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                  <text>Revista de la IJaivenldad de Naevo Leé■

Alfredo A. Roggiano, Pedro Henríquez Ureña y la

novela • Juani La S ri

ifícil luz • Seymour

en las obras de Federico Gamboa • Rugo

a, Egida de la Luz •

Richard H. Rovere, El e o e E~ra Pound • Ale-

jandro Ramírez, Cer n

arios Quinto • Rosa-

rio Gamboa de River11.1~-.wa Sergio Fernández •

Noticias • Libros.

JULIO / SEPTIEMBRE DE 1958

ARO 1 /

Segunda Epoca

��Revista de la 'Gniversidad de :K uevo León
Año 1, No. 3

Julio/ Septiembre de 1958

Segunda Epoca

SUMA R IO
Alfredo A. Roggiano, Pedro Henríquez Ureña y la Poesía 5
Arturo Cantú, Poemas ----------------------------------- __ 22
Serge Darmon, La novela ----------------------- ---------- 25
Juanita Soriano, Difícil Luz ------------------------------ 33
Seymour Menton, Influencias extranjeras en las obras de

Federico Gamboa ------------------------------------- 35
R ugo Padilla, Egida de la luz ---------------------------- 51

MYIEfRAS

Richard H. Rovere, El caso de Ezra Pound ______________ 56
Alejandro Ramírez, Cervantes y Carlos Quinto

72

(Registro en t rámite)

Rosario Gamboa de Rivcro, Carta a Sergio Fernández ____ 79
PRECIO DE SUSCRIPCION
UN ~O (cuatro númer os)

Noticias -- ------------------------------------------------- 82
Dirección

Eu México: Veinte pesos

Washington y Colegio Civil

Otros países: Dos dólares

Monterrey, N. L., México

Libros -------------------- --------------------------------- 85

�,.

Aifredo A. Roggiano /
•

'
♦

•

PEDRO HENRIQUEZ UREÑA

Y LA POESIA

EN

DOS aspectos vamos a dividir las.
relaciones de Pedro Henríquez Ureña con la poesía: primero,
el que se refiere al creador, y segundo, el que se refiere al crítiro. Dl este último podemos obtener algunas consideraciones de carácter general y técnico que, si bien no formulan específicamente una doctrina sobre la poesía o la literatura,
nos permiten conocer la actitud teórica de Pedro Henríquez
Ureña y, más concretamente, su aplicación práctica.
EL POETA
Pedro Henríquez Ureña quedará perpetuado en la historia de nuestras letras con el perfil del humanista, del extraordinario erudito y sabio ordenador de la cultura de la América hispánica. Y, sin duda, a medida que· pase el tiempo y
se comprendan los ingentes beneficios de su inagotable saber,
e-ste aspecto de su personalidad surgirá cada vez más nítido y
terminará por recortarlo y fijarlo definitivamente. El mismo
Pedro Henríquez Ureña parece contribuir a esta consideración
póstuma, no sólo con el ejemplo de sus obras, sino también
con expresas confesiones personales. Por ejemplo, en 1922,
en un homenaje a José Vasconcelos realizado en la Argentina,
dice: "Como mi dedicación principal es la literatura, y, dentro de la literatura, más que producir cosas mías, admirar
las ajenas, ..." 1
En su educación más temprana encontramos confirmada una
dualidad vocacional que fluctúa entre la poesía y la ciencia.2
Américo Lugo, quien en 1907 lo admiraba como "el mayor poeta de la última generación"3, con motivo de la muerte del
maestro, escribió:
-5-

�Alfredo A. Rogglano

Pedro Henriquez Ureña y la Poesía

6

literaria o como creador de formas imaginativas como el teatro y el cuento, tan elogiados por la crítica.7 Alfonso Reyes,
otro admirado maestro, poeta y sabio ejemplar, al evocarlo
en el más bello y emocionado retrato escrito sobre la personalidad de don Pédro, se lamentaba en 1946 de no conocer
bien los versos de su entrañable amigo, pero elogiaba la creación poemática de El nacimiento de Dionisos. 8 Y Raimundo
Lida, tan agudo siempre, nos hace esta comparación reveiadora: "No es casualidad que entre los cuentos que escribió,
haya alguno -para niños- no inferior a los admirables de
Martí":9 Por su parte, Enrique Anderson Imbert, si bien sostiene que el ensayo crítico "es el sello más visible de su obra",
reconoce: "Pero era también un escritor de imaginación y sensibilidad: versos de sabor modernista, prosas poemáticas, descripciones de viaje, El nacimiento de Dionisos (1906) [sic;
véase nuestra nota 81, "ensayo de tragedia a la manera antigua", hermosos cuentos. No escribió en esta vena bastante
para incorporarse a una historia puramente literaria. Sin embargo, su sentido de la forma artística se estampó en todo lo
que escribió, aun en sus trabajos de rigor técnico. Tenía una
prosa magistral en su economía, precisión y arquitectura". 10
Julio Caillet-Bois también exalta la precisión y belleza de
esta prosa. 11 En cuanto al "modernismo" de Pedro Henríquez
Ureña, su hermano Max ya había adelantado en 1945: HUna
de las primeras poesías genuinamente modernista, si no la primera, de un autor dominicano, fué 'Flores de Otoño' ".'2 Al
estudiar al crítico veremos cuál fué la verdadera actitud de
nuestro autor con respecto al modernismo, según sus propios
textos.

Pedro creció bajo profético influjo. Fluctuó primero
entre dos mundos: la ¡¡oesfa y la ciencia. Pagó tributo a
la estirpe materna y fué musageta en 'Lo Inasequible' y 'Al
Mar', en 'l&lt;'lores de Otoño' y 'Mariposas Negras'; pero rindióle al fin el pujante temperamento paterno, y ya en 190 5 era
el más notable crítico dominicano. 4

Pero nos parece más justa la conclusión a que arriba su
amigo y albacea testamentario Emilio Rodríguez Demorizi:
Si Pedro Henrfquez Ureña vivió en el mundo de la ciencia -de la ciencia literaria, preferentemente- nunca estuvo
ausente de los altos reinos de Apolo: pervivían en él las inquietudes espirituales de la infancia, el dulce acento apostólico de la madre, parte enseñanza y parte poesía. Que toda
la sabiduría y todos los caminos del conocimiento y de la
vida tienen por meta esa luz única. s

Y en páginas anteriores:
La poesía es el ensueño de la, mañana de las grandes
vidas; contiene en sombras todas las realidades futuras de la
existencia. . . ¡ Desgraciado el que no ha sido poeta una vez
en su vida! Estas bellas palabras de Lamartine parecerían
escritas para Pedro Henrfquez Ureña, porque el sabio humanista, el maestro de disciplina tan áspera como la filología,
se inició en las letras como poeta. Antes de cosechar, con
manos de filósofo, los maduros frutos del pensamiento, cultivó en sus -huertos interiores la flor de la poesía. Y fué
siempre poeta: en lo hondo de sus escritos, aun en la parquedad de la frase en que ocultaba su emoción hay esa poesía recóndita que es quizás la más pura expresión del don
divino.
Su fuente de gracia la halló en el seno de la madre poeta, da la excelsa Salomé Ureña; reposó la infantil cabeza sobre el corazón de la más egregia mujer dominicana; aspiró
los hálitos de la poesía en el ambiente de la esclarecida casa
solariega. Al despertarle, en la dulce mañana los versos maternales, cantó también. Había de ser _poeta donde asentaba su reino la poesía. Dentro del verso conoció el sentido de
las palabras y en ellas puso, con pasmo de todos, el juvenil
espíritu. Así nacieron sus versos, antes de los días alcióneos
de su precoz adolescencia. 6

La poesía no abandonó nunca a Pedro Henríquez Ureña.
Si dejó de producirla en edad relativamente temprana (tal
vez en 1916, a los 32 años de edad), nunca dejó de frecuentarla, como gustador de ella, como visión básica de su crítica

'1

r

a

Es indudable que el poeta se juzga a través de su poesía,
así como el movimiento se demuestra andando. Pero no es
menos cierto que la cantidad no hace a la calidad. Por otra
pa:rte, cabe admitir una actitud que llamaremos de "producción poética" y otra de "receptividad", o, lo que es más original, de "descubrimiento" de la poesía. Pedro Henríquez
Ureña no ha' dado una extraordinaria producción poética, si
se la compara con la obra del investigador y del pensador.
Pero esta última labor está de tal manera condicionada por
una visión poética del mundo, que sin esa sensibilidad y aptitud captadora no podría concebirse. Debemos, pues, considerar muy seriamente esta primera y -¿por qué nof- definitiva condición del ilustre dominicano.
Consideramos que todo poeta, cuando lo es de verdad,
tiene una poética, que es precisamente lo que hace que se le
reconozca, considere y estime como poeta. Esta poética se
manifiesta, creemos, en la visión de la realidad que el poeta

�8

Alfredo A. Roggiano

Pedro Henríquez lireña y la Poesía

encuentra, descubre o inventa y con la cual se reconoce a sí
mismo como poeta; en la actitud que adopta para ese reconocimiento y con la cual se define como receptor o .creador
ante el hecho poético; y, por último, en la expresión de ese
hecho, considerado como vivencia en el doble sentido de representación del mundo y de revelación humana. Estos tres
aspectos o momentos del fenómeno poético ( que pueden darse sucesivamente o en un solo instante) son asimismo los pasos que consagran el encuentro del poeta con el mundo de
su poesía, el encuentro de esa poesía con el hombre que la
produce y la comunicación o compromiso de ese hombre con
la sociedad en que vive. De ahi que la poesía, el arte en general, sea siempre una necesaria relación entre individuo y
mundo, entre creación y tradición, entre concepción y expresión. Cuando todo esto se logra en una integración armónica,
todo poeta, todo artista puede asegurarse que ha conquistado
una morada en la eternidad; deviene un clásico, es decir, universal y eterno, según ,Tuan Ramón Jiménez. El clasicismo griego del siglo V a. C. y el clasicismo humanístico del siglo XVl
confirman esta conviccióu totalizadora del acto creador.
Creo que Francisco Romero 13 ha dado la más justa y
exacta comprensión de Pedro Henríquez Ureña al situarlo en
la corriente humanista de nuestro tiempo. El humanista, tal
como se ha fijado su imagen en los momentos más originales
y lúcidos del renacimiento 1\ es a la vez un receptor y un
creador de cultura. Tanto en la escuela platónica de Ficino
como en los mejores teóricos de la poética y de la retórica'\
las "humanidades" significaban una participación del arte en
la vida y una intervención de ésta para la humanización del
mundo. La necesidad de justificar la literatura de imaginación
llevó a una organización "científica" de la fantasía y de la
inspiración, para que el poema tuviese una "función social"
y el poeta y el arte por él producido pudieran adquirir asf ese
"sabor de dignidad" que los hacían necesarios como individualidad y como existencia compartida del hombre. Verdad que
el humanismo del renacimiento puso su mayor énfasis en buscar al hombre según las exigencias de aquella especial circunstancia histórica. Pero sabido es también que ese hombre debía
ser un "nuomo universale". De ahí que el saber - las letras humanas, lo mismo que la filosofía y las ciencias - era la más alta
vía de acceso para el hombre que deseaba "conocerse a sí mismo
16
y mejorar sus contactos con la tierra de su residencia". El
humanismo fué una afirmación del hombre en la adquisición
de su cultura, siempre que ésta fuera una ampliación de valores humanos, y, ante todo, una afirmación del propio ser del
hombre. En esta afirmación cifraba el hombre su libertad, la

..

.

.'

9

que, a su vez, garantizaba su capacidad de creción, de hacerse
a sí mismo, que era su dignidad humana. "Etre humaniste
-dice Fernand Robert 17- c'est comprendre en quel sens
l'esprit humaine est libre . . ." Ser humanista -agrega- "c'est
décider sans retour que la liberté est la loi de l'esprit" • es
hallar la relación exacta "de rhomme avec la nature humaine,
et de l'homme avec son destm". 18
La poesía era para aquellos áureos tiempos la esencia misma de lo humano, la afirmación última y definitiva de los valores de la cultura, como esencia del pasado y su prestigio
y como manifestación plena y original de la personalidad. D;
este concepto de la poesía dan testimonio entre otros H.
Vida (Poetica, 1527), B. Danielo (Poetica, 1536), Fraca;toro
(Naugerius sive de Poetica dialogus, 1555; 1557), G. B. Capriano (Della vera Poetica, 1555) y Minturno (De Poeta.,
1559) . Para quien sintió tan plenamente el ideal platónico.
la cultura tuvo que ser mucho más un acto de creación que
una acumulación de saber. Así lo dice Pedro Henríquez Ureña
en páginas memorables de "~a utopía de América": " ...aprender no es sólo aprender a conocer sino igualmente aprender a
hacer". 19 Con lo cual aspiraba a "la creación del hombre universal" en América, "por cuvos labios hable libremente el espfritu" ... "y perfeccione todas sus actividades de carácter original. .." En fin: "Devolverle a la utopía su~ caracteres plenamente humanos y espirituales".2º

,

.

En este sentido de la cultura como iüt'!rza dinámica del
ser creador y original, en esta su encarnación del humanismo
como libertad y afirmación de la personalidad humana, la
poesía, entendida como visión, actitud y expresión -autenticidad y totalidad del ser del hombre- és el medio más eficaz
de hacer vital y activa la sabiduría. Sería una especie de
"ciencia de las ciencias", como querían los renacentistas y como afirma reiteradamente Cervantes. Por este medio buscaba Pedro Henríquez Ureña esa "voluntad de realizar la condición humana en su verdad", que es lo que ahora pide ;Karl
Jaspers para la existencia de un "nuevo humanismom 1• No
sólo un "ideal de cultura que implica la asimilación de la tradición clásica", sino también "la re-creación del hombre a('
tual a partir de su origen", y, sobre todo, "el sentido de lo
humano, que permite reconocer a cada hombre la dignidad
humana".22
Nos ha parecido necesario recalcar el sentido creador del
humanismo esencial y su reintegración al espíritu del hómbre
como guardián de la condición humana que vino con el renacimiento del idealismo espiritualista de fines del siglo XIX y

�10

Alfredo A. Roggiano

Pedro Henriquez Ureña y la Poesía

la noción de la cultura y del hombre que viene dando el humanismo actual, para poner como especimen acabado de esta
nueva actitud de vida y sentido de la realidad al maestro Pedro Henríquez Ureña. Así, creo, se podrá comprender mejor
porqué consideramos la condición descubridora de valores poéticos o creadores ( en el arte, en la literatura, en el pensamiento en general) en un plano de igualdad con respecto al
poeta específicamente productor de poesía. Del mismo modo,
no resultará una paradoja si afirmamos que cuando Pedro
Henríquez Ureña dejó de escribir poesías, su actitud poiética,
creadora, se convirtió en esencial visión del mundo y de la
vida, como mirada abarcadora de la existencia total de la
c:ultura y del hombre que de ella se nutre y con ella renta.ce.
Nos complace sostener aquí que Pedro Henríquez Ureña nació
poeta, y, como Moisés, salvado de las aguas. Ello explica que
haya podido superar esa "erudición sin orden ni concierto,
especie de manía de coleccionista que resultaría inocente si no
fuera por lo común presuntuosa, amontonamiento de hecho'&gt;
sin esa supeditación del hecho a la significación que es exigencia del saber en el humanismo verdadero".23
La poesía presidirá el saber y todos los actos de la vida
del noble maestro. Saber y vida hechos ensueño y acción, y,
sobre todo, dados siempre como humanidad generosa, única,
inalterablemente bella. Vida y poesía entregadas siempre en
un acto verdadero de amor. Y porque nadie como él frecuentó
tanto los caminos humanos del amor - ¿ existen otros caminos
humanos?-, es posible qne nadie, en el estricto mundo del
saber, haya hecho de sn vida una más permanente y honda
frecuentación de lo poético. Antes de que nos lo conviertan
en ratón de biblioteca -como no hace mucho me decía en una
carta José Antonio Portuondo- quisiéramos que bajen de su
inmortalidad sagrada las manos generosas del' poeta y levanten un muro de protección hecho de la sabia de su espíritu y
&lt;le la lección eterna de su idealidad inmarcesible. Sí, que don
Pedro siga viviendo en ese mismo recinto de poesía qne lo
acogió desde el puro seno materno y que siga enseñando desde
ese alto sitial, como dicen que vivió Sócrates enseñando a amar,
a ser y a crear, aún a los desalmados.
SUS "POESLA..S JUVENILES"

· La excelente cronobibliografía de Emma Speratti PiñeroH
nos muestra que Pedro Henríquez Ureña, en 1894, o sea a los
diez años de edad, ya escribía versos. Y Max, en su imprescindible "Hermano y maestroms, nos evoca las circunstancias
en que nuestro autor nació a la vida poética. Hasta 1900 sólo
le éonocemos obra de crrador .y de traductor, aunque se inte-

-.
't

'

11

resó también por los estudios científicos. Su primer artículo
se titula "De poesía." y su primera "Crónica" está dedicada a
un poeta de su tierra. Hasta 1905, fecha en que aparecen sus
Ensayos críticos,26 alterna la producción poética con el ensayo
y la crónica. Y en estos Ensayos . .. -su primer libro: tiene
don Pedro 21 años de edad-, denso de ideas y de hondas
reflexiones filosóficas, se incluyen estudios que dan una visión
del mundo poético de la hora. Su "Rubén Darío", su "José
Joaquín Pérez" y su "D'A.nnunzio, el poeta", así como "El modernismo en la poesía cubana", reflejan la actitud fundamental del poeta-humanista.
Las Poesías juveniles27 contienen 19 composiciones tomadas de diarios y revistas de Santo Domingo y de Cuba, una
del archivo de Alfonso Reyes, otra del de Pablo del Monte y
una más del de Max Henríquez Ureña. Total: 22 composiciones, todas escritas o publicadas entre 1897 y 1911. En una nota
al pie de la página 10 se señalan los lugares .de su procedencia.
Hallamos en este libro los temas de la adolescencia, recuerdos de infancia, de su ciudad natal, del hogar, de alguna
niña de los primeros escarceos amorosos ("Incendiada", de
1899, págs. 14-16), una dedicatoria al decano de la poesía patria, Félix María Del Monte (págs. 17-18), evocaciones familiares ("Intima", págs. 29-31) y de Nueva York (págs. 33-34 y
37-39). Las más son traducciones y paráfrasis. A los trece
años ya traducía ~ Sully Prud'homme: poesía "Aquí abajo",
con que se abre este pequeño volumen. Cita e imita D'Annunzio, poeta que había tomado como modelo, en- lo que tenía de
heroísmo y afirmación, para oponerlo a los decadentes modernistas franceses28, como dirá en varias oportunidades. Es evidente que don Pedro deplora la poesía hermética y el repliegue
ensimismado que rechaza todo contacto con la realidad del
mundo y que prefiere "el hombre en las batallas de la vida"
(pág. 24). Así, su poema "En la cumbre" (págs. 24-26), donde
el tema social de la injusta situación de la mujer se conjuga
con reflexiones filosóficas, como en "Lux" (págs. 44-50), su
poesía más ambiciosa. Se apoya en la rebelde energía de un
Nietzsche ("En la cumbre", págs. 24-26) en cuanto a lo vital,
pero en lo poético sigue las huellas de Baudelaire ("La belleza", págs. 20-21) y acusa influencias de poetas hispanoamericanos, como Manuel Gutiérrez Nájera ("Mariposas negras",
págs. 27-28), a quien dedicó la primera disertación juvenil,
según su hermano Max, y de algunos _de su propia patria, como
Tulio Cestero, José Joaquín Pérez, Del Monte y acaso su propia madre.

�12

Alfredo A. Roggiano

Pedro Hen.ríquez l,"reña y la Poesía

Variedad de metros y estrofas: trisílaboíi, heptasílabos, decasílabos rítmicos e isócronos ("Despertar", págs. 59-60), endecasílabos con diversos acentos, metro de doce; sonetos y poema libre: todo lo cual anuncia al insigne inve~tigador de la
versificación castellana, que es una de sus primer~s conquistas ( en el tiempo y en la calidad) en los estudios hispánicos
de este siglo. En "Flores de otoño" usa la unidad rítmica del
tetrasílabo isócrono como en el conocido "Nocturno" de José
Asunción Silva: "Crisantemas/ crisantemas como el oro,/crisantemas cual la nieve ..." (Págs. 22-23).29 En "Ensueño" encontramos grupos de pies anfíbracos (v-v), que se anticipan a
la "Marcha triunfal" de Rubén Darío y en una combinación
mucho más compleja: "Es regio palacio de sueños/el bosque.,
(pág. 35). Desintegra el dodecasílabo de acentos fijos Y nos
da un eneasílabo ternario isócrono. Pero, para evitar su monotonía, los combina con tris:labos y hexasíla.bos. En "Mariposas negras", inspirada en una página musical de Schumann
(me consta que don Pedro Jué un extraordinario conocedor de
la música de todos los tiempos y ·modalidades y que tenía un
oído excepcional), desarrolla los "interni sognF' qu,e "hacen
tumulto" como en el verso danunziano (In me misero fan
tumulto.'..) "en la prisión oscura de mi espíritu". Dice:

.

/

Es allí donde ruge el sentimiento,
naufragio de la vida,
do el insaciable anhelo
entre sus ligaduras se debate
en infructuoso ·empeño...

de los sentimientos auténticos, de la pureza, de la emoc,ión
natural de un alma noble, sencilla y buena. Nos recuerda a
Francis Jammes (que don Pedro amaba y recitaba de memoria), al Longfellow hogareño y cordial y al Guido Spano de
"Al pasar", aunque con menos despliegue narrativo que éste,
con más síntesis y esencialidad en la visión de los hechos cotidianos. En el modo clásico de adjetivar, de enumerar y de
realizar la sintaxis, nos da un buen ejemplo de cómo se puede
hacer poesía con el lenguaje más simple de la conversación
diaria. Un aire de antigua melancolía latina parece nutrir por
dentro a desenvueltas frases coordinadas y subordinadas en
torno a un solo objetivo, un hecho circunstancíal, una idea
central. Si a veces asoma el venerable acento virgiliano, directamente o a través de Bello, no falta el uso gongorino de la
supresión cultista del artículo, como en: "Entre sus ravos/ la
envuelve [ell sol de maternal ternura..." (pág. 15) o da'!. hipérbaton español, tan apreciado por Dámaso Alonso: " ...como
de suave arroyo linfa pura" (Ibid). Este poema, tiernamente
delicado, merece figurar en las antologías hispanoamericanas
cori más derecho que tantas aburridas declamaciones patrioteras o "didácticas", que por asfixiantes "razones históricas" o
por inercia de profesores "conservativos" nos vienen haciendo
bostezar desde nuestros inocuos años estudiantiles.
Lo mimo podemos decir de "Intima", éomposición dedica·da a su tía Ramona Ureña, que recuerda la fluidez lírica del
argentino Rafael Obligado, poeta al que solía elogiar discretam_ente Pedro Henríqucz Ureña en originales cursos dictados
en la Universidad Popular Alejandro Korn de La Plata (Argentina). Una íntima y resignada nobleza -la alumbra desde
el fondo de un alma cargada de recuerdos y ~videntemente
torturada. Nuestro autor está en New York (1904), desde
donde contempla el desmoronamiento de la patria y sus tradiciones con angustia y desolación:

(Págs. 27-28)
"¡Incendiada!" es una combinación de endecasílabos y heptasílabos rimados al modo tradicional español, en donde se
integran la claridad y precisión de la poesía clásico-latinohispana con una sana y fresca sensibilidad actual. El adjetivo
necesario, el toque discreto, el sentimiento sobrio, la sensibilidad contenida, la prudente sinceridad, lo sensual espiritualizado por lo familiar, dan a este poema elegante digmdad _de
reposo y armon:a, cualidades sin duda raras en la edad Juvenil. El hombre, prematuramente sazonado, es también una
mente y una sensibilidad en pleno equilibrio. Parece ser una
intencionada respuesta a los desafueros propios de la poesía
finisecular contra la que hay reiteradas constancias en sus diversos ens~yos a partir de su primer libro. Contra el pesimismo contra el desenfreno confesional, contra el desorden psíquico, contra la nebulosidad sin causa, contra el preci~sis~o
· vano, contra el pirueteo formalista, este poema es espeJo fiel

13

...

Todo cuanto fué amores,
luz de la edad y juveniles sueños,
yace entre los escombros del pasado,
apenas en los lindes del recuerdo.
Sobre esas ruinas
la vista tiendo
.con muda indiferencia.
No renace el extinto sentimiento,
cual si el ansia de dulces efusiones
fuese muerta en el pecho.

�14

Alfredo A. Roggiano

Pedro Enriquez Ureña y la Poesía

tres etapas en el autor de los Sonetos espirituales: a) melancolía, color, narcisismo ; b) visión exaltada del amor; c) poesía de conceptos y emociones trascendentales. Concluye:

En Ramona Ureña encarna esa tradición que se está destruyendo y en las palabras que ella le envía, el joven dolorido e~cuentra el alma del "terruño entero". Así, lo que pudo terminar en un desplante de desesperación o de retórica pesimista
-soledad consumida como aperitivo literario-, se comprime
y se ahonda en una verdad de vida, que se define en lo civico
y se eleva a una austera idealidad.

... en su peregrinación oiremos siempre la voz del
canto inagotable y veremos la sinceridad del espíritu platónico que, después de haber conocido y expresado la magia y la hermosura del mundo, aspira
a más: aspira a revelarnos su visión del paraíso, el
cielo de las ideas puras, y a hacer de la poesía, no
sólo el verbo de las cosas bellas, sino la palabra
eterna de las cosas divinas. 31

En "La Serpentina" hay algún tributo al modernismo, ~i
es que la "objetividad parnasiana" y el "ritmo verbal" son atributos visibles y representativos de este momento de nuestra
poesía. Está fechada en 1905, en La Habana, y coincide con el
examen que Pedro Henríquez Ureña hizo del modernismo cubano. No sería arbitrario atribuirle, pues, un intento consciente de renovación poética basada en el aprovechamiento del
fenómeno como realidad válida en sí misma para provocar
efectos de forma y diluir en ellos la subjetividad confesional
de fin de siglo, innecesariamente abusiva. Lo "modernista"
estaría en la sustitución del elemento lírico personal por un
ritmo poético interno que surge del objeto ajeno a la personalidad del poeta ( como en los parnasianos) y ejecutado, como
quería Croce, en la "contemplación del sentimiento" (son los
años de la difusión de la Estática). Inclusive hallamos en este poema elementos del "confort" moderno, como el automóvil (tfué don Pedro el primero en hacerlo entrar en la poesía Y), que después usarán las llamadas actitudes poéticas de
vanguardia, especialmente el futurismo.

En el mismo estudio se pregunta y responde:
¿ N'o es en la embriaguez donde hallamos la piedra

de toque pai·a la suprema poesía lírica, -como en
el sentimiento de purificación para la tragedia 1 No
basta la perfección, acuerdo necesario de elementos
únicos: podemos concebir poesía perfecta, de perfección formal, de nobleza en los conceptos, sin el peculiar acento del canto; pero la obra del cantor, del
poeta lírico, cuando la recorremos sin interrupción,
debe darnos transporte y deliquio.

Más decididamente modernista (o, digamos, intencional-·
mente renovadora) es "Flores de otoño", en donde no falta la
contaminación pre-modernista, como hemos visto, en el aprovechamiento de una modalidad rítmica usada por José Asunción Silva. Aparece el "lcjanísimo Japón" grato a Julián del
Casal visto sin embargo, como "en atávicos ensueños" de un
"país' encantado", es decir, como "una patria luminosa que no
han visto". Así como "Mariposas negras" parece ser una respuesta a las "Mariposas" de Gutiérrez Nájera, esta poesía podría ocultar una intención simbolista de despedida del moder-nismo, por aquello de
ya ha pasado entre esplendores el estío,
ya es la hora, desplegad vuestro botón!
Son los años de Almas de violetas (1900) y de Ninfeas (1900)
de Juan Ramón Jiménez. En 1918, estando en Mineápolis.
escribió don Pedro un importante estudio sobre el andaluz
úniversal" (esta expresión figura en dicho estudio)3°. Señala

15

.. -

Verdad que estamos a más de quince años de distancia cronológica, pero si volvemos a los Ensayos críticos de 1905, encontramos las mismas reflexiones. De esa fecha es "El modernismo en la poesía cubanam2 , y allí vemos có.mo una actitud consciente lo lleva a abandonar a los "modernistas franceses" y
aun el estado natural de la adolescencia y juventud como escamoteo de la responsabilidad creadora transferida al juego artístico. Nuestro autor está decidido en su posición: la renovación del lenguaje y del estilo, el cambio de actitud y la nueva
visión del mundo que trajo el modernismo no se consolidarán
con la exclusión de tres elementos fundamentales: el "elemento genuinamente humano", la renovación dentro de la tradición hispánica y el predominio de una "célula psíquica americana". De ahí su rechazo de todo lo que fuera exotism,;&gt;
decorativo, destreza preciosista o pesimismo decadentista, para pedir que una transformación se haga dentro de "una literatura plena y vigorosamente humana (así, subrayado por él)
y marche acorde con el progreso artístico del mundo, realizando su evolución propia dentro de la evolución universal"33•

�16

Pedro Henríqnez l.'reña y la Poesía

Hemos dicho en otra oportunidad que Pedro Henríquez
Ureña pensamiento integrador, hace suya la afirmación de
Nietzs~he según la cual se debe "ver la verdad por la óptica
del artist~ pero el arte por la óptica de la vida"34. Tanto el
pensador ;orno ef poeta, en una absoluta correl~ció1;1 de inteligencia y sensibilidad, se afirman en una. co_nciencia de ~er,
acuciados por la necesidad de un descubrimiento sustancial.
En 1905 ha pasado revista al panorama m~dial de la c~tura
y está prodigiosamente preparado para ÍIJar su pensam1ento
( actitud reflexiva teórica) en una sensibilidad que se exprese
"como idea viva e~ acción" (¿las "ideas fuerzas" de Fouilléef;
La psychologie des idées-forces es de 18~3, y de, 1~02 y 1~03
son los célebres estudios sobre el humamsmo practico del mglés Schiller). De 1905 es precisamente.su más extenso y serio
poema, titulado "Lux", en donde es evidente que Pedro Henríquez Ureña no comulga, por ejemplo, con l~s Prosas profanas
de Rubén Darío. Es el año de Cantos de vida y esperanza y
ese "Lux" debe interpretarse como el hallazgo de esa esp~ranza nuestra de ese canto de vida, que es la luz de un camino auténtico para el destino del hombre como humanidad en
el mundo, y por ende, también, del hombre. hispanoam~r~can_o
incorporado a la cultura mundial por medio de su origmalidad creadora. No nos sorprende, pues, que este año escripiera
sus reveladores ensayos sobre Martí35 y Rubén Darío36• Sobre Martí dijo: "Cada día me parece Martí el mejor poeta de
Cuba (y naturalmente el mejor prosista también"37• Y sobre
Rubén Darío: con Cantos de vida y esperanza el poeta ha
entrado "a la región donde el arte deja de ser literaria para
ser pura, prístina, vivamente humana , (lo subraya).
En. este
d
libro Darío "es un todo independiente' , merce a un en:r;ique. · humana". Su "P or
' t·ico" es "la
cimiento de su "experiencia
más alta nota de toda su obra pasada y presente, porque es
la más humana ... ". En fin, porque Rubén Darío "ha robustecido con los años y la experiencia su fe en la Vida Y en el
Ideal dos fuerzas que los espíritus sanos tienden a ~ermanar,
como'lo predica el poeta de la Epístola moral a Fab10: Iguala.
con la vida el pensamiento"38• La insistencia con que nues!r.o
autor emplea las palabras humano, humanamente, hum_ams1mos versos humanidad, siempre subrayados, no nos deJa _lugar a duda~ de que en él la poesía se identificaba con la vida
y era, por tanto, un acto de sinceridad mucho más q~e un
juego artístico, una función humana ~ no mera f or~a. literaria. En los múltiples ensayos posteriores a 19~5 msist~ en
una explicación íntima de la esencia de. la poes1a como mt~gración de la cultura, del poeta-humamsta. Pero ~emos d~cho que este aspecto de sus relaciones co_n la po~s1a constituirá una segunda parte de nuestro estud10, y sera, por tan-

Alfredo A. Roggiano

17

to, objeto de otro artículo. Ahora terminaremos con una referencia al poema "Lux", que es, creemos, la realización práctica de su doctrina, y daremos, al final, un poema que hemos
hallado en un diario de Mineápolis, no mencionado en las bibliografías que de Pedro Henríquez Ureña poseemos ni figura
en las ya citadas Poesías juveniles coleccionadas por Rodríguez Demorizi.
La tesis de "Lux" es la siguiente: La Belleza y la Verdad,
ambas con mayúscula, no se eliminan en la actividad del espíritu para lograr la eternidad. Su asunto es el siguiente:
Un caballero, que no es el del heroismo patriótico o religioso
(¿alude a la poesía política de Hispanoamérica7), sino del Espíritu, seducido por la "inmortal Belleza y la suma Verdad"
(v. 30), que busca en Platón "la potencia fecunda,esencial/
que anima del mundo la inmensa armonía ... " (vv. 36-37),
"firme en su creencia/el templo soñado partióse a buscar"
(vv. 49-50). Luego de ver reyes, príncipes, caballeros, etc.,
llega' a ese templo, que era el del Misterio (vv. 114-119). Lo
encuentra custodiado por un ángel exterminador, un drag-ón
voraz y el Enigma hambriento (vv. 128-131). Pero él entró
y fué atado por una mano invisible (v. 143):
¿ Ansió un imposible? ASus fuertes cadenas
romperá f No gime ni jura el audaz:
¡ mitigando el torvo negror de sus penas,
emerge el destello que en ondas serenas
en torno difunde la luz inmortal!

Son 144 versos filosóficos, en cuartetos y estrofas de cinco dodecasílabos rimados y de ritmo desarticulado, a fin de
destruir la isocronía, que es ritmo externo, mecánico, físico,
y lograr un ritmo interno, total, unitivo, como si el autor se
propusiera orquestar, al modo beethoveniano ( o del Wagner
del segundo acto de Tristán e !solda) una idea trascendental.
Con lo cual, nos parece, la forma elegida es una consagración
práctica de la idea de su unidad integral. Confirma nuestra
opinión una declaración expresa de don Pedro: " ... cada manifestación artística crea su propia forma. La forma sólo debe
interesar cuando está hecha para decir alguna belleza: armonía del pensamiento, música del sentir, creación de la fantasfa"39.

i

•

Y ahora cerremos este intento de aeercamiento al poeta
que fué Pedro Henríquez Ureña con un broche de oro. Es un
poema que, repetimos, ha permanecido hasta ahora olvidado
en un diario de Mineápolis:

�19

Alfredo A. Roggiano

Pedro Henríqu~ Ureña y la Poesía

18

NOTAS

EL NII'IO
(Idea de Tagore)

1.-En Nosotros, Buenos Aires, 42 (1922), pág. 245.
2.-MAX HENRIQUEZ URE8A, "Hermano y maestro", en Revista Iberoamericana, Homenaje a Pedro Henriquez Urefia, Vol. XXI, Números
41-42 (1956), págs. 19-48.

-/, De dónde vine, madre?
lo De dónde vine a ti?
-Viniste de mis sueños,
de cuanto amé y sentí.

3.-Cita EMILIO RODRIGUEZ DEMORIZI, en Pedro Henríquez Ureña,
Poesías Juveniles (Colombia: Ediciones Espiral, 1949), "Ofrenda", pág. 8.
4.-Ibld, pág. 9.
5.-Ibld, pág. 9.

Cual temeroso pájaro
que espera el nuevo sol,
estabas escondido
aquí' en mi corazón.

6.-Iblcl, págs. 7-8.
7.-Esperamos que alguna vez se publiquen las obras completas de Pedro
Henríquez lJreña. En ese corpus un volumen deberá ser dedicado a la
obra del creador: poesías, teatro, cuentos, otras prosas poemáticas. Entonces se podrá apreciar exactamente la posición que nuestro autor
ocupa en la prosa y la poesía hispanoamericanas, si bien en cuanto
a su poesía creemos que con lo que se conoce está ya situado.

Estabas en los juegos
de mi niñez feliz,
y sobre los altares
como deidad te vi.

8.-Pedro Henriquez Urefia publicó "El nacimiento de Dlonisos. Esbozo
trágico a la manera antigua", en la Revista l\'.loderna, de México, en
febrero de 1909; la reprodujo en Las Novedades, de New York, el 16
de diciembre de 1915. La edición definitiva es de 1916: El nacimiento
de Dionisos (New York: Imprenta de Las Novedarles, 1916). Lleva una
"Justificación", en donde explica el carácter de su obra, su técnica y
su propósito. En el diálogo de sus personajes, el autor expone una
concepción de la vida y del arte. En pág. 16 dice Semele: "Confía en
la verdad que te diga tu corazón"; el Coro contesta: "Quisiera fundar la fe en la certeza" (p!ig. 17). Y en págs. 42-43: " ... regocijaos
por la. alegría que llega a la tierra, y no lamentéis los males ·que :nis
dones causen, porque el delirio dionisíaco será la obra de las ocultas
voluntades ascendentes y elevará a los mortales por sobre el dolor
hacia la vida plena". Don Pedro mandó un ejemplar de la Revista
Moderna a Rodó, quien. en carta del 12 de mayo de 1910, dice: " ... es
lo más hermoso que ha salido de la pluma de Ud.... " Enrique José
Varona, en c¡,,rta del 22 de mayo de 1916, le dice: "No conozco en
castellano obra de esta índole que pueda comparársele". Sanín Cano
le hace un elogio semejante en carta del 4 de mayo de 1921. Y podríamos reproducir utros juicios Igualmente lauda.torios para el artista y
eximio prosista, com0 éste de "Azorín": "Su prosa y los versos de
Darlo son para mí, entre todo lo americano, algo excepcional" (Véase:
Revista Dominicana de Cultura, Núm. 1, Noviembre de 1955, págs.
134, 151, 166 y 157). El juicio de 1Alfonso Reyes figura en Grata compafiía; también lo evoca en Pasado Inmediato y en otras oportunidades, como en las Páginas escogidas de P. H. U. (México, 1946), en los
cuadernos de París y en la Rev. Iber., núm. 41-42, citado.

¡ Oh misterioso encanto,
prodigio del amor:
tener entre mis brazos
el tesoro mejor !4º

State University of Iowa

9.-En "Cultura de Hispanoamérica", Cuadernos Americanos, México, septiembre-octubre de 1947, pág. 207.

•

10.-En Historia de la Hteratura hispanoamericana (México: Fondo de Cultura Económica, Breviario, 89, 2da. edición, 1957, pág. 369.
11.-"Hlstorla de la cultura hispanoamericana", en Cuadernos Americanos,
México, mayo-junio de 1946, págs. 210-216.

'
•

-

12.-En "Hermano y maestro", passlm, y en Panorama histórico de la literatura dominicana (Rio de Janelro, 1945), pág. 187, nota 219. Véase
también FLERIDA DE NOLASCO, .8utas de nuestra poesía (Ciudad
Trujlllo, 1953), págs. 99-100.
13.-"Un humanista de nuestro tiempo", en Ideas y figuras (Buenos .'Ures:
Editorial Losada, 2da. edición, 1958), págs. 58-69.

�Alfredo A. Roggiano

21

Pedro Henriquez t:reña y la Poesía

20

14.-RODOLFO MONDOLFO. "La Idea de cultura en el renacimiento italiano", en Jornadas, Tucumán, Núm. 1, 1948; VITI'ORIO CIAN, Umaneslmo e Rlnasclmento (Firenze: Lemonnier, 1941); E. CASSIRER,
"Some remarks on the quest!on of the orlginality of the Renaissance",
en Journal of the Hlstory of Ideas, IV, 49-56
15.-Véase: J. E. SPINGARM, A Hlstory of Llterary Crltlclsm in the Renalssance (New York, 1899); preferimos la edlclón italiana de la casa
Bar!, 1905. También: C. TRABALZA, La critica letterarla nel Rinasclmento. Storla del generi letterarl (Milano: Vallardi, 1915).

.

'

31.-En la orilla. 1\11 l,.spafta, pág. 82.
32.-Ensayos critlcos, págs. 33-42.
33.-lbld, pág. 42.
34.-"P~dro Henrlquez Ureña o el pensamiento integrador", en Rev. lber.,
Numeras 41-42, págs. 171-194.

16.-B. SANIN CANO, El lrnmanlsmo y el progreso del hombre (Buenos
Aires: Editorial Losada, 1955), pág. 10.

35.-En el Núm. 92 de la "Crono-bibliografía de Don Pedro Henrlquez
Ureña", de Eruma Sperattl Plñero (Rev. Iber., passlm) se mencionan
los lugares en donde Don Pedro se ocupó de Martl. Complétese con
el Núm. 567.

17.-En L'humanisme. Essal de déflnltlon (París: Soclété d'Edlt!on Les
Belles Lettres, 1946) , pág. 35.
18.-FERNAND ROBERT, op. cit., págs. 36 y 161.
19.-Ensayos en busca &lt;le nuestra expresión (Buenos Aires: Edltorial Raiga\, 1952) , pág. 23.

36.-En Ensayos críticos, op. cit., págs. 53-70. Aparece en Horas de Estudio,
pá_gs. 113-137. En .'.\linnesota l\lagazlne, de Minneapolis, Vol. XXIII,
Num. 4, enero de 1917, págs. 129-132, hemos encontrado un "Rubén
Darlo", By Pedro Henríquez Ureña, en inglés, con lo cual precisamos
el Núm. 334 de la 'Crono-blbliograffa ... " de Emma Sperattl Plñero.
Es el mismo trabajo citado en el Núm. 323 de la mencionada "Cronobibliografla ... "

20.-P. H. U., op. cit., págs. 24-27.
21.-BARTH, GROUSSET, MAYDIEU, JASPERS y otros, Hacia un nuevo
humanismo. Trad. de F. Caballero Calderón (Madrid-Bogotá: Ediciones Guadarrama, 1957), págs. 353-385. La cita corresponde a la pág.
373.

37.-De una carta de P. H. U. a Félix Lizaso, en Rev. Iber., Núm. 41-42,
pág. 113.

22.-JASPERS, op. cit., pág. 535.

38.-Horas de Estudio, págs. 115-116.

23.-F. ROMERO, op. cit., pág. 62.
24.-"Crono-bibllografía de Don Pedro Henríquez Ureña", Rev. Jber., Números 41-42, p!igs. 195-242.
25.-En Rev. lber., número citado.
26.-Ensayos criticos (La Habana: Imprenta Esteban Fernández, 1905).
27.-PEDRO HENRIQUEZ URERA, Poesías Juveniles. Colección de Emllio
Rodríguez Demorlzi (Colombia: Ediciones Espiral, 1949).
28.-En Ensayos críticos, en el dedlcado a "D'Annunzlo, el poeta", emplea
Pedro Henríquez Ureña la expresión "modernismo francés", e1~ 190"3.
En 1905 la usa en "El modernismo en la poes!a cubana" ..La vuelve a
usar en 1908 en un estudio sobre Galarlpsos {Poesías de Gastón F.
Deligne), en la Revista Moderna de México. Pero en 1909, en carta a
Menéndez y Pelayo \Revista Dominicana de Cultura, 1, Nov. 1955, pág.
139) dice: "En otro orden, aunque comencé haciendo campaña en
favor del llamado modernismo (lo subraya) americano, he sido siempre, por gusto, y por tradición fam111ar, devoto del glorioso pasado
y del no mdlgno presente de la literatura española ... "
29.-Sabldo es que José Asunción Silva usó ese mismo ritmo en su poema "Ola de difuntos". ¿Viene de "Las campanas" de Poe?. Baldomero San!n cano, en una carta que se publica en la Revista Dominicana de Cultura (Núm. 1, 1955, pág. 159). observa : " .. . no creo que
Poe pudiera haber Influido en las formas del "Nocturno" . .. " Y explica el origen de dicho ritmo, el cual según un recuerdo de José Antonio Portuondo (Revista Iberoamericana, Núm. 26, Febrero de 1948,
pág. 246, nota 4) surgió de la lectura que don Baldomero le hizo a
Silva de la "Canción de la campana" de Sch1ller. Véase: ARTURO
TORRES RIOSECO, "Las teorías poéticas de Poe y el caso de José
Asunción Sllva", lllspanlc Revlew, Vol. XVIII, Núm. 4, October, 1950,
págs. 319-327, y ALBERTO MIRAMON, José Asunción suva. Ensayo
biográfico con documentos Inéditos. Suplemento de la Revista de las
Indias, Núm. 7 {Bogotá: lmprcnta Nacional, 1937), pág. 113.

30.-"La obra de Juan Ramón Jlménez", fechado en Mlnneapolis en 1918
figura en En la orilla. 1\11 Espafta {México: Ediciones México Moder~
no, Tlpografia Cultura, 1922), págs. 71-83. Filé publicado antes, en
1919, en Cuba Contemporánea, de La Habana; en Repertorio Americano, de Costa Rica, en 1920, y más tarde, en 1923, como prólogo a las
Poeslas de Juan Ramón Jiménez (México: Editorial Cultura) .

1

-

39.-lbld, pág. 125.
40.-En l\finnesota Magazine, Mlnneapolis, Vol. XXIlI, Núm. 3, Diciembre
de 1916, pág. 95. Advierto que en el Núm. 345 de la "Crono-bibllografia" de ~ a Sperattl Piñero figura una poesía "El niño", publicada en El F1garo de La Habana, en enero de 1918, pero no sé si es
la misma. Notemos esta coincidencia: con fecha 19 de septiembre de
1916 (pág. 8, 6a. columna) y de septiembre 24 del mismo ato (pág.
9, 6a. columnaJThe Minneapolls Journal anuncia la visita de R. Tagore, quien, Invitado por la Universidad de Mlnnesota, debe dar un
curso sobre poesia de la India en noviembre de ese mismo año. Don
Pedro conoció y trató a Tagore en esa oportunidad. La resonancia de
Tagore en Minneapolis está registrada por los dos grandes diarios de
dicha ciudad: The )linneapolls l\Iornlng Trlbune y The lliinneapolls
Journal. El Dr. Raymond J. Phelan, de la Universidad de Mlnnesota,
escribe sobre "Tagore, friend of man", en The Minnesota Dally Vol.
XVIIl, número 65 (January 12, 1917), pág. 5, columna 1-2· ~n la
misma revista, órgano de la Universidad de Minnesota, se da' cuenta
de un curso sobre Tagore en The Universlty High School Literary
Soclety {Núm. 74, January 25, pág. 3, linea 3). ¿Significa todo esto
que se reconocía en Tagore un ejemplo como camino para recuperar
al hombre, en lo humano más original y auténtico, a partir del momento de su definición como t al: la adolescencia y la juventud? ne
la resonancia de Tagore en Pedro Henrlquez Ureña (que es indudablemente afinidad y coincidencia) habla el hecho de que Don Pedro repetla en slgnl!icativos momentos de su vida pensamientos de Tagore
(me consta) y esa hermosa paráfrasis sobre "El Niño", según recuerda
también Rafael Alberto Arrieta (en Re~ . Iber., números 41-42, pág. 87¡ .
Asimismo, cuando dirigió en México la Colección de Clásicos Universales, incluyó un volumen de Obras de Tagore.

�23

Arturo Cantú

Arturo Cantú / POEMAS
POESIA
•

t

Brillan en equilibrio tus dientes que sonríen,
Eres amor de dos castillos melancólicos
unidos por un arco de verdosas piedras
hermosura de siglos de ser puente.
¡Sonríes!
Acaricias de verte,
amaneces de pronto como un río florecido
y detienes el vuelo de las altas esferas,
tie·nes entre las manos una espiga de sueños
y una flor de cristal para los niños,
retornas providencias encantadas
en las alas del viento de los valles
y en las altas memorias del olvido.
Dictas, oh alto girasol,
dura jornada al astro enamorado,
y largo espacio al día.

JARDIN
Verde y luminosa constelación de signos,
fuente y enredadera
entre senderos siempre desiguales,
gala del agua que levanta el vuelo
o cautelosa intrepidez de yedra.
Flores disparas de un morado intenso,
ve-rde jardín a solas,
siempre olvidado junto al tiempo.

/

ENCUENTRO
DESENCANTO
De qué verano insólito resurges,
mariposa del agua,
única primavera de los mares. ·
Qué remoto cristal,
coros o cantos olvidados,
amores o palabras,
escalan por tus pechos.
breve naranjo florecido
de-1 aroma del tiempo.
Escalera del sol,
de qué luna te inundas cuando cantas.
-22-

1

-

Partes y dejas
nidos de soledad y fugitivos pájaros insomnes.
Al acecho de qué maravillosas flores diminutas
he de olvidar el polvo de tus sílabas
de qué sonoro río, metal,
cántico altivo,
alta espada llameante,
luna o planeta en la dorada espesura de la tarde,
he de cortar mis días uno a uno
y una a una las letras
de tu nombre de furias estallantes.

�24

Poemas

Arco tendido a punto,
luminosa alborada de tu cuerpo,
jadeante eternidad furiosa y ávida,
cómo dejarte una palabra mía
fructificando a solas en tu cuerpo.

Serge Darmon /

LA NOVELA.

NOVELA: el diccionario dice: "Obra
de la imaginación, relato en prosa de aventuras imaginarias,
inventadas y combinadas para interesar al lector". Añadiremos que es, sobre todo, el género literario más complejo, el
que tiene el público más numeroso y un público que también
se recluta entre todas las clases de la sociedad. En efecto, si
el teatro y la, poesía quedan todavía reservados a un público
seleccionado (y, algunas veces, más culto), la novela busca
sus lectores en todas partes ; es un género esencialmente popular. Puede tomar todos los aspectos y todas las formas.
Nuestro propósito será buscar en su historia, en su evolución,
los elementos que puedan explicar el éxito extraordinario, y
único, de una manifestación literaria cuyo fin consiste en proporcionarnos placer y desahogo, satisfaciendo la curiosidad
del hombre por el hombre, cuyo aspecto más común es la
"simpatía" ...
Pero antes de iniciar esta búsqueda, me parece útil, y
hasta indispensable, -para que no nos . equivoquemos-, establecer una clara distinción entre LA NOVELA y dos géneros que, hermanos suyos, son sin embargo diferentes de ella
en su estructura como en el fin que se proponen. Quiero hablar del CUENTO y de la NOVELA CORTA. :N"o creo que
haya entre esos tres géneros una mera diferencia de duración, sino también una diferencia de composición interna.

. ,.

EL CUENTO, ya sea filosófico o de hadas, es un relato
familiar de aventuras imaginarias, y muchas veces fuera de la
realidad lógica. Los personajes se mueven en un mundo de
fantasía que no tiene de verdadero más que lo indispensable
para que nuestra imaginación admita la convención. Pero sobre todo, estos personajes no son más que esquemas, sencillos
instrumentos que permiten al autor expresar cualquier idea,
en una historia que tiene casi siempre un significado filosófico
-2:i-

�26

La Novela

Serge Darmon

27

o moral. Por ejemplo el Cándido, de Voltaire, no hace nada,
absolutamente nada, en medio de sus numerosas desdichas; el
autor no le da personalidad alguna. Lo que importa, en el
cuento, es la historia, el relato, y no los personajes. Y si todos los cuentos de nuestra niñez no t1enen un profundo valor
filosófico, a lo menos su maniqueísmo justifica también lo que
acabamos de decir de sus personajes.

ginas". Lo menos que podemos decir, en efecto, es que tal
división es "puramente arbitraria", y deja aparte las diferencias estructurales que hemos podido notar. Pero si la novela
tiene, a mi parecer, estos carácteres propios, no se estableció
en la jerarquía de los géneros literarios, de repente, en una
forma acabada y perfecta. Siguió entre las literaturas modernas, una evolución que fué bastante compleja.

Al contrario, en la NOVELA CORTA, el carácter de los
personajes ocupa el primer plano. Pero, distinta en eso de la
novela propiamente dicha, la novela corta, -mero episodio
aislado de la vida real-, contado por él mismo, no presenta
más que una crisis,. única, sin antecedentes y sin prolongación
posible. Los personajeis nos son presentados en un momento
particular ilimitado de su vida, sin que el lector pueda saber por cual evolución llegaron a este momento, y a tal
carácter.

Gustavo Cohen, tal como Menéndez Pelayo en sus "Orígenes de la NoYela", demuestra que, en sus principios, la novela no tuvo vida autónoma. Las primeras novelas que aparecen, en prosa, en el siglo XIII, no son más que relatos épicos, libros de caballería y de aventuras maravillosas hechos
para un público bastante reducido. En efecto, y tal vez por
su facilidad de lectura (no olviden que novela se dice en francés: "ROMAN", es decir, en el sentido primero de la palabra:
relato escrito en lengua romana vulgar, en una de estas lenguas, derivadas rlel latín, ya sea la española, la italiana o la
francE&gt;sa), la novela favoreció primero la vulgarización de
otro género : la epopeya.

Ahora, en la NOVELA, el carácter de los personajes cambia, evoluciona a lo largo de la obra, al contacto de los acontecimientos, exactamente como en la vida. La novela se presenta como una serie de crisis, en las cuales los protagonistas
aparecen dotados de una duración que les es propia. Eso puede explicar, por ejemplo, el fracaso, como novelista, del francés Guy de Maupassant, o del inglés Rudyard Kipling; el primero, magnífico autor de cuentos y novelas cortas, el segundo, creador del cuento simbólico que encantó nuestros quince
años: "El Libro de la Selva". Cuando escriben novelas, parece
que muy rápidamente les falta el aliento: colocados desde un
principio frente a nosotros, los personajes pasean en la obra
sus rostros inmutables de títeres de madera . . o de personajes de cuento.
Perdóneseme 1:.'Sta larga introducción, pero me parecía
indispensable establecer claramente estas diferencias importantísimas. Y se verá que no son del todo superfluas,
puesto que encuentro bajo la pluma de uno de los buenos críticos de la literatura mexicana, Ralph E. Warner, en su "Historia de la Novela mexicana en el siglo XIX", página XIV lo
siguiente : "Cuando se examinan las definiciones de la novela
en México y se trata de hacer un deslinde entre este término,
por una parte, y novela corta, cuento, relato, por otra, se encuentra que la definición de la novela no es del todo clara".
Si no está clara, a lo menos hay en la novela carácteres que la
distinguen de los otros géneros. Y, sobre todo, no estamos de
acuerdo cuando este crítico añade : "He Jlegado finalmente a
una división puramente arbitraria pero que ha resultado práctica. Limito el asunto a las novelas de un mínimo de cien pá-

Así que lo más importante, lo más urgente, para este nuevo género literario todavía bastardo, será conquistar su independencia. Pero ¿cómo? De una manera sencilla y eficaz : la
novela va a buscar un campo de acción que le sea propio situándose al encuentro de dos temas, y mezclándolos: el a~or
y la aventura. Tal mezcla tomará el nombre de romanesco o
novelesco. Y como todo género literario que se emancipa, la
novela va a presentarse como una reacción contra lo que la
ahogaba: lo épico. Las primeras grandes novelas "modernas",
el "GARGA~'l'UA." de Rabelais, y el inmortal "QUIJOTE",
son de este tipo. Podemos ver en ellas una sátira de cierto
aspecto de la literatura. de ciertos temas contra los cuales la
novela, recién nacida, querría luchar ya se trate de hazañas
de gigantes o de libros de caballería. Son "anti-epopeyas".

•

I

Pero si la novela hubiera seguido este único camino del
amor y de la aventura, no nos hubiera dado más que un aspecto muy reducido de sus posibilidades. Este aspecto que es
el de las historias un poco infantiles que llenan ahora las páginas de ciertas revistas femeninas. . . Felizmente la novela
era destinada a un rango mucho más importante. Por eso debió hacerse dueña de un dominio que ella sola podía cultivar:
el realismo y ln vida cotidiana. El siglo XVII y sobre todo
E-1 principio del XVIII, darán a la novela sus carácteres más
originales. Le darán la fuerza sin la cual se hubiera conven
tido en cuento azul. Y hay en la literatura universal una
obra que nos pinta los efectos nocivos de obras solamente no-

�La Novela

28

Serge Dannon

velescas: quiero hablar de "La Señora Bovary" de Gustavo
Flaubert, novela del novelesco visto por el realismo más implacable.
Novelesco, realismo: eso no bastaba a la novela en su ascención en el camino de la literatura. Así que la vemos anexarse poco a poco todos los géneros vecinos, y los críticos tuvieron que crear nuevas palabras: novela histórica, novela filosófica, novela poética, novela científica, sin hablar de estas
novelas que el lector vacila en calificar, novelas que pudieran
llamarse ensayos, o relatos de viaje, o de cualquier otra manera, pero que, a pesar de todo, son novelas. Este imperialismo
de la novela despertó entre los críticos, cierta inquietud. Muchos lo consideran como un signo precursor de decadencia, la
novela debiendo ahogarse pronto por superabundancia de sangre. En espera de tal cataclismo literario, podemos notar que
la invasión novelesca significa también la posibilidad, para
el público popular, de alcanzar ciertas manifestaciones intelectuales que sin eso ignoraría. Y a sé que los conocimientos
que la novela nos da bajo las etiquetas "filosófica", "científica", "histórica", etc., tienen muchas veces un valor a lo menos discutible, por no decir más. Pero, al fin y al cabo, la
novela es sobre todo una diversión, una de las más refinadas
tal vez, pero una diversión a la cual no se puede pedir la seriedad (y el aburrimiento) de una verdadera ciencia. Nuestro propósito no es desarrollar este tema, al que dejaremos
para entrar ahora en lo que llamaré los valores propios de
la novela.

ooo

En primer lugar ¿han notado cómo el valor literario, •o por mejor decir, la forma de una novela, parece tener
poca importancia ? Si estableeemos una escala de los géneros
literarios segÍln la importancia que dan al estilo, encontramos:
en un extremo, el más alto, la Poesía, y en el otro, el más
bajo, la Filosofía. ¿Y la Kovefa ? Desgraciadamente debemos
reconocer que muchísimas veces se encuentra en el escalón
más bajo. Por ejemplo, las obras de Balzac o de Blasco Ib'áñez, a pesar de su potencia de evocación y de sentimiento, tienen innumerables errores de estilo y de gramática; y sin embargo llamamos a estos: grandes autores, y es justo. Pero
personalmente niego tal título a estos escritores modernos que
escriben mal porque es más fácil, o porque creen que eso puede reemplazar el talento, olvidando que los grandes autores
que algunas veces escribieron mal, poseían cualidades de inspiración de las cuales ellos ( o ellas) carecen. Pero debemos
admitir que, hasta cierto límite, la forma no parece tener gran
importancia en el juicio de la gloria . ..

•

i

29

Perdonamos a un libro su malo estilo, pero ¿le perdonamos más? -¡ Claro que sí!- Una novela puede tener una composición ilógica, hasta absurda, empezar por el fin y volver
a los primeros acontecimientos. Ko importa. Hasta el siglo
XVIII, la literatura no conoció más que novelas cuya acción
se perdía en un montón inextricable de intrigas secundarias
que no dejaban a la principal más que un lugar bastante reducido. Los otros géneros literarios piden un orden a _lo menos lógico, pero en la novela la composición sigue -o parece
seguir- el compás original de la propia vida. Y hasta notemos en la novela moderna intentos para utilizar procedimientos de simultaneidad; tal es, por ejemplo, el "Ulysse" de James Joyce, cuyas 800 páginas no contienen más que el relato,
con sus pequeñísimos detalles, de la vida de distintas personas durante 24 horas, con recuerdos y prolongaciones mentales en el futuro. También Dos Passos se permite con el relato y el tiempo, ciertas libertades. Y es interesante notar que
el cine, abandonando su carácter impersonal de encadenamiento de imágenes objetivas toma todos los días tal libertad; y
estamos acostumbrados a estas películas que empiezan por la
última fotografía, en las cuales el asesinado de los primeros
minutos, vuelve durante hora y media a explicarnos cómo llegó a tal fin. . . Si se admite que el cine es un arte aparte de
los otros, la novela me parece también ser un género al margen de todos los demás.
El carácter original de la novela aparece igualmente en
el puuto de vista adoptado por el novelista frente a su obra.
Este punto de vista puede cambiar de una novela a otra, y
hasta en la misma novela, y de un amor a otro. El teatro
no tiene estos problemas de perspectivas, es evidente. El
cuento tampoco, puesto que el narrador es un mero titerero.
Cuando se trata de la novela, la cosa es mucho más compleja.
Pero podemos reducir a cuatro las actitudes más importantes
del novelista. La primera, la más sencilla, es contar la historia, lo haría un narrador, sin escónderse. Tal manera de proceder no es rara y hasta los buenos autores, para marcar su
presencia, intercalan sus propias reflexiones en medio del relato (por ejemplo Stendhal en "La Cartuja de Parma"). La
segunda posibilidad, para el autor, consiste en identificarse
con uno de los personajes, el héroe o un protagonista secundario (en "Wuthering Eights", el relato está a cargo del criado Lockwood) ; es el relato hecho en primera persona, el cual,
algunas veres se confundr con la autobiografía más o menos
disfrazada cuyo mejor ejemplo es la obra de :M:arcel Pronst.
Tercera artitud : el autor adopta el punto de vista que SE&gt;ría
!c'l del testigo invisible, rapaz de ver y de oir a todos los per-

�\

30

sonajes, en todas las · circunstancias de la vida, tal como un
nuevo Asmodeo. Le queda al lector explicar todos estos actos
y todas estas palabras, y hallar los sentimientos que los motivaron. En Estados Unidos, los novelistas modernos van aún
más allá: en lo que llaman "las novelas del comportamiento",
el análisis psicológico ha totalmente desaparecido, como por
ejemplo en "'fhe Killers" de Hemingway. En su obra "U.S.A.",
Dos Passos, deseando dar vida a una época, un continente, sin
hacer una serie de monografías, integró en su libro capítulos
titulados "El ojo de la cámara" que no son sino artículos cortados en los periódicos de la época, el testigo invisible mirando no sólo a los protagonistas de la novela sino también al
mundo que les rodea. La cuarta posibilidad para el novelista
es_ de escoger el punto de vista de Dios, la ubicuidad que permite al autor entrar en los pensamientos, en los sentimientos
de sus personajes, explicar así sus actos, y anunciar con certidumbre el porvenir. Este procedimiento, el más frecuente. se
utiliza en obras de gran valor, como en obras de segundo rango.
Me parece naturalmente superfluo añadir que esas cuatro
posibilidades brindadas al autor de novela, permiten numerosas variantes, hasta en la misma obra, alternando o combinándose, aumentando así las riquezas del género literarilo que
analizamos.

ooo
Si por fin estudiamos la novela bajo otro ángulo, nos
presenta ciertas enseñanzas generales que merecen que nos
detengamos un poco. Sabemos que todas las grandes literaturas antiguas ( Grecia, Roma, Egipto) tuvieron su novela.
Pero a diferencia de las literaturas de las civilizaciones modernas, nos presentan la novela como un género tardío y secundario. Solamente las literaturas "modernas" han dado las
obras maestras de la novela (EL QUIJOTE, LA GUERRA Y
LA PAZ, LA CARTUJA DE PARMA, etc.). Eso resulta de
dos hechos que muchas veces no llaman bastante la atención.
El primero es la sustitución de la literatura oral por la.
literatura escrita. Las circunstancias históricas de tal sustitución se entienden: a pesar de su invención en 1440, la imprenta no tiene aún en el ,;iglo XVI gran importancia; en
esta época el reino del libro no está del todo entendido. Las
generaciones sucesivas más que conservar, dejan que se pierda. Pero si la Antigiiedad abandonaba en el camino su
saber y sus bibliotecas, ahora no perdemos casi nada, todo se
imprime. Y en esta perspectiva general, vemos por qué va a
desaparecer la importancia que, hasta en el siglo XVI, aún
tenía la conversación en todas sus formas ( discursos, colo-

31

Serge Darmon

La Novela

..

quios, discusiones, ... ) como medio de búsqueda de la verdad.
Durante largo tiempo rl libro no será más que una ayuda para
las memorias flojas. Poco a poco la conversación va a desarrollar un papel más mundano que filosófico, y el libro va
a ocupar un rango cada día más elevado, hasta llegar a la
actual "mística del libro" que hace que toda manifestación
del espíritu humano parezca deber acabar en un libro. La
consecuencia de tal cambio en los medios de expresión se debe
a que una parte importantísima de la transmisión del pensamiento humano, ha desaparecido: la transmisión oral, el secreto, el esoterismo. Hoy se escribe demasiado, y todo lo que
se escribe acaba un día u otro entre las páginas de una novela ... Diré más; diré que eu el orgullo de su poder, la literatura novelesca moderna olvida sus origenes orales; la novela
olvida los ritmos sencillos y las historias populares de las epopeyas que las precedieron; olvida también que ahora no es
más que el compañero de un lector solitario, al contrario de
la epopeya que era una cosa sencilla, compuesta para la muchedumbre. No pe1·demos casi nada, hemos dicho, pero el torrente
literario hecho de novelas, ensayos, etc., trae muchas veces
lodo y cosas sin valor.
La segunda explicación al éxito actual de la novela es un
fenómeno relativamente reciente: el acceso, a la vida estética,
de un nuevo núblico: LAS SEJiilORAS. El papel de esta parte
del público se hace desde hace un siglo cada día más grande.
La mujer aparece tambifo, según una concepción cristiana,
como inspiradora de la literatura, y la novela acaba por presentarse como un relato de aventuras ( amorosas o no) destinado a un público femenino dominante, público que es ahora,
en número, el má'&gt; importante.

ooo
Aumento del público en general, y del público femenino en particular, desaparición de la literatura oral, transformación de la novela en un compendio de todos los géneros literarios. . . . ¡Bueno! El Libro es Rey. Creo que
no. Y creo que no porque este hermoso edificio dedicado a la
gloria de la cosa impresa ... está podrido. 'Miremos con atención la literatura impresa; la veo en los últimos años volver
a lo que era en la Antigüedad: una comprobación al lado de
una literatura oral. 1\Iiren por ejemplo la importancia dada
ahora a los medios de transmisión de la palabra (radio, disco,
cinta magnética, tel,~visión). Nacidos hace poco ocupan ya
un lugar privilegiado. Otra cosa: se hacen todavía películas
según una novela, pero vemos muchas veces en el aparador
de la librería una nonla escrita después de una película,

�32

La Novela

como para ayudar nuestra memoria. Muchos poemas, numerosas novelas, se ensayan en la radio antes de publicarse. Y
creo también que la televisión acentuará esta evolución. Así
que, poco a poco, el libro no será más que una confirmación,
una ayuda. Así que, el éxito de la novela debe también disminuir. Por la razón que acabamos de anotar, pero también
porque la mujer, principal lectora de novelas, se coloca en
casi todos los países en su verdadero lugar, es decir al mismo
nivel que el hombre: ella quiere trabajar y desarrollar su papel en la vida del país. Sus ocios disminuyen, y naturalmente,
su lectura de novelas ...
Me van a creer .muy pesimista. No lo soy, y no creo que
lleguemos un día a la desaparición TOTAL del libro. Es indispensable en muchos dominios. Pero podemos temer que la
autoridad que ejerce ahora en nuestra vida, llegue en un día
próximo, a desaparecer.
·

1

'

fuanita Soriano / DIFICIL LUZ

pifícil luz de azules y nevadas
busco en el aire tu. dibujo cierto,
desde el silencio del aroma muerto
y de ingenuas. est~ellas enterradas;''1i 1 ,
•

'-

.,'

: ·

1

t'

•

Descendieron lás laces desatadas.e' !
de aquel azul hasta mi mar desiettC9,
e'Sparcidas y. rotas por el huerto;· ,
de humanos tallos
y alas .rJat.Jfrag 0das.
..
1

\..

'

,._

Ven, lumínico .acento, pez-de nieve •·
que yo descubro 'POr el aire 'leve.
Luz que yo sola sé, color de olvido.
Perdida miel, sin huella de su ausencia,
única luz, difícil transp-arencia ,
que digo sin decir, sol .combatido:
•

1'

Difícil luz, estero de cenizas,
agonizada fransparencia queda,
fragmento de luciérnaga que rueda
encendida entre polvo de sonrisas.
-33-

�Difícil Luz

Agonizadas ya también las brisas,
la luz alucinando la vereda ...
El azul que en mis párpados se enreda
yace extraviado en hojarasca y trizas.

Seymour Menton / INFLUENCIAS EXTRANJERAS EN
LAS OBRAS DE FEDERICO GAMBOA

Pero tú, dulce nombre, luz dormida,
difícil de decir, color de vida,
vencida de celestes y penumbras,
no sé cómo alentada de jazmines,
de caricias en flor y de violines
en m, recuerdo del azul, deslumbras.
FEDERICO GAMBOA (1864-1939),
el novelista más grande del siglo XIX (1) en México, es un
tema ideal para los estudiantes de literatura comparada. De
amplia cultura literaria, Gamboa tomó y adaptó hábilmente,
para su uso, conceptos y situaciones de los autores más famosos de las décadas anteriores. La mayor parte de lo críticos
le juzgan ligeramente un seguidor de los naturalistas franceses, sin determinar exactamente hasta qué grado está en deuda con Zola y sus compañeros y sin reconocer la influencia
que ejercieron en sus obras otros autores famosos de España,
Portugal, Italia y Rusia.
Gamboa escribió sus cinco primeras novelas con gran entusiasmo por las teorías literarias y las obras de los naturalistas franceses. Estaba completamente de acuerdo con los
principios formulados por Zola y los hermanos Goncourt, quienes aplicaron las teorías científicas y filosóficas del siglo XIX
a la literatura.
·
Además de basar su propio credo literario en el de Zola,
Gamboa maneja en sus obras diferentes temas y situaciones
que indudablemente están inspirados en otros semejantes de
la voluminosa producción del "Maestro de Médan" (2).

111

Difícil luz, casi ecuación de rosas
y torrente de pájaros y nidos,

como fotografía de sonidos
y cadencia de abstractas mariposas.
¿Qué luz en sombra de lejanas cosas
es memoria de náufragos vencidos?
Difícil luz, recuerdos sumergidos
en inmóviles aguas silenciosas.
Estela de dormido sentimiento
· quiero tan sólo aquella luz pequeña
que ilumina de amor mi pensamiento.
Llamarada de azul estrella fría,
sé que es azul, porque en azules sueña
y me enciende de azul la fantasía.

"'

En "El Primer Caso", uno de los cuentos de Del natural
(1888), el primer libro publicado por Gamboa, las travesuras
de la infancia de Rosita y su caudillaje de los pillastres vecinos, recuerdan inmediatamente a la Nana .de seis años de
L'assomoir. La iniciación de Rosita en las aventuras amorosas, como la de Nana, es el resultado de su primer trabajo.
"Uno de tantos", otro cuento de Del na.tura.!, se refiere al teatro y a la vida amorosa de su actriz principal. Las descripciones de Gamboa de la noche del estreno y del ensayo son como

,.

,.

1

'

�36

Influencias Extranjeras en las Obras de Federico Gamboa

una reminiscencia de escenas semejantes en Nana. En Apariencias (1892), la primera novela de Gamboa, encontramos
la misma exposición del adulterio que en La curée de Zola;
un hombre de edad madura que pierde el amor de su joven
esposa a su propio hijo. Sin embargo, el tratamiento a que
somete Gamboa su tema es totalmente diferente del de Zola
y presenta bastante semejanza con otras obras del siglo XIX
sobre el adulterio. Un pequeño detalle de esta novela, la descripción del destrozo del tren, nos hace pensar en La béte
humaine de Zola. Para el castigo del adúltero y de la adúltera, Gamboa siguió el ejemplo de la primera novela de Zola,
Thérése Raquin. En estas dos obras, ambos, el hombre y la
mujer, pecadores, sufren el tormento de una conciencia culpable, que demuestra ser por sí misma el castigo más efectivo
de sus crímenes.
La obra más famosa de Gamboa es Santa (1903), la cual,
con frecuencia, ha sido injustamente clasificada como una imitación de Nana (3). La única semejanza entre estos dos popularísimos libros consiste en la relación entre Nana y George,
el hijo más joven de Mme. Hugon, y el corto episodio de Santa
con un joven estudiante de 16 años de la Escuela Preparatoria. .Ambos muchachos idolatran a las voluptuosas cortesanas.
Su curiosidad adolescente y sus deseos son satisfechos por las
dos experimentadas pecadoras, que se sienten extremadamente lisonjeadas de que todavía pueden despertar una sincera y
arrolladora pasión . .Aman a sus jóvenes enamorados con granaje, son incapaces de corresponder con una pasión igualmentitud condescendiente, pero después de tantos años de libertite fuerte y sincera. Comparando los dos libros como unidades,
Santa es un estudio mucho más profundo de la prostituta que
Nana. Zola, deseoso de reproducir la foívola inmoralidad de
París en 1860, descuida a su heroína. Aunque la juventud de
Nana está ya descrita en L'assommoir, el autor no proporciona ninguna referencia a su pasado en su continuación Nana.
Ella nunca tiene tiempo para examinar sus propias acciones
ili su situación dentro de la sociedap.. .Aunque Zola pudo haberse inspirado en una persona real, Nana, en la novela, está
desprovista de toda individualidad. La actitud de Zola para
con élla es indiferente y, en ciertas ocasiones, exageradamente
crítica. Por otra parte, la investigación de Gamboa para la
historia y las emociones de la prostituta, hacen de Santa un
personaje mucho más humano y simpático. Otra diferencia
básica entre estas dos obras es que Nana es una actriz que,
inicialmente, conquista a París desde el escenario, mientras
que Santa llega a hacerse conocer en el prostíbulo de Elvira.
En efecto, una parte considerable de Santa se desenvuelve en

Seymour Menton

37

los lupanares de la ciudad de México, mientras que
a través de todo el libro, rodea a su "diva" de la
del teatro, el lujo de su apartamiento parisiense y el
de su casa de campo.

Zola, casi
algarabía
esplendor
·

El aspecto artístico de la novela siguiente de Gamboa, Reconquista (1908), es totalmente parecido a L'oeuvre de Zola.
El anhelo de Salvador .Arte;iga por pintar un inmenso panorama de los vicios de la ciudad de México, nos induce a pensar en el deseo ardiente de Claudio Lantier de llevar al lienzo sus impresiones de París. Procediendo como naturalistas,
ambos artistas se fijan en "documentos" verídicos para sus
composiciones. El recorrido nocturno de Salvador a través de
los viejos sectores de la ciudad de ~Iéxico está relacionado claramente con los paseos de Claudio a lo largo del Sena. .Ambos
artistas sufren de vez en cuando ataques de neurastenia a causa de su incapacidad para inmortalizar en el lienzo sus vagas
pero brillantes ideas. En la página fina1 de Reconquista, Gamboa afirma su renuncia del naturalismo. Sin pizca de duda,
Gamboa pensaba en el suicidio final de Claudio Lantier en
L'oeuvre, suicidio que se debe a su impotencia para ejecutar
su gran cuadro, al presentar a Salvador fortalecido con la fe
recobrada y mirando hacia el futuro con optimismo para llegar a completar su obra. Otra semejanza notable entre estas
dos obras es la amistad entre el artista neurasténico y el autor firme y práctico Claude Lantier y Pierre Sandoz; Salvador .Arteaga y Julián Covarrubias. Sin embargo, mientras Zola
se retrata en el personaje del novelista, _Gamboa se proyecta
dentro del artista. En ambas obras, las mujeres están subordinadas al arte. Christine, amante y por fin esposa de Claude,
así como Emilia, la primera mujer de Salvador, pierden su
identidad como mujeres al posar desnudas para sus respectivos maridos.
·
En su última novela, La llaga (1913), Gamboa reafirma
su ruptura con el naturalismo. Crea una situación típicamente
naturalista en el amor de un expresidiario por una viuda pobre. Sin embargo, el expresidiario Eulalio está destinado a
regenerarse por medio del amor y el trabajo. Mientras trabaja como un hombre ya regenerado, se enamora de la jove•
viuda Nieves. .A diferencia del procedimiento naturalista, este
amor supera grandes dificultades, incluso un peligroso accidente. El restablecimiento de Eulalio de un accidente casi
mortal y su optimismo subsiguiente se debe al amor de Nieves
que alienta sus deseos de trabajar de nuevo. Este grave accidente demuestra que la herencia y en especial el medio ambiente pueden ser vencidos y superados por el amor. Precisamente, durante su larga y penosa convalecencia, es cuando

'

�Seymour l\lenton
38

39

Influencias Extrani"""º -·• ms oi,,.._, ae J?ederico Gamboa

Eulalio se da cuenta de lo profundamente que le ama Nieves.
Es entonces cuando se atreve a revelarle su horrible crimén
(4) y su prisión. Esta contradicción del naturalismo muestra
un parecido sorprendente con la propia renuncia que hace Zola
de sus teorías anteriores en Travail. Con una intención claramente proselitista, Travail presenta la opinión de Zola de que
el hombre puede alcanzar la verdadera felicidad en una sociedad socialista, donde el trabajo no se considere como una odiosa carga. En la novela, Luc, el organizador de la fábrica socialista, vence muchos obstáculos, principalmente gracias al
gran amor que existe entre él y J osine. Las semejanzas entre
la J osine d€ Zola y la Nieves de Gamboa son demasiado visibles para que sean meras coincidencias. .Ambas mujeres han
pasado poco antes por experiencias matrimoniales desgraciadísimas. J osine era la amante de Ragu, un obrero brutal. Ella
y su hermanito Nanet sufrían constantemente los golpes del
borracho Ragu y, con frecuencia, eran arrojados a la calle,
fuera del hogar. Un día, Luc los ve en la calle pidiendo a
Ragu que les dé la llave de su miserable morada. .Aqu{l co.mienza a protegerlos y después de organizar bien su fábrira,
propone a Ragu que trabaje para él y que se case con Josine.
.Aunque la vida de ésta mejora desde el punto de vista material, la brutalidad de Ragu la empuja a seguir los dictados
de su verdadera pasión por Luc. Cuando Ragu comprueba que
su esposa está encinta de otro hombre, se vuelve todavía más
cruel que de costumbre. Después de descubrir que Luc es el
culpable, se oculta taimadamente y lo apuñala con fiereza.
Inmediatamente huy&lt;! de la aldea y, cuando pocos días más
tarde, se descubre en un camino cercano el cuerpo de Luc easi
devorado por los lobos, todos consideran a Ragu culpable del
crimen. J osine, sin prestar oídos a las murmuraciones, se queda en la casa de su amante hasta que éste se recupera por '
completo. El matrimonio de Luc con Josine impulsa a aquél
a trabajar con entusiasmo para lograr coronar con éxito la
realiza_ción de su proyecto. Aunque Nieves en La llaga no es
tratada tan cruelmente como Josine, también sufre mucho
antes de conocer al protagonista de la novela. Su padre, después de la muerte de su madre, la obliga a casarse con un
hombre por quien nunca ha sentido amor; éste, como Ragu,
se escapa para entregarse a la bebida y caer en manos de
otras mujeres. Afortunadamente para ella, su marido muere
al cabo de un año. Como, en el mismo transcurso de tiempo,
su padre también muere, el único protector de la joven viuda
es su hermano Liborio. Después de conocer a Eulalio, el amor
idílico de Nieves se ve envuelto en una gran tragedia. Nieve·s,
como J osine, desconoce las leyes de la sociedad y no vacila
en recibir en su casa a su amante herido donde su inmenso

cuidado y afecto aceleran su curación. Igual que J osine, sale
encinta antes de haberse casado. El embarazo no causa temor
ni desesperanza sino gran júbilo. Luc y Eulalio ven en sus
futuros hijos el medio de salvación y la ayuda para crear una
nueva sociedad. .Al descubrir el estado de Josine, las reflexiones de Luc son las siguientes :
Elle était á lui seul, puisqu'elle était enceinte d'un
enfant de luí. Le seul poux était le pére, le plaisir qu'on
volait á une femme ne laissait rien, ne comptait pas. Un
seul líen nouait le couple: solide, éternel, l'enfant, la vie
propagée, un étre nouveau, né de l'indissoluble union de
deux étres ... Pour toujours, J osine appartenait á Luc, et
elle luí rcviendrait, l'enfant serait letur vivante floraison"
(5).

La frase final de La llaga expresa cómo Eulalio, en su entusiasmo al saber que va a ser padre, besa solemnemente el
cuerpo de su futura esposa: "Y lo mismo que si besara una
santa promesa, por encima de sus ropas, besó el vientre de
Nieves" ( 6).
Los hermanos Goncourt eran para Gamboa del mismo tono inspirador que Zola. Sin embargo, aquéllos influyeron más
en la selección de temas novelísticos que en el propio desenvolvimiento. Con toda seguridad, la inspiración para 'Mi di~rio de 'Gamboa, del cual se han publicado cinco volúmenes
(1907-1938), procedió también del Journal de los Goncourt.
.Aunque Mi diario abarca un lapso más corto (1892-1911) que
el Journal (1851-1896), el trabajo de Gamboa es más interesante que el de su modelo, pues su vida tiene en sí mayor interés intrínseco. No sólo fue un -hombre de letras, sino también político durante un período muy turbulento de la hi~toria (7).
En muchas de sus obras de ficción, Gamboa adaptó temas que ya habían sido utilizados por los hermanos Goncourt:
la actriz de La Faustin en "Uno de tantos"; la monja enamorada de Soeur Philoméne &lt;'11 Metamorfosis; la prostituta y la
vida de prisión de La fille Elise en Santa y La llaga; y la vida
del artista de Manette Salomon y la conversión religiosa de:
Mme Gervaisais en Reconquista. Sin embargo, la única obra
de Gamboa influida con certeza por los Goncourt fue Santa,
la cual está relacionada más estrechamente con La fille Elise
que con Nana de Zola. Tanto Gamboa como Edmond Goncourt
insisten en los propósitos morales de sus libros.
De mi parte debo repetir lo que el maestro de .Auteuil declaró cuando la publicación de su Fille Elisa.:

�40

Influencias Extranjeras en las Obras de Federico Gamboa

Ce livre, j'ai la conscience de l'avoir fait austére et
chaste sans que jamais la page échapée a la nature delicate et brúlante de mon sujet, apporte autre chose á !'esprit de mon lecteur qu'une méditation triste". (8).
llay otras semejanzas entre Santa y La filie Elisa. El cochero que lleva a Elisa a su primer lupanar tiene el apodo de
"Tombeur des Belles". Un cochero también lleva a Santa al
primer burdel. El nombre irónico de Santa puede haber sido
inspirado por Divine a quien en la novela de los Goncourt reemplaza Elisa como favorita del alcalde en el burdel. Al hacerse amigo de la prostituta, Hipo el pianista desempeña el
mismo papel en Santa que el viejo violinista en la casa rural
donde Elisa hace su debut. Elisa y Santa gozan de gran popularidad al principio, pero en cuanto comienzan a declinar, se
suma a sus penas el odio lleno de envidia de sus compañeras.
},.unque Gamboa ronocía las obras de .Alphonse Daudet y
de Guy de Maupassant (9), estos dos importantes naturalistas
franceses influyeron en él menos que Zola y los hermanos Goncourt. La obra autobiográfica de Gamboa, Impresiones y recuerdos, se inc;;piró parcialmente en las Lettres de mon moulin,
de Daudet; cuyo subtítulo es "Jmpressions et souvenirs". Tres
capítulos del libro del mexicano están dedirados a narraciones cortas, las cuales tienen el mismo encanto delicado y trágico que se halla en los cuentos de Lettres de mon moulin.
Existe una relación más concreta entre Apariencias de Gamboa
y Fromont jeune et Risler ainé de Daudet. En ambas novelas,
que tratan el tema del adulterio, la esposa joven y atractiva
es infiel a su esposo ya maduro y comete adultnio con un jo-,
ven que goza de la entera confianza del marido. Una de las
primeras manifestaciones de cariño t&gt;ntre el joven Pedro y
Elena es el paseo que hacen por la calle tomados del brazo,
mientras que el esposo de ella, Don Luis, va del brazo con su
suegra. Da la impresión de que los viejos fueran los acompañantes de los novios. Este episodio recuerda la novela de Daudet en que la hermosa Sidonie se sienta cerca de George Fromont, joven amigo de su marido, en un teatro, y le da su brazo camino de casa, mientras el viejo Risler, su esposo, va detrás. Don Luis y Risler nada saben de la infidelidad de sus
respectivas esposas. En el momento preciso en que sus esposas los están traicionando los dos viejos piensan en su felicidad conyugal. En ambas novelas el clímax se produ&lt;'e en nn
baile elegantísimo que dan los ingenuos maridos. (10)
Put&gt;sto que la primera obra publicada por Gamboa es una
colección de cuentos breves, no se pueden evitar las comparaciones con las obras de uno de los cuentistas más famosos de
todos los tiempos, Guy de Maupassant. Sin embargo, a excep-

Seymour Menton

.

1

.

ción de dos pequeños detalles en un cuento, no hay influencia
directa del autor de La maison Tellier en Gamboa. Los puntos
de contacto entre los dos autores pueden notarse en El mechero de gas y L'hóritage. En el cuento mexicano, la esmerada
preparación de la comida para la primera visita del ministro
a la casa de Javier recuerda los preparativos para la comida
que hace la familia de Cachelin con motivo de la visita de
Lesable, el ambicioso burócrata a quien quieren agradar para
que sea su yerno. El desafortunado intento del mexicano Javier para entablar un duelo con el ofensor de su honor conyugal es una variante de la supresión del duelo de Lesable con
su subordinado, l\faze, difamador de su vida matrimonial.

o oo

..

..

Muy distinto de sus contemporáneos afrancesados, Gamboa conoció y admiró la literatura de España. El novelista
más grande de este país del siglo XIX fue Benito Pérez Galdós. Gamboa admiraba sinceramente "el privilegiado genio
galdosiano" (11) y algunos de los incidentes de sus obras están inspirado,s en los del novelista español. En el cuento de
Gamboa "El primer caso", la actitud de Isaac Cortijo ante el
advenimiento de la República, después de la caída del Empedor M:aximiliano, es exactamente _la misma que la producida
en Bringas por la caída de Isabel II en La de Bringas. Aunque
ambos son simples empleados, Isaac y Bringas, temen la represalia de los republicanos a causa de sus opiniones políticas.
La estadía de Rosita, hija de Isaac Cortijo, en un convento
induce a pensar en la de Fortunata en la obra de Galdós Fortunata y Jacinta. Enviada al convento para recibir una educación esrnn·ada, Rosita, igual que Fortunata, tiene la esperanza de purificarse al contacto de los muros santificados del conTento. El punto principal de semejanza entre los dos caso¡¡¡
rrside en la actitud tomada por las personas que son responsables de haber internado a las muchachas. Desde el principio, Fortunata y Rosita se adaptan tan bien a la vida conYentual que ::\Iax y los Cortijo temen que sus amadas lleguen
a hact&gt;rse monjas. Huelga decir que tales temores desaparecen bien pronto.
"Vend:a cerillos", el mejor de los cuentos de Del natural,
tiene un detalle que, sin duda, se inspiró en Galdós. La exi~tencia, relativamente confortable, de Sardín, como pupilo de
una familia rica, termina violentamente con un incidente casi
idéntico al que envuelve a Pablillo, el hermano menor de Martín Muriel, t&gt;n una de las primeras novelas de Galdós, El audaz.
Sardín v Pablillo son falsamente acusados de robar unos anillos valiosos por la denuncia de sirvientes, celosos de su posi-

�42

Influencias Extranjeras en las Obras de Federico Gamboa

1,

ción privilegiada ante los amos. El suicidio final del adolescente Sardín motiYado por el rechazo de su amor muestra una
semejanza muy estrecha con el suicidio de ~ar~~nela en la
novela del mismo nombre de Galdós. La descnpc10n que hace
Gamboa del joven Hipo en Santa pudo ta1?-bi~n •Se~ inspirada
por Marianela. El recuerdo que tiene el piamsta ciego de ~as
explicaciones que le daba su madre sobre el mundo exte_nor
nos lleva a recordar las conversaciones entre Nela Y el ciego
Pablo en la obra de Galdós. (12)

De todas las famosas adúlteras literarias del siglo XIX,
la Elena de Gamboa se parece mucho a la Luisa de Eca de
Queiroz en O primo Bazilio. Ambas aman a sus respectivos
maridos y son enteramente felices antes de destrozar su vida,
pues se engañan a si mismas creyendo que el verdadero amor
consiste únicamentf. en la pasión ardiente. Ambas disfrutan de
sus aventuras ilícitas, pero, al mismo tiempo, siguen tratando
a sus maridos con respeto y hasta con cierto grado de amor.
Después de cada crisis en sus relaciones ilícitas, Elena y Luisa
caen enfermas de fiebre cerebral. Esta, finalmente, muere de
1111 ataque a pesar de que su marido, Jorge, ha decidido perdonarla. Don Luis, en Apariencias, como Jorge, en O primo
Bazilio, es un hombre lleno de las tradiciones del enciclopedismo racionalista. Después de darse cuenta de la infidelidad de
i-u esposa, su razón es la que decide que no debe matarla. A
diferencia de otros escritores naturalistas importantes que tratan el adulterio, Gamboa también castiga al joven que fue cómplice del crimen. Gamboa, queriendo demostrar que el verdadero castigo del adúltero es el remordimiento, presenta a Pedro atormentado aun más que la adúltera.

"A su modo me explicaba las cosas, los animales, ll!,S
personas• me hablaba de colores, me describía las flores,
el campo: hasta las nubes! ... qué digo las nu1?es, hasta el
mismísimo sol! ... Por ella sé que es azul el cielo y verde
el campo; y aunque ignoro lo qu~ es azu~ y lo que es verde acá en mi cabeza me he fabricado mi paleta y cuanto
yo' considero se me figura que lo considero más bello de
lo que es en realidad ... " (13).
La deuda que tiene Gamboa para con la literatur~ española se manifiesta también en su primera novela, Apanenc1as.
Lo principal de la trama se inspir? en Manu~l Tamayo Y B'aus
(14), dramaturgo español de mediados del s~glo _XIX. Las relaciones entre Luis Elena y Pedro en Apanenc1as, se pueden
comparar por ente:o con las de Yorick, Alicia y Edmu~do ~~
Un drama nuevo. Edmundo es hijo adoptivo de Yorick as1
como Pedro lo es de Luis. Y orick y Luis, ya hombres maduros, están casados con mujeres atractivas y jóvenes, Alici~ Y
Elena, contra su propia voluntad, se enamoran de los pu~il~s
de sus maridos. Ellas, personas jóvenes, tratan de reprimir
sus pasiones. Aquí termina el pare~ido. Gambo~, en vez d_e
seguir el desenlace de Tamayo, prefiere las soluc10nes ofrecidas por tres escritores naturalistas: el francés Alphonse Daudet en Fromont jeune et Risler ainé, expuesta ya má;s arriba;
el español Leopoldo Alas en La Regenta y el portugues Eca de
Queiroz (15) en O primo Bazilio.
El carácter del don Luis de Gamboa es suficientemente
noble para equilibrar la infidelidad de su espo~a Y la ingratitud de su hijo adoptivo. Su único ~rim~n consiste en b~scar
la felicidad casándose con una muJer Joven. Como Victor
Quintanar en La Regenta, don Luis es responsable i~conscientemente de excitar la pasión entre su esposa y su posible amante. Ambos esposos inducen a la joven cónyuge a bailar con
el joven gallardo. Tanto el Pedro de Gamboa como el _Alvaro
de Alas, aprovechan la oportuni~ad para hac_er apas10nada11
declaraciones de amor a sus fervientes companeras.

o o o

43

Seymour ~lenton

o oo
Gamboa, como muchos de los novelistas del naturalismo,
(16) abandonó más tarde su credo literario y lo cambió por

una interpretación más espiritual del mundo. Su redescubrimiento del catolicismo es el tema de Reconquista, inspirada
en parte por 11 Santo (17) del italiano Antonio Fogazzaro. Ambos autores insisten en la subordinación del amor a la religión.
En Reconquista, el pecador Salvador se convierte a causa de
su hija, quien se ha hecho monja. En 11 Santo, el penitente
Piero :\faironi, se hace monje y es el responsable de la conversión de Jeanne Disalle, una mujer casada con la cual, varios años antes, había tenido relaciones amorosas.

o oo
Más directamente relacionada con Reconquista está Resurrección de León 'folstoi. El carácter autobiográfico de la

..

novela de Gamboa no desmerece en nada la fuerza inspiradora
de la novela rusa. La conducta de Nekhlyudov y Salvador es
esencialmente la misma. Los dos se arrepienten del deshonor
que han causado a sus amantes. Sin embargo, a pesar de todas sus protestas sinceras, el egoísmo les impide llegar a experimentar un amor auténtico. No es su amor sino ego:smo
lo que les empuja a buscar a sus antiguas amigas. Descontentos de la vida que llevan, Salvador y Nekhlyudov intentan
descargar su conciencia ayudando a las jóvenes abandonadas.

�44

Influencias Extranjeras en las Obras de Federico Gamboa

Rasgos de la influencia de Resurrección pueden verse también en Santa. Las circunstancias que conducen a la caída de
Santa son completamente semejantes a las de Maslova de Tolstoi.
Katyusha l\faslova, como Santa, se crió en el campo. Ambas
fueron educadas en honestos hogares donde gozaban del afecto sincero de sus mayores. Más tarde las dos se enamoraron
de soldados que las abandonaron después de haber satisfecho
sus deseos carnales. Las dos muchachas pierden la estimación
de su familia y se ven obligadas a abandonar su casa. La larga enfermedad de Santa después del aborto es paralela a la
muerte inminente de 1laslova a causa de un parto. Los dos
autores ponen a sus protagonistas en casas de pro~titución
. porque no tienen otro medio de ganarse la vida. M'ás tarde,
cuando ambas comparecen ante el tribunal, hay gran semejanza en las descripciones de la curiosidad que despiertan las
prostitutas entre los t&gt;spectadores, los miembros "morales"
&lt;le la sociedad.

Resurrección de Tolstoi que se parece tanto a Santa, en
cuanto es la historia de una prostituta, y a Reconquista en los
intentos del protagonista para llegar a la regeneración del
alma, también se parece a La llaga, pues ambos autores muestran su preocupación ante el injusto sufrimiento de sus prójimos. El encarcelamiento de Gregorio Báez por causas políticas, aunque es algo muy típico del 1\Iéxico porfiriano, reproduce los encarcelamientos también injustos que llega a descubrir Nekhlyudov una vez que aprende a observar. Ambos
autores tienen la misma tendencia de describir los aposentos
sucios y llenos de prisioneros. El efecto de la larga exposición al sol que sufren los exhaustos convictos, sus gemidos y
su vulgaridad, son puestos de relieve exactamente, por Tolstoi
lo mismo que por Gamboa.
Las descripciones que hace Tolstoi de los abusos de la
prisión y de la vida carcelaria en general tienen un atenuante
y es que él se sirve de un fuereño para sus descripciones:
N'ekhlyudov. Este no es el caso de Memorias de la Casa Muerta de Fiodor )1:. Dostoyevski, la novela que más se parece a
La Llaga, en cuanto a la presentación de la vida de los presos.
Kuestras incursion/JS en el diario de Gamboa nos han demostrado no sólo el entusiasmo con que él leyó la novela rusa,
sino también la impresión profunda que su lectura le produjt,
hasta el punto de acordarse de ella en sus visitas a la islaprisión de San Juan de ülúa (19).
El deseo de Gregorio Báez de contar las condiciones de
vida de la prisión, con la ª'yuda de sus compañeros y víctimas,
nos hace recordar inmediatamente Las Memorias de la Casa

Se)'mour Menton

45

Muerta, novela escrita en forma de memorias por Alexander
Petrovich Goryandikov. Igual que Eulalio en La Llaga, Goryanchikov era un ciudadano respetable que asesinó a su esposa
y que se entregó a la policía, siendo condenado a casi diez
años de presidio. El título, La llaga, que se refiere a las heridas ulcerosas, tanto físicas como morales, causadas por las
cadenas de la cárcel, fue probablemente inspirado por la novela rusa en la que Dostoyevski expone, con mordacidad, el
dolor y los horrores que padecen los prisioneros enfermos y
aun los agonizantes a causa de que nunca se les quitan las cadenas. Ni Dostoyevski ni Gamboa tratan de idealizar al tipo
común del preso. Por el contrario, ambos tratan de describir
el efecto brutal que causan las condiciones de la cárcel en los
prisioneros. Igualmente, los presos de ambas novelas en ciertas ocasiones, llegan a parecerse en el amor que mue~tran por
los animales que hay en las prisiones. El novelista ruso describe a sus prisioneros como seres capaces de mostrar afecto
verdadero por un caballo, ·un perro, una cabra y una águila.
El novelista mexicano revela su continua adhesión a la técnica del naturalismo al hacer una descripción espeluznante de
los presos que animan a la rata cuando está pariendo.
Una de las escenas inolvidables de las prisiones de Siberia
y de San Juan de Ulúa es la de los baños poco frecuentes de
los convictos. Aunque eran recibidos con alegría por los presos llenos de parásitos, no eran realmente un placer. Para
desnudarse tenían que ayudarse los unos a los otros ya que
estaban impedidos por las cadenas. Al comenzar a disputarse
el agua, parecen personajes arrancados del 'infierno' de Dante.
Aunque las condiciones de vida en ambas prisiones eran muy
semejantes, sin embargo, consta que la descripción de Gamboa
se inspiró, indudablemente7 en la de Dostoyevski.
"Al abrir nosotros la puerta del baño pensé que habíamos penetrado en los avernos. Figuraos una habitación de veinte pasos de larga y otros tantos de ancha, en
la que habría reunidos quizás hasta cien hombres a un
tiempo, o, por lo menos, ochenta, puesto que habían distribuido a los presos todos en dos tandas y de todos nostros habrían ido al baño unos doscientos. Vapor que se
nos metía por los ojos, sudor, suciedad, estrechez tan grande, que no sabíais donde posar el pie. Y o sentí pánico y
quise volverme atrás, pero Petrov inmediatamente me contuvo. A duras penas, con grandísimo trabajo, nos abrimos
paso hasta un banco, por entre cabezas de individuos sentados en el suelo, rogándoles nos hiciesen hueco para poder pasar. Pero los asientos de los bancos estaban todos
cogidos. Petrov me explicó que era menester comprar el

�46

lnfluenc~as Extranjeras en las Obras de Federico Gamboa

sitio, e inmediatamente entró en tratos con un preso que
estaba sentado junto a una ventanilla. Por una copeica
cedió su puesto; en seguida dióle Petrov el dinero, que
había tenido hasta allí con mucho cuidado apretado en el
puño; tomólo él e inmediatamente se metió debajo del banco, precisamente debajo de mi sitio, donde todo estaba oscuro, sucio y había una humedad resbaladiza por todas
partes que alcanzaba casi medio dedo de altura. Pero
hasta los sitios de debajo de los bancos estaban también
tomados; también allí se apiñaba la gente. En todo el
suelo no había el espacio de un palmo donde no se hubiesen acomodado furtivamente los presos encorvados y
echándose el agua de sus jarros. Otros estaban entre eUos
erguidos, y sosteniendo el jarro en la mano, se lavaban
en pie; el agua sucia escurría de sus cuerpos directamente sobre las medio afeitadas cabezas de los sentados en el
suelo. En el banco de sudar y en todas las gradas que a
él conducían, había hombres sentados, encogidos y apretujados, lavándose. Pero apenas se lavaban. La gente del
pueblo se lava poco con jabón y agua caliente; lo que sí
hacen es darse mucho vapor, y luego espurrearse con agua
fría ... y pare usted de contar. Sus cincuenta cordones
tendría el banco de sudar; todos se azotaban hasta el paroxismo ... Les daban vapor a cada momento. Aquello no
era ya calor; era fuego. Todo vibraba y retumbaba con
los gritos y los ruidos de cien cadenas que se arrastraban
por el suelo. Algunos ansiosos por adelantarse, se enredaban en las cadenas de los otros, y se asían a las cabezas
de los que estaban sentados má abajo, caían, se insultaban
y tiraban de los demás. El agua sucia chorreaba por todas partes. Todos estaban hasta tal punto embriagados,
en tal estado de enajenación, que prorrumpían en quejidos
y gritos. Junto al ventanillo del vestíbulo, por donde daban el agua, había insultos, apreturas, toda una batalla.
El agua caliente, no bien recogida, ve:r;tíase sobre las cabezas de los sentados en el suelo, antes de llegar a su
destino. De cuando en cuando, por la ventana o por la
puerta apierta, asomaba el ·mostachudo rostro de un soldado, que, fusil al brazo, miraba no fuera que se alterase
el orden. Las cabezas afeitadas y los cuerpos de los presos, enrojecidos por las vaporizaciones, parecían aún más
espantosos. En la espalda vaporizada, resaltaban generalmente con toda claridad las cicatrices de los latigazos o
palos antaño recibidos, de suerte que aquellas espaldas
parecían recién flageladas. Terribles cicatrices! A mí me
corría un escalofrío por la piel al mirarlas. Vuelven a
echar agua sobre la ardiente piedra del horno, y el vapor

Seymour llenton

lo llena todo de una nube densa, ardiente · todos chillan
y gritan. De entre la nube de vapor se de~tacan las maltratadas espaldas, las afeitadas cabezas, manos y pies torcidos" ( 20).
"Los penados no atendían órdenes, desnudábanse unos
a otros, medio alejados del resto; gritaban, silbaban, realizaban prodigios de equilibrio; pintaban, con sus posturas en la pesada diafanidad de la atmósfera quemante,
curvas imposibles, ángulos fantásticos, inexplicables posiciones momentáneas; todos atraídos por el agua que caía
y caía ... Pero donde el horror alcanzaba su colmo y paralizó a Gregorio, que continuaba atónito desde su rincón,
fué en las fisonomías y en los cráneos rapados, que ahora
veía iluminados por ese sol sin entrañas ...
¡ Dios santo! ¿y eran aquellos hombres sus semejantes
y sus hermanos ?...
Había bocas rientes, .que por lo grandes, simulaban
heridas sanguinolentas o pustulosas que hubieran reventado con aquel propio sol, y con sus emanaciones debieran
de envenenar el aire ; labios tan gruesos y groseros~ que
diríase pertenecían a bestias carniceras y voraces; maxilares y pómulos que acusaban voluntades irrompibles, de
acero; cejas, como selvas bravías, que escondían ojillos
hundidos y despestañaaos, ojos chinescos, de alarmante
estrabismo, ojos serenos y grandes, de vaca que rumia,
frente a la tristeza del crepúsculo, echada en los surcos. '
¿Y los cráneos? ...
Si Gregorio hubiera entendido de eso, se habría creído en un infierno de verdad; mas ignorante de todo, con
pasmosa certidumbre adivinaba que en aquellas simetrías,
protuberancias y oquedades radicaba la génesis del mal,
del mal antiguo y sin cura, el mal eterno e infinito ...
¿por qué, Señor? ... Allí, en los cráneos que se mojaban,
a los que la espuma turbia del jabón barato circundaba
de cierta blancura, indudablemente que se descifrarían
los orígenes de las razas y de los tiempos idos, que, a modo de maldición sin término, dejan las tristes herencias,
las degeneraciones y las lacras. : .

'

-

Y más por escapar a la turbación de sus ideas que
por compartir el deleite del baño, Gregorio se desnudó,
y ansiosamente, hundiéndose en la pila inferior, en la que
otros cuerpos desnudos y empapados le abrieron campo,
no muy amplio que se diga, no, lo indispensable para que
agazapado en el agua que corría con lentitudes de pobreza,
se enjabonara. A dos manos echábase el líquido encima

�48

Influencias Extranjeras en las Obras de Federico Gamboa

de la cabeza, cerrados los ojos, a fin de que huyera de su
pensamiento y de su vista la visión esa que se los' había
atenaceado" (21).
Gamboa, como Dostoyevski, comprendió que la situación
de los guardias no era mejor que la de los hombres que custodiaban. El novelista ruso lo demostró cuando Koller, un guarda polaco, intentaba huir con dos prisioneros. Gamboa hace
resaltar este episodio, con más fuerza, en lo que ocurre entre
"El Zamorano" y Crisógono. Un día, con el objeto de calmar
a los prisioneros sublevados, Crisógono y los demás soldados
reciben la orden de disparar dentro de la prisión. "El Zamorano" el tenor de la cárcel y que no era un cabecilla en esa
revueita recibió un tiro en la rodilla y quedó mutilado. Promete ve¡1garse del hombre que lo ha herido en cuanto descubra quién es. Una de las escenas más enternecedoras de todas
las obras de Gamboa, es cuando "El Zamorano" descubre que
el culpable es Crisógono. Encolerizado, pide una explicación
al guardián. Cuando éste señala su uniforme con un gesto de
resiO'nación es cuando "El Zamorano" comprende que ambos
&lt;:i
•
están
presos' en San Juan de Ulúa y coIDienza
a nacer ent re
ellos una profunda amistad.

Las Memorias de la Casa Muerta y la primera parte de
La llaga, terminan con la liberación de los protagonis~a~. Ale:irnnder Petrovich y Eulalio se sorprenden ante la noticia. Paradójicamente, ambos sienten un poco de t~isteza al salir. Alexander Petrovich se pone triste al despedirse de sus camaradas de prisión mientras que Eulalio descubre, por vez primera,
que el antiguo fuerte tiene cierto encanto.

Seymour Menton

49

que es, no solamente la mejor novela naturalista hispanoamerieana, sino también una de las obras más sobresalientes en la
historia de la prosa narrativa de Hispanoamérica (23) . El
amor, que desempeña un papel importante en La. llaga, Reconquista. y Santa., es aun más importante en las tres primeras novelas de Gamboa que, como Santa, muestran el apego de su
autor al mótodo naturalista. Metamorfosis (1899), Suprema.
ley (1896) y Apariencias (1892) denotan la obsesióp. del joven autor por las diferentes fases de las relaciones entre los
dos sexos. También los c•uentos de Del natural (1888), la primera obra que publicó Gamboa, muestran las tres características -tema erótico, método naturalista y preocupación por
las costumbres y problemas mexicanos- que el autor utilizó
al escribir sus seis novelas que han sido de gran importancia
pa1:a dar más categoría a ese género en México.
Siguiendo la tradición establecida por algunos de los más
sobresalientes novelistas mexicanos del siglo XIX, tales como
José Joaquín Fernández de Lizardi, José Tomás de Cuéllar Y
Emilio Rabasa, las obras de Gamboa son eminentemente mexicanas. Sin embargo, él supera a sus predecesores y contemporáneos, pues sin renunciar a su mexicanismo -tal como lo
hacen algunos autores ya olvidados del siglo XIX-, da a sus
obras un sentido universal exponiendo diversas facetas del
amor -el más universal de todos los temas- en una forma
tal que demuestra su conocimiento de las más grandes figuras
de la novela en el siglo XIX.
(Traducción de Juan Antonio Ayala).

o o o
Al indicar lo que Gamboa debe a los escritores mencionados no ha sido nuestra intención quitarle méritos. Por el
contr~rio sus obras necesariamente se han enriquecido con su
amplia c{tltura. Esencialmente en un novelista, sus tramas giran alrededor de varios aspectos del tema erótico, se desarrollan
de acuerdo a las normas naturalistas, pero nunca dejan de
manifestar una preocupación constante por las costumbres Y
los problemas mexicanos. Esta misma preocupación hace que
sus novelas sean precursoras de las novelas de la Revolución.
Esto se riota sobre todo en La llaga, su última novela, pero se
puede encontrar también en todas sus obras. A p~sar de sus
pasajes naturalistas, La. llaga (1913), como Reconqmsta. (1908),
repr~senta la ruptura de Gamboa con la filoso~ía de~~rminista
tan característica del naturalismo. Esta reaf1rmac10n de fe,
que el autor demostró al escribir estas dos novelas, se puede
notar ya en la página final de su mejor novela, Santa. (1903),

NOTAS
l . ~ principales obras de Gamboa fueron escritas entre 1888 y 1911.

Para México el siglo XIX finaliza con la calda del régimen de Porfirio Diaz en 1910.

2.-Crltlcando Vérlté, una de las novelas postnaturallstas de Zola, Gamboa, sin vacllar, reconoce que el autor francés ha sido su "maestro":
" ... Y me cuesta, ¡ vaya si me cuesta!, estampar estas cosas tratándose
del para mi respetadislmo y bien amado maestro, y agregar que es
éste el único libro suyo, -y cuenta que he leido y aun poseo como
blasón su integra obra magna,- que no luce ni una página siquiera,
Impregnada de aquel gran arte aue tanto abunda en sus producciones anteriores" (l\11 diario, 1-3 rMéxico: Gómez de la Puente, 1920],
pp. 246-247).
3.-"Santa (1903) parece una hermana menor de Naná". (Julio Leguizamón, Historia de la Lltt&gt;ratura Hispanoamericana, [Buenos Aires:
Editorial Reunidas, 19451, tomo II, p. 180.
"Cuando Naná se pone de moda, brindaremos las truculencias ultraGoncourt y supra-Zola de Santa". (Luis Alberto Sánchez, Proceso y
rontenldo de la novela hispanoamericana, Madrid: Editorial Gredos,
1953, p. 57).

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Influencias Extranjeras en las Obras de Federico Gamboa

4.-Asesinó a sil mujer por la desesperante indiferencia de ésta hacia él.
5.-Emile Zola,' Travall, (Paris: Bibliothéque Charpentier, 1906), p. 267.
6.-Gamboa, La llaga, 3a. ed. (México: Botas, 1947). p. 320.
7.-Después de .la publicación del primer volumen de J\'.li diario, en 1907,
Manuel Puga y Acal, el famoso crítico mexicano, escribió a Gamboa
una carta en la cual, refiriéndose al Journal de los Goncourt, dice:
... "Los per-sonajes que pasan a través de éste despertaron en mí ideas
librescas, mientras que los que pasan a través del tuyo, han despertado sensaciones y sentimientos vividos ... " (Gamboa, Mi diario, II-1
rMéxico: Gómez de la Puente, 19341 , p. 288).
8.--Gamboa, Santa, 13a. ed. (México: Botas, 1947), p. 8.
9.-Después de visit ar a Zola y a Edmundo Goncourt en París en 1893,
Gamboa se desilusionó enormemente al no poder ver a Daudet, ya
que éste daba una fiesta en su casa y no quiso ser interrumpido.
(Mi cllario, 1-1 Guadalajara: La Gaceta ele Guadalajara, 1907, p. 172).
Aunque Gamboa no vio a De Maupassant porque el cuentista había
muerto precisamente ese mismo año, su nombre aparece dos veces
en )fi diario (1-1, p. 286; 1-2, p. 179) .
10.-Un baile e:; también el lugar de una declaración de amor adulterino
en Une belle journée de Henry Céard. Sin embargo, en esta sátira
de la novela naturalista del adulterio, el adulterio nunca se llega a
consumar a pesar de que ha sido preparado cuidadosamente.
11.-Gamboa, i\li diario, II-2, (México: Botas, 1938) , p. 307.
12.- Benito Pérez Galdós, J\larianela (Buenos Aires: Espasa Calpe, 1941) ,
pp. 45-65.
13.-Gamboa, Santa, pp. 80-81.
14.-El documento en el cual se nombra a Gamboa miembro correspondiente de la Academia Española fue firmado por Manuel Tamayo y
Baus, "la mayor gloria del teatro español moderno". (Gamboa, Impresiones y recuerdos, 2a. ed. rMéxico: Gómez de la Puente, 1922],
p. 155) .
15.-Ambos, Alas y Eca de Queiroz son mencionados en Mi diario: 1-2, p.
11 ; 1-2, p. 49; 1-3, p . 81; 11-1, p. 176.
16.- Emile Zola, Joris-Karl Huysmans, Pérez Galdós y Pardo Bazán, entre
otros.
17.-En su diario, Gamboa dice que leyó II Santo mientras estaba en Guatemala, trabajando en la segunda y última parte de Reconquista (Mi
. ... cliario, 11-2, p. 414).
18.-Gamboa leyó a este famoso novelista ruso mientras escribía el segundo capitulo de Santa \MI diario, 1-2, pp. 250-251, 259).
19.-"En dos noches he devorado, lleno de angustias, los Recuerdos de la
('asa de los Muertos, del portentoso Dostoiewski" (Mi diario, 1-3, p.
373). "Impresión dostoiewsklana la que me produce mi larga y minuciosa visita, para mi novela en proyecto a la que por lo pronto
llamo 'Parlas', del presidio de San Juan de Ulúa" (Mi diario, 11-1, p.
7~).

20.-Fiodor M. Dostoyevski, Memorias de la Casa Muerta, traducción española por Rafael Cansinos Assens (Madrid: Agullar, 1949, 4a. ed.),
Tomo I , pp. 1229b-1230ab.
21.-Gamboa, La llaga, pp. 42-44.
22.- Además de sus novelas, cuentos y obras autobiográficas, Gamboa escribió tres obras de teatro: La última campaña, La venganza de la
gleba y Entre hermanos; las dos primeras fueron muy bien recibidas
por el público.
23.-Carlos Héctor de la Peña, en La novela moderna, (México: Editorial
Jus, 1944), p. 40, menciona Santa como una de las contadas grandes
novelas de nuestro tiempo, junto con La vor&gt;'l.glne, Doiía Bárbara,
Don Segundo Sombra y Los de abajo.

Hugo Padilla /

EGIDA DE LA LUZ

"supuesta noche imaginarla
que al despertar empaña todas las
(transparencias"
Paul Eluard, Poema.

LA LUZ entre las hojas, la luz verde
del muro como un brazo de piedra florecido:
la luz como vapor o forma de la espuma que se expande
como un bosque de manos por un bosque de cuerpos
en la playa; la luz como el recuerdo
de los ojos de mica del desierto, salvaje
furia de destellos que fusila, al pié de lo amarillo,
los ojos del sediento. La luz
como las alas para soñar, como e·I mar
para dormir sobre la espalda de las olas;
la luz como la flecha para hacer del corazón
del tiempo un surtidor y ahogarse ahíto;
como el anzuelo para pescar el pez
-minuto relumbrante- y volverlo
como se vue-:ve un guante o se vuelve a
en el fondo violeta de la tarde

'

-51-

�Egida de la Lnz

el caserío olvidado donde un niño,
al otro lado del abismo, quiere reconocernos
mientras lo recordamos. La luz
como liana o látigo para cruzar
o destrozar el día y hacer de un día mil años,
como un espejo roto de mil rostros
o el abanico de colores, surtidor que mana
del rostro de lo blanco rebanado contra la arista del cristal.
Hecha añicos la hora resplandece como un almácigo de
·
(astros,

Hago Padilla

perforo un pecho pero otra lanza me aniquila.
La luz estalla en pájaros hermosos, transparentes,
y el viento es de cristal:
tras el monte de jade un pueblo reza arrodillado.
Rebota la oración sobre el pecho de vidrio de la cúpula:
es una sola iglesia todo el cielo. Fatigado,
me tiendo al pie de un árbol, al pie de la oración
y espero a que florezcan.

·

Cierra los ojos el cansancio,
pero otro sueño dentro del sueño crece: es tu sueño.

como un pueblo que en la noche religiosa
en cada antorcha enciende un siglo de esperanza:

Con pelo negro de cascada en la noche,

como la arena, bajo el sol, quebrada

la noche horadas y el silencio.

por el azul sin tiempo de las olas.

El verde cementerio de los muertos
-flor de la buena noche en el mal día-

Me ciego por la luz

resucita. Los rostros empolvados, confundidos,

y al fin, tras larga espera, duermo.

aparecen girando a través de los dfas y los siglos:

Sueño lo que viví, la cuerda del insomnio

tolvanera sobre un pueblo desierto y sin memoria.

que va de mí hacia mí: trepo por ella
en busca de mi rostro. Al borde hay un espejo
me miro en él: mi rostro es otro espejo.

Rasgan tus uñas, oscuramente, a tientas,
bloques de tiempo, años endurecidos como piedras,
años de lluvia que velan la mirada. Llegas:

Desde el pico de luz, la luz d8'Sciende:

tocas en el cristal del día presente

su mano fría hiela las rocas como unos labios fríos

como se toca a una ventana:

hielan la roja sangre enamorada. La niebla

¿son algo más la hora y el minuto

corre por calles blancas y desiertas. Con una lanza

que un agujero para acechar el tiempo que me acecha

horado mi camino, dificultosamente: al cabo,

ojo con ojo, diente con diente, cara a cara?

�Hu¡ro Padilla

Egida de la Luz

entre la pluma y el abismo juega: ¿quién es?

Nada se pierde ahí, nada se desvanece:

Yo soy: no es nadie. Es sólo un remolino,

¿a dónde iría la luz, barco de vela
que encalla entre las rocas de la noche?

un vértigo •de luz que se devora
•

¡

La noche es luz, los días son relámpagos

como un niño que come una manzana.

y el hueco del durazno, intacto,

Fuera del ojo, absorta, mira la yedra

desciende ahora en verdes ondas sobre la espalda del
(gusano:

discurrir insomne a las olas de luz sobre su cuerpo.

polvo fosforescente que espera el sueño en otro polvo.
La noche es luminosa, y en el sueño
navegan vida y muerte como los pájaros y el tronco so(bre el río,
hojas vivas, plumas de sol sobre un cadáver,
todo encendido en la pureza de una nota
que baña de oro el agua.
Tres olas adelante se petrifica el canto
y la madera trina y echa alas:
todo se cambia de vestido y el tiempo recomienza.
¿Cómo recuperar lo que ya fué,
pero también cómo perderlo? Sigo
este sueño hasta alcanzar la orilla,
jardín de imanes de agua y piedras encantadas:
flores tus manos y ·tus senos cantos
nacen de claridad y cabecean, blancos fantasmas
en un bosque de árboles nocturnos.
Desasido de mí voy a su encuentro
por un hilo de luz donde mi suerte

r •

�Richard H. Roven,

Richard H Rovere / EL

gaciones empujan a las afirmaciones, las antítesis siempre vienen inmediatamente después de las tesis. A lo largo de toda
su vida, ha apreciado mucho el ideal confucionista de la vida;
gran parte de su obra lo refleja; pero, vida y obra, tomadas
en conjunto, son un caos total, aunque en ciertas ocasiones
sea un caos glorioso, como dijo William Butler Yeats al hablar de la "confusión balbuciente" de los Cantos, su obra más
importante. Este gran hombre ha definido el amor y el odio,
la amistad y la misantropía, la razón y la sinrazón, la pureza
más ejemplar y lo más abyecto, a espíritus luminosos como el
de Y eats y Robert Frost y a degenerados y locos como Benito Mussolini y a fanáticos como a John Kasper, el joven desorientado que recientemente ha sido condenado a un año de
prisión por desacato contra un tribunal que le juzgó por haber provocado a los blancos a declarar huelgas y a matar a
los negros en los Estados del Sur, fuertemente alentado por
Pound, según él dijo.

CASO DE EZRA POUND

S ERIA muy difícil encontrar a un
hombre vivo que presente una complejidad mental, temperamental y de acción como Ezra Pound, el poeta, erudito Y, a
veces, reformador, que ha pasado los últimos doce años de
&amp;.u vida, recluido, como loco, en el Hospital St. Elizabeth, un
inmenso asilo sostenido por el gobierno federal de los Estados Unidos en una colina situada al sudeste de Washington,

D. C.
Este enfermo es uno de los grandes luchadores y libertadores del espíritu moderno; pero también es un pobre diablo
que ha enven0nado a la opinión pública, una especie de caprichoso político que se ha desplazado desde sus teorías ridículas sobre el dinero hasta un chauvinismo sin fundamento. Ete Pound xenófobo es una de las auténticas personalidades cosmopolitas de nuestro siglo. Así como ha sabido reflejar en sus escritos el ambiente de su tiempo, también ha
sido un hombre esforzado que nos ha puesto en contacto con
otras civilizaciones. Sin embargo, en su temperamento de poeta existe una especie de resonancias de voceador callejero de
New York, militante del Frente Cristiano. Este Pound cosmopolita es un auténtico patriota; su amor hacia los Estados
Unidos es genuino y afectuoso; él mismo ha tenido gran parte en el desarrollo de la cultura norteamericana durante los
últimos cincuenta años. Pero también, .y esto es lo grave,
fue acusado del delito de traición por más de 19 tribunales
desde el 26 de noviembre de 1945. Existe un hecho que no
tiene negativa: Pound hizo propaganda en pro de los enemigos fascistas desde la Italia de Mussolini durante la pasada
guerra.
En la extraordinaria personalidad de Ezra Pound, las
cualidades chocan estrepitosamente con los defectos, las ne-

56 -

I

•

En el mundo que Ponnd desea en sus momentos optimistas, las primeras eosas estarían en primer lugar. Y la co~a
más importante es que él es un gran poeta. De esto nadie
puede dudar, ni él ni nosotros. Actualmente el gran públi~o,
los artículos de las agencias periodísticas y los comentanos
de las revistas de gran circulación se preocupan mucho de
Pound, el escritor loco, consejero· de los comités de ciudadanos blancos y de la reaparición del Ku-Klux-Klan, algo así
como los bolcheviques se preocupaban de Lenín antes de 1917.
La comparación, claro está, es absurda y posiblemente las relaciones entre Pound y Kasper no son tan profundas como
afirma este último, joven hambriento de un dios y quizá necesitado de un padre. Los consejos de ciudadanos blancos no
deberían agruparse alrededor de Pound simplemente porque
lo haya afirmado así Kasper. Los libros de registro del Hospital St. Elizabeth revelan que no son más de seis las visitas
que hizo Kasper a Pound y aunque pueden haber sido más,
un número determinado de visitas no puede evidenciar la
responsabilidad directa de Pound en todo este asunto. No
debe culparse a la iglesia de todos los actos de los puritanos. Ezra Pound es un fanático, lo cual ya es suficientemente reprobable, pero, se debe reconocer que no se tienen indicios de que él haya opinado jamás acerca de la integración
racial fü las Escuelas públicas. El mundo acostumbra con
mucha frecuencia a poner en primer plano lo secundario y para
este mundo lo que ahora importa es que Pound es un hombre internado, un paciente o enfermo mental, un escritor loco,
que cometió una trafoión y que aparece mezclado en los asuntos del agitador racial, Kasper.

�58

El Caso de Ezra Pound

Pero lo principal es que Ezra Pound es un gran poeta.
La poesía no es una carrera de caballos o una competencia de
cualquier clase y sería ridículo ponerse a discutir sobre qué
poeta corre con más rapidez, salta una altura mayor o hace
mejores clavados. Sin embargo, se podría hacer una excepción del efecto que ha producido en este siglo la poesía de
Ezra Pound y se vería que no ha habido talento más grande
ni más fecundo que el suyo. Claro está que para ello habría
que compararlo únicamente con media docena de poetas ingleses. Estos serían: T. S. Elioi, Y eats, Frost ( alguien no estaría de acuerdo en cuanto a éste), W. H. Auden y Dylan
Thomas. Quizá algunos de éstos podrían ser eliminados y repuestos con poetas de segunda fila como Wallace Stevens, Robert Graves, W alter de la Hare, :M:ariam Moore, William Carlos Williams,. E.E. Cummings y Robert Lowell.
El puesto que ocupa Pound en la poesía es seguro, no
solamente por el valor de su obra, sino en cuanto es un hombre que ha inspirado a otros muchos poetas. No hace mucho, el Gobierno que tiene preso a Pound en St. Elizabeth *,
en sus esfuerzos por persuadir al mundo de que el pueblo americano está interesado por las cosas del espíritu, dijo que Ezra
Pound "ha sido el hombre que más brillo ha dado a ~a poesía
inglesa" y Haydes Carruth, uno de los críticos más talentosos, afirmó que "no existe razón alguna para que Pound esté
aún preso". Las declaraciones acerca de los servicios prestados por Pound a la poesía, son amplias y no se las puede ne'5'ar. Todos los poetas que pueden entrar en comparación con
él, o por lo menos la mitad de ellos, en algún tiempo de su
carrera han sido discípulos de Pound y otros muchos recibieron su ayuda. Uno de los más grandes poemas de nuestro
tiempo The Waste Land, de T. S. Eliot, fue inspirado por
Pound en su redacción definitiva. Eliot se lo fue mostrando en diversas etapas de su elaboración a p¿und y los últimos toques se deben a éste. . . "un poema desparramado y
caótico que las manos de Pound dejaron reducido a la mitad
de su extensión". La dedicatoria de The Waste La.nd dice
"Para Ezra Pound, il miglior fabbro". Pound influenció profundamente a Yeats en la fase más tardía de la carrera de
éste. El reconocimiento de Robert Frost acerca de la influencia que en él tuvo Pound, llegó un poco tarde; fue Pound
quien consiguió que Frost publicara sus obras en los Estados
Unidos y también fue Pound quien encontró un editor para
James Joyce. Amy Lowell, E.E. Cummings y William Carlos
Williams también sintieron su influencia. W. H. Auden es
* La publicación de este articulo en su idioma original fue anterior a la
salida de Pound del St. Ellzabeth Hospital. N. del T.

Richard H. Rovere

59

de una generación más tardía, pero también ha estado de
acuerdo con todos al afirmar que "hay muy pocos poetas vivos . .. que puedan decir 'Mi obra hubiera sido igual aun cuando no hubiera existido Pound".
Toda esta influencia de tipo literario y político es ahora
la misma que se produjo hace ya casi cincuenta años cuando
se publicó su primer libro A lume spento; la llama todavía
alumbra y calienta. Pound comenzó a escribir con verdadera
furia para purificar el lenguaje de la tribu social e incorporarlo a la vida misma. La poesía debía ser viva, y no se
debía escribir acerca de la vida. "Poesía es. . . algo así como
'crítica de vida', así como el hierro al rojo es una crítica del
fuego". La edad, dijo en uno de sus más famosos poemas:
. .. Demanded an image
of its accelerated grimace,
Something for the modern stage,
Not, at any ratem an Attic grace;
Not, not certainly, the obscure reveries
Of the inward gaze ;
Better mendacities
Than the classics in paraphase !
A prose kinema, not, not assuredly, alabaster
Or the "sculpture" of rhyme.
El dió a su tiempo lo que creyó que éste le pedía-volumen tras volumen de poesía, algunos de ellos de incomparable encanto, otros con fealdades extraordinarias y otros muchos más. Y todavía sigue haciendo lo mismo. En estos últimos años tristes y melancólicos, muchos poemas magníficos
y mágicos han salido hacia el mundo desde el manicomio de
Washington. Ha seguido adelante con sus Cantos, con su labor crítica y con su infatigable empresa de traducciones, la
última de las cuales es una admirable versión de las Traquinias de Sófocles. Si el New York Herald Tribune ve ahora en
su destartalado cuarto de Anacostia el lugar donde se corrompía a jóvenes como J. Kasper, otros, algún día lo podrán comparar con la celda en que Cervantes escribió Don Quijote o
Bunyan el Piligrim's Progress.
Pero Pound está vivo y aún discute en nuestro mundo
de muchos asuntos espinosos; sin embargo sólo trataremos de
su obra. Su locura -si es que en realidad existe- no va a
ser eliminada por sus versos, pues sólo éstos pueden esconderse tras de ella.

�GO

El Caso de Ezra Po11Dd

Se podrá decir, entre otras muchas cosas, que la poesía
es un acto de inteligencia controlada. Esto es cierto en el
caso particular de Pound, quien nunca ha dejado de pedirse a sí mismo y a su trabajo de poeta, un pensamiento frío,.
duro, orientado hacia una meta, ya que tiene además de temperamento poético una gran mente analítica. Sin embargo,
una inteligencia controlada y diferenciada no está libre de la
locura. Ambos-la locura y el genio-, pueden ser simultáneas
en un ser de tantas facetas como es Pound.
Se ha discutido mucho sobre la locura de Pound, en términos legales y médicos. Muchas autoridades respetables no
han logrado ponerse de acuerdo. Cuatro psiquiatras, uno de
ellos nombrado por el abogado de Pound, firmaron un informe colectivo por el cual encerraron a Pound en el Hospital
St. Elizabeth; con ello ahorraron a Pound y al país de la vergüenza de un juicio por alta traición. Pero algunos doctores
han sostenido que Pound está muy lejos de estar loco según
las rectas normas que se deben emplear en esta clase de exámenes y van más adelante al decir que se burló a la justicia,
pues Pound, en vez de ir a St. Elizabeth debería haber ido a
la horca.
Desde el punto de vista del gran público todo este asunto es mucho más simple. Si a Pound, dicen muchos, se le sujeta a los exámenes legales e institucionales como a todo criminal que tiene algo de psicópata, es, sin lugar a dudas, una
personalidad enfermiza que, según el criterio de los hombres
normales, ha perdido el contacto con la realidad en muchos
aspectos importantes. Si él no está loco, todos los demás lo
estamos. La desilusión del paranoico, sus mórbidas sospechas,
su visión de la vida como si ésta fuera una conspiración contra él, son eompletamente aparentes en la personalidad de
Pound y hasta en su más alta poesía, que, gradualmente, durante los últimos veinticinco años, ha versado acerca de las
obsesiones políticas y económicas que él mismo sufría. En
Pound, esas sospechas y desilusiones, son la manifestación de
una manía. No sería prueba d6 locura que un aldeano excéntrico afirmara que Franklin D. Roose:velt era un instrumento
del judaísmo internacional, o que se entró en la guerra pasada por un arn:glo financiero hecho por R. y Henry Morgenthau o que la historia del mundo hubiera cambiado si se
hubiera publicado unos años antes la autobiografa de Martin
Van Buren. Todo esto, a lo más, sería la manifestación d~ un
equívoco. Pero ya es algo muy distinto que crea en ellas y
las lleve a su poesía un hombre de la cultura de Pound. Desde la gran depresión, Pound se ha dedicado a hacer ''carteras
de seda con orejas de cerdo". Su tema más importante -muy

Richard H. Rovere

61

diferente de todos los demás temas secundarios, inclusive en
los que se refiere a Roosevlt y Morgenthau y V~n Buren- ha
sido el de todos los problemas de la humanidad tratados desde el punto de vista del interés monetario ("the beast with a
hunred legs, USURA") y contra los prestamistas comerciales
("every bank of discount is downright corruption/ every bank
of discount is downright iniquity"). Además ha afirmado que
la vida y el mundo serían nobles y dulces y estéticamente ricos si nosotros tuviéramos la sabiduría suficiente para poner
en práctica las reformas fiscales pr-0puestas por Silvio Gesell,
Mayor C. H. Douglas y otros reformadores de la política que
se ha de seguir acerca de la moneda circulante. Estas son
sus convicciones políticas y, al mismo tiempo, son el alma
de su poesía. En vista rle esto es por lo que se pregunta el
Dr. Frederic Wertham, uno de lo psiquiatras disidentes: "i Se
ha tomado una convicción política equivocada como prueba
de su paranoia!" La respuesta que puede dar una persona corriente -sin intentar por ello satisfacer a la psiquitría o a
la ley- es que una convicción política es la causa de la locura
cuando empuja a un hombre a decir a un amigo lo que Pound
dijo en una ocasión a William Carlos Williams que. "en ciertas cireuustancias prefería el santuario de St. Elizabeth al
mundo ']Ue esperaba más allá de las verjas, en la Nichols Avenue, donde creía que le iban a disparar los agentes de la
'pandilla internacional'".
Estas obsesiones le hacen ver la superficie de la vida en
un mundo que tolera a la usura como "infinitas irotas de pus,
como roñas pustulosas constantes" y el flujo de la vida en
este movimiento:
as thP, earth moves, the centre
passes over all parts in succession
a continual brum-belch
distributind its production.
Y sin embargo, por encima de toda duda o disputa, esas
carteras de Pound son de seda:
The ant's a centaur in bis dragon world.
Pull down thy vanity, it is not man
Made courage or made order or made grace
Pull down thy vanity, I shall pull down.
JÁarn of the green world wbat can be thy place
Jn scaled invention or true artistry
Pull down thy vanity.
Paquin pull down !
The green casque has outdone your elegance.

�I

62

El Caso de Ezra Poond

Es una característica dl:l los grandes egoístas el tener pequeños recuerdos de sus años de juventud y aprendizaje.
Cuando tratan de esa época, siguen el ejemplo de Rousseau y
di&gt;forman las experiencias de tal manera que ponen inmediatamente después de su infancia una edad ya mundana. Pound
es uno de estos egoístas de la raza clásica, aunque no, como
rn los demás casos, un herm:mo de Rousseau. Aunque no se
le puede acusar de egoísmo o de excesiva autocontemplación,
su "yo" se ha ido afirmando imponentemente, con absoluta seguridad, en la arrogancia literaria y política, en la for~a
rara de vestir, en su presunción como líder y en esa especie
de prestan&lt;'ia de los conductores, al caminar, con sus seguidores un paso más atrás de él. En estos últimos tiempos se
han acentuado en él sus desilusiones paranoicas acerca de las
fuentes malignas que tiene el mundo para resistir y oponerse a su ~alvación. Este alto interés en su propia persona lo
ha llevado a considerarse a sí mismo y a toda su vida como
lo más importante; le ha hecho apuntar detalladamente sus
idas y venidas, a ir archivando todos sus dichos de gran hombre y a reflejar en cit'ntos y miles de palabras el significado
de todos sus pensamientos.
Sin embargo, nunca se ha ocupado de dar a conocer los
años de su formación juvenil. En cada una de sus manifestaciones autobiográficas, el niño nacido en Hailey, Idaho, en
1885, el hijo ele Homer e Isabel Weston Pound, se convierte,
en un par de párrafos, en la figura cumbre de las letras americanas. Pudiera ser que Idaho no influyera en él lo más
mínimo, porque en 1887, la familia se trasladó a Wyncotte,
Pennsylvania, y el padre de Pound tomó posesión del cargo
de analista del oro del Tesoro General de los Estados Unidos en Filadelfia. Se sabe, por una gran cantidad de cartas
que escribió él a sus padres, y publicadas hace ya varios años
l'n los libros de su correspondencia, que eran personas equilibradas y que leían libros profundos. Su madre, que tenía cierto parentesco con Henry W. Longfellow, era aficionada a la
música y su padre demostraba vivo interés por la literatura
contemporánea. El hecho de que el padre de Pound tuviera
un interés profesional por la moneda circulante, 6explica, en
forma alguua, la obsesión de Pound? Sobre todo esto se ha hablado mucho, pero ni el mismo Pound puede dar una explicación. Lo único que se sabe de sus años juveniles es que sobreYivió.
Era un niño bastante despierto e ingresó en la Universidad de Pennsylvania a los quince años. Ya no tiene ninguna
reticencia en contar lo que pasó desde esta fecha en adelante;
pero se llega a sospechar, por sus mismas palabras, que era

Richard H. Rovere

63

un individuo que dependía mucho de los demás. El se describe a sí mismo como a un hombre joven y sabio -sin lugar a
dudas lo era- y con un alto espíritu sofisticado-lo cual ya
no es tan cierto. Xo ingresó en la Universidad como alumno
regular. No quería saber nada de lo que enseñaban en los
cursos regulares, así es que, desde el primer momento fue
'·un estudiante especial" y se dedicó principalmente al estudio
de idiomas. El mismo confiesa que menospreciaba a sus profesores y compañeros. Sin embargo, algunos de sus contemporáneo&lt;s, que aún lo recuerdan, dicen que era un joven linfático, tímido, humilde y acomplejado por su cabellera roja,
que mostró ansiosos deseos de que lo admitieran en los grupos de estudiantes y ha habido otros que han dicho que lo que
quería Pra in~resar en una fraternidad, pero que cuando rechazaron su solicitud, se cambió al Hamilton College. Todo
esto puede ser falso. William Carlos Williams, un estudiante
de medicina de la Universidad de Pennsylvania en aquella
época, recuerda que cuando Pound intentó su primera, experiencia amorosa éon una muchacha, le pidió a él que lo acompañara para protegerlo.
De todas formas, Pound pasó a Hamilton donde siguió
cursos dirigidos y en 1905 recibió su título. Después de su estancia en Hamilton regresó a Pennsylvania y allí recibió el
título de maestro. (Es curioso que en una autobiografía de
una página, preparada en 1949 para la edición de Selected
Poems, mientras dejaba de lado alguno de los momentos más
importantes de su vida, puso sus tres títulos académicos, dos
que se ganó e\1 IIamilton y Pennsylvania y el título de Doctor Honoris Causa que le concedió Hamilton en 1939. Antes
de psta fecha se había dedicado a escribir mal de las Universidades americanas. En abril de 1929 dijo al Secretario de la
Sociedad de Alumnos de la Universidad de Pennsylvania que
"All the U. of P. or younr god damn college or any other god
damn American colleg¡, does or will do for a man of letters
is to ask hiru to go away without breaking the silence". Pero
su actitud fue muy diferente .cuando Hamilton le pidió al
hombre de letras que aceptara el título de Doctor Honoris
Causa. Entre las muchas dualidades del carácter de Pound
existe un gran menosprecio por la autoridad y al mismo tiempo un respeto casi nauseabundo hacia ella. Cuando vivía en
ltalia puso en Pl membrete aquella frase trivial de Mussolini:
''La libertad no es un derecho, es un deber"). En sus años
de estudiante escribió algunos de los poemas que aparecerían
en su primer libro en 1908. Sería muy interesante saber
-simpler2ente, por chismografía- a qué distancia estaba de
su temblorosa adolescencia, recordada por Williams, y lo le-

�Richard H. Rovere

El Caso de Ezra Pound

jos de estos versos, que son de esta misma época:
For I was a gaunt, grave councillior
Being in all things, wise, and very old,
But I have put aside this folly and the cold
That old age wcareth for a cloak.
I was quite strong -at least they said sothe young men at the sword-play ...
Pound trató de entrar en el equipo de esgrima de Pennsylvania.
Los poemas nacen en los deseos y en la imaginación y
Pound los tenía dentro de sí, en abundancia salvaje. A. nadie, excepto a los psiquiatras, les interesa lo que era en aquel
entonces. Después de su estancia en Filadelfia viajó por el
extranjero durante un año, estuvo en Italia, España y Provenza y después aceptó el puesto de profesor en el Wabash
College de Indiana. A. los pocos meses le pidieron la renuncia, rosa que hizo inmediatamente. La versión que él dió es
la siguiente: invitó a su habitación de soltero a una muchacha sin dinero, despedida de una compañía de variedades,
a la cual encontró en las calles cuando iba a poner una carta
en el correo, enmedio de una gran tormenta de nieve. El dijo
hasta la saciedad que había proredido así empujado por sus
sentimientos hospitalarios y qua la muchacha había dormido
castamente en su cama y que él se había acostado en el suelo.
Parecía una razón aceptable, pero la casera descubrió todo.
Providencialmente el College lo expulsó y entonces se fue a
Europa para quC:'darse allá definitivamente. Sólo volvió a los
Estados Unidos para re"ibir su título honorario de Doctor en
Letras. Y no regresó hasta que lo condujeron como prisionero a Washington el 18 de noviembre de 1945.
"London, deah old Lundon, is the place for poesy", escribía a un amigo íntimo el 3 de febrero de 1909. Londres
era el lugar para Pound o, a lo más, "un lugar". Se hace
muy difícil creer que sus poderosas energías vitales dependieran del medio ambiente. Por encima de todo, iba detrás de
la poesía; iba detrás de ella como si Nimrod le persiguiera
con sus dardos. Es dudoso que cualquier otro escritor norteamericano tenga la experiencia de un período tan fértil como
la década que siguió a su llegada a Londres. Escribió sus
mejores libros de poemas, los suficientes para poner bien alto
su nombre ("Thristy pages are enough for any of us to leave"
escribió en cierta ocasión. "There is acaree more of Catullus
of Villon"). Entonces se dedicó a la traducción: tradujo del

..

63

fr,ancés me~ie~•al, del latín, del griego, del chino y del japones. Esta ultima lengua no la podía leer pero se sirvió de
las traducciones literales de Ernest Francisco Fenollosa orientalista americano que había sido profesor de filosofí~ en la
Escuela Normal Imperial de Tokio y que puso a disposición
de Pound sus traducciones. Era entonces el director en Europa de Poetry, la revista de Harriet Monroe, una señora noble y "dilettante", publicó en aquella sociedad filistea como
"un refugio, una verde isla en el mar, donde pueda la belleza
plantar sus jardines". Pound descubrió a Frost y a Eliot
como ~olaboradores para la revista; molestó a insignes escritores mgleses para que enviaran sus colaboraciones y logró
que escribieran para la revista Wyndham Lewis J oh~ M:asefield, Fort _Madox Fort, Rabi~dranath Tagore. :Él y Amy Lowell trabaJaron en colaboración y merecieron la aprobación
de T. E. Hulmc, un filósofo británico con aficiones poéticas;
el resultado de esta colaboración fue el imaginismo, una nueva escuela poética. En cierta ocasión, Pound pensó describir
unos rostros que había visto en el metro de París. Escribió
un poema de treinta versos. Le pareció muy extenso y lo guardó en espera de inspiración. Después de cierto tiempo lo red?)º a quince versos. Todavía le parecía imperfecto. Lo volvio a guardar durante un año más o menos. Por fin lo r edujo
drásticamente. El poema en su redacción definitiva titulado
In station of the Metro, es el siguiente:
'
The apparition of these faces in the crowd:
Petals on a wet, black bough.
Pound tuvo ciertas dudas y extravíos. Pero también supo
del éxito. Pronto abandonó el imaginismo por el vorticismo
escuela poética que él consideraba superior. Pero sólo le dió
su adhesión mientras continuaban los éxitos. Por encima de
todo él seguía buscando la perfección.
"Querida Miss Lowell" - Pound escribía en noviembre de
1913-- estoy de acuerdo con usted. . . "Harriet" es una t onta.
He renunciado a mi cargo en Poetry y se lo he dado a Hueffer (Ford Madox Ford), pero creo que él ha vuelto a r enunciar por mí. .. " Esto fue lo que hizo Pound durante toda su
vida. Del imaginismo al vorticismo del vorticismo al Crédito
Social y al Geselismo, y finalmente' acabó en el fascismo. De
Poetry se pasó a Blast, el órgano oficial del vorticismo r evista que no tuvo r epercusión alguna, de la cual sólo apar~cicron
dos núm~ros. De nuevo. volvió a Poetry, después colaboró en
The Egoist y en The Little Review. . . Entre todas estas cosas, tenía entusiasmos de orden secundario-la música de George A.utheil y de Arnold Delmetsch, la escultura de Henry Gau-

�66

Richard H. Rovere

El Caso de Ezra Pound

mento americano era un material bueno y lleno de gloria para
la poesía y que, cuando abandonó los Estados Unidos, estaba
en lucha con el espíritu que negaba la experiencia americana
y que únicamente trataba de "comentar a los clásicos". "Háganlo todo de nuevo", decía Pound una y otra vez, cuando
trataba de Confucio. y "háganlo a la americana", como si
fuera un vendedor de manufacturas caseras en una feria. El
creía e iba a persuadir a muchos, que la lengua americana,
así como la experiencia histórica americana, eran objetos aptos
para la poesía: el ~abla de nuestro pueblo, la conformación
de c;;us conciencias eran lo suficientemente vigorosas, dulces
y tiernas para ''que de ello hablaran los dioses".

dicr-Brzcska. Pound aprendió a tocar el fagot y durante algún
tiempo se creyó compositor. Fue un eterno viajero. Ya en
1913, Inglaterra era ''this sutpid little island ... dead as mutton". Después de la guerra, se trasladó a París, acompañado
de c;;u esposa -a la que había conquistado en Londres- D.orothy Shakespear, que vive ahora en los páramos del sureste
de Washington y que no ha dejado de visitarlo en St. Elizabeth. Pocos años después se trasladó a Rapallo, en la Riviera
italiana.
"Tengo que seguir caminando hacia el Este -dijo a ~Iary
Colum- para tener mi mente despierta". Hubiera sido lo mismo cualquier otra dirrcción, porque en realidad el movimiento era lo que importaba a este revolucionario de las letras y
organizador de movimientos y escuelas. Como dijo Robert
Graves: "Lentamente el frustrado Pound se fue convirtiendo
en un perro rabioso y mordió a todos los demás perros de su
tiempo; mordió la mano de Yeats, la mano que le había dado
de comer". Esto es repulsivo. En el fondo, Pound no fue desleal. Aun en su estado actual de locura permanece unido a
muchos de sus viejos amigos y guarda fidelidad a sus viejos
principios. Lo grotesco de todo esto es que siga siendo fiel a
muchos de los principios que creen que ha traicionado y que
de hecho, en cierta forma, traicionó. Cuando insiste en que
toda su conducta política tenía por objeto "la salvación de
la Constitución dP los Estados Unidos", lo que en realidad
está haciendo es dar una imagen de sí mismo todo lo honesta
posible. Hasta en el más simplón de sus Cantos, en los locos
y descontrolados pasajPs acerca de Adams y Jefferson y del
viejo Van Buren, da la impresión de ser un genuino reformador americano, un celoso guardián, un perpetuo liberal de las
letras americanas imbuído del espíritu de 1912. En este mismo año escribió: "Any agonizing that tends to hurry what I
believe in the end to he inevitable, our American Risorgimento, is dear to me. That awakening will make the Italian Renaissancc loo,k like a tempest in a teapot".
Si hay algo que todavía no se ha roto en la experiencia
de Pound, esto mismo comienza ya a romperse en esta declaración y se prolonga hasta el momento presente. De todas
sus contrariedades y polaridades no hay ninguna más chocante que la del locutor enemigo, la del partidario de Mussolini. Los tribunales tal vez nunca jamás se den cuenta de
esto; tal vez, es mejor para Pound. Ser traicionado por un
patriota loco no es mejor que ser traicionado por un Judas
calculador. Sin embargo, no se puede negar que Pound como
escritor y como hombre tiene una gran fe en la cultura que
quiso abandonar de joven. Creía con Whitman que el experi-

61

Y esto es precisamente lo que se discute en sus traducciones: que lo ha. renovado todo y le ha dado sentido americano.
Edwin Arlington Robinson, el último poeta que ha trabajado
eficientemente con el material de la tradición que Pound rechazó y trató de destruir, escribió, en cierta ocasión, como
Shakespeare :
... out of his
~Uracolous inviolable increase
Fills, Ilion, Rome, or any town you like
of olden time with timeless Englishmen.
Shakespeare hizo que su imaginación viajara en el tiempo y en el espacio y siempre fue inglés hasta los huesos. Pound
se expatrió durante cuarenta años en Europa y retornó a los
tiempos de Cathay la milenia de antes de Cristo, y en cualquier lugar y en cualquier tiempo fue un americano hasta la
médula de sus huesos. Pobló a Roma y a Creta y a la Francia de los trovadores y a China y a Japón de americanos
intempestivos. Y esto no es ningún intento de defensa de su
traición. Sin embargo, es un hecho. En su versión de las
Traquinias o Women of Trachis, un resultado de sus trabajos
en St. Elizabeth, mantiene lo que Hyllos dice de Heracles:
They say he's in Euboea
besieging Euritusville
or on the way to it
Euritusville ! Como si Shakespeare hubiera escrito The

Mercha.nt of Veniceshire o Timon of Thensford.

. .

Tarde o temprano se vuelve a la negación que siempre
sigue a toda afirmación. Quizá sea un truco barato llamar a
Eurytus, Eurytusville, puesto que fue una vileza que un americano transmitiera como lo hizo Pound, el 26 de mayo de
1942 ( cuando nuestras fuerzas estaban sitiadas en todos los
frentes) , que todo acto decente del Gobierno de los Estados

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El Caso de Ezra Pound

Unidos, que "toda reforma llevada a cabo era un acto de reverencia hacia Mussolini y Hitler. . . Ellos son vuestros líderes ... " Eso fue lo que textualmente dijo, al menos que nuestros aparatos de radio no oyeran bien. Esa es la expresión
más vergonzosa y más clara, de las diecinueve expresiones que
fueron citadas durante el proceso. Pero con mucha frecuencia, sus transmisiones eran una jerigonza, hasta el punto de
que los mismos italianos sospecharon durante algún tiempo
de que estaba transmitiendo en clave. Pero ahí está esa frase:
"1\,_fussolini y Hitler, ellos son vuestros líderes" ...
Se puede aceptar el punto de vista de los psiquiatras y
admitir que Pound estaba loco en esa época. Pero hay que
buscar la relación que existe entre Pound, el glorioso poeta
americano y Pound el ideólogo loco. Se sugieren varias posibilidades. Se ha dicho muchas veces que existe cierta afinidad entre el popularismo americano y la brutal reacción americana. Pero esto no se puede aplicar a Pound, el dulce poeta, excepto en su odio a los banqueros y al dinero. Nunca
fue convencido por las falacias populares. Al contrario: "Es
función del pueblo prevenir la expresión del artista, en cualquier forma", escribió años después, cuando se embarcó para
Inglaterra. Y añadió: "Conozco al hombre que tradujo Juan
Cristóbal; puesto que es una obra muy popular, algo malo
debe tener". Y aún más: "Me gustaría que la palabra imaginismo tmiera algún significado ... " Estaba prevenido contra la masa.
Una hipótesis más acertada puede ser que le sedujo su
predilección por ciertas teorías contra la vida y la historia.
El hombre, así seducido, ve a la sociedad como a una máquina en la cual siempre todo camina mal. Esta máquina le está
perjudicando. Siente que no puede controlarla y por tanto
deduce que tampoco tiene responsabilidad alguna. Contempla
la comedia y la tragedia humanas y se conmueve profundamente por este espectáculo ; pero son "un espectáculo" es decir cosas que se deben ver desde un palco. Pero, si se es inteligente, se ve la forma de mejorar esos espectáculos, quitando
los defectos que tienen. Los espectadores se oponen a que se
mejore y los estúpidos actores se defienden ("Tengo mucha
razón al ser 'Severo", escribió cuando era joven. "Por cada
hombre a quien pego, hay diez que me pegan a mí. Me expongo"). Tratando de resolYer este problema, el intelectual
busca un principio general, una teoría de la mala marcha de
la sociedad. Muchos jóvenes que pensaban así treinta años
después que Pound, se obstinaron (por obvias razones históricas) en pensar que la causa del mal era que los medios de
producción y distribución estaban en manos privadas cuando,

Richard H. Rovere

69

I

de hecho, deberían estar en manos públicas, como ocurrió en
la Unión Soviética. Algunos, contentos por haber llegado a
las bases del problema, traicionaron todo su pasado y en muchos casos mucho más realmente que Pound. Otros enloquecieron.
Jamás se dudó de que Pound trataría de encontrar el
instrumento material -la reforma monetaria- para encauzar todos los problemas sociales. Amando a América, como
muchos jóvenes comunistas, contempló a la "sociedad" como
una cosa aparte, como algo odioso y. como una ~áquina.. En
su tiempo no existían las modas. sociales: En cierto se?tido,
fue influenciado por los del Social Oredit, que prometian el
orden social. Entonces encontró a Silvio Gessell, un alemán
errático, que había observado que los intereses nada te~í~n
que ver con la expansión económica. Los usureros determmaban el tipo de interés de acuerdo con lo que aguantara el tráfico de moneda. ¿ Quiénes eran los usureros Y Naturalmente,
los principales usureros eran los banqueros internacionales.
De aquí, Pound saltó al antisemiti~mo. Poco_ antes se había
identificado con el movimiento social en Italia. A Pound le
entusiasmaba la grandeza de l\1ussolini y su forma de trabajar por el "orden" o por otras cosas. Le pa:ecía que era_ un
auténtico esfuerzo el barrer con las frustraciones de la vida,
el organizar la sociedad de acuerdo con un principio, de la
misma manera que él trataba de organizar la poesía según un
principio.
Jamás podremos saber cuando se rompió ese algo final
dentro de Pound. No existe nada ql:le nos lo indique ya sea
en su poesía o en su vida o en su actuación social. Se pudiera comprender que se entusiasmara con Mussolini. Esto
le gustaba a Pound. Pero dudamos cuando le oímos decir que
en Mussolini existía la perfección total que no encontró en
nadie ni siquiera en sí mismo. "The more one examines the
1\filan speech, the more one is reminded od Brancusi, the stone
blocks from which no error emerges, from whatever angle
one looks at them" (De Jefferson and/or Mussolini, 1935).
Para ese entonces ya algo estaba definitivamente roto
dentro de Pound.
En el tiempo en que ha permanecido prisionero en St.
Elizabeth ha dicho con frecuencia que él no quería oponerse a
los Estados Unidos durante la guerra. En ciertos momentos
lúcidos ha dicho que se hubiera ahorrado todo el juicio y la
reclusión si hubiera aceptado, en 1939, la ciudadanía italiana;
pero no quiso abandonar su pasaporte nortemericano. Es un
tanto a su favor el q_ue tratara de abordar en 1942 el último

•

�Richard H. Rovere

El Caso de Ezra Pound

70

tren que llevó a los diplomáticos americanos de Roma a Lisboa; pero no le dieron p~rmiso. No le quedaba más remedio
que quedarse en Rapallo. Poco después los italianos le pidieron que hablara por radio. El aceptó y dijo que "nadie le
prep,~ró ~ui?n alguno y que sólo ha~ló cuando quiso". Y añade: , Yo umcam~nte trataba de decir a la gente de Europa y
Amenca que evitaran la guerra meditando sobre los factores
econó~icos". La g?erra en sí misma era un hecho inevitable.
Tambien es muy cierto q.ue no pensó en los términos en que
colaboraba con el eneIDigo. .A.hora se ha olvidado de todo
eso. "! o mori~ía por una. idea. Eso está muy bien. Pero es
demasiado morir por una idea que ya he olvidado".
Toda 1~ guerra ~a pasó en Rapallo escribiendo y hacien~
do traducciones ocas10nales y en noviembre de 1945 al saber
que las tropas americanas de ocupación lo andaban buscando.
s~ entregó a las autoridades militares. Lo arrestaron y lo en~
viaron a un campamento disciplinario, cerca de Pisa. Hubo
un ~rr?r. en el _ejército; se corrió el rumor de que Pound era
nn mdividuo violento y de que los fascistas lo estimaban tanto q1;1e podrían_ librarlo algunos guerrilleros. Construyeron
una Jaula e~pemal de mal~a de acero. "Creían que yo era un
hombre peligroso y salvaJe y me temían. Me pusieron guardas da y noche. . . Los soldados venían a verme a la jaula.
~gun~s m~ _t~·aíal!- comida. El viejo Ez era un gran espectaculo . Vivio enJaulado durante meses enteros, durmiendo
en el suelo, resguardado del sol y la lluvia con un papel embre~do que le llevó un buen soldado. En la jaula escribía
fur10sa, loca, mordazmente. El resultado fue The Pisan Cantos. Un grupo de distinguidos profesionales americanos nombrado por el bibli~tecari~ del Congreso influyeron para que
se le_ diera el premio Bolhngen de la Biblioteca del Congreso
consistente en mil dólares, "el más alto mérito de la poesí¡
americ8;.na". Esto sucedió en 1948 (El escándalo fue de tal
categona que murió el comité y el premio). En 1948 fue
ti:asladado a St. Elizabeth, después de haber estado en una
carcel. Allí gozó de libertad limitada. Ahora puede caminar
p_o r los_ terrenos del asilo sin perder de vista a los edificios y
t~ene libertad para hablar, como lo ha hecho con Kasper y
libertad para escribir lo que quiera:
The States have passed thru a
dam'd supercilious era
Down, Derry-down
Oh, let an old-man rest.
Lo más probable e:'&gt; que muera allá. Ha habido peticiones de toda clase para liberarlo, pero no se ha conseguido nada

•

.'

71

en absoluto. El proceso todavía está en pie. No hay nada legislado acerca de las limitaciones en cuanto a los delitos de
traición. Todavía está en pie, también, la opinión de los psiquiatras referente a que es incapaz de defenderse. Puesto
que no es un enfermo peligroso y no recibe tratamiento alguno, puede ser que lo liberten, aun cuando se mantenga en
pie el proceso, la declaración de incompetencia para su autode-fensa y que sea entregado a la custodia de su esposa o de
sus numerosos amigos, que sufren desde hace mucho tiempo
por su cautiverio. ¿Su libertad significaría que se aliaría con
J ohn Kasper y que intrigaría con él 1 Ahora tiene libertad para ello.
El delito de Pound fue haber hablado por la radio durante la guerra. Pero, como él mismo preguntó: "i Tiene alguien idea de lo que dije?" Nadie la tiene, a menos que vaya
a buscarlo en las actas del proceso. De todas formas se gan6
la guerra y nadie volvió a oir sus palabras. Si el Gobierno
quisiera podría hacer algo por él. Ahí está Pound sin haber
vuelto a hacer nada mientras que en Alemania, Italia y J apón otros hombres, antiguos criminales de guerra, están desempeñando ahora puestos de confianza. Así como la poesía
de Pound es algo grande, así su delito de traición, para la
historia, es algo ya sin importancia. Como escribió Hayden
Carruth en Perspective USA: "Es difícil no encontrar una
buena razó~ para que Pound obtenga su libertad inmediatamente".
(Traducción de Arnoldo Gallont S.)
Copyright by ESQUIRE, septiembre 1957.

�Alejandro Ramírez

Alejandro Ramírez /

CERVANTES Y CARLOS QUINTO

E L 21 de septiembre de este año de

1958 se cumplen los cuatrocientos de la muerte del César Carlos Quinto. Para conmemorar el centenario, se celebran manifestaciones de toda índole a las que nos asociamos con la
modesta aportación de las páginas que siguen. Retirado el
Emperador en el monasterio de Yuste desde 1556, le llega su
última hora a principios del otoño de 1558, un año antes de
que el príncipe don Felipe regrese definitivamente a España
para iniciar su largo reinado. Se va a firmar el tratado de
Cateau-Cambresis, que consagra una de las victorias más ruidosas del siglo. La corte nómada del Emperador se convertirá bajo el cetro del nuevo rey en ceñuda y recelosa burocracia. Se aprecian ya, desde 1559, pese a los buenos auspicios con que Felipe II inaugura su gobierno, síntomas de desaliento y de cansancio. Es la hora en que, según la frase de
Ortega, el alma continental empieza a sufrir el drama íntimo
que simboliza la construcción del Escorial.
Sin embargo, lejos de desvanecerse en un pasado casi legendario, si bien todavía tan inmediato, la figura del César
cobra cada vez mayor relieve durante el reinado del Prudente. Xi la fama de don Juan de Austria, con ser tanta, ni los
continuos triunfos de Alejandro Farnesio, el capitán más inteligente y valeroso de su tiempo, empañarán lo más mínimo
la gloria póstuma del Emperador. El gran monarca perdura
en la memoria de las gentes con los sobrenombres de Máximo y Fortísimo que le ha concedido el Pontífice Paulo III y
que Fray Prudencio de Sandoval conserva en el título mismo
de su famosa Historia. de Carlos Quinto. El testimonio de la
tradición es unánime. Hacia las postrimerías del siglo, el P.
Rivadeneira califica a su vez a Carlos Quinto, en su Príncipe
cristiano lib. II), de Fortísimo y Máximo, y a renglón seguido
añade que este rey "hizo temblar la redondez de la tierra y
0

-72-

73

con sus victorias abrazó el mundo". Palabras que no dejan,
en cierto modo de recordar el tono y el sabor de ciertas hipérboles caball~rescas. Más, ~arde, Saavedr~, Faj:i,rdo es~ribe
en una de sus Empresas políticas (XXVI) : ¡, Que valor igualó al del Emperador Carlos Quinto?" Es e~idente gue_ el César pasa a la historia sobre todo como espeJo de prmc1pes esforzados y valientes.
Cervantes se une sin reserva a este coro de alabanzas.
Carlos Quinto no aparece, en efecto, menos de diez veces en
sus obras. Clemencín observó ya en una de las notas de su
espléndido Comentario "el respeto y cas~, veneración con .q~e
Cervantes habla siempre del Emperador . En estas rem1mscencias no sólo se manifiesta la admiración de un soldado
que sabe por experiencia propia lo que es la guerra, sino que
se aclaran algunas de sus posiciones fundamentales frente
a la vida. Puede decirse que Cervantes no- menciona a Carlos Quinto sin que se desc1_1~ra, detrás de ~a alusión,_ ,un problema que inquieta su espmtu. Nos permiten tambien estos
recuerdos conjeturar, por vía de contraste, algo de lo que
Cervantes y sus coetáneos piensan del propio Felipe II, cuya
grandeza y estilo de reinar son tan distintos de los de su padre. Acaso hava en los fervorosos encomios del César no poca
crítica velada ·del rey que tan mal ha sabido recompensar\ los
servicios del manco de Lepanto.
El autor del Quijote ha venido al mundo el año de Muhlberg, que tan favorable ha sido a las empresas militares del
Emperador. Si el escritor hubiera consultado después por
curiosidad a los astrólogos acerca de su horóscopo, éstos le
habrían dicho sin duda que la fecha de su nacimiento constituía un llamamiento preciso a la carrera de las armas. El
Marte cristiano parece, en efecto, señalarle a Cervantes su
destino desde el principio. Durante su primera juventud, nos
lo imaginamos, en el hogar paterno, escuchando de labios de
sus mayores mil dichos y hechos relacionados con las fortunas
del monarca. Cervantes marcha a Italia poco después de habernos ofrecido las primicias de su ingenio en el volumen preparado por su maestro López de Hoyos con motivo de las exequias de la reina Isabel de Valois. Por importante que sea
para su formación (y lo es extraordinaríamente) la estancia
en el país del Renacimiento, su estrella sigue empujándole por
derroteros que de Lepanto a los baños argelinos le traen de
continuo a la mente la~ hazañas del Emperador. Para Cervantes como para su coetáneos el nombre de Carlos Quinto
es sinónimo del sacrificio y del heroísmo que exigen las armas.
Cervantes ha comprendido admirablemente, en sus gran-

�74

Cervantes y Carlos Quinto

des rasgos, los fines que se ha propuesto el Emperador y los
medios de que se ha servido para alcanzarlos. Cuando el Arnaldo del Persiles (II, 21) refiere, en estilo de epitafio, lá
muerte de Carlos Quinto, nos dice que fue "terror de los enemigos de la Iglesia y asombro de los secuaces de Mahoma".
N"o pueden darse expresiones más felices en su vigorosa concisión para caracterizar la doble vertiente de la política imperial en sus mejores tiempos. Y en ningún caso parece que
le sienta mejor al César el calificativo de "terror de los enemigos de la Iglesia" que el ::tño de Muhlberg. El año de 1547
señala probablemente el cenit de la fortuna militar de Carlos
Quinto en sus luchas contra los príncipes germanos. No se
puede negar que la actitud aviesa de Mauricio de Sajonia malogra en gran parte estas victorias. El Emperador tiene que
emprender muy a pesar suyo las negociaciones que culminan
en el tratado de Passau (1552). Pero no es menos cierto, como
lo implica Cervantes, que se ha descargado un tremendo golpe sobre los enemigos de la Iglesia. En el Persiles (1,5), encontramos también un eco de estas campañas cuando el español Antonio, haciendo el relato de su vida, nos dice que dejó
su patria y se fué a la guerra "que entonces la majestad del
César Carlos Quinto hacía en Alemania contra algunos potentados de ella". Observamos aquí, como de pasada, que estas
y otras alusiones concretas al reinado del Emperador (el Persiles es la obra que mayor número de ellas contiene) pueden
robustecer la hipótesis de que Cervantes tiene escritas desde
hace tiempo no pocas páginas de la que se considera su última novela, libro que retocara antes de morir y que su mujer
llevara a la estampa después de fallecido el autor. Pero volvamos a las palabras de .A.rnaldo. Carlos Quinto es asimismo
"asombro de los secuaces de Mahoma". Y aquí Cervantes respira, como suele decirse, por la herida. Por la que recibe
en Lepanto, y por la que desde entonces llevará en su alma
al encontrarse, desde los días de su cautiverio, con la indiferencia y los desplantes de la corte del Prudente. No menos
que el vencedor de Muhlberg, el Empera9,or tiene que ser,
para el prisionero de Argel, el liéroe !J.Ue no ha vacilado en
seguir la ruta señalada por Cisneros, el adalid que se apodera de la Goleta y bloquea la ciudad de Túnez. El fracaso
posterior de la política africana y las demoras de Felipe ~I
en sus empresas se reflejan en la impaciencia, apenas cont~nida, de las palabras con que el Saavedra (nombre, en este
caso, harto significativo) de la comedia Los tratos de Argel
(Jor. I) se dirige al monarca, palabras que se hallan repetidas, como todos saben, en la Epístola a Mateo Vá.zquez:

Alejandro Rarníttz

75

haz, oh buen rey!, que sea por tí acabado
lo que con tanta audacia y valor tanto
fué por tu amado padre comenzado.

• •

..

Por eso, cuando relata el Cautivo en el Quijote (I, 39) la
pérdida de la Goleta, leemos sin extrañeza las palabras llenas de amargura con que se nos refiere la caída de la fortaleza. La Goleta -nos dice el personaje cervantino- no vale
el caudal que se invierte en ella, "sin servir de otra cosa que
de conservar la memoria de haberla ganado la felicísima del
invictísimo Carlos V, como si fuera menester para hacelrla
eterna como lo es y será, que aquellas piedras la sustentaran".
Al copiar este pasaje de tan arrebatado a la par que hiperbólico elogio, recordamos que Clemencín hace, en su comento,
un reparo de índole puramente gramatical. Dice el benemérito murciano que el adjetivo invicto, por su significación absoluta, no puede tener superlativo. Y es cierto que esta cuestión, que Rodríguez Marín pasa por alto en sus propias apostillas al libro inmortal, debe dejarse a los autorizados intérpretes del texto cervantino. Pero debemos hacer constar que
el llamar invictísimo al César es casi una antigualla cuando
Cervantes escribe. Basta saber que uno de los primeros historiadores del monarca, su propio cronista Pero Mexía, intitula precisamente su narración La Vida e Historia del invictísimo Emperador don Carlos. Porque en la mente de la época, allí donde interviene Carlos Quinto, la victoria tiene que
darse en grado supremo. No sin misterio campea en sus armas el intrépido Plus Ultra, que ni conoce límite en la conquista ni medida en el triunfo. La Guerra misma, personificada en la Numancia (Jor. IV), lo da a entender cuando profetiza satisfecha, refiriéndose sobre todo, en el sentir de Cervantes, al Emperador:
seré llevada del valor hispano
en la dulce ocasión que estén reinando
un Carlos, y un Filipo y un Fernando.
Para Cervantes, en efecto, Carlos Quinto es por antonomasia el rayo de la guerra, título que sólo ha conferido en
su Quijote (I, 39) a don Alvaro de Bazán, uno de los más fa.
mosos capitanes del Emperador. Es éste el sobrenombre con
que Lucrecio, en su De rerum natura (lib. III), ha ensalzado
entre los antiguos la memoria de Escipión Emiliano, vencedor de Cartago y de Numancia, calificándolo de belli fulmen:
Scipiadas, belli fulmen, Carthaginis horror.
En el Persiles (Ill, 18), el viejo Soldino anuncia la venida del "rayo de la guerra, jamás como se debe alabado Car-

�'16

Cervantes y Carlos Quinto

los V". Asimismo, recordando Cervantes en el conocido pasaje de su prólogo a las Novelas ejemplares el arcabuzazo de
Lepanto, lo da por bien recibido en vista de la victoria alcanzada sobre el infiel y porque milita bajo las órdenes del hijo
"del rayo de la guerra, Carlos V, de felice memoria". Singular rodeo para nombrar y enaltecer al padre, cuando en realidad se pretende sinceramente honrar al hijo cuyo nombre
se pasa aquí en silencio.
Asoman en las citadas palabras del prólogo a las Novelas ejempla.res las dos grandes preocupaciones cervantinas de
la legitimidad de la guerra y de la gloria ajena al triunfo de
las armas. No hay, en efecto, oportunidad como la que ofr.ece el combate para conquistar la fama por el esfuerzo individual y mostrar que uno es hijo de sus propias obras. Sin
embargo, parece también que para el autor del Quijote la gloria per~onal sube, si cabe, de quilates, cuando se lucha además bajo las órdenes de uu príncipe valeroso. Cervantes tiene
que hablar con orgullo de la manquedad, pues constituye su
mayor timbre de gloria, pero da a entender asimismo que el
haberse hallado en Lepanto don Juan de Austria acrecienta
la c,ublimidad de la ocasión. El español Antonio del Persiles
(IV, 1) escribe en el libro de los afortunados que "la honra
que se alcanza por la guerra es más firme que las demás honras", y que Periandro llama dichoso al soldado que "cuando
está peleando, sabe que le está mirando su príncipe". De aquí
que los robadores de la gloria ajena procuren buscarla donde más altamente se contiene. Eróstrato abrasa el templo de
Diana para no sucumbir en el olvido. En el Quijote (II, 8),
se nos refiere el caso del caballero que confiesa a Carlos Quinto haber querido abrazarse con él y arrojarse desde la cúspide de la Roton&lt;la. Así pues, siempre puede haber peligro
de que se confunda la verdadera valentía, fuente clara de la
fama, con la arrojada temeridad que la mancha y oscurece.
Es difícil también estar seguros en todo momento de la bondad y provecho de los fines que perseguimos. El mismo don
Quijote llega hasta dudar de la fama que se conquista en
"grandes y diferentes hazañas". Nos aconseja que la busquemos dentro de los límites señalados por la religión cristiana.
Comprendemos, por tanto, que la figura del Emperador resplandezca todavía mií.s a los ojos de las gentes cuando menosprecia sus éxitos mundanales y se retira a las soledades de
Yuste, sean cuales fuP-ren los motivos que le impulsen a ello.
Hay circunstancias en que el apartamiento puede ser un acto
de cobardía ante el mundo o de mera necesidad material. Para
que sea meritorio, tiene que llevar consigo el sacrificio de la
riqueza, del poder o de la gloria. En realidad, nada de esto

Alejandro Ramirez

'1'1

sacrifica el César, pero su gesto deja honda huella en la imaginación de sus contemporáneos. Cuando el Rutilio del Persiles (II, 19) alaba la Yida solitaria, Mauricio le contesta con
razón que semejante modo de vivir no puede ser para todos.
"Si yo viera -nos dice- a un Aníbal cartaginés encerrado
en una ermita, como vi a un Carlos V encerrado en un monasterio, suspen&lt;liérame y admirárame; pero que se retire un
plebeyo, que se recoja un pobre, ni me admira ni me suspende". No es, por supuesto, que •Mauricio tenga en poco al humilde que se aleja del mundo para entregarse a la meditación. Lo que quiere decir es que, a mayor gloria (y la militar
es aquí la que más suena), corresponde mayor sacrificio en
el retiro y por tanto mayor mérito.
La veneración que Cervantes siente hacia el Emperador
se relaciona sobre todo, en su espíritu, con la vocación de las
armas. Sin embargo, no todo es fragor de batallas en el Carlos Quinto que la obra cervantina nos revela. En la vida del
César se ha dado ciertamente preeminencia a las armas, pero
también ha habido lugar para las letras. Non solum armis ...
proclama el mote de la cuarta empresa del ya mencionado Saavedra Fajardo. Esto puede también afirmarse del Emperador
y bastaría para confirmarlo su sonada y simpática amistad
con Garcilaso, el poeta de las Eglogas, de quien el mismo Cervantes ha sido siempre tan devoto. Pese a su nomadismo endémico o acaso debido a él, la corte del César es, sin disputa,
una de las más brillantes de la época. Tan sólo la de su rival
Francisco I puede competir con ella. Digan lo que quieran
los cronistas enemigos del Emperador, que tan acerbamente
le reprochan el saqueo de Roma. En 1527, el verdadero Renacimiento italiano, el de Ficino y los Médicis, ha entrado ya
desde hace tiempo en la fase estéril de los ciceronianos puntillosos. Los grandes escritores de Toscana se sirven de la
lengua vulgar. A la vez que se ap~rcibe para el combate, el
César recibe en su tienda de campaña a escritores y artistas
de toda laya, que se acercan para presentarle sus trabajos.
Su nombre suena en los Diálogos de su secretario y apologista Alfonso de Valdés y -en el humilde Lazarillo de Tormes. Todos recuerdan el episodio de la novela ejemplar El amante
liberal, en que Carlos Quinto hace de árbitro cuando le presentan a la cautiva mora, y los caballeros compiten entre ellos
para ensalzar su belleza, como si se tratara de unos juegos
florales. El caballero andaluz improvisa una copla, pero es
incapaz de terminarla. El catalán "la prosiguió y acabó con
las mismas consonancias, de que el Emperador recibió singular contento". Esta ingenua satisfacción del César ante una
trova bien limada denota su buena gracia y su inclinación a

�78

Cervantes y Carlos Qllinto

la poesía. La famosa antinomia entre las armas y las letras,
que corre como veta dorada por todo el siglo XVI se resuelve así en Carlos Quinto a la vez que realza el cará'cter representativo de su persona en una época que tan alto tributo
rinde a la ejemplaridad.
. -~ªY,. no obstante, entre el César y Cervantes algo más
s1gmficat1vo que el hecho de haberle recordado este último en
unas cuantas alusiones, por entusiastas que sean. Como don
Quijote, .el Emperador ha vacilado al fin sobre la utilidad de
sus empresas gigantescas y el resultado de sus propias hazañas. Llega un instante en que el desengaño se apodera de
él. Acaba por darse cuenta de que en los nidos de antaño no
hay pájaros hogaño. Inquieto siglo el suyo, en que el desaliento corre parejas con las proezas más descomunales. En
su Meditación del Escorial, Ortega ha dicho que el Quijote es
la "crítica del esfuerzo puro". Visión muy aguda que cala
hondo en la entraña misma de la época. Baltasar Gracián escribe en su Héroe (Primor VII) que el César Carlos Quinto
"fue un prodigio de esfuerzo". Con todo, esta actitud no deja
de llevar fruto, porque ambos la subliman en el "retiro que
precede a la muerte, verdadero campo de batalla de los esforzados del espíritu. Tanto el caballero de la Mancha ( a
cuyo oído murmura Cervantes sus propios afanes) como el
Emperador terminan viendo con claridad que sólo el cielo
padece fuerza. De aquí ~ue, con razón o sin ella, se haya
parangonado, .e n la historia del cervantismo, desde los tiempos de Saint-Evremond y de Bowle, a estos dos luchadores.
Después de todo, importa poco para la grandeza del héroe
manchego quién pudo ser su verdadero modelo. Tanto monta que fuese Ignacio de Loyola, según pretende Unamuno como el mismo Quijano el Bueno. De ninguno, como de C~rlos
Quinto, puede decirse, hablando a lo humano, lo que se dijo
de Amadís y repite Cervantes de su don Quijote: si no acabó
grandes cosas, murió por acometerlas.

Washington University
Saint Louis, Misso°f~

Rosario Gamboa de R ivero / CARTA A
SERGIO FERNANDEZ

Pronto se empezará a distribuir, publicada por EDIAPSA,
la novela de Sergio Fernández
Los siguos perdidos. Por considerar de suma importancia la
aparición de esta novela. en las
letra¡s mexicanas, ofrecemos a
nuestros lectores esta carta de
Rosario Gamboa de Rivero, dirigida al autor, en la que se
hace una apreciación personal
de la obra citada, a la vez que
un juicio acertado sobre sus
personajes, su estilo y su construcción.
Amigo mío:
He terminado de leer "Los siguos perdidos". Me parece, sin
embargo, que estoy todavía sumida en su lectura, tantas emociones y tantos pensamientos ella me suscitó.
Me permitió Ud. entrar y vivir horas enteras -y gracias
a una amable distinción que no sé cómo agradecer- en su
mundo; el de sus vivencias de conciencia y el de su creación
literaria.
He palpitado con sus personajes, con sus situaciones anímicas y ambientales y con las cosas que las corroboran y prolongan.
Tiene Ud. la rara virtud de dar a cada cosa la perfecta
inserción en cada momento. del yo, de articular, en una descripción de suma belleza, las intenciones y sus réplicas objetivas. De ahí esa animación de lo externo y concreto, la réplica perfecta de las cosas a los estados de alma, la sincronización en que :parecen fundirse sujeto y objeto, sin que a veces pueda distinguirse con claridad si un dolor está en el al-

79 -

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Carta a Sergio Fernández

ma o en una cosa, si la tristeza anida en un espíritu o en el
rincón de una sala, o si el motivo que sirvió de inspiración a
un cuadro reposa allí o en la muchacha que, danzando, tiende
las manos hacia él como a una aspiración. El edredón azul
con rombos negros, en el que un cuerpo dejó al levantarse
su huella perfumada, tiene algo de la ilusión fracasada de la
entrega amorosa; el espejo, puesto en determinado lugar hace
pensal' en que un día, nn día que no pertenece al tiemp~ cronológico, pero presente entre las señales del destino una mu. una prec1sameute
.
' ráfaga
Jer,
que habría de pasar como una
por ese mundo de los signos perdidos, se miraría en él con
el deleite incomparable de la mujer que sólo se quiere a sí
mllma, de la mujer que no conoce esa embriagadora transferencia que significa el otro.
y Mercedes ... ¡ qué figura encantadora, nimbada de azul!
Una Beatriz moderna, más humana, más cierta. ¡ Cómo hubiera yo deseado ser Mercedes, con sus frivolidades vinculadas
al sexo, a la mujer genérica, y esa dimensión interior que la
distingue y singulariza, y que hace inconfundible su gesto,
su ademán, su palabra, y hasta su coquetería y sus caídas.
La mujer que sirvió de inspiración al tipo humano de Mercedes, ya tiene un lugar ju_nto a las amadas inmortales, y puede
esperar, en breve plazo, ir de la mano de su configurador por
los caminos de la gloria. ¡,No es esta acaso una inmortalidad
más codiciable que la que imprime la vida en u.nJecho nupcial Y ¿Y qué mejor transmutación puede hacer un hombre de
un amor que se ha escapado del marco de la sensación?
Gerardo ... el hombre cerebral, fugitivo del sentimiento;
el gran señor que cuida su torre de marfil, como su castillo
los señores feudales, no se compromete demasiado, no expone
su_s tesoros. Es el hombre rico de las primeras etapas del canuno que regatea sus dones, pero el pordiosero de la última
jornada. No entiende la vida como un trueque sino como un
derecho; no como el licor de los dioses que se desborda en
cada vaso, sino como una deuda que debe pagarse a su insobornable orgullo.
.
¿Y Clemente? ¡.Ah! no es fácil hablar de Clemente. Porque si es cierto, como lo asegura Heidegger, que "la doctrina
de un filósofo es lo tácito de su decir", con cuánta mayor verdad puede aplicarse este aforismo a la crítica de cosas o de
personas que han entrado al espíritu por las vías de la emoción o de la intuición estética; a las palabras que se quedan
esperando la idea que no acude, a las impresiones que taponan la expresión.

Rosario Gamboa de Rivero

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Por tanto, tendrá U d. que buscar en lo no dicho, en los
huecos que dejan las palabras, lo mejor de mis impresiones
y en particular de mis impresiones de Clemente. Lo que yo
podría decir no alcanza a revelar al hombre que encarna al
personaje. Y o sólo sé que Clemente es un hombre al que la
vida ha cobrado un precio muy alto por el don de un talento
extraordinario y de una sensibilidad que se recata tras la figura ingrávida que le sirve de molde.
El otro. . . el otro perseguido y anhelado, acaso no acuda
nunca en su ayuda, a pesar de su sed insaciada de amor, y
Clemente esté condenado a darse por entero sólo a trayés del
caudal inapreciable de sus libros. Fundirse. . . no. Clemente
se escapará siempre a su pesar, pero en virtud de su irreductible singularidad espiritual, a toda inminencia de cristalización. Clemente pertenece a la especie de los solitarios, de los
que llevan entre sus manos el fuego de la posibilidad.
Lo humano, no sé por qué, sin quererlo, se ha llevado
el primer brote de mi interés. Y hay tantas cosas preciosas
en su libro: cosas de composición, de técnica, de estilo, admirables, y que se rezagaron, inevitablemente, en esta carta ya
larga. Sólo ahora, r,asi para terminar, puedo aludir a ese juego de ideas, a lo Joyce, tan bien manejado entre sus manos,
en que el pensamiento llega siempre con retraso a la cita con
la vivencia, y las r espuestas se quedan rezagadas a las preguntas, como si, cuando acuden, regresaran de un paseo por
otros mundos.
Y todo como en la vida: la coherencia de lo incoherente¡,
la ocasión robándok el turno a la intención, avasallándola.
Y luego el estilo, en el sentido idiomático del vocablo ;
ese precioso estilo castigado por dentro, en tanto que conserva en la superficie una fluidez rumorosa de agua que corre
al mar.
Y toda su novela subrayando esa condición de hojas al
viento que todos somos, a través del vivir, y en cada minuto.
Siento mucho no haber podido hacer a su libro una crítica de pros y contras que, según dicen, es la verdadera crítica. Pero no encontré los contras. Y crea que los busqué
mucho.
Lo abraza y quiere,
Rosario Gamboa de Rivero
México, Julio 19/58

�Noticias

83

última de las galerías citadas el joven pintor Eduardo _Pérez
de León. También se exhibió en el Instituto Tecnol~gico la
obra de Antonio Mendoza. Por otra parte, se orgaruza una
exposición en la ciudad de México con obras d~ pintores regiomontanos y la cerámic11; de Guadalupe Guadiana.

NOTICIAS

. '
• Los dos primeros edificios de la Ciudad Universitaria
de Nuevo León se inaugurarán el día 16 de septiembre. Estas dos construcciones están destinadas a las Facultades de
Derecho e Ingeniería Mecánica, con capacidad para mil quinientos y mil alumnos respectivamente. En esta forma, se
hace realidad un viejo proyecto que nació bajo el rectorado
del Lic. Raúl Rangel Frías. Actualmente se trabaja en las
oficinas técnicas de Ciudad Universitaria sobre las futuras
construcciones que alojarán otras dependencias universitarias.
Con la inauguración de los edificios de las Facultades de Derecho e Ingeniería Mecánica se espera también declarar inaugurada la alberca olímpica en terrenos de la misma Universidad.
• Los triunfadores del último concurso regional de teatro que organizado por el l.N.B.A. se realizó hace tres meses
en Ciudad Victoria, Tamaulipas, presentaron al público de
Monterrey, en el Aula Magna, la obra con la que obtuvieron
el primer lugar. El grupo es el de Teatro Universitario bajo
la dirección de Rogelio Quiroga, y la obra escenificada Los
cuervos están de luto, de Hugo Argüelles.· Los actores, alumnos de la Escuela de Arte Dramático de la Universidad de
Nuevo León, fueron Iscor Suárez, Minerva Mena Peña, Juan
Francisco García, José Marroquín y Osear Cantú Arreola. En
general, la actuación de estos jóvenes actores, y la de su director, es encomiable. Quizá merezca más crítica el autor de
la obra, que a partir del segundo acto, y sobre todo en el tercero, pierde totalmente el ritmo y al final utiliza un elemento
de mal gusto. Con esta obra, que se estrenó en Ciudad Victoria, el Grupo Teatro Universitario ganó el derecho de presentarse en Campeche, para participar en el Concurso Nacional de Teatro Mexicano patrocinado por el Instituto Nacional de Bellas Artes.
• En las últimas semanas el público de Monterrey ha
tenido oportunidad de apreciar la obra de varios pintores que
han expuesto en las Galerías del Gobierno del Estado y de
Arte, A.C. Se trata de Pablo O'Higgins, Alfredo Salce y en la
I

-

82 -

·• La primera temporada del Cin~-Club de la Universidad se desarrollará los meses de septiembre, octubre Y noviembre. Comprende la exhibición de doce películas de factura francesa alemana, rusa, checa, inglesa y mexicana. En
esta forma, l¡s mejores producciones cinematográficas ~e ~uropa y América se seguirán proyectando en los Ill:eses siguientes, ya que se tiene la idea de mantener en el Cme-q~ub un~
actividad perman~nte. El Departamento de Extens~?n Umversitaria que organiza el Cine-Club, prepara tambien para
una temp~rada de tres meses el 'l'eatro Infantil que ~e o~recerá diariamente a todos los niños de las esculas pr~mar1as,
prh•adas y oficiales, de esta ciudad. ~as r~presentac1ones se
efectuarán en el Aula Magna de la Umversidad.
• En los primeros días de septiembre se llevarán a la
escena Te y Simpatía, en el Aula Magna, y La.. Cena. de los
Tres Reyes en el Teatro de la República. La pnmera con la
actuación de Malú Gatica y elementos locales, y la segunda
con el grupo téatral que dirige Julián Guajardo.
• En el número 101 Vol. XII de la Revista Universidad
de Mé.xico, que publica el Departamento de D~fusión C~ltural de la U.N.A.M., Elena Poniatowska entrevista al prntor
Juan Soriano. A la pregunta "¿Estás de acuerdo con la obra
"realista" de Siqueiros Y", contesta Soriano: "¡ No, ~o~bre !
¿ Cómo voy a estarlo, Creo que es perfec~a_mente inutil. ~
respeto, elaro está, así como respeto la actividad de cualquier
hombre sobre la tierra· pero creo que lo que emprenden los
pintores "socialistas" e~ :México no tiene sentid?. Es absurdo darle un arte plástico a un pueblo que ya tiene un arte
pictórico propio un arte popular mucho más valioso que la
obra de cnalqui~ra de los "Tres Grandes". Y más adelante:
" ... ninguno de los "Tres Grandes" ~a. ~id() gene.roso. Oroz~o
fue a la Galería de Inés .Amor y le p1ª10 que retirara un cuadro mío. . . "¡ Si no quitas ese cuadro, Inés, yo me salgo!" ¿ Te
parece generoso? Los pintores ~ociales o soci_alistas -como
quieras llamarles- tienen la actitud. del moralista, ~el redentor. Siempre están tratando de decirles a los demas lo que
tienen que hacer. Sus pretensiones morales son tan grandes,
que yo no sé a qué horas descansan, y son hombres comunes
y corrientes. Piensan sincer.ament~ que van a crear _una revolución con cada cnadro que exhiben, y que cada prncelada

�84

Xoticias

provocará la caída del mundo capitalista. ¡ Además, yo no me
atrevería jamás a tener la opinión que ellos tienen del pueblo !"

-1.
LIBROJ

• José Luis Cuevas, desde Caracas, escribe en el Suplemento de Novedades (No. 486 del 6 de julio de 1958): "Ya nadie está interesado en Siqueiros ni en sus peroratas. Todos le
sabemos el juego demagógico en que está empeñado desde hace
años. Todo cuanto no sea Siqueiros no le complace. Ataca al
arte burgués y es de lo que vi ve, con sus retratos halagüeños
y melosos. Teme perder el mercado que adquirió con publicidad que le hicieron en libros impresos por empresas norteamericanas, con capital norteamericano. Mientras tuvo público en la calle 57 de Nueva York, allí exhibió para deleite
de los que gustan de ese arte que él llama "chic" desde hace
años. Por ahí, como fehaciente testimonio andan sus catálogos de la neoyorkina galería de Pierre Matisse, centro y cuna,
desde su fundación, de ese arte que según su sempiterna cantaleta es una "agresión politicoest.éticacolonialista". La grnn
Momia Siqueiros chilla y se inquieta porque cree perder el
mercado ya que comienza a carecer de la atención de los jóvenes artistas que antes le seguían boquiabiertos".
• Por su parte, Manuel Rodríguez Lozano contesta a
Rosa Castro eu el mismo Suplemento (No. 484) : Pregunta:
"¿ Qué te parece la Bienal ?". Respuesta: "Una solemne porquería. Se han gastado un dineral y me imagino que la -finalidad de eso ha sido el hacer parecer que han hecho algo . ..
La selección de la pintura mexicana es mala y la pintura que
está allí es muy mala. En cuanto al resto de América, habrá
dos o tres cuadros que valgan la pe·n a, pero a una exposición
de esas dimensiones, tres cuadros no pueden salvarla" . Y Alberto Gironella en el mismo Suplemento dice de Siqueiros:
"l\Ie encontré su fantasma deambulando por las galerías del
níveo Panteón de Bellas Artes. Es el muerto fresco más simpático que he conocido, porque no arrastra cadenas. El líder
romántico David ha movilizado al Frente Nacional de Artes
Plásticas para apoderarse de la Bienal. Inclusive mandó qnitar cuadros de la Sala de los Inmortales para que cupieran
sus enormes piroxilinas".

Sergio Fernández: Cinco escritores liispanoamericanos.
No. 30 de la Col. Filosofía y Letras de la Imprenta Universitaria. México, 1958.
Las 141 páginas de este libro nos ofrecen una visión de
cinco escritores de Hispanoamérica: Ricardo Güiraiaes, Rómulo 'Gallegos, Enrique Gil Gilbert, Lino Novas Calvo y Juan
Rulfo. De cada uno de estos autores ha escogido Sergio Fernández una o más obras para adentrarse en el mundo forjado
por ellos con un interés y un punto de vista que pocas veces
se ve en los que usualmente se ocupan de la producción literaria de nuestra América: la búsqueda de una dimensión interior, no sólo de paisaje o de ambiente, que permita valorar
las nuevas proyecciones de esta literatura americana del siglo XX, o como dice el mismo autor en el prólogo: "la introspección unida a las sensaciones, interceptado todo, a un mismo tiempo, por la acción; la concepción individual del hombre en sus circunstancias en relación con la de los demás, marcando un único compás de soledad".

.'

Estas páginas se escribieron origina,lmente para dictar un
cursillo en la Escue!a de Verano de la Universidad de Nuevo
León, bajo el título "Algunos tipos humanos en la literatura
de Hispanoamérica". De nuevo vemos que lo que aquí interesa es el hombre más que el ambiente; es el gaucho, el llanero o el montuvio, más que la pampa o el llano. Es claro
que ambos se complementan, y no puede concebirse al hombre
sin su circunstancia, por lo que el tipo humano en literatura
también tendrá su marco ambiental. Sin embargo, este estudio de Sergio Fernández nos hace ver que la literatura hispanoamericana toma rumbos distintos, alejándose de la descripción exterior y acercándose al hombre mismo, abandonando los hechos como tales para acudir al mundo interior de los
personajes. De esto resulta, para nuestra literatura, una mayor riqueza y una mayor amplitud en su contenido, condición que en ciarta forma responde a esos ataques que se han
' hecho, y todavía se hacen, a la producción literaria de His-

85 -

�Libros

86

panoamérica, en el sentido de que todavía se debate en formas arcaicas y ya lejanas de las que ahora alimentan a la
literatura europea.
De los cinco escritores ya mencionados, Rómulo Gallegos
y Enrique Gil Gilbert, según Sergio Fernández, son los que
más se rodean y revisten de una atmósfera sensorial, dejando
J~ ,impr~si~n ~e que hacen literatura "plana" de mera descripc1on obJetiva. Los otros -dice más adelante- son abiertamente intelectuales, si bien lo disfrazan hasta donde -pueden.
No obstante, todos acuden al hombre mismo, y aunque hacen
un largo rodeo, llegan siempre hasta la frontera donde antes
d_e la acción se encuentra el pensamiento. Nuestra preferencia escoge los estudios de Ricardo Güiraldes y Juan Rulfo. Las
páginas dedicadas a este último nos entregan una visión distinta de las que nos han dejado otros autores -muy pocos
por cierto- que también se han ocupado del autor de Pedro
Páramo.
En la escasa bibliografía sobre literatura hispanoameri~ana, este libro de Sergio Fernández ocupará un lugar muy
11nportante, no obstante su carácter fragmentario, ya que era
imposible abarcarlo todo. Esperamos que la promesa que nos
hace de continuar sus notas sobre una serie proyectada sobre
la prosa contemporánea de Hispanoamérica, ya que éstas son
sólo el principio, se cumpla en fecha próxima para un mejor
conocimiento de nuestras letras.

A.R.G.

Enrique Anderson Imbert: Los grandes libros de Occidente. No. 5, Colección Literaria. Ediciones De Andrea. México,
1957.

El ensayo como género ~iterario se aleja de toda definición, porque lleva siempre el sello _personal de su autor en
condiciones que impiden colocarlo en los casilleros que habitualmente se usan para toda obra literaria. Hay autores que
escriben ensayos con las armas de la erudición, parapetados
en la nota y atrincherados en la cita bibliográfica que ni los
deja mentir, ni les permite equivocarse. Otros, por el contra!io, prefieren desanudar sus ideas con libertad y bajo el orden que ellos mismos se imponen. Los primeros nos entregan
fríamente sus ideas y conclusiones; los segundos, con un poco
de calor, ofrecen sus ideas, impresiones y sensaciones, con un

Libros

dejo personal que imprime vida al ensayo. Anderson Imbert,
el conocido escritor argentino, pertenece a estos últimos, y el
libro que nos ocupa es una clara muestra de lo que se puede
obtener cuando el que escribe se encuentra ubicado precisamente en el centro inismo del mundo de las letras.
El título del libro corresponde al primer ensáyo, y probablemente desconcierta un poco al lector, que puede creer
que es un tratado sobre los grandes libros de Occidente, o
bien que Anderson lmbert hablará exclusivamente de las grandes producciones literarias en estas páginas. No es así. Se
trata de 36 diferentes ensayos que van desde Sófocles hasta
Franz Kafka o Marcel Proust, pasando por el Quijote, La
Celestina y el romántico Zorrilla de San Martín. Son varios
los ensayos dedicados al teatro, a algún dramaturgo, o a problemas é!_e escenificacinn. Así leemos sobre la Antígona. de
Anouilh frente a la de Sófocles, sobre el teatro de Shakespeare, de Lope de Vega, Calderón, Pirandello o Tennessee
Williams. En las relacione.s del cine con la literatura, se ocupa de O'Henry y Franz Kafka, que han sido lleTados a la pantalla. Del segundo se filmó La metamorfosis en el año de 1951
por Bill Hampton, del Departamento de Literatura Inglesa de
la Universidad de Michigan. Se ha seguido el procedimiento
de la cámara-ojo, sin que aparezca el protagonista, en este
caso Gregorio Samsa, y únicamente lo que éste ve. Anderson
Imbert concluye que el cine no debe ponerse al servicio de la
literatura, aunque siempre ocurre lo contrario. Que el cine
-dice- sea cine, y desarrolle sus propias posibilidades de
expresión.
Cabe mencionar el estudio que ha~e Anderson Imbert de
una obra inédita de don Ricardo Palma, las Tradiciones en
salsa verde, que leyó en la biblioteca de la Duke University,
en Durham, North Carolina. Se trata de un volumen de cincuenta y una páginas dactilografiadas, en el que hay unas
Tradiciones que el mismo Palma consideró no debían publicarse, y regaló a su ainigo Carlo Basadre. Las conclusiones
de Anderson Imbert son definitivas y juzga este volumen de
Palma con gran acierto;

A.R.G.

Luis Leal :Bibliografía del cuento mexicano. No. 21 de
la Colección Studium de las Ediciones De Andrea. México,
1958.

�88

Libros

Después de la Breve Historia. del Cuento Mexicano y Antología. del Cuento Mexicano, publicadas en la Colección y los
Manuales Studium de las mismas ediciones De Andrea, Luis
Leal, profesor de castellano de la Universidad de Emory, Georgia, nos ofrece esta interesante bibliografía d_el cuent~ mexicano, que en cierta forma completa los trabaJoS anteriores y
da unidad a la investigación que este autor viene realizando
desde hace tiempo.
En 162 páginas nos entrega Luis Leal este acervo bibliográfico que comprende lo publicado hasta el año de 1957. Es
natural que falten aquí algunos autores y algunos cuentos,
pero es imposible realizar un trabajo de esta naturaleza sin
dejar fuera muchas cosas, ya que el gran número de revistas
publicadas en provincia que no tienen circulación y no llegan
a las bibliotecas están fuera del alcance del investigador. Sir..
embargo, estas ausencias no restan méritos al trabajo de Luis
Leal, ya que es de positivo valor para el estudio de las letras
mexicanas.
"A pesar del gran número de cuentos registrados -hecho
que indica su riqueza- (dice Luis Leal), todavía qued~n muchos en revistas y periódicos mexicanos que nos han sido catalogados. Este aspecto de la bibliografía mexicana es uno de
los más difíciles, dada la escasez de las innumerables revista que han sido publicadas en México, algunas de ellas de vida
efímera pero que por lo general contienen uno que otro cuento. No queremos, sin embargo, demorar la publicación de esta
bibliografía, que facilitará la tarea de recoger lo que falta.
Aunque existen dos bibliografías de la novela mexicana y una
de la poesía, no se ha publicado hasta hoy una sobre .el cuento; b,.echo que justifica el que demos a las prensas la presente".
Deseando colaborar con este acucioso investigador, damos
aquí unas fichas bibliográficas de cuentos publicados en Monterrey que no aparecen en su bibliografía, las que podrá utilizar si piensa realizar en el futuro una segunda edición aumentada:
Padilla, Hugo: "Pueblorar.o", en· Katharsis, Monterrey,
No. 1, Vol. l. Polanco, Jesús: "La alcoba estrecha", en Ita.tharsis, Monterrey, No. 2, Vol. l. Garza, Homero: "El llanto",
en Katharsis, Monterrey, No. 3-4, Vol. l. Padilla, Rugo: "Pasado", en Katha.rsis, Monterrey, No. 7-8, Vol. l. Carlos Fuentes: "Sumar, restar", en Katharsis, Monterrey, No. 11-12. Paz,
Octavio: "Cabeza de ángel", en Katharsis, Monterrey, No. 1112, Dávila, María Amparo: "Un boleto para cualquier parte",
en Katharsis, Monterrey, No. 11-12. Padilla, Rugo: "Niebla,

Libros

89

frío, nadie", en Katharsis, Monterrey, No.11-12. Padilla, Hugo:
"Hace anos
- " , en Katharsis,
. .m,onterrey,
'1.f'
No. 13-14. Garza Mercado, Ario: "Cuento", en Katharsis", Monterrey, No. 13-14.
Colina, José de la: "Escalibur'\ en Katharsis, Monterrey No.
15-16. Montaña, Antonio: "La gran cabellera blanca de' Marogie", en Katharsis, Monterrey, No. 15-16. García Quintaiia
Albertina: "Diálogo de sombras", en Katharsis, Monterrey:
No. 15-16. Cantú de la Garza, Jorge: "Sore, un cuento ae
amor", en Katharsis, Monterrey, No. 19. Cuéllar Gerardo:
"Mi hermano Marcos", en Armas y Letras, Monter;ey No. 10
año XII. Cuéllar, Gerardo: "El autor de cuentos n~ estab~
en el índice", en Armas y Letras, Monterrey, No. 2, año XIU.
A.R.G.

Max Aub, Una Nueva Poesía Española (1950-1955), (Universidad Nacional .Autónoma de México, Dirección General de
P_ublicaciones), Imprenta Universitaria, México, 1957, 218 págmas.
Este nuevo volumen crítico-histórico de Max .Aub acerca
de la poesía española, es un complemento del anterior, publicado por la misma Imprenta Universitaria de México, bajo
el título de La Poesía Española. Oontemporáillea (1954) . En él
se reúnen las conferencias pronunciadas por su autor en el
Ateneo Español de México, los días 22, 25, 29 de junio y 2 de
julio de 1956, en las cuales Ofelia Guzmán leyó los abundantes
poemas incluídos en el texto. No pretendemos buscar en este
intento de esquematización que hace Max Aub de la nueva
poesía española, comprendida entre 1950 y 1955, un rigor
científico en el análisis, sino una buena fuente de información
y una abundante ejemplificación de aquella poes'.a crucificada y puesta a prueba que hoy se escribe en la España oficial.
El mismo autor honestamente lo advierte en una nota inicial:
"El texto que sigue da fe. No he retocado una línea. Anticipo
mis excusas por cuantos no cité. Fué labor urgente y aunque
no lo hubiera sido, mi ignorancia, forzada en part~ por la
distancia, era -y es- razón de fuerza niayor. Estas páginas
no sori más que reflejo de lo que creía deber, en las acepciones
del verbo y del substantivo. Esta publicación responde a las
mismas exigencias. Pobre homenaje a la libertad, único camino de la justicia".
Como en el primer volumen. citado más arriba, Max .Aub
traza en su primer capítulo (I, Propósito) un esquema de las

�Libros

90

circunstancias históricas y de los determinantes q~e han_ forzado la aparición de una nueva ~o~sía, cargada de mtencio~alidades y en la que se puede ad1vmar una ~rot~sta, un_ grito
y un feliz comienzo de rebeldía contra los termmos ommosos
de la "Bestia y el Angel", poesía oficia~ :y oficializada en España desde 1936. Recorre en est~ Pr_~pos1to,.. s~. autor, el pr~;
ceso seguido a partir éie la pubhcac1on ~e H1Jos de la ~
de Dámaso Alonso y la influencia posterior de esta obra po~tica en diversas zonas de la conciencia española. Su trab~Jo
se estructura en los siguientes capítulos : Poesía popular e unpura; Soledad Impuesta y Conclusión,_ sin ~U.a. ~5&gt; valioso de
todos estos capítulos es la constante eJemphf1cacion y su adecuada selección, con lo que el lector puede darse una cabal
idea de esa poesía que apen&amp;s llega a e~tas pla:yas y de la que
estamos aislados, en muchos casos, a Dios gracias.
En contraste con esta exposición antológica de Max .A.ub,
recordamos una serie de artículos mimeografiados que hace
unos cuatro años repartió profusamente por América el llamado Instituto de Cultura Hispánica, titulados "Breve Panorama de la Poesía Española de la Postguerra y firlll:ados p~r
Antonio Fernández Spencer, en los que, por desgraCia, la nomina de poetas es otra; son los que_ entendieron la poesí:3como abundosa fuente de pesetas, de bienestar o de cargos oficiales. Los que entregaron la poesía a la "Bestia Y ~l .A.ng~l"
y al hombre de España al horror de una noche sm poesia.
Gracias a Max Aub, por haber levantado la voz de la verdad
en nombre de la auténtica poesía. Verdad suma.
J . .A.. A.

Pierre Guiraud. La Estilística (Compendios Nova de
Iniciación Cultural, 1) Edición al cuidado de Raúl
Casta~nino. (Traducción directa de Marta G. ~e '.1'orres Aguero), Editorial Nova, Buenos Aires, 1956, 134 pagmas.

!f·

La Estilística si no se comete el error de creer que es la
misma vieja Predeptiva Literaria o Retórica con _ciertos ~emoces y adornos científicos de actualidad, es todav1a una disciplina muy reciente, mucho más entre los pueblos de habla
hispánica. Todos los estudios que se han heclÍ~, entr~ noJ~tros,
a este respecto son dispersos o carecen del rigor _científico Y
preciso para llegar a constituir una teoría proporcionada. I_:os
trabajos llevados a cabo por Dámaso Alonso, Carlos Boussono,

Libros

91

Amado Alonso y otros son excepciones. Hasta el presente manejamos todavía concepto de la preceptiva sin que nuestra crítica busque nuevos caminos para el abordaje de la obra poética o literaria. Cuando más, en esta clase de investigaciones,
seguimos los caminos trillados de un positivo descriptivo-histórico, en que se da demasiada importancia al dato externo, a
la nota bibliográfica, elementos todos que son necesarios, pero
que por sí solos no llegan a constituir una verdadera "'Estilística" ni cosa que se le parezca.
De un tiempo a esta parte se han intensificado los estudios estilísticos y, a pesar de ser reciente esta disciplina o
más bien los distintos métodos que la integran, se ha llegado
ya a integrar un cuerpo de doctrina, necesario, desde cualquier punto de vista para el crítico y para el estudioso de las
letras. Precisamente, es lo que viene a traernos este Compendio de la Editorial NOVA: una inteligente síntesis y una organización de los conceptos que andaban dispersos. Dado el
carácter iniciatorio (iniciático, dicen otros, pero esto suena
demasiado a ciencia oculta) de este manual, su autor ha hecho una síntesis de aquellas teorías que constituyen lo que hoy
se llama la "Estilística". Digo de las teorías, porque no se
puede hablar de una Estilística absoluta como ciencia, sino de
diferentes métodos estilísticos que deberán ser utilizados de
manera particular en cada oeasión y en cada autor. Sobre
todo si se parte del concepto de estilo que aporta Vossler a los
modernos estudios literarios. Comienza tratando de definir el
estilo y la estilística, con el objeto de fijar dos conceptos que
han de ser esenciales a través de toda la obra. Como no se
puede destruir de un plumazo todo un pasado, el autor hace
un repaso menor a la retórica, análizando sus orígenes, concepción de los estilos como forma externa de expresión, de
rechazo toca el problema de las figuras y, finalmente valora
el lugar y los límites de la estilística. Siempre hemos creído
que es pretencioso y, por otra parte, aventurado el desconocer la Retórica -la buena Retórica- ya que muchos de sus
conceptos siguen vigentes, aunque con nueva luz, en los estudios literarios. "No por ello -dice el autor- deja de mantener todos sus derechos el estudio de la retórica, derechos
que harto a menudo se desconocen en el dominio de la lingüística y de la historia literaria. La estilística tal como la
ha concebido Bally procede -con recursos nuevos- de la antigua retórica. El estudio que esta última hizo de las figuras
no ha sido superado hasta el presente; ofrece un conjunto de
observaciones y definiciones que el lingüista tiene el deber de
reconsiderar y profundizar a la luz de métodos nuevos" (pp.
30 y 31) .

�92

Libros

Libros

Expuesta la importancia de la Retórica, su importancia
como filosofía estética de una época y su decadencia por ser
insuficiente para explicar muchos de los fenómenos literarios,
Guiraud introduce al lector en la Estilística moderna a través de sus fuentes y de los determinantes que llevaron al replanteamiento de los problemas: las dos grandes corrientes
lingüísticas modernas, idealista y positivista, que dan lugar a
los dos aspectos fundamentales de la estilística. Estilística
descriptiva y Estilística genética. En estos dos capítulos de
su obra, es donde Guiraud llega a lograr un positivo valor sintético y expositivo de las dos corrientes en la moderna Estilística.
La Estil'.stica descriptiva nace con las teorías lingüísticas
de F'erdinand de Saussure, lingüista suizo, y es perfeccionada
por su discípulo Charles Bally. Dado el origen positivista de
las teorías de Saussure y su concepto de la "lengua" en oposición al "habla", la Estilística descriptiva se centra en el estudio de las manifestaciones lingüístico-literarias como manifestación de un conglomerado social, por lo que se orienta hacia
estudios del estilo en sentido colectivo. Guiraud ha resumido
el estudio de la Estilística descriptiva en los siguientes puntos claves: La estilística de la expresión; la estilística de Bally;
extensiones de la estilística de Bally ; fonética de la expresión ;
morfología de la expresión; sintaxis de la expresión; semántica de la expresión y la estfüstica de la expresión.
La estilística genética o estilística del individuo parte del
concepto del "habla", es decir, de la lengua como instrumento
personal de expresión. Frente a la teoría de Saussure de que
la estilística debe de ocuparse de la lengua (hecho real, social,
comunal, histórico, etc.), Vossler impone su criterio, apoyado
por las teorías estéticas de Bendetto C.roce, de que debe ser el
habla el objeto de la estilística; Leo Spitzer, discípulo de Vossler, acaba de perfeccionar esta teoría, con lo cual toman cuerpo las teorías para una estilística genética, que pretende partir del centro de la obra literaria hasta la periferia y captar,
en último término, la esencia del impu_lso creador del artista.
Creemos que esta es la parte mejor lograda del manual de
Guiraud, principalmente al exponer en forma sinóptica las teorías estilísticas de Leo Spitzer.

En los dos últimos capítulos de esta obra se exponen sumariamente los problemas que enfrenta la actual estilística y
las tareas a ella encomendada. Una bibliografía sumaria en
español completa esta pequeña obra que no dudamos ha de ser
muy útil tanto a profesores y alumnos, en una materia que

..

93

como la Estilística se presta a innumerables equívocos ya sea
por falta de información o de método.

J. A. A.
•

¡

Graciela Palau de Nemes, Vida y Obra de Juan Ramón
Jiménez (Biblioteca Románica Hispánica; Estudios y Ensayos, 31), Editorial Gredos, Madrid, 1957, 417 páginas - 21
ilustraciones.
La Editorial Gredos incluye en su magnífica colección
"Estudios y Ensayos" de la Biblioteca Románica Hispánica,
un libro esencial y casi definitivo sobre la vida y la obra de
Juan Ramón Jiménez escrito por Graciela Palau de Nemes
de College Park de Maryland, USA. Inicialmente este líbro
es el resultado de ~iete años de investigación para adquirir el
grado de Doctora en Pilosofía y Letras en la Universidad de
Maryland. La tesis creció y sobrepasó esa medida académica,
un poco forzada, y se transformó en el mejor estudio de conjunto que hasta el presente se haya hecho sobre el poeta de
lVIoguer. Tiene esta obra el mérito de haber sido revisada casi
en su totalidad por el propio poeta, quien aportó interesantes
datos sobre todo el proceso de su poesía y puso a disposición
de la autora todos aquellos documentos que pudieran dar un
enjuiciamiento más exacto de su obra. Al mismo tiempo fueron consultados los dos mejores archivos juanramonianos que
existen en la actualidad: La Biblioteca del Congreso de los
Estados Unidos en 'N ashington y la Sala Zenobia y Juan Ramón de la Universidad de Puerto Rico; J.R.J. tuvo muy buen
cuidado de llevar un registro permanente de fechas, variantes
y correcciones de sus poemas, así como de la correspondencia
y de la crítica escrita de su obra; todo lo que pudo salvar
después de la catástrofe de la guerra española y del consiguiente asalto a su domicilio por los asalariados del nuevo régimen español, lo depositó, como testimonio de gratitud en
Washington y en Puerto Rico, lugares donde pudo encontrar
un refugio que ya no le brindaba su propia tierra.

Graciela Palau de Nemes ha sabido orientar su trabajo
de una manera comprehensiva, abarcando simultáneamente el
proceso creador de J.R.J. junto con la vida de éste, ya que
sería imposible querer comprender una poesía -mucho más
la de J.R.J.- prescindiendo del aspecto vital, de la circunstancia externa, de las influencias de la amistad, la correspondencia, el medio cultural, reactivos todos que nos guían a

�Libros

Libros

94

través de un laberinto poético de extraordinaria complejidad.
No son indiferentes las situaciones vitales ni los tonos afectivos que éstas provocan para la comprehensión de ~na poesía dado que el fenómeno poético no es un hecho aislado o
un~ actividad desconectada de todos los más ínfimos detalles
de la vida. Graciela Palau va alternando, en su obra, vida
y análisis de la poesía de J.R.J. y en esta alternancia, felizmente lograda, una explica a la otra y viceversa.
Desde el punto ~e vis~a de la ut~lid~d de_ es_ta op~a, consideramos como lo mas valioso los apend1ces b1bhograficos sobre la obra de J.R.J. La bibliografía a que hacemos referencia está articulada sobre las siguientes divisiones:
a) Obras de Juan Ramón Jiménez:
1) Libros (en orden cronológico de las primeras edi-

ciones).
2) Folletos
b) Traducciones por J.R.J. incluyendo su colaboración
con Zenobia Camprubí de Jiménez.
c) Obra inédita de J.R.J. (1900-1927)
1) Verso

2) Prosa
3) Verso y Prosa
Obra inédita de .J.R.J. (a partir de 1936).

.. ,

95

Folletos
3) Publicaciones de la Casa Editorial Calleja (19161917)

Obras de J.R.J.
•

l

J ardinillos (1918)
g) Publicaciones de Juan Ramón Jiménez y Zenoeia
Camprubí de Jiménez, editores de su propia y sola
obra (1920-1925)
El jirasol y la espada
Obras de H.abindranath Tagore
De J.R.J.
De otros autores
Publicaciones de la Biblioteca de U{DICE
h) Labor editora en Revistas, Cuadernos y Hojas sueltas
(1903-1935

1) Revistas
2) Cuadernos
3) Hojas Sueltas.

i) Colaboración de J.R.J. en Revistas, periódicos y reimpresiones
1) Revistas

2) Periódicos
j) Estudios largos sobre J.R.J.
1) Libros

2) Tesis
d) Libros con prólogo de J.R.J.
e) Traducciones de la obra de J.R.J.

k) Libros de estudio de J.R.J.
1) Honores y Homenajes a J.R.J., Miscelánea.

1) Libros

1) En libros

2) En Revistas
3) En Periódicos.

2)
3)
4)
5)
6)

f) Labor editora de Juan Ramón Jiménez.
1) De Rubén Darío (1905)

2) Publicaciones de la Residencia de Estudiantes
(1915-1919)

Libros

En revistas
En periódicos
Actos
Emi~iones por radio
Poemas de J.R.J. en música.

No dudamos que tan valiosos índices bibliográficos han
de ser de gran utilidad para los futuros estudios que se hagan
sobre la poesía y la vida de J.R.J.

J. A. A.

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Libros

Ramón Sender, Los Cinco Libros de Ariadna, Ediciones Ibérica, New York, 1957, 584 páginas.
Uno de los escritores españoles mejor conocidos en América es Ramón Sender, profesor en la Universidad de Albuquerque, New l\Iexico, por su constante y brillante l_abor periodística. Pero hay algo más valioso detrás del articulo periodístico que se ocupa del último libro o de revivir los viejos
chismes literarios. Ramón Sender es, por encima de las urgencias periodísticas o la monotonía de la cátedra, un novelista ; algunos llegaron a creer que erl!- el único novelista ~e
garra que se perfilaba entre los escritores de sus generaciones, muchos de ellos frustrados, otros alentados, por la catástrofe de la guerra civil y el exilio consiguiente. Ramón
Sender ha afirmado ,a través de estos años y las dolorosas
experiencias acumuladas, su fama de buen novelista, de testigo apasionado y de hombre que tiene la sinceridad de con.
fesar sus fracasos, sus equívocos y también sus triunfos.

Los Cinco Libro de Ariadna, novela de un testigo, es ante
todo un acto de fe del autor en su propia seguridad y un enjuiciamiento de sus actitudes ante la vida, la guerra y la política. En él largo prólogo que precede a la novela Sender
afirma: "Alguien ha dicho que los antiguos tenían verdaderas razones para vivir mientras que los modernos sólo tenemos pretextos. Muchos de los emigrados, sólo t enemos pretextos, realmente, aunque los míos los encuentro cada día más
gustosos y i;i hacemos algo con una responsabilidad verdadera
es porque queremos que sean lo más plausibles para uno mismo. ARIADNA es producto de ese estado de ánimo. Perdidas algunas raíces, quizá las más importantes, sentimos la necesidad de compensarlas con una floración capaz de explicar
lo inexplicable o de propiciar alguna clase de emoción virgen". En cierto sentido, también esta novela es una acusación y una defensa de sus actitudes personales, de sus actuaciones en la guerra civil y de sus posturas políticas y humanas después de ella; es, también, una declaración de fe en el
espíritu de libertad y de superación de la especie humana por
encima de todo cataclismo, o catástrofe. "Por la misma razón
-afirma Sender en el prólogo- por la cual en tiempos de
guerra o de epidemias aumenta enormemente la cifra de nacimientos -la especie existe y todo lo que existe quiere seguir
existiendo- , por la misma razón la especie sabrá hacer de todas las clases una sola en el plano del bienestar y de la civilidad antes de afrontar el riesgo de su propia aniquilación.
Las clases que representan hoy la cultura y que tienen el po-

Libros

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der están encontrando ya soluciones en algunos lugares del
planeta. La ame1;1aza de la bomba atómica (el gran mal) lleva
trazas de convertirse -oh manes dialécticos- en el gran bien".

Los Cinco Libros de Ariadna es la historia de la guerra
c~vil ~spañola a través del simbolismo de los personajes, las
s1tuac10nes y los ambientes. ,Javier Baena Ariadna los oficiales moscovitas en España y los militares ~spañoles 'entreetados
ª. la política, el Uro y el caudillo ( conservado a prueb~ del
tiempo en una cámara aséptica) el Lucero del Alba y el Obispo de Mondoñedo, la infanta Palmatoria y su sitial vacío el
hijo mongólico y los agentes internacionales, las intérpr~tes
rusas y los fantas~as de_ los ajusticiados, son personajes vivos, que, sub spec1e poet1ca, van formando la trama de esta
novela en la que vibra la indignación junto al idealismo el
vi~iI_&gt;endio de las más elementales virtudes de un pueblo la
critica más feroz de la traición a que fue sometido, por los
blancos y los rojos, sin distinción.

y

La técnica empleada por Ramón Sender en Los Cinco Libros de Ariadna nos hace recordar, a veces, a la empleada por
Kafka o por W erfel. La acción es retrospectiva· ante un imaginario tribunal de una imaginaria sociedad _'._la OMECCdeclara Ariadna y declara Javier Baena, su marido interrumpidos por las intempestivas protestas del Lucero del Alba el
~~p~ritu de la reacción. El vigor de los personajes está :onct1c1onado a lo que ellos mismos dicen de sí se retratan en
cada una de sus acciones, en los motivos qu~ les impulsan a
ellas.
Lamentamos, en la edición de esta novela, la frecuencia de
erratas,. los ac~ntos prófugos que no saben dónde colocarse y
una serie de d1slatf's en la PXpresión que no atribuimos a Sender, sino a los tipógrafos neoyorkinos que tuvieron que luchar
con un idioma extraño.
J. A. A.

Ra~nón J. Sender, EMEN RETAN (Aquí estamos) noYela, Libro l\Iex, Editores, l\Iéxico, 1958. 174 páginas. '
Ramón J. Sender cuenta con un numeroso grupo de lectores, tanto en lengua española como inglesa. Sus novelas han
alcanzado en los Estados Unidos cifras tan altas como para
se~· c?'lificado de "best-seller"; sus artículos periodísticos, distribuidos, semana a semana, por la "American Literary Agen-

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Libros

cy", dan las últimas noticias en lo que se refiere a bibliografía, nuevas publicaciones o chismología de la vida literaria.
Sin embargo, la fama de Ramón J. Sender reside en su calidad de novelista, un novelista que ha sabido sobreponerse a
cataclismos de orden personal y colectivos y para quien el
destierro ha sido un poderoso aliciente, tan como él mismo lo
ha declarado en "Los Cinco Libros de Ariadna", novela publicada en New York, por Iberica, el año pasado.
Libro Mex nos ofrece su última novela, EMEN RETAN
(Aquí estamos). Dolorosamente tenemos que confesar que Ramón J. Sender nos ha defraudado con esta obra, acostumbrados como estábamos a sus obras anteriores en las que el rigor
técnico, el buen gusto literario y el vigor expresivo se conjugaban en admirable síntesis. EMEN RETAN no puede calificarse de novela, a lo más de narración extensa o de cuento
largo, sin que rebase los límites de este género. EMEN RETAN,
es el simple relato de un aquelarre celebrado en un lugar desconocido del país vasco, al cual existen en calidad de testigos
una mujer abandonada por su esposo y una niña campesina
que retorna al hogar y que casualmente ha encontrado a la
mujer. El Caballero de Spic, una extraña figura, bastante
desvaída, sirve de narrador, de interpretador, pero no entra
en el alma de la acción. Se queda sencillamente al margen
como un cicerone de la magia negra, como un tratadista culto
que va explicando, pedantescamente, todo lo que ocurre en el
aquelarre. Todo esto sería suficiente para elaborar un cuento
más o menos simpático, una nar,ración hábil como puede hacerlo la pluma de Ramón J. Sender. Pero el equívoco está en
el transfondo, en la interpretación de los hechos y el significailo que quiere darles el mismo novelista.
Siempre he admirado en Sender su poder de interpretación de los hechos reales a través de admirables simbolismos.
En "Los Cinco Libros de Ariadna" nos lo demostró. Pero en
EMEN RETAN se le ha ido la mano al querernos presentar
una interpretación pánica ,demoníaca de España que no responde a la realidad anímica de nuestro pueblo. Haciendo magníficos juegos filológicos e histór:icos pretender demostrar, en
esta breve novela o narración larga, que España es la tierra
del Macho Cabrío o del Pan de los aquelarres. Quizás, y forzando los hechos, podrfo. hacerse una interpretación en este
sentido limitándola al pueblo vasco, montañés y gallego, donde prevalecen todavía viejas leyendas de aquelarres y de cul-

Libros

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to al macho_ cabrío. Pero, de aquí a hacer generalizaeiones a
to?ª. la pem~sula, hay mucha distancia. Todos estos hechos
magicos no tienen nigún valor cuando se los quiere extender
a los pueblos de la meseta y del sur de España.

EMEN_ RE!AN es un buen relato, una hábil amal~amét
de dato~, h1stónc?s, ling_üísticos y folklóricos, enlazado; por
u_na acc10n reducida y sm momentos elevados. Una obra en
fi~, que nos duele haya salido de la acreditada pluma de 'Ramon J. Sender.
J. A. A.

�EN PROXIMOS NUMEROS DE
ARMAS Y LETRAS:
H. R. Lenormand, FIDELIDAD
Jorge Artel, EL CHOCO, NUEVA
VERSION DE "EL DORADO"
. Albert Loranquin, POESIA Y
METAFISICA
Takak~ni Minamoto, CUENTOS
JAPONESES DEL _SIGLO XI
Geno Hartlaub, HISTORIA DEL
ULTIMO SOLDADO
James Joyce, LA PENSION
DE FAMILIA
José Sotero Noriega, LA TOMA
DE MONTERREY

\

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