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                  <text>BOLETIN MENSUAL DE LA UNIVERSIDAD DE NUEVO LEON
Registrado como artículo de 2a. clase en la Administración de Correos de Monterrey, N. L., el 20 de Abril de 1944,

D.A.S.U.

No. 10

Año XIV

Octubre de 1957

+
Por Emile HENRIOT
de la Academia Francesa.
Esta entrega de ARMAS Y LETRAS se realizó en
colaboración con la Alianza Francesa de Monterrey.

S UN gran honor que los académicos de Estocolmo hacen
a nuestro país, en estos momentos debilitado, discutido,
criticado, admirado y querido a pesar de todo, atribuyendo
el Premio Nobel a Albert Camus. Es uno de los hombres cuyo
pensamiento y talento honran a Francia, y es bueno que este tí•
tulo le sea reconocido con tal esplendor en el extranjero. Las
altas cualidades literarias de su obra le han hecho merecer sin
discusión, con cinco o seis libros importantes, el lugar que ocupa
de primer rango entre nuestros escritores, y de El Mito de Sísifo
a La Peste, La Caída, al Hombre rebelde, sus escritos nos han
dado bastantes oportunidades de manifestar la afectuosa admiración que tenemos para este artista sobrio y puro, para no tener
que volver, en este día feliz, al vigor, a la precisión y a la conci•
sión de su estilo, cuyas virtudes hicieron evidentemente apreciar
más allá de nuestras fronteras a este buen escritor de nuestro
país. Pero no ponemos en duda que es sobre todo por su men•
saje espiritual y la intransigente firmeza de este director de con•
ciencia pública que ha sido calificado y por fin escogido entre
muchos.

E

Es en efecto el moralista que los jueces suecos escogieron
para proponerlo en ejemplo, a través de su halagüeña recompensa. El moralista, en Camus, es representativo de una manera
de pensar moderna que no existía más que virtualmente antes
de la guerra, y que las confusiones que la siguieron demostraron
como nueva y necesaria. Al mismo tiempo es de la gran raza de
los moralistas de nuestra tradición, siempre aptos para pensar
en nuevos términos la moral eterna, cuando la moral del día se
ha desmoronado y descompuesto, o solamente cuando se ha hecho ineficaz frente a nuevas constataciones de una realidad mo•
dificada. En medio del desastre, de la destrucción y de la revo•
lución universal de los años 40, en los cuales nuestro mundo
cambió voleus nolens, y la discusión que esos cambios provocaron, Albert Camus, desconocido el día antes y revelado en 1942
por su primer libro El Extranjeto, fue uno de los primeros testigos de la crisis moral que, a través de las vicisitudes, las aberra•
dones y las crueldades de la guerra, afectó al hombre despavorido por el mundo incomprensible y absurdo en el cual sobrevivia, después de derrumbados los principios, las creencias v las
certidumbres que hasta allí le sostenían.
·

•

-~

.

'.

Albert Camus.

sin maldad como era llevado al cadalso sin posibilidad de explicar su acto, extranjero a toda cosa y a sí mismo en el uníverso
inexplicable. Esta novela de la negación y de la desesperación
hubiera sido sencillamente atroz si, en la misma fecha, Albert
El escándalo fue grande en los espíritus, en 1942 frente a Camus no hubiera mostrado, en El Mito de Sísifo, al hombre ca•
la tesis del Extranjero, donde se contaba la historia de un mise- paz de volver a inventar una moral, considerando la nobleza del
rable abandonado, sin fe, sin ley, sin obediencia, sin razón inte, esfuerzo humano considerada en sí, y sin otro fin que él mismo
ligible de actuar, ignorante del mal y del bien, llevado al crimen y la estóica aceptación de este valor impuesto y voluntariamente
aceptado; el destino es cosa de hombres que arreglar entre hom* Este
articulo se publicó en la Selección semanal del periódico francés " Le Monde" del 17/ 23
de octubre de 1957.
bres. La Peste debía añadir a esta concepción existencialista del

�\
l. Como artista, ha elegido usted el
papel de testigo?

esfuerzo humano del solitario solidario una significación de va•
lor, designándole un objeto: el servicio del hombre. ¿Es necesa•
rio recordar la anécdota de este libro ahora famoso? A través
de la peste que devastaba una ciudad, era exaltado el sacrificio
de algunos trabajando por contener y dominar la plaga. Esta
peste era simbólica: podía representar la guerra en la cual todos
estaban inexorablemente colocados, la sevicia de la ocupación,
no se sabe cual desastre futuro contra el cual debía generosa•
mente emplearse la magnanimidad puramente terrestre de los
mejores. Así, después de haber alcanzado a los estóicos de la An•
tigüedad, Camus volvía a encontrar ese amor fraternal de los
hombres, que el cristianismo llama caridad; y él mismo, frente
al ejercicio de esta virtud separada de todo fundamento meta•
físico, planteaba el emocionante problema de saber si, limitada
al mundo cerrado de los hombres, podía haber una santidad -sin
la esperanza de una recompensa, una bondad laica sin Dios.
Albert Camus que no quiere ser más que un hombre y que
no conoce más que la tierra, fue, sin concesión, hasta el fin de
su agnosticismo. Ninguna esperanza sobrenatural le ilumina o
sostiene. Pero sus preocupaciones elevadas sobre el tema del
bien y del mal son de un espíritu religioso, sin religión, que no
ha sido tocado por la gracia. ¿Lo será un día? Puede ser que lo
veamos un día, sin ruido, sin ostentación, entrar desesperadamente en un convento o encerrarse en una trapa. No estará alli
apaciguado: será siempre el Camus intransigente y atormentado
que oímos protestar sin un grito en sus libros contra la desdicha
inmerecida de todos los hombres.

Se necesitarla mucha presunción

o una vocación de la cual carezco.
Personalmente no solicito papel al-

guno y sólo poseo una vocación verdadera. Como hombre, advierto que
me inclino a la felicidad; como artista, creo que puedo aún otorgar
vida a los personajes sin el auxilio
de tribunales y de guerras. Pero
han venido a buscarme de la misma manera que a todos. Los artistiranias actuales se han perfeccionado: ya no admiten ni silencio nt

neutralidad. Es preciso decidirse,
estar en pro o en contra. En este
caso, estoy en contra.
Pero esto no significa elegir el
cómodo papel de testigo. Consiste
sólo en aceptar el tiempo tal cual
es; es decir: cumplir con el propio
oficio. Además, olvidan ustedes que
los jueves, los acusados y los testigos son permutados hoy con una
rapidez ejemplar. Mi elección, si se
cree que he optado por una, serla
al menos la de no estar jamás por
encima de la categorla de juez, ni
por debajo, como demasiados de
nuestros filósofos. Fuera de esto, y
en lo relativo, no faltan las ocasiones de actuar. La primera y más
fecunda de todas es hoy el sindicalismo.

"Es uno de los hombres cuyo pensamiento y talento honran a Francia".

11. El quijotismo que se censura en
sus obras recientes no es una
definición Idealista y romántica
del papel del artista?

rea or y reac1on

Emile HENRIOT
de la Academia Francesa.
(Traducción de Serge P. Darmon, Director de la
Alianza Francesa de Monterrey, por autorización
especial del periódico "LE MONDE").

Página 2

Por Albert CAMUS

tas del pasado podlan, al menos,
guardar silencio ante la tlrania. Las

Digo: protestar sin un grito, pues este moralista -y he aqui
su fuerza- está por costumbre, en su absolutismo, entre los más
1 ,
tranquilos. Pero no está siempre sin sarcasmo, y en su noble
ascención de libro en libro, desde El Extranjero, le habremos vis•
to una sola vez perder un peldaño de la escalera en su penúltima
obra, titulada precisamente La Caída, obra en la cual un aumento del pesimismo, a propósito de un canalla, le hace ciegamente
incriminar de la misma culpabilidad a todos los hombres; como
si ese ateo hiciera suya también la creencia en el pecado original
7 de Noviembre de 1913: Albert Camus nace en :\Iendovi
del cual nadie pudiera estar indemne. Es el único lugar de su (Departamento de Constantina) Argelia, donde se había esobra en la cual está permitido no seguirle. A muchos de sus ad- tablecido su familia de obreros agrícolas. Su padre. francés,
miradores les gustan más sus iras que sus risas burlonas.
murió durante la Primera Guerra Mundial; su madre era de
ascendencia española.
Es también porque el libro más bello de Camus nos parece
1918-1923: estudios primarios en la escuela de un barrio
El Hombre Rebelde, donde se atrevió a mostrarse el más audaz; J)opular de Argel.
el más libre, desarrollando ese tema espinoso de que, si el dere•
1923-1930: estudios secundarios en el Liceo de .Argel (Becho absoluto del hombre está en su rebeldía, tiene derecho en cado). Al mismo tiempo se dedica a los deportes.
primer lugar de rebelarse contra la misma rebeldía cuando ésta,
1930: primeras manifestaciones de la tuberculosis.
después de haber abatido todas las tiranías, se hace tiranía a su
Para ganarse la vida, Camus será sucesivamente: mq:ávez. Prometeo, despuis de vencer a Zeus para el bien de los hom• nico, meteorólogo, empleado de un corredor marítimo, y en
bres acabó por apropiarse del poder celeste para obligar por fuer- las oficinas del Gobierno.
za a la humanidad a su felicidad. Y no hay felicidad forzada,
1935: gran pasión por el teatro: crea el "Teatro del Traporque no hay tiranía benéfica. Esta idea profunda de Albert bajo" (luego "L'Equipe"). y participa en la redacción de
Camus, perfectamente lógica consigo mismo, no recibió la adhe- piezas prohibidas de inmediato, como La rebelión de Astusión -al contrario- de aquellos para quienes la felicidad co• rias que relata la rebelión de los mineros de Oviedo . .Adapta
lectiva, hasta acompañada por satélites, no puede ser asegurada
(Pasa a la página 4)
más que por el despotismo de un partido. No está prohibido
creer que esta posición defensiva de lo individual contribuyó
mucho a la elección de los jueces de Estocolmo, a quienes tam•
poco les gusta la violencia.
En el momento en el cual Albert Camus es el objeto de esa
ruidosa consagración parece oportuno recordar un hecho que le
hace honor y que explica su retiro fuera del campo de batalla de
las ideas, en el que había desempeñado vigorosamente su papel
hasta entonces, a la cabeza del periódico "Combat", en el perio•
dismo de opinión. Convencido de que cualquier acción política, ··
por su totalitarismo, desemboca hoy en el asesinato, y de que
ninguna ideología nos da el derecho de matar, ni consentimiento tácito, saliendo del debate, Camus especificó honradamente
la razón de su actitud, en su rechazo de matar al adversario, ha•
ciendo así inutil una discusión que no podía terminarse más
que por la muerte de uno de los opinantes. A pesar de que ya
no hablaba más que solo, por el libro y fuera de las exageracio•
nes de la polémica, la lección de este hombre honrado ha sido
oída. Es bueno que sea el extranjero el que nos la devuelva, tan '
fuertemente puesta en relieve, para hacemos admitir a nosotros
mismos que Francia merece siempre ser escuchada, cuando pone
de acuerdo el corazón y la razón, como el autor del Mito de
Sísifo.

IEIL IESCIR.1171 O IR.

+

Las palabras se pervierten en vano; conservan provisionalmente su
sentido. Me resulta claro que es romántico quien elige el movimiento
perpetuo de la historia, la grandiosa epopeya y el anuncio de un acontecimiento milagroso al final de los
tiempos. Si algo he intentado definir, ha sido sólo, por el contrario,
la existencia común de la historia
y del hombre, la vida de todos los
dias que debe edificarse con la mayor cantidad, posible de la luz, la
lucha obstinada contra la propia
degradación y contra la degradación ajena.
También es idealismo, y de la
peor clase, terminar por someter
toda acción y toda verdad a un sentido de la historia que no está inscrito en los acontecimientos y que
supone de cualquier manera un fin
mítico. Seria realismo, pues, tomar
el porvenir como ley de la historia,
es decir, justamente aquello que no
es historia todavía y que ignoramos
qué será.
Me parece, por el contrario, que
yo lucho por un verdadero realismo
contra una mitologia a la vez ilógica y asesina, y contrl} el nihilismo
romántico, sea burgués o supuestamente revolucionario. Para decirlo
todo, lejos de ser romántico, creo en
la necesidad de una regla y de un
orden. Sencillamente, afirmo que
no puede tratarse de cualquier regla y que sería sorprendente que la
regla que necesitamos nos la proporcionara esta sociedad descompuesta o que, al contrario, nos
la proporcionaran esos doctrinarios
que se declaran liberados de toda
regla y de todo escrúpulo.

l

III. Los marxistas y quienes los siguen se consideran también humanistas. Pero para ellos la naturaleza humana se constituirá
en la sociedad sin clases del
porvenir.

Esto prueba, en primer lugar, que
ellos rechazan desde ahora lo que
'- Encuesta pubHcada en 1a Revista Mexicana
de Literatura, No. 7, Septiembre de 1956.

todos somos. Esos humanistas son
acusadores del hombre. ¿Quién se
asombrarla de que una presunción
semejante haya podido desviar los
procesos del universo? Rechazan al
hombre que es en nombre del que
será. Esta presunción es de naturaleza religiosa. Por qué estaría más
justificada que la que anuncia el
reino de los cielos en lo porvenir?
El fin de la historia no puede tener
realmente ningún sentido definible
dentro de los límites de nuestra
condición. Sólo puede ser el objeto
de una fe y de un nuevo engaño.
Engaño no menor hoy que aquel
que antiguamente fundaba la opresión colonialista sobre la necesidad
de salvar las almas de los infieles.
IV. No es esto lo que en realidad Jo
separa de los intelectuales de
izquierda?

Quieren preguntarme ustedes si
esto es lo que separa de la izquierda a los intelectuales? Tradicionalmente la izquierda ha estado siempre en lucha contra la injusticia, el
oscurantismo y la opresión. Ha pensado siempre que tales fenómenos
se encontraban en relación de interdependencia. La Idea de que el
oscurantismo pueda conducir a la

justicia y la razón de Estado a la
libertad es por completo reciente.
La verdad consiste en que ciertos
intelectuales de izquierda -no todos, felizmente- se encuentran
hoy fascinados por la fuerza y la
eficacia como lo estuvieron nuestros intelectuales de derecha antes
de la guerra y durante ella. Sus actitudes son diferentes, pero la dimisión es la misma. Los primeros
quisieron ser nacionalistas realistas
los segundos quieren ser socialistas
realistas. Por fin, traicionan igualmente al nacionalismo y al socialismo en nombre de un realismo desprovisto de contenido de ahora en
adelante y que ha sido adorado como una pura e ilusoria técnica de
eficacia.
Es una tentación que, después de
todo, puede comprenderse. Pero,
por vueltas que se den al asunto,
la nueva posición de esas gentes
que se consideran o se creen de
izquierda consiste en decir: hay
opresiones j ustific_ables porque están de acuerdo con el sentido injustificable de la historia. Habría,
pues, verdugos privilegiados; privilegiados sin razón. Es en cierto modo lo que, en otro contexto, decia
Joseph de Ma!stre, a quien jamás
se tuvo por un incendiario. Pero se

trata de una tesis que personalmente siempre rechazará. Permitaseme que le oponga el punto de vista
tradicional de lo que hasta aqui se
ha denominado la izquierda: todos
los verdugos pertenecen a Ja misma
familia.
V. Qué puede hacer el artista en el
mundo actual?

No se le pide ni que escriba acerca de las cooperativas ni que, inversamente, adormezca en si mismo
lo que otros sufrieron a través de
la historia. Y, puesto que me han
pedido que hable por mi cuenta,
voy a hacer lo con toda la sencillez
de que soy capaz. En cuanto artistas, quizá no necesitamos intervenir en los asuntos del siglo. Pero
si en cuanto hombres. El minero
explotado y fusilado, los esclavos de
los campamentos y los de las colonias, las legiones de perseguidos que
cubren el mundo son quienes necesitan que cuantos puedan hablar
rompan el silencio y no los abandonen. Por mí parte, he escrito dla
tras dia articulos y textos de combate y he participado en las luchas
comunes, no porque sienta ganas
de que el mundo se cubra de estatuas griegas y de obras maestras.

Página 3

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, " pai:a la escena El_ tfem{)o del désprecio de. André• Malraux,
obra que se escemf1cara en enero de 1936. Traduce Prbme,, leo de ?squilo y lo representa. . ·
. . .
.193::i:1937: estudios superiores en la Facultad de Argel
(L1ce~ciado en_ Letras-Filosofía). Presenta un trabajo: San
__ Agustzn Y Plotzno sobre las relaciones entre el helenismo y
el cristianismo.
·
1937: El revés y el derecho (L' Envers et l' Endroit), cinc~ ~ovelas cor~a.s. La enfermedad interrumpe sus trabajos.
ViaJa, ~n cond1c10nes precarias, a los Alpes, Italia y ChecoesIovaqma.
1938 Periodista en Argel. Escribe Calígula.
1939: Segunda Guerra Mundial Camus enfermo no es
admitido en el Ejército.
·
'
'
1940: periodista en Paris ("Paris Soir").
Acaba El Extranjero y empieza El mito de Sísifo. Se instala en Lyon.
1~41: vuelve a Argelia, y enseña en una escuela priYada.
Empieza a preparar La Peste.
1942: p~bljcación de El Extranjero (L' Etranger) que lo
~·evela ~l. pubhco .. Pare~e un~ sencilla narración, pero esta
1lustrac10n de la f1losofia absurda nos presenta en realidad
al hombre "extranjero" frente a un mundo irracional.
Albert Camus va a actuar en la Resistencia al lado de
Pascal Pia y André Malraux.
., 1943: El mito_de Sísifo _(Le mythe de sisyphe) meditac10n sobre el senl!do de la vida, que llega a un pensamiento
profundamente humano: la vida es tal vez absurda, no vale
la µen_a, pero i:1&lt;! tenemos el derecho al suicidio. El magnífico
"En cuanto artistas, quizá no necesitamos intervenir en los asuntos
esfuerzo ~e S1s1fo que enc1;1entra su roca cada vez al pie de
del siglo. Pero si como hombres."
la montana, es un claro e_¡emplo de la conciencia humana
El hombre que tiene tal deseo exis- y mido la grandeza de un artista l1;1chando c?ntra lo absurdo, y obligando al hombre a mirar
te en mi. Pero sencillamente tiene -Moliére, Tolstoy, Melville- por el siempre mas alto. "Debemos imaginar a Sísifo Feliz".
que ocuparse de otras cosas: tra- equilibrio que ha sabido mantener
1944: encuentro c&lt;?n el filósofo Jean-Paul Sartre. Albert
tar de dar vida a las criaturas de entre los dos. Bajo la presión de los Camu~ es _nombrado _¡efe de redacción de Combat. Reunirá
su imaginación. Sin embargo, si he acontecimientos, nos vemos obliga- sus editoriales, en 1950, con el título de Actuelles
escrito tanto -quizá demasiado- dos hoy a transportar esta tensión
Representación de su obra de teatro El Malent~ndido (Le
desde mis primeros articulos hasta también a nuestra vida. Es por esmi ultimo libro ha sido sólo porque
no J)Uedo impedir que el lado cotidiano me atraiga; el lado de aquellos, quienesquiera que sean, a los
que se humilla y rebaja. Ellos necesitan tener esperanza; pero si se
calla todo o si se les da a elegir
entre dos formas de humillación,
estarán desesperados para siempre,
y nosotros con ellos. Me parece que
tal idea es insoportable, y quien no
pueda soportarla tampoco puede
dormirse en su torre. Y no por virtud, como se ve, sino por una especie de intolerancia casi orgánica
que se experimenta o no se experimenta. Por mi parte, veo que muchos no la sienten, pero no puedo
envidiarles el sueño. '•
No significa esto, sin embargo,
que debamos sacrificar nuestra naturaleza de artistas a quién sabe
qué prédica social. He dicho en otra
parte por qué el artista es más necesario que nunca. Pero si intervenimos en cuanto hombres, tal
experiencia influirá en nuestro lenguaje. Y si en primer lugar no somos artistas en nuestro lenguaje,
¿qué clase de artistas somos? Aún
si, siendo militantes en la vida, hablamos en nuestras obras de los desiertos y del amor egoísta, basta
que nuestra vida sea militante para que una vibración más secreta
pueble de hombres ese desierto y
ese amor. En momentos en que comenzamos a salir del nihilismo, no
negaré yo estúpidamente los valores de la creación en provecho de
los valores de la humanidad y viceversa. Según mi opinión, los unos no
están jamás separados de los otros

te motivo que tantos artistas, doblegándose bajo el peso, se refugian
en la torre de marfil o, por el contrario, en la iglesia social. Advierto
en esto una dimensión semejante.
Debemos servir simultáneamente al
color y a la belleza. La larga paciencia, la fuerza, el éxito secreto
que tal cosa exige son justamente
las virtudes que fundamentan el renacimiento que necesitamos.
Una última palabra. Sé que esta
empresa no puede lograrse sin peligros y sin amargura. Debemos
aceptar los peligros: el tiempo de
los artistas sentados ha concluido.
Pero debemos rechazar la amargura. Una de las tentaciones del artista consiste en creerse solitario, y
en verdad ocurre que le griten esto
con gozo bastante innoble. Pero se
trata de otra cosa. El se mantiene
en medio de todos, al nivel exacto
ni más bajo ni más alto que cuan~
tos trabajan y luchan. Ante la
opresión, su vocación debe consistir
en abrir las cárceles y hacer que
hablen la desgracia y la felicidad
de todos. Es aqui donde el arte se
justifica contra sus enemigos poniendo de relieve que en modo alguno es el enemigo de nadie. Sin
duda no sabria por sí solo asegurar
el renacimiento que supone justicia
y libertad. Pero sin él, tal renacimiento carecerla de formas y, por
consiguiente, no serla nada. Sin la
cultura y sin la libertad relativa
que implica, aun la sociedad más
perfecta es únicamente una jungla.
Por tal motivo, toda creación auténtica es un don para el porvenir.
Paris, 1956.

PEQUEÑA :J ANTOtOGIA
DE ALBERT CAMUS

Malentendu).
1945: _publicación de Ca~i?-s a un amigo alemán (Leltres
a un amz allem_a1:-d) y creac1&lt;?n de Calígula en el teatro He-

EL MITO. DE SISIFO
Los dioses habían condenado a Sísifo a rodar sin cesar una roca hasta
la cima de una montaña desde donde
la piedra volvía a caer por su propio
peso. Habían pensado con algún fundamento que no hay castigo más terrible que el trabajo inútil y sin esperanza.
Si se ha de creer a Homero, Sísifo
era el más sabio y prudente de los
mortales. No obstante, según otra
tradición, se inclinaba al oficio de
bandido. No veo en ello contradicción. Difieren las opiniones sobre los
motivos que le convirtieron en un
trabajador inútil en los infiernos. Se
le reprocha, ante todo, alguna ligereza con los dioses. Reveló sus secretos.
Eginá, hija de Asopo, fué raptada por
Júpiter. Al padre le asombró esa desaparición y se quejó a Sísifo. Este.
que conocía el rapto, se ofreció a informar sobre él a Asopo con la condición de que diese agua a los rayos
celestes. Por ello le castigaron enviándole al infierno. Homero nos cuenta

también que Sísifo había 'l!ncadenado
a la Muerte. Plutón no pudo soportar el espectáculo de su imperio desierto y silencioso. Envió al dios de
la guerra, quien liberó a la Muerte de
manos de su vencedor.
Se dice también que Sísifo, cuando
estaba a punto de morir, quiso imprudentemente poner a prueba el amor
de su esposa. Le ordenó que arrojara
su cuerpo sin sepultura en medio de
la plaza pública. Sísifo se encontró
en los infiernos, y allí, irritado por
una obediencia tan contraria al amor
humano, obtuvo de Plutón el permiso para volver a la tierra con objeto
de castigar a su esposa. Pero cuando
volvió a ver este mundo, a gustar del
aqua y el sol. de las piedras cálidas y
el mar, ya no quiso volver a la sombra infernal. Los llamamientos, las
iras y las advertencias no sirvieron
para nada. Vivió muchos años más
ante la curva del golfo, la mar brillante y las sonrisas de la tierra. Fué

necesario un decreto de los dioses. que recibe la masa cubierta de arcilla.
M ercurió bajó a la tierra a coger al de un pie que la calza, la tensión de
audaz por el cuello, le apartó de sus los brazos, la seguridad enteramente
goces y le llevó por la fuerza a los humana de dos manos llenas de tierra.
infiernos, donde estaba ya preparada Al final de ese largo esfuer¡.o, medido por el espacio sin cielo y el tiempo
su roca.
sin profundidad, se alcanza la meta.
Se ha comprendido ya que Sísifo Sísifo ve entonces cómo la piedra deses el héroe absurdo. Lo es tanto por ciende en algunos instantes hacia ese
sus pasiones como por su tormento. mundo inferior desde el que habrá
Su desprecio de los dioses, su odio a de volverla a subir hacia las cimas, y
la muerte y su apasionamiento por la baja de nuevo a la llanura.
Sísifo me interesa durante ese revida le valieron ese suplicio indecible
greso,
esa pausa. Un rostro que sufre
en el que todo el ser se dedica a no
acabar nada. Es el precio que hay que tan cerca de las piedras es ya él mispagar por las pasiones de esta tierra. mo piedra. Veo a ese hombre volver
No se nos dice nada sobre Sísifo en a bajar con paso lento pero igual halos infiernos. Los mitos están hechos cia el tormento cuyo fin no conocerá.
para que la imaginación los anime. Esta hora que es como una respiraCon respecto a éste, lo único que se ción y que vuelve tan seguramente
ve es todo el esfuerzo ·de un cuerpo como su desdicha, es la hora de la
tenso para levantar la enorme piedra, conciencia. En cada uno de los inshacerla rodar y ayarlarla a subir una tantes en que abandona las cimas y
pendiente cien veces recorrida; se ve se hunde poco a poco en las guardias
el rostro crispado, la mejilla pegada de los dioses, es superior a su destino.
a la piedra, la ayuda de un hombro Es más fuerte que su roca.

bert?t. A prop(!s_Ito ?.e la pn~era bomba atómica, Camus
e~cnbe: La etv1hzac1on mecámca acaba de -alcanzar su último grado de salvajismo.
Viaja a los Estados Unidos.
1947: La Peste. Premio de los críticos, es la gran noYela
d~ Camus; plantea el problema: ¿Puede uno ser santo sin
D10s?
1_948: El Estado de Sitio (L'Etat ele Siege) en el Teatro
:Mangny.
1949: Viaje a América del Sur.
Creación de Los Justos (Les Ju~tes) en el Teatro Hebertot.
Camus, de nuevo enfermo, debe mterrumpir sus trabajos.

19~1: El Ho!71bre Rebelde (L'Homme Révolté).
l~t?~: se ret1ra de la l:NESCO para protestar contra la
adm1s1011 de la Espaíía franquista. Fin de su amistad con
Sartre.
1953: adapta al teatro francés La Devoción de la Cruz
de Calderón, y Los Espíritus de Larivey. Publica El era'.

f

no (L'Eté).
1955: Viaje a Grecia.
1956: p~1))licación de La Caída (La Chute).
Adaptac10n para el teatro de Requiem para una monja

..
1

de ,Yilliam Faulkner.
Al))er~ Camus, después de los acontecimientos de Budapest, 1;_~v1ta a l~s. escntore~ europeos a llamar a la ONU.
19;:ii: El Exilzo y ~l IJ.ezno (L Exil et le Royaume), novelas cortas bas~ante d1stn!-tas. En colaboración con Arthur
Koestler, publica Reflexzones.~obre la pena capital en las
cuales se opone a la condenac10n a muerte.
Adapta El Caballero ~e Olmedo, de Lope de Vega.
Prepara una adaptación teatral de Los Poseídos de Dostoi~vsky; el espec~áculo durará cuatro horas y necesitará
tremta actores y diez decorados.
Hágina 5

Página 4

,

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LIBROS
¿Nunca ha visto fusilar a un hombre? No, naturalmente, eso se hace
generalmente so_bre invitación y el público está escogido antes. El resultado
es que se ha quedado en las imágenes
y en_ los libros. Una venda, un poste,
y le1os unos soldados.

1

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-~
.!

JOHI&gt; ADDINGTON SYMONDS: El Renacimiento en Italia, Dos volúmenes, 1102 pp.; 1050 pp. Fondo de
Cultura Económica. ;\léxico, 1957.

me entiende, a esta horrible matanza,
Sí, escogí esta ceguedad obstinada en

espera de ver más claro.

Este libro es uno de los estudios fundamentales de la historiografía moderna. Su publicación en español
constituye un acontecimiento editorial, pues enriquece la bibliografía sobre ese periodo, único en la historia
humana, y pone en manos del lector
una guia sobremanera útil para conocer todos los matices, las tendencias,
las personalidades, los acontecimientos y el despertar de la cultura en un
momento en que el hombre se descubre a si mismo y crea nuevas maneras
de interpretación del rico y complejo
mundo circundante. De hecho -dice
J. A. Symonds- en el término Renacimiento confluyen mitltiples derivaciones que provienen de campos de
estudio muy específicos: Bellas Artes,
Teología, Astronomia, Filosofía, Política, Derecho, y hasta Geografía Y Numismática. Todos los investigadores
convienen en que el Renacimiento fue
una "revolución" y, sin embargo, la
historia de esa época no es la historia
de las diversas actividades particulares, consideradas simplemente como
un "adelanto" en el desarrollo de la
cultura occidental. Se trata de algo
más profundo, de un impulso inherente al espíritu humano que, en una coyuntura en que desembocan circunstancias geograficas y políticas favorables, encuentra la expresión de una
magnitud desconocida del mundo y
del hombre.

Desde entonces, no cambié. Hace
mucho tiempo que tengo vergüenza.
Sí, aprendí eso, que estabamos todos
en la peste, y perdí la paz. Hoy la
Pues no, ¿Sabe que el pelotón de busco todavía, intentando entenderlos soldados se coloca al contrario a los a todos y no ser el enemigo
un metro y medio del condenado? mortal de nadie ... Y es porque decidí
¿Sabe que si el condenado se adelan- rehusar todo lo que, con buenas o
tara dos pasos golpearía los fusiles malas razones, hace morir o justifica
con su cuerpo&gt; Sabe que a esta dis- que se haga morir.
tancia tan corta los soldados concenEs también porque esa epidemia
tran su tiro en la región del corazón
no
me aprende nada, sino que se de1/ que ellos todos, con sus grandes
be
combatir.
Sé que cada uno la lleva
balas, hacen una excavación en la cual
en
sí,
la
peste,
pues nadie, no, nadie
entraría el puño? No, no lo sabe porque éstos son detalles de los cuales no en el mundo es indemne.
se habla. El sueño de los hombres es
Lo que es natural es el microbio.
más sagrado que la vida para los pesLo
demás, la salud, la integridad, la
tíferos. No se debe impedir el sueño
a la gente. Sería mal gusto, y el gus- pureza, si quiere, es un efecto de la
to, cada uno lo sabe, consiste en no voluntad, y de una voluntad que no
insistir. Pero yo, no dormí bien des- debe pararse nunca. El hombre honrado, él que no infecta a nadie, es el
de este día.
que tiene el menor número posible de
distracciones. Y ¡se necesitan volunEntendí entonces que no había ce- tad ,; tensión para no ser nunca dissado de ser un pestífero ... que había traído!
indirectamente suscrito a la muerte de
millones de hombres ... Los otros no
... Y o sé que ya no valgo nada para
parecían molestados por eso ... me daban razones muchas veces impresio- este mundo y que desde el momento
en el cual renuncié a matar, me connantes ...
dené a un destierro definitivo. Son
los otros que harán la historia ... No
Lo que me importaba, a mí, no era falta una cualidad para hacer un aseel razonamiento. Era esa aventura su- smo_ razonable. Pues, no es una .supecia ... en la cual uñ hombre encadena- rioridad. Pero ahora, consiento a ser
do, iba a morir ... después unas no- lo que soy, aprendí la modestia. Digo
ches de angustia durante las cuales solamente que hay sobre la tierra plaesp_eraba ser asesinado con los ojos gas y víctim_as y que se debe, tanto
abiertos ... Y yo me decía que siempre como es posible, rehusar de estar con
rehusará dar una sola razón, una sola, la plaga.

En el mediodía del pensamiento, el
rebelde rechaza, por lo tll(ltO, la divinidad para compartir las ·1uchas IJ el
destino comunes. Elegiremos /taca, la
tierra fiel, el pensamiento audaz y
frugal, la acción lúcida, la generosidad del hombre que sabe. En la luz,
el mundo sigue siendo nuestro primero y nuestro último amor. Nuestros
hermanos respiran bajo el mismo cielo que nosotros; la justicia vive. Entonces nace la extraña alegría que
ayuda a vivir y a morir IJ que en adelante nos negaremos a dejar para más
tarde. En la tierra dolorosa es la cizaña incansable, el alimento amargo,
el viento duro que llega de los mares,
la antigua y la nueva aurora. Con
ella, a lo largo de los combates, reconstruiremos el alma de esta época y
una Europa que no excluirá nada: ni
el fantasma de Nietzsche que, durante doce años después de su hundimiento, iba a visitar el Occidente como la
imagen fulminante de su conciencia
más alta y de su nihilismo; ni a ese
profeta de la justicia sin ternura que

Página 6

-

El autor, John Addington Symonds,
fue uno de los mejores conocedores
de la cultura italiana. Nació en Bristol
(1840), estudió en Oxford, vivió algunos años en Su"iza y en Italia y murió
en Roma (1893). Además del presente
libro, que es su obra maestra, publicó
estudios sobre Dante, Shakespeare, los
poetas griegos y ,ligue! Angel. De los
sonetos de este Ultimo hizo una notable traducción al inglés.

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JOAO CRUZ COSTA: Esbo:o de una
historia de tas ideas en el Brasil.
Historia de las Ideas en América,
IJI. 1 i8 pp. F. C. E. :México, 1957.

Entre el cuerpo de ediciones que
aquí se imprimen figura nuestro mensuario "ARMAS Y LETRAS", que recientemente ha establecido una sección -LIBROS-, en la que figuran
comentadas las obras últimamente aparecidas en las prensas americanas.

En la esfera política, ha sonado la
hora de España. La corona de los
Habsburgo ejerce una amplia hegemonía en el sur de Europa. Promueve el
Concilio de Trento y establece la Inquisición. La Compañía de Jesús nace
prácticamente de la nada en un momento critico y acude en socorro de
la Iglesia; pronto se extiende en tal
forma que llega a rivalizar con el mismo Papado en riqueza y poderío, formando un Estado dentro de otro Estado. Se desencadena entonces la reacción que propiciará la reagrupación
del mundo católico y fijará limites
muy definidos a la esfera protestante,

Este estudio de Cruz Costa llena un
vacio que babia impedido la formulación de una síntes)s de la historia
de las ideas en Iberoamérica. Pues si
bien es cierto que el Brasil posee muchas analogías con los países de la
América hispánica, sus diferencias son
dignas de hacerse notar. Tales diferencias se muestran con evidencia en
este esquema del pensamiento brasileño que Cruz Costa ha desarrollado poniéndolo en relación con los hechos
históricos que le dieron lugar. Y los
resultados son realmente sorprenden•
tes; se explica, en efecto, con toda
claridad, cómo los brasileños han realizado las mismas metas que los palses
hispanoamericanos pero por vias Y
con métodos bastante diferentes. La
colonia, la independencia, el imperio,
la dictadura y la república se han dado en el Brasil a través de una evolución mucho menos violenta y forzada que en otras partes de América.

A mediados del siglo XVI -concluye Symonds- termina el Renacimiento en Italia. Parece que sus artistas y
sabios han agotado la vena creadora.
Ya no se inventa, sino que se repite,
dando así lugar a una academicismo
que cierra definitivamente las puertns a toda tentativn de innovación. Italia aparece como estéril durante esos
años, pero ha dado al mundo occidental la libertad del espíritu y pone en
sus manos un legado artístico y científico imponderable y Je entrega una
religión fuerte y unida.

~

•

l

La Uni ver si dad de Nuevo León ha
mantenido desde su fundación un vas•
to plan editorial que desarrolla al través de publicaciones cuya circulación
comprend~ a todas las Instituciones
oficiales, universitarias, académicas,
ateneistas, centros culturales, sociedades de diversa indole y personas, en
América y Europa.

Dada la extensa órbita de circula•
ción del Boletin arriba mencionado, y
en interés de ofrecer al lector americano una juiciosa información del fondo y continente de la obra, cotejada
a la luz de un criterio ecuanime y 1
tono con la moderna interpretación
del pensamiento científico, literario o
artístico, "ARMAS Y LETRAS" se complace en invitar a ustedes a coadyunr
con este propósito de orden cultural
que anima a la Universidad de Nuevo
León, solicitándoles el envio de cada
una de las ediciones nacidas en sus
prestigiosas prensas, las cuales serán
objeto de nuestros comentarios, en la
medida que vayan llegando a nuestras
manos.
Los envlos deben hacerse a:

"ARMAS Y LETRAS",
Universidad de Nuevo León,

·1;~1,:' ..' .
a_,
·-:s

Plaza del Colegio Civil,
Monterrey, Nuevo León,
México.

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Ürgano Mensual de la Universidad
de Nuevo León
Re¡i1trado como articulo de 2a. Clue en la

Admón. de Correo, de Montcncy, N. L, el
20 de ALr1J de 1944.
INDICADOR,

CHARLES GUIGNEBERT: Cristianismo medieval y Moderno. (No. 126.)
320 pp. Breviarios del Fondo de Cultura Económica. ~léxico, 1957.

En el presC'nte breviario, ~1 historiador francés Charles Guignebert continúa la exposición histórica que en El
cristianismo antiguo (Breviario 114)
babia desarrollado hasta llegar a los
últimos siglos del Imperio Romano latino. Ahora, la Iglesia de Occidente
constituye el tema exclusivo del estudio, porque la Iglesia de Oriente, animada por un espíritu particular, sigue
su propio camino, y su influencia en
La investigación de Symonds agota la vida religiosa del ámbito cultural
todas las manifestaciones culturales de que las invasiones bárbaras marcarán
la época, desde la pintura y la escul- tan hondamente se reduce a muy potura hasta las costumbres públicas Y ca cosa.
privadas. En lo que se refiere a la liLa gran personalidad de la nueva
teratura, encuentra que las lenguas
italiana v latina se disputan las pre- l'pora es San Agustín, a cuyo pensaferencias~ de Ja nación. Las clases po- miento ,·oh·er:i.n una y otra vez para
¡mlares repiten las obras que en prosa lrgitimar sus afirmaciones todos los
y en verso han escrito Dante, Latini, movimientos disidentes y la gran col'bcrti, Yillani, Schia,·o da Bari. .. , 1-riente en que, lentamente, cristaliza

~---------

i&lt;-"

ALAS CASAS EDITORIALES YA
LOS SEÑORES DISTRIBUIDORES
YLIBREROS DEL CONTINENTE

La sociedad italiana, por su parte,
no agota en los excesos de todo género su sed de vivir. Aparece entonces
el raro fenómeno de un refinamiento
intelectual que se da la mano con un
relajamiento de las costumbres. La religión resulta impotente para contener
las pasiones tanto tiempo frenadas, e
Italia vive con una intensidad apenas
contenida por las prédicas de Savonarola.

Para Symonds, sólo Italia podía ser
la cuna del Renacimiento, porque,
mientras otras naciones retrasaban su
evolución, Italia ya tenía una lengua,
disfrutaba de una creciente prosperi•
dad comercial y de una relativa libertad polilica. Sin estas circunstancias,
no hubiera encontrado el cauce propicio la tendencia que se desbordaba.
Pero no es eso todo. El Renacimiento
no puede concebirse como una eclosión espontánea en un medio apropiado. El fenómeno ya se había venido
insinuando siglos atrás, y sus gérmenes provenían de Abelardo, de Sir
Rober Bacon, de Joaquín de Flora, de
Federico JI, de Juan Hus, de los albigenses y los cátaros, de los paterni y
los (ratelli, de los mismos Carmina
Burana, que dejaban traslucir en sus
estrofas un sentimiento más pagano
que cristiano. En síntesis, El Renacimiento en Italia se ocupa de la transformación del hombre estudiado a través de sus obras.

EL HOMBRE REBELDE
descansa, por error, en el sector de los
incrédulos del cementerio de Highgate: ni a la momia deificada del hombre de amán en su ataúd de vidrio;
ni nada de lo que la inteligencia y la
energía de Europa han proporcionado sin tregua al orgullo de una época
miserable. Todos pueden revivir, en
efecto, junto a los sacrificados de
1905, pero con la condición de que
comprendan que se corrigen mutuamente y que les contiene a todos un
límite en el sol. Cada uno dice al
otro que no es Dios, y aquí termina
el romanticismo. En esta hora en que
cada uno de nosotros debe tender el
arco para volver a hacer sus pruebas
u conquistar, en u contra la historia,
lo que ya posee, la magra cosecha de
sus campos, el breve amor de esta tierra: en la hora en que nace por fin
un hombre hau que dejar la época y
sus furores adolescentes. El arco se
quiebra. la madera cruje. En el máxi-'
mo de la tensión más alta va a surair
el impulso de una flecha recta, del
trazo mds duro y más libre.

que resultan determinantes para la estructuración del idioma como medio
literario. Por el contrario, los humanistas escriben y disputan en latín y
hasta en griego; buscan afanosamente manuscritos de los autores clásicos
y forman bibliotecas. De los primeros
surgirá la madurez de expresión de
un )laquiavelo; a los segundos se debe el rescate de buena parte de los
textos griegos y latinos. La misma diligencia acusan las artes plásticas en
manos de Cimabué, Miguel Angel, Orcagna, Rubens, Giotto y tantos otros,
y la música en manos de Palestrina.
El autor otorga a cada uno de estos
personajes un lugar preferente en su
estudio.

y se afirma la ortodoxia. Del crisol
en que se vierten las intuiciones, sentimientos, necesidades e inquietudes
religiosas con que se expresa la vida
espiritual de la Edad Media ir_á surgiendo la formidable construcción de
la Iglesia Católica Romana, asentada
definitivamente en el Concilio de Trento, y la multitud de sectas protestantes cuyo origen es la voluntad de purificación y rectificación de ese proceso de organización, y cuya tragedia
es la imposibilidad de lograr la reunión que permita reconstruir la Iglesia única en Cristo.

Como protagonistas de esta evolución nos habla Cruz Costa de las actitudes intelectuales de los jesuitas, los
liberales, los monárquicos, los positivistas, los republicanos, los nacionalistas, etc. Y en casi todos ellos se
encuentra un doble aspecto: padecen, por un lado, un "bobarismo", un
"transoceanismo", una afición decidida por lo europeo, y por otro, sienten
también el llamado del 'sertón", la
presencia de la tierra nativa. Ambas
influencias se marcan poderosamente
en sus obras, aun en aquellas que son
más ortodoxamentc curopeizantes. Así,
por ejemplo, a la luz de estos conceptos, se examina el positivismo brasileño que es, indudablemente, uno de los
movimientos más interesantes de América, y se delimita cuál fue su influencia aparente y su influencia real en
uno de los momentos climáticos, cuando el Brasil se coffvcrtia de una monarquía al estilo portugués a una república al estilo hispanoamericano,
constelada de ,·icios y ,·irtudes.

ColoLon.dom

Huvo Padilla
Fidcncio de la Fuente
Genaro Salinas Qulroea
Arturo Cantú S.
Homero A Gana

Alfonso Ran¡rel Guemi
Gwllenno Cenia G.
Jorae Ran¡el Guemi
Manuel Morales
Dibujos de Jor¡c Ranrcl Gucrn.

l.Jc. Fidcndo de la Fue:nte
Olidnaa

Wuhm¡ton

y

Cole¡io Ct,tl

Moatezrey, Nuevo Le6n

MEXICO

Página 7

r

�CONTESTACION A UN
ACTO DE ACUSACION
Prof. Serge P. DARMON, Director de
la Alianza Francesa de Monterrey.

C

UANDO el hombre está cada día más ahogado por lo que es
llamado, con eufemismo, "el progreso"; cuando tenemos
cada día más ocasiones de desesperación y de vergüenza;
cuando los escritores jóvenes desprecian en sus obras el hermoso
lenguaje, es reconfortante acoger esta luz que nos viene del norte
con la consagración de Albert Camus.
Este Premio Nobel corona una obra que va del Extranjero a
La Caída. Pero corona también uno de los pensamientos más altos
de nuestra literatura; el excepcional mérito de Ca mus consiste en
darnos de la humanidad una imagen que podemos mirar sin vergüenza. Entre los escritores de hoy, Camus es uno de los más generosos y de los más humanos.

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El Premio Nobel

1

Alfred Nobel fue un químico sueco, nacido en Estocolmo
en 1833 y muerto en 1896. Es conocido sobre todo como inventor de la dinamita, y como fundador de premios destinados a coronar obras literarias, científicas u filantrópicas
del mundo entero.

Algunos se asombran -ya lo sé-· de que el jurado de Estocolmo haya dado su preferencia a un autor que no es católico.
Cuando el escritor es un artista sincero y verdadero, la ideología
que alumbra su obra ya es superflua. ¿Y quién puede negar que
la pregunta inicial de La Peste. "¿se puede ser santo sin Dios?"
haya encontrado en la obra de Camus su contestación? Las etiquetas CJ,Ue se dan a los autores, además, no tienen más que un valor
relativo. ¿No se ha llamado "escritores católicos" a André Gide
y a Francois Mauriac 1 Una observación imparcial nos revela el
verdadero sentido de la obra de estos autores y ¡nos encontramos
muchas veces muy lejos del catolicismo' Al contrario, cualesquiera que sean nuestras opiniones. debemos reconocer -si el buen sentido no está vencido por la parcialidad- que las reglas de vida
que nos ofrece Albert Camus, si no están orientadas hacia la religión, a lo menos no tuvieron nunca la intención de llevar al lector
por caminos peligrosos. Camus es ateo. Si. Y su gran mérito es
el de llegar a una moral puramente humana tan elevada como la
religiosa, y eso sin el apoyo de la revelación. Seamos francos:
cuando un país acaba de vivir un período durante el cual la vida
de un hombre no valía dos centavos. cuando la glorificación de la
bestialidad era el nuevo credo, cuando la vertiginosa carrera de los
armamentos de destrucción general llena nuestros periódicos, en
fm. cuando el hombre se encuentra como un pedazo de madera en
medio de un mar enfurecido, ¿podemos negar a un hombre sincero, de una lealtad sin límites, el derecho de buscar la moral más
alta en todos los senderos, hasta los del puro humanismo 1

Albert Camus es el noveno francés que recibe el Premio
Con toda imparcialidad el jurado de Estocolmo otorgó su
No bel de Literatura, desde su fundación en 1901.
Premio a un autor que nos da confianza en el hombre, en la ener1901: Sully Prwlhomme
1905: Fréderic .ll islral
1916: Romain Rolland
1921: Anatole France
1927: Henri Bergson
1937: Roger Martín du Gard
1947: André Gide
1952: Francois ,llauriac
1957: Albert Camus
Francia encabeza así el Nobel (Sección Literaria). El premio fue este año de 15,000 dólares.
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gía, en la lealtad. A un hombre que escribió: "Yo reflexionaría
antes de decir que la fe cristiana es una renuncia. ¿Puede escribirse
esa palabra para un San Agustín o para un Pascal? La honestidad
consiste en juzgar una doctrina por sus cimas. no por sus sub-productos". Hagamos lo mismo. Busquemos en Camus un guía hacia
las ideas más dignas de nuestra condición humana. Pero no le pidamos una inspiración religiosa que le parecería extraña. Y, como
escribe Emile Henriot: "Puede ser que lo veamos un día, sin ruido,
sin ostentación, entrar desesperadamente en un convento o encerrarse en una trapa." ¡Qué imagen la de un hombre llegado por
fin hasta Dios por los caminos de un pensamiento sin religión 1

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                <text>Es una publicación trimestral editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León a través de la Editorial Universitaria. En las páginas principales de Armas y Letras se incluyen textos literarios, particularmente poesía, narrativa y ensayo, de escritores destacados de la localidad, nacionales e internacionales. Inició en 1944 de manera mensual, se mantiene activa en soporte físico y digital.</text>
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              <text>Es una publicación trimestral editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León a través de la Editorial Universitaria. En las páginas principales de Armas y Letras se incluyen textos literarios, particularmente poesía, narrativa y ensayo, de escritores destacados de la localidad, nacionales e internacionales. Inició en 1944 de manera mensual, se mantiene activa en soporte físico y digital.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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