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                  <text>Revista de la Universidad de Naevo Leé■

e Mier y el caso Hogan •
to mexicano reciente •
Agustín Basave F

l Valle, Hacia una filo-

sofía integral del

J oseph H. Greenberg,

Lengua.je y Lingü

cques Charpier, Saint-

John Perse • Alberto

re a Gómez, México ante el

mexicano • Indi

OCTUBRE/DICIEMBRE DE 1960

Al'iO 3/ Segunda Epoca

��J\RMASY~

r

REVISTA DE LA UNIVERSIDAD DE NUEVO LEON
Revista de la Universidad de Nuevo León

Rector:

Año 3 No. 4

Octubre/Diciembre de 1960

Segunda Epoca

ARQ. JOAQUIN A. MORA

Secretario General :
LIC. ROGELIO VILLARREAL

SUMARIO

Director de la Revista:
LIC. JUAN ANTO~IO AYALA

Bedford K. Hadley, El Padre Mier y el Caso Hogan. . . . .

5

Edmundo Valadés, El Cuento Mexicano Reciente........

19

Agustín Basave Fernández del Valle, Hacia una Filosofía

Integral del Hombre.. . .. .. . . . . .. . . . . . .. .. .. .. . .. . .. 41

(Registro en Trámite)
PRECIO DE SUSCRIPCION

Dirección:

Joseph H. Greenberg, Lenguaje y Lingüística...........

63

Jacques Charpier, Saint-John Perse....................

77

UN" .Al'IO ( cuatro números)

Washington y Colegio Civil

En :México: Veinte pesos

MONTERREY, N .L.

Alberto García Gómez, México Ante el Mexicano. . . . . . .

83

Otros países: Dos dólares

México.

Indices de "Armas y Letra.s". . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

93

�Bedford K Hadley / EL PADRE MIER

Y EL CASO HOGAN

EL

célebre patriota y estadista mexicano, Padre José Servando Terrsa de Jesús dr 11ier Noriega y
Guerra (1763-1827), sostuvo que era Arzobispo de Baltimore.
En 1822 y 1823 se paseó y sr "pavoneó" (ll por las calles de la
ciudad de ~léxico ataviado con su propia versión del atuendo
&lt;'piscopal, afirmando qu&lt;' sus amigos católicos-romanos de los
Estados "Unidos lo habían elegido para ocupar el cargo eclesiástico de mayor catt'goría que eutouces había en ese país &lt;2 J.
Además, en su calidad dt' diputado electo del Primer y Segundo Congreso de México, el Padre l\fier, algunas veces,
firmó su correspondemia oficial como "Servando, Arzobispo
de Baltimore" &lt;3l.
Durante su vida, Servaudo dt' :.\Iier jamás explicó públicamente ni dio detalles sobre su fantástica afirmación. Por
eso, sus enemigos políticos consideraron que sus pretensiones
(1) . -Tomás

Mendirichaga y Cueva, "El Padre Mler contra el Estado de
Nuevo León", Vida Unh·ersltaria, CLXXXVII (Octubre), 1954, (6 por
9); Emillo del Castlllo Negrete, México en el siglo XIX (México: Imprenta del Editor, 1875-188), XV, 474.

(2) .--Servando de Mler, Diez cartas, hasta hoy inéditas de Frny Servando
Teresa de Mier (Monterrey: Se publlcan por lniclatlva del C. Alcalde
Primero, Prof. Manuel Flores, 1940), 3-6, 27; Mier al Ayuntamiento
de Monterrey, 17 de Julio de 1822 y 2 de Abril de 1823, en Eduardo
de Ontañón, Desasosiegos de Fray Senando (México: Xochitl, 1941),
142, 153-155.

(3) .-Servando, Arzobispo de Baltimore a la Diputación Provincial, Ciudad de México, 5 de Julio de 1823, en la obra de David Alberto Cossio,
Historia de Nuevo León (Monterrey : J. Cantú Leal, 1925), V, 889-;
José Eleuterio González, Biografía del Benemérito Mexicano D. Servando Teresa ele l\fier Xorlega y Guerra (Monterrey: José Sáenz, 1876),
245.

5

�6

Bedford K. Hadley

El Padre Mier y el Caso Bogan
4

eran una mentira absurda y sin fundamento alguno &lt; &gt;. El
Emperador Iturbide y las más altas digni~ades e~l~siá~tic_as
de México consideraban a 1\Iier como un fraile domm1co mfiel
y apóstata &lt;5&gt;. Ridiculizaron su extraño vestido morado Y
cuando se referían a él lo calificaban de tramposo en toda
regla &lt;6&gt;.
Incluso sus mismos amigos, los políticos liberales republicanos, nunca pretendieron apoyar la pretensión de ~ier. Aparentemente se contentaban con tolerarle sus extranas pretensiones, mientras lo reconocían como a su jefe político, pues
los discursos ampulosos y las actividades subversivas de éste
contribuían a socavar y aun a derribar, eventualmente, el
Imperio Mexicano de Iturbide&lt;7&gt;.
Los historiadores mexicanos y los biógrafos de 1\1ier consideran este suceso como barrera inviolable. Aunque a ambos
lados del Río Grande se ha escrito mucho referente a · este
famoso ciudadano de 1\Ionterrey, ni el incidente mismo ni siquiera los hechos en que basaba el Padre Mier su pretensión,
han sido revelados por escritor alguno.
Ciertamente, el Padre Mier jamás fue nombrado por el
Papa para desempeñar ese alto puesto eclesiástico en los Estados Unidos &lt;8&gt;. Sin embargo, es posible que un gran sector
de católicos laicos de los Estados Unidos le ofreciera el cargo
de Arzobispo de Baltimore, como él afirmaba. De todos mo(4) . -Domingo Velasco a Mier (México). N.D. 1822, Ms. Mier Papers, LatinAmerican Library, University of Texas, Austln, Texas; se citarán de
aqui en adelante como Mier Papers; Guadalupe de los Remedios, Defensa del P . Mier (México: Imprenta de Dofia Herculana del V~llar Y
Socios, 1822). Es éste un panfleto en cuarto dlstribl;lido en la Ciudad
de México en el cual se defendía el derecho que tema el P. Mler a ser
diputado en el Congreso.
(5) .-Agustín de Iturbide, Mémolres Autographes de Don Agustín lturbide,
exempereur du Mextque (Parls: Bossange fréres, 1824) , 146-182; P.
Mariano Cuevas, S.J., El Llberator, Documentos Selectos de Don Agustín de Iturbide (MéxicQ: Editorial Patria, S.A., 1947), 95.
(6) .-Para lo que se refiere a las críticas de Mier durante este período,
véase Bedford K. Hadlye, The Eulgmatlc Padre Mter, tesis doctoral,
Unlversity of Texas, Texas, Austln, 1955, 243-259.
(7) -Pedro Gallnda a Mier, Ciudad de México, 11 de Agosto de 18221 MS,
· Mier Papers; Francisco Banegas Galván, Historia de México (Mexlco:
Buena Prensa, 1923), II, 149; Hubert Howe Bancroft, History of Mexlco San Francisco: A. L. Bancroft Co., 1883-1885), !V., 782; Lorenzo
de zavala Ensayo histórico de las revoluciones de Mex1co, desde 1808
hasta 1830 (México: Oficina Impresora de Hacienda, 1918), 128-129).
(8).-Donald c. Shearer, Pontificia Americana (Washington, D. C.: The
Cathollc Universlty of America, 1933), 91-143; John Gilmary Shea,
mstory of the Cathollc Church in the United States, 1808-1843 (New
York: John G. Shea 1890); Martin I. J. Griffin, "Life of Bishop Conwell" Records of tbe American Cathollc H is to rica 1 So c te t Y,
XXIV-XXIX (Marzo), 1913 hasta (Diciembre), 1918; Peter Gullday,
The Lite and Times of John England (New York: The American Press,
1927), I, 380-425; Francis E. Tourscher, The Bogan Schism (Philadelphla: Peter Re1lly Co., 1930) XX-XXII, 44.

...

,.

7

dos, la afirmación por parte de l\Iier de que había sido nombrado para ese puesto, era algo más que un a f i c c i ó :o. de
su ~~ginaJión desbocada. Esta pretensión, que así como parec10 mcre1ble a sus contemporáneos ha sido totalmente impenetrable para los historiadores, de hecho, estaba basada en
hechos históricos: el papel que desempeñó en el "caso Ho()'an"
es un episodio muy poco conocido de la vida del Padre l\Iier
pero_ ,constituye el punto de partida para interpretar la afir~
mac10n de que era Arzobispo de Baltimore.
El incident~ Hogan comenzó en abril de 1820, un poco
antes de que ~ier llegara a los Estados Unidos por segunda
vez. En ese tiempo, el obispo interino de Filadelfia, Luis
Barth, aceptó los servicios de un sacerdote irlandés un tal
William Hogan y lo nobró co-pastor de St. 1\Iary la 'catedral
de Filadelfia &lt;9&gt;. Desgraciadamente, el obispo ~10 se había
informado sobre el pasado del Padre Hogau. Sin embargo,
se abrió una investigación en el mes de noviembre de ese mismo año, a instancias del obispo de la diócesis Henry Couwell
que había sido nombrado hacía poco. Esta investi()'¡ción re;-eló que el Padre Hogan había estado en dificultades con sus
superio~·es eclesiásticos de Irlanda antes de llegar a los Estados Umdos(lO)., Se descubrió también que el Arzobispo de
New Y~r~,: habia non:?ra~o al Padre Hogan para un puesto
en l:i, m1s1on de esa d1oces1s, pero Hogan se había ido a Filadelfia, abandonando su puesto sin avisar a sus superiores. Además, el Obispo Com,ell supo que "la conducta y el len()'uaje"
0
de Hogan habían sido criticados severamente por sus cole()'as
católicos de Filadelfia.
º
Después de deliberar, el Obispo Conwell decidió en bien
de su diócesis y, especialmente, por el bienestar de' los feligreses, destituir a Hogan de su cargo de co-pastor de St.
Mary. Anuló el nombramiento hecho por el Obispo Barth y
destituyó a Hogan. En condiciones normales, con esto hubiera terminado todo el asunto, pero entre los feligreses de
St. Mary había una mayoría que estaba cautivada por los
sermones de Hogan. En este grupo estaban muchos católicos seglares de los más ricos e influyentes de los Estados Uni:los, que querían reestructurar la organización de la Iglesia
(9) .-Shea, op cit., 224; Tourscher, op cit., IX-X
(10) .-Ibid., 9
(11) .-Shea, op cit., 229.
(12) .-James Aloysius Farrell, "Thomas Fitzsimmons, Cathollc Slgner of the
American Constitution", Records of the American Catholic Historical
Society, XXXIX, 175-225 (septiembre), 1928, 183; Eugene F J Maier
"Mathew Carey, Publlcist and Polltician", Records of the AÜ1erlcari
Cathollc Hlstorlcal Society, XXXIX, 71-155 (Junio), 1928. 133-149.
0

�Bedford K. Hadley

El Padre l\:lier y el Caso Bogan

8

el caso Hogan, pues este criollo mrxicano, famoso trotamundos, había llegado casualmente a Filadelfia en 1821 &lt;17&gt;.

Católico-Romana de los Estados Unidos con el objeto de lograr
un control mayor en los asuntos eclesiásticos por parte de los
laicos. Este grupo, de manera especial, quería que los laicos
3
participaran en la elección de las autoridades eclesiásticas o &gt;.
El grupo de los cismáticos, llamados Hoganitas, celebró
una reunión en St. 1\Iary, a la cual prohibieron entrar a los
sacerdotes de la diócesis de Filadelfia. En esta reunión, completamente anormal, los laicos eligieron a Hogan pá-rroco de la
J glesia de St. Mary &lt;14&gt;.
El Obispo Conwell comunicó al Padre Hogan que si acep·
taba el nombramiento de los laicos lo excomulgaría, pero el
obstinado sacerdote irlandés ignoró la amonestación del Obispo y predicó un sermón a la congregación cismática. El Obispo replicó inmediatamente : m mayo de 1821 cerró las puertas de St. Mary como lugar de celebración del culto católico,
excomulgó a Hogan, censuró a los que lo apoyaban, los amenazó
también con la excomunión si no dejaban de hablar sobre la libertad en asuntos que no eran de sn competencia o 5&gt;. Sin embargo, nada de esto detuvo a los Hoganitas; presididos por
Hogan continuaron celebrando sus servicios religiosos en St.
1\Iary. Además, apelaron a la opinión pública, desatando una
guerra de panfletos, en los que se quejaban que el Obispo Con·
well había propasado los límiks dr la autoridad ec1esiástica
r que sus acciones contra Hogan no estaban ele ac:uerdo con el
Derrcho canónico.
Los Hoganitas se dieron cuenta de que, para que los Católicos norteamericanos se pusieran de su parte, tenían que lograr
el apoyo de la autoridad ec1esiástica y de los sacerdotes. Naturalmente, esta ayuda no les iba a ser proporcionada por las
6
autoricladrs eclesiásticas de la Iglesia de los Estados l rnidos0 &gt;.
Por eso, los Hoganitas comenzaron a buscar personajes ilustrrs rntrf los sacerdotes católicos extranjeros que estaban de
paso r n los E stados "Cnidos, con la esperanza de qur alguno
de r stos pudiera ayudarlos a mantrnrr su causa. A.sí fue romo
el destino y las cirenustancias envolvirron al Padre l\1ier en
(13) .-Shea, op. cit., 230-240.
(14) .-Ibid., 233; Tourscher, op. cit., 24.
(15) .-Shea, op. t·¡t., 232-234.
(16) .-Los cismáticos tuvieron éxito al persuadir a dos sacerdotes para que
oficiaran en la congregación de St. Mary durante la ausencia de
Hogan. Uno de ellos, Angelo Inglesi, más tarde fue obligado a abandonar los Estados Unidos, y el otro. Thaddeus O'Meally, fue más tarde
a Roma, donde pidió y logró el perdón por haber actuado como ministro de la congregación heterodoxa. Tourscher, op. eit., XXI.

o

,,.

Mier había llegado a los Estados Unidos a bordo del barco "Robrrt Fulton" &lt;18&gt; para huir de la persecución de las
autoridades españolas de !as que se había escapado, hacía muy
poco, en La Habana, Cuba. La fuga del Padre 1\lier había sido
planeada por sus amigos políticos mexicanos y cubanos ( 19 ),
cuando era llevado de México a España p ar a responder
a las am~aciones dé actividades subersivas políticas y religiosas en México &lt;20&gt;.
El asilo que le ofrrcieron en los Estados Unidos rra sólo
una- fútil razón para que llegara a este país. Su verdadero
propósito era conseguir ayuda financirra y simpatías para
la causa más amada de su corazón -la independencia final y
completa de España para su querido 1\léxico &lt;21 &gt;.
El Padre l\iier escogió a Filadelfia como base de operaciones porque sus amigos de Cuba, que le habían ayudado a
preparar su fuga, tenían contactos con las células de revolucio22
narios latinoamericanos que vivían en aquella ciudad &lt; &gt;. Uno
(17) .-Se desconoce la fecha exacta de su llegada. Est aba en La Habana el
dia último de mayo y La Aurora del día 16 de Junio afirma que llegó
pocos días antes de esa fecha. Hadley, op. cit., 201; The Aurora (Philadelphla) , 16 de Junio de 1821, I.

..

(18) .-El "Robert Fulton" fue el primer barco americano de que construyó
para usarlo en el servicio trasaltlántlco. Construido en 1819, el barco
viajaba a New York, La Habana v New Orleans. David Budlong Tyler,
Steam Conquers the Atlantlc (New York: D. Appleton Century Co.
1939), 15-18.
'
(19) .-Entre los papeles de Mler hay cierto número de cartas y escritos que
tratl!,n de los detalles de su fuga. Algunos de éstos son: M1er a Carlos
Mana Bustamante, 15 de enero de 1821; Francisco de Paula Mier
Norlega a Wenceslao Villa Urrutia (sic), Monterrey 7 de octubre de
1820; w. Wenceslao Villaurrutla a Mier, La Habana, N. D.; Rosillo
de Mier a W. Villaurrutla (sic), 5 de Febrero de 1821; Mana Josefa
Algarín de Valles a Mier, Ciudad de México, lo. de Enero de 1821;
Mier al Capitán Gral. J. M. Cagigal, La Habana Febrero, N. D. 1821;
Servando de Mier, La inquisición, 4 folios ; todo está en MSS, Mier
Papers. Véase también Servando Teresa de Mier Noriega y Guerra,
'"La Persecución", Escritos Inéditos de J,'rav Servando Teresa de l\lier,
introducción, notas y ordenación de textos por J. M. Miauel y Vergés
y Rugo Diaz-Thome (México: Fondo de Cultura Económica, 1944),
470-474.
(20) .-Opinión de las jurisdicción unida de que se destierre del país al
Dr. Mier, 15 de Julio de 1820, MS. cooia. Mier Papers; Servando de
Mler, respuestas y representaciones del Dor. Don Servando Teresa de
Mler Noriega y Guerra, al Sor. Gobernador de Veracruz, al Sor. Vlrey
Apodaca, al Provisor y Vicario gen!. del Arzobdo. de México Alatorre y
a la Junta Provincial con los oficios corespondientes de los susodichos,
32 folios, MS. Mier Papers.
(21) .-Mler llegó a los Estados Unidos como agente especial para la Junta
de la Vera Cruz que, según Mler, fue organizada para lograr la Independencia de México. Era este grupo el que ayudo a preparar la fuga
de Mier de La Habana. Se sabe muy i:,oco acerca de esta Junta, excepto
que el historiador Carlos María Bustamante fue uno de sus miembros.
Para más detalles, véase Mier, La Inquisición, follo 2, MS, Mier Papers.
(22) .-Hadley, op cit., 204-205.

�10

formas de proceder podrían ser decisiYas en la influen~ia que
se quería ejercer sobre los católicos de los Estados Umdos.

de estos contactos era Manuel Torres, encargado de asuntos
colombianos de la Gran Colombia de Bolívar en los Estados
Unidos. Torres había residido en Filadelfia durante Yeinticinco años y, durante todo ese tiempo, había trabajado por la
independencia de las Colonias Españolas en el Hemisferio
Occidental &lt;23&gt;. Por eso, fue natural, que recurriera el Padre
l\Iier a la ayuda de Torres nada más llegar a Filadelfia.
Ambos llegaron a ser íntimos amigos y Mier vivió en la
casa de Torres todo el tiempo que permaneció en los Estados
Unidos &lt;24&gt;. Torres presentó a l\fier al círculo de sus amistades. Entre los amigos íntimos de Torres estaba Richard W.
l\Ieade, rico comerciante y armador de barcos, cuya familia
era una de las más ilustres de Filadielfia y, además, sus
antepasados habían ayudado a fundar, en la época colonial,
la primera parroquia católico-romana de Pennsylvania (25 ) . Las
familias Torres y Meade pertenecía;n a la feligresía de St. l\fary. Richard Meade, fideicomisario laico de la parroquia, era
también uno de los jefes cismáticos de la congregación y partidario de Hogan &lt;26&gt;. El Padre Mier conoció a Meade por
medio de su común amigo Manuel Torres y, casi inmediatamente, su conocimiento se transformó en una amistad tal que
llevó al Padre Mier a aceptar, con mucho gusto por su parte,
el papel de director de la controversia de Hogan. El Padre
Mier aceptó servir como consejero eclesiástico y como experto en derecho canónico de los Hoganitas. A c a m b i o, el
mismo Mier lo da a entender, los rebeldes estuvieron de acuerdo en nombrarlo para el alto cargo de Arzobispo de Baltimore,
si tenían éxito en imponer el Plan Americano de reorganización
de la Iglesia Católico-Romana de los Estados Unidos.

En las primeras páginas de The Aur~ra,_ uno de los principales periódicos de Filadelfia, del 16 de JUID0 de 1821_, apare27
ció a dos columnas un resumen biográfico del Padre Mier ( ).
El'ar t í c u 1 o se ~efería a la participación del Padre l\~ i e r
en muchas batanas políticas y militares para lograr ~a mdependencia de México. También explicaba qu~ había sido pe;se"uido
por los opresores españoles de l\fenco durante mas
0
de dos décadas y que había sido juzgado por la poderosa
Inquisición española a causa .de su idealismo y por sus luchas
contra las "supersticiones religiosas"&lt;28&gt;. Más adelante el
artículo daba cuenta de su estado eclesiástico, afirmando que
el Padre Mier era, de hecho, Obispo católico-romano y amigo
personal de Su Santidad el Papa Pío, VII y que ~ra t~l su
amistad con el Papa que éste le habia dado a l\1~er titul~s
eclesiásticos honoríficos tales como el de Protonotano Apostolico y Prelado Doméstico.

...

Esta campaña para exaltar a Mier fue imp_ulsada por los
Hoganitas por medio de panfletos y otros med10s, en los gue
se llamaba al Padre Mier "Muy Reverendo Serva-!1-do l\fler,
Doctor en Sagrada Teología" y "Nuncio Pa~~l envia_do a los
Estados Unidos por el Papa para regular e mdepend1zar a la
·
I"lesia-Católico-Romana
de. los Estados U m'dos11 (29) .
o

Una vez firmado este pacto entr_e Mier y los Hoganitas,
se inició una campaña para hacer la propaganda y glorificar
al Padre Mier como un personaje distinguido y un sabio católico. El propósito velado de la campaña, fue, en efecto, presentar a Mier como una autoridad, pues así sus a c t o s y
(23) .-Mier a Pedro Gual, ministro de Estado de la República de Colombia.,
Philadelphia, 2 de septiembre de 1921, MS, Mier Papers; Hadley, op.
cit. ,225. Entre los papeles de Mier existe un pasaporte colombiano
con un sello de cera, fechado el dia 31 de octubre de 1821 y firmado
por Manuel Torres en su calidad de Encargado de Negocios de Colom1bia.
(24) .-La casa de Torres estaba situada en 193 West Tenth Street de Phi.16delphla. Mler a Mery (sic) y Charlote Stephenson, Phlladelphia, 20
de junio de 1821¡· Vicente Rocafuerte a Mler, New York, 31 de Julio
de 1821; MSS, M er Papers.

11

Bedford l{. Haclley

El Padre l\Iier y el Caso Hogan

..

..

Hogan dió el siguiente paso. _El cura excomu}gado de
St. l\1ary redactó una lista de queJaS, que se referia~, a las
leyes canónicas tal como se habían empleado ~n _la acc10n que
emprendió contra él el Obispo Conwell al destitmrlo. ~as pre"Untas fueron presentadas oportunamente al Padre Mier, autotitulado "especialista en derecho canónico" ,. para que las
estudiara y diera una respuesta.. En Y~rdad, ~Iier no desaprobó a los católicos rebeldes de Filadelfia, porque en un largo
sermón en latín, el sacerdote mexicano, respondió a t_odas las
preguntas (3º) en tal forma q~e agrado a ~os Hogamtas. J?e
hecho, fue tal la gratitud que estos le m~n~festaron que l\her
recibió públicamente un acto de agradecnmento por parte de
la parroquia de St. l\1a_ry_ a causa_ de sus "doctas" _respu.estas.
Este pliego de agradec1m1entos, firmado por los m1e_m_br_os de
la Junta Directiva del grupo de St. Mary, estaba dmg1do al
(27) .-The Aurora (Phlladelphia), 16 de Junio de 1821, l.
(28) .-Ibid.

•

(25) .-Richard Meade Bache, Llfe of General George Gorclon l\leacle (Philadelphia: Henry T. Coates Co., 1898), 1-13; Farrell, op. cit., 183.

(29) .-Shea, op. cit., fn: 237. Shea cita co_mo su fuente Libro ele Gobierno,
San Antonio. Véase también Ontanón, op. cit., 142.

(26) .-IbJd.; Maier, op. cit., 146-147; Shea, op. cit., 248; Tourscher, op. cit.,
44.

(30) .-El expediente latino original está entre los Mier Papers.

�12

El Padre l\'lier y el Caso Bogan

Bedford K. Hadley

"Muy Reverendo Doctor Don Servando Mier"&lt;31 &gt;. Además,
todo el sermón de Mier fue traducido inmediatamente al inglés,
impreso en forma de panfleto y distribuido ampliamente entre
los católicos de los Estados Unidos.

tos en circulación por la :facción de Hogan. La literatura
ortodoxa criticaba a Meade y a sus ricos amigos por "su total
falta de respeto a la moral, a la verdad y a la decencia" &lt;33 &gt;.
Hogan era condenado por borracho e inmoral. Pero el blanco
del menosprecio, en algunas de las publicaciones de los ortodoxos, era el Padre Mier; ~ra atacado sin cuartel por su carácter, su pasado, por su situación eclesiástica y por sus argumentos. El Obispo Conwell rehusó severamente dignificar la
presencia de Mier en el conflicto o degradarlo y desacreditarlo en un debate público, aunque en conversaciones privadas y en su correspondencia el Obispo se refería a Servando
como un "sacerdote infiel que se llama a sí mismo Obispo" &lt;34 &gt;.
El Padre Harold, un sacerdote de Filadelfia, fustigó públicamente a Mier en un sermón, llamándolo "monstruo, cuyas palabras eran toda una falsedad &lt;35 &gt;.

La primera pregunta de Hogan era: 1, Tiene un Obispo
poder para suspender a un sacerdote sin antes celebrarle un
juicio eclesiástico V En su respuesta, Mier admitía que un
Obispo Católico normalmente suspendía sin celebrar juicio;
tal acción era un procedimiento común en la Iglesia. Sin embargo, el Padre establecía que tal forma de proceder no podía
ser considerada canónicamente correcta, porque, al comienzo
del mundo, el mismo Dios había establecido la norma de que
cualquier acusado podía ser citado para comparacer ante su
juez, norma que se estableció cuando Dios citó a juicio a ..:\.dán
.Y Eva en el Paraíso Terrenal. El Pa1re l\Iier seguía teorizando c:on esa mentalidad teológica y expresando sus puntos de
vista sobre el derecho canónico que se suponía en cada una
d(' las preguntas hechas por Hogan.

En artículos y panfletos distribuidos por los católicos
leales, el pueblo de Filadelfia y Baltimore fue informado que
Mier era un fraile mexicano vagabundo y degradado, que
había sido enjuiciado dos veces por la Inquisición de 1\Iéxico
por sus actitudes irreverentes hacia la religión. Además, los
partidarios del Obispo declararon que todas sus pretensiones
eran completamente falsas : Mier ni era Protonotario Apostólico ni Prelado Doméstico ni Nuncio Papal. Un panfleto anónimo escrito por un erudito católico ortodoxo estaba dedicado todo él a refutar las respuestas que Mier había dado a las
preguntas de Hogan &lt;36&gt;. El autor informaba a sus lectores
que lo que Mier había declarado en su sermón en latín que
era derecho canónico no eran más que ideas y opiniones personales emitidas por un hombre corrompido &lt;37&gt;. Este panfleto
enfureció a Mier en tal forma que escribió un artículo para ,..
vengarse en el que llamaba al autor anónimo una "persona
de ma1a educación o inmoral" &lt;38&gt;.

En cada uno de los casos, el Padre Mier declaró que aun
cuando el Obispo Conwell, al destituir a Hogan podía haber
actuado de acuHdo con las prácticas normales de la Iglesia,
sin ('mbargo dicha actuación no estaba de acuerdo con la letra
el(' la ley ta1 como estaba determinado en los cánones de la
Iglesia. Todo el sermón latino de l\Iier tenía la astucia de
iminuar que durante muchos siglos el brazo clerical de la Iglesia había usurpado la autoridad, autoridad que, según los
argumentos de ~fier, había estado originariamente en las manos del pueblo en lo que se refería a nombramientos de los
eclesiásticos. Afirmaba que de hecho tal método de elección,
aunque no se h&lt;J,bía practicado durante mucho tiempo dentro
de la Iglesia, era, con todo, la forma correcta de ajustarse a
los eánones &lt;32 &gt;.
Mientras los Hoganitas intentaban atraerse a su partido
a los laicos, los católicos leales no estaban de brazos cruzados.
Los "Bishopsitas" (católicos ortodoxos que apoyaban al Obispo Conwell) pagaban en la misma moneda, publicando panfletos para contrarrestar los efectos de los que habían sido pues..
(31) .-El nombramiento original tal como fue dado a Mier por la congre-

gación de St. Mary está en los Mler Papers.

(32) .-Servando de Mler, The Opinions of the Rt. Rev. Servandus A.M. l\flers,

D.S.T. in the Royal all(I Pontifical Unlversity of Mexico, and Chaplain of the Army- on Certain Queries addressecl to him bv Rev. W.
Hogan, Pastor of St. l\lary's (Phlladelphla, 11 de Julio de i821). Los
ejemplares de este panfleto son muy raros. El único que conoce el
autor de este artículo está en la biblioteca de la Historical Societv of
Pennsylvania. La traducción del latin al inglés fue hecha por Juan
Leamy, uno de los jefes cismáticos.

13¡

(33) .-Grlffln, op cit., XXV, 171.
(34) .-Tourscher, op. cit., 34.
1

(35) .-Richard W. Meade, An Address to tlle Roman Catholics of Phila&lt;lelpbia
in reply to !\Ir. Harold's Address (Phlladelphia, 1823), 23.
(36) .-Anonymous, Remarks on the Opinion of the Right Rev. Servandus A.

..

Mier, Doctor of Sacrecl Theotogy, etc., on Certain Queries Proposed to
him by the Rev. Wm. Bogan (Phlladelphia: Bernard Dornin, 102n,
4-5.

(37) .-Ibld ..

(38) .-El panfleto se publicó en agosto de 1821, bajo el título de A Worcl

Relatlve to an Anonymous Pamphlet. Las citas son de uno de los tres
borradores que hizo Mier antes de que el panfleto se imprimiera no
se sabe si fueron impresos privadamente. Véase Servando de Mier
Apología contra las personalidades que se hallan en un papel anonimo acabado de imprimir en Philade1phla intitulado Remarks on the
Opinion of the Right Rev. Servandus A. Mier, Doctor of Sacred Theology, etc., on Certain Querles Proposed to him, MS, Mier Papers.

�14

El Padre Mier y el Caso Hogan

Además de todo lo que dijo en sus discursos sobre el derecho canónico, Mier probablemente aconsejó a los jefes cismáticos sobre la forma en que tenían que procederC39). Como
buen teólogo y como trotamundos Mier tenía un gran conocimiento de los métodos para negociar acuerdos y tratados con
el papado c4oi. Esos conocimientos del Padre Mier podrían
b.aber sido de gran utilidad para los laicos cuyo objetivo final
era obtener la aprobación del Papa para su "Plan Americano".
El activo papel de Padre Mier como consejero y consultor
de los Hoganitas, sólo duró alrededor de cuatro meses- de
junio a septiembre de 1821 C41 ). Pero mucho después de haber
:lejado Filadelfia por México, su nombre y sus acciones eran
un t ó pi c o de discusión en 1 o s círculos católico-romanos de
los Estados Unidos. Todavía en abril de 1825 Richard 1\Ieade
,e dirigió públicamente al pueblo de Filadelfia defendiendo al
Padre Mier contra los contínuos ataques de los católicos ortodoxos. En su defensa Meade informaba al pueblo que en
ese preciso momento el Padre Mier "era un clérigo de gran
respetabilidad en México" y además uno de los jefes políticos
de su patria (42).
A pesar de que durante la controversia circularon aproximadamente setenta panfletos, impresos por ambas partesC43l,
el éxito de la herejía de Hogan y del Plan Americano fracasó.
Muy pocos laicos se convirtieron a la causa de los cismáticos.
Excepto Mier y Hogan, solamente alguno que otro clérigo le
prestaron su apoyo C44). Los defectos del carácter de Hogan
fueron una causa de desconcierto para los que creían que iba a
salir triunfante en su lucha contra el Obispo Oonwell. Por fin, en
1823, los que apoyaban el Plan Americano pidieron a Hogan
que abandonara Filadelfia; por desgracia, abandonó temporal(39) .- Tourscher, op. cit., 44.
(40) .-Ibld. No se ha determinado en qué fuente se informó Tourscher, pero
su suposición es precisa, se cree que desde sus viajes por Europa
Mier tomó parte activa en los asuntos eclesiásticos en Francia, Portugal, y como Vicario General en el ejército español durante las
guerras napoleónicas, como finalmente pueda deducirse por sus memorias.
(41) .-La fecha exacta en aue Mier abandonó Filadelfia es incierta. Una
carta fechada el día 29 de septiembre de 1821, desde New York a Mler
que estaba en Filadelfia, sugiere que Mler aún no estaba en New York
en camino hacia México; sin embargo, Torres escribió desde Filadelfia
a Mler que estaba en Nueva York el 24 de septiembre; MSS, Mier Papers.
(42) .-Meade, op cit., 23 Meade obtuvo esta información de José Torrens.
Encargado de Negocios de México en Filadelfia en 1823.
(43) .-Hadley, op. cit., 222.
(44) .-Este era Juan Rico, un misterioso fraile franciscano errante que pretendía ser ex-Vicario General del Ejército Espafiol y Doctor en Teología, que se ganó la vida en Flladelfla haciendo y vendiendo cigarros. Shea, op. cit., 235.

Bedford K. Hadley

13

mente la Iglesia, se casó y se perdió en el olvido. Hacia 1828
todos los cismáticos se habían retractado y retornado a la ortodoxia. En este grupo estaban Manuel Torres y Richard
Meade, todos los cuales fueron enterrados más tarde en el
cementerio de St. Mary como buenos y piadosos feligreses C45l.
Como se ha insinuado más arriba, el Padre ::\Iier abandonó
Filadelfia en el momento más enconaao de la controversia y
volvió a México. Su salida pudo h a b e r sido motivada, en
parte, por la prisa que tenía en evitar la ira de los católicos
ortodoxos. Sin embargo, la verdadera r a z ó n de su salida .
fue el deseo de volver a su patria que acababa de independizarse, para tratar de establecer en ella un gobierno republic~no. Y, en realidad, esto fue lo que hizo. Durante cierto
tiempo continuó manteniendo correspondencia con algunos
jefes de los Hoganitas.
No puede afirmarse con evidencia si el Padre Mier prometió o no o si intentó volver alguna vez a los Estados Unidos
para tomar posesión del alto puesto de Arzobispo de Baltimore, si es que las circunstancias se lo hubieran permitido. Existe, sin embargo, un documento revelador, una carta fechada
"en la Ciudad de México, el 19 de julio de 1823". Está dirigida
por el Padre 1\1ier al Ayuntamiento de Monterrey y contiene
esta declaración: "He renunciado al Arzobispado de Baltimore porque ya estoy demasiado viejo para :ir a vivir a un
clima tan frío y, además, mi patria me necesita"C46).
Quizás esta declaración de su renuncia, en aquellos momentos estaba dictada por la edad, el clima y la política de
su patria. Pero también se puede haber debido, en parte, a
que comprobó quC' ya eu 1823 el caso Hogan y el Plan Americano habían fügado a &lt;su et:-i.pa final. DP todos modos, el
Padre l\Iier ya nunca más añadió el título de 1\rzobispo a su
firma y a partir de 182::l su rorrespondencia rstá sig11ifir.ativamente dirigida a algunos antiguos amig-os de Filadelfia relacionados con el movimiento cismático&lt;47) .

No se sabe cómo o ruándo los partidarios del Plan Americano propusieron al Padre l\f ier que fuera su Arzobispo -si
es que tal invitación le fue hecha-, como pretendía l\fier.
Por otro lado, el autor de este comentario ha determinado que
no hay ninguna evidencia de que ellos refutaran en ocasión
(45) .-Bache, op. cit., 13

(46) .-Servando de Mier, Diez Cartas, etc., 13-16; Ontañón, op. cit., 162-163.
(47) .-Servando de Mler, Cartas y discursos, 1820-1821, 642 folios; Servando
de Mier, Obras y cartas, 1820-1823, 112 folios; MSS Mler Papers.

�16

El Padre Mier y el Caso Hogau

Bedford K. Hadley

17

alguna las afirmaciones de Mier. Si es verdad que le hicieron
tal ofrecimiento, los que se lo hicieron tenían que ser los fideicomisarios laicos de la congregación de St. l\fary de manera
informal, en secreto y tentativamente. Se debe recordar que
ui el grupo cismático ni l\fier defendían la ruptura con Roma
tlÍ la formación de una nueva Iglesia. Ellos se consideraban
buenos católicos que únicamente buscaban la aprobación papal para lo que creían ser una prerrogativa: ~l derecho a
escoger y a deponer a sus sacerdotes y obispos.

Y había logrado una gran fama. En 1820, la primera edición
del famoso_ libro de William David Robinson lo hacía aparecer
como relac1011ado con la expedición de l\Iina a México &lt;51 &gt;. Por
~edi? de este lib_ro, el pueblo de los Estados Unidos supo, en
termmos encendidos, del papel que había desempeñado el
Padre M:ier en el fallido intento de independizar a l\Iéxico.
Además, en su relato destinado a los americanos Robinson
estableció que "por su talento y por la mbanidad de su
conducta el Padre Mier había llegado a ser faYorito del
Papa"&lt;52&gt;.

Desde que .Ambrosio ~Iaréchal fue nombrado y reconocido por el Papa como Arzobispo· de Baltimore &lt;48&gt;, no es probable que los Hoganitas se hubieran rebelado reconociendo
como antes ( el período en que participó el Padre Mier) a otro
Arzobispo. Es probable que hubieran reemplazado a Maréchal, puesto que él apoyó al Obispo Conwell durante la disputa con Hogan.

También se sabía en los Estados Unidos que l\fier como
Vicario G~neral de la Expedición de ~fina, se había ~rocla~ado enviado del Papa. Además, se sabía, que l\Iier había
dicho que, una vez lograda la independencia de :México el
pueblo elegiría a sus Obispos: esto lo había hecho muy 'popular entre los católicos rebeldes de Filadelfia.

Aunque no se l!Scribió la oferta de su nombramiento, hay,
3in embargo, cierta evidencia circunstancial que apoya la
afirmación del autor de que Mier era el candidato lógico de
los laicos para el puesto de Arzobispo:
:Meade y, posiblemente otros jefes del movimiento hogauita, admiraban a Mier&lt;49&gt; y lo creían bien preparado para el
alto cargo eclesiástico. La probabilidad de qu~ el verdadero
estado eclesiástico de Servando de M:ier era úmcamente el de
fraile dominico regular no tiene relación con el objeto de este
artículo (50). Lo que interesa aquí es que los Hoganitas aceptaron y aparentaron creer que el Padre Mier era un Obispo
Gatólico-Romano legítimo y amigo personal del Papa. Tal
creencia, aunque podía ser falsa, es inexplicable pues el Padre
l\Iier no era un desconocido para los norteamericanos.
En los Estados Unidos y especialmente en el área de Filadelfia-Baltimore, el Padre Mier había tenido gran publicidad
(48) .--Shearer, op cit., 91-93; Shea, op. cit., 25-76.
(49) .-Manuel Torres a Mier, Filadelfia, 24 de septiembre de 1821 MS, Mler
Papers.
(50) .-Este es uno de los más grandes enigmas históricos de la vida del
Padre Mier. Hasta el día de su muerte, pretendió que había sido secularizado y nombrado Prelado Doméstico. Su panegirista y biógrafo,
José Eleuterlo González es uno de los pocos que creyeron en esta
pretensión. Este escritor, habiendo tenido correspondencia con el yatlcano, cree que Mier no tenia fundamentos para tal declaracion,
puesto que una cuidadosa Investigación hecha por los empleados del
Vaticano no descubrió informes ni registros de la secularización de
Mler ni el nombramiento de Prelado Doméstico, Pro-Notario o Nuncio
Papal. Edward L. Heston, C.S.C., Procurador General de la Orden de
la Santa Cruz, a Bedford, K. Hadley, Roma, 23 de mar~o de 1952.
Véase también Hadley, op. cit., 69-77, para un total anal!sis de la
situación religiosa de Mler.

Otra fuente interesante de observación que viene a sumarse a la fama de Mier en los Estados l;uidos procedía
de_ los an~ericano~ de la zona de Filadelfia-Baltimore que
M1er y l\Ima habian reclutado en 1816 para su empresa de
independizar . a l\Iéxico del yugo español. M:ier era respetado y quer1do por estos aventureros voluntarios&lt;53&gt;. ~o
es sorprendente, pues que, cuando volvió a los Estados Unidos en 1818 y 1819, el Padre Mier y todos sus actos se alababan en las conversaciones y en los relatos que trataban
sobre sus aventuras (54) .
En una palabra, considerando todas estas circunstancias
y la gran estima que de él tenían muchas pnsonas, no es

una conjetura ilógica afirmar que el Padre Mier tenía alg_unos fundamentos para decir que era el Arzobispo de Baltimore.
Pocos_ hombres han vivido una vida más llena de aYenturas y d~ e~ageraciones. como la del Padre l\Iier y hay
muchos episodios de su vida que aún no se han explicado
(51) .-Wililam Davls Robinson, Memolrs of tbe l\Iexican Rernlution: inclucllng a Narrative of tbe Expeditlon of General Xavier Mina (Ph!ladelphia: Lydia R. Ba!ley, Printer, 1820).
(52) .-Ibid., 110.
(53) .-Declaración de D. Juan Martinich al Dr. Domingo de Ugarte 17 de
octubre de 1817 e;i J. E. Hernández y_ Dávaios, Colección de documentos para !~ historia de la guerra ele D¡dependencia de México de 1808!
a 1821 (Mexico: Universitaria, 1946), VI, 700.
(54) .-Carta de W!lliam Thompson a un amigo, lo. de mayo de 1818 impresa en Daily Natlonal Jntelllgencer (Washington, D.C.), 18 de junio
de 1818, VI n. 1697. William Thompson fue oficial americano en el
ejército de Mina.

�18

El Padre !Her y el Caso Hogan

desde el punto de vista histórico. Reclamó much~s cosas
que se referían a su persona y que crean un ª1!1bien~e de
duda para los investigadores, porque aun en su m1~:a ept~
eran episodios oscuros y como tales han per~anec1 o a ra
vés del tiempo. Pueden ser verdad o m~nt1ra- como su
derecho a ser llamado Arzobispo de Balt1more.

Edmundo Va/adés / EL CUENTO MEXICANO RECIENTE
lf

Northern Illinois University
DeKalb, Illinois
I'

SI

exploramos en el panorama del
cuento en los últimos doce años, advertimos a primera vista
una inusitada riqueza temática y una consciente depuración
en el estilo, con penetrante intención de vernos a nosotros
mismos, libres de prejuicios o complejos, para discernir facetas ocultas del carácter mexicano, ya frente a sí mismo o
ante el mundo que lo rodea. En esta preocupación es nota
reiterada el afán por recrear el habla popular, para convertirla en expresión estética.

'

Si sobre la moderna literatura mexicana ha influido decisivamente la colosal lección que grandes y audaces titanes
mexicanos de la pintura han dado de tomar la historia, la
naturaleza y el hombre nuestro, para alumbrarlos con la luz
reveladora y genial, en ellos, del muro pictórico -muro que,
en sus manos, es la entraña casi viva de nosotros mismosen el renacimiento del cuento influye también, determinantemente, la confluencia de dos decisivas experiencias literarias:
la de los novelistas de la Revolución, inspirados por el sismo
social que sacudió larga y telúricamente a México y los obligó
a embeberse en la violencia de un pueblo lanzado a liberarse
de injustos oprobios, y la de la curiosidad insaciable de la
generación que, conocida como de Los Contemporáneos, la
empujó al buceo, sorprendente en prodigios y novedades, de
una literatura europea que deslumbra - al abrir caminos insospechados- con las obras de Proust y de J oyce.
Realidad y fantasía, expresionismo e inventiva, saturan
y enriquecen un notable auge cue_utístico que, a su vez, ha
estimulado el de la novela y aun le ha anticipado algunos de
sus actuales temas. Un ansia de expresión nacional, que de-

19 -

�Ednmndo Valadés
20

21

El Cuento ~Iexicano Reciente

sata la Revolución Mexicana, abona la inquietud creativa a
la que confluyen las nuevas generaciones imponiendo la primacía de un descubierto y personal tono en el que aparece,
como elemento nuevo, un afinado aliento poético.

VUELTA A LA TIERRA
Ya acercándonos a los cuentistas de estos últimos años,
¡, qué constante es la que más los distingue 1 Para nosotros,

es la de una vuelta a la tierra mexicana, con ojos y sensibilidad perspicaces, que calan muy hondo en el hombre y el
paisaje mexicanos; una vuelta a la t ierra para extraer de
ella sus misterios y realidades; un adentrarse en la intimidad
del mexicano rural, para ir adivinando, descubriendo y revelando sus hondos secretos de ser; captando y recreando su
forma de hablar, de vivir y morir, con curiosidad inagotable,
ansia sicológica y pasión candente de fijarle su perfil más
exacto.
Pero esa curiosidad, esa ansia, esa pas1on, sometidas a
una objetividad madurada, en el oído y el ojo, aguzados y
alertas, se salvan de la puerilidad del folklorismo y llegan
en ocasiones a tan extraordinarios aciertos, que nos devuelven la realidad mexicana, aunque vista por extraña preferencia en su polo más sombrfo y dramático, no como crónica
ni relato, sino como admirable recreación.
En la obra de varios de estos cuentistas, va formándose
una geografía literaria humana del México rural, del labriego al indígena y que, no por coincidencia, es tal Yez uno de
los problemas más actuales que más nos preocupan y apasionan como, para no ir más lejos, lo demuestra el que esté en
estimulante reconsideración.
En esta geografía puede uno entender la vigencia de ese
grito, cuyo eco se agranda, de "tierra y libertad". Aun sin
premeditaciones políticas, aun sin intención manifiesta, en
estos cuentos no dejan de brotar realidades sociales del campo, a las que los propios campesinos, como en reciente congreso agrario o en las quejas que llegan a la oficina creada
para ese objeto por el Presidente de la República, dan voz,
en ritornelo urgente o angustioso -Y al fin esperanzado, por
lo que significa la convicción agraria del Lic. López 111:ateos,
sustentada en hechos incontrovertibles-, de más agua, más
créditos, más moralidad administrativa en otorgarlos y manejarlos, castigo y supresión de caciques, etcétera.

JOSE REVUELTAS
Y o sitúo también como al más inmediato antecedente de
-e~ta cuentística a José Revueltas. De su libro "Dios en la
Tie~r;i," arranc_a un nuevo estilo, una nueva actitud que sugerira u:1 cammo ,que va a desbrozar, con maestría sorprendente, _ano_s despues, Juan Rulfo. Con prosa sombría, densa,
admomtona, en momentos de escalofriante belleza, los cuentos de Revueltas son como el grito bíblico de un profeta en
-e~ que se entremezclan la crueldad y la desesperada solidandad aplas_tada ante potencias maléficas, divinas y humanas,
que se remegan encarnizadamente.
~a ira, el. terror, el fanatismo, el desahucio humanos y
-el odio, un od10 enterrado más allá de la carne, nos revelan
~m m1:ndo rural en el que ha de pesar una fatalidad maldita
~na~iita. .(¿ Y n,o es ~l producto de injusticias que nos ha~
mdiºnado ?)_ As1 percibe Revueltas el sentimiento de uno de
los personaJes de sus cuentos: "Al verla ahí la odiaba con
un rencor sin pr?iToga, seco y lleno de asco, como se odia
una cosa que lastima y a la cual, de ninguna manera, se concede el derecho de lastimar". O esto: "La población estaba
·eD:cerrada con odio y piedras. . . este odio venía de lo más
leJano Y ~o más bárbaro. Era el odio de Dios. Dios mismo
estaba ahi apretando en su puño la vida, agarrando la tierra
ent~e sus dedo~ gruesos, entre sus descomunales dedos de
enema Y de rabia ... Dios se había acumulado en las entrañas
de l~s. hombres como _sólo pu~de acumularse la sangre, y salía
-en ºritos, en despaciosa, cuidadosa, ordenada crueldad".

LUTO Y MUERTE
Sobre los seres que habitan los cuentos de Revueltas cae
la forma del dolor má~ .E:xtrema: la proscripción, el luto, la
~uerte.. ~e~a la maldicion sobre el hombre, sujeto a expia,:10nes mfimt~mente dolorosas. Una maldición que la prosa
,uya recoge airadamente. Nada objetivo -en contraste con
Rulf?-:-=- el cora~ón del escritor se funde con lo que expresa
,en vis10nes alucmadas o siniestras :
" ... de cualquier manera él era un culpable descomunal ... pasó por su mente toda la tragedia acumulada de
detalles, alusiones y feroces recuerdos ... como un mar
inc~sante y o_bstinado, hecho de lágrimas, de espantos, de
ansias de huir _Y de remordimientos atroces". Nada parece tener sentido en este ca.os: " ... la muerte a su vez
e~ tan absurda y tan inútil como la existencia misma"'.
No .hay esperanza, no hay redención: "La tierra era un
-desierto sin límites, sin vida, sin una sola planta, sin un

�22

El Cuento Mexicano Reciente

solo arroyo, sin un aliento. Y los ojos de ella reflejaban
esa piedra pertinaz y porfiada de la vida rota". Ko hay
clemencia, porque si un personaje "pedía un pedazo de
luz para su corazón, en este mundo cruel, enloquecido,
lleno de insospechadas fatalidades", el escritor mismo
parece dar la sentencia : "De lo que pudo ser un cielo
azul, limpio y lleno de música y claridad, hizo un pantano sombrío, espeso, cargado de remordimientos y condenas", pues, ha de agregar después: " ... el hombre torna
incesantemente sobre las regiones más odiadas y repulsivas de su propio espíritu".

COLERA REVUELTIANA
Y es que el hombre revueltiano está destinado a lo peor:
"Una posesión violenta y destructora de fuerzas imponderables le gritaban al oído toda la negación". Imágenes densas
de negror parecen danzar para cegar toda luz: "Bastaba volver ligeramente las sábanas, y unos muslos marmóreos azules,
impregnaban todo el cuarto de un prestigio seco, extrañamente mezclado de frío, ausencia, inmovilidad y miedo". Y si
se rompe el silencio, no ha de venir tampoco ninguna esperanza: "Un mismo ruido como el de hoy, con rabia, resignado
y seco, que no quería dejarse advertir, silencioso y con la
misma fragancia hiriente. de yerba, de veneno vegetal y animal, de atmósfera limitada entre la vida absoluta y difícil y
la muérte increíbles ... " Revueltas hurga en los más oscuros
abismos del alma humana; desgarra en carne viva lo más
primario de 1as pasiones. Rara vez asoma la ternura y si
ésta aparece, es insólita: "dos espantosos niños, alucinados,
terribles y buenos" o "unas cuantas calles sombrías, de tierra,
a punto de ser feas y que no lo eran por una especie de ternura impiadosa". La cólera revueltiana insiste: "Aquella
era su patria de magueyes, patria colérica, patria espesa, con
su desesperado cielo". En un contrapunto en la que la
sombra pesa sobre la luz, extrema y opone sus comparativos:
"una lóbrega violencia iluminada", o "lleno de sosiego espantoso". Unico testigo a salvo en este mundo terriblemente
doloroso de un indio, un indio yaqui, descrito ajeno a una
fiesta de yoris (blancos) : "No bailó, no habló, no tuvo una
sonrisa, los ojos sin ver a quienes lo rodeaban, hermético y
superior, ni nadie, tampoco, atrevióse a decirle nada, porque
era un dios lejano, corporal, presente, construido por la tierra
como una estatua pura".
·

APARECE RULFO
Este mundo rural revueltiano, en el que no hay más paisaje que una aridez humana extremosa, es el más visible ante-

Edmnndo Valadés

,

23

cedente para la obra de Juan Rulfo -así lo reconoce quien
quizás ha hurgado con más sagacidad en ella :M:alkah Rabel
al afirmar que las fuentes primarias del aut~r de Pedro Pá'.
ra~? e~tán en José Revueltas- y quien, con sorprendente
or1gmahda?, con un poder creativo singularísimo y admira~le maestria, va a hacer una aportación extraordinaria a la
literatura mexicana, al aparecer en 1953 su libro de cuentos
El Llano en Llamas.
:M:alakah Rabel ha definido así la obra de Rulfo y vamos
a oir sus palabras, en tanto oímos las del propio ~scritor:
"Rulfo emplea un lenguaje como surgido de las entrañas de
~a tierra .... con giros arcaicos logra imágenes nuevas, extranas, orozqmanas; con palabras descarnadas, viste un mundo
de fascinante dramatismo, a veces entretejido de un humor
macabro, como de esas calaveras danzantes".
"La literatura de Rulfo es representativa de un mundo
a punto de desintegrarse, como una gran piedra de cal reseca
y sólo el fascinante talento de su autor logra mantenerlo viYo'
con una vida sombría y taciturna, de movimientos lentos
definitivos. . . La sangre, el dolor y la muerte son como una
presencia ~iva. y permanente, una presencia sin quejas, tan
natural e mev1table como la vida misma ... Los personajes
de Rulfo viv~n una existencia sonámbula. Caminan por el
estrecho cammo de su mundo con ojos cie()'os y conciencias
dormidas. No recuerdan o no se dan cuenta, escapan a las
evidencias y reaccionan a desatiempo. . . Hay en sus descripciones como una especie de objetiva indiferencia ("despiadada
perspicacia", señaló muy bien Alí Chumacero). No se sabe
muy bien con quién o contra quién está Rulfo, hacia dónde
van sus simpatías. Sus relatos están desprovistos ele tesis
de filosofía, o de razones sociales; los hechos suceden po;
una especie de lógica secreta; los actos surgen porque sí ...
~i los mismos protagonistas conocen sus motivos: actúan,
viven, matan y mueren porque sí, porque no, quién sabe por
qué. . . es difícil asegurar hasta qué punto Rulfo expresa la
realidad mexicana ... Rulfo refleja no tanto la vida de México como el alma mexicana. en lo más hondo de su atavismo,;
Es la suya una realidad, como la de Orozco, expresionista".

f

PAISAJE RULFIANO
Las transcripciones que haremos de la obra de Rulfo confirmarán exactitudes del juicio crítico de Malakh Rabel.' Escarbemos, pues, en algunas páginas de El Llano en Llamas,
~ara enco~trar que en las manos de Rulfo, el paisaje y la
tierra mexrnanos son como pintura en que están más allá de

�2-1

donde podríamos situarlos. Una geografía seca, sin agua,
desnuda, a veces fantasmal, conforme el ámbito, en que viven
sus héroes: "Después de tantas horas de caminar sin encontrar una sombra de un árbol, ni una semilla de árbol, ni una
raíz ele nada", o, "un camino sin orillas"; una llanura rajada
ele grietas y arroyos secos".

,

LA TIERRA MALA
Y en un ritornelo: "se le resbalan a uno los ojos al no
encontrar cosa que los detenga", o "ni una gota de aire".
Los personajes de Rulfo caminan por veredas infinitas: "la
vereda subía, entre yerbas, llena de espinas y de malas mujeres. Parecía un camino de hormigas, de tan angosto. Subía sin rodeos hacia el cielo. Se perdía allá y luego volvía a
aparecer más lejos, bajo un cielo más lejano". Porque a
veces no hay más que cielo: "Sólo un puro cielo, cenizo, medio quemado por la nublazón de la noche".

TIEMPO INEXISTENTE

.\lgo puebla este paisaje fugazmente: los pájaros. Son
siempre la única señal de vida. Vuelan a través de algunas
de las páginas de El Llano en Llamas : "volaron los tototichilos, esos pájaros colorados que habíamos estado viendo
jugar entre los amoles. . . vio venir las chachalacas. . . ban-

dadas de tordos cruzaron por encima de nosotros hacia los
cerros ... Una bala disparada de allá hizo volar una parvada
de tildíos en la ladera de enfrente ... " De cuando en cuando
brota una flor escasa: "las flores del obelisco. . . las ramas d;
los camichines ... árboles llamados casuarinas y las paraneras". Pero esa vegetación termina por ser áspera como el
.
. .
'
mismo pa1saJe y muere pronto como los hombres pues si hay
hn~zaches, no dejan de ser "trespeleques" y ''~ólo a veces,
alh donde hay un poco de sombra, escondido entre las piedras, florece el chicalote con sus amapolas blancas. Pero el
chicalote pronto se marchita".

NUEVO LENGUAJE

Por eso conmueve, ante tan reiteradas descripciones de
nna tierra sórdida y poco generosa, ese amor que expresa
para ella uno de los labriegos que ha creado Rulfo: "Sus
ojos, que se habían apeñuscado con los años, venían viendo
la tierra, aquí abajo de sus pies, a pesar de la oscuridad.
Allí en la tierra estaba su vida. Sesenta años de vivir sobre
de ella, de encerrarla entre sus manos, de haberla probado
como se prueba el sabor de la carne. Se vino largo rato
desmenuzándola con los ojos, saboreando cada pedazo como
si fuera el último, sabiendo que casi sería el último".

En este paisaje sin límites, silencioso, "del que suben los
sueños", el tiempo parece no existir, no existe. "Perdí la
noción del tiempo desde que las fiebres se me enrevesaron;
pero debió haber sido una eternidad ... Y es que allá el tiempo es muy largo. Nadíe lleva la cuenta de las horas ni a
nadie le preocupa cómo van amo u tonándose los años". Los
personajes rulfianos acaban por 12erder la noáón temporal:
"Estar sentado en el umbral de la puerta mirando la salida
y la puesta del sol, subiendo y bajando la cabeza, hasta que
acaban aflojándose los resortes y entonces todo se queda quieto, sin tiempo como si se viviera siempre en la eternidad".

25

Edmundo Valadés

El Cuento Mexicano Reciente

'

Rulfo es el primero en restituir, en su más recreada pureza, ese lenguaje campirano tan lleno de poesía, imaginación
o crudeza y en el que términos imprevistos, nos suenan a cosa
conocida y nos revelan, mejor que nada, la naturaleza de
quienes lo hablan. Frases y palabras captadas por un oído
de maravillosa sensibilidad, crean juegos de imágenes y metáforas soberbias y que han sido la gran lección para la
nueva generación de la vuelta a la tierra mexicana. Recogeremos unos cuantos ejemplos: "como si se estuviera sacudiendo el coraje. . . Sentíamos las balas pajueleándonos los
talones, como si hubiéramos caído sobre un enjambre de chapulines . . . Como que la Yida que yo tenía estaba muy desperdiciada y no aguantaba más estirones. . . con el susto asornándosele por el ojo ... que va (una muchacha púber), como
palo ele ocote que crece y crece. . . lo entrado en ganas ...
antes de que me agarre la luz del día ... mirando para allá
sin cansarse (los personajes de Ru1fo pasan casi todo el tiempo viendo el horizonte, más allá a lo lejos) como si el lugar
éste las sacudiera sus pensamientos o el mitote de irse a
pasear a Zapotlán ... Yo1teretas como si los chacamotearan ...
Haz que te oiga. Date tus mañas y diles que para sustos ya
ha estado bueno ... " Y esas palabras, erns mod;smos regionales: alpacuachara (aplastara): las ajuareba, rhamucos, engarruñándose, la tracatera, un juilón, como trasijado, dientes
molenques arrejoleándome (arrinconándome). Y van surgiendo también los nombres de los lugares, indeterminados, porque nunca se sabe bien en qué sitio están: Tuzamilpa, Palo
de Venado, Cuesta de la Piedra Cruda, Cuesta de las Comadres, Zezontla.

CARNE Y MUERTE
La carne y la muerte, en reiterada conjunción; el amor
y la violencia, en dualidad funesta, como definió a la suya el

.

�El Cuento Mexicano Reciente

poeta, son el destino que mueve a los hombres que viven en
aquel paisaje : "Yo ya sabía desde antes lo que había dentro
d~ Natalia. Conocía algo de ella. Sabía, por ejemplo, que sus
p1er1;1as, redondas, duras y calientes, como piedras al sol del
med1odia, estaban solas desde hacía tiempo". La entrega física
es un darse sin medida: "Te siento todavía aquí en mis br,azos. Suavecita. Blanda ... Y te arrejuntabas mucho conmigo. Te repegabas tanto que casi te sentía metida en mis hue-1
sos". Seres llenos de deseo: "Felipa antes iba todas las noehes ,al cuarto .donde yo duermo, y se arrimaba conmigo,
acostandose encima de mí o echándose a un ladito". Y una
posesión en la que se da todo: "Siempre sucedía que la tierra donde dormíamos estaba caliente. Y la carne de Natalia,
la esposa de mi hermano Tanilo, se calentaba enseguida con
el calor de la tierra. Luego aquellos dos calores quemaban
y lo hacían a uno despertar del sueño. Entonces mis manos
iban detrás de ella; iban y venían por encima de ese como
rescoldo que era ella; primero suavemente, pero después la
apretaban como si quisieran exprimirle la sangre. Así una y
otra vez, noche tras noche, hasta que llegaba la madrugada y
el viento frío apagaba la lumbre de nuestros cuerpos. Eso hacíamos Natalia y yo a un lado del camino de Talpa, cuando
nevamos a TanilQ para que la Virgen lo aliviara".

EL FIN VIOLENTO
Todo, al fin, es muerte. Muerte casi siempre aceptada,
buscada o dada dentro de un fatalismo inconmovible, "tan
natural e inevitable como la vida misma", según la observación de Malkah Rabel; muerte con indiferente crueldad, a
pesar de los pavorosos procedimientos utilizados: "Luego
supe que lo habían matado a machetazos, clavándole después
una pica de buey en el estómago . . . Por eso, al pasar Remigio Torrico por mi lado, desensarté la aguja y sin esperar
otra cosa se la hundí a él cerquita del ombligo. Se la hundí
hasta donde le cupo. Y allí la dejé ... No debía matarlos a
todos; me hubiera conformado con el que tenía que matar ;
pero estaba oscuro y los bultos eran iguales. Después de todo,
así de a muchos les costará menos el entierro. . . Y, sin embargo, dicen que maté a don Justo. ¿ Con qué dicen que lo
maté? f, Qué diz que con una piedra, verdad? Vaya, meno~
mal, porque si dijeran que había sido con un cuchillo estarían
zafados, porque yo no tengo cuchillo desde que era muchacho
Tiene que caer por aquí, como cayeron esos otros que
eran más viejos y colmilludos. Mi mayor dice que si no viene
de hoy a mañana, acabalamos con el primero que pase y así se
cumplirán sus órdenes ..." Esta vida violenta, sin embargo,
ya que el tiempo en Rulfo no tiene principio ni fin, no se sabe

27

Edmundo Valadés

dónde empieza ni dónde termina, y es, en los héroes rulfianos,
como un recordar algo que no se sabe hasta qué punto es
sueño o realidad; si pasó hace poco o hace mucho.

TOMAS MOJARRO
Como continuador directo de Revueltas y Rulfo, ha surgido un joven cuentista cuyo talento es innegable, pero aunque ese talento peca de congestionada elaboración en su primer libro -Cañón de Juchipila-, por otro lado, tiene aciertos que anuncian a un escritor de gran densidad y poderes
creativos. Se trata de Tomás Mojarro, en quien, como sus
antecesores, la visión del campo o de sus hombres es sombría.
"Seminaristas y braceros" -apunta Rosario Castellanos"que estarán aprisionados por el fanatismo y la miseria" y
que para "evadirse no encuentran más camino que la mariguana, la violencia de las pasiones, el crimen o el destierro"
o cuando "no la muerte". Y agrega: "De los cuentos de Tomás Mojarro parece desprenderse la noción de que el hombre
es una cosa aplastada por las fatalidades". Muy certera esta
observación: de Mojarro podría decirse que es el escritor del
fatalismo. Es el signo que hace vivir a sus personajes: es el
camino inevitable de sus vidas y de sus muertes.
En un diálogo extraordinario, del relato titulado Desde Latidos Ecos, Mojarro nos revela los sentimientos dispares
de dos hombres; uno, que lleva al otro, amarrado, para cum•
plir con él una justicia que nada podrá detener. Uno de los
hombres el que va a morir, se rebela ante su muerte y trata
de pers~adir a su ejecutor de que lo perdone, esgrimiéndole
las más tenaces razones. El otro hombre -todo un símboloacaba por convencerlo de que acepte con resignación su muer•
te; que- no se diga que fue un cobarde.

CONTRAPUNTO
Oigamos el final de su impresionante diálogo :
-Podría irme a Tlaltenango. A Moyahua o a Atolinga
si así tú lo dispusieras. En Guadalajara me escondería. No
te comprometería, Chaveño.
-Encomiéndate a Dios. Ya no esperes nada de nadie,
Delfina. .Ya no tienes el derecho de pedir favores Aentiendes?
-A ver, dime: ¿ Qué ventajas sacas con quitarme la vida?
Chaveño ...
(El aludido, el tal Chaveño·, no da oídos a las súplicas.
Se mantiene inconmovible. Responde como si el diálogo tratara de otras cosas sin importancia).

�28

El Cuento l\lexicano Reciente

-¿Dónde naciste, amigo? Tengo esa curiosidad.

MAS FATALIDAD

-Aquí, allí donde me encerraron. Y o soy nativo de
Jalpa.

La fatalidad, como se ve, acaba de impera~ y gober~ar
en la vida confusa, desesperada, que narra l\IoJarro -quien
loO'ra diáloO'OS de aguda honda sugestión, con hallazgos del
habla popuiar, que man~ja con singular efi_cacia y orig~nalidad- y que confirma que con Rulfo, se aviva en la ~ecie~te
cuentística mexicana un estímulo por aprehender literariamente a un México que está más que en la realidad, dentr~
de una supervivencia íntima, como un algo . que nos quedo
en la conciencia y que no sigue siendo ya el mismo que afuera
vemos transformarse ante nuestros ojos, aunque restos atáYicos
hayan dejado exteriormente huellas Y. sig~os, _destinados.ª desaparecer para siempre, con todas sus 1mphcaciones negativas. .

-¿Ah, sí?
-En Jalpa nací y en Jalpa ...
-Te van a dar tu aplaque. En el mismo municipio, ino?
Saliste poco andariego, poco paseador, ¿no, Delfino?

-¿ Verdad que yo nunca te he perjudicado en nada~
¡, Verdad que tú y yo hemos vivido en sana paz uno con el

otro 9 6Qué beneficio te daría mi muerte, eh? Amigo ...
-Así que eres jalpense ... con razón tienes los dientes
prietos. Y o vengo a Guadalajara. De allá soy, del Guadalajara mentado.

Varios cuentistas' entre los más 'jóvenes, como . Mojarro,
. .,
reciben la influencia de Rul~o y otros, co~ p_rop!~ vlSl_on,
reanudan, superándola en vanos asp~~tos, la mcitac10n abierta por los novelistas de 18: Revoh:'c1on,. ,pero ahora no para
limitarla a aquel suceso, smo enriqu ec1endola coi; toda tuna
nutrida gama de matices del agro de nuestro pa1s Y ex endiéndola hasta la ciudad.

-Amigo Chaveño, compadrito. Yo soy tu prójimo. Compadrito.
-Pero, ¿sabes? Sucede que sucedió un caso, y el muerto
me lo achacaban a mí. Yo dije: "vayan a tal", y me vine a
Jalpa a hacerla de policía. A arrastrar borrahitos de dientes
prietos. Ja-ja. ¿No conoces Guadalajara? Bonita como ella
sola mi Guadalajara . ..

XAVIER VARGAS PARDO
Con dos o tres cuentos publicados, uno de ellos prerniad_o
en el concurso de El Nacional, Xavier Vargas Pardo -michoaC'ano-, será reconocido como otro de los má~ int~r~santes cuentistas de la vida rural, al aparecer su libro medito Los Cuentos de Céfero -título provisional-, que va
'
, .
a editar el Fondo de Cultura Economica.

-Amigo Chaveño, compadrito . . . ·
-Bueno, Delfino, creo que ya estuvo bueno de plática.
¿ Qué horas calculas tú que sea ahorita ? Ya es muy de noche,
o más bien temprano. Y yo tengo que devolverle su yegua al
Presidente.
(El tal Delfino calla, en tanto el Chaveño hace burla
de la cobardía. Uno adivina la lucha interior del hombre
condenado a esa muerte. Acaba de aceptar la fatalidad de su
destino, sin pedir y clemencia. Sólo un favor).
-Y como un último encargo, Chaveño, al ciego Celedonio
me harás el favor de decirle que Delfino el zapatero fue un
hombre como los hombres de Jalpa. ¿:No se te olvidará ?
-:;.\Ii palabra te doy amigo Delfino.
-Dios te pagará este favor. Algún día te lo pagará, amigo
Chaveño ...

29

Ednnmdo Valaclés

,.

Vargas Pardo sigue, de principio, u~a línea y ,un estilo
narrativo que traerán personales aportaciones al genero ennobleciéndolo más, en renovada frescura. para re~re~r ~l
habla popular con gracia notables, _Y habilidades d1st~1~gmdas, para la narración flúida y perspicaz. Col!- amena ag~hdad
Vargas Pardo capta originales aspectos de la vida rural m1choacana.
En la obra de Vargas Pardo, un cuentista de cuerpo e~tero la agudeza y el ingenio populares aletean con toda fidelidad en casi todas sus páginas, en un contrapunto con los
hech~s a veces terriblemente dramáticos. Y en t~nto ellos
suceden ante nuestros ojos se va dibujando una pmtura cabal y ~stupenda de una región de Méx!co, ampliando e~a
geografía a la que nos referíamos y descrita con un leng~aJe
lleno de O'iros y modismos regionales, que son otra partlcu•
laridad e1~ los Cuentos de Céfero. Con justicia, se puede aso-

�30

El Cuento Mexicano Reciente

ciar ya el nombre de Xavier Vargas Pardo al de la más
brillante generación de cuentistas que ha tenido México.

EMMA DOLUJANOFF
De la vida rural, los nuevos cuentistas nos llevan al mundo, indígena. Emma Dolujanoff, en sus Cuentos del Desierto
n~s traslada a la región yaqui, en Sonora, donde razas opri~
midas o explotadas acaban de recibir una ansiada justicia.
Con prosa pulcramente escueta, Emma Dolujanoff irrumpe en la intimidad cerrada al yori. Dice Emmanuel Carballo, un atento joven crítico de la nueva cuentística, sobre este
libro no bien considerado aún en todos sus méritos: " ... relata historias de indios y no los idealiza, plantea el problema
de la injusticia y no desciende a la demagogia, se adentra
en las costumbres y salva el peligroso escollo del folklore,
transita por los dominios de la etnología y no pierde vista
los Yalores literarios. Estamos frente a una auténtica escritora, consciente y responsable .. . Emma Dolujanoff comprende a sus criaturas, las ve -hasta donde su condición de extraña lo permite-, desde dentro".
La transcripción de unas páginas de uno de sus mejores
cuentos. La Cuesta de las Ballenas, vale para apreciar sus
virtudes creativas y para señalar acrecentada curiosidad por
darnos algo más que una ficción del indígena:
"Yo sé que estas cosas debiera callármelas para siempre,
llevarlas pegadas detrás de los ojos y detrás de las palabras,
hasta que un día, quedaran bien guardadas debajo de la misma tierra que ha de taparme con todas mis penas juntas. Así
se lo prometí a la Tanasia. Pero de tanto callarme el sufri.
'
miento se me fue haciendo como una bola grande que me anda
rodand? por todo el cuerpo y me empuja para fuera la piel
Y los OJOS y la voz. Y todo porque le prometí a la Tanasia no
decirle nada a nadie, se lo prometí cuando se estaba muriendo.
Tanto aguantarme para venir a decirlo ora ya de viejo y con
lo poco que falta para que me entierren. Todos por acá dicen
que los muertos oyen cuando no se les cumple la promesa, y
ella me lo va a oír aunque lo diga yo muy quedito, como
cuando_ va uno a confesarse no queriendo que ni el mismo
padrec~to se dé cuenta y habla uno sin voz, moviendo apenas
los lab10s, nomás para que Dios solito oiga los pecados y no
se sientan tau fuertes los empujones del corazón".

31

Edmnndo Valadés

PAISAJE MARINO
Y aquí el paisaje marino de la Sonora yaqui:
" ... Llegamos a Yávaros ya cayendo la tarde y qué
bonito se me hizo mi pueblo visto desde la Cuesta de las
Ballenas, con sus jacales desparramados entre los pitahayos
y los mezquites, como manchas negras puestas sobre la arena.
Adelantito se veía el mar pintado de muchos colores por el
que se iba poniendo, y arriba, en el cie!o las puntas de los
"echos" se metían entre las nubes medio doradas y me d¡i o
blancas. Acercándonos más, pude distinguir los chinchorros
puestos a secar sobre los remos clavados en la arena y también
las canoas, varadas de modo que no se las llevara la marea,
pero así y todo, muchas amanecían flotando. Y el mar, por
que todo lo demás era mar, este mar tan grande y de tantos
colores, que había empujado la costa tantito para adentro, lo
bastante para que Yávaros pudiera ser lo que se llama un
puertito alegre donde todos éramos pescadores. Y digo que
alegre, porque así lo sentí yo esa vez y ya no me cabía .el
gusto adentro cuando comencé a divisarlo desde la Cuesta
de las Ballenas. La Cuesta la nombrábamos así porque había
allí una quijada de ballena, tamaña de grandota, más todavía que un caballo entero. Nadie sabía cómo había ido a
parar tan lejos, pero unos decían que era cosa de Dios y otros,
que antes de los abue1 os y los bisabuelos, todo lo que es Yávaros era agua, que las mareas llegaban hasta la Cuesta y que
una ballena dejó allí su quijada como señal de que Yávaros
pertenecía al mar".
0

ERAOLIO ZEPEDA
Esa ingenuidad indígena -en el mejor sentido-, tiene
distinto tratamiento con Eraclio Zepeda, quien en su primer
libro, Benzulul, que lo coloca desde luego entre los valiosos
exponentes jóvenes del cuento mexicano indigenista, nos da
una bien lograda representación del medio indígena que existe al otro extremo de Sotiora: el de Chiapas.
Zepeda, con mirada aguzada, con un sentido social que
también caracteriza su obra, así no necesite hacerla explícita,
ofrece un testimonio penetrante y lúcido que logra develar
reconditeces, en las que se confunde la magia con la realidad, de una raza expoliada y víctima ancestral del ladino.
Es el suyo un estilo al parec.er inspirado, en sus fuentes primeras, en los viejos textos mayas. En momentos, parece
describir como en oración. Por sus páginas, en que hay una
prosa abierta y limpia, un oficio excelente que no titubea, nos

�32

El Cuento l\Iexicauo Reciente

adentramos en lo soterrado de hombres sometidos a una inferioridad social y humana y que se enfrentan a ella con dramático desconcierto, pero que no los hace perder una recta
dignidad, a pesar de estar atribulada, de ver imperar el mal y
la sinrazón.
En los cuentos de Eraclio Zepeda sentimos que su pluma
ha escrito con no contenida comprensión hacia semejantes
suyos en desgracia, que le provocan una leal solidaridad y
que nos las despierta o nos las afirma. Costumbres, tradiciones, supervivencias totémicas, creencias religiosas frente a
un afán de labrare una vida que los salve de la iniquidad,
completan un cuadro distinto del indio mexicano del sudeste,
porque emerge como un ser dueño también de valores morales
indudables; de una rectitud de conducta que es más admirable,
dadas las condiciones desventajosas que han padecido.
Zepeda, respondiendo a la preocupación de los cuentistas
modernos, traslada con aciertos y eficacias, el habla popular,
y la sabe usar diestramente. Así, oímos las propias palabras
de sus personajes como dichas por ellos mismos y no inventadas por el escritor. En síntesis, Zepeda nos hace ver el mundo injusto que los rodea, desde adentro de los propios indios.
Nos da a conocer su filosofía de la vida. Sus deseos, sus pasiones. Sus problemas. Benzulul resulta, por ello, aparte de
una obra literaria de muchos méritos, un documento importante como estudio antropológico y sociológico.

FRANCISCO SALMERON
Este adentrarse en la reserva india, y del que es notable
ejemplo y guía el Juan Pérez Jolote, de Ricardo Pozas A.,
ha producido una pequeña obra maestra en el género, Velas
Para San Andrés, de Francisco Salmerón, quien en un relato
en el que suena la vieja luz de las crónic~s indias -:-cuyo. conocimiento más acucioso merece la gratitud para rnvestigadores como el Padre Garibay y Miguel León Porti~la-, ha
descendido con sensibilidad admirable, al fondo pnvado de
una comudidad inígena. Y ha sabido sintetizar, con la palabra más bella y justa, una vieja, larga historia que hiere y
hace sangrar la propia historia de :México : el abuso de los
fueranos con los indios. Oigamos, aunque sea, estos breves
párrafos.
"Juan Francisco Trayohual, Padre Principal del Pueblo,
vivía con la noche metida dentro y se fue a echar trago para
alegrar su corazón. A la casa de su compadre se fue a echar
trago, porque vivía con él la noche y no llevaba alegría, por-

Edmundo Valaclés

33

que en la caja de comunidad no había dinero para la fiesta
del Santo San Andrés, y porque iban a venir las desgracias
para los hijos del pueblo por la falta de velas en el altar.
Y fue que su compadre puso a su ahijado a que le sirviera
trago a su padrino y alegrara su corazón. Y su ahijado le
besó la mano y le dijo:
-"Dios guarde a usted, padrino, y el Santo Señor San
Andrés".
Y le besó la mano y se hincó, porque su padrino era Padre
Principal. Esto fue lo que hizo su ahijado, y fue a traer manzana, para que bebiera su padrino.
Y Juan Francisco Trayohual bebió su manzana y dijo a
su compadre que en la palabra de los fueranos no hay verdad.
Que los consejos se llevaron el dinero y que no había velas en
el altar, y que iban a seguir viniendo las desgracias para los
hijos del pueblo. Y su ahijado le trajo más manzana, para
que alegrara su corazón. Pero la noche no se le fue de adentro y siguió siendo negro el corazón de Juan Francisco Trayohual. Y esto dijo al señor y Padre Principal.
-"En ]a palabra de los fueranos no hay verdad. Y en
su boca no vive la palabra primera, y no hay dinero en la
caja de la comunidad . . . Y por eso los abuelitos no quisieron, de antaños, que vinieran los fueranos".
Tal palabra dijo, en su boca, el señor Padre Principal".
Otro cuento suyo, La Espera, anuncian que de recopilar
su obra, se revelará en Francisco Salmerón a uno de los mejores
cuentistas actuales.

MAS VALORES
Reconocido ya su talento poético y novelístic~, Rosario
Castellanos, cuyo primer libro de cuentos está por publicarse,
en una docena de ellos narra incidentes del conflicto de los
indios de Chiapas ante un mundo hostil, cruel, visto con limpios y abiertos ojos. En prosa cristiana, impecable, con una
severidad estilística que confirman una madurez ejemplar,
una sensibilidad de admirable finura e inteligencia, enriquece
al género y gana sitio entre los mejores narradores de la
vida del indígena. Elena Garro, que en el teatro ha producido
una serie de piezas admirables por la fidelidad con que ha
captado la psicología y el habla populares, es autora de
cuentos alucinantes, dignos dll figurar también entre los más
notables en la línea rural. Luis Córdova, en un relato, Genzontle - que Andrés Henestrosa considera uno de los más

�34

El Cuento Mexicano Reciente

hermosos en la literatura popular-, sabe hacer coincidir su
sentimiento de justicia social con una gracia narrativa de
singular frescura, logrando crear certero simbolismo del
pueblo en el principal personaje, aquella canora ave. Raquel
Banda Farfán, a quien Rubén Salazar Mallén le acredita dotes
excepcionales y autora de cuentos -además de novelas- digna de una más cuidadosa atención; Ramón Rubín, el más prolífico y en cuyos cuentos se hallan, como advierte Luis Leal
-magnífico estudioso del cuento mexicano- "rasgos del carác:ter del mexicano muy bien observados".

GASTON GARCIA CANTU
Del campo, del México rural, la inquietud de los nuevos
cuentistas los lleva también a la ciudad provinciana. No es
precisamente imagen romántica la que nos dan de ella. Un
irónico observador de ella, Gastón García Cantú, en Los
Falsos Rumores, se ve tentado a satirizar una hipocresía escondida bajo buenas costumbres, por las clases altas y dirigentes. Con conciencia política, García Cantú usa su p~uma
para zaherir corrupciones, engaños políticos, el pistolerismo,
el abuso, el servilismo que se opone a la llegada de nuevos
tiempos anunciados por la Revolución Mexicana.
Opina así un crítico argentino de esta obra que,nos ~~ce
recordar en la actualidad, las de Azuela y Agustm Y anez,
aunque Ía sensibilidad tiene matices diferentes: " .. . no hay
costumbrismo pictórico ni anecdótico en las páginas. Hay alO'O más intencionado, de profundidad social y política. Hay
la burla y la ironía de una época y de muchos hombre~"Gastón García Cantú tiene cuentos de un tema que, en varios
sentidos llevará más tarde, ampliándolo, a la novela, Carl~s
Fuentes': la resistencia a los cambios sociales. Un P,;rsonaJe
de Las Horas Moradas -un cuento de profunda iroma Y que
es todo un retrato- simboliza esa resistencia y esa hipocresía,
durante un soliloquio:
" ...Mi pluma es de oro. Vale lo que peso. Lo que escribo
es en defensa de las ideas madres : Dios, la religión, el orden
. . . Debemos atacar, como decía el padre Rodrigo, lo que huefa
a nuevo. No permitir ningún cambio. Dan risa sus pretensiones de cambiarlo todo. A través de los siglo~ hemos permanecido nosotros los que creemos y sostenemos el culto. Somos
una familia numerosa, bien organizada . . . Allí va la María
de los Angeles. . . Está guapa todavía. El divorcio le s~ntó
. . . Hembra voluntariosa y soñadora. Anda con la caridad
a cuestas. Se la comerán esos niños a los que auxilia. l\Ie opongo a tales beneficencias. El padre Rodrigo me da la razón.

35

Edmundo Valadés

Si auxiliamos a tanta mujer perdida recogiendo a sus hijos,
dentro de algún tiempo tendremos la casa llena. Esa v otras
más. En ?~auto vean que es posible que otros se haga~ cargo
de sus h i J o s los abandonarán. El pecado nefando . . . El
pecado . . . Yo, yo también soy pecador, sólo que me arrepiento. Es la; diferencia. Hago mis contriciones y rezo. No hay
otro cammo. Vencer las tentaciones es difícil. Algo se consigue con los años . .. "

GUADALUPE DUEAAS
Dos escritores abordarán temas provincianos con miras
opuestas. Guadalupe Dueñas, en original línea del horror,
tendiendo al poema en prosa, en "Tiene la Noche un Arbol",
crea insólitas minucias de original rareza. Buriladora, bordadora de frases, Guadalupe Dueñas prefiere escoger hechos
objetivos, pequeñas escenas suigéneris -como esa de Los
Piojos, premeditadamente repulsiva- para verlas desde fuera
y describirlas con cruel y bella exactitud.
Con un humor particular, con una ironía dolorosa, Guadalu:ge Dueñas, tras el visillo de su ventana, atrapa a su muy
personal manera, desconcertantes, inesperados y mínimos heehos a los que les pone el hilo fino y recamado de su prosa,
con agujas que de pronto nos pinchan.
En contraste, con ánimo cordial, María Lombardo de
Caso restituye breves recuerdos de su infancia y con pincelazos humorísticos de narradora que supo ver con agudeza a
pintorescos seres de su nativa Teziutlán, nos los devuelve en
·l\Iuñecos de Niebla. La autora no pretende -al parecersino deshilvanar sus recuerdos, pero al hacerlo muestra un
travieso espíritu burlón y correctas cualidades prosísticas, al
tiempo que nos ofrece una divertida estampa provinciana.

CARMEN BAEZ Y JORGE LOPEZ PAEZ
Periodista, Carmen B á e z, en La Roba-Pájaros, en estilo
sobrio, es atraída por la provincia, "Los personajes -se dice
en la presentación de sus cuentos- que abundan en aldeas
y poblados pequeños -el loco, el "gritón" de la lotería en
los jardines del pueblo, el campesino ágil para relatar aventuras imaginarias, el maestro de escuela, el médico a la antigua- todos se hallan señalados aquí con un inconfundible
hálito de ingenuidad, aun en aquellos momentos en que ejecutan malas acciones". Si a Carmen Báez la vida infantil le
:hace lograr quizás su más· acabado cuento, El Hijo de la
Tiznada, en el que se narra hábilmente cómo a una niña la
impresiona más el degüello de un buey que el fusilamiento

�36

El Cuento Mexicano Reciente

de un hombre ' Jorge López Páez, en Los Mástiles, sondea
el
.,
mundo de la gente menuda, con conmovida observac1on, recreando el ensueño de mentes tiernas y sensibles, con diáfana
poesía.

RAUL PRIETO
Dotado también para el humor, López Páez es autor de
un cuento de soberbia gracia, Alta Fidelidad, que le señalan
como un bien dotado para esa difícil y poco practicada línea,
en la que sobresale y tiene excepcional dominio, Raúl Prieto,
periodista y agudísimo polifacético escritor. En su libro Hueso y Carne, crea un mundo de incisivas sorpresas y sagaces
observaciones humanas, visto con ojos que reflejan despierta
ironía y agudo ingenio. Observador atento y de oídos abiertos es de quienes, también, recogen y trasladan a sus personajes el habla popular, con sus giros y contracciones, para que
uno distinga claramente el medio social de que proceden. Sus
tema son humanos, variados y juegan en ellos, aunque persevera la ironía, inventiva y realismo, drama y poesía en un
cuadro en que privan escenas de la ciudad.
"Lleva dentro de sí al México de los contrasentidos -ha
dicho de su obra un crítico sudamericano- ese México cálido
y quemante en donde tan pronto estall,a _una lágrima como
una carcajada. Esas dos caras opuestas, umca extrema de una
tierra que se ofrece o rechaza con la misma pasión de sus soles
arrebatados son contemplados descarnadamente, sin afeites,
por la acuciosa inquietud develadora de Raúl Prieto. Seguro
de sus medios expresivos, vibrante por momentos como un
pintor de rebosante paleta, anda desenvueltamente, ora, sonriente, por los dispares caminos del dolor y de la alegria de
su pueblo . . ."
Es también la ciudad quien revela las grandes facultades
de un cuentista esporádico, más conocido como dramaturgo:
Sergio Magaña, autor de un libro que no llegó a circular por
extraño destino : El Angel Roto y en cuyo haber hay relato
maestro, La Mujer Sentada, en que los diálogos y las descripciones parecen bello romance.
Muy celebrados y entre brillantes cuentistas contamos
a Ricardo Garibay y Emilio Carballido, que no han agrupado
aún del todo sus producciones de ese género. Elena Poniatowska, entre ellas, confirma esa ingenuidad incisiva, alternando milicia e inocencia que la ha hecho tan famosa en el
periodismo. Una secreta ternura, aliada a una decidi~a :vocación y a una inquietud por intentar nuevas formas, d1stmgue
a Carmen Rosenzweig.

Edmnndo Valadés

87

AMPARO DAVILA
Un mundo en que aparentemente impera la lógica y que
pronto, por un imprevisto resorte, revela una persistente enajenación de sus principales personajes, que realizan o viven
actos de angustia u horror es el que pinta una nueva cuentista,
Amparo Dávila, dueña de una fecunda imaginación para lo
insólito, en una extraña mezcla poeiana y kafkiana, logrando
una nota p_ropia en la nueva cuentística, con su libro Tiempo
Destrozado. Eglantina Ochoa Sandoval es reconocida por Jesús Arellano, creo, como "dueña de espontánea fluidez que
a veces se torna en graciosísimo desenfado, ricamente dotada
para la creación literaria", como lo hace suponer su bello
relato, Un Angel Llora. Simitrio Queromán, dado a conocer
en ~Ietáfora, apuntó sobresalientes cualidades, que lo perfilaban como cuentista de mucho porvenir, pero que después
ha guardado silencio. Como Emmanuel Carballo -quien con
su Gran Estorbo es la Esperanza- mostró condiciones creativas muy personales, en un tomo imprecacionista que lo diferenciaba. Desde una revista de curioso nombre, Garabato,
y también en el libro, Eugenio Trueba y Armando Olivares,
en provincia, han destacado en el género, que el primero ha
cultivado con loable perseverancia, la cualidad de Ignacio
Helguera, escritor de admirable tesón. Y entre otros varios
nombres, están Rodrigo Mendirichaga y Olivera Unda, autores de sendos volúmenes de relatos, entre quienes en los
últimos años han colaborado a la profusión del cuento.

EL MAESTRO ARREOLA

.

Punto y aparte y sitio especialísimo -se le admira, con
Rulfo, como al más célebre cuentista mexicano contemporáneo-- merece Juan José Arreola, quien a sus excepcionales
méritos de escritor suma los de generoso difusor de las obras
ele nueYos autores; las de maestro que camina con una
academia a su diestra; las de editor de gusto tipográfico impecable y los no menos que adÓrnan su deslumbrante personalidad, una de las más interesantes, lúcidas e inteligentes,
del México contemporáneo y quien, por su incansable imaginación, por su cultura, por las cualidades humanas de que
es dueño, justificarían para él solo, más de una conferencia.
Eminencia de la literatura fantástica, con una extraordinaria gracia inventiva, su ta!ento ha influido en buena parte
de la nueva generación, creando y estimulando una corriente
en la que él siempre queda como el ejemplo maestro. Es, sin
duda, uno de los prosistas en lengua española más elegantes
y hablará mucho mejor que todo lo que yo podría agregar

�38

El Cuento Mexicano Reciente

ahora ... su fulgurante precisión en hacer cuentos y prosas
a base de frases redondas, luminosas, exactas, breves, casi
aforismos metafóricos como "la carne viva y fragante de un
amor que se llena de gusanos sistemáticos" o esa sutil ironía,
deliciosa, con que explica cómo un cornudo llega, de la
"blanda sospecha" a "la certeza puntiaguda", en prosas que
son agua límpida y tintineante, para nuestra admirada lectura
ante la que surgen personajes que son casi siempre un pretexto para forjar los que resultan ingeniosos juegos de humor- hablará mucho mejor, digo, que leamos una de sus
más recientes creaciones: Infierno, V:
"En las altas horas de la noche, desperté de pronto, a la
orilla de un abismo anormal. Al borde de mi cama, una falla
geológica cortada en piedra sombría se desplomó en semicírculos, desdibujada por un tenue vapor nauseabundo y un
revuelo de aves oscuras. De pie sobre su cornisa de escorias,
casi suspendido en el vértigo, un personaje irrisorio y coronado de laurel me tendió la mano invitándome a bajar.
"Yo rehusé amablemente, invadida por el terror nocturno, diciendo que todas las expediciones hombre adentro
acaban siempre en superficial y vana palabrería.
"Preferí encender la luz y me dejé caer otra vez en la
profunda monotonía de los tercetos, allí donde una voz que
habla y llora al mismo tiempo, me repite que no hay mayor
dolor que acordarse del tiempo feliz en la miseria".

LOS MAS NUEVOS
Antes de poner término a este recuento -desgraciadamente quizás con olvidos y con el frustrado propósito, no
logrado, de extendernos más en cada autor, señalaremos,
ya de paso, a Carlos Fuentes, con su Chac Mol, un c 'u en t o
muy celebrado y que con los otros del volumen de aquel
título, anticiparon un talento que ha madurado en la novela;
Carlos Valdés, de quien Henestrosa juzga que usa temas de
intención bastante atrevidos y bien tratados; Salvador Reyes
Nevares, dueño de una dedicación y una sensibilidad que
lo sitúan como un excelente narrador y por ahora entregado
a los afanes de la crítica, en los que sobresale por su capacidad y honradez; Alberto Bonifaz Nuño, de finas condiciones; Jorge Aguilar, cuentista muy interesante y que en Ecce
Horno, supo usar la fantasía para exponer angustiosos problemas del hombre moderno; José de la Colina, a quien se
aplaude como uno de los cuentistas jóvenes más logrados;
Vicente Leñero, muy bien considerado; Alberto Montnde,
cuyas primicias dio a conocer Letras Mexicanas y que apuntó

Edmundo Valadés

39

en ellas valores y condiciones de los que hay que esperar madurados frutos; José Emilio Pacheco, de brillantísimo porvenir, en quien se fragua de seguro una notable figura literaria;
Carlos :M:onsiváis, su compañero, uno de los pocos que han
recreado el caló citadino y dueño de incisivo talento, que
lo ha de llevar muy lejos en el oficio literario; Angel Bassols
Batalla, (Jnien después de incipiente obra, es autor de un
libro recién editado -Mi Teniente Ambrosio- y en el que
se decide por propia autodeterminación por la línea del realismo; Raymundo Ramos Gómez, quien según Reyes :Nevares. "bruñe sus párrafos con minuciosidad y una conciencia
del oficio ejemplares"; Juan García Ponce, encontrando una
veta de excelente narrador; Rafael Ruiz Harrel, Gastón 1\1elo, Alfredo Leal Cortés, Beatriz Espejo, Sergio Pitol, Huberto Bátiz, Clemento Cámara Ochoa, entre otros de los muchos
periodistas que practican el cuento y que inspira su Redactor de Guardia, precisamente en temas de su profesión;. Antonio Prieto, también periodista y de sensibilidad capaz, si
se lo propusiera, de redondear más cuentos como algnnos
muy interesantes que ya ha logrado; Enrique González Rojo,
de inquietudes sociales bien definidas; Carlos Ramos, decidido, bajo el estímulo directo de Rulfo, al monólogo con
tónica popular, y otros varios que hacen del cuento reciente
mexicano una de las expresiones más ricas, más variadas y
más interesantes dentro del cuadro actual de nuestra litera-

tra.
Con él, la vü;ión de México onírica o recreada desde sus
ángulos más dramáticos, se nos revela en un extremo que
no deja de ser nuestro, aunque falte iluminar, y es una tarea
responsable, con la misma fuerza y perspicacia, el otro México nuevo: el de las cr eaciones y el de los esfuerzos por
ajustarlo en todo con la Revolución Mexicana.
(De "México en la Cultura", 27 de Noviembre de 1960) .

�Agustín Basaye Fernández del Valle/ HACIA

UNA FILO-

SOFIA INTEGRAL DEL HOMBRE :f.

LA

.,

filosofía, al fin cosa humana, está,
en última instancia, como todo lo que es humano, al servicio
de la vida, a disposición del hombre. Si suprimimos el carácter de síntesis superior y vital de los conocimientos del hombre, nuestra disciplina pierde todo su valor íntimo y existencial. Una filosofía que no esté al servicio del existir -dicho sea con absoluta sinceridad- no nos interesa. Es mi propia vida, con sus angustias y esperanzas, la que me insta a
filosofar. Se trata de un imprescindible menester de ubica~ión y de autoposesión. Y en ese menester me juego a mí
mismo de manera integral, porque en la búsqueda y descubrimiento de la verdad me identifico con mi filosofía. No ocurre
cosa semejante con ninguna otra ciencia. Todo auténtico
filósofo forja una filosofía y la encarna. Siente el imperativo
de explical.' fundamentalmente la realidad entera, de acercarse a la estructura óntica de los objetos y escrutar su fondo invisible, subyacente, ontológico. Pero a la vez no puede ni
quiere prescindir de una sabiduría vital de los últimos problemas humanos. No se puede vivir sin saber cómo es bueno
vivir. La filosofía como propedéutica de salvación -tal como
la entiendo yo, por lo menos- no sólo es contemplación de lo
eterno (facultad intelectiva), sino también sobre lo temporal,
disposición de las cosas materiales al servicio del hombre ( conocimiento pragmático). Si la filosofía no es filosofía, al servicio del hombre, y, por lo tanto, de su salvación, ¿para qué o
para quien puede estar hecha esa filosofía? Debemos estudiar el ser y la esencia de las cosas por su referencia al hom*

Conferencia pronunciada en la Universidad Internaolonal "Menéndez y
Pelayo". Santander, 23 de Agosto de 1960.

-

41-

�Hacia u.na Filosofía Integral del Hombre

bre y conocer y amar al hombre por su relación a Dios. Nada
pues de "vivir y después filosofar", sino vivir en profundidad
filosofando, y filosofar en profundidad viviendo entusiasmadamente lo que se filosofa. Este es -en el gentil decir de una
voz españo1a- el gran mote heráldico y comprometido de mi
filosofía. (Caba). Un conocer vital que nos lleve al ser y a
nuestro ser, es algo más que una pura ciencia: es un conocer
comunicativo. No es cosa de oficio, sino menester de vocación.
Pero auque se trate de un imperativo existencial de ubicación,
de autoposesión y de comunicación, toda filosofía es especulativa, incluso cuando su objeto es la "praxis", es decir, la
actividad humana en su ejercicio. Hasta aquí, en apretado
resumen, un preámbulo que puede evitar equívocos en las reflexiones subsecuentes.
Tenemos la certeza de que antes de la verdad sobre .el
hombre existe el verdadero hombre; antes de la adecuación
del juicio y de lo real humano, se da la adecuación vivida del
entendimiento mismo con la realidad humana. La percepción
de una existencia que me es dada en sí misma -y no primariamente en orden a mí mismo- está antes que cualquier
otra cosa. El ser es la condición del conocer. No veo razón
alguna para suponer "a priori" que mi pensamiento es condición del ser humano.
Jamás comprenderemos el significado de la existencia
humana estudiando desde fuera -y sólo desde fuera- los datos humanos. Me encuentro a mí mismo más allá del despliegue del objeto y más allá del repliegue egoísta. Para alcanzarme tengo que vivirme, en una experiencia original, como
una creatura que sintiendo su insuficiencia radical se afana,
no obstante, por salvarse, por llegar a la plenitud subsistencia!. En este afán me sobrepaso, me trasciendo. Es en el libre
despliegue de mis marchas y contramarchas donde sorprendo
el sentido de mi ser. Pero, vayamos con cuidado. Sería lamentable sacrificar la estructura racional y la solidez objetiva en aras de los análisis subjetivos, y de la atmq_sfera existencial. Evocación y definición son indispensables para la
vida del espíritu. Quedarse en puras descripciones y postular
la inexistencia de lo indescriptible es negar la reflexión metafísica y es cercenar al espíritu humano su parte más noble. Sumergirse en el drama de la existencia y su destino
podrá ser una experiencia todo lo necesaria e interesante que
se quiera, pero por sí misma no es una filosofía. Sobre las
vivencias, con todo su calor vital, puede operar la mente "a
posteriori" dándoles una explicación racional y derivando de
ellas las conclusiones debidas. El estudio del hombre como
un todo unitario no puede prescindir del procedimiento me:-

Agustín Basave Fernández del Valle

4S

diante el cual conocemos el mundo de lo peculiarmente humano: la "comprensión" -aprehender un sentido, poner un
fenómeno en relación con la conexión total conocida- pero
tampoco puede dejar de utilizar la explicación. Inducción
y deducción, abstracción y determinación, clasificación, analogía y comparación son procedimientos de las ciencias naturales que no puede dejar de utilizar una antropología filosófia. No se trata de métodos incompatibles, sino complementarios.
He aquí un punto de partida para una ontología de la
perso~a: el lenguaje. No hay vida anímica sin lenguaje y no
hay vida humana sin vida anímica. La operación de hablar incluye tres elementos: 1) un yo parlante; 2) una comunicación;
3) un tú que recoge el mensaje. El que me escucha dispone
de un pensamiento y de una atención que puede voluntariamente fijar en mi comunicado. El diálogo presupone un ser
que se posea -un sui-ser-, esto es, la persona. Decir persona es decir autoposesión, ser-para-sí. Porque me transparento
a mí mismo soy persona. Mi obrar es la traducción exterior y
dinámica del hecho de autoinstalarme y de autoafirmarme.
Todas mis acciones personales van sobrecargadas de mismidad, unicidad e insustituibilidad. Pero los hechos que transcurren en mi "psiqué" no subsisten por sí mismos, tienen que
tener un punto de apoyo. Del "yo psicológico" ( o yo conocido) pasamos al "yo ontológico" ( o yo que conoce). EL hecho
de que el yo ontológico tenga historia, no imposibilita su definición. En medio de la alteración constante, se mantiene
nuestra estructura permanente. El yo subsiste fijo no en una
parte o fragmento, sino en el todo. Es el hombre entero quien
se hace más viejo o más sabio. Sin un sostén último de todos
sus cambios, no podrían existir la memoria y la misma vida
humana.
Lo real nos está presente. Porque tenemos existencia de
hombre captamos el sentido de nuestro ser y de nuestro contorno. Tenemos que habérnosla con realidades y con nuestra
realidad misma. Somos una realidad sustantiva en posesión,
no en propiedad, aunque al igual que todas las otras cosas
reales tengamos nuestras propiedades. Somos co-seres que
estamos referidos a las cosas y a los demás hombres, en un
constante "enfrentamiento". Nuestras acciones -preñadas de
sentido y de dirección- no son simples reacciones animales,
sino "sucerns" que suponen decisión y elecció'n. Xuestra vida
es nuestra biografía. Y nuestra biografía está repleta de posibilidades.

�44

Hacia una Filosofía Integral del Hombre

El concepto de "posibilidad" es, quizá, el principal gozne
sobre el que gira la filosofía contemporánea. Viene prendido
e1:1 _la red del historicismo y del existencialismo; hecho que
dificulta, aunque no impide, llevar el problema a su recta dimensión ontológica. Si libertad significa elección y elección
significa posibilidad, la posibilidad es inseparable de la vida
humana. Habría que advertir, no obstante: a) que la vida
humana no puede reducirse a mera posibilidad o proyecto,
porque los proyectos se hacen sobre la base de ser ya algo
quien los formule. Y un proyecto no merecerá nuestra adhes~Ó1:1 _si no concuerda con nuestro peculiar modo de ser; b) la
posibilidad presupone la contingencia, aunque no se identifique con ella. Sólo un ser "ab alio" tiene posibilidades para
ser o n? ser ~lgo; c) toda elección se hace con vistas a pautas
normativas cimentadas inmeditamente en el orden entitativo
Y en último término en la ley eterna que se refleja en la ·ley
moral.
Animal de realidades actuales y de posibilidades, el hombre, aunque inmerso en el mundo, se proyecta supra-mundanamente. Este ser de fronteras, extraña amalgama de natura
y de cultura, de causalidad material y de libertad axiológica,
vive sus internas detonaciones porque antes es ya de por sí,
constitutivamente, un monstruo metafísico. Estrecheces en
nuestro ser y en nuestro conocer ponen de manifiesto nuestra
radical endeblez y nuestro interno conflicto. Esta insuficiencia radical, est¡, desamparo ontológico, nos deja entrever un
vacío interior dejado por alguien. Planeamos redimirnos de
nuestra miseria y colmar nuestra derelicción, por más que a
cada paso constatemos la necesidad de un auxilio superior. Y
en el hallazgo recóndito de nuestro yo, cuando estamos verdaderamente ensimismados, nos percatamos de que el verdadero
ensimismamiento es el verdadero enajenamiento.
Pero el hombre, aunque sea un "centauro ontológico" o
un "monstruo metafísico", no puede ser considerado como una
colección de sustancias específicas distintas. Es -que duda
cabe-- una especie completa, a la vez corpórea, viviente, sensible y racional. El alma, que reúne los elementos bioquími,
cos para que integren el cuerpo, ejerce operaciones fisiológicas y operaciones cognitivas. La razón de ser del cuerpo
debe buscarse en el alma, que le anima y le organiza desde
dentro. Notemos, sin embargo, que hay un sólo existir para
el alma y el cuerpo: el existir del compuesto humano. Compuesto que está sujeto, por cierto, a las leyes cosmológicas de
la materia y a las leyes noológicas del espíritu.

Agustín Basave Fernández del Valle

45

El mundo de los fenómenos se me presenta a través de
mi cuerpo. El color y la luz, los sonidos y los olores, los
sabores y las sensaciones tactiles se nos ofrecen inmediatamente al propio cuerpo que se constituye en un organismo. Pero
todo _este mundo fenomenológico que mi cuerpo constata, no
es mi cuerpo. Yo soy el que experimento o constato el hambre, el frío, el ?olor, !ª sed, el roce, el color, el sonido,, el olor
Y el sabor. Mi función cognoscitiva relacionante unifica los
elemento~ pertenecientes al mundo intuitivo y al mundo de
las esencias. que suponemos o inferimos integrando las realidades experimentadas. Toda mi vida fenoménica está condicionada_ por el ser, por las estructuras y por las funciones de mi
prop10 cuerpo. No puedo eludir esa situación de estar liO'ado
al cuerp~. ¿ Significa acaso este dato originario que no teng~ un
cuerpo smo que soy un cuerpo?
Si hablase del cuerpo como de un instrumento al servicio
de mi yo, le convertiría, a mi cuerpo, en una cosa más entre
las cosas. Pero evidentemente el cuerpo no es una cosa más
entre las cosas, porque es mi existencia temporal, porque no
puedo abandonarlo como abandono un vestido, porque lo asumo desde que yo soy yo. Existe en cuanto estoy encarnado
en . cuanto soy encarnado. Mi conciencia me revela mi ser'.
Existo y sé que existo. Y este mi existir está ubicado en el
mundo, en medio de otras existencias; transcurre fluidamente
en el tiempo. 1\Ii impulso vital se siente detenido o moderado
por un conjunto de presiones y de resistencias. Este sentir
y pensar mi concreta existencia es el punto de partida de una
fenome~ología d~l existir. Siento mi cuerpo en el espacio y
en el tiempo. Siento el fluir de mi vida. TenO'o conciencia
por mi inteligencia reflexiva, de existir y de d~rar. Existo'
y duro, con la armonía solidaria de mis órganos y de mis
células, como un ser para sí. Pero existo cambiando con una
vida corpor~l ~ovie;11-te, co~ u~ flujo de imágenes c~ntinuo y
m?dable. Mi dmam1smo ps1qmco fluye, en tensiones y relajamientos, con un tiempo interior. Asimilo las imágenes afines
a mi ser y a mi proyecto de ser, dentro de un orden temporal
organizado por mi espíritu. La armonía de conjunto que constituyo, actúa según una intención directriz orientada hacia el
propio ser en plenitud. Esta intención inmanente, que reclama
un cumplimiento trascendente, posee su lógica y su coherencia.
Las posibilidades que no responden a mi afán de plenitud subsistencia!, las dejo atrás definitivamente. l\fi personalidad entera se compromete y se afirma en cada una de mis elecciones, empobreciéndose en posibilidades pero enriqueciéndose
en realidades. Para cumplir mi intención directriz requiero, a

�46

Hacia una Filosofía Integral del Hombre

más de inteligencia y sensibilidad, una energía extraordinaria
que supere los momentos de angustia y desesperanza. Es preciso iluminar los varios caminos posibles, para elegir el que
se adapte al itinerario fijado por mi propósito directriz. Esto
supone, claro está, el previo descubrimiento de mí mismo.
Pero de mí mismo en un mundo al cual me tengo que adaptar
aunque en él haga mis elecciones y en él vaya trazando mi historia. ~Ii unidad y mi libertad es fruto de una conquista contínua. Lucho contra la disociación de mi personalidad proveniente del aflujo de imágenes internas y externas. No quiero
dividirme en subpersonalidades divergentes. Ante la amenaza de ruptura que acosa a mi personalidad, me afirmo, lma
y otra vez, con mi propósito directriz de salvarme definitivamente. Sólo que para salvarme necesito tener el comando de
mi vida psíquica y de mi yo corporal.
De mi cuerpo tengo no solamente un simple conocimiento
objetivo, sino una vivencia de su funcionamiento íntimo. La
más elemental comprobación objetiva me indica la existencia
global de mi cuerpo, que distingo del no-yo. La estructura
compleja del cuerpo humano, tal como la presenta la ciencia
contemporánea, posee "una estructura piramidal múltiple. Los
átomos están agrupados en moléculas, las moléculas en células, las células en tejidos, los tejidos en órganos y, por fin,
los órganos en nuestro yo corporal". En su aspecto dinámico,
el cuerpo tiene su peculiar ritmo de vida en los latidos del
corazón, en la respiración de los pulmones y en el a p ar ato
digestivo. En los influjos nerviosos y en los intercambios químicos se da, como en el sueño y la vigilia, un inconfundible
ritmo que es propio del dinamismo corporal. ¡, Cómo no ver en
este haz de fuerzas e:r¡. continua evolución, que conserva, no
obstante, la identidad personal, un orden y una armonía que
me trasciende? Los fisiólogos me darán cuenta de los intercambios internos de mis glándulas, de mi estómago y de mis
intestinos; estudiarán la renovación de mis células -con sus
variaciones eléctricas- y de los átomos que las· componen; pero
no me podrán decir, como fisiólogos, cuál es la causa eficien~
te primera y cuál es la suprema causa final de esa armonía
de conjunto y de ese orden preestablecido, en buena parte.
¿ Se podrá pensar acaso, sensatamente, que la organización
funcional del cuerpo -su estructura y su dinamismo- se ha
logrado por el simple juego de azar? ¿ Cabe suponer que toda
esa compleja coordinación de las partes del cuerpo y de las
fuerzas que manifiesta no obedezca a una intención funcional Y
Al azar no se le puede reconocer ninguna intención. Esto me
parece evidente. ¿Voy acaso a pensar que mi organismo es
previsor?

Agustín Basave Fernández del Valle

47

Por inteligencia se ha entendido siempre una facultad
cognoscitiva de lo abstracto y universal aunque también pueda
ser conocido -directamente o por conversión a las imágeneslo individual y singular. Como facultad cognoscitiva tiene,
también, una función "estimativa" (aprehensión de valores)
y un sentido práctico que planea modificaciones a los objetos
conocidos. .A.hora bien, los procesos orgánicos antes descritos,
nada tienen que ver con la facultad cognoscitiva que intuye
los primeros principios, capta lo abstracto y universal, aprehende valores, y muestra el camino para la acción y para la obra.
Si el cuerpo, considerado como unidad, dirige la adaptación
de los órganos, no es porque se traze una intención directriz
orgánica, sino porque se encuentra sujeto a una ley estructural y dinámica que le ha sido dada por Alguien.
El cuerpo informado y comandado por el espíritu, y el
espíritu en su condición carnal, merecen una consideración
más detenida. Vayamos a ella.
Mi espíritu nada puede hacer sin mi cuerpo, porque no
es un espíritu puro, sino un espíritu encarnado. El mund~
que me rodea es advertido por mis órganos corporales. M1
cuerpo me expresa y me comunica con el mundo circundante.
No puedo, aunque lo quisiera, convertirme en bestia o en angel. "El mundo del espíritu y el mundo del sentido están desposados en este lecho angosto" que es el hombre, apuntó C1audel. Hombre que no se siente colección de partes, sino totalidad indistinta, entidad entera. A este sentimiento peculiar
lo ha denominado Sciacca, con terminología rosminiana, "sentimiento fundamental corpóreo".
En mi "Filoiofía del Hombre" distinguí la situación de la
circunstancia. "Mi circunstancia -decía- es siempre exterior• mi situación es interior. Cuando el hombre mantiene relaci~nes vitales con lo que no es él mismo, estamos ante una
circunstancia; cuando se entabla una relación consigo mismo
se trata de una situación. Tal es por lo menos la tesis que
proponemos nosotros para diferen~iar, el medio q~e, n?s rodea
( circunstancia) de los elementos mtrmsecos y d111am1cos que
nos ponen en situación" (Agustín Basave Fernández del Valle "Filosofía del Hombre", Págs. 74-75, Fondo de Cultura
E;onómica, México-Buenos Aires, 1957) . .A.hora bien, mi espíritu se presenta en una situación, en un estado concre!o,
esencial a mi propio ser: está como sumergido en la materia,
es un espíritu encarnado.
El mismo Sciacca reconoce que la naturaleza humana
("naturalmente trasnatural") está impulsada a trascender el

�48

Agustín Basave Fernández del Yalle

Hacia w1a Filosofía Integral del Hombre

estimativamente la posibilidad que hacemos nuestra. Y la seleccionamos, cuando obramos humanamente, de acuerdo con
la razón, con nuestra razón. Es claro que nuestro libre albedrío puede optar por lo irracional. Pero entonces nos habremos dejado ganar por los factores infrahumanos. Lo específicamente humano es aceptar Yoluntariamente el bien que la
razón propone y disponerse a realizarlo. Por el conocimiento
sabemos lo que hacemos, somos conscientes y responsables.

orden natural en virtud de no haber nada en la naturaleza
que pueda ser el objeto adecuado a esa infinita capacidad de
sentir, de pensar y de querer. Ahora bien, la existencia de una
llamada de parte de Dios -"vocación absoluta"- implica una
naturaleza constituida para llamar y ser llamada. De no ser
así, estaríamos ante un despropósito. Y Dios -admitida su
existencia- no hace despropósitos. Entonces, ¿por qué hablar
de un desequilibrio ontológico en el hombre Y Basta ser fieles
a nuestro ser de creaturas y al Creador por quien somos creaturas, para mantenernos en el equilibrio -si bien precariode nuestro "status viatoris". El equilibrio precario de nuestro
"status viatoris", siempre en riesgo, nos insta, ante todo, a
ser sinceros.

La búsqueda de la verdad requiere, como condición. un
entendimiento libre. El afán de investigación, que es afán
de verdad, supone la libertad. Nadie puede imponernos un
determinado pensamiento y una determinada voluntad. La
verdad no necesita de imposiciones humanas, se impone sola.

El hombre, volviendo la mirada sobre sí mismo, toma
conciencia de su libertad. Libertad que no es tan sólo un dato
psicológico, sino un hecho ontológico .. ~oy mi liberta?. Tengo
que hacerme, haciéndolo todo, excepc10n hecha de m1 naturaleza. Aquí y ahora, en ejercicio conc~eto, pued? ~~r lo que
debo ser. Actuando libremente actualizo m1 pos1b1hdad. ~n
este sentido, la libertad no me pertenece sino que soy yo qui~n
pertenece a la libertad, aunque esa libertad tenga un nerv10
teleológico.
La libertad es una propiedad de la facultad volitiva.
Trátase, en primer término, de un c~erto modo de "indiferencia" activa. El hombre, en cuanto hbre, obra de una manera
intrínseca autodeterminándose. El sujeto que decide lo que
va a hace~, sabe que podía haber determinado otra actuación.
Lo que se quiere, se conoce previamente_ en a~guna forma . . ,Y
no sólo se conoce de antemano lo querido, smo que tambien
le estima y se le prefiere. En la entraña misma de la li?ertad
hay una referencia al valor. Valor que no ~s una cosa, s~o. un
contenido de sentido (Sinngehalt) susceptible de ser ver1ficado en diversos grados como lo a apuntado Fritz J oachim von
Rintelen. Toda la sig;ificación del valor se ilumina en el ámbito de la libertad humana. Pero la libertad está destinada,
avocada al valor.
En la obra de Albert Camus, "La Caída", el protagonista
único exclama: "La libertad no es una recompensa ni una decoración que se festeja con champaña. Al final de toda libertad hay una condena". Olvidémonos del tinte pesimis~a que
tiene la afirmación y destaquemos, tan sólo, ese sentido de
ejercicio concreto, de obrar intrínseco, que está suponiendo la
frase. El ejercicio concreto, el obrar intrínseco que están en
el meollo de toda libertad implican elección y la elección supone multiplicidad de posibilidades elegibles. Seleccionamos

49

Porque soy libre soy, en algún modo, soberano. Aunque
sujeto a la ley de Dios y a las leyes humanas, puedo, si lo
quiero, cumplir o no cumplir mis obligaciones. Cualqui!'ra que
sea la fuerza de las tendencias psicosomáticas, las solicitaciones de los hombres y las obligaciones ante Dios, mi voluntad es
físicamente soberana. No hay -y nunca se ha dado- una
esclavitud de la voluntad. Naturalmente que el libre querer
de mi voluntad se ve disminuido o frustrado por limitaciones
de orden social, psíquico, intelectual, físico, fisiológico ... No
basta que yo quiera pura y libremente una cosa, es preciso que
la circunstancia me sea propicia. La vida, en buena parte, nos
la dan a vivir las situaciones y las circunstancias. Aun así,
mi querer me puede llevar a la felicidad o la desdicha.

I

Que soy libre, pese a todos los obstáculos, se pr~1eba, ante
todo porque mi voluntad sigue el bien aprehendido no de
un ~odo puramente especulativo y abstracto, sino por con~cimiento práctico. Los bienes finfto_s, precisame~teyor ser finitos, son impuros, imperfe_ctos, limitados. _Consi?mentemente,
el conocimiento de estos bienes no determma m1 voluntad de
un modo necesario. Dicho de otra manera: mi volición no está
unívocamente determinada porque ningún conocimiento práctico tiene por objeto el bien cabal y puro.
Mérito y demérito, mandatos y prohibiciones, responsabilidad y sanciones perderían todo su se_ntido .sin la existenci_a
de la libertad. Quien reconozca la existencia de la moralidad - y la reconocen de hecho, prácticamente, sus enel!ligos
más acérrimos- tiene que reconocer, forzosamente, la existencia de la libertad.
También nuestra conciencia da su testímonio acerca de
la libertad. Ya el simple hecho de preguntarse yor la ex\stencia de la libertad, prueba -como lo ha advertido un existen-

�Agustín Basa\'e Fernández del Valle

Hacia una Filosofía Integ1'al del Hombre

los humanos una misteriosa amalgama de nada y de eternidad. Cuan~o se analiza la estructura de la vida humana, hay
que tener s1_empre presente que el hombre, aunque de suyo es
nada,_ (vertiente de la angustia) está sostenido por Alguien
( vertiente de esperanza) .

cialista contemporáneo- esta existencia. Me ?regnnto por 1~
libertad porque quiero ser libre; pero no podr1a querer ser hbre si no lo fuese realmente, porque. mi voluntad no puede,
lóO'icamente, estar enteramente determmada y querer, a la ve~,
1
se; libre. Consecuencia: mi voluntad es fundamental Y 0~ ginariamente libre. En ella radica el origen de nuestros bienrs y de nuPstros males.

El hombre aspira a la p!enitud subsistencial y quiere
protegerse contra su desamparo ontológico. Sin embargo, su
ser-en-el-mundo" transcurre más bien en invisible alianza con
el d~samparo que con la plenitud. La vida humana en su
sentido mtegral, manifiesta la insoslayable dialéctic~ entre
d_esamparo onto,ógi?o y afán de plenitud subsistencia!. La plemtud lograda es siempre relativa y rstá amenazada por el
desamp¿tro. Pero a su vez el desamparo se ve co1-reO'ido
amb
l
paracl o en parte, por el afán de plenitud subsistencia! que se
proyecta c:on toda su intención significatiYa.

Si la idea de un placer o de una felicidad que se impo?en
' ·a fortiori", nos desagrada posi tivamentP y hasta ~1os humill~,
es pol'que contraría la naturaleza de nuesy1:o ser libre¡" Por la
libertad tPnemos acceso al rPino del espmtu. Con e.la nacemos a la vida couseiente y con ella nos salvam?s del_ frac~~o,
porqur es libertad para la rnlvación y? ~or lo m1sm_o, ms~:cion
del vo en lo imperecedero. Por eso 1111 libertad es mdeleºable.
.El poder decir "no" a las solicitaciones del cuer:po, a la
tiranía de pasado y a los engaños del mund_o, constituye el
más insigne título de nobl~za que ostenta la hb~rtad hu:~n:.
Puedo rebelarme contra n:il pasado, por lo que tiene de . P ,
1
com-irtiéndola por este mismo hecho, en verd~d. i :Mara:1 llos~
alquimia que nos recuerda una venerable formula ori~ntal.
1
Confesándome y ('Onfesando mi pasado culpab e,_ p~1edo hbr~rme dr la derrota e imponer un nuev~ sesgo ~ m1 v1~a. La h1s:
to ria de las eonwrsioues y la historia de mis propias ronve1 ~
Riont'S me indican que mi Yida, pese a S~l pasado,.:-tid~ sr
irmpre otra cosa. Sin libertad no cabria la pos1 1 1 .ª
e
8
reaenrrarse. y sin la posibilidad de regenera~·se, esta v1da no
yJdría la pena de ser vivida. _Pero esta Y1da, que mer~c:
.· .· --·e . acaso tiene una determmada estructura y una c1e1, l\ 1l., , (·
dº l' t ·
d l con
ta dialrctica '? ¡ Podría hablarse de una rn ec 1ca e a
·
dü-ión humana?
Yivir -Yengo apuntando desde ,1~57- es sentir ~~- ;ontinO'eueia y la miseria de nuestro esp1ritu. en s~ condic10n :ar;al " 1;re-sentir la plenitud de la subs1st~ncia. . He aqm ~.l
fond·o de mi meta-fí~ica int~gr~l de la ex:1sten~~a: 1_~ P~~~Ja
an,rustia-&lt;'speranza es inesemd1b1e. ~s'.a pareJa ps1colo..,1ca
t:o;.re!-;ponde a e~ta otra pareja ontolog1ca: desamparo ..m:tafísit:o-plrnitud subsiRtencial. Estos momrntos se co!1ne1 ta1~
orO'ánicamrnte en toda Yida humana, en f~rma analoga a
&lt;·o~trapunto que logra la unidad de heterofene os conservando la integridad dr cad::i c·a1ito pero colo~andolos adecuarlamrnte en el concierto. Los vaivenes de la vida se deb,en_ al predominio del sentimiento de nuestro desamparo. 011t?log1co o ~l
prrdominio del pre-sentimiento de nmstra plerntud snbs1stencial. En el "ens eontingens'' que es el_ hombre, hay un desfiladero hacia la nada y una escala hacia lo absoluto. Somos

51

Amamos lo ordenado, lo perfeeto, pese a las diarias dis&lt;·ordancias de nuestro ser y del mundo que nos rodea. Estamos
ordenándonos y ordenando nurstro mundo, porque la vida
nos d&lt;&gt;shace a c:ada rato nuestras construcciolles. Hay un elemento impreYisible, que no podemos eludir, suficiente para
quebrantar todos nuestros cálcu1os. Y sin embargo, IÍuestro
esfuerzo por trascender la incertidumbre nunca es del todo
vencido.
. ::\fientras el animal tiE&gt;ne uu drsamparo ontológico objet!"º y m~n?r, el hombre tiene un desamparo ontológico objetivo, subJetivo -puesto que lo conoce y lo siente- y de mayor_ grado.
animal -al fin pura naturaleza- se deja conducn'. necesanamente por sus instintos. Le es imposible transgredn· el orden natural. El hombre, en cambio, es un ente bifronte, anfibio. Vive rn dos mundos -que en él se encuentran
sin poder vivir bien en ninguno de los dos. Es natura y es
cultura. Está parcia!mente determinado por su animalidad y
es, a la vez, libertad .•\unque no es pura posibilidad, -tiene
dimensiones eonstantes-, c:uenta con infinitas posibilidades.
Mientras el animal viene definido, el hombre viene tau sólo
bosquejado. Su desequilibrio proviene de la tensión constante
rntrr su dernmparo ontológico y su afán de plenitud subsistencia!. Como es un ser que Yive siempre en camino, con una
determinación ilimitada, nunca puede gozar de la comodidad
animal de fijarne y amurallarsP. Por su conciencia, por su
interioridad objetiva está permanentemente abierto al ser. Vive en circunstancias, pero 110 es, como el animal, un esclavo
&lt;l&lt;' su contorno. El uso de la razón da testimonio de su interioridad ilimitada. La intranquilidad de su espíritu tiene su

EJ

,

�52

Hacia una Filosofía Integral del Hombre

ori()'en en la tensión entre carne y alma, en la fluctuación que
su;one el equilibrio inestable de un espíritu encarnado.

t

A veces quisiéramos ser plenamente animales -por ejemplo en el aspecto sexual- y otras ocasiones quisiéramos vencer' el lastre del cuerpo y llegar a espiritualizarnos integralmente. Pero la dialéctica de nuestra situación humana nos
impide proyectarnos hacia cualquiera de es!o~ dos po~o~.
Estamos forzados por naturaleza -cosa ontolog1ca- a vivir
en tensión metafísica. Y esta tensión puede adoptar caracteres trágicos. Ese afán de pleni~u~ ~ub~istenci~l, esa nostalgia hacia Dios, es hondamente _s1gmfic~~1va. Tratase de un
testimonio irrecusable de la egregia vocac1on humana. Cuando
nuestra alma se abre hacia el ser y hacia la verdad, en un
abismo de amor se acaba todo egoísmo y sentimos una simpatía originaria hacia todo lo objetivo. Per_o cabe también u~a
repulsa de la dirección del ideal para aislarse en el prop10
yo, siguiendo la ley del egoísmo. En este último caso, el ser
carece de sentido. Nuestra decisión vital descansa en nuestra
razón moral. Y toda decisión implica peligro. Conscientes
de nuestra más profunda peligrosidad, caemos en _la cuenta,
no obstante, de que la vida nos ha dado, como prec1~so ;e~alo
natural, la esperanza. Nos descubrimos, en el mas mtimo
núcleo de nuestro ser, como desamparados! como carentes, como indigentes, y como plenitud incumphda, pero a la vez,
tenemos la esperanza de llegar a ser la plenitud que no somos.
No se trata, en manera alguna, de un intimismo subjeti~o ~ictatorial frente a la realidad objetiva de la cosa en s1, smo
de una humilde sumisión del hombre integral a su interioridad
abierta al ser.
Si fuésemos ya plenitud nuestra vida no sería peligr_o~a.
Pero como somos un desamparo que puede llegar, por _dec1s10:
nes existenciales a la plenitud que apunta, nuestra vida esta
en constante peligro. La vida es, en ese sentido, milicia. Nunca podremos eludir el peligro de frustración, de fracaso. N~estra situación económica, nuestro saber y nuestro futuro destmo
no están nunca asegurados. Aquí encuentro la razón más
profunda para decir que el burgués es un hombre falsificado
y la vida burguesa es una vida inauténtica.
El "status viatoris" es inherente a toda condición humana. Ningún hombre, en tanto que viva, se puede considerar
logrado, captado, alcanzado. El "status comprehensoris" no
pertenec a esta vida. Somos ante todo una no-plenitud. El
hombre vive en la esperanza de ser más. O el espíritu se dilata
o se contrae. Y en la contracción del ser no puede haber paz
ni complacencia. Alguien nos puso en camino. Pero teniendo

Agustú1 Basave Fernández del Valle

58

una nada prehistórica podemos en cualquier momento hacer,
€n el orden moral, un viraje hacia la nada: el pecado. No
tiene sentido, ni aun desde el punto de vista intratemporal,
considerar tan sólo el camino como si no condujera a parte
alguna. No ver que el camino lleva a un "allende" es la miopía esencial del existencialismo.
El hombre hace su esencia, no "es" su esencia. Pero todas
las variedades históricas de este hacer la esencia -incluyendo
nuestra propia manera de hacernos- puede insertarse dentro
de una estructura permanente del ser humano.
Vivimos siempre en espera. Un futuro anhelado puede
llegar a cumplirse. Por ser posible el logro de un deseo, la
€speranza incluye gozo. Pero es un gozo siempre mezclado
de turbación porque el bien apetecido está ausente y es aún
incierto. Hay, sin embargo, en la esperanza, un esperar confiado que tiene su sostén en Alguien. No confiamos en las
cosas sino en las personas. No cabe fundar la vida en la desesperación. Sólo la esperanza -aventura en curso-- penetra a
través del tiempo y funda la vida. Como virtud, la esperanza
es un justo medio. Su exceso es la presunción y su defecto
la desesperación. Mientras que la presunción es una anticipación antinatural de la plenitud, la desesperación es una anticipación antinatural del fracaso, de la condena. A la vida
como quehacer corresponde la vida como esperanza. Presunción y desesperación congelan el fluir de la existencia hacia
su océano, petrificándola en un imposible o en un castillo
-en el aire.
Sin el amor, la vida no sería digna de ser vivida. Con el
.amor se tiene la clara conciencia de un destino del hombre. El
amor lleva a la plenitud la indigencia. Un recóndito afán de
-entregarse, de expandirse y de gozarse con esta expansión,
caracteriza al amor. Sólo es capaz de verterse el que rebosa.
.El amor ilumina en el ser amado perfecciones virtuales y
latentes, y organiza en unidad jerárquica una pluralidad de
-valores.
Todo hombre se encuentra implantado o puesto en un
mundo dentro del cual ha de actuar y ante el cual ha de ser
responsable. Ni yo ni los otros hacíamos falta. Estamos enviados a la existencia por la amorosa voluntad de Alguien. En
ese sentido nuestra existencia es una dád-iva de amor de ese
Ser que nos hace ser amorosos y que es el Supremo Amor. Y
con su amor nos comprometió a "estar en el mundo" amorosamente. No se trata de una obligación sino de un compromiso.

�54

Agustín Basave Fernández del Valle

Hacia una Filosofía Integral del Hombre

mos ser en plenitud. Estamos a disgusto con nosotros mismos
porque carecemos ele la plenitud anhelada. Nos conocemos
como seres carentes ele perfección, con grandes lagunas de
valor. Nos hacemos en vista de lo que carecemos. En este
preciso sentido podríamos aceptar la fórmula de Ponge: el
hombre es el porvenir del hombre. Nos arrojamos en el mundo para conquistar la presentida plenitud. Los obstáculos
materiales nos hacen asumir nuestra limitación material y
espiritual. Pero son impotentes para acabar con nuestro movimiento hacia el futuro, con nuestro proyecto vital. El hombre, ser ele lejanías, es siempre, según la certera frase de
Heidegger: "infinitamente más que lo que sería si se lo redujese a ser lo que es". Menester es, sin embargo, valorar nuestras
empresas drvrlando su sentido. De otro modo no merecerían
nuestro sacrificio. Nadie decide su destino inocentemente.

El hombre es el único ser que se autoposee en el "logos"
Pero esta autoposesión se da enrolada en un quehacer mundanal. Al recogernos no abandonamos el mundo, simplemente
estamos-en-nosotros. Y esta autoposesión no es estática sino
dinámica. Dinamismo de una mismidad -estructura permanente, yo "matriz"- que conserva siempre una autopresencia.
Aún deviniendo, no podemos dejar de ser lo que somos. Es_te
peso óntico, irrenunciable e intransferibl~, es ":uestra cons1~tencia íntima y nuestra efectividad peculiar. Siendo, nos miramos interiormente con un sentido de responsabilidad. Esta
responsable presencia de sí mismo perdura hasta el supremo
instante de la muerte. La consciencia de responsabilidad polariza nuestro existir. Trascendiendo el momento presente, la
consciencia de responsabilidad se distiende hacia el pasad~ Y
hacia el futuro. El fenómeno envolvente, que sucede aqm Y
ahora no puede aprisionarnos. Vivimos desde dentro tratando de' objetivar nuestra intimidad, en la medida en que nos
parece conveniente.
Momento a momento tenemos que autoafirmarnos. N'o
podemos abandonarnos a nu~stro -~ropio peso de continge1:cia y gratuidad. Esta autoafirmac1011 del ser es ya de por s1,
en un sentido primario, un intento de salvarse de_ l_a n~da.
Amenazados por la nadificación, experime11:tamos orig1_1:ar1a Y
frontalmente nuestro ser como impulso hacia la salvac10n. Toda nuestra energía existencial se polariza, e~, los_ momentos
de mayor consciencia, en torno a una salvac1on mtegral de
nuestro existir de espíritus encargados frente a la muerte
y a la nada. Queremos salvar nuestro espíritu encarnado,
nuestra persona íntegra -que no se identifica con el alma
subsistente-. "A.uuqur una parte intompleta, nuestro esp~ritu pervive más allá de la muerte, -expresa el d&lt;'ctor Lms
Cen~illo-, la persona, en cuanto unidad vital psicosomá~ica
e intramundaua se disuelve, se reduce a nada, y es precisamente la persona -no el alma- lo que trata de autoafirmarse frente a la muerte frente a su nadificación intramundana. De aquí la experie~cia contradictoria y paradójica del
moribundo, del creyente moribundo, que en medio de la ~~peranza -esperanza que triunfa de la angustia de la nad1ficación intramundana por la fe en la glorificación ultramundana- no puede vencer de ordinario un residuo de angustia
frente a su disolución como persona". (Pág. 278, "Experiencia
profunda del ser" "-Bases para una ontología de la relevancia-", Biblioteca Hispánica de Filosofía, Editorial Gredos).
¡Cierto! No podemos vencer un residuo de angustia frente a
nuestra disolución como personas y sin embargo tampoco podemos dejar de autoafirmarnos. No nos basta ser. Anhela-

Alguna importancia o valor le hemos de conceder a nuestro ser, desde el momento en que tratamos de salvarlo. Estamos transidos del sentido del valor, porque nuestra entidad
no es ajena a la valiosidad. Gozamos del bien de ser, porque
nuestra vida no está desprovista de sentido. Sin este gozar
del bien de ser, nuestra vida se petrificaría.
En la historia del universo, mi existencia es única, incanjeable, irrepetible. Frente al resto de los entes, yo me cierro
en mi ser de suceso único, en mi individualidad irreductible.
Mi mismidad y mi destino personal no los puedo compartir. Me
es imposible convertirme en otro. La mismidad no se puede
enajenar. El yo es irreductible. La realidad circundante, el
universo se me dan a través de mis vivencias, bajo el tamiz
de mi individualidad. Pero esta clausura metafísica de la
seidad personal no impide la apertura de mi soledad ontológica que se puebla de compañías. Mi yo hunde sus raíces en el
Ser Trascendente que me fundamenta.
La vocación universal del hombre a la salvación eterna
está ínsita en la esencia concreta de cada ser humano. Soy
yo mismo en función de un quehacer personal de salvación.
Mi vocación a la salvación eterna forma parte de mi realidad
metafísca. Las vocaciones particulares y concretas no pueden
salirse de la órbita de la vocación universal en el ser humano. La llamada al bien verdadero, único que puede salvar
al hombre, justifica a los demás bienes que lo son en la medida que participan de la Bondad suprema. Somos, indeleblemente, un proyecto de salvación que nece~ita realizarse. Por
una parte nos realizamos a nosotros mismos; por otra, somos
ayudados a realizarnos, a superar nuestros límites, a salvarnos. No hay que confundir nuestra salvación con nuestras pre-

..

�56

Hacia una Filosofía Integ1.'al del Hombre

ferencias, aunque nuestra preferencia más profunda deba
conformarse con nuestra salvación; ni el llamado de nuestra
vocación universal de hombres con las sugestiones del instante, aunque el instante nos ofrezca siempre la ocasión de enderezar el itinerario hacia la salvación. Descubrir la misión
que cada uno de nosotros es capaz de cumplir para salvarse,
es verdadera sabiduría.
El hombre es su conducta en función de salvarse de la
muerte total, de la nada. Al sentirse creatura está dando
ya testimonio de una creatividad "poética" de donde proviene.
Para llegar a su cabal desarrollo la antropología filosófica y para dar el sentido último de la interiorización, sería
preciso trazar una metafísica de la creaturalidad. Partamos
de un hecho evidente: no nos hemos creado ni nos hemos puesto en la existencia. Atestiguo mi ser y atestiguo el ser de los
otros, advirtiendo, con ese testimonio, el Ser que nos excede.
La profundidad ontológica buscada hoy en día es nuestro
sentido de la creaturalidad. Y este sentido de la creaturalidad es ya, de por sí, un "testimonio" del Otro. "La coscienza
di se e coscienza e connaturale all nomo", ha dicho magistralmente Sciacca. (L'Uomo, queste 1squilibrato' ", p. 157). Basta
que hablemos de nuestro ser, de todo nuestro ser, para que
estemos hablando de El, del Yerdadero y único Poeta. Provenimos, como palabras vivas, de un libérrimo y amoroso acto
de "creatividad" poética. No tenemos otra armadura espiritual, otra seguridad radical. Al advertir nuestro límite creatural advertimos, a la vez, la incanjeable n ecesidad de salvarnos en Dios. Pero esta salvación no puede darse sin una cierta
actividad moral.
t'na sed insaciable de existir, una sed de vida y más
vida nos plantea, con inaplazable urgencia, el problema de
nuestra vida. ¿Qué será de nosotros ? He aquí la cuestión decisiva. t, Es absurda la existencia del hombre o tiene acaso
un sentido Y Hay que optar. No se da una tercera posibilidad.
¿Por qué vivo y por qué muero? ¿.Por qué me encuentro instalado, desde hace ya algunos años, en esta tierra y no en otro
planeta ? ¡, Cuál es mi razón de ser ? ¿Por qué tengo que vivir
esta vida en que se me ha puesto, sin haberlo pedido? ¿ Cuál
es el término de mi viaje ? Si le pido una respuesta a eso que
llamamos "mundo" o "universo" me encuentro una fuerza
poderosa, tiránica, ciega, que mata a inocentes y culpables,
que azota con la tempestad y el rayo y calma con el esplendor del sol y la tibia noche de luna. Y todo ello con 1a misma
indiferencia .. .

,\gustín Basave Fernández del Yalle

57

.Al cabo de algún tiempo mis cenizas podrían caber en
una cajetilla de cigarros. El mundo seguirá su ruta acostumbrada y yo habré desaparecido. Otras generaciones vendrán
después de mí y transitarán por las calles de las ciudades, por
las playas. de los balnearios, por los centros de esparcimiento y por los trenes que yo no he conocido. Pero yo habré desaparecido. .A.hora mismo se divierten, unos hombres como yo
-que por cierto no conozco- en un centro nocturno de Tokio,
mientras que en Berlín asisten a un concierto de Sinfónica un
grupo de personas y en Madrid se charla alegremente en el
Café. ¿Por qué estoy aquí y no allí ? ¿Por qué no puedo vivir
a la Yez la vida de tantas ciudades agradables que conozco y la
de tantas otras que no he conocido y que probablemente nunca conoceré ? Esta limitación me duele. En China, en Francia
o en Suecia, muchos hombres que nazcan después de que yo
haya muerto pensarán sobre los mismos problemas que yo he
pensado y tendrán Yivencias similares a las mías, sin que tengan_n~ticia de que yo haya existido. Me duele su ignorancia,
su mdiferencia para con mi persona y mi paso por la tierra.
Y me duelen también esas muchedumbres anónimas que han
estad~ afanándose por hacer algo y por ser alguien, que han
trabaJado y proyectado, que han reído y llorado. que han
t~nido decepc~ones y dolores de cabeza como yo. ¿ Qué sentido
tienen estas vidas? Sin los valores espirituales, sin Dios -Valor de los valores-, "no hay nada cierto" como escribe Sartre. El Ui~iver~o material, por más grande' que se le suponga,
carece de mtehgencia y de amor. De ahí ese "terror de estar
viYos'' sentido frente a una naturaleza hostil cieoa incontrolable, tiránica, incomprensible. El hombre ;in Di;s no pasa
de ser esclavo de lo absurdo, juguete del hado arbitrario.

Quisiera ensayar, por mi parte, una nueva vía de acercamiento a Dios: mi afán de plenitud subsistencial que se me
presenta coexistiendo orgánica y dialécticamente 'con mi desamparo ontológico, con mi insuficencia radical, en forma parecida al contrapunto musical, implica la plenitud subsistencial - y esto es un hecho evidente- existió siempre una Plenitud subsistente, porque si no hubiera existido, no se darían
todos nuestros concretos afanes de vida y de más vida. Sin un
fundamento en Dios, inicial y final, mi concreto afán de plenit~~ subsistencial -testimonio irrecusable de la egregia vocac10n humana- no encuentra solución.
Una filosofía del hombre no puede eludir el tema de la
muerte. Porque ustedes y yo necesitamos saber por qué morimos y por qué vivimos si hemos de morir. ¿Cuál es la significación de la muerte ? Permítaseme al menos -ya que otra

�ó8

Hacia una Filosofía Integral del Hombre

cosa no me es posible en el tiempo de que dispongo- apuntar
la estructura ideo-existencial de la muerte:
a) Posibilidad, actualizada en tanto que posibilidad, que
nos está siempre presente, como una amenaza cierta y delimitante.
b) Riesgo inelimínable que condiciona cualquier posibilidad determinada (por ejemplo: ser arrebtado a la familia, a
los amigos y a mí mismo en mi actual situación de espíritu
encarnado) que me incita a la fidelidad conmigo mismo y a la
fidelidad con Dios.
c) Término incierto. Término, porque se trata de un
acontecimiento y de realización cierta. Incierto, por lo que
atañe a la época de su realización.
d) Conclusión única y definitiva -sin posibles adiciones
ni reformas- del yo-programa.
e) Desgarramiento inevitable, y soledad devoradora del
trance.
.A. más de ruptura y disonancia, la muerte tiene un carácter de opresión torturante de la nada.
f) En la muerte nuestro ser adoptará definitivamente su
medida: moriremos con amor, en comunión con los otros y
abiertos a Dios, o con odio, excluyendo a los demás y replegándonos sobre nosotros mismos. En ese sentido, la vida es
preparación para la muerte.
g) La muerte es inherente a la vida. Marca su fin y
configura definitivamente su trayectoria . . Nos revela nuestro límite absoluto y nos muestra lo abierto, puro y simple.
h) La muerte en los hombres, no tiene un sentido unívoco, sino análogo. Hay miles de modos diversos de morir.
Y sin embargo, todos ellos conservan una unidad o conexión
fundamental: son modos de morir humanos. Mientras que
para los animales la muerte es un puro acaecer natural, para
los hombres la muerte es un problema, un drama extraño
'f difícil.
i) La muerte corporal no puede afectar al espíritu. 1\Ii
persona no está, en su propia esencia, avocada a la muerte
sino a su perfección con la eternidad.
La vida humana -apremiada por la muerte- es autoClonstrucción. ética. No podemos vivir, al menos humanamente, sin conducir de algún modo nuestra vida. Cuando obra-

Agustín Basave Fernández del Valle

59

mos -y vivir es obrar-, obramos en vistas a algo. De ahí
la contextura implacablemente moral del hombre.
Desde
q~e tomamos conciencia de las exigencias de nuestra perfecc10n, observamos nuestra naturaleza para ver prefigurada, en
ella, la perfección anhelada. Antes de hablar de "norma"
moral, es preciso percatarse de que nuestra realidad hui.nana
es constitutivamente ética. Si existen preceptos morales, es
porque nuestra vida humana tiene -como lo veremos después con mayor detenimiento- una textura ética.
El hombre, a diferencia del animal, no tiene una vida
puramente instintiva. Las circunstancias v las situacionei::
le fuerzan a conducirse inteligentemente. • No está ensamblado en el medio circundante, respondiendo instintivamente
a los estímulos, como el animal; sino que está domiciliado en
un "mundo", en el cual ha de actuar y ha de ser responsable.
Ante las diversas posibilidades tiene que preferir la suya.
Sus actos han de justificarse por estar realizados en vista
de su salvación. Quiere, cuando quiere de verdad, no porque
quiere o le da la gana, sino porque pre-fiere su salvación.
En tanto en cuanto el hombre prefiere su realización, su salvación, queda justificado. Por encima de sus estructuras
psicobiológicas, el hombre es, ineludiblemente, libre. Precis~mente porque no le es dada por natnraleza su realización,
tiene que hacerla por sí mismo, conforme a determinado sistema de preferencias, hasta el límite de sus fuerzas, impetrando de los otros y del Otro -sobre todo- las fuerzas que le
faltan. Cada situación actual, cada encrucijada en la vida
del ser humano, presenta diversas posibilidades de salida entre las cuales hay que optar. Y nada nos autoriza a pensar
que la opción deba ser gratuita, arbitraria.
Decir que el hombre en cuanto tal se comporta siempre
"sub ratione salvationis", no significa afirmar que sus acciones sean siempre moralmente buenas.
La Antropología filosófica o Antroposofía tiene, en la
Etica, uno de sus capítulos esenciales. La vid4 moral, que
debiera ser el objeto principal de la Etica, debe encontrar
su lugar en el estudio de la vida humana. Por ahora nos
importa destacar el significado del "éthos".
En el transcurrir de nuestra vida vamos adquiriendo un
c~rácter. Y es~e carácter se traduce en actitudes, en expresiones y en acciones. Nuestro quehacer revierte sobre nuestro ser. Las buenas y las malas accio~es las virtudes v los
vicios apropiados, dibujan los rasgos d~ nuestro caricter.
Pero nuestro carácter configurado a través de la vida, está

�Agustín Basave Fernández del Valle
60

61

Hacia una Filosofía Integ1·al del Hombre

montado sobre un determinado temperamento. El temperamento no lo hacemos; lo sufrimos.
La actividad del hombre es actividad heroica de salvación, proceso continuo de liberación, actuación de un ideal
infinito. En esta obra, cada uno de nosotros adquiere conciencia del orden universal que relaciona las finitas posibilidades singulares con la posibilidad trascendental de salvarse.
Precisamente porque se da esta posibilidad trascendental de
salvarse, no es legítimo anonadar todas las posibilidades en
el "ser para la muerte", como lo hace Heidegger, ni establecer
la equivalencia de las posibilidades por su común imposibilidad de ser más que posibilidades, como lo pretende Jaspers.
El hombre, porque es finito, busca un completamiento,
una estabilidad que le falta. La búsqueda de la salvación
ilumina el ser y el quehacer del hombre. En la tendencia
vulgar al placer o en el impulso religioso hacia Dios podemos
descubrir ese anhelo de completamiento, de estabilidad de
salvación en suma. El hombre es la originaria y trascen'dental posibilidad de la búsqueda de la salvación. Resolviéndose a ser él mismo hasta el fondo (in-sistencia en su sentido
etimológico) y apasionándose en su tarea, el hombre elige
su ser para la salvación. La elección de la plenitud subsistencia! y la decisión de salvarse lo constituyen. Comprometido en esa salvación personal, el hombre ve el mundo como
un in~trumento o un obstáculo. Si lo conoce no es por una
gratmta y vana curiosidad sino por un movimiento vital que
busca su propia salvación.
La condición de cualquier posibilidad determinada y la
misma posibilidad trascendental en su naturaleza última no
es la muerte, como lo pretende Abbagnano, sino la posibilidad
de salvarse. Esta posibilidad me empeña en el arte de ser
fiel a mí mismo. Lo que verdaderamente debo hacer es tratar de salvarme. Creo que nos falta una visión primera de
la filosofía como propedéutica de salvación; una concepción
a la vez viva y teorética, que haga posible la edificación sobre
ella, de las diversas disciplinas filosóficas. A esta visión nos
lleva algo más que una actitud científica. Un afán de comunión, un hambre de plenitud, una actitud amorosa levantan en vilo a la simple indagación del saber. El saber, la
sabiduría, se ama, al final de cuentas, por el sabor, por el
paladeo que nos perfecciona y nos estabiliza. Nuestro perímetro espiritual -el yo y su circunstancia- es lo que cuenta.
Gracias a esa gravedad espiritual imponemos nuestro señorío
sobre la materia bruta y sobre la materia conducida por la
vida. Tenemos que enfrentarnos con la naturaleza, a diario,

porque nos disgusta la naturaleza cruda. La vida biográfica
cordial de la Historia, la vida aderezada es nuestro clima
humano más cálido y cordial. Desde nuestro centro creador
se ilumina una intención expresiva. Esta intención expresiva
es una razón para existir. Y esta razón para existir -que
concluye siempre en un afán de plenitud subsistencial-, empieza donde el animal termina. Es vida espiritual excediendo a la naturaleza. Es la persona rebelándose contra la
caducidad.
El hombre es un estar salvándose sin acabar nunca de
salvarse, mientras viva. Precisamente porque no está salvado, el hombre se siente náufrago en el mundo y no tiene
más remedio que nadar para llegar a la otra orilla. De ahí
ese carácter de faena laboriosa, fatigosa y peligrosa que tiene
toda vida humana auténtica. Nuestra salvación está en marcha, en vías de conseguirse. Existir es estar sosteniéndose
dentro de un océano de incertidumbre y riesgo con la posibilidad de naufragar o de salvarse. Todo lo que hay en nuestro ser humano -cuerpo, historia, dimensión social- está al
servicio de un existir que se consume en afanes de salvación.
Sorbiendo la circunstancia como nutrimiento para la salvación, el hombre vive desde su intimidad, pero hacia el mundo
y hacia el más allá del mundo. Para existir hemos de empezar por luchar contra el peligro de perdernos. No podemos, como la piedra o como el animal, abandonarnos inercialmente al ser. No podemos eludir el combate por la salvación en la plenitud subsistencial. Nuestra existencia es dramática por esa inseguridad fundamental. Lo único que nos
es dado es la posibilidad de salvarnos. Es preciso, sin embargo, distanciarnos de nuestro mero ser natural para llegar a
ser lo que debemos ser. Saboreando el zumo ardiente de
nuestro origen espiritual, elevamos nuestra vida a un saber
humanístico y a un saber de salvación. Después de este sabor,
que se hace saber, tomamos conciencia de que estamos lanzados, arrojados, decididos y comprometidos en una existencia
móvil de peregrinos. Elaboramos nuestra entidad para ser
auténticos, es decir, hechos por nosotros mismos de acuerdo
con la vocación. Nos decidimos "desde dentro", como protagonistas de nuestro drama, obligando a la realidad circundante para que sirva a nuestros fines. No podemos -mientras seamos auténticos- dejarnos sobornar por los tópicos
comunes. Necesitamos elaborar nuestro vivir de modo plenario
acatando la propia vocación. Mientras no sea de ese modo
plenario estaremos en deuda con nosobos mismos.
Estamos llamados a salvarnos, sepámoslo o no, realicémoslo o no lo realicemos. Por eso nuestro existir, siempre

�02

Hacia m1a Filosofía futegral del Hombre

que no se encamina a la salvación, es un flotar a la deriva.
Surge entonces un sentimiento de frustración existencial ante
un posible fracaso metafísico. Xos sentimos responsables,
culpables por no haber orientado nuestra vida según radicaks preferencias. Esta congoja nos hace volver sobre nosotros mismos. Y empezarnos a tejer, nuevamente, nuestro propio drama. Continuamos viviendo en peligro, con la clara
conciencia de que nos vamos muriendo en cada momento de
nuestra existencia. Luchamos, no obstante, contra todos los
obstáenlos que se nos oponen para existir. Imposible detener
esta proyrc:ción existrncial. Ante nuestra vista se extienden
cien posibilidades. Hemos de a-divinar la nnrstra para que
nnrstro pre-ser germine y llegue a ser quien está llamado a ser.
Planeamos mH•stro propio programa de salva ·ión. Este
programa es trascelldente, está siempre más allá de 1_1osotros
rnisruoR. En este sentido cabe decir que somos una inmanenc·ia que trasciende. Se trata de un plan de salvación qne
C'Stá (&gt;U la estructura misma del hombre y no de un ornato
suplementario y lujoso que el ser humano añade a su ser.
1

Siempre que el hombre se comporta como hombre, esto es,
inteligente y libremente, se afana por salvarse en la inmortalidad personal, en su descendencia o en la memoria de las
generaciones sucesivas. La estructura escatológica del ser
humano está anclada rn su misma rea1idad de hombre. Y
aunque iucur;:o en el flujo vital e h;stórico de su vida, el
hombre, con su programa o plan de ~alvación supera &lt;'se de&lt;·urso y se rnfrenta con su vida para juzgarla y para enmendar rumbos.

Joseph H. Greenberg / LENGUAJE Y LINGUIITICA ~

EL

lenguaje es privativo del hombre.
Ninguna otra espe&lt;:ie posee un medio realmente simbólico de
comunicación y ninguna sociedad humana por simple que sea
su cultura material, carece de la herencia humana básica de
un lenguaje birn desarrollado. El lenguaje es el prerrequisito de la acumulación y trasmisión de otras características
culturales. Aspectos básicos de la sociedad, como la vida
política organizada, los sistemas legales, la religión y la ciencia, son inconcebibles sin la más fundamental y humana de
las herramientas, un sistema lingüístico de comunicación. El
lenguaje uo es sólo una condición necesaria de la cultura, es
en sí mismo una parte de ella. Como otros tipos de comportamiento comunes, el individuo lo adquiere como miembro
dr un grupo social particular a través dt&gt; un complejo proceso de aprendizaje. Y, como otros aspectos de la cultura
humana, varía característicamente ele un grupo a otro y sufre
importantes modificaciones en el curso de su trasmisión en
el tiempo dentro de la misma sociedad.
Podría considerarse obvio que la lingüística, la ciencia
que trata del rasgo más característico del hombre, haya sido
• Joseph H. Greenberg, Profesor de Antropología en la Universidad de Columbia nació en Brooklyn, Nueva York, en 1915. El Dr. Greenberg, estudiante 'de la Universidad de Columbia se graduó en las Univer~idades de
Yale y del Noroeste y siguió estudios avanzados en antropolog1a que incluían Investigaciones llevadas a cabo en Nigeria como Becaqo de Fields
del Consejo de Investigaciones de Ciencias Sociales. Comenzo su carrera
como profesor e instructor de antropología en la Universidad de Minessota y más adelante ingresó en la Facultad de la Universidad de C_olumbia.
En añcs recientes ha recibido el premio de la facultad de invest1gac10nes
de la Fundación Ford (1951) y un premio Guggenheim (1954-55). Especialista en la etnología del Africa. en clasificación de las lenguas africanas y lingüística general, el Dr. Greenber~ es el autor de "Estudios en
la Clasificación de la Lingüística African1 •. "Enfoque Cuantitativo de
una Tipología Morfológica del Lenguaje" y l'La Influencia del Islam
sobre una Religión Sudanes~".

-63-

�64

Lenguaje y Lingüística

siempre e indiscutiblemente conceptuada como una ciencia
social.
Sin embargo, a mediados del siglo XIX August
Schleicher, un eminente lingüista, declaró (y naturalmente no
era el único en sostenerlo) que la lingüística, era una Naturwissenschaft ( ciencia de la naturaleza) más que una Geisteswissenschaft (ciencia del espíritu).
Más específicamente,
concebía al lenguaje como un organismo y a la lingüística,
por ende, como una ciencia biológica.
Claro está que tal opinión ha sido abandonada hace ya
mucho tiempo. No obstante, vale ~~ pena preg~ntarse por
qué una tesis que para una _generac10n _resulta evidentemente
falsa pudo haber sido considerada seria~ente y en_ algunos
casos adoptada por hombres de gran capacidad, que figuraban
entre los dirigentes de su ciencia. Pues las bases de esta
creencia, algunas afirmadas explícitamente, otras supuestas
implícitamente, deben ser sintomáticas respe~to al estado _de
la ciencia misma y acaso cuenten con capacidad para deJar
rastros en el pensamiento de las generaciones futuras de
estudiosos.
Nos preguntamos entonces por qué la opinión de que la
Lingüística era una ciencia natural y más específicamente una
ciencia biolóo-ica en un sentido literal y no meramente analóo-ico pudo, ~n una época, ejercer tanta atracción. Una brevee ojeada a la historia de la lingüística resultará de extrema
utilidad. Ella es, con la posible excepción de la economía,
la más precoz de las ciencias del comportamiento. La rama
histórica o comparativa de la materia, que fué la primera en
adquirir predominancia, obtuvo notables éxitos en la primera
parte del siglo XIX. El descubrimiento de que la mayoría
de los pueblos de Europa y Asia Occidental hablaban lenguajes afines derivados de una forma ancestral común fué seguido por la feliz reconstrucción de muchas de las características gramaticales y fonéticas de la lengua matriz indoeuropea. Este logro aportó abun&lt;lante información sobre períodos anteriores al comienzo de la historia escrita y estimuló
la imaginación histórica de los hombres cultos del siglo XIX
mucho más allá de los confines de la lingüística profesional.
Un nuevo aspecto incidental de este desarrollo poseyó,
( en opinión de algunos conscientes investigadores), una signüicación esencial, quizás aún mayor que la de los resultados
históricos específicos. Fué el descubrimiento de las llamadas 11leyes de sonido", esto es, de que bajo condiciones fonéticas dadas, un sonido particular se transformaba regularmente en otro. El ejemplo más célebre fué aquél según el
cual ciertos cambios de sonido ocurrieron en el transcurso de

Joseph H. Greenberg

65

la evolución de la lengua ancestral germánica de la anterior
indoeuropea común y se lo conoció con el nombre de Ley de
Grimm. Era por cierto sorprendente que en este aspecto
aparentemente trivial del comportamiento humano, en el que
nadie sospechaba que hubiera algún principio ordenado, existiera tal regularidad. Kroeber, el famoso antropólogo, observó una vez en una conversación que en momentos de desaliento sobre las perspectivas del estudio científico del comportamiento humano se reanimaba pensando en la Ley de
Grimm.
Un rápido examen de algunos aspectos de esta ley demostrará sin embargo por qué, vista bajo cierta luz, ella y
fenómenos similares podrían conducir con naturalidad a una
concepción del lenguaje como estructura absolutamente autónoma, con leyes propias y totalmente independiente de la
consideración de otras facetas del comportamiento de los que
hablan. Por ejemplo, de acuerdo con la Ley de Grimm, una
consonante original t, que no cambiaba en el latín clásico, se
transformaría en th en la lengua germánica, donde en inglés
al menos tal grupo ha permanecido esencialmente intacto hasta el presente. Por ende, la th en la palabra inglesa Three
corresponde a la t latina de tres con igual significado, o, asimismo, el término inglés thunder es afín al vocab]p latino tonare, 'tronar'. En algunos casos parece haber una excepción.
Por ejemplo, el término inglés stand y la palabra alemana
stehen llevan una t, igual que la latina stare, 'estar de pie',
en vez de la th esperada. Sin embargo, tanto en éste como
en otros ejemplos la t está precedida por s y, por consiguiente,
la le~ debe ser condicionada por la afirmación de que la t
protomdoeuropea se transforma en la th germánica cuando no
está precedida por s, pero persiste cuando va precedida por
ella. Nótese que ésta y otras excepciones que se hayan podido mencionar son igualmente formuladas en términos de
sonidos. Los signüicados y funciones gramaticales de las palabras en las que ocurren los cambios parecen ser ajenas a
la acción de la ley.
Es precisamente esta naturaleza aparentemente autónoma del dominio lingüístico lo que origina aun después del
rechazo de la nación del lenguaje como un cuasiorganismo
que evoluciona según sus propias leyes internas, la exigencia
de que éste sea estudiado autónomamente y de que los fenómenos lingüísticos, sean explicados sólo por referencia a otros
fenómenos lingüísticos.
Esta concepción del lenguaje como dominio autónomo con
sus propias leyes inmanentes, tan defendida por los lingüistas,

�66

Lenguaje y Lingüística

ha probado ser hasta el presente una regla metodológica realmente valiosa. Puede considerársela como una exhortación
a cultivar primero el propio jardín y como una constante advertencia contra el fácil empleo de principios de explicaciones
basadas en un conocimiento superficial de otras ciencias como
la psicología, la cual, al parecer de muchos lingüistas, está
menos desarrollada científicamente que la misma lingfüstica
Y, lejos de poder contribuir a la solución de sus problemas,
necesita más bien ayuda para sí.
Es posible, sin embargo, que un observador ajeno, interesado en el lenguaje como fenómeno humano general, por
ejemplo en los contextos más vastos de la psicología del lenguaje, en el papel del lenguaje en la comunicación o en la
relación de aquél con otros aspectos del comportamiento cultural, y que ignore el descollante éxito de la ciencia lingüística en su propio dominio circunscripto, vea los titulares de
un periódico lingüístico profesional y diga, parafraseando la
,conocida observación de Clemenceau sobre los generales Y la
-guerra, que el lenguaje es asunto demasiado importante para
,dejarlo en manos de los lingüistas.
En realidad, en los Estados Unidos como en otras partes
del mundo, la tendencia a considerar los problemas lingüísticos en estos contextos más amplios y variados se ha desarrollado juntamente y como complemento de una continuación del todo legítima de los intereses lingüísticos tradicionales.
En un sentido al menos, una aproximación más amplia a
los problemas lingüísticos está firmemente establecida en la
esrena científica norteamericana.
A raíz del papel básico
que desempeña el lenguaje en cuanto hace posible otros tipos de comportamie~to cultural anteriormen~e citados, y
debido a que es en s1 un aspecto sumamente 1mp?rtante de
la cultura, la lingüística desde cierto punto de vista puede
ser conceptuada no sólo como una ciencia del comportamiento,
sino también como una subciencia especializada dentro de esa
rama de la antropología que estudia los rasgos cultura1es del
hombre a diferencia de los rasgos físicos, esto es, la antropología cultural. Esta concepción se refleja en la organización académica norteamericana. Los principales departamentos de antropología de los Estados Unidos ofrecen cursos sobre lingüística general, la consideran una rama fundamental
de la antropología y generalmente cuentan en su cuerpo de
profesores con un experto lingüista profesional. Históricamente hablando, esta situación obedece principalmente a la
influencia del extinto Franz Boas, que representa sin duda
la figura claYe del desarrollo de la antropología en los E'sta-

Joseph H. Greenberg

dos Unidos. En las vastas investigaciones de los pueblos
indios norteamericanos que él promovió y en parte llevó a
cabo, estimó indispensable incluir el estudio científico de sus
lenguajes. Este campo había sido relativamente descuidado
por los lingüistas de la época de orientación más tradicional,
quienes concentraban su interés en los lenguajes de pueblos
que habían dejado crónicas escritas de valor histórico o una
literatura digna de estudio y de apreciación humanista.
La estrecha integración en los Estados Unidos de la lingi.i.ística con la antropología general no significa naturalmente
que la lingüística no pueda ser encarada desde otros ángulos.
En realidad, la mayoría de los lingüistas norteamericanos no
están afiliados a departamentos de antropología. No obstante, tras la consideración de algunas de las líneas específicas ele esta investigación y las contribuciones substantivas
de los lingüistas norteamericanos, resultará evidente que, en
gran medida, las características más profundas de la ciencia
lingüística en los Estados Unidos deben su origen último a
esta íntima conexión con la antropología.
La Lingüística, de acuerdo con su práctica tradicional,
posee dos ramas principales: la lingüística descriptiva, cuya
tarea consiste en estudiar los idiomas como sistemas que actúan en una cierta comunidad en una época determinada, y
la lingüística histórica, que investiga los lenguajes en su aspecto dinámico de evolución a través del tiempo. Por ende,
una gramática del inglés tal como se hablaba alrededor de
1800 pertenecería al campo de la lingüística descriptiva, mientras que un estudio comparativo de los cambios sufridos por
las diversas lenguas romances durante su evolución del latín
-estaría incluído en la subdivisión histórica de la materia. Sólo
-desde 1920, cuestiones como la naturaleza de las categorías
empleadas en la descripción del lenguaje y los requisitos que
-debe llenar una gramática científicamente adecuada dejaron
de ser dadas más o menos por sentado y se convirtieron en
centro del interés teórico. Aproximadamente en esa época,
surgieron en los Estados Unidos y Europa una variedad de
enfoques que han sido denominados estructurales. Si bien
no se niega la validez e importancia de las consideraciones históricas, todos tienen en común un interés en las relaciones
mutuas dentro ele un lenguaje como estructura que actúa en
un período deterininado. El problema de la descripción de
los lenguajes indios norteamericanos, sumamente variados entre sí y de tipo muy diferente al del indoeuropeo y otras
lenguas de Europa y zonas vecinas; suscitó en forma parti-eularmente aguda el problema de la naturaleza y la validez
universal de las categorías gramaticales. Por e~emplo, las

�08

Lenguaje y Lingüística

partes tradicionales del lenguaje basadas en la gramática latina habían sido empleadas hasta entonces con más o menos
modificaciones en la descripción de la estructura gramatical
de todas las lenguas.
Las dificultades del método tradicional, fundado en definiciones semáticas que se suponía reflejaban las categorías universalmente necesarias del pensamiento, pueden ser ilustradas en el caso de los adjetivos. En la gramática escolar los
adjetivos son definidos como vocablos que designan cualida.
·
1o " verd e" , " grand e" , et c. . Pe_r o
des de sustancias,
por eJemp
en muchos lenguajes del mundo, no sólo en los de los mdios
americanos esos conceptos son expresados frecuentemente por
medios for~ales que, en algunas ocasiones, son idénticos a los
empleados para expresar acciones y otras ideas que son se~áticamente características de lo que comúnmente se denomma
verbos. En un lenguaje semejante, la oración "la hoja es
verde" se traduciría literalmente como "la hoja verde". Ubicar esos miembros de la clase formal que se traducen como
vocablos de acción en nuestra lengua y denominarlos verbos
y ubicar otros que se traducen como adjetivos e!1 otra el.as~
gramatical, es una imposición de categorías ~educidas a ~1;-on ·
a un caso en el que no se aplican. Ello da origen a gramaticas
ineficientes que, desde el punto de vista del lenguaje mismo,
agrupan arbitrariamente cosas que están separadas y separan
otras que están unidas.
El tratamiento de este problema ha tendido por lo tanto
al establecimiento de categorías sobre una base puramente
formal más que semática. Como cuestión de método, no se
consideran los significados, y las formas que desempeñan una
función similar y pueden sustituirse mutuamente y producir una expresión gramaticalmente posible, o que poseen
otras características formales en común, como inflexiones semejantes, son incluídas en la misma categoría. Así, muchacho
y hombre son miembros de la misma clase porque no puede
sustituir al otro sin dejar de producir una oración gramatical,
y no porque, en la terminología tradicional, signifiquen "una
persona, lugar o cosa".
Esta concepción de la gramática origina directamente la
noción del lenguaje como un cálculo, esto es, una estructura
que debe ser descrita por una matemática que atiende a las
categorías o grupos de elementos, a su parentesco y sus relalaciones de ordenamiento y combinación. Esa matemática es
no cuantitativa, pues no se interesa en los números de elementos involucrados sino más bien en su estructura de relación. Desde este punto de vista, la lingüística podría ser con-

Joseph H. Greenberg

69

siderada parte de una materia más vasta, la semiótica o estudio de sistemas de signos en general. Por ejemplo, las fórmulas de la lógica matemática o simbólica parecen presentar cierta analogía con el lenguaje. A partir de un número
limitado de símbolos elementales se construyen series de longitud finita de acuerdo con determinadas reglas que podrían
llamarse la "gramática" del sistema. Así, es parte de la gramática de la matemática que un paréntesis abierto sea seguido tarde o temprano por un paréntesis cerrado, así como
es parte de la gramática inglesa que un adjetivo precedido
por el artículo sea seguido por un sustantivo.
La semiótica, o sea el estudio general de esos sistemas,
no constituye una materia o disciplina en el sentido académico sino un interés común aun en su primera infancia, que
atrae a lógicos, lingüistas e ingenieros de comunicación, entre
otros. Esta práctica, que en el caso de la lingüística ha llegado
quizá mucho más lejos en los Estados Unidos que en cualquier
otro país del mundo, es notablemente paralela a la formalización de la lógica si bien, muy probablemente, carece de toda
conexión histórica con ella. Pues en la lógica, la noción de
inferencia, esto es, de que una proposición deriva o es la consecuencia lógica de otra, ha dejado de ser considerada por
algunos lógicos como consecuencia principal del significado
de las proposiciones. Las reglas de la deducción lógica son
formuladas, por lo tanto, como un grupo de transformaciones
que siguen ciertás reglas que, a su vez, operan sobre una
serie de símbolos con prescindencia de su significado.
Esta tendencia a la formalización, que posee la doble ventaja de superar la parcialidad inherente a una clasificación
semántica a priori y de permitir la aplicación de métodos matemáticos no métricos, requiere algunas otras observaciones generales. Volviendo al ejemplo especfüco de las partes tradicionales del lenguaje anteriormente tratadas, vemos que para
el desarrollo más amplio de la lingüística es necesario trascender su status de ciencia meramente descriptiva que produce gramáticas adecuadas a la estructura idiosincrásica de
cada lenguaje descrito. Pues ese método, cuya validez como
técnica de la descripción de los lenguajes individuales no está
aquí en discusión, tendería a descuidar las grandes semejanzas que en ralidad existen entre todos los lenguajes. E~as
semejanzas son un reflejo de la unidad biológica básica del
hombre como animal de comportamiento y de la analogía
fundamental de la labor funcional que un sistema comunicativo debe cumplir en cualquier sociedad. Por ende, si siguiéramos la lógica de la aproximación formal hasta sus últimas
consecuencias, nos divorciaríamos completamente de la termi-

�70

Lenguaje y Lingüística

nología tradicional del análisis gramatical, y en vez de sustantivos, verbos, adjetivos, hablaríamos de categorías A, B,
C., etc., para cada lengua individual. Puesto que esas designaciones serían bastante arbitrarias, la adjudicación del mismo rótulo A a categorías gramaticales de diferentes lenguajes
nos las igualaría como tácitamente lo hacemos con el enfoque
tradicional cuando, por ejemplo, denominamos sustantivos a
cierta clase de vocablos tanto en inglés como en turco. La
falta de compatibilidad velaría el hecho de que existen entre
los lenguajes importantes correlaciones y semejanzas que reflejan los factores comunes antes mencionados. Por ende, si
bien determinaríamos correctamente la clasificación específica
Y el número de categorías mediante rigurosos métodos de combinación, debemos no obstante observar que una categoría
particular de palabras involucra nociones que, desde el punto
de vista semático, presentan una ánalogía general con categorías de otros lenguajes. Esas semejanzas poseen en algunos
casos alcance universal y existen en todos los idiomas. .A.sí,
si bien diferirán los detalles, en todas partes encontramos
una clase que corresponde a los sustantivos, otra distinta que
corresponde a los verbos y su combinación para expresar una
proposión; como ocurre tan frecuentemente, retornamos a un
nivel más alto, a un punto de vista aparentemente desechado,
esto es, el de un grupo universalmente válido de conceptos
generales incluídos en el lenguaje, que reflejan los requisitos
universales del pensamiento humano. Pero ahora, en vez de
imponer un sistema a priori basado en el patrón exclusivo y
arbitrariamente seleccionado de la gramática latina, llegamos
a él por comparaciones inductivas de resultados obtenidos de
los diversos lenguajes y pór una rigurosa metodología. Debe
advertirse, sin embargo, que lo que aquí se reseña como último
paso es en la actualidad un programa y una dirección de
trabajo antes que, en cualquier sentido, una serie cabalmente
formulada de conclusiones. Resulta obvio no obstante que la
promesa de esos resultados posee una máxima importancia
para la psicología general, pues revelan qué características
del pensamiento humano son universales y necesarias y cuáles
son transitorias y accidentales.
Lo que podría denominarse como enfoque del lenguaje
desde el punto de vista de cálculo exige, quizá, un último comentario. El papel que desempeña el significado en la lingüística contemporánea ha sido tema de múltiples discusiones y controversias. Debe subrayarse que están en juego varios problemas distintos. La exclusión del criterio semántico en la definición de propiedades para las categorías gramaticales nó implica necesariamente la exclusión del sigui-

Joseph H. Greeuberg

71

ficado como tema de la ciencia lingüística; en realidad, no
puede eliminársele si se desea que las descripciones lingüísticas de los lenguajes individuales tengan alguna utilidad
práctica o científica. El predominio de métodos formales en el
análisis gramatical que actualmente se observa en los Estados
~nidos no debe originar, como a veces lo ha hecho, la creencia errónea de que se está excluyendo el aspecto semánticQ
del lenguaje como parte de la ciencia lingüística.
Con respecto a la rama histórica, su logro más distiutivO'
es, como ya se ha afirmado, la reconstrucción, en gran medida aceptable, de numerosas características de lenguas muertas mediante la comparación intensiva y cuidadosa de los
idiomas descendientes. Se ha creído durante mucho tiempo
que el xito de esta empresa sólo es posible cuando, como en
el caso de las lenguas indoeuropeas y semíticas, existen documentos escritos que pueden aportar pruebas directas de los
períodos anteriores de los lenguajes que se comparan. Sin
embargo, se ha aplicado con éxito un método precisamente
similar· a la comparación de lenguas que carecen de crónicas
escritas antiguas, como por ejemplo las lenguas bantu de
Africa y las malayo-polinesias del Pacífico. Una vez más en
los Estados Unidos, se hace sentir el estrecho vínculo con la
antropología.
El arqueólogo y el etnóloao
históricamente
.
o
orientado tratan de integrar los resultados de su labor con los
de los lingüistas comparativos en el campo de los indios norteamericanos y otros temas, y procuran beneficiarse con las
contribuciones que los lingüistas pueden realizar en este
sector, contribuciones que resultan tanto más valiosas puesto
que casi no existen crónicas escritas.
El anhelo fundamental respecto a la coordinación de
esos resultados ha sido el desarrollo de un medio que permita fechar el período en el cual se han hablado las lenguas
muertas mediante una cronológica absoluta y no meramente
relativa. En los últimos años ha surgido en los Estados Unidos, un método asociado principalmente a los nombres de
Swadesh y Leese, que promete brindar por primera vez una
escala de tiempo absoluta para las reconstrucciones lingüísticas. Si bien aún faltan resolver importantes dificultades, el
método ya ha sido aplicado a problemas de la prehistoria con
bastante éxito.
La noción básica es la de que, si comparamos idiomas
afines, ciertos elementos del vocabulario son en extremo estables, pues no resultan fácilmente reemplazables por vocablos de un lenguaje extranjero, como los términos que designan los números básicos, las partes del cuerpo humano, el

�72

Lengu.'lje y Lingüística

fuego, el agua, etc. Cuanto más íntima es la relación entre
estos idiomas, mayor es el número de elementos afines que
poseen en común. El inglés y el alemán, por ejemplo, que
mantienen entre sí una relación más estrecha que con el francés, poseen más términos en común. Así, en ambos idiomas el
término utilizado para designar el brazo es "arm" mientras
que en francs es "bras". El porcentaje de vocablos comunes
entre dos idiomas constituye por ende una medida de la antigürdad de su relación, esto es, del período de tiempo transcurrido desde que ambos fueron una misma lengua. La hipótesis consiste rn que durante un período dado una cierta proporción de una lista de 100 términos serán reemplazados. Esta
rs aún una cronología relativa. Sin embargo, la proporción
de reemplazo en términos de tiempo absoluto ha sido establecida empíricamente mediante el estudio de lenguas de las que
existen documntos escritos que cubren un lapso· bastante extenso. La determinación más reciente de esta proporción rev~la que en el curso de mil años una lengua conservará aproximadamente el 86% de los términos de esta lista, teniendo
en cuenta en tal cálculo uu error de 6 1/ 2% en un nivel de
eonfianza del 5%.
Puede considerarse que la glotocronología ha evolucionado en cierta medida como un método de interés interdisciplinario ya que incumbe igualmente a arqueólogos, historiadores
culturales y lingüistas. Este aspecto interdisciplinario posee
gran importancia en una variedad de otros desarrollos relativamente recientes de la lingüística, pero el tiempo de que
dispongo sólo me permitirá mencionarlos brevemente.
El estudio de la acústica de sonidos del lenguaje, que
puede ser considerada un área limítrofe entre la lingfüstica
y la física, ha realizado grandes progresos durante la última
década, principalmente gracias a la invención del espectógrafo de sonido que permite una gran exactitud. Esta invención
fue lograda en los laboratorios Bell en respuesta a un interés general por las comunicaciones y, específicamente, como
instrumento para la enseñanza de sordomudos. La posterior
invención de un sintetizador de lenguaje, mediante el cual se
producen sonidos de espectogramas pintados a mano, hace
posible la manipulación de características de las ondas de
sonido y, por consiguiente, su estudio sistemático. Esta línea
de experimentación, que evidentemente es de suma importancia para la psicología general de la percepción, ya ha
producido interesantes y significativos resultados. Se ha descubierto, por ejemplo, que una clave básica pada distinguir
una conosonante de detención de otra es la dirección v medida de transición de o a las principales frecuencias de reso-

Joseph H. Greenberg

78

nancia de la vocal que la precede o la sigue, más que la
consonante misma.
Finalmente, para mencionar otro característico sector de
interés en el campo relativamente inexplorado entre el lenguaje y otros aspectos de la cultura, conocido como etnolingüística, las controversias más violentas se han suscitado
como consecuencia de la atracción, en su mayor parte póstuma, ejercida por la obra de Benjamín Lee Whorf. El punto de
vista básico de este autor, a menudo llamado Whorfianismo o
relatividad lingüística, presenta grandes semejanzas con el
de algunos escritos europeos sobre el tema. La idea !!eneral
es_ la de que las categorías gramaticales de un lenguaje determman o al menos marcan profundamente la concepción del
mundo de las personas que lo hablan. Esta tesis ha dado origen a numerosas discusiones teóricas. En 1954 se inició un
ext~ns~ programa de investigación que abarca hablantes monolmgues y políglotas de hopi, navajo zuni español e inglés
en la zona sudoccidental de los Estad~s udidos. El objetivo
básico de los estudios ha sido probar aspectos limitados y
específicamente de la tesis general whorfiana mediante la
aplicación de los mismas pruebas psicolingüísticas a hablantes
de diferentes lenguas, tratando de que el idioma sea la única
variable independiente. Hasta la fecha sólo se han publicado
resultados parciales. Un examen de estos datos así como de
materiales del proyecto, aún no dados a conocer públicamente, insinúa la conclusión general de que la concordancia en
fundamentos del comportamiento humano entre hablantes de
lenguas radicalmente distintas sobrepasa en alto grado las diferencias idiosincrásicas que eran de esperar de una teoría
radical de relatividad lingüística.
En los Estados Unidos, la lingüística se halla actuamente
en una fase de vigorosa expansión. Gradualmente está ganando terreno la idea de que la lingüística es una ciencia del comportamiento y de que, además posee, fundamental importancia. Aparte del estudio de las lenguas especüicas como instrumentos de investigación y comunicación, está la ciencia
del lenguaje en general, que estudia un fenómeno tan básico
del comportamiento individual, social y cultural del hombre
que no podrá constituirse ninguna teoría adecuada del comportamiento en general que no tenga en consideración el papel
clave que desempeña el lenguaje en sus rlaciones mutuas con
otros aspectos de dicho comportamiento.

�Juanita Soriano/ DETRAS DE

MUTILADAS AZUCENAS

LEY DE LAS.OLAS
Más allá de azucenas mutiladas
está el mar y la voz de las gaviotas;
palidez de agua y alas en remotas
esfumaduras de aletear cansadas.
No sé si .amor de río o ensenadas
-blancuras grises en fluviales notasceniza desvaída entre las rotas
nubes, alas y espumas agolpadas.
Ahora en transparencias repartidas
transcurren en las sílabas de canto
y voz de mis estelas inoídas.

Y vuelven al papel -ley de las olascomo a los ojos el salobre llanto
y a los tal los sus rápidas corolas.
NOTA.-Por haber salido equivocado el presente soneto en nuestro número

anterior, queremos presentar a nuestros lectores su versión exacta
al mismo tiempo que les pedimos disculpas por este error.
(La Redacción).

-75-

�/acques Charpier /

SAINT-JOHN PERSB

"

..

SEXTO acontecimiento de una gran
carrera poética -despus de Eloges, Anabase, Exil, Vents y
Amers- aparece esta semana Chronique/ de Saint-John
Perse, poema único de unas treinta páginas consagrado a la
"gran edad", a la que llega su autor. Enteramente entre comillas, este poema es como la última réplica de un diálogo
con el Tiempo. Pero de este interlocutor interpelado de estrofa en estrofa jamás escuchamos la voz. La vejez está
allí, presente en todas partes, y a ella se dirige el discurso;
pero no es ella la que lo conduce. El poeta tendrá la última
palabra.
Este canto no participa, como su título podría hacer creer,
de una inflación del recuerdo. El tiempo de Saint-John Perse
no es el de Proust: la memoria afectiva no expone, aquí, su
botín. La edad de que se trata es menos la de un hombre
que la Edad por excelencia. Y a este personaje alegórico, el
poeta se dirige con un "nosotros" de majestad que contribuye
a despersonalizar su discurso. Chronique, como casi todos los
poemas de de Saint-John Perse, es semejante a un himno de
una misteriosa liturgia en la que el cantor se disimula detrás
de su propia voz.

La obra y la vida de Saint-John Perse ofrecen la imagen
de un curioso destino, largo tiempo retenido y como retardado, que de pronto, se precipita y se confirma.
• Este articulo se publicó en L'Ex:press, de Paris, en el No. 485 del 20 de
Septiembre de 1960, a propósito de la. aparición de Chronique en las Ed.
Galllmard, semanas antes de que se le otorgara el Premio Nobel.

-7'1-

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Saint-Jobn Perse

El mM grande.
De 1911 a 1924, casi clandestinamente, aparecen Elog~s,
Amitié du Prince, Anabase, colecciones firmadas Saintléger
Léger, después St. J. Perse, y por fin Saint-John Perse, que
la crítica acoge sin estrépito. Apenas se sabe que, bajo ese
seudónimo extraño y un poco enfático, se esconde un gran
empleado de la Tercera República, Alexis Léger, que fue secretario de embajada en Pekín y que ha llegado a ser un
experto político en asuntos del Extremo Oriente.
De pronto, a partir de 1925, es el silencio. Director del
gabinete de Aristides Briand, Alexis Léger prohibe toda reedición de su obra poética, ya medianamente oculta, y se abstiene desde entonces de publicar el menor poema.
Pero al sueño del poeta corresponde la elevación del diplomático. Este es nombrado director político de Asuntos
Extranjeros, alcanza la dignidad de embajador y llega a ser
al fin secretario general del Quai l'Orsay. En 1940, después
de los ataques de la derecha, es destituído de sus funciones
por Paul Reynaud, rehusa el puesto de embajador en Washington, termina por exiliarse en los Estados Unidos, a donde
llega el 14 de julio, y se ve desposeído por Vichy de la na-cionalidad francesa.
Dos años más tarde, la revista Poetry de Ohicago publica
Exil, con la firma de Saint-John Perse'. El silencio impuesto
al poeta se ha roto. Publicado en Francia, en Argentina, en
Suiza, Exil aparece como de las primeras y de las más altas
manifestaciones de la Resistencia literaria a las desgracias
y las humillaciones de Francia.
Pronto seguirán Poéme á l'Etranger, Pluies y Neiges,
otros poemas del exilio y de la guerra. Terminada ésta, Vents
en 1946, después Amers en 1958, aparecen en París.
Saint-John Perse, siempre resuelto a su soledad americana, ve sin embargo a ésta reducirse poco a poco. Su obra
en adelante es traducida al inglés, al alemán, al español, italiano, holandés, sueco ... En 1950, un homenaje le fue dedicado por los Cahiers de la. Pléfade que contienen los nombres de
Bide, T. S. Eliot, Valery Larbaud, Ungaretti y al cual los
testimonios conjuntos de Paul Olaudel y André Breton dan
un carácter de unanimidad muy rara en la materia.
Maurice Saillet, en Mercure, en 1952; Roger Oaillois,
en Gallimard, en 1954, le han consagrado un libro. El primer
tomo de su Oeuvre, poétique es editado . . . Al comienzo de
1959, Saint-John Perse vuelve a Francia para radicarse.

Jacques Charpier

79

Han sido necesarios a este poeta más de cincuenta años
para imponerse a sus contemporáneos. Pero ahora, no es exagerado decir que es reconocido, por la opinión literaria mundial, como el más grande poeta francés viviente.
Este poeta discreto y distante supo siempre mantener
separados el hombre público y el hombre interior, no confundir biografía y poesía.
Los poemas de Eloges nos hablan de su infancia antillana,
pero expresan menos la intimidad de un ser consigo mismo
que con un mundo exterior lleno de prodigios y de lujuria.
Perse celebra aquí la Naturaleza como ese "templo de pilares
vivientes" de que nos habla Baudelaire, pero sin querer jamás
extraer de aquí "Símbolos".

"Cólera pura"
Ningún exotismo, en esta poesía, sino más bien un solemne realismo.
Con Anabase, sin embargo, misterio y conjeturas aparecen. Por la boca del poeta, un conquistador nos relata su
epopeya. Los paisajes en los cuales ésta se desenvuelve, sus
actores y sus peripecias parecen más bien dirigidas a lo real
-pero una realidad en la que el estatuto histórico y geográfico permanece desconocido.
¡, Ese conquistador es Alejandro, Oiro o Gengis Kan?
¿Esas "tierras amarillas", en qué región del globo situarlas?
Vanamente se harían preguntas sobre ésto. Ese héroe no
tiene un modelo único en la historia, ni ese país en el cual cabalga tiene un cuadro geográfico determinado, ni nombre
esta villa que él funda.
Pero si alguna abstracción impregna al poema, es que
tiende a una significación universal, y el realismo continúa
aquí manifestándose. Esos países desérticos, esos ritos y esas
costumbres, esas alusiones a oficios y a funciones sociales dadas ... todo esto, que puede ser tomado de una historia, o una
antología, o una geografía reales es recompuesto por la imaginación, armonizado por los medios de la poesía, sin perder
su carácter humano, plausible y concreto.
Con Exil, Poéme á }'Etranger, Pluies y Neiges, la poesía
de Perse vuelve a un contenido más explícito, o más bien le
impone entonces su perspectiva: la ele la guerra, de los mañanas que los hombres se preparan, del pasado del cual deben
desprenderse.

�80

Saint-John Perse

El autor de Anabase, este hombre siempre errante, siempre un poco extranjero entre los otros hombres, soñando en
otro tiempo y otro espacio, helo aquí ahora exilado sobre una
tierra efectivamente extranjera, expulsado de una Europa
arrojada al Apocalipsis que los sentidos del diplomát ico no
han podido salvar del mal que desde entonces le persigue.
Del fondo de esa nada donde lo ha arrojado 1940, el poeta
se r econcilia con el hombre público y se levanta, para entregar a los hombres comprometidos en el conflicto, este mensaje:

Velad el rostro de nuestras mujeres; levantad la f a.z
de nuestros hijos; y la consigna es de lavar la piedra
de vuestros umbrales . . . Os diré calladamente el nombre de las fuentes, donde, mañana, bañaremos una ,
pura cólera.
Un veredicto de vida
Pluies será el himno de esta acción de la purificación Y
de la fundación de un mundo nuevo, del eterno recomenzar
empresas humanas después de la desesperanza, tal es el
"deseo aun el seno de las jóvenes viudas . . ." ; Neiges será el
canto de la ausencia y de la tristeza pero también de esta
gracia de la acción que llena toda ausencia y expulsa toda
tristeza.
En Vents, inmenso poema que canta el principio mismo
del Ser en perpetuo estado de transformación, la historia es
vista más particularmente y la cosmogonía se hace pronto
epopeya. Se ve cumplirse, en un gran despliegue de imágenes v una multiplicación de alusiones históricas, todo el destino · de Occidente, hasta la marcha obstinada hacia el Oeste
y sus tierras desconocidas así como hacia las nuevas realidades científicas, hasta ese punto donde el hombre sueña de
pronto r egresar al hombre, inquieto del sentido que habría
tomado su camino.
Frente al Apocalipsis engendrado por sus propios deseos
y las consecuencias peligrosas de sus conquistas, el poeta se
hace entonces como el consej ero supremo de los hombres.
Al horror y a la angustia, responde con un ver edicto de
vida, un llamado a la más larga conciencia de las cosas, a
perseguir las investigaciones de lo oscuro, a cel ebrar t odo
nacimiento ...

Amers, sucediendo a Vents, es una obr a apaciguada que
par ece nacer del puro placer, ser canto de amor y no más

J acques Char¡&gt;ier

81

epopeya, "un gran poema fuera de la razón", largamente contenido, que a menudo estalla a la luz del día y cuya sola
mora, probablemente, r eside en esta delectación que su autor
confiesa, como un desafío, sentir al escribirlo.

La cabeza épica
Toda la obra de Saint-J ohn Per se descansa sobre un prodigio de lenguaje. Abriéndose al "mundo entero de las cosas", a todos los horizontes de la cultura y de la histor ia,
pone en movimiento el conjunto de vocales, de las más rar as
a las menos predestinadas al uso poético. Las organiza según una r etórica fastuosa y hechizante, las reparte en ver sículos o en lar gas prosas sinfónicas, perfectamente acompasadas,
las agrupa en imágenes radiantes.
En el mismo tiempo que el modernismo extremo de rsta
poesía se impone, par eciera que contiene también mucha tradición. De igual modo que los elementos que la componen
hacen un monumen to enciclopédico, donde circulan, electrizados a favor de mil oper aciones poéticas, vocablos tomados a
la historia y a la ento1ogía, como a la botánica o la geología,
se abre a todas las cor rientes de la literatura.
E s por haber despreciado la preocupación de loca originalidad de las diversas vanguardias aparecidas en esta primera mitad del siglo XX, y tomado sus elementos con toda
libertad, ahí donde los encontraba, aunque fuera en los antípodas de la literatura en lo que esta literatur a tiene de más
clásica, que Saint-J olm P erse ha conquistado entera autonomía.
Poniendo en juego &lt;'l pasado históri&lt;'o del hombre ). sus
aventuras presentes, forjando una r ealidad humana superior
qu e es una síntesis de la Cultura y de la naturaleza, SaintJ ohn P erse llegó ahí donde Ronsard, Voltair e y R ugo han
fracasado y puesto fin a la opinión que quería, hasta él. que
los franceses no tuvieran la cabeza épica.

Chronique no tiene el carácter personal rsperado de su
asunto y no r efleja la imaginería usual sobre la fuga del
t iempo y la cer canía de la tumba. La muer te, "adornada con
la manopla de marfil", no hace aquí sino una breve aparición.
Nada de desolado, de funerario¡ de aprensivo. Al contrario,
Hay esta altur a del poeta a la mirada de la -vejez: si esta
edad es gr ande, el que la lleYa es tan grande como ella. N"o
es encorvado, sino de pie, como entra en su propio cr epúsculo.

�Saint-Jobn Perse

82

La almendra del poema

Volviéndose sobre el camino recorrido, no ve nada que
haya limitado su destino. En el ocaso de su vida, se encuentra tan desnudo y disponibe como al comienzo. Es que
hoy como ayer, él no vivió en las brumas y los sueños sino
en intimidad con lo real, ocupado solamente de "toda esta
inmensidad de ser y esta extensión de ser, toda esta pasión
de ser y todo este poder de ser" .
.Admirable lección de Saint-John Perse: la nada no es
asunto del poeta ya que "de aquellos que fueron a las cosas
no dicen nada ni la usura ni la ceniza, sino ese alto vivir en
marcha sobre la tierra de los muertos".

1

1 .

l

Chronique es la confirmación de la unidad de una existencia y de una obra que las proximidades de la muerte no
solamente no pueden romper sino que fortifican. Esta obra
conserva la memoria de su propio pasado. He aquí de nuevo
estos "vastos circos", estos "fondos de abismo", estas "grandes
tormentas rondantes", este "criado de armas ataviado de huesos", estos "hombres de alto sitio" que hemos visto en colecciones anteriores.
Quien desee que un poeta, a cada libro, cambie de voz,
se decepcionará. Saint-John Perse, mejor que ninguno, ha
sabido crear un lenguaje. Es su gran mérito; es también su
talón de Aquiles. Y no puede leérsele sin estremecimientos,
con ese "gran viento de lejos a nuestro encuentro" que aporta
bocanadas de frases ya leídas, imágenes con las que ya uno
se ha maravillado. Pero en fin, estas semejanzas, estas repeticiones, aún no recubren nada. ~i la cáscara está un poco
usada, la almendr a del poema es siempre nueva.
Saint-John Perse es un poeta que es necesario tratar de
olvidar antes de leerlo, al que es necesario rodear de bellezas
interiores para encontrar las bellezas inéditas. Es el rescate
de nna poesía que es la más original, la más sólida de este
siglo, y no toma modelo sino en ella misma.
(Traducción de Alfonso Rangel Guerra)

Alberto García Gómez / MEXICO ANTE EL MEXICANO~

.

LA

actitud de un mexicano ante esa
reahdad que_ es ~éxico, presenta, como es natural, diversos
puntos de y1sta, s1 aten~emos a la complejidad que encierra
el ser precisamente mexicano.
A últim~s fechas se ha observado una cierta disposición
-muy ?lausible, por cierto- para estudiar y adentrarse en
esa realidad nu~stra. Sin embargo, dado el innegable adelanto
q?e nuestro pais ha alcanzado, para el mexicano de nuestros
dias_ resulta d~ la mayor importancia la formulación de vitales . i~terrog~c10nes acerca de sí mismo, ya que han pasado
suficien~e~ an?s c~mo para que éste haga un alto en el camino
~e su _v1v1~· h1st?r1co y sociológico y medite acerca del lógico
evemr, sm o!v1dar la experiencia de un pasado cargado de
amargas ensenanzas.
. Es perfectamen!e natur~l la actitud del mexicano que
se mter~oga por que es mexicano y en qué consiste el serlo.
Desgraciadam~nte, éste no se conoce suficientemente a sí mismo en la medid~ que ~uera de desearse y lo que pudiere aparecer como u~ Juego_mtrascendente de palabras, es, sin embargo,_ una tr1s~e reahdad j I_&gt;Orque si bien es cierto el progreso
material obte~:u_do por ~fex1co ~~ algunos importantes aspectos, en lo espmtual, la mtegrac10n real de los mexicanos está
todavía en sus fases primarias.
Es un síntoma feliz el que el planteamiento de la cuestión
"::\léxico", empiece a atraer el interés y el deseo de hacer
esfuerzos en favor de su conocimiento, despojado de los tra• Conferencia. pronunciada el die. 21 de· octubre de 1960 en el aula "Profesor
Francisco M. Zertuche" de la Universidad de Nuevo León.

- 83 -

�84

México Ante el Mexicano

dicionales nubarrones de apasionamiento y así cabe preguntarse ¿ qué camino o qué método debe seguirse para tratar
de alcanzar conclusiones que nos permitan explicar esa compleja realidad? Como fuente inmediata, es en la historia en
donde es posibe abrevar acerca de tan interesante problema,
ya que otras fuentes como la jurídica, por ejemplo, encierra
la solución, sobre todo en el aspecto constitucional para entender el complejo más íntimo de nuestro ser nacional.
En la época contemporánea, es por demás curioso el observar cómo dos valores mexicanos -exponentes de una sensibilidad innegablemente mexicana, cada uno en sus respectivos campos- han coincidido en el marco de su inspiración
estética inspirada en la realidad de México y de su origen:
Ellos son Diego Rivera, a quien consideramos puramente_ en
su aspecto pictórico y a Alfonso Reyes, ·el notable _escritor
regiomontano cuya lamentable muerte habría de deJaI' profundo vacío en las Letras Hispanas.
En su conocido mural del Anáhuac, Diego Rivera logró
plasmar la indudable belleza de un~ ciudad, q~e según la
descripción histórica, a través del tiempo llegar1a a ser la
capital de México.
Por su parte, Alfonso Reye~, pintor espiritual, t,~e~1_e .
misma sensación, como así es posible observarlo en su . "\ 1~10n
de Anáhuac" obra que se inicia con estas frases lap1da~ias:

:ª

"Viajero: h~ llegado a la región más trans~arente "del arre",
Para después con su singular galanura decirnos: En aquel
paisaje, (Aná'.huac) no desprovisto de cierta. arist?cr_ática esterilidad, por donde los ojos yer:~n con d1scernrn!~ento, ~a
mente descifra cada línea y acaricia cada ondulac10n; ~aJo
aquel fulgurar del aire y en su general fr~scura y placidez,
pasearon aquellos hombre_s ignotos la amplia Y 11;ed~tabunda
mirada espiritual. Extáticos ante el nopal del agmla Y de
la serpiente - compendio feliz de ~uestro caml?o- oyeron la
voz del ave agorera que les prometia seguro asilo so?re aqu:llos lagos hospitalarios. :Más tarde, de aquel palafito hab1~
brotado una ciudad, repoblada con las inc:ursiones de los m1tolóO'icos caballeros que llegaban de las Siete Cuevas -cuna
de las siete familias derramadas por nuestro suelo. Más
tarde la ciudad se había dilatado en imperio, y el ruido de
una ~ivilización ciclópea, como la de Babilonia y Egipto, se
prolongaba, fatigado, hasta los infaustos días_ ~e :M:octezuma
el doliente. Y fué entonces cuando, en env1d1able hora de
asombro, traspuestos los volcanes nevados, los hombres de
Cortés ("polvo, sudor y hierro") se asomaron sobre aquel
orbe de sonoridad y fulgores -espacioso circo de montañas.

Alberto Ga1•cía Gómez

85

A sus J?ies, en un espejismo de cristales, se extendía la pintoresca. cm dad, .emanada toda ella del templo, por manera que
sus calles radiantes prolongaban las aristas de la pirámide ... "
Y Bernal Díaz del Castillo, el cronista fiel no dejó de
señalar que. "parecía a las casas de encantamie~to que cuentan en el hbro de A.madís . . . " Con el preámbulo anterior
procederemos a localizar la actitud del mexicano ante su
propia Patria. Una vez que hemos establecido que es entre
otra parte en la historia en donde es posible encontrar los
datos que nos permiten la elaboración de una tesis provisional.
Sin embargo ya en el plano estrictamente histórico el
.
'
mexicano
ha encontrado diversos problemas naturales congénitos a toda organización social. Entre otros de estos problemas, e~tá, la existencia de dos corrientes ideológicas, que
han constltmdo dos formas totalmente distintas para enfocar
p~ra estudiar y para resolver e interpretar los problemas na~
c~onales. T~le~ corrientes son, en primer término, el hispamsmo y el md1genismo.
La primera, es una doctrina que interpreta el acontecer
histórico de acuerdo con ciertos postulados; por ejemplo, la
consideración de que todos los pueblos hispanoparlantes constituyen una comunidad de naciones cuyo centro, espiritualmente hablando, es España.
Esta teoría o posición ideológica, o actitud interpretativa,
a su vez, enmarca tanto a los hechos como a los personajes
que en ellos intervinieron de acuerdo con sus propios postulados.
Esta teoría tiene la ventaja de no caer en un apasionamiento anticientífico, por el contrario, reconoce con sencillez
los naturales excesos humanos realizados en una empresa
como la de conquista.
La labor realizada a través del tiempo por pacientes investigadores ha venido 'a poner algunos hechos en el lugar
debido, y no ha sido posible negar la trascendental tarea realizada por España, en una obra evangelizadora sin paralelos
en la historia de la humanidad; obra evangelizadora que tuvo
múltiples actividades, pues amén de la enseñanza del idioma
castellano, amén de la enseñanza de oficios varios y de la
preparación espiritual que llevaron a cabo, fueron los más
notables defensores de los naturales.
Al tocar este punto y como vía ilustrativa, podríamos
recordar un caso en donde las corrientes hispanistas e indigenistas han tenido uno de sus más significativos desacuer-

�86

México Ante el Mexicano

dos: tal es el caso de Fray Bartolomé de las Casas, cuya vibrante actitud en pro de los indígenas, habría de dar pie nada
menos que a una legislación especial hecha en beneficio de
ellos y, como algunos autores opinan, la portentosa obra realizada por el teólogo-jurista, Francisco de Vitoria, debió haber tenido algunas influencias de su compañero en religión,
y no es poco mérito la admisión y reconocimiento d~ que
Francisco.de Vitoria sea el creador del Derecho Internac10nal.
En el otro aspecto, la posición o actitud indigenista desconoce y rechaza el valor de la propia conquista. y la J?º~·tentosa obra de España hecha en América, pretendiendo v1v1r
un pasado que si fué glorioso está muerto. Natural e~ admirar la obra dejada por nuestros antepasados y que se pierd_e
en la noche de los tiempos. Grata emoción puede experimentarse como aquella sentida al visitar,· digamos por caso,
la Ciudad Sagrada de Teotihuacán, la serena belleza de esas
piedras que son un mudo testimonio no solamente de belleza
sino de recuerdo imperecedero.
La posición indigenista, considerada desde este .ángulo,
no ha pasado de ser, en la mayoría de los casos smo una
actitud demagógica, utilizada por inte~esa,dos más en o~tener
beneficios para sí que para la masa md1gena. Todavia, en
el momento presente, en los periódicos mencionaban el hecho
de que más de alguna tribu indígena está a punto de desa•
parecer. Se han hecho algunos ~sfu~rz?s de tipo ofic~al que
no han llegado jamás a los propios rnd1genas; de aqm podemos establecer la comparación de la obra llevada a cabo por
aquellos hombres que además de su ~ropia lengua, manejab~1;
los latines amén de las lenguas abor1genes y cuya huella deJO
una estela' luminosa no solamente en los corazones de millones
de naturales sino en los caminos, que partiendo de la muy
noble y leal' Ciudad de los Palacios, a semejanza de la rosa
de los vientos se esparcieron por este continente salvaje Y
bravío y así se abrieron las rutas de California, de San Antonio de Béjar, de Nuevo México, etc., etc.
Ahora bien, ¡, qué actitud debe observar el mexicano para
el conocimiento de su ser ontológico y social?
En líneas anterio;es dijimos, que el mexicano para entender a su país debe adoptar una actitud de serenidad y
mesura, porque el tema que nos ocupa es de por sí apasionado
y apasionante y proceder a seguir un camino científico de
estudio comparativo de nuestro pasado histórico.
Sirva como vía de iniciación al estudio del problema,
para estos intérpretes de un bando como de otro, la conqtústa

Alberto García Gómez

87

en sí misma.
Para los primeros o sea los hispanistas, la
conquista es un hecho natural, alcanzado y logrado por hombres de condición recia, que intrépidos visionarios, irrumpieron por los caminos conocidos y por los 'desconocidos, para
crear nuevas naciones, "semillero de Naciones", dijo algún
escritor.
Para los indigenistas la conquista significa un desastre
que vino a poner término a una supuesta y floreciente cultura.
Los actos humanos realizados por los conquistadores, vistos
con el apasionamiento y la fobia, presentan verdaderos hombres desalmados, inescrupulosos y rapaces, imposibilitados a
concebir cualquier elevada empresa, menos una de las magnitudes y proporciones de la que llevaban a cabo. Para los
indigenistas, los españoles realizaron la conquista con un solo
móvil: Sed de riquezas; de riquezas conseguidas a cualquier
precio y sacrificio.
Como es natural, tanto hispanistas como indigenistas han
tenido, en todas las épocas, brillantes y destacados expositores,
pero desgraciadamente la unificación tan anhelada de la familia mexicana todavía no se ha realizado en la plenitud y
alcances que fueran de desearse. Esos "ismos" han contribuido en gran parte a sembrar el desconcierto y el separatismo, en donde sólo debía haber paz y concordia.
Obtener el conocimiento para el mexicano dé su México
es difícil, por las circunstancias que le rodean y que comprenden aspectos educativos, aspectos jurídicos, aspectos políticos, etc.
Para llegar a obtener una visión profunda y más apegada
a la realidad, el mexicano tiene que lanzarse a la ardua tarea
de la investigación histórica, ya que los primeros textos es•
colares le deformaron la imagen de los acontecimientos y de
los personajes; en otras palabras, "La historia oficial", ha prefabricado algunos hechos que son básicos en la historia de
México, cuya veracidad es dudosa. Esa historia derrama incienso y alabanzas para algunos de nuestros prohombres, que
en realidad no alcanzaron las proporciones que tales halagos
afirman tener.
Existen otros poderosos factores que han complicado la
clara percepción de México ante el Mexicano; una muy importante es la derivada de la adecuación política de México.
Sobre este particular el Lic. Alfonso Trueba Olivares, al referirse al caso específico de la Gonstitución de 1857, cuando este
autor cita el valioso juicio del maestro Emilio Rabasa, juicio
que nos permite percatarnos de la realidad por enmedio de

�México Ante el J\Iexicano

88

la demagogia y de la mentira. El maestro Rabasa opinó: "Lo
que no se encuentra en ninguna discusión, ni en el espíritu de
precepto alguno de la Ley fundamental, es el estudio del pueblo para quien iba a dictarse ésta; en vez ele hacer la armadura ajustándola al cuerpo que debía guarecer se cuidaba de
la armonía de sus partes, de la gallardía de las proporciones
del trabajo del cincel, como si se tratase de una- obra de arte
puro, sin más destino que la realización de la belleza".
Xo menos interesante es asomarse a las actas que dan fe
de aquellas jornadas constitucionales tan importantes para la
vida de :&amp;léxico.
Con objeto de no separarnos de la misma Constitución
de 1857, permítaseme señalar algunas de las circunstancias y
los juicios que les merecieron a muy destacados intelectuales
mexicanos. En las consideraciones de carácter histórico sobre
la Constitución de 1857, el Lic. Desiderio Graue Díaz ha escrito: "Así si bien casi todos los historiadores imparciales
están de a~uerdo en que el constituyente de 1856, reunió a
los más destacados miembros de la pequeña burguesía liberal,
que como clase dirigente y dominante se estimaban como los
auténticos representantes del pueblo. Algunos escritores, como Pereyra, niegan la legalidad de tales nombramientos, a
virtud de la imposición que hacen al sistema de elección ya
citado. Otros, como Molina Enríquez, entusiasta panegirista
de todo lo indígena afirma que el Congreso estuvo muy distante de ser electo realmente por el pueblo. Molina sostiene,
que cada Congreso ha venido a hacer una junta de las personalidades más notables del partido que convoca y que éste de
1856, no era sino el Congreso del elemento mestizo, muy débilmente contrapesado por contadísimas un i d a d e s de elemento
criollo tesis que comparte también Arragnoiz, cuando irónicamente' explicaba que esa era la manera mexicana de legalizar
un movimiento. Pero quizá el juicio más extremista, lo emite
don Francisco Bulnes, pues dice que en el Congreso no había,
más que por excepción propietarios territoriales, no había industriales ni comerciantes ni representantes de asociaciones
obreras;
realidad, afirma, representaba a la burocracia, a
la literatura y al apostolado político, a intereses políticos más
que sociales, abstractos y de ningún modo económicos. Justo
Sierra, asienta que si bien legalmente el Congreso era la representación oficial de la nación, la realidad era otra, pues la
nación rural no votaba, la urbana e industrial obedecía la consigna de sus capataces o se abstenía también y el partido conservador tampoco fué a los comicios, por todo lo cual la nueva
asamblea, sostiene don Justo, representaba en realidad una minoría, no sólo de los ciudadanos capaces de tener interés en los

;u

Albe1·to García Gómez

89

asuntos políticos, sino de la op1n1on, y la opinión del grupo
pensante se dividía entre los moderadores, los militares y los
clérigos, pues las nuevas generaciones eran por lo general apasionadas de la Reforma y como ellas y los veteranos del federalismo puro, formaban la parte más activa de la sociedad, esta
fué la reforma al Congreso. Pero don Justo Sierra termina confesando que el Congreso representó "Una selección, como todas
las grandes asambleas revolucionarias; era una minoría como
todas las asambleas reformistas; llamados a definir dogmas,
si son eclesiásticas, o a definir ideales si son laicos".

Así pues, nuestra maquinaria constitucional, además, no
era nuestra, ya que se copió con mayor o menor exactitud de ]a
norteamericana rompiéndose con esto la proyección de una nación, que a la usanza española, podía haber evitado el recorrer
el calvario histórico que México recorrió. Al romperse la tradición, las consecue11cias no hubieron de esperarse. En la "Declaración de Independencia de los Estados Unidos", de Tomás
Jefferson, de acuerdo con las ideas de Juan Jacobo Rousseau,
se hacía un reconocimiento en el sentido de que: "todos los hombres son por su naturaeza libres e independientes y tienen derechos de los que no se pueden privar a las generaciones sucesivas al constituirse en sociedad. Tales derechos son: el goce
de la vida y la libertad, el de adquirir y poseer bienes, así
como el deseo de seguridad y felicidad".
Sin embargo, había otros inconvenientes, ya que las Constit_uciones llamadas liberales de nuestro :&amp;léxico tenían, la inevitable y necesaria relación con las Constituciones españolas de
Cádiz, como sucedió al pretender restaurarse en marzo de 1820,
a ]a de 1812.
La influencia gaditana (Constitución de Cádiz) es respon•
sable de dos proposiciones que, aunque parezcan irrelevantes,
acusan una transformación importante en el sentido de la8
ideas que se manejan. Primero: La equiparación ele la lucha de
independencia con la pugna general que sostienen los pueblos
con el despotismo y en favor de las libertades individuales. Segundo: la atribución de soberanía, en ausencia del monarca, a
la voluntad general ele los ciudadanos. Ninguna de estas dos
proposiciones concuerda con la concepción política hasta ahora
sostenida por el partido criollo . .Aparentemente se trata de un
cambio trivial en la terminología, pero ese cambio es signo de
una variación más grave. Ante todo, la Revolución .Americana
queda ligada a un movimie~to europeo que antes le era ajeno
y del cual le será difícil desde ahora desprenderse. Además los
nuevos términos no son inofensivos. Bien ha dicho el escritor
Luis Villoro en el sentido de que el "despotismo" está ligado a

�90

México Ante el Mexicano

todas las instituciones políticas, de reino, a toda la máquina
jurídica tradicional; "déspota", es una máscara que encubre el
verdadero nombre: rey absoluto, frente a él no se encuentran
ya los españoles celosos de las leyes fundamentales de la nación, sino el conjunto de los ciudadanos que defienden sus libertades individuales; los términos que se enfrentan son enteramente distintos por otra parte, el llamado "voluntad general" en lugar de los "cuerpos" constituidos implican el desconocimiento de las instituciones tradicionales y la pretensión
de constituir a la nación nuevamente. Pronto el "déspota"
rechaza al ofensor arbitrario, el Congreso representativo constituyente al "Cabildo abierto", la Constitución liberal de Cádiz
a la vieja constitución americana y así sucesivamente hasta
encontrarnos con una concepción política distinta.

• 11
1

Í·

John J. Jay, uno de los más destacados escritores constitucionalistas norteamericanos que con Madison y Hamilton, alcanzaron gran renombre en su país, al hablar de la Independencia en los Estados Unidos dijo: "He observado a menudo y con
gusto que la independiente América no se compone de territorios separados entre sí y distantes unos de otros, sino que
un país unido fértil y vasto fue el patrimonio de los hijos occidentales de la libertad. La providencia lo ha bendecido, legando con innumerables corrientes para delicia y comodidad
de sus habitantes. . . con igual placer he visto también que la
providencia se ha dignado conceder a este país continuo, a un solo pueblo unido-un pueblo que desciende de los mismos antepasados, habla el mismo idioma, profesa la misma religión, apegado a los mismos principios de gobierno, muy semejante en sus
modales y costumbres, y que uniendo su prudencia, sus armas,
y sus esfuerzos, lucharon juntos durante una larga y sangrienta guerra, que estableció notablemente la libertad común y la
independencia".
No es mi ánimo cansar la atención de ustedes sobre este
punto tan interesante, porque hay tanto material que resultaría prolijo, su simple ennunciación, bástenos comprender como lo que para otras naciones fue motivo de preocupación el
obtener y lograr la unidad de sus elementos constitutivos propios y tradicionales; nosotros, los mexicanos hubimos de dividirnos en b a n d o s opuestos, de convertirnos de hermanos en
odiados rivales y sobre todo, y lo más grave, haber destruido
la tradición nuestra obtenida al paso de varios años.
Nuestro México no es ni con mucho la figura del -indio que
a la sombra de un árbol dormita perennemente, imagen absurda que le ha dado la vuelta al mundo de la misma manera que
la tan llevada y traída pandereta española, ni tampoco es el

Alberto García Gómez

91

c~arro de candilejas, ni tampoco lo son esas producciones musicales q~e han envenenado el espíritu de nuestra niñez y de
nue,stra Juventud; para contemplar a México, el mexicano deberia buscar de entre sus tradiciones, las que le han permitido
llegar a ser ~o !J.Ue es en la actualidad ; le sería más conveniente
buscar a M~x1co no s?lamente en los bellos paisajes, en las
costas que :~untan los ~Jos de azul como dijera un bardo regio11:ontano, ~1 en la maJestuosidad de las elevadas sierras; más
bien, r~petimos, debe buscar en esas tradiciones que nos hablan
d~ la Vll'tud Y de la paz, de un hogar en donde bajo la amorosa
mirada de nue~tras. madres mexicanas los capullos crecen para
engalanar los Jardmes de la Patria.

�.

'

w

I

INDICES DE '~RMAS Y LETRAS"
1958-1960

.

'

�Indices de "Armas y Letras"

I)
I

95

INDICE GENERAL DE AUTORES

ALCANTARA, José Salvador, Sonetos, 1958 (4), pp. 9-10.

•

ARTEL, Jorge, El Ohooo, nueva versión de "El Dorado", 1958
(4), pp. 30-39.
AY.ALA, Juan Antonio, La tierra de Alvargonzález (estudio
comparativo de dos textos de Antonio Machado),
1958 (2), pp. 57-75.
AYALA, Juan Antonio, La querella de las Humanidades, 1959
(2), pp. 59-73.
AY.ALA, Juan Antonio, La Educación Humanística en el siglo XX, 1959 (4) pp. 5-12.
AYALA, Juan Antonio, El pensamiento clásico en la obra.
. de Alfonso Reyes, 1960 (1) pp. 33-52.
BASAVE, Fernández del Valle Agustín, El Emtencialismo:
exposición y crítica, 1958 (1), pp. 53-72.
BASAVE, Fernández del Valle, Agustín, Fundamento y esencia de la verdad, 1958 (4), pp. 51-63.

•

1

1

1

BASAVE, Fernández deÍ Valle, Agustín, Las principales corrientes filosóficas en el siglo XX, 1959 (4), pp.
67-85.
BASAVE, Fernández del Valle, Agustín, Hacia una filosofía
integral del hombre, 1960 (4) pp. 41-62.
BLAIR, Calvin, P., Algunos aspectos del pensamiento económico del siglo XX, 1959 (4), pp. 27-37.
BOTELLO, Consuelo, De la Filosofía mexicana, 1960 (3), pp.
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BRAVO, Villarroel, Roberto, Notas mexicanas en un poema.
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Indices de "Armas y Letras"

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PRESCOTT, Joseph, El "Stephen Hero" de James Joyce, 1958
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RAMIREZ, Alejandro, La génesis del Quijote, 1958 (1), pp.
11-14.
RAMIREZ, Alejandro, Cervantes y Carlos Quinto, 1958 (3),
pp. 72-78.
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pp. 23-33.
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na bibliografía de Franz Kafka, 1958 (1), pp. 73-79.
RANGEL, Guerra, Alfonso, La novela de Carlos Fuentes, 1958
(2), pp. 76-80.
RANGEL, Guerra, Alfonso, El hombre en la novela del siglo
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RANGEL, Guerra, Alfonso, La odisea de Alfonso Reyes, 1960,
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h•dices de "Armas y Letras"

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2). INDICE GENERAL DE MATERIAS
a)

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Bibliografía

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GREEXBERG, Joseph H., Lenguaje y Lingüística, 1960 (4),
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Ensayo

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AYALA, Juan Antonio, La querella de las humanidades, 1959
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XX, 1959, (3), pp. 5-12.
BRGXET, Christian, Sputnik y sentido del humor, 1959 (1),
pp. 51-64.
RAXGEL, Guerra, Alfonso, El hombre en la novela del siglo
XX, 1959, (4), pp. 13-25.
STPRIOT, Pierre, Una charla sobre la querella del latín, 1959
pp. 5-17.
d)

Cuento

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1\IROZEK Slawomir, El proceso, 1959 (3), pp. 69-72.
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(2), pp. 49-53.
GOXZALEZ, Almazán, Salomón, Dos Poemas, 1958 (2), pp.
37-40.
LEZCA"N"O, Pedro, Yuntas de amor, 19:í8 (2), pp. 55-56.
XOGALES, Lydia, Sonetos de otoño, 1959 (3), pp. 65-67.
PADTLLA, Hugo, Egida de Luz, 1958 (3), pp. 51-55.
PORTALA, César A.,Poema para Juan Ramón Jiménez, 1958
(1), p. 15.
SALA.ZAR, Ortiz, Horacio, En el templo, 1959 (3), p. 31.
SORTANO, Juanita, Rosas, 1958 (1), pp. 39-40.
SORIAN'O, Juanita, Difícil Luz, 1958 (3), pp. 33-34.
SORIANO, Juanita, Romance al río del tiempo, 1959 (1), pp.
32-36.
SORTANO, Juanita, Presencia del dolor en cuatro sonetos
1959, (3), pp. :51-54.
'
SORIANO, Juanita, La siembra inútil (poema maternal),
]950 (1), pp. 63-78.
SORTANO, Juanita, Detrás de mutiladas azucenas (en tres
sonetos), 1960 (3), pp. 21-23.
VILLA, Pedro, Efigie indígena, 1958 (4), pp. 49-50.

e)

Poesía
f)

Crítica literaria

ALCANTARA, José Salvador, Somtos, 1958, (4), pp. 9-10.
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1958 (2), pp. 57-75.
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teológico, 1958 (1) , pp. 16-25.
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de la Vega, 1959 (3), pp. 55-64.
CHARPIER, Jacques, Saint-John Perse, 1960 (4), pp. 77-82.
CLERC, Charly, Las literaturas de Suiza, 1959 (3), pp. 39-43.
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Federico García Lorca, 1959 (3), pp. 19-30.
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mundo es ancho y aJeno , 1959 (3), pp. 45-vv.
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(1), pp. 18-22.
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(3), pp. 79-81.
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de Eduardo Mall~, 1958 ( 4), pp. 40-48.
LYCHTBLA-C Myron I., El tema de Lucía Miranda en la
' novela argentina, 1959 (1), pp. 23-31.
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de la novela bispanoamencana, 1958 (1), pp. 41-52.
MEXTON, Seymour, Influencias extranjeras en las obras de
Federico Gamboa, 1958, (3), pp. 35.50.

MENTON, Seymour, El comprender y apreciar novelas, 1960
(3), pp. 13-20.
PHILIPPE, J acconet, Dos estudios sobre Robert Musil, 1959
(1), pp. 65-76.
PRESCOTT, Joseph, El "Stephen Hero" de James Joyce, 1958
(4) , pp. 64-76.
RAMIREZ, Alejandro, La génesis del Quijote 1958 (1) pp.
11-14.
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RAMIREZ, Alejandro, Cervantes y Carlos Quinto, 1958
72-78.
RAJ\ITREZ, Alejandro, Cervant:s. y la Inquisición, 1959
pp. 23-33.
RAXGEL, Guerra, Alfonso, La novela de Carlos Fuentes,
(2), pp. 76-80.
RA.\ 'GEL, Guerra, Alfonso, La odisea de Alfonso Reyes,
(1), pp. 7-17.

(3),
(2),
1958
1960

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(3), pp. 77-79.
REYES, Aurrecoechea, Alfonso, Alfonso Reyes, entre Burlas
Veras, 1960 (1), pp. 19-31.
REYES, Alfonso, La longevidad de Goethe, 1958 (1), pp. 5-7.
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caos), 1960 (3), pp. 63-76.
MIR, Daniel, ¿Qué hay más allá de la muerte?, 1958 (2), pp.
41-54.
REOANSENS Siches, Luis, La filosofía de José Vasconcelos

vista por Agustín Basave Fernández del Valle,
1960 (2) pp.33-38.
SEIJAS-RO:M.Ai\', Germán, Crítica frente a Utopía, 1960 (3)
pp. 5-11.
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h)

Historia

DARMON, Serge P., Voltaire, historiador moderno, 1969 (1),
pp. 9-15.
HADLEY, Bedford, K., El Padre Mier y el caso Hogan, 1960
(4), pp. 5-18.
SMITH, Arthur F., El estudio de la historia en el siglo XX,
1959 ( 4), pp. 53-65.
SOTERO, Noriega, José, El sitio de Monterrey en 1846, 1958
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Ciencias Sociales

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DUM:AZEAU, Henry, Nuevo rostro de Francia, 1960 (2), pp.
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GAROIA, Gómez, Alberto, El derecho internacional y el momento social y político actual, 1959 (4), pp. 39-51.
GARCIA, Gómez, Alberto, México ante el mexicano, 1960 (4),
pp. 83-91.
SIROL, Jean, La Constitución francesa de 1958, 1959 (1) , pp.
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URQUIDI, Víctor L., El economista ante los probl€mas del
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NEU1rl:ANN, Jaromir, El caráeter específico del barroco checo, 1960 (3), pp. 25-34.
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3) INDICE GRAL. DE NOTAS BIBLIOGRAFICAS
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Inclices ele "Armas y Letras"

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                <text>Es una publicación trimestral editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León a través de la Editorial Universitaria. En las páginas principales de Armas y Letras se incluyen textos literarios, particularmente poesía, narrativa y ensayo, de escritores destacados de la localidad, nacionales e internacionales. Inició en 1944 de manera mensual, se mantiene activa en soporte físico y digital.</text>
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              <text>Arte mexicano</text>
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              <text>Narrativa</text>
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              <text>Es una publicación trimestral editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León a través de la Editorial Universitaria. En las páginas principales de Armas y Letras se incluyen textos literarios, particularmente poesía, narrativa y ensayo, de escritores destacados de la localidad, nacionales e internacionales. Inició en 1944 de manera mensual, se mantiene activa en soporte físico y digital.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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      <name>Alberto García Gómez</name>
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      <name>Cuento mexicano</name>
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      <name>El Padre Mier</name>
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      <name>Filosofía integral del hombre</name>
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      <name>Indices</name>
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      <name>Jacques Charpier</name>
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