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                  <text>Revista de la Universidad de Naevo Le6■

Germán Seijas-Román, "Crítica Frente a Utopía" •
Seymour Menton, El ompre der y Apreciar Nove-

las • Juanita Sorian ,

'

de Mutiladas Azuce.
Carácter Específico

del Barroco Checo • J os'
en la Obra de Alfonso R es

Luis Horacio Durán,
elo Botello, De la Fiardenal, Dos Poemas

• Hans Meyerhoff,
Rangel Guerra •

one Weil • Alfonso
.....,__ a Alfonso Reyes •

Libros

A~O 3/Segunda Epoca

JULIO/ SEPTIEMBRE DE 1960

��i\RMASY~
REVISTA DE I1A UNIVERSIDAD DE NUEVO LEON

Revista de la Universidad de Nuevo León
Rector:

Revista d&lt;' la Universidad de Nuevo León

ARQ. ,JOAQUlN A. l\fORA
Año 3, No 3

Secretario General:

,Tnlio/ Septiernbr&lt;' dr ]960

Segm1da Epoca

LTC. ROQUE GONZ,\LEZ S~\LAZAR

SUMARIO

Departameno de Extesión Universitaria:
LTC. ROGELTO VILT1ARREAL

Germán Rrijas-Rornán, Crítica Frente a Utopía. ...... ...

Director de la Revista :

5

Seymonr :\frnton, El Comprender y Apreciar Novelas . . . . 13

LIC . .TTJAN ANTONIO AYALA
,Juan ita Soriano, D:trás de Mutiladas Azucenas.. ... .. ..

21

,Jaromín Nenmai1, El Carácter Específico del Barro::o

Checo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 25
Josr IJUis Martínez, Los Ciclos en la Obra de Alfonso Reyes 35
(Registro en Trámite)

Precio de Suscripción:

Dirección:

UN A1'í0 ( cuatro números)

·washington y Colegio Civil

En México: Veinte Pesos

:\IONTERREY, N.

Otros Países. Dos Dólares

México.

Luis Roracio Durán, Tres Sonetos Marinos . . . . . . . . . . . . . .

41

Consuelo Botello, De la Filosofía Mexicana. . . . . . . . . . . . . .

45

Ernesto C'ardrnal, Dos Poemas. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 59

L.
Hans l\feyerhoff, Crítica a Simone Weil...... ........ . ..

63

Alfonso Rangel Guerra, Palabras para Alfonso Reyes . . . . .

77

Libro~ ...... , , .............................•..... . . 81

�Germán Se1jas-Román / CRITICA FRENTE A UTOPIA
"La inteligencia analítica produce
efectos corrosivos sobre las creencias".
Salvador de Madariaga.

A Enrique 'rierno Galváu
Catedrático de la Universidad
de Salamanca.

l. LAS UTOPIAS COMO IDEALIDADES

LA

impresión que produce una utopfa,
de acuerdo con sus propia estructura, es la de idealidad.
Idealidad lleva en si varios conceptos que pueden desglosarse. El primero lo haríamos sinónimo de teórico, en
cuanto a construcción que hace abstracción de la realidad.
EL segundo se refiere a su valor ético. Estas dos notas de
teoría y ética, fundamentan, a nuestro entender, cualquier
utopía. Preguntémonos ahora el por qué de una utopía. El
punto de partida suele ser éste : El hombre frente a la realidad. La realidad es algo que el hombre ordena, teoriza,
moraliza, etc. Si esta realidad, que es básicamente realidad
social, no satisface al hombre, éste puede someterse, atacarla
o rebelarse.

'

i

..

Estas tres posturas, (las dos primeras anverso y reverso),
implican disconformidad, producto de una crítica, de una
crisis entre formas. El no-crítico, lo por con-forme o deforme, ( este término adquiere mayor expresividad en el caso
genitivo, es decir, que es de la-forma), y para éste haya poca
posibilidad de &lt;lis-conformidad. Para él, si se me permite
el neologismo, conformidad es con!ort-midad. Para el que ¡;e
somete existe una primera fase de la crítica, porque el que
-5-

�o

Crítica Frente a Utopía,

i:;e somete está versus la realidad, ésta le es ad-versa. Su
crítica está contra la realidad y si ésta es más fuerte, tendrá
que adoptar una posición negativa. El que ataca y no acata
trata de llevar su contra al camino positivo. A éstos se les
ha llamado erróneamente rebeldes. El que se rebela pasa
a una crítica más profunda porque el verdadero rebelde no
está contra la realidad, sino frente a una realidad y a su
routra. Su estructura mental ha dejado de ser aristotélica y
más en consonancia con la lógica de Lukasiewitz, es decir,
la lógica de más valores que la de dos proposiciones contradictorias. El intelectual suele ser un rebelde, está en rebeldía hasta con las contradicciones de la realidad, es una
especie de hom.me revolté a lo Camus. Alcanzar en la posición crítica este estadio de homme revolté no suele ser
muy frecuente. Recordemos que en arte, p.e, se habla de
crítica constructiva y destructiva, para referirse a algo que
no es crítica, sino dos posiciones encontradas, basadas en el
primitivismo de que si no se está con algo se está contra algo.
En el campo de la política este principio aristotélico ha tenido
gran aceptación, sobre todo en los r egímenes totalitarios o
teológicos.
Ante la problemática aquí enunciada, la utopía trata de
responder a una necesidad de re-forma. Aquí está el mícleo
de la utopía como respuesta ideal a una realip.ad. Respuesta
teórica y ética. Hasta ahora nos hemos desentendido de
a ~gunas bases sobre las que podrían colocarse los fundamentos, o esas notas que decíamos ser el núcleo de una utopía,
porque, ¿ qu{&gt; interés tengo yo en criticar la realidad 1 Se
puede calificar tal interés, si existe, de teórico y ético?.
Entendemos que esto sería confundir las características
de la utopía con mi actitud utópica. Mi interés es Yital,
t'l de mi propia vida tal como yo la acepto. Pero no siempre
sucede así, puesto que a wces el hombre no sirve a sus
propios intereses. Existen hipotecas. Por ello se oye decir
que algunos ideales son intereses disfrazados. Hoy cuando
juzgamos las utopías las vemos bajo · un punto de vista estético, sin intereses. Por ello se debería intentar un análisis interesante de las utopías. A este respecto pensemos en
los intereses de la República, De Monarquía, de la Civitas
Dei, El Príncipe, El Contrato Social, El Manifiesto Comunista, Rerum N ovarum, etc.

2. LA UTOPIA COMO PARADOJA.
Por su eticidad la utopía se presenta como deseable, y
aquí radica lo paradójico de las utopías, puesto que una
paradoja es una doble contradicción. La idealidad de la

Gennán Seijas-Uomán

7

utopía, apuutábamos, surgía contra la realidad, contradi~iendo, (primera contradición), pero en cuanto el esquema ideal
se realizase contradiría la idealidad ttne supone toda utopía,
(segunda contradicción). Esto se observa en las realizaciones
de algunas utopías. Recordemos algunas sobre los patrones
de Robert Owen, Charles Fourirr, Karl Marx, etc., en las que
la vida queda regulada y toda idea en contra prohibida y anatemizada, no quedando otra ética que la oficial. Las ideas utópicas cuando se realizan se dogmatizan.
El fenómeno mediante el cual una utopía se contradice
se encuentra en el proceso dialéctico de Hegel y se continúa
en Marx. Así, dada una realidad (tésis), la contra. genera una
utopía (antítesis), pero cuando ésta se realiza (síntesis), se
anula, así eu Hegel el proceso acaba en lo absoluto contra el
cual ya no hay antítesis. Igual sucede en Marx, donde el proceso dialéctico del agregado de clases y su lucha se sintetiza en
una "sociedad sin clases", es decir una sociedad sin dialéctica
de clases, sin antítesis, sin crítica ('1').
Ejemplos de estas situaciones paradójicas en las utopías
las encontramos en la literatura. Stefan Zweig en su libro
"Los Ojos del Hermano Eterno" pone como introducción un
proverbio oriental de carácter paradójico que será desarrollado en su obra. El proverbio dice en términos generales:
¿ Qué es el haber?, ¿ qué es el no-hacer?, a veces en lo más profundo de la no-acción está la esencia del acto. Zweig plantea
el problema de un príncipe indio que trata de ser justo en
su conducta. Obra primero como guerrero por creer que así
hace un bien. La muerte de un hermano suyo es el resultado
de una de las acciones guerreras. Por esto el príncipe decide
abandonar las armas y dedicarse a hacer justicia. En esta
actividad verifica que, aunque trata de ser justo, sus acciones
causan daños. Esto lo hace ir abandonando sólo a sus oraciones y meditaciones. Pero resulta que u11 día Yiene a ser perseguido por las mujeres de. un poblado. Sn buen ejemplo había sido seguido por muhos casados que para purificarse y
entregarse a la meditación a la meditación y a la soledad habían abandonado a sus familias.
Camus sigue una línea similar con estructura paradóji1·a
en "Les Justes". Pensemos en aquel diálogo entre Kaliayew
y Stephan cuando deciden que se ha de matar al Gran Duque
por el bien del pueblo, y he aquí que nuestros personajes riñen más tarde porque al fallar el atentado debido a que había
niños y personas inocentes cerca del Gran Duque que podían
(•) Esta nota sobre el fracaso de la dialéctica esboza una Idea del
Profosor Tierno Galván recogida en una lejana conversación en
Madrid.

�8

Germán Seijas-RomáJJ

C1•ític1t l&lt;'rnntc a Uto¡&gt;ía

mostró bien claramente, que rl orden so('ial y el progreso se
mantuvo cuando se desdivinizó al emperador, y lo que es más,
su respeto como líder del pueblo japonés siguió manteniéndose.

tJer alcanzados por la proyectada bomba, uno de los revolucio-

narios dice que no le importa las muertes que cause con tal
de lograr su objetivo, con lo cual el personaje en cuestión cae
en un modelo de tiranía parecido al del Gran Duque que pensaba destruir.

Pero pasemos a una mayor concreción sobre las utopías
no realizadas. En esta dimensión encontramos bastante producción intelectual. El punto de partida suele S('r el drsear
cierta etiqueta utópica, técnico-ética frrnte a una realidad
que tiene mucho de tragedia. El partir d r una realidad trágica
es bastante objetivo, puesto que las guerras, las injnsticias y
las iunovaciones técnicas han sido de considerable efecto sobre
los patrones de conducta social. Surge la utopía eomo propuesta: y casi como desesperación, porque si la eonducta social ha cambiado, también se ha transformado la actitud
psicología; tragedia, angustia, náusea, suicidio, complejos,
histerias, etc., son las etiquetas de mayor circulación a este
respecto.

Quizás estos dos ejemplos literarios parezcan bastante
teóricos, pero veamos que esta mentalidad se da incluso en
actividades muy diversas. Pienso como ejemplo bien lejano de
la literatura, la Urbanística, mediante la cual se norma la
futura vida de una colectividad por patrones que ahora nos
parecen aceptables, pero que más tarde, ganen o no aceptación, regularán muchas conductas y estilos de vida.
Para resumir, diremos que las utopías valen cuando no
pasan de su idealidad, luego que pierden su carácter teórico,
pierden su ética y por tanto su deseabilidad, pues tratan de
convertir en dogma perpetuo lo que ha sido opinión temporal.
La utopía como paradoja se llama dogma.

3.-LAS UTOPIAS NO REALIZADAS
Nuestro siglo en los 60 años escasos que tiene, está lleno
de mitos, de sangre, de técnica, de hambre y, afortunadamente, de utopías no realizadas. Desgraciadamente, algunas utopías han sido intentadas en la realidad, todas bajo el símbolo
de las dictaduras. El mito ha sido la "working-idea" en la
realización de las utopías. Bajo estas circunstancias, el mito
adquiere carácter de dogma, y 110 se admiten opiniones. Opiniones, en el lenguaje dogmático quiere decir oposiciones. Esta actitud irracional encuentra sirmpre como vehículo lo
emocional, y de estas irracionales premisas, emocionalmente
aceptadas, tras un hábil o rudo proceso de indoctrinación
se puede deducir cualquier conclusión antisocial: siberias,
inquisiciones, cámaras de gas, etc.
La vía irracional, emocionalmente aceptada, corre el peligro de una racionalización posterior, porque cuando una
utopía ha logrado mantener algún mito, este empieza a consolidarse y a convertirse en un uso social más, raramente cuestionable. Así, cuando la esclavitud, se ponía como razón para
continuarla, que la liberaeión de los esclavos sería perjudicial
a la sociedad, que quien iba a trabajar, y que aunque un
trabajo posterior se garantizase, como se iba a pasar, de
repfüte, a tal tambio, etc., etc. Afortunadamente, la realidad
fur bien satisfactoria, frente a toda razón. Un caso relativamente recirnte de desmitización fue el operado en el Japón
con el cambio del status del Sr. Hiro-Hito. La realidad de-

o

.,

En esta sociedad en cr1s1s, (otra etiqueta más), las ntopías son doblemente críticas, son redundancias, porque si la
utopía presentaba un cierto grado crítico, ahora es crítica a la
utopía, algo así como utopía contra utopía, una especie de
Utopía-Vacuna. De este tipo de utopías preventivas son las
de Onvell eu su "Animal Farm", o, "1984", donde no se postula ya la ntopía, como sucedía en las Utopías-Mitos, (realizables o realizadas ), sino que se protesta contra la utopización de una sociedad futura. Y es que estas utopías se prodn_cen, como diría . Ortega y Gasset, radicalmente, desde la
ra1z, que es el prop10 autor. P ensemos en Orwell, luchando en
la ~uerra de España, o en Arthur Koestler a punto de ser
fusilado en las mismas tierras, viviendo su propia "Darkness at Noon".
Si al espectador la utopía se le presenta como deseable, al
radical se le aparece como indeseable. En este grupo de radicales figura Aldous Huxley, vacuuándonos contra las utopías técnico-éticas con su "BraYe N ew World", donde existe
una sociedad en la que los hijos nacen fuera del vientre de sus
madres y se les atiende científicamente, controlando con extremo cuidado la dieta de gestación para que sólo unas minor~as _alcancen un determinado nivel de inteligencia con la
fmabdad de mantener el equilibrio social.
Entre la autopías-vacunas hay una debida a Vasconcelos
titulada "México 1980" que no se caracteriza radicalmente,
ni por una actitud teórico-ética o una crítica a las ideas-dogma
o por un postular construcciones político-sociales que, al corregir, mejorarlas en las situaciones actuales.. La utopía en

�Germán Seijas-Román

CJ'ítica Frente a Utopía

cuestión está rncar~ada de temores y aun más. que de t~mores,
de miedos. Por(Jll(' el temor es duda,. probab1hdad. S1 el temor como probabilidad, amenaza, el miedo atenaza. A nuestro
entrnder parece que Vaf'coneelos tiene miedo d~ todo, una especie de miedo provinciano. Sn visión de México 1980 es un
México sovietizado con una Marx Square y un equema comunista-jndfo, entiendo que de habla inglesa, para completar
más su rolección de miedos.
En la utopía rrferida, a pesar de la intern~lización
existe un Dios una Nacionalidad y hasta una oratoria barroca. Total que 'en tal utopía no hay verdadera crítica.
Como final de este apartado y especialmente como contrapartida al ,resimismo _utópic? de v.asconcelos,. citemos el optimismo critico de Wr-1ght Müls. :M11ls ha realizado ha~e unos
pocos años una crítica sociológica de los Estados Umdos de
América en su libro "The Power Elite". Este libro es una
muestra' dr madurez de los americanos en cua_n to q':1-e se pe~·miten tésis de crítica frente a utopía, es decir de Elite (realidad) frente a Democracia (mito).
Es un libro que trata de criticar una situación, en vez ~e
mitificar ideas. El estudio de Milis viene a ser lo que Zweig
llamaría el derecho a la herejía. Pero lo mismo que toda herejía científica se llama progrE'SO ,la ~e:,ejía intelectual se
llama libertad. Es el triunfo de la op1mon sob~e e~ dogma.
Que buen ejemplo si en to~~s las 1~aciones, orgamzac1~nes polticas y religiosas se pernuheran libros romo el de M1lls.

4.-ZAHATOPOLK
En "Nightrnares of Eminent Persons", Bertrand_ Russell
refiere una utopía de las que podernos sacar c.01;1clus10nes ?e
cómo mantenerse frente a las utopías. Russell s1tua su Uto~ia,
(mejor diríamos su crítica), en Pei:ú donde pr~vc1:lece un ~mperio con su teolJgía, coi:; ~om~leJo de superio~1da~, racial,
etc. Existe ademas una 1 rnwrs1dad de Indoctrmac1on. Las
prácticas religiosas contaban ron sarrifici?s humanos a l~s
dioses. Un día, una de ~as muchachas elegidas para el sacrificio comienza a desindoctrinarse y es encarcelada. Su madre
trata de disuadirla de sus ideas para lo cual le da razones
emocionales, su padre le da razo~es útiles, pu~s. c.omo persona
de élite le dice saber qne en realidad los sacr1f1c1os no se hacen a los dioses sino al orden social. La muchacha se mantiene en sus opiniones y es qurmada en la hoguera. Años más
tarde un compañero de la víctima empieza a dudar Y tras
ciertos preparativos un grupo derroca al régimen Y hacen
saber al pueblo que aquellos dioses eran falsos. Pasa~os
muchos años el populacho toma aquel hombre por un dios.

..

11

Y aquí deja Russell su Zahatopolk. La lección que podemos
obtener de rsto, &lt;'S la de eterna crítica frente a utopía, porque en Zahatopolk se ve el iontraste entre el intelecto y el
sentimiento. En la masa o en el medio sociológico en general
la falta· de educación y de crítica los hace dogmáticos, apasionados. El intelectual, analiza, duda y a veces se libera
&lt;le miedos psicológicos de su ambiente. El hombre-masa es
esc!avo d&lt;' miedos psicológico'&gt; que todo lo más que puede
hacer con ellos es aceptarlos, y en algunos casos ruando los
esquiva uo puede evitar ciertos complejos de culpabilidad, que
rs la supervivencia de sus creencias. A wces se da en dejar
uua utopía, es decir unas creencias, para ser reemp!azadas
por otras, lo cual viene a ser una decisión de hombre-masa.

En todo esto la inteligencia analítica sigue estando ausente, por eso apuntaba no hace mucho J ung en su artículo
"God, the Devil and the Human Soul" ( **) " ... Funnily Pnough, self-eritieism is an idea much in vogue in Marxist countries; but there it is subordinated to ideologi&lt;'al ronsiderations and must serve the state, and not truth and justice iu
men's dealings with one another. Thc mass state has no
i1;1tent~on of promoting mutual understanding and the relationsh1p of man to man; it strives rather for atomización,
for the psychic isolation of the individual". La anterior cita
es un ejemp!o de cómo se puede indoctrinar en el área política a la crítica, (no analítica), de hombre-masa.
Ejemplos de indoctrinación religiosa los tenemos aquí en
México entre la pacífica y trabajadora secta Menonita de
Chihuahua, que debido a que sólo regaban sus campos con
rl agua que Dios les enviaba, estuvieron a punto de perecer
durante las époras de fuerte sequía. Afortunamente, una
pequeña crítica los sa!Yó cuando las autoridades religiosas les
p&lt;'rmitieron profanar la tierra e instalar bombas para riego.
En este caso gracias a la sequía perdieron un grado de indoctrinación en su utopía religiosa, aunque el pensamiento
general sigur siPndo masivo, utópico. Por aquella vez las
ueresidades vencieron a las ideas. Nuestra conclusión en el
momento de terminar, no lleva hacia ninguna doctrina no
deeamos ninguna doctrina, es escuetamente el título de 'este
escrito "Grítica frente a Utopía".

(••) ¡Jiá~~i~. en

"The Atlantic" en el número centenario de su

�Seymour Me11to11 / EL COMPRENDER Y APRECIAR
NOVELAS

EL

LEER novrlas es una ocupación
de señoritas ociosas, según el criterio del siglo XIX y desgraciadamente según el criterio de a1gunas de hoy día, pero
en realidad es todo lo contrario; lrrr novelas es una parte
rsrncial en la formación de nn individuo culto. A pesar de
ser muy agradable, encierra un gran valor pedagógico del
rnal voy a señalarlrs trrs aspectos distintos.

-1-

•

A.-Leyendo novrlas y cuentos, uno tiene la oportunidad de conocer íntimamente a miles de personas. Los buenos
autores penetran en la psicología de sus personajes con una
gran sensibilidad que ayuda al lector a comprender la conducta de sus familiares, de sus amigos y de sí mismo. Nosotros, en nuestro trato diario conocemos profundamente a
muy pocas personas, pero un novelista si presenta cierto número de personajes importantrs, penetra en la psicología de
cada uno, y así es que por medio de esas obras tenemos la
oportunidad de conocer una gran variedad de personas con
distintos prob~emas y con distintas reacciones a los problemas
que pueden surgir en la vida. Es más: por la gran variedad
de personas que en las novelas se nos presentan, logramos
comprender la manera de ser de personas a quienes jamás llegaríamos a tratar, personas de otras naciones, de otras razas
y de otras clases socfales. Los autores más importantes en
este aspecto de la novela, los que se han empeñado mucho
rn analizar la psicología de los personajes son: Stendhal, autor
de Lo rojo y lo negro, el ruso Dostoyrsky rn Crimen y Castigo,
la inglesa Georg Elist en Silas Marner, el español Uuamuno en

Abel Sánchez.
-18-

�El Comprender y Apreciar Novelas

B.-Además el Yalor psicológico, la novela es la mejor
manera de conocer profundamente la geografía humana y _la
historia de un país. Podemos e.studiar muchos libros de lnstoria, de cualquier época sobre cualquier país, y llegamos a
$aber perfe~tamente bien todas las fechas y todos los datos
y la5 causas y los resu~tados de cada guerra, pero captamo:-;
mucho mejor el espíritu de esa gente y de su época leyendo
novelas.
Uno de los acontecimientos más grandes y emocionantes
del siglo XX es la Revolución Mexicana. Sin embargo, no
hay ninguna historia de la Revolución l\[exicana que se acerque al sentido de la revolución que S&lt;&gt; presenta en la novela
Los de abajo de Mariano Azuela. Lo mismo para conocer
bien a los Estados Unidos en el período entre 1898 y 1930,
la novt&gt;la U.S.A. dt&gt; ,Tohn Dos Passos nos da una idea mucl10
mái-; exacta dt&gt; lo qut&gt; fut&gt; la vida en los Estados Unidos durante esos años que eualqui&lt;&gt;r libro dt&gt; histo1·ia.
En Hispanoaméric:a, El mundo es ancho y ajeno de Ciro
Alegría, pr&lt;&gt;senta !os problemas de los indios peruanos, dC'
una manera más prPeisa y más sensible quP un libro de, so &lt;:iología.
C.-El tercer valor de lePr novelas consiste en el placPr
estético qu&lt;&gt; se deriva de contemplar una obra de arte. Leyendo la obra podemos saborear las palabras y las imág-enes
que crPan 1os autorPs. En ese tipo de novela hay también
espP&lt;:ialitas: pl español Valle-Inclán en sus cuatro sonatas:
Primwera, Estío, Otoño e Invierno; el italiano D'Annunzio;
y en Hispanoamérica tal vt&gt;z Pl mejor ejemplo sea Pedro
Prado con su libro Alsino, que es una novela en prosa, pero
de una prosa sumamente poética. Aunque algunas nov&lt;&gt;la1-;
caben netamente Pn las gavetas rotuladas novela psicológica,
novela sociológica y novela artística, la mayor parte de ellas,
c:ombinan elementos de las tres.

-IIAhora, para apreciar una novela, hay que comprenderla
bien y para comprender una novela no basta con leerla
rápidamente. Hay que estudiar la novela, y hay que emplear
un método para estudiarla. Entonces ¡, cómo se aprecia una
novela?
A.-Primero vamos a pensar en el tema de la novela.
Después de leer toda la novela tenemos que pensar ¿cuál es
el propósito del autor? ¿Cuál &lt;&gt;s el tema principal?, y a veces
no es tan obvio como parece.

Seymour 1lenton

1;;

Por ejemplo, hay una noYela norteam&lt;'ricana de Stephen
Crane, The Red Badge of Courage cuya acción se desenvuelve
en la Guerra Civil de 1861-65. Algunas personas que leen
esta novela podrían decir que es una novela histórica, episódica, o de aventuras, pero pstarían equivocadas. El hecho de
que esté colocada la acción en !a Guerra Civil es pura casualidad, lo importante es que el autor presenta los pensamientos
y las emociones de un muchacho antes de entrar en la primera
batalla. Comprendiendo esto, entonces sí la novela tiene sentido, pero si uno insiste en que es una novela histó1·ica, queda
desconcertado ante la falta de datos históricos.
En cambio, si el lector cree que Fortunata y Jacinta de
Pérez Galdós es una novela psicológica, entonces queda defraudado, y prPgunta ¡, por qué metió Galdós a tantos personajes? y ¡, por qué dejó pasar tantos capítulos sin menció~
del protagonista?. Sólo dando ron la clave de la novela -la
presentación de la Madrid de mediados del siglo XIXuno puede comprender y apre&lt;:iarla.
A veces una novPla tienP un solo tema; a veces, dos de
i"'ual valor; a veces, un tema principal y dos o tres secundarios. Por &lt;'jemplo, pn Doña Bárbara, del insigne venezolano
Rómulo Gallegos, el tema principal es la lucha entre la civilización y la barbarie, simbolizada por sus personajes: Doña
Bárbara v Santos Lnzardo. Si ese tema fuera el único del
libro, no· valdría tanto como vale, porque en realidad hay
otros dos sub-temas de mucha importancia, constituídos por
la ludia interior de cada uno de los protagonistas. Dentro
de Doña Bárbara se desata la lucha entre la mujer sensual
que quiere sentirse mujer y la domadora de hombres, qm
quiere vengarse de los abusos que sufrió de joven. Dentro de
Santos luchan el hombre que heredó el carácter violento y
atrevido de sus padres y el hombre culto que estudió en la
Universidad de Caracas.
Partiendo del propósito del autor, hay que pensar cómo
contribuyen todos los otros elementos al cuadro total. Puede
haber muchas descripciones de la naturaleza, cuadros folklóricos y relatos intercalados que parecen no tener na-da
que ver con el tema principal, pero sabiendo cuál es ese tema
principal, podemos explicarnos la función de todos estos elementos secundarios.
B.- Después del tema de una novela. hace falta examinar el arte de la novela, que se puede dividir en estructura y
estilo. Si &lt;:ontemplamos un edificio, sabem.os que el edificio

�16

l~l Compren&lt;le1• y A¡&gt;reciar Novelas

Seymour Menton

bonito .¡wro tambifo sab('mos qne su ('Onstrucción obedeció
a unos planos muy ('Xados drl arquitecto. Lo misn~o! si escuehamos una sinfonía podemos oÍl' con bastante facilidad la
reprtición de ciertas melodías, a veces ident_ificadas con un
instrumento u otro. Si contemplamos una pmtura, podemos
ver ciPrtas líneas que forman la construcción de la pintura.
Pues, ex~ctamente Jo mismo ocurre en la novela. Generalrne11te hay ciPrto NJU ilibrio ('ntre los personajes. En la novela
Doña Bárbara, por rjemplo; casi todos los personajes están
repartidos ('ntrp Doña Bárbara y Santos Luzardo. A veces, la
novela sp divide pn partPs qur pueden tn1er el mismo número
de captítulos pero a veers, no, por ejemplo en el caso de
Los de Abajo las tres partes rorresponden a tres períodos
históricos de extensió11 desigual.

C.-Después de leer una novela tenemos cierta impresión,
pero hay que indagar cómo el autor logra esa impresión. El
estilo para ser bueno tiene que corresponder al tema aunque
cambie dentro del mismo libro. Para darles un ejemplo muy
obvio, Gallegos cambia de estilo, a veces de capítulo en capítulo, para captar la presencia de sus dos protagonistas a.ntagónicos.

&lt;'8

,.

Eduardo Mallea, el argentino, emplea este truco para
Cl'ear el ambiente existencialista de la falta de compr ensión
entre los hombres de hoy día. Luego en el estilo tenemos
que examinar el vocabulario.
3o.-¿Cómo es el vocabulario del autor? ¿ Culto o popular 7 Aquí tienen ustedes el contraste en Costa Rica entre
Ricardo Fernández Guardia y Magón que a veces pueden
tratar el mismo tema con distintos resultados y distintos
puntos de vista. ¿Hasta qué punto · usa el autor términos
extranjeros? Los de 1900 empleaban muchos giros franceses
para lucir su cultura frente a la "barbarie" de sus compatriotas. En cambio, los autores de 1930 se empeñan en cultivar el vocabulario regional.

En Alma llanera, de Edelmira González, el lector queda
desconcertado ante el r&lt;;furrzo de la autora de crear dos protagonistas. El lector queda desconcertado porque la novela
no está bien planeada.

La belleza de una obra nos conduce al último punto de
nuestro análisis: el estndio del estilo.

Entonces cómo se describe el estilo de un autod, ¿qué
cosas hay que examinar? Los párrafos: lo.-¿ Son largos o
breves! En la Argentina, los párrafos casi siempre son largos, en Costa Rica los párrafos son muy breves. Vean ustedes
los libros de García Monge, por ejemplo.
2o.-¿Las oraciones son breves o largas para corresponder al tema t Si son largas, ¿ cómo están construidas- A
veces, se prolongan sólo con la palabra "y", que recuerda el
estilo de la Biblia. El autor puede emplear esta construcción
para crear una impresión épica. Otra manera de prolongar
las oraciones es el punto y coma ( ;) suprimiendo la palabra
"y".

Luego liay que hablar dP los capítulos. Si el autór está
manejando un mundo completo de muchos personajes, generalmente · los alterna. Es decir, en un capítulo puede presentar d trma princ: ipal ron los protagonistas pero entonces
si vr que está ponirndo demasiado énfasis rn el tema principal y quiere dar un p('qurño descanso al lector, presenta un
capítulo folklórico con pprsonajes secundarios. Si el autor
qiere desarrollar la psicología de cierto número de personajes,
no purd(' prrderlos de vista. Pnedc dejar pasar dos o tres
capítulos sin mencionar un personaje, pero tiene que pensar:
"tengo que traer de vnelta a este personaje". Si no, el personaje no resulta y a vrces es señal de una mala novela.

El autor de una buena novela siempre refuerza su estructura con dos tipos de "arboantes" : las alusiones a lo que
pasó en los capítulos anteriores y las insinuaciones de lo que
va a pasar después. Aquí urge hacerles una advertencia, que
el hecho de estar bien construida no quiere decir que la novela
sea buena. Para escribir una buena novela se necesita el genio
espontáneo del autor, el grnio que le permite penetrar con
gran sensibilidad Pn la psicología de sus personajes, el genio que
le permite captar los grandes panoramas sociales, y el genio
que Ir permite crear la belleza.

17

.

"

4o.-Hay que ver qué tipo de palabra usa más el autor.
El español Azorín es "sustantivista". Hombre de poca acción
y de una gran sensibilidad, Azorín describía todos, todos los
objetos que veía en un cuarto . .. En otros autores como Hemingway, predomina el verbo. Otros autores, como Enrique
Larreta prefieren más el adjetivo.
Esto no quiere decir que se pueda escribir un libro sin
sustantivos, sin verbos, o sin adjetivos. No, pero sí quiere decir que algunos autores logran crear su obra de arte mediante
la atenGión especióal dedicada a uno de estos tipos de palabras.

�,.

18

Seymour :\Ienton

El Comprender y Apreciar Novelas

5o.-Una de las cosas más bonitas del estilo es la creación de imágenes que se pueden dividir en símiles y metáforas. Un símil es una comparación en que está presente la
palabra comparativa, "como", "parece", "al igual que", "La
lluvia cayó como una granizada". La metáfora es más atrevida porque suprime la palabra "como". "El cielo comenzó a
disparar balas". Las imágenes, sean símiles o sean metáfo-'
ras, generalmente tienen dos efectos. Uno inmediato, es evocar una imagen que se puede captar en un momento para
ver lo que el autor quiere presentarnos, pero al mismo tiempo
puede tener un valor más trascendente. Por ejemplo, en Los
de abajo, el héroe está trepando por una colina y el autor nos
dice que está trepando como una hormiga. Esa frase sí nos
da una idea precisa del gran esfuerzo que está realizando
ese hombre para llegar a la cumbre, pero al mismo tiempo
dos o tres párrafos después el autor nos lo coloca encima
de la cumbre. Entonces ese símil, esa comparación dé la
hormiga adquiere otro valor, porque el hecho de haber comenzado como una hormiga y de haber terminado encima
de la cumbre, refuerza aún más la estatura heroica de Demetrio Macías.
60.-La repetición es uno de otros . varios recursos estilísticos. La repetición se aplica a frases, palabras, sílabas, y
a veces letras para hacer ciertos sonidos. Dentro de la repetición hay construcciones paralelas, el empleo de sinónimos.
El autor a veces dice: "el hombre está triste y abatido", para
reforzar la idea de la tristeza y también para ayudar al
ritmo de la prosa.

t

(

,.

9o.-El autor, a veces, si está describiendo mucho puede
interrumpir las descripciones con preguntas o exclamaciones
retóricas que rompen el ritmo de la prosa.
100.-El diálogo se emplean en la novela para varios
fines. .Algunos autores emplean mucho diálogo para captar

el espíritu de la situación que están describiendo. Otros lo
emplean _para captar el color regional. Algunos, sobre todo
los del siglo XX usan el diálogo para revelar muchas cosas
acerca de lo_s personajes. En el siglo XIX, la mayor parte
de los ~o.vehstas, al presentar a un personaje, antes de que
le, p_ermitieron actuar, se sentía obligado a darnos dos o tres
pagmas llenas de datos biográficos. Los autores del sie1lo XX
no proceden así porque ellos creen que cuando se c;noce a
una persona no se examina su historia clínica. Primero, llegamos a conocerlo y cada día vamos sabiendo más detalles
de su vida, por. medio del diálogo. Algunas veces, el diálogo
se emplea para mterrumpir descripciones muy largas.
Después de examinar todo eso de analizar una novela
'
ustedes van a decir que yo les he quitado todo el gusto de leer
novelas. No es cierto, es todo lo contrario. Se puede apreciar
una novela en dos o tres planos.
El primer plano es la persona que lee la novela comenzando_con el último párrafo para ver cómo resultó, pero para
apreciar verd~eramente la novela hay que analizarla y me
atrevo a decir que hay que leer la novela tres veces. Si
la novela vale 1~ pe~a, hay que leerla una vez tal vez para
captar toda la ~istorill;, otra vez para analizarla y una tercera
vez para apreciar la novela ya conociendo todos sus secretos.
-III-

7o.-La enumeración se emplea a veces con propósito
artístico. Miguel Angel Astudias describe en El Señor Presidente un montón de basura encima de un idiota que anduvo
vagando por todas partes y cayó ahí rendido. Al enumerar
cada objeto que está en la basura, Asturias no piensa darnos
un inventario sino abrumarnos con todo el peso que siente
ese pobre diablo encima.
80.-La aliteración, la repetición de ciertas letras para
crear ciertos efectos, se emplea para crear cierto efecto. "El
viento silbaba en silenciosa noche", recalca "si" que nos hace
oír el sonido del viento.

19

'

t.

.A pesar de que puede parecerles mucho lo que les he explicad_o sobre el análisis de una novela, todavía falta ·algo
muy importante. Es un acto indispensable el analiar una
novela en un vacío. Para apreciar más la novela, es indispensable conocer al au_tor eu el sentido más amplio. Hay
algunos rezagados del siglo XX, que al estudiar una obra de
arte, examinan profundamente la vida de un autor hasta el
punto de estudiar que cuántos hermanos tenía dó~de estudiaban, con quiénes se casaron y a qué lavandería llevaban
su ropa, per9 eso no vale. Hay que estudiar la vida de un
autor buscando los .datos que puedan ayudarnos a comprender s~1 obra. Por e~emplo l?s cuentos de Horacio Quiroga se
aprecian mucho mas conociendo la vida trágica del autor.
!ºd~s las perS?J?-ª~ que él quería murieron violentamente y
el mismo se smcido tomando cianuro.
Además d~ los datos personales, para conocer a un autor
hay q_ue estud,iar el ambiente literario en que vivió, dentro d~
su mismo pais y dentro de los movimientos literarios del
mundo. Por ejemplo si nos ponemos a estudiar a un nove-

�20

El Comprender y Apreciar Novelas

lista actual de Costa Rica, debemos conocer primero a los
autores anteriores, porque ese autor que está escribiendo hoy
día seguramente como parte de su cultura tiene herencia
novelística de los autores anteriores. No hay ningún autor
costarricense de hoy día que no haya leído las obras de Magón
o García iionge, pero al mismo tiempo el autor costarricense
de hoy día si estudia bien su profesión, lee todas las grandes
novelas del mundo, del pasado y de la actualidad.

fuanita Soriano / DETRAS DE MUTILADAS AZUCENAS
t

En Tres Sonetos

Entonces, para comprender y apreciar el producto final
de este autor, hay que examinar su obra de arte y luego
colocarla dentro de la perspectiva del ambiente costarricense
y dentro del ambiente mundial.

Universidad de Costa Rica, C. A.

Ley de las Olas.
está el mar y la voz de las gaviotas;
Más allá de azucenas mutiladas
palidez de agua y alas en re_motas
esfumaduras de aletear cansadas.
No sé si amor de río o ensenadas
-blancuras grises en fluviales notasceniza desvaída entre las rotas
nubes, alas y espumas agolpadas.

I ,

•

'

.,

Ahora en transparencias repartidas
transcurren en las sílabas de canto
y voz de mis estelas inoídas.
Y vuelven al papel -ley de las olascomo a los ojos el salobre llanto
y a los tallos sus rápidas corolas.
-21-

�Detrás de l\lutifadas Azucenas

22

Juanita Soriano

11

111

Imantado a un recuerdo, todo vuelve ...

El Fantasma del Mar

Es regresar por siempre, con cenizas
y consumidas rosas de dulzura ,

23

'

..

¡Oh fantasma del mar y de la gruta!
fantasma de la playa y el lucero,

el molde del amor que se apresura

fantasma de la flor, el pez, la fruta

a restituir pesares y sonrisas.

y

Visión fantasma en desplazadas brisas

Me retorna en el tiempo verdadero

toca al recuerdo entre la noche oscura,

fantasma del ayer. Mi luz disfruta

el amante que amaba la figura

invocando los duendes de la hirsuta

la evoca clara en líneas imprecisas.

región de olvido en intocado alero.

Así forja el rosal la nueva rosa

De polvo y aire y de calor marino

porque ha visto caer la que ha perdido

vuelve a formarse la remota cara

y conserva su forma misteriosa.

-sol tras la niebla en singular camino-.

Vuelve el color de una ola y otra ola,

Hombre del mar, fantasma sobre arenas,

azul del corazón del mar nacido

me maravilla tu presencia rara

verde en el ramo y rojo en la amapola.

detrás de mutiladas azucenas.

del azul en mar y sol de enero.

�Jaromin Neuman / EL CARACTER ESPECIFICO DEL
i.

.,,

BARROCO CHECO
•

&lt;

i;.-

EN

,

la historia del arte checo, el estilo
barroco y el gótico del siglo XIV son, sin lugar a dudas, las
épocas de mayor desarroll9 artístico, notables, no sólo por la
cantidad, sino también por la calidad de su producción,
plástica. Es más: el barroco queda siempre como un componente vivo de la tradición artística checa. En el arte
contemporáneo checoeslovaco, somos testigos a menuqo de
la tendencia de los pintores y de los escultores a buscar, en
sus obras más características y más típicamente nacionales,
una forma artística y una realización plástica que revelan
sus nexos latentes con el barroco checo. La percepción espontánea del fauvismo, del cubismo y aún de las tendencias
expresionistas de principios del siglo XX y el conocimiento
creador de todos estos estilos, estuvieron esencialmente influídos en Bohemia por una inclinación hacia la emotividad
barroca. Los representantes más originales del arte checo
moderno, el escultor Jan Stursa o, más tarde, el pintor Václav
Spála, no podrían interpretarse sin tener en cuenta el gran
pasado del arte baroco en Bohemia. Esta acción tan extraordi~
nariamente fuerte y pertinaz del barorco residía, ante todo, en
el hecho de que este estilo había adquirido en otro tiempo
una. gran base social en el país checo y había impregnado
completamente con sus principios formales y emotivos los
sentidos estéticos de la nación checa y marcado poderosa~
mente el arte popular. Sin embargo, todas estas indicaciones
no serían suficfontes para ,lar cuenta de la importancia histórica y de las cualidades específicas del barroco checo. Se
puede aclarar la cuestión todavía de otra manera. Cuando la
reciente exposición de arte gótico checoeslovaco en París,
se comprobó varias veces, por la parte francesa, que el arte
gótico checo revelaba de un modo exp~esivo rasgos barrocos.
-25..:....

(

�Jaromín Nemnan
26

27

El Carácter Específico del Barroco Checo

Es posible escuchar juicios análogos por boca de extranjeros
que siempre notan el carácter relativamente constante y localmente específico de las manifestaciones plásticas con mayor fuerza que la forma históricamente determinada. En
este caso, no se trata, en efecto, de opiniones subjetivas y
fortuitas. No es necetario, naturalmente, volver a llevar los
criterios del estilo barroco al arte gótico y de notar en cada
analogía formal una anticipación histórica del estilo siguiente,
Esto podría llevar a un malentendido y a una revalorización
no histórica, más que a una explicación científica correcta.
Lo que une al barroco con el arte gótico checo con rasgos
de otro carácter.
El arte gótico arraigó profundamente en Bohemia y
engendró una producción artística típica, que marcó muy notablemente la evolución ulterior de las artes plásticas. Este
arte influyó, en las medidas estéticas locales y en las ideas
plásticas, mucho más intensamente que el Renacimiento importado y menos acusado. Una importancia especial le tocó
al arte gótico florido, cuya expresión sensual y agitada, lo
mismo que la imaginación decorativa, correspondía muy de
cerca al medio y a la creación artística del país. La tradición
gótica en Bohemia, era, por otra parte, tan persistente,
que duró toda la época del Renacimiento: todavía al final
del siglo XVI y al principio del XVII, se erigieron en Checoeslovaquia, aunque esporádicamente, obras arquitectónicas
de carácter gótico. A.sí, el dinamismo y la insistencia patética
que el barroco italiano implantaba en los países trasalpinos
encontraron en Bohemia el terreno preparado para el avance,
y esos principios pudieron entonces partir de esta concepción
de la forma y de la materia que había nutrido por tan largo
tiempo el arte checo. Y no se puede explicar más que de esta
forma la razón de que un estilo impuesto de pronto en el
medio checo, como parte de la cultura católica extranjera e
importante medio de dominación espiritual del país, arraigara
finalmente y obligara a la operación local a realizar excelentes
obras artísticas. He ahí por qué el barroco checo está caracterizado por una sorprendente tensión dramática y por una
sed de infinito que nosotros no encontraremos, en tal proporción, en el barroco italiano que se había desarrollado a partir
del Renacimiento y que había sido alentado por el ejemplo
de las grandes obras de la antigüedad romana. Desde este
punto de vista, es posible comprender mucho mejor por qué
se logró en Bohemia la formación y el desarrollo de un tipo
especial de carácter histórico el barroco gótico. Este estilo típico crecía en virtud de una nueva concepción en la fantasía
plácida del arte gótico florido; creó, en las arquitecturas de

Giovanni Santini, obras originales a las cuales pertenece, en
.el _arte. ,europe?, un puesto de honor importante. Si la barroqmzac1?n ra~1cal de las iglesias góticas no dió nunca en
.Bohemia, la impresión de_ ser _artificial o forzada, es pre~isament~ porque en ella se smtetiza el resultado de una afinidad
.especial del arte gótico y del barroco entre nosotros.
El nexo de estos dos estilos ofrece, además otro aspecto
que no e~ fácil de cap_t~r históric~mente. Ya en' el arte gótico
:S~ _cumpha la formacion progresiva de una opinión artística
tipicamente checa, en su mentalidad y en su actitud hacia la
v~da. Fue ~uficie~te mostrar el _lirismo subyugante y melodioso que d~feren~ia las obras emmentes del arte gótico checo
•de las mamfe~tac10nes de estilo aparente en los países vecino~. Es precisamente en este sentido, que el barroco continuo desarrolla~do, en otras condiciones históricas y sobre
u.na base ?e. estilo nuevo, el proceso complicado de formación
y de crecimi~nto de. un arte nacional típico. Si los observadores extranJeros dicen que el arte gótico checo lleva un
.ace?to bai:r~co muy notado, esto significa que subrayan el
-caracter tipico de este arte y que indirectamente se dan
,cu:n~a también del colorido específi~o y nacional de '1as artes
:plasticas en conjunto.
Las circunstancias históricas en las cuales se ha formado
-durante el período del barroco el aspecto típico del arte
checo f~eron extremadamente desfavorables y penosas. A prime:ª _vista_, e! ~arro~o aparece en Bohemia como el fenómeno
.artistico h1storico mas paradójico.

,

Los siglos X~II Y. XVIII son, quizá, los períodos más tenebrosos de la historia checa, pues una presión feudal sin
.es~rúpul_os y la ger~fnización brutal amenazaban incluso la
-existencia de la nacion. La derrota de la revolución de los
Estados en ~ª, Montaña Blanca, que sometió los países checos
a la hegemoma de _los Habsburgo, perjudicó profundamente,
por sus consecuencias, a la cultura nacional. La clase diri.gente d~ la cultur~ nacional, en su mayoría no católicos, fue
perseguida y arroJada al exilio, mientras que la nueva cultura, llevada por una aristocracia extranjera decidida a explotar b!~talmente la ~umillación del país, ponía trabas a
l~s ~:adiciones progresistas locales. En lugar de una civihzacion y. una cultura humanistas, que empezaban a florecer
~n Bohemia aun en los medios burgueses, las fuerzas dirigentes de la nueva sociedad tenían necesidad de una cultura
..completament~ &lt;;l!stinta, capaz de reforzar, por medio de los
lazos de la rehg!~n, la nueva situación política y cultural. Se
-:trataba de modificar por completo )a mentalidad del pueblo

�28

,,

El Carácter Es1&gt;ecífico del Barroco Checo

-Y de arrancarle de sus antiguas tradiciones, las cuales parecían entonces heréticas; para uncirlo al carro de sus nuevos
dueños. La igleSia, ay_uoando de una manera eficaz a la Casa de los Habsburgo y a la nueva aristocracia, desarrolló una
vasta actividad de catolicismo1 y el arte barroco se convirtió,
en esta situación, en uno dé los principales instrumentos de
lucha por las almas, y aun a fin de cuentas, por el poder preponderante en el país. La Contrarreforma levantaba un dique ante la evolución nautral, puesto que había expulsado a
los más eminentes cultivadores de la literatura, la historia y
el pensamiento, lo que ilustra, de una manera demostrativa, el
destino del gran exilado checo Jan Amos Komensky ( Comenius). En estas condiciones, se podía esperar que de un momento a otro el arte de importación, extranjero por su ideología a la cultura checa, ahogaría completamente la creación
del país y defendería el proceso, ya iniciado en el pasado, de la liberación progresiva del arte nacional. Sin embargo, esta fue una prueba para las fuerzas creadoras del
medio checo que no pudo demostrar nada. En cambio, durante
ese mismo período se produce un fenómeno notable: las artes
plásticas, a las cuales eran favorables las necesidades y los
deseosos de los clientes ricos, suplían a las otras ramas de la
creación artística y cultural que se encontraban eucadenadas
por la Contrarreforma. En las manifestaciones artísticas se
concentraba toda la energía recogida y se expresaban también las ideas y los sentimientos populares. En este estado
de cosas, reaparecieron las inclinaciones típicas y las predilecciones artísticas que había desarrollado en otro tiempo el
arte gótico pero que el Renacimiento no había podido lograr
plenamente. Y por esto, el barroco no ha llegado a ser en
Bohemia lo que él debía ser originalmente, de acuerdo con
las necesidades de sus introductores: un medio artístico flexible de la Contrarreforma que demostrara la consolidación
ideológica de la supremacía feudal. Cierto es que como arte
dirigido y orientado, ante todo, por la aristocracia y el clero,
al menos en lo que concierne a sus más numerosas e importantes manifestaciones, se hallaba, como es natural, fuertemente influído por la ideología de estas clases, por sus necesidades y sus exigencias Cierto es también que participaba
eficazmente en la lucha de la Contrarreforma. Pero el contenido interior de las grandes obras del barroco era más rico
y más complicado. En este sentido, las artes plásticas diferían
mucho de la literatura que, después de la -pártida de la antigua
generación de escritores, llegó a ser un instrumento mucho
más pasivo de la nueva didáctica y no lo·g ró jamás cualidades
comparables a las de la arquitectura, la pintura y la escultura.

Jaronún Nenman

..
I

r

I

,

..

29

Al examinar la cuestión desde más cerca, se debe reconocer que ~l ~rte barroc~ s_ignificaba, ante todo, un grado más
alto de la imagen artistica de la realidad. Las condiciones
complejas de una época dramática, llena de contradicciones
sociales Y_ espirituales, enriqueció la experiencia artística con
la capacidad de r~present~r de una manera dramática y
penetrante los confhctos sociales y los sentimientos complicad_os de hombres quebrantados por los grandes cambios históricos, En el arte barroco se logró, no solamente una imaofoa0
ción estática en relación con la religiosidad de la época sino
también principios r_ealistas: este arte desarrollaba y ponía
en su punto la capacidad de captar las conmociones espirituale~ de} ~ombre Y_ de_ rep~·esentar, de una manera emotiva y
psicologica, su vida mterior. Durante toda la época barroca
se ~1acen visibles, b~j? la superficie de los rasgos de la época,
b_aJ? las fo:mas religiosas de la cultura feudal, opiniones artisticas y vitales que no eran corrientes en el concepto feudal
del esJ?íritu de las grand~s masas. Así se unieron la gran
potencia creadora del med10 local y un punto de vista característico del destino humano, propios de las experiencias vital~s y de la mental_i?ad del pueblo; y estos principios, adquirieron una expresion condensada en la obra de los artistas
más importantes. Si se . sigue de cerca el trabajo de las fig_uras más grandes del barroco checo, se descubre que, casi
siempre se oponen a la presión de las demandas religiosas convencionales, y, representaban, por el contrario, de una forma
muy notable las situaciones típicas y sin la mentalidad verdadera de las gentes de la época.
Un ejemplo de esta tendencia es, quizá, el fundador de la
pintura checa, Karel Skréta. Este maestro del siglo· XVII,
que estuvo en Italia y se familiarizó con sus centros artísticos
debió hacerse c~tólico para poder regresar a su patria y si:
tuarse -~º~º ~rtista e~ su lugar natal Pero, como pintor, no
r~nunc~o _Jamas a sus ideas, ni tampoco a su naturaleza artíst~ca origmal. . Se formó cuando todavía imperaban las tradic1one~ humam~tas ,Yi en su obra, se mantuvo fiel al aspecto
perspicaz y psicologic_o y al fuerte realismo, que ya estaban
preparados en Bohemia por la cultura anterior a la Montaña
~!anca. El arte italiano y la nueva cultura barroca le ofrec1_eron, ante todo, los medios de poder expresar su punto de
vista :personal sobre el mundo, que iba de acuerdo con el de
la sociedad checa. Por esto imprimió a su obra un carácter
nacional expresivo. Rápidamente influyó Skréta de una forma muf marcada en toda la producción pictórica de Bohemia,
en el ~iglo XVII, y, por la misma 'razón, no perdió su poder
atractivo.

�· Jaromín Neuman
30

31

El Carácter Específico del Barroco Checo

nos y, por otra parte, la corriente principal de una creac10n
artística cuyas ramas se desarrollan en el territorio nacional
del que interpretan las ideas. Esta corriente, muy débil al
principio, que se manifiesta sobre todo en obras aisladas, como las de un Skréta, y se va fortaleciendo cada vez más a
medida que el nuevo arte va arraigándose, reviste un aspecto
típico. A la larga, llegó a influir también en los emigrados
extranjeros que se instalaban en Bohemia, hasta el punto de
transformar el carácter de sus obras, haciendo de estas
últimas un elemento propio de la creación local

En el siglo XIX, favorecido por las nu~vas condiciones
históricas debidas al despertar nacional, el pmtor Karel Purkyne, pudo fundarse en el ejemplo de _Skréta y crear, sin v~nas tendencias historizantes y por encima de todo en el espiritu de la tradición local, un realismo checo moderno. Este
ejemplo ilustra sin duda, con bastante evidenia, que ~n el arte
baroco checo se realizó en verdad, a pesar de la presión de la
Contrarreforma, después de la primera mitad del si~lo XVII,
un proceso gradual de elaboración de un arte nacional. La
situación era naturalmente, muy complicada y todos los dominios del a:te no contribuyeron, ni en la misma medida ni
de una manera uniforme, a esta evolución. Así ocurrió en
la arquitectura, por ejemplo, donde predominaban los r ecién
llegados italianos, en que no aparecen las fuerzas loca~es hasta fines del siglo XVII. Es entonces cuan~o la arqmt~c~ura
comenzó a expresar de una manera convmcente y origmal
ideas artísticas especiales y las exigencias del ambiente local.
Cierto que el barroco checo estaba ligado por infinidad
de formas con el arte de Europa Central, que era parte de
él y que compartía rasgos comunes con el arte de la época
en Austria Alemania del Sur, y, sobre todo, Baviera. En
Bohemia t;abajaba una gran cantidad de artistas alemanes Y
austríacos, los cuales aportaron a las manifestaciones ar_tísticas
locales algunos rasgos importantes que no se pueden ignorar
o desestimar. Algunas obras plásticas barrocas creadas en el
territorio de Checoeslovaquia pertenecen, sin ningún lugar
a dudas al acervo estético alemán o austríaco, M. L. Willmann u{fluyó sensiblemente, con toda seguridad, en la evolución de la pintura en Bohemia, dejando allí numerosos
cuadros y también un sucesor muy notable: J. K. Líska; pero
su obra pertenece esencialmente a la historia del arte alemán.
Lo mismo que los grandes pintores de frescos del siglo XVIII,
como Rottmayer y, sobre todo, Maulpertsch, son, en las obras.
creadas en las tierras checas, representantes típicos de la
pintura austríaca. Esto no significa, en absoluto, como lo
quisieran los nacionalistas alemanes, que el arte barroco checo
sea en su conjunto un vástago o una variante provincial del
arte germánico. El observador libre de prejuicios podrá
comprobar que, a pesar de todas sus conexiones con las esferas limítrofes, el barroco de Bohemia se distingue por un aspecto propio que no se puede confundir con otros, que es inseparable del medio checo y de su carácter nacional. Es necesario, en efecto, tener en cuenta la diferencia entre las personalidades que trabajan entre nosotros de una forma transitoria, arraigados por la influencia y la naturaleza entera de
su obra, en el arte y la tradición cultural de los países veci-

Así, entre otros, el tirolés M. B. Braun nos aportó un
arte con las experiencias adquiridas en Italia, sobre todo con
Bernin, y este arte se desarrolló sobre la base de la gran tradición de los tallistas en madera de Austria y Alemania. Completamente aclimatado en Bohemia, Braun armonizó poco a poco su obra a las ideas y exigencias así como también al material propio del país, la gres. La tradición de la escultura local ya había cristalizado tan notablemente por entonces, que
no podía serle indiferente. Los rasgos de origen tirolés son
siempre perceptibles en él; pero por el carácter de conjunto
de obra, Braun pertenece por completo al barroco checo. El
medio local acogió con agrado su gran aportación al arte del
país, que continuó en este sentido a través de las obras de los
artistas checos que le sucedieron.

j

I

..

La familia de los arquitectos Dienzenhofer era también
de origen extranjero. Había llegado de Franconia ( comarca
de Alemania) y se había radicado en Bohemia, donde se formó
y unió su creación arquitectónica al arte local. Sabemos hoy
que la figura decisiva, que orientó en el barroco culminante a la
tendencia llamada radical, fue Giovanni Santini, hijo de un
italiano naturalizado en Bohemia. Aunque Dienzenhofer adquirió una gran parte de su bagaje en Austria, no se puede
concebir hoy el desarrollo y el carácter típico de su creación
sin la influencia de Santini. El arte de Dienzenhofer es5 por
otra parte, por completo diferente de la arquitectura de Austria, de la esfera bávara o de- la Franconia, y él mismo no
sabría designar mejor su estilo más que por el término tradicional, pero exacto, de barroco de Praga. El arte de Braun
y el de Dienzenhofer prueban muy bien lo que el barroco checo ofrecía ya a principios del siglo XVIII: un carácter específico y también bastante fuerza interior para asimilar las
diversas aportaciones extranjeras y para enriquecer, con su
ayuda, su propia gama de expresiones.
No debemos olvidar que, al lado de los artistas del género de Braun y de Dienzenhofer, decenas de figuras nota-

�82

El Carácter Específico del Barroco Checo

bles del origen local, o de artistas ya desde mucho tiempo
radicados en el país, trabajaban en Bohemia. Se trata sobre
todo de personalidades cómo el escultor F. M. Brokof, intensamente unido al realismo monumental, de la localidad; como
el pintor de cuadros religiosos y retratista Petr Brandl, que
desarrolla, nuevamente y a su manera, el mensaje de la: pintura checa del siglo XVII: o como V. V. Reiner, pintor de
frescos grandiosos, que mucho debía a Brandl y mostró tendencias artísticas parecidas. ¿Qué fuera tenían en esta épóca
los cimientos propios del arte checo ? El mejor testimonio de
esto nos lo da la obra de un contemporáneo de Brandl, el
eélebte retratista Jna Kupecky, que tuvo que expatriarse,
como protestante checo, y trabajar toda su vida en el extranjero: en Italia, en Viena y en Nuremberg. Viendo de cerca
los retratos de Jupecky nos apercibimos de que armonizan,
en sus rasgos principales, en las actitudrs hacia el hombre,
en la agudeza de la percepción realista y aun en la plasticidad del lenguaje pictórico, con la obra de Brandl, y se puede
aun seguir ciertos nexos de sus obras con la pintura checa
del siglo XVII, sobre todo con Karel Skréta. Algo parecido
se había ya presentado en el siglo XVII con la existencia del
magistral grabador Václav Hollar, que salió también del país
para trabajar en Europa Occidental, en Alemania, en Flandes Y sobre todo en Inglaterra. El mismo Hollar no solamente conservó, su conciencia nacional, sino que su obra lleva
rasgos de una observación objetiva y apasionada, que se manifiesta simultáneamente en Bohemia en el arte nacional puro
de Skréta.
Es muy difícil siempre encerrar en pocas palabras el
carácter específico de un arte. Aun es más arduo todavía en
una época tan complicada y tan llena de contradicciones, desde el punto de vista histórico, social y económico ; como fue
la del barroco en Bohemia. Pero si queremos, cuando menos,
hace¡ entrever su fisonomía general, nos es preciso arriesgar bastante en las comparaciones y generalizaciones simpli-.
ficadoras que, sin abrazar todas las facetas del aspecto completo del barroco checo, podrán por lo menos esclarecer sus
inclinaciones propias y sus matices de expresión. El barroco
checo es patético y apasionado, pero no convulsivo o estático
como el barroco alemán. No está fundado en esta medida
en la expresión subetiva, sino que se manifiesta en él un elemento de importante observación objetiva ,a menudo muy penetrante. Este arte agitado conservó siempre una propensión
a la objetividad y una consideración a la realidad cotidiana.
En el barroco checo no encontraremos la ligereza y el encanto del arte austríaco; no es tampoco un arte sentimental,

Jaromín Neuman

33

que no se completa más que en la expresión representativa y
en el ceremonial arreglado que encontramos a cada paso en
Viena. Tiene, sin embargo, una mayor profundidad de ideas,
posee una necesaria meditación y una amarga verdad humana, que hablan hasta ahora al espectador moderno y siempre lo persuaden. A este rasgo de objetividad se une un
rasgo plástico extremadamente emotivo; su sentido desarrollado por una forma en relieve y por un volumen denso en la
transcripción de las materias y en la configuración de los
cuerpos. Estos rasgos diferenciaron, por ejemplo, desde muy
temprano la corriente de la escultura local de las opiniones
diversas de los artistas llegados a Bohemia del extranjero
tanto limítrofe como más alejado. Y lo mismo ocurrió con la
pintura. Brandl insiste siempre en los grandes volúmenes
macizos; su pasión por el juego complicado de las luces y del
colorido sonoro no oculta jamás su gran predilección por las
f?rmas pesadas y expresivas, en cuyos conflictos y referencias se expresa el drama animado de su arte. En todas las
obras características del barroco checo, al lado del acento
fuerte y sensual, está sobre todo la imaginación lírica y melodiosa que nos atrae, diferente del arte de los países vecinos.
Aun en las escenas agitadas de los cuadros religiosos, se
descubren instantes de silencio lírico y también una lentitud
en la acción, cuando el relato se transforma en un canto
ferviente y la ruidosa g~orificación, en una plegaria sencilla
y emotiva. Y ahí percibirnos, al mismo tiempo, las cualdades
que han permitido, ante todo al barroco de Bohemia, influir
también en la imaginación del arte popular, encontrándose
él mismo alimentado y estimulado sin cesar por la evolución
de las ideas del pueblo.
Si hemos subrayado el carácter específico y el colorido
nacional del barroco en Bohemia no es solamente en consideración al acto de hoy. Los nuevos descubrimientos obtenidos
en Jl estudio
arte barroco ~olocan en el primer plano el
caracter espec1f1co de cada territorio de cada corriente y de
cada escuela nacional. No nos podemo; ya contentar con fó~mulas de estilo, de historia o de sociología, que simplificarían a
priori, 1~ ~iversidad del arte general de esa época, por un
modelo muco. El barroco checo, austríaco y alemán, como el
barroco mexicano o el brasileño, por el hecho de haber llegado a ser objeto de nuevos estudios internacionales recla. .
.
'
man con ms1ste1;1cia que sean respetados; no solamente por
sus a~pectos nac1on~les, sino también por la génesis histórica
especial de este estilo en cada país particular, la evolución
aparece completamente distinta en Italia o en España. Las
características artísticas originales del estilo barroco revis-

?~l

�34

El Carácter Especifico del Barroco Checo

tieron en todos estos países una importancia nueva, en la
medida en que llegaban a ser los medios de expr~sión de una
concepción artística específica, arraigada en _l,as 1de!l's _locales
y en el medio nacional, y es a esta co~&lt;;epc10n art1stiea qu_e
prestamos más que nunca nuestra atenc1on y es en este esp1ritu en el que nuestra exposición pretende mostrar aquí la
fuerza del barroco checo.

fosé Luis Martinez / LOS CICLOS EN LA OBRA DE
ALFONSO REYES

S010

esa perspectiva cerrada, definitiva que impone la muerte a la vida y a las empresas de
los hombres me ha permitido comenzar a entender el sentido
total y las variaciones de ritmo que fue sufriendo, en su largo
desarrollo de medio siglo, la obra de nuestro escritor. Cuando
vivía y a pesar de sus dolencias seguía entregado a su laboriosa creación y a la recolección de páginas dispersas, dijérase
que no podía preverse el curso que seguirían sus nuevos trabajos. Pero cuando la muerte detuvo su mano y es posible
saber cuáles son las obras inéditas que dejó su constante
e incansable labor intelectual, principio a entender, decía, la
marcha total de su obra, el paso de su respiración, los períodos
de creación y los de descanso.

l

1

•

Salvo los primeros trabajos en que adiestra sus armas,
la obra literaria y humanista de Alfonso Reyes se desarrolla
en los cincuenta años que van de 1910, el año en que publica
su primer libro importante, Cuestiones estéticas, a los últimos
días de 1959 en que muere A lo largo de este medio siglo
su obra no siguió lo que pudiera llamarse una curva natural
de crecimiento, apogeo y decadencia ni experimentó tampoco
cambios bruscos de derrotero. Siguió una misma línea de
estilo espiritual y de aficiones fundamentales, de hecho ya
manifestada desde su primer libro y sus primeros escritos,
y distribuyó tareas y reposos en los años justos, como si cumpliera un plan previsto y las propicias circunstancias externas sólo colaboraran a su mejor realización. En términos generales, durante estos cincuenta años me parece que hay en su
obra dos períodos de intenso trabajo intelectual, seguidos de
otros tantos de descanso y divagación, en un caso, y de recolección y ordenamiento final en el otro.
-35-

�'José Luis MartÍllez
36

37

Los Ciclos en la Obra de Alfonso Reyes

Convengamos en que aquellos primeros años de su vida
hasta mediados de 1914, transcurridos entre su nativa Monterrey y la ciudad de 1\1éxico, son los de su aprendizaje y los .
de sus primeras armas: concluye entonces su carrera de abogado, participa activamente en la sempresas culturales de la
generación ilustre que unió el Ateneo de la Juventud, casa
con Manuelita, publica su primer libro y dos importantes conferencias hasta que, en 1913, los sucesos políticos y la trágica
muerte de su padre, el general Bernardo Reyes, lo empujan
a Europa a mediados de ese año. Superemos, como él mismo
lo hizo, sus duros años iniciales en París, y luego en Madrid
cuando, además de las penurias materiales, se sentía alejado
del país y lo conturbaban los trágicos recuerdos de la muerte
de su padre, confundido y perdido por la violencia revolucionaria, y veámoslo comenzar valerosamente en Madrid, que
aún lo desconoce, su intrépida carrera.
La década que va de 1914 a 1924, o de sus veinticino a
sus treinta y cinco años, en que permanece en Madrid, será la
de su mejor período de creación y en la que convertirá, al
mismo tiempo, en gran esritor y en un maestro de la investigación literaria. La simple enumeración de las obras que realiza en estos años dan ya una larga idea de la intensidad de su
trabajo de creación y de erudición. Inmediatamente después
de las agudas instantáneas de Cartones de Madrid (1917), que
serían su tarjeta de presentación intelectual ante aquella ciudad a la que iba, como el abuelo Ruiz de Alarcón, a ganarse
la vida, viene esa gran obra maestra que es Visión de Aná.huac
(1917) a la que seguirán muchos otros de los libros de ensayos, de poesía y de cuentos y :fantasías que le dieron justa
:fama: El suicida (1917) , El plano oblícuo (1920), Retratos
reales e imaginarios (1920), Simpatías y diferencias (19211926) ,Et cazador (1921) , Huellas (1922), Calendario (1924) y,
finalmente, Ifigenia cruel (1924), con que cerrará Alfonso
Reyes su década española y acaso también, la angustia de una
herida que nunca cerrará del todo. Quien había llegado a
Madrid con s6lo un li~ro por bagaje intelectual, saldrá de
aquella ciudad en 1924, convertido en un escritor que celebran y encomian con entusiasmo los críticos de varios países.
Los poemas, ensayos, estampas, crónicas, estudios y cuentos
que había publicado daban testimonio de un espíritu singularmente ágil, abierto y sensible a todas las incitaciones y que
se expresaba en un estilo cuya riqueza y :flexibilidad eran las
de un sabio y un artista. Y si uno de sus primeros libros
madrileños, Visión de Anáhuac, era la evocación nostálgica
de la patria lejana a la que se interroga por el sentido de su
existencia, su postrer libro de esta época, Ifigenia cruel será,

f

'

,

.

en palabtas de su autor, "mitología del presente y descarga
q.el sufrimiento personal''; pues quería no sólo alejarse de la
vendetta mexicana sino, sobre todo, quería liquidar esa vendetta dentro de su propio corazón. De ahí el nuevo sentido
y la nueva solución que en su hermoso poema dramático propondrá al viejo mito de Ifigenia. ·
Junto a esta excepcional obra de creación de los años
madrileños deben añadirse sus notables trabajos eruditos de
esta época, surgidos al calor del Centro de Estudios Históricos
de Madrid, que dirigía Ramón Menéndez Pidal, y de la Revista de Filología Española. De entonces son las sabias Cuestiones gongorinas (1927) y los estudios y ediciones de las
Memorias de Fray Servando (1917), de las Páginas escogidas de Quevedo (1917 ) , del Libro de buen amor de Juan Ruiz,
Arcipreste de Hita ( 1917), de las Páginas escogidas de Ruiz
de Alarcón (1918), del Poema del Cid (1919), ele Los pechos
privilegiados de Ruiz de Alarcón (1919) , del Teatro de Lope
de Vega (1919) y de , Las aventuras de Pánfilo del mismo
(1920), de las Obras completas de Amado Nervo (1920-1928)
y de la Fábula de Polifemo y Galatea de Góugora (1923). Y
todavía deben agregarse, para completar el cuadro de la
enorme tarea realizada en esta década madrileña, las traducciones que realiza entonces de obras de Chejov, de Chesterton, de Sterne y de Stevenson.
Podemos, pues, convenir en que en este primer ciclo ele
la obra de Alfonso Reyes no sólo se ha forjado su prestigio
literario e intelectual en el ámbito nacional y europeos sino
que ha realizado en este período obras sin las cuales su figura
literaria no podría ser la que es. El escritor es ya dueño cabal
de su oficio y su maestría, lo mismo_en la poesía que en el
cuento, y en el ensayo de interpretación y de cr eación que en
la investigación erudita. El hombre que deja l\ladrid en 1924
para pasar a París como Enviado Extraordinario y Ministro
Plenipotenciario es ya, además, el gran escritor Alfonso Reyes,
orgullo de las letras mexicanas.
, Los catorce años siguientes, de 1924 a 1938, entre sus
treinta y cinco y sus cuarenta y nueve de edad, parecen sus
años felices, mundanos, un poco despreoéupados. Gran vida
diplomática y social, haciendo respetar, comprender y amar
a México en París y Buenos Aires, en Río de J aneiro y Montevideo. Escribe entonces sobre todo su poesía r efinada y de
cortesía, sus divertimientos de hombre de fino espíritu: Pausa (1929), La saeta (1931), Romances de Río de Enero (1933),
A la memoria de Ricardo Güiraldes (1934), Golfo de Mfaico
(1934), Yerbas del Tarahumara (1934), Minuta (1935) , Infan-

�38

José Luis l\fartínez

Los Ciclos en la Obra de Alfonso Reyes

cia. (1935), Otra. voz (1936) y Canta.ta. en la tumba. de Federico
García. Lorca (1930), que imprime en hermosas J?laqueittes qu,e
van fijando su itinerario y recordando la gracia de su, e~p1ritu • es la poesía culta y serena en que los malos, tra_gicos
reue~dos -los que encienden la Ifigenia- se han atemperado y sosegado. Son también los años de las paciente~ afin~ciones de Mallarmé ' vertido al español; de su correo . hterar10
. .
Monterrey (1930-1937), cruzado de tantos temas e mcitaciones de nutrida correspondencia on amigos dispersos en todo
el ~rnndo y de numerosos discursos, conferencias y contribuciones en homenajes y reuniones culturales.
Pero apresurémonos a no desestimar, sólo por el contraluz
de la perspectiva, la obra de estos años que, ade~ás de las
obras poéticas mencionadas, se enriquece con el Discurso por
Virgilio (1931) con las esclarecedoras páginas de A vuelta. de
correo (1932) en que hace la defensa de lo que pudiera llamarse su economía y precisa los justos términos del nacionalismo literario, con la luminosa Atenea política (1932) en que
los muchachos de mis años aprendimos a amar a Alfonso
Reyes, con aquel vivaz resumen que se llama México ~n una.
nuez (1930), con Tren de ondas (1932), con los mag_i~trales
estudios goethianos de esta época y con la serena Homilía. por
la. cultura (1938). Ciertamente no emprende, Alfonso Reyes
en estos años obras de aliento sostenido, sin duda porque sus
deberes oficiales no se lo consienten, y fiel al gusto de la
época, prefiere ir entregando sus obra~ ~na ~ una. Pero cada
uno de estos breves frutos de su espintu tiene su marca Y,
juntos en los libros de años venideros, formarán esas obras
compendiosas y nutridas que algunos le exigían.
Justamente en el límite entre este período social y refinado de su obra y el siguiente, recibirá Alfonso Reyes una
reconvención llena de perspicacia. Nuestro escritor había vuelto definitivamente a la ciudad de México, a principios de 1939,
y acababa de publicar la primera serie de sus Capítulos de literatura. española (1939) cuando en septiembre del mismo año,
Antonio Castro Leal publica, en la revista Letras de México,
el ensayo a que he aludido : "Alfonso Reyes y una fantasía a
dos voces". Dice Castro Leal que en todo esrcitor hay, por lo
menos, dos escritores: "el malo y el bueno, o el romántico y el
clásico el discreto y el heroico". "En Alfonso Reyes -prosi.
gue- 'hay dos escritores, buenos ambos; el escritor
de sus
.amigos, al que podemos llamar ALFONSO, y el escritor de
sus lectores, al que podemos llamar REYES". Y a continuación imagina una conversación entre el escritor ALFONSO
y el escritor REYES, en que ambos defienden sus puntos de
-vista y sus respectivas preferencias por un arte refinado de

t

•

' '

39

minorías el primero o por un ejercicio literario hecho para
todos "desvergonzadamente público", el último. En fin, entre
sutil;s argumentos, Castro Leal sugiere a Alfonso Reyes que
abandone las pequeñas obras de ALFONSO, el escritor de sus
amigos, y emprenda las obras de gran aliento que puede realizar REYES, el escritor de sus lectores. En todo caso, propone que ambos colaboren en las obras ~uturas. La agudeza
de la observación de Castro Leal es evidente, aunque creo,
sin embargo, que sería desproporcion~do suponer que s~ juicio haya llegado a ser factor determmante en el cambio de
rumbo de la obra de Alfonso Reyes, que de hecho ya estaba
en camino. Considero, por ello, que la "Fantasía a dos voces"
de Castro Leal antes que señalar, registraba oportunamente
aquel cambio d~ rumbo, la entrada a un nuevo ciclo de intenso
y fructífero trabajo intelectual.
En efecto, después de los catorce años anteriores, que podemos llamar mundanos, Alfonso Reyes, al fin asentado definitivamente en su patria y entre sus libros, inicia otro de los
O'randes ciclos de su obra que se extenderá de 1939 a 1950,
:n la cumbre de su madurez intelectual y entre sus cincuenta
y sus sesenta y un años, y éste será, sobre todo, el período de
su trabajo de sabio y humanista. Son de estos años sus magnos estudios de temas clásicos La crítica en la Edad Ateniense
(1941), La antigua. retórica (1942), Junta de sombras ~1949)
y otras monografías menores; sus fundamentales estudios de
teoría literaria : La experiencia literaria (1942), El deslinde
(1944) y Tres puntos de exegétia literaria (1945); sus est?dios
de historia literaria española y mexicana: Capítulos de htery.tura española (939 y 1945) y Letras de la Nueva Espana.
(1948); sus ensayos sob~e te~as americanos: Ultima Tule
( 1942), Tentativas y onentac1ones (1944) y Norte y sur
(1945), a más de otros volúmenes de ensayos y notas. Escribe y publica también en esta época libros de poesía que culminan en las colecciones de La vega y el soto (194-5) y Cortesía. (1948) y en la primera parte de su traslado de La Díada
de Homero (1951) colecciona también, en Verdad y mentira
(1950), sus cuentos y fantasías; inicia la publicación de los
cuadernos de su Archivo; escribe prólogos para numerosos
libros y aun traduce textos de Jules Romains, A. Petrie, C. M.
Bowra, y Gilbert Murray. En resumen, durante este segundo
gran ciclo de su obra intelectual publica treinta y cinco volúmenes de ensayos y estudios de los cuales veintiocho son
libros originales y el resto reediciones ; siete volúmenes de
poesía; dos de novelística; siete cuadernos de su Archivo;
prologa dieciséis libros y hace cuatro traducciones; es decir,
que en estos once años publica cincuenta y un libros de su plu-

�40

Los Ciclos en la Obra de Alfonso Reye,S:

ma dejando aparte prólogos y traducciones. Además, ya lo sabemos, organiza y preside El Colegio de México; sustenta sus
conferencias en El Colegio Nacional donde enseña literatura
y explica temas humanistas y cumple aun con numerosos compromisos académicos y cívicos.
Si el primer gran período de su obra, la década madrileña de 1914 a 1924 había sido el de su más intensa creación
literaria, este segundo período de 1939 a 1950 será el de las
grandes síntesis de sus conocimientos, el de su especulaciones
de teoría literaria y el de sus mayores estudios de temas clásicos Si aquella fue la época de creación del poeta, del poeta
en prosa y en verso, ésta es la del sabio que ha merecido e}
título de humanista.
En 1951 recibe Alfonso Reyes el primer aviso de las dolencias cardíacas que destruirían su vida. Acaso por ello los
últimos años de su vida y de su obra, de 1951 a 1959, de sus
sesenta y dos a sus setenta años, serán los de la cosecha final.
Continúa aún trabajando en sus temas humanistas, de los que
dejará algunos libros inéditos, y proseguirá la redacción de
sus memorias cuya primera parte, Parentelia. Primer libro de
recuerdos (1958), ese libro valiente y conmovido, es para
mí el más hermoso de estos años, pero la preocupación constante será la de engavillar las espigas dispersas a lo largo de
tantos años y de tan incesante trabajo de la pluma. Estos
serán los años de las colecciones de obras sueltas: poesía,
ensayos, artículos y archivo; del ordenamiento de las Obras
completas, iniciadas en 1955 para celebrar los cincuenta años
de su carrera de escritor, y de las cuales alcanzó a cuidar los
primeros diez volúmenes; y de la continuación, como he dicho,
de algunas de las empresas permanentes en toda su vida intelectual: estudios clásicos, resúmenes de literatura mexicana, etc. Pero' no emprende ya nuevas traeas intelectuales;
siente que sus días se acortan y experimenta la necesidad
de ordenar sus papeles, de atar cabos sueltos y de preparar su
legado para la posteridad. En su último año de vida publicó
dos pequeños textos preciosos en su voluntaria humildad· los
resú1;11enes destinados a lectura popular que llevan por título
Cartilla moral (1959) y Nuestra lengua (1959) en que quiso
dejar, ascesible a todos, su cordial sabiduría y su noble humanismo.

Luis Horacio Durán / TRES SONETOS MARINOS

PRIMER SONETO MARINO
Ojo azul que se abre lentamente
de sus párpados blancos en la orilla,
voz de coral, de perla, maravilla
que se renueva y nace de repente.

Agua que se repite solamente
y se revuelve en sí, como semilla

que se siente nacer en cada astilla
cuando se vuelve espuma adolescente.

Agua y blanco y azul en faz sonora
que se extiende en su muerte como abismo
que conserva su sombra protectora.

Mar que en su luz se torna en espejismo,
que muere y que renace hora tras hora
en mar y mar y mar, siempre lo mismo.
-41-

�Tres Sonetos Marinos

42

SEGUNDO SONETO MARINO
Reflejo y luz en un solo latido
o luz que en un reflejo se derrama
sobre sí misma y en su propia flama
encuentra su reflejo sorprendido.

Perla, pez, agua, todo en un sonido,
todo en la inmensa voz con que se inflama
la mirada del sol que te reclama
el color de su luz ya repetido.

Tú volcado en tí mismo, mar adentro,
perla, pez, agua que se avanza

Luis Horacio Duráu

43

TERCER SONETO MARINO
Línea en azul que la distancia arquea,
voz extendida, horizontal sendero,
círculo azul en agua prisionero
q ue circuncida al sol en su marea.

Eco de perla, voz que se golpea
en su mismo color, lento via jero
hundido en un reflejo pasajero
de viento que le cubre y le rodea.

Reflejo de sí mismo reflejado
en agua y agua que regresa y juega
la longitud del viaje encadenado.

a recoger el agua de su encuentro.
Mar que viaja y que viaja y nunca llega
Tú, mar y mar, que vuelve y que no alcanza
a adivinar el agua de su centro

y mar y mar y mar en la esperanza.

y que vuelve a la playa enamorado

en mar y ma~ y mar, siempre en entrega.

�Consuelo Botel!o /

DE LA FILOSOFIA MF,XJCANA
Noticia Previa

EN

obed~encia a costumbres editoriales, pudo muy bien economizarse la antelación de estos renglones. Una cierta peculiaridad de lo que va a repasarse ha
convertido en conveniente, si no en indispensable, el tratamiento inicial de estos pormenores: Va a procurarse un señalamiento, una mostración de la Filosofía y de la mexicana.
Escribir respecto a Filosofía, parece, lo puede intentar con
mejor o con mediano éxito, quien sea. Es sencillo recordar
que Sócratas se educó para escultor; que el grupo antiguo de
los sabios sophoi, lo era nada más que eso, de personas enteradas y estudiosas, no de filósofos en el sentido con que hoy
se conceptualiza anhelar la sabiduría. De Baruch Epinoza se
repite que vivió con su técnica de tallar cristales. Dos monarcas, un emperador romano y un rey de Cirene, filosofaban
asimismo. Parece que lo hicieron con decoro y se recuerda
dignamente. El mismísimo René Descartes alcanza su intuición de la evidencia mientras hacía la guerra. Edmund Husserl fue tan filósofo como matemático. Acaso de esa confluencia le dio declararse neocartesiano al salir exilado.
Nietzsche era filólogo. No tiene ningún mérito mayor seguir
con algo que tal vez pueda llegar a convertirse en prolongación pintoresca y curiosa de las Vitae placitaque de Diógenes
Laercio.

..

El tropiezo que sería incorrecto no evitar al lector, no
radica en que se diga o no -lo que va a tratar de decirsealgo auténticamente filosófico. La dificultad se avizora al
enunciar que va a escribirse sobre filosofía mexicana; porque
ha pretendido objetarse que exista tal realidad. Es curioso.
En parte se intentó una caracterización de lo filosófico-mexicano o mexicanamente filosófico. A poco andar se dijo casi
condenatoriamente que la Filosofía no sufre gentilicios. Hay
-45-

�De la Filosofía l\Iexicana

46

una sola. Se conoce la posición de la perennis. Ello no invalida.
el que haya, el incubrible hecho de que hay, la certidumbre
de que está habiendo ni la documentación de que ha habido
desde hace casi medio milenio, un ejercicio filosófico precisa
temprana y rigurosamente mexicano. Es cuanto va a trata¡
de hacerse ver.

a.-El tema
Se medita sobre filosofía. No hay que confundir: una.
cosa es filosofar acerca de la realidad del tiempo, sobre Política o respecto al conocimiento ; otra tarea es escribir en
torno a la Filosofía. Son posibles referencias a la Filosofía,
en la forma, estilo y con propósitos también filosóficos. Sería la Filosofía de la Filosofía. Estas líneas no se proponen
t~nto, aunque en parte hayan de aproximarse a observaciones.
rigurosamente filosóficas. No va a hacerse Filosofía. Resulta
semejantemente practicable una exposición histórica u otra
sociológica o política o simplemente bibliográfica de la filo-.
sofía mexicana. Tampoco quiere desarrollarse tal tema. Este
se reduce a lo ya indicado: Indicar la presencia irrecusable
de la Filosofía en México o de México en la Filosofía; quizá no resulte reducido sino aparentemente. Tal vez implique
más extensión, el plan de sustentar bien tal dialéctica. Lo queimporta asentar es que no es cuestión filosófica aunque
lo pueda parecer. Con seguridad lleva algo de referencias
históricas pero no se ambiciona que sea Historia de la Filosofía en México. Primeramente, habría que dejar establecido
que sí se da la Filosofía Mexicana. Ya, después, vendría su
historia. De no ser técnico en exceso y con un sí es no es de·
petulancia, podría leerse esto como una fenomelogía de la
Filosofía en México. Habría la necesidad, insatisfactible por·
lo pronto, de presentar "la cosa, toda y exclusivamente la
cuestión" en estudio. Se confía en que la aparentemente humilde intención de mostrar, no de demostrar esa cosa sin
pretender cubrir el programa de una fenomenología estricta,
conceda el reconocimiento de eso que se quiere colocar anteel estudio. Tales condiciones previas para delimitar la temática, exigen siquiera sea breve, unos renglones ya directos
hacia el método a seguir.

b.-El método
Es antiq~ísima esta preocupación. Muchos sesudos pensadores han circunvalado el área de la metódica para estudio.
Probablemente nadie haya obtenido resolución definitiva.
Es lógico: ya Sócrates articulaba una ruta para investigar,.
sólo que para una cierta investigación, no para cualquiera~

Consuelo Botello

47

Por ello una estudiante de Pedagogía, extrañaba ver el esquema metódico completo de Sócrates; porque habitual y ru-.
tinariamente, se habla de mayéutica y nada más. Gomperz
traza el esquema de_ la metódica socrática. Desemboca
en la mayéutica o tocotecnia, como se ha llamado en Monterrey. No se reduce a ella. Principia en la noción de saber
que nada se sabe. Sigue con la interrogación a cuyas respuestas se opone sistemáticamente algún argumento. Este
tercer tiempo constituye la helénquica. Cuando se ha desechado el pretendido conocimiento y no antes, hay que empr~nder
otra serie ordenada de preguntas que llevan al alumbramiento.
Sócratas auxiliaba en el nacimiento de creaturas espirituales,
los conceptos. Próximamente se alcanza la obtención de los
trazos en otras metódicas. Las hay para investigar magnitudes como las geométricas, a partir de postulados y de axiomas. Circulan para indagar lo histórico, desde la compulsa
de fuentes hasta la exposición crítica, rotulación de monografías y demás menesteres tanto teóricos cuanto correlativamente técnicos.
El método para estas páginas no bastaría que fuese ninguno filosófico porque se dijo, no va ~-~acerse filosofía ~in?
a tratar algo concerniente a ella en Mexico. Como no deJara
de haber alusiones históricas, cabría la tentación de aplicaciones de métodos de indagación histórica. Ya antes se
asentó que tampoco puede ofrecerse la certeza_de que vaya
a intentarse ninguna revisión histórica. Ni servll'Ía un aparato crítico para bibliografiar documentación solamente. Es
más peculiar el problema. Quiere indicarse la Filosofía en
México e indicársele como mexicana, nada más. Va a recurrirse a la maniobra metódica más zu Handen, más al alcance
de las manos. Es el procedimiento heiggeriano. Su creador
dice respetuosa y académicamente, que es el tratamiento
de ~u maestro Husserl. El discípulo dice intensificar la exigencia significativa de lo dado. Nuestros estudios de Técnica
de Investigación en Monterrey, N. L., permiten juzgar al de
Heidegger como el cimiento de una neometódica, la existencial. Sobrepasa a la fenomenológica clásica. Esta sile~ció
previamente la conciencia. Suscitaba un ego fenomenológico.
Heidegger acentúa la conciencia. Intercala a quien investiga
en las cotas de su indagación.
La solución neokantiana a la cuestión respecto al método,
optaba el polo contrario. Un método había de obedecer.ª las
solicitudes del objeto en estudio, era la reinheit methodische.
No es que con Heidegger se impurifique. Se precisa más;
no atiende el método tan sólo a lo que se estudia. Urge trazarlo según quien y como estudia lo que trate de saberse.

�48

Consuelo Botello

De la Filosofía Mexicana

49

A la Filosofía en México va a vérsela desde una perspectiva mexicana y por un pensamiento mexicano. No se trata ele nada abstracto, sub specie aeterna. E's quien va escribiendo, en
seguida de pensarlo, quien decida tratar la Filosofía Mexicana: Mutatis mutandis le es permitido seguir el programa
de Friburgo, incluirse en la cogitación. La Filosofía Mexicana absorbe, como problema enunciado, a quien se le formula.
Al contraponer la aparente objetividad neokantiana al talante heideggeriano, para nada se insinúa que éste sea subjetivo. Es existencial: Se da en el mundo mismo de lo dado
a tiempo de proponérselo y de cuestionarse sobre lo mismo.
Es la cosa misma pero ante la propia existencia que la tropieza. Se educe el problema, pensaban los eclécticos de hace
un par de siglos. Ha vuelto a circular el matiz metódico
en Inglaterra. Se extrae el asunto conectado a la intención
que yo va a manejar. La cosa y quien la piensa, antes de cualquier posible adaequatio, en rígida abstención de toda coincidentia opossitorum. Así va a decirse de la Filosofía Mexicana.

manece- tras el acabamiento de todo, nutre un afán de explicaciones registrable en todo ser humano. Aun cuando de
los aborígenes mexicanos, antes de la hispanización, no se
conservasen testimonios de tales meditaciones, ya el que se
los estudie bajo esa lente, incorpora su realidad a la de la
Filosofía. Por ejemplo: De grupos semitas se ha dicho su
renuencia a filosofar o a expresarse artísticamente. Al dictaminarlo así, se los incluye en la consideración f ilosófica o en
ya Historia de la Cultura. De México se guardan pruebas
de que pensó, en rumbo a "la formulación de los problemas
totales de todo, en su orden completo". Talmente se dictamina la Filosofía en Monterrey, hace un decenio. Los grupos
más visibles de cuantos poblaban lo que ahora es nuestra
realidad geográfica, filosofaron . No así, en ba1 buceos; sino
con la grandeza y el esplendor de su época dorada, los españoles que vinieron a incorporar a México a la Cristiandad,
filosofaban igualmente. Ahí están los iniciales escalones del
ascenso a la Filosofía Mexicana.

!.-Tributarios hacia un solo caudal

Para Don Miguel León Portilla, La Filosofía Nahuatl
ha quedado patente en textos sobre lo cambiante, r especto al horizonte de ese cambio -el espacio y el tiempo- y
relativos a quien asiste a la variación, al Hombre. Al intervenir la normación cristiana, los residuos del paganismo indígena quedaron inter dicto. Se consideró algo liquidado; en
calidad de rarezas se dispersaron los pictogramas de una
media docena de conglomerados antecortesianos. Malamente
se ha juzgado a tales documentos jeroglíficos. Son ideopictogramas en su mayoría. La expresión figurativa no parece uniforme. Acrofonía y por lo tanto, aceptable valor de fonemas
o protofonemas, apenas se ha sospechado en algunos dibujos
mayaquichés. Son suposiciones. Nada hay resuelto ni menos
bien esclarecido. Firenze, Roma, Londres, Dresden, París y
otros lugares retienen poco más de una veintena de aquellos
recuerdos. Los hay precolombinos y posteriores a la venida
de los españoles. Estos permiten una.. cercanía más comprensible. Se trazaron a instancias de los misioneros, como el
Padre Sahagún o el Padre Durán.

Demasiado se han fingido lágrimas sobre reliquias prehispánicas. Para que hubiesen sido sinceras, lo menos que
pudo pedirse fue que con certerza se cuente con informaciones
relativamente a los valores de lo arruinado. Pocos los alcanzan. Se cuentan escasísimos quienes con honestidad se han
adentrado en la revisión de lo aborigen mexicano. Quiere,
aquí, aceptarse el que en efecto haya de considerarse como
filosofía a la Nahuatl que hace cuatro años, se presentó con
pórtico de Don Angel María Garibay K. Esto sería una
afluente del caudal que se intenta considerar en estudio.
Otro elemento de vertiente, lo representa el aporte hispánico.
Adviértase que se aceptan ambas participaciones. Ya el dato
de que el Sr. Dr. Garibay apunte el desentendimiento respecto
a lo autóctono, indica que hay ahí problemas necesitados de
tratarse. Que valga lo citado como apoyo a la tesis aquí ofrecida, en torno a que sí puede admitirse una Filosofía Mexicana. Igualmente empieza a convertirse en una manera de
filosofar del chino o del indú. Por cierto que las ideaciones
y formas de estudiar, han de variar. Lo que inquiete al
asiático fácilmente no sea cuestión para el griego. Exposiciones de lo azteca, en puridad se alejan más que acercarse
a lo español. Pudo ensayarse y perdura con valor mexicano,
la versión actual de nuestras antelaciones indígenas. Tibetanos, escandinavos, latinos y mexicanos de antes de Hernán
Cortés y de ahora, hemos pensado en las cosas finales. Lo
que hubiera antes de cuanto hay; lo que quede -si algo per-

..

Durante esos primeros contactos, a par que la doctrina
cristiana, principió el europeo la instrucción- occidental del
indígena americano. Nace México a la Filosofía.

II.-A'.lmá.cigo
Hace docena y media de años, el señor Dr. Don Samuel
Ramos, fallecido hace uno, implanta la cátedra de Historia de
la Filosofía en México. El curso se imprime en la Biblioteca

�50

Consuelo Botello

De la Filosofía Mexicana.

de Filosofía Mexicana, Vol. X. Ocupa las_ prime!as ,P~ginas
en formalizar la pregunta por el pensamiento . filosofico de
los antiguos habitantes de México. Para encamm~rse, el D:·
Ramos somete a los antiguos mexicanos a los reactivo_s doctrinales de Sir James Frazer y de Lévy-Grühl. _Lógicamente
resultan magicistas. Sigue sin saberse. nada _m de aztecas,
ni de mixtecas ni de magia. Se ha improvisado una :'~z
más una fórmula un lugar completamente común. Tambi~n
a la casualidad s~ le puede aplicar el indicador de ~a ma~~ª·
Los resultados son del todo paralelos a la desf~gllil'a_?on
del pasado y del pensamiento aztecas. Para Alo1s Müller
el Weltbild sobrepasa a la Filosofía. De?e ser, para el Maestro de Koln, algo más generoso que el füo~ofar. Ramos permanece al nivel de Wilhelm Dilthey a quien, por e1;1tonc~s,
acababa de traducir. Reúne en exceso cos~oram~ Y Filos~fia.
Todavía recuerda a Bachofen con el matriarcah~Jl!-º· Quiere
el perfilador del Hombre y la Cultura en_ Mé:x.ico, ~n~retrever al aborigen de México en su asentamiento geografico . .
Repasa teorías del modo sedentario de vivir,. de ~onrar a los
antepasados y por ende, de cr-eer en la ammac1on de todo.
La proximidad que señala entre Vasconcelos Y Max ~ch~~er
es en verdad interesante y muy digna de mayor meditac1on.
Ha visto el problema.. Careció de instru~entos concep~uales
y de antecedentes doctrinales para orgamzar datos e informes No sobrepasa a la mediana morfología de Spengle!y s~ explicaría que un cuarto de centuria antes del _tr~baJO
del Dr. Ramos, algún estudiante emular~ aún su cond1sc1pulo
con una recensión "de más de 100 págmas" sobre la Untergang. Y se entiende que alguien más haya tratado las fuentes
de Ramos en "un volumen grueso". No b~sta p~ra , u_na
visión seria de la existencia o falta de pensamiento filosofico
entre aztecas purépaches, el esquema adotado. La pregunta
se queda hecha y sin de~isión para .emprender su cont_estación. Aquí se piensa segun lo recogido del D?cto: ~~ribay.
Debe estudiarse y repasar antes que pronunciar Juicios endebles. Ramos se cuidó o curó en salud.
En el centenar y medio de páginas subsecuent~s, el Dr.
Samuel Ramos articula información aceptable y cuidada. Al
establecimiento de la enseñanza filosófica en_ México, por
profesores europeos, corresponde la resonancia del pen~amiento renacentista. Pasan los ho:Q1bres y las obras de Victoria, Cisneros, Madrid, Vives y Erasmo el Roterodano; Santo
Tomás de .A.quino, la Compaía y Duns Scotuy. Cada etapa
y cada tratadista va levantando ecos en la Nueva Espana.
Surgen colegios y bibliotecas. Miles de indios se doblegan
para alzar nuevas fábricas y cientos de jóvenes nutren las

51

aulas. La Universidad refleja a la de Salamanca. Empiezan
a morder las prensas y a lanzar páginas densadas filosóficamente ya en México. Tras lo dicho por Ramos en su libro
citado, por Rogles en el suyo, por Monseñor Valverde Téllez
a su vez, poco puede agregarse al prestigio de los iniciadores.
Son indiscutibles los nombres del primer Prelado, de Fray
Alonso de la Veracruz pero no son únicos. Queda mucho
por esclarecer. Ya no estaban a solas con el anteproyecto de
filosofar. Filosofaron en México.

..

III.-Primicias
A continuación de Fray Alonso, del Padre Tomás de
Mercado, del S. I. Antonio Rubio que Oswaldo Robles reseña como "el primer estudio monográfico de conjunto,
documentado en las fuentes", tal cual modestamente asienta;.
Ramos evocó conforme a las de Beristáin de Souza y de Monseñor Valverde, al primer grupo de formados filosóficamente
en. México : El Padre Diego Caballero, Fray Diego Basalenque
quien, aunque español todavía "cursó humanidades en México"; Marcos Portu, canónigo y comentador de Aristóteles como Caballero y como Alonso Guerrero. Ofrece el penúltimo
el adelanto de producir su glosa ya en la lengua española
como principiaba a hacerse en otras y no solamente en la
latina como clásicamente. Fray Diego Villarrubia, mexicano
también; Fray Pedro Celi de quien se aclara el origen criollo
~xpreso, es decir, la nacionalidad mexicana con sangre espanola; c?n Fray José ~,alderón y el Padre Antonio Hinojosa,
determman la promoc1on más temprana de la Filosofía Mexica~a. Poco interesa el que las doctrinas expuestas en los escrito~ que de algunos ~~ ellos que~an, o bien que se dice que
seguian, fueran las opmiones de Vazquez, de Aristóteles o de
Soto. Filosofabanen México · y para México. Conformaban
la siguiente en la fila de sillares para alzar el edificio del
pensamiento mexicano. Pronto empezaría un aporte nuevo a
sumarse a la caminata. Subía por el horizonte la modificación
cartesiana. Así como se diagnostica el erasmismo de Fray
Juan de Zumárraga, hay evidencia de la proximidad de Sigüenza y Góngora al influjo cartesiano. Ambos destellan sin
atribuirse méritos de novedad. Antes de sus 30 años, Singüenza
hubo de quedar fuera de la Compañía. Disputó con Francisco
Eus~bio Kino a quien atribuye altanería de europeo frente al
mexicano. Antes_ f~eron aztecas entre bruma de mitos y etiquetados magos. V1meron los graduados mexicanos con triunfos
d~sde Salamanca como Celi ~• para el decenio penúltimo del
S_1gl~ ~II, sobre darse ya hbros en español, la mexicanidad
filosofica se contornea en claros matices de diferenciación.
El europeo pretende seguir pontificando. El mexicano lo re-

�52

De la Filosofía Mexicana;

bate. Ya no es el acarreo pasivo. Ha nacido la conciencia
filosófica mexicana, pese a quienes siguen fingiéndola ajena
y única. Son los herederos insatisfechos de irresponsables ambiciones. Quieren el albergue y envidian la corona de una
Arcadia que aseguran desdeñar. No estudian como los fundadores de nuestra realidad filosófica. Tampoco pueden entender algo que no ostente ser y, por cierto, reiteran caminos
que jamás han tenido disciplina para hacer. Ortega los
los esculpió para siempre y con su enérgica prosa de maestro: "E'n los últimos años se oye por dondequiera un monótono treno sobre la cultura fracasada y concluída. Filisteos
de todas las lenguas y todas las observancias se inclinan ficticiamente compungidos sobre el cadáver de esa cultura, que
ellos no han engendrado ni nutrido". Semejantemente se compusieron las primeras líneas de este ensayo : "Demasiado se
han fingido lágrimas . .. " No sería negable que la exhibición
adecuada al rendimiento monetario, suele serlo de sensiblerías facilonas como calificó Imaz ciertos tartajeos. Son ostentaciones, no Filosofía. Tampoco hay para que contradecir
que a distancia, las polvaredas sugieren ejércitos blindados o
panzer. La donosura vale en la grandeza de Cervantes. Una
declamación ramplona demerita lo más excelso. Oprimirse
la cabeza como una Medea o como una Hécuba; o mesarse
las barbas por no alcanzar realidades sin ser, es suficiencia.
Quiere asegurarse "cuanto es se da y lo sé; soy sabio ... eso
no es, luego no se me da ni accedo a saberlo si no es. Así tan
sabio soy". Y por el estilo se reniega lo mexicano en Filosofía.
Cada quien cuenta con capacidad para sustentar lo que piense. Es requisito pensarlo primeramente. Sin meditar en la
Filosofía :Mexicana no se consolida ningún derecho para negar su realidad. Se la ha empezado a revisar aquí.

IV.-Dubito
El Dr. Adolfo Menéndez Samará enseñó que la empresa
metód~ca se or~aniza a partir de una hipótesis. Sería muy
atractivo exammar cuanto haya de conexión metódica entre
duda e hipótesis. Se atreve la tentativa de conocer. La duda
de culminar en el conocimiento es inmediata y correlativa.
Lo mismo se supone, se acepta hipotéticamente la posibilidad
~e llegar a saber. Hipótesis y duda se entrelazan y acompanan durante toda la hazaña del estudio. Esto significó studium, un esfuerzo: Se forcejea entre incertidumbres y pálidas esperanzas. René Descartes suprimió en parte lo hipotético. El fantasma engañador que supuso no funciona como
hipótesis. Mostró brío bastante para dudar, casi nada más que
para dudar. Su duda fue su primera noción filosófica indemne, limpia de hipótesis. Esta íntima evidencia cartesiana

..

Consuelo Botello

53

navegó hacia América y acá suscitó todas sus consecuencias
y encaminaba en dirección a nuevos pensamientos. Singüenza
y Góngora piensa esas ideas en México. Van a articularse en
los iportantes Elementa del padre Días de Gamarra un siofo
más tarde. La infiltración de la Filosofía recentioris ha sido
examinada en mimeograma difícil de consultar, por Victoria
Junco, ha~e 3 lustros. Los antecedentes en España, prodromos
de lo mexicano, por Olga Victoria Quiroz-Martínez. La composición aproxi~ada del ambiente, por David :Mayagoitia. Bernabé Navarro mtenta esclarecer La Introducción de la Filosofía Moderna en México, tanto como Olga Victoria QuirozMartínez en España. Se transparece una peculiaridad de la
e~apa, 1~ dependencia más o menos acentuada de la Metrópolis. Sena de temer que esa característica no haya variado
~as~ante en l?s. trescientos últimos años. Se dispone de un
mdi~ador suficien~e~ente eficaz, para determinar la importancia de esa sum1s1on 'a lo metropolitano: no va a incurrirse en la rudeza de querer enmendar la grosería. Desahoaos
0
contra lo principesco equivalen a confesión de villanía. La
filosof_ía ~e ocupa ell: lo principal, mira a los principios, hacia
lo I;&gt;rmc1pe~co -piensa_ y asocia Gaos-. A partir de
las mcom?d1dade~ colomales, el inconforme de campanario
o de barnada qmso respaldo de la corte. Tan sólo los eximios y por ello con perdurable va1ís, resignaban todo brillo.
No pidier?n. espaldarazos. Se empeñaban en valer, de ahí
sus merec1m1entos aunque no se propalen en solemne bando.
Han buscado dignamente_ la verdad. Para nada exigían a gritos presea. Enternece smceramente leerle a alguien que se
duele más abandonado que gratificado. Da a entender que
no le interesa estudiar sino lucrar so pretexto de sus tareas.
Las de la cultura no son, no puede reducírselas a trámite de
sueldos. Bien está que de lo que se cante se yante. Aparece
claro, que primero es ,cantar. Heidegger ha regresado al canto.
Garcia Bacca lamento la crueldad de arrancar la Filosofía del
regazo poético. Así amparada gorjeó desde cuando Platón y
desde antes. A todos consta de no excecrar lo helénico su
ópima cosecha e1;1 la Patrística; ni la testamentaría de la Latimdad cuyos refmados dialectos todavía tratamos de hablar.
Repítense el caso del denuesto como los del parlero Tersites; otro expendio de filosofía a medio usar, quiere que se le
crea una disculpa. Nadie se ha querellado. Dice confesar
ins~ficiencia, m~s no por inepto. Se autorretrata como gambusmo de la sabiduría. Insinúa la convicción de haber podido
realizar aigo m3:gistral. No goza de recompensas; por eso
no ~e ha sido posible dar de sí todo cuanto debe admitirse que
es msuperablemente capaz de producir. El Dr. Don José

�-54

Consuelo Botello

De la Filosofía Mexicanai

Gaos ofrece oportuno instrumental comparativo : a los dos
años de haber muerto, repasa a Don Antonio Caso. Con otros
memorables se lanzó Don Antonio a fundar una Universidad
Popular. "Nos obligamos a no recibir subsidios ... " recuerda
•estremecido Alfonso Reyes a quien Gaos cita y le toma el
dato. Por eso con Caso volverá ciertamente ,a despertar
la Filosofía Mexicana. No porque en estas páginas se luzca
el capricho de opinarlo así. Se habla de Filosofía, no de filodoxia. Hay que hurgar con propósitos limpios en busca de
sofía, no de doxas. El fenómeno repercute. Hay duda. Se duda. Xo únicamente se aceptan hipótesis. Samuel Ramos se
acoO'e a la visión obtenida por Irving A. Leonard en lo que
respecta SingüenzQ.. y Góngora, cuya "habilidad para investigar los fenómenos de este mundo, sin entrar en conflicto con
la Iglesia y los dogmas aceptados" se toma como axiognómi_co.
Había que usar de circonloquios, no llamar al pan ni al vmo
con sus nombres. Se corría riesgo. Tampoco importaba en
término primero la Filosofía más que evitar exhortos. tribu1;1alicios. Difícil y mucho se presenta tratar de seguir meJor
a Descartes. En verdad al Descartes que se atiende es el que
disimula. Se prefiere la versión del consorte de una salamandra a quien Anatole France caricaturiza. Al filósofo que se
atrevió a dudar y a convalidar filosóficamente su duda, se lo
acepta aunque se aparente discutirlo y condenar su pensamiento. La actitud la toma inicialmente el propio Descartes. Pidió
indulgencia y comprensión. No se aventuraba a concitar opo-siciones. Era arriesgado. Tal vez habría resultado tan filo.sófico como en el caso de Sócrates, de Platón o de Boecio.
Pero rendía más la cautela. Sin vivir no iba a poder seguirse
filosofando . La peripec'Ía de Galileo estaba ahí para escarmiento.
Así de enérgica fue la resonancia moderna en la Filosofía Mexicana. Desde Europa se ideó el probabilismo. Sirvió
para todo, igual que se utilizaba la Filosofía. Justificadamente
llamará después Kant "maltrecha matrona" a la Metafísica.
Se la acomodó a cualquier cometido: El estudio del Dr. Leopoldo Zea en dos tomos sobre Positivismo, amarga con el espectáculo de los menesteres a que se condenó al pensami~1;1to.
También se quiso que lo fuera filosófico pero ad usum polit1corum. Más que atmósferas de dogma lo fueron de duda, de
titubeos aprensivos. Transcurre en esa. gama la Filosofía Mexicana del siglo XVIII, sin que la del inmediato siguiente se
libere mucho más.
VI-Ultima vaca a.l final del sueño
Cuando Jasón ofendió a Medea con el divorcio ejecutoriado en tribunales para viajeros, dice un académico mexica-

.

'

55

no que ella "todavía alcanzó a decirle cuatro frescas .. " a su
exmarido. Con toda seriedad, a Don José Ortega y Gasset le
quedó bastante tiempo para aplicarle otras tantas a la señora
de Beauvoir con motivo de la l'.ecensión de Deuxiéme ~e. Lo
menos que le pareció la obra de la sexóloga fue o ~. A sí
propio se había dictaminado parturiente de voluminosos tomos. Así lo eran. De la Summa de Alexandro de Halles se
dijo que había menester dos o más mulas para llevarla. Tenían a lujo ser prolijos. Sus vueltas y sus revueltas, uncidos
a la pértiga de la noria, les impresionaban comó una caminata
muy dilatada. Se reducía siempre a muy poco lo que en
rigor adelantaban. No pasaron del mismo círculo por milenios. Lo caminaron durante tantas veces que los escritos debieron afectarse con estilo de muela como para atársela al
cuello. Abrumaron sus producciones. Desfilaban las gruesas
vacas, lúcidas por la caricia del Nilo. Pronto las siguieron
las magras. Habían enflaquecido tanto como la bestia lamentable de la carreta de Selma Lagerloeff. Arrastraban un
gemido tan fúnebre como aquella alegoría sueca. Solamente
del repaso de los centenares de fichas, en el apéndice al libro
citado de Bernabé Navarro agota y deja exámine casi, lo
mismo que la visión de la osamenta o la llegada de las reses
escuálidas. Un estudio de hace un decenio en esta misma publicación que ahora hospeda el mío, enfocó la centuria ilustrada. Concluyó su autor que la tal temporada de luces más
requirió que trajo claridad. Vale la impresión. Se la refuerza
y acentúa con un repaso de Documentos para la Historia de la
Cultura en México: La lectura en la página 98, parte
segunda del volumen, de la introducción que escribe el doctor
Edmundo O'Gorman, descubre otra de las perspectivas de
desajuste filosófico. Se asienta ahí nada menos que "Los filósofos siempre habían tenido a los jesuítas por sus peores y
y más peligrosos enemigos ..." Si tales filósofos se suponen
del corte cartesiano comprobado aquí, no cabe apenas objeción. Cámbiese la clave como se practica en solfeo. Al
transladar una catenaria doscientos años por la abcisa positiva, el Dr. José Gaos repercute: "la publicación de un curso
mío, sin haberme siquiera notificado la intención de hacerlo,
mucho menos pedido permiso para ello, con el fin de acusarme
de un íntimo ateísmo y escepticismo ... ". Si se juzga por
la inobjetable verdad de lo reportado por Gaos y por el argumento extraído del present~ alegato, la conclusión no puede
ser más lastimosa. Por esto saben a melancolía las páginas
apologéticas en Mayagoitia, Robles y Navarro. Pero a par
que la constancia de desórdenes tan actl¡.ales, se ha ganado
una más de la existencia de la Filosofía Mexicana. Es de sentirse por significar con ello, terminante oposición a prédicas:

�...

56

Consuelo Botello

De la Filosofía Mexicana,

de quien vive y responde de su vida. Para G. Robledo y para
Ramos lo original se prestigia y drstaca sobre el decurso
tradicional. Han transcurrido decenios de estudio. El dintorno cambió. Visto ya antes el estaticismo de los capítulos de
Mayagoitia, poco asombra el que reitere lo de Ramos y Ze1t.
Como ellos, sin más, confiesa "La íntima persuación de qur ,..~
mérito del pensamiento colonial no estriba en la originalidad
" Se creería que no S'ea tan íntima tal persuación, ya que
menos de cien páginas despuPs vuelve con "que la nota característica sea precisamente la originalidad o que esto estriba su
mérito principal". Declara no creerlo.

Primero, sobre falta de originalidad y
Segm;1do, respecto a la ausencia de Filosofía Mexicana.
Lo uno inquieta al iniciador de estas meditaciones, al Dr.
Don Manuel Ramos: Desde al prologar su curso apunta "Lo
que hay que investigar en esas ideas filosóficas, no es la orífinalidad (pg.XII). Al rememorar cumplidamente al ~undador del protocolegio en Tiripitío, machaca que "una estricta
ortodoxia que "naturalmente impedía todo movimiento original ... " ( (pg.35). Otras 35 páginas más adelante vuelve con
que "la educación escolástica es responsable también de la
debilidad del sentido empírico en la mente mexicana, de la
pobreza del método científico que ha impedido el conocimiento de nuestro país en su realidad ofiginal ... " Cuando Ramos
juzga que abre sus ojos el pensamiento autóctono, sorprende
con exámenes de baremos axiológicos ajenos que lo llevan a
decir: "Desde este punto de vista, claro está, que no hay en
toda la historia de nuestro pensamiento un solo filósofo que
pueda reputarse original y creador". Es inmisericorde la tajante condenación. El propio Ramos se descalifica. Hallazgos o educciones tan inspiradoras de desconfianza y reserva
como las sidesmosis de valores, esa especie de axiología flabeliforme, admiten ser rechazados así. Y a no aquel psicoanálisis del mexicano, compañero de la Cariátide de Rubén Salazar
Mallen. Deleita el recuerdo de las beaterías, del escándalo y
de la consignación. La misma pigiotropia regiomontana de
H. González cuenta como innegablemente original. Será todo
lo bouta.de que se quiera. Lo es. Hace referencia a la filosofía que el Dr. Antonio Gómez Robledo honra como " . .. producto de la provincia mexicana, y aun en buena parte de
aquella que mayores asperezas ofrece a la vida intelectual". Este mismo estudioso avanza su criterio en lo que
compete a la originalidad que ahora va aquí discutiéndose.
La regimenta e inserta su valor en la continuidad con lo clásico. Palmariamente lo reciente y genuino como inusitado, es y
vale por contraste frente a lo usual manido y a lo anterior ya
sabido y visto. La inferencia de G. Robledo es justa.
Por condescender con el orden cronológico mismo en el
que han venido llegando a la escena filosófica mexicana, se
sigue la revisión de los dos primeros tomos del Dr. Leopoldo
Zea sobre Positivismo en México. Lo mismo que el Dr. Ramos,
Zea principia su exposición y a poco andar establece : "En este
ser nuestro está precisamente expresada una experiencia personal, propia, y por lo mismo, original". Aparece en toda su
instructiva riqueza, el cambio de ángulos de una a la otra
generación. Ya para el joven la originalidad es compentencia

57

La posición más limpia y certera respecto a la discusión
de originalidad filosófica la toma Olga Victoria Quiroz-1\Iartínez. Hace ver que "Se advierte efectivamente el influjo de la
Patrística en esta concepción de la historia de la filosofía. El
rasgo central de estC' cuadro rs la nrgación a los "'rie&lt;YOS
dr la originalidad filosófica. . . En todo esto se manifie;ta
purs, una trudencia a subestimar rl valor original del pensa~
miento griego ..." (ob.ct.pg.57). Rob 1es lucubra como Gómez Robledo. Compartrn posiciones de la misma orientación
doctrinal. Para el uoctor Oswaldo Robl rs ("la ori.,.inalidad
en filosofía no siemprr consiste rn decir cosas nuevas,"sino frecuentementr l'll restaurar verdades olvidadas") ( ob.ct.pg.20).
La contaminación entre decir y el valor verdad deja un sabor
de perplejidad. Snrgr el temor de las logomaquias.
_Mucho más opacamente estima :N"avarro (op.ct.pg.39 ) que
"qmzá es~os estudios podrían servirle para proyectarse a campos snpC'nores c:on más originalidad". Se mutila como Ramos.
G:a_os_, en cam?io, grMros_a~ente pondera lo peculiar del pos1tiv1smo mex1c:ano, lo ongrnal de Caso y en García Maynez
O'Gorman y el mismo Ramos, aun cuando a éste haya de re~
conocerlo empeñado como Ortega y Gasset en el salvamento
de lo circunstancial que nos incluye. En igual prolongación
ha colocado reverentementr, el mismo Ramos a Don José Vasconcelos: "La filosofía tiene para Vasconcelos un sentido religioso que la destina a servir como medio de salvación ...
la filosofía es sólo un peldaño para ascender a Dios ..." ( ob.
et. pg. 146) .

.

'

Así se transita a la disputación del punto se.,.undo respecto a la carencia de una Filosofía 1\Iexicana. Nada de lo
hasta aquí escrito habría podido serlo de no haber tal filosofa. _Ahí está y no etiquetada en cartulinas ni papeletas rutinarias de pares de fechas, ni con nombres de obras y de sus
autores. Van cinco millares de palabras referentes a Filosofía Mexicana y con el comportamiento' metódico anunciado,

�ne fa Filosofía l\lexi&lt;'nna_

existencialmente tratada. No es un anecdotario pseudohistórico. Ha sido noticia de la Filosofía 1\Iexicana. Xuestros días
e inmediatos anteriores siguen nutriendo esa realidad. A falta
de otros evidentes, el ensayo de Zca sobre nurstro positivismo,
por ejemplo, luce el legítimo bril1o de eng.1rz·-tr la figura ele
Don José l\Iaría Yigil a t¡uien casi na&lt;lie nata ni relaciona
con la Filosofía Mexicana. DenmH:ió las falacias llamadas
positivista$. José María Luis Mora argumentó contra el cuartel y la clerecía. Gabino Barreda suprime la divisa liberal.
Planea el positivismo como pedagogía y eomo política. Proclama el orden y desfigura la libertad. García Yigil señala el
dialelo. Los jóvenes del Centenario piden algo más que sesiones de laboratorio y que leye&lt;; deseriptivas de hechos. En
Caso se moderniza Justo Sierra. Ramos añora la exposición
viva de Caso. Le pareee menos convin!·rnte lo que escribió.
Vaseoncelos detona. Reyes platica cómo tenía que irle a la
mano para morigerado. Novísimas generaciones van acudiendo. Entre ellas estamos. Estoy. Reincide la avunculai' España
en su tribulación. ::N"o recibe, dona sangre. Robustece a las
hijas. La Volkewanderung de 1937 entreteje promociones de
Barcelona y 1\Iadrid, de Santiago y Zaragoza con grupos
mexicanos actua!es. Los patriarcas se despiden: Reyes y Caso
y V asconcelos y Ramos y Xirau y Zozaya y Ortega y García
Morente, han ido ya a altrruar, en bienaventurada v ida eidética. Ejemplarmente se dice que Caso lo dijo para morir:
"Ahora VO? a saber". Vivimos y morimos para saber. Sabor eamos, pienza Zubiri. Está cada quien consigo, arpegia en
Gaos la "dosis de soledad'' de Ortega. Algo se sabe sin filosofarse. Quiso saberse, nada más. Se aspira a la inteligencia,
si no a la salvación de lo rxistencial; como Ortega, como
Ramos, lo mismo que Yasconcr1 os. Sin improvisaciones aparatosas, sin falsías se ha ofrecido el empeño de contemplar a la
Filosofía Mexicana. Aquí está y ahí ha estado. "N"o es argumento, balbuce su verdad; se insertó en un pretérito neolítico. Ha peregrinado Se la incensaba en Tiripitío y en las aulas de la Imperial y Pontificia. Padeció denuestos entre sectarios. Se trasmutó en oratoria política y ahora en editorial de
doble fondo. Enmudece o se acongoja pero no se la puede
desconocer. Estos son algunos entre sus documentos de identidad.

Ernesto Cardenal /

DOS POEMAS

NICOYA
... Y una tarde llegamos a una ciudad en mitad de un
valle y rodeada de árboles fruta les,
de habitantes tan quietos que no se oye ningún ruido ni
tumulto,
ni

nnen nunca, ni gritan, sino que se hablan en voz baja
unos a otros,

que parece que nadie la habitara.
Suelen salir de noche a cantar bajo la luna
y bailar al son de sus instrumentos de viento,

y frecuentemente nos pedían que cantáramos y bailáramos con ellos,
y a veces lo hacíamos,
.J '

y reían muy alegres y parecía
que querían comprender las palabras de los cantos.
Las mujeres nos quedaban mirando,
y ·algunas se acercaron a preguntarnos
s1 las mujeres de nuestra tierra son también del color de
nosotros.
-50-

�Dos Po&lt;'mas

61

Ernesto Ca1·dcnal

60

EL BONGO MUDO BOGABA POR EL RIO
El bongo mudo bogaba por el río

y cielo abajo.
Y el agua en medio, no se veía.
Había una casa blanca con varandas verdes

bordeado de nen ufáres y juncos
-del ancho del Sena frente al Louvre-

que resaltaba entre el verde-tierno de los bananales
y una sola vela triangular, sucia y zurcida,

Los pájaros ya no cantaban
y todo era silencio y verdura sin fin y soledades sin eco.

temblaba en espera, inflada ya por la brisa,

A las 6 vino la noche sin crepúsculo.

Una mujer vestida de blanco

Sólo se oía el rumor de los remos en el río ...

cruzó tras la varanda, nos miró un instante

Y mis ideas se fueron llenando de sombras,
y me dormí.
Cuando desperté el bongo estaba inmóvil en la oscuridad.
Estábamos atados al tronco de un árbol.
Miles de luciérnagas en ·el follaje negro
y al fondo del cielo negro
la Cruz del Sur ...
Y hubo un ruido en el aire:
el grito tal vez de un pájaro desconocido,
respondido por otro grito semejante más lejos.
" ¡$arap1qu1.
• 'I"

El agua tan clara
qu~ no se veía
Dos riberas verdes
y las riberas al revés.
Cielo azul arriba

' .

junto a las gradas que bajaban hasta el agua.

y desapareció entre los bananales.

�Hans Meyerhofj /

CRITICA A JJMONE WEIL
Salvación y caos

Los

HECHOS más signifü:atiYOS de
la vida de Simone W eil se han &lt;'.OnYeriido en algo así eomo una
leyenda. Nacida en 1909, era hija de judíos franceses asimilados, de buena situación económica. Las fuentes biográficas
-que se encuentran especialmente en los recuerdos de Gustave
Thibon, amigo íntimo de Simone ,Yeil y su albacea intelectual
_(I) no dicen mucho de sus padres, pero un hermano que fué
brillante matemático parece haber desempeñado un papel decisivo en su vida. Creyó que nunc:a ~legaría a igualar sus
dotes intelectuales, y este sentimiento parece haber causado
dos graves crisis emocionales en su adole!:icencia, y haber profundizado el sentimiento de inferioridad y desasosiego personal que sufrió toda su vida.
Sin embargo, sus propios valores intelectuales eran muy
notables. Mostró extraordinarias dotes en la escuela y ganó
el respeto de maestros como los filósofos Le Senne y Alain.
Combinando una excepcional erudición con un apasionado temperamento religioso, fué capaz de asombrar con sus introspecciones intelectuales. Se convirtió en c:onferenciante y maestra
de filosofía, matemáticas y griego, y a la edad de 20 años
comenzó a publicar artículos. Pero a menudo abandonó la
enseñanza y la investigación por la aceión. Se lanzó a la
política: comunista, sindicalista y anarquista, y durante un
año trabajó en una fábrica. Cuando los nazis oeuparon Francia buscó refugio en la granja de Thibon y trabajó en el
campo.
Su muerte fué la culminación de una vida extremadamente ascética, autodestructiYa. Prácticamente, un suicidio. Ha(1)

Thibon y el padre Perrin, otro amigo, publicaron un libro sobre su
vida y pensamiento: Slmone Weil telle que nous l'avons connue.

-63-

�Hans i\Jeyerhoff

Crítica a Simonc Weil

bajo otro nombre y bajo otro beneficio su dios tribal terrestre
cruel y exclusivista". T. S.- Eliot observó que fué su "rechaz~
de Israel lo que la convirtió en una cristiana sumamente heterodox_a", y que en ~~te terreno Simone '\Yeil cayó "en algo muy
parecido a la hereJia marcionita".

biendo contraído la tuberculosis, se negó, estando en Inglaterra -a donde retornó después de un breve período en los Estados lTnidos- a tomar más alimentos que las famélicas racioues de la poblacióu de Francia ocupada. A lo largo de toda
su vida mostró un desinterés completo -incluso algo de desprecio- por las necesidades físicas y el confor~, y sufr~ó constantemente dolores y enfermedades, en especial de v10lentas
jaquecas crónicas. Estos sufrimientos físicos coincidían con
intensos tormentos espirituales. Cada vez más cerca del catolicismo se ocupó de teología y llegó a sentirse completamente
una cristiana aunque se negó al bautismo. Los escritos por
los cuales es 'más conocida fueron todos publicados en forma
póstuma. Gravedad y Gracia, con una intr~ducción d~ ~hibon, y Esperando a Dios son reg~stros de s~ busqueda rel~g10sa
y su lucha espiritual. La necesidad de r;i,~ces, c?n. una mt~·oducción de T. S. Eliot es un folleto pohtico-rehgioso escrito
para el movimiento degaullista e intenta ser una contribución
a la reconstrucción de la postguerra.

Marción fué un teólogo cristiano de la primera mitad del
siglo _II, cuyo pens~~iento pertenece al fenómeno religioso
conoCJdo como gnosticismo. Cuando fracasó en su intento de
q~e _los c_ristianos de Roma aceptaran sus ideas, fundó su propia iglesia, cuya teología está contenida en su obra Antítesis.
El gnosticismo y Marción se encuentran revividos en los escritos de Simone Weil, y es a este aspecto de su obra al eual
q1:Iiero dedicarme especialmente.
. _E:l gnostic~s~o toma su nombre de la palabra griega que
s1gmfica conocnmento. Pero gnosis quiere decir eonocimiento
en un sentido especial: un tipo de conocimiento aito mistrrios?, esotérico, destinado fundamentalmente a obtene: la salvac1ó~ personal. En el gnosticismo, la fiosofía especulativa s0
f?-siona, C?n la revelación religiosa; las encarnaciones y los
ritos misticos, las ~l~gorías y las numerologías, los dogmaR de
la f~ y las sup~rstJciones se integran en un cuerpo sistemático
de ideas que rntentan representar el conocimiento sobre el
hombre y el universo. El resultado final es generalmente una
mezcla ~iucrética y rclética referida a uua gran variedad de
fuentes mtelectuales y religiosas.

Su breve vida, el estoicismo de sus sufrimientos, la larga
noche negra de su alma, su ascetismo, su m~sticismo 1 re~eldía, su búsqueda apasionada y no comprometida de la llununación espiritual, y las circunstancias ~ramática~ de su m~ierte,
son los aspectos de la vida r personalidad de Snnone W ell que
han llevado a crear la imagen dr un héroe religioso, de un
santo. Según un reciente crítieo inglés (E. W. F. Toml~n)
fué Simonne W eil "uno más y quizás el más grande peregrmo
de lo absoluto de nuestra época". Y su amigo Thibon, reconociendo que a meuudo era una persona difícil, asombrosa y
exasperante, expresa que "en ningún ser humano encontró tal
familiaridad con los misterios re1igiosos; nunca sentí la palabra sobrenatural más cargada de ·realidad que en mi contacto
con ella".
Ahora, los cuadernos privados de Simone Weil (2l de los
cuales han sido excluídas las primeras anotaciones, han sido
publicados en su totalidad. Arrojan nueva luz sobre un aspecto
de su pensamiento y personalidad que han sido dejados de
lado hasta ahora, y que tienen significación especial para el
lector judío. 11e refiero a su extremado antisemitismo religioso. "Su antisemitismo -escribe Thibon- ·era tan violento que la continuidad establecida por la Iglesia entre el
Antiguo y Xuevo Testamento fur uno de los mayores obstáculos en su conversión al catolicismo. Gustaba decir -continúa
Thibon- que Hitler cazaba en el mismo bosque que los judíos, y que únicamente los perseguía con el objeto de resucitar
(2)

Editado por Putnam, Nueva York, 2 volúmenes, 648 págs.

65

~1- gnosticismo es un producto típico del helenismo. Los
movimientos y sectas gnósticos que surgen en Persia Grecia
Roma, Egipto, Siria, y en cualquier otro lugar, se' mezcla~
unos _con otros rn el gran caldero cultural e ideológico del
helemsmo. Las influencias gnósticas también pueden ser encontradas en la historia judía: por ejemplo, en la rebelión de
los macabeos contra la cultura helena, y en la extraordinaria
sínte~is filosófica eclrctiea eiaborada por Filón de Alejandría.
La literatura y el pensamiento cabalísticos representan un
tardío florecimiento del misticismo gnóstico en la vida judía.

•

l

. Sin emba:go, la significación histórica del gnosticismo
deriva de su impacto sobre el cristianismo. Considerándolo
una amenaza para la fe, los primeros Padres de la Iglesia se
lanzaron a un_a l_ucha teol~~ica permanente contra el gnosticisID:º· , Los gnoshcos tamb-ien eran teólogos, pero su teología
diferia de la de los Padres de la Iglesia en que se mostraban
mucho má_s ~adicales ~ indiscrimi~ados al llevar al cuerpo del
do_g ma cristiano las ideas gnósticas, los misterios religiosos
orientales y las fantasías alegóricas. Esta fusión de gran al-

�66

Hans i'1eyerhoff

C1·ítica a Simo11c " 'cil'

&lt;:ristianismo, en parte con el objeto de atomodar más fácilmente al. cristianismo a los cultos e ideas no-judíos, en parte con
el obJeto de establecer el carácter único de la nueva fe de J esús.
El elemento eomún en la knclencia guóstica es la c:onvicción
de que la eseneia ele la nueva fe reside en su rompimiento eon
el muudo de la taída del hombre reprrsentaclo en el Anti"LIO
Testamento, y por su triunfo s.obre el D ios de Israt'l qu/ha
creado este mundo de pecado, sufrimientos y muerte. E"ta
idea llevó a la afirmación, según escribió Adolf Harnack, de
que "los creyentes en Cristo son la única c:omunidad nrdadt•ra
de Dios ... y t1ue la J glesia judía, mauteniéndose en su teno
descreimiento, es la sinagoga de Satáu··.

canee del &lt;:ristiani!:imO con el simbolismo religioso pa~ano encontró la oposi&lt;:ión ele los obispos y Padres de la Iglesia e,i; los
primeros tiempos. El O'Uosticismo fue declarado una hereJrn Y,
después de largas y~ amar~as co1~t~·o;·ersias, _fué ,finalmen,te
superado por Augnstmo, _qu_1e11 cahf1~0 _al marnque1smo, el_ ultimo ele los grandes mov1m1entos gnosticos, como contrario a
la Iglesia.
La mayoría de los pensadores gnósticos, incluso Marci~n,
combinaban su síntesis del &lt;'ristianismo y helenismo con v10lentos ataques a la tradic-ión religiosa del judaísmo. E!:i este
aspecto del gnosticismo el que revive nuevamente en los escritos de Simone W eil.
Los primeros años de la Iglesia están absorbidos por un
dilema que debe haber tenido especial atracción para los conversos judíos. ¿Cómo pueden reconciliar la antigua fe de
sus padres con el nuevo evangelio del Hijo de_ Di~s 1 Co!ll~nzando con Pablo, el más destacado converso Jud10 al cristianismo dos actitudes pueden ser c1istinguidas en este terreno.
La actitud que se impuso en la lucha_ doctrinaria está encerrada en el dogma oficial católico: que las enseñanzas del Antiguo Testamento estáu restauradas y preservadas eu la nuefe. El Dios del Gfoesis, por ej&lt;•mp1o, el Dios de Israel,
es el t'reador del mundo; es el Padre de la humanidad, y Jes~s
es su único hijo. Más aún, Jesús vienr a cumplir, no a abolir,
la vieja ley de Moisrs; las YO('es mesiánicas de los profetas
hebreos lo proclaman, y por lo tanto lo reivindican, como al
salvador. Esta posición fué r('afirmada en 1933, cuando el
Papa Pío XI, en respuesta al nueYo paganismo cristiano y ~
la persecución de los judíos en Alemania, proclamó que "espiritualmente todos somos semitas".

"ª

La otra actitud es la de rcc-hazar y repudiar la autoridad
del Antiguo Testamento, que es lo que han hecho los. g~ósticos.
San Pablo mismo resolvió el dilema personal y rehg1oso que
le planteaba su conversión fundam~n_tándola en una antí!esis
doctrinaria: eutre la carne y el espmtu, entre la Ley antigua
y el nuevo Evangelio, entre el viejo Dios de la ira y el nu~~o
Dios del amor, entre la salvación por las obras y la salvacion
por la fe, entre la desesperación de los enfer~os ante la muerte y la esperanza de una vida eterna ('J1 J esus.
La teología de San Pablo no lleva a un repudio abierto del
Antiguo Testamento, pero constituye un severo ataque contra
éste• y ha sido especialmente bajo la influencia ele las enseñan¡as de San Pablo que los pensadores gnósticos se orientaron hacia un rompimiento radical con los orígenes judíos del

67

.

'

. Marción -que, contrariamente a San Pablo era nn O'('lltil-, desarrolló estas ideas hasta el extremo posib 1 r. Los ~onceptos contenidos en su Antítesis drstaearon los hecho&lt;; má&lt;;
significativos de la rebelión gnóstica ("antítesis") contra el
Antiguo Testamento.
. E! evangelio cristiano revela a un Dios del amor, la misericordia, y la compa~ión; el Dios del Antiguo Testamento es
celoso, &lt;:rue~ y vengat:"º· Por lo tanto, no puede ser una misma
cosa. Habiendo J esus proclamado la redención a través ele
la fe Y ~l amor, no podía ser el hijo del maligno y cruel Dios
d~l Antiguo T~stameuto; por lo tanto es el hijo del nuevo
D1,os "desconocido" que San Pablo r ecogió en el mercado comt~ 11 que es ¿.tenas. Esto es con_firrnado por el mismo Jesús,
qme1_i, ded~r? la .guerra a los Fariseos y constantemente transgredi~ }a v1eJa "!,ey coi: los hechos y las palabras; por lo tanto,
rrpud10 _al autiguo D10s que está tras de esa ley y afirmó
que. el vm,o nuevo 110 debe se~ guardado en odres viejos. El
Antiguo 'l: estamento es el registro de la historia del hombre
cu el estado ~le eaída, pecado, desesperación y muerte. es en
verd~d, el remo de Satán sobre la tierra. Esta histor:ia ~oncluyo cou J~s~s, q~1ien redimió a la humanidad y destruyó el
poder del v1e~o Dios malo. Por lo tanto, la nueva fe y sus
~ag~adas escnturas deben ser expurgadas de toda influencia
Judi_a (tarea que :Marción asumió) para que no resultasen distorsionadas y contamina_d!is por ellas. Finalmente, las revisiones t~xtu~les fueron utilizadas para defender las diferencias
doctr1~arias. Es así que lf.areióu diferemió entr e el espfritu
ele Cnst_o; que es~~ en contacto. con Dios, y el hombre Jesús
q~1~ nacio Y mun? ~obre esta herra; también repudió, como
hicieron otros gnostrnos, el dogma de la resurrección ele la
carne, y la f~ d_e los primeros cristianos en el retorno de Jesús
Y el establecumento de su reino sobre la tierra.
Estas ideas del gnosticismo, como dije, fueron derrotadas
en la lucha por la supremacía oficial eu la Iglesia, pero se

�68

Crítica a Simonc Weil

mantuvieron en corrientes subterráneas en la historia de la
teoría y la herejía cristianas. La lucha religiosa de Simone
Weil representa, tal romo ~u{&gt;, ~rn ;·i.olen~o ·'retorono de lo _r~~
primido". Parece como s1 el Jud10 enfrentado con l_a ~r~s1s
de la conversión al cristianismo rev1vr un ~r~ma h1stor!CJ·
Debe llegar a un acuerdo con su her.edad rehg1osa, Y 9mzas
sólo puede hacerlo en uno de dos cammos: ? ~uede sentir qu_e
la Iglesia Apostólica repre~enta el cumpfomento ':( florecimiento religioso de la fe judía ( ésta parece haber sido la solución adoptada por conversos '.·ontem~oráneos como Alfr:ed
Stern y Edith Stein) o debe radical y v10lentamente repudiar
su fe. Esto fué lo que hizo Simone Weil &lt;3&gt;.
Lo que hace tan dramático su raso es que lanzó sn rebelión gnóstica contra la religión judía en un moip-ento en que
el pueblo judfo estaba sufriendo_las p~ores agomas Y t?r~uras
que experimentara desde la existencia del mundo cristia~o.
Refiriendo toda su vida a la esperanza y la fe cu la ~alvac10n
en Jesús fué llevada a negar la religión de su propio pueblo
en el idi~ma de sus peores enemigos y perseguidores.
Leyendo su acusación, uno simpatiza con el escritor que
protestó por la crónica bibliográfica de The Notebooks aparecida en la edición del 16 de diciembre de 1956 del X ew York
Times.. El comentarista calificó a Simone W eil de "totalmente judía v or(Yullosa de serlo", elogió "todo" lo que escribió como algo ·"deb nuevo contenido, puro oro", y la definió como
"una de las grandes mentalidades de nuestro tiempo". Resulta
incomprensible que comentarios de este tipo puedan aparecer,
pero es más penoso aún _ver cómo S~mone \~T ~il es presenta_da
al público como nada m_as que u1~ heroe espmtual, ~n~, muJer
dueña de una mente brillante e mcansable que escr1b10 sobre
Homero Platón, política, mitología y matemáticas; una mujer
que exploró los misterios del amor divino y ~e tra11:~formó e!1
un "peregrino de lo absoluto". Esta transfiguracion d~ Simone W eil se ha convertido ahora en el retrato convenc10nal
para el público. Quizás fué todas estas cosas, pero también
fué otras: también fué ciega, cruel, y se entregó a orgías de
auto-laceración. ¡,Es que recurrió a la terrible acusación contra la religión de su pueblo para inf~igirse d~lore~ aún n:ás
grandes, y creyó que esta nueva agoma la baria mas querida
a los ojos de su nuevo Dios?
(3)

El caso de los conversos debe ser diferenciado de los individuos que
abandonan la fe Judía, o son excluidos de ella, pero que no se unen a
otro credo. Por lo tanto, Spinoza no pertenece a este grupo. ~u pante!smo racional o místico era tan anti-cristiano como anti-Jud10 Y fué
igualmente atacado con dureza, d~spués de la publicación de su Tratado Político-Teológico por los teologos cristianos como por los rabinos antes de su excomunión.

Hans ~feyel'lto(f

69

En su_ análisis de la Ilíada, Simone W eil percibe, y en
parte admira, una calidad y magnificencia sobrenatural en lo
~u~ano, una violencia que estima es el tema principal en la
epica de Homero. Pero lo sangriento, la violencia y la brutalidad que lee en el Antiguo Testamento, únicamente le inspiran
horror. Para Simane Weil la historia de los antiguos hebreos
es un registro de asesinatos y masacres. "Prácticamente lo
único que hicieron los hebreos fué dedicarse al extermino",' escribe. No deja de notar "la crueldad de Abraham hacia Agar
e Ismael"; el "horrible crimen" cometido por los hijos de
Jacob contra los Hivitas; "la atroz conducta de José hacia
los egipcios"; cuenta el número de muertos causados por las
batallas, las plagas y los terremotos· y recuerda con horror y
disgusto las "bárbaras" acciones co~1°etidas en el Deuteronomio 20 :10-18: 'Antes de todo los destruirás: al Heteo, y al
Amorreo, y al Cruianeo, y al Pereseo, y al Reveo, y al Jebuseo ...", como si los griegon a los que tanto admira no hubieran destruído Troya. O como si, más importante aún todos
estos hechos oscuros registrados en el Antiouo Test~mento
no tuvieran un significado especial en la nat:ral evoución de
la fe y el pueblo judíos hacia una superación de la crueldad
de la época. Para Simone V,teil hay una sola conclusión: Israel es "un pueblo artificial, que se mantiene unido por una
terrible violencia".
. La "mancha" dr lsrael está en su inmortalidad y materiahsmo. En esto,, &lt;le acuerdo con Simone Weil, lo hecho por
Israel es peor aun que aquellas atrocidades cometidas. Y se
basa para sus afirmaciones en las costumbres que regían en
los tiempos bíblicos.
:N'o e~ la prime~·a vez (ni será la última) que acusaciones
d_e _e~te _tipo han sido formuladas contra Israel, como si las
civ1hzacion~s de GrTe~ia, India, Egipto y otros pueblos, entre
los cuales Sllllone "' eil descubl'e hechos de encarnación divina
no r evelaran la misma primitiva naturaleza moral. Y más im~
po:tante aún, como si no estuviéramos aquí (como' en cualqmer otro h e~ho) frente
historias, mitos y recuerdos que
retoman los origenes dramaticos de las transiciones hacia la así
llamada i:nora~ civilizada que aplica en juzgarlos. Para Simone Well existe una sola conclusión: "Los hebreos habiendo
r~chazado la. revelación egipcia, tuvieron el Dios que merecieron, un D10s carnal y colectivo que nunca habla al alma
de ~adíe, hasta el tiempo del exili~"- Sn mentalidad "es demasiado carnal para cualquier otro Dios que no fuera Jehová".

,ª.

Por lo tanto_, Jehová es Satáh; y la misión religiosa de
Israel, en el meJor de los casos, es una advertencia de que

�71

Crítica a Simone Wefli
70

"aquí está el mal'', y en el peor de los casos, un terrible fraude
y engaño. La única tosa buena que puede decirse de Israel
es que "representa un intento para alcanzar una forma sobrenatural de vida socia~", que "ha logrado producir el mejor
ejemplo de su tipo", pero que "el resultado muestra el tipo de
revelación diYina de que es capaz la Gran Bestia". En esta
forma designa Simone W eil e~ mundo de la na tu raleza y el
hombre. Tanto Israel corn o la antigua Roma son encarnaciones de la Gran Bestia. Y la famosa Ley del Antiguo Testamento "es una espede ele maldieión, c·omo dijo San Pablo".
Por lo tanto, en la tradición de San Pablo y ]os gnósticos,
nada bueno, y menos aún la sa~vación, puede venir de la Ley,
o de este intento de infundir en la vida soc:ial un espíritu sobrenatural o divino. "La espiritualidad de Israel es exclusivamente colectiva", y otorgar cualquier misión divina al pueblo judío es una burla considerando su natµraleza carnal y
cruel. Han sido "e~egidos para ser enceguecidos, para ser los
ejecutores de C6sto". ( Quizás también Simone Weil recordaba de su niñez el insulto de que p ertenecía al pueblo de los
asesinos de Cristo.) Roma e 1srael "son, quizás, los dos únicos pueblos que han de ignorar la encarnación" y "es por esta
razón que todo está en Israel c:ontaminado con el pecado, porque nada puro hay sin una participación en la divinidad
encarnada".
La apasionada afirmación gnóstica de que ningún rasgo
de divinidad o espiritualidad hay en las sagradas escrituras
de Israel, causó considerables dificultades a Simone Weil. Después de todo, el Antiguo Testamento predica un innegab~e
monoteísmo puro y contiene ('.iertas afirmaciones específi('.as
contra la idolatría, y es igualmente innegable que los profetas,
al menos, desarrollaron una mentalidad mesiánica". Pero, rep1icó, esta nwntalidad, los "eneegueció para la verdad del
Mesías". Resulta patético ver cómo Simone Weil tuerce y
retuerce al Antiguo Testamento para hacerlo aparecer como
en puro déficit. "La creencia en un único y solo Dios" es
incompatible, por supuesto -al menos para los no cristianoscon los dogmas religiosos como la Santísima Trinidad o con
la fe en un mediador divino. Pero para Simone Weil, esta
fidelidad a un puro monoteísmo fué precisamente "la causa"
de lo que llamó "la ceguera moral" o de "colectivismo tribal''
de Israel.
Las acusaciones específicas llevan a un paroxismo de antisemitismo r eligioso en el terrible anatema que viene a ser la
síntesis de su pensamiento: "No puede sorprender qur un pueblo compuesto por los hijos de esdavos fugitivos, que fueron

11 evados a tomar posesi,
]'.
.
una tierra cuyo dim~ ai~~~:\\tlt1 l~~!~ {"Te de masacres de
parecer un paraíso y ºne
b' Y . er inc ª _natural la hacían
f!orecientes por civ'iliza1 ione: ia sido org:n.1zada sobre bases
tomado parte, Y a las cuales ~-n curo tra aJo ell~s no habían
sorprender que un ueblo ·a~ oced~eron a destrmr, no puede
bueno
Hablar
'D'
s1 sea imapaz de producir nada
···
ios eomo un 0ducador'
l ·,
este pueblo es una broma horribl
.
en re ac1on a
haya tanto mal en una civiliza(•ió~~ ¡, Puede sorprender que
corrompida
,
-la nuestra- que está
en sus ra1ces en su verdad
. . .,
.
e~ta mentira atroz? La m~ldi('.ión d J . efa msp1rac10n, P?r
tiandad. Las atrocidades el
. _e. s1ae pes~ sobre la cm,)'.entes, todo esto fué Tsr;el. exte11:1'.n)~ de be:eJes y de 110 crehtarismo es Israel (más esp~(;·Ctpitahsmo fue Israel ... Totagos)". Existe un solo vrnenoia metr en]tre sus peores enemición de procrreso". " en e, .munc o moderno -"la nootros
º
que C'S N,pec1f1camentc crü;tiano" "L
. vrnenos que se mezclan con 1
d
. : . os .
son de origen judío'' v
b
, a ver ad del cnstiamsmo
O
Marción antes que eJla· def
se1 rxpurgados, como creyrra
n?. ",Jehová, la Jglesi; de la iPº de la _fe Y eI dogma cristiad1oses terrenales" por lo t· t dad Mrd1~, (Hitler), son todos
L
'
an o, encarna(:tones de Satán
eyendo estas terribles pal b. .
.
·
que Simone \Veil hava alc~nzad~ rnsj uno tiende a esperar
canzó en vida: la p~z eue llev en a muerte-~º que no alhaya tomado las voces l de losa c1ª la ~omprension, y que no
~íos .. Pero rstos son t~mas sobr rmomo~ por el silencio de
Jat' nmguna luz. Podemos form~1}ºs cna.es i:o podemos arromodesto, Y precruntarnos sobre m a;nos un mterrogante más
puedrn haber e°ontribuíd~ 'a este / P. ª!1º ¿rnmano,. q_ué
fuentes
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ne e11 c1 eer en un D10s del a 1 , l
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camente convirtiendo al Dio 1 1 · bl 0 ~ º\ Y a grae1a umnación de Satán? The Noteb~o~ pue . Jndio e~ una encarterrible herida a sí mis
~·~fleJai1 gue se rnfli.gió rsta
pueblo como última ; 1:srs c~m110 est~ crimen con su propio
la desesperación total L Pf ra ª. ~edida de defensa contra
fué bautizada) era su ólt' ª e criStiana (en la cual nunca
existencia. Pero este
e?erart e~tre las r~inas de s_u
llamaba la terrible lucha
a r ea I ad ' como S1mone Well
lleva a una total r
., q~e se desarrollaba en su alma la
"
.
a 1:nac1on el mundo, el hombre y Dios. '
El mundo es mhabitable"
t d
debemos volar hacia lo .sio-ui~n'tJ'
rs lel mal. "Por ello
º
, . oEol
i. ore en natnral de las

"le:~:n

(4)

-~t

El caso de Simone Weil no es úni
res, con lmplicancias de antise
Renacimientos gnósticos simllae~ el Estudio de la Historia de~! }~º religioso, pueden encontrarse
neas y psicológicas de nuestra ép~c;, oynbee, y de otras obras histó-

�72

C1•ítica a Simour, Well

cosas, de acuerdo con ella, estaba sometido a una necesidad
inexorable sin significado: la fuerza de "gravedad" Y, la gravedad sólo' producen sufrimiento y dolor, disgusto y desesperación. Es el mundo de Kafka: "Nuestra vido no es otra c?sa
que imposibi!idad, absurdo ... Contra?ic~ión es nuestr~ 1:rnseria • y el sentimiento de nuestra mISeria es el sentimiento
de 'nuestra realidad ... Por ello es que dememos amarla". Es
el mundo de Iván Karamazov: no hay razón "absolutamente
ninguna", con la cual el inte!ecto puede resp?nder ~ la du~a
y desesperación de Iván ante todo el mal sm sentido e n~justificable de este mundo. O una sola: que es una mamfestación inescrutabl~, ininteligible d~l '.'amor ~obrenatur~l;
que es el deseo de Dios. Y por esta ~ltima razon estoy dispuesto a aceptar un mundo que es solo mal y cuyas consecuencias sólo pueden ser el mal".
Por lo tanto el mundo tal como es, es absolutamente oscuridad, y pens~r que un 'Dios. ~~ed~ il?-minarlo o "santi~icarlo", en el idioma de la tradicion JUdia, es una blasfe_m_ia
contra la fe que Simone Weil busca abraza~., Este gnosticismo anuncia una anc,ustiosa protesta y rebehon contra los sufrimientos de la raz~ humana a través de la hist?ria Y ~ont!a
la hipocresía con la cual a menudo intentó cubrir su mi~eria.
Pero cuando la oscura desesperación envuelve al ser mismo,
una rebelión de este tipo está condenada a re~ultar un gesto
impotente, patético, fútil, que entreg~ el _destmo . del hombr_P
totalmente en las manos de poderes m1ster1◊sos e mcomprensibles, responsables del sufrimiento y el mal que atormentan a
la humanidad.
Es la estimación del hombre y de sus poderes respecto del
mundo y de Dios, lo que decide la calidad y el sentido de la
rebelión gnóstica. En Simone W eil, la maldición de "gravedad" o abatimiento que pesa sobre el mundo produce un
doloroso· exceso de automortificación. "Todo lo que está en
mí sin excepción no tiene valor alguno ... Todo lo que apro'
. v_a1or.
pio' para mí se convierte
inmediatamente en algo sm
Ouden eimi: No soy nada". The Notebooks desarro11an mgeniosas variaciones sobre este tema: "Debo amar el ser nada.
Qué horrible sería si fuera algo. Debo amar mi no ser, amar el
ser nada". O en los momentos de mayor deessperación: "Leprosa ... es 1~ que soy. Todo lo que soy es lepra. El 'Yo' como tal es lepra".
La necesidad de raíces -testamento político de Simone
Weil- no encierra actitudes semejantes hacia el mundo y el
yo, ya que éstas no crean genu_inas posibilidade~ en la e~f~r!
de la acción social. Simone W eil, como hemos visto, participo
en los movimientos sociales y en las cuestiones políticas, pero

Hans l\Ieyerhoff

73

lo que le preocupó, según T. S. Eliot, fueron las almas humanas o, más específicamente, la salvación de almas humanas, no
prototipos sociales o expresiones políticas. Porque "lo social
es irremediablemente el dominio del mal". "El hombre es un
animal social, y el elemento social representa el mal . . . Por
lo tanto la vida só!o puede ser una laceración espiritual". La
ét~ca social de Simone W eil eran tan simple y severa como su
ética personal: rendición incondicional al deseo inescrutable
de Dios. "Incluso si uno pudiera ser como Dios, sería preferible ser un montón de barro obediente a Dios".
Para que el espíritu de Dios pueda preva~ecer, el cuerpo ha
ele morir. Simone W eil vivió para morir en su cuerpo. La
mayoría d(' las sectas gnósticas también adhirieron a un extremado ascetismo. La existencia espiritual, especialmente para
el elegido, es incompatible con los deseos de la carne. Los
~arcio_cistas, se dice, exigían_ a los casados que aceptaran ~l
divorcio para poder ser bautizados. En forma a]c,o análo(l'a
Simone W eil creía que la Iglesia era demasiado condescendi;n~
t~ en su actitud respecto de toda relación sexual que no sirviera al propósito de la procreación. De acuerdo con ella uno
debe '\enunciar definitivamente" al acto sexual como t~l, "y
recurrir a él en pocas ocasiones de la vida" que son inevitables
so pena de que la raza se extinga. "De este modo casi no
habría diferencia entre un padre de familia y un mo~je, en lo
que a la castidad se refiere". Una observación casual como
esta sirve para apreciar el tipo de revulsióu que Simone W eil
debe haber sentido al leer los primeros libros del Antigo Testamento, o al contemplar su propia senxualidad.
La lectura ele la realidad al estilo de Simone W eil es el preludio a una religión de lo absurdo. Al igual que Kierkec,aard
el solitario pensador danés del siglo XIX, que tanto ha l~gad~
a signific~r par,a muchas mentalidades de nuestro tiempo, Si~one W ~Il llego a la fe e~ a~~s del absurdo. "Extrema justicia combmada con la apariencia de una extrema injusticia ..."•
"Dios a la vez Uno y tres .. ."; "La hostia tanto asunto de 1~
tie~r~ como cuerpo ele Dios ...", son algunas de las paradojas
rehg1osas que torturaron a Simone W eil. Pero, como ya hemos
visto, la misma existencia humana es absurda: "Contradicción
es nuestra miseria; y el sentimiento de nuestra realidad" o
si no_: "~~ contradicción experimentada hasta lo profundo del
ser sigmfica la laceración espiritual, significa la "Cruz". Los
dos dominios ~el ser, naturaleza y espíritu, cuerpo y alma,
el mundo y D10s, se le aparecían como absolutamenle inconmensurables e irreconciliables. Fiel a la tradición "'nóstica
Simone Weil intentó superar la terrible separación entre esta~

�74

Crítica a Simone Weill

dos dimensiones, que ella no podía reconciliar por medio de
los poderes humanos, por un llamado a misteriosos y sobrenaturales poderes de mediación. Buscó frenéticamente signos
de mediación, y descubrió a la mediación encarnada en todo:
en la religión de los caldeos y los egipcios, en los upanishads
y el Bhagavad-Gita, en la mitología, poesía y drama griegos,
en Platón, Homero y los misterios órficos, en la mitología no
ruega, en el taoísmo y el budismo, en la música y las matemáticas, en todas partes, creyó, había signos e indicaciones que
anticipaban la liberación definitiva del hombre del pecado
y la muerte en la encarnación de Jesús como Cristo. En todos
lados, excepto en Israel y Roma.
Quizás no es difícil comprea4er ahora cómo Israel se
mantuvo como la gran ofensa eu lh desesperada persecución
de la salvación personal. Y quizás la terrible maldición que
Simone W eil lanzó contra la religión de su propio pueblo es
más bien una bendición. Porque, ¡, qué es lo que la aleja con
horror de las tiendas de Jacob y de los tabernáculos de Israel,
según ella misma dijo! La pureza de su monoteísmo gradualmente depurado de toda traza de imaginería mágica o idólatra la simple fe de que la vida ordinaria del hombre, Adán, el
poderoso Leviatán, la gran madre tierra la carne, la sociedad,
la naturaleza, pueden estar infundidas con un espíritu de
humanidad civilizada o, en lenguaje religioso, pueden estar
bendecidas y santificadas; la fe profética de que la paz, el amor
y la justicia pueden transformar al hombre en una criatura
grata a los ojos de Dios; la fe humana de que la palabra divina
es un regalo al hombre en su vida, no una promesa de bendición
en el más allá; que la Schejiná está encerrada en este mundo,
no entronizada en el otro; es decir, la terca fe de que este
mundo no está redimido ; o quizás la más creadora de las ideas
religiosas, la que nace de la tensión entre la fe de que el mundo
no está redimido y de que será redimido por las obras y el
amor del hombre.
Simone W eil prefirió condenar estas "ofensas" en nombre
del amor divino y la gracia en una época en que la fe profética
de Israel era encerrada en cámaras de gases. No estaba conforme con las raíces simples de fe como las de Israel, aunque
queda como un interrogante abierto si ella misma no estaba
más sin raíces que la gente a la cual ofreció su libro La nece-

sidad de raíces.
¡,Por qué el Dios de Israel se convirtió en la encarnación
de Satán? iPor qué eligió Simone Weil condenar solamente
al pueblo judío? Como hemos visto, descubrió encarnaciones

Hans Meyerhoff

¡

75

divinas en gran número de pueblos del mundo antiguo aún
cuando sus trayectori_as_ históricas y r eligiosas (sin hablar
d~ la ~,e los pueblos c~1stian?s) est~ban llenas de odio, incesto,
v1olac10~, cruelda_d,_ ,violencia y crnuen. ¿Por qué debía ser
una ter;1?le mald1C1on entre tantas bendiciones generosas? ¿Y
por que lllC~U~J confundió los .textos de la Biblia judía para
que la maldic1?n fuera 11;1-ás fuerte ? Es así que el cqmbate de
J acob con el angel es visto col)lo otra "impureza orio-inal
de
0
Israel". Lo que la ofende tan profundamente en esta hisforia
es el hec~o q~e Jacob 110 es destruído por el ángel, sino que
emerge v1ctor10so de la lucha. He aquí su acusador interrog~ute: ¿ "No es una gran calamidad que cuando uuo lucha con
D10s, no sea derrotado ?". Lo es ciertamente, cuando el encuentro entre el ser humano y lo divino sólo puede ser contemplado
e~1 términos de la sumisión, obediencia e impotencia incondic!onal por parte del hombre. El relato bíblico es más sutil
s1n em~argo, de lo que Simone Weil puede percibir. Jaeob n¿
st~r_ge s1mp_lemente como el ganador; o su victoria tiene un sigmficado diferente. El episodio concluye con estas palabras:
"Entonces Jacob le preguntó y dijo: Declárame ahora tu nombre. _Y respondió: 1, Por qué preguntas por mi nombre? Y
be1~d~J,olo allí" .. ((!énesis 32 :29) . En otras palabras, J acob
rec1b10 la benchc1on pero.~~ el "non~bre" del áng&lt;&gt;l; por lo
t~11to, el poder de la bend1c10n no der1va de la posesión victor!os~
J acob_- ~el nombre mágico de Dios. El característico
s1gm!1c_a do rehg1oso de este incidente &lt;5&gt; -el conflicto entre
lo, mag1co y ,el monoteísmo- escapa también a Simonc W eil,
as1_c?mo esta totalmente ciega a la descripción que hacen las
E~crituras hebreas de la lenta y dolorosa transformación de las
tribus en un pueblo sagrado que celebra un pacto con Dios.

?e

Es difícil pensar, frente a los hechos que registra la historia contemporánea, que estos puntos oscuros se deban solamente a la teología gnóstica; o evitar la sospecha de que factores
personales han contribuído a este renacimiento del gnosticismo. Los cuadernos de anotaciones de Simone W eil revelan
d_esesperación y o~io a sí misma in extremis; lloran de angustia ante la ausencia de perfección y amor en este mundo. Quizás la fe de sus padres asumió tantas formas monstruosas en la
mente de Simone Weil porque demandó de ellos -de sus padres Y de su. pueblo- un grado de perfección y pureza de
~mor q~1e es inhumano. Porque no son puros y perfectos, su
mcapac1dad para amarlos como son -o su incapacidad de ser
(5)

Un episodio similar es relatado cuando Raquel "roba" las "imágenes"
de su padre: esto implica pata Simone Weil otro ejemplo claro de
robo entre los Judíos.

�76

Crítica a Simone Weil,

amada como era- se convirtió en desesperación y odio. Porque su pueblo fué corrompido con las imperfecciones de nuestra común mortalidad, ella desesperó de superar jamás esas imperfecciones en sí misma. Y es así que maldijo a aquellos que
más pudo haber amado, y a ella misma por el fracaso de la
perfección y el amor de sus vidas y la de ella. Quizás esto
ayude a exp!icar la salvaje "antítesis" gnóstica que se conformó eu su mente :o perfección absoluta y puro amor, o miseria completa y desesperación total; o todo o nada.
"¿ Qué puede importar que nunca haya alegría en mí, si
hay perpetuamente una perfecta alegría en Dios_?". ~ué i~porta, en verdad, si la falta de amor de la propia ex1ste~c1~,
es en definitiva la única condición para creer en el amor mf111ito de Dios. La atenta contemplación de la. miseria, sin comp ensación ni consuelo nos lleva a lo . sobrenatural, y por lo
' otra cosa que amar la f uente de e11a " .
tanto no podemos hacer
No podemos hacer otra cosa porque la única prueba de la
perfección de Dios "es que lo amamos" precisamente por la
miseria qne nos ha traído. Las raíces profundas de esta teología, están alimentadas po~, la ~nd~ferenc!a, el odio, . Y ~a
crueldad hacia el hombre.
La md1ferencia por la miseria
humana es la única fuente de la felicidad sobrenatural". ¿Dónde encontró estas amargas palabras en las prédicas de Jesús?
Quizás debía ser tan cruel e implaca~le _hacia l_os que amaba
porque no podía perdonarse por la md1fere~1c1a Y. crueldad ·
en su propio amor. Y es así que exaltó hacia el n~vel de la
O'racia sobrenatural lo que no pudo resolver en el nivel de la
gravedad humana. La fe es el último refugio de la desesperación ante el fracaso de la vida.
Por lo tanto, Dios se aleja de un mundo que está ~ondenado: se convierte en el "dios ausente", Deus abscond1t_us, a
causa de la total ausencia de amor y esperanza sobre la tierra.
"La vida -de acuerdo con Simone W eil- no es otra cosa que
una forma ersatz de la salvación". Quizás la salvación que ella
buscó no es otra cosa que una forma erhatz de la vida.

Aifomo Rangef Guerra/ PALABRAS PARA A lFONSO
REYES ..

SE

R IXDE hom('uaj&lt;' a un hombre de
letras, a un hombre l¡Ue dedü·ó sn vida. fittfi deswlos y sus preocupaciones, al noble ejercicio d&lt;'l espíritu. Son muchos los
caminos (JUl' conducen al individuo a su propia realización,
dentro de la soeiedad a la que perte1wee, pero el más alto, el
más desinteresado. porque &lt;'ll él se ofrec('ll abiertamente los
mejores dones y la propia riqueza hacia los cuatro puntos
cardinales, para sen-icio de to&lt;los, es el· camino de la inteligencia, en el que se labora silenciosamente y se obtiene un
fruto que al multipli&lt;'arse benefüia más que al creador, al
que se acerea a su obra g&lt;'nerosa y rica.
Al mexieano ilustre que tclebrara sus bodas de oro con la
literatura; al re¡?iomontano que dió a México una voz universal que se dejó escllfhar más allá de sus fronteras; a Alfonso
Reyes el humanista, brinda el más ferviente tributo de admiración y respeto el Ayuntamiento de esta ciudad, el Gobierno
y la Uniwrsidad ele sn Estado. Homenaje de reconocimiento
a sus prendas intelectuales, a sn tiara Yocación, a su obra magnífica que es la mejor herpncia para sus contemporáneos
La Y ida y la obra de 1\ 1fo uso Reyes se hermanan armoniosamente y nos ofrec:en una lección, la mejor lección que puede dar un hombre: en él apreudemos que la bondad y la inteligencia son las que dan al individuo su estatura humana,
su propia dimensión, sostenida en esos valores eternos que
sobreponen d espíritu a la materia. Ejemplo de voluntad
creadora, Alfonso Reyes reprc'senta la dedicación a esa tarea
* Pronunciadas en la Velada Solemne que el Gobierno del Estado, la Uni-

versidad de Nuevo León y el Ayuntamiento de la Ciudad de Monterrey,
dedicaron al insigne hombre de letras, la noche del 17 de mayo de 1960
en el Aula Magna de la Universidad.

-77-

�78

Palabras para Alfonso Reyes

superior, que dignifi~ó y ~levó desde sus años adolescentes
hasta el fin de su existencia.
Sus años adolescentes: un despertar a la vida con el
secreto impulso que lo llevaba, entre inquietudes, hasta el
umbral mismo de la poesía, en cuyo recmto pudo contemplar y recrear las formas esenciales en las que se re~oge l,a
existencia. Poseyó desde entonces el don del lenguaJe J?Oetico fue dueño de un sendero por el que pudo transitar
su propia libertad, inclinada hac~a el hor~zonte _clás~co,_ hacia su cielo y sus montañas nativas, hacia su Jardm mterior. Su universalidad lo condujo a una constante ampliación nunca satisfecha, y es así que lo vemos, desde aquellos lejanos años, en la labor del verdadero hombre de let:·as,
del estudioso que se lanzaba, pluma en mano, a la c~nqmsta
de 1rnevos campos espirituales donde satisfac_er su m~g?table sed. La pluma de Alfonso Reyes trabaJaba metod1camente, s&lt;'renamente, sin más perturbaciones que las que le
imponía su propio trabajo.
Así vivió Alfonso Reyes su vida. En amorosa ~ntrega a
sn vocación, vió crecer la obra comenzad~ ~11; la Juve1!tud.
Una obra que nunca perdió su naturaleza nucial : seremdad,
contacto eon la vida, culto del bien ! .de la belleza_; }a obra
d&lt;' vastas dimensiones y hondura espmtu~l que Jo s~tua para
siempre entre los superiores del pensanuento amencano.
Sabio de amplia sabiduría y de mirada atenta a~, espectáculo de la vida, siempre vigilante de lo que ocurri~ a su
alrededor se mantuvo actual y presente en consonan~1a con
sn propi¡ época. Aquel joven que al iniciarse el s1gl~ no
era ajeno a las literaturas del momento, y que ~-oadyuv? _en
la formación del nuevo pensamiento que desaloJo las vieJas
ideas de la paz porfiriana, sostuvo esa posición de avanzado
y llel7Ó a la cima con la mano firme y el espíritu siempre
3oven~ conocedor de las_ nuevas c?rrien_tes y_ co~umn~ fuerte
en los esforzados trabaJos de la mvestigac10n literaria. Alfonso Reyes se nos muestra, en todas las etapas _de su vida,
como el auténtico trabajador intelectual que se impuso una
tarea y la cumplió con creces.
Si queremos abarcar su obra tenemos que seguir tod,as
las direcciones que la cruzan. Entre la ~rosa Y la poes1a,
grandes vías del escritor, se levanta una inmensa construcción que recoge el fruto de esa tarea. La palabra, lugar de
encuentro entre el hombre y el mundo, tuyo _el!- su mano la
suprema elegancia y la profundida~ d~ s1gruficad~, . que le
permitió transportarse a todos los ambitos del espmtu con

Alfonso R1111gel Guena

79

el dominio que le otorgaba la autenticidad de su actitud. Especialista en universales, como él mismo se llamó cuando
explicó su actitud investigadora, nunca resignada a "estudiar los objetos de la cultura como objetos aislados", sino
por el contrario, con la necesidad de "sumergirlos rn los conjuntos históricos y filosóficos de cada época". lTniversalidad de pensamiento en la que reside su propia grandeza.
Este es el perfil definitivo de Alfonso Reyes. El tiempo se encargará de ahondar aún más sus rasgos, para poder
alcanzar y comprender toda la trascendencia que tiene, para
la cultura nacional, la obra total de este ilustre humanista.
La perspectiva delimitará los contornos precisos de su gran
figura y se podrá aquilatar la magnitud de la labor que
Alfonso Reyes realizó por México y por América. Como todos los grandes creadores, deja una semilla en tierra fértil.
Esa respiración de su alma, que fue el escribir, queda viva
en la obra completa que nos ha legado. En ella lo encontraremos a él, abierto al diálogo generoso, dispuesto a iluminar todas las zonas de su pensamiento para guiarnos por
los muchos caminos que recorrió y en los cuales siempre
veremos la huella de su propio paso. Para la juventud, de
la cual nunca se alejó, tuvo el mensaje de la esperanza. Esta
nunca lo abandonó; vió siempre hacia adelante, seguro de
que en el transcurso de las generaciones -unión de pasado
y futuro en el gran eslabón de la civilización- se cumple
la ley de conservación y por ella el depósito, el intercambio
y el rejuvenecimiento de las ideas.
Este homenaje, que ofrecen a la memoria del esclarecido humanista el Ayuntamiento de Monterrey, el Gobierno
del Estado y la Universidad de Nuevo León, es sólo una muestra de reconocimiento para su hijo más ilustre. Tenemos uua
gran deuda, que sólo podrá cubrise cuando hayamos cumpljdo y comprendido la lección que se desprende de su vida y
de su obra. Sólo entonces tendremos derecho a llamar nu&lt;'stra la herencia que nos deja.
Quiero terminar con unas palabras de Alfonso Reyes.
Las escribió hace ya mucho tiempo y las dedicó al pensador
americano José Enrique Rodó; pero quiero que esta nochf,
en este homenaje, repetirlas y aplicarlas al mismo Alfonso
Reyes: "Era el que escribía mejor y era el más bueno.. Su
obra se desenvuelve sobre aquella zona feliz en que se confunden el bien y la belleza. Y hoy nos volvemos hacia fl como en busca de una arquitectura sagrada que resista al fuego
de la barbarie, mientras le enviamos, arrobados, el vuelo de
nuestras más altas promesas .. ."

�Libros

Los nuevos caminos de la lingüística, por Alfonso Reyes, U.
N. A. M. México, 1960. (Suplementos del Seminario de Problemas Científicos y Filosóficos, 21)

CoN

el nombre de Los nuevos caminos
de la lingüística, el Seminario de Problemas Científicos y
Filosóficos de la l'niversidad acaba de publicar, en su número 21, el discurso pronunciado por Alfonso Reyes al tomar posesión de la Dirección de la Academia Mexicana de la
Lengua. Rinde así la Universidad, por medio del Seminario,
un homenaje más a la memoria del desaparecido escritor y
humanista.
Su prosa se ocupó en este opúsculo del lenguaje y los
nuevos caminos que se han abierto para su estudio, ya que
"los nuevos caminos por donde hoy discurre la lingiHstica
ann no se han abierto al público . .. , y son más bien privilegio
de esperialistas".

J.

Partiendo del siglo XX en que se gesta una verdadera
intención por una forma lingüística histórica y comparada,
el autor repasa someramente su desarr ollo hasta nuestros
días en que, ya en un plano científico, la preocupación filosófica ha venido a darle el espaldarazo como verdadera disciplina. Como tal, surge el primer problema, que es la delimitación de su campo de estudio, seguido en segundo término de la definición de los objetos de su investigación. Esto
dará lugar a destacar los diversos criterios que se siguen para
estudiar el lenguaje, y quedará así dividida la lingüística
en sus diferentes ramas (sintáctica, fonética, · semántica, etc.),
y junto a ellas una "filosofía del lenguaje".

-si-

�Libros

82

Aún hay y habrá más derivaciones; el campo de la lingüística, coi~ el advenimiento de nuevos métodos y aparatos
técnicos, se ha de aclarar mucho más; incluso ya pue~e hablarse de la ayuda que dichos adelantos han proporc10nado
a dicha disciplina. "Examínese, como ejemplo más a la
mano de estas investigaciones, el opúsculo de Yuen Ren Chao
sobre La significación del lenguaje, publicado en 1956 por
el Seminario de Problemas Científicos y Filoi:;óficos de mH'Stra 1Tniversidacl Xacional, y compáraselo con el tratamiento
tradicional que se conredía a estos problemas".
Posteriormente agrega al sentido de la Lingüística una
particularidad del lenguaje que ha sido in~udablem~n~e menospreciada por los estudiosos de la materia: la mn111ca, el
gesto fónico del habla, "pues el 1engnaje parece u_na . n!era
especialización habla de la mímica, sin que esto ~1g111f1que
caer en las extremidades de aquellos que todo qu1&gt;nan sacarlo de la onomatopeya". Pero, "por supuesto que, para ser
completos hay que ~umergir el estudio lingiiístico en rl estudio general de las comunicacionrs humanas, pues ya lanzados
por este camino, unos conocimientos tirnen que rnlazars; con
los otros como cuando Élor Juana halla puentes o metafo_ras
explicati;as rumbo a las verdades teológicas en sus medltaeiones sobrr la música".
J.A.G.

Asesinato en la catedral, por T. S. E 1iot. Traducción de José
Hernánd&lt;'z. Dirrreión General de Publicaciones. U.N.A.:!\I.,

1960.

LA

PRESENCIA de T. S. Eliot en la
poesía del siglo XX ha contr~buído a ~on!i~uar la línea de
la gran literatura inglesa segu1~a por Virgnna -~oolf, J oyce,
v en cierta medida, Shaw, corriente cuya sucesion s~ hallab~
~letenida. Es bien otra, sin embargo, la ruta ~1ue Ehot ~ersigue, comparada con las obras d~ las grandes ~1,guras aludidas;
su inter~s se encamina a otro tipo de expresion.
Ori,,.inalmente
el escritor inglés referido se había preo0
cupado particu1armente por la renovación de la poesía en

Libros

1

')

(

l

83

lengua inglesa, aportando una obra poética de gran valor que
lo llevó a la justa consagración ; en igual medida intenta el
teatro con las mismas inquietudes transformadoras. Su interés en este género era llevar la poesía al teatro, traslado que
no sólo incluía el sentido poético en el lenguaje, sino el uso
del verbo en escena. Esta idea se halla desarrollada plenamente en Asesinato en la catedral, La roca y Cocktail party,
citando sólo sus obras más conocidas.
La Imprenta Universitaria de la Universidad de México
emprendió este año la edición en español de la primera: Asesinato en la catedral, cuya traducción debida a Jorge Heruández Campos conserva la intención del verso del original,
sin llegar a ser una versión en verso; resguarda, así, las líneas versificadas del texto, trasladándolas al español en una
suerte de poesía libre, y conservando los giros y alteraciones de Eliot, cualidad que le permite obtener una pieza que
se halla muy cerca de la exactitud interpretativa.
El experimento de E'liot de llevar al verso la escena, no
estaba exento ele osadía: el teatro había logrado ya el dominio de un lenguaje propio, de una expresión que había abandonado, con Ibsen, por ejemplo, los efectivismos y artificios
que en gran medida el verso significaba ; separado éste del
teatro en el siglo XVII, la vuelta a la costumbre olvidada
bien podía parecer una insolencia cometida a la escena. Pero la concepción dramática de Eliot es otra: el personaje representado, si bien guarda cualidades que lo determinan como un ser individual, es a la vez atributo de símbolos, y estos son los que dan al autor la posibilidad de hacer poesía.
Esto y aprovechar de los personajes los momentos clave en
una escena legitima el uso del verso.
Pero la obra no es sólo un mero juego formal. La dialéctica de las ideas -las ideas políticas, la justicia- hace
de esta obra una pieza de tesis.
El asunto de la obra descubre el dilema entre la obediencia a un sistema gubernamental, o la conformidad a las convicciones religiosas; es decir la opción entre los valores por
sí mismo o la justicia. Thomas Becket habla de su deber
hacia su grey y la religión: en las últimas escenas de la obra,
quienes perpetran el asesinato de Becket revelan la otra
cara del problema: el deber de preservar a la sociedad del
fanatismo y el caos que vendrá con la negación del progreso
alcanzado por el país: su recién adquirida condición de categoría social, la burguesía.

�Libros

84

El problema, que no se resuelve, puesto que la muerte
del arzobispo es sólo una solución inmediata y pasajera del
asunto de mucho mayor alcance, plantea sin embargo, los hechos ayudando a vislumbrar una resolución: la justicia sobre
los demás intereses.
J.A.G.

Introducción a la metafísica, por Henri Bergson. Traducción
de Rafael Moreno. Dirección General de Publicaciones, U. N.
A. M:. 1960. 48 pp. (Cuadernos del Centro de Estudios Filosóficos).

T

AR.EA difícil y extensa sería analizar, someramente, el pensamiento de los principales estudiosos de la ciencia metafísica. En la de Aristóteles -por ejemplo- al primer examen figuran la materia y la forma. En
haber comprendido la esencial unidad con que se presentan
ambas entidades, radica la grandeza de este pensamiento del
estagirita. Y Aristóteles, lejos de entrar en un análisis acerca de la materia, siempre la relaciona con la forma y no es
posible pretender la explicación integral de la una sin la otra.
Es sabido que Sócrates y Platón, concedieron escasa importancia a la materia y al través de- la apreciab1e cantidad de
obras de este último apenas si obtenemos de ella una vaga
e imprecisa definición.
En Platón su anhelo por elevarse hacia planos metafísicos hace que su pensamiento rehuya de fundamentar esa materia con un criterio ligeramente físico; pero su genio idealista nos ofrece otra consideración de esa materia: la forma
sobre toda materia constituída.
Henri Bergson, el gran filósofo francés cuyo centenario
de nacimiento se cumplió el año pasado, escribió en 1903 un
interesante ensayo sobre la Introducción a la metafísica que
ahora en su homenaje ha publieado el Centro de Estudios Filóficos de la Universidad Nacional. Como bien lo anota Bergson, "desde entonces, (1903) nos hemos visto llevados a preci- ·
sar más la significación de los términos metafísica y ciencia.
Cada uno es libre de dar a las palabras el sentido que quiera,

85

Libros

cuando se toma el cuidado de definirlo: nada impediría llamar
"ciencia" o "filosofía", como se ha hecho durante mucho
tiempo, a toda clase de conocimientos. Se podría también tal
como lo dijimos en otro lugar, comprender todo en la rr:etafísica".
Y Bergson, siguiendo un orden preestablecido, va gradualmente presentando sus formulaciones y contemplando al
mismo tiempo, el contorno de sus tesis. Sus planteamientos' en
realidad, presentan un vigoroso pensamiento y al mismo tiempo, entre sus múltiples elementos, encontramos -aun en aquellas. gue nos par~cen secundarias-, una concreta armonía y
positiva coherencia. Para el autor la metafísica presenta, como una c~r~cterí~ti~a sobresaliente, la facilidad con que se
pueden umf1car d1stmtos conceptos y la relativa flexibilidad·
con que pueden equiparse unos con otros.
La variedad de los problemas planteados y la misma diversidad de sus distintas cuestiones, ofrece realmente un material de estudio que hace indiscutiblemente compleja y más
ardua, la tarea de realizar una crítica integral y valorista de
las tesis expuestas por Enrique Bergson .

Iván Restrepo Fernández

Páramo de sueños seguido de imágenes desterradas, por .A.lí
Chumacero. Dirección General de Publicaciones. U. N. A. M.
1960..

A

16 AÑOS de publicación de Páramo
de sueños (1944), primer libro de poesía de Alí Chumacero la
Universidad de México decide reeditarlo, seguido de 1má'.genes Desterradas (1948).
Poesía de_l silencio la de Chumacero. No de la impresión
arrebatada, smo de lo que permanece de ella: su memoria:
serena y segura. La sensación cristalizada por el tiempo. El
recuerdo del sosiego que emb1J,lsama.
"mas el aire es quien fragua, sosegado,
la caricia sombría, el beso amargo ..."

�Libros

Libros

86

87

ca se puede aprehender la intensidad. Chumacero pertenece
a los segundos".

Esta imagen posterior de las cosas si bien "pierde una
estela de su aroma", es más suavemente perceptible, más profunda quizá:

J.A.G.

"deja una huella: pie que no se posa
y yeso que se apaga en el silencio."
Ko hay temas en Chumacero; el amor que pudiera ser
uno de ellos, es demasiado importante, tácito en cada página,
para tomarlo como un simple factor de su poesía; entre líneas
-corriendo como un río subterráneo de aguas tornadizas que
a veces se filtran a la superficie- lo hemos venido leyendo,
intuyendo, como un constante estado, siempre en la misma
actitud del poeta de recuperarlo del olvido. El amor es una
constante paradoja. Amor: platonismo, solidez intacta; amor;
deseo ferviente; amor: recuerdo y tiempo recobrado.

' l

SI

De esta suerte, hablará del tiempo, de la flor inmersa, deshojada en las manos; de la desolación, playa donde la arena
espera la llegada inútil de las olas;; de la pureza, recuerdo
de Narciso adolescente; del olvido, provincia segura de la
nada.
La nada será un concepto plenamente identificado con
el poeta. Comienza por la orilla de sí mismo
"mi playa, la perdida, la solitaria arena
habitada de lágrimas, y el asolado sueño
donde tu ausencia crea la forma de la nada.''
Así, se convierte de vacío espacial en un sentimiento
apagado, nihilista de las cosas:
"No existe sino duelo, oscuridad:
una indeleble noche que se inicia
desde el voraz silencio de tus párpados."
En este mundo de paradojas, no puede faltar la esperanza, aun cuando se haya negado el valor y la ilusión del
mundo.
" ... "El sér es nada",
más el sér es polvo adormecido.''
De la poesía actual en México, la de Alí Chumacero es
probablemente la que ha sabido permanecer más atenta a sí
misma, yendo más seguramente a su lenta consagración. De
él ha dicho Emmanuel Carballo: "Se podría hablar de poetas
posibles e imposibles en el sentido epidémico de la imitación:
de aquéllos se capta la fantasía, el poder verbal; de éstos nun-

Laocoonte, por G. E. Lessing. Introducción de Justino Fernández. Versión de Amalia Raggio. Dirección General de
Publicaciones. U.N.A.M. 1960. 190 pp. (Colección Nuestros
Clásicos No 16).

1

•

P ASAJ\I OS revista a la historia
del arte, observamos que en ella los críticos brillan por su
ausencia. Pese a su verbalismo, propio frecuentemente de
una actividad literaria ambigua, no creativa, la crítica no
logró ocupar un puesto destacado en la historia. Podríamos
indicar difícilmente una media docena de hombres, cuyas intervenciones críticas fueran necesarias para la comprensión
de la obra ,plástica de una época. Es con la historia del arte y no con la crítica o filosofía del arte con la cual se ocupa~ actualmente los investigadores, puesto que cientos de
artistas quedaron consagrados como sillares en la evolución
cultural de la humanidad, no obstante haber sido atacados
y rechazados por la crítica de su época. Aquellos creadores
se perpetuaron mientras que los críticos se esfumaron del e;;cenario histórico.
Por otra parte, no es difícil comprobar que la crítica de
a:rte tuyo una mínima influencia sobre la producción artística. Aun es raro actualmente el caso de un pintor que crea
sus obras obedeciendo a las directivas de la crítica. Si lo
hace, es_ considerado, y con justa razón, como uno de tantos
oportumstas que corren tras de la "moda" y con ella desaparecen. Mucho más que por la crítica coetánea el artista fué
influenciado, en todas las épocas, por las co~diciones socia1.~s en que vivía, por el ambiente que lo rodeaba y las obligac10nes impuestas por sus protectores: los patronos que lo
contrataban: la iglesia, la aristocracia, y posteriormente, la
bu~guesía; o los "Marchands" y coleccionistas, cuando aparecieron en el escenario de las artes plásticas.
A G. E. Lessing lo podemos colocar dentro de la media
docena de hombres que mencionábamos arriba. Su obra Lao-

�Libros

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coonte, escrita en 1756 y que publicara un añ? después,. resul-

ta un certero análisis de la cultura y la pmtura Gri~ga, !
Romana. Como apunta bien Justino Fernández en s~ ·'.er1t1ca de Laocoonte" no hay que olvidar que_ es un romantico Y
que por eso concibe así la pintura. Es mdudable que abre
-cual precursor- una nueva época por el . concepto q_ue
tiene de la poesía, haciendo a un lado el gu_e tiene de _la prntura, y no olvidando que tomó el arte clasico como s1 f?~ra.
el único posible. Desde que el famoso ~rupo e~cul~?rico
Griego Laocoonte fué llevado al Museo Vaticano, eJerc~o _notable influencia entre los pintores y escultores del ~enacim1ei:i:
to incluyendo en ellos a Miguel Angel. Y Le~smg escog10
co:no título de sus límites entre la poesía y la pmtura e~ del
famoso grupo, por haber sido piedra angula~ de las discusiones con el crítico Winckelmann. Por lo u1;teresante clel
tema -si bien se le ha tachado por lo desorgam¡;ado_- r_esu1ta de elevado interés, más ahora cuando todo ha sido mvadido por una no muy saneada crítica.

I. R.F.

Libros

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gativo; el delirio en la selva; la furia homicida de un idiota; los amores ilícitos entre finquero e india; la mordedura
de una culebra y la amputación de un brazo; la peregrinación religiosa; la mujer domadora; y el amor incestuoso. Lo
que distingue a Balsells Rivera de sus contemporáneos son
la inesperada falta de dramatismo hasta en los desenlaces
violentos y tanto la individualización de los personajes anónimos como la humanización de los personajes simbólicos. Los
cuentos sin excepción están bien contruídos. El lenguaje es
correcto con una proporción equilibrada de términos guatemaltecos. Las metáforas, a veces demasiado explicadas, concuerdan con el ' tono de cada cuento : "su voz . . serruchaba
las palabras lo mismo que una sierra de cortar metales."
(''Petén") "El camino va trepando por los cerros violeta,,
encariñado con las alturas, y al fin se desploma y cae hasta
el río, lo mismo que un saco de harina abierto de una cuchillada." ("Esquipulas") Aunque ya pasó el auge del criollismo, sería imperdonable dejar en el olvido los cuentos de Balsells Rivera tan bien recogidos, prologados e impresos por
César Brañas y la Universidad de San Carlos.

Seymour Menton,
University of Kansas
Alfredo Balsells Rivera, El venadeado y otros cuentos. Universidad de San Carlos de Guatemala, 1958.

LA

PUBLICACION en 1958 por la
Universidad de San Carlos de Guate1!1ala de El venadeado ,Y
otros cuentos de Alfredo Balsells Rivera (1904-40) todav1a
no ha despertado el interés que merece: Este toii:io i~clu)'.e,
según el prologuista César Brañas, escritor muy fmo el mismo "unos de los mejores y más acabados cuentos que se h~n
esc~ito en Guatemala, de tema nativo." (p. 13). . D~sgraciadamente no se publicó hasta 1958 cuando el criollismo ya
había pasado de moda. Sin embargo, hay ~?e. constatar. que
Balsells Rivera publicó sus cuentos en per10d1cos y revistas
durante la década de 1930-40. No se trata de un rezagado
sino del mejor autor de cuentos criollos de Guatemala.
Los temas no son novedosos. Son los que llegaron a consagrarse en las obras de Horacio Qui_roga, José. E. ~Uvera,
Rómulo Gallegos, Miguel Angel Asturias, Gregori~ Lopez Y
Fuentes y Jorge Icaza: el asesinato pagado; el asesmato ven-

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