundo. Para su apreciación se nece- y personal. Los poetas más jóvenes, no es su punto de vista. Para él, los era lo que él deseaba captar. En Sainsita un conocimiento que es casi im- llenos de preocupaciones propias, vie- grandes abismos del espacio nocturno te, la santa que está en la vidriera de
posible obtener plenamente. Pero ron un medio para hablar de si mis- ~on como un palacio fantasmal cuyo una ventana toca el ala de un ángel
cuando los simbolos son inteligibles, mos. El método nuevo, tan apropiado ebano Y cuyas guirnaldas son meros Y esta ala se convierte, por decirlo así'
como a menudo lo son, expresan, co- para expresar todo matiz de la sensi- espejismos:
en un instrumento musical, mientra~
mo ningún otro método podría hacer- bilidad, les enseñó cómo hacerlo.
que la santa, desdeñando su propio
Luxe, o salle d'ébéne, oú, pour
lo, Ja alegría trascendental que tenía
laúd, se convierte en
No menos importante era la atenséduire un roi,
~lallarmé en su visión poética. Si bien ción que prestaban los simbolistas al
Se tordent dans leur mort des
los contornos son difusos, los colores elemento musical en la poesía. La gran
Musicienne de silence.
guirlandes célebres •
principales se destacan con mucha ni- revelación de la época fué la música
r
,.
\ ous n ctes qu'n orgueil menti
tidez, y experiencias que están más de Wagner. lllallarmé veía en ella "la
~l~ll~rmé soñaba en algo asi como la
¡Íar les ténebres mns1ca de las esferas, una armonía
allá de lo común se expresan en pala- ci~1e menacante de l'absolu" y VerAux ·yeux du solitaire ébloui
bras, aunque por su misma naturaleza Jame Ja elogió en más de un soneto.
que puede escuchar el oido espiritual
de sa foi. ~n las formas de la belleza ideal. Para
pertenecen a categorías de existencia A sus oídos, la música de Wagner, por
para las que las palabras apenas exis- su grandeza Y su sonoridad, era algo
el el poema es esto:
ten.
Esta es una forma muy individual
nuevo. Encontraron en ella una vibra- de decir que todas las teorías sobre el
De scintillations sitot le septuor,

Página 7

�un septeto de sonidos estelares, como
las siete estrellas de la Osa Mayor. La
música no oída, la palabra silenciosa,
fueron sus símbolos para el éxtasis y
el deleite que significaba tanto para
él, y cuya gloria trató de comunicar
a otros. El creía que más allá de
cualquier poesía que pudiera escribir
había una poesía ideal y absoluta,
comparada con la cual lo que se escribía realmente. la materia corriente
de la poesía, era
Un inntile gisement:
~uit, de,s espoir et pierreirie.
La mayoría convendrá en que hay a
veces en el placer puramente estético
una cualidad absoluta que parece no
guardar relación inteligible con la
obra real de arte que lo provoca, un
goce puro que no se ata a ningún significado verbal y es por esa razón como el placer que proviene de la música. Mallarmé sabía esto y lo convirtió
en el centro y el fin de sus creencias.
El esperaba asi purin'car la poesia de
modo que produjera un deleite incontaminado, un goce absoluto que trascendiera las limitaciones que la naturaleza impone a las palabras, y que
parece ser cosa de un mundo ideal.

/

/

-

El simbolismo fué, pues, en su origen, una especie mística de poesía,
cuya técnica dependía de su metafísica y cuya primera popularidad se debió a la importancia que acordaba a
la personalidad del poeta, y al elemento musical en su arte. Hizo conversos y se extendió a muchas tierras.
Pero detrás de esta promesa dorada
se escondían defectos, en realidad ni
fatales ni fundamentales, pero siempre
insidiosos. Por el simple hecho de
apartarse de las emociones vulgares y
concentrarse en sus visiones personales, el simbolista se aisló en gran parte de la vida y su obra fué la actividad de unos pocos hombres cultos.
Políticamente, esto podría explicarse
como una reacción .aristocrática contra la marea ascendente de las opiniones democráticas. Y tal explicación
no es del todo falsa. A hombres como Villiers de L'lsle Adam les gustaba vanagloriarse -sin buenas razones,
parece- de su abolengo, y el culto de
Wagner no se distinguía siempre del
culto a Luis II de Baviera. Los simbolistas odiaban al público tanto como Flaubert. Para Mallarmé era la
hidra que babia matado a Poe. El sintió la hostilidad de su tiempo por su
carácter democrático. Pero este apartamiento de la vida era en realidad
más el del anacoreta que el del noble
desposeído o amenazado. Surgió de
las ~xigencias que impone la sensibildad estética a quienes se abandonan
a ella. El estela verdadero que desea
enriquecer sus impresiones y captar
las sensaciones más remotas o fugitivas está separado de la acción y dé
las solicitaciones más crudas de la vida. La búsqueda sincera de sus fines
exige una concentración y una soledad imposibles a la mayoria de los
hombres. El alejamiento estético fué
idealizado por los simbolistas y encontró su expresión completa en des
Esseintes, el héroe de la novela de
Huysmans A Rebours, que desea "esconderse . en algún rincón lejos del
mundo, en algún refugio donde poder
amortiguar el ruido de la ruidosa agitación de la vida inflexible, como uno
cubre las calles de paja para los en-

I

Página 8

frrmos". La conclusión de este punto
de vista puede verse en e I Axel de
Yilliers, para quien la vida no es nada y la experiencia imaginativa todo.
"Vivir']", exclama AxCI. "Nuestros lacayos lo harán por nosotrosu: No falta este espíritu en los estelas ingleses.
Pater dejaba a su imaginación jugar
con héroes imaginarios que se negaban a entregarse a la vida, y diseñó
un cuadro de Sebastián van Storck,
con su "desdeñosa negativa a ser o hacer una cosa limitada".
Este desdén levantó una barrera entre la poesía y la vida común. El público, sintiéndose despreciado y notando que la nueva poesia estaba fuera de su comprensión, se volvió hacia
autores mas bastos. Y los poetas separados del público, se volvieron sobre
si mismos y se privaron ele la fuerza
que puede encontrarse en las calles Y
las multitudes. No hablaron a un pais
o a una generación, sino a si mismos.
Si como Wilde o Pater, los profetas
tr;taban de hacer su evangelio más
popular, las ventajas les costaban bien
caras. Durante su vida Pater fué observado con sospechas por muchos· de
sus colegas; Wilde echó a perder una
buena parte de su arte por el deseo de
obtener la aprobación pública. En
Francia los simbolistas no buscaron la
popularidad, y les gusta~• mofarse Y
desorientar a la burguesia. Tomaban
a la posteridad en cuenta, yer? por
haber desdeñado su propia epoca,
ahora atraen menos a la posteridad;
pues a menudo carecían de esa vitalidad que proviene del contacto con la
,•ida y sobrevive a los siglos por su~
cualidades humanas permanentes. Ni
tampoco es fácil para un poeta vivir
en un pequeño circulo, por muy se~
ductor que sea. Su inspiració:i puede
agotarse; puede sentir que su obra no
es reconocida; la desilusión Y el sentimiento del fracaso pueden hacer presa de él. Si piensa demasiado en su
arte, puede descubrir que al fin Y al
cabo no puede practicarlo. En verdad, el patético fracaso de Mallarmé
para producir su "oeuvre pure", la
gran obra con que soñó por más de
veinte años, puede explicarse diciendo que babia pensado demasiado en
ella y había agotado las fuentes de su
fuerza. Remy de Gourmont tenía tal
vez razón cuando dijo que Mallarmé
había matado en él "la spontanéité de
l'etre impressionable". Tanto se habia
concentrado en la teoría de la poesía
que no podía pensar en nada más, Y
cuando debía pensar en los detalles
de un poema en particular, sólo podía
pensar en lo que debía ser el poema
ideal.
Una segunda dificultad de la doctrina de Mallarmé era la enorme importancia que atribuía a la música. La
visión de la magnificencia de Wagner
lo obsesionaba, y trató por todos los
medios de igualar sus efectos en verso.
Y no estaba solo en esto. Cuando
Pater dijo que "todo arte aspira constantemente a la condición de la música" dijo en su estilo más llano de inglés lo que Mallarmé decia a menudo.
Y tampoco debe ser interpretado literalmente. Ambos veian que había en
la poesía un elemento irreductible
porque las palabras tienen sentido, y
eso es lo que impide a la poesía producir un efecto tan puramente estético como la música. Pero Mallarmé estaba sin duda engañad&lt;¡ por la analogía de lá música. El creia poder producir en poesía un efecto tan absolutamente estético que el entendimiento
estaria casi subordinado, Todo lo harían los sonidos y las asociaciones;
el mero significado de las· palabras
no importaría. Pero las palabras se
refieren a ideas, y la poesía se hace
con palabras. Nunca puede tener la
extensión ilimitada de la ·visión pura.

1fallarmé perseguía una belleza absoluta que significaba todo para él. La
simbolizó en muchas formas en el ciclo azul, en la aurora, en los témpanos
de hielo, y cada símbolo muestra que
era impersonal, estática, remota. Para
transmitir estas cualidades 1\laUarmé
soñaba con encontrar 'fJ.a parolc sous
la figure du silence", y pudo dar un
~itisbo de su naturaleza en
L'insensibilité de l'azur et des
pierres.
Pero escribir un poema completo en
tal estado es caS'i imposible. Las palabras están ]imitadas por su significado. La poesía mas melodiosa y asociath•a no puede aspirar a robar al músico sus honores. Se han hecho intentos para justificar la creeencia de
:Mallarmé, pero los hechos están contra él. Su propia confesión, "Mon art
est une impasse", el fracaso al escribir su gran poema, el fracaso de sus
apologistas para demostrar que la poesía puede conseguir efectos compara•
bles a los de la música, la verdad inalterable de que las palabras no pueden
separarse de su significado, todo esto
muestra que su doctrina era defectuosa.
Estas dos debilidades, el apartamiento de la vida corriente y la creencia en que la música es el fin de la
poesía, se revelan sobre todo en la carrera de Mallarmé. Tal vez son también la causa ele que después de la
muerte de Mallarmé los simbolistas
fracasaran en Francia y de que el verdadero sucesor de Mallarmé fuera un
poeta que encaró ambas dificultades
y entendió su significado: Paul Valéry.
Esas dos debilidades, hay que admitirlo, tienen su lado positivo. La primera trajo una sensibilidad aguzada,
y la segunda una consideración apropiada de los sonidos en la poesía. Y
tal vez sean éstas las contribuciones
más notables del simbolismo al mundo moderno. Pero en ambas hay dificultades y para los sucesos del simbolismo han sido motivo de gran inquietud. La verdad es que los poetas
que escribieron en esta tradición después de 1890 se vieron generalmente
obligados a abandonar sus estilos elaborados y que torres de marfil por la
vida de la multitud. Habían ampliado
la esfera de la Belleza Ideal y, en el
proceso, se habían ,•isto forzados a
cambiar su técnica y sus ideas sobre
lG que un poema debía ser. En estos
cambios y adaptaciones radica su interés especial. Pues la poesía vive del
cambio. Una vez que un estilo se ha
perfeccionado, debe dejarse a un lado;
pues nada se parece menos a un gran
estilo que sus imitaciones. Los sucesores de los simbolistas empezaron con
la convicción de que las doctrinas de
l\lallarmé estaban bien, pero todos las
fueron aba,ndonando en una o en otra
forma. Esto no es una critica de Mallarmé. Las teorias de un poeta no deben juzgarse por su verdad universal,
sino por la vitalidad que infunden a
la creación de la poesía. Si las teorías
de Mallarmé están ahora tan dejadas
como las de Horacio a las de Du Bellay
o las de Wordsworth, no hay que reprochárselo. Al revés, debemos alabarlo, porque estas mismas teorías incitaron a fuertes imaginaciones a la
creación, y no les impidieron desarrollarse según una línea que favoreció
sus inclinaciones especiales.
Los sucesOres empezaron por aceptar
las ideas del simbolismo. Ellos representan el cambio de una época acostumbrada a considerar el arte como
una experiencia mística privada a otra
que lo considera más bien como una
actividad pública y social. En este
sentido son extrañamente, los legítimos herederos de Mallarmé, que dijo,
•'Je pensc que le monde sera sauvé

par une meilleure litcrature". Si su
transferencia es incompleta, es porque
la época en que les tocó vivir ha sido
también incompleta en sus cambios.
Pero su esfuerzo por entender el mundo de acuerdo a una nueva visión y
por interpretar sus movimientos, nos
autorüa a calificarlos de rep-resentativos. Pocos de ellos se han quedado en
un solo lugar o han seguido fieles a
uh único estilo, pero en la misma divergencia de sus esfuerzos radica su
interés peculiar. Pues ellos muestran
cuánto afectan a los hombres de gran
sinceridad y sensibilidad las exigencias diversas de una edad compleja.
Aquí no se trata de un cantar no reconocido y asilado como el de Blake
o el de Hopkins. Nuestros hombres
son los poetas de una epoca singularmente rica en experiencias imaginativas, la de Bonard y Matisse en pintura, la de Maillol y Mestrovic en escultura, la de Ravel y Stravinsky en música. La época ha terminado, pero sus
grandes representantes en las artes
tienen un jnterés más que histórico
para la posteridad. Por sus propios
méritos, han ganado un lugar permanente.
(Prólogo del libro LA HERENCIA DEL SIMBOLISMO,
por C. M. Bowra. Ed. Lo%ada, Buenos Aires, 1947.)

mas
rgano

ensua
de Nuevo León

Registrado como artículo de 2a. Clase en la
Admón. de Correos de Monterrey, N. L., el

20 de Ah,;! de 1944.

INDICADOR,

f.
' Colaboradores

Hago Padilla
Fidcncio de la Fuente
Genoro Salina! Quiro!l'a
Arturo Cantú

S.

Homero A. Gan.a
Alfonso Rangel Guena
Guillermo Cerda G .
Jorge Rangel Guerra
Manuel Morales
Dibujos de Jorge Rangel Guerra

Oireclor
Lic. Fidencio de la Fuente

Oficinas

\V11shinglon y Colegio Civil
Monterrey, Nuevo León

MEXlCO

1

I

1

�</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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