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                  <text>Revista de la Universidad de Nuevo León

odisea de Alfonso Re-

Alfonso Rangel Guerra,

yes • .Alfonso Reyes

r cochea, Alfonso Reyes,

entre Burlas Veras • J
sam.iento Clásico en A o o Reyes • Giancarlo
von acher,

de América, Africa

y Asia •

La, Siembra Inútil

Noticias • Libros (Bi o

a de .Alfonso Reyes).

ENERO/ MARZO DE 1960

~ O 3/ Segunda Epoca

��Revista de la Universidad de Nuevo León

REVISTA DE LA UNIVERSIDAD DE NUEVO LEON

Enero/ Marzo de 1960

Año 3, No. 1

Segunda Epoca

Rector:
ARQ. JOAQUIN A. MORA

SUMARIO

Secretario1General :
LIC. ROQUE GONZALEZ SALAZAR

Alfonso Rangel Guerra, La odisea de Alfonso Reyes______

Departamento de Extensión Universitaria:

7

LIC. ROGELIO VILLARREAL
Alfonso Reyes Aurrecochea, Alfonso Reyes, entre

Director de la Revista:

Burlas Veras ----------------------------------------- 19

LIC. JUAN ANTONIO AYALA

Juan Antonio Ayala, El Pensamiento clásico en Alfonso
Reyes ___________________· ___________________________ 33

(Registro en Trámite)

Giancarlo von Nacher, Cantos Indígenas de América, Afri-

ca y Asia --------------------------------------------- 53
PRECIO DE SUSCRIPCION .
UN A1'lO (cuatro números)
En México: Veint~· pesos
Otros países : Dos dólares

Dirección

Juanita Soriano, La Siembra Inútil ______________________ 63

Washington y Colegio Civil ·
Monterrey, N. L., México

'

Libros ______ _
;

(

----------------- 79

�DON ALFONSO
DE AMERICA

,

LA

noticia nos llegó tarde. Veinticuatro horas después del deceso pudimos enterarnos de la
pérdida que sufren las letras mexicanas y americanas. Don
Alfonso Reyes, Don Alfonso de América, abandona para siempre la región más transparente del aire. Va a hacer compañía a
los inmortales. Se suma a los insignes que han configurado
-5-

�6

Don Alfonso de América

el rostro americano.
Su nombre estará siempre presente en las principales
tareas culturales del México actual. Desde los días de aquel
lejano Ateneo de la Juventud, cuando un grupo de jóvenes
se plantea los problemas de un presente inquieto, hasta este
momento, Alfonso Reyes fue el trabajador incansable que se
dedicó sin titubeos a su vocación por las letras, al apostolado
de la cultura, al servicio de su país. Una vida de generosa
entrega, sin titubeos ni rencores, que hizo por México -como se dijo acertadamente- lo que no habrán logrado muchas
misiones de diplomáticos.
La cultura mexicana actual, trabajada por todos, debe
sin embargo a Alfonso Reyes muchas de sus mejores expresiones. Modeló pacientemente, a través de sus cincuenta años
de escritor, esa inmensa obra que enorgullece a México, como
herencia que recibe de uno de sus hijos más preclaros. Una
obra en la que se cruzan las grandes direcciones de la cultura occidental con la preocupación permanente por lo mexicano, y la vista puesta siempre en el horizonte, para no
perder el rumbo. Cuando sean editadas sus Obras Completas,
cuyos primeros diez tomos ya publicados marcan qui~á la mitad del trabajo editorial, podrá verse en armonioso conjunto
la monumental construcción que Alfonso Reyes entregó a la
cultura patria..
El 6 de junio de 1946, hace poco más de trece años, en
el homenaje que rindió El Colegio Nacional al Maestro Antonio Caso, Alfonso Reyes terminó su alocución con estas palabras que queremos recordar· áhora: .
"Llegados a la incierta orilla en que empiezan a columbrarse, por la raya del horizonte, los eriales de la vejez, recorremos hoy nuestra honrada, sin encontrar lección más alta
de lealtad, de que Antonio Caso es paradigma, a una vocación
en que se mezclaban el bien, la verdad y la belleza. Y si en
las ofuscaciones de la posteridad, asoma un día la inevitable
duda analítica (¡hombres somos al fin, que no dioses!), y
pretende alguien inquietar las cenizas del maestro, que conste
por siempre nuestro testimonio sin reservas: -Nos cabe a sus
contemporáneos, nos cabe singularmente a quienes fuimos sus
hermanos menores y lo envolvamos en aquella ternura que
acompaña a las embriagueces de la adolescencia, una alegría
que sólo cede ante. el dolor de perderlo ; y es el haber podido
venerar, en Antomo Caso, una de las síntesis humanas más
excelsas y más legítimas. Para él sean el bronce y la corona".
Para Alfonso Reyes, cuya vida fue también una lección
de lealtad a la vocación, sean también el bronce y la corona.
ALFONSO RANGEL GUERRA

,.

..,.

Alfonso Rangel Guerra ¡ LA ODISEA DE
ALFONSO REYES *

... soy fiel a un ideal estético y ético
a la vez, hecho de bien y de belleza.
Alfonso Reyes, Reloj de sol.

V

IVIO setenta años. A los dieciséis
tomó la pluma y no la abandonó hasta el momento de la muerte. En este largo y singular periplo literario pasó Alfonso
~e)'.es su vida, dejando tras de sí una estela luminosa que
md~ca los rumbos que. siguió su espíritu y ofrece a las generaciones de hoy y de siempre una clara lección de humanidad.
Su tiempo fue un constante hacer. En las diversas altitudes y latitudes que recorrió en misiones diplomáticas y culturales, nunca desmayó su voluntad creadora ni desvió la
i1:tención que animó su vida, desde aquella lejana adolescencia que se abrió bajo el signo del poema y la palabra engalanada. Marchó siempre adelante, hacia la realización de sus
promesas. Acudió al llamado de sus musas y cumplió lo que
muchos dibujan sólo en la intención. Fue, justo es reconocerlo, un hombre que dignificó su condición con las mejores
armas: las de la bondad y la inteligencia.
In9r_esó ~ la literatura por el arduo camino de la poesía.
Su esp1~itu frno y elegante encontró en la expresión poética
su propia expresión y descubrió los senderos que le pertenecían. La poesía, "combate de Jacob con el ángel" como la
ll_amaría más tarde, le ofrecía los dos caminos : el a'e la creación y el del conocimiento. En realidad una y la ·misma cosa
porque ~;1 la poe~!a se conjugan el ser y el hacer como plen~
reahzac~on. Abno la puerta, dispuesto a seguir la llamada
que sabia era para él:
* Conferencia pronunciada el dfa 13 de enero de 1960 en la Institución
ARTE, A. C., en el homenaje organizado en memoria de D. Alfonso Reyes.

-7-

�Alfonso Rangel Guerra

La Odisea de Alfonso Reyes

8

"Manda mis pies ansiosos de fatiga,
¡ Oh tierra, oh tierra! Manda que la siga,
la mensajera para mis destinos.
¿ Y cómo no ha de ser si, apenas llama,
y ya toda la vida lo reclama,
y ya me son pendientes los caminos ?"1

Ha iniciado la marcha, pero no le basta. Quiere más,
desea entregarse a la empresa y escribe poco después, en su
"Lamentación de Navidad" (1911): "Dame obras que cumplir".2 La búsqueda había comenzado y se traducía en un
querer hacer que en sí mismo era la acción del poeta. Cantó
en versos limpios y rimados su propio mundo y surgió avante
en la lucha con el ángel. Escribió poesía toda su vida, pero
ya lo llamaban otras voces, que siguió con igual inclinación.
Eran los tiempos del Ateneo de la Juventud, el comienzo
del siglo, ese pasado inmediato que tanto importa a la cultura
mexicana. En aquellos años, que cierran una etapa de nuestra historia e inauguran otra que todavía no concluye, el espíritu y la inteligencia rigen los movimientos de una generación
de jóvenes, llamada a señalarse en el México contemporáneo.
Juzgan su presente; revisan las viejas formas que una imposición, vieja también, había convertido en intocables; discuten los viejos problemas que plantean los grandes autores y
se presentan ante la sociedad mexicana en una serie de conferencias que recogen sus principales inquietudes; ponen sus
ojos en nuestra realidad y la de los países hispanoamericanos.
Alfonso Reyes, el más joven de los miembros del Ateneo hasta
que ingresa Julio Torri, es uno de los principales actores en
esta actividad renovadora. Es el momento en que se edita
en París su primer libro, hermosa y auténtica presentación
de un joven nacido para las nobles tareas del espíritu. Sus
Cuestiones estéticas apuntan los intereses que estaban ya presentes a los veinte años, a los que siempre permaneció fiel.
Los sucesos ·que después le tocó vivir templaron su ánimo
y lo transformaron en un hombre maduro. Calendario, pequeño libro editado en Madrid el año de 1924, incluye un
breve texto que relata sucintamente los hechos. Lo tituló
"Romance viejo":
"Yo salí de mi tierra, hará tantos años, para ir a servir
a Dios. Desde que salí de mi tierra me gustan los recuerdos.
"En la última inundación, el río se llevó la mitad de
1.- Huellas, Biblioteca Nueva Espafía, Ed. Botas, Madrid, 1922, p. 87. (Aun-

que Alfonso Reyes no Incluyó este poema en su Obra poética (1952)
hemos utl11zado estos versos sólo para Indicar una actitud que se
presenta en un poema posterior.

2.- Obra citada, p. 41.

\

o

n~estra huerta y las caballerizas del fondo. Después se deshizo la casa y se dispersó la familia. Después vino la revolución. Después nos lo mataron ....
"Después, pasé el mar, a cuestas con mi fortuna, y con
una estrella (la mía) en este bolsillo del chaleco.
"Un día, de mi tierra me cortaron los alimentos. Y acá,
se desató la guerra de los cuatro años. Derivando siempre
hacia el Sur, he venido a dar aquí, entre vosotros.
"Y hoy, entre el fragor de la vida, yendo y viniendo
-a rastras con la mujer, el hijo, los libros- ¿qué es esto que
me punza y brota, y unas veces sale en alegrías sin causa y
otras en cóleras tan justas 1
"Yo me sé muy bien lo que es: que ya me apuntan, que
van a nacerme en el corazón las primeras espinas".3
La primera etapa de su vida ha quedado atrás. Esta página recoge con sencillez momentos críticos que modificaron
su existencia, el viaje a Europa y sus primeras amarguras.
La experiencia no se adquiere en balde y va modelando al
individuo. En Madrid comienza el duro ejercicio de las letras
la disciplina de la investigación, el trabajo paciente entre lo;
eruditos del Centro de Estudios Históricos. Alfonso Reyes
realiza entonces el salvamento de su vocación. Con ella logra
sortear los escollos y vence el acoso, porque al camino de la
desnuda erudición, que pudo retenerlo, sobrepuso el que se
había trazado desde sus inicios, amplio para dar cabida al
dato y la nota, pero dispuesto para el diálogo abierto con el
mundo y los hombres. Dotado con las armas que le proporcionó el ejercicio de los trabajos eruditos, pudo seguir su
propia trayectoria que apuntó siempre hacia lo alto, más allá
de la crónica.
Su estancia en Europa (París, Madrid) deja una huella
que encuentra testimonio en una decena de libros de la más
diversa índole. Asoman los puntos cardinales de su pensamiento, su inclinación por todo lo que interesa al hombre
como protagonista de la vida. Salvo contadas excepciones,
estos libros recogen ensayos libres, terreno en el que Alfonso ·
Reyes se movió con la desenvoltura del que posee un espíritu
amplio y universal. En estos ensayos podemos encontrar muchas de las mejoras páginas de su obra; y no sólo de las mejores, sino también de las más bellas. Dos pequeños libros de
entonces: El suicida y El cazador, tendrán que ser revalorados con el tiempo, porque reúnen muchas facetas importantes
de su pensamiento. El primero, "libro de ensayos", y el se3.- Calendario. Cuadernos !Iterarlos, Madrid,

Obras completas, p. 359.

1924, p. 179'. Tomo II de sus

�La Odisea de Alfonso Reyes

10

gundo, de "ensayos y divagacio?es", ofrece1~án a los _estudiosos de la obra del mexicano umversal, un rico materia~ par!l
sacar a luz muchos aspectos ahora olvidados, y para identificar la disciplina y claridad de su e~píritu co_n_ la_s proyecciones hacia lo clásico y lo contemporaneo, eqm_hbr10 ~ecr~!º
que armoniza toda su producción. Ajen_o a la unprov1sac10n
y a los miradores estrecho_s, su paso s1emp~e fue segur,o Y
su mirada estuvo puesta siempre en el hori~onte, esa l.mea
lejana a nosotros pero que sin embargo per_r~nte nuestra propia ubicación. El horizonte nunca _lo perd1~ Al~onso Reyes.
De ahí que su obra posea, en las diversas direcciones que _la
orientan, un carácter unificador que nos co~duce necesariamente a la actitud del escritor. Ya se ha di~~o _antes Y _es
necesario recordarlo : Alfonso fü•yes permanec10 siempre fiel
a su vocación.
Releyendo el ptimero de los dos_ li?1:os _arriba citados,
hemos tropezado con una frase muy s1gmfi_c~t1va, sobre todo
si se considera que su autor ejercía el oficio de las letras:
"cualquier oficio -cualquiera- sirve para entender el mundo y el de las letras es tan humilde o altivo como los demás.
'
· proverb10,
· t~~o lo sab emos ent re todos" .4
Según
dice el meJor
Esta · fue la constante preocupac1on de Alfonso Reyes. Para
él entender el mundo era una fundamental actividad human~, ya fuera de las manos o de la inte~igencia .. qon su pluma
ejerció no sólo el oficio de las letras, smo el of1c10 de hombre,
porque ]a principal tarea que a todos nos corresponde es la
de entender el mundo. Vivir es una tarea noble porque debe
realizarse siempre en el convivir. Esto nunca lo olvidó Alfonso Reyes. Su obra, en vez de alejarlo, lo acercó más a los
hombres, porque entendía que ejercía su propio oficio con:o
una forma de convivencia. No con altivez, pero sí con humildad, es decir, sin egoísmos de ninguna naturale'2a. Entregado a su vocación, fue ajeno a las torres de marfil y al soliloquio estéril porque escribió para los hombres. Su obra fue
un constante dialogar que lo llevó hacia todas las direcciones,
y por eso la función de sus múltiples aspectos, el de ensayista,
poeta, cuentista o historiador, humanista en una palabra, se
explica y entiende coherentemmte como un querer entender
el mundo.
Monterrey, México, París, Madrid. El círculo se ensancha. El peregrinaje lo va enriqueciendo, mostrándole los huecos y relieves de la existencia, su anverso y su reverso. En sus
4. - El suicida. 2a. edición, Tezontle, México, 1954, p. 129. Tomo III de sus

Obras completas, p. 2S9.

Alfonso Rangel Guerra

11

libros podemos encontrar textos breves que se asemejan meros
pasatiempos. Pero como en los cuadros de los pintores flamencos, que asombran al espectádor por el lujo de los detalles
y la minuciosidad con que se han realizado los diversos planos
que los componen, dando la misma importancia a los personajes u objetos principales y a los que en la perspectiva se
encuentran más alejados, en la obra de Alfonso Reyes se
acusa el interés por el. detalle sin que esto venga a perjudicar
al conjunto. Todo lo contrario. Esta perfección lo enriquece
porque lo conduce hasta el plano que le intei:esa, donde las
cosas y las palabras que las describen no valen ya sólo por sí
mismas, sino como elementos de una vasta arquitectura. que
no se r ehuye al ojo observador. En un texto de sus "H,oras
de Burgos" parece que quisiera entregarnos la intención · pe
la observación: "Olvido la historia de la ciud&amp;d. Pido el secreto al sentido de la orientación. Los pies, vagabundos, me
traen y llevan, y voy descubriendo con los ojos íntimas conexiones: -El mendigo empotrado en el pórtico, que acabó
por convertirse en santo de granito a fuerza de lluvias y
fríos.-La paloma adorqlilada en el arco del Sarmental, donde
la sal del muro poco a poco digirió su alma ligera, dejándola
forma quietísima.-El vertebrado fabuloso que· se desecó, dragón de la historia, vuelto escalinata de las calles irregulares.Una selva primitiva, con primitivos hombres velludos a la
entrada de la capilla del Condestable, hechas pilares las 'raíces
de antaño, y toda la selva alzada en vilo y reducida a miniatura mediante una rara química de la piedra : paraíso de
follaje y pájaros vistos por el revés del anteojo".5 El texto
corresponde al trozo titulado "Metamorfosis", y nos podría
servir de orientación para pesar el justo valor de esos pasajes
en la obra de Alfonso Reyes, cuando parece que el detenerse
en el detalle es sólo preciosidad del escritor. La palabra ha
transformado esas piedras, les ha modificado su naturaleza
atribuyéndoles los orígenes que acabamos de ver. Es decir
ha realizado el milagro poético donde sólo había estatuilla~
y escalinatas envueltas en la pátina del tiempo. Sobre el
peq'?-eño d~talle se lrvantan estas visiones maravillosas que
conJugan imagen y lenguajr.
Pero el contacto con el Viejo Mundo no ha roto las amarras que_ lo ligan a sus orígenes. En 1914, durante su época
de l\fadr1?, escri~r la magnífica Visión de Anáhuac, libro que
ha !11erec1do var~as traducciones a diversos idiomas y su aplieamón, rn la Umversidad de París, para utilizarlo como texto
5.- Las v ísperas de España, Sur, Buenos Aires, 1937, pp: 80-81 . Tomo II de
sus Obras completas, p. 102.

�12

Alfonso Rangel Guerra

La Odisea de Alfonso Reyes

en la Aoréoation d'Espagnol. Con una prosa que delata todas
las riqu~za: que habnaban el espíritu de A~fon~o Reyes, no~
va describiendo el mundo indígena que la historia se encargo
de destruir, nos presenta los matices y colo:es_ de la !lora
mexicana y la naturaleza de nuestro suelo, victima de mnumerables transformaciones. Sólo el amor por su país, por su
cultura y las raíces autócto~as que_ ~~ hincan ~n. el pas_ado,
pudieron dictar esta maravillosa vision del Mexico antiguo
que recibe al conquistador, texto en el que brotan_ a ca~~ momento largos pasajes que recrean, con un lenguaJe poet1co Y
evocador los elementqs de la naturaleza y los dones que
prodigar~n al pueblo vencido. Así estas líneas_, qu~ !esume~
el proceso histórico que se desarrol~a en la _altlplall:icie ~e;Kicana: "En aquel paisaje, no desprovisto de c1~rta a~is~ocratica
esterilidad, por donde los ojos ye~r~n con discermll:l!ento, !ª
mente descrifra cada línea y acaricia cada ondulac10n; ~aJo
aquel fulgurar del aire y en su general fr~scura y placidez,
pasearon aquellos hombres ignotos la ampha y ~edi~abunda
mirada espiritual. Extáticos ante el nopal del agmla Y la
serpiente -compendio feliz de n~estro camp_o- oyeron la
voz del ave agorera que les prometia seguro asilo so?re aqu:llos lagos hospitalarios. Más tarde, ~e aq~el palafito ha_bia
brotado una ciudad, repoblada con la mcu_rs1ones de los mitológicos caballeros que llegaban de las Siete Cuevas -;-cuna
de las siete familias derramadas por nuestro suelo. Mas tarde, la ciudad se había dilatado en im~eri?, y el r_uido de una
civilización ciclópea, como la_de Babilo~ia y Egipto, se prolongaba fatigado hasta los mfaustos dias de Moctezuma el
dolient/ Y fue e~tonces cuando, en envidiable hora de aso~bro traspuestos los volcanes nevados, los hombres de Cortes
("polvo, sudor y hierro") se. asom~ron sobre aq1:el ,,o¡be de
sonoridad y fulgores -espacioso circo de montanas . Esta
Visión de Aná.b.uac, de prosa elegante que recrea el pasad?,
encontrará siempre lectores que sepan encontrar en sus paginas, junto a la belleza del lenguaje, 1~ inclinaci?n del autor
para descubrir las excelencias de la tierra mexicana.
El servicio diplomático lo condujo, en 1927, al continente
americano. En Argentina y Brasil cumplió Alfonso Reyes
una fecunda misión de acercamiento con los países hermanos.
N O sólo como Embajador; también como escritor realizó las
funciones de la amistad hispanoamericana, tan necesitada de
estos hombres dispuestos al diálogo de los pueblos. Apa:te
de su "Correo Literario" ' ( que tituló con el nombre de la crn6.-Tomo II de sus Obras completas, p. 17, Fondo de Cultura Económica,
México, 1956.

t
•
,,..

13

dad que lo vió nacer y llevó a todas partes la efigie del Cerro
de la Silla, dibujada por su propia mano), con el que acortó
distancias y pudo seguir manteniendo el contacto con escritores de ambos continentes; aparte de sus libros, que siguieron publicándose con el mismo ritmo que los de la época europea, cumplió el alto ejercició del acercamiento y la amistad
por el entendimiento. Su tarea, la que llamaba en los poemas
juveniles, la que inició con los primeros. escritos, esa tarea
que se mantuvo viva en la intención y siguió practicando en
París y Madrid, no lo abandona en Hispanoamérica. La fraternidad no se la imponía el cargo diplomático, era su propia
naturaleza la que lo guiaba. México ganó entonces en el conocimiento de los países americanos gracias al Embajador
que utilizaba, además de la vía diplomática, la vía cultural.
Pero las mejores causas reciben siempre críticas gratuitas, y
Alfonso Reyes se vió obligado a aclarar situaciones y a justificar lo que no necesitaba ser justificado, porque desde su
propio país se le acusaba de alejarse de la literatura mexieana, de dar la espalda a las manifestaciones culturales de
su tierra, de ocuparse de Góngora y del Cementerio marino
de Paul Valéry, de desvincularse de México. Entonces Alfonso Reyes contestó este ataque en A vuelta de correo, fechado
el 30 de mayo de 1932, escrito con la pena que provocaba fa
incomprensión, herido aún por las acusaciones indebidas, pero
sin desbordar ni dejarse llevar por la indignación. Solamente
pone las cosas en su lugar y muestra lo que ha hecho por
México. Defiende la universalidad y protesta contra las puertas cerradas que no quieren ver el exterior. En su larga
defensa deja trozos que podrán utilizarse como guía y orientación; así éste que distingue entre "universal" y "descastado": "¡, Qué tendremos los mexicanos que no podemos ir a
donde todos l os pueblos van 1 ¡, Quién nos impide hurgar en
el común patrimonio del espíritu con el mismo señorío de los
demás Y ¿ Quién, en Cuba, en el Brasil, en la Argentina, echa
en cara a los escritores el tener autoridad, digamos sobre el
tema de Maquiavelo, la antigua Grecia, las moneda; romanas
o el culto errabundo de Astarté durante el pasado siglo? No
y mil veces no: nada puede sernos ajeno sino lo que ignoramos. La única manera de ser provechosamente nacional consiste e1:1, se_r generosamente universal, pues nunca la parte se
entendio
.,
. sm el todo. Claro es que el conocimiento' la educac1on, tienen que comenzar por la parte: por eso 'universal'
nunca se confunde con 'descastado' ". 7 La acusación no lo
desvió de su camino. Por el contrario, su respuesta hizo reca7.- La X en la frente, Porrúa y Obregón, México, 1952, pp. 56-57.

�14

La Odisea de Alfonso Reyes

pacitar a aquel a quien iba dirigida, rectificándose en un
artículo posterior. Alfonso Reyes siguió trabajando por México a su manera, la más inteligente y de mayor trascendencia, encargándose el tiempo de comprobarlo.
Regresó a México en 1939. Ahora sí era la estancia definitiva. Los viajes y los países quedaron en el recuerdo, como
había quedado en el recuerdo aquella imagen de México que
se grabó en el corazón del joven que abandonó las costas
mexicanas en 1913. Ahora volvía a la patria. Se inicia
la última etapa, la más fecunda, que se desenvolverá en la
"capilla alfonsina" de su casa en las calles de Benjamín Hill.
Veinte años van a transcurrir desde este arribo definitivo a
su querido México, hasta su partida en los últimos días de
1959. Más de treinta libros recogen el trabajo de sus últimos
veinte años. Repartirá su tiempo entre la dirección del Colegio de México, la cátedra anual del Colegio Nacional y su
biblioteca, el rincón preferido de donde surgían sus libros
uno detrás de otro, en marcha ininterrumpida. Esta es la
etapa más fecunda, pero también la de las obras macizas qur,
revelan al escritor que había alcanzado la cúspide. Desde
esta altura pudo construir los libros fundamentales, que se
destacan entre toda su producción por su solidez y su valor
de obras de profunda investigación. De un lado, los libros
sobre la Grecia inmortal; del otro, los libros sobre la teoría
literaria y sus problemas. Una obra más debe ingresar ,•n
este cuadro de los grandes libros: la Trayectoria de GoF-the,
estudio lúcido de una personalidad que obliga a estudiarla
siempre en movimiento. Y si recordamos el contenido de su
primer libro, Cuestiones estéticas, veremos que no traicionó
sus inclinaciones, sino que las mantuvo y alimentó hasta el
C'recimiento que demuestran La crítica en la edad ateniense,
La antigua retórica, La experiencia literaria, El deslinde y
últimamente La filosofía helenística. Estos libros forman la
columna vertebral de la obra de Alfonso Reyes, porque rPCOgen su pensamiento y las experiencias de toda una vida derlicada con amor a las letras.
La "Noticia" que abre el último de estos libros, fechada
en 1954 aunque hace apenas unos meses que se publicó, explica cómo nacieron dichas obras por necesidades internas mutuas. De La crítica en la edad ateniense (1941) nació La antigua retórica (1942), y ambas fueron previas a El deslinde
(1944), como esclarecimiento forzoso. De esta armazón nace
también el libro que incluye la noticia que nos informa, y de
El deslinde han brotado nuevas investigaciones que andan en
publicaciones y revistas. ¿ Se ve el capricho del autor en esta
relación que acerca e identifica sus grandt&gt;s obras~ Por el

Alfonso Rangel Guerra

15

contrario, es que trabaja impulsado por esas necesidades de
estructuración. "No nos resignamos -dice Alfonso Reyes en
la misma "Noticia"- a estudiar los objetos de la cultura como objetos aislados. Necesitamos sumergirlos en los conjuntos históricos y filosóficos de cada época. De aquí nuestras
aparentes audacias. Lo son solamente por venir de un estudiante que ha pasado ya los sesenta años, y todavía reclama
el derecho juvenil a seguir leyendo, tomando notas y organizando sus lecturas". 8
El deslinde, a quince años de distancia de su publicación,
permanece todavía solitario denti:o de la bibliografía hispanoamericana sobre problemas de teoría literaria. Sigue siendo en su género hasta ahora, la investigación más completa
que ha realizado el pensamiento en América Hispánica. Es
necesario penetrar en sus páginas para poder apreciar las dimensiones de este escritor, que asombra por la familiaridad
con que se mueve en la literatura universal, en las literaturas
nacionales y en cada uno de los autores y obras que utiliza
para aclarar sus afirmaciones y robustecer sus argumentos.
Estos "Prolegómenos a la Teoría Literaria" (El deslinde es
sólo el comienzo para el desarrollo de una empresa más vasta),
ordenan en tal forma el camino para entender el fenómeno de
la literatura, que nadie puede perderse en sus claridades. Una
claridad sin contaminaciones, aunque en sus páginas vayamos
aprendiendo cómo se contaminan las formas del pensar, y
cómo la literatura puede encontrarse donde menos se le espera. Libro claro pero que no se entrega fácilmente, tiene la
virtud de establecer colindancias precisas donde muchos sólo
prohíjan las confusiones y el mal entendimiento. El pensamiento ordenado por el pensamiento, es la labor que cumple
este libro. "Ya, a lo largo de una vida consagrada a las letras
-di?e Alfonso Reyes al terminar la segunda parte de El
deslinde- nos han sobrado ocasiones para cantarlas con acento más placentero. Aquí no era caso de cantar sino de definir". Creador de la literatura, pudo ser también uno de sus
más estrictos investigadores. El fenómeno no podía escapar
a su curiosidad insaciable. Su esfuerzo por limpiar de estor•
bos los ámbitos de la teoría literaria lo colocan junto a los
grandes pensadores. Y en América, donde se cae con frecuencia por las pendientes que conducen más fácilmente a la
literatura, el producto de sus estudios muestra lo que significa la permanencia vigilante del pensamiento.
Los últimos años los pasó preparando y corrigiendo la
8.- La filosofía helenistlca, Breviario No. 147 del Fondo de Cultura Econó-

mica, México, 1959, p. 8.

�Alfonso Rangel Guerra
16

17

La Odisea de Alfonso Reyes

edición de sus Obras Completas, de las que alcanzó a ver los
primeros diez tomos. Este trabajo agotador le dejaba todavía
tiempo para escribir la Historia documental de mis libros, que
llegó a tratar hasta el año 1924 en publicación, y quizá la
épocas posteriores en trozos todavía inéditos. Y semana tras
semana, desde el 30 de mayo de 1954, nos regalaba sus Burlas
veras, pequeños trozos en los que se mezcla la erudición y la
anécdota memorable, el juicio breve y la inquietud cotidiana,
y que poseen más, mucho más de lo que a primera vista parece. En estas 224 gotas de buen decir y buen pensar (más
obran quintaesencias que fárragos, dice el epígrafe de Gracián al frente del primer ciento publicado), será necesario
rastrear muchos caminillos que cqnducen, sin duda alguna,
al camino principal, a la vía anchurosa del pensamiento de
Alfonso Reyes. ~orque aquí él dejó mover libremente la alegoría, el cuento a veces zumbón y a veces con el sabor de las
viejas fábulas, o bien la dilucidación de problemas eternamente viejos o nacidos ayer. La fórmula de la condensación,
frente al tiempo que corría implacable y destruía silenciosamente el corazón herido, era una solución y un escape para
todas esas ideas que acudían a su cerebro. "¡ Oh gustosa continuidad! -dice en la última de estas sabrosas minucias9Cuando se vive en trato con la pluma, la sola armonía de la
vida comunica al trabajo una coherencia más legítima que la
de los sistemas artificiales buscados -Y sin remedio- siempre algo 'traídos de los cabellos'." Sólo tienen derecho a
afirmar esto aquellos que han vivido una larga vida entregada a las causas noble, y a Alfonso Reyes no se le puede
negar ese derecho porque sus setenta años los vivió en la
causa noble de la cultura. Ese "trato constante con la pluma"
quiere decir, en definitiva, trato constante con los hombres.
En 1957 fue nombrado Presidente de la Academia Mexicana de la Lengua, y no faltó quien entonara entonces las
mismas quejas de antaño porque su discurso trató sobre la
Grecia antigua y n1:i sobre México. Robert Escarpit, el hispanista francés, explicaba la insistencia por un fenómeno que
llamó de la "fijación literaria", endurecimiento del mito; pero
le oponía, en compensación, otro fenómeno, el de la "traición
creadora"; y ejemplificaba con el inglés Swift, amargo y pesimista, que llevaba escondida una naturaleza secreta que lo
convirtió con el tiempo en un autor para niños. El tiempo
también se encargará de despejar el horizonte para poder v er
9.- "La malicia del mueble" No. 224, publicada en Vida Unlve-sitarla,

Monterrey, 23 de diciembre de 1958, No. 457.

en toda su magnitud la obra cultural de Alfonso Reyes, donde
se abrazan México, el Continente Americano, el Viejo Mundo
y la cuna de la Civilización Occidental. Entonces se descubrirán muchos de sus aspectos que todavía no acaban de salir
a la luz.

La odisea ya terminó. Terminaron las notas, las lecturas,
los libros. Se cierra el periplo que fecundó durante más de
cincuenta años las letras mexicanas y la pluma se ha quedado quieta, ausente su sabio animador. Deja más de ciento
cincuenta libros y sus archivos llenos de cuartillas inéditas
que ocuparán todavía muchos volúmenes. Si alguien dijo hace
algún tiempo que tuvimos el privilegio de ser sus contemporáneos, diremos ahora que nos queda la responsabilidad de
haberlo sido, porque las generaciones que. convivieron con
Alfonso Reyes son las que deben medir sus dimensiones y la
herencia que deja para México. Recordemos este soneto, en
el que resume el mexicano universal la verdad que aprendió
de Homero:

La verdad de Aquiles
Si me preguntas lo que yo más quiero,
te diré que se muda con el día
y que lo va llevando el minutero
y el curso de las horas lo desvía.
No es inconstancia, no : la suma espero,
el desenvolvimiento y la armonía
que prestan atención al derrotero
en una espiritual geometría.
Mas si preguntas lo que yo aborrezco,
en una sola frase te lo ofrezco
que recogí en los labios del Pelida:
"pensar y hablar dos cosas diferentes",
miedo del mundo, engaño de las gentes,
menoscabo del arte y de la vida.
Monterrey, N. L., enero de 1960.

�Alfonso Reyes Aurrecoechea/ ALFONSO REYES,
ENTRE BURLAS VERAS *

Señoras y señores :

..

Gracias sean dadas, ante todo, a las personas que dirigen
la institución Arte, A. C., que tantos aciertos han tenido en
el curso de sus actividades artísticas y culturales, particularmente al joven y talentoso actor don Rubén González Garza,
por haberme invitado a este breve curso de conferencias de
homenaje a don Alfonso Reyes. Aunque mi modesta personalidad no está a la altura de quienes han venido y vendrán
a cumplir este delicado encargo, trataré de dar un esbozo de
este extraordinario humanista recién desaparecido, valiéndome de las mismas líneas que él trazó con admirable sabiduría
y magisterio impar.
Hablar de Alfonso Reyes no es fácil. Es necesario conocer su obra, haberla seguido y disfrutado plenamente en toda
su singular significación, porque Alfonso Reyes no es un
caso producido al azar, ni fruto sazonado ocasionalmente,
sino una personalidad forjada a lo largo de una vida que
siguió paso a paso, sin flaquear un instante, sin perder el hilo
de la vocación, todos los vericuetos de la existencia humana.
Su presencia está en todas partes, porque fue insaciable su
curiosidad intelectual, porque su destino fue conocer cuanto
interesa y concierne al hombre .
De manera que en este humilde recorrido por Alfonso
Reyes, que emprenderé con la ayuda benevolente de quienes
me escuchan, no encontrarán los eruditos o los estudiosos de
la obra de este mexicano ejemplar, algo nuevo o ideas nuevas.
Demasiado sé que mi modesta disertación no vuela muy alto,
porque limitada es mi capacidad, limitadas también son las
* Conferencia pronunciada el día 20 de enero de 1960 en la Institución
ARTE, A. c., en el homenaje organizado en memoria de D. Alfonso Reyes.
-19-

1

'

�20

Alfonso Reyes, entre Burlas Veras

fuerzas intelectuales que me son fieles.
En el mes de mayo próximo se cumplirán setenta y un
años del nacimiento de este claro varón regiomontano. El
mismo lo ha dicho :
"El 17 de mayo de 1889, cerca de las nueve de la noche,
la plazuela de Bolívar respiraba músicas a plenos pulmones.
Es la mejor época del año. Toda la tarde se han arrullado
las tórtolas. En las afueras de Monterrey pulula la caza menor, y se oyen a lo largo del día los tiros de los cazadores.
Uno tras otro, andan de cuartel en cuartel los toques de retreta y de rancho. Y el de silencio echará a volar hacia las
diez• tan temprano todavía que da a la vida del soldado una
castidad conventual, o una prematura quietud de gallinero".
La cita es de antología; como en un espejo se reflejan lo~
matices de aquel Monterrey que arrullaba, en las noches, el
sueño de sus esforzados hijos. Pero dejemos que termine el
poeta:
"Los novios aún no habían tenido tiempo de acabar sus
recriminaciones y disculpas; aún no se dormían los viejos
en los bancos• los vecinos apenas arrastraban la silla desde
la acera de su' casa hasta la plazuela; todavía los chicos, sueltos a media calle, se divertían con la borrachera de los moscones que caían bajo los faroles de petróleo, aturdidos y removiendo las patas; y los muchac~os mayores -como aún no
era hora de recogerse- emprendlan la pelea de trompos frente a la puerta familiar. Cuando la música se suspende de
pronto, dejando subir infraganti,. el ruido animado de la
charla y el sordo deslizar de los pies. Los maestr_o~ enfundan
a toda prisa sus cobres, y corre una voz supersticiosa: en la
casa del Gobernador militar -al término de la plazuelaacaban de cerrar las ventanas como cuando viene tempestad.
Nada: es Lucin, huésped inapreciable. Y el director de orquesta interrumpe, deferente, la serenata.
"Son las nueve dadas. Yo abro los ojos, y lanzo un chillido inolvidable".
Ha nacido el poeta, el escritor, el ensayista, el crítico y
el creador de ficciones literarias más distinguido y fecundo
de nuestros días. Las letras le entraron con el alfabeto. Sus
primeros versos fueron consagrados al sol y al arco iris. La
belleza será para él una diosa a la que rinde culto perenne
por virtud de esa serena gracia de la sabiduría que ha conquistado al galope de una vida que ha discurrido por todas
las latitudes. Pero, dirá, "el arte de la expresión no me apareció como urr oficio retórico, independiente de la conducta,
sino como un medio para realizar plenamente el sentido humano". Ideal y conducta unidos indisolublemente en una leal-

Alfonso Reyes Aurrecoecbea

tad a 1~ vocación que es paradigma de devoción para las
generac1one_s presentes y futuras.
S?s pr1:°eros estudios los realizó en esta ciudad en el
~oleg10_ Bolívar! a, la vera de don Emilio Rodrígu~z, ue
era, d~ce, un .Jardm ameno donde las disciplinas escola~es
se ensenaban sm texto. ¡ Qué contraste1 su clase con las ue
me aguardaban en el Liceo Francés de 1\féxico 'U'
1 qR.
bera d Sa C
1
' a a en a i, . e ~ . ~sme, en un. ugar donde hoy se abre una calle!"
::\las tarde m1c1a los estudios preparatorios en el Col ,,· C' 1·1
del Estado, donde el ingeniero Francisco Beltrán lee~~~st~~ a
los cuade~no_s con las novelas da Julio Verne. Luego, en la
Escuela_ Nacional Preparatoria y en la Facultad de D
h
de la ciudad de M:éxi~o,. donde obtiene su título profee~:~a~
de abogado el 16 de Julio de 1913.
,,Pero .~u. iniciac~ón en las letras figura en "El Espectad?!' , per1od1co r~g1omontano dirigido por don Ramón Treel 28 de noviembre de 1905, con tres sonetos intitulados
a Duda". Tantos años de lealtad a una vocación se dicen
pronto; a lo largo de la existencia, en que asaltan de pronto
muumer~bles s~rpresa~, ya el alma da cuenta de los saldos
que arroJa la eJecutoria. En esos años de esfuerzos ejemplares, Alfonso Reyes acumuló títulos y acarreó montañas de
p~labras. Lo_s temas van apareciendo "al paso del alma segun va la vida".
'
En las aul_as universitarias inició, en compañía de amigos
frate~nos que igualmente han dado lustre al país, una actividad mtelect?al que resultó fecunda: el Ateneo de la Juven~d. ,Antoru~ Caso, José Vasconcelos, Isidro Fabela, Carlos
onz~lez Pe°:a, Ped~o Henríquez Ureña, Enrique González
~Iar~mez, J1;1ho T~I_'rL . . Reyes se singulariza entre ellos por
s? fm~ sent~do :1:itico, por su erudición, por su vasta cultura
literaria Y f1losof1ca. Por esa época pronunció su conferencia
sobr~ M:an~el José Othón y su estudio sobre el paisaje en la
poes1a ~~xicana. ~os originales de su primer libro Cuestiones E~tet1cas_, escrito a la edad de 20 años, fueron' enviados
a ~aris a la 1m~renta de Ollendorff, que era una de las casas
editoras
c· '
· para
· · libros
d en español. Cuestiones Esté't1·cas apare1~ ~ pr1~c1p1os e 1911, _según ha declarado su autor en un
bre, e arhcul? sob:e _sus libros, y al recibirlo en México, tuvo
que mandar 1mpr1m1r cuatro páginas de erratas.
~n dicha obra, que muchos han reputado clásica por la
prop1_edad Y elegancia del lenguaje, por su robusto mensaje
espmt1;1~1 Y por su fina percepción de las ideas, Alfonso Reyes ~eJo tratados los temas que posteriormente han sido sus
pre?1lectos: la literatura g~iega, Goethe y su obra, y sus estudios sobre la cultura mexicana. Francisco García Calderón,

~tº•

,.

21

�22

Alfonso Reyes Aurrecoecbea

Alfonso Reyes, entre Burlas ,.eras

el joven prologista peruan?, afir~aba: ~Alfon~o Reyes es. un
efebo mexicano. Apenas tiene vemte anos. Solo el en~usiasmo traduce en este libro su edad. No son dones de to~a Juventud su madurez erudita y su crítica penetrante. Tiene c?-1tura vastísima de literaturas antiguas y modernas, anahza
con vigor precoz y estudia múltiples asuntos_ con la ?ndulante
curiosidad del humanista. . . . Ama la cla:ida~ grie~a Y el
simbolismo oscuro de Mallarmé; sabe del mqmeto Nietzs_c~e
y del o.límpico Goethe; comenta a Be:nard Sh~w Y al vieJO
Esquilo. No es el vagar perezoso del diletante, ~mo las e~apas
progresivas de un artista crítico, si est~~ _calidades criti~as
no son una paradoja. Penetra con el anahsis, pero no o}v~da
la intuición vencedora del misterio. . . . Su prosa es artist~ca
y a la vez delicada y armoniosa. Ni lenta, como en_ sa:lnos
comentadores ni nerviosa, como en el arte del periodista.
De noble cuñ~ español, de efica~ precisió~i, de eleg_ante. c,;1rso,
como corresponde a un pensamiento delicado y smuoso .
Contrajo matrimonio con doña Manuela M. de R~yes Y
nació en 1912, su hijo único: Alfonso. Profe~aba la catedra
de historia de la Lengua y Literaturas espanolas en la E~cuela Nacional de Altos Estudios, de la que era Secretario
y profesor fundador, hasta el año de 1913, por el ~es de
febrero, en que murió su padre, don Bernardo. L_~ vida mexicana se sacudía con los estertores de la Revoluc10n. ~lfonso Reyes fué nombrado seg~~º secr~tario. de la, 1!egacfi°n _de
México en Francia y principió su vida dlplomatica. . Qms~
poner el mar de por medio -ha _dicho-, para s~rvir a mi
vocación y eludir la vendetta mexicana. Me negue a ser esclavo del odio". No cabía el resentimiento en este pod~roso
espíritu predestinado a ~olar ,fºr e1;1c~ma de. l~s rr:ezqumdades y pequeñeces de la vida. He vivido -dira mas ,t~rdeen una época muy agitada para ~l mundo, para Mexico, ?
mi familia fue herida y afectada smgularmente por esta agitación. Estoy contento de haber salvado mi vocación. Esta
ha sido la norma moral de mi vida, y me ha curado muchos
dolores y me ha evitado vivir entre pasione~ _inú!iles ! ,de~trnctoras. Y o creo que, para todos, la vocac10n tiene 1denticos efectos, cuando se le es fiel".
En París se unió a los grupos intelectuales más si~nificados. En el extranjero nunca olvidó a su patria. Sien~o
Ministro en Francia pronunció, en francés, una con!erencia
en la Facultad de Derecho y Letras de Lyon con el titu~o de
"Simples Remarques Sur Le Mexique"? e?- la que ?escribe,ª
la patria con galanura, amor y conocimient_o. -:A-lh aparecia
nuestro paisaje, iluminado con imágenes h~:pias y ~laras,
nuestros campos bronceados por el sol, los aridos desiertos,

...

,.

23

nuestras playas, el perfil audaz y tajante de nuestras sierras
· el carácter de nuestras gentes y nuestras cosas. Y la crític~
lo saludaba con admiración cordial. Genaro Estrada en aque,
11a e~oca,
expresaba: " Reyes es un talento poderoso ' y el espítu mas alto Y de mayor fuerza dinámica. No es precisamente
un precoz, pero el conocimiento que ha atesorado a su veintitrés años, corresponde al que atesoran, por lo general, los
hombres de letras de nuestras Américas al llegar a la mitad
de la vida".
Viene luego la época de España, desde fines de 1914.
~s a~ogido con viva simpatía, se consagra al trabajo literario, rngresa al Centro de Estudios Históricos de Madrid en
la sección de Filología, Centro que está dirigido por don
Ramón 1\'Ienéndez Pidal, en compañía de los demás miembros
de esa misma sección: Américo Castro Tomás Navarro Tomás
Federico de Onís, Antonio G. Solalinde y colabora activamen~
t~ en la Revista de Filología Española. Se consagra al periodism~. _Alfredo Car~ona Peña, el notable poeta constarricens~ asimilado a México, en un artículo publicado en "El Nac~onal", en 1948, afirmaba " ... don Alfonso no puede escribir
s1 n? es ,~obre un escritorio, con gran silencio y recato del
ambiente . El maestro, recordando, sin duda sus años en
España, de_ ~~tividad extraosdinaria -¿cuál' época no lo
f~ie ?-, escribio a Cardona Pena una carta, en uno de cuyos
p_araf~s le .decía: " ...permítame una información: no necesito, aislam~ento ni soledad para escribir. Mis amigos saben
que desde Joven me acostumbré hacerlo sobre las rodillas en
l~s banc?s de la Preparatoria. Lo hago en el auto, en el tranvi~, lo hice a c~ballo. He sido periodista muchos años en Ma·drid, no lo olvide. Tampoc?' ~e gusta aislarme de mi gente,
Y muchas veces estoy escribiendo entre la charla familiar
Y a me _ha sucedido el caso napoleónico de dictar varias cosa~
a un tiempo, en los . co~gresos internacionales, etc. El que
a~ora tenga yo u~ ri~con de soledad, tampoco me aisla de
mis constantes obligaciones en la calle y en mil lugares. y le
a~eguro que cuando no escribo con la pluma, ando compomendo de memoria".
De esta época son El Suicida, ensayos; Visión de Anáhuac, que mu~hos han conside~·ado lo mejor de su prosa y
de la que Jose Alvarado ha dicho que está "levantada con·
diáfa~1os ladrillos .que son cápsulas de luz"; y Cartones de
~adnd, que son impresiones de España, escritas con estilo
mcomparable y lúcido; y más tarde, los cinco tomos de "Simp~tí~s Y Dife~encias". Son sus años ~e plena carrera diplo~atica. Los titulos se suceden uno tras otro 1 re()'istrando su
mgente tarea espiritual: Retratos Reales e Imaginarios, El

�.llfonso Reyes Aurrecoechea

Alfonso Reres, entre Burlas Veras

El deslinde (1944), obra mucho más considerable de lo que
da a entender el subtítulo: Prolegómenos a la teoría litera.-

Cazador, Calendario, Cuestiones Gongorinas, Discurso por Virgilio, que surgen de sus incansables estudios sobre la literatura, y que le han dado carácter de pensador universal.
En Buenos Aires publica su Correo Literario, con el nombre de "Monterrey", y lo continúa en Río de Janeiro, entre
los años de 1930 a 1937, hojas que tienen el carácter de noticia bibliográfica y correspondencia literaria. De esa époc:.:.
es A Vuelta de Correo, Atenea Política, Tren de Ondas y su
Voto por la Universidad del Norte, en el que aboga por Ja
creación de nuestra Casa dt&gt; Estudios y se declara "el má.'i
modesto industrial nacido a los pies del Cerro de la Silla,
aquel que elabora palabras, eso sí, palabras sinceras". Ha
cumplido ya una labor diplomática digna del mejor. "El escritor -dice José Aharado- le ha hecho lugar al diplomático y Alfonso Reyes cumple con exceso, decoro y fulgor,
la misión mexicana en todos los sitios; pero el diplomático
no ha vencido, mutilado ni cansado al escritor. Escribe con
el brazo derecho y cumple los deberes del servicio exterior
con la mano izquierda, la clásica manera de hacerlo. Pero es
la suya una diplomacia nueva y viva, buscando, como él mismo dice, la respiración internacional de México. Entonces
l\léxico hacía diplomacia t&gt;n América. Y de la buena".
Termina su carrera de diplomático e inicia una nueva,
la del escritor entregado plenamente a sus fecundas labores,
y México entero ha sabido de sus libros, que ya pasan de los
ciento cincuenta títulos, en los que va recogiendo su sabiduría y lo mejor de su espíritu para regalo de todos los lectores
del mundo, pues ha sido traducido a numerosos idiomas, y
esto es lo que le presta carácter de universalidad a su obra
de escritor.
"No es hiperbólico decir -asienta González de M.endoza
en el prólogo a Verdad y Mentira- que nada en el espacioso
campo de las letras le es ajeno. En su obra hay poesías de fina
sensibilidad y exquisita forma; cuentos originalísimos; un
bello comienzo de novela; un noble poema dramático; doctos
prólogos a ediciones por él anotadas y comentadas del Arcipreste de Hita, Ruiz de Alarcón, Lope de Vega, Góngora,
Quevedo, Gracián, Antonio de Fuente la Peña y Fray Seryando Tert&gt;sa de Mier, amén de una versión en prosa del Poema del Oi.ci, y de traducciones de Chesterton, Sterne, Stevenson,
Cbejov, etc., a las que pronto añadirá la de las primeras rapsodias de la Ilíada. Dirigió la edición de las Obras completas
de Amado Nervo. Pero principalmente forman su valiosa
producción ensayos de perspicaz análisis. Varios de ellos -tales sus admirables libros sobre la cultura helénica: La. crítica.
en la edad ateniense (1941) y La antigua retórica (1942), o

25

•

ria-, por sus proporciones y su contenido de doctrina, llegan
a la categoría de tratados".
Durante sus prolongados años de servicio diplomático
tuvo ocasión de viajar por numerosos países; pero nunca
abandonó su interés por el conocimiento y el estudio de los
problemas mexicano . :\Iéxico es, en él, el punto de arranque
ele su espíritu, su raíz es una honda rafa mexicana y, guiado
por su amor entrañable a su ciudad natal, ha dicho, en una
declaración especialmente hecha para "Vida Universitaria",
cuyo original figura en las paredes de la rectoría de la Uniwrsidad : " 6Quién dijo que yo be vivido lejos Y Un invisible
cordón ataba mis plantas en todos mis pasos errabundos.
Dondequiera y siempre que he cerrado los ojos, he vuelto a
Yer a )Ionterrey. He seguido sus vicisitudes, me he asociado
a sus victorias. La promesa de la Universidad del Norte no
me encontró mudo, y desde las faldas del Corcovado, en el
Brasil, envié mi mensaje de esperanza hasta las faldas del
Cerro de la Silla. A cada rato el nombre de mi Monterrey
saltó a mi pluma. Lo he asociado a mis campañas de mi
escrit?r: lo_ he difundido en mi Correo Literario por los centros hterar1os de todo el mundo. Me be esforzado porque mi
)~onterrey no sea un punto muerto en la mente de algunos
distantes trabajadores del espíritu. En mis horas de soledad
y de duda, pedí consejo a las direcciones de infancia que en
)Ionterrey se criaron y se nutrieron. Puedo decir' en suma,
que nuestras "montañas épicas", son el fondo físico y el plano
de arranque de toda mi geografía del mundo".
No olvidaba a 1Iéxico: "Mis contribuciones -dice- a la
definición de lo mexicano están en todos mis libros". Y añade: 'Nada puede sernos ajeno sino lo que ignoramos. La
única manera de ser provechosamente nacional consiste en
st&gt;r generosamente universal, pues nunca la parte se entendió
in el todo" .
Y Federico de Onís, refiriéndose a este mexicanismo de
~\Jfonso Reyes, al declararlo "Mexicano Universal" 1 dijo estas palabras: "No nos extrañe, pues, ver a Reyes el mexicano
en sus andanzas fuera de su patria sintiéndose en todas
partes como en casa propia sin dejar de ser él mismo. El
como la X de México, es un punto de cruce de todas las cul:
turas qu~ ~n su espíritu se juntan y se separan al mismo tiempo, adqumendo nueva luz y sentido.
"Los temas desarrollados a través de su obra en muchas
formas div,ersas estaban ya con~e~_idos en su primer libro y
en las poes1as y ensayos que escr1b10 antes de salir de l\Iéxico".

�26

Alfonso Reyes, entre Burlas Veras

Muy dentro de mí mismo ha quedado el recuerdo del día
en que lo conocí. Había llegado yo a la ciudad de México, en
uno de tantos viajes, para tomar parte en nombre de mis
compañeros de esta ciudad, en una conferencia nacional del
magisterio. Nos pusimos de acuerdo para visitarlo en sus
oficinas de El Colegio de México, que entonces era La Casa
de España en México. Una sensación de curiosidad, de admiración, de asombro contenido, de emoción indefinible, me
envolvía ante la idea de conocer al ilustre humanista que,
por razones del destino y para honra de toda mi vida llevaba
el mismo nombre que yo. Cuando entramos a su despacho
Carlos Villegas hizo las presentaciones. Y o quedé al final;
al tocarme el turno, murmuré mi nombre y apreté su mano.
Tomamos asiento y recibí como una ráfaga agradable esa su
exquisita cortesía de la que él mismo ha dicho que constituye
"el mejor orgullo de la raza".
La conversación cayó en los últimos acontecimientos. El
descubrimiento de la bomba atómica, suceso de la época, le
hacía exclamar : "Ya no es la manzana ; es la píldora, la de
la discordia". Y nos contó luego una anécdota. Nos damos
cuenta de que don Alfonso hablaba como escribía:
'Durante mis años de Río me acompañaba una vez un
poeta extranjero extraordinariamente alto y delgado. Ibamos
caminando por una de esas calles bordeadas de palmeras que
desembocan en el mar. El poeta ponderaba lo agradable de
la brisa:
-¡,No cree, Alfonso, que es un raro deleite recibir en
nuestras cabezas la caricia de la brisa y de las palmeras ?
Y volviéndome hacia él le respondí, señalando el contraste de nuestras r espectivas estaturas:
-Hombre, mi querido poeta, no creo que pueda yo decir
lo mismo.
o o o o
En su Parentalia, escribe estas palabras conmovedoras,
llenas de ternura, dirigidas a su madre:
• "Tú me dijiste que nuestra verdadera patria es el cielo,
y el mundo, morada transitoria. Y yo, niño, no podía comprender tus lágrimas, cuando la pobre Eva nos fue arrebatada
a los tres años.
_-¿Porqué lloras :..._te pregunté-, si Evita está ahora en
el e1elo?
La voz de la sangre te hizo responderme:
- Una niña nunca está mejor que en el r egazo de su madre.
Y yo he comprendido poco a poco. Somos cosa tan deleznable, que hasta más allá del tiempo necesitamos que el hada
buena nos sostenga en sus brazos. De aquí el culto de las

Alfonso Reyes Aurrecoechea

27

Diosas Nutricias, principio materno que ruega por nos Y
nos ampara.
Muchas veces me pediste un libro de recuerdos; muchas
veces lo comencé, pero la emoción no me ~ejaba. C?n e~fuerzo me pongo a la obra, qu,e s~ me ha partido ~n yar1~s hbros.
y si ahora logro darle termmo -aunque m1 historia, _como
todas aparezca algo sollamada de leyenda-, esta serie de
volún'ienes será para ti. Tú ya no has de leer~os. Tampoco
los amigos de la fervo,r osa juventud! que han_ ido desapareciendo uno tras otro. Un raro apremio nos estimula. Lo presente se me aleja, el pa,sado me solicit~. Me .~flige pens~r que
estas memorias quedaran al cabo confiadas a las multitudes
desconocidas". Tú, que me guías siempre tan de cerca, ayúdame con la página de cada día y no me dejes caer . en tentaciones de mentira o renco-r. A ver, madre nuestra, si merezco de ti una sonrisa póstuma, desde el infinito seno donde
ahora descansas".
En 1945, México le otorgó el Premio Nacional de Art~s
y Ciencias y muy recientemente, le fue otorgad~ el prem10
de Letras '"Manuel Avila Camacho". En esa ocasión, al p~onunciar su discurso quiso, hablar a los jóvenes: "Yo también
.lo fuí -dijo-; y t~mbién luché y sufrí en el asalto a ese castillo de amor que es la poesía.
La adusta perfección jamás se entrega,
y el secreto ideal duerme en la sombra.
YO también me he quebrado alguna vez l a cadera contra
el Anael
de Dios. a lo largo de temerosas noches de duda
0
y desesperanza, para amanecer al día siguie1:,te con la sensación jubilosa de que la naturaleza toda al fm me entregaba
sus secretos. No me arrepiento de mi oficio, a pesar de sus
contratiempos y torturas. Todo halla compensaciones en el
júbilo de la creación. Este veterano que aq_uí os habla os
aconseja que persistáis. El don de admirar 1a b~lleza Y de
engendrar en la belleza es el más alto don concedido al ho~bre. Pronto he de recoger mi barco en la atarazana, y os deJo
esta palabra de aliento. Defended, contra las ~uevas barbaries, la libertad del espíritu y el derecho a las rnsobornables
disciplinas de la verdad. A mí me ha tocado llegar unos
minutos antes, sólo para abriros la puerta: a vosotros, bravos
cáchorros, alumnos inquietos de las Musas, a vosotr os el p orvenir y el triunfo".
o o o o
Por el mes de mayo &lt;le 1954; don Alfonso principió a
publicar en el semanario "Revista de Revi&lt;;tas", de la ciudad

�28

Alfonso Reyes Aurrecoechea

29

Alfonso Reyes, entre Burlas Veras

de l\Iéxico unas breves notas que intituló "Las burlas veras".
Estas se fueron acumulando e integraron un primer volumen,
con el primer ciento, editado por Tezontle, México, 1957. El
segundo ciento, creo que ya apareció o está por aparecer,
en volumen. ":Vida Universitaria", el semanario de esta ciudad
que está bajo mi humilde dirección, auspiciado por el Patronato Universitario, principió a publicar estas notas, contando
para ello con la anuencia del autor y del director de "Revista
de Revistas", don Carlos Denegrí. Se inició entonces una
correspondencia nuestra que sólo la muerte dejó trunca. En
ella figuran algunas cartas que, por su interés, deseo dar a
conocer a ustedes, en gracia a la personalidad de quien recibe
con tanta justicia este homenaje.
·
Al aparecer la edición dé "Vida Universitaria", que nosotros llamamos "alfonsina", por estar dedicada totalmente al
fecundo escritor, don Alfonso nos envió la siguiente carta:
"Querido tocayo :
Estoy abrumado, abrumado de gratitud, desde luego, pero
también de asombro. ¿ Cómo ha podido una cosa tan frágil
merecer una atención tan sabia y tan aguda de parte de ustedes 1 ¿De dónde sacan ustedes tamaño entusiasmo y las energías para crear lo que apenas existe1 No crea ~sted que le
hablo con una modestia convencional, no: le descubro mi corazón. Si hasta ho,y no hubiera tenido la suerte de recibir
una sola palabra de aprobación y de aliento, la "edición alfonsina" hubiera bastado para colmarme. Mi gratitud para todos
ustedes. Vale la pena haber vivido sesenta y seis años para
recoger, un día, esta impagable cosecha de buena voluntad.
Y siento que "cuando Apolo ardiente me llame" - como decía
Rubén- podré irme tranquilo, tranquilo de haber dejado una
siembra de simpatía en algunos hombres de corazón bien puesto, de haber dejado un estímulo a las vocaciones sinceras.
Muy cordialmente suyo. Alfonso Reyes".
En otra ocasión, puse la siguiente pregunta al final de
una de las cartas que ordinariamente le enviaba, sobre un
dibujito quil empleó en la tarjetita postal que me enviaba:
"¡,Puedo considerar como suyo el gracioso dibujo que figura
en la tarjetita que me mandó? A lo que contestó con estas
.interesantes líneas:
"Celebro que le haya llegado a tiempo el retoque para el
articulito No. 25. Por desgracia no es mío el dibujito que
tanto le ha divertido: lo hice reproducir de una revista norteamericana y me mandé hacer con él unas tarjetitas. Siempre he deseado saber dibujar. Tengo en la cabeza un dibujante no realizado. Nunca pude aprender, en gran parte por
culpa de mi maestro de dibujo en el Colegio Civil, don Guadalupe Montenegro, el padre de Roberto, que por amistad y

..

gratitud a mi padre (eran camaradas de infancia) me hacía
todos los dibujos. Dígame si tiene o conoce un volumen mío
de versos sociales y de ocasión llamado Cortesía. Este libro
lleva dibujos míos en la portada y algún garabato por ahí
adentro. rrambién en las Memorias de Cocina. y Bodega
ilustradas por Elvira Gascón, me atreví a dibujar un banquete de guerrilleros que comen mole de guajolote, porque
ella me hacía unas figuritas femeninas y alambicadas. A veves hago garabatos que llamo: "Ensayos para una nueva
naturaleza" y a veces los guarda mi mujer. Diego Rivera,
después de las sesiones de El Colegio Nacional, sll:ele recoger
el papelito, que he llenado de trazos: cosa de amistad, pues,
aunque usted no lo crea, ese habitante de Marte conserva
cierto sentimiento para sus amigos de la juventud. Lo abraza
cordialmente. Alfonso Reyes".
Poco después tuve el gusto de recibir el anunciado libro
"Cortesía" que conservo entre mis mejores pertenencias, en
el que est~mpó el maestro la siguiente dedicatoria: "Par~ mi
querido amigo Alfonso Reyes Aurrecoechea: nuestra amistad
si(l'ue el destino de nuestra homonimia. Alfonso Reyes. 1955".
"' En otra comunicación, don Alfonso se sirvió hacer una
rectificación: Dice así :
"Querido tocayo y amigo: Veo en "El Porvenir" del lo:
de noviembre de 1955 que se piensa poner placa, no en m.1
casa natal, que yo realmente no conocí, sino en la casa donde
pasé mi infancia, la del _Sol de ~.onterrey: ~eyo hay en la
noticia un error que conviene rectificar. Alh ,v1v1, no de modo
continuo "desde los dos años hasta mi ingreso a la Preparatoria de la Capital", como se dice en El Porvenir; sino que
hub()I un entreacto en la ciudad de México, durante la Secretaría de Guerra y Marina de mi padre: de febrero 1900 (m&lt;i
padre tomó posesión del cargo el 25 de enero de ese año, y
poco después nos fuimos a reunir con él), a fines de diciembre
de 1902, (mi padre renunció en México y volvió a Monterrey,
donde sólo había pedido licencia y aún era Gobernador, el
23 de diciembre de 1902).
"En un jardín de esa casa de mi infancia, jardín que
acaso ya no existe, había unos anda~ore_s de piedreci~~s b;~ncas con las fechas de comienzo y termmo de la edificac10n .
Esta segunda fecha debe preceder inmediatamente al traslado
de la familia desde la casa de la Plazuela de Bolívar. La calle
-que hoy es "Hidalgo"- se llamó durante toda mi infancia
"Degollado".
Han sido numerosas las ocasiones en que las confusiones
por la homonimia entre el ilustre autor de "El Deslinde" y
este humilde servidor de ustedes se• produjeron entre casos
chuscos y divertidos. Alguna vez, don Alfonso, escribió un

�30

Alfonso Reyes, entre Burlas Veras

artículo que recuerdo llevaba por título "Los peligros de la
homonimia", relatando casos de confusión que ya tomaban
caracteres alarmantes. .Algo relataba sobr.e un caso ocurrido
en sus años de diplomático, sobre don .Alfonso XIII, rey de
España.
Cuando visitó esta ciudad, en el año de 1956, no recuerdo
por qué razón tuve necesidad de comunicarme con él, que se
alojaba en el Hotel .Ambassador, de esta ciudad. .Al contestar
la señorita telefonista se produjo el siguiente diálogo:
-Hotel .Ambassador. Diga usted ... .
-Deseo hablar con don .Alfonso Reyes.
-¿De parte de quién Y
Mi contestación, sin advertir de pronto la homonimia,
fue dar mi nombre.
Entonces hubo una larga espera. La comunicación no se
lograba, puesto que no podía .Alfonso Reyes hablarle a .Alfonso Reyes. Después de un rato don .Alfonso hablaba desde el
otro aparato, diciendo :
"Mi querido tocayo, estas cosas de la electricidad, y como
usted y yo somos polos positivos...."
Por marzo de 1957, para no citar sino los casos más curiosos, solicitamos al señor licenciado Luis Padilla N ervo,
entonces Ministro de Relaciones Exteriores del país, la redacción de un saludo que habría de publicarse en "Vida Universitaria' con motivo del aniversario de su publicación. El señor Ministro escribió a don .Alfonso para preguntarle acerca
del caso, puesto que la solicitud se había firmado con su
nombre. Don .Alfonso me escribió una carta en la que decía:
"Mi querido tocayo: Luis Padilla Nervo, Secretario de
Relaciones Exteriores, me mandó preguntar, creo que para
contestar alguna invitación de "Vida Universitaria", si usted
y yo éramos la misma persona. Le contesté que, aunque dos
personas distintas, éramos un solo dios verdadero: es decir,
que lo trate a usted como si fuera yo mismo. Saludos afectuosos de su tocayo y amigo que le manda un cordial abrazo.
.Alfonso Reyes".
o o o o
La enfermedad de don .Alfonso iba progresando. El mismo se ha encargado de relatar cómo sintió los primeros avisos,
documentos que entregó a su médico, el eminente doctor Ignacio Chávez, En nuestra correspondencia también se reflejó
esa dolencia que le aquejaba con extrema persistencia. "Consérvese bien, don .Alfonso", le decíamos siempre.
Por marzo de 1959, me escribió este manuscrito:
"¡ .Ay, sigo enfermo, en tratamientos, y con mi biblioteca
por cárcel! Menos mal que es la mejor cárcel. Lo abraza.
.Alfonso".

Alfonso Reyes Aurrecoechea

31

En abril 2 de 1959:
"Gracias. Saludos al querido tocayo. Refugiado en Cuernavaca por la mala salud. Surmenage. .A. R."
En 26 de mayo:
"Muy mal mi salud. Suyo cordialmente. .Alfonso Reyes".
En 2 de junio :
"Gracias también por su felicitación de mis setenta. Los
cumplo trabajosamente. Sigo muy enfermo . .Alfonso Reyes".
En 12 de junio :
"La salud no se compone. Su .Alfonso Reyes".
En 13 de julio :
"Mis colaboraciones han aflojado un poco por m1 mal
estado. Salud y saludos. Su .Alfonso Reyes".
En agosto 17 :
"Gracias. Voy de alivio. .A. R."
En septiembre 27:
"Gracias, tocayo. .Al fin descanso un poco. Cuernavaca,
Hotel Marik".
· '
En 18 de octubre:
"Gracias y saludos al querido tocayo. .Alfonso Reyes".
En noviembre 18, una tarjetita:
"Gracias, querido tocayo: no le extrañe mi transitoirio
silencio. ¡ Estos achaques!"
Y en diciembre 29, remitimos este telegrama a su esposa
doña Manuelita: ".Acepte más sentido pésame motivo fallecimiento su insigne esposo don .Alfonso Reyes, nuestro más
distinguido e inolvidable colaborador".

o o o o
Y, ahora, nosotros, ¿ qué acertaremos a decir? Hemos
perdido a un amigo: el mejor, el más noble, el más bueno, el
más tolerante, el más comprensivo, el más ilustre de cuantos
han vivido en nuestra época. Hemos perdido a un Maestro
del que nos enorgulleceremos siempre, pues nos tocó vivir una
parte del tiempo que le tocó vivir.
Pero no lo perdemos del todo. Seguiremos disfrutando
de su grata compañía. En sus libros está su alma llena de
fulgor. En el silencio de su vasta obra podemos confundir
nuestro silencio para encontrarlo de nuevo a nuestro lado.
Es esa la suerte que nos queda: su presencia sobrevivirá al
tiempo mientras el mundo exista y, al leer sus libros, lograremos reproducir su imagen más viva y esencial, aquella que
lo muestra en su mesa de trabajo, en su "capilla alfonsina"
o_cupado en confiar a la pluma lo mejor de todas sus excelen~
cias.

�Juan Antonio Aya/a/ EL

PENSAMIENTO CLASICO EN LA

OBRA DE ALFONSO REYES

*

e

0110 contribución personal a este
homenaje póstumo que ha organizado a nuestro querido maestro y amigo desaparecido, don Alfonso Reyes, esta benemérita
institución Arte, A. C., he escogido un tema que supera, y
con mucho, mis posibilidades, pero que tiene para mí una
significación vital. Nos encontramos ante el prodigio de un
humanista mode'rno, de "un especialista en universales" como
él mismo se proclamó en la Noticia de uno de sus últimol,
libros, LA FILOSOFIA. HELE'NISTICA. &lt;1&gt;. Una auténtica
vocación humanística es algo más que un mero llamado a la
erudición y al saber --aunque, oigánlo bien aquellos que aún
creen en la improvisación o los que tales menesteres desprecian, erudición y saber son requisitos indispensables en dicha
vocación-- sino que supone el apasionamiento y la consagración perpetua, con todo lo que esto conlleva de sacrificios,
renunciaciones e incomprensión. Un humanismo que esté más
allá de la erudición, ¿qué puede ser sino una constante bús. queda de esencias y de realidades, de equilibrio y, simultáneamente, de pasión f Aquí estamos ya ante el humanista puro,
aquí estamos ya ante ese milagro mexicano-universal que es
Alfonso Reyes, definido sobria y exactamente por Eugenio
D'Ors como el hombre que "trabaja y juega" y que nos deja
un legado en el que tenemos que sumergirnos si nos lo queremos apropiar. Y esto es, precisamente, lo que intentaré en
estos minutos que ustedes tan cordialmente han querido concederme: un asedio cordial al humanismo de Alfonso Reyes,
una submersión inicial que nos ayude, por lo menos, a fijar
* Conferencia pronunciada el día 27 de enero de 1960 en la I nstitución
ARTE, A. C., en el homenaje organizado en zp.emorla de Don Alfonso Reyes.
-33 -

�34

El Pensamiento Clásico en la Obra de Alfonso Reyes

las corrientes ocultas que fluyen, manan y se entrecruzan en
lo íntimo de su obra; no será pequeña tarea la de trazar u_n
sistema de coordenadas sobre el cual colocar toda una. sene
de valores que nos servirá~ de }eferencia. para P?~er mterpretar en su auténtico sentido el pensamiento clasico en la
obra de Alfonso, Reyes".
"Los mitos --afirma Albert Camus-- no tienen vida por
sí mismos. Aguardan a que nosotros les encarnemos. Basta
que un sólo hombre en el mundo responda a su l~amada para
que nos ofrezcan su savia intacta"&lt;~&gt;. !{e . a_qm. !ormulada
una actitud humanista que no necesita Jushficacion. Part~mos, pues, de este punto: la encarnación del_ mito Y su rev.italización en nuestro mundo, en nuestro ambiente, en nue_stra
vida cotidiana. Tomemos a Alfonso Reyes en . esta . actitud
inicial expresamente declarada en su comentario_ epilogal a
la IFIGENIA CRUEL. "Por el año 1908, estudiaba yo las
"Electras" del teatro ateniense. Era la edad en que h~y que
suicidarse o redimirse, y de la que conservamos para sie~pre
las lágrimas secas en las mejillas. P?r ventura, el estudio de
Grecia se iba convirtiendo en un alimento del _alma, Y !1-YUdaba a pasar la crisis. Aquellas_palabras tan ~eJanas se iban
acercando e incorporando en obJetos de act?~hdad. _Aque~los
libros testiO'OS y cómplices de nuestras caricias y v10lenc1as,
se ib~n tor;ando confidentes y consejeros. Los coros de la
tragedia griega predican la sumisión a los dioses, y ésta es
la única y definitiva lección ética que se extrae del. teatro
antiguo. Hay quien ha podido ~provechar s~ conseJo.. La
literatura, pues, se salía de los libros y, nutriendo la vida,
cumplía sus verdaderos fines. Y se operaba un modo de curación, de sutil mayeútica, sin_la cu~l fácil fuera haber_ 1:aufragado en el vórtice de la primera Juventud. Ignoro si este
es el recto sentido del humanismo". &lt;3&gt;
He aquí la actitud inicial de Alfonso Reyes ~nte el legado
clásico y, en concreto, ante el legado de Grecia, que puede
servirnos de punto de partida par~ nuest_ro r_ecorrido. ¿Por
qué precisamente Grecia t En la misma If1gema Orue~ encontramos la explicación: "Just_ificada la afici_ón a. ~recia como
elemento ponderador de la vida, era como si hi;bieramos cr~ado una minúscula Grecia para nuestro uso: mas o menos fiel
al paradigma, pero Grecia siempre y siempre n_uestra ...
Somos uno con ella· no es Grecia, es nuestra Grecia. Tanto
riesO'o solicita a tod~ corazón templado. Además de que hay
unaºGrecia cotidiana una perspectiva de ánimo que nos c~pacita para humanar hasta los mitos más rígidos y arcaicos.
La afición a Grecia es tan imperiosa o más"&lt;4 &gt;. Esta es 1~
explicación: pasión, y esta pasión podría llevarnos a practi-

Juan Antonio Ayala

35

car una serie de cortes exploratorios a través de la pasión
alternante que por Grecia ha sentido el mundo occidental en
toda la historia de la cultura y que cobra empuje a partir
del siglo V antes de Cristo y se difunde, aunque ya deformada, por medio del helenismo, en admirable conjunción con
la fuerza política y organizadora del Imperio Romano. Sin
embargo, Grecia difundida y perpetuada por Roma, ha conquistado siempre la primacía en los espíritus, porque en su
cultura se dan las más grandes esencias del humanismo; para
un temperamento como el de Alfonso Reyes, Grecia con su
alegría, su vitalidad, sus mitos y leyendas, sus dios~s y sus
héroes_, sll: ,conce~to e~uilibrado de la vida, su filosofía y su
o~gamzac1on social, tiene un atractivo que nunca ha podido
eJercer Roma con su pragmatismo, su positivismo y su relativa P?breza intelec~ual creadora fren~e a sus grandes model~s griegos. He aqm, por tanto, el primer punto de referencia: _a~or y pasión por la Grecia clásica, siguiendo la mejor
tradic10n que ha perpetuado su presencia hasta nuestros días.
Encontramos, en un paso siguiente, una doble actitud de
Alfonso Reyes ante el mundo griego : actitud creadora y actitud crítica. Ambas manifiestan, primordialmente una extraordinaria capacidad de captación del espíritu clÍsico. Corremos el peligro de contemplar y, lo que es peor, de interpretar
todo este l_egado cultural de Grecia con una mentalidad que
no puede liberarse de lo cotidiano y nos ocurriría lo que p~ó
dura~te }a época de la Contrarreforma con aquellos pedagogos Jesuitas que, según uno de los primeros historiadores de
la Compañía de J ~sús, "cristi~~aban a los clásicos, purgándolo~ de sus ~bommables hereJ1as, para que la juventud, remov1_do. el peligro de la concupiscencia, pudiera traerlos en
sus hcc1ones".
Alfonso Reyes, por el contrario desde las primicias de
su producción sobre la Grecia clásica --me refiero a LAS
TRES ELECTRAS DEL TEATRO ATENIENSE &lt;5&gt;-- se sitúa
ante la ü~:i.agen de Grecia revalorizada y realista que conocemos gracias al mag~ífico esfuerzo realizado por la filología
moderna _q"?e nada tiene que ver con las falsas imaginaciones
de, l_os af1C1onados. A propósito de este sentido exactamente
c~~s1co de Alfonso Reyes, el crítico E. Gómez de Barquero
d1Jo e~ 1926, com~ntando su Ifigenia: "Este retornar de la
tra?edia .es una victori~ del clasicismo. El mundo antiguo
esta volviend_o ?ºn _sus figuras de belleza y también con algunas de sus hm~taciones y sus durezas, como la exageración
del_ culto a la cm?~d. Las épocas. románticas se nos van apareciendo como crlSls, como períodos de ardiente sequía después de las cuales llena otra vez el cauce el claro rio de

�Juan Antonio Ayala
36

87

El Pensamiento Clásico en la Obra de Alfonso Reyes

razón y belleza que viene de Grecia" &lt;5&gt;. Y_, todavía, _permitidme el testimonio valioso de Pedro Hennquez U:rena, testiao del nacimiento de la pasión alfonsina por Grecia: "En el
in~tante que atravesamos --afirm~-- Greci3: ha entrado en penumbra: no sabemos si para eclipse pasaJero o para so~bra
definitiva. Excepciones ilustres (¡ Santayana ! ¡ Paul Val,ery !)
las hay, y son raras. Pero en los ti~mpos en 9-ue descubnamos
el mundo, Alfonso Reyes y sus amigos, Grecia .estaba en apogeo: ¡ Nunca brilló mejor¡ Enterr~da la Gre~ia de ~odos los
clasicismos hasta la de los parnasianos, habia surgido otra,
la Hélade 'agonista, la Grecia que co~b~tía y se esforz~ba
buscando la serenidad que nunca po~ero, mvent!ndo uto¡~ias,
dando realidad en las obras del espmtu a_l sue~o de perfección que en su embrionaria vida re_sultaba unposi?le. Soplaba
todavía el viento tempestuoso de Nietzsche, henchido del suelo
entre el espíritu apolíneo y dio.n_isíaco_; en ,A:.le}Ila1!ia, la e~·udición prolífica se oreaba en las m~emosas hipotesis de Wllamovitz . en los pueblos de lengua mglesa, el pueblo se electrizaba' con el sagrado temblor Y_ el .irresist\ble oleaje _coral
de las tragedias, en las extra_ordmar~as ver~10nes de ~übert
Murray mientras Jane Harnson reJuvenecia ~011 aceite. de
"evolución creadora" las viejas máquinas del mito Y del -rito;
en Francia mientras Víctor Bérard reconstruía con investigaciones pi~torescas el mundo de la Odise~, Ch~;les M:aurras,
peregrino apasionado, perseguía ,la tran~~ugrac10n de A!enas
en Florencia.... De aquella Helade viviente nos nutrunos.
¡ Cuántas veces después hemos evocado nuestras lecturas d_e
Platón• aquella lectura del Banquete en el taller de arqmtectur¡ de Jesús Acevedo ! Aquel alimento vivo se convertía
en sanare nuestra: y el mito de Dionisos, el de Prometeo, la
leyend; de la casa de Argos, nos servirían para verter en
ellos concepciones nuestras". &lt;7&gt;
Captada Grecia en su misma esencia y encarnada a t~a:'~s
de sus mitos por Alfonso Reyes, podemos entrar ya al anal1S1s
de su pensamiento clásico en las dos laderas de su obra que
hemos señalado: la creación y la crítica.

o o o o
La obra de creación clásica de Alfonso Reyes se manifiesta, principalmente, en su IFIGENIA CRUEL, poema dramático (1932) en su serie de sonetos HOMERO EN CUERNAVACA (1948-1951), en su traducción --traslado-- de los
nueve primeros cantos de la Ilíada, bajo el título de AQUILES
AGRAVI.A.DO amén de todas las cr eaciones de ambiente heleno que mati;an su obra poética y s~s libros de ficción literaria. Comencemos, pues, con el abordaJe de IFIGENIA CR~~L.
Nos encontramos ante una tragedia, exactamente defm1da

por su autor --y siguiendo la mejor tradición humanística-como "poema dramático", tal como concibieron los griegos,
sobre todo a partir de Aristóteles, la tragedia: como la más
alta expresión de poesía. El alejamiento posterior de la po.esía y del drama fue una de las causas de la incompresión
de esta interior compenetración entre el elemento lírico con
un hacer o 'epos' representado o figurado en el mito. Desgraciadamente para nosotros, los romanos propagandistas del
legado griego no pudieron o no supieron comprender la importancia, dentro del pensamiento de la vida griega, de la
tragedia y de todos los elementos que en ella participaban.
La concepción misma de la tragedia, las relaciones entre sus
personajes, la misma concepción arquitectónica de los grandes
teatros al aire abierto; la integración del coro, la elección de
los mitos y su repetición constante, cariñosa, el concepto de
la escenificación y la caracterización de los personajes, respondían, en Grecia, a condiciones socio~-ágicas y culturales
que ya no volverán a repetirse ni en el mundo romano ni en
la nueva sociedad cristiana. Porque el cambio se ha llevado
muchas cosas esenciales y al quererlas sembrar en tierra extraña se marchitan sin remedio. Por eso, nada tiene que extrañarnos que Roma no preste atención al gran drama ateniense
y que Séneca, a una distancia relativamente corta de la época
de Esquilo, Sófocles y Eurípides, no entienda ya la función
esencial del coro en la tragedia, ni la fuerza cósmica del
"pathos" elemental del conflicto trágico y convierta a los mismos personajes de la tragedia griega en unos temperamentales románticos sin una proyección más simbólica· Séneca de
haber vivido en la .Atenas del siglo V antes de C~isto, en' vez
de en la Roma del siglo I después de Cristo, no hubiera podido, ni las circunstancias se lo hubieran permitido, escribir
tragedias para leerlas en un círculo de amigos sin que llegaran al rito de la representación. Y si recorremos el hilo y la
huella superficial del remanente de la tragedia ática en épocas posteriores, nos encontraremos con la misma incomprensión y la falta de exactitud en aquellos que quisieron, a su
modo, revitalizarla, sin tener en cuenta aquellos factores específicos mencionados. Ni Voltaire, ni Dryden, ni Martínez
de la Rosa --para citar a algunos de los que se han ocupado
del ~~roa ~e Edipo-- comp:enden los elementos trágicos ni la
func10n pnmordial, excepcional, del coro. Posiblemente donde
ya encontramos algo de aquel fondo trágico, de los movimientos corales y del "pathos" de la tragedia griega es en el teatro
moderno, en algunas obras de Ibsen y, especialmente, en el
teatro inglés, específicamente en "El Asesina.to en la Catedral"
de Eliot y en algunas obras del teatro francés de Coctea~ y

�38

El Pensamiento Clásico en la Obra de Alfonso Reyes

de A. Camus. Pero estamos ocupados ahora en Alfonso Reyes.
La creación de una tragedia clásica en pleno siglo XX,
con argumento, técnica y elementos puramente clásicos, requería tma explicación, y lo que es aún más im_vortant~, u~a
justificación. Alfonso Reyes, en su Comentario a lf1gema
Cruel, añadido como acroasis al poema dramático, justifica su
elección y sus técnicas. Su idea de la tragedia es la siguiente:
Primero.-"La tragedia griega es, desde luego, humana,
pero universalmente humana, en cuanto sumerge al hombre
en el cuadro de las energías que desbordan su ser" &lt;8&gt;. Aquí
está claramente expuesto el concepto, del hado, destino o fatalismo del que se nutre toda acción y concepción trágica del
mundo griego. Alfonso Reyes amplía aún más este concepto
al afirmar: "Al griego sus propios dolores se le representaban
como ecos de un mal general : él no era más que una orejla
en la conciencia dolorida del universo. Este era, precisamente, el consuelo, ésta la alegría fundamental de la vida griega:
que el hombre no estaba a solas con su dolor, que su dolor
mismo no era exclusivamente suyo. Esto era también lo que
hacía posibles la desesperación y el desahogo dionisíacos : el
duelo era comunicable al mundo. En el caso superior del
héroe el héroe y el mundo se cambian influencias universales,
'
. de las cony la suerte
de un pueblo no es más que un refleJo
taminaciones entre E'dipo y la Esfinge. Vivo él, suceden catástrofes a su paso. Muerto, sus huesos abonarán la gloria
de la tierra que le dió sepultura" &lt;9&gt;.
Segundo.-La tragedia griega es económica, ahorra todo
aquello que no tenga un fin específico y concreto que cumplir
dentro de la estructura general de la misma. Protagonista,
antagonista o deuteragonista y tritagonista son los tres pilares fundamentales de la acción, interpretados, a veces, por
sólo dos actores; el coro, con un número fijo de coreut~s; _los
convencionalismos simbólicos de la escena y de los movimientos de los actores, el rito preliminar del "párodos", la alternancia de los episodios y los "stásima", todo corresponde a
un esquema fijo, porque la tragedia es, fundamentalmente, una
liturgia, un rito, una ceremonia que está más cercana del acto
religioso que del espectáculo.. La misma preminencia en la
colocación de los espectadores --primero el sacerdote de Dionyssos, después los arcontes, luego el pueblo-- participa de
este movimiento litúrgico. Dice, a este propósito, Alfonso Reyes: "Hasta el mecanismo de las antiguas representaciones
favorecía esta concepción (cósmica) : la tragedia griega se
gobernaba por una fórmula simétrica, dentro de la cual el
poeta iba labrando. Los acontecimientos habían de sucederse
en un proceso siempre regular: el prólogo de los autores, los

Juan Antonio Ayala

39

parodoi del coro, los episodios de los actores, los stásima del
coro, y los finales éxodos, todo ello se entr etejía con un ritmo fijo. El coro se movía a compás y en tiempos predeterminados. El protagonista debía tener al deuteragonista a la
derec~a y al _tritagonista a la izquierda, y cada uno entraba
y salia por cierto lugar del proscenio" UO).
Tercero.-El sentido religioso de la tragedia ática nunca
fue perdido de vista ni en las épocas de decadencia en que
rasgos satíricos, de divagación profana, se introducen, como
ladrones nocturnos, en el mecanismo y la pureza ritual de la
má~ grande manifestación del espíritu heleno. "El griego
--afir;1lla Alfonso Reyes-- al Teatro no quería llevar más que
un di_álogo cosmogónico, aunque revestido de pretextos humanos ciertamente, porque sólo al modo humano tenemos noticia
de la agencia de los destinos. Y el griego prestaba al Teatro
por lo_ ~&lt;;más, la misma imaginación colorida que tuvo par~
su. rebgion. Por muy abstracto que sea el propósito, a un
griego no le será dable rodar por las aberraciones estéticas
del teatro medieval, y especialmente de aquellos extraordinarios "autos sacramentales", delirios del frenesí te.ológico". (11)
Sobre este particular, tenemos el testimonio de uno de los
representantes más destacados de la teoría ortodoxa de la
tragediá, Gil_b~rt Mu~ray, q_uien afirma: "Ahora bien, a pesar
de las much1S1mas diferencias en punto a organización social
Y dogma religioso, la atmósfera de la primitiva tragedia O'rieg~ debe de haberse parecido muchísimo a la del teatro"medie_v~l. No sólo porque la tragedia griega fuera un drama
r ehg1oso, o porque se desarrollase también conforme a un ritual determinado ; no sólo porque pueden trazarse los eslabones de la más definida continuidad histórica entr é la muerte
y resurrecc_iones rituales de ciertos "salvadores" paganos y el
tema semeJante de nuestro drama medieval. Sino también
porque el r~tual en 9ue la a~tigua tragedia se basa, incorpora
las ~oncepc10nes griegas mas fundamentales de la vida y el
destmo, la ley, el pecado y el castigo" U2&gt;.
Elemento fundamental de la tragedia, su columna vertebral, es ~l papel del coro, su funcionamiento específico y su
persooahdad _frent~ a los ~ersonajes .Y a la marcha general
d~ la tragedia. Tiene tal importancia que, como afirma el
mismo Gilbert Murray: "Si logramos entender el Coro habremos_ entendido el núcleo y corazón de la tragedia griega" (13).
La mcomprensión de su función medular ha sido la causa de
que no haya progresado la tragedia entre nosotros. Porque
el Coro es quien da a la tragedia su fuerza social su sentido
religioso; es él quien va guiando a los protagonistas a través
de las vicisitudes del destino y quien da las grandes lecciones

�40

El Pensamiento Clásico en la Obra de Alfonso Reyes

ético-religiosas que de la tragedia se derivan. Para entender
este papel asignado al coro en la tragedia tenemos _que desnudarnos de todos nuestros artificios dramáticos y de nuestras concepciones teatrales y situarnos en el ambiente cosmogónico, religioso, ético y épico del pueblo, ateniense y del
significado que para él tuvo la danza, la oda coral y el ritmo
en estas manifestaciones del espíritu. "Si nos preguntamos
--afirma Gilbert Murray-- qué clase de emoción requería esta
forma de expresarse, fácil será comprender que es aquella
emoción que más parece escapar a las palabras: la emoción
religiosa de todo orden, el deseo desesperado, las lamentaciones inútiles y los sentimientos que inspira la contemplación
del pasado. Cuando reflexionamos en aquella forma ritual
de que la tragedia ha brotado --lamentos por el dios muerto--,
al instante comprendemos cuán adecuada resulta la danza
para el caso, y para cuánto, en los tiempos primitivos, corresponde a la expresión de los sentimientos que llamamos trágicos" &lt;14&gt;.
Alfonso Reyes ha captado en su IFIGENIA CRUEL la
importancia de este elemento básico y no renuncia al manejo
difícil de co-ro en su poema dramático que, en otros autores
y en otras épocas, fue obstáculo y piedra de escándalo aun
para los buenos dramaturgos, quienes, en el mejor de los casos, lo consideraron como un estorbo para la técnica dramática. He aquí cómo concibe él esta función vertebral del coro :
"El coro es embrión de la tragedia y representa, arqueológicamente, las danzas de sátiros alucinados. Sus alucinaciones
engendran al dios, al héroe, al actor trágico. En el coro se
conserva el principio lírico, pues la narración épica ha quedado confiada a los mensajeros, y la acción presente, a los
personajes. Así pues, en el origen, el c,oro produce a los acto- ,
res. Pero creado ya el Teatro, la representación y la escenificación de episodios, son lo que el Teatro tiene de propio,
su aportación nueva y especial. Los actores pasan, entonces,
al primer término, y los coreutas al segundo. La ley genética
va a invertirse" &lt;15&gt;.
Y es aquí donde Alfonso Reyes da a conocer su auténtica
comprensión del coro como elemento esencial y necesario a la
tragedia y no como un aditamento estorboso para nuestra
técnica o como un auténtico personaje tal como lo ha proclamado un especialista del teatro de Sófocles, que también fue
mi bien recordado maestro de griego. Es a través del coro
como se opera en el asistente --no digo espectador, pues el
Teatro griego no admitía, como la liturgia, a los meros espectadores--, y copartícipe de esta liturgia, la auténtica 'kátharsis' : "El coro --afirma Alfonso Reyes-- funciona periódica-

Juan Antonio Ayala

41

mente, como un instrumento dinámico por donde estalla en
cantos, e_n. gritos, en ololygmoi, el sedimento o carga em~cional precipitados por los episodios de la tragedia. Por eso es
fuerza que el coro esté presente a todos los acontecimientos
y que penetre los secretos del héroe : para así conocer el drama
íntimamente, para vivir de su contacto y, de cuando en cuando, ~esaho-g~r _--con lírico desahogo y donde precisamente lo
reqmere el ammo de un espectador ideal-- esa emoción, ese
pathos acumulado por las accio1:es dramáticas; esa piedad,
ese terror. El coro es, pues, el mstrumento de la kátharsis
ar~stotélica: la. purificación de las pasiones por la danza y el
grito, por la eJercitación y la mímesis artísticas. El coro es
un agente oportuno, rítmico, lírico, que permite aliviar la
plétora de los sentimientos" (16).
. He aquí los elemen_tos --tragedia, sentimiento religioso,
ntmo y coro-- de que dispone el creador para llevar a cabo
S?, obra. Hora es ya de enfrentarnos con la tragedia alfons~na. Debo advertir que toda ella está llena de reminiscencias personales, de experiencias vitales y de muchos rasgos
autobiográficos latentes. "Quien sepa de la vida de Alfonso
Reyes --dice Pedro Henríquez Ureña-- sentirá el acento personal de su IFIGENIA CRUEL:
Ando recelosa de mí,
acechando el golpe de mis plantas,
por si adivino adónde voy. ...
Es que reclamo mi embriaguez,
un patrimonio de alegría y dolor mortales.
¡ Me son extrañas tantas fiestas humanas
que recorréis vosotras con el mirar del alma!. ..
Hay quien perdió sus recuerdos
y se ha consolado ya....
Y cambia el sueño de los ojos
por el sueño de su corazón" &lt;17&gt;
Y el mismo Alfonso Reyes nos dice : "¿ Qué final dar al
episodio 1 ¿Ifigenia había de huír de Táuride, como en mis
grandes modelos ? No lo sabíamos aún hace unos cuantos años.
Un súbito vuelco de la vida vino a descubrirme la verdadera
mis_ión rede~tora de la nueva Ifigenia, haciendo que su simbolismo creciera solo, como una flor que me hubiera brotado
adentro" &lt;18&gt;.
. La leye~da de Ifigenia está emparentada con uno de los
c~clos más ricos de toda la épica griega cuyo punto de partida lo encontramos, expreso, en los poemas homéricos. Héla
aquí en labios del mismo Alfonso Reyes: "Conocida es la
historia: transmitióse la maldición de Tántalo por toda la
familia. Tántalo contagia a Pélope, y éste a Ttestes y a Atreo,

�42

El Pensamiento Clásico en la Obra de Alfonso Reyes

sus hijos. Agamenón y Menelao, los hijos de Atreo, nacen malditos, y la Helena de Menelao se encarga de propagar el mal
por toda la raza de los hombres, mientras que la Clitemnestra
de Agamenón, adúltera y 'sponsuricida', muere apuñalada por
su hijo Orestes. Según la sencilla interpretación clásica, a
Orestes toca redimir la maldición. Persíguenlo las Erinies o
Furias de la madre, y por sus padecimientos y ruda justicia,
lo absuelve un consejo de ancianos, que tiene poder sobre las
cosas del cielo .... Sigamos con la historia: en Aúlide, las naves de Agamenón que se dirigen a Troya han sido azotadas
por el viento o acaso no logran vientos propicios. Los dioses,
para aplacar su cólera, han pedido el sacrificio de Ifigenia.
En vano interviene Odiseo con sus piadosos engaños (... .)
e Ifigenia será ataviada para unas fingidas nupcias. En vano.
Eurípides nos la presenta, espantada y terrible, lanzando aquellas palabras de dudoso helenismo: 'Vale más vivir miserablemente que morir con gloria'. Cuando Ifigenia, en fin, se inclina bajo el cuchillo de Calcas, la diosa Artemisa (satisfecha
con la intención como en el Sacrificio de Abraham) la hace
desaparecer, la arrebata y la transporta a la tierra de Táuride,
donde la consagra para su sacerdocio. Aquel pueblo brutal
adora a Artemisa, y sacrifica en su templo a los extranjeros.
Un día, los tauros encuentran al pie de la Diosa, a la nueva
sacerdotisa, que canta las excelencias del sacrificio humano
como pudo hacerlo algún oficiante de los sagrarios aztecas.
Y ésta, en Eurípides, en el teatro francés, en el alemán y el
italiano, en todos los imitadores de Ifigenia en Táuride, recuerda su vida anterior y se lamenta de tener que preparar
sacrificios humanos, interrogándose sin cesar sobre la suerte
de su familia y de su patria. Al fin llega Orestes, acompañado de Pílades, el providencial. Viene aflijido por la locura
del matricidio y, en estado de enajenación, combate a los ganados, como Ayax y co.mo Don Quijote. Los dioses le han
pedido el rapto de la Artemisa que adora en Táuride, prueba
final de sus expiaciones. Se opera la agnición o anagnórisis,
el reconocimiento de los hermanos, en unos diálogos que no
olvida quien los ha leído una vez. Y Orestes y Pílades huyen,
llevando consigo a Ifigenia y a la de Artemis, la cual es libertada así el culto de sus adoradores bárbaras. La maldición
de Tántalo ha sido redimida" &lt;19&gt;.
Esta es la leyenda y esta es la solución que dieron al
conflicto trágico todos los autores, principalmente E'urípides
quien da al reconocimiento de Orestes e Ifigenia la máxima
importancia. "Y lo que sigue --añade Gilbert Murray--, estratagema y final escapatoria, forman la trama de esta obra conmovedora (la de Eurípides), sobre la cual no se tiende la

Juan Antonio Ayala

43

sombra de la muerte, como en las tragedias propiamente tales,
sino más bien la penumbrosa nostalgia por el hogar distante" (20).
Alfonso Reyes se aparta conscientemente de la tradición
de los grandes dramaturgos e introduce elementos trágicos
nuevos en los que propiamente reside su fuerza creadora. Conserva la anagnórisis como elemento básico, tal como aparece
en la antigua tragedia: Edipo Rey, Antígona, Electra, Ayante,
las Ifigenias y Andrómaca, abordadas por casi todos los autores. Pero en el caso concreto de IFIGENIA CRUEL, Alfonso
Reyes se ha apartado en un punto esencial de todos sus predecesores: la kátharsis llega por medios diferentes. En la concepción clásica, Orestes es el llamado a redimir la mácula de
los Atridas, aunque él mismo se haya contaminado con el
matricidio. "Es decir --comenta Alfonso Reyes-- que el pecado
se redime por la expiación. Y esto pudiera parecer admisible
a un cristiano; pero sólo desde el punto de vista individual.
La expiación de Orestes puede ser que redima a Orestes; pero,
¿ por qué a toda la raza? A los hombres no nos redimió la
expiación de Adán --dice el cristiano-- Los antecesores de
Orestes también sufrieron por sus crímenes, y no anularon la
maldición" &lt;21 ) .
Alfonso Reyes da una importancia mayor a Ifigenia y es
ella, con su feroz virginidad y su pureza singulares --símil en
esto de la belleza cruel de la Antígona del teatro de Sófocles--,
la que va a redimir a la familia de Atreo de la maldición que
sobre ella pesa. Orestes actúa como un catalizador en la vocación redentora de su hermana, simbólicamente sacrificada
por la fuerza del destino, pero para eso no debe ser la Ifigenia tradicional, que recuerda con nostalgia a sus familiares
y a su patria; debe estar limpia, por lo menos en su memoria
--y recordemos el carácter divino de la Memoria entre los
griegos--, de la mancha y de la maldición y del sentido trágico
que ilumina la vida de los Atridas, asesinados, engañados por
sus mujeres y aun abandonados en la llanura de Troya por
sus capitanes. Esta nueva Ifigenia, cuando recobre la memoria y sepa hasta dónde la han llevado los pasos malditos de
la sangre y las manos ocultas del destino, cuando en este
nuevo concepto de 'Autoanagnórisis' --no tan ajena al teatro
griego, ahí está Edipo y Heracles--, se centren esas mismas
fuerzas del destino y acepte el sacrificio, será la redentora
de las maldiciones familiares, que, aunque hondas y lejanas,
son también las nuestras. "Y ante todo --nos dice Alfonso
Reyes--, que Ifigenia, sacerdotisa de Táuride, viva como en
sueños, sin el recuerdo de su vida anterior, el cual una divinidad sabia, armónica, habrá cuidado de arrebi:Ltarle al envol-

�44

El Pensamiento Clásico en la Obra de Alfonso R~yes

verla en el vaho sagrado que la ocultó. Que sea Orestes quien
venga, como la fulminación del rayo, a encender en ella la
memoria de su vida anterior, irritado con la alegría de la
conciencia recobrada-- el horror de saberse hija de una casta
criminal. Que Orestes robe en buena hora la estatua de la
diosa ( este rasgo nos resultó inútil), pero que no logre convencer a Ifigenia. Ella, superior a la vendetta de Micenas, aprovecha la hora en que los destinos vacilan y, escogiendo la
emancipación, se niega a volver a la patria. Ha anulado la
maldición. Vive en sus entrañas el germen de una raza ya
superada" &lt;22&gt;.
Esta es indudablemente una extraordinaria "tour de force" o para no salirnos del vocabulario clásico un "Deus ex
machina", que viene a dar una validez y una vigencia nuevas
a la Ifigenia tradicional que, en cierto sentido, acepta sobre
sí la maldición de su raza pero que no soluciona ni complica
en nada el proceso del destino que podría haber seguido su
secuela de crímenes, adulterios, sangre y venganza. La Ifigenia de Reyes lo acepta y lo encara; lo encarna en sí para
que muera definitivamente con ella, ahora sí, consciente y
cruel, en la soledad de Táuride, pero que abre la vía a una
auténtica kátharsis clásica.
Otra novedad importante en la creación de Alfonso Reyes
es la actitud del coro. El coro de la tragedia clásica participa hasta cierto punto en la acción dramática; no nos olvidemos que en él reside la fuerza religiosa de la tragedia y
que ésta nunca fue tm espectáculo sino una auténtica liturgia;
casi siempre actúa como un espectador ideal que estuviera
arrebatado en el núcleo de la acción; simpatiza, frecuentemente, con el protagonista aunque raras veces participa en
los secretos de éste. El coro de ancianos tebanos que aparece
en Edipo Rey de Sófocles está persuadido de la bondad del
rey, de su espíritu recto; aconseja al rey cuando se indispone,
suspicazmente, a Creonte su cuñado, ruega a los dioses que
la cuna de Edipo resplandezca como el Olimpo, se preocupa
cuando la reina Y ocasta entra airada en el palacio al darse
cuenta de quién es Edipo y de dónde viene y de los crímenes
que ha cometido.

Estásimo tercero (canta el coro) ·
"Ya que soy un adivino de elevado pensamiento, por el
monte Olimpo, te juro, ¡ oh Citerón ! que cuando mañana
llegue el plenilunio, te vas a dar cuenta de todas nuestras alabanzas. Diremos que tú eres la cuna y la nodriza
de Edipo. Bien sabes que te festejaremos con las danzas
rituales por haber dado una alegría tan grande a nuestros reyes. ¡ Oh Febo que todo lo remedias, ojalá mis

Juan Antonio Ayala

45

preces te sean propicias !
¿ Quién de los inmortales fue tu padre? ¿ Quizá fue una
Ninfa junto con el noctívago padre Pan o alguna (Kinfa)
desposada con Apolo 9 Este dios ama mucho los llanos
selváticos... ¿ O eres hijo de Silenio o del dios Baco, que
vive en la cumbre de las montañas ? 6Fué él quien te
engendró junto con las Ninfas del Halicón, pues con ellas
retoza día y noche?
(Sófocles, Edipo Rey)
Lo mismo ocurre en las Ifigenias clásicas, el coro actúa,
"como una completa representación del alma en su dinamismo
pasional" &lt;23&gt;. Veamos cómo maneja Alfonso Reyes su coro :
"Faltaba saber --nos dice-- si, a nuestro capricho, el coro había
de ser fiel, traidor o indiferente. Bien mirado, un coro traidor
deja de ser coro, para convertirse en actor, siquiera colectivo.
De ser actor, sería interesado: no nos convenía que la opinión pública fuera parcial. Ese desahogadero de la acción
dramática, ese pueblo perfecto, debería conservarse puro, para ser capaz de toda razón. En cuanto a un coro indiferente,
no pasaría de ser un adorno externo, una retórica ociosa en
redor de los acontecimientos. Hacía falta un coro fiel -y pasivo-: Contempla con dolor el desastre e, incapaz de eYitarlo,
el coro se desahoga por la boca. Le hemos tronchado pies y
manos, de modo que ni obre ni huva. Está condenado al sacrificio parlante. Como el poeta" &lt;24&gt;. He aquí el último ()'rito
de este coro fiel y al mismo tiempo pasivo que ha asi;tido
al sacrificio --recuperación de la memoria y aceptación del
holocausto de Ifigenia--:
"Alta señora cruel y pura:
compénsate a ti misma, incomparable•
acaríciate sola, inmaculada;
'
llora por ti, estéril;
ruborízate y ámate, fructífera;
asústate de ti, músculo y daga;
escoge el nombre que te guste
y llámate a ti misma como quieras:
ya abriste pausa en los destinos, donde
brinca la fuente de tu libertad ...
¡ Oh mar que bebiste la tarde

hasta descubrir sus estrellas :
no lo sabías, y ya sabes
que los hombres se libran de ellas!

&lt;25&gt;

Otro agente dramático que viene a innovar el proceso de
la anagnórisis es el medio a través del cual se l'ealiza: se trata
de un proceso a la vez poético y psicológico. El despertar de

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El Pensamiento Clásico en la Obra de Alfonso Reyes

la memoria de lfigenia que va a provocar Orestes, muy parecido, por otra parte, a la anagnórisis que se opera entre
Orestes y Electra, en la tragedia Electra de Sófocles. "Adviértase --nos dice Reyes-- que mi anagnórisis o agnición ( el reconocimiento entre los dos héroes) cobra así un sentido profundo. En las versiones de la tragedia ateniense, Orestes e
Ifigenia saben bien quiénes son, y simplemente se r econocen
el uno al otro. En mi interpretación, Ifigenia se ignora, y
sólo se identifica a sí misma al tiempo de reconocer a Orestes.
La anagnórisis cala hasta otro plano interior, como cuando
en Sófocles, Edipo descubre que él es el matador de su padre
y el esposo de su propia madre, condiciones que antes ignoraba" &lt;26 &gt;.
La tragedia, en sus detalles esenciales, cuenta con los
siguientes elementos, que son los mismos, funcionalmente, que
los de la tragedia clásica:
Personajes: Ifigenia, protagonista.
Orestes, deuteragonista o antagonista.
Pílades, tritagonista primero.
Toas, tritagonista segundo.
Un Pastor.
Un coro de Mujeres de Táuride.
Marineros y Pastores.

Partes de la Tragedia:
Primer tiempo, correspondiente al prólogo clásico. ·
Segundo tiempo, correspondiente al 'párodo' y
al primer episodio.
·
Tercer tiempo, enlazado con el anterior por un
mensaje, segundo y tercer episodio sucesivament~ sin estásismo intermedio.
Cuarto tiempo, estásismo, pero sin intervención
coral.
Quinto movimiento, último episodio y éxodo.
No podemos detenernos en una serie de problemas accesorios que surgen al considerar la tragedia de Alfonso Reyes.
,Al tratar de dar un juicio valorativo no queremos caer en
el error de comparar o igualar esta creación alfonsina con
las de Eurípides, Sófocles y todos los imitadores. "No es que
Reyes --dice un crítico-- haya mejorado a Eurípides. Un tal
elogio sería ridículo. Mas el refundidor moderno de estas
grandes obras clásicas tiene que suplir con nuevos recursos
la parte marchita, puramente arqueológica, de aquellas creaciones"... &lt;27&gt;. Creo yo que este breve análisis podría completarse con lo que, en términos generales, ha dicho Gilbert
Murray sobre la tragedia griega y que, a mi modo de ver, se
ajusta perfectamente a la Ifigenia Cruel que nos ocupa: "Y

Juan Antonio Ayala

47

tal es también la justificación del alto formalismo y las convenciones de la tragedia griega. Ella puede, sin vacilar, atreverse con todos los horrores de la vida trágica, y sin perder
su austera sinceridad ni manchar su ambiente normal de belleza. Todo lo magnifica bajo una onda mágica que carece de
nombre y que me he esforzado por hacer palpable: algo que
pudiéramos llamar eternidad, universalidad y tal vez l\íemoria. Pues la Memo,ria así interpretada, posee un poder mágico" &lt;28&gt;.

o o o o
La segunda obra de creación sobre tema clásico de Alfonso Reyes es HOMERO EN CUERNAVACA, una serie de sonetos, escritos entre 1948 y 1951, en contacto amistoso y apasionado con el texto mismo de Homero que entonces se le
escapaba de las manos hacia su versión -o traslado- en castellano. En el tomo X de sus Obras Completas da una breve
explicación acerca del carácter y proceso creador de los mismos: "Este recreo en varias voces -prosaico, burlesco y sentimental-, ocio o entretenimiento al margen de la llíada, se
dedica a la buena memoria del ,sabio, inolvidable amigo y
probo sacerdote Gabriel Méndez Plancarte, honra y luto de
nuestras letras, desaparecido ha poco en plena labor" &lt;29&gt;. Se
abre este manojo de poemas con una cita de Ronsard (Je veu.x
lire en trois jours l'Iliade d'Homé,re) y se cierra con otra de
Ovidio (Lingua, sile; non est ultra narrabile quidquam). No
p erdamos de vista el carácter de recreo y de ocio que tienen
estos sonetos; no busquemos en ellos más de lo que el autor
quiso poner: ocio, recreación y evocación de lo clásico. Evidentemente, su carácter no· es el mismo que el de esos dos
grandes poemas de ambiente clásico grecolatino que aquí
mismo en México, escribiera otro gran poeta: Salomón' de la
Selva ; me refiero a EVOCACION DE HORACIO y EVOCACION DE PINDARO &lt;30&gt;. No, la inspiración es otra y la intención divergente. Pero recordemos que existen en toda la •
historia literaria meritorios precendentes de estas recreaciones, ociosas o burlescas, que en buena ley eran una tradición
propia de ingenios sanos y optimistas. Homero se autoplagia
en la Batramiomaquia, y Virgilio en el Culex, --y ¿qué otra
cosa es gran parte la poesía goliardesca sino un alegre remedo
de la vitalidad clásica en conflicto con la care y el pecado Y
Y podríamos aún seguir la huella en Lope con su Gatomaquia,
en Torres Villarroel y en toda la picaresca decadente. Y
apurando aún más esta pesquisa hasta seríamos capaces de
una interpretación burlesca de ese gran remedo moderno de
Homero que es el Ulysses de Joyce.
¿HOMERO EN CUERNAVACA ? ¿No se·ha perdido el
rapsoda ciego en las tierras de Anáhuad Ko. El paso es fir-

�Juan Antonio Ayala
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49

El Pensamiento Clásico en la Obra de Alfonso Reyes

me y la flecha que ha salido de la ballesta encuentra ansiosa
su blanco. Ya lo dijo el Padre Gabriel Méndez Plancarte, al
defender el derecho y la palabra de Alfonso Reyes para hacer
una imagen del auténtico México clásico : "Yo pienso que todo
el que sepa ver bajo la corteza y tomarle el pulso a México,
advertirá en sus venas el latido profundo de la sangre espiritual de la Hélade y de Roma. No me cansaré de repetir que
el árbol de nuestra cultura, cuatro veces secular, tiene dos
raíces vitales: la indígena y la hispana, y que --a través de
la hispana--, sube hasta nosotros la savia siempre joven de la
inmortal cultura grecolatina. Lo grecolatino está entrañado
en lo más genuino y hondo de México: Homero, Píndaro, Esquilo, Sófocles, Anacreonte, Teócrito, Bión y Mosco, entre los
griegos; Horacio, Virgilio, Ovidio, Lucrecio, Cátulo, Tíbulo,
Persio, Marcial, entre los latinos --y otros de los grandes poetas clásicos-- han hablado en español por boca de mexicanos
y se han incorporado --irrevocablemente-- a lo más auténtico
y entrañable de la cultura mexicana. Quien como Alfonso ·
Reyes, se esfuerza por penetrar en una de nuestras raíces
profundas y hace que la vieja savia helénica siga eflorando
nuestro "ahuéhuetl" autóctono, lejos de ser un descastado, es
un buen hijo de México" &lt;31l.
Enmarcados en el paisaje de Cuernavaca, los héroes homéricos representan estados de ánimo de su recreaq.or; como
aquéllos del poema, sienten y lloran, se alegran y sufren, recuerdan y esperan y son dueños --porque esta es la grandeza
homérica-- de su cruel destino. Un Homero surge en estas
páginas que nada tiene que ver con el de la tradición romántica que nos diera Rubén Darío: este Homero rehuye la anécdota y, dios oculto, demonio tutelar, maneja a sus héroes y
a sus dioses; este Homero --Alfonso Reyes-- reencuentra un
camino hacia la naturalidad y la familiaridad perdidas en las
malas traducciones y en los vericuetos de una filología estéril. Aquellos días, el traslado --del que hablaré brevemente
más adelante-- iba tomando cuerpo ; en el tercer soneto encontramos un autoanálisis del proceso recreador:
"De cara a los volcanes, hoy prefiero,
pues la ambición y la ignorancia igualo,
deletrear las páginas de Homero,
que me acompaña para mi regalo.
Ensayo, me intimido, persevero.
aquí tropiezo y más allá resbalo:
otro volcán viviente y verdadero,
otro fastigio y otra cumbre escalo ..." &lt;32&gt;
Perdonadme, en mi lucha inexorable contra el reloj, un

rápido recuento de elementos poéticos vivientes en los que
Alfonso_ Reyes ha ?aptado la magia de esa Ilíada viva que por
desgracia va perdiendo mucho de su auténtico y fiel sentido
en ~u~stro mund~; a~jetivación oportuna e impar al modo
ho~~nco, metaforizac10n precisa y monovalente equilibrio y
pasion:
'
"La s~berbia. de Aquiles resplandece
Y el viento gime con la voz de Helena" ...

~i

Entre. ·c·i~i~ ·; .'1~· tie·r~~- ~~~~~~- Í~~ 'i~~~rtales,
la~ bridas sacudiendo de oro y marfil trenzadas
Dioses, demonios, númenes, humanos y animales'.
n~1bes, olas y piedras y árboles; y espadas,
'
picas, flechas y carros, arneses y metales
cabalgan un océano de sílabas rizadas . .."

,·,· .. ·.· .. ... ·.· ....... ...... ... ........ . .

Aqmles olvida sus pasiones. .. " y
"Desata sus sandalias ocioso Agamenón
Y revista Odiseo sus naves embreadas .. '_,,
Y la nota cómica, intencional ociosa.
". . '
'
..... Príamo,
vi~J,o ~ey de la I~ad~, decente aunque polígamo,
Crio ?:ncue_n t~ prmcipes, mas Paris, mala pécora,
le salio muJeriego y vano y sin escrúpulo ...
Y ~elena, otra ·vez y siempre Helena:
¿Es una sombra el lauro de tamañas peleas1
t Helena es solo un grito, Helena es sólo un eco ?"
-Helena: soy tu ciego enamorado
y a confesarlo sin rubor me atrevo
pues te descubro en cada rostro nu~vo
a
que merezca mi cuidado...." '
No podia falta~ _en esta recreación poética una imagen
que nos es muy _familiar_~ los que, en mayor o en menor rado, hemos"man_eJa90 ~armosamente la obra de Alfonso Re;es:
~l pa~re, yaron _ct_e siete llagas, sangre manando en la mitad
~l dia, Cn~to militar" como lo llamó en un soneto escrito en
33
Rio
·' de Ja.neiro
1 , en 1923
. . &lt; &gt;· Su vocación de Tele'maco, -voca~iond lue ~ gun psiqmatra desequilibrado habría catalogado
e e ormidad, par~ no faltar a la regla --lo empuja a evoen este_ friso Junto a los grandes héroes homéricos Su
igura se agiganta cuando él dice:
.
DE MI PADRE
pe Alejandro Y de César y de otros capitanes
ilustres por las armas y, a veces · 1a prudencia
y~ encontraba en mi padre como ~na vaga here~cia
aliento desprendido de aquellos huracanes.
'

Pº:º

trlo

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El Pensanúento Clásico en la Obra de Alfonso Reyes

Un tiempo al Mío Cid consagré mis afanes
para volcar en prosa sus versos y su esencia:
la sombra de mi padre, rondadora presencia,
era Rodrigo en bulto, palabras y ademanes.
Navegando la Díada, hoy otra vez lo veo:
de cóleras y audacias --Aquiles y Odiseo--,
imperativamente su forma se apodera.
Por él viví muy cerca del ruido del combate,
y, al evocar hazañas, es fuerza que retrate
mi mente las imágenes de su virtud guerrera" &lt;34&gt;.
Todavía una breve referencia a otra de las obras de Alfonso Reyes que yo catalogo como obra de auténtica creación
y que ha sido la que más polémicas y ataques despertó_ en su
torno. Me refiero a su traslado poético de los nueve primeros
cantos de la Ilíada, que él tituló AQUILES AGRAVIADO,
aparecido en el año de 1952. Me atrevo a clasificarla ~entro
de las obras de creación ya que hay en ella algo mas del.
mero traslado y la traducción. Hay algo de aquello que Croce
y Vossler querían para la auténtica traducción: el elemento
creador que se apodere en. la pr?pia, l~ngua_ d~. ,u~ elemento
extraño que ha sido concebido baJo habitos lingmsticos Y cu~turales totalmente diferentes. Quienes censuran este "atrevimiento" de Alfonso Reyes apenas podrán cimentar sus argumentos en razones aceptables. Y si no se ~onvencen valga e!
testimonio unánime da los que sí saben gr1eg,o, de los qu~ s1
han leído a Homero en griego, de los que s1 ha~ tradue1do
del griego, para captar plena y totalme:1te la osadia_ de Reyes.
Entre estas voces oigamos las de Jose Moreno Villa, la de
Medardo Vitier la de Bernarbé Navarro, la de José Luis Lanuza la de Da~iel Devoto la de Enrique González Casanova,
ilust;es desconocidos par¡ los detractores. A éstos Y a sus
secuaces están dirigidas las palabras de Bernabé Nava~ro:
"Dice Don Alfonso: "No leo la lengua de Homero, la descifro
apenas". Ejemplar modestia y sincero reconocimiento ant_e la
erran dificultad de profundizar en una lengua como la griega
; en un lenguaje como el homérico. Con los conocimientos
que él tiene, muchos otros pretenderán doIJ?.inarla. Y en realidad, en un espíritu responsable y severo como Reyes, ese
dominio es descifrarla. Molesta en lo hondo oír decir por ahí
tonta e ignorantemente que don Alfonso no sabe griego: ¿han
seguido acaso esos jueces vanos sus estudios personales y
callados --y por lo mismo más fructíferos-- durante años de
la lengua de Homero, de Esquilo, de Platón? Ante. el alar~e
poético de poner a Home~o en _nuest_ras manos hi~panas_ Y
frente a su acendrada probidad literaria, ¿se atrevera algmen
a repetir esa leyenda infundada y al final de cuentas imper-

Juan Antonio Ayala

51

s?nal f ' &lt;35&gt;. De mí puedo deciros, que apenas descrifro laboriosamente la lengua de Homero y que tuve la suerte de
presenciar por un resquicio la tarea del traslado de Alfonso
Reyes, que ~ste se ha acercado a un ideal y nada más y nada
menos. A fm de cuentas bien podría haber dicho con Rubén
Darío, como éste en su prólogo de PROSAS PROFANAS::
"Y la primera ley, creador: crear. Bufe el eunuco. Cuando
una musa te de un hijo, queden las otras ocho encinta" &lt;3 6&gt;.
Lamento que el breve espacio de tiempo que me habéis
dispensado, no me de lugar a entrar en lo que yo había pla~e~do como segunda parte de esta plática: el estudio y análisis de la obra erudita, de investigación y crítica sobre el
mundo clásico llevada a cabo por Alfonso Reyes en su larga
vida de escritor y que, a mi juicio, lo pone al lado de los
grandes tratadistas de nuestro siglo. Tenemos que pasar por
alto la parte más sólida de su obra y más coherente como es
su primera obra LAS TRES ELECTRAS DEL TEATRO
ATENIENSE, pasando por su DISCURSO POR VIRGILIO
(1931), LA CRITICA EN LA EDAD ATENIENSE (1941),
LA ANTIGUA RETORICA (1942), EL DESLINDE (1944),
PANORAMA DE LA RELIGION GRIEGA (1948), JUNTA
DE SOMBRAS (1949), INTERPRETACION DE LAS EDADES HESIODICAS (1951), HIPOCRATES Y ASCLEPIO
(1~54), PRESENTACI(?N DE GRECIA_ (1954), amén de sus
prologos y sus traducc10nes, para termmar con el último de
sus libros LA FILOSOFIA HELENISTICA (1959).
o o o o
Seño:ras y Señores : Este es un aspecto de Alfonso Reyes •
este es un Alfonso Reyes vivo y operante, este es el hombr~
que como el mismo dijo f'se hizo su leyenda, como Hércules
hizo sus doce trabajos". Este es un Alfonso Reyes más mexicano en cuanto más universal, más humano en cuanto más
apasionado. Estas son mis modestas palabras de homenaje al
humanista que mantuvo encendida su linterna, con el aceite
del Atica, en este México tan suyo y tan de todos y tan universal. Ya no podremos, después de él, acoger con temblor
de_ pena y difícil complejidad aquel grito del viejo Chateubr1and a Ampére que partía para Grecia: "No encontrará
usted ni una hoja de los olivos ni un grano de las uvas que
yo vi en el Atica. Deploro hasta la hierba de mi tiempo.
No tuve la fuerza de hacer vivir un brezo". Porque cuando
le llegó la hora de pagar "su gallo a Asclepíades" como decía Platón a ~us discípulos en la hora suprema, Alf~nso Reyes
nos pudo decir a nosotros como el Prometeo de Luciano: "Os
prometo la reforma y el amparo, oh mortales oh amigos si sois
los suficientemente hábiles, virtuosos y i~ertes par~ reali-

�El Pensamiento Clásico en la Obra de Alfonso Reyes

52

zarlos con vuestras manos".
NOTAS
t.-Alfonso Re yes,

La Filosofía Helenlstlca (Breviarios del Fondo de Cul-

8 México, 1959.
?Pro~eteo en los Infiernos' (Suri Buenos
. Aires, 3a. edic., traducción de Alberto L. Bixi~) ' 1958br~- ~~m Jetas
3.- Jflgenla Cruel, 'Co°'.~n~r~s~i:~L;f1!:f,~aCr(~t~l~c~ni.2trass Mexl~anas,
~~n:~fo~:°c!t't:~~ ~onZm1ca, 1a. edición, Méxlco, 1959) , P· 351.
5
~ -e / iiectras del Teatro Ateniense, en Cuestiones Estética:
· (Sociedad de Ediciones Literarias y Artísticas, Librer!a Paul Ollen
d ff p is 1911). Incluido en Obras Completas de Alfonso Reyes,
I or(C~es:o~es Estéticas, capltulos de Lit erat ura Mexicana, Varia)
1
Letras Mexicanas, Fondo d:1 ~~;tu::a~~n~mcf:ªre~::~c¿e
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· ~ado de Páginas sobre Alfonso Reyes, I (1911-145),
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naje Universidad de Nuevo León, Monterrey, N. L., 1955; págs. B0¡ ·
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7 __ Pedr"o Henríquez Urefía, Seis ensa yos ágse
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Buenos Aires • Madrid, Babel, 1928, P •
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nas sobre Alfonso Reyes I (1911-1945), Edición de Hom~n~ ~ n •.
versidad de Nuevo León, Monterrey, N. L., 1965, págs. 14 - 4 ·
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• xlcanas, Fondo de CUitura Económica, México, 1959 , p.
•
9.- lbl(l., pig. 353.
10.- Ibld., plgs. 353-354.
11.- Ibhl., p{lg. 353. E i !des y su época (Colee. Breviarios del Fondo de
12.- Gilbert Murray, ur PN 7 h-aducción de Alfonso Reyes, 2a. edlc.,
Cultura Económ 1ca, o. , 1·
México, 1951) , pág. 48.
13.- Ibld., pig. 177.
14 - lbld., pig. 178.
15:- A. R., mgenla Cruel, loe. cit., pág. 355.
16.- lbld., pig. 3166. Ure" a Sets ensayos en busca de nuestra expresión,
17.- Pedro Henr quez
u ,
ed. clt.
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18.- A. R. Jflgenla Cruel, Joc. cit., p g. 359 •
19.- Ibld., p{lg. 366-358.
20-GUbert Murray, op. cit., pig. 115.
21:-A. R. mgenla Cruel, Joc. cit., pág. 357.
22.- Ibld., p{lg. 358.
23.- Ibld., p{lg. 356.
24.- Ibld., p{lg. 356.
25.- lbld., pigs. 349-360.
26- Jbl(l., p{lg. 316.
{l
27·- E. Gómez de Barquero, op. clt., P g. 84 ·
28·- Gilbert Murray, op. cit., pig. 188·
3
29:-A. R. Obras Completas, X, Pf~- ~~ -Horaclo (Poema), México, 1949 y
30.- Salomón de la ~!va, Evocac on
r El Salvador, c. A ., 1957.
Evocación de Pmdaro, S~ ~lvag~des México 26 de diciembre de
31.- Gabriel Mé~de~ P~ng~!~s 'sobºr~e Alfon'so Reyes', td. cit., pig. 572.
1945. Toma o e
X C stancla Poética (3. Homero en Cuer32.- A. R. Obras Completas, , on
navaca) , pig. 404.
33.- Ibl&lt;l., pig. 147.
34.- A. R.
ce., X, p{lg. 418.
t II {l 385.
35 _ Páginas sobre Alfonso Reyes, ed. el · Ru•b~ngÍ&gt;arlo Poesfas completas,
· Pr
Profanas Palabras Llmlnares,
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36.- 7a.osads
' gullar• editor• Madrid, 1952) pág. 596.
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Giancar!o Von Nacher ¡ CANTOS INDIGENAS

DE

AMERICA, AFRICA Y ASIA

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ERTENECIENDO por cultura y tradición a los grandes pueblos de Occidente, siempre nos hemos
sent ido atraídos por sus Liter aturas, dejando casi olvidadas
las obras de las primitivas tribus de América, .A.frica y Asia.
Rar os los estudios, r aras las traducciones, sobre todo en español, de este mundo poético que tiene su particular encanto y
que nos decubre valores universales dignos de cualquier otra
liter atura europea, vulgar en formación.
D ejando a un lado las grandes culturas asiáticas, bastante conocidas y apreciadas, haremos una breve r elación sobre
la poesía indisolublemente ligada a la música y a la danza,
de las siguientes razas:
Esquimales, que viven desde el Yenisey al estrecho de
Bering y de las Aleutianas se extienden hasta Alaska y Canadá Septentrional.
Sioux, Cbeinnes, Mohicanos y demás Pieles Rojas de .América del Norte. Aztecas de México, Incas de Sud-América.
Razas autóctonas de Africa y las llegadas en oleadas sucesivas del Este. Maoríes y M:alesianos de las I slas de Xueva
Zelanda y de los .Archipiélagos de las Fiji, Filipinas y H awai.
X os encontramos frente a una liter atura fragmentaria,
debido a que la investigación, que apenas ha super ado el estado inicial, se encuent ra frente a varias dificultades: extinción
de culturas como la Azteca y la Inca; la no fácil interpretación de escrituras antiguas o la falta absoluta de idioma escrito
que nos hubier a podido trasmitir obras que se han así p erdido
en el tiempo.
He aquí unos cantos esquimales, en ocasión de la cacería:
Yi un oso
sobre el hielo a la deriva
como un perro p acífico
-

53 -

�M

Cantos Indígenas de América, Africa y Asia

brincó hacia mí
agitando la cola.
.
.
Hubiera deseado devorarme de m~: diatoirritado giró a mi alrededor y gruma,
pero yo con rapidez le huí.
De la mañana hasta tarde hora
jugamos a pescarnos;
a,espués, cansado el oso
renunció al juego,
entonces.. . . le planté la lanza en el costado
Una maga caía en estado de trance recitando el siguiente
himno a los espíritus:
.
sopla a través de mi espíritu
El grande mar
¡ me pone en movimiento !
El grande mar
¡ me lleva a la deriva!
Me hace ondear
como el alga en la piedra
en el agua del río.
La bóveda del cielo
¡ me po,_ne en movimiento!
El tiempo potente .
, .
sopla a través d~ mi espmtu
me arrastra consigo
y yo tiemblo de contento.
y he aquí, en fin, el canto del_ hombre ~u~rto, que más
que otro resplandece por la potencia de las _imagenes, la belleza del verso y la profundidad del contemdo : .
De alegría me lleno cuando el día alborea quieto
en el espacio del cielo.
De alegría me lleno cuando el sol lentamente sube
por el espacio del cielo
.
Pero de todas maneras la angustia me atormenta
por el hormigueo de los ávido~ gusanos
que desde el hueco de 1~ clavicula
suben a devorarme los OJOS.
.
,
Ahora aquí yazco y recuerdo cuanto mied? me asalto
cuando me sepultaron en una casa de nieve,
Afuera sobre el lago
hermosa era la vida del invierno.
Pero, ¿me alegraba el invierno ?
.
No yo estaba siempre lleno de preocupac10nes. . ..
He~mosa era la vida en el verano.
Pero, ¿me alegraba el verano ?_
No, yo estaba siempre angustiado.

Giaucarlo Von Nacher

55

Hermosa era la vida cuando se espiaba
el agujero del pez en el hielo.
P ero, ¿era tal vez alegre entonces.... ~
Este larguísimo canto, soñado por un viviente, termina
con la negación de las bellezas de la vida. Es con frecuencia
seguido por este otro, dirigido al espíritu:
¡ Espíritu del aire, ven, ven rápido a mí! Te llama tu exorcista.
Ven enseguida aquí, espíritu del aire, y destruye la
( desventura.
Yo me elevo, yo me elevo entre los espíritus, veo las almas
( de los muertos.
¡ Niño, gran Niño, Señor del aire, ven pronto a mí!
Potente, magnífico Niño.

De los Esquimales pasamos a los Pieles Rojas, que cuentan con 150 cepos o familias de lenguas (hoy reducidos a
10,000,000 en todo el Continente). Los caníbales K wakiutls
de la California, cantan en los ritos sagrados :
Tú eres el gran espíritu, caníbal del norte
¡ Tú buscas a los hombres que quieres devorar, gran
( encantador !
Tú desgarras las pieles de los hombres, tienes ganas
·
( de destruir muchos.
Todos tiemblan ante tí, que has estado al fin del
mundo ....
Después de estos cantos y danzas macabras, se comían carne
de cadáveres.
H e aquí un canto Navajo, de Arizona, que podría muy
bien ser tomado por una poesía expresionista europea :
¡ La garza! ¡ La garza! Allá debajo
en el blancoi; de su alas
las huellas de la madrugada
¡ es el alba! ¡ es el alba!
Chipeweies y Algonkines, situados en las Bahías del Hudson y del James, cantan a las estrellas: " .... Nosotros somos
las estrellas que cantamos. Cantamos con nuestra luz: somos
los pájaros de fuego y volamos por el cielo. Nuestra luz es
una voz. Preparamos a los espíritus un camino, un camino
donde caminar .... Debajo de nosotros hay tres cazadores,
que siguen un oso; en todo tiempo han hecho así. Desde lo
alto miramos las montañas. Este es el canto de las estrellas ...
De vez en cuando casi
me compadezco de mí mismo
cuando el viento me transporta· por el cielo
cuando mis ojos escrutan la pradera

�Cantos Indígenas de Amér'ica, Africa y Asia

56

siento en la primavera el verano.
Los Irokeses, pueblo guerrero del alto Tennesse, y los
Omahas, (Sioux), cantan al nacimiento de un niño:
Escuchad, venid cerca de mí, colonias de pescados
estoy aquí para ofreceros el alimento blanco: nuestras
( salivas estén en armonía.....
Sol, luna, estrellas, vosotros todos que os movéis en el
,
( cielo,
escuchadme, os ruego, enmedio de vosotros ha entrado
(una nueva vida;
allanadle, os suplico, el camino, a fin de que pueda
(alcanzar
la cumbre de la primera loma.
Las mujeres Osages cantan al más valiente: "Más valiente que los valientes, buscaste el honor en las puertas de_ la
muerte· olvidando a aquélla que en la casa llora, preferiste
. ".
el honor' al amor. Amado, te lloro, mas no soy vil
Y los Pawnees de Arkansas, cantan así a Tirawa, espíritu
supremo:
Escucha, ¡ qh potente, arriba de nosotros en el silencio azul!
Nosotros alcanzamos la hermosa región,
donde el Padre Trigo tiene inicio
en el país de frontera
el sendero que seguimos conduce a ti;
hasta allá se avanza el Padre Trigo
El sube hacia tí ...
De su poema sagrado el "Hako", leemos un fragmento:
• Sagradas
1

visiones descended a nosotros, trayendo la
'
( a1egna
, '....
Aquí se acercan cruzan el umbral, llenan la cabaña con su
'
,
(presencia
tocan quedo los tambores y donan sus sueños de alegría ....
Ahora ellas nos dejan, pero llenas de alegría;
suben al cielo, alcanzan sus moradas, allá permanecen.
Los Pimas de Arizona cantan en las fiestas: "Cuando humilde suplico a los dioses, alta crece mi fuerza mágica, en el
canto crece. Hermosas mujeres pasan de prisa, con flores azules en la mano, pasan murmurando. A lo largo de la sinuosa
pista, camino hacia el oeste, hacia la tierra del arco iris y
caminando agito en ritmo los brazos".
Nos han quedado unos sesenta himnos aztecas, en sus trece
lenguas autónom'as, ·casi todos obras de singulares poetas (la-

Giancarlo Yon Nacher

57

me1:it~s fúnebr~s, cantos de guerra, himnos sagrados). El Dios
Hmtz1lopochth ( Colibrí del Sur), dios solar y de la guerra
que había de propiciarse con sanguinarios sacrificios así ha:
.
" . . . Y o soy el guerrero, nadie me' iguala.
brl a d e s1' mismo:
~ o en van? me h~ puesto_ la túnica de amarillas plumas, porque a traves de m1 ha nacido el sol. Así el hombre de la tierra
de las _nubes, ha :ecibido _un siniest~o presagio. Al hombr~
de la tler:a del frio he quitado _un pie ( el dios Texcatlipoca,
que era figurado con un solo pie). Me precede en el miedo,
el barro blanco las plumas blancas (símbolos de guerra). El
polvo se levanta en torbellinos, ganados serán nuestros ene.
1111gos
.... "
Las poblaciones del Río Amazonas, de origen africano
cantan en bárbaro francés, a Agoué, dios del mar:
'
Salve Agoué, padre Agoué, habita en el mar·
es el señor de los barcos.
'
En un golfo azul
hay tres islitas
la barquilla del negro
está enmedio de la borrasca
Padre Agoué la trae a salvo
Salve Agoué.
Los Incas, hijos del sol, venerados como los Mikados japoneses, nos han dejado este canto por la muerte de uno de
ellos, cantado por las "Ñustas" (sacerdotisas del sol) :
Lloremos
lágrimas de sangre
lloremos
desesperados, gritando
ya que el sol, para siempre
ha privado de la luz sus ojos.
No más miraremos su frente
oiremos su voz
no más su mirada cariñosa
velará por su pueblo....
En la~ lengua Quechúa, tenemos : "Las gotas de agua que
en la manana encontramos en las flores, son lágrimas de la
luna, que de noche llora".
·
Pasando al Africa, los Bereberes descendientes de los
~úmi_d~s de Yug?rta, se han tr~spasado estos ensayos:
¿ Que arboles deJan caer las hoJas por el frío, si no el olivo,
( el algarrobo y el laurel del río?
La gente de un tiempo ha derribado las flores del mundo•
la gente de hoy vive en el otoño del mundo
'
Bella es la paciencia; y como la saeta que no hiere.

�58

Giancarlo Von Nacher

Cantos Indígenas de América, Africa y Asia

:Mas el que apacenta con malvados comete pecado.
Dios proteja a Sidi Hammu, el cantor
El sabio, el poeta. Decía el pobrecito :
La bala de la emboscada es la más amarga.
Amargas son las lágrimas del amigo que llora.
Amargo es el laurel: ¿ quién lo ha encontrado jamás dulce,
( comiéndolo 1
Yo lo he comido por un amigo, y no me pareció amargo.
Laudable patrimonio poético tienen los Galas y los Somalios : así un Somalio canta los contrastes de su alma:
Podría todo desgarrar frente a mí, como un león,
en vez me acerco cauteloso como una liebre.
Podría ser un destructor, fuerte como un árbol galo},
en vez, me rindo como la flexible planta bo'o.
Podría igualar las olas del mar,
en vez, soy tranquilo como la fuente Geiti.
En vez de proceder con mazo y escudo
alzo el vuelo como una mariposa.
Podría presentarme como el primogénito· de un jefe,
en vez, soy semejante a un hombre de raza innoble.
Los Galas paganos, en resignado fatalismo, rezan:
¡ Oyenos, antiquísimo dios, tú que tienes orejas!
¡ Mfranos, antiquísimo dios, tú que tienes ojos!
¡ Cójenos también, antiquísimo dios, tú que tienes manos!
¡ Si amas los bellos caballos, tómalos!
¡ Oyenos, dios !
Entre la población autóctona (llamada Negrilles) de color _moreno amarillento, los negros llegaron en ondas sucesivas
del Océano Indico y Pacífico: tenemos el canto Bosquimano,
del hombre a dios
Kabbia de los cielos
Toma mi rostro:
¡ Tú me darás el tuyo!
El rostro con el cual, al morir,
Revives y regresas a nosotros
que ya no te veíamos.
Dos cantos Hotentotes:
Heit-sí-eibib,
antepasado nuestro,
¡ haz que tenga fortuna!
Dáme caza
haz que encuentre miel y raíces

'

.

59

para que pueda de nuevo alabarte.
¿No eres tú el antiquísimo antepasado '
¡ Oh Heit-sí-eibib !
¡ Hijo de la nube tonante!
¡ Valiente Gurú de la voz sonora!
¡ Habla con dulzura!
Y o no tengo culpa alguna
¡ Perdóname ! Estoy todo extraviado
¡ Oh Gurú ! Hijo de la nube tonante.
Canto de una mujer Nama a su retoño:
Hijo de una madre de los ojos claros
Oh tú que ves hacia lo lejos
¡ cómo descubrirás un día las huellas de la presa!
¡ Fuerte de brazos y de piernas, robustos tus miembros!
Tirarás seguro el arco, hurtarás a los Hereros
Traerás su gordo ganado a tu madre por alimento.
Hijo de un padre de muslos robustos,
¡ Tú, viril, cuántos hijos gallardos engendrarás!
Entre los Pigmeos, el jefe de la tribu toma entre sus brazos al r ecién nacido, y alzándolo hacia el cielo, grita:
Muchos días han pasado
Somos el campo que emigra.
Tal vez, delante tenemos días claros.
Nosotros no nacemos como las bestias.
Cuando venimos al mundo, el creador nos mira
Y nosotros a él, con el rostro hacia el cielo.
¡ cómo domarás entre los tuyos los bueyes potentes !
¡ Tú, viril, cuántos hijos gallardos engendrarás!
Los Massai, habitantes del Sud-Oeste del Lago Victoria,
entre los cuales, los Dinkas cantan:
Cuando dios en principio hizo el mundo,
creó el sol
y él surge, se oculta mas regresa.
Creó la luna
y ella surge, se oculta, mas retorna.
Creó al hombre
mas éste nace, muere y no retorna más.
He aquí una popular canción de cuna de Haussas ( que
tuvieron un gran poeta, el Sultán Otman Dan Fodio) : "La
hiena no está, el duende está hoy tranquilo. Así que descansa
en paz, niño mío. El elefante está atado; ¡ Córtale, si acaso,
la cola! Bilal es buen niño. Reposa en paz".
Y tenemos aquí algunos proverbios Bornus y un canto
nocturno de los Fuls.- "En el fondo de la paciencia está el

�Giancarlo Von Nacher
60

61

Cantos Indígenas de América, Africa y Asia

cielo".- "La esperanza es la columna del mundo".- "Si una
mujer dice dos palabras, toma una (la verdadera) y deja la
otra".Oscuro se ha vuelto el cielo
como algodón teñido de añil.
Como fresca leche se ha puesto a gotear la niebla.
La hiena ha gritado; el león, señor del bosque, le responde.
Esta es la hora en la cual es dulce murmurar con un
(amigo.
Entre los Ewhes (ex-súbditos alemanes del Camerun), rige
un rudimental derecho de autor: es necesario solicitar permiso al poeta para declamar sus versos. El poeta Duho canta
con pesimismo atroz:
¡,Por qué me has mandad? al mm~do?
Si hubiera sabido no hubiera vemdo.
Ignorante es el niño _en el vientre _materno. ,
,
Si hubiera sabido hubiera permanecido en el mas alla.
Estaría aún en el río del confín
y bebería agua.
Maldito el mío Se.... !
La poetisa Dzemawo explica así su deseo de morir:
He cantado y después lloré lágrimas amargas
el mundo es grande, inmenso
Dije: el día de mi muerte
¡ acerque el barquero su ~are~ a la orilla i
Una señal yo hago con la izquierda a los vivos
estoy ya en camino
Dios, escucha: estoy ya en cammo.
Allí se acerca, meciéndose
La barca de la muerte
estoy ya en camino
yo que tantas canciones he cantado.
Una resignación melancólica brota de este can~o anó~üno:
"La bella plaza para los juegos cae pronto en rumas, hierba
de estepa se vuelve el espeso bosque, árida estepa nues!ra
ciudad nuestra casa .. . . . El tambor no suena con alegna.'Miser~ble vida, miserable vida', llora el tambor".
.
La familia de lenguas Bantu ( cerca de 150), que vive en
el Congo, Angola y Camerún, canta así al sol, en lengua Fang:
"Sol que ves todas las cosas, que con tus rayos pei:etras la
oscura nube; sol, rey del cielo, divino cazador, a ti ofrezco
este homenaje. Ante tu mirada refulgente, a las veloces flechas de tu aljaba enfogada se sumerge la espantosa noche,
precipitada en el abismo. Con tus golpes que chispean centellas, le laceras el negro manto forrado de fuego, el negro

manto le laceras, sembrado de estrellas!"
Algunos proverbios Mbundus: "No despreciéis al pequeño
cachorro, un día será grande palmera".- "Quien golpea al
perro del amigo, golpea al amigo".
Proverbios Nyassas: "¡ Un hombre es un junco, cuando
muere despunta otro!"- "Abandona tu casa y atrévete en la
vida!".- "El sedentario tiene miedo hasta del halcón".
Otros proverbios Zulú y Pokomo ( con influencia mahometana).- "No es un Moisés aunque lleve bastón".- "Cada
puerta tiene su llave". "Cuando dos elefantes pelean, la hierba es pisoteada".- "Con un dedo solo no matas un piojo".-·
"Cuarenta lenguas, cuarenta lanzas".- "El mundo es un árbol
podrido, hombre, no te apoyes en él".
De Africa pasamos a Oceanía (lugar de origen de los
negros de Africa). Hawaiana es esta voluptuosa lírica de
amor:
Eres tú, hoja cortada del árbol del amor
suave criatura que excitas mi espíritu.
El ojo, viendo, tiembla ante el pensamiento
¡ ella podría todavía venir!
Mas, ¿ quién ahora la saludaría con cantos 1
Pasado es tu día, tu imagen de ella
el corazón se tortura y se desgarra
¡ qué sufrimiento y tormento en ello!
Al amor ningún mortal huye sin daño ... .
En la Isla de Pascua, la muchacha y el joven expresan
con sencillez ingenua el recíproco deseo de sus cuerpos: "La
espera es larga, entristece y fastidia . .. ."
En la Melanesia, los isleños de la Fiji, un tiempo feroces
caníbales, expresan en este canto de mujer una indecible ternura:
El viento sopla sobre los grandes montes de Mongodoro
sopla entre las rocas de Mongodoro
y también entre los rizos claros de Naloko
Tú me amas Naloko, y yo te soy fiel.
Si me olvidaste no conocería más el sueño.
Si a otra estrecharas en tus brazos
cada comida tendría para mí el sabor de amarga raíz.
El mundo estaría atrozmente privado de felicidad.
Sin tí, mi joven esbelto
de las espaldas anchas, de la nuca sólida.

�62

Cantos Indígenas de América, Africa y Asia

Los Maores de Nueva Zelanda, tienen bellísimos cantos
funerarios y rituales: valiosas elegías de Rauparata (17691848) .
En las Palau (Filipinas), cantan con precisión sensual:
"Nosotros que somos tus coetáneos, muchacha, queremos cambiar contigo besos alados, morder tu boca de forma bella . ...
el rojo fruto de tus encías".
No he querido con estos 'pocos cantos afirmar que la Literatura Indígena de .América, de .Africa y de Oceanía, tenga
igualdad con la Europea, sino tan sólo acercaros a estos pueblos para hacer notar que también ellos son capaces de
expresarse cumplidamentet de sentir como nosotros, la dicha
o la angustia de la existencia, el sentimiento de la vida y
de la muerte. Las eternas preguntas que el hombre se hace
a sí mismo y a Dios, la contemplación de lo bello y de la
naturaleza que nos rodea, son cantadas en poesía como nosotros las cantamos.

Juanita Soriano / ''LA SIEMBRA INUTIL"

(Poema Maternalj

GENESIS
Surgí desde el vacío femenino
a la luz del amor... , la tierra era
una promesa de la primavera.
Lo lleno se acercó con sangre y vino.

Termino citando un sabio proverbio indio de .América,
que cada hombre debía recordar decenas de veces al día:
" .... No juzgues un hombre antes de haber caminado dos
semanas en sus mocasines ...."

Sobre el vacío de mi surco advino
y me inundó del agua verdadera,

la aridez alumbró con dulce espera
porque lo lleno me mostró el camino.

Te presentí colmado de abundancia ....
Sobre mi cuerpo solo y sin presente
recibí la bondad de tu constancia.

Tenías plenitud. Yo te atraía
como el abismo atrae ciegamente
y Dios sobre la nada se vacía.

�CANCION DE LA SIEMBRA ESPERADA
LA SIEMBRA INUTIL

La mano amante lo espera,
y el labio con besos de hambre.
Capullo de luz primera,
indefensa luz del alba.

Por fin el ángel germinó. Pequeña
era su forma en esencial reposo. • • •
Abrió su fuego el garfio del sollozo
desde mi carne que en soñar se empeña.

Un derrumbe de alas se despeña
sobre mi Sembrador: cauce piadoso,

Pétalo de piel rosada,
fruto formado de amor,
cuerpo de nieve encendida
en inútil floración.
La mano amante esperaba ....
y el beso para su amor.
El niño llegó ... , y se ha ido
como en tránsito de flor.

me regaló su sangre, su alborozo,
que yo perdí. .. ' siendo guardiana y dueña.

MADRIGAL DE LA SIEMBRA PERDIDA
El grito fue mi grito. y aquel hijo
viajando sin retorno hacia la sombra
fue vocación de ardiente regocijo.

La siembra inútil de mi Amado arrastro
dentro de mí. El hijo que me asombra
¿no dibujó en mi pie~ cálido rastro?

¿No voy a ser, gozoso de mi llanto,
como son todos los recién nacidos?
¿Seguiré mi camino de regreso
a donde estuve, sin haber venido?
Solo me iré, dejando la corriente
de los que tienen bajo el sol un nido.
¡Si era ya un todo para darme todo!
¿Cómo es que en inocencia me he dormido?

�VOZ DOLOROSA DEL QUE SEMBRO LA SIMIENTE
La tierra aré y el surco esperanzado
recibió la simiente bondadosa
que germinó en amor iluminado.
La forma delineó su milagrosa
y sumergida faz, que repetía
mi rostro en su presencia misteriosa.
Así busqué amorosa compañía
para labrar el ala, luz y raso,
que transplanté al rosal de mi alegría.
Llegué a la patria del amor, regazo
donde mi afán de perpetuar fulgura
en la tierna violencia del abrazo.
Amé con el calor de mi estructura
al impregnar la sangre de la amada,
transportando a su cauce mi figura.
Dejé sobre su frente reposada
la esperanza del beso que se nombra,
promesa y molde de la flor sembrada.
Abismado en la dicha que no asombra
observé la sonrisa de mi amiga,
sus ojos tristes y su leve sombra.
Vigilaba su gesto, su fatiga,
su manera de ver, su goce fino,
su abstraído silencio y su cantiga.
Hablábamos del tiempo. Del camino
a recorrer; contando cada hora
por alumbrar la flor y su destino.

De lejos me mostró, sobre la aurora,
el lujuriante monte su simiente
repartida en el aire que la dora.
Ví el tamaño del sol . resplandeci~nte
mostrar brote de verdes y amarillos
y el angelado azul de la vertiente.
Ví raíces y savia, caramillos
esparciendo su miel tibia y fecunda
sobre la tierra ardiente de membrillos.
Y al vendaval. .. , su júbilo circunda
Ya embriagando de polen y reseda '
la tierra maternal que en grano abunda.
Miré la lluvia con sus pies de seda,
el temporal en loco revoltijo
el surco abierto de la rosaleda.
Así mi sangre que forjaba al hijo
del humano jardín, blanca dulzura
amplitud a mi fuerte regocijo.
'

La siembra inútil fracasó ... , locura
el beso abierto en la conciencia mía
dulce canción de cuna y amargura. '
D?lido de ser hombre, mi agonía
miraba el fruto en plenitud logrado
desde mi origen a la luz del día.
Llegó el hijo en el límite trazado
y ya perdido... , estela dolorosa
con la forma y la luz en el costado.

�VOZ DE. LA FLOR
El niño muerto, masculina rosa,
navegó por mis ansias varoniles
y desbordó la sangre de la esposa.

Un racimo de dal ias prematuras
hundió mi transparente piel inédita.
Allá, donde se forman las especies,
un movimiento anticipado trajo
mis tiernos pétalos, aún débiles,
hasta la luz del aire.

No lloraré. Mis lágrimas viriles
partieron con el pálido despojo
del arcángel de manos infantiles.

Hundimiento de amores, entre húmedas
sustancias primordiales.
Elementos de ayer, ideal trazado
sobre río de sangre.
Subterráneo torrente de la vida
donde el humano florecer germina.
¡Hambre!

Hoy la luz abrumada de rastrojos,
de niños enterrados en praderas . . ..
lejos las entreabiertas primaveras
de labios tiernos y despiertos ojos.

Yo quise ser, con todos los que alientan
bajo el sol rubio y cálido.
Venía con mi ímpetu de ancestros
varonil y pujante,
traía la sonrisa de mi padre,
el verde-gris de su mirada clara
y la tristeza de mi madre.

.

.

Caí, desde la sombra,
destituido
de mi silencio oscuro.
Golpeándome la frente candorosa
contra el ambiente de la lumbre.
Me recogió la Sombra il imitada
en su amistad segura,
me suavizó las líneas, en solemne
resignación primera.
Me llevé mis dos manos apuñadas,
mis piececillos leves,
y el grito que esperaba abrir el día
de mi triunfal llegada.

�Destruida cosa.
Fibra del corazón, sobre cenizas,
basura de alas rotas.
El tallo, de mi desconocida madre
fué cortado,
y separado de mi origen
llegué al piadoso campo que me cubre.
Hoy... ,
cicatrices sobre la memoria
de los que nunca conocí;
renovado peligro del recuerdo,
rebeldía hasta el fin.
Algunos niños ríen ....
Un hombre y una mujer lloran
el perdido refugio de m1 risa.
Vegetales senderos
de flor y fruto,
de brote tierno y nuevo
y de amor generoso,
fructificado y negativo.
Recuerdos de sonrisa
que nunca floreció,
de azuladas arterias diminutas,
mapa y ríos de sangre,
y mirada dormida
al fondo de la madre que me amó.
Un hombre y una mujer lloran ...
oyen risa de niños
como alas que se alejan con su sombra.

TIERRA DOLOROSA
El hijo dormido, la rosa
en tallo de sangre encendida,
me llama con todas las voces
en leves coloquios de brisa.
Sus pasos ausentes alumbra
andando con suave caricia
por todas las rutas del alma
en surco de ausencia dolida.
Me puebla las células tristes
su faz de dorada ceniza,
navega por todo mi cuerpo
y en todo mi espíritu habita.
Del sol prisionera, mi sombra
conserva la estela perdida,
un día acuné la esperanza
y ví del ensueño la sima.
Miré florecer en mi talle
la rosa de amor y de dicha.
Su fuente de inútil du lzura
mi pecho amoroso de vida
un blanco dolor destilado
quedó sobre tierra vacía.
¡El hi jo dormido, la rosa,
aún por mi sangre camina!
¡Aquel esperar el momento
en que iba a encontrar su sonrisa! ·
¡Aquel mi llevarlo constante
sin dar a su imagen salida!
¡Aquel entrever jubiloso
el claro alborear de su Día!,
su dulce presencia en el aire
me quema de afán la !:)upila.
Ansiosa, la sombra de mi alma

�alas en mi recóndita agonía .. . .
En el aire perdida su azucena.

socorre la sed de mi arcilla,
me puebla de luces pequeñas
la entraña que el fruto no olvida.
El hijo esperado, la aurora,
la rosa de luz masculina,
pasó con su tránsito leve
dejando mi amor a la orilla.
Hoy finge reflejo de alas
y en sombra lejana me mira,
si tiendo mis manos amantes
su forma en el aire deshila.
Me llama con signos y señas,
vagando, sin faz definida,
le veo formarse en la lluvia
y junto al cristal se adivina.

Brilló el ojo azulado en la terrena
casa de anhelos y de cobardía.
Murió la savia de su ser, traía
designio de naufragios y de arena.
Lirio de mi nostalgia, a toda hora,
sobre mi mente enredas turbadores
recuerdos de marfiles y de aurora.
Lo que un instante fué vida y aliento
como desconocidos pobladores ....
y era apenas un cáliz ceniciento.
II

Le pido a su imagen flotante
que el peso de sombras extinga,
pero ella me crece en las manos
alzando su aurora vencida.
Me alumbra los párpados quietos
y oscuros de sueño y vigilia,
me nace por todos los poros,
lo mío anhelando en luz fija.
Me cruza la frente con todo
lo que pudo ser y hoy es ruina,
me dice que en cada momento
mi amor ha perdido su enigma.
¡El hijo dormido, la rosa ....
y el huerto cerrado a la vida!

Las manos bautizadas en la fuente
humeante de la sangre. Muerta cosa.
Perdida ya la nacarada rosa
entre el rojo rodar de un mar doliente.
Del alma emerge soterrada gente,
muchedumbres eri tribu que me acosa:
voces de ayer, ancestros ... , turba ansiosa
con mirar verde azul bajo la frente.

. .

Empaparon de lágrima el camino
- sin canciones de cuna y esperanza viajan conmigo en singular destino.

NAUFRAGIO

No habrá un ala prendida a mi alegría,
en lo que pudo ser sonríe y danza
pero en lo que es solloza y desvaría.

I

III

Se desgarró mi luna en sangre ajena,
amoroso marfil y flor que abría

Así te alejarás ámbar quebrado,
día a día muriendo en mis desvelos,

�repitiendo entre lágrimas y anhelos
tu naufragada historia en mi costado.
¡Ay, espejos de azul imaginado
y sol robado a mis oscuros cielos!,
y palabras y pasos, paralelos
parecidos al Otro - el que ha llorado.
Un vacilante instante de descuido
hizo surgir de angustia cegadora
el diminuto tallo defendido. .
En el reloi el tiempo fué de piedra:
marcó la sangre de mi ardiente aurora
con su muerte esculpida en polvo y hiedra.

IV
Hoy el eterno imaginar su vida:
¿correría en la playa de las olas?,
mancharía sus manos de corolas,
con la mirada alegre - enverdecida.
¡Ah tal blancura de otro sol traída!,
las sonrisas y lágrimas a solas,
¿alguna boina roja?, caracolas
y palabras y sangre resurgida.
Mi débil sombra para su lamento
no lo supo guardar. Y su ternura
quedará dibujada sobre el viento.
No me consolaré, sol desterrado,
acunaré en mis brazos tierra oscura
y lloraré por siempre lo llorado.

VOZ DE LA ANGUSTIA
Cada sonrisa visl umbrada
y voz de niño y su misterio
es luz que nace y que se agita
y en mi conciencia muere luego.
Pasos y gritos infantiles
en mi aflicción hallan alero,
pueblan mi sueño de fantasmas
en horizontes del deseo.
Después de mucho, quizá un día
vendrá el consuelo.
Hay en las tardes y en las playas
algo de inútil a mi empeño,
la ola azul canta vacía,
la rosa flota en aire muerto.
No sé decir si en soledades
florece el cactus en mi pecho,
semiborrado el mundo es de humo
sin el milagro de mi anhelo.
Mi sol habita entre neblinas...
no sé si duermo.
Sobre mi pena en terca lucha
y rebeldía me sostengo;
creo sentir que fue la vida
sólo un d~lirio por su beso.
Lúcidas formas de otro sino
trazan su sombra en mi cerebro,
al extenders.e por la playa
lo que no fué se hace recuerdo.
Y me pregunto alucinada:
¿se fugó el tiempo?
El tiempo que iba a .ser instante
de oscura luz en el cabello,

�de risa fresca y jubilosa,
niño corriendo en mi sendero.
De mano que iba ir en la mía
como flor blanca y brote nuevo.
Rostro esfumado y conocido
que vislumbró mi pensamiento.
De duelo el mar de mi esperanza ...
perdí su cielo.
Ya par-a qué el cenizo río
guarda pedruscos en su lecho,
si no ha de ir el niño ausente
a contemplarse en sus espejos.
Ya para qué las mariposas
muestran la gracia de su vuelo
si ya el asombro de sus ojos
no ha de estrenar este misterio.
Ya nada existe aunque haya niños ...
pasos ajenos.
¿Qué habrá de ti en el ancho espacio
donde tal vez tienes un hueco?
Yo sé que hay flores en la tierra
donde descansa tu silencio.
¿Qué habrá escondiendo tu figura
entre los límites del tiempo?
Donde una estrella se ilumina
creo mirar de ti un aliento.
¿Qué hay para ti en el ancho espacio...
un ángel ciego?
En algún páramo ignorado,
en otro ámbito del Tiempo
encontraré el cauce perdido
- o en este instante de lamento -.
Estás aquí por un recodo
que he de buscar siguiendo un eco,
libre de todo cruel delirio

de las cenizas y el ensueño.
Mientras te busco en lontananza
el cielo es negro ...

MENSAJE
Quiero cantar un himno a tu muerte rodeada de luceros,
seguir de ti una huella por el lechoso polvo del
(espacio-tiempo.
Te creí tan seguro,
tan guardado en el fondo de mi vida,
que no puedo perderte
sin ensayar mi adiós.
Si nada es sin objeto,
si tú ya eras un algo,
no puedes haber pasado sin sentido,
totalmente,
sin que de ti flote una brizna
junto a la lumbre de una estrella .
Si tenías el rostro indefenso y solemne
ante el pequeño drama de tu muerte;
si estaba en todas tus líneas la figura del hombre
con su escondido espíritu perenne;
si había sangre y vida en tus arterias
- ¡ví tus venas azules y livianas!-,
no puedes esfumarte
en actitud final.
Por los países de la muerte
tu luz se enciende.
Con el rostro caído sobre el pequeño espacio
de la tierra que cubre tu misterio,
cierro los ojos y floto en un delirio
que arrastra esta parcela y llega al mar;
y no es más tierra verde

�sino una leve nave que va de espuma a nube
hasta la estrella más lejana ....
Ahí te encontraré
transfigurado en luz.
Y yo te canto
desconocido amor,
que llegaste a mis brazos
siendo tierno jazmín
arrancado;
En tu viaje de estrellas te acunan mis palabras
y son blancura y seda para el frío.
Te acarician mjs labios en la brisa;
en el agua
y sobre el rostro de algún niño.

Libros

BIBLIOGRAFIA

DE ALFONSO REYES

Se prescinde de las publicaciones en revista no recogidas
aún en volumen o de que no hay tirada aparte.

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Mex1co, 1959
· · · ·

J. A. R.

�Libros

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Leopoldo Hurtado, LOS AMIGOS. Buenos Aires:
Emecé Editores, 1959. Novela.

EN la ficción argentina contemporánea hay un grupo de autores jóvenes que se interesan muy
poco por los gustos distintivos y originales de su país para
tratar temas más generales y corrientes. Una ojeada a las
novelas recién aparecidas dará prueba de ello, aunque muchos novelistas, claro está, todavía se empeñan en escribir
obras de auténtico sabor argentino. La novela criolla y la
novela porteña ceden paso muchas veces a obras de enfoque
psicológico, a obras de fantasía o de puro capricho literario.
Tampoco muestran estos jóvenes gran interés por valerse del
rico caudal de la historia contemporánea; nótese, por ejemplo, el silencio en cuanto al régimen peronista, tema muy
propio, me parece, para interpretaciones novelísticas.
Leopoldo Hurtado, que pertenece al joven grupo de novelistas, ha ganado un segundo premio en los Concursos Literarios Emecé de 1958 con su novela Los amigos. Quizá lo que
más llama la atención en esta obra es la forma epistolar en
que se nos revela el argumento. La obra se compone exclusivamente de cartas cambiadas entre varios miembros de dos
familias complicadas en un supuesto homicidio. Las primeras
cartas, que los hijos del finado señor Ortelli dir.igen a su tía,
divulgan la desgracia que acaba de suceder. Es que en su
lecho de muerte Antonio Ortelli le rogó a su hijo Mauricio
que registrara su escritorio y que tirara cuanto no tuviera
importancia. Dió con unos papeles de carácter íntimo, entre
ellos una nota en que su padre confiesa haber matado, hace
muchos años, a su mejor amigo, Francisco Murano. Mauricio
no vaciló en hacer intervenir a la policía, pues creía "no haber hecho otra cosa que cumplir hasta el fin con un deber
filial" . (p. 20). Y cosa extraña: revelada la confesión a las
autoridades, el padre se sentía libre de un inmenso cargo y
murió felizmente sin rencor alguno hacia su hijo.
Las cartas que siguen apuntan las dudas que rodean
este caso. ¿Es posible que Ortelli, hombre sencillo y bondadoso, haya cometido tal crimen 1 i Y por qué Y ¿ Qué motivo
impulsó a Mauricio a delatar a la policía, sobre todo cuando
halló a su padre en las agonías de la muerte Y Mediante un
intercambio de cartas, se aclaran los antecedentes del supuesto delito y las relaciones extrañas de amistad entre Ortelli
y Murano. Por fin, llegamos a saber que todo era un gran
engaño, que Murano falleció de un ataque del corazón, y
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que Ortelli mismo confeccion~ la decepción como el único
modo de ;~rengarse ~e un_ ,amigo (Murano) que le aventajó
en t~do. ~n su ª°:ligo vio constantemente el ejemplo de lo
q_ue el hubiera quendo ser y no pudo o no tuvo fuerzas suficientes para poder ser". (p. 148).
Se lee l:i, novela ~on mucho interés y placer, debido a
una trama bien con~eb~da y desarrollada, ( aunque tiene a veces los exc~sos rcmanticos del siglo pasado), en la cual Hurtado maneJa con destreza los elementos de misterio y de
sospecha, de _duda y recelo, que tanto predominan en la obra.
~e lo argentmo no hay nada en absoluto; de lo hispanoamericano tampo~o. La acción puede acaecer en cualquier país
Y los pe:sonaJes pueden ser de cualquier nacionalidad. Quizá
esto limita el val?r de Los amigos; acaso el cuadro artístico
res~l~e menos estimable por no ubicarse dentro de un marco
defmid?·., No obst~nte, tiene ciertos méritos bien evidentes:
la pr_ec1s10n Y ~laridad ?e la prosa, el acierto en reconstruir
las circunstanci~s que dieron origen a la rara unión emocional entre Ortelh. y Murano, y cierta facilidad de reconciliar
los ~lementos divergentes del argumento. Cada personaje
consider~ el caso desde ~n punto de vista distinto, según el
lazo sentimental que le hga a Ortelli o a Murano.
Con esta_ ~ovela Hurtado ha emprendido la düicilísima
tarea de :scn,b~r una novela epistolar, con todos los peligros
Y az~res imphcit_o~ en este género de ficción. En general. ha
vencido estas dificultades, haciendo que el lector se deje
llevar suav~mente por la trama casi sin darse cuenta de q{1e
lee una sene _de cartas. ¡ Que venga pronto otra novela de
Leopoldo Hurtadb !

Myron l. Lichtblau
Universidad de Syracuse.

~bras Completas_ de Alfonso Reyes, Tomo X, Constancia Poética, Letras Mexicanas, Fondo de Cultura Económica México
D. F. 1959.
'
El último tomo de sus Obras Completas que vió publicado
~- _..Alfon~o R,eres fue el de su Obra Poética, en edición defin!tiva., ~imbohcamente se ha titulado este volumen Constan~1ª Poet1ca: "9on_stancia" significa en boca de su mismo autor
a la vez cont~nmdad y documento probatorio". Continuidad;
e~!º es, una vida consagrada a la admiración y a la penetrac1011 dentro del fenómeno poético. Documento · probatorio :

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Febrero de Caín y de metralla:
humean los cadáveres en pila.
Los estribos y riendas olvidabas
y, Cristo militar, te nos morías . ...

respuesta al coro de los grlilos que cantan a la luna, que no
se cansaron ni se cansan de •repetir que Don Alfonso Reyes
'no era poeta', como si el ser o no ser poeta dependiera de la
voluntad de uno o del juicio de los demás. Ahí está su obra
para atestiguamos la más grande de las constancias y de las
vocaciones. Ahí están las luchas con el ángel de la poesía
ahí los triunfos.
'
Fundamentalmente este volumen está basado en la primitiva edición de su Obra poética (:México, Fondo de Cultura
Económica, 1%2, Letras Mexicanas), (complementado con las
poesías que no aparecieron en éste último y con otras producciones posteriores al añ ode 1952). Esta Constancia Poética
comprende: I, Repaso poético: 1906-1958; II, Cortesía: 19091947 ; III, Ifigenia Cruel : 1923; IV, Tres poemas: l. Minuta:
1917-1931.2, Romances del Rfo de Enero: 1932, 3, Homero en
Cuernavaca: 1948-1951; V, Jornada en Sonetos inéditos o
por primera vez recogidos: 1812-1951. (VI, Romances sordos,
añadidos en la presente edición: 1938-1953), VII, Apéndices.
Creo yo que este volumen de las Obras Completas es uno
de los que más nos acerca a la personalidad de Alfonso Reyes
y el que nos da facetas más interesantes de su actividad intelectual. PorquE', Alfonso Reyes, como poeta, presenta mil caras, mil aspectos, mil distintas cualidades que lo hacen uno
de los poetas modernos de habla castellana más ricos y vitales.
Esta es precisamente la definición y la palabra: lo vital,
"historia viva". Porque nos encontramos desde la estrofilla
galante dedicada a una dama, hasta el poema tierno, apasionado dedicado a su padr e o a su madre,amén de sus grandes
recreaciones clásicas, como es la Ifigenia Cruel o su Homero
en Cuernavaca, es decir aquellas obras donde Alfonso Reyes,
sin convencionalismos, sin imperativos de carácter intelectual,
se nos desnuda y se nos presenta tal como él era. A mí por
lo menos, los árboles, en el caso de Alfonso Reyes, su gran
obra de ,e~udición jamás me han impedido ver el bosque, su
obra poetica y su concepto de la poesía. Quienes todavía no
han caído en la cuenta de que Alfonso Reyes fue un extraordinario poeta están demasiado rodeados por los árboles o
están llenos de mala voluntad y de veneno· con éstos mejor
sería no discutir. ¡Es que acaso no es poet~ un hombre que
escribe:
9 de Febrero de 1913
¿En qué rincón del tiempo nos aguardas,
desde qué pliegue de la luz nos miras Y
¡, Adónde estás, varón de siete llagas,
sangre manando en mitad del día?

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Libros

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Desde entonces mi noche tiene voces
huésped mi' soledad, gusto mi llanto'.
Y si seguí viviendo desde entonces
es porque en mí te llevo, en mí te salvo,
y me hago adelantar como a empellones
en el afán de poseerte tanto".
'
(Río de Janeiro, 24 de diciembre, 1932)
. No es hora de traer a cuento todos los insignes testimonios que se han dado acerca de la obra poética de Alfonso
Reyes. A nosotros nos basta la convicción y el entrar en
contact~ C?n este Alfonso Reyes entrañable. Lentamente se
nos va msmuando en el alma tal como él era tal como sus
ojos cándidos se tornaban sobre el mundo, sobre las cosas y
las personas. Este es el Alfonso Reyes nuestro, el que amamos
entrañablemente. En su oficio de poeta sufrió y venció. Todo
lo demás se le dió, ampliamente, por añadidura.

Juan Antonio Ayala.
P~DAGOGIA DE. LA. ENSE1'1ANZA SUPERIOR, por
FrancISco: Larroyo. Umvers1dad Autónoma de México. Dirección General de Publicaciones, 1959. 366 pp. (Facultad de Filosofía y Letras. Seminario de Didáctica y Organización).

...

Son numerosos los escritos que en diferentes ocasiones
han planteado la situación reinante en la gran mayoría de
los sistemas de organización que gobiernan los institutos de
enseñanza superior de América Latina. Acorde están los más
en que realmente es poco el avance pedagógico que re()'istramos, muchos los métodos anticuados en boga y numero;as las
reformas que se imponen so pena de continuar sumidos en
lo que muchos han llamado "El caso pedagógico del Nuevo
~undo". Congresos de Universidades y de institutos supe~10res han elaborado, en algunas ocasiones, prácticas y trabaJos sobre ~a marcha de los organismos superiores de educación
pero de nmguno de ellos ha salido algo que realmente termine
con las fallas que se presentan. En tales congresos sólo se
han tratado los problemas políticos y gubernamentales sien-

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do pocas las referencias que se han hecho a la pedagogía y
a la metod?logía ;podemos decir que muchos problemas que
afectan senamente la estructura de la enseñanza no son ni
siquiera mencionados en los congresos y asambleas latinoamericanas de su especialidad.
.
Resultan entonces de interés los planeamientos que presenta el profesor Francisco Larroyo sobre la pedagogía de la
enseñanza superior, en su último libro, fruto de su ya lar"'ª
experiencia y lucha en las cuestiones de la pedagogía. Larr"oyo nos ofrece un completo panorama sobre la enseñanza latinoamericana; con un agudo sentido presenta la situación
imperante; la necesidad de evolución que priva en la mayoría
de los organismos superiores y el deseo que ha acompañado
en todo tiempo a profesores, alumnos y ex-alumnos de una
mej~r organización pero que no ha sido llevado a efecto por
falta de un verdadero plan que termine definitivamente con
las improvisaciones.
En su nuevo libro el profesor Larroyo no sólo presenta
los objetivos y los problemas políticos y gubernamentales de
la pedagogía sino que hace un detallado análisis de la naturaleza, métodos y organización 'de ella no dejando· ningún
campo sin estuo.io exhaustivo. Nadie ignora que el profesor
es elemento decisivo en la enseñanza pero es indudable que
otros elementos vienen a completar su labor y a perfeccionarla. Estos son presentados en este libro que viene a constituir un valoso aporte para la metodología y su progreso.
Al final el autor reclama la necesidad de fortalecer los
vínculbs internacionales que existen en la enseñanza superior
y de la investigación, que rebasan ya el perímetro nacional.
Recalca la importancia que en su rama tienen la · Asociación
Internacional de Universidades y la Unión de Universidades
Latinoamericanas, dando a conocer sus finalidades y cometidos.
La obra "Pedagogía de la enseñanza superior" resulta,
por todo lo anterior, una rica contribución a la metodología
de la enseñanza actual, anotando sus fallas y las soluciones
más adecuadas para formar un todo efectivo en el mundo
contemporáneo.

I. Restrep.o.
J. J. Winckelm?,nn, De la bellEza en el arte clásico - Instituto
d~· Investigaciones Estéticas; UNAi\I (Prólogo, Notas y Apéndices de Juan A. Ortega Medina) 1\Iéxico, 1959.
, ~ntre las publicaciones del Instituto de Investigaciones
Esteticas, de la U.N.A.M., una de las últimas es el volumen

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.

.

..

.

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que recoge estudios y cartas de J. J. Winckebnann bajo el
título De la belleza en el arte clásico. La traducción directa
del alemán, así como . el Prólogo, las Notas y los .Apéndices,
estuvieron a cargo de Juan A. Ortega Medina.
El prólogo nos ofrece una visión biográfica de Winckelmann (1717-1768) y su recorrido desde Stendal, en Brandeburgo, hasta la Roma_que significaba e! cruce de 1~ ]?agano,
y lo cristiano : la capital del mundo, asi como los viaJ_e~ que
realizó por diversos lugares; la madurez que fue adqumendo
en sus estudios sobre el arte clásico y el renombre que se
difundió en las grandes capitales europeas, hasta su extraña
muerte en una posada de la ciudad de Trieste donde esperaba,
después de una largá ausencia, tomar el barco que _lo ?~nduciría a la tierra italiana que tanto amaba y que sigmficaba
para él la presencia de aquel lejano mundo clásico a cuyo
estudio dedicó• toda su vida.
Juan A. Ortega·Medina dedica las parte·s II y III de dicho
prólogo a estudiar la época de Winck~lmann Y. el giro que
representa su posición frente a los eruditos que. siempre negaron seriedad a sus estudios porque no estaban apoyados en
bibliografías y documentos indiscutibles. Aun en el marco
de la Ilustración Winckelmann tiene lln lugar aparte porque
sus ideas estétic~s "lo desbordan platónicamente". La educación para captar lo bello, afirmaba Winckelma~m, se desarr~lla mejor por mendio de la prá_ctica que ~ediante la e:udición: "porque el saber mucho, dicen los griegos, no despi~rta
una sana inteli(l'encia". 1\Iás que el arqueólogo, en las pagmas
de este libro que recoge estudios diversos del investigador
.alemán, se muestra al esteta, que, como afirma Ortega MJ~ina,
es el que todavía se mantiene vigente y actual en muchisunas
de sus ricas observaciones sobre la belleza clásica. Alejado
de la Ilustración por la intuición que juega una parte muy
importante en sus estudios, Winckelmann sienta bases que
el tiempo no ha podido destruir.
Uno de los textos más interesantes de este libro es el

Tratado sobre la capacidad del sentimiento de lo bello y sobre
la ensenñanza de la misma, extensa carta que dirigió el año
de 1763 al Barón Livonio Federico Rainoldo de Berg, amigo
con el que GOmpartía ideas fundamentales sobre la ?reación
artística. El tratado se divide en dos partes, conteniendo la
primera ideas sobre la capacidad de sentimiento de lo bello,
y la segunda la enseñanza de dicha capacidad. Partiendo de
las diferencias que separan a los hombres, pues aunque a todos
fue dado el sentimiento de lo bello, en cada uno se encuentra
un grado diverso, afirma que en el algunos se ·encuentra la
capacidad de captar lo bello en un grado tan mínimo, "que

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nos dan la impresión de que en la distribución de la misma
realizada por la naturaleza, parecen haber sido descartados
del reparto". La educación juega un papel muy importante
en el desarrollo de dicha capacidad, y ya veíamos como prefería la práctica, es decir el ver y conocer las obras a la seca
erudición.
'
El ocio lo considera ·también .muy importante en la enseñanza de la capacidad de·sentir lo bello, "porque, como dice
Plinio, 'la contemplación de las obras de arte es para la o-ente
ociosa'; es decir para aquellas personas que no están c~ndenadas durante todo el día a cultivar una. tierra difícil y estéril. El ocio que se me ha concedido es la mayor felicidad
que la fortuna me permitió encontrar en Roma gracias a mi
nobilísimo amigo y señor, el cual, desde que vivo con él y de
él, no me ha exigido el menor plumazo; y este bienaventurado
ocio me ha permitido entregarme a placer a la contemplación
del arte". En el proceso educativo de la capacidad hacia lo
bello, considera que esto es más difícil de comprender en la
pintura, más fácil en la escultura y todavía más fácil en la
arquitectura. Pero a las tres es común un problema capital
en el que reside, pudiera decirse, la dificultad principal en
la educación artística: "explicar la demostración de la razón
de lo bello".
Al terminar su largo tratado, Winckelmann deja unas
palabras que son válidas para todo aquel que desee establecer
contacto con el mundo de la belleza: "Aquí lo único que vale
la pena añadir es esto : andad y mirad ; y a usted, amigo mío,
deséole el regreso a Roma". Este libro de Winckelmann enriquece la colección que publica el Instituto de Investigaciones e~téticas de la Universidad de México, y su traductor y
r~copila~or, el Maestro Juan A. Ortega Medina, puede sentirse satisfecho por esta magnífica labor realizada al ofrecer
al público lector de habla hispánica esta selección de textos
de uno de los más importante estudiosos de la obra artística.

Alfonso Rangel GuetTa.
Christoph Eich, Federico García Lorca, poieta de la intensidad.
Ed. Gredos, Col. Estudios y Ensayos, No. 42. Madrid, 1958.
Christoph Eich desarrolla su estudio sobre García Lorca
en un vo~~men de 195 páginas. En el Prólogo nos explica que
se ha utilizado el método de análisis estructural seo-ún los
estudios que se realizan en la Universidad de Z~rich. Confor~e a este método, lo primero (para la investigación literaria) es la obra, es decir, que en ella se puede encontrar la

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03

clase de interpretación, sin necesidad de apoyarnos en elementos exteriores. La dificultad surge cuando se considera que
a cada obra corresponde una clave distinta, pero esto no destruye las posibilidades de acercamiento a la obra que se va
investigar. Esta es precisamente una de las acusaciones que
sufre la Estilística, ya que cada obra literaria exige un método distinto de investigación.
El libro que nos ocupa, su autor declara que "no se propone ser otra cosa que un estudio sobre la estructura temporal de Federico García Lorca". Y precisamente se trata de
esta estructura temporal porque Eich encuentra que es de
sustantiva importancia en la obra del poeta. Por este camino
puede encontrarse la concordancia que existe entre pueblo
y poeta, y cómo éste se identifica con lo colectivo. Lorca expresa lo andaluz, pero también lo español. Y el momento de
crisis, cuando deja su Andalucía y penetra en el mundo moderno de las máquinas y las mutitudes, lo transforma en otro
hombre que aunque por caminos distintos, viene a identificarse con "ICafka y Sartre como uno de los contados españoles
en quienes el desarraigo del hombre moderno fue experiencia
de su vida propia". Esta experiencia la encontramos en El
poeta en Nueva York, libro distinto a la anterior producci~n
lorquiana donde las imágenes y la forma misma del lenguaJe
nos remit~n a un mundo que no es el andaluz, sólo recordado
- como algo perdido para el poeta.
Ofreciendo Lorca una coherencia interna en toda su obra,
se puede iniciar el trabajo de investigació?- desde cualquiera
de sus partes, y Christoph Eích ha pre~endo empe~ar por el
poema La casada infiel, bastante conocido del publico y que,
no obstante estar desgastado por el uso, puede ofrecer muchos
aspectos interesantes al estudioso. El análi~is de este poe~a
es una de las partes más interesantes del libro, porque asistimos paso a paso a los descubrimientos que nos va ofreciendo
el autor, que con una penetración ~erda~eramente notable
va línea a línea sacando a la luz las mtenc1ones del poeta, el
sentido de su lenguaje y toda la atmósfera local que lo rodea.
Marcando tres divisiones: entrada en el mundo del poeta,
génesis de la metáfora y valoración del tiempo, Eich logra
aclarar en tal forma este poema, que parece no se hubiera
interpretado hasta ahora, no obstante andar en boca de todos.
El garbo, la melancolía del andaluz y otros temas se
van desarrollando, para desembocar en el poema arriba mencionado, Poeta en Nueva York, que expresa las nuevas experiencias de Lorca y las pérdidas que sufre al abandonar su
aire y su tierra. "Y o tenía un mar. ¿De qué? • ¡Dios mío!
¡ Un mar!", exclama Lorca ante ese mundo de concreto y mu-

�chedumbre donde también se le extravía el rostro. Y aquel
'Si muero, dejar el balcón abierto", desaparece porque el poeta cierra su balcón, perdido el equilibrio entre vida y muerte:
He cerrado mi balcón
porque no quiero oir el llanto,
pero por detrás de los grises muros
no se oye otra cosa que el llanto.
La fase final, la de la muerte, está representada por ese
gran poema que es el Llanto por Ignacio Sánchez Mejía, sobre
el que Eich aplica de nuevo el análisis agudo con el que se
completa el estudio sobre Federico García Lorca, poeta de la
intensidad. Lenguaje, construcción, formas poéticas y sintácticas son, antes que producto del azar o la imaginación, los
eaminos necesarios e ineludibles por los que se expresa el
pensamiento, el sentimiento y la sensibilidad del poeta.

•

mada por una serie de artículos que empezó a publicar en
Enero de 1857. En esta su primera obra, nos da a conocer
una serie de reflexiones sobre diferentes temas que van desde
el suceso personal y amoroso hasta la visión valiosa que nos
presenta del México de aquel entonces. Si en la poesía y en
la prosa desempeñó papel de suma importancia, lo mismo
podemos decir al abordarlo como novelista histórico que en
su creación "Gil Gómez, el insurgente" deshace falsos juicios
sobre los hechos históricos, dando gloria a los verdaderos
héroes y trayéndonos una idea clara y verdadera de la historia.
A pesar de haber vivido sólo 22 años nos dejó obras de
invaluable calidad literaria tales como, "La clase media, novela de costumbres Mexicanas"; "Páginas del corazón y otros
poemas", recopilación que es de sus poesías; "La sensitiva";
"La azucena y la violeta"; y finalmente ''El Diablo en México" publicada en Noviembre de 1858 y dedicada a su amigo
Luis G. Ortiz.
La historia ha dado ya el juicio definitivo y favorable
acerca de Díaz Covarrubias. Su obra recibe ahora el justo
homenaje que lo coloca como a uno de los impulsores y pioneros de la creación literaria nacional. Atrebatado de la
patria cuando apenas contaba 22 años, llega a vivir, después
de muerto, ·como los grandes hér_oes mereciendo sus obras el
estudio y el aprecio.
Es bueno anotar el excelente estudio preliminar, edición
y notas que elaboró para esta edición, Clementina Díaz y de
Ovando ; gracias al cual el lector podrá adentrarse con soltura y seguridad en la obra del joven escritor y poeta.

f

Alfonso Rangel Guerra.

''

Obras completas, por Juan Díaz Covarrubias. Estudio
preliminar, edición y notas a cargo de Clementina Díaz y de
Ovando. Dir. Gral. de Publicaciones. UNA:J\II. 1959. 785 pp.
(Ip.stituto de Investigaciones Estéticas. Serie "Nueva Biblioteca Mexicana").
·
La Dirección de Publicaciones de la Universidad ha iniciado la edición de una nueva serie de obras bajo el título de
"Nueva Biblioteca Mexicana". Para deleite de muchos, presenta como primera selección las obras completas del poeta
y escritor Juan Díaz de Govarrubias con un estudio preliminar, edición y notas a cargo de Clementina Díaz y de Ovando.
Díaz Covarrubias nació en la ciudad de Jalapa el 27 de
Diciembre de 1837 y murió fusilado por un grupo de soldados
al servicio de jefes conservadores a principios de abril de
1859. Con acierto anota Francisco Monterde que su muerte
puede compararse a la de Federico García Lorca. Fue su
padre el poeta y político José de Jesús Díaz, y su madre la
señora doña Guadalupe Covarrubias, poseedora de un exquisito don de gentes y decidida inclinación por la cultura.
Desde sus primeros años de escuela Díaz Covarrubias demostró su facilidad para versificación y la prosa. Con su
viaje a la capital aumentaron las posibilidades de mejora,miento en su estilo al entrar en contacto con los grupos de
escritores y poetas que en la ciudad de México armaban a
diario entretenidas tertulias literarias. La primera obra de
Díaz Covarrubias no se deja esperar. La titula "Impresiones
y sentimientos. Escenas y costumbres Mexicanas" y está for-

95

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I. R. F.
Repertorio Bibliográfico de los archivos mexicanos y de
los europeos y norteamericanos de inte:rés para la historia de
México, por Agustín Millares Carlo. Dirección General de

ll

•

Publicaciones UNAM. 1959. 368 pp. (Biblioteca Nacional de
México, Instituto Bibliográfico Mexicano, Vol. 1).
Una interesante serie de publicacio)les ha sido iniciada
bajo los auspicios de la emérita Biblioteca Nacional de México, a través de su anexo Instituto Bibliográfico Mexicano,
El primer volumen de la que se espera habrá de ser inapreciable colección, es una monografía muy completa acerca de
la bibliografía existente acerca de historiografía mexicana.
Por dei;nás está decir que esta obra es el fruto más concreto
de la ampliación de actividades de la Biblioteca Nacional,
propiciada por el celo de su actual director el Doctor Manuel
Alcalá y la comprensiva actitud de los doctores 'Nabor Carri-

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llo y Efrén C. del Pozo, rector y secretario general, respe~tivamente de la Universidad Nacional Autónoma de México,
cuya actitud generosa coadyudó a que se extendieran las labores de investigaci6n bibliológica que, de acuerdo con el
Estatuto universitario, cabe realizar a la ya mencionada Biblioteca Nacional.
El autor de la obra, el doctor Agustín Millares Carlo, es
uno de los más reputados especialistas en bibliografía no sólo
de México sino del mundo entero; sus prestigios personales
honran al país que permite su dedicación a ~sta ra~a del conocimiento y él ha sabido corresponder satisfactoriamente ~
la nación que, desde hace algo más de veinte años, se _constituyó en su segunda patria, ya que es uno de los muchos ho1_:1bres de ciencia y de estudio que fueron desplazados de Espana
a raíz de la cruenta guerra civil que asoló la Península Ibérica.
La obra cumple con el propósito de "evitar a los investigadores el penoso esfuerzo que supone al iniciar el estudio
de un tema la previa averiguación de lo escrito sobre o en
relación a él. . .", cuando se dedican a labores de historiografía, pues el trabajo del doctor Millares Carlo efectuó el inventario sucinto de los libros y otros materiales existentes sobre,
o acerca de la historia en México, existentes en bibliotecas,
archivos y otros depósitos de ese tipo de materiales, q~e se
encuentran desperdigados en todos los rumbos de la tierra.
Las mil cuarenta y siete fichas que contiene el libro,
reseñan brevemente los estudios que han visto la luz en libros,
r evistas, periódicos y otros medios de d.ifusión, sobre la historia, características, estructura, contemdo, etc., etc., de las
obras especiales a que se refiere.
.
La relación de las fichas se inicia con los acervos existentes en el extranjero --España y los Estados Unidos, principalmente--, en donde hay valiosas colecciones documentales
referidas al pasado de México. Además, se presenta la producción bibliográfica y los archivos existentes e1;1 toda la
República, comenzando por los del D. F .. El material ~? pre. senta en orden cronológico y con la debida catalogac10n.
El doctor :Millares Carlos ha contribuido a que los especialistas tengan un valioso instrumento en sus investigaciones;
consecuentemente,· los frutos que éstos alcancen a través de
su inapreciable guía, servirán para que el pueblo, en general,
salga beneficiado con estudios que pon~rán a su alca~ce una
comprensión más cabal de lo que ha sido y es el pa1s.

Raúl Vil'l.aseñor.

Libros

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Sobre el modernismo, por Juan Marinello. Dirección General de Publicaciones. UNA~I. 1959, 96 pp. (Col. Filosofía
y Letras 46).
El escritor cubano Juan Marinello culmina en este libro
el debate iniciado por Manuel Pedro González sobre la naturaleza y significación del Modernismo. Desde la inicial comprobación de lo que fué el Modernismo, -precisa consideración
en torno al libro de Max Henríquez Ureña-, Marinello destaca las dos grandes notas dominantes de este resplandeciente
fenómeno: el impulso de superación a través de la forma
novedosa, elaborada y distinta, y la tendencia a rechazar lo
español como inspiración, norma y dechado, aceptando las
modalidades en boga en la Europa más avanzada, singularmente en Francia.
A partir de esta concrecion, Marinello extrae las derivaciones técnicas consecuentes; pero a la par que pormenoriza
en la derivación formal, señala los elementos de descomposición que terminaran por minar el movimiento: la constante
extemporaneidad de los modernistas les alejará del momento
histórico r eal que se vive en Hisponoamérica. A este propósito aclara que así como los momentos excepcionales no integran la personalidad artística, no podemos concluir en un
sentimiento de arraigo por los solos "Cantos de Vida y Esperanza", por ejemplo, que en todo caso testimonian un retorno
en contra del inicial impulso que posibilita dicho movimiento.
Cuando analiza las causas por las cuales el Modernismo
se produce, lo sitúa -y aquí encontramos la clara actitud
ética-estética del autor-, en una de las dos antiguas vertientes
de la creación humana: "La que pone el oído en la angustia
del hombre, y la que desata músicas enervadoras para no oír
esa angustia". El Modernismo, dice, corresponde a la segunda. Nuestra literatura está afincada por causas históricas
evidentes, en un primordial desarraigo, ya que su módulo
expresivo, nuest ra lengua, se integra fuera de nuestro ámbito
espacial; y si en el inevitable y necesario coloniaje espiritual
nuestra cultura adquiría sus primeras raíces en los primeros
siglos a partir de la conquista, el siglo XIX comparta ya, en
lo político como en lo cultural, los acentos autónomos que
habrán de incorporarnos a la cultura occidental. De aquí la
gran responsabilidad de uno de los impulsos innovadores de
las letras hispánicas-occidentales-, por lo que ri:sulta Darío
"el vehículo deslumbrante de una evasión repudiable, al brillante minero de una grieta desnutridora".

�Este debate encierra entre sus generosos propósitos el
de situar la personalidad de Martí como hombre y poeta de
incuestionable raigambre en las más puras tradiciones americanas esclareciendo las relaciones del gran humanista cubano e~ el Modernismo. Esta separación de cauces se hacía
necesaria en virtud de que aun críticos de la talla de Federico
de Onís habían establecido tal identidad.
A Marinello no se le ocultan las evidentes influencias de
la Literatura Francesa en la obra de Martí, pero las señala
o absorbidas y enriquecidas por la voz y sangre propias, es
decir, dignificadas.
Es ésta una indudable obra de poeta; Marinelo, rico en
lenguaje y emoción, enlaza tenuemente el orden de sus co~ceptos; sin dejar un instante de reconocer el gran valor estilístico, la inusitada perfección formal que los poetas del Modernismo conquistaron, realiza este estricto balance en razón
de un más lógico y natural encauzamiento en el campo de la
creación americana.

J.

o.

El concepto del derecho en Kant, por Kurt Lisser. ~raducción de Alejandro Rossi. Dirección General de Publicaciones. UN.AM. 1960. 62 pp. (Centro de E::it,udios Filosóficos).
Uno de los mejores apuntes al estudio de la obra Kantiana resulta el trabajo elaborado por el profesor Kurt Lisser
sobre "El concepto del derecho en Kant" traducido al idioma
castellano por Alejondro Rossi y publicado bajo el patrocinio
del Centro de Estudios Filosóficos de la Universidad Nacional
Autónoma de México.
'l'omando el hecho histórico de que las ciencias existen,
como punto de partida de la filosofía crítica, el autor se
adentra objetivamente hacia el lugar que ocupa el concepto
de derecho en el sistema de Kant. Para el filósofo el fin del
derecho no es empírico como no lo era tampoco el fin jurídico
y moral. Lo sería si el derecho se propusiera la felicidad y
quisiera suministrar los medios para ella. Agrega que, si esa
fuera su tarea, no sería posible ninguna legislación universal,
sacando en conclusión que el fin del derecho no es ningún
hecho sino una tarea de la voluntad. Al analizar la ética nos

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la presenta como ciencia de la voluntad, de la comunidad en
general · como ciencia de las leyes de la libertad ; como sistema de Íos fines en general; como teoría universal de los deberes y como ciencia de la comunidad moral.
r

,.

En sus escritos anotaba Kant el hecho de que la ética
-como sistema de fines- ahora también el fin del derecho,
y en este aspecto vale también para la teoría del derecho,
Se plantea en la primera parte la significación que tiene la
ética de Kant en cuanto ciencia de la voluntad y de la sociedad en general, para el concepto de derecho. En la última
parte el profesor Lisser presenta los planteamientos referentes a la autonomía metódica dentro del derecho. En Kant el
derecho no tiene su punto de partida en las relaciones sociales en las cuales se encuentran ya formas de comunidad, sino
en el concepto de individuo amenazado por los demás. Al
hablar de las r elaciones entre el derecho y la economía, nos
presenta el concepto de propiedad, la deducción de ésta y
sus r elaciones con el trabajo. Finalmente se nos enuncia la
teoría del derecho y la ética en sentido estricto, la comunidad
jurídica, la comunidad moral, el deber jurídico y el deber
de virtud.
El trabajo que presenta el profesor Lisser logra no solamente indicar el lugar y la significaeión que tiene el derecho
en Kant sino también en los sistemas de Cohen y Gorland,
sus continuadores modernos.

I. R. F.

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