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A. N. ._

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!ltM!S Y LETlt!S
REVISTA DE LA UNIVERSIDAD DE NUEYO LEON

Rector
LIC. EDUARDO A. ELIZONDO
Secretario
LIC. BERNARDINO OLIVEROS DE LA TORRE

Departamento de la Extensión Universitaria

Coordinadora
DRA.AURORAMORENO

Jefe de la Sección Editorial
RECTOR JAVIER MORA SALAZAR

Torre de la Rectoría
Ciudad Universitaria
Monterrey, Nuevo León, México

Quinto Piso

�REVISTA DE LA UNIVERSIDAD DE NUEVO LEON

No. I Año 9

Septiembre de 1966

Segunda Epoca

SUMARIO

Charles Werner : " La Filoso fía Griega." __________ __ 5

Prefacio-------------------- . ----------------

5

Introducción: La filosofía griega y el pensamiento de
Oriente _____ ______ __ ______ __ ____ ____ ______ ___ 7
Capítulo I: La primera filosofía de la naturaleza: Los
filósofos griegos antes de Sócrates ______ ___ __ ___ 18
Ario Garza Mercado: Carta abierta a León Felipe ___ 47
Gen ar o Salinas Quiroga: "Significación histórica de
Abraham Lincoln" _____________________ ____ ___ 55
Humberto Ramos Lozano: Conferencia dictada a los
preparatorianos, dentro del Ciclo de Confe1·encicis
de Etica de la Universidad de Nuevo L eón ,______ 66

�CHARLES WERNER

"LA FILOSOFIA GRIEGA"*

PREFACIO.
Desde la época, ya lejana, en que sostuvimos nuestra
tesis doctoral sobre Aristóteles y el idealismo plat6núo, no
hemos dejado de estttdiar la filosofía griega, que consideramos como la: fuente y el modelo de toda verdadera concepción del universo. El resultado de este estudio es el que
damos ahora bajo la: forma de una obra de conjunto. Nos
sentiríamos muy satisfechos si fuera útil a los estudiantes
y a todos los que aman y cultivan la filosofía.
No es necesario decir que no hemos tenido la intención
de exponer en un solo volumen todas lás doctrinas griegas.
Nos hemos ocupado de las grandes doctrinas, de las que
tratamos de trazar los rasgos esenciales. Nos hemos esforzado en mostrar el vínculo de los sistemas, eT desarrollo
que hace de la filosofía griega un todo armonioso y perfectamente acaba&lt;lo.

La importancia que damos a la filosofía griega se hace notar en nuestra conclusión, en la que hemos esbozado
un paralelo entre la filosofía griega y la filosofía moderna.
¡ Que no haya equívocos sobre el sentido de esta conclusión!
• Prefacio, Introducción y Primer Capitulo del libro de Charles Wer•
ner intitulado: "La Philosophie Greeque''. Traducido directamente del
f rancés por el Sr. Lic. Alfonso Rangel Guerra. La traducción completa
de esta obra será publicada próximamente por la Universidad de Nuevo León, a través del Departamento de Extensión Universitaria. La
edición original fue publicada ~r Petit Bibliotheque Payot, de París.

5

�Nada más lejos de nuestro pensamiento que tratar de despreciar la filosofía moderna. Pero pensamos ~onser~ar l_as
verdades fundamentales, descubiertas por ~a !1losof1~ griega. De donde la necesidad de un restablecm~1ento. Sm duda, el progreso no podría consistir pura Y s1~plemente e~
un retorno al pasado: pero debe retener en el toda la ver~
dad de ese pasado.
Estamos pues persuadidos que el estudio del pensamiento griego es la condición indispensable de ~~a renovación del pensamiento, en su esfuerzo'por escudrmar ~l fondo de las cosas. Animados con tal convicción publicamos
esta obra, esperando que contribuirá a hacer ~ompr,ender
mejor el sentido y el valor imperecedero de la filosofia.

INTRODUCCION
LA FILOSOFIA GRIEGA Y EL PENSAMIENTO
DE ORIENTE
Hacia el fin del pensamiento antiguo, en la época alejandrina, una opinión comúnmente extendida era la de que
la filosofía griega había tenido su origen en Oriente. Numenio, el precursor del neoplatonismo, en el siglo II de
nuestra era, expresa la opinión general diciendo que Platón era un Moisés hablando griego.
Esta opinión no ha sido admitida por los historiadores modernos. Sólo algunos autores, como Roth de Gladisch,
en Alemania, han vuelto a tomar la tesis del origen oriental de la filosofía griega. Roth, en particular, ha querido
demostrar que la filosofía griega vino de Egipto. Pero esta tesis está hoy completamente abandonada. Los historiadores de la filosofía están de acuerdo en estimar que el
pensamiento griego sólo debe poca cosa al pensamiento de
Oriente y que manifiesta una creación espontánea del espíritu. Esto es lo que ha señalado suficientemente el distinguido filólogo y filósofo escocés J ohn Burnet, en el bello
libro que consagi·ó a la primera filosofía griega. Observa
que no se podría afirmar que los egipcios a los babilonios
tuvieron una filosofía. El único pueblo d~ la antigüedad
que la tuvo, al lado de los griegos, es el pueblo hindú. Pero
sería temerario pertender que la filosofía griega vino dr..
la India; al contrario, se puede pensar que es la filosofía.
hindú la que vino de Grecia. En cuanto a la teología mística de los Upanishads y del budismo, pertenecen sin duda
en propiedad a la India; pero es una teología, más que una
verdadera filosofía.
Posiblemente haya, en esta manera de ver, un juicio
demasiado fraccionado. Por nuestra parte, quisiéramos
conceder una importancia más grande a la especulación

6

7

�que se desarrolló en la India durante los siglos que. ~recedieron al nacimient.o de Buda y que elaboró la noc1on del
Ser uno y universal, ocult.o bajo la apariencia cambiante
del mundo. Pero sigue siendo verdad que esta especulación,
que por otra parte no tuvo influencia sobre la filosofía
griega, pertenece tant.o a la teología como a la filos~fía
propiamente dicha. De una manera. general, el_ pens~1~?to oriental, en la medida en que quiso dar una exphcac10n
del universo, se expresó por mit.os; se revistió de una envoltura de formas sensibles. Este pensamient.o emanaba de
la colectividad, representaba la fuerza de la tradición. En
Grecia es donde aparecen por primera vez las grandes personalidades que rompieron con la manera tradicional de
pensar y que convirtieron las asociaciones religiosas en
escuel¡s entregadas a la pura investigación de la¡ verdad~
Son es~s hombres, cuyo tipo sigue siendo Pitágoras, quienes se formaron del universo una concepción original, planteando de una manera nueva los problemas, y esforzándose
en indicar su solución desde el punt.o de vista del pensamient.o racional.
Es verdad que en la misma Grecia la especulación filosófica fue precedida por una especulación religiosa, que
nos ha llegado a través de la Teogonía, de Hesíodo, Y de
los fragment.os de Ferécides de Siros. El problema que
puede plantearse es el de saber si la teología griega suf~ó
la influencia de la teología oriental. Est.o es lo que pensaba
Gladisch: la teología griega sufrió oportunamente la influencia de Oriente y por su intermedio su influencia se
extendió a la filosofía. Pero esta tesis, también, está abandonada. Seguramente, la teología griega ofrece ciertas semejanzas con la teología de la India, de Babilonia Y de
Egipt.o. Pero las ofrece también con los mitos de comarcas
más alejadas, como la Polinesia, de suerte que en la imP,Osibilidad en la que nos encontramos de establecer una filiación directa, estas semejanzas se explican por .una misma
reacción de la conciencia colectiva ante las fuerzas naturales.
8

Así la opinión reinante ahora es que el pensamiento
griego posee, frente al pensamiento oriental, una .aut.onomía casi completa, que manifiesta una especie de creación.
Esta opinión .podría resumirse con lo que afirma un autor
inglés que Theodor Gomperz coloca al frente de su gran
obra Los pensadores griegos: "A un pequeño pueblo... le
fue dado crear el principio del progreso. Este pueblo fue
el pueblo griego. Exceptuadas las fuerzas ciegas de la naturaleza, nada se mueve en ese universo que no sea griego
por su origen".
Sin embargo, aceptando plenamente esta tesis, se le
puede presentar de una manera meno$ exclusiva que como
lo han hecho ciert.os aut.ores. Sin querer discutir en nada
la profunda originalidad del pensamient.o griego, y sin
pretender establecer ninguna filiación de doctrinas particulares, debe admitirse una influencia general de Oriente
sobre Grecia. Seguramente, los griegos no recibieron de los
orientales una verdadera filosofía, ni una verdadera ciencia. Pero recibieron materiales acumulados por una muy
larga experiencia y un ciert.o bosquejo de explicación del
universo. Los griegos se colocaron sobre la vía de la explicación racional por la invitación a pensar que recibieron
de Oriente, vía en la que conseguirían tan evidentes triunfos.
Sobre esta influencia ejetcida por el Oriente sobre el
pensamient.o griego, contentémonos con sefialar, muy brevemente, los puntos siguientes:
Primeramente, los mismos griegos tuvieron conciencia
de lo que debían a la sabiduría de Oriente. Siempre hablaron con el mayor respet.o de la ciencia y la civilización
orientales. Dejemos de lado los testimonios de la época alejandrina. Tenemos testimonios provenientes de una época
muy anterior. La opinión de Herodot.o es conocida: ·él pensaba que la religión y la civilización griegas habían venido
de Egipt.o. Recordemos la palabra que Platón, en el Timeo,
hace dirigir a Solón por un sacerdote egipcio: "Vosotros,
9

�griegos, sois niños". Aristóteles dice que las_ciencias matemáticas nacieron en Egipto, donde los sacerdotes tenían el
ocio necesario para el estudio. También los griegos pensaron que Tales y Pitágoras habían importado las matemáticas de Egipto: esto es lo que han dicho Eudemo por Tales,
e Isócrates por Pitágoras. A finl de explicar el saber enciclopédico de Demócrito, se le atribuían viajes a la India Y
a otras diversas comarcas. Todos estos testimonios constituyen un homenaje muy significativo de los griegos al
pensamiento de Oriente.
En segundo lugar, es un hecho que la filosofía griega
nació al contacto con Oriente. La filosofía nació en las colonias fundadas por Jonia sobre la costa del Asia' Menor~
'
.
donde los griegos entraron en contacto con las poblaciones
orientales. La cuna de la filosofía fue la ciudad de Mi1eto,.
la más activa y la más rica de las ciudades de Jonia. Hacia
fines del siglo Vil, su tirano Trasíbulo logró establecer una
alianza con Aliato, rey de los lidios. Por intermedio de estos Mileto se puso en relación con Babilonia y Egipto: tení¡ su templo a Naucratis. Quizá) Tales tomó de la ciencia
babilónica la idea del retorno periódieo de los eclipses, gracias a la cual predijo el eclipe de sol que puso fin a la guerra entre lidios y medos.
El vuelo del pensamiento griego tiene pues su asiento
en la costa del Asia Menor. Mileto dio a Tales, Anaximan.
dro y; Anaxímenes; Efesio dio a\ Heráclito; Samos a Pitágoras ; Colofón a J enofonte. En seguida, despu~s de la invasión persa, ·el teatro de la. filosofía se desplazó hacia el
oeste; se fijó en Italia meridional y Sicilia, donde los jonios fundaron ciudades. Pitágoras se estableció en Crotona. Jenofonte en Elea, que dio su nombre a la escuela eleata ; Empédocles pertenece a Sicilia. Después sobreviene una
renovación del pensamiento jonio. Mileto, como para acabar por un don real su contribución a la filosofía, produjo
a Leucipo, el fundador del atomismo; Clazomene produjo a
Anaxágoras, que abrió en Atenas la escuela donde fue educado Sócrates. Diógenes, parodiado al mismo tiempo que

:Sócrates énr--L as 'nubes, de-Afistofanes, es de Apóloñio, en
Ct~ta,. _En cuañü&gt;' á Demócritó,: era·'de ' A:Wera, ciudad
dada· P&lt;&gt;r 1~ !jonios en' Tracia, y gran· filósofo, parece atmn·ciat -la filósóffa,!todavía más .grande que vendrá d-e los con:'fines-de Macedónia:.r D'éspués dé -esté- primero y tan bello
,desenv-Olvimiéntoces ·éwmdo ·ia-filosofíá griega se establece
.en ·Atenas1 ·pefü el'itórices Atenas ·se habfa convertido en ·el
•é'I1~uefitro. de'nacionesí 'y ',la filosofía pudo guardar aquí el
ron.facto con' OfieÍíte.r ·
·
·

fun-

Esta primera úttióñ del genio g,riego y el genio orien·tal está representáda sóbré todo'por el gran nombre de Pi·tágoras. La"'teMía~'pftag6Píeá'- del alma ..sufrió la inflúencia
de Oriente,. Esta teóría"~ieile del' orfismo, y el orfismo no
és puramente ir.i~go: náció del culto a Dionisos, cuyo orige~ lejano e_§ siD; ~uda ·!_raci, . o _F rigia. Las comunidades
~rf1cas ~or.e~ieron_so~rl¡! 't~9-en Italia meridional y Sicilia,
.donde eran f\um~r~sos lq,s.jojµqs v~:mido~ de Asia Men,or,..
Fue bajo la i!}flµ~n~i~, qe(orfismo ..como concibi9 Pjtágoras
al alma corp.o la verda«;Iera substancia inmortal. Y el desarrollo que élio a su. teoría s.e ñ~la ul).. acuerdo profundo ent~e
su pensamiento y el pensamiento de Oriente. La idea ·de la
transmigración dé las almas, la idea del parentesco de los
hombres Y de los ~animales, con la prohibición de comer
carne: tollas ~estas ideas se encuentran en la Indíá: No :es
pues ~o~~róso ~ue los griegos hayan pensado que Pitá¡goras recib10 de Oriente·la educación. La tradición afirma que
estuvo en ,Egipto y Babilonia, donde frecuentó ·a los magos
persas,_herederos de Zoroastro. En cuanto a la segunda de
.las· granaes teorías pitagóricas, la teoría del número·, tam-bién se nos 'ffresenta -como ·'de' origetl 'Oriental:· Isócra.tes ya
lo 'recoidalhos, afirma 'que Pitágoras nevó de Egipto' las
matemáticas-.~Así las dos teorías cápitáles del pitago:i-igmo
la teoría .del alma y 'la teoría' del Iíúmero, sufriéron la· in~
fluencia· de· Oriente. La filosofía de Pitágoras y toda la
primera filosofía gri'ega, toda esta magnífi~ eflorescencia, no huoie-ra: existido si 1 el pensamiento griego no hubiera hundido sus raíc-es ·en el alma profunda de Oriente.

10
11

~

�Dicho esto, y una vez admitida la influencia general
de Oriente sobre Grecia, debemos reconocer que el pensamiento griego agregó al pensamiento oriental un elemen~o
nuevo un elemento esencial, y que manifiesta una especie
de cr~ación. No se trata, evidentemente, de una creación
ex nikiw ya que el pensamiento griego encontró en el
pensami~nto oriental una vasta materia preexistente; si,
pues, cuando se habla del "mil3&amp;:o grie~o", se entiende
una creación ex nikiw, no ha habido tal milagro. Pero hubo creación, aparición, de un principio nuev-o: el espíritu.
El pensamiento griego es el nacimiento del espíritu. Del
alma, sombría y profunda, tal como existía en Oriente, se
desprendió, en Grecia, el espíritu: el espíritu como conciencia de él mismo, como certidumbre de su naturale~a
infinita; el espíritu como conciencia de su independenc1~
ante todas las cosas exteriores, como certidumbre de su libertad. La libertad: he aquí lo que nació en Grecia, he aquí
lo que los griegos defendieron contra Oriente. No en vano
los nombres de Maratón, de las Termópilas, de Platea y de
Salamina brillan en la historia con una fuerza incomparable: lo que representan es la victoria¡ de la libertad, es la
libertad pára toda la humanidad futur3:.
Este nacimiento del espíritu y de la libertad, puede
tratar de explicarse por diversas consideraciones indicando las circunstancias que para ello se mostraron favorables. Puede invocarse, con Taine, ia feliz configuración geográfica de Grecia, las.calidades d~l suelo y del el~.. Puede
señalarse que el pensamiento griego no fue opn~do, en
sus inicios, por una teología con dogmas dete~mados.
Puede hablarse de las condiciones políticas, tan düerentes
de las de Oriente. Pero ninguna de estas explicaciones, ni
todas juntas, permiten comprender el nacimiento del espíritu. Según la palabra de Amiel, todos los orígenes son secretos. Que si se quisiera sin embargo decir afguna cosa,
necesitaría inspirarse en la misma filosofía griega. Sería
necesario recordar el pensamiento de Aristóteles: la perfección no es un resultado, sino un principio. El espíritu,
en su perfección, en su totalidad, existe en el origen de to-

12

das las cosas. La creación no fue posible sino a la mitad dé
una ruptura, que hace desa~ecer, como desencadenado~
el caos de las fuerzas elementales. Pero ·el espíritu guarda
el poder irresistible de volver a él mismo, a su interioridad, a su libertad. Este regreso, que debía producirse, se
produjo en Grecia: en Grecia es donde el espíritu se encontró a sí mismo, donde se reconoció a sí mismo, y donde reconoció al universo como su propia substancia.
Porque el pensamiento griego manifestó por primer-c1.
vez la libertad del espíritu, creó la ciencia, como independiente de todas las circunstancias particulares, como universal, como puramente racional. La ciencia oriental era un
conjunto de recetas prácticas; lo vemos por los monumen~ que se
~nse~ad~. Trátese de inscripciones babilórucas o de papiros egipc1os, no encontramos sino comprobaciones empíricas, respondiendo a ciertos problemas prácticos: jamás la pura especulación racional. Los griegos
mismos, cualquiera que haya sido su veneración por la sabiduría oriental, sintieron la diferencia entre su ciencia,
desinteresada, y el conocimiento utilitario que la había precedido. En su tratado sobre la aritmética, Aristógenes, discípulo de Aristóteles, dijo que Piiágoras fue el primero en
entender esta ciencia más allá de las necesidades del comercio. De hecho, es Pitágoras quien demostró la teoría
célebre que lleva su nombre y que dio nacimiento a la geometría, como ciencia racional. Platón, en un pasaje bien conocido de La Re¡,ública, opone el espíritu griego, ávido de
saber ( qnlo-ua8i¡c; ) , al espíritu fenicio y egipcio ávido de
ganancia ( · c¡,v.o-xpfJµcno~ ) • .Aristóteles, al comí~ de la
Meú,,fúnca, habla de la alegría que nos procura el conocimiento por sí mismo, independientemente de toda utilidad,
Y expresa muy bien el carácter del pensamiento griego, estableciendo su famosa distinción entre la ciencia y el simple conocimiento empírico: este último como conocimiento
de las cosas particulares, e indic4ndonos el hecho, pero no
la razón del hecho; la ciencia, como el conocimiento de lo
universal y dándonos la razón y la causa. Tal es la diferencia entre Grecia y Oriente: el pensamiento oriental e3

¡an

13

�el conocimiento empírico, dominado por preocupaciones utilitarias; el pensamjento griego, es la ciencia, desinteresada
y válida universalmente.
r

,'

Habiendo concebido así la ciencia como enteramente
desinteresada,_los griegos pudieron, no solamente crear,
sino llevar en cierta forma a su perfección la ciencia real,
la filosofía. Quizá está en el destino de las ciencias físicas
el no poder ser c:onside1·adas sino bajo un cierto ángulo de
utilidad. Bacon, Descartes y todos lo&amp; modernos rompieron
con la noción puramente especulativa que los griegos habían propuesto de la ciencia y pensaron que la ciencia debía ser práctica, que debía ~segural' al homb1·e el dominio
de la naturaleza. Pero -si es verdad que la ciencia de lamateria es capaz de tal aplicación, la filosofía, ~mo ciencia
del espíritu, permánece para siempre como pura mirada
sobre las cosas eternas, y es ella, no la física sino la metafísica, la que los griegos cultivaron sobre ~odo. Después de
los primeros ensayos de especulación investigando el principio en alguno-de los elementos materiales, el pensamiento griego reconoció que la verdadera substancia de las cosas es el principio que se encuentra en el hombre: el espíritu. Reconoció . que erbien, al cual aspiramos, la justicia,
está en el origen del mundo, el cual es gobernado por una
ley de armonía. Desarrollando esta idea, ésta alcanzó, en
los sistemas de Platón y Aristóteles, una altura que no ha
sido sobrepasada, y ha dado para siempre el modelo del
conocimiento más profundo y .más verdadero.
Por otra parte no es sólo en el dominio de la ciencia y
de la filosofía donde se manifestó el principio de libertad
que animó al pensamiento griego: también en el dominio
del arte y, e!l el de la -política. Frente al arte oriental, el
arte griego expresa la libertad del espíritu, que toma posesión de la materia y le imprime una forma perfectamente
adecuada a su propia naturaleza. Por ello es que mientras
las figuras egipcias están fijas en una rígjda inmovilidad,
las figuras griegas tienen toda la libertad y la armonía del
movimiento. Es porque ellas expresan el sentimiento, la

vida .del alma Y su interioridad. El arte oriental es anónimo:_ ;mana, de la tradición. Pero.el arte griego es una innovae~Q~, po.r la que el individuo manifiesta, frente a la colecbv!?ªd, su manera original de sentir y de pensar. Es
tambien esta li~eración _I~ que encontramos en la política
Y la q_ue produ~o -la· 1).0010n.de· ciudadano. Las sociedades
de ?riente habian sipo una confusa aglomeración, una especie_ de rebaño, curvado bajo el yugo de un déspota. En
Grecia es no una ley ·arbitraria, sino una ley acorde con las
ley~s eternas que rigen al universo. Según Aristóteles el
h?m~re es, un ser_ i&gt;~lí~ico; .~a .razón, de la que tiene el ~riv1leg10, es ·un princ1p10· uruversal; que produce el libre
acuerdo de los ino_ividuos. La sociedad ,griega fue, por primera vez, ~na sociedad de hombres libres, participando en
la soberama del Estado.
· . Sin embargo el pensamiento griego,· nacido al contacto d~l Or_iente, guardó ,este- .contacto, -y se •sumergió en el
.medü) or~ental. Platón, 1después de la muerte. de Sócrates,
:f~e. a Egip~o,· donde ~rmaneció mucho tiempo antes de dirigirse a Cirene, ltaha meridional y Sicilia. Cuando volvió
a Atenas Y. fundó la Academia, su escuela ,fue abierta del
,Jado de Oriente ; sab.emos ,que tuvo alumnos provenientes
de Caldea. La influencia de Oriente sobre la Academia: fue
;reforzada ~or llegada _de Eudoxio. Este astrónomo, amigo ?e Platon, era de Cmda, en Asia Menor ; había permáne~ido en diversas regiones de Oriente, y cuando vino a
u~1r ~u escuela a la platónica, llevaba consigo toda la ciencia de los _P~í~es extran?eros. Platón mismo, en su última
obr8:, modifico su doctrma bajo la influencia oriental. La
teoria que sé eneuenn:a e~ el décimo libro de Las leyes, de
.un.Alma mala, que ¡;emana sobre el mundo al mismo tiem,
po que el Alma buena, es teoría proveniente sin duda de
Zoroastro.

!ª

Pero de Aristóteles debía partir el impulso decisivo
por la mezcla del ·pensamiento griego y el oriental. Después
.de sus l~rgos años de estudios en Atenas bajo la dirección
de Platon, se estableció en Assos, en Tróada, y aquí fue
I

15

14

..

�donde tomó conciencia de su pensamiento original. No
abandonó Asia Menor sino cuando fue llamado a Macedonia para la educación de Alejandro. Fue entonces cuando
concibió la idea de la ciencia y de la civilización griegas
como debiendo conquistar todo el mundo oriental. Inculcó
,esta idea a su real discípulo. La expedición de Alejandro
fue el pensamiento griego marchando a la conquista de
Oriente; conquista en Ja que iba no solamente a dar sino
también a recibir. La ciudad de Alejandría, fundada por
el alumno de Aristóteles, fue el teatro de esta fusión, gracias a la cual la filosofía griega recibió, en el sistema de
Platón, su suprema terminación. Todavía más tarde, la
conquista-de Alejandro contribuyó a producir el islamismo,
el cual llevó la filosofía de Aristóteles a las naciones occidentales.
•
Señalemos por otra parte que inmediatamente después
de Aristóteles la filosofía griega encontró sus principal~s
representantes en el mundo oriental. La influencia de Oriente fue señalada por los precursores de Epicuro y de Zenón:
Aristipo era de Cirene, y de esta ciudad tomó nombre su
escuela; Antístenes tuvo por madre a una esclava tracia.
El mismo Epicuro, sin duda, era ateniense; sin embargo
nació en la isla de Samos, que había sido la cuna de Pitágoras. Zenón, el fundador del estoicismo, era de la isla de
Chipre; Cleanto era de Assos; Crisipo era de Cilicia, quizá
la misma ciudad en la que San Pablo debía nacer tres siglos más tarde. Separados de sus patrias, que los conquistadores se disputaban, los estoicos no reconocieron más el
cuadro estrecho de las ciudades; ellos se consideraban como ciudadanos del universo, hermanos de todos los hombres, y aun de los esclavos. En esto, prepararon las víás
para una nueva y más p·r ofunda idea de la libertad.
Esta idea, también, debía venir de Oriente. De Oriente es de donde vino la buena nueva de que la libertad no
pertenece solamente a algunos hombres, capaces de ciencia,
sino que pertenece a todos los hombres, por el simple esfuerzo de la caridad .. Tal es la idea que produjeron los tiempos

16

modemos, y cuyo desenvolvimiento sin duda está lejos de
haber terminado. Tenemos el derecho de esperar un porvenir donde la libertad existirá verdaderamente sobre la tierra. Para preparar este porvenir, la filosofía griega puede
aportarnos la ayuda más preciosa. Surgiendo de la noch&lt;::
oriental, esta filosofía ha mostrado luminosamente el todopoderío del espíritu, que surge de la naturale-za y se acrecienta perpetuamente, triunfando de todos los límites. Al
mismo tiempo, por el contenido de sus doctrinas, hace comprender, mejor que todas las otras filosofías, la r ealidad
primordial del espíritu, su dominio sobre la materia, y que
todas las cosas son llamadas a la suprema perfeccíón. Por
esta enseñanza que nos da, la filosofía griega es la fuente
inagotable de sabiduría a la que debemos regresar, para
aprender a conocer, en su verdad, el universo y a nosotros
mismos.

�r

l

'

·LA ESCUELA DE ·MILETO.-PIT AGORAS Y SU ESCUELA.~PARMENIDES Y LA ESCUELA ELEATA..

·e

· 1A PJÚMEijA.,-F:ILOSOFIA DE iLA NATURALEZA:-

Los primeros filósofos griegos, asombrados del cambio
que afecta las cosas, haciéndolas nacer y perecer, buscaron
cuál es la substancia universal, que permanece a través de
todo el devenir.

Los princiI?ales representantes . de la filosofía griega
antes de ·sócrates son: Tales (nació hacia 625 A. C.), Ana·x i~ndro y A~ax-ímenes, los_tres de Mill:)to; Heráclito, de
Efeso (nacido hacia 540); Pitágoras, de Samos (nacido
hacia 5170) que· se estableció en Crotona, en Italia ip.eridionaL; ~ntre '1~s mi~mbr~ , de su es-cuela, citemos al médico
Alcmeón, ~e- C:roto:r;ia,,,y Filo~ao, .también d,e Crotona, que
se esta}?lec(ó E!~ .-'J;'~b~s,; J e1,10-1;ol).te, -de ryplofón (nacido hacia 580) ," que se estableció hacia el fin de su vida en Elea;,
ciudad fundada por los focios en Italia meridional; de Elea
son original'ios Parménides (nacido hacia 540-), jefe de la
escuela eleata y su discípulo Zenón (nacido hacia 500) ;
Ernpédocles, de Agrigento, en Sicilia (nacido hacia 480) ;
Leucipo, de Mileto, y su discípulo Demócirto, de Abdera
( éste último nacido hacia 460) ; Anaxágoras, de Clazornene
(nacido hacia 500), que se estableció en Atenas, donde fue
maestro y amigo de Pericles, pero de donde fue desterrado,
acusado de impiedad; Protágoras, de Abdera (nacid~ hacia
480) , que fue varias veces a Atenas, donde _fue amigo . ~e
Pericles y de Eurípides; sabemos por Platon la atracc1011
que ejercía su enseñanza sobre la juv~~tud _ateniense_; también fue acusado de impiedad y deb10 hmr ; Gorgias, de
Leontini, en Sicilia (nacido hacia 480), que fue a Atenas
en 427 como embajador de su ciudad natal y obtuvo en
Grecia notables triunfos oratorios.

Esta substancia, la escuela de Mileto pensó encontrarla en la materia de la que las cosas están hechas. Para Tales, la substancia es el agua: todas las cosas, en efecto, se
nutren de humedad, y todas las simientes tienen una naturaleza húmedal. Pero esta materia encierra en sí un principio de movimiento: está viva, posee un alma. Por ello
Tales decía que todo está lleno de dioses2. Para Anaximandro la substancia es el infinito: una materia ilimitada
'
e indeterminada,
de la que toman nacimiento- las materias
particulares. Anaxirnandro parece haber sido sacudido por
la lucha que existe entre las cosas contrarias: el calor y el
frío, lo seco y lo húmedo. Las cosas, pensaba, están en guerra las unas con las otras, y esta guerra está marcada por
las "injusticias" de las que ' se pronuncian culpables, usurpándose las unas a las otras. En consecuencia, no se puede
admitir que la substancia primordial sea el agua, corno había creído Tales: ya que entonces la injusticia habría prevalecido, el frío y lo húmedo ·imponiéndose sobre lo seco y
lo caliente. Es necesario pues que la substancia sea, no uno
de los términos contrarios, sino alguna cosa más profunda,
donde los contrarios nazcan y en lo cual se reabsorban3.
Para Anaxímenes, en fin, la substancia es el aire, que produce todas las cosas por un doble movimiento de rarefacción y de condensación4. En el único fragmento que nos ha
llegado de él, Anaxímenes identifica! al aire con el alma, y
dice que el aire, así comp anima nuestro cue:r:po, anima el
mundo enteros.

•

•

'I

•

. L.0S }liLf)SOFOS _GRIEGOS ANTES DE SOCRATES.

No poseemos de estos primeros filósofos sino fragmentos que han sido reunidos por Herman Diels en su obra
rn;gistral Die Fr agmente der Vorsokratiker, cuya primera
edición apareció e_n 1903. +

•

El punto culminante de la primera filosofía Jomca
está señalado por la obra de Heráclito, quien por otra parte sufrió la influencia de Jennófanes y Pitágoras. SegÍlü

1.-La substancia universal.

18

19

�él, la substancia que se encuentra en el fondo de todas las
oposiciones y de todos los cambios, es el fuego, "un fuego
eternamente vivo"6. Son las transformaciones del fuego
las que producen todo lo que existe : el fuego es como el
oro contra el cual se cambian todas las mercancías7 • Hay
dos' caminos: el camino que desciende, por el cual el fuego
se transforma en agua, después en tierra, y el camino que
sube, por el cual la tierra y el agua vuelven a ser fuego8 .'
La ley de los contrarios exige por otra parte que sea ya el
mismo fuego, ya el elemento frío y húmedo el que predomine. El universo está regido por una alternativa, que se
señala en la oposición del día y de la noche, del invierno ~
del verano. Sin embargo el fuego debe llevarlo, y traer todas las cosas a él: el fin del mundo es la universal conflagración. Pero el fuego vencedor, se recoge, y da nacimiento a un mundo nuevo9.
Por su incesante agitación, el fuego manifiesta el devenir al cual ninguna cosa escapa. El devenir, la universal
movilidad: Heráclito lo puso en claro de una manera sorprendente. Nada hay estable: la cosa que nos parece permanecer la misma, en realidad cambia, como el agua de un
río parece siempre la misma aunque corre perpetuamente.
"Aun los que se bañan en lo~ mismos ríos se bañan en diversas- aguas =Nadie puede bañarse dos veces en el mismo río "10. Es el devenir el que constituye la vida de las
cosas: si llegara a detenerse, si el reposo se estableciera en
el universo sería la inercia por todas partes, el entorpecímiento y la' muertell.
No son pues la calma y la uniformidad, sino la variedad, la diferencia, la oposición, las que constituyen la realidad de las cosas. Ya que el devenir tiene lugar entre términos que son contrarios entre ellos; los contrarios se
transforman el uno en el otro, de taJ suerte que todo depende de su oposición12. La existencia real y viva no se encuentra en la neutralidad de una paz donde todas las diferencias se hubieran borrado sino en la lucha que las cosas
sostienen unas contra las ot;as, y por la cual cada una afir-

20

/

ma su naturaleza propia. "El Combate es el Padre de todas
las cosas, el Rey de todas las cosas"13. Heráclito critica la
palabra de Homero: "Pueda la discordia apagarse entre los
dioses y los hombres". Homero, dijo, no ve que ruega por
la destrucción del universo : si por desgracia su ruego fuera escuchado, todas las cosas perecerían14. De la misma
manera· r.esponde a Anaximandro, quien había dicho que
las cosas están en lucha las unas con las otras, y que esta
lucha está señalada por las "injusticias" de las cuales se
pronuncian culpables. Heráclito declara que la lucha es la
ley de las cosas, y que en Jugar de engendrar la injusticia,
esta lucha es la justicia misma15.

•

Aún más, es la lucha de los contrarios la que produce
la verdadera unidad. La verdadera unidad no es una unidad ~cía, que no contendría en sí ninguna diferencia: es
una unidad plena, concreta, que encierra una oposición y la
sobrepasa perpetuamente. La verdadera unidad es la armonía de elementos opuestos. Tal es, a partir de Heráclito,
la verdad fundamental que los hombres .no comprenden.
Los hombres tienen la· costumbre de separar abstractamente las cosas : no comprenden que una cosa puede conciliar
en sí, en una perfecta unidad, determinaciones opuestas, y
que es en esta síntesis, justamente, donde encuentra su
acuerdo con ella misma. "No comprenden cómo una cosa,
divergiendo en dos sentidos contrarios está acorde con ella
misma: armonía de tensiones opuestas, como la del arco o
la de la lira"16.
Como consecuencia de este principio, Heráclito muestra
la identidad de los contrarios, o al . menos su íntima correlación. Los contrarios, pensaba, existiendo el uno por el
otro, son incomprensibles el uno sin el otro, y manifiestan
una sola y misma realidad. El día y la noche no son dos
cosas diferentes, sino dos aspectos de una misma cosa17.
De manera general, vanamente trataríamos de separar, en
las cosas, lo que nos ¡,a.rece bien·de lo que nos parece mal :
"El bien y el mal son uno"IS. Nada no es )bueno, nada no
es agradable, sino por el contrario que¡se le opone: la salud

21

�vale por Iai enfer~edad, el reposo por la fatiga1 9. Nos
equivocamos pqes cuanqo deseamos exclusivamente un solo
'. lado de las cosas, la· sall!d, el reposo, el bien, Y no sería
bueno para nosotros que,\~os nuestros deseos fueran escuc:hados20,
El principio de ¡esta armonía, por la cual las cosas están ligadas, no es otro que la substancia ~terna, divino
principio del mundo. Es Dios mismo quien es la -unidad de
los contrarios, y que se encuentra de nuevo¡en el fondo de
todas las transformaciones21. Este fuego siempre vivo, ba:se de lla realidad, debeD10S concebirlo como una Inteligencia que produce el acuerdo de los seres22. El universo es gobernado por la Razón, que dirige el curso d~ todas las cosas. No temamos pues con Anaximandro, que la injusticia
tenga oportunidades de_.prevalecer: el fuego divino aaegura
el orden interno y hace reinar por todas partes la justicfa.
"El sol no sobrepasará sus medidas, si no las Erinias, servidoras de la ·Justicia sabrían encontrarlas"23 •
~

-; .

'

.

....

~

Por su alma, que es un soplo inflamado de la ¡misma;
esencia que el fµego divino, el hombre ,participa del prin.cipio universal24. Su esfuerzo debe tender a mantener ~ivo
el fuego ;en él, de tal manera que se mantenga e~ comumca:ción con el.c0njunto delas ~osas. El _m al, para el hombr_e,
está en encerrarse· en su.:,ser particulár, como ocurre en el
sueño25. El bien, está e:rí)1.brir su- ser y vivir d~ conform,k·
dad con•la ·1ey común de las cosas26. -El uníverso es una ciudad donde las leyes no pueden ser transgredidas27. La sabiduría consiste en reconocer a la razón eomo:e1 poder que
gobierna todas las cosas28. Obrar según la razón, obrar:se~ún esta ley, eomún que podemos llamar: Ja :naturaleza, tal
es pues la virtud del hombr~29. .El sapio cQmprende :1a necesidad, por la cual toda~ las ·cosas son: exactamente lo_que
ellas deben ser. Es una ilusión humana tomar sólo· unas
cosas por buenas y otras por malas: en:realidad, para quien
se pone en el punto de vista de Dios,:todas las cosas son
buenas, todas manifiestan una ley de justicia y · de belleza'.30.

22

Cualquiera que sea sin embargo el grado de :sabiduría
al que haya llegado, el hombre debe recordar que'. no; es
igual a Dios. "Frente a Dios, el hombre es un pequeño niño como el joven lo es respecto al hombre"31. El hombre,
pues, no es Dios; pero es divino/ en ,tanto que posee inteli·gern!ia, y su destino está en unirse a la-Inteligencia eterna.
Así es como los primeros filósofos jonios buscaron la
substancia en cualquiera de los ;elementos materiales : el
agua, el aire o el fuego. A decir verdad, jamás concibieron
la substancia i como una materia inerte, sino más bien viva,
animada; para Heráclito, el fuego es inteligencia. Por ello
la substancia no dejaba de estar comprendida : en el orden
de los cuerpos.
Pero la filosofía no tardó en pensar que la verdadera
substancia es el alma, en su esencia inmortal, como radicalmente •distinta del cuerpo. Esta concepción, que anuncia la
pura filosofía del espíritu, fue obra de Pitágoras.
La idea de la inmortalidad del alma parece· tener su
origen en el renacimiento en Grecia del culto a Dionisos.
Este- culto sombrío y profundo, en el que el 'pen~amiento
de la muerte se mezclaba a todas las 'manifestaciones de la
vida, suscitó la idea, del sacrificio expiatorio, de la 'purificación por la cual el alma se desprende· de las ligas del
cuerpo y vive una vida divina. Tal es la idea. que retomaron, en el siglo VI, las comunidades llamadas órfieas que
aparecieron primero en Atica y se propagaron sobre todo
en Italia meridional y Sicilia.
En medio del orfismo es donde surge la gran figura
'de Pitágoras, fundador de una comunidad en la que los
miembros cultivaban conjuntamente la ciencia y la sabiduría y que quedó como el modelo de todas las asociaciones
libres por las que los hombres, rompiendo el cuadro de las
sociedades establecidas, quisieron unirse para el bien. Pitágoras tomó la teoría del alma que estaba contenida en las

23

�creencias órficas y la hizo formar parte integrante de una
vasta concepción del universo.

La enseñanza de Pitágoras reposaba en la afirmación
de que el alma es de esencia divina y que posee la inmortalidad. La naturaleza humana es doble: mientras que el
cuerpo es perecedero, el alma, que existía antes de entrar
al cuerpo, es inmortal. El alma está encerrada en el cuerpo
porque sufre un castigo, y se encuentra enterrada en él como en un sepulcro32. Separada, del cuerpo, en el instante
que llamamos la muerte, permanece sometida a- la necesidad de entrar en otro cuerpo: el aire está lleno de almas
esperando su reencarnación33. Esta necesidad puede traer
al alma tres grandes 'transformaciones: también se decía
que, de acuerdo con Pitágoras, el alma de un hombre puede entrar en el cuerpo de un animal34. Así el alma debe
recorrer una larga serie de existencias, en el curso de las
cuales su género de vida es determinado, en cada ocasión,
por las acciones que cumplió en la existencia anterior: una
ley inexorable la condena a sufrir las mismas penas que
infligió a otro35. Sin embargo su castigo no será sin fin.
Cuando el alma se ha elevado al conocimiento de la ley que
rige al universo, cuando ha vivido en la justicia y en la
santidad. el alma encuentra de nuevo su libertad. La virtud es esencialmente una purificación por la que el alma
se desprende de las trabas corporales. El destino del alma
está. en escapar a la "rueda de los nacimientos", a fin de
gozar plenamente la eterna felicidad que le está reservada
por su naturaleza divina36.
Pero para conocer la verdadera naturaleza del alma y
su poder, no basta considerarla tal como existe en los seres particulares : es necesario elevarse a la contemplación
del Alma que gobierna el universo entero. Puesto que el
universo está animado, vivo, y la presencia del alma apa1·ece en el orden maravilloso que reina sobre las cosas. La
manifestaeión más asombrosa de este orden es la revolución de los astros, que se realiza según un ritmo eterno :
hasta el curso de los planetas, este curso que parece errar

de manera desordenada, _e stá regulado P:&lt;&gt;r una ley. El universo es un Todo bien ordenado, un Cosmos, donde las1
partes se relacionan unas con las otras por lazos de armonía37_
Las cosas están reguladas armoniosamente porque
obedecen a la ley del número. Pitágoras estudió profundamente la ciencia de los números: se le debe el teorema
fundamental que sirve de base a la geometría38, Se persuadió de que el número es en todas partes la expresión de la
armonía y constituye la substancia misma de las cosas. La
escuela pitagórica admite que todas las cosas están hechas
de dos elementos cuyo número está compuesto: lo ilimitado y lo limitado, el primero como la base material del ser
.
'
mientras que el segundo es el principio del: orden y de la
determinación39. Por este último elemento el número hace las cosas inteligibles y engendra todo conocimiento claro40. El nombre expresa la ~sencia misma de las cosas: es
el tipo ideal de donde las cosas proceden; pues las cosas
existen en tanto que imitan la naturaleza del número, en
tanto participan de su soberana realidad41. Los números
son los principios eternos, viviendo en el seno de la armomonía. Y si se quiere remontar todavía más alto est.a armonía original, entonces es necesario invocar la unidad
que está. en la fuente del número, la mónada creadora, que
da nacimiento a todos los seres42.
Sin embargo la armonía no reina igualmente sobre
todas las partes del universo : existe sobre todo en/ la parte superior, donde está señalada sobre todo por la revolución de los astros. Pitágoras y su escuela establecían una
distinción entre el mundo de los astros, que ~ el mundo
de las realidades eternas y bien ordenad~ y el mundo
"sublunar", que -es el mundo de las cosas perecederas y libradas en parte al desorden43. Esta distinción debía ser
adoptada por Aristóteles y mantenerse hasta el comienzo
de los tiempos modernos. Sin embargo· los pitagóricos admitían que el mundo inferior, cualesquiera que sean las
apariencias y el desorden que presente, no deja de estar

24

25

�sometido a una ley. Afirmaban que las cosas mismas, lque
existen ahora, existieron ya en el pasado, y se reproducirán en el porvenir. Por este retorno eterno, las cosas mortales participan, hasta donde lo permite su naturaleza, de
la vida sin fin que es la partición de las divinidades bienhechoras44.
Pero la verdadera relación entre los dos mundos es la
presencia, en el mundo inferior, de un principio divino. En
medio de las cosas perecederas brilla una luz que viene de
lo alto : la llama inmortal del alma. En efecto, el alma se
revela semejante a los seres que viven en el mundo superior: como los astros, el alma está siempr~ en movimiento,
y'esta perpetua actividad significa que pertenece a la misma raza que los seres eternos45. Tal es la primera demostración que la filosofía dio de la inmortalidad del alma :
formulada por Alcmeón, remonta quizá a Pitágoras mismo. Platón se inspiró 'en ella: desde el Fedro hasta. el fi.ri.
de su carrera, permaneció fiel a esta noción del alma como
principio que 'se mueve a sí mismo y permanece siempre
en movimiento. En su escuela, J enofonte definió al alma
según •el modo pitagórico, diciendo que es un número que
se mueve a sí mismo 46.
De todas maneras, por otra parte, 'es el pitagorismo,
por el conjunto de su conc~pción del universo, el que preparó 'el platonismo. La doctrina de Pitágoras es el-primer
esfuerzo de la filosofía por penetrar hasta la raíz invisible
de las cosas. Según Pitágoras, las cosas materia:les no ,son
la verdadera realidad: es el alma, en su esencia inmortal.
Encima idel mundo de las cosas perecederas, hay un mundo de esen'liB eternas,~el mundo de la armonía y de los números. La v'"lh estaba afüerta a la filosofía de la Idea. .

La dotrina de Pitágoras, admitiendo la diversidad de
las almas, con sus múltiples transformaciones, y la diversidad de números podía aparecer como una filosofía de la
pluralidad. Era l; mismo para la doctrina de Heráclito,
planteando la lucha de contrarios y el transcurrir univer-

sal de Jas cosas. Frente a estas dos . filosofías debería levantarse una escuela afirmando la absoluta unidad del ser
y su absoluta permanencia: esta escuela es la escuela eleata. Inaugurada por Jenófanes, quien hizo una crítica mordaz de las representaciones que la religión daba de Dios
concibiéndolo a semejanza del hombre, la escuela eleata
encontró en Parménides su jefe y su más ilustre representante.
La gran idea de Parménides es la idea del; ser, en su
existencia absoluta, como eternamente idéntico a sí mismo, sin ninguna mezcla de no-ser. Todas las nociones que
nos formamos de lo real imaginándolo como múltiple y sujeto al devenir, implican la existencia del no-ser: las cosas
múltiples son diferentes unas de las otras; una no es lo
que la otra es; una cosa en devenir no es lo que será mástarde. El problema capital es de saber si podemos admitir
la existencia del no-ser. Toda la filosofía depende de la solución que se dé a este dilema: el ser es: - el ser no es.
tal es, para el ser, el problema47.
Ahora bien, la respuesta no podría se1· dudosa. Manifiestamen~, el ser existe, y no puede no existir. El no-ser
es un fantasma impalpable, al cual no podría atribuirse
ninguna existencia, ya que escapa al pensamiento y a la
palabra. Parménides dice : "Es una y la misma cosa el
pensamiento y la existencia"48. Según esto, él entiende que
el pensamiento sqpone la existencia de su objeto; no se
puede pensar una cosa, sin pensar esta cosa como existente. En eonsecuencia1 ~l no-ser, no siendo un objeto del pensamiento, no es nada para nosotros y no podría! ser afirmado. La única afirmación de la filosofía es pues esta:
ser es49.

el

De esta afirmación primordial, Parménides ha sacado
las tesis célebres por las que su filosofía se opuso a todas
las doctrinas que admitían ·el devenir y la pluralidad.
27

26

�En primer lugar, el ser es increado e indestructible.
¿Qué origen, en efecto, podríamos asignarle? No pudo venir del ser, pues entonces había existído antes de su propio
nacimiento;, No pudo venir del no-ser, ya que sabemos que
el no-ser no existe; y por otra parte, si ha salido de la nada, ¿ qué necesidad hubiera podido constreñirlo a nacer en
tal instante de la duración más que en tal otro? Así el ser
no es nacido; en consecuencia no perecerá, ya que el nací,.
miento y la muerte se suponen mutuamente. El ser no está
sometido al desenvolvimiento de la existencia en el tiempo; las nociones de futuro y pasado no tienen ningún sentido para él, ya que existe siempre, todo entero, en un eterno presente5o.
Por otra parte, el ser excluye toda multiplicidad. En
efecto, la división en partes implicaría, para separar esas
partes unas de las otras, la existencia del no-ser. Ahora
bien, no hay nada más que el ser, siempre semejante a sí
mismo. El ser es pues indivisible. Es un Todo absolutamente pleno, Un( continuo, en el que no hay jamás ningún
vacío, ningún intervalo; una perfecta Unidad, que no admite en sí ninguna multiplicidad51.
En fin, él ser es inmóvil, ya que el movimiento, como
la multiplicidad, supondría el no-ser. Para moverse, el ser
debería disponer de un espacio vacío en el cual tuviera lugar su movimiento. Entonces, la existencia del espacio vacío volvería a la existencia del no-ser. Asi el movimiento
es imposible. El ser no está pues sustraido sólo a la alternativa del nacimiento y la muerte, sino también a toda
especie de movimiento. El ser permanece constantemente
en el mismo lugar; reposa en él mismo, en una quietud
eterna52.
Este ser inmóvil y sin partes, Parménides lo concebía
como teniendo un limite. Si el ser no tuviera limite, le falt.aría acaba~iento, sería defectuoso. Ahora bien, el ser es
perfecto, naila le falta. Tiene pues un límite: es una Esfe28

ra bien redonda, en la que un bello contorno termina por
todos los lados53. Sobre este punto, la doctrina de Parménides fue modificada por su discípulo Meliso. Para evitar
la consecuencia de que más allá de los límites hubiera espacio vacío, es decir el no-ser, Meliso admite que el ser es
infinito en el espacio como en el iiempo54.
Las tesis de Parménides fueron brillantemente soste~idas por Zenón, quien quiso mostrar, de una manera particula1·mente sorprendente, que el movimiento y la pluralidad no existen. La idea nueva aportada por Zenón es la
idea de la división al infinito: si las cosas eran divisibles
jamás se llegaría a un término en el cual detener la divi~
,si_ón. Desde este punto de vista, Zenón demostraba que
nmguna cosa podría estar compuesta de partes, ya que ur,a
cosa tal sería a la vez infinitamente pequeña e infinitamente grande: infinitamente pequeña, a causa de la peque.ñez de las partes a las que llegaría la división lleveda al
infinito; infinitamente grande, a causa del número infinito de esas partes55. Es la misma idea que se encuentra en
el fondo de los primeros argumentos contra el movimiento: el movimiento es imposible, ya que el recorrido de una
distancia cualquiera supondría el recorrido de una infinidad de puntos. El más célebre de estos argumentos imaginayuna carrera en la que Aquiles el de- los pie.s ligeros debe
alcanzar una tortuga: la división al infinito sirve para
descomponer la marcha de Aquiles de tal suerte que jamás
podrá alcanzar a la tortuga56.
Era inevitable, sin embargo, que el movimiento y la
multiplicidad tomaran sus derechos. La filosofía de Parménides era una soberbia afirmación de la unidad del ser
y de su indestructible permanencia : pero esta unidad era
abstracta y se mostraba en contradicción con los datos de
la experiencia. La verdadera unidad es una unidad concreta
Y viva, que encierra en sí y produce la multiplicidad. No
pudiendo entonces comprometerse a fondo en esta direc!,!ión, indicada por Heráclito y Pitágoras, la filosofía, des- ,

29

�pués de Parménides, aceptó resueltamente la pluralidad como base de la. existencia. Estando agregada a la materia,
admite una pluralidad de cuerpos elementales, increados e
indestructibles como el ser de Parménides, pero librados
al movimiento, que produce sus combinaciones. Sin embargo, concibiendo la fuerza que produce el movimiento,
debía encontrar la noción de la Inteligencia ordenadora de
las cosas.
II.-Los cuerpos elementales.
EMPEDOCLES.-LEUCIPO Y DEMOCRITO.ANAXAGORAS.
El primer filósofo que propuso esta nueva concepción
de la naturaleza de las cosas es Empédocles, quien fue al
mismo tiempo que Zenón discípulo de Parménides.
Como su maestro, Empédocles afirma que el ser es,
que no hay nacimiento y muerte57. Pero estima que Parménides, negando el cambio y la diversidad, se puso en
contradicción con el testimonio de los sentidos, que es para nosotros 1~ base de toda evidencia58.
En realidad, las cosas están compuestas de numerosas
substancias fundamentales. Hay cuatro substancias, cuatro
elementos, cuatro "raíces de todas las cosas": el fuego, el
aire el agua y la tierra59. Toda la infinita diversidad de
las ~osas está formada por la mezcla de los ,cuerpos elementales. Así como los pintores, mezclando materias de diversos colores, rep1·oducen las formas de todas las cosas, así
los seres en número infinito son producidos por la mezcla
de cuatro elementos60. Lo-que llamamos el nacimiento de
las cosas, es lai mezc'la por la cual han sido producidas, y
lo que llamamos la muérte; es la separación de los eleme1ftos6l.
Para explicar la mezcla y la separ~ción d~ los elemen_-

•

·tos, •Empédocles admite dos fuerzas opuestas, que concibe
por otra parte como substancias materiales : el Amor y la
Discordia. El Amor produce la unión de los elementos diversos: es, en la obra del universo entero, el mismo po.der que se encuentra en los cuerpos de los hombres y los
empuja a _unirse a otros cuerpos. A su acción de armonh,
.se opone la acción de la Discordia, que tiende por todas
partes a separar las cosas, dirigiéndolas, hostiles, unas
contra las otras. Todo el universo depende del juego de es·tas dos fuerzas contrarias, que se oponen una a la otra en
un combate sin fin°2.
Iñspirándose en Heráclito, Empédocles admitía una
gran alternativa del Amor y de la Discordia, alternativa
regulada ineluctablemente' por "juramento". En los orígenés, el Amor, uniendo ·todos los elementos en una Il:1ezcla
donde no se distingue nada ·p articular, produce la Esfera
bienaventurada, bajo la forma de la cual Parménides había concebido el ser. Pero la Discordia, primero desterrada
de la Esfera, se introduce en ella y comienza a separar los
•é1ementos: así es como se formó nuestro mundo. En el
punto extremo de su operación, el ser es dividido C'on él
mismo, encontrándose los cuatro elementos completamente
separados unos de otros. Entonces, el Amor toma una fuerza nueva, que aumenta siempre más, hasta que toda la diversidad de las cosas sea fundida en la unidad de la Esf era63.
_En nuestro mundo actual, bajo el signo de la Discordia; los seres vivos han sido producidos .por el impulso hacia lo alto del fuego que está contenido en la tierra y que
.tiend·e a reunirse con el fuego superior: elevándose, encqentrtt la tierra húmeda, que desciende para unirse a :m
semej·ante, y bajo la influencia todavía activa del Amor,
se mezcla con ella, engendrando así "formas brutas", en
las que los diversos órganos de la vida no se distinguen t oda~aO.( . Pero, en otro período de la evolución del mundo,

30

31

..

�puesto, admitiendo una pluralidad de cuerpos elementales,
llegó a su forma acabada en el atomismo de Leucipo y Dernócrito.

los seres vivos son producidos bajo el signo triunfante de1
Amor, que semeja los miembros esparcidos, surgidos a la
superficie de la tierra. Estos miembros son reunidos de ~
das las maneras posibles, al azar de sus encuentros, de tal
suerte que aparecen monstruos : bueyes con cabeza humana, hombres con cabeza de buey, animales con doble cara y
doble pecho. Sin embargo las combinaciones monstruosas
no pudieron mantenerse, y sólo sobrevivieron las formas
que respondían a la ley de la existencia65.
Las funciones de la vida, como la nutrición y la respiración, manifiestan la atracción de lo semejante hacia lo
semejante. De esta manera explicaba Empédocles el conocimiento: lo semejante es conocido por lo semejante; nosotros percibimos cada elemento porque ese mismo elemento
se encuentra en nosotros66. Desde este punto de vista, estimaba que el órgano principal del pensamiento es la sangre,
que presenta la mejor mezcla de elementos67.
Pero esta alma corporal no es el alma en sí, en su pureza. Como Pitágoras, al que rinde homenaje, Empédocles
declara que el alma es de esencia divina. En sus Purificaciones, nos dice que los hombres, que antes eran seres bienaventurados, fueron expulsados, por su falta, de las mansiones divinas, y deben err.ar durante tres veces diez mil
años, renaciendo bajo toda clase de formas mortales 68, La
liberación no puede venir sino de la purificación, que conduce a la sabiduría: entonces, conocemos a Dios, no ya imaginándolo como teniendo cuerpo, semejante al ·cuerpo de
los seres normales, sino concibiéndolo como un puro Espíritu, y conocemos así la Ley divina, que reina sobre el mundo 69. El sabio, que apareció entre los hombres como un
mensajero de lo alto, se eleva, después de la muerte, al rango de los dioses, "compartiendo el hogar y la mesa de ·1os
inmortales, libre, y gozando de una bienaventurada serenidad"70.
La explicación de las cosas que Empédocles había pro-

•

Esta perfección se produjo bajo la influencia de la
doctrina eleata. Leucipo responde a Zenón, del que parece
haber seguido las enseñanzas71. Zenón había dicho que la
multiplicidad no existe, ya que implica la división al infinito por la cual el ser se desvanece. Leucipo declara qu-a
la división no prosigue hasta el infinito: conduce a los cuerpos elementales, donde cada uno es una substancia absolumente plena. El mismo carácter que Parménides había atribuído al ser, Leucipo lo reivindica para los cuerpos elementales: no admiten en ellos ningún otro ser, ninguna posibilidad de intervalo, que pueda dar lugar a la división. Son
indivisibles, átomos. Leucipo quiso resolver por la noción
de átomo los problemas que había planteado la erística
eleata. En la base del universo, hay ·elementos corporales
en los que el ser existe en su inalterable pureza, más allá de
toda mezcla y de toda separación. No pudiendo ser formados por composición, y no prestándose a ninguna descomposición, estos elementos jamás son engendrados y jamás
perecen: son verdaderamente los elementos eternos ,de la
realidad72.
Sin embargo Leucipo no descarta enteramente el noser. Si no lo admite en el interior del ser, en la constitución de los átomos, lo admite para separar los átomos unos
de otros y hacer posible su movimiento. Ya que el movimiento supone el espacio vacío, es decir el no-ser; si todo
se redujera a lo lleno, ningún movimiento podría tener lugar. Ahora bien, el movimiento es un hecho, del que la fi.
losofía debe dar cuenta. Lo que existe en realidad, no es
el ser único e inrµóvil de Parménides: es una infinidad de
átomos, moviéndose en el seno de la vida73,
Los átomos, todos de la misma naturaleza, no difieren
Jos unos de los otros sino por la forma y la magnitud, y

33

32
/

�también por el orden en el que están colocados y por la posición74. Moviéndose por toda la eternidad, engendran, por
sus combinaciones todo lo que existe. Concentrándose sobre un punto, el e~cuentro de los átomos produce un.torbellino, que proyecta a los más pequeños hacia la circunferencia mientras que los más grandes están unidos en el centro~ Así nace, bajo la sola presión de la necesidad mecánica, el arreglo que ordena un mundo. Hay, en el espacio infinito, una infinidad de mundos, unos semejantes al nuestro, otros diferentes75.
El alma está compuesta de los átomos más móviles,
que son los átomos redondos del fuego. Estos átomos están
esparcidos en todo el cuerpo, que ponen en movimiento.
Son renovados por la respiración, gracias a la cual la vida
se mantiene en eJ organismo76.
Fue Demócrito, sin dµda, quien elaboró la teoría de la
pere·epcióri sensible: La percepción se explica por el hecho
de que lós cuerpos exteriores emiten imágenes de ellos mismos: estas imágenes penetran en el ojo y producen la visión7i. Sin embargo las: cualidades que percibimos por los
sentidos como los colores, no son sino una apariencia, una
"conven~ión"; lo que existe en realidad, son los átomos Y
el vacío78. Desde este punto de vista, Demócrito distingue
dos clases de conocimiento, que él llama el conocimiento
verdadero y el conocimiento falso. El conocimiento falso
es el que· se hace sobre las cualidades sensibles, mientras
que el conocimiento verdadero es más delicado Y penetra
hastp. el fondo de -la reajidad79.
Las ideas morales de Demócrito ponen en primer plano1la noéión del. placer: el bien, es el placer, y el mal, _es
el dolor.so Pero es necesario que el placer, para constituir
el bien del hombre, sea una alegría durable y permanente:
por ello el homb1·e no debe buscar su placer en las cosas
mortales&amp;l. La felicidad no se encuentra en los bienes exteriores, sino en las 1&gt;rofundidades del alma82• Son los bie-

nes del alma, y no los bienes del cuerpo' los que nos hacen
.
participar de lo que es inmortal y divino83. La virtud por
excelencia es la sabiduría, que permite discernir los verda'
deros bienes, y que es a la vez el principio del pensamiento
justo y de la acción buena84. Por la sabiduría el hombre,
moderando sus deseos, se eleva sobre los trastornos de la
existencia y se da el perfecto contento del espíritu85.

La obra de los Atomistas llevaba de un golpe a su perfección la teoría nueva bosquejada por Empédocles. Y a que
la explicación que hace consistir las cosas en una pluralidad de cuerpos elementales conduce necesariamente al atomismo. Fundado por Leucipo, desarrollado por Demócrito
quien lo sostuvo con la autoridad que le daba su vasto saber, tomado después por Epicuro, el atomismo debía tener
el más brillante destino, y permanecer, hasta nuestros días,
como la base dei toda ciencia de la materia.
Pe1·0 el atomismo, con su noción de necesidad mecánica, no podía ser la última palabra del pensamiento griego.
Pitágoras y Heráclito habían dado ya la idea de que el
mundo es gobernado por la Inteligencia. Estaba reservado
al contemporáneo de Leucipo, Anaxágoras, hacer suya est.a
idea, y expresarla por una fórmula que debía tener una repercusión decisiva.
Como Empédocles, del que conoció al parecer la obra,
Anaxágoras acepta la tesis de Parménides: en realidad, no
hay nacimiento y muerte. Y como Empédocles, quiso explicar la apariencia del nacimiento y de la muerte por la
mezcla y la separación de los cuerpos elementales. Lo que
llamamos nacimiento, dice, es una mezcla, y lo que llamamos la muerte es una separaci6n86.
No obstante Anaxágoras rehusa admitir, con Empédocles, que los cuerpos elementales pueden ser realmente distintos unos de los otros. Según él, los elementos, que presentan toda clase de cualidades diferentes, forman una

35

�mezcla indisoluble. Apegándose firmemente a la idea eleata de la unidad de las cosas, declara que las materias contenidas en el mundo no están separadas, eomo si estuvieran "cortadas wr cuña"87. Todo está en todo, todo participa de todo; en cada cosa, hay una parte de cada cosa. Así
como en el origen del mundo, todavía hoy, "todas las cosas
están juntas""'"'·
La razón de esta ~ezcla indisoluble es que las cos_a s no
existen jamás en el último grado de la pequeñez: así lejos
de impulsar la división, puede ser activada más lejos todavía. Por esto .es que los elementos no pueden estar separados unos de ~tros, pero todos los elementos, con todas las
cualidades, se encuentran en las pequeñas cosas como en '
las grandes89.
Anaxágoras hace pues a Zenón una respuesta diamPtalmente opuesta a la de Leucipo. Este último admitiendo
que los elementos están separados unos de los ' otros por el
vacío, proponía la noción de indivisible. Anaxágoras acepta la división al infinito, afirmando que no impfica ninguna multiplicidad distinta: precisamente porque la división
no llega jamás a su término, no hay parte última, y todo
está en todo.
Estos cuerpos elementales, que jamás son realmente
distintos los unos de los otros, los concibe Anaxágoras como siendo en su mayor parte, de la misma naturaleza. que
las partes' de que están formados los seres vivos; son partículas de. carne, de sangre, de huesos, de músculos. Consideremos el hecho de la nutrición: el trigo que comemos, el
agua que bebemos, nutren todas las partes de nuestro cuerpo; como nada viene de nada, esto sería imposible si el
agua y el trigo no encerra1·an partkulas de la mismas naturaleza que las partes del cuerpo. No es necesario pues
detenerse con Empédocles, en el testimonio de los sentidos,
que nos dan el agua, por ejemplo, como un cuerpo simple,
sino considerar, de una manera más profunda, las partes

36

elementales que entran en este cuerpo pretendido simple90.
Es evidente que desde el punto de vista del mecanismo, la teoría de Anaxágoras cede ante la de Leucipo. Sus
partíeulas elementales, dotadas de cualidades diferentes y
mezcladas inextricablemente unas a las otras, no podrían
rivalizar con los átomos, definido~r propiedades geométricas y moviéndose en el seno del vacío. Pero la fuerza del
sistema no está aquí: está en la noción del principio motor
que ha hecho salir las cosas de su inicial confusión, y que
produce el orden del mundo.
Este principio, es la Inteligencia, el Espíritu, el voüc;
Anaxágoras trata de esto en un fragmento que es el má"s
importante de todos los que nos han llegado de él. Establece con cuidado la distinción entre la Inteligencia y todas
las otras cosas. La Inteligencia, dice, es la más fina de todas las cosas y la más pura. Mientras que las otras cosas
están todas mezcladas unas a las otras, la Inteligencia no
está mez.dada con nada: existe por sí, absolutamente independiente, gobernándose ella misma. Y en virtud de su independencia, porque no está mezclada a nada que podría
impedírselo, ella despliega un poder incomparable y rige
todo lo que existe. También, la Inteligencia posee todo conocimiento sobre toda cosa. Por- esta sob-eranfa absoluta,
puso en movimiento al universo y lo constituyó en un todo
armonioso. Es la inteligencia la que produjo el orden que
ahora admiramos en el mundo : según la palabra célebre de
Anaxágoras, todas las cosas han sido puestas en orden por
la Inteligencia9I.
Tenemos aquí el primer esfuerzo que hizo la filosofía
por desprender en su pureza la noción de espíritu. Diciendo
que la Inteligencia no está mezclada con nada, que no entra
en ninguna composición, señalando su absoluta independencia ante todo lo que no es ella misma y el poder soberano
que ejerce sobre todas las cosas, Anaxágoras expresó el
carácter propio del espí_ritu, por oposición a las cosas ma37

�teriales. ¡ Compáre~e su teoría con la de Empédocles, que
colocaba el Amor como una substancia corporal, en todo semejante a los cuatro elementos! Pero sobre todo, Anaxágoras concibe la Inteligencia como la Causa ordenadora de
todas las cosas. La verdaaera causa no son los elementos
materiales: es la Inteligencia, que ~ dispuesto la materia
según leyes de armonír. Tal es la idea que debía producir
una impresión tan profunda sobre el joven Sócrates, instruído en la escuela que Anaxágoras había fundado en Atenas, y que se colocó en la base del nuevo impulso que iba a
tomar el pensamiento humano.
Sin embargo la obra de Sócrates no hab1·ía sido posible si la filosofía no hubiera hecho la crítica de la ciencia
de la naturaleza, y no se hubiera dirigido hacia el estudio
del hombre mismo y de los poderes que encierra. Comprometer a la filosofía en esta reflexión, fue el mérito de los
Sofistas.

III.-La reflexión crítica.

LOS SOFISTAS
Mientras que Diógenes de Apolonia, volviendo a la primera concepción milesiana -de una -substancia material única, admitía de nuevo, c_omo Anaximandro, que el principio
es el aire, que identificada por otra parte con la Inteligencia, de Anaxágoras, los Sofistas dirigían una viva C'rítica
contra la filosofía de la naturaleza. Surgidos por la transformación de las condiciones políticas, que produjo el desenvolvimiento del arte oratorio y puesto en primer plano el
estudio del hombre y de las cosas humanas, los Sofistas, especie de retores filosóficos, enseñaban la ciencia política y
la virtud. Rechazaban la ciencia de la naturaleza, como inútil al hombre parai conducirse bien en la vida. Además,
mostraban que los primeros filósofos se habían contradicho todos, unos a lós otros. De una manera más radical
aún, declaraban que el conocimiento humano es incapaz de
38

'

atrapar la realidad tal cual es en ella misma.
De hecho, la filosofía de la naturaleza encerraba una
-contradicción, que debía llevar al pensamiento griego a
plantear el problema del conocimiento. Esta filosofía había
admitido que los sentidos no nos procuran un ~onocimiento
verdadero de las cosas. La mayor parte de las filosofías habían establecido una distinción entre fas cosas t al como nos
son dadas inmediatamente por los sentidos, y las cosas tal
como son en realidad. Según Parménides, el testimonio de
los sentidos es engañoso, cuando nos da las cosas como múltiples· y sujetas al movimiento: en realidad, no hay multiplicidad, ni movimiento. Igualmente, para Anaxágoras y
los Atomistas, los sentidos no nos muestran los elementos
últimos• de las cosas. Pero todo nuestro conocimiento descansa. sobre la sensación, tanto más que, después de estos
primeros filósofos, el fondo del ser es corporal. Si pues la
sensación nos engaña, es enteramente nuestro conocimiento
el que se encuentra1afectado de impotencfa92.
Apoderarse de esta consecuencia, mostrar que nuestro
conocimiento se reduce a la sensación, y . que la sensación
no nos da la realidad tal cual es ella misma, ·esto fue la obra
del primero y más grande de los Sofistas: Protágoras.

La doctrina de Protágoras está contenida para nosotros enteramente en la frase célebre que estaba colocada al
frente de su obra sobre la Verdad: "El hombre es la medida de todas las cosas, de las cosas que son, en tanto que
son, y de las cosas que no son, en tanto que no son."93
Platón, en el Teetetes, nos explica esta fórmula de la
siguiente manera: Según Protágoras, las cosas son ,para mí
tal como me aparecen ; son para tí tal como te apa~ecen. El
mismo viento, que sopla sobre dos hombres, es frío para el
que tiene frío, mientras que no es frío para el que no tiene
f ío. Las cosas son, para cada uno de nosotros, tal como se
7
sientan94. Protágoras agregaba, invoéando la teoría de He-

39

�ráelito sobre el transcurrir de las cosas, que nuestro conocimiento resulta de un doble movimiento: movimiento aetivo del objeto, movimiento pasivo del órgano. de los sentidos. Nada es simple, pero todo lo que percibimos supone la
dualidad de lo sentido y del que .siente. Así pues, nada existe en sí y por sí : mi sensación; es verdadera ,para mí, tu
sensación es verdadera para ti95.
Tal es la crítica de Protágoras crítica que ponía en
cuestión toda la ciencia de la naturaieza que la filosofía había pretendido constituir. Protágoras fue el primero en ver
la importancia de lo que los modernos han , llamado el sujeto del conocimiento. El primero que vio qu~ el . conocimiento depende, no sólo del objeto conocido, sino del sujeto cognocente. El fue el primero que planteó el . problema
del conocimiento. Al mismo tiempo, indicó que el principio
de las cosas debe ser buscado, no en el.mundo exterior, sino en el interior del hombre. El verdadero principio, no
son los elementos materiales, como lo habían creído los, primeros filósofos, sino el espíritu , que se encuentra en el
hombre. Y si Protágoras, no percibiendo en el hombre sjno las variaciones de la percepción sensible, profesó el e1-1cepticismo, la filosofía iba pronto a llegar a una concepción
más profunda del hombre y de las c~sas
Sin embargo Protágoras no extendió el escepticismo
al orden moral. Para lo que es la práctica, admitía una especie de verdad general, correspondiente a lo que es normal y reconocido por la.mayor parte de los hombres. Sobre
las divergencias individuales, colocaba el orden social. La
dignidad del hombre, pensaba, consiste. en el, vínculo que !o
une a los otros hombres y lo hace capaz de la vida política.
Lo que eleva al hombre sobre el animal, son las leyes y las
instituciones sociales. Todos los hombres, en virtud de la
esencia misma del hombre, participan de la justicia96.
El escepticismc;&gt; es llevado al máximo por Gorgias, el
célebre_sofista que fue discípulo de Empédocles. Manejando

40

la dialéctica de Zenón. como un arma de doble filo, Gorgias,
no dejaba subsistir lo· uno sino lo múltiple, el reposo y no
el movimiento, y establecía que el ser no es más que el noser. Por otra parte, demostraba que si el ser existía, no podríamos conocerle. En efecto, según Parménides, la condición del pensamiento es que implica la existencia de su objeto. Entonces, todo lo qiie se piensa debe ser real: si pienso que hay sobre el mar una carrera de carros, esta carrera existe en realidad. Consecuencia absurda, que muestra
que el ~onocimiento es imposible97.
Bajo la influencia de Gorgias, los Sofistas no tardaron
en ,abatir la verdad moral, que Protágoras había dejado
subsistir. Ya Ripias de Elis había atacado la autoridad de
las reglas morales y políticas, oponiendo la ley humana a
la naturaleza98. Después de él, Polo, el discípulo de Gorgias,
Y, Calicles, que Platón hace aparecer en el Go1·gias, y Trasimaco, que aparece en el primer libro de la República, desarrollan esta idea hasta sus consecuencias extremas. El
derecho natural es el derecho del más fuerte. Las leyes hu mana~ han sido pr omulgadas por la multitud de débiles,
que querían protegerse contra los fuertes. Pero estos no i,;e
dejar án desviar d·e hacer lo que mejor les parezca. Para
ellos, lo justo no es sino lo que les es ventajoso. Lejos de
moderar sus deseos, los dejan desarrollarse libremente, y
tratan por todos los medios de darles satisfacción. El más
feliz de los hombres es el tirano que se ha. elevado al poder
a fuerza de crímenes, y llega a ser amo absoluto de hacer
todo lo que le plazca99.
Es al escepticismo de los Sofistas que quiere responder
Demócrito, el joven conciudadano de Protágoras, con su
teoría del conocimient o y con su moral. Como hemos visto,
distingue dos clases de conocimiento: er conocimiento falso,
que varía de un hombre a otro, tiené por objeto las cualidades sensibles; pero todos somos capaces de otro conocimiento, que se lleva sobre el fondo del ser, y verdadero pa1·a todos los hombres. A esta distinción corresponde, en el

41

�orden de la acción, la distinción entre los plac·e res del alma
y_ los placeres del cuerpo. Mientras que estos últimos pro•
ducen· lo agradable, que es diferente para individuos diferentes, los primeros constituyen el bien; y el bien, como lo
verdadero, es el mismo para todos los hombres100.
Pero la verdadera respuesta al escepticismo de los Sofistas no podía ser'dado por la· filosofía de la materia. Desde el punto de· vista del atomista, Demócrito no podia indicar un c-onocimiento superior al conocimiento sensible, ni
un bien váliao universalmente. A Sócrates tocaría encontrar, en el alma humana, la inteligencia, semejante a la Inteligencia divina que Anaxágoras había mostrado ·en el
origen de las cosas, la inteligencia, principio a la vez del
conocimiento verdadéro y de la acción buena, estableciendo el acuerdo dej los hombres entre ellos, y el acuerdo del
hombre con el orden del mundo. A· la palabra de Protágoras: el hombre es la medida de todas las cosas, iba a responder la palabra del oráculo: hombre, conócete a tí mismo,

NOTAS
CAPITULO I

+

Existe traducción española de los fragmentos de los presocráticos,
de Juan David García Bacca: Presocráticos (2 tomos), El Colegio
de México, México, 1941. Y la edición más reciente, del mismo traductor: Fragmentos filosóficos de los presocrAticos, Instituto de Filosofía, Facultad de Humanidades y Educación, Universidad de Venezuela, Caracas, s/f. La Universidad de Nuevo León publicará
próximamente una traducción de estos fragmentos. (N. del T.)
l. Aristóteles, Met., I, 3, 983, b, 20-27.
2. Aristóteles, De a.n. I , 5, 4ll a, 8; cf . 2, 405 a., 19-21.
3. Diels, Vors. Anaximandro A 9.

•

4. Diels, Vors. Anaxímenes A 5.

5. Ibid. B 32 .
6. Fr. 30.
7. Fr. 90.

8. Diels, Vors. Heráclito A 1 (9), fr. 31 y 60.
9. Ibid. A 1 (8); 5;

He aquí por qué Sócrates ha merecido ser considerado
como el fundador de la filosofía. Seguramente, la filosofía
había existido antes de él. Nada ha igualado jamás, en un
sentido, la primera explosión del pensamiento griego. Es el
espíritu humano que acab31 de nacer, y que en su joven
atrevimiento se lanza a la conquista del mundo. Por su esfuerzo para comprender la naturaleza, esta filosofía tiene
abiertas todas las vías _que conducen a la verdad. Pero una
profundización era necesaria. El espíritu debía ser llamado
desde los extremos del universo, en su propio abismo interior. Debía replegarse sobre sí mismo, y descubrir en él
mismo la regla de la verdad y del bien. Con esta C'Ondición
la filosofía podrá proseguir su carre1·a y encontrar, más
allá de la naturaleza, el principio absoluto ·de vida y de perfección.

10.

Fr.

12

10;

fr. 65 y 66.

y 91.-Cf. Platón Cratilo, 402 a.

ll. Diels, Vora. Heráclito A 6.

12.

Cf. Platón, l'ed6n, 70 c.

13. Fr. 53.
14. Diels, V ors. Heráclito A 22.
15. Fr. 80.
16. Fr. 51.
17. Fr. 57.
18. Fr. 58.

V

19. Fr. 111.
20. Fr. 110.
21. Fr. 67.
22. Fr. 41.
~3. Fr. 94.-Cf. fr. 66.
24. Cf. Aristóteles,• De an. I, 2, 405 a, 25.
25. Fr. 89; 73.
26. Fr. 2.

42

43

�27. Fr. 114.

•

28. Fr. 41 .
29. Fr. 112. Señalemos las palabras

wnl.

"'º"ctu. w-tr;

crr6o~u lfTh(ouT"t~

,49, Fr., 4-8 ;( ~;!; 3, _6-7 de ·la. 51 ed.).-Desde este punto de vista Parménides critica violentamente la doctrina. de Heráclito: admitir a
identidad de los contrarios es admitir que el ser y el no-ser son la
misma cosa (fr. 6).
50. Fr. 8, v-. 1-21:-Admiremo11 el bello verso: oüú
lrré( vüv lbT u• .61,oO ,i,;v(v-5).

Es ya la fórmula estoica.

rroT • ~. oúo •

'º'"' ·

30. Fr. 102.

51. Fr. 8, .;: 22-25¡ cf. v. 6.

31. Fr. 79.

52. Fr. 8, v. 26-31.-Cf. Platón 'l'eet. 180 e.

32. Filolao, fr.~14.-Cf. Platón Gorgtu, 493 a; Oratilo, 400 c.

53. Fr. 8, v. 30-33 y ~-49.

3:.:. Diógenes Laercio VIII, 14 y 32.-Aristóteles, De an. I, 2. 404 a,
16-20.

54. Meliso, fr. 3._;f.. Aristóteles, De gen. et. corr. I, 8, 325 a, 15-16.

34. Dióg. L. VIII, 36 (Jenófanes, fr. 7).-Aristóteles, De an. I, 3, 407
b, 21-23.-De aquí, sin duda, la prohibición pitagórica de comer car-

ne (Dióg. L. VIII, 13, 33).

55. Zenón, fr. l.

I

56. Aristóteles, Fil. VI, 2, 233 a, 2·23; 9, 239 b, 5 sq.
57. Fr. 11 y 12.

35. Platón, Leyes, 708 d-e.-Aristóteles, Et. N. V, 8, 1132 b, 21-27.

58. Fr. 4 ( =3 de la. 51 ed.). ·-

36. El
,n,Eh-v6P«o, TPQ"º" rou e,ov
(Platón, Rep., 600 b) tenía
como fin restituir a} alma la pureza. de su naturaleza divina. Ei&lt;to
es lo que expresa la. fórmula 1,o&gt;,.oveciv ,.¡; ec,;; • Cf. el fin de 1n~
Versos de oro.-Empédocles, ·en su
K"8"pµ0,
, expone la teoría
pitagórica, y hace alusión a Pitágoras mismo, cuando dice que el
secreto de la. purificación fue revelado a los mortales por un_ hombre de una extraordinaria. sabiduría (fr. 129).-Toda la. pnmera
parte del Fed6n est§. te:11.ida det pitagorismo y acaba por aclarar la
idea de la. virtud como purificación (69 b-e).
.

59. l,'r. 6; 17, v. 18.-Cf. Aristóteles, llet. I, 4, 985 a, 31 b,., 2.

37. Platón Gorgias, 507 e-508 a. Cf. Jenofonte,c lrlem. I, 1, 11.-Según
la tradición, Pitágoras fue el primero que aplicó la palabra de
,6oµo,;
al universo. Cf. Filolao, fr. l.
38. Dióg. L.

vm,

12.

39. árist6teles, Met. I, 5, 985 b, 23-986 b, 8.-Filolao, fr. l.

.i

tiO. Fr. 23.
••

•

,

•

•

+

•

•

•

•

•

•

►1

'

•

62.· l'r. f7:.:..:.Ei1 la repercusión niagnüica de 'los' versos de· Emp~qocles
sobre el Amor que tenemos en la célebre invocación a Venus con la
que se abre el poema de Lucrecio.
·
li3. Fr. 27-aO.-Aristóteles observa, sobre la teoría de Empédo_cles,
que eu un sent ido el Amor separa y la Discordia une; el Amor, pro•
duciendo la unión de los elementos, separa unas de otra;s las partes
de un mismo elemento; al contrario, la Discordia, rompie:p.do la unión
&lt;le los desempejantes, permite a las partes de un misi:no elemento
u'!i~~e entre ejlas ·'(M,e ,., I, ..4, 985 lf&gt;, 21-29), · , .

40. Filolao, fr. 3, 4 y 11.

64. Fr. 62.-flobre nuestro mundo actual coÍno··siéndo dirigido· por la
Discordia, cf. A ris~4tel~~, ~- 1,n. e~ com, P:, 6, .334 · a, 6. '

41. Aristóteles, Met. I, 6, 987 b, 10-14.

65. Fr. 5i-61. (Cf. Aristóteles, Fis. II, 8, 1!}8 b, ,29-32). Es ya la idM

&lt;larwiniana de la supervivencia de los más a_ptos. S~ enéue~tra ..en
Empéd.ocles la. idea mod&amp;ña · de la"'ana.logía-0entre los·,•organos tle ·tos
cliversos seres vivos: fr_ 82.

42. Dióg. L. VIII, 25.
43. Cf. Diels, Vors. Filolao, A 16.
44. Sobre el eterno retomo, citemos las palabras que El1Clemo, el discípulo de Aristóteles, dirigía. a sus oyentes: "Si debe creerse a los
pitagóricos, ... este bastón en la. mano, hablaré un día de nuevo con
vosotros, que estaréis sentados delante de mi como ahora. y así . será
para siempre". (Simplicio, Ooment. in Arist. l'is. p. 732, 30-32 D1ele).
45. Aristóteles De an. I, 2, 405 a, 29-b.-Dióg. L. VID, 83.
46. Aristóteles, De an. I , 1, 408 b, 32-33.

ro "fll.P 11úró vo,tív

44

67. Fr. 105.
68. Fr. 115; cf. fr. 117.
69. Fr. 132-135.
70. Fr. 146 y 147. . ,
1

..

,J

. ; , ·,

,. .

71. Dióg. L . IX, 30.

47. Fr. 4 (=2 de la 5• ed.); 8, v. 15-16.
48. Fr. 5 (=3 de la 5• ed.):,
Cf. fr. 8, v. 34-36.

66. Fr. 109.

to,,v

T&lt; ""''

tiv,.,

72. Aristóteles, Met. I, 4, 985 b, 4-10. Cf. Simplicio, Ooment. sobre Fis.
de Arist. p. 925, 5-15 Diels.-Sobre los átomos como principios eternos de la realidad, ver Aristóteles, Pis. VID 1, 252 a., 32-b, 5.

. 45

�ARIO GARZA MERCADO
.73. Aristóteles, Met.: Loe; cit'.; Fia. IV, · 6, 213 'a, 34-b, 7 r De gen. ·et
, ; · con:. I, 8,. 325 -a; 1 -sq,· ," ·
· • '. •: ·
•.
t
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'
,..
; • , ' t '"_¡ , ;
', -~_
,Ji : ~
. 'l · • · J 1 ;f .
. 74. Aristo't.eles, 'Met. I, 4, · 985 b, 10.-1 9.
75. Diels, Vors. A 21 ~4: D.jlm~_c tjto ,A: ~7 aq,-Sobre la necesidad mecánica, ver el único fragmento que ~os q\leda de Leucipo: Diels,
Vors. Leucipo B 2.-Sobre el movimiento eterno de los átomos, cf.
Aristóteles, De coelo, III, 2, 300 b, 8-10.•, .'; ,
;-;: ,
·
~

76. Aristóteles, De an. I,.·2,' 403. b, 3ü404,ia, 15:

CARTA ABIERTA A LEON FELIPE

{,

77. Diels, Vors. Leucipo A 29-31.
78. Diels, Vors. Leucipo A 32.-Demócnto;: Fr: 125. ·
79. Demócrito, fr. 11.
80. Fr. 4; cr. 188.,

1; . ,

Voy a escribir una carta a León Felipe
aunque no sé por qué ni para qué
y hasta tal vez ni cómo.

81. Fr. 189.
82. Fr. 171.
83. Fr. 37.
84. Fr. 2; 83; 119.
85. Demócrito designaba con el término
,úev u íT)
el contento del es•
píritu, la serenidad, que constituia el soberano bien: cr. fr. 2 e; 3;
191.
86. Fr. 17.
87. Fr. 8.
. 88. Fr. 1 y 6. .
89. Fr. 3 y 6.
90. Fr. 10 y 21.-Aristóteles, De gen. et
Diels, Vora. Anaxágoras A 46.

corr. I, 1, 314 a, 18·20; cf.

91. Fr. 12.-He aqui la fórmula de Anuli.goraa:

rr-ín"

6,,.ooµ~,,. voü,

92. Cr. Dem6crito, fr. 125.
93. Platón, Teet: 152 a, Cf, Orat. 385 e-386 a.-Dióg. L. IX, 51.

Voy a escribir la carta a León Felipe
hablándole de tú
porque de esta manera
les habla uno a los padres,
los hermanos, los niños, los poetas,
los pájaros, las piedras,
y a las flores y el viento,
y sobre todo a Dios.
Y si Dios no se enoja porque el hombre
acostumbra tutearlo
tampoco León Felipe
tiene por qué enojarse.

94. Teet. 152, a-e.

2

95. Teet. 152 c. 160 e.
96. Platón Protig. 320 c-323, c.

.

97. Sexto Emp., Adv. mat. VII, 65-87.
98. Platón, Protig. 337 d.

Preguntarán por qué
se le escribe esta carta a León Felipe
y si no lo preguntan
tendré que preguntármelo yo mismo.

99. Platón, Gorgiu, 466 a sq.; 482 e sq.; Bep. 336 b sq.

El hombre es el que pone las preguntas,
la respuesta es de Dios,

100. Demócrito, fr. 69.

47
46

�y la prueba de ello

es que el hombre se empeña
con las mismas preguntas
desde que el hombre es hombre,
y nadie que sea hombre plenamente
se encuentra plenamente convencido
de encontrar las respuestas.
Yo, sin querer, tan sólo
por caprichos del ritmo del poema,
he dicho que no sé ni para qué,
ni cómo, ni por qué,
y sin querer he dicho
las eternas preguntas de los hombres.
Pero, en fin, yo quería
escribir una carta
y no hacer metafísica
y empezaré por descubrir por qué
-ya que antes no sabíaquiero escribir la carta a León Felipe.

,.
'

Este descubrimiento es
la sombra de respuesta
con el número tres.
3

León Felipe es un viejo _conocido:
,
tan viejo que en verdad lo conocieron
muchos hombres más viejos que nosotros
en todas las edades,
sólo que no supieron llamarlo León Felipe
porque tuvo otros nombres:
lo llamaron Jonás, el Niño de Vallecas
don Alonso Quijano,
'
el Zapatero de Van Gogh...
hasta cuentan que un griego lo miró caminando
apoyado del brazo de su hija,

que llamaban Antígona,
preguntando por qué
por qué
por qué
por qué
por qué
(Lo cuentan, es verdad, pero no ,es· cierto:
León Felipe jamás estuvo en Tebas,
lo que pasa es que todos preguntamos por qué.
Y aquí pruebo otra vez
que el hombre se conforma con poner las preguntas,
mejor dicho se indigna con poner las preguntas
y les teca a los dioses afirmar las respuestas). '
Más aún, León Felipe es más que un viejo conocido

es, podemos decir, un viejo amigo:
Amigo de la tierra, como sólo las plantas
suelen saberse amigas de la tierra,
Amigo de los hombres, como sólo los hombres
suelen saberse amigos de los hombres,
Amigo de las lágrimas, como sólo el poeta
sabe saberse amigo de las lágrimas
para comprar la luz, el sol, la risa,
Amigo de los dioses como sólo
les brindan su amistad
Job
y Diómedes
y el Flechador del Sol.
Amigo, no en la frase
•Íli el apretón de manos que se da al amigo
que se ve en el mercado y la oficina,
sino amigo fraterno
en. la fraternidad
la generosidad
de su poema.

48
49

r

,

�'

\.;tt ,:.
~

{ .

"•' .

He dicho que no sé
por qué
ni para qué
hoy le escribo una carta a León Felipe.
Y no hay que confun(ii.r',
que no es lo·.mismo
por qué
que par.a ;qué:
• .~
'

'

El homb1·e se define como un· ser animal dotado de
(preguntas,
y hay tantos tipos de ,ho:qib1·es .como existen
distintos tipos de preg!,H~!~· ,
El científico dice que por qué:
el hombre, por ejemplo, por qué el hombre.
Y planteado el problema en esa forma
la sombra de respuesta · ·
nos la dice un barbóh :
que porque el mar primero,
porque después la amiba,
porque los grandes monos...
( otros dicen que al último
el hombre será ángel
pero esto ya es science fiction).
El poeta nos dice para qué
y otro barbón responde
(porque parece ser
que las revoluciones
las hacen, sobre todo, los barbones)
con otra sombra de respuesta :
el hombre para el ll'.'.nto,
después para la luz,
por ejemplo está Cristo,
50

•. '

todo el pueblo español hace treinta··años
y los hombres en Auszchwitz,
Buchenwald,
Mauthausen, Sachsenshausen,
Treblinka,
Dachau...
Este último barbón,
que protesta y que llora
y que toca el violín,
platica con los ángeles •y éstos
le tiran de las barbas y se .quedan
con las manos angélicas repletas
de luz y mariposas.
Quede bien claro, entonces, lo siguiente:
P rimero.-No es lo mismo por qué que para qué.
Segundo.-El hoinbre se define como un ser
animal agobiado de preguntas
y sombras de respuestas.
Tercero.-La respuesta es la ~uz y corresponde a Dio~.
5

Dije-que no sabíapor qué ni para qué
y hasta tal vez ni cómo.
Atención: dije nomás tal vez,
muy cautelosamente,
porque tal vez sí sé
cómo escribir la carta a León Felipe.
(Total ni por primera
ni por última vez me contradigo:
la metáfora sólo es el reflejo
de la; contradicción del universo).
La verdad es que el hombre
51 '

�habla para que lo oigan
y escribe con objeto
de hacerse comprender.

quí&lt;'ro escribir la carta,·,a León Felipe,
tal vez sí sepa cómo.

A nadie se le ocurre hablarle en español
a un chino que no entiende el español.
A nadie se le ocurra hablarle a León" Felipe
si no habla el español y otros idiomas.

León Felipe,

-¿ Otros idiomas?

León:
Nadie sabe realmente para qué
escribe uno una carta
es decir
una carta verdadera.

-Sí, aunque en verdad
todos en español.
Así se justifica que pensemos
no solamente en Garcilaso
sino también en Whitman.

Yo sospecho que a veces
es para dar las gracias
por otra carta que uno recibió
sin que fuera para uno exactamente.

Hay que hablar un lenguaje que permita
condenar a las armas,
y también a las letras si no son
corrientes aguas, puras, cristalinas,'
donde los hombres beban libertad.
Hay que emplear las palabras de tal modo
que vosotros seáis
-árboles que os estáis mirando en ellag...;..
todo un pueblo de robles congregado
para leer la hierba
.
como un pañuelo inmenso en cuya esquina
existe una inicial que nos permite
preguntarnos ¿de quién?
1

(Esto lo han dicho Whitman, Garcilaso,
León Felipe
y , ,tntes de ellos, el viento)·.

•

Quiero darte las gracias, León Felipe,
por una carta escrita
que, dirigida a Dios, también leemos,
pero con devoción, los hombres.
Quiero darte las gracias en el nombre
de todos los proscritos:
el poeta, el judío, el negro, el desempleado
de la lista negra.
Quiero darte las gracias en el nombre
de todas las derrotas
que ennoblecen al hombre
como al héroe civil muerto en Guernica.
En el nombre de todas las victorias
del hombre que se cala
yelmo, bacía o halo.

Qut de por tanto claro :
~1i no sé para qué
1

52

53

•

�En el nombre de tQdos los .blasfemos. ·
En el nombre del padre
del hijo que vendrá.

GENARO SALINAS QUIROGA ·

¡-;

En el nombre del vient.o
que ha dictado tus versos
y borrará los míos:
quiero darte las gracias, León Felipe.

SIGNIFICACION HISTORIGA DE
A'BRAHAM LINCOLN.

¿Pues, qué es mi vida o la rida de cualquier hom1:lre, sino una l:latalla contra sus enemigos, la antigua. la incesante l:latalla? Walt Whitman

18 de julio de 1966.

r..· -

Ario Ga1·za Me1·cado.

Una de las figuras más amables y simpáticas, para
nosotros los latinoamericanos, de los forjadores de la grandeza de los Estados Unidos es sin duda, Abraham Lincoh1.
' por su tesón, coraje y perseDe un simple jornalero, llegó
verancia a la Primera Magistratura de su País y a disfrutar de un prestigio universal. Nació este ilustre prócer en
Kentucky, el 12 de febrero de 1809, esto es, hace exactamente 150 años, en una cabaña. La pobreza de su advenimiento nos recuerda por inmediata asociación de ideas, el
estaf&gt;Io donde vino al mundo Cristo, o bien la choza en la
abrupta sierra oaxaqueña, donde abrió sus ojos por primera vez, nuestro Gran Indio de Guelatao, Benito Juárez.
Vino a este mundo, hace siglq y medio, en una mañana invernal, en una región de corpulentos árboles y miserables chozas. A los 16 años era el mejor leñador de su
Distrito y a los 17 tenía una estatura de 1.90 cms. Cuando
las gentes querían que se cortara un tronco gigante lo llamaban a él, porque sus golpes certeros, eran más potentes
que los de los demás.
El niño campesino Abraham, adquirió pues, al correr

54

55

�de los años, un· gran desarrollo: físico, moral e intelectual.
Fue un atleta no sólo de músculo, sino también del sentimiento y de la inteligencia, el primer leñador de su región
y uno de sus mejores Presidentes. He aquí la vida dispar
y provechosa de este egregio hombre de América.

La palabra castellana cultura, significa etimológicamente, cultivo. Agricultura, es cultivo del ager, o sea del
campo. Cultura animi, significa cultivo del espíritu. Gran
parte de su vida, la pasó en el campo. Por eso sus metáforas de político y de estadista conservan el sabor sencillo
de la vida agreste. La rudeza del trabajo al aire libre y en
contacto directo con la naturaleza, le formaron un cuerpo
resistente a las fatigas, duro, peleador y fuerte.
Siendo adolescente todavía, presenció un remate público de esclavos y se le oyó decir: "Si alguna vez se me
presenta la oportunidad para destruir esto, lo destruiré".
Y cumplió su promesa.
Fue un hombre de leyes, ya que por su esfuerzo alcanzó a ser abogado y en cuyo ejercicio profesional defendió
siempre causas justas de los hombres. Su talento estuvo al
servicio absoluto de los demás, sobre todo de los humild~s,
realizando el apotegma del libertador cubano José Martí :
"Pensar es vivir". Conoció mejor que nadie a su pueblo de
donde brotó, en hora oportuna, de manera milagrosa y
providencial, logrando la unificación de la ~ción norteamericana que amenazaba dividirse en Norte y Sur.
Empezó a ejercer como abogado en 1837. Anteriormente, en 1834, fue electo Diputado Local y reelecto en
} 886 y 1840. Cuando los intereses políticos lo amenazaron
que le nega1·ían su voto para Diputado Local, si no aC'cedía
a ciertas pretensiones indebidas, con firmeza y clara convicción moral, les dijo rotundamente: "Pueden reducir mi
cuerpo a cenizas y esparcir las cenizas al viento. Pueden
desterrar mi alma a las tinieblas y la desesperación, para

56

ser martirizada eternamente. Pero nunca me inducirán a
~otar una causa que considero falsa, para poder conseguir
con ese voto, algo que considero injusto".
.E n 1846 formó parte del Congreso Federal y en 1860,
resultó triunfante en las elecciones para la Primera Magfotratura de la República, de fa que tomó posesión el 4 de
marzo de 1861, habiendo sido reelecto para un segundo período al terminar el primero, de su Administración. "Rara
vez en el mundo -;:escribió Emerson en una carta después
de la elección- hubo tal apoyo en el voto popular. Supong0 que jamás lo habrá en la Historia". Su discurso de tom., de posesión del segundo período, termina con este pánafo, que revela su generosidad y su plena confianza en
el derecho, como ordenador de la vida entre hombres y
pueblo: "Sin malevolencia para nadie, con caridad para
todos, con firmeza en el derecho, tal como nos permite ver
Dios el derecho, esforcémonos por concluir la obra en que
estamos empeñados: acabar con las heridas de la nación,
cuidar del que ha soportado toqo el peso de la batalla y de
f!U viuda y su huerfano; hacer todo lo que se pueda par~
conseguir y conservar una justa y duradera paz entre nosotr0s y con todas las naciones".
·
En el desempeño de cargo de tan alta respons~bilidad,
como lo es la Primera Magistratura de una República tan
importante y con tantos problemas en ese tiempo, fue en
verdad, como ló concibe su pueblo, un Mártir y Salvador
de la Unión, así como el prototipo o paradigma del verdadero norteamericano.
Su cultura consistió más que en haber leído muchos
libros, en conocer con qué elementos estaba•estructurado
&amp;u País; en tomar conciencia de sus problemas económicos, políticos y sociales de su República, a la que sirvió con
la devoción fervorosa de su conciencia de libertador.
57

�Como ana comprobación irrefutable de su saber, diremos que antes de ser abogado, fue es~diante de la Escuela Normal. Sus cualidades principales fueron decisión1
franqueza y confianza en sí mismo. La anchura geográfica de su país lo hicieron tener anchura espiritual de miras,
de propósitos y de afanes. Poseyó un gran magnetismo
personal que le abrieron las puertas de la amistad, hacien7
do a todos creer en él. La hombría Y'. la veracidad fueron
t~mbién sus atributos inseparables. Era honrado, porque
la integridad moral formó parte indisoluble de su personalidad. Hombre hermético, reticente, paciente, supo espe:
rar después de sus fracasos iniciales en Política, su oportunidad en la Historia y la logró.
Diversos biógrafos señalan que en su carácter había
un elemento fatalista, ya que consideraba que el hombre
no era sino un instrumento de un poder divino y superior,
contra el cual sólo se puede luchar en forma limitada. Nosotros pensamos, modestamente, por nuestra parte, que no
constituye más que el concepto cristiano de la existencia
que él acendradamente sintió y por el cual el ser humano,
dándose cuenta de lo débil y mezquino de sus fuerzas frente a la naturaleza, acude a Dios. Por otra parte, su vida
es un ejemplo vivó y perenne de un hombre valiente que
llega hasta la temeridad, que .sabe imponerse a la~ circunstancias y cambiar el curso de vida de su país. Cuando fué
Presidente, muchas veces salia del Capitolio, sin guardia
alguno, lo que hizo temer 8i los integrantes de la misma
por su seguridad, en momentos tan dramáticos como los
que le tocó 8ctuar.
,,.

Sus conciudadanos confiaron en él y en las gentes. Se
familiarizó con la Biblia, que leía en las noches, en uni6n..
de su familia. Fue sincero siempre. A. él se le atribuye, con
justicia esta expresión: "A algunas personas se les puede
engañar todo el tiempo; a todas las personas cierto tiempo,
pero no se puede engañar a todos, durante todo el tiempo".
58

•

"La Cabaña del Tío Tom", novela sentimental que hizo llorar y sentir en carne viva la incomprensión y tragedia del negro en los Estados Unidos, escrita en el siglo pasado por una mujer, Harriet Beecher Sto:we, en que lo
présenta como un ser humano, que respira el mismo aire
que nosotros y tiene las mismas inquietudes, hizo mella en
su resistente, pero al mismo tiempo sensitivo es1Íritu, representando dicha obra cultural en su tiempo una explosión que conmovió los cimientos esclavistas. '
Lincoln, comprendió en 1853, siendo un abogado postulante, en que le tocó defender a negros, que ya no se podía
transigir sobre la esclavitud y) que más que una cuestión
jurídica era un problema moral, de dignidad humana, .fª
que la persona antes que nada (sin distinguir color de la
piel ni nacionalidad) es un valor intrínseco en sí mismo y
su felicidad, el fin último de todos los actos.
Sin embargo, él no se consideró nunca como el Libertador de los negros de su país, sino modestamente deC!laró
ser un continuadon de la sabia política de los próceres de
la República, Washington, Adams, Jefferson, Franklin, que
tuvieron la idea precursora de que con los años quedaría
abolida la esclavitud. Tuvo también un alto concepto d~l
pueblo norteamericano al que le tocó regir en épocas difí ciles. Lo consideró como el precursor en el despertar de las
gentes sencillas de todo el mundo y como el más legítimo
representante de una mejoría ascendente y progresiva en
las condiciones de vida de todos los pueblos del orbe. En
uno de sus discursos, como candidato a Diputado Local a la
Legislatura de Illinois, dijo: "Debemos restaurar el sentimiento nacional de hermandad", dando a entender que los
seres humanos que tienen ennegrecida la piel, son hermanos de nosotros. En otra ocasión le formuló esta pregunta
a George Robertson, Profesor de Derecho en la Universidad de Transilvania, en Lexington, Kentucky: "¿ Podemo3
como Nación permanecer unidos para siempre, mitad esclavos Y' mitad libres?". Como candidato a Senador, dijo:
59 ,

�"Tengamos fe en la fuerza del derecho y en esta fe cumplamos hasta el fin, sin asustarnos las amenazas de destrucción ni la cárcel para nosotros".
Como Presidente fue sabio, fuerte, suave, enérgico Y,
prudente. Como Marco Aurelio, el sabio Emperador Romano, más que gobernante de los demás, lo fue de ~í mismo,
que es ~ más difícil de todos los mandos. Tuvo un alto
concepto de la mujer, no permitiendo que ni en broma, en
su presencia se le ofendiese, a quien consideró la parte más
fina y delicada de la humanidad. Como una demostración
más de su fe democrática tuvo como lema de su vida batalladora y fecunda: "lguaÍdad de oportunidad para todos".
Habiendo tenido la oportunidad, en uno d~ sus recorridos como Presidente, de contemplar que una docena de
pobres esclavos estaban cavando la tierra, quienes al verlo
inclinaron la rodilla y trataron de besarle los pies, les dijo: "No os arrodilléis ante( mí. Eso no es justo. Solamente debéis doblar la rodilla ante Dios ; a El es a quien debéis dar las gracias por la libertad de que vais a disfrutar.
Yo soy solamente su instrumento. Pero, mientras yo viva,
podéis estar &amp;eguros, de que nadie se atrevería a poneros
un grillete de esclavos y de que tendréis los mismos derechos, que los demás ciudadanos libres de esta República".
Esta gran figura de la historia continental que estamos recordando estuvo dotada siempre de un sentimiento
poético que &lt;'me~gía espontáneo de la raíz honda de su personalidad. Cuando ya siendo un hombre famoso visit.ó su
viejo hogar en Indiana, se conmovió profundamente su alma apasion·lda y produjo tres poemas: En uno de ellos
describe las ('mociones que experimentó al visitar el pobre
hogar de su niñez; en otro trata acerca de un mozo que conoció de niño; y en el tercero, narra la caza de un oso en
que Je tocó participar.
Constituye una grandísima verdad, las palabras que

60

Lincoln hizo escribir en el anillo de bodas- de su esposa:
"El amor es eterno". Porque amó y supo ser amado, ha
sabido Lincoln triunfar en la historia y su nombre limpio
flota al aire como enhiesta bandera y como águila majestuosa, ha volado siempre en cielo universal.
Otra demostración de su delicado espíritu, es- que gustaba Lincoln de la música, del canto y de los versos y que
aun siendo Presidente, se daba tiempo para ello. Le encantaba oír tocar a la Banda de Infantería de Marina, que
en los veranos actuaba en el prado sur de la Casa Blanca,
dos veces- por semana. Pero el popular ,mandatario, atraía
más gente que la música

Le gustaba escapar a solas a cualquier concierto o
función de teatro. Se daba tiempo para asistir a conciertos, así como a la ópera y al teatro, con su esposa y un
grupos de amigos·. Entre las óperas que pudo oír se cuentan Fausto de Gounod; Ballo in Maschera, de Verdi, La
Dame Blanche, de Boieldieu.
En una carta personal de Lincoln al actor Shakesperiano James H. Hackett el 16 de agosto de 1863, le dice:
"he visto muy poco drama. La primera presentación de
Falstaff, que vi fue la suya, acá en Washington, el invierno o la primavera pasada... No he leído todas las comedias- de Shakespeare ; pero hay algunas que he repasado
tantas veces como lo debe hacer cualquier lector no profesional. Entre estas incluyo a Lear, Ricardo 111, Enrique VIII, Hamlet y especialmente Macbeth. Son maravillosas. Difiero con ustedes los profesionales, en la opinión
de que el soliloquio de Hamlet que empieza diciendo: 'Oh,
mi ofensa' es- superior al otro de 'ser o no ser•. Pero pe1·done usted este intento crítico. Me gustaría oírle recitar
el primer parlamento de Ricardo III. ¿No vendrá usted
pronto a Washington? Si viene, por favor visíteme y permítame conocerlo personalmente".
Muy pocas personas llega1·on a intimar con él, por su
61

�carácter reservado y reticente, a pesar de ser sus amigos
privados, pues Lincoln rara vez desbordaba su corazón a
persona alguna y jamás habl,aba en demasía.
En su oración en el Panteón de Gettysburg, cuya cé•
lebre batalla en este lugar, fue la conclusión de la Guerra
Civil, dijo estas· inmortales palabras:
"Hace 87 años, nuestros abuelos trajeron a luz en este Continente una nueva nación, concebida en el más amplio espíritu de libertad y basada en la idea de que todos
los hombres nacen iguales. Ahora, nos hallamos envueltos
en una gran guerra civil, llamada a demostrar si esta na•
ción u otra cualquiera, así concebida y basada, puede vivir
largo tiempo. Nos encontramos en este momento sobre
un gran campo de batalla de esta guerra, parte del cual
queremos· dedicar al lugar de reposo de aquéllos que aquí
dieron sus vidas para que la nación pudiese vivir. Y no
cabe duda que es justo y honorable que sí lo hagamos".
"Pero, en un sentido más amplio, no somos nosotros
quienes pueden consagrar ni santificar este suelo. Los héroes, vivos o muertos, que aquí lucharon, lo han consagrado ya, mucho más allá de lo que nuestras pobres fuerzas
pudieron añadirle o restarle. El mundo apenas advertirá,
y desde luego no recordará largo tiempo, lo que aquí digamos hoy, pero, en cambio no podrá olvidar jamás lo que
aquí hicieron ellos. A nosotros, los que aún vivimos, nos
toca consagrarnos a la obra no terminada, que aquellos valientes avanzaran tan noblemente. A nosotros nos toca consagrarnos a la enorme tarea que aún queda por hacer, y
que estos muertos gloriosos nos infundan la devoción a la
causa, por la cual derramaron hasta la última gota de su
sanpe. En lo más íntimo de nuestros corazones, dedicamos que estos muertos no habrán muerto en vano, que esta
nación asistirá, con la ayuda de Dios, a la resurrección de
la libertad, y que el Gobierno del pueblo, por el pueblo, y
para el pueblo, no desaparecerá de la tierra".
62

He_aquí su teoría de: la democracia, que escribió en un
autógrafo~ "De igual manera que no quisiera ser esclavo,
tampoco quiero ser amo".
El viernes 14 de abril de 1865, asistiendo a una función en el Teatro Ford, de la ciudad de Washington, en
compañía de su esposa y dos amigos, fué asesinado, logrando el des·canso que nunca tuvo en su azarosa vida, y entrando por su propios merecimientos, en la inmortalidad.
El cristianismo enseña, que todo hombre bueno, es digno
de la felicidad. Lincoln se ha hecho acreedor a ella.
f

Su hijo Tadd, que p.o le sobrevivió m,~s, que un par
de años, ante su féretro, preguntó: "¿Está ·papá ahora en
el cielo? ¿Sí?. Entonces, me alegro, pues la verdad es·. que
aquí no era dichoso".
Emil Ludwig en su biografía sobre él, termina con
estas acertadas palabras: "Así fue como, después de Abraham Lincoln, no volvió a verse en toda Norteamérica un
solo inocente que llevase al pie la cadena de es-clavo. Porque él sirvió, trabajó y murió asesinado, todos los hombres
a quien Dios concede el don de la vida, nacen libres ahora".
A él podría aplicársele este bello trozo literario de
Macbeth de Shakespeare que le gustaba recitar cuando era
Presidente:
"Duncan está en su tumba,
después de su vida atormentada duerme bien;
la traición hizo ya lo peor; ni acero, ni veneno,
maldad doméstica, apresión extraña, nada
puede ya alcanzarle".

Murió un 14 de abril Cijando acababa de nacer la primavera. Por eso • pueblo humilde a quien sirvió lo llora
y seguirá llorando, con lágrimas de gratitud y de esperanza. Lo recuerda siempre, sobre todo al iniciarse la prime1·a estación del año. Los pobres, que siempre han forma63

�do legión en el mundo bien podrían repetir las inmortales
palabras del gran poeta norteamericano Walt Whitman:

,. : ' Ludwig, Emil....::_Lincoln,
Traducción de Ricardo Bae1
~- pp. 424. Editorial Juventud Árgentina, Buenos Aires.

"Cuando las últimas lilas florecian en
la puerta del patio,
y la gran estrella vesperal comenzó
a brillar al oeste,
yo lloré, y lloraré aún con el retomo
de cada primavera.

Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana.
Artículo "Lincoln". Tomo 30. Barcelona. Hijos de J. Espasa, Editores.

Estas tres seguridades me traen,
primavera que retomas:
las perennes lilas floridas,
la estrella que pende en el oeste
y el recuerdo de aquel a quien amo"".

Lo nacional no está reñido con lo universal. Muy lejos de ello. Lo más genuino de un país en la Historia, en
el arte, en la ciencia y en la cultura, es también lo más internacional. Así Bolívar, San Martín, Sucre, Hidalgo,
Juárez, Washington, Lincoln y Martí, son también representativos de América y del mundo entero.

Lord Charnwood. "Lincoln". Biografías Gandesa.México, D. F. 1958. pp. 360. 'Segunda Edición. Versión
Española de Mateo Hernández Barroso.
Carnegie Dale. "Lincoln el Desconocido". Editorial
Sudamericano. Buenos Aires·. pp. 305. Traducción de León
Mirlos. Segunda Edición.
Bartra Agustí. "Antología de la Poesía Norteamericana". Colección Ave. Fénix. pp. 454. 1957. México, D. F.

La vida del hombre es, en última instancia, su triunfo
sobre los problemas y dificultades que se oponen a su paso, para realizar su destino y su vocación. Cuando nosotros tengamos problemas y dificultades y cuando nuestra
existencia misma esté en peligro, debemos recordar siemr.re en saludable estímulo, a ese indomable leñador de troncos y hercúleo derribador de obstáculos que fué el Caballero de Illinois, cuyo nombre limpio, es gloria de su patria
y del universo, y rescatado del mar del olvido, se repetirá
de generación en generación.

BIBLIOGDAFIA:

.

Thomas, Benjamín P.-Lincoln. Una Biografía. Traducción del inglés por A. Cosani.. pp. 410.-Editorial Intercontinental. México, D. F.-1955.
64

65

�Conferencia dictada por el aeAor profesor Humberto
Ramos Lozano a loa j6vm preparatorlanos; dentro
del Ciclo de Conferencias de Etica de la. Universidaa

de Nuevo Le6n.

SE:ROR DIRECTOR DE LA ESCUELA
PREPARATORIA.
SE:&amp;ORES CATEDRATICOS,
JOVENES ESTUDIANTES:

Agradezco mucho al señor Dh-ector y a la Academia
de Catedráticos de Etica de esta Escuela haberme invitado
a participar en el ciclo de conferencias organizado para
los estudiantes preparatorianos.
Por esta tribuna han desfilado personas de la más alta
calidad intelectual, entre ellas está la del ex-Gobernador
del Estado y ex-Rector de nuestra Universidad, el Lic. Rangel. Mi palabra, por lo mismo, parecerá a ustedes demasiado s·encilla, pero lleva· el aliento de la profunda sinceridad del maestro. Jamás he renunciado a mi condición
de educador y durante toda mi vida he intentado servir a
la niñez y a la juventud de mi patria. Espero que la intención de mis palabras supere mis acusadas deficiencias.
No quiero referirme a ningún tema específico del programa de Etica de las escuelaS" de bachilleres. Estoy seguro de que los han examinado en la tranquilidad del aula.
Si la ética tiene como propósito alcanzar la felicidad
(Eudomonismo), si se propone realizar el bien (idealismo
ético), o, si pretende lograr el placer (Hedonismo), son
cuestiones que seguramente tienen ustedes· resueltas. De
igual manera, en clase, se habrán referido a las cuatro
66

.,

formas fundamentales que caracterizan el pensamiento ético occidental: ética empírica, ética de bienes ética formal
y ética valorativa.
'
. De~eo _referirme a la actitud de los jóvenes y de los
umvers1tar10s frente al panorama de la vida problemática
de nuestros días.
No hay que olvidar que los juicios valorativos exigen
que se tomen en consideración las circunstancias de tiempo ~ espacio. Lo que en el pasado rémoto o inmediato pu~o Juzgarse como bueno, al correr del tiempo y a la luz de
otros horizontes, puede disminuír de valor. Los cambios
de circunstancias, de tiempo, de medio geográfico y social
deberán siempre tomarse en cuenta en la emisión de los
juicios.
ALGUNOS PROBLEMAS CONTEMPORANEOS.El mundo que nos toca vivir presenta características específicas. La vertiginoS"idad de los cambios nos desconcierta. Hay que pensar con rapidez y con hondura para enfrentarnos a la problemática del presente. Nuestra sociedad es distinta a la del pasado. Nuestra tradicional
manera de enjuiciar las cosas del bien y del mal nos obliga a renovar criterios.

Un breve análisis de los cambios operados en nuestro
siglo nos invita a meditar sobre la conducta que el hombre
debe adoptar frente a los problemas actuales.
El mundo de hoy se encuentra dividido. Los pueblos
de oriente mantienen una filosofía diversa a la de los pueblos de occidente. Hay divergencia en las doctrinas sociales, en la organización y estructura que debe darse a la
sociedad para resolver los problemas de la hora actual y
del porvenir.

La liquidación del colonialismo es otro de los signos
de nuestro tiempo. Los pueblos que estuvieron sujetos a
67

�la _opresión material y espiritual de las superpotencias,:
pau'latinamente, han venidÓ alcanzando su independencia.:
La humanidad resintió los efectos de dos grandes he- ·
catombes internacionales, la de 1914-18 y la de 1939-45.
Aún no dcat.rizan las profundas héridas que dejaron es-.
tas dos tremendas cónflagráciones.
.,
Vivimos la etapa de la técnica, del descubrimiento de
la fuerza atómica y de la exploración de los mundos· side:,
rales. Nunca, como en nuestro tiempo, la investigación·
científica alcanzó tan altos niveles. El hombre ha logrado'
vencer las leyes de la gravedad y proyecta viajes interplanetarios. La ciencia y la investigación alcanzan, a cada'
instante, sorprendentes descubrimientos·. Como una tre-'
menda paradoja, mientras se llega a · Jos más altos niveles
de civilización, el hombre se olvida de los valores del espí-•·
ritu y la ciencia se deshumaniza. Hay :fllenos respeto para
el hombre y para las instituciones. Nos sumergimos en mayores' angustias, y el viejo proverbio de que "el hombre es
el lobo del hombre" · parece encontrar plena justificación.
.

'

Los sentimientos de convivencia humana, de virtud,
justicia y bondad son opacados por el brillo deslumbrante
de las conquistas científicas. Es penoso que ·e n pleno siglo XX se continúe despreciando al hombre de piel obs- •
cura, continúen vigentes inaceptablEJes teorías de discriminación y se pretende olvidar que, en toda S'ociedad, el saber
debe fundarse··en el bien.
'

.,

Otros problemas inquietan la conciencia del hombre
contemporáneo: la' injusta distribución de 'ríq.ueza, la sobrepóblación, el ejercici0 del poder público y la democra- ·
cía, las grandes áreas ·de escasa cultura, los derechos del
hombre, como individuo, y los que correS'ponden a la colectividad.
Todos estos problemas de nuestros días obscurecen el
porvenir del mundo, siembran Z07iObras e intranquilidad
en la sociedad.

68

Será fácil, entonces, ·para una juventud como la nuestra, orientarse y actuar adecuadamente, en medio de este
torbellino de acontecimientos contemporáneos? Seguramente qué no.
JUVENTUD FRUSTRADA.-C u a n do la sociedad
adulta no encuentra las formas correctas de vivir, se sorprende de las extrañas formas de conducta que asume la
juventud contemporánea. Suele decirse que los jóvenes de
hoy carecen de ideales, que viven desorbitadamente, rompiendo con todo molde de conducta aceptada.

No pocos escritores y sociólogos han abordado el problema de la juventud actual. Helmut Shelski, escritor ale-·
mán occidental afirma: "Esta generación es, por su conciencia social y mentalidad, máS' crítica, escéptica y desconfiada, más carente de fe, o, por lo menos, de ilusiones que todas las generaciones precedentes, carece de vehemencia, de programa y de lemas". Como este escritor,
muchos otros, han levantado su voz para criticar a la juventud acus'ándola de falta de optimismo, de capacidad Y
de energía para perseguir y alcanzar elevados propósitos.
Se le acusa de ser una generación "destrozada", que ha
perdido la fe en todos los valores sociales.
No podetnos compartir este criterio. Verdad es qúe
una parte de la juventud, por fortuna minoritaria, sufre
las tremendas consecuencias que el mundo moderno le impone. La juventud es, por náturáleza, profundamente sen-•
sible a los problemas que aquejan a la sociedad, y cuando'
ésta no demuestra, con el ejemplo, practicar el bien y la'
virtud, los nuevos retoños fácilmente s'On arrastrados a la
maldad. La desilusión y · eJ:'pesimismo se apoderan de la
nueva generación. cuando se percata de que muchos de los
ideales proclamados por la sociedad han sido huecas ilusiones, falsedad e hipocresía.
No es justo que nuestra juventud reciba el reproche
constante de la sociedad. Creo que en toda alma joven

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�anidan buenos sentimientos-, elevados propósitos y deseos
fervientes de servir a la humanidad. Sólo que es preciso
recordar que ya no bastan los consejos teóricos, que es
necesario predicar con el ejemplo y que, sobre todo, tenemos que luchar porque el mundo se transforme y viva de
acuerdo con normas de paz, amor y justicia.
No podemos aceptar que la falta de ideales se convierta en norma de vida. Nada tan absurdo como aquella frase de Osear Wilde: "Prefiero los hombres a los principios y los hombres sin principios a todo en el mundo".
ALGUNOS PELIGROS QUE AMENAZAN A LA
JUVENTUD.-Estimo que no es ocioso advertir algunos·
de los peligros que se &lt;Ciernen sobre las cabezas de nuestros. jóvenes·, tales como:

a).-Considerar que todo lo existente carece de valor
y que . precisa destruirlo.

g).-Despreciar el valor de e~periencia desoyendo el
consejo del hombre adulto a quien juzgan. incapaz. de . comJlrender sus ansias de juventud.
PAPEL DE LA JUVENTUD

a) .-Deberá preocuparse más por los valores creativos· que por los posesivos.
b) .-Deberá dedicar sus horas al estudio y examen
de los problemas culturales, sociales y políticos. ·
c).-Abrevar en las fuentes de nuestra historia e ins·pirarse en el sacrificio de nuestro pueblo.
d).-Huir de la demagogia. Hay quienés quieren hacer la revolución verbal.
La juventud debe luchar por:

· b) .-Actu,ar sin tomar en consideración la realidad,
dejándose llevar, más que por el juicio sereno, por el sentimiento y la pasión.

!.-Alcanzar su propio integral desarrollo.

c) .-Obrar con impaciencia pretendiendo que las cosas y los sucesos se desenvuelvan con la e;xtraordinaria
velocidad que ella quisiera.

2.-Entender que el intelectual debe poner su ciencia
Estudiar para convertirse en un ser egoísta, que explota a sus semejantes,
no tiene sentido ético.

d).-Tratar de alcanzar éxit.o por la vía fácil del convencionalismo y no por el camino del trabajo y de la dedicación.

3.-Esforzarse por conservar, por encima de toda consideración los principios fundamentales, los valo1·es y afanes de bien, de justicia y bondad.

e) .-Confundir los anhelos de superac1on con prédicas demagógicas que conducen a graves equivocaciones de
actuación.

4.-Luchar porque la ciencia se ponga al servicio del
progreso y no de la destrucción.

f) .-Sobrevalorarse y creer que el medio eficaz de
alcanzar nuevas metas es recurrir siempre a la violencia
y a la fuerza.

5.-Recordar que el hombre debe tener respeto por
las opiniones ajenas. En caso de haber divergencia de criterios, éstos deben ser resueltos por la vía r del convencimiento y no por el de la violencia.

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y su saber al servicio de los demás.

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�6.-Luchar por mejorar las condiciones del pueblo mexicano. No desesperarnos por sus carencias, sino por el
contrario, que éstas sirvan de incentivo para trabajar hasta hacerlas desaparecer.
7.-Pensar que si la juventud tiene en su favor la audacia, el valor y sus ideales, ello no significa que debe
atropellar a la experiencia. No todo lo viejo es malo, como no todo lo nuevo es bueno.
8.-Trata1· de entender la problemática de las instituciones; los defectos propios de orden escolar deben ser
resueltos con alteza de miras.
No quiero terminar esta plática sin recordar a ustedes, jóvenes preparatorianos, aquella bella parábola de
José Enrique Rodó : "El niño en el jardín" en la que, con
maravillosa palabra, nos deS'Cribe cómo, cada tropiezo y
cada desaliento, en el constante bregar por la existencia,
brinda la oportunidad de convertir el fracaso en éxito y
alegría. Jamás desmayéis. Las fuerzas y valores que la
juventud tiene son garantía bastante para contribuir a la
transformación de la sociedad, para hacer que cada día se
acerque más a los ideales de paz, bondad y justicia.

Monterrey, N. L., 14 de mayo de 1966.

PROFR. HUMBERTO RAMOS LOZANO

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