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                  <text>Bevl■ta de la Valvenldad de Naev• IM■

Pierre Sipriot, Una. charla. sobre la. querella del latín
• Gustavo Correa, lit-"'"'"""lismo Religioso en la.
Poesía. de Federico ~~· - L rea • Horacio Salazar
Ortiz, En el templo

Fernández, Periquillo

el de la.s GaJlinera.s • C rl Clerc, Las litera.turas
de Suaa. • Serge P. Dar

1 Humanismo de Oiro
esencia del dolor en
r

tar de Garcilaso de
netos de Otoño •

o V., El dulce lamen-

ga. • Lydia Nogales, Solawomi

Mrozek, El Proceso

Noticias • Libros

JULIO / SEPTIEMBRE DE 1959

A~O 2 / Segunda Epoca

��REVISTA DE LA UNIVERSIDAD DE NUEVO LEON

Revista de la Universidad de Nuevo León

Año 2, No. 3

Rector:

Julio/ Septiembre de 1959

Segunda Epoca

ARQ. JOAQUIN A. MORA

SUMARIO
Secretario General:

LlC. ROQUE GONZALEZ SALAZAR

Pierre Sipriot, Una charla sobre la querella del latín______ 5

Departamento de Extensión Universitaria:

Gustavo Correa, El Simbolismo Religioso en la Poesía de
Federico García Lorca_________________________________ 19

LIC. ROGELIO VILLARREAL

Horacio Salazar Ortiz, En el templo _______________________ 31
Sergio F ernández, Periquillo el de las Gallineras ___________ 33

Director de la Revista:

LIC. JUAN ANTONIO AYALA

Charly Cl erc, Las literaturas de Suiza.:. ____________________ 39
Serge P. Darmon, El Humanismo de Oiro Alegría________ __ 45
Juanita Soriano, Presencia del dolor en cuatro sonetos____ 51
Roberto Bravo V., El dulce lamentar de Garcilaso de la
Vega-------------------------------------------------- 55
Lydia Nogales, Sonetos de·Otoño___________________________ 65
Slawomir Mrozek, El Proceso ________________________ __ ____ 69

(Registro en trámite)

Libros _________________________________________________ 83

PRECIO DE SUSCRIPCION
UN Al\1O ( cuatro números)

Noticias ______________________________________________ 73

Dirección

En México: Yeinte pesos

Washington y Colegio Civil

Otros países : Dos dólares

Monterrey, N. L., México

�Pierre Sipriot /

UNA CHARLA SOBRE LA QUERELLA

DEL LATIN

N ADA

iguala en dignidad a la lengua latina. Fue hablaba por el pueblo-rey que le imprimió el carácter de grandeza única en la historia del lengua;e humano y que, incfuso las
lenguas más perfectos, no han podido imitar. La palabra majestad es
latina; Grecia desconoció esta palabra y fue precisamente por la
majestad por lo que Grecia se sometió a Romo en lo que respecta
o las letras y a la posesión de lo tierra. Nacida paro mandar, esta
lengua impera aún en los libros escritos por los que lo hablaron. Es la
lengua de los conquistadores romanos y de los misioneros de lo
Iglesia romana. Todos estos hombres sólo se diferenciaban en el fin
y en los resultados de sus acciones. Poro los vrimeros, se trataba
de avasallar, de humillar, de dominar al género humano; los segundos
venían o iluminarlo, equilibrarlo y salvarlo; pero siempre se trotaba
de vencer y conquistar y, por ambos lodos, siempre hoce su aparición
el poder
... Ultra Saromontos et Indos
Proferet lmperium . ..
Trajano, que fue lo última manifestación del poderío romano, no
pudo, sin embargo, llevar su lengua más allá del Eufrates. El Pontífice romano lo hizo extenderse hasta los Indios, Chino y Japón.
Esto es lo lengua de lo civilización. Mezclado con lo lengua de
nuestros podres, los bárbaros, supo refinar, suavizar ,y, por así decirlo,
espiritualizar esos idiomas informes que han llegado o ser lo que son.
Armados con esto lengua, los enviados del Pontífice romano fueron
en busco de los pueblos que no querían acercarse. Los que lo oyeron
hablar el día de su bautismo, después no lo olvidaron. Se puede
echar J)no mirado a un globo terráqueo y trazar uno líneo que pose
por donde esta lengua universal no se habló : ahí están los límites de la
civilización y de lo fraternidad europeo; más allá de eso línea sólo
se encuentra de común el parecido humano que, afortunadamente,

�Una Charla sobre la Querella del Latín

6

está en todas. partes. El distintivo de Europa es /a lengua latina. Las
medallas, /as monedas, los trofeos, /as tumbas, /os anales primitiv~s,
/as leyes, los cánones, todos /os monu'?entos nos hablan?en l~t,n,
¿es necesario hacerlos desaparecer o no intentar entenderlos. El s1~!º
pasado atacó todo lo más sagrado y digno de respeto y tamb,en
declaró la guerra al latín. Los franceses, que siempre dieron e/ tono,
se olvidaron de esta lengua casi por completo; se olvidaron de sí
mismos hasta e/ punto de hacerlo desaparecer de las monedas Y
daba Ía impresión de que no se daban cuenta de que era un delito
cometido, simultáneamente, contra e/ buen sentido europeo, contra el
gusto y contra la religión. Los mismos ingleses, tan sabiamente obstinados en sus tradiciones, comenzaron a imitar a Francia-lo que /es
ocurre más a menudo de lo que ellos mismos creen Y, si no me equivoco nunca lo creen; contemplad los pedestales de sus estatuas modern~s: ya no existe en e/las e/ gusto severo del que grabó /os epitafios de Newton y de Christopheweren! En lugar del noble leconismo
latino se pueden /eer /as historias narradas en una lengua ·vulgar.
El mármol condenado a charlar, llora por la lengua que antes lo
poseía con un bello estilo, que tenía e/ nombre más alto entre todos
los estilos y que desde la piedra se entregaba a la memoria de todos

los hombres.
En fin, una lengua mudable no conviene a una religión inmutable.
El movimiento natural de las cosas ataca constantemente a las lenguas
vivas; y sin hablar de los grandes cambios que las hace casi cambiar
de naturaleza, existen otros que no parecen importantes, pero que
sí /o son. La corrupción del siglo se apodera todos los días de ciertas
palabras y las gasta como para divertirse. Si la Iglesia hablara nuestra lengua, quizá, con cierto bello espíritu de descaro, daría a la
palabra más sagrada de toda la liturgia un sentido ridículo o indecente. Por encima de todas las conveniencias imaginables, la lengua
religiosa debe estar fuera del dominio del hombre.
Joseph de Maistre, Du Pape, liv. /, c. XX.

PIERRE SIPRIOT.- El humanismo, las humanidades,
estas palabras nos remiten a la herencia greco-lati1;1a, tal ?orno
lo acaba de recapitular el texto !le J oseph de l\Ia1stre, citado
más arriba. Estas líneas limitan la cuestión y nos ponen
ante la escuela y la universidad.
Se debe enseñar el latín. dice en resumen J osevh de
Maistre, porque es la lengua de la civilización cristiana, la
lengua universal de los sabios y la lengua del orden rol?ano,
de la patria universal que une a todos l_os hoJ.?br~s baJo un
oobierno intemporal, impersonal, un gobierno msp1rado por~ue se confunde con el movimiento de los mundos.

Pierre Sipriot

l

•

7

Aprender el latín, es aprender la esencia de las cosas, al
menos, la esencia de los cosas humanas; así como aprender
griego es un toque del milagro griego. He aquí la orientación del problema tal como ha estado sólidamente afirmada
hasta que las humanidades llamadas modernas han puesto
en duda esta forma especial de cultura. .. Esta ruptura se
produjo en el siglo XVIII, porque, repentinamente, se opuso
a la cultura mediterránea, tradicional, vuelta hacia el pasado,
hacia la herencia greco-latina, la cultura cosmopolita que
domina todas las lenguas vivas; los sabios escribieron en su
lengua patria y no en latín y la misma ciencia se democratizó
al interesarse en todas las invenciones técnicas; además la
Iglesia que condenó a Galileo e hizo de Descartes un hombre
prudente, es el adversario del desenvolvimiento de las ciencias y, al mismo tiempo, las lenguas vivas expresar toda esa
cultura que aunque se llame enciclopédica, no puede enseñarlo todo y debe escoger entre lo vivo y lo muerto.
A partir de aquel momento, en una civilización que quería
liberarse y partir de una base completamente nueva, la cultura antigua representó el peso· de la memoria, representada
por algunos literatos y universitarios que hacen alarde de
poseer una lengua muy hermosa. Cabezas demasiado llenas
contra las que sólo hay un remedio: el olvido que asegura la
libertad del espíritu para la nueva libertad que se crea esa
cultura que nace junto a nosotros, en lugar de ser algo' que
nos viniera del pasado.
No es difícil argumentar diciendo que el espíritu no es
un ser momentaneo, que vive al día. La cultura, como el arte,
está hecha de vueltas, de constantes reencuentros. El hombre que quiere ser moderno está presto a recibir toda clase
de influencias y, por lo tanto es un ser vulnerable; para
compensar esa fragilidad, debe volver hacia las fuentes estudiar los textos antiguos, estudiar todo en sus orígene~, si
es que quiere hallar un equilibrio mental, pues está demasiado aturdido por el relativismo intelectual.
Es evidente que el método que obliga al niño a recorrer
todas las etapas del aprendizaje se puede defender con suma
facilidad; se encuentra su fundamento en las leyes mismas
de la biología donde se sabe que la deformación del individuo sigue a las fases de la historia de la especie. Alain decía
que la física se aprende en los planos inclinados de Galileo
o en las esferas de Lagdebourg, más que en los experimentos
físicos resultantes de la física de Einstein o de Luis de Broglie. Se puede decir lo mismo de las lenguas, pero para que

�8

Una Charla sobre la Querella del Latín
Pierre Sipriot

este r etorno a las humanidades sea fecundo no debe consistir
en un ejercicio de la memoria, es una repetición sombría de
las reglas sintácticas.

'

He aquí en líneas generales los puntos de la polémica
que Jean Guehenno ha tenido el valor_ de provocar e~ u1;
libro reciente y en cuatro artículos publicados por Le F1garo
en 1953. EntÓnces, estos artículos provocaron vivas reacciones reacciones por otra parte injustas; la compresión de
sus' puntos de vista, las contradicciones de1~un~i~das en nuestros métodos de enseñar, demandan una Justicia mayor.
Quisiéramos abrir de nuevo esta po!émica concedit'ndo
]a palabra a Jean Guehenno y a F ernard Robert, profes~r de
la Sorbona, quien ha escrito una obra sobre el humamsmo.
No esperaremos que esta plática vaya a solucionar el problema· vivimos un nuevo Renacimiento y ya se sabe que los
"renadimien'tos" dan lugar a muchas contradicciones, porque en ellos aparecen nuevas síntesis culturales, cuya solución es difícil. ..
No pretendemos, pues, encontrar una solución, pero ~í
intentaremos buscar una solución intelectual. Es necesario
no olvidarse que en este momento muchos oyentes se estarán
preguntando interiormente: "Mi hijo, mi hija &amp;tendrán que
estudiar latín y griego? ¿No será un tiempo totalmente perdido ? ¿ O una cultura completamente desinteresada hará de
ellos unos seres aislados de los demás, capaces de sustraerse
al mundo del trabajo y de la técnica en que vivimos?"
He aquí algunas preguntas. Quisiera que nos diera su
opinión, en líneas generales, el mismo J ean Guehenno.
JEAN GUEHENNO.- Yo, por el momento, no respondería más que a la última pregunta: "¿ Tiene mi hijo que
estudiar griego y latín?". Habría que distinguir, se¡:rnramente, entre el griego y el latín. He aquí un problema que
por desgracia me ha sido planteado muchas veces y todos
esperan que yo r esponda: no, por los artículos que escribí
hace ya algunos años. En realidad, estoy confuso.
Lo primero que tengo que decir es que la enseñanza, en
Francia, está actualmente regulada de tal forma y que pesan
sobre ella tales prejuicios, que yo estimo necesario responder
a cualquier padre de familia que me pregunte: "Si su hijo
puede estudiar latín, que lo estudie, pero sólo desde el sexto
grado", porque nuestro sistema de enseñanza está organizado

9

de tal forma, nuestros prejuicios son de tal categoría que,
sistemáticamente, se relega a las clases de lenguas modernas
a los alumnos sospechosos de medianía.

.-

P.S.- Sí, los malos estudiantes van a la sección de lenguas modernas; por desgracia así se ha disfrazado aquella antigua práctica de prohibir a los hijos de los proletarios el
acceso a las clases de literatura. Por eso usted escribió y
con razón que "las humanidades no eran humanitarias".
J . G.- Exactamente. Y por eso creo que es muy peligroso decir o aconsejar a un padre de familia: "Ponga a su
hijo en la sección de lenguas modernas", pues se expone a
hacer vivir a su hijo en un medio escolar donde la emulación
no tiene lugar.
Ante esta situación, afirmo: "Si puede su hijo estudiar
latín, que lo estudie". Si, según mi opinión la universidad
fuera lo que debiera ser, entonces yo daría una respuesta
completamente distinta.
FERNAND ROBERT.- He notado que usted, a pesar
de todo, aconsejaría a cualquier padre de familia que envíe
a su hijo a la sección de letras clásicas; posiblemente será
porque según usted el medio intelectual que pueda encontrar en ella será mucho mejor para su desenvolvimiento intelectual que el de la sección de letras modernas.
J. G.- Precisamente es mucho más favorable por los prejuicios, puesto que hay una tradición que pesa mucho, sobre
todo en la universidad.
F. R.- iPero cree usted que actualmente esta diferencia tiene razones sociales o de fortuna?
J.G.- Es verdad. El estudio del latín es v lo ha sido
durante mucho tiempo una patente de burguesía.
0

J. G.- Sin embargo en estos dos años han cambiado
muchas cosas y me alegro de haber publicado mis artículos.
F. R.- Sería útil que M. Guehenno nos indicara su concepción de una enseñanza en la cual un muchacho bien dotado no tuviera necesidad de estudiar latín.
J. G.- Bien, yo le obligaría a que en todo el primer
ciclo sólo estudiara francés y matemáticas.
F.R- Dice usted francés y matemáticas, como Alain
dijo, imitando a Napoleón, latín y matemáticas.

�Pierre Sipriot

Una Charla sobre la Querella del Latín

P. S.- Pero, en cierta medida, siempre se piensa en otros
tiempos, en la enseñanza tradicional, cuando se decía ~u~ el
estudio del latín preparaba directamente para el conocimiento del francés, más puro, más estilizado y mejor construido.
J. G.- l\Ie obliga usted a confesar que no quiero que se
sospeche de mí. Se me atribuye, en este asunto, una posición
que no es exactamenta la mía. Yo he aprendido completamente solo el latín lo mismo que el griego. Esto, supone cierta pasión. Que después de esta declaración no se diga que
yo no estimo el latín ni el griego. Muchas veces lo leo hasta
en el tren, como decía Valery cuando afirmaba que el latín
estaba dos ,,eces muerto. Creo que comenzaría a creer en el
latín si me lo viera leer en el tren, aunque él creía que jamás
ocurriría.

F. R.- Usted dice que el latín esta muerto, dos veces
muerto. Xo, no está tan muerto porque usted. un humanista
como usted, se ha interesado por el latín y el griego. Y lo
ha hecho con pasión.

J.G.- Precisamente, lo que yo quiero salvar es esa pasión.
F. R.- Esto que usted quiere no se podría entender si
él estuviera totalmente muerto. Muchos de mis estudiantes
-lo he comprendido con mucha frecuencia- que han recibido una educación en letras modernas y que a continuación
se han decidida por los estudios literarios clásicos -por una
razón o por otra- han empr:endido -tarde el estudio del latín
o del griego, pero lo han hecho con éxito y, en muchas ocasiones, con rapidez y brillantemente. De este grupo es de
donde salen los futuros profesores. Una de las preguntas
que se hacen sobre mantener o suspender en nuestros estudios secundarios las humanidades clásicas, el latín y el griego
-les ruego me perdonen que haya mencionado el griego,
porque yo soy helenista y son las humanidades clásicas, Pn
su conjunto, lo que yo quiero defender esta tarde- una de
las preguntas que se hacen, repito, es ésta: si las humanidades sobreviven -y estoy persuadido de que sobreviviránno es necesario que así sea por el trabajo de los especialistas.
Suprimiríamos uno de los rasgos esenciales de la civilización
francesa, y aun de la civilización occidental, si el hecho de
estudiar el ·1atín y el griego entrañara e implicara inmediata
e irrevocablemente una especialización en los estudios superiores de letras y no presentara otra salida que la de perfeccionarse en letras y en gramática.

f

•

11

Si el latín y Pl griego llegan a sobrevivir dentro de la
civilización francesa, es preciso que sea en beneficio de los
futuros ingenieros, matemáticos, de los hombres que estudien
todas las demás carreras que no sean de letras y que recibirán de los estudios humanísticos todos los beneficios que todo
hombre puede sacar de estos estudios.

J. G.- Hay muchos puntos sobre los que estoy completamente de acuerdo con usted, como lo va a ver enseguida.
Yo creo que usted tiene estudiantes que comienzan a estudiar
griego y latín después de los dieciocho años y que lo aprenden mu:y bien. Esta es la orientación que yo propugno y
que defiendo. Compruebo que el latín está muerto; muerto
en sus mismos métodos de enseñanza. ¿Por qué? Pues porque se enseña con el espíritu del especialista. Y esto es lo que
me aterroriza, que las humanidades hayan llegado a ser como
una especie de técnica.
F. R.- Precisamente, ese carácter de especialización se
agrava cuando el latín y el griego cae en manos de gentes
que lo estudiaron tarde y que lo han de convertir en una
especie de oficio.

· J. G.- Por mi parte, compruebo que los que saben el
latín como lo sabían Diderot y Voltaire, recibirán su certificado de suficiencia de la Sorbona. Esto, señores, es muy grave. El latín es algo que pertenece a la cultura y nada tiene
que ver con la lingüística ni con la filología.
P. S.- Ésta es precisamente la síntesis de la enseñanza
que usted estudiaba; de una ~nseñanza que está integrada de
elementos completamente aleJados unos de otros, disociados.
J. G.- ¡ Qué razón tiene usted ! Pero lo incomprensible
es que sea precisamente la enseñanza misma de las humanidades, tal como se practica técnicamente en los liceos, la que
provoque esa tendencia hacia la ·especialización. No se estudia el latín para saberlo. Se dice claramente que no se trata
de aprender el latín para saberlo; se aprende el latín, dicen,
por su maravillosa disciplina intelectual; se sobreentiende, se
llega a admitir de antemano, que el latín no se aprendrrá,
que es imposible aprender!o y saberlo; pero añaden, ¡ qné
ocasión tan buena para estudiar la gramática! Esto es cierto
con toda certeza. El valor cultural de esta enseñanza se ha
p€rdido por completo. Por eso yo, personalmente, protesto;
amo demasiado todas estas cosas para aceptar que se envilezcan así. Y por esto me angustio cuando veo lo que se
hace y se está haciendo con el latín y, casi, con todas las len-

�12

Pierre Sipriot

l:na Charla sobre la Querella del Latín

guas antiguas: estudiarlas tarde. He comprendido, como lo
comprobaba Diderot en 1772, que la mayor parte de la gente
que estudia latín no llega ni llegará jamás a dominarlo.
P. S.- Si nos remontamos hacia los tiempos lejanos de
la Historia, a la época de las grandes invasiones, podremos
comprobar que cuando los bárbaros tuvieron su primer contacto con las humanidades, sabían muy poco latín, pero escribían un latín mucho más correcto que los pueblos de la Romania, que ya estaban hablando "patois".
J. G.- Diderot y Voltaire sabían latín.

..

13

F. R.- Pero, t no cree usted que ese proceso y ese método debe aplicarse también a otras materias Y ¿No es cierto
que existe una gran cantidad de materias en las cuales la
enseñanza no rinde lo que rendía hace algunos años ?
J. G.- Es posible que el rendimiento sea insuficiente
y muy bajo.
F. R.- Usted enjuicia exclusivamente el latín, pero hay
otras disciplinas en las cuales también se puede comprobar
una gran decadencia.

F. R.- Lo habían aprendido según un método que exigía determinados sacrificios que hoy no es posible exigir en
las clases y que si un profesor se decidiera a exigirlos, se le
impediría por todos los medios posible.

Los profes ores no pueden llevar a la práctica los ejercicios necesarios que son indispensables para el máximo rendimiento en la enseñanza porque quizá la enseñanza es el
oficio que hoy pide más sacrificios...

J. G.- La traducción es un ejercicio que ya no se practfoa. en las clases de latín. Unicamente se estudia gramática,
y se estudian penosamente algunas líneas de latín palabra por
palabra; los profesores gozan al encontrar dificultades gramaticales y gozan al explicarlas y las vuelven a explicar una
y otra vez. Se ha renunciado por completo a traducir que
era el trabajo más importante del latinista en el siglo XVIII.
Remito al libro Traité des Etudes de Rollin, que es un libro
que todos deberíamos leer. Yo hablo apasionadamente de estas cosas por el cariño que hacia ellas siento.

J. G.- No, no es el oficio que requiera más sacrificios.
Un profesor titular de liceo tiene todo orientado hacia el
latín; el latín continua siendo - y este es el erorr- el latín
continua siendo en los liceos la base de todo el horario· se
comprende que hay que asegurar la continuidad de la e~señanza del latín durante seis años; todo lo demás vegeta y
gira alrededor del latín.

¿ Cómo se enseñaba el latín en el siglo XVIIH Rollin

recomendaba, por ejempld, el siguiente ejercicio: encargaba
a sus alumnos una traducción de Plinio el Joven; les daba
una traducción elemental y les decía: "Ahora trabajad durante dos horas en este trozo de tal forma que encontréis en
francés las formas adecuadas de expresión y tan brillantes,
tan notables como son las formas latinas ante las cuales estáis
y buscad pacientemente el pensamiento y el contenido de la,s
mismas ... " Así es como se llegaba a ser Voltaire.
F. R.- Esos ejercicios no están hoy prohibidos en forma
alguna.
J. G.-Y o no digo que estén prohibidos, sino que ya no
se practican.

Además, mis opiniones sobre esto son opiniones extraídas
de la realidad, de los hechos que yo tengo constantemente
ante mi vista. Y o he sido profesor suplente de retórica toda
mi vida.

Es cierto que se han disminuido las horas de latín, pero
no en tales proporciones que explique la baja extraordinaria...
F. R.- Esto puede muy bien ser una explicaciói1.. .
Los horarios son los mismos que cuando yo hice mis estudios de secundaria, pero han sido sensiblemente disminuidos
en cuanto al contenido y además los alumnos tienen otras
materias.
J. G.- Ese es todo el problema.
F. R.- Hemos llegado al punto del problema que según
yo creo es el más imporºtante.
J. G.- He aquí lo que nos interesa : t, por qué han llegado
a ser tan flojos los estudios del latín ? Yo creo que por
razon técnicas. Creo que se ha cometido un error al enseñar
el latín más como una técnica que como humanidades: el
valor cultural está considerablemente disminuido. Pero no
creo que est~ sea la razón principal. Yo más bien afirmaría
que esta enseñanza técnica, esta especie de enseñanza técnica
gramatical y sólo gramatical, es uu resultado . .. Quizá no se
pueda hacer otra cosa y esto es lo grave; posiblemente, los

�14

Pierre Sipriot

l.:'na Charla sobre la Querella del Latín

profesores no pueden hacer otra cosa, no tienen tiempo. Los
alumnos son tan débiles -lo saben los maestros- y además
tienen otras ocupaciones.
Puedo resumir y con,cretar mi posición sencillamente : creo
que es inconcebible que actualmente, en 1958, el latín sea un
criterio de inteligencia. ¡ En ese punto estamos todavía! Se
sobreentiende que un alumno inteligente tiene que estudiar
latín y que otro que no es inteligente no debe estudíar latín.
Y o creo que el latín es un criterio de inteligencia como lo
puede ser cualquiera otra disciplina.
.Aquí es donde ya no estoy de acuerdo. Comprendo muy
bien que en el siglo XVII o XVIII, cuando el latín a la vez
era un medio de enseñanza y un instrumento del pensamiento
(puesto que se hablaba y se escribía en latín), comprendo
muy bien que en ese tiempo se le haya podido considerar
como un criterio de inteligencia; aun hombres como Ronsard,
como du Bellay no estaban completamente de acuerdo, porque entonces las cosas se decían con una elocuencia admirable, sobre todo desde 1550. Estas mismas cosas fueron repetidas por Diderot y Voltaire en el siglo XVIII y ahora lo
vuelvo a preguntar yo, porque compruebo que el latín no
puede ser un criterio de inteligencia. Y lo digo porque amo
el latín, lo he amado con tal pasión que lo estudie por cu~nta
propia y porque, además, no quiero que se pierda. Yo qmero
que el latín se enseñe para que los alumnos lo aprendan, para
que las gentes lo aprendan y lo sepan verdaderamente.
Y compruebo que ya no se sabe latín; oero quiero que
la cultura latina, que el estudio mismo del latín sea una cosa
tan seria que los que deseen aprenderlo, aunque sea tarde,
a partir del segundo ciclo de la secundaria, lo estudien de
veras y acaben por saberlo.
F. R.- Pero yo sigo pensando que el ensayo del latín
puede ser un buen medio -no digo el único, pero sí un buen
medio para saber si un niño es capaz de hacer estudios más
difíciles.
J. G.- Sobre ese punto, que sea un criterio, "uno" de
los criterios....
F. R.- Y puede ser uno de los buenos. Hay ciertos criterios que se han empleado y que se parecen un poco a la
brujería. Este, el del latín, es ya tradicional y experimentado.
J. G.- Pero y ¿ si ésta es una tradición muerta ?

15

F. R.- Una vez más, puesto que usted mismo es latinista: no es una tradición muerta.
f

.,

J.G.- Sí, pero corno usted comprende, aquí no estamos
tratando de los profesores.

.-

F. G.- Bien, de toda esta conversación lo que yo he sacado es que se está perdiendo el latín porque se ha vuelto
demasiado técnico y encuentro que esto está en contradicción con.. .
J. G.- Y o no he estudiado el latín ni el griego como
una técnica y además nunca me he puesto a enseñarlo .
F. R.- Pero no es necesarío que sea una técnica.

,J. G.- Yo jamás lo he enseñado como una técnica. Yo
no soy quien ha creado esa técnica y a esto se ha r educido
toda la enseñanza superior y toda la secundaria.
F. R.- ¡ Señor Inspector General!
J. G.- Cuando usted toca un cadáver comprueba, y todos lo podemos hacer, que está muerto; muerto por vez primera y última y además muerto definitivamente. Esto es un
hecho, nada más que un hecho. Pero hombres como Joachim
du Bellay, como Ronsard, como Voltaire, como Diderot resucitaron este muerto y sólo pensaban en resucitarlo. ¡ Ellos
no iban en busca de formas especialmente raras de la gramática o de la sintaxis! Estaban interesados en descubrir cuándo
el sentido expresaba precisamente la plenitud del sentido, si
es que me puedo expresar así. ¿Es que un hombre como du
Bellay iba a ir a buscar en el De Oratore lo que podía encontrar en todos los libros? ¿ Qué era lo que buscaba 1 ¿Las palabras latinas o griegas ? Deseaba con todo su corazón (lo
dice en el segundo capítulo del libro que he mencionado) que
no se fuera a buscar palabras sino que se pudiera traducir
de tal forma que en esos t~xtos se aprendiera la mejor forma
de pensar.
Y esto, no era darse de golpe contra este o aquel detalle
del texto.
F. R.- Pero precisamente para encontrar en los textos
la fuerza del sentido, es por lo que queremos que los estudios clásicos, los estudios humanísticos, sean un aprendizaje
del arte de leer; en esto consisten en definitiva nuestros estudios literarios. Y querernos que los estudiantes aprendan
a leer a través de los ejercicios fundamentales del latín y
del griego.

�Pierre Sipriot
16

Una Charla sobre la Que1·ella clel Latín

J. G.- Pero yo creo y esto . ..
F. R.- Y ese es el objetivo de muchos profesores. Y es
que, además, usted no cree que una de las grandes razones
por las cuales la enseñanza no puede producir el efecto que
producía antes, es que los profesores tienen que atender a
clases mucho más numerosas y que estos ejercicios son. ..
J. G.- ... para salvar a las humanidades, según decían
los hombres que cité hace poco y entre ellos a du Bellay:
no es preciso atenerse a la letra de las cosas; no es preciso
atenerse a la letra del griego, sino echar mano de las traducciones en todo lo posible. Y o no quiero que mueran las humanidades. Nadie como yo cree en que la humanidad, la cultura están hechas de grandes referencias, nadie conoce como
yo las constantes del pensamiento. Un hombre de cultura
tradicional como yo está constantemente preparado, muy preparado, para captar esas referencias.
1

•

F.R.- Pero ¿ está usted completamente preparado para
renunciar a las ventajas que tiene la traducción en la formación del espíritu ? Porque esto es importantísimo y de
esto, según creo, puede resultar que el espíritu se abra, que
es uno de los aspectos esenciales de la cultura.
J. G.- Nunca he pensado en eliminar tal medio de trabajo, tal instrumento de cultura. Y es tan cierto que yo mismo me he quejado de que ya no se traduce. Yo quisiera que
se tradujera, pero ya no se traduce. Pero añado que no creo
que sea el único medio de formar el espíritu. Es más, me atrevo
a decir que traducir del alemán, del ruso, del inglés, del español, traducir cualquier lengua moderna, es estar dentro del
campo de las humanidades que también tienen sus grandes
mitos y sus grandes fábulas. Es muy útil conocer el mito de
Edipo, pero afirmo que el mito de Fausto tiene tanta importancia, como la tiene el de Hamlet. Y, además, que es muy
útil haber leído Los hermanos Karamazov, Crimen y Castigo
y El Idiota, mucho más útil que haber leído las malas novelas
griegas que se han conservado.
F. R.- Es cierto (pero nadie ha hecho leer en clase de
secundaria las malas novelas griegas).
J. G.- En fin, con otras palabras, yo creo que usted se
propone, y esto a fines de 1958, ( como inducido por unos
hombres de los que los verdaderos griegos y latinos se reirían ) enseñar a un niño en 1958 muchas cosas para señalarle
su destino y prepararle para la libertad. Esto no lo tenían
que hacer en el siglo I antes de Cristo.

..

17

F. R.- Usted está tratando de oponer cosas que se complementan y cuyo efecto no es el mismo. El estudio de las
civilizaciones extranjeras destaca las diferencias humanas, lo
que cada civilización tiene de particular, lo que le es propio,
mientras que el estudio de las civilizaciones lejanas nos habitúa a la idea de la permanencia del espíritu humano, de lo
que éste tiene de universal. Yo creo que son dos cosas completamente indispensables, no opuestas.
J . G.- Pero, Sr. Robert, yo no he afirmado que se deba
renunciar a ambas cosas. Sólamente por la preocupación de
que se salven, es por lo que digo que se comienza muy tarde
a estudiar humanidades clásicas. Yo no quiero que estas cosas desaparezcan.
F. R.- Pero si usted sueña en salvarlas, es que no están
completamente muertas.
P. S.- Bueno, al comienzo de esta discusión habíamos
preguntado si un niño debe estudiar latín. Yo creo que ustedes dos están de acuerdo en responder afirmativamente, pero
siempre que se aconseje al niño y a los padre que tomen toda
clase de preocupaciones. Que tengan conciencia...
J. G.- ¡ Que no se encaprichen! ...
P. S.- Que tengan conciencia también de que la enseñanza del latín forma parte de un cuerpo general que son
las humanidades y que es además necesario integrar estas
disciplinas para sentar las bases generales que conciernen a
la cultura, las aventuras del espíritu humano, la historia
general de la política, la historia de los hombres y que para
esto la enseñanza del latín es muy valiosa. Evidentemente,
Pl proceso de Jean Guebenno rechaza ciertas formas del estudio del latín, pero no apunta más que al análisis gramatical,
al estudio de las palabras desprovistas de todo sentido. Yo
creo que todas las formas y métodos de enseñanza que están
ligadas al destino de la humanidad, están en oposición a la
esterilidad del espíritu, a la pereza, que nace en cuanto las
palabras ya no tienen sentido y que sólo son una carga que
nada tienen que ver con la cultura.

�Gustavo Correa / EL SIMBOLISMO RELIGIOSO EN LA
POESIA DE FEDERICO GARCJA LORCA

L.\.

poesía en general puede ser simbólica en su más amplio sentido, es decir, como expresión de
una realidad interior que cobra forma y logra adecuada estructuración en la totalidad de la obra de arte. En este plano,
el estudio de las formas simbólicas de una poesía coincidiría
con el examen específico de estructuras integrales acabadas.
En contraste con este concepto de simbología formal, se encuentra el de símbolo en su acepción semántica tradicional.
En este sentido cada poeta recurrirá en mayor o menor grado
a un sistema de símbolos como una manera de dar expresión
a sn mundo personal. Los símbolos incorporados por un poPta
a su propia poesía pueden ser los llamados símbolos naturales
como el fuego y la luz, símbolos culturales cargados de hondo
sentido en virtud de la tradición que hay detrás de ellos y
del contexto cultural a que pertenecen, o símbolos estrictamente personales dotados de una significación exclusiva y
a veces esotérica.
Los símbolos que denominamos culturales se han hallado
con frecuencia presentes en la poesía de todas las épocas.
Las dos grandes vertientes que han enriquecido constantemente la literatura de Occidente desde la Edad Media hasta el
día de hoy son, por una parte, la tradición mitológica pagana
y, por otra, la religiosa del Cri~tianismo. Cada período utiliza
estas dos tradiciones en diversidad de maneras y con mayor
o menor grado de intensidad, y los poetas las transforman
característicamente al incorporarlas dentro de su mundo personal. Pero aun dentro de esta específica desviación individual, el símbolo sigue contando con una base semántica de
universal significación, gracias al contexto cultural en que
se halla situado. Los símbolos religiosos, por ejemplo, pueden
ser asimilados en su significación primaria, como en la abundante poesía religiosa de todos los tiempos, o pueden sujetarse
-19-

�20

Gustavo Correa

El Simbolismo Religioso en la Poesía de Fedel'ico García Lorca

a la desviación impuesta por sistemas exclusivamente p ersonales, cada vez más distanciados de toda significación religiosa, como es el caso de un amplio sector de la poesía contemporánea. Por su larga y amplia tradición cultural, los
símbolos religiosos están cargados de una peculiar densidad
semántica que los hace especialmente aptos para definir estados d e conciencia particulares, o para traducir exp eriencias
líricas de matices múltiples y diversificados. Al seguir la
huella a los símbolos religiosos en la poesía de Lorca, nos
proponemos, pues, examinar los varios aspectos que toman
dentro de su mundo poético, la manera como sirven de cauce
a manifestaciones varias del sentimiento lírico, las modalidades estilísticas a que dan lugar, y por último su significado
dentro del mundo de las formas poéticas del autor.
En el Libro de poemas, primero de la producción poética
de Lorca, aparece toda una gama de matices vinculados al
simbolismo religioso tradicional. No hay duda de que el juego libre del espíritu en esa época de la adolescencia del poeta
y su primera juventud, se dispara en multitud de direcciones
que coinciden con el tumulto indeciso y apasíonado d e una
mente en busca de equilibrio y d e un mundo adecuado a
su específica personalidad. De ahí las actitudes varias que
advertimos desde la atormentada duda religiosa y la rebelión
contra los símbolos tradicionales, hasta el canto exnltante de
retorno a estos mismos símbolos. Veamos más en detalle sus
variadas proyecciones en este primer libro de poesía.
Y a desde el segundo poema de la colección "Los encuentros de un caracol aventur"ero" (101-106) (l ) aparece la nota
de escepticismo y d e duda metafísica en medio de la tierna y
humorística fábula del caracol, las ramas y las hormigas. El
diálogo de estos pequeños allimales tiene como función precisamente la de plantear el misterioso interrogante que llena
de confusión a esta reducída sociedad de seres minúsculos y
olvidados. El "/, Crees tú en la vida eterna?" de una de las
ranas y la contestación negativa de la otra, quejándose de
la indiferencia de Dios, que no ha_ oído sus cantos de súplica
durante su vida, da la nota de escepticismo religioso al poema. El caracol, aturdido por este encuentro inesperado, resuelve renunciar al afán de conocer el final de la senda. El
tono de interrogación obsesionante se continúa en "Canción
otoñal" (107-108) con una serie eslabonada de preguntas acerca del más allá, de la esencia del amor y del bien, y de la
existencia de una posible vida de ensoñación propicia para la
poesía. Tnterrogaba e1 poeta: "¿ Se deshelará la nieve/ cuando
la muerte nos lleva ?/ O ¿despu és habrá otra nieve/ Y otras

,,

21

rosas más perf~ctas ?" Del rscepticisrno y la duda el poeta
pasa a una a ctitud de franca rebelión contra la Divinidad
La jus_tificación de esa actitud se revela por la impasibilidad
q~e D10s muestra ante el dolor y el destino de los hombres.
D10s no solamente no qníer e el bi en de la humanidad, sino
que se complace en buscar su mal. En su mansión celeste
"Jehová_ acostumbra/ sembrar su finca/ con ojos muertosÍ
y _ca?ecitas/ de sus contrarias milicias" (141 ). La luna se
ah~ra e1~tonces 1~, Osa l\Iayor que a modo de un Lenín revoluc10nano vendra a dar su abrazo/ de despedida/ al viejo
enorme/ de los seis días" (142) . En "Elegía del sílencio" el
poeta conmina al silencio para que aceche el momento en que
Jehová se halle dormindo y le quiebre un "lncero" en su cabeza, ac_abando_ así con, _la música eterna, y pudiendo fl volwr
a _su ongen. pnmero: ·donde en la noche eterna,/ antes que
;;&gt;10~ y e,~ tie~11po,/ _ 1~1~nabas so~egado" (145 ) . En el poema
Prologo. la, 1mpasibihda~ de Dios que sigue dormido a pl'sa.r
de :as gntenas y blasfemias de los hombres, provoca las acusaciones, las protestas ardidas y las amenazas. Pregunta el
p~eta "¿!{as que~ido/ }ugar 1omo si fuéramos/ soldaditos?/
~une. senor,/ i D10s 11110 !/ ;, No Jlega el dolor nuestro/ a tus
01dos ?/ ¡,_No han hecho las blasfemias/ Babeles sin ladrillos/
para. henrte, o t e gustan/ los gritos ?" ( 168 ) El corazón va
pod~id~, c~m? _un "membrillo otoñal" no puede esperar r.i°ás
la suphca muhl, y se entrega a Satanás que ha estado acechando como fiel compañero ante la ruina se()'ura de la ino.
•
"
b
ce1l('Ja prnnera: ~en. Satanás erran te,/ sangriento peregrino/
ponme la Margarita/ morena en los olivos/ con las trenzas
~e noche/ de_ estío,/ que yo sabré encenderle sns ojos pensatJ_vos/ con mis besos manchados/ de lirios". El poeta consc1~nte de _e~ta actitud de rebelión y de entrega al enemigo de
D10s, anticipa su castigo y mísera rond ición en símbolo del
mar, el cual como un "Lucifer ele azul", se halla ahora "condenado/ a eterno movimiento" (202). La humillación de este
"form~dable Satá_n" encuentra 1 sin embargo, una fuerza que
lo red!~e en la d10sa del amor parida ele sus mismas entrañas.
Tamb1en el, hom br~ c~~ina por esta ti~rra como en un "probable / ~a~aiso perdido (203) . El satamsmo se apodera al1ora
del espiritu del poeta y surge el símbolo del "macho cabrío".
En el poema titulado "Sneño" (203-204) el poeta prosigue
su carrera, caballero en este animal, desatendieuclo las llamadas del cisne y la serpiente que salen a su paso. A la llegada
de la noche en medio de la oscuridad, "los ojos luminosos y
azu!ados" dr su "caballo fantástiro" le alumbran el camino.
El poema "Macho c~brío", último de la colección, es un himno
exultante a este ammal, que se presenta como persouific;ación

ª,

�22

Gustavo Correa

El Simbolismo Religioso en la Poesía de Federico García Lorca

de la lujuria. Su categoría de dios en la Grecia antigua y su
reafirmación diabólica en la época medieval se conjugan para
traducir el misticismo de la carne con total olvido de la voz
divina e inmersión completa en las fuerzas del mal: "¡ Salve,
demonio mudo!/ Eres el más/ intenso animal../ :Místico eterno/ del infierno/ carnal. . ."' (217) .
También la actitud contraria es evidente en el Libro de
poemas. El tema del retorno se perfila en "Balada de la placeta", cuando el poeta clama a Dios para que le devuelva su
"alma antigua de niño/ madura de leyendas,/ con el gorro de
plumas/ y el sable de madera" (178). El tono de arrobamiento poético en ''Los álamos de plata" (193-195) es una búsqueda de Dios a través de la inmersión en la naturaleza. Una
vez que logramos "arrancar las estrellas que nos puso Satán",
l1ay que adoptar una actitud de mística humildad y comprensión que nos permita compenetrarnos con lo eterno: "Hay que
ser como el árbol/ que siempre está rezando,/ como el agua
del cauce/ fija en la eternidad !" (194). En esta atmósfera
propicia de contemplación y de plena comunicación con la
naturaleza, aparecerá nuevamente la visión de la Divinidad:
"Desaparecerían ciudades en el viento./ Y a Dios en una nube/
veríamos pasar" (195). La llegada de Dios a través de la
naturaleza nos sumerge en una atmósfera de panteísmo que
se hace expreso de varias maneras, y en particular con la
identificación de fenómenos y realidades naturales con ciertos
atributos divinos. El canto al agua, por ejemplo, en el poema
'·l\1añana" (118-120), alcanza una exaltación mística, al ser
aquélla identificada con el propio Dios a través del sacramento del bautismo: "¿·Qué es el santo bautismo/ sino Dios
hecho agua/ que nos unge las frentes/ con su sangre de gracia?" El viento, por su parte, es la propia voz del infinito:
"-Yo soy todo de estrellas derretidas,/ sangre del infinito"
(2029). Su amplitud cósmica actúa a modo de "incensario"
de "cantos desprendidos", y en su esencia va la "carne y alma
de Cristo''. La fruta como la granada. es una cristalización
de ''sangre del cielo sagrado" (185), en oposición a las vides
que son lujuria "que se cuaja en el verano" (184). La espiga,
en anticipación a la "Oda del Santísimo Sacramento del Altar", "es el pan. Es Cristo/ en vida y muerte cuajado" (184).
El manantial con su voz perpetua es encarnación del propio
Verbo sobre la tierra y su aparición entre las breñas es similar al nacimiento inmaculado de Cristo: "Era un brotar de
estrellas invisibles/ sobre la hierba casta,/ nacimiento del
Verbo de la tierra/ por un sexo sin mancha" ( 198) . La voz
panteísta que obsesiona al poeta se deja también oír con misticismo religioso en "El canto de la miel" (125-126) . La es-

23

trofa inicial de este poema nos revela toda una d t .

f

,

!::r~}/;n~~f~i'.t~if;~it~f! ;: ~~/~t~¡

?!si~

ªJt:;ir~~:i:~f
paraíso". E
11
a ~ nectar, la momia de la luz del
. u e a se conJUO'an espíritu y mate . "
la hostia cuerpo y luz de Crist "
. ria como en
secreta voz del mundo de la o ; Pero la miel es también
funclidades líricas. "El q tpoesia Y lleva el sabor de pro.
ue e gusta no sabe que t a()'
¡
r~sumen dorado de lirismo" (126) T d
r, 0 ª un
riv~ en última instancia de una a~tit:d ºp:i~~J:nJ:i~m; ~ecamsmo ante el universo ent
r ncisla gama de seres sencillos {:~i que acog~ ~n su interior toda
es "franciscana" porqu u'
ldes Y mmusculos. La lluvia
e eva en sus gotas "almas de f
t
car~s Y humildes manantiales" (123) y h t 1
uen es
olvidados por el propio hermano Fra . .
~s.ª os, gusanos
quejumbrosa pero a la vez afir
. ncisco eJan 011' su voz
mo de otoño" (209-21 ).
mativa como en el poema "Rit3
en e?ll~~oaie~~:;~ ~a uiilizac~ón_ de los símbolos religiosos
lo vital y su incorporaci~~ a~\~~:ec:~::~sci~ la afirmación de
se halla el poema "Ele()'ía" (127_199 )
co. _En e_ste plano
espera el florecimientoº de su eu;r a una muJer ':'1rgen que
anticipación de la tragedia Yerm Pº. Y que co~stituye una
ver cumplida la urgencia vital d8;
~fotagomsta no logra
1
~~;;:~~ {:m;i/eli~i~~o del poema
~al~:seal~~d~i:: ~:rel~

~UJ;

~:~~~iªg:I~:u'

~~~e;r:f

~~

tr~~1¡;1:~:~~.:~tato~:!eI::1 ?st~~tl:~t~:i

~iir ª1:di~~!:: ~~~~ac:~afnJe°1:nh;g~~s es~;ri::::'~ 1!!t~b':J;;
cósmicas· '\, como la Vir()':~s¡iiesue m~~ico de repercusiones
senos otr·a vía láctea" p º
aria pu ieras/ brotar de tus
incensario lleno de d~seo!~º•p!r!esar de_ pfasearse com? "un
La Y' L' t
anece m ecunda y Vll'O'en
ia . ac ea se halla vinculada también al s' b l
r '? .
de Santiago, de particular im ortanci
im ? o re ig1oso
El poema "Santia()'o" 030 13~ )
!1- en la poes1a de Lorca.
del Santo forjada ~ara niñ~s v rtºs rntroduce en la leyenda
noche estrellada. El caballero ctsª ~n lo~. esplendores de una
astral v d " . .· ,,
mico, ~mete en un caballo
, • a e peiegrmo por el sendero infinito d 1 . 1
aparece como "una c· t / d
.
e C'Ie o que
1 1
d 1
m a e po1v1llo harinoso Y espeso" A
a wra e a madrugada camina en la r
d
.
cósmico que SP confunde con la b, d
Y upa " e un 1caballo
4ue_b~rilla en el fond?/ en cat:~10ª a~i~t; :co~~ ~ 1\fet~:?,·
posi e que sea este eJemplo u110 d 1
. . . ·
en la &lt;'onstitución del símb l
't' e ods arranques m1c1ales
f
.
o o m1 ico el caballo que c
recuencia adquiere presencia cósmi&lt;'a en 1a poes1a
, d e L orca.
on

i~

~f

�24

E! Simbolismo Relig ioso e n la Poesía de Federico Garcin Lorca
Gustavo Correa

En su libro siguiente, Poema del cante jondo, las ~voc~ci~nes relirriosas adquieren nn matiz unitario de especial s1gmficación0 alrededor del símbolo de la c~. El poeta que ya
ha superado los estadios prime~o~ del Libro de poe~ comienza a rncontrar formas orgamcas de mayor amphtu~ Y
relieve con una tonalidad definida. Tal es este segundo hbro
que nos introduce ya en el mu_~do lorquiano de ~us produ.~ciones principales. Esta colecc1011 d~ poemas est_a caracteu zada por el grito líric-o que da expresión a las var.:ada_s coplas
gitanas qne surgen de la voz humana al aco~panam1rnt? _de
la guitarra. El ritmo como tema, ~orma, estilo y p~opos1to
es la esencia ele esta poesía. El ¡:mto lleva la tonalidad de
la angustia provocada por el permanente acecho ~e la m_nerte sobre la vida del hombre. Es así corno la c~uz '_'IPI~e. a 1~·~acliar un simbolismo preñado de honda y prrc1sa s1g~1f1cac1on.
En primer término aparece la visión de las procesiones con
sus pasos de semana sa!1ta y el _fervor de ~as ~ae!as que salen
lisparadas de la multitud l1aeia las v~i:ias 1magenes de ~a
lnorión. "Gna de éstas es la del Crurif1cado que en medio
le su tortura lleYa los rasgos de una figura andaluza vinculada a la "tierra tostada" por donde pasa: "Cristo moreno,/
c·on las auedejas qnrmadas,/ los pómulos sal ientes/ y l~s
pupilas blancas'' (236). La visión metafórica del ~ementeno
c·uajado de cruces aparece en una de estas procesiones a la
hora de la madrugada, cuando la marea humana avanza con
sus cirios y crnees: "Ventanitas de oro/ tiemblan,/ y e~ 1~
aurora se mecen/ cruces superpuestas" (234). En su sigmficación real de ce1mnterio la cruz aparece eonstantemente
recordando el final que espera a la pasión del amor. Las "C"~en
c-rnces'' del poema "De profundis" corresponden ~ los '_'cien
enamorados" que ahora "duermen para !&lt;iempre/ baJo la tierra
seca" (242), y a los "cien jinetes enlutados" del poema '_'Camino" que antes iban "al laberinto de las cruces/ donde tiembla el cantar" (239). El laberinto encnentra, pues, s_n eorrespondencia en el cementerio y sirve de tumba al ritmo que
llega hasta él. La encrucijada también
ser cruce de caminos es repre,;entativa de la cn~z y laberm_to donde cae seaada la vida humana. En tal virtud la gmtarra, de donde
;urge el ritmo, es p_ortadora_ de la idea de ~em~ntE&gt;~io: "En
la redonda/ encruci.1ada,/ sr1s doncrllas/ bailan (201). La
flC'equia sugiere la Yisión d_e un camino . inaca?,ado (_el de 1~
,·ida): "La cruz./ (Punto final/ del camino)/ Se nma en la.
acequia./ (Puntos suspensivos) " (254). En el_mismo ~zar de
las figuras de naipes, al mismo tiempo que senala el final c~e
~angre, sugiere el instrumento qur ha de efectuar la ~ra¡?ed1a
(tijeras): "As de bastos./ 'l'ijeras en eruz" (248 ). Fmalmen-

Pº:

23

te, en la tortura de la pasión amorosa el símbolo de la cruz
sugiere la idea de crucifixión con las heridas en las manos
que indican al mismo tiempo el desangre que lleva hacia la
tumba: ''En las manos,/ tengo los agujeros/ de los clavos./
(Xo ves cómo me estoy/ desang1·ando ?'' (232).
1!1n el Roma.nc~ro gi_tano est_a1;11os situados frente a aspectos duerentes del simbolismo religioso. Uno de ellos está constituido por el plano de la fábula en que quedan insertas todas
las imágenes de santos y arcángeles que pueblan el mundo
de la religiosidad gitana. Las figuras sobrenaturales están
allí muy cerca de lo humano dando expresión a los sentimientos Y emociones más íntimos, procedentes de un elementari_smo psicológico, en una atmósfera de ensoñación y de cándida fe. Tales son los tres romances de "San :\Iiauel" "San
R.afael" y "S an Ga brie
. l", y en particular
·
º eclesiás'
las figuras
ticas representadas por los mismos gitanos en el "Romance
de la Guardia Civil española". En este último el reino de la
fábula religiosa adquiere sus perfiles más co1{cretos v destacados. Los rasgos humanísimos se revelan en el moniento en
que el desfile es asaltado por los guardias civiles, culminando
la alegda de la fiesta en tristeza inesperada. Es entonces
cuando "San José, lleno de heridas,/ amortaja a una doncella", y cuando "La Virgen cura a los niños/ con salivilla
de estrella'' (382). El "San l\Iiguel" de la ciudad de Granada
aparece también como imagen de procesión con su Yestido
"lleno de encajes" y "con las enaguas cuajadas/ de espejitos
Y entredoses" (362-366). El "San Rafael" de la Córdoba romana engastado en líneas de dureza arquitectónica se baja
de su torre para buscar en las ondas del Guadalquivir un
mundo d_e ternura y de humanidad: "El Arcángel aljamiado/
de lenteJuelas oscuras,/ en el mitin de las ondas/ buscaba
rumor y cuna" (367). "San Gabriel" (368-370) deriva hacia
una nueya concepción del simbolismo relirrioso de Lorca en
l~ cu~l la Yida diaria gitana, la fábula reli¡¡osa y el acont~cer
c·osm1co se funden en un plano único de realidad. La anécdota narratirn que informa el romance reconstruve la escena
bíblica de la Ammciación con la intervención del Arcángel
que se halla en la torre de la catedral de Sevilla. Anunciae:1011 (la Yirgen ) es una gitana que espera ansiosa la llamada
del !mor. En n_oche de (l~minació_n lunar, oye los pasos del
A_rcangel, que viene de VlSlta y qmen no es otro que un gitamllo C'On '·st!s zapatos de ch~rol", _Y su figura "de junco".
En su a11unc10 de la llegada 111terv1ene el cosmos mismo con
música procedente de las estrellas: "Las estrellas de la noche/
se Yolvieron campanillas". El diálorro del arcá1wel aitano v
AnuuciaC'ÍÓn transcurre dentro de m:a atmósfera de ~ilagroso

�26

El Simbolismo Religioso en la Poesía de Federico García Lo1·ca

acontecer. A la despedida, Anunciación ya sabe que en su
vientre ha cuajado la maravilla del mensaje. El milagro ha
ocurrido y el universo cósmico nuevamente señala. su colaboración en un fenómeno de exultante metamorfosis: "Las estrellas de la noche/ se volvieron siemprevivas". La presencia de los símbolos religiosos en este nuevo plano de realidad
creada en que lo humano y lo cósmico se funden en un mismo
nivel ~iene a constituir una de las características más important:,5 del Romancero gitano. El simbolismo religioso queda
incorporado así dentro del mundo mítico del poeta, y :pasa
a formar parte consustancial con él. Esta nueva modalidad
del simbolismo religioso se halla patente en otro de los romances de este libro. Los ángeles del romance "Reyerta" entran en verdadera colaboración con la anécdota de los gitanos. En una serie de metáforas eslabonadas, las alas de estos
ángeles que no son otra cosa que las nubes anunciadoras de
tempestad, se identifican, unas veces con las navajas de Albacete, que han consumado la tragedia y, otras, constituy_en el
instrumento de curación de los heridos con su mensaJe de
agua y vendajes: "Angeles negros traían/ pañuelos y agua
de nieve". Al final los ángeles se escapan con su anuncio de
tormenta: "Y ángeles negros volaban/ -por el aire del poniente./ Angeles de largas trenzas/ y corazones de aceite". En
Muerte de Antoñito el Camborio" (373-374) son ángeles también (nubes) los que reciben el cuerpo de la víctima en un
gesto de solidaridad cósmica a la hora de la madrugada. "Un
ángel marchoso pone/ su cabeza en un cojín./ Otros de rubor
cansado/ encendieron un candil". El símbolo de Santiag-o
aparece en fusión cósmica· con el "Romance del emplazado".
(377-379). La Vía Láctea es ahora un "Espadón" presente
en el cielo que le recuerda al Amargo la suerte que le espera :
"Espadón de nebulosa/ mueve en el aire de Santiago". El
mito del sátiro que persigue a la gitana Preciosa se halla también encarnado en la figura de un santo. El viento de tempestad con relámpagos y ruidos que asusta a_ la muchacha es
el San Cristóbal popularísimo en las devoc10nes andaluzas.
Su fio-ura sobrenatural se halla identificada aquí con los feº
.
nómenos del cosmos y con las ansias y pasiones de la vida
diaria gitana. Una identificación entre símbolos religiosos y
cósmicos se halla también en "Martiro de Santa Olalla" (384386), particularmente en la última parte del romance. La
Santa que ha sufrido el martirio y se halla pendiente de un
árbol con su cuerpo carbonizado va a asistir al acto de su
gloriosa beatificación. Los símbolos religiosos intervienen en
este momento en perfecta identificación con los fenómenos del
cosmos. El espectáculo de celebración ~olemne en una iglesia

Gustavo Correa

27

cno la custodia luminosa en el altar, el predominio del color
blanco para ensalzar a una virgen, el humo de los incensarios
y el ruido de las campanillas alborozadas, es trasladado de
lleno al ámbito celeste. Allí Olalla, cubierta por la nieve que
cae es iluminada por los rayos del sol naciente, que irradia
colores irisados, al mismo tiempo que los ruidos de la naturaleza celebran el despertar del nuevo día. Es el momento
de exaltación de Olalla a su nueva categoría de bienaveturada: "Una custodia reluce/ sobre los cielos quemados/ entre
gargantas de arroyo/ y ruiseñores en ramos. / Saltan vidrios
de colores!/ Olalla blanca en lo blanco./ Angeles y serafines/
dicen; Santo, Santo, Santo".
·
El simbolismo religioso se aparta cada vez más de sus
fuentes cristianas tradicionales en algunas otras de las producciones míticas de Lorca como Bodas de sangre, Yerma y
el Llanto por Ignacio Sánchez Mejías, y se acerca por el contrario a un mundo de religiosidad primitiva y arquetípica.
B}n Bodas de Sangre encontramos en alguna ocasión el símbolo de la custodia, uno de los preferidos del poeta, en lab1os
de la Madre, para exaltar la vida de su hijo que se halla en
peligro. A.tormentada ésta por la obsesión de que la nueva
pareja tenga hijos inmediatamente, antes de que le maten
al único que le queda, dice al recordar la sangr e derramada
de su otro hijo: "Cuando yo llegué a ver a mi hijo, estaba
tumbado en mitad de la calle. l\f e mojé las manos de. sangre
y me las lamí eon la lengua. Porque era mía. Tú no sabes
lo que es eso. En una custodia de cristal y topacios pondría
yo la tierra empapada por ella" (1136) . La angustia ele la
discontinuidad de la espeeie se convierte en un resorte trágico de gran importancia. De ahí que la sangre se eleve a
la categoría de lo divino como perpetuadora de la vida. Asistimos aquí a la divinización ele lo vital, frente a las misteriosas fuerzas cósmicas que amenazan destruirlo. La luna
por su parte, que acecha con impaciencia la presencia de lo~
amantes,
se revela romo una divinidad de sio-no
adverso an.
o
s10sa de sangre, e interviene directamente en el desarrollo
de los acontecimientos. La noche de la tragedia dice dirigiéndose a las ramas: "No quiero sombras. Mis rayos/ han de
entrar en todas partes,/ y haya en los troncos oscuros/ un
rumor de claridades/ pa~a que esta noche tengan/ mis mejiUas dulce sangre,/ y los Juncos agrupados/ en los anchos pies
:iel air~" (1158). Y más adelante : "Pero que tarden mucho
en monr. Que la sangre/ me ponga entre los dedos su delicado s~lbo./ ¡ Mira que ya mis valles de ceniza despiertan/
en ansia de esta fuente de chorro estremecido!" (1159).

�28

El Simbolismo Religioso en 111 Poesill de Federico Garcin Lorca

En Yerma. el impu~so religioso primitiYo deriYa hacia la
cliYin ización de la eriatura esperada. El símbolo del cáliz
aparece &lt;·orno í111ico sostfn en la simbología tradicional para
exaltar la nueva Yida que se ostenta en el Yientre redondeado
de la madre expectante: "LA \TAXDERA 5a. Alegría, alegría
alegría/ del vientre redondo bajo la camisa. LAVANDERA
2a. Al;gría, alegría alegría, ¡ ombligo cáliz tierno de maravilla!" (1~17). Por otra parte, todo el simbolismo de la flor
Yincula&lt;lo al acto &lt;le la coneepción, culmina también en la
diYiniz~wión de la rosa de maraYilla, identificada con fenólll('llOS del cosmos, y anunciada por un ángel de contornos
l'ÓSmicos: YERMA. El ci('lo tiene jardines/ con rosales de
alegría/ entre rosal y rosal/ la rosa de maravilla./ Rayo de
tlllrora parece,/ y un árrangel la vigila,/ las alas como tormentas,/ los ojos como agonías./ ¿\ !rededor de su hojas/ arrovos de leche tibia/ juegan y mojan la car a/ de las estrellas
tranquilas./ Seiior, abre tu rosal/ sobre mi carn~ m~rchita''
(1246). La súplfra al Señor saturada de denso rituahsmo se
diluye, pues, en un ansia cól-lmica de maternidad. L~ canción
ele Yerma al niiio qne ha de llegar·, en el acto primero, el
t·anto alternado de las lava11deras, c¡ue insinúa el proceso de
la concepción y nacimie11to de la criatura, en el acto segundo,
r la súplica de las romeras al Señor y la danza del )lacho y
la Hembra, en el acto tercero, crean toda una atmósfera de
ritualismo primario directamente vinculado a la diYinización
de la sangre que ha de correr por las venas de la nueva
t·riatura.
El Llanto por Ignacio Sánchez Mejías se mantiene dentro
de la misma actitud básica· de las dos tragedias mencionadas.
El símbolo del Cáliz sirve aquí para indicar la nota de lo
in&lt;·onmesurable de la sangre wrtida, al mismo tiempo que
nos sitúa frente a la enormidad de lo sucedido. La exclamación: "Que no hay cáliz qtw la contenga'' hace alusión al ritual sagrado de la consagración. La consumación de la tragedia y muerte del torero se traduce, por otra parte, en ~:ma
&lt;'eremonia ritual de cósmicas proporciones que da forma fmal
a la elegía. La primera parte "La cogida y la muerte", con
m monótona reiteración del estribillo "A las cinco de la tarle ", es la convocación ritual para el espectáculo a que hemos
rlr asistir en la segunda parte ''La sangre derramada". En
'•sta, las gentes agrupadas en las gradas de un grandioso templo ( el circo), van a prese1H'iar el sacrificio inmolatorio .del
torero ante la figura soberbia del toro. La lucha se reviste
ele todo el sentido religioso de los sacrificios rituales, pues la
diYinidad del toro confundido con la luna exige el derramamiento de la sangre. La terrera y ruarta partes de la elegía

Gusta,·o Corren

29

~ontempla~, la figura vencida de la víctima y su posterior
111corporac1on dentr o de los ámbitos del mito. El Llanto presenta, pues en su totalidad una dimensión ritual de intensa
atmósfera religiosa realzada por el derramamiento de san.,.re
ya en sí divinizada como fuente perpetuadora de la vida~
En un plano distinto de lo r eligioso encontramos la "Oda
al Santísimo Sacramento del altar " v Poeta en Nueva York
escritos entre 1927 .Y 1930,. después ·del Romancero gitano ;
antes de las tragedias aludidas y el Llanto. La primera representa un retorno de tipo afmuativo hacia la simbolo.,.ía
tradicional católica. E l aprisionado "pauderito de harú~a"
en la Custodia nos hace recordar "el alma de la harina" (196)
que se halla en "espigas" del Libro de poemas. La ternura
que nos inspira este "Dios en mantillas'', este "Cristo diminuto y eterno" hace que la Dfrinidad esté más al alcance de
una humanidad herida por ''la augu tia del amor desli.,.ado"
(556) . Poeta en Nueva York con toda su significación ~egativa r.epresenta tambifo un retorno a varios de los aspectos
del Libro de Poemas. En la "Iglesia abandonada" asistimos
a la angustiosa pérdida de la fe y al naufra.,.io de los símbol?s religiosos tradi~i?1~ales. El símbolo del ~áliz, representativo esta vez del ed1fic10 de las conYicciones reli.,.iosas se halla
rodeado de signos ominosos cuando el sacerdot; lo le~·auta en
la misa a la hora de la consagración: "En las anémonas del
ofertorio te encontraré, ¡ corazón mío !/ cuando el sacerdotr
leYante la mula y el buey con sus fuertes brazos/ para espantar los sapos nocturnos que rondan los helados paisajes del
cáliz" (409). Dentro del panorama total de símbolos ne"'a0
ti,:os? toda ~a afirmativa tra~ici?n cristiana ha perdido su
pnstmo sentido, a pesar de la ms1stencia en la celebración de
actos religiosos. El canto de "aleluya" en "X a vi dad en el
Rudson" (418) se deja oir en nn cielo completamente desierto. Y el '·Xacimiento de Cristo'' en el poema de este nombre
no se halla acompañado de músicas celestiales, sino de "cítaras sin cuerdas y degolladas voces" ( 422) . Lo diminuto del
"Cristito de barro" que "se ha partido los dedos" sólo sirw
para mostrar esta vez la fragilidad de un símbolo que se debate en una atmósfera de contornos negativos v hostiles. Tambifo las diYinidad.es mitológicas de la Yaca y· el toro que en
la~ otr~s producc10nes del poeta representaban la presenria
afirmativa de la naturaleza cósmiC'a sucumben ahora asesinadas por la mano decidida del hombre mismo. En el poema
"Aurora'' las gentes deamb ulan "por los barrios" al amanecer
"como recién salidas de un naufragio de san.,.re" (423) . En
el poema "Vaca" , 1a vaca 11eri·aa sangra por ºel cielo cuando
las gentes se disponen a hacer un banquete con la propia

�SO

El Simbolismo Religioso en la Poesía de Federico García Lorca

carne de la divinidad. A la hora de la madrugada, sólo quedan algunos restos de ésta, dispersos en el cielo : "Arriba palidecen/ luces y yugulares./ Cuatro pezuñas tiemblan en el
aire" ( 430). Sólo hay un momento de positiva afirmación
cuando el poeta clama en "Oda hacia Roma" por el restablecimiento de los símbolos de antaño: "Pero el hombre vestido
de blanco/ ignora el misterio de la espiga,/ ignora el gemido
de la parturienta,/ ignora que Cristo puede dar agua todavía,/ ignora que la moneda quema el beso de prodigio/ y da
la sangre del cordero al pico idiota del faisán" (447) .
En nuestra visión panorámica sobre el simbolismo religioso de la poesía de Federico García Lorca, hemos podido
seguir el radio y extensión de su presencia, su incorporación
plena dentro de una visión específica del universo, y su manera de utilización, unas veces como definidora de estados de
conciencia y actitudes espirituales, y otras, como modalidades funcionales de las formas poéticas integradas. Los tradicionales símbolos católicos pueblan su primer libro de poesía
en diversidad de aspectos. Una posterior selección de los
mismos va derivando hacia modalidades religiosas de índole
primaria y arquetípica. En este último plano el simbolismo
religioso se distancia cada vez más de su carácter de signo
indi'Vidual con apoyo en una tradición cultural, para convertirse en un simbolismo formal que coincide con la estructuramisma de la obra de arte. En tal función el simbolismo religioso comporta, por un lado, la divinización de la vida humana, y por otro, la de las figuras míticas adversas al hombre
que continuamente exige:µ el deramamiento de sangre.

Horacio Salazar Ortiz /

EN EL TEMPLO

' f•

Al compás armonioso de tus manos de cera
-agonía de p'alomas sobre un lecho encantado-vuela el alma del piano; ruiseñor despertado
por la mano del viento que rozó la pradera.

La maldad se recoge como un ala en espera,
y aun parece mentira la verdad del pecado

mientras muere el silencio del recinto sagrado
bajo el trémulo ritmo de tus manos de cera!

Cuando, presa de extraña devoción, te contemplo
Y en tus ojos azules miro el cielo del templo,

NOTAS

me parece que piensas un pensar sobrehumano....

1.- Citamos por las Obras Completas publicadas por la editorial Agullar,

con Prólogo de Jorge Gulllén y Epilogo de Vicente Aleixandre (Madrid, 1954) .
Copyright por HISPANIA, publicación de The American Associatlon
of Teacher of Spanish and Portuguese.

Languidecen tus manos sobre el fino teclado
. ... y al vivir el silencio del recinto sagrado,

de su heráldica fuga torna el alma del piano!
-81-

�..

Sergio Fernández /

PERIQUILLO EL DE LAS

GALLINERAS

F RANCISCO Santos, autor moralizant e en casi todas sus obras, nos presenta su Periquillo el
de las Gallineras (hacia 1678), escrito curiosísimo, evidentemente -también él- i □ flurnciado por Quevedo; según ValbuPUa Prat es una "picaresca al revés" ya que en El Arca de
Noé, dice un intelocutor dirigiéndose al auto r mismo que Bien
puede tu Periauillo el de las Gallineras sentenciarlos a fuego
( a los libros picarescos) que con esos títulos presenta un alma
desengañada, vestida de sentencias y moralidades. Ai;r rga
Valbuena que "con Francisco Santos llegamos a lmo de los
aspectos más curiosos de la disolución de la novela picaresca,
sin pícaros. Ya por ser los cuadros costumbristas l o rsencial,
como en Día y Noche en Madrid, ya por ser los personajes,
como en esta obr a y en Periquillo el de las Gallineras, verdaderos modelos de virtud" ( Opus cit.)

...

En efecto, Periquillo no sólo es modelo de virtud, sino
que al terminar la obra casi muere en olor de santidad. La
justificación que se nos da por el hecho de que se le haya
catalogado dentro de la picaresca, responde pues a una causa
meramente formal. Lo de la "picaresca al revés" creemos que
no es sino una manera de decir las cosas que nos conduce a
ver que en verdad la obra todo puede ser menos una novela
de pícaros. Y a desde las primeras fortunas de Periquillo se
relata su nacimiento y su origen. Abandonado a la puerta
de un convento, Perico, recién nacido, es recogido en tiempo
de Navidad por un matrimonio de gente humilde y buena
que desde ese momento se constituirá en benefactor del niño.
La obra, nada barroca en el estilo, es en cambio muy del gn~to
de la época, pues pocos escritores escribieron en tonos más
negros y desesperanzados que Francisco Santos .

�34

Sergio Fernández

Pel'iquillo el de las Gallineras

Faustino, el padre adoptivo, dice a Pedrito al recogerlo:
Sólo lloraré el que hayas venido a un mundo tan desdichado,
tan triste y avariento, donde todo es guerra perpetua : el hijo
más deseado desea la muerte a sus padres para quedar a su
libre albedrío, dueño de la hacienda; la hija, apenas muere el
padre, cuando pide a la madre que la parió y crió a sus pechos, la hacienda que le viene paternal y aun para ello se
vale de amenazas y justicia -¡ notable ingratitud!-; el pariente está conta.ndo las horas y minutos de la vida de su
deudo, porque le deja un poco de hacienda. El que aspira
al puesto que tiene otro, sabiendo o creyendo que le viene de
derecho, le desea la muerte para verse en la profesión a que
aspira. El pobre envidia al rico, el rico al señor, el señor al
grande, el grande al príncipe, todos con ansia de ambición.
¡ Oh miserable mundo!, pues ninguno de tus inquilinos cree
que tu posada perece, aun en el mismo embrión del cogollo,
antes de abrir la boca, para el aliento que creyó suyo, sin
acordarse que se nace desnudo y así se vuelve a la tierra y
aun esta guerra está dentro de cada hombre, pues en su terrena casa está muy encendida la discordia. (Pág. 1782) .
Perico por su parte al crecer, no sólo no imita a Guzmán
de Alfarache, sino que sirve a la humanidad -él mismo, como persona- de ejemplo desde sus primeros años: en Pedro era tal el extremo de saber, que muchas veces sin almorzar se iba a la escuela, adelantándose notablemente, descubriendo con estas dos partes profundidad e ingenio, sutileza en apercibir y en responder notable prontitud. Por lo
demás es natural que Periquillo sólo encuentre a su paso envidias por su misericordia, su calidad humana y su gran corazón, sólo que Santos llega a dulcificar tanto a su personaje,
que nos resulta ñoño y algo ridículo.
En una ocasión, el ama donde el muchacho trabaja le
ofrece matrimonio, a lo cual él responde, según su condición
y sin contrariar sus instintos que -Nuevas cadenas echas a
este tu esclavo en cuanto viva, con calidad de no pasar los
límites de criado, porque sabrás, piadosa Catalina y dueño
mío, que tengo ofrecido a Dios· y hecho voto de castidad; y
así no permitas que sea traidor e ingrato a un Padre que me
dió el alma y el entendimiento, la memoria y la voluntad;
sólo te ofrezco en pago de tantas honras el perpetuo silencio
de mis labios y la humildad de mis ojos (Pág. 1788). Casto,
virtuoso, noble, tiene además una sensiblería que raya en lo
cursi. A los pícaros, por lo demás, los aparta de su camino,
ya que se opone a ellos en todas formas: -Vaya con Dios
-dijo Pedro- ¿Qué más perdidos nos podemos ver? Ya el

,

35

mundo no tiene que perder, porque todo el mundo es un
perdido; y como oyó decir que era gran vida la del pícaro
h~ dado en serlo y no hay quien le acuerde que hay muerte:
m hace caso de penas, como ahora no las pasa (Pág. 1795).
Pero no sólo es eso, sino que Perico, a más de todo, es predicador y profesta, por lo cual la gente acaba por considerarlo
loco.
La cr~tica social en Santos es levemente parecida a la
de los Suenos en Quevedo. El mismo desenc,año la misma desilusión, sólo que mientras Quevedo es el g~an 'estilista de su
época, Santos nunca alcanza la categoría ·indiscutible de su
maestro, ni mucho menos. La desilusión sigue por lo demás
apareciendo a cada paso, en forma de lamento: ¡ Oh mund~
miserable! tú y cuanto hay en ti se burla del hombre. Tú, vil
mundo, le engañas y le sacas al valle de lágrimas desnudo
P3:fª que todos hagan burla de él. Tú, perecedera vida, le
~entes a lo mejor su mene~ter; Tú! vil fortuna, le burlas y
vituperas, ya con poder, ya sm el. Tu, caduca salud, tan débil
como la flor de la enredadera le faltas a lo mejor. Tú edad
más ligera que el viento, pasas y le dejas cuando q~ieres.
~ú, dolor, a~gustia! ~:i,l, pena, desasosiego, inquietud, penalidad, congoJa, aflicc1on, susto y desdicha, le dais prisa a
todo correr. (1803. La Verdad la Mentira la Fortuna el
'rierupo, intervienen como perso~ajes de pri~era línea. Y en
el mismo tono : ¡ Oh mundo, fu ente de los engaños y maestro
de la perdición! ¿Quién te ha trastornado lo bueno por lo
malo y vuelto lo de abajo arriba, tanto que los sabios lo lloran
y los filósofos lo sienten? A ti, ¡ oh atrevida Fortuna!, daré
a culp~, co~o a cie~~- Pero no,. que la caída de aquel lucero
soberb10, fue tal y ~10 tal barqumazo que desquicio al mundo
y. le saco de sus a~1entos. ( 1797 ) . A veces, por lo demás, nos
dice cosas muy bien estructuradas, con un gran sentido de
su posición filosófica y de su categoría de escritor, ya que,
corno sabemos, tuvo mucha fama durante su tiempo• siempre
~odelándose en Quevedo nos dice: Viejo de malici~ envejecida y maestro de las zá~cadillas llaman al Tiempo, burlador
~e todos los hombres. As1 es, y yo le hago jugador de trope~1~. Planta su ~eta en la gran plaza del Mundo; lléganse a
el todos los nacidos; saca una bolsa en la que dice que trae
to~os los bie~es del siglo ; los más simples y golosos se le llegan, los demas miran desde afuera; hace abrir la boca a unos
y dice: "Que traguen aquel dulce dorado"· hácele el simple
y háll~e burlado, pues lo amargo le hace 'arrojar las entra~
ñas. A otro le hace mascar las riquez~ y que las guarde a
boca ~rrada, y a breve tiempo arroja espeso humo por boca
y nances. A otro le da colgaduras ricas, tan sutiles, que ca-

�'
P eriquillo el de las Ga llineras

36

ben en un puño, y cuando desdobla para ver lo que la han
dado, halla una mortaja que huele a tierra corrompida. A
otro le pone una corona y, al tentársela, sólo encuentra una
calavera rasa y sin pelos ; pero le manda que calle, porque
así caerán otros en la burla. A otro le enseña un libro, y en
H, pintados, palacios y casas de campo; dale a escoger una,
y apenas la elige, cuando se halla metido en un ataud y, a
pocos pasos, la sepultura. (1804) Y de la Mentira nos hace
saber por un diálogo que :
-¿Quién será esta buena mujer?Pedro.

preguntó el amo a

Y respondióle :
- Ya tú le das el nombre que todos ; llámasla buena; y
es la más mala del mundo. Esa que ves, es la Mentira_.
- Pues ¿cómo es tan vieja?
-Porque ha infinitos años que nació - respondió.
-¿Cómo es coja?
- Porque la pueden alcanzar todos-

dijo (1807).

Como se ve, poco o ca&lt;;i nulo es e1 argumento, pues las
disgresiones estoico-cristianas so mnuchísimas y constantes.
Cuentos de animales que simbolizan pasiones humanas, mitología clásica, novelas cortas intercaladas en la narr ación, todo
va en ayuda de la mora1. de Santos. En una ocasión va a dar
con un amo que resulta ladrón y es claro que Prriquillo se va
de su lado. Pronto la idea del bien lo obsesiona cada Yez
más hasta que llega un momento en que en efecto pierde el
juicio. Por la forma en que el tema está tratado. nos recuerda, también de lejos y ~uardando distancias, al Licenciado
Vidriera, de Cervantes. Tanto uno como el otro, locos rematados, dicen constantemente la verdad y son portadorrs de la
sabiduría y la conciencia humanas. Por eso Perico se iba dando a querer de los buenos, y al contrario, aborreciendo a l os

malos.
Xo es necesario insistir mucho más en esta obra de Santos,
que marca una ruta tan distinta de la picaresca. En definitiva. la posición del buen escudero :Marcos de Obregón queda
en Perico extremada, pues siendo ambas, en cierto sentido,
obras ascéticas, Obregón no pasa de ser un buen hombre, mientras que PeTiquillo, como ya se dijo, muere hecho casi un santo:
Confiern que le conozco, adoro y reverencio como a un solo
Dios ; su perfectísimo· Entendimiento echó en esta maravilla

Sergio Fernández

37

~ rest?. de su sab~r, ~ qui~n digo,, hiriendo este mísero pecho :
1Peque, habe_d ID1Sen~ord1a de mi ! ( 1845). Y diciendo estas
palabras exp~a, termmando con esto la narración que, por
~ uc~as conexiones que tenga con nuestro tema no debe, por
nmgun concepto, aceptarse como cortada por el mismo molde
ya que son ambas - la picaresca y Periquillo- diametral~
m~nte opuestas. Todo lo cual confirma nuestra tesis cuando
afirmamos qu~ 11;1 novela picaresca española, con el contenido
h~mano Y artistlco que posee, termina con Estebanillo Gonzál~z, Yª. Ql~e, como ,h emo~, visto, los problemas en obras poster10: es md1can la d1soluc10n de lo picar esco como posibilidad
genuma de realización.

�f

I

Char/y C/erc /

LAS LITERATURAS DE SUIZA

país muy pequeño que produce
obras en tres lenguas, y aun en cuatro (si tenemos en cuenta
la minúscula minoría retorromana), constituye un fenómeno
bastante curioso. Si consideramos que ese país se expresa
en alemán, francés e italiano, tal vez nos imaginaremos encontrar la prolongación de las literaturas alemana, francesa
e italiana en una tierra extranjera. Sin embargo, eso es cierto
sólo en determinada medida, pues hay muchas obras, talentos,
tendencias que son propiamente de Suiza. Sólo hablaremos
aquí de los siglos XIX y XX, pues nuestros siglos XVII y
XVIII -si prescindimos de Rousseau, cuyo genio pertenece
más a Francia que a Suiza, y de Pestalozzi, que es más bien
un apóstol y un pedagogo inspirado que un escritor- son
dos siglos de cultura, de teología, de ciencias. Vemos en
ellos, sobre todo, eclesiásticos que empuñan la pluma, dirigen
revistas, disertan sobre moral, religión, letras. En suma, sólo
en el siglo XIX se expresa Suiza a través de la novela, del
cuento largo, a veces de la poesía ( que no vuela muy alto),
pero aún no a través del teatro.

***

Consideremos los tres grandes cuentistas de la Suiza alemana en el siglo XIX y .el mundo que cada uno de ellos nos
revela. Jeremías Gotthelf es un pastor de campaña a quien
los feligreses de su parroquia escuchan con dificultad. Para
hacerse comprender mejor, escribe relatos para los almanaques, después novelas, grandes novelas. Pinta en ellas el medio ambientr campesino de su región en el momento en que
el espíritu patriarcal se encuentra amenazado por el espíritu
de los nueYos tiempos: el amor al dinero, el radicalismo igualitario, etc. Gotthelf reacciona, y escribe relatos de tesis y
hasta llega a introducir sermones en sus narraciones. Pero
-

30 -

�40

Charly Clerc

Las Literaturas en Suiza

conoce de manera tan perfecta los hombres del valle, jóvenes
y viejos, patrones y criados, el corazón de las madres, las

querellas, las reconciliaciones, y también las estaciones de la
tierra, bajo un cielo en el cual reina el Dios de la Santa Escritura, y ello con tal vigor, que nos olvidamos a veces de que
está a cien leguas de la estética del arte por el arte, de que
predica el retorno a la tradición familiar y cristiana.

Gottfried Keller no predica. Es un pequeño burgués cuyos admirables relatos revelan un alma burguesa y cívica.
Keller es el maestro de la novela corta, del cuento largo en
los cuales el héroe, a través de sus errores, sus amores, sus
ambiciones engañosas, vuelve a la cordura y al hogar. Nos
pinta hijbs pródigos, pero sin· hacerlos pasar por el arrepentimiento, como ocurre en el Evangelio. Le debemos una extensa y admirable novela de aprendizaje de la vida: .Enrique
el verde. Keller hubiera querido ser pintor. Fue, como
Rousseau, un paseante solitario; por eso la naturaleza es en
él tan viva como los personajes.
C. F. Meyer creó en Suiza el relato histórico noble. Este
patricio de Zurich es, sobre todo, un apasionado del Renacimiento italiano, de su prestigioso decorado; pero se siente
obsesionado sin cesar por el protestantismo severo en el cual
se formó. Sus novelas cortas son de una imponente perfección de estilo, pero nos interesan también, y sobre todo -lo
mismo que sus poesías-, por el conflicto íntimo, la trag-edia
oculta que se entreve en el autor a través de toda su vida.
Podríamos añadir a estos tres nombres el del poeta Carl
Spitteler, uno de los pocos genios épicos de su siglo, p~ro que
no ejerció 1a influencia de los otros tres: pues cada uno de
estos tres tiene hoy su descendencia. ¡ Cuántos autores, a continuación de Gotthelf, no han aescrito la crisis de una familia,
la historia de una propiedad, de un domicilio, y cuántos no
se han complacido, en alemán o en su dialecto natal, en poner
en escena a los hombres de las tierras de labranza, de la pequeña ciudad, y eso bajo un eielo no muy oscuro, o que, al
menos, tiende a tornarse claro hacia el fin! Uno de ellos ha
escrito una verdadera gesta bernesa cuyos personajes y su
ascendencia nos hacc&gt;n remontar a la Edad Media y descender
de aquí hasta 1830 y más lejos (R. von Tavel). Tal otro coloca sus personajes al pie del Jura, alrededor de Solothurn
(J. Reinhart). Un tercero ha consagrado su vida a hacernos
conocer los hombres de Turgovia (Huggenberger). Literatura local, como se ve, pero a menudo excelente literatura,
aunque de difícil acceso a los de afuera.

'

,

'

.

41

La descendencia de Gottfried Keller, que florece aún, la
encontramos en la novela de aprendizaje, el "Bildungsroman".
La obra más conocida de este género es el Johannes, de J.
Schaffner, que nos presenta la vida novelada del autor el
cual pasa por todos los oficios antes de ser escritor. Una
parte de la obra del excelente autor católico Federer representa también este género literario. Y podríamos citar muchos nombres, hasta llegar al año actual, para demostrar que
esta forma germana de novela no está próxima a extinguirse.
A la descendencia de Keller pertenece igualmente el Zeitr~man, es decir, el relato de una crisis política y social, en la
Ciudad o en el campo, como el "Schweizerspiegel" (Espejo
suizo) de Meinrad Inglin.
De ~as hermosas y sólidas novelas cortas de C. F. Meyer
han nacido esas extensas novelas históricas que aparecen cada
uno o dos años(Faesi, Stickelberger, Ma.ry Lavater, G. H. Heer).
Tal es, en pocas palabras, la herencia del siglo XIX.
Pero hay fenómenos nuevos. En primer término el teatro
que, tcon !ºn Arx, Frisch, Dürrenmatt, ocupa un 'gran luga1'.
en es e pais en el cual el teatro era no hace mucho inexistente.
Y desp~~s hay e~e género curioso, seductor que es la' novela
de evas10~, o meJor, de elevación espiritual, y que representa
el antroposofo Steffen. Quisiéramos poder insistir más en
esta literatura actual, en la cual lo extraño tiene su sitio
como ~i una vari~a mágica hubiese tocado a los seres, los lugares:
los obJetos (Cecile Lauber, C. I. Loos, Regina Ullman). Estos
fenó~enos nue".os, que mencionamos aquí en pocas líneas,
adquieren una importancia cada vez mayor.

***
En la Suiza francesa el siglo XIX se encarna también en
tres autores, pero de un.a especie por completo diferente de los
que hemos presentado poco antes. ¿ Quien es A. Vinet y Es el
autor de ensayos de filosofía moral, de discursos cristianos
de tratados sobre la libertad en materia de creencia: protes:
tante d: _espí~itu ~mplio, y más cristiano que protestante, y
cuya critica hterana es, sobre todo, admirable. Crítica según
el concepto de Pascal, en el sentido de •que para Vinet las
obras del e~p~~itu existen para testimoniar ?uestra miseria y
nuestra pos1b1hda~ de grandea (por la gracia de Dios) , y eso
por lo_ que ellas d1c_en y por lo que callan. Así, para quien
reflex10na, el estudio de la literatura sirve para demostrar
la necesidad, la verdad de la Revelación cristiana.

�Charly Clerc

Las Literaturas en Suiza

42

H. F. Amiel es también un autor que no escribe para un
público extenso, sino para sí mismo y par~ l?s que se pr~oc1;1pan de la vida profunda. De las 17,900 pagmas de su ~1ano
íntimo se extrajeron dos volúmenes, después la substancia de
tres, más tarde fragmentos inéditos. Y encontramos en esas
páginas el espectáculo de un espíritu múltiple, d_e un alma
revelada bajo diversas luces. Encontramos sus amistades, sus
paisajes amados, sus veleidades sentimentales, sus reflexiones
sobre una multitud de autores contemporáneos, filósofos Y
poetas. Amiel es un punto de acogida y de cambios, una hospitalidad indefinida del pensamiento, un viajero que hace pequeñas jornadas entre Leibniz y Spinoza, entre el Dios de la
Biblia y el llamamiento de la Nada, entre la libertad y la
santidad ... , y quien representa mejor que nadie lo que hay
de europeo, hasta de internacional en el fenómeno suizo.

R. Topffer dejó también páginas de crítica literaria, pero,
asimismo, una o dos novelas. cuentos largos y, sobre todo,
esos maravillosos álbums que han hecho las delicias de cuatro
generaciones. He aquí, por fin, en medio de una literatura
de intelectuales, un fantaseador, un humorista, cristiano como
Vinet, buen ciudadano de una modesta república -Ginebra-,
que medita sobre la felicidad. que es siempre cosa relativa,
como dice él, y que nos enseña la más risueña sabiduría.
Estos representantes de nuestra Suiza francesa en el siglo
XIX no han dejado una descendencia, como Gotthelf, G. Keller
y C. F. Meyer. Son respetados, cuidadosamente reeditados,
pero apenas seguidos.
El paisaje literario de la Suiza francesa se ha modificado
murho desde 1900. Es que un gran poeta ha pasado por ahí:
C. F. Ramuz ; es que la parte católica del país suizo-francés.
que durante mucho tiempo había permanecido callada, ha encontrado un intérprete de gran talento, poeta e historiador, épico y lírico: G. de Reynold, y hábiles narradores de Friburgo y
del Valais. Es que, además a una generación en la cual dominan
los pensadores y críticos, sucede una generación prP,ocupada
en crear, en foventar. Es que, en fin, la Suiza francesa, más
conscientemente suiza que nunca, se halla, desde el punto de
vista literario, más cerca de Francia que ~ntes.

•

C. F. Ramuz es la figura más importante de nuestro siglo
XX. Al leerlo, rreeríamos que las aguas y los montes, las
estaciones, el andar de los hombres, las inflexiones de sus
voces se sienten y reproducen por primera vez. Ramuz representa, al margen de la tradición propiamente francesa, el

'

,

43

n:iá_s, serio y noble esfuerzo ~e expres~ón verbal, de transpos1c10n en palabras de la realidad sensible que se haya manifestado en la Suiza francesa.
La geografía literaria de la región se ha complicado.
'J'.ene~10s la novela de análisis, que no es una planta indígena,
smo importada de Francia, y que ha dado excelentes frutos
(de Traz, Oheneviere, etc.) Tenemos la novela de anticipación
(Noell~. Roger), la novela fantástica (Pierre Girard, Monique
St. He1ier) ; el relato pintoresco decididamente moral con
Benjamín Vallontton. Pero los 'escritores más orio-inaies y
cr~adores son actualmente de la tendencia de Ran'.i'uz, pero
mas humanos y de un talento tan personal, como e·. F. Landry ;
Y en ~l plano del análisis del yo y del amor, J. Mercanton.
Del mismo modo que en la Suiza alemana, el teatro se ha desarrollado mucho en estos últimos decenios (René Morax y su
Teatro del J orat, etc.), así como la poesía lírica ha encontrado
su lenguaje desde principios del siglo con Henri Spiess.

***
La Suiza italiana llegó más tarde a la creación literaria.
Su tradición er~ de arquitectura, de pintura, de decoración.
Po; ella el Tesmo se hizo conocer en toda Italia y en otros
pa1ses de Europa. Y alrededor de 1848 tal o cual editorial
tesinense publicaba a la vez Mazzini y Manzoni la Italia de
la rev:olución y !ª Italia c~tólica. Pero desde principios de
este .sigo,. el Tesmo ha temdo su gran poeta, que se ha convertido en el curso de los años en el maestro del relato corto
hecho a la vez de invención encantadora y de recuerdos;
Frances~o Ohiesa, a quien Italia ha rendido homenaje desde
sus comienzos. No vemos quién podría disputarle la palma
del ,"racconto", la novela breve, fina y perfecta. 'Penemos
aqm uno de los maestros de la prosa italiana : ingenio, rigor
v_erbal, te1:nura que se disimula. Y después, ese apego a la
berra nativa, a todos los aspectos de ese rincón del mundo
en_ el cual se ha n~cido, y que se manifiesta en tantos autores
smzos, de toda Smza, lo encontramos en esos hijos de la montaña que son Giuseppe Zoppi y Guido Oa.lgari. La poesía se
ha desarrollado también en el curso de los últimos años y
le debemos i~~ch~s obras ~elic~das. El autor mejor dot~do
de la generacion Joven es, sin disputa alguna Felice Filippini
autor de 11 signore dei poveri morti. Gon l; mención de est~
tesinense, novelista, pintor, escultor, músico hombre del Re. .
'
nacimiento, terminamos gustosamente este panorama de las
literaturas de Suiza.

�Serge P Darmon ¡ EL HUMANISMO DE CJRO ALEGRIA
EN "EL MUNDO ES ANCHO Y AJENO"

NO

es el humanismo, como muchos lo
creen, un mero vocablo literario o histórico. Entre las muchas
definiciones que se dan de la palabra, tendremos que escoger
una, ni mejor ni peor que las otras. Creemos que el humanismo es, antes de todo, una revendicación por el hombre, de
su derecho a vivir; el hombre considerado como un fin y no
como un medio. Considerando el humanismo de tal forma,
podemos ver que tuvo, a lo largo de los tiempos, aspectos
muy distintos. Aristocrático desde la Edad Media hasta el
siglo XVII, con su concepción particular del discreto, del cortesano, del hidalgo, del "honnete homme" (Rabelais, Montaigne, Cervantes, ... ) ; burgués en el siglo XVIII, 6cuáles
son ahora sus características T Lo vemos realista, discutiendo
los grandes problemas humanos y la libertad de pensamiento
y de vida (sería absurdo considerar el realismo como una limitación: no limita de nada la parte "humana" del humanismo) ; lo vemos también activo y combatiente, la emancipación humana habiendo siempre afrontado costumbres y prejuicios establecidos de manera más o menos evidente; lo vemos además optimista: ninguna doctrina de desesperación,
ningún escepticismo puede llamarse HOMAl'\lSMO. Este es
una doctrina de esperanza.
Es ahora a la luz de estas precisiones que quisiéramos
examinar el humanismo de Ciro Alegría, en "El ~Iundo es
ancho y ajeno", novela que obtuvo el Primer Premio en el
Concurso de Novelas Latinoamericanas de 1941. El personaje
del protagonista principal, Rosendo Maqui, nos servirá de guía.
Antes de todo hay, en esa obra, bañándola toda, un amor
al Hombre, que es su mayor mérito. Sentimiento que hace
desear al autor lo que llama en su prólogo, "la liberación
integral del hombre antes que con ningún ISMO circunstan-

45 -

�46

El Humanismo de Ciro Alegría

cial". Se trata de un amor universal opuesto al dominio de
cualquier clase de hombres: "El renovado intento de imponer
cualquier raza o cultura por métodos _de ,~ubyugación . pu_ede
llevar . .. a empobrecer y degradar la vida (p. 13). S1gmendo el propósito de luchar contra la injusticia denunciándola
(procedimiento muy discutible)_, ~iro Alegría 1;1os relata las
viscisitudes de una comunidad mdrn, frente a ciertos elementos malos de la sociedad. Pero es muy difícil, para nuestro
propósito, separar esta comunidad de la persona de su alc.alde, Rosendo Maqui.
Rosendo es un viejo, "un venerable patriarca", ~e cuerpo
nudoso, de gruesos labios, ojos oscuros, espesas ceJas, y las
canas nevadas de un anciano, un "hombre con rasgos de montañas". Las cualidades que hicieron de él un buen alcalde
("avisado y tranquilo, justiciero y prudente") aparecen a lo
largo de la obra. Pero vemos que se trata de un sentimiento
de la justicia que pudiéramos calificar de "natural" en OJ?OSición con el de los hombres contra los cuales la comumdad
tendrá que luchar, y que Rosendo desprecia porque es una
justicia muy particular, corrompida e ilegal. Otro sentimiento que también caracteriza al personaje es su bondad, su generosidad. Pero podemos decir que en estas anotaciones no
aparece el verdadero personaje. Este no. puede vivir plenamente sin la presencia de un conjunto de hombres en el cual
su ser se dilata: la comunidad. Vive en su comunidad, pero
también con ella, por y para ella. Y cuando, al principio de
la obra, mira su caserío con un sentimiento de hermosura
alegre, de contento, "sentía y no pensaba", es una emoción
"animal". Siente su comunidad con toda su alma y su cuerpo,
y eso no sólo porque es alcalde desde hace mucho tiempo, Y
permanece como la autoridad cuyo parecer se sigue en todas
ocasiones. Porque su vida se integra a la de la comunidad,
sentirá todo el vacío de la cárcel: "La soledad no provenía
solamente de la ausencia de la palabra. Reposaba también
en el cuerpo. Aun sin hablar nada, se habría sentido bien
teniendo a su lado .. . a cualquiera de los comuneros". Padece
y morirá por la eomunidad, y sus últimos pensamientos irán
a los comuneros.
Pero si hay una influencia de la comunidad sobre los
pensamientos del anciano, éste vive también en el corazón de
los hombres y el recuerdo del alcalde aparece en la vida
mala de fos ~omuneros que se fueron a lo lejos (Agusto Maqui,
Benito Castro, Juan Medrano, etc.). La influencia del personaje sobre la comunidad se extiende más allá de 1~ muert~,
y podemos decir que el asesinato de Rosendo :Maqm anuncia

Serge P. Darmou

,

\

,

.

47

el de la comunidad. Se convierte el hombre en un símbolo
del pueblo ("El viejo arrodillado y sangrante le parece un
símbolo del pueblo"), y hasta llega a un carácter cósmico:
"El espíritu de Rosendo animaba todavía ese mundo y sin
duda se erguía hasta la cumbre del Rumi".
Esta reintegracin simbólica del hombre dentro de la naturaleza tiene, en la novela, otras manifestaciones más precisas, y se manifiesta sobre todo en un poderoso amor a la
tierra que anima a Rosendo Maqui, pero también al autor y
a todos los comuneros. Y hay más: una comunión entre el
h~mbre y la natu~aleza. La vida de la comunidad sigue el
ritmo de las estaciones y los trabaJ·os de la tierra: sie()'a coº 'anisech a, . . "As1, se suce d'ian los acontecimientos ve()'eta1es
0
n:iales y humanos que f?rmaban 1a vida de esos hijos 'ae la
tierra. De no ser el pehgro de Umay ... el amor confiado a
la _tierra_ ~' sus dones. daría, como siempre, cabal, sentido a su
exist~ncia . La confianza en la tierra es la que sostiene a los
comuneros que han de abandonar su caserío. Esta confianza
se trans~orma rápidamente en una personificación de la tierra:
mia muJer vieja y que llora: "¡ Tierra, madre tierra, dulce
madre abatida!". Y el hombre acaba por mezclar en un inmenso panteísmo, las manifestaciones más humilde~ de la naturaleza, y su propia vida. Basta leer este magnífico himno
~l maguey=, "Sólo tú conoces nuestra confianza y su sabor
aspero ... tu, maguey, desde las lomas nos saludas y nos dices
que bueno con tu penacho nimbado de sol y de luna ... t~
levantas como un brazo implorante y en tu gesto r·econocemos
nu~&lt;;tro afán_ que no alcanza al cielo . . . afán angustioso de
e~hrarse, estirarse y querer llegar mientras la vida sigue al
pie, muda,. y las estrellas se cierran como ojos tristes en la
noche ... tienes el corazn sin miel y triste, con la misma tristeza de nosotros los hombres del P erú ... hijo callado de la
tierra, ~tisbas que la vida pasa en el viento, como las nubes,
Y se pierde tras los picachos y sigue ... sin embargo, eres
d~lce, _maguey; tus penas se parecen a nuestras hembras indias, hsas, así sencillas, con un aire de nada pero ale()'rando
el pecho sin decir ni pal8:bra ... , maguey per~ano, regado por
los ~ampos como un cent~nela para dar aviso ... vigilando los
cammos, los largos cammos que hasta ahora son i()'uales a
nuestra vida ... un día te levantará más alto mague; ... estamos esperando y esperando y esperardo hasta sin causa . ..
mientras tú te yergues junto a la angustia prendida al infinito de los caminos ... "
0

En el seno de la naturaleza el hombre ya no es un rey
poderoso y aislado. Hombres y animales son iguales: "Maqui

�48

El Humanismo ele Ciro Alegria

lo quería ( al toro ~fosco) y a la vez lo respe~aba, considerándolo en sus recuerdos como a un buen ~iembro de la
comunidad". Otros animales comparten tambien los goces Y
las desgracias de la comunidad (perros, caballos, etc.). Pero
todas éstas no vienen de la naturaleza; y podemos ver que
el enemiao
del hombre es el hombre, y no los elementos. En
O
su lucha por la vida, el hombre ~e Ciro Alegría vuelve a sus
fuerzas esenciales, porque constituyen el fundamento de la
vida moral del hombre prjmitivo.
El hombre vive en sociedad; es un hecho. bCuál es la forma de la sociedad perfecta, Eso es un problema q?e nos llevaría muy lejos (sin dar resultado). Lo que _nos ,~nteres~ es
ver cómo el autor de "El mundo es ancho Y aJeno nos pmta
la vida colectiva de los indios de la comunidad de Rumí.. ~a
hemos visto el reflejo de ésta en los sent~miento~ del vieJo
Rosendo. Domina la idea de una masa umda y diversa_ a la
vez en sus tipos perfectamente perfilados. El trabaJo es
para el bien de to~os: "Los bie~es comunes son los que_ produce la tierra mediante el trabaJo de todos ... El trabaJo no
debe ser para que nadie muera ni padezca, sino para d~r el
bienestar y la alegría". Por otra parte, vemos que, segun la
ley de la comunidad, el que no trabaja ~u~iéndolo hacer, no
puede comer sobre los bienes de la colec_tiv~d~d. ¿No es precisamente la mejor garantía para cada mdividuo tant~ como
para la colectividad Y El autor nos. pres,enta aquell_a vid~ de
espíritu democrático, :-P?r no decir m_as-, con simp~ha, Y
le opone la vida de miseria y de esclavitud de las haciendas,
las caucherías y las· minas. Oposición a la cual no son extrañas las ideas personales del autor.
La seaunda
fuerza esencial del hombre le viene del más
0
allá. Las creencias supersticiosas del indio son muy numerosas en este libro: el agüero de la culebra, la cólera de los
cerros la leyenda del arco iris, las ofrendas a los muertos, el
temor' a la laguna, la creencia en el poder de la ?~~ja Nas~a
Suro etc. Y en el temor a la laguna, la superstic1on es mas
fuerte que el deseo de cultivar la ~i~~ra y aumentar el ,ca~dal
de la comunidad. Aquella supersbc1on se mezcla ~ll:~ mtimamente con la religión. De tal mezc~a. n_ace una rehgion popular sencilla sin !!ran amor a la D1vmidad, pero mucha confia~za en u~ santo como San ·rsid:~ Labrado~ el santo que
cultiva la tierra y sale de proces1on cada ano. Y _cu~udo
muere la mujer de Rosendo, vemos a éste con u~ ~entimiento
"cargado de una pe_s8:da tristeza, en e~ _que pa:hc1paba~ u~~
vaga conciencia rehg1osa y una emocion de berra Y cielo ,

Serge P. Darmon

49

mezcla de catolicismo, de superstición, de panteísmo y de idolatría.

'

.

El tesoro popular de los indios peruanos es, en la novela
de Ciro Alegría, muy rico y tiene una variedad que muestra
el amor del autor a esta manifestación de las actividades humanas. El folklore superficial ( vestidos, colores, costumbres, ... ) no es aquí el más importante. El verdadero folklore es más hondo y más dinámico. Son folklóricas las danzas
de carnavales, la danza del silulo, el rodeo, el círculoiris, y
también las numerosas canciones populares que se esparcen
en el libro: canción de los niños a la luna, canción de San
Isidro, canción de la paloma, canción del silulo:
Me gustan os hombres bravos,
guayay silulito ...

Y cuando el indio Demetrio fabrica su flauta rústica oímos
la música eterna de estas canciones: "Crecía la voz, se levantaba clara y alta, poderosa y triste a un tiempo, envolviendo
en sus notas algo como un himno a la tierra fecunda ? un
lamento por las aves vencidas; ... sobre el mundo cayó un
hermoso silencio lleno de música". Esos recuerdos del pasado vital, estas creaciones artísticas espontáneas, vienen de
lo más hondo del hombre. Y ¿no es humanismo esta búsqueda de todo lo que, en el hombre, es más puro y más espiritual? Sin embargo el humanismo de Ciro Alegría no considera
solamente al hombre en su pasado, sus orígenes, sino también
como a un ser vivo, una criatura que se debe respetar y amar.
El respeto que se debe al hombre ( que es también amor),
se manifiesta en "El mundo es ancho y ajeno", df' una manera fuerte, casi patética: la rebelión que anima toda la obra.
Rebelión del autor y de sus personajes. Rebelión contra la
falta de respeto de los poderosos hacendados que consideran
a sus trabajadores como animales, hasta como cosas. Asesinatos, impuestos, golpes, robos, violaciones, todo les parere natural y casi necesario, Es el reino de la injusticia contra el cual
el autor libra "el buen combate". Frente a la miseria de la
vida del indio, la rebelión del autor se hace vehemente, dramática, y da al libro un terrible acento doloroso. Ciro Alegría
rree en el hombre como realidad vital v creadora• cree iaualmente en la posibilidad de rehabilitacfón de los ~alos · tiene
c?nfianza en el hombre y se subleva contra todos los que no
tienen tal confianza. Es también respeto al hombre esta afirmación de la necesidad, por todos, de aprender, de "saber",
apartándose así del animal víctima de los que "saben". "Bueno es saber", dice Rosendo Maqui, y la edificación de la escuela por toda la comunidad da a aquel deseo de cultura una

�50

El Humanismo de Ciro Alegría

realidad concreta. Para hacer resaltar más su amor al hombre miserable, el autor le opone la actitud de los "civilizados"
y particularmente de los caporales: " ( el nuevo caporal) estimulado por la presencia de su benefactor, que miraba por
la puerta del escritorio, quiso dar prueba de su gratitud y
cogió el látigo... " En manos de tales verdugos, se llega muy
rápidamente a la negación del hombre, del valor de su vida,
al asesinato puro (muerte de Rosendo Maqui).
El hombre que Ciro Alegría mira fraternalmente es el
desgraciado, pero es un creador. Considera al hombre en
la vida, la acción. Sus personajes son vivos, y cuando quedan inactivos (p.e. en la cárcel) se lamentan: "Rosendo miraba
su vida de prisionero encontrándola completamente estéril,
negada a toda creación". Los comuneros se divierten, sí, pero
después del trabajo, lo que da a sus diversiones su valor
verdadero.
RESPETO AL HOMBRE. RESPETO AL HOl\IBRE.-'-Al
hombre reintegrado en la naturaleza; en la acción creadora;
armado de las fuerzas esenciales de su vida. Eso tal vez no
basta para hacer un verdadero humanismo, nos dirán unos
pesimistas. Sí, y de k, mejor. El amor al hombre hace del
libro de Ciro Alegría, no sólo una defensa del indio peruano,
sino también una defensa del Hombre. Nos aparece en la
novela una terrible lucha, un trágico combate para liberar al
hombre de la injusticia de una sociedad determinada. No
es el humanismo una negación de la civilización (ya no sería
humanismo, y ella puede dar a los hombres muchas felicidades), sino ana rebelión contra los abusos de cierta organización social. Pero, me dirán, el libro acaba con un clamor de
angustia, una derrota. No hay que olvidar lo que el autor
tuvo la precaución de éxpresar en su prólogo: "Entre la actitud resignadamente estoica y de alianza mística con la tierra
de Rosendo Maqui y la decididamente moderna y revolucionaria de Benito Castro, parece quebrarse toda esperanza ...
Pero ... a pesar de la aparente derrota, queda en estas páginas, inconmoviblemente en pie, el hombre indio. Lo mismo
sucede en la realidad también". Diremos más; se queda en
pie EL HOMBRE. Se trata de una expresión personal de un
ejemp!o vivo y directo (el de una comunidad india peruana),
una pintura detallada de la vida y de sus luchas, pero el
humanismo hace de la novela de Ciro Alegría un libro universal, y el autor puede decir, con uno de sus personajes:
"Yo no soy o no quiero ser un peruanista, indigenista, ... el
arte debe tener un sentido universal".

Juanita Soriano / PRESENCIA DEL DOLOR EN CUATRO
SONETOS

Dolor, no te soñé, pero tu luna
me iluminó como al Adán y Eva.
¿La misma luz de Lucifer? Laguna
de lágrimas caídas en la prueba.
Dolor, no te soñé, pero en la duna
preparabas en mí tu estrella nueva.
Dragón que en el sepulcro y en la cuna
eres la llama que mi luz renueva.
Simiente de la pena en la alegría
acecha el cambio tras la lejanía
y es el Dolor el despertar primero.

La noche antigua que contiene al Día,
luz que de las tinieblas brota y guía
mi pie de angustia hasta el postrer lucero.
-51-

�2

3

¡Este dolor de la sonrisa muda!

Pasó el azul por el sendero un día,

¡Este arrastrar la Cruz hasta el Calvario!,

¿También mi corazón en el sendero?

iy este soñar de alondra y de canario

Fue como árbol turbado de jilguero

hasta en la muerte de mi fe desnuda!

y agua de sol, su clara melodía.

Agua encendida que mi sed escuda

¡Iba asombrada en mí tanta alegría!,

derrumba los cimientos del santuario.

disuelta al paso del alud ligero,

Noches sin día, sin igual rosario,

llegó el Dolor, purísimo lucero,

horas de piedra en brazos de la Duda.

Cuerpo de cal, nostálgico de lumbre,
un día se lanzó sobre la cumbre
tras pájaros de oro y de esmeralda.

Sus manos yertas y sus pies de fuego
en la Cruz rotos por el clavo ciego
han dejado la aurora hacia la espalda.

y abrasó en su llamear mi fantasía.

Pasó el azul por frutecida vía ...
Hoy esta flor de llanto y luna fría
da cosecha de cardos en mi alero.

Raíz alucinada su ardentía.
Su devenir eterno, se diría
el eterno minuto pasajero.

�,,

4
,

Así te alejarás, así tu drama,

I

Roberto Bravo Villarroel ¡ EL DULCE LAMENTAR
DE GARCILASO DE LA VEGA

Amor-dolor, anillo de serpiente,
odio y olvido, río que reclama
toda ceniza que pobló su fuente.

Así te alejarás, mató tu llama
el despertar de rosas en mi frente.
Para la eterna destrucción se inflama
tu luz, que nace y muere en la corriente.

Aquí me quedaré, aquí extraviada:
igual tiniebla al fin de la jornada,
con tu nombre que cambia y que perdura.

Dolor que en el azul apareciste:
por todo lo que diste y que no diste
surgió la aurora .de mi pena oscura.

I.-BIOGRAFIA.

CABALLERO y pastor, épico y bucólico, Garcilaso es el paradigma del hombre renacentista. En
este suave poeta, de manos hábiles tanto para blandir el acero
cuanto para empuñar la vihuela y cantár sus amores doloridos,
las armas y las letras se complementan y se conjugan.
.l Toledo, "la ciudad más española de España", ilustre por
mil títulos, Garcilaso, con su nacimiento -1501 ?- añade otra
corona. Acero toledano y aires ribereños del Tajo informan
el espíritu épico y bucólico del poeta y le cincelan un perfil
que llegará a ser definitivo en su obra.

Toda una rica veta biológica y artística se precipita en
el poeta. El marqués de Santillana, el de las serranillas cortesanas y exquisitas, es su antepasado paterno, y _F ernán Pérez
de Guzmán, el de "Generaciones y Semblanzas", acaudilla a
sus antepasados maternos. No es mero azar que un lírico y
lm historiador de caballeros hayan sido sus antepasados. En
Garcilaso se afinan y se agudizan esas virtudes y calidades de
su genealogía y rinden frutos más preciosos que en cualquiera
de sus antepasados.
Grecia y Roma no fueron ajenas a la formación de Garcilaso. Doña Sancha, su madre, ya viuda, se preocupa por la
educación de su familia, y Garcilaso, adolescente, enriquece
su espíritu en las letras griegas y latinas, de boca de sus
maestros toledanos, uno de los cuales, Juan Ruiz, ocupó la
cátedra de Retórica en Alcalá a la muerte del famoso Nebrija.
Gar~ilaso, con este inicial contacto con el mundo de la poesía,
perfila uno de los ángulos de su personalidad, el lirismo.
El otro ángulo, el guerrero, empieza cuando Garcilaso entra al servicio del Emperador Carlos V. Es contino, defiende
con los caballeros de San Juan la isla de Rodas, combate a

�56

'

El Dulce Lamentar de Garcilaso de la Yega

los franceses en la campaña de Navarra. No se piense, sin
embargo, que son dos épocas distintas en la vida del poet~,
la guerrera y la poética. Estas a veces se alternan, pero mas
frecuentemente se compenetran. Acompañando a la Corte en
Valladolid, Burgos, Toledano, pluma y espada no reyo_san en
su mano. Si la suma de sus triunfos guerreros y artisticos da
un saldo exiguo, fue porque en su actuación se cumplió el
apotegma latino de que la vida es breve comparada con el
arte, que es labor ardua y prolongada. Empieza. entonces la
fama a sonar su clarín, y el nombre del poeta brmca de ?~ca
en boca. Perfecto cortesano, de linaje preclaro, de exqms1to
tacto poético, de presencia física bella y yaronil, Garcilaso es
"del vano dedo señalado" en todos los rincones de la Corte.
En 1525, el poeta contrae matrimonio _co~ Doña El~na ?,e
Zúñiga, personaje palatino que nunca sat1sf1zo las asp1~a~10nes de Garcilaso. Casi es lugar común en los grandes lmcos
profanos prescindir del tema del amor matrimonial dentro de
su poesía y dedicar sus más inspirados momentos a un amor
platónico o extraconyugal, que pervade todas sus obras. G~rcilaso, en esto, no fue una excepción. Los amores con Dona
Isabel de Frevre dama de la Infanta Doña Isabel de Portugal,
polarizan casi to·aa la obra poética garcilasista. Su amor
hacia la dama portuguesa fue encendido y secreto. Y llevado por la influencia de varias lecturas, especialmente de
Petrarca, fue glosando su propia vida y sus sentimientos en
sus versos. Estos sentimientos fueron atemperados por el matrimonio de doña Isabel en 1529, con "un hombre fuera de su
condición". Es patente el desencanto que sufre Garcilaso con
ello. Poco después marcha a Italia en el séquito de Carlos V
v quizá ese Yiaje le dió algo de serenidad a su espíritu. Aquel
''deseo loco, imposible, vano, temeroso" le. avergonzab~, pero
no obstante habiendo regresado a su patria, la sola vista de
,
su dama le ' desazonó y le arrastró de nuevo el corazon:
"No vine por mis pies a tanto daño;
fuerzas de mi destino me trajeron".

A mediados de 1530 · Garcilaso peregrina a Francia en
una misión delicada, pru'eba indudable de su privanza ante
el Emperador. Pero un suceso inesperado, la boda de su
sobrino homónimo Garcilaso de la Vega, marca el descenso
de la estrella política del gran lírico. Asiste éste a ~a bod_a,
concertada con la oposición de la misma Emperatriz Dona
Isabel. El Emperador, en castigo, confina al po~t!l en una isla
del Danubio durante 5 meses. Allí la musa lmca se torna,
inexplicablemente al parecer, amorosa de la Naturaleza y a

Roberto Bravo Villarroel

37

la vez traduce todo el amargor y el abatimiento del poeta
ante los reveses de la fortuna y el fracaso de su vida sentimental. El Duque de Alba consigue que se traslade a Garcilaso a Nápoles a las órdenes del Visorrey Don Pedro de Toledo. En esa ciudad alcanza consideración y simpatía entre
los humanistas napolitanos que lo llaman "ilustre y doctísimo" y "estudiosísimo de Horacio". Estos fueron los años más
fecundos del poeta. Traba además relación con muchos de
los humanistas españoles, especialmente con Juan de Valdés
y Juan Ginés de Sepúlveda. A este último, historiador de
Carlos Y, dedica Garcilaso una de sus odas latinas.
En 1533, va el poeta a Barcelona y a Toledo, y regresa
a ~ápoles. En 1535 acompaña a Carlos V a Túnez, donde es
herido por los moros. Pasando las tropas imperiales el día
19 de septiembre de 1536, junto a la fortaleza de M~y, son
agredidos por los soldados franceses. Garcilaso se lanza al
ataque, y al tiempo que escalaba, dejan caer los soldados
enemigos una gran piedra que le hiere mortalmente en la
cabeza. Trasladado a Niza, muere el 14 de octubre de dicho
año.
11.-0BRA.
1.-"Il dolce stil nuovo".

Dante Alighieri llamó "Commedia" a su inmortal poema
por haberlo escrito en lenguaje humilde, es decir, en toscano
desdeñando el latín, lengua vehicular de la cultura medieval'.
En su libro, el inmortal florentino canonizó su dialecto lo
'
elevó al rango de lengua nacional, y dió un ejemplo ilustre
que marcó el paso decisivo hacia la implantación del nacionalismo lingüístico.
El genio de Dante comprendió que una nueva métrica la
de la rima y del número de sílabas, más sonora y formal, te~ía
que desplazar a la métrica clásica, la de la cuantidad de las
vocales, la de las innumerables combinaciones y pies.
Con Dante, inician los corceles del endecasílabo y del
heptasílabo una carrera que aún no suspenden. Especialmente el primero es, a nuestro modo de ver, el verso dotado
de aquella dorada medianía horaciana: ni muy largo ni muy
corto; admite el tono festivo y el grave; puede caminar con
un hermano gemelo para hacer la estrofa pareada, apta para
la poesía gnóinica; marcha también triunfal con otros siete
caballos para construir la octava real, cauce de la canción

�58

El Dulce Lamentar de Garcilaso de la Yega

Roberto Bravo Villarroel

de Italia informaron el alma del mundo renacentista que es
el origen del de nuestros días.

auerrera. El endecasílabo de tal manera cautivó el oído d~l
;oeta toscano, que lo consideró el más apto para expresar "11
dolce stil nuovo" de su poesía. Este nuevo y a la par dulce
verso de tal manera inundó la poesía prerrenacentista y re!1acentista de Europa, que podríamos llamarlo el verso esencialmente renacentista.

3.-Armas y Letras.

2.-Andrea NavagPro, embajador del endecasílabo y de las
formas poéticas ita) ianas.
La política mediterránea de los Reyes Católicos y la europea de Carlos V, .fneron parte -permítasenos glosar a Cervantes-, para que las musas se mosti:asen fecunda~ y ofrecieran partos al mm1do que lo colmarrnn de maravilla y de
contento. El rontacto político de España con Italia es la
ocasión rE&gt;mota dE' ese alumbramiento. Sin embargo, un hecho
que podríamos llamar fortuito es la causa definitiva del trasplante de las flores poéticas italianas al jardín de España.
Venecia nombra a Andrea Navagero, espíritu renacentista
de aran sensibilidad. embajador ante la corte de Carlos V.
En Granada conoce 'aquél a Boscán, espíritu afín al suyo, Y
amigo entrañable de Garcilaso. Tratan, claro está, "en casos
de ingenio y de letras, y especialmente en las variedades de
muchas lenguas", como asienta Boscán en la famosa carta a
la duquesa de Soma. "Me dixo, prosigue la carta, porqué
no probaba en lengua castellana sonetos y otras artes de
trovas usadas por los buenos autorres de Italia; y no solamente me 1o dixo así livianamente, más aún, me rogo que lo
hiciese ... Y así comencé a tentar este género de verso. En
el qual al principio hallé alguna dificultad, por ser muy
artificioso y tener muchas particularidades diferentes del
nuestro. Pero después, pareciéndome, quizá con el a:11or d~
las cosas propias, que esto comenzaba a sucederme bien, fm
paso a paso metiéndome con calor en ello.. Mas esto n? ~~stara a hacerme pasar muy adelante, si Garcilaso con su Jmc10,
el qual no solamente en mi opinión, mas en la d_e todo el
mundo, ha sido tenida por regla cierta, no me confir~ara ~n
esta mi demanda. Y así alabándome muchas veces m1 pro~osito, y acabándome de aprobar con su ex~mplo, porqu~ qmso
él también llevar este camino, al cabo me hizo ocupar mis ratos
de ocio en esto más particularmente".
Quiso Garcilaso llevar también este camino. Y fue tan
trascendental esta decisión que toda la lírica española,. en su
doble aspecto, formal y t~mático, tomó u~ viraje de~initivo
hacia una zona poética de gracia, de sonoridad, ~e arist_o~racia, que aún perdura y perdurará, porque las brisas poetlcas

50

•

Casi llega uno a pensar que cuando Castiglione describió
las cualidades del cortesano, lo hizo pensando en Garcilaso.
Castiglione exigía "buen linage, claro ingenio, gentil hombre
de rostro y buena disposición de cuerpo, diestro en manejar
las armas y en no alabarse en ello, buen juicio y buena gracia
y aire que a todos agrade". Tamayo de Vargas, en la "Vida
de Garcilaso de la Vega" casi es un eco de la voz de Castiglione: "la trabazón de los miembros igual, el rostro apacible
con gravedad, la frente dilatada con majestad, los ojos vivísimos ·con sosiego ... de una hermosura verdaderamente viril .. .
con no sé que majestad envuelta en el agrado del rostro . . .
diestro en la música y en la. vihuela y arpa": Si Garcilaso
gozó de tamaña fama en su época, fue porqu'e respondía exactamente al ideal y al símbolo de su tiempo. Armas y letras
exigíanse al cortesano ejemplar, y el poeta toledano, cómo se
advierte en su vida y en su obra, fue cabal cumplimiento de
este ideal. La muerte es como es la vida. Garcilaso muere
físicamente en una acción guerrera, y su muerte espiritual,
-vivió murie;1do de pena amorosa-, se hizo égloga, canción,
soneto y elegia.
En estos tipos de poemas vació Garcilaso su corazón.
Admira en verdad la exigiiedad de su obra. Apenas si -llegan
sus versos a 4500. Pudo haber dicho el poeta lo que Fray
Luis de sus versos : "casi en mi niñez, se me cayeron como
de entre las manos estas obrecillas, a las cuales me apliqué
más por mi inclinación de mi estrella que por juicio o voluntad". Estas obrecillas de Garcilaso, caídas al mundo poético
por inclinación de una estrella amorosa son, sin embargo, juntamente con las del fraile agustino, la prueba y el fruto del
más depurado lirismo español en la Edad Aurea.
4.-Los temas garcilasistas.
El mundo poético del Renacimiento se ciñó a unos cuantos temas esenciales : bucolismo, mitología, amistad, amor y
melancolía. Garcilaso adopta también estos temas, pero los
trasmuta y les da un acento completamente vital. Los dos
últimos principalmente son en Garcilaso carne de su caq1e y
huesos de sus huesos. Bien sabemos que el pivote en torno
al cual gira toda su poesía es el amor no correspondido, cuando menos abiertamente, hacia y por Doña Isabel de Freyre.
Hay casi una insistencia morbosa en el dolor, una desesperación por la ausencia o la muerte de la amada llevada a lími-

�00

El Dulce Lamentar de Garcilaso de la Vega

tes casi anormales. Muy pocas Yeces, en efecto, el poeta se
olvida de la íntima tragedia de su vida. El estribillo de la
égloga primera no es mero recurso literario. Salían en realidad las lágrimas corriendo por las mejillas del poeta porque su amada era
" . . . más dura que mármol a mis quejas,
y al encendido fuego en que me quemo,
más helada que nieve, Galatea.
Estoy muriendo, y aún la vida temo;
témola con razón, pues tú me dejas;
que no hay, sh:1, ti, el vivir para qué sea".
5.-La escenografía poética y el drama de Garcilaso.
En toda obra poética podemos descubrir un elemento epidérmico y otro medular. El primero, para Garcilaso, es sobre
el bucolismo. Sacado éste de los latinos, especialmente de
Virgilio, tiene todo el convencionalismo del género. Este respira artificio, y no deja de chocar a nuestra estética moderna
esa concesión a temas tan huecos. Tengamos en cuenta, sin
embargo, el peso del ambiente sobre todo individuo. La naturaleza, en este tipo de poesía, es perfecta. Pastores que
son cortesanos disfrazados, ríos cristalinos y mansos, laboriosas abejas sin aguijón, ninfas de tapiz flamenco, colores inocente y neutros. La naturaleza es un telón de fondo irreprochable, óptimo, y por ende, utópico. El paisaje es además
para Garcilaso, objetivo; la circunstancia, neutral. No se da
en este poeta la cotnpenetración del dolor propio con el paisaje, postura romántica que anticiparon algunos escritores del
Renacimiento. Valgan como ejemplo de aquello estos versos
de la III égloga:
El dulce murmurar de este ruido,
el mover de los árboles al viento,
el suave olor del prado florecido,
podrían tornar de enfermo y descontento,
cualquier pastor 'del mundo, alegre y sano;
yo solo entanto bien morir me siento.
Pero lo que salva a Garcilaso de ser un poeta bucólico
mediocre es el mundo real, auténtico, latente en su poesía.
Garcilaso amó, y amó hondamente. Nadie puede atreverse a
afirmar que los amores del poeta son mero ejercicio retórico,
gimnasia literaria. Ellos tienen expresión insuperable. De
los versos más conmovedores de la poesía española son éstos :

Roberto Bravo Villarroel

.,

'

61

Las lágrimas que esta sepultura
se vierten hoy en día y se vertieron
recibe, aunque sin fruto allá te sean,
hasta que aquella eterna noche escura
me cierre aquestos ojos que te vieron,
dejándome con otros que te vean .
El amor de Garcilaso, pues, es hondamente doloroso y
trágico. No es una pasión mansa, resignada, cuyos efectos
se vierten en lágrimas silenciosas. En la segunda égloga
aparece el carácter del amor de Garcilaso: "terrible y fiero
desear", "congoja", "cruda muerte", "fuego eterno". Es además algo fatal, impuesto por el destino:
En este amor no entré por desvarío,
ni lo traté, como otros, con engaños,
ni fue por elección de mi albedrío.
Desde mis tiernos y primeros años
a aquella parte me inclinó mi estrella,
y aquel fiero destino de mis daños.
Como consecuencia de este amor dolorido, el enamorado
se evade a la soledad:
" ... ir do nunca pie humano
estampó su pisada en el arena".
U, oídas las penas, su amigo le permita:
"llorar mi desventura
entre pinos solos y estas hayas".
A veces este amor llega, por la intensidad del dolor, a
desear la muerte:
, No puedo yo morir Y ¿No puedo irme
por aquí, por allí, por do quisiere,
desnudo espíritu o carne y hueso firme T
La esperanza es siempre alivio del alma dolorida, pero
aun ésta le falta al poeta:

Y, sobre todo, fáltame la lumbre
de la esperanza, con que andar solía
por la escura región de vuestro olvido.

�62

E1 Dulce Lamentar de Garcilaso de

fa,

Yega

Y finalmente el dolor del amor no correspondido es tan
fuerte' que el alm~ del poeta ya ni lo siente:
Siento el dolor menguarme poco a poco,
no porque ser le sienta más sencillo,
mas fallece el sentir para sentillo,
después que de sentillo estoy tan loco.
Y así fue "las horas engañando" hasta que la muerte se
las segó. "En el monte espeso de las diver~idades". no tuvo
Garcilaso nunca la paz hogareña que le hubiera aqmetado el
corazón. X o fue tan sólo la disparidad afectiva con su esposa la que lo obligó a centrar ~l alJ?a e1:1 otra dulce pren~a.
Estaba en el ambiente r enacentista 1deahzar a la muJer aJe•
na, o cuando menos, a la no propia. Desde Dante se inicia
este culto a la mujer semidivina, sin máculas de las cosas terrenales colocada en un escaño sostenido con alas de ángeles
y quen{bines. Petrarca sigue el mismo camino de Dante:
Laura es también la personificación de un sentimiento puramente estético. Este tema se lanza a la poesía de la época
con 0erran éxito y doqui~ra surgen los imitadores petrarquistas. Garcilaso fue también de éstos y no lo fue. En él no hay
abstracciones ni platonismos. El ama a una mujer portuguesa
a la que frecuentemente ve en la Corte, a la que saluda, a la
que le manda su alma en cada mirada de sus ojos enamorados,
a la que le declara su amor en vers?s. que chorrean pas~ón.
Y aunque aprovechó ~odo el ~ndamiaJe :erbal p~trarqm~ta
para dar a conocer su mcontemble afe.cto, este es smcer~, s~ncerísimo, con toda la verdad que puede, tener un autentico
amante:
Y o no nací sino para quereros ;
mi alma os ha cortado a su medida;
por hábito del alma misma os quiero.
Cuanto tengo confieso yo deberos;
por vos nací, por vos tengo la vida,
por vos he de morir y por vos muero.

III.-IXFLUEXCIAS EX GARCIL1\SO.
Tenemos que asentar desde un principio que_ toda. obra
poética, puesto que es humana, tiene como manantial prnnero
el sentimiento personal de su autor. La médula de toda poesía está constituída por las experiencias, esto es, las Yivencias del poeta.

Roberto Bravo Yillarroel

63

Pero todos los hombres somos herederos de moldes artísticos que nos sirven de cauces para la expresión. Pretendemos ahora rastrear, someramente, cuáles fueron esas rutas por
las que Garcilaso caminó.
Ya hemos señalado la influencia de P etrarca. De ella
hemos dicho que se _apropió nuestro poeta los metros y muchos elementos. esenciales.- ~fas también debemos señalar que
frente ~ l~ vaciedad del 1tahano, el español consigue plenitud
de sentimiento.
Virgilio, al que conoció Garcilaso desde su juventud, le
d_a otro elemento, el bucolismo, telón de fondo de sus ensoñac10nes. Toma también del mantuano el gusto por la forma
el eI:&gt;íteto seguro y apropiado, el fondo emocional la contem~
plac1ón serena y objetiva de la naturaleza.
'
Ansias ~Iarch, el valenciano de los Cants es el que más
definidamente influye en el toledano. El gu~to por lo som~río Y lo violento que Don Rafael Lapesa acertadamente senala en la poesía de Garcilaso, es fruto de la imitación de
l\~ar&lt;:h: Xo tuvo, ~in embargo, el gusto por la teorización
filosofica, tan peculiar de este último, "encaminada, dice Lapesa, a de~virtuar con imposibles quintaesenciamientos la humana r ealidad de la pasión; y de otra parte, aun en los momentos de . mayor whemencia, cerró la puerta a los salvajes
- y grandiosos- relámpagos imaginativos del poeta valenciano".
Sannazaro, ~l _poeta de la pastoral napol~tana, es otro de
los ancestros poehcos de &lt;:1-arcilaso. De aquel recoge fSte el
gusto por el color y el somdo, aunque, sigue diciendo Lapesa
"Garcilaso evitó la prodigalidad sensorial del napolitano 1 mos:
frándose más comedido en la descripción de impresiones Yisuales y auditivas.
Terminemos diciendo que todos estos autores influveron
en Garcilaso, pero de una manera circunstancial. Elios le
fueron revelando la manera y el andamiaje con que debería
v~rter su alma enamorada. Hay veces en que la palabra no
v1e~e a la mente para dar a conocer el sentimiento. Entonces
pedimos a los demás ese vehículo. Así obró Garcilaso. Ellos
~ueron dando a conocer. al poeta el mundo interior y le empuJaro1; para que lo mamfestara. Y así produjo Garcilaso s u
poe~i,a enamorada, dolorida y sincerísima. Y nos dió una
leccion de verdadero amor, porque como dice el arcrentino
Francisco Luis Bernárdez,
"

�El Dulce Lamentar de Garcilaso de la Vega

64

Estar enamorado, amigos, es adueñarse de las noches y los
(días.
Es comprender perfectamente que

110

hay fronteras entre el
(sueño y la vigilia.

Lydia Nogales /

SONETOS DE OTOÑO

E s recordar a Garcilaso cuando se siente la canción de una
(herrería

•

Es divisar en las tinieblas del corazón una pequeña lucecita.

EL HUESPED
El pan servido. ¿Y para quién adorno
la mesa dulce en el convite huraño?
Porfía de aguardar, año tras año,
el pan servido y la ceniza en torno.
Quemáronse las brasas en el horno
y el huésped sin venir; huésped extraño

•

presente y sin presencia. Como antaño
mi mesa está esperando su retorno.
Acaso, sin saberlo, en el postigo
arde la vela que encendí. Quién sabe
si el pan, que no comf, coma conmigo
en esta noche. Y su silencio grave
sea el convite que esperando sigo
en esta noche. Y el portón con llave ...
- 65 -

�'
PEÑAS ARRIBA

NIEBLA

Peñas arriba, el eco se distrae
jugando con mi voz. ¿Quién me conduce
peñas arriba? La señal que luce
es mi señal, y la ascensión me atrae.

Cada cual con su lámpara se aferra
a su puesto en la nave; mas ninguno
conoce adónde va. Y un importuno
golpe sin golpe los espacios cierra.

Sin saber cómo, me quedé en el cruce
de una canción. Cuando la noche cae,
no sé si la distancia se contrae
o si es el eco el que mi voz reduce.

¿Vuelven los que se van? Mi paso yerra
en la nave sin fin. Uno por uno
los voy nombrando a todos. Falta alguno:
el capitán que se ha quedado en tierra ...

Nunca podré saber en cuál sendero
comencé mi ascensión. La voz cautiva
sigue jugando con el_ eco. Pero ...

Cada cual con su lámpara. -¡Yo iba
con un jirón del alba en otra nave!¿A dónde va este barco a la deriva?

¿Y el rumbo fiel? ¿y la señal furtiva?
... En esta noche, apagaré un lucero
porque otro rodará pehas arriba.

¡Toda la niebla en mis pupilas cabe!
Cuando pregunto al timonel de arriba
no me responde. El Capitán lo sabe ...

�Slawomir Mrozek ¡ EL PROCESO

..

G RACIAS a obstinados esfuerzos,
gracias al trabajo, a las medidas tomadas y al fuerte deseo
de concluir, el fin fue alcanzado. Todos los escritores fueron
uniformados y se les atribuyeron grados y distinciones. Esto
fue hecho para evitar de una vez por todas el caos, la ausencia de criterios y las inconsecuen&lt;'ias en el arte. El proyecto
de uniforme fue estudiado por el centro, y la repartición de
regiones y grados fue el fruto de largos trabajos preparatorios del Comité DirectiYo. A partir de ese momento, cada
miembro de la Unión de Escritores fue obligado a llrvar el
uniforme: largos pantalones color violeta, una chaqueta Yc1·de, un cinturón y un casco. Sin embargo, esta obligaéión, a
pesar de su simplicidad, aparente, estaba muy diversificada.
Los miembros del C'omitP Directivo llevaban charreteras de
oro trenzadas, los miembros ele los comités regionales, charreteras con trenzas de plata. Los presidentes, espadas; los YÍ&lt;'epresidentes, puñales. Todos fueron colocados en formac·iones,
según el género a! cual pertenecían. Al'ií, fueron constituidos
dos batallones de poetas, tres divisionC's de prosistas y 1111 P&lt;'lotón de ejecución, compuesto de elementos diYersos. Entre
los críticos, en rfecto, se procedió a arreglos muy enfrgicos .
rnos fueron e1wiados a galeras, otros a la gendarmería.
El conjunto fue repartido según loe; grados, desde srgunda clase al de Mariscal. Se tomaba en consideración &lt;'l ní1mero de palabras que el escritor consideraba haber publi&lt;"ado
en el curso de su vida, el ángulo d(• inclinación de su columna
vertebral ideológica con relación al suelo, su edad, sus funciones en la Municipalidad y el Estado. Para diferenciar los
grados, sr adoptó la distinción dr colores.
Las venta,jas del nuevo orden eran evidE'utes. Ante todo,
cada uno sabía ahora lo que se debía pensar de tal o &lt;:ual
-

00 -

�70

El Proceso

escritor. Estaba claro, de ahora en adelante, que un esc~itorgeneral no sabría escribir una mala ?ºvela, que \ªs meJ_ores
del género eran de la pluma del escr1tor-ma:1scal. l n escr1tor&lt;·oronel podía cometer ciertas faltas, pero sm embargo est~ba
más dotado que un escritor-comandante. A las casas editoras, igualmente, se les facilitó la tare~. Podían calcular e:'actamente el porcentaje en el que, por eJemplo, una obra ennada
por un escritor-general de brigad~ era más. propia para la
impresión que la obra de un escntor-subtem~nte. 1:iª ~uestión de los honorarios fue arreglada con el nusmo criterio.

r

Evidentemente el escritor-crítico-capitán no podía, actualmente hacer ~na crítica negativa sobre el libro de un
escritor q~1e tenía el rango de comandante ya mencio1;1-a~,o.
Sólo un escritor-crítico-general podía ~xpresar una opuuon
desfavorable sobre la obra de un escritor-coronel.
Las ventajas exteriores del nuevo ord~n eran igualI?ente
considerables. Durante los grandes desfiles, los escritores
(que antes daban una impresión gris comparados ~on los deportistas, por ejemplo), se hacían notar por el b_r1llo de sus
charreteras. Todo relucía, las espadas y los punales de los
presidentes y los vicepresidentes brilla~an, así como _l,os morriones de todo el destacamento. Gracias a esto crec10 enormemente la popularidad de los escritores en la sociedad.
Fn disgusto surgió cuando se necesitó situar a un cierto
escritor-lunático que escribía en prosa, pero cuyas obras, demasiado cortas para ser novelas, eran demasiado largas para
i:er cuentos. Se cuchicheaba, además, que eso era prosa poética con matices satíricos· otros decían que ese lunático escribía también artículos que verdaderamente eran pequeños
cuentos no desprovistos de ciertos rasgos propios del ensayo
crítico. ' I\o se le podía situar ni en la prosa ni en la poesía,
y no valía la pena organizar una nueva subdivisión para un
solo hombre. Algunos se pronunciaron por su. exclusión: f l
fin de cuentas se le dieron pantalones naranJa para d1stmauirlo se for~ó una segunda clase y se le dejó tranquilo.
Todo ~l país veía en él un oprobio.. Por lo demás, s~ hubiei:a
sido excluido no habría sido el primer caso. Un cierto numero de escritores que, por deformación física, tenían un pésimo aspecto bajo el uniforme, habían sido excluídos desde un
principio.
Sin embargo, la opinión tuvo necesidad de convencerse,
un poco después, que había sido un gran _error haber mantenido en la asociación a ese loco y lunático. En efecto, su
persona fue el origen de un escandaloso asunto que afectó
el claro y magnífico prinl'ipio de autoridad.

Slawomir ~Irozek

71

Un día, un escritor-subteniente-general, muy conocido y
bastante serio, se paseaba por una de las calles de la capital.
Venía a su encuentro este escritor-2a. clase de pantalones
color naranja. El escritor-subteniente-general le arrojó una
mirada despreciable, esperando ser saludado por el 2a. clase.
De pronto, distinguió sobre el casco del escritor 2a. clase la
más alta distinción, que sólo un escritor-mariscal tenía el derecho de poseer: una pequeña roseta roja. El principio de
respeto a la jerarquía estaba en tal forma arraigado en el
escritor-subteniente-general, que sin detenerse ante la extrañeza de lo que acababa de ver, tomó inmediatamente una actitud del más profundo respeto y saludó al escritor 2a. clase;
en este momento, una pequeña bestia del buen dios, que se
había posado sobre el casco de este escritor, y que el escritorsubteniente-general había tomado por la insignia del más alto
grado, desplegó sus alas y voló. Preso de cólera, y sintiéndose humillado, el escritor-subteniente llamó inmediatamente
al crítico de servicio que condujera al escritor 2a. clase al
puesto instalado en la Casa de los Escritores, no sin antes
haberle quitado su pluma.
El proceso tuvo lugar en la capital, en el Palacio de las
Artes. En la larga sala de mármol brillaban las charreteras
de los jueces. El cuerpo de oficiales tomó lugar detrás de
la mesa de caoba y oro; sus decoraciones y sus estrellas se
reflejaban sobre la pulida superficie, como en un oscuro espejo. El escritor 2a. clase con pantalones color naranja fue
acusado de portación ilegal de insignias que no pertenecían
a su rango.
Sin embargo, el acuso tuvo suerte. La víspera del proceso se había tenido una sesión del Consejo de la Cultura,
durante la cual había sido violentamente criticada la insensibilidad con respecto a los artistas y los métodos administrativos en la dirección de actividades artísticas. Desde el día
siguiente los ecos de esta reunión se hicieron sentir en la sala
del tribunal. Fue el escritor-crítico-mariscal en persona quien
tomó la palabra.
.
-Xo tenemos el derecho de abordar de manera burocrática esta acusación, tenemos el deber de investigar el asunto hasta el fondo. Sin duda alguna, el negocio que examinamos es el de una infracción a los principios gracias a los
cuales hemos alcanzado, a pesar de algunos errores, una magnífica. e~pansión_ de nuestra literatura. Pero el acusado ¿es
un cr1mmal activo y plenamente consciente de sus actos?
Deberíamos ir más lejos, ver las causas y no solamente las
consecuencias. i Preguntamos qué ha llevado al acusado a

�72

El Proceso

un tal comportamiento? ¿ Quién lo ha depravado, quifo se ha
aprovechado de su inconsciencia principiante? ¿ Qué atmó~fera ha precipitado la crisis? ¡, Qué debemos hacer, para evitar que sem('jantes cosas se produzcan en el futuro?
"No, mis queridos colegas, no es el acusado el principal
culpable. El no ha sido sino un instrument~ entre las ma~os
de la bestia del Buen Dios. Es ella, la bestrn del buen Dws,
guiada por su odio hacia nuestra ~rneYa jerarquía, irri~ada
ante las realizaciones que debemos Justamente a la exactitud
absoluta de nuestros criterios, a la excelent(' organización de
nuestra Yida profesional; es ella, repito, la que se ha posado
sobre el casco imitando así la insignia del mariscalato. Es
por ella que nuestra jerarquía i&gt;s una bi&gt;stia negra. Así, es
la mano la que debemos castigar, y no la cii&gt;ga espada".

Noticias

LA FACULTAD DE MEDICINA EN SU
CENTENARIO
Por Israel Cavazos Garza
Leido en el Homenaje a la Facultad de Medicina, ofrecido por
el Colegio Nacional de Médicos
Cirujanos "Eduardo Liceaga",
Sección Nuevo León. Aula Magna de la Universidad de Nuevo
León, 14 de septiembre de 1959.

El discurso fui&gt; saludado como si hubiera arrancado las
raíces mi5mas del mal. El escritor 2a. clase fue rehabilitado
y el acto de acusación principal dirigido contra la bestia.
El batallón el(' críticos la di&gt;scubrió en c&gt;l jardín, donde&gt;
se&gt; pavonc&gt;aba sobre&gt; una hoja de lilas, urdiendo sus miserablc&gt;s
planes. No se defendió, sabiendo que había sido desenmasearada. El proceso tuvo lugar en la misma sala de mármol.
Se colocó a la bestia del buen Dios sobre la tabla de caoba y
se la cubrió con un plato di&gt; vidrio, para que no pndi('ra
eseapar. Todos extendieron el cuello, queriendo V('r ese pequeño punto rojo sobre la superficiP negra. Inflexible en sn
abyeceión, guardó hasta el fin un silencio despreciable.
Se&gt; le fusiló al alba drl día siguiente, con la ayuda de
euatro tomos de la última nowla del escritor-mariscal de la
literatura. Eran volúmenes impresos sobre papel holanda y
"'rabados. Sr le dejó caer uno después de otro, d('sde una
;!tura de cincuenta centímetros. Parece que&gt; no sufrió mucho tic&gt;mpo.
El escritor-2a. r lase co11 pantalones color naranja fue ronsiderado, a pesar de todo, como sospechoso de&gt; haber actuado
en complicidad con la criminal. Xo Se&gt; excluye, por otra parte,
que algo más lo haya unido a e_lla, .ya q_u~ _rompió en soll?zos
cuando le anunciaron el Yeredicto y p1d10 qne se )(' deJara
en libc&gt;rtad, c&gt;n el jardín.

(Versión de A. R.)

E

S'l'ABLECIDA en la Constitución
Política local de 1825 la obligación del Estado de impulsar y
proteger la instrucción pública, el gobierno de don José María
Parás promulga el Decreto :t-ío. 73, de 27 de febrero de 1826,
con el Plan relatiYo.
El artículo 35 y siguientes, del capítulo referente a la
enseñanza srcundaria, autoriza c&gt;l establecimiento en el hospital de esta ciudad, de "un profesor médico cirujano, virtuoso, de talento, aplicación, práctica y erudito·,, dotado de 800
pesos anuales. El citado médico estará obligado a enseñar,
diariamente, media hora de medicina y media hora de cirugía.
Los jueves disertará sobre anatomía, química o botánica, y
los domingos habrá de impartir a un grupo de ''matronas de
conducta y aptitud" algunos conocimientos de partos ~, enfermedades de mujeres y niños. La licencia para ejercer, será
otorgada a juicio del profesor.
La erección del plantel no es realizable por entonces. El
sucesor del Sr. Parás en el gobierno, don Joaquín García,
acoge la idea con verdadero interés. Libra para ello instrucciones a los representantes federales de Xuevo León, y éstos
firman en la ciudad de :\léxico un convenio con el médico
üaliano Pascual Constanza, el 5 de agosto de 1828, para que
wuga a l\Ionterrey a hacerse cargo de su erección.
-

73-

�74

La Facultad de Medicina en su Centenario

Aprobadas por el H. Congreso, en fe~rero del ~ño . ~ic,uiente las medidas del Sr. García, se legaliza su reahzac10n
sancionar con fuerza de ley, en la misma Legislatura, el
decreto 73. Esta sanción se verifica el 7 de abril de 1829,
con el No. 215, insertándose literalmente la parte relatiYa a
la enseñanza médica, establecida por el Sr. Parás.

:1

Llega el Dr. Constanza a Monterrey. El gobierno le ha
facultado para hacer traer de Nueva Orleans lo necesario
para la instalación de un anfiteatro anatómico. Y a están
dispuestos a matricularse Francisco Gutiérrez, Carlos A?ala,
Pedro González Amaya, Antonio Cuéllar y José María Carrillo.
Fray Antonio Manuel 1\Iaría del Alamo, m1s1onero del
pueblo de Guadalupe, proporciona unas cuantas calaveras; se
desentierra un esqueleto en la Cuesta Blanca, y ábrense desde
luego las clases, que son impartidas inicialmente en la casa
del gobernador.
El mismo médico da los pasos necesarios para el esta.blecimiento de una huerta botánica, anfiteatro y sala clínica.
Pero ... pronto decae su entusiasmo, y convierte en inconstancia su apellido. Renuncia a su cátedra en abril de 1831,
arguyendo quebranto en su salud. Pero lo cierto es que ha
decidido establecerse en la villa de García, donde se le ve
muchos años más tarde. En el archivo de la catedral de 1Ionterrey encontramos la partida de su entierro, verificado el 3
de febrero de 1859, en el panteón de la Purísima.
Otra verdad latente es la que existe. :Nadie respalda moralmente las ideas progresistas del gobernador García. Hay
en el ambiente de la época cierta predisposición a los estudios de las ciencias naturales, que conducen a la incredulidad y al materialismo. La escuela desaparece. Se ha preYisto, por fortuna, la situación de los alum_nos, y se sabe que
Francisco Gutiérrez y Carlos Ayala, protegidos por el Estado,
concluyen sus estudios el primero en París y el segundo en
Guadalajara.

LA ESCUELA LATENTE
Mejores días esperan a Nuevo· León en este sentido.
Procedente de la capital tapatía, su lugar de ?rigen. y
después de algunos meses de permanencia en San Luis Potosí,
donde hace patente su filantropía durante la epidemia del
cólera morbo llega, el 13 de noviembre de 1833, a Monterrey,
el joven pasante de medicina José Eleuterio González, acompañado de su protector fray Gabriel Jiménez. ~o ha cum-

Noticias

plido veintiún años y ya, consagrado al estudio, hace vida
monástica en una celda del convento de San :B.,rancisco. El
Illmo; Sr. Belaunzarán, 60. obispo de Linares, aprecia su capacidad y le nombra director del Hospital de Ntra. Sra. del
Rosario, en sustitución de Ignacio Zendejas.
{

No limita el joven médico sus actividades al alivio del
dolor ajeno. Palpa la necesidad de farmacéuticos, más grave
aún que la de médicos, que ya los empieza a haber en la región. Abre, en 1835, una cátedra de farmacia, y al cabo de
cuatro años, logra recibir a sus únicos cuatro discípulos.
El gobernador José María Ortega establece la primera
Junta de Sanidad. Ante este organismo es examinado Gonzalitos el 8 de marzo de 1842. Ifan pasado apenas 24 días de
obtenido su título y ya decide impartir un curso completo de
medicina. Cinco alumnos acuden a recibir sus enseñanzas.
Seis años después -29 de agosto de 1848- recibe su único
fruto: Blas 1\Iaría Díaz. Otro de sus discípulos, Ignacio García García, desde el tercer año había pasado a :México, donde
concluyó también su carrera.
Establecido el Consejo de Salubridad el 19 de septiembre
de 1851, del que el doctor González fue designado vicepresidente, y disponiendo ya del auxilio de nuevos médicos y farmacéuticos, intenta un nuevo curso de medicina. No realiza
esta vez su noble propósito, que limita a sólo una cátedra de
obstetricia, debido a la clausura del hospital en 1853.

FUNDACION DE LA ESCUELA
Vive entonces ~léxico sus más duras horas de prueba.
Nuevo León se alista en los días de la Revolución de Ayutla,
que culmina con la promulgación de nuestra Carta Magna,
en febrero de 57. Obedeciendo a uno de sus preceptos, el gobernador Vidaurri decreta, el 4 de noviembre del mismo año,
la fundación del Colegio Civil Su apertura es imposible
por entonces. Ha surgido la Guerra de Reforma. Y los hombres del norte, acaudillados por Vidaurri, tienen participación
muy directa en las luchas ciue han de decidir los destinos de
la Patria.
Ocupa Aramberri la primera magistratura del Estado, y,
no obstante la situación caótica que impera, promulga, el 30
de octubre de 1859, un nuevo decreto, dispon.iendo la apertura del Colegio Civil.
El nuevo instituto tiene proporciones de pequeña universidad. Ha sido incorporada en él la Escuela de Jurispruden-

�7(1

La Facultad de :'\ l&lt;'&lt;licina en su Centenario

c•ia que fundara en 1824: don José_ Ale~ndro de_ Tre_Yiño y Gutifrrez en el seno del Real y 'fridentrno Semrnario de l\Ionterrrv.' Ahora se ha dispuesto también la fundación de la
Escu~la de Medicina, dentro del Colegio CiYil. Las cát~d~as
en éste se ini&lt;:iau rl ;j de diciembre. El programa de ~1edicma
sr ajusta en todo a los estudios que se llevan en la Escuela
Xa&lt;:ional.

EL HOSPITAL
Se t ropieza con un grav1s1mo probl&lt;:'ma. Xo hay h?spital. El viejo centro de 'ialud de Xtra. Sra. del Ro ano_;
aquél que albergara a los &lt;:entenares de aprstados d_e la epidemia de viruela de 1798, y que supo del celo admirable de
Fr. Antonio de la Y&lt;:'ra y Gálvez; el viejo hospital que oyó el
clamor de los heridos insurgentes y realistas en las ~ruentas
luchas de la Indep&lt;•ndencia; el que albergó a los reg1on~~nhnos víctimas drl cólera morbo del año 33; el c¡ue restano las
heridas de los soldados mexicanos y extranjeros en el sitio
de ~Ionterrer del 46, había cerrado sus puertas.
Xo hav a,;ilo ahora para la clase menesterosa. Acostumbrados los ·pobres a acudir a Gonzalitos, continúan hacirndolo.
El no ve otro arbitrio que la construcción de un nuevo hospital. La idea es trnida como nn delirio por . muchos e~cépti&lt;·os. Gonzalitos encuentra d apoyo de su amigo y confidentr el padre ,Jo,;{, .Antonio ele la Garza Cantú, chantre de la
catedral y ex-&lt;:apellán del Hospital del Rosario.
La obra sr inicia rn 18,J8, al cuidado del Consejo de
f-lalubridad v tras de numerosos esfurrzos, logra abrir su cnÍH1rn•1-ía rl ·2' de mayo del año (iü.
El Yiejo Hospital clc-l Rosario sostenido por el gobierno
r&lt;.:lesiústit'o por más de sesenta años. dir&lt;·inueve de los cuales
fue dirigido por Gonzalitos, ha sido l'lammrado por falta de
fondos. El &lt;¡ur ahora se ha erigido, Yiene a srr, en rigor de
justicia históriea, otra fundación eclrsiásti&lt;:a, rral_iza~a en plena Rrforma. El Estado está impedido de contrtbmr por las
atrnciones de la guerra. La obra es . emprendida con la aporta&lt;·ión de 4,000 hec·ha por r l chantre, y ele igual s~ma aportada por rl Pbro. ,José l\Iaría de la Garza. Gonz~htos ha de
hacer más tarde sn generoso legado testamentario de 8,000
])&lt;&gt;SOS.

El nuevo c•&lt;:'ntro dr salud viene a constituir una esperan'
, .
7.a de alivio del dolo1· humano,•y, más que todo, el aula max1ma
dP la narientc Escuela de l\ledirina.

Xoticias

77

LA ESCUELA INDEPENDIENTE
Incorporada durante veinte años al Colegio Civil, pasa
la Escuela de Medicina las mismas vicisitudes y las mismas
penurias que éste. Clausuras forzosas durante la intervención francesa; reaperturas e impulso decidido del general Escobedo al 'l'riunfo de la República. Xuevas clausuras en las
revoluciones de la X oria y Tuxtepec, para convertir en cuartel el viejo caserón de la calle de San Francisco (hoy de
Ocampo) . Las privaciones económicas no son menores. Largos meses transcurren y aun años enteros, sin que los catedráticos perciban remuneración alguna.
El funcionamiento de la E-scuela, incorporada al Colegio,
llega a tener serios escollos. llay deficiencia en la atención
simultánea de un solo director para especialidades tan diYersas. El 12 de octubre de 1877, el gobernador Genaro Garza
García decreta la separación de las escuelas de Jurispruden&lt;:ia
y de ~fedicina. Esta última es puesta al cuidado del Consejo
de Salubridad.
Al iniciar sus cursos en 59, lo había hecho con quince
matriculados. Esta cifra había ascendido a 21 en el año 65.
El impulso que recibe en el gobierno de Garza García, da una
estadística de 63 alumnos. El plantel cobra prestigio. En
los primeros dieciocho años han egresado de sus aulas 46 médicos y 22 farmacéuticos. Muchos de estos profesionales forjados en l\Ionterrey, van a ejercer su noble misión a los Estados de Coahuila y 'famaulipas. Otros dejan sentir su influencia benéfica en los Estados del interiot· o en el extranjero.

.A partir del año 77, disfruta la Escuela de un presupuesto
de 330 pesos mensuales, distribuidos en la forma siguiente:
40 para su director; 30 para cada uno de sus catedráticos; 15
para el secretario y tesorero, y 10 para cada uno de los preparadores.
La muerte del doctor González, acaecida el 4 de abril de
1 88, constituye una pérdida 'irreparable para la Escuela. Uno
de sus más destacados discípulos, el Dr. Juan de Dios Treviño, es designado director. El gobierno del Estado cede en
1890 un predio anexo al hospital. Con el legado del Dr. González es edificada allí la Ecuela, que ha de albergar a muchas
generaciones.

1891-1959
Consigue asumsmo mantenerla en los días intranquilos
de la ReYolnción.

�78

La Faculta11 de :Uedicina en su Centenario

Xoticlas

El sabio discípulo de Gonzalitos; alumno fundador de la
E scuela recibido en 1865, y secretario, después, del plantel;
catedrático de obstetricia durante largos años, y director del
hospital, tiene a su cargo la dirección de la Escuela, hasta su
muerte, acaecida el 16 de julio de 1918.

Analizar pormenorizadamente la historia de esta escuela
centenaria; seguir paso a paso su trayectoria educativa y material; relatar sus fracasos y sus glorias; referir la vida de
quienes la consagraron a ella; hacer un balance del fruto obtenido; son capítulos que sería temerario r educir en esta imEtrf.ecta_ exposición. Baste decir que, en el decurso de cien
años, ha llenado con creces la función social y profundamente
humana a que está destinada.

A un médico inteliaente v activo, y que ya para esos años
disfruta de bien ganad~ prestigio: don Eusebio Guajardo, le
es encomendada la dirección. Esta llega a estar en sus manos en cuatro ocasiones diversas. En estos lapsos, revela su
gran cariño por la ü1stitució11 y logra ponerla a la altura ele
las mejores en su género.

GONZALITOS
La ,,ida de la Escuela rstá íntimamente ligada a la del
benemérito Dr. González. Empresa difícil la ele exaltar su
figura mag-nífica. Con todo, cumple a nuestro deber significar su obra. La del impulsor de los estudios médicos en
~fonterrey; fundador de la Escuela de l\fedicina; catedrático
en ella hasta su muerte, y fundador del Hospital que llevara
más tarde su nombre. La del filántropo que consagra &lt;;u vida
entera a mitigar el dolor ajeno, "fuera la esposa del Presidente
.Juárez, a quien asiste en esta capital, o fuera la del más infeliz
presidiar!?" -como lo asienta Hermenegildo Dávila, el mejor
ele sus bwgrafos. Padre de los pobres, en cincuenta y cinco
años de ejercicio de la medicina jamás percibe remuneración
alguna por sus curaciones. Completamente ciego, acude a
resolver un caso difícil de obstetricia, en una infeliz mujer que
sólo tiene por lecho una estera miserable sobre el duro suelo.

Al primer período del Dr. Guajardo, suceden los 11ombres de los doctores Francisco Garza Cantú, Anastasio Carrillo, .José Barragán, David Peña y Jesús M. Saldaña.
El gobierno del Estado, a cuyo frente se encuentra don
Francisco A. Cárdenas, crea la rniversidad de Xuevo León,
por decreto de 31 de mayo dC' 1933. C'on esta fecha, la antigua
Escuela pasa a convertirse en una de sus facultades. Durante
casi ocho años viene luego a deoe11der del Consejo dC' Cultura
Superior, y, al restaurarse la l'niYersidad, el 13 de septiembre de 1943, vuelve a formar parte de ésta.
Los nombres de los doctores Procopio González Garza,
Jesús García Segura, "Nicanor Chapa, Angel Martínez Yillarreal, Dante Decanini, Eduardo Aguirre Pequeño, Roberto
Treviño :'.\Iartínez, Serapio l\furaira y Méntor Tijerina de la
Garza, han venido sucediéndose, a partir de entonces, como
directores del plantel. Cada uno de tllos en menor o mayor
grado, ha contribuido a la superación y al prestigio de esta
escuela centenaria.
La vieja casona de la plazuela de Cnauhtémoc es insnficiente para dar cabida al cada wz mayor número de alumnos.
En febrero de 1948 se inicia la construcción de un nuevo y
grandioso edificio, al oriente del Hospital Civil. Provisoriamente funciona la Escuela en el edificio '"rirso Garza", de la
e&lt;;quina de Dr. Coss y 15 de l\Iayo. El 9 de noviembre de
1952, el Presidente de la República, Lic. ~1iguel Alemán, foaugma el nuevo local. En 13 de enero de ,j5 se promulga la
Lev Orgánica del Hospital Civil. A partir de esta fecha es
co1;stituido en hospital de enseñanza, y su dirección es conjunta a la ele la Escuela. La construcción se ha continuado
O'radualmente y pronto quedará del todo concluida. En los
11timos años ha sido verdaderamente prodigioso el adelanto
observado en todos los órdenes.

79

Cumple a nuestro deber significar asimismo la obra del
maestro. A nadie más que a él debe atribuirse la existencia
del Colegio Civil en sus etapas más difíciles. E s director del
plantel y figura como catedrático de humanidades hasta su
muerte. Nuevo Platón, sus discípulos de literatura o medicina
le rodean constantemente, ávidos de escuchar sus enseñanzas.
La obra del orador tiene mucho de docente. En las distribuciones de premios del Colegio, produce piezas magistrales. En su verbo se advierte el erudito del clasicismo griego
y latino. Su palabra está saturada de sentencias de un profundo sentido moral. Sus discursos de carácter cívico, son
documentos de amplísima información histórica.

• 1

El Gonzalitos estadista, personifica el modelo del gobernante patriarcal. Cubre tres interinatos al frente del Ejecutivo del Estado en diversas ocasiones. Al suplir, en 1870, una
ausencia temporal de Jerónimo Treviño, deja establecida la
Escuela Xormal para Maestros. Es electo después gobernador
constitucional en 72. La política le distrae sin embargo de

�80

La Facultad de Medicina en su Centenario

su tarea esencialmente humana. Las adversidades que en ella
padece, son consignadas por él entre las que le ocasiona la
ceguera sufrida en las postrimerías de su vida.
La obra del Dr. González escritor, es admirable. P ara sus
labores didácticas elabora un Tratado de Anatomía y sus Lecciones de Moral Médica. Escribe, además, un Tratado de
Partos ; otro de Patología General y unas Lecciones de Terapéutica. Prepara un manual de Raíces Griegas ; nos lega un
estudio sobre Higiene de Sepulturas ; imprime un tratado de
Cronología, y se da tiempo para escribir un estudio sobre La
Mosca Hominívora, y otro sobre la Estadística del Estado.
Se ha distinguido también como poeta, y su inspiración
borda generalmente sobre la ciencia y la enseñanza.

Xoticias

..
. ''
1

Israel Cavazos Garza

BIBLIOGRAFIA
AGUIRRE PEQUEÑO, Eduardo. Datos para la Historia de
la Escuela de Medicina. Monterrey, 1944.
ARCHIVO GENERAL DEL ESTADO. Sección "Archivo Escuela de Medicina".

GONZALEZ, José Eleuterio.
t errey, 1885.

Colección de Discursos. Mon-

REYES AURRECOECHEA, Vicente. Historia de la Facultad
de Medicina. En "Vida Universitaria", ~º- 53. Monterrey, 26 ele l\Iarzo 1952.
ROEL, Santiago. Dr. José Eleuterio González. Apuntes Biográficos. l\1onterr ey, 1938.
ROEL, Santiago. Nuevo León. Apuntes Históricos. 7a. Ed.,
l\Ionterrey, 1957.
TORRES H. Martín. La Facultad de Medícina. En "El Porvenir". l\fonterrey, 16 de agosto de 1959, pág. 7.

Identificado plenamente con la vida de Nuevo León, consagra también gran parte de su precioso tiempo a las investigaciones históricas. Su : Colección de Documentos para la
Historia de Nuevo León ; sus: Lecciones Orales de Nuevo León,
y sus Apuntes para la Historia Eclesiástica del Obispado de
Linares, son libros de gran mérito y constituyen las primicias
de la historiografía local ; ya que ha de pasar tiempo para
que la obr a de nuestr os cronistas del siglo XVII sea conocida.
Y :N"uevo León sabe apreciar en todo lo que vale la vida
y la obra del sabio filántropo. Un decreto del Ejecutivo le
declara Benemérito en 1867, y otro del Congreso ratifica en
73 esta justísima designación. l\Ionterrey siente veneración
profunda por el hombre que tantos beneficios le ha prodigado.
Este cariño tiene su apoteosis en el júbilo popular sin precedente por su retorno de Nueva York, aliviado de la vista; o
en el dolor que el 4 ele abril de 88 experimenta con su pérdida eterna.
·

DAVILA, Hermenegildo. Biografía del Dr. José Eleuterio
González. Monterrey, 1888.

81

, l

�Libros

René Marqués, La. víspera. del hombre, Puerto Rico, 1959.
(Selección del Club del Libro de Puerto Rico).
René l\Iarqués, después de triunfar en el drama y en el
cuento, se estrena en la novela con La víspera del hombre,
(1959) primera selección del Club del Libro de Puerto Rico.
una clase de "Book of t he l\Ionth Club" organizada por el
mismo Marqués para fomentar la producción y la divulgación
de la literatura puertorriqueña.

La. víspera del hombre sigue la pauta ya tradicional de
la novela criolla de Hispanoamérica: la presentación de un
protagonista simbólico que se identifica con el escenar io y los
problemas de su país. En cuanto al elemento personal. el
autor penetr a en el mundo interior de Pirulo y lo sigue a
través de su transformación de niño en hombre. El proceso
evolutivo va acompañado de cambios de escenario significativo .

...

1

1

La primera etapa de la vida de Pirulo se desenvueln en
el interior de la isla, rerca de Lares. Hijo ilegítimo de la
campesina Juana y el finquero don Rafa, Pirulo vive con sn
madre y un padrastro egoísta, borracho y violento. Para consolarse, Pirulo se refugia tanto en ·1a naturaleza como en la
finca de San Isidro. Cuando don Rafa vende la finca, Pirulo
sabe que " la seguridad y la paz ya no estaban en la casa grande". (p. 28) E l temporal de San Felipe (1928) termina la obra
de don Rafa destruyendo la finca y poniendo fin a la niñez
de Pirulo. Ya acercándose a la pubertad, Pirulo no puede
aguantar más los golpes del padrastro. Se escapa de la casa
y se encamina hacia el mundo más amplio de la costa.
En Carrizal, la otra finca de don Rafa cerea de Arecibo,
Pirulo vive con su tío Payo. Bajo la protección de don Rafa,

�Libros

84

trabaja, estudia y juega. Poco a po~o se le des1¡&gt;i~rta el s::º
v ~e enamora de Lita, hija de su anngo y co~se_Jero, el ~1e.,ro
FT La evolución hacia la madurez contmua su ma_rcha
v:r~fginosa.
11 día en la playa Lita se deja poseer por Pirul~
v éste se i-iente bastante grande para poseer la he~-ra , Y :
iuar. Lo único que falta ya para que sea hombre es expeumentar el dolor y veneerlo.

r

Raúl nieto de don Rafa se pone tan celoso 9l~e por poco
mata a n'aúl en un peñón de la playa. Cuando ~ehx se desespera al saber que su hija está de~h~nrada, Pirulo sufre de
remordimiento. Luego ese remordimiento s~ trueca en ◄ ~e_specho cuando Lita, pensando en la gran amistad entre Fehx
v Pirulo miente que Raúl fue el culpabl~.. Los dolores de
I'irulo si'guen intensificándos(': Féli~ se smcida; la madi; ~e
Lita se vuelve loca y mata.ª ~u l!1~a a machetazos; Y, a~ o
le revela a Pirulo que es hiJo ilegitimo de don Rafa. r?t_almente aturdido, Pirulo corre a lanzarse al mar pero el esp1r:~u
ele Félix )(' ayuda a reaccionar. Lleg~ a compre1~der &lt;!ue ,~l
problema no era, pues, busear el sentido de la '?da, smo 'ivirla sin esperanza alguna de encontrar su sentido . . . Hoy
sólo era la víspera. El día sería mañana". (p. 26~) Al terminarse el dolor de crecer, Pirulo e~ltra en, la plen~tud d(' .la
vida, dejando a Ca~rizal por el ambiente mas a~1pho d~ . .._\reeibo donde va a vivir en casa de don Rafa y segmr estudiando.
Por sensible que sea la interpretación. de los pensami~ntos v las emociones de Pirulo, éste nunca pierde su valor &lt;;i_mbóli~o. · Su niñez refleja la existencia idílica_ de P~erto Rico
antes d(' la &lt;'onquista española. Pirulo se deJa fascmar tanto
por el ausubo, el coquí y
pi_tirre corno p~r la leyend_~ de
la princesa india. Las alusiones a las dos epocas co_lomales,
aunque coinciden más con los años pasados por Pirulo en
Carrizal, comienzan durante su niñez. A~ude ~ Lares p~ra
escuchar embelesado 1111 discurso revoluc1on~r10 de Alb1zu
Campos, quien ti('ne que recordar a los campesmos ,que el enemiao ya no es España corno en 1868 cuando sr echo el famoso
G ~t · 0 los Estadoh -Unidos. La lucha a muerte entre los
n o sml;nidos
· y Puerto
" Rico se presenta snn
· b oT1cament e ante
Estados
.
los ojos azorados de Pirulo en el ataque del guaraguao contra
el pitirre.

e!

Pna vez en Carrizal, Pirulo resiente_ más las manifestaciones del colonialismo de los Estados Umdos. En la ~scu_ela,
la directora norteamericana le pega porque no, sabe¡;n~1u;_re
decir la jura a la bandera. Pregunta por que la • , • 1stilling Co. produce alcoholado en wz de ron, Y por que el
está prohibido. Lamenta la desaparición de las calesas frente

ron

Libros

a la invasión de automóviles norteamericanos. Cuando Raúl
regresa de los Estados Unidos convencido de la superioridad
de ese país, Pirulo le recuerda que Puerto Rico tiene que ser
libre. En su afán de criticar todo lo norteamericano, René
1\Iarqués muestra una predilección anómala por todo lo español. La india Marcela, qne durante la nifiez de Pirulo se identifica con la princesa legendaria, se pasea por el bosque cantando ¡ letanías en latín! Unos cuantos capítulos se dedican a1
retrato del inmigrante español Francisco Domingo Abreu.
Justo, honrado y trabajador, se le perdonan las aventuras
amorosas como parte de su carácter pintoresco. En la finca,
el español Abren y después su yerno don Rafa dan buenas
condiciones de trabajo a sus peones, los invitan a tertulias
en la casa grande y se preocupan por sus problemas p ersonales. ¡ Qué distintos de los hacendados pintados por el muralista Diego Rivera y por tantos novelistas hispanoamericanos
del siglo veinte!
Siguiendo la comparación entre el desarrollo de Pirulo
y de Puerto Rico, ~e insinúa que el próximo paso será la independencia. Pirulo, ya vencidos los dolores de crecer, empezará a vivir más como fodividuo. El autor espera que Puerto
Rico, inspirándose en la tradición autóctono-española, también
llegará a ser independiente. La mezcla de incertidumbre y de
optimismo con que Pirulo se dirige a A.recibo refleja la actitud
del autor respecto al futuro de su país.
Si se trata de evaluar La víspera del hombre dentro del
marco de la novela hispanoamericana, hay que señalarle algnnos defectos. Su rriollismo no concuerda eon el afán actual
de tantos escritores de huir de los temas telúricos para hilvanar sus argumentos alrededor de temas sicológicos, fantásticos
y filosóficos. En el plan general de la novela, se nota la influencia de Don Segundo Sombra (1926) aunque no se puede
colocar en el mismo nivel artístico con la novela de Guiraldes.
En las dos obras, un niño crece creyéndose pobre. Los dos
~on hijos ilegítimos que acaban por ser rrconocidos por el
padre finquero. Los dos son figuras simbólicas que anuncian
una nueva época para su país: el joven argentino :va no puede
ser gaucho mientras que Pirulo ya no puede ser jíbaro porque
los tipos pintorescos tienen que ceder ante el empuje de la
&lt;'ivilización del siglo veinte. En cuanto a esa trama esquelética, La víspera del hombre se distingue de Don Segundo
Sombra en que las insinuaciones acerca de la paternidad del
protagonista son demasiado obvias y no permiten que el leetor
comparta la inquietud y la desorientación que siente Pirulo
al saber su origen verdadero. El exceso de elementos criollos,
tan variados que a veces parecen traídos por el pelo, dan a la

�8(1

Libros

novela cierto aspecto ar tificial que _-_debi~it~ ~l mensaje d;l
autor Debido a su gran preocupacion d1dachca, a 11arques
,;e le ·han escapado algunos detalles de su mundo noveles~?:
aunque Raúl llega a ser el contrincante ~e ~irulo, no es h1J~
de don Rafa como éste sino nieto, pero Jamas se ah:de a su!
padres. en el capítulo del desgrane de gandules, dona !sabe
p~rece 'ser un personaje importante (:págs. 218_-219) pero nur
ca se revela quién es; y la madre de Lita no e:x1ste en la nove a
hasta el penúltimo capítulo cuando, enloquecida por la muerte
de Félix, mata a su hija.
La. víspera. del hombre, a pesar de sus defe~!os, .es u~a
novela importante para Puerto Rico. Da expres1on ~tera_ria
al punto de vista de los que no quieren que Puerto Ric_o s~ga
bajo la tutela de los Estados Unidos. La novela esta bien
l'Onstruída en general. Es. decir que. el autor repasa de
en cuando episodios anteriores; s~ su:ve de 1~ retrospecc10n
en dos ocasiones distintas y maneJa bien el dialogo. y el monólogo interior, aunque a veces Pirulo se intelectualiza ~emasiado al hablar por el autor. Ya consagrada la fama !iteraría de René Marqués en el cuento y en ~l dra~a, La. VISpera
del hombre inau(Yura una nueva época literaria para Puerto
Rico. Teniendo ~n cuenta la alta calidad de las otras obras
de l\larqnés, no sería de más esperar que se super~ra en s~s
próximas novelas. Con La. víspera d; l hom~re, Rene.Jfarques
, ha lanzado no -sólo a un nuevo genero smo tambien a una
; 1~eva empresa que no puede menos de ~ontrjbuir en alto grado al de:,arrollo de las letras puertorriquenas.

~';Z

Seymour Menton
University of !Cansas

Manuel GálYPz, Perdido en su noche. Buenos Aires: Editorial
8udamerieana, 1958, 250 pp.
De la pluma del insi1?ne y fecund_o novelista ~rgentino
)[anuel Gá!vez ha ,;alido otra novela, titulada Per~do en su
noche. Parece que su edad bastante avanzada (nacio e_n 188?)
no le ha quitado su capacidad vital, para _la la~or liter~r1a,
pne~ t'n los últimos c•inco años logro pnbhc_ar cm~i no\elas
de diversos temas. .Aunque la estrel~a de Galve~ s1.,ue ª.umhranclo el campo de la ficción argentma, ya no tiene el mismo

Libros

81

resplandor que antes. H an aparecido otros autores valiosos
-::.\Iallea, Borges, Castro, Mujica Láinez, Bioy Casares- y a
ellos les cede paso Gálvez. De las nuevas tendencias en la
ficción de un país, Gálvez casi hace caso omiso, manteniéndose
firme en su molde tradicional que proviene en gran parte de
los preceptos novelescos franceses del siglo pasado.

P~dido en su noche trata de un joven argentino que se
ve obligado por su madre arrogante y dominadora a ingresar
en la Compañía de Jesús, faltando toda voeación para la vida
religi?sa. Las dudas e inquietudes que experimenta el protagomsta (Teodoro Troncoso) durante el Noviciado y aun
después de ordenarse constituyen un tremendo conflicto moral que plantea Gálvez con mucho tino. Le atormenta y a&lt;Yobia su vida de jesuita y por fin hace una decisión tan difícil
como aterradora, cuelga los hábitos. Así, jesuita apóstata, es
aborrecido de toda su familia y de muchas personas del barrio•
sólo una mucamita simpática lo acepta, y con ella se casa po;
p_uro amor. Pero a poco tiempo él siente la necesidad ünper1osa de entrar en la Casa de Dios, de arrepentirse, de salvarse. En un arranque de fervor religioso se arrodilla ante
el alta y dice: "¿Por qué, Dios mío, te dejé? ... Te amo, Dios
mío. No permitas que me condene". (pp. 238; 240) Sale de
la iglesia atolondrado, confuso, tambaleante, y al cruzar la
calle en este estado de perturbación emocional un automóvil
lo atropella. Muere pocos días después.
En el tema y el argumento de Perdido en la noche se nota
cierta correspondencia con la vida y unas obras anteriorf'S de
Gálwz. En primer lugar, recordamos que en su juventud renunció su creencia religiosa para recobrarla después y hacerse
defensor ar~i~nte de la f~ católica. Y notamos también que
un tema rehg1oso, en particular el conflicto entre la vida clerical y las pasiones humanas, forma el telón de fondo de otra
noYela suya, Miércoles Santo. Asimismo, a travfs de otras
obras, como La sombra. del convento y una novela reciente
~~ nsito Guzmán, _se percibe un profundo sentido moral y re~
hg1oso. En Perdido en su noche el significado- reli&lt;Yioso es
bastante evidente: la regeneración espiritual de Te~doro y
más aún su negativa de rechazar a Dios cuando abandona la
Compañía de Jesús, dan prueba de uua fe inquebrantable, de
un l1ondo sentimiento religioso que va más allá de lo puramente doctrinal y formalista de la religión. Parece que la
sewridad inexorable y la disciplina inflexible de los Jesuitas,
contra las cuales se rebela Tcodoro, se oponen ideológicamente
a la pura y sencilla devoción religiosa que profesa al final de
la obra.

�Libros

88

Libros
89

La narración procede directament_e, _con la ~isma sencillez de forma y expresión tan caracteristlca de. Galvez. Aunque de ao-uda captación psicológica e introspectiva, sobre todo
en cuant~ al retrato del jesuita y de su madre, _el relat? nunc~
incurre en complejidades abstrusas de pensamiento e idea, ni
en estructuras intrincadas de léxico y de sintaxis. El arte de
Gálvez se esconde bajo su ap~rente facilidad de, n_arrar. ~sta
simplicidad y claridad no deJa de asombrar, maxi~e en _vista
del tema un poco difícil y enredado. La_ fama ht~r~;ia de
Gálvez ya está hecha, desde hace muchos anos; adqumo gran
prestigio v popularidad con obras maestras como El mal metafísico1 Ñacha Regules y La maestra normal. Gálvez tendrá
c11-1e escribir una novela extraordinaria, p~ra super.ar o al m~no&amp; igualar a estas obras en valor artistico y en import~D:cia
literaria. Perdido en su noche no alcanza este gran merito,
aunqne está bien escrita y desarrollada y tiene to~_ues novelísticos bien logrados. Y agregamos est&lt;&gt;--9.ue los Jove11;es _escritores argentinos, sobre todo los que aspiran a una tecmca
segura y una prosa clara y directa, pueden aprender mucho
del arte de Gálvez.

Myron I. Lichtblau
University of Siracuse, N". Y.

ESTUDIOS. Volumen I, Número 1, Fragmentos de Literatura Hebreo-Española, publi5!ación del Instituto Central de
Relaciones Culturales Israel-Iberoamérica, España y Portugal,
)farzo de 1959, 16 East 66th Street, New York, N. Y., Estados
Unidos de América.
El Instituto Central de Relaciones Culturales Israel-Iberoamérica, España y Portugal está tra~aja~do intensame~ite en
una serie de publicaciones de gran mteres para estudiar lo~
aportes de la cultura hebr~a. al mundo_ occidental durante ~as1
veinte sio-los de contacto mmterrump1do. ~fochas comumdades judaicas se focorporaron definitivan:ente a la vida del Occidente después de la diáspora, se enraizaron h~n~amente en
la vida de los pueblos escogidos por ellos para nvir, pero salvaron la esencia misma de su ser hebreo Y, en estas nu~vas
condiciones, desarrollaron, con una intensidad q~1e no, tiene
paralelo en la historia d~ 1~ ~ultura, toda ~na !iloso!1a que
siempre fue fiel a los prmc1p1os de su propia f1Iosofia. Un
caso que merece toda nuestra atención es el de los hebr eos

que encontraron en_el sue!o. español una nueYa patria y donde
desarrollaron amphas actividades culturales. Tanto en la España ~rabe como en la España cristiana, los judíos juegan un
papel importante en el campo intelectual. Recuérdese la importancia -señalada en muchas ocasiones por .Américo Castro
y otros inYestigadores- de los hebreos que forman parte en
el equipo de sabios de la E scuela de Traductores de Toledo
fundada por Alfon~o X ~l Sabio; as~mismo, en la España ára~
be, los h ebreos supieron mtegrarse, sin perder su personal4dad
a las formas sociales imperantes y llegaron a ocupar cargo~
~olíticos de importancia, principalmente, en la época del Califato. Los 11ebreos españoles, aun después de su bárbara expulsió~ del territorio español, en la nueva diáspora fueron
excepcionales aun entre sus mismos hermanos de raza. su
permanencia en España, el contacto íntimo con dos cult~ras
distintas, les dió una flexibilidad y unos hábitos intelectuales
inconfundibles.
El presente número de ESTUDIOS, primero de la serie
presenta una antología de cuatro escritores hebreo-españole~
de la llamada época clásica de la literatura judaica española:
Shlomo Ben Yehuda Ibu Gabirol, Bahya Ben Josef Ibn Pakuda
-r:ehuda Ben Samuel Halevy y :M:oshe Ben l\faimon (Maimó~
mdes). I;a presentación de esto~ cuatro autores está precedida
de un prologo -~o sabemos qlllen es su autor ni el r ecopilador de la antologia- en el cual se hace una exposición de los
momentos culminantes del pensamiento hebreo español v de
su _influenci_a en la vida intelectual del país. El Dr. León
DuJovne, ~membro de la Sección de Filosofía del Consejo de
Intercamb10 Cultural Argentino-Israelí ha colaborado en la
preparación del libro y creemos -esto es sólo una conjeturaque a él se debe el prólogo.
Shlomo Ben Yehuda Ibn Gabirol nació en Málao-a en
el año 1021! cuan?o ape~as comenzaba~ a aparecer las primemeras mam!estac1~n~s literarias en el Reino de Castilla y en
todos los remos cristianos de la España no musulmana. Para
esta.fecha la poesía hebrea tenía ya detrás de sí una tradición
glo:iosa. Ibn Gabirol es quizá el poeta más personal de toda
la epoca : poeta de la soledad, busca en Dios aquello que no
puede encontrar entre los hombres. Poeta eminentemente religio~o, los_ acentos místicos suenan en él con un dejo de verdad imposible de hallar en los demás. Su influencia dentro
de la literatura hebrea y aun dentro de la filosofía cristiana
es grande. Alguien ha apuntado que muy bien pudiera ser
un precedente español de Baltasar Gracián, el escritor de la
soledad y de la amargura. Se han seleccionado fragmentos

•

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de La Corona Real y también una composición poética que
fiaura en la liturgia del rito español para el día de las expiaci~nes. Bahya Ben Josef Ibn Pakuda, español zaragozano, de
cuva vida se conocen muchos detalles, es otro de los escritores
in;luídos en esta antología. Es un filósofo que enfoca sus actividades principalmente hacia conclusiones éticas, con el objeto de fortificar la re-ligación del hombre con Dios. Se han
incluido selecciones de su obra Doctrina de los Deberes de los
Corazones el sexto pórtico donde hace una exposición teológico-filosófica de la virtud de la humildad, y otra del déeimo
pórtico en la que habla del amor de Dios y de la senda del
amor. Yehuda Ben Samuel Halevy nació en la gótica Toledo
&lt;'11 el año 1085 • poeta precoz creó alrededor de sí un ambiente
de amabilidad,' de cortesía, de elevación poética y de sinceridad; polifacético en sus actividades, es por encima de t?do
un poeta de gran inspit'ación. Transcribo unos versos dedicados a él por otro poeta hebt·eo:

Libros

01

dos" es quizá la obra más estudiada de la filosofía hebrea
sobre todo en lo que se relaciona con los principios funda~
~entales del ser y de la ontología en general. Se han selecc10nado para este volumen los párrafos dedicados a la profecía.
. Creemos que _es!a publicació~1 es de excepcional importan&lt;'ia para_ el conocimiento de la literatura hebrea y felicitamos
a sus editores, esperando que en sucesivas entreaas se nos den
otros valiosos testimonios del pensamiento heb;eo.

Juan Antonio Ayala
Universidad de Nuevo León.

¡, Cómo un tierno joven, corto de años

carga ya sobre sus hombros con altas moles del espíritu?
O ¿ cómo un adolescente domeña a los bravos,
estando a1ín en su mocedad, como eapullo en flor?
He aquí que de Sefr alboreó, para iluminar
por toda la longitud del orbe y por toda su amplitud.
y con mano poderosa, desde lo alto de las P léyades
se ha mostrado, no a través de una simple ventana ...
No solamente es poeta, sino que sus escritos S&lt;' extienden
y con gran éxito hacia el campo de la filosofía, que entonce~
&lt;,;e desenvolvía dentro de un riuevo renacimiento nroplatóni&lt;'o
Y arif,totélico. Su obra máxima en este aspecto es El Cuzari,
cliálogo entre un rabino y el Rey de los Cuzares. Re han
incluido en esta antología fragmentos del diálogo y además el
0

Himno de la Creación para la mañana del Día del Gran Ayuno,
la excelente traducción de Don ~Iarcelino Menénclez y
Pe1ayo.

fü

E l último autor seleccionado es Moshe Ben Maimon. &lt;'onoeido mejor por su nombre latinizado · Maimónides. Cordobés.
de estirpe senequista, conoce las amarguras del destinro y
vivP principalmente en el ~Iedio Oriente, donde escribe sus
obras mác; importantes. La presencia de l\faimónidcs en la
Filosofía Occidental es decisiva. Emile Saisset dijo: "l\Iaimónides es el precursor de Santo Tomás de Aquino y la "Guía
de los Perplejos" anuncia y prepara la "Summa Theológ-ic~"Esta obra de l\faimónides "Guía de los perplejos o descarrta-

)Iari_? Pei, La ~ avillosa Historia del Lengua.je. (Traducción
espan?la p_or David Romano, Doctor en Filología Semítica de
la Umvers1dad de Barcelona) Espasa-Calpe, S.A. Madrid, ]955.
. Aunque ~d~tado en_el año de 19.,5, nos llega ahora este
libro de_l r,ublic1sta i\Iano .A. Pei, "La Maravillosa Historia del
Lengua~e . He usado intencionalmente la palabra 'publicista'
referirme. a ~~~ a_utor, pues aunque Pst(&gt; en posesión de una
catPdra de hngmstica en la l'niversidad de Columbia v lleve
la voz cantante _en muchos Congresos de Lingüística que sé
lleva!1 a cabo mas allá del Bravo, la actividad de Mario Pei
l1a sido Y ec; f~n?amen~almente la de. u_n publicista que ha
en_contrado e_l facII_ cammo de dar sem1d1geridos al gran plÍ~hco una serie de libros sobre materia tan difícil con la frivoh_~ad propia de un publicista. Está todavía re~iente la edicwn ,-;--o~tubr_e de 1958- de su libro "Language for everybody , m1sc&lt;'lanpa confusa de todas las teorías lingüística&lt;; que
hasta el presente se conocen. DPspm~s de len· este su libro
"La Maravillosa Historia del Lenguaje" hemos llegado hasta
a dudar de la bondad y de la legitimidad del doctoral título
que ostenta el traductor; es imposible que un lingüista europeo pued~ estar de _acuerdo y sPrvir de instrumento para la
pr_opa~_ac1on de las ideas y doctrinas de Pei. Ha sido la pubhcac1011 d(' esta obra un error fundamental de una Editorial
tan ~creditad,a, como lo es Espasa-Calp&lt;' y no concebimos &lt;·óm~
el mismo catalogo que anuncie "Los Orígenes del Español" de
Don Ramón l\fenfodez Pinal y muchas ele las obras fundamentales de Karl Vossler, pueda también anunciar esta obra.

ª!

0

�02

Libros

Es evident!', ann para nn alumno apenas iniciado en los secretos de la metodología lingüística, que hasta el presente los
Estados Unidos no nos han dado nada de importancia en este
terreno. Los lingüistas norteamericanos, salvo raras y honrosas excepciones, permanecen ~ún en el campo ,d~l compar!tismo cuando no en las aberraciones de una fonetlca pragmatica, ~xcelente para la enseñanza de :un !dio,IIl:a -el iélioma
in"'lés- pero que no tiene trascendencia cientifica alguna. El
intelectualismo o antimentalismo de L. Bloomfield es aun hoy
la teoría que informa todas las actividades de los lingüistas
norteamericanos y que postula el principio de que "el sistema
nervioso es el punto del que debe partir el lingüista par'.1 su
estudio, y no de un elemento presupuesto por los mentahstas
y tan problemático como el espíritu, la mente o la voh~_ntad.
El lenguaje es una reacción, un "b~havior' ~nte un estn~ulo
estrictamentP físico". Aunque :Mario A. Pe1 no es estrictamente un antimentalista1 sin embargo sus actitudes pragmáticas y sus consecuencias en el plano ill:1güístic? se derivan -~irectamente de las doctrinas de Bloomfield. Cierto es tamb1en
que esta clase de libros, como los escritos po~ Pe~, suelen ser
un gran éxito de librería por su concepción s1mphsta y su superficialidad amena la mayor parte de las veces. Pero no
eonfundamos éxito con seriedad, no confundamos los resultados económicos con el rigor científico y, sobre todo, con la
verdad.

La. Maravillosa Historia del Lenguaje es un "totum revo1utum" de teorías tendencias y escuelas, imposibles de conciliar desde un pu~to de vista estrictamente _científico. ~ay
capítulos dominados por el pensamiento estrictamente positivista otros de carácter com-paratista, otros meramente descriptivos y otros finalmente, que yo llamaría de carácter ilusorio y, para emplear un término mexicano, de "movida"; me
refiero a la parte final de la obra dedicada a la Lengua Internacional como posibilidad lingüística, divagación que puede
ser mu/ útil para los ratos de ocio, pero que no en~ra _den~ro
de los intereses inmediatos y académicos de un autentico_ lino-üista. Posiblemente la única parte de valor en todo el hbro,
~or su carácter descriptiv?, es la . dedi~a~a a Las Lenguas del
Mundo una vista de conJunto sistemahca que puede ser de
utilidad para un estudio de lingüística genética. Todo lo demás, como hemos señalado, está girando alrededor de un falso
&lt;:entro. Señalaremos brevemente alguno de los errores de bulto
que se le escaparon al autor y al traductor.
El primero de ellos es el falso empleo_de una terminología
sistemátiea que no ha sabido ser traducida exactamente por

Libros

93

el _traductor: los términos lenguaje, lengua y habla, son ya
~iversales después de la discriminación que hizo de ellos Ferdinand de Saussure en su Curso de Lingüística General. Es
verdad que en inglés esta terminología no ha sido aún adoptad~ ~n su generalida~, pe~·o el traductor, Doctor en Filología
sem1tica por ~na Umversidad española tenía obligación de
aclarar su sentido a los lectores de habla española, puesto que
estos tres términos, bien diferenciados, son usados universalmente por todos los lingüistas españoles, seguidores de la Escuela ginebrina, o de la Escuela de Munich. Léanse para
comprobarlo las obras ele .Amado .Alonso Dámaso Alonso Pedro Salinas, Carlos Bousoño, Samuel GiÍi Gaya, Alarcos 'Llorach, Salvador Fernández, etc. Habla el Dr. Peí (pág. 19)
de una superestructura románica en el in"'lés • desde luego el
término es nuevo en lingüística y evidente~ent~ trasladado del
lenguaje político o económico; esta palabra está actualmente
de moda y se empl_ea, en la mayoría de los casos, para designar
todo aquello que ignoramos o suponemos; pero en la ciencia
n? se trata ni se manejan suposiciones; posiblemente ha querido el autor hablar de superestrato o quizá de adstrato de
préstamos llegados al inglés por distintas vías. En la mi~ma
pá~ina ~e da com~ fecha de la conquista de Tracia, por los
legionarios de TraJano, el año 100 antes de Cristo.
Ot~o de lo~ errores -error de orden pragmático heredado
del anhmentahsmoes la concepción de la len"'ua
como un
•
•
t:,
?.rgamsi:no Yn-o y la fácil comparación de entrambos (pág. 23)
Del rrusmo modo que ocurre con los seres vivos, también las
~eng\1as muere,~, etc." Podríamos remitir a nuestro autor el enJund10so estudio del lingüista italiano Benvenuto Terracini
"Cómo ~~ere una }engua" ( en Conflictos de Lenguas y de Oul~
tura, ediciones Iman, Buenos Aires, 1951). Al hablar de los dialec~os Y de la evolución de los mismos, autor y traductor, se han
olY1~ado dl' aclarar al Ieetor dos conceptos fundamentales que
e_xphcarían la d~rivación de cier_tos dialectos o aspectos peculiares de determrnadas formas dialectales en lenguas miportadas : la_ len~a centr~l y la lengua marginal, son dos conc&gt;eptos
de capJtal 1mportanc&gt;ia para estudios evolutivos de lingüística.
Al estudiar los Componentes del Lenguaje (Parte II Los
Elementos Constitutivos del Lenguaje, pág. 65 y s.s.), se' confunden, como en todo el libro, los conceptos de lengua y habla,
se da una explicación falsa del signo lingüístico de la composición de signos o integración de conjuntos de ~ignos a base
de morfemas y de semantemas. En griego, al menos en el
que nos enseñaron a nosotros, el verbo semainein (no semaino)

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significa, propiamente, señalar y no significar, de aquí parte
precisamente uno de los errores fundamentales de sus concepciones, -tácitas siempre- del signo lingüístico.
Podríamos señalar aún cientos de falsas concepciones lingüísticas de todo el libro. El espacio limitado de este comentario no nos permite extendernos en más consideraciones.
Para finalizar señalaremos una falsa idea que el Dr. Pei tiene
de la Filosofía del Lenguaje. En la página 69 afirma lo siguiente: "Y en especial, ¿ existe una "filosofía" del lenguaje,
un sistema que nos permita reducir Ja totalidad de las lenguas
a común denominador, brindándonos la posibilidad de generalizar y de llegar a conclusiones de validez universal"! Evidentemente su idea de la Filosofía del Lenguaje es totalmente
falsa y ningún filósofo del Lenguaje, desde Dante hasta Vosslrr, ha propugnado tal idea.
1\li interés hacia los libros de lingüística se centra especialmente en sus repertorios bibliográficos. ¿Es posible que
sea de fiar un estudio lingüístico serio, cuyas fuentes ignoran
toda la evolución científica que se ha producido desde Ferdi111md de SaussureY AES posible que al abordar La. Maravillosa
Historia del Lenguaje, se ignore a Bally, Sechehaye, Vossler,
Spitzer, el Círculo de Praga, Ja Escuela de Copenhague~ ...
DC'sgraciadamente, el libro de Mario A. Pei, ignorando todo
esto, pretende saberlo todo.

Juan Antonio Ayala
Universidad de ~ueYo León

1

'

�En el próximo número de ARMAS Y LETRAS se publicarán los siguientes estudios:

LA EDUCACION HUMANISTICA
EN EL SIGLO XX
por Juan Antonio Ayala
EL HOMBRE EN LA NOVELA
DEL SIGLO XX
por Alfonso Rangel Guerra
EL PENSAMIENTO ECONOMICO
Y LAS CIENCIAS SOCIALES
EN EL SIGLO XX
por Calvin P. Blair
EL DERECHO INTERNACIONAL
Y EL MOMENTO SOCIAL Y
POLITICO ACTUAL
por Alberto García Gómez
EL ESTUDIO DE LA HISTORIA
EN EL SIGLO XX
por Arthur Smith
PRINCIPALES CORRIENTES
FILOSOFICAS EN EL SIGLO XX
por Agustín Basave Fernández del Valle

�</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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