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                  <text>■eTl1ta

tle la IJ■lvenldad de Naevo IM■

Alfonso Reyes, Silueta del Indio Jesús • Serge P. ·
Darmon, Voltaire, Historiador Moderno • Luis Horacio Durán, Ca.nció

a el Regreso • Sergio
G egorio Guadaña • Myron

I. Lichtblau,. El tema d L cía Miranda en la. novela

argentina. • Juanita S ri' no, Romance al Río del
Tiempo • J ean Siro1,
1958 • Christian B

putnik y sentido del

Humor

sobre Robert Musil
Noticias • Libros.

ENERO/MARZO DE 1959

A~O 2 / Segunda Epoca

��MY~
REVISTA DE LA rXIYERSlDAD DE xeEVO LEO~
ReYista de la Universidad de Xuevo León
Rector
ARQ. JOAQ"GIX A. MOR.\

Secretario General :
LIC. ROQUE GOXZALEZ SALAZAR

Año 2, No. 1

Ener o/ Marzo de 1959

Segunda Epoca

SUMARIO

Departamento de Extensión Universitaria:

Alfonso Reyes, Silueta del Indio Jesús_____________________ 5

LIC. ROGELIO VILLARREAL

Serge P . Darmon, Voltaire, Historiador Moderno__________ 9
Sergio F ernández, Vida de Don Gregorio Guadaña ________ 18

Director de la Revista :
LIC. JUAX AXTOXIO AYALA

Myron L. Lichtblau, El Tema de Lucía Miranda en la No-

vela Argentina_________________________________________ 23
Jean Sirol, La Constitución Francesa de 1958 ______________ 37
Christian Brunet, Sputnik y Sentido del Humor ___________ 51

Dos Estudios sobre Robert MusiL _________________________ 65
Noticias --------------------------------------------------- 77
PRECIO DE SUSCRIPCION
UN AtilO ( cuatro números)

Dirección:

En México: Yeinte pesos

Washington y Colegio Civil

Otros países: Dos dólares

Monterrey, N. L., México

�Aifonso Reyes /

SILUETA DEL INDIO JESUS

VINO

el día en que el indio Jesús, a
quien yo encontré en no sé qué pueblo, se me presentara en
México muy bien peinado, con camisa nueva y con µn sombrero
de lucientes galones, a la puerta de mi casa. Sólo el pantalón,
habido a última hora en sustitución del característico calzón
blanco, para que lo dejaran circular por la ciudad los gendarmes, dE)sdecía un poco de su indumento. Había resuelto venir
a servir a la capital -me dijo- y dejar la vida de holganza.
:N"o contaba el tiempo para Jesús. Recomenzaba su existencia
después de medio siglo con la misma agilidad y flexibilidad
de un muchacho.
-¿Pero tú qué sabes hacer, Jesús ?
Jesús no quiso contestarme. Presentía vagamente que lo
podía hacer todo. Y yo, por instinto, lo declaré jardinero, y
como tal le busqué acomodo en casa de mi hermano.
Aquel vagabundo mostró, para el. cuidado de las plantas,
un acierto casi increíble. Era capaz de hacer brotar flores
bajo su mirada, como un fakir. Desterró las plagas que habían
caído sobre los tiestos de mi cuñada. Todo lo escarbó, arrancó
y volvió a plantar. Las enredaderas subieron con ímpetu hasta
las últimas ventanas. En la fuente hizo flotar unas misteriosas
flores acuáticas. De vez en vez salía al campo y volvía cargado
de semillas. Cuando él trabajaba en el jardín, había que emboscarse para verlo; de otro modo, suspendía la obra, y decía:
"que ansina no podía trabajar", y se ponía a rascarse la greña
con nn mohín verdaderamente infantil.
Y las bugambilias extendían por los muros sus mantos
morados, las magnolias exhalaban su inesperado olor de limón;
-5-

�Silueta del Indio Jesús

6

las drlicadas begonias rosas y azules prosperaban entre la
sombra, desplegando sus alas; los rosales balanceaban sus
coronas; las mosquetas derramaban aroma de sus copitas
blan&lt;:as; las amapolas, los heliotropos, los pensamientos y nomeolvides reventaban por todas partes. Y la cabeza del viejo
aparecía a veces, plácida, coronada de guías vegetales como
en las fiestas del Viernes de Dolores que celebran los indios
en las canoas y chalupas del Canal de la Viga.
¡ Qué bien armonizan con la flor la sonrisa y el sollozo
del indio! ¡ Qué hechas, sus manos, para cultivar y acariciar
flores! De una vez Jesús, como su remoto abuelo Juan Diego,
dejaba caer de la tilma -cualquier día del año- un paraíso
de corolas y hojas. Parecían creadas a su deseo : un deseo
emancipado ya de la carne transitoria, y vuelto a la sustancia
fundamental, que es la tierra.

* * *
Jesús sabía deletrear y, con sorprendente facilidad, arabó
por aprender a leer. El esfuerzo lo encaneció poco a poco.
Comenzó a &lt;:ontaminarse con el aire de la ciudad. La inquietud
reinante se fue apoderando de su alma. El, que conocía de
cerca los errores del régimen, no tuvo que esforzarse mucho
para comprendrr las doctrinas revolucionarias, elementalmente interpretadas según su hambre y su frío. A veces llegaba
tarde al jardín, con su elástico paso de danzante, sobre aqtH•llas piernas de resorte hechas para d combate y el salto, aunque algo secas ya por la edad.
Es que Jesús se había afiliado en el partido de la rCYolución y asistía a no sé qué sesiones. Y o vi brillar en su cara
un fuego extraño. Comenzó a usar dr reti&lt;:encias. X o nos wía
con bnenos ojos. Eramos para él familia de privilegiados,
contaminada de los pecados del poder. A rl no se le embaucaba, no. Harto sabía él que no estábamos de acuerdo con los
otros poderosos, con los malos; pero, como fuere, él sólo creía
en los nuevos, en los que habían de venir. A mí, sin embargo,
"me tenía ley", como él decía, y estoy seguro de que se hubiera
dejado matar por mí. Esto no tenía que Yer con la idea política.
Una tarde, J esús depuso la azada, se quitó el sombrero,
me pidió permiso para sentarse en el suelo, diciendo que estaba
muy cansado, y luego dejó escapar unas lágrimas furtivas.
Comprendí que) quería hablarme. Siempre. en él, las lágrimas
anunciaban las palabras. Había una deliciosa dulzura en sus
discursos, una quejumbre incierta, un ansia casi amorosa de

7

Alfonso Reyes

llanto. Era como si. pidiera a la vida -más blanduras. Hubiera
sido capaz de reñir y matar sin odio: por obediencia, o por
azar. Porque el indio mexicano se roza mucho con la muerte.
Caricia, ternura había en sus ojos cierto día que tuvo un encuentro con un carretero. Este acarreaba .p iedras para embaldosar el corral del fondo. Yo los sorprendí en el momento en
que Jesús asió el sombrero como una rodela, dio hacia atrás
un salto de gallo, y al mismo tiempo sacó de la cintura el
cuchillo -el inseparable "belduque"- con una elegancia de
saltarín de t~atro. Yo lo oí decir, con una voz fruiciosa y
cálida:
-¡ Hora sí, vainos a morirnos los dos!

Costó algún trabajo reconciliarlos. Pero hubo que alejar
de allí al carretero. Todos adivinamos que aquellos dos hombres, cada vez que se encontraran de nuevo. caerían en la
tentación de hacerse el mutuo servicio de matarse.
Aquella melosidad lacrimosa que hacía de Jesús uno como
bufón errabundo, frecuentemente lo traicionaba. Iba más lejos
que él en sus intentos; disgustaba a la gente con sus apariencias de cortesía serYil; daba a sus frases más palabras de las
que harían falta, cargándolas de expresiones ociosas, como de
colorines y adornos. Indio retórico, casta. de los qne encontró
en la Nueva España el médico andaluz Juan Cárdenas, mediado.
el siglo XVI. Indi.o almibarado y, a la vez, temible.
Pf'ro no era esto lo que yo quería contar, sino que Jesús
sr puso de pronto un tanto solemne y me pidió un obsequio:
-Quiero -me dijo- que, si no le hace malobra, me regal e el niño una Carta Magna.
-¿,l'na Carta Magna, Jesús? ¿Un ejemplar de la Constitución? &amp;Y tú para qué lo quieres?
-Pa conocer los Derechos del Hombre. Y o creo en la
libertad, no agraYiando lo presente, niño.
Entretanto, comenzaba a desctúdar el jardín y algunos
rosales se habían secado.

*

*

*

Jesús vol vió al campo un día, donde no permaneció más
dP nn me-5. ¿ Qué pasó por Jesús 1 AQué sombra fue ésa que el
campo nos devoh·ió al poco tiempo, qué débil trasunto de
Jesús! Todo el vigor de Jesús parecía haberse sumido , como

�8

Silueta del Indio Jesús

agua en suelo árido. Ya casi no hablaba, no se movía. El
viejo no hacía caso ya de las flores ni de la política. Dijo
que quería irse al cerro. Le pregunté si ya no quería luchar
por la libertad. No: me dijo que sólo había venido a regalarme
unos pollos; que ahora iba a vender pollos. Inútilmente quise
irritar su curiosidad con algunas noticias alarmantes: la revolución había comenzado; ya se iban a cumplir, fielmente,
los preceptos de la Carta Magna. No me hizo caso.

Serge P Darmon / VOLTAIRE,

HISTORIADOR MODERNO

"Es demasiado fácil hacer el retro/o de VOLTAIRE eliminando lo
que estorba."

-Hora voy a vender pollos.

e

-Pero ¿no te cansas de ir y venir por esos caminos, trotando con el huacal a la espalda 1

R. POMEAU

ON sólo ver escrito el nombre de
VOLTATRE, ciertas personas se creen perdidas y piensan que
la maldición del cielo está sobre ellas. El juicio estrecho
es un producto de todos los tiempos y de todos los climas: no
hay que asombrarse. No queremos plantear, hoy, a propósito
de VOLTAIRE, ningún problema moral o ireligioso. Solamente
hablar de uno de los numerosos aspectos de su obra genial, de
una de esas cosas a las cuales hubiera podido aplicar su palabra: "Hice un poco de bien; es mi mejor obra."

-¡ Ah, qué niño ! ¡ Si estoy retejuerte !

Y cuando salió a la calle lo ví sentarse en la acera, junto
a su huacal, y me pareció que movía los labios. ¿Estará rezando? pensé. No; Jesús hablaba, y no a solas: hablaba con
una india, también vendedora de pollos, que estaba sentada
frente a él, en la acera opuesta. Los indios tienen un oído finísimo. Charlan en voz baja y dialogan así, en su lengua,
largamente, por sobre el bullicio de la ciudad. La india, flaca
y mezquina, tenía la misma cara atónita de Jesús.

* * *

Estos indios venían a la ciudad -estoy convencido- más
que a vender pollos, a sentirse sumergidos en el misterio de
una civilización que no alcanzan; a anonadarse, a aturdirse,
a buscar un éxtasis de exotismo y pasmo.

Se considera generalmente que la Historia en lengua francesa empieza con el "Discurso sobre la Historia Universal" de
Bossuet, en 1679. En efecto, esta obra marca el principio de
una corrirnte importante y rica, pero que no debía alcanzar
su verdadero valor hasta de un escritor prestigioso dedique
al problema parte de su genio: VOLTAIRE. (1)

Nunca entenderé cómo fue que Jesús, a punto ya de convertirse en animal consciente y político, se derrumbó otra vez
por la escala antropológica, y prefirió sentarse en la calle de
la vida, a verla pasar sin entenderla.

1910
(Inédito)

•.
r

Cuando éste se dedica a la Historia, ha tenido ya predecesores ilustres y sería un error considerarle como el creador
de un género nuevo. La verdadera importancia de VOI,TAIRE
está en la orientación que iba a dar a la materia histórica,
haciendo de ella no el tema de un mero arte literario, sino
una ciencia auténtica, estableciendo principios que prevalen
todavía en los estudios de'los historiadores de nuestro tiempo.
Y sin embargo cuando VOLTAIRE escribe, la mayoría de
los documentos están escondidos, en poder de tres potencias
celosas de su autoridad y cuidadosas de esconder los acontecimientos poco favorables a su prestigio: el Rey, la Aristocracia
y la Iglesia. Las famosas "Memorias" de Saint-Simon apenas
-9-

�10

,·oltaire, Historiador Moderno

publicadas en su totalidad ahora, no empezaron a parecer más
que un siglo después. Además de una real falta de documentación, -poco admir-ible por espíritu~ modernos acostumbrados
a la imparcialidad histórica, los predecesores de VOLTAIRE
tenían con la Historia libertades por lo menos curiosas. Fieles
en eso a una concepción general de la cultura característica
del siglo clásico francés, su principio fundamental residía en
nna imitación casi l'&lt;iempre torpe, de los autores antiguos. El
único modelo, muy gustado del público, era Tito Livio. Sus
amplios períodos, su frase oratoria, y sobre todo la idea de
una Historia basada esencialmente en la grandeza de los guerreros y de sus hazañas, daban, introducidos en los volúmenes
de sus imitadores, una literatura, solemne, artificial y sobre
todo reducida a un solo aspecto, parcial. de la pintura del
pasado. Y las críticas que estos historiadores hicieron a las
obras de VOLTAIRE atestiguan esta nostalgia de los escritores antiguos. De la misma manera, un siglo más tarde,
otro historiador rom,iclerado también como revolucionario,
Agustín Thierry, tendrá que librar los mismos combates que
YOLTAIRE para salvar la literatura europea del mal gusto
histórico y de la imitación de la Antigüedad.
Pero además dc-- esa imitación servil y mal entendida,
VOLT AIRE reprocha a sus predecesores, sobre todo a Bossuet,
el más importante, su concepción demasiado estrecha y sumamente teológica de la historia universal: "Parece haber escrito
únicamente para insinuar que todo fue hecho en el mundo
para la nación judía; que si Dios hizo reinar ~ Ciro, fue para
vengarles; si Dios mandó a los Romanos, fué también para
castigar a los judíos. .. " (Introducción al Ensayo sobre las
costumbres) (2). Algunos críticos modernos son más favorables a Bossuet, el cual, a pesar de una concepción errónea de
la Historia basada en la Biblia, supo, en un estilo admirable,
respetar la verdad histórica del detalle.
Pero si la acción de VOLT.AIRE hubiera sido únicamente
crítica y negativa, no merecería nuestros elogios. Lo que hace
el valor de nuestro filósofo, es el establecimiento de principios
que son los de la cien~ia histórica moderna.
Cosa nueva en esta materia y en estos tiempos, la preocupación de la verda&lt;l domina sus obras históricas: "La verdad
es tan preciosa que es respetable hasta cuando parece inútil".
Esta le obliga a la constante búsqueda de una documentación
abundante y precisa: testimonios de sobrevivientes memorias,
archivos ( que pudo consultar durante su cargo de historiógrafo del R('y), etc. (3). Sin embargo el deseo de numernsas

Serge P. Darmon

11

fuentes no debe hacer aceptar cualquier documento, Y la
Correspondencia, la cua~ nos p~rmit,~ seguir, . paso a paso su
encuesta es en eso muy mstructiva: Los testigos de los aoontecimientos se pueden equivocar. Sentí cuánto difícil era escribir la historia contemporánea... Principalmente, dudar de
las anécdotas·'. Y la misma regla aparece a lo largo de su
obra: "Admitimos como verdades históricas únicamente las
que son garantizadas. Cu~ndo contemporáneos, com~ el cardenal de Retz y el duque de la Rochefoucauld, ~nem1gos uno
de otro confirman el mismo hecho en sus memorias, tal hecho
es indl;dable • cuando se contradicen, hay que dudar;_ lo que
no es verosí~1il no debe ser creído, a menos que vanos ~ontemporáneos dignos de fe atestigüen unánimemente". (Siglo
de Luis XIV - Cap. 25). Discusiones o preguntas so?;e la autenticidad de los documentos, examen y confrontac10n de l?s
testic,os citatorios de testigos nuevos, encuesta suplementaria
en r.:so' de duda, método, fineza del juicio y seguridad de la
rrítica VOL'l'AIRE no descuidó nada de lo que puede conducir ~l historiador "hasta la extrema probabilidad. la única
posible en esta ciencia que no espera la certidumbre matemática". Pero no nos equivoquemos, este apego a la verdad
no debe estorbar la Historia con detalles superfluos: "¡ Malditos sean los detalles! Es una plaga que mata a las grandes
obras".
Se ha dicho de VOL'rAIRE que era "el primer h_istoriad?r
de la civilización". Pnes hasta ahora no hemos exammaclo mas
que las cualidades de un buen obrero concienz~1do. Pero ~~
verdadero c,enio se revela sobr e todo en la materia que escog10
labrar. Su; ideas sobre la materia de la Historia son nunwrosas; examinaremos las principales. Leemos en la "Introducción al Siofo de Luis XIV": "Intentamos retratar para la
posteridad~no las acciones de un solo hombre, sino el espíritu
de los hombres en el siglo más ilustrado que fué ~nmca"; _pero
si no escribe la historia de un rey, hace notar la mfluenc1a de
éste, que hizo nacer a su alrededor_ tant_a p:rosperida~, tanta
beldad, tanta gloria. No es la Providencia la que gobierna ~l
mundo, como lo pretendía Bossuet; los hechos son determinados por una serie de otros hecho~ que pueden pa~ecer casualidades, pero cuando la aut?ridad . de un rey ex~ien?e s,?
influencia benefactora, la casualidad pierde su potencia ciega .
'fo&lt;los los tiempos produjeron héroes y pol~tico~; todos lo~
pueblos sufrieron revoluciones; todas las histori~s so!1 casi
iguales para quien no quiere p_oner en su mem~ma mas que
hechos. Pero cualquiera que piense, y, cosa mas rara, et1alquiera que tenga gusto, no cuenbi. más que cuat:o siglos en
la historia del mundo. Estas cuatro edades felices son en

�12

13

Serge P. Darmon
Voltaire, Historiador Moderno

vez la verdadera ocasión del "Siglo de Luis XIV", un deseo
de rebajar el siglo XVIII y.ª Luis XV, ~l. c_ual
anima a los
artistas y a los sabios. Su 1dea de la C1v1hzac10n es, por eso,
un poco estrecha; su división en cuatro siglos, cada uno presidido por un gran hombre, no corresponde a la verdad exact~.
Según VOLTAIRE, la civilización francesa empieza con Lms
XIV; y para establecer eso, no hesita él a _co1!-siderar la_Eda?
Media y el Renacimiento como épocas sm importancia (siguiendo en eso las ignorancias de sus contemporáneos) . De
la misma manera, en el "Ensayo sobre las costumbres" se
abandona a su pasión (justa, pero aquí exagerada) contra la
intolerancia. La idea que apareció en el "Siglo de Luis XIV",
se()'ún la cual es mutilar la Historia el reducirla a la civiliza~ión occidental y a sus orígenes greco-judíos como lo hace
la IO'lesia µasa a aquí al primer plano. VOLTAIRE fué demasiado lejos; "no vió que la Iglesia, entonces fuerza de reacción y de opresión, fué algún tiempo, fuerza de _progreso y
de liberación". ( G. Lanson). Para él la era medieval no ~s
más que un período de obscurantismo bajo la omnipotencia
de la Iglesia.

-~º

las cuales las artes se perfeccionaron y que, sirviendo de época
a la grandeza del espíritu humano, son ejemplo para la posteridad ... " (ídem) (4). En una carta a d'Argenson, del 26
de Enero de 1740: "No se ha hecho más que la historia de los
reyes; pero no se ha hecho la de la nación. Parece que, durante
· catorce siglos, no hubo en las Galias más que reyes, ministros
y generales ; pero nuestras costumbres, nuestras leyes, nuestro
espíritu ¡,no es nada?". En una carta al abate Dubos, del 30
de Octubre de 1738: "No es solamente la vida de este príncipe
(Luis XIV) la que escribo, no son los anales de su reino, es
más la. historia del espíritu humano, sacada del siglo más
glorioso para el espíritu humano". También en una carta a
Thierot del 15 de Julio de 1735 ( 5). Tomando como tema de
sus estadios, la civilización, VOLT.AIRE fué tan original en
su tíempo como Spengler en el nuestro. Introdujo, en su "Ensayo", la historia de pueblos de los cuales los historiadores
no hablaban. "Hubiera sido bueno que (Bossuet) no haya
olvidado completamente a los antiguos pueblos del Oriente,
como los Indios y los Chinos que fueron tan considerables
antes de que las otras naciones fuesen formadas". Nuestro
filósofo se interesa también en todos los hechos que puedan
hacer entender "las costumbres y el espíritu de las naciones",
como la invención de los molinos de viento, de los espejos de
cristal, del papel, etc. En fin, VOLT.AIRE actúa como un
historiador moderno; si la Historia, tal y como la concebimos
hizo en dos siglos inmensos progresos, podemos decir sin embargo, que es!amos mucho más cerca de VOLTAIRE que él
lo estaba de sus predecesores.
Oponiéndose a las de Bossuet, sus ideas directoras y su
concepción dd historiador, son revolucionarias. Sobre todo,
con el "Siglo de Luis XIV", VOLTA.IRE inauguraba una filosofía verdaderamente laica de la historia. Esta no es una mera
acumulación de hechos; de todos los acontecimientos se debe
poder sacar una enseñanza : "No nos determinemos a escribir
esta vida (la de Carlos XII) solamente por la pequeña satisfacción de escribir hechos extraordinarios; hemos pensado que
esta lectura pudiera ser útil para algunos príncipes... La vida
de Carlos XII debe enseñar a los reyes cómo un gobierno
pacífico y feliz está por encima de tanta gloria". El plan
original del "Siglo de Luis XIV" se explica así por la pasión
sincera de VOLTAIRE para las letras, las ciencias, las artes,
la obra intelectual de la Civilización. Desgraciadamente debernos confesar que la enseñanza filosófica vence algunas veces
la imparcialidad necesaria. Con querer demostrar Bemasiado,
VOLTAIRE¡ cae de vez en cuando, en errores, tan graves como
los que fustigaba en los otros. El pensamiento satírico fué tal

r

"'

Pero fuera de estos errores de detalle, la obra histórica
es un monumento sin par. Hasta si no hubiera escrito más
que estos libros, merecería nuestra admiración y nuestro reconocimiento. A propósito del "Siglo de Luis XIV", Lord
Chesterfield escribía: "Es la historia del espíritu humano escrita por un hombre de genio, para el uso de la gente de espíritu". Efectivamente, VOLTAIRE supo no solamente dar a
la Historia sus métodos, sino que además le ofreció el apoyo
de su estilo prestigioso. Cree que la Historia pide el mismo
arte que Ja tragedia, es decir un estilo claro, sobrio y preciso.
Se defendió de querer escribir por escribir; al contrario quiso
libertarse de "la costumbre absurda de los retratos, de las
arengas de las leyendas inventadas". "Es una gran charlatanería q{1erer retratar a un personaje con quien no hemos vivido". El defecto de este estilo es, naturalmente cierta ausencia de vida y de color. Si se compara con el de Saint-Simon,
parece seco y abstrae_to. Le falta esa impresión de realidad
cercana, viva, que, por la sensación y el color, es una reconstitución del pasado. En desquite, es el estilo que conviene a
una verdadera Historia, a una obra de análisis y d~ síntesis.
"Buscamos sensaciones cuando VOLTAIRE no nos da más que
nociones".
Se equivocó algunas veces. Se permitió juzgar la Historia,
y SllS juicios tienen un valor muy .desigu/l.l. Hasta no sabe
ahand-0nar siempre ciertos prejuicios incompatibles con la im-

�14

Voltaire, Historiador Moderno

parcialidad histórica. Todo eso es verdad. Pero no impide
a VOLTAIRE ser el primer historiador moderno. Dio ejemplos
basados en un buen método, escribió obras cuya utilidad permanece, y alargó eJ marco de la Historia. No son estos méritos
menores. El público ignorante, o voluntariamente mal instruido, tiene la tendencia de negar sistemáticamente lo bueno
de VOLTAIRE, en nombre de principios absurdos. Devolvamos a 1~ menos a éste, uno de sus mayores méritos, sin por
eso admirar todo y sin discusión. El voltairianismo no debe
escondernos las cualidades de un escritor del cual Goethe
decía: "Es el más gran hombre en literatura de todos los
tiempos; es la creación más asombrosa del Autor de la naturaleza".

NOTA

s·

(1)-Obras históricas de VOLTAIRE:
-Historia de Carlos XII (1731)
-El Siglo de Luis XIV (1751)
-Ensayo sobre las costumbres (1756)
(2)--En estas líneas, VOLTAIRE hace alusión a estas frases de BOSSUET·
"Cuando los Reyes, hijos de David, siguen el buen ejemplo de su pa~
dre, Dios hace milagros sorprendentes en favor de ellos; pero sienten,
cuando degeneran, la fuerza Invencible de su mano que cae sobre
ellos .. Los rnyes de Egipto, los reyes de Siria, y sobre todo los reyes
de Asma y dr Bablloma, sirven de instrumentos a su venganza. La
Impiedad aumenta y suscita en el Oriente un rey más soberbio y más
temible que tocios los que habían aparecido hasta entonces. . . Sin
em~argo el momento se aproximaba en el cual la venganza divina
deb1a caer sobre los Judíos Impenitentes: el desorden se hizo en
ellos: un falso celo les ciega... Dios les entrega al sentido reprobado
Se rebelan contra los Romanos que les oprimen ... " (Discurso sobre
la Historia Universal)
(3)-Carta al Abate Dubos (30 de octubre de 1738)
"N~ tengo otras memorias, para la historia general, que unos 200
volumen~s de memorias Impresos que todo el mundo conoce; no se
trata mas que de formar un cuerpo proporcionado con todos estos
~iembros esparcidos, y de pintar con colores verdaderos, pero de un
. ro, lo que. Larrey, Llmlers, Lamberty, Russel etc. falsifican y desllen, en volumenes.
'
'
é Para la vida .~&gt;rivada de Luis XIV tengo las "Memorias del Marqu s de Dangeau en cuarenta volúmenes, de los cuales saqué cuarenta pág~as; tengo lo que he oído decir a viejos cortesanos, criados,
grahdes senores, Y otros, y guardo los hechos en los cuales concuerdaJ?-, Abandono lo demás a los hacedores de conversaciones y de
anecdotas. Tengo un extracto de la famosa carta del Rey a propósito
del seftor Barbezleux, del cual indica todos los defectos que perdona
en. favoxr de los servicios del padre: lo que caracteriza mucho mejor
a ....u 18 IV que las alabanzas de Pelllsson.
Estoy bastante instruido de la aventura del hombre de la máscara de fierro, muerto en la Bastilla. Hablé con gentes que le sirvieron ...
Sobre los asuntos de la Iglesia., tengo todo el fárrago de las Injurias del partido, e intentaré sacar una onza de miel del ajenjo de
los Jurien, Quesnel, Dou¡:in, etc.
•

Serge P. Darmon

15

Para el interior del reino, examino las memorias de los intendentes, y los buenos libros que tenemos en esta materia .. .
Con respecto a las artes y a las ciencias, no se trata más, creo,
que de trazar el camino del espíritu humano en filosofía, en elocuencia, en poesía, en crítica; demarca los progresos de la pintura,
de la escultura, de la música, de la Joyería, de las manufacturas de
tapicería, de espejos, de tela de oro, de la relojería. No quiero más
que pintar, caminando, a los genios que se distinguieron en estas
materias. ¡ Dios me preserve de utilizar trescientas páginas en la
histeria de Gassendi! La vida es demasiado corta, el tiempo demasiado precioso, para rlec!r cosas inútiles".
(4)-Estos cuatro siglos son: el de Alejandro, el de César y Augusto, el
de los Médic!s, y el de Luis XIV.
(5)-Carta a Thiérot (15 de Julio de 1735)
"Cuando le pedí anécdotas sobre el siglo de Luis XIV, es menos
sobre su persona que sobre las artes que florecieron en su tiempo.
Me gustarían más detalles sobre Racine y Boileau, sobre Qu!na.ult,
Lulli, Mollére, Lebrun, Bossuet, Poussln, Descartes, etc., que sobre
la batalla de Stelnkerque. No queda más que el nombre de los que
condujeron batallones y escuadrones; cien batallas no dan nada al
género humano; pero los grandes hombres de los cuales le hablo
prepararon placeres puros y durables para los hombres que todavía
no han nacido. Una exclusa del canal que reune los dos mares, un
cuadro de Poussln, una hermosa tragedia, una verdad descubierta,
son cosas mil veces más preciosas que todos los anales de la cortte,
que todos los relatos de campaftas. Sabe que para mí los grandes
hombres van primero y los héroes.al último. Llamo grandes hombres
a todos los que se distinguieron en lo útil o en lo agradable. Los
saquea.dores de provincias no son más que héroes ... "

�Luis Horacio Dur4n

..
Luis Horacio Durán / CANCJON PARA EL REGRESO

Pájaro que en la tarde se despliega
-arco oscuro en el rayo que le ciegay af árbol mismo de su huída llega.
Ultima luz que viaja inútilmente
desprendida del sol por accidente
y le vuelve a encontrar en el oriente.

Heme, otra vez, igual que en la partida
-círculo al fin, en línea definida
que no puede escapar de su medida-.
Heme otra vez, n~stalgia en el acento,
-idéntica la voz, el mismo viento
que regresa en su propio movimiento.
Vuelvo otra vez, en vuelo de gaviota
que vuelve al mar llevando su derrota
inmóvif en su cruz, triste y devota.
Vuelvo otra vez al borde del sendero
con la misma esperanza de viajero,
en la misma esperanza prisionero.
Agua en rayo de sol que le provoca
y emprende el viaje y luego lo equivoca
y en su misma partida desemboca.
Circunloquio en la voz que se regresa
a sus mismas palabras de promesa
y se encuentra a sí misma por sorpresa.
-16-

Sombra olvidada que al azar se deja
y en otra sombra luego se refleja
y S!;l vuelve a encontrar, muda y perpleja.
Surco que al agua sigue como arcilla
y se queda esperando entre la orifla
para volver, buscando su semilla.
Nube que entre sí misma se encarruja
y al viento entre sus márgenes estruja
y más tarde -otra vez- se desdibuja.
Tierra que en una sombra se convierte
y luego emprende el viaje, de tal suerte
que vuelve a ser fa misma con la muerte.
Caminante al camino encadenado
-círculo al fin-, he vuelto a la partida
con la misma figura oscurecida
e idéntica la voz en el llamado.

17

�Sergio F ernández

Sergio Fernández/

VIDA DE DON GREGORIO GUADAÑA

LAS

fuentes de información que poseemos de la Vida de Don Gregorio Guadaña, son las que nos
ha dado Angel Valbuena Prat , p ero para nuestro propósito
nos bastan ya que es otra obra que, a nuestro parecer, no puede ser considerada genuinamente como picar esca. Val buena
nos dice que dicha novela forma parte de una obra llamada
El siglo pitagórico y vida de Don Gregorio Guadaña de Antonio Enríquez Gómez, y agrega que dentro de ella ofrece un
carácter aislado y autóctono, aunqu e está engarzada _ en el
marco de ficción de la transmigración de un alma en diversos
tipos sociales de la época. La Vida de Guadaña corresponde
a la Transmigración V ; la IV ha sido
de un valido Y la
siguiente ser á la de un hipócrita. Publicado en 1644, ofrece
pues una gran novedad par a las letras españolas. ~l aut ?r,
por su p ar te, p ar ece ser hij o de u n converso portugues, van as
veces perseguido por la Inquisición como judaizante. Fué quemado en efigie en Sevilla, pero protegido por el grupo hebreo
de Amsterdam se salvó del auto de fe. Pese a esto la obra no
par ece marcada con un sello fuertemente judío. El t ema de
la transmigración del alma, que da coherencia al con junto,
está aludido dentro de la novela misma de Guadaña cuando en
el capít ulo V se afirma que la opinión de Pitágoras, que dice
se pasean las almas de cuerpo en cuerpo como de flor en flo:·
No hay, por lo demás, en toda la obra, una verdader a oposición en contra del dogma católico ; por el cont rario, se ven
muchas afinidades con la ortodoxia española.

!ª

Enríquez Gómez es un magnífico escritor barroco, a más
de notable poeta, también a la manera gongorina. Su obra es,
sobre todo en un principio, de gran ingenio y sutileza; en el
-18-

19

estilo fluido y ágil, se nota de inmediato la influencia de su
maestr o, Francisco de Quevedo. Enormemente gracioso, al
final cae empero dentro de una r elativa sosez que hace que la
obra venga a menos. Sin embar go, como ya dijimos, es ingeniosa y entretenida y se comprueba en ella una vez más la
per fección que los escritor es bar r ocos alcanzar on en el manejo
de la lengua. Quevedo está presente desde el principio, cuando
Guadaña dice Y o, señores míosl nací en Tria.na, un tiro de vista
de Sevilla, por no tropezar en piedra. Mi padre fué doctor
en Medicina, y mi madre comadre; ella servía de sacar gente
al mundo, y él de sacarlos del mundo, uno les daba. cuna., y
el otro sepultura ( Cap. 1; pág. 1595). Cuenta pues Don Gregorio su patria y genealogía en forma picante, aunque no es
sólo lo satírico lo que constituye su personalidad literaria,
pues, buen hijo de su siglo, está saturado de pesimismo y
desengaño. Constantemente habla de la muerte y se r ecr ea en
afirmar que no es otra cosa que l a propia vida, ya que la
existencia verdader a está en el más allá. Al principio de la
obra, por sus descripciones y diálogo, parece en efecto que
nos vamos a ene&lt;mtrar con algo picaresco : Mi abuelo por parte
de mi padre era sacamuelas; llamábase Toribio Quijada, Y
desempedraba una y otra. a. las mil maravillas. Solía ponerse
en la plaza con un rosario de huesos al cuello, y hacía una
oración ta.n piadosa, que la. mayor parte de la gente estaba
la boca bierta escuchándole. Limpiaba. dientes y muelas con
tal gracia, que nunca más se hallaba, en la. boca (1596) . Y
también : En esto de poner dientes era único, tan bien los ponía
como los quitaba; pero en lo que ninguno le llevó ventaja fué
en hacer ojos; podía uno quitarse los suyos por ponerse los
que le hacía, y era tan letrado en esta materia, que con haber
hecho dos mil tuertos derechos, ninguno veía la claridad de su
justicia (Ibidem) . Y en seguida: Una prima .hermana mía, hija
de mi tío el cirujano Ambrosio Jeringa, era maestra de niñas;
lla.máibase Belona Lagartija, y era ta.n extremada en todo género de costura, que labraba. un enredo de noche sobre la almohada, ta.n bien como de día le zurcía. Tenía a car~o algunas
niñas, no ta.n niñas g_ue no tuviesen niños que las llevasen y
trajesen de la escuela (I bídem). Después cuenta Gregorio su
nacimiento prodigioso. Su filosofía, evidentemente, es la de
un pícar o pues a mi flaco juicio, el más bien nacido fué siempre el que vive mejor. Es también entremetido desde que está
en el vientr e de su madre, ya que no la dejaba dormir de noche,
a puras coces. Solía meterme entre las dos caderas y ella daba
una voces tan fuertes, que las ponía en la vecindad, por no
enfadar al cielo. Cuando ella estaba descuidada, solía yo darle
una vuelta al aposento de su vientre y revolverla hasta las

�20

Vida de don Gregorio Guadaña

entrañas. "Doctor -decía rabiando-. ¿qué Roberto el Diablo
me habéis metido en el cuerpo? "Jesús mil veces, decía él,
estáis endemoniada" ( 1599). Y al fin nace, comenzando a sa,..
cudir las tónicas de la vida para vestir las de la muerte . ..
A visó la comadre discípula de mi madre, a mi padre este trabajo, profetizando un parto peligroso, como si no lo fueran
todos, pues salen a morir. Y después el mismo lamento de
siempre, angustioso y fatal: ¡ Quién dijera que despu~ de nueve meses de cárcel me diesen libertad en otra más oscura . . .
metiéronme en la cuna, primera sepultura del hombre, y con
toda la música de Ga.licia no me harían dormir si yo daba
en llorar.
Don Gregorio viaja de Sevilla a Madrid, y cuenta lo que
le acontece en el camino. Pero cosa rara, leemos el libro y
resulta que no sucede nada. La novela se deja arrastrar por
una serie de consideraciones de filosofía cristiana de la vida,
naturalmente todo ello salpicado con chistes conceptuosos muy
bien logrados a lo largo de todas sus páginas. Retratos finos
y sarcásticos no faltan, como cuando describe a la huéspeda:
Era tan calurosa, que siempre se estaba bañando en el sudor
de sí misma, pero el agua salía de una fuente tan sucia, que
sólo la podía oler el pesonero; a su lado venía la criada, no
tan criada, que no tuviese criados, si bien con el mucho ·~rabajo estaba tan flaca, que parecía bujía en la mano de su
ama, no vi moza más descarada en mi vida, porque no la ·tenía.
Y como ésta hay muchas otras pinturas de gente de baja ralea.
El diálogo es fuerte pero gracioso, obsceno las más veces y
siempre divertido, mezclado con él la filosofía quevediana que
asoma a cada paso : No se tiene lo que no se posee; no en vivir
consiste la felicidad del hombre, sino en saber como se vive.
Nuestra vida es un día de veinte y cuatro horas ; en una salimos del mundo, y en otra le habremos de dejar. No por tener
menos años se aumenta la vida, los dolores sí; pues siendo los
días mares de nuestra vanidad y corriendo tormenta en ellos,
el que estuviere más cerca de la muerte, estará más pronto de
llegar al puerto. No caducan los ancianos, los mancebos sí;
pues los unos saben que han de morir, y los otros aspiran a
vivir, y más juicio tiene el que se pone con experiencia que el
que sale sin ella. No por quitarse los años se vive más, antes
menos, pues pensando engañar al tiempo, nos engañamos a
nosotros mismos. El principio del nacer es geroglífico del
morir; todos nos vamos, y la tierra permanece; salimos como
flor, y luego somos cortados del campo de la vida. Los que
se quitan los años se quitan las armas de la sabiduría. Más
v~e contar más que menos, pues no hurta quien gasta de sí
mISmo los días de su vanidad. Los filósofos antiguos trabaja,..

Sergio Fernández

21

ron por llegar a la edad perfecta, pero nosotros trabajamos
por llegar a la edad de la ignorancia. Los cuatro humores
llevan la carroza de, nuestra vida sobre las alas del tiempo;
pretender echar a.tras las ruedas de este triunfal edificio es
q~erer retroce~er el. curso y velocidad de los planetas. No es
bien que ~os 3:11os vivan con cuenta y la virtud sin ella. El
caballo mas diestro cae en el principio de su carrera. Tan
presto se ~treve la muerte a derribar un mancebo de veinte
Y cuatro anos como un viejo de ciento. Ninguno se agrave de
serlo pues no hay mayor afrenta que infamar el tiempo y la
naturaleza (1612) .
Sin embargo Y a pesar de esta añoranza por el más allá
sabe qu~, lo que salv~ a~ ~ombre es la acción, que no la contempla~10.n, en ello si distmto al sentir español de la época:
sa~er vivir
saber o_brar; retirarse. del mundo por buscar la
qme~~d sera pr_u~enc~a, pero no , sabiduría, porque la contemplac~on del ~spmtu sm obras mas viene a ser vicio de la po~nCia que ~ud del, acto. Y es que la heterogénea personahda~ ~e Enn~uez Gomez le da ese carácte:; medio español,
medio mte1;nacional,. q~e raras veces se presenta en la literat ura_de ,1~ epoca. Asnmsmo, hemos visto que sus discursos son
m~di? eticos, medio cínicos y burlescos, jugando con todo
existiendo ~n el !ondo sólo la gran amargura del ser incon~
fo~me consi~o mismo. Los lances de Guadaña no son ni siquiera p~opiame~t~ aventuras, pues es lo común y corriente
lo que a el le esta impuesto : enamora en Madrid a una dama.
otra vez toma venganza de un alguacil que le quita la guitarr~
en nna serenata Y cosas más por el estilo. Como consecuencia
lo met~n a la cárcel, pero sale a la postre bien librado. Por
lo, d~mas no parece que Don Gregorio tenga dificultades economica_s, pues nunca lo menciona. Sin embargo, parece que
~uada?a ~e _desenvolverá y caerá en la acción que preludia su
filosofia ~mica y desvergonzada ("el mejor nacido fué siempre
el q~e vive ~ejor"), y en p~rte estoico cristiana, como el
prop10 Guz~an. Pero contrariamente. a esa suposición como
ya hemos di~ho, no actúa. Su mente ociosa hilvana u~o tras
otro ~ensa,mie~tos descar~dos y p~careiscos, pero sin que por
el_lo viv,a el n~smo, reacc10ne segun sus propias enseñanzas
Si ~n picaro tiene una se~ incontenible de libertad, él si pose~
a!gun deseo, e~ el d~ morir, ya que en ello encuentra el sentido
fi~al_ de la ex1stencia humana. Si un pícaro es cobarde e hipocrit~, .º pobre, Guadaña no presenta en r ealidad como caract~n shca_s ese~ciales tales afinidades. Es en cambio, como
el picaro, mgemoso, malévolo, cínico, pero todo en potencia
no en ~cto, pues si Guadaña critica y muerde a la sociedad y
a la vida toda con el pensamiento audaz de un Don Pablos

;S

'

�Vida de don Gregorio Gu~aña

no actúa como él, ni como nadie, en último término, pues lo
que hace es pasarse la vida discurriendo, como cínico o como
pesimista: es una novela paralítica· la suya. Si se llegara a
considerar a Guadaña un pícaro, sería, en todo caso, un pícaro
"in mente", nunca en acto, lo cual ya implica una disparidad
para poderlo catalogar en definitiva como producto genuino
de la picaresca. ¿Por qué no acaba de decidirse a actuar como
un pícaro, a hacer las cosas que realizan Pablos y Trapaza,
ton o sin r emordimientos de conciencia, pareciéndose en esto
último a Est2banillo ? En realidad a nosotros nos parece el
libro muy hispánico en cuanto que está saturado de ese pesimismo que da forma a casi toda la novela del 2i.7VII, pero no
es una novela picaresca porque simplemente Enríquez Gómez
no tenía ganas de hacer un pícaro de Guadaña. Su pensamiento picaresco no es sino el toque íntimo con el cual Gómez se
estuda para criticar a la sociedad y dar un matiz inteligente
a su personaje. Es una obra que aparentemente trata de diwrtir pero que lleYa implícita la gran lección de que esta
vida sólo es un tránsito al más allá, la verdadera y eterna
morada de las almas. Gregorio es triste y amargo, con contrastes fuerte'&gt; y bien marcados. Todo en H es malo, como en
~!ateo Alemán, triste y desventurado. Sólo que mientras Alemán nos pone un ejemplo negativo con la vida del pícaro Guzmán, Enríquez Gómez se conforma con moralizar en primer
plano sin nec~sidad de que la vida de Guadaña sea mala y de
ella hayamos de derivar el ejemplo.
Del amor nos dice que El amor del padre para con el hijo
lo busca. en engendrarle, y el amor del hijo para con el padre
en heredarle. La mujer que más ama y quiere a su marido
mira. primero su comodidad en la dote, por ser los bienes de
fortuna en la. mujer más amparo que en el hombre. El sabio

la busca en la adulación; el mercader, en la usura; el escribano,
en la pluma; el labrador, en la nube; el tahur, en la flor; el
cortesano, en la lisonja.; el malsín, en la traición; el ladrón,
en la noche; el homicida, en la sangre; la doncella, en la esperanza; la viuda en el monjil; y todos, antes de ejercer lo
útil de su estado, le tienen librado en la comodidad y conservación del individuo (1631). Todo es pues, en este mundo,
adulación, mentira e hipocresía. La obra es, por otra parte,
un tanto incompleta, pero esto se entiende al saber que es sólo
parte de otra mayor. Al final se relatan una serie de aconte(•imientos que decaen, si los comparamos con el principio &lt;le la
obra, tan sugestiva y llena de un grotesco sentido del humor
que ridiculiza la vida.

Myron 1

EL TEMA DE LUCIA MIRANDA
Lichtbfau / EN LA NOVELA ARGENTINA

LAS

novelas sacadas directamente de
la historia quedan generalmente al marO'en de la médula de
la ficción argenti_na! ~astante apartadas" de lo que se puede
llamar el sello d1stmtlvo de este O'énero. Tales obras como
Myriam la conspiradora (1926), Tie~a de jaguares (1927) de
IIugo as~, El capitán Vergara (1925), de Roberto J. Payró,
o la tr1lo~ia sobre la 9uer~a. del Paraguay (1928-1929), de
)Iauuel GalYez,. 1 no , se 1dent1fican de lleno' ínteO'ramente
con
b
&gt;
e1 tl esarro11o m caracter de la novela nacional, sino que forman un grupo de obras anómalas, misceláneas mucho más el
fruto de _la inspiración propia del autor que ~l producto repre~entat1vo de escuelas y tendencias literarias. Si pasamos
revista, a la extensa pro_~ucción novelesca de la Argentina, lo
que ,m_as l~ama
aten~10n por su originalidad, significación,
.v mento literario son ciertas obras gauchescas obras r ealistas
Y naturalistas de ambiente porteño o de pro~incia y las de
profund? contenido psicológico y social dentro de
modalidad nacional. Hay excepciones, claro está, siendo el caso más
11otable el de Amalia, que por su designio polítio y ataque
whemente en contra de una tiranía opresiva estimuló tanto
la formación de l a noYela argentina a mediados del siglo pasado. Pe!'º _;1?n esta obra no cabe por completo dentro de la
novela l11stonca, ya que su punto de enfoque no es una reeonstruc~ión de una época pasada, ~ino una interpretación de
la actualidad.

'Y

-

Ja

ia

.. Sin ala rga: _esta i~tr_oducción, por necesaria que sea, pas~mos al propos1to prmc1pal de este artículo-un estudio de
ci~co novelas argentinas que versan sobre el tema de Lucía
)I1randa. .A_l tratar estas obras de fondo histórico no deseo
darles, por rnfcrencia, mayor importancia literaria ' de la que
en efeeto poseen. ?\o son obras de primer r an go, y como tan-23-

�Myron l. Lichtblau
24

tas otras de su índole, no ocupan más que un lugar _secundario
en la ficción argentina. No obstante, forman ~onJuntam~i;te
una entidad novelesca digna de estudio y de mterpretacion.

obra de Alejandro R. Cánepa, 5 ~scritor de poca fama que
ensayó varios tipos literarios sin gran éxito en ninguno. El
célebre y fecundo novelista Rugo W ast 6 es el último que se
ha valido del tema, publicando su obra en 1929.

Bien conocido es el asunto en que_ se_ ~asa el r_elato _de
Lucía :Miranda. Los españoles, ya a prmcip10s del siglo diez
y seis, fundaron su primer es~ablecimiento
el fue~te d~l
Espíritu Santo, en la confluencia del Carca~·ana y del Parana.
Lucía Miranda acompañó a estas nuevas tierras a s?- . esposo,
el valiente militar Sebastián Hurtado, y el amor fren~tico Y la
pasión ardiente que esta mujer inspiró en Mangora, Jefe de_ la
tribu indígena llamada los Timbúes, acarrearon consecuencias
fatales. Valientemente se comportó Lucía Miranda arrostrando las exigencias de este hombre primitivo, pero resulta_do _de
su resistencia fué la destrucción total del fuerte por los mdios
y la muerte de Lucía y de su marido. Respecto de muchos
detalles existe cierta vaguedad y un velo de duda. No _deseo
entrar aquí, por estar fuera de los límiü'.s. de este trab_aJo, en
la controversia acalorada sobre la autenticidad _Y exactitud ~e
gran parte de la materia relacio~ada con la figura de ~uci~
Miranda y con el grupo de esp~noles al 1!1ª1~do de la expedición. La suerte trágica de Lucia y la perdida del fuerte se
prestan a una variedad de interpretaciones novelescas, aunque
en todas las obras es casi idéntica la armazón fundamental que
rodea los distintos episodios.

De más significación para nosotros que las fechas exactas
de estas obras es el período literario en que se escribieron. .A
la etapa incipiente del desarrollo de la novela argentina corresponden las primeras dos obras. Allá por el año de 1860
apenas comenzó la novela, siendo Amalia una de las pocas
obras notables y bien conocidas entre una veintena de obras
ya olvidadas por _completo. La corriente romántica, llevada
de Francia principalmente, llegó a formar la marca característica de esta ficción en sus años de novicio. Así en este medio literario, en que se notan,la exaltación inmoderada de los
sentimientos y la exageración desenfrenada de las pasiones
conforme al gusto romántico, se concibieron y se ejecutaron
las novelas de Mansilla de García y de Guerra. Aparece en
ellas, en una de sus primeras manifestaciones, el elemento
autóctono con las figuras de l\fangora y Siripo y los demás
miembros de la tribu timbúe. Tema propio para la escena
romántica es el del indio con sus costumbres extrañas v modos
de vivir primitivos y pintorescos, lo cual vieen a ree.mplazar
hasta cierto punto el tema de la E&lt;lad Media o de un pasaqo
histórico, en que frecuentemente se inspiraron los románticos
alemanes y franceses.

Es bien evidente la adaptabilidad del cuento de Lu~ía
Miranda a una versión novelada. En primer l_ugar, las circunstancias y los acontecimientos de la tragedia se enredan
en un argumento interesante y conmovedor de grandes toqu~s
romancescos. Por lo que se refiere a la escena, nada !nas
atrayente que las tierras desconocidas y salvajes de las tribus
autóctonas sobre todo cuando ésas se hallan en contacto con
-otra raza, 'con el otro mundo de los. españoles., Y todo :ste
conflicto de culturas opuestas se despliega en l~ epoca glo~ios~
del Imperio Español, cuyo poder se hace senti;, aunque mdirectamente en todas las novelas. En este medio se mueve un
grupo de p'ersonajes decididos, fuertes, apasionados, cada uno
luchando por lo que más valúa o codicia.

El período en que se publicó (1879 ) la tercera novela de
Lucía Miranda era poco definido y amorfo, una época en que
se ensanchó el alcance de la novela con el aporte de nuevos
temas diversos. 7 Ya se consumió el ímuetu de la corriente
romántica y no empezó todavía el gran oleaje de novelas realistas de los años 1880-1900. La novela de Méndez pasó casi
inadvertida entre el público que en este mismo año de 1879
leía absorto los capítulos folletinescos de Juan Moreira, 8 célebre obra gauchesca que inició la carrera novelística de
Eduardo Gutiérrez.

:~1

,,

25

El Tema de Lucía. Miranda en la Novela Argentina

Las primeras dos obras que tratan el tema de L~cí~ Miranda aparecieron el mismo año, 1860, en verdad cas1 simultáneamente. Son obras de dos mujeres, Eduarda Mansilla de
García 2 y Rosa Guerra, 3 quienes en su tiempo disfrutaron
de bastante fama en los círeulos literarios de Buenos Aires.
De la plum;i de un autor obscuro, l\Ialaquías Méndez, 4 v~no
en 1879 la tercera novela sobre el tema. Pasaron muchos anos
hasta que vió la luz otra novela; ésta, aparecida en 1918, fué

Cuando salió a luz la Lucía Miranda de Cánepa, en 1918,
ya había evolucionado bastante la novela argentina con
las dos corrientes de realismo y de naturalismo en el siglo
diez y nueve, y con la aparición posteriormente de novelistas
de primera categoría . .A.sí durante la misma década en que
apareció la obra de Cánepa, la ficción argentina llegó a muy
altas cumbres con tales novelas como La maestra. normal
(1914), El mal meta.físico (1916), La casa de los cuervos
(1916), y Los ca.ranchos de la. Florida (1916). Lucía Miranda.
se publicó modestamente, sin grandes pretensiones literarias,

�Myron . l. Lichtblau
26

'I.

27

El Tema de Lucia Miranda en la Novela Argentina

rodeada de muchas novelas que representaba1;1- J:!~r con~raste
escalones importantes en el desarrollo de la ficc10n nac10nal.
Nunca salió de su obscuridad literaria, a pesar de haber resucitado con bastante acierto el tema de Lucía Miranda, muerto
desde hace cuarenta años.
Al lado de la figura tenue de Cánepa reluce la d~ Rugo
W ast, novelista de gran popularidad cuyas obra~ se difunden
por toda Aroé!'ica. Escritor agradable ~ue no tiene otro motivo literario que el de entretener y deleitar a sus lectores, ~a
cultivado muchos tipos de novelas, pero entre las ~u~ _mas
fama y prestigio le han dado no figuran sus novelas historicas.
No se exceptúa Lucía Miranda ; en verdad, queda entre ~as
menos leídas de sus novelas, a pesar de ser una obra bien
lograda.
Ya que se han colocado en su sitio lit~r~r.io l~s cinco novelas de este estudio, procedamos con un analisis mas detallado
de cada una señalando los puntos de contacto y los elementos
divergentes.' La primera novela, la de Mansilla de Gar~ía, ~s
la menos valiosa como reconstrucción literaria de un episodio
histórico y si no fuera por su significación cronológica dentro
del tem¡ no valdría la pena considerarla aquí. La novela carece de acierto artístico en su concepción básica, en el desarrollo de los episodios y en el lenguaje empleado. El argumento queda despojado de toda -yital~dad y de. in_terés
sostenido en virtud de mucha materia aJena, descnpci?nes
largas y pormenorizadas de cosas triviales, y una superfluidad
de episodios menores y sin substancia 1'.ovelesca. Pesado_, Y
monótono es el lenguaja, confusa y desorientada la narrac1?n
misma, que está demasiado cargada de los antecedentes históricos del asunto principal, en daño de los elementos puramente ficticio,;.
Una creación mucho más artística y distinguida que la
de Mansilla de García es la novela de Rosa Guerra, publicada
el mismo año de 1860. Por sus buenas cualidades merece un
destino mejor del que le ha deparado el público. Dada ~ luz
en una época en que la gente leía más a novelistas extranJeros
que a sus propios autores nacionales, la obra de Rosa Guerra
no alcanzó sino una modesta tirada entre un grupo selecto de
lectores, y esto merced en parte a la public~~ad ofreci~a en
los periódicos de Buenos Aires. 9 Algunos criticos. ~el d1a reconocieron el mérito literario de la obra y le confmeron a la¡
autora O'randes
alabanzas. Afirmó un escritor que la obra
b
•
había de ser elogiada tanto más, puesto que el autor era muJer
"que no ha tenido los medios de que por lo común disponen
los hombres dedicados a la carrera de las letras". io· No se ha

vuelto a publicar la novela y por desO'racia queda casi completamente olvidada.
'
º
Rosa Guerra escri?ió L~cía Miranda en 1858 para participar en un certamen literar10 patrocinado por el Ateneo del
Plata., Para obten_er el j~icio de un escritor de distinción, le
mand~ el manuscrito a Miguel Cané (padre), que afirmó poco
despues. en una carta a la autora que la obra "era una de las
producc10nes de nuestra literatura que más gusto me haya
causado". 11 No obstante, nunca se llevó a cabo el certamen y
la novela quedó sin publicarse hasta 1860.
.
Como obra, de arte no hay novela del grupo que se le ,
iguale. La Lucm Miranda de Rosa Guerra es una obra bella
tanto e1;1, la f_o rma y en el empleo de palabras como en l;
conc~pcion misma del tema y en el tratamiento de ]os perso~iaJ_es. La obra está bien escrita dentro de su textura romantica, y la$ escenas, breves y precisas, están cuidadosame_nte el~boradas. Hasta llega a una simplicidad de narración
e mgenmd,ad de expresión qu~ ]?~recen cuadrar muy bien
con el carac~er can~or_oso y primitivo de muchos personajes
Y co~ el amb~e1;1te pnstmo del cuento. En esto estriba en gran
medida el mento de la obra y es lo que la diferencia principal!11ente de ~as ot_ras novelas. Estas han conceptuado la historia de Lucia lVhranda en una forma un poco ,prosaica y
pes~~~' tal vez _con excesiva modernidad en cuanto a la expos1c10n de motivos y causas de conducta. En ellas el relato
es_ muchas veces lánguido, demasiado prolonO'ado y difuso•
mientras que el de R?sa Guerra tiene gran fu~rza emotiva
poder sugerente precisamente por su sencillez y concisión.

y

. ,,Bastante breve, en efecto la autora la llama "una no;ehta ? la _obra d~ ~u~rra está desprovista de largas y tediosas
exp~i~aciones h1stor1cas y de toda otra materia que pueda
debilitar la fue:za del asunto principal. De modo que la trama
se expone sencilla y claramente, con una sencillez eleO'ante v
decorosa. No hay :amificaciones accesorias que enmar~ñan ~l
argumento; mas bien la narración se concentra casi exclusivamen!e en los sucesos que tienen relación directa con la
tragedia. La novela es sucintá, quizás un tanto reducida en
su al~ance, pe:o no por ~so_ deja de ser de una gran intensidad
emo:iona~ Y vigor descnptivo. Como protagonista malhadada
Lucia Tu~iranda est~ retratada con mucha sensibilidad. L;
ve11:os bien_ caractenzada en diversas disposiciones de ánimo
seg~n l~s ~1rcunstancias que se le presentan. En su trato co~
~l Jefe mdio _Mangor_a, a quien contempla como una persona
mg~nu~, med~o salvaJe, casi pueril ya hay dignidad imperiosa
ya i:ndiferencia fría, ya misericordia y comprensión; para co~

�28

El Tema de Lucía Miranda en la Novela Argentina

Siripo, vil y lascivo, se muestra indignada y atrevida; y por
su marido, a quien ama entrañablemente, sacrifica su propia
vida para juntarse con él en la muerte.
La obra de Méndez, aparecida en 1879, asimismo está libre
de casi todo detalle sobrado del argumento, pero la impresión
estética que le deja al lector es poco profunda si la comparamos con la de la novela de Rosa Guerra. La trama se entreteje
bien, pero el lector no se siente conmovido por los sucesos
relatados ni por la catástrofe final. Escritor de limitada habilidad literaria, no podía más que narrar fría y vulgarmente
la tragedia de Lucía Miranda; no logró una interpretación
sensible y artística del tremendo drama. Es interesante notar
que la figura cruel de Siripo no desempeña ningún papel en
la obra de Méndez, de modo que Mangora mismo mata a Sebastián Hurtado y a Lucía. Vemos otra variación en esta novela en el personaje de Lola, esposa de un soldado español y
compañera fiel de Lucía en sus horas de aflicción, que también
es víctima de la perfidia y la venganza de Mangora.
En las dos novelas de este siglo notamos una t écnica más
segura, un manejo más hábil de los elementos ficticios, seña
de cierta madurez y facilidad en el arte de novelar. Aunque
son obras bien construídas y desarrolladas, carecen de distin- ·
ción y novedad para llamar la atención del público o de los
críticos. Precede a la obra de Cánepa un prólogo interesante e
informativo, en que el autor sostiene la autenticidad de muchos episodios narrados en la novela. Cánepa explica que para
escribir Lucía Miranda consultó de primera mano muchos documentos valiosos, inclusive algunos del célebre Archivo de
Simancas, así como las crónicas de los historiadores españoles
Luis de Avila y Pedro Mejía. Pero lo que más le servía, nos
dice Gánepa, eran algunas monografías del siglo diez y seis,
mas sobre este punto no indica más a modo de clarificación.
Principia la acción en la obra de Cánepa en la España del
principio del siglo diez y seis, que el autor elogia debidamente
en toda su gloria. Al tratar la figura de Sebastián Gaboto,
piloto mayor de Sevilla y encargado de la empresa, Cánepa
habla de los diversos motivos que indujeron a los marineros
para incorporarse a las expediciones al Nuevo Mundo. Cuando
aparecen en la novela los protagonistas Lucía Miranda y Sebastián Hurtado ya entra un conflicto novelesco, pues el padre
de aquélla, hombre egoísta e inflexible, se opone rotundamente
al casamiento de su hija con el joven militar. Pero el gran
amor entre los dos lo vence todo y por fin se hace la boda.
Pronto la pareja se embarca con Gaboto con rumbo a América,
y a poco de estar en al_ta mar el barco comienza a lade,arse

Myron J. Lichtblau

29

bajo la fuerza del viento y las olas de una tempestad aterradora. Ni siquiera una queja de Lucía Miranda en esta prueba
de su carácter fuerte y noble, mucho menos el deseo de regresar a tierra _firme y de separarse de su marido. Después de
un viaje borrascoso la expedición llega a orillas del Río de
la Plata y dentro de poco, al enfrentarse la tribu indígena Y
los sold;dos españoles, empieza el conflicto principal. Aquí
presenta Cánepa otro enredo del argumento, que es motivo. de
algunas escenas dramáticas y bien reveladas. E_l aut,or. hace
figurar en el relato a la esposa de Mangora, ;11uJ~r perf1~a y
celosa que pronto percibe el amor que por Lucia M1rand~ ~iene
su marido. Thabor -así se llama ella- le hace una vIS1ta a
Lucía y le pide que se aleje del fuerte para que Mangora la
olvide. Cuando se niega Lucía a acceder a esta súplica, Thabor
intenta estrangularla, pero Mangora, en acecho, mata a su esposa a flechazos. No es preciso seguir la trama hasta la conclusión; basta advertir que los varios episodios están hábilmente trazados y encadenados y apuntan la destreza del autor
en crear situaciones novelescas de interés, si bien un poco exageradas.
El arte de Rugo W ast se basa en gran parte en su habilidad de tejer un cuento interesante, que abunda en sucesos
animados y de episodios dramáticos. Sabe narrar bien, contar
un relato de un modo sencillo, pero sobremanera eficaz y conmovedor. Notamos claramente esta habilidad en Lucía ~iranda, en que el lector se deja llevar agradablemente por el puro
deleite del relato. Lo más fundamental de la obra es la narración del cuento propio, y con este fin Wast ha fraguado con
mucho cuidado un argumento amplio y atractivo, lleno de
inttiga y de luchas de amor. Como en la obra de Cánepa se
notan aquí también ciertos enredos del argumento que hinchan
la substancia del relato, que agregan al drama principal otros
puntos de enfoque secundarios. Se plantea, por ejemplo, un
interesante conflicto de amor al principio de la obra, que en
varias manifestaciones sigue desarrollándose hasta el fin de
la novela. Urraca Moreno, prima de Lucía, se enrola en la
expedición para seguir a su novio, el alférez Bermudo Crespo.
Durante el viaje el piloto de la nave capitana, Ruy Orgaz, se
prenda de Urra-ca y trata de conquistarla. En ~lta mar se urde
una conspiración para derrocar a Gaboto, pero queda frustrada debido a la delación de Orgaz. Este acusa falsamente a
Crespo de ser uno de los conspiradores, ya que una vez ejecutado su rival por su complicidad en el atentado, le quedará
paso abierto para hacerle el amor a Urraca. Por fortuna,
Gaboto decide no imponerles la pena de muerte a los r eos,

�30

El Tema de Lucía Miranda en la Novela Argentina

31

pero algunos, como Crespo, sufren destierro al llegar a la costa
americana. Ya en el Nuevo Mundo, Urraca rechaza con indignación los requirimientos amorosos de Orgaz, que acaba por
ser víctima de un enemigo suyo, soldado también de la expedición. En cuanto a Urraca, prefiere casarse con un guerrero
indio que sufrir la muerte a manos de la tribu vencedora.

4. Malaquías Méndez, Lucia (Santa Fe: Imprenta de El Santafesino, 1879).

Aunque la parte novelesca predomina sobre los otros elementos de la obra, Wast sabe mezclar en buenas proporciones
la materia histórica y cultural para hacer un conjunto armonioso y agradable. Y esta materia, ya sea un retrato de España
en aquellos días o una descripción de la vida sencilla de los
timbúes, no es una exposición fría e inconexa, sino un elemento
necesario y apropiado dentro del relato para reconstruir una
época pasada.

. 6. Hugo wast (seudónimo de Gustavo Martinez Zuviría), Lucía Miranda,

Desde la publicación de la Lucía Miranda de Wast en
1929 el tema no ha vuelto a aparecer en la ficción argentina. En su conjunto, las cinco obras han captado bien un
momento importante sacado de los primeros capítulos de la
historia nacional y a la vez han retratado a la mujer que se
puede considerar como la primera heroína en tierra argentina.
Todas las novelas han sufrido los embates del tiempo; de algunas ni queda el recuerdo siquiera. Pero es de esperarse que
al menos una sola -la de Rosa Guerra- quede viva para representar en su forma más artística el tema de Lucía Miranda.

NOTAS
l. Las obras históricas de Manuel Gálvez sirven bien para demostrar este

punto. La serle Escenas ele la Guerra del Paraguay figura entre las
obras más logradas de Gálvez; y las siete obras que comprenden la
serie La época de Rosas, aunque no alcanzan el mismo nivel artistlco.
representan una ambiciosa tarea literaria realizada con acierto y digna
de aprecio. No obstante estos méritos, estas obras de Gálvez quedan en
un lugar secundarlo. Se le reconoce a Gálvez principalmente como autor de novelas realistas y naturalistas La maestra normal, El mal
metafísico, Nacha Regules, Historia de arrabal.

•

l\lyron l. Lichtblau

2. "Daniel," Lucia-novela sacada de la historia argentina (Folletín de
La Tribuna de Buenos Aires, el 10 de mayo hasta el 4 de julio de 1860) .
Nótese el seudónimo de "Daniel." En 1882 la novela se publicó con el
nombre verdadero de la autora (Buenos Aires: Imprenta de Juan A.
Alsina). Volvió a aparecer en 1933, en la serie Bibllotca La Tradición
Argentina, Vol. XXXV. Bajo el mismo seudónimo, Mansllla de García
publicó también en 1860 una novela romántica llamada El médico ele
San Luis.
3. Rosa Guerra, Lucía Miranda (Buenos Aires: Imprenta Americana, 1860).
Se puso de venta esta novela el 9 de junio; de manera que dentro del
período de un mes aparecieron las dos obras, la de Mans1lla de García
y la de Rosa Guerra.

5. Alejandro R. Cánepa, Lucía Miranda, o La conquista trágica, novela

histórica americana (Barcelona: Casa Editorial Maucci, 1918). Entre
las otras obras de Cánepa, que no he visto y que conozco sólo por las
referencias dadas en la portada de Lucía Miranda, son las siguientes:
El arte de la vida, notas de un viaje a Europa; Almas náufragas, recuerdos de la montafia y Canción clel olvido, libro de reflexiones rellglosas.
novela de la conquista espafiola (Buenos Aires: Editores de Hugo
Wast, 1929).
7. Algunas novelas publicadas en esta década (1870-1879) tratan temas
científicos o seudo-científicos (Eduardo L. Holmberg, Viaje maravllloso
del Sr. Nic-:'i'ac al planet.&lt;i i\·I arte, 1875); otras versan sobre un crimen
y la aprehensión del _culpable (Luis L. Varela, La huella clel crlmen,
1877); otra es una satira de condiciones sociales y morales en SudAmérica (Juan Bautista Alberdi, Peregrinación ele Luz clel Día, 1871).
8. Juan Morelra apareció como folletín de La Patria Argentina de Buenos
Aires desde el 28 de noviembre de 1879 hasta el 8 de enero de 1880.
Entre las otras novelas que se publicaron en 1879 podemos citar las
sigul!,ntes: Eduardo Gutiérrez, Un capitán ele ladrones en Buenos Aires;
y Aquiles Sioen, Buenos Aires en el alío 2080, obra que intenta pronosticar condiciones sociales y económicas en la Argentina.
9. Al hablar de la
Aires, el 12 de
basada sobre el
Lucía i\flrancla.
esta sefiorlta su

obra de Mansllla de García, La Tribuna de Buenoi;:
mayo de 1860, notó lo siguiente: "Hay otra novela
mismo argumento y que lleva el mismo titulo de
Su autor es la sefiorlta Rosa Guerra. ¿No publicará
obra, para que la Juzgue el público?"

10. El artículo breve de donde se saca esta cita apareció el 12 de agosto
de 1860 en La Tribuna de Buenos Aires. Titulado simplemente "Lucia
Miranda," lo firmó un tal Juan F. Segul.
11. Esta carta se halla reproducida en la página IV de la novela de Rosa
Guerra.

�Juanita Soriano

Juanita Soriano / ROMANCE AL RIO DEL TIEMPO

El tiempo, río sin cauce,
levanta velas de olvido,
se aleja sobre la ausencia
con sus mástiles en vilo.
El tiempo no tiene margen
no tiene orillas ni ruido,
se desliza sin riberas
hacia un mañana furtivo.
Transcurre y siempre se queda
sin puerto fina! ni arribo,
su permanencia fugaz
llena de lirios y niños.

1

Se agobia de mariposas
y levanta con sigilo
escamas, alas y rostros
bajo la aurora de un siglo.
Guarda sus niños futuros
en nebuloso dominio,
hoy invisibles o ausentes
por las nieblas del vacío;
hoy invisibles... , mañana
sólidos con sol y trigo,
el yo de nosotros ¿dónde?:
invisible o fugitivo.
-32-

El tiempo de pies veloces,
tiene un oasis de armiño,
abre con rápidos pasos
suaves espacios de olvido.
En círculos encerrados
finge eterno domicilio,
pero fluye ocultamente
desde la playa hasta el nido.
En sus remansos de espera
espera el alma su sino;
confiado, casi inmortal,
el Hombre está distraído.
El tiempo mar sin riberas,
fuga;: anfitrión y amigo,
abrió a mi imagen sus puertas
y soy huésped detenido;
el tiempo me dió su mano
para danzar en un hilo,
hoy por su corriente paso
y é! pasa en mí sus anillos.
Crucial, en fugaz recodo
dió a mis orígenes nido,
dibujó mi juventud
y la borró repentino.
Bajo el secreto del tiempo
a la fuente me deslizo;
por mi comarca de Ayer
evoco un azul benigno.
Las rosas de la distancia
mueven recuerdo de abismo;
nostalgia de juventud
tu luz es pena y alivio.
Hoy, mecida en suaves ondas
del Río-Tiempo y Camino,
veo en memoria de espejos
el litoral recorrido.

33

�34

Juanita Soriano

Romance al Rio del Tiempo

El tiempo, ¿a dónde me lleva?,
me trajo aquí su delirio,
entre la niebla futura
alas oscuras percibo.
El tiempo, río espectral,
va con sus luces perdido,
vela su frágil mañana
con ángeles de martirio.
El tiempo me dice: soy
lo atemporal y divino,
soy el espacio sin muros
poblado por un descuido.

Mi voz tu peso combate
buscando en el espejismo
algún escape olvidado
por tu confín infinito.
Tiempo, yo escucho tus olas,
pasando van por mi oído,
me levantas y me lanzas
sobre pétalo y espino.
Los que caminan y viajan
en este viajar rendido,
poco antes, poco después,
llegamos al fin del río.

Paso en mi barca sin remos
diligente y compasivo,
de un lado a otro mil rostros...
Soy el que da y niega asilo.
Por él, rodando impotente,
rueda sin eco mi grito,
¡Tiempo, río inexorab1el,
me arrastras terco y sencillo.
Lanzada fuí hasta tu playa
donde tu aliento recibo,
obligada a retirarme
cuando tú me hagas un signo.

Tiempo, yo siempre lo supe,
tus estaciones reviso,
vas con tu carga de llanto
hacia tu antiguo camino.

¡No quiero ser una brizna
que rueda en tu precipicio!,
reflejo, sombra fugaz,
obediente a tu designio.
Dame la luz imposible
de ser yo misma, destino
que no me sea trazado
por tu si 1encio enemigo.
Mi dócil cuerpo obediente
se doblega a tu capricho,
se dormirá y será polvo
en cuanto tú des aviso.

Tiempo, reloj sin agujas,
avanzas como al descuido,
no te adelantas ni atrasas
y estás eterno en ti mismo.
Pero pasas, y tu paso
fuente de cambio temido,
simiente de mutaciones
y perenne paso fijo
borra del rostro confiado
el esplendor primitivo,
y tras máscaras cambiantes
el Hombre ve!a escondido.

..

¿Quién te habitará mañana
borrado ya mi retiro?.
Hoy yo estoy sobre tu espalda,
dentro de tu luz habito.
Otros vendrán, otros nuevos,
a descubrir nube y trino,

�36

Romance al Río del Tiempo

crecerán con las espigas,
junto al mar tendrán arribo.
Otros mirarán la luna
con nuevo amor sorprendido,
como la miraron siempre
antes de mí y mi suspiro.

f ean Siro/ / LA

CONSTITUCION FRANCESA DE 1958 *

1•

Todo en tu tránsito pasa
y repite eterno cic!o,
llevas mi sombra entre tumbos
hasta un mar desconocido.
¡Tiempo, yo sabré fugarme ... !
desde mi cárcel vigilo,
He de fundirme en mi voz
saltando sobre el peligro.
He de encontrar una c1ave
junto a tu mapa de frío,
mi voz volverá a forjarme
cuando tú me hayas vencido.

UN

..

militar que también fué un gran
estadista, Napoleón, dijo un día: "La mejor Constitución es
la más corta". Diría yo con gusto al interpretarlo : "la mejor
conferencia es la más corta". Razón por la cual abordaré inmediatamente mi tema: la Nueva Constitución Francesa de
1958.
El 28 de Septiembre pasado, el pueblo francés y aquellos
que viven en los territorios de Ultramar, fueron llamados a
contestar mediante un referendum, sobre un proyecto de nueva Constitución que les presentaba el Gobierno. ¿Cuáles eran
las circunstancias que habían obligado a emplear este procedimiento, absolutamente excepcional? Es indispensable conocerlas para comprender el texto del cual trataremos hoy.
Desde antes de la guerra de 1939, pero sobre todo después
de 1946, Francia había pasado por una serie de graves crisis,
resultado de una lenta degeneración de su sistema político que
constituía una democracia parlamentaria. Lentamente se formó un abceso que, súbitamente, la crisis del 13 de Mayo hizo
reventar. Los orígenes y el carácter de esta última crisisparticularmente el hecho de que los militares hayan tenido un
papel principal en ello-no tienen más que un interés histórico.
Desde Oondorcet, St. Simon, Augusto Comte, sabemos que
la Historia se desarrolla siguiendo un proceso fatal, determinante y que cuando las instituciones han envejecido deben
necesariamente desaparecer puesto que ya no armonizan con
las condiciones del medio ambiente. Así como ciertos animales,
la serpiente, por ejemplo, deben cambiar de piel en ciertas
épocas, frotándose contra una piedra, un árbol o la tierra.
Estas circunstancias casuales, accidentales, no tienen impor* Conferencia pronunciada por el Sr. Jean Siro!, Consejero Cultural de la
Embajada de Francia en México, el dia 19 de noviembre de 1958 en
Monterrey, N. L.

-

37-

�88

La Constitución Francesa de 1958

tancia. Lo que creemos ser causas, no son más que circunstancias secundarias. En este caso, lo importante fué el nacimiento
de una nueva organización del Estado, absolutamente necesaria, provocada por la inadaptación de la antigua a las circunstancias actuales de la vida política nacional e internacional.
En el discurso que pronunció sobre la Plaza de la Bastilla
el 4 de Septiembre último, el General De Gaulle decía, con
razón: "El régimen padecía vicios de funcionamiento llevaderos en una época estática, pero incompatibles con los cambios económicos y los peligros exteriores que han precedido
a la segunda guerra mundial. La necesidad de un cambio era,
pues, evidente". La mejor prueba reside en que los ocho tfüimos presidentes del Consejo lo habían inscrito en sus programas. Pero precisamente, el vicio mayor del parlamentarismo
francés· era la inestabilidad de los gobiernos que alcanzaban
a sobrevivir unos pocos meses y no tenían tiempo para resolver
los problemas más importantes y por eso, los más difíciles,
como, por ejemplo, la Reforma de la Constitución.
Efectivamente, junto al régimen de derecho establecido
por la Constitución de 1875, votada por una Asamblea con
mayoría monárquica, quien esperando el regreso del pretendiente al trono, el Conde de Cahmbord, había establecido un
sistema en el cual el Ejecutivo disponía de poderes extensos,
se había formado un régimen de hecho muy diferente, cuyos
defectos el General De Gaulle ha caracterizado en esta forma:
1) Impotencia del Estado, cuyo primer magistrado, el Presidente de la República, no tiene prácticamente ningún poder.
Este último, estando enteramente en manos de las Asambleas
parlamentarias, todopoderosas, y en particular, de las Comisiones, que ejercían una verdadera dictadura. 2) Impotencia
del Gobierno, emanado del Parlamento e investido por él, no
teniendo más que un aparente poder, en razón de los numerosos partidos. Su vida estaba en constante peligro, puesto que,
no existiendo ninguna mayoría real, bastaba el desplazamiento
de 30 ó 40 diputados para hacerlo caer. Era la diversión de
''jeu Massacre" que hacía la felicidad de los extranjeros.
"Nada nuevo esta mañana Y" preguntaba un humorista inglés
en un periódico de Londres. No, contestaba su compadre, absolutamente nada. El Gobierno Francés investido anteaver
"
.. '
cayo, en l a tard e ....
Sin duda, la Administración permanecía, a pesar de la
crisis ministerial, pero graves inconvenientes resultaban. La
cruel derrota de 1940 los hizo ver. Por esta razón cuando
asumió el poder el General De Gaulle, después de la'victoria
su primer acto fué preguntar al pueblo francés: "¿ Quiere~

lean Slrol

39

ustedes una nueva Constitución Y". El 21 de Octubre de 1945,
el 96% de los franceses contestaban: Sí. Desgraciadamente,
por las razones antes expuestas y, en particular, debido al
poder omnipotente del Parlamento, el proyecto fué modificado
de tal modo por las Asambleas que permitía los mismos errores que se habían producido en el pasado.
En esas condiciones, el General De Gaulle abandonó el
poder declarando: "O cambian ustedes la Constitución o Francia atravesará por dificultades cada vez más graves e irá a la
catástrofe. Si esto es evitado, tendrá que cambiar su Constitución". Fué una verdadera profecía. Después de numerosas
crisis ministeriales, cada vez más frecuentes, cuyos efectos
eran amortiguados por un extraordinario r enacimiento económico y demográfico, el país se encontró súbitamente frente
al golpe de fuerza del 13 de Mayo, orillado a la guerra civil.
París conoció momentos de angustia. En el mundo entero, los
grandes diarios publicaban en primera plana las noticias más
alarmantes. Los turistas abandonaban Francia, el franco alcanzaba un curso elevadísimo en el mercado negro. A los ojos
de los corresponsales extranjeros, Francia atravesaba por una
de las más graves crisis de su historia. Otros, la veían perdida
y, sobre todo, algunos de sus amigos.. . Pero los pueblos, así
como los indiYiduos, tienen las cualidades de sus defectos.
Abandonándose fácilmente durante las épocas dichosas, el latino reacciona rápidamente en período de crisis. Al igual que
ciertos automovilistas, el francés parece gozar acercándose lo
más que puede al precipicio, para después evitarlo mejor.
Pasadas algunas semanas de duda, diputados y senadores,
unos por razoaamiento, otros por temor, hicieron un llamado
al General De Gaulle, pidiéndole asumir la Presidencia del
Gobierno. Este último aceptó a condición expresa de ser legalmente investido por el Parlamento. Lo que fué hecho.
El 3 de ,Junio, una ley confiaba a su Gobierno la tarea de
preparar una nueva Constitución que el General, para evitar
los escollos del procedimiento parlamentario, tenía derecho a
someter directamente al pueblo por medio de un Referendum.
Procedimiento excepcional sin duda, pero que tiene la ventaja
de conocer la opinión del pueblo sin pasar por la pantalla
parlamentaria. El 28 de Septiembre último, con una mayoría
arrolladora del 80% en la metrópoli y del 93% en los Territorios de Ultramar, los franceses aceptaron la nueva Constitución.
&amp;Cuál es su estructura y sus líneas generales, ¿Qué se
puede pensar de ello? Son estas dos partes las que nos proponemos desarrollar ante ustedes.

�40

La Constitución Francesa de 1958

Jean Slrol

arbitraje asegura el funcionamiento de los poderes públicos Y
la continuidad del Estado.
-Nombra al Primer Ministro y a proposición suya, los
demás ministros. El Gobierno así constituido tiene una existencia legal, sin tener necesidad, como antes, de la investidura
del Parlamento.
-Preside los Consejos del Gobierno; firma las ordenanzas
y los decretos; promulga leyes, de la~ cuales puede pedir una
segunda lectura; puede enviar mensaJes al Pa~lan:i-ento; puede
someter al Referendum popular las leyes mas un portantes;
puede disolver al Parlamento.

I. ESTRUCTURA DE LA NUEVA CONSTITUCION.
Metrópoli: Es instituido un régimen parlamentario con
predominio del Ejecutivo.
'

Régimen parlame~tario.-Es decir, que el Parlamento puede
hacer caer al Gobierno, lo que no existe ni en México ni en
los Estados Unidos. Este último punto había provocad~ grandes abusos, los cuales ahora se trata de remediar dando más
poder al Ejecutivo.
'
Predominio del Ejecutivo.-El Ejecutivo, que ahora predomina, _es la gran novedad, y lo vamos a ver inmediatamente estudiando sus dos articulaciones: el Presidente de la República
y el Gobierno.

2.-En tanto que Jefe supremo de la Nación. Es Jefe del
Ejército y de la Armada; dispone de poderes excepcionales
cuando las Instituciones de la República y la Independencia
de la Nación están amenazadas. Pero son tomadas garantías
para que no abuse de ello. En particular, puede ser llevado
ante una Alta Corte de Justicia.

A.-El Presidente de la República
a) Elección :
-En teoría, un Presidente puede ser elegido por sufragio
directo como en México.

Al lado del Presidente de la República, el Gobierno, segundo elemento del Ejecutivo:

-Por el Parlamento, como en Francia bajo el réo,imen
de la Constitución de 1875 o de 1946.
'
"'

B.-El Gobierno
Como ya hemos dicho, hasta 1958 era el Parlamento quien
gobernaba. En adelante, será el Gobierno, lo cual es lógico y
necesario. Dos Asambleas, actuando separadamente, que agrupan cerca de 1,200 personas y organizadas en 18 diferentes
partidos, no son aptas para gobernar.
·

-:-Por un Co~egio Electoral más amplio, que emplea los
dos sistemas ya citados. Es la solución adoptada.
. De hoy en adela11te, el Presidente de la República es elegido por el:
-Parlamento.

1.-0omposición del Gobierno

-Los Consejos Generales y las Asambleas de los Territorios de ffitramar.

Nuevas disposiC'iones fundamentales y muy populares.
Las funciones de un lfinistro son ahora incompatibles con las
de diputado y de senador así como de representante profesional, particularmente, miembro de un Consejo de Administración.

-Los Consejos Municipales.
~Un delegado por cada 1,000 habitantes para las ciudades
de mas de 30,000 pobladores.
b) Pa~l- Sin ser tan, poderoso como en México o en los
Est!do~ Urudos, su papel es mucho más importante que lo que
habia sido desde 1946.

..

Es un árbitro y el Jefe supremo de la Nación.

1.-En tanto que árbitro. No tiene ningún poder gubernamental y normalmente, no interviene en la gestión de los
asuntos. Vela por el respeto de la Constitución y mediante el

.

.

Se quiere evitar así la avalancha de aspirantes a carteras
ministeriales y la desviación de la función pública en beneficio
de intereses privados. El ser Ministro durante la IV República era la secreta esperanza de todos los diputados y presentaba muchísimas ventajas. Ahora sucederá a la inversa. Ser
~Unistro representará, sobre todo, sacrificios, puesto que se
habrá de renunciar a todas las funciones lucrativas para consagrarse únicamente a las funciones gubernamentales. Estando las cosas así, el Consejo de Ministros formará un grupo

�Jean Si.rol

La Constitución Francesa de 1958

42

bierno ser derrocado, la confianza está considerada como tácitamente otorgada hasta que el voto con mayoría absoluta de
la Asamblea, dé una moción de censura. Esta última está prevista en condiciones muy rigurosas que refuerzan la estabilidad
del Gobierno. Anteriormente, lo hemos visto en cada sesión,
el Gobierno estaba amenazado y podía ser derrocado por grupos minoritarios reunidos en coaliéiones heterogéneas. En
adelante, derrocar al Gobierno no puede ser sino el resultado
de una oposición completa, madurada, y seriamente expresada
por la mayoría absoluta de la Asamblea.

unido, puesto que ninguno dependerá ya de su partido político, ni de sus electores, ni de negocios privados.

2.-Papel
El papel está bien definido. El Gobierno ha sido constituido para gobernar y se le dejará para eso tiempo y posibilidad puesto que no se ocupará de otra cosa. Tendrá poderes
reglamentarios muy amplios y podrá, además, pedir poderes
extraordinarios para legislar, aunque normalmente la ley es
de la competencia del Parlamento. Precisamente el Gobierno
es responsable ante el Parlamento, he ahí la diferencia fundamental con México y con los Estados Unidos.

En efecto, la moción de censura debe ser:
-Firmada por el 10%, cuando menos, de los 'miembros
de la Asamblea; votada con mayoría absoluta; no son contadas las abstenciones; en caso de ser rechazada, los signatarios
no podrán presentar otra moción en la misma sesión.

C.-El Parlamento
Francia había hecho· suya la fórmula británica "El Parlamento lo puede todo, salvo cambiar en hombre a una mujer ... " Tenía, desde 1875, poderes ilimitados. De él emanaban
los Ministros y el Gobierno que no se sostenían sino con una
mayoría muy temporal ( en razón de la multiplicidad de los-partidos, que no logrando un acuerdo sobre puntos a menudo
muy insignificantes, provocaban la caída del Gobierno).
Además, ocupado sobre todo en legislar, el Parlamento no
tenía ya tiempo de preparar seriamente las leyes más importantes, o las votaba con tal retraso que hacían imposible bt
buen marcha de la Administración. Por ejemplo, la ley sobre
el Presupuesto no era nunca votada antes de Junio o Julio.
De allí, durante 6 meses, imposibilidad para las adminü,traciones de funcionar normalmente. Por otra parte, las discuciones demasiado extensas y penosas hacían que, a menudo
al día siguiente de un debate importante, la Sala del Parla'.
mento se encontrara casi desierta y que los diputados votaran
por delegación.

Otras medidas están previstas para limitar los enredos
parlamentarios:
a-Las comisiones permanentes, verdadero Parlamento dentro del Parlamento, no tienen ya que examinar todos los
proyectos de ley. Antes había 20, ahora no son más que
6, y su intervención es excepcional.
b-El Gobierno puede oponerse a las enmiendas.
e-Prioridad es concedida a los proyectos presentados por
el Gobierno.
d-En fin, el Parlamento, convocado por el Presidente de la
República, no se reúne más que dos veces por año y con
un máximo de 5 meses.
3) Determinada y limitada, la acción del
gobierno será más eficaz

En adelante el terreno de acción del Parlamento es bien
determinado. Su acción limitada será más eficaz. Tres puntos
que vamos a analizar rápidamente.

-El presupuesto deberá ser votado antes del lo. de enero;

1) Acción determinada

-Ya no inviste al Gobierno; hace leyes que interesan al
conjunto de los ciudadanos, dando reglas gen;rales que el
Gobierno se encarga de ejecutar; controla la política del Gobierno responsable ante él.
2) Acción limitada

Si el Gobierno no compromete él mismo su responsabilidad
ant~, el Parl~m~nto, en cuyo caso, como en la antigua Constituc1on, este ultimo puede expresar su desaprobación y el Go-

43

..

-Es indispensable la presencia para tomar parte en la
votación. No se podrán delegar en otra persona los propios
poderes y practicar el "ausentismo". Pero el Parlamento es
un organismo político de competencia política. En el mundo
moderno los problemas económicos revisten una importancia
particular. St. Simon lo había previsto al querer reemplazar
el Parlamento político por un Parlamento económico. La nueva Constitución no va hasta ese punto, pero establece un Consejo Económico (existía ya) que el Gobierno consulta sobre
los proyectos de ley de carácter económico y social.

�44

La Constitución Francesa de 1958

Jean Sirol

45

.A.-Es creada. una Comunidad compuesta de:

D.-Organismos reguladores

En fin, por encima del Presidente del Gobierno y del Parlamento han sido previstos organismos reguladores.
1) Un Consejo Constitucional ha sido creado, compuesto
por 9 miembros y con validez de 9 años. Tres son nombrados
por el Presidente de la República, tres por el Presidente de
la Cámara de Diputados, tres por el Presidente del Senado.
Por derecho, todos los antiguos Presidentes de la República
forman parte de él, también. Ese Consejo Constitucional es
el árbitro de la democracia electiva.

•

a-Juzga sobre la regularidad de: las elecciones, del Presidente de la República, de los Diputados y Senadores, de
los Referendums populares.
b-Es, con el Presidente de la República, guardián ·de la
Constitución. Puede declarar inconstitucional una ley.
Recordemos que la Suprema Corte, tal como existe en
México, se encarga solamente de casos especiales. Pero
no de la inconstitucionalidad de una ley en general.
e-Es consultado en caso de peligro nacional.
2) Una Alta Corte de Justicia, que puede poner en causa
la res~ol:18abilidad penal del Presidente de la República y de
sus Mm1stros, por un voto de mayoría absoluta de las dos
.Asambleas. .Además, está compuesta por miembros del Parlamento.
3) Una autoridad judicial, independiente teniendo a la
cabe~a un Cons~jo. S:uperior ~e 1~ ~agistratura'. que resguarda
las libertades md1v1duales, impidiendo toda detención arbitraria.
II. L.A COMUNIDAD.
Cuando en la jira que hizo en .Africa Francesa el General
D~ Gau_lle anunció a todos los .territorios miembros que podnan, s1 lo deseaban, tomar su libertad diciendo "no" al Referendum, muchas personas se interrogaban sobre los resultados
de esta medida atrevida. El 93% de los "sí" de los Territorios
de Ultramar y la única petición de independencia formulada
por la Guinea, fueron la prueba de que existe una Comunidad
Francesa de los pueblos de Ultramar.
Cómo reglamenta esta Comunidad la nueva Constitución
es lo que vamos a ver ahora.
'

a) de la Metrópoli y de sus departamentos de· Ultramar.
b) de los territorios de Ultramar que escogieron mediante el referendum quedarse dentro de la República.
c) de los territorios de Ultramar que, saliendo de la
República han decidido asociarse exteriormente, libremente.
¿Cuáles son los principios básicos?

a) La Comunidad es libre. Todos los territorios son
consultados. Pueden decidirse por permanecer en el seno de
la Re-pública, o bien por separarse y asociarse desde el extranjero. O bien pedir la independencia total, ( el caso de Guinea).
b) Igualdad para los individuos. No existe más que
una ciudadanía.
c) Igualdad para todos los Estados miembros de la
Comunidad que son verdaderos Estados, que se administran
ellos mismos y que rigen libremente sus propios negocios. La
República Francesa entra en dicha Comunidad como cualquier
otro Estado.
B.-Estructura de la Comunidad

Existen asuntos comunes que serán regidos por organismos especiales, lo que no existe en el sistema británico del
"Commonwealth".
- Un Presidente que es el Presidente de la República, en
cuya elección participan todos los Estados miembros y que es
representado en cada Estado.
-Un Consejo Ejecutivo que comprende los Primeros Ministros de los Estádos Miembros y de los Ministros encargados
de los asuntos comunes que son:
Diplomacia, Defensa Nacional, Moneda, Política Económica y Financiera
y, salvo acuerdo particular, dejando a los Estados Miembros
competencia exclusiva: Justicia, Enseñanza Superior, Transportes.
-Un Senado compuesto de los delegados de los parlamentos de los miembros, que delibera sobre los grandes problemas antes del voto de una ley por el Parlamento.

�4(J

La Constitución Francesa de 1958
Jean Sirol

-Una corte arbitral encargada de vigilar el buen funcionamiento de los negocios comunes y de decidir los litigios
surgidos entre los países miembros.
El porvenir de los Estados no está absolutamente comprometido por esta organización, puesto que la Comunidad está
siempre abierta.
1.-Los Estados miembros pueden salir cuando lo deseen
(Art. 86).
2.-Los Estados asociados únicamente territorios de Ultramar, pueden pedir participar en la Comunidad.
Esta estructura, que es bastante original, puede ser ciertamente discutida.
¿ Qué se puede opinar de la nueva Constitución? ¡, Cuáles
son las críticas que se pueden formularY Es lo que vamos a
ver en esta última parte.

Una constitución es una especie de reglamento que se dan
los pueblos para organizar su modo de vida pública. Resulta
pues siempre sujeta a modificaciones, como todo lo relacionado con la vida. Por esta razón, la constitución prevée un
procedimiento de revisión, también imperfecta, como todo lo
humano.
Veamos primero las críticas dirigidas a la nueva organización política de la Metrópoli. Para los unos, no modificará
en nada las costumbres políticas francesas. Después de luchar
entre el Ejecutivo y el Parlamento habrá que volver al antiguo
sistema. Para los otros, la nueva Constitución será de tipo
fascista y un atentado a las libertades democráticas. Veámoslo sucesivamente.
En la medida en que refuerza el poder ejecutivo -Presidente y Gobierno- y limita el poder de las Asambleas, tratando de crear una estabilidad ministerial, responde sin lugar
a dudas al deseo de la mayoría de los franceses, hartos ya de
estos cambios permanentes y de un parlamento transformado
en "Folies Bourbon". Pero, la pregunta que muchos hacen es
la siguiente: ¿se lograrán los resultados deseados Y Se puede
contestar sin la menor duda que, sola, no bastará. Un crítico
mexicano muy enterado escribía: "los males de una sociedad
no se curan con documentos". Se puede añadir de la misma
manera, que no se endereza una espina dorsal cambiando de

47

ropa o de saco. ¡, Pero sería acaso lo _mismo con ciertos corsés
ortopédicos, rígidos, hechos a la medida 1 En este caso, la respuesta deberá ser aquí más matizada y habrá que tomar en
cuenta la mentalidad de cada pueblo. Así, en Inglaterra, en
donde prácticamente no existe Constitución escrita, la responsabilidad del Gobierno ante el Parlame~to es un hecho,
sin nin"Ún límite y puede caer en cualqmer momento; el
b
'
d
,
juego de sólo dos Partidos, el Laborista y el Conserva or, a~1
como el respeto a la tradición aseguran una perfecta estab7lidad. Pero es en Inglaterra, en donde Lord Baldford, el celebre ministro podía deC'ir: "Vale más hacer una cosa absurda
que siempre se ha hecho, que algo raz.~nable que nu_nca se ~a
hecho". En el país de Descartes, ¿ qmen se atrevena a decir
algo semejante?
En Bélgica, la existencia de muy pocos partidos asegura
también al Gobierno -sin embargo responsable ante el Parlamento- una gran estabilidad. En Alemania la existencia de
pocos partidos y el reglamento que impone para derrocar a
un Gobierno, la presentación de otro Gobierno, así como el
apoyo de la Asamblea, aseguran la estabilidad.
Pero en Francia, la mentalidad es diferente. Las prácticas parlamentarias habían deformado la democracia y ~esulta
legítimo intentar reformarla, aunque todos sabemos que reformar a una sociedad no es cosa fácil. Las costumbres tomadas por los grupos, del mismo modo que aquellas adquiridas
por los individuos, no cambian en un día y son más fuertes
que las leyes y los reglamentos pero nos parece que el sistema
de la moción de censura, deberá facilitar el establecimiento de
un régimen de estabilidad, puesto que de aquí en adelante,
el Gobierno siempre responsable ante el Parlamento, no será
el blanco de innumerables ataques y maniobras de diputados
mal intencionados. Sin duda alguna, una oposición firme y
acertada de la mayoría del Parlamento, logrará al fin, derrumbarlo.
Además, ciertos conflictos quedan posibles: Si el Parlamento vota por mayoría absoluta contra el Gobierno, este último está obligado a dimitir. Sí mantiene el Parlamento su
opisición contra el nuevo Gobierno formado por el Presidente,
y otro nuevo, y otro más.
El Presidente tendrá que disolver al Parlamento para
consultar al pueblo. Ahora bien, si este último da la razón
al Parlamento enviando los mismos diputados, el Presidente
se verá obligado a dimitir o a aceptar los deseos del Parlamento. Si el pueblo da la razón al Presidente, se apunta llli
régimen de tipo personal y resulta peligroso.

�48

La Constitución Francesa de 1958

Queda entonces demostrado que ningún texto creará automáticamente la estabilidad total del poder, a menos de suprimir el sistema parlamentario. De lo cual no se trata puesto
que todo el país es partidario de ello.
Las nuevas disposiciones tienen por motivo, el frenar los
impulsos irrácionales de los elegidos del pueblo y así se espera
cambiar, progresivamente, las costumbres desgraciadamente
muy ancladas en los medios parlamentarios. La aplicación de
la Constitución y sus resultados dependerán pues del esfuerzo
libremente consentido por todos los ciudadanos, electores y
elegidos. La Constitución no pretende imponer nada por la
fuerza sino que propone medidas nuevas y adecuadas por ser
esencialmente liberal y democrática.
Veamos ahora las críticas del segundo tipo: la Constitución es de tipo fascista.
El periódico oficial de un país en el cual la libertad no
es la característica fundamental escribía: "La nueva Constitución Francesa significa la pérdida de las libertades del
pueblo francés". Esta afirmación no se justifica absolutamente.
El Preámbulo de la nueva Constitución está efectivamente así
redactado : "El pueblo francés proclama solemnemente su adhesión a los Derechos del Hombre y a los principios definidos
por la Declaración de 1789, confirmada y completada por el
preámbulo de la Constitución de 1946. Y el artículo II dice
así: "Francia es una República indivisible, laica, democrática y social".
El Artículo III precisa: "La .soberanía nacional pertenece
al pueblo". Se puede demostrar fácilmente que la nueva Constitución es liberal y democrática, que se trate de su origen
o de su funcionamiento.
Su Origen. Es una ley votada el 3 de Junio de 1958, por
el Antiguo Parlamento, quien confió al gobierno del General
De Gaulle la tarea de preparatla. Este último encomendó a un
grupo de trabajo compuesto de miembros del Consejo de Estado, la preparación de un proyecto cuyo texto fué sometido
al Consejo de Ministros y después a un Comité Consultativo,
así como al Consejo de Estado. En fin, el pueblo fué llamado
a votar por Referendum, el 28 de Septiembre de 1958. Algunos han criticado este procedimiento, el Referendum, olvidando que fué creado en Francia por la Revolución de 1789.
Así pues, parece que se han dado las garantías democráticas
más amplias por lo que respecta al origen mismo de la Constitución.

Jean Sirol

49

En lo que se refiere a su funcionamiento, limita sin d?da,
los poderes del Parlamento pero mucho menos que, por eJemplo, en los Estados Unidos, sin que nunca nadie haya pensado
decir que este país tiene régimen dictatorial. Parece entonces
que se ha cometido una confusión entre democracia y parlamentarismo de Asamblea. Es esto último que se pretende suprimir precisamente. La realidad demostró que cierta podredumbr'e en las Asambleas Parlamentarias se había producido
y que dentro de estas última~ se habían est~blecido ,v~rdader?s
pequeños dictadores. Esto s1 resultaba antidemocratico, razon
por la cual se quiso poner fin a ello.
En fin con el pretexto de defender la democracia, se ha
visto lo qu~ era normal, levantarse contra la nueva Constitución a todos aquellos quienes se aprovechaban del antiguo.
desorden, por la sencilla razón de que temen a un Estado
fuerte y ministros íntegros, los cuales los colocarían en la
imposibilidad de hacer daño.
Bien se comprende efectivamente, que las grandes potencias financieras, los trusts, los monopolios, encuentran más
fácilmente apoyos para defender sus intereses en un sistema
parlamentario decadente, en el cual existen dieciocho o veinte
partidos, veinticuatro comisiones, que en un sistema de poder
ejecutivo fuerte. En su discurso sobre Tito Livio, dijo Machiavelo "En un Estado resulta peligroso hacer grandes cambios, porque se atrae la enemistad de los perjudicados y los
beneficios no aparecen enseguida a los favorecidos". Pero De
Gaulle dió su preferencia a l\Iontesquieu, gran especialista de
asuntos constitucionales, el cual escribía "Cuando el Estado
se encuentra en una situación difícil, lo peor es cruzarse de
brazos ... " En realidad, nadie puede seriaµiente dudar del
carácter democrático de la nueva Constitución.
Si antes de criticar, se hubieran molestado en leer los
textos, aquéllos que lo hicieron hubieran visto que la Constitución de 1958 resulta más democrática que la de 1946, puesto
que todos los poderes que establece están basados en el sufragio universal. Las garantías individuales están perfectamente
aseguradas, del mismo modo que la separación de los poderes,
(base de una democracia moderna desde Montesquieu).
En el marco de la Comunidad, nadie puede negar las dificultades de la construcción c¡ue se propone ni tampoco su
liberalismo.
La Comunidad era muy difícil de establecer debido a la
desigualdad social, económica, política y familiar de los ciu-

�:so

La Constitnción Francesa de 1958

dadanos componentes de los varios estados miembros. Este
aspecto será muy fácilmente comprendido en México, en donde,
como lo indica el último informe del Instituto Indigenista,
numerosos territorios poblados por indígenas, no participan en
la vida de la nación por la misma razón.
Este problema se ha planteado igualmente en otros países,
por ejemplo en la U.R.S.S. en donde conviven al lado de rusos,
musulmanes, quienes siguen conser-vando su religión y su idioma. Pero las democracias no disponen para unificarse de esa
terrible arma que representa la fuerza. Rusos y musulmanes
se encuentran unidos bajo el látigo de una dictadura. El problema se presentaba en Francia bajo un aspecto radicalmente
diferente. Se trataba de crear una auténtica comunidad de
seres humanos diferentes, dentro de la libertad. Este segundo
rasgo de la Constitución, su liberalismo, es real. La independencia que ha adquirido Guinea, al día siguiente del Referendum, después de votar "no" por gran mayoría constituye una
prueba. Por otra parte, prevee la Constitución una evolución
de todos los territorios de ultra.mar y su demanda de libertad
total, la cual se concederá inmediatamente. ¿ Qué más se puede pedir?
De esta nueva constitución, será el porvenir quien dirá
lo que tiene o no de valedero. Mas, al presente, se puede
afirmar que al igual de un individuo, un pueblo puede reformarse libremente sin recurrir a la violencia. La experiencia
francesa de 1958 contiene pues una enseñanza que no carece
de valor, en un mundo en el cual la fuerza parece a muchos,
ser el único medio para que surjan nuevas sociedades.

Christian Brunet SPUTNIK Y SENTIDO DEL HUMOR /

E

NTRE todos los sentidos que ha revestido desde milenios el vocablo de "filósofo", el de "testigo"
parece agradar particularmente a nuestros contemporáneos.
La sabiduría de la antigüedad y la explicación sistemática del
sér y de los seres, ya no son pretensiones del filósofo actual.
Se contenta la mayoría del tiempo con registrar modestamente
las pulsaciones de un mundo, sin pretender crear, organizar,
ni siquiera clasificar. Hegel se llevó con él la última ilusión
prometea de la filosofía. El filósofo renuncia a establecer su
morada ep las nubes de la generalidad y se resigna a no ser
sino la conciencia de su tiempo. Como tal ningún acontecimiento de cierto alcance se escurre en la primera plana de su
periódico, sin que él trate de incorporárselo, con la esperanza
de descubrir en él algún ángulo bajo el cual su condición de
hombre pueda revelar nuevos aspectos.
Es también muy notable el que la conciencia filosófica
coincida cada vez más eon la del hombre medio. En una era
en la que la complejidad de los conocimientos ha acarreado
una especialización extrema, el filósofo se encontró poco a
poco relegado entre la muchedumbre anónima de aquellos que
no tienen accilso a los cenáculos donde los ritos se llevan a
cabo en bata blanca, con un lenguaje en el cual la cifra ha
substituído el verbo,. de manera de sociedades secretas, en que
las conquistas últimas de lo más diáfano del espíritu, se expresan en símbolos tan misteriosos como lo de los iniciados a
Eleusis o a Mitra. El filósofo no es un aristos de esta nueva
aristocracia. No preside, no asiste siquiera, la mayoría del
tiempo, a las deliberaciones de estas Cámaras .Altas. No se
entera de sus decisiones sino, como todos, a través de su periódico matutino. Este solo hecho bastaría tal vez para explicar
un cierto pesimismo de las filosofías del penúltimo decenio.
-

51-

�52

Sputnik y Sentido de Humor

Un acontecimiento, en efecto, no puede aspirar a grandes encabezados en un periódico, sino a condición de ser una
catástrofe. Sólo se nos informa de la salud de un magnate
cuando peligra, de la moralidad si se pervierte, de los tratados
de paz cuando se les desgarra, de las alianzas cuando amenazan, de la ciencia si destruye. Y nuestras actualidades fílmicas nos han mostrado con mayor insistencia el venenoso hongo
de Bikini que el bello rostro de Schweitzer.
Un solo punto es tranquilizador en nuestros periódicos:
nuestra expectación nunca está decepcionada: una cierta organización admirable nos garantiza la alimentación cotidiana
de nuestra morbosidad y la distracción a nuestro fastidio. Hay
siempre una guerra fría de entremeses, una guerra caliente
como platillo principal, una revolución como postre, y un sinnúmero de crímenes como botana. Todo esto con la impresionante infalibilidad de una de las grandes invenciones de
nuestro tiempo: la estadística. El reportero policíaco espera
su materia con la misma tranquilidad con la cual el jefe de
estación aguarda a los 27 pasajeros, quienes, según las tablas,
tomaron hoy el tren. Si el día es hermoso, el tiempo despejado,
los criminales de vacaciones, en prisión o en pleno idilio, si,
en una palabra, todo está desesperadamente quieto y los habitantes de la población propensos a la paz, el plácido abarrotero de la esquina asesinará a su mujer a hachazos, justo para
preservar la integridad de las estadísticas y justificar la seguridad tranquila del reportero criminal.
Este orden, esta uniformidad en el horror mismo llegan
a engendrar el fastidio. En su intoxicación cotidiana, en su
afán de diversión, en el sentido pascaliano de la palabra, el
hombre necesita una dosis siempre en aumento, so pena de
salir de su euforia, de volverse furioso y de sacudir, como
Sansón, las columnas del templo donde los filisteos arreglan
el mundo.
Ahora bien, los robos se repiten, los asesinatos no ofrecen
en fin sino mutilaciones que no se pueden aumentar hasta el
infinito, y el charco de sangre qÚe deja un herido al morir no
puede ahogar la tierra. La vida se vuelve cada vez más difícil
para los criminales, si quieren desempeñar correctamente su
papel, después de artistas geniales como los torturadores de
la Gestapo. Los incendios ya no son sino luces de Bengala
para martes de carnaval, en los que perece a lo más un velador dormido.
'
'
La violación y el estupro no han mejorado últimamente
sus técnicas. Y en cuanto a los sátiros, hasta tienen un vago

Christian Brunet

53

parecido con un viejo tío que uno visita para el Año Kuevo.
De los políticos, no digamos nada. Cuando son grandes, los
matan-Los que quedan nos aburren.
En el momento en que todo parecía desesperado, y la sola
dosis de droga periodística reducida a un aumento mensual
de algunos cientos de toneladas de T.N.T. en la potencia de
las bombas atómicas, la Revolución Rusa nos ha salvado del
fastidio al lanzar sus Sputniks y al abrir a la imaginación
espacios insondables. Y he aquí que alrededor de la bolita
han empezado a girar una constelación de chistes-Todo ha
sido comparado, opuesto, asemejado al Sputnik-La sátira y
el humor se apoderaron de él. Se tiene un poco de miedo, pero
un poco solamente. Apenas ese pequeño escalofrío que da sabor
picante a una aventura de la que presentimos que no saldremos ni mejor ni peor que de aquéllas que hemos atravesado.
Y es de esto, de esta perrita que arrastra, a 40,000 Km. por
hora, las risas de nuestros semejantes de lo que el filósofo
trata de ser el testigo, la conciencia, y eso sin que le sea dado
abrir los mecanismos que propulsaron el Sputnik, el Explorer,
el Lunik.
Una de las primeras representaciones que llegan a la
mente del filósofo es un recuerdo. En un salón parisino, hacia
fines del siglo pasado, la crema y nata de la . sociedad, los
sábelotodo de la época están reunidos y el anfitrión trae de
repente una caja extraña sobre la cual descansa un disco de
cera, y encima de ello, una muñeca que representa una corista
del Folies. Le da cuerda a una manivela; el disco se pone a
girar, la muñca se agita, levanta la pierna, alza sus faldas al
ritmo de una música de Offenbach que llega, reconocible, a
través de una especie de cuerno metálico. Nada más hizo falta
para desencadenar la admiración sin límites, el entusiasmo
lleno de ilusiones de la asistencia. Un hombre tomó la palabra
Y. profetizó: "Una nueva era se abre para la humanidad. . . la
ciencia salvadora, victoriosa de las ignorancias y de las cadenas ... el bienestar de los hombres reconciliados por la ciencia,
vueltos a ser hermanos". El profeta se llamaba Jean Jaurés.
¿Qué ha acontecido de todo esto? Jaurés fué asesinado antes
de la guerra de 1914 porque, pacifista, soñaba con üna Internacional de la que el Sovietismo actual ha perdido hasta la
menor idea.
Pero ¿ qué ha acontecido con la profecía? Pues t, cómo no
nos llamaría poderosamente la atención, la oposición entre
estos dos cuadros y por el poco tiempo (medio siglo) que los
separa? De un lado, una invención relativamente fútil: un apara to que reproduce sonidos y una muñeca que se menea, snfi-

�Sputnik y Sentido de Humor

54

ciente sin embargo para que se desencadene una tempestad de
romanticismo filosófico y social. Del otro, perspectivas inconmensurables sobre el espacio sideral que no logran inspirar al
gran público sino un pequeño escalofrío y un sinfín de bromas.
¿No es acaso esa desproporción bastante llamativa como para
exigir de nosotros el tomar conciencia de la aventura humana
en lo que va del siglo tal y como la ilustra este pequeño drama
en dos cuadros 7

* * *
:Más de veinte siglos de especulación filosófica en el transcurso de los cuales se sucedieron los más brillantes espíritus,
sin que hayan podido quedar establecidas cuántas certidumbres el hombre necesita para vivir, he aquí lo que podía hacer
dudar del Pensamiento. Y de pronto el hombre vislumbra
que, combinando la experiencia con el razonamiento, puede
doblegar el mundo a su voluntad, poner a su servicio fuerzas que no eran adversas sino por desconocidas. Al mismo
tiempo que el poder, es su dignidad la que el hombre vuelve
al descubrir. "Pensar es la grandeza del hombre" había dicho
Pascal. Y si es verdad que se juzga el árbol por sus frutos,
esta grandeza se volvía más y más teórica. El Señor de la
tierra no conocía ni siquiera las leyes que regían su domio.
Estaba servilmente sometido a ellas como cualquier otro organismo. Hasta otros seres ofrecían una síntesis más armoniosa,
se adaptaban a las necesidades con una soltura y una aparente
facilidad que el hombre no poseía. 0ualquier pollito al abandonar el huevo puede salir de apuros mejor que el cachorro
del hombre después de años de penoso aprendizaje. Y el gato
que se sienta en el rincón de la mesa, se acerca más a la aristocracia que lVIonsieur J ourdain, El Burgués Gentilhombre de
l\loliére, pese a sus esfuerzos, su maestro de danza y s~ maestro
de música. Se concibe que el amo y señor haya podido experimentar algunos celos de sus esclavos. Ni en fuerza, ni en
elasticidad, ni en astucia, ni en elegancia, el hombre puede
competir con un felino. Y si se ha podido comparar la mujer
al gato, no fué nunca para rendir homenaje al grácil cuadrúpedo. ¡Oh! ya sé que el hombre que se reconocía carrizo se
volvía a erguir, pasada la brisa, pues el carrizo pensaba, ? que
se consolaba de sus reumatismos y de su pesadez, proclamando
que la elegante pantera no tenía conciencia de su gracia. Pero
¿es aún un envidiable atributo una conciencia que revela tamañas inferioridades 1
Hasta el brotar bastante reciente de la ciencia y el desarrollo relámpago de las técnicas, la soberanía del hombre sobre
la tierra permanecía teórica. ¡ Tánto más que esta conciencia

Christ!an Brnnet

55

que le era sobrepuesta como · una corona real demasiado prsada para su cabecita, cuán opaca era para ella misma! Y
las ideas claras y distintas de Descartes no han transcendido
más allá del dominio abstracto de la matemática pura.
Y he aquí que las matemáticas, la única disciplina en la
que el hombre podía jactarse de comprender lo que él decía,
rebasaron sus límites como río saliéndose de su cauce y llenaron el mundo de sus cálculos, de sus teoremas y de sus previsiones e hicieron de la diversidad cualitativa y de su misterio,
un "epifenómeno", como decía Ribaud, que podría ser conocido, explicado, deducido a partir de algunos axiomas inteligentemente combinados. El señorío' humano estaba a punto de
hacerse realidad. Bastaba --era sencillo como eJ. huevo de
Colón- con tomar las cosas a la inversa de como se las había
tomado hasta entonces. En lugar de partir de los d~tos que
nos proporcionnn los sentidos para buscarles una justificación
intelectual, había que encontrar tm principio, a la vez de explicación y de creación (Princip y Grunsatze, diría Kant),
establecer su validez y deducir de él las realidades concretas.
Hypolite Taine, cuya gran sagacidad admirada por Nietzch
no supo poner3e al abrigo de las puerilidades del cienticismo,
anunciaba "este axioma eterno surgido de una retorta, del
cual se podría luego deducir el Universo entero". Y dentro
de este univer.so, había el hombre y los eternos problemos de
su origen, de su alma y de su destino. La ciencia, además de
hacer pasar al hombre de un señorío teórico de la tierra a
una dominación efectiva, llevaría también su conciencia, que
no pasaba de plantear problemas, a ser el aparato registrador
de las soluciones de éstos. Gonsciente de lo que él no es, el
hombre se volvería consciente de lo que es y de su conciencia
misma. Se llenaría de conocimientos y de definiciones esta
facultad de vacío y de ausencia. Y para eso bastaba con esperar de los hombres en bata blanca la panacea universal.
El filósofo les daba confianza: ellos encontrarían lo que él
tanto había buscado en vano; bastaría con pasearnos una
pequeña aguja sobre el alma para que é~ta se revelara a través
de. un magnavoz como un disco de fonógrafo. Había llegado
el momento de la transmisión de los poderes.
Auguste Comte fungió como maestro de ceremonias. El
declamó que lo mismo que los teólogos habían renunciado a
su imposible misión de hacer creer y habían encargado a los
filósofos de concebir, éstos a su vez abdicaban ante los sabios
que se encargarían de dar a conocer. El discurso del maestro
ele ceremonia fué brillante y, eso sí, muy aplaudido. El filósofo
estaba vencido, aceptaba la derrota, hasta se regocijaba de

�56

Christian Brunet

Sputnik y Sentido de Humor

57

ella. Se jubilaba a sí mismo, renunciaba a comprender. Esta
actitud ha parecido tan grandiosa que erigieron a A. Comte
una estatua, en el pórtico de la Facultad de Filosofía y Letras
de la Sorbona. Admiremos el magnífico símbolo. No se erigen
estatuas a los intelectuales que buscan sino a los que renuncian.
Sospecho que este símbolo nunca ha sido bien comprendido,
pues habría decidido a los estudiantes que se encaminaban
hacia las aulas de filosofía a no pasar el umbral. Es cierto
que en un discurso de ábdicación, Comte había dejado escapar
ciertas frases que la euforia del público dejó caer sin inquietarse sobremanera. Menos entusiasta que Taine, Comte no
creía verdaderamente que la ciencia contestaría a las preguntas que se hacía el metafísico. Concluía simplemente que no
había contestaciones para ellas y que más valía echarlas al
olvido y dedicarse a otra cosa. Nadie entonces percibió el
sabor a cansancio, a vejez, a decadencia y a cobardía intelectual que impregnaba estas últimas palabras. Había demasiada
felicidad, demasiado entusiasmo.

Después de Bergson poco importa al hombre un señorío de
máquina; ya no es un señor; está arrojado en el mun~o que
sigue haciéndole una seña, que, así como el protagomsta de
la Nausée de Sartre, él sigue ,sin entender. Pero él sabe que
su ser mismo es un estar frente a signos, y su vida un tratar
de descifrarlos. ¡ Y no son signos algebraicos!
Esa es la razón por la cual los mensajes de los Sputnik~
que captan nuestros radios no nos colman de esperanzas m
nos petrifican de horror. Los hombres han crecido, han terminado con su crisis de romanticismo y descubierto el sentido
del humor. Saben ahora no tomarse en serio, ni siquiera cuando los hombres de bata blanca juegan a la pelota con la luna.
Saben sobre todo que si hay una salvación, si hay una razón,
si hay un sentido, en el caso en que todo no fuese definitivamente absurdo, a ellos les toca hallarlo en sí mismos, cada
quien a su medida y con sus posibilidades y si la luna de
Alfred de Musset no resucita los amores muertos, las lunas
metálicas no nos devolverán las ilusiones perdidas.

Pero la euforia duró poco, los fonógrafos y los primeros
automóviles no impidieron a los hombres morir y soñar. La
muerte y el ensueño, un momento separados, no tardaron en
reconstituir su indisoluble pareja. En su libro "Las Grandes
Amistades", Raissa l\Iaritain cuenta que Jacques su novio y
ella misma, decidieron suicidarse, si al cabo de un año no
habían descubierto el uno y el otro un camino fuera del callejón sin salida del positivismo. Pues el origen, el destino, el
alma del hombre, su vida y sus amores, su muerte y sus odios,
no constituyen los problemas de una era pretérita. Todo eso
es el aire que respiro; es mi sed y mi sueño, es el sol que se
pone sobre mis posibilidades muertas; son las arrugas en mi
frente. Todo eso es el hombre, positivamente el hombre.

Los sabios además nos están agradecidos por haberles
vuelto a quitar lo que Taine había abandonado en sus manos.
Dar un sentido a nuestras vidas y una razón de nuestras almas
era wia tarea que se l es había encomendado sin que hayan
aspirado a ello. ¿No son acaso ellos ahora quienes se dirigen
a nosotros, los no-iniciados, los filósofos, los hombres de la
calle para pedir que les ayudemos a juntar de nuevo este mundo que partieron por la mitad? Por un lado un macrocosmo
regido por el determinismo más implacable; por el otro, lo
inframicroscópico llevado por el azar y un cálculo de las probabilidades según el cual el mundo nuestro, con su buena y
tranquilizadora regularidad es lo más improbable que haya.
De Broglie se inquieta; Le Comte du Nouy se sorprende y se
voltean hacia nosotros, el común de los mortales, para preguntarnos si no tenemos una leve idea al respecto; pues ¡vaya!
cabe aquí hacerse la pregunta: esos mundos antagónicos de
la mecánica y acústica y biología por una parte, y de la química y físico nucleares, por otra, finalmente no constituyen
más que un solo mundo, y ese mundo, ¿qué es 1

Y entonces llegó Bergson. "La Pensée et le Mouvant" principia con una petición del filósofo. Exige más precisión en la
concepción y la expresión de lo que somos. Ahora bien ¡ qué
lenguaje puede pretender a más precisión que el de las matemáticas? Pero la precisión no debe ser una cualidad formal
de la expresión considerada en sí misma, sino su adecuación
con su objeto. Expresar claramente lo confuso, con rigidez lo
que es flexible, con rigor lo que es libre con solidez lo fluido
es la imprecisión misma, hasta si nuest;o espíritu se satisfac~
con el rigor y la solidez. "Les Données Immédiates de la Conscience", "Energie Spirituelle", "Matiére et Mémorie", "Les
deux Sources de la Morale et de la Religion" reivindicaron y
volvieron a posesionarse de lo que Comte había abandonado
imprudentemente y reinstauraron los tres órdenes de Pascal.

Pues ahí es donde reside el la.do hwnorístico del Sputnik.
Esta bolita habrá dado una vuelta a la tierra en esta hora que
pasé_ entre. ustedes. Voló por encima de desiertos, ciudades,
contrnentes, gente blanca, negra y amarilla. Han oído en el
radio latir su pequeño corazón de metal. La tierra sobre la
cual nos arrastramos, se ha encogido como una vieja prenda.
1\os hemos vuelto microscópicos. Un paso dado por un hombre,
ya no es sino una grotesta manifestación de inmovilismo. Estamos más cerca de Shanghai que del autobús que nos llevará
\

�ó8

Sputnik y Sentido de Humor

a nuestras casas y somos sin embargo, nosotros, los eternos
prisioneros de la cueva de Platón, quienes, al ver pasar la sombra redonda de este juguete, debemos decidir el sentido que
tiene todo eso. Hay que descender más, más y más profundo
aún, para encontrar una idea, un principio, un valor que salve
del absurdo esta pelota y a stis lanzadores. Pues, como lo decía
Cristo en el Calvario, "No saben lo que hacen".
No sólo el Sputnik no nos acerca a la era anunciada por
Hypolite Taine proporcionándonos principios de solución a
nuestras interrogaciones acerca de nuestro destino, de nuestra
situación metafísica, sino que hace más apremiante, más angustiosa, la pregunta con respecto a nuestro sér. Ahí reside
su única fecundidad metafísica: subraya, profundiza, agiganta
nuestra problemática, lejos de sugerir la menor pizca de solución. Pero no experimentamos por ello decepción alguna.
Hace tiempo que el romanticismo de . Taine nos hacía sonreír.
Nosotros quienes captamos nuestro ser como subjetividad,
como lo que se rehusa a toda identificación; como una presencia y una ausencia; nosotros quienes somos extraños a nuestra propia lógica y a nuestros sistemas, quienes no hablamos
de nuestro cuerpo sino como una pertenencia: "Mis manos,
mis ojos; tengo el estómago delicado; nosotros que podemos
interesarnos en nuestra propia corriente de conciencia o desinteresarnos de ella, nosotros, en una palabra, quienes somos
libres, no esperábamos ni deseábamos que un sabio cálculo nos
descargase de nuestra libertad y de lo que hay en nosotros
de desconocido e imprevisible; pues sería descargarnos de
nuestra existencia misma".
Pero lo que no nos esperábamos era el ver esta existe11cia
intra-mundana volverse más amenazada mientras se abrían los
espacios. Ciertamente estos espacios infinitos que acongojaban
a Pascal se dejan conquistar muy paulatinamente, pero no es
más que para hacernos aparecer nuestra tierra grotescamente
pequeña y nuestra corporeidad más insignificante. El pájaro
vive feliz en su jaula mientras ignora los espacios que; se
ofrecen a sus alas fuera de ella. Sabemos ahor·a que, en cada
movimiento, nos vamos a herir contra las paredes de nuestra
celda, la cual, suplicio dantesco, se encoje en nuestro derredor
y pesa sobre nuestro pecho. Ya la invitación a los viajes ha
perdido sus encantos. En vez del mosaico de las costumbres y
de las cosas que prometían al viajero de antaño apasionantes
descubrimientos, la distancia suprimida ha traído consigo la
monotonía y este fastidio gris que nació de la uniformidad.
Lo pintoresco ya no es sino un truco comercial para turistas.
En París, en Mérida o en Hong-Kong, hombres Yestidos del

Christian Brunet

59

mismo pantalón hablan de la misma política, al beber la misma
Coca-Cola. El espacio no nos seduce sino porque ya no tenemos nada que aprender de los otros hombres que no nos ofrecen
más que una exasperante imagen de nosotros mismos. Después
de la dialéctica del amo y del esclavo ha comenzado la de la
huída y de la helada soledad.
Pero nada anuncia la reconciliación de la conciencia consigo misma. Hegel se equivocó. Salta uno en el vacío como un
desesperado que se suicida. Nuestra tierra se vuelve más pequeña, a medida que nuestras conquistas espaciales se hacen
más grandes porque nuestro misterio íntimo, por contraste con
la creciente claridad de nuestra lógica, de nuestra matemática
y de nuestra física, se torna cada vez más profundo, oscuro e
impenetrable. Sólo conocemos lo que no somos y no podemos
desinteresarnos de lo que somos. El salto en el vacío no es
después de todo más que la última droga, después del opio,
del alcohol o del diario de la mañana. No se logrará aquello
sino a condición de que no haya despertar, es decir, a condición de que uno se mate en este salto .. Pues de la maravilla
fabricada por la mano del hombre, la conciencia de esta mano
que toca, hacia esta mano que estoy mirando, y este mirar
mismo de mi mano, siempre regresará a sí misma, a este punto
puro, más allá de todo lo que es, a este rehusar indefinido de
ser lo que sea, del que hablaba Valery.
Aquí en la tierra, en casa, dentro de sus pantuflas, la
costumbre había hecho olvidar al hombre que era un extraño.
"Horno Viator" como diría Gabriel Marce!. Pero en este gran
espacio, nuevecito y aun no domesticado ¿ cómo no tomar conciencia de que nada es verdaderamente nuestro, sino ese dolor
de ser y de no ser (to be and not to be) que separa dos latidos
de nuestro corazón 9
Si bien el Sputnik no ha colmado la espera filosófica de
Taine y de Jaurés, tampoco ha justificado sus predicciones
humanitarias. La ciencia debía, según esos nuevos Sócrates,
afianzar la virtud, hacer triunfar la comprensión mutua por
encima del odio. No es muy necesario lanzarse en grandes
tergiversaciones para hacer evidente el que los hechos desmintieron estas pretensiones. Estamos todavía aguardando los
beneficios de la energía atómica, catorce años después de que,
en Hiroshima, millares de hombres conocieron un fin atroz.
El _Sput1;1ik acerca a los hombres en el tiempo y en el espacio,
umform1za sus lenguas y sus costumbres tal vez uniformice
también sus razas; no acercará sus cor~zones. El otro, en
cuanto otro, sigue siendo mi límite, la negación de mi soberanía, por consiguiente, el enemigo; pero un enellligo indis-

�60

Sputnik y Sentido de Hwnor

pensable que no puedo destruir sin negarme a mí mismo, pues
sólo gracias a ese odioso límite, a este otro que detesto, tengo
una cara un contorno, una forma, un sér prefabricado, claro,
pero sér ~ pesar de todo. El otro es la última barrera que me
resguarda de la caída en la nada.
La Ciencia, según Jaurés, debía transformar a los hombres
en hermanos, y lo ha hecho, si entendemos por hermano al
enemigo más cercano. En este sentido, el Sputnik nos YuelYe
a todos hermanos, simplemente por qué aproxima a cada uno
de nosotros sus enemigos. Ya no hay distancia. Ellos están
cerca de nosotros, sobre nosotros; nos pisan, respiran nuestro
aire. ¡ Cómo se han precisado nuestros contornos t Y a no hay
alrededor de nosotros esta tranquilizadora zona de imprecisión
que los alemanes llamaban el espacio vital. Nos tocan por
todas partes como un hombre encima de una mujer en el acoplamiento. ¡ Qué bien nos vamos a odiar ahora, con un odio
familiar a la escala cósmica!
Oh, claro está, habrá 1\Iesías, salvadores, predicadores de
la reconciliación, hipnotizadores de conciencia. Habrá siempre
una cierta tensión casí armoniosa de los antagonismos que
seguirán llamando amor. Pero habrá también tantos indiscretos alrededor de nosotros que no se podrá disfrutar más de
ello. Nos entregaremos a Eros furtivamente, acechados por
mil aparatos que registrarán todas nuestras pulsaciones para
transformarlas en estadísticas. En cuanto a los mesías ya logradn polarizar todo este odio concentrado. Una idea, un
ideal, una mística, y en vez de que cada uno sea el enemigo
de todos, este odio se organizará, como siempre, en grupos
dentro de los cuales se hará tregua de odio, para orientarlo
hacia un mismo rumbo y duplicar así su fuerza de impacto
contra otro grupo. Las federaciones de naciones ya nos anuncian que en lugar de las guerras fratricidas, tendremos ahora
conflictos intercontiuentales.
¿No es acaso significativo notar que cuando se vislumbra
la posibilidad de relaciones con habitantes de otros planetas,
los imaginamos tan humanos que no concebimos que puedan
venir hacia nosotros con otras intenciones que la hostilidad y
la destrucción? Si el Sputnik debe anunciar finalmente la era
de la reconciliación de los hombres, será porque nuestro odio
habrá vencido la ley de la gravedad y se habrá lanzado, con
una fuerza de propulsión superior a la de cualquier cohete,
hacia Júpiter o Marte.
No hay que asombrarse pues, si el Sputnik no ha arrastrado consigo el lirismo de los utopistas, si el público no ha

Christian Brunet

61

saludado en él al precursor, al ángel, al heraldo de su redención
filosófica y social. Pero es de nqtarse, sin embargo, el que tampoco haya suscitado angustias ni pavores exagerados, ni esa
especie de histeria colectiva que ocasionaron las apariciones
de los hipotéticos platillos voladores. El común de los mortales ha manifestado en esta circunstancia una sorprendente
indiferencia hacia su propio destino. Poco se emocionaron
nuestros semejantes por las perspect ivas futuristas que hacen
de los Sputniks unos prismas diabólicos que pudieran concentrar sobre ellos el asalto mortal de los rayos cósmicos. El
miedo a las catátrofes ha alcanzado con la bomba atómica su
punto de saturación.
Si lo que caracteriza el romanticismo es una cierta coincidencia del hombre con sus circunstancias, el tomarse en serio
del hombre incapaz de escepticismo, de ironía y de sentido
del humor, ninguna época parece más ajena al romanticismo
como la nuestra. Es que nos hicieron desempeñar demasiados
papeles en demasiados dramas para que uno pueda encajar
en su personaje. Es menester que un actor pase cierto tiempo
desempeñando el mismo papel para lograr identificarse con
él. Si debe cambiar de papel con demasiada frecuencia no
tiene tiempo de olvidar que se trata de un juego. La sinceridad
no es, después de todo sino el fruto de la costumbre. Cu¡i,ndo
se ha caracterizado un personaje durante bastante tiempo para
convencer a los demás, se convence uno a sí mismo. Entonces
el personaje se vuelve personalidad y el juego, sinceridad.
La conciencia se adormece, pierde esta distancia que desvirtúa
y desengaña. Se olvida uno de quitarse el maquillaje y se cree
natural. Se aprende a reir y a llorar, y luego se ríe y llora
tan espontáneamente que se acaba por creer que verdaderamente se sufre o se es feliz.
Para llegar a esta seriedad, a esta "sinceridad" a esta
p_érdi_d a ~e la distancia para consigo mismo, que es' la conc1enc1a misma, no se necesita más que el tiempo de aco~-tumb_rarse. Ahora bien, desde hace veinte años, no nos han dejado
ti_emp? para nada. Los vencidos de la guerra se han vuelto
v_1ctonosos antes de haberse acostumbrarse a su papel de víctimas Y a secretar todos los reflejos "espontáneos" de esta
condición. En cuanto a los vencedores se han visto forzados
a bajar de sus pedestales antes de saber cómo tomar una actitud triunfal y erguirse sin sufrir calambres. Los libertadores
empezaban apenas a creer en la libertad cuando se tornaron
imperialistas y las personas bien se preparaban a disfrutar de
su buena conciencia cuando los tomaron por imbéciles Los
juegos dialécticos muy de moda desde Hegel se han aceierado
en tal forma que la síntesis ya no tiene el tiempo de instalarse.

�62

Sputnik y Sentido de Humor

¡ Hasta se llegaría a creer qu.i Dios mismo no está ya del todo
se()'uro de no ser el diablo y que al hacer al hombre a su semeja~za, no se hizo a sí mismo una mala jugada ! Además los
dramas han sido mal montados -se ha exagerado-. Las
catástrofes han tomado proporciones indiscretas. Ya no era
verosímil. Debía de haber algún truco. A tal grado que los
americanos, gentes ponderadas y sensatas, estimaron que eso
de los campos de concentración nazis no era posible y que los
cadáveres los mutilados v los desechos humanos que les enseñab1m ~n Buchenwald ~ Dai:l1au habían sido reunidos ahí
únicamente con el fin de impresionarlos. Era de mal gusto
como una novela de Zola. Los actores del drama forzaban
la nota, desentonaban y su celo de histriones principiant~s los
llevaba a aquellos extremos que transforma una tragedia en
un melodrama de mal gusto. Un rostro un tanto dema ;rado
con O'randes y hermosos ojos febriles, eso sí impresiona. Pero
un e~queleto ambulante carece por completo de gracia. Silencio reprobador en la sala. En el anfiteatro una risa estalló,
otra en un palco ahogada tras un guante de encaje, le contestó.
Discretamente, al principio, la risa se propagó. Pe:o pro~to
sacude toda la sala, abre los rostros como una henda, agita
los hombros, mueve las panzas, ¡ hace bailotear los pechos!
¡ Qué risa, amigos! Ha~e diez ~~os que reím?s así. El e~quele~o
ambulante se puso a reir tambien. Pues al fm ¿ para que segmr
llorando? No es ni más vivo ni_ más muerto 9-ue est&lt;: señor
O'Ordo que se acomoda en su asiento en la prnuera fila y a
quien un ataque de diabetis matará esta noche.

y ahora alrededor de nuestro teatrito un Sputnik se puso
crirar
y lueO'O otro y un Explorer. ¡ Como si eso pudiera
a
"'
'algo trágico
"'
añadir
a un drama ya tan sobresaturad o! ¡, .p·1en;
san verdaderamente impresionarnos 1 l Asustarnos con eso .
De todos modos la muerte es para mañana. Es el único desenlace posible y lo sabemos desde que se levanta el telón.
Ademán aun nosotros los profanos sabemos demasiado
cómo está fabricado este "Deux ex machina". Es un cocktail
de física y de química. Si fue hecho por hombres, no debe
ser algo de otro mundo. Cualquiera lo haría ~on t~l de ser
"especialista". Todavía si fuera algo desconocido,. mcognoseible misterioso tal vez se asustaría uno. Los platillos voladore~ por ejemplo, eso sí que es impresionante. No se sabe
ni lo que son, ni de dónde vienen ni a dónde van. Eso ya no
es matemática es brujería, metafísica. o tal vez Teo1o~ía. Se
comprende qu'e hayan sectas apocalípticas de los platillos,
como hubo adoradores del sol mientras no se sabía lo que
era. Pero los Sputnik, sabemos lo que son. Pues finalmente

Christian Br1met

63

t qué es él miedo sino la transposición afectiva de nuestra ignorancia? Pero no de cualquier ignorancia. Ignoramos las
nueve décimas partes del Cosmos y eso no nos espanta. Lo
que nos atemoriza es la ignorancia de nosotros mismos y de
todo aquello que se nos parece, de todo lo que surge sin saber
a dónde va ni de dónde viene. El miedo está todo entre dos
latidos de nuestro corazón. El miedo es la línea horizontal
del cardiograma y la espera angustiada del estremecimiento
de la aguja registradora. Y todo lo demás es el paliativo la
diversión, el juego, el deporte y el teatro donde deambu'lan
esqueletos que ni siquiera anima bastante vida para que nos
puedan hablar de nuestra muerte.
¿Cómo no evocar, ante lois espacios y los vacíos que nos
abre;1 l_os Sputniks, este vacío, el Vacío, el único que nos da
el vertigo, del que habla Valery en el "Cementerio l\Iarino"T

"Amarga, sombría y sonora cisterna
Cavando en el alma un hueco siempre futuro".
El gusano, "roedor irrefutable" de la angustia no habita
los espacios interplanetarios, "vive de vida, no se' desprende
de mí".
. Nada asombro~o entonces el que el Sputnik haya aguijoneado nuestro sentido del humor. No es, después de todo nada
más que un accesorio. Me divirte porque atrae mi at;nción
fuera, de. este corazón do~de palpita mi angustia. Me despega
de m~ mismo; me hace girar alrededor del mundo alrededor
de m1, en un car~usel vertiginos? de carnaval. El' Sputnik y
las nuevas conqmstas que ammc1a, subrayan para nosotrosY he_ ?hí tal nz su única aportación a la filosofía-la desproporc10n entre nuestro conocimiento objetivo de la exterioridad
y _nuest:a ignor~ncia , del mundo interior. Fueron precisos
vemte s~glos de filosofia para que el hombre se atreva a decir
con Descaytes. "yo soy" y la p_regunta hecha por Sócrates permanece aun sm respuesta. Si conocemos tan bien lo que no
somos y tan mal lo que somos i no· es acaso porque es una de
las_ c~r:1-cterísticas de nuestra conciencia el arrancarse a la
obJetJv1dad para darse a sí misma un espectáculo al que no
pertenece?
. Es, pues, en último análisis, de esta subjetividad desconoCida de donde pende el Spntnik que sólo soporta relaciones
que él no establece. No me puede decir este objeto juO'uetón
quién soy; sino por el contrario, debe recibir de mí Ío que es'.
De ~í de las relacio1;1es que esta3lece mi conciencia como pres~nc1a al mm~do, recibe s~ tamano, _su velocidad, su importancia y su sentido. No es smo un obJeto más alrededor de este

�64,

Sputnik y Sentido de Humor

punto puro, trascendente a toda realidad, rechazo de ser "lo
que sea", centro sin extensión de todo lo que se extiende, duranción pura de todo lo que se fragmenta y que no tiene otro
nombre que éste que le dio Descartes: Cogito.

DOS ESTUDIOS SOBRE ROBERT MUSIL

Phifippe faccottet / ROBERT MUSIL

SE

plantea un problema cuando se cita el nombre de Robert Musil, escritor austriaco nacido en 1880
y muerto en un OSCUI'O exilio el año de 1942 en Ginebra, dejando dos piezas de teatro, algunos cuentos, ensayos y sobre
todo una vasta novela inacabada de 1,600 páginas, Der Mann
ohne Eigenschaften (El hombre sin cualidades). Algunas personas, en efecto, y no de las menores ( Thomas Mann y Hermann Broch en Alemania, André Gide y J ean Paulhan en
Francia), parecen tener a Musil por uno de los más grandes,
si no el más grande, de los escritores modernos de lengua
alemana Sin embargo, su obra, su nombre mismo, eran hasta
hace poco tiempo totalmente desconocidos, •no solamente del
gran público, sino de la gran mayoría de los críticos y escritores, tanto en Alemania como en otras partes. ¿ Cómo explicar
este fenómeno? Se pueden dar diversas razones, pero contingentes.
Robert 1\Iusil, que había alcanzado una brillante carrera
de ingeniero y matemático, después de no menos brillantes
estudios filosóficos y psicológicos en Austria y Alemania, publicó al principio del siglo, demasiado joven todavía (1906),
una novela breve: Die Verwirrungen des Zoglings Torless (Los
conflictos del alumno Torless), que atrajo pronto la atención
de los críticos y le valió una reputación internacional. Después
algunas obras menos importantes, o más difíciles de interpretar
(piezas y colecciones de cuentos), obtuvieron sólo una importancia muy limitada. Entonces, renunciando también a las
carreras oficiales y al éxito literario inmediato, Musil se comprometió en lo que debía ser la aventura de su vida: la creación de una vasta novela, El hombre sin cualidades, que sería,
en la idea de su autor, la búsqueda escrupulosa, fríamente ardiente, de la salvación del espíritu en el hombre moderno.
-65-

�Robert l\lusil

66

Esta obra iba pronto a acaparar enter~me~te a su autor Y
transformarse en la suma de una expenenma a la vez vasta,
precisa y profunda, el trabajo de una inteligenc~a. muy excepcional, la operación de un espíritu creador ~ critico a la vez,
tan independiente -hasta donde esto es posible- de la n:ioda
y de toda teoría estética, cualquiera que fuera. ~l . p_rnner
volumen apareció en 1931; en 1933, ya se s~be en que tpneblas
iba a entrar Alemania; en cuanto a Francia, que hub1e_ra podido guiada por la clarividencia de algunos, dar a los primeros
elem'entos de esta obra el recibimiento que merecían, es necesario pensar que se oponían algunas dificultades, para un traductor y sobre todo para un editor, para la publica ción de m;a
obra tan densa, tan vasta, y en la que sobre todo no se veia
bien todaYía dónde podría terminar.
Pero estas son las razones exteriores; otras más profundas
rruardaron a Musil en una oscuridad por la que sufriría mud10,
tan despreciativo como haya podido ser a la mirada_ de las
facilidades de los acontecimientos, de los malentendidos de
la gloria.
Robert M:usil fue, en efecto, uno de los espíritus más exigentes de nuestra época. Se estaría tentado de ver en t l una
especie de santo de la inteligencia. Jamás creyó que los problemas opresivos, sangrientos de nuestro tiempo, pudieran ser
resuello.;, o solamente analizados, renunciando a los derechos
de una razón lúcida, de un pensamiento agudo, de un alma
soberbia. El no pensaba tampoco que hubiera sido n ecesario
"comprometerse·· en los combates del siglo para comprenderlos
o purificarlos; al contrario, comprendía qt'.e no_ resistjría al
impulso de las fuerzas oscuras sino por un af111am1ento sirmpre
más grande de su pensamiento, una profundización gradual
de su reflexión, un retesamiento de su exigencia de la exactitud. Con esto se oponía resueltamente (y su obra con él ),
a todas las formas del espíritu del tiempo, aun a las menos
bajas. Exigía del lector una paciencia, una curiosidad, una
severidad tal que uno se pregunta si éstas existen todavía;
? aunque su' obra, con todo el sentido de que está carg-ada,
guarda los prestigios del arte, los acentos mordaces de la
sátira y la~ sombras de la poesía,. es natural y aun fatal que
se llegue a imponer con una lentitud extrema.

* * *
A propósito de Robert Mnsil, se ha citado algunas verrs
el nombre de Proust y el de ,Joyce; sí, cuando se quiere caracterizar en pocas palabras su importancia en la literatura contemporánea; no, si se quiere definir con precisión su obra,

Phili1&gt;1&gt;e Jaccottet

67

extremadamente alejada, tanto de En busca del tiempo perdido
como del Ulises.
Esta obra comenzó con una novela, Los conflictos del
alumno Torless, que pinta con una smgular fuerza objetiva
el nacimiento de una conciencia a través de los desórdenes de
la adolescencia; ¡, estaremos en la psicología ? Si se quiere, pero
también más allá: en esta novela, publicada en 1906, es posible
ver la descripción del poder y de los abusos del poder, la prefiguración del nazismo. La minucia, la pro \mdidad del análisis psicológico, a menuo han engañado a los lectores de M:u~il:
se juzgaba que sus diversas obras no hacían sino exager n· las
finezas de la novela psicológica, que consideraban pasadas de
moda. No se veía sino uno de sus aspectos.

*

*

*

Otra es la precisión de su pensamiento: "Este libro, escribía
Musil en
hombre sin cualidades ,
.
. , 1932, a propósito de El
,..
tiene una pasion que parece desplazada hoy de las letras. la
de la exactitud". La formación científica de Musil nutrió toda
su obra de una preocupación por la precisión ( t:lnto en la
construcción de la obra como en la r eflexión del detalle), que
rs, en efecto, excepcional en la literatura. Pero a esta fineza
de análisis, a este rigor del p ensamiento, se combina eso que
es necesario_ llamar una sensibilidad poética, si se entiende por
esto el sentido de lo que, precisamente, escapa a la psicología
y a las matemáticas.

* * *
No hay un libro de M:usil que no sea
es verdad que esta gran obra es la novela
mái, de veinte años sin poderla acabar: El
dades. ¿ Cómo situaremos, en pocas líneas,

interesante; pero
en la que trabajó

hombre sin cualieste monumento!

En agosto de 1913, en Viena, un joven sabio de treinta y
dos años, Ulrich, eu el que se encuentran muchos rasgos del
autor, p ero de sus p ensamientos más que de su persona o, sobre
todo, de su vida, decide renunciar a toda carrera oficial y ''despedirse de su vida" durante un año para encontrar una justa
aplicación, un buen uso de sus dones. El es "el hombre sin
cualidades", el hombre a quien sus cualidades (buen as o m :l las)
son extrañas, el hombre que no puede calificar, el hombre privado de centro, el h éroe del espíritu E'llropeo moderno. Durante los seis primeros meses de su renun ria. Ulrich se mezcla
en una vasta campaña pacifista que ocupa los medios aristocráticos e intelectuales de Viena; después, a la muerte de su
padre, en cuentra a su h ermana Agatha y se enamora ele ella.

�Robert l\:lusil

68

Al fin del año de renuncia, ya previsible desde el principio de
la obra, estalla la guerra, y es el momento de la movilización
cuando la novela se habría terminado.
Se trata, si se quiere, de una pintura de la sociedad austriaca de antes del 14 ( en la primera parte) ; de la historia de
un amor extraño ( en la segunda). Se trata de la búsqueda de
una vía justa, y al mismo tiempo, de la crítica de todas las
falsas vías en las cuales el espíritu moderno se ha Gomprometido en nuestro siglo. Se trata de una de las descripciones
más profundas que hayan sido dadas de las raíces de la guerra ;
se trata también de un ensayo de "mística diurna". 1\Iusil se
ha ensañado en esta obra mientras el mundo se desplomaba:
no es que él se haya desviado del mundo, de este derrumbamiento que al contrario era su sola preocupación; pero pensaba que un hombre como él no podía responder mejor a la
ruina que escribiendo este libro, que es en efecto uno de los
más admirables antídotos que se han podido escribir contra
la grosería, la imprecisión y la facilidad contemporáneas.

Martin F/inker / ENCUENTROS CON ROBERT MUSIL

EL

15 de abril de 1942 murió Robert
}\fusil a los 61 años de edad. :(Ja muerte lo sorprendió súbitament;, al mediodía, en su pequeño jardín genovés, d~1rante una
breve interrupción de trabajo. Solamente ocho amigos se encontraron en el cementerio para dar la despedida al desaparecido. Robert Musil, fielmente guardado por su mujer l\Iartha,
había pasado los últimos años de su exilio en Suiza, en la
más grande soledad. Fue sobre un hombre casi desconocido,
casi olvidado, que se cerró la tumba.
Hoy en cambio, años más tarde, la atención se levanta al
solo enunciado de su nombre. Hemos leído a este respecto en
un periódico inglés: "es el novelista más considerable del medio siglo", y toda la crítica ratifica desde entonces este juicio.
Conocí a Musil personalmente, y a menudo hablamos juntos de El hombre sin cualidades, novela de la que acababa de
aparecer entonces la primera parte del segundo volumen. Si
Musil hubiera vivido diez años más habría continuado trabajando en este libro. Y la obra no habría sido terminada jamá~,

Jlartin Flinker

69

al menos en la manera en que se considera de ordinario terminada una obra. Porque una obra como ésta no pudo tener
fin, ya que el problema que trata, la situación del hombre contemporáneo en el mundo, no ha encontrado solución. Y Mnsil
no era hombre de buscar soluciones artificiales, aunque fueran
propuestas por las leyes de la obra de arte.
En una carta que me dirigió en otoño de 1934, escribía
Musil:

No trabajo en un libro nuevo, sino en el mismo, en El hombre sin cualidades, cuya terminación me obliga a salvar grandes dificultades exteriores. Preferiría no hablar ahora de lo
que preparo, pero probablemente algunas palabras sobre el
volumen final de libro le serán útiles. .
No es superfluo notar que éste no será un tercer volumen,
sino la segunda parte del segundo: para mi asombro, es un
hecho que ha escapado a mucha gente cuando ha aparecido el
pretendido segundo volumen. El segundo, completo, será un
poco má.s grueso que el primero, y él solo permitirá ver la
construcción y orientación del conjunto. Desgraciadamente
no puedo tratar en pocas palabras los problemas de mi trabajo.
Por otra parte ¿hay realmente problemas hoy? Se tiene algunas veces la impresión de lo contrario. La úniqa cosa que me
asegura que no me desvío completamente es la larga duración
de mi trabajo: como, por sus comienzos, se remonta a 1914
mis :problemas han sido sobrepasados tan a menudo que ha~
termmado por adquirir una cierta permanencia.
~ecuer?o tod~vía la primera visita que me hizo Musil, y
la primera impresión que recibí. Esto ocurrió el otoño de 1933.
El entró, una mañana, en una librería que yo tenía en Viena.
Bastante fuerte, muy reservado y muy calmado de un exterior
muy bien cuidado, pero un poco a la moda ~ntigua. En su
chaleco llevaba colgada -me acuerdo- una cadena de reloj
que formaba, del bo~sillo ~ un botón má.s alto, una J mayúscula,
como la llevan los mgemeros. · Comenzó por mirarme atentamente y con calma, y yo me preguntaba qué tendría en la cara.
¿Tenía el aire de un médico, de un comerciante, de un pintor o
de un diplomático, o quizá de un industrial Y Le devolví la
mirada con aire interrogativo, y dijo brevemente: Musil. Tenía conciencia de lo que era y sabía lo que su nombre debía
representar para mí.
Después volvió con frecuencia; él habitaba la calle Rasumofsky, en el barrio vecino, y podía arreglárselas para pasar
delante de mi casa. Otras veces lo acompañaba un buen trecho

..

�70

Encuentros con Robert Mnsil

de camino. Y más de una vez, en la noche, me acompañaba
sobre el Rin hasta mi apartamento.
Hablábamos de libros que se leían entonces. Era una crítica severa, no siempre imparcial. No era muy blando con
Stefan Zweig. Con Thomas Mann, del que sabía que tenía
amistad conmigo, y que lo admiraba mucho, demostraba (me
parece) una valoración mezclada con cierta envidia, que no
quería confesarse a sí mismo. Envidia de escritor, se pregunta
él mismo una vez en su Diario. Madame Curie, de Eve Curie,
acababa de aparecer en traducción alemana: él no estaba muy
entusiasmado: María y Pierre Curie eran seres excepcionales,
de una inteligencia y de una moral superiores.
Hablamos también de su gran obra, ya que ésta lo mantenía siempre ocupado.
El hombre sin cualidades es usted, querido señor Musil,
l e dije un día, hará pronto veinticinco años. en un tiempo en
que e~1 o no era tan evidente como ahora. Pero sería más justo
llamarlo también Hombre de innumerables cualidades, agregué.
~fusil sonrió, no respondió nada.
D0scendiendo de una vieja familia austriaca de funcionarios (su padre era :profesor en la Universidad, cons0jero áulico
e ingeniero, y había sido ennoblecido y condecorado con diversas órdenes imperiales), Robert Musil fue destinado al principio a la carrera militar. Si se le puso muy joven en una
escuela de cadetes, fue porque era un joven hipersensible difícil. La violencia a título de reacción contra la violencia de mi
madre. (Diario).
En efecto, l\Iusil no guardaba un buen recuerdo de su madre, de la que tenía la impresión que lo había amado poco y
tratado mal. Justo antes de alcanzar el grado de oficial, abandona la Escuela .Militar, llegando a ser matemático e ingeniero.
Las matemá1icas constituyen una de las aventuras más rigurosas de la existencia humana, escribió en su Diario. Pronto,
sin embargo, esta nueva profesión no le interesó más, y se puso
a estudiar filosofía, particularmente la lógica y la psicología.
Todo esto, aspirante a oficial, ingeniero, filósofo, no lo
hizo como simple dilettante. Uno de los mejores jinetes de la
Escuela Militar ( oficial durante la guerra, obtuvo altas distinciones), constructor de un nuevo disco coloreado que actualmente se llama el disco de Musil, autor de escritos filosóficos
estimados, entre otros una tesis sobre Ernet Mach. Una Universidad le habría ofrecido una cátedra de psicología. Sin em-

Martín Fllnker

71

bargo, que él fuera filósofo, ingeniero u oficial, nada de ~sto
le satisfacía. La no decisión fue la gran decisión qe sy vida.
Ensayó nuevas actividades, nuevas posibilidades.
Llegó a ser escritor.
Con este título finalmente, escribió una gran obra: El
hombre sin cualid~des. Su novela. Esta quedó inacabada,
abierta a todas las posibilidades. Pero él entró en la literatura
universal.
Como Ulrich, el hombre sin cualidades, Musil era originario de una provincia de la antigua Austria, de esta monarquía de los Habsburgo, tan compleja, deshecha ~n 1918 y ya
casi olvidada, de ese país real e imperial que Musil ha llam~d?
irónicamente la Cacania. Toda la mordaz agudeza de sus JUlcios sobre este país y sus instituciones, no pueden impedirnos
sentir el profundo amor que le tenía. A través de la descripción de la Gacania, el lector ve aparecer un país pleno de encanto y belleza. Había glaciares y el mar, el Karst y los campos bohemios de trigo, las noches al borde del Adriático y ~l
cri-cri de los grillos, y las aldeas eslovacas donde el humo salia
de sus chimeneas como de una nariz chata, donde las casas
estaban tapiadas entre dos colinas como si la t.ierra hubiera
entreabierto sus labios para recalentar su niño. . . Naturalmente, había también automóviles sobre sus carreteras, pero
no muchos. Aquí también se preparaba la conquista del aire;
pero no en forma m~y intens~va. El prin,cipe ~obernante .~ra
"tan bien que", o meJor todav1a, con la mas sabia moderac10n,
"ni. . . ni". Al fin de rsta descripción escribe 1\1usil: Y además, al menos, en Cacania se limitaba a tener a los genios como
mequetrefes: jamás se ha tenido, como en otras partes, al mequetrefe por genio.
Musil era un Cacaniano auténtico: nada más cacaniano,
precisamente, que esta tendencia a rebajar, a burlar su propia
naturaleza.
Cacanianos también, estos otros grandes contemporáneos:
Hofmannsthal y Rilke, Freud y W erfel, Zweig y Roth, Husserl,
Broch y Schnitzler, Kraus y Kassner, Schonberg, Kokoschka
y Reinhardt. Y ante todo: Franz Kafka.
¿ Qué decir de un país que, en tan poco tiempo, en el espacio de una generación, prodigó una tal abundancia de grandes espíritus ?

* **

�72

Encuentros con Robert Musil

El paralelismo con Kafka es sorprendente.
Casi al mismo tiempo que Musil, cuyos parientes, tanto de
la línea paterna como de la materna pertenecían al mundo lingüístico y cultural de la Bohemia alemana, Kafka exponía y
trataba, en libros esparcidos después en el mundo entero, el
problema del hombre privado de libertad, su abandono, su
gran soledad. Kafka, como Musil, conoció la ausencia de caminos. Los personajes de Kafka, como los de Musil, no son
libres, porque ellos también buscan orientarse con las opiniones de los otros o en aquellas que han encontrado hechas en
ellos mismos. No hace mucha falta hacer caso de las opiniones,
dice a Kafka, de pie en la catedral e incapaz de encontrarse
solo en la oscuridad, el eclesiástico que se presenta como el
limosnero de la prisión. Los personajes de Kafka también
quieren ser sin cualidades; quier en salir de ellos mismos y
encontrar un punto donde puedan por fin descubrirse y, al
mismo tiempo, la verdad y la libertad que persiguen. Ultich
también camina por las calles, y de pronto, tiene el doloroso
presentimiento de una cautividad; el sentimiento inquietante
de que todo eso que se cree alcanzar os alcanza. . . Y la verdad
que se me muestra, ¿es mi verdad? Los fines, las voces, la
realidad, todas esas cosas seductoras que os solicitan y os
guían, que se siguen y sobre las que uno se lanza, ¿son pues
la realidad real? Wilhelm Enrich escribe (Deutsche Literatur,
20 de enero de 1956) : Kafka, conservando hasta el fin la visión
de la libertad, la imagen del hombre verdadero, llega a ser en
la literatura moderna el más severo crítico de los avasallamientos y los ataques humanos. E sto es también verdadero
para Musil. Ulrich también quería llegar a ser un salvador.
Como J oseph K., Ulrich vive sin la menor relación con
mundo que lo rodea.
·
Como los pensamientos de Ulrich el matemático, los de
J oseph K. son de una lógica aguda: y sin embargo, terminan
por conducir al absurdo. Y el mundo de K., aunque sea real,
también llega a ser irreal.
Los físicos matemáticos, escribe. l\Iusil en su Diario, tuvieron de pronto el dolor de negar la presencia del espacio y el
tiempo, y Kafka ; en El proceso: La lógica es inquebrantalbe
sin duda; pero para un hombre que quiere vivir, no resiste.

Y los personajes de Kafka fracasan, como Ulrich fracasa.
l\íusil y Kafka desembocan en la insuficiencia del lenguaje para la expresión del pensamiento y del sentimiento.
Uno y otro, tan poco musicales, buscan la música, en los tonos,

~Iurtin Flinker

73

los sonidos y las voces, la última posibilidad de comunicación y de expresión.
Ulrich busca encontrar una fórmula de conjurac,i~u, una
empuñadura que se pueda tomar, el verdadero espmtu del
espíritu, el trozo ausente. . . no hab~a palabras a su . disposición. . . ya que en el oscuro domimo donde se arraiga, se
está privado de su amable conducto.
Como el hombre solitario de Kafka, buscando un abogado errando por interminables y estrechos corredores, tropezá~dose por t odas partes co_n rostros cerra~os, o~endo_ de
pronto incesantes voces, vemdas de muy leJos, as1 Ulr1ch :
En su vida, él aún no había "escuchado voces". . . Pero cuando se las oye, esto desciende sobre vosotros un poco como el
dulzor de una caída de nieve. . . todas las voces que saltan
, de un lugar a otro en la jaula de aire se van ahora libremente.
Clarisa, la mujer de Walter, un amigo de infan~ia de
Ulrich toca el piano: Los muros del cuarto desaparec1an, y
las p~edes de oro de la música se elevaban en su lugar, ~!e
misterioso espacio en el cual el Yo y el mundo, la percepc1on
y el sentimiento el dentro y el afuera se entremezclan de la
manera más ind~finida posible .. . Jamás se debería dejar de
tocar.
El Castillo allá arriba, ya extrañamente sombrío, que K.
había esperado alcanzar en la jornada, se alejaba ~e nu~vo.
Pero de pronto el sonido de una campana retumbo a.qui . ..
una campana que, por un instante, hizo temblar el corazón,
como si lo amenazara la realización a la que tendía oscuramente. (El castillo) .

Dispuesta a suicidarse, entre los prados de l?s bos~ues,
.A.Ú'atha escuchó un repique de campanas, su corazon batio de
alborozo cuando pudo asegurarse que las campanas continuaban acompañándola. Y de la ~isma man~ra que el p_erro de
Kafka en el que el solo y úmco pensamiento es la libertad,
prueb~ el poder de la música : ella os agarraba literalmente;
arrastraba lejos de esos pequeños perros tan reales y no obstante cualquier defensa que se hiciera, no obstante verdaderos aullidos de dolor, se sentía víctima de esa música. Descendiendo de todas partes, de lo alto, de abajo, sobre el espectador ella lo inundaba, lo anonadaba, lo aniquilaba con sus
fanfa~rias tan próximas y que estaban tan lejanas. Y de
nuevo se encontraba libre porque estaba demasiado agotado,
demasiado aniquilado. . . Kafka escribe que la música puede
poner a un ser fuera de sí (Investigaciones de un ·perro) .

�74

Encuentros con R-Obert Musil

Ulrich, a quien había faltado inteligencia para la música, y
que no podía comprender que la música fuera una fusión del
alma y de la forma, no conocía sino una música: la música
más rara, la obsolutamente pura.
La más rara, la pura: es aquélla que os hace adivinar,
al menos durante unos minutos, la felicidad de escapar al
calabozo. Aquello que puede, al menos durante algunos minutos, librarnos de la miseria del Y o.
Así, lo que Emrich dice de Kafka es igualmente cierto
de Musil :
L'.1 palabra verdadera aparecía siempre bajo forma de
música, no de discurso articulado.
El proceso de Kafka es también m1a obra "inacabada".
Numerosos capítulos no fueron terminados, como en el caso
de Musil. Para Musil .hizo falta también el trabajo extremadamente pesado, y que sólo el entusiasmo por esta obra maestra puede explicar, de Adolf Frisé para drscubrir en la abundancia de proyectos y notas póstumas los fragmentos que
entraban en el cuadro de la tercera y cuarta partes que
quedaron inéditas. Lo que Brod dijo de El proceso, conviene
perfectamente a El hombre sin cualidades : era un libro "int erminable", es decir, que se podía continuar hasta el infinito ...

En una breve nota, como accesorio, del diario dr Kafka,
el 13 de septiembre de 1912, se lee : Esponsales de mi hermana
Valli. Después : Amor entre hermano y hermana, repetición
del amor entre padre y matlre . . .

* * *
Si Musil se pinta fielmente en Ulrich, el hombre sin cualidades, se le puede encontrar también en Walter, la única
contraparte de Ulrich, su amigo, y por consecuencia su enemigo de infancia. En cierta medida, W alter es el otro Musil,
el hombre de cualidades. Naturalmente éste no es un matemático, sino un artista, absolutamente cerrado a los experimentos matemáticos de Ulrich. El es pintor, músico y poeta,
ya lo uno ya lo otro, flotaba en su cabeza cualquier cosa, no
se sabía qué, al parecer con más importancia que una realización bien definida. Los dos amigos son opuestos desde el
comienzo de la novela : para Ulrich no hay diferencia entre
el sol y un cerillo, no más que la que hay entre la boca, considerada como una extremidad del tubo digestivo, y su otra
extremidad. Cuando se analiza nuestro cuerpo, no se encuen-

Martin Flinker

75

tra sino agua y algunas docenas de pequeñas acumulaciones
de materia flotante arriba. . . Para Walter, en revancha, el
hombre de hoy tiene necesidad ante todo de simplicidad, de
salud de contacto con la tierra. Ouando entro en la_ casa,
verd¡deramente tengo, "poseo" el coraje de tomar simplemente el café contigo, de escuchar los pájaros, de hace~ un
pequeño paseo, de cambiar algunas palabras con los vecmos,
y dejar tranquilamente apag~rse el día: ¡he ~q~ ~o que es
la vida humana!, dice a Clarisa. El hombre cient1f1co es, en
nuestros días1 del todo inevitable, dice Ulrich a W alter en
el curso de 0 tra discusión, no se puede evitar saberlo. Y la
diferencia entre la experiencia de un especialista y la de un
profano, jamás ha sido tan grande como ho~: Todo el mun~o
puede verlo en las capacidades de un masaJISta o de un pianista· actualmente no se haría correr un caballo sin una prepara~ión especial. No hay más que ~os proble~~ hu~ª??S
donde cada uno se cree llamado a zanJar, y un VIeJo preJu1c10
pretende que se nace y se muere hombre. Pero si sé que las
mujeres de hace cinco mil años escribían a sus enamorados
textualmente las mismas cartas que hoy, no podría leer una
sola de esas cartas sin preguntarme si esto no debería cambiar de una buena vez. Y W alter replica : Dicho de otra manera tú te rehusas a ser un hombre hasta nueva orden. Si
tu quieres, responde Ulrich. Y o reconocía que hay allá un
desagradable matiz de diletantismo.
En un capítulo fragmentario titulado Reglamento de
cuentas entre Walter y Ulrich, se tiene la impresión de ver
a l\'.Iusil dialogar con él mismo, con Sll segundo Yo encarnado
en Walter . El hombre sin cualidades afronta al hombre de
cualidades y busca al lado de él una justificación, una confirmación de su propia existeneia. Es como si la idea le hubiera
venido tan súbitamente que se hubiera caído; extraviado.
Como que tuvo miedo y necesidad de asistencia.
Tu eres profundamente infecundo, se dice, por lo que
aparentas audacia. En otras palabras, esto significa: re~uncias a la realización de tus ideas . . . Restas valor a la realidad
para darte la impresión de ser un gran hombre . . . U~a ~e
tus justificaciones es: la raza de genio. Pero un gemo sm
obra es problemático y arriesga no ser sino imaginación pura.
Entonces, matarse o escribir. Así es como Musil se acusa y
condena. Después viene un nuevo ensayo de justificación :
Un hombre sin cualidades es un teórico. Hacen falta teóricos,
investigadores, experimentadores, hombres sin compromisos.
Este capítulo encontrado en los papeles de l\Iusil después
de su muerte y que no había sido publicado todavía, prueba

�Encuentros con Robert l\lusil

76

de una manera sorprendente hasta qué punto Musil, creando
el personaje de Ulrich, buscaba liberarse de sí mismo, encontrar un camino que lo alejara de sus propias angustias y de
su propia miseria, y cómo estaba lejos de haberlo conseguido.
j Escribir

NOTICIAS

o matarse ... !

El pastor suizo Robert Lejeune, un amigo de Musil, que
le prestó una ayuda singularmente preciosa durante los años
de la emigración y de la soledad, uno de los ocho que acompañaron al escritor en su última morada, escribió en un bello
elogio fúnebre que Musil, en los últimos años de su vida, se
había preocupado por el problema religioso. Ciertos pasajes
de sus cartas lo testifican. Y los fragmentos de novela redactados durante los últimos años hablan también en favor de
esta hipótesis. El pensamiento de Ulrich no había estado privado de Dios sino independiente de El: como en las ciencias,
se necesitaba abandonar al sentimiento todas las posibilidades
de retornar a Dios. . . Y: Nuestro destino, el destino de una
é:poca de experiencia inteligente y emprendedora, ¿no sería
desde entonces negar los sueños, las leyendas y las nociones
demasiado sutiles para la simple razón, y que llegados a la
cima de la exploración y del descubrimiento del mundo, nos
dirigimos de nuevo hacia El e inauguraremos con El nuevas
relaciones experimentales? La fe considerada como una reducción del saber era contrario a su naturaleza, pero reconocía en el "presentimiento" de un saber supremo un estado
particular.
Robert Lejeune cuenta que Musil, poco antes de su muerte, afirmaba reunir notas -para una obra que habría querido
llamar Teología laica. Si se termina un día, habría agregado.
Una cosa es segura: el entusiasmo unánime y sin reservas
con el que los críticos del mundo entero han recibido la reaparición de El hombre sin cualidades; el vuelo casi fabuloso
de este libro casi desconocido hace veinticinco años, habría
procurado a Musil una alegría profunda. Una alegría infinita. A pesar de su extrema reserva, de su gran discreción,
amó mucho el suceso exterior. Jamás entendió la jubilación
y los cantos que escoltan el cortejo triunfal de los favorecidos
de la fortuna. Sólo un pequeño círculo de apasionados por
las letras lo conoció y apreció. Para el resto, era casi totalmente desconocido. Y cuando murió, triste y amargado, era
casi desconocido.
Como Kafka.
(Traducción de Alfonso Rangel Guerra)

Reunión de Rectores de las Universidades del Norte del
Pais.-El lunes 16 de enero se inauguró la I reunión de Rectores de las Universidades del Norte del País. El acto inaugural de estas actividades consistió en una ceremonia en el
Aula Magna de la Universidad de Nuevo León, bajo cuyos
auspicios y los del Gobernador del Estado se realizó dicha
reunión. Presidieron este acto el Gobernador interino, Lic.
Genaro Salinas Quiroga, quien dió la bienvenida a los distinguidos huéspedes; el Ing. Víctor Bravo Ahuja, Subsecretario
de Educación Técnica y representante del Secretario de Educación, Lic. Jaime Torres Bodet; el Lic. Alfonso Ortega Martínez, Secretario de la Asociación de Universidades e Institutos de Enseñanza Superior de la República Mexicana; el Lic.
Rubén Vasconcelos, representante personal del Rector de la
Universidad Nacional Autónoma de México, doctor Nabor Carrillo Flores; los Rectores Huéspedes, Lic. José G. González
de Baja California; Lic. Luis Alfonso Gastelum de Sinaloa '.
Lic. Luis Fuentes Mares, de Chihuahua; Lic. S~lvador Gon~
zález Lobo, de Coahuila; Lic. Angel Rodríguez Solórzano de
Durango; Dr. Jesús N. Noyola, de San Luis Potosí· Lic. 'Roberto Elizondo Villarreal, de Tamaulipas; Ing. Fern~ndo García Roel, del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores
de Monterrey y el Arq. Joaquín A. Mora, Rector de la Universidad de Nuevo León. Sólo se lamentó la ausencia del
Rector de la Universidad de Sonora, Lic. Luis Encinas, quien
por razones de fuerza mayor no pudo asistir.
En la sesión de apertura pronunciaron sendos discursos
el S:. Lic. Alfonso Ortega Martínez, el Sr. Rector de la Univers1?ad de, Nuevo León y el Sr. Ing. Víctor Bravo Ahuja.
El Lic. Ruben Vasconcelos tomó la palabra en nombre del Sr.
Rector de la Universidad Nacional Autónoma de México.
~espués_ de la ceremonia oficial con que se inauguró esta
reumon Reg10nal de Rectores de las Universidades e Institutos
de Enseñanza Superior del Norte de la República los distinguidos huéspedes fueron obsequiados con un banquete regio-

77-

�78

Noticias

nal que ofreció la Universidad de Nuevo León en los salones
del centro social "Vasco de Quiroga".
La estancia de los Sres. Rectores en Monterrey comprendió también visitas a la Ciudad Universitaria, al Instituto
Tecnológico, al Museo Regional y un recital de danza moderna
y mexicana, que se ofreció en el Aula Magna.
Los rectores se reunieron en sus sesiones de trabajo en
una de las Salas de la Facultad de Filosofía y Letras de la
Universidad de Nuevo León, en largas jornadas de trabajo.
Los cambios de impresiones, intercambio de ideas, discusiones
de los problemas que confronta la educación superior y en
particular las instituciones universitarias, se realizaron en
privado. Las conclusiones de dicha reunión serán dadas a
conocer oportunamente.

INFORME DE LAS ACTIVIDADES DESARROLLADAS
POR EL PATRONATO UNIVERSITARIO DE NUEVO
LEON, DESDE EL lo. DE ENERO HASTA EL
31 DE DICIEMBRE DE 1958.
Con el propósito de cumplir, como se acostumbra cada
año, con las disposiciones que norman la vida del Patronato
Universitario, esta Comisión Ejecutiva se permite presentar
ante su Consejo General una relación de las actividades desarrolladas desde el lo. de enero al 31 de diciembre de 1958.

Ingresos:
En el curso del período mencionado, el Patronato recibió
la cantidad de $ 3.074,320.64 (TRES MILLONES, SETENTA
Y CUATRO MIL TRESCIENTOS VEINTE PESOS Y SESENTA Y CUATRO CENTAVOS). Esta suma fué obtenida en
la forma siguiente: por cuotas y donativos esporádicos,
$ 6,312.47; por aportaciones de personas físicas y morales con
destino a la Ciudad Universitaria; $ 2.640,410.00; por utilidades de los Sorteos, $ 190,598.28; intereses por depósitos a
plazo en instituciones de crédito, $ 237,315.34. Cabe señalar
que los ingresos procedentes de sorteos, en el presente año se
vieron lamentablemente afectados por la desconfianza y el
escándalo nacionales provocados por el sorteo de Toluca; afortunadamente estas circunstancias negativas han desaparecido,
a juzgar por los ingresos que se han registrado últimamente.

~oticias

79

Inversiones:
Muebles y equipos .
En cooperación con el Gobierno del Estado, el Patronato
Universitario terminó el acondicionamiento del Aula Magna
"Fray Servando Teresa de Mier", que consistió en proveerla
de aire acondicionado, reparación de butaquería en el piso
bajo y adquisición de butacas nuevas para la galería, ampliación del foro y colocación de tela para bambalinas ; construcción de camerinos y paredes adicionales a los costados para
proteger los vitrales y dotación nueva de alumbrado. Durante
el presente lapso, el Patronato cubrió por este concepto la
cantidad de $138,895.67.
El Patronato recibió como obsequio del señor don Gastón
Azcárraga, Presidente de la firma Fábricas Auto-Mex, S. A.,
de la ciudad de México, y con destino a la Escuela Industrial
y Preparatoria Técnica "Alvaro Obregón", un motor cortado
para escuela, marca De Soto V8, modelo 1955, mismo que ha
quedado debidamente instalado en el plantel citado, a fin
de que sirva en la labor de enseñanza técnica que allí se
imparte. Por concepto de flete_, fue cubierta la cantidad de
$ 221.20.

Bibliotecas.
En el presente año fué considerada una solicitud de la
Escuela Industrial "Alvaro Obregón" para adquisición de libros de carácter técnico, destinados a su Biblioteca. Los libros
pedidos importaron la cantidad de $ 3,200.00.
Gomo en años anteriores, el Patronato entregó a la Biblioteca Universitaria "Alfonso Reyes" las subscripciones completas de los diarios lo~ales y tres más_ de la_ ciuda~ d~ ~éxico,
así como diversas revistas de valor hterano o c1ent1fico. La
suma dedicada a este asunto fué de $ 1,085.50.

Edificios.
Durante el presente año el señor Rector de la Universidad
de Nuevo León arquitecto Joaquín A. Mora, solicitó y obtuvo
del Patronato 1~ cantidad de $ 25,000.00 para ser invertida en
el acondicionamiento del antiguo local de la Facultad de Ingeniería Mecánica y Eléctrica, para destinarlo a la Facultad de
Arquitectura. Dichos trabajos. de construcci?n han sido , ya
terminados y la Facultad mencionada ha contmuado las catedras con absoluta normalidad en su nuevo local.

�80

Noticias

Publicaciones.
Como en los años anteriores, se continuó con la publicación del Semanario "Vida Universitaria", órgano informativo
y cultural del Patronato. Aparecieron 52 ediciones con un
tiraje mínimo de diez mil ejemplares cada una, y un costo
total de $ 316,871.55. Al deducir de esta cantidad la suma de
$127,029.01, que representa los ingresos por anuncios y subscripciones, el costo neto cubierto por el Patronato fué de sólo
$189,842.54.
En igual forma se ha procedido en cuanto se refiere a la
publicación de "Inter-Folia", órgano de la Biblioteca Universitaria "Alfonso Reyes", bajo los auspicios del Patronato. Por
este año fueron publicados cuatro números dobles, de enero
a agosto, con un tiraje de 2,000 ejemplares por edición. El
costo fué $ 3,020.00.
Con el propósito de cooperar en la publicación de la Revista del Hospital Universitario, en la que aparecen artículos
y estudios de carácter científico y cultural muy de tomarse
en cuenta, el Patronato cooperó con la cantidad de $4,600.00.
Esta revista se distribuye entre instituciones hospitalarias y
centros científicos del país y del extranjero,

Servicios Universitarios:
Escuela de Bachilleres.
Por considerarle de v.ital interés para el mejor funcionamiento de las escuelas preparatorias de la Universidad, el
Patronato ha continuado entregándole por mes la cantidad
de $ 15,000.00, como cooperación para el pago de sueldos de
maestros de media planta, lo cual arroja un total de .....
$ 180,000.00. Además fueron entregadas diversas canti_dades
a la Escuela Preparatoria Núm. 1, en calidad de sueldos de
oficina, papelería, útiles y mejoras y adaptaciones al campo
de ese plantel, todo por valor de $ 46,000.00.
El Patronato tuvo en cuenta numerosas peticiones de estudiantes de diversas dependencias universitarias, consistentes
en viajes de estudio, competencias deportivas, actos culturales
y otros conceptos que forman parte de lo que se denomina
Campaña Cultural Universitaria. Esta erogación fue, durante
el año que se reseña, de $ 43,107.82.
Como cooperación con el Superior Gobierno del Estado
y la Unión Ganadera Regional de Nuevo León, el Patronato

Noticias

81

siguió en el presente año aporta_ndo diversas cantid~d~s a fin
de que dicha Unión pueda segmr su labor ,en ben.ef~c10 de la
industria pecuaria en el Estado con el establecmnento del
Laboratorio de Inseminación Artificial y la publicación del
periódico "Vida Rural", que se distribuye, entre gan~deros y
agricultores del Estado y del resto del pais. La cantidad entregada por este concepto llegó a $7,999.98.
En el presente lapso el Patronato siguió colaborando con
la Universidad otorgando becas a aquellos al~os que h~n
demostrado amor al estudio y deseos de seguir una especialización en México o en el extranjero, a fin de regresar a su
Universidad de origen para trabajar en función de enseñanza.
En París fué becado el licenciado Artemio Benavides Hinojosa; en Rochester, Minn.,. E. U. de A;, _el docto: Bonif~cio
Aguilar Grimaldo; en la ciudad de Mex1co, Ofeha ~onzalez
Treviño doctor Francisco García Barella, Rugo Padilla, Alfonso C~rrea Villalobos Arturo Cantú Sánchez, doctora Ana
María Rivera Villarreai, doctor Carlos M. del Pino y doctor
Ramiro Leal Cantú. La cantidad a que ascendió el gasto por
estos servicios fue de $ 23,971.00.
Con el deseo de colaborar en la edición de la obr~ "Literatura Mexicana de los Siglos XVI, XVII y XVIII" escrita
por el extinto maestro Francisco M. Zertuche, el Patronato
entregó a la Universidad la tercera parte del costo total_. De
esta obra se imprimieron 1,000 ejemplares, en papel b1blos,
y la suma llegó a $2,966.67.

Ciudad Universitaria:
En el presente año el Superior Gobier~o del Est_ado ~nic~ó
en firme las obras de construcción de la Ciudad Umvers1tana
de Nuevo León. Estas consistieron en los siguientes trabajos:
construcción de los edificios para las Facultades de Derecho
y Ciencia Sociales e Ingeniería Mecánica y Eléctrica, Monumento a la Bandera, Laboratorios Centrales, Alberca Olímpica
con sus baños y vestidores para hombres y mujeres, pavimentación alumbrado redes de agua y drenaje, arborización, vías
de ac~eso y distribución dentro de los terrenos. La cantidad
total que ha entregado el Patronato Universitario a la Oficina Técnica de Ciudad Universitaria por estas obras ascendió a $ 4.690,000.00. Esta suma puede desglosarse así: para
el fondo revolvente destinado al manejo de la oficina, al iniciarse las obras, $100,000.00; para el edificio de la Facultad
de Derecho y Ciencias Sociales, $ 1.100,000.00; para la Alberca

�Noticias

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Olímpica, $193,914.87; para la Facultad de Ingeniería Mecánica y 'Eléctrica, $ 3.196,085.13, de los cuales dos millones
fueron donativo de don Luis Elizondo; para servicios públicos, $ 100,000.00.
El Patronato Universitario sigue empeñado en la procuración de nuevas fuentes de ingreso, aparte de la que obtiene por los acostumbrados sorteos, con el objeto de continuar
cooperando hasta la realización de la Ciudad Universitaria
de Nuevo León. Para el efecto prepara un estudio, en colaboración con el Gobierno del Estado, tratando de que todas
las fuerzas vivas de la región, dentro de sus posibilidades
económicas, cooperen ampliamente para dar término a la realización de este magno proyecto.

Monterrey, N. L., enero de 1959.
PATRONATO UNIVERSITARIO DE NUEVO LEON.
Comisión Ejecutiva
Joel Rocha
PRESIDENTE

Manuel L. Barragán VICEPRESIDENTE

Tomás A. Zertuche
TESORERO

Noticias

83

Se celebra la publicación del primer número de la ltevista
del Instituto de Cultura Puertorriqueña. El Instituto· dirigido
por Ricardo E. Alegría, desempeña actualmente un papel muy
importante en el aspecto cultural del programa regenerador
del gobernador lVIuñoz Marín. Junto con las reformas de índole política y socio-económica, se está fomentando el desarrollo de una conciencia tanto nacional como internacional
entre los puertorriqueños. La nueva Revista cuenta con la
colaboración de los valores más altos para realizar su propósito de estimular y divulgar la cultura borinquep.a. : Tanto
como los mexicanos buscan sus raíces en la época precortesiana, los puertorriqueños tienden a realzar la importancia del
papel de su isla en los primeros años de la Conquista. , El primer número de la Revista contiene no menos de tres artículos
sobre esa época, dos históricos y uno literario. Ta.mbién se
1
recalca lo netamente puertorriqueño en los varios gél).~r()S, literarios. La poesía viene representada con una carta del :r.omántico José Gautier Benítez (1851-1880), un comentario -sobre
dos grupos de poemas amorosos del pre-modernista José de
Diego (1866-1918 ) y un juicio sobre las Poesías nativistas de
Luis Palés Matos (1898). 'fambién se reproduce u'n a plena de éste. La prosa narrativa es el tema de un artículo panorámico del novelista Enrique Laguerre. René Marqués2 uno
de los más destacados de los cuentistas y dramaturgos ·actuales, ofrece para este número un cuento original, "Puririciwión
en la Calle del Cristo". El teatro en Puerto Rico a partir de
1938 es evaluado por el dramaturgo y crítico Francisco Arriví,
cuyo artículo va acompañado de buenas fotografías de varias
escenas teatrales. Además de la literatura, se presentan otros
aspectos de la cultura, pero siempre con el mismo énfasis en
lo nacional: el arte, el folklore, la música, el ballet, la arquitectura y hasta la sociología. Al ver el sumario, llama la atención el hecho de que los primeros tres estudios son firmados
por mujeres, las muy conocidas y respetadas catedráticas Margot Arce de Vázquez, Concha Meléndez y María Teresa Babín.
Entre los colaboradores todavía no mencionados, sobresalen
Tomás Blanco, José A. Balseiro-y el cubano Fernando Ortiz.
Con un estreno tan propicio, es de esperar que la Revista del

�Noticias

84

Instituto de Cultura Puertorriqueña contribuirá a hacer_ conocer esa cultura tanto entre los catedráticos norteamericanos
como entre sus colegas por el mundo hispánico.

LIBROS

Seymour Menton
University of Kansas

Conferencias.-La Institución ART~, A. C_., prosiguió en
su tarea de difusión cultural por med10 de ciclos de c_onfe.
rencias
que tanto e'xi"to tuvieron en temporadas
d anter10res.
n
Durante el mes de febrero del presente ano s~ esarro aron
en la siguiente forma: día 4, "El hombre comun ~"f1 el tea~ro
norteamericano" Sr. Manuel Jzaguirre; día 11, El sentido
de la muerte y
problema del más allá", Dr. Agustín Basave
y Fernández del Valle; día 18, "Versal~;s",. Sr. Pr?f· Serge
Darmon ; día 25, "Federico G:arcía Lorca , LI~. S~ntiago Roel
H. En el mes de marzo tuvieron lugar las. sigme~tes. conferencias. día 4 "Santo Tomás en Nuestros Tiempos , Lrn. Manuel Mendoz~. día 11 "Arte Religioso en Monterrey", ~r.
Aureliano Tapi~ M.; día 18, "Estética Tomista", Dr. Federico
Uribe.

:1

0

Exposiciones.-Galería de Arte A: C., Exposición de pinturas de la pintora Gene Byron, dommgo 15 de febrero.
Galería del INBA y del Gobierno del Estado de Nuevo
León, Exposición de trabajo_s de_ los alumnos de 1~ Escuela
de Artes Plásticas de la Umversidad de Nuevo Leon (19581959), 13 de febrero.
Sala de Exposiciones del ITESM, _Pintura mo~erna Norteamericana, exposición de ;eproducciones patrocmada por
la Sociedad Artística Tecnolog1co.

Th.Ruyssen - Les Sources doctrinales de l'internationalisme - Tome II: De la Paix de Westphalie a la Revolution Francaise - P. U. F. París 1958 - 646 pp.-En el segundo tomo de su
gran obra político-social el historiador Th.Ruyssen aborda un
importante período de la historia de Europa que va de 1648
a 1789. En su Introducción presenta a esta Europa occidental
tal como aparece a mediados del siglo XVII, analizando sucesivamente los efectos religiosos y políticos de los tratados de
W esfalia, la indiferencia del público y la preponderancia de
la cultura francesa en aque1los tiempos: "P arís, luego Versa~
lles, constituyen el centro hacia el cual convergen el asombro,
la admiración, la envidia del extranjero". (p. 19).
La primera gran parte de la obra va de la Paz de W esfalia (1648) hasta el fin del reino de Luis XIV. El autor la
examina a través de las literaturas, en España con Cervantes,
en Francia con Pascal, Boileau, Bossuet, La Bruyére, en Inglaterra con Sir Thomas Browne y en Alemania con Grimmelshausen. En aquella época florecen las sociedades. secretas :
Rosacruz y Masonería ; los Quakers desarrollan su influencia
pacifista en Inglaterra y en América, mientras los utopistas
construyen la Ciudad Ideal. La tranquilidad internacional no
es muy favorable al nacimiento de doctrinas políticas, y sin
embargo, esta época es la del maquiavelismo, del cartesianismo, y de las ideas de Locke y de Spinoza.
Las teorías jurídicas evolucionan en general con extrema
lentitud, y esta estabilidad es particularmente sensible durante el período que nos · interesa. Asistimos a una laicización
gradual del derecho natural, y a una división en la concepción
del derecho internacional: partidarios del derecho natural puro
(Pufendorf) o partidarios de un positivismo más acentuado
(Zouch, Rachel).
Al mismo tiempo, a pesar de un desinterés casi total de
parte del pueblo, los economistas construyen, en Inglaterra
y en Francia, sistemas y teorías.
-

85-

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Libros

Pero una gran figura domina todo el período: la del filósofo alemán Leibniz a quien el autor dedica un largo capítulo.
Al fin de la primera parte de la obra, sentimos que un espíritu
nuevo se ha despertado, nuevas tendencias intelectuales han
aparecido, con Bayle, Saint-Evremond, Fontenelle, etc.
La segunda parte, -Del fin del reino de Luis XIV hasta
la Revolución Francesa-, sigue el mismo paso que la otra,
abordando sucesivamente los ·mismos ca,pítulos. En el siglo
XVIII los relaciones internacionales se caracterizan por una
política de equilibrio y la aparición de un elemento nuevo. El
cosmopolitismo, el cual, a veces, sobrepasa al patriotismo del
individuo. Las literaturas nos ofrecen un reflejo particular
de los hechos, en Francia con Voltaire, Rousseau; en Inglaterra con Defoe, Steele, Goldsmith, Blake, etc. La masonería
se desarrolla de una manera extraordinaria en el siglo. XVIII
y pasa a América. Los utopistas siguen construyendo sus
quimeras, pero ahora éstas sirven más de disfraz a una crítica amarga de los vicios del gobinno y de la sociedad. En filosofía, es la gran época de la "Enciclopedia", y de los filósofos Voltaire, Rousseau, Diderot, H elvetius, d'Holbach, ....
El conflicto del Empirismo y de los principios domina el pensamiento jurídico, mientras el económico se caracteriza por
,ei nacimiento en Inglaterra, Francia, Italia y España del liberalismo.
·
La aparición y, después, la expansión y la difusión de
la literatura pacifista, atestiguan la existencia de un espíritu
nuevo, "abierto a todas las curiosidades e impaciente de contribuir al bien público". ·
Th. Ruyssen acaba con el despertar del pensamiento alemán (Lessing) y un examen de los tres factores nuevos de la
vida internacional, traídos por la Revolución Americana:
1.-El derecho de los pueblos a disponer de ellos mismos;
2.-El federalismo; 3.-El derecho de intervención.
El autor examina, en un tercero y último volumen, el período del internacionalismo, que va de la Revolución Francesa hasta nuestros días.

Serge Darmon
1

•

87

Enrique Anderson Imbert, Qué es la Prosa. Editorial Columba, Colección Esquemas, No. 37 -Buenos Aires, 1958-64 páginas.
El Prof. Enrique Anderson Imbert, ampliamente cono-0ido en México por su Historia de la Literatura Hispanoamericana (Fondo de Cultura E conómica, Colección Breviarios),
publica ahora este breve folleto acerca de una cuestión fundamental en el campo de los estudios literarios: Qué es la
Prosa. Tradicionalmente y de una manera casi automática se
ha estado asignando el verso a la poesía, como forma exclusivamente destinada a servir de vehículo a ésta. Sin embargo,
los decubrimientos de la Nueva Estilística y la penetración,
insospechada en épocas anteriores, que se ha logrado, ha hecho
cambiar muchos conceptos tradicionales que ya no se adaptan
a las necesidades act uales. El concepto de figuras, la clasificación de los géneros, una nueva interpretación de las llamadas unidades aristotélicas, la diferencian entre literatura por
,
'
una parte, y poesia,
por otra, han hecho necesaria la reestructuración de los conceptos de prosa y verso.
Naturalmente, la primera definición de lo que es la prosa
debe ser hecha a base de una negación, "lo que no es verso".
Pero esto nos llevaría a un punto muerto. Con el objeto de
llegar a una definición positiva de la prosa, Anderson Imbert
r etoma los conceptos lingüísticos fundamentales de la Escuela
-de Ginebra, con sus distinciones entre 'lenguaje', · 'lengua' y
'habla' ... Para llega~ a una definición de la prosa es preciso
.antes fiJar el mecamsmo del lenguaje, sus funciones y su valor
-dentro de un conglomerado social. El circuito del habla descrito por de Sa1;1ssure y, ta~ dur~mente combatido por algunos
de su.s adversar10s academicos, tiene en este estudio de Anderson Imbert una relevancia especial, dado que toda su discusión está bas~da -calcada! di:íamos- en el concepto del sintagma, como entidad· comumcativa dentro del sistema general de
la lengua y que rebasa toda concepción gramatical anterior
Evidentemente, la lengua, cuando se desenvuelve dentro deÍ
campo del habla ( esto es, en el uso personal e intransferible
d~ aquélla), es el . reflejo inmediato de las actitudes psicológ~cas, _que se refleJan en actitudes lingüísticas, según la intenc10nahdad del hablante. ~ stas actitudes son: la práctica, en
la cual se trata de comumcar a los demás una vivencia con
el simple objeto_ de imponérsela; la intelectual en la que se
u-at~ d~, comumc~r "nuest:o conocim~ento conceptual de la
r ealidad y, por frn, la actit ud expresiva en la cual intentamos "franquear nuestra intimidad y nos revelamos tal como

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somos". Estas tres actitudes lingüísticas se manifiestan en
estos tres géneros: oratoria, ciencia y poesía. Anderson Imbert
toma aquí la palabra poesía en un sentido genérico, sin hacer
distinción entre lo propiamente literario y lo poético; en la
página 41 afirma, sin dejar lugar a dudas: ªLa poesía es un
grado de excelencia en la expresión literaria, no es un género
separable de la literatura"; según lo cual, la literatura y la
poesía en lo único que difieren es en el modo de expresión,
esto es en los sistemas de ritmo y de melodía en que se apoyan. Sin embargo, todos los tratadistas actuales están de
acuerdo en afirmar que hay una diferencia esencial entre literatura y poesía. "La lírica carecería de asuntos. Aunque a
veces se habla de tema lírico porque se entiende así con sentido amplio lo que en particular se denomina asunto para la narrativa y la dramática, si bien con más propiedad cabría
aplicar para la lírica la acepción estética de la palabra motivo.
'Motivo', en el vocabulario técnico de la ciencia literaria, alude
a una pequeña unidad temática que aparece y reaparece en
diversas combinaciones de manera semejante a lo que en tecnicismo musical se denomina leitmotiv, es decir secuencia característica de sonidos que dibuja una melodía fundamental
la cual se combina y reaparece periódicamente a lo largo de
una composición". (Raúl, H. Castagnino, El Análisis Litera,.
río, Editorial Nova, Buenos Aires, 1957, págs. 37 y 38).
Anderson Imbert toma para su estudio solamente aquel
aspecto del lenguaje en que se trata de expresar poesía, esto
es, el reflejo de la actitud psicológica expresiva de que hablábamos más arriba. Con esto todavía no se ha definido lo
que es la prosa. Solamente tenemos una definición negativa,
"lo que no es verso". La diferencia fundamental entre el verso y la prosa está, así lo señala el autor, en el ritmo. Unas
reflexiones para aclarar el empleo de los términos 'ritmo' y
'melodía' cuando se trata de manejar el material lingüístico.
Evidentemente no se les da el mismo sentido que en la música.
Johannes Pfeiffer en su obra Umgang mit Dichtung, eine
Einführung in das Verstandnis des Dichterischen (Felix Meiner, Leipzig), (1936), distingue, en el verso dos elementos fundamentales que integran la expresión poética: 'ritmo' y 'melodía' y llega a las siguientes conclusiones: "el metro es lo
-exterior, el ritmo lo interior; el metro es la regla abstracta,
-el ritmo la vibración que confiere vida; el metro es el Siempre, el ritmo el Aquí y el Hoy; el metro es la medida transferible, el ritmo la animación intransferible e inconmensurable. El ritmo podría desplegarse en una masa acústica, por
decirlo así, incolora; la melodía, en cambio, se apoya en s&lt;mi-

'

89

dos de una determinada coloración, de cierta altura y _profundidad; cada palabra posee, en virtud de ser altura y color
acústicos, un determinado halo efectivo". Toda la masa lingüística que manejamos, está ordenada interiormente -en unidades rítmicas que responden a profundos estados anímicos y
que apuntan a un fin comunicativo, participacional ( el pars
capere, explicado por Pfeiffer). Anderson Imbert hace un
profundo estudio de estas capacidades melódicas de la lengua
como vehículo expresivo. "Los sonidos -dice- en sí no tienen
ritmo: se lo adscribimos. No es necesario que esta definición
de ritmo incluya los conceptos de perioricidad, de medida o
de repetición. Basta, para que haya ritmo, que las líneas de
nuestros sentimientos y pensamientos formen un dibujo melódico intencional. .. Las curvas de entonación, pr.opias ,d e cualquier frase coloquial, se conciertan artísticamente en el verso
y en la prosa. Sólo que la organización de los elemen~ sensibles de la lengua -acentos de intensidad, duración. de las
sílabas, grupos fónicos repetidos, etc.- es diferente en el'verso
que en la prosa". Precisamente el ritmo -y más aún la melodía,
puesto que A. I. no distingue entre estos dos matices~ es diferente en, el verso y en la prosa. Ritmo que está íntimamente
ligado, en la prosa, con la estructura y unidad sintáctica de la
frase, y en el verso, con la pura unidad melódicá org~nizada
como masa acústica audible que busca un efecto esp'ecial.
Estas son las diferencias fundamentales, tal como las expresó
Amado Alonso y que el autor acepta como defir¡.itivas.
De acuerdo con las tres actitudes lingüísticas apuntadas
y los tres tipos de prosa o de expresión, A. I. establece tres
tipos de prosa: Prosa elocuente, prosa discursiva y prosa literaria. Esta última y sus posibilidades ocupan el resto del estudio. La prosa literaria se manifiesta principalmente en la novela, secuencia que ya no interesa tanto para determinar qué
es la prosa. Apuntamos sólamente unas reflexiones sobre la
metáfora que pueden ser interesantes para un estudio estilísticos y que, indudablemente, están influidas por J. Middleton
Murry.

Juan Antonio Ayala.

,

.

Raúl H. Castagnino, El Análisis Literario (Introducción
metodológica a un estilística integral), Editorial Nova, Buenos Aires, 1957. (2a edición), 263 páginas.
En fecha muy reciente se ha comenzado a sistematizar,
en lengua española, el método y los sistemas de esta ciencia

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nueva que se llama Estilística. Aparte de los excelentes estudios parciales de Amado Alonso, Dámaso Alonso, Carlos Bousoño, Pedro Salinas, Guillermo Díaz Plaja y la traducción de
obras producidas en lenguas extranjeras, nos faltaba la sistematización y el ordenamiento de los materiales, amén de obras
originales y propias. Raúl H. Castagnino, profesor argentino,
nos presenta uno de los manuales "NOVA" de Iniciación Cultural la Estilística del profesor francés Pierre Guiraud con
una bibliografía somera pero muy útil, complemento de la
Bibliografía Comentada de la Nueva Estilística del Dr. Helmut
Hatzfeld, el mejor estudio que se ha hecho hasta el presente
acerca de la estilística romance. Este libro que hoy presentamos, El A~á.lisis Literario es una integración de todos los
materiales que existen para el trabajo estilístico.
La obra está dividida en las siguientes partes: I......,..Planteos Introductorios, donde se estudia la posibilidad de una
estilística, su campo de estudio y los puntos de partida de
una esti_lística integral; esta parte sigue, en general, a la
primera parte del libro de P. Guiraud, aunque mucho más
estractada dado el carácter general de la obra• II.-Aná.lisis
de los contenidos de la Obra Literaria, a travé~ del texto de
El escritor, ensayo de novela, de Azorín · se estudian los si.
'
gmentes puntos: a) Aporte previo de la historia literaria
punto sobre el cual remitimos al lector al c. IV de la obr~
Teoría Literaria de los Profs. Rene Wellek y Austin Warren
(Biblioteca Románica Hispánica -Editorial, Gredos, Madrid,
1953)- b) El_tema,_ donde está e~ ~ingular acierto de distinguir
entre obra literaria y obra poetica. c) Presencia del medio
geográfico. d) Gravitación temporal, como preocupación en
1~ _literatura moderna. e) Personajes y caracteres. f) La accion, y un resumen general de todo lo expuesto. III.-AnáJ.isis
de WI formas_ literarias1 a través del texto de Don Segundo
Sombra de Ricardo GUiraldes. En esta parte reside propiamen~e la estructuració~ ,de una estilística integral, ya que es
precisamente la expres10n, eso que antiguamente se llamaba
forma, lo que nos ha de llevar a la comprensión exacta de los
contenidos o vi,vencias de la obra literaria. Se estudian en
esta parte los siguientes aspectos de la expresión literaria:
~) El vocabular~o. b) Estilo y estilística, donde son puntos
importante ló~ t;tulados 'Los ª~!es de escribir' y 'Conceptos
acerca del estilo . ,e) La expres10n, con la teoría de los indicios y de los campos expuestos por Bhüler en su Teoría de la
expresión. d) La expresión y los estímulos sensoriales• llamamos la atención del lector, en este punto hacia el deli~ioso
estudio de Don Alfonso Reyes, Los estímulos Literarios, pu{.

blicado en. la colección Jornadas del Colegio de México. e) La
expresión y los acentos de la intención, renovación de muchos
conceptos y definiciones he.i;edados de la preceptiva, clásica y
que aún s1guen vigentes, con seutido nuevo, en, la estilística
actual. f) Los ,matices de la afectividad, con especial referencia a la estilística de Bally y, particularmente, a su obra El
Lenguaje y la Vida. gJ Morfología y estilo y h) ·Sintaxis y
estilo.
Consideramos que esta obra, s~n muchas pretensiones científicas, puede ser un magnífico instrumento de trabajo para
los profesores que se están inciando en la exposición de la
materia estilística; materia que aún no ha recibido la importancia necesaria en los estudios universitarios de nuestros
países y que cuenta ya con una abundante bibliografía, magnüicas obras en las cuales se ha llegado, como nunca se había
hecho, hasta la explicación del hecho literario y poético como
un conjunto, como una expresión y como manifestación de
una personalidad.
Juan Antonio Ayala.
LA NOVELA DE LA REVOLUCION MEXICANA (Selección, introducción general,· cronología histórica, prólogos,
censo de personajes, índice de lugares, vocabulario y bibliografía por Antonio Castro Leal), Edición de Aguilar, .S. A.,
Colección "Obras Eternas". Madrid, México, Buenos Aires,
1958.
La Editorial Aguilar ha incluido en su selecto catálogo
este nuevo volumen de gran trascendencia para la historia de
la literatura hispanoamericana y, en especial, de la mexicana.
Aunque la fecha de edición es del año pasado, -constituye este
volumen la novedad bibliográfica y las primicias de 1959, por
la importancia de su contenido, la selección de las obras y
las guías bibliográficas y documentales debidas a la pluma de
Antonio Castro Leal, quien ha realizado una magnífica selección representativa de lo que se ha llamado el género novelesco de la Revolución y que, por sí mismo, constituye, frente
a las falsas apreciaciones del crítico Luis Alberto Sánchez,
una afirmación de que sí existe la novela en América. Y México ocupa un puesto de gran importancia en esta gran verdad de la novelística hispanoamericana. Su novela de la Revolución es más que suficiente para justificar la presencia de
México en la literatura universal.
Se han seleccionado para este v-0lumen de Aguilar nueve

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Ll,bros

novelas de los autores más representativos .del ciclo re;7?lucionario. Son ellos: Mariano Azuela, el patriarca y el clas1co,
con Los de abajo (1916), Los caciques (1~18) y Las m?Scas
(191ª) .. Martín Luis Guzmán con El Aguila y la Serpiente
(1928) 'y La sombre del caudillo (1929); José Vasconcelos con
su ya famoso Ulises crio~o (1935); ~gust~n Vera, uno de_los
autores mexicanos del ciclo revoluc10nar10 menos conoCidos
tanto en su país como en el extra~jero, fi~ra ,con La. revancha (1930) y, finalmente, una muJer, Nellie Campob;llo con
dos narraciones Cartucho (1931) y Las manos de mama (193~)
como ha dicho 'ia revista TIEMPO, "es el ?nico, el de_ Nelhe
Campobello, en el género. No hay otra muJer que escriba novelas de la Revolución"; conocida, sobre todo por su ob~a
poética y por sus realizaciones e~· 1a escuela de danza, ~ ~lhe
Campobello presenció la Revolución e_n el Nort_e de Mexico;
historiadora cuenta con una obra de importancia. por los documentos d; primera mano que en ella maneja, Apuntes sobre la vida militar de Francisco Villa (1940)". Hemos de advertir que el volu~en antológico lublicado por ~guilar, e~ el
primero de una sene en elaboracion que recogera ~~tologicamente las principales novelas de la época y tematica revo,
lucionarias.
Cuando el año pasado apareció la nov~:ª de Carlos F~entes La · región más transparente (Colecc10n Letras Mexi~ana~ Fondo de Cultura Económica, México, 1958), algmen
afi;mó que con esta novela se abría un nu~vo_ciclo de~tro de
la novelística mexicana; que se cerraba, as1m1smo, el ciclo de
la novela de la Revolución y que se abría el de los efectos, logros y consecuencias de la misma. Sea esto verdad o no, el
caso es que sí se puede afirmar que ya se dió la etal!a de_ los
clásicos en la novela de la Revolución. Los autores mclmdos
en esta .antología reúnen dos cualidad~s que nos obliga~ a
calificarlos como clásicos dentro del genero: una expenencia literaria consumada y su calidad de testigos participantes, 1a mayoría de la~ ,veces, e1: 1~ Revolució~., ~ariano A_zuela ejeréió su profes10n de medico en el eJercito de Villa;
Martín Luis Guzmán, fue . coronel y secretario del Caudillo
del Norte; Vasqoncelos, interviene decididamente en_ la_ política de la Revolución, aunque después guarde resentimientos
contra esa misma revolución a la que él contribuyó y a la que
entregó lo m.ejor de s_í; Agustín Ve!-'a y Nellie Ca~pobello fueron testigos presenciales. Es posible que todavia el futuro
nos depare algunas sorpresas en este terreno y que puedan
aparecer nuevos autores, ya que la Revolución, en su etapa
militar,, no es un hecho tan remoto. Sin embargo, el interés

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inmediato por los hechos bélicos y por los problemas humanos derivados de los mismos ha decrecido para dejar lugar a
nuevos problemas, temáticas y tratamientos. La Revolución
hoy tiene una gran importancia como historia, historia auténtica y real que, así como encontró buenos novelistas, está
ahora encontrando buenos y excelentes historiadores.
Castro Leal en el Prólogo de esta Antología intenta una
definición de la novela de la Revolución, como reflejo de la
etapa militar de la misma, a propósito de lo cual afirma y
define: "por novela de la Revolución Mexicana hay que entender el , conjunto de obras narrativas de una extensión mayor que el simple cuento largo, inspirada en las acciones militares y populares así como en los cambios políticos y sociales que trajeron consigo los diversos movimientos (pacíficos
y violentos) de la Revolución que principia con la rebelión
maderista, el 20 de Noviembre de 1910, y cuya etapa militar
puede considerarse que termina con la caída y muerte de Venustiano Carranza, el 21 de Mayo de 1920". Este carácter y
limitación de la novela de la Revolución es lo que le da autonomía y personalidad dentro de la novela de todo el continente y lo que la hace irrepetible en cualquier otro ambiente,
geográfico y temporal. Es de notar, también, que en esta novelística existen rasgos autobiográficos y personales de los
autores que la convierte en una especie de memorias, ya que,
como hemos visto, casi todos los autores fueron participantes directos en los hechos de la Revolución. A esto, como es
natural, hay que añadir una nota distintiva más ; son, es cierto, novelas que exaltan una Revolución única en su género,
pero, al mismo tiempo, de ellas fluye una especie de desilusión y a veces de amargura. Principalmente en Vasconcelos,
el más amargo y amargados de todos los revolucionarios. Su
última novela, que está actualmente publicándose en una revista semanaria, titulada La Flama (Los de arriba) también
sobre la Revolución, es amarga y malintencionada desde su
mismo título.
Juan Antonio Ayala.
Dr. E. Romero, Tiranía y Teocracia en el Siglo XX, (Libro Mex., Editores, México, 1958), 230 páginas.
Entre los estudios que se han publicado últimamente
acerca de las alianzas entre las tiranías y las teocracias que
han parado, en cierto sentido, la marcha del hombre hacia la
conquista de la libertad, merece destacarse este modesto apor-

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Libros

te del Dr. E. Romero con su obra Tiranía y Teocracia en el
siglo XX, aparecido en los últimos meses de 1958 en las pre11r
sas de Costa Amic, en México. La obra se divide en dos partes: I.- España y II.- El mundo. En la primera parte se estudia, con abundante documentación, el proceso seguido por
el régimen actual para aliarse con los poderes espirituales
y capitalizar para sí todos los beneficios que pueden deriYarse
del ejercicio del poder. En una rápida ojeada histórica se
estudian los antecedentes históricos de la actual teocracia española, para exponer después las características de ésta y todas las consecuenias que ha tenido y sigue teniendo en el
campo económico, humano, cultural y científico. En la segunda parte, y con el ejemplo concreto del caso de España,
se estudian las formas que ha tomado actualmente en el mundo
la tiranía y la teocracia, coujugadas ambas para eliminar totalmente la libertad del individuo.
Esta segunda parte, por su contenido doctrinal y filosófico, tiene más importancia que la primera, dado que el caso
de España es ya suficientemente conocido en el mundo para
que se siga insistiendo en todo lo que allí ocurrió, lo que ocurre actualmente y lo que, por desgracia, ocurrirá en un futuro, que parece muy próximo. El caso de España es muy
especial y no es esta la ocasión de volverlo a analizar y desmenuzar en sus causas remotas e inmediatas. Bástenos decir
que España padece el mal endémico de la tiranía operando
a través de las clases privilegiadas que desde hace siglos han
capitalizado para sí el sér y el existir dentro de los límites geográficos. La segunda parte del libro, como ya lo hemos notado tiene una mavor trascendencia puesto que en ella, a
partir de la base ec·onómica, se analizan los resultados y los
efectos del caos económico que lleva al individuo a echarse
en manos del Estado y éste en manos de las teocracias. Aliados representan un peligro para el bienestar y para la libertad del individuo que es tomado como un instrumento o como
una pieza dentro de la maquinaria oficial, protegida y ~e~decida por ideas religiosas que deberían de estar al serv1c10
-del individuo, nunca a las .órdenes del Estado totalitario.
Creemos que esta obra del Dr. E. Romero es un documento y un testimonio angustioso de los momentos en que vivimos, en que todas las formas sociales, en un campo o en otro,
van derivando hacia la tiranía, en la cual se acoplan y subvierten los valores más sagrados, al ser éstos utilizados como
fostrumentos de dominio y de opresión.

Juan Antonío Ayala.

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Agustín Basave Fernández del Valle, Filosofía del Quijote (Un estudio de Antropolgía Axiológica), Espasa-Calpe
Mexicana, S. A., l a. edición (Colección Austral, No. 1289)
(México, 1959), 279 páginas.
La ya acreditada Colección Austral de la casa editora
Espasa-Calpe Mexicana, S. A., incluye en su catálogo una
nueva obra de n uestro compañero y amigo el Dr. Agustín
Basave Fernández del Valle, titulada "Filosofía del Quijote
(Un estudio de Antropología Axiológica)", que viene a aumentar la creciente bibliografía del autor de "La Filosofía de José
Vasconcelos", Existencialistas y Existencialismo" y "Filosofía
del Hombre", sus más recientes obras y en las que se nota la
marca de un pensar independiente, sincero y original. Es evidente que para una persona que ha hecho r epetidas confesiones de una apasionada profesión filosófica, El Quijote es uu
magnífico acopio de datos para estructurar con ellos una filosofía y llegar a conclusiones axiológicas que tienen mucho ver
con los problemas estilísticos y actitudes literarias de Cervantes. No es pues tan descaminada la empresa de intentar,
a estas alturas, el ordenamiento de los contenidos y categorías
filosóficas del Quijote y es ridículo, por otra parte, creer que
ya se ha dicho todo lo que se tenía que decir sobre Cervantes
y sus obras. Toda obra clásica tiene esta especie de, prolongación y re-creación a través de los tiempos : por eso, precisamente, es clásica; no nos olvidemos de aquella definición
de lo clásico que un día diera Juan Ramón Jiménez: "Clásico
es aquello que por haber sido exacto a su tiempo trasciende
y perdura". Y su trascendencia y perduración se da en la
re-creac-ión constante y amorosa en- los altos espíritus que se
identiiiean con los valores eternos de lo clásico. Y no nos
olvidc?1os tampoco de que hoy, con todo nuestro progreso
material, estamos muy atrás de los clásicos en lo que se refiere
a Yalores humanos. "Juzgamos ser mejores que los griegos
porque, aunque uo somos capaces de escribir esa soberbia trilogía clásica que es· la Orestía, sí podemos transinitirla por
radio" decía Sir Richard Livingstone. Creo yo, y también lo
cree Basave, que nos acercamos un poco al valor de los clásicos cuando intentamos re-crearlos y comprenderlos humana y
vitalmente.
Consideramos este libro de Agustín Basave como una recreación novedosa del espíritu de Cervantes y de su filosofía
de la vida, tomada directamente del ambiente español que le
tocó vivir. No hay autor que se pueda escapar de la red de
las circunstancias que lo ciñen a un horinte a una tierra a

'

'

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profesión filosófica, hace la siguiente afirmación en' la Introducción que puede y debe ser puesta en tela de juicio, afirmación que como veremos él mismo destruye y en la que no
cree definitivamente. Dice Basave que: "Hasta ahora, El Quijote se ha estudiado en su aspecto escuetamente liter~rio y
filológico, que no es, precisamente, en el que más resplandece
el genio de Cervantes". En primer lugar, el Quijote y la obra
toda de Gervantes no ha sido estudiada únicamente en el
aspecto literario y filológico, tal como afirma Basave, sino
que abundan y aún son mayores en número otros estudios
sobre Cervantes en los que se precinde de lo literario. Es
más, diría yo, que todavía no ha sido estudiado El Quijote
en lo referente a lo literario, entrando hasta las mismas raíces
de la concepción y de los motivos estilísticos de su,. autor.
Sin embargo, siendo en Cervantes lo más importante el aspecto literario, ha sido descuidado, hasta el punto de que Basave
llega a afirmar que "no es, precisamente, en el que más resplandece el genio de Cervantes". Lo cual no es ningún impedimento para que líneas más adelante él mismo estampe
las siguientes palabras que destruyen su anterior afirmación:
"La sustancia poética encerrada en el libro -actitud del héroe
y de los principales personajes, visiones de la vida humana
y del destino del hombre- se presta para la meditación filosófica". Ergo, es la poesía o la literatura (no vamos ahora
a desentrañar estos dos conceptos) la que presta materia para
la meditación del filósofo. Materia literaria o poética previa
al pensar del filósofo, por más que éste la quiera o pretenda
ignorar.

un ambiente espiritual y a las miserias y grandezas de su
raza. Sin quererlo, todos estos datos pasan a la obra literaria
y se organizan solos en el mismo cuerpo de la obra. Con método riguroso y exacta comprobación de detalles, Basave ha
organizado los materiales axiológicos del Quijote en los siguientes capítulos: I. Filosofía sobre el Quijote y actitud vital
hispánica; II. Talante, tiempo y situación humana. en Don
Quijote. III. El sentido de la. muerte de Alonso Quijano; IV.
Cervantes, España. y la. génesis del Quijote; V. Estructura y
composición del Quijote; VI. Realidad aparente y sub-realidad en el mundo quijotesco; VII. La. cosmovisión del caballero
andante; VIII. Vocación y trayectoria de Sancho; IX. El problema de Dulcinea; X. La. Filosofía de los valores y El Quijote; XI. El eticismo de Don Quijote; XII. Derecho y política
en El Quijote; XIII. Apreciación estética del Quijote; XIV.
.Cervantes y la poesía; XV. Vocación y destino final de Don
Quijote. ·
La introducción de esta obra es fundamental para su
comprensión total, ya que en ella están perfilados los fundamentos, propósitos e intenciones de su autor al fijarse en el
Quijote con una intención filosófica. "Me intereso en el Quijote -afirma-, fundamentalmente, porque en él encuentro un
valioso instrumento para el estudio del hombre. Tengo la certeza de que en esta obra inmortal de Cervantes está entrañada
toda una Antropología .Axiológica. Se me ha ocurrido proyectar mi "Filosofía del Hombre" en el Quijote. . . .Aunque
Cervantes no sea filósofo, es lo cierto que expresa artísticamente una profund¡¡, y peculiar visión del hombre. No tan
sólo se. trata del "horno hispanicus" -esfuerzo, coraje, ímpetu,
fe apasionada y enérgica, intensidad imaginativa, ideas que
se tornan ideales- sino del hombre en lo que tiene de más humano". Y más delante afirma de nuevo; "Mi estudio es primordialmente axiológico. Resulta bastante extraño el hecho
de que se haya intentado aún una comprensión de El Quijote
a la luz de la teoría de los valores".
Entre los capítulos mejor construidos señalamos especialmente los que se refierén a Talante, tiempo y situación
humana en Don Quijote', 'Realidad aparente y sub-realidad
en el mundo quijotesco', 'La cosmovisión del caballero andante', 'La Filosofía de los valores y El Quijote, núcleo de la
obra' y 'Derecho y política en El Quijote'.
Como no hay obra perfecta en este mundo, queremos también señalar en esta breve nota dos puntos en los cuales no estamos de acuerdo con su autor. Basave, en el entusiasmo de su

97

..

Otro punto en el que ya no están de acuerdo los actuales
comentaristas del Quijote es en afirmar, sin discusión alguna,
la religiosidad de Cerv..antes y su apego a los dogmas cristianos. El mote del escudo del impresor de Cervantes ha
dado lugar a muchas dudas y conjeturas, lo mismo que• todas
sus expresiones cuando se trata de cosas espirituales. Pero
esto no es todo. -Un investigador de la talla del Dr. Helmut
Hatzlfeld, profesor de la Catholic University of .América, en
Washington, afirma lo siguiente: "Las cualidades de Velázquez y de Cervantes aparecen, primero, con cierta luz negativa, particularmente donde habían continuado a pesar de su
interés por lo meramente humano, los motiyos religiosos de
su época. Si dan demasiado énfasis a los elementos piadosos
parecen mojigatos ... Si tratan de mostrar temas dogmáticos
con sinceridad, lo hacen de una manera caf"i indiferente, meramente técnica y su lenguaje, objetivo y frío, apenas despierta la adoración... La frialdad y el alejamiento de lo Divi-

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Libros

no de Velázquez nos hace pensar también en la objetividad
chocante de Cervantes, su falta de distinción, su indiferencia
y casi cínico positivismo in sacris . . . Los viajes de Cervantes
y Velázquez por Italia, el interés por el Ticiano y Rubens
de éste, y por Ariosto y Tasso de aquél, ciertamente oscurecen
su instinto español de religiosidad". Finalmente, creo que los
dos capítulos que se refieren a los valores estéticos y poéticos
de Cervantes, XIII y XIV, están un poco forzados dentro de
la estructura general de la obra, además de que operan con
conceptos anticuados y heredados de la antigua retórica.
En definitiva, Agustín Basave ha escrito un buen libro,
con auténtico rigor científico y con un orden que no es frecuente en esta clase de obras. Creemos que en la bibliografía
cervantina ha de tener un puesto honroso y que ha de ser
consultado con provecho por los amantes del Quijote y de la
Filosofía.

Juan Antonio Ayala.
Raúl Leiva, Imagen de la poesía mexicana contemporánea, Universidad Nacional Autónoma de México. Centro de
E studios Literarios (Imprenta Universitaria, México, D. F.,
1959), 364 páginas - 30 ilustraciones f. t.
Las infatigables prensas de la Imprenta Universitaria de
la Universidad Autónoma de ::\léxico nos ofrecen como primicia de sus trabajos en el año de 1959 un voluminoso libro del
escritor guatemalteco Raúl Leiva sobre la Poesía mexicana
contemporánea. Se compone esta obra de siete capítulos en
los que se estudian a los principales poetas mexicanos a partir
de Enrique González Martínez hasta Jaime Sabines. La materia de estudio ha sido agrupada en la siguiente forma: l.Los posmodernistas; II.- El estridentismo; III.-Los contemporáneos; TV.-Una mística solitaria; V.- Taller; VI.-Tierra
Nueva y VIL-La generación última. Sigue un epílogo, dos
bibliografías y una iconografía de los autores estudiados en
la obra. Nada decimos de la presentación del volumen ya que
sigue las normas de buen gusto, magnífica impresión y papel
de alta calidad, ya características de las obras publicadas por
la Imprenta Universitaria de México.
Debemos confesar, al comienzo de este comentario, que
nos habíamos entusiasmado con la idea de un libro que estudiara metódica y coordinadamente la poesía mexicana de los

Libros

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últimos tiempos, ya que, por una parte, el material que existe
es riquísimo y excepcional dentro de la poesía escrita en lengua española; por otra, hay una total carencia de buenos
estudios críticos, científicos y hechos con independencia. Crítica, la hay, pero es de aquella que Unamuno calificaba de
"visceral". Salvo raras y honrosas excepciones, son pocos los
estudios llevados a cabo en un material tan rico y de facetas
tan variables. Sin embargo, nuestro cutusiasuo inicial amengüó
bastante en cuanto nos sumergimos en la lectura -lápiz en
mano y con el ojo alerta- ya que, si no es un estudio superficial y falto de interés, carece de un tratamiento estrictamente estilístico y de un método rigurosamente científico,
impuesto en los estudios estilísticos y literarios por la llamada
Nueva Estilística, que ya comienza a tener peso en la investigación en los países hispanoahablantes. Falta un rigor en el
empleo de términos que ya tienen .su significado preciso, así
como en el abordaje estilístico y en estudio inmediato de los
hechos del 'habla' en cada uno de los autores. Impresiones
personales, crítica estimativa y subjetiva, preferencias por esto o aquello, no constituyen en el presente la esencia de la
apreciación estilística. Así, por ejemplo, encontramos los siguientes conceptos en la página 44: "El minutero incluye 28
breves trabajos en prosa, en los cuales López Velarde nos
dejó ávidos y poéticos trazos sobre sucesos y personas que
conmovieron su sensibilidad. Difícil es llegar a delimitar la
frontera que separa la prosa de la poesía en estós textos: muchos de ellos son viva poesía, arrobo candente que el lírico
sabía insuflar en las palabras..." Opera aquí todavía el viejo
concepto retórico del fondo y de la forma, por una parte ; y
por otra, el de oposición entre poesía. y prosa, como si ésta
excluyera radicalmente a aquélla. La prosa -es ya suficientemente sabido- es indifereute a la poesía o a la literatura -ojo
con esta oposición, poesía-literatura, que sí es cierta-, de la
misma manera que. lo es el verso. Son categorías totalmente
distintas que se ordenan en dos series: serie a) verso-prosa,
serie b) prosa-literatura o lo que es lo mismo, el hito para
catalogar o caracterizar la primera serie es el ritmo y la ordenación sintagmática, y para la segunda motivos y temas. Y
para que no haya duda alguna en lo referente a este punto,
me limito a las siguientes claves bibliográficas: Amado Alonso: 'El ritmo de la prosa' ( en Materia y forma en poesía, Madrid, 1955); Marjorie Boulton: 'The Anatomy of Prose' (Londres, 1954); Dámaso Alonso y Carlos Bousoño: 'Sintagmas no
progresivos y pluralidades: tres calillas en la prosa castellana'
(Seis calas en la expresión literaria castellana, Madrid, 1951)

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y, finalmente, Guillermo Díaz-Plaja: 'El poema en prosa en

España' (Barcelona, 1956). He insistido quizá un poco extensamente en este punto, pues el autor, en distintos lugares de
su obra, recalca esta falsa separación entre poesía y prosa
(Cfr. páginas 49, 60, 69, etc.).
A pesar de estos detalles, hay en este libro buenos estudios que pueden servir para la comprensión de la tónica poética de determinados autores. Creemos que el mejor de todos
es el dedicado a José Gorostiza y a su poema 'Muerte sin fin',
a juicio nuestro, una de las cumbres poéticas de la lengua
castellana que por sí solo justifica el predicamente de alto
poeta que es José Gorostiza. El estudio que le dedica Raúl
Leiva en las páginas de la obra que comentamos puede ser
una magnífica introducción para comprender el esquema total
y el desarrollo de este poema; como introducción temática
puede ser un magnífico instrumento para un estudio posterior
de todos los rasgos estilísticos que concurren a crear el tono
vital tan pujante en Gorostiza que -irremediable páradoja- se,
va trenzando en torno a la muerte. Destacamos también el
estudio de Octavio Paz, apuntes más bien de la personalid~d
del poeta que de su obra misma, dato importante si es que
se quiere tener una visión completa de ésta.
El tono general de todos estos estudios reunidos en la
obra de Raúl Leiva es demasiado retórico, vago a veces, lírico,
si con esta palabra queremos expresar 'imprecisión'. Hubierá
sido preferible una concisión mayor orientada hacia lo esencial. Son útiles los repertorios bibliográficos como guía para
futuros trabajos de· investigación.

Juan Antonio Ayala.

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