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S U M·A ll I O •

Ollill} · Reyes ·Autrc;&lt;;~hea, Retrato descofltJcido de ~ Servando
Teresa de Mier • José Eleuterio
González, Biografía del Benemérito
mexicano D.. Servando Teresa de
Mier N oriega y Guerra • Alfon.
so Reyes, Fray Servando Teresa de
Mier • Armando Arteaga Santoyo, Prest:nciq del Padre Mier •
Armando Arteaga Santoyo, Fray
Servando Teresa de Mier jamás fue
apologista de lturbide • Da v i d
Alberto (',0ssío, El padre Mier y la
Bandera Nacional • Santiago
Roel, Fray Servando Teresa de Mier.
(Apuntes biogrtfficos).

SEPTIEMBRE DE 1g63
No. 3 Año 6
II Epoca

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Año 6

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ARMAS yLETRAS

UrHv trt511AI.IO

REVISTA DE LA UNIVERSIDAD DE NUEVO LEON

Rector Interino
LIC. ALFONSO RANGEL GUERRA

Secretario General
LIC. VIRGILIO ACOSTA

Capr'l!a Aff onsina
Bibfiot-Pca Uni1JerftlatitÍ

Departamento de Extensión Universitaria
Coordinador
HUGO PADILLA
Jefe de la Sección Editorial
JOSE ANGEL RENDON

Torre de la Rectoría
Quinto Piso
Ciudad Universitaria
Monterrey, Nuevo León, México

�;

'

y
Revista de la Universidad de Nuevo León
No. 3 Año 6
\.

... ..

\,

Septiembre de 1963

Segunda época

.

SUMARIO

.

'

Alfonso Reyes Aurrecoechea, Retrato desconocido de
Fray Servando Teresa de Mier_______________

9

José Eleuterio González, Biografía del Benemérito mexicano D. Servando Teresa de Mier Noriega y Guerra__

II

Alfonso Reyes, Fray Servando Teresa de Mier_ __

65

Armando Arteaga Santoyo, Presencia del Padre Mier........ ¡6
Armando Arteaga Santoyo, Fray Servando Teresa de Mier
jamás feeé apologista de lturbide_______
83
David Alberto Cossío, El Padre Mier y la Bandera Nacional ____ _ _____ _ _ _ _ _ _ _
t

· :

.,

88

Santiago Roel, Fray Servando Teresa de Mier. (Apuntes
biográficos) _ __ _ _ _ _ _ _ _ _ _
--- . H7

•

�La presente entrega de Armas y Letras, está dedicada a
conmemorar el segundo centenario del natalicio del ilustre
regiomontano Doctor Fray Servando Teresa de Mier Noriega
y Guerra, precursor e incansable luchador por la independencia de México.

Se publican en esta edici6n trabajos de destacados nuevoleoneses, y junto a estos, los de escritores nacidos fuera del Estado, quienes realizaron aquí toda su obra escrita o parte de.
ella.
Contiene este volumen, un estudio sobre el Padre Mier,
escrito por la reconocida pluma de. Alfonso Reyes, quien con
su incomparable estilo dibuja la personalidad del inquieto fraile; Una docttmentada biografía de Fray Servando, que sirvi6
de pr6logo y epilogo a las Memorias dtl padre dominico y en
la cual se incluyen algunos de sus notables discursos, de la que
es autor el Dr. José Eleuterio González; Un extenso ensayo de
David Alberto Cossío, conteniendo datos y comentarios de
gran valor hist6rico; Dos artículos de Armando Arteaga Santoyo, apasionado investigador de la vida del Padre Mier, en
uno de los cucdes lo defiende ardorosamente; y una sintética,
pero exacta biografía, escrita por el erudito historiador Santiago Roe/.

t.

Se incluye, asimismo, una nota del Prof. Alfonso Reyes
Aurrecoechea, sobre el retrato al 6/eo que ilustra la presente
publicaci6n.

5

•

��RETRATO DESCONOCIDO DE FRAY·
SERVANDO TERESA DE MIER.

Este magnífico retrato del Padre Mier- es una interesante
pintura anónima del siglo XIX. Muy bien conservada, muestra n.o obstante, un tenue decoloramiento del morado y el r0:sa de la piel en el rostro.
Se sabe que el cuadro ·perteneció a/, señor D. }osé Marí,i
del Río, Diputado Constituyente durante la época del Presidente Juárez. Pué 'adquirido por el Departamento de Acción
Social de la Universidad de Nuevo León, en cuya oficina se
conserva gracias a las gestiones hechas por los señores Edmundo · O'Gorman y Justino Fernández.
·
Aparece el doctor Mier ataviado con la indumentaria de
obispo: sotana negra, esclavina y solide.o mo.rados, cuello y
corbata blancos que usaba seguramente en su calidad de seglar. Aunque no se tiene noticia cierta de que el ilustre dominicrJ·tuviese la ierarquía de obispo, sabemos que en•·algunos
ecsritos acostumbraba firmar: Servando, Arzobispo de Baltimore. Pór ello creemot que el color morado con que solía
vestirse explica su deseo de ser considerado como tal dignidad.
El historiador Vito Alessio Robles dice: "En todas partes
se hacía notable el padre Mier, cuay edad frisaba en el medio
siglo, con sus rubias y entrecanas guedejas, su color blanco y
sus penetrantes ojos pardos, que lleno de vivaci.dad y de in.quietud recorría todos los lugares de la isla prodigando bendiciones. Se cubría de los rayos solares con un amplio par~
guas verde, usaba solideo, levita, pantalones, medias de seda,
guantes y zapatos, todos de color morado; en una de sus manos refulgía enorme tumbagón de oro con un gran topacio de
color encendido, y en su pecho, una gran cruz pendiente de
una gruesa cadena de oro".
La descripción del rostro corresponde a la que conoce-

9

�mos y que se encuentra consignada en el segundo proceso que
se le siguió, cuyo original, está en poder de la Universidad de
Puebla: "color,,blanco, rubio, ojos pardos, pelo rubio y cejas
un poco negras .
No sabemos a punto fiio en qu época de su vida fué ejecutado este interesante cuadro. Se puede afirmar que data del
año 1823 en que fuera electo Diputado al segundo Congresoi
Constituyente por el Estado de Nuevo León, en vista de que
hasta entonces pudo disfrntar de una vida menos agitada que
le permitiese posar para el pintor, pues conocida es la zamarreada marea que conmovió su existencia. De ser cierta la
afirmación anterior tenemos que el Padre Mier contaba a esa
fecha sesenta años de edad, aunque parece representar menos.
Sin embargo, el propio Mier en algunos de los relatos de su
famosa "Apología", refiere: "luego me preguntó el alcaide
por mi edad, y respondiéndole era de cuarenta años: Muy
bien cuidado ha estado, me dijo. De México salí de treinta
y dos años, aunque apenas representaba veinticinco. A los
cuarenta representaba treinta y dos".
El pintor recuerda la exquisita suavidad y finura de empaste que es aún característica de los pintores de principios del
siglo XIX, con vagas reminiscencias de Cabrera y el pintor español Ximeno y Planes, que fué Director de la Academia de
San Carlos hasta el año de 1825, en que murió.
A.R.A.

Armas y Letras,
Agosto de 1946,
No. 8 Año III

10

BIOGRAFIA DEL BENEMERITO MEXICANO
D. FRAY SERVANDO TERESA DE MIER
NORIEGA Y GUERRA

/OSE ELEUTERJO GONZALEZ
PROLOGO.
Los grandes hombres son un timbre de gloria y un bello
adorno de las naciones que los produjeron: sus biografías vienen á ser la parte más amena, útil é instructiva de la historia:
ligados ellos de una manera indisoluble á los sucesos de su
tiempo, simultáneamente y de bulto nos ofrecen insignes
ejemplos que seguir y peligrosos errores que evitar. En todos
tiempos ha habido biografistas que nos han dado á conocer á
los hombres más eminentes de los pueblos, haciendo con esto
un grandísimo servicio á la humanidad.
Entre los hombres de mérito que ha producido Nuevo
León, ninguno es comparable al Dr. D. Servando Teresa de
Mier Noriega y Guerra, cuyos servicios á la independencia de
la Nación y á la República, y cuyo saber y azarosísima vida le
han dado no poca celebridad. No era fácil que un hombre tan
notable dejara de hallar quien se ocuparª de transmitir á la
posteridad su nombre y sus servicios, sus hechos y las variadas
peripecias de su vida: así es que en 1861 el Dr. Orellana escribió una pequeña biografía del Dr. Mier, con ocasión de las
momias encontradas en el osario de Santo Domingo de México,
en 1863 el Dr. D. José Angel Benavides publicó en "La Revista de Nuevo-León" unos Apuntes para la biografía del Dr.
Mier, D. Manuel Payno escribió una vida del mismo Doctor
en "El Año Nuevo" de 1865; y D. Manuel Rivera Cambas
leyó en el Liceo Hidalgo la noche del 9 de Febrero de 1874
una biografía del Dr. D. Servando Teresa de Mier. Ni las
circunstancias en que estos escritores se encontraron, ni los escasos documentos que á la vista tuvieron eran á propósito para

11

,

�permitirles dar á sus obras la extensión y exactitud que son de
desearse: por eso yo ahora, que cuento con lo que ellos escribieron, que vivo en Monterrey donde he podido recoger algunos datos de los muchísimos parientes del Dr. Mier que aún
viven y de los archivos de la Ciudad, que puedo disponer de
la apología ó memorias de su vida, que el mismo Doctor escribió y que debo al favor del Sr. Lic. D. Emilio Pardo; y que
poseo veintiuna cartas autógrafas del Dr. Mier al Dr. Cantú
y á la Diputación Provincial de Monterrey en tiempo que el
Sr. Mier era Diputado en los dos primeros Congresos de la
Nación, y que todas ellas tratan de asuntos públicos de la más
alta importancia, quiero ensayarme en escribir una biografía
de tan célebre personaje lo más completa y lo más ajustada á la
verdad que pudiere, pues me creo con los materiales suficientes
para tan árdua empresa.

interesan á todo género de personas, pues encontrarán en ellas
muy variada y muy sólida instrucción, sin el fastidio de las
descarnadas formas de las obras didácticas.
LA FAMILIA MIER

No solamente a México interesa la historia del Dr. Mier ;
sino también a todas las Américas. Con el mismo ardor que
defendió la independencia y los derechos de su Patria, defendió la independencia y los derechos de Venezuela y de todas
las naciones americanas, de suerte que cualquiera que, sin saber quien era, lea su primera carta al "Español" lo creerá
Venezolano. Finalmente, las obras del Dr. Mier, por su gracioso estilo, por la prodigiosa extensión de sus noticias históricas y por la profundidad de sus conocimientos teológicos,

No fueron en lo antiguo los títulos de nobleza más que
instrumentos de que se valieron gobiernos hábiles y buenos
conocedores del corazón humano para explotar la vanidad y
soberbia de los hombres, haciendo que estas pasiones ruines
llegaran a producir heroicas acciones en bien de la patria y de
la humanidad. Hoy la razón filosófica condena justamente
las quiméricas distinciones de la alcurnia, de la misma manera
que condena la vanidad y soberbia de los hombres; pero como
éstos no han dejado por eso de ser tan vanidosos y soberbios
como sus mayores, aprecian tanto como apreciaban ellos la
distinción y nobleza de su origen, aunque estén bien persuadidos de lo insustancial é infundado que en sí mismas son estas
cosas. Además, los viejos pergaminos también pertenecen a
la historia, y las opiniones de los hombres, por fútiles y vanas
que sean, cuando han influído algo en sus hechos, deben hallar
un lugar preferente en la narración que de ellos se haga.
Atendidas estas cosas no parecerá extraño que yo comience por
dar una ligera idea de la ilustre familia de que descendió el
héroe de nuestra historia.
En un lugar llamado Buelna perteneciente al principado
de Asturias, hay una antigua casa Solariega, de la que se glorían descender los Duques de Granada y los Marqueses de
Altamira; y la cual dió algunas Abadesas al convento de las
Huelgas, honor que sólo se dispensaba a mujeres que tuvieran
parentesco de consanguinidad con los Reyes. De esta ilustre
casa vinieron á México, en diferentes tiempos, algunos hombres
de mérito, como el oidor D. Cosme de Mier y Trespalacios y
el famoso inquisidor D. Juan de Mier. También á Monterrey
vinieron en 1710 dos personajes de esta distinguida familia: el
uno fué D. Francisco de Mier y Torre, Gobernador y Capitán
General del Nuevo Reyno de León, y el otro fue D. Francisco
de Mier Noriega, escribano público y de Cabildo en Monterrey,
cuya plaza compró en México en público remate antes de

12

13

La obra resultará muy voluminosa, porque para dar a conocer a un hombre tan extraordinario con la claridad conveniente, es necesario insertar íntegros sus discursos, su Apología
y sus cartas, piezas que creo no podrán caber en menos de
cien pliegos impresos; pero solamente de este modo puede
llegarse a conocer perfectamente el inexplicable candor, la
erudición inmensa, el genio festivo, el estilo tan fácil como
elegante, el acendrado patriotismo y los demás no comunes
dotes que caracterizan á tan interesante sujeto. Además su
apología y muchas de sus cartas aún permanecen inéditas, á
riesgo de que se pierdan para siempre, y bueno será que documentos que honran tanto a Monterrey como á la Nación
Mexicana se dén á luz en el mismo lugar que vió nacer á
su autor.

�r

venir, y que también sirvió de secretario al primero. El Gobernad_or, concluíd~ ~u gobierno, se volvió á México en 1714,
el escnbano se radico en Monterrey casándose con Da. Margarita Buentello descendiente de Juan Buentello Guerrero uno
de los primeros conquistadores de esta tierra y alguacil ~ayor
antes de la venida de Zavala. De este matrimonio nacieron
dos hijos, que fueron Da. Antonia Margarita y D. Joaquín.
A poco tiempo después murió D. Francisco de Mier Noriega.
Da. Antonia Margarita casó con el Capitán D. Santiago Fetnández de Tijerina de quien desciende la familia que lleva
este último apellido. La viuda Da. Margarita Buentello, á
pesar de que frente a frente de su casa tenían entonces un colegio los Jesuítas, mandó a estudiar á México á su hijo D. Joaquín. Vino éste de los estudios en 1744, según consta de una
escritura que tengo á la vista, y desde entonces hasta el año de
1790 en que murió, se encuentran en el archivo firmas de él
primero como testigo de asistencia, luego como Regidor y Al~
calde y después como Teniente de Gobernador y Gobernador
Interino. En la milicia provincial, que era entonces lo que es
hoy la guardia nacional, obtuvo todqs los grados militares has-ta _General. Dos veces ~é casado D. Joaquín de Mier Noriega,
pnmero con Da. Antoma Guerra y después con una Sra. Garza,
ambas descendientes de los primeros conquistadores. De estos
matrimonios tuvo D. Joaquín muchos hijos, de los cuales llegaron á grandes los siguientes: Da. Josefa, casada con D. Juan
Rosillo, de la que procedió la familia Canales, que hoy ocupa
un lugar distinguido en Tamaulipas; Da. Adriana, mujer de
D. Joaquín Ugartechea, de donde desciende la familia de este
apellido; el célebre Dr. D. Servando, y D. Vicente, que siguieron la carrera eclesiástica; D. Froylán, del que descienden los
Mier que viven en Cadereyta y los Morales que están en Monterrey; D. Joaquín y D. Antonio, padres de los Mier que hay
en esta ciudad y en otros pueblos; y otra Da. Josefa, casada
con D. Marcos de Ayala, de donde procedió la familia de este
nombre que hoy conocemos en Monterrey.

de Gobierno, el·cual antes fué colegio de los Jesuítas.
La familia Mier ha sido siempre muy distinguida. Muchos de sus miembros han desempeñado muy altos cargos en
el Estado: D. Froylán foé Gobernador en 1815, su hijo D.
Francisco de Mier lo fué en 1823 y el Lic. D. Francisco Morales,
nieto de D. Froylán, obtuvo el mismo cargo en 1846. Muchos
han apreciado siempre su antigüedad y su calidad de descendjentes de los prime.ros conquistadores de esta tierra; y más
que todo la nobleza de su origen por lo Mier. Algunos hari
conservado con sumo aprecio el escudo de armas de su casa
Solariega.

EL DOCTOR MIER
Este señor nació en Monterrey el día 18 de Octubre de
1763 y se bautizó el día 26 según consta en un libro de bautis-m~s del curato de esta ciudad, en el que se lee la partida siguiente: En el margen un brevete que dice: "José Servando
de Santa Teresa". Español". "El 26 de Octubre de setecientos y sesenta y tres años en esta Parroquial de Monterrey, bautizó de licencia Parroqui el Presbítero D. Juan Bautista Baez
Treviño y puso los santos óleos y crisma a José Servando de
Santa Teresa de nueve días de nacido, Español, hijo legítimo
de D. Joaquín Mier Noriega y de Da. Antonia Guerra, Españoles y vecinos de esta Ciudad, fue su padrino D. Salvador
Lozano, vecino de esta dicha ciudad, á quien advertí su obligación y parentesco, y para que conste lo firmamos. -Br.
Bartolomé Molano. -Br. Juan Báez Treviño".

~ casa ..que edificó
Francisco de ~ier Norieg~, que
heredo -su hiJo D. Joaqum y en la que nacieron los hiios de
éste, es la número 26 de la calle del Comercio frente al Palacio

Mucho vale al hombre encontrar, cuando comienza á sentir los primeros destellos de la razón, buenos maestros que les
inculquen sanos principios, y que los primeros conocimientos
que les dén sea sólidos y buenos. Esta buena suerte tocó al
niño Servando, pues en el año de 1767 vino D. Francisco de
Cuevas, hombre muy bueno, natural de México, y estableció
en Monterrey una escuela semejante á las que había en la capital del Virreynato, que era lo mejor que en aquella época
?&lt;&gt;&lt;lía haber; en el mismo año Da. Leonor Gómez de Castro
dejo al morir seis mil pesos para que se fundara una cátedra

14

15

p.

�•

de gramática latina, la cual se estableció en el año siguiente
bajo el magisterio del Br. D. Juan José Paulino Fernández de
Rumayor y bajo el cuidado y dirección del Dr. D. Antonio
Martínez, cura entonces de esta ciudad. En estas escuelas
aprendió el niño Servando Teresa de Mier las primeras letras
y la gramática latina, en la que fué muy aventajado. Se fué
después á México á continuar sus estudios en el colegio de los
frailes dominicos, á quienes lo recomendó su padre, expensándolo amplísimamente. A poco tiempo tomó el hábito en el
convento de Santo Domingo; pero de lo que le pasó en México, el Sr. Rivera Cambas nos da las más circunstanciadas noticias, por lo que copiaré aquí la parte, que á mi propósito
conviene, de su hermosa y bien escrita biografía del Dr. Mier,
leída en el Liceo Hidalgo, dice así:
"Desde que entró al noviciado, su alma ansiosa de li?ertad
estaba continuamente sumergida en escrúpulos, chocando sus
inclinaciones con la observancia de las reglas bajo las cuales
iba a profesar, que no obstante la corta edad del novicio, pues
solamente tenía quince años, detuvo por dos días el plazo señalado para la profesión; pero urgido por el Padre Maestro
León, quien le aseguró que pronto iba a haber una reforma,
profesó bajo este concepto á la edad de diez y seis años, ligándose con eternos lazos cuando no tenía la suficiente deliberación. Desde entonces pasó al Colegio de Portaceli, donde
estudió filosofía con el Padre Arana y el Maestro Barreda, y
Teología con ellos y los Padres Moreno y Piña. Allí estuvo
cerca de siete años y recibió la confirmación del Arzobispo
Haro siendo su padrino el padre lector apellidado Palero, y á
la ve~ se le dieron las órdenes menores, del subdiaconado y de
diácono saliendo de Portaceli ya de Regente de estudios para
el conv~nto grande donde estuvo cerca de cinco meses".
"La presión ejercida sobre su espíritu por el círculo tan
estrecho y mezquino marcado por las reglas, enfermó al padre
Mier, que tuvo necesidad de ir á buscar aires, retirándos~ al
convento de la Piedad, llena su alma de los pesares provenidos
de las constantes contradicciones en las que estaba condenado
á vivir, engañado desde que era todavía un niño".
"Como se lamentaba á menudo de haber profesado, sin-

16

tiendo pertenecer á una corporación que tenía tantos motivos
para ser relajada, procuraban sus superiores aislarlo cada vez
más para lograr la sumisión de aquel espíritu inflexible. Mier
sostenía que entre los profesos "los votos eran impracticables,
las tentaciones muchas y el mal ejemplo acaba por arrastrar
al mejor".
"En el retiro tuvo la patente de lector de Teología moral
y volvió al convento grande á los ocho meses, ya ordenado de
sacerdote; nombrado contluidor, y nuevamente maestro de
estudios, se graduó de Bachiller en Filosofía y Teología, y de
Doctor en esta facultad, cuando apenas tenía la edad de 27
- ,,
anos.
"Entregado aLestudio permanecía el Doctor, cuando seis
años después fué comisionado por el Ayuntamiento de la Capital para pronunciar el famoso sermón el 12 de Diciembre
de 1794".
Los Doctores Orellana y Benavides aseguran, que el Dr.
Mier tomó el hábito de Santo Domingo en 1780, que en el
.:olegio de Portaceli sustentó con gr.ande lucimiento, cinco
actos públicos de Filosofía y Teología, que en 1787 se opuso á
la cátedra de Artes; y que antes de predicar el malhadado
sermón de 12 de Diciembre de 1794, había predicado el sermón
de honras del famoso conquistador Hernán Cortés.
Adelantaré aquí una noticia aunque se halla en los documentos que se han de publicar, porque ella explica en alguna
manera, la verdadera causa de las persecuciones de que fue
objeto el Dr. Mier y pone de manifiesto su carácter sencillo y
candoroso: es el caso que dos veces se tomaron, de orden del
Gobierno, informaciones secretas sobre la conducta y modo
de pensar de Fray Servando, y esto fué porque, como dijo
después el Inquisidor Peredo: Su fuerte y su pasi6n dominante es la independencia revolucionaria".
Es muy natural que el Padre Mier viendo consumada la
independencia de los Estados Unidos sintiera el deseo de que
en México se hiciera otro tanto. Muchísimos mexicanos, sin
duda, pensaron del mismo modo; pero tuvieron la malicia ne-

17

�•

cesaria para ocultar sus pensamientos, y el Padre Mier los manifestaba en todas partes, sin imaginarse que la expresión de
un deseo tan justo pudiera nunca ocasionarle daño alguno.
¡Ah! El inocente Doctor, por su falta de malicia, no podía
comprender de cuántos extravíos son capaces las pasiones políticas irritadas por el insano anhelo de mandar.
Mas ya es tiempo de que el lector tenga la satisfacción de
saber por la misma pluma del ingénuo, candoroso y sapientí1
simo Mier la interesante relación de sus peregrinas aventuras.

( ... )
EL DOCTOR MIER, EN PORTUGAL, ESPAÑA,
INGLATERRA Y AMERICA
Pobre y desvalido, en verdad, pero contento y satisfecho
por estar lejos de la casa de los toribios y en el pleno goce de
su libertad natural, se encontró en el reyno de Portugal el
Doctor Mier, en donde permaneció cosa de tres años. Cuánta
razón tuvieron los antiguos para formular aquel célebre proloquio: Para el t1iaje se han de preparar aquellas prot1isiones
que nadan juntamente con el náufrago. Apenas fueron conocidos los talentos y la instrucción del famoso Doctor cuando
encontró el remedio de sus necesidades: el Sr. Lugo, cónsul
general de España, para el cual escribió una obrita en que están
consignadas las reglas generales de los consulados, lo nombró
su secretario. Con lo que ya pudo vivir desahogadamente en
Lisboa. Acordándose de su primera vocación, que fué entrar
á la orden de predicadores para propagar la fé católica, y estando en un país como Portugal que tanto abunda de judíos,
se dedicó á la enseñanza de los sublimes dogmas del cristianismo, y con estos laudables trabajos logró convertir á la fe de
Cristo y bautizar á dos célebres rabinos con sus familias, por
lo que el Sumo Pontífice Pío VII lo promovió á ser su prelado
l. El presente trabajo del Dr. González constituye el pr6logo y epílogo
de las memorias del Dr. Mier, integradas por su Apología y su Relaci6n de lo que le sucedi6 en Europa. En este artículo se prescinde
de dichas memorias, originalmente insertadas entre el párrafo que
aquí termina y en el que principia.

18

doméstico, cuyo nombramiento recibió de mano del Nuncio
Apostólico de Portugal. Estalló, entre tanto, la gloriosa revolución de los españoles contra los franceses en Mayo de 1808.
El General Junot, gue por orden de Napoleón ocupaba el reyno de Portugal, desarmó y redujo á prisiones á las tropas españolas que pudo haber á las manos. Condolido el Padre
Mier de la miserable suerte y de las escaseces y trabajos de
aquellos pobres prisioneros, les prestó cuantos servicios estuvieron a su alcance, sirviéndoles, socorriéndoles y consolándoles
de cuantas maneras pudo. Vencido Junot y obligado á salir,
por el que después fué Duque de Wellington, vino el general
D. Gregorio Laguna á Portugal á recoger los prisioneros españoles, y .sabiendo lo mucho que en obsequio de éstos pobres
había hecho el Padre Mier, le ofreció una colocación en el ejército que en España se estaba organizando para repeler á los
franceses, aceptó la oferta, pasó con el General Laguna a las
provincias españolas, y fué colocado en la plaza de capellán y
cura castrense del Batallón de voluntarios de Valencia. He
aquí ya en campaña al Doctor Mier combatiendo contra el
terrible Napoleón; y por cierto que no había cosa más de su
ªfado que, combatir contra los déspotas y tiranos, de quienes
d110, despu~s en el Congreso constituyente mexicano, que él
sabna monr; pero no obedecerlos. Cumplió, por cierto como
bueno su peligroso oficio de cura castrense, se encontró ;n muchas y terrbiles batallas, en todas se metía en lo más reñido de
los combates, auxiliando y consolando á los heridos, hasta que
en la batalla de Belchite cayó prisionero en poder de los france~e~. Fué llevado á Zaragoza, en donde por influjo de unos
oficiales que había conocido y tratado en París, consiguió ser
pu~sto en libertad. Pero como él era de un corazón muy compasivo y naturalmente sensible, y como sabía muy bien lo que
e_ran prisiones y trabajos, desde luego se dió a proteger y auxiliar con todas sus fuerzas á sus compañeros de infortunio que
,
'
aun gem1an entre cadenas, por lo que los franceses, temiendo
que pudiera facilitar la fuga á sus prisioneros, lo volvieron a
P?~e~, e? la cárcel. Algunos meses después logró fugarse y se
dmgio a donde se hallaba el general Black a quien se presentó,
y. est; se~or lo mandó á Sevilla muy bien recomendado y pidió a la Junta central que en premio de los buenos servicios

19

�que el Padre Mier había ~restado en el primer ejfr~ito se !e
premiara con una canong~ ~n la Catedral de. Mex.ico. Mas
apenas había tomado conocimiento de ese_ negocio la Junta :entral cuando se disolvió, dejando el Gobierno de la Espana a
la Regencia que estaba en Cádiz. Allá se dirigió luego el Sr.
Mier a seguir sus pretensiones.
De lo que en esta ciudad hizo de cómo pasó á Inglaterra
y de su vuelta a las Américas, tanto_ sus biógr~f~~ como los muchos que han escrito sobre la glonosa exped1eion del General
Mina hablan con mucha variedad; todos cuentan las cosas de
muy 'diversa manera, en términos que me ha sido ~posible
concordarlos. Afortunadamente el mismo Doctor Mier, en el
primer discurso que pronunció en el Co~greso; cuenta, aunq~e
muy sumariamente, lo que entonces paso.. Asi e~ que me guia~
ré por lo que el mismo ref!ere, y de su_ citado discurso tomare
lo que voy a decir en el parrafo que sigue.

volvió a Francia y después de algunos meses regresó á Inglaterr~. , En .Londres co~oció a Mina y se concertó con él para
vemr a urnrse con los mdependientes mexicanos. Para conseguir esto hicieron un tratado con unos comisionados de los Estados-Unidos, cuyo gobierno estaba dispuesto á declarar la guerra a España en favor de la independencia de México. Vinieron Mina y Mier á Wáshington; pero con el Lic. Herrera ministro mexicano independiente, no había llegado, el gobierno
nada hizo y se limitó a recomendarlos al comercio de Baltimore. Allí estaban procurando levantar una buena expedición, cuando D. José Alvarez de Toledo esparció la noticia de
haberse disuelto el Congreso de Tehuacán, lo cual desalentó a
los comerciantes y arruinó la empresa. No sin trabajo consi-guió el Sr. Mier que su amigo M. Daniel Smith le prestara
ciento veinte mil pesos, con los cuales pudieron organizar la
pequeña expedición con que vinieron á las costas de México.

En el año de 18n se presentó el Doctor Mier ante la Regencia de España, pidie?do q~~ e? premio de los. servicios que
había prestado en el primer e1ercito, se le concediera una pensión: la Regencia acce~ió y le se?a.ló tres mil peso~ anuales ~obre las rentas de la mitra de Mexico; mas como a pocos dias
las Cortes prohibieron las pensiones, la Regen~ia, para sustitu_ir
la que había concedido al Padre ~~er, mando que el ConseJ?
de Indias lo propusiera para canomgo de la Catedral de Me;
xico. En ese tiempo solo había vacante una Sub~r.ebench, o
media-ración la cual se le ofreció y no pudo admitir, porque
debiendo pr~sidir el coro como prelado doméstico ,del .Pap:i,
esto era incompatible con ser subprebendado; y mas bien se
decidió á esperar que vacara otra plaza mayor. Entre tanto
los negocios de España habían &lt;!mpe?r~do mucho y los franceses se disponían a bombard~ar a Cad1~; y como ya el ~octor Mier tenía noticia del glonoso alzamiento del C~ra Hidalgo y de la guerra que se había emprendido en México, se determinó a ir á Londres para defender por la prensa los derechos de su patria. Permaneció en Inglaterra cinco años, Y. en
ellos escribió y dió a la prensa sus dos ~artas de ~n a~erzcano al español en Londres y su Revolucton de Anahuac. Además reimprimió algunas obritas del Padre Las Casas. En 1814

Mucho ponderan algunos autores la suma pobreza del
Doctor Mier en Inglaterra; pero lo cierto es que él hizo allí
cosas que no pueden hacerse sin contar con medianos recursos,
pues consta que estuvo algunos años dedicados á escribir é
hizo muy copiosas ediciones de las obras que entonces escribió.
De estas importantes producciones, acaso la más célebre es su
Historia de la Revolución de Anáhuac; la cual le valió e] título de miembro del instituto nacional de Francia, y cuya lectura hizo a Fernando VII quitar el virreynato a Venegas y
nombrar en su lugar á Calleja: D. Carlos María Bustamante
dice, que también la lectura de esta obra convirtió a Iturbide
de realista en Independiente: muy poco se conoce entre nosotros esta interesante obra, porque habiendo comprado casi
toda la edición, que era copiosísima, los enviados de Buenos
Aires, la llevaron á su país. Lástima es que en México no se
haya hecho una reimpresión de esta interesante historia, de la
que hay muy pocos ejemplares en la nación. En Filadelfia
imprimió el Doctor Mier una Memoria política instructiva,
dirigida a los Jefes Independientes de Anáhuac, de la cual remitió seis mil ejemplares, que se esparcieron en la nación con
el manifiesto de Mina: al venirse este General para las costas
mexicanas dió al Doctor Mier la comisión de ir a reconocer la

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�Boquilla de Piedras, para procurar por allí ponerse en comunicación con Victoria o con algún otro jefe independiente; pero el Doctor se quedó en Nueva Orleans, por causa de las
muchas y fuertes tempestades, y mandó al capitán de la fragata en que iba que fuera a practicar el reconocimiento, verificado éste se encontró que la Boquilla de Piedras estaba ocupada por tropts realistas: sabiendo el Doctor Mier que Mina
estaba en Galveston, fué a reunirse con él.
La primera noticia que en Monterrey se tuvo de la expedición de Mina, es la que consta en el siguiente parte, que existe original en el archivo del Gobierno, y que por parecerme
de algún interés lo inserto aquí.

es navarra, vizcaína, inglesa y demás naciones. En virtud de
su l,tra le mandan todo vívere de Jamaica al expresado Mina:
el otro es el gobernador de aquella isla, por papel se hacen los
pagamentos, aunque tienen mucho dinero y víveres de lo que
han robado; á éste lo trata Mina de ladrón y pirata, pero todo
lo tolera por que no han llegado sus tropas, y hasta ahora se
conservan como parciales; pero no tiene mixto uno con otro·
este Orí tiene mucho miedo, no sale de su barraca y Mina po;
donde quiera anda, es mucha la política de este señor. El infame Gutiérrez es del partido de la independencia y está en la
guardaraya de Sabinas o en sus contornos con ciento o doscientos hombres, Orí lo habilita de víveres de los robos que sus
corsarios hacen, el capitán Menchaca es de este mismo partido y hace pocos días que entró en aquella isla con veinte hombres, todos rebeldes fugados de la acción de Medina: hay otros
muchos conocidos que no me acuerdo de sus nombres: hace
poco que estos tiranos agarraron una fragata de una señora
que de Veracruz iba cargada de añil y otros frutos para España, llevaba veinte y siete mil pesos en reales y la tenían de
cautiva. En toda la isla no hay más que ocho mujeres inclusa esta señora; habitación ninguna, todas son barracas; y homores de ambos partidos serán como mil y pico; el rebelde Orí
intenta poblar con los presidiarios que tiene, tiene muchos víveres, vinos, aguardientes, bacalaos, jamón, aceitunas, tornachiles, géneros, etc., nada le falta y todos cuantos en ella estan les
dan ración; por ningún motivo dejan salir; se ignora por dónde intentan su desembarque".

"El 8 del corriente salí del Brazo de Santiago á la Isla de
Corpus Cristi, por toda la playa rumbo al norte, y á las dos
leguas poco más me encontré un bote ó guadaña con una vela
compuesta de pedazos de indianilla y cuatro remos dentro,
obra inglesa muy nueva y muy bien hecha, me asusté al verlo,
porque creí fuesen los indios táncahues, y al gritar ¿quién vive? resultaron de aquellos médanos tres negros y un español
clamando á Dios por qué comer y dando gracias á la Santísima Virgen por haber resultado yo en aquel páramo, sin saber
dónde estaban, muriéndose de hambre, que seguramente para
el 10 al amanecer hubieran sido cadáveres; preguntándoles
que de dónde venían me respondieron, que de la isla de
Galveston se habían fugado el 13 de Enero en la noche por
amor de sus familias, y que eran prisioneros por Mr. Orí pirata ó dueño de corsarios que persiguen la costa de Veracruz,
los tres negros eran marineros de la Bombarda y el blanco capitán piloto y dueño de la Goleta San Antonio Alían Buen
Amigo, apresada en las inmediaciones de Veracruz, unos en
Agosto y el otro en Septiembre, éstos mismos dicen que en
aquella isla hay dos partidos, el uno constitucional y el otro
de la independencia mexicana; el primero lo defiende D. Javier Mina, quien tiene cuatrocientos oficiales de plana mayor,
mucho tren de artillería, monturas, fusiles, etc., y guarda en
aquel puerto quince buques de tropa, en este mismo partido
viene D. Servando Mier y lo tratan de Obispo, su campamento está en el centro del de Mina, y el coronel y la oficialidad

. "Los cuatro individuos que encontré, a fuerza de agua caliente, carne y bastimento que yo llevaba los reforcé, cuidándolos lo mejor que pude, pues estaban, al morir de hambre,
manteniéndose con berros sin saber dónde estaban, hasta que
los conduje al Refugio, de donde el capitán Solís dió cuenta
al Gobierno; el capitán ó dueño de la Goleta dice que era fácil hacer desembarque por el lado opuesto de su campamento
de estos piratas y agarrarlos, la isla tiene siete leguas de trecho, este sugeto se llama D. José María Poso, hijo de Campeche, y los tres negros de la misma costa. Es cuanto me han
contado, y se,IZÚn la formalidad de este capitán todo debe ser

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23

�verdad y mucho más que no me acuerdo". - Cadereita, 25 de
Febrero de 1817. - Andrés de Muguerza".
•

quedándose Andreas al servicio de las tropas del Rey. Con
estas pérdidas y con algunos soldados más que habían desertado, la guarnición del fuerte quedó reducida á menos de la mitad de su primitiva fuerza.

Este Orí, de quien se habla en el parte anterior, era el comodoro Aury a quien encontró Mina en Galveston, dispuesto á apoyar á los independientes; pero que no quiso reunírsele, y solamente le dió algunos auxilios para la expedición que
intentaba. Allí organizó Mina su tropa lo mejor que pudo y
se dirigió á Soto la Marina por consejo de un joven llamado
Anselmo Hinojosa, natural de esa villa, quien les aseguró que
por allí podían fácilmente comunicarse con los independientes; pero este joven estaba en Nueva Orleans desde el año de
diez y realmente no sabía como andaban las cosas de su país.
El día 15 de Abril de 1817 desembarcaron en la barra del río
de Santander y se dirigieron á la Villa de Soto la Marina, que
está diez y ocho leguas río arriba. Aquí mandó el Gral. Mina
construir un fuerte, al Este de la Villa, a la orilla del río, para
depositar en él sus pertrechos. El fuerte se construyó bajo la
dirección del ingeniero Rigal y se pusieron allí cuatro carronadas de los buques, las piezas de campaña, los obuses, dos
morteros y todo el armamento y municiones de boca y guerra
que pudo. Mina se internó, como es bien sabido, hacia San
Luis por el Valle del Maíz á tentar fortuna, dejando en el
fuerte cien hombres al mando del Mayor D. José Sardá, con
orden de resistir hasta lo último prometiéndoles volver pronto
en su socorro si el enemigo llegaba a ponerles sitio. Se quedaron con Sardá en el fuerte el Dr. D. Joaquín Infante, habanero que venía en calidad de Auditor de guerra y el Dr. Mier,
que traía una imprenta, en la que imprimió varios papeles para impulsar la revolución y entre ellos una encíclica, que principalmente dirigió a sus parientes los Guerras, Garzas y Treviños, destinada a probar que la independencia en nada se oponía á la religión. A pocos días después de la salida de Mina
el Teniente coronel Myers y el comisario Bianchi se disgusta•
ron con Sardá y se salieron del fuerte con algunos soldados
que quisieron seguirlos. En otra vez salió el capitán Andreas,
italiano, con una partida a buscar trigo y cuando volvía con
veinte y siete mulas cargadas fué acometido y destrozado por
una partida de realistas, de manera que nadie volvió al fuerte,

"Llegada la división de Arredondo a la Marina con el auxilio del Batallón de Fernando VII, que se le reunió en Padilla, se le puso una especie de bloqueo al fuerte, en el cual mandaba D. José Sardá por encargo de Mina. Se estrechó más á
los cuatro ó cinco días con una batería de ocho piezas que se
logró poner á menos de tiro de fusil la noche del 14 de Junio,
y al siguiente día en virtud de sus fuegos y de toda la tropa

24

25

Del ataque y rendición del fuerte de Soto la Marina hablan con mucha variedad los historiadores, por lo que prefiero lo que dice D. Manuel Céspedes, testigo presencial, en su
relación de las campañas de Arredondo de quien fue ayudante, dice así: "En Abril de 1817 supo Arredondo que en Soto
la Marina, punto de su Comandancia General, había realizado
su desembarque D. Francisco Javier Mina con una expedición,
la que sabía ya desde mucho tiempo antes amenazaba las costas de estas sus provincias. Dispúsose á atacarlo; pero con tanta pausa en los preparativos y en su marcha, corno se infiere la
tardanza en llegar á la Marina, que no hay más que ochenta
leguas. El Virrey Apodaca se desesperaba; órdenes le iban y
venían, todas á cuales más ejecutivas para avivase; pero Arredondo á pretexto de hacer venir tropas de caballería de los
presidios, no salía de su paso. Salió, en fin, de Monterrey en
principios de Mayo por el camino de Linare~, Real de Barbón,
Padilla y Santillana. El Coronel D. Benito Armiñan venía
con su regimiento por Altamira; otra partida de caballería de
San Luis llegó hasta la hacienda del Cojo, y el batallón de línea de Fernando VII entró por Aguayo. Con todos estos auxilios de gente sobradísimos; Mina apenas con doscientos cincuenta hombres extranjeros sin conocimiento del país, burló
á todos, se salió de la colonia, pasando la Sierra Madre y se
unió como quiso con los americanos del bajío. No lo persiguió Arredondo y sólo se dirigió á la Marina a tomar el fuerte
construído por Mina, que con muy poca guarnición había dejado con todo su parque y tren de artillería".

�que aproximándose al fuerte en toda dirección amagó el asalto, se rindió como á las dos de la tarde por capitulación. Los
prisioneros a pocos días fueron despachados á Altamira y de
allí a Veracruz: el Doctor Mier que se halló en el fuerte
acompañando la expedición, á pesar de la capitulación y del
indulto del mismo Arredondo promulgado días antes, y que
hizo valer en su favor, fué remitido á México con un par de
grillos, porque se dijo que había querido se_ducir a un soldado
que le hacía la centinela".
D. Lucas Alamán dice que Arredondo atacó el fuerte con
seiscientos sesenta y seis infantes, ciento nueve artilleros y ochocientos cincuenta caballos, y que los,rendidos por la capitulación fueron treinta y siete, cosa que maravilló mucho al mismo Arredondo; pero que ni aún por eso les cumplió lo estipulado en la capitulación.
A] reducir a prisión al Doctor Mier le saquearon su equipaje y le recogieron todos sus libros y papeles, así como su imprenta. Esta como una cosa inútil, pues allí nadie sabía hacer
uso de ella, y muchísimos ni aun. siquiera se imaginaban para
qué podría servir, la dejaron depositada y así estuvo seis años,
hasta que, como dice el mismo Doctor Mier en su primera
carta al Doctor Cantú, encargó á D. Felipe de la Garza que
fa trajera a Monterrey, como en efecto la trajo y la entregó al
Gobierno, al que sirvió de mucho, por haber sido la primera
imprenta que tuvo, g,ues la que trajo Arr.edondo en el año de
1813, encontra_s!a entre el botín recogido despuéS"'de la batalla
de Medina: era tan pequeña que apenas se podía imprimir en
ella cuarterones de papel. Aún existe hoy, y sirve todavía, en
la imprenta del Gobierno de Nueyo León la prensa que fué
del Doctor Mier. El actual director de la imprenta, C. Viviano Flores, la conoce bien; y sería muy conveniente marcarla y
conservarla como un monumento histórico de importancia.
Apenas se supo en Monterrey la prisión del Doctor Mier
y luego el cabildo eclesiástico, ó más bien el Doctor D. José
León Lobo que como Vicario capitular gobernaba el Obispado
en Sede vacante, dió comisión al Br. D. Joaquín Guzmán, cura
de la Villa de Cruillas, para que procediera á levantar una información sumaria sobre la conducta de Fr. Servando Mier.

26

En esta sumaria declararon como testigos el capitán Andreas,

un oficial apellidado Maxtinik y un fraile franciscano llamado Fray Manuel María Marín de Peñalosa, los dos primeros
desertores de las tropas independientes convertidos en realistas y el último que desempeñaba el oficio de cura de Soto la
Marina.
D. Manuel Payno que asegura haber tenido a la vista esta
sumaria original dice que de ella resultaron los curiosos cargos
siguientes: Que el Doctor Mier vestía trage morado; que confesó á un hombre llamado Máximo García, á quien Mina
había mandado fusilar; que predicó un sermón en la Iglesia
diciendo, entre otras cosas, que los reyes son hechura de los
hombres y no de Dios; que concedió indulgencias; que se decía familiar de su Santidad; que otorgaba muchas palabras del
introito de la misa ú omitía, haciendo parte de las ceremonias
de la iglesia griega; que quería que el cura Fray Manuel Marín
celebrara por falta de vino con aguardiente de Castilla; que
decía que la teología era un conjunto de disparates con que
se alucinaba a los niños; que se e"J)resaba fuertemente contra
el Rey Fernando, contra la tiranía y en favor de la independencia y de la libertad. "Este era, pues, el t1erdadero delito, exclama el Sr. Payno, y todos los demás no eran más que faltas
supuestas".
Concluída esta curiosa sumaria con ella fué remitido el
Doctor Mier á México, por el camino de la Huasteca engrillado y sobre un macho con aparejo. Se confió su custodia á
una escolta de veinte y cinco hombres mandados por un oficial español llamado Félix Ceballos, hombre cruelísimo que
trató con la mayor barbaridad al infeliz prisionero.
El Sr. Payno da una idea cabal de lo que entonces sufrió
el desgraciado Padre Mier, y cita dos interesantes documentos
por lo que copiaré aquí el siguiente pasage de su obra citada
en el prólogo: "El modo brutal y bárbaro con que se trata
siempre a los prisioneros y á los vencidos por la soldadesca feroz, resalta perfectamente en la narración que hace el mismo
Doctor".
"A poco, dice, me pusieron un par de grillos y á las once

27

•

�de la noche me sacaron sobre un macho aparejado con una escolta de veinticinco hombres. Dejo á la consideración de ustedes lo que habré sufrido con semejante equipo y en una edad
avanzada, en la fuerza de los calores y de las lluvias, en bagages todavía peores y pasando largo rato en la plaza de cada lugar expuesto á la vergüenza pública. La humanidad sucumbió
y estuve muy malo de calenturas en Huejutla".
"Allí se le advirtió á mi conductor, que estando enfermo,
con grillos y siendo continuos los ríos caudalosos, voladeros y
precipicios de la Sierra_, no podía dejar de perecer ó estropearme. Milagrosamente, digámoslo así, en seis caídas no recibí
daño particular; pero en la sétima el brazo derecho se me rompió horriblemente, y sin embargo, hace cinco días que estoy
sin curarme por falta de médico, sigo con grillos, incomunicado y encerrado".

,

"Desde Atotonilco el Grande dirigió el Doctor una representación al Virey, y por este documento aparece que el Doctor Mier fué invitado por Mina en Londres para hacer el viaje
a bordo de su buque, que él aceptó con el deseo de volver á su
patria, y que tanto en Nueva Orleans como en Texas y Soto la
Marina, no tenía más objeto que comunicarse con su casa. Como se puede deducir nada de esto era cierto; pero el Doctor
viéndose en las garras de sus enemigos, no tenía más arbitrio
para salvar su vida que reclamar en su favor la gracia del indulto y negar ó disculparse de lo que hubiera podido perjudicarle".

xico á conducirme otro capitán que es más caritativo y éste me
ha traído hasta a~u~, pero rompido el brazo derecho, por lo
~ue n~ puedo es~nbrr; y para enviar una representación al senor rrey he temdo que valerme de un amigo por estar incomurucado. El memorial ó representación está lleno de borro~e~. ~ bien que va a manos de Vd. que lo compondrá, lo rectif!cara, y por e! correo _ó mano propia lo entregará a S. E. lo
m~s pronto posible. Mrre Vd. que en ese memorial está toda
fil esperanza contra la tempestad que espero por instantes.
Hace ocho días que el capitán Ceballos partió para México cargad?,de papeles y acriminaciones contra mí. Temo alguna explos10n antes de continuar el camino y que pues me detienen
aquí, temo me lleven á morir á un calabozo de San Juan de
Ulua como a los padres Subasteguí y Talamantes. Dios me libre caiga en esas garras: ya el Comandante de aquí ha mandado que me tengan bien encerrado como lo estoy y creo que
solo el qué dirán del público los con.tiene. Saque d. muchas
copias de mi memorial y divúlguelas para que se contengan
~n darme u~_Pa~ Cristi. _Déle Vd .. copias á mi primo D. AleJa~dro Trevm?, a los Regidores de la ciudad, principalmente á
Rive~o y Azcarate, al padre Pichardo, al Doctor Alcocer, al
~agistral de Guad~~upe, ~isner_os, á la Marquesa de Aguayo y
a madre; hagan .. dihgencias activas y metan mucho ruido; en
Vd. co~í? como en mi m~s c~ro y fiel_ amig~:.. Yo lo soy suyo
y lo ser~ siempre: memonas a madrecita y nmos. Aunque no
puedo firmar ya sabe Ud. que le escribiré. - Servando Teresa
de Mier".

Y

V

"Pachuca, Julio 26 de 1817.-Sr. D. Agustín Pomposo.Mi caro y dulce amigo: Usted es todo mi consuelo y mi esperanza: desde Huejutla en la Huasteca le escribí a Vd. con
mil ansias y riesgos, porque el capitán Ceballos que rñe conducía era un hombre inexorable. En Atotonilco llegó de Mé-

El Doctor D. Agustín Pomposo Fernández de San Salvador, que siempre fué un verdadero amigo del Doctor Mier
hizo cuantas diligencias le fueron posibles ayudado de los de~
más amigos y parientes del ilustre prisionero; pero, a pesar de
todo, tan luego como llegó el Doctor Mier á México fué mandado preso a la inquisición. Aunque los inquisidores no le form_aron causa hicieron comparecer ante el tribunal y el Doctor
Tirado comenzó por averiguar si tenía rosario, si sabía la
doctrina cristiana y, por fín, le mandó que dijera el padre
nuestro. El Padre Mier le contestó con entereza: "Eso se
les pregunta á los ~uchachos, yo soy Doctor en Teología".
Por fortuna en esos tiempos no era ya el Santo Oficio lo que

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29

"Enfermo de calentura, maltra~ado y con su brazo roto,
sufriendo mil martirios y dolores, continuó el camino y en Julio 26 le encontramos en Pachuca, desde donde escribió u_na
carta al Doctor Pomposo F. de San Salvador, que copiamos íntegra porque completa el cuadro que nos hemos propuesto
trazar".

�había sido antiguamente: su prurut1va severidad se había
rebajado muchísimo, estaba gesacreditado y era ya muy poco
o nada temido, ya no tenía brasero, ya no usaba los tormentos; y más se ocupaba de la política que de la religión. Con
esto nuestro Doctor estuvo allí algo menos mal que lo que
hubiera podido estar en otros tiempos: se le permitió tener
algunas comodidades, escribir, proporcionarse algunos libros
y aun tener alguna comunicación con los de afuera.
Tres años estuvo allí preso, y en ellos escribió su Apología, algunos otros opúsculos y reprodujo la correspondencia
literaria que muchos años antes había tenido en España con
el cronista Muñóz.

Para juzgar al Dr. Mier se había formado un tribunal, como él decía, Hermafrodita, compuesto del Virrey y de D. Félix Alatorre, vicario del Arzobispo. Estos señores mientras el
Doctor estuvo en la inquisición dejaron dormir el negocio; más
viéndole ahora en la cárcel de Corte quisieron de algún modo

Permaneció como un año gozando de su libre albedrío
en el país clásico de la libertad, estudiando el sistema republicano puesto en práctica y las cost4mbres de un pueblo de los
más libres del mundo. Ocupado en estos estudios lo encontró la noticia de haberse consumado la independencia de México, por el triunfo del Plan de Iguala y la entrada del ejército trigarante á la capital de Anáhuac. Desde entonces ya
no pensó sino en volverse a la patria y en la primera oportunidad que tuvo se embarcó para Veracruz, á donde llegó en
Febrero de 1822. Pero apenas había pisado la tierra tan
querida y tan deseada cuando el comandante D. José Dávila
lo aprehendió y lo condujo preso al Castillo de Ulúa, que
aún estaba en poder de los españoles. Se había instalado en
México el primer Congreso constituyente el día 24 de Febrero, aniversario del glorioso pronunciamiento de lturbide en
Iguala; y para esta augusta Asamblea había sido electo Diputado el Doctor Mier por la provincia del Nuevo Reyno de
León. El Congreso reclamó enérgicamente su Diputado é
hizo tales esfuerzos para sacarlo que, al fin, el comandante
Dávila lo entregó. D. Francisco de Paula Arrangoiz dice,
que entonces se sospechó que sí Dávila lo puso en libertad
fué porque lo consideró como un nuevo y poderoso elemento
contra lturbide, como lo fué en efecto. De cualquier manera
ya puesto en libertad marcho inmediatamente para México.
El día 21 de Junio se había coronado lturbide, y á mediados
del siguiente Julio llegó el Doctor Mier. Antes de presentarse en el Congreso obtuyo en San Agustín de las Cuevas
una audiencia del Emperador. En la sesión del día 15 de
Julio de 1822 se presentó el Doctor Mier á ocupar su asiento

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31

Me acuerdo haber oído muchas veces contar al finado D.
Manuel María de Llano la siguiente anécdota, que será ó no
cierta; pero que no carece de gracia. La primera vez que el
Doctor Mier pidió licencia para escribir en su prisión, le trajo
el carcelero un pliego de papel y un lápiz bien cortado, diciéndole que el Santo Tribunal le permitía escribir en aquel
pliego con la condición de que lo escrito había de ser revisado
y si era conveniente se le devolvería y si no nó. Tomó inmediatamente el Doctor el papel y escribió la siguiente cuarteta:
¿Qué cosa es inquisici6n?
Un cristo, dos candeleros
Y tres grandes majaderos
Esta es su definici6n.
Firmó en seguida y devolvió el papel al carcelero para que
lo llevara á la revisión.

•

terminar su encargo, y sin forma de juicio y sin oír al reo, considerándolo indultado desde la capitulación de Soto la Marina, lo mandaron llevar á San Juan de Ulúa, para que allí lo
embarcaran y fuera a gozar su indulto á España. El día 18
de Julio del mismo año de 1820 salió para Veracruz, tan luego como llegó fué conducido á Ulúa, y de allí en la primera
ocasión que se presentó lo embarcaron para Cádiz. En la
Habana tuvo la fortuna de poderse fugar y luego se pasó a
los Estados-Unidos.

Restablecida en 1820 la constitución del año de 12 el Tribunal de la inquisición se disolvió, sin esperar que se le diera
orden de hacerlo, mandó pasar los presos que tenía a la cárcel
de Corte y el archivo al ~rzobispado.

�en el Congreso, sus credenciales habían ~ido aprobadas desde
antes, y después de haber hecho el juramento de costumbre
pronunció eJ siguiente discurso:
"SEÑOR.-Doy gracias al cielo por haberme restituido
al seno de la patria al cabo de 27 años de una persecución la
máz atroz y de trabajos inmens~s: doy gracias al Nuevo
Reyno de León donde nací, por haberme elevado al alto honor de ocupar un asiento en este augusto Congreso: doy
gracias a V.M. por los generosos esfuerzos que hizo para sacarme de la, garras del tirano de Ulúa; y las doy a todos mis
caros paisanos por las atenciones y el aplauso con que me
han recibido y estoy lejos de merecer. Me alegraría tener el
talento y la instrucción que se me atribuyen para corresponder á su concepto y sus esperanzas. Lo que ciertamente poseo es un patriotismo acendrado; mis escritos dan testimoni;, y mi diestra estropeada es &lt;Uila prueba ~rrefragable. Y
todavía si pergama dextra defendi possent, etzam hac defensa
fuissent. Temo haber llegado tarde y que los remedios sean
tan difíciles como los males son graves. No obstante el Emperador se ha servido escucharme dos horas y media, y me
ha prometido que cooperaría con todo su esfuerzo á ~uantos
medios se le propusiesen para el bien de nuestra patna. Yo
estaba alarmado sobre la existencia de la representación nacional; pero me aseguró que cuanto se decía contra ella era
una calumnia, y que estaba resuelto a sostener al Congres_o
como la mejor áncora del imperio. Yo nó pude ocultarl~ mis
sentimientos, patentes en mis escritos, y de que el gobierno
que nos convenía era el republicano, bajo el cual está constituída toda la América del Sur y el resto de la del Norte; pero
también le dije, que no podía ni quería oponerme á lo que
ya estaba hecho, siempre que se nos conservase el gobierno
representativo y se nos t}giese con ~oderación .Y e9uidad..
otra suerte él se perdena, y yo sena su enemigo 1rreconc1hable, ·porque no está en mi mano deiar de serlo contra los
déspotas y tiran9s. Sabría morir; pero no obedecerlos".

J?e

Nosotros no queremos la independencia por la independencia; sino la independencia por la libert~d. Una onza de oro
es una cosa muy preciosa, pero si el que me la dá me prohibe
el uso de ella en las cosas necesarias, lejos de ser un regalo, es
un insulto. Nosotros no hemos estado once años tiñendo con
nuestra sangre los campos del Anáhuac para conseguir una
independencia inútil: la libertad es la que queremos; y si no
se nos cumple, la guerra aun no está concluída; todos los héroes no han muerto, y no faltarán defen~ores a la patria ( y
añadió dándose un golpe en el pecho).

Si fractus illabatur orbis,
lmpavidum ferient ruinae".
"Hoy me limitaré, señor, á pedir solamente la restitución
de mis libros, papeles, mapas e insignias doctorales. Los mexicanos en el año de 1749 me llenaron de imprecaciones creyendo que en un sermón había negado la tradición de Nuestra Señora de Guadalupe. Los engañaron: tal no me había
pasado por la imaginación: expresamente protesto que predicaba para defenderla y realzarla".
"Lo que yo predique fue, que la América, no más pecadora que el resto del mundo, entró también en el plan de la
redención del género humano; y que habiendo Jesucristo mandado á sus apóstoles á anunciar a toda creatura que estuviese

bajo del cielo, en el mundo entero, hasta lo dltimo de la tierra
expresiones todas del evangelio, precisamente debió venir uno
siquiera á la mitad del globo, á la parte mayor del mundo
que es la que nosotros habitamos_: y como al que vino llamaron los indios Santo Tomé dije que fué el Apóstol Santo Tomás: este mismo ha sido el dictámen de muchos y gravísimos autores, aún Arzobispos, Obispos y Cardenales, como
tengo ya demostrado en mis escritos".
"A consecuencia dije: que la Virgen Santísima no aguardó para ser nuestra señora y madre a que pasaran mil seiscientos años, sino que lo fué desde que lo comenzó á ser de
todos los cristianos. La misma Virgen en su primer recado,
habló así á Juan Diego: Dirá~ al Obispo que te envía la ma-

"Roguemos a Dios le inspire nos mante_nga, no sólo la
independencia sino la libertad. Independiente es Turquía,
independiente es Berberia; pero sus habitantes són esclavos.

dre del verdadero Dios, y que quiero que se me edifique un

32

33'

�templo en este lugar, desde donde muestre las antiguas entrañas de Madre, que yo conservo á fa gente de tu linaje. ¿Cuáles eran estas antiguas entrañas de Madre que conservaba el
linaje de los indios, si se había estado mirándolos bajar á los
infiernos diez y seis siglos, sin echarles una ojeada de compasión hasta que vinieron á degollarlos y esclavizarlos apóstoles de cimitarra?".
"En acabando yo de predicar, los canónigos de Guadalupe me pidieron el sermón para archivarlo como una pieza
erudita que hacía honor á las Américas; pero los regidores de
la ciudad me dijeron que no lo diese porque se trataría de imprimirlo. Esto fué viernes, y ni entonces ni el sábado hubo
escándalo ó novedad alguna. Mas los españoles comenzaron
á decir que yo había intentado quitarles la gloria de habernos traído el evangelio: como si esa gloria fuese suya y no
nuestra, pues fué de nuestros padres: Gloria fiiiorum patres
eorum. También me acusaban de que así arruinaba los derechos del rey de España en las Américas, fundados en la
predicación del evangelio; como si el evangelio de paz y libertad pudiera ser título de dominio. Con ésto el señor Haro, á quien Dios había permitido en su cólera pasase con el
nombre de pastor a nuestra América, sin encomendarse a Dios
ni al diablo, sin haberme oído ni héchome cargo alguno, envió orden a las Iglesias para que los oradores del Domingo
infraoctava de Guadalupe, predicasen contra mi por haber
negado la tradición".
" . .. Ex templo it fama per urbem,
Fama mal.um, quo non velocius ullum
Movilitate viget, viresque acquirit eundo".
"Correspondió d mitote á la solemnidad del T eponaxtle,
y los procedimientos ulteriores fueron conformes á la calumnia esparcida. Era provincial de Santo Domingo Fr. Domingo Gandarias, enemigo tan jurado de los americanos, como
el mismo Arzobispo: Príncipes convenerunt in unum, y yo
fuí preso contra los privilegios de los regulares. Porque pedí
se me oyera, se me quitaron tintero, papel, libros y comunicaciones. No se hubiera hecho más en el baño de Constanti-

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nopla. El Arzobispo había impreso el domingo in pasione
de 1795 un edicto, clandestinamente para que no llegase á
mi nottc1a. Llegó sin embargo; pedí arbitrio para: interponer recurso de fuerza a la real audiencia y se me negó; y á
otro día de haberse publicado el edicto se II?-e intimó la sentencia de diez años de destierro a la Península, reclusión todo
ese tiempo en el convento de las Caldas, que está en un desierto, y perpetua inutilidad para toda enseñanza pública en
cátedra, púlpito y confesionario. La inquisición, ese monstruo de las sartenes y las parrillas, no hubiera puesto mayor
pena á un hereje convencido de tal. Se me confiscaron mis
bienes, mi biblioteca y hasta las insignias de Doctor. No se
ha visto un despojo más completo: libertad, honor y patria,
bienes; todo se me qüitó. La academia real de historia de
Madrid se hizo leer hasta cinco veces esta sentencia, porque
no se acababan de creer su exhorbitancia; pero no sólo era excesiva sino injusta por falta de trámites legales, y nula por la
incompete!}cia de Arzobispo sobre un regular exento, a quien
no se acusaba de herejía. El se fupdaba para esperar su confirmación en dos procesos que me ha~ían hecho los vireyes,
a causa de que deseaba la libertad de mi patria. El patriotismo en mi no es una cosa nueva, y todo el ruido quei movió, y
la sentencia que dió el Arzobispo, no era más que el antiamericanismo en su delirio y rabia".
"Yo recurrí al rey, quien mandó oírme ante el Consejo
de Indias, y éste consultó a la real academia de la historia, que
era entonces quizá el cuerpo más sabio de la nación, y que
examinó el asunto ocho meses casi exclusivamente. Al fín
respondió que yo no había negado la tradición de Guadalupe, ni había en mi sermón cosa alguna digna de censura o nota teológica: que todo lo actuado en México era ilegal e injusto, y obra toda de la envidia y otras pasiones: que el Arzobispo había excedido todas sus facultades, y su edicto era
un libelo infamatorio, desatinado y fanático, indignísimo de
un prelado: que por lo tanto debía recogerse, el orador ser
indemnizado como pedía en honor, patria y bienes, y puesto bajo el escudo de las leyes contra sus perseguidores".
"El Ilmo. Fiscal del Consejo pidió a consecuencia que

35

�se reprendiese al Arzobispo, que se le multase, se recogiese su
edicto se me restituyese á la patria con todo honor á costa del
erario: se me reinstalase en todos mis honores y bienes, indemnizándome de todos mis perjuicios y padecimientos a
costa de mis perseguidores".
"Mi triunfo fué completo; pero por la muerte del Arzobispo y otros incidentes, no se ejecutó la sentencia. Yo reclamé ante la Regencia de España el año de 18n pidiendo una
pensión, y se me señaló de tres mil pesos _s~re la mitra ?e
México. Pero como luego las Cortes prohibieron las pensiones, la Regencia mandó a la Cámara de Indias me consultase
en primer lugar para canónigo ó dignidad de la catedra~ de
México, conforme ya había pedido el general Bl?c~ ~ la Junta central por mis servicios hechos desde el principio de la
guerra en el primer ejército. No había vacante sino una media-ración que se me ofreció y no pude aceptar, porque debiendo presidir el ~oro com? prelado domés_tico ?el S~~o
Pontífice, no era esto compatible c~m ser medio-racionero .
"Mientras una plaza mayor vacaba, España se acababa de
perder, Cádiz iba á ser bombardeado; el grito de li?e:tad había resonado en mi patria, y para defenderla me retrre a Londres· escribí é imprimí la primera y segunda Carta de un america~o al español en Londres; hice la primera reimpresión de
Casas, que repetí después en Filadelfia ~on ~n prólogo más _e;tenso, y dí á luz en dos tomos 49 la Historia de la revolucion
de Anáhuac ó Nueva España".
"De Londres venimos el General Mina y yo sobre tratado hecho con los comisionados del Gobiern9 de los Estados
Unidos que había resuelto decl~r~r la guerra á E~paña. e_n fa.
vor de la independencia de Mexico. No se habia verificado
cuando llegamos á Norte América, porque el ministro de ~éxico no se había presentado en Wáshington. Pero el Gobierno nos recomendó al comercio de Baltimore, y estábamos levantando una expedición brillante, que desde .e~tonces ~ubiera dado la libertad a la patria, cuando la noticia esparcida
por Toledo, de haberse disuelto el Congreso de !ehuacá~, n~s
arruinó enteramente. Solamente pude conseguir de m1 affilgo Míster Daniel Smith el préstamo de ciento veinte mil

36

pesos, y con esto trajimos la pequeña expedición con que Mina y yo desembarcamos en Soto la Marina. ¡Ojalá que aquel
joven de 26 años, tan instruído como generoso y valiente, liubiera seguido mis consejos! La patria hubiera sido libre desde entonces, y él no hubiera perecido al lado de tantos jóvenes ilustres que nos acompañaban. La gratitud mexicana no
permitirá que sus laureles queden sepultados".

"Los que qucdamQ_S en el fuerte de Soto la Marina, habiéndonos defendido hasta más no poder, capitulamos con
muchísimo honor, y uno de los artículos fué la conservación
íntegra de nuestros equipages. Nada se nos cumplió; y la
guardia de Arredondo me robó un equipage valuable: no
pude cargar con tres cajones de mis.libros y se los llevó Arredondo, á quien se los arranqué valiéndome de la inquisición.
Para ésta me condujo con grillos y una escolta de veinticinco
hombres, por camino de pájaros sobre la sierra, un caribe
europeo llamado Félix Ceballos, que parece tenía orden de
matarme á fuerza de insultos, afrentas y maltratamientos. A
cada paso amenazaba fusilarme, según sus instrucciones, y quizo hacerlo en las Presas sólo porque le dije que no era afrenta padecer por la patria. Es mucho que yo haya escapado de
este tigre con sólo un brazo estropeado. Pero sepa V.M. que
este europeo, sin embargo de haberse opuesto a la independencia, es para oprobio nuestro, capitán de granaderos en el
Saltillo, y tiene puesto en su hoja de servicios, por uno insigne, haber conducido preso a México al apóstata Mier".
"No tuvo vergüenza el Gobierno de levantarme en sus
gacetas esta apostasía después de 17 años de estar secularizado,
siendo mi benévolo receptor el mismo Sumo Pontífice. Embusteros sin pudor para desacreditar á los defensores de la
patria. ¿Quién me ha quitado ahora esta apostasía para ser
un representante de la nación?".
"Señor, en la inquisición, donde estuve sepultado tres
años, escribí mi vida, creo que en cien pliegos comenzando
desde mi sermón de 1794 hasta mi entrada en Portugal en
r8o5: reproduje la correspondencia literaria que había tenido desde Burgos con D. Juan Bautistd Muñoz, Cronista real
de las indias, y escribí otros varios opúsculos. Todo esto con

37

�1 1

mis tres cajones de libros y varios documentos que presenté á
la inquisición cuando entré, pasó al Arzobispado cuando ella
fué extinguida".
"Como muchos desearán saber la verdadera causa pqr
qué estuve en los calabozos de la Santa de la Vela Verde, me
ha de permitir V.M. ~a lea á lo menos ~n pedazo de la carta
que escribieron los inquisidores á su compinche Apodaca el
día 26 de Mayo de 1820; es decir, cµandr_el. winot:¡.uro estaba
dando impenitente las últimas boqueadas. La pieza es auténtica y pública, y fué impresa en el Noticioso de la Habana del día ·17 de Septiembre del mismo año".
"Fr. Servando ( dice el decano, porque :me trataba de
fraile apóstata para complacer á Apodaca, aunque ellos en
su propia cárcel me trataban de ~onseñor, según me corresponde) es el hombre más perjudicial y temible de este rey no
de cuantos se han conocido: es de un carácter altivo, soberbio y presuntuoso: posee una instrucción muy vasta en la
mala literatura: es de un genio duroLvivo y audaz, su talento no común y logra además, una gran facilidad para producirse. Su corazón está tan corrompido, que lejos de haber
manifestado en el tiempo de su prisión alguna variación, de
ideas, no hemos recibido sino pruebas de una lastimosa obstinación. Aún conserva un áp.imo inflexible, un espíritu tranquilo, superior a sus desgracias. En una palabra: su fuerte
y pasión dominante es la independencia revolucionaria, que
desgraciadamente ha inspirado y fomentado en amb~s Américas, por medio de sus escritos, llenos de ponzoña y de veneno. La adjunta obra en dos tomos, (la Historia de la Revolución de Nueva España) que con otros documentos acompaño a V.E. y de cuya lectura el Tribunal ha tenido a bien
privar aún a los que tienen licencia de leer libros prohibidos,
dará desde luego a V.E. la más exacta _idea del carácter de
este hombre, y de lo muy interesante que es la seguridad de
su persona para la quietud pública, bien de la religión y del
Estado. Todo lo cual pongo en el superior conocimiento de
V.E. de orden de este Tribunal. - Antonio Peredo".
"He aquí de lo que se ocupaba el que llamaban Santo
tribunal de la· fe: ·de castigarnos porque deseábamos la inde-

38

penden,cia de n~estr~ patria. He leído esta carta para que se
vea_ cuál era.~ delito, y no cre~n que estaba allí por alg{¡.n
?eh,to de reli~10n. Yo la 4e defendido contra los incrédul~s
1udio~ Y h~re1es. Por haber. impugnado a Volney que negab;
la ,existencia de Jesucrist9, se me dió el curato de Santo Tomas de -~arís. Por haber convertido dos célebres Rabinos con
sus f~ilias, el Sumo Pontífice me promovió á ser su Prelado
domesnc_o. Ya era protonotario apostólico".
, me admira es, cómo tuvieron valor los in, . ."Lo que mas
q~mdores para prohibir la susodicha historia, sin haberme
01do conf?r~~ manda, ~o sólo una ley de Carlos III, sino
1~. Bula Sz ltczta et provtda de Ben~dicto XIV. Cuando me
?i~er~n que s~s c~l~f~~adores habían hallado á mi historia
miunosa a la rnqumcion y a Alejandro Borja, respondí que
era~ dos. monstruos contra los cuales no podía caber libelo: v
pedi copia de la censura para contestarla".
·
"Lo_ má~ gracioso es que Fernando VII habiendo leído
la tal histona y mandado poner preso al pícaro Cancelada
( qu~ lo estuvo á ~uenta mía dos años y medio) envió po;
med!o de su em~aJador en Londres, á comprar á cualquier
pr~cio al~n?s e1~mplares para repartir en su Corte. La
IIU_sma hist?r~a fue motivo para que el célebre Obispo Grego_ire,_ apoyandolo el _Barón de_ Humboldt, me propusiese para ~emb~o del Instituto Nacional de Francia; supremo honor lttera~10 en Europa".
"?esengañémonos, señores, la inquisición no era más que
un tn~unal de po~icía, y los inquisidores unos alcahuetes del
despotism~.. El_ termino no es noble: pero no lo era más
aquel_ deposito ~fame y an~ievangélico de chismes políticos,
?elaciones y esp1onage, cubierto todo hipócritamente con el
Juramento del sigilo y el velo sagrado de la religión. Eran
unos francmasones de mala r2 za como yo se los dije".
"La noche del 18 de Julio de 1820, que salí de México
para Veracruz, reclamé mis libros, mis papeles y documento~, que ?: , la inquisic~ón habían pasado al Arzobispado: el
Virey oficip al Arzobispo, y respondió su vicario D. Félix
Alatorre, que mis documentos y ,papeles eraR necesarios pa-

39

�ra mi causa: y de los libros, unos estaban prohibidos aún
para los que tienen licencia de leerlos, otros necesitaban expurgarse, y los demás eran de franca entrega, para cuya secreción se pasaba lista al Doctor Carrasco del convento de
Santo Domingo".
"En cuanto á lo primero, respondí al Sr. Alatorre desde
San Juan de Ulúa, que mi causa era puramente política, y
que habiéndose unido dicho Vicario general al Virey en un
tribunal hermafrodita y de su ere.ación contra la constitución,
para enviarme sin oírme a disfrutar mi indulto á España, no
sabía lo que tenía aún que hacer el Arzobispo conmigo; especialmente no estando yo sujeto sino Sumo Pontífice, como prelado de su casa; y en cuanto a mis libros pregunté ¿si todavía regía el expurgatorio bárbaro de la extinguida inquisición,
que con algunos libros malos tenía prohibidos muchos excelentes, y sepultada á la nación en la ignorancia? Las Cortes
de España habían reprendido sobre iguales procederes a varios vicarios eclesiásticos de España, y mandado no se tuviesen por prohibidos sino los libros que lo estuviesen por las
mismas Cortes. Consta de mis documentos, que yo tengo
licencia del Sumo Pontífice para leer todo género de libros
sin excepción, como que soy un teólogo controversista conocido:
y sin embargo, no traía sino dos ó tres prohibidos, precisamente porque los estaba impugnando: y el inquisidor Tirado, con la impugnación en la mano me dijo, que me hacía
mucho honor. ¿Cómo se han de impugnar los libros malos
sin leerlos? ¿Cómo se han de combatir a los enemigos de la
religión sin conocer sus armas? Estas son injusticias evidentes".
"Pido, por tanto, á Vuestra Soberanía, mande a los prelados de Santo Domingo me devuelvan mi librería y mis insignias doctorales. Además que ya estaba mandado por el
Consejo de Indias, á consecuencia del pleito que gané, se me
restituyesen mis bienes: mi librería nada tenía que ver con
aquellos religiosos. Desde joven la tenía y la había comprado con dinero de mi familia. Al mismo y no á los frailes
debí lo que gasté para el grado de Doctor. La sentencia del
Arzobispo no había recaído sobre mis bienes; y así que me

40

los. devuelvan los religiosos-, ó si han dispuesto de ellos, me

satisfagan su importe".
'.'Pido lo segundo, que de mi equipage robado en Soto la
Mar~a se me mande restituir lo que pueda hallarse: y estoy mformado que en la secretaría de la Comandancia General, ,r~sidente ho~ en el Saltillo, existe un bello mapa de la
Amenca septentrional por Arosmith dividido en dos partes
que me costó bien caro".
'
'
. "Pido lo tercero, que se mande al vicario general del Arzobispado me. devuel~a .todos mis libros, papeles, documento~ Y manuscntos, pnncipalmente los que he mencionado es~ntos en la inquisición, ~egún Y. como conste de las listas que
esta le haya pasado, y s1 algo tiene que exponer sobre libros
etc., m,e lo 1iga .Y. oiga. Si algo ha extraviado el vicario ge~
neral o los mqumdores, lo recojan y me lo entreguen ó me
lo paguen. Sé que algunos papeles míos pasaron al Gobierno o sus ministriles: he oído que mucho de lo mío para en
poder del intendente. Vuestra Soberanía se servirá mandar
que se me devuelvan todas mis cos~ en cualquier poder que
se hallen y suplico me perdone el haber interrumpido con tan
larga exposición sus graves ocupaciones".
. , Desde el pr~ncipio de este discurso se ve cuál era la opimon d~l Dr. Mier sobre la forma de gobierno que él creía
convemrnos. No pudo disimular sus sentimientos, y cuando
se presentó al Emperador ni quiso darle el tratamiento de
Magesta,d ~i le ocultó su deseo de que México se constituyera
~n Repubhca. En el Congreso sostuvo siempre las mismas
ideas ! trabajó cuanto pudo porque la nación fuera libre y
re~u?}icana. El con~~yó más q_ue nadie á generalizar la
op~ion por el repubhcamsmo, co!} lo que se atrajo la animadversión de lturbide, de quien al 'fín, fue el más acérrimo enemigo, como se lo había prometido. Reprobaba altamente sus
act?5 de despotismo y sus tendencias al poder absoluto, ridiculizaba su consagración y coronación, diciendo con mucha
gracia. y ~yor malic~a, que la consagración de los reyes era
la aphcacion del medicamento llamado el vinagre de los cuatro ladr~nes. Se burlaba también de los trages, insignias y
ceremomas de la orden de Guadalupe comparándola a las

41

�comparsas de personages ridículos, llamados Huehuenches,
con las que los indígenas acostumbran solemnizar sus fiestas,
por lo que por muchos años les quedó á los Caballeros de
Guadalupe el apodo burlesco de los Huehuenches.
El 28 de Agosto se descubrió una conspiración de los republicanos contra el Emperador, y éste creyendo que algunos
Diputados tenían parte en ella, dió orden verbal a D. Luis
Quintanar de aprehenderlos, entre ellos al Doctor Mier, y de
llevarlos presos al convento de Santo Domingo, de cuyo provincial Carrasco, tenía lturbide gran confianza.

con_ l?s desbarros que había hecho y dando una prueba de su
d;b1h~ad, convocó ~e nuevo al mismo Congreso que él hab1a disuelto para remstalarlo, como lo hizo el día 20 de Marz~, se apresuró el Doctor Mier y vino á ocupar su asiento de
D1put~do. Ante este Congreso abdicó Iturbide la corona. El
Sr. M~er sostuvo, con toda la vehemencia de su carácter, que
por nmguna manera debía desterrarse al tirano: sino condena~lo a muerte, para cortar el mal de raíz, asegurar la paz
Y q~1tar a cualquier otro ambicioso la esperanza de realizar
sus mtentos. Prevaleció la opinión contraria e Iturbide fué
desterrado; más á poco después este mismo Congreso &lt;lió un
decreto declarándolo fuera de la ley.

En esa misma noche cumplió Quintanar la orden. Desde su prisión siguió el Padre Mier satirizando a lturbide y
predicando el republicanismo de cuantas maneras podía. En
Diciembre de ese año estalló en Veracruz la revolución acaudillada por Santa Anna, proclamando la República, por lo que
se redobló el cuidado con los presos. El Doctor Mier, temiendo algún desmán de los imperiales, procuró fugarse y
lo consiguió, saliéndose por entre la guardia sin ser conocido,
disfrazado con el hábito del Padre Marchen a: pero, por su
desgracia, fue á ocultarse en la ca~a de unas beatas, que por
escrúpulos de conciencia y aconsejadas por un Padre filipense,
lo denunciaron, y fue _reaprehendido y llevado por doce granaderos a la cárcel de Corte, en donde lo pusieron en un calabozo llamado del olvido. Al cabo de algún tiempo lo sacaron de allí y lo llevaron al antiguo edificio de la inquisición. Aquí parece que la Alta Providencia, condolida de la
miserable su~rte del perseguido Doctor, dispuso que ésta fuera la última vez que viera perdida su libertad, y que ya se le
permitiera gozar en paz los últimos años de su azarosa vida;
pues el día once de Febrero de 1823 se pronunció un cuerpo
de tropas de la guarnición de México por el plan de Santa
Anna y sacando al Doctor Mier de la prisión lo pusieron en
libertad, y ya no volvió nunca a estar preso. Se salió de la
ciudad y se juntó con una partida de patriotas de las que peleaban contra el tirano. En su primera carta á la Diputación
Provincial de Monterrey con mucho énfasis dice: "Cuando
yo entré en Toluca, porque mi tropa gritaba República, la
guarnición apeló a las armas". Cuando Iturbide, aturdido

En las cartas, del Doctor Mier, dirigidas á la Diputación
Y al Doctor Cantu, se, v_e lo mucho que trabajó en el Congres~ al estab!ecerse el reg1men republicano. En su casa se reuman los diputados y discutían las bases, en su casa se reeactaban lo_s proyectos, e~ su casa se extendían los dictámenes y
se estud1~?an, y re~o!v1an las ~udas. El, para mejor preparar
~ _l~, nac1on a rec1b1T. u~, gobierno representativo y popular,
1111c1~, s_ostuvo y cons1gu10 que se establecieran Diputaciones
Provmc1ales en las provincias g_ue no las tenían, que en todas
s;. separaran las Comandancias generales de las Jefaturas poht1cas, que ~n ~ez de las Diputaciones se pusier~n luego Congresos provmc1ales, antes de dar la Constitucion; y que en
tod_as ~artes se organizaran los gobierno con mayor suma de
atr!b~c1ones. Declarado este Congreso convocante, contra la
opm1on del Doctor Mier, y expedida la convocatoria para un
nuevo Congreso constituyente, trabajó mucho en las eleccio~es par~ que salieran electos los hombres más sabios y meJOr p~tnotas. El mismo fue reelecto por Nuevo León, y sus
tr_aba1os en este segundo Congreso no fueron menos asiduos
m me~os útiles que en el primero. Todos los Diputados eran
republicanos, todos querían la federación: y sin embargo se
f~rmaron dos partidos en el seno del Congreso: los unos' cap1tanea_dos por el Doctor Mier, querían una federación algo
centralizada, en la que el Gobierno General quedara con más
poder que las provincias, para que el pueblo no pasara de
repente del gobierno monárquico absoluto al_más liberal po-

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43

�sible, como quien pasa repentinamente de las tinieblas á la
luz: los otros, acaudillados por el Doctor Ramos Arizpe,
querían hacer una federación aún más laxa todavía que la de
los Estados Unidos de América. El día 13 de Diciembre de
1823, que se discutió el artículo 50. de la acta constitutiva,
pronunció d Doctor Mier el siguiente discurso, que se impripiió y reimprimió con el título de: Profecía del Doctor
Mier sobre la federación mexicana:
"SE'fi¡OR.-(Antes de comenzar digo: voy a impugnar

el artículo 50. ó de república federada en el sentido del 6o.

'

que la propone compuesta de Estados soberanos e independientes. Y así es indispensable que me roce con éste: lo que
advierto para que no se me llame al orden. Cuando se trata
de discutir sin pasión los asuntos más importantes de la patria, sujetarse nimiamente á ritualidades sería. dejar el fín por
los . medios). Nadie creo podrá dudar de mi patriotismo.
Son conocidos mis escritos en favor de la independencia y libertad de la América; Son públicos mis largos padecimientos, y llevo las cicatrices en mi cuerpo. Otros podrán alegar
servicios á la patria iguales á los míos; pero mayores ninguno,
á lo menos en su género. Y con todo nada he pedido, nada
me han dado. Y después de 6o años ¿qué tengo que esperar sino el sepulcro? Me asiste, pues, un derecho, para que
cuando voy a hablar de lo que debe decidir la suerte de mi
patria, se me crea desinteresado é imparcial. Puedo errar en
mis opiniones, este es el patrimonio del hombre; pero se me
haría suma injusticia en sospechar de la pureza y rectitud de
mis intenciones".

"¿ Y se podrá dudar de mi republicanismo? Casi no salía

las bases del proyecto de constitución mandando circular por

el Congreso anterior."

"Permttase~e
'
notar aquí, que aunque algunas provincias
se h~n vanagloriado ~e hab;rnos obligado á dar este paso y
pubµcar la co~vocat,ona, estan engañadas. Apenas derribado
el a.rano se remstalo el Congreso, cuando yo convoqué á mi
casa una numerosa reunión. de Diputados, y les propuse que
d~clarando la forma ~e gobi~rno republicano, como ya se habian adelan~ado a pedrrla vanos diputados en proporciones formales, Y de1ado_ ~n torno del gobierno, para que lo dirigiese,
un. S;nado prov1S1onal de la flor de los liberales, los demás nos
retirasemos
convocando
un nuevo Congreso. Todos rec1·b·1e.
. .,
r~n IDI proposic10n con entusiasmo y querían hacerla al otro
dia en el Congr_eso. Varios diputados hay en vuestro seno de
l~s que co~curneron y pueden servirme de testigos. Pero las
crrcunstancias de entonces eran tan críticas para el Gobierno
que algunos de sus miembros temblaron de verse privados un
mo~ento de las luces, el apoyo y prestigio de la representación
n~cional. Por este motivo fue que resolvimos trabajar inmedia~am~te ,un pro~~cto de bases constitucionales, el cual diese
t~st_unon10 a la nac1on, que si hasta entonces nos habíamos resistido á dar una constitución, aunque Iturbide nos la exigía
fué por n? consolidar su trono; pero luego que logramos liber~
tamos Y_libertar á la nación del tirano, nos habíamos dedicado
a c~plir el encargo de constituírla. Una comisión de mis
amig?! nom~rada por mí, que después ratificó el Congreso,
traba10 en mi cas~ den~ro ~e diez y ocho días el proyecto de
bases que ~o llego a d1~utJ.rse, porque las provincias comenzaron .~ gnta; que carec1amos de f~cultades para constituír a
la nac10?. ~1gase lo que se ~u!era, en aquel proyecto hay mucha sab!duna y sensatez y opla que la nación no lo eche menos algun día".

á luz ningún papel durante el régimen imperial en que no se
me reprochase el delito de republicanismo y de corifeo de los
republicanos. No sería mucho avanzar si dijese que seis mil
ejemplares esparcidos en la nación de mi Memoria política
instructiva, dirigida desde Filadelfia a los jefes independientes d_e Anáhuac, generalizaron en él la idea de la República,
que hasta el otro día se confundía con la herejía y la impiedad. Y apenas fué licito pronunciar el nombre de República, cuando yo me adelanté á establecerla federada en una de

"Se nos ha censurado de que proponíamos un gobierno
federal ~n el n~°:1bre y central en la realidad. Yo he oído hace~ J~ misma cnt~ca del proyecto constitucional de la nueva com1sion .. , Pero que ¿no _hay más de un modo de federarse? Hay
federacion en Alemania. la hay en Suiza, la hubo en Holanda, la hay en los Estados-Unidos de América, en cada parte

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�ha sido ó es diferente, y aún puede haberla de otras varias
maneras. Cuál sea la que a nosotros convenga hoc opus, hic
labor est. Sobre este objeto va a girar mi discurso. La antigua comisión opinaba, y yo creo todavía, que la federación a
los principios debe ser muy compacta, por ser así más análoga á nuestra educación y costumbres, y más oportuna para la
guerra que nos amaga, hasta que pasadas éstas circunstancias
en que necesitamos mucha unión, y progresando en la carrera de la libertad, podamos sin peligro ir soltando las andaderas de nuestra infancia política hasta llegar al colmo de la perfección social, que tanto nos ha arrebatado la atención en los
Estados Unidos".

ha centralizado".
"Qué me canso de estar indicando a Vuestra Soberanía

la diferencia enorme de situación y circunstancias que ha habido y hay entre nosotros y ellos, para deducir de allí que
no nos puede convenir su misma federación, si ya nos lo tiene demostrado la experiencia en Venezuela y en Colombia.
Deslumbrados como nuestras provincias con la federación
próspera de los Estados Unidos, la imitaron á la letra y se
perdieron. Arroyos de sangre han corrido diez años para
medio recobrarse y erguirse, dejando tendidos en la arena casi to_dos sus sabios y casi toda su población blanca. Buenos
Aires siguió su ejemplo; y mientras estaba envuelto en el torbellino de su alboroto interior, fruto de la federación, el rey
del Brasil se apoderó impunemente de la mayor y mejor parte de la República. ¿Serán perdidos para no~otros todos estos
sucesos? ¿No escarmentamos sobre la cabeza de nuestros
hermanos del Sur, hasta que truene el rayo sobre la nuestra,
cuando ya nuestros males no tengan remedio ó nos sea costosísimo? Ellos escarmentados se han centralizado: ¿Nosotros nos arrojaremos sin temor al piélago de sus desgracias,
y los imitaremos en su error en vez de imitarlos en su arrepentimiento? Querer desde el primer ensayo de la libertad
remontar hasta la cima de la perfección social, es la locura de
un niño que intentase hacerse hombre perfecto en un día.
Nos agotaremos en el esfuerzo, sucumbiremos bajo una carga
desigual á nuestras fuerzas. Yo no sé adular ni temo ofender,
porque la culpa no es nuestra, sino de los españoles; pero es
cierto que en las más de las provincias, apenas hay hombres
aptos para enviar al Congreso general; y quieren tenerlos
para Congresos provinciales, poderes ejecutivos y judiciales,
ayuntamientos, etc., etc. No alcanzan las provincias á pagar
sus diputados al Congreso central, ¡y quieren echarse á cuestas todo el tren y el peso enorme de los empleados de una suberanía !"

"La prosperidad de esta República vecina ha sido, y está
siendo el disparador de nuestras Américas porque no se ha
ponde;ado bastante la inmensa distancia que media entre
ellos y nosotros. Ellos eran ya Estados separados é independientes unos de otros, y se federaron para unirse contra la opresión de la Inglaterra; federarnos nosotros estando unidos, es
dividirnos y atraernos los males que ellos procuraron remediar con esa federación. Ellos habían vivido ha jo una constitución que con sólo suprimir el nombre de rey es la de una
república: nosotros, encorvados 300 años bajo el yugo de
un monarca absoluto, apenas acertamos á dar un paso sin
tropiezo en el estudio desconocido de la libertad. Somos como niños a quienes poco ha se han quitado las fajas, Ó como
esclavos que acabamos de largar cadenas inveteradas. Aquel_
era un pueblo nuevo, homogéneo, industrioso, laborioso, ilustrado y lleno de virtudes sociales, como ~~ucado por, una n~ción libre: nosotros somos un pueblo v1eJo, heterogeneo, sm
industria, enemigos del trabajo y queriendo vivir de empleos
como los españoles, tan ignorantes en la masa general como
nuestros padres, y carcomido de los vicios anexos a la esclavitud de tres centurias. Aquél es un pueblo pesado, sesudo,
tenaz· nosotros una nación de veletas, si se me permite esta
expre~ión: tan vivos como el azogue y tan movibles como
él. Aquéllos Estados forman á la orilla d~l ~ar una faja _litoral, y cada uno tiene los puertos necesarios a su comercio:
entre nosotros sólo en algunas provincias hay algunos puertos ó fondeaderos, y la naturaleza misma, por decirlo así, nos

"¿Y qué hemos de hacer, se nos responderá, si así lo quieren, así lo piden? Decirles lo que Jesucristo á los hijos ambiciosos del Zebedeo: No sabéis lo que pedís: nescitis quid petatis. Los pueblos nos llaman sus padres, tratémoslos como á

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47

�niños que piden lo que no les conviene: nescitis qttid petatis.
"Se necesita valor dice un sabio político, para negar á un
pueblo entero; pe;o es necesario a veces contrariar s_u voluntad para servirlo mejor. Toca á sus representantes ilustra~!?
y dirigirlo sobre sus intereses, ó ser resp_gnsables de su debil~dad." Al pueblo se le ha de conducir, no obe_decer. ,s~s diputados no somos mandaderos, que hemos vemdo aq~i a tanta costa y de tan largas distancias para presentar el billete de
nuestros amos. Para tan bajo encargo, sobraban lacayos en
las provincias ó corredores en México. Si los pueb~os ha~
escogido hombres de estudios é integridad p~ra envia_rlos a
deliberar en un Congreso general sobre sus mas caros mtereses, es para que acopiando luces en la reunión de tantos_ sabios decidamos lo que mejor les convenga: no p~ra _que si~mos servilme.l)te los cortos alcances de los provmci.anos circunscriptos en sus territorios. Venimos al Congreso general
para ponernos como sobre una atalaya, desde donde columbrando el conjunto de la nación, podamos proveer con mayor
discernimiento á su bien universal. Somos sus árbitros y compromisarios, no sus mandaderos. La soberanía reside _esencialmente en la nación, y no pudiendo ella en m~sa _elegrr sus
diputados, se distribuye la elección por las ~rovmcias: p~ro
una vez verificada ya no son los electos diputados precisamente de tal ó cual provincia, sino de toda la nación. Este
es el exioma reconocido de cuantos publicistas han tratado
del ·sistema represe~tativo.. De otra ~u~rte ~l diputad? _de
Guadalajara no pudiera legislar en Mexico, m _el de Mexico
determinar sobre los negocios de Veracruz. Si, pu~~' tod~s
y cada uno de los diputados lo somos de toda la nacion, 1como puede una fracción suya limitar los PO?eres de un di~~tado (Jeneral? Es un absurdo, por no decrr una usurpacion
de la ~oberanía de la nación."

mente se llama poder, no es más que una constancia de su
legítima elección: así como la ordenación es quien da á los
presbíteros la facultad de confesar: lo que se llama licencia
no es más que un testimonio de su aptitud para ejercer la fa.
,ultad que tienen por su carácter. Aquí de Dios. Es una
1egla sabida del derecho, que toda condición absurda ó contradictoria ó ilegal, que se ponga en cualquier poder, contrato, etc., ó lo anula e irrita, ó debe considerarse como no puesta. Es así que yo he probado que la restricción puesta por
&lt;1na provincia en los poderes de un diputado de toda la nación es absurda. Es así que es contradictoria, porque implica
Congreso constituyente con bases ya constituídas, cualquiera
que sean, como de república federada se determina ya en esos
poderes limitados. Es así que es ilegal, porque en el decreto
de convocatoria está prohibida toda la restricción. Luego ó
los poderes que la traen son nulos, y los que han venido con
ellos deben salir luego del Congreso, ó debe considerarse como no puesta, y esos diputados quedan en plena libertad para sufragar como los demás sin ligámen alguno. Yo no alcanzo qué respuesta sólida se puede dar á este argumento".

"Yo he oído atónito aquí á algunos señores de Oaxaca
y Jalisco, decir que no son dueños 1e vota~ c_omo les sugier-e
su convicción y conciencia, que temendo limitados sus pod;res, no son plenipotenciarios ó representantes de la sobe~~ia
de sus provincias. En verdad, nosot~?s los h~mos reci_~ido
aquí como diputados, porque la e~~ccion es quien les di~ el
poder, y se los dió para toda la nacion: el papel que abusiva-

"Pero volviendo á nuestro asunto: ¿es cierto que la nación quiere república federada y en los términos que intenta
dársenos por el artículo 6o. ? Yo no quisiera ofender á nadie:
pero me parece que algunos inteligentes en las capitales, previendo que por lo mismo ha de recaer en ellos los mandos y
los empleos de las provincias, son . los que quieren esa federación y han hecho decir á los pueblos que la quieren. Algunos señores diputados se han empeñado en probar que las
provincias quieren república federada; pero ninguno ha probado ni probará jamás, que quieren tal especie de federación
angloamericana, y más que angloamericana. ¿Cómo han de
querer lgs pueblos lo que no conocen? nihil volitum quin
praecognitum. Llámese cien hombres, no_digo de los campos,
ni de los pueblos donde apenas hay quien sepa leer, ni que
existen siquiera en el mundo angloamericanos. de México
mismo, de esas galerías háganse bajar cien hombres, pregúnteseles qué casta de animal es, república federal, y doy mi pescuezo si no responden treinta mil desatinos. ¡Y esa es la pretendida voluntad general con que se nos quiere comulgar

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�como á niños! Esa voluntad general numérica es un sofisma, un mero sofisma, un sofisma que se puede decir reprobado por Dios cuando dice en las escrituras: "No sigas á la
turba para obrar el mal, ni descanses en el dictamen de la
multitud para apartarte del sendero de la verdad". Ne sequaris turban ad faciendum mal.um, nec in judicio plurimorum acquiescas sententiae, ut á vero devies".
"Esa voluntad general es la que alegaba en su favor lturbide, y podía fundarla en todos los medios comunes de establecerla, vítores, fiestas, aclamaciones, juramentos, felicitaciones, de todas las corporaciones de la nación, que se competían en tributarle homenajes é inciensos, llamándole libertador, héroe, ángel tutelar, columna de la religión, el único
hombre digno de ocupar el trono de Anáhuac. A fe mía que
no dudaba ser ésta la voluntad general uno de los más fogosos defensores de la federación que se pretende, cuando pidió
aquí la coronación de Iturbide".

"~s~ voluntad general numéri~a de los pueblos, esa degrada~ion de sus representantes hasta mandaderos y órganos
materiales, ~se estado natural de la nación y tantas otras iguales zarandaJ~s con que nos están machucando las cabezas los
pobres Políticos d~ las provincias, no son sino los principios
Y~ rancios, carconudos y detestados con que los jacobinos perdieron á la Franc~ _han perdido á la Europa y cuantas part~s de _nuestra _America h;t? abrazado sus principios. Principios, si se qu1e;e,. metafmcamente verdaderos; pero inaplicables en la practica, porque consideran el hombre en abs~act~, y tal hombre no existe en la sociedad. Yo también fuí
J~cobmo y consta en mis dos Cartas de un americano al espanol en Londres, porque en España no sabíamos mas que lo
que habíamos aprendido en los libros revolucionarios de la
Francia: Yo la ví ~ a~os :n una convulsión perpetua, veía
s~~ergidos en la ffilSma a cuantos pueblos adoptaban sus prin~ipios: pero como me parecían la evidencia misma, traba.
Jaba en buscar otras causas á quienes atribuír tanta desunión
tanta inquietu~ y tanto~ males. Fuí al cabo á Inglaterra,
cual permanecia tranquila enmedio de la Europa alborotada
como ~n nav!o encantado en medio de u~a borrasca general.
Procure averiguar la causa de este fenomeno: estudié en
aqu~lla · vieja escuela de política práctica, leí sus Burkes, sus
Paleis, sus Bentham y otros muchos autores, oí á sus sabios y
q~ed~- de~engañado de que el daño provenía de los principios Jacobmos. Estos son la caja de Pandora donde están encerrados los males del universo. Y retrocedí espantado canta?do la palinodia, como ya lo había hecho en su tomo 6o.
nu célebre amigo el español Blanco White".

b

"¿ Y era esa la voluntad general? Señor, no era la voluntad legal, única que debe atenderse. Tal es la que emiten
los representantes legítimos del pueblo, sus árbitros, sus compromisarios, deliberando en plena y entera libertad: como
aquella es la voluntad y creencia de los fieles, la que pronuncian los Obispos y presbíteros sus representantes en un concilio ó Congreso libre y general de la iglesia, de la cual se ha
tomado el sistema representativo desconocido de los antiguos.
El pueblo siempre ha sido víctima de la deducción de los demagogos turbulentos; y así su voluntad numérica es un fanal
muy obscuro, una brújula muy incierta. Lo que ciertamente quiere el pueblo es su bienestar, en esto no cabe equivocación: pero la habría muy grande y perniciosa si se quisiese,
para establecerle este bienestar, seguir por norma la voluntad
de hombres groseros é ignorantes, cual es la masa general del
pueblo, incapaces de entrar en las discusiones de la política,
de la economía y del derecho público. Con razón, pues, el
anterior Congreso, después de una larga y madura discusión,
mandó que se diesen á los diputados los poderes para constituír á la nación según ellos entendiesen ser la voluntad ge//
1
neral.

"Si sólo se tratarse de insurgir a los pueblos contra sm.
g_o~rnantes, no hay medio más á propósito que dichos principios, porque lisongean el orgullo y vanidad natural del hombre, brindándole con un cetro que le han arrebatado manos
ext~añas. Desde que uno lee los primero~ capítulos del pacto
social de Rousseau, se irrita contra todo gobierno como contra una usurpación de sus derechos; salta, atropella y rompe
todas las barreras, todas las leyes, todas lat instituciones sociales establecidas para contener sus pasiones, como otras tan-

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�tas trabas indignas de su soberanía. Pero como ~da uno ?e
la multitud ambiciona su pedazo, y ella en la sociedad es indivisible. ellos son los que se dividen y despedazan, se roban,
se saquéan, se matan, hasta que sobre ellos, cansados o d;s?'"
lados, se levanta un déspota coronad~, .ó un_ demag~go habil,
y los enfrena con un cetro, no meta~i~i,co, smo de hierro verdadero: paradero último de la ambicion de los pueblos Y de
sus divisiones intestinas."
"Ha habido, hay, y yo conozco algunos ~emagogos de
buena fe, que seducidos ellos mis~os por 1~ bnllant~z d: los
principios y la belleza de las teorías jac~mas, s: imaginan
que dado el primer impulso al pueblo, seran duenos de contenerlo ó el pueblo se contendrá como ellos mismos en una
raya rdzonable. Pero la experie~cia ha demostrado que ~n~
vez puestos los principios las pasiones sacan las consecuenc2as,
y los mismos conductores del pueblo que rehusan acompan~rlo en el exceso de sus extravíos, cargados de nombres oprobiosos, como desertores y apóstatas del liberalismo y de la buena
causa son los primeros que perecen ahogados entre las tumult~osas olas de un pueblo desb_ordado. ¡Cu~to_s grandes
sabios y excelentes hombres espir~ron ep la g~illotma .levantada por el pueblo francés, despues de haber sido sus 1efes Y
sus ídolos".
" ·Que' pues concluiremos de todo esto? se me dirá.
e Ud.
' que' nos constituyamos en_una R~pu'brica cen¿Quiere
tral ? No. Yo siempre he estado por la federa_c;on, pero ?na
federación razonable y moderada, una federac_ion convernente a nuestra poca ilustración y á las circunst~ncias de u~a guerra inminente, que debe hallarnos muy umdo~~ Yo siempre
he opinado por un medio entre la confede~acion laxa de lo5
Estados Unidos, cuyos defectos han patentizad~ muchos escritores, que allá mismo tiene m_uchos anta~omstas, pues el
pueblo esta dividido entre federalistas y democratas: . un medio, digo, entre la federación laxa ~e los Estado~ Umdos Y
concentración peligrosa de Colombia y del Peru: un me?io
en que dejando a las provincias las ~acul!ades muy precisas
para proveer á las necesidades de su mtenor, y promover su
prosperidad, no se destruya la unidad, ahora más que nunca

!ª

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indispensable, para hacernos respetables y temibles á la san• ta alianza, ni se enerve la acción del Gobierno, que ahora más
que nunca debe ser enérgica, para hacer obrar simultánea y
prontamente todas las fuerzas y recursos de la nación. Medio
tutissimus ibis. Este es mi voto y mi testamento político."
"Dirán los señores de la comisión, porque ya alguno me
lo ha dicho, que ese medio que yo opino es el mismo que sus
señorías han procurado hallar; pero con licencia de su talento, luces y sana intención, de que no dudo, me parece que no
lo han encontrado todavía. Han condescendido con los principios anárquicos de los jacobinos, la pretendida voluntad
general numérica ó quimérica de las provincias y la ambición
de sus demagogos~ Han convertido en liga de potencias la
federación de nuestras provincias. Dése á cada una esa soberanía parcial, y por lo mismo ridícula, que se propone en el
artículo 6o., y ellas se la tomarán muy deveras. Cogido el
cetro en las manos, ellas sabrán de diestro á diestro burlarse
de las trabas con que en otros artículos se pretende volvérsela
ilusoria. Sanciónese el principio que ellas sacarán las consecuencias, y la primera que ya dedujo expresamente Querétaro,
es no obedecer de Vuestra Soberanía y del gobierno sino lo
que les tenga cuenta. Zacatecas instalando su Congreso constituyente, ya prohibió se le llamase provincial. Jalisco publicó unas instrucciones para sus diputados que eluden la convocatoria, y contra lo que en ésta se mandó, tres provincias
limitaron a los suyos los poderes, y estarnos casi seguros de
que la de Yucatán no será tan obediente. Son notorios los
excesos á que se han propasado las provincias desde que se
figuraron soberanas. ¿Qué será cuando las autorice el Congreso General ? ¡Ah! ni en éste nos hallaríamos si no se les
hubiera aparecido un ejército".
"No hay que espantarse, me dicen, es una cuestión de
nombre. Tan reducida queda por otros artículos la soberanía
de los Estados, que viene á ser nominal. Sin entrar en lo
profundo de la cuestión, que es propia del artículo 6o., y de
mostrar que residiendo la soberanía esencialmente en la nación, no puede convenir á cada una de las provincias que está
ya determinado la componen: yo convengo en que todo país

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�'

1

que no se basta á sí mismo para repeler toda agresión exterior es un soberanuelo ridículo y de comedia. Pero el pueblo 'se atiene á los nombres, y la idea que el nuestro tiene del
nombre de soberanía es la de un poder supremo y absoluto,
porque no ha conocido otra alguna. Con eso basta para que
los demagogos lo embrollen, lo irriten á cualquier decreto,
que no les acomode, del gobierno general, y lo induican á la
insubordinación, la desobediencia, el cisma y la anarquía. Si
no es ese el objeto, ¿para qué tantos fieros y amenazas si no
les concedemos esa soberanía nominal? de suerte que Jalisco
hasta no obtenerla se ha negado a prestarnos auxilios para la
defensa común en el riesgo que nos circunda. Aquí hay misterio: laten anguis, cavete".
"Bien expreso está en el mismo artículo 6o., se me dirá
que esa soberanía de las pro~incias es sólo respec_ti_va á su interior. En ese sentido tamb1en un padre de familia se puede
llamar soberano en su casa. ¿Y qué diríamos si alguno de
ellos se nos viniese braveando porque no expidiésemos un decreto que sancionase esa soberanía nominal respectiva á su
familia? Latet, anguis, cavete, iterum dico, cavete. Eso del
interior tiene una significación tan vaga como inmensa, Y
sobrarán intérpretes voluntarios, que alterando el recinto de
los Congresos provinciales, según sus intereses, embaracen_ á
cada paso y confundan al gobierno central. Ya esta J?fovmcia cree de su resorte interior restablecer aduanas ~ríttmas Y
nombrar sus empleados; aquélla se apodera de los caudales
de la minería ó del estanco del tabaco, y aún de los fondos
de las misiones de Californias: una levanta regimientos para
oponerlos á los del supremo poder ejecutjvo, otras dos requcen en sus planes todo el gran quehacer de éste y del Congreso general á tratar con las potencias e~tranjeras Y_ sus embajadores. Muchas gracias. No nos de¡emos alucmar, Sefü&gt;r: acuérdese Vuestra Soberanía que los nombres son todo
para el pueblo, y 9ue el de ~rancia, c_o~ el nombre,~e soberano todo lo arruino, lo saqueo, lo asesmo y lo arraso .
1

nera más adecuada, como antes dije ya, á las circunstancias de
nuestra poca ilustración, y de la guerra que pende sobre nuestras cabezas, y exige para nuestra defensa la más perfecta
unión. Allí también se establecen Congresos provinciales
aunque no tan soberanos; pero con atribuciones suficientes para promover su prosperidad interior, evitar la arbitrariedad
del Gobierno en la provisión de empleos y contener los abu.
sos de los empleados. En esos Congresos irían aprendiendo
las provincias la táctica de las Asambleas y el paso de marcha
en el camino de la libertad, hasta que progresando en ella,
cesando el peligro actual y reconocida nuestra independen~ia,
la nación revisase su constitución, y guiada por la experiencia
fuese ampliando las facultades de los Congresos provinciales,
hasta llegar sin tropiezo al colmo de la perfección social. Pasar derrepente de un extremo al otro, sin ensayar bien el medio, es un absurdo, un delirio; es determinar, en una palabra, q_ue nos rompamos la cabeza. Protesto ante los cielos y
la tierra que.nos perdemos si no se suprime el artículo ·de soberanías parciales: Actum est de republica. Señor, por Dios,
ya que queremos imitar a los Estados Unidos en la federación,
imitémoslos en la cordura con que suprimieron el artículo de
Estados soberanos en su segunda constitución".
•
"Señor, á mí no me infunden miedo los tiranos. Tan tirano puede ser el pueblo como un monarca; y mucho más
violento, precipitado y sanguinario, como lo fué el de Francia en su revolución y se experimenta en cada tumulto; y si
yo no temí hacer frente á Iturbide á pesar de las crueles bartol_inas en que me sepultó y de la muerte con que me amenazaba, también sabré resistir á un pueblo indócil que inventa dictar á los padres de la patria como oráculos sus caprichos ambiciosos, y se niegue a estar en la línea demarcada por el bien
y utilidad general.
Nec civium ardor prava jubentium
Nec vultus instantis tyrani
Mente quatit solida

"No no. Yo estoy por el proyecto de bases del antiguo
Congres~. Allí se da al pueblo la federación que pide, si la
pide; pero organizada de la manera menos dañosa, de la ma-

"Habrá guerra civil, se me objetará, si no concedemos á
las provincias lo que suena que quieren. ¿Y qué no hay esa
guerra ya?

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�Seditione, dolis, scelere, atque libidine, et ira,
Ilíacos intra muros peccatur, et extra.

1

1

"Habrá guerra civil, ¿y tardará en haberla si sancionamos
esa federación ó más bien liga y alianza de soberanos independientes? Si como dice el proverbio, dos gatos en un saco
son incompatibles, ¿habrá larga paz entre tanto soberanillo,
cuyos intereses por la contigüedad han de cruzarse y chocarse necesariamente? ¿Es acaso menos ambicioso un pueblo
soberano que un soberano particular? Dígalo el pueblo romano, cuya ambición no paró hasta conquistar el mundo. A
esto se agrega la suma desigualdad de nuestros pretendidos
principados. Una provincia tiene un millón y medio, otra
sesenta mil habitantes: unas medio millón, otras poco más
de tres mil, como Texas; y ya se sabe que el peje grande,
siempre, siempre se ha tragado al chico. Si intentamos igualar sus territorios, por donde deberíamos comenzar en caso
de es.a federación, ya tenemos guerra civil: porque ninguna
provincia grande sufrirá que se le cercene su terreno. Testigos los cañones de Guadalajara contra Zapotlán, y sus quejas sobre Colima, aunque según sus principios, tanto derecho
tienen estos partidos para separarse de su anterior capital como Jalisco para haberse constituído independiente de su antigua metrópoli. Provincias pequeñas, aunque no en ambición también rehusan unirse á otras grandes. Aquí se ha
leíd¿ la representación de Tlaxcala contra su unión á Puebla.
Consta en las instrucciones de varios diputados, que ot!as provincias pequeñas tampoco quieren unirse á otras iguales para
formar un Estado; sea por la ambición de los capataces ~e
cada una, ó sea por antiguas rivalidades locales. De cualquier
manera todo arderá en chismes, envidias y divisiones, y habremos menester un ejército que ande de Pilatos á Herodes
para apaciguar las diferencias de las provincias, hasta que el
mismo ejército nos devore según costumbre, y su general se
nos convierta en Emperador, ó á río revuelto nos pesque un
rey de la santa alianza. Et erit novissimus error peior priore".
"Importe que esa alianza, santa por antífrasis, ~~s halle
constituídos, si no, somos perdidos. Mejor y más pronto lo
seremos, digo yo, si nos halla constituídos de la manera qu~

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se intenta. Lo que importa es que nos halle unidos, y por lo
mismo más fuertes virtus unita fortior; pero esa federación
va á desunirnos y a abismarnos en un archipiélago de discordias. Del modo que se intenta constituírnos ¿no lo estaban
Venezuela, Cartagena y Cundinamarca ? Pues entonces fué
precisamente cuando, á pesar de tener á su cabeza un general
tan grande como Miranda, por las rémoras de la federación
(aunque hayan intervenido otras causas secundarias) un quidam, Monteverde, con un puñado de soldados destruyó, con
un paseo militar, la República de Venezuela, y poco después
Morillo, que sólo había sido un sargento de marina, hizo lo
mismo con las Repúblicas de Cartagena y Santa Fe. De la
misma manera que se intenta constituírnos, lo intentaron las
provincias de Buenos Aires sin sacar otro fruto en muchos
años que incesantes guerras civiles, y mientras se batían por
sus partículas de soberanía, el rey de Portugal extendió la
garra sin contradición sobre Montevideo y el inmenso territorio de la izquierda del río de la plata. Observan viageros
juiciosos que tampoco los Estados Unidos podrían sostenerse
contra una potencia central que los atacase en su continente,
porque toda federación es débil por su naturaleza, y por eso
no han p~dido adelantar un paso por la parte limítrofe del
Canadá dominado por la Inglaterra. Lejos pues, de garantimos la federación propuesta contra la santa alianza, servirá
para mejor asegurarle la presa. Divide ut imperes".
"Cuando al concluír el Doctor Becerra su sabio y juicioso voto, se le oyó decir, que no estábamos aún en sazón de
constituírnos, y debía dejarse este negocio gravísimo para
cuando estuviese más ilustrada la nación y reconocida nuestra independencia; ví á varios sonreír de compasTón, como si
hubiese proferido en desbarro. Y sin embargo, nada dijo de
extraño. Efectivamente los Estados Unidos no se constituyeron hasta concluída la guerra con la Gran Bretaña, y reconocida su independencia por ella, Francia y Españá. ¿Y
con qué se rigieron mientras? con las máximas heredadas de
sus padres; y aún la constitución que después dieron no es
más que una colección de ellas. ¿Dónde está escrita la constitución de Inglaterra ? En ninguna parte. Cuatro ó cinco
artículos fundamentales, como la ley de habeas corpus compo-

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•

�nen su constitución. Aquella nación sensata no gusta de
principios generales ni máximas abstractas, porque son impertinentes para el gobierno del pueblo, y sólo sirven para
calentar las cabezas y precipitarlo á conclusiones erróneas.
Es propio del genio cómico de los franceses fabricar constituciones dispuestas como comedias por escenas, que de nada
les han servido. En treinta años de revolución formaron casi otras tantas constituciones y todas no fueron mas que el
almanaque de aquel año. Lo mismo sucedió con las varias
que se dieron a Venezuela y Colombia. ¿Y P,Or qué? porque
aún no estaban en estado de constituírse, sino de ilustrarse y
batirse contra el enemigo exterior como lo estamos nosotros.
¿Y mientras con qué nos gobernamos ? con lo mismo que
hasta aquí, con la constitución española, las leyes que sobran
en nuestros Códigos no derogados, los decretos de las Cortes españolas hasta el año de 20 y las del Congreso que ha ido
é irá modificando todo esto conforme al sistema actual y a
nuestras circunstancias. Lo único _que nos falta es un decreto
de Vuestra Soberanía al supremo poder ejecutivo para que
haga observar todo eso. Si está amenazando disolución al
Estado, es porque tenemos con la falta de este decreto ·paralizado al gobierno".

•

"No, no es la falta de constitución y leyes lo que se trae
entre manos con tanta agitación, es el empeño de arrancarnos
el decreto de las soberanías parciales, para hacer desp:ués en
las provincias cuanto se antoje á sus demagogos. Qui~ren los
enemigos del orden que consagremos el principio para desarrollar las consecuencias que ocultan en sus corazones, embrollar con ·el nombre al pueblo y conducirlo á la disención,
al caos, á la anarquía, á los Borbones ó á Iturbide. Hay algo
de esto en el mitote á que han provocado al inocente pueblo
de algunas provincias. Yo tiemblo cuando miro que en aquéllas donde más arde el fuego, están á la cabeza del gobierno y
de los negocios los iturbidistas más fogosos y declara~~s. No
quiero explicarme más: al buen entendedor pocas palabras."

mino. Guardémonos de que crean que nos intimidan sus
a_m~na~as, porque cada día crecerá el atrevimiento y se multiplicaran los charlatanes. Guardáos, decía Cayo Claudio al
Senado romano, de acceder á lo que pide el pueblo mientras
~~ ~anten~a armado sobre el monte Aventino, porque cada
ia &lt;;:ormara una nueva empresa hasta arruinar la autoridad
delf..,e~ado Y destruír la República. A la letra se cumplió la
pro ecia".
"¡Firmeza, p~dres de la patria! Deliberad en una calma ~rud,e~te, segun el consejo de Augusto, festina lente; dict~d i~pavi~os la co~stituc~ó.n que en Dios y en vuestra conciencia crea1s convenrr me¡or al bien universal de 1
.,
d · d 1 ·d d
a nac10n,
e¡a a cui a o _del gobierno hacerla obedecer. El no cesa
e _Protestar que. ti~ne las fuerzas y medio suficientes para
obligar al cumplmue?to de cuanto Vuestra Soberanía decre~ sea_ lo que fuere,, si lo autoriza para emplearlos. También
ashmgton levanto la espada para hacer á la provincia de
Maryland obedecer la segunda constitución: si vis pacem pa; bellum. No hay mejor ingrediente para la docilidal si
s pacem, para bellum. y no tendremos mucho que hacer
porque_ no. son nuestros pueblos por su naturaleza indocilísim?~, ni re~isten ~l!os las providencias, sino algunos demagogos
mil_itares ~ a~bic10sos, que no pudiendo figurar en la metró.
poli, han ido a engañar las provincias, para alborotarlas y to!11ar su voz,_ p~ra hacerse respetables y medrar en sus propios
mtereses: st t1ts pacem, para bellum".

J

"Guardémonos, Señor, de condescender á cada grito que
resuene en las provincias equivocadas, porque las echaremos
á perder como un niño mimado cuyos antojos no tienen tér-

"Cuatro son las provincias disidentes, y si quieren separarse, que se separen, poco mal y chico pleito. También los
padres abandonan á hijos obstinados, hasta que desengañados vuelven representando el papel del hijo pródigo. y O no
?udo que al cabo venga á suceder con esas provincia; lo que
a las d~ Venezuela y Santa Fe. También allá metieron mucho ruido .Pª1:ª constitírse en Estados Soberanos, y después
de, desgracias. mcalculables, enviando al Congreso general de
Cuc~ta sus diputados para darse una nueva constitución, que
los libra~e de tantos males, les dieron poderes amplísimos, excepto, dic~n, para hacer muchos gobiernitos. Tan escarmentados habian quedado en sus soberanías parciales. Lo cierto

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59

�es que el sanguinario Morales, ese caribe inhumano, esa bestia fiera, está embarcándose con sus tropas en la Habana, y es
probable que sea contra México, pues aunque Puerto Cabello
reducido á los últimos extremos pide auxilio, aquel jefe capituló en Maracaybo, y debe estar juramentado para no volver
á pelear en Costafirme. Lo cierto es que el duque de ~gulema ha pronunciado, que sojuzgada España, la Francia expedicionará contra la América, y ya se sabe que México es la
niña codiciada. Veremos entonces si Jalisco, que nos ha negado sus auxilios, aunque se ha aprovechado de los caudales
del gobierno de México, puede, perdido éste, salvar su partícula de soberanía metafísica".
"Concluyo Señor, suplicando a Vuestra Soberanía se penetre de las circunstancias en que nos hallamos. Necesitamos unión y la federación tiende a desunión: necesitamos
fuerza y toda federación es débil por su naturaleza, necesitamos dar la mayor energía al gobierno y la federación multiplica los obstáculos para hacer cooperar pronta y simultáneamente los recursos de la nación. En toda república, cµando
ha amenazado un peligro próximo y grave, se ha creado un
dictador para que reunidos los poderes en su mano, la acción
sea una, más pronta, más firme, más enérgica y decisiva. iNosotros, estando con el coloso de la santa alianza encima, haremos precisamente lo contrario, dividiéndonos en tan pequeñas soberanías! ¿Quae tanta insania, cives?"
"Señor, si tales soberanías se adoptan, si se aprueba el proyecto del acta constitutiva, en su totalidad, desde ahora lavo
mis manos diciendo como el presidente de Judea, cuando un
pueblo tumultuante le pidió la muerte de Nuestro S~lva?or~
sin saber lo que se hacía: lnocens ego sum a sangmne ¡ustz
huyus: Vos videritis. Protestaré que no he tenido parte en
los males que van a llover sobre los pueblos del Anáhuac.
Los han seducido para que pidan lo que no saben ni entienden, y preveo la división, las emulaciones, el _de~orden, la r~ina y el trastorno de nuestra tierra hasta sus cimientos. N ecierum neque intellexerunt, in tenebris ambulant, movebuntur
omnia fumdamenta terrae. ¡Dios mío salva a mi patria! Paur, ignosce illis, quia nesciunt quid faciunt."

60

A pesar de ~od~ esto se aprobaron los artículos 50. y 6o.
de l~ acta consututtva y quedaron decretadas las soberanía
parci~l~s. _El Doct?r. ~ier, lej~~ d~ darse por ofendido porque
~o se sigmó su optruon; trabaJo siempre con el mayor empeno porque se plantara y consolidara la federación tal cual se
había decretado. Propu~ ?espués el Doctor Ramos Arizpe,
que d~ las cuatro provrncias internas de Oriente, a saber:
Coahuila, Texas, Nuevo León y Tamaulipas se hiciera un
solo Estado. Aquí se opuso el Doctor Mie; con todas sus
fuerzas, y al fín logró que no fuera así y que Nuevo León
por sí solo, formara un Estado.
'

_ Muc~o aprecio y muchas consideraciones· dispensaron al
senor M1er tanto el gobierno como todos los diputados sus
compañeros: antes de disolverse el Congreso constituyente
expidió el siguiente decreto, que se encuentra en la "Colección de órdenes y decretos", edición de 1829, tomo 10., página_162: "Decreto de 23 de Diciembre de 1824. -Pensión al
Senor D. Serv~ndo Teresa de Mier. -El Soberano Congreso
General Const1tu_yente, teniendo en consideración que por la
ley de 19 de Julio de 1823 se autorizó al gobierno para que
premie á aquellos individuos que en la primera insurrección
prestaron sus servicios á la causa de la independencia, y siendo por otra parte, notorios los muy importante prestados por
el Señor D. Servando Teresa de Mier, no menos que su delicadeza en no haber exigido recompensa alguna, y conformándose con la opinión del gobierno, á quien consultó sobre este punto una comisión de su seno; ha tenido a bien decretar:
que al expresado señor D. Servando Teresa de Mier se le conceda una pensión de tres mil pesos anuales".
Además de esta pensión, que siempre se le pagó religio~ente, el Presidente de la República, D. Guadalupe Victoria, le señaló una habitación muy decente en el Palacio Nacional, á donde se fué a vivir y allí pasó lo restante de sus
días. Tres años de una vida pacífica y tranquila, querido y
respe_tado, en contacto con la ~ejor sociedad de México y en
relaciones con los hombres mas notables de la nación fueron los últimos de su vida. Es decir, que tuvo tres afios de
descanso por treinta de persecuciones, cárceles, trabajos y pa-

61

�lt

decimientos inauditos. Era muy considerado por el Presidente Victoria y sus ministros, así como también por D. Nicolás Bravo, vice-presidente, que con él consultaban sus más
graves negocios. De todos los Estados, ó como él dice en sus
cartas, de todo el reyno le dirigían consultas, y llegó en este
tiempo á ser el hombre más popular en México.

v~~ón Y el ferv~r de un buen católico. Murió el día 3 de
Diciembre del mismo año, con la serenidad de un filósofo y
con la resignación de un cristiano, verificándose en él al pie
de la letra el dicho de Cicerón: El hombre verdaderamente
sabio muere con un ánimo muy tranquilo. Vivió sesenta y
cuatro años y un mes y medio.

Tuvo la muy grande satisfacción de ver independiente,
libre y republicana á su Patria, lo cual había sido el sueño
dorado de toda su vida. Así mismo tuvo también la satisfacción y consuelo de haber trabajado cuanto pudo en ayudar á
constituírla, as¡ coJilo había ayudado á libertarla. Ver a su
patria libre y haber podido trabajar en su obsequio, fué el pr~mio que la Providencia dió aquí al que con tanta constancia
sufrió una vida de persecuciones y de azares indecibles. Fué
honrado y atendido no solamente en México, sino también en
el extranjero: era miembro del Instituto Nacional de Francia, lo que era entonces el mayor honor literario á que podía
aspirarse: ya hemos visto que en Galveston lo trataban de
Obispo, el Ayuntamiento de Monterrey, según consta en. sus
actas, cuando le escribía le daba el tratamiento de Ilustrísimo
Señor. En un.a de sus cartas, dirigida al Doctor Cantú, cuando habla de la instalación del segundo Congr.eso constituyente dice que asistió vestido episcopalmente, y en sus cartas á
la' Diputación Provincial de Monterrey se firma: "Servando,
Arzobispo de Baltimore". Yo pienso que sería electo y presentado para Arzobispo de la Iglesia de Baltirnore, donde tenía muchos y buenos amigos; pero en ninguna part~ ~o~sta
que fuera preconizado en Roma, por lo que se quedo umcamente con el título de Arzobispo electo y nada más.

Muy grandes honores se tributaron á los restos mortal~s
del b:,nemérito Doctor Mier: ~u entierro fué concurridísimo.
El Senor Payno hablando de esto dice: "El General D. Nicolás Bravo, que era Vice-presidente de la República, presidió
el duelo y no hubo persona respetable de la ciudad que no
~anclara su carruaje y asistiera al funeral. El pueblo se agolP.~ de tal manera por las calles donde pasó la fúnebre proces10n, que personas que c?nservan todavía el recuerdo, aseguran que m en las profesiones de Corpus se ha visto tal concurrencia. El cadáver del Doctor fué enterrado en la capilla
de los Sepulcros de Santo Domingo, al lado de sus hermanos
que lo persiguieron y que descansaban como él entre el polvo
de la nada y el olvido".

En los últimos días del mes de Noviembre de 1827, sintiendo que una enfermedad que padecía se le agravaba mucho, conoció que se le acercaba su fín. Montó en un coche
y fué en persona á convidar a sus numerosos amigos, para
que, al día siguiente, asistieran á sus_ sacrame~tos, los que deseaba recibir con la mayor solemmdad posible. En efecto,
al siguiente día en medio de una lucidísirna concurrencia y
' hecho una solemne protestacion
' de f'e y un
después de haber
tiernísimo discurso, recibió el sagrado viático con toda la de-

Comunmente las viscisitudes de los hombres acaban en la
tumba; mas no sucedió así al célebre Doctor Mier. Como si
la desgraciada suerte que lo persiguió en su vid.a no hubiere
qu;dado satisfecha con su muerte, aun le preparó para despues de muerto y sepultado extrañas peripecias. Quince años
estuvo en paz en su sepultura, y en el año de 1842, para enterrar allí otro ca1~ver, sacaron al del buen Padre Mier, perfectamente momificado y seco: lo pusieron en el osario del
convento al lado del Oriente en el primer lugar entre otras
momias de religiosos que estaban colocadas en aquel lugar
P?r iguales motivos. Diez y nueve años permaneció el cadaver del Doctor en su nuevo lugar de descanso. En el año
de_ 18?1, después de suprimidas las comunidades religiosas y
ad1udicados los conventos, se esparció en México la voz de
que en el convento de Santo Domingo había muchos cadáveres secos, acerca de los cuales cada uno hada diversos comen~arios: según unos, eran de personas por su gran santidad
1?corrup~as: según otros, eran de infelices gentes que habían
sido víctunas de las crueldades de la inquisición; y no faltaba

62

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�quien dijera que los frailes habían emparedado á aquellas
personas para ejercer en ellas venganzas particulares. El Doctor Orellana del cuerpo médico militar que examinó con la
debida atención estos cadáveres y tomó todos los informes
convenientes, probó que eran trece momias extraídas de los
sepulcros en diferentes tiempos y colocadas allí. Probó también que todas eran de religiosos domínicos bien conocidos,
las hizo_litografiar; y publicó un cuadernito con ligeras noticias biográficas de cada uno de los padres de quienes eran
aquellos cadáveres, siendo uno de éstos el del Doctor Mier.
El mismo Doctor Orellana dice que cuatro de estas momias fueron llevadas á Buenos Aires y otra regalada á la escuela de medicina de México, sin especificar cuáles fueron.
El señor Payno indica que una de las llevadas á Buenos Aires fué la del Doctor Mier; y el señor Rivera Cambas dice:
"Se cree que la compró un viajero para llevarla á Buenos Aires, aunque no falta quien asegure que los frailes domínicos
habían cambiado el cadáver por el de un lego llamado Sumaita". Queda, pues, la duda de si el cadáver del Señor Mier
quedó en México o si fué a Buenos Aires. Si es cierto que un
viajero de este país la compró, es probable que haya querido
llevar la del Doctor Mier, porque allí es, como escritor, más
conocido que entre nosotros, por razón de haber pasado allá
casi toda la edición de su "Revolución de Anáhuac", cuya
lectura en aquella República se generalizó mucho y contribuyó singularmente á desarrollar en aquel país las ideas liberales y republicanas.
Deseando el Congreso de Nuevo León honrar las virtudes y perpetuar la memoria de tan ilustre nuevoleonés, mandó
por su decreto de 27 de Julio de 1849, que la nueva población
fundada en donde antes estuvo la hacienda de San Antonio de
Medina, se llamara: "Villa de Mier y Noriega", cuyo nombre tiene, lo mismo que el municipio de que es cabecera; y
que forma el extremo Sur de este Estado.

FRAY SERVANDO TERESA DE MIER

ALFONSO REYES
I.-SU VIDA.
Las Memorias de Fray Servando Teresa de Mier, del convento de Santo Domingo, de México, y diputado al primer
Congreso Constituyente de aquella República, son una mezcla de episodios trágicos y cómicos narrados en un estilo pintoresco y vivísimo. La Editorial-América las ha publicado recientemente en Madrid. Para trazar aquí, a grandes rasgos,
el retrato de Fray Servando me saldré alguna vez de las palabras que puse en el prólogo.
Fray Servando nació en Monterrey, capital del Estado
mexicano de Nuevo León, en los últimos años de la dominación española; su vida puede dividirse en tres períodos, determinados por una larga ausencia de su patria.
Durante el período primero, que llega hasta el año 1795,
Fray Servando es un precursor de la independencia. Representa el momento en que la idea revolucionaria ha cundido
ya por todas las clases sociales y el clero de México la prohíja.
Pero un día Fray Servando salió desterrado de su patria,
y, perseguido por la autoridad eclesiástica, rodó por la Península española, por Francia, por Inglaterra. ¿Su delito? Un
sermón audaz, un disparate teológico, debajo del cual se adivinaba claramente la intención separatista.

Biografía del benemérito mexicano
D. Servando Teresa de Mier Noriega y Guerra,
Tipografía del Gobierno, en Palacio, Monterrey, N. L., 1897.

Durante el segundo período de su vida, Fray Servando
vive, pues, como desterrado en Europa: primero en España,
donde le hacen recorrer varias prisiones eclesiásticas; después,
en Francia, donde se relaciqp.a íntimamente con Simón Rodríguez, el maestro de Bolívar; dice misa en una capilla y

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�enseña el español a los niños sobre una traducción que hizo
especialmente de la "Atala", de Chateaubriand. (~sta tra,
ducción, la primera en lengua española, o se ha perdido, o yo
no la encuentro). Pasa después a Roma, donde el Papa l_e
concede la secularización; vuelve a España y es reaprehendido; se fuga a Portugal, donde vive tres años al lado. del cónsul de España. Cuando la guerra de la Independencia en ~spaña, Mier aparece como cura castren_se de los volu~tanos
de Valencia; los franceses lo hacen prisionero en Belch1te; se
fuga, como de costumbre; recibe ho_nores de 12: Junta de S~villa. Va .a Londres a propagar la idea de la mdependencia
mexicana. Es la época de Blanco White. Mier vive entre
los desterrados españoles, y como, a pesar de su agilidad algo
inquietadora era hombre de peso y de persuasión, fué él quien
convenció a 'Mina el mozo para que armara la célebre expedición en defensa de la independencia mexicana.
En la tercera época de su vida, Fray Servando vuelve a
su patria, al lado de Javier Mina; sufre todavía algunos contratiempos y, otra vez preso, se escapa a los carceleros que lo
conducían de nuevo a España; se esconde en la Habana; huye
a los Estados Unidos. Cuando vuelve a México, el nuevo
régimen estaba todavía vacilante, y aún se le persigue y encarcela. A poco lo nombran diputado. Iturbide se hace em
perador, y Mier -que se le había opuesto _franca_mente- va
a dar otra vez a la prisión, de donde por fm lo liberta la revolución republicana. Entonces Fray Servando es hospedado
en el Palacio Nacional, al lado del primer presidente, Guadalupe Victoria. Allí murió, después de haber invitado personalmente a sus amigos, la víspera de su muerte, para que
asistieran a su última comunión.
11.-SU CARACTER.

Pero Fray Servando perdura sobre todo en el recuerdo
de sus compatriotas por esa ráfaga de fantasía que anima toda su existencia. Vivió más de sesenta años, y la mitad de
su vida la pasó perseguido. Bien es cierto que parece haber
sufrido las persecuciones casi con alegría. Algo como una
alegría profética Jo acompaña en sus infortunios, y aprovecha todas las ocasiones que encuentra para combatir por sus
ideales. Es ligero y frágil como un pájaro, y posee esa fuerza de "levitación" que creen encontrar en los santos los historiadores de los milagros. Usa de la evasión, de la desaparición, con una maestría de fantasma: cien veces es aprisionado y otras tantas logra escapar. Son sus aventuras tan extraordinarias, que a veces parecen imaginadas. El P. Mier
hubiera sido un extravagante, a no haberlo engrandecido los
sufrimientos y la fe en los destinos de su nación.
Fácilmente se le imagina, ya caduco, enjuto, apergaminado, animándose todavía en las discusiones, con aquella su
voz de plata de que nos hablan sus contemporáneos; rodeado
de la gratitud nacional, servido -en Palacio- por la tolerancia y el amor de todos, padrino de la libertad y amigo
del pueblo. Acaso entre sus devaneos seniles se le ocurriría
sentirse preso en la residencia presidencial y, llevado por su
instinto de pájaro, se asomaría por las ventanas, midiendo la
distancia que le separaba del suelo, por si se volvía a dar el
caso de tener que fugarse. Acaso amenizaría las fatigas del
amable general Victoria con sus locuras teológicas y con sus
recuerdos amenísimos.
111.-EL ESPIRITU DE LA LEYENDA.
La herejía, o lo que fuera, en que Fray Servando incurrió es como una combinación caprichosa de dos leyendas
mexicanas. Para explicarlo tenemos que retroceder algunos
siglos.

En la historia política de México se le recuerda por cierto discurso llamado "de las profecías", en que predijo muchos
males que después han ido sobreviniendo. Representaba Mier
un liberalismo moderado y fué partidario del gobierno republicano central.

El conquistador español se alistaba para la conquista de
América como un soldado de Cristo. La razón teórica de la
conquista -cualquiera que fuese la razón práctica- era para él la misma razón de las Cruzadas. El más alto título es-

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�piritual de España a la posesión de sus colonias había sido
la predicación del Evangelio.
Ahora bien: durante el primer siglo de la dominación
española, corrió por la Nueva España la voz de que se había
realizado un milagro; un milagro que Nuestra Señora de
Guadalupe había querido hacer sólo para México, y no para
ninguna otra nación. La Virgen de Guadalupe se había aparecido al indio Juan Diego, y su imagen había quedado estampada en la capa del indio. La Virgen, morena como los
indios, iba a ser en adelante la Patrona de México. Más tarde, en 1810, los ejércitos insurgentes alzaban por bandera una
imagen de la Virgen de Guadalupe.
Hay derecho a creer que esta tradición, donde se confunden muchas creencias y esperanzas, no era más que una
manera de catequismo, y tendía a dar sentido nacional a las
creencias importadas del Viejo Mundo. En todo caso, la tradición reposa sobre el suelo más vivo de la sensibilidad mexicana, y ha crecido en él vigorosamente. Es una de aquellas
hermosas leyendas del catolicismo florido, en que la Virgen
cultiva un jardín para un hombre humilde, y se le aparece como una señora morena y luminosa. En La Arquilla de Marfil, de Mariano Silva y Aceves, esta leyenda de la Guadalupana y Juan Diego, adquiere una inefable sutileza poética: Juan
Diego, en su dulzura animal, viene a ser el símbolo de una
raza.
Pero desde el fondo de las cosmogonías indígenas, mucho
.antes de la llegada de los hombres blancos, se sabía que un
sacerdote blanco y barbado, de nombre Quetzalcoatl, había
aparecido un día entre los indios y les había enseñado las costumbres de la labranza y dos o tres reglas de virtud. Es uno
&lt;le esos mitos solares más o menos claramente explicados, en
que la mentalidad primitiva gusta de representar el primer
esfuerzo civilizador: es un Cadmo de América. Entrar en
todas las significaciones y consecuencias -no sólo espirituales, sino también externas y prácticas- que tuvo esta creencia
en la historia de las civilizaciones precortesianas, sería aquí
imposible. Baste decir que en todo tiempo la figura de Quetzalcoatl ha ejercido una misteriosa seducción.

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IV.-LA HEREJIA DE FRAY SERVANDO.

'Y he_aquí que un buen día Fray Servando joven profesor
de filosofia entonces, con fama de gran predicador hizo una
sonada. Debía predicar en una fiesta dedicada a Nuestra Señ_ora de Guadalupe. Y ¿qué hace? Su ansia de independencia., por una de esas traslaciones de conceptos que son tan frecue_?tes ,en las géne~is. de las ideas n~ionales, cuajó en un extrano sIIDbolo
teolog1co, que hoy puede parecernos risible)
l
pero que fue entonces de una trascendencia incalculable. La
verdad es que tiene el caso toda la traza de una ocurrencia
aceptada ª. última ~ora, y bajo la sugestión de un amigo, para improvisar un d1Scurso original. Y sin embargo de aquí
arrancan todas las desgracias de Fray Servando.
'

-La Virgen de Guadalupe -mantiene Fray Servando-había tenido culto en México desde antes de la Conquista.
San;o To~ás el Apóst?l, que era el propio Quetzalcoatl, ya
ha~1a predicado en Mexico el Evangelio antes que los conqmstadores españoles. La imagen de la Virgen no estaba pintada
, en la capa del indio Juan Diego, sino en la de Santo Tomas.
El arzobispo Núñez de Haro, que sabía lo que se ocultaba bajo estas declaraciones, hizo predicar nominalmente contra el joven teólogo. Después se le encarceló: se fugó; se le
volvió a encarcelar: se volvió a fugar. Y así hasta su muerte.
A sus persecusiones debemos sus viajes por Europa, cuyas Memorias forman uno de los capítulos más inteligentes y
curiosos de la literatura americana. Lo seguiremos por los
lugares adonde lo iba arrastrando su destino. Acaso encontraremos una visión caprichosa de aquella Europa de principios de siglo; acaso, una sátira d~ aguella España que, como
está ya tan lejana, no lastimará los sentimientos de nadie y si
servirá para distraernos un rato de estas irritantes cosas de

ahora.

69

�V.-UN DESTERRADO.
Año de 1795, Fray Servando Teresa de Mier, que contaba a la sazón menos de treinta, llega a Cádiz, desterrado de
la Nueva España por un delito sin delito, por una herejía sin
herejía.
Era Fray Servando un criollo mexicano de descendencia
noble. Como el otro criollo noble de México (D. Juan Ruiz
de Alarcón y Mendoza, en el siglo XVII), éste reclamará en
España su tratamiento de don y sus preeminencia~ sociales,
advirtiendo que los religosos, no por serlo renuncian a sus
fueros ni a su nobleza nativa, y que el apóstol San Pablo alegaba a cada paso la suya, contr~ las prisiones y atropellamientos de que era víctima.

1
f

En España, donde se había de desarrollar su proceso, tuvo que pasarse el Padre Mier seis años, entre prisiones y fu.
gas, de pueblo en pueblo, cuándo en las salas de la justicia,
cuándo en los Reales Sitios, intrigando con poca suerte, huyendo por los caminos, en una vida provisional, que hubiera
bastado a disolver una psicología menos alegre _o menos guerrera que la suya. Y los diez años de la c?ndena hubieran
transcurrido asi, a no ser porque nuestro fraile puso un gran
remedio a sus males, que fué pasarse a Francia con ayuda
de un clérigo contrabandista francés que vivía en Astorga.
Naturalmente, sus Memorias, están escritas con apasionamiento, y más se parecen a una caricatura que a un retrato. Por eso mismo nos permiten percibir de una vez dos o
tres vicios fundamentales de la sociedad en que vivió.

,a y olla, aquellos caldeos de las Caldas, le inspiran el más
profundo desdén. Lo menos que les llama es idiotas y mulas de atar.
Conviene recordar que Fray Servando esperaba su salvación de ciertas influencias que tenía en la corte, aunque también tenía un enemigo terrible en cierto jefe del negociado
de la Nueva España, que se llama León y se porta como serpiente. Cuando Fray Servando descubre que los caldeos le
interceptan sus cartas, rompe la reja de su celda y se sale al
campo.
Reaprehendido a poco, lo trasladan a San Pablo de Burgos, adonde llega con fama de hombre facineroso que tiene
pacto con el diablo, y todos se asombran de verlo tan fino,
tan menudo y de tan corregida cultura, Burgos le fué más
hospitalaria que al Cid, porque dos primas suyas habían sido
abadesas en el noble monasterio de las Huelgas, donde profesaban los caballeros de Calatrava. Con esto los comendadores comenzaron a visitarlo, y se encontró en buena sociedad.
Sin embargo, el verano de Burgos sólo dura de Santiago
a Santa Ana, y el rigor del frío empezó a dañar a Fray Servando. Pide entonces que se le traslade a clima mejor, en un
memorial redactado con alguna vehemencia, y el funesto
León le contesta desde la corte que, por lo pronto, conviene
que coma menos pimienta.
VIL-ENTRE COVACHUELOS Y "CORBATAS".

VI.-ENTRE CALDEOS Y COMENDADORES.

-No sabía yo -exclama el perseguido con un disculpable desenfreno--, no sabía yo que los verdaderos reyes de España son los covachuelos.

Se dispuso que Fray Servando quedara recluido en el
convento de las Caldas, orillas del Mosaya, entre Cartes Y
Buelma y al pie de un monte. Había ;antas ratas ~n su celda que le comieron el sombrero, y tema que dormir armado
de' un palo para que no se lo comieran a él mism~. Pero l?
peor es que vivía comido de necios. Aquellos frailes de mt-

Fray Servando, que ignoraba la aguja de marear, había
escogido para su negocio, el peor de los dos procedimientos.
Los negocios americanos podían resolverse por la vía del Consejo de Indias o por la llamada vía "reservada" (la Covachuela), que debiera ser una apelación directa ante el Rey, y no
era más que ·un entregarse a la voluntad omnímoda de los

70

71

�..

covachuelos. A ellos iban a dar todos los memoriales, ellos
dictaminaban lo que se había de resolver en el e.aso, con cuatro rengloncitos puestos al margen ( o seis, cuando querían excederse), y el ministro no hacía más que dar cuenta al Rey
de lo que decían esos rengloncitos . . . A los cinco minutos,
Carlos IV empieza a fatigarse, y al fin dice: "Basta", que
quiere decir: despáchese todo según la opini6n de los covachuelos. j Así salían a veces las 6rdenes ! Como cuando se
envi6 a la Habana una orden para que partiera la Caballería
a desalojar a los ingleses que había en Campeche, o cuando
lleg6 mandato a la isla de Santo Domingo, para poner preso
al "comején" (un insecto), por haber destruído los autos que
pedía S.M.

causa, Fray Servando espera que le dejen marcharse en paz.
Pero interviene el funesto Le6n; Fray Servando acude a la
fuga; la justicia cae de nuevo sobre él, y lo encierran ahora
en San Francisco de Burgos, con escándalo de la ciudad. León
manda que lo recluyan por cuatro años más . . . (¡oh cielos!) entre los caldeos. Cuatro horas le dura al pobre fraile
el desmayo; vuelto en sí, se escapa, se encamina hacia Madrid,
se cae de fatiga por el e.amino, lo recoge un arriero; sus amigos de Madrid lo disfrazan, porque Le6n ha hecho correr
por el Reino una requisitoria en que lo describe como afable y risueño. Fray Servando procura ponerse feo y taciturno, se pinta unos lunares y, en divisando guardias, tuerce los
labios, hace el bizco, y, en fin, ejecuta a la letra el último grito. del ejercicio portugués: Poner las caras feroces a los ene-

Pero ¿no habrá medio de llegar al Rey directamente?
Si que lo hay: al monarca se le puede sorprender en el momento de tomar el coche. El monarca escucha, benévolo.
Después, con voz campanuda, dice: "Bien esta". Y turna el
negocio, ¿a quién?, a los covachuelas.

migos.
Con todas estas precauciones, y un cura contrabandista y
un arriero y un pasaporte falso, pasa la raya de Francia y entra por Bayona en 18or. ¡Oh, qué bien se queja de la maldad
de los jueces !:

Cuando un covachuelo comienza a ponerse inservible, se
le sepulta en el Consejo de Indias y se le llama en adelante
"corbata". Al corbata, que ya tiene hijos y cosijos, el sueldo
le viene más corto que al covachuela. Deduzca el lector.

"¡ Entrad cerdos!, gritó desesperado un pastor de marranos, que largo tiempo se había resistido a enfilar para la zahurda. j Entrad como entran los jueces en el infierno! Y se
precipitaron todos de tropel a la puerta, entrando hasta unos
sobre otros".

Finalmente, hay unos agentes de Indias que embaucan
a más y mejor al americano recién venido.

IX.-ENTRE RABINOS Y HURIES.

Rompiendo por todos estos escollos, logra Fray Servando
arrancar los autos a Le6n y hacerlos pasar al Consejo.

Ayer lleg6 nuestro hombre a Bayona; hoy entra casualmente en la sinagoga de los judíos y oye predicar a un rabino. Fray Servando pide discutir su tesis en pública disputa
y, como tiene al obispo Huet en las uñas """laro está-, aplasta a su adversario. Los rabinos quedan entusiasmados; le
llaman Jajá ( el sabio); le mandan hacer un vestido nuevo, y
le ofrecen a una joven rica y hermosa en matrimonio. No
acepta.

VIII.-ENTRE ACADEMICOS Y ARRIEROS.
Fray Servando decía misa en San Isidro el Real para
ayudarse en sus gastos. Entretanto, el Consejo pide a la Academia de la Historia un informe sobre el caso de Fray Servando. Y éste quiere hacernos creer que la Academia se
ocup6 de su negocio durante ocho meses seguidos, sin tratarse casi de otra cosa en cada sesión.

Y de allí, a Burdeos, en compañía de dos zapateros que,
en llegando ejercen su oficio y se ganan el pan, mientras que

Como el informe de la Academia ha sido favorable a su

72

•

�•

el triste doctor en Teología se muere de hambre. Además

cio, Y decide colgar los hábitos. Y con · el fin de obtener su
secularización, se dirige a Roma, pasando por Marsella, donde las mu~hacha~ usaban mantilla, como las españolas. Hace el cammo ,casi de balde, porque la hospitalidad francesa
era muc~a, ~ el era t~n agrad~ble de presencia y de trato, qut
los qu~ COilll~n con el y_le 01an hablar, ya eran sus amigos.
El v~mr de tierras tan distantes le daba un prestigio casi mitológICo. Y todo eso lo sabía él aprovechar admirablemente.
Y tod~vía dice de tiempo en tiempo el muy socarrón:

considere el lector piadoso sus trabajos:

1
1

"Como yo estaba todavía de buen aspecto, tampoco me
faltaban pretendientes entre las jóvenes cristianas, que no tie-nen dificultad para explicarse; y cuando yo respondía que era
sacerdote, me decían que eso no obstaba si yo quería abandonar el oficio. La turba de sacerdotes que, por el terror de la
Revolución, que los obligaba a casarse, contrajeron matrimonio, les había quitado el escrúpulo. En Bayona y todo el
Departamento de los Bajos Pirineos hasta Dax, las mujeres
son blancas y bonitas, especialmente las vascas".

· -:-No está en mi mano tener malicia. ·En vano me aconsejaban mis amigos una poca de picardía cristiana. ·

X.-LA IGLESIA Y EL SIGLO.

XT.-LAS ULTIMAS PAGINAS.

En París, Fray Servando, ayudado de su amigo Simón
Rodríguez, abre escuela para dar clases de español. En sus
ocios escribe disertaciones contra la incredulidad introducida
por Volney. Le dan la parroquia de Santo Tomás, pero le
resulta un mal negocio. Había que pagar muchos lujos: un
suizo alabardero, dos cantores de capa pluvial y el músico
que les daba los tonos con un contrabajo en figura de serpentón. De modo que nada le sobraba, y el oficio por todas
partes le ceñía; "porque en Francia sería un escándalo ver
un clérigo en un teatro, en el paseo público, especialmente
en los días festivos: y aun en un café."

Cómo obtuvo Fray Servando la secularización, lo que
pen~ba de Ro~, &lt;le N!poles, de Florencia y de Génova; .los
trabaJos que pa_so todav1a antes de volver a España por Barc~l?na; 1~ sátira descriptiva de las regiones de España, en su
:v1aJe a pie desde Barcelona hasta Madrid; el pueblo vestido
~o~ los c~l~res de Goya; el desaseo de la corte, ocupan las
ultimas pagmas de estas Memorias. Ya no se las puede resumir: habría que copiarlas. Un novelista episódico a lo
Baraja, un crítico de la sensibilidad española a lo "Azor{n",
pueden sacar mucho partido de estas Memorias.

·Retratos reales e imaginarios.

Con todo, Fray Servando halla manera de comunicamos
noticias mundanas sobre los cafés de París, las espléndidas
bibliotecas, los paseos, el Palais Royal, los almanaques de cortesanasJ los "cabarets" y las modas, que entonces -según élconsistían en que cada mujer llevara el vestido y el peinado
que más convenían a su tipo y a su carácter. Por cierto que,
de paso, censura la ciega imitación de los españoles; cuando
el sansculotismo y la pobretería ---dicé-, se inventaron en
Francia esas levitas, verdaderos "deshabillés", que los italianos llaman cubremiserias, j y en España hicieron de la levita
un traje solemne y general!

Lectura selecta.
México, 1920.

·,

.. '
'

Pero la verdad es que a Fray Servando le cansaba el ofi-

74

75

•
•

�PRESENCIA DEL PADRE MIER

•

ARMANDO ARTEAGA SANTOYO

En estos días consagrados al recuerdo de los iniciadores
de nuestra Independencia, es oportuno exaltar la v~da y. la
obra de uno de ellos, nacido entre nosotros, cuya procer s1g•
nificación en la historia de nuestras luchas libertarias, a me•
nudo olvidada, está esperando el debido desagravio. Hablo
del Padre Mier.
Su vida caudalosa y encrespada, llena de profundas y
poderosas esencias humanas; y su obra multiforme, centellan•
te, magnífica en su intención y en conjunto, reclaman para
apreciarlas, no sólo la simpatía cordial y h~mana. ~ue acon•
seja Carlyle; sino también el vuelo y el OJO aquilinos! que
aseguren la justa y clara perspectiva.. Porque no _los tle?en,
no pueden juzgarlo ni l~s _eunucos,~ los monaguillos,. ru los
mercachifles, que, congerutamente mcapaces de apreciar las
cualidades másculas y excelsas de Mier, andan regateándole
la gloria, y tratando de echarlo a la insignifi~ancia y al desprecio acusándolo ridículam~nte de boquifl?Jº extravagan_te,
vanidoso relajado y hasta p1caro; con la misma proterva m, con
' que han llamado a H'd
tencion
1 a1go " cura borrachín", y
a Juárez "indio ladino y tunante".

giata, con que inicia su obra social en vísperas del movimien•
to emancipador, es, en el fondo, la condenaci6n y el repudio
del régimen caduco que ahogaba la vida económica, política
y espiritual de México. Por eso se desencaden6 sobre el cié.
rigo ilustre la furia de los usufructuarios de aquel sistema.
"¡Monterrey, patria pequeña, decorosa, eximia y dulce como
]a Guatemala de Landívar, enorgullécete. Un sólo nuevo.
leonés, asido a las astillas de la historia y a los cachivaches
en delirio de un anticuario, rompe el ritmo de calesa que asu.
me la vida colonial, y escruta en el Levante, la sangre de la
Reforma!" ha escrito el mismo de la Vega comentando el primer botafuego que Mier lanzó a los enemigos a quienes combatió toda su vida, y que sigue combatiendo desde la gloria
eterna, porque es de aquellos que como Juárez, según la frase de Alfonso Reyes, "aún no se quita las botas de campana,,.

-

Llevado de esta pasión fué a Roma, a solicitar el rescripto de secularización, porque "el hábito le estorbaba los pasos
de gigante"; y cuando el pueblo español se alzó contra Napoleón y contra el cornudo Carlos IV, Mier, hombre de acción también, a pesar de su cultura, demostró que llevaba en
el pecho el denuedo, la abnegación y el espíritu de sacrificio
que reclamaba a los partidarios de la Independencia; e igualando con la vida el pensamiento, se hizo capellán castren~e
del Cuerpo de Voluntarios de Valencia, cayendo prisionero
en Belchite. Pasó a Cádiz al tiempo que se reunían las Cortes Españolas, y se unió a los diputados americanos en la lucha por la liberaci6n de las colonias.

Es actual, porque su férvida pasión de liberta1 y su inquebrantable decisi6n para alcanzarla, son las mISmas con
que México encara su destino en la hora prcsen~e. En esa
pasión empez6 a quemarse desde la edad de tr1enta y un
años, "cuando aún tenía frescas las rosas de la juventud en la
frente" dice Santiago R. de la Vega. El serm6n de la Cole-

Armado de su pluma como de una espada fulgurante, va
a Inglaterra donde escribe primero las famosas "Cartas a El
Español", y más tarde su "Historia de la Revolución de Nueva España". Esta no es, en realidad, una obra de estricto ca.
rácter histórico, ni era posible que nadie la escribiera en 1812
y 1813. Es algo que resultaba más valioso en aquella época:
una defensa' vibrante, levantada y combatiente de ]a causa
de la Independencia, que los libelos de Cancelada, pagado por
los comerciantes de México y Cádiz querían hacer inconveniente y odiosa.

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77

A Mier hay que acercarse no como a un expediente de
un archivo, ni como a una figura de museo; sino como a una
entraña cordial, viva y palpitante.

�La voz de Mier cobra acentos homéricos en su prédica
ardiente: "Estaba escrito que os bañáseis en sangre, para que
sepáis por la carestía del precio estimar más vuestra libertad,
y para que su árbol eche así profundas raíces en los hondos
sepulcros, a donde os han precedido tantos campeones., víctimas ilustres de la Patria. Estaba escrito que conociéseis así
vuestras propias fuerzas, las desarrolláseis, tomáseis el rango
que compete a la mayor parte del mundo, y no quedáseis expuestos en la guerra dudosa de la Europa, a ser la presa del
primer hambriento aventurero que arribe a vuestras riberas,
o a ver repartido vuestro país para compensaciones como bienes mostrencos".
Es la misma pasión de libertad, en fin, la que lo une a
Francisco Javier Mina, que . llevaba también en el pecho un
volcán inextinguible. Viene con él a México, por cuyo cielo
cruzó el navarro como un relámpago de gloria. Y mientras
Mina abona con su sangre el suelo convulsivo de México, el
Padre Mier cae, en el Fuerte de Soto la Marina, en manos de
sus eternos enemigos.
Toda la vida trashumante y atormentada de Mier es un
holocausto constante en el ara sagrada de la libertad. ''La
independencia -dice él mismo- es el objeto sagrado de mis
más ardientes votos; pero no la independencia por sí misma,
sino la independencia por la libertad". Goethe ha puesto en
labios de Fausto en el momento solemne de su muerte, palabras semejantes: "A esta idea vivo entregado por completo;
es el fin supremo de la sabiduría: sólo merece la libertad, lo
mismo que la vida, quien se ve obligado a ganarlas todos los
días".
También palpita de actualidad el Padre Mier; por su profunda, inalterable y constante convicci6n democrática y por
su defensa de las formas e instituciones republicanas de gobierno. ''No hay mejor academia para el pue~lo que una
revolución". "¿ Quiere usted más luces? Las de la revolución, porque interesa en las discusiones y aguza, en el ch°9ue,
los entendimientos. ¿ Quiere usted que los hombres se ilustren? Júntelos en el foco de un congreso. ¿Quiere usted

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que se extiendan y 'progresen los sólidos conocimientos? Hágalos libres: sacudan el yugo bárbaro de los españoles, cuyas
leyes expresas son que nada pueda imprimirse en Indias sin
aprobación de su Consejo en España", dice en sus "Cartas
a El Español", en las que criticó y combatió extensamente los
artículos de la Constitución Española que se oponían a la
igualdad de las colonias con la Metrópoli en la representación
nacional.
Hombre civil hasta los huesos, en su "Cuestión Política"
escrita en Filadelfia, dirige y orienta políticamente a los hombres que luchan con las armas contra el poder colonial español: "Ya la América del Sur está libre casi toda. ¿Por qué
no lo está la del Norte? Por la ignorancia, inexperiencia y
ambición de los que se han puesto a la cabeza del movimiento. Ellos· no han reconocido que para salvar un Estado es
absolutamente necesario establecer un centro de poder supremo. Que este poder ha de ser un cuerpo civil para que represente a la nación; y que es menester al cabo que este poder
contrate alianzas y auxilios con otras potencias que reconozcan su independencia. Sin estas tres cosas la libertad no se
consigue, se sella la servidumbre, se desuela la patria. Un
congreso, pues, es el que se ha de establecer, éste es el gobierno natural de toda asociación, éste es el órgano nato de
la voluntad general".
Y, exaltando los fueros del poder civil, agrega: "La voluntad general es la que confiere un poder a los militares y
legitima sus operaciones. Los militares no representan la nación; son los intrumentos de que ella se sirve para su defensa, y para conseguir su paz y tranquilidad. Antes es un axioma entre todas las naciones libres del despotismo, que la fuerza armada no es deliberante: deliberar ella y obrar es tan
grande absurdo para la libertad, como para la justicia ser uno
mismo juez del hecho y del derecho". Tal parece que el Padre Mier vislumbraba para condenarla, la historia lamentable
de nuestras asonadas y cuartelazos.
El, cuya arma temible era la pluma, necesitaba la libertad de expresión para vivir. "Todo papel que contiene ver-

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�dad contra el gobierno se condena de subversivo, y lo es de
la tiranía que quisiera reinar impune sobre el silencio de los
pueblos amordazados, como la muerte sobre el de los sepulcros; o se califica de libelo, como si el objeto principal de la
libertad de imprenta no fuese poner un freno al poder revelando al público sus arbitrari&lt;:dades. Se olvida que la soberanía reside en la nación y que ésta se compone de los individuos. Querer que sólo se queje en masa es invocar el tumulto y la insurrección, que son la voz tremenda del pueblo cuando ha llegado a su colmo la opresión", escribe en su "Cuestión Política".
Llevado a los escaños del Congreso de 22, no fué comparsa en la comedia del Imperio. "Temo haber llegado ya
fuera de sazón, y que los remedios sean tan difíciles como los
males son grandes" dijo en su primer discurso, refiriéndose
a que el ex-coronel realista había dado un golpe de mano al
sistema republicano que ideaban los diputados progresistas.
De su en entrevista con lturbide, que mandó vigilarlo cuando
se dirigía de Veracruz a México, porque le temía, dice con
la altivez y arrogancia que exigía el momento: "Yo no podía ocultarle mis sentimientos manifiestos en los escritos, de
que el gobierno que nos convenía era el republicano; pero
también le dije que no podía ni quería oponerme a lo que ya
estaba hecho con tal que se conservase el gobierno represen.
tativo, y se nos rigiese con moderación y equidad. De lo contrario él se perdería y yo sería su enemigo irreconciliable, porque no está en mis manos dejar de serlo de los déspotas tiranos".

Unidos, que quizá subsisten -porque no hay potencia contigua que se aproveche de su interna fermentación;. la debilidad que les ocasiona está demostrada en su guerra contra las
posesiones inglesas, al mismo tiempo que sus triunfos en la
mar prueban las ventajas de la unidad de gobierno. Sobre
todo, ellos eran ingleses acostumbrados a deliberar en asambleas coloniales, y sin una religión que los dividiese con anatemas; para nosotros, miserables esclavos que con trabajos vamos sacando el pié de los grillos, todo el terreno es nuevo, mil
esfinges del averno se nos aparecen a cada paso, y debemos
pisar con sumo tiento". (Historia de la Revolución de Nueva España). "Necesitamos unión, y la federación tiende a
desunirnos, necesitamos fuerzas y toda federación es débil;
necesitamos dar la mayor energía al gobierno, y la federación
multiplica los obstáculos para hacer cooperar pronta y simultáneamente los recursos de la nación . . . Preveo la división,
el desorden, la ruina y el trastorno de nuestra tierra hasta sus
cimientos ("Discurso profético").

Luchó Mier también por la seguridad del individuo frente a las arbitrariedades del Poder; por el juicio de jurados; por
la difusión de la cultura; por todo aquello, en fin, que México ha ido poco a poco realizando a través de su evolución
histórica. Cuando alcanzó el cenit de su gloria, entre sus manos puras, y las del otro gran patricio, Miguel Ramos Arizpe, nació la República. Vidente iluminado, aconsejaba la forma centralista moderada, ponderando los peligros de una imitación inoportuna y servil de la federación americana: "No
clavéis los ojos demasiado en la constitución de los Estados

Es actual, por último, el Padre Mier por su constante preocupación en favor del indio; porque no incurrió en el absurdo criminal de escindir la familia de México con la línea que
marca el pigmento de la piel; sino antes bien, porque pugnó
siempre por la dignificación integral del indígena. En la segunda Carta a "El Español", dice: "Lo mismo sucedería a
esos egoístas de Tenochtitlán, y las tierras de esos viles criollos
se darán a los indios, como que las usurparon los conquistadores". Hermano y discípulo de las Casas, cerró con estas palabras su "Historia de la Revolución en Nueva España": "La
gratitud exige que el primer monumento erigido por manos
libres sea al hombre celeste que tanto pugnó por la libertad
de los antiguos americanos contra los furores de la conquista;
a nuestro abogado infatigable, a nuestro verdadero apóstol,
modelo acabado de la caridad evangélica y digno de estar
sobre los altares por voto del universo, menos de algunos españoles. Alrededor de su estatua formad vuestros pactos y
entonad a la libertad vuestros cánticos . . . Yo le pondría
esta inscripción tan sencilla como el héroe: "Extranjero: si
amares la virtud, detente y venera. Este es Fray Bartolomé

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�de las Casas, Padre de los Indios".
Haciéndole la justicia que algunos de sus compatriotas
le niegan, Julio Cejador asienta: "Cri_olo el ~~s bat~llado~,
rebelde e inquieto de su época, para quien d habito fue camisa de fuerza admirador de la Enciclopedia, vivo en el aprender, insinua~te en el persuadir, bullidor sempiterno, cándido
y audaz, sencillo y complicado, humilde y orgulloso, todo en
una pieza, sufrió horriblemente, y valientemente escapó de
mil prisiones, siempre libre y triunfante".
.
Honremos a este insigne predecesor, no por tradición
únicamente, sino inspirando nuestra conducta en su patriotismo indomable; en su probidad inmaculada; en sus ideales
incorruptibles; en su alucinada creencia en México ~ en su
destino, que ayudó a construír con su fervor, con su infortunio y con su sangre.

FRAY SERVANDO TERESA DE MIER
JAMAS FUE APOLOGISTA DE ITURBIDE

ARMANDO ARTEAGA SANTOYO
Al prestigioso amparo del benemérito Colegio de México, el investigador español José María Miguel i Vergés publicó a fines del año anterior Escritos Inéditos de Fray Servando Teresa de Mier, cuyo mérito principal estriba, a mi juicio,
en la divulgación de diversos manuscritos del gran luchador
insurgente, que ayudarán sin duda alguna a formarse un juicio más exacto sobre su personalidad histórica.

"

Universidad.
Monterrey, N. L., 1942.
Número 1.

Además de los manuscritos de Mier, entre los que figuran algunos tan importantes como el Manifiesto Apologético
y la Idea de la Constituci6n dada a las Américas por los reyes
de España antes de la invasi6n del antiguo despotismo, se publican dos cartas escritas por el obispo Henry Gregoire a Fray
Servando, y una dirigida por éste a la Regencia de España.
Los originales de estas tres últimas piezas fueron facilitados por don Alfonso Reyes, en cuyo poder se encuentran.
En cuanto a los demás, es bien sabido que se hallan en la
Biblioteca de la Texas State University, en Austin; por lo que
Miguel i Vergés debe haber utilizado para su trabajo, las copias fotostáticas que de aquéllos existen en la Biblioteca de la
Secretaría de Hacienda, por más que el autor no aclare expresamente esta circunstancia en parte alguna de su obra. Es
oportuno decir aquí, que en el Archivo del Gobierno del Estado de Nuevo León, existen también copias fotostáticas de
aquellos originales; y que en la expresada biblioteca americana se guardan, además, otros mucp.os manuscritos de Fray
Servando, sobre todo los de la correspondencia que recibía,
cuya publicación ha sido ya sugerida al propio Gobierno del

-

~~

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�Cada una de las piezas dadas a conocer en la obra del Señor Miguel i Vergés está precedida de una nota introductoria de gran utilidad, porque instruye al lector de los' orígenes
y finalidades de aquélla, fechas, lugares y circunstancias en
que fué escrita, los diversos textos o variantes que se conocen,
y sus relaciones con otras producciones de Mier. Por último,
un completísimo índice analítico facilita considerablemente
la lectura y consulta de la obra.
Sin otro propósito que el de promover una discusión que
dilucide definitivamente este punto, quiero señalar lo que a
mí me parece un error imperdonable del autor del libro: la
inclusión del manuscrito titulado Exposici6n a lturbide en su
exaltaci6n al trono entre la producción de Mier.
El mismo Miguel i Vergés dice en el párrafo final de la
nota introductoria relativa que "parece arriesgado atribuír
decididamente la paternidad de esta exposición al P. Mier.
A pesar de haberla hallado entre sus manuscritos, y de ser de
sobra conocida su actitud inicial hacia lturbide, en pugna
con la que había de adoptar al poco tiempo, los conceptos en
ella expuestos parecen de un absolutista. La letra también
ofrece a nuestro entender, ciertas dudas, aunque Genaro Es.
trada 'la calificó, sin vacilaciones, de Fray Servando, igualmente como las múltiples enmiendas que la Exposición contiene".
Para quien se ha familiarizado con el estilo de Fray Servando, o ha tenido frecuentemente a la vista sus manuscritos,
y Miguel i Vergés se halla sin género de duda en ambos casos no existe motivo alguno para atribuírsele esa obra, cuyas
id:as, por otra parte, son absolutamente opuestas a la~ que él
sustentaba y por las que fue tan tenazmente perseguido.
Escojamos al azar algunos párrafos de la Exposici6n:
"Por El (Señor) reinan todos los reyes; así los que establece
el nacimiento porque es dueño de la naturaleza, como los q~e
consagra la elección, porque El preside en todos los consejos,
a todos los monarcas ha hecho imágenes suyas y depositarios
de su poder porque quiere que todos tengan en su pueblo la
distinguida gloria de hacerlo reinar".

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¡De qué _dis~t~ modo habló siempre Fray Servando!
En 1~ Memoria Pol,t,ca Instructiva leemos: "Los textos de la
Escntu!a que se alegan a favor de los reyes están muy mal
en_tendi1os • _- . La naturaleza no ha creado reyes, ni Jesucristo_ vmo smo a san~ificar los hombres, plantando virtudes
pracucabl_es en todo genero de gobiernos. Sufran los pueblos
que ya tienen reyes ese azote del poder divino. ¿Por qué
atraer ~bre nuestras cabezas esa venganza del cielo?" y
en su_ disc~rso d_el _15 de julio de 1822, precisamente cuando la
mareJada impenahsta golpeaba iracunda los escaños del Cons-t~tuyente, dijo: "Yo no pude ocultarle (a Iturbide) mis sent1m1entos, patentes en mis escritos, y de que el gobierno que
nos convenía era el republicano, bajo el cual está constituída
t~a la A~érica del Sur y el resto de la del Norte, pero tambien le diJe q~e no pocha ni quería oponerme a lo que ya
estaba_ hecho, siempre que se nos conservase el gobierno representativo y se nos rigiere con moderación y equidad. De
otra suerte él se perdería y yo sería su enemigo irreconciliable, porque no está en mi mano dejar de serlo de los déspotas y tiranos. Sabría morir, pero no obedecerlos".
Dice la Exposición: "No ha permitido, ni puede tolerar
V. M. que s,: hable con desprecio en este imperio, aún del soberano espanol que se supone ya enemigo nuestro. Tal es el
con~epto que justamente le merece la autoridad real . . . "
¿Cómo pueden atribuírse estas expresiones a Mier, que al hab_lar de Carlos IV o de su dignísimo hijo Fernando lo hizo
siempre con el más sangriento -y justificado- sarcasmo?
. '.'A nadie ~edo, c~ertamente, el interés y el deseo de la
felicidad y glona del imperio y personal de V. M. . . . " El
que tal dijo no puede ser el mismo que según Lorenzo de 7,a.
vala. "~ablaba del. Emperador con ta;to desacato, ponía tan
e? _nd1culo su go?;erno~ que el tolerarle hubiera sido un principio de destruccion mas, entre tantos como existían. Declamaba ~n el Congreso, en las plazas, en las tertulias, y predicaba sm embozo, provocando la revolución contra la forma
adoptada".
Una última cita de !a Exposici6n: · "Esta conducta digna

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�de V. M. hará un contraste poderoso a la de los ilustradores
de nuestro siglo . . . En la boca de estos hombres pervers~
todo acto religioso es supersticioso, toda conducta regular? hipocresía . . . Guárdese V. M. como de declarados enemigos,
de esta raza de hombres malvados que nada omiten para hacer progresar su sistema de ruina y desolación . . ." ¿Pudo
jamás hablar así aquel a quien el ~rzobiS{)O Núñ;z de ~~ro
desterró a España .por haber predicado un sermon que fomentaba la inflación y tenacidad del propio juicio contra los
preceptos apostólicos"; y cuyas obras a juicio de la Inq~isición
en 1817, no eran "sino fruto venenoso tornado de los fil?sof~s
llamados liberales, de los impíos francmasones y de los iluminados detestables"?
No, no hay ni puede haber identi~ad ni co~sión posible entre el autor de la Exposición y el de la Histona de la Ret1olución de N ue11a España.
La malicia partidista, o la suficiencia improvisada, proponen entonces una perversa explicación: la falta de consistencia política y de entereza moral transformaban al gran devoto de las formas republicanas en el más encendido apologista del imperio.
Pero es que si alguna vez se mostró Mier intransigente
fué en su oposición invariable a los designios imperialistas de
Iturbide, cuya cabeza llegó a pedir desde la tribuna del Congreso. Ya desde Filadelfia, en 1821, le había escrito: "Tú
debes colgar hasta la idea de darnos un Emperador. Así es
como únicamente borrarás hasta la memoria de los males
inmensos que en diez años hiciste a tus compatriotas por un
error de opinión. Sostén la Independencia; pero la Independencia absoluta, la Independencia sin nuevo amo, la Independencia republicana".

vidades anti-imperialistas eran notorias en la región, como
lo declararon Ramón Harmida y Bernardo Barrios en la sumaria secreta que desde entonces se empezó a instruír por
orden de Iturbide.
El Doctor José María Luis Mora aporta un juicio que debe considerarse verdadero por la reconocida autoridad de su
autor: "la franqueza y la beneficiencia formaban el fondo de
su carácter . . . ni aún en las épocas más peligrosas y circunstancias más críticas disimuló ni tuvo embarazo en manifestar
sus opiniones y hacer patentes sus ideas".
Alamán, que conoció perfectamente a todos los que protagonizaron aquella trágica jornada dice de Mier: " ... el
nuevo monarca (Iturbide) no tenía enemigo más acérrimo ni
que mayores daños le causase. Apenas desembarcó en Veracruz, cuando se desató en invectivas contra la monarquía, en
términos que desde entonces se le empezó a instruir secretamente sumaria".
Durante los escasos noventa días que van desde su arribo
a Veracruz a fines de mayo, hasta el 26 de agosto de 1822 en
que fué aprehendido, la conducta de Mier aparece en todo
momento bien clara e inequívoca. Nadie que la estudie imparcialmente puede imputarle la flaqueza, la ambigüedad ni
la hipocresía que se requieren para suponerlo autor de la Exposición. Atribuírsela es agraviar injusta~ente su memoria.

Armas y letras.
Monterrey, N. L.
Septiembre de 1945.
Número 9. Año 11.

Y en cuanto toma tierra en Veracruz comienza abierta• contra e1 "Varon
' de n·ios", y este,
' a su
mente su campana
vez, principia a perseguirlo. El 25 de junio el Comandante
General de aquella provincia previno al Comandante de Alvarado que vigilara estrechamente al Padre Mier, cuyas acti-

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�EL PADRE MIER Y LA BANDERA NACIONAL

DAVID ALBERTO COSSIO
Si repasamos cuidadosamente la galería de hombres ilustres de Nuevo León, ninguno de todos ellos ofrecerá aspectos
más interesantes en su vida íntima o pública, como el famoso fraile dominico, José Servando de Santa Teresa de Mier
Noriega y Guerra; revolucionario por temperamento; miembro de fa Iglesia, por equivocación.
Si por otra parte, detenemos nuestros ojos en las páginas
de la historia independiente de México, y en la que por encima de una minoría, muchas veces anónima de hombres de
verdadero mérito, se eleva una mayoría de logreros y arribistas, con seguridad que ha de corresponder al ínclito predicador y revolucionario de la Orden de Santo Domingo, lugar
preferente entre los primeros; y sobre todo, si se toma en cuenta su época, los hombres que lo rodearon y las circunstancias
que le cerraron más de una vez el paso, en su marcha hacia
la justicia, la democracia y la verdad.
·
La destacada figura de Fray Servando o Padre Mier, como
se le conoce más comúnmente, no sólo llena un pasaje de la
vida de su terruño o de su patria, sino que se ofrece como índice a los investigadores que asoman sus ojos ávidos a las honduras de la política de personas o de camarillas, en todos los
tiempos de nuestro país; se eleva como antorcha, en los momentos de tragedia de un pueblo que inicia sus pasos inciertos, en las tinieblas de todos los prejuicios; prorrumpe en el
grito de rebeldía y de reproche, contra los magnates y los
cortesanos que se entregan a la orgía del festín de Baltazar; y
se convierte, por último, en carne de presidio, por el crimen
de decir lo que otros callan, por llevar en sus labios la protesta contra los tiranos, cuando los viles, sólo aciertan a pronunciar palabras de adulaci6n y vasallaje. ¡Cuántas veces han

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hecho falta en las horas aciagas-de nuestra vida nacional, hombres como el Padre Mier, que sepan condenar los pecados políticos de nuestros estadistas, reprochar sus excesos, cuando
los humildes no alcanzan a beber ni siquiera sus lágrimas, que
sólo sirve_n para regar un suelo riquísimo, pero ingrato, del
que se alimentan y se enriquecen los extraños, aunque pocas
veces el pobre nativo, que levanta de ordinario su cosecha de
hambre incurable: hambre de pan, hambre de justicia, hambre de luz; las tres peores hambres que reducen a la categoría
de brutos y de parias a los hombres!
. E~,Padre Mier, parecía ~redestinado para la rebeldía y la
agitac1on. Por eso estaba leJos su alma de las quietudes del
claustro y de las resignaciones de la santidad. Fray Servando, nació para la búsqueda de la verdad, no importaba.en qué
lugares sombríos o luminosos; y de ese modo, iba muchas veces de lo sublime, a lo picaresco; de lo genial a lo grosero.
~speculaba a menudo, no solamente en los campos ajenos,
smo en los propios; se discutía a sí mismo, criticaba sus propios actos, en los más severos exámenes de su conciencia. Así
resulta explicable que confesara ingenuamente que había torcido su vida, y que no era su vocación la de sacerdote. Se
sentía, indudablemente, incapaz para retener los vuelos de su
espíritu, entre las cuatros limitadas paredes de su curato, cobrando diezmos, bautizos y matrimonios: y lo torturaba el grillete de la inmovilidad entre los recios y dilatados muros de
un convento, y sin más escapato.cias al pecado que algún mal
pensamiento, perdonado en el secreto d!! la comunidad y amparado por el fuero del hábito. El único sacerdocio que soportaba, acaso, el Padre Mier, era muy otro: la inmensa cura
del alma de toda una nación, en la que el atávico desprecio
a la muerte, del indio; la natural inquietud de la mayoría de
edad, en el criollo; y la inexperiencia de los nuevos ciudadanos libres, formaban un complejo de circunstancias desfavorables para que la patria naciente, se desarrollara sin tropiezos, a la manera de esos infantes que se hallan exentos de los
humanos perjuicios de una mala herencia de sangre.
Para pelear y vencer, Fray Servando, no necesitó jamás

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�de las armas de los guerreros; su espada, en tal caso, no hubiera herido tan hondo ni sangrado tan copiosamente, como su
pluma, como su palabra. Por eso mismo, causó siempre entre sus enemigos, verdadero pánico cuando sus escritos estallaban en ironías, como agudas y afiladas flechas; cuando,
de entre los pliegues de su mant~o de religioso que predicaba
con las mismas frases de Jesús, doctrinas nuevas de revolución, se extendía su brazo útil, en ademanes fogosos que acompañaban la vehemencia de su discurso parlamentario, de continuo agitador de conciencias y corazones.
Nació el Padre Mier en la ciudad de Monterrey el 17 de
octubre de 1763 y no el 1773, como aparece en reciente libro
de distinguido historiador. En mi obra "Historia de Nuevo
León" se inserta la boleta de bautismo en la Iglesia de San
Francisco de Monterrey, que destruyeron en 1914 las fuerzas
carrancistas.
Tocó nacer, pues, al inquieto fraile revolucionario, en uno
de aquellos años en los que el ritmo de la nacionalidad era,
en apariencia común, para españoles, criollos, meztizos y buena parte de indios domesticados, de los muy indómitos que
habitaron en el Nuevo Reyno de León, por esa y las anteriores épocas, y de los cuales se servían entonces las familias acomodadas, como esclavos, y entre ellas la misma del Padre
Mier, cuyo jefe era el escribano don Joaquín Mier y Noriega, de procedencia asturiana.

de su grado de doctor y privación de sus libros y sus ropas sacerdotales; por último, destierro a España y prisión en el Convento de las Caldas. Aquí empezó para Fray Servandó, una
vida de constante inquietud: cárceles y evasiones; es decir,
una serie de aventuras que tienen por momentos mucho de las
del manchego Don Quijote, por su espiritualidad; y que no
carecen de los aspectos de aquellas otras de nuestro Periquillo
Sarniento, por lo humanas.
Desgarradas las ropas, y afligido muchas veces por el
hambre, marchó desde entonces el Padre Mier, de pueblo en
pueblo de la vieja Europa predicando su doctrina de rectificaciones a las viejas mentiras del mundo, sustentadas unas veces por los déspotas y otras por los crédulos.
Imposible narrar en unas cuantas páginas siquiera algunos capítulos de la accidentada y ondulante vida del Padre
Mier, durante los diez o quince años que siguen, después del
primero de sus encarcelamientos. Lo hemos hecho ya en libros y artículos de periódicos y revistas, y no han hecho mejor
que nosotros, distinguidísimos escritores. Las reclusiones de
Fray Servando en Burgos; la revisión de su proceso en Madrid; su vida en Bayona, miserable en lo físico, pero de gran
riqueza, cuando traduce la "Atala" de Chateaubriand y le
abre las puertas el Instituto de Francia, son páginas de las más
inquietas e interesantes de su existencia andariega y febricitante. Su secularización en Roma; su nueva prisión en Sevilla y su viaje a Portugal, tras de espectacular evasión, son
otros capítulos de su novela. Nuevos viajes a Francia e Italia, persecuciones tenaces de los miembros del Santo Oficio de
España y brillantes defensas, componen otros pasajes de su
vida que a veces parece confundirse con la leyenda.

Una humilde aula de primeras letras, constituyó la cuna
espiritual en donde arrulló sus prístinas ideas, el Padre Mier;
la iniciación de sus triunfos intelectuales, tuvo lugar en el
Convento de Santo Domingo de la ciudad de México. Muy
pronto demostró el joven fraile que seguía la ruta luminosa
de los más esclarecidos hermanos predicadores que continuaban la tradición guerrera contra la herejía, comenzada en el
siglo XIII, en Tolosa. En 1794, pronunció el célebre sermón
guadalupano en el que, si no negaba la aparición de la Virgen, sí sostenía que no era artículo de fe creer en dicho milagro. Esto le bastó, en medio del mayor escándalo, para recibir el más injusto de los castigos: excomunión, destitución

En 1811, lo vemos ya en Inglaterra, dedicado a escribir;
pero mojada su pluma en la volcánica lava de sus convicciones revolucionarias contra el despotismo español, en América.
Los primeros brotes insurgentes en México, le dan ocasión
de llenar libros de fuego: sus "Cartas de un Americano Español", su "Historia de la Revolución de Nueva España, antiguamente Anáhuac", su "Memoria a las Repúblicas de Amé-

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�rica'\ son escritos vigorosos que pregonan definitivamente sus
ideas reivindicadoras. Adopta el seudónimo de "Don José
Guerra, Doctor de la Universidad de México", como para hacer más misteriosa su personalidad de drama, unas veces; otras,
de sainete.
La "Historia de la Revolución de Nueva España", hecha,
en gran parte, a base de cartas y recortes de periódicos de la
época, carece de la serenidad y aliño de la obra del buen historiador; pero esto no quiere decir que no sea de grandísima
importancia, por las cuestiones que trata, además de los temas históricos, siendo el Padre Mier uno de los más autorizados por entonces, para discutirlas. Este libro contiene el origen y principio de las insurrecciones en América y también
una disertación con el fín de probar que la predicación del
Evangelio, en el Nuevo Continente, fue anterior a la conquista, por Santo Tomás; lo que sostuvo, Fray Servando, hasta su
muerte.

Las páginas de los libros de este famoso clérigo rebelde, se
leen con avidez en Europa. No siembra, pues, en tierra dura; mientras, corre en América la sangre de los criollos, de
los mestizos y de los indios, que_ pelean bravamente por la
emancipación de la Nueva España. Dice que no se espere
ayuda de los europeos, que si bien antes clamaban algunos
contra la opresión de los mexicanos han vuelto ya las espaldas e impiden el auxilio que pudieran prestar los Estados Unidos a los heroicos sacrificios de sus hermanos en América.

profecía encierran estas palabras en las páginas del Padre
Mier!
En el mismo tono vehemente añade en uno de sus libros:
"Sólo ~s encargo. la unión, y entonces, España, no digo arrui.
nada, smo floreciente, es un enemigo muy insignificante para
vosotros".
Tilda de funesta equivocación, Fray Servando, el copiar
en México las leyes del vecino país del norte. Escribe estas
frases: "No clavéis los ojos demasiado en la Constitución de
los Estados Unidos". Recomienda los principios legales que
informan a la nación inglesa, con estas palabras, textuales:
"Me parece que vuestro modelo, en cuanto lo permitan las circunstancias, debe ser la Constitución de esta nación dichosa,
en donde escribo; y en donde se halla la verdadera libertad
seguridad y propiedad. Ella ha sido la admiración de los sa~
bios y la experiencia de los siglos; demuestra su solidez para
que, sin considerarla, arriesguemos ensayos del todo· nuevos,
demas!:dos sangrientos, costosos, y tal vez irreparables, si s_e
yerran . Se burla de los franceses en esta forma y por la misma causa: "No la hallaréis escrita como comedia, por escenas; éstas, pertenecen al género alegre y ligero de los franceses, que han rematado en ser esclavos de un déspota".
Hace comparación, el Padre Mier, de la distancia que
media entre los que iniciaron la independencia en el país del
norte y los que peleaban por la nuestra, en la segunda década
del siglo XIX: "Sobre todo, ellos eran ingleses, acostÜmbra-dos a deliberar en asambleas coloniales y sin una religión que
los dividiese con anatemas. Para nosotros, miserables esclavos
que con trabajo vamos sacando el pie de los grillos, todo ·e1
terreno es nuevo, mil esfinges del averno se nos aparecen a
cada paso y debemos pisar con sumo tiento".

Exclama, en una de sus encendidas parrafadas a los hijos
de América, lo siguiente: "Estaba escrito que os bañaseis en
sangre para que sepáis, por la carestía del precio, estimar más
vuestra libertad; y para que su árbol eche así profundas raíces
en los hondos sepulcros, a donde os han precedido tantos campeones, víctimas ilustres de la Patria". Y agrega, previsor:
" ... no quedéis expuestos en la guerra dudosa de la Europa,
a ser la presa del primer hambriento aventurero que arribe a
vuestras riberas, o a ver repartido vuestro país para compensaciones, como bienes mostrencos" ¡Qué honda y dolorosa

Si en cuanto a la forma de proceder, el fraile revolucionario propone cautela, en cuanto a la idea legalista se muestra
decidido partidario de las instituciones civiles. Dice: "Los
pueblos nunca se· han gobernado, sino por usos, prescripciones y leyes. Por eso me he tomado tanto traba jo en exhibir
las muestras".

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�Se pronuncia, el Padre Mier, allá en 18n, por el sistema
representativo democrático y asienta, naturalmente en el concepto de que el Congreso cumpla con su deber y no se convierta como lo ha hecho en muchas ocasiones, en la vida de
México, sin voluntad propia, en empleado del Ejecutivo Federal, lo siguiente: "Dividid las cámaras y estaréis seguros
del acierto. De otra suerte, tan esclavo puede ser el pueblo
representado por un rey, como por muchos diputados". Pone como ejemplos, la Convención de Francia y las Cortes de
España.
Contra las exaltaciones de los radicales de la izquierda o
de la derecha, en asuntos religiosos, algunas veces por convicciones sinceras, siempre respetables, pero en otras, por simples
conveniencias políticas, conviene leer sus declaraciones a los
insurgentes de los primeros años de la guerra de Independencia:

Para reforzar sus conceptos, Fray Servando reproduce aquellas palabras que el indio Maxiscatzin, le dirigió a Cortés, a
nombre, del senado, en Tlaxcala; y que impidieron que el
conquistador derribara sus dioses, como lo había hecho con
los de Zempoallan: Decís que adoramos piedras y palos y nosotros sabemos que lo son, en cuanto a figuras; pero no adoramos en ellas, sino los seres inmortales que representan del cielo, a los cual.es siempre nos hemos creído deudores de la prosperidad de esta república. Con11encernos de que son mal.os
contra el testimonio de la experiencia de los siglos, no es obra
de un día. Dejad al. pueblo tiempo para ilustrarse, informándose de 11uestra crencia, y si no fueren buenas, él precipitará
sus imágenes, por sí mismo. Mientras, nada de eso impide
nuestra unión en las armas; y peligraría, si adoptaseis una
pro11idencia intempesti11a.
Al recordar estas palabras del tlaxcalteca, dirigidas a Cortés, exclama, conmovido, el Padre Mier: "Este discurso, no
es de bárbaros; y si toda reforma, aun justa, ha ocasionado
violentas sacudidas en reinos de antiguo establecimiento, abismaría los nuevos". Poco más adelante, manifiesta: "mirad
lo que está pasando en España, por haber mandado apagar
los quemaderos de la Inquisición. La constitución civil del
clero en Francia, digan lo que quieran, no fue en realidad sino
un esfuerzo generoso, pero imprudente, para resistir la antigua disciplina, y sólo sirvió para aumentar los horrores de la
guerra civil".

"Menos hagáis novedades en materia de religión, sino las
absolutamente indispensables en las circunstancias. Este es el
resorte que han empleado los contrarios para tenernos encadenados y debemos estar muy sobre aviso para evitarles la
ocasión de proseguir su juego favorito. Por más abusos que
haya, dejad al tiempo y a las luces, su reforma; porque el hombre acostumbrado a adorar, sin serle lícito dudar, comienza
por aborrecer al que lo quiere ilustrar, como para vengar en
él, la divinidad ultrajada. Entren buenos libros y ellos esparcirán, insensiblemente, la luz, sin excitar odios ni divisiones". ¡Qué mayor verdad y que mejor exposición de motivos, que estas cuantas sabias palabras del Padre Mier, que sintetizan en ocho o diez renglones, un oportuno código moral
y científico, respecto al problema religioso que en México ha
costado ríos de sangre, y que solamente ha de resolverse con
ríos de tinta bien empleada en buenos libros, y ríos de palabras que enseñen en las aulas y las asambleas públicas! ¡Qué
anticipada condenación para los extremistas que quieren derribar los altares de piedra, antes de echar abajo, si es posible
con razones, por medio de la verdad, los altares interiores, en
las almas sencillas y creyentes 1

Se exalta Fray Servando cuando habla del apóstol de la
justicia, durante la conquista en América, el abogado de los
infelices indios: Fray Bartolomé de las Casas. Declara que
su estatua en México será el pregón más elocuente de cultura
y de gratitud. Agrega: "Alrededor de su estatua, formad
vuestros pactos y entonad a la libertad vuestros cánticos; ningún aroma más grato puede ofrecerse al genio tutelar de las
Américas, Obispo del Cuzco y de Chiapa, para darnos en una
y en otra, derecho a sus bendiciones. Su sombra os hará respetar de todas las naciones; y nadie podrá persuadirse de que
el pueblo de Casas, no sea virtuoso. Así como decía un filÓsofo de la antigüedad, que desembarcando en una playa, si

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�viese sobre la arena una figura geométrica, deduciría que había surgido en un pueblo culto, en viendo los extranjeros la
estatua de Casas, conocerán sin duda que se hallan en un pueblo justo, humano, dulce, caritativo y hospitalario. Yo le
pondría esta inscripción tan sencilla como el héroe: "Extran;ero; si amares la t1irtud, detente y t1enera. Este es Casas, el
Padre de los Indios".
Mucho tiempo antes de que el historiador Bustamante, se
refiriera a la traición de Elizondo, aparece ya en uno de los
libros de Fray Servando, una carta de español europeo en la
que proporciona detalles respecto a la forma cómo se preparó la emboscada en Baján. Esto destruye la suposición de que
la pérfida acción de Elizondo, ya comprometido con los insurgentes, haya sido inventada por el autor del Cuadro Histórico. Por lo demás, no ha sido Elizondo, desgraciadamente, en nuestro país, el primer traidor, ni parece que sea el último. La historia que lean nuestros hijos, dirá algo, seguramente, a este respecto. ¡Ojalá nos equivoquemos en estas
predicciones negras; de este modo, se habrá salvado la república de nuevas salpicaduras de lodo que empañarían la epopeya de sus glorias futuras, al tener que enfrentarse con mil
vestigios que ya se esbozan y que le cierran su marcha luminosa, pero ensangrentada, hacia el porvenir!
La inquietud de Fray Servando, no se conforma con escribir sobre temas revolucionarios de América y de México,
en lo particular. Se hace necesario tomar parte activa en la
insurrección. Junto con el-egregio español don Francisco Javier de Mina, que desea sumarse a los insurgentes mexicanos,
en defensa de la dignidad humana y con elementos que consiguen en los Estados Unidos, se embarcan para México y
arriban a las playas de Soto la Marina. Es indispensable que
Mina se interne a combatir y queda el fraile dominico al amparo de escasa guarnición insurgente.

contra amenazas improvisadas en la calenturienta cabeza del
mílite, y que distrajeran con el simulacro a su manceba. Fué
al déspota Arredondo, a quien tocó en suerte aprehender a
Fray Servando, en Soto la Marina, al atacar la plaza. De allí
salió rumbo a México, el Padre Mier, con grillos y en un macho aparejado. De esta aventura sacó la peor parte de sus
andanzas: la fractura del brazo derecho, al caer del bruto
animal, ignorante de que llevaba en sus lomos al más ilustre de los revolucionarios intelectuales de aquella época. Esta es, pues, la iniciación de la segunda etapa de la existencia
azarosa del Padre Mier, en su patria.
En Monterrey se guarda religiosamente la prensa que Fray
Servando trajo al país en 1817. Esta máquina de imprimir se
usó primero en Saltillo y después se condujo a la capital del
Nuevo Reyno de León.
De la reclusión de Fray Servando en las cárceles del Santo Oficio, queda aquella conocidísima cuarteta que revela el
ánimo del inquieto fraile, siempre entero y jovial, y que escribió para denigrar a sus carceleros:
"¿Qué cosa es la inquisición?
Un Cristo, dos candeleros
y tres grandes majaderos . . .
Esta es su definición".
Del calabozo del Santo Oficio, sale otra vez, bajo partida
de registro, a España. Pasa algunos días en San Juan de Ulúa,
y al pisar La Habana, hace nueva escapatoria; en esta vez para
los Estados Unidos.

Se deja sentir por entonces en Monterrey, la fiera bota de
Arredondo el despótico Gobernador Militar, que entretenía
su neurastenia de funcionario y de soldado, tocando a "generala", para que la tropa acudiera, arma en mano, a pelear

Pero al fín, triunfa la causa revolucionaria en México.
Entra el Ejército Trigarante a la capital. lturbide es el amo
de la situación. Su manto imperial se extiende, fas~oso y
despótico, tras el grito adulador del sargento Marcha. Se necesitan, por ende, en la República, hombres de la talla de Fray
Servando, para salvar al país, que parece desplomarse en los
primeros años de la conquista de sus libertades. Es llamado al
Congreso el Padre Mier, como diputado por Nuevo León; se
habla entonces con calor, por todas partes, de sus hechos, de

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�sus aventuras, de sus trabajos en pro de la independencia. La
humana ingratitud vuelve a acordarse del hombre faro, en
aquellos momentos angustiosos de la patria naciente.
Al desembarcar en Veracruz, es conducido nuevamente
a Ulúa, de donde sale a solicitud de algunos compañeros diputados. La entrada del Padre Mier, al Congreso, se hizo
memo;able. El 15 de julio de 1822, pronunció aquel violento y sangrante discurso autobiográfico que estremeció a la
Representación Nacional. Más tarde y desde la misma tribuna parlamentaria, no escatimó la ocasión de atacar a Iturbide como sátrapa y cruel; pidió al fín su cabeza, haciendo
temblar al Congreso.
Como representante en la Asamblea Constituyente de
1824, cerca del notable coahuilense, don Miguel Ramos Arizpe, su enconado contendiente político, formó lo más diligente, lo más patriótico, y a veces, lo más vanidoso y contradictorio de aquella junta parlamentaria, en la que se echaron las
bases de un gobierno mexicano, sobre los cimientos de leyes
extranjeras, sugeridas en gran parte por el colono texano Austin. Guardo una copia de estos documentos.
Preocupa, por aquellos días, al Padre Mier, muy hondamente, la división territorial de la República y de preferencia
en lo que concierne a Nuevo León, su patria chica. Lo combate de continuo su pariente y discípulo, a la vez que bravo
enemigo político, el intrigante "Toro chicharrón", Ramos Arizpe. Quiere éste echarle abajo todos sus planes, incluso el de
hacer de Monterrey la capital del Estado, al constituírse la
Nación, de acuerdo con el sistema federal.
El 7 de mayo de 1824, como es sabido, se expidió el decreto que declaraba Estado Libre y Soberano a Nuevo León.
En el mismo documento, se dice que Coahuila y Texas, mi_entras éste último no tuviera elementos para formar Estado aparte, dentro de la Federación, constituyeran uno solo. Hechos
posteriores, que no tardaron muchos años en ocurrir, demuestran que sí tuvo la oportunidad de separarse; pero, desgraciadamente, distanciándose, en lo político, de la República Mextcana.

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Toda la elocuencia de la palabra del Padre Mier, su interesante figura parlamentaria, el ascendiente político que
siempre tuvo en el Congreso y muchas otras circunstancias
que parecían favorecer sus ideas, no fueron suficientes factores para triunfar en su pugna sobre la forma del gobierno del
nuevo país. El Padre Mier sostenía el centralismo, y se fundaba en la tesis de que el federalismo que apoyaba Ramos
Arizpe, serviría solamente para crear pequeños sátrapas, en
los Estados. A pesar de que sustentaba una idea contraria a ·
sus propias decantadas convicciones de libertad, el federalismo, entendido a la mexicana, le ha dado la razón, más de
una vez, en lo relativo a pequeños y grandes cónsules improvisados.
En muchas ocasiones, Ramos Arizpe, "el chato embrollón" -otro de los apodos que le dió el Padre Mier al ilustre
coahuilense-, le sacó un pié adelante hasta contrariarlo. Ramos Arizpe, más de una vez, también, "se salió de madre",
como repetía con su acostumbrada vena festiva el Padre Mier,
lo mismo en el Palacio Nacional, que en la tribuna del Congreso, como en los corrillos de políticos gaceteros.
Por una parte, lo reducido de las dietas en aquellos años;
dineros que muchas veces por causa de guerra y trastornos
económicos, quedaban solamente escritos en la nómina; y por
la otra, la falta de orden de Fray Servando para manejar su
escasa hacienda particular, fueron motivos, más que suficientes, para que viviera el diputado sacerdote en constantes apuros, de los que se quejaba con amargura picaresca en sus mordaces cartas a los amigos de Monterrey. Nuestro dominico
fué un verdadero bohemio de la política; generoso a manos
llenas de cuanto poseía; "niño de cien años", como lo llamaba
Ramos Arizpe; condescendiente con las gentes que lo asediaban y jamás negligente para afrontar las más duras pruebas
de trabajo o de reyponsabilidades. Admiraba a todos su teatral y distinguida figura, como de gran actor, y su verba decidora y franca, a pesar de una larga lucha contra la envidia,
la insensatez, y la hipocresía y la malevolencia, ya viejo y enfermizo.

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�La obstinación de Fray Servando en sus ideas revolucionarias, dejaba fríos en otros días a los inquisidores, que suponían al Padre Mier el hombre "más peligroso del reino". A
sus escritos los tildaban de "ponzoña y veneno".

No es extraño a la vanidad del Padre Mier, cuando habla de su prosapia, de sus antepasados, de su descendencia de
los primeros conquistadores de Nuevo Le6n, y de todas esas
. paparruchas de linaje, tan escarnecidas en los tiempos actuales. Esta es una de sus grandes contradicciones: hablar al
mismo tiempo de feudalismo y libertad; sustentar el concepto
de independencia del humilde vejado, y recordar, a la vez,
con fruición y con arrogancia, su estirpe. Es contradicción,
también, referirse a Casas, en homenaje a su apostolado por
el indio, y denigrar a éste, como lo hace en alguna de sus cartas íntimas, con duros comentarios, para los indígenas.
El espíritu contradictorio de Fray Servando, se demuestra
en lo ya dicho y en muchas otras cosas. Ingenuo, como es
común a muchas altas mentalidades, se deja "emborundar",
por el habilidoso licenciado Borunda; cuenta, con picardía,
de la polémica póblica con un rabino, en la Sinagoga del Espíritu Santo, en Bayona, y sobre todo, con fruición, aquello
de que, tras de vencer a un judío en una controversia, le ofrecen a la joven Fineta para matrimonio, aunque la rechaza;
pero su triunfo le vale que los de la Sinagoga le llamen "Jajá",
o sea, sabio.
Es admirablemente sincero, cuando relata que unido con
desertores españoles, marcha de Bayona a Burdeos y siente
envidia de ver que aquellos, con trabajos de remiendos de zapatero, ganan lo que él no puede hacer, con todas sus letras y
filosofía. En fín, la vida de Fray Servando, en Europa, es un
capítulo de novela; su vida, en México, desde que desembarca
en Soto la Marina y permanece tres años en la prisión del
Santo Oficio, para luego seguir su cadena de aventuras, es la
de un verdadero Periquillo intelectual.
'

¡Qué fina sátira la del Padre Mier, cuando llama "Huchue~ches" a los sciiores de la Orden de Guadalupe que se
exhiben con sus plumas y cordones de seda, ante un público

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sencillo y torpe que los admira como a perso~ajes de comedia! j Cómo ríe con sonoras carcajadas, cuando habla de los
nobles postizos!
Si se ha novelizado mucho con respecto a la vida del Padre Mier, puede decirse, en cambio, que lo más humano de
toda su obra, son sus cartas Íntimas, en la época en que fué
diputado por Nuevo León, al Congreso Constituyente. Todas ellas revelan, renglón a renglón, la fluidez de su ingenio,
la mordacidad habitual del indisciplinado clérigo; y por último, el conocimiento profundo de los hombres y de la situación política y social, en que se movía, no como títere, sino
como un hábil titiritero. Con respecto a sus cartas, nos concentraremos, en esta plática, a entresacar unas cuantas frases
de las más pintorescas del Padre Mier. La mayor parte de
esas misivas fueron enviadas a su amigo el Canónigo y doctor don Bernardino Cantú, a la ciudad de Monterrey, en los
años de 1822 a 1824. Dice en una: "La letra es mala y toda
va llen_a de borrones; pero es necesario me dispensen; mis
ocupaciones no me dejan reposar; escribo siempre sin borrador y con la mano estropeada; tengo que escribir con la mano
en el aire, lo que me fatiga mucho".
Avisa que sale para Monterrey el general Garza, o sea
el mismo que después fusila a Iturbide; advierte que todo lo
remediará, y no "sucumbirá a las seducciones de los saltilleros". Manifiesta que Garza lleva a Monterrey su prensa, la
misma que es hoy una histórica reliquia. En la misma carta
declara que debe tenerse cuidado cdn Ramos Arizpe, porque
no ha visto "hombre más ciego por su villorrio".
En otra misiva, refiere las múltiples conspiraciones que
se descubren en la ciudad de México y otros sitios, asegurando que él mismo debía haber sido uno de los muertos. Recomienda al Canónigo Cantú, decir al doctor Arroyo, Rector
del Seminario, que "en república vive", que "republicano es
el gobierno", y que "se deje de sandeces"; que no declame
contra la administración y no prohiba a los colegiales que lean
los papeles públicos, "porque puede costarle hasta la preben-

da".

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�Afirma en una de 1us cartas que no tiene deseos de continuar como diputado; y que espera que vaya otro a México, ,
capaz de contrarrestar el influjo de Ramos Arizpe, que desea
llevárselo todo para Saltillo. Cuenta que lleva catorce meses
de existencia el Congreso, y él, diez meses de bartolinas horrendas. Agrega que le robaron quinientos pesos y que su
trabajo, es tal, en la diputación, que no tiene ni cinco horas de
sueño para descanso. Hace cuentas de lo que le cuesta el
correo, porque todo Nuevo León le escribe, y no tiene lo necesario para contestar las cartas.
Relata con el donaire suyo, peculiar, que para reemplazar a Bravo y Negrete, en el Poder Ejecutivo, hizo elegir al
Lic. Domínguez y a su amigo el general Guerrero; aunque
en otra misiva, trata a éste último en términos despectivos.

y anarquistas". Llama traidores a Quintanar y a Bustamante
y se engolfa en temas de alta política y de religión. Ya para
terminar esta carta, admirable, eh cada línea, añade:"Quiera Dios darnos un Congreso de sabios, que más que
nunca se necesita ahora; porque lo principal n9s falta, la Constitución Civil, el arreglo de la hacienda y de la Iglesia Mexicana. El Primer Congreso, fué de sabios, aunque en gran
parte, débiles. El segundo, de anarquistas y revoltosos. El
tercero, de necios presumidos. ¿De quién será el cuarto?
Tengo esperanzas de que no sea de.locos; porque si los yorkinos ganaron en el Distrito Federal, sabemos que han perdido las elecciones en Veracruz, Oaxaca, Puebla, Valladolid,
Guanajuato, Jalisco y Zacatecas. ¿Qué hará Nuevo León?
¿No nos enviará otro Senador y otro representante mudos por
su incapacidad? ¡Qué vergüenza! _Por Dios, suscríbase usted al Sol, para saber la verdad. El Aguila, no es pagada por
el gobierno sino para corromper con s~s embustes la opinión
de la Nación. Ya tiene usted allí una carta que vale por muchas; pero cuidado con el secreto; que podría comprometerme mucho; y estamos en vísperas de una, como la de Lobato.
El sabio Alamán, Director de varias compañías de minas, sa •
luda a usted y devuelve con afecto, sus expresiones".

La más interesante de todas las cartas del Padre Mier al
canónigo Cantú, es sin duda la fechada el 31 de agosto de
1826, que leí completa en otra ocasión en esta misma benemérita tribuna de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, y que recordaré a grandes rasgos. Habla en ella Fray
Servando, de sus dolores reumáticos y de que ha tgmado todo
género de medicamentos, "cálidos e irritantes". Manifiesta
en esa misma epístola que un médico, viéndolo ya ."amarillo
y con pintas negras" dedujo que era "hipocondría"; pero como las medicinas impuestas fueron tan fuertes que el !iJgado
no las soportó, la fiebre lo puso a las puertas de la muerte.
Agrega que el doctor Codorniú, le sacó, con sanguijuelas,
ocho onzas de sangre; y que las purgas antibiliosas tomadas,
lo resucitaron; por más que no estaba en condiciones de trabajar, ni corporal ni intelectualmente. Las consideraciones
que hace, son deliciosas, y lo oportuno de sus frases, provocan
a cada momento, a risa. Revuelve sus enfermedades con los
asuntos domésticos de la familia; con las más delicadas cuestiones políticas, en las que han intervenido masones escoceses
y yorkinos y sarandea a todos ellos de lo lindo. A Gu~rrero
lo llama "tonto"; y hace alusión a que los yorkinos habían
prometido al sureño hacerlo Presidente. Solamente tiene palabras de elogio para Alamán y Terán y dice que los substituyeron en sus ministerios, "pícaros e ignorantes iturbidistas

Las cartas del Padre Mier a que nos referimos, reproducidas en mi obra "Historia de Nuevo León", y algunas otras
que andan por ahí, deshilvanadas y paradójicas, siempre llenas de fogocidad y de inocentona: malicia y picardía, aun al
exponer los problemas más críticos y las situaciones más se-

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No obstante sus frecuentes choques políticos con Ramos
Arizpe, el Padre Mier llama en sus cartas, al coahuilense, "mi
querido Chato"; y concluye así una de sus epístolas al famoso Chantre y antiguo diputado a Cortes: "Vicente me escribe, el infeliz, para que lo recomiende a los canónigos de
Monterrey, especialmente a Lobo, para que recaiga en él la
sacristía de Saltillo, que renuncia un clérigo que está en Puebla. Yo no conozco al señor Lobo; interésese usted con él por
ese pobre hermano mío que, a pesar de ser bailarín, ha trabajado bastai:ite y es más cándido que yo".

�rías, nos pintan -lo hemos dicho ya en otras ocasiones- el
espíritu inquieto de este sacerdote, mezcla de católico y de libre pensador; y que no obstante las preocupaciones de la época en que vivió y su carácter de religioso, se mostró, a menudo, avanzado en sus doctrinas, negó la antigua idea del origen divino de los reyes, defendió la separación de la Iglesia
y del Estado, predicó la libertad del pensamiento y desconoció el poder civil del Pontífice, en Roma.
No es difícil darnos· cuenta de ese modo, cómo el Padre
Mier, logró encender, por todas partes, en torno suyo, entre
amigos y enemigos, admiración sincera. Electrizó con su palabra ágil y ducha y su ingenio deslumbrante; cautivó con la
historia, acaso un poco exagerada, de sus aventuras.
La familia de Fray Servando se extendió en la comarca

de Nuevo León y constituyó desde mucho antes de iniciarse
la Independencia, una selección de cultura y poderío. Cuando el Padre Mier fué diputado, se le tachaba contínuamente
de. nepotismo, debido a que solía recomendar, para los mejores puestos administrativos en Monterrey, a sus parientes
cercanos o lejanos. No faltaba petición de esa naturaleza, en
cada una de sus cartas, en favor de algún miembro de su familia. Sin e~bargo, esos pecadillos en su vida pública, se esfuman en la mmensa claridad de su talento, en la dulce bondad de su espíritu y en la inocencia de su alma que, aunque
al parecer de continuo rebosante de inquietud y rebeldía nunca se empañó en la más leve sombra de maldad.
'
Valiosos documentos originales o copias de éstos que encontramos respecto a la vida de Fray Servando cuando escribíamos, hace más de diez años nuestra obra histórica sobre
el Estado de Nuevo León y sin el propósito entonces de referirnos en algún libro especialmente al insigne fraile revolucionario, los pusimos en manos del inolvidable don Genaro
E~trada que andaba diligente en busca de todo aquello que
_diera luz respecto al inquieto dominico, del que decía Urbina
que fué .el. criollo "más batallador de su época; un espíritu de
alas muy ·grandes gue ~e sen~ía estrecho en la jaula de hierro
de sus preocupaciones". Lo que está fuera de duda es que

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Fray Servando causó más daño a Iturbide y a los déspotas de
su época, en América, que el resto de sus enemigos; por más
que es también inconcluso que este revoltoso fraile no dejó
de llevar en sus frecuentes contradicciones, aspectos dictatoriales cuando hacía prevalecer su única voluntad política;
siempre que lo dejara maniobrar Ramos Arizpe.
El fallecimiento del Padre Mier ocurrió el 3 de diciembre
de 1827. Pasó sus últimos días en el Palacio Nacional, en
donde recibió afecto y consideraciones del presidente Victoria. "El Sol" y "El Aguila", publicaron extensas informaciones respecto al acontecimiento. Para la ceremonia del Viático, el mismo Padre Mier invitó personalmente a sus amigos
y durante el acto pronunció elocuente discurso. Fué aquella
ceremonia, una vibrante nota de las que se disputan los periódicos: pueblo, soldados, estudiantes, funcionarios y bandas
de música, de los cuerpos de la guarnición, tomaron parte
en el evento. Se encargó de poner los óleos el entonces Excelentísimo Sr. Ministro de Justicia y Negocios Eclesiásticos,
D. Miguel Ramos Arizpe. Poco después, la prensa se mostraba sorprendida de que el Sr. Presidente de la Rep6blica,
"no hubiese salido a recibir al Dios de la Majestad", agregando: "porque de seguro, jan:,.ás su casa se vió más honrada
que con semejante personaje". Se asienta, por último, en el
propio párrafo: "que cuando Iturbide fue Emperador, habiendo hospedado en su casa al Coronel Imela Zamora", a
quien sacramentaron, "salió con una hacha de casa, hasta la
calle, a recibir a su Majestad, y nada perdió de su mando".
En verdad, la ceremonia del Viático al Padre Mier, se
convirtió en cuestión política; se hicieron crudos comentarios,
por sus enemigos,-del discurso pronunciado; lo que demuestra que ni próximo a la tumba, tuvo reposo Fray Servando.
Se aseguró, por algunos, que las palabras del que fuera vehemente representante federal en el Congreso, más que unci~s
frases de un clérigo en artículo de muerte, se convirtieron en
excitativa rcvolQ..cionaria.

Lo demás, ya lo sabemos; presidió el duelo del Padre
Micr, el benemérito general don Nicolás Bravo, entonces Vi-

105

�cepresidente de la República. El cadáver de Fray Servando,
se sepultó en el Convento de Santo Domingo y permaneció
allí hasta 1842. En 1861, al suprimirse las comunidades religiosas, la momia de Fray Servando, fué extraída, con otras,
del osario. El doctor Orellana, del Cuerpo Médico Militar,
se encargó de reconocer las momias encontradas y publicó un
cuaderno con notas biográficas; entre éstas, la de Fray Servando. De las momias sacadas, una quedó en la Escuela de
Medicina y cuatro se adquirieron para ser llevadas a Buenos
Aires. Entre éstas se supone que iba la del Padre Mier; lo
que sigue demostrando que ni más allá de la muerte, acompañó la quietud al esclarecido fraile revolucionario.
La más alta prueba del sincero . patriotismo de Fray Servando, como devoto de los insurgentes que nos dieron patria,
puede verse en el discurso que pronunció el 17 de mayo de
1823, al discutirse en el congreso el dictámen de la Comisión
de Guerra, con respecto a premios a los que sirvieron a la
causa de la Independencia, durante los once primeros años de
la guerra. Rezaba así el primer artículo: "Que se declaren
buenos y meritorios aquellos servicios que se prestaron en los
once primeros años de insurrección por hombres o mujeres,
siempre que se acrediten en debida forma, o consten por notoriedad pública, que sólo deberá entenderse a favor de los
jefes generalmente reconocidos, como los señores Hidalgo,
Allende, Jiménez, Abasolo, Morelos, Matamoros, don Leonardo y don Miguel Bravo, y don Francisco Javier Mina, cuyas viudas, hijos y deudos, tendrán derecho a las pensiones,
empleos u honores, que el gobierno califique corresponderles".
Al apoyar este dictamen, el Padre Mier, dijo lo siguiente,
con voz emocionada:

hallaron de repente en el teatro de la guerra, sin conocimientos militares, sin jefes idóneos, sin armas, sin plan, sin imprentas para comunicar el fuego patrio que ardía en sus corazones y aumentar sus prosélitos. Y tenían que pelear contra el fanatismo, que lanzando excomuniones abusivas, porque lo es toda excomunión en materias políticas, aterraba todo
el Anáhuac; contra el poder de los virreyes, sus ejércitos pertrechados y disciplinados, contra los tribunales, los premios,
las proclamas, las gacetas seductoras, las preocupaciones, el
nombre imponente de la España y su monarca contra las confiscaciones, la hambre, la desnudez, el terror, las llamas, el
patíbulo infame, una guerra sin cuartel. Y con todo, ejércitos de americanos se sucedían a ejércitos; perecía un insurgente y resucitaban diez, huían aquí como bizoños y desarmados, y volvían a presentar en otra ocasión sus pechos desnudos; les abrasaban sus casas y lugares, y nunca pudieron apagar la llama de la libertad que inflamaba sus cenizas; degollaban los prisioneros y millares corrían a vengarlos. Ellos
forjaron imprentas de palo e ilustraron a sus paisanos; organizaron al cabo su insurrección, formaron juntas, convocaron
un ·congreso, Congreso de héroes que con una mano combatían los enemigos de la patria y con la otra firmaban bajo los
árboles del Apatzincan, una constitución republicana. ¿Cómo los padres de la patria hemos de olvidar a los primeros
heróicos defensores de su independencia y de su libertad?".
"Sí, señor, hay militares llamados independientes y libertadores y unos y otros tienen su mérito que yo reconozco. Pero no es comparable con el de los insurgentes. Estos son los
apóstoles de la libertad, los padres que la engendraron. Y
desde luego, si son los independientes que once años estuvieron degollando sin misericordia a sus compatriotas, porque
aspiraban a la independencia, tienen derecho a que les agradezcamos el haberse arrepentido de su error y pasádose a seguir nuestras banderas. Pero no es lo mismo pecador arrepentido, que hombre siempre inocente."

"Negar los servicios que han hecho los insurgentes en beneficio de la Patria, sería negar la luz del día. A ellos se
debe verdaderamente nuestra independencia y nuestra libertad. Ni una ni otra hubiéramos obtenido sin el grito que se
dió en Dolores el año de 1810, y al cual correspondió el eco
de tantos patriotas, que desde entonces han hecho frente a
nublados espesos de pólvora y balas. Aquellos hombres se

"Lo mismo digo de los libertadores: reconozco su mérito; pero ¿cuándo hubieran llegado a hacerlo, si la sangre
de los insurgentes no hubiera preparado el campo para pro-

106

107

�ducir héroes? Decía San Cipriano que la sangre de los mártires, era semilla de cristianos, y se puede decir también que
la sangre de los insurgentes, ha sido la semilla de los libertadores. No es posible desconocer los servicios de aquellos, sin
los cuales no hubiera existido este congreso, ni libertad, ni independencia. La Comisión pidió con sobrada razón, el año
pasado, que se declarasen sus servicios buenos y meritorios,
dignos de la atención de la nación y del premio".
"Pero esta proposición no hasta, es muy vaga y general.
Hay multitud de oficiales de todas épocas: hay independientes, libertadores, patriotas o asesinos gratuitos de sus paisanos;
hay oficiales hechos de un golpe por Iturbide, porque le regalaron una casa u otra bobería semejante; hay oficiales maromeros que cuando todo estaba perdido y México sitiado, salieron a distancia de una legua para caer parados. Toda esta
chusma vaya a que la premien Fernando o Iturbide; yo sólo
reconozco mérito en los independientes que no se prostituyeron torpemente al ídolo que levantaron, y en los libertadores;
pero como ya dije, el mérito de ambos, es inferior al de los
insurgentes. Así yo añado a la proposición de la comisión,
esta mía: Pido que vuestra soberanía autorice al Supremo
Poder Ejecutivo para que reconozca como efectivos los grados dados a los primeros defensores de la Patria por el Congreso de Chilpantzinco, las juntas de Zitácuaro, iultepec, y
Jaujilla, y por los más célebres y acreditados generales patriotas como Hidalgo y Allende, Morelos, Matamoros, Victoria,
Bravo y Guerrero, siempre que examinados sus títulos y servicios, su conducta y aptitud, los juzgue su Alteza acreedores
a los grados conferidos".
"La justicia de esta proposición es tan evidente que no
necesita probarse, como no se prueban los primeros principios.
He dicho que el Gobierno reconozca los grados de los insurgentes, siempre que examinados sus títulos y servicios, conducta y aptitud, los halle dignos de ellos, porque sé muy bien
que, así como muchos de los insurgentes han hecho honor a
la causa que defendían, otros la han deshonrado, como sucede siempre donde hay gran multitud, y principalmente en los
principios, cuando las cosas no están organizadas ... ".

108

Al llegar a este punto de su discurso, el Padre Mier, fué
llamado al orden, considerando que se extralimitaba en sus
opiniones; pero Fray Servando, concluyó de este modo violento, su inflamada peroración:
"Digo, pues, señor, que es cierto ser grandísima la multitud de oficiales que hay en el Ejército; pasan de ochocientos y es imposible mantenerlos; pero no porque hay muchos,
que ya se van cercenando, porque muchos carecen de títulos
y otros no, merecen tenerlos, hemos de abandonar a los que
los tienen y los merecen más que todos por antelación de servicio, mérito superior, aptitud y conducta a juicio del Gobierno. Todo está previsto en mi proposición que presento para
que se tenga en consideración".
Como se ve, el Padre Mier por entonces defendía lo que
siempre ha sido un problema en toda causa noble: 1.a justa
recompensa a quienes la empezaron, ya que ordinariamente
son los segundos en seguirla o en aprovecharla, los que obtienen, muchas veces sin mérito alguno, los premios que pertenecen a quienes se sacrificaron en primer término, sin alcanzar más conquistas que la pobreza o la muerte y lo que es peor,
el más profundo de los olvidos por parte de sus conciudadanos y favorecidos.
Hemos creído muy oportuno incluír en esta plática que
corresponde al ciclo de conferencias de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, dedicado al movimiento insurgente de América en los principios del siglo pasado, la opinión de aquel poderoso enemigo de Iturbide, respecto a la
bandera que hoy veneramos, ungida por la sangre, de miles
de patriotas, y que, como nuestro himno, es uno de los más
altos símbolos de la nacionalidad mexicana.
En la sesión celebrada el 12 de abril de 1823 en el Congreso, y cuando los enemigos de Iturbide, por todos los medios posibles, atacaban al ex-emperador y a sus partidarios,
como hemos visto ya en anterior discurso del Padre Mier; y
después de que se leyó una exposición del General don Vicente Guerrero, en la que felicitaba al Congreso por su restitución y le ofrecía los servicios que pudiera prestarle, solici-

109

�tando de paso el permiso para entrar a esta capital con una
escolta de mil hombres; felicitación que se agradeció en términos expresivos y solicitud de entrada a la que se contestó
diciendo que no era .atribución del Poder Legislativo concederla, se puso a discusión el dictamen de la Comisi6n que
formaban el doctor Mier, Horbegoso, Argüelles y el licenciado Bustamante, respecto a la bandera nacional. Textualmente dice así el dictamen:
"Señor.-La Comisión especial en que Vuestra Soberanía
ha cometido el encargo de dictaminar sobre sello y colores del
pabellón nacional, en virtud de consulta del Supremo Poder
Ejecutivo de antes de ayer, habiendo conferenciado sobre la
materia, si no con la detención que hubiera querido, a lo menos
con la que ha permitido el precepto de Vuestra Soberanía,
encuentra que siendo las armas antiquísimas de la nación, las
que mandó usar la Junta Provisional Gubernativa del águila
sobre el nopal naciente de un islote de la laguna, el mismo sello
corresponde seguirse usando, aunque quitando al águila la corona imperial ·a estilo europeo, porque considera la Comisión
que es impropia de la antigüedad de donde procede nuestra
águila, y más impropia aún de las circunstancias en que se
halla la Nación".
"En cuanto al pabellón, la comisión informada por uno de
sus miembros de que el señalado por la Junta Provisional es el
mismo que de antemano usaba la República de Colombia, encuentra ser de necesidad el variarlo. En este caso cree deberá
adoptarse el que usaron los defensores de la independencia antes del año de 1821, que tiene la ventaja de haber ya surcado
las aguas del Seno Mexicano y ser conocido en los puertos del
Estado más considerable de los que nos avecinan".
"Por tanto, opina la comisión: Que el sello del Estado sea
el águila mexicana sin corona con la culebra entre las garras,
posada .sobre un nopal que nazca de una peña entre las aguas
de la laguna, y que orlen este emblema, dos ramas, la una de
laurel y la otra de encina, conforme en el diseño al que usaba
el gobierno de los primeros de/ensores de la Independencia".
"Que el pabell6n de la nación, considerándolo como divi-

IIO

dido en diez y seis partes, tenga las cuatro de enmedio, blancas
con el águila sobre el nopal en la piedra, y las doce restantes,
formen a su rededor una orla de cuadrilongos alternativamente blancos y azules, empezando por el superior pr6ximo al asta,
teniendo al borde de toda la bandera un filete como de la décima sexta parte del lado menor de color encarnado que separe
mejor los del pabellón del azul del cielo y del agua".
"Que la marina mercante o de particulares, use el mismo
pabellón; pero que en el cuadro grande del centro, sólo contenga el nopal sobre una piedra".
Para apoyar esta proposición contenida en el dictamen fechado el día anterior, habló el Padre Mier. Su discurso, como
todos los del fraile revolucionario, fue, aunque breve, impetuoso. Dijo ésto:
"Sólo el desprecio con que se ha mfrado a los primeros defensores de la patria, ocasiona estas disputas. Yo respeto como
verdadero al Congreso de Chilpantzinco, y aprecio la Constitución que dio en Apatzingán. La bandera que usaban los
llamados insurgentes, fue la misma reconocida en los Estados
Unidos: la reconoció el Estado de Nueva Orleans: se avisó al
Congreso de los Estados Unidos, y fue reconocida por él, de
manera que, cuando nosotros desembarcamos y desplegamos
el pabellón de los llamados insurgentes, nos saludaron con diecinueve cañonazos. Así es una bandera reconocida. Nosotros
teníamos cincuenta y seis corsarios que usaban de la misma
bandera; porque el almirantazgo que estaba, daba patentes firmadas a nombre del gobierno insurgente, y por mano del General Victoria: así corrían los mares. Eran respetados en todos
los puertos de América; en todas partes de América, era reconocido el pabellón, y así no hemos querido mudarlo. Los colores blanco y azul eran los colores de la casa de Moctezuma.
Por eso mismo se movieron los insurgentes a adoptarlos. En
Buenos Aires, usaron de azul y blanco, pero queriendo hacer
un gobierno de toda la América, por lo mismo adoptaron fajas
azules y blancas enmedio. Nosotros adoptamos el blanco y
azul hechos en cuadros para que no se equivoque con ninguna
bandera, y en los Estados Unidos, les parecía bien, porque des-

111

�de lejos se conocía. El que usaba el gobierno pasado, lo tiene
Baviera y la República de Caracas: y así hemos adoptado el
que usaban los insurgentes, que está reconocido, como he
dicho, en los Estados Unidos y en todos los puertos que se nos
avecinan".
"En cuanto al escudo hemos adoptado el que usaba el gobierno insurgente; la águila sobre el nopal y éste sobre la piedra: son las armas heráldicas de México; porque entre los antiguos mexicanos, se llamaba M{xico, Tenochtitlán, que quiere
decir la tuna o tunal sobre la piedra; de manera que cuando
se ponía un nopal sobre una piedra, leían ellos Tenochtitlán,
que son las armas de México".
"Me decían en los Estados Uni&lt;los y los de Colombia, que
poniéndolo, como lo habían puesto los insurgentes, orlado de
dos laureles, era el más bonito que se había inventado en las
dos Américas".
"Nosotros sólo hemos variado entre los insurgentes poniendo un laurel y una rama de encina; y está muy bueno así. Así
presentamos el diseño de la bandera. Está muy bonita: ahí
está y se puede ver".
Al decir ésto, el Padre Mier, señalaba el diseño de la bandera a los diputados, tal como la proponía la Comisión. Inmediatamente después, continuó:
"No hemos dado el diseño de las armas, porque no nos
ha venido a la mano ninguna patente de los insurgentes; pero
ya el señor Anaya, me ha prometido prestarme su uniforme:
en cuanto al diseño de las armas, este es el mejor que nos ha
parecido, y el más conforme a las antigüedades de nuestra
patria.".
A las palabras del Padre Mier, contestó el Presidente diciendo que no se adujera como razón el haber sido el blasón
y los colores de la casa de Moctezuma, porque la malignidad
abusaría _de esa especie; y que hallándose la Nación en perfecta
libertad, sin otras consideraciones, debería tener en cuenta solamente el Congreso, "la necesidad y utilidad nacional".

112

Lo relativo al sello, se aprobó, desde luego. En lo que
respecta a los colores, el diputado Paz se opuso a que se adoptasen los propuestos, por estar ya decretado y en práctica, el
uso del verde, blanco y rojo. El Padre Mier repitió que éstos
últimos confundían el pabellón mexicano, con el de otras naciones, y agregó que no era necesidad conservarlos, aludienqo
a las famosas tres garantías, puesto que ni la alusión era propia,
ni se necesitaba de esa materialidad para que se guardaran y
respetaran la religión, la independencia y la unión, que por sí
solas se recomendaban y todos tenían interés en que permanecieran.
También el diputado Fagoaga se opuso a la variación de
los colores nacionales. Dijo que por apreciable que fuera el
mérito de los primeros campeones de la independencia, no
debía olvidarse que el segundo grito en favor d~l movimiento
insurgente resultó más feliz que el primero, "porque tuvo la
suerte de lograr su complemento y que así no es extrañ~ que
la gloria ·de esta nación se perpetúe en la bandera tricolor bajo
la cual se consiguió". Textualmente, también, agrego: "Desde el principio se han creído simbolizadas las tres garantías en
los tres colores de la bandera; y los enemigos del Sistema Representativo que calumnian al Congreso de que atenta a la independencia y aún a la religión, harán creer al vulgo que se
intenta destruir éstas, cuando se quitan aquellos colores".
El doctor Mier insistió en su tesis anterior y dijo que las
calumnias contra el Congreso, de que hablaba el preopinante,
no podrían surtir efecto alguno; porque a más de ser increíble
que el Congreso intentara destruir las garantías, sus hechos
acreditaban que tenía todo empeño en sostenerlas.
El diputado San Martín interpeló a su colega Múzqui~
sobre el reconocimiento de nuestra bandera en los Estados Umdos, por haber estado comisionado este señor allá, por el primer
gobierno independiente. Múzquiz, contestó así:
"En efecto yo fuí con don José Manuel de Herrera a los

Estados Unidos por orden del gobierno que teníamos los que
en aquella época luchábamos por la independencia. Estuvimos
en el Estado de la Luisiana, y en este punto parece que nuestro

113

�pabellón es reconocido; pues a más de que nuestros barcos
entraban con él enarbolado sin sufrir ningúna reconvención,
todas las presas que se hacían al gobierno español eran allí
declaradas buenas, siempre que se acreditase tener patente del
gobierno mexicano, que así se llamaba al nuestro. Yo presencié
un caso de estos en que sólo se dudaba de si era o no la firma
del general Victoria, la que llevaba una condena, para declararla buena".

Se declaró el asunto suficientemente discutido; se suscitó
la duda de si se podía votar, no hallándose más de 84 diputados,
presentes; se declar6, a la postre, que sí, por no ser negocio
legislativo que debiera estimarse como comprendido entre los
que requieren para su votaci6n la concurrencia de la mayoría
del Congreso. Se desech6, pues, el artículo del dictamen que
pretendía cambiar los colores de la actual bandera-, por los que
usaron los primeros insurgentes en su pabell6n de campaña;
también se desech6 el tercero de los artículos del dictamen,

referente a la marina; y el diputado Florentino Martínez, presentó la siguiente proposici6n: "Que en cuanto al escudo se
use el de que habla el artículo aprobado; y en cuanto al pabellón, se esté al adoptado hasta aquí, con la única diferencia de
quitar al águila la corona, sin perjuicio de que vuelva a la
Comisión para que dictamine cuanto considere necesario en
la materia, según las observaciones hechas".
Opinaron los representantes don Francisco Fagoaga y don
José Joaquín de Herrera, diciendo que la proposición pasase juntamente con el dictamen a la Comisión, agregando Herrera que fuera presentado el mismo día, el nuevo informe.
Por su parte el mismo diputado Florentino Martínez, advirtió que el gobierno recomendaba el pronto despacho del asunto, debido a que un barco nacional estaba para hacerse a la
mar. Se aprobó, desde luego, la proposici6n de Martínez.
En resumen, es muy explicable que en la época a que
nos referimos, reciente la lucha de once años por la Independencia, exacerbados los ánimos de los patriotas que la iniciaron al ver la inconsecuencia de quienes intentaban opacar sus
sacrificios, el Padre Mier, saliera a defender los fueros de los
primeros insurgentes y también el símbolo auténtico de sus
primeros combates, sobre todo, si se toma en cuenta, lo dicho
ya, que es muy humano, y en México, preferentemente, el
jactarse de las conquistas que otros han obtenido en el gobierno y en las armas, en la ciencia y aún en las letras, sin mencionar siquiera muchas veces, la procedencia o la iniciación de
la conquista. Lo que sí es imperdonable, y debe decirse en
estos momentos hist6ricos de México, es que determinados
elementos hayan pretendido, más de una vez, substituír esa
misma enseña nacional y el himno que resuena en nuestras
almas en los momentos de angustia, como en los de clamorosa alegría, E._ consagrados, himno y bandera por la sangre y
las lágrimas de los mexicanos en la cimentaci6n de nuestras
instituciones y la firme edificaci6n de nuestra nacionalidad,
con himnos y banderas importados, sin arraigo en nuestros
sentimientos y que nos hablan s6lo del odio, la divisi6n y la
represalia.
¡El más espúreo de los hijos de una familia, hace olvidar

ll4

115

"Es verdad que el presidente no hizo declaración de reconocimiento a nuestra independencia, y yo casi ignoro las solicitudes del señor Herrera que iba encargado de ésto; pero la
respuesta que dio al embajador español Onís merece ser referida, porque contribuye a ilustrar la materia. Pedía en una
memoria el señor Onís que se le entregasen varios individuos
que estaban alí haciendo armas contra su naci6n, para remitirlos a su amo don Fernando VII de quien decía eran vasallos;
igualmente que no se admitiesen en los puertos de los Estados
Unidos ningún barco que llevase el pabell6n mexicano; y en
esta petición nos llamaba salteadores con los demás apodos que
los españoles acostumbraban. Fue la respuesta extrañando semejante petici6n, porque decía saber que el gobierno a quien
la hacía, no entregaba a ningún hombre cualquiera que fuese
el delito que en otra parte hubiese cometido: y a lo segundo,
tener dada orden a todos los puertos para que fuesen bien recibidas las embarcaci9nes que llevasen el pabellón mexicano".
"Por lo expuesto conocerá Vuestra Soberanía el papel que
representaba nuestro pabell6n en aquella época, ya en Orleans,
y ya también con el gobierno supremo".

�a todos su origen cuando santifica una procedencia de que no
tiene culpa, con hechos que ennoblecen su vida y la hacen
perdurable y amada en los corawnes de sus hermanos o de
sus vástagos; cuánto más una bandera que nació al grito de
entusiasmo de un pueblo que obtenía después de cruenta lucha, su libertad; y un himno creado para inflamar, sobre todos los errores y las claudicaciones de la época en que surgió,
el espíritu vigoroso y patriota de los mexicanos!
j Disculpemos

la actitud del Padre Mier al intentar sin
fruto, que se variaran el verde, blanco y rojo de nuestra bandera, para adoptarse el azul, blanco y encarnado, por el fondo
de buena fe y de justicia insurgente que entrañaba la proposición; pero condenemos, sin reservas, la de quienes pretendan cambiar nuestro pabellón a colores de insignias extrañas, o que intenten mistificar los acordes marciales de nuestro
supremo y único canto de guerra!

El Padre Mier y la Bandera Nacional..
Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística.
México, 1939.

FRAY SERVANDO TERESA DE MIER
( Apuntes biográficos)

SANTIAGO ROEL
"Entre los hombres de mérito que ha producido Nuevo
León, ninguno es comparable al doctor Servando Teresa de
Mier, Noriega y Guerra, cuyos servicios a la Independencia
de la Nación y a la República y cuyo saber y azarosísirna vida
le han dado no poca celebridad". Así escribía Gonzalitos en
una de sus importantes producciones Históricas.
Fray Serva11do nació en Monterrey el dieciocho de octubre de mil setecientos sesenta y tres, habiendo sido sus padres
don Joaquín Mier y Noriega y doña Antonia Guerra. Hizo
sus primeros estudios aquí, y a los veintisiete años se graduó
de bachiller en el colegio de Dominicos, en la Capital de la
República.
Seis años después, comisionado por el Ayuntamiento de
aquella ciudad, pronunció en la Colegiata un sermón en honor
de la Virgen de Guadalupe. Sus enemigos se aprovecharon
de la novedad de conceptos que contenía aquella pieza oratoria y, pretextando que en ella se negaba la aparición de la
Virgen, lo mandaron procesar, encarcelándolo desde luego.
Condenado a diez años de reclusión en un apartado convento de España, comenzó su vida de prisiones, fugas, humillaciones, tormentos; hambres y miserias que habrían de perseguirlo durante veintisiete años.
Estuvo en Cádiz, en Madrid, en París, en Roma, en Barcelona, en Portugal y en Londres, unas veces en los presidios,
otras fugado de ellos, pero siempre altivo y lleno de patriotis-mo y de abnegación, aunque siempre también ingenuo. En
Madrid lo tuvieron en un calabow durante cuarenta días, haciéndolo padecer a tal grado que cuando lo sacaron a decla-

ll6

ll 7

�rar sufrió un desmayo. En Sevilla lo internaron en "Los Toribios", cruel prisión en donde supo de todos los rigores del
calabozo y las cadenas.
Fugado de "Los Toribios", en mil ochocientos ocho se
alistó como capellán del Ejército Español, asistiendo a varios
combates en contra de los franceses, cayendo al fin prisionero
de éstos. Fugado de nuevo de su prisión, pasó a Inglaterra
en donde trabajó sin descanso por la libertad de México, siendo su más notable obra escrita la que tituló "Historia de la Revolución de Nueva España", que tanto contribuyó a la Independencia, no sólamente de ese país, sino también de los de
Sud-América. Este libro le valió el Título de Miembro del
Instituto Nacional de Francia; su lectura hizo a Fernando
VII quitar el Virreinato a Vanegas y se cree que fué también
la que convirtió a lturbide en independiente.
La lectura de este importante libro fué prohibida por el
Tribunal de la Fé, aun a aquellos que tenían licencia para leer
toda clase de libros. Fray Diego de las Piedras, calificador
del Santo Oficio, al censurarla dijo: ... "Y la verdad, jamás
he visto obra que más convenga con el apellido de su autor.
Este se dá a conocer con el nombre y apelativo de D. José
Guerra, y desde luego en su obra hace la más decidida, indecorosa, cruel e injusta á las Supremas Potestades de Nuestros
augustos Católicos Monarcas: á las de los Soberanos Pontífices, muy especialmente Adriano VI y Benedicto XIV: a los
Exmos. Virreyes, Audiencia, Ilmos. Arzobispos, Sres. Inquisidores, Decretos del Santo Oficio . . . Ella comprende doctrinas falsas, exóticas, extravagantes, eversivas de los legítimos
derechos de Nuestro Soberano, factores y conspirantes a la rebelión; escandalosa, piarum aurium ofensivas, destructoras de
los verdaderos sentimientos de la piedad Cristiana y de la religiosa sumisión y obediencia a las legítimas autoridades ... "
La obra, en dos tomos fué editada en Londres, en 1813
-Imprenta de Guillermo Glindon-. La edición fué de mil
ejemplares, con un costo de 618 libras esterlinas. Casi todos
fueron enviados a la Argentina. A México sólo llegaron 22
que el Padre Mier traía en su equipaje cuando desembarcó en

Soto la Marina, con la expedición de Mina. Uno d_e esos
ejemplares existe en la Biblioteca del Círculo Mercantil Mutualista. Del resto sólo se sabe que existen otros dos: uno
en la Biblioteca Nacional y el otro en el Archivo General de
la República.
Con el General Mina desembarcó en Soto la Marina formando parte de la célebre expedición. Rendido el fuerte que
defendía Sardá, fué hecho prisionero y conducido a México,
cargado de grillos y montado en una mula. Siete veces se
cayó en el camino y, en la última, se quebró un brazo.
~res años estuvo en los calabozos de la Inquisición, y
cuando lo llevaban a Cádiz para continuar sufriendo su pena,
se les fugó en la Habana y de allí pasó a los Estados Unidos,
en donde estuvo hasta que se consumó la Independencia. Al
regresar por Veracruz fué nuevamente aprehendido, pues el
Puerto permanecía aún en poder de los Españoles.
El Juicio que de Fray Servando se había formado la Inquisición, después de tenerlo tres años en las cárceles secretas,
lo encontramos en un oficio que aquel tribunal mandó al Virrey. Dice así en la parte relativa . . . "Fr. Serbando, es el
hombre más perjudicial, y temible en este Reyno de cuantos
se han conocido. Es de un carácter altibo, soberbio, y presuntuoso. Posee una instrucción mui vasta en la mala Literatura. Es de genio duro, vivo y audaz. Su talento no común, y logra además una gran facilidad para producirse. Su
corazón está tan corrompido que lejos &lt;le haber manifestado
en el tiempo de su prisión alguna variación de ideas; no hemos recibido, sino pruebas constantes de una lastimosa obstinación. Aún conserba un animo inflexibo, y un Espíritu tranquilo, y superior á sus desgracias. En una palabra, este Religioso, aborrece de corazón al Rey, lo mismo que a las Cortes y a todo Gobierno legítimo. No respeta, ni á la Silla
A~ostólica, ni á los Concilios. Su fuerte y pasión dominante
es la Independencia revolucionaria, que desgraciadamente ha
inspirado, y fomentado en ambas Américas por medio de sus
escritos llenos de ponzoña, y veneno ... " (Sic).
Después de la Independencia fué nombrado Diputado

119

118

•

�por ~l ~uevo Reyno de Le~n. al primer ~ngreso Nacional, y
lucho sm descanso P&lt;:&gt;~ el regunen republicano hasta conquistarse una nueva pnsion ordenada por Iturbide, sufriendo su
tercer proceso y llegando a estar en un calabozo que llamaban "d_el olvjdo", nombre que indicaba claramente su objeto.
Luego estuvo en la cárcel de la Inquisición, y el u de febrero de 1823, cuando se pronunció la guarnición de México fué
puesto en libertad.
'
Reelecto por nuevo León como Diputado al segundo Congreso, sostuvo con fervor aquella teoría política que ahora se
conoce con el ~ombre de "Profecía del Padre Mier", ·PQf hab~r resulta~o cierta en todas sus partes, según la cual el gobierno mexicano debería tener una organización entre federal
y c_entr~l~sta, sin tocar ninguno de los dos extremos, pues era
pehg~o~mmo pasar del ré~en monárquico absoluto al democrat1co y federal. Profetizo entonces el Padre Mier que de
no procederse así "todo arderá en chismes, envidias, pasiones
Y habremos menester un ejército que ande de Herodes a Pi~
latos hasta que ese mismo ejército nos devore, según costumbre, y su general se nos convierta en emperador ó, a río revuelto, nos pesque un Rey de la Santa Alianza" . . . "Preveo la
división, el desorden, la ruina y el trastorno de esta tierra hasta en sus cimientos", decía para concluír. La historia nos demuestra cuan ciertas han sido aquellas proféticas palabras.
Fray Servando era alto, delgado y rubio. En el proceso
de mil ochocientos diecisiete, se hace constar que era . . . "de
53 años de edad, su estatura dos varas escasa su color blanco rubio, sus ojos pardos, pelo rubio y cejas ~ poco negras..."
Este proceso existe original en la Biblioteca de la Universidad
de Puebla.
En un extenso manuscrito, hasta ahora inédito, de puño
y letra del Padre Mier, que existe en la biblioteca de la Universidad ?e Texas, dice que abrazó la carrera eclesiástica por
un voto unprudente hecho en su niñez; y hablando de su
carácter, él mismo se expresa así " . . . les ruego pregunten á
cu~nt.os me han tr~tado algo de cerca y sabrán que el orígen
pnnc1pal de una vida llena de desgracias es mi candor y la

120

sencillez de un niño. En vano mis amigos me han exhortado
a tener, decían, una poca de picardía cristiana . . . Yo desafío
a ser mi enemigo á quien llegare á con~erme. V~ría q~e la
acrimonia misma de mis discursos proviene de la mgenmdad
con que no acierto a disfrazar la verdad, y aun ~e sorpre~?º
de haber ofendido en ella. Hay en mIS escntos, tamb1en,
cierta hipocrecía de cólera, porque no está en mis manos e5:
cribir sin vehemencia. Mi imaginación es un fuego, pero m1
' esta' sobre 1a region
., de 1os truenos . . . " .
corazon
Los últimos años de su asaroza vida los pasó el Padre
Mier en una habitación del Palacio Nacional, honrado por
todos los mexicanos. Murió el 3 de diciembre de 1827, a la
edad de 64 años un mes y días, y su cadáver fué depositado
en la Capilla de Santo Domingo, ~xhumado .el 42 y de nuevo
el 61. En realidad no se sabe a donde haya ido a parar y hay
quienes aseguran que un viajero Argentino lo llevó a Buenos
Aires.
El año de 49, el Congreso de Nuevo León dió el nombn
de Villa de Mier y Noriega, en honor de Fray Servando, a la
Hacienda de San Antonio de Medina, al Sur del Estado; después se puso su nombre a una de las principal~s calles. ~~
Monterrey, y en 1910 la Masonería de Nuevo Leon le eng10
una estatua en la plazuela de Zuazua ( antes llamada del Roble).
Fray Servando ha sido y seguirá siendo uno de los ~as
ilustres personajes de nuestra historia, acreedor a la gratitud
nacional.

Rasgos biográficos de Fray Servando Teresa de Mier Noriega
y Guerra.
Publicaciones de la Sociedad Nuevoleonesa de Geografía e
Historia.
Monterrey, N. L., 1942.

121

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                <text>Es una publicación trimestral editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León a través de la Editorial Universitaria. En las páginas principales de Armas y Letras se incluyen textos literarios, particularmente poesía, narrativa y ensayo, de escritores destacados de la localidad, nacionales e internacionales. Inició en 1944 de manera mensual, se mantiene activa en soporte físico y digital.</text>
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              <text>Armas y Letras, Revista de la Universidad de Nuevo León, 1963, Segunda Época, Año 6, No 3, Septiembre </text>
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              <text>Es una publicación trimestral editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León a través de la Editorial Universitaria. En las páginas principales de Armas y Letras se incluyen textos literarios, particularmente poesía, narrativa y ensayo, de escritores destacados de la localidad, nacionales e internacionales. Inició en 1944 de manera mensual, se mantiene activa en soporte físico y digital.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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