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                  <text>Bevl•ta de la Universidad de Naeve Le6■

Edmundo Alvarado,

rt y el Hombre y otros
t au, La Representación

ABRIL/ JUNIO DE 1961

AÑO 4/ Segunda Epocél;_

��REVISTA DE LA UNIVERSIDAD DE NUEVO LEON
Revista de la Universidad de Nuevo León

Rector:
ARQ. JOAQUIN A. MORA

Año 4, No. 2

Secretario General:

Abril-Julio de 1961

Segunda Epoca

SUMAR IO

LIC. ROGELIO VILLARREAL

Pág.

Director de la Revista :

Edmundo Alvarado, El Arte y el Hombre, y otros Ensayos

5

LIC. JUAN ANTONIO AYALA
Myron I. Lichtblau, La Representación Novelística de la
Epoca de Perón__________________________________ 77
(Registro en Trámite)
Aragón, La Recámara de Elsa________________________ 87
PRECIO DE SUSCRIPCION:
UN AÑO (cuatro números)
En México: Veinte Pesos
Otros Países: Dos Dólares

\

Dirección:

washington y

Jaromir Neuwman, Matyas Bernard y sus Esculturas de

Colegio Civil

l\f ON TERREY, N. L.
México.

Kuks ·------ ---- -------------- -------------------

93

��EDMUNDO AL VARADO

EL ARTE Y EL HOMBRE
y otros ensayos

•
Departamento de Extensión Universitaria
UNIVERSIDAD DE NUEVO LEON
Monterrey, 1961

�SUMARIO
Pág.

Presentación, por Alfonso Rangel Guerra_______________ 11
I
Sócrates y Platón_____ _______________ ______ __________ 15
La CuJtura Griega en Nuestros Días___________________ 19

II
El Arte y el Hombre__________________________________ 25
Realidad y .Apariencia en el Arte_______________________ 29
Lo Falso y lo Verdadero en el Arte__________________ 33
El Cine ----------- ---------------------------------- 37

111
La Palabra y la Poesía______________________________ ___ 41
Paue Valéry ---------------------------------------- 45
Sobre la Teoría Literaria______________________________ 49
Vida y :N"ovela, dos Formas de Verdad________________ 51

IV
Teoría de la Universidad__ _______ ___________ __________ 57
Justo Sierra y el Pensamiento Mexicano______________ 61
La Crítica de la Revolución Mexicana_________________ 65
Discurso en el Segundo .Aniversario de la Muerte de Angel
Martínez Villarreal ------------------------------ 69

•
Gerardo Cuéllar, Edmundo Debiera estar aquí, Respirando 71

�PRESENT ACION
ALFONSO RANGEL GUERRA
LOS ENSAYOS y escritos que aquí se publican aparecieron originalmente entre los años de 1944 y 1948, en el Boletín
Mensual "Armas y Letras" de la Universidad de Nuevo León,
ahora convertido en revista trimestral. Su autor, Edmundo
Alvarado, formó parte del grupo de colaboradores del Boletín,
animadores del Departamento de Acción Social Universitaria,
de la Revista "Universidad" y de las primeras conferencias
de profesores huéspedes que después darían vida a la Escuela
de Verano.
Estos textos, limitados a veces por la brevedad del espacio periodístico, o escritos de prisa, recogen algunos de los
problemas que siempre interesaron a su autor, atento a todas
las expresiones del pensamiento, pero inclinado al estudio de
la filosofía griega, de la estética y de la teoría literaria. Más
que una obra terminada, lo que ahora se reúne es un conjunto
de apuntes para una obra futura, que la muerte impidió realizar. Pero no obstante, aunque en estos escritos se puede
percibir la condición periodística en que nacieron, se deja

�ver también con claridad que en ellos se iban depositando los
frutos de insistentes lecturas y la nota diaria de un pensamiento ágil e inquieto; en una palabra, el balance previo para
esa obra futura que desgraciadamente no pudo cumplirse.
Se ha alterado el orden de las publicaciones originales,
atendiendo al contenido de los escritos. Así el primer apartado incluye dos trabajos sobre filosofía griega; el segundo,
cuatro ensayos sobre arte; el tercero comprende también
cuatro ensayos en torno a los problemas de la teoría literaria,
y el último recoge escritos sobre temas mexicanos. Al final
de cada uno de ellos se señala año y número de ejemplar,
con la fecha correspondiente.
El texto final, titulado "Edmundo debiera estar aquí,
respirando ...", es de Gerardo Cuéllar. Fué publicado hace
algún tiempo en el semanario "Vida Universitaria", y se
incluye para cerrar estas páginas que se dedican como un
pequeño homenaje a Edmundo Alvarado, al cumplirse doce
años de su fallecimiento.

I
✓

SOCRA TES Y PLA T ON
LA CULTURA GRIEGA EN NUESTROS DIAS

Monterrey, N. L. 1 mayo de 1961

�SOCRATES Y PLATON

ExISTE:N, en él estudio de la Filosofía Griega, dos épocas perfectamente determinadas en
cuanto a su propósito. Ambas, como veremos, significan el
conocimiento del mundo divino en dos aspectos: El conocimiento del mundo dividido en dos aspectos: El conocimiento
del mundo material y el del universo moral. La primera corresponde a los filósofos presocráticos y la segunda a los grandes desarrollos filosóficos iniciados por Sócrates. La característica de los presocráticos es la inquietud por el conocimiento
de los elementos de la materia y de la ley que gobierna el
devenir material del mundo. Conocidas son ya las hipótesis
de la formación de la materia, en los que siempre se incluye
un elemento primordial que a veces es el fuego y a veces el
agua. Finalmente Heráclito completa la incipiente cosmogonía
antigua con el conocimiento de los principios que rigen la evolución y el cambio de la materia. En Heráclito y Demócrito
se inician las dialécticas.
Una crisis parece observarse después de estos filósofos
con la aparición de los sofistas, que a manera de los retóricos
posteriores, hacían y deshacían las doctrinas de los antiguos
más como alarde oratorio que como crítica doctrinal. El fin
de esta crisis lo marca Sócrates.
Hasta él nadie se había preocupado del universo moral.
Satisfecha la inquietud del conocimiento de la naturaleza, con
una doctrina que llenaba su inquietud sobre la explicación
de los fenómenos naturales, hecha por toda la antiguedad,
-15-

�16

Sóc..ates y Platón

Edmundo Alvarado Santos

integral y constituyó la primera doctrina filosófica completa.
En Platón se encuentran ya todas las inquietudes posteriores
de los filósofos, se encuentra también ya sentido político en
la Filosofía.
·

los griegos daban por completo su ciclo del conocimiento de
los problemas del mundo.
Sócrates, al revés de los antiguos, dedicó toda su vida a
los problemas del espíritu. Partiendo de aquella inscripción
del oráculo de Delfos : Conócete a ti mismo, inició el estudio
del conocimiento del hombre. De la misma manera que lo
había de hacer San Agustín siglos más tarde, Sócrates sostenía
que el único indicio hacia la verdad lo constituía la misma
persona que se inquietaba por ella. Propiamente Sócrates no
tuvo ninguna doctrina particular fuera de que nacía de este
principio. Su gran mérito en la Filosofía consistió en el descubrimiento de los procedimientos y métodos del conocimiento. Para llegar al conocimiento de una cosa, decía, hay que
hacerse una idea general, hay que conocer las características
de su esencia. La mayéutica bien puede ser el primer método
crítico del conocimiento. Partiendo del conocimiento superficial, llegaba Sócratas hasta el deslinde más claro de la esencia de las cosas mediante la superación de su sempiterna pregunta.
Difícil es, en verdad, conocer la pureza de su filosofía.
Si sus discípulos hubiesen sido solamente ingeniosos en vez
de geniales conoceríamos mejor a Sócrates, pues sólo al través
de ellos lo conocemos. Jenofonte no poseía una inteligencia
filosófica y el relato que hace de la vida del maestro tiene
un valor histórico solamente, en cambio Platón deformaba
con su genio la doctrina del maestro. Los investigadores de
la Filosofía han llegado a distinguir en la obra de Platón una
parte que consideran como la ortodoxia de la filosofía socrática; sin embargo no es posible considerarla así de un modo
absoluto. Puede afirmarse que de Sócrates se conoce lo que
de él dijeron los demás. Si su doctrina no fuera de por sí
decisiva en el conocimiento de los problemas del hombre, lo
sería por el afecto y la fidelidad que a ella dedicaron sus
discípulos. Nunca han faltado tratadistas e historiógrafos de
la Filosofía que hayan dicho que Platón, a la vez que fué el
mejor, fué el más infiel de sus discípulos. Pero es imposible
comprender de qué manera, sin la doctrina de Sócrates, sería
posible la filosofía platónica. Sócrates es en Platón el mejor
supuesto de su magistral desarrollo.
Sócrates, como se Ye, causó en la Filosofía el gran viraje
que va de la preocupación por los problemas del cosmos, a
la preocupación por los problemas del hombre. Platón fué
el encargado de llevar al hombre descubierto por Sócrates otra
vez al conocimiento total de los principios que rigen el universo, solamente que la vuelta conducía ya al conocimiento

17

El dualismo en el conocimiento y en el ser, característico
de la Filosofía cristiana, tiene su raíz en Platón. Su doctrina
del ser auténtico de las ideas, y de que la realidad es sólo
un reflejo especial de este ser, es el tema a debate por muchos
siglos hasta la filosofía contemporánea. Antes de que el mundo occidental conociera el pensamiento hebreo, y su expresión
en parábolas, ya Platón se valía de los mitos como una explicación de las verdades a cuyo conocimiento no podía llegarse
totalmente por la razón. Había para Platón, convienén los
filósofos, dos especies de verdades: aquellas que surgían de
la búsqueda racional, y aquellas otras cuyo sentido máximo
sólo se lograba mediante la confluencia de la razón y algo
más que los antiguos no habían de_limitado total~~nte ~o~o
método del conocimiento; esa especie de comprens10n poetica
de las cosas que posteriormente ha sido la base de la filosofía
de la intuición. Esta clase de verdades eran las reveladas
por la comprensión de aquellos mitos que tan magníficamente
explicaban la doctrina del ser de las ideas. Una sola cosa
hay que decir. El mito y la parábol~ te1;1ían finalidades. distintas. En Platón el poema era exphcat1vo, en la Escritura
la parábola era también demostrativa. La dialéctica cristiana
era más evolucionada que la griega.

t

Un análisis del pensamiento de los griegos conduciría a
este resumen: Los pre-socráticos dieron las bases para el conocimiento del cosmos y de sus leyes. Sócrates descubrió la
realidad del hombre como hombre y Platón logró el conocimiento integral del Universo y halló el camino que por mucho
tiempo todavía debe seguir la inquietud filosófica. ¡,Han hecho
los otros pueblos, de todos los tiempos, algo semejante a lo
que hicieron los griegos Y Sólo una respuesta puede encontrase
que, si no es respuesta para la pregunta, si es disculpa para
la inteligencia posterior de la humanidad: Fueron los primeros. Por eso quien se interesa por el conocimiento de la humanidad, si no parte de ellos, tendrá que detenerse en ellos o
un momento, o toda la vida.
Año III - Núm. 12, Diciembre 31 de 1946.

�LA CULTURA GRIEGA EN NUESTROS DIAS

., .

ExrsTE un hecho en el pensamiento
de la humanidad que los estudiosos de la Filosofía de la
Historia han observado ya, y cuya regularidad va estableciendo ya una norma en la vida universal. Cada vez que la magnitud de un conflicto revuelve lo humano desequilibrando los
valores establecidos, una misma inquietud conmueve el pensamiento de los pueblos. De la misma 11).anera que al final
de la Edad Media la humanidad fué conducida a la antiguedad en la búsqueda de la certidumbre más firme, en nuéstro
tiempo es posible observar el mismo fenómeno.
No es casual que las dos épocas señaladas signifiquen una
crisis grave de los valores humanos; una crisis característica
de un cambio de rumbo en el pensamiento de los hombres.
Aunque las causas determinantes de estos hechos no sean sino
remotamente parecidas, el fenómeno es evidente. Igual que
como en los casos señalados debió haberse presentado por primera vez a la conciencia de quienes tuvieron la primera visión
más o menos completa del universo, de la naturaleza y del
hombre; sólo que en esta vez el pensamiento fué creador en
el sentido de que antes de él nada había de cierto en la conciencia ele la humanidad y la fe del hombre se encontraba a
merc&lt;'d de las circunstancias. Esta primera iluminación de
la conciencia produjo la Cultura Griega. Para el pensamiento
occidental la historia nace allí.
Entonces el hombre tuvo que comenzar por el principio,
tuvo que aprender a pensar y a observar el mundo sin el menor
-19-

�Edmundo Alvarado Santos
20

21

La Cultura Griega en Nuestros Dias

indicio de certeza. No en vano ha dicho Jaeger que los griegos
han educado a la humanidad. Ellos descubrieron los fundamentos de la ciencia, practicaron las artes y ejercitaron el
pensamiento como ningún pueblo lo ha logrado hasta nuestros
días; pero lo maravilloso de su obra no consistió en la experiencia científica, sino en el pensamiento que ésta fue capaz
de producir. No sólo descubrieron el mundo e investigaron
su pasado, sino que pusieron al hombre, para siempre, en la
inquietud de conocer el principio.
Al final de la Edad Media y en nuestros días el panorama
es distinto. El hombre puede referir su pensamiento a la experiencia del pasado, como lo hizo el hombre del Renacimiento, pero entonces, como ahora, no fué el afán de la simple
curiosidad científica o histórica la causa determinante de
este hecho. Las épocas tienen alguna similitud y una gran
diferencia. La humanidad afronta una grave crisis. Los valores en que fincaba el pensamiento ya no son suficientes, las
creencias palidecen y el temor domina la conciencia planteándole la gran interrogante del futuro. Cualquier referencia
inmediata deja de tener valor y entonces la conciencia humana
no tiene más que volver al principio, a construir de nuevo.
En el Renacimiento fueron los descubrimientos de las tierras nuevas de la antiguedad y de su espíritu, los que determinaron el viraje, los que decidieron el camino.
Ahora nada queda por descubrir, o por desenterrar, ni es
necesario ya. La vuelta se ha impuesto por la propia experiencia. El propósito de la humanidad no es retroceder en
derrota, sino volver a encontrar el camino, devolverse hasta
el principio y volver a recorrer lo andado hasta el lugar en
que se perdió. Todas las crisis traen consigo una reYisión de
los valores y eso es lo que comienza a hacerse después de que
la guerra lo revolvió todo, hasta la dignidad humana. Esa es
la explicación de los estudios de la antiguedad clásica que
vue\ven a ser actuales. No es por mera coincidencia que los
filósofos, los políticos y los artistas se hayan puesto a revisar
la experiencia del pasado. Es más bien el afán de encontrar
nuevos propósitos, nuevos valores y nuevos móviles para la
vocación del hombre.
Es indudable que esta crisis va a resolverse en una etapa
nueva, mejor que la anterior, con mejores prevenciones para
los males de la convivencia humana, y con un conocimiento
insospechado y utilísimo del mecanismo de los hechos sociales;
pero no puede dudarse tampoco de que gran parte t endrá en
ello el conocimiento de la Historia y de la Filosofía antiguas.

Los g~iegos fue1:on lo~ autores del pensamiento político. Ellos
c?,noc1eron 1~ Filosofia de la Historia no como una especulac10~ co~venc1onal de los hechos, sino como lección de la Historia e mterpretación de la humanidad.
_Las investigaciones de J aeger y de Alfonso Reyes, la actualidad _de Burckha~dt y de Winkelman y las reediciones de
los estudios ~e la antiguedad y ~e los clásicos, son reveladores
de la gran, busqueda en que esta empeñado ya el pensamiento
contemp?rane_~· No vaya a pensarse que es el miedo al futuro
o la _res1gnac10n ~el_ romanticismo, lo que embarga la inteligencia. Es. el optimismo y la seguridad de que aún hay que
es:p~rar meJores f:utos de la convivencia humana. Habría que
utilizar ~l lenguaJe, no la lengua, de Kant, para decir que el
mundo siempre marcha "hacia mejor".
·
Año III; Núm. 10, Octubre 31 de 1946.

�11

EL AR TE Y EL HOMBRE
REALIDAD Y APARIENCIA EN EL ARTE
LO FALSO Y LO VERDADERO EN EL ARTE
EL CINE

�EL ARTE Y EL HOMBRE

U

NO de los fenómenos que encuentra
a su paso el estudioso de • las cuestiones estéticas es el que
se refiere a las diversas maneras que el Arte tiene para producirse. Suele hablarse con frecuencia de los géneros artísticos producto de estas especiales formas en que se vierte la
capacidad creadora del hombre, y suelen ser, también, estos
géneros, objeto de una confusión que oscurece el conocimiento
de sus orígenes y de sus causas.

r

Los tratadistas de la Literatura, por ejemplo, acostumbran atribuir su existencia a razones didácticas de clasificación, y suelen definirlos ·así: lírico es aquel género literario
en el que el autor se vierte atendido al paisaje que le ofrece
su propia humanidad; épico es el género en que el autor
refiere situaciones ajenas a su personalidad, y dramático, aquel
otro que se refiere en abstracto a los problemas fundamentales
de la vida.
En realidad los géneros son mucho más que una simple
división de carácter didáctico, o que una fácil diferencia entre
lo subjetivo y lo objetivo. La explicación de sus orígenes
enlaza de manera importante con el desarrollo y evolución de
la vida humana. Su raíz se encuentra en la evolución de los
períodos más importantes de la vida social. Si examináramos
las obras literarias de los períodos históricos más antiguos,
encontraríamos que la producción artística es uniforme, que
no existen los géneros, y que las obras pueden considerarse
dentro de lo que hoy se conoce como el género épico. Observando, en cambio, la producción artística de los períodos más
evolucionados de la vida social, encontramos en ellos formas
heterogéneas del arte en sus diversos campos, que no corresponden a una concepción uniforme.
-25-

�26

El Arte y el Hombre

Este fenómeno de la multiplicidad de las concepciones
artísticas, es el que ha dado lugar al problema de los géneros.
El fenómeno ha sido explicado de muy diversas maneras. Hay
quienes lo atribuyen a la simple evolución de la vida social
y a la superación de formas de vida primitiva. Otros lo atribuyen, en cambio, a una causa puramente psicológica, o sea
a las diversas maneras, que según las circunstancias influyentes, tiene para producirse el motivo creador, o el estado
emotivo generador de la voluntad artística. Por último hay
quienes atribuyen el fenómeno a una dualidad de las concepciones del mundo y de la vida, producidas por las circunstancias de la vida social.
Las tres explicacioúes son ciertas, sólo que las primeras
encuentran en la última la razón fundamental. Quien estudie
la evolución de las sociedades humanas encontrará que las
formas de vida comunales producen en los individuos idénticas formas mentales, en las que los prGcesos de la naturaleza
y las explicaciones a que obliga la inquietud humana se presentan igual. La consideración de los problemas comunes, y
de las inquietudes que acometen por igual a las personas, hacen
posible el desarrollo del pensamiento individual en función
del grupo; de donde resulta una concepción uniforme del
mundo y de la vida de la que depende toda la actividad
creadora del hombre. El Arte es aquí la solución de los problemas de la vida común, la búsqueda de la verdad que satisface a todos, la expresión de una obra objetiva de valor
universal ; el género épico por excelencia.
Pero el crecimiento de las comunidades humanas obliga
a la relación intercomunal y entonces la complicación de diversas estructuras sociales, de distintas concepciones del mundo y, principalmente, la lucha de dos entidades que pretenden
el dominio total en todos los órdenes de la vida social, producen el desquiciamiento de la unidad primitiva de la conciencia y la crisis de la ideología común. Invalidadas las viejas
explicaciones, rotas todas las formas del pensamiento, desquiciada la estructura social, el hombre se vuelve a sí mismo
para rehacer la conformación de su ideología, abandona la
preocupación por los problemas comunes que no entiende, y
singulariza su angustia por el conocimiento del mundo y por
la explicación de la vida. El Arte es aquí la expresión de la
vida individual, la solución de la angustia personal, y el vertimiento de una obra subjetiva que sólo adquiere universalidad a condición de que logre ser un arquetipo, una solución
individual que sirva a todos, porque sólo la verdad de todos
es universal.

Edmundo Alvarado Santos

27

Entendido así el fenómeno, encontramos que, efectivamente, la diversidad de concepciones obedece a la evolución
de la vida social, y esta vida nueva, en la que alternan la
sociedad y el individuo no uniformemente, sino empeñados
en una lucha por el dominio del espíritu, es la que determina
las circunstancias complejas que influyen emotivamente en la
producción de las obras. A la mística colectiva, sucede la
mística individualista que un día habrá de superar la vida.
Así vemos que los géneros artísticos obedecen fundamentalmente a las características de la vida humana, y que todos
los fenómenos artísticos tienen su relación con el hombre.
Es inútil entonces tratar de sustraer el Arte a lo humano para
vertirlo fraudulentamente en la inversión de la verdad.
Año III - Núm. 4, Abril 30 de 1946.

�REALIDAD Y APARIENCIA EN EL ARTE

......

LAS

complicaciones del arte moderno,
el pictórico particularmente, traen con frecuencia a colación
una disputa cuya explicación pretende llegar a la esencia
misma del Arte como fenómeno humano.

I

Pueden encontrarse, a primera vista, dos especies de Arte:
el universalmente comprendido por la sola penetración de los
sentidos, y aquel otro cuya inteligencia es discutida, porque
sólo una simpatía especial lo entiende y, a veces, lo explica.
Para los que gustan disfrutar ese goce que proporciona la
contemplación artística, existe una primitiva explicación de esta índole de las obras: se trata, suele decirse, de lo objetivo y
lo subjetivo: entendiéndose por lo primero lo relativo al arte
de fácil entrega, penetrable universalmente, y por lo segundo,
lo relativo a aquel otro arte en donde el autor excedió la experiencia convencional de comprensión y significado.
Hay quienes llevan la sutileza de la reflexión sobre lo
objetivo y lo subjetivo, hasta identificar los términos de la
polémica con los de aquella otra de lo social y lo individual
como formas productoras del arte; para llegar a explicar, conforme a uno y otro criterio, la naturaleza del mismo. El propósito de quienes tal hacen no es difícil de encontrar. Se
sabe que el arte, para ser tal, debe ser verdadero, es decir,
debe responder a la explicación fundamental de su carácter
humano. Si se acepta la probidad de cualquiera de los términos, y se niega el otro, el arte mismo puede ser negado; pero
debe reconocerse, ante todo, que en la polémica de lo social
y lo individual, no se trata de la definición del arte como
-29--

�Edmundo Alvaraclo Santos

Realidad y Apariencia en el Arte

30

~e ~a _técnica! ~el género: ¡, Existe una verdad, o una creación
mdividual, distm!a
la colectiva? Apresuradamente puede
respon?er~e que si, solo que desde el punto de vista del método
Y la tecmca, o sea del aspecto formal y enunciativo de la
verdad; pero en cuanto a ésta debe responderse que no.

fenómeno social, perfectamente determinada ya, sino que hay
una intención ideológica más profunda.
Por sobre las anteriores justificaciones de las dos actitudes del arte está otra, más simple en apariencia, pero que
puede ser un camino mejor hacia la explicación del fenómeno.
Ante cualquier desarrollo artístico se puede distinguir, desde
luego, entre lo real y lo aparente, entendiéndose por esto último aquella· primera representación del objeto. A veces, realidad y apariencia son una y la misma cosa; es entonces cuando se logra esa comprensión universal de los sentidos para
la obra. Pero esto sólo sucede hasta que el artista usa valores
entendidos en la técnica y el desarrollo de su tema. Cuando
la necesidad de expresar un tema exc,ede a las posibilidades
de estos valores convencionales de la técnica, es cuando se
echa mano de esos recursos complicados que destruyen la
posibilidad de comprensión común. Es necesario observar que,
en este caso, la realidad de la obra se vierte igualmente, pero
la apariencia queda burlada, sacrificada mejor dicho, en los
matices de la verdad del arte.
1

En esta complicación obran varios factores, el primero
de los cuales es el abandono del convencionalismo. El autor
da a los usos de su arte una significación distinta que hace
variar su desarrollo de lo convencional a lo simbólico. Contra lo que objetarían los subjetivistas del arte, este simbolismo no ent,raña una singularidad absoluta; su naturaleza se
encuentra en otro convencionalismo de tipo especial que no
es accesible sino bajo ciertas condiciones.
Otro de los factores lo constituye la intención del autor,
que puede :variar las proyecciones para que éstas sirvan mejor
para demostrar, o dar énfasis, a su verdad. En realidad, esta
disloca(lión de las proyecciones no es sino una alteración de
la apariencia que puede resistir la comprensión de un ingenuo,
porque conserva su valor convencional.
Suele, finalmente, existir un tercer factor de alteración,
que consiste en el disloque de la realidad inmediata, y de la
apariencia coincidente, obtenido por la separación del objeto
representado de su circunstancia habitual, y que es usado
muchas veces, no ya para la revelación de una verdad, sino
para darle a ésta un sentido humano. La expresión de lo
trágico y lo cómico, por ejemplo.
Estas son las tres actitudes fundamentales en que se presenta la obra a la espectativa humana. Analizada así, la explicación es consecuente, pero sigue el problema planteado fuera

31

?e

.....

Y

aquí vuelve a tocarse el punto ideológico que quedó
pendiente. El hombre posee, indudablemente una verdad un
camino expedito hacia ella y una definició~ general co'nsecuente con. esta verdad; pero no puede impedir que quien
p~sea la misma verdad, conseguida aunque sea por otro cammo, y que por haber llegado a ella conoce todos los caminos
que le son acce~ible, la revele. Porque la verdad podrá ser
absoluta o relativa, pero no es exclusiva. Y esto signifca en
el arte com~ en todo l_o ~un_iano, que lo subjetivo es sim~lemente _una forma, y m siquiera la fórmula convencional del
f~rmahsmo. Lo único subjetivo y propio es el camino, la técmca, lo que la verdad en el sentido filosófico tiene de más
endeble; pero también lo fundamental y decisivo tratándose
de la vocación.
El. autén~ico problema del arte estriba en saber si tras
e~tas di~locac10nes del paisaje, de la perspectiva y de la técmca, existe la verdad como una revelación del artista; porque
suele suceder q~1e tras ellas se encuentra la falsificación del
arte, o la mentira de aquel que cree· verdadero y auténtico
lo que no es. Hay veces que tras un alarde de técnica transgresor del convencionalismo, se encuentra la ausenci~ de la
palabra cr~adora, y es que sólo el artista es dada la posibilidad marav1llante de descubrir esa verdad que, una vez formulada, aparece como conocida desde siempre por todos pero
que no todos pueden formular.
'
Realidad y apariencia. Presencia y apariencia presencia
de la v~rdad, estos son los términos de toda obra,' y no hay
que o~v1dar que la verdad evade todo aquello que no conduce·
a su fm pr?PlO: el descubrimiento del hombre por el más bello
de l?s sentidos _humanos; aquél que no todos entienden y denomrnan del mismo modo.
Año IV - Núm. 4, Abril 30 de 1947

�LO FALSO Y LO VERDADERO EN EL ARTE

LA

evolución de la conciencia moderna ha dado lugar a la revisión de uu sinnúmero de ideas
acerca de los problemas del espíritu, y entre ellos muy particularmente, a aquéllos que se refieren al Arte. Obedece esta
actitud crítica a la intención de buscar para toda elaboración
humana una acercamiento con la vida, que haga de ésta un
desarrollo uniforme, en el que las posibilidades de la inteligencia no se diluyan en especulaciones peligrosas que pueden
perder al hombre y hacerle olvidar su propio sentido.
Esta revisión, notable en la inteligencia contemporánea,
no es propia de nuestro tiempo. Se la encuentra muchas veces
en la historia viviendo a través de polémicas filosóficas olvidadas que se refieren a la esencia del hombre y al sentido
de sus acciones, y que se plantean en los momentos de crisis
que determinan casi siempre el nacimiento de una nueva época.
En lo que respecta al Arte, estas polémicas se han referido siempre a la naturaleza de sus valores fundamentales y
al sentido propio de las obras artísticas. Así suelen considerarse en el arte dos especies de valores: aquéllos que se refieren
' a la belleza, y aquellos otros que se refieren a la verdad.
Clásicamente toda obra de arte debía quedar comprendida
· dentro de un cierto ámbito, definido en sus extremos por la
belleza, o sea el valor estético fundamental, y por la negación
de ese valor. Su intención no podía trascender a la realización del valor estético fundamental que resultaba, en esta
concepción, de una inspiración superior y emanada de la divi-33-

�34

Lo Falso y lo Verdadero en el Arte

Edmundo Alvarado Santos

35

nidad, o humana, y emanada de razones subjetivas sentimentales. La primera daba lugar a las obras eternas y la segunda
a las temporales. Unas perduraban sobre el tiempo, las otras
eran superadas según la evolución de la sensibilidad humana.

acomoda1:llien~o de una posibilidad humana dentro el sentid
~e tda m9me~ud espiritual. El Arte es una exteriorizació~
e a conciencia,
Y como tal
.
humano
q b
. ? es una forma d e1 pensamiento
ue usca e1 conocimi~nto del hombre y de su sentido.

Esta concepción nació de aquella tendencia sociológica
que explicaba el fenómeno del Arte como el derramamiento
de un excedente de energía humana que se vertía en una imitación de la vida, o en una fantasía. Así, el arte venía a ser
un juego del espíritu, un desinteresado divertimiento en el
que el hombre se solazaba, tanto en su factura, como en su
contemplación. El artista según esta idea, era mi ser desintenrsado, sustraído a su propia humanidad, que trabajaba sin
intención determinada en una obra cuyo sentido debía
surgir espontáneo y ajeno a toda otra idea que no fuese la
realización de la belleza como cualidad objetiva, o como cualidad moral. Con esta idea no se lograba otra cosa que una
explicación individual del fenómeno artístico que conducía a
una concepción subjetiva del arte, tan subjetiva, que el artista
podía olvidar en su obra al espectador.
Pero esta idea tomada de la sociología es incompleta, porque si bien considera al Arte como una actividad humana
olvida su concepción eminentemente social. El Arte sólo es
válido si se refiere a la sociedad de que emana; y el artista
debe tener siempre presente esta circunstancia. Resulta así
que al Arte tiene que referirse siempre a las vicisitudes de la
sociedad en que se da. Su espontaneidad tiene que reflejar
naturalmente la angustia social del momento, y entonces la
necesidad del artista de darse, de ser espontáneo, es siempre
la necesidad de reflejar el momento que vive, de retratar su
circunstancia, de que su inquietud sea la de su grupo social.
Un arte así es no sólo un arte bello, es un arte verdadero que,
además de tomar en cuenta el valor estético, realiza el valor
humano fundamental: la verdad.
Los que sostienen que el Arte debe ser desinteresado y
que debe ser la oportunidad humana de desahogar una angustia individual de escapar a la sociedad, a la vida y a los
problemas humanos, quedan en una actitud medieval y antihumana. Olvidan que el Arte, como todas las posibilidades
intelectuales del hombre, no es sino un camino de explicación
de la vida y de lo humano, y que si bien tiene una forma
distinta de objetivarse, no es porque obedezca a un valor
diferente, sino porque es un camino distinto de llegar a la
explicación de la verdad. El Arte, como obra del espíritu
humano, no puede escapar a la consideración de la inquietud
fundamental del hombre. La Estética no es otra cosa que el

. Nace así una nueva concepción del arte ue n
desi~teresado divertimiento ni el desaho()'o
o e~ ya el
tancia individual S • 1 A' t
o . , e una circuns'd d d b
. i e re es una expres10n de la huma
~~O':sti e _e plantear todos sus pr?bl~mas y mostrar todas su~
bu:car :~bili~:au~~l!~rz:t º~rtivt de lda bconcienci_a debe
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ivo Y umano. Con relación a est fi d 1
d ' 1 t~arse el dilema de la entidad y de
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;;e:~j:ti~:~it!í, d~ rtt que realiza de manera más· perfecta
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umano ; Y temporal aquel otr
~~\iza bu~a bÓlleza cir?;mstancial, referida a' un motivo ºaj~!~
men~~ ~e~l a~n rttc10nla este problem'.: del objetivo funda, .
e e e p antearse tambien el dilema de lo
autentico
y
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falso
en la obra artística· Falso viene
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q~e ar .e que rehuye lo humano por evitar la angustia ue
~l,h patit~; verdadero aquel que encuentra la belleza enq la
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Jue sed goza a si mismo desp_erdic~ando su energí~ y olvYdánose e1 hombre, una mentira divertida e in .
sada A1ªrrill~samente. Son los artistas los q;eem;::1i:::r[¡
c1on el ombre, los que muestran su angustia los que
. an por º~, que no pueden hablar, o los que dan 'a la ro,
s1ca la expres10n de un se~timiento humano vivo, noble y tot~i
Xºr sobf1e los amaneramientos sensibleros e individualistas
h~:ir~:. os que se expresan como si se arrepintieran de se;

;~~f

Año III - Núm. 2, Febrero 28 de 1946

�EL CINE

HACE

tiempo que latía en la intención de los editores de "Armas y Letras", la idea de agregar
al material de este periódico una serie de comentarios sobre
el Cine. El propósito ha tomado forma, al fin, animado por
el afán de modernidad que debe caracterizar toda legítima
inquietud por los temas del hombre.
Iniciamos, pues, esta aventura en la que no vamos solos
ni en cuanto a la problemática estética, ni en cuanto al propósito de encuadrar el desarrollo del tema, como uno de los
esquemas sociológicos de influencia recíproca entre el hombre
y la sociedad, dentro del panorama de la vida contemporánea.
Y aquí nomás, ,al empezar, encontramos el primer problema
¿Será el Cine un Arte ? ¿Qué clase de Arte puede sed 1,A qué
sentido y a qué inteligencia puede considerarse dirigida su
intención 7 ¿De qué manera puede el cine influir en la conciencia, y cuál es la relación, o diferencia, que puede encontrar, en este sentido, con las demás formas del Arte y con
los otros estímulos anímicos 1 ¿En qué lugar y conforme a qué
jerarquía podría clasificarse este arte? He aquí un esbozo
de la problemática del cine que habría que estudiar con la
misma seriedad que cualquier otro problema de alta cultura.
Podría objetarse a este propósito el hecho de preocuparse
de un acontecimiento de la vida cotidiana que se considera
como una mera división, pero ¿no ha formulado Simmel,
acaso, una Filosofía de la Moda 1; ¡, No ha especulado José
Gaos, con tomo doctoral, sobre la fenomenología de la Caricia V
Indudablemente que en medio de estos ternos el nuestro es
el más serio e importante ; y su Í.1.ltención estética está más
-37-

�El Cine

dentro de la inquietud del hombre por los problemas generales de su propia definición.

•

Por otra parte, es innegable que una literatura y una
crítica nuevas han nacido ya, de manera ancilar, en torno al
Cine, a la vez que éste ha originado un cambio fundamental
en los demás territorios artísticos urgiéndolcs a la modernidad. Una serie de influjos recíprocos existen entre el Cine
y la Literatura; entre el Cine, figurador de todas las dimensiones, y el Teatro, realizador de las indispensables y, por si
esto fuera poco, el cine ha venido a modificar el influjo del
Arte sobr&lt;' el hombre en el plano de lo sociológico.
Vemos casi cumplida ya la profecía que formulara don
.Alfonso Reyes en 1915: "cada gesto humano, cada perfil de
la civilización moderna, está destinado a vibrar en la pantalla". De manera que el cinc llegará a ser, seguram&lt;'nte, el
mejor documento sobre nuestra época. Es necesario, por ello,
estudiar este documento sui-géneris, que tenemos la fortuna
de escribir nosotros mismos, y que va a ser la contribución
más original de nuestro tiempo al arte universal.
Año lY - ~Ílln.

-:1-.

Abril 30 ele 19-17

....

111

LA PALABRA Y LA POESJA
PAUL VALERY
SOBRE LA TEORIA LITERARIA
VIDA Y NOVELA) DOS FORMAS DE VERDAD

�LA PALABRA Y LA POESIA

UNA

de las preocupaciones fundamentales de la Teoría Literaria es el estudio del lenguaje.
Al hablar del lenguaje nos vienen a la cabeza muy diversas
formas de considerarlo: El estudio gramatical de las palabras
y las frases, la técnica de clasificación y uso de las primeras
y el arte de construir las segundas; el estudio de los accidentes y los tiempos en los verbos y el de la prosodia y la ortografía. El estudio de las funciones sociológicas del lenguaje
desde su formación hasta su transformación en la más importante de las funciones mentales colectivas, cuyo desarrollo
abarca en su aspecto histórico el maravilloso espectáculo del
desenvolvimiento de las sociedades humanas. El estudio de
la Filología considerada como el conocimiento erudito del lenguaje como materia poética.
El lenguaje es una materia común de expresión del pensamiento universal y de todos los grupos humanos. En cada
rama del pensamiento el lenguaje pierde algunos de sus caracteres comunes y se especializa para servir al objeto de la
ciencia que lo utiliza, formando una terminología distinta del
lenguaje com(m y corriente. La Filosofía es un ejemplo magnífico para evidenciar esta especialización; cada escuela filosófica, cada pensador, usan su propia terminología diferente
a la de los demás en la expresión de sus ideas. También el
fenómeno sociológico de la división del trabajo proporciona
diversas especializaciones del lenguaje según las actividades
y los grupos sociales. Mediante estas especializaciones, diferentes del lenguaje indispensable de la vida en común, es
posible que éste sea útil a las necesidades de la convivencia
humana.
-41-

�42

La Palabra y la Poesía.

En lo literario el lenguaje también se especializa para
servir a los fines de la poesía, sólo que esta especialización
del lenguaje en la poesía es mucho más sutil. Generalmente
la especialización lingüística en las esferas del pensamiento
distintas de lo literario obedece al afán de precisión en las
ideas y a la necesidad de fabricar conceptos típicos invariables para designar sus objetos y sus desarrollos. Esto conduce a la valoración etimológica de las palabras que proporciona el más firme criterio de precisión, y conforme a este
conocimiento de las raíces originales va creándose la terminología especial, convencional para el pensamiento que se sirve
de ella. En lo literario la especialización del idioma rara vez
toma ese camino ya que las cuestiones literarias no tienen
temas especiales, su materia está constituída por la más general de las experiencias humanas: la experiencia de la vida
de los hombres. La especialización del lenguaje en lo literario
se logra mediante una valoración semántica de las palabras
y una valoración subjetiva íntimamente ligada al estado emocional generador de la obra poética. Dentro de esta valoración subjetiva entra la consideración del valor fonético de la
palabra y de la musicalidad de la frase, consideración indispensable para lograr la unidad armónica del lenguaje poético
como expresión de un doble sentido creador del artista.
En esta especialización del lenguaje en la poesía las palabras se exceden a su utilidad de meros instrumentos de
comunicación de las ideas hasta llegar a ser instrumentos de
revelación. En esta función poética de las palabras los significados son destilados doblemente, primero desde la indispensable necesidad de servir de instrumentos de expresión, y
8.espués desde esa revelación creadora que es el desahogo del
estado emocional general de la obra poética.
Esta sublimación de las palabras hace que éstas dejen de
ser meros signos convencionales de intercomunicación humana
para transformarse en un lenguaje superior, distinto, apto
para ser un material artístico. Su función en la frase rebasa
entonces los términos de la gramática y se convierte en instrumento de expresión de un orden de fenómenos cuyo origen
y desarrollo se substrae a la lógica racional. Por eso no es
posible exigir una sintaxis simplemente gramatical en la frase
literaria o poética. La construcción obedece aquí a las necesidades de una expresión acertada a la coucepción creadora
del poeta; y a veces se sacrifica la lógica de la frase a un
simple ritmo, a una musicalidad que hacen posible la reproducción de aquel clima emocional que produjo la obra y

Edruundo Alvara&lt;lo Santos

43

logran con, ello una comprensión de ésta que el lenguaje simple no seria nunca capaz de proporcionar.
_Esta ,s~tuación en que queda en última instancia el len~uaJe _poehco es el que produce esa sensación de simpatía
me~phca?~e a veces, con el poema. Es inútil entonces busca:
la 11;tenc1on de _la obra_ con un criterio lógico simple. En
poe~ia no es posible ser mgenuo, mucho menos cuando el lenguaJe de ésta _es _e~aborado por el poeta, tanto en la forma
como e~ los s1gm~1cados, en esa forma extraordinariamente
convenc10nal qu~ solo en la poesía es permitida. De aquí parte
una d~ las semrJanza~, de la poesía con la música, de la que se
tratara en otra ocas10n. En este lenguaje es en el que las
palabr~s, como ~n. la frase bíblica, se hacen carne y adquieren
el sentido dramatico que las hace sobrevivir a los hombres y
a las edades.
Año II - Núm. 3, Marzo 30 de 1945

�PAUL VALERY

TODAS las_épocas críticas de la humanidad terminan en una larga angustia a la que no convencen
ni las cosas más ciertas, ni los viejos remedios, ni la vista a
la historia. La crisis es siempre un desquiciamiento en la fe
y una incredulidad para toda esperanza.
En el principio de la Filosofía moderna un hombre deshizo en su conciencia las ruinas del pasado para sacar de la
nada restante un principio de fe. Este hombre fué Descartes:
el iniciador del pensamiento contemporáneo.
Cuando el positivismo perdía a principios de nuestro siglo
su certidumbre filosófica y no era sino ese palo del que todas
las metafísicas querían hacer leña, surgió en el panorama del
espíritu francés la sencilla y dominante figura de Paul Valéry.
Valéry es en la época presente y en la poesía nueva lo que
Descartes fué en su época.
La universalidad del pensamiento de este gran poeta francés es tan vasta que no es posible catalogarla en alguno de los
aspectos especiales de la cultura. No fué solamente un filósofo, o un sociólogo, o un poeta. Fué . más bien esa magna
síntesis del genio que no diferencia en su pensamiento ninguno de los caminos hacia la verdad. Donde quiera que entró
con su pensamiento fué para encontrar rutas nuevas hacia
esa ve11dad perdida en un mundo de enmarañados prejuicios
científicos y filosóficos, en una época. en que todos se creían
con derecho a decir una verdad y en que cada país se apropiaba lila teoría y uua idea particular del mundo.
-45-

�46

Palll Valéry

Valéry puede decirse que fué una víctima de su gran
destino que le hizo ser poeta queriendo ser marino y que
huyendo de la poesía se convirtió en filósofo y puesto en el
camino de la verdad aportó interesantes estudios a la teoría
de los hechos sociales
Víctima también de un ansia extremada de rigor se encerró, como Descartes, 20 años a hacer, dice Maurois, tabla
rasa con la cultura de su tiempo para rehacerla desde el
principio como propia, como el método de su vida y de su
pensamiento. Metido en la casa que habitara en París Augusto Comte, escribía c:uadernos y más cuadernos de notas, y ensayos que nunca hubiéramos conocido a no ser porque Gide
le convenció de publicar sus poemas y Marcel Sch11·ob y
Daudet sus escritos.
Comenzó a escribir sus poemas en la adolescencia, para
reunirlos como obra suya 20 años después. Entre tanto hacía
sn método poético en silencio, ignorante e ignorado de todos.
El poema -decía- no se hace con sentimientos, ni con ideas,
Rino con palabras. Las palabras son las convenciones huma11as más arbitrarias, que de mera ficción que eran se han conYertido en eso que han dado en llamar verdades objetivas.
El poeta tiene que encontrar ese misterio de la ficción, ese
auténtico sentido de la palabra perdido en la historia; y a
propósito de una teoría poética se mete en la filosofía de la
historia y con la problemática filosófica, hasta llegar al principio sin reconocer verdades absolutas. Hay en el pensamiento
de Valéry un gran momento que puede colocarse en el principio de toda Filosofía: "¿De qué modo, se pregunta, es posible adquirir el concepto de lo que no se opone a nada, no
repele a nada, no se parece a nada Y Si se pareciese a algo
no sería todo."
Encuentra el poeta la realidad primaria, anterior a toda
ficción, en la obra de arte. En ese poema escrito con palabras
dueñas de su significado y de su música, hecho en un clima
emocional especial en el que la inspiración no es sólo una
observación penetrante.
Lle~ado a la Academia y al Colegio de Francia formula
el principio de una nueva consideración sobre la literatura
que va a ser la Teoría Literaria de nuestros días, en la que
no caben las demagogias y las extravagancias poéticas.
A propósito de un escrito suyo publicado en el prólogo
del libro de un joven poeta, en el que hablaba de la "poesía
pura", surgió en Francia la grave polémica sobre estas dos

Edmundo Alvarado Santos

47

palabras sobre las cuales no hay un completo acuerdo en la
literatura moderna. Valéry termina con esta polémica reconociendo que la llamada poesía pura es imp?sible, pero que
esta designación puede servir para nombrar ese ideal de perfección en la poesía que desde luego no tiene que ver con 1a
corriente estética que habla del "arte por el arte".
Sin temor a eg_uivocarnos podemos decir que Valéry ha
influído de manera preponderante en el pensamiento de toda
la poesía actual, y aunque discutida su grandeza poética ha
venido a constituirse en la corriente más vigorosa de la lírica
moderna.
Este genio del pensamiento francés acaba de morir en un
momento crucial para la vida de la humanidad, pero no sin
haber visto el amanecer del nuevo día francés en el que siempre tuvo fe, aun en los días en que muchos de los grandes
pensadores franceses renegaron de la libertad de su patria.
Su muerte ha ocasionado una gran pérdida entre los que
piensan por la humanidad.
Año II - Núm. 8, Agosto 30 de 1945.

�SOBRE LA TEORIA LITERARIA
'1

HASTA hace muy pocos años ha v·e~
nido a dar fruto la vieja preocupación de la Literatura orígis
nada en torno al problema de constituir una cienciaunive:rs~l
con todos los aspectos de cultura que de alguna manera tie.ne1f
que ver con la poesía. En los años anteriores a la presente·
guerra, Paul Valéry inició en el Colegio de Francia una explicación novedosa del sentido de la Literatura. Concurrían en
esta explicación las experiencias de la antigua retórica y las
exploraciones de los poetas contemporáneos en otros campos
artísticos en busca de lo que la retórica no era capaz de proporcionar. Pero había en aquellas exposiciones de Valéry cosas.
nuevas, elementos tomados de la experiencia poética cuyo
análisis correspondía a otras ciencias pero sin los cuales era.
imposible llegar al conocimiento de la meta de aquel curso. •
Hasta entonces se definía la Literatura como la búsqueda
de la belleza en las letras, de una belleza desinteresada paralela a los valores fundamentales del arte en las artes plásticas y la música, como aquella nota lingüística capaz de
conmover. Servían a este propósito la retórica como sistematización de las formas del bien decir y el tratado de las formas
y los metros que era la Poética en su viejo sentido.
·
Todo esto conducía sólo a una cosa: el descubrimiento de
una técnica de desvulgarización del lenguaje que servía para
dar a las palabras un sentido poético diferente del que les
era usual en el habla común; pero el problema ~e la poesía
escapa a una consideración de esta especie. Nadie podía encontrar con estos elementos el sentido de la poesía, ni estudiar.
el acto creador de la misma y las vivencias a que daba origen
el poema en el ánimo de los extraños a que estaba destinado,
-49-

�Sobre la Teoría Literaria
50

ni el criterio para una actitud valorativa de la creación artís-

VIDA y NOVELA, DOS FORMAS DE LA VERDAD

tica.
La consideración de esta serie de posibilidades nuevas
para la elaboración de una ciencia que tuviera por objeto
llegar al conocimiento de las notas esenciales de la poesía,
estudiadas por Valéry en aquella ocasión a propósito del
desarrollo de una teoría poética que partiera del significado
etimológico de la palabra poesía, que en griego significa crear,
cuya meta fuera obtener una filosofía de la poesía, dió origen
a lo que hoy es la Teoría Literaria.
Servían a los fines de la Teoría Literaria casi todas las
ciencias culturales: la retórica y la preceptiva como estudio
de la materia de la poesía, la psicología como investigadora
de las emociones y los estímulos tanto creadores como contemplativos, la sociología como estudio del hombre como entidad social indivisible de• la comunidad y como consideración
de la obra en cuanto es reflejo de la comunidad en que vive
el artista y por último la filosofía con sus consideraciones universales sobre el arte, materia de la estética.
Todas estas ciencias resolvían en común las grandes cuestiones de la Literatura que antes no habían sido planteadas:
la esencia de la poesía, el análisis y estudio del acto generador
&lt;le la misma en su aspecto emocional y en su aspecto técnico,
~l estudio del estado emocional que origina la intención poética, la consideración de las dos actitudes posibles ante el
poema : la generadora del poema que termina en él y la valorativa, que comienza con él, pasando por los desarrollos y
formas de producción en la primera de ellas, y estudiando en
la segunda la apreciación objetiva y la comprensiva en la
contemplación de la obra de arte, y la consideración de la
intención como generadora de valores poéticos involuntarios
para el autor; con el auxilio de estas investigaciones la Teoría
Literaria supone a la elaboración de una lógica imaginativa,
distinta de la racional, con cuyas luces se pueda llegar al conocimiento de la poesía y de su enlace con la teoría universal
del Arte sin profanar el misterio mismo de la poesía como
expresión más pura de la idea, como explicación más comprensible, aunque menos explicable del universo y de la vida.
La resolución y explicación de estos problemas es la tarea
de la Teoría Literaria, el mejor equipaje del hombre en el
camino del Arte a la búsqueda de la verdad.

.

A

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¡, En dónde estamos vivien1dmoien o tde gran sentido filosófico.
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·

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~quello es novela, lo nuestro e .
.
.
sabe~ que una es nuestra vida u s vida, suele _dec1rse, sin
destmo, y la otra es aquélla tq \P,ºr ser gregana olvida su
d~rse, .ª veces, de su destino '10 ~~ ien nue_st,ra, que sin acorvivenc1a social, novela le llamam mple .. Vida es nuestra conabsoluta con nosotros mismos o ~s
miedo ,de la convivencia
do con nuestra conciencia 'Todon os demas, pero de acuer.no_vela; unos la vivimos oiro 1 os te~emos nuestra propia
mas aproximado que la frase 1e ª¡.~~nben, adern~s. Esto es
i e; unos escnben la no-

ªl

Año I .- Núm. 11, Noviembre 30 de 1944
-51-

�52

\'ida y Novela, dos Formas de la \'erdad

vela que no pueden vivir y otros viven la novela que no pueden escribir. Hacer nuestras las incidencias que no son autobiográficas, es también vivir en rebeldía con un destino que,
en algún sentido, se ha negado a ser heróico y que hay que
superar.
Los filósofos dicen que la vida es una oscilación entre el
ser y un deber ser identificado con un querer ser. La vida
es pues el trayecto, y cuando éste es más rico en posibilidades
que en realizaciones, la fuerza de la vocación se vierte por el
camino de este intencionado deber ser. Así resulta el arte de
verdad, la novela que hace vida de lo que no es, que llega a
la verdad por la mentira, por este deber ser intencionado que
resulta una más humana, aunque no siempre amable realidad.
Esto, podrá objetársenos, no es la verdad; pero el ser y el
deber ser sí lo son. Todo lo que es ser, en realidad o en posibilidad -en verdad dinámica que está haciéndose, en verdad
de tiempo hacia el futuro y no de espacio y del presente únicamente- es la verdad madre del escepticismo egregio o del
optimismo endeble.
La novela, como forma de vida, es por sí sola un camino
a la verdad que, cuando se agota, agota también la curiosidad
por ella. Humana al fin, como verdad del hombre, mue1·e con
éste. Se realiza en su propia búsqueda para que el hombre
pueda realizar su vocación y cumplir su destino. La novela
es la vida, dijÜnos, pero novela es también historia, la historia
de las posibilidades negadas, a veces, a todos los hombres.
Una historia que, paradójicamente encuentra su filosofía en
la negación de las realizaciones, que también tiene sus índices
de progreso con respecto al tiempo y que hace posible el conocimiento de una vida que al hombre es tan propia como la
que hace en sociedad, aunque no sea sino verdad íntima y
propia de la que en realidad no hacemos uso nunca, pero a
la que guardamos la mejor fe.
Crítica es la época en que el hombre tiene que abandonar
su fe en la solidaridad social para hurgar dentro de sí en
los estratos insospechados de su manera de ser. Esto sucede
cuando el fruto de la conveniencia social el desengaño de
todas las creencias y de todas las promesas, en una angustia
por reconocer la auténtica. No es casual que sea entonces que
la religión, que proporciona un proyecto de salvación individual, gane adeptos; y los que en medio de la religión dudan
alguna vez, que son todos, van con los demás a un escepticismo
negativo que conduce a la resignación y a la desesperación.

Edmundo Alvarado Santos

[

53

~~rse cuuenta ~e q~e en la solución al problema de la
vocac1on Y d~l dest~o _tienen r esponsabilidades importantes
tanto la prop!a _conciencia, como la entidad social, es la clave
en el descubrimiento de una solución a los problemas del hombre ; pero hay que comenzar por tomar de nosotros mismos
aquell? qu~ no e~ d,a~le quitar a la sociedad so pretexto de
un obJetiv1smo h1storico.
Esto sucede en la novela -en el arte, para decirlo de una
vez- c_o1:10 ~n toda manera de vida posterior a la guerra : un
desqmc1_am1ento del espíritu, una crisis que como actitud vital
proporc10na desesp~r~das soluciones provisionales que cuando
c?ndu~en al escept1c1smo negativo pueden llamarse existenc10nahsmo, o de cualquier otro modo.
Año V - Núm. 10, Octubre 31 de 1948

�IV
TEORIA DE LA UNIVERSIDAD
JUSTO SIERRA Y EL PENSAMIENTO
MEXICANO
LA CRITICA DE LA REVOLUCIONMEXICANA
DISCURSO EN EL SEGUNDO ANIVERSARIO
DE LA MUERTE DE ANGEL MARTINEZ V

�TEORIA DE LA UNIVERSIDAD

CUANDO la Universidad constituía
un acc~dente de la vida social, cuya existencia trascendía a los
propósitos fundamentales del grupo en que vivía, estaba de
moda hacer toda especie de justificaciones teóricas para su
existencia. Dada como un fenómeno aislado en determinados
pueblos en la que, como en los monasterios, alentaba la cultura, defendida de la barbarie por unos muros que si bien
la preservaban de ella, la preservaban también lamentablemente, de la vida normal de la humanidad.
'·

Ante la existencia medieval, la Universidad tuvo que ser
un foco aislado de las luces humanas, viviendo de su propia
just~ficación que la hacía intocable, y ajena a toda concepción
que no fuera la de su propia tradición y la de la tradición de
la Cultura Universal, abstracta e impersonal; enclaustrada de
tal manera que sus alientos apenas servían para darle la satisfaccign de gozarse en sí misma.
El advenimiento de la época moderna, a la vez que la
constitución de las naciones, trajo consigo la primera gran
transformación de la cultura. Fincándose en las tradiciones
locales, la Universidad amplió su acción a la comunidad, nacional unciéndola con sus graves e inusitados desarrollos científicometafísicos, que en realidad nada hacían por la vida social. Ella seguía siendo aún, por encima de la sociedad. el
encastillamiento de una cultura que era patrimonio exclusivo
de los elegidos del poder o de la fortuna.
Sólo el advenimiento de la mecánica y de su gran influencia en las tr;ansformaciones sociales, que logró que la cultura
se transformara, si no en el arma de la defensa, sí en el arma
-57- .

�58

Teoría de la Universidad

del progreso, hizo que la UniYersidad se reprodujera en el
mundo y abriera sus puertas a la clase optimista que llegaba
por la democracia liberalista hasta el poder. Su primera acción desde el punto de vista social fué, a la vez que el conocimiento de la ciencia aplicada, la enseñanza de la teoría social
acorde con la ideología egoísta que patrocinaba las conquistas
del poder y el avasallamiento de los demás grupos.
Después de la primera guerra mundial una crisis grave
y alarmante se apoderó de la Filosofía e influyó todos los
dominios de la cultura. Los pensamientos que presidían el
conocimiento universal cayeron estrepitosamente sin dejar un
indicio de certeza sobre el que pudiera fincarse una nueva
idea fundamental que permitiera dar un sentido a la ciencia·
y a la conciencia. En la Universidad, esta crisis originó la
gran revolución. Hubieron de abandonarse viejos caminos y
prestigiosas tradiciones. La necesidad de sobrevivir al cataclismo hizo que la Universidad se ligara a su tiempo en busca
de su camino ; y cuando aún no recuperaba su estabilidad fue
ya el clima que desde entonces, a su pesar posiblemente, y
para siempre, alimentó el gérmen constante de la evolución
y la revolución de las comunidades humanas. Si antes como
fenómeno esporádico, la Universidad fué la cuna de alguna
transformación de la sociedad, desde entonces su destino se
ligó de tal modo a la sociedad que el retorno es imposible.
En Hispanoamérica, la Universidad presidió la transformación de la conciencia política de las naciones y conquistó
para sí un lugar eminente en la existencia social, y en Europa,
donde las tradiciones tenían demasiada fuerza, se vió penetrada por las inquietudes sociales que la encaminaron hacia
una participación importante en la conducta de las naciones.

59

Edmnndo Alvarado Santos

en la época moderna con los grandes descubrimientos de la
mecánica aplicada que apresuraron la marcha del progreso
de los pueblos. Finalmente la crisis de la primera "'Uerra y
la angustia del clima bélico que vivimos han hecho 1: indisoluble liga de la Univer1:,idad y de la Sociedad.
Si antes, en la história la Universidad vivió fuera de su
tiempo y alejada del leit-_motiv del progreso universal que es
la vida humana, ahora vive su momento con las inquietudes
humanas, compenetrada de la angustia fundamental de la vida
social de nuestro tiempo.
Pasó el tiempo en que se creía que la cultura podía i(J'norar
el desarrollo de las ideas políticas, y que la Universidad° podía
sustraerse a las aventuras de la historia. Si al(J'una vez se
pensó en limitar cómodamente la misión de la Universidad
a la formación de la conciencia y a la guarda y conocimiento
de la cultura, esta idea habrá de abandonarse definitivamente.
Si la cultura tiene que mantener los frutos de la inteligencia
del ho_mbre, ~ entre ell?s h~ de considerarse su inquietud por
una vida meJor, la Uruversidad tendrá que contribuir decisiv~men~e en la solución de los graves problemas de la existencia social y superar en sus desarrollos las limitaciones de los
nacionalismos absurdos que deberán sacrificarse siempre en
aras de la universalidad y de la vigencia de mejore~ principios
sobre los cuales la humanidad pueda fincar su época un mundo
y una vida más felices.
'
0

Año III - Núm. 8, Agosto 31 de 1946

Con el nuevo sentido adquirido por la cultura, que abandonaba la investigación y la creación como fines autónomos,
para transformarse en un generoso medio propiciador de una
vida mejor, la Universidad examinó su vida hacia la consecución de los más preciosos fines de la existencia social.
Tres etapas importantes ha vivido la Universidad hasta
nuestros días. Estudiando primero la organización del conocimiento y el conocimiento de la realidad material en la Edad
Media. Interesándose por la vida y por la conciencia de los
hombres, la Universidad finiquitó sn primera etapa.
Con el conocimiento moral del individuo y de las grandes
explicaciones del mundo y de la vida incia en abstracto el
conocimiento de la humanidad que viene a ser interrumpido

1
1

1

�JUSTO SIERRA Y EL PENSAMIENTO ME,XICANO

POCOS hombres conocen la historia
de la inteligencia mexicana cuyo pensamiento sea de las proporciones del de Don Justo Sierra. La universalidad de su
inquietud intelectual alcanza, como muy pocas, un horizonte
al que no escapan siquiera los espejismos que van a constituir
el México posterior a su tiempo.
Se dice que es humanista aquél al que ninguna de las
inquietudes del hombre es extraña; y para el que cualquiera
perspectiva de desarrollo humano debe ser acogida con amor
y con fe. Los humanistas fueron, en principio, aquellos hombres que al borde del Renacimiento descubrieron, con la cultura de los antiguos greco-latinos, la libertad del hombre para
su total desarrollo hasta úna meta diferible eternamente en
la historia1, porque el hombre es el único responsable de su
propio destino : y con este descubrimiento, encontraron, en
el hombre mismo y en su desenvolvimiento integral, el máximo sentido de la cultura.
Desde este encuentro del hombre con el hombre, el humanismo representa un largo martirologio cuyos momentos más
lúcidos son el Enciclopedismo, la Ilustración y otras culminaciones del espíritu que reiteran siempre la fe en el hombre y
en sus posibilidades. Por eso, después del principio, los humanistas fueron quienes siempre buscaron, en cualquiera de los
planos, aun en el de la convivencia social, la mayor posibilidad
de salvación para el hombre. Al amor por la cultura, como
residuo de la inteligencia. activa de la humanidad, del primer
humanismo, se agregó el amor al hombre, como autor de una
obra de la que él mismo es culminación. Un hombre que resumía estas dos categorías del hmanismo fué don Justo Sierra.

�62

Justo Sierra y el Pensamiento Mexicano

No es exagerado decir de él, que vivía en el entusiasmo de las
cosas humanas. Por él se hizo educador y llegó a ser, en el
ejercicio de un magisterio genial, que excedía a la cátedra,
el hombre que vibraba en el pensamiento joven de toda la
América próxima a 1910.
Como los auténticos maestros, Justo Sierra comprendió
que era necesario el estudio de la experiencia total de la humanidad para el conocimiento de los hechos y de los hombres.
Supo, puesto ya en este camino, que los valores que determinan este conocimiento son inmutables cuando señalan acontecimientos y son variables cuando estos acontecimientos son
a su vez determinados por la conciencia de los hombres. La
Filosofía de la Historia ha declarado ya que aun los hechos
históricos obedecen a una regularidad condicionada por la
temperatura de las inquietudes humanas. En esta virtud, los
valores varían según la idea del mundo que determina la conciencia social de una época. Así, lo que en un tiempo determinado es bueno y justo, deja de serlo si en el concepto de
la ideología social es otra aspiración lo que dá contenido al
valor. Este cambio esencial en el contenido del valor influye
de tal modo en su apreciación que le hace variar de lugar en
la jerarquía de las consideraciones humanas. Así, hubo épocas
en que la virtud fundamental er&amp; el bien, hubo otras en que
se estimó la belleza y la sensualidad y otras en que la justicia
social determinó las aciones de los hombresc y de los pueblos.
El aprendizaje de esta relatividad de las jerarquías conduce
a la idea de que los valores no pueden entenderse en una
pureza abstracta, y que deben siempre referirse unos a otros
hasta lograr unidades de conciencia. Estilan muchos filósofos, en sus explicaciones, decir que no importa que lo bello
sea útil si es realmente bello, o que lo bueno sea justo, si es
bueno; dan con esto a entender que el valor es valioso por sí
mismo. La historia, maestra de la vida desde los tiempos de
Cicerón, demuestra que lo que hace valioso un determinado
valor, es la unidad de conciencia que proporciona un todo
armónico en el cual las partes pueden destacarse sólo en función del todo sin el cual no es posible concebirlas, y este todo
es el hombre, la residencia del valor, la razón de ser el valor
el ser único en función del cual el valor es valioso. Armad~
de estas reflexiones, Justo Sierra explicó la Historia Universal
y escribió la historia mexicana como auténticas lecciones del
hombre para el hombre. Hizo sentir que lo fundamental era
la inteligencia humana, gestadora de todos los acontecimientos históricos y responsable de los mismos, por eso en Justo
Sierra la Historia era el estudio de la experiencia de la humanidad que él completaba con el doble análisis del marco de

Ednmndo Alvarado Santos

63

los acontecimientos y de la época que vivía el mundo cuando
él ejercía su cátedra; por eso vivió con toda la plenitud de
su humanidad el momento político del México de sus días, y
como tuvo, como todo maestro, la virtud de la serenidad, al
juzgar a su patria escribió una historia que al decir de_ Alfonso Reyes, no se dolía ni del resquemor para los vencidos,
ni de la vanidad de los vencedores. Nadie mejor que él, que
vivió todas las inquietudes del espíritu y ensayó todos los caminos de la verdad, desde el de la ciencia hasta el de la
poesía, para explicar a los mexicanos el sentido de la vida
de los hombres.
Dn hombre que llega a estas alturas, irrumpe en la Filosofía como conquistador. Justo Sierra no fué un ejercitante
asiduo de las inquietudes generales del hombre, pero, en su
humanismo, penetró en las disquisiciones del pensamiento filosófico en busca de esa explicación que responde con la voz
de Edipo
todas las preguntas. Así el maestro se internó
en el mar proceloso de la Filosofía siguien~o el ca~i~~ de
la historia. Conocedor del mundo de los griegos revivio en
su espíritu las inquietudes de Parmenides, de Sócrates, _de
Platón. Así desbubrió los dos Aristóteles, el de la escolástica
y el auténtico, y siguiendo el camino de las _Peripecias del
pensamiento, atraviesa edades e i_deas y reflex~ona sob~e las
modernas inquietudes del pensamiento que se siente obligado
a inyectar en el escloro~ado ambiente del positivismo mexicano convertido en instituciones corrompidas, en pensadores
egoí~tas y en ciencia equivocada, por haberse pasado de su
tiempo.

a

La angustia de Justo Sierra, se veía ya, por los años próximos al Centenario de la Independencia Mexicana, a punto
de encontrar camino. Las letras buscaban desahogo en la independencia de toda paternidad, apoyándo_se e1: la inspi~a~ión
francesa que cautivaba al decadente refmam1ento porfmsta.
Al amparo de un entonces extraordinario joven: Antonio Caso, reuníanse en modesto cenáculo : Alfonso Reyes, Pedro y
Max Henríquez Ureña, José '\Tasconcelos y tantos otros, a pensar o repensar, mejor dicho, el pensamiento de la _humanidad,
a informarse, por debajo de las formas convenc1onale~ _Y el
r ecato silencioso -que no había de mover- del mundo espmtual
de aquellos días. Qué gozo debe haber sentido entonces aquel
atleta del pensamiento mexicano, qué temblor debe haber recorrido emocionado su cuerpo al ver en el mortero del pensamiento nacional la materia de su gran obra. Justo Sierra, sin
embargo, se mantuvo apartado del grupo, él vivía ya la soledad que presagiaba su gran obra.

�64

Justo Sien-a y el Pensamiento l\Ie~icano

En 1905 llega el maestro al Ministerio de Instrucción Pública. Encuentra el panorama cultural de México destrozado
en experiencias y en el anquilosamiento de las viejas formas
pedagógicas. Reorganiza la instrucción primaria, impulsa la
educación de los maestros, y al cabo de poco tiempo, Miguel
F. l\Iartínez, Enrique Robsamen, Leopoldo Kiel y más tarde
Pablo Livas, maestros de banco de distintos rumbos de la República, distinguidos a cual más polemizan sobre las reformas
a la educación mexicana, bajo el patrocinio de un Justo Sierra
cuyo nombre ya excedía fronteras y océanos. Fue uno de los
más grandes educadores mexicanos, si no el mayor.
La soledad, decíamos, rodeaba ya al maestro. Soledad
de aquél que viendo má5 que los demás los excede, del que
comprende demasiado, del que se adelanta a su tiempo, de la
inteligencia extraordinaria. En ella concibió el proyecto máximo : dar vida a aquel viejo instrumento olvidado del régimen, fragmentado y mediatizado en prácticas rutinarias que
olvidan los progresos de la técnica y la inteligencia; la Universidad de México. Así, y aprovechando las conmemoraciones del centenario, un día de gloria, y apadrinada por eminentes y vetustas instituciones, vuelve a la vida, con un mejor
sentido, aquella vieja e inútil Real y Pontificia Universidad.
En el discurso inaugural, Justo Sierra clausura definitivamente
una época de la educación mexicana y se adelanta, casi en
minutos, a la aspiración, vertida ya de muchos modos en el
país, a un ambiente mejor. Ese era el fin de su obra de educador: la restauración de la casa del pensamiento y la institución en ella de la Filosofía que tras el traspiés del siglo
XIX, volvía a instaurar la fe en el hombre y en la búsqueda
de la verdad.
Dicen muchos que Justo Sierra terminó por ser un escéptico; en realidad no lo fué. Fue aquella soledad de su inteligencia magna, la que le hizo aparecer así, después de entender
y vivir un poco todos los caminos del pensamiento. Fue que
disolvió en el amor de su obra, que ya caminaba sola, todo
el amor que un hombre tiene para dar a las cosas humanas,
fue que ya les iba tocando hablar a otros que habían, de alguna
manera, vivido a su amparo. Justo Sierra fué una estrella
indispensable en el horizonte del pensamiento de América, todos los mexicanos le debemos, aunque sea remotamente, un
poco, por eso, como dice Alfonso Reyes, todos los mexicanos
aman y veneran a don Justo Sierra.
Año V - Núm. 1, Enero 31 de 1948

LA CRITICA DE LA REVOLUCJON MEXICANA

r

U

NA nueva inquietud hacia los grandes problemas nacionales que late en la conciencia de los
mexicanos desde hace algún tiempo apremiándoles a adoptar
una actitud crítica hacia la última y más importante etapa
del desarrollo histórico de México, la Revolución Mexicana,
ha hecho que los hombres de las más diversas edades y tendencias se reúnan a considerar las realizaciones del movimiento social que aún nos envuelve y a buscar, con gran fe en el
porvenir, nuevos cauces al progreso del pueblo mexicano.
Los universitarios primero y luego los intelectuales, se
han constituído ya en revisores de la doctrina política de la
Revolución, no por considerar que ésta haya cumplido sus
objetivos, o haya fracasado, sino porque han encontrado en
la trayectoria social del país la necesidad de uniformar la
actitud que ésta ha de adoptar hacia el nuevo panorama internacional surgido de la terminación de la guerra, las influencias de éste en la corriente progresista mexicana y la traye·ctoria que con estos motivos ha de seguir la Revolución en el
próximo momento. Esta consideración de los problemas nacionales no es original de nuestro país. Todos los pueblos de l'a
tierra viven esta crisis política de la que ha de resultar una
estructuración mejor del mundo que todos ansiamos y UÍl
reflorecimiento de los valores humanos que el desencadenamiento de la bestialidad imperialista en la más tremenda de
su formas ha puesto en crisis.
Contra el pesimismo conservador que piensa que este juicio sobre la revolución es prematuro, es necesario pensar que
el tiempo no sé detiene y que si hoy los mexicanos se decide;n
a intentarlo es porque la urgencia de nuevos problemas y d'é
'· 11 ··

-65-

�Ellmundo Alvarado Santos

La Crítica de fa Revolución Mexicana

una Yida más acorde con las circunstancias nuevas, obliga a
apresurarnos para no ser barridos por las circunstan~ias que
están va encima de nosotros y a las que es necesario hacer
frente· para poder ser los autores de nuestro propio porvenir.
Esta actitud crítica hacia nuestros propios actos impone
un yalor a toda prueba para reconocer que en los mejores de
sus aspectos la Revolución se ha hecho muchas, -y_eces ~ pesar
de los revolucionarios. Esto que parece paradoJico, tiene su
justa explicación en el hecho de que ~a Revolución re?asó las
preYisiones de los autores de su doctrma y de sus realizadores
por haber tenido su origen en los más remotos períodos ~e
nuestra historia y por la heterogeneidad de los factores sociales que en ella intervinieron. Ellos son el motivo de la marcha
actual de la Revolución.
' .' ' )Iucho se ha dicho del agrarismo y de la legislación del
.tr:~bajo, pero mucho, más puede dec_irse a:11n si se piensa que
a,un el programa mmimo del Partido Liberal elabor~do . ~n
i~06 no se cumple todavía, y que el proc~so de su ~eahzacion
ha de wrse complicado con las nuevas circunstancias que la
época nos obliga a vivir. Cierto es que el prograi1;1a d~ la
~evolución se ha ido improvisando porque no ha habido ~iempo de hacerlo de una vez y porque,_co~s~derad_a s revolucionarias las aspiraciones populares de JU_sticia socia~, 9-ue surgen
merced a nuevas circunstancias, ha sido necesario mcorporarlas en el ideario del movimiento progresista mexicano.
, La guerra ha proporcionado, a ~a vez, que una esp~cie de
tregua en la lucha popular, un motivo mas para . ampliar los
horizontes de las aspiraciones sociales de los mexicanos; pero
es tal el caudal que la liberación del fascismo proporc1on~,
qiie es menester meditar, sin abandonar la lucha, en una actit~d única que ante lo~ acontecimientos presente y futuros los
mexicanos podamos asumir una ideología ac~rde a la vez con
nuestra calidad de mexicanos y con esa calidad de hombres
que aspiran a hacer del mundo una morada mejor, en d~nde
~l hombre pueda desarrollar libre de temores y del peligro
del hombre los mejores atributos de su personalidad.
La crítica de los hechos sociales lleva siempre consigo el
propósito de superar el momento que _se vive, sea porque _n1;1~vas circunstancias hagan esto necesario, o porque las posibilidades humanas facilitan una oportunidad para dar un paso
adelante en la vida de los pueblos. Lo primero es la urgencia
de°'ia Yida y lo segundo es la abundancia de la mi~ma. En
nuestro país, en donde todas las cosas toman ese giro paradójico, característico de su manera de ser, suceden las dos

'

.

67

cosas : por una parte la circunstancia histórica nos obliga a
vivir y por otra vivimos un momento especial de integración
y realización de nuestra nacionalidad que da al pueblo mexicano una vitalidad y una madurez nunca antes alcanzadas,
dentro de su evolución histórica. Si por una parte debemos
vivir el pr~x~mo momento social como éste sea, por la otra
queremos v1v1rlo y hacerlo a nuestro gusto y para nuestra
satisfacción.
La crítica de la Revolución :Mexicana y lo que de ella
salga nos proporciona esta gran oportunidad. Por lo pronto
estaremos a salvo de los errores del pasado, conocemos el movimiento social en todos sus factores, sabemos que la doctrina
de la Revolución, improvisada al principio y sobre la marcha
de los acontecimientos, ha adquirido caracteres de solidez que
la hacen sobreponerse por sí misma al pasado, sabemos lo que
de ella se ha cumplido y lo que está por cumplirse aún, hemos
logrado explicar las complicaciones que han sobrevenido en
ella por la evolución social de nuestro pueblo y confiamos en
que somos capaces de salvar todos los obstáculos en el camino.
Este suceso sin precedente en el pensamiento nacional; en
el que todos los mexicanos participan, abre la puerta de una
nueva época. Es como si en una posada de su gran camino
el pueblo de México se hubiera detenido a cambiar cabalgadura. Si vivimos momentos críticos es porque nos hemos dado
cuenta de que es necesario superarlos. Si somos capaces de
enjuiciar nuestros actos, aun a costa de encontrar en ellos los
errores más criticables, es porque somos capaces de vivir mejor
y porque estamos en posibilidad de participar en la hechura
de nuestro propio destino.
Superada toda actitud dogmática y reconociendo que si
el hombre está en el camino de la vida es para vivir suro-e
por sobre cualquier fe, la fe en el hombre. Este es el m~mento
que vive el pueblo mexicano de frente al porvenir.
Año II - Núm. 11, Noviembre 30 de 1945

�DISCURSO EN EL SEGUNDO ANIVERSARIO DE LA MUERTE
DE ANGEL MARTINEZ VILLARREAL

VOY

a tratar de hablar de Angel Martínez Villarreal, un hombre que en vida fué muchas cosas:
Un Universitario, el más distinguido que ha producido la Universidad de Nuevo León; un médico eminente y, sobre todo,
un hombre de su tiempo. Los hombres como él es difícil definirlos y lo mejor que podemos hacer para lograr dar una
idea de ellos es, a veces, decir sólo su nombre. Angel Martínez
Villarreal fué eso: Angel Martínez Villarreal.
El estudio de los hechos sociales y de la historia como
conocimiento de la experiencia de la humanidad tendría que
concluir, al referirse a la influencia de los hombres en las
transformaciones de la sociedad, con un juicio como éste : el
hombre vale en la Historia cuando su acción o su pensamiento
deciden la conducta de sus contemporáneos. La personalidad,
desde este punto de vista, no viene a ser otra cosa que la medida en que la acción y el pensamiento del hombre influyen
en los acontecimientos sociales. Sólo los hombres que son
capaces de esto tienen el derecho a la Historia como inventario positivo del progreso humano.
Los héroes no son otra cosa que los convencidos de que
la vida tiene sentido solamente en relación con lo que ella
significa para la sociedad en que viven. Si no es verdad absoluta que, como dicen algunos pensadores, la historia de la
humanidad se encuentra en la vida de los hombres ilustres,
sí lo es a veces, cuando el hombre no tiene otra preocupación
que la sociedad en que vive, y cuando su manera de vivir
importa a los demás.• Pues bien, todas estas cualidades del
-69-

�70

Discurso en :\Iemoria de Angel :\lartínez \'illarreal

hombre de la Historia las poseyó Angel :Martínez Villarreal.
Su vida es el único ejemplo de que se dispone lo que debe
ser un hombre de esta especie.
En el sentido filosófico habría que agregar al héroe otra
cualidad necesaria: El hombre vale en la Historia por el valor
que su memoria tenga para la sociedad en que vivió. Sabemos de Sócrates por la memoria de sus discípulos; sabemos de
Angel Martínez Villarreal por la responsabilidad que nos dejó
y por el ejemplo que su vida significa para los que, sedientos
de Justicia Social, se sienten deudores de su pueblo.
Pero hay más: Nada valdría la vida positiva de un hombre si no dejase vivos, en la sociedad, su obra y su pensamiento. Perdería su sentido toda entrega, por generosa que
fuera, si no lograra un fruto. La entrega de Angel :;\fartínez
Villarreal a su tiempo está fructificando. El fué el organizador y el maestro de varias generaciones. Su escuela fué más
fecunda porque no fué ejercida exclusivamente en las aulas;
su fruto tiene mayores posibilidades porque aquél que lo quiso
escuchó su palabra y participó en su obra.
Lo difícil del retrato de los hombres cuya vida da sentido
a una época, consiste en que, aun estudiando la fisiología del
héroe, no es posible desentrañar totalmente el significado que
para él tuvieron su pensamiento y su acción. Nunca el lenguaje es más inútil que cuando pretende servir para un retra- .
to. Sólo en los poetas es dada la facultad, si no de decir, sí
de hacer sentir lo que una cosa tan grande, como la vida, el
pensamiento y la obra de Angel Martínez Villarreal significan. Y el poeta vendrá un día. Mantengamos nosotros mientras tanto la herencia del maestro, y asumamos la responsabilidad que ella pone sobre nosotros.
Inútilmente he tratado de decir quien fué, y que es, Angel
Martínez. Conocemos su vida y su obra, pero su personalidad
es más que eso. A los hombres así, sólo se les conoce en la
medida en que se participa de su obra, y a los que pensamos
• como él nos falta mucho por hacer.
Los universitarios de Nuevo León tenemos una deuda
para con él qué pagaremos sólo cuando hagamos de la Universidad aquella casa que mantiene el espíritu del pueblo el
deseo constante de realizar su destino. Tal es la tarea que
nos dejó el maestro.
Hoy, en el segundo aniversario de su muerte, invoquémosle con las palabras de Jesús: hombre, hombre, hombre eso
fué en el absoluto sentido de la palabra Angel Martínez Villarreal.
.Año IV. - Núm. 4, Abril 30 de 1947

Gerardo Cuél!ar / EDMUNDO DEBIERA ESTAR AQUL
f ,

~ ,

RESPIRANDO...

.

' ..

, .
AQUEL verano pensé que los melones
er~n mas J,ugosos,. más aromáticos y más sabrosos. Una chiquilla. e~tro de prisa y pidió la mitad de un melón con nieve
de ~a1mlla. El hombre de la barra partió el melón y todos
pudlDlos. olerlo. Y _cuando la muchachita salió, todos estábamos C?m1endo lo. ~1smo. Así se puso de moda, creo el melón
con meve de vam11la.
'
Es una cosa maravillosa estar en el mundo, sin pensar
qu_e algo, en algun~ parte de nosotros, ha comenzado a pu~rirsN Y ª11:1 pens~ndolo, es maravilloso estar aquí, respiranº· o sabr1a decir si es más grato el sabor de un melón
que e~ recuerdo que me trae de épocas idas. Eran buenos aque~
llos tiempos, mas.los actuales no_lo son menos. No estamos ya:
todos Y eso es t~1ste; pero la _tristeza y la alegría, la maldad
Y la bon?ad, la mgratitud y cien, mil, cien mil O un millón de
cosas mas, son las que hacen a este mundo maravilloso. y 0
e~toy muy contento porque todavía respiro en el mundo y
porque puedo estar triste cuando recuerdo a los que deJ· aron
de hacerlo .
lt

. ~~ amigo Edmundo murió antes, años antes de su muerte
defl:mtiva. Y o c::,eo qu~ lo conocí ya muerto. Y creo que siguió•
naciendo Y muriendo Junto con nosotros iaual que nosotros
en cada sístole y en cada diástole, hasta qu~ hubo un instant;
e1;1 que no pudo nacer ya más, fue hasta entonces que lo per
dimos.
.,
. Recuerdo que caminábamos mucho. Una noche nos detuvimos en una esquina y él me dijo:
-71-

�72

Gerardo Cnéllar

Edmnudo Debiera Estar Aquí

Su ropa indicaba que venía de algún lugar donde hacía frío
y Edmundo me dijo:

-Estas tres cuadras que siguen, son las más feas que tiene
l\Ionterrey. Si rodeamos por la otra calle, te digo el "Prometeo
Süilítico'.
Y lo dijo. Así conocí los primeros versos de Renato Led~c.
También le escuché silbar una sinfonía y declamar el meJor
de sus sonetos que cada vez era uno distinto. Los escribía
en la mesa 19 del Café "La Superior", en servilletas que luego
rompía en mil pedazos. Creo que todos sus sonetos se fueron
con él. Tal vez los recuerden las calles que muchas veces los
oyeron. Y o no los recuerdo.

-Sabes quién es ese hombre 1
-:No sé -le dije.
-Es mi hermano José -me contestó-. El no es abogado,
ni juez, ni maestro universitario, pero es mejor que yo. Un
día me voy a ir a México como él.
- ¿Pues qué quieres ser tú? -le pregunté.
-Un "fregononón", -me dijo.

En ese tiempo me hubiera hecho comunista, si a Samuelillo no le hubieran apestado los pies; si no hubiera visto a
Rosita haciendo del excusado en aquella letrina y, sobre todo,
si no hubiera conocido a Edmundo. Era una cosa desesperante. Era el tiempo en que la astilla comenzaba a entrar
en· la carne.
Sin embargo todo se fue haciendo más claro. Aquella
noche Edmundo habló mucho y nosotros callamos. Y o le entendí todo, cuando él habló de todo y esa noche me convencí
de que estaba muerto. Pero tuve miedo de decírselo a alguien.
Desde entonces él fue el guía.

Pasó el tiempo. Un día, un hombre llamó a una puerta y
otro hombre salió. Este último era el hermano de Edmundo,
que se vio frente a un fornido hombre de campo, blanco, rubio,
quemado por el sol, vestido con ropa de trabajo, con las mangas de la camisa remangadas, que le habló de esta manera:
-Sé que el abogado está muy malo. Y o quiero darle toda
la sangre que necesite y que a mí no me haga falta. No me
pregunte por qué.
El que llamó a la puerta cerró los puños y mostró las
venas de sus antebrazos al hombre que salió a recibirlo. Entonces éste rompió a llorar y no pudo pronunciar palabra.
Su corazón, tan grande como su cerebro, lo ahogaba con sus
latidos. Nada quedaba ya por hacer y el otro lo entendió.
Sin decir una palabra, se alejó y dejó a aquel hombre llorando como eso: como un hombre.

Es una cosa que sucede en menos tiempo del que se empiea para pensar que va a ocurrir. Todo pasa apenas un
instante antes de la muerte definitiva. El hombre se va hasta
él' principio de la vida y comienza a ser su manifestación primaria, para terminar siendo el hombre. Es como una, casca~a
que tiene fin y el fin es aquella muerte. Por eso tema razon
aquel hombre que dijo antes de morir: "ahora -yoy a saberlo
todo". Porque lo supo todo, antes de convertirse e.n nada.
El error de él fue pensar que lo sabría después de muerto.
P ero eso no tiene nada de notable, porque nos ocurrirá
a todos. Sin embargo hay hombres a los que los asalta la
muerte y ello puede ocurrir en cualquier pueblo. Hon:bres que
e¡1 ese instante comienzan a ser células, son protozoarios luego,
sQn batracios después y finalmente siguell: siendo h?mbres.
Yu.elven a nacer en ese instante y luego siguen muriendo Y
naciendo cuando ya lo han sido y lo han sabido todo. Esto
debe haberle pasado a Edmundo, años antes de que yo lo
conociera, en cualquier lugar.
Una vez llegó un hombre peludo de las cejas, de tez blanca, bigote menos peludo que las cejas, que caminab~ con _el
estómago echado hacia adelante y los hombros hacia atras.

73

Yo quisiera que Edmundo hubiera estado con nosotros
aquel verano en que la niña aquella pidió en el Café "La
Superior" un medio melón con nieve de vainilla. Y o quisiera
que Edmundo viviera todavía. Es una cosa maravillosa estar
en el mundo. Es maravilloso estar aquí, respirando.

q

�ES'rA EDICION CONSTA DE 300
EJEMPLARES Y SE TERMINO DE
IMPRIMIR EN EL MES DE JULIO
DE 1961, AL CUIDADO DE JUAN
ANTONIO AYALA Y ALFONSO
RANGEL GUERRA.

�Myron J Lichtb!au /

LA REPRESENTACION NOVELISTICA DE LA EPOCA DE PERON

LA

ignominia del reg1men peronista
tenía que encontrar voz literaria. Por razones bien obvias
no podía tenerla mientras durara la dictadura; pero una vez
derrocada, el encono y :furia contra la tiranía se encauzaron
en expresión artística. La novela en particular, con su gran
adaptabilidad para la protesta social, ha sido utilizada por
algunos escritores para pintar ciertos aspectos de esta década
entre 1946 - 1955. Juan Goyanarte, de origen español, autor
de muchas obras de ficción 1 que captan la escena contemporánea de su país adoptivo, publicó en 1956 Tres mujeres,2
la primera novela que versa sobre el período peronista. En el
mismo año, unos meses después, Manuel Gálvez sacó a luz
Tránsito Guzmá.n.3 Y en menor escala hay que agregar Las
leyes de la noche de H . .A. Murena,4 novela que contiene, pero
sólo de paso, unas referencias interesantes a Perón y su gobierno. Mi propósito aquí es examinar las novelas de Goyanarte y Gálvez en su doble papel de obras literarias y documentos sociales.
Pero primero unas observaciones preliminares. La década
de Perón recuerda invariablemente a la época de Juan Manuel de Rosas un siglo atrás. En efecto, toda dictadura: tiene
lm denominador común: La destrucción de la libertad y la dignidad humana en pago de un falso beneficio económico y de
una nacionalismo mal orientado. Las atrocidades de la tiranía
rosista animaron la creación del primer cuento argentino y
la primera novela también El matadero y Amalia. Pero en los
dos casos había graves problemas de publicación mientras gobernaba Rosas.5 Por lo que respecta a la dictadura de Perón,
-77-

�78

La Representación Nov_elistica de la Epoca de Perón

parece que ninguna novela de las que quizás fueron escritas
llegó a publicarse ni siquiera clandestinamente durante su
mando, ni tampoco se ha publicado en los últimos años postPeronistas. Las dos novelas tratadas aquí fueron escritas ----y
esto se ve por los hechos históricos narrados en ellas---- durante
los meses de reorganización política y económica que siguieron a la Dictadura.
Aunque la era peronista ya pertenece a la historia pasada, T:r;es mujeres y Tránsito Guzmán no pueden ser consideradas novelas históricas en el sentido propio del término.
Más bien son novelas contemporáneas que narran los sucesos
muy de cerca y sin ninguna perspectiva histórica. Más que
pintores o retratistas del período, más que intérpretes que
reconstruyen una época pretérita, Goyanarte y Gálvez son
observadores que reaccionan íntimamente a lo que acaba de
pasar ante sus ojos. Lo mismo sucedió con Amalia, que tampoco pnede clasificarse como novela histórica. Como Mármol,
aunque de un modo menos extremo, Gálvez y Goyanarte también se encontraban vejados y afligidos por la sombra de una
dictadura. Pero no deseo alargar el punto ni precisar más el
muy eYidente paralelo entre Amalia y estas dos obras recientes, pues carecen éstas del valor histórico-lite:ario de la_ novela de i\'Iármol. Baste con señalar que ellos siguen la misma
pauta trazada por Mármol hac~ un siglo~---es decir, captan un
momento histórico de suma importancia y procuran darle
sello artístico.
¿ Cuál fue la posición de estos dos escritores frente_ al
peronismo 1 Goyanarte, español de nacimiento, se opuso firmemente a la política restringida de Perón, pero su suerte no
fue peor que la de otros millares de argentinos que se veían
obligados a tolerar los abusos de la Dictadura. Pero el caso
de Gálvez es un poco más complejo y obedece a motivos más
arraigados. Ante todo Gálvez es un hombre apasionado: lo
que ama, lo ama con gran sentimiento y vigor: lo que odia,
lo odia con igual intensidad de emoción. Defiende con tenacidad inexorable sus creencias políticas y literarias y las justifica con razonamientos bien pensados. Gálvez es rosista, defensor irrevocable de aquel tirano. Veintitantos años atrás,
impulsado por el deseo de borrar la mancha que rodea el
nombre de Rosas y de aclarar los hechos históricos, se puso
a escribir un libro sobre la vida del tirano y el período en
que viYió. La justificación de su régimen dictatorial, según
Gálvez, se halla en el hecho de que gobernó en una época anormal, de disensión civil e inestabilidad política. Además, afirma Gálvez, si no fuera por la mano de hierro de Rosas. el país

l\Iyron l. Lichtblau

79

hubiera perdido su soberanía econo1mca y hubiera caído en
manos de potencias extranjeras. Mas Perón es de otra calaña
y Gálvez lo condena sin reserva, no admitiendo ninguna vindicación de su mando cruel. Como sabemos, al retornar Gálvez a la fe católica que había renunciado en su juventud, se
mostró sumamente devoto y defendió su r elic,ión
contra todo
0
ataque político y moral. Por tanto, cuando P erón lanzó el
asalto brutal contra la Iglesia, Gálvez reaccionó con una indignación furibunda, como si con estos actos blasfemos el Dictador hubiera llegado al nadir de la iniquidad. Dijéramos
que Gálvez casi no podía aguantar sus otras maldades, pero
e~ bomb~r~eo de templos y la afrenta a la dignidad eclelliástica le lucieron reventar de ira y despecho.6 Y el frut o liter~rio de esta indignación es la novela Tránsito Guzmán, que
tiene_ como tema principal precisamente esta lucha que la
Iglesia sostuvo contra el régimen peronista una lucha que
culminó con el incendio y saqueo de muchos lugares sagrados.
Entre éstos, el Templo de San Francisco se realza en la novela
como símbolo del extremo que alcanzaron los bárbaros ultrajes de Perón. Para Gálvez, este Templo representa algo muy
querido, pues de niño había sido alumno de la escuela franciscana y años ?JáS tarde le impresionó tanto la '7ida ejemplar
del gran franciscano Fray Mamerto Esquiú que se dedicó a
estudiarlo. Y en 1931 publicó una biografía muy perceptiva
de este fraile.
De manera que la novela de GálYez se apunta principalmente a un blanco muy específico y definido---la censura de
los crímenes contra la sagrada inviolabilidad de la Iglesia.
En esto GálYez desahoga su furia. En cambio, la obra de
Goyanarte lanza un ataque más general que alude brevemente
a una Yariedad de aspectos reprensibles del régimen peronista.
Precisamente por esta restricción Tránsito Guzmán adquiere
una intensidad emocional y fuerza dramática que no logra
la novela de Goyanarte. La figura de Tránsito Guzmán la creó
Gálvez para dar vida a su denuncia, y su presencia domina
la obra y la funde en unidad artística. En Tres mujeres no
hay ningún personaje heróico de esta índole: la figura principal es ex-peronista, y una de las tres mujeres a que se refiere
el título, aunque odia de muerte a Perón, es una figura pobremente retratada y sin mucho vigor novelesco. Además
el enfoque general es bien distinto en las dos obras. Goya~
narte prefiere situar la acción central un poco después de la
caída de Perón, y nos hace percibir los años precedentes en
forma retrospectiva; es decir, el protagonista recuerda su vida
ª?terior en el servicio de Perón, y en particular su participación en la vergonzosa contienda civil hacia fines del régimen.

�80

La Representación Xovelística de la Epoca de Perón

Myron l. Lichtblau

81

obra literaria de valor, y no un documento social en forma
novelada. En Tránsito Guzmán Gálvez logró escribir una novela bien construída, artísticamente desenvuelta, y de atractivo
novelesco por encima del interés sostenido por la autenticidad
histórica y retrato vívido de algunos aspectos de la Dictadura.
Recordamos que el valor de Gálvez estriba no sólo en sus
novelas realistas y naturalistas sino también en ,sus novelas
históricas, sobre todo en la trilogía sobre la Guerra de Paraguay. Y aunque no considero a Tránsito Guzmán como novela
histórica propiamente dicha, creo que muestra la misma facul~ad crea~o_ra de combinar hábilmente lo real con lo imagi~ar~o? de utilizar un fondo histórico para encerrar una trama
fic!ici~. Hasta :n una obra de tanta veracidad histórica como
Tr~ns1to Guzm~n, Gálvez novelista impera sobre Gálvez historiador o cromsta. Raras veces pierde Gálvez el sentido de
su, misión artística, y a este fin logra supeditar todos los demas elementos de la novela.

En cambio Gálvez fija la acción unos meses antes de la derrota del Dictador, en aquél período borrascoso desde junio
hasta septiembre de 1955, dando una visión directa de los
sucesos desde el punto de vista de las fuerzas rebeldes, sobre
todo por los ojos de Tránsito Guzmán y su sobrino, el padre
Emilio. Es de notar que Mármol se valió de esta misma
perspectiva en Amalia, en que la época rosista se retrata principalmente desde el campo rebelde, o sea con la mirada vuelta
a los unitarios.
Por ser las dos obras bastante desconocidas, conviene dar
a continuación algunos detalles del argumento para mejor
presentar la crítica. La armazón ,de Tres muj~res es. un proceso legal en que se acusa a Anton Zako de ciertas irregularidades financieras en los fondos públicos cuando sirYió de
enfermero en la jerarquía peronista. La fortuna que así adquirió ilegalmente se la remitió a su madre para poder utilizarla en ocasiones más convenientes sin despertar sospecha.
Surge el conflicto amoroso e ideológico con la figura de
resa, quien se negó rotundamente a tomar p~r~e en la :7ida
privilegiada de que disfrutó Antón como oficial peromsta.
Por despecho Antón contrajo matrimonio con otra. Al prever
la caída de Perón, huyo temeroso de Buenos Aires. Pero a
instancia de Teresa, quien todavía tenía por él gran simpatía,
Antón regresó a la capital para hacer frente a la justicia. Hay
otros enredos del argumento, pero no vale la pena relatarlos
aquí. Baste con anotar que al final Antón se arrepiente ~e
sus fechorías cometidas en nombre de Perón y por su propia
cuenta también. Resuelve renunciar a todos sus bienes y donar su rico caudal de piedras preciosas, y, en una nota de
suave ironía, anhela ser "el primero en la lista de los que
contribuyen a la recuperación nacional". (p. 139).

Rasgos esenciales en el carácter de Tránsito son un bello
fervor religioso y una dedicación sincera y activa a su fe. Su
odio. a ~erón es absoluto, pero se ve obligada a reñir con su
conciencia por hallarse enamorada de un joven Donato Perales, miembro de la policía peronista. Este odi~ se intensifica
con el encarcelamiento del padre Emilio, sobrino suyo. Debido al gran amor que siente por Tránsito y a su propio carácter
fundamentalmen_te recto, Donato anhela romper los lazos que
lo atan a~ peromsmo y apoyar la acción de los rebeldes. Pero
es demasiado tarde ; pues muere víctima de un bombardeo de
Buenos Aires. Y en un rapto de fervor espiritual, Tránsito
logra sacar del Templo de San Francisco, a punto de ser devorado por las llamas despiadadas de un horrible quemazón el
crucifijo que tanto adora.
'

La trama de Tres mujeres es floja, desorientada, inconexa,
y para no decir más, muy .mala. No tiene mucho interés novelesco, ni se desarrolla artísticamente. Flaquea a cada momento y parece algo desligada de aquellas ·secciones de la
novela que describen las refriegas en las calle porteñas, las
cuales constituyen cabalmente el mejor mérito de la obra.
No son menos débiles otros aspectos literarios de la obra: el
retrato 'de personajes, el planteamiento y solución de conflictos, y la estructura misma 'revelan graves deficiencias en el
arte de novelar y un descuido de lo artístico en favor de una
desmesurada preocupación por la pintura condenatoriá del
régimen peronista. En manos de un escritor de mayor sensibilidad artística y habilidad novelesca, los elementos históricos y ficticios se podrían fundir con acierto para crear una

En ambas novelas la desunión civil se concreta mediante la yuxtaposición de creencias opuestas dentro de la misma
familia o entre personas que llevan entre sí alguna relación
estrecha. Es un buen recurso novelesco, pero puede resultar
forzado y artificial si no se maneja con habilidad. Goyanarte,
menos artista que Gálvez, plantea la dicotomía política y moral entre Antón y Teresa, pero no tiene mucho acierto en
da~le forma fic~icia. L_a mad_re de Antón, por .ejemplo, quien
r ecibe con toda mocencia el dmero estafado por su hijo podría
haber sido utilizada con mayor provecho novelesco por otro
autor; pero en manos de Goyanarte se convierte en una creación completamente pasiva, sin substancia real. En cambio,
por la des!reza novelístic~ de Gálvez estas discordias personales adquieren un papel importante a través de toda la obra

!e-

�J\Iyron l. Lichtblau
82

La Representación Novelística de la Epoca de Perón

y contribuyen a mantener el interés de la narración. Gálvez
muestra aquí su habilidad al crear una serie de enredos y
circunstancias fortuitas, un torbellino de conflictos emocionales que provienen de estas discordias. Entre éstos, el más fundamental para el desenvolvimiento novelesco de la obra gira
alrededor de Tránsito Guzmán y Donato Perales. El amor que
nace entre ellos no se puede realizar por la impenetrable muralla de adhesión política e ideología. Pero Donato es peronista sólo por imposición; en el fondo es un joven débil e
inseguro que se deja llevar por fuerzas corruptivas. Esta circunstancia de lealtad forzada la emplea Gálvez con marcada
intención para conseguir el máximo efecto novelesco, pues Donato lucha interiormente contra el peronismo y al mismo
tiempo contempla des~onsoladamente el empeoramiento de su
relación con Tránsito. Prototipo del peronista inveterado y
empedernido es otra figura, Martín Orihuela, jefe de la banda
de malhechores que atacó el Templo de San Francisco. Con él,
Gálvez añade una nota individualista a las hordas anónimas
que representan el séquito de Perón y la barbarie del régimen.
¡ Pobre de Tránsito que tiene por sobrino a este desalmado, y
a otro tal vez peor en un hermano suyo, funcionario peronista
de segunda categoría! Pero en su sobrino Emilio, el sacerdote encarcelado por los peronistas, Tránsito encuentra un espíritu emparentado al suyo. En una ocasión, mientras Emilio
socorre espiritualmente a los moribundos en las calles de Buenos Aires, tropieza con Donato, quien reconoce al sacerdote
y le recuerda que él mismo fué quien lo llevó preso y lo maltrató. La escena, trazada sencillamente con segura técnica
· novelesca, va creciendo en intensidad a medida que presenciamos por un lado el arrepentimiento y angustia de Donato, y
por otro la sincera humildad y generosidad heroica del padre.
En los últimos meses de la Dictadura la situación política
y moral llegó a ser tan tirante y belicosa que las dos bandas
no vacilaron en recurrir a la fuerza armada, al incendió, y
a otros modos de destrucción. Coinciden las dos obras en
captar la tragedia de aquellos días. Goyanarte fué testigo
ocular de las escenas que describe en Tres mujeres, y pinta con
gran fidelidad y muy evidente emoción personal la confusión
y terror en las calles de Buenos Aires - - - los bombardeos e
incendios, los tiroteos y gritos frenéticos, y hasta el refugio
cobarde de Perón en una cañonera el veinte de septiembre de
1955. E;ay cierta energía en esas descripciones, cierto vigor
derivado en gran parte de la profunda huella que en el espíritu del autor han dejado los sucesos que él relata. Si Goyanarte presenció personalmente gran parte de lo que describe,
Gálvez en cambio, tuvo que valerse de r.ecursos intermedios.

83

. y revistas y
e"Me he
1 t documentado"
. ! die e G'l
a vez, " en d'iar10s
u re a os que me hicieron a mi p d'd
h
.
1
los sucesos" (p 8) M
'
e ~• mue os testigos de
t
. · · · as no por esto deJan de ser convince
. es Y vigorosas las descripciones de Gálvez pues a
d nmnato de narrar se junta
, ·t
'
su on
atrocidades d 1 , ·
un espm u encolerizado por las
e reg1men y un deseo de exponer lo que ar 'l
e;a:~~~~fedtl:nf¡1:s~i~.esenta un ataque inexcusable pco!trea

ia

Record~mos -en Amalia la presencia directa en carne
hueso, del tirano Rosas, a quien Mármol retrató' tan b.
y
r:~::~as dde ¡ra;1 colorido, aunque un tanto exage~~::
0
1
Tres mujeres 1a f:gu:: :eq~:r~=c~~ !º;:na:~~::m!~;:~0 ~n
una escena breve, en que Goyanarte relata cómo An ,
n
Y entrega al Dictador un cigarrillo que se cayó al s~:~o re;oge
pagarle el favor, Perón le habla así. "· Gr .
. - ara
tántas gracias! y o sé cumplir c 1 . ' acias, companero,
cha:da Vos
on os que me hacen una gau.
me alcanzaste esto Y yo te voy a pagar bien V ,
ª. verme ~añana temprano a mi despacho" (p 23) E · T ~m
sito Guzman 1 D' d
· ·
• n ran,
e icta or no aparece nunca directament
~ hay algunas referencias hechas con evidente r f
e, _pero
verbal. .Artista ante todo Gál
.
,
e renam1ento
tamente. Pero Goyanart'
vf~z sugiere. mas que ataca abier. . .
e pre iere segmr un rumbo má d.
~i:~:Jo/erRJud1cial para hacer hincapié en su gran od;o
. -ecurre con frecuencia a
til d
que raya casi en la sátira 1
. un es o e narración
privada de Perón
. ,Y ª caricatur_a. .A.soma a la vida
anotand
- y tambien ~ la de Evita con ojos agudos
d
o pe.quenos rasgos enoJosos y a veces chocantes a f'1 ,.
e rep:e~ent~rlos como figuras odiosas no sól
'
?dad oficial smo también como ciudada
.º en su capac1descripciones casi se hacen con efecto :~:i:~~1vados. y est.as.
como se ve en el párrafo que sigue :
o, con escarmo►

:~u:e~s

;¡

Le gustaba al "leader" subir anchas escaleras co~?cad!s fr~nte a anchos espacios de recepción para
irar_ as piernas y mostrar a la vez los meneos ca
den?osos de sus bien formados muslos por la . razon que gozaba también hondamente viajan~~s~!
~otoneta; Y al~~que fumara poco, su gusto ex uis1t en la elecc10n de cigarreras, de las que poieía
oc enta Y tres......... ' era debido de la misma
manera a .su ~mo:, a los movimientos graciosos a
su fuerte mchnac10n a repetir el ademán co 't
de ~Jrecer un cigarrillo al interlocutor alarg\~d~
gen mente el brazo con el acompañamiento de un.

�84

La Representación Novelística de la Epoca de Perón

suave redondeamiento de la cadera derecha. (pp.
21-22).7
Para describir la famosa pareja, Goyitnarte se vale de
una sarta de palabras y giros que son expre::,! ,os por su candidez y cierto tono malicioso. A Perón le couflere apelaciones
como ''primer mandatario", "bobo megalómano", "loco siniestro", "caudillo", "megalómano en bruto"; y a su esposa la
designa con voces igualmente insultantes o mordaces, como por
ejemplo "su frágil, su histérica consorte", "la boba enferma'',
"la santa", la jefa espiritual de la nación". Hasta en una
ocasión Goyanarte da con esta frase feliz para clasificarlos
juutamente - - - "los dos bobos trágicos".8 Como si todo este
abuso verbal no fuera bastante para desacreditar y ridiculizar
a Perón, a veces parece mostrar cierto deleite lingüístico al
compararle despectivamente con uno u otro animal. De manera que al describir sus últimas horas en suelo argentino,
compara sus temblores, balbuceos, y tartamudeos con "el poderoso vozarrón de carnero acatarrado" (p. 98); y en sus
recorridos nerviosos por sus habitaciones el autor ve los pasos
de un "bicho enjaulado". (p. 98). En otra ocasión Goyanarte
compara la codicia material de Perón con la de "una ave de
rapiña". (p. 99).
Para concluir.... . .Goyanarte y Gálvez han dado los primeros pasos hacia la representación literaria de una época
triste en la historia argentina. Las dos obras lanzan de.nuncias
fuertes, si no francamente insultantes; pero la acusación de
Gálvez se confecciona con arte y técnica literaria, mientras
que la de Goyanarte se hace sólo con vehemencia, sin fórmula
artística, sin mucha conciencia estética. Pero ni la mejor de
estas dos obras capta la esencia total del drama de aquellos
años de la Dictadura. En ambas obras falta la visión comprehensiva para reproducir fielmente, sin tendencias melodramáticas ni emocionales, cuanto concierne a la vida diaria,
la política, la economía, y la cultura durante aquel fü,mpo.
Tal vez la contemporaneidad de los hechos referidos y la
fuerte reacción personal a todo lo ocurrido les hayan impedido a Goyanarte y a Gálvez escribir sus obras en forma más
razonada y templada, más objetiva, con menos empeño de
señalar la brutalidad y fatuosidad del régimen y más esmero
en crear unas situaciones y personajes novelescos que pueden
proporcionar un cuadro cumplido y representativo de la década. Gálvez y Goyanarte sólo han preparado el terreno, sólo
han presentado algunos aspectos bastante tempestuosos y
obvios y tal vez demasiado superficiales. Hay que cavar un
poco más debajo de la superficie política. Si la literatura es

Myron l. Lichtblau

85

NOTAS

otrasLa
novelas
.
1 Entre
viento las
(1940)
semillad eeno º{anarte figuran
La semilla que trae el
Y Campo de l;ierros (19Sl).
ª tierra 0 941 &gt;, Lago argentino (1946),
2 Tres
, . mujeres (Buenos Aires: Editorial Goyanarte, junio de 1956).
3 'Iranslto
Guzmán (Buenos Alres: Ediciones Theorla, noviembre de 1956) .
,
4 qu~
Las •é~•es
la noche
Ai
versa ele
sobre
la vida(Buenos
miserable
res.. Editorial Sur, 1958). Esta novela,
abarca dos periouos: los últimos fñ~!o~mentada de una muj~r disoluta,
mente subsecuentes a su caída
e Perón Y los meses mmedlatavamente sobre la narración de· Pero el enfoque estriba casi exclusl1
puramente accesorias las referenc1~s ª:º;:só de la protago~lsta, y son
estas referencias figuran uno que otr
r nt Y a su régrmen. Entre
mismo, una que otra mención
o comen ario respecto al Dictador
sadas sobre la vida bajo Perón d; prere¡enclas políticas, frases dlsperconfuslón en Buenos Aires al' te un P rrafo que pinta la agitación y
todo esto tiene que ver muy oco /m1narse el mando peronista. Pero
ni sirve tampoco para crear pel fon~~ e; !~~!~to o tema de la novela,
acción. En fin, son elementos sin verdadera f une!
e eónn que
en se
la verifica
novela. la
5 Recuérdense
. aunque escrito
alrededor de que
1838 Elnomataclero
se sacó ad fuzEs t ebstan Echever:1a,
Amalia algunos afios antes de la caídahi ~lS?l. Marmol h~brá escrito
la primera parte hasta 1851, en Monte ~d ~a:, pero no llego a publicar
ció en Buenos Aires en
_
v eo, a novela completa apare1855
6 Afirma Gálvez en una nota preliml
9 ..
cargo de unilateralidad que algunas ~:;sci~ : Q~lero defenderme del
la certeza de que nad1ie en todo e
. as me an de hacer. Tengo
fué el incendio de los te~plos el 16 ~/j~~i ha aprobado la barbarie que
que ninguna persona culta apaludló el 1ici~d1~5~ ~ºfº :reo también
que se perdieron cuadros de Goya• de An gla da Camarasa
e oc ey Club, "en
7 También estas palabras. p 22 . "En
·· ········
t
la pomada que disfraz~b~ la~ man:Juel roS ro ~echo reluciente por
tomaba ambigüedades bobas que le da:! del acne rebelde, la sonrisa
de la mueca de un tarado". y un
n por momentos los contornos
O
describe así. p. 41: "El "leader" era exireco más adelante, Goyanarte lo
nencias. Consideraba los objetos usad madamente celoso de sus perteque nadie ya tenía el derecho de pro!anar
os por
cosas sagradas
conélsucomo
contacto".
8 Goyanarte se burla también de su manía
u ostentación, artículos como ..900 are ~e acumular, por mero lujo
P;~ndas Interiores, docenas de autonfoto
ie :iapatos, 4.300 vestidos y
s1srmos, joyas en amontonamientos n ausea
r s bn
viduales,
valioundos".
(p. marfiles
42).

!

SYRACUSE UNIVERSITY
Syracuse, N. Y. u.s.A.

�Aragón /

LA RECAMARA DE ELSA

(Pieza en un acto y en prosa)
PERSONAJES
Ella
El
El Radio
La acción pasa en nuestros días en la recámara de Elsa,
donde, siguiendo una expresión de Henri Matisse, E, 1, es
Ella y él, E por Elsa, e por él.
La recámara. Tal como se imagina. Y muy diferente a
la vez. En seguida se representa el lecho que ocupa aquí el
mayor lugar como un navío en las aguas tranquilas, una balsa
amarrada, o un trineo abandonado en las nieves. El cuarto
es visto en pleno día, iluminado por sus dos grandes ventanas
opuestas ; la primera da a una parvada ele pichones, la otra
a los grandes sauces, o a la luz de los candiles de cristal veneciano, puramente hipotéticos, pues en realidad basta con dos
lámparas de wagon-lit a uno y otro lado del espejo, sobre la
chimenea. La recámara tiene la forma de un paréntesis, el
nrnbiliario 'de una digresión. Ella es verde, azul o malva, según las gentes. Hubo también alguno que la vió de color
amarillo paja, éste debe haber sido un espíritu complicado.
Hay un gran sillón frente al peinador, y un espejo. Además
de ésto, maderas sombrías llenas de reflejos, de telas. El estilo
importa poco, siempre que no choque con la actriz que desempeña el papel principia!. Es decir, Ella. Perfectamente indescriptible. Con un vestido ligero, con grandes pliegues en
forma de remolino, con una pieza colgante a la espalda, un
poco rojiza, un poco pálida. Como si ella caminara en un
-87-

�88

La Recámara de Elsa

bosque, entre helechos y animales que _le son ~amiliares. El,
está sentado al pie del lecho y la mira ir y vemr. Es grande,
flaco, algo feo, vestido no importa cómo, y si es necesario, en
pijama. Es un hombre viejo que no tiene ojos más que para
Ella. Está colocado como si él fuera el pasado. Un pasado
que se sobrevive siempre algunos minutos. El radio toca quedamente desde hace un rato, de tiempo en tiempo murmura
algunas palabras inasible y después vuelve a tomar una musiquita como un papel floreado.
Durante los primeros veinte minutos del acto, no pasa
otra cosa que esa mirada de El sobre Ella, ligeramente desplazada para seguirla. Un poco como la del espectador de un
partido de tennis, salvo que, en este partido, nadie conoce la
regla, ni hay rt'd, ni pelota, ni jugadores. De pronto la atención se fija en un objeto de belleza singular: es una mano
de ella, con los pétalos rosas de sus uñas, que ha abierto el
gran armario en donde están los vestidos; después se ven los
vrstidos en los ganchos, una especie de sombra, se creería que
alguno va a salir, a hablar. La mano cierra el armario. Se
oye un poco más claramente el radio.
Faltaba decir que hay dos variantes: una de invierno,
otra de verano. Si la pieza se representa en invierno, el color
es un poco diferente por los vidrios cerrados. Si se escoge el
verano, se podrá abrir una u otra de las ventanas. Enton~es
se podrá también oir el río bajo los sauces, y cuando caiga
la noche, habrá en el aire insectos brillantes. Pero nosotros
no estamos todavía allá.
¡Ah!, se me olvidaba: el hombre puede también no ser
muy grande, si no hay el actor que lo represente, y cuando
él incline la cabeza se verá la piel de su cráneo entre los
cabellos blancos que él usa cortos. Para el tipo, es preferible
escoger un acto~ del género de Jean-Louis Barrault más bien
que del de Harry Baur. Recomendación al maquillista: no
olvide usted las arrugas.
En todo caso es claro que Ella piensa en cosas de las
que El está ausente. El está acostumbrado. No protesta. No
sufre por esto verdaderamente. Ha mucho tiempo que ha dejado de creer que un hombre puede poseer el espíritu de una
mujer. La época en la que él no podía resolver esto está muy
lejos ahora. Como una barca en el mar cuando ha plegado
sus velas. Es ya feliz con poder permanecer viéndola en silencio y que ella no se cuide. Que ell~ no p~oteste m~s con~ra
esa mirada, como antes. Ella ha debido habituarse a el, o bien
es una verdadera gentileza de su parte. El quiere decírselo.

Aragón

89

~ero se contiene, ¿ Qué parecería t Y además teme no decir
smo palabras, banales . .. no es que Ella sea exigente, no. Es
por ~l. Hoy el no s_e lo perdonaría. Es estúpido: durante años
se dicen a ~!1ª muJer las p~labras más comunes, sin prestarle
a ello a tencion, y l~ego un dia ( ¡ por qué precisamente ese día!)
eso des~lla los lab10s; se querría, ¡oh! yo no digo ser inteligente, smo al menos parecerlo.
Es decir que en otra parte, cuando es necesario, se encuent:an los cosas que deben decirse. Pero aquí, ¿será la influenc~a d~l dec~rado?. Precisamente hoy, todo pasa como si se
viera por primera v~z..... ~mo _se siente torpe, se siente miedo
de estar por debaJo de si mismo. Es curioso. Todo pasa
como cuando yo estaba en la preparatoria y que hacía todo
un mundo para ab~rdar a un~ mujer en la calle, las primeras
palabras que se le iban a decir, que uno se repite :
EL.-Me parece que nos hemos visto en alguna parte . ...
ELLA.-¿Qué es lo que dices?

.A decir _verdad, ella lo pregunta porque es lo que se hace
cuando algmen nos habla y no le hemos entendido muy claramente sus palabras. Pero ni El ni Ella han tomado realmente
es~o por una pregunta.. Por otra parte, si fuera necesario explicar todo lo que se dice, no se terminaría nunca. Y luego,
en el fondo, a _ella eso no le interesa. ¿Están haciendo pregunta~ por radio? Justamente, sin que nadie lo haya tocado
el radio sube la voz :
'
EL RADIO.-Te orno como o la bóveda nocturna ... .
• i Vaya!: esto es ~ablar. Si yo pudiera, como el respirar.
dec~~/rases de e~te tipo, probablemente la conversación seríá
~osi e.:; . Es c_ierto que no. se ha sabido nunca lo que le
1espondio la muJer a Baudelaire. Cualquier cosa que no destruyera la mentada bóyeda. Tal vez nada. Es en esto en lo
que _son fuertes las muJeres: en el silencio. Porque si se calla
se tiene un aire fino.. Si yo pudiera al menos encontrar la~palabras para su vestido y para decir cómo luce con él Pero
todo pa:ece tan _estúpido .... De repente Baudelaire le· altera
los nervi~s, y estira la mano y baja el volumen del radio. ¡ Qué
descanso. Y Ella, se ?ª sentado ante el peinador. Su mirada
ha ~ntrado en el espeJo. No es seguro que ella se esté viendo
en el, tal yez sea una estratagema para salir de la obra, para
~anar reg10nes ~ue le. están vedadas al hombre, que escapan
a sus comentarios. Si se representa la variante de día se
establecerá_ una con~usión entre los sauces de afuera y' los
cabellos pemados. Si es la de noche, entonces será necesario

�La Recámara de Eisa

Aragón

il

90

que los pequeños candelabros de la mesa del peinador hayan
sido encendidos desde el principio de la obra. Sus pantallas
son de color rojo amaranto. O amarillas. O se les tendrá
suspendidas de las bombillas. Según el gusto del director ele
escena, quien es un hombre colérico, sujeto a decisiones imprevistas, las cuales le clan la impresión de tener genio. ¡, Aquél,
qué viene a hacer aquH Echadlo.... No hay aquí lugar más
que para Ella. En su recámara. Hay que recordarlo. Es ya
mucha belleza ser aquí tolerado.
El iba a decir alguna cosa, cuando se dió cuenta que ese
silencio, que iba a romper, estaba lleno de cigarras. ¿Serán
mis oídos 1 Los oprime un poco, sin que nada cambie. Ese
ligero rechinido que llena todo el espacio, por supuesto que
no existe de veras. Es simplemente como el agua profunda
que tiene reflejos y que sin embargo ningún objeto es reflejado en ella. La intensidad del silencio tiene reflejos de
cigarra, ésto es. En fin, si usted puede conformatse con esta
explicación.
Porque es probable que sea el peine en los cabellos de
Ella. La electricidad. O lo que ella piensa. El peine que
pasa sobre lo que ella piensa. Su pensamiento es una cigarra.
Frota sus alas como cuchillos. Ella afila un grito retenido,
en las piedras del silencio. Un canto de llamas. De pequeñas
llamas cerradas. Una especie de heridas del alma. Alguien
que camina entre el bosque sin ser visto. En todo caso, Ella
no está ya en su recámara. Esto pasa afuera. Donde yo no sé.
Donde tal vez ella encuentra a un desconocido, un joven, en
fin alguien ágil, contra quien yo vivo sin poder.... alguien
de antes.... una complicidad que no se ha roto. Yo podría
romperla, si yo alzara la voz. ¿Para decir qué1 No importa,
romper este entendimiento entre ellos. Si yo supiera de qué
hablan .... porque, por ingeniosas que sean las palabras que
invente, si ignoro contra cuáles deben rivalizar.... No. Mejor
dejar el silencio a las cigarras.
El.-¿Es una idea mía, o es que hay algo como un ruido en e/
fonde del aire?

Ella se vuelve y lo mira. Sus cabellos están llenos de
cigarras. Tiene el aspecto de venir de no sé qué Africa, de
una especie de desierto vigilado por moros de túnicas blancas.
Ella va a decir algo, algo irremediable:
ELLA.-¿Un ruido?

El está tan espantado de haber provocado estas dos pequeñas palabras, que no insiste, y la deja, sin esperar una

improbable respuesta girar lentam
.
.
sus follajes sombrío;. y la deja ent~. ha~ia. su espeJo, hacia
sumergirse en el condierto de 1as cigarras.
p~r ir acia
a
. . . . el silencio,
·
Podría decirle, sin embargo t . 1 .
esta sinfonía bárbara esto
' es ª VIO encia que él habita
rante de su propio ahmen1oce1é1s q1e ,semej~n al hambre igno~
de matar las orquestas . de ' / º ria decirle frases Clltpaces
per los espejos. Podría' habfu~r: izar todos. los cantos, de romy como de huracán. Podría desaft l1nguaJe_ como de violación
frente a los perfumes del
ar os suenos de ella, hacerle
los que ·se aleja de él hac!ª!!df' desconcertar los pasos por
su garganta algo infinitame t u~uro. ¿No sientes acaso en
lines ? ¿No tiene en su b n e .mas e~candaloso que los vioEl va a hablar, mueve susºf:b~a iren~ble fuerza del engaño?
él va a hablar. . . .
ws, os a re, su lengua se hincha,
EL.-Mi amor....
i Vaya !. Es todo lo que h l
d
.
vientre y en los brazos tal
~- ogra o d~c1r. Siente en el
b •
verguenza qu
f f
aJado la voz . tan bien la h b . d ' e ms m ivamente ha
Porque hay cigarras sin dudt l aJa o qdue Ella no. oyó nada.
E .
.' .
' as ensor ecedoras cigarras....
1 piso es roJo sombrío se m h b'
.
Un hermoso enlosado de m ' .
e a ia olvidado decirlo.
bras se oc:ultan como flama osaicos exagon~les donde las somza de un hombre que no s!bne~ra~. Es roJo como la vergüenMi amor.
e ecir a su amor otra cosa que
Aquí, se precipita a la concha d I
autor ol~idó poner al principio en la 1:taa~untador el_ Epílogo que el
ha previsto cómo irá vestido n. ., I
e persona¡es. Tampoco se
unos zancos ni si revivirá ~n I quien .º representará, ni si irá sobre
del circo gri~go o uno de los bpfersona¡he kde los teatros orientales o
u ones s a espeariano E
· • ',
se trata d e un simple emple d 0
s. n mi opmion
d'f' .
ª como todos nosotros, con Ios fines
•
'
mes . , ,c,les, y para quien todo su ideal
de
televisor. Lanza sus brazos al arre
. y grita,
. es llegar a tener un día un

EL ~PILOGO.- Telón telón

BaJad el telón antes de la r
La risa los silbidos
evue1ta en la sala
Telón
Pa:a que se pueda reanimar
BaJad el telón
Que se pueda reanimar y los actor
La
Q obra que acabamos de tener eI honores avancen
ue se pueda aplaudir sin que esto sin emb
Tenga el menor significado de verosimilit:Jgo

�La Recámara de Elsa
92
~º~

.

.

Ba ·ad bajad el telón enrollado alla
El Jautor que acababa de saludar el ingenuo barrer d(d~t

.

~!it:

]aromír Newman / MATYAS BERNARD BRAUN Y SUS
ESCULTURAS DE KUKS
•

1

Telón os digo Telón
.,
.
Nadie para anunciar de quien son los vestidos.
,
uanto
al
decorado
no
hay
aquí
verdaderamente
de
que
E ne
(~~
Nadie que vaya a los camerinos con flores y ditirambos
Los protagonistas permanecerán solos con sus ro(stros ·11 d
maqm a os
Solos con la obra que no han repres~ntado
Como postes de telégrafo donde _el viento canta
Solos con el texto que no han dicho
.
y detrás de ellos como un largo vestido toda esta vida suya
Interminablemente derrochada
b
No les falta ahora más que representar verdaderamente 1a o ra
Telón telón
··
Esta obra no está hecha para los ojos del próJimo.
(Traducción de Roque González Salazar).

A

FINES del siglo XVII, en el N ordeste de Bohemia, se construyeron en el lugar denominado
Kuks unos nuevos balnearios que compitieron, durante algún
tiempo, aun con las célebres aguas de Karlovy Vary. Fué su
fundador el propietario del dominio, Frantisek Antonín Spork
(1662-1738), hijo de un riéo soldado de Westfalia. Este aristócrata, instruídó y amante del arte, influído por el jansenismo, creó en Kuks un medio cultural y artístico notable. Con
el deseo de convertir a Kuks en un lugar ae esparcimiento social, prestó mucha atención a su grandioso decorado plástico;
invitó a compañías de teatro y a la Opera italiana, organizó costosas partidas de caza y brillantes fiestas. Difundió las excelencias de la nueva estación termal por medio de grabados, descripciones, composiciones literarias y musicales. En las dos orillas
del Elba, en el valle poco profundo, surgió un interesante
conjunto de edificios. Sólo fragmentos insignificantes han
subsistido del antiguo palacio y de los baños, así como de los
edificios vecinos. Por el contrario, el convento-hospital, situado simétricamente al otro lado del valle y construído para los
antiguos vasallos del dominio y los veteranos de las guerras
turcas, ha llegado hasta nuestros días, sin grandes cambios
en su estado primitivo. En medio de un sólo edificio, un arquitecto de origen italiano, Giovanni Battista Alliprandi, construyó, durante los años de 1707 al 1710, la iglesia de Santa
Trinidad, que es de un raro equilibrio y majestad. El buen
aprovechamiento del espacio, debido visiblemente al mismo
Alliprandi, lleva el sello de la influencia de los grandes palacios y residencias franceses.
El notable parecido del palacio con el hospital del lado
opuesto, donde se encuentra una cripta familiar, visible desde
-93-

�94

Matyas Bernard Braun y sus Esculturas de Kuks

las ventanas de esta ~ansión señorial por su concepción ideológica, no deja de recordarnos a España. No es casualidad
que las cróniéas de la época comparen el hospital de Kuks
con el famoso Monasterio de E~ Escorial.
Sin embargo, las esculturas que decoran Kuks son mucho
más artísticas que la arquitectura. La llegada de Matyáa
Bernard Braun (1684-1738), debía aumentar el número y elevar la calidad de las estatuas. Braun era originario del Tirol,
pero educado en Salzburgo y en Italia, donde se sabe con cer•
teza que estuvo en Venecia, Florencia y Roma. Se inspiró en
la expresión y dinamismo del concepto de la escultura de
Bernini; pero supo también obtener preciosas enseñanzas de
las grandes obras de Miguel Angel. Estas enseñanzas las
adquirió, naturalmente, sobre la base tradicional de la escultura en madera, típica del medio trasalpino; de aquí los rasgos característicos que distinguen su obra desde el principio.
Llegado a Bohemia hacia 1710, se casó y fijó allí su residencia. El ambiente checo influyó grandemente en el carácter
de sus obras, y, es precisamente en Kuks donde se desarrolla
la parte más importante de su metamorfosis interior y de su
formación completa. Es allí donde él creó también sus mejores esculturas, al lado de las exigencias y de los conceptos
artfaticos locales, que modificaron el concepto propio del artista; el material de la escultura barroca checa típica, la piedra,
que debía trabajarse de una manera diferente a la del mármol,
influyó en su estilo. Este material no permite siempre dar
la forma, y, sobre todo, el brillo de las superficies pulidas y
los detalles delicados no se pueden obtener en él. Por el contrario, este material exigía una forma monumental y seria,
cualidades características de la producción local.
Braun se presenta en Praga, en 1710, con la Visión de
Santa Lugarda en el Puente de Carlos IV. Mostró allí, en una
composición asimétrica de concepto pictórico, un movimiento
suave, flexible, lleno de extraña ternura y de dulce éxtasis.
Las enseñanzas adquiridas con Bernini, se vieron transformadas por un talento original. La disgregación del volumen continuo cambia los grupos de personajes en una visión vacilante
a la luz, que se separa del pedestal como la imagen de un
nuevo mundo. Braun logró captar en ello fugaces estados de
ánimo, raudos afectos, momentos de éxtasis y de pasiones agitadas; y colmó sus estatuas de matices emotivos, que antes
no tenía la escultura. Su arte, que hería sugestivamente la
imaginación apasionada del hombre de la época de la Contrareforma, fué aceptado y comprendido en Bohemia ; y fue rápidamente apreciado en todo su gran valor desde su presenta-

Jaromír Nemnann

95

ción. La estatua de Judas Tadeo, hacia 1712, que se conserva
hoy en la Galeda Nacional de Praga, muestra que la eiscultura
eh madera había llevado a Braun hacia efectos refinados de
ilusión y hacia una descomposición radical de la materia. La
medida insólita de la participación subjetiva y de la pasión
patética se manifiesta en grado sumo en el decorado de la
iglesia de San _Clemente de Praga. Las formas inquietas, pe,rpetuamente agitadas, logran la cima de la descomposición del
volumen por la luz. Los fuertes contrastes de luz y sombra
acentúan los gestos y las sensaciones de los santos arrastradas
por un hálito misterioso en un estado de loca embriaO'uez. El
Hijo Pródigo, sobre uno de los confesionarios, paree: ser ·en
su verosimilitud psicológica, como la confesión humana d¡ un
artista que comprende la humillación del hombre al cual ha
sorprendido el destino.
En comparación con las estatuas de San Clemente, influídas sobre todo por la religiosidad de la época y el esfuerzo
didáctico de la vuelta al catolicismo, la decoración de las esculturas de Kuks es de una concepción diferente ideolóO'ica
y plásti~a. Spork, representante de ideas liberales; prepar~ba
los cammos de la independencia del espíritu• era adversario
de los jesuitas, esos apóstoles de lo más beli~oso de la Contrarreforma y, al mismo tiempo, del irracionalismo religioso.
Spork estaba descontento de los muchos abusos de la sociedad
feudal de Bohemia y los denunciaba abiertamente. Las artes
plásticas y la literatura llegaron a ser, para él, medios adecuados para expresar sus opiniones y su crítica moralista de
los excesos de la época. Así, por ejemplo, un proceso perdido
contra un abogado de Praga le incitó a encargar un monumento en el cual figuraban de una manera satírica las malas
cualidades, la corruptibilidad y la perfidia de los abogados.
La estatua llamada Herkomanus debía ser más tarde cuando
Spork fué culpado de herejía, transformada en el Goliat bíblico con su compañero, el pequeño David. Los casos nuevos
las intenciones concretas de las obras encargadas por Spork
libraban al artista de la opresión unilateral de las ideas clericales y de la representación aristocrática convencional. Los
encargos de Spork reforzaban en Braun el conocimiento realista y le autorizaban a expresar su propia actitud hacia la
vida. Por eso, en sus mejores obras de Kuks, pudo exteriorizar en una cierta medida, fuera de la restricción de las ideas
clericales, su visión dramática del destino humano y los anhelos trágicos de los seres.
La extensa actividad de M. B. Braun, que enviaba hacia
1718 numerosos conjuntos e~cultóricos a diferentes lugares a

�06

Matyas Bemard Braun y sus Esculturas de Kuks

rn vez testimonia la existencia de un taller en el que las
maquetas y los proyectos del maestro se realiza,ban. en piedra
y en madera, por varios ayudantes. Braun tema cie:tamente
un aran talento de organizador y por lo tanto sabia, como
· mae:tro de taller, inculcar sus puntos de vista a los dis~ípt~l~s
y a sus compañeros; y al tiempo, aplicar los aportes mdividuales a sus propias concepciones. Conocemos a alg~~os de
los colaboradores por sus nombre: s~ hermano Domllll~ ;_ su
sobrino Antonín Braun · y Rehor Theny, todos ellos or1gmarios deÍ 'l'irol. Los almn'nos y los compañeros del país tenían
todavía más importancia: tales como Jirí Frantisek Pacá~,
de Zírec aldea vecina el cual llegó a ser más tarde el continuador ~ás célebre d~ Braun en la Bohemia oriental.

Sin embargo, fue preciso mucho tiempo para que Braun
lograra por completo la iniciación de sus compañeros. Las
estatuas de los Enanos situadas en el campo de carteras delante del Palacio, fueron dreadas por manos que todavía no h1:bí_an
asimilado el estilo del maestro. Pero el tema era ya tipico
del espíritu crítico de Spork. Estos personajes. q1;1e nos hacen
pensar en Callot, encarnaban con gran humor, ba~o unas f~ces
caricaturescas y exageradas grotescamente, los diversos tipos
y representantes de la sociedad c~ntempo;·ánea. De~ gran conjunto de cuarenta estatt~~s que fue destrmdo e1: el siglo XVIII
por una gran inundac10n no ~os quedan ~as que algunos
pequeños fragment?s. Las Bea~1tudes, que estan en la terraza,
delante de la iglesia del Hospital, (17~~-1715)! son de un carácter plástico parecido y fueron tambien reah~adas por co~pañeros todavía poco experimentados. Las actitudes expr:esivas que aparecen, sobre todo, en las ~s.tatuas llamadas los Bienaventurados del corazón puro, testifican que estaban hechas
según los modelos de Braun, como lo indican las antiguas
crónicas.
La estatua de la Religión, hacia 1718, llama la atención
por su concepción audaz y original. La mano del maestro
se ve de una manera palmaria. Esta estatura, situada en el
centro de la terraza ha sido concebida, en su desarrollo, para
poderse contemp.J.ar 'desde diferentes ángulos! incluso desde la
parte posterior. La eficacia de las c~rvas hger~mente ascendentes se multiplica por la perforac10n de la silueta. Braun
abre así el camino para la luz y hace más le~e esta c~mpleja
formación de piedra por medio de los refleJOS y la libra de
su pesadez. El movimiento une todos ~os motivos que la acompañan. El contraste del esqueleto, s1mbolo de la l\foer:te, Y
del bello cuerpo de la mujer joven, encarnació!1. de la Vida y
de su fuerza, es impresionante. Y es en el espintu de la con-

Jaromír Neumann

97

cepción paradógica del barroco, que la fe y la abnegación,
elevándose a las cimas de la vida eterna, se encuentran allí
ensalzadas con insistencia.

"

Poco tiempo después, hacia 1719, se erigieron, delante del
Hospital, las dos filas de los Vicios y las Virtudes. La critica
moralista de Spork, observando a la aristocacia y a la alta
sociedad, encontró allí su expresión. En el tiempo en que
Braun comenzó a crear esas estatuas, Spork distribuyó a los
alcaldes de los pueblos vasallos libros moralizadores: La Escuela de las Virtudes yLa Moral, ordenándoles que los leyeran
a sus vecinos, a fin de conducirlos así a los verdaderos principios cristianos. La participación personal de Spork en el
decorado de las esculturas de Kuks es indudable. Desde el
punto de vista iconográfico, Braun se inspiró en la Iconología
de Ripa y después en la de Callct; pero supo transformar
estos impulsos en conjuntos llenor, de un vivo sentimiento y
de una experiencia patética. Su imaginación expresaba diversas inclinaciones de alma. El espectador de hoy llega a preguntar.se por qué estas obras son todavía tan atrayentes. No
se trata solamente de ideas universales o de simples ilustraciones; sino que, infundiendo en estas estatuas un conocimiento penetrante de las cualidades humanas eternas y una clasificación real de los diferentes caracteres, el escultor ha logrado una expresión ínterna. Braun supo escoger, para cada
una de sus alegorías, un tipo apropiado, unificando el aspecto
físico, los gestos y la mímica. Captó las sensaciones complicadas y ~u'bjetivas y actualizó los efectos con una insistencia
espontáN·,i y sensible.
Lo.; ~ uerpos están expresivamente vueltos sobre las caderas; Br1mn utilizó grandes espirales que se arrollan en el
espacie, brillando como llamas; los cuerpos se inclinan de costado y se aproximan o se alejan del espectador, Frecuentemente, el personaje se apoya sobre un soporte bajo, para que el '
artista pueda motivar la curva en arco de las caderas y las
ftctitudes diversas, así como el cruce y la separación de las
vestiduras, que utiliza como medio de expresión del carácter.
8011 agitadas en curvas extrañas eu la Desesperación; se usan
uotabl..:meu te en el Orgullo; se hacrn caprichosas en la Ligereza; torcidas violentamente en nud:· en el Aburrimiento. En
la Calumnia, se levantan para hacer r~saltar la pierna de madera que no la podrá llevar lejos y 1,ara acentuar el movimiento de las llamas que queman su cabello. La Avaricia se caracteriza por los pesados pliegues del hábito, por la piel arrugada en la cara pálida y por los sacos de dinero en las manos
y en los pies de la anciana. Por la composición ingeniosa, la

�98

Jaromír Neumann

J\Iatyas Bernard Braun y sus Esculturas de Kuks

capacidad de expresión de un elemento es transferido a otro.
Braun supo aprovechar también la refinada tensión de la tela
y de la calidad representada, a fin de explicar así, por una
imagen paradógica, la doble faz ~el fenómeno. El fino vestido·que cubre el cuerpo de la Castidad la envuelve por entero,
incluyendo la cabeza, y destaca al mismo tiempo la atracción
sexual de una desconocida belleza, solamente presentida. La
cabeza de un modelo delicado, con una sombra que deja adivinar la boca, pertenece a los más bellos motivos del ciclo
completo. Aun los menores detalles de las vestiduras tienen
su importancia. En la alegoría del Amor, el niño coge la túni,ca
de su madre y con el tejido fino sujeta también la pierna de
la misma. De esta manera, el escultor expresa la íntima proximidad física de la madre y de su hijo.
Braun sabía unir con maestría los detalles al conjunto y
llevar, a un motivo accesorio, la tensión profunda de la plástica dominante. Extendía la expresión a todos los elementos
de la obra y aun a los atributos. Símbolos y atributos no son
ya tan sólo un complemento exterior: sino que se encuentran
integrados en la acción. Las obras iconográficas reciben todavía una vida nueva cuando Braun pone de manifiesto la
fisonomía de los hombres y de los animales. Las expresiones
y los movimientos de éstas lanzan a menudo una luz satírica
y penetrante sobre los caracteres humanos. El perro que ladra
furiosamente imprime al rostro de la Envidia una expresión
bestial; así como la cabeza del zorro recuerda, por el movimiento analógico, por el parecido y por el perfil agudo, la
imagen de la Astucia. Encontraremos entre las esculturas de
Braun muchos otros paralelos de las cualidades de los hombres y de los animales. En el Orgullo, la actitud altanera se
compara al pavo· real. Algunas veces, el atributo ayuda al movimiento de la estatua. Ejemplo de esto es la mujer somñolienta inclinada sobre un asno, en la que la sola curva del
cuerpo es suficiente para sugerir la indiferencia y la sensual
beatitud de la Pereza.
Braun logra el efecto buscado en las fisonomías severamente tratadas, donde expresa las cualidades humanas, muchas veces por la interpretación de un acuerdo complicado de
sentimientos. La mirada feliz y la ternura maternal se encuentran reflejadas de una manera emocionante en el rostro
del Amor. En las estatuas de los Vicios, contrastes e hipérboles drásticas hacen maravillas. Lo mismo que la Envidia, enflaquecida, con los senos caídos y con la expresión insatisfecha
en su rostro que los malos deseos han estragado. De una manera igualmente sugestiva, representa la bajeza de la Embria-

99

guez y la falta dolorosa de esperanza en la estatua de la Desesperación. Una sonrisa fatigada caracteriza a la Malicia. y bajo
la máscara de arlequín brilla"' los deseos perversos de los ojos
entornados.

.'

-

No todas las estatuas son de la misma calidad. Las oscilaciones del valor plástico, condicionadas por el trabajo del
taller, acompañan también a las diferencias en la concepción
del estilo. Estas diferencias descubren la participación de los
ayudantes. El proceso de la creación de sus esculturas es
evidente en el boceto en arcilla de la Fe, en la Galería Nacional de Praga, hecho por la mano de Braun. Tal boceto sirvió
también, sin duda, de modelo a los discípulos. En él, Braun
había querido indicar ante todo el movimiento, la actitud, la
distribución de las vestiduras y la expresión general. Imaginar la relación del cuerpo y del vestido, la relación de las
masas y el papel r epresentado por los detalles: en eso consistía la tarea perso~al del tallista en piedra. Este fue, probablemente, el mismo método en los otros casos.
Al decorado del hospital pertenece también un Crucifijo
bellamente esculpido, que Bralm realizó hacia 1726, para la
cripta de la iglesia. El fino cuerpo del Cruficica.do está logrado con mucho sentido y con gran apreciación de la medida:
los músculos y las venas se destacan y todos los detalles están
subordinados a la expresión conmovedora.
En la misma época, cuando el decorado de la residencia
se terminó, los alrededores de Kuks se convirtieron en un centro de interés. Spork hizo entonces transformar el "Bosque
Nuevo" en un cuadro maravilloso, decorado de estatuas que
brotaban de las piedras y de las rocas de gres. La reacción
de estas obras, situadas en la soledad de los bosques, fue precedida de la instalación de ermitas, con el objeto de hacer
de Kuks un lugar atrayente de peregrinación. Spork quiso
influir ciertamente en los aldeanos y perpetuar su renombre
y su sabiduría. Los motivos didácticos y religiosos se mezclaban con las consideraciones de prestigio y de mundanalidad. Por ello, Spork se preocupó por la decoración de las cabañas a donde él llevaba a sus invitados. Hizo esculpir en las
viejas hayas del bosque, dedicado a San Huberto, patrón de
los cazadores, al principio de los años treinta, numerosas figuras de santos, profetas y sabios de Grecia. Estas esculturas
fueron enseguida policromadas con vivos colores. El conjunto
que tiene mayor valor artístico es el que se encuentra en el
sitio denominado, según un gran relieve, Belén.

�100

Jl\1·omír Xeumtum

)lat.yas Bernard Braun y sus Esculturas de Kuks

Los conflictos de Spork con la residencia vecina de los
,Jesuitas dan un impulso di.recto a la creación de estas esculturas. Los jesuitas quisieron entonces erigir un calvario eu
el límite de los dominios de Spork y le pidieron permiso para
construir una carretera que atravesara las tierras del conde.
Sin embargo, no construyeron este calvario; y ésta fue la
señal de los ataques satíricos por parte de Spork en contra de
sus adversarios, a los cuales odiaba. Hizo poner cerca de estos
lugares una estatua de Cristo tentado por el Diablo y mandó
colocar en un abeto el cuerpo del Cristo sin la cruz, lo que era
una alusión a las estériles promesas de.los jesuitas. Otra réplica consistía en un grupo de grandes estatuas, que Braun
esculpió según las instrucciones de Spork, en las grandes piedras y rocas situadas eti los límites de los dominios de los
jesuitas y de Spork. Estas estatuas constituían una protesta
belicosa, al mismo tiempo que una proclamación de la actitud
personal del conde. Se les atribuía a sus bocas sentencias de
actualidad y ataques virulentos contra otros vecinos. Una
Maria Magdalena, tallada en una enorme bloque de piedra, se
lamentaba en nn verso de la perfidia de los jesuitas que no
habían cumplido su palabra. Estas bromas fueron impresas
y distribuídas por ~a rt&gt;gión. Todavía en 1927, las cancioMs
combativas de esta época !,(' cantaban rn el mnca&lt;lo ele
Dvúr Králové, no lejos de Kuks.
Las obras cumbres se crearon desde los principios del
decorado de Belén, en 1726. Son, sobre todo, los gigantescos
anacoretas Onofre, ermitaño egipcio, y Garino, penitente y
ermitaño español. La idea de estos eremitas, que pasaban su
vida en el desierto, como si fueran animales, había llamado
mucho la atención de Braun. El mismo, cincel en mano, descubrió en estos personajes una nueva comunión del hombre
y la naturaleza, una vida que nacía de la materia. Descubrió
en ello el dolor humano y el deseo subyugante de una vida
penosa en la miseria. Se confió la expresión a los cuerpos
desnudos, se parecen a montes surcados por ríos, trabajados
por los elementos y grabados por el tiempo. Las rocas unen
las estatuas a la naturaleza, dando la impresión de que se
infiltra en estos enormes cuerpos una antigua fuerza primitiva. El escultor concedió a la materia los derechos que le
habían sido negados hasta entonces. Todavía hoy nos damos
cuenta de la alegría que él experimentó ante un gran bloque
de piedra y que se manifiesta en una composición ingeniosa.
La línea de la espalda, la inclinación de los hombros, la mi.rada
perdida crean una acción dramática que relata la historia, la
fe patética y la carga del destino humano.

.

'

'

.

.'

101

Braun recurrió a su grau experieucia y a todo su trabajo
para realizar estas esculturas. Tuvo en cueuta también los
conocimientos adquiridos en Italia, su antigua adoración consagrada a Miguel Angel. Los cuerpos nos recuerdan a los
esclavos de Buonarr.oti, que Braun había -visto en el grupo de
Giardino Boboli. Braun había notado la forma con que el
ilustre maestro volvía los cuerpos y cómo unía el torso a las
caderas; el Tirolés había sin duda observado el interesante
juego de los músculos sobre las espaldas de las esculturas de
la Capilla de Médicis. En Toscana debió examinar la escultura decorativa del jardín de la villa de los Médicis, como atestigua la estatua gigante de los A.peninos del taller de Giambologna, en el jardín de la antigua villa de los Médicis en
Pratolino, cerca de Florencia. Este gigante que se yergue de
la roca está animado de un movimiento que nos recuerda mucho
a la estatua de Onofre y está unido al paisaje de la misma
forma que los dos eremitas de Belén.
Braun esculpió a Garino dentro de una gruta artificial, cavada en una tremenda roca, y lo representó en el momento en
que sale de la boca de la cueva y se vuelve con miedo. Queriendo ilustrar la leyenda escrita en las paredes de la gruta
escogió el momento oportuno en que la situación toma ~
nuevo viso. Durante toda su vida, el eremita tuvo que arrast~·arse por el sue~o ~~n poder levantar la cabeza para ver el
cielo para la expiac1on de su falta. Es descubierto por unos
perros de caza, en ese momento. Estos pertenecen al conde
cuya hija había sido violada y muerta por Garino. El extraño
gigante, considerado como un animal, fue transportado rápidamente a Barcelona, donde durante un festín un niño inocente
1~ anuncia que su falta ha sido perdonada. Braun se ha apas10nado por el contraste de un ser humano con su existencia
animal: contraste que ha representado por un terror mitad
humano y mitad feroz. El gigante quiere correr de ·rodillas
sujeta maquinalmente la luenga barba con la mano derech;
mientras que la izquierda busca un apoyo en el instante en
que vuelve la cabeza para mirar a sus perseguidores. El movimiento está inacabado y lleva al e~pcctador a volverse para
darse cuenta de quién persigue a Gariuo. El minúsculo perro
q tie se pierde a la entrada de la gruta hace resaltar más
todavía la altura del eremita y su timidez. La escultura, detrás
d~ la que se encuentra la gruta artificial, se concibió para ser
nsta de frente. Sin embargo, las vistas de costado no son
por ello menos interesantes. El modelo del conjunto, los nudos
de los músculos sarmentosos y rígidos, atestiguan la madurez
de la concepción, así como la seguridad de la mano que creó
esta estatua.

�102

Ja1·omír Nemnann

Matyas Bernard Braun y sus Esculturas de l{uks

Onofre es una estatua todavía más concentrada. El escultor desarrolló en ella con mucho detenimiento el caso de un
personaje que se arras~ra. Esta. escul~ur~ tiene, eu verd~d,
tres dimensiones. Ademas de la vista prmcipal desde el cammo
donde se percibe a Onofre lateralment~, 1~ vis!a _de frente_ Y
la del otro lado conservan una gran eficacia plastica., La piedra está perforada económicamente, pues Braun quena expfesar una relación orgánica de los formas redonda~. La prop_~rción de la pierna levantada y apoyada, y despues la relac1on
entre los dos brazos indican que sería posi~le levant~r todo
el cuerpo. Esta idea está evocada por los m1s~~s med10s que
en otro tiempo utilizó Miguel Angel en su Mo1ses. El cuerpo
delgado pero musculoso está modelado de forma que permite
ver el juego de los músculos, tendones y huesos, Y, a e~presa~·
el drama interno del anciano. Su rostro, co~ la n~r1z lastimada se vuelve hacia el cielo en una plegaria doliente, con
una ~moción dolorosa y al mismo tiempo con un gesto de
amargo reproche. El esculto_r todavía rev~la en ello algo más
que los sentimientos convencionales d~ la piedad de que ~ablan
las vidas de los santos: involuntariamente transformo este
santo en parábola de la fuerza humana aplastada contr~ la
tierra, en símbolo del sufrimiento que evocaba el deseo ~rdiente y la rebelión insatisfecha. En lugar de un ~anto apasionado
de éxtasis -y arrastrado por la fuerza del huracan celeste, Braun
representó en este asceta el d_ifícil despertar de un hombre
a la verdadera vida sobre la tierra.
Los otros dos eremitas están, desgraciadamente, muy destruídos. El gran Juan Bautista no es más que un fragmen!o
sin cabeza y sin brazos. De la parte posterior ~e puede to~avia
admirar hoy un modelo de los músculos, P~,r~1do al de Miguel
Angel, lo que indica que esta 0~1:a es tambien de las que Braun
esculpió por sí mismo. La umon monumental de las formas
aparece también en María Magdalena, estatua yacente. Aun en
el fragmento, muy estropeaQo, de lo que nos queda en nues~ros
días, podemos deducir la manera per~ecta con la que el a5tista
ha sabido colocar en el rostro sonriente el eterno ,sueno ~n
que está sumida la santa de piedra. El efecto ~sta todavia
más acentuado por la postura natural, tan femenma, y hasta
por la disposición del hábito que une el cuerpo al duro lecho
de piedra.
La crónica de 1726, que habla de San Huberto, dice que
esta escultura ya se había terminado en esa época., Se trata
de un gran relieve tallado en la roca al lado de Man_a .:~fagda,lena. La súbita aparición del ciervo· con el cruc1fiJo esta
acompañada por la acción del asombrado caballero y por el

.

,

••

103

lllovimiento de la cabeza de su caballo, que se vuelve, asustado
hacia el raro fenómeno. A pesar de la presentación llena d~
efectos, el modelo aparece en calma, pues las formas se simplifican y la descripción, objetiva y más fría, es evidente aún
en los detalles, particularidades que indican que se trata de
la colaboración de un escultor más joven.
No lejos de allí, Braun esculpió en una gran roca El Cristo y la Samaritana junto al pozo de Jacob. La configuración
del bloque de piedra y la estructura de la roca, como en los
casos anteriores, inspiraron la fantasía de Braun y excitaron
su imaginación. Dispuso libremente las figuras alrededor del
estanque de forma oblonga. La escena• está preparada en escalones, con el fin de poder sentar al Cristo más alto que los
otros personajes y unir su rosto ( que ya no existe), con la
diagonal de la mujer de Samaria que llega a sacar agua. El
relato del pozo de Jacob, la parábola del Evangelio del agua
que brota para la vida eterna; todo esto, ha sido metamorfoseado por Braun en una escena humana y verdadera. El cuerpo de Cristo, ligeramente vuelto hacia la Samaritana tiene el
v_olumen más bien . en anchura, para hacer resaltar' la gran
silueta que se termma por la mano elevada. La vestidura de
ricos pliegues ahora en calma, sostiene éstos diagonalmente
graduados por el movimiento en la dirección de la cabeza pero
no oculta la estructura anatómica por completo. El codtorno
del cuerpo de la mujer está mucho más revelado bajo la vestidura. El paso hacia adelante y la inclinación enérgica encima del pozo motivan el acuerdo armonioso de la ampia cadera, del vientre y de los muslos con el tronco, de los cuales
presentimos las formas. La composición clara, la elección
sensible de las forn1.as arquitectónicas y, en fin, las distancias
precisas entre las figuras aumentan el efecto de conjunto.
Si subrayamos la diferencia de las estatuas de Belén y de
las obras anteriores de Braun, no es necesario olvidar que el
cambio de opinión estética estaba también probado por la situación especial de los materiales con los que el artista tenía
que contar en Belén. La libre disposición de las esculturas
en plena naturaleza, y su 3:islainiento l'elativo entre los árbo~
les, exigía mucha más expresión de cada estatua en sí. Al
mismo tiempo, el principio decorativo no era tan primordial
como cuando se trata de uua estatua situada en un parque
o en la vecindad de un edificio. Las esculturas que se erigen
directamente de la tierra, sin pedestal, y aparecen sin fondo
estrictamente delimitado, nec.esitan más desarrollo plástico y
más diversidad· de v_istas. que las estatuas colocadas delante del
hospital. Las diferentes formas de las piedras, incitaban a
crear obras muy variadas también por su volumen y esto debía

�104

Mat.y as Bernard Braun y sus Esculturas de J{uks

igualmente influir en los procesos de realización: el e~ mltor
tenía que trabajar el material desde diferentes farios.
Las esculturas de Braun en Belén son, de toda su obra,
las que expresan más las tradiciones típicamente checas. El
paralelo de su obra con la del pintor barroco checo Petr Brandl,
que trabajó con él en el decorado de Belén, y que estaba en
contacto personal con Braun, salta a la vista. Los dos artistas
tienen la misma pasión sensorial de los grandes cuerpos, la
misma inteligencia por la gran forma plástica y patética.
Ambos partieron de los trabajos de la época, para marchar
hacia un conocimiento más profundo de la vida y de los deseos
humanos. Ambos des~ubrieron en los conflictos dramáticos
nuevos sentimientos y nuevas regiones y transformaron las
escenas bíblicas en aventuras emotivas que seducen siempre
nuestra imaginación. Si nosotros quisiéramos citar un ejemplo de este parentesco, nos sería suficiente recordar a Santa
Elia (1724), por Brandl, donde el gran cuerpo de la santa, que
reposa en el seno de la naturaleza, se expresa de la misma
manera que en los anacoretas de Braun en Belén.
La decoración escultórica de Belén fue interrumpida en
1729 por una brutal intervención. Los jesuitas lograron culpar de herejía a su antiguo enemigo, el conde Spork. Tomaron
represalias, le amenazaron personalmente, le forzaron a quitar
las representaciones infamantes y le embargaron su biblioteca.
Y no fue sino hasta 1731 en que se restableció la situación del
conde, naturalmente a un precio de humillaciones personales
y de concesiones de principios a los jesuitas, cuando la decoración de Belén pudo continuar. Durante esta segunda fase,
Braun se dedicó a terminar el relieve ya comenzado, El Nacimiento de Cristo, y se dedicó a crear La llegada de los Reyes
Magos. En 1731, estas dos obras fueron terminadas. Los dos
grandes relieves que han sufrido mucho los ultrajes del tiempo
son, a diferencia de las esculturas anteriores, épicos y tranquilos a la vez,, más sobrios y equilibrados en sus volúmenes. El
Nacimiento pasa de las figuras poco convexas a figuras de
volumen más marcado, y aun, a algunas figuras más plásticas
que están dispuestas libremente en el primer plano. El motivo está tratado de una manera teatral, recurriendo a la
presentación ilusionista y complicada del barroco; pero la
concepción del conjunto ha cambiado bastante. Ciertos personajes de primer plano, los pastores, se aproximan a la obra
anterior de Braun, mientras que las figuras del bajorrelieve,
dibujadas de una manera más tajante, descubren una nueva
concepción plástica. En la composición de conjunto aparece
un orden lineal más severo, así como una construcción de for-

Jaromír Neumann

mas desnudas, más netas. Los grandes volúmenes densos de
los dos animales y las lí1:1~as rectas de los miembros y de los
cuerpos llaman la atenc10n desde este punto de vista. Las
vestiduras son más severas, siguen de una manera más esbelta
lo~ cuerpos y sus curvas, caen a menudo hacia abajo con pocos
I_&gt;hegues, dest~cando el carácter alargado de ciertos personaJes. Col?- la mism~~ fuerza de expresión, los rostos de los past~res m1ran al nmo con emoción. Todos los detalles están
eJecutados con maestría.
, La tranquilidad de _formas y la lógica constructiva más
fria resaltan sobre el relieve L~ Llegada de los Reyes Magos,
el ~ual fue c;eado ~n poco mas_ tarde tan sólo, en una roca
v~Jma. Detras del angulo deteriorado de la roca, Braun volv10 a colocar el nuevo relieve del Nacimiento. Describió, en
los ~os muros _de la roca, la famosa procesión de los soberanos
ve:n~os de Oriente con sus escuderos y sus criados de aspecto
exotico. Estos dos muros, casi perpendiculares están unidos
el un_o al otro ,Pº~ una diagonal que atraviesa ei espacio. Son
l~s. figuras plasticas las que la crean, ocultando una superficie muerta de la roca. En su improvisión acertada, el escultor no ha logrado, sin embargo, llegar a volver a colocar sin
d_efecto a las figuras ~n relieve del primer plano y el bajorrelieve del p_lano poster10r. La unión mutua de los dos relieves
&lt;lcs~_nb~·e ciertam~~te un gra~ talento y un esfuerzo de adap~acio~ .ª las condicio.1:~s P.~rhculares. Desempeñaban un papel
importante en la umficacion de las formas el servidor arrodillado .Y el mendig_o inválido, tratado de una manera realista.
~l cnado con traJes reales recuerda sin duda las obras antenores,_pero la_ forma d_e expresar el volumen es bastante plana,
con pliegues h~eales finos y agudos que atestiguan un cambio
?e p~nto de vista y revela la colaboración de otra mano. El
lllvahdo que representa un mendigo, medio acostado sobre los
escalones de la igles~a, como un leproso italiano, es interesante
en cuanto al contem~? y al est~dio. Esta figura estaba prob~blemente en conexion con la idea de la fundación del hospital, que debía ser al mismo tiempo lazareto y hospicio para
l?s Yetcranos de las guerras turcas. La realización de esta
figuré:, 110s recuerda l~s obras helénicas. Eu la composición
en triangulo, ~n los :-w,_tc;111as de los pliegues y en los volúmenes, de~~ubnmos r emnnscencias antiguas evidentes. Los caballos cshhzados, lineales, rítmicos en sus actitudes y la fila
de cabezas de ca!11ellos recuerdan ~os frisos antiguos. Bajo
esta _luz, los volumenes de los ammales del relieve vecino
adqmeren una nueva significación.
Bra~n _agotó ciertamente las fuentes de la escultura
barroca italiana-encontraremos paralelos con el arte antiguo.

�106

Jaromír Neumann

l\latyas Bei·nard Bratm y sus Escult11ras ele Kuks

Durante su estancia en Roma, Braun tuvo bastántes ocasiones
para estudiar los relieves de tipo romano que eran los que
estaban más cerca de su propio punto de vista plástico. Sus
colegas italianos, que restauraban frecuentemente obras antiguas, también lo hacían así. Y, en efecto, casi todos los elementos de forma y de contenido que recuerdan lo antiguo de su
obra pueden volverse a encontrar en los relieves de Tito y de
Constantino. Por ejemplo, las filas de caballos yendo al mismo
paso en el triunfo de Tito; el triángulo del personaje acostado,
de rodillas y de pie sobre el relieve del emperador victorioso
Trajano en el arco de Constantino; el motivo del escudero que
se vuelve para ver a su compañero en el medallón de la Caza
del Oso, que pasa del monumento de caza de Adriano al arco
de Constantino. Es probablemente en Roma, donde todos los
escultores barrocos prestaban una gran atención a la escultura
antigua, de donde Braun ha sacado bocetos y quizás aún otros
accesorios sobre los cuales podían apoyarse cuando él esculpía
sus personajes y sus vestiduras.
Los antiguos conocimientos pudieron también ser renovados cuando el artista hizo, en 1727, una corta visita a Viena,
donde pudo notar las tendencias nacientes del clasicismo. Los
rasgos arcaicos en la obra tardía de Braun demuestran su paso
cumplido de la materia descompuesta al volumen sólido, en el
mismo espíritu de la gran desviación histórica del barroco
culminante que iba a prepararse en Europa. Pero estos rasgos
indican también un cambio importante en el taller de Braun.
Sabemos, por los documentos de los archivos, que Braun esbozó la concepción de conjunto del relieve, y que la obra fue
realizada por su amigo Domiuik. Pero existía, evidentemente,
otro personaje, aún más importante, que es en gran medida
responsable del nuevo carácter de las obras; Antonín, el sobrino, quien volvió a tomar bien pronto la dirección del taller
y fue el heredero. y el sucesor de Braun. Braun estaba por
entonces bastante enfermo, sufría la enfermedad de los escultores, la tuberculosis, y por eso debía descansar más en los
miembros de su taller, sobre todo en los más próximos. La
concatenación del estilo de sus obras con las de Antonín es
manifiesta.
En el relieve del Nacimiento, se había añadido, en la
parte superior la estatua de un ángel de grandes dimensiones,
trasladado más tarde al jardín del hospital de Kuks. Los volúmenes muy en relieve muestran una gran capacidad de moderación, que aparece también en el detalle de los angelitos
que juguetean. Las otras estatuas de Belén provienen del taller de Braun no tienen ya las mismas cualidades plásticas,

,.,

107

como se puede ver, sobre todo, en los dos soldados cristianos
que atestiguan la lucha de Spork por una nueva fe y las virtudes cristianas. Después del año de 1731 fue creado El Pequeño Miles Cristiano y bien pronto en 1732, el Gran Miles
Cristiano blandiendo su espada. Estaba situado cerca de la
gruta de Garino, en los límites del dominio de Spork, como
símbolo de la lucha de Spork por un mundo mejor y quizá
también como una amenaza silenciosa dirigida a sus adversarios. Entre las obras tardías que provienen del taller de
Braun hay que citar todavía la estatuita de San Jerónimo con
un cráneo y un león (hacia 1733), situada también ahora en
el jardín del hospital. La participación de Braun no existe ya
para nada. Es casi el desnudo de un anciano; pero delicadamente tratado, con el sentido de las más pequeñas arrugas de
la piel, el cual conserva, hasta cierto punto, la estructura de
la elaboración de la superficie y aun los restos de la antigua
policromía.
Los colores participan en el aspecto general del bosque,
pues en Kuks todas las estatuas que eran hechas de piedra
estaban policromadas. Volvemos a encontrar aun en nuestros
días las huellas de los colores sobre las figuras alegóricas de
las Virtudes y de los Vicios. Un estudio más atento nos permitirá reconstruir, cuando menos parcialmente, el aspecto cromático de Belén. Esta debía ser una impresión muy rara y,
para nuestro sentimiento estético, bastante extraña, puesto que
los cuerpos de Onofre y de Garino poseían los tonos de la
carne, los cabellos y barbas grises, y el blanco de los ojos
brillaba en los rostros. La estatua de San Jerónimo nos enseña
que el color no era uniforme y que variaba de acuerdo con
su lugar. Las rodillas eran mas bien rojas, las manos eran de
color castaño y los párpados y las orejas eran de un color
verdoso. Las vestiduras eran multicolores y armoniosas como
en un cuadro.
Las estatuas expuestas a la intemperie bien pronto perdieron sus colores. El cuadro de Brandl, La Fuga a Egipto,
pintado sobre la pared pulida en una roca, no lejos de la estatua de Garino, desapareció también, pues las pinturas se cuarteaban y la lluvia las borraba. La piedra de Gres, dura y fina,
fue bastante resistente al mal tiempo, y de no haber sido por
la nefasta intervención de las manos humanas, las esculturas
de Braun hubieran podido conservarse sin grandes deteriores.
Pero la construcción de una ciudad vecina, Josefov, a fines
del siglo XVIII, época en que no había ninguna comprensión
por el arte barroco, les dió el golpe fatal: se usaron las piedras de Belén como material de construcción. Y sólo en el

�108

Matyas Bemard Braun y isu11 Escultm•as de Kuks

siglo XIX, con el Romanticismo, se descubrió el gran valor
de las esculturas de Braun: un escultor romántico, Václav
Levy, encontró en ellas hasta una fuente de inspiración para
su obra. Por su parte, el poeta checo Karel Jaromín Erben
se sintió atraído por la contemplación de la estatua de Garino
y compuso uno de sus célebres poemas inspirado en ella. Pero,
con el tiempo, se mejoró la comprensión del arte, y las estatuas de Braun en Kuks son tenidas hoy por uno de los conjuntos más prestigiosos de la escultura barroca en Bohemia.
Todos los años ve Kuks acrecentar su poder de atracción
como corresponde a este precioso testimonio de la cultura barroca europea.

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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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