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                  <text>BOLETIN MENSUAL DE LA UNIVERSIDAD DE NUEVO LEON
Registrado como artículo de 2a. clase en la Administración de Correos de Monterrey, N. L., el 20 de Abril de 1944,

D.A.S.U.

No. 6

Año XIV

Junio de 1957

un cuento

de los sonetos
recíén cortados

inédito de cheíov

_ JE

-1:

~✓

Alfredo CARDONA PE~A

'

•t ,,",

r urilli r: 11 ) ~

\3\t\~i~t~ttr K

o Lo e o s
•

.I.

ESTE volumen es de ayer. Un poco
ha crecido mi yerba, y hoy prefiero
monte a jardín, relámpago a lucero.
La castigada pulcritud revoco.
Tal a sus armas el amado loco
velé mi forma, pero ya no quiero
tánta sílaba presa, tánto acero
dentro de lo que soy y lo que toco.

EL DOCTOR
L SILENCIO reinaba en el salón, un

silencio tan profundo que claramente
se hubiera escuchado el ruido que
hacía, golpeándose en la lámpara, una mosca extraviada. Lo propietario del salón, Oigo
lvonovno, encontrándose bojo la ventana y
sumergido en sus pensamientos, miraba el
romo de flores. El doctor Svetkov, su viejo
amigo y médico de confionso, que ella había llamado o lo cabecero de Micho, estaba
sentado en un sillón, balanceando moquinolmente su sombrero, que sostenía con los

dos monos, y reflexionaba también . Fuero
de ellos dos no había ahí odie, ni en el
salón ni en los piezas contiguas. El sol se
ocultaba y las sombras comenzaban a e,..
parcirse en los rincones y sobre los muebles.
Fue Oiga quien rompió el silencio:
-No se podio imaginar desgracio más
terrible, dijo ella sin voltearse . Usted sabe
que, sin este niño, la vida ya no tendria
sentido para mí.
-Sí, lo sé, dijo el doctor .
-Ni el menor sentido, dijo ella, y su

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~,t.·.
1:'.,_;~

~_r:·-, ~rJ

Quiero minar el verso, contemplarlo
como un viento embriagando un caserío;
y abrir el verso quiero y enterrarlo
en la boca del hombre, en su rocío;
y no escribirlo más, sino mascarlo
para que nos invada como un río •

. II LOS números vestidos. El soneto.
]untar, juntar la flor desparramada.
Ya viene por el sol rimando en hada.
(La mejilla se ve, no el esqueleto.)
Recordar los rebaños en un seto.

Lo mismo que el pastor de la vacada
ir guardando la voz enamorada.
Con lenta prisa el ánimo es completo.
Con lenta prisa. Quédense las vías
antaño recorridas por ligeras.
Si ellas bebieron ocio de los días
aquí el amor va entrando por sus eras,
y en catorce labradas celosías
gozan sus libertades prisioneras.
(Pasa a la página 4)

(Dibujo de Jorge Rangel Guem )

�vox tembló; él es todo poro mí, mi único
olegrío, mi dicho, mi riquuo ... si el debe
morir, como usted dice ... si yo pierdo ol niño, no seré sino uno sombro de mí mismo.
~o podrío sobrevivir.
Ello vo de uno ventano o lo otro, retorciéndose los monos.
-Cuando noció, prosiguió ello, usted lo
r~cuerdo, yo quería enviarlo o lo Asistencia
Pública, pero, Dios mio ¿es que puede compararse lo que ero entonces y lo que es
ahora? En oquel tiempo yo no ero sino uno
mujer trivial, tonto, frívolo, pero ahora soy
uno madre ... (usted me comprende? Soy uno
modre y no pido nodo más. Hoy un abismo entre el posado y el presente.
De nuevo se hixo el silencio.
El doctor cambió de sitio y, jugando nerviosamente con su sombrero, fijó su mirado
sob,e Oigo lvonovno. Se veía que el quería
hablarle y no esperaba poro eso sino un momento propicio.
-Usted callo, pero no puedo abandonar
todo esperanzo, dijo ello volviéndose hacia
él. ¿Porqué colla usted?
-Yo sería feliz compartiendo vuestro esperonxa, Oigo, pero esto es imposible, respondió Zvetkov, hoy que ver los cosos de
frente. El niño tiene uno meningitis'luberculoso. Debemos prepararnos o lo peor; es
una enfermedad que no perdono.
-Nicolás ¿está usted seguro de no engañarse?
-¿A que vienen esos preguntas? Yo quisiera responderle lo que usted desea, pero
eso no nos serviría de nodo.
Ella escondió su cabezo en las cortinas
de lo ventano y lloró amargamente. El doctor se levor,tó, dió unos posos en el salón,
después se aproximó o lo mujer y Je tocó
ligeramente lo mano. En sus gestos vacilantes Y la grave expresión de su rostro, que
el crepúsculo volvía todavía más sombrío
se adivinaba que él quería decir algo.
'
. -Escúcheme, Oigo, dijo él, le pido un
instante de atención. Conviene que le hago
uno pregunto ... Pero no, no es el momento •.• Más tarde •.• más tarde.
Se sentó de nuevo y se sumió en sus reflexiones. Escuchaba los dolorosos solloxos
do Oigo, que parecía suplico, o alguien como ~o haría uno pequeño niño. Sin esperar
el .f~n de esto crisis de lamentos, Zvetkov
soho suspirando y se fue ol cuarto de Micho.
El niño estaba acostado, y atento con lo
V~S t o fijo en un punto delante de él, parec10 escuchar. El doctor se sentó en su como Y le tomó el pulso.
-¿Te duele lo cobexo? le preguntó.
El niño respondió después de un silencio·
-Sí, tengo sueños...
·
-¿Qué sueños?
-Todo.
El doctor, que no sabio hablar ni O los
mu~eres llorosos ni o las niños, ocoriciá lo
ardiente cobexo y murmuró:
-Esto no está bien, mi pobre pequeño
no está bien ..• En este mundo no se puede~
evitar los enfermedades ... Micho ¿me reconoces? ¿Quién soy?
El niño no respondió.
¿Te duele mucho lo cobexo?
-Mucho .•• Sueño siempre ..•
Después de haberlo examinado y hecho

!Dibujo de Jorge Rangel Guerra )

algunos preguntas o lo niñero que cuidaba al niño, el doctor volvió sin prisa al salón. Lo penumbra había yo envuelto o lo
piexa; lo silueto negro de Oigo lvonovno
S.:! destocaba en lo claridad de lo ventano.
-¿Hoy que encender?, dijo él.
No hubo respuesto. Lo mosco continuaba
revoloteando y golpeándose en lo lámparo.
Ningún sonido venía de fuero, como si el
n1undo entero, de acuerdo con el doctor, reflexionara y no se decidiera o hablar. Oigo
lvonovno había cesado de llorar. Acercándose o ello escrutando en el crepúsculo su
rostro pálido, morcado por el dolor, el doctor reconoció lo expresión que ella tenía durante sus crisis de fuerte jaqueca.
-Nicolás Trofimytch, dijo ello ¿si se llomoro o un médico consultor?
-Muy bien. Me ocuparé de eso moñona.
Ero fácil adivinar, en su tono de vos, que
apenas creía en lo utilidad de un médico
consultor. Oigo lvonovna quiso hablar entonces, pero los lágrimas se lo impidieron.
En ese momento, los sones de uno orquesta 1
que tocaba en lo ploso del lugar, penetra-ron en lo pieza. Se distinguían claramente
no sólo las trompetas, sino también el violín y lo flauta.
-¿Si él sufre, porque no dice nodo? preguntó Oigo lvonovno. En todo el dío 1 ni un
sonido... él no se quejo, no lloro. Yo sé
que Dios nos quito este pequeño porque no
hemos sabido apreciarlo .•• ¡ Mi tesoro!
Lo orquesto terminó de tocar uno marcho y atacó con un alegre vals; el baile
campestre iba a comenzar.
-Dios mío ¿es que verdaderamente no
podemos hacer nado?, gemía Oiga. Nicolás1
tu que eres doctor, deberías saber. JComprende que yo no podría sobrevivir!
El doctor, que no sabio hablar o los mujeres llorosos, lonxá un suspiro y atravesó

1

Página 2

Dibujo de Jorge Ran~I Guem11

el salón sin hacer ruido. La orquesto tuvo
tiempo de tocar una cuadrillo, uno polko,
Y uno cuadrilla más. Lo oscuridad se hiso
más denso. En lo pieza vecino, lo niñera
había encendido la lámparo, pero el doctor
estaba todavía ahí, torturando su sombrero
Y dispuesto o decir cualquier coso. Oigo
lvonovno solía, se quedaba largos momentos cerca de su hijo, volvió al salón; de
~uevo volvía o llorar y o lamentarse. y el
tiempo se arrostraba penosamente. Parecía
que esto tarde jamás tendría fin.
A medio noche, cuando lo orquesta hubo
tocado el último compás, el doctor hixo finalmente ademán de marcharse.
-Volveré moñona, dijo, apretando lo
frío mono de lo mujer; vaya a acostarse.
Se p~so su abrigo en lo entrado, tomó
su bastan, reflexionó un instante y volvió al
salón.
-Volveré moñona, Oigo, dijo con una
vox temblorosa, ¿me entiende?
Ello se calló; parecía que el dolor le había quitado lo facultad de hablar. Sin dejar su bastón, Zvetkov se sentó cerca de
ello y dijo en un semi-murmullo tierno y
suave que ton mal iba con su silueto grueso y pesado:
-.j.Olgo ! En nombre de su desgracio que
tomb1en es lo mio ... Ahora, el momento en
que una mentira sería criminal, le suplico
qu,e me diga la verdad •.. Usted siempre afirmo que este niño ero mi hijo ¿Es verdad?
Ella se calló.
-Usted ha sido el único amor de mi v·do, dijo Zvetkov, usted no puede sab~r
cuanto he sufrido por sus mentiros. Yo le
ruego, Oigo, por uno solo vez, dígame lo
verdad ..• Es imposible mentir en un momento semejante... Confiese que Micho no es
mi hijo ..• Espero su respuesto.
-El es vuestro hijo.
El rostro de Oigo ero invisible, pero
Zvetkov creyó percibir un titubeo en su vox
El lanzó un suspiro y se levontó.
•
-Usted se atreve o mentir, ¡en este momento•· d"'
•J 0 e'I con su vo:r ordinario. ¡ Mo
hoy nodo sagrado poro usted! Escucheme
~ro_te de comprenderme ... Usted ho sido mi
un1co amor ..• Sí, es verdad, usted ero uno
mujer depravado y trivial, pero no he amado o nadie más, Ahora que comienxo 0
envejecer, este amor es el único punto luminoso en mis recuerdos. ¿Porqué quiere usted empañarlo? ¿Porqué?
- ¡ Dios mío! exclamó Zvetkov, si usted
me entiende perfectamente, exclamó más
fuerte aún, y se puso o caminar en el so
l~n, blandiendo su bastón con cólera. ¿~
bien lo habrá usted olvidado? ¡ Quisiera refresco rsu memoria! Petrov y el abogado
Kourovski
tienen derecho, lo mismo que yo,
,
al titulo de podre. ¡ Los dos han pagoda,
como yo, una pensión poro cubrir los gastos
de educación del niño! ¡Sí, señora! ¡Lo sé
perfectamente! Le perdono sus mentiros pasados, tonto peor, ¡ pero ohoro que h•béis

envejecido, ahora que el niño está O punto
dr. morir, sus mentiros me ahogan! ·Qui
lcístimo que yo no sepa hablar bien! 1~Q..
lástima!
Desabotonó su abrigo y caminando constantemente continuó:
-¡Molo mujer! l Ello mismo no co111pr~nde lo gravedad del momento presente!
~•ente con lo mismo facilidad que nueve
onos antes en el Restaurant "El Ermitaño"
¡Teme que al descubrirme lo verdad .;
puedo llegar o mi dinero! ¡Cree que si eH1
me hubiera engañado yo no habría querido
o ese pobre pequeño! ¡Usted miente' ·Et
innoble!
• ' ·
Golpeó el oro de su bastón y exclamó:
j Esto es asqueroso! i Usted es uno cñatur~ desnaturalixado, un monstruo! ¡ Yo ft.
~mo tener vergi.ienxo de mis sentimientos!
S, ... j He aquí que nueve años de sus mentiros me quedan en la gorgonto! He sopor•
to.do todo pero ahora esto se acabo
. se
acabó!
... '
Resonaban solloxos en el Fincan
, , oscuro
donde se había refugiado Oiga lvanovno,
Zvetkov se calló bruscamente y tosió, Hubo
un momento de silencio. El doctor volvió o
abotonar su obrigo y se puso o buscar el
sombrero que había dejado coer caminando.
-Estoy fuera de mí, murmuró él bajondo
cabezo. Olvidé que no ero el momento.••
Dios sobe lo que os he dicho
N0 h
caso, Oigo.
···
aga

'º.

Encontró su sombrero y se dirigió hocia
el rincón sombrío.
j Lo he insultado, dijo él en un semimurmullo tierno y dulce, pero 1e supltea
,
~,na vez más, Oigo, que me digo lo verdad
no hayo mas
• mentiros entre nosotros. Ahora•
que me dejé llevar por el momento y que
;sted sobe que la existencia de Petrov y
~uro;s~i no es un secreto poro mí, le será
mas foc,I decírmelo
Olg_a. lvonovno ,e.flexionó y murmuró con
una YISlble agitación:
-Nicolás, yo no miento M. h
tro hijo.
·
1c o es vues-

- ¡ Dios mío! gimió Zvetkov y b"
entonces os diré todo· ·T
• . ,en,
vuestro c
. J engo en n,1 poder
orto a Petrov en lo que lo llamais
Podre de Mich 0 , 01
•
•
go, yo sobío lo verdad,
:~::, quiero escucharlo de vuestro boca! ¡Y

Pero ello continuó llorando ,·,n
10 b
decir pa•
ro. El doctor esp••o'
- entonces, olxó los
hombros y solió.
-¡Volveré
moñona'• gri·1·o en 1o puerto
E
·1 n su coche, sobre el comino de regreso.
e no cesaba de
murmurar olxando los hom•'
b ros:
-¡Qué lástima que yo no
h bJo
bien' N O t
sepa o r
No ;é
engo el don de lo persuoción.
convencer. Es evidente que ello H
me comprende yo q
. ,
·p
'
ue continuo mintiendo
&lt; ero como explicarle? ¿Cómo?
•
!Traducción de A.R.)

(Dibujo de Jorge Rangel Guerra)

Apología del dílettante
Eduardo VILLASEÑOR

A

POJ,OGI.\ del di\ettante, el hombre que 110 traspasa nunca la
superficie de las cosas?

.-Si es superficial, es frhiolo; y. si

es frívolo, no tiene excusa. Como no
la tiene Don Juan, que Se queda siem•
pre en la superficie del amor.
-¿Y si Don Juan fuera, al contra•
río, el verdadero amante? ¿Si al enamorarse de cada mujer que encuentra
fuese por el amol' perfecto que desea
y que no reali:a?

- -¡Qué infinita sed de cullura tiene
el diletlanle? Pero como no puede
llegar al fondo, se queda en la espuma
• de las cosas. El dilellanle es el fruto
de la época. Cuando la vida no iba tan
de prisa, el dilellante se llamaba Aristóteles, Raimum/o tulio, Goelhe o
Leo11ardo.
En la actualidad, del dilettante /1011
la curiosidad, el deseo de saberlo todo. Pero cuando está a pu11lo de penetrar al po:o -de la ciencia, acasocon un pie 11a dentro, jinete sobre el
brocal, algo hay alli cerca - 0 lejosque lo atrae, que lo llama, que lo enamora, como una nueva mujer.
¿Qué otra cosa que ir- hacia lo nuellO puede hacer este Don Juan ante
tantos aspectos de la villa, ante tantas cosas. ante tantos temas que le gul1ian los ojos?.
La apología del clilettanle es su sed
de saber. Se parece más al filósofo
que al sabio, por ambicioso. El dileltante --a pesar de lo snob- morirá
diciendo: Lu~. más ill:.
EL DILETT.4.\'TIS.110 DE l,A .~CTL'.\l,
CULTl'RA ,ltEXICAN,\
HLos hijos de una ge11eración fuerte
son siempre inferiores a ella''i me decía Alfonso.
-Sí, Alfonso, e., 11erdud y la ge11eración fuerte, en Mé.rico no es la actual nueva, sino la actual madura. En
.lféxico, ha habido tres épocas brillantes de la cullura: la época colonfol

•qui=cí sobre todo, el siglo XVlll en
que la Real y Poulificia l'niversidad
ya estudiaba algunas atrevidas cuestiones filosóficas (Bacon y Desearles)
o cuwulo me11os sus mejores {lguras
se ocupabau en ellas sl no pública, si
privadamente. Período que llena, si
no hubiera ofras figuras respetables,
la legión de sabios jesuitas; generación ruya cultura estaba formada sobre las firmes bases cl&lt;isícas y a la que
de/Jemo.'i cuanto sabemos sobre la historia ,le ,lfé.rico. Es entonces cuando
la arquitectura entre una y otra tendencia nos va &lt;lejando los monumentos de esta metrópoli, que no lo era
en la politica, pero llegó a ser llamada la .llenas del X11evo .l/1111do. La
pintura asciende a primera manifestación de la cfoili:ación de entonces,
ron los dos Erhaves, con los Juáre:
u NJn el mejor de ellos, Sebastián de
Artear,a. En fa ciencia, la sólida cultura de Sigüen:a 11 Góngora seria ya
bastante; pero se r,a a completar con
las dos figuras centrales de la lileralura: Juan Rui: de Alarcdn y Sor Juana Inés de la Cru:. Si hasta el puro
relorcismo de los 350 retrógrados latino.'i de l'alenria .ingenio, talento y
rullura al fin
es muestra del ocio
floreciente de la época.
.-\ todo este período que abarca, claro está más de una generación, sigue
.'iin embargo, la decadencia, en ciencias, e11 arte, en literatura.
Para r,otr,a a encontrar el ugundo
perío,lu brillante de la cillili:ación en
.lfél-ico. habremos de llegar hasta el
que romprend&lt;.• parte de la Reforma
lu última- cuyos hombres sobrepasan la época que r,iven, y a la que glorifiNm, y que derrllman sus claros. talentos en la tribuna y en los libro.~.
Ciuili:ación ésta cuya manifeslaci6n
es, .rnbre todo, genero.wmenle espiritual, de entusiasmo, de fe. de abnegación y de clara visión de los problemlls y de fuerte voluntad para resolllerlos. Este periodo abarca hasta el
Xigromante y Altamirano y hasta la
f1111dación ,le la Escuela Xacional Pre-

paratoria pur Barreda, que inicia el
intento de educación cientifica, un poco dislocada e/el clasicismo.
Hay también después un período &lt;le
lago muerto, sobre el que va a aparecer la figura de Guliérre= Nájera, que
inicia la renovación -en literaturala cual lla a culminar -en plena gestación- a principios del siglo XX, con
el florecer, meramente literario, de la
Revista Moderna.
Dentro del periodo de calma aparen/e, dominada por el ademán generoso
de Don Justo, se gestaba la formación
del espíritu nuevo: había de surgir,
enérgico y tena:, en la generación del
.\leneo. De los conferencistas del Ateneo .'Ge hablan de formar las figuras
de la c11/111ra de hoy, las figuras ¡¡a
maduras de nuestra cultura, que todallia nos cobijan con su sombra blenerhora. En esta generación tendría lur1ar muy especial la figura de Henríque: l'reña, sembrador de dudas, de
ideas y de entusiasmos.
¡,Qué había de venir Irás de esta generación generosa y atrevida? Correspondiendo un poco a esta generación
de criticas trastornadores y sabios jó~
veues, se agitaba en el foudo riel lago
muerto la temJ)estad de la revolución
social . .ltás de rrna década va ya de
este revuelto mar de crisis ideológica
u social. (;Quf podia esperarse &lt;le la
jm1entutl criada entre el estruendo de
la lucha, que agudi:ó la miseria de
.lférico, sobre lodo la de la clase media? Entre miserias e inquietudes, esta juuentud mal quisiera ocupar ele
1111n ve: su puesto en la cosa pública
que elaborar una cioili:ación, en ga.
binetes y laboratorios que no existen.
.llás qui.i;iera reali:arla con los hechos
que con los estudios . .llás quisiera hacer una civili=acidn que pensllrla. Más
qui.'iiera obrar que no pensar.
¿Podría ser de otra manera esta ge•
11eració11 de improvisados con barnices ,le cultura adquirida a ratos, en
los e.ficasos centros de estudios, entre
una revolución y otra revolución?
Desterrada, ndemás, como en nin-

guna otra parle, la cultura clásica, ba•
se firmísima de toda civilización occidental, ¿cómo había de ser ésta una
generación de jóvenes cultos? ¿Cóm•
podían haber hecho su cultura estos
1or,e11es que 110 tenían siquiera. además de la tranquilidad para el estudio, ni los libros, ni los guias para
encontrarlos?
Sólo un vigía había quedado en el
naufl'agio de nuestra discutida cultu•
ra: Antonio Caso. Aislado, solo, generoso, entusiasta, sintiendo que en él
estaba el espiri111 del Ateneo, formó
una trás otra, dos, casi tres generaciones. Genuaciones náufragas que
sólo tienen el recuerdo inolvidable
del arrebato elocuente y -unos que
otros- la iniciación y la inquietud de
los problemas filosóficos y sociales.
Cuando al iniciarse la tercera déca ..
da zmelven al país o acentlian su influencia por medio de los libros, los
hombres de aquella generación renolladora, unos cuantos sabían y ricordabau lo que había sido y representaba el Meneo. Agitador de juventudes,
1111ell1e llenrique: Urefi.a. Encantador
de juventudes, escribe, cada ve: más
leído, Alfonso Reyes. Rebelde y atrer,ido, con la clara z,isión de los prohlemas, socialista y despótico, vuelve
r asconcelos. Las juventudes náufragas
se agruparon de nuevo; parecía que
se iniciaba el renacimiento.
Faltaba, sin embargo, la base en el
saber y faltaba también la base en el
obrar. Sin cultura y sin carácter, jui,entud perdida, fué incapaz de iniciar
" la sombra de e.,te grupo !/ fortalecer
la Perdadera cultura: la mayor parte
no hablan leido qui:á a Platón ni a
A.ristóteles, a Homero ni a Esquilo, Hahicm oído nombrar a Kant y Goethe,
habian leido quizá un poco a Niet:sche,
a quien habían lomado por BOUTADE,
y todos hablaban de Bergson, .,in haberlo leído. O los literatos, si recibían
reuistas francesas, se volvian locos entre aquel mar de nombres internacionales escritos en francés y aquella ca(Pasa a la página G)

Página 3

�de los sonetos El lomóchic de Heriberto Frías
Alí CHUMACERO

recíén cortados
(Sigue de la página 1)

· III.
LA ANFORA viva, el límite obediente
que da su amor al agua, ¿no la eleva?
Riberas, ¿sois el río, él os lleva
o lo lleváis vosotras, indolente?
Palabra, ágil misterio, luz sonriente,
¿vistes la idea, dime, siempre nueva,
o es la idea al vestirte quien nos prueba
el vano esfuerzo de llenar tu fuente?
Movimiento y quietud, choza y palacio
de nuestro pensamiento. No el espacio,
sino el tiempo que somos nos confunde.
Así la forma, vaso de la vida,
es rosa que en su mundo detenida
rompe el caudal y en el amor se funde.

- IV.

SONETO, caja mía, oh relojero
marcando fl AQUI FUE de mis arenas,
oblígame a enlazar grillos a penas,
ven otra vez, y apúntame certero.

Mi juventud quemé, guardo el tesoro
de haber tu duro hielo derretido,
pues los sonetos (léeme pausado),
como en los versos de Francisco de Oro,
siendo ceniza quemarán olvido,
polvo teniendo lavarán pasado.

. V.

Heriberto Frías
ALORES ajenos a la literatura propiamente dicha han intervenido
siempre en el contenido de la novela mexicana. Como ningún otro género literario, la novela sobrepasa, por
decisión de los escritores mismos, las
márgenes de lo artistico para apoyarse
en razones, cuando no en circunlocuios,
de índole moral, social, religiosa, patriótica, etc. Pueden aducirse fáciles ejemplos tomados desde las manifestaciones
iniciales hasta la obra de la generación
que cobró firmeza en las experiencias
revolucionarias a partir de 1910. El
amor a las cuestiones públicas se refleja de tal manera en gran proporción de
escritos, que muchas veces nos parecen
importantes en tanto ese amor conserva para nosotros alguna validez. La torpeza descriptiva, el escaso acierto en la
concepción de los personajes, la nula
eficacia del ordenamiento de la composición, la sosez de los temas y la inepcia
para atinar el enlace oportuno de las
escenas acaban por dominar a menudo
la propensión de lo escrito. Lo mediocre, por convicción del autor, corre el
riesgo de ser en tantos libros la característica que el lector capta de inmediato.
Sin embargo, de esa línea preponderante que conforma el meollo de nuestra
prosa, persisten al través de la historia
literaria algunas muestras que día a día
-aunque ahora descendidas a las costas bajas propicias a la investiqación literaria más que a la constante cosecha
de nuevos lectores- constituyen la médula de nuestra novelística. La preocu~ación por delatar la injusticia y conaolerse de la miseria de ciertas clases
sociales -ya se trate de las menos consideradas o de la que denominamos cla-

V

Mira lo que aprendí bajo tu acero:
la sangre es disciplina de las venas.
Cumplo mi libertad en tus condenas
y a un tiempo soy penado y carcelero.

/

ADIOS, adiós, regresaré mañana
sin sonetos, con otra poesía.
-¿Con otra? -Todo cambia bajo el día
y aunque yo solecillo y tú ventana
no hay hora que no nazca una campana.
Haya luz, y no tánta simetría.
La liebre triunfe, nunca la jauría.
A buena entendedora una manzana.

Venga el amor y envuélvame en un grito
rojo, de todos, lleno de perdones.
Y arenas doctoradas en ciclones
escriban a la madre del granito:
no hay que rimar, hay que remar, y tanto
que el mar agote y que nos venza el canto.

mas buscaron legítimo acomodo. en la
literatura. El aprovechamiento de muchos privados, disidentes de preocupaciones políticas y sociales, redobló el
fán de los escritos. Pero a partir de
/910, con el desarrollo de las generaciones históricamente posteriores, la Revolución acabó por vivificar ante nuestros ojos el contenido de La bola y Tomóchic, y hacer que la preocupación de
los críticos propendiera a estudiar en
ellas las cualidades que las distinguen.
Azuela, Martín Luis Guzmán, José Rubén Romero y varios otros remozarían
esas cualidades al desbocarse, con multitud de cadáveres y hechos bélicos,
en la añoranza de cuadros observados,
cuando no presentidcs, en el transcurso
de los hechos de armas.
El realismo, aprendido en escritores
franceses principalmente y desvirtuado
con la lectura de los españoles, se acomodó de inmediafo a la técnica de los
nuestros. Pocos ascendieron hacia la
cúspide naturalista, a la busca de los
extremos tan gratos a los modelos que
elegían, y relataron escenas de mujerzuelas, o de borrachos. La mayoría cifró sus anhelos en asomarse, desde un
cómodo altozano, a la vida de los de
abajo, y al conocer el tumulto que esa
vida era, soslayaron dejos de protesta
que en aquellos años colindaban con el
heroísmo. Rabasa, adicto a la discreción, ante la intranquilidad pública que
presupone una sublevación local -tema
de La bola-, puqna porque nuevamente triunfe la pacífica verdad del porfirismo. Frías va más allá, y piadosamente deja escapar algunas frases que a la
postre 12. costaron muchos dolores de
cabeza.
Tomóchic cuenta una de las acostumbradas batallas -la definitiva- entre
el ejército federal y un puñado de hombres insumisos que, encerrados en el
breve perímetro de su aldea, resistieron
heroicamente hasta el ;inal. Al margen
del relato, Frías hace reflexiones que
ponen al descubierto el sentimental ca-

se "media"- se ha imbuído en no pocas obras que, a pesar de su modesta
cuantía literaria, señalan el arranque de
una expresión peculiar. Nuestra novela,
plagada de naturales precursores en diversos sentidos desde el siglo XIX, ne
habría de fortalecerse hasta la aparición de Mariano Azuela, a principios de
la centuria actual. Los antecedentes,·
numerosos, serían conformidados por la
conciencia moralizante del autor de Los
de abajo.
Al lada de las mejores novelas mexicanas escritas al final del siglo pasado,
se hallan por lo menos dos -La bola
( 1887) de Emilio Rabasa, y Tomóchic
( 1894) de Heriberto Frías, que abordan con inteligencia los problemas sociales y, al hacerlo, se convierten en
cierta forma en la antecedencia de las
intenciones que la novela habría de
adoptar al calor de la Revolución. Se
ha querido ver en aquél las, sobre todo
en la útlima, un desaliño que hoy no
nos ofende y, también, unos propósitos
que apenas tenían en los momentos de
ser redactadas. Las dos son obra de juventud. Rabasa escribió su libro cuando
aún era casi adolescente, y Frías lo concibió apenas traspuesta la mayoría de
edad. No obstante, en uno y en otro
libros se advierten los novelistas que sus
autores nunca llegaron a ser. El prime-.
ro desvió su pluma hacia severos menesteres, y el segundo jamás logró res_uc1tar posteriormente el vigor de que
oan señalen los personajes de Tomóchic.
Las dos novelas quedaron aisladas en la
historia literaria para dar ejemplo de
cómo el género en ocasiones se vuelve
ancilar de la historia. Paralelamente,
por virtud de otros novelistas -Federico Gamboa, por ejemplo-, nuevos te-

riño que profesaba por los humildes.
Hijo del Colegio Militar, fué testigo de
esa campaña, una de las muchas que,
con ánimo de pacificar el país, llevaban
adelante los militares de Porfirio Díaz.
Al menor síntoma de desorden proveniente de grupos sociales alejados de los
burocráticos planes de desarrollo de la
República, la mano del gen,eral Díaz,
"diestra y rápida en la awon, dura y
eficaz en el castigo", actuaba con precisión. Pero tras la tranquilidad, subsiguiente, realizada de espaldas a los problemas regionales tan comunes en todo
el país, se escondía una. i~justicia que
nadie o muy pocos se dec1d1an a delatar.
Tomóchic fue uno de esos pocos testimonios. Frías no sólo reveló ahí secretos militares al inventar la ingenua trama de su novela, sino que quiso velar,
por medio de un realismo que todo lo
desembozaba el desconsuelo que le produjo aquella' completa destrucción del
pueblo de Tomóchic.
Quienes han leído someramente esta
novela creen que su argumento se refiere a algo así como el chocue de dos
razas, la criolla y la indígena, con conceptos de la libertad enteramente antagónicos. La situación geográfica de la
aldea asolada, su nombre indio y el antiporfirismo de que todos disponemos
han conducido a esa creencia poco discriminadora de la realidad que Heriberto Frías explica tan claramente. La verdad es otra: los rebeldes no constituían
una tribu bárbara. "No eran indígenas
sino criollos. Sangre española, sangre
árabe, de fanatismo cruel y de bravura
caballeresca circulaba en aquella raza
maravillosa tarahumara y andaluza". Los
"tomoches" eran un pueblo más, mestizo como la mayoría del Estado de Chihuahua, que luchaba impulsado por ;I
fanat'smo de un cacique que pretend1a
sentar en la comarca el imperio de su
voluntad. Es evidente, y Frías lo observa,
que la situación de Tomóchic era aná-

V ano ceñir la túnica engañoza,
emblema del cordero entre laureles,
su gracia hiere los espacios, más
encima de su música respiro
la imperturbable languidez del sueño.
,

Acaso un lívido desdén golpea
al crepitar la espuma y alza el viaje
de labios y derrotas y destruye
la quieta soledad de la armon\a,
la impasible llanura del stlencco.

Desolados los aires de batalla,
sin héroe, la sumisa onda abate .
incesante el temblor de su apariencia
y cede a los olvidos y a la furia
su femenino resonar de dalia.

Sereno, apenas mueve su tristeza,
permanece el aroma; no violenta
su impúdico sosiego el testimonio
del viento cimbreado, ni la vívida
llama nocturna de la cimba/aria.

\
♦

♦

♦

♦

Lejos el mar en su desastre enuncia
el reio solitario, la soberbia
vencida del amante, y en secreto
su desnudar alienta el frío símbolo
del tigre a quien invaden los crepúsculos.

INTELIGENCIA

N DIA, los libros en que estaban los pensamientos de los hom~
bres desaparecieron por encanto.
Entonces se reunieron grandes sabios: Los que lo son en la
matemática, la física, la química, la astronomía, la poesía, la historia y otras ciencias y letras.
Tuvieron consejo y dijeron:
-Nosotros somos los depositarios del genio humano; vamos
a recordar, para gra barias sobre mármol inmortal, las invenciones
más bellas de los sabios y de los poetas; pero solamente aquellos
que representen desde que el mundo existe, las más grandes cimas
del entendimiento.
Pascal no tendrá derecho sino a un pensamiento; Newton a
una estrella; Darwin a un insecto: Galileo a un grano de polvo;
T olstoi a una caridad; Enrique Heine a un verso; Shakespeare a
un grito; Wagner no más que a_una nota ...
Y entonces como se recogieron para recobrar en sus memorias las obras m;estras indispensables a la consagración del hombre, sintieron con terror que sus cabezas estaban vacías.

U

,

CIEGO de ver en la aridez del alma
la omisión, el insomnio, la funesta
amargura, sostén de su derrota,
miro hacia el mar y el agua es forma pétrea
de impureza mortal en ola y tumba.

(Pasa a la página 6)

la palabra
LA

Mar a la Vista

Francis JAMES
(Trad. de Salvador Novo)

Sano y salvo, perdido bajo erguidas
murallas de temor, a solas pienso
si el ácido advertir la dúctil fiera
llena de sal no fuese la plegaria
de amargo presentirse desdichado.

Húmeda melodía, al labio fluye
armo ni osa de llamas la palabra:
ira en el templo o dardo moribundo,
Lázaro yergue el rostro, toca el paño
y a sus ojos despliegase el vacío.

Marta, Maria y el horror circundan
la aureola de Dios y su mirada;
sobre mi oído "Lázaro, ven 'fuera"
persiste aún !! a la solem,?e arc~lla
. , .. ?"
me atrevo a interrogar: ¿Quien es mi propmo.

•
En medio de la arena, frente a un mundo
sin más consolación ni movedizos
resplandores, mi mano determina
la invariabilidad, el ir llorando
sobre un cadáver condenado a muerte.

ALI CHUMACERO.

Página 5

Página 4

I

�a la novela de la época, no disminuye sus
propósitos sino en una o dos ocasiones·
cuando se solaza en la violencia que su
personaje principal ejerce contra una
(Sigue de la página 5)
muchacha nativa de la que se supone
enamorado y, en los últimos capítulos,
\oga a la de los poblados cercanos. Aquel cuando evoca el incendio de la aldea.
desacato al poder central amenazaba En el tono sostenido de la novela señocon convertí rse en el primer paso que rea, sobre el drama desbordado de la
condujera hacia un incendio en una ex- acción, una pasión por, la "verdad" que
tensa región. Así que, si bien pudiera bien se aviene con su estilo. 1rónicaser aquélla la rebeldía precursora de una mente, uno de los personajes, alentado
revolución general, mejor parece uno de por la bebida, exclama: "Yo desprecio
los múltiples y endebles brotes del anti- el verso, y la poesía también ... porque es
guo caciquismo que desde hacía tiempo mentira, y todo lo falso es despreciable.
Sólo la verdad es hermosa, aún cuando
había liquidado la Dictadura.
Sea de ello lo que fuere, el hecho es mate .. ." Esto, en boca de un escéptico
que Heriberto Frías se acercó a aquellos que vertía maliciosamente lo aprendido
hombres con un espíritu de compren- en la escuela primaria y en su educasión. Observó en ellos cualidades que ción profesional, descubre en el fondo
no habían sido reconocidas por la me- una ausencia de fe en la misión que hacánica acción de aquel régimen de go- bría de desempeñar en aquella matanza.
bierno. Su "nobleza", colmada por la Contribuye él mismo a hacer de la noestricta observancia de las reglas de la vela un cúmulo de argumentaciones
guerra, impresionó de pronto al novelis- .contra el aparato gubernativo que,· adta. Nada le convencía de la legitimidad verso a establecer matices o considerade esa excursión en contra de los tomo- ciones parciales, actuaba confiado en la
chitecos, que para él eran "mexicanos verdad representada por el porfirismo.
Nada semejante volvió a escribir Heheróicos, buenos y leales", y con sentido progresista observaba que semejante riberto Frías. Las persecuciones sufridas
actitud tenía su orígen en la "falta de a raíz de la publicación :le Tomóchic
silabarios y· sobra de imágenes". En no lo desalentaron sino que acrecieron
otras palabras, el atraso educativo de en él su convencimiento revolucionario.
aquel pueblo, adonde no llegaban ni los Pero, como sucede con muchos de nuesmás elementales instrumentos de la cul- tros novelistas, en su pluma fue el tetura occidental, era la causa. indirecta ma el principal ingrediente de sus escride su reacción. En consecuencia, no tos. Ha quedado en nuestra historia liaprobaba esa desigual pelea entre mil teraria como el autor de una obra que
doscientos soldados de la República con- un día hizo nacer en sus contemporátra ciento trece fanáticos que no cedie- neos la confianza de que había surgido
ron hasta ver convertidos en ruinas la un gran novelista mexicano. Pero Tomótotalidad de sus hogares. La obra "civi- chic es suficiente para confirmar ese silizadora" del Gobierno resultaba repro- tio a su autor. En su línea se han enchable ante el valor irreductible de los cuadrado los mejores, y más que precursora, es una novela que hoy distinguimos
tomochitecos.
Frías se cuida constantemente de no porque a la amenidad, sumó la valentía
contradecir lo que le dicta su posición de desnudar a los ojos contemporáneos
literaria. El realismo atenuado, común un aspecto oprobioso de la época.

El Tomóchíc de ..

Apología del ...
(Sigue de la p.ígina 3)

uera desenfrenada hacia todas las /o.
curas como protesta contra las cosas
bonilas y de gabinete.
Sin embargo 1 algunos había que sen-

tían en el fondo a veces ocultas, pero
al fin continuas las inquietudes de la
1

cultura. ¿Qué hacer, por dónde co-

men:ar? Los libros comenzaban a llegar o se publicaban aquí; aquí estaban
también los guias; pero en cambio la

vida los tiraba hacia el trabajo improvisado y que debía ser efica:. Inesperadamente se les presentaban perspectivas y posibilidades no imaginadas. Era menester aprovecharlas. Algunos las aprovecharon definitivamen-

te. Otros, o no eran lo bastante eficaces en la gran labor o, acostumbrados
a discurrir libl'emente entre las cosas,
no querían someterse a una disciplina,
cualquiera que fuese, y siguieron su
vida de vagabundos de la cultura, pirando aqul, asomándose allá; encon•
trando a veces .admirables obras y
orbes antes desconocidos y formando
asi, un poco, la cultura, por si mis•
mos.
Pero por grande que sea el amor de
lo cultura, por infinita la sed, por
grande la curiosidad, el tiempo no ha
corrido en balde y por mirar las pie.. dras del cami.Jw, esta juventud, Cllrio•
so y desconcertada, se ha quedado
perdida a la vera o asoma entre los
breñales de la política y en algu11os
casos altozanos. "l\'o alcanzan a diez
los que han llegado, o cuando menos
los que han seguido su camino: quie·
ro contar entre los llltimos a Samuel
Ramos, de clara inteligencia y aficiones filosóficas. Acaso debo nombrar
también entre los tíltimos a Daniel Co-

Página 6

La Híía de Celestina

YICENTE T. MENDOZA: Décimas y
glosas de México. 3i6 páginas. ~léxico. Col "Letras Mexicanas".

1

Dibujo de Jorge Rangcl Guerra)

el desenlace trágico de )a obra, quizás
inspirado en La Celestina, y la desfimando providencias, huye de Toledo guración de tan bien lograda pica•
con sus compañeros. Sancho, entera· ra- toma ven~anza envenenando a
do, ,·a a vengar la afrenta y se infor• llontúfar. La situación se complica
ma de cuál es el camino por donde porque el nuevo pretendiente, que es..
se han ido los ladrones y los alcanza, tú en ese momento escondido presenpero, para desgracia suya, queda de ciando la escena, sale y )fontúfar, ya
inmediato enamorado de la pícara. Es moribundo, pelea con él por Jo cual
obvio decir que Elena encuentra la el contendicnc acaba por matarlo anmanera de despistarlo y aprovechan- tes de que aquél muera victima del
do las circunstancias, se da cita con veneno. Elena es al fin descubierta
él en )(adrid, cita a la cual, por su- como la principal culpable de tantos
daños y condenada a muerte.
puesto, no piensa acudir.
La protagonista, si bien es cierto
Las situaciones se complican y la
novelita crece en entretenimiento y vi- que no necesitP, como Guzmán, de
vacidad. Montúfar por su parte abusa procesos para hacerse pícara, va mb
del amor que siente por él Elena y allá que Estebanillo González ya que
trata de estafarla junto con Méndcz, éste, por muy degradado que sea, ja•
más deja de ser un pícaro, mientras
sía, a pesar de ser mi amigo, hombre de la parte de las ganancias que a que Elena es conducida por sus prode pensamiento y letras, de inquietu• ellas corresponden. Hay pleitos, de- pias pasiones al asesinato. Es por ello
savenencias y )lontúfar, canalla al fin,
des filosóficas y sociales.
que nosotros no incluimos esta magniLos literatos están muertos. Los poe· las golpea y roba, abandonándolas des- fica novela corta dentro de la historia
tas -salvo alguno- o son repetidores pués. Ello no obstante, pronto se da del picaro, pues en realidad, nunca
cuenta de que por sí mismo, sin Eleo equilibristas.
un pícaro degenera en asesino. Como
Somos, pues, Alfonso, apenas una na, no podría hacer nada de valor y dice muy bien Pfancll, el homicida
vuelve
a
ella,
pero
para
ese
tiempo
la
generación de DILETTANTT. Por eso
pertenece a la germanía, la más ínfisentía la necesidad de escribir su apo- pícara decide que tarde o temprano ma clase social española, casi toda for•
ha de tomar venganza. Lo recibe, emlogía.
pero, con hipocresía, y todos se van macla por asesinos mercenarios. ¿Cóesta
,,ez a Sevilla, lugar a donde se mo puede un pícaro volverse asesino
El, PORl'E:\'IR DE LA CULTURA
hacen pasar por gente piadosa, dedi- y conservar en sí la salvación de Es•
X,\CIOX.4L
cándose a pedir limosna para los me- paña, en cuanto héroe y criatura met.aíisica? El género, si se considera
La vida moderna -ya lo decía nesterosos. En un principio estas li- la obra dentro de la picaresca, resulta
Comte- exige especialistas. Entre és- mosnas van a parar efectivamente a adulterado; si, por el contrario, creetos, también el especialista en genera- los hospitales, con el objeto ele levan- mos que el novelista no ha querido
tar fama y dar confianza a la gente,
lidades.
hacer una verdadera no,·ela picaresca,
Los jót•eues de México deben saber pero después poco a poco se van que- entonces no podemos decir que ha deshacerlo todo. El desconcierto y las in- . dando con el dinero c¡ue les cae en virtuado al tipo humano y la obra sim•
quietudes todavía no acaban. No sa• las manos. En tres años se hacen ri- plemente tiene conexiones con nuestro
ben cada uno, todavla, qué van a ha• quisisimos y viven tranquilos esta vi- tema de tal suerte importante, que no
cer. Es menester estar prevenidos. Las da de lujo y ocio. Pero para entonces lo hemos podido pasar por alto. En
orientaciones de la patria pueden ser llega a Sevilla un madrileño que ]os definitiva, Salas Barbadillo en La híja
las más inesperadas aunque se aquie- conoce; descubre la estafa y va ante de Celestina da como ejemplo la ,·ida
ten los espíritus y que hombres sere• la justicia y los delata. Elena, que co- de la bella Elena )' su trúgico final,
nos, no ignorantes de la crisis, se avo- mo dice el autor, tiene algo de diabó- aportando sus principios cristianos (si
quen al conocimiento y resolución de lico, recelándose de algún graiie ma'. bic en un plano mu~: escondido) como
los problemas. Donde le toque estar aconsejó a Montúfar que recogiendo el remedio a las licenciosas costumbres
dinero _-:-pues por estar todo en oro
-1111 poco al a:ar- al jouen cuando
de la sociedad espafiola del siglo XVIl.
veuga el aquietamiento, por allí hará se podía hacer con facilidad- se retirase
con
ella
a
casa
de
una
amiga
suya
su carrera, por alli hará su cultura.
Y aunque el mcís serio problema de to• de confianza 11 con quien ella habla
(Sigue de la página 8)

1

da juventud es esta eterna inquietud
de la direcCión, inquietud un poco feliz, Irás de tanto tantear, irá encontrando al fin la .mya y, por donde más
hayan despertado sus aficiones en es•
te vagabundear de sus estudios, por
alli ahondará, por allí seguirá y acaso
también florecerá aunque larde. · Juventud retrasada que tendrá, sin em.
bar(IO, el placer de verse prolougada
tanto como se hayan prolongado sus
inquietudes y sus indecisiones, sus dudas y su secrela alegria de desconfian:a.
(1924)

LIBROS

siempre comunicado sus más escondidos intentos (8áó); llevan a efecto el

plan y abandonan la rasa y a la vieja,
~léndez, la que, aprendida por la justicia, mucre a manos de ésta.
~lientras tanto Elena y 1lontúfar han
llegado a una degeneración extrema,
al punto de que él le permite que tenga amantes, con tal de obtener para si
toda suerte de ganancias. Pero Elena
que ya no está enamorada de él, sin~
de un joven que la pretende, quiere
deshacerse para siempre de su antiguo
amante. Riñen de nuevo y t!l la vuel\'e a golpear. Ella entonces -Y aqui

La décima se ha escrito entre noso•
tras _lo_ mismo para acompañarse de
~a mus1ca que para imprimirse en hoJaS sueltas y en periódicos o para conservarse de vh-a voz. De manera similar al periodismo, ha cumplido una tarea de uinformación", especialmente
en las centurias pasadas, y con mu.
cho clcsempcfia idéntico papel que los
"cor:idos". En las p1azas públicas, en
las fiestas, copleros y repentistas prestan animación con el canto en décimas
e "~nforman" a los oyentes acerca de
algun acontecimiento relatado con
agudeza Y escrito al calor de su IDO·
mentánea importancia. Es, por lo mismo, una sobresaliente manifestación
del folklore nacional y su continuidad
h_asta l_~s momentos actuales, sigue en~
r1quec1endose.
·

en cada país, a los conceptos nacionales. Y a los antecedentes históricos. De
alu que no sea suficiente la mera tra•
ducción de textos con autoridad científica. Tampoco se puede esperar una
comprensión profunda de los problemas administrativos a menos que dentro de cada ambiente tradicional se
H~v_en a cabo investigaciones por con•
dw10nes determinantes. El estudio de
sistemas extranjeros de administración
puede ser útil para ampliar la perspechva_, pero sólo el examen de los procedmuentos Y principios característicos de la situación propia puede abrir
las puertas hacia el entendimiento
completo y el mejoramiento de carác1~'. práctico. Por ello, la Administrac10n de Asistencia Técnica de las Nacio_nes l'nidas ha mostrado interés ~n
I'°' J. 1&gt;l 01; CAPOEQlii
estimular estos estuQios.
Los méritos logrados en este campo
po_r el profesor Pedro lluñoz Amalo
as1 como su participación en la recien~
te ~eforma constitucional y administr:ahva de Puerto Rico, son bien conoc1d_os. Sus relaciones con las Naciones
U01~as Y su programa de asistencia
t~cmca en administración pública han
stclo numerosas Y fructifcras. En 1951
fue. miembro del comité que redactó
el mforme de las Naciones Unidas sobre .s.1stemas y normas de la adminislracwn pública. En 1953 dictó Ja cá,~~ra s?bre Principios de Administracion Pu_bl'.ca e?, la Escuela Brasileña
de Adm1~istrac10n Pública. Durante el
J. lll. OTS CAPDEQUI: El Estado es?e_sc.~peno de este último cometido se
pa,íol en las Indias. 3a. cd. 202 pp.
1~1c10 l~ preparación de este libro, cuFondo ele Cultura Económica. Méxiya versión en portugués se publicará
co, 195i.
en Brasil.

'El Estado Español
en !t1s lflditts

fü enfoque de la administración pú-

En esta recolección, Vicente T. Mendoza -el folklorista mexicano de mayor a.utoridad- ofrece un panorama
recogido en parte de impresos y en
parte de la tradición oral. Ordenados
e~ una va~i?da serie de temas -reli~
g~osos, pohhcos, históricos, amorosos,
funebres, ?ostumbristas-, sus ejemplos se extienden al través de los años
Y de la seografia del pais. llendoza
no desdeña recopilar las décimas "Ji.
terarias" --que evidencian, sobre todo
durante la Colonia, el influjo peninsular- al lado de aquellas que se incli~an '-'~siblemente por referir sucesos
rn.mediatos cuando no problemas íntimos de los autores.
PEDRO MU:-;OZ A)L\T0: lntroducci6n
a la administración pública. Teoría

general, Planificación, Presupuestos.
(2~ e?.). 262 pp. Fondo ele Cultura
l:.conom1ca. 11éxico, 1956.
. Entre ]as nccelliidades que han cmergHlo en muchas 1&gt;artcs del mundo, dcb!do a la creciente universalidad de
ciertas exigencias fundamentales impuestas a los gobiernos en t:!l campo
del desarroHo económico y social, surge la de investigaciones especiales y
es,tuc~ios autóctonos de administración
publica. Aun cuando existen algunas
hormas y tCcnicns que son aplicables
a cualquier gobierno bien organizado
~s objeliYos Y los métodos de la admi:
nistración están fuertemente ligados,

concepto, los recursos &lt;le que se vale
para expresarlos por medio de im.igcncs Y la finalidad que persigue. Encuentra que no pretende expresar lo
bell~, ni hacer obras recreativas, sino
mamfestar su concepción del acaecer
de los hechos naturales, el devenir de
su existencia Y la de sus dioses. De
ello resulta que el espíritu precortes1ano funciona según normas asombrosamente reiterativas, que nada deben
en su origen a otras culturas y que in•
tegran un todo único, inaprehensible
par~ quien dcscon·ozca su manera de
sentir y de pensar, sus intereses vitales y su vohmt~d de expresión.

blica desde el punto de vista de las reJac1o_nes Y motivaciones humanas es
relativamente nuevo. La introducción
de este p~culiar modo de ver en el
11:undo latmoamericano por un estud10so procedente de la región, que posee un pleno conocimiento tanto de
ésta como de la norteamericana, donde_ se desarrollaron esos estudios por
prnnera vez, es altamente significativo
~ pa~ece augurar e] éxito de esta obra.
Su , alor aumenta decisivamente porqne ~l autor no se conforma con el
estud10 de hechos Y relaciones, sino
que profundiza para buscar sus fund mentas teóricos.
a
Esta obra constituye, por todo eso,
un cle~ento particularmente valioso
para la mtroducción de los fundamento~ de la moderna administración pública en el mundo de habla española.
PAUL WESTHElll: Ideas fundamen-

t~les del arte prehispánico en Méx,~o: Fondo ele Cultura Económica

11exico, 1957.

·

~ste lfbro reúne las investigaciones
mas recientes de Pa"ul ,vcstheim acerca de) arte precortesiano. Viene
por de . 1
. 1
a ser,
c1r o as1, a base en que descans~. toda una teo:ía de su interpretac10~ de las manifestaciones artísticas
autoctonas, pues abarca las líneas fun?ªn?entales que sigue el pensamiento
md1gena en la tarea de comprender la
n~t.uraleza Y la vida, así como el sigmhcado que ~los acontecimientos importantes, regulares
o no , ad quieren
.
. .
~ante su esp1ritu.
~l. autor, apoyándose en las fuentes
or1gmales, penetra en el complejo
mu?do indígena por la puerta del arte
a rm de poner de manifiesto las singuJ~res funciones de que se sirve el
artista precolombino para captar un
hecho o un fenómeno , una 1'd ea o un

En este libro se realiza una siste-

matización de las instituciones socia•
ks, económicas y jurídicas de la Amér'.ca de habla española durante el per10do colomaL Se trata, por Jo tanto,
de una obra de divulgación Que, creemos, puede ser de utilidad a aquellos
sectores del gran público interesados
en estas materias, Y singularmente a
los estudiantes y profesores de Hístori~ de América de ]os centros de ensenanza media y universitaria.
"No se nos ocultan las difÍcultades
que_ hoy ofrece tratar de presentar
-d1~c .ots Capdequi en la Advertencia
P~el~mmar-, en amplia visión pano:am1ca, un cuadro sistemático del conJt_mto de las instituciones de la América de habla española durante el largo periodo histórico que se ha venido
lfamando, quizás con alguna impropiedad, periodo colonial. Faltan, sobre muchas cuestiones, investigaciones
modernas que nos permitan conocer
a fo nd o algunos aspectos importantes
de la vida social, económica Y juridica, _sobre. todo en Jo que se refiere al
posible divorcio entre el derecho Y el
hecho, dentro de la realidad histórica
de cada uno de los antiguos virreinatos: Por eso, más que un resumen hisl?ric? de la vida ele las distintas inshtuc10nes, lo que realmente intenta•
mas presentar en las páginas de este
h_h,ro,. es una sistematización de la acc10n mstitucional del Estado español
en los territorios de lo que un día fueron las Indias Occidentales".

ALAS CASAS EDITORIALES y A
LOS SEÑORES DISTRIBUIDORES
YLIBREROS DEL CONTINENTE
La Univer,sidad de Nuevo León ha
mantenido desde su fundación un vasto_ plan editorial que desarrolla al traves de publicaciones cuya circulacíón
co.mprendc a todas las Instituciones
of1C1ales, universitarias, académicas
ateneista~, centros culturales~ socieda~
des, d_e diversa índole Y personas, en
America y Europa.
Entre
de ed·1c10nes
.
.
. el cuerpo
.
que
aqm_ se nnpnmen figura nuestro men•
suario .. AmIAS y LETRAS"
cie 1
, que reo ernenle ha establecid
ción -LIBROS
o una sec-, en la que figuran
comentadas
las
obras
últim amen 1e apa·d
rec1 as en las prensas americanas.
. ~ada la extensa órbita de circula
c1on del .Boletín arriba mencionado ;
e~ rntercs_ ~e. ofrecer al lector ame'ricano una J~11c10sa información de] fondo! Y continente de la obra, cotejada
a a luz de un criterio ecuánime y a
tono con 1~ moderna interpretación
del_ pensamiento científico 11·ter .
arti s 1·ico, "AR MAS Y LETRAS"
•
ario o
piare e • .
se como m vitar a ustedes a coadyuvar
con este propósito de orden cultural
qu': anuna a la Universidad d N
Lean
r ·¡,
e uevo
' so 1c1 andoles el envio de
d
una ?e. ]as ediciones nacidas enc~u:
l&gt;r!shg10sas prensas, las cuales serán
obJe!o de nuestros comentarios, en la
medida que vayan llegando a nuestras
manos.
Los envíos deben hacerse a.
'"ARMAS Y LETRAS"

'

Universidad de Nuevo León,
Plaza del Colegio Civil
Monterrey, Nuevo Leó~
México.
'

rmasv

~TRÁ

Organo Mensual de la Universidad
de Nuevo León
Re¡islrndo como artículo de

Admón. de

2a.

Clase m 111

Correo, de Monterrey, N. L. el

20 de Ahnl de 1944.
INDICADOR,
Colaboradore,
Hugo Padilla

Fidendo de la Fucnle
Genaro

Salinas Qwroga

Arluro Canlú S.
Homero A. Gana

Alfonso Ran¡:c/ Guerra

Guillermo Cerda G.
Jorge RanQ'el Guerra
Manuel Moralea

Oihu;os de Jor¡:e Ran¡rel Guern..

J0~~E LUIS BORGES (en colaboracwn con )IARGARITA GUERRERO):
Manual de zoología fantástica. 160
pp. Breviarios Xo. 125. Fondo de
Cultura Económica, México 1957.

Le. Fidencio de la Fuenle

. Es Jorge Luis Borges uno de los prosistas más notables de las últimas ge-

\Vashington y Cole¡rio Ovil

(Pasa a la página 8)

Director

Oficina,

Monterrey, N~o l..e6n

MEXICO

Página 7

•

�L1BRO S
(Sigue de la página 7)

racterísticas han lle,•ado a los criticos a considerar a Borges como un es-

neraciones hispanoamericanas. Desde
la Argentina, su pais natal, ejerce
constante influencia en múltiples grupos de escritores de habla española,
que con la lectura de sus libros han
descubierto una nueva "conciencia literaria". El rigor exprcsiYo, las relaciones cuidadosamente elaboradas de
las metáforas con la estética y la filosof!a, la metafísica como elemento partícipe del mundo físico, el humor que
señorea las frases y los conceptos que
aquéllas comprenden, todas estas ca-

critor para escritores.
Jorge Luis Borges se inició escriLiendo poesía renovadora (Fervor de
Buenos Aires, 1923; Luna de enfrente,
1926; Cuaderno San Martín, 1929) y
prosiguió con la elaboración de ensayos (Inquisiciones, 1925; Otras inquisiciones, 1952) y cuentos (La muerte
y la brújula, 1951), géneros en que ha
logrado el máximo desarrollo de su in-

cho a menudo en su extensa obra- a
testimonios donde se contienen descripciones mágicas que encarnan en
figuras a Yeces míticas, en. ocasiones
casi verdaderas, con el afán de integrar un musco excepcional en cuyo recinto lo fantástico adquiere autenticidad al través de experiencias literarias, filosóficas o aun teológicas. Los
textos bibli-cos, chinos e hindúes, las
representaciones ele algunos místicos,
los escritores medievales o del Renacimiento, y los sueños de~"poetas y no,·eHstas modernos contribuyen a formar esta serie ele animales irreales elegidos y vucJtos rralidad por su incisiva pluma.

genio.
En este Manual de wología fantásti-

ca, el autor recurre -como lo ha he-

La Hija de Celestina

•

Sergio FERNANDEZ

A hija de Celestina (1612), es una
pequeña novela, admirablemen.te bien construida y mejor escrita, que nos entrega una picara con
todas las modalidades habidas en los
personajes de la novela ele Castillo Solórzano. Esta obra, ele gran sábor local, nos hubiera servido por tanto para reforzar nuestra tesis cuando afirmamos que el pícaro en determinadas
circunstancias empieza a dejar de tener autenticidad al tratar de ser algo
que no es, es decir, ajeno a su propia
personalidad. Dijimos que la tendencia que posee y que lo induce a ser
caballero o dama de alcurnia le resta
naturalidad, espontaneídael, pero que
eso obedece también, en todo caso, a
su momento histórico. Por ello La hija de Celestina, de Alonso Jerónimo de
Salas Barbadillo, que presenta tambien
tales tendencias, sería hermana gemela
de Trapaza, Teresa de ).fanzanares o
Rufina, que ya la bella Elena, hija de
Celestina y Fierres, tiene en sí, como
se ha dicho, los rasgos que más acentúan en los picaros de Solórzano, so•
brc todo uno: la hipocresía. Sín embargo, nos hemos p~dido echar mano
de tal personaje porque el autor, no
sabemos si de propósito, falsea en última instancia el tipo picaresco, con
lo cual la picara deja de llevar una
vida acondicionada a sus primordiales
instintos, para convertirse en algo
bien distinto, como en seguida veremos al recordar el argumento.
En efecto, Elena, mujer de clase media, en su afán de mejorar posición,
no desaprovecha ]a oportunidad que
le brinda su hermosa figura parn valerse de ella y en esa forma alcanzar
lo que por buen camino, a su parecer,
quizás nunca hubiera conseguido. Como Estebanillo, ad,,icnc a la picaresca
por propia condición, ya que su padre era bueno y honrado, incapaz de
hacer nada en contra de sus costumbres cristianas. Pero allá, por natura•
lcza, se entrega a una- vi&lt;la de liberti•
naje que, a la postre, le traerá fatales
consecuencias.
La obra tiene una enscfianza fuertemente moral. El carúctcr de Elena queda pintado en unos cuantos renglones:
mujer de buena cara y pocos mios, que
es la principal hermosura; tan sutil de
ingenio, que era su cora::,ín 1n recámara de la Mentira, donde hallaba
siempre vestido u traje más a su propósito com•enientes (pág. 831). El autor no descuida tampoco la apariencia
de su protagonista: l'e.'itiase con mucha punt11alidad: de lo más práctico,
lo menos costoso y lo más lúci&lt;lo; y
aquéllo, puesto en tanto estudio y diligencia, que parecfrr. que cada alfiler
que llevaba su werpo habia estado en
prenderse un siglo; el tocado siempre
con novedad peregrina; y tanta que

L

Página 8

r

r

a contraer nupcias. Pronto Elena se

J

,·ale de artimaiias, encierra nl paje en
su cuarto con cualquier pretexto y

I

l
1

1

,--------,
\
(Dibujo de Jorge Rangel Guerra)

el día que no le dife,-enciaba, por lo
menos el modo con que le llevaba
puesto no era ya hoy como ayer, ni
como hoy mafi.a11a; y tenia tanta gracia en todo esto de guisar trajes, que
si las cintas de los chapines los pasara
a la cabe=a y las de la cabeza a los
chapines, agradara. ¡Tan vencidos y
obligados estaban de su belleza los
ojos que la mirab({l1/ (lbiclem,)
Con tales armas, Elena llega a Toledo y no empieza. como todos los
otros picaros, a contarnos su origen,
ya que esto lo hace adelante. Por lo
pronto se instala en la mejor forma
posible con Montúfar, su amante, y
ambos hacen planes para estafar a todo aquel que caiga en sus manos. Cínicamente Elena declara que Montúfar es el único hombre a quien ama

verdaderamente, que a los demás, sólo
se ha entregado por dinero. Bien nos
dice el autor al respecto que Elena es
una vil rwnera que habia sido y era
pasto común, e11lregándose por bajos
precios a todo."i aquellos que con me.
dianas diliyéncias la pretendían (pág.
842). Pero pronto se presenta la ocasión esperada: har muchos hombres
que la pretenden y entre ellos se cuenta un joven e ingenuo paje c¡ue cae en
la trampa que Je tiende Elena. Su intención, claro, es estafarlo y para el
caso lo invita a su habitación y le ruega, con toda clase de zalamerias, que
le cuente su vida. El muchacho confiesa ser paje de mt tal sefior ele Yillafucrte, cuyo sobrino Sancho ha burlado a muchas doncellas ele la Cortl',
y añade que precisamente ese día vn

!Dibujo de Jorge Rangel Guerra)

cuenta su plan a l\fonlúíar. Acompaiiados por una vieja criada c1ue tienen,
).léndcz, es¡1ccic de Ct'lcstina, con tantas mañas como ac1uélla. se van todos
a la casa del propio Villafuertc. Es
de imaginar ]a escena que se desarrolla entre ellos, pues mientras 11ontúfar espera fuera de la casa, Elena,
cobrando un ánimo valeroso, dice al
sorprendido anciano:
~Pues vueslra merced, por tantas
experiencias, conoce sus liviandades u
sabe que no tiene ley si no es con
sus apelilos desordenados, no se le
hará nuevo a los oído.,; mi caso, porque habrá remediado otras muchos se.
mejantes. Cuando vuesl1·a merced, por
m.i desdicha, este verano pasado envió
a ese caballero a nuestra tierra, me
· vió en una iglesia, a donde, ."ii fuera
11erdad lo que él me dijo, los dos nos
pudiéramos quedar en ella; yo retraída como matadora, y él sepultado como difunto, porque me afirmó que mis
ojos habían sido poderosos a quitarle
la vida, ualiéndose del lenguaje común
11 tretas ordinarias. Siguióme hasta mi
casa, y aunque pudiera re.irvetarmc por
mis deudos entonces -pues en ella
conoció la calidad de mi sangre-, no
quiso; escribióme, paseo mi calle, de
dia a caballo y de noche a pié acompaiiada de músicas, y nl fin, por morir consolado, hi:o todas las diligenrias posibles, como prudente enfermo.
Pero viéndose de mi cada dia peor
acogido y que los ruegos eran de poro efecto, aconsejado de 11na esclava
berberisca -que era de mi madre, que
uivia entonces- a quien él habia ofrecido libertad, fué a cierta huerta donde 110 las maiíanas del verano solio
-romo quien tiene el ánimo limpio
de sospechas, sola 11 sin más compn.1iia- ir con elln de la mano a recrearme. l:" habiéndose encerrado en los
aposentos del rasero y guarda que la
asistia, a quien con cierta industria
envio al lugar, no quedando allí sino
11n muchacho de edlld de anee a doce
míos, aguardó a que yo estuviese dentro, y qui/ándo/e las llaves cuando le
pareció ocasión, se hi:o dueño de las
puertas; donde, con una daga que me
nuso a los vechos, nlran:ó con villana
fuerza lo que no habia podido con
blanda cortesía: para cuyo efecto,
cuando me vió rendida. dejó caer la
daga en el suelo ... (837). Después de lo
rual criada y ama lloran a más no poder y el viejo se ve obligado a darles
una importante cantidacl de doblones
notes de que se impida la realización
&lt;le la boda. Sin embargo, pronto se
descubre el engaño, pero Elena. to(Pasa a la página G)

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