<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<item xmlns="http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5" itemId="17388" public="1" featured="1" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance" xsi:schemaLocation="http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5 http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5/omeka-xml-5-0.xsd" uri="https://hemerotecadigital.uanl.mx/items/show/17388?output=omeka-xml" accessDate="2026-05-17T23:45:26-05:00">
  <fileContainer>
    <file fileId="15419">
      <src>https://hemerotecadigital.uanl.mx/files/original/213/17388/ARMAS_Y_LETRAS._1958._Vol._1._Segunda_Epoca._No._4_0002014783ocr.pdf</src>
      <authentication>6b851497fbcc3001f7640d4f34e64ecc</authentication>
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="4">
          <name>PDF Text</name>
          <description/>
          <elementContainer>
            <element elementId="56">
              <name>Text</name>
              <description/>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="487943">
                  <text>Revl•ta de la Universidad de Naeve Leó■

Sergio Fernándcz, El Donado Hablador • José Salvador .Alcántara, Sonetos • José Sotero Noriega, El

Sitio de Monterrey en 1

Juanita Soriano, Ro-

mance del Llanto de 1

a • Jorge .Artel, El

Chocó, Nueva Versi'
Licht~lau, Novelista

· ta: Dos Perfiles de

Eduardo Ma.llea •

1

a, Efigie Indígena

damento y Esencia de
cott, El "Stephen Hero" de James Joyce •

Noticias • Libros.

OCTUBRE/DICIEMBRE DE 1958

.Af.l'O 1 / Segunda Epoca

��MrLm
•
REVISTA DE LA UNIVERSIDAD DE NUEVO LEON
Revista de la Universidad de Nuevo León

Año 1, No. 4

Rector :

Octubre/ Diciembre de 1958

Segunda E poca

ARQ. JOAQUIN A. :MORA

SUMARIO

Secretario General :
LIC. ROQUE GONZALEZ SALAZAR

Sergio Fernández, El Donado Hablador _________ ._________ 5

Departamento de Extensión Universitaria:

José Salvador Alcántara, Sonetos _________________________ 9

LIC. ROGELIO VILLARREA L
José Sotero Noriega, El Sitio de Monterrey en 1846 ______ 11

Director de la Revista :
LIC. JUAN ANTONIO AYALA

Juanita Soriano, Romance del Llanto de la Tierra ________ 26
Jorge Artel, El Chocó, Nueva Versión de -"El Dorado" ____ 30
_Myron I. Lichtblau, Novelista y Ensayista : Dos Perfiles

de Eduardo Mallea ------------------------------------ 40
P edro Villa, Efigie Indígena ------------------------------ 49
Dr. Agustín Basave Fernández del Valle, Fundamento y

Esencia de la Verdad ------------------- -------------- 51
PRECIO DE SUSCRIPCION
UN Al'lO ( cuatro números)

Joseph Prescott, El "Stephen Hero" de James Joyce ______ 64
Dirección

En México : Veinte pesos

y Colegio Civil
Washl.nf!ton
~

Noticias --------------------------------------------------- 77

Otros países: Dos dólares

Monterrey, N. L., México

Libros ---------------------------------------------------- 87

�Sergio Fernández / EL DONADO HABLADOR

J

ERONIMO de Alcalá Yáñe, y Ri-

vera, médico de Segovia, probablemente por pasatiempo y sin
otro afán que el de recordar parte de su vida ( que aunque su
obra no es una autobiografía no cabe duda que está llena de
relatos personales y verídicos), publicó la primera parte de
El Donado hablador, Alonso, mozo d_~ muchos amos en 1624
y la segunda en 1626. Es, en cierta forma, algo parecida en
su contenido a ideas a la Vida de Marcos de Obregón, ya que
tienen características fundamentales en común, sobre todo
un afán moralizante inmediato que ya hemos estudiado en
Espinel.
Escrita en forma dialogada, la obra nos ofrece un magnífico y sobrio castellano, a más de que el relato es excelente,
si nos olvidamos de que pretende ser un diálogo, pues más
que nada es un monólogo que se pierde y acaba por ser una
auténtica narración. Este libro, qne también se ha catalogado como picaresco, es indudable que tiene conexiones formales con el género que nos ocupa, pero difiere de una manera radical de éste en cuanto a que el pícaro no existe en
definitiva en El Donado hablador.
A primera vista, sin embargo, es posible confundirlo, ya
que el personaje central, Alonso, en su inquietud y ansia de
correr aventuras (Toledo, Sevilla, Valencia, Zaragoza, Segovia, Lisboa, Toro), cambia constantemente de sitio para buscar novedades dentro de este tipo especial de vida andariega.
Además, como indica muy bien el título, Alonso es "mozo de
muchos amos", circunstancia ésta semejante a la sufrida por
los pícaros. Tales son los rasgos afines a la picaresca, escuetamente ; vemos ahora los contrarios a su índole.
-

5 -

�6

El Donado Hablador

Ser gio F eruá ndez

Alonso empieza por ser mozo de mulas de unos estudiantes que van a Salamanca, lugar donde el autor recuerda con
detenimiento las novatadas de los muchacp.os, pero sin el sentido p icaresco que le imprime Quevedo, por ejemplo, al Buscón, cuando escribe las que le acontecieron a Don Pablos en
Alcalá. En seguirla pasa a servir a un sacristán al cual critica
por su falta de verdadera vocación y advierte que de buenos
y malos se compone una república ; y en el má.s cultiv~o
jardín, si nacen apacibles y olorosas flores, a veces tamb1~n
nace la malva y la vengativa ortiga; sino que es el trabaJ o
que por un malo pierdan muchos que verdaderamente son
virtuosos, justos y buenos (pág. 1157). El azar lo lleva después a servir a un gentil hombre recién casado con una vieja
a la que Alonso odia por darle muy mala vida a su amo;
luego es mozo de un letrado, de un teniente, de un médico y
de una viuda; per o con éste no terminan sus diferentes empleos, pues más delante se col~ca con unas monja~, desp1:és
con un caballero portugués y finalmente es aprendiz de pmtor, para acabar el término de sus días; como Donado de un
convento y luego como ermitaño.

l¡

co y grueso ; frente corta y estrecha; boquihundida y de oreja
a oreja; dientes anchos y apartados unos de otros al modo
de almenas, verdadero retrato del que pintó un poeta mi conocido en estos versos :
Nunca tal novia se vea,
Flaca, tuerta, negra y fea;
Y nuestro novio traidor
La mostraba más amor
Que Calisto a IVIelibea. (Pág. 1165) .

Siendo, pues, Donado, encuentr a pretexto para contar su
vida a un vicario de la propia hermandad, pues las tardes
son lar gas y el tiempo no cuenta para Alonso. El vicario, a
manera de interlocutor, sólo sirve para orientar la charla
inagotable del hablador que tiene por amigo. Y en efecto, la
obra a veces cae en una palabrería inútil que la hace algo
cansada sin por eso llegar a extremos, pues en general es
divertia y amena. El Donado es, en una palabra, un libro
de viajes y aventuras de un buen señor, poseedor de una
abundante charla, que se dedica a dar consejos al por mayor
a todo aquel que piensa que los necesita.
Misógino a ojos vistas, el autor hace constantes burlas
-meras caricaturas muy bien logradas- de las mujeres, a las
que echa en cara la corrupción de las costumbres del mundo.
De la vieja esposa de su amo el médico, dice muy quevedianamente que : Salió, pues, mi deseo de dama vestida a lo
grave, alta de cuerpo, muy derecha, sobre media vara de
chapines, con sus varillas de plata de un gran geme ; lo que
le faltaba de gruesa y corpulenta, sobraba de enjunta y reseca · tenía el rostro como el de María de Peñaranda la barbud¡, y tanto, que se pudiera alzar los bigotes y dormir con
bigoteras ; carilarga, la nariz apia, quintada y vuelta al lado
derecho; los ojos, uno mayor y má.s crecido que el otro, no
iguales en el asiento, cuyas niñas, aunque no menores de
edad, miraban a dos parroquias ; cejijunta, cabello negro, tos-

7

'

Y después de su propia esposa (pues que se casa y enviuda), dice que: Era mi bien lograda mujer de razonable
cara, aunque con algunas arrugas, surcos de los sesenta y dos
años que tenía, desmoronadas las almenas de la boca, con
cuatro o seis portillos, que se divisaban no demasiado, por un
poco de bozo con que se cubrían, aunque no bastante al disimulo de dos grandes colmillos, que salían afuera : anchurosa
la frente, razonable la nariz, buenos ojos, pero corta de vista ;
no muy alta de cuerpo ni muy baja; para su cabello no eran
menester tranzados, porque de una enfermedad o corromiento
me dijeron no le había quedado un cañón en su cabeza. . ..
(Pág. 1248). Pero estos dos retratos son quizás los únicos de
ingenio picardil, pudiéramos decir, que tienen las dos partes
en que se divide la obra. Por lo demás Alonso, insólitamente;
-pues no sabemos en dónde ni cuándo se ha hecho de una gran
cultura-, habla constantemente de Ovidio, Demóstenes, San
Agustín, San Pablo o Séneca, a los que conoce a perfección,
intercalando sus máximas y sentencias para ejemplo y consejo de la humanidad. Por otra parte, entre sus mil aventuras, cuenta su vida entre gitanos, a los que critica muy a la
manera de la época, como lo hacen Cervantes, Espinel o Quevedo. Es hecho cautivo y llevado a Argel; después hace un
viaje a Indias en el cual no acontece nada, pues es, obYiamente, una trayectoria imaginaria, ya que el autor no tiene
idea del México de entonces, lugar a donde Alonso dice llegar. Aquí se enriquece y regresa a su patria, sin que nos dé
tan siquiera una opinión de sus experiencias en Nueva España. Los reveses de fortuna lo hacen quedar pobre de nuevo,
por lo que las quejas en contra de la miserable vida que lleva
no se hacen esperar : ¡ Oh cuánto puedes, necesidad y a cuánto
obligas ! ¡ Qué de torres has echado por el suelo y cuántas
dificultades has allanado ! ¡ Qué de voluntades has torcido, y
a qué de ignorantes has enseñado ! Haces hablar los mudos,
humillar los soberbios, das ánimo a los flacos ; y a mí, que
poco tiempos ha me vi en el cuerno de la luna, y que para

�8

El Donado Hablador

que hablase una palabra era menester primero ser lisonjeado,
me trujiste a la miseria y desdicha a que pudo venir un hombre para quien era poco la riqueza que en sus entrañas encierra la tierra, usurpa el mar y el sol engendra en los más
ocultos e inhabitables montes (1209).
Por otra parte, como buen patriota, tiene una gran confianza en los destinos de su pueblo pero, al igual que Espinel,
también en ello, no siente el peso de la caída de España. Vive,
por el contrario, un mundo de mentira ( o de ignorancia)
que lo lleva a una total ceguera respecto de la situación española del siglo XVII. Nos dice que el rey Felipe III, nuestro
señor, de gloriosa memoria, en martes se casó con Doña Margarita de Austria, nuestra señora, en la ciudad de Valencia,
y fué dichoso casamiento; dígalo la venturosa sucesión que
dejaron a nuestra España, el notable amor que siempre se
tuvieron y la perpetua paz en que reinaron (pág. 1245). Esto,
por lo demás, no deja de sorprendernos, pues no pudo ser
más evidente (pese a su pompa y artificio) la decadencia de
Felipe III y sus descendientes sobre todo. Esta recia convicción y fe en el destino propio nos da el matiz de aislamiento
en que España vive antes de caer, como hemos visto anteriormente, en formas de vida inauténticas. El Donado hablador
y el libro de Espinel no tienen por eso la amargura del Guzmán o del Buscón, conscientes de la ruina del pueblo español.
Por eso nos dan la sensación de que, a pesar de las notas o
reminiscencias modernas de tipo y de sus circunstancias en
general, sin sentido ninguno de su presente eramista que contienen, son libros un poco fuera de tiempo. Pero por otra parte, no deja de asombrarnos la constancia y fortaleza que los
españoles de esta época tenían en sí mismos, aún cuando tal
confianza, a la postre, no los haya podido salvar.
Si por otra parte, ya para terminar este análisis, la palabra pícaro se usa frecuentemente en este libro, es porque ha
llegado a ser término común, en su sentido peyorativo, sinónimo de truhán o malviviente y no necesariamente por ser el
protagonista en sí mismo.

José Salvador Alcántara / SONETOS

ESPEJO DE LA SOMBRA
Sólo la vida por la misma vida.
No libertad de ser sino agua inerte
que se funde en el río con la muerte
como espejo de sombra sin salida.
Sólo cifra de sangre mantenida
que en espuma de tiempo se convierte
o mar que vuelve al mar y ahí revierte
su antigua voz en plenitud vencida.
No ya la luz en múltiple ejercicio
hacia otra nueva luz, rumbo seguro
para saivar su propio precipicio,
sino la sangre que se da en el muro
para quedarse muerta, sin indicio
de despertar al sol su trance oscuro.

ANTE UN ESPEJO
Sorprendida de verse la mirada
mirándose a sí misma en el espejo
se miró en la mirada del reflejo
que reflejó su imagen reflejada:
-9-

�10

Sonetos

"O soy o me parezco o no soy nada
0 me miro tan sólo en el espejo
sin saber si parezco o soy reflejo
de la mirada de mi propia nada.

José Sotero Noriega / EL SITIO DE MONTERREY EN 1846

O círculo vicioso o compromiso
de mirarme tan sólo por mirarme
mirándome a mí misma sin permiso.
O terquedad de adentro para afuera
o de fuera hacia dentro al re-flejarme
en mi propia mirada que no era ... "

SONETO PARA UNA CATEDRAL
Piedra de luz, ante• la Iuz florece
el ala de tu voz lograda en vuelo.
Raíz que acerca su silueta al cielo
de·sde la misma tierra donde crece.
Tu cuerpo de silencio al sol se ofrece
en un perfil de sombra paralelo
y tu sueño en el mar recuerda el duelo
de un llanto vertical que transparece.
Tu decisión de luz abrió el ¿amino
del cielo a un ave que creyó perdida
la escalera más alta de su trino.

EN

EL tomo IX /11 del Apéndice) del Dicpor Manuel Orozco y
Berra /Imp. Andrade y Esca/ante, Méx. 1856} aparece el artículo:
"Monterrey, Toma de", que reproduce hoy Armas y Letras. Como to
dos los artículos de dicha obra relacionados a Nuevo León, se debe
a la pluma del Dr. José Solero Noriega. Nacido en Jerez, Zac., vino
a Linares, N. L., como médico militar en el cuerpo de Ejército del
Norte, comandado por Mariano Arista. Asistió, con este carácter, a
las batallas de Palo Alto y la Resaca de Guerrero, durante la Invasión
Americana'. Vuelto a Linares con el mismo destrozado cuerpo de eiército, asistió al sitio de Monterrey /21-24 Sept. 1846) a las órdenes de
Pedro de Ampudia, siendo testigo presencial de casi todos los acontecimientos que relata. Concluída la guerra con los Estados Unidos,
fi¡ó su residencia en Linares, donde e¡erció. su profesión y figuró como
síndico del ayuntamiento. Electo diputado por el partido de Linares
al Congreso General Constituyente de 1856, desempeñó el cargo con
patriotismo y gran penuria económica. El 3 de octubre de dicho año,
falleció en México su esposa doña Rosa/ía Leal. Conocedor de la
crítica situación nacional, anunció al gobernador Vidaurri la guerra
de Reforma. A su regreso a Linares fué nombrado alcalde 1o. de dicha
ciudad, cargo al cual renunció en febrero de 1858, por motivos profesionales. Sus colaboraciones al Diccionario, acusan un amplio conocimiento de Nuevo León. Su artículo sobre la toma de Monterrey,
constituye un documento de gran valor histórico. Murió en Linares el
6 de diciembre de 1865.
cionario Universal de Historia y de Geografía,

Y en espejo de sol sus alas fueron
recortando la sombra en despedida
de aquella oscuridad donde nacieron ...

l. C. G.
-11-

'\.

�I

12

El Si~io de Monterrey en 1864

José Sotero Noriega

13

Después de la penosa retirada de Matamoros, en la convalecencia de grandes infortunios y de males sin cuento, los
restos del ejército desventurado de Palo-Alto y la Resaca de
Guerrero; permanecían en Linares, cuando en los primeros
días del mes de julio de 1846, se recibieron en aquel punto
noticias fidedignas de que el enemigo se disponía a penetrar
en el interior del país.

De Monte Morelos fueron a la hacienda de la Concepción
y a Cadereyta Jiménez, donde permanecieron desde el 12
hasta el 21 del mes de julio: en aquel punto se incorporó al
ejército el general Mejía, y determinó trasladar el cuartel
general a Monterrey llevándose consigo todas las fuerzas a
dicho lugar, que con evidencia era entonces el punto objetivo
del enemigo.

El general Arista, luego que llegó a Linares pocos días
antes de entregar el mando, dispuso que marchase la sección
de ingenieros a las órdenes del teniente coronel Zuloaga, y el
batallón de Zapadores, a las del teniente coronel D. Mariano
Reyes, a Monterrey, con objeto de que emprendiesen en aquella plaza algunas obras de fortificación.

Monterrey es una de las más hermosas ciudades de la
República, la capital de la frontera. Situada en un fértil
valle en medio de altísimas y pintorescas montañas, la naturaleza se ostenta en toda su belleza y vigor. La construcción
material de la ciudad es bastante buena. Casas de cantería,
calles tiradas a cordel, plazas amplias y una iglesia catedral
de magnífica construcción. Pasa por un costado de la ciudad
un cristalino río, en cuyas márgenes hay pintorescas casas
de campo y frondosas huertas. La ciudad desde su fundación
había disfrutado de tranquilidad, pues aún las revoluciones
civiles habían las más veces perdonado la ciudad santa de la
frontera. Después de las desgracias del Río Bravo el torbellino de la guerra la amenazaba muy inmediatamente, y los
habitantes preveían un grave y doloroso conflicto.

El general Mejía, en quien recayó el mando en jefe en
este tiempo adolecía de graves enfermedades, por cuya causa
el 9 de julio que se determinó la marcha del grueso del ejército, la verificó a las órdenes del general D. Tomás Requena.
Entonces aquel florido ejército, que hemos visto desmembrado y doliente en su retirada de Matamoros a Linares,
constaba de mil ochocientos hombres: su moral había sido
combatida por una disensión escandalosa sobre sus recientes
derrotas; los enconados odios de los superiores se habían
transmitido hasta los soldados; el cambio repentino de jefes
influía también en el descontento; y el espectáculo de los
enfermos que se arrastraban en pos del ejército, y que iban
pereciendo víctimas de la imprevisión o de la ingratitud, formaban un conjunto que realizaba de un modo horrible la
descripción de las penas y del porvenir del soldado mexicano,
que hizo después con astuta perversidad de general Scott.
Los cuerpos que salieron de Linares fueron : Infantería :
primer regimiento, 2o. ligero, 4o. y 100. de línea, y dos compañías del 60., . Activos de México y Morelia, Caballería: 7o.,
80. y Ligero. Artillería: 13 piezas. El general Morlet con el
Batallón Activo de Puebla, el batallón y compañía GuardaCostas de Tampico marchaba en esos días para este puerto
a reforzar la plaza.
De Linares rindieron. aquellas fuerzas la jornada en el
rancho del Encadenado : de este punto en Monte Morelos, población risueña de tres mil habitantes, a la margen fértil del
hermoso río de San Juan, y sobre la que llamamos la atención
por la hospitalidad generosa que dispensaron al ejército sus
moradores; hospitalidad que los soldados del Norte recuerdan aún con tierna gratitud.

Las obras de fortificación que se habían emprendido, y
las que se emprendieron después, consistían en un reducto
bastionado de 270 varas de lado que encerraba el incompleto
edificio de la catedral nueva.
Se levantó otro reducto en la Tenería, punto extramuros
de la ciudad sobre la orilla izquierda del Río de Monterrey.
Construyóse también una obra en el pico más bajo del Cerro
del Obispado, .y por último, se encargaron los atrincheramientos de la parte del Este, sobre la márgen del río, al coronel Carrasco, quien se distinguió por su actividad y diligencia extraordinaria, y el que, como la sección toda de ingenieros, llenó cumplidamente sus deberes.
Eran los primeros días del mes de agosto: los soldados
trabajaban como simples operarios; los jefes alentaban sus
esfuerzos; la población patriótica y entusiasta prodigaba sus
recursos; y después el gobernador del estado de Nuevo León
D. Francisco Morales residente en aquella ciudad, competía
aumentando las fuerzas del ejército y contribuyendo con los
medios todos que ponía en su mano la autoridad civil. Este
afán lo redobló la noticia del movimiento del general Taylor
a Camargo; y cuando en medio de estos preparativos solemnes llegó el anuncio del pronunciamiento del 4 de agosto en

�14

El Sitio de Monterrey en 1864

J\Iéxico, aunque hubi~se simpatías por él en algunos generales
y jefes, se vió dominante en el ejército entero el generoso y
circunspecto sentimiento de ocuparse preferentemente del
enemigo exterior; rasgo digno que se expresó sin embozo en
la junta de jefes que se convocó con este motivo en aquella
ciudad.
Y~ que en el pronunciamiento, como sucede siempre, no
se tuvieron ptesentes los verdaderos intereses de la nación
sus efectos si se hicieron sensibles en Monterrey: nombró eÍ
gobierno genera~ en jefe del ejército del Norte, a .Ampudia,
y este nombramiento por mil títulos impolítico resucitó anti.
guas prevenciones
que se desarrollaron de tal 'modo que varios jefes escribieron a México mostrando su descon'tento: la
prensa denunció ese disgusto, y se engendraron vivas antipatías que fueron al fin de funesta trascendencia.
. ~asta este momento el general Mejía ~e proponía la reahzacion de un plan puramente defensivo, sin aventurar nada
absolutamente, at~ndidos los recursos con que contaba. Llega
el general .Ampudia con las tropas que estaban en San Luis:
el ejército ascendió a cinco mil hombres con treinta y dos
p_iezas de artillería: se enc_ar~a del plan d~ su antecesor, practica escrupulosos reconocimientos: encarga a los ingenieros
Rey~s, Robles y otros oficiales del mismo cuerpo, que se perfecc10nen las obras de for~ificación, y encomienda al capitán
de plana mayor D. Francisco Segura, que practique el reconocimiento del camino hasta el raacho de Papagallos.
.Antes de esto estaban situados los auxiliares de Nuevo
León en las lomas de .Alacranes: el coronel Draga se hallaba
en Cadereyta con una brigada de infantería, y los regimientos de caballería de Guanajuato y Lanceros de Jalisco y el
general Romero con el cuerpo de su mando estaban en Marín
a la espectativa del enemigo.
'
El capit~n ~egura, y los oficiales americanos que con
200 hombres habian pasado a practicar sus reconocimientos
se avistaron en un mismo día en Papagallos, a un cuarto d~
legua de .Alacranes, y la caballería situada en este punto
que ~uvo noticia de esto, permitió ¡ singular condescendencia'!
qu~ impune y con todo desahogo entrase el enemigo hasta el
primer punto.
Sea por los informes que del oficial mexicano recibió el
general .Ampudia, sea que las fuerzas con que contaba, en su
concepto fueran capaces de combinaciones nuevas y felices
cambió su plan proponiéndose recibir al invasor en Marín'

'

José Sotero Noriega

15

aprovechando en el tránsito su buena y numerosa caballería,
y teniendo en caso de un reves un refugio y un punto de
defensa en Monterrey. Corroboraban sus esperanzas las ventajas que ofrece el terreno de Papagallos a Marín y otras
circunstancias menos importantes.
Con el objeto de rectificar este plan, se convocó una junta
compuesta de los jefes de brigada; en ella expuso sus proyectos, y se vió que en Monterrey se contaba, además de los
cuerpos enumerados ya, con el 3o. y 4o. ligeros, 3o. de línea,
batallones activos de .Aguascalientes, Querétaro y San Luis
Potosí, de infantería; y de caballería, tercer regimiento, Guanajuato, San Luis y Jalisco. El general Mejía contestó a los
proyectos del general .Ampudia, que su brigada estaba lista
y dispuesta a ejecutar las órdenes que se le dieran; pero las
respuestas de los otros jefes de brigada, no siendo igualmente
satisfactorias, frustraron e hicieron que se desechara el plan
concebido.
Los americanos se concentraron en Cerralvo, y se disponían a dar un golpe rudo y repentino, cuando sin plan realmente nuestro ejército, reunía el general .Ampudia la junta
de defensa presidida por el jefe de estado mayor general D.
José García Conde: en ella se acordó la prosecución de las
fortificaciones de la primera línea, y que se empezaran las
de la segunda o retrincheramiento interiores, y se distribuyeron los trabajos que todos emprendieron con incansable
esfuerzo.
El día 11 de septiembre marchó el general en jefe para
1\Iarín a reconocer por sí mismo el · terreno: dispuso se reunieran en aquel punto los cuerpos de caballería; y después
de dejar sus instrucciones al general Torrejón para que las
aprovechase en las hostilidades, regresó a Monterrey el 12,
habiéndolo verificado también el coronel Draga con su brigada.
El enemigo con su actividad característica nos amagaba
desde Cerralvo, con más evidencia de una pronta salida a
cada momento.
Por nuestra parte, sin plan de operaciones verdaderamente, indecisos todos, vacilantes en los proyectos que se sospechaban, vieron el 13 reunir otra junta de jefes de brigada
para tratar aún de la defensa de la plaza. Esta junta dió
por resultado que se abandonasen las obras de fortificación
que se construían entre la Ciudadela y el cerro del Obispado,
continuándose sólo las de los dos puntos referidos y la de la

�El Sitio de Monterrey en 1864

Tenería: lo demás se redujo al interior de la ciudad; esto
ocupó una nueva división de trabajos. Lo que se perdía física
y moralmente en todas estas contradicciones, ya lo sospechará
el lector imparcial.
El enemigo emprendió su marcha el 14: las fuerzas auxiliares, después de un insignificante tiroteo, le dejaron libre
el tránsito de Alacranes a Marín. Prosiguieron el 15 los americanos: nuestras fuerzas de caballería a presencia del enemigo evacuaron el pueblo y pasaron el río, atravesándolo también aquel en su persecución basta el rancho de Aguafría,
donde acampó, precediéndole los nuestros a una prudentísima
distancia, en un lugar llamado San Francisco.
Como se ve por el anterior relato, los enemigos estaban
casi a las puertas de la ciudad; pues entonces se pensó aún
en cambiar el plan de defensa complaciendo las instancias
del general D. Simeón Ramírez, y se destruyó el reducto de
la Tenería, que ~ntes se había considerado importante.
Esta vacilación peligrosísima del general Ampudia, las
antipatías que existían entre él y los principales jefes, destruían la confianza recíproca: las amargas críticas de éstos,
y otras circunstancias que para rubor nuestro reveló después
el enemigo vencedor, auguraban un funesto porvenir en aquella plaza, por más que los esfuerzos de la población y el brillante comportamiento de casi todos los jefes, de la oficialidad subalterna y de la tropa, templasen aquel presentimiento
aciago. De todos modos, estos antecedentes creaban un estado
de incertidumbre congojoso.
Así al frente de un enemigo orgulloso con sus victorias,
en medio de los temores que producía la situación con las
noticias de nuestros escándalos en México, la noche del 15,
cuando reviviendo nuestros más .tiernos recuerdos de independencia y de familia, las músicas militares anunciaron la hora
solemne en que se proclamó nuestra existencia como nación,
todos obedecieron al sentimiento patriótico, y exaltando los
ánimos el entusiasmo, se olvidó todo, y se ansiaba el combate
como vindicación y como gloria! !
La ~añana del 16 los enemigos amanecieron en sus mismas posiciones y nuestra caballería en su observación.
La ciudad tomaba el aspecto severo e imponente de una
plaza guerrera: aquel sordo presentimiento de la lucha próxima se comenzó a sentir.
Las familias que hasta entonces no habían emigrado,
ahora abandonaban en tropel sus hogares con el terror en

José Sotero Noricga

17

los se11;blantes, vertiendo lágrimas por sus deudos, sosteniendo la Joven los pasos del trémulo anciano llevando en sus
brazos a sus hijos el padre cariñoso. Las 'escenas de dolor
de ternura, de abnegación generosa se multiplicaban por to~
das partes, y estas sufridas poblaciones que tan poco debían
a la opulenta y desdeñosa México, lo sacrificaban ahora todo
se ofrecían como expiación sublime de todos nuestros críme~
nes, para que no profanase nuestra capital el pabellón que ha
on~eado sobre el palacio de los Moctezumas.
Ese aspecto solitario de una ciudad en espera de un combate, ya lo podemos comprender los que lo hemos visto . pero
es superior a toda descripción.
'
, El 17 el ejército a11;ericano continuó sin avanzar de· Aguafria; pero cons~cuencia de sus preparativos de ataque, nuestra caballeria fue reforzada por el 7o. regimiento, a las órdenes_ ,del general Jáuregui, que marchó a incorporarse a TorreJon.

ª,

Entraron a la plaza algunas partidas de auxiliares.
El 181 entre diez y once de la mañana, entró nuestra caballer~a en la pla~a, porque el enemigo ·había ocupado a San
Francisco. Ordeno entonces el general en jefe que se situara
a la falda del cerro del Obispado.
Ese mismo día se recibió de México una conducta de
28,000 pesos, que se distribuyeron entre el ejército aliviando
un tanto sus penosas miserias.
'
A las nueve de la mañana del 19 ·nuestras avanzadas tiroteándose con el enemigo, se replegaron a la plaza y éste
se p~esenté a su frente. Resonó el toque de generala; las tropas
corrieron a las armas; los habitantes de la ciudad salían armados de sus casas, dirigiéndose entusi3:stas al lugar amagado. Las mujeres y los niños discurrían aterrados mezclando
sus gemidos y sus lloros al eco marcial de los 'clarines al
acento de los vivas, a la vocería confusa de las tropas a' los
sones festivos de las bandas de los cuerpos.
'

Avanzaron las columnas enemigas basta cerca de la Ciudadela, donde se _le~ :ecibió con alg~mos tiros _de cañón, que
n~ contest~r?n, hmitandose_ a practicar un ligero reconocinuento, ret1randose en segmda al bosque de Santo Domingo
punto distante cosa de una legua al N. de aquella plaza
donde establecieron su cuartel general.
'

y

En estos críticos momentos, y llamamos la atención sobre
esta circunstancia, se pensó todavía en otro plan de defensa,

�18

José Sotero 1\'oriega

El Sitio de Monterrey en 1864

piezas de artillería y el batallón de .Aguascalientes, marchara
con violencia a reforzar a aquella, poniéndose en combinación
con el general Torrejón para practicar las operaciones que
fuesen convenientes; pero apenas García Conde comenzaba a
disponerse a obrar, cuando recibió otra orden del general en
jefe para que con las dos piezas y el batallón regresara a la
plaza. Este último fué destacado al puente de la Purísima,
por donde atacaba fuertemente el enemigo.

mandándose reparar esa ~isma noche el reducto de la ?-'enería, ~bra que había costado más d~ un me~ ,de trab~Jo, Y
que dejó servible en pocas horas el digno capitan D. Lms Robles, con un empeño que merece este recuerdo.
De Saltillo se recibió un convoy con víveres Y ocho mil
pesos.
La mañana del 20 se supo que en la 11oche una parti~a
de caballería enemiga se había aproximado al c~r_ro del Obispado y a sus inmediaciones hecho a,lgunos prlSloneros, por
lo q~e se destacaron doscientos dragones sobre este punto,
para impedir una nueva tentativa. Los americanos ocuparon
el pueblo de Guadalupe, sobre el ca~ino d~ ~adereyta, Y s_us
partidas de caballería recorrían las rnmediaciones de_ la_ ciudad, por el Norte, con el objeto de proteger el reconocimiento
de sus ingenieros.

En este combate fué cortada la caballería de Romero, que
regresó a la plaza después por el cañón de San Pedro; y
dueños los americanos del camino del Saltillo, se lanzaron
rápidos sobre el débil destacamento situado en las lomas frente al Obispado, ganaron dos piezas e hicieron flotar su enseña
vencedora sobre nuestro fortín de la Federación.

Llegó la tarde: se vió mover una colm:nna enemiga (la
del general W orth) con varios carros y artillería, que tomó
el camino del Topo. Este movimiento indic~ba clarame~te
que llevaba por objeto posesionarse ~~l c_ammo de~ Saltillo
y c:ortarnos toda comunicación con el mtenor del pais. En la
plaza se observó aquella operación, e hizo marchar el gene~,al
en jefe la caballería que situó en el Jagüey, punto de reun~on
de los caminos del Topo y del Saltillo. En esta espectativa
pasó la noche.
El siguiente día, a las seis de la mañana, ~~ columna hostil con seis piezas emprende su marcha: ~rroJose sobre ella
nuestra caballería; al principio de aquel ligero_ combate cae
muerto el comandante de los Lanceros de Jalisco D. Jual:1
N ájera: empéñese la carga; la. dirige el comand~nte del regimiento de Guanajuato D. Mariano Moret; los cmcuenta dragones que lo siguen ya1;en ten~idos: ento0:ce~, ro,ta_ su lanza,
tirando de su espada, solo, hendo, se arroJ_a mtre~ido Y pe~sigue a los americanos hasta sobre sus_ mis~as piezas, ~etirándose en seguida tranquilo : el .enemigo ~sm~ respeto su
osadía no disparándole en su retirada un solo tiro. Cuando
volvió' a la plaza cubierto de polvo, goteando sangre su v:i,liente espada, prorrumpieron en aplausos sus ,c~maradas; f el,
con su modestia mostró que el verdadero merito es hu~ilde,
y que el heroís~o huye de la desvergüenza y de la vamdad.
Tan luego como comenzó a batirse nuestra caballería con
Ja brigada del general Worth, de ~ue ya hem?s hecho mención destinada a inter ceptar el cammo del Saltillo, el general
en j'e fe dispuso que el señor general García Conde, con dos

19

l

Cuando esto acontecía por los puntos avanzados del Poniente, se escuchaba por el N. E. un vivísimo fuego de fusilería y de artillería en los puntos de la línea del general
Mejía. El choque rudo, sostenido, desesperado, se empeñó en
el reducto de la Tenería, cuya guarnición corta, y con sólo
cuatro piezas, se multiplicaba por su heróico ardimiento. Los
ataques se redoblaban: el empuje del invasor era vehemente:
el general en jefe mandó para que nos reforzara al 3o. ligero:
el enemigo estrechaba entretanto la. obra, cuando no teníamos
ya un sólo cartucho de cañón: el asalto es evidente ; pero el
refuerzo llega: se manda al teniente coronel del 3o. ligero
que haga una salida y cargue sobre el enemigo. La voz de
armen bayoneta es contestada por mil vivas entusiastas: fórmase la columna y entonces... dicen los partes y varios testigos no desmentidos satisfactoriamente por aquel jefe, con
cuyo nombre no h emos querido manchar estos renglones, que
saliendo por la gola de la obra se arrojó al río, emprendiendo
la fuga entre los gritos de indignación y de escarnio. Por la
huída del jefe del ligero los enemigos tomaron la Tenería:
nuestros soldados se retiraron al punto del Rincón del Diablo,
a tiro de fusil de la Tenería, donde resistieron valerosamente,
distinguiéndose entre otros el teniente coronel D. Calixto Bravo y capitán de artillería Arenal, situándose por fin el general Mejía en el puente de la Purísima. Allí revivió la lucha
ensangrentada, y se prolongó tenaz y con encarnizamiento:
cuando agotadas todas las municiones, pidieron parque los
soldadoa al general Mejía, éste contestó que no se necesitaba
mientras hubiera bayonetas. Esta r espuesta se recibió con vivas de aplauso: redoblóse la energía: el enemigo por su parte
ardiente y . esforzado, combatía a la vista del mismo general
Taylor que asistía a esta lucha. Hace en fin, un impulso: nues-

�20

José Sotcro Noriega

El Sitio de Monterrey en 1864

cuenta hombres de caballería que mandaba el general Torrejón: empeñados los americanos, destacan tres columnas sobre
la obra disputada: cargan con decisión: los nuestros, agobiados por el número, retroceden en desorden, sin que pudiesen
protegerl_os las fortificaciones, que únicamente tenían fuegos
para la ciudad. Eran las cuatro de la tarde cuando el enemigJ
se apoderaba entre su algazara de júbilo de la obra. Los sol4ados en tropel, llenos de espanto, descienden y penetran al
interior de la plaza difundiendo el terror cuando salía un
tardío refuerzo del batallón de Zapadore¡¡ 'y el lo. de línea
para el Obispado!. ...

tros soldados saltan los parapetos; y como dice Tirteo exhortando a los griegos, pecho contra pecho, arma contra arma,
confudidos, frenéticos, cargan los nuestros, y sobre el terreno
que han ganado, sobre los cadáveres de nuestros enemigos,
entre el humo de su sangre impura, sube a los cielos el grito
victorioso de "Viva México".
Los yalientes que conquistaron aquel lauro a las órdenes
del general Mejía, fueron trescientos hombres de Aguasealientes y Querétaro, mandados por el teniente coronel Ferro
y comandante de batallón D. José María Herrera: el comportamiento de la artillería, al mando de D. Patricio Gutiérrez, fué brillante. Los enemigos, después de haber perdido
cerca de mil hombres en este encuentro, se retiraron al bosque
de Santo Domingo, dejando algunas piezas y un corto destacamento en la Tenería.

Nuestras comunicaciones ·con el Saltillo quedaron entonces cortadas absolutamente.
Este suceso infundió ese pavor silencioso que precede a
las derrotas; y con una que otra excepción, los jefes de los
?uerpos lo hacían sensible, contagiando al mismo general en
Jefe, del que la espedición y la energía no fueron dotes favoritas. Poseídos los directores de los negocios de los sentimientos que por pudor hemos bosquejado tan someramente se
mandó con~entrar al ejército en la línea interior, desa~paran~o todas las obras más avanzadas por el Norte, Oriente y
Pomente, y conservando sólo algunas del Sur a la orilla del
,
'
r10,
por estar a sesenta varas de la plaza principal.

Al retirarse los americanos, el general Mejía creyendo
conveniente una carga de caballería, lo manifestó · al general
en jefe, quien mandó veinte hombres: el general Mejía dijo
que aquella fuerza era corta. Entonces se ordenó al general
García Conde que, con el 3o. y el 7o. que estaban en la plaza,
cargase al enemigo por retaguardia por el rumbo de la catedral nueva. García Conde condujo los cuerpos hasta el punto
donde debían cargar: allí entró sólo en combate el 3o., que
lanceó más de cincuenta hombres de varias guerrillas enemigas, retirándose en seguida a la ciudad.

Estas disposiciones se cumplieron a las once de la noche
enmedio de un ruidoso desorden, provenido de que la trop~
rehusaba abandonar sus posiciones sin combatir. La murmuración y el descontento se manifestaban sin embozo padeciendo la moral militar lo que no es decible. Quedaro~ avanzados al Poniente y en las avenidas del cerro del Obispado
ciento cincuenta hombres; y en la Ciudadela una guarnición
de quinientos, a las órdenes del coronel Uraga.

Los trabajos de fortificación de la plaza continuaron:
el general Romero con su brigada de caballería salió de ella
con el objeto de hostilizar al enemigo.
En la madrugada del día 22 éste se apoderó del pico
occidental y más alto del cerro del Obispado, sorprendiendo
a sesenta hombres del 4o. ligero que lo defendían, contra los
pronósticos y las seguridades del señor mayor general García
Conde, quien había sostenido que era inaccesible. Los enemi•
gos subieron artillería, y rompieron sus fuegos de este punto
y del de la Federación sobre la obra del Obispado, que defendía el teniente coronel D. Francisco Berra, con doscientos
hombres y tres piezas de artillería.
El comandante mandó que saliesen algunas guerrillas
fuera de la obra: con.tiénese el enemigo: el general Ampudia
ordena que cincuenta dragones desmontados auxilien a Berra:
órden singular, porque la columna de reserva permanecía en
inacción dentro de la plaza! Nuestras guerrillas rechazan
al fin al enemigo, auxiliadas por un corto refuerzo de cin-

21

I

Amaneció el 23: se supo que las fuerzas enemigas situadas en el cerro del Obispado habían sido reforzadas considera~lemente con infantería y artillería, ocupando la Quinta de
Arista, Campo Santo y otras posiciones contiguas.
En los puntos que habíamos abandonado en la noche en
medio de un desorden espantoso, se veían muchos soldados
que se quedaron por olvido o por indolencia, ebrios disparando al aire sus fusiles, cometiendo excesos dando id~a clara
del desconcierto que comenzaba a dominar~
El general Ampudia salió de la catedral donde había
establecido su cuartel general y permanecido durante la
acción, y recorrió los atrincheramientos.

�22

El Sitio de Monterrey en 1864

En la ciudad se trabajaba con ansioso afán en las obras
emprendidas, coronando de saquillos las azoteas y aspillerando varios edificios, a la vez que el enemigo, desde la Tenería,
y las lomas del Sur, la atacaba con la batería que estableció
en el primer punto y la pieza que colocó en las lomas men. cionadas.

José Sotero Noriega

que los generales, a excepción de los que hemos mencionado
honrosamente, sufrieron con el desprecio de sus enemigos un
castigo duro y acaso merecido.
l

,,

A las tres de la mañana salió para el campo de Taylor
el coronel graduado capitán D. Francisco R. Moreno, a solicitar un parlamento de nuestra parte.
La humillación que entonces se sentía es inexplicable.
Cuántos sacrificios estériles ! Cuánta heroicidad burlada!
Cuánta cobardía impune y triunfadora!
El general Taylor suspendió las hostilidades, contestando que nuestras tropas evacuaran la plaza, jurando no tomar
las armas en lo sucesivo contra los Estados Unidos.

A la una y media de la tarde cesó el ataque, para reanimarse a las cuatro con mayor violencia. Una gruesa columna
con una pieza de artillería descendió a esa hora como una
avenida formidable del cerro del Obispado, dividiéndose en
los dos caminos que conducen de aquel punto a la ciudad.
Lo tortuoso de las calles por donde vienen los invasores impide obrar a la artillería; no obstante, se traba una lid empeñada: por ambas partes se lucha con ardor: los enemigos
emprenden horadar las casas, y penetran así hasta nuestros
atrincheramientos. Esta osadía irrita el brío de nuestras tropas, que desdeñando pelear a cubierto, trepan audaces sobre
los parapetos, y provocando al enemigo desafiaban una muerte
evidente. Este, más frío, más cauto y mañero, nos hacía un
fuego peligrosísimo por las canales y aspilleras de las casas.

Forma un vergorizoso contraste con esto lo que han dicho
los enemigos de los generales refiriéndose a Monterrey. ~osotros nos limitaremos a decir, que a los jefes y oficiales dispensaron después los vencedores distinciones ·de todo género; y

En la noche cesa el combate y arroja el enemigo algunas
bombas de la Plazuela de la Carne .
Varios de los que no hemos querido mencionar excitan
al general en jefe para que solicite una capitulación. El comandante general de artillería, que ejerció grande influencia
en todos los sucesos de Monterrey por su valimento con Ampudia, apoyó aquellas sugestiones.

A las diez de la mañana, el enemigo ocupó los puestos
abandonados la noche anterior:, a las once embiste por el Este
con decisión: generalízase el fuego y cunde ardiente hasta las
casas de la plaza principal. En esos momentos, sublime como
las heroínas de Esparta y de Roma, y bella como las deidades
protectoras que se forjaban los griegos, se presenta la Sta.
Da. María Josefa Zozaya en la casa del Sr. Garza Flores
entre los soldados que peleaban en la azotea; los alienta y
municiona; les enseña a despreciar los peligros. La hermosura
y la categoría de esta· joven le comunicaban nuevos atractivos: era necesario vencer para admirarla, o morir a sus ojos
para hacerse digno de sus sonrisa. Era una personificación
hermosa de la patria misma: era el bello ideal del heroísmo
con todos sus hechizos, con toda su tierna seducción!

.Se había mandado a la of~cialidad subalterna, de capitán
abaJo, que pelearan como simples soldados: los oficiales se
ponen la fornitura sin murmurar; toman, sus fusiles,; se establece una emulación generosa y ardiente: cada oficial quiere
disting1;1irse por su arrojo, comprando con su sangre el lauro
del valiente.

23

l

""

El general Ampudia formó una junta de los jefes de brigada y de cuerpo. Cuando la imponía de la resolución del
enemigo, se anunció que el general W ort venía a tratar con
nuestro general en jefe. Fué el general Ampudia a la entrevista. Le propuso Wort que evacuasen nuestras tropas la
ciudad, sin más garantía que la de que los oficiales sacaran
sus espadas, dejando la tropa las armas. Ampudia irritado,
y acaso arrepentido de su debilidad, protestó solemnemente,
que si no había otro acomodamiento, sucumbiría bajo los escombros de la ciudad. W ort propuso entonces que iría el
general Taylor a convenir sobre los tratados. Esta segunda
entrevista dió por resultado la capitulación, para la que fueron comisionados los generales Requema y García Conde, y
D. Manuel l\1aría del Llano: capitulación, por ironía cruel,
llamada honrosa, que consistía en que el ejército sacaría sus
armas y equipajes, una batería de seis piezas, municionadas
con veinticuatro tiros cada una, una parada de cartuchos por
plaza, dejando el resto del material; y. comprometiéndose por
su parte los americanos a no pasar de la línea de los Muertos,
Linares y Victoria, en siete semanas, en cuyo tiempo trabajarían en diligenciar la paz.
Ese mismo día, a las once de la mañana, evacuaron nuestras tropas la Ciudadela, al frente de una columna enemiga

�24

El Sitio de Monterrey en 1864

mandada por general Smith. Nuestras fuerzas arriaron la
bandera; sonó la salva de ordenanza; y nuestro pabellón cayó
abatido, tributándole los enemigos los honores de la guerra.
Las tropas de Smith tomaron posesión de aquel fuerte, tremolando su estandarte, al que saludaron victoriosos entre sus
hurras de júbilo y nuestro llanto de humillación y de dolor!
Nuestras fuerzas se alojaron en la parte Este de la ciudad,
no habiendo salvado mas que el personal y seis piezas de
artillería.
Así terminó la defensa de Monterrey. La sencilla relación de los hechos nos excusa de todo comentario: ella ratificará también el juicio de la parte sensata de la nación!
Cuando removidos los inconvenientes de una relación contemporánea, la pluma imparcial de la historia consigne este
hecho en su libro severo, habrá, refiriéndose a estos sucesos,
que relegar algunos hombres a la infamia; pero no se dirá
como hoy, en el lenguaje parcial de las pasiones, que el ejército vertió allí su ignominia en el cáliz que después ha apurado nuestra patria hasta las heces!
El día 26 salió de Monterrey para el Saltillo la la. brigada y dos cuerpos de caballería con el general en jefe: el
resto de las tropas lo hizo el siguiente día.
Cuando los habitantes de Monterrey vieron salir las últimas fuerzas mexicanas, no pudieron resolverse a quedar entre
los enemigos, y multitud de ellos, abandonando sus casas e
intereses, cargando sus hijos, y seguidos de sus mujeres, caminaban a pie tras de las tropas. Monterrey quedó convertida
en un gran cementerio. Los cadáveres insepultados, los animales muertos y corrompidos, la soledad de las calles, todo
daba un aspecto pavoroso a aquella ciudad.
Reunidas las fuerzas en el Saltillo, se aguardaban las disposiciones del gobierno, a quien por extraordinario se envió
la capitulación. En los primeros días del mes de octubre se
recibió la orden de que las tropas se retiraran a San Luis
Potosí. El ejército y el pueblo supieron -con tan honda indignación esta medida, que Ampudia se dispuso a enviar un oficial de su confianza para que impusiera de aquella circunstancia al gobierno; pero el día mismo en que el oficial salió
del Saltillo, llegaron dos comisionados con órdenes contrarias.
Esta nueva se celebró con vivo entusiasmo, mas al siguiente
día se recibió otra orden, insistiendo en la determinación
primera de que las tropas marchasen a San Luis.

José Sotero Koriega

25

Organizóse por fin la retirada por brigadas escalonadas : las escaseces hacían rayar en miseria las necesidades
del ejército, no obstante los socorros patrióticos de las poblaciones del tránsito.
Así, después de una derrota inmerecida, y de una retirada humillante y penosa, llegaron los restos de nuestras
tropas a San Luis en fines de octubre. Esos restos formaron
la base del nuevo ejército que se organizó en la misma ciudad, y que muy luego combatió con denuedo en la Angostura.

México, 20 de Junio de 1856

�Juauita Soriano

fuanita Soriano / ROMANCE DEL LLANTO DE LA

TIERRA

27

conocedor de mis huesos,
se iba formando dichoso
y en mi estructura creciendo.

¡Mi niño blanco, que vino
desde lejos!

De lejos, tras de las olas,
llegó, portando recuerdos.
Con las sonrisas y lágrimas
de mil alejados muertos.
Vivía en la sangre joven
del hombre que e-n su velero
con esperanzas y amores
me lo trajo y dejó impreso.
Intacta en el viaje largo
la sangre de sus abuelos ...
Me lo confió con ternura
en la noche de·I encuentro.
Yo lo presentí en mis venas
desde el inicial momento
en que, pasando a mi tierra,
llenó de luz mi desierto.
Durmió conmigo en el fondo
de ·mi apasionado centro,
iban sus ojos mirando
la vecindad de mi cuerpo.
Testigo de mis entrañas,
-26-

Tres días lloré, ve-ncida,
con dolor de espada adentro.
Se doblegaba mi carne,
se quebraba mi esqueleto.
Río de antiguas mujeres
sufrió en mi padecimiento,
el Ay! venía rodando
desde Eva hasta mi encuentro.
Hembras dolidas gemían
sudando con mis esfuerzos,
el grito que rompió el aire
corrió desnudo y abierto.
¡Y mi nino que partía
sin aliento!
Rodó, transparente y leve,
en tibia sangre cubierto,
sus manitas apuñadas,
su rostro serio, indefenso.
Pequeños pies, donde el paso
no hallaría su elemento,
orejas de concha nácar
donde el sonido fué muerto.
Boca que ignoró mi nombre,
y ojos cerrados. Su tiempo
llegó sin poder marcar
un instante a mi lamento.

�28

Romance del Llanto de la Tierra

Para los cinco sentidos
sus signos todos completos,
para el amor'dé la vida
el corazón puro y tierno.
Varón, como son varones,
los fuertes y los perfedos,
ternura del hijo Hombrre,
mi anhelo fué satisfecho.
Pe:ro él partió, prestamente,
l:evándose su secreto.
Bajo la altura de un árbol
duerme las nieblas del sueno.

¡Para mi niño perdido
mi adiós violento!
Mi sangre otra vez desierta
me pulsa vacío el cuerpo,
sin el regalo amoroso
que yo resguardaba adentro;
ya nunca llegará el día
del qran amor manifiesto,
donde el triunfo de la vida
daría a mi vida aliento.
En los ojos de mi amado
no hallaré goce completo,
porque no devolví en vida
la vida de su elemento.
No di la ofrenda esperada . . .
¡El niño muerto!

Juanita Soriano

20

Después del grito de mi hora
y de mis clavos de hierro,
sobre el dolor de la carne
el gran dolor del recuerdo.
Otros tres días, tres noch'.es,
sobre la angustia del ¡Quiero!
Quiero con mi cuerpo vivo,
con mi sangre y con mi espectro,
recuperar lo perdido,
tomar lo mío con celo.
Y eternamente, ya el alma,
llorando sin paz, su fuego.
¡Para la angustia de m1 ansia
no habrá consuelo!

( Del libro inédito ·'La Siembra Inútil")

�Jorge Artel

Jorge Arte! / EL

CHOCO, NUEVA VERSION

DE "EL DORADO"

Un pueblo negro en la selva.-La lucha dramática con los elementos.-EI hombre y su paisaje.

.
A L NOROESTE del istmo de Panamá,
sobre yacimientos de oro y platino, rodeada de altos y exhub:rantes bosques en los cuales abunda una insospechable variedad de maderas preciosas, se halla la región colombiana
del 9~00ó _-pobre y rica a la _vez- que bañan los dos océanos y
fertilizan mnumerables corrientes fluviales.
Pese a la leyenda de sus tesoros el Chocó es un .luO'ar
casi ignorado; Todo el mundo en Lati~oamérica, por ejem;lo,
sabe que alh se encuentran grandes riquezas inexplotadas
pero la mayoría tiene una idea bastante indefinida y vag~
de su realidad.
La selva, dramático personaje de novela, se encuentra
P:esente en todo el perímetro de la región -un total de 1.470
kilómetros- extendiendo su vaho tórrido sobre aquella atmósfera solemne, extremecida con frecuencia por fuertes lluvias
e interminables turbonadas.
Los ríos se deslizan imponentes por entre el paisaje inhóspite y agresivo, y el viajero al remontar sus aguas observa
largas filas de árboles que la centella redujo a esquemáticas
formas, cuyas ramas carbonizadas se alargan hacia el espacio
con ademán casi humano, en medio de los pocos cultivos que
escapan de torrenciales inviernos.
.
Los moradores de aquellas parcelas, gentes para quienes
e! mundo _ha quedado ~ircunscrito a la corriente viajera del
no, a la siembra mezquma y a un pedazo de cielo atiborrado
de tempestad, sólo tienen contacto con la civilización cuando
-30 -

,

31

los vaporcitos que viajan entre Cartagena y Quibdó detienen
su marcha para dejarles víveres, tabaco, gas, etc., o efectuar
algún descomplicado trueque de mercancías.
El Chocó posee dos grandes valles, que riegan los ríos
San Juan y Atrato, separados por el istmo de San Pablo, o
sean el Alto y Bajo Chocó respectivamente. Aquí el duro ceño
del paisaje se torna menos rígido y adquiere un tono atractivo, de encanto poético, fundamentalmente distinto al aspecto de gravedad que asumen la selva cerrada y los ríos solitarios.
La costa del Pacífico sirve de asiento a la serranía de
Baudó -prolongación de los Andes Occidentales- y presenta
dos referencias sumamente contradictorias: acantilada y angosta desde Cabo Corrientes hacia el norte y plana por completo desde el mismo hacia el sur, con múltiples bahías, como
las de Solano, Chirechire, Utria, Humboldt y otras. La costa
sobre el golfo de Urabá es en su mayor parte escarpada, pero
el resto bajo y accesible, dotado de seguros fondeaderos.
Tanto el Atrato como el San Juan y el Baudó, son navegables en las dos terceras partes de su curso por embarcaciones marítimas y luego por lanchas y canoas. Al primero
de estos ríos concurren las aguas de 150 tributarios y 350
arroyos, considerándosele como uno de los más caudalosos
del mundo, ya que arroja al mar un promedio de 4.900 metros
de agua por segundo y recorre una extensión de 7.550 kilómetros.
En una pequeña embarcación marítima tocó al autor de
estas líneas viajar por el río Atrato, de Cartagena a Quibdó,
la capital chocoana. Jamás se me había ocurrido pensar, ni
siquiera mediante los estímulos del cine moderno -tan rico en
recursos pirotécnicos- que pudiese haber en Colombia comarcas como esa, donde una tempestad fuera tan larga y tan intensa.
Serían las ocho de la mañana y apenas acabábamos de
entrar a las bocas del río, dejando atrás el océano, cuando
una húmeda brisa comenzó a hacerse sentir y a los pocos instantes gruesas gotas de lluvia desgajáronse sobre nosotros,
mientras el cielo se iluminaba, por segundos, con la vertiginosa
luz de los relámpagos.
Tanto las orillas, donde empezaban a incendiarse algunos
árboles bajo el fogonazo insistente de los rayos, como el cielo
turbulento, dejaron de verse por completo, envueltos en un
espeso cortinaje de agua que reducía la visión a pocos metros
de distancia.

�32

El Choco, Nueva Versión de "El Dorado"

. La lancha trema~a tomo si fuera a romperse en pedazos,,
baJo el azote de la brisa huracanada y la presión de la lluvia.
Abajo, en la cabina del motorista, sonó la campana de mando
pidiendo velocidad. Siguieron instantes de lucha verdadera
entre la nave y la corriente del río, que comenzó a imprimirle
a ~q_uella un movimiento centrífugo, como si estuviésemos
proximos por algún remolino. Casi sin ninguna visibilidad
encandilados por el fulgor de los relámpagos y oyendo eÍ
t?rbión golpear furiosamente, así permanecimos por largo
tiempo. De nuevo sonó la campana en el cuarto de máquinas. La pequeña embarcación aumentó su velocidad y fué
enderezándose hasta que al fin pudo vencer el rápido y atrabiliario impulso del río. Varias horas después el cielo se fué
aclarando y sólo una lluvia pertinaz nos acompañó durante
el resto del viaje.
Según el comentario de la tripulación, aquél era un episodio común, sin ninguna importancia, nada excepcional en
aguas chocoanas.
-9-

Comisiones de expertos, tanto del país como extranjeras
han estudiado y continúan estudiando los principales ríos cho~
coa.nos y sus ~~luentes, con el objeto de aprovechar las privilegi~das condic10nes que presentan para la comunicación, por
medio de canales, entre los dos mares, condiciones que, indudablemente, no existen en ninguna otra parte de América.
A este respecto han surgido interesantes proyectos entre
ellos los que tienden a unir el Atrato con la bahía de'Humboldt -aprovechando las aguas del Truandó- o con la de Limón, para lo cual se emplearía la corriente del Nipí.
Tales iniciativas han sido con frecuencia postergadas dentro de un impreciso aplazamiento.
Inestabilidad e incertidumbre son dos males que afectan
hondamente la agricultura del Chocó. Los campesinos se ven
precisados a cambiar constantemente el lugar de sus cultivos
!ra!ando de eludir las inundaciones que ocasionan los largo~
mviernos.
Estas penosas circunstancias dan por resultado que sólo
se pr?duzcan, en pequeña escala, algunos artículos de primera
necesidad, cacao y otros característicos del Trópico. Existe
un ingenio, que funciona en Sautatá, sobre las márgenes del
Atrato, y comprende cerca de 1.400 hectáreas cultivadas de
caña de azúcar. Su producción se envía para el consumo
casi totalmente, a los mercados de Cartagena.
'

Jorge Arte}

33

Varios aserríos hieren el silencio de los bosques con el
metálico zumbido de sus máquinas, como un testimonio del
esfuerzo humano que paso a paso va logrando conquistar
aquellas soledades. Así, pues, no por falta de tecnifica~ió1,t
completa la industria maderera deja de ser bastante activa,
contándose el caucho entre las plantas que se explotan.
La ganadería no ha salido aún de su estado incipiente,
pero es fomentada, y se celebran ferias periódicas en el municipio del Carmen, a las cuales asisten hacendados de la región y del vecino departamento de Antioquia. Estas ferias
son muy populares en el interior del país, alcanzando últimamente un auge muy significativo para el adelanto pecuario
del Chocó.
La caza y la pesca, practicadas en forma rudimentaria,
constituyen un medio de vida la mayoría de las veces.
Pero la verdadera base de la economía reside en la explotación del platino y del oro. El lecho de los ríos chocoanos
ha sido, desde épocas muy remotas, un inextinguible emporio
de tales riquezas minerales, y aunque los sistemas mineros
del campesino son hasta ahora empíricos, empresas de gran
solvencia, como la Chocó Pacífico, poseen maquinarias modernas, poderosas dragas y centros de producción de energía.
Entre estos últimos, el de Vuelta de .Andágueda, que produce
2.000 kilovatios de fuerza.
Hace ya muchos años en el Chocó se estuvo viviendo una
vida de holgura económica que sobrepasaba los límites de la
prosperidad. Debido a la fuerza d.e la costumbre, quedó allí
circulando una moneda grande de plata llamada "patacona"
cuya emisión había sido oficialmente recogida. Por lo tanto,
los comerciantes que iban hasta aquellos sectores a efectuar
sus transacciones, veíanse obligados a comprar la mayor cantidad de artículos para deshacerse de todas sus "pataconas",
lo que dió por resultado que siempre hubiera en la región
abundancia de medio circulante. Y como a ésto se agregaba
la libre explotación del oro y del platino, el crecimiento de
al riqueza se enseñoreó en toda la comarca.
Pero al ser adoptadas ciertas restricciones legales para
la minería y prohibida la circulación arbitraria de la antigua
"patacona", lo que antes fué un segundo "Dorado" pasó a
convertirse en un simple recuerdo sobre yacimientos de metales preciosos.
Hoy el Chocó, antes intendencia, es uno de los quince departamentos que forman a Colombia. Quibdó, su capital, está

�34

El Choco, Nueva \Tersión de "El Dorado"

'a 43 metros de altura sobre el nivel del mar, con una temperatura media de 29° c. y 30.250 habitantes. La región está
políticamente dividida en 13 municipios y cuenta, además,
-con otros centros de innegable importancia como Istmina,
Condoto, Riosucio y el Carmen.
Muchas virtudes distinguen al ch'ocoano, entre ellas la
hospitalidad y una gran sencillez en sus costumbres. Se educa
en admirables escuelas normales del departamento o en el
Instituto Universitario de Quibdó, para continuar luego estudios profesionales, preferentemente, en la capital de la república, Medellín o Cartagena.
El Chocó ha dado a Colombia notables escritores y políticos, algunos de los cuales han llegado a ocupar sitio prominente en las letras y en la administración de los negocios
públicos. Los chocoanos se caracterizan por una gran agilidad
~ental, su amor a las artes y su vocación para el cultivo del
espíritu.
A través de una vieja polémica, que con alguna periodicidad atrae a los historiadores y eruditos colombianos, se
!sabé que Jorge Isaacs, el célebre autor de la "María", posiblemente haya nacido en las feraces laderas del Atrato y se
hubiese trasladado muy joven a tierras vallecaucanas. Esta
tesis no ha sido comprobada y existen muchísimas reservas
al respecto. César Conto y otros valiosos nombres constituyen
asimismo un alto prestigio para las letras del Chocó.
Entre los nuevos poetas levanta su voz Higinio Garcés,
cuyo canto laureado, "Choconia", es un himno de fuerza y
de profundidad a los valores terígenos. Tomemos al azar una
estrofa:
"Todo saldrá de tí, Venus de ébano,
Eva de aceituna
que un día remontaste los inmensos ríos,
trepaste por los cerros altivos
y luego te fuiste por la cost~ra
de la cordillera y el cielo
para iluminarnos desde arriba
con el rojo resplandor de tus entrañas".
Por el mapa de los versos circulan las gruesas venas de
los ríos ~"los ríos· chocoanos qué largos son!"- y el ímpetu
.de aquella geografía híspida, con una alta expresión fatalista:

Jorge Arte!

35

"Los ríos siguen ensachándose siempre
(hacia el mar,
a llevarle nuestro barro, nuestro oro, el platino
nuestro;
a botar muy lejos pedazos de nuestra propia vida.
Así se marchan lenta y fatalmente
el Torrá, el Fatamá, el Aspavé,
las Azules Mojarras.
Adiós cerros dorados,
encantados púlpitos en donde se congeló
el angustiado grito de una raza".
Las ciudades chocoanas realmente limitan con la selva.
Contra nuestra mirada, interfiriendo -bruscos- el paisaje, encontraremos siempre los obscuros y altos árboles vigilando
las Yentanas que dan sobre el río, en la casa de tambo, cuya
parte posterior sostienen empinados pilares de madera. Al
transitar por las calles veremos cómo se avecina hasta allí
un aire vegetal, en la hoja inmensa de gran vitalidad que
asoma su rostro verde a nuestro paso.
El hombre sostiene una brega heróica con el medio, no
sólo alla en los montes llenos de peligro, donde tiene que defender su vida y sus plantíos, sino también en la zona civilizada. Bajo la superficie pugnan por reventar de nuevo las
tercas raíces de aquellos que una vez fueron agrestes matorrales, como si la voracidad de la selva no hubiera cedido por
completo al arrastre del progreso. En el magnífico museo de
la Escuela Normal de Quibdó me fueron mostrados 30 ejemplares de serpientes, todas venenosas, cazadas en el propio
patio de la escuela.
Como producto de su lucha distinguen al chocoano un
temperamento laborioso y acendrado afán de superación, buscando en el propio recurso las fórmulas para realizar su
destino. Los centros urbanos muestran relativo movimiento
mercantil, cierta inquietud espiritual muy espontánea, cierta
alegría del ánimo nada turística llamémosla de esta manera
puesto que. procede del nativo con remisión a sí mismo, y una
franqueza que armoniza en todo con aquel panorama donde
se siente vibrar el peso de la naturaleza.
Fiel a su ideal humano, estimulado por la hostilidad física del ambiente, el hombre del Chocó t!ene casi resueltos los

�36

El Choco, ~neva Versión de "El Dorado"

principales problemas · de la educación pública y es una de
los pueblos de Colombia donde con más eficacia marchan las
actividades de aquella índole.
En el campo de las especializaciones se han logrado apreciables conquistas y cada año las principales universidades
del país entregan al departamento un buen equipo de agrónomos, ingenieros civiles, médicos t'lSpecialistas en enfermedades
tropicales, ar;quitectos, etc.
Pero la falta de un ambicioso programa de acción ejecutiva, para incrementar el desarrollo seccional en todos sus
aspectos, no ha permitido aún a los chocoanos beneficiarse
enteramente con el aporte técnico de estos profesionales, quienes con frecuencia se ven precisados a ejercer sus oficios en
otros centros más importantes de la república.
En cuanto a vías de comunicación, cuenta el Chocó con
las correspondientes a los dos océanos, transitables por barcos y lanchas; las fluviales, recorridas por barcos, lanchas y
canoas -según su caudal- y dos carreteras que rinden un extraordinario servicio : la que vincula a Quibdó con el departamento de Antioquia y otra que los une con Istmina y Cértigue. Diferentes caminos de herradura comunican las hoyas
hidrográficas y, desde los comienzos de la aviación en Colombia, se halla impla!!-tado el sistema de tránsito aéreo, con dos
respectivos aeropuertos en Quibdó e Istmina.
Como núcleo negro dónde apenas viven unas cuantas fa.
milias blancas, el Chocó heredó interesantes patrimonios folklóricos correlativos a los conglomerados negros de ambas
costas colombianas, sobre todo en los ritos funerarios, clásicas
supervivencias del Africa.

-------i

El "currulao", que aún se baila entre los negros de Buenaventura, cercano puerto del Valle del Cauca sobre el Pacífico, ha comenzado a desaparecer en tierras chocoanas. Aunque todavía pueden verse, de vez en cuando, dos hileras -una
de hombres y otra de mujeres- frente a frente, repitiendo de
izquierda a derecha, y viceversa, el ejercicio de la danza. Esta es iniciada por los hombres con intención de asedio, que
más tarde es correspondido por las mujeres. Siete tambores
de voces y ejecución distintas, una marimba de madera rústica, dos cantantes -que entremezclan sus melodías en distintas tonalidades- las cuales ascienden y bajan en forma sorpresiva, y un guache o calabaza, constituyen el conjunto
típico a cuyo compás bailan las parejas, sin pantomimas ni
genuflexiones exageradas. La resonancia de las voces y de

Jorge Artel

37

los instrumentos es ensordecedora y logra sobrecoger los espíritus, como un trueno interminable que nos condujera del desconcierto al vértigo. No obstante ser las copias del "currulao"
cantadas en español, sin duda sus antecedencias se encuentran
en los antifonarios africanos, pero muy especialmente en las
melodías vocales de los pigmeos del centro del Africa que
según ciertos folkloristas, entre ellos el P. Trilles, están ca~
racterizadas por notables yuxtaposiciones de tonalidades.
André Gide -citado por don Fernando Ortiz- recuerda
después de haber oído un coro negro: "Era como tratar d~
encontrar una línea principal en un diseño de muchísimas y
finas líneas...." Además, dice el propio Ortiz: "El típico canto africano -por su raigambre mágico-religiosa- requiere casi
siempre una emoción que va en crescendo y acelerando hasta
el éxtasis y luego decrece, va rallentando lánguidamente, ya
exhausta la fuerza emocional que lo vitaliza". Exactamente
pasa en el "currulao".
En relación con los ritos funerarios, se conserva los "velorios cantados" de los niños y los cortejos fluviales, habiendo
desaparecido casi por completo las prácticas que se ejercitaban cuando moría un adulto. Estas muchas veces se asemejaban a las tradiciones de la Costa de Oro, donde el culto de
los antepasados, por medio de ceremonias fúnebres, constituyen uno de los rasgos más sobresalientes de aquellas colectividades.
Al morir un niño en el Chocó varias personas cantan durante la noche junto a su ferétro, en ocasiones acompañadas
por alguien que toca un tambor. Se cantan coplas que ya
son, digámoslo así, litúrgicas, las cuales los concurrentes ya
saben de memoria, y se toma licor y café. Luego, si el deceso
ha ocurrido en algún caserío donde no hay cementerio, a la
noche siguiente se lleva a cabo un cortejo fluvial de muchos
botes, iluminados con lámparas de gas, yendo a dejar el cadáver en medio del mayor silencio. Todo hace pensar que las
raíces de este rito estén en el Africa, entre cuyas tribus el
acto de dar la sepultura aparece envuelto en raros ceremoniales, siendo uno de ellos el citado cortejo fluvial.
Y es curioso observar que los "velorios cantados" de los
niños existen lo mismo en el Chocó que en otras parte de
.América donde hay tradiciones folklóricas negras. En Palenque, pueblo negro del departamento de Bolívar, Colombia, las
ceremonias atinentes a estos velorios comienzan desde que el
niño muere, convirtiéndose en una auténtica revista de cantos

�38

El Choco, Nueva Versión de "El Dorado"

negros, en dialecto palenquero, los cuales no han tenido, hasta
ahora, versión al español.
El cortejo fluvial suele encontrarse también entre los
negros de las Guayanas, a quienes Arthui' Ramos supone Bush
Negroes, fundándose su hipótesis en un artículo de Euclides
Santos Moreira, médico del ejército brasilero, sobre la vida y
costumbre de los negros de Saramacás.
Igualmente se dan casos de sincronismo cultural en el
Chocó. Los nombres de algunos santos católicos han sufrido
el respectivo cambio en los dialectos ancestrales.
La vecindad con Panamá ejerce una notoria influencia
tantos en los bailes como en la música del Chocó. Y así vemos que ésta suele tener ciertos giros similares a los de la
"mejorana" o. la "décima" del interior istmeño.
El tiempo ha contribuído a cierta desfiguración en varias
costumbres, dichos populares, leyendas y reminiscencias propias del ingrediente étnico africano. Una de estas expresiones
folklóricas, hoy completamente desaparecidas, es la "paletada"
con gue los bogas hablaban a distancia, en la noche, mediante
cierto golpe rítmico de su canalete sobre las aguas del río.
Entre los pocos rasgos que perviven en la música popular
figura el dialoguismo, o sea una especie de duelo sostenido
por improvisadores de cuartetas y décimas durante las fiestas
típicas. En el "Cancionero Antioqueño" del Dr. Antonio José
Restrepo figuran muchas coplas oídas desde tiempos inmemoriales en tierras chocoanas. Pero la tradición viajera del folklore hace muy difícil todo intento de clarificación al respecto,
tanto más cuando se trata de pueblos colindantes.
Es una verdadera lástima que el Chocó no figure entre
los conglomerados que estudio Arthur Ramos en,su libro "Las
culturas negras en el Nuevo Mundo", donde no hay ninguna
alusión a Colombia de importancia.
Acaso valga la pena investigar si la existencia de los
negros cautivos, encontrados por Vasco Núñez de Balboa en
Panamá -según el historiador Gomara adquiridos por los cuarecas del Istmo en "tierras lejanas"- tiene algún nexo con los
pobladores autóctonos del Chocó. Sería una clave muy importante en el estudio sobre los remotos orígenes de nuestra
América. Carlos Cuervo Márquez, etnógrafo y arqueólogo colombiano, asegura haber recogido entre las tribus del golfo
de Urabá la versión de que "cuando por primera vez llegaron
sus antepasados, esa comarca estaba ocupada por hombres
pequeños y negros que luego se retiraron a los bosques".

Jo1•ge Al'tel

r

39

Se han escrito muchos ensayos, novelas y estudios técnicos sobre la región del Chocó, pueblo empeñado en dura
lucha de progreso, siempre batallando contra los rigores de
la naturaleza y vinculándose cada vez más a la vida nacional
colombiana. Es una actitud de autodefensa, en oposición a
la sombra de leyenda que envuelve sus rutas, su paisaje y su
nombre.

�Myrou l. Lichtblau

Myron 1 Lichtb/au / NOVELISTA

Y ENSAYISTA:

DOS PERFILES DE EDUARDO MALLEA

QUE existe un pacenteseo innegable
entre el ensayo Historia de una pasión argentina y la novela
La bahía de silencio, de Eduardo Mallea, ya se ha señalado
de un modo general. Hace falta precisar esta afinidad, explicarla con más detenimiento, analizarla más en detalle. La
naturaleza exacta de este parentesco1 lleva mucha importancia por ser las dos obras expresiones fundamentales de la
ideología de Mallea, así como altos valores de la literatura
argentina moderna. En 1937 se publicó el ensayo, íntimo, doloroso, emocionante; tres años más tarde, la novela, que todavía queda la más famosa del autor. 2 La bahía de silencio
resultó en gran medida una versión novelada del ensayo, una
obra en que la parte autobiográfica se manifiesta no tanto
en una forma exterior y anecdótica, como en un concepto muy
hondo, muy apasionado, de gran intensidad de sentimiento.
Historia de una pasión argentina es un documento humano de un alma descontenta, entristecida, atormentada por la
vista de una Argentina imperfecta y doliente, de una .Argentina que no es lo que debe. ser. Esta constante preocupación
y aflicción, esta tremenda angustia, forma el telón de fondo
de los trece capítiulos de que se compone el ensayo-capítulos
que trazan la formación y expresión de su espíritu fino y sensible. Todo esto se traslada a las páginas de La bahía de silencio, donde Martín Tregua, en el papel de narrador y protagonista de la novela, representa cabalmente a Mallea mismo, más aún, a Mallea como autor acongojado de Historia de
una pasión argentina. Además, la narración en primera persona que hace Tregua depara una nota íntima y desgarradora,
que se aproxima en intensidad emocional a la que se halla
en el ensayo.
-40-

41

En Historia de una pasión argentina Mallea expone su
concepto de las dos Argentinas-una visible y la otra invisible. Concepto básico en el ensayo, se repite muchas veces
como elemento temático bajo distintos puntos de enfoque.
Para Mallea, la .Argentina visible no abarca más que lo puramente externo, lo superficial, lo material, la manifestación
poco deseada de un modo de vivir estéril y falso. Esta es la
.Argentina que se muestra al mundo, pero que debe ser destruída en favor de la otra-la Argentina invisible. .Aquí tenemos el país en sus elementos auténticos, propios, en su
carácter noble y sensible, en la condición que no se advierte
fácilmente porque la otra Argentina ostentosa y hueca lo
ahoga. Lo esencial de esta idea tiene expresión en La bahía
de silencio con las palabras simbólicas sayal y purpura,3 que
para Tregua representan respectivamente lo que anhela y lo
que desprecia. Así el grupo de jóvenes escritores idealistas
-que incluye Tregua y sus dos compañeros de pensión-grita en unisón: " 6Cuándo vendrá a la superficie el país profundo, el sano, el que existe puesto que creemos en él 1''4 Sí, ellos
se niegan a aceptar el brillo, el fasto, en fin la púrpura, lo
visible, como indicio del espíritu verdadero de su nación. Más
bien, ponen su fe en lo que yace latente debajo de esta púrpura-el sayal, en que hay valores más importantes y perdurables y de substancia más digna.
Ni Mallea en el ensayo, ni Martín Tregua como protagonista de la novela, han adquirido sus sentimientos e ideas
tocante a la Argentina de una manera casual o somera. Antes
bien, sus pasiones, pensamientos, odios, gustos, que constituyen un elemento tan intrínseco en 1as dos obras, son fruto de
un período arduo de desarrollo, de gestación y asimilación,
de observación y reflexión sobre cuanto los rodea. Este procedimientos de cultivo espiritual y emocional se revela a través de sus años de juventud, sus esfuerzos literarios, sus lecturas, viajes, y conversaciones, en fin mediante su contacto
cotidiano con el mundo a su alrededor.
Respecto de este procedimiento se pueden citar numerosos puntos paralelos en las dos obras. Mallea nos dice en el
ensayo que nació y pasó sus primeros años en la región árida
y Yentosa de Bahía Blanca, de ambiente cruel y poco agradable para vivir.5 Martín Tregua vivió sus años juveniles en
Río Negro, territorio al sur de la provincia de Buenos Aires,
no muy lejos de Bahía Blanca. El recuerdo amoroso que guarda i\Iallea de su padre, a quien admiró sobremanera por sus
cualidades morales, se invoca de nuevo en La bahía de silencio
cuando habla Tregua con devoción y respeto de aquel hombre

�42

K ovelista y Ensayista : Dos Perfiles de Eduardo l\Iallea

con qtlien solía pasar tantas horas inolvidables.6 Dejaron los
dos sus pueblos natales para ubicarse en Buenos Aires, donde
empezaron el estudio de leyes. El contraste entre el medio
sosegado y modesto que conocían anteriormente y el medio
agitado e incompasivo de la gran capital, se imprimió hondamente en sus espíritus sensibles. Tímidos, inseguros, el ambiente venal de la metrópoli los abrumaba, hasta les infundía
miedo, a medida que sentían su tremenda fuerza vital que
acaparaba en sumo grado la vida del país. "Vivo en la urbe
horas de admiración transida ante el espectáculo de una Babilonia que conserva la forma de la llanura en medio de su
acre pu.ianza y de su riqueza casi brutal", dice Mallea en el
ensayo -7 en tanto que Tregua declara en el mismo tono de
reproche: "En su cruel, acerada entraña, Buenos Aires oculta
obstinadamente sus yacimientos más complejos y más originales."8
En la Facultad de Derecho dr Buenos Aires Mallea sentía un enorme descontento y desilusión, producidos en g-ran
parte por lo que él consideraba la falta de dedicación de muchos profesores y por el carácter pusilánime de otros ~a1:1t?s.
Acusaciones fuertes sin duda exageradas y basadas en Jmc1os
personales, pero pr¿fundamente sentidas por Mallea. Lo triste él afirma es que algunos de estos profesores a veces llea~n a puest~s altos en el estado, levantando "sobre tantas
~abezas de buena voluntad sn perspicar.ia cínica de medradores, demagogos, y políticos".9 Se repite en la novela este
desengaño, cuya culminación ocurre cuando Treg~a y su compañero Anselmi resolvieron ,abandonar ~u~ estudios de derecho porque la enseñanza fria y pragmat1ca de la Facultad
estaba en desacuerdo con su mentalidad artística e idealista.
De manera que podían entregarse por completo a sus tareas
literarias, que les interesaban mucho más y que les proporcionaban mayor satisfacción interior.
Mallea conoce bien su país. Lo conoce en sus diversas
· regiones y en sus distintas modalidades de vivir, ~n sus numerosos matices de sentir y de actuar. A pesar de ciertos rasgos
de soñador y de idealista, el Mallea de Historia. de una pasión
argentina no es un pensador estrechamente encerrado en su
cuarto solitario, sin visión ni conocimientos amplios del mundo. No, su mundo es extenso; y bien que sus sueños y esperanzas, sus anhelos y aspiraciones, quedan frustrados y apl~stados, él sigue afrontando con vigor los problemas de su tierra. Quería tocar su país, palparlo en todas sus formas, Y
para este fin observaba al pueblo en su trabajo, en sus negocios, en sus diversiones. Caminaba por las calles de Buenos

)Iyrou l. Lichtblau

43

Aires sentía el vaivén del mundo vanidoso que quería cambiar ~onversaba con la gente en las veredas y en los tranvías.
'
.
Experiencia
imprescindible y orientación sana para e1 Joven
Mallea, que lo crea todo de nuevo por boca de Martín Tregua
en páginas desconsoladas de confesión íntima.
"Mutismo interior" es lo que nota tristemente ~Lallea al
apuntar sus impresiones de la capital. Es dceir, que detrás
del bullicio y desenvoltura externos hay un silencio doloroso
y una reserva sombría que parecen dominar la gente porteña
en su ambiente de valores falsos. Este mismo Buenos Aires
silencioso, este mutismo, lo observa también Tregua, que además ve una uniformidad inquietante y una falta de individualidad entre la gente de la capital. Cada persona oculta
su ser verdadero bajo una capa de pretensiones arrogantes,
y así todos se acurrucan en carácter de anónimos dentro de
su medio artificial. Sí, cada uno se parece al otro-"todos
blancos de silencio e interior desierto."1º
El inmigrante en la Argentina forma parte numerosa de
la población, sobre todo de Buenos Aires, y por los años ha
contribuído mucho al desarrollo económico y social de la nación. Mallea no niega este papel útil, pero a la vez censura
la clase de inmigrante que se ha valido de las oportunidades
ofrecidas en la Argentina sin incorporarse espiritual ni culturalmente en la vida del país. Una aspiración dP. puro materialismo, una comodidad física, era lo que impulsaba a muchos inmigrantes, venidos de tierras de opresión política, de
hambre, y de temor. Condición triste ! lamentable, de_bida. ~n
gran medida, según Mallea, al mal eJemplo y peor d1recc1011
de los propios argentinos, que no cumplían adecuadamente
su responsabilidad de guiar a los recién llegados conforme. a
los concrptos más tradicionales y apreciables de la patria.
Refiriéndose a este punto, el autor dice:
Esos hombres constituían un material humano plástico. ¿Pero quién, cómo iba a darles
aquel orden? ¿ Cuál iba a ser la matriz capaz
de plasmarlos, de darles una forma total, de
imponerles una gestación adecuada a la forma,
no de un mero destino material, sino de un
destino en que lo espiritual y lo económico
lograran la misma unidad viviente, el mismo
orden ?11
Mallea trata esta cuestión. de nuevo en La bahía de silencio, pero en una forma mucho más vehemente. Para Tregua, la mujer a quien dirige su narración12 representa la

�44

Novelista y Ensa)·ista: Dos Perfiles de Eduardo Mallea

vida digna, noble, a que todos los arg-entinos deben aspirar,
así como "uua fe en la calidad señorial de la vieja Argentina,
un desprecio por los recién llegados... " 13 Sin temor a una
mala interpretación, podemos limitar la referencia a "los reción llegados", aplicándola sólo a aquellos que por su con"lucta e i~eología se aferraban a los valores utilitarios y
vanos. Opma Tregua que lo viejo, lo tradicional, lo estable.
en su función de haber aportado el honor y la dignidad a la
historia argentina, se contrapone a lo nuevo, y a lo moderno,
a lo de afuera. que ha traído r,onsigo tantos trastornos sociales y morales en el siglo veinte. .Así se expresa su sentimiento, anti~ético_: por. un lado, elogio del alma criolla que
rechazo las mvas1ones mglesas y derrotó el dominio español·
por el otro, ~eprobación del inmigrante oportunista. Respect~
de Buenos Aires, Tregua exclama: "En su origen había gloria
y su perímetrb primitivo y colonial, antes del advenimiento
de la horda extranjera, era glorioso, sobrio y di{)'no como el
rostro de la joven historia del país".14
"'
l\Iallea emprendió un viaje a Europa para ensanchar sus
intereses culturales, así como para observar y conocer otro
mundo y avaluarlo con relación a su propio país. Días de
inspiracióh intelectual y espiritual, días' de sensaciones estéticas transcurridos en .Amsterdam, Bruselas, Roma, París, Londres. Pero al mismo tiempo, al lado de esas grandezas culturales, l\fallea tenía a la vista, en los territorios de dictadura y de violencia, la degradación de la dignidad humana
y la sujeción de la conciencia indiviual. Y al regresar, su
propia América relució más digna, más rica, más llena de
esperanza· de un gran porvenir.
El tema de Europa vuelve a aparecer en La bahía de
silencio, ocupando una de las tres secciones de que se divide
la novela. Terminada la publicación de su revista Basta por
falta de apoyo público, Tregua decidió visitar a Europa.
Experimentaba tremenda exaltación al contemplar la riqueza
curtural de ese continente pero su contacto· personal con algunos desdichados, en particular con su amigo de Bruselas (Ferrier), le hizo pensar en la universalidad del sufrimiento humano. Después de algún tiempo en Europa, sentía la necesidad urgente de volver a su país, pues, "era mi carne, la raíz
de mi carne, la tierra carnal, lo que me llamaba. Y o no podía
andar, no podía dormir, no podía continuar sin oír esa apela.,
c10n.
. . ."15 En f.m, podemos preguntanos: ¿No sirvió todo

~lyron l. Lichtblau

..

45

el viaje del protagonista a Europa, con los variad9s acontecimientos allí, principalmente para impregnarle con más fe en
su patria, con más devoción y con más amor, a pesar de sus
imperfecciones y debilidades 9
Lo que sienten y piensan los extranjeros acerca de la
.Argentina no puede menos de interesarle a M:allea. Poco
entendimiento, ignorancia, nociones falsas y exageradas, y
falta general de interés por el destino de la Argentina-todo
-esto lo nota Mallea con profunda tristeza. En Historia de
una pasión argentina lamenta que los extranjeros no hayan
llegado a una comprensión verdadera de lo esencial de su
nación, que sólo la hayan comprendido superficialmente. Dice
Mallea: " ... lo que ellos aprehendían aquí con sus instrumentos meramente lógicos no eran sino circunstancias pragmáticas, modos de ser exteriores, sin interés, anodinos." 16 Veamos
la analogía en la novela. Martín Tregua, en Bruselas, sentía
nostalgia y deseaba ponerse al tanto de la vida de su país.
Cosa difícil, pues los periódicos de aquella ciudad asignaban
a una posición secundaria los sucesos acaecidos en la .Argentina. Muchas veces las noticias dadas sobre la .Argentina eran
falsas y representaban el país "como algo tan indefinido, irreal
y confuso como el eco de algún drama pasional ocurrido en
un punto ignorado del globo y del que se desconocieran con
precisión hasta los personajes y las circunstancias."17 También, poco antes de salir de Bruselas, Tregua trataba de explicar a un grupo representativo de europeos el espíritu de la
nueva Argentina que, él esperaba, se forjaría en el futuro.
Pero su empeño era en b_;i.lde ; era· imposible hacerlos comprender.
Mallea narra en el ensayo cómo hizo una valuación de
sí mismo al regresar a la Argentina. Examinó su conciencia,
contempló su vida en su totalidad, juzgó sus esfuerzos, sus
éxitos y sus fracasos, en fin hizo el papel de severo crítico de
sus propios actos. Lo que observó a raíz de este análisis, lo
que descubrió, distaba mucho de lo que pretendía ser. Necesitaba purgarse, renovarse en la imagen de un hombre digno
de la nueva Argentina. "De modo que resolví hacer tabla
rasa conmigo mismo, hacer recapitulación, decirme que no
soy nada, absolutamente nada, no he hecho nada, absolutamente nada. Soy la nulidad misma. La nulidad llena de nociones."18 Resolución extravagante, pero hondamente expresada
por un patriota que anhela perfeccionar su país empezando
por la perfección de su propia persona.

�46

Novclista y Ensayista : Dos Perfiles de Eduardo Mallea

La nulidad, la impotencia, la ineficacia, las sentía también Tregua, que expresó esta actitud emocional en varias
ocasiones en La bahía de silencio. Así, le agobiaba una tremenda desesperación al sentirse incapaz de obrar por el bien
de los jóvenes noble de la nueva generación-por esos jóvenes que se mostraban en consonancia con los principios a
que él aspiraba. "Me daban ganas de hacer algo por ellos;
ipero qué podía hacer yo, pobre trabajador de sobresaltos y
de letras, simple ejecutante de personales exaltaciones !"19
Asimismo, cuando Tregua supo que "su mujer ideal" perdió
a su hijo en un accidente, quería ayudarla, consolarla, serle
útil en esa hora trágica. Pero se sentía ineficaz; y echando
una mirada retrospectiva a su vida, exclamó : "M:i vida era
un desastre. Lo único aceptable de mi vida era una confianza,
una fe, una creencia increíble en la humanidad nueva." 20
El hombre nuevo que anteve Mallea en su ensayo tiene
su manifestación en la novela en el personaje ficticio de Juan
.Argentino, creación de Tregua para su gran obra entitulada
Las cuarenta noches de Juan Argentino. La ciudad, la pampa, el porteño, el gaucho-la obra va a representarlo todo en
sus valores más arraigados y significativos. En fin, Juan
Argentino será la renovación deseada del prototipo nacional,
el hombre capaz de convertir la patria materialista y altanera
en un país espiritualmente fuerte y moralmente recto.
La novela termina con una profesión de fe elocuentemente afirmada por Tregua-la misma fe y confianza y esperanza
expresadas por Mallea en el último capítulo del ensayo.21
Los idealistas y los visionarios, hombres como Anselmi y Jiménez, no han sido derrotados, opina Tregua, ni tampoco se
han apoderado del país permanentemente los males que afligen su patria. Estos jóvenes y otros millares de la misma
fuerza moral sólo aguardan ansiosamente la venida de días
más propicios, cuando puedan cumplirse sus sueños y aspiraciones. Esperan a la bahía, "a esa bahía donde concentran
su silencio y donde su fruto se prepara sin miedo a la tormenta, el ciclón, el vil tiempo." 22 Tregua dirige esas palabras
a "su mujer ideal"; casi igual pensamiento apare~e al fin del
ensayo, donde .Mallea, en un tributo conmovedor al pueblo
argentino, dice: "Tu silencio es una pausa honda, no muerte,
no desaparición___ La pausa de la reflexión dramática del
que vela antes del alba." 23

47

~lyron l. Lichtblan

gran perturbación política e internacional por su actitud indecisa a principios de la segunda gu~rra mundi~l. Después, tu~o
que aguantar, durante casi una decada, la dictadura peromsta, con sus doctrinas engañadoras de justicialismo, peronismo,
y la llamada tercera posición. La volutad del pueblo derrum.bó esta tiranía y en momentos actuales la Argentina disfruta
de la libertad y la democracia. La generación de Mallea,
ya hombres maduros, tal vez percibe en la presidencia de
Arturo Frondizi y en el gobierno que lo rodea una época
de grandeza para su país. Y acaso Mallea, que empleó su
talento literario en Historia de una pasión argentina y en
La bahía de silencio para sondar el alma de su patria, por
fin encontrará la Argentina que tanto desea.

NOTAS:
1.- Los puntos de contacto en Hlstorla de una pasión argentina Y La ba-

hía de silencio forman un núcleo pequeño pero slgnlfice.nte del pensar y sent.ir de Mallea. Son elementos básicos de su vida los que ha
repetido y recalcado en
novela. Por eso, las. zonas de semejanza
muy raras veces son triviales o superficie.les; mas bien, son serlas e
íntimamente encadenadas con su o!lcio de novelista y filósofo, Y con
su valor de hombre.

,a

2.- Las primeras novelas de Mallea son Nocturno europeo (1936) y Fiesta

en noviembre (1938). Pero su gran !ama dentro de la ficción argentina data de la aparición de La bahia de silencio en 1940. Desde esa
fecha han venido de su pluma las novelas siguientes: Todo verdor
perecerá (1941), Las águilas (1943), Los enemigos del alma (1950),
La torre (1950), Chaves (1953), Slmbad (1957).
3.- Es de notarse que otro libro de ensayos de Me.llea lleva el titulo de
Sayal y púrpura (1941).

4 _ Eduardo Mallea, La bahia de silencio (Buenos Aires: Editorial Sud. americana, 1950) , p. 42. Esta es la edición que siempre citamos en
este estudio.
5.- La adustez y la 11,temperle de esta reglón de Argentina forman el

fondo de su novela Toclo verdor perecerá.
6.-- La bahía ele silencio, p. 17.

7 _ Eduardo Mallea, Historia , de una pasión argentina (Buenos Aires:
· Espasa-Calpe Argentina, 1944), p. 40.. Esta edición es la que siempre se cita para las referencias que siguen.
8.- La bahía de silencio, p. 70.
9.- Historia de una pasión argentina, p. 47.

El mundo ha pasado por años tumultosos desde la época
(1937-1940) en que Mallea publicó su Historia de una pasión
argentina y La bahía de silencio. La AI"gentina misma sufrió

10.- La bal1ia de silencio, p. \¡1,
11.- Historia de una pasión argentina, p. 69.

�48

~ovcli~ta y Ensayista: Dos Perfiles de Eduardo Mallea

12.- Tendremos ocasión dos veces- más en este trabajo de mencionar a

esta mujer, que juega un papel tan Importante en la obra. Ella
queda anónima por toda la novela y no participa en la acción sino
por las referencias de Tregua. Seria conveniente, por eso, referirse
a ella de alguna manera precisa. Así, he preferido la frase "su mujer ideal" al hablar de ella en adelante.
13.-

14 .- Ibld., p. 395.

16.- Historia 1le una pasión argentina, p. 104.

La babia de sllenclo, p. 276.

18.- Historia de una pasión argentina, p. 176.
19.-

INDIGENA

La bahía lle silencio, p. 561.

15.- Ibid., p. 384.

17.-

Pedro Vil/a/ EFIGIE

La babia lle silencio, p. 226.

20.- Jbld., p. 564.
21.- Este capitulo lleva el titulo de "La exaltación de la vida".

22.- J..a bahía de silencio, p. 566.

Arrimado a un tronco seco,
y perdida la mirada,
pasa las horas el indio;
pasan días, pasan semanas
- y sigue
.
y meses y anos,
mirando hacia la montaña
que le cierra el horizonte
como gigante muralla.

23.- Historia lle una pasión argentina, p. 185.
Universidad de Indiana, EE. UU.

Entre hierbajos y piedras
triscan sus huesudas cabras,
sus cuernos de Lúcifer,
libidosa la mirada,
hecha de deseo y de fuego
y de una inquietud aciaga.
La llanura pedregosa
bajo el sol de la mañana
parece que parpadea,
y en sus vaporosas alas,
que se agita levemente
por el calor torturada.
El indio sigue mirando
la nebulosa distancia
como si en el infinito
la nada le hipnotizara,
o como si allá muy lejos,
entre el cielo y la montaña,
-

4!} -

�.r.o

el fantasma del pasado
de su enigmática raza
en el cendal de la bruma
silencioso se elevara.
¡Qué es lo que piensa aquel indio,
soñolienta la mirada,
inconsciente de los años,
los meses y semanas,
y que parece esculpido
del granito de su raza!
Sus ojos miran sin ver
la cercanía o la distancia,
ciegos al -mundo de fuera
sin que reflejen e·I alma ...
El indio sueña despierto,
el indio no piensa nada.
En el ardoroso yermo
triscan las huesudas cabras ...

Efigie Indígena

Dr. Agustín Basaye Fdez. del Valle / FUNDAMF,NTO

Y

ESENCIA DE LA VERDAD
Sumario: 1.-¿ Qué es la verdad?.2.-Fundamentación de la Verdad.3.-El sentido de la Verdad.-4.-La
Verdad Mundana participa de la
Verdad · Eterna.- 5.-Verdad y Convivencia.

I
¿ Qué es la Verdad?

es la esencia de la verdad?
Ordinariamente se entiende por verdad lo real. Decimos, por
ejemplo, que "fulano" es un verdadero amigo, indicando que
se trata de un amigo real, auténtico. La definición tradicional de la verdad: "veritas est adaequatio rei et intellectus",
o, mejor aún: "veritas est adaequatio intellectus ad rem" (la
verdad es la adecuación del conocimiento con la cosa), entraña un sentido de conformidad, de c.oncordancia. Lo contrario a la verad -lo falso- es la falta de concordancia del
enunciado con la cosa. Un juicio es falso cuando no presenta
a la cosa tal como es. Pero aún en los juicios falsos hay
elementos verdaderos. Si digo, vbg. : "los alemanes son latinos", digo seguramente algo falso, pero es al menos verdad
que existen los alemanes y que ciertos hombres son latinos.
Un pensamiento que no se identificase con ninguna cosa, sería
imposible, nada en el orden del pensamiento. Por eso se ha
dicho que una verdad está supuesta siempre en el error.
El hombre no podría vivir, si no tuviese la convicción de
que sus facultades cognoscitivas le llevan a la verdad. Sería
imposible obrar o abstenerse de obrar. Indudablemente la
razón alcanza con certeza plena las verdades más elevadas
del orden natural. Y ello es así, porque lo que es, es lo que
-51-

�Dr. Agustín Basave Fernández del Valle

52

53

Fundamento y Esencia de la Verdad

causa en nuestro espíritu la verdad. Para ser plenamente
escéptico habría que convertirse en vegetal. Es claro que al
afirmar la veracidad de :rmestras facultades cognoscitivas
estamos muy lejos de caer en el error, por exceso, del racionalismo. Nuestra razón alcanza la verdad no sin dificultad
y a condición de someterse a una disciplina externa a ella.
Heidegger ha formulado el carácter ontológico fundamental del problema de la verdad, retornando a la aurora
del pensamiento griego: la verdad es descubrimiento, revelación del ser de lo existente. De esta verdad original y
esencial, surge, como degradación, la relación de adecuación
de la verdad lógica. Antes de todo predicado, está el estado
manifiesto de lo existente, al ponerse al descubierto. La verdad de la proposición echa sus raíces en una verdad óntica.
En su estudio intitulado "De la esencia de la verdad" ("Vom
W esen der Wahrheit"), Martín Heidegger expresa que "si
sólo mediante la aperticidad del comportamiento la conformidad (verdad) del enunciado se hace posible, lo que hace
entonces posible la conformidad posee un derecho más original de ser considerado como la esencia de la verdad" (pág. 10,
"De la esencia de la verdad", traducción del alemán por Humberto Piñera Llera, Revista Cubana de Filosofía, Vol. II No.
10, Enero-Junio de 1952). Pero ese comportamiento abierto
a la potencia de lo real, se funda en la libertad. No se trata
de capricho ni de subjetividad arbitraria, sino de un entregarse a lo real patente y manifiesto, de un dejar ser al ente.
Esta libertad se identifica con la existencia del hombre. Antes
que todo, la libertad "es el abandono al develamiento del
ente como tal" (Opus cit., pág. 13). En este sentido, cabe
afirmar que el hombre no "posee" la libertad como una propiedad, sino al contrario: la libertad posee al hombre. Observa
Heidegger que el error, como ocultamiento del misterio del
ser, forma parte de la íntima constitución del hombre histórico. Concluye afirmando: "La pregunta por la esencia de la
verdad encuentra su respuesta en la sentencia: la esencia de
la verdad es la verdad de la esencia" (pág. 21). Corresponde
a la ontología fundamental plantear y resolver la cuestión. de
la verdad de la esencia, de la verdad del ser. Hasta aquí el
pensamiento de Heidegger sobre la esencia de la verdad.
Apuntemos unas cuantas e indispensables observaciones críticas.
Al idealismo de "Ser y Tiempo" (la verdad como producto del "Dasein") sucede ahora un r ealismo: el hombre está
abierto a la verdad, pero no la engendra. Cabe preguntar si

-

.

la antítesis entre la verdad de adecuación (lógica ) y la verdad de revelación ( óntico-preontológica) puede o no ser superada. En una nota preliminar al libro de Alfonso de Waelhens
"La Filosofía de Martín Heidegger", el jesuíta español Ramón Ceñal observa: "Que el conocimiento verdadero descubra la cosa en sí misma, es afirmación perfectamente admisible; que este descubrir se revele por si mismo como tal, en
toda su radiante lucidez, sólo quiere decir que aquel conocimiento es evidente; pero que la verdad de este conocimiento
se reduzca a ese su lúcido y puro descubrir, es lo que el análisis fenomenológico no da de ninguna manera. Este análisis
nos hará ver que la pura percepción, la simple "apprehensio"
por muy diáfana y lúcida que sea, no es la verdad,~a1 menos:
la verdad consumada y perfecta, la que la evidencia verifica
y descubre. Es en el juicio, en la complexión predicativa explicitada o no, donde la verdad como tal puede ser verific~da ·
y esta verificación en todo juicio verdadero, también en ei
que versa sobre lo inmediatamente descubierto en la intuición
no dice otra cosa sino que el juicio es conforme con lo juz~
gado". La evidencia -propiedad de una verdad cualificadano es la verdad misma. La verdad, como adecuación lógica
implica la revelación y el descubrimiento del ser mismo e~
su patencia. No es la "quiddidad" o esencia de la cosa conocida lo que causa la verdad, sino el ser: el ser de la cosa dicho
y revelado en el juicio.

II
Fundamentación de la Verdad

La verdad -luz y alimento- es comunicada después de ser
poseída. Todo el hombre está empeñado en la indagación de
la verdad. Y cuando se la descubre amorosamente en el silencio de la meditación, se pega al alma y le infunde vida interior. No es bien mostrenco, sino asunto íntimo, descubrimiento
histórico con una filiación personal. El hombre no inventa la
verdad, se acerca a ella y la recoge con reverente humildad.
Pero en este acercamiento, el ser humano rasga la corteza de
las cosas para alumbrar su secreto íntimo.

' -

Al tener conciencia de nosotros mismos nos decidimos
por la verdad. Esta decisión nos ennoblece y nos salva. Si
acertamos a expresar lo que realmente es, preguntando a las
cosas y a nosotros mismos qué es lo que ellas son, y qué es
lo que nosotros somos, estamos en vías de encontrar respuesta
a nuest~o destino. Vivir humanamente es sentir la urgencia
y necesidad de la verdad. Solo al hombre le aqueja el deseo

�54

Fundamento y Esencia de la Verdad

de. dar respuesta a aquella pregunta formulada por Pilatos:
"Qué es la verdad". Pero antes de contestar a esta suprema
y final interrogación nos preguntamos por la verdad de las
cosas, de las cosas que cambian.
Cuando queremos saber qué es lo que las cosas verdaderamente son, no estamos utilizándolas o recreándonos en ellas.
Estamos haciendo teoría. Actitud Teorética que nos eleva
sobre las cosas, desde el momento en que, inquiriendo por
ellas, les arrancamos su secreto. Secreto que ellas mismas son
impotentes para descubrir.
Nacimos para la verdad, aunque nos empeñemos algunas
veces, en vivir en el error. Nos afanamos y nos desvivimos
por descubrir el oculto tesoro de verdad que aprisionan las
cosas. Porque "las cosas, agusanadas de temporalidad en su
devenir incesante, están también angelizadas de permanencia
en su verdad eterna" (Muñoz Alonso).
Realidad =Verdad. Esta equivalente lleva implícita la afirmación de una verdad no creada por la mente humana. La
verdad, como eterna que es, nos preexiste y nos trasciende.
No creamos la verdad, pero si la conocemos. Y al conocerla
participamos de ella. San Agustín sostiene la percepción inmediata de Dios: nuestra inteligencia ve una verdad, la misma e inmutable para todos. Esa verdad o es Dios o es inexplicable sin Dios. En una forma intuitiva, el santo obispo de
Hipona ve la verdad absoluta (Dios) en toda verdad. Ninguna verdad, ninguna bondad, ninguna belleza habría sin la
existencia de un Dios que no se confunde con lo creado, con
lo participado y lo mudable. Si la mente del hombre participa de la verdad, es porque Dios -la Verdad- le hace partícipe. Nuestra razón pronuncia juicios verdaderos porque ve,
en la inteligencia, las verdades pi·imeras, o ideas, o principios.
La inteligencia intuye; la razón concluye. En el interior del
hombre están presentes a la inteligencia los principios. La
razón establece nexos y relaciones, formula juicios y discurre
aplicando los principios inmutables del juicio. La verdad, de
la que nosotros y las cosas participamos, no ·proviene ni de
nosotros ni de las cosas. El origen de las verdades inmutables, necesarias y universales, es Dios. Mi pensamiento, aún
cuando sea causa de aquello que piensa, no es principio de
sí mismo. Puedo concebir la existencia en términos de verdad en términos referidos al sentido inteligible de mi propio
' p_ero esto no significa que sea yo la verdad de m1.
existir;
mismo (la absoluta verdad de mi mismo). Si mi mente, finita

Dr. Agustín Basave Fernández del Valle

55

y mudable, es capaz de una noción de la verdad absoluta y
conoce verdades, es porque soy por la Verdad y para la
Verdad.
·
La validez de nuestros juicios está respaldada por la objetividad de normas o principios en base a los cuales la razón
juzga. Estas normas o principios del juicio no son mudables
y finitos, por tanto, no pueden ser un producto de la mudable y finita actividad racional. La Verdad que hace que
la razón sea verdadera, sobrepasa y trasciende a esa misma
razón. Porque hay normas verdaderas, hay juicios verdaderos. Y esas normas verdaderas o principios inmutables que
son fundamento de la veracidad de los juicios, no pueden
inducirse de la experiencia sensible. Porque lo más no puede salir de lo menos, lo inmutable y necesario de las normas
verdaderas no puede provenir de lo mudable y contigente
de las cosas. Aunque la verdad esté presente a la mente,
es más que la mente, porque fundamenta toda cosa verdadera
y la mente misma. La verdad intuída no encuentra su adecuada subsistencia real en ninguna cosa existente. Queda
siempre como objeto ideal abstracto y supone un Sujeto reai
de la Verdad absoluta. De no haber una Verdad absoluta no
habría verdad alguna.
Desde la propia intimidad inagotable percibimos el llamado de una verdad infinita que nos trasciende y que funda
la realidad de las verdades finitas. La verdad presente en
nuestro espírüu es una imagen ile Dios, pero no es Dios.
Como San Agustín, también M.F. Sciácca encuentra que
la fundamentación de la verdad es, a la vez, la prueba de la
existencia de Dios. Pero no se limita a repetir a San Agustín,
porque le sobra talento, y fortnula uná prueba de la existencia de Dios -hundiendo sus raíces en el ser del hombre- que,
al decir de Manuel Gonzalo Casas -y sin ninguna exageracióncasi no tiene paralelo en la bibliografía contemporánea. "O
no hay verdad -nos dice-, o si la hay. sobrepasa a la razón,
en cuanto que es dada a la razón y no puesta por ella. En
otros términos : o no hay verdad y con ello se llega a la
conclusión absurda y contradictoria de que "es verdad que
nada es verdad"; o hay verdad y también hay un más allá
de la razón; o no hay nada que sea verdad" (Pág. 52, "La
Existencia de Dios", Editorial Richardet, Tucumán-Buenos
.Aires,. 1955). Una vez ubicados los. términ,os del problema,
:.M:ichele Federico Sciacca pasa a formular, con toda precisión,
la prueba. Hela aquí, con su&amp; propias palabras:

�56

Fundamento y Esencia de la Verdad

"El ente inteligente intuye verdades neesarias, inmutables, absolutas; el ente inteligente, contigente y finito, no
puede ni crear, ni recibir de las cosas por medio de los sentidos, las verdades absolutas que intuye; luego existe la Verdad en si necesaria, inmutable, absoluta, que es Dios" (Opus
cit., Pág. 70).
La teoría de la fundamentación de la verdad como prueba
de la existencia de Dios, aducida por el filósofo italiano, la
consideramos nosotros, más que como una prueba rigurosaroen lógica, como una meditación válida dentro del orden
metafísico. En el plano metafísico es un hecho que las verdades necesarias, inmutables y absolutas intuídas por el hombre implican a la Verdad, es decir a Dios. Pero en el orden
del' conocimiento, primero se conocen los efectos que mediante
la prueba racional de la causalidad llevan a afirmar la existencia de Dios, y sólo entonces referimos las verdades a la
Verdad. Dicho de otro modo: la realidad de Dios, anterior
a las creaturas en el orden óntico, como creador que es de
ellas, les es posterior en el orden lógico, pues solo por ellas
llegamos a conocerle.
Examinado el fundamento de la verdad, conviene ahora
destacar su sentido.
III
El Sentido de la Verdad

Cuando la verdad nos posee, surge la ciencia. Los griegos daban el nombre de "aletheia" al "descubrimiento", a la
"patencia" de las cosas. La verdad era, para ellos, una propiedad del ser real. La significación primitiva del vocablo
fué -según Kretschmer y Debrunner- algo sin olvido; algo
en que nada ha caído en olvido completo. Por la idea de
completud se pasó a la de patencia. La verdad de las cosas
en cada existencia del hombre, supone que aquellas están
propuestas a éste.
La presencia humana en el mundo posibilita -no generala verdad. La inteligencia reviste la forma misma de las cosas. Zubiri expresa, con gran concisión, que · "la verdad es
la posesión intelectual de la índole de las cosas" (Pág. 28,
"Naturaleza, Historia, Dios", Madrid, MCMXLIV). Pero ll;l
verdad no es tan solo un atributo del conocimiento -tema de
la gnoseología crítica- sino ante todo una determinación trascendental del ser en cuanto ser. Y en este sentido ontológico
de verdad no cabe una definición exhaustiva. La universalidad de 1~ verdad impide que sea abarcada por una definición demarcadora. Partimos del reconocimiento de su existen-

Dr. Agustín Basave l&lt;'ernández del Valle

57

cia, como hecho original, para dedicarnos al problema de la
esencia de la verdad de las cosas y del hombre. Esta verdad
que nos sale al encuentro en la realidad mundanal nos remite
a Dios : su origen y fin.
El ser aparece, se devela al sujeto cognoscente. Y este
aparecer -promesa de revelación- viene preñado de certidumbre, de confianza. Por eso se ha dicho que "la verdad no es
sólo "aletheia", estado de no oculto, es también "Emeth" (palabra hebrea de uso frecuente en la Biblia) : fidelidad, constancia, autenticidad. Donde hay Emeth uno puede confiarse,
entregarse". Por una parte los entes son recogidos y comprendidos en el ,hombre, y, por otra parte el hombre se introduce en el mundo englobante y abierto del ser. Medimos la
verdad por el objeto, pero esta medida incluye libertad y
elaboración creadora de lo externo. En otras palabras: medimos y somos medidos. "La verdad aparece en el mundo como
repartida en innumerables sujetos que están abiertos uno para
otro en la originaria actitud de la disposición, y que esperan
uno de otro la comunicación de aquella parte de la verdad
-apunta Hans Urs von Balthasar- que les ha sido confiada por
Dios como participación en su infinita verdad. En esta recíproca abertura y en este estar a disposición los sujetos finitos
reflejan así la suprema medida de lo que se puede captar
en el mundo finito de la infinita abertura de la divina verdad" (Pág. 47, "La Esencia de la Verdad", Editoria Sudamericana) . Piénsese que si Dios no conociese. un ente no- podría
ser conocido por ningún hombre, porque no existiría en cuanto ente; carecería de medida del ser y, consiguientemente,
de verdad.
Podemos decir libremente la verdad o mentir, porque
nos autoposeemos, porque disponemos de nosotros mismos.
Somos responsables de la verdad en cuanto develamiento y
en cuanto comunicación. El amor es inseparable de la verdad: la esclarece y la posibilita. Estamos llamados -todos,
sin excepción- a dar testimonio de la verdad. Abrirse a la
verdad, y abrirse en la verdad para los otros es cumplir la
ley de nuestro propio ser. Tenemos la certeza de que somos
hombres para algo más que- para dar con nuestros huesos
en una tumba. Por eso me ha parecido siempre magnífico el
lema de la Universidad de Nuevo León: "Alere Flamman
Veritatis". Si la administración de la verdad está confiada
a la libertad humana, es preciso alentar la flama de la verdad. Condenados como estamos a la muerte, debemos apresurarnos- con inquebrantable voluntad y sin descanso-, a dar
nuestro mensaje -grande o pequeño, pero siempre auténtico-,

�58

Fundamento y Esencia de la Verdad

antes de pasar a aquel estadio en donde tenemos la certeza
-los creyentes- de que sobran los mensajes porque todo está
a la vista, en su más prístina patencia. Pero todo develamiento, todo mensaje debe estar al servicio del amor que abraza
y excede a la verdad. Otra cosa sería exhibicionismo o
escándalo.
Si sabemos polarizar la verdad finita -nuestra verdad
parcial- hacia la verdad absoluta, estaremos en el origen del
movimiento de la verdad, poseídos por el amor y en camino
de salvarnos. Las cosas son como Dios las ve. El conocimiento
que de las cosas tiene Dios -arquetípico y ejemplar- es el
único absolutamente exacto, correcto, verdadero. Resulta natural, entonces, que sólo desde Dios nos podamos ver los
hombres.
El hombre es un ser dialógico. La verdad tiene también,
en consecuencia, un caracter dialógico, social. Florece en el
coloquio de los espíritus libres. Cada hombre tiene la posibilidad de enriquecer su propio campo visual con el de los otros.
Cada hombre capta, sostiene y transmite la verdad de roa,.
nera personal. Y todo ello sin mengua del carácter universalmente válido y supratemporal de la verdad. Si se habla
de la individualidad de la verdad dada por la situación, es
porque prescindir de este carácter concreto sería ocuparse
de una simple obstracción. El continuo cambio de las perspectivas individuales y de las situaciones interiores, va constituyendo la historia de la verdad. En el ser, en la verdad,
habrá siempre un fondo de misterio y, por tanto, una inagotable fuente de sorpresa. De ahí nuestra perpetua inquisición
de la verdad. ¿Pero es que puede ser otra cosa la filosofía 1
"Busquemos, sugiere San Agustín, como quienes van a encontrar, y entremos como quienes aún han de buscar, pues, cu~ndo el hombre ha terminado algo, entonces es cuando empieza". (De Trin., IX, c. 1).
Al buscar las verdades mundanas descubrimos, en su más
íntima contextura, una participación en la verdad eterna.

IV
La Verdad Mundana participa en la Verdad Eterna '

Lo verdadero y lo falso, en su sentido más radical, se
. predican de la intelección, no de las cosas. Verdad y falsedad ontológicas corresponden a las cosas en tanto que pueden
ser objeto de conocimiento intelectual. Una caja de cigarros
de chocolate es ontológicamente falsa como cajetilla de cigarros porque es propicia para "ser juzgada" verdadera caje-•
tilla' de cigarros, en virtud de poseer las condiciones para

Dr...\gnstín Basavc Fernández del Valle

59

poder ser falsamente entendida. Trátase, por supuesto, de
una falsedad ontológica accidental, no esencial. La cajetilla
de cigarros de chocolate es algo verdadero como cajetilla de
cigarros de chocolate. Lo que sucede es que nuestro entendimiento finito no aprehende íntegramente al ser, porque le
falta inteligencia. Para captar el ser en su plenitud se requiere
el entendimiento absoluto. Las cosas tienen una relación
real de dependencia con el entendimiento creador. En Dios,
la inteligibilidad del ser y su intelección no son diferentes.
Pero el hombre tiene que poner en contacto, mediante la
actuación de su espíritu, la inteligibilidad del ser con la intelección cognos~ente. Conocimiento de la verdad significa,
en este sentido, la actividad espiritual contemplativa y desinteresada que se ordena a la posesión del ser tal cual es.
Por nuestra actividad contemplativa nos orientamos hacia la pura posesión de la verdad ontológica, hacia la conquista del ser. Y esta conquista enriquece al espíritu. El error
no existe en las cosas, existe en la inteligencia; no se da en
el concepto, se da en el juicio. Solo el juicio atribuye, predica
notas -constitutivas o reales- a las realidades concretas. La
certeza se ha definido conceptualmente como el "asentimiento firme fundado en la evidencia". Toda duda -me lo dice
mi intuición- sería irracional. Fundado en esta inconmovible
evidencia, San Agustín advirtió: los hombres han dudado
de todo lo imaginable. "Pero ¿ quien dudará de que él mismo
vive y recuerda y reconoce, y quiere y piensa, y sabe y juzga?
Pues aún cuando uno dude, vive : quien duda se acuerda de
aquello de que duda; quien duda reconoce que duda; quien
duda juzga que no debe dar su asentimiento a ciegas. Por
consiguiente, aunque uno pueda dudar de todas las- otras cosas, no puede dudar de las dichas, pues si ésas no fueran
reales, no poría dudar en general de algo" (De trimitate 10,
10 n. 14; ML 42, 981). Ante la evidencia del objeto queda,
pues, excluída, toda vacilación dudosa. Percibo o experimento
inmediatamente el conocimiento de un ser real, que está como
real en mi conciencia. No se trata de una conformidad entitativa, sino de una expresión conceptual de lo que realmente
es así. Mi entendimiento no tiene que convertirse en océano
para estar en aptitud de juzgar con verdad acerca del océano.
Entre el modo de ser intelectual y el modo de ser del objeto
habrá siempre una diversidad esencial. Por eso el metafísico
alemán G. Sohngen ha llamado a la verdad, relación entre
dos relaciones, esto es, entre la relación estructural ideal del
predicado y el sujeto por un lado, y la relación estructural
real, por ejemplo, del accidente y la substancia por otro (Sein

�60

Fundamento y Esencia de la Verdad
Dr. Agustín Basavc Feruández del Valle

und Gegestand, pág. 122, Münster, 1930). En todo caso, la
representación conceptual del objeto -unida a la percepción
del mismo- precede a la visión de la verdad del juicio (perceptio veritatis).
Un objeto preyacente, "trascendente" a nuestro entendimiento que juzga, rige de alguna manera el acto de juzgar.
Santo Tomás apunta que "el fundamento de la verdad del
juicio es el ser del objeto, no su verdad. Por eso dice el filó,.
sofo: una opinión o dicho es verdadero, porque la cosa es, no:
porque la cosa es verdadera" (S. th. 1 q. 16 a. 1 a d 3). Pero
lo que no dice el filósofo (Ar:istóteles) es que si hay en general verdad finita y ser finito es por una manifestación
creadora y libre de Dios. Aristóteles nunca llegó a la verdad
como participación. Nuestras verdades del mundo están marcadas por la contingencia. Un permanente misterio se entrevé
tras toda verdad mundana y finita. Se divisa un infinito
trasfondo que carece de fundamento porque está totalmente
en si mismo. Si rompiésemos esta participación se desplomaría la verdad mundana, cesando de ser verdad. Y es que
"el mundo como totalidad, y todo ser singular y todo verdad
singular intramundanos, son -como bien lo expresa Hans U rs
von Balthasar- un genuino aparecer de Dios. El signo en el
que Dios se expresa no representa obstáculo para decir lo que
quiere decir. Entre contenido y expresión no hay intervalo
porque la expresión procede totalmente de lo que se revela
y está determinada por el contenido que debe expresar. No
hay .una materia extraña en la que Dios hubiera acuñado
sus ideas: la única "materia" existente, de la cual Dios crea
el mundo, son su libre voluntad y sus externas ideas. Por
eso, en la creación, la esencia de Dios puede transparentarse
sin trabas hasta el punto de que el contemplador de las cosas mundanas puede ver el modelo a través de la imagen,
y olvidar que no lo ve directamente sino en el espejo q.e
la criatura (Pág. 262, "La esencia de la verdad", Editorial
Sudamericana). Es preciso, en consecuencia, no dejarnos seducir por la ilusión de atribuir a las cosas, como propiedad
suya, esa etarna verdad que irradian por participación en
Dios, La verdad absoluta está allende las criaturas. De ahí
esa tensión de la verdad mundana hacia la· verdad divina:
fundamentación última y suprema medida. El "por qué" de
la verdad nos remite a la voluntad divina que es, a la par,
suprema razón. La libertad de Dios es idéntica a la Ley de
la necesidad .. La libertad del hombre, sin la mano creadora de
Dios, es un "ser en la nada".
La vida humana, la vida de cada cual, ha de coincidir
con la creciente verdad que tiene por permanente trasfondo

61

y horizonte a la verdad infinita. La viva verdad mide al ser
viviente. Y esta medida es también amparo, misterio íntimo.
Estamos desnudos ante Dios. En El poseemos las criaturas
'
nuestra común verdad. En situación y en circunstancia
con-'
viviendo, nos abrimos a la verdad. ¿ Qué relación existe'entre
verdad y convivencia 1
V

Verdad y Convivencia
El yo no es un simple dato psicológico ni es un hecho
sensible objetivamente observable, ni es un¡ suma de vivencias. Hay un conjunto de actividades psíquicas que aparecen
Y desaparecen: impulsos, pensamientos1 deseos etc. Pero estas vivencias que van y viénen están referid¡s y surgen de
u_n fondo permanente y estable: el yo ontológico. Toda vivencia revela un aspecto del yo ontológico, pero el yo ontológico
no pueJe reducirse a las , vivencias (yo psicológico) porque
las trasciende. El yo "matrix" u ontológico) es el centro del
campo de la conciencia, con un altísimo grado de continuidad
e identida?· Tiene funciones, pero no es función, sino estructura consciente. Todas mis actividades físicas y espirituales tienen al "yo" como centro unitario de imputación. De ahí que
no
quepa decir que. el yo es trascendente. Trascendente sería'
, .
umcamente, el yo ideal que da sentido a la tarea y hacia el
cual se encamina la multiplicidad de actitudes.
Entregarme a la propia vocación es reconocer lealmente
mi puesto en er orden universal. Dentro de este orden las
cosas se presentan como instrumentos propicios o como obstáculos para el cumplimiento de la tarea personal. Entes y circunstancias adquieren consistencia y &lt;seriedad. El mundo se
ofrece como una adecuada disposición de cosas a su fin pero
también, como campo propicio para la resistencia a la ' vocación y como posibilidad de .fracaso.
Si yo fuese la verdad, no la buscaría. Y la busco porque
estoy h0cho para la verdad. "Busco lo positivo absoluto ( el
ser-verdad) con toda la positividad de que mi naturaleza de
hombre es capaz", expresa Sciacca. En otras palabras: la verdad integral es un punto de convergencia integral del hombre total. En este sentido cabe decir que la filosofía es, por
todos conceptos, ciencia de la realidad espiritual.
Aún antes da que mi espíritu conozca la verdad, e independientemente de este conocimiento, la verdad es. Agustinianamente hablando podemos decir que si la verdad que me
precede -eterna e intemporal- no existe más que por un
pensamiento que la piensa, "sólo un pensaminto eterno e in-

�62

Fundamento y Esencia de la Verdad

mutable puede pensar eternamente la eterna e inmutable verdad". Todas las verdades singulares que pensamos los hombres penden de la Verdad absoluta. Estas verades, aunque
interiores, nos trascienden. Porque hay una Verdad, somos
capaces. de juicios veraces.
Gomo buscadores de la verdad pura, los filósofos no son
súbditos de nada, excepto de esa verdad que se sondea para
hundirse en ella. .Amor que liberta de ataduras terrestres y
que dota al espíritu del señorío y de la dignidad que le corresponde. Renuncia purificadora que forja hombres más allá
de la caducidad y de la indigencia. Por ser una búsqueda de
la verdad, la filosofía es salutüera. Búsqueda que es preciso
insertar en el momento histórico, porque el descubrimiento de
1a verdad -sucesivo y progresivo- es hace en el tiempo.
Siempre cahe descubrir, en diversos momentos históricos, aspectos diversos de una norma universal y eternamente válida.
Cuando se afirma que nada es verdadero o que no existe la
verdad se está haciendo renacer -sin saberlo ni quererloel problema de la verdad.
Nuestro pensamiento, aunque pensamiento de un ser-enel-mundo, trasciende el mundo y se dirige hasta el fundamento mismo del universo, sin tener la pretensión de adquirir, en
el orden natural, el conoci1niento propio de Dios.
Es cierto que vamos a lo verdadero con los otros, o no es
a lo verdadero que vamos. Esto por el hecho originario y
fundamental de que vivir es convivir. Pero de aquí no cabe
concluir, como lo hace :M:aurice Merleau-Ponty, que "nuestra
relación con lo verdadero pasa por los otros", y que "yo no
pienso ni según lo verdadero solamente, ni según yo solo, ni
según el prójimo únicamente, porque cada uno de los tres
tiene necesidad de los otros dos y será absurdo sacrificárselos"
(pág. 29, "Elogio de la filosofía", Ediciones Galatea, Buenos·
Aires 1957). Una cosa es que la verdad -descubierta en la
historia- se me dé en situación y en circunstancia, y otra
cosa muy diferente es sostener, erróneamente, "que no hay
juez en última instancia". Solo d'3struyendo la noción misma
de verdad -necesaria, objetiva, universal, v·álida- -cabe seguir usando su nombre para •hacer. pactos o acomodos.
Mientras que las cosas coexisten, los hombres conviven:
En un caso se trata de simple yuxtaposición; en el otro de
comunidad amorosa. Necesito convivir para. poder vivir humanamente. Estoy ligado a los otros -mismidades personales- desde el momento en que reconozco el hecho de mi nacimiento. Y los otros, a su vez, ven en mí a "otro si mismo'·

Dr. Agust.ín Basave Fernández del Valle

63

que vive en una "comunidad fundamental de intereses y de
directivas". Atentar contra esta solidaridad es deshumanizarse y, por lo mismo, atentar contra la propia persona. Pero
ya el hecho mismo de que el atentado sea posible manifiesta
el ineliminable riesgo y la exigencia de lealtad. El futuro
es una incógnita. Y la incógnita cabe contemplarla como una
amenaza o como una esperanza.
En medio de innumerables vicisitudes banales y frente a
un extenso repertorio de posibilidades, debo elegir mi posibilidad para cumplir mi vocación y para realizar la ubicación
que me corresponde en el mundo· y con mis semejantes.

�Joseph Prescott

Joseph Prescott / EL ''STEPHEN HERO" DE JAMES JOYCE

ANTES de abandonar Irlanda en
1904, J oyce anunció que en el término de diez años escribiría
un gran libro 1. Con A Portrait of the Artistas a Young Man
(Retrato del artista adolescente) cumplió la promesa. En 1944,
tres años después de morir Joyce, Theodore Spencer editó,
con una introducción admirable, un extenso fragmento de la
primera versión de dicha obra, titulada Stephen Hero (Stephen el héroe) y aparentemente escrita entre 1901 y 1906, durante los últimos años de Joyce en el University College de
Dublin y los primeros que residió en el continente europeo.

I
Stephen Hero es un documento apasionante: franco, explícito, señalado por una plenitud de exposición que por diversos motivos Joyce negó al Portrait.
Cubriendo unos dos años en la' vida universitaria de Stephen, la parte de Stephen Hero que poseemos tiene mayor derecho de llamarse "retrato del artista adolescente" que la obra
equivocadamente dEsignada así, en la que se encara la experiencia de Stephen desde sus memorias más tempranas hasta
la juventud 2. Tal como lo señala el editor, las 383 páginas
del manuscrito coinciden con las últimas 93 del Portrait. En
ambas versiones Stephen ~s el mismo joven necesitado, arrogante y solitario. En el héroe que invitado a colaborar en la
revista universitaria pregunta "Y dígame ¿ se ·me pagará Y" 3
puede reconocerse al joven que invitado a firmar una declaración por la paz universal pregunta "¿Me va a pagar usted si
firmo 1" 4 En el héroe que esperaba "una retribución procedente del público por [sus] poemas pues cree que han de ser
contados entre los bienes espirituales del Estado" 5 puede reconocerse al joven que se adelanta para "forjar en la fragua
-64-

03

de [su] espíritu la conciencia increada de [su] raza" 6_ Y en
el héroe que "sentía m~nosprecio por la turbamulta y desdén
por la autoridad" 7, que sostenía un "mandamiento de reserva" 8, que "estaba muy solo" 9 y "sin la ayuda o la simpatía
de nadie" llevaba "una vida tan extraña" que "a veces tenía
~iedo de [síl mismo" 10 puede reconocerse al joven que per~1_!&gt;i? en forma agu~a "que era diferente de los otros" 11 , que
umcamente era feliz cuando estaba ... solo o en la compañía
de camaradas fantasmales" 12, que "estaba destinado a aprender su propia sabiduría aparte de los otros o a aprender la
sabiduría de los otros por sí mismo, errando entre las asechanzas del mundo" 13_
Resultaba notable que las juveniles preferencias señaladas por J oye~ en Stephen Hero sean tal vez más significativas
que las menc10na~as en el Portrait. A diferencia de lo que sucede en el Portant, en Stephen Hero tenemos una noticia reveladora de la devoción que Stephen sentía por dos artistas.
1\cerca &lt;le_l primero, J oyce comienza señalando que "debe decirse sencillamente y &lt;le una vez que en aquella oportunidad
Stephen adquirió la más duradera experiencia de su vida" 1.4.
Y _en_ la experiencia de Stephen, Ibsen desempeña un papel
prmc1pal, porque es al defenderlo con referencia a una comunicación sobre "El arte y la vida" - leída en la Sociedad Literaria ~ ~istórica ~el University College- que Stephen, en
su cond1c1on de artista, combate contra la autoridad por la
que siente desdén 15. Además, en marzo de 1901, a los diecinueve años, J o,vce escribió personalmente a Ibsen, alabando
"su excelsa perfección, la sublimidad de su poder personal. ..
! la _forma en que usted marchó iluminadó por su heroísmo
m~enor, mostrando una indiferencia absoluta por cánones públicos, amigos y ?.nquilosados preceptos" 16. En octubre del
mismo año, en el ensayo The Dá.y of the Rabblement (El día
de la turbamulta), J oyce escribió : "El nolano dij o que ningún
hombre puede amar la verdad o el bien a menos que aborrezca
la multitud; y el artista, aunque puede emplear la muchedumb~·e,_ tiene gran cuidado en aislars()"; señalaba que "todo mov1miento [de protesta contra la esterilidad y falsía de la escena moderna] que ha surgido heroicamente ha logrado algo"•
y hablaba con reverencia del "anciano maestro que aaoniza e~
Cristianía" 17. He eubrayado las palabras heroísmo ; heroicamente porque, escritas cuanao es presumible que Stephen Hero
ya Pstaba en proceso de gestación, indican el rumbo en que
se orientaba el pensamiento del autor por entonces: Ibsen es
un héroe y la oposición a la esterilidad y la falsía es un acto
de héroes que sirven de modelo para Stephen, el héroe.

�60

El ªStephen Heroº de James Joyce

J oscph Pl'escott

más duradera experiencia de sn vida" 23 . Aquí el autor no se
limita a re¡ristrar un hecho acerca de su personaje sino que
también, debido a su énfasis estridente, señala su propia pos1c1on. O!ras acotaciones marginales ("ha de admitirse también que" 24 , "indudablemente" 25 ) no dejan otra alternativa
al lector que prestar atención al punto de vista explícito del
autor. La frase que sirve de acotación se extiende en generalización sentenciosa. y abstracta: "Esta cualidad de la mente
que se manifiesta de tal modo es llamada decadencia ( cuando
resulta incorregible), pero si hemos de tomar en cuenta una
visión general del. .. mundo no podemos menos que ver a través de la corrupción nn progreso hacia la vida . . . Cuando un
reclamo de inteligente simpatía queda sin respuesta ... es un
ordenancista muy severo quien se culpe a sí mismo por haber
ofrecido a un necio la oportunidad de participar en el rálido
impulso de una vida más elevadamente organizada . .. Ningún
joYen puede contemplar el hecho de la muerte con extrema
satisfacción y ningún joven adaptado por el destino o por
su hermanastra la suerte como órgano de sensibilidad e intelección puede contemplar sin extremado disgusto la trama de
falsedades y menudencias que integran el funeral de un burgués fallecido" 26_

Acerca del segundo artista cuya obra era admirada por
Stepheu. J oyce comienza diciendo: l"Step~enl había hallado
en uuo de los carros de libros cerca del. no un libro que no
había circulado públicamente, el· cual contenía dos cuentos de
W. B. Yeats. Uno de ellos se titulaba The Tables of the Law
(Las tablas de la ley) ... y un atardecer, mientras hablaba
c•on un capuchino una y otra vez debió contenerse para no tomar por el brazd al sacerdote, conducirlo de un extremo al
otro del camposauto y descargarse at(evidamente de toda la
historia de The Tables of the Law, que recordaba palabra por
palabw. . . Se dió por satisfecho con llevar a Lynch alrededor
del cercado de Stephen's Green y poner muy in~ómodo ª. ese
joven recitándole el cuento de Mr. Yeats con diligente anunación .. . A menudo repetía el relato de The Tables of the, Law
y la narración de la Adoration of the Magi (Adoracion de
los magos)" 18 .
Más tarde citas procedentes de ambos cuentos son puestas en boea de Stephen 19 . Y Joyce anónimamente, da un testimonio más del ap_ego que sentía por est?s. ~uen~os_ en 1~ nota
introductora de Y eats para la primera edrn1on pnbhca: Estas
do; narraciones fueron impresas en forma privada hace algunos años. No creo que las hubiera reimpreso de no haberme
cucontrado en Irlanda días atrás con un joven, que gustaba
mucho y exclusivamente de ellas" 20 . Según un biógrafo de
Yeats 21 , el joven era J oyce.
Los protagonistas de ambos cuentos se hallan al m3:rgen
de los principios establecidos. _Los dos artistas con qmeues
Stcphen y su creador sienten af1mdad pred1~an _orgullosa_mente la emancipación con respecto a las proh1b1c1ones sociales.
Joyce-Dcdalus establece un precept_o q.ue luego Dedah1s expresará eu Ulysses: "Caminamos a traves de no_sotros ~1smos,

Como era de esperar, la tendencia a acotar alcanza un
punto culmina.~ite en un punto culminante de la emoción v en
cierta oportunidad frase y oración son elaboradas en mi'I~rgo
y tenso ensayo. J oyce ha estado refiriendo los pensamientos
de Stephen sobre el catolicismo:
"Esa especie del cristianismo llamado catolicismo le pareció que se interponía en su camino y sin tardanza la quitó de
en n¡edio. Había sido educado en la creencia de la supremacía romana y cesar de ser católico significaba para él cesar
de ser cristiano".

encontrando ladrones, espectros, gigantes, anc1~nos, Jovenes,

esposas, viudas, hermanos en el amor. Pero siempre encontrándonos a nosotros mismos"

22

Entonces, de manera casi imperceptible, J oyce cruza el
impreciso linde entre la creaciGn autobiográfia y el creador:

.

Como he dicho el carácter de Stephen es esencialmente el
mismo en ambas v~rsiones. Lo c¡ue cambia es la relación de
dicho carácter con el autor. Probablemente, ésta sea la diferencia cualitativa más importante que existe entre las dos
versiones.

Una clara ilustración de la actitud asumida . por el autor
ante su personaje en Stephen Hero la hallamos en la ya citada
frase inicial sobre Ibsen ( a quien se recordará que J oyce admiraba por su impersonalidad): "Debe decirse sencilla_m_e,nte
y de una nz que en aquella oportunidad Stephen adqnmo la

67

• 1 •

· "La idea de que el poder de un imperio es más débil en
sus fronteras requiere alguna modificación pues todos sabemos que el papa no puede gobernar Italia como gobierna Irlanda ni el zar resulta un instrumento tan terrible para los
comerciantes de San Petersburgo como lo es para los pequeños rusos de las estepas. De hecho, en numerosos casos el gobierno de 1111 imperio es más robusto en sus fronteras, e invariablemente es más robusto allí cuando su poder en el centro
disminuye. Las ondas de elevación y caída de los imperios no
se propagan con la rapidez de las ondas sonoras y transcurrirá

�68

El "Stephen Hero" de James Joyce

mucho tiempo antes de que Irlanda esté en condiciones de
comprender que el papado no pasa ya por un período de ascenso. Por su atolondrada intensidad religiosa, los rebaños
de peregrinos, guiados de manera segura a través del continente por sus pastores irlandeses, deben avergonzar a los desalentados reaccior;.arios de la ciudad eterna, así como el boqtúabierto provinciauo recién venido de España o Africa puede haber excitado la lealtad de algún sonriente romano para
quien. . . el futuro de su raza se estab;,, volviendo tan incierto
como su pasado ya se había vuelto obvio. Por una parte, es
evidente que esta persistencia del poder católico en Irlanda
debe intensific'ar grandemente la soledad del católico irlandés
que se proscribe en forma voluntaria; por otra, sin embargo,
la fuerza que debe engendrar para liberarse de tiranía tan férrea e intrincada puede ser suficiente, a menudo, para situarlo más allá de la1zona en que es posible que sea atraído nuevamente".
De regreso, otra vez en forma casi imperceptible, J oyce
pasa de sí mismo a su creación autobiográfica:
"De hecho, era el fervor mismo de su pretérita vida religiosa lo que intensificaba para Stephen las penurias de su posición solitaria y al mismo tiempo endurecía en una enemistad
menos flexible y aplacable enojos diluídos y transportes inflamados sobre los que habían actuado primeramente las sensaciones de desamparo, soledad y desesperación como influencias so1idificantes" 27.
Sólo se necesitaba una modificación del tiempo verbal para
transformar el eusayo del autor en una parte orgánica de la
experiencia de Stephen. Pero el juvenil Joyce aún no se había desprendido sr,ficientemente de sus propios sentimientos
y pensamientos para transferirlos a su no mucho más juvenil
creación. En otras palabras, fracasó en el intento de alcanzar
la "estabilidad (stasis) estética'.' 28 que Stephen considera esencial para el éxito de la obra de arte. "Como el Dios de la creación
-dice Stephen en el Portrait-, el artista permanece dentro, o
detrás, o más allá, o por encima de su obra, trasfundido eva29
porado de la existencia, indiferente, arreglándose las uñas" .
En Stephen Hero se percibe por todas partes una entonación turbulentamente rencorosa de adolescencia que inspira
al lector fastidio por la ''parálisis irlandesa" 30, efecto "cinético" que según la estética de Stephen conduce a un arte inadecuado 31 . De hecho, podemos decir del autor de esta primera versión lo que él dice de su personaje titular: "Le resulta difícil obligar a su mente a conservar la exacta temperatura del clasicismo" 3 2 .

G9

Joseph Prescott

En cambio, desde el comienzo hasta el fin, en el Portrait
1~0 hay un solo com~ntario o generalización; de manera particular, cada pensamiento y cada s,mtimiento es propio de Stephen. Cierto es que el autor de vez en cuando se expresa como
a~tor 33 , pero ja~~~ comenta. "Era el espíritu mismo del prop10 !bsen --:-;-cscrib10 J oyce en Stephen Her0- el que se disc~rma moviendose tras la manera impersonal del artista" 34;
cierto es, nuevamente, que así se discierne el espíritu mismo
del propio J oyce, moviéndose tras la impersonal manera del
artista del Portr-a.it. Pero el hecho de que sea discernible no
se halla reñido con la invisibilidad del Dios de la creación
detrás de su obra.
.A esta altura, la evolución de la novela de Joyce adquiere
un mterés que va más allá de sí misma, pues la historia de
esta novela repite la historia del género. El cambio que se obser-rn de Stephen Hero al Portrait refleja el avance desde la
nonla del conductor manifiesto y partidista hasta la del director invisible e impersonal.

II
_Sin embargo, el lector no sólo interrogará acerca de la
medid~ en qu_e Step~en _Hero en general se parece al Portrait
o se diferencia de el, smo que también se preguntará sobre
lo qu~ revela acerca de la obra de J oyce en conjunto. Y a he
menc101~.ado el carác_ter explícito de la primera versión, y la
econonua del Portra1t es asunto de público conocimiento. Tal
como lo señala Spenccr, Stephen Hero esclarece oscuridades
de otras obras de Joyce e ilumina el desarr.ollo de Jovce como
artífice.
·
. _.A. los ejemplos de esclarecimiento citados por Spencer,
qms1era ag~egar unos pocos que puntualizan la economía, a
veces excesiva, de J oyce.
. Apenas ha re~usado firmar un petitorio por la paz mundial -en el Portra1t-, Stephen Dedalus se burla de un amigo:
"-:-~ora que has firmado la petición por la paz universal -diJo Stepher:.- supongo que quemarás ese librito de instrucciones qu~ vi en tu cuarto".
. En Yista d.-i que Davin no contestaba, Stephen comenzó a
CJtar:
. "-¡ Paso largo, fianna ! ¡ Inclinación a la derecha, fianna !
¡ F1anna, saludo por números, uno, dos ... !
. ":-Esa, es otra ~uestión -dijo Davin-. Soy un nacionalista ulandes, en pnmer lugar y por sobre todo. Pero ahí estás de cuerpo entero. Eres un escarnecedor nato, Stevie".

�70

Joseph Prescott

El "Stephen Hero" de James Joyce

"-Cuando emprendas la próxima rebelión con palos de

hockey -dijo Stephen- y se necesite el indispensable delator ,avísame. Puedo hallarte unos cuantos en este colegio" 35 .
Veinticinco páginas antes el le~tor se enteró de que Davin
había asistido a un partido de hockey 36 • Sesenta páginas después, habiendo encontrado a Davin en una cigarrería, Stephen
anota en su diario : "Llevaba un jersey negro y tenía un palo
de hockey. . . En aquel mismo momento llegó mi padre ...
Preguntó a Da,,in si quería tomar un refresco. Davin no podía
porque debía ir a una reunión" 37 . De palos de hockey no se
dice una palab!.'a en el Portrait. Por lo tanto, puede esperarse
que el l ector vea en la observación de Stephen una burla manifiestamrnte desdeñosa inspirada por la asociación -cuya pertinencia no resulta clara- de Davin con el hockey. Pero detengámonos en un pasaje de Stephen Hero bastante importante como para ser citado con alguna extensión:
"Los viernes por la noche las reuniones [de los nacionalistas] eran públicas y estaban patrocinadas principalmente
por sacerdotes. Los organizadores reunían informes de diferentes distritos .. . al llegar la hora de que la asamblea ·se disolviera todos. se levantarían y entonarían el Canto de Reunión ... El círculo suyo [de cierto ciudadano] era el centro
separatista y en él reinaba una disposición implacable. Tenía
su cuartel general en la cigarrería de Cooney. . . Madden, el
capitán del equipQ de hockey, informaba al círculo acerca del
estado atlétieo de los jóvenes implacables que estaban a su cargo ... [A los ' ojos de 'estos entusiastas'] un inflamado ejemplo
para Irlanda había de hallarse en el caso de Hungría, el ejemplo -imaginaban los patriotas- de un minoría por largo tiempo sufriente, autorizada por todos los derechos de raza y justicia a una autodeterminación, que finalmente se emancipaba.
Emulando tal hazaña, grupos de jóvenes irlandesr.s contendían
sanguinariamente en Phoenix Park con apaleadores bastones .
de hockey, bien armados en su justo lance puesto que el Ungido les había bendecido su revolución . ..
"Un día Stephen le dijo a Madden:
"-Supongo que estos partidos de, hockey y estas caminatas son preparativos para el gran acontecimiento.
"-Actualmente, en Irlanda sucede más de lo que adviertes.
"-Pero ¡, de qué sirven los camáns [palos de hockey] ?
"-Bien, verás; deseamos mejorar el físico del país" 38.
Con un punto de referencia tan claro y explícito -que

)

71

debe haber sido tenido en cuenta por Joyce al escribir el Portrait-- el romo aguijón de Stephen se aguzaría y afilaría.
Y ahora, dos bn,ves ejemplos tomados de Ulysses. En la
escena de la biblioteca Stephen reflexiona: "¿Dónde está tu
hermano ? Salón de boticarios. Mi agudeza. El, después Cranly, :Mulligan; ahora éstos 39 . En la escena del prostíbulo, Stephen llama a la gorra de Lynch "¡Aguzadera!" 40 . El lector
hurgará en vano Ulysses y también el Portrait buscando una
explicación, pues la explicación se encuentra en Stephen Hero,
en el que "Stephen hallaba muy diestro a ;¡faurice [su hermano] para plantear objeciones" 41 .
En el segundo ejemplo procedente de Ulysses, un pasaje
que tiene un sentido bastante satisfactorio sin apóyarse en ninguna explicación ulterior es enriquecido por Stephen Hero con
una asociación nueva y de manifiesta pertinencia. En la escena del prostíbulo, el uso que Lynch hace de la palabra "palmeta" provoca la alucinación del padre Dolan del Clongowes
Wood College, al que había asistido Stephen siendo niño: "Dos

veces cruje ruidosamente una palmeta, el ataúd de la pianola
se abre, y la pelada cabecita redonda del padre Dolan salta
como un muñeco de resorte (Jack-in-the-box)" 42. La imagen inmediata de la cabeza del sacerdote emergiendo de
improviso de la pianola, tal como he indicado, es suficiente
justificación para la figura del muñeco de resorte. P ero, como
sabemos 43 , r?petidamente las alucinaciones en la escena del
pros~íbulo se fundan sobre la realidad. Es Stephen quien tiene
la vi:,ión de la caboza del sacerdote, y Ulysses no contiene indicio alguno de su origen. La explicación plena de lo que por
cierto debe haber sucedido en la mente de Joyce al escribir
este pasaje ha de encontrarse en Stephen Hero:
"La madre [de StephenJ le contó cierta vez que había hablado de él con su confesor, pidiéndole su asistencia espiritual.
Stephen se volvió h«cia ella y le censuró acaloradamente por
haber hecho tal cosa:
"-1\fuy lindo -dijo-. Que vayas y discutas acerca de
mí a mis espaldas. ¿No cuentas con tu propia naturaleza para
que te guíe, tu propio sentido de lo que está bien. sin que tengas que ir a rierto padre Juan Muñeco (Jack-in-the-Box) para
pedirle que te guíe?" 44.
En verdad, hay recuerdos que son transferidos del Portrait
a Ulysses sin explicación alguna, y acaso no sea posible llegar
a comprender su significado pleno sin recurrir a la obra precedente. El procedimiento puede justificarse porque a su ca-

�72

El "Stephen Hero" de James Joyce

rácter concierne, Stephen se encuentra en lo que es una secuencia de dos novelas, de modo que es lícito esperar que el
lector conozca la primera antes de comenzar la segunda. · Justificación que equivale a reconocer que Ulysses, en lo que respecta a Stephen, no constituye un todo artístico; pero sí, al
menos, una justificación. No obstante ¿qué motivo formal, incomprensible, puede basarse en una obra que el autor, considerándola juvenil 45, no perisaba publicar 1 Acaso pueda sostenerse que los puntos ciegos ocupan un sitio legítimo en la
intelección de una mente ajena. Pero, puesto que hubo explicaciones para estos puntos particulares, seguro que la ceguera
es aquí un mal innecesario.
Como ya se indicó, Stephen Hero no sólo elucida pasajes
Je otras obras de J oyce; también prefigura la ulterior actividad de J oyce; en particular, el desarrollo de su artesanía.
Una breve descripción del Tío John de Stephen bien puede contener el germen del cuento titulado "The Boarding House" ("La casa de huéspedes"), incluído en Dubliners: "Uno de
los tíos de los muchachos era un asmático desgreñado que en
su juventud fué algo imprudente con la hija de la casera y a
duras penas había aplacado a la familia con un tardío -casamiento" 46.

Joseph Prescott

73

turnbró a que en el mismo momento de su aparición las sensa~iones e impresiones fueran registradas y analizadas delante
de él [por Stephenl" 51 . El hábito introspectivo, ilustrado varias veces en el Portrait 52, es una base adecuada desde la cual
Joyce posteriormente ha de hallar análogos el monólogo interno de Les lauriers sont coupés de Dujardin y las indagaciones de los psicólogos modernos.
En la temprana época de Stephen Hero también se prefiguran los experimentos de Joyce con el lenguaje. Stephen
"componía sus versos, no palabra por palabra, sino letra por
letra. En Blake y Rimbaud l~ía acerca de los valores de las
letras, y hasta alteraba el orden de las cinco vocales y las combinaba a fin de componer gritos para emociones primitivas" 53 .
Uno solo, entre in~ontables pasajes de Ulysses, bastaría para
destacar la importancia que tal experimento tiene en la obra
ulterior de J oyce:
"Escuchad: el tetraverbal discurso del oleaje: seesú, jrss,
rsseeiss uuos. Vehemente aliento de las aguas entre serpientes marinas, caballos encabritados,rocas. En recipientes rocosos se derrama: altea, vierte, golpetea: flop, slop, slap; embalado en barriles. Y, agotado, su discurso cesa" 54.

La observación de Stephen de que "un hombre podría pensar con intervalos de siete años y de repente escribir una
cuarteta que lo inmortalizara, sin preocuparse por ello aparentemente" 47 y una referencia incidental a "ciertos versos
inflamados que tituló Vilanela [sic] de la Tentadora" 48 parecen constituir el germen del relato maravillosamente vívido
que se hace en el Portrait de la creación de una "villanela" 49 .

La vigorosa escena en que el impulso a fornicar con Emma
Clery e, inmediatamente después, la muerte de la hermana imponen al artista de la contradicción entre belleza y mortalidad 55 ya sugiere al ulterior maestro de la técnica de yuxtaposición para obtener el efecto de simultaneidad; breve muestra, eu el extenso número de pasajes que emplean dicho mé• todo, es este peusamiento de Bloom: "Perdón, señorita, tiene
una ( ¡ pff !) nada más que una (¡ pff !) pelusita" 56 .

Nuevamente, la técnica de un episodio íntegro de Ulysses
es bosquejado en el siguiente pasaje:

III

"Stephen maquinó para el catecismo pseudoclásico la pregunta y la respuesta siguientes:

"Pregunta.-¿ Qué gran verdad aprendemos en las Escanciadoras de libaciones de E3quilo 1
"Respuesta.-En las Escanciadoras de libaciones de Esquilo
aprendemos que en la antigua Grecia hermanos y hermanas
calzaban zapat0s de igual medida" 50.
'

Aquí, de manera ,embrionaria, está la técnica del penútimo episodio ele Ulysses en forma más explícita que en cualq1~ier parte del Portrait. Nos enteramos que "Cranly se acos-

Tal como es, juvenil e incompleto, Stephen Hero debe constituir una contribución substancial al renombre de J oyce. Si
como hemos dicho en otra ocasión 57 Finnegans Wake privó a
J oyce de algunos lectores, Stephen Hero puede servir para recordarnos dos cosas. Primero, que las primeras obras de Joyce
son sumamente legibles, incluyendo entre ellas -para el público que se formó en una literatura principalmente producida
bajo su influencia- la mayor parte del Ulysses. Segundo, que
J oyce, prototipo del artista exilado, estaba paradójicamente
destinado -tal como lo insinúa esta obra juvenil- a convertirse en uno de los voceros de su tiempo.

�El "Stephen Hero" de James Joyce

74

Al considerar los comienzos del siglo, el Renacimiento Irlandés 58, la forma de la novela, la instauración del drama
moderno y asuntos tan perennes como la psicología del artista
y de la obra de arte o la relación del individuo con las instituciones familiares, escoláres, eclesiásticas y estatales, Stephen
Hero requier e, no sólo la atención de los admiradores de J oyce,
sino la de todos los que se inter esan por la historia de la formación del pensamiento moderno.
(Traducción de James Rest)

Wayne State Unlverslty, Detrolt, Mlchigan, E. U.

Joseph Prescott
10.- lbíd., p. 197.
11.- Portralt, p. 71.
13.- IbW., p. 188.
13 -lbíd., p. 188.
14.-- Stephen Hero, p. 40.
15.- lbíd., pp. 89 y

1.- HERBERT GORMAN. James Joyce, New York y Toronto, 1939, pp. 127,
128. Cf. JAMES JOYCE, Ulysses, ed. de la Modern Library, p. 2'4_6.
(Para la versión castellana de este último pasaje, véase la traducción
de Ulises de J. Salas Sublrat, Buenos A1res, 1945, p. 2 5: "Dentro de
diez afios . . . Va a escribir algo para dentro de diez afios''. N . .del T.)

2.- Hay veinticinco páginas del manuscrito que no se hallan Incluidas
en el Stephen Hero publicado bajo la dirección editorial de Theodojre
Spencer (New York, 1944): estas páginas pertenecen al sefior J ohn
J. Slocum y están depositadas en la bibliote&lt;;a de la Universidad de
Yale; han sido descritas por John J. Slocum y Herbert Cahoon en A
Blbliography of James Joyce (1882-1941), New Haven, 1953, p. 136.
Que A Portralt of the Artist as a Young Man es un titulo erróneo
ha sefialado por el profesor G. H. Maynadler en una conversación que
sostuvo conmigo en 1934; para una apreciación similar, cf. ARLAND
USSHER, Three Gret Irlshmen: Shaw, Yeats, Joyce, London. 1952,
p. 132, nota l.
3.- Stephen Hero, p . 182.
4.-

5.-

16.- GORMAN, p. 70.

Stephen Hero, p. 202.

Stephen Hero, pp. 176-178.

19.- Ibíd., pp. 178, 192.
20.- The Tables of the Law y The Adoration of the l\lagl, London, 1904,.
En The IJay of the Itebblement Joyce llama a The Adoratlon of the
Magl " un cuento que uno de los grandes escritores rusos pudo hab~
compuesto". (Two Essays, p. 8.)
21.- JOSEPH HONE, W. B. Yeats, New York, 1943, p. 184.
22.- Ulysses, p. 210.
23.-

Stephen Hero, p. 40.

24.- Ibíd., p. 111.
25.-

Ibícl., p. 146.

26.-

lbícl., pp. 37. 83, 168.

27.-

lbi(l., pp. 147-148.

28.-

Portrait, p . 241.

29.- Ibícl., p. 252.
30.-

Stephen Hero, p. 211.

3Í.- Portrait, p. 240.

32.-

Stephen Hero, p. 210.

33.- Portralt, pp. 65, 70.

34.-

Stephen Hero, p. 41.

35.- Portralt, p. 236. [Fianna, en gaél!co, significa "soldado". N. del T.]
36.- Ibi&lt;l., pp. 211-212.
37. - lbíd., p . 296.

6.- Portrait, p . 299. En Ulysses, p. 629, oímos nuevamente: (Irlanda debe
de ser Importante porque me pertenece".

38.- Stephen Hero, pp. 61-62.

7.- Stephen Hero, pp. 122-123.

39.-

8.- Ibíd., p. 124.

40.- lbíd., p. 493.

9.-

•

JAMES J07CE, A Portralt of the Artlst as a Young Man, edición de
la Modern Llbrary, p. 229. Posteriormente, en Ulysses, p. 17, cuando
Raines expresa su Interés por coleccionar los dichos de Stephen, éste
pregunta: "¿Le sacaría yo dinero a eso?" rPara una versión espafiola
del Portrait, véase JAMES JOYCE, El artista adolescente. (Retrato;),
traducción de Alfonso Donado (pseud. de Dámáso Alonso), Buenps
Aires, 1938. N. del T.]

SS.

17.-F. J. C. SKEFFINGTON ANO JAMES A. JOYCE, Two Essays, Dubli¡n,
s. f. , pp. 7-8, el ensayo de Joyce está fechado el 15 de octubre de
1901. rEI "nolano" referido en el texto es Giordano Bruno, natural
de Nola, en el norte de Ital!a; al respecto véase lo que dice Harry
Ltvln en James Joyce: a critical lntr0&lt;luctlon, London, 1944, o. 101102: "Recordamos que fué "el nolano" quien apadrinó el primer panfleto de Joyce, The Day of the Rabblement, y favoreció la estudiantil
herejía de Stephen en el Portrait ot the Al'tist. Fué el mismo Bruno
quien comparó su propio martirio con el de Icaro, del flgliuol di Dedalo ll fin rlo, y quien atribuyó todo su sistema metafísico a la causa eficiente de un artífice interno". N. (lel T.]
18.-

NOTAS:

75

lbÍll., p. 161.

Ulysses, p. 208.

41.- Stephen Hero, p. 36.

�76

El "Stephen Hero" de James Joyce

42.- Ulysses, p. 547. [La asociación del padre Dolan con la palmeta procede del primer capitulo del Portralt, en el cual el sacerdote castiga
a Stephen con tal instrumento. N. del T.]

NOTICIAS

43.- Cf. STUART GILBERT, James Joyce's mysses:A Study, New York, 1952.
pp. 307 y siguientes.
44.- Stephen Hero, p. 209. Para otra 'b urlona ecuación con el confesonario
(confesslon box), cf. Ulysses, p. 554: "Queens lay with prlze bulls.
Remember Passlpp,ae (sic) for whose lust my grandoldgrossfather
made the flrst confession box" ("Las reinas se acuestan con toros
premiados. P.ecuerden ·a Pasifae por cuya lujuria mi obsceno tatarabuelo hizo el primer confesonario". Trad. de J. Salas Subirat).
45.- THEODORE SPENCER, "Introduction", Stephen Hero, p. 8, citando
al secretario de Joyce.
46.- Stephen Hero, p. 166.
47.- Ibid:, p. 185.
48.- lbÍll., p. 211.
49.- Portralt, pp. 254-263.
50.- Steplien Hero, pp. 192-193. [Stephen seguramente alude al episodio
de Las Coéforas -Libatlon-Pourers dice Joyce- en el que Electra,
tratando de establecer la procedencia de un rizo puesto como ofrenda
en la tumba de su padre Agamemnon, comprueba que ha sido dejado
por su hermano Orestes al descubrir la huella de un pie que coincide
exactamente con el de ella en forma y dimensión. N. del T.]
51.- Ibld., p. 125.
52.- El imaginarlo sonido de una vara "le daba un estremecimiento, pero
era porque se siente un estremecimiento cuando se baja uno los pantalones" (Portrait, p. 47). La palabra vino "le hacia a uno pensar
en el color púrpura oscuro, porque las uvas tenían ese color en Grecia, creciendo en la parte exterior de casas semejantes a blancos templos" (lbÍll., p. 49).
53.- Stephen Hero, p. 32.
54.- "Listen: a fourworded pavespeech: seesoo, hrss, rsseelss ooos. Vehement breath of waters amid seasnakes, roarlng horses, rocks. In cu¡ps
of rocks it slops: flop, slop, slap: bounded In barrels. And, spent, its
speech ceases" (Ulysses, p. 50). [Para la traducción, hemos seguido
la versión de Salas Sublrat, con ligeras modificaciones, N. del T. 1
55.- Stephen Hero, pp. 162 y ss. En la vida de Joyce, fué un hermano el
que murió. "En la primera versión de la novela, este ntiílto se ha
convertido en una hermana" (PATRICIA HUTCHINS, James Joyce's
Dublln, London, 1950, p. 62). De este modo, Joyce ha acrecentado
el drama de la muerte as! como la contradicción entre belleza y mortalidad. Cf. Portralt, p. 199: "y de una nifia, y sellad&lt;,&gt; con el prodigio de la belleza mortal, su rostro".
56.- Ulysses, p. 82.
57.-Articulo "Joyce, James", en la Encyclopaeclla Brltannlca, 1947 y ediciones posteriores.
58.- [Se llama Renacimiento Irlandés al movimiento cultural - particularmente de resurgimiento y renovación literaria- que se desarrolló
en Irlanda a fines del siglo XIX y comienzos del XX, del que fuerdn
figuras principales W. B. Yeats, Douglas Hyde, Lady Gregory, George
Russell (A. E.), Lionel Johnson, John Eglinton y, posteriormente, .J.
M. Synge y (de manera menos estricta por lo que respecta a los eiementos específicamente célticos) George Moore, N. del T.]

• El Arquitecto Joaquín A. Mora, Nuevo Rector de la
Universidad. Con fecha 29 de septiembre, el señor Gobernador constitucional del Estado, licenciado Raúl Rangel Frías,
expidió nombramiento de Rector de la Universidad de Nuevo
León al señor arquitecto don Joaquín A. Mora, catedrático
de la Facultad de Arquitectura y fundador de la misma. Este
nombramiento, considerado por los universitarios nuevoleoneses como arertado y prudente, vino a llenar el hueco que se
dejaba sentir desde la ·separación del ingeniero Roberto Treviño Gonzál~z, antes de cumplirse su período rectoral que por
ley termina por estas fechas.

Al día siguiente, martes 30, fue celebrada una solemne
ceremonia, con asistencia de los señores miembros del H. Consejo Universitario, en el recinto de la Rectoría universitaria,
a las 11 horas, en la que el señor licenciado Roque González
Salazar, que había fungido como Rector interino de la Casa
de Estudios, hizo la resentación del nuevo funcionario quien,
posteriormente, dirigió breves palabras a los presentes para
recibir luego las felicitaciones de todos ellos.
Uno de los primeros acuerdos del Rector :Mora fue el de
reiterar su confianza y ratificar su nombramiento al licenciado González Salazar quien, en lo sucesivo, continuará al frente
de la Secretaría General de la Universidad. Los problemas de
la Institución, que pasa por una de las más duras situaciones
económicas de su historia, serán conocidos en su esencia y gravedad por el nuevo funcionario, en la misma medida en que el
tiempo transcurre, antes del presente año lectivo que toca ya
a su fin. Y las visitas asiduas a las facultades y escuelas se
sucederán, según las buenas intenciones del Rector, con el
objeto d&lt;&gt; conocer objetivamente el funcionamiento y las necesidades reales lle cada una de las dependencias universitarias.
El mismo día, el Rector Mora recibió a una numerosa comisión &lt;le alumnos de la Facultad de .Arquitectura, quienes
pusieron en sn conocimiento la aflictiva situación de esa ins-

77 -

�78

Noticias

titu~i?n . que ~a~·ece, hasta hoy, de un local api:_opiado y de
mob1hano suficiente para el desarrollo de sus tareas docentes.
Este es uno de los primeros problemas que el nuevo Rector
habrá de resolver, en vista de su iJI1portancia.

Breve biografía.-El arquitecto Joaquín A. Mora nació
en Velardeña, Durango, el 21 de agosto de 1906. Hizo sus estu~ios primari?s en Torreón, 0oahuila, y realizó los preparatonos y profesionales de Arquitecto en la Univrsidad de Texas
donde recibió su título profesional en el año de 1931. Ha di~
rigido ~rabajos diversos propios de su profesión en las principales cn:dades del norte de la República, así como en importantes cmdades de los Estados Unidos.
Desde hace más de 26 años radica en la ciudad de Monterrey, donde h~ ejecutado sus mejores obras, así de arquitectura como de pmtura. Es fundador de la Facultad de Arquitectura: instituída en el año de 1946 como curso dentro de la
F'.acult~d d~ I~geniería, y elevada a la calidad de dependencia u111_ver~1~ana en 1948. Fue, además su primer director,
cuyo eJerc1c10 se prolongó por varios años y actualmente es
catedrático de la misma.
Puede decirse que el arquitecto Mora es uno de los más
eminentes acuarelistas mexicanos. Ha presentado sus obras en
la Feria Mundial de 0hicago, en Austin y San Antonio Texas
Y n~~m·osas ocasi_ones en la ciudad de Monterrey, bajo lo~
ausp1c10s de la Umversidad de Nuevo León. Actualmente está
empeñado en la ilustración de una edición de lujo de la obra
cervantina "El Ingenioso Hidalgo Don Quijot~ de la Mancha".

• El Cine-Club Universitario de Nuevo León ha nacido.
"Imagma
. d una caverna y, en esta caverna, unos hombres encadenados desde la infancia, sin posibilidad ninguna de moverse ni de voltear la cabeza, y no pudiendo ver más que los
obj~tos situados frente a ellos. Detrás, a cierta distancia y
a cierta altura, está un fuego, cuya luz les alumbra. Entre
el fuego y los cautivos hay un camino áspero, escondido por
un tabique parecido al que los charlatanes ponen entre ellos
Y los espectadores, para ocultarles el ruego y los resortes de
las maravillas que les enseñan ... En este corredor pasan figuras de hombres y de animales. . . cuyas sombras ~an a pintarse en el fondo de la caverna". Este mito, de la Caverna
de Platón, es bastante conocido para que tengamos que insistir'.
Lo interesante es que prefigura este espectáculo nuevo que
llamamos: EL CINEMA. El filósofo griego no podía pensar

79

Koticias

que un día las imá!!'encs de su dialéctica encontrarían una
'
'
..
realización tan acabada y que atraería con tanto entusiasmo
a la gente del mundo entero.
'--'

..

Pero entre los miles de kilómetros de película que el cine,
(para llamarle por su nombre común) nos ha dado, la selección no es fácil, y sin embargo esta selección es el primer
propósito de un Cine-Club, desde que existen cines-clubs, es
decir desde 1922, fecha en la cual se crearon grupos de personas reunidas para ver películas y hacer colectivamente el análisis y la crítica de ellas. La idea se desarrolló rápidamente
y numerosos grupos de este tipo se consagraron, primero, a la
proyección de obras de vanguardia o prohibidas por su contenido político o social. Revelaron así obras como "EL GABI·
NETE DEL DR. CALIGARI" de Robert Wiene, las obras vanguardistas de Buñuel ("EL PERRO ANDALUZ"), de Ge'rmaine Dulac, Man Ray., y las películas soviéticas prohibidas "EL
ACORAZADO POTEMKINE" de Eisenstein y "LA. MADRE"
de Pudovkine. Pero en 1936, los C.C. buscaron y adoptaron una
fórmula nueva que es la actual, en vez de presentar únicamente obras prohibidas o de un purismo no comercial, quieren revelar a los aficionados los clásicos del cine. La palabra "clásico" no implica solamente una idea de excelencia. Los clásicos de la literatura, -para no hablar más que de ellos-, no están
exentos de toda clase de críticas y de comentarios. Es que la
palabra designa también las obras que presentan ciertos caracteres de ae¡abamiento formal, el cual les permite sufrir la prueba del tiempo.
Pero desgraciadamente "l~s fines de un Cine-Club no siempre son bien comprendiqos. Incomprensión del público, de algún s,ector del comercio cinematográfico y por qué no también,
de la crítica que puede juzgarlos. Si es común medir la labor
de un Cine-Club por el número de obras que estrena o por las
novedades hay que buscarlas en el extranjero y pagarlas a precio excesivo para un circuito reducido que no es comercial.
La programación de un Cine-Club, no es obra del capricho. No
existe libertad total de elección en lo que se muestra. ·No todo film que se destaca en la historia del cine es conseguible, ya
sea obtenido en préstamo, alquilado ni aun comprado. . . Lo
fundamental. . . . es hacer de cada programa una oportunidad
de que se reconzcan aspectos fundamentales del arte y la historja del medio cinematográfico. . . . Superar el simple deleite o
el rechazo personal del público por un espectáculo, para descubrirle al novato todo aquello que suele no ver en una película;
enterarlo de las ideas que mueven este arte, los valores en los

�80

Noticias

cuales se realiza, la influencia que ejerce en el medio social".
( Gaceta Universitaria.- Montevideo).
Estos son los proyectos del joven Cine-Club de la Universidad de Nuevo León. La tarea es ardua, pero no imposible para jóvenes decididos a darle el toque de perfección. Pero un Cine-Club no se forma para presentar, los últimos adelantos de la técnica, sino para formar el buen gusto cinematográfico de sus miembros. Las películas anunciadas aquí, tienen un valor histórico y artístico incontestable, puesto que se
habla de "EL ACORAZADO POTEMKIN", de "DTA DE FIESTA", de "LOS HIJOS DEL PAR.A.ISO", de "LA RED", de
"LOS TIEMPOS MODERNOS", de "EN ALGUN LUGAR DE
EUROPA", de "PAISA", de "CITIZEN KANE", etc., etc.
Y como en la palabra Cine-Club, hay la palabra
"CLUB", estas proyecciones serán otra cosa que funciones a
las cuales va cualquiera persona, más o menos indiferente, acostumbrada a ir al cine tal día a tal hora, sin preocuparse ni siquiera del programa. Un Cine-Club es un grupo de miembros
reunidos por la aficción al buen cine (y cuando digo bueno, no
me importan las consideraciones morales, sociales ·o políticas).
Una función en un verdadero Cine-Club se desarrolla así : presentación, proyección, discusión. No quiero esperar que lleguemos inmediatamente a esta trinidad. La presentación será siempre corta, y la discusión hlexistente. A lo menos al
principio, pero con la esperanza de ver rápidamente el Aula
l\Iagna de la Universidad teatro de discusiones apasionadas sobre la decadencia del juego de Orson Wells,· el mérito de la fotografía de Figueroa, o el realismo de René Clair....
En espera de eso, la primera función del Cine-Club
Universitario de Nuevo León, fue de las más calmadas, lo que,
no quiere rlecir, de las más corrientes. Al contrario. La
obra escogida, "LA SAL DE LA TIERRA" de Herbert Bibermann, pero reaJizada en Nuevo México, con actores en gran
parte 110 profesionales, abrió honorablemente la temporada.
Aunque haya mucho que decir sobre una obra cuyo primer mérito e~ plantear cierto problema social, interesante, sin poseer
las cualidades de imparcialidad y la sobriedad de expresión necesarias. La puerrlidad de ciertas situaciones, sin embargo,
no consigue hacer olvidar la fuerza intensa y el equilibrio de la
fotografía, ni el admirable movimiento de la multitud al final
de la obra.
Primeros pasos, primeras experiencias. Deseamos al
Cine-Club de la Universidad de Nuevo León, el éxito y la larga
vida que merecen el entusiasmo, la decisión y el espíritu de novedad.

Yoticias

81

• Supimos demasiado tarde para hablar de ella en el último número de nuestra revista, la muerte del gran escritor
francés ROGER MARTIN DU GARD, Premio Nobel de Literatura ocurrida el 22 de Agosto. Hemos pedido a nuestro
colabo~·ador, Serge P. DARMON, hablarnos de una de las figuras más destacadas de la literatura de su país.
ALBERT CAl\lUS escribe, (1) "Roger MARTIN DU
GARD pensaba que un escritor debe al público su obra y no su
persona... . debemos obedecerle, por gratitud y por afección;
callarse sobre él, sin olvidarle, y no hablar más que de su obra".
La gran discreción que guardaba sobre su vida privada, no
nos hubiera dejado, de toda manera, hablar de este ho1;llbre,
cuyo nombre "no significaba solamente... la grandeza literaria, el don excepcional de recrear la vida y de fijarla en Yastas novelas: siimifica también la lucidez valiente frente a sí
mismo y al prójimo, la honestidad intelectual llenada hasta
su colmo, la dignidad y la independencia del carácter, en fin,
todas las virtudes que hacían de este admirable escritor, un
hombre la mar de raro y cuyo ejemplo ponía, como un remanso
de pureza, en nuestra época turbada". (2)
La obra de Roger MARTIN DU GARD, se extiende, en
sus manifestaciones culminantes, de 1913 a 1940, atravesando
así, dos guerras. La primera novela "JEAl~ BAROIS" publicada en 1913, pero que tuvo su influencia, solamente en la
post-guerra hecha de diálogos y de correspondencias, es la
condenació~ lúcida de una generación y de un mundo "fin de
siglo". Un intelectual cristiano, en medio de los torbellinos
del caso Dreyfus, pierde la fe de su infancia, combate a la
Iglesia, se suscribe a los :tJrincipios del materialismo científico,
para volver por fin a la religión bajo la influencia de la enfermedad, y de su hija hecha monja. En esta historia "a la
manera de Paul Bourget", la discusión ideológica y religiosa
ocupa todavía un lugar preponderante.
Las cosas van a cambiar, o a lo menos a evolucionar, a lo
largo de los ocho tomos de una novela que dio a Roger MARTIN DU GARD la notoriedad. En 1922, aparece "El Cuaderno Gris" primera parte de "LOS THIBAULT". Con "JUAN
CRISTOB.AL" de Romain Rolland, "EN BUSCA DE TIEMPO
PERDIDO" de Proust, "LOS HOMBRES DE BUENA YO(1)

"Le Fígaro Litteraire" 30 de Agosto de 1958.

(2)

J ean Rostand.-

idem.

�82

Noticias

LUNTAD" de Jules Romains, "LOS PASQUIER" de Georges
Duhamel, el principio del siglo XX nos ha acostumbrado a
esos ciclos novelísticos hechos de la pintura de cierto medio y
de cierta época, ciclos de och~ a diez volúmenes que mantienen con dificultad en sus límites, el hervor de la vida. Sin
embargo "LOS THIBAULT" marcan una nueva orientación
entre estas novelas densas y profundamente esculpidas, a pesar de su monumental tamaño : es la primera serie centrada,
no como "JUAN CRISTOBAL", por ejemplo, en la vida de un
solo individuo, sino en la historia de toda una familia. Historia que permite, a través de los actos y de los pensamientos de
sus protagonistas, estudiar el comportamiento de distintos elementos familiares nacidos del mismo tronco : Osear Thibault,
burgués católico, duro, orgulloso y obstinado en los prejuicios
de su clase, cuya rigurosidad aparece en los dos hijos Antonio
y Juan, pero con matices netamente opuestos. Esta pintura
de la vida de una familia burguesa, durante los primeros años
del siglo Roger MARTIN DU GARD, supo hacerla con un realismo precios que n5&gt; fue, i:iomo el de Zolá, a buscar la justificación de su grosería en un exceso de precisión. "Pocos novelistas presentaron la verdad de las costumbres y de los caracteres, de una manera tan inmediata, tan exclusiva de símbolo,
y cultivando con tanta suerte la verosimilitud y la crequlidad" (1), sabiendo escoger entre las inumerables posibilidades
del estilo, el tono más adecuado para crear una atmósfera, o
divagaciones morales: presenta personaj es en acción, bien diferenciados.- Sin embargo, y a pesar de la seducción de una
narración hábil, de un sentido dramático profundo, el principal interés de "LOS THIBAULT" está en el problema religioso que dirige a este vasto conjunto. Oposición entre un protestantismo caritativo, bondadoso y expansivo ( el de uno de
los personajes, Madame de Fontanin), y el catolicismo orgulloso, seco y riguroso de Osear Thibault. Sin que haya aquí un
intento de apología del protestantismo, las preferencias de Roger MARTlN DUGARD, parecen ir hacia un catolicismo menos exigente y más caritativo. Como previsto, estas preferencias despertaron, las críticas del católico intransigente que es
Francois Mauriac, el cual escribe, bajo el.título "Nuestra guerra de religión" : "No he vuelto a leer "LOS TlilBAULT" hace años. Lo que me queda de historia siniestra de una religión
y de una moral deformadas, hechas odiosas a un joven espíritu por un padre fariseo. Tartufo, que no sabe que es Tartufo - y feroz".
1)

P. M. SIMON - Histoire de la Littfrature Francaise Contemporaine. - Tomo I - pág. 190

Noticias

83

El plan monumental de "LOS THIBAULT" había sido
concebido en la fuerza de la juventud y en la serenidad de la
madurez, y la historia de los dos hermanos debía de prolongarse hasta 1939. Pero después del accidente de 1931, Roger
MARTIN DU GARD parece haber temido no poder acabar su
gigantesca tarea.
Cambió completamente la composición de su obra para
que se acabe con la Primera Guerra Mundial. Los tres tomos
de la séptima parte ("Verano de 1914") aparecen después de
una interrupción de siete años y marcan una evolución muy
neta en la manera y en la materia. Con una importancia más
grande dada la ideología, se ve que Roger MARTIN DU
GARD quiere volver a un tipo de novela que recuerda "JEAN
BAROIS", aunque los problemas metafísicos y religiosos, ceden el lugar a preocupaciones políticas y sociales. El movimiento épico, el soplo potente que animan estos últimos
tomos, terminan el ciclo de "LOS THIBAULT" en magnífica
sinfonía.
Pero tan grande como fue la importancia de "LOS THIBAULT" en la vida de Roger MARTIN DU GARD, no deben
esconder sus otras actividades, y sobre todo su influepcia sobre el teatro de principio de siglo, no solamente como autor
del "TESTAMENT DU PERE LEl¿EU" y de "EL TACITURNO", sino sobre todo como arte de un grupo activo de aficionados, actores y directores, decididos a dar al teatro una nueva juventud.
No se debe olvidar tampoco el "DIARIO DEL CORONEL DE MAUMORT" novela monumental que debía tener la
amplitud de "LOS THIBAULT", que Roger MARTIN DU
GARD concibió desde 1941, pero que la muerte interrumpió
antes de cualquier publicación. La importancia de las partes
redactadas permitirán tal vez una edición coherente. ¿Aumentará ésta el .valor incontestable del escritor ?- André GIDE
nos lo dejaba esperar, él que tuvo el privilegio de lecturas privadas y que, a pesar de la plenitud, del vigor de la composición, de la precisión en los detalles y de la firmeza del estilo
que caracterizan "LOS THIBAULT", decía al autor: "Ud. no
escribió nada más sólido ni más personal". Solamente una posteridad la cual, desgraciadamente, se aparta más cada día de
sus grandes maestros, podrá confirmar este juicio.-

�Noticias

84

Xoticias

85

Fin 1932 : Establece un plan para "LOS THIBAULT", y busca documentos para los volúmenes siguientes.
ALGUNAS FECHAS

1936 : "LOS THIBAULT" Séptima Parte.
10 de Nov. de 1937 : Premio Nobel de Literatura.
Marzo - Diciembre 1939 : Viaje a las Antillas.

23 de marzo de 1881.- Roger MARTIN DU GARD, nace en
Neuilly-sur-Seine, cerca de París.

1940 : "LOS THIBA ULT" Octava (y última) Parte - Se instala en Niza.

1898 : Bachillerato.
1899 : Licenciatura en Letras, en la Sorbona.- Examen de
"L'Ecole N-ationale des Chartes".

1944 : Avisado por la Resistencia que figura en una lista de
sospechosos establecida por los alemanes, se esconde en el
suroeste, en casa de su hija.

1902 : Servicio Militar en la Infantería.

1949 : Muerte de su esposa.

1903 : Tesis y diploma de archivero- paleógrafo.

1951 : Muerte 4,e su amigo André Gide; él está a su lado. Publica "NOTAS SOBRE ANDRE GIDE".

Febrero de 1906 : Casamiento con Héléne Foucault, hija de
un abogado de París. Van a vivir a París, después de un
viaje a Africa del Norte.

1955 : "OBRAS COMPLETAS" en la librería Gallimard.

22 de Agosto de 1958 : Siendo las 20.45 horas, ROGER MARTIN DU GARD, muere en su casa del Tertre, de una enfermedad del corazón.

Octubre 1913 : Después de escribir su gran novela "JEAN
BAROIS" y su obra teatral "LE TESTAMENT DU PERE LELEU", es presentado por su amigo Gastón Gallimard, al grupo de la "Nueva Revista Francesa", y hace
amistad con J acques Copeau y André Gide.

CENTENARIO DE BALTASAR GRACIAN (1658-1958)

1914-1918 : Sargento de un grupo motorizado.
1920-Otoño : Compra una casa cerca de París y empieza la redacción de "LOS THIBAULT".
1922 : "LOS THIBAULT", Primera y Segunda Partes.
1923 : "LOS THIBAULT", Tercera Parte.
1925 : Compra a su suegro su casa de campo del Tertre, y se
instala allá para escribir otros volúmenes de "LOS THIBAULT"

..

1928 : "LOS THIBAULT" Cuarta y Quinta Partes.
1929 : "LOS THIBAULT" Sexta Parte.
d

lo. de Enero 1931 : Accidente de automóvil. Su esposa y él
quedan hospitalizados durante dos meses.
Primavera de 1931 : Convalecencia. Escribe "UN TACITURNO", obra teatral, que LOUIS JOUVET presentará en octubre, en el Teatro de los Campos Elíseos.

• El día 6 de diciembre se cumple el tercer centenario
de la muerte del P. Baltasar Gracián y Morales de la Compañía de Jesús. ARMAS Y LETRAS señala esta fecha de honda importancia para las letras hispánicas. Baltasar Gracián
-varón desengañado, hombre discreto, de resolución, de espera- muere con una España que ya está, también ella, en el
deslizadero de la decadencia; como Quevedo es un pesimista
y cae en el mismo surco que éste para abonar la tierra de España. Las mismas hachas los derriban. "Mi escritor favorito
es este filósofo Gracián", afirmaba Schopenhauer en 1832 y desde entonces, a través de Nietzsche, tendremos un Gracián redivivo en las letras españolas, en las letras universales, un Gracián que influye, con presencia constante, en el curso del pel!_samiento y de la vida.
Baltasar Gracián y Morales -hijo de Fortuna,, hijo de
sus obras- es un ejemplo de alta inconformidad y de profundo sentido crítico; fue muchas cosas contra los que se empeñaban en que no las fuera; fue lo que fue a pesar de sí mismo.
Gracián alternante. Vivió en los términos de una perpetua

�86

Noticias

contradicción consigo y con los demás. Rebelde a las ordenanzas de la Sociedad de Jesús, murió en el destierra- frío y
duro Moncayo, cortantes nieves perpetuas; cortesano desencantado, detestó las intrigas de la Corte y los favores de los
validos, aunque dentro de sí diera categoría de valor a todo esto. Su filosofía, articulada sobre el sér de la realidad que lo
circundaba, es una crítica contra la falsa euforia y la 'decadencia mal disimulada.
Y como vivía en ese potro de contrariedades afirma: "Sin
mentir, no decir todas las verdades". No hay cosa que requiera más tiento que la verdad, que es un sangrarse del corazón...
No todas las verdades se pueden decir, unas porque me im1
portan a mí, otras porque al otro". "(Oráculo Manual,
CLXXXI).
ARMAS Y LETRAS, en su calidad de revista universitaria. se une a la serie de homenajes que el mundo d~ habla hispánica ofrece, en esta fecha tri centenaria, a la persona y a la
obra del P. Gracián.

LIBROS

Alegría, Fernando: Caballo de copas. Santiago de Chile:
Zig-Zag, 1957. 227 pp.
Caballo de copas es una novela cuyo fin principal
es presentar un panorama de la vida de los hispanos
en San Francisco, California, a través de un episodio
carrerista. El acierto de Aleg,ría consiste en el tono picaresco y a la vez sentimental del narrador chileno, el
cual ameniza todo el relato. Sin embargo, poco a poco, en la
mente del lector, el libro deja de ser la historia del narrador
sin mayores consecuencias para ir convirtiéndose en un verdadero estudio de los hispanos trasplantados (recuérdese la obra
de Blest Gana) en el ambiente antagónico pero exótico de San
Francisco.
A pesar del título del libro y su portada impresionista
muy bonita, Caballo de copas no es solamente la historia de
un caballo. Hay otras dos tramas que están entrelazadas con
la del caballo : el amor de Mercedes y el narrador y la huelga
de los estibadores capitaneados por Marcel, el padre de Mercedes. Esas tres tramas son manejadas muy hábilmente por
el autor para producir una obra bien estructurada. El libro
comienza con un capítulo corto sin título. Se podría llamar
prólogo porque ahí se presenta la noticia de la muerte del caballo, leída en el periódico por el narrador. Entonces éste
empieza a referir la historia del caballo y no vuelve a "los
acontecimientos de hoy" (pág. 225) hasta la página antepenúltima del libro. La novela consta de trece capítulos titulados
sin numeración en los cuales van alternando las tres tramas
hasta que convergen en el capítulo final. El tema dE&gt;l caballo de copas no se presenta claramente hasta el capítulo siete
que lleva el título "El excéntrico señor González", que E&gt;S el
nombre del caballo que por cierto encarna muchas características humanas. Ese tema llega a predominar en los capítulos
nueve y diez: "Donde la tierra derecha no es la r ecta" y "Caballo de copas, caballo de triunfo". El tema del amor SE&gt; jntroduce ya en el segundo capítulo, "Contribución a la primavera: primer movimiento", y además de estar presente conti-

87 -

�88

Libros

Libros

nuamente, logra predominar en el capítulo seis, "Tango", y se
cierra en el capítulo final, "Contribución a la primavera: segundo movimiento". La huelga, que es un tema secundario
a través de todo el libro, llega a dominar el escenario en el capítulo doce, "Marcha de los estibadores". En el capítulo fi.
nal, los tres temas se juntan. El narrador y Mercedes visitan a Marcel que está en el hospital como resultado de la batalla entre los huelguistas y los rompehuelgas. También acude el jinete Hidalgo quien había acompañado al narrador y a
los otros amigos carreristas cuando intervinieron en esa batalla a favor de Marcel y sus huelguistas. Hidalgo decide vender a "González" ·y l\iarcel acaba por aceptar al narrador como su futuro yerno después de que éste r enuncia a las carreras.

•

•

En cambio, el "entremés bucólico" que pinta un cuadro
nada bucólico de lo que tienen que sufrir los hispanos en las
fincas de California, termina con una nota divertida. "El
Cuate", amigo mexicano del narrador, se burla de los capataces en un juego de naipes y a pesar de las miradas torvas y
asesinas de un grupo de espectadores, se escapa "voladazo"
por la ventana con todo un dineral. De igual manera, la victoria de "González" en el Clásico de San Felipe pierde su grandeza épica cuando durante 11:1 celebración, el caballo caprichoso le da una patada a su jinete Hidalgo y muerde al entrenador Mr. Hamburger.
A pesar de que tod_a la acción transcurre en California,
la novela tiene un sabor chileno. Además del fino humorismo y la falta de proporciones épicas, se encuentra la predilección del autor por descripciones largas y lentas tanto de lugar es como de personajes.

Las tres tramas entrelazadas tienen como argamasa la
preocupación del autor con el ambiente y su efecto sobre los
hispanos. Abundan las descripciones poéticas de San Francisco, sobre todo de sus partes exóticas. La vida de los hispanos se presenta por medio de escenas de grupos en la pensión, los restaurantes, la finca de tomates y los muelles. La
nota de protesta social se oye de vez en cuando y llega a un
estruendo en los capítulos ocho y doce. La ironía del título
'·Entremés bucólico y pastoril o los tomates de la discordia"
( cap. VIII) da la idea de cómo el autor presenta la explotación de los "wetbacks" mexicanos y otros hispanos en las fincas de California. "Marcha de los Estibadores" ( cap. XII)
es el único capítulo de proporciones épicas que no cae víctima
del espíritu picaresco del autor. Los dueños de los barcos
son condenados por haber azuzado a los rompehuelgas con el
propósito de acabar con los sindicatos organizados por Harry
Bridges. Durante ½ts peleas, queda clara la complicidad de
la policía con los dueños. En medio del tono picaresco de
toda la novela impresionan muchísimo los trozos siguientes
que marcan la culminación del capítulo:
"Lo terrible de la situación de Marcel, lo que nos dejó mudos de espanto, fue que peleaba cojeando, de espaldas contra la pared, con el tobillo derecho dislocado y el pie torcido de una manera monstruosa, pues el hueso había roto
la piel y tocaba el suelo, mientras que el pie se apoyaba
completamente de lado ... . .Entre la sombra oxidada de
los trenes tuve una última visión de mis nuevos compañeros, sudando, los dientes apretados, la mirada desafiante,
los puños cerrados, la fila herméticamente unida, impasable". (págs. 208-209).

89

''Mi hotel apenas servía para dormir. Llegaba yo tarde en la noche y salía cert:a del mediodía, siempre con los
ojos medio cerrados, para no ver al administrador, con
su cara gorda y sudada, los ojos viciosos pegados a revistas obscenas. El piso del linóleo estaba cubierto de
escupos y de tabaco. Por todas partes había una pátina de sebo. La tela que servía de funda a los sillones y
sofás parecía la piel de un animal disecado. La ruina se
comía las mesas, las sillas, los estantes, como una peste
voraz que, por extraña razón,- semejaba nacer de unos ceniceros inmensos, sin forma y sin color, hundidos en un
lodo de ceniza y nicotina. Los inquilinos eran e~pañoles e italianos desocupados.
Cuando no miraban a la
ventana del vestíbulo, miraban la televisión, como sapos
alrededor de una charca". (pág. 25).
Al transcribir el dialecto de Hidalgo, Fernando Alegría
refuerza el tono chileno del libro.

J

-"Mira, Hidalgo, mejor nos vamos.
-¿ Qué decís, ñato 7
-Digo que es mejor que nos vamos.
-A la cresta con vos, cabro -me respondió con el acento
más chileno que le conocía hasta entonces-. ¿Y pa qué nos
vamos a ir ? Estos hijos de la gran siete me importan un rábano ... Mira cómo se les cae la baba de jetones que son". (pág.
20).
Aunque el carrerista mexicano "El Cuate" y el español
Marcel tienen su propio dialecto, no pueden rebajar la chile-

�DO

Libros

Libros

otro relato mucho más breve intercalado antes de cada sección, relato de épora actual en que el dramaturgo espera ansiosamente el regreso de su esposa que acaba de abandonarlo.
De manera que existe una yuxtaposición de tiempo presente
y de tiempo pretérito, técnica difícil que maneja Mallea con
mucho acierto en esta novela.

nidad de este libro cuyo sabor netamente criollo podría colocarlo al lado de las obras producidas por Mariano Latorre y
sus discípulos regionalistas.
Sin la desmesurada experimentación estilística que caracteriza tantas novelas contemporáneas, Caballo de copas es
una obra bien construída que abarca uno de los temas más apremiantes de hoy día: la vida de los hispanos en los Estados
Unidos. Con 'tan buenos auspicios, es de esperar que Fernando .Alegría pueda robarse el tiempo de sus deberes de catedrático para seguir cultivando el género novelesco.

Seymour Menton

Eduardo Mallea: Simbad. Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1957.

Simba.d la más reciente de las novelas del argentino
Eduardo :M:allea, es una obra voluminosa de unas 750
páginas, que por su penetración psicológica y tendencia
introspectiva sigue la huella de tanta,s otras que la preceden:
Recuerda mucho La bahía de silencio, publicada diez y siete
años atrás, pues también versa sobre el alma angustiada de un
escritor sensible e idealista.
En Simbad el protagonista es un joven dramaturgo que
queda emocionalmente insatisfecho con su producción literaria, bien que unas piezas han merecido los elogios del público
y de los críticos. Aspira n algo superior en su arte, algo que
tendrá un valor perdurable y de que él podrá enorgullecerse.
Así concibe la obra que va a llevar el título de Simbad, en que
el marinero legendario encuentra por fin en su octavo viaje la
tierra de su felicidad, la tierra de la que no regresa nunca. El
concepto simbólico es bien evidente, pues el destino a que
llega Simbad representa la meta ideal que todos anhelan después de haber superado los trabajos de la vida. La tarea del
protagonista implica meses y meses de reflexión, de labor ardua, de revisión. Además, han entrado en su vida durante
esta época dos mujeres de tempera:rp.entos contrarios; y _su
afecto y amor por cada una acarrean otros tremendos conflictos que forman gran parte del interés de la novela.
Es interesante la forma de la narración. El libro se divide en cuatro secciones que contienen la trayectoria de la vi- ,
da del protagonista a través de treinta y ocho años. Y hay

01

•

Con sus novelas La bahía de silencio, Todo verdor perecera, y otras :\iallca ya ha ganado su f;tma.. La mantiene con
Simbad, obra que revela de nuevo su madurez novelística, así
como su profundidad de significado respecto de la Argentina
contemporánea.
Myron I. Lichtblau

F ANTASTIQUE - 60 récits de terreur reunís et présentés
par Roger Caillois.- Club Francais du Livre.- París 1958.594 pp.
Esparcidas en las obras completas de los grandes at~tores las narraciones fantásticas fueron raras veces reumdas ; istemáticamente. Solamente tres obras recientes tratan
este tema: Buenos Aires 1940- New York 1944- Zurich 1956.
Pero ninguna se interesa en el aspecto particular escogido por
Roger Caillois: lo fantástico del terror. Es decir el trabajo
monumental de lectura y .de selección que representa el libro.
Esta se divide en una serie de dominios particulares, localizados no en el tiempo, sino en el espacio:- Inglaterra. cuyos maestros s~ llaman Dickens, Jacobs, Kipling. Irlanda, con Maturin y O'Brien ;- América, uno de los países más ricos de J~
literatura fantástica, pues cuenta con Edgar Allan Poe, W1lliam Austin Washington Irving y Ambrose Bierce ;- Alemania repre~entada por Hoffman y Arnim ;- Francia ilustrada por Balzac, Mérimée, Villers-de-1 'Isle-Adam, Maupassant •- Italia1 España, América Latina, Haití, Polonia. Rusia, Finlandia, China y Japón cuyo fantástico· mitológico es
de una riqueza sorpren_dente. "La antología del "FANTAS'rTCO" debida a Roger Caillois.... es una fecha sumamente
importante para esta literatura. Viene, en efecto, en el momento en el cual la science-fiction tiende a dominar en este dominio para crear un fantástico científico muy diferente y que
se puede considerar como una para-literatura en el siglo".
(J ean Bouret).

�92

Libros

Libros

Juan Felipe Toruño, Desarrollo Literario de El Salvador.-

Ensayo cronológico de generaciones y etapas de las letras salvadoreñas. Primer Premio República de El Salvador-Certamen
Nacional de Cultura 1957 (Ministerio de Cultura, Departamento Editorial, San Salvador, El Salvador, C. A,. 1958) .- Colección Cei:tamen Nacional de Cultura, No. 10, 448 páginas.
La literatura centroamericana cuenta con valiosos estudios parciales y existen los materiales necesarios para que se
pueda comenzar a hacer una organización sistemática de los
mismos con el objeto de presentar un panorama completo de la
misma. Guatemala, en concreto, cuenta con un buen manual
histórico de su literatura hecho por el periodista David Vela;
El Salvador, por desgracia, no lo ha intentado todavía seriamente, a pesar de contar con medios económicos suficientes para financiar un trabajo colectivo de especialistas que pusieran
orden a todo material disperso sobre la materia. Hace algunos años, el Ministerio de Cultura de este país, por medio de
la Biblioteca Nacional, publicó en mimeógrafo una ambiciosa
Bibliografía salvadoreña; lamentablemente este importante
trabajo bibliográfico fue encomendado a un aficionado que
trabajó sin plan definido ni criterio. Esta Bibliog-rafía Salvadoreña es un cúmulo desorganizado de autor es, obras, memorias, informes económicos o municipales, pastorales de obispos, catecismos, devocionarios, todo ello sin trascendencia para una verdadera bibliogr afía salvadoreña, base esencial y herramienta para un trabajo posterior de carácter histórico-literario.
El primer premio del Certamen Nacional de Cultura de
1957 ( en el cual participan escritores de todos los países centroamericanos-), fue adjudicado unánimemente al trabajo titulado "Desarrollo Literario de El Salvador, ensayo cronológico
de generaciones y etapas de las letras salvadoreñas" del Dr.
(Honoris Causa, Universidad de León, Nicaragua, C.A.) Juan
Felipe Toruño. Los jurados en tan importante concurso fueron: Don Carlos Samayoa Chinchilla, Director del Museo de
Antropología e Historia de Guatemala, autor de importantes
obras; Dr. Mariano Fiallos Gil, Rector de la Universidad de
Guatemala y den Alfonso Morales, redactor del diario "Tribuna Libre" de San Salvador. El Jurado se equivocó; o siguió la tradicional costumbre de todo jurado: no leer los trabajos concursantes o se dejó impresionar por las 448 páginas
del trabajo premiado.
Llama la atención que una historia literaria salvador eña
ocupe una extensión de 448 apretadísimas páginas y que en
ella figuren alrededor de 1,500 escritores. ¡Es posible que un

;

l

.
o

93

país que cuenta con unos 132 años de vida independie~te,_ diminuto en su territorio y en capacidad humana, por anadidura haya podido producir una obra literaria de tal amplitud ?.
P;ra responder a esta pregunta, es preciso esclarecer el criterio del Dr. Juan Felipe Toruño. Equivocadamente cr ee él
que todos los que escriben o hayan escrito alg?, aunque _sólo
sea un breve artículo periodístico o un poema circunstancial o
que hayan pronunciado una oración fúnebre en un en~ierr?,
tienen derecho a entrar, por la puerta grande, en una h~stona
de l¡¡. literatura. Esto se suele llamar un concepto masivo de
la literatura y al mismo tiempo explica por qué en este "Desarrollo Literario de El Salvador" desfilan generales que escribieron una proclama o un tratado de balística, obispos autores de cartas pastorales, abogados con sus tesis, ministros o
alcaldes con sus memorias e informes, cronistas sociales, etc.
etc. Toruño ha hipostasiado a la letra iJI!.presa y con un falso criterio yerra en la selección de todo lo literario sin encontrar un deslinde para todo lo ancilar o meramente circunstancial. Así, es natural, lo que hubiera podido ser un breve panorama de la evolución literaria o cultural de El Salvador, se convirtió -o mejor dicho, se concibió- como un centón de nombres, fechas, títulos de obras ( equivocadas la mayor parte de
las veces) y juicios que nada tienen que ver con la obra, el autor o su historiografía.
Otro de los errores cometidos por el autor de este "Desarrollo Literario" consiste en la falta total &lt;le claridad expositiva, en la ausencia de una metodología seria y científica, en
las informaciones de segunda o tercera mano, cuando no son
meros recuerdos personales de viejas lecturas o de recortes de
periódicos. Así, el resultado está bien a la vista: una mala
obra de un mal aficionado que, sin dominar la más elemental
metodología literaria y lo que es peor, sin el más simple dom!nio del idioma se ha atrevido a presentar todo el panorama literario de un país. Acompañado de la suerte, recibió un Premio Nacional de Literatura con el consiguiente desacrédito para el mismo PremiQ, el autor y los jurados que intervinieron.
Una de las cosas que más llaman la atención, es la falta
de criterio absoluto de estos últimos en lo que se refiere a _la
claridad idorr.ática. He aquí una breve muestra de contorsionismo idiomático y de alambrismo conceptual:
"A fuer de veraces hay que decir que la obra de Fuentes
v Guzmán se va a veces por lo imaginativo, no tanto como la
del que pasó por Centro;i.mérica hip~r~oli~ando, Tomás Gage_;
más sí lo suficiente para hacerle rectificac10nes como se las hizo Pepe Milla, siguiéndole los pasos, deteniéndose cuidadosa-

�94

Libros

Libros

mente en pasajes que resultaron inventivas, unos; otros, deformados, y no poco inexa~tos; de modo que hubo de enmendarse lo que antes de los esclarecimientos de Milla se usaba
como veraz para consultas, citas y transcripciones, cual lo utilizaban Juarros y otros historiadores". Para muestra es suficiente y no creemos que sea necesario insistir más sobre este
punto.

Con este criterio, claramente expuesto, Sergio Fernández
seleccionó los siguientes temas para su estudio :
Asimilación y autenticidad de Don Segundo Sombra.
Una forma del amor en la novela de Rómulo Gallegos.

,

El tercer camino de Enrique Gil Gilbert.

Esta es, brevemente, la opinión que nos merece este "Desarrollo Literario de El Salvador", libro sin pena ni gloria,
sin trascendencia algunas y que nada aporta a la historiografía literaria de El Salvador; libro en fin que no debería }:taber
sido escrito, mucho menos premiado.

"El otro cayo": vía de redención.
El mundo paralítico de Juan Rulfo.
En la imposibilidad de estudiar y juzgar cada uno de estos cinco ensayos en forma total y comprensiva, señalaremos
únicamente las importantes conclusiones a que ha llegado al
autor y la importancia que t!1,les selecciones tienen para ~l desarrollo de un corpuss de selectos estudios acerca de la literatura hispanoamericana. No creemos en ese panamericanismo
que pueda nacer o deriv:i-rs_e de ciertos _org~nismos cr~ados c~n
fines non sanctos · el autentico panamer1camsmo nacera a traves
de la cultura hispanoamericana y por medio del acercamiento
-con grandes dosis de simpatía- entre los hombres de pensar del contienente. Obras como la presente llevan esa comprensión y mutua inteligencia entre los distintos países hispanoamericanos.

Juan Antonio Ayala

Sergio Fernández, CINCO ESCRITORES HISPANOA:rvIERICANOS, Facultad de Filosofía y Letras, No. 30 (Universidad Nacional Autónoma de México.- Dirección General
de Publicaciones, México, D. F., 1958) 141 páginas.
Constituyen este volumen de la valiosa colección Filosofía y Letras que edita la Dirección General de Publicaciones
de la Universidad Nacional Autónoma de México, cinco estudios monográficos de Sergio Fernández en torno a escritores
hispanoamericanos que, por así decirlo, representan momentos
clave en la literatura continental. El origen de este volumen fueron una serie de conferencias pronunciadas por el autor en la ya desaparecida Escuela de Verano de la Universidat'l
de Nuevo León cuando se celebró el centenario del nacimiento
del polígrafo español Don Marcelino Menéndez y Pelayo. Como su mismo autor lo indica, en la Advertencia que sirve de
prólogo : "So:µ estas reflexiones un mero esbozo. Intento de
saber por qué caminos se va en la literatura hispanoamericana
contemporánea, y cuáles son, por tanto sus recursos y posibilidades. Pero difícil fue seleccionar cinco temas en un panorama
tan extenso, variado, y por eso del todo imposible de aprisionar
en tan pocas páginas. Por eso escogí escritores, en cierto modo
'claves', que me permitieran rastrear, con una mayor desenvoltura, la vía propuesta como vía de estudio: el sentido del hombre hispanoamericano en las obras elegidas. Así pues veremos
a ese hombre en la mente de tales escritores. En otras palabras, sería una interpretación de carácter pedagógico a la que
hacen ellos de cada uno de los tipos humanos, que respectivamente les sirven como pretexto de inspiración, la que haré".

95

Sergio Fernández ha trabajado sobre unos cuantos textos
fundamentales y de ellos ha extraído sus conclusiones acerc;i
del quehacer literario hispanoamericano.
Queremos destacar en esta breve reseña el magnífico aporte que hace con su
estudio de Rómulo Gallegos a la ya abundante bibliografía sobre este autor. Ha penetrado profundamente en un_rinc?n
importantísimo dentro de toda la obra del autor ~e. Dona. Barbara: el amor, considerado como elemento positivo Y cons-J
tructivo dentro de la temática del novelista; aspecto este que,
había sido estudiado muy pocas veces y en el que han reparado muy poco los comentaristas.
Felicitamos al autor de estas líneas y nos felicitamos de
poder contar con una serie de estud_ios prove,c~osos para los
dedicados a la crítica literaria en H1spanoamer1ca.
'

J

Juan Antonio Aya.la.

�96

Libros

Libros

. Luis Cernuda, Pensamiento Poético en la Lírica Inglesa

(Siglo XIX) (Universidad Nacional Autónoma de México Dirección General de Publicaciones, Imprenta Universitaria.México, D. F. 1958), 168 páginas.
Durante mucho tiempo entre las personas de habla española ha prevalecido la idea de que la lengua inglesa no es apta
para el quehacer poético -idea que, desgraciadamente todavía es de corriente circulación entre muchos círculos ac~démicos-. Conoremos bien la literatura francesa la italiana aun
la misma alemana, pero, desgraciadamente, e~ el mundo de habla hispana ha penetrado muy poco la poesía inglesa en su
idioma original. Evidentemente, para poder valorar todo el
mundo poético de determinado país, es necesario el antecedente del dominio lingüístico; si no se parte de este punto, todo
lo demás, serán adivinaciones y castillos construidos en el aire.
Pero existe aún otro aspecto muy interesante que pudiera llamarse el 'back-ground' o telón de fondo de toda poesía y son
las ideas que los mismos poetas tienen acerca de sn actividad
primordial : es un mito, es una irrealidad esa especie que tanto se ha difundido, de que los poetas son los menos aptos para,
definir la poesía, que son inconscientes en el momento de la
creación; esta suma de verdades parciales y muy limitadas
también tiene sus fervientes y devotos partidarios, como la de
que la lengua inglesa no es lengua noética. TodÓ esto concurre
previamente a nuestra pluma cuando nos hemos puesto en contacto con esta nueva obra del poeta español Luis Cernuda que
publica. entre sus magníficas novedades editoriales, la Universidad Nacional Autónoma de México.
Luis Cernuda, profundo conocedor de la leng-ua y de la
Hrica inglesa, sí puede dar una opinión acE&gt;rca de la capacidad
del inglés para el molde de la poesía; Luis Cernuda, además,
es un poeta, un E&gt;xtraordinario poeta, un vigoroso poeta, que
sí sabe lo que es la poesía y su quehacer, que sí puede darnos
una visión reflexiva de la misma. Este libro, como él mismo
afirma no E&gt;S de poesía ing-lesa sino que es un recorrido por
las concepciones poétiras de los poetas ingleses -de algunos
poetas ingleses- del siglo XIX. Para llevar a cabo un análisis Cernuda ha organizado su material en dos nerídos: el primero desde 1800 a 1830, con la inclusión del fondo histórico
del Romantic Revival y los poetas que tienen cabida dentro de
tal marco -Blake, W ordsworth, Coleridge, Shelley y Keatsy un segundo, desde el 1830 hasta el fin del siglo, que corre
en el fondo histórico de la época victoriana y sus poetas más
representativos - Tennyson. Browing, Arnold. Swinburne y
Hopkins-. En la imposibilidad de entrar en detalles del es-

'

..

!)7

tudio hecho pcr Luis Cernuda, nos limitaremos a recoger algunos de los aspectos principales que él recoge acerca de la
mentalidad poética inglesa ei;i el siglo XIX y que pueden sernos útiles para revisar nuestras ideas -buenas o malamrnte
pre&lt;·oncPbidas- acE&gt;rca de la misma.
IInbo un momento en el estudio sistemático de la litrratura y en la orientación estilísti&lt;'a en que se quiso prescindir
c1(' todo dato histórico que viniera a rompletar el ambiente o
marco cultural dentro del cual se desarrolló determinado es&lt;:rito1: o una escuela literaria. Sin embargo, Jo he observado
repetidamente, estos crítiros -en honor de la verdad, los primeros que han procedido científicamente, me refiero a los de la llamada Nueva Estilística- no pueden prescindir de encuadrar y situar a determinado autor en el ambiente cultural
económico, religioso y pol!tico de su tiempo; no se puede ais:
lar al hombre de las realidades que lo circundan y que operan constantemente sobre él y, de rechazo, en su obra. El
poe_ta_ vive inmerso en s~ tiempo -auD:que por otra parte sea
el umco que pueda deshgarse de la Cll'cunstancia y trasrender al plano de la intemporalidad- y este tiempo ti~ne un impacto en su personalidad y fisonomía poéticas. Por eso Luis
Cernuda estudia previamente los marcos históricos dentro de
los cuales se dio la poesía inglesa del siglo XIX. De otro
modo sefía imposible la comprensión de la misma.
Desde el punto de vista poético y como estudio de un poeta en relación ron la porsía misma, el último del libro dedicado al jesuíta Gerard l\Ianley Hopkins, me parel.!e el ~ás interesante y d más completo. Hace algunos años, Dáma~o
Alonso dio a conorcr la poesía de Hopkins en la Revista del
Instituto 'l'ecnológico y de Estudios Superiores de ::\Ionterrey
TRIVIVM. Era, quizá, la primE&gt;ra wz qur loe;; lertores dr ha:
bla española e11traban en contacto con este jesuíta converso
del anglicanismo, y que apenas fue conocido corno' poeta extraordinario en su mismo tiempo. Luis Cernuda nos informa
ampliamente acerca de sus ideas poticas, de su rarrera y de
la influencia decisiva del ambiente religioso en el cual vive
en su obra poética.
l'n iibro denso romo este no puede ser comprendido en
toda su hondura si no se entra e11 contacto con él v se lee con
simpatía y apasionamiento. Felicitamos tanto a ~u autor como a la Universidad Nacional Autónoma por habernos dado
la oportunidad ele entrar en un contacto interno con la poesía
ingk-sa del siglo pas:ido.
Juan Antonio Ayala

�I

Libros

Libros

f)O

08

Manuel Pedro González: Notas en torno al Modernismo.
(Facultad de Filosofía y Letras, No. 27 • Universidad Nacional Autónoma de México, Dirección General de Publicaciones,
)1éxico, D. F., 1958). 116 páginas.
Mucho se ha escrito en torno al Modernismo y mucho queda todavía por escribir; entre. las toneladas de literatura y de
apreciaciones que se han escrito acerca de esa revolución en
las letras hispanai-, faltan estudios coherentes y comprensivos.
Raras veces el f enémeno ha sido estudiado desde adentro y
son muy pocos los juicios de "valor" que se lÍan emitido sobre
el mismo. Dos son, a nuestro juicio, los estudios claves sobre
el Modernismo, imprescindibles para el erudito y el investigador. El primero es el libro de Guillermo Díaz-Plaja, MODERNISMO FRENTE A NOVENTA Y OCHO (Espasa Calpe,
S. A., Madrid, 1951), orientado primordialmente hacia la discriminación ile dos feuóJ11enos literarios que aparecen contiguos en el espacio y en el tiewpo. El otro, es el o.el f'Scritor
dominicano Max Henríquez Ureña, BREVE HISTORIA :O"'F.L
MODERNISMO (:F'ondo de Cultura Económica, Mhico, 1954)
manual indispensable para un ordenamiento y clasificación de
los principales escritores modernistas en América, prineipalmente. Todos los demás estudios tienen un valor 1mramente informativo y como tal deben ser tomados.
Hoy nos llega este pequeño volumen de notas acerca del
~fodernismo editado por la Universidad Narional Autónoma
de México en su colección 'Filosofía y Letra&lt;;'. 1[anuel Pedrn
González, destacado investigador de temas literarios, rn estas
apretadas páginas ha dado puntos claves para la interpretación del Modernismo, principalmente en lo que toca a sus
orígenes, gestación y principales r epresentativos. A este
respecto es de capital importancia lo que el autor dicr 'en la
'Nota Preliminar' a su r::itudio: "El modernismo representa no
sólo la mayoría de edad de la literatura hispanoamrricana y
su total independencia y hasta superación de la española, sino
también la expresión más fecunda, artística y renovadora que
hasta hoy se ha producido por tierras de América. Sobre
este movimiento se ha escrito mucho y se seguirá es••ribiendo
por luengos años. Mas a pesar de l a avalancha de estudios
que sobre él se han publicado, quedan por despejar todavía
muchas incógnitas y no pocos aspectos de aquella floración
permanecen poco menos que inexplorados. Uno de ellos es el
problema de su génesis y del momento en que se gestó. Ambos
están íntimamente ligados al genio literario de .Tol'lé Martí, el
primero que en América escribió con voluntad de rstilo y con

int&lt;'ncióu ~en_ovadora. A puntualizar ciertos
aquel movumento y a dil .d 1
.
· aspectos de
que eon él ('nlaza a Mart'uc1 t~r as re1ac10nes de causalidad
,
.
i, es an consagrados los cuatro bre, es ensayos que en este libro se agrupan".

nism!•~ t~riruer ensay?, titulado "Defensa y Razón del Moder1ene ,·como
· sus t entada por ef.autor
Y Don 1!..,ede
d orJO'en
oº, una polémica
·
uco e ms con el escrito
·
gran ensayista Juan M~rin 11
. r comu~~sta cubano y
:\Iodernismo de u

,,

_e o,. qmen pretendio despojar al

y de oponer Rub!n ;ª;1~~t~ 1~1111;:ent~en~e hispanoameri&lt;•,mo

yo eon ocasión d&lt;'l cinctwnte~1:;i~- de "~~~i~,t1~e ?,~·;mer !nsaranza", pretende el autor r s'11 t 1O
H a Y J,,spenecesario de "P
p f P e &lt; ar como un complemento
tado de su
d rosas
_anas", precedente juvenil y arrebama urez arhstica y poética
T d ,
,
aunque no con la virulenc·
. . . .
o av1a esta en pir,
Y desprecio hacia el
d ia ynm1t1va, el critrrio de polémiea
mo ermsmo que vino a
d . .
mente los viejos moldes lit
.
romper ec1didadente po•?sía postrrománti!:ªr\~s .~?/ue se for~aba la decatarse esta cuestión
mucho~ e110 i_e~~ente viene a suseise emiten están bas~dos
de / 0 s Jmcios que actualmente
principios
d l
b'
en esa a1sa documentación de los
y e am lente en que aparecier
1
.
modernistas, con sus audacias en la l en()'
on_ os _pr1m&lt;'ros
sificación Y la temática de toda ,
,.,ua, la srntax1s: 1~ verprolonO'a hasta nuestros d'
su escuela. Esta polcnnca se
difere;tes, basados en ia ~as t~~dq~e los puntos de ataque son
hubiéramos querido que f~~r: iet a~tual: en lo ~ue nosotros
cuenta el h h h · t, ·
mo ermsmo, sm tomar rn
nuel Pedro e;o~zl~~r;;it:ed~o d~~~;ue Y lo que real!zó. Masación de inmoderado a
. crrl en su estudio, la acudnnistas; acusación leO'~f!aª ~:sfran~es que tuvieron los roorelaciona con Martí y Rubé 'D !ª cierto punto, en lo que sr
rece de sentido si es que n a1~10, pl ero qu~,, en el fondo eat
se examma a cuest10n a fondo
El
:;b?r anallza las _circun~tancias históricas por las que atraveesc \Espa1~ de fm de ~iglo Y los intereses intelectuales de los
1
Sól: ~:t:s ~s:s~:f/~~~~t:a:s 1:nc!!~!¿;~s pyrecis.os momentos.
autor de est
·
ci eemos qur el
. e ensayo 11 ega a dar una explicaci.ón plansibl&lt;'.

:º

NOT~;u-it ~egi;go~zál&lt;'z, en el segundo ensayo de su obra
'Q ,
L MODERNISMO, titulado "Apostilla
a ue cosa fue el 'Modernismo'", polrmico &lt;'om l
.
mentábaml)S más
arriba
y refer1'do d'1rect amente
o e que
.
.
a oteoC'lnsavo d P :Marrnello mtenta definir una vrz más a] f , ro
e el "rubendarismo " ' t an traido
,
'
rnomf'no
Y llevado
por los , comentaris-

�100

Libros

tas de esta époc-a literaria; "rubendarísmo" que nada tiene
que ver con el propio Darío ni con ninguno de los auténticos
modernistas, sino que nació como un mero mimetismo e imitación de los alumnos de segunda fila que se dan en toda escuela o moda literaria. El aspecto formal (auµque no estemos
de acuerdo con el autor al introducir términos tales como "fondo" y "forma", fuera ya de vigencia en las actuales corrientes rríticas) del modernismo está íntimamente ligado -repetimos, en los· auténticos modernistaS-- con una rxtraordinaria
riqueza de fondo y de contenido filosófico. "~unca antes se
había dado en español una poesía tan saturada de pensamiento filosófico y de preocupaciones trascendentes como la que
ahora escriben los más genuinos representantes del movimiento", afirma el autor, con evidente desconocimiento o preterición de nuestra poesía del Siglo o Siglos de Oro, mucho más
llena de contenido filosófico y de preocupaciones trascendentes. Sin embargo, estamos totalmente de acuerdo con él en
destacar este contenido interno de la poesía modernista, esta
motivación honda, sobre todo si se la contrasta con la intransrendencia de temas, lo mostrenro y cursi de la dec•adentr poesía postrromántica.
Lo que ha pasado con el modernismo es que, además ae
haber reuovado la temática y la motivación de la poesía española, lo ha hecho con una riqueza y exhuberancia lingüísti(•a que chocó con el lenguaje que se i&gt;mpleaba entonces en poesía y esto, desgraciadamente, es lo que- más se hace destacar.
Otro de los reparos que al modernismo hace :Marinpllo es su
"absentismo" de lo amrricano, reparo que aclara muy bien el
autor de este libro. El Modernismo nace en América, no sólo
Pll Xicaragua o Cuba a través de sus dos máximos, representantes, Rubén Darío y José :'.\Iartí, sino que se da como fenómeno cultural en todos los países del hemisferio. 'Cna de las
pruebas más evidentes es que el poeta mexicano Othón pone
gran empeño en que no se le confunda con un modernista.
Que no nos diga Marinello que Juan MontalYo es un absentista en lo que se refiere a temas americanos, cuando toda su vida, eu lo literario, en lo poético y en ·10 político vivió inmerso
en los problemas de aquí. Que sus fuentes de inspiración
sean francesas Chautebriand, por ejemplo -eso es ya otra cosa. Lo mismo podría decirse de Lugones, Blanco-Fombona,
Hodó, Y entura y Francisco García Calderón, Vargas Vil a, etc.
Hablar de absentismo americano en el caso de Rubén Darío
es otra mentecatez que sólo podría ocurrírsele a un señor que
escribe al dictado y con el mero propósito &lt;le desacreditar una
COl'J'iente literaria, . upa p~rsona o un sistema. La preocupa-

Libros

101

ción de Rubén por los problemas de América fue constante; y
no me refiero en este momento a sus teorías americanas
-Oda a Roosevelt etc.-que nada de nuevo aportarían y que
ya han sido explotadas hasta el extremo. Rubén, aun en sus
mejores épocas europeas, jamás se desligó de los problemas y
del quehacer de América, siempre exhibió, por donde fuera,
con orgullo, su personalidad de hombre americano. Hace poco en una expo:áción de autógrafos de Rubén Darío hecha en
Monterrey por los alumnos nicaragüenses ,del Instituto Tecnológico tuvimos ocasión de leer una carta de Rubén Darío en la
cual aclara que él nunca ha perdido su nacionalidad nicaragüense y que la exhibe con orgullo y satisfacción por donde
quiera que ha ido.
Complementan el libro de iranuel Pedro González dos ensayos más que no podemos comentar ampliamente por falta
de espacio: "Acotaciones a el Poema en prosa en España"
(Obra de Guillermo Díaz-Plaja, uno de los más destacado~ investigadores del modernismo, como ya señalamos en la primera parte de este comentario) y "Caracas cuna de la prosa modernista", síntesis ambas muy bien logradas dentro del estudio del modernismo.
Destacamos, para finalizar, el hecho de que serán muy pocos los movimientos literarios o escuelas que cuenten con una
bibliografía tan abundante como el Modernismo; pero lo que
se ha ganado en extensión se padece en la profundidad, son
más de
P ocos' repetimos' los estudios serenos y objetivos; las
,
las veces como en d caso de Marinello se toma el rabano
por
las hoja;. Se necesitan pues monografías extpnsas y serias
que nos lleven al alma de aquellos hombres que airearon el
lenguaje y el clima de la poesía española en la fecha liminar
del siglo XX.

Juan Antonio Ayala

�</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </file>
  </fileContainer>
  <collection collectionId="213">
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="3142">
                <text>Armas y Letras</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="479186">
                <text>Es una publicación trimestral editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León a través de la Editorial Universitaria. En las páginas principales de Armas y Letras se incluyen textos literarios, particularmente poesía, narrativa y ensayo, de escritores destacados de la localidad, nacionales e internacionales. Inició en 1944 de manera mensual, se mantiene activa en soporte físico y digital.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
  </collection>
  <itemType itemTypeId="1">
    <name>Text</name>
    <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
    <elementContainer>
      <element elementId="102">
        <name>Título Uniforme</name>
        <description/>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="483855">
            <text>Armas y Letras</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="97">
        <name>Año de publicación</name>
        <description>El año cuando se publico</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="483857">
            <text>1958</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="99">
        <name>Época</name>
        <description>Época del la revista</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="483858">
            <text>Segunda </text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="53">
        <name>Año</name>
        <description>Año de la revista (Año 1, Año 2) No es es año de publicación.</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="483859">
            <text>1</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="54">
        <name>Número</name>
        <description>Número de la revista</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="483860">
            <text>4</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="98">
        <name>Mes de publicación</name>
        <description>Mes cuando se publicó</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="483861">
            <text>Octubre-Diciembre</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="101">
        <name>Día</name>
        <description>Día del mes de la publicación</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="483862">
            <text>1</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="100">
        <name>Periodicidad</name>
        <description>La periodicidad de la publicación (diaria, semanal, mensual, anual)</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="483863">
            <text>Trimestral</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="103">
        <name>Relación OPAC</name>
        <description/>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="483880">
            <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1751803&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
    </elementContainer>
  </itemType>
  <elementSetContainer>
    <elementSet elementSetId="1">
      <name>Dublin Core</name>
      <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
      <elementContainer>
        <element elementId="50">
          <name>Title</name>
          <description>A name given to the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="483856">
              <text>Armas y Letras, Revista de la Universidad de Nuevo León, 1958, Segunda Época, Año 1, No 4, Octubre-Diciembre </text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="39">
          <name>Creator</name>
          <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="483864">
              <text>Departamento de Acción Social Universitaria</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="49">
          <name>Subject</name>
          <description>The topic of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="483865">
              <text>Literatura mexicana</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="483866">
              <text>Historia crítica</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="483867">
              <text>Arte mexicano</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="483868">
              <text>Narrativa</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="483869">
              <text>Ensayos</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="483870">
              <text>Poesía</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="41">
          <name>Description</name>
          <description>An account of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="483871">
              <text>Es una publicación trimestral editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León a través de la Editorial Universitaria. En las páginas principales de Armas y Letras se incluyen textos literarios, particularmente poesía, narrativa y ensayo, de escritores destacados de la localidad, nacionales e internacionales. Inició en 1944 de manera mensual, se mantiene activa en soporte físico y digital.</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="45">
          <name>Publisher</name>
          <description>An entity responsible for making the resource available</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="483872">
              <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="37">
          <name>Contributor</name>
          <description>An entity responsible for making contributions to the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="483873">
              <text>Ayala, Juan Antonio, Director de la Revista</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="40">
          <name>Date</name>
          <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="483874">
              <text>01/10/1958</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="51">
          <name>Type</name>
          <description>The nature or genre of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="483875">
              <text>Revista</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="42">
          <name>Format</name>
          <description>The file format, physical medium, or dimensions of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="483876">
              <text>text/pdf</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="43">
          <name>Identifier</name>
          <description>An unambiguous reference to the resource within a given context</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="483877">
              <text>2014783</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="48">
          <name>Source</name>
          <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="483878">
              <text>Fondo Universitario</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="44">
          <name>Language</name>
          <description>A language of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="483879">
              <text>spa</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="86">
          <name>Spatial Coverage</name>
          <description>Spatial characteristics of the resource.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="483881">
              <text>Monterrey, N.L., (México)</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="68">
          <name>Access Rights</name>
          <description>Information about who can access the resource or an indication of its security status. Access Rights may include information regarding access or restrictions based on privacy, security, or other policies.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="483882">
              <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="96">
          <name>Rights Holder</name>
          <description>A person or organization owning or managing rights over the resource.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="483883">
              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
      </elementContainer>
    </elementSet>
  </elementSetContainer>
  <tagContainer>
    <tag tagId="13935">
      <name>Agustín Basave</name>
    </tag>
    <tag tagId="27480">
      <name>Jorge Artel</name>
    </tag>
    <tag tagId="27566">
      <name>José Salvador Alcántara</name>
    </tag>
    <tag tagId="27567">
      <name>José Sotero Noriega</name>
    </tag>
    <tag tagId="27571">
      <name>Joseph Prescott</name>
    </tag>
    <tag tagId="27568">
      <name>Juanita Soriana</name>
    </tag>
    <tag tagId="27569">
      <name>Myron I. Lichtblau</name>
    </tag>
    <tag tagId="27570">
      <name>Pedro Villa</name>
    </tag>
    <tag tagId="27565">
      <name>Sergio Fernández</name>
    </tag>
  </tagContainer>
</item>
